《Otra Vida, Otro Mundo: La Leyenda de un Otaku [español]》 Un mundo en ruinas (introducciè´¸n) "El ¨¢rbol del origen" "El ¨¢rbol de los sue?os" "El ¨¢rbol de la vida" As¨ª se conoce a una fuerza m¨¢s all¨¢ del entendimiento mortal, algo que solo existe si crees que existe. Para muchos, es solo una fantas¨ªa, una idea inexistente y absurda. Pero para aquellos que sue?an, crean y viven en mundos diferentes al propio, es una realidad. Puede que pienses que solo te hablo a trav¨¦s de palabras e imaginaci¨®n, pero quiero que comprendas que todo esto es real. Las historias, los cuentos, los sue?os y las alucinaciones son reales para quien cree en ellos. Eso es el ¨¢rbol del Origen, algo que conecta todos ya todos. ?Conoces a los h¨¦roes? ?O a los villanos? Sabes de sus historias y de todo lo que vivieron para alcanzar su objetivo. Tal vez pienses que son solo sue?os de otras mentes, algo inventado para entretener. Sin embargo, creo que todas las historias nacen de las hojas del ¨¢rbol, conect¨¢ndose unas con otras a trav¨¦s de sus ramas. Lo entiendo, tambi¨¦n me sent¨ª frustrado al terminar una historia, al ver c¨®mo todo el camino del h¨¦roe se desvanecer¨ªa con el punto final del escritor, con la ¨²ltima vi?eta del dibujante, con la ¨²ltima palabra del narrador... S¨¦ que es triste y que deja un vac¨ªo que, tarde o temprano, se llenar¨¢ por otra historia. Pero lo que te estoy contando no es m¨¢s que una aventura entre muchas, el camino de un protagonista. ?Algo sencillo, verdad? No importa. Si quieres, esc¨²chame. S¨ª, esc¨²chame, porque t¨² no me lees, t¨² me escuchas. Conc¨¦ntrate y podr¨¢s o¨ªr mi voz. La historia nos remonta a los guardianes de los sue?os, aquellos que cuidan cada mundo y cada relato. Magia, dragones, hadas y mucho m¨¢s... Tal vez suene repetitivo, pero ese es el tipo de mundo con el que sue?as. Sin embargo, existe una historia que fue corrompida. Una en la que todas las almas sufrieron durante millas de a?os debido al error de un guardi¨¢n. Un lugar donde todo lo malo y cruel que puede ser un mortal se hizo realidad, donde los mismos guardianes, a quienes alguna vez llamaron dioses, fueron corrompidos por una luz carmes¨ª... Esta es solo una historia m¨¢s, nacida de las ramas del Origen, donde los sue?os y las pesadillas se entrelazan, creando una nueva aventura que desea ser contada. Un resplandor carmes¨ª ilumin¨® el cielo del mundo. Varias razas contemplaron la ca¨ªda de lo que marcar¨ªa el fin de los d¨ªas de paz en su mundo. Las historias m¨¢s antiguas cuentan que un gran cr¨¢ter se form¨® con la ca¨ªda del astro, provocando que todo a su alrededor comenzara a morir. El suelo verde se torn¨® de un color oscuro y marchito, los animales hu¨ªan despavoridos, y los alrededores fueron consumidos por completo. Pronto, la noticia lleg¨® a o¨ªdos de distintos reyes, quienes empezaron a enviar aventureros con la promesa de riqueza y prestigio. No hubo mentira m¨¢s grande, ya que ninguno de los cientos de almas inocentes volvi¨®. Se dice que, cansado de tantas p¨¦rdidas, uno de los reyes decidi¨® emprender un viaje hacia el origen del mal que se avecinaba. Muerte y oscuridad fue lo que encontr¨¦. Todo hab¨ªa sido consumido; el cielo estaba cubierto por nubes negras que opacaban la luz del sol, el suelo era un manto de hierba muerta y ceniza. En el interior de todo lo que hab¨ªa sido devorado, habitaban monstruos nunca antes vistos: criaturas sin forma ni sentido, y lo que alguna vez fueron animales, ahora convertidos en aberraciones de oscuridad. El rey y su ej¨¦rcito se aventuraron en ese territorio, evadiendo a las criaturas y, con muchos sacrificios, lograron llegar al cr¨¢ter, en cuyo interior emanaba una luz carmes¨ª. Despu¨¦s de eso, no hubo m¨¢s registros. Solo se sabe que de un ej¨¦rcito de cientos, tan solo regres¨® un soldado, llevando consigo la corona y la espada del rey. Ese soldado alert¨® a su reino y a muchos otros. As¨ª, la oscuridad sigui¨® avanzando, consumi¨¦ndolo todo, alertando no solo a los humanos, sino tambi¨¦n a muchas otras razas y pueblos del mal que se acercaba lentamente, para matar a todo ya todos. Muchas razas se unieron para intentar detener el avance de esa oscuridad. El territorio de muchos fue consumido r¨¢pidamente; los l¨ªderes ordenaban a sus pueblos huir lo m¨¢s lejos posible y alertar a otros de esa amenaza. Y as¨ª lo hicieron. Pronto, casi todas las razas se unificaron contra un enemigo com¨²n. Ej¨¦rcitos enteros fueron enviados para combatir a las criaturas que intentaban salir de su territorio. As¨ª pasaron los a?os, y esa lucha no parec¨ªa tener un final a la vista. Ninguna estrategia lograba frenarla, y ej¨¦rcitos enteros eran erradicados antes de poder acercarse al cr¨¢ter. Muchos reinos poderosos ofrec¨ªan refugio a quienes lo hab¨ªan perdido todo, pero los recursos no eran infinitos. Pronto llegaron las hambrunas; los pueblos clamaban a sus l¨ªderes por un poco de pan y carne. No es de extra?ar que los humanos fueran los primeros en caer en el canibalismo... Todo parec¨ªa estar perdido para la mitad de los seres vivos que quedaban. Pero un d¨ªa, la esperanza descendi¨® del cielo encarnada en una raza de leyendas, una especie que solo exist¨ªa en historias antiguas y religiosas. Tan pronto como estos seres de luz pisaron la tierra, esta comenz¨® a recuperar su color y vida. Las criaturas oscuras empezaron a huir, y los reinos y pueblos vieron en esos salvadores la luz de la esperanza. Poco a poco, el mundo recuper¨® su esplendor, y la guerra termin¨®; la luz carmes¨ª se hab¨ªa apagado. Los a?os pasaron, y el mundo viv¨ªa en paz. Los reyes y l¨ªderes eran nobles de coraz¨®n, guiados por los ahora conocidos como dioses. Las naciones prosperaban y cantaban en j¨²bilo a los salvadores. Sin embargo, no todas las razas confiaron completamente en estos dioses, y muchas tomaron la decisi¨®n de alejarse de ellos. Cu¨¢nta raz¨®n ten¨ªan... El cr¨¢ter donde cay¨® la luz carmes¨ª comenz¨® a expandirse nuevamente. Los pueblos y descendientes de quienes vivieron ese infierno dieron aviso de lo que estaba ocurriendo. El p¨¢nico comenz¨® a esparcirse entre la gente que ahora viv¨ªa en paz. Pronto, catorce dioses decidieron ir a eliminar esa luz, dejando a los reyes ya un ¨²nico dios a carga del mundo. Los meses pasaron, y no hubo noticias de que la luz continuara extendi¨¦ndose. Los reyes y l¨ªderes empezaron a temer que sus dioses los hubieran abandonado. Pero ellos jam¨¢s se hab¨ªan ido... Sin embargo, el d¨ªa que regresaron, el mundo contempl¨® la encarnaci¨®n de la oscuridad.The author''s tale has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. Naciones enteras fueron reducidas a fuego y escombros; las calles se convirtieron en vertederos de cad¨¢veres y r¨ªos de sangre. Lo que alguna vez fueron sus dioses, se hab¨ªan vuelto convertidos en la peor de las pesadillas, y el mundo entero temi¨® por su extinci¨®n. Todas las naciones y razas se pusieron en alerta ante la nueva amenaza. Los ej¨¦rcitos se preparaban para enfrentar a los dioses, que ahora los atacaban a sangre fr¨ªa. Pronto, las naciones que quedaban unieron fuerzas para combatir a sus antiguos salvadores, en un esfuerzo desesperado por evitar que la vida fuera erradicada. El mundo parec¨ªa estar de nuevo al borde de la extinci¨®n, y toda la esperanza reca¨ªa en la espalda de la ¨²nica diosa que quedaba, aquella que no hab¨ªa abandonado a sus hijos, vista por muchos como una joven noble y de coraz¨®n puro. Con solo unas pocas naciones en pie, todas ellas decidieron proteger a su diosa. Cientos de ej¨¦rcitos se reunieron para defender a su gente ya la deidad, y cientos de magos y criaturas capaces de usar magia se congregaron a su alrededor. Nadie sab¨ªa lo que la joven planeaba, pero tampoco dudaban de ella. Todos los reyes y l¨ªderes dieron la orden de no retroceder ante las criaturas. Los dioses, ahora llamados los Ca¨ªdos, eran la mayor de las amenazas, incluso los demonios tem¨ªan acercarse a ellos... Sin embargo, mientras velaban por la seguridad de su gente y de su diosa, todos los ej¨¦rcitos recibieron la ¨²ltima orden. ¡ª?Entreguen todo en esta batalla! ?No dejen que los Ca¨ªdos lleguen a nuestra diosa! El grito de hombres y mujeres reson¨® por los cielos. Con un clamor de valent¨ªa y honor, avanzan hacia una muerte segura. El miedo a morir nunca desapareci¨® en ellos, pero tampoco lo hizo su lealtad a la diosa. El campo de batalla, o lo que alguna vez fue el reino m¨¢s pr¨®spero, se convirti¨® en un lago de sangre y muerte. Todo para darle tiempo a la diosa de hacer lo que deb¨ªa hacer. Cuando todo parec¨ªa perdido, una luz descendi¨® en medio de todos aquellos magos que daban su vida por la salvaci¨®n de su mundo. Pronto, todos esos magos cayeron al suelo sin vida, pero en medio de ellos se alzaron cuatro siluetas alrededor de su diosa. Esas siluetas se volver¨ªan conocidas como los h¨¦roes; la Esperanza, el Valor, la Vida y la Luz, eran lo que cada uno de ellos representaba. Habiendo hecho esto, la luz de un alma pura comenz¨® a desvanecerse. La diosa cay¨® de rodillas ante los h¨¦roes, suplicando su ayuda contra este mal. Ellos la miraron como unos hijos a su madre, asintieron y se lanzaron a la batalla contra los Ca¨ªdos. Las historias cuentan que esa lucha hizo temblar la tierra debido al inconmensurable poder de esos h¨¦roes. Muchos de los Ca¨ªdos huyeron m¨¢s all¨¢ del mar. Las razas gritaron el nombre de la diosa y de los h¨¦roes. El gozo y la alegr¨ªa llenaron a los centenares de millas de soldados y civiles que se refugiaban de los monstruos. El mal se hab¨ªa desvanecido, y las tierras que parec¨ªan perdidas pod¨ªan recuperarse. Todo fue gracias a su diosa. Los reyes acudieron r¨¢pidamente a socorrer a su diosa. Grande fue la sorpresa de todos al verla tan d¨¦bil y sin su luz. Le suplicaron entre l¨¢grimas que no los dejara, que no podr¨ªan hacer nada sin ella. La diosa los mir¨® con amabilidad y dulzura, y antes de morir, pronunci¨® sus ¨²ltimas palabras, las cuales ser¨¢n recordadas por los reyes y por aquellos que llevar¨¢n su marca. ¡ªNo desesperen, no lloren ni se entristezcan, ya que su diosa los protegi¨® y los am¨®... Vayan y reconstruyan el mundo que tanto se esforzaron en proteger, hijos m¨ªos... ¡ªfue lo ¨²ltimo que dijo antes de convertirse en una estatua de piedra. Las leyendas de ese suceso cuentan y distorsionan lo ocurrido, pero jam¨¢s se supone si esas fueron las verdaderas palabras de la diosa. Solo se sabe que, despu¨¦s de aquello, todos los reyes y l¨ªderes guiaron a sus pueblos para reconstruir el mundo que su diosa les hab¨ªa regalado. Por otro lado, tampoco se sabe qu¨¦ sucedi¨® con los h¨¦roes. ?Acaso muri¨®? ?O llevaron vidas normales? Nadie lo sabe. El mundo volvi¨® a florecer, y las razas convivieron en armon¨ªa, recordando siempre el sacrificio de su diosa y la valent¨ªa de los h¨¦roes que los hab¨ªan salvado. Y as¨ª, en los anales de la historia, se conserv¨® la memoria de la ¨²ltima batalla y de la luz que una vez guio a las razas hacia la esperanza y la redenci¨®n... Pero no todo fue color de rosas. El tiempo es cruel e injusto, y el sacrificio de una diosa no bast¨® para cambiar el vil coraz¨®n mortal. Todas las razas que alguna vez pelearon juntas volvieron a ser como eran cientos de a?os atr¨¢s. Los prejuicios y el miedo resurgieron, y el mundo perdi¨® a su diosa y, con el tiempo, tambi¨¦n a los h¨¦roes. Esto destruy¨® que la avaricia por poder y riqueza brotara nuevamente, y todo se vino abajo. Tal vez el mal del cr¨¢ter hab¨ªa desaparecido, pero no as¨ª los corazones ca¨ªdos que se dejaron enga?ar por aquella luz carmes¨ª. Pasaron cinco mil a?os, y los Ca¨ªdos retomaron la tierra bajo el disfraz de "deidades protectoras", enga?ando as¨ª a los mortales. El mundo volvi¨® a sus or¨ªgenes: guerras sin sentido, maltrato y discriminaci¨®n. Los humanos y las razas m¨¢s numerosas volvieron a reinar. Todo por lo que una vez se hab¨ªa luchado parec¨ªa haber sido en vano. Sin embargo, a¨²n quedaba esperanza para este mundo, pues en alg¨²n lugar, ya mar en mar o tierra, se encontraba la estatua de una diosa que esperaba ser liberada. Los textos antiguos hablaban de una estatua en medio de un campo de flores, donde yac¨ªa la diosa que hab¨ªa salvado al mundo. Convertida en piedra, su esencia aguardaba pacientemente, invisible a los ojos de los mortales. Sus sacrificios no hab¨ªan sido olvidados del todo; A¨²n quedaban aquellos que susurraban su nombre en secreto, que registraban los tiempos en que todas las razas luchaban juntas bajo su luz. Las profec¨ªas dec¨ªan que, un d¨ªa, cuando el mundo estuviera sumido en la m¨¢s profunda oscuridad, alguien digno encontrar¨ªa el camino hacia la estatua y despertar¨ªa a la diosa. Los h¨¦roes que una vez respondieron a su llamada tambi¨¦n estaban destinados a regresar. Las estrellas, los vientos y las olas susurraban sobre el regreso de una era de esperanza y uni¨®n. En la cueva m¨¢s oscura o en la cima de la monta?a m¨¢s alta, en las profundidades del oc¨¦ano o en los bosques m¨¢s densos, alguien encontrar¨ªa a la diosa. Y entonces, el mundo conocer¨ªa de nuevo el poder de la verdadera luz, una luz que ni siquiera los Ca¨ªdos podr¨ªan apagarse. As¨ª, aunque el mundo parec¨ªa haber olvidado, la esperanza nunca se extingui¨® por completo. En los susurros del viento y en el murmullo de las hojas, a¨²n se escuchaba el nombre de la diosa, la eterna guardiana de la esperanza. Tambi¨¦n conocida como... La Luz Durmiente. capitulo 1: nuevo mundo. En las ramas del ¨¢rbol del Origen se encuentran miles de mundos, algunos m¨¢s interesantes que otros. Sin embargo, en esta historia solo necesitamos conocer uno de los mundos m¨¢s simples y, al mismo tiempo, m¨¢s fascinantes: la Tierra. Un lugar donde miles sue?an y crean, pero tambi¨¦n donde m¨¢s so?adores perecen en el vac¨ªo del olvido. --- Un palacio digno de cuentos de hadas se alzaba en medio de una infinita oscuridad, una oscuridad relajante y segura. Dentro habitaban los seres conocidos como "deidades" o dioses por muchas culturas y religiones. Cada uno se encargaba de cuidar diferentes mundos, diferentes realidades y sue?os.
