《Tras las Puertas del Monolito [Español / Spanish]》 El carruaje The narrative has been taken without permission. Report any sightings. El Bosque Del bosque aparecieron dos mujeres, una era particularmente joven, de una edad muy cercana a Nailah y Nahir, su cabello era largo, color turquesa y recogido en una larga trenza, en su mano libre llevaba un arco y en su cintura, un cuerpo con una flecha; la joven ayudaba a caminar a una mujer de cabello blanco, con una armadura plateada, rota y manchada de un intenso carmes¨ª, con su mano izquierda se presionaba una herida bastante grave en su costado derecho, en su mano derecha sosten¨ªa con dificultad una espada con sangre goteando y varias grietas. Con mucha dificultad dieron unos pasos y cayeron al suelo con fuerza, del bosque aparecieron otras dos personas, primero sali¨® una mujer un poco joven, de cabello rojo que le llegaba un poco por debajo de los hombros, tambi¨¦n, le colgaba una capa desgarrada y con algunas manchas de sangre, se dio la vuelta, jadeando, junto a ella hab¨ªa un hombre alto, fornido, de cabello corto color negro. ¨¦l levant¨® su espada y la apunt¨® hacia el bosque, nuevamente aparecieron m¨¢s personas, cerca de 10 levantaron sus espadas, burlonamente, la joven de cabello turquesa tom¨® la flecha que le quedaba, tens¨® su arco y lo apunt¨® hacia el hombre del centro. Aquel hombre solt¨® una risa, incr¨¦dulo. ¡°?mejor solo r¨ªndanse!¡±-grit¨® ¨¦l. Con mucha dificultad, la mujer de cabello blanco, que se encontraba tendida en el suelo, grit¨®: ¡°?jam¨¢s!¡± Al mismo tiempo levant¨® como pudo su espada. ¡°?Ent-¡­! De pronto una flecha lo interrumpi¨® y se clav¨® justo en su pecho, cayendo al suelo, sin vida. El resto se abalanz¨® con gran brutalidad, a la mujer de cabello rojo la atacaron 3 hombres, uno lanz¨® una estocada que ella pudo bloquear, el segundo levant¨® su espada en un ataque vertical, ella logr¨® bloquearlo por poco, el tercero, en cambio, se coloc¨® detr¨¢s de la chica y le lanz¨® tres estocadas: una le hizo un corte en el muslo de la pierna derecha, el segundo le provoc¨® una herida profunda en el brazo y el tercero la hizo soltar la espada. Los tres hombres la inmovilizaron y la arrastraron al bosque entre risas, mientras ella gritaba y pataleaba, con l¨¢grimas en los ojos. Al hombre alto, lo atacaron cuatro hombres a la vez, lo rodearon y pese a que pudo bloquear varios ataques, lanzar algunos cuantos y esquivar otros, se distrajo al ver otros tres bandidos que se dirigieron a la joven de cabello turquesa ya la de cabello blanco, provocando que recibiera una estocada en su espalda, soltando su espada y cayendo al suelo. La joven de cabello turquesa tom¨® la espada de la mujer herida, trat¨® de bloquear un ataque horizontal, pero la espada se rompi¨® en varios pedazos, uno de los hombres le solt¨® un golpe en la cara, ella se desequilibr¨® y call¨®, aturdida, los hombres no le dieron tiempo y tambi¨¦n las inmovilizaron y las arrastraron al bosque. Los cuatro que hab¨ªan atacado al hombre alto, miraron la casa, debatiendo en si entrar o irse. Finalmente los llamaron desde el bosque as¨ª que se fueron. Agartha, que observ¨® todo, se hab¨ªa agachado y se cubri¨® la boca para que no la descubrieran. ¡°?Qu¨¦ hago?¡±-dijo para s¨ª. Se arm¨® de valor, se limpi¨® las l¨¢grimas y corri¨® al bosque, siguiendo los gritos y las risas. ¡°?jefe, ya las tenemos!¡±-grit¨® uno de los bandidos ¡°?hay una gran mansi¨®n m¨¢s adelante!¡±-inform¨® otro ¡°??hay que saquearla, seguro tienen mucho dinero!!¡±-exclam¨® otro m¨¢s. ¡°??Qu¨¦ hacemos con estas?!¡±-pregunto el bandido, refiri¨¦ndose a las mujeres. El l¨ªder, sonriendo con malicia palpable y dijo. ¡°hagan lo que quieran¡± Enjoying this book? Seek out the original to ensure the author gets credit. Los bandidos se burlaron, tomaron a las tres mujeres y desgarraron sus ropas. La mujer de cabello blanco apenas se pod¨ªa mover, la joven de cabello rojo se quedaba en silencio, sollozando y la chica de cabello turquesa gritaba y se resist¨ªa entre llanto. Entre barrios la inmovilizaron, la tomaron de las piernas y las separaron, dej¨¢ndola vulnerable. Agartha se qued¨® helada, cubriendo la boca y llorando. De la nada Jean apareci¨®, con un aura tan imponente que a todos les dio escalofr¨ªos, esto les llam¨® la atenci¨®n y los distrajo, soltando su agarre sobre las mujeres, quienes r¨¢pidamente se cubrieron como pod¨ªan. La mirada roja brillante de Jean se clavaba con gran fuerza sobre los bandidos. Como pudo, el jefe de los bandidos levant¨® su espada. ¡°???Q-qui¨¦n eres?!!¡±-orden¨® ¨¦l Jean se acerc¨® al bandido, tom¨® la espada por la hoja y con un simple movimiento la hizo pedazos. Con una voz grabe y despectiva dijo: ¡°Y TU QUIEN ERES PARA ORDENARME¡± Jean coloc¨® su mano sobre el hombro del bandido y con un ligero empuj¨®n forz¨® al bandido a arrodillarse ya golpear su frente contra el suelo. ¨¦l levant¨® extendiendo su mano hacia los otros bandidos, le dio media vuelta a su mano y la cerro en un pu?o, en un parpadeo una fuerza inexplicable los jal¨®, los hizo arrodillarse y golpearse contra el suelo haciendo que sangraran. ¡°ME DA ASCO TENERLOS ANTE MI¡±-expres¨® Jean con una ira tan fuerte que intoxicaba el aire. Jean se agach¨® y jalo del cabello al l¨ªder de los bandidos, levant¨® su mano izquierda y de un chasquido el sol desapareci¨®, los animales del rededor se callaron por completo y un fuerte aire de ultratumba sopl¨®. ¡°POR SUS OFENSAS, QUE EN ESTEPUNTO SON INCONTABLES. LOS SENTENCIO A QUE LAS SOMBRAS LOS CONSUMAN, QUE SIENTEN LA AGONIA MAS GRANDE QUE NADIE PUEDE IMAGINAR¡­ SIN PERD¨®N¡­¡± -dijo Jean Como si fuese una orden, las sombras cobraron vida, desgarrando los ¨¢rboles, quemando la tierra, y levantando una niebla tan densa que apenas se pod¨ªa ver m¨¢s all¨¢ de las manos. Del suelo se irgui¨® un