《El Expreso de Lady Night [ESPAÑOL]》 Lady Night les desea un buen viaje Y corr¨ª entre gritos. Entre gritos de angustia. Los rostros sobresal¨ªan de las mucosidades de la pared como macabras recreaciones de El grito; unos agonizaban, otros me miraban como si pidieran una ayuda que sab¨ªan no iba a ser brindada. Algunos mir¨¢ndome al pasar, otros mirando hacia arriba, hacia el techo, o hacia la nada que reflejaban sus ojos blancos exentos de expresi¨®n. La piel de sus facciones ca¨ªa fl¨¢cida en montones blancuzcos y la papada ondulaba en la capa de yeso, como si todas y cada una de aquellas caras formaran parte de aquel lugar, gritando, gimiendo y babeando esa asquerosa porquer¨ªa negra que casi hab¨ªa destrozado la suela de mis bambas al entrar en The Nurse''s Hat, el Hospital, nombre ir¨®nicamente perturbador habiendo visto lo que hab¨ªa visto. Corr¨ªa tanto como pod¨ªa para sacarme de encima a eso que me persegu¨ªa, pero por m¨¢s rostros deformados que pasaban de largo como si de una eterna fila de cuadros se tratara, noconsegu¨ªa librarme de mi acechador. El Cambiante se me acercaba. Cada vez m¨¢s cerca. Debo salir de aqu¨ª. He de llegar a la puerta. Fuera no hay niebla. Un chirrido desgarrador rept¨® por el pasillo y lleg¨® a mis o¨ªdos con una claridad estremecedora. En ese momento, como si mi cerebro tratara de asustarme a¨²n m¨¢s, recre¨¦ en mi cabeza el objeto que pod¨ªa estar produciendo ese ruido tan agudo, de metal rasgando pared y carne. De huesos rotos. Era una zarpa. Una ¨²nica zarpa rajando la pared y las puertas situadas detr¨¢s de m¨ª. Una larga y afilada u?a ara?ando los rostros esparcidos por las paredes, arrancando lamentos diferidos en diferentes notas que compon¨ªan una demente melod¨ªa que llamaba a la muerte. Mi muerte. 1 Mierda. El mismo sue?o de siempre. Abr¨ª los ojos justo antes de notar como mi coraz¨®n era atravesado por en¨¦sima vez. Me encontraba algo sudoroso, con el pulso acelerado y, para mi sorpresa, completamente empalmado. Bostec¨¦ mientras miraba por el cristal de la ventana y disimul¨¦ lo mejorque pude cruz¨¢ndome de piernas, pensando en cualquier cosa que aliviara la presi¨®n. Los campos se repet¨ªan una y otra vez en la oscuridad, apenas discernibles en medio de la noche, y menos a¨²n con la lluvia que se agolpaba ef¨ªmeramente en los cristales del tren. La mujer de delante me miraba sonriendo, haciendo que me preguntara cu¨¢nto habr¨ªa dormido y s¨ª hab¨ªa dicho o hecho algo que no deb¨ªa. De peque?o hab¨ªa sufrido ataques de sonambulismo, pero estos hab¨ªan cesado hasta tres a?os atr¨¢s. - ?Un mal sue?o, chico? La mujer, algo mayor, de unos cincuenta y cinco a?os y rubios cabellos rizados que sin duda manten¨ªan la forma de los rulos gracias a la cantidad ingente de laca que impregnaba el ambiente entre los dos, abri¨® el gran bolso de cuero cuarteado marr¨®n que llevaba sobre su regazo. Iba ataviada con un vestido aparentemente antiguo, rosado y con estampados de peque?as flores amarillas all¨ª d¨®nde las costuras no estaban a punto de reventar debido a la ligera obesidad de su due?a. La mir¨¦ a los ojos, sacud¨ª la cabeza y sonre¨ª. No me