《Fragmento de lo Infinito [Español]》 Obertura La tarde avanzaba tranquila mientras Biel y Basti¨¢n deambulaban por las calles menos concurridas de la ciudad. Hac¨ªa tiempo que no ten¨ªan una aventura juntos, y ese d¨ªa parec¨ªa el momento perfecto para explorar lugares desconocidos. ¡ªSeguro que aqu¨ª hay algo interesante? ¡ªpregunt¨® Biel, observando los edificios viejos y descoloridos a su alrededor. ¡ªNunca sabes lo que puedes encontrar en lugares como este. Y si no, al menos tendremos algo de qu¨¦ re¨ªrnos ¡ªrespondi¨® Basti¨¢n con una sonrisa despreocupada. Mientras caminaban, una peque?a tienda llam¨® su atenci¨®n. Era peculiar, con una fachada gastada y un letrero medio borrado que dec¨ªa: ¡°Antig¨¹edades y Rarezas¡±. El escaparate mostraba objetos extra?os: relojes antiguos, mapas desgastados y algo que parec¨ªa una m¨¢scara ceremonial. ¡ª ?Entramos? ¡ªpregunt¨® Basti¨¢n, mirando a Biel con curiosidad. ¡ªNo s¨¦, parece... raro. ¡ªPrecisamente por eso. Vamos, ?o tienes miedo? Biel resopl¨®, fingiendo indignaci¨®n. ¡ªClaro que no. T¨² primero. Basti¨¢n empuj¨® la puerta, que emiti¨® un largo chirrido, como si no se hubiera abierto en a?os. Adentro, el aire ol¨ªa a madera vieja y algo m¨¢s indefinible, quiz¨¢s incienso o polvo acumulado. Los estantes estaban repletas de objetos que parec¨ªan sacados de un museo: espadas oxidadas, gemas de colores, libros encuadernados en cuero. Detr¨¢s del mostrador, un hombre mayor los observaba con atenci¨®n. Su rostro estaba parcialmente oculto por la sombra de un sombrero negro, pero sus ojos claros brillaban con una intensidad que hac¨ªa que los dos j¨®venes se sintieran expuestos. ¡ªBienvenidos, j¨®venes. Aqu¨ª no entra mucha gente. Miren lo que quieran, pero recuerden: cada cosa tiene su precio ¡ªdijo el hombre, con una voz grave pero amable. ¡ª ?Eso incluye tocar? ¡ªpregunt¨® Basti¨¢n, acerc¨¢ndose a una figura de cristal con forma de drag¨®n. ¡ªDepende. Algunas cosas son m¨¢s sensibles que otras. Biel camin¨® entre los estantes, dejando que sus dedos rozaran los objetos con cuidado. Hab¨ªa algo en el ambiente, algo que lo atra¨ªa, aunque no sab¨ªa exactamente qu¨¦. Fue entonces cuando lo vio: un cristal fragmentado en un pedestal sencillo, rodeado de una luz tenue que parec¨ªa palpitar como un coraz¨®n. ¡ªOye, Basti¨¢n, ven a ver esto ¡ªllam¨®. Basti¨¢n se acerc¨®, y su expresi¨®n pas¨® de la curiosidad al asombro. ¡ªEso s¨ª que es extra?o. ¡ªEso, j¨®venes, es el Fragmento del Infinito ¡ªdijo el hombre, acerc¨¢ndose lentamente.Ensure your favorite authors get the support they deserve. Read this novel on the original website. ¡ª?El qu¨¦? ¡ªpregunt¨® Basti¨¢n, alzando una ceja. ¡ªUn artefacto muy antiguo. Seg¨²n las historias, conecta mundos y tiempos. Algunos dicen que tiene voluntad propia, que elige a quienes... transforma. El hombre hizo una pausa, como si estuviera decidiendo cu¨¢nto decir. Luego agreg¨® con un tono enigm¨¢tico: ¡ªOtros creen que no es un objeto, sino una prueba. Que s¨®lo los destinados pueden tocarlo sin consecuencias fatales. Biel frunci¨® el ce?o. ¡ªY ?c¨®mo funciona? ¡ªEsa es la cuesti¨®n, muchacho. Nadie lo sabe con certeza. Pero te advierto, no es un juguete. Basti¨¢n solt¨® una carcajada. ¡ª?Un juguete? Por favor, es s¨®lo un cristal. ?Qu¨¦ tan peligroso podr¨ªa ser? Antes de que Biel pudiera responder, Basti¨¢n extendi¨® la mano hacia el Fragmento. Biel, dudando por un momento, hizo lo mismo. -?No! ¡ªgrit¨® el hombre, pero era demasiado tarde. Tan pronto como sus dedos tocaron el cristal, una luz cegadora llen¨® la tienda. El aire pareci¨® electrificarse, y un sonido similar a un estallido los envolvi¨®. Biel sinti¨® como si el suelo desapareciera bajo sus pies, y una fuerza invisible lo arrastrara hacia un abismo desconocido. ¡ª?Biel! ¡ªalcanz¨® a gritar Basti¨¢n, pero su voz se desvaneci¨® en la nada. Un mundo nuevo Cuando Biel despert¨®, estaba acostado sobre hierba fresca, pero algo en ella era diferente: el olor era m¨¢s dulce, casi embriagador, y su textura, m¨¢s suave que cualquier cosa que conociera. Abr¨® los ojos lentamente, parpadeando ante un cielo extra?o, con tonos p¨²rpuras y azules que parec¨ªan bailar entre s¨ª. Las estrellas brillaban a plena luz del d¨ªa, como si desafiaran las leyes de la naturaleza. Se incorpor¨® con dificultad, sus m¨²sculos tensos y su mente embotada. El mareo y la confusi¨®n lo invadieron. ¡ª ?D¨®nde estoy? ¡ªmurmur¨®, mirando a su alrededor. El paisaje era tanto hermoso como inquietante. Los ¨¢rboles eran gigantescos, con hojas que parec¨ªan hechas de cristal, y peque?as luces flotaban entre las ramas, como si fueran luci¨¦rnagas m¨¢gicas. Sin embargo, hab¨ªa algo en el aire, algo casi imperceptible, que lo hac¨ªa sentir vulnerable, como si estuviera siendo observado. ¡ª?Basti¨¢n! ¡ªgrit¨®, con la esperanza de obtener una respuesta. Pero lo ¨²nico que escuch¨® fue el eco de su propia voz. El silencio del bosque lo envolvi¨®, y un escalofr¨ªo recorri¨® su espalda. La sensaci¨®n de soledad comenz¨® a asentarse, pero tambi¨¦n una chispa de curiosidad. Sin otra opci¨®n, comenz¨® a caminar, tratando de encontrar algo o alguien que pudiera explicarle qu¨¦ estaba pasando. Los sonidos del bosque eran extra?os: un susurro constante, como si las hojas hablaran entre ellas, y un zumbido bajo que parec¨ªa venir del suelo. Cada paso que daba lo llenaba de ansiedad, pero tambi¨¦n de una inexplicable fascinaci¨®n. Despu¨¦s