monolito color ¨®nix, con escrituras en su superficie: ''Aqu¨ª yacen, los torturados, grandes pecadores que insultaron a aquel sin nombre y custodiados por su mano izquierda, el abismo m¨¢s oscuro. Los fieles, dignos, los impuros se hunden''. Jean mir¨® el monolito, sus ojos hab¨ªan desaparecido, dejando dos huecos oscuros de los cuales escurr¨ªa una brea que quemaba la tierra, su boca estaba contorsionada en una sonrisa de oreja a oreja y sus dientes terminaban en puntas, de la comisura de su boca escurr¨ªa. una combinaci¨®n de una saliva muy espesa y sangre, la sangre poco a poco se expand¨ªa por el rededor tocando los ¨¢rboles, los cuales perd¨ªan sus hojas y pudr¨ªan su madera; la saliva se convert¨ªa en neblina y las sombras se materializaban. Agartha, que hab¨ªa observado todo el suceso, se levant¨® del terror, Jean la miro y al instante ella call¨® en un sue?o profundo. ¨¦l vio a la joven arquera y camin¨® en su direcci¨®n. ¡°?N-NO TE ACERQUES!¡± ¨C grit¨® ella, cubri¨¦ndose su cuerpo desnudo. De la nada, la joven se sinti¨® mareada y tras unos segundos call¨® dormida, igual que las otras dos mujeres. Al despertar, la joven se encontraba descansando en una habitaci¨®n, las ventanas estaban abiertas, dejando pasar toda la luz del sol, tom¨® la manta que la cubr¨ªa y se sent¨® al borde de la cama. A unos cuantos pasos de la cama, se encontr¨® una mesa, sobre la que estaba una camisa verde claro de estilo militar, con detalles oscuros y bolsillos en el pecho. Un cintur¨®n marr¨®n ajustaba su cintura y otro rodeaba sus muslos. Sus pantalones cortos combinaban con medias largas que le cubr¨ªan hasta los muslos, y unas botas militares marr¨®n oscuro completaban el conjunto. Cuando la joven termin¨® de vestirse, de pronto llamaron a su puerta. Razones? ¡°?est¨¢s despierta?, ?puedo pasar?¡±-dijo una voz femenina. ¡°s¨ª, pasa¡­¡±-respondi¨® la joven Lentamente se abri¨® la puerta, dejando ver a Nahir. ¡°ah, ?ya estas levantada?, bueno tampoco ten¨ªas heridas tan graves¡­¡± -dijo Nahir, con mucha energ¨ªa. ¡°?C¨®mo te llamas?¡±-pregunt¨® Nahir ¡°S¨¦raphine, pero dime Sera¡­ ?y t¨²?¡± ¡°Yo soy Nahir, el se?or Jean me pidi¨® que te cuidara hasta que despiertes¡± -respondi¨® Nahir. ¡°?El se?or Jean?¡±-pregunt¨® Sera, confundida, ¡°?Cu¨¢nto tiempo estuve dormida?¡±-continu¨®. ¡°No mucho, un d¨ªa" -respondi¨® Nahir, ¡°El se?or Jean dijo que estar¨¢s confundida por un tiempo, lo llam¨® ¡®?estr¨¦s postraum¨¢tico?¡¯¡­ creo¡­"-explic¨®. ¡°Bueno, debes tener hambre, vamos al comedor, los dem¨¢s seguro nos esperan¡­¡± -dijo Nahir, apresurando a Sera. Nahir guio a Ser¨¢ hasta el comedor, al llegar todos miraron a Sera, quien se sent¨® con un poco de verg¨¹enza, justo frente a Sera y al otro lado de la mesa se encontr¨® con la penetrante mirada de Jean. Sera, al notar su mirada se sinti¨® m¨¢s nerviosa, comenz¨® a temblar, se puso p¨¢lida y como un parpadeo le volvieron todos los recuerdos del d¨ªa anterior. Sera salt¨® de su silla aterrada, las piernas le temblaban y casi no pod¨ªa mantenerse en pie. ¡°??Q-q-que eres?!¡±-pregunt¨® Ser¨¢, tartamudeando de miedo. Jean se levant¨® y tranquilamente dijo: ¡°Me lo esperaba. Primero come, despu¨¦s hablaremos¡­ en mi oficina¡­¡± Instantes despu¨¦s, Jean sali¨® lentamente, todos se mantuvieron en un inc¨®modo silencio hasta terminar, Sera apenas tocando su comida. Sera se encontraba sentada, revolviendo el plato de sopa ya fr¨ªo. Nailah, que recog¨ªa los platos de la mesa, la mir¨® y dijo: ¡°?Qu¨¦ pasa, no ir¨¢s con el se?or Jean?¡± ¡°yo¡­ honestamente, me da¡­ pavor estar cerca de ¨¦l¡­¡±-responde Sera, distra¨ªda ¡°?Por qu¨¦?¡±-pregunta Nailah con firmeza. ¡°porque¡­ ?no lo has visto?, ?C¨®mo puede mover cosas sin tocarlas?, ?has visto el color de sus ojos?, ?Por qu¨¦- ¡° Nailah la interrumpe dando un golpe en la mesa, no fue lo suficiente como para lastimarse o hacer un gran alboroto, pero Sera sali¨® de sus pensamientos. ¡°entiendo que el se?or Jean es muy misterioso, pero ?Qu¨¦ no ¨¦l te salv¨®? Tambi¨¦n nos salv¨® a nosotros, ?Qu¨¦ hubiese pasado si no aparec¨ªa ¨¦l?, ?y si aparec¨ªa una persona normal? ...¡±-expreso Nailah, con frustraci¨®n. Nailah se sent¨® a un lado de Sera, tomo su mano, la miro a los ojos y dijo: ¡°tal vez Jean no sea humano, pero nos salv¨®¡­ ¨¦l nos borr¨® los recuerdos a Nahir y a m¨ª, no quiero saber que hab¨ªa en ellos y no quiero saber que me pasar¨ªa en el futuro si ¨¦l no hubiese aparecido¡­ ?Qu¨¦ te hubiera pasado a ti sin ¨¦l?¡± Nailah pregunto de una forma muy suabe, pero las intenciones no ven¨ªan desde la inocencia o la incomprensi¨®n, sino m¨¢s bien de una invitaci¨®n a reflexionar. Sera agach¨® la cabeza, pensativa. ¡°pero-¡­¡±-dijo Sera, antes de ser interrumpida por Nailah ¡°??pero qu¨¦?!... ??acaso es mejor lo que nos pudo haber pasado?!¡± -dijo Nailah, claramente molesta Sera se qued¨® callada, despu¨¦s solt¨® un fuerte suspiro y sali¨® en completo silencio. Caminando por los extensos pasillos lleg¨® a una de las ventanas del frente de la casa, fuera, se encontraban los ni?os jugando. ¡°Se ven¡­ tranquilos¡­¡± -dijo Sera, para s¨ª. Ella mir¨® atr¨¢s, en direcci¨®n a las escaleras, con un poco de duda subi¨® las escaleras hasta el tercer piso, al llegar, not¨® como el aire cambiaba, estaba poco iluminado pese a que las ventanas estaban completamente abiertas, al fondo del pasillo estaba la puerta de la oficina de Jean. Ella se acerc¨®, cautelosamente y dio tres golpecitos en la puerta, finalmente la abri¨® dejando ver una oficina precisamente decorada, una chimenea, una mesita, dos sof¨¢ grandes, uno peque?o, a la derecha y frente a un ventanal se encontraba el escritorio de Jean, ¨¦l estaba sentado, observando cientos de documentos en una fracci¨®n de segundo. Sera alcanz¨® a ver lo escrito en los papeles a trav¨¦s de la luz, pero estaba en un lenguaje que no conoc¨ªa. Jean se levant¨® de repente, con una mirada seria, asustando a Sera. Royal Road is the home of this novel. Visit there to read the original and support the author. ¡°Y-y-yo¡­ eh¡­ lo-lo siento¡­ es- estaba abierto y- y cre¨ª que no habr¨ªa problema ¡­¡± excus¨® Sera, nerviosa y mirando en todas direcciones para evitar la mirada de Jean. ¨¦l rode¨® su escritorio y se acerc¨® a la chimenea, se sent¨® en el sof¨¢ peque?o. ¡°?Te quedar¨¢s de pie?