En un gran sal¨®n que resplandec¨ªa como el oro, se desarrollaba una acalorada discusi¨®n. Cientos de deidades de toda forma y color debat¨ªan sobre el futuro de los mundos que hab¨ªan sido abandonados por sus guardianes. Ante todos ellos se alzaba una figura dominante, sentada en un trono de oro y joyas, irradiando una presencia ¨²nica y majestuosa. La figura alz¨® la voz ante todas las deidades. ¡ª?Silencio! ¡ªorden¨® con un tono de liderazgo imponente. Todas las deidades miraron a la figura, una mujer de belleza absoluta, rodeada por una luz que parec¨ªa protegerla. Ante esa orden de silencio, muchas deidades protestaron contra ella. ¡ªNo tienes derecho a ordenarnos nada. Por tu ignorancia perdimos a quince de nuestros hermanos ¡ªdijo un ¨¢ngel de facciones rudas. ¡ª?C¨®mo permitiste que Kadiel les hiciera eso? ¡ªpregunt¨® con frustraci¨®n una mujer de cabello como el diamante¡ª. Zilicia tuvo que usar su cuerpo como sello... ¡ªa?adi¨® con un tono triste y melanc¨®lico. La sala se llen¨® de protestas y quejas; la p¨¦rdida de sus hermanos hab¨ªa afectado profundamente a las deidades. La mujer, sin alterarse o contradecir lo que le dec¨ªan, decidi¨® mantenerse en calma. Se levant¨® de su trono y los mir¨® con culpa, sabiendo que no hab¨ªa vuelta atr¨¢s. Pronunci¨® las siguientes palabras. -- ¡ªS¨¦ que he cometido un error y tengo toda la culpa... Pero les prometo que har¨¦ algo. ?Yo me har¨¦ responsable de traer de nuevo a nuestros hermanos! ¡ªdijo con un tono de liderazgo y culpa. Estaba frustrada por lo que hab¨ªa pasado; ten¨ªa que hacer algo. Ante esas palabras, todas las deidades guardaron silencio y la miraron antes de desvanecerse en luz. La reuni¨®n hab¨ªa terminado y la diosa, a¨²n frustrada, pensaba en alguna forma de recuperar a sus hermanos. Cientos de ideas pasaban por su mente, tantas formas de poder recuperarlos, pero la mayor¨ªa supon¨ªan poner en riesgo el mundo del cual ella era responsable. Estaba decidida a resolverlo todo por s¨ª misma, a ponerse en peligro para salvar a sus hermanos de las manos del mal. No fue hasta que una de sus sirvientas le propuso una idea descabellada, algo que no se hab¨ªa hecho en mucho tiempo por su inefectividad y por c¨®mo afectar¨ªa a su mundo. Sin esperar nada, decidi¨® intentar aquella idea; solo le faltaba encontrar un candidato adecuado en el mundo del cual se hac¨ªa cargo. La Tierra, un lugar lleno de mentes so?adoras y cosas incre¨ªbles para muchos, ser¨ªa muy complicado encontrar al elegido. Existen artistas, deportistas y estudiosos. ?C¨®mo escoger entre tantos humanos? Bueno, solo hace falta encontrar a alguien que verdaderamente est¨¦ dispuesto a abandonar todo su mundo por el bien de otro. La gente vive de cientos de formas, unas m¨¢s diferentes que otras y muchas iguales entre s¨ª. Una vida mon¨®tona es lo que a la mayor¨ªa le espera, y es decisi¨®n de cada uno aprender a volar o nadar; pero la mayor¨ªa decide caminar. Todo esto nos lleva a la vida de un joven, alguien que solo busca una cosa, alguien que disfruta de cosas tan simples como dibujos movi¨¦ndose en una pantalla. ?Qu¨¦ ser¨¢ de la vida de un joven que pasa sus d¨ªas trabajando como limpiador de cines, cajero de centro comercial, guardia de seguridad y costurero? Alguien que trabaja de tantas formas deber¨ªa ser alguien agotado y aburrido de vivir, pero ¨¦l no es as¨ª. Los d¨ªas pasan r¨¢pidos y simples; esa simple vida era algo que ¨¦l... odiaba. No era el trabajo en s¨ª, sino que todos los d¨ªas fueran iguales y simples, sin nada interesante. Claro, de vez en cuando ayudaba a alguna anciana o a un ni?o perdido, era parte de su trabajo. Pero lo que pasar¨ªa un lunes por la noche ser¨ªa algo que jam¨¢s, de ninguna forma, pens¨® que le suceder¨ªa. Un lunes en la ma?ana... [Una alarma sonaba con intensidad] ¡ªUmmm, ?qu¨¦ hora es? ¡ªmurmur¨® el joven, despertando algo cansado por la noche anterior. [La alarma marcaba las 8 de la ma?ana] ¡ªEs temprano... Creo que hoy desayunar¨¦ algo sencillo ¡ªdijo con tono de fastidio. Noa se despert¨® agotado. El d¨ªa anterior hab¨ªa tenido que trabajar horas extra como guardia de seguridad debido a un evento que se realizar¨ªa al d¨ªa siguiente. Esa ma?ana, tom¨® algo de caf¨¦ junto a un s¨¢ndwich de huevo y se alist¨® para un duro d¨ªa de trabajo. No viv¨ªa de una forma pobre ni lujosa, sino que ten¨ªa una vida simple. Su departamento era adecuado para alguien que viv¨ªa solo; siempre se aseguraba de que todo estuviera en orden al irse y al regresar. Cada vez que sal¨ªa, el ruido de los autos y de la gente caminando incesantemente por las calles era algo constante del d¨ªa a d¨ªa. Pero no todo era malo en las ma?anas de Noa. Casi todos los d¨ªas, una adorable anciana lo apoyaba con lo que pod¨ªa, ya fuera una comida o un refrigerio. Ese d¨ªa, la anciana detuvo a Noa para entregarle algo. ¡ªNoa, ven, ven ¡ªla anciana hac¨ªa gestos para que el joven se acercara. ¡ª?Pasa algo, se?ora? ¡ªpregunt¨® Noa. ¡ªSolo quer¨ªa darte esto. Hoy trabajas de guardia de seguridad y no quiero que te enfermes ¡ªdijo con una mirada amable y sincera. ¡ªJe, je, muchas gracias, se?ora. ?Quiere que le traiga algo del supermercado? ¡ªNoa quer¨ªa devolver el amable gesto. ¡ªBueno... si puedes, tr¨¢eme una cajita de mate de manzanilla ¡ªla anciana le entregaba un billete. ¡ªN-no era necesario... Muchas gracias, se?ora, tratar¨¦ de volver temprano ¡ªdicho esto, Noa se fue, decidido a trabajar con ganas. Ese d¨ªa fue realmente cansado para Noa, pero tambi¨¦n m¨¢s de lo mismo. Ten¨ªa que cuidar la entrada de un club de mala muerte. La paga no era mucha y ¨¦l no era alguien fornido, m¨¢s bien era escu¨¢lido. Habiendo terminado su turno y recibido su pago de dos semanas, no lo pens¨® mucho y fue a la primera tienda de anime que encontr¨®. Se gast¨® su paga en una figurita de anime. Muchos lo llamar¨ªan tonto por haber gastado su dinero en algo in¨²til, pero eso no le importaba. Pas¨® por el centro comercial y compr¨® una de las mejores cajas de t¨¦ que encontr¨®. Estaba feliz de poder volver a casa y disfrutar de sus series de anime favoritas. El camino a casa era algo lejano, pero disfrutaba de caminar y de la paz que tra¨ªa la noche. Todo iba bien en el camino a casa; la verdad es que estaba feliz de usar el regalo de la anciana. Las dos chompas a rayas estaban tejidas a mano, y se notaba que esa anciana lo apreciaba mucho, ya que ninguno de sus hijos o nietos la visitaba. Y ¨¦l, que no era nada de ella, a¨²n as¨ª la visitaba y com¨ªa junto a ella de vez en cuando. No pasar¨ªa mucho para que algo sucediera en esas calles a altas horas de la noche. ¨¦l caminaba por las calles solitarias; ya los negocios cerraban y casi nadie pasaba por all¨ª. La mayor¨ªa del tiempo no pasaba nada; claro, de vez en cuando ve¨ªa algunos borrachos o indigentes, pero siempre los ignoraba. No sab¨ªa lo que estaba por suceder, algo que, aunque muchos digan "yo s¨ª lo har¨ªa, sin dudar", esas palabras son solo eso, ya que la mayor¨ªa huir¨ªa o simplemente pasar¨ªa de largo. De pronto, not¨® c¨®mo una ni?a peque?a, de apenas unos seis a?os de edad, entraba en un callej¨®n. Noa estaba a punto de seguir su camino cuando vio a un hombre entrar en el mismo callej¨®n. Eso lo puso en alerta. Con temor y casi temblando, se acerc¨® a ver. Eran dos hombres adultos que hab¨ªan acorralado a la peque?a. Era m¨¢s que obvio cu¨¢les eran sus intenciones. Las piernas le temblaban y su cuerpo sudaba. Los hombres estaban a punto de secuestrar a la ni?a, y en ese momento, con todo el valor que ten¨ªa, Noa entr¨® en el callej¨®n. ¡ª?Suelten a esa ni?a! ¡ªgrit¨® con desesperaci¨®n, era la primera vez que sent¨ªa tanto miedo. ¡ªEsto no te concierne, mejor vete y olvida lo que viste ¡ªdijo uno de los hombres de forma amenazadora. ¡ª?N-no me oyeron! ?Suelten a esa ni?a, pedazos de mierda! ?Llamar¨¦ a la polic¨ªa! ¡ªNoa gritaba para llamar la atenci¨®n de las personas, pero nadie se atrev¨ªa a mirar por las ventanas. Ambos hombres empujaron a la ni?a, que cay¨® al asfalto, y se acercaron a Noa de una forma amenazadora y sombr¨ªa. Noa no retrocedi¨® ante esa acci¨®n. Jam¨¢s hab¨ªa peleado con alguien, ni siquiera para defenderse, pero en ese momento lo m¨¢s importante era que la ni?a pudiera escapar de ese lugar a salvo. ¡ªM¨ªralo, est¨¢ temblando de miedo ¡ªuno de los hombres dijo en tono de burla. ¡ªT¨² solo agarra a la ni?a, yo me encargar¨¦ del imb¨¦cil ¡ªel segundo hombre sac¨® una navaja de uno de sus bolsillos. La situaci¨®n era dif¨ªcil. Nadie hab¨ªa respondido al ruido que hizo Noa, tampoco ten¨ªa tiempo de sacar su tel¨¦fono y llamar a la polic¨ªa. No pod¨ªa hacer nada m¨¢s que intentar pelear. Noa retrocedi¨® un poco, no pod¨ªa arriesgarse a salir herido frente a la peque?a. Antes de que el sujeto se acercara m¨¢s, Noa se sac¨® la mochila para usarla como arma, golpeando al hombre y haciendo que este retrocediera. ¡ªEn serio, son idiotas... Con todo este esc¨¢ndalo, la polic¨ªa ya debe estar en camino ¡ªdijo Noa con temor. Antes de poder decir algo m¨¢s, Noa recibi¨® un golpe en el rostro de parte del tipo que hab¨ªa golpeado. Intent¨® recuperarse del golpe, pero no esper¨® mucho para recibir una patada en el est¨®mago que lo dej¨® tirado en el suelo. El hombre, ya enojado, comenz¨® a patear a Noa. El chico no sab¨ªa qu¨¦ hacer; poco a poco su visi¨®n se volv¨ªa borrosa por el dolor. No era capaz de levantarse y pelear. Pasaron unos segundos y uno de los hombres empez¨® a jalar a la ni?a, mientras el otro le daba instrucciones. ¡ª?Aseg¨²rate de dejarla bien amarrada, el jefe no quiere perder m¨¢s mercanc¨ªa! ¡ªorden¨® el hombre, mientras se alejaba de Noa, que yac¨ªa en el suelo. ¡ªEst¨¢ bien, no tardes mucho con este pendejo ¡ªdijo el otro, apretando a la ni?a con fuerza. La peque?a lloraba y gritaba desesperadamente: ¡ª?Por favor, ay¨²dame! ?No quiero ir con ellos! ?Mam¨¢! Noa segu¨ªa en el suelo, el dolor era insoportable; sent¨ªa como si le hubieran destrozado el est¨®mago. El hombre no paraba de golpearlo, su furia y la brutalidad de sus ataques no parec¨ªan tener fin. La mirada de odio en esos ojos... Noa no pretend¨ªa morir all¨ª. Entonces, aprovechando una leve distracci¨®n, mordi¨® una de las piernas del agresor. El hombre grit¨®, resbal¨® y cay¨® al suelo, Noa aprovech¨® el momento para intentar levantarse. Vio al hombre en el suelo y se pregunt¨® por qu¨¦ no se levantaba. La ca¨ªda no pod¨ªa haberlo matado, pero cuando se acerc¨®, descubri¨® que una delgada vara de acero hab¨ªa atravesado la cabeza del hombre. Una mirada de horror se apoder¨® del rostro de Noa. Al dirigir la mirada a la salida del callej¨®n, vio que el otro hombre ya se hab¨ªa ido con la ni?a. Sab¨ªa que el hombre regresar¨ªa por su compa?ero; su objetivo no hab¨ªa cambiado. Aterrorizado, Noa estaba al borde de la desesperaci¨®n. Quer¨ªa huir, dejar todo atr¨¢s, pero record¨® que si lo hac¨ªa, la ni?a sufrir¨ªa. Ten¨ªa que hacer algo. As¨ª que se escondi¨® entre las sombras del callej¨®n, prepar¨¢ndose para sorprender al segundo hombre y rescatar a la ni?a. El segundo hombre volvi¨® al callej¨®n. ¡ª?Oye imb¨¦cil, ?ya terminaste? ?Tenemos que irnos!... ?Imb¨¦cil? ?D¨®nde est¨¢s? ¡ªEl hombre mir¨® a su alrededor, solo para encontrar el cad¨¢ver de su compa?ero. Antes de que el sujeto pudiera reaccionar, Noa le salt¨® encima, intentando asfixiarlo con todas las fuerzas que le quedaban. El hombre se resist¨ªa con ferocidad; era como montar un toro mec¨¢nico. Noa luchaba contra la fuerza del hombre, que lo arrojaba contra las paredes y objetos punzantes. La pelea era brutal. Noa no se atrev¨ªa a soltarlo; estaba casi all¨ª, solo necesitaba un poco m¨¢s. De repente, el hombre logr¨® liberarse del agarre de Noa y lo lanz¨® contra unas bolsas de basura, que conten¨ªan vidrios rotos. Noa se hiri¨® la espalda con los cristales. Se levant¨® con dificultad, solo para recibir un golpe brutal en el rostro. El hombre continu¨® golpeando al joven indefenso. Despu¨¦s de un rato, el agresor decidi¨® parar al ver que Noa no parec¨ªa estar consciente.This novel''s true home is a different platform. Support the author by finding it there. ¡ªNi?ato de mierda, no sabes cu¨¢nto odio a la basura como t¨². Solo trataste de hacerte el h¨¦roe frente a alguien que no conoc¨ªas, pero tranquilo, no morir¨¢s aqu¨ª. Los perros del jefe te devorar¨¢n ¡ªel sujeto sonre¨ªa con una satisfacci¨®n cruel. El hombre clav¨® la navaja en el est¨®mago de Noa, disfrutando claramente del sufrimiento que causaba. Noa sent¨ªa que su vida se desvanec¨ªa; su respiraci¨®n era lenta y su visi¨®n se nublaba. La ¨²nica cosa que pod¨ªa ver era su figurita de anime tirada en el suelo. Pens¨® que todo hab¨ªa terminado all¨ª... pero, de repente, una voz reson¨® en lo m¨¢s profundo de su mente. ¡ª?Dejar¨¢s que la ni?a sufra? ?Acaso ya no tienes valor? O es que crees que no puedes... Yo s¨¦ que puedes, Noa. ?Salva a esa ni?a! Despu¨¦s de eso, Noa sali¨® cojeando del callej¨®n. Lleg¨® al auto donde estaba la ni?a encerrada, abri¨® la puerta y encontr¨® a la peque?a llorando en los asientos. Con dificultad, intent¨® calmarla. ¡ªN-ni?a... Todo est¨¢ bien... Porque... porque yo estoy aqu¨ª ¡ªdijo, su voz temblando de dolor mientras la sangre a¨²n corr¨ªa por su cuerpo. La ni?a mir¨® al chico herido, el ¨²nico que hab¨ªa acudido a su llamado de auxilio. A pesar de su estado, Noa le ofreci¨® una sonrisa d¨¦bil. La ni?a sali¨® del auto y abraz¨® a su salvador. Noa, a¨²n con dolor, acarici¨® la cabeza de la ni?a que hab¨ªa intentado salvar. ¡ªN-ni?a... ?D¨®nde est¨¢n t-tus padres? ¡ªSu voz era un susurro debilitado. ¡ªN-no lo s¨¦... ¡ªrespondi¨® la ni?a, temblando de miedo. ¡ªE-est¨¢ bien... Te llevar¨¦ a una comisar¨ªa, ?ok? Solo necesito que me ayudes a llevarte... Por favor... La ni?a asinti¨® y, temblando, ayud¨® a Noa a caminar. Juntos avanzaron hacia la comisar¨ªa m¨¢s cercana. Noa no pod¨ªa usar su celular; la pantalla estaba rota. Sin embargo, estaba decidido a llegar a la comisar¨ªa para dejar a la ni?a y recibir ayuda. Las calles eran fr¨ªas y desoladas; no hab¨ªa nadie, ni siquiera perros o mendigos. Noa sab¨ªa que no faltaba mucho, pero tambi¨¦n sab¨ªa que su cuerpo no aguantar¨ªa. Resisti¨® el dolor todo lo que pudo, pero finalmente se desplom¨® en el suelo. Con la ayuda de la ni?a, logr¨® sentarse en una banca en un parque cercano. Not¨® el rastro de sangre que dejaba a su paso. Con debilidad, Noa intent¨® decirle algo a la ni?a, que lo miraba con preocupaci¨®n. ¡ªN-ni?a... Esas luces all¨¢ ¡ªse?al¨® la comisar¨ªa¡ª. Tienes que llegar, ah¨ª... Te ayudar¨¢n... Noa miraba a la ni?a con las fuerzas que le quedaban. La ni?a parec¨ªa asustada. ¡ªPero, n-no puedo ir sola... ?Qu¨¦ pasa si esos hombres vuelven...? Tengo miedo... ¡ªNo tienes por qu¨¦ temer... Los malos ya no est¨¢n... Pero si a¨²n tienes miedo... Ten... ¡ªsac¨® la mu?eca de su mochila, sucia y casi rota¡ª. Ella es Rem... Es muy... valiente y amable... S¨¦ como ella... Si... No temas... Y-yo ir¨¦ detr¨¢s de ti... Peque?a... ¡ªSu voz se desvanec¨ªa cada vez m¨¢s. La ni?a abraz¨® la figura de Rem y, con l¨¢grimas en los ojos, se dio media vuelta y corri¨® hacia la comisar¨ªa. Noa se qued¨® solo en el parque. El cielo estaba oscuro, casi sin estrellas; eso era lo ¨²nico que pod¨ªa ver mientras yac¨ªa en el banco de madera. ¡ªJe, je, je... Ahora... s¨ª met¨ª la pata... ¡ªmiraba al cielo. ¡ªMe pregunto si mi madre estar¨ªa orgullosa de lo que hice... P-perd¨®n mam¨¢... No cumpl¨ª mi promesa... Espero poder verte. Si hay un cielo... Su respiraci¨®n se volv¨ªa cada vez m¨¢s lenta. ¡ªMorir¨¦... No pude ver todos esos animes... Qu¨¦ mierda... ¡ªLa sangre segu¨ªa fluyendo de su herida. ¡ªMe hubiera gustado... ver tan solo una... vez... un cielo... de... estrell... La respiraci¨®n de Noa se apag¨® y sus ojos se cerraron. Noa muri¨® en ese parque, en ese banco, dejando atr¨¢s el mundo que amaba y odiaba, habiendo salvado a la ni?a. Muri¨® sin arrepentimiento. El mundo que ve¨ªa se desvaneci¨® en la oscuridad, tan densa como el agua del mar. Noa flotaba en sus recuerdos, los cuales pasaban como una pel¨ªcula, atormentado por todo lo que hab¨ªa vivido y sus errores. De repente, todo se ilumin¨®. Una luz dorada lo envolv¨ªa todo, y la oscuridad se desvaneci¨®, dejando lugar a una paz envolvente. De la luz emergi¨® una voz que parec¨ªa provenir de todas partes. ¡ªTe he encontrado, peque?o humano. La luz se intensific¨® tanto que Noa ya no pod¨ªa ver nada. Cuando finalmente abri¨® los ojos, se encontr¨® en una posici¨®n de reverencia, sin poder ver lo que ten¨ªa al frente. Estaba confundido y asustado. Mir¨® a su alrededor y vio que se encontraba en una sala dorada, tan grande y alta como ning¨²n rascacielos. A su alrededor hab¨ªa cientos de seres que parec¨ªan una mezcla entre hombres y mujeres, cada uno con un colgante dorado y vestidos con ropajes majestuosos. Noa estaba asombrado. No entend¨ªa lo que estaba pasando ni d¨®nde estaba. Intentaba mirar al frente, pero algo en su interior no se lo permit¨ªa. La magnificencia del lugar era sobrecogedora y misteriosa. ¡ª?D¨®nde estoy? ?Qu¨¦ son esas criaturas? ?Por qu¨¦ no puedo moverme? ¡ªpensaba Noa, a¨²n en la posici¨®n de reverencia, como si se presentara ante una autoridad suprema. A pesar de su confusi¨®n y miedo, intentaba calmarse. Por un momento, pens¨® que todo podr¨ªa ser un sue?o, pero ese pensamiento se desvaneci¨® cuando escuch¨® la voz que ten¨ªa frente a ¨¦l. Era una voz m¨¢s bella que cualquier melod¨ªa creada por el hombre, y la paz que le brindaba era tan abrumadora que todas sus preocupaciones y miedos desaparecieron de inmediato. ¡ªLev¨¢ntate, Noa, ya que est¨¢s frente a m¨ª y al mirarme eres libre ¡ªdijo una voz femenina y suave. Noa volvi¨® a sentir el control sobre su cuerpo y, sin hacer esperar a la deidad, se levant¨® con firmeza, como el soldado m¨¢s leal. Al levantar la mirada, vio a una mujer con cabello rosa turmalina y ojos celestes como el cielo. Su belleza era tan grande y et¨¦rea que parec¨ªa imposible para cualquier humano alcanzar. Noa qued¨® perplejo, pero no sinti¨® atracci¨®n sexual ni pensamientos impuros. Era como si estuviera ante la luz misma, con el ¨²nico sentimiento de querer servirle eternamente.
Las l¨¢grimas ca¨ªan de sus ojos, inundado por un sentimiento de paz que nunca hab¨ªa experimentado antes. Noa no se atrev¨ªa a hablar, abrumado por un sentimiento indescriptible. Fue la diosa quien habl¨® primero. ¡ªNo tienes por qu¨¦ llorar, peque?o. Ya todo ha pasado. Has dejado ese mundo atr¨¢s y ahora est¨¢s ante m¨ª. Finalmente, Noa respondi¨®, su voz temblorosa y llena de nerviosismo. ¡ª?Q-qui¨¦n eres? ?Eres Dios? ?O Diosa? La diosa solt¨® una peque?a risita antes de responder. ¡ªNo soy lo que conoces como dios. M¨¢s bien, soy una deidad guardiana. Estoy encargada de cuidar y velar por tu mundo, sus sue?os y sus vidas. ¡ªEntiendo. Entonces, mi diosa, ?puedo preguntar por qu¨¦ estoy ante su presencia? ?Qu¨¦ necesita de m¨ª? Noa ya no estaba nervioso. El simple hecho de mirarla calmaba todo en ¨¦l. ¡ª¡ª(sonriendo) S¨ª, necesito algo de ti, peque?o. Quiero que entregues un mensaje por m¨ª. Te enviar¨¦ a un mundo que conocer¨ªas como fantas¨ªa. En ese mundo, muchas razas han olvidado a su protector y a los h¨¦roes que alguna vez los salvaron. La gente es ego¨ªsta y mala. La misi¨®n que quiero darte es llevar mi mensaje a alguien que necesita despertar de un sue?o muy largo. Noa se sinti¨® emocionado ante la perspectiva de ir a otro mundo. Dragones, hadas, magia... Todo eso era incre¨ªble para ¨¦l. Sin embargo, sab¨ªa que deb¨ªa mantener la compostura frente a la diosa. ¡ªCon gusto llevar¨¦ su mensaje. No me negar¨¦ a nada de lo que usted me ordene. ¡ªSi es as¨ª, volver¨¦ a preguntar, Noa. ?Llevar¨ªas mi mensaje incluso si tu vida estuviera en riesgo? Si aceptas, podr¨ªas nunca volver a tu mundo ni saber de ¨¦l. En cambio, si te niegas, podr¨ªas tener una segunda oportunidad en tu mundo, en una familia privilegiada y con una vida resuelta. ?Qu¨¦ decides, Noa? ¡ªY-yo... Yo quiero ser su mensajero. Quiero cumplir con la misi¨®n que me ha dado ¡ªdijo con determinaci¨®n y emoci¨®n. ¡ªEntonces... que as¨ª sea, peque?o humano. Ahora ac¨¦rcate, Noa. Noa obedeci¨® y se acerc¨® a la diosa. Al hacerlo, se dio cuenta de que ella era mucho m¨¢s grande de lo que hab¨ªa imaginado. Ella lo tom¨® como si fuera un cachorro, y lo bes¨® en la frente. Sus labios eran suaves y c¨¢lidos. Al sentir ese beso, Noa sinti¨® un cansancio extremo. Antes de quedarse dormido en las manos de la diosa, ella le dijo: ¡ªCuida bien de mi mensaje, Noa. Conf¨ªo en ti. ¡ªLo har¨¦... Mi dios... ¡ªsu voz se desvaneci¨® mientras se sum¨ªa en un profundo sue?o. Un bosque, un lugar t¨ªpico en muchos juegos de rol y RPG, ser¨ªa el inicio de la aventura de Noa. La brisa del viento y el susurro de las hojas ca¨ªdas eran los ¨²nicos sonidos en el aire. En el suelo del gran bosque yac¨ªa un joven de cabello marr¨®n, vistiendo una camiseta roja a rayas, con su fiel mochila negra a su lado. El chico dorm¨ªa tranquilamente, pero no pasar¨ªa mucho tiempo antes de que comenzara a despertar. Noa abri¨® los ojos lentamente, parpadeando para acostumbrarse a la luz del sol que se filtraba entre las hojas de los ¨¢rboles.
¡ª?D-d¨®nde estoy...? ¡ªse levant¨® con dificultad y mir¨® a su alrededor. El cielo era de un azul puro y las hojas verdes susurraban con la brisa suave. ¡ªQu¨¦ cielo tan hermoso... ¡ªrespir¨® el aire fresco por primera vez, llenando sus pulmones con la pureza de la naturaleza. ¡ªCumplir¨¦ mi misi¨®n, diosa m¨ªa, lo juro... ¡ªmurmur¨®, con determinaci¨®n en su voz, pero luego se detuvo, d¨¢ndose cuenta de algo crucial. ¡ª?No me dio el mensaje! ?Qu¨¦ hago? ?C¨®mo me comunico con ella? ?Tendr¨¦ que orar? ?O tal vez un sacrificio...? ?Aaah, no s¨¦! ¡ªempezaba a alterarse, la ansiedad tomando control. La diosa no le hab¨ªa dado el mensaje, y eso lo pon¨ªa en una situaci¨®n complicada. Los nervios lo invad¨ªan, mirando fren¨¦ticamente a su alrededor. Fue entonces cuando not¨® algo que lo dej¨® perplejo: a pocos metros de donde despert¨®, hab¨ªa una chica. Se acerc¨® para ver qui¨¦n era, pero al hacerlo, se dio cuenta de que estaba completamente desnuda, durmiendo pl¨¢cidamente. ¡ª?E-est¨¢ desnuda! ?Por qu¨¦? ?Ser¨¢ de mi mundo? ?Por qu¨¦ tiene el cabello plateado? ¡ªla confusi¨®n y el nerviosismo crec¨ªan. La chica, con su cabello plateado y una figura tanto inocente como sensual, parec¨ªa fuera de lugar. Su piel blanca y su pecho considerable indicaban que ten¨ªa entre diecisiete y diecinueve a?os. Noa se encontraba en un dilema. ¡ª?Qu¨¦ hago...? Si despierta, me llamar¨¢ pervertido o algo peor... ¡ªdespu¨¦s de un rato de pensar, tuvo una idea. Sac¨® algo de su mochila y tambi¨¦n se quit¨® los pantalones, afortunadamente ten¨ªa un par de pijamas debajo debido al fr¨ªo de su ciudad. Despu¨¦s de un rato, la chica estaba cubierta de pies a cabeza con la ropa de Noa. Ahora solo quedaba esperar a que despertara. Pasaron horas mientras Noa se ocupaba de reunir ramas y cortezas de ¨¢rboles cercanos para una fogata, sabiendo que perd¨ªa tiempo. Hab¨ªa hecho todo lo posible para pasar la noche. Al caer el sol, hab¨ªa construido un "refugio" rudimentario y un intento de fogata. Exhausto, se tir¨® al suelo, esperando lo mejor. Pero su sorpresa fue may¨²scula cuando vio a la chica de cabello plateado acercarse a ¨¦l completamente desnuda nuevamente. ¡ª?Qu¨¦ haces sin la ropa? ¡ªse levant¨® bruscamente, buscando las prendas. ¡ªTienes que ponerte esto, te puedes enfermar... (No mires, no mires, no mires...) ¡ªestaba evidentemente nervioso e inc¨®modo. La chica solo lo miraba, sin mostrar signos de verg¨¹enza o miedo. Su mirada era vac¨ªa. Noa hizo un esfuerzo sobrehumano para vestirla nuevamente. Despu¨¦s de un rato, la chica ya estaba completamente vestida y Noa m¨¢s calmado.
