《ADES (Versión en Español)》 ADES - 01 Aventuras de los Sue?os - ADES El camino hacia la madurez Todo lo que el mundo ofrece, el ego¨ªsmo y el orgullo de la vida; no proviene de los Dioses, sino de la imperfecci¨®n humana. Es el hombre y sus deseos quienes crean la ilusi¨®n m¨¢gica de perfecci¨®n. La perfecci¨®n es una quimera, un espejismo que nos hace creer que podemos alcanzarla. La vida es imperfecta, y es en esa imperfecci¨®n donde hallamos la verdadera belleza. Jake Archer: ADES. 1. ADES Bajo su cabello casta?o, el sudor recorri¨® su frente y baj¨® a su nariz, y de su nariz cay¨® al suelo. A la par de aquellas gotas, manchas de sangre salpicaron la arena. Sus ojos oscuros estaban fijos en la espada que rozaba su cuello, con una l¨ªnea de sangre que bajaba hasta su clav¨ªcula. Las miradas a su alrededor eran desafiantes como intimidantes. Al ver los cuerpos desparramados por el camino, lo hipnotizaron, casi embruteci¨¦ndolo. En ese momento, so?¨® con el pasado, en el d¨ªa en que subi¨® a aquel barco. Esta es una historia de c¨®mo aprendi¨® a reconectar en aquel rinc¨®n paradisiaco. Su nombre es Jake Archer. Y esta aventura inici¨® en un territorio desconocido y rodeado de misterios, la isla del Sol. *** Amor prohibido Con su amada en brazos, el crujido de la cama evocaba recuerdos de noches y promesas pasadas. Cerr¨® los ojos, entreg¨¢ndose al calor del momento, dejando atr¨¢s las sombras del ayer. Los gemidos apenas eran un eco, una melod¨ªa que se desvanec¨ªa. Ellos no notaron los golpes furiosos hasta que la puerta se abriera de golpe. Revelando una figura roja y amenazante: el padre de la chica. Con solo una s¨¢bana cubri¨¦ndolo y la luz de la luna rebotando en su espalda, levant¨® el brazo y apunt¨® hacia el marco de la puerta. ¡ª?Bola de fuego! ¡ªLa luz carmes¨ª y la explosi¨®n cegaron a la habitaci¨®n e, instantes despu¨¦s, la ventana se rompi¨® con un estruendo y el aire helado entr¨® deprisa. Al padre solo le qued¨® titubear ante el desconcierto. ¡°?El hombre que hab¨ªa osado acostarse con su hija prefer¨ªa lanzarse por la ventana antes que enfrentarlo?¡±Su rostro se tens¨®, sus dientes chirriaron y los pu?os se le enrojecieron. ¨¦l sab¨ªa, m¨¢s que nadie, que su hija era codiciada. Ella era un tesoro, hija del general de hechicer¨ªa m¨¢s poderoso de los cinco reinos,y era una belleza sin igual. Rubia, de ojos anaranjados y cuerpo delgado. Pura y nula de tentaciones. Pero verla ahora, manchada de ara?azos y parches negros sobre sus zonas preciadas, lo enfurec¨ªa tanto. Ignorando el dolor de apretar el marco de la ventana, repleto de cristales. ??Y si este hombre es solo un don nadie?? ¡ªpens¨®. La vista se le nubl¨® y apoy¨® sus manos en los bordes del cristal para tomar impulso. Ya en lo alto, la fr¨ªa brisa mitig¨® sus pensamientos negativos. En ese instante se aferr¨® a la madera como pudo. Vio abajo, a sus pies. La cabellera blanca del don nadie apareci¨® tras unos matorrales, visti¨¦ndose con una camisa y capa. Desde su posici¨®n, en un jugueteo mortal por mantener el equilibrio, con el pecho inflado por la voz e ir¨¢. Su grito reson¨®. ¡ª?Atr¨¢penlo! ¡ªAbajo, los guardias, aun de pie, despertaron al instante. De un salto, una persona cay¨® frente a ellos. Tras o¨ªr el: ¡ª?No debe escapar! ¡ªDe