de lo que parecieron horas, lleg¨® a un claro. En el centro hab¨ªa una fogata, y junto a ella, una figura encapuchada. La luz de las llamas iluminaba parcialmente su silueta, pero su rostro permanec¨ªa oculto. Biel se detuvo, inseguro. La figura levant¨® la cabeza, como si hubiera sentido su presencia, y habl¨® con una voz suave pero firme: ¡ªTe estaba esperando, Biel. Biel dio un paso atr¨¢s, sorprendido y asustado. ¡ª?Qui¨¦n eres? ?C¨®mo sabes mi nombre? La figura se acerc¨® un poco, pero a¨²n mantuvo su rostro en las sombras. Capitulo 2: Caminos desconocidos La luz del amanecer se filtraba a trav¨¦s de las ramas de los ¨¢rboles, iluminando parcialmente el claro donde se encontraba Biel. El aire era fresco y h¨²medo, pero eso no era lo ¨²nico que le helaba los huesos: la incertidumbre lo envolv¨ªa como una capa pesada. Biel se levant¨® lentamente, mirando el paisaje con incredulidad. Las hojas de los ¨¢rboles brillaban como si fueran de cristal, y las peque?as luces que flotaban entre las ramas parec¨ªan luci¨¦rnagas gigantes, aunque su resplandor era mucho m¨¢s intenso. Sin embargo, eso no era lo m¨¢s inquietante. Lo que realmente lo perturbaba era la sensaci¨®n de que no estaba en ning¨²n lugar familiar. ¡ª ?D¨®nde estoy? ¡ªmurmur¨® para s¨ª mismo, mientras sus ojos buscaban algo que reconociera, algo que lo conectara con el mundo que conoc¨ªa. Se frot¨® la cara, tratando de despejar su mente. El recuerdo de la tienda, el Fragmento del Infinito, y la luz cegadora que lo hab¨ªa arrastrado a este lugar segu¨ªa fresco en su mente, pero no ten¨ªa respuestas. Un rugido lejano lo sac¨® de sus pensamientos. En ese momento, su est¨®mago le record¨® lo mucho que necesitaba comida. Biel comenz¨® a caminar, con paso firme pero lleno de dudas. A medida que avanzaba, algo extra?o comenz¨® a suceder. Sus sentidos se agudizaron de manera que no pod¨ªa explicar. El sonido del viento en las hojas le parec¨ªa m¨¢s n¨ªtido, el zumbido de criaturas invisibles lo hac¨ªa sentir m¨¢s alerta. ¡ªEsto es... raro. ?Qu¨¦ me pasa? ¡ªse pregunt¨®, aunque sab¨ªa que no iba a obtener respuestas inmediatas. El suelo bajo sus pies parec¨ªa moverse ligeramente, y las sombras del bosque jugaban con su percepci¨®n. Los ¨¢rboles, aunque hermosos, parec¨ªan observarlo. Era como si el mundo mismo tuviera vida. Al poco rato, se encontr¨® con un arbusto lleno de bayas rojas. Sin pensarlo, se agach¨® y recogi¨® algunas, llev¨¢ndoselas a la boca. Estaban dulces, aunque algo amargas. ¡ªAl menos algo no es tan raro aqu¨ª. ¡ªBiel dijo entre dientes, sintiendo que por fin hab¨ªa logrado algo sencillo en medio del caos. If you encounter this narrative on Amazon, note that it''s taken without the author''s consent. Report it. ¡ªNo puedo decirte todo. No todo a¨²n. Pero lo que puedo decirte es que este mundo no tiene piedad con los d¨¦biles. Y lo que acabas de hacer... ¡ªAcalia hizo un gesto hacia el lobo, que todav¨ªa daba vueltas abajo¡ª, no fue suerte. Fue una habilidad que el Fragmento te otorg¨®. Biel frunci¨® el ce?o. ¡ª ?Habilidad? ?Qu¨¦ significa eso? ?Yo... tengo poderes ahora? Acalia avanza lentamente. -Si. Has recibido habilidades gracias al Fragmento del Infinito. Tienes que aprender a controlarlas, si quieres sobrevivir. Acalia levant¨® la mano, y el lobo, al percatarse de su presencia, retrocedi¨® y desapareci¨® entre los ¨¢rboles. ¡ªAhora, tendr¨¢s que demostrar que sabes usar tu poder. ¡ªAcalia lo mir¨® fijamente¡ª. Ven, te mostrar¨¦ lo b¨¢sico. Biel la sigui¨®, aunque a¨²n estaba procesando lo que acababa de escuchar. Acalia comenz¨® a moverse r¨¢pidamente entre los ¨¢rboles, y Biel tuvo que correr para alcanzarla. ¡ªNo tienes tiempo para dudar. Aqu¨ª no hay segundos de sobra. Biel sorprendi¨®, con m¨¢s preguntas que respuestas, pero con una determinaci¨®n creciente de entender este nuevo mundo y su lugar en ¨¦l. Cap铆tulo 3: Encuentros y Destinos Cruzados El amanecer lleg¨® con su brillo dorado, iluminando el bosque que rodeaba a Biel y Acalia. Hab¨ªan pasado apenas un par de d¨ªas desde que Biel fue transportado a este mundo extra?o, pero para ¨¦l ya parec¨ªa una eternidad. Mientras empacaba los pocos suministros que Acalia hab¨ªa encontrado, no pod¨ªa evitar que su mente regresara a su amigo Basti¨¢n. ¡ªCrees que est¨¦ aqu¨ª? ¡ªpregunt¨® Biel, rompiendo el silencio. Acalia, quien afilaba su espada con una calma inquietante, levant¨® la vista. ¡ªEs posible. Pero este mundo es vasto, y no sabemos d¨®nde o cu¨¢ndo pudo haber llegado. ¡ª ?Cu¨¢ndo? ¡ªrepiti¨® Biel, confundido. ¡ªEste mundo no sigue las mismas reglas que el tuyo ¡ªdijo Acalia sin explicar m¨¢s. Se levant¨® y se?al¨® al este¡ª. Vamos. Hay un pueblo a medio d¨ªa de camino. Tal vez alguien all¨ª tenga informaci¨®n. Biel ascendi¨®, aunque la incertidumbre segu¨ªa pesando en su pecho. El camino era sinuoso y cubierto de ra¨ªces que sobresal¨ªan del suelo. Mientras avanzaban, Biel intent¨® llenar el silencio con preguntas. ¡ªT¨²... Acalia, ?por qu¨¦ haces esto? ?Por qu¨¦ me ayuda? ¡ªpregunt¨®, mirando de reojo a su enigm¨¢tica compa?era. Acalia, quien manten¨ªa la vista fija en el sendero, respondi¨® con un suspiro. ¡ªYa te lo dije: te necesito tanto como t¨² a m¨ª. Biel frunci¨® el ce?o. ¡ªEso no responde mucho. ?Qu¨¦ ganas con esto? Por primera vez, Acalia se detuvo y lo mir¨® directamente. Sus ojos brillaban con un resplandor que Biel no pod¨ªa comprender, como si escondieran