apetec¨ªa hablar mucho del sue?o que me persegu¨ªa ¨²ltimamente; a los monstruos siempre ha sido mejor dejarlos en la oscuridad. S¨®lo as¨ª puedes evitar que te muerdan los ojos. - Un sue?o en general... Es el traqueteo del tren. La mujer sac¨® un paquete de cl¨ªnex de pl¨¢stico marca Nasverd y me ofreci¨® uno despu¨¦s de separarlo de los dem¨¢s, sin dejar de sonre¨ªr, despu¨¦s de decirme que ten¨ªa lega?as bajo los ojos y que un chico como yo no pod¨ªa hablar con una se?orita como ella mientras las impurezas ocultaban mi cara. Con estas palabras exactas. Vaya t¨ªa m¨¢s rara. - El movimiento del tren sobre las v¨ªas siempre hace que me entre el sue?o -, A?ad¨ª para librarme de aquella mirada acusadora. Mir¨¦ por la ventana un momento y me encontr¨¦ con mi propio reflejo devolvi¨¦ndome la mirada desde unas ojeras m¨¢s marcadas que de costumbre, aunque tambi¨¦n pod¨ªa deberse a la iluminaci¨®n del vag¨®n. Por el reflejo ve¨ªa como la se?ora no dejaba de mirarme, as¨ª que, aunque hablar era lo que menos me apetec¨ªa en ese momento, decid¨ª preguntarle algo para romper el hielo-, ?De viaje a ver a la familia? La vieja sonri¨® y se sent¨® bien en su asiento, dejando el bolso en el de al lado, vac¨ªo al igual que el que estaba a mi derecha. Los vagones estaban formados por asientos de 4, y aunque normalmente el expreso Lady Night iba siempre a reventar de pasajeros, el nocturno de ese d¨ªa iba casi tan vac¨ªo como el tren del domingo por la ma?ana. En ese mismo vag¨®n viajaban tan solo tres personas m¨¢s aparte de yo mismo. Una adolescente morena que escuchaba m¨²sica desde un gigantesco m¨®vil rosa, y un t¨ªo ya entrado en la madurez, algo calvo y con las l¨ªneas de expresi¨®n muy marcadas, bajo una densa y descuidada barba negra. - Voy a ver a mi marido y a mi hijo. Hace mucho que no nos vemos, y me enviaron una carta-. Y tras esas palabras, agarr¨® el bolso como en un gesto inconsciente y me sonri¨®, ense?ando solamente la hilera superior de dientes, algo que casi hizo que me estremeciera. Hab¨ªa algo de obsceno en esa sonrisa. Las luces parpadeaban cada vez que pas¨¢bamos bajo una monta?a, guarecidos por los t¨²neles que los trabajadores de anta?o tanto se hab¨ªan afanado en construir. No pude evitar mirar porla ventana mientras atraves¨¢bamos el t¨²nel a velocidad moderada, pensando en todas la shistorias que circulaban sobre la explotaci¨®n que hab¨ªan sufrido los obreros en la ¨¦poca en que se construyeron todos los t¨²neles que llevaban a Holy, uno de los ¨²ltimos pueblos encomunicarse con las grandes ciudades de Virginia y el lugar d¨®nde me esperaban. Pero la luz del interior del vag¨®n tan s¨®lo iluminaba retazos de muro rugoso y cables negros que serpenteaban paralelamente a la ventana como si de tent¨¢culos con vida propia se tratara. - Siempre est¨¢ bien ir a ver a la familia. -, Siempre y cuando no crean todos que est¨¢s loco. Claro-, Seguro que se ponen contentos al verla. La chica sentada unos asientos atr¨¢s tosi¨® varias veces y estornud¨®, ante lo que la mujer se levant¨® y empez¨® a caminar por el pasillo que quedaba libre entre los asientos cuando son¨® por megafon¨ªa la