la torre, desenvainaron sus espadas. Las pisadas y chapoteos, producto de una lluvia reciente, resonaron por el camino. Una peque?a flama apareci¨® sobre la palma del fugitivo, la cual bail¨® e ilumin¨® su rostro p¨¢lido y cansado. Ya adentro de la ciudad, una densa niebla comenz¨® a elevarse de forma lenta hasta sus rodillas. ¡ªDios de la tierra y las monta?as ¡ªmurmur¨® el amante¡ª, protege a tu hijo y gu¨ªalo por el camino seguro. De forma silenciosa, una grieta se abri¨® bajo sus pies. Una luz blanca se alz¨® en vertical y, desde las entra?as de la tierra, la densa niebla envolvi¨® todo. La ¨²nica luz, aparte de la blanca, era la flama del fuego en sus manos. Desapareciendo bajo el suelo de la ciudad. Los perseguidores se detuvieron asombrados. Uno de ellos sac¨® una bola de hierro por debajo de su armadura, extendi¨® su brazo por encima del agujero y dej¨® caer el metal. Segundos despu¨¦s fueron respondidos por el sonido de los golpes contra la piedra. Los guardias se vieron entre ellos, respiraron hondo y saltaron dentro. En el interior no hab¨ªa niebla y el ambiente era similar al de una mazmorra. Con paredes rocosas e iluminaci¨®n inusual, carentes de antorchas. Tras varias horas de b¨²squeda, y sin poder llegar al final del pasillo, uno de los guardias habl¨®. ¡ªEs mejor regresar. ¡ªTras sus palabras vinieron minutos de completo silencio. Roto solo por los chasquidos de lengua y suspiros de molestia. Durante el camino de regreso no hablaron entre ellos, ni para preguntarse lo extra?o que era todo. Les pareci¨® extra?o llegar antes de tiempo, por lo que tardaron y el cansancio que cargaban. Les pareci¨® extra?o que, durante la escalada, se perciban aromas tropicales y melod¨ªas mar¨ªtimas. Y les pareci¨® extra?o que, al subir, se encontraran con palmeras y plantas fosforescentes. Pero aun as¨ª, siguieron sin decir nada. *** Misi¨®n de reconocimiento ¡ª?Hermano! ?D¨®nde est¨¢s? ¡ªLa voz femenina reson¨® en la niebla, pero no hubo respuesta. A su alrededor, las figuras se desvanec¨ªan en la blancura. Ella llev¨® su cabello rubio por detr¨¢s de sus orejas afiladas con delicadeza. Destacando su cuerpo delicado. Sus ojos azules se le ennegrecieron de forma natural, siendo una caracter¨ªstica de su raza. Ya con el paisaje visible; uno repleto de ¨¢rboles gigantes, un r¨ªo que separaba el espacio y una roca alta en medio. Ella avanz¨® con cautela ante la nula respuesta. Sus manos se movieron por instinto hacia la empu?adura de su espada y se acerc¨® hacia la roca misteriosa. Estir¨® su mano y toc¨® la piedra; la oscuridad la invadi¨® y grit¨® al ver sus pesadillas. Ella quiso sacar el arma, pero se detuvo al escuchar su voz familiar. De forma instant¨¢nea, el color regres¨® a su vista y sus miedos desaparecieron. ¡ª?Por qu¨¦ viniste hasta aqu¨ª? ¡ªla mano de su hermano se pos¨® en su hombro. Al girarse, ellavio su piel blanca, sus ojos de azul p¨¢lido y cabello verde con puntas negras. Con un sombrero de paja, una ca?a de pescar en la espalda y un cesto repleto de peces en la mano derecha. Ella relaj¨® su postura y solt¨® la empu?adura.Stolen from its rightful place, this narrative is not meant to be on Amazon; report any sightings. ¡ªLleg¨® esta carta para ti.