《Forgotten Heirs [ESP]》 Prologo Flotaba en una densa oscuridad, rodeado por un l¨ªquido bastante frio. No sab¨ªa c¨®mo hab¨ªa llegado a ese lugar; mi mente estaba bastante revuelta y desorientada. Ten¨ªa algunos recuerdos fugaces, unas sombras que me llamaban ¡°hijo¡±, tal vez eran mis padres. No lo sab¨ªa. Los d¨ªas y las noches no exist¨ªan; todo estaba oscuro en todo momento. La ¨²nico que me permit¨ªa saber si hab¨ªa pasado el tiempo, eras aquellos se?ores de bata, que me hac¨ªan pruebas cada d¨ªa y se iban. Mis d¨ªas eran mon¨®tonos, pero no pod¨ªa hacer nada. De repente, un d¨ªa, mi mon¨®tona vida cambio. Un estruendo rompi¨® el silencio que inundaba el cuarto, en el cual no sab¨ªa si estaba solo yo o alguien m¨¢s. El l¨ªquido viscoso en el que hab¨ªa vivido varios a?os, o tal vez meses, no me dejaba ver mucho. Varias vibraciones sacudieron todo. Tratando de ver algo a trav¨¦s del espeso l¨ªquido, logr¨¦ notar unas sombras. Se mov¨ªan bastante r¨¢pido, muy r¨¢pido, acompa?adas de varios estruendos y explosiones, junto mucho polvo. Alguien o algo estaba peleando cerca de m¨ª. Estaba bastante alegre. Al fin, mi vida mon¨®tona iba a cambiar. Mi ¨²nica fuente de entretenimiento era yo mismo, mi mente. Una mente ¡°dotada¡± dec¨ªan los se?ores en bata. No entend¨ªa. ?Tal vez era porque pod¨ªa mantener un pensamiento bastante avanzado para mi edad? Ni siquiera sab¨ªa c¨®mo era que yo mismo conoc¨ªa esos t¨¦rminos, pr¨¢cticamente no hab¨ªa interactuado con nadie en a?os. Las explosiones se hicieron cada vez m¨¢s grandes. El combate parec¨ªa estarse deteniendo, o simplemente yo no los pod¨ªa ver. Fue entonces cuando una explosi¨®n me golpeo, parece que lo que sea en lo que yo estaba era bastante duro, ya que no se rompi¨®, si no me saco volando. No pude ver nada a partir de eso, solo ve¨ªa oscuridad. As¨ª que este es mi fin, ?eh? Pens¨¦ mientras parec¨ªa que volaba en medio de la oscuridad. Simplemente pens¨¦ en dormir y ya, a fin de cuentas, todo por fin acabar¨ªa. Me despert¨¦ de la nada, sintiendo el aire golpe¨¢ndome en la cara y el cuerpo. No entend¨ªa qu¨¦ pasaba, ?No estaba yo en plena oscuridad?, si es as¨ª, ??por qu¨¦ rayos estaba cayendo en ca¨ªda libre?! No entend¨ªa nada. Lo ¨²nico que mi mente logr¨® procesar fue que, si no hac¨ªa algo, pronto morir¨ªa. Aunque, claro, como si eso me importara. Me sorprend¨ªa ver todo a mi alrededor, ya que hab¨ªa vivido todo este tiempo en plena oscuridad. Los colores abundantes y saturados, los sonidos. Unas cosas verdes en el suelo al que estaba cayendo r¨¢pidamente, eran hermosas. Mi alrededor, todo era hermoso, colores azules bastante lindos, ¡°animales¡± en todos lados. Pero lo que m¨¢s me sorprendi¨® fue ver otros ¡°contenedores¡± cayendo, algunos rotos, otros no. If you discover this tale on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the violation. Cerr¨¦ los ojos. A fin de cuentas ?qu¨¦ podr¨ªa hacer yo? Me rend¨ª, justo como lo hice antes y, de un momento a otro, sent¨ª un golpe y nada m¨¢s. De repente, me encontr¨¦ en un l¨ªquido, ahog¨¢ndome, vi una luz encima de m¨ª. Trat¨¦ con todas mis fuerzas de nadar hacia arriba. Por primera vez en mi vida, quer¨ªa vivir, quer¨ªa sentir la adrenalina como aquella vez cuando ca¨ªa miles de metros en el aire. No quer¨ªa rendirme, ya no m¨¢s. Estaba harto de haber vivido una vida de monoton¨ªa. Cuando estaba a punto de llegar a la superficie, algo en el agua me jal¨®. Por favor no, no quiero volver. Pens¨¦, tratando con todas mis fuerzas de salir de ah¨ª. Las manos de los m¨¦dicos de las pruebas me jalaban de vuelta No quer¨ªa volver, en verdad no quer¨ªa¡­ Y fue entonces que¡­ ¡°Lev¨¢ntate y cumple aquello que est¨¢ marcado en el fondo de tu ser¡± Esas voces resonaron en mi cabeza de manera bastante fuerte. Mi vida siempre ha sido tan aburrida. Siempre he so?ado en grande. Los doctores de bata blanca dec¨ªan que mi destino ya estaba marcado. Me pregunto cu¨¢l ser¨¢ mi destino. ?Ser¨¢ ser un superh¨¦roe que ayude a la gente en los momentos m¨¢s dif¨ªciles? ?O quiz¨¢s un villano vil y cruel que controle todo a su alrededor? Tal vez sea un antih¨¦roe, muy querido o muy odiado por la gente. Me encantar¨ªa saberlo. Quiz¨¢s simplemente ser¨¦ alguien com¨²n y corriente. A mi gusto, cualquiera est¨¢ bien, siempre y cuando pueda vivir. Quiero sentir la emoci¨®n en mi coraz¨®n, experimentar la felicidad, amor, tristeza, enojo¡­ cosas que hagan mi vida interesante. Me hubiera encantado hacer cada una de esas cosas, si no fuera porque, lo m¨¢s probable, es que est¨¦ muerto. Claro, nadie en el mundo puede sobrevivir a una ca¨ªda de esa magnitud¡­ Me hubiera encantado haber hecho tantas cosas. En verdad, espero que en mi pr¨®xima vida¡­ en la pr¨®xima, pueda disfrutar cada m¨ªnima cosa que me pase. En el momento en el que ¡°despert¨¦¡±, me encontraba en brazos de un hombre, con una bata blanca o roja, no estaba seguro. Sent¨ª una punzada de dolor en la cabeza. Intent¨¦ enfocar mi visi¨®n en la persona que me cargaba, pero mi ojo derecho mostraba el mundo te?ido en un rojo borroso, probablemente a causa de la ca¨ªda. Sent¨ª el calor de mi sangre alrededor del ojo y en el cuerpo. Un zumbido constante me llenaba los o¨ªdos, como si estuviera bajo el agua, o en la c¨¢psula en la que estuve. Ve¨ªa c¨®mo el hombre se?alaba en todas direcciones, dando ¨®rdenes. Los sonidos de mi alrededor se sent¨ªan lejanos y distantes, amortiguados por el dolor y la confusi¨®n. Y, de repente, me desmay¨¦. Mientras estaba dormido, me ve¨ªa a m¨ª mismo en la oscuridad. Pens¨¦ que todo por lo que pase hab¨ªa sido un sue?o y que hab¨ªa vuelto al inicio. Aunque¡­ fue un buen sue?o. Pero sent¨ªa algo extra?o, sent¨ªa como una conexi¨®n con algo o con alguien, y estaba cerca de m¨ª. ?D¨®nde? Se supon¨ªa que yo era el ¨²nico aqu¨ª. ?Y si tal vez, solo tal vez, lo que viv¨ª no fue un sue?o? ?Fue todo verdad? Ten¨ªa que despertar y averiguarlo. Cap铆tulo 1: Un nuevo comienzo Abr¨ª lentamente los ojos, sintiendo un suave tacto debajo de m¨ª. Vi un techo de madera oscura decorado con vigas talladas y s¨ªmbolos extra?os. La luz del sol se filtraba a trav¨¦s de una ventada con vitrales, proyectando colores vibrantes en la habitaci¨®n. No estaba en la oscuridad ni en la frialdad