¡ªNo me mires as¨ª... (A¨²n no s¨¦ su nombre, ni siquiera me ha hablado) ¡ªdijo, claramente aterrado por su compa?¨ªa. La chica segu¨ªa observ¨¢ndolo, sin decir una palabra. Desesperado por no saber qu¨¦ hacer, Noa decidi¨® revisar su mochila. La lista de lo que ten¨ªa era la siguiente: - Paquete de galletas saladas. - Bufanda. - Caja de mate de manzanilla. - 30 d¨®lares y 50 centavos. - Cutter. - Hojas de papel. - Bolsas de pl¨¢stico. - Un par de paquetes de hilo y tela negra. - Mu?eca de Rem. - Un cuaderno de notas. - Lapiceros. - Celular con 70% de bater¨ªa. - Termo con agua hasta la mitad. Nada fuera de lo com¨²n. Era evidente que todo lo que llevaba antes de morir hab¨ªa llegado junto con ¨¦l. Sin m¨¢s que hacer, intent¨® encender su fogata. Mientras tanto, la chica segu¨ªa observ¨¢ndolo, su mirada fr¨ªa y sin pronunciar palabra alguna. La noche cay¨®, y el bosque se envolvi¨® en un silencio y oscuridad profundos. La luz de la luna y las estrellas iluminaban el cielo de una manera que Noa nunca hab¨ªa visto. Con esfuerzo, logr¨® encender la fogata. El fr¨ªo de la noche no los consumir¨ªa, y al calor de la hoguera, Noa contemplaba el inmenso cielo estrellado.
¡ªEs incre¨ªble... Oye, chica... No s¨¦ si eres de mi mundo, tampoco s¨¦ por qu¨¦ no hablas, pero s¨¦ una cosa... Jam¨¢s pens¨¦ ver un cielo tan limpio y hermoso como este... ¡ªlas palabras de Noa reflejaban tristeza y a?oranza.
La chica, sentada a su lado, lade¨® la cabeza ante sus palabras. Era como si intentara comprenderlo. Noa solo sonri¨® inc¨®modamente. Despu¨¦s de un rato, trat¨® de explicarle a la chica que har¨ªa guardia esa noche. Tras varios intentos, la joven finalmente cedi¨® al sue?o. Noa la acomod¨® lo mejor que pudo y se sent¨® junto a la fogata, decidido a vigilar mientras ella dorm¨ªa. La noche permanec¨ªa en un silencio continuo. No hab¨ªa grillos ni lobos, solo un silencio tranquilizador. Noa fing¨ªa fortaleza, impulsado por la promesa de cumplir la misi¨®n que le hab¨ªa encomendado la diosa. Sin embargo, en el fondo, estaba aterrado. No sab¨ªa c¨®mo sobrevivir en ese bosque ni por qu¨¦ hab¨ªa despertado junto a la chica de cabello plateado. ?Cu¨¢l era el mensaje que deb¨ªa entregar? Cientos de dudas y preguntas resonaban en su mente. Tem¨ªa defraudar a la deidad que confiaba en ¨¦l, y eso lo asustaba a¨²n m¨¢s. Las horas pasaron sin ruido ni movimiento. La chica dorm¨ªa pl¨¢cidamente, sin preocupaciones, mientras Noa luchaba con sus miedos y dudas. Aunque aparentaba ser fuerte, en realidad, era solo un joven aprendiendo a vivir en un nuevo y desconocido mundo. A la ma?ana siguiente, Noa despert¨® a la chica y le dio instrucciones de recoger algunas ramas mientras ¨¦l buscaba una fuente de agua. Ambos tendr¨ªan que ayudarse mutuamente para sobrevivir. Noa busc¨® por varios minutos, sin querer alejarse mucho del campamento ni de la chica. Sin embargo, no encontr¨® se?ales de un r¨ªo. El bosque era extenso, pero no hab¨ªa ninguna fuente de agua, ni siquiera animales grandes, solo insectos desconocidos y algo parecido a ardillas. Frustrado, decidi¨® regresar al campamento. Para su sorpresa, encontr¨® a la chica siguiendo sus instrucciones, recogiendo palitos y ramitas con su expresi¨®n inexpresiva. La escena le result¨® graciosa. ¡ªJejeje, gracias. Hay que volver. Perd¨®n... No encontr¨¦ agua ¡ªdijo, sinti¨¦ndose decepcionado de s¨ª mismo. Ambos regresaron al campamento, la chica con un manojo de palitos y Noa con una profunda decepci¨®n. As¨ª pasaron los primeros dos d¨ªas en el bosque. No sab¨ªan c¨®mo o qu¨¦ har¨ªan para salir de all¨ª. Pero Noa, como buen otaku amante del anime y manga, no tard¨® en contarle a la chica muchas historias y opiniones sobre distintos animes. Ella parec¨ªa no importarle escucharle por horas... literalmente, horas. En esos momentos de charla, Noa comenz¨® a sentir una extra?a conexi¨®n con la chica. Aunque ella no hablaba, su presencia le daba una sensaci¨®n de compa?¨ªa que necesitaba desesperadamente en ese mundo desconocido. Quiz¨¢s, pensaba, esa ser¨ªa su primera amistad en este nuevo lugar. Mientras tanto, su mente segu¨ªa buscando respuestas y un plan para cumplir con la misi¨®n de la diosa, esperando que, de alguna manera, todo tuviera sentido pronto. ____________________________ Espero que me haya salido bien, gracias por leer :D Ac¨¢ un regalito XD.
(historias del d铆a a d铆a) vol 1 D¨ªa 3: Narrado por Noa La noche anterior hab¨ªa intentado mantenerme despierto, luchando contra el sue?o, pero el cansancio finalmente me venci¨®. Cuando despert¨¦, la primera luz del amanecer se filtraba a trav¨¦s del denso follaje del bosque. Ah¨ª estaba ella, la chica de cabello plateado, sentada a mi lado y mir¨¢ndome fijamente con esos ojos vac¨ªos y enigm¨¢ticos. Su expresi¨®n siempre tan inexpresiva me inquietaba un poco, como si fuera un espejismo en este mundo desconocido. Despu¨¦s de sacudirme el sue?o de encima, decid¨ª que nuestra prioridad era encontrar algo para comer. Este bosque, a pesar de su misterio, estaba lleno de vida y vegetaci¨®n exuberante, as¨ª que esperaba encontrar algo de fruta fresca sin demasiado problema. Tras unos minutos de exploraci¨®n, descubr¨ª un ¨¢rbol bastante alto con unas manzanas moradas que parec¨ªan brillar a la luz del sol. Al principio dud¨¦, pues no ten¨ªa idea de si eran venenosas, pero el hambre me hizo arriesgarme. Baj¨¦ una de las frutas m¨¢s cercanas y, tras inspeccionarla, percib¨ª un aroma dulce que me record¨® al mango y al lim¨®n. La chica me miraba con curiosidad, como si mis acciones fueran un espect¨¢culo fascinante. Tom¨¦ un peque?o bocado del fruto y, para mi alivio, sab¨ªa tan bien como ol¨ªa. Decidido a conseguir m¨¢s, mir¨¦ hacia la copa del ¨¢rbol que se alzaba imponente sobre m¨ª. No soy precisamente un experto escalador, as¨ª que tuve una idea. Le expliqu¨¦ mi plan a la chica con gestos, y para mi sorpresa, pareci¨® entenderme. La sub¨ª a mis hombros para que pudiera alcanzar las frutas m¨¢s altas. Todo iba bien hasta que, en un momento de descuido, perd¨ª el equilibrio y ella cay¨® al suelo. ¡ª?Perd¨®n! ?Lo siento mucho! ?Te lastimaste? ¡ªpregunt¨¦, lleno de preocupaci¨®n.
Ella simplemente me mir¨® con esos ojos que siempre manten¨ªan la misma expresi¨®n imperturbable. Parec¨ªa estar bien, lo cual me alivi¨® enormemente. Recogimos las frutas ca¨ªdas y regresamos al campamento. Con la ayuda de mi cutter, pel¨¦ y cort¨¦ las frutas para nuestro desayuno. Aunque no era mucho, era suficiente para mantenernos en marcha. El agua era ahora nuestra mayor preocupaci¨®n, as¨ª que empaqu¨¦ nuestras cosas y le dije a la chica que ten¨ªamos que buscar un r¨ªo o un lago. Ella asinti¨® y comenz¨® a seguirme, siempre aferrada a una peque?a ramita que parec¨ªa encantarle por alguna raz¨®n. Caminamos durante casi dos horas. El bosque, aunque hermoso, se sent¨ªa interminable. Finalmente, escuch¨¦ el sonido que hab¨ªa estado esperando: el murmullo suave y continuo del agua corriendo. Era un r¨ªo. Apresuramos el paso y, al poco tiempo, nos encontramos frente a un hermoso r¨ªo de aguas cristalinas, puras y libres de la contaminaci¨®n humana. Nunca hab¨ªa visto algo tan limpio y natural. Decid¨ª que deber¨ªamos establecer nuestro campamento cerca de este r¨ªo. No pude evitar sacar mi celular y tomar una foto del lugar, queriendo conservar al menos un recuerdo tangible de esta belleza.
As¨ª termin¨® nuestro tercer d¨ªa. Hab¨ªamos encontrado una fuente de agua y fruta comestible. Estaba bastante satisfecho con nuestros logros, pero a¨²n hab¨ªa mucho por hacer. Necesit¨¢bamos recipientes, ollas y platos, y tendr¨ªa que improvisar con barro y arcilla. Adem¨¢s, la chica necesitaba un nombre. Llamarla simplemente "chica" se sent¨ªa impersonal y distante. Esa noche, mientras el cielo se oscurec¨ªa y las estrellas comenzaban a brillar, me qued¨¦ despierto pensando en posibles nombres para ella. Quer¨ªa que fuera algo especial, algo que reflejara la extra?a conexi¨®n que sent¨ªa con este nuevo mundo y con ella. Espero que le guste el nombre que finalmente escoja para ella... _____________ D¨ªa 5: Narrado por Noa Hoy, al despertar, una realidad se me hizo evidente: necesit¨¢bamos frazadas y un lugar adecuado para dormir. No bastaba con estar cerca de una fogata; tarde o temprano, el fr¨ªo de la noche nos enfermar¨ªa. Tras desayunar algunas frutas, me dispuse a encontrar alg¨²n lugar que pudiera servirnos como hogar provisional. No ten¨ªa claro a d¨®nde dirigirnos y caminar sin rumbo en este mundo extra?o pod¨ªa ser peligroso. Pasaron varias horas mientras recorr¨ªa las cercan¨ªas del r¨ªo, encontrando nada m¨¢s que ¨¢rboles y rocas cubiertas de musgo. La chica me segu¨ªa en silencio. Dej¨¦ marcas en los ¨¢rboles para no perdernos y mantener la direcci¨®n hacia el r¨ªo, pero el hambre comenz¨® a hacernos mella. Nos detuvimos para comer y decid¨ª probar algunos nombres para ella, cansado de referirme a ella simplemente como "chica". ¡ª ?Qu¨¦ tal Lilia? ¡ªpregunt¨¦ mientras mord¨ªa un fruto. Keila no respondi¨®, simplemente continu¨® comiendo. ¡ª ?Estefan¨ªa? ¡ªintent¨¦ de nuevo, pero ella parec¨ªa ignorarme. Despu¨¦s de varios intentos fallidos, dije: ¡ª ?Qu¨¦ tal Keila? Para mi sorpresa, Keila me mir¨® y lade¨® la cabeza. Interpret¨¦ eso como un s¨ª. Me sent¨ª aliviado y contento de poder llamarla por un nombre. Continuamos nuestra b¨²squeda de un hogar. Caminamos por un sendero de ¨¢rboles, y aunque hasta ahora solo hab¨ªamos visto animales peque?os y aves, sent¨ªa una urgencia creciente. El viento era fr¨ªo, y ten¨ªa la sensaci¨®n de que el invierno en este mundo no tardar¨ªa en llegar. No pod¨ªa permitir que murieramos de fr¨ªo. Justo cuando la esperanza comenzaba a desvanecerse con la llegada de la noche, Keila tir¨® suavemente de mi chamarra, se?alando un ¨¢rbol particular con un gran agujero en su base. Al principio pens¨¦ que era una madriguera, pero al acercarme, vi que se trataba de una bajada a algo m¨¢s profundo. Decid¨ª explorar, y le expliqu¨¦ a Keila que si tiraba del hilo amarrado a mi mu?eca una vez, significaba "baja", y dos veces, "huye".
Descend¨ª por el agujero, cubri¨¦ndome de tierra en el proceso, y descubr¨ª una peque?a cueva. Las ra¨ªces de los ¨¢rboles serv¨ªan como soporte, y aunque la cueva no era extensa, ten¨ªa una habitaci¨®n principal y tres cuartos peque?os. El primero ol¨ªa a heces de animal, el segundo estaba lleno de hojas y paja seca, y el ¨²ltimo conten¨ªa los restos de lo que parec¨ªa ser un mono con peque?os cuernos. Keila baj¨® sin que la llamara, cubri¨¦ndose tambi¨¦n de tierra y hojas. Necesit¨¢bamos lavar nuestra ropa y darnos una buena ducha. Ella mir¨® todo con aparente curiosidad antes de acercarse tanto que pod¨ªa sentir su aliento. Me miraba con su cara inexpresiva mientras se?alaba el cuarto que ol¨ªa a heces. ¡ªS¨ª... ya s¨¦, lo limpiar¨¦ ahora. ?Puedes ir por algunas hojas mientras lo limpio? ¡ªle dije. Keila se alej¨® y subi¨® por el agujero, asintiendo apenas. Despu¨¦s de limpiar ese lugar apestoso, mir¨¦ lo que ahora ser¨ªa nuestro hogar. Era bastante acogedor para ser la madriguera de un mono, pero no quedar¨ªa as¨ª. En los siguientes d¨ªas, planeaba convertir esa cueva en un verdadero hogar. Primero necesit¨¢bamos una forma de cocinar alimentos y cazar animales. Ten¨ªa mucho trabajo por delante, pero por alguna raz¨®n, la idea me emocionaba. Este lugar, aunque extra?o y lleno de misterios, empezaba a sentirse como el comienzo de una nueva aventura. ____________ D¨ªa 6: Narrado por Noa Hoy me despert¨¦ lleno de energ¨ªa, especialmente porque el fr¨ªo ya no se sent¨ªa tan intenso como antes. Keila a¨²n dorm¨ªa, as¨ª que le dej¨¦ algunas frutas para cuando despertara. Sub¨ª a la superficie y prepar¨¦ una fogata, decidido a hacer ollas y platos de barro. Recordaba que mi abuela sol¨ªa hacer los suyos, as¨ª que pens¨¦ que no ser¨ªa tan dif¨ªcil. Qu¨¦ equivocado estaba... Pas¨¦ toda la ma?ana y la tarde intentando moldear el barro, pero mis intentos parec¨ªan m¨¢s objetos de un culto extra?o que utensilios ¨²tiles. Como siempre, Keila me observaba con su mirada fr¨ªa e inexpresiva, lo que solo aumentaba mi frustraci¨®n. No importaba cu¨¢nto lo intentara, no lograba nada decente. Esa noche dorm¨ª algo enojado, pero me despert¨¦ con renovada determinaci¨®n. Por la ma?ana, volv¨ª a intentarlo y logr¨¦ hacer un plato medianamente decente. Fue entonces cuando Keila, con curiosidad, se acerc¨® y tom¨® un poco de barro. La dej¨¦ jugar con ¨¦l, divertido por su inter¨¦s. No esperaba que comenzara a moldear un plato, y uno mucho mejor que el m¨ªo. No entend¨ªa c¨®mo, pero Keila parec¨ªa tener un talento natural para esto. Me sent¨ª impotente y al mismo tiempo alegre y aliviado. Le ped¨ª que hiciera m¨¢s objetos como el que hab¨ªa moldeado, y me ofrec¨ª a ayudarla en todo lo que pudiera. Pasamos toda la tarde trabajando juntos, haciendo vasijas de barro.This narrative has been purloined without the author''s approval. Report any appearances on Amazon. Fue un d¨ªa divertido, todo gracias a Keila.
__________ D¨ªa 7: Narrado por Noa Hoy me despert¨¦ algo agotado, ya que no hab¨ªa podido dormir bien en toda la noche. Keila estuvo d¨¢ndome golpecitos sin cesar, y aunque no s¨¦ por qu¨¦ lo hac¨ªa, me rend¨ª ante su insistencia. El d¨ªa comenzaba y hab¨ªa mucho por hacer: recolecci¨®n de frutas y empezar a cazar alg¨²n animal. No parec¨ªa una tarea dif¨ªcil, pero el fr¨ªo estaba llegando y un par de chompas no ser¨ªan suficientes. Esa misma ma?ana ide¨¦ un plan para capturar alg¨²n animal. Usar¨ªa muchas ramas y piedras, as¨ª que comenc¨¦ a trabajar mientras Keila me ayudaba a recolectarlas. Tard¨¦ un poco, pero logr¨¦ hacer un peque?o agujero en la tierra, lo suficientemente grande como para atrapar algo del tama?o de un perro. Afil¨¦ las ramas con mi cutter y las coloqu¨¦ en el agujero apuntando hacia arriba, luego lo cubr¨ª con ramitas y hojas. Despu¨¦s de eso, dej¨¦ unas cuantas frutas encima de la trampa. Ahora solo quedaba esperar a que algo cayera. Pasaron unas horas y no hab¨ªa se?ales de ning¨²n animal cercano. Cansado de esperar, busqu¨¦ el palo m¨¢s firme y resistente que pude encontrar, lo afil¨¦ y rasgu¨¦ un trozo de mi ropa para hacer una empu?adura que no lastimara mis manos. Estaba decidido a cazar algo y conseguir piel y carne. Keila me observaba con extra?eza mientras afilaba la lanza. No sab¨ªa c¨®mo reaccionar¨ªa si le dijera que iba a matar animales, aunque tampoco es como si reaccionara mucho a nada. Aprovech¨¦ el mediod¨ªa para explorar un poco los alrededores. Solo encontraba ¨¢rboles y plantas de gran tama?o, hab¨ªa flores que eran m¨¢s grandes de lo normal. El bosque era bastante tranquilo; los ¨²nicos animales que vi fueron aves, insectos y un tipo de ardillas del tama?o de un perro. Keila me segu¨ªa por el bosque, y aunque trat¨¦ de decirle que no me acompa?ara, no me hizo caso. Solo esperaba no encontrarme con algo grande y peligroso. Ten¨ªa miedo de lo desconocido, pero continuamos explorando. La flora se volv¨ªa m¨¢s densa y los ¨¢rboles m¨¢s grandes y viejos mientras avanz¨¢bamos. Los ¨¢rboles eran inmensos, y alrededor de ellos, los ¨¢rboles normales parec¨ªan peque?as flores. No fue hasta que Keila jal¨® mi ropa se?alando un lugar entre los ¨¢rboles que vi una manada de ardillas comiendo de los arbustos. ¡ªNo vengas, yo me encargar¨¦ ¡ªle dije a Keila, agarrando firmemente la lanza. Ella no dijo nada. Me acerqu¨¦ lentamente a las ardillas, y cuando estuve lo suficientemente cerca, me abalanc¨¦ contra una de ellas. La lanza atraves¨® su espalda y la somet¨ª contra el suelo. La ardilla chillaba tratando de alertar a sus compa?eras, as¨ª que aplast¨¦ su cuello con mi pie. El animal dej¨® de respirar. ?Hab¨ªa logrado cazar algo! Me sent¨ªa emocionado, a pesar de estar manchado de sangre. Llev¨¦ al animal a mi espalda, y para mi sorpresa, Keila tambi¨¦n ten¨ªa una de esas ardillas en brazos, una cr¨ªa. Cuando me vio ensangrentado y con la ardilla muerta, sus ojos se tornaron de un color celeste. Retrocedi¨® un poco con la cr¨ªa en brazos. ?Estaba triste o enojada? No lo entend¨ªa.
¡ªTranquila, no la matar¨¦ ¡ªle dije. Keila me mir¨® fijamente. Los ojos de Keila volvieron a ser grises. Solt¨® a la cr¨ªa y se qued¨® mir¨¢ndome. Al regresar, decid¨ª hacer algo especial. Cort¨¦ y pel¨¦ a los animales, separando su cuero y carne. La carne ten¨ªa un intenso color rojo y un olor fuerte. La cort¨¦ en cubos desiguales y, junto a unos vegetales, prepar¨¦ lo m¨¢s parecido a un estofado, claro, sin especias ni sal. B¨¢sicamente, una sopa ins¨ªpida, pero era lo mejor que pod¨ªa hacer con lo que ten¨ªa. La noche hab¨ªa ca¨ªdo y est¨¢bamos en casa. Keila parec¨ªa impaciente, mirando con curiosidad lo que cocinaba. Cuando estuvo listo, serv¨ª para ambos. ¡ªJe, je, perd¨®n si es ins¨ªpida. Prometo que har¨¦ algo mejor cuando consiga sal ¡ªle dije.