¡ªLa joven extendi¨® un sobre, con un emblema desconocido para ella, encogi¨¦ndose de hombros¡ª. No puedo leerla, est¨¢ en un idioma extra?o. El joven elfo tom¨® el papel y efectivamente se refer¨ªan a ¨¦l, o mejor dicho, a su nombre de aventurero, Screaman. Se quit¨® el sombrero y camin¨® hacia uno de los ¨¢rboles cercanos.Bajo la sombra lo dej¨® caer junto a sus objetos de pesca. Con las manos ya libres, rompi¨® el sello y despleg¨® el papel con curiosidad. La joven se acerc¨®, intrigada. Su hermano dio un vistazo r¨¢pido y segundos despu¨¦s dobl¨® la hoja. ¡ªRylla, esto no tiene importancia. Solo arr¨®jala. ¡ª?Por qu¨¦? ?Qu¨¦ dice,hermano? ¡ªRylla, quien ve¨ªa el exitoso bot¨ªn, sentada sobre sus talones, levant¨® la cabeza y movi¨® sus orejas. ¡ªEs otra misi¨®n de reconocimiento ¡ªdej¨® caer el sobrey recogi¨® sus cosas para caminarde vuelta al r¨ªo. ¡ª?Por qu¨¦ no tomas esta misi¨®n si siempre te han gustado? ¡ªella levant¨® el papel, tratando de entender el problema. Su hermano se detuvo en medio del camino y levant¨® su mirada. ¡ªEs diferente esta vez. Se trata del territorio humano. Sabes muy bien que ellos son nuestros enemigos. Si convivo con ellos una vez m¨¢s, los ancianos comenzar¨¢n a tomar represalias en contra de ustedes. No quiero m¨¢s problemas. ¡ªLo entiendo, pero¡­ ?Cu¨¢nto ofrecen esta vez? ¡ªrecorri¨® con los dedos el borde dorado en el papel. ¡ªSon dos habitaciones llenas de oro. ¡ª?No puedes rechazarlo! ¡ªse abalanz¨® a ¨¦l tratando de alcanzarlo¡ª. ?Por qu¨¦ no aceptas? ?Qu¨¦ te sucede? Sabes que Soora¡­ nuestra hermana Soora, est¨¢ enferma. A¨²n es joven para que sufra tanto ¡ªcomenz¨® a golpearlo, con la poca fuerza que ten¨ªa, deteni¨¦ndose jadeante¡ª. ?Y¡­ qu¨¦ hay de mam¨¢? ?Del orgullo de nuestra familia? ?De la promesa a pap¨¢ de protegernos? Ella necesita esas medicinas para sobrevivir. Medicinas que nuestro pueblo no puede fabricar. Y¡­ ?Dejar¨¢s que muera por una creencia tonta de los ancianos? ¡ªDetente. Aqu¨ª es donde t¨² y yo¡­ ¡ªSe gir¨® y tom¨® sus hombros, solt¨¢ndola en el acto. ¡ª?Vamos juntos! Dejaremos a Soora con nuestra t¨ªa. Prom¨¦tele al patriarca que pagar¨¢s la deuda al volver. Y si entregamos nuestras tierras, ellos dejar¨¢n de fastidiarnos, podremos huir y vivir en otro lugar¡­ ¡ªEsto no es una misi¨®n de mazmorra o reconocimiento com¨²n, es una exploraci¨®n. No saben qu¨¦ hay all¨ª ¡ªle arrebat¨® la carta de las manos¡ª. S¨¦ que no puedes leerlo, as¨ª que lo har¨¦ por ti. Dice: ?Exploraci¨®n de la Isla del Sol. Dos habitaciones llenas de oro para quien recorra y regrese con informaci¨®n?. No hay m¨¢s detalles, ni mapa, ni ruta sugerida. Solo una orden: explorar y regresar. Si est¨¢n dispuestos a pagar tanto, es porque creen que vale la pena arriesgar a tantas personas¡­ ¡ªSe detuvo al ver las l¨¢grimas de su hermana¡ª. Puede que est¨¦s sola por un tiempo. ¡ª?No me importa! Ir¨¦ contigo¡­ ¡ªElla recibi¨® un ligero golpe de su hermano en la cabeza. Sorprendida, se llev¨® las manos a aquella zona. ¡ª?Fob¨¦tor, por qu¨¦ haces esto? ¡ªA diferencia de m¨ª, ella s¨ª tiene tu sangre ¡ªdijo Fob¨¦tor poni¨¦ndose el sombrero¡ª. Ir¨¦ solo; debes cuidarla hasta que regrese. *** Inicio de la misi¨®n La habitaci¨®n se encontraba decorada y revestida de colores dorados como azulados. Las ventanas, ubicadas al