¡± -dijo Jean Sera se sent¨® frente a ¨¦l, inc¨®moda, Jean lo not¨® y, con un chasquido, hizo aparecer dos tazas, una azucarera y una botella de leche. En la taza de Sera apareci¨® t¨¦ negro y en la de Jean apareci¨® un l¨ªquido oscuro color terroso, ¨¦l le a?adi¨® az¨²car y leche, pare despu¨¦s darle un sorbo. Sera lo miraba con curiosidad, y, aunque quer¨ªa preguntar lo que era, no se atrev¨ªa. Jean not¨® su inter¨¦s y dijo: ¡°tal vez lo conozcas, se llama caf¨¦¡­¡± Sera se sorprendi¨® y dijo: ¡°?e-en serio?... la hab¨ªa escuchado antes pero solo los nobles m¨¢s importantes pueden comprarlo¡­¡± ¡°?quieres probarlo?¡±-dijo Jean, con una leve sonrisa ¡°?p-puedo?¡±-respondi¨® Sera En un parpadeo apareci¨® otra taza de porcelana, esta vez con caf¨¦. Sera levant¨® la taza y le dio un peque?o sorbo. ¡°es¡­ un poco amargo¡­¡±-pens¨® Sera, en voz alta. Jean solt¨® una peque?a risita y dijo: ¡°agr¨¦gale az¨²car, si quieres¡­¡± Sera neg¨® con la cabeza, ¡°no, creo que me gusta¡­¡± respondi¨®. Tras eso ambos se mantuvieron en completo silencio. Poco a poco se volv¨ªa m¨¢s inc¨®modo para Sera, por el tiempo que se mantuvieron as¨ª Jean apareci¨® una tetera llena de caf¨¦, beb¨ªa taza tras taza como si fuese agua. ¡°?no tienes nada que preguntarme?¡±-dijo Jean, rompiendo el silencio Sera se mantuvo pensativa uno segundos. ¡°?Qu¨¦ eres? -no¡­ ?Por qu¨¦ nos ayudaste? ¡­ ¡°-pregunt¨® ella ¡°?no lo quer¨ªas?, gritabas por ayuda¡­¡± -respondi¨® Jean, de forma cortante ¡°mm, no¡­ me refiero a ?c¨®mo nos encontraste?¡± -volvi¨® a preguntar ella ¡°eso¡­ es lo que quer¨ªas preguntarme, ?en serio?¡± -vacil¨® Jean ¡°para ser honesta¡­ no s¨¦ qu¨¦ quiero preguntarte¡­¡±-dijo Sera Jean la mir¨® un poco molesto, pero dijo: ¡°bien, entonces preguntar¨¦ yo. ?qu¨¦ hac¨ªan en el bosque?¡± ¡°busc¨¢bamos un cargamento de esclavos que se perdieron hace poco¡­¡±-respondi¨® Sera ¡°un cargamento de esclavos?, ?de cuantos?¡±-presion¨® ¨¦l. ¡°em, cre¨® que en el reporte dec¨ªa¡­ ah, siete esclavos, ?Por qu¨¦?¡±-pregunt¨® Sera, confundida Al mirar a Jean, se notaba claramente molesto. ¡°?y que iba a ser de ellos?¡± -pregunt¨® Jean ¡°bueno, eran de un noble que cay¨® en bancarrota y los vendieron a otra familia noble, pero a mi se?ora, la vizconde de estas tierras le informaron que el cargamento se perdi¨®, as¨ª que nos envi¨® a investigar¡­¡±-explic¨® Sera Jean se mantuvo en silencio, pero segu¨ªa mirando a Sera con enojo. ¡°ver¨¢s¡­ yo ayud¨¦ a Nailah, a Nahir y a los dem¨¢s, los liber¨¦ de un carruaje¡­ de esclavos¡±-dijo Jean ¡°ten¨ªa mis sospechas, Nailah mencion¨® que los ayudaste¡­ q-que borraste sus recuerdos y que los dejaste vivir aqu¨ª¡­¡± -cont¨® Sera ¡°s¨ª, hice eso, pero dime: ?hay alg¨²n problema si se quedan?¡± Si bien el tono de Jean era bastante amable, su mirada parec¨ªa de amenaza., Sera not¨® el cambio de actitud de Jean, por lo que se puso nerviosa. ¡°n-n-no¡­n-no creo que haya problema¡­ pero seguramente te pidan el pago por los esclavos, tal vez mi capitana pueda ayudarte¡­¡± Al instante record¨® a sus compa?eros ¡°?cierto!... ?c¨®mo est¨¢n mis compa?eras?, ?D¨®nde est¨¢n?, ?puedo verlas? ¡°- se apresur¨® a interrogar Jean se levant¨® de su lugar y camin¨® lentamente hacia su escritorio. ¡°est¨¢ bien¡­ terminamos de hablar, por ahora. Dile a Nailah que te lleve con ellos¡­¡± ¡°?Gracias!¡±-grito Sera, emocionada ¡°Por cierto, ?c¨®mo se llaman?¡±-pregunt¨® Jean ¡°mi capitana, la de cabello blanco se llama Kyra, despu¨¦s la de cabello rojo se llama Circe y el hombre que nos acompa?aba se llamaba Hugh¡­¡± Antes de salir dijo: ¡°?d¨®nde est¨¢ el cuerpo de Hugh?¡±-pregunt¨® Sera, triste. ¡°durmiendo en una de las habitaciones libres¡­¡±-respondi¨® Jean como si nada. ¡°??Qu¨¦?!, ??Sigue vivo?!¡± -dijo Sera, euf¨®rica. Ella sali¨® tan r¨¢pido que no not¨® la sonrisa burlona de Jean. Excusas justas? This novel is published on a different platform. Support the original author by finding the official source. Una prueba? Sera corr¨ªa por el bosque, empapada, esquivando ramas, respiraci¨®n ajetreada, le ard¨ªa la garganta y sus piernas le dol¨ªan, delante de ella, a un cierta distancia estaban Kyra, Circe y Hugh. Sera se detuvo un segundo entre dos ¨¢rboles para tomar aliento, de pronto, un trueno ilumin¨® todo el bosque, detr¨¢s de ella hab¨ªa una sombra. Sera sinti¨® un escalofr¨ªo y r¨¢pidamente aceler¨® para alejarse de lo que ten¨ªa a su espalda y para alcanzar a sus compa?eros. Lentamente una niebla comenz¨® a elevarse desde el suelo, la lluvia se hac¨ªa m¨¢s suave hasta que dejaron de caer gotas de agua, para ese momento la niebla ya se elevaba por encima de los ¨¢rboles o al menos lo que se supon¨ªa eran ¨¢rboles, su corteza estaba negra, al tocarla se pegaba a las manos, sin rastro de hojas, el suelo estaba quemado, entre respiraciones, Sera grit¨® los nombre de sus compa?eros, pero nadie respond¨ªa, ella jade¨® y tosi¨®, desde su izquierda escuch¨® un crujido, pero al mirar no hab¨ªa m¨¢s que la rama rota. Sera grit¨® una segunda ves los nombres de sus compa?eros: ¡°?Kyra! ¡­ ?Circe! ¡­ ?Hugh! ¡­¡± De pronto un ligero ¡°?aqu¨ª!¡±, se escuch¨® m¨¢s al fondo, donde se volv¨ªa m¨¢s densa la niebla. Sera camin¨® con precauci¨®n hasta que, de la nada toda la niebla frente a ella desapareci¨®, permiti¨¦ndole ver a sus compa?eros, Sera dirigi¨® su mirada atr¨¢s d¨¢ndose cuenta de que hab¨ªa un muro de niebla, volvi¨® la mirada a sus compa?eros. ¡°?Qu¨¦ es eso?