Por primera vez, not¨¦ felicidad en su mirada, lo que me dio un extra?o sentimiento de tranquilidad. Esa noche, dorm¨ª profundamente. _____________ D¨ªa 9: Narrado por Noa Ya han pasado nueve d¨ªas desde que llegu¨¦ a este mundo. Pens¨¦ que ser¨ªa algo m¨¢s sencillo o que, al menos, tendr¨ªa alguna habilidad especial, pero no tengo nada de eso. He intentado de todo y nada funciona. Estoy junto a Keila en un bosque tan extenso que a¨²n no logro entender c¨®mo saldremos de aqu¨ª. Tampoco hemos visto ning¨²n tipo de humano o criatura inteligente. Cada vez me desespero m¨¢s. Tengo miedo de no poder cumplir mi promesa... Ayer me di cuenta de algo. Pude ver que Keila tiene algo escrito en su brazo derecho, como si fuera un tatuaje. Es tenue y no me hab¨ªa dado cuenta antes. Adem¨¢s, est¨¢ escrito en una lengua que no conozco. Hoy decid¨ª cazar m¨¢s ardillas. Al parecer, los ojos de Keila se volv¨ªan celestes cuando apuntaba a alguna cr¨ªa, as¨ª que intent¨¦ cazar solo a las ardillas adultas. Logr¨¦ capturar tres y regresamos a casa. Despu¨¦s de eso, ambos lavamos nuestra ropa en el r¨ªo. Por suerte, me alcanz¨® la tela para hacerle un sost¨¦n y unas bragas a Keila. Me cost¨® mucho ense?arle c¨®mo se usaban. Mi plan es irnos de este lugar antes del invierno, encontrar alg¨²n pueblo donde podamos quedarnos. Para eso, necesito hacer abrigos y un bolso para Keila. Necesitar¨¦ m¨¢s pieles. Hoy tambi¨¦n not¨¦ que necesitamos un lugar m¨¢s c¨®modo donde dormir. Las hojas secas no eran suficientes, as¨ª que aprovech¨¦ lo que quedaba del d¨ªa para recolectar mucha paja seca junto a Keila. Logramos hacer un nido c¨®modo con hierba seca y pieles. Al d¨ªa siguiente, sal¨ª temprano a recoger agua y lavarme la cara. Las ma?anas siempre eran tranquilas para nosotros. Ya era notorio el fr¨ªo, pero lo que me pareci¨® muy extra?o fue no ver se?ales del oto?o en el bosque. Todo segu¨ªa verde y lleno de vida. Tambi¨¦n aprovech¨¦ para tomar algunas fotos de las aves que lograba ver. Eran hermosas.
Cuando lleg¨® la noche y est¨¢bamos a punto de entrar a descansar en nuestra oscura cueva, vi algo hermoso. R¨¢pidamente le dije a Keila que me acompa?ara. ¡ªMira... Son luci¨¦rnagas. Keila me mir¨® con esa expresi¨®n de curiosidad que empezaba a reconocer.
Pens¨¦ que eran luci¨¦rnagas hasta que Keila agarr¨® una. Me la mostr¨® y vi que era una semilla, como un diente de le¨®n brillante. Pronto notamos c¨®mo todo el bosque se iluminaba con esas luces. Era una vista hermosa... Pero no esper¨¦ mucho para usar mi termo transparente y captur¨¦ todas las que pude. ¡ªKeila, ?mira! ?Ya tenemos luz! ¡ªdije, sonriendo de entusiasmo. Esa noche dormimos junto a la luz de esas extra?as semillas. Me pregunto cu¨¢nto durar¨¢ su luz... ____________ D¨ªa 20: Narrado por Noa Los d¨ªas han pasado, y a¨²n no tenemos se?ales de humanos ni de animales grandes. Algo raro pasa con este bosque, pero no me quejo. En estos d¨ªas, Keila se ha mostrado m¨¢s expresiva. He notado que cuando est¨¢ feliz, su mirada es suave y, de vez en cuando, da una peque?a sonrisa. Cuando est¨¢ triste por algo, sus ojos se vuelven celestes, y cuando tiene curiosidad, abre m¨¢s los ojos y ladea la cabeza. A¨²n no ha dicho ninguna palabra; comienzo a pensar que no puede hablar... He logrado cazar bastantes ardillas y p¨¢jaros peque?os. Me estoy volviendo bueno con la lanza, pero casi siempre termino con pocas presas. A¨²n as¨ª, logr¨¦ terminar uno de los abrigos. Se lo di a Keila. Es algo rudimentario, pero intent¨¦ darle un poco de estilo. Solo me queda un paquete de hilo. Hace dos d¨ªas vimos c¨®mo otra criatura empez¨® a aparecer, sobre todo cerca del r¨ªo. Eran slimes, pero no eran redondos como en los videojuegos. No ten¨ªan una forma clara y siempre se mov¨ªan como si fueran serpientes gelatinosas. No son peligrosos ya que solo buscan el agua para hidratarse, pero si los tocas por mucho tiempo, pueden comerse tus u?as. Lo aprend¨ª de la mala manera. . .
Pero not¨¦ algo interesante: mueren cuando les quitas esas piedritas rojas. Al parecer, son lo que mantiene su forma gelatinosa. A Keila le gusta matarlos. No pens¨¦ que eso le gustar¨ªa. No s¨¦ si se puedan vender, pero por si las dudas, recojo todas las piedritas que Keila deja tiradas, solo por si acaso. El fr¨ªo se hac¨ªa m¨¢s intenso con el paso de los d¨ªas. Era claro que el invierno se acercaba y no pod¨ªa dejar que pas¨¢ramos los d¨ªas de fr¨ªo en esa madriguera. Ten¨ªamos que irnos tarde o temprano, as¨ª que empec¨¦ a planificar nuestro viaje. Ser¨ªa un camino duro y peligroso... pero ser¨ªa a¨²n m¨¢s peligroso quedarnos cuando el invierno llegue ++++++++++++ Principio del Viaje: Narrado por Noa Han pasado seis d¨ªas desde que empezamos a prepararnos para comenzar el viaje. Sab¨ªa que ser¨ªa peligroso para ambos ir sin un rumbo fijo, pero quedarnos a pasar el invierno en esa madriguera no era una opci¨®n. El fr¨ªo y la nieve nos matar¨ªan. Keila no protest¨® de ninguna forma; m¨¢s bien, parec¨ªa bastante animada con el hecho de dejar el bosque. Nos hab¨ªamos preparado lo suficiente. Ten¨ªa carne seca y abrigos de piel de ardilla, y todo parec¨ªa estar listo para abandonar el bosque que nos ofreci¨® refugio y comida durante tantos d¨ªas. Sin embargo, a¨²n ten¨ªa miedo de lo que nos esperaba. Sent¨ªa desconfianza y emoci¨®n; en mi interior, hab¨ªa unas ganas inmensas de conocer la magia, los gremios de aventureros y las criaturas fant¨¢sticas que hab¨ªa imaginado. Kelia, por otra parte, estaba bastante calmada, m¨¢s de lo normal. Hasta ahora solo hab¨ªa logrado ver felicidad y tristeza en ella. Me preguntaba por qu¨¦ hab¨ªa despertado junto a ella, y tambi¨¦n cu¨¢l era el mensaje que deb¨ªa entregar y a qui¨¦n. La confusi¨®n me invad¨ªa; a veces me sent¨ªa como si estuviera en un sue?o del que no pod¨ªa despertar. Ahora era momento de dar un paso m¨¢s en mi aventura. Con el coraz¨®n latiendo con fuerza y el aliento entrecortado por la mezcla de nervios y anticipaci¨®n, di el primer paso hacia lo desconocido de un mundo diferente. . .
capitulo 2: el bosque. El d¨ªa hab¨ªa llegado; el viaje deb¨ªa comenzar para Noa y Keila. Ambos dejaron atr¨¢s la madriguera a la que alguna vez llamaron hogar. Noa sent¨ªa miedo al caminar por lugares desconocidos, sabiendo que si algo les llegara a pasar, nadie acudir¨ªa en su rescate. Pronto comenzaron a recorrer el bosque, siempre siguiendo la direcci¨®n que marcaba el r¨ªo. El bosque era espeso y lleno de vida, con hojas ca¨ªdas, ramas, y rocas de gran tama?o. El camino no ser¨ªa sencillo, pero Noa confiaba profundamente en que lograr¨ªan salir de all¨ª. Pasaron unas cuantas horas desde que ambos emprendieron el viaje por la espesura del bosque. Pronto, Noa not¨® c¨®mo la noche se avecinaba por el cambio de color en el cielo. Preocupado por no saber d¨®nde acampar¨ªan, decidi¨® que la mejor opci¨®n ser¨ªa cerca del r¨ªo. Encendi¨® una fogata mientras Keila cortaba fruta con su ya muy desafilado cuchillo. Todo estaba listo y no pasar¨ªan mucho fr¨ªo gracias a la manta de pieles de ardilla que Keila hab¨ªa cosido d¨ªas antes. Como Noa no sab¨ªa qu¨¦ tipo de criaturas aguardaban en la noche, tom¨® la decisi¨®n de hacer guardia durante todo lo que quedaba del firmamento estrellado. A pesar del cansancio, el sentimiento era hermoso, ya que por primera vez en su vida pod¨ªa disfrutar de un cielo c¨¢lido, iluminado por estrellas, sin ser opacado por la asquerosa luz humana.
La noche transcurri¨® con tranquilidad para ambos. Keila dorm¨ªa bajo la comodidad de una manta, con el calor del fuego a su lado. Mientras tanto, Noa permanec¨ªa en alerta, reposando y admirando el firmamento por si algo se acercaba. En la mente de la chica pasaban muchas cosas: emociones que a¨²n no comprend¨ªa, como la felicidad o la tristeza. Tampoco sab¨ªa bien qu¨¦ hac¨ªa en ese lugar o qui¨¦n era el joven que la acompa?aba. Todo dentro de ella era un revoltijo de informaci¨®n; era como si hubiera empezado a existir cuando conoci¨® a Noa, y al mismo tiempo, como si siempre hubiera estado presente. La duda y la angustia eran sentimientos que no entend¨ªa, entre muchos otros, pero al observar a Noa, sent¨ªa... ?tranquilidad? ?O tal vez felicidad? Keila era un alma que apenas comenzaba a comprender todo lo que la rodeaba y todo lo que sent¨ªa: calor, fr¨ªo, frescura, olores, cansancio, molestia, y mucho m¨¢s. Para ella, era estimulante experimentar todo eso, pero hab¨ªa algo que no pod¨ªa replicar. No importaba cu¨¢nto se esforzara, no era capaz; incluso hubo momentos en los que sinti¨® algo parecido a la envidia. Lo que no comprend¨ªa era c¨®mo mostrar y expresar lo que sent¨ªa. Era como si llevara una m¨¢scara de porcelana, incapaz de reflejar emociones... (al amenos eso cre¨ªa ella) Sin embargo, hab¨ªa algo que desconoc¨ªa: aquel muchacho, la primera y ¨²nica persona que hab¨ªa conocido desde que fue consciente de s¨ª misma, era quien m¨¢s la entend¨ªa. Era algo extra?o, pero agradable, saber que no estaba sola y que pod¨ªa confiar en Noa. La mente de Keila era todo un misterio, un laberinto sin entradas, pero con muchas salidas. A ambos a¨²n les faltaba mucho por aprender y crecer. En la ma?ana, ambos partieron nuevamente en direcci¨®n al horizonte de monta?as y bosques. Cuanto m¨¢s caminaban, Noa observaba con asombro cada detalle a su alrededor: las flores, las hojas, el cielo, y los animales que jam¨¢s hab¨ªa imaginado. Keila tambi¨¦n experimentaba una emoci¨®n similar, especialmente al ver las flores de diversos colores. Para ambos, aquel lugar era un para¨ªso del cual necesitaban salir para descubrir m¨¢s del mundo. Sin embargo, durante todo ese tiempo desde que se conocieron, jam¨¢s hab¨ªan hablado de asuntos personales. Noa, en particular, no hab¨ªa compartido nada relevante sobre su vida. Aprovechando el camino que a¨²n les quedaba por recorrer, decidi¨® romper el silencio y hablar con Keila sobre cosas b¨¢sicas de la vida, como su edad y c¨®mo era su existencia en su mundo anterior. A pesar de lo doloroso y nost¨¢lgico que resultaba para ¨¦l, sinti¨® que era necesario. As¨ª transcurrieron los siguientes d¨ªas: Noa hablaba (solo ¨¦l hablaba), com¨ªan, jugaban y conoc¨ªan muchas otras criaturas del bosque. Al principio, el joven sent¨ªa un poco de miedo, pero pronto aprendi¨® a distinguir entre las criaturas amigables y las que no lo eran tanto. Tambi¨¦n aprovech¨® para tomar muchas fotos de los animales y, por supuesto, de Keila.
El camino continu¨®, y cada d¨ªa que pasaba era incre¨ªble para ambos. No solo por los hermosos paisajes y las cosas nuevas que descubr¨ªan, sino tambi¨¦n por la agradable compa?¨ªa que se brindaban mutuamente. Para Noa, resultaba bastante gracioso ver a Keila interactuar con su entorno, siempre con esa expresi¨®n de frialdad que tanto la caracterizaba. As¨ª transcurrieron dos semanas viajando por el bosque... No fue hasta un domingo, a medio d¨ªa, que ambos encontraron un sendero, uno que claramente era utilizado por carruajes o viajeros. La emoci¨®n llen¨® a Noa, quien salt¨® y salt¨® de alegr¨ªa al descubrir el primer rastro de humanos despu¨¦s de tanto tiempo. Su entusiasmo fue tan grande que levant¨® a Keila en brazos y jug¨® con ella como un padre que eleva en el aire a su hija. Aunque Keila no entend¨ªa completamente lo que estaba sucediendo, en su interior se sinti¨® reconfortada al ver la expresi¨®n de felicidad en el rostro de Noa. Noa y Keila no quer¨ªan perder m¨¢s tiempo, as¨ª que comenzaron a recorrer el sendero en busca de m¨¢s humanos. El camino se extendi¨® durante dos d¨ªas, hasta que, en medio de una tranquila caminata, ambos escucharon el ruido de un caballo que hu¨ªa despavorido en direcci¨®n contraria a ellos. Noa reaccion¨® a tiempo, evitando que ambos fueran lastimados por el paso del animal. Ignorando el incidente, decidieron continuar su camino. Sin embargo, lo que encontrar¨ªan a lo largo de aquel sendero dejar¨ªa una marca imborrable en Noa. Result¨® que el caballo hab¨ªa escapado de un ataque de monstruos humanoides que asaltaban un carruaje destrozado en medio del camino. Antes de que las criaturas se dieran cuenta de su presencia, Keila y Noa ya estaban ocultos detr¨¢s de los ¨¢rboles y arbustos, tratando de resguardarse de esos seres amenazantes. Noa apenas pod¨ªa ver a trav¨¦s de las hojas, pero sab¨ªa bien lo que hab¨ªa ocurrido al notar un charco de sangre que manaba del carruaje. Su coraz¨®n se aceler¨®; estaba aterrorizado, pero no pod¨ªa dejarse llevar por el p¨¢nico. Ten¨ªa que ser fuerte. Pronto, se dio cuenta de que los ojos de Keila se tornaban de un azul intenso, revelando su miedo y su determinaci¨®n. Noa la tom¨® de la mano y le cubri¨® los ojos para que no viera m¨¢s; deb¨ªan permanecer en silencio y escondidos hasta que las criaturas se alejaran. Los minutos se convirtieron en eternidad, y a¨²n no hab¨ªa se?ales de que pudieran irse. Noa asom¨® la cabeza entre los arbustos, solo para ver c¨®mo las criaturas sacaban del carruaje a una anciana muerta, junto a dos mujeres con las ropas desgarradas y ara?azos por todo el cuerpo. Las criaturas se las llevaban a lo profundo del bosque, dejando atr¨¢s un rastro de horror que Noa jam¨¢s podr¨ªa olvidar. Noa no sab¨ªa qu¨¦ hacer. Era evidente que esas mujeres estaban vivas, y se preguntaba c¨®mo podr¨ªa ayudarlas. ?Qu¨¦ pod¨ªa hacer alguien tan d¨¦bil como ¨¦l? Sus piernas temblaban al sentir el olor de la sangre. El miedo, el terror y la desesperaci¨®n lo invad¨ªan por no poder hacer nada. ¡ªK-Keila... N-no puedo ¡ªsusurr¨®, con las manos temblorosas¡ª. Tengo miedo... Keila lo mir¨®. Sus ojos azules reflejaban tristeza al ver a ese chico alegre y en¨¦rgico ahora temblando y asustado. Ella... no era capaz de comprender completamente lo que ¨¦l sent¨ªa. Sin embargo, Noa tom¨® valor. En su mente, no permitir¨ªa que esas mujeres sufrieran; no quer¨ªa cargar con el recuerdo de no haberlas ayudado. Estaba a punto de lanzarse contra los monstruos e intentar salvar a esas mujeres, cuando Keila lo tom¨® de la mano y lo detuvo. ¡ªKeila, ?qu¨¦ haces? ?Tengo que ayudar! ¡ªel terror era evidente en sus ojos. Ella solo lo miraba, sin soltarlo. ¡ªSu¨¦ltame, por favor. ?Ya casi se las llevan! Yo puedo ayudar, s¨¦ que puedo ¡ªla voz de Noa temblaba, asustado. Pero entonces, algo pas¨®, algo que congel¨® a Noa. ¡ªN-no vayas ¡ªfueron las primeras palabras que dijo Keila. Esa frase paraliz¨® a Noa. Ya estaba aferrando su lanza con fuerza, pero luego recuper¨® la tranquilidad al darse cuenta de lo que hab¨ªa estado a punto de hacer. Se iba a poner en peligro para salvar a esas mujeres, arriesgando su propia vida cuando lo m¨¢s probable era que esas criaturas lo mataran. Hab¨ªa estado a punto de dejar a Keila sola, sin pensar en las consecuencias. Ambos esperaron pacientemente hasta que las criaturas se alejaran. Noa a¨²n estaba at¨®nito por lo que hab¨ªa sucedido, pero decidieron acercarse para ver si alguien hab¨ªa sobrevivido. Cuando llegaron al carruaje destrozado, se encontraron con los cuerpos de las dos ancianas y los soldados. Noa era consciente de que sucesos como este ser¨ªan comunes en este mundo, as¨ª que solo le qued¨® aceptar lo que hab¨ªa pasado y aprovechar al m¨¢ximo la situaci¨®n. Comenz¨® a rebuscar entre las pertenencias esparcidas. Encontr¨® ropa de mujer en maletas, joyas y diversos objetos, la mayor¨ªa manchados de sangre. Al observar la calidad de las ropas y el equipaje, dedujo que eran mujeres nobles, as¨ª que sac¨® todo lo que pudo. De los soldados muertos, solo despoj¨® algunas piezas de armadura y las armas que pod¨ªa cargar. Se qued¨® con un par de dagas, ya que las espadas eran demasiado pesadas para ¨¦l. Mientras revisaba el contenido, encontr¨® una caja de madera de tama?o mediano que conten¨ªa botellas con l¨ªquidos extra?os en su interior. Supuso que eran pociones, aunque eran muy peque?as y ol¨ªan de manera peculiar. Despu¨¦s de eso, ambos continuaron su camino, pero esta vez Noa cubri¨® a Keila con una capa. Sab¨ªa muy bien para qu¨¦ se hab¨ªan llevado a esas mujeres con vida; hab¨ªa visto ciertas historias que lo hab¨ªan ense?ado, as¨ª que decidi¨® mantener oculta a Keila a toda costa. Continuaron caminando por el sendero de ¨¢rboles durante varias horas hasta que la noche lleg¨®. Noa decidi¨® hacer guardia toda la noche para proteger a Keila; no permitir¨ªa que esos monstruos se la llevaran como a las mujeres que hab¨ªa visto. La noche fue ardua, y el sue?o y el cansancio del d¨ªa empezaban a cobrar factura en el cuerpo del chico. A pesar de ello, se neg¨® a dormir. Cuando amaneci¨®, ambos continuaron su camino durante otros dos d¨ªas. Keila, al observarlo, not¨® c¨®mo el cansancio comenzaba a afectar a Noa; cada vez estaba m¨¢s agotado y callado. Un peque?o sentimiento de preocupaci¨®n despert¨® en ella; en su interior sab¨ªa que no pod¨ªa permitir que Noa continuara as¨ª. Al caer la noche, Keila se acerc¨® a Noa, que estaba vigilando desesperadamente los alrededores, como si buscara algo. Esto la intrig¨®, as¨ª que lo jal¨® suavemente sin previo aviso. Noa se sorprendi¨®, pero antes de que pudiera reaccionar, se encontr¨® recostado en el regazo de la chica. Ella lo miraba en silencio, sin mostrar expresi¨®n alguna. Despu¨¦s de unos momentos, comenz¨® a acariciar delicadamente el cabello de Noa. ¡ªK-Keila, ?qu¨¦ haces? ¡ªpregunt¨® ¨¦l, confundido¡ª. ?Por qu¨¦ me acaricias? ?Est¨¢s triste y esta es tu forma de desquitarte? O... ?solo notas mi cansancio? Noa pens¨® para s¨ª mismo, sinti¨¦ndose algo inc¨®modo con la situaci¨®n. La chica no respondi¨®; solo lo mir¨® y le dedic¨® una peque?a