fondo, revelaron la figura del hombre detr¨¢s del escritorio. Rubio, desganado y regordete. Con los codos apoyados en la madera, junto a una botella de vino. Se abri¨® la puerta y por ella entr¨® el informante. El anciano ten¨ªa un traje negro, con un mon¨®culo en el ojo izquierdo y un sombrero de copa alta, movi¨¦ndose de forma sutil. ¡ªLas preparaciones est¨¢n listas ¡ªel primero en hablar fue el informante¡ª. Ciento cincuenta nobles y mercaderes han sido utilizados para promocionar la misi¨®n. Los barcos y provisiones ya est¨¢n listos, y se han aportado diecis¨¦is nav¨ªos llenos de oro. ¡ªExcelente. ?Y c¨®mo est¨¢n nuestros valientes exploradores? ¡ªel rubio se sirvi¨® una copa, y la bebi¨® de forma lenta y pausada. Sonri¨® al terminar su bebida. ¡ªHay demasiadas quejas, se?or Grantt. Los enanos de Pernor se han acostado con mujeres de aldeas cercanas y se bebieron todo el alcohol. Los de Emberforge trajeron a sus esposas, y los de Seraphina se quejan de que tienen m¨¢s de una mujer. Los de Lunin se llevaron a ni?as y j¨®venes para convertirlas en sirvientas. Los de Lirael protestan por la falta de comodidades en los barcos y la desaparici¨®n de un ni?o noble. Los elfos se niegan a viajar en barcos que no hayan construido ellos mismos, y a la comida, porque no comen carne roja. Las s¨²cubas han seducido a nuestros caballeros, sucumbiendo a los placeres carnales. Los hombres bestia pelean con quienes consideran demasiado afeminados y¡­ ¡ª?Basta! ¡ªGrantt alz¨® la mano y borr¨® su sonrisa¡ª. ?Cu¨¢nto falta para que partan? ¡ªCon esta cantidad de personas, entre cinco y tres d¨ªas, mi se?or. ¡ª?Que lo hagan en dos! No me importa si empiezan a pelear entre ellos. ?Quiero que zarpen antes de que surjan m¨¢s problemas! Aseg¨²rate de que los elfos tengan sus barcos especiales o que al menos no se quejen y viajen con el resto. Y asigna guardias o campesinos para vigilar a las s¨²cubas y evitar que distraigan a los caballeros. ¡ªSe?or Grantt, esto es un caos. Tenemos a casi tres mil personas all¨¢ afuera. ?Existe alguna posibilidad de cancelar el viaje? ¡ª?Habla con el jefe! Fue idea de ¨¦l. Durante la estad¨ªa en nuestro territorio, Seraphina, est¨¢n bajo nuestras reglas y leyes. ¡ªEntendido. Volver¨¦ en dos d¨ªas. Recuerde que el parlamento de Arkania tambi¨¦n vendr¨¢. De esto depende el establecimiento de la Asamblea Mundial y el Tribunal en estas tierras. As¨ª que haga una buena presentaci¨®n. *** Dos d¨ªas despu¨¦s lleg¨® el evento esperado. ¡ª?Bienvenidos! ¡ªGrantt se encontraba sobre el escenario. Vestido con colores sobrios, con un pa?uelo en su mano derecha y acompa?ado por dos mujeres con ropas ligeras. El puerto de Seraphina brillaba bajo el sol naciente;las barcazas reposaban en la bah¨ªa. El aire estaba lleno de gritos, y la multitud comenzaba a apretujarse. El olor a sal y madera h¨²meda pronto fue reemplazado por el hedor del calor. ¡ª?Silencio! ?Silencio! ?El anuncio est¨¢ por darse¡­! ¡ªuno de los guardias intent¨® callar a la multitud in¨²tilmente¡ª. ?Hagan silencio,maldito sea¡­! Un sonido potente, estridente y agudo vino desde el escenario, de unas cajas negras. La gente se gir¨® para escuchar el mensaje del ministro Grantt, quien sosten¨ªa una extra?a vara a la altura del pecho. ¡ª?La misi¨®n de