secretos imposibles. ¡ªTienes muchas preguntas. Algunas de ellas, ni siquiera yo puedo responderte todav¨ªa. Pero conf¨ªa en esto: mientras est¨¦s vivo, tienes una oportunidad de descubrirlas por ti mismo. Biel trag¨® saliva, pero asinti¨®. Aunque su relaci¨®n con Acalia segu¨ªa siendo un enigma, no pod¨ªa negar que se sent¨ªa m¨¢s seguro con ella a su lado. A medida que se acercaban al pueblo, Biel not¨® algo extra?o. Una columna de humo negro se alzaba en el horizonte. Su coraz¨®n se aceler¨®. ¡ªEso no es normal, ?verdad? ¡ªpregunt¨®. ¡ªNo, no lo es ¡ªrespondi¨® Acalia, su tono m¨¢s grave que antes. Cuando finalmente llegaron, Biel vio el caos: casas ardiendo, gritos desgarradores y un grupo de bandidos saqueando el lugar. El suelo estaba cubierto de escombros, y el aire ol¨ªa a cenizas y sangre. ¡ª?Esto no est¨¢ bien! ¡ªexclam¨® Biel, avanzando instintivamente hacia el pueblo. Acalia lo detuvo, coloc¨¢ndole una mano firme en el hombro. ¡ªNo puedes hacer nada. No est¨¢s listo para enfrentarte a ellos. ¡ª??C¨®mo puedes decir eso?! ?Vas a quedarte aqu¨ª mirando mientras esta gente sufre? ¡ªgrit¨® Biel, sacudi¨¦ndose su mano. ¡ªSi corres hacia ellos ahora, lo ¨²nico que lograr¨¢s es morir ¡ªdijo Acalia con dureza.Love this story? Find the genuine version on the author''s preferred platform and support their work! Biel apret¨® los pu?os, pero antes de que pudiera replicar, una explosi¨®n sacudi¨® el aire. Ambos giraron hacia el sonido y vieron a dos personas combatiendo contra los bandidos: una joven hechicera y un mago. La hechicera, de cabello rubio y t¨²nica azul, lanzaba esferas de fuego que iluminaban el caos con destellos incandescentes. A su lado, el mago, un joven de cabello casta?o con un bast¨®n ornamentado, conjuraba hielo que inmovilizaba a los bandidos, dej¨¢ndolos vulnerables. ¡ªEllos est¨¢n luchando... ¡ªmurmur¨® Biel, impresionado. Acalia ascendi¨®. ¡ªQuiz¨¢s podamos observar c¨®mo se desarrolla esto. Pero entonces, Biel vio algo que lo hizo reaccionar sin pensar. Un bandido se acercaba sigilosamente a la hechicera, un cuchillo en mano, listo para apu?alarla. ¡ª?No lo permitir¨¦! ¡ªgrit¨® Biel, lanz¨¢ndose al ataque. En ese instante, se activ¨® en ¨¦l una nueva habilidad: "R¨¢faga ¨¢gil". Sus movimientos se volvieron veloces, casi invisibles, y en un parpadeo, ya estaba junto a la hechicera. Con un movimiento preciso, se desarm¨® al bandido y lo lanz¨® al suelo. ¡ªCobarde, atacando a una dama por la espalda ¡ªdijo Biel con una sonrisa. La hechicera lo mir¨®, sorprendida, y sus mejillas se ti?eron de rojo. ¡ª?Qui¨¦n eres t¨²? Biel abri¨® la boca para responder, pero Acalia apareci¨® detr¨¢s de ¨¦l y lo interrumpi¨®. ¡ªEs un aventurero extraviado que busca a su amigo ¡ªdijo, con un tono que no dejaba lugar a dudas. Biel la mir¨®, entendiendo que hab¨ªa una raz¨®n para su intervenci¨®n. No era el momento de revelar su verdadera identidad. El mago lleg¨® corriendo hacia ellos, con una expresi¨®n mezcla de preocupaci¨®n y alivio. ¡ª ?Salvaste a mi hermana? ¡ªpregunt¨®, inclinando ligeramente la cabeza¡ª. Te lo agradezco de coraz¨®n. Biel se rasc¨® la nuca, algo inc¨®modo. ¡ªNo fue nada. Siempre ayudar¨¦ a los que est¨¦n en problemas. La hechicera, a¨²n sonrojada, a?adi¨®: ¡ªSoy Xanthe, y este es mi hermano, Easton. Gracias por ayudarnos. Antes de que pudieran continuar hablando, los bandidos restantes se reagruparon, rodeando al grupo. ¡ª?Miren nada m¨¢s! As¨ª que estos son los ¨²ltimos sobrevivientes de esta aldea ¡ªdijo uno de los bandidos, riendo maliciosamente. Xanthe frunci¨® el ce?o. ¡ª?Qu¨¦ quieres decir con eso? ¡ªHemos acabado con casi todos los habitantes. Sus bienes ser¨¢n para nuestro gran se?or Gard. Ahora mueran. Antes de que los bandidos pudieran atacar, Acalia avanz¨® con una calma aterradora. Los bandidos, confiados al principio, pronto comenzaron a retroceder al sentir la intensidad de su presencia. ¡ª ?C¨®mo se atreven? ¡ªdijo con voz helada. Uno de los bandidos intent¨® burlarse de ella, pero antes de que pudiera terminar su frase, Acalia lo golpe¨® con tal fuerza que lo lanz¨® varios metros lejos. ¡ª??Qui¨¦n eres t¨²?! ??C¨®mo puedes ser tan fuerte?! ¡ªgrit¨® el bandido, aterrorizado. Acalia lo mir¨® con desprecio. ¡ªSoy quien har¨¢ justicia por las vidas que ustedes arrebataron. Con un movimiento de sus manos, una energ¨ªa oscura envolvi¨® a los bandidos, quienes cayeron al suelo, inm¨®viles. Cuando todo termin¨®, Acalia levant¨® las manos al cielo y pronunci¨® con solemnidad: ¡ªResurrecci¨®n a estas buenas almas. Una luz c¨¢lida envolvi¨® la aldea, y poco a poco, los aldeanos que hab¨ªan perecido comenzaron a levantarse, vivos nuevamente. Biel miraba la escena, at¨®nito. ¡ªC¨®mo... ?c¨®mo hiciste eso? Acalia no respondi¨®. Simplemente lo mir¨® y se dio la vuelta, dejando al grupo detr¨¢s de ella. Biel qued¨® sorprendido, observando a Acalia, lleno de preguntas y una creciente admiraci¨®n. Cap铆tulo 4: Una nueva aventura comienza El cielo nocturno estaba despejado, y la luna brillaba intensamente sobre la aldea reci¨¦n salvada. Los aldeanos, agradecidos por la milagrosa intervenci¨®n de Biel y Acalia, organizaron una fiesta improvisada. La m¨²sica, los bailes y las risas llenaron el ambiente, alejando moment¨¢neamente los horrores que hab¨ªan vivido apenas unas horas antes. Biel, sentado en un banco improvisado cerca de la fogata, observaba c¨®mo los aldeanos danzaban alegremente. Aunque