¡± -pregunt¨® Kyra, mientras apuntaba a una especie de pilar color ¨®nix Sera sinti¨® escalofr¨ªos, se puso p¨¢lida, sus ojos se enrojecieron y una lagrima le recorri¨® el rostro. Ella entr¨® en p¨¢nico. ¡°??HAY QUE IRNOS DE AQU¨ª!!¡± -gritaba Sera, mientras jalaba a Kyra fren¨¦ticamente. ¡°?p-por qu¨¦?, ?qu¨¦ pasa?¡± -pregunt¨® Kyra confundida ¡°?AH¨ª ES DONDE LOS BANDIDOS NOS LLEVARON! ¡­ ?a ustedes y a m¨ª!¡± -dijo Sera Al escuchar sus palabras, Kyra y Circe se sintieron mareadas, incomodas y asintieron con la cabeza. Se apresuraron al mur¨® de niebla, cuando estaban a punto de tocarlo, un grit¨® ensordecedor las tom¨® desprevenidas. ¡°??qu¨¦ fue eso?!¡± -Hugh pregunt¨® al aire. Cuando desapareci¨® el eco del grito, un nuevo sonido inund¨® el entorno: pasos, no eran uno o dos, sino cientos, miles de pasos, una horda de muertos vivientes, Hugh y Circe desenfundaron sus espadas y se colocaron frente a Kyra y Sera ya que no portaban sus armas, Sera dej¨® su arco en la mansi¨®n de Jean y la espada de Kyra se hab¨ªa roto en la pelea con los bandidos. Los muertos vivientes se abalanzaron con mucha ferocidad al peque?o grupo, pero no se defend¨ªan, las espadas los cortaban sin problema, pero era un n¨²mero abrumador. Del fondo un rugido de animal, agudo, Atrajo la atenci¨®n de los cuatro. Muertos vivientes sal¨ªan volando, desmembrados, Al tiempo que fuertes pisadas hac¨ªan temblar el suelo. Una fuerza destructiva se acercaba al cuarteto, Hugh se prepar¨® para detener el ataque, entre los muertos, finalmente se dej¨® ver la creatura: ten¨ªa forma de insecto, como de una Mantis, pero media m¨¢s del doble de una persona. La mantis gigante, levant¨® su pinza para partir por la mitad a Hugh, este se preparaba para poner su cuerpo entre la creatura y sus compa?eras. Hugh cerr¨® los ojos, esperando un golpe que nunca lleg¨®, al abrir los ojos se encontraba frente a ¨¦l a unos pocos metros del suelo Jean, sosteniendo la cabeza cercenada de la creatura. ¡°?Por qu¨¦ siempre que llego est¨¢n en problemas?¡± -dijo Jean, con una sonrisa burlona. Con una onda de aire, Jean cort¨® por la mitad a todos los muertos vivientes que los rodeaban, Hugh se desplom¨® en el suelo, soltando un suspiro de alivio. Jean descendi¨® hasta tocar la tierra, solt¨® un suspiro de molestia y dijo: ¡°Se supone que a¨²n nadie vendr¨ªa aqu¨ª¡­¡± ¡°?qui¨¦n querr¨ªa venir aqu¨ª?¡± -grit¨® Circe, molesta y aterrada. ¡°?y por qu¨¦ me preguntas a m¨ª?, yo no soy el loco que quiere m¨¢s poder¡± -respondi¨® Jean, de forma graciosa. ¡°?Qu¨¦ es este lugar? ¡­¡± -pregunt¨® Kyra, a¨²n incomoda. ¡°esto¡­ es el bosque oscuro¡­¡± -respondi¨® Jean, energ¨¦tico ¡°otro d¨ªa les explico, ahora tienen que salir de aqu¨ª. Yo no quiero ayudarlos directamente, pero, como a¨²n este lugar no est¨¢ terminado ser¨¢ f¨¢cil, solo tienen que llegar al monolito y tocarlo, el guardi¨¢n no tiene la fuerza para matar a los del mundo exterior, es decir, a ustedes¡­ pero no significa que no les doler¨¢¡± explic¨® Jean. ¡°Aunque¡­ podr¨ªan morir por una hemorragia¡­ adem¨¢s si el guardi¨¢n los toca, las sombras los atrapar¨¢n¡­¡± pens¨® en voz alta ¡°¡­ y le dar¨¢n m¨¢s poder a este lugar¡­¡± -dijo Jean pensativo y con una sonrisa maliciosa, ¡°bueno no importa¡­¡± continu¨® ¨¦l. This book is hosted on another platform. Read the official version and support the author''s work.¡°mmm, sus espadas no servir¨¢n aqu¨ª¡­¡± -dijo Jean energ¨¦tico y pensativo. ¨¦l dio un fuerte aplauso y al separar sus palmas, un haz de luz amarillo claro apareci¨® conectado a las manos de Jean. ¡°esto lo recibir¨ªan cuando terminaran este desaf¨ªo, pero como no tienen el poder para da?ar las almas atapadas aqu¨ª supongo que no hay opci¨®n¡­¡± -expres¨® Jean, con ligera molestia La luz se dividi¨® en cuatro, los fragmentos de luz se posicionaron frente a Kyra, Circe Hugh y Sera. El fragmento frente a Sera se convirti¨® en un arco blanco con una cuerda de color oro, frente a Hugh apareci¨® una doble hacha color plateada y con un mango rojo sangre, frente a Kyra se form¨® una espada de doble mano, la hoja era plateada, la guarda brillaba en dorado y al final del mango hab¨ªa una gema morada, finalmente frente a Circe surgieron dos espadas cortas, las hojas eran carmes¨ª con una empu?adura negra. ¡°ustedes no tienen el poder para usarlas con todo su potencial, pero por lo menos saben moverlas¡­¡± dijo Jean, burl¨¢ndose de ellos mientras ascend¨ªa ¡°ahora, yo los observare desde arriba¡­ ?ustedes pueden!¡± -grit¨® Jean, con una convicci¨®n c¨®mica intentando animarlos. Kyra dirigi¨® la mirada a su espada sorprendida por la ligereza y el equilibrio, blandi¨® su espada y cuando iba a lanzar un ataque para probarla, la espada se volvi¨® muy pesada, haci¨¦ndola perder el equilibrio. la levant¨® extra?ada y volvi¨® a una pose en la que se preparaba para el cambio en el peso, pero nada, al instante comprendi¨® que la espada sabia cuando no la empu?aban como deb¨ªa. Circe sosten¨ªa sus espadas cortas, acostumbr¨¢ndose al peso de ellas, las hojas eran m¨¢s pesadas, ella lanz¨® una r¨¢faga de ataques para probarla, el peso las hacia algo dif¨ªcil de controlar, pero notaba como cada golpe ara mucho m¨¢s efectivo, cuando bajo las espadas. , de pronto se calvaron en el suelo, al mirarlas, not¨® que en sus manos hab¨ªa cadenas que se conectaban a las espadas. Hugh, con su hacha, noto un peque?o s¨ªmbolo en una de las hojas del hacha, al tocarla, al hacha le despareci¨® una de las hojas, la hoja restante se volvi¨® m¨¢s grande en su antebrazo apareci¨® un escudo peque?o, pero de un metal que Se notaba muy resistente. Por ¨²ltimo, Sera tom¨® el arco frente a ella, a¨²n estaba incomoda por el lugar, pero al probar la rigidez de la cuerda, el aco absorbi¨® part¨ªculas del aire y una flecha de luz se materializ¨® lista para ser disparada, justo arriba de donde descansaba. el pulgar hab¨ªa un s¨ªmbolo, al presionarlo, el arco se convirti¨® en una espada, ligera, de una mano, al volver a presionar el s¨ªmbolo ubicado en el mismo lugar, esta vez la espada se convirti¨® ¨²nicamente en la empu?adura, Sera presion¨® el s¨ªmbolo una vez m¨¢s y apareci¨® nuevamente el arco, presion¨® de nuevo con un poco m¨¢s de fuerza esperando la espada, pero se convirti¨® en la empu?adura, us¨® la misma fuerza al presionar el s¨ªmbolo y se convirti¨® en la espada. Sera tomo una bocanada de aire que expulso con fuerza para calmarse. ¡°?Qu¨¦ hacemos?