corta melod¨ªa de L.N (Lady Night), compuesta ¨²nicamente por un Do Re Sol de corta duraci¨®n que por alguna raz¨®n me resultaba cada vez m¨¢s empalagoso. (Do Re Sol) "El expreso con direcci¨®n Virginia har¨¢ parada en Kentucky en una hora. Losviajeros cuyos billetes consten hasta esta parada, ser¨¢n despertados por nuestraadorable Lady Maila Lia. ?No se asusten por sus ojeras! Tan solo lleva una semana horrible. Esperamos que est¨¦n teniendo un viaje confortante. Lady Night siempre piensa en ustedes." (Doo Sol Re) - Toma, chica. Debes cuidarte ese resfriado... Apoy¨¦ de nuevo la cabeza en el cristal mientras o¨ªa charlar de fondo a la vieja con la chica de los auriculares, pero apenas les prestaba atenci¨®n. No con todo lo que me esperaba una vez llegase a Holy. Aquel era un tema que hab¨ªa estado dejando correr mucho tiempo, hasta que fue demasiado tarde y me encontr¨¦ a mismo huyendo del problema. No pod¨ªa seguir as¨ª y lo sab¨ªa. Pasarse la vida huyendo no pod¨ªa ser bueno. Me hab¨ªa pasado media vida huyendo de todo lo que me provocaba malestar, y eso deb¨ªa acabar. Por eso me encontraba en ese tren. Para enmendar el pasado, para hacer m¨¢s llevadero el presente e iluminar el futuro. Estos iban a ser unos d¨ªas muy largos. Pero al pensarlo ahora, realmente no ten¨ªa ni puta idea de hasta qu¨¦ punto se iban a complicar las cosas durante los pr¨®ximos d¨ªas. - Es usted muy... amable, se?ora. Pero no creo en esas cosas, ?sabe? No quiero que nadie se ofenda, pero soy atea. Cree en aquello que ves, eso me dec¨ªa mi padre. - Pero no lo entiendes, chiquilla... ?Pronto vendr¨¢ y solo aquellos que sepamos ver La verdad sobreviviremos bajo el yugo de su vientre divino! - Oiga, en serio, parece usted una mujer muy simp¨¢tica y... cuerda, pero no me interesa el tema. La ¨²nica novela de fantas¨ªa que he le¨ªdo es Harry Potter y hace mucho de eso. Y por si no lo ha visto, fuera es de noche. Me gustar¨ªa descansar, as¨ª que si no le importa... Sonre¨ª al escuchar como la voz de la chica iba torn¨¢ndose m¨¢s dura cada vez, sin duda hastiada de los asaltos a biblia armada cuyo n¨²mero hab¨ªa aumentado bastante en el ¨²ltimo a?o. Todas las religiones parec¨ªan haberse vuelto locas de repente, repartiendo desde panfletos a libros a todas horas y en cualquier calle, e incluso se hab¨ªan dado casos de bandas religiosas organizadas que hab¨ªan retenido a familias enteras durante toda una noche en su propia casa para leerles sus respectivas macabras representaciones de la Biblia. Estados Unidos estaba pasando por una ¨¦poca de locos, de viejos hombres locos. As¨ª que la vieja era cat¨®lica. Me pregunt¨¦ si llevaba ese bolso tan grande para poder llevar con ella m¨¢s biblias. Gir¨¦ la cabeza y me asom¨¦ un momento por encima del asiento justo a tiempo para ver como la se?ora se levantaba con la cabeza bien alta y con un atisbo de ira reprimida asomando en sus ojos rid¨ªculamente juntos. Justo cuando volv¨ªa a mirar al frente se abri¨® la puerta del vag¨®n continuo y atraves¨® el umbral un chico de aproximadamente 30 a?os, mi misma edad. Llevaba el pelo corto y de punta, una nariz algo aguile?a que hac¨ªa