disfrutaba del ambiente, no pod¨ªa evitar sentirse fuera de lugar. ¡ª?Qu¨¦ haces aqu¨ª, solo? ¡ªpregunt¨® una voz femenina. Biel levant¨® la vista y vio a Xanthe, la joven hechicera que hab¨ªa salvado durante el ataque de los bandidos. Ella le sonre¨ªa, sosteniendo dos copas de madera. Le ofreci¨® una y se sent¨® a su lado. ¡ª?No eres de fiestas? ¡ªpregunt¨® ella. ¡ªNo es eso... Es solo que nunca pens¨¦ que alguien me agradecer¨ªa por algo as¨ª ¡ªdijo Biel, mirando la copa, un poco avergonzado. ¡ªTe lo mereces. Salvaste muchas vidas hoy, incluida la m¨ªa ¡ªdijo Xanthe, desviando la mirada con un leve rubor. Antes de que Biel pudiera responder, Nova, el l¨ªder de la aldea, se levant¨® sobre un barril cercano y levant¨® su copa. ¡ª?Por nuestros salvadores! ?Por Biel y Acalia, quienes nos devolvieron la esperanza! ¡ªexclam¨® con entusiasmo. Los aldeanos estallaron en v¨ªtores, chocando copas y gritando sus nombres. Biel se sonroj¨® a¨²n m¨¢s, mientras Acalia, de pie a cierta distancia, observaba con sus caracter¨ªsticos ojos impasibles. ¡ªNo tienes por qu¨¦ sentirte inc¨®modo. Ellos est¨¢n celebrando porque les devolviste algo que pensaban perdido para siempre ¡ªdijo Acalia mientras se acercaba. ¡ª?Eso incluye bailar? ¡ªpregunt¨® Biel, se?alando con la cabeza a los aldeanos que danzaban alrededor de la fogata. ¡ªBailar tambi¨¦n es parte de la vida, Biel. ?Por qu¨¦ no intentas disfrutarlo? ¡ªdijo Acalia con una peque?a sonrisa antes de volver a su posici¨®n de observadora. Xanthe se levant¨® y tom¨® a Biel de la mano con una sonrisa juguetona. ¡ªSi no lo haces por ti, hazlo por m¨ª. ?Vamos? Biel intent¨® resistirse, pero la determinaci¨®n de Xanthe lo arrastr¨® al c¨ªrculo de baile. Los aldeanos vitorearon mientras Biel trataba torpemente de seguir el ritmo, tropezando un par de veces, pero ri¨¦ndose junto a los dem¨¢s.Support the creativity of authors by visiting Royal Road for this novel and more. Al amanecer, el bullicio de la fiesta hab¨ªa dado paso al trabajo. Los aldeanos reparaban sus hogares y recog¨ªan los escombros, reconstruyendo sus vidas. Biel, sinti¨¦ndose m¨¢s descansado, pero a¨²n con mucho en mente, se encontraba ajustando su mochila para continuar su b¨²squeda. Nova, el l¨ªder de la aldea, se acerc¨® con una sonrisa. ¡ª?Ya te marchas? ¡ªpregunt¨®. ¡ªS¨ª, tengo que seguir buscando a mi amigo. No puedo perder m¨¢s tiempo ¡ªrespondi¨® Biel, decidido. Nova asinti¨® y se?al¨® hacia el este. ¡ªSigue ese camino. Llegar¨¢s a una ciudad grande. Si alguien tiene informaci¨®n sobre tu amigo, ser¨¢ all¨ª. ¡ªGracias, Nova. Por todo ¡ªdijo Biel, inclinando la cabeza. ¡ªSomos nosotros quienes estamos agradecidos. Lo que t¨² y Acalia hicieron no tiene precio. Esta aldea siempre ser¨¢ tu hogar, si lo necesitas. Biel, emocionado por las palabras, busc¨® a Acalia para informarle de su plan. Sin embargo, antes de que pudiera hablar, vio a Xanthe y Easton acerc¨¢ndose, cada uno cargando una mochila. ¡ª?Qu¨¦ est¨¢n haciendo? ¡ªpregunt¨® Biel, sorprendido. ¡ªVamos contigo ¡ªrespondi¨® Easton, directo. ¡ª?Conmigo? ?Por qu¨¦? ¡ªpregunt¨® Biel, arqueando una ceja. Xanthe baj¨® la mirada, visiblemente sonrojada. ¡ªEs... nuestra forma de agradecerte por lo que hiciste. Biel, algo inc¨®modo por el tono de Xanthe, intent¨® no darle demasiada importancia. ¡ªBueno... Si es as¨ª, supongo que no hay problema. Pero, ?est¨¢n seguros de dejar la aldea sin protecci¨®n? Easton neg¨® con la cabeza. ¡ªNo hay por qu¨¦ preocuparse. Los bandidos que atacaron murieron todos. Adem¨¢s, Nova y los aldeanos est¨¢n mejor preparados ahora. Biel asinti¨®, aceptando la l¨®gica de Easton. ¡ªEst¨¢ bien. Entonces, v¨¢monos antes de que cambien de opini¨®n. Acalia, que hab¨ªa estado escuchando en silencio, simplemente comenz¨® a caminar sin decir una palabra. ¡ª?Siempre es as¨ª de seria? ¡ªpregunt¨® Xanthe en voz baja, mientras segu¨ªa a Biel. ¡ªLa mayor¨ªa de las veces, s¨ª ¡ªrespondi¨® Biel con una sonrisa. En un rinc¨®n oscuro del bosque cercano, un hombre herido y tambaleante avanzaba con dificultad. Era el ¨²nico bandido que hab¨ªa logrado escapar del ataque de Acalia. Su respiraci¨®n era pesada, y su costado sangraba profusamente. ¡ªTengo que llegar... El Gran Se?or Gard tiene que saberlo... ¡ªmurmur¨® con esfuerzo, mientras las ramas y las ra¨ªces parec¨ªan querer detenerlo. Finalmente, divis¨® una caverna oculta entre las monta?as. Sus ojos se llenaron de esperanza, pero antes de dar un paso m¨¢s, una figura apareci¨® frente a ¨¦l. Era un hombre encapuchado, vestido completamente de negro, con una m¨¢scara ornamentada que irradiaba un aura m¨ªstica, adornada con intrincados grabados y un resplandor enigm¨¢tico que parec¨ªa contener secretos insondables. ¡ª?Q-qui¨¦n eres? ¡ªtartamude¨® el bandido, retrocediendo. El encapuchado no respondi¨®. En silencio, desenvain¨® una daga oscura que emanaba una energ¨ªa siniestra. ¡ª?Espera! ?No tienes que hacer esto! ?Puedo ser ¨²til! ¡ªsuplic¨® el bandido, cayendo de rodillas. Sin mediar palabra, el encapuchado atraves¨® el aire con su daga. El cuerpo del bandido cay¨® al suelo, inm¨®vil, mientras la figura en negro se inclinaba sobre ¨¦l. ¡ªNo hay lugar para los d¨¦biles en el reino de Gard ¡ªsusurr¨® antes de desvanecerse en las sombras, dejando el cad¨¢ver detr¨¢s. Lejos de all¨ª, Biel y su grupo continuaban avanzando, sin saber que las fuerzas que se levantaban en su contra eran mucho m¨¢s peligrosas de lo