¡± -pregunto Kyra Sera respondi¨® de forma despectiva. ¡°?seguir?, como ¨¦l nos dijo¡­¡± ¡± Pero, venimos de all¨¢¡± -dijo Circe, apuntando hacia el muro de niebla ¡°?no crees que es una trampa?¡± ¡°asta donde s¨¦, ¨¦l solo ha sido honesto con nosotras¡± -respondi¨® Sera ¡°?no crees?¡± Ante la pregunta, Circe solo se atrevi¨® a asentir con la cabeza. Ambas caminaron hacia el monolito, que se asomaba sobre un gran bosque con ¨¢rboles gigantescos. Kyra y Hugh se miraron, tras algunos segundos se resignaron y fueron tras ellas. Lo que esconde el bosque Los cuatro estaban descansando al pie de un ¨¢rbol que no estaba quemado. Ya llevaban cerca de una hora caminando y, en ese transcurso, encontraron unos peque?os grupos de no muertos con los que pudieron practicar con sus armas. Circe se encontraba limpiando la sangre de sus espadas, mientras los dem¨¢s se manten¨ªan en silencio. ¡°?y si lo hicimos enojar¡­? ¡°-pens¨® Circe en voz alta- ¡°tal vez por eso estamos aqu¨ª¡­¡± -continu¨® ella. Sera clav¨® su mirada en Kyra, como esperando una respuesta, las miradas de ambas choraron, pero r¨¢pidamente Kyra desvi¨® la cabeza con una expresi¨®n de molestia. ¡°A m¨ª no me parec¨ªa tan malo¡­¡± -sigui¨® Circe-. ¡°de hecho me parece que es muy amable- ¡° Hablando entre dientes, Kyra interrumpi¨® con frustraci¨®n ¡°?Puedes callarte?¡± Circe la mir¨® molesta, pero acat¨® su orden. Nuevamente, el silencio rein¨®. ¡°?de verdad le temen a la vizconde¡­?¡± -dijo Sera. Kyra la mir¨® claramente molesta. ¡°Jean cre¨® este lugar¡­¡± -respondi¨® Sera, con un tono retador-. ¡°Aparec¨ªa y desaparec¨ªa como quer¨ªa, nos dio estas armas¡­¡±-continu¨® mientras materializaba su espada. ¡°?A¨²n crees que no es lo suficientemente poderoso para derrocar a la vizconde?¡± -pregunt¨® Sera, sarc¨¢sticamente. Hizo aparecer su arco, solt¨® un suspiro r¨¢pido y corto, llena de frustraci¨®n, ella se levant¨®, le lanz¨® una mirada asesina a Kyra y camin¨® dando pisotones molesta en direcci¨®n al monolito, que a¨²n se ve¨ªa muy distante, Circe, concordando con Sera, se levant¨® y corri¨® para alcanzarla. Kyra las mir¨® alejarse, molesta, se encogi¨® de hombros y dirigi¨® su mirada a Hugh. ¡°??Y ahora se van solas?!¡± -Se quej¨® ella. Hugh, solt¨® un suspiro en se?al de rendici¨®n, se levant¨® y respondi¨®: ¡°Vamos¡­¡±, mientras caminaba y se?alaba con la cabeza a la direcci¨®n en la que estaban Sera y Circe. ¡°?AGG!¡± -grit¨® Kyra, claramente enojada, pero se apresur¨® a alcanzarlos. Conforme se adentraban al bosque los ¨¢rboles se hac¨ªan cada vez m¨¢s altos y gruesos, a la luz se le dificultaba atravesar el grueso follaje por lo que una suave capa de niebla llena de olores amaderados y agua estancada hac¨ªan dif¨ªcil respirar, al estar tan profundo en el bosque tuvieron que hacer una antorcha con una rama que encontraron tirada en el suelo y un trozo de la ropa de Hugh, ¨¦l iba al frente, la antorcha en su mano izquierda y en la derecha, su hacha. La zona era tan silenciosa¡­ en el suelo hab¨ªa varios charcos de agua y de vez en cuando se escuchaba el crujido de las ramas y poco despu¨¦s ca¨ªan con fuerza. Kyra, la cual se encontraba al final del grupo, a¨²n algo fastidiada, de pronto avist¨® a la distancia una sombra movi¨¦ndose, pero no pudo identificar lo que era. ¡°Alto¡± -dijo Kyra en voz baja. Hugh r¨¢pidamente se detuvo y la mir¨® ¡°?qu¨¦ pasa?¡± -pregunt¨®. ¡°Vi algo moverse por all¨¢¡­¡± -respondi¨® Kyra mientras se?alaba a donde antes not¨® la sombra ¡°Sera, dispara una flecha¡­¡± -pidi¨® Circe Todos se mantuvieron en silencio, mientras esperaban la luz de las flechas de Sera, pero nunca apareci¨®. Miraron alrededor, busc¨¢ndola. ¡°?D¨®nde est¨¢¡­?¡± -pregunt¨® Kyra ¡°estaba delante de ti¡± -le recrimin¨® a Circe. ¡°Pero t¨² nos llamaste y ella se puso detr¨¢s de ¨¦l¡­¡± -se defendi¨® Circe, apuntando a Hugh ¡°no puede estar lejos¡­¡± -respondi¨® Kyra Ella levant¨® una rama ca¨ªda y le at¨® un trozo de su camisa, rasg¨¢ndola y dejando parte de su est¨®mago al descubierto. Luego, acerc¨® la antorcha de Hugh y prendi¨® fuego a la tela. ¡°hay que buscarla¡­ t¨² y yo vamos juntas¡± -le dijo Kyra a Circe, ¡°Hugh, tu sigue adelante, nosotras iremos atr¨¢s y veremos si est¨¢ cerca¡­¡±-dijo Kyra, antes de darse la vuelta e irse. ¡°bien¡­¡± -respondi¨® ¨¦l. Kyra y Circe se salieron del camino, aleg¨¢ndose de Hugh, los espacios eran m¨¢s estrechos y dif¨ªciles de atravesar. Caminaron varios metros. ¡°?escuchaste eso?¡± -pregunto Circe, con un tono de angustia. ¡°?Qu¨¦ cosa?¡± -respondi¨® Kyra, extra?ada. ¡°era como¡­ em¡­ como un susurro¡­¡± -respondi¨® Circe, casi tartamudeando ¡°?Un susurro?, ?De d¨®nde?