juego con sus serias facciones y un pendiente de aro en la oreja izquierda, casi oculto por los cascos que llevaba puestos y de d¨®nde sal¨ªa el sonido met¨¢lico de alguna canci¨®n sonando a toda pastilla. Nos miramos un momento mientras ¨¦l cerraba la puerta, pero eso bast¨® para que mi cuerpo volviese a bombear sangre hacia d¨®nde no deb¨ªa. (Do re sol) "Estimados viajeros, son las 4 a.m. Les recordamos que el vag¨®n restaurantecerrar¨¢ por un par de horas en treinta minutos, y que abrir¨¢ de nuevo a las 6:30 a.m, justo para el desayuno. Es la comida m¨¢s importante del d¨ªa y tenemos un gran surtido de men¨²s a su disposici¨®n. Lady Night se preocupa por ustedes y les desea un buen viaje" (Doo Sol Re) La oscuridad segu¨ªa campando a sus anchas fuera del tren mientras pas¨¢bamos veloces entre campos y lagos, casi siempre protegidos por altas cordilleras monta?osas que las v¨ªas segu¨ªan desde hac¨ªa un buen rato. La lluvia hab¨ªa aflojado un poco y las nubes estaban ahora un poco m¨¢s dispersas, dejando ver un peque?o pedazo de la luna, m¨¢s rojiza de lo habitual. El sonido del tren al correr sobre los ra¨ªles era lo ¨²nico que se escuchaba a esas horas de la madrugada.The story has been illicitly taken; should you find it on Amazon, report the infringement. La vieja cat¨®lica segu¨ªa sentada enfrente m¨ªo, sosteniendo una biblia negra de bolsillo con el filo dorado entre sus regordetas manos, con la mirada fija en las peque?as p¨¢ginas y abriendo y cerrando la boca, como si leyese en voz alta, pero sin emitir m¨¢s que siseos que me pon¨ªan de los nervios, pero sab¨ªa que cambiarme de sitio ser¨ªa muy indiscreto y de mala educaci¨®n. De vez en cuando, cuando pensaba que yo no la ve¨ªa, la pillaba mir¨¢ndome por el reflejo del cristal mientras acariciaba un rosario con el que se envolv¨ªa el dorso de las manos, susurrando palabras que no llegu¨¦ a entender en ese momento. El hombre del malet¨ªn no hab¨ªa pegado ojo en todo lo que llev¨¢bamos de trayecto, al menos que yo hubiese visto. En ese momento estaba leyendo un peri¨®dico demasiado ennegrecido como para ser siquiera del a?o actual. La tenue luz individual encendida sobre su cabeza se reflejaba en sus gafas e imped¨ªa verle los ojos con claridad, pero por como frunc¨ªa el ce?o cada dos por tres sab¨ªa que estaba despierto. La chica morena estaba completamente dormida, o al menos eso parec¨ªa; el pelo le ca¨ªa por la cara y estaba apoyada en el cristal, con la maleta sobre sus piernas y las manos entrelazadas encima. Hab¨ªamos intercambiado un par palabras un par de horas atr¨¢s, cuando me hab¨ªa levantado para ir al lavabo. Me habr¨ªa preguntado si sab¨ªa cu¨¢ndo llegar¨ªa el tren a Virginia, y en cuanto le di la respuesta hab¨ªa vuelto a ponerse los cascos, sin dar las gracias ni nada. Parec¨ªa afligida por algo. O eso o era una completa gilipollas. En cualquier caso. mi inter¨¦s por ella era m¨¢s bien nulo. Mir¨¦ de reojo a la derecha lo m¨¢s discreto que pude. El chico joven se hab¨ªa sentado en los asientos contiguos a los que la creyente y yo est¨¢bamos, al otro lado del estrecho pasillo, y en ese momento estaba con la espalda