que imaginaban. Cap铆tulo 5: Kurusume, el asesino encapuchado El sol comenzaba a descender, proyectando largas sombras a trav¨¦s del denso bosque. Biel, Acalia, Xanthe y Easton avanzaban en silencio por un estrecho sendero. Desde que hab¨ªan dejado la aldea atr¨¢s, la atm¨®sfera hab¨ªa cambiado. Cada paso que daban se sent¨ªa m¨¢s pesado, como si algo invisible los estuviera observando desde las sombras. ¡ªEste lugar no me gusta ¡ªdijo Xanthe en voz baja, mirando nerviosamente a su alrededor. ¡ªNo est¨¢s sola. Hay algo aqu¨ª que no es natural ¡ªrespondi¨® Easton, sosteniendo su bast¨®n con fuerza. Acalia, que lideraba el grupo, se detuvo abruptamente. ¡ªSilencio ¡ªorden¨®, levantando una mano. Biel sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su espalda. Hab¨ªa algo en el aire, una tensi¨®n palpable que lo hac¨ªa sentir vulnerable. Antes de que pudiera preguntar qu¨¦ ocurr¨ªa, una risa baja y siniestra reson¨® entre los ¨¢rboles. ¡ªAs¨ª que ustedes son los que se interpusieron en los planes del Gran Se?or Gard ¡ªdijo una voz masculina, profunda y burlona. El grupo se gir¨® en direcci¨®n a la voz, pero no vieron a nadie. Biel sinti¨® su coraz¨®n latir con fuerza mientras apretaba los pu?os. ¡ª?Qui¨¦n eres? ?Mu¨¦strate! Una figura emergi¨® de entre las sombras, caminando con calma. Era un hombre alto, vestido con una capa negra que ocultaba gran parte de su cuerpo. Su rostro estaba cubierto por una m¨¢scara blanca decorada con intrincados grabados rojos, y llevaba dos dagas en sus manos, cada una emanando un aura oscura. ¡ªMi nombre es Kurusume ¡ªdijo, inclinando ligeramente la cabeza¡ª. Y estoy aqu¨ª para cumplir con mi deber: eliminar a cualquiera que represente una amenaza para el se?or Gard. ¡ª?Como si fuera tan f¨¢cil! ¡ªgrit¨® Xanthe, levantando sus manos mientras una esfera de fuego se formaba entre ellas. Antes de que pudiera lanzar su hechizo, Kurusume desapareci¨® en un parpadeo. Un instante despu¨¦s, estaba detr¨¢s de Xanthe, con una de sus dagas apuntando a su cuello. ¡ªDemasiado lenta ¡ªsusurr¨® Kurusume con una sonrisa cruel. ¡ª?No te atrevas! ¡ªgrit¨® Easton, lanzando una descarga de hielo hacia Kurusume. Pero el asesino se movi¨® con una velocidad imposible, esquivando el ataque y retrocediendo hacia las sombras.Taken from Royal Road, this narrative should be reported if found on Amazon. El grupo se reuni¨® r¨¢pidamente, formando un c¨ªrculo para cubrirse mutuamente. Biel mir¨® a Acalia, buscando alguna instrucci¨®n. ¡ª?Qu¨¦ hacemos? ¡ªpregunt¨®, tratando de mantener la calma. Acalia desenvain¨® su espada y fij¨® su mirada en el bosque. ¡ªMant¨¦nganse juntos. Kurusume no es un enemigo cualquiera. Su habilidad para moverse entre las sombras lo hace peligroso, pero no invencible. ¡ª?Y qu¨¦ hay de ti? ¡ªpregunt¨® Xanthe, su voz temblando ligeramente. ¡ªYo me encargar¨¦ de distraerlo. Necesito que ustedes encuentren su punto d¨¦bil ¡ªrespondi¨® Acalia con firmeza. Antes de que pudieran protestar, Kurusume reapareci¨®, lanz¨¢ndose hacia ellos con ambas dagas al frente. Acalia bloque¨® el ataque con su espada, y el choque de las armas reson¨® como un trueno. El asesino retrocedi¨®, sorprendido por la fuerza de Acalia. ¡ªInteresante. No esperaba encontrar a alguien como t¨² aqu¨ª ¡ªdijo Kurusume, con una sonrisa detr¨¢s de su m¨¢scara. Acalia no respondi¨®. En lugar de eso, avanz¨® con rapidez, lanzando un ataque tras otro. Kurusume esquivaba con elegancia, pero cada vez le costaba m¨¢s mantenerse a la altura de la habilidad de Acalia. Mientras tanto, Biel observaba la batalla, tratando de encontrar una oportunidad para ayudar. Fue entonces cuando not¨® algo: cada vez que Kurusume desaparec¨ªa en las sombras, su m¨¢scara emit¨ªa un leve brillo rojo. ¡ª?Su m¨¢scara! Es lo que le da poder ¡ªgrit¨® Biel, se?alando a Kurusume. Easton asinti¨® r¨¢pidamente. ¡ªEntendido. Xanthe, c¨²breme. Xanthe lanz¨® una serie de bolas de fuego hacia Kurusume, oblig¨¢ndolo a mantenerse en movimiento. Mientras tanto, Easton comenz¨® a recitar un hechizo, concentr¨¢ndose en la m¨¢scara del asesino. ¡ª?No lo permitir¨¦! ¡ªrugi¨® Kurusume, lanz¨¢ndose hacia Easton. Pero antes de que pudiera alcanzarlo, Biel se interpuso en su camino, utilizando su habilidad de "R¨¢faga ¨¢gil" para bloquear su avance. ¡ªNo tan r¨¢pido ¡ªdijo Biel, esquivando los ataques de Kurusume con movimientos r¨¢pidos y precisos. Finalmente, Easton complet¨® su hechizo. Una lanza de hielo se materializ¨® en el aire y vol¨® directamente hacia la m¨¢scara de Kurusume. El impacto fue devastador: la m¨¢scara se rompi¨® en pedazos, y el asesino cay¨® al suelo, jadeando. ¡ª?Qu¨¦... qu¨¦ han hecho? ¡ªmurmur¨® Kurusume, intentando levantarse. Acalia se acerc¨® lentamente, apuntando su espada al cuello del asesino. ¡ªTu tiempo ha terminado. Dile a tu se?or que no le tememos. Kurusume se r¨ªo d¨¦bilmente. ¡ªEsto... no ha terminado. Gard... vendr¨¢ por ustedes... Con esas palabras, el asesino desapareci¨® en una nube de sombras, dejando atr¨¢s solo el eco de su risa. El grupo se qued¨® en silencio por un momento, recuper¨¢ndose del enfrentamiento. Finalmente, Xanthe habl¨®. ¡ª?Creen que volver¨¢? Acalia guard¨® su espada y respondi¨® con frialdad. ¡ªNo importa. Lo importante es que estamos un paso m¨¢s cerca de entender a nuestro enemigo. Biel mir¨® a sus compa?eros, sintiendo una mezcla de alivio y determinaci¨®n. Sab¨ªa que esto era solo el comienzo de algo mucho