¡± -pregunt¨® Kyra, a¨²n m¨¢s extra?ada. Circe apunto a una abertura en el suelo debajo de un ¨¢rbol, Kyra entrecerr¨® los ojos y dio algunos pasos lentos, de repente, desde arriba call¨® otra rama, asust¨¢ndolas, al mirar la rama notaron una especie de seda pegajosa, tambi¨¦n, la rama era demasiado gruesa y se ve¨ªa muy resistente como para caer por su propio peso. Kyra mir¨® arriba y levant¨® la antorcha, entrecerr¨® los ojos para ver mejor y noto un peque?o reflejo naranja por la antorcha, despu¨¦s se volvieron dos, tres¡­ ocho, segundos despu¨¦s aparecieron tres grupos m¨¢s, tres creaturas con ocho ojos acerc¨¢ndose poco a poco. Kyra, por instinto tom¨® a Circe del brazo, que ya estaba en shock, ambas corrieron a la cueva bajo el ¨¢rbol, una de las ara?as gigantes salt¨® al suelo, cayendo a pocos metros entre Kyra, Circe y la cueva. Ambas se detuvieron en seco, las otras ara?as cayeron con fuerza, bloqueando las salidas. Circe, estaba temblando, al bode de las l¨¢grimas y apenas manteni¨¦ndose en pie, Kyra, aunque aterrada mir¨® en todas las direcciones, buscando una salida. Una de las ara?as levant¨® sus patas delanteras, prepar¨¢ndose para atacar. La ara?a dej¨® caer sus patas sobre Kyra como si fuese una guillotina. Kyra Levant¨® su espada por instinto, pero cerr¨® los ojos resign¨¢ndose, de pronto, la ara?a solt¨® un fuerte y agudo chillido de dolor, retrocedi¨® unos pasos, Kyra abri¨® los ojos, frente a ella se encontr¨® un gran trozo de la pata de la ara?a, un poco m¨¢s lejos estaba la ara?a moviendo su extremidad cercenada. Kyra mir¨® a Circe, la cual a¨²n estaba temblando ¡°?Mira!¡± -le dice, con clara sorpresa. Circe observ¨® a la extremidad cortada, despu¨¦s a Kyra, ella mir¨® su espada, a¨²n con algunas gotas de una sangre verde, proveniente de la ara?a, finalmente Kyra apunt¨® a las espadas de Circe, ella coloc¨® sus manos en el suelo y se impuls¨® hacia arriba, a¨²n le temblaban las piernas, ante la imponente figura de una de las ara?as, Circe levant¨® su guardia y se prepar¨® para pelear. La ara?a frete a Circe lanz¨® un ataque, pero Circe logr¨® bloquearlo, perdiendo el equilibrio un segundo, algo que la ara?a no desaprovech¨® atacando nuevamente. Circe logr¨® evitar el ataque impuls¨¢ndose con su pierna derecha hac¨ªa la izquierda, no obstante, el monstruo fue lo suficientemente r¨¢pido para prever esto y lanzar un estocada con una de sus patas, esta vez Circe no logra esquivarlo por completo, pero solo le causa una herida un poco profunda en su costado izquierdo, desgarrando parte de su ropa tambi¨¦n. This narrative has been unlawfully taken from Royal Road. 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Kyra observaba el enfrentamiento de Circe, pero las ara?as soltaron un leve rugido insinuando molestia, Kyra tom¨® su espada con ambas manos, estaba algo pesada por el miedo que sent¨ªa en su coraz¨®n, ella, al notarlo se oblig¨® a ignorar sus dudas, fijo su vista en las ara?as y con determinaci¨®n se lanz¨® contra ellas, elev¨® su espada y la dej¨® caer con toda su fuerza sobre la ara?a a la que le hab¨ªa cortado antes la pata, la espada le cort¨® uno de sus colmillos, cayendo y derramando un l¨ªquido verde muy oscuro, m¨¢s que la sangre de esos monstruos, la creatura grit¨® de dolor y retrocedi¨®, la otra ara?a lanz¨® un ataque bajo, tratando de cortar las piernas de Kyra, esta, clav¨® su espada en la tierra logrando bloquear ese ataque, la ara?a m¨¢s herida; harta, le arroj¨® telara?as provocando que Kyra se quede atrapada, con su pata derecha le lanz¨® otro ataque haci¨¦ndole una herida en el brazo derecho y otra en la pierna, al mismo tiempo que cortaba las telara?as que reten¨ªan a Kyra. Ella, como pudo, tom¨® distancia, pero por su herida se tuvo que arrodillar, con su mano izquierda presiono la herida del brazo, despu¨¦s se levant¨®, apoy¨¢ndose en su espada y en su pierna izquierda. Volvi¨® a su postura de combate. La ara?a m¨¢s herida corri¨® hacia Kyra, ella la esquivo tumb¨¢ndose al suelo, al mismo tiempo tomo su espada con mucha fuerza y la apunt¨® hacia arriba cort¨¢ndole todo el abdomen a la ara?a, la creatura se detuvo a unos pocos metros de Kyra, intent¨® darse la vuelta, pero simplemente callo y un charco de sangre verde se esparci¨® debajo del monstruo. Circe se prepar¨® para luchar contra la ¨²ltima ara?a, pero esta, la ignor¨® por completo cargando en furia contra Kyra, ella, corri¨® al cad¨¢ver de la ara?a que acababa de matar, la escal¨® para superar la altura de la que la segu¨ªa, Kyra salt¨® y ajust¨® el agarre de su espada haciendo que esta aumentara su peso, en un instante, la espada callo con tanta fuerza que agriet¨® el suelo, despedazando a la ara?a. Kyra se encontraba a un metro de su espada, llena de los l¨ªquidos de la creatura, Circe corri¨® para ayudarla, tom¨® la espada que estaba clavada en el suelo y ambas se ayudaron a caminar, alej¨¢ndose de los cad¨¢veres y sent¨¢ndose en la base de uno de los ¨¢rboles. Kyra jade¨® ¡°eso¡­ estuvo cerca¡­¡± -dijo. ¡°s-si¡­¡± -respondi¨® Circe ¡°?Por qu¨¦ Jean no nos advirti¨® que habr¨ªa cosas como estas¡­?¡± -se quej¨® Kyra Ambas se quedaron en silencio, mirando a las ara?as. ¡°em¡­¡± -expres¨® Kyra- ¡°me siento algo mareada¡­¡± -dijo. ¡°tus heridas no son muy profundas¡­ no has perdido mucha sangre¡­¡± -dijo Circe, revisando las heridas de Kyra. ¡°pero creo que ten¨ªan veneno¡­¡± respondi¨® Kyra Circe se mantuvo en silencio 1 o 2 segundos, sus manos temblaron ligeramente y su voz le dificult¨® el hablar ¡°?Hay que volver con Hugh¡­!¡± -dijo ella- ¡°?Tal vez si terminamos esto r¨¢pido, el se?or Jean nos diga que hacer¡­ o-¡­ o tal vez solo sea anest¨¦sico!¡± -expres¨®, alterada. Circe levant¨® a Kyra y se apresuraron a volver por el sendero del que ven¨ªan. ¡°No olvides la antorcha¡­¡± -orden¨® Kyra, sintiendo el efecto del veneno. ¡°?Si estas envenenada no tenemos tiempo que perder¡­!¡± -respondi¨® Circe Ambas caminaban entre la oscuridad, los rayos de luz demostraban que era de noche, extra?amente a¨²n se pod¨ªa ver un poco el camino. ¡°?espera!¡± -dijo Kyra de repente- ¡°mi pie¡­ esta atorado con algo¡­¡± -dijo Kyra con fuerza. ¡°?Qu¨¦?, ?y con qu¨¦?¡± -pregunt¨® Circe ¡°no lo s¨¦, pero se siente¡­ extra?o-¡­¡± -Kyra se interrumpi¨®. Ella empuj¨® a Circe, haci¨¦ndola caer, De pronto, Kyra fue arrastrada con fuerza hacia lo profundo del bosque. ¡°?Kyra!