bien recta y la cabeza echada hacia atr¨¢s en el respaldo, con los ojos cerrados y escuchando m¨²sica, o durmiendo. Ten¨ªa un perfil agradable, un algo que sin saber por qu¨¦ activaba algo olvidado en mi cabeza, y en mi entrepierna, por lo que dej¨¦ de mirarle. Aquello era algo que no iba conmigo, no pod¨ªa. Pero lo hac¨ªa. Volv¨ª la mirada hacia el exterior mientras pensaba en el pasado. Ya hab¨ªa habido chicos en mi vida. Hab¨ªa descubierto los excitantes pecados de la penetraci¨®n y la felaci¨®n con tan s¨®lo catorce a?os, mientras otros chicos jugaban con garbanzos, peonzas y cromos coleccionables yo era sodomizado (o as¨ª lo llamaron ellos) en los campos de mi familia. A d¨ªa de hoy a¨²n sigo sin saber qu¨¦ fue lo que me incit¨® a ello en el pasado, que fue lo que hizo que ese chico de nariz pecosa y yo traspas¨¢ramos esa l¨ªnea, pero sin duda hab¨ªa sucedido. Y no una ¨²nica vez. Todos sab¨ªan que a Sebastian le gustaban las pollas duras tanto como a Shasha Grey una laringoscopia de buenos d¨ªas, pero yo nunca hab¨ªa pensado que ese chico, en ese momento diez a?os mayor que yo, quisiera meterme la mano bajo los calzoncillos cuando me invit¨® a jugar al Need for Speed en la Playstation 1 que ten¨ªa en su casa. Y de haberlo pensado no s¨¦ si habr¨ªa cre¨ªdo que me gustar¨ªa. Pero lo hizo. Me vino a la nariz el olor a sexo, a semen, el del campo y las plantas de Marihuana entre las que foll¨¢bamos, as¨ª como el de la hierba nueva, el del barro y la tierra h¨²meda en mi ropa y piel. Alej¨¦ esos pensamientos de mi mente en cu¨¢nto me di cuenta de cu¨¢nto de ello estaba recordando. Necesitaba despejarme, y fumar un cigarro, as¨ª que me levant¨¦, saqu¨¦ el paquete de tabaco de mi mochila y volv¨ª a dejarla en la bandeja situada sobre toda la fila de asientos. Me empezaba a doler la cabeza, como era habitual ¨²ltimamente. Era ese maldito tema. - Bonitos calzoncillos. Tengo unos iguales. La voz, grave y en un tono exageradamente alto y descarado, son¨® a mis espaldas. Por un momento me vi arrastrado 16 a?os atr¨¢s aproximadamente. "Bonitos calzoncillos, John... " Me gir¨¦ y me encontr¨¦ con el chico de los auriculares mir¨¢ndome, con los cascos a¨²n puestos sonando a todo volumen. Sacud¨ª la cabeza ligeramente, metiendo esas palabras entre toda la otra mierda que no quer¨ªa mirar en esos momentos. - ?S¨ª? Qu¨¦ casualidad. Camin¨¦ hacia la puerta que conectaba con el siguiente vag¨®n, la abr¨ª y pas¨¦ al siguiente. En ese vag¨®n hab¨ªa casi menos gente que en el anterior. Tan solo una anciana con la que supuse que ser¨ªa su nieta, esta de unos doce a?os y una mujer rubia que rondar¨ªa los treinta vestida con un chal y un vestido blanco bastante caro a primera vista, de esos por los que las t¨ªas se volv¨ªan locas al verlos en las revistas de moda. Pas¨¦ al vag¨®n contiguo y luego al otro, vac¨ªos a excepci¨®n de un anciano que llevaba puesta una boina verde y un bast¨®n negro y reluciente que en ese momento estaba apoyado en la pared mientras su amo miraba por la ventana, con la mirada perdida. Al final del vag¨®n se encontraba el Restaurante, y antes de llegar hab¨ªa otro compartimento