de aquel l¨ªquido al que me hab¨ªa acostumbrado. Ahora, estaba en una cama c¨¢lida y acogedora, en lo que parec¨ªa ser una habitaci¨®n bastante linda. Me sent¨ª impactado, pens¨¦ que estaba muerto. Cuando volte¨¦ la cabeza, vi a tres figuras cerca m¨ªo. Un hombre de un rostro amable pero desnutrido y ojos sabios, vestido con una t¨²nica sencilla, se acerc¨® a la cama. A su lado, una mujer de aspecto sereno pero preocupada tratando de despertar a otra persona a su lado. La mujer vest¨ªa como una monja, un traje de color negro junto a su velo, aunque parec¨ªa bastante joven. El soldado al que la mujer trataba de despertar era imponente, con una armadura bastante ancha y grande de color blanco y dorado, y aun estando bastante dormido, se ve¨ªa bastante formidable. - ?D¨®nde estoy? - murmur¨¦, con la voz rasposa por la falta de uso. -Al fin despertaste, hijo m¨ªo. Est¨¢s en Valandria, una aldea en el centro del continente Sylvaris- dijo el hombre con una voz calmada. -Mi nombre es Enzo; puedes decirme Padre Enzo, as¨ª me llaman todos por aqu¨ª. Te encontramos bastante herido y te trajimos aqu¨ª para curar tus heridas. Dime, ?recuerdas que te paso? -. -No, lo siento¡­- dije con una cara de pena y con mi voz rasposa. -No te preocupes, descansa y recupera tus fuerzas, con el tiempo, tal vez recuerdes- dijo la mujer con una sonrisa c¨¢lida en su rostro mientras agitaba r¨¢pidamente al soldado. -Soy Meliora, Meliora Valandil. Estaba aqu¨ª cuando te trajeron, y me sorprendi¨® verte en ese estado. Dime, ?est¨¢s bien? ?No te duele nada? Si sientes alg¨²n dolor, av¨ªsame. Por cierto, ?cu¨¢l es tu nombre? -. -Estoy bien, no me duele nada gracias. Me llamo Zein- dije, -Zein Ravenscroft-. - ?Ravenscroft? - pregunto el soldado -No es un nombre com¨²n por aqu¨ª, ?eh? Por cierto, me llamo Lucian Bellamy, mucho gusto. - exclam¨® con una sonrisa en su rostro. Meliora instant¨¢neamente golpe¨® a Lucian, rega?¨¢ndolo - ?Por qu¨¦ rayos no te despertabas?, En serio ?te eh tratado de despertar por un buen rato! -. -Vamos, ?es qu¨¦ uno no puede dormir tranquilo tan solo un rato? - dijo Lucian mientras recib¨ªa los golpes de Meliora Interrump¨ª el alboroto. - ?Qu¨¦ sucedi¨®? Lo ¨²ltimo que recuerdo fue¡­una ca¨ªda- -Hijo, no me digas que¡­- Dijo el Padre Enzo - ??Acaso esas heridas te las hiciste por una ca¨ªda?!- Lo interrumpi¨® Lucian con una cara de asombro. -Eso creo- dije Todos se quedaron sorprendidos. -Eso explicar¨ªa todo aquello que encontramos a los alrededores de Zein- susurr¨® para s¨ª mismo el Padre. Meliora se me acerc¨®, con una mirada preocupada pero amable. -No te sientas mal. Lo importante es que est¨¢s a salvo ahora; estamos aqu¨ª para ti. Pero hay algo m¨¢s importante que necesitas saber, encontramos a otra ni?a cerca de ti, en condiciones similares-. El padre Enzo asinti¨® y continu¨®: -Ella es m¨¢s joven que t¨², tal vez unos cinco a?os. Hemos estado cuid¨¢ndola tambi¨¦n, y parece tener una conexi¨®n especial contigo. A decir verdad, se ven bastante similares. Dime ?Puedes caminar? -. -S¨ª creo que si- Dije con duda. -Perfecto, vamos a verla- Aun sintiendo la debilidad en su cuerpo, me levant¨¦ con la ayuda de Lucian. Camin¨¦ lentamente por el pasillo de la iglesia, mis pasos resonando suavemente en el suelo de piedra. Finalmente, llegamos a una habitaci¨®n peque?a y acogedora, iluminada por la suave luz del sol que se filtraba a trav¨¦s de los vitrales. En el centro de la habitaci¨®n, en una cuna, yac¨ªa una ni?a peque?a y fr¨¢gil, con el cabello blanco apenas perceptible. Sus ojos estaban cerrados y respiraba con una calma extra?a. Sent¨ª un tir¨®n en mi coraz¨®n al verla, una sensaci¨®n de querer proteger aquel ser que estaba ante m¨ª. -Zein, ella es de quien te hablamos. Es muy joven, no sabemos con certeza cu¨¢ntos a?os tiene. Es un milagro en verdad que ella haya sobrevivido a eso con tan corta edad. Pero sobre su nombre¡­- dijo el padre Enzo -Su nombre es Lyra- Lo interrump¨ª. - ?Disculpa? - dijo Meliora sorprendida. -S¨ª, su nombre es Lyra- volv¨ª a decir con seguridad. Me qued¨¦ pensando ¡°?C¨®mo?, ?c¨®mo es que yo s¨¦ su nombre.? Jam¨¢s la hab¨ªa visto en mi vida, hasta ahora todos los rostros que eh visto son nuevos para m¨ª. Pero¡­ esta sensaci¨®n, ?qu¨¦ ser¨¢?¡± - ?C¨®mo es que¡­? - Dijo Lucian. -No lo s¨¦, simplemente creo que¡­ hay algo dentro de m¨ª que me dice que su nombre es Lyra- dije tratando de justificarme. Un silencio tenso inund¨® la sala. -Bueno si el muchacho lo dice, yo creo que hay que creerle. A fin de cuentas, es uno de esos ni?os santos de los que hablan las leyendas- Dijo Lucian para ponerle fin al silencio. ¨CBien me parece perfecto, Zein ?necesitas tiempo a solas con ella? - Dijo el Padre Enzo en respuesta a lo que dijo Lucian. ¨CSi, por favor- le dije. Me acerque lentamente a la cuna donde yac¨ªa Lyra. Observ¨¦ su peque?o rostro, tranquilo y ajeno a todo lo que hab¨ªa sucedido. Me arrodill¨¦ junto a la cuna y tom¨¦ la peque?a mano de Lyra. Suavemente, ella me agarr¨® los dedos cuando le toque la mano. Al instante, una sensaci¨®n c¨¢lida recorri¨® mi cuerpo, y sent¨ª una gran felicidad y calidez en mi coraz¨®n. -Lyra¡­- le susurr¨¦, sintiendo que el nombre resonaba en mi coraz¨®n. ¨CNo s¨¦ c¨®mo, ni porque¡­ Est¨¢ sensaci¨®n que tengo cuando te veo, es inexplicable, simplemente me dan ganas de darlo todo¡­ por ti-. Lyra movi¨® ligeramente su mano, respondiendo al toque de nuestras manos. Sent¨ª algo que jam¨¢s podr¨ªa explicar, algo c¨¢lido y hermoso a la vez. En ese momento¡­ en ese instante, mi vida, que antes me parec¨ªa mon¨®tona, cobr¨® sentido. Ya no deseaba morir, ahora me importaba vivir, me importaba seguir adelante. Ella¡­ me dio un prop¨®sito. Cerr¨¦ mis ojos, y tras abrirlos dije: -Prometo que nunca te dejar¨¦ sola-, mi voz era firme y llena de convicci¨®n. ¨CTe cuidar¨¦ siempre, pase lo que pase-. Por fin ten¨ªa una meta. No pod¨ªa dejar que nada le pasara a Lyra. Amor pens¨¦. No s¨¦ realmente qu¨¦ es el ¡°amor¡±, pero al verla, esa palabra vino a mi mente. Sal¨ª de la habitaci¨®n, perdido en mis pensamientos. Es extra?o, siento como si Lyra hubiera vivido la misma vida que yo. Siento¡­ no, m¨¢s bien, s¨¦ que hemos pasado por lo mismo, aunque ella no ha vivido todo lo que yo he vivido