m¨¢s grande. Cap铆tulo 6: Sombras y Revelaciones El amanecer trajo consigo un aire denso y cargado de incertidumbre. Despu¨¦s de su enfrentamiento con Kurusume, el grupo hab¨ªa decidido acampar en un claro del bosque para recuperar fuerzas. A pesar de la aparente tranquilidad, una tensi¨®n silenciosa envolv¨ªa a todos. Biel se encontraba sentado junto a la fogata, mirando las brasas con expresi¨®n pensativa. Sus pensamientos giraban en torno a las palabras de Kurusume y al misterioso "Gran Se?or Gard". No pod¨ªa evitar preguntarse qu¨¦ tan poderoso era realmente ese enemigo y por qu¨¦ lo estaban buscando. ¡ª?No puedes dormir? ¡ªpregunt¨® Acalia, acerc¨¢ndose con pasos ligeros. Biel levant¨® la vista, sorprendido por su presencia. -No. Hay demasiadas cosas en mi cabeza. Acalia se sent¨® a su lado, cruzando los brazos. ¡ªEs normal. Has enfrentado mucho en poco tiempo. ¡ªNo solo eso. Me preocupa lo que dijo Kurusume. ?Por qu¨¦ Gard nos quiere muertos? Apenas entiendo qu¨¦ est¨¢ pasando aqu¨ª ¡ªdijo Biel, apretando los pu?os. Acalia lo mir¨® en silencio por un momento antes de hablar. ¡ªGard no es alguien que act¨²e sin motivo. Si te est¨¢s buscando, significa que representa una amenaza para ¨¦l, aunque todav¨ªa no lo sepas. ¡ª?Una amenaza? Pero yo ni siquiera s¨¦ usar bien mis habilidades ¡ªrespondi¨® Biel, frustrado. ¡ªPor eso estoy aqu¨ª. Para ayudarte a descubrir tu verdadero potencial ¡ªdijo Acalia con firmeza. Antes de que Biel pudiera responder, un ruido entre los arbustos interrumpi¨® su conversaci¨®n. Ambos se pusieron de pie al instante, con Acalia desenvainando su espada. Easton y Xanthe salieron de sus tiendas, alertados por el sonido. ¡ª ?Qu¨¦ fue eso? ¡ªpregunt¨® Xanthe, mirando nerviosamente alrededor. ¡ªNo lo s¨¦, pero no estamos solos ¡ªrespondi¨® Acalia, con los ojos fijos en la oscuridad. De entre las sombras surgi¨® una figura encapuchada, pero esta vez no era Kurusume. Era un hombre de mediana edad, con cabello gris y una armadura desgastada. Levant¨® las manos en se?al de paz.If you spot this narrative on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. ¡ªPor favor, no ataquen. No estoy aqu¨ª para luchar ¡ªdijo con voz ronca. Acalia no baj¨® su espada. ¡ª?Qui¨¦n eres y qu¨¦ quieres? El hombre dio un paso adelante, revelando un rostro marcado por cicatrices. ¡ªMi nombre es Kael. Soy un antiguo servidor de Gard, pero lo abandon¨¦ cuando vi la verdadera naturaleza de sus aviones. He venido a advertirles. ¡ª ?Anunciarnos? ¡ªpregunt¨® Easton, con el ce?o fruncido. Kael ascendi¨®. ¡ªGard no es solo un tirano. Est¨¢ buscando algo llamado el Fragmento del Infinito. Si lo consigue, tendr¨¢ el poder de controlar no solo este mundo, sino todos los que est¨¢n conectados a ¨¦l. Las palabras de Kael hicieron que Biel sintiera un escalofr¨ªo recorrer su espalda. Mir¨® a Acalia, quien manten¨ªa una expresi¨®n seria. ¡ª ?Por qu¨¦ deber¨ªamos confiar en ti? ¡ªpregunt¨® Acalia. Kael baj¨® la mirada, como si estuviera avergonzado. ¡ªPorque yo fui quien ayud¨® a Gard a encontrar los primeros fragmentos. Pero cuando vi lo que hac¨ªa con ese poder, no pude seguir apoy¨¢ndolo. Ahora intento redimirme. ¡ª ?Cu¨¢ntos fragmentos tiene Gard? ¡ªpregunt¨® Biel, dando un paso adelante. ¡ªDos. Y est¨¢ buscando el tercero. Si lo encuentra, ser¨¢ casi imparable ¡ªrespondi¨® Kael. Xanthe cruz¨® los brazos, pensativa. ¡ªY ?qu¨¦ hacemos nosotros? Apenas logramos enfrentarnos a Kurusume. Kael mir¨® a Biel con intensidad. ¡ªUstedes tienen algo que Gard no tiene: la capacidad de unir a los fragmentos de manera pura. ¨¦l los fuerza, los corrompe. Pero ustedes... ustedes son la clave para detenerlo. ¡ª ?C¨®mo lo sabes? ¡ªpregunt¨® Acalia, con un tono sospechoso. Kael sac¨® un peque?o pergamino de su cintur¨®n y se lo entreg¨®. ¡ªEsto es todo lo que s¨¦. Es un mapa que lleva al tercer fragmento. Si lo encuentran antes que Gard, tendr¨¢n una oportunidad. Acalia tom¨® el pergamino y lo examin¨® r¨¢pidamente. Luego ascendi¨®. ¡ªEst¨¢ bien. Pero si descubres que est¨¢s mintiendo, te arrepentir¨¢s. Kael asinti¨® solemnemente. ¡ªLo entiendo. Pero no les mentir¨¦. Mi vida ya no tiene valor comparado con lo que est¨¢ en juego. El grupo pas¨® el resto de la noche discutiendo su pr¨®ximo movimiento. A medida que el sol comenzaba a salir, Biel sinti¨® una nueva determinaci¨®n crecer en su interior. Sab¨ªa que el camino por delante ser¨ªa peligroso, pero tambi¨¦n sab¨ªa que no pod¨ªa darse cuenta por vencido. ¡ªVamos a encontrar ese fragmento ¡ªdijo Biel, mirando a sus compa?eros con determinaci¨®n. Acalia ascendi¨®. ¡ªY vamos a detener a Gard, cueste lo que cueste. Con esas palabras, el grupo se prepar¨® para partir, sin saber que el destino les ten¨ªa reservados desaf¨ªos a¨²n mayores. Cap铆tulo 7: Los Reyes Demonios y la Bç…¤squeda del Fragmento El grupo avanzaba por el camino que llevaba a la ciudad de Zerpia, una metr¨®poli bulliciosa que se alzaba entre colinas verdes y un r¨ªo cristalino que la rodeaba como un protector natural. A medida que se acercaban, Biel no pod¨ªa evitar sentirse asombrado por la magnificencia de las torres que se alzaban hacia el cielo, brillando bajo la luz del sol. ¡ªBienvenidos a Zerpia ¡ªdijo Acalia, con un tono que mezclaba admiraci¨®n y cautela¡ª. Esta ciudad es un cruce de caminos para aventureros, comerciantes... y problemas. ¡ªSuena encantador ¡ªrespondi¨® Biel con una sonrisa nerviosa. Kael, quien caminaba unos