peque?o, as¨ª que me dirig¨ª hacia all¨ª. Abr¨ª la puerta y la cerr¨¦ tras de m¨ª, qued¨¢ndome entre los dos vagones. Me apoy¨¦ en la pared y lanc¨¦ un suspiro, bastante asqueado conmigo mismo y los pensamientos que se arremolinaban en mi cabeza. Iba a sacar un cigarro cuando vi por el cristal de la ventana que la chica encargada del restaurante, vestida con su uniforme azul claro casi igual a los que llevaban las azafatas en los aviones, sal¨ªa del restaurante y dejaba la puerta entornada tras ella, as¨ª que en vez de encenderme el pitillo, me esper¨¦ a que la camarera se perdiese de vista y me col¨¦ disimuladamente en el vag¨®n restaurante mirando de no abrir mucho la puerta al pasar y cerr¨¢ndola con cuidado al entrar. Dentro estaba mucho m¨¢s oscuro que en los vagones de pasajeros, pero tambi¨¦n era mucho m¨¢s ¨ªntimo y adem¨¢s podr¨ªa sentarme mientras me relajaba un poco. Casi todo estaba a oscuras, tan solo tres haces de luz entraban por sus respectivas ventanas dispuestas en uno de los laterales, delante de algunas mesas y sillas bien ancladas al suelo, tal y como lo estaban los asientos en los que llevaba horas sentado. La barra estaba situada en un extremo, y el leve tintineo del cristal entrechocando pod¨ªa o¨ªrse cuando el tren se balanceaba demasiado. Me acerqu¨¦ a la ventana y mir¨¦ hacia fuera. El tren pasaba en esos momentos por un puente que discurr¨ªa sobre lo que parec¨ªa un lago, y la luz de la luna se reflejaba en el agua. El tren tom¨® una peque?a curva mientras me llevaba el cigarro a la boca y pude atisbar una parte de los vagones traseros girando a veinte metros sobre el agua en calma. Baj¨¦ el seguro de la ventana y abr¨ª la peque?a porci¨®n de cristal que pod¨ªa inclinarse ligeramente hacia dentro, encend¨ª el mechero tipo zippo y prend¨ª el cigarro sin dejar de mirar hacia afuera, hacia el lago, el cielo, y las monta?as que marcaban mi camino de vuelta. De vuelta a casa. La cabeza segu¨ªa doli¨¦ndome, pero iba remitiendo en intensidad. La puerta se cerr¨® detr¨¢s de m¨ª con un seco chasquido y por un momento, a¨²n no s¨¦ bien por qu¨¦, pens¨¦ que al girarme me encontrar¨ªa con el chaval. Pero no fue as¨ª. Frente a la puerta se encontraba la mujer rubia a la que hab¨ªa visto sentada en el primer vag¨®n por el que hab¨ªa pasado de camino al actual. El maquillaje de su cara se ve¨ªa mucho m¨¢s blanquecino aun, debido a la poca iluminaci¨®n de la sala; le daba a su piel el aspecto de la porcelana y me recordaba al estilo pin-up que empez¨® a llevarse en los a?os 80. Era rubia y llevaba un peinado parecido al que llevaba Marilyn Monroe en las fotos que la inmortalizaron, unos ojos grandes rodeados de sombras y unos labios tan rojos que parec¨ªan negros en la oscuridad del vag¨®n restaurante. - Hola. La salud¨¦ extra?ado, pregunt¨¢ndome porqu¨¦ me hab¨ªa seguido hasta ah¨ª. - No deber¨ªas estar fumando-, La mujer, lentamente y con movimientos delicados, se acerc¨® a una de las ventanas y me mir¨®. Su voz era suave, casi como un canto, pero hab¨ªa algo extra?o en ella-, Tampoco deber¨ªas estar aqu¨ª. - Necesitaba estar s¨®lo un rato y fumarme un cigarro. Y ya que la