por su corta edad. Ja¡­ ?qui¨¦n dir¨ªa que esto ser¨ªa lo que me diera un prop¨®sito? Una hermana. Nunca pens¨¦ en poder hacer algo con mi vida. Vivir un tiempo incontable en aquel l¨ªquido oscuro y viscoso me hizo perder toda esperanza. El dolor que sent¨ªa con las pruebas de esos m¨¦dicos me hac¨ªa desear la muerte. Dia tras d¨ªa, tras d¨ªa, tras d¨ªa¡­ Me alegra haber salido de ese lugar. Aun as¨ª, este lugar es bastante extra?o. Mi cabeza sigue dando vueltas al ver tantas cosas coloridas y nuevas: personas, sonidos, colores. Todo eso me aturde y me marea. Abr¨ª la puerta de la habitaci¨®n para salir, pero de repente sent¨ª c¨®mo se me iban las fuerzas del cuerpo. Mientras ca¨ªa al suelo, mir¨¦ a Lucian, Meliora y a Enzo. ?Qu¨¦ ser¨ªa de m¨ª sin ellos?, pens¨¦. Peor a¨²n, ?qu¨¦ ser¨ªa de Lyra sin ellos? Tal vez deber¨ªa agradecerles c¨®mo se debe m¨¢s tarde. Pero ahora mismo¡­ me siento tan cansado. Ser¨¢ mejor que sierre los ojos y descanse un rato. Me despert¨¦ en el agua, donde me estaba ahogando hace rato, pero¡­ esta vez no estaba en el fondo. Estaba en la superficie. Me par¨¦, era una sensaci¨®n bastante extra?a. Comenc¨¦ a caminar por el lugar, para ver qu¨¦ tipo de cosas encontraba, aunque la verdad, no hab¨ªa nada de nada. Fue entonces cuando, por un peque?o instante, mi mente se llen¨® de visiones o de recuerdos. No sab¨ªa de qui¨¦nes eran, pero todo se ve¨ªa tan familiar. Me percat¨¦ de algo. El agua era bastante brillante y hermosa, mientras que todo lo dem¨¢s era oscuridad pura. Era un lugar mucho m¨¢s calmado de lo que recordaba. Me sent¨¦ y empec¨¦ a preguntarme, ?qu¨¦ har¨¦ con mi vida ahora? ?Qu¨¦ es lo que se supone que debo hacer? Claro est¨¢ que cuidar a mi hermana, pero¡­ ?qu¨¦ m¨¢s? ?Qu¨¦ me depara el destino? ?Qu¨¦ est¨¢ escrito en mi destino? Me encantar¨ªa saberlo. Podr¨¦ estar rodeado de buena gente, de todo lo que quiera y me haga feliz. Mirando a la absoluta nada, dije ¡°Esto no est¨¢ tan mal¡±. Fue entonces que me hund¨ª en el agua. Al instante, volv¨ª a aparecer en la cama. Me levant¨¦ de golpe, con la respiraci¨®n agitada. A mi lado estaba Lucian durmiendo, y junto a ¨¦l estaba Meliora, durmiendo en su hombro¡­ babeando. A decir verdad, dormir sobre la armadura de Lucian no parec¨ªa muy c¨®modo. Digo, es metal, y poner tu cabeza ah¨ª para dormir no es lo mejor, que digamos. Por un momento me quede mirando a la nada, perdido en las grietas de las paredes. No pens¨¦ en nada, justo como antes. Mir¨¦ hacia arriba, directo a la luz que sal¨ªa por los vitrales. ¡°Ser¨¦ la mejor versi¨®n de mi¡± Ha pasado tiempo, aproximadamente dos a?os. En estos dos a?os me he adaptado perfectamente a la aldea, Lyra ahora tiene tres a?os, mientras yo tengo ocho. He estado aprendiendo bastantes cosas desde que llegu¨¦, pero lo m¨¢s interesante fue una leyenda: ¡°Los ni?os santos¡±. Se dice que son ni?os con la gracia de dios, relacionados como los hijos de dios, y que son f¨¢ciles de identificar por su cabello blanco. En este mundo, solo unos pocos tienen el cabello blanco, lo que puede significar dos cosas. 1) Si naciste con el cabello completamente blanco eres uno de los ¡°ni?os santos¡±, y 2) Si naciste con el cabello blanco, pero no en su totalidad, lo m¨¢s probable es que pertenezcas a la raza ¨¦lfica. Tambi¨¦n descubr¨ª algo: aqu¨ª en la aldea, m¨¢s concretamente en la religi¨®n que se practica por aqu¨ª, los elfos son alta mente repudiados. Se consideran una raza impura, y que algunos tengan el cabello blanco les parece una falta de respeto. This narrative has been purloined without the author''s approval. Report any appearances on Amazon. Jam¨¢s eh visto un elfo. Dicen que tienen unas orejas grandes, largas y puntiagudas. ?No ser¨ªa una molestia? Digo, al ponerte ropa o al estar en lugares bastantes cerrados. Cuando me paseo por la ciudad, me escabullo por peque?os callejones entre las casas. Con unas orejas largas, se me har¨ªa bastante dif¨ªcil pasar por ah¨ª. Terminaron descubriendo en Lyra, a los pocos a?os, una enfermedad llamada PSACD, Progeria S¨ªndrome of¡­ la verdad no entend¨ª bien el nombre. Es un poco raro. Lo que si entend¨ª es que es una enfermedad bastante rara que deteriora el cuerpo poco a poco, lo que tambi¨¦n hace que el portador muera antes que un humano normal. Por ejemplo, si alguien puede vivir hasta los 80 a?os, la enfermedad hace que pueda vivir solo hasta los 50. Lo bueno es que parece que es curable. Y que desde hace a?os se busca una cura, aunque, como hay muy pocos casos, no se le ha dado prioridad. Enzo me dijo que har¨¢ lo posible para buscar una cura lo m¨¢s pronto posible. Lo ¨²nico que pueden hacer por ahora es postergar la enfermedad por un tiempo indefinido. No me lo esperaba. Quiero hacer todo lo que pueda por ella, pero ahora, no puedo hacer nada. Me siento impotente y triste. Tal vez Lucian tal vez noto eso, y ¨²ltimamente me saca a pasear con ¨¦l. Me lleva a incursiones donde matan monstruos o donde ayudan a otras aldeas. Al regresar, le cuento historias de lo que pas¨® a Lyra. Ella se le ve bastante feliz cuando se las cuento, y eso me alegra. Lucian paso a ser un ¡°guardaespaldas¡± personal m¨ªo y de Lyra. Meliora, para m¨ª, parece una madre. Me ayuda cada d¨ªa con todo, es amable, lava mi ropa, nos cocina. Nos lee cuentos a m¨ª y a Lyra. Es mucho m¨¢s amable que las otras monjas. Aunque ella es mucho m¨¢s joven que las otras. La vida me va bastante bien. Por ahora estoy recibiendo un peque?o entrenamiento por parte de Lucian, y cuando puedo, ayudo a la gente de la aldea. Paso la mayor parte del d¨ªa jugando con Lyra o ayudando a Meliora con sus deberes. Las otras monjas me rega?an diciendo que ese no es trabajo para un ni?o sagrado, pero Meliora en lugar de rega?arme me agradece con una sonrisa bastante c¨¢lida. Un d¨ªa, mientras que caminaba con Lucian me quede pensando, ?Qu¨¦ tipo de relaci¨®n tienen Lucian y Meliora?, eh visto que son bastante cercanos, pero no s¨¦ qu¨¦ son. -Oye Lucian- le dije mientras camin¨¢bamos a una de las incursiones en las que me lleva. - ?Qu¨¦ pasa, chico? - Me respondi¨® mientras masticaba una espiga de trigo que recogi¨® por ah¨ª. -Lo que comes no es un poco antihigi¨¦nico? - le pregunte con una cara de asco. -Jajaja, ?c¨®mo crees