sonrisa. A pesar de su confusi¨®n por lo que estaba sucediendo, Noa decidi¨® relajarse un poco. A fin de cuentas, su mente no pod¨ªa darse ese lujo, pero su cuerpo s¨ª. Despu¨¦s de un rato, Noa continu¨® la conversaci¨®n. ¡ªKeila, tienes una voz muy bonita; deber¨ªas usarla m¨¢s... ¡ªel sue?o comenzaba a apoderarse de ¨¦l¡ª. Yo te puedo ense?ar a hablar... si quieres. Su respiraci¨®n se volv¨ªa m¨¢s suave y tranquila; pronto, comenz¨® a quedarse dormido. Noa hab¨ªa ca¨ªdo en un profundo sue?o. El cansancio acumulado de varios d¨ªas lo golpe¨® con fuerza, as¨ª que al menos esa noche el chico pudo descansar con tranquilidad, sabiendo que se hab¨ªa esforzado mucho. Mientras tanto, Keila hizo guardia, contemplando el cielo y los ¨¢rboles que la rodeaban. Sin saberlo, con el paso de los d¨ªas, una peque?a emoci¨®n crec¨ªa en su interior, permiti¨¦ndole sentir tranquilidad por primera vez. Al amanecer, Noa se despert¨® lleno de energ¨ªa y fuerzas, listo para un d¨ªa de ardua caminata por el bosque. Junto a Keila, regresaron al sendero. La chica parec¨ªa m¨¢s calmada de lo normal, aunque Noa not¨® que caminaba m¨¢s despacio. Record¨® que ella hab¨ªa hecho guardia la noche anterior y se sinti¨® mal por haberla dejado en un estado tan inc¨®modo. Aprovechando el camino, decidi¨® contar el cuento favorito de Keila, al menos eso pensaba ¨¦l. El cuento era el de los duendes y el zapatero. Noa interpretaba a todos los personajes, narrando la historia como si estuviera en una obra de teatro. Sus acciones divert¨ªan a Keila, pero, por m¨¢s que ella intentaba imitar la risa, no lograba que saliera nada. Sin embargo, siempre que Noa contaba alguna historia, ella lo escuchaba atentamente. Pasaron de historia en historia, y antes de que ambos se dieran cuenta, a lo lejos comenzaron a vislumbrar una aldea. Noa interrumpi¨® su narraci¨®n al ver el pueblo, un sentimiento de alivio lo llen¨® tanto que las l¨¢grimas comenzaron a asomarse a sus ojos. Hab¨ªa pasado tanto tiempo, tantos d¨ªas sin ver a m¨¢s humanos. De repente, se cay¨® de rodillas, lo que hizo que el sentimiento de preocupaci¨®n regresara a Keila. ¡ª?Mira! ¡ªse?al¨® la aldea¡ª. ?Lo logramos! ?S¨ª, lo logramos! ¡ªNoa comenz¨® a llorar. Keila se acerc¨® a ¨¦l, algo alterada, sin saber qu¨¦ hacer. ?Por qu¨¦ lloraba? Hab¨ªan encontrado la aldea, ?no era eso algo bueno? Se preguntaba si hab¨ªa hecho algo mal. No sab¨ªa c¨®mo hacer que el chico dejara de llorar. Lo que ella no comprend¨ªa era que, durante todos esos d¨ªas y semanas, Noa hab¨ªa guardado un miedo inmenso. El simple hecho de haberse despertado en medio de la nada, junto a una chica que no conoc¨ªa y a la que jam¨¢s le hab¨ªa dirigido la palabra, lo aterraba. Viv¨ªa en un constante temor de no poder sobrevivir. Incluso hab¨ªa llegado a pensar que Keila solo era un producto de su imaginaci¨®n. Noa a¨²n era muy joven para enfrentar esto. Ten¨ªa miedo de no poder protegerla y de no ser capaz de cuidarse a s¨ª mismo. Sab¨ªa que era d¨¦bil, pero a¨²n as¨ª se levantaba cada d¨ªa para poder darle de comer a esa chica que, aunque no hablaba ni se expresaba, siempre le hac¨ªa compa?¨ªa. La masacre perpetrada por aquellos monstruos y el hecho de no haber podido hacer nada para ayudar a esas mujeres lo consum¨ªan cada vez m¨¢s. Sin embargo, todo ese peso se desvaneci¨® al ver la aldea. Hab¨ªa dado el primer paso para cumplir su promesa; hab¨ªa logrado cuidar de la chica y de s¨ª mismo todo ese tiempo. Se sent¨ªa muy feliz. Tras reflexionar sobre todo lo que hab¨ªa pasado, Noa se levant¨® y mir¨® directamente a los ojos a Keila.Unauthorized content usage: if you discover this narrative on Amazon, report the violation. ¡ªKeila... gracias por ser mi compa?era ¡ªse sec¨® las l¨¢grimas¡ª. Desde ahora, me har¨¦ fuerte. Keila lo mir¨® con un poco de confusi¨®n, pero decidi¨® no decir nada. Pens¨® que era lo mejor. Pronto ambos se pusieron en marcha, asegur¨¢ndose de estar bien preparados, ya que no sab¨ªan c¨®mo reaccionar¨ªan los humanos al verlos. Bueno, al ver a Keila, porque su cabello color plata y sus ojos blancos podr¨ªan hacer que la confundieran con algo no humano. Noa decidi¨® ser precavido. Ambos se adentraron en la aldea cubriendo sus rostros con capas improvisadas de tela oscura. Noa era el m¨¢s asustado en esa situaci¨®n, temeroso de c¨®mo reaccionar¨ªa la gente al ver a dos forasteros. Por ello, ambos evitaban a quienes intentaban hablarles o interactuar con ellos, sobre todo cuando alg¨²n adulto se daba cuenta de que uno de esos dos muchachos era una mujer. Decidido a no correr riesgos, Noa entr¨® en un callej¨®n junto a Keila. Cuando ya no los miraba nadie, pudieron estar m¨¢s tranquilos, sobre todo Noa, que ten¨ªa la ansiedad por las nubes. ¡ª?Keila, est¨¢s bien? ?Alguien te toc¨®? ¡ªpregunt¨® el joven con desesperaci¨®n. La chica solo neg¨® con la cabeza. ¡ªQu¨¦ bueno... no sabes lo asustado que estaba. Tuvimos mucha suerte de que nadie pidiera alg¨²n tipo de identificaci¨®n ¡ªsuspir¨® con alivio. ¡ª?D¨®nde estamos? ¡ªpregunt¨® Keila, ya que no entend¨ªa bien lo que hab¨ªa sucedido. ¡ªEsta es una aldea, Keila. Necesitamos buscar alg¨²n tipo de ayuda y un lugar donde podamos quedarnos todo el invierno ¡ªrespondi¨® el joven, a¨²n cansado despu¨¦s de haber corrido por media aldea¡ª. Ser¨¢ mejor que no llamemos la atenci¨®n... ¡ªcomenz¨® a desgarrar una prenda, convirti¨¦ndola en una venda¡ª. Toma, envu¨¦lvete el torso. Hazlo lo m¨¢s ajustado que puedas. ¡ª?Para qu¨¦? ¡ªera claro que la joven no comprend¨ªa por qu¨¦ deb¨ªa ocultar sus pechos. ¡ªPara que piensen que somos varones. Si no me equivoco, las mujeres bellas pueden ser vendidas como... ¡ªel chico no termin¨® la frase, horrorizado solo de pensarlo¡ª. Solo es necesario, ?ok? Tranquila, yo te cubrir¨¦ para que nadie vea. Yo tampoco mirar¨¦ ¡ªa?adi¨®, un poco avergonzado. ¡ªEst¨¢ bien ¡ªrespondi¨® Keila, sin reprochar la petici¨®n de Noa. Aunque a¨²n no entend¨ªa del todo su preocupaci¨®n, sab¨ªa que hab¨ªa un motivo importante detr¨¢s de ello. Tras un rato en el callej¨®n, ambos salieron con m¨¢s tranquilidad para explorar la aldea. Despu¨¦s de unas horas recorriendo las calles, Noa se dio cuenta de que pod¨ªa entender perfectamente a los humanos, aunque no pod¨ªa leer su lenguaje. Era algo extra?o para ¨¦l, ya que sent¨ªa que todo lo que escuchaba se traduc¨ªa en su mente. Lo mismo le ocurr¨ªa a Keila, que parec¨ªa estar bastante conforme y tranquila, como siempre. La noche comenzaba a caer y la gente regresaba a sus casas. Los puestos cerraban y los pocos guardias que hab¨ªa sal¨ªan a hacer guardia durante toda la noche. Noa y Keila evitaban a los soldados para no causar sospechas o malentendidos; era necesario encontrar un lugar donde poder dormir esa noche. El chico se sent¨ªa preocupado por no poder ofrecerle un techo a la chica.
Finalmente, tras reunir valor, decidi¨® preguntar a un soldado sobre un lugar donde pudiera vender lo que ten¨ªa. Despu¨¦s de algunos momentos de intentar explicarse, el soldado le se?al¨® un edificio donde pod¨ªa vender sus pertenencias. Aliviado, Noa corri¨® junto a Keila hacia el lugar indicado. Al llegar, se encontraron con un gran edificio r¨²stico de madera y ladrillos de piedra. En la entrada, una gran cartelera dec¨ªa algo en otra lengua. Al interior, Noa vio a un n¨²mero considerable de hombres y mujeres que apestaban a alcohol. Cuando los j¨®venes decidieron entrar, nadie les dirigi¨® la mirada; todos segu¨ªan bebiendo. Con algo de miedo en el cuerpo, Noa se acerc¨® al que parec¨ªa ser el recepcionista. Era un hombre que tambi¨¦n ol¨ªa a corral, con un cuerpo robusto, grandes barbas y poca cabellera. Adem¨¢s, parec¨ªa ser ciego de un ojo. Noa sab¨ªa que ten¨ªa que entablar una conversaci¨®n con ¨¦l. ¡ªD-disculpe, se?or, me gustar¨ªa saber si puedo vender lo que tengo en este lugar ¡ªdijo Noa, nervioso ante la imponente figura del sujeto. ¡ªSi quieres vender tu basura, tendr¨¢s que esperar hasta ma?ana. Ahora solo me encargo de atender este bar ¡ªla voz del hombre era ronca y dura. ¡ªPero... no podemos esperar hasta ma?ana. Mi hermano est¨¢ enfermo y dormir afuera lo matar¨¢ ¡ªminti¨®, intentando persuadir al sujeto. Sin embargo, este parec¨ªa enfadarse a¨²n m¨¢s. ¡ªSi quieres, puedo ense?arte lo que traigo. Son estas piedritas que extraje de unos monstruos ¡ªestaba a punto de sacar su bolsa cuando el sujeto lo detuvo. ¡ªSi quieres salir vivo de aqu¨ª, ser¨¢ mejor que no la saques. Si tanto quieres una habitaci¨®n, te puedo dar la ¨²ltima, pero ma?ana pagar¨¢s el triple. ?Entendido? ¡ªEl hombre solt¨® el brazo de Noa, y en el fondo, parec¨ªa estar... preocupado. ¡ªS-s¨ª, entiendo. Muchas gracias ¡ªrespondi¨® el chico, recibiendo una llave de parte del hombre. ¡ªEs en el segundo piso, al fondo. Ve de una vez y ll¨¦vate a ese chico enfermo ¡ªel hombre manten¨ªa una actitud dura y hostil, pero cuando vio que Noa comenzaba a alejarse, lo sostuvo fuertemente del brazo y le susurr¨® al o¨ªdo¡ª: Ser¨¢ mejor que apestes a la chica. Te la quitar¨¢n si no lo haces. Finalmente, el hombre solt¨® al chico, quien parec¨ªa algo asustado Noa subi¨® al segundo piso junto a Keila. Al entrar a la habitaci¨®n, se encontr¨® con un lugar completamente sucio: el suelo era pegajoso y ol¨ªa a desechos, hab¨ªa telara?as en las paredes y la cama estaba cubierta de suciedad y un mal olor penetrante. Para colmo, el ¨²nico ba?o era una cubeta de madera en el suelo.
¡ªVaya, qu¨¦ basura... Perd¨®n, Keila, pero es lo mejor que podemos conseguir ahora ¡ªdijo el chico, decepcionado consigo mismo. Era evidente que aquel lugar era mil veces peor que el bosque, pero ya no era seguro acampar. ¡ªEst¨¢ bien ¡ªrespondi¨® ella, sin mirar lo malo. Claro que el lugar apestaba y estaba sucio, pero no quer¨ªa que Noa se sintiera in¨²til. ¨¦l era quien m¨¢s se esforzaba por darle lo mejor. La noche pas¨® con aparente tranquilidad, al menos para Keila, que dorm¨ªa pl¨¢cidamente mientras Noa le tapaba los o¨ªdos para que no escuchara los gemidos que proven¨ªan de varias habitaciones. Fue una noche dura para ¨¦l, pero no dejar¨ªa que ella escuchara a esos cerdos fornicando. Al salir por la ma?ana, ambos se levantaron de inmediato y bajaron a pagar lo que deb¨ªan al hombre de la noche anterior. Para su sorpresa, quien atend¨ªa la barra ahora era una se?ora bastante demacrada, con el cabello seco y un rostro descuidado. Noa no era de aquellos que juzgaban por el aspecto. Desde peque?o, siempre hab¨ªa sido instruido para ser agradecido con las mujeres, ya que para ¨¦l, ellas eran la raz¨®n de vivir de un hombre. As¨ª que, siendo respetuoso, se acerc¨® a la se?ora para intentar llegar a un acuerdo y, de paso, obtener informaci¨®n sobre el lugar. ¡ªDisculpe, se?orita, me gustar¨ªa pagar lo que debo, pero antes agradecer¨ªa que pudiera comprar lo que llevo ¡ªdijo Noa, sacando la bolsa de piedrecillas. El bar estaba casi vac¨ªo, as¨ª que no tuvo problemas en mostrar su mercanc¨ªa. ¡ªT¨² eres el chico de ayer, ?verdad? Mi esposo me habl¨® de ti y de tu hermano. Tambi¨¦n me mencion¨® lo que planeas venderme. Si es as¨ª, dime, ?qu¨¦ cantidad tienes? ¡ªla se?ora parec¨ªa algo desganada, y era evidente que le fastidiaba tener al chico frente a ella. ¡ªTengo cuarenta y cinco de las piedrecillas. ?Cu¨¢nto me podr¨ªa ofrecer por todas? ¡ªpregunt¨® Noa, preocupado por recibir una miseria. ¡ªCon esa cantidad... ser¨ªan cuatro nevis y diez brunels. Esa es la mejor oferta que te puedo hacer, ni?o ¡ªsu voz sonaba irritada, pero sincera; no intentaba enga?ar al joven. ¡ªEmmm, ?me podr¨ªa explicar c¨®mo funcionan sus monedas? Es que mi hermano y yo venimos de una aldea lejana y no sabemos c¨®mo funciona el dinero... ¡ªdijo, disfrazando la verdad. Su persuasi¨®n parec¨ªa tener efecto, pero la se?ora parec¨ªa m¨¢s atenta a Keila, que se tapaba el rostro con la capa. La se?ora suspir¨® con fastidio. ¡ªEst¨¢ bien, chico. Cada una de estas piedras tiene un valor de dos brunels, y veinte brunels equivalen a una moneda nevis. Por lo tanto, quince nevis son el valor de un radion. ¡ªMientras hablaba, coloc¨® una moneda de bronce, otra de plata y la ¨²ltima, que deb¨ªa ser de oro, la represent¨® con una piedra, explicando as¨ª el valor de cada moneda al chico. ¡ªEntiendo... muchas gracias, se?orita. Le vender¨¦ todas las piedras ¡ªdijo Noa, mientras calculaba en su cabeza que todo estaba bien. Al recibir el pago, sinti¨® una ligera felicidad en su interior. ¡ªDe nuevo, gracias. Ahora podr¨¦ pagar la medicina de mi hermano ¡ªminti¨®, comenzando a irse. Sin embargo, no pas¨® mucho tiempo antes de que la se?ora lo detuviera. ¡ª?Pasa algo, eh? ¡ªpregunt¨®, sinti¨¦ndose algo nervioso por la cercan¨ªa de la mujer. ¡ª?Acaso pensabas irte sin pagar? La noche te costar¨¢ un nevis ¡ªdijo ella con un tono algo amenazante. ¡ªC-claro... ¡ªNoa le pag¨® lo que deb¨ªa, notando c¨®mo la mujer met¨ªa un tipo de frasco en uno de sus bolsillos. El mal olor del contenido lleg¨® a su nariz. ¡ª?Pero qu¨¦... por qu¨¦? ¡ªTu hermano es muy vulnerable en este lugar. Ser¨¢ mejor que se vayan de esta aldea lo antes posible, chico. Los muchachos como ¨¦l siempre son los primeros en ser elegidos... Ahora vete y no vuelvas ¡ªexplic¨® la mujer, aludiendo a que ya sab¨ªa que Keila era una chica. Esta revelaci¨®n mantuvo a Noa en alerta. Despu¨¦s de esa extra?a experiencia, ambos se alejaron del lugar, dirigi¨¦ndose a donde fuera m¨¢s seguro. Todo lo que hab¨ªa sucedido hizo que Noa comprendiera que, si personas as¨ª le advert¨ªan de los peligros de llevar a una chica tan bella como Keila, era de suponer que algo malo suceder¨ªa si se quedaban. El chico se sent¨ªa desanimado; por fin hab¨ªan encontrado un lugar donde podr¨ªan quedarse, pero solo era una trampa esperando pacientemente a activarse. As¨ª, evadiendo a los soldados que se encontraban, lograron salir de la aldea, que no contaba con muchas mujeres adultas ni con ni?os o ni?as. A¨²n sin entender mucho, se alejaron cada vez m¨¢s, pues lo que suceder¨ªa al caer la noche habr¨ªa explicado por qu¨¦ esos adultos les dieron tales advertencias. Noa y Keila se encontraban acampando a una distancia no muy lejana de la aldea. El chico cocinaba lo que pod¨ªa, mientras que la chica, de alguna manera, se manten¨ªa atenta a lo que podr¨ªa pasar a su alrededor. De pronto, Keila se?al¨® una columna de humo a la lejan¨ªa. Cuando Noa se acerc¨® para ver, se dio cuenta de que la aldea de la que hab¨ªan escapado horas antes estaba en llamas. Desde su posici¨®n, era evidente lo que estaba ocurriendo: eran los mismos soldados quienes peleaban contra ladrones y secuestradores. Noa observaba horrorizado c¨®mo las personas eran asesinadas y los ni?os eran capturados y arrastrados por caballos en c¨¢rceles de madera. En ese instante, pens¨® por un momento en bajar, pero r¨¢pidamente esa idea se desvaneci¨®. Entonces, agarr¨® a Keila, apag¨® la fogata y huy¨® hacia las profundidades del bosque. Tomar esa decisi¨®n ser¨ªa algo de lo que se arrepentir¨ªa durante mucho tiempo. Ambos corr¨ªan; Noa llevaba a Keila de la mano, atravesando los ¨¢rboles. Ella estaba confundida por lo que estaba sucediendo; en su mente, no comprend¨ªa por qu¨¦ corr¨ªan ni por qu¨¦ Noa mostraba tanto miedo en su mirada. A¨²n era muy inocente para entender lo que aterrorizaba al chico. Noa no permitir¨ªa que eso sucediera. Eran esclavistas que se llevaban a los ni?os y ni?as, y si llegaban a ser capturados, ¨¦l no podr¨ªa hacer nada. As¨ª que no parar¨ªa de correr hasta asegurarse de que ambos estuvieran a salvo. La luna era menguante y la noche, bastante oscura. Sin embargo, si hab¨ªa secuestradores en los alrededores, una antorcha o cualquier tipo de luz podr¨ªa traicionarlos... Pero la oscuridad siempre ser¨¢ traicionera. Al correr a tanta velocidad, sin ver bien lo que ten¨ªan delante, no pasar¨ªa mucho tiempo antes de que ambos cayeran por un acantilado. Antes de darse cuenta, Noa ya ten¨ªa a Keila en brazos, decidido a recibir el impacto. El viento y la sensaci¨®n de caer lo abrumaban. ?C¨®mo sobrevivir¨ªa a tal ca¨ªda? Pero no pod¨ªa hacer m¨¢s que abrazar a Keila para protegerla del golpe. Todo parec¨ªa suceder m¨¢s lentamente ante sus ojos; las ramas impactaban contra ¨¦l, abriendo heridas profundas en sus brazos y piernas. El suelo estaba cada vez m¨¢s cerca. ?Por qu¨¦ no se hab¨ªa dado cuenta antes? ?Por qu¨¦ fue tan idiota? Finalmente, el suelo impact¨® contra ¨¦l, pero jam¨¢s solt¨® a Keila. El golpe de la ca¨ªda los hizo desmayarse. La ma?ana lleg¨® para ambos. Keila solo recordaba cuando Noa la abraz¨® al caer. Se encontraba a un costado de ¨¦l al despertar, a¨²n confundida por todo y tardando un poco en recobrar la conciencia. Not¨® un olor extra?o, y fue entonces cuando pudo ver el estado en el que se encontraba el chico. Sus brazos estaban desgarrados y ten¨ªa varias heridas en las piernas; la sangre manchaba toda su ropa y el suelo. Keila no entend¨ªa. Su rostro no mostraba emoci¨®n ni tristeza, pero en su mente sab¨ªa que algo malo estaba sucediendo. Se acerc¨® a Noa para verlo mejor, movi¨¦ndolo como si quisiera que despertara. Sus movimientos se volv¨ªan cada vez m¨¢s apresurados conforme pasaban los segundos. Antes de que se diera cuenta, sus manos ya estaban te?idas de rojo. En ese momento, sus ojos se tornaron de un color celeste. Intentaba despertarlo a como diera lugar, sintiendo por primera vez el miedo, un sentimiento que no comprend¨ªa y que tampoco le gustaba. Se detuvo al ver que la sangre brotaba m¨¢s y m¨¢s. ¡ªNoa... despierta. ¡ªSu voz estaba llena de preocupaci¨®n¡ª. Noa... despierta, por favor.