pasos detr¨¢s, a?adi¨®: ¡ªTambi¨¦n es un lugar lleno de secretos. Si Gard est¨¢ cerca, es probable que tenga esp¨ªas en esta ciudad. Acalia asinti¨®, y el grupo se adentr¨® en la ciudad, sus sentidos alerta ante cualquier se?al de peligro. Calles empedradas, mercados vibrantes y la mezcla de olores a especias, hierro y comida reci¨¦n hecha les daban la bienvenida. Pero la atm¨®sfera, aunque animada, ten¨ªa un trasfondo inquietante. Biel pod¨ªa sentir las miradas curiosas, y a veces hostiles, que los segu¨ªan a medida que avanzaban. El grupo encontr¨® refugio en una posada discreta, donde Acalia decidi¨® que era el momento de compartir una verdad que hab¨ªa mantenido oculta. ¡ªHay algo que deben saber antes de que avancemos m¨¢s ¡ªdijo Acalia, mientras desplegaba un mapa sobre la mesa. Todos se inclinaron hacia adelante, curiosos. Biel not¨® la expresi¨®n seria de Acalia, lo que indicaba que no era una simple conversaci¨®n. ¡ª?Qu¨¦ tanto sabes sobre los Reyes Demonios? ¡ªpregunt¨®, fijando su mirada en Biel. ¡ªSolo historias, leyendas sobre seres incre¨ªblemente poderosos ¡ªrespondi¨® Biel, encogi¨¦ndose de hombros. Acalia asinti¨® lentamente. ¡ªEsas historias son ciertas. Los Reyes Demonios no eran simples leyendas; eran entidades reales, conectadas directamente con los Fragmentos del Infinito. Hace m¨¢s de dos mil a?os, gobernaron este mundo y sembraron el caos. Pero no todos eran malvados. Algunos buscaban el equilibrio, aunque sus m¨¦todos fueran incomprensibles para los mortales.If you find this story on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the infringement. Hizo una pausa antes de continuar. ¡ªEntre todos ellos, cinco destacaron por encima del resto. Los llamamos los Reyes Demonios Supremos. Cada uno dominaba un aspecto fundamental del universo:
  1. Desconocido, el Rey Demonio del Caos Divino.
  1. Monsfil, el Rey Demonio de la Destrucci¨®n Eterna.
  1. Karia, la Reina Demonio del Conocimiento Prohibido.
  1. Quizza, la Reina Demonio de la Ambici¨®n Desmedida.
  1. Tahiel, el Rey Demonio de la Oscuridad Primordial.
Kael intervino, su voz te?ida de respeto y temor. ¡ªEstos Reyes eran tan poderosos que incluso los dioses tem¨ªan su influencia. Fue entonces cuando surgi¨® un h¨¦roe, un mortal elegido por los Fragmentos del Infinito, quien logr¨® sellarlos. El precio fue alto: su vida y gran parte del equilibrio del mundo quedaron en juego. Biel sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su espalda. ¡ª?Por qu¨¦ Gard los busca ahora? ?Qu¨¦ pretende lograr? ¡ªGard no solo busca los Fragmentos por su poder ¡ªrespondi¨® Acalia¡ª. ¨¦l quiere convertirse en un ser superior a los Reyes Demonios. Cree que si re¨²ne todos los Fragmentos, podr¨¢ reclamar el poder de los cinco y reescribir las reglas del universo. El silencio que sigui¨® fue roto solo por el crepitar de la chimenea. Biel mir¨® el mapa, tratando de procesar lo que acababa de escuchar. Usando el mapa proporcionado por Kael, el grupo se dirigi¨® hacia las catacumbas de Zerpia, un lugar oscuro y olvidado que se encontraba bajo la ciudad. A medida que descend¨ªan por escaleras antiguas y mal iluminadas, el aire se volv¨ªa m¨¢s pesado, impregnado de un olor a moho y antig¨¹edad. ¡ªEsto no me gusta nada ¡ªmurmur¨® Xanthe, aferrando su bast¨®n con fuerza. ¡ªNo tiene por qu¨¦ gustarte. Solo tenemos que salir vivos ¡ªrespondi¨® Easton, intentando mantener la calma. Biel, quien iba al frente, sinti¨® que algo dentro de ¨¦l resonaba. Era como un eco distante que le llamaba desde las profundidades. Finalmente, llegaron a una gran c¨¢mara iluminada por un brillo rojizo. En el centro, sobre un pedestal, descansaba el tercer Fragmento del Infinito. Su luz pulsaba como un coraz¨®n vivo, llenando la sala con una energ¨ªa opresiva. ¡ªAh¨ª est¨¢ ¡ªsusurr¨® Kael, con un tono reverente. Biel dio un paso adelante, pero se detuvo cuando escuch¨® una voz dentro de su cabeza. Era profunda y resonante, cargada de una autoridad abrumadora. ¡ª?Eres t¨² mi portador? ¡ªpregunt¨® la voz, haciendo eco en su mente. Biel sinti¨® que su cuerpo se congelaba. Las palabras parec¨ªan provenir no solo del Fragmento, sino de algo mucho m¨¢s grande y antiguo. ¡ªBiel, ?est¨¢s bien? ¡ªpregunt¨® Acalia, notando su vacilaci¨®n. Antes de que pudiera responder, un estruendo sacudi¨® la c¨¢mara. Desde las sombras, emergi¨® una figura imponente: un caballero oscuro con una armadura ornamentada, cuyos ojos brillaban con un rojo intenso. ¡ªNadie tomar¨¢ este Fragmento ¡ªdijo el caballero, desenvainando una espada que parec¨ªa estar hecha de pura energ¨ªa. El grupo se prepar¨® para luchar, sabiendo que este ser¨ªa su mayor desaf¨ªo hasta ahora. Y en el centro de todo, Biel sinti¨® que el Fragmento llamaba su nombre, como si solo ¨¦l pudiera decidir el desenlace de este enfrentamiento. Capitulo 8: El Trato La tensi¨®n en la c¨¢mara era palpable. El caballero oscuro avanzaba con su espada de energ¨ªa en alto, su presencia imponente dominando el ambiente. Acalia fue la primera en reaccionar, desenvainando su arma y coloc¨¢ndose frente a Biel. ¡ª?No permitas que te toque, Biel! ¡ªgrit¨® Acalia, lanz¨¢ndose al ataque. Xanthe y Easton tomaron posiciones a su lado. La hechicera convoc¨® llamas danzantes que iluminaron la c¨¢mara, mientras su hermano canalizaba un hechizo de hielo para reforzar la ofensiva. Kael, aunque m¨¢s reservado, prepar¨® su arma con decisi¨®n. El caballero bloque¨® los