chico? ?Acaso quieres? - Me dijo con una cara de burla. -No, claro que no. Oye, por cierto, t¨² y Meliora, en si ?Qu¨¦ tipo relaci¨®n tienen? - Le pregunt¨¦. -Oye, ?No est¨¢s muy joven para hacer ese tipo de preguntas? ¨C Me dijo mientras me miraba detenidamente. -Creo que ya estoy lo suficientemente grande como para hacer ese tipo de preguntas - Le dije confiado. -Jaja est¨¢ bien. Somos amigos, bastante cercanos. La conozco desde que era joven, yo me hab¨ªa enlistado para ser parte del ejercito reci¨¦n creado, exclusivo de la iglesia. Ella era una muchacha que apenas estaba en formaci¨®n para ser monja. Adem¨¢s de que est¨¢ casada y tiene una hija. Aunque su esposo y su hija viven en otra aldea- - ?Y no es muy duro para ella estar tan lejos de su esposo eh, hija? - -Claro que s¨ª, pero eso es lo que me cae mejor de ella. Es bastante buena afrontando problemas. A decir verdad, hace un buen tiempo que no la ve¨ªa tan feliz. Tal vez que t¨² y Lyra llegaran a su vida fue bueno. De seguro le recuerdan a su hija. - Me dijo con una sonrisa en su rostro. En ese instante decidimos volver a casa, estaba empezando a oscurecer y deb¨ªamos regresar. Meliora se enoja bastante con Lucian cuando llegamos tarde, y m¨¢s a¨²n si vuelvo sucio. Llegamos, como de costumbre, con el atardecer. Meliora nos esperaba en casa ¡ªbueno, m¨¢s bien, en la iglesia¡ª con una c¨¢lida sonrisa en el rostro. ¡ª?C¨®mo les fue? ¡ªnos pregunt¨®. ¡ª?Bien! ¡ªle respond¨ª mientras entraba. ¡ª?Y bien, Lucian? ?Por qu¨¦ no me avisaste que te ibas a llevar a Zein? ¡ªAunque manten¨ªa una sonrisa, su tono dejaba claro que estaba bastante enojada. Era... espeluznante. ¡ªBueno... la verdad es que... ¡ªMe qued¨¦ esperando la excusa que usar¨ªa esta vez¡ª. ?Perd¨®n! ¡ªVaya, eso no me lo esperaba. Es sorprendente ver a un guerrero tan fuerte como Lucian en esa situaci¨®n. El resto de mi d¨ªa transcurri¨® como siempre: jugu¨¦ un rato con Lyra, cen¨¦ con ella, Meliora y un Lucian que a¨²n parec¨ªa arrepentido, y luego me fui a dormir. Esa noche no pude conciliar el sue?o. No s¨¦ qu¨¦ pasaba, simplemente no pod¨ªa dormir. Y, de repente, sin darme cuenta, me qued¨¦ dormido. Tal vez solo necesitaba un poco m¨¢s de tiempo para descansar. Tuve un sue?o. Estaba sentado en un lugar h¨²medo y oscuro. De alguna manera, el sitio me parec¨ªa familiar, como si algo en ¨¦l me llenara de nostalgia. Me levant¨¦ y empec¨¦ a caminar, buscando algo. No hab¨ªa nada. Sin embargo, poco a poco mis ojos se acostumbraron a la oscuridad y vi que estaba parado sobre agua. En ese momento lo record¨¦. Era el mismo lugar que no ve¨ªa desde hac¨ªa tiempo. Pero algo era diferente: el agua ya no brillaba como antes, ya no ten¨ªa los hermosos colores que vi la ¨²ltima vez. Me resultaba extra?o. Siempre que hab¨ªa estado all¨ª, el agua resplandec¨ªa con esos tonos. De repente, un dolor inmenso recorri¨® todo mi cuerpo. Me ca¨ª al suelo, retorci¨¦ndome de dolor. Vi una luz, pero era extra?a. Lo que vi fue fuego, un fuego de color morado. Todo a mi alrededor comenz¨® a arder, pero no pod¨ªa moverme. El dolor era tan intenso y constante que me paralizaba. El fuego se sent¨ªa tan real, pero al mismo tiempo tan distinto del fuego que conoc¨ªa, del que usan para quemar guaridas de monstruos. Este fuego era ca¨®tico y, a la vez, hermoso. Solo espero que esta pesadilla termine de una vez... Abr¨ª los ojos en mi cama. Estaba empapado en sudor, y el aire se sent¨ªa pesado, casi irrespirable. Hac¨ªa demasiado calor, y el olor era desagradable. Me levant¨¦ de golpe, d¨¢ndome cuenta de que algo andaba mal: algo se estaba quemando. Sal¨ªa bastante humo por debajo de la puerta, y me asust¨¦. Sal¨ª de la habitaci¨®n lo m¨¢s r¨¢pido que pude. Antes de salir, busqu¨¦ a Lyra por todos lados, pero no estaba. ¡°Tal vez ya la sacaron¡±, pens¨¦ para tranquilizarme. Al abrir de golpe la puerta de donde proven¨ªa el humo, una densa nube me envolvi¨®, haci¨¦ndome toser y dificultando mi respiraci¨®n. Avanc¨¦ r¨¢pidamente hacia la salida, pero era dif¨ªcil orientarme entre tanto humo. De alguna manera, logr¨¦ salir del edificio. Una vez afuera, lo vi con claridad. Toda la aldea estaba cubierta por aquel fuego morado que hab¨ªa visto en mi sue?o. Era un caos total. La gente corr¨ªa de un lado a otro, intentando apagar el fuego, pero no serv¨ªa de nada. Cuanta m¨¢s agua arrojaban, m¨¢s se esparc¨ªa el fuego. Miraba desesperadamente a mi alrededor, buscando a Lucian o a Meliora, quienes seguramente estar¨ªan ayudando a la gente. En ese momento, una gran sombra se alz¨® frente a m¨ª. Me gir¨¦ para ver qu¨¦ era, aunque la intensa luz del fuego me cegaba. Pronto pude reconocerlo: era Enzo, acompa?ado por un grupo de soldados. Me alegr¨¦ al verlo, y lo primero que hice fue abrazarlo. ¡ªEnzo, ?qu¨¦ est¨¢ pasando? ¡ªle pregunt¨¦, angustiado. Necesitaba respuestas, y estaba seguro de que ¨¦l las tendr¨ªa. Pero Enzo permaneci¨® en silencio¡ª. Oye, en serio, tenemos que ayudar a las personas. ?Por qu¨¦ estamos aqu¨ª parados? Empec¨¦ a caminar hacia el caos, pero Enzo me agarr¨® del hombro y me detuvo bruscamente. ¡ªZein ¡ªpor fin habl¨®¡ª, tenemos que hablar. Su expresi¨®n era seria, con un toque de enojo. Siempre hab¨ªa tenido una sonrisa, incluso en los peores momentos, pero esta vez no. Algo muy malo hab¨ªa sucedido. ¡ª?Qu¨¦ fue lo que pas¨®? ¡ªpregunt¨¦, sintiendo un nudo en el est¨®mago. ¡ªNo te hagas el santo, Zein ¡ªsu rostro cambi¨® a uno de desaprobaci¨®n y asco¡ª. T¨² deber¨ªas saber perfectamente lo que est¨¢ ocurriendo.- ¡ª?De qu¨¦ hablas? ¡ªestaba confundido¡ª. En serio, no s¨¦ de qu¨¦ hablas. Mejor vayamos a ayudar a la gente.- ¡ªOh, no te preocupes por ellos, estar¨¢n bien ¡ªsu voz se elevaba cada vez m¨¢s¡ª. Pero ?de verdad no te acuerdas de lo que hiciste?- ¡ª?Te digo que no! ?Por qu¨¦ insistes en eso?- ¡ªBien, si no vas a confesar, te lo dir¨¦ yo ¡ªEnzo tosi¨® antes de continuar¡ª. Zein Ravenscroft, se te acusa de asesinato, vandalismo y da?os a la propiedad en toda la aldea. Por el poder que se me ha otorgado como jefe de la aldea, te sentencio a muerte.- ¡ª?Pero qu¨¦ tonter¨ªas est¨¢s diciendo? ¡ªMi confusi¨®n era total¡ª. ?Yo no he causado nada de esto!- ¡ª?Deja de fingir, por Dios! Todo esto, todo lo has causado t¨². ?Sabes cu¨¢ntas personas han muerto hoy por tu culpa?