Ella yac¨ªa de rodillas junto a Noa. ?C¨®mo podr¨ªa entender la muerte? ?Qu¨¦ era la muerte? ?Acaso era ese sentimiento de molestia que hab¨ªa sentido cada vez que ¨¦l cazaba una ardilla, o simplemente cuando dorm¨ªan? Noa jam¨¢s le explic¨® c¨®mo funcionaba la muerte; le habl¨® de ella, de que era un estado en el que... ya no se pod¨ªa despertar. Pasaron minutos, hasta que record¨® algo: el chico ten¨ªa un sonido, algo que ella no pose¨ªa. Ese sonido siempre se escuchaba cuando ambos dorm¨ªan. Se acerc¨® a su pecho y se coloc¨® para escuchar. El sonido no se hab¨ªa ido. Era d¨¦bil y silencioso, pero segu¨ªa all¨ª. Ten¨ªa conocimiento de que ese sonido se dejaba de escuchar en las ardillas que Noa cazaba. De alguna manera, sab¨ªa que Noa no hab¨ªa muerto, pero si el sonido desaparec¨ªa, ¨¦l no despertar¨ªa. Eso la angusti¨®. ¡ª?Qu¨¦... hago? ¡ªPregunt¨®, asustada. Por primera vez, sent¨ªa un miedo abrumador, y el no saber qu¨¦ hacer la confund¨ªa y frustraba a¨²n m¨¢s. Todo lo que sent¨ªa en ese momento era nuevo y aterrador para ella, pero aun as¨ª manten¨ªa un semblante vac¨ªo. Las horas pasaron sin que pudiera hacer nada por el chico que tanto la cuid¨® durante todo ese tiempo. No entend¨ªa qu¨¦ hacer ni c¨®mo atender las heridas de Noa, as¨ª que solo tom¨® unos pedazos de tela para cubrir la sangre. La noche comenzaba a caer nuevamente; el bosque se tornaba cada vez m¨¢s oscuro y fr¨ªo. R¨¢pidamente, se tap¨® junto a Noa. Ni siquiera sab¨ªa c¨®mo hacer una fogata, y con cada segundo, la oscuridad los envolv¨ªa m¨¢s y m¨¢s. Ella era demasiado d¨¦bil para hacer algo... Pronto, el hambre lleg¨® a ella y decidi¨® revisar la mochila de Noa. Dentro, encontr¨® trozos de carne seca y unas cuantas frutas, pero adem¨¢s de todo eso, tambi¨¦n vio algo que le intrig¨®: era el celular de Noa. Recordaba que ¨¦l siempre lo miraba de vez en cuando. No sab¨ªa bien por qu¨¦, pero le dio curiosidad. Cuando se recost¨® junto al joven, accidentalmente encendi¨® el aparato, sorprendida por la luz que irradiaba. No entend¨ªa los s¨ªmbolos extra?os que aparec¨ªan en la pantalla, ya que no sab¨ªa leer ni escribir, as¨ª que no comprend¨ªa lo que tocaba. Sin m¨¢s que hacer, comenz¨® a juguetear y manipular la pantalla. Pronto se dio cuenta de que la pantalla se mov¨ªa al roce de sus dedos. Despu¨¦s de un buen rato explorando, accidentalmente toc¨® el ¨ªcono de la linterna. De pronto, una luz blanca sali¨® del dispositivo, y ella se mostr¨® a¨²n m¨¢s confundida, sin saber c¨®mo desactivar la luz. Con todo ese movimiento, la luz reson¨® en todo el bosque. Cuando finalmente logr¨® cubrirla con la manta, pareci¨® m¨¢s tranquila. ¡ªEso fue... aterrador... ¡ªdijo con un tono serio y una expresi¨®n de sorpresa¡ª. Noa, no despiertas... ?qu¨¦ hago? ¡ªA¨²n no sab¨ªa qu¨¦ hacer; adem¨¢s, sus ojos continuaban de un azul intenso, reflejando tristeza. Pronto, se volvi¨® a acostar, pero entonces escuch¨® que algo se acercaba con cautela. Su miedo se intensific¨® al ver dos luces de fuego que se acercaban entre la espesa oscuridad del bosque. No pod¨ªa huir sin Noa, tampoco ten¨ªa con qu¨¦ defenderse. La tensi¨®n creci¨® en su interior. Cuando las luces estaban lo suficientemente cerca, pudo ver que eran un adulto y una chica que le apuntaba con un arco. No sab¨ªa c¨®mo o qu¨¦ responder; simplemente se puso delante del a¨²n inconsciente chico. Pronto, el adulto le pregunt¨® algo a Keila.
¡ªMuchacha, ?el chico que proteges a¨²n contin¨²a con vida? ¡ªpregunt¨® el hombre con una voz ronca y envejecida. Keila segu¨ªa en alerta, mirando atentamente a la chica del arco. ¡ªS¨ª... ¨¦l a¨²n vive... ¡ªrespondi¨®, su expresi¨®n era vac¨ªa, pero la verdad se reflejaba en sus palabras. ¡ªPuedes estar tranquila; solo vengo a ayudar. Mi hija cargar¨¢ al muchacho. Ambos pueden venir a mi casa... seguro pasaron por mucho ¡ªdijo el hombre, indicando a su hija que se acercara. Keila mir¨® a la chica, suspicaz. ¡ªNo le har¨¢s da?o... ¡ªdeclar¨® con firmeza, sin confiar del todo en ella. ¡ªPuedes calmarte, mi padre les ayudar¨¢. Gracias por llamarnos con esa luz, sacerdotisa; prometo que no lo lastimar¨¦ ¡ªrespondi¨® la chica, mostrando una sonrisa sincera mientras acomodaba a Noa en su espalda. Keila no comprend¨ªa del todo por qu¨¦ estaban all¨ª para ayudarles, pero se sinti¨® agradecida. Sab¨ªa que no podr¨ªa haber hecho nada por s¨ª sola en aquel oscuro bosque. La curiosidad que la llev¨® a encender el celular y la suerte de que alguien hab¨ªa visto la luz la hab¨ªan salvado. Despu¨¦s de unos minutos de caminata, llegaron a una explanada donde al fondo hab¨ªa una caba?a de madera r¨²stica y acogedora. De alguna manera, ambos hab¨ªan logrado llegar a un lugar seguro.
En ese momento, un extra?o sentimiento de tranquilidad rode¨® a Keila. Por primera vez en mucho tiempo, se sinti¨® aliviada y segura. capitulo 3: lugar seguro. La oscuridad envolv¨ªa a Noa de manera opresiva. Se preguntaba c¨®mo hab¨ªa llegado a ese lugar, si momentos antes estaba cayendo por un precipicio. ?Acaso hab¨ªa muerto? Esa era la pregunta que rondaba su mente mientras descend¨ªa por aquel manto de tinieblas. Estaba confundido y asustado, sin entender lo que hab¨ªa sucedido. Su preocupaci¨®n aumentaba al no ver a la chica de cabello plateado que siempre lo acompa?aba. Con cada minuto que pasaba, la frustraci¨®n crec¨ªa, pues no encontraba nada m¨¢s all¨¢ de lo que sus ojos pod¨ªan percibir. De pronto, una gran luz ilumin¨® todo a su alrededor, revelando el lugar en el que se encontraba. Noa mir¨® r¨¢pidamente a su alrededor: aguas cristalinas y nubes gigantes iluminadas por una luz c¨¢lida. Sin comprender del todo, se sent¨® para observar el entorno. La tranquilidad reinaba, con un viento suave que acariciaba su piel. El horizonte no era m¨¢s que un reflejo de las nubes sobre las aguas cristalinas. "?D¨®nde estoy...?", susurr¨® con tristeza, mirando al cielo. Sent¨ªa que hab¨ªa fallado en su misi¨®n, que todo hab¨ªa terminado, y que sus esfuerzos hab¨ªan sido en vano. De repente, el mundo a su alrededor comenz¨® a desmoronarse, como si estuviera hecho de cristal. Noa, alterado por lo que estaba ocurriendo, intent¨® correr, pero fue in¨²til. En cuesti¨®n de segundos, todo se quebr¨®. Cuando abri¨® los ojos nuevamente, sinti¨® que algo lo alzaba desde debajo de ¨¦l. Antes de poder reaccionar, unas manos suaves y delicadas lo levantaron de lo que parec¨ªa ser la nada. Al alzar la mirada, se encontr¨® con los ojos de una deidad. La diosa estaba frente a ¨¦l, mir¨¢ndolo y sosteni¨¦ndolo como si fuera un cachorro. El sentimiento que lo envolvi¨® era indescriptible, incapaz de pronunciar palabra, sus ojos comenzaron a llorar, aunque no sent¨ªa tristeza. ¡ªD-diosa... ?acaso he fallado? ¡ªpregunt¨® cabizbajo y desanimado¡ª. Si es as¨ª, no merezco sus palabras... ¡ªEra evidente que se sent¨ªa acabado, triste, desolado. La mujer de ojos celestes lo observaba con dulzura. Le sonri¨® antes de hablar. ¡ªNo has fallado, Noa. Si te he tra¨ªdo a este lugar es para advertirte... y disculparme contigo ¡ªdijo la diosa, mir¨¢ndolo fijamente. Pero en la mente de Noa crec¨ªa la duda. ?Por qu¨¦ una deidad se disculpar¨ªa con ¨¦l? ?Acaso un ser tan perfecto pod¨ªa cometer errores? A pesar de la confusi¨®n, permaneci¨® en silencio. ¡ªVer¨¢s, peque?o... debo admitir que no confi¨¦ del todo en ti, y ese fue mi error. Por ello, decid¨ª enviar a otras seis almas humanas a ese mundo. Pero me di cuenta de que sus corazones se volver¨ªan oscuros y malvados. Por eso te necesito para una nueva tarea, adem¨¢s de la que ya te hab¨ªa encomendado ¡ªla diosa hablaba con un tono de arrepentimiento y un dejo de verg¨¹enza en sus palabras. ¡ªC-claro, mi diosa, cumplir¨¦ con todo lo que me pida. ?Qu¨¦ desea que haga con ellos? ?D¨®nde los encuentro? ¡ªpregunt¨® Noa, todav¨ªa en las manos de la diosa, tratando de mantener una postura tranquila, aunque por dentro sent¨ªa un nerviosismo abrumador. ¡ªMe alegra o¨ªr eso ¡ªdijo la diosa¡ª. Las almas que envi¨¦ a ese mundo ser¨¢n corrompidas por el ego¨ªsmo, y por eso... necesito que las elimines. ¡ªSus palabras se entrecortaban, como si lamentara lo que estaba a punto de decir¡ª. Quiero que asesines a esos humanos. ¡ªTermin¨® de hablar apartando la mirada de Noa. Las palabras de la diosa resonaron en la mente del joven, como si su propia madre le pidiera que matara a sus hermanos. Al principio, Noa dud¨® y cuestion¨® en silencio a la deidad, pero al ver el arrepentimiento y la culpa en sus ojos, tom¨® la decisi¨®n de obedecer a la mujer frente a ¨¦l. ¡ªLo har¨¦. Si es necesario... cumplir¨¦ su voluntad. ¡ªDijo con determinaci¨®n en la mirada. Al escuchar eso, la diosa le dedic¨® una hermosa sonrisa antes de sentarlo en su regazo. Ante ella, Noa no era m¨¢s que un peque?o cachorro. Despu¨¦s de acomodarlo, comenz¨® a explicarle lo que deb¨ªa hacer con las seis almas que llegaron de su mundo. Primero, deber¨ªa intentar convencerlos de redimirse. Si eso no funcionaba, tendr¨ªa que matarlos sin piedad. Luego, su misi¨®n ser¨ªa reparar el da?o causado por esas almas. La diosa le advirti¨® que no ser¨ªa una tarea sencilla, ya que esos humanos poseer¨ªan habilidades fuera de lo com¨²n, lo que complicar¨ªa tanto su redenci¨®n como su asesinato. Noa no protest¨®, aceptando el destino que la diosa le impon¨ªa. Sin embargo, cuando termin¨® de hablar, le hizo una pregunta que lo inquietaba: ¡ª?Qui¨¦n es la chica que me acompa?aba? La diosa se limit¨® a responder: ¡ªElla es tu fuerza y tu valent¨ªa, pero tambi¨¦n tu mayor debilidad. Esas palabras provocaron que las dudas comenzaran a crecer en la mente de Noa, pero antes de que pudiera preguntar m¨¢s, abri¨® los ojos de repente, despertando en un lugar desconocido. Parec¨ªa estar en una habitaci¨®n r¨²stica, con un ligero olor a corral. Un armario de madera y una pared tapizada eran lo ¨²nico que pod¨ªa distinguir. De pronto, sinti¨® una mano suave tocarle la espalda. Se volte¨® r¨¢pidamente en la cama en la que estaba acostado, buscando descubrir a qui¨¦n pertenec¨ªa aquel toque que lo hab¨ªa estremecido.
¡ª?K-Keila? ?D¨®nde estamos? ?Qu¨¦ hago en esta cama? ¡ªLa duda lo consum¨ªa, pero m¨¢s a¨²n se perd¨ªa en los ojos de la chica¡ª. ?C¨®mo llegamos a este lugar? ¡ªEs-ta-mos en lu-gar segu-ro ¡ªrespondi¨® ella con palabras simples. Keila a¨²n se estaba acostumbrando a hablar.This tale has been unlawfully lifted from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. ¡ªEntiendo... Perd¨®n si te sentiste sola estos d¨ªas ¡ªmurmur¨® Noa, a¨²n acostado en la cama¡ª. Soy un imb¨¦cil... Salt¨¦ sin pensarlo. ¡ªHab¨ªa dolor en sus palabras. El miedo a ser atrapado lo hab¨ªa consumido, impidi¨¦ndole tomar una mejor decisi¨®n. ¡ªDuerme, tie-nes que re-cuperar-te ¡ªdijo Keila con calma. Su mirada, fr¨ªa y vac¨ªa como siempre, no mostraba ning¨²n sentimiento, aunque en su interior sent¨ªa un gran alivio al ver que Noa hab¨ªa despertado. Noa hizo caso a Keila. Despu¨¦s de todo, su cuerpo estaba exhausto y adolorido por las heridas y fracturas que a¨²n no hab¨ªan sanado del todo. La ca¨ªda hab¨ªa sido brutal, pero se sent¨ªa aliviado de ver que a Keila no le hab¨ªa pasado nada. Sin embargo, no pod¨ªa dejar de preguntarse c¨®mo hab¨ªan llegado a ese lugar, ni qui¨¦nes los hab¨ªan ayudado. Solo pod¨ªa esperar el momento adecuado para agradecerles. Despu¨¦s de varias horas tratando de dormir, Noa not¨® que Keila lo observaba con su caracter¨ªstica frialdad, lo que resultaba algo inc¨®modo, aunque tambi¨¦n lo tranquilizaba saber que ella no hab¨ªa cambiado mientras ¨¦l estaba inconsciente. De pronto, una persona entr¨® en la habitaci¨®n. Era un hombre mayor, de unos cincuenta a?os, vestido con ropas de estilo medieval, con visibles desgastes que mostraban la edad de las prendas. El hombre mir¨® a Noa, y en su rostro se reflejaba un alivio al verlo despierto y relativamente sano. Keila, que estaba a su lado, se hab¨ªa quedado dormida, por lo que Noa decidi¨® aprovechar el momento para hablar con el hombre. ¡ªDisculpe... ?puedo preguntar qu¨¦ hacemos aqu¨ª? ?Qui¨¦n nos trajo? ?C¨®mo nos encontraron? ¡ªpregunt¨® Noa con dudas en su voz, sin saber c¨®mo reaccionar¨ªa el hombre¡ª. Por favor... ¡ªMuchacho, los encontramos a ti y a la chica en medio del bosque. T¨² estabas agonizando por tus heridas, mientras que ella no se separaba de ti ni un momento. Solo pudimos hallarlos gracias a la luz que emiti¨® la muchacha ¡ªrespondi¨® el hombre con calma, observando al joven. ¡ª?Una luz...? ¡ªNoa not¨® que todas sus pertenencias no estaban, pero luego de un momento las vio apiladas en una esquina de la habitaci¨®n¡ª. Creo que ya s¨¦ qu¨¦ fue esa luz. ¡ªIntent¨® levantarse de repente, pero su cuerpo a¨²n estaba demasiado d¨¦bil, y cay¨® al suelo sin poder sostenerse. ¡ª?Hey! ?Qu¨¦ intentas hacer, muchacho? Tus heridas a¨²n no han sanado ¡ªel hombre se acerc¨® r¨¢pidamente para ayudar a Noa a levantarse. ¡ªTranquilo... estoy bien, solo necesito mi mochila ¡ªrespondi¨® Noa con quejidos de dolor, todav¨ªa en el suelo. El hombre lo entendi¨® y le alcanz¨® la mochila, todo mientras Keila segu¨ªa dormida. El chico comenz¨® a buscar algo en su mochila¡ª. ?Aqu¨ª est¨¢! ¡ªexclam¨®, sacando su celular, cuya linterna a¨²n estaba encendida. Solo le quedaba menos del veinte por ciento de bater¨ªa¡ª. Sab¨ªa que ella usar¨ªa esto... Gracias, Keila, nos salvaste. ¡ªLo dec¨ªa con una mezcla de alivio y gratitud mientras miraba a la chica dormida en la cama. El hombre observ¨® c¨®mo la luz que vieron en el bosque sal¨ªa de ese extra?o objeto. Aunque no hizo preguntas, algo empez¨® a encajar en su mente. Tal vez esos chicos eran m¨¢s especiales de lo que hab¨ªa cre¨ªdo. Incapaz de contener la duda, pregunt¨®: ¡ª?Acaso tu amiga no es una sacerdotisa? ?Y t¨² no eres su protector? ¡ª?Protector? No entiendo de qu¨¦ me habla, se?or. Keila no es ninguna sacerdotisa ¡ªrespondi¨® Noa, extra?ado¡ª. ?Por qu¨¦ cree eso? ¡ªEs que... te encontramos herido, con la chica a tu lado, y ella tiene el cabello blanco y los ojos celestes. Pensamos que era un miembro de la iglesia de los dioses y que ustedes hab¨ªan sido atacados por bandidos. Supuse que t¨² la proteg¨ªas ¡ªexplic¨® el hombre, a¨²n confundido, ya que hasta donde sab¨ªa, solo los sacerdotes y los siervos de los dioses ten¨ªan los ojos azules. ¡ªD-Disculpe si lo confundimos. La verdad es que ca¨ªmos por un acantilado tras presenciar un ataque a una aldea. Yo us¨¦ mi cuerpo para protegerla, y por eso sal¨ª tan herido ¡ªrespondi¨® Noa, intentando aclarar la situaci¨®n. Antes de que el hombre pudiera decir algo m¨¢s, Keila despert¨®. Ten¨ªa el cabello desordenado y una mirada cansada que resaltaba sus ojos grises. ¡ªComo puede ver, ella no tiene los ojos celestes ¡ªa?adi¨® Noa¡ª. Lo que ocurre es que sus ojos cambian de color seg¨²n lo que siente. Lamento si causamos alguna confusi¨®n o problema... El hombre, sin preguntar m¨¢s, acept¨® la explicaci¨®n y se retir¨® de la habitaci¨®n. Estaba claro que una gran confusi¨®n hab¨ªa surgido, sobre todo por la chica de cabello plateado y ojos grises. Mientras se alejaba, se preguntaba si esos j¨®venes podr¨ªan ser enviados de alg¨²n dios. Sin embargo, r¨¢pidamente desech¨® la idea al recordar que ninguno de ellos ten¨ªa la marca de una deidad. Decidi¨® resignarse a pensar que eran simplemente j¨®venes comunes, quiz¨¢ de alguna aldea lejana. Por otro lado, Noa revisaba cuidadosamente todas sus cosas, buscando algo que pudiera faltar, pero todo estaba en su lugar. Poco despu¨¦s, comenz¨® a conversar con Keila. Ella, con su habitual frialdad, le explic¨® lo mejor que pudo todo lo que hab¨ªa sucedido mientras ¨¦l estaba inconsciente. Lo primero que le dijo fue que el hombre y su hija los encontraron en medio del bosque cuando ella activ¨® la linterna accidentalmente. Luego los llevaron a una caba?a, donde curaron sus heridas, sobre todo las de Noa, quien estaba agonizando por la p¨¦rdida de sangre. Tambi¨¦n le cont¨® que hab¨ªa estado dormido durante cuatro d¨ªas, y aunque no despertaba, murmuraba cosas entre sue?os. As¨ª transcurri¨® el d¨ªa hasta que cay¨® la noche. En ese momento, la puerta volvi¨® a abrirse, y una jovencita de cabellos rojos y pupilas amarillas entr¨® en la habitaci¨®n con comida y nuevas vendas. La chica parec¨ªa tranquila y alegre, al menos hasta que not¨® que Noa hab¨ªa despertado. ¡ªB-Buenas noches... Qu¨¦ bueno que despertaste ¡ªdijo, algo nerviosa¡ª. Les traje comida y nuevas vendas. ¡ªC-Claro, adelante, por favor ¡ªrespondi¨® Noa, algo intranquilo. No estaba acostumbrado a ver esos rasgos en una persona, sobre todo el intenso color rojo de su cabello. La chica dej¨® la comida a un lado, y Keila se levant¨® para comer con su habitual expresi¨®n de indiferencia.
¡ªVeo que disfruta de la comida de aqu¨ª ¡ªcoment¨® la joven con nerviosismo¡ª. Agradezco todo lo que han hecho por nosotros. Estoy dispuesto a pagarles de la mejor manera posible ¡ªa?adi¨® Noa, intentando ser educado para causar una buena impresi¨®n en sus rescatistas. La joven no tard¨® en responder: ¡ªAhora solo conc¨¦ntrate en recuperar fuerzas. Ma?ana mi padre te har¨¢ algunas preguntas y examinar¨¢ tu estado. Me retiro por ahora, coman bien y descansen ¡ªsu tono era suave y delicado, y la dulzura en su voz tranquiliz¨® a Noa, d¨¢ndole m¨¢s confianza en las personas que los hab¨ªan ayudado. Tras decir esto, la chica sali¨® de la habitaci¨®n, olvidando colocarle las nuevas vendas a Noa. Todo hab¨ªa pasado muy r¨¢pido para el joven, pero en ese momento solo ten¨ªa que concentrarse en recuperar fuerzas y fortalecerse para sobrevivir en ese extra?o mundo. Decidido, tom¨® las vendas y se las coloc¨® ¨¦l mismo, observando las profundas heridas que hab¨ªa sufrido. Era claro que dejar¨ªan cicatrices, pero eso le preocupaba poco. Mientras tanto, Keila sal¨ªa y volv¨ªa a la habitaci¨®n como si ya se hubiera acostumbrado a la casa. Eran d¨ªas tranquilos, y Noa se sinti¨® m¨¢s aliviado sabiendo que estaban en un lugar seguro. Con esa certeza, pudo dormir profundamente. (historias del d铆a a d铆a) vol. 2 D¨ªa 1 (narrado por Keila) Ayer nos llevaron a un lugar... extra?amente tranquilo. Esa gente rara nos ayud¨®. Me dieron algo caliente de comer y una cosa que llamaron pan. No me gust¨®, el pan era muy duro, dif¨ªcil de masticar. Despu¨¦s de un rato, empezaron a hacerme preguntas: de d¨®nde vengo, a qu¨¦ iglesia pertenezco, cu¨¢ntos a?os tengo... No respond¨ª, los ignor¨¦. Solo quiero saber si Noa sigue con vida. El sonido de su pecho es lento, apenas perceptible... Hoy he sentido cosas que no conozco, sensaciones nuevas que me abruman. Me gustar¨ªa que Noa despierte pronto para que me las explique...
Ha sido un d¨ªa agotador. Me ir¨¦ a dormir junto a Noa. Aunque me molesta la luz, es demasiada, casi insoportable. El hombre que nos ayud¨® no me deja apagarlas, y la chica no deja de intentar tocar mi cabello. Qu¨¦ extra?as son estas personas. Pero Noa me dijo una vez que deb¨ªa ser agradecida con quienes me ayudaran... Supongo que ahora debo hacerlo. D¨ªa 2 (narrado por Keila) Hoy despert¨¦ temprano. Se siente extra?o dormir en una cama tan suave. A Noa le encantar¨ªa esta sensaci¨®n... si estuviera despierto. El hombre se acerc¨® a ¨¦l de nuevo y le envolvi¨® los brazos con telas, como si intentara curarlo. La chica estaba a su lado, sosteniendo un trapo h¨²medo. Ambos parec¨ªan preocupados. ?Ser¨¢ que Noa est¨¢ muriendo? Hoy tambi¨¦n me lavaron el cabello con algo viscoso. Despu¨¦s, la chica me llev¨® al r¨ªo y nos lavamos juntas. Ella tiene un cuerpo esbelto y un poco marcado. Si no me equivoco, eso se llaman m¨²sculos... Me pregunto qu¨¦ son exactamente y por qu¨¦ Noa quer¨ªa tenerlos. El hombre me explic¨® por qu¨¦ hab¨ªa tanta luz en la casa. Mencion¨® a unas criaturas que llam¨® "sombras". Dijo que aparecieron hace poco y son peligrosas, que se mueven en la oscuridad.