reconocimiento comienza hoy, 12 de los Antepasados Iluminados del a?o 724 despu¨¦s de Val! ?En las costas de Seraphina, en el puerto Inecacol! La misi¨®n consistir¨¢ en explorar la isla, registrar sus recursos naturales y peligros. Se les dejar¨¢ en el sur con un documento de identidad de la Universidad de Seraphina. Y un juego de pergaminos con cuatro usos: al morir, retirada, pedir ayuda e informar hallazgos. Nuestros guardias se dividir¨¢n para cubrir las ¨¢reas y detallar un mapa basado en su informaci¨®n. Al finalizar, el primero en llegar recibir¨¢ dos habitaciones llenas de oro. Y su nombre ser¨¢ inscrito en el libro de h¨¦roes de la naci¨®n. Si es un grupo, la recompensa se repartir¨¢ equitativamente y todos ser¨¢n inscritos. ?Ahora las reglas. Cada participante debe tener su propio documento de identidad. Los participantes deben tener m¨¢s de 15 a?os: para humanos, bestias y segunda generaci¨®n de demonios. O 30 a?os: para elfos, enanos y primera generaci¨®n de demonios. Quienes no cumplan con este requisito ser¨¢n descalificados. Y el dinero del premio ser¨¢ donado a organizaciones gubernamentales. ?Alguna pregunta? ¡ª?El dinero de la recompensa es real? ?Es una fortuna! ¡ªgrit¨® alguien entre la multitud. ¡ª?S¨ª, es real! Y esto es gracias a nuestros patrocinadores. La Casa Gracer ofrece protecci¨®n y recursos para quienes deseen establecerse en la isla. La familia Pansy proporciona barcos y suministros para el comercio. La Universidad de Seraphina ofrece dinero y becas a los talentos que surjan de esta exploraci¨®n. El territorio enano ofreci¨® ser el principal productor de runas y armas para la misi¨®n. Y la Cordillera de Lanza ofrece su nuevo descubrimiento: c¨ªrculos de teletransporte. Como lo escucharon, varios reinos y familias reales apoyan esta misi¨®n. ¡ª?Tele¡­ qu¨¦? ¡ªvoces y murmullos se oyeron entre los aventureros m¨¢s ancianos. ¡ª?Veinte monedas de plata o dos de oro como cuota? ?Es mucho! Incluso para un aventurero de clase B o A. ¡ªLos m¨¢s j¨®venes se vieron interesados y apoyaron dicha pregunta con cuestionamientos. ¡ª?As¨ª es! ¡ªGrantt alz¨® la mano y se limpi¨® la frente¡ª.La cuota es de veinte monedas de plata o dos de oro. ?Un peque?o precio por la oportunidad de hacer historia y ganar una fortuna! Adem¨¢s, cubrimos todo: alojamiento, transporte y m¨¢s. ¡ª?Hay reglas sobre el uso de armas, para distinguir entre defensa propia y ataques a otros? ¡ªlos padres hablaron a lo lejos. ¡ª?Las armas ser¨¢n necesarias! Estamos en un territorio inexplorado, lo que implica riesgos. Hemos establecido reglas para evitar conflictos innecesarios. No se permitir¨¢ el uso de armas letales a menos que sea en defensa propia, y esto deber¨¢ ser probado. Los culpables ser¨¢n descalificados y castigados. ¡ª?Y sobre las muertes? ¡ªlas madres hicieron m¨¢s ruido que sus contrapartes. ¡ªEn caso de muerte, el pergamino de muerte se activar¨¢ y notificar¨¢ a los guardias asignados. Se realizar¨¢ una investigaci¨®n para determinar las circunstancias y prevenir futuros incidentes. ¡ª?Eso significa que no se har¨¢n responsables? ¡ªpadres y madres se unieron a una sola voz. ¡ª?Hablamos de aventureros! La responsabilidad recae sobre ellos. Pero les proporcionaremos las herramientas para sobrevivir y prosperar