- ¡ª?Te lo he dicho mil veces, no s¨¦ de qu¨¦ hablas! ?Hasta hace un momento estaba dormido!- ¡ª?Sabes? Realmente lograste enga?arnos a todos con esa cara de santo. La leyenda ten¨ªa raz¨®n.- En ese momento, algo vino a mi mente¡­ La leyenda de los ni?os benditos (Luminar) era m¨¢s larga de lo que recordaba. No solo hablaba de los ni?os benditos, sino que tambi¨¦n mencionaba a otros personajes: los ni?os malditos (Umbrae). Se dec¨ªa que eran iguales a los ni?os benditos: cabello blanco, j¨®venes y con una mente extraordinaria. Pero hab¨ªa un detalle que los diferenciaba. Los ni?os benditos pose¨ªan un ¡°esp¨ªritu protector¡± que pod¨ªan usar para diferentes prop¨®sitos, mientras que los ni?os malditos no. A estos se les podr¨ªa decir que ten¨ªan ¡°un demonio¡±. Al ser la contraparte de los hijos de Dios, se les conoc¨ªa como los hijos de Satan¨¢s. "La antigua profec¨ªa contaba que, el d¨ªa en que un ni?o bendito naciera bajo la gracia divina, su sombra maldita tambi¨¦n despertar¨ªa. Ning¨²n ojo mortal podr¨ªa distinguirlos, pues comparten el mismo semblante. Sin embargo, advertidos se¨¢is, pues ambos caminar¨¢n entre nosotros, y solo el sabio que observe con cuidado podr¨¢ discernir el destino que traen consigo." Volv¨ª a la realidad y not¨¦ que los hombres que acompa?aban a Enzo me apuntaban con sus espadas. Me qued¨¦ paralizado. Lo m¨¢s probable es que me hubieran confundido con un Umbrae, pero ?c¨®mo podr¨ªa convencerlos de que no era uno de ellos? No importaba lo que hiciera, Enzo no me escuchar¨ªa. A lo lejos se escuch¨® un grito: ¡ª?Det¨¦nganse! Era Meliora, que hab¨ªa venido por m¨ª. Mientras se acercaba y me pon¨ªa detr¨¢s de ella, grit¨®: ¡ª??Qu¨¦ hacen amenazando a un inocente en vez de ayudar a las personas?! ¡ªMeliora¡­ ¡ªle dije casi llorando. ¡ª?C¨¢llate! ¡ªPor primera vez vi a Enzo gritarle a Meliora¡ª. ?Deja de proteger al demonio, maldita bruja! ¡ª?Bruja? ¡ªMeliora retrocedi¨® un paso conmigo detr¨¢s, visiblemente impactada por la acusaci¨®n. ¡ªExacto, bruja. Siempre supe que casarte con ese elfo, aun estando en formaci¨®n para ser monja, era una se?al de algo. ?Y ahora vienes a proteger a este demonio! ¡ª?No te atrevas a meterlos en esto! ¡ªle grit¨® Meliora. Yo estaba cada vez m¨¢s confundido con lo que suced¨ªa. En ese momento, me tom¨® en brazos y me llev¨® de vuelta al edificio en llamas. ¡ª?Qu¨¦ est¨¢s haciendo? ¡ªShh, esc¨²chame. No te dejar¨¢n en paz hasta matarte, ganar¨¦ tiempo. En la cocina, debajo de la mesa, hay una escotilla. Escab¨²llete por ah¨ª, te llevar¨¢ donde est¨¢n Lucian y Lyra. ?Entendiste? ¡ªPero ?qu¨¦ pasar¨¢ contigo, Meliora? ¡ª?Dije, ?entendiste?! ¡ªSu rostro volvi¨® a mostrar calma¡ª. No te preocupes por m¨ª, estar¨¦ bien. Los alcanzar¨¦ m¨¢s tarde. Por ahora, necesito que te vayas de aqu¨ª. ¡ªEst¨¢ bien ¡ªle respond¨ª a rega?adientes. Me escabull¨ª por el fuego mientras me desped¨ªa de Meliora. Llegu¨¦ a la cocina y, efectivamente, hab¨ªa una escotilla que conduc¨ªa a un t¨²nel. Era oscuro, polvoriento y sucio, pero logr¨¦ salir. Cuando vi un poco de luz, not¨¦ que era Lucian quien me esperaba al otro lado. ¡ªTenemos que irnos ¡ªme dijo con seriedad. ¡ªPero¡­ Meliora sigue ah¨ª. Me dijo que nos alcanzar¨ªa. ¡ªElla¡­ No importa. La esperaremos cinco minutos y nos vamos, ?entendido? ¡ªEntendido. Cuatro minutos pasaron, y nada. Estaba muy preocupado por Meliora y lo que podr¨ªa haberle pasado. Lucian me dio un Farscope (un tipo de binocular) para ver si Meliora o alguien m¨¢s se acercaba. Por un momento, vi fuego normal, no del color morado, sino el habitual. Me fij¨¦ mejor y, de repente, me qued¨¦ helado¡­ Ten¨ªan a Meliora atada a un poste de madera y la estaban quemando con trigo a sus pies. Mientras me ense?aban sobre el mundo, me contaron sobre estas pr¨¢cticas, c¨®mo hace a?os quemaban a las personas acusadas de ¡°brujer¨ªa¡±. Pero ?por qu¨¦ a Meliora? ¡ªLucian, oye, Lucian.- ¡ª?Qu¨¦ pasa, muchacho?- ¡ªEst¨¢n¡­ est¨¢n quemando a Meliora ¡ªle dije, sollozando. ¡ª??De qu¨¦ hablas?!- ¡ª?Tenemos que ir a rescatarla r¨¢pido!- ¡ª?No tenemos tiempo para eso! Debemos irnos ya.- ¡ª?No me importa! ?Tenemos que ir!- Volv¨ª a mirar con el Farscope. No s¨¦ si fue el reflejo de la luz en el vidrio o si realmente me vio, pero Meliora mir¨® en nuestra direcci¨®n y esboz¨® una sonrisa c¨¢lida, como diciendo: "Todo est¨¢ bien", mientras las llamas la consum¨ªan. En ese momento lo entend¨ª. Me baj¨¦ del ¨¢rbol llorando y obedec¨ª a Lucian. Me abraz¨®, lo abrac¨¦ y nos fuimos de all¨ª. Jam¨¢s olvidar¨¦ su rostro: el rostro de alguien que cumpli¨® con su deber en esta vida. Ella siempre fue amable, cari?osa, temeraria. Temo no haber cumplido con las expectativas que ten¨ªa de m¨ª. Nunca ver¨¢ lo que Lyra y yo seremos. La extra?ar¨¦. Las l¨¢grimas no dejan de salir de mis ojos, como si los tuviera completamente inundados. Meliora Desde peque?a, mis padres decidieron cada aspecto de mi vida. Jam¨¢s me permitieron jugar con los dem¨¢s ni?os ni compartir con mis compa?eros de clase. Ambos eran figuras importantes en la Kirche, y gracias a eso viv¨ªamos bastante bien, mejor que una familia promedio de la regi¨®n. Siempre hab¨ªan deseado que siguiera los pasos de mi madre. Cuando termin¨¦ la escuela secundaria, me enviaron a otra aldea para que me convirtiera en monja. No era algo que me entusiasmara en absoluto; la mayor¨ªa de mis amigos se quedaron a estudiar lo que realmente les interesaba, como ganader¨ªa, esgrima, carpinter¨ªa, entre otras cosas. Yo fui la ¨²nica que tuvo que dejar el pueblo para perseguir un sue?o que ni siquiera era m¨ªo. A los catorce a?os ya me cuidaba sola. Me preparaba la comida, lavaba mi ropa, y hac¨ªa todo por m¨ª misma. Empec¨¦ a juntarme con un grupo de chicas que, podr¨ªa decirse, eran las ¡°populares¡± del colegio. La mayor de todas se llamaba Aveline, una aut¨¦ntica l¨ªder; luego estaba Thalena, que no sol¨ªa destacar mucho, y finalmente Rowena, quien era solo un a?o mayor que yo y ten¨ªa una gran amistad con Thalena. Nos sol¨ªamos saltar las clases para ir a cualquier lugar que no fuera la escuela, quebrantando el c¨®digo de vestimenta y esas peque?as normas. Un d¨ªa, mientras escap¨¢bamos de clase, descubrimos un lugar peculiar en