No entiendo del todo lo que quiso decirme, pero me habla con respeto, como si a¨²n creyera que soy una sacerdotisa, o como sea que lo llame. Tambi¨¦n me peinaron frente a algo que reflejaba mi imagen. La chica lo llam¨® espejo. Vi mis ojos reflejados, a¨²n de color azul. Creo que es porque Noa no despierta. Me siento extra?a... ?Qu¨¦ ser¨¢ esta sensaci¨®n? D¨ªa 3 (narrado por Nimue) ?Hola! Me llamo Nimue, soy la chica hermosa de cabello rojo y ojos como el sol... o eso me gusta pensar. Hace dos d¨ªas, mi padre y yo encontramos a una mujer y a un chico en medio del bosque. El chico estaba gravemente herido, como si unas bestias salvajes hubieran desgarrado sus piernas y brazos. A su lado estaba la mujer, con su cabello plateado y unos ojos celestes que parec¨ªan hechos de hielo. No quer¨ªa separarse de ¨¦l, ni un instante. Mi padre y yo los llevamos a casa. ¨¦l atendi¨® las heridas del joven, mientras yo intentaba hablar con la mujer, pero ella es muy callada. Se pasa medio d¨ªa observando al chico, sin decir una palabra. Parece que est¨¢ realmente preocupada por ¨¦l. Mi padre cree que la mujer es una sacerdotisa de alguna iglesia y me ha dicho que debemos atenderlos lo mejor posible. A¨²n no entiendo por qu¨¦, pero noto que mi padre parece inquieto cuando le habla. Se pone nervioso, especialmente porque ella no responde a ninguna de sus preguntas. Me pregunto qui¨¦nes ser¨¢n realmente estas personas... Hoy descubr¨ª algo sorprendente. La mujer ya no era una mujer. Cuando fui a la biblioteca, la encontr¨¦ mirando los libros, pero ahora era m¨¢s peque?a, una chica de mi edad. Apenas ayer parec¨ªa tener veinticinco o treinta a?os, pero ahora es como una joven de diecis¨¦is.
Mi ropa ahora le queda mejor, pero no s¨¦ c¨®mo va a reaccionar mi padre cuando la vea as¨ª... Estoy en problemas. D¨ªa 4 (narrado por Keila) Han pasado tres d¨ªas y Noa a¨²n no despierta... ?Estar¨¢ muerto? No lo creo. El sonido de su pecho sigue ah¨ª, aunque lento. Creo que tardar¨¢ un poco m¨¢s en despertar, pero espero que lo haga pronto. Extra?o su comida... La que me dan aqu¨ª es desabrida, no tiene sabor, es desagradable. Quiero que Noa despierte. Durante estos d¨ªas, la chica ha intentado llevarme a su habitaci¨®n, pero no quiero dormir con ella. Prefiero estar con Noa. Es m¨¢s c¨®modo... Me gusta meterme entre sus brazos, es suave y tranquilizante... Hoy tambi¨¦n le cambiaron las vendas. Sus heridas parecen estar mejor, tal vez por ese barro extra?o que le ponen en los brazos y las piernas. Seg¨²n el hombre de barba blanca, sirve para sanar heridas profundas. Pero, al final, no importa mucho. Lo ¨²nico que quiero es que Noa despierte y les hable a estas personas. Yo no s¨¦ c¨®mo responderles.Unauthorized usage: this narrative is on Amazon without the author''s consent. Report any sightings. Creo que dormir¨¦ un poco... El sol ya est¨¢ por ocultarse... D¨ªa 5 (narrado por Noa) Ya despert¨¦... Aunque creo que el tiempo que estuve inconsciente fue mucho m¨¢s corto en mi mente comparado con el tiempo real que ha pasado. Supongo que entr¨¦ en una especie de coma debido a las heridas y la p¨¦rdida de sangre. Al menos, estoy vivo y en un lugar seguro. Hoy pude hablar m¨¢s con el hombre, ahora s¨¦ que se llama Baldric. Me cont¨® lo que sucedi¨® en la aldea no muy lejos de aqu¨ª. Seg¨²n ¨¦l, debido a los gobernantes tiranos y los nobles de coraz¨®n podrido, muchas aldeas est¨¢n siendo saqueadas. Los aldeanos j¨®venes son vendidos como esclavos a esos nobles o a quien pueda comprarlos. Por eso estaban llev¨¢ndose a los pocos ni?os que quedaban en esa aldea. Invent¨¦ una excusa sobre nuestro origen. Le dije que ven¨ªamos de una aldea n¨®mada y que una criatura nos atac¨®, obligando a Keila y a m¨ª a viajar solos. Pareci¨® creerme. Despu¨¦s de comer, me cont¨® m¨¢s sobre este reino y por qu¨¦ es tan peligroso viajar acompa?ado de una mujer hermosa. Al parecer, las mujeres bellas son muy codiciadas por los nobles. Eso me asust¨®, no ten¨ªa ni idea del peligro al que estaba exponiendo a Keila. Las cosas en este mundo no est¨¢n bien... Supongo que por eso la diosa me envi¨® aqu¨ª. Aunque no soy el h¨¦roe destinado a salvar al mundo, solo soy un mensajero. M¨¢s tarde, Keila me dijo algo a escondidas. Me re¨ª cuando la escuch¨¦, se quejaba de la comida de este lugar. Supongo que, como este mundo est¨¢ en algo parecido a la Edad Media, no est¨¢n acostumbrados a muchas cosas. Le promet¨ª que la pr¨®xima vez yo cocinar¨ªa, aunque... no creo que mi comida haga mucha diferencia, ya que hasta ahora no he cocinado con sal. Lo intentar¨¦ m¨¢s adelante. Al caer la tarde, Baldric y Nimue comenzaron a encender muchas luces en toda la casa. Pregunt¨¦ por qu¨¦ lo hac¨ªan. Despu¨¦s de un rato, Baldric respondi¨®. Dijo que ¨²ltimamente han aparecido criaturas de oscuridad. No se parecen a los monstruos de los libros de bestias, seg¨²n ¨¦l. Son b¨¢sicamente sombras, capaces de moverse entre lugares donde hay poca luz. Son peligrosas porque causan horribles pesadillas y contaminan la comida y el agua. Por eso colocan tantas luces. Supongo que no deber¨ªa sorprenderme. Al final de cuentas, no estoy en mi mundo... D¨ªa 6 (narrado por Noa) Han pasado unos d¨ªas desde que llegamos a este lugar. Ya puedo caminar por mi cuenta y agarrar cosas sin sentir tanto dolor. Lo que me sorprende es que todas mis heridas han cicatrizado. Al parecer, me han estado tratando con un tipo de barro y hierbas medicinales que ayudan a cerrar las heridas, aunque no las sanan por completo. Al menos, ahora puedo ser ¨²til. Habl¨¦ con Baldric y llegamos a un acuerdo: trabajar¨¦ en la casa, limpiando y cocinando, ayudando a Nimue con las tareas dom¨¦sticas. Acept¨¦, ya que no tengo dinero para pagarle de ninguna otra forma. Poco despu¨¦s, me llam¨® aparte para hablar conmigo, enviando a las chicas a recolectar manzanas. Quer¨ªa decirme algo importante... Lo que me cont¨® me aterroriz¨®. Seg¨²n lo que ha visto en las monta?as, estas tierras no ser¨¢n seguras por mucho m¨¢s tiempo. Dijo que posiblemente estalle un conflicto entre bestias. Cuando eso suceda, quedarnos en esta casa no ser¨¢ seguro para nadie. Me pidi¨® que me recupere r¨¢pido, porque en un mes y medio el conflicto empezar¨¢ y tendremos que refugiarnos en las monta?as. All¨ª, dijo, hay un refugio preparado para soportar el mes que durar¨¢ el conflicto. Al principio no entend¨ª bien, as¨ª que me lo explic¨® de nuevo. Las guerras entre bestias ocurren cuando grandes grupos de criaturas se enfrentan por territorios de caza. Dijo que es necesario refugiarnos porque algunas de esas criaturas pueden usar "artes espirituales" y simples plebeyos como nosotros no podr¨ªamos enfrentarnos a ellas. Ah¨ª lo comprend¨ª todo. Era m¨¢s que obvio que deb¨ªa recuperarme o solo ser¨ªa una carga para ellos... Tendr¨¦ que empezar a entrenar mi cuerpo y mi mente. D¨ªa 7 (narrado por Noa) Hoy despert¨¦ sinti¨¦ndome mucho mejor. Ya puedo mover mis piernas y brazos con mayor facilidad. Ese barro que Baldric usa es realmente efectivo. Esta ma?ana ayud¨¦ a las chicas a recolectar lo que yo llamo manzanas, aunque aqu¨ª las llaman simplemente "fruta dulce" o "delicia roja." Su sabor es peculiar, como si combinaras la textura de una manzana con el sabor de una mandarina, pero siguen siendo deliciosas. Solo me queda un 18% de bater¨ªa en mi celular, as¨ª que creo que a partir de ahora lo usar¨¦ solo para tomar fotos. Aprovech¨¦ el momento y le tom¨¦ una foto a Keila. Se ve hermosa, aunque su mirada todav¨ªa me causa un poco de miedo.
Mientras ayudaba a Nimue a cosechar, ella me pregunt¨® si ya sab¨ªa que Keila pod¨ªa cambiar de tama?o. Al principio no la entend¨ª y no le cre¨ª, hasta que me llev¨® a donde estaba Keila y le pidi¨® que se volviera adulta. En ese instante, Keila creci¨®, estirando la ropa que llevaba puesta. Me qued¨¦ boquiabierto. Hasta ese momento, siempre hab¨ªa pensado que Keila era una chica de diecisiete o dieciocho a?os, pero ahora parec¨ªa una mujer adulta, rozando los veintiocho. En ese momento, me di cuenta de que realmente no conoc¨ªa nada sobre Keila. Ni siquiera sab¨ªa si era completamente humana o si era algo m¨¢s. Record¨¦ las palabras de la diosa, y la verdad, me sent¨ª m¨¢s confundido que nunca. Dejando eso de lado, aprovech¨¦ para tomarle una foto a Nimue. Ella es una buena amiga y, honestamente, es muy hermosa. Si hubiera nacido en mi mundo, seguramente tendr¨ªa un ej¨¦rcito de admiradores. Pero aqu¨ª, en cambio, me ense?a c¨®mo cosechar y cuidar las plantas... Prometo que alg¨²n d¨ªa le devolver¨¦ el favor, Nimue.
No s¨¦ qu¨¦ me deparar¨¢ el futuro, pero estoy agradecido de haber encontrado a estas personas... o m¨¢s bien, de que nos hayan encontrado a Keila y a m¨ª. Supongo que me quedar¨¦ aqu¨ª por un tiempo. Si contin¨²o mi viaje en mi estado actual, lo m¨¢s seguro es que termine muerto. Dejando todo eso de lado, ahora solo quiero concentrarme en disfrutar de este mundo. Es espl¨¦ndido, as¨ª que, aprovechando el descanso para el almuerzo, decid¨ª preparar algo diferente para todos. Sinceramente, no esperaba que Baldric tuviera algo parecido a la levadura, pero gracias a eso pude cocinarles algo simple. Parece que a ellos les encant¨®, jeje. Tom¨¦ una buena foto de todos y tambi¨¦n me di cuenta de algo interesante...
Cuando algo la emocionaba, sus ojos adquir¨ªan un tono verde brillante, como si en ellos se reflejara la intensidad de su disfrute. capitulo 4: perdida (parte 1 de 2). Pasaron dos semanas desde que el fr¨ªo empez¨® a envolver el bosque. El viento helado y las noches g¨¦lidas comenzaron a extenderse por todo el territorio donde se encontraban Noa y los dem¨¢s. Cada d¨ªa, los vientos se intensificaban, y los ¨¢rboles dejaban caer sus hojas en un lento y elegante descenso hacia el suelo. Todo esto lo observaba un joven que entrenaba cerca de la caba?a.
Noa estaba decidido a no morir en ese mundo sin antes cumplir la encomienda de la diosa. Cada ma?ana se esforzaba al m¨¢ximo. Sus piernas y brazos, recuperados del desgaste, estaban ahora fuertes y ¨¢giles, y se hab¨ªa acostumbrado a la vida y las costumbres del anciano y la chica que viv¨ªan con ¨¦l. Por su parte, Keila tambi¨¦n hab¨ªa aprovechado el tiempo para aprender todo lo posible. Con la ayuda de Nimue, comenz¨® a entender c¨®mo expresar sentimientos hacia los dem¨¢s. Aunque le cost¨® mucho comprender las diferentes expresiones emocionales, su deseo de aprender era grande. A medida que pasaba el tiempo, ambos j¨®venes adquirieron nuevos conocimientos. Sin embargo, Noa sab¨ªa que deb¨ªa prepararse para enfrentar el mundo exterior. No dud¨® en buscar el consejo del anciano, quien parec¨ªa entusiasmado por ense?arle. Un d¨ªa por la tarde, se sentaron para hablar. ¡ªNoa ¡ªempez¨® el anciano¡ª, has estado en esta caba?a m¨¢s de diez d¨ªas. Quiero entregarte esto. El hombre sac¨® un libro de una peque?a biblioteca a su lado. ¡ªEste libro te ense?ar¨¢ todo lo que necesitas saber sobre el reino de Tzurue y las deidades que lo habitan. Noa tom¨® el libro con una expresi¨®n de confusi¨®n. Luego, con un tono nervioso, respondi¨®: ¡ªAnciano... no s¨¦ leer. Su verg¨¹enza era evidente. A pesar de todo el tiempo que hab¨ªa pasado all¨ª, nunca hab¨ªa intentado aprender a leer la escritura de ese mundo. ¡ª?No sabes leer...? Bueno, supongo que no provienes de una familia privilegiada. Me gustar¨ªa ense?arte, pero, la verdad, no s¨¦ c¨®mo hacerlo. Cuando la pelea de territorios entre los monstruos haya terminado ¡ªdijo el anciano, dejando el libro en una mesa cercana¡ª, tendr¨¢s que irte con tu hermana. Tal vez en la ciudad encuentres a alguien que pueda ense?arte a leer. Hab¨ªa cierto descontento en sus palabras, pero su mirada segu¨ªa siendo dura y justa. ¡ªS-s¨ª, lo entiendo. Ahora, ?podr¨ªas contarme la historia de este reino? ¡ªse acomod¨® en su asiento¡ª. Quiero saber todo lo posible y estar preparado. ¡ªSupongo que tienes raz¨®n, muchacho. Ir a la ciudad es peligroso si no sabes nada sobre ella. Como sabes, fui soldado y he visto cosas horribles que ocurren en la ciudad cuando cae la noche ¡ªsu voz dej¨® de ser suave repentinamente¡ª. Ahora, presta atenci¨®n a lo que te voy a contar, porque es todo lo que s¨¦ y espero que te sirva para protegerte a ti y a tu hermana. Noa asinti¨®, algo intimidado por la rudeza del hombre. Entonces, el hombre de mediana edad comenz¨® a narrar la historia del mundo... ¡ªLas antiguas historias narran el poder de nuestras deidades y c¨®mo liberaron al mundo de la oscuridad. De ellas surgieron nuevos reinos y esperanza para todos. Un d¨ªa, ordenaron construir templos m¨¢s grandes que cualquier ciudad. Eso fue hace m¨¢s de doscientos a?os. Desde que las deidades protectoras del mundo entraron en esos templos, nunca volvieron a salir... jam¨¢s ¡ªdijo el anciano, tomando un sorbo de agua¡ª. A ra¨ªz de esto, el mundo qued¨® abandonado por los seres que nos ense?aron tantas cosas a los humanos y a otras razas. Ellos dejaron a cargo a sus iglesias y a los reyes, y ese fue el declive para nosotros. Pronto, la maldad de los nobles sali¨® a la luz. Se adue?aron del mundo, y la iglesia no hizo nada ante tanto mal. Esos imb¨¦ciles solo se paran frente a los templos para venerar a sus dioses y tratan de llevar a muchos por el mismo camino. As¨ª, todo se pudri¨®. Tosi¨® un poco. ¡ªEscucha, muchacho, lo que encontrar¨¢s en las ciudades no es m¨¢s que basura para los plebeyos. Te lo aseguro. Por eso me fui junto a mi esposa lejos de la podredumbre, pero... poco despu¨¦s de que ella dio a luz a mi hija, ella muri¨®. No me sorprende, mi madre tambi¨¦n muri¨® por mi nacimiento. A lo que quiero llegar es que si vas a la ciudad, tendr¨¢s que luchar por sobrevivir. Y no creas que ir con otra raza te salvar¨¢; ellos no lo har¨¢n. En este mundo, los humanos plebeyos somos menos que las heces de un animal ¡ªsuspir¨®, agotado¡ª. Y jam¨¢s veneres a alguna deidad ni sigas a ninguna iglesia. Ellos solo te lavan el cerebro. Pueden parecer amables y puros, pero por dentro son peores que los nobles. El anciano termin¨® de hablar, visiblemente cansado. Noa parec¨ªa confundido por el repentino cambio de tema, pero no le prest¨® mucha importancia. Todo lo que el hombre le hab¨ªa dicho le resultaba muy ¨²til. Sin embargo, antes de concluir la conversaci¨®n, Noa dijo algo que sorprendi¨® al anciano. ¡ªSe?or... ?cree que... ¡ªpaus¨® un momento, pensando en lo que iba a decir¡ª, cree que pueda dejar a mi hermana con usted? ¡ª?Por qu¨¦ har¨ªas algo as¨ª, chico? ?Acaso no quieres a tu hermana? ¡ªdijo el anciano, mostrando preocupaci¨®n. ¡ªNo es nada de eso, solo que... con todo lo que me ha contado, creo que es m¨¢s peligroso que ella vaya conmigo que ir solo, y estoy seguro de que ella estar¨ªa mejor aqu¨ª ¡ªNoa parec¨ªa pesar en sus palabras¡ª. Adem¨¢s, parece haberse encari?ado con Nimue. ¡ªBueno... si eso es lo que quieres para tu hermana, supongo que es lo mejor para ella ¡ªdijo el anciano, levant¨¢ndose de su asiento¡ª. Pero deber¨ªas hablar de esto con ella. Por m¨ª est¨¢ bien; ya pude criar a una, no ser¨¢ problema criar a otra. El hombre sali¨® de la habitaci¨®n entre carcajadas. Noa suspir¨® ante la respuesta del anciano. Ya hab¨ªan pasado suficientes cosas como para poner en peligro a Keila, pero algo muy dentro de ¨¦l le suplicaba que no la dejara. Aunque no entend¨ªa bien por qu¨¦, ver a esa chica de cabello plateado le daba paz y, de alguna manera, le daba fuerza. Aun as¨ª, las decisiones estaban por tomarse. Pasaron los d¨ªas y ambos aprendieron mucho sobre el mundo y su cultura. Para Noa, era algo nuevo y al mismo tiempo no tan nuevo, ya que el mundo del que proven¨ªa no era muy diferente de la Edad Media, salvo por el uso de lo que ¨¦l podr¨ªa llamar magia. Estaba ansioso por ver c¨®mo era y c¨®mo se aprend¨ªa. Keila, por su parte, disfrutaba de las cosas simples, como comer una fruta. Tambi¨¦n aprend¨ªa con Nimue sobre modales y c¨®mo ser una dama, lo que molestaba un poco a Noa. Sin embargo, comprendi¨® que en este tiempo, las mujeres a¨²n eran menospreciadas. No falt¨® el d¨ªa en que intent¨® ense?arle a Keila c¨®mo dar una patada. As¨ª, un d¨ªa, el estruendo de cientos de pisadas alert¨® a Noa, quien se encontraba entrenando en el bosque. La pelea por territorio hab¨ªa comenzado.
R¨¢pidamente, Noa regres¨® a la caba?a, alertando al anciano y a las chicas. Todos tomaron lo que hab¨ªan preparado para viajar al refugio. Salieron de la caba?a, asegurando cada cosa y rociando un l¨ªquido que alejaba a las bestias de la caba?a. Se adentraron en el bosque, caminando durante varias horas entre ¨¢rboles y rocas. La noche ca¨ªa y a¨²n faltaba un d¨ªa m¨¢s de camino, as¨ª que decidieron descansar. Armaron una fogata y sacaron los sacos de dormir, que eran simplemente sacos de cuero de animal. La noche transcurr¨ªa con normalidad; despu¨¦s de un rato hablando entre ellos, las chicas se acostaron cerca de la fogata. Mientras tanto, el anciano y Noa se encargaron de hacer guardia toda la noche. El joven aprovech¨® la oportunidad para preguntar algo que a¨²n lo intrigaba y que no hab¨ªa podido comentar antes con el hombre. ¡ªAnciano... quiero preguntarle algo ¡ªdijo, mirando hacia el cielo estrellado. ¡ª?Qu¨¦ cosa? ¡ªpregunt¨® el anciano mientras com¨ªa algo de carne¡ª. ?Acaso es sobre el refugio? ¡ªNo, no es eso. Solo que hace un tiempo... ¡ªpaus¨®, pensando en c¨®mo formular su pregunta¡ª, cuando Keila y yo est¨¢bamos perdidos, encontramos un carruaje destrozado. Al parecer, les hab¨ªan atacado criaturas humanoides horribles que se llevaron a las mujeres del carruaje. Me gustar¨ªa saber qu¨¦ eran esas criaturas. Noa parec¨ªa algo temeroso de hacer la pregunta, ya que no sab¨ªa c¨®mo reaccionar¨ªa el hombre al saber que no hab¨ªa ayudado a las mujeres. ¡ªHablas de los perturbados... son criaturas despreciables que secuestran mujeres para reproducirse y luego com¨¦rselas ¡ªdijo el hombre con algo de odio hacia esas criaturas¡ª. Y deja de sentirte culpable. Hiciste bien en no ayudar a esas mujeres; de lo contrario, t¨² habr¨ªas muerto y a tu hermana le habr¨ªan hecho algo peor. As¨ª es la vida ¡ªhabl¨® con rudeza antes de acostarse¡ª. Ahora vigila. Despi¨¦rtame si pasa algo. El hombre se dispuso a dormir. Algo desconcertado por el comportamiento del anciano, Noa respondi¨® con un "est¨¢ bien" y continu¨® observando los alrededores, atento a cualquier peligro. Al d¨ªa siguiente, continuaron su camino hacia el refugio. Pasaron por muchos lugares que fascinaban a Noa y a Keila. Todo era hermoso visto desde la cima de una monta?a; paisajes que Noa jam¨¢s pens¨® ver estaban ahora frente a sus ojos. Era un mundo entero por descubrir... hasta que, cuando ya estaban cerca del refugio, algo llam¨® la atenci¨®n de Keila. Ella, jalando de la ropa de Noa, se?al¨® un lugar peculiar.