¡± -grit¨® Circe. Ella se levant¨® y sigui¨® los gritos de Kyra. Circe evadi¨® varios obst¨¢culos aun escuchando levemente la voz de Kyra, tras una corta persecuci¨®n, Circe lleg¨® al ¨²ltimo lugar en el que escuch¨® a Kyra, mir¨® alrededor busc¨¢ndola, Circe se sorprendi¨®, hab¨ªan varias flechas brillando, clavadas en el suelo, en los ¨¢rboles y otras marcas de batalla, de repente sinti¨® un escalofri¨® en su espalda, mir¨® hacia arriba encontrando al fin a Sera: parec¨ªa inconsciente, estaba atada de piernas y manos con telara?as, tambi¨¦n estaba llena de heridas y su ropa totalmente desgarrada, apenas cubri¨¦ndola, a su derecha encontr¨® a Kyra, retorci¨¦ndose, con una gran cantidad de telara?as cubri¨¦ndole la boca, Kyra tambi¨¦n ten¨ªa bastantes raspones y heridas, retorci¨¦ndose levemente e intentando mantenerse consiente, las telara?as eran casi tan fuertes como el metal. Cuando los ojos de Circe se encontraron con los de Kyra, esta se ech¨® a llorar e inmediatamente despu¨¦s se desmay¨® por el veneno. En un parpadeo cientos de ojos aparecieron, al segundo siguiente las ara?as descend¨ªan de los ¨¢rboles rodeando a Circe, se qued¨® congelada del terror y casi aceptando su destino solt¨® sus espadas, entonces, del fondo del bosque se escuch¨® el chirrido de una ara?a, todas las creaturas que rodeaban a Circe la ignoraron y miraron hacia la fuente del ruido como si esperasen algo, todo el bosque se mantuvo en silencio, pero una leve luz naranja apareci¨® del camino que custodiaban las ara?as, poco a poco se estaba acercando, desde la luz, una ara?a sali¨® volando en pedazos, despu¨¦s otra¡­ y otra¡­ y otra m¨¢s, hasta que ese camino estuvo despejado. A la distancia: Hugh, ¨¦l estaba lleno de heridas, raspaduras y moretones. Aun as¨ª, se manten¨ªa de pie cortando cada ara?a que se le cruzara. Circe sinti¨® sus qu¨¦ piernas perdieron toda su fuerza, cayendo al suelo al borde de las l¨¢grimas y con un rostro de alivio. R¨¢pidamente se forz¨® a levantarse, sac¨® las cadenas de sus espadas y comenz¨® a incapacitar algunas ara?as que despu¨¦s Hugh remataba. El guardian Tras luchar cerca de una hora. Hugh remat¨® a la ¨²ltima ara?a con la espada de Kyra, que hab¨ªa tomado en alg¨²n punto de la batalla, Circe se encontraba en el lado opuesto, sentada sobre uno de los cad¨¢veres de las ara?as, exhalando con mucho cansancio. Circe levant¨® con dificultad el arco/espada de Sera: a la mitad del combate la hab¨ªa encontrado clavada en uno de los ¨¢rboles. ¡°?Hugh, tengo el arco de Sera¡­ ay¨²dame a bajarlas¡­!¡± -grit¨® Circe, aun respirando con fuerza. Hugh se coloc¨® debajo de Sera, Circe dispar¨® algunas flechas para romper las telara?as que reten¨ªan a Sera, haciendo que callera desde varios metros de alto, Hugh la atrap¨® y la dej¨® en el suelo con cuidado, despu¨¦s bajaron a Kyra. Tras un tiempo indefinido Sera finalmente abri¨® los ojos lentamente, adolorida, mir¨® alrededor, r¨¢pidamente se levant¨® agitada, notando los numerosos cad¨¢veres de las ara?as. Circe se acerc¨® ¡°oye, oye¡­ tranquila¡­ ?estas bien? ...¡± ¡°?Q-qu¨¦ pas¨®?¡± -pregunto Sera, a¨²n muy confundida. ¡°he¡­¡± -dud¨® Circe- ¡°?Qu¨¦ es lo ¨²ltimo que recuerdas?¡± -pregunt¨®. ¡°¡­ unas ara?as me llevaron¡­ me liber¨¦, mat¨¦ a unas pocas¡­ me envenenaron¡­ ?D¨®nde estamos?¡± -dijo Sera ¡°bueno, despu¨¦s de un tiempo te encontramos, pero muchas ara?as nos atacaron¡­¡± -explic¨® Circe Sera not¨® las numerosas heridas de Circe, detr¨¢s de ella vio a Hugh. ¡°??est¨¢n bien?!¡± -dijo Sera, exaltada Circe sonri¨® levemente. ¡°si¡­ son solo peque?as heridas, no te preocupes¡­ con la seda de las ara?as podemos hacer vendajes¡­ as¨ª repar¨¦ tu ropa¡­¡± -se?al¨® Circe Sera ahora, ten¨ªa una gran cantidad de seda cubriendo su cuerpo. ¡°son ligeras, pero muy resistentes, te servir¨¢n como armadura¡­¡± -dijo Circe. ¡°o-oye, ?qu¨¦ les pas¨® a tus ojos?¡± -solt¨® de repente Sera. ¡°?mis ojos?¡± pregunt¨® Circe, toc¨¢ndose el rostro. ¡°s¨ª, tus pupilas se han hecho blancos¡­ ?No te call¨® veneno, escuche historias de personas a las que les ca¨ªa veneno en los ojos y se volv¨ªan ciegos¡­¡± -explico Sera, alarmada De pronto, Kyra despert¨® de un grito, ella intent¨® levantarse y Circe se apresur¨® a ayudarla. ¡°?estas bien?¡± -le pregunt¨® Circe ¡°un poco¡­ me duele la cabeza¡­¡± respondi¨® Kyra, colocando su mano en su frente De pronto observo todos los cad¨¢veres de las ara?as. ¡°??Qu¨¦ demonios pas¨® aqu¨ª?!¡± -dijo Kyra ¡°Las ara?as nos atacaron cuando las encontramos¡­¡± -explic¨® Circe R¨¢pidamente, Kyra busc¨® alrededor a Sera, al verla se apresur¨® a abrazarla. ¡°ha, estas bien, menos mal¡­¡± -dijo Kyra. Tras algunos segundos, ella solt¨® su abraz¨®, tom¨® a Sera de los hombros y le observ¨® el cuerpo. ¡°?Qu¨¦ le paso a tu ropa?¡± -pregunt¨® ella. ¡°lo mismo digo¡± -respondi¨® Sera. Kyra mir¨® su ropa. ¡°cuando las ara?as la arrastraron, debi¨® romperse sus ropas¡­¡± -a?adi¨® Circe Kyra la mir¨® y pregunt¨® alarmada ¡°eh¡­ ?y tus ojos?