medio del pasto, en la cima de un monte. Era extra?o encontrar algo fuera de lo normal, pero lo que vimos all¨ª ciertamente lo era: una placa de metal bastante resistente, encajada en la tierra. Esto nos caus¨® mucha curiosidad, y al d¨ªa siguiente, entre el cambio de clases, decidimos hacer algo al respecto. ¡ªDeber¨ªamos conseguir algo para abrir esa placa. Si hay algo de metal all¨ª, no puede ser una coincidencia. Debe haber algo escondido, s¨ª o s¨ª ¡ªdijo Aveline. ¡ªEn el despacho debe haber herramientas lo suficientemente filosas para abrir la placa ¡ªrespondi¨® Thalena, sigui¨¦ndole el juego. ¡ª?Pero c¨®mo las conseguimos? ¡ªpregunt¨® Rowena. ¡ªChicas¡­ chicas¡­¡ª Intent¨¦ interrumpirlas, pero no me escuchaban. Al ser la menor del grupo, era casi como un fantasma; no ten¨ªa voz ni voto. Mis ideas y pensamientos pr¨¢cticamente no importaban. Las chicas siguieron hablando, ignor¨¢ndome por completo mientras ideaban un plan para entrar al despacho, donde, debido a mi tama?o, yo tambi¨¦n estaba involucrada. A pesar de que no quer¨ªa participar, mis protestas fueron ignoradas. El plan era sencillo: las chicas distraer¨ªan al guardia durante el cambio de turno. Era joven y, seg¨²n Aveline, no ser¨ªa dif¨ªcil desviarlo un rato. Mientras tanto, yo, siendo la m¨¢s peque?a, entrar¨ªa al despacho a trav¨¦s de un ducto de ventilaci¨®n. Pusimos el plan en marcha. El guardia, un cadete en formaci¨®n, no fue dif¨ªcil de enga?ar, y en pocos minutos las chicas lograron alejarlo. Una de ellas regres¨® para ayudarme a subir y meterme por la rejilla. Dentro, el despacho era m¨¢s grande de lo que aparentaba desde afuera. Hab¨ªa objetos que nunca hab¨ªa visto, y mientras exploraba, encontr¨¦ una espada. Al parecer, era lo m¨¢s afilado que hab¨ªa all¨ª, as¨ª que la pas¨¦ a mi amiga por la rejilla. Sin embargo, sab¨ªa que no ser¨ªa suficiente para cortar la placa de metal, as¨ª que continu¨¦ buscando algo m¨¢s ¨²til. Pero el tiempo se acababa. Entonces vi un libro, escondido entre otros objetos. Su t¨ªtulo, La naturaleza de la vida y sus secretos, llam¨® mi atenci¨®n. Justo cuando estaba considerando si deb¨ªa llev¨¢rmelo, mi amiga me advirti¨®: ¡ª?Date prisa! ?Viene alguien y es un soldado! ¡ª Tomando el libro en mis manos, sal¨ª lo m¨¢s r¨¢pido que pude. A duras penas logramos escapar con la espada y el libro. Hab¨ªamos acordado encontrarnos en la placa una vez tuvi¨¦ramos lo necesario, as¨ª que escondimos nuestras adquisiciones en un arbusto cercano y regresamos a una clase de la que ser¨ªa relativamente f¨¢cil escapar. Cuando lleg¨® el momento, nos salimos de clase y nos reunimos en el lugar de la placa. Sacamos la espada y el libro del arbusto, y las chicas se pusieron a intentar abrir la placa mientras yo hojeaba el libro, buscando algo que pudiera ser de utilidad. ¡ª?Esta espada se supone que es de los caballeros sagrados! ¡ªgrit¨® Aveline, tratando de encajarla¡ª. ??C¨®mo es posible que no pueda atravesar una simple placa de metal!? Ignorando el esc¨¢ndalo que hac¨ªan, continu¨¦ leyendo el libro. Al principio, los textos eran similares a las lecciones de clase, hasta que llegu¨¦ a una p¨¢gina diferente. Ten¨ªa una especie de portada manchada con algo que parec¨ªa sangre seca y estaba cubierta de rayones. Cuando comenc¨¦ a leer el cap¨ªtulo, me asombr¨® el contenido y llam¨¦ a las chicas para que escucharan. Empec¨¦ a recitarles algunos de los fragmentos que m¨¢s me sorprendieron: ¡ª¡°Depositad vuestra fe con cuidado, pues los l¨ªderes no son dignos de confianza; no confi¨¦is en el kirche, que guarda secretos bajo el velo de la santidad. La verdad yace oculta, y, sin embargo, es visible solo para quienes se atreven a mirar. No sois los ¨²nicos en dudar de sus l¨ªderes, que con tantas mentiras han osado enga?aros. No sois los ¨²nicos seres bajo el firmamento; todas las razas son iguales en valor y en esencia. La elecci¨®n de en qui¨¦n creer y en qui¨¦n confiar¡­ os pertenece.¡± ¡ª?Pero qu¨¦ mierda? ¡ªdijo Aveline, la mayor¡ª. No se supone que era algo interesante, ?no? No hay nada aqu¨ª que no sepamos. Si de por s¨ª la Kirche es una mierda, ?o me equivoco? ¡ªEspera un poco, a¨²n hay m¨¢s. Suena importante ¡ªrespond¨ª, sin dejarme interrumpir. ¡ª ¡ªPues espero que algo de ah¨ª nos sirva para abrir la placa. De verdad tengo ganas de ver qu¨¦ hay adentro. ¡ª Continu¨¦ leyendo en voz alta: ¡ª¡°A todo aquel que anhele la verdad, hallar¨¢ en estas p¨¢ginas su camino. Durante incontables eras os han ense?ado que los elfos y su magia son ofensas ante el Alt¨ªsimo, que son hijos de la oscuridad misma. Pero he aqu¨ª la falsedad de tales palabras. Pues el poder en s¨ª es un don divino, una bendici¨®n otorgada a todos. Est¨¢ presente en todo ser: en animales, plantas, en humanos y en elfos por igual. Ellos solo han aprendido a usar esta energ¨ªa, mientras que los humanos han elegido temerla, repudiarla y condenarla. De este miedo nace el odio que les han infundido. Y he aqu¨ª, en este cap¨ªtulo, el saber oculto de dicha energ¨ªa: con ella podr¨¦is alzaros con el semblante de un dios, aun siendo simples mortales.¡± Mientras yo le¨ªa, las chicas discut¨ªan y segu¨ªan haciendo comentarios, pero yo apenas pod¨ªa apartar la vista del libro. Hab¨ªa tantas cosas interesantes sobre c¨®mo utilizar esta ¡°energ¨ªa¡± y c¨®mo podr¨ªa ayudarnos. ¡ªVaya mierda, pero no me sorprende ¡ªdijo Aveline, con desd¨¦n. ¡ªS¨ª, siempre supimos que todo era una farsa. Alz¨¢ndonos como figuras semejantes a dioses sin serlo, claro, c¨®mo no ¡ªcoment¨® Thalena, sigui¨¦ndole el juego. Rowena mir¨® a su alrededor, pensativa, y pregunt¨®: ¡ªOigan, ?no se les hace extra?o ver una placa de metal tan cerca de la escuela? Mientras segu¨ªan discutiendo, encontr¨¦ un cap¨ªtulo que podr¨ªa servirnos para cortar la placa. Hablaba sobre c¨®mo incrementar el filo o el ¡°poder¡± de un objeto al imbuirle energ¨ªa, pero requer¨ªa conocimientos espec¨ªficos sobre el uso de esta ¡°energ¨ªa¡±. Pasamos horas aprendiendo c¨®mo hacerlo; para las m¨¢s j¨®venes del grupo, result¨® ser m¨¢s f¨¢cil asimilar lo que se necesitaba. Finalmente, logramos utilizarla, y fue algo hermoso y natural. No entend¨ªa por qu¨¦ la Kirche la tem¨ªa y repudiaba tanto. Ahora solo quedaba abrir la placa. El plan era que Aveline