en la isla. Con esto, concluye la ronda de preguntas. ?Dir¨ªjanse a sus barcos y prep¨¢rense para zarpar! ?Ser¨¢n llevados al Puerto Este y luego a la Isla del Sol! Cerca de la orilla, varias tiendas y mostradores se alzaban. Sobre las carpas, se mostraban las reglas y restricciones de la misi¨®n. ¡ª?Miren el primer prototipo de registro! Viene de la Universidad de Seraphina. ¡ªUn vendedor sosten¨ªa algo similar a una tarjeta¡ª. ?Solo tienen que dejar caer una gota de sangre sobre el papel! ?Podr¨¢n ser identificados f¨¢cilmente en emergencias! ?Este registro es ¨²nico e inalterable! Algunos en la multitud parec¨ªan nerviosos, otros emocionados. El primero en dar un paso adelante fue un espadach¨ªn. ¡ªVamos, quiero ir ya.¡ªdijo el joven y se hizo un ligero corte en el dedo con elcuchillo de su bota. Una gota de sangre cay¨® sobre la tarjeta, que emiti¨® un destello de luz. El nombre, la edad y la raza del hombre quedaron grabados en el documento. La multitud, contagiada de emoci¨®n, comenz¨® a prepararse para partir hacia la Isla del Sol. Al otro lado del mar... Continuar¨¢... 2. El pescador 2. El pescador A?o 724, mes de la Fundaci¨®n de Arkania. Ciudad del Puerto Este. El Puerto Este es un lugar estrat¨¦gico que ha cobrado importancia con el tiempo. Lugar hist¨®rico, punto de partida para mercaderes y trabajos de esclavistas. Dian Mercier, antiguo explorador, lo describi¨® como un para¨ªso m¨¢s all¨¢ de la arena. Con sus riquezas naturales, su ubicaci¨®n estrat¨¦gica y la diversidad de productos. Los habitantes creyeron en esas palabras y esperaron que sus vidas cambiaran. Sin embargo, tres d¨¦cadas despu¨¦s, segu¨ªa siendo la misma peque?a, pobre y vieja terminal pesquera. Sembrando dudas sobre esas palabras. Las promesas de prosperidad se desvanecieron con el tiempo. Las personas se quedaron atrapadas en una rutina de lucha diaria. Los pescadores, con rostros marcados por el sol, sacaban con esfuerzo los escasos frutos del mar. Las embarcaciones, desgastadas, se alineaban en la orilla. Los ecos de risas de anta?o se convert¨ªan en susurros nost¨¢lgicos. La gran ciudadela del Este parec¨ªa un sue?o lejano, un ideal que jam¨¢s se materializ¨® en la realidad. Por otro lado, el puerto se adentraba m¨¢s en la penumbra de la desesperanza. No obstante, este a?o, una chispa se encendi¨®. La expectaci¨®n se sent¨ªa en el aire, como si algo trascendental estuviera por suceder. Los rumores despertaron el inter¨¦s de lugare?os y forasteros. Dentro de esta ciudad amurallada y de movimiento constante. Con las tiendas reabriendo y turistas a por mont¨®n, ocurre la siguiente historia. Un anciano de cabello canoso y piel curtida, con cuatro pares de bigotes bajo la nariz, observaba la bah¨ªa de pie. Apoyado en su bast¨®n, ve¨ªa a su nieto pescar. Un joven de cabello rojizo y piel de tono anaranjado, adornado con marcas angulares moradas en los p¨®mulos. Cuyos ojos eran ¨²nicos: el derecho, de un intenso rojo anaranjado, y el izquierdo, azul verdoso. ¡ª?Por qu¨¦ no dejas la ca?a? Es in¨²til, Kain. Estuvieron all¨ª toda la ma?ana, ahora no hay nada ¡ªgotas de saliva le salpicaron al hablar. ¡ªAbuelo, no puedo asegurarlo. Este mar y, sobre todo, este lugar, nos han dado peces para comer ¡ªsuspir¨®, sin apartar la vista del agua¡ª. Tengo la sensaci¨®n de que en el pr¨®ximo minuto lo atrapar¨¦. El anciano camin¨® unos pasos sin prisa. ¡ªEntonces, esperar¨¦. Los presentimientos son el lenguaje del mar. ¡ªSe sent¨® en la banqueta frente a la calle¡ª. Y si no atrapas nada, tendr¨¢s que compens¨¢rmelo con un almuerzo.This story originates from Royal Road. Ensure the author gets the support they deserve by reading it there. ¡ªBah¡­ est¨¢ bien, no hay problema ¡ªrespondi¨® el joven sonriendo. El sol ti?