puerta estaba abierta... ?Qu¨¦ haces t¨² aqu¨ª? - La oscuridad ha llegado y te reclama, John. La luz pereci¨® de golpe cuando el tren termin¨® de atravesar el lago y se intern¨® en otro t¨²nel. Durante unos segundos a¨²n fui capaz de discernir el contorno de la mujer gracias a la poca que luz que a¨²n se filtraba en el t¨²nel, pero luego nada. Incluso la estrecha franja de luz que antes entraba por debajo de la puerta se hab¨ªa extinguido. El ruido del traqueteo del tren y el entrechocar de las copas en los estantes me resultaba m¨¢s audible que nunca mientras atraves¨¢bamos la monta?a. En ese momento ya supe que algo andaba mal. Mi nombre real era Vincent, as¨ª lo eligieron mis padres y as¨ª fue. Pero John... Hubo una ¨¦poca en la que fui llamado as¨ª. John era... como esa persona me llamaba en ese entonces. Y nadie m¨¢s lo sab¨ªa. - ?Qu¨¦ dices? ?De qu¨¦ co?o hablas? La mujer ech¨® a re¨ªr, o eso supuse, pues la risa que rasg¨® el espacio entre los dos podr¨ªa haberse calificado de todo menos de humana. Un sonido chirriante, roto, una risa que sonaba m¨¢s bien como el lamento de un demente en sus ¨²ltimas horas de vida, ri¨¦ndose a carcajadas mientras su mente se niega aceptar el sino de su vida. Retroced¨ª un par de pasos hasta chocar con una de las mesas fijadas al suelo, y me apoy¨¦ en ella, tirando el cigarro encendido al suelo sin querer. El dolor de cabeza aumentaba por momentos, y estar a oscuras no estaba ayud¨¢ndome para nada. Esa voz... ese sonido... Estaba seguro de haberlo escuchado con anterioridad. En mis sue?os. - De eso trataba, de mi co?o. ?No lo entiendes? Yo solo quer¨ªa que todos conocieran a mi co?ito. Un rayo de luz perdido entre los t¨²neles ilumin¨® moment¨¢neamente el vag¨®n del expreso Lady Night. La mujer alz¨® tanto la voz que me aceler¨® el pulso. - Eso es todo lo que yo quer¨ªa. Pero la oscuridad vino y se lo llev¨®. Una l¨¢grima cay¨® por su mejilla, pero daba la impresi¨®n de no darse cuenta de ello, ya que no dejaba de sonre¨ªr, mostrando unos dientes aterradoramente blancos y perfectos para las condiciones en que se encontraba el resto de su cuerpo. - Y ahora te quiere a ti tambi¨¦n, John-, La voz se le quebr¨® y continu¨® hablando en sollozos, con una voz mucho m¨¢s grave que antes-, He de encontrar a mi c¨¢mara. He de encontrarle. ??Has visto a mi c¨¢mara?! - ?De qu¨¦ hablas? ?Qu¨¦ oscuridad? ?Qui¨¦n cojones eres y a qu¨¦ est¨¢s jugando t¨ªa? La voz sonaba totalmente diferente ahora. Ya no hab¨ªa ni rastro del tono femenino con el que hab¨ªa hablado antes. Rode¨¦ la mesa gui¨¢ndome con las manos para no tropezar, sin saber qu¨¦ demonios estaba pasando, pero muy seguro de que no me apetec¨ªa averiguarlo. El tren sali¨® al fin del t¨²nel y la luz de la luna inund¨® el vag¨®n restaurante de nuevo, pos¨¢ndose los haces de luz sobre un paraguas de tela bastante ra¨ªdo y apolillado por cuyos agujeros se colaban diminutos rayos que quedaron proyectados sobre lo que hasta unos segundos atr¨¢s hab¨ªa sido el rostro de una mujer hermosa. - Ya viene, John. La oscuridad viene. Y viene a por ti. La voz sal¨ªa ahora de un cuerpo envejecido hasta lo indecible. El brazo