empu?ara la espada para cortar un hueco, mientras las dem¨¢s imbu¨ªamos la espada con energ¨ªa para afilarla y permitirle penetrar el metal. Solo hab¨ªa un inconveniente: si no hab¨ªa nada debajo y la placa era solo una losa enterrada por el tiempo, el castigo por robar una espada de caballero, un libro prohibido y escaparnos de clases ser¨ªa bastante severo. Despu¨¦s de varios intentos, Aveline grit¨®: ¡ª?Funcion¨®! ?Chicas, funcion¨®! ¡ª Un estruendo reson¨®, y cuando abrimos los ojos, hab¨ªa un hoyo en el suelo. Lo hab¨ªamos logrado. Saltamos de alegr¨ªa por nuestro ¨¦xito. ¡ªEntonces, ?entramos? ¡ªpregunt¨® Aveline. Ella fue la primera en bajar, ayud¨¢ndonos a descender una por una. Dentro, hab¨ªa casi nada de luz, pero gracias al libro, supe c¨®mo generar una esfera de luz, y la usamos para iluminar el camino. Avanzamos por un pasillo que parec¨ªa interminable, y las chicas segu¨ªan charlando de varias cosas. ¡ªM¨¢s vale que aqu¨ª haya un gran tesoro despu¨¦s de todos los problemas por los que hemos pasado ¡ªdijo Thalena. ¡ªS¨ª, tienes raz¨®n. ¡ª Aveline se volvi¨® hacia m¨ª, con un tono de disculpa. ¡ªOye, Meliora¡­ lo siento. ¡ª?Por qu¨¦? ¡ª ¡ªYa sabes, por no tomarte en cuenta lo suficiente. A decir verdad, sin ti no estar¨ªamos aqu¨ª; gracias a tu ayuda y tu forma de ser ¡ªme mir¨® con una sonrisa y algo de arrepentimiento¡ª. Gracias. No pod¨ªa recordar la ¨²ltima vez que sent¨ª algo as¨ª, una calidez en el pecho que me hizo sonre¨ªr de nuevo. Cuando finalmente salimos del t¨²nel, escuchamos unas voces. Est¨¢bamos frente a una larga escalera, y decidimos bajar hacia donde proven¨ªan las voces. Al llegar abajo, vimos a dos soldados con armaduras negras. No era una armadura cualquiera; era completamente negra y parec¨ªa absorber la luz. Llevaban unos tirantes que sosten¨ªan el cintur¨®n, y en sus manos hab¨ªa algo largo de metal, que sosten¨ªan como una espada, pero era extra?o y desconocido para nosotras. De alguna forma, las chicas se las arreglaron para librarse de los guardias. No sab¨ªa que sab¨ªan pelear. Dejaron los cuerpos en el suelo, y cuando pas¨¦ cerca, me asustaron sus m¨¢scaras: eran inquietantes y provocaban una sensaci¨®n de miedo. Seguimos avanzando hasta la salida del t¨²nel, y apagu¨¦ la esfera de luz para no alarmar a nadie. Al salir, nos encontramos en una plataforma elevada. Al ver todo con m¨¢s claridad, parec¨ªa una base subterr¨¢nea. Soldados marchaban y gritaban: ¡ª?Loyalit?t und Sieg! ¡ªuna y otra vez. A nuestro alrededor, hab¨ªa humanoides grandes, cajas de metal con ruedas, largos tubos y esas extra?as espadas met¨¢licas que portaban los soldados. En otra secci¨®n, personas vestidas con trajes elegantes y gorras parec¨ªan esperar a alguien. De repente, gritaron algo, y vimos entrar a una figura. En ese instante, todos los uniformados cerraron las piernas de golpe y levantaron ambos brazos en una especie de saludo, apuntando hacia el cielo. Cuando vimos qui¨¦n hab¨ªa entrado, nos quedamos sin palabras. ¡ªEse es¡­¡ª ¡ªEl director Wolff ¡ªmurmur¨® Aveline, con una expresi¨®n que nunca le hab¨ªa visto. Era una mezcla de angustia, miedo, horror, terror y desagrado en una sola mirada. ¡ª?P.¡­ pero qu¨¦ hace aqu¨ª? ?Qui¨¦nes son estas personas? ¡ªpregunt¨¦, perpleja. ¡ªNo lo s¨¦, pero tenemos que salir de aqu¨ª ahora mismo. ¡ª ¡ªTienes raz¨®n. ¡ª Nos pusimos en pie para salir r¨¢pidamente, pero entonces Thalena resbal¨®, y el ruido que gener¨® reson¨® por toda la cueva. Nos estremecimos, el p¨¢nico nos envolv¨ªa. La ayud¨¦ a levantarse, pero, en ese instante, algo atraves¨® su cabeza. Las dos ca¨ªmos al suelo. El estruendo me dej¨® aturdida mientras ve¨ªa, de rodillas, el rostro de Thalena empapado en sangre, con los ojos muy abiertos, como los de un pez, reflejando un terror absoluto. Escuchaba un zumbido que se hac¨ªa cada vez m¨¢s intenso, hasta que se cort¨® de golpe. Las chicas, al ver que no me mov¨ªa, me agarraron a la fuerza y me arrastraron, oblig¨¢ndome a correr. ¡ª?Meliora! ¡ªme gritaba Aveline¡ª. ?Reacciona, tenemos que salir de aqu¨ª! Corr¨ªamos mientras los gritos y las alarmas resonaban por la cueva, y luces empezaban a encenderse. Cuando llegamos a las escaleras, vimos a varios soldados correr hacia nosotras, pero logramos ser m¨¢s r¨¢pidas. Subimos las escaleras a toda velocidad y, al acercarnos al pasillo por donde hab¨ªamos llegado, Elewyn tropez¨® y qued¨® atrapada en un escal¨®n. ¡ª?Meliora, ay¨²dame! ¡ªgrit¨® desesperada. ¡ª?Vamos, Elewyn, tenemos que irnos! ¡ª Intent¨¦ liberar su pierna, pero no pod¨ªa sacarla. ¡ª?No sale, mi pierna no sale! ¡ª Aveline me toc¨® el hombro, tratando de alejarme de ah¨ª. ¡ªTenemos que irnos, Meliora. ¡ª ¡ª?No! ?Elewyn sigue atrapada, no podemos dejarla aqu¨ª! ¡ª ¡ª?Exacto, no pueden dejarme aqu¨ª! ¡ªclam¨® Elewyn, aferr¨¢ndose a mi mano. -Perd¨®nanos Elewyn, pero se trata de sobrevivir, viste lo que le hicieron a Thalena- -No, ?No pueden dejarme aqu¨ª. Vuelvan!- Aveline me agarro del brazo y me alejo mientras nos gritaba eso, no pod¨ªa voltear hacia atr¨¢s, sabiendo lo que acabamos de hacer. -Porque¡­- -?Porque no hab¨ªa otra opci¨®n!-If you encounter this tale on Amazon, note that it''s taken without the author''s consent. Report it. -Pero¡­- -?No te detengas!, ya casi llegamos!- Llegando al final del t¨²nel se escucharon los gritos desgarradores de Elewyn, me desgarraban por dentro. -Bien, solo queda subir, ve tu primero, yo te alzo- -Bien- Me sub¨ª hacia la parte del monte donde hicimos el hoyo, al fin estaba fuera de ese infierno. -?Vamos agarra mi mano!