¨® el cielo de anaranjado y violeta. Un minuto despu¨¦s, Kain sinti¨® un fuerte tir¨®n en la l¨ªnea. Con habilidad y rapidez, comenz¨® a recoger el sedal, emocionado. ¡ª?Qu¨¦ opinas de esta captura? ¡ªmostr¨® el pescado, que a¨²n se debat¨ªa. El viejo asinti¨® con una sonrisa de aprobaci¨®n y agreg¨®: ¡ªParece que conoces bien esta orilla. ¡ªSus ojos blancos mostraron un poco del brillo que le quedaba. Kain encendi¨® el fuego y prepar¨® el pescado para cocinar. El anciano cont¨® historias marineras en el proceso. Cuando el fuego comenz¨® a crepitar, el aroma a pescado asado impregn¨® el ambiente nocturno. ¡ªHijo ¡ªdijo el anciano¡ª, espero que tu padre vuelva el pr¨®ximo mes. Es posible que perdamos este terreno por la construcci¨®n del dep¨®sito. Esos hombres regresaron y¡­ no s¨¦ qu¨¦ pasar¨¢. Es mejor estar preparados para lo peor. ¡ªAbuelo, ac¨¦ptalo, no podemos ofrecer tanto. Solo vendemos cestos y sombreros. ¡ªMovi¨® la cabeza con resignaci¨®n¡ª. Adem¨¢s, somos minor¨ªa. El parlamento decidi¨® entregar estas tierras a los humanos. A pesar de nuestros esfuerzos, la diferencia de poder y dinero es abrumadora. ¡ªNo es as¨ª. Esta tierra nos pertenec¨ªa antes. Es culpa de la guerra que nuestros antepasados fueran expulsados. Y que luego ellos vinieran y nos quitaran el control. ?Qu¨¦ hay de las familias que estaban aqu¨ª, de nuestra gente? El silencio cay¨® entre ambos, quebrado solo por los chasquidos del fuego. ¡ªNo es momento de lamentarse viejo ¡ªdijo y sac¨® una hoja doblada del bolsillo¡ª. Mira lo que encontr¨¦ en el pueblo de Ibe. Dice que hay una misi¨®n especial en la isla frente a este puerto. Podr¨ªa entrar y recibir buena paga, aunque no sea la mayor recompensa. Un contacto est¨¢ dispuesto a darme su lugar por ochenta piezas de jade. ¡ª?Ochenta piezas¡­ por un lugar? ¡ªsonri¨® incr¨¦dulo¡ª. Eso suena como cuatro o cinco monedas de oro. ¡ªPuedo partir hacia all¨¢ ahora. ?Haremos el intercambio cuando mi contacto venga dentro de dos meses! ¡ªEl mar segu¨ªa murmurando¡ª. Pi¨¦nsalo, aunque no conservemos el terreno, tendremos suficiente dinero para comprar otro. ¡ª?Quieres que me vaya? ¡ªNo, abuelo. Seguiremos aqu¨ª, pero lejos del puerto. Nos mudaremos al otro extremo. Donde podremos pescar y vivir tranquilos sin preocuparnos por la renta. ¡ªYa veo¡­ ¡ªmurmur¨® el anciano, acariciando su barbilla y jugueteando con el bast¨®n¡ª. Es una idea infantil, pero tentadora. Ohm¡­ ?A¨²n sabes navegar? ¡ªAbuelo, soy pescador. ¡ªY yo soy tu abuelo, no un est¨²pido. ¡ªSaldr¨ªa al amanecer. ¡ª?No! ?Eres demasiado ingenuo para navegar solo! ¡ªEntonces, ?con qui¨¦n¡­? ¡ªVe por el barco. Regreso en un minuto ¡ªdijo el anciano, con esfuerzo para ponerse en pie. ¡ª?A d¨®nde vas? ¡ªPor mi arco. La magia de recordar aquellos tiempos¡­ Continuar¨¢...