¡± ¡°no lo s¨¦¡­¡± -dijo Circe, con un tono de molestia. Hugh se acerc¨® e interrumpi¨® la conversaci¨®n ¡°hay que irnos, ya s¨¦ el camino al monolito¡­¡± En silencio, tomaron sus armas y caminaron detr¨¢s de Hugh, no notaron como los cad¨¢veres de las ara?as se volv¨ªan un polvo negro y desaparec¨ªan. Avanzaron por el bosque durante varios minutos, de pronto Hugh se detuvo y se agach¨®, dio algunos pasos m¨¢s y se resguard¨® detr¨¢s de un ¨¢rbol, justo del otro lado se encontraba un gran claro y en el centro estaba el monolito. ¡°ah¨ª est¨¢¡­¡± -dijo Hugh, con satisfacci¨®n. Sera lo mir¨® sintiendo escalofr¨ªos ¡°?y que esperamos¡­?, salgamos de aqu¨ª¡­¡± -dijo. ¡°No¡­¡±-la detuvo Hugh, ¡°?ya olvidaste lo que dijo Jean?... hay un guardi¨¢n¡­¡± -continu¨®. ¡°pero no hay nada¡­¡± -respondi¨® Sera. ¡°tal vez las ara?as eran los guardianes¡­¡± -dijo Circe, ¡°t¨² sabes lo dif¨ªcil que fue¡­¡± -expres¨®. Hugh se mantuvo pensativo ¡°¡­ est¨¢ bien¡­¡± -asinti¨® finalmente. Lentamente caminaron hacia el centro. Justo antes de tocar el monolito los ¨¢rboles comenzaron a moverse, una creatura empuj¨® los ¨¢rboles dej¨¢ndose finalmente ver. Frente a ellos estaba una gran mantis negra, de pinzas color carmes¨ª y con afiladas p¨²as en su espalda, la creatura se acerc¨® lentamente al monolito sin retirar la vista de los cuatro. Hugh retrocedi¨® lentamente seguido de Sera y Circe, Kyra sac¨® su espada prepar¨¢ndose para pelear, pero su mirada denotaba dudas. Kyra ahora se encontraba al frente del grupo, de pronto escuch¨® caer algo, al mirar atr¨¢s vio a Hugh arrodillado y en su espalda sobresal¨ªan cinco p¨²as. La gran mantis no se hab¨ªa movido ni un cent¨ªmetro, pero de alguna forma atac¨® a Hugh, Kyra le devolvi¨® la mirada al monstruo y como si el tiempo se detuviese, ella observ¨® en c¨¢mara lenta como se acercaban las p¨²as del monstruo, por instinto movi¨® su espada para desviarlas con el tiempo exacto desvi¨® tres, pero una se clav¨® en su hombro izquierdo, atraves¨¢ndola de lado a lado, Kyra grit¨® de dolor, mir¨® a la p¨²a en su hombro, levant¨® su espada y cort¨® la parte que sobresal¨ªa, casi retorci¨¦ndose de dolor, pero volvi¨® a su postura de ataque. Stolen content warning: this tale belongs on Royal Road. 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La creatura elev¨® sus pinzas, pero Circe se apresur¨® lanzando su espada y atando su pinza izquierda, la mantis gir¨® su cabeza hacia Circe y, con un simple movimiento, la hizo perder la compostura, Sera le dispar¨® dos flechas, una rebot¨® en su coraza y la otra logr¨® clavarse en su cuello, pero sin hacerle ning¨²n da?o, Kyra carg¨® contra la mantis e intent¨® cortar una de sus patas, pero solo logr¨® hacerle una herida superficial. La mantis clav¨® su pinza derecha en el suelo levantando una nube de polvo e intentando matar a Kyra. con su pinza izquierda, jal¨® la cadena de Circe para despu¨¦s dejar caer su pinza sobre ella. Circe rod¨® hacia la derecha logrando esquivar el ataque por cent¨ªmetros, Kyra sali¨® del polvo, con algunos golpes. Sera carg¨® una flecha m¨¢s grande y brillante, solt¨¢ndola cuando el monstruo se distrajo con Circe, la flecha fallo, pero destruy¨® por completo varias de las p¨²as de la mantis. Cuando Sera cargaba una segunda flecha, el monstruo se lanz¨® contra ella, Sera vol¨® por los aires y choc¨® con un tronco a varios metros detr¨¢s de ella, la parte posterior de su cabeza rebot¨® contra la madera quedando Sera inconsciente. Kyra recobr¨® la compostura en trance, levant¨® su espada sobre su cabeza, prepar¨¢ndose para un ataque, apret¨® con todas sus fuerzas el mango de su espada, el arma reacciono de forma brusca, su hoja brillo de blanco y aument¨® su tama?o 100 veces y lleg¨® por encima de las nubes, Kyra dej¨® caer su espada sobre la creatura. Kyra se desplom¨® en el suelo, desmayada, frente a ella, una gigantesca nube de polvo que cubr¨ªa la mantis y no se escuchaba movimiento. Circe, se levant¨® y retrajo las cadenas de su espada, como pudo, corri¨® a socorrer a Kyra. ¡°?Kyra!, ??Estas bien!?¡± -grit¨® ella. Tras unos segundos, se levant¨® Kyra, ¡°?q-qu¨¦ pas¨®?¡± -pregunto sosteni¨¦ndose la cabeza. ¡°??c¨®mo hiciste eso!?¡± -pregunt¨® Circe ¡°?Qu¨¦ cosa?¡± -dijo Kyra, muy confundida- ¡°?y el monstruo!¡± -se apresur¨® alarmada. ¡°t¨² lo mataste¡± -respondi¨® Circe. ¡°?y-yo?¡±-replic¨® Kyra. A la distancia Sera recobr¨® el conocimiento, aterrada, carg¨® una flecha y la dispar¨® hacia la nube de polvo, la flecha termin¨® de dispersar la tormenta de polvo y dej¨® ver finalmente a la mantis, pero el monstruo se hab¨ªa dividido en dos mantis, ahora m¨¢s peque?as. Las mantis se figaron en Kyra y Circe, que estaban m¨¢s cerca, se prepararon para matarlas, ellas, heridas casi no pod¨ªan moverse, como pudieron evitaron uno, dos y hasta un tercer ataque por pura suerte, pero finalmente las acorralaron. Ambas se resignaron, pero justo antes de que las pinzas de las mantis las tocasen, un fuerte ruido de metal interrumpi¨®. Kyra abri¨® los ojos encontr¨¢ndose con Hugh, que hab¨ªa logrado parar el ataque de las mantis pese a tener las p¨²as atraves¨¢ndolo, en su mirada, pura determinaci¨®n, de las p¨²as comenz¨® a salir un brillo y de repente el cuerpo de Hugh absorbi¨® las p¨²as y regener¨® su heridas lo suficiente para regresar al combate. ¡°?Sera!, ?yo los distraigo!¡± -grito Hugh. Imperceptiblemente, Sera asinti¨® con la cabeza mientras cargaba una gran flecha brillante. Hugh manejo su Hacha con gran maestr¨ªa, esquivando, bloqueando y regresando ataques a ambas mantis, poco a poco, Hugh y Sera ganaban terreno, acorral¨¢ndolas hasta que Kyra y Circe se recompusieron, ambas se centraron en una mantis y Hugh y Sera en la otra. Durante todo el combate, las mantis lograban esquivar las flechas de Sera, pero cuando una sola flecha le dio a la mantis, sus movimientos se hicieron m¨¢s lentos y ya no pod¨ªa responder a todos los ataques de Hugh, finalmente ¨¦l hizo que el monstruo tuviese a su espaldas a Sera, permiti¨¦ndole cargar una flecha poderosa que destruy¨® por completo la cabeza de la creatura. Kyra y Circe ya le hab¨ªan logrado cortar varias patas a la mantis con la que peleaban, haci¨¦ndola m¨¢s lenta y f¨¢cil de atacar, como pudo, el monstruo prepar¨® un ataque que acert¨® en Circe, dej¨¢ndola incapaz de luchar, Kyra aprovecho la distracci¨®n del monstruo para dejar caer todo el peso de su espada y dividi¨¦ndola por la mitad. Finalmente terminaron con el guardi¨¢n. Con mucha dificultad llegaron frente al monolito, los cuatro se desplomaron en el suelo por el extremo cansancio y las heridas, as¨ª se quedaron varios minutos, hasta que Sera dirigi¨® su mirada al monolito.