que sujetaba el paraguas era casi tan delgado como dos dedos m¨ªos juntos, arrugado y algo ennegrecido, y los dedos con los que lo as¨ªa terminaban en unas u?as largas y secas, pero aun as¨ª pintadas de un rojo reluciente que destacaba con la luz blanco azulada de la luna. Pero lo que m¨¢s contrastaba era el blanco de sus ojos; eran unos ojos vivos en un rostro de muerte. - ?Qu¨¦ co?...? Retroced¨ª otro par de pasos sin poder dejar de mirar esos ojos azules que parec¨ªan verlo todo y mofarse de m¨ª. No sab¨ªa qu¨¦ co?o estaba pasando, pero s¨ª que quer¨ªa salir de all¨ª lo antes posible. - Yo soy la anfitriona de este viaje de aqu¨ª a all¨ª-, Hablaba lentamente, saboreando cada palabra antes de expresarla en un quedo susurro-, Soy Lady Night. ( Do Re Sol) " Lady Night les desea un buen viaje. Lady Night espera que est¨¦n complacidos.Lady Night desea complacerles." ( Doo Sol Re) La voz de megafon¨ªa sonaba diferente ahora. Era la misma que la de aquel ser en forma de mujer que se proteg¨ªa de la luz de la luna con un paraguas de tela, recort¨¢ndose su silueta delante de la ventana. -Do Re Sol...-, Pic¨® tres veces en la ventana con la sombrilla mientras cantaba las notas de megafon¨ªa-,Lady Night te informa de que ya hemos llegado. Durante un momento el rostro de lo que ahora era una anciana casi descompuesta pero maquillada se congestion¨® en una mueca de angustia e ira, abri¨® tanto la boca que pude ver todos sus dientes, pero no sali¨® ning¨²n sonido, y en cuanto parpade¨¦, ya no hab¨ªa nadie all¨ª. No quedaba rastro de ella. Tan solo el cigarro humeando en el suelo probaba que hab¨ªa habido alguien all¨ª, y ese hab¨ªa sido yo. Hasta que empez¨® a llover. El silbato del tren son¨® y el suelo salt¨® bajo mis pies impuls¨¢ndome hacia delante, haci¨¦ndome chocar contra una estanter¨ªa de puertas correderas y dej¨¢ndome sin respiraci¨®n por un momento. No sab¨ªa qu¨¦ hacer, no sab¨ªa que pasaba. ¨²nicamente sab¨ªa que algo no iba nada bien. Un chirrido infernal se impuso al del silbato de la locomotora, y lo que hab¨ªa empezado como un leve temblor en el suelo se convirti¨® en violentas sacudidas de lado a lado. (Do Re Sol) "Lady Night les informa de que su destino est¨¢ cerca. Widower''s Bay le aguarda.Lady Night espera que haya tenido un buen viaje." (Doo Sol Re) El ruido de platos y copas rompi¨¦ndose apenas fue audible cuando todo el mundo gir¨® sobre un costado. Y ah¨ª estaba ella de nuevo. Como si el tren no estuviese volcando en ese preciso momento, la mujer permanec¨ªa de pie en el centro de la estancia, siempre de pie, siempre recta, sujetando el paraguas y mirando por la ventana. (De Re Sol) "Gracias por confiar en Lady Night. La oscuridad ya ha llegado." (Doo Sol Re) Y la oscuridad vino. Cuando despert¨¦ todo era niebla a mi alrededor. Y un dolor de cabeza impresionante. Pero pude ver claramente el cartel que se alzaba ante m¨ª; medio corro¨ªdo por el ¨®xido y con la pintura roja completamente agrietada en algunos lugares por los que se ve¨ªa el metal, el cartel se alzaba a tres metros sobre el suelo rezando lo siguiente con grandes letras negras: Bienvenidos a Widower''s Bay