- Le extend¨ª mi mano a Aveline para ayudarla a subir, cuando est¨¢bamos a punto de agarrarnos la mano, vi como si los ojos de Aveline se hincharan. Son¨® un boom y en ese momento sangre sali¨® salpicada directo hacia m¨ª, mucha sangre, cuando me limpi¨¦ los ojos para ver mejor, vi la mitad del cuerpo de Aveline en el suelo y en la entrada del pasillo un soldado con un arma extra?a humeando. Lo primero que pens¨¦ tras eso fue ¡°corre¡± pero mis piernas no daban para m¨¢s, me empec¨¦ a arrastrar para atr¨¢s, tratando de huir lo m¨¢s r¨¢pido del lugar antes de que me hicieran algo. Un zumbido empez¨® a retumbar en mi cabeza, cada vez m¨¢s y m¨¢s fuete. Me sent¨ªa mareada, ya no sab¨ªa hacia donde iba, solo trataba de alejarme lo mas pronto de ah¨ª, los ¨²ltimos momentos de mis amigas estaban pasando por mi cabeza. No quer¨ªa terminar as¨ª. Empec¨¦ a perder fuerzas, sent¨ª mucho sue?o y empec¨¦ a ver como los soldados se acercaban, ten¨ªa miedo, pero, no pod¨ªa hacer mucho. Perd¨ªa la conciencia poco a poco ?Este era mi fin?, por favor no. Cuando estaba a punto de perder la consciencia, alguien se puso frente a m¨ª. Ten¨ªa unas orejas largas y puntiagudas. Qu¨¦ extra?o, al final, no importaba qui¨¦n era; todo terminaba aqu¨ª para m¨ª. Me despert¨¦ en un lugar familiar. El zumbido persist¨ªa en mis o¨ªdos, aunque con menor intensidad. Escuchaba una voz, pero no entend¨ªa lo que dec¨ªa. Me incorpor¨¦ en la cama donde estaba recostada y vi a varias personas a mi alrededor, todas monjas. Mir¨¦ mis manos con una mezcla de incredulidad y frustraci¨®n. ?Por qu¨¦ sigo viva? ?Por qu¨¦ yo? ??Por qu¨¦ no Aveline?! ??Por qu¨¦ no Thalena?! ??Por qu¨¦ no Elewyn?! ??Por qu¨¦ tengo que ser yo la que sigue viviendo, como una tonta y cobarde que no pudo hacer nada para salvar a sus amigas?! En ese momento, entraron unos soldados. No comprend¨ªa del todo lo que dec¨ªan; el zumbido me distra¨ªa, pero parec¨ªa que discut¨ªan con las monjas que estaban junto a m¨ª. De pronto, logr¨¦ captar algunas palabras: ¡ª¡­ Queremos¡­ hablar¡­ sobre ellas¡­¡ª ¡ª?Qui¨¦nes? ¡ª ¡ªYa sabes, sus amigas¡­ Aveline, Thalena y¡­ ?Elewyn? S¨ª, exacto, ella. ¡ª Al o¨ªr sus nombres, me sobresalt¨¦. El zumbido en mis o¨ªdos aument¨® de golpe, el dolor me invad¨ªa la cabeza, mis pensamientos se volv¨ªan confusos. La visi¨®n se me nubl¨® y sent¨ª una fuerte arcada. Intent¨¦ aguantar, pero no pude. Vomit¨¦... sangre. La mir¨¦ en mis manos, horrorizada. Sent¨ª p¨¢nico y grit¨¦, aunque no supe con cu¨¢nta fuerza. Intent¨¦ bajarme de la cama, pero ca¨ª al suelo, y el golpe me dej¨® inconsciente. Entonces tuve un sue?o extra?o. Vi un mundo sumido en el caos, envuelto en llamas, la tierra gris y cubierta de agujeros. Las personas gritaban y lloraban en varios idiomas, un clamor desesperado. No sab¨ªa qu¨¦ estaba pasando, pero el terror que sent¨ªa era indescriptible. En medio de aquel desolador paisaje, apareci¨® una silueta. Me resultaba vagamente familiar, y una calidez indescriptible emanaba de ella. Buscando consuelo, me acerqu¨¦ y lo abrac¨¦. En ese instante, despert¨¦ de nuevo en la habitaci¨®n. No s¨¦ por qu¨¦ so?¨¦ con eso, pero de alguna forma me reconfort¨®. Ahora, cuando pienso en lo que sucedi¨®, no me siento tan mal, y parece que los s¨ªntomas disminuyen. Lo ¨²nico que sigue aumentando, aunque no demasiado, es el zumbido en mis o¨ªdos. Pasaron varios d¨ªas y segu¨ªa postrada en cama. Poco a poco recuper¨¦ la fuerza para caminar, aunque, en realidad, no ten¨ªa deseos de salir ni de pasear por ning¨²n lado. Un d¨ªa, entraron a mi habitaci¨®n un padre y un soldado. El soldado era bastante joven, probablemente de m¨ª misma edad, mientras que el padre parec¨ªa un poco mayor que nosotros. Ambos se acercaron, aparentemente para hacerme algunas preguntas. ¡ªHola, Meliora. Ese es tu nombre, ?cierto? ¡ªme salud¨® el padre con una sonrisa un tanto extra?a, como forzada y poco com¨²n. Guard¨¦ silencio, mirando hacia abajo. ¡ªMi nombre es Enzo, mucho gusto en conocerte ¡ªdijo, extendi¨¦ndome la mano con su peculiar sonrisa. No respond¨ª a su gesto. ¨¦l pareci¨® no darle importancia y continu¨®¡ª. Bueno, el soldado que est¨¢ a mi lado se llama Lucian. ¡ª?Un gusto, Meliora! ¡ªdijo Lucian con una sonrisa sincera, como si fuera un ni?o. Levant¨¦ la cabeza y, con esfuerzo, logr¨¦ susurrar: ¡ªUn¡­ gusto. ¡ª ¡ªBueno, Meliora ¡ªcontinu¨® Enzo¡ª. Como sabr¨¢s, la Kirche est¨¢ investigando todo lo relacionado con lo que ocurri¨® ese d¨ªa ¡ªal escucharlo, el zumbido en mis o¨ªdos se intensific¨®¡ª. S¨¦ que este tema te afecta, as¨ª que, si no te sientes lista, no tienes que responder las preguntas. El zumbido se calm¨® un poco. ¡ªCreemos que aquellas personas que estaban ah¨ª intentar¨¢n silenciarte, por lo que la Kirche te ha asignado un guardaespaldas, y ese ser¨¢ Lucian. ¨¦l se encargar¨¢ de ayudarte en todo lo que necesites y te acompa?ar¨¢ a donde vayas. ¡ªSi necesitas cualquier cosa, aqu¨ª estoy para ayudarte, Meliora ¡ªdijo Lucian con una sonrisa que transmit¨ªa tranquilidad. ¡ªMuchas¡­ gracias ¡ªrespond¨ª, a¨²n sintiendo dificultad para hablar. A decir verdad, no le ve¨ªa nada positivo a todo esto. Los d¨ªas y los meses pasaron, y mi relaci¨®n con Lucian fue mejorando. En alg¨²n momento, le cont¨¦ todo lo que ocurri¨® aquel d¨ªa, aunque omit¨ª la parte sobre la persona misteriosa que me salv¨®. Con el tiempo, me fui encari?ando con Lucian. Lo consideraba un gran amigo, y ¨¦l me ayudaba en todo lo que necesitaba; por supuesto, yo tambi¨¦n intentaba apoyarlo. Comenc¨¦ a tomarme la escuela en serio; despu¨¦s de todo lo que hab¨ªa pasado, quer¨ªa ser un ejemplo para las ni?as en formaci¨®n que se preparaban para ser monjas. Mi objetivo era que no se sintieran solas y que tuvieran alguien en quien apoyarse. Lucian y yo ten¨ªamos la costumbre de hacer caminatas por un bosque cercano a la escuela, donde ¨¦l tambi¨¦n resid¨ªa ahora. Cont¨¢bamos con la aprobaci¨®n de Enzo, quien pronto se convertir¨ªa en el padre y l¨ªder de la aldea, y que tambi¨¦n se hab¨ªa vuelto un gran amigo. En una de esas caminatas, decidimos adentrarnos a¨²n m¨¢s en el bosque para disfrutar de la naturaleza. De repente, una r¨¢faga de viento pas¨® junto a nosotros, y una flecha cruz¨® roz¨¢ndome. Sorprendida, volte¨¦ r¨¢pidamente para ver qu¨¦ ocurr¨ªa, pero, en un parpadeo, Lucian ya estaba frente a m¨ª, apuntando su espada hacia un punto vac¨ªo en el aire. O eso cre¨ªa yo. En cuesti¨®n de segundos, apareci¨® una figura justo en el lugar hacia el que Lucian apuntaba: era una persona con un arco en la mano y la espada de Lucian amenazando su cuello. No era humano. Ten¨ªa las orejas puntiagudas y el cabello muy claro¡­ era un elfo. ¡ªBaja el arco ¡ªdijo Lucian con una voz y mirada serias. Jam¨¢s lo hab¨ªa visto as¨ª. ¡ªVamos, no es necesario llegar a la violencia. Ya mismo lo bajo ¡ªrespondi¨® el elfo con tono despreocupado. ¡ª?No es necesario? ?T¨² fuiste el primero en disparar! ¡ªreplic¨® Lucian. ¡ª?Ah, s¨ª