ataques iniciales con facilidad, su espada cortando el aire con destreza mortal. Cada choque de acero resonaba en la c¨¢mara como un trueno. La batalla estaba en marcha, y Biel, paralizado por la intensidad del momento, no pod¨ªa apartar la vista del Fragmento que brillaba con fuerza. Mientras sus amigos luchaban con todas sus fuerzas, Biel sinti¨® un llamado dentro de s¨ª. El Fragmento parec¨ªa pulsar al ritmo de un coraz¨®n vivo, su resplandor intensific¨¢ndose con cada segundo. ¡ª?Qu¨¦ est¨¢ pasando? ¡ªmurmur¨® Biel, dando un paso hacia el pedestal. ¡ª?Biel, no te acerques! ¡ªgrit¨® Easton, su voz cargada de preocupaci¨®n. Pero el joven no pod¨ªa detenerse. Era como si una fuerza invisible lo guiara. Cuando Biel toc¨® el Fragmento, una oscuridad envolvi¨® su cuerpo al instante. Un torbellino de sombras se alz¨®, cubri¨¦ndolo por completo. Acalia, Xanthe y los dem¨¢s se detuvieron al ver a su amigo atrapado en aquella espiral de energ¨ªa negra. ¡ª?Biel! ¡ªgrit¨® Xanthe, l¨¢grimas surcando su rostro. ¡ª?Resiste, chico! ¡ªexclam¨® Kael, lanz¨¢ndose hacia las sombras, solo para ser repelido por una fuerza invisible. Acalia, con su rostro endurecido por la preocupaci¨®n, miraba impotente. ¡ªBiel... ?qu¨¦ est¨¢ ocurriendo contigo? En medio de la oscuridad, Biel abri¨® los ojos. No estaba en la c¨¢mara, sino en un vasto plano espiritual, un paisaje desolado y cubierto de cenizas. Frente a ¨¦l, una figura alta y majestuosa apareci¨® entre las sombras. Su armadura estaba desgastada, pero sus ojos rojos brillaban con una intensidad imponente.This tale has been pilfered from Royal Road. If found on Amazon, kindly file a report. ¡ªFinalmente, nos encontramos ¡ªdijo la figura con una voz grave y resonante¡ª. Soy Monsfil, el Rey Demonio de la Destrucci¨®n Eterna. Biel retrocedi¨® un paso, su coraz¨®n latiendo con fuerza. ¡ª?Monsfil? ?T¨² eres quien me llam¨® antes? Monsfil asinti¨® con una sonrisa que parec¨ªa mezclarse entre lo sombr¨ªo y lo melanc¨®lico. ¡ªAs¨ª es. He estado esperando este momento. ¡ª?Qu¨¦ quieres? ¡ªpregunt¨® Biel, alzando la voz¡ª. ?Eres una amenaza! ?No quiero ser como t¨²! Monsfil solt¨® una carcajada profunda. ¡ªAh, as¨ª que te contaron que soy "muy malo". Maldito h¨¦roe, c¨®mo han cambiado mi historia. Escucha, muchacho, quiero contarte la verdad. Quiero que entiendas qui¨¦n soy realmente. Biel, aunque receloso, asinti¨®. ¡ªEst¨¢ bien. Habla. Monsfil baj¨® la mirada, su tono cambiando a uno m¨¢s solemne. ¡ªHace miles de a?os, fui un protector. Mi dominio era la destrucci¨®n, s¨ª, pero no como un fin, sino como un medio para preservar. Las plagas, las guerras... yo destru¨ªa lo que amenazaba el equilibrio del mundo. Hizo una pausa antes de continuar, su voz te?ida de amargura. ¡ªPero los mortales no lo entendieron. Me temieron, me odiaron. El h¨¦roe que luch¨® contra nosotros tergivers¨® mi prop¨®sito, llam¨¢ndome "el destructor de vidas". Cuando intent¨¦ defender mi verdad, fui sellado dentro de este Fragmento. Todo por intentar hacer lo correcto. Biel escuch¨® en silencio, sus emociones divididas. Finalmente, habl¨®. ¡ªTu historia... es tr¨¢gica. Pero si eras un protector, ?por qu¨¦ no lo demostraste? ¡ª?C¨®mo podr¨ªa hacerlo, cuando todo lo que hac¨ªa era visto como un mal necesario? ¡ªrespondi¨® Monsfil, su mirada fija en Biel. ¡ªAhora lo ¨²nico que puedo hacer es confiar en ti. Monsfil extendi¨® una mano hacia Biel. ¡ªQuiero hacer un trato contigo. ¡ª?Qu¨¦ clase de trato? ¡ªpregunt¨® Biel, su voz cargada de desconfianza. ¡ªQuiero que uses mi poder para el bien. Yo no pude usarlo correctamente, y por eso fui catalogado como un destructor. Pero t¨² tienes la oportunidad de cambiar esa historia. ¡ª?Y c¨®mo s¨¦ que no planeas controlarme y apoderarte de mi cuerpo? ¡ªcuestion¨® Biel, frunciendo el ce?o. Monsfil solt¨® una risa sincera. ¡ªNo soy como mis hermanos. Hablo en serio, muchacho. Mi esencia est¨¢ atrapada en el Fragmento que cargas. Solo puedo guiarte, ayudarte a entender este poder. Nada m¨¢s. ¡ª?Entonces est¨¢s dentro del Fragmento? ¡ªpregunt¨® Biel, sorprendido. Monsfil asinti¨®. ¡ªAs¨ª es. Y conf¨ªo en ti para usar este poder con sabidur¨ªa. Ahora despierta. Ya hablaremos m¨¢s. La oscuridad se disip¨® de repente, y Biel abri¨® los ojos. Estaba de pie, intacto, mientras sus amigos lo rodeaban con expresiones de alivio y preocupaci¨®n. ¡ª?Est¨¢s bien? ¡ªpregunt¨® Acalia, colocando una mano firme en su hombro. ¡ªS¨ª... creo que s¨ª ¡ªrespondi¨® Biel, aunque a¨²n procesaba lo que hab¨ªa sucedido. El caballero oscuro, que hasta ese momento hab¨ªa luchado sin piedad, dej¨® caer su espada y se arrodill¨® ante Biel. ¡ªEres el elegido ¡ªdijo el caballero, inclinando la cabeza en se?al de reverencia. Biel, confundido y sin saber c¨®mo reaccionar, exclam¨® con una expresi¨®n c¨®mica: ¡ª??Qu¨¦eee!? El eco de su exclamaci¨®n reson¨® en la c¨¢mara, mientras sus amigos intercambiaban miradas perplejas. Cap铆tulo 9: El Guardiè°©n y el Rey Love this novel? Read it on Royal Road to ensure the author gets credit. Cap铆tulo 10: El Concilio del Umbral Divino The narrative has been illicitly obtained; should you discover it on Amazon, report the violation. Cap铆tulo 11: Acalia Unauthorized use: this story is on Amazon without permission from the author. Report any sightings. Cap铆tulo 12: El Camino Hacia Las Sombras This narrative has been unlawfully taken from Royal Road. If you see it on Amazon, please report it.