Un cr¨¢ter tan grande y profundo se hac¨ªa visible desde la lejan¨ªa de la monta?a. Noa lo mir¨® con curiosidad hasta que le pregunt¨® a Nimue qu¨¦ era. Ella solo respondi¨®: ¡ªNo lo s¨¦, solo te puedo decir que es muy antiguo. Estas palabras llenaron de emoci¨®n a Noa, quien pensaba que podr¨ªa ser el sitio de la ca¨ªda de alg¨²n meteoro. Esa idea le fascinaba. Poco despu¨¦s, finalmente hab¨ªan llegado al refugio.
¡ªEste es el dichoso refugio... ¡ªdijo Noa con algo de nerviosismo. ¡ªSi no te gusta, puedes dormir afuera ¡ªrespondi¨® el anciano con tono rudo y serio. ¡ªYa te acostumbrar¨¢s ¡ªdijo Nimue en tono bromista mientras entraba al refugio. ¡ªEs mejor... que nuestra primera casa ¡ªdijo Keila con seriedad y sin mostrar mucha emoci¨®n. ¡ª(?£þ¡÷£þ)? Qu¨¦ malos... ¡ªdijo Noa antes de entrar con todos. El lugar no era malo por dentro; b¨¢sicamente consist¨ªa en una cueva con varias camas y un lugar que se podr¨ªa llamar ba?o. Tambi¨¦n se notaba que el lugar era frecuentado pocas veces al a?o. Despu¨¦s de haber dejado sus cosas, Noa sali¨® a dar un vistazo a todo lo que lo rodeaba. Monta?as y bosques hasta donde alcanzaba la vista era lo que sus ojos apreciaban. Por primera vez se dio cuenta de lo hermoso que era ver un mundo no contaminado por la avaricia humana. Respirando hondo un aire tan puro, solt¨® un grito de alegr¨ªa a los cuatro vientos. La alegr¨ªa que sent¨ªa en ese momento era indescriptible. As¨ª pasaron muchas cosas en el refugio. Keila aprendi¨® mucho m¨¢s de parte de Noa, y el anciano y Nimue se sorprendieron por lo mucho que sab¨ªa el joven. ¨¦l solo us¨® como excusa: "Son tradiciones de mi pueblo". Los d¨ªas transcurrieron en la monta?a. Noa entrenaba, haci¨¦ndose cada vez m¨¢s fuerte con las ense?anzas del viejo, sin importar cu¨¢n lastimado saliera despu¨¦s de cada sesi¨®n. Keila tambi¨¦n aprendi¨® muchas cosas de Nimue. Ambos apreciaban el tiempo que pasaban con ellos; de alguna manera, era como tener una familia.If you encounter this tale on Amazon, note that it''s taken without the author''s consent. Report it. Por otro lado, Noa sab¨ªa que esta situaci¨®n no durar¨ªa para siempre. Ten¨ªa que irse tarde o temprano para cumplir el mandato de la diosa. Sab¨ªa que deb¨ªa dejar a Keila con ellos, ya que ella correr¨ªa mucho peligro si viajaba con ¨¦l. As¨ª que decidi¨® esperar hasta el ¨²ltimo d¨ªa, cuando el anciano dijera que era seguro bajar de la monta?a. En ese momento, se lo dir¨ªa. Estaba totalmente decidido a continuar su viaje solo. Pronto lleg¨® ese d¨ªa. Los cuatro bajar¨ªan al bosque para regresar a la caba?a. El anciano y Nimue estaban al tanto de la decisi¨®n de Noa y tambi¨¦n estaban de acuerdo. Alistaron sus cosas y dejaron todo impecable en la cueva. El anciano ir¨ªa al frente para vigilar y Noa estar¨ªa en la retaguardia; ambos proteger¨ªan a las chicas de cualquier peligro que pudiera haber quedado en el bosque. As¨ª continuaron descendiendo, cada vez m¨¢s, hasta que llegaron al bosque. Un olor a sangre estaba presente en toda el ¨¢rea. De vez en cuando se encontraban con los restos de alguna bestia; era evidente que hab¨ªa ocurrido un feroz enfrentamiento. Aun as¨ª, no bajaron la guardia y continuaron recorriendo el sendero de ¨¢rboles. Ya no faltaba mucho para llegar a la caba?a. En un instante, Noa pregunt¨® algo que desconcert¨® un poco al anciano. ¡ªViejo, ?por qu¨¦ tardamos d¨ªa y medio en llegar a la monta?a si bajamos en menos de 7 horas? ¡ªsosten¨ªa una espada mellada, a¨²n en guardia. ¡ªPorque me perd¨ª en el camino. Ah¨ª est¨¢ tu respuesta. Ahora sigue caminando. ¡ªPadre... ?puedo usar mi arco? ¡ªNimue estaba aburrida de no poder hacer nada. ¡ªA¨²n no. Tu punter¨ªa es como la de un excavador. Solo qu¨¦date en el medio y presta atenci¨®n a tu alrededor ¡ªdijo el anciano, quien ten¨ªa raz¨®n: la punter¨ªa de la chica era comparable a la de un topo. ¡ª©´(£þ¥î£þ)©° Qu¨¦ puedo decir, mi hermosura me ciega la vista ¡ªcontinu¨® caminando, sujetando la mano de Keila. No fue hasta que algo la alert¨®¡ª. Padre, algo se acerca por el frente El viejo r¨¢pidamente apunt¨® en direcci¨®n al sonido. Algo retorc¨ªa los ¨¢rboles con pisadas fuertes pero inconsistentes, como si la bestia que se acercaba estuviera herida. El anciano y Noa se colocaron al frente, esperando a lo que fuera que se acercara. El chico sent¨ªa un miedo inmenso, pero sab¨ªa que no pod¨ªa huir. De repente, ante ellos apareci¨® una criatura de aspecto felino, cubierta de escamas, con un olor a carne podrida y ojos amenazantes que los miraban con ferocidad.
¡ªViejo, ?qu¨¦ es esa cosa? ¡ªa¨²n sosteniendo la espada, sus brazos no dejaban de sudar y temblar. ¡ªEs un Vermorax. Son peligrosos, pero este parece haber sido afectado por una maldici¨®n oscura ¡ªrespondi¨® el anciano, poni¨¦ndose en posici¨®n de ataque¡ª. Yo atacar¨¦ su cuello, t¨² distrae a la bestia, Noa. ¡ª?Qu¨¦ yo qu¨¦?! ¡ªAntes de decir m¨¢s, el viejo avanz¨® r¨¢pidamente en direcci¨®n a la bestia. La pelea hab¨ªa comenzado. El viejo atacaba los puntos d¨¦biles de la bestia mientras Noa gritaba y hac¨ªa esc¨¢ndalo con el flash de su celular para atraer toda la atenci¨®n de la criatura. Las chicas se alejaron del campo de batalla para no interferir. Baldric bland¨ªa su espada con ferocidad, dando cortadas en las piernas y el cuerpo de la bestia. Esta parec¨ªa confundida por los destellos de Noa, y antes de dar el golpe final, el viejo adopt¨® una postura peculiar contra el suelo, dando un salto r¨¢pido y cortando de un solo tajo la cabeza de la bestia. Ese movimiento dej¨® perplejo a Noa; fue como ver una escena de un anime de acci¨®n frente a ¨¦l. Mientras la cabeza ca¨ªa al suelo y la sangre se derramaba en un charco, el anciano cay¨® de rodillas. Al ver esto, Noa corri¨® apresuradamente a ver si el viejo se encontraba bien. ¡ª?Viejo! ?Te encuentras bien? ¡ªNoa se inclin¨® sobre su espada, el anciano parec¨ªa estar perdiendo el aliento. ¡ªS¨ª... s¨ª estoy bien, Noa. Solo que hacer ese ataque gasta mucha energ¨ªa... demasiada ¡ªel hombre respiraba agitadamente; realizar ese tipo de ataque causaba un estr¨¦s inmenso en la musculatura, sobre todo en un hombre mayor. ¡ªViejo, eres incre¨ªble. Tienes que ense?arme a hacer eso ( '' ¨Œ'')? Si lo vas a hacer, ?verdad? ¡ªNoa parec¨ªa algo despreocupado, pero luego ayud¨® al anciano a levantarse. ¡ªRecuerda que tienes que irte, muchacho... ¡ªhablaba Baldric con algo de dolor en el cuerpo¡ª. Vamos r¨¢pido a la caba?a... Ellos llegar¨¢n pronto... ¡ª?Qui¨¦nes llegar¨¢n? ¡ªNoa sosten¨ªa al hombre para que no se cayera. ¡ªLos recolectores ¡ªfue lo ¨²ltimo que dijo, ya que luego llegaron las chicas, algo preocupadas por el desastre causado. Noa no entendi¨® a qu¨¦ se refer¨ªa con "recolectores", pero no pregunt¨® m¨¢s, ya que parec¨ªa ser un tema serio para Baldric. As¨ª decidieron continuar el camino de regreso a la caba?a. Cuando llegaron, todo era un desorden; al parecer, criaturas peque?as hab¨ªan logrado entrar y desordenar todo. Les tocaba limpiar mucho y desechar comida perdida, pero agradec¨ªan el poder haber llegado a salvo. Nimue llev¨® a su padre a descansar mientras Keila y Noa terminaban de limpiar la casa. En ese instante en que se encontraban solos, el chico decidi¨® hablar sobre el tema de viajar solo. Mientras barr¨ªan el suelo, sac¨® el tema a flote. ¡ªK-Keila... Te puedo decir algo, es importante ¡ªdej¨® la escoba a un lado y mir¨® a Keila. Ella parec¨ªa entender lo que estaba por decir, aunque su mirada segu¨ªa siendo amable.
¡ªBueno... yo, tengo que continuar mi viaje y no puedo... No quiero ponerte en peligro ¡ªlas palabras de Noa eran sinceras¡ª. Quiero que te quedes con el viejo y Nimue. A su lado estar¨¢s a salvo. ¡ªEst¨¢ bien... pero prom¨¦teme que volver¨¢s, prom¨¦teme que no me abandonar¨¢s ¡ªKeila ya hablaba con m¨¢s fluidez gracias a Nimue, por eso sus palabras reflejaban algo de dolor. Despu¨¦s, antes de que Noa pudiera decir algo m¨¢s, ella continu¨®¡ª. Recuerda que... yo aparec¨ª junto a ti, y eso tiene que tener una raz¨®n de ser. Adem¨¢s... no quiero ser un estorbo en tu camino. Esas palabras hicieron pensar a Noa. No obstante, record¨® las palabras de la diosa: "Ella es tu fuerza y valent¨ªa, pero tambi¨¦n tu mayor debilidad." Aun no sab¨ªa a qu¨¦ exactamente se refer¨ªa con "fuerza y valent¨ªa", ni entend¨ªa por qu¨¦ Keila ser¨ªa su mayor debilidad. Durante todo ese tiempo, no logr¨® comprender nada. Sin embargo, al o¨ªr que Keila aceptaba quedarse, fue como si un gran peso hubiera sido retirado de sus hombros. Se sinti¨® aliviado, y justo antes de poder decir algo m¨¢s, el impacto de una flecha contra las ventanas lo alert¨®. De la nada, todas las ventanas de la casa se rompieron por el ataque de flechas. R¨¢pidamente grit¨®: ¡ª?Abajo todos! ¡ªse agach¨® junto a Keila. Todo se hab¨ªa vuelto tenso de repente. ?Qui¨¦n los atacaba? ?Y por qu¨¦? De pronto, la voz de un hombre son¨® desde fuera de la casa. ¡ª?ANCIANO! ?Sal de una vez! ¡ªgrit¨® el hombre montado en un caballo. Ten¨ªa los ojos marrones, la cabellera larga y sucia, y sus vestimentas estaban desgarradas y sucias. Alrededor de ¨¦l hab¨ªa al menos veinte hombres m¨¢s, de mal aspecto. Ante la amenaza, Noa empezaba a ponerse nervioso. Era evidente que esos hombres no ten¨ªan buenas intenciones y estaban buscando a Baldric por alg¨²n motivo. Incluso dispararon sin temer a herir a alguien. Noa y Keila se manten¨ªan de rodillas, tratando de ocultar su presencia. Despu¨¦s de unos momentos, el viejo lleg¨® arrastr¨¢ndose junto a Nimue por el suelo, y no pod¨ªan revelar su ubicaci¨®n. ¡ªViejo, ?Qui¨¦nes son ellos? ?Por qu¨¦ nos atacaron? ¡ªpregunt¨® Noa, a¨²n asustado. ¡ªSon recolectores... vinieron por los restos de monstruos ¡ªrespondi¨® el anciano, preocupado. ¡ªSi vinieron por los restos, ?cu¨¢l era la necesidad de atacar? ¡ªNoa sujetaba fuertemente la mano de Nimue y Keila. ¡ªYo... les debo dinero. Pens¨¦ que llegar¨ªan en cuatro d¨ªas, pens¨¦ que me dar¨ªa tiempo a huir con las chicas... ¡ªel arrepentimiento en sus palabras era evidente, como si no hubiera salvaci¨®n. Entonces Nimue habl¨®. ¡ªPap¨¢... no podemos huir, tienen la casa rodeada ¡ªpaus¨® por un momento¡ª. Tenemos que pelear y ganar. Yo puedo usar mi arco, s¨¦ que puedo, pap¨¢. ¡ªNo lo har¨¢s... Ellos quieren dinero. Bastar¨¢ con que los convenza para que me den m¨¢s tiempo ¡ªBaldric a¨²n manten¨ªa algo de esperanza de poder solucionar todo. ¡ªViejo, ellos no te perdonar¨¢n la deuda... es intentar huir o pelear causando una distracci¨®n para poder huir ¡ªNoa sab¨ªa que en este tipo de situaciones no habr¨ªa escapatoria. Necesitaban huir lo m¨¢s pronto posible¡ª. Baldric, ?crees que podr¨¢s correr? ¡ªClaro, a¨²n no soy tan viejo. Solo te pido que protejas a las chicas si algo llegara a pasar ¡ªdijo Baldric con una mirada determinada y valiente. ¡ªEstate seguro de eso... viejo ¡ªNoa se movi¨® para alcanzar su espada¡ª. Keila, ven por favor, necesito que t¨² y Nimue se oculten mientras creamos la distracci¨®n. Despu¨¦s de que eso pase, corran al bosque, lo m¨¢s r¨¢pido que puedan. Nosotros las seguiremos ¡ªagarr¨® de los hombros a Nimue mientras le entregaba unas flechas que hab¨ªa recogido¡ª. Por favor... prot¨¦gela y prot¨¦gete ¡ªse acerc¨® a Keila y le entreg¨® su celular¡ª. Cu¨ªdalo, ?s¨ª? Ya no le queda mucha bater¨ªa... pero quiero que lo tengas y que aprendas a usarlo. El miedo era evidente en los ojos de Noa, pero en ese momento ten¨ªa que ser fuerte y valiente. Keila y Nimue se escondieron en un lugar cercano a la puerta, mientras tanto Noa y el viejo se preparaban para salir. Esta vez, Noa tendr¨ªa que volver a quitar una vida, ya que sab¨ªa perfectamente c¨®mo era ese sentimiento... As¨ª comenz¨®... Noa arroj¨® un jarr¨®n de barro lo m¨¢s lejos que pod¨ªa, distrayendo moment¨¢neamente a los hombres. En ese instante, el viejo sali¨® por la puerta con una vara de metal en manos, golpeando fuertemente a los primeros que intentaron atacarlo. Mientras tanto, Noa tambi¨¦n sali¨®, pateando a uno de los que atacaban al viejo y clavando su espada en el pecho del atacante. De inmediato, todos los hombres se abalanzaron para atacar bajo una orden de quien parec¨ªa ser el l¨ªder. Cuando se ve¨ªan acorralados, el viejo tom¨® la misma extra?a postura que us¨® contra la bestia y grit¨®: "?Al suelo, NOA!" Lanzando el ataque con la vara de acero, revent¨® todas las cabezas del grupo de cinco hombres que los atacaban. En ese mismo instante, Noa desde el suelo grit¨®: "?Ahora chicas!" Aprovech¨® la confusi¨®n causada por ese ataque para que las chicas corrieran al bosque. Las chicas salieron corriendo ni bien escucharon el grito del joven, adentr¨¢ndose en el bosque. Lo que no esperaban era que el l¨ªder de los bandidos diera una se?al muy discreta para capturarlas, algo que no notaron ni el viejo ni Noa. Todo pas¨® en cuesti¨®n de segundos. Cuando los cuerpos de los decapitados cayeron al suelo, el viejo hizo lo mismo. El uso de ese ataque hab¨ªa causado que su cuerpo colapsara. Noa no perdi¨® el tiempo y levant¨® al viejo, listo para huir al bosque. Pero no fue hasta que el mismo l¨ªder lanzara una flecha a las piernas del chico, haci¨¦ndolo caer junto con el viejo. ¡ª?Carajo! ¡ªel dolor y el peso de Baldric no le permit¨ªan levantarse¡ª. ?Viejo, lev¨¢ntate! ?Tenemos que ir con ellas! ¡ªLa sangre sal¨ªa con cada movimiento, pero Noa trataba de levantarse con todas sus fuerzas, hasta que el l¨ªder empez¨® a acercarse. ¡ªVaya, vaya, vaya, el viejo trat¨® de pelear de nuevo ¡ªse acerc¨® a Noa y al viejo, quienes a¨²n estaban tirados en el suelo.
¡ªD-Dorian... te dije que te pagar¨ªa, ?qu¨¦ necesidad hab¨ªa de esto? ¡ªrespondi¨® Baldric desde el suelo, su cuerpo adormecido por el enorme dolor muscular. ¡ªAnciano... para ti ya no hay tiempo. Adem¨¢s, ahora me debes m¨¢s por los cinco hombres que mataste ¡ªdijo el hombre con una mirada arrogante¡ª. Te matar¨¦ y usar¨¦ a tu hija como pago. ¡ªMiraba fijamente al viejo. ¡ª?No te atrevas a tocarlas, hijo de perra! ¡ªgrit¨® Noa, aun siendo aplastado por el viejo. De repente, el hombre solt¨® unas carcajadas. ¡ªVaya, insulto m¨¢s creativo. Tranquilo, tambi¨¦n te matar¨¦ a ti. No seas impaciente. ¡ªDorian se levant¨® dando instrucciones a sus hombres para que sostuvieran al anciano. ¡ªDorian, pi¨¦nsalo por favor, te pagar¨¦, lo juro. Ser¨¦ tu esclavo... solo deja que ¨¦l se vaya con las chicas ¡ªdec¨ªa el viejo mientras era levantado de ambos brazos por un par de hombres. ¡ª?Viejo, no! ?Su¨¦ltalo de una vez! ?Dijo que te pagar¨ªa! ?Yo le ayudar¨¦! ¡ªNoa a¨²n estaba en el suelo, sometido por la pierna de Dorian. No respond¨ªa a las s¨²plicas del chico. ¡ªNoa... no pelees. Solo conc¨¦de en vivir... y prot¨¦gelas ¡ªBaldric mir¨® a Noa a los ojos, con arrepentimiento y dolor en su mirada.
¡ªTe encargo a Nimue... Noa ¡ªdijo el viejo con un susurro d¨¦bil, su voz llena de pesar. En ese momento, muchas cosas pasaban por la mente de Baldric, pero no le qued¨® tiempo para m¨¢s, ya que segundos despu¨¦s, un tercer hombre le cort¨® la cabeza. Esta cay¨® al suelo, el cuerpo se retorci¨® un poco antes de ser soltado por los dos sujetos que lo sosten¨ªan. Noa presenci¨® todo esto sin poder haber hecho nada. Solo pudo gritar de desesperaci¨®n, intentando liberarse de la fuerza de Dorian, pero una de sus piernas segu¨ªa sangrando y no pod¨ªa correr. ¡ªYa lo viste, muchacho, jam¨¢s te endeudes con las personas incorrectas ¡ªDorian dej¨® de mirar la espalda de Noa. Noa se arrastr¨® lo m¨¢s r¨¢pido que pudo, agarrando una de las espadas que yac¨ªan en el suelo. Despu¨¦s, se abalanz¨® en un intento de matar al l¨ªder, solo logrando cortar una de sus manos. Todo pas¨® en segundos, pero cuando estaba por volver a atacar, a pesar del dolor, fue interrumpido por un inmenso dolor en todo el cuerpo. Se dio cuenta de lo que pasaba al notar c¨®mo unas cuerdas atravesaban su cuerpo, como si lo estuvieran clavando sin estarlo. ¡ª?Qu¨¦ mierda es esto! ¡ªintentaba liberarse desesperadamente, pero con cada movimiento las cuerdas se hund¨ªan a¨²n m¨¢s¡ª. ?AAAAAA! ¡ªMejor deja de resistirte, muchacho ¡ªDorian agarr¨® su mano del suelo sin importarle la sangre que sal¨ªa¡ª. Debo reconocer que fuiste r¨¢pido, pero no lograste matarme... qu¨¦ pena. ¡ªAcerc¨® su mano cercenada a su mu?eca, y de repente unos hilos negros empezaron a salir de la cortadura, uni¨¦ndola de nuevo a la mu?eca¡ª. No te matar¨¦, tienes potencial de ser un esclavo de pelea, me pagar¨¢n bien por ti. ¡ªSu voz era sombr¨ªa, pero no dejaba de sonre¨ªr.
¡ªMaldito... ¡ªNoa lo miraba con odio y un dolor inmenso en el coraz¨®n. ¡ªMejor comp¨®rtate y tal vez te haga mi sirviente ¡ªtoc¨® la cabeza de Noa a modo de burla¡ª. Ll¨¦venlo con los dem¨¢s, tenemos que irnos ahora... y saquen todo lo que puedan de la casa. ¡ªDando esa orden, se alej¨® de la mirada de Noa para ocuparse de otro asunto. Noa se sent¨ªa destrozado. No pudo hacer nada para salvar a Baldric, y tampoco sab¨ªa c¨®mo se liberar¨ªa de esos hombres. En ese momento, solo rogaba a su diosa por ayuda, pero parec¨ªa no escucharlo ni verlo. Solo pod¨ªa llorar por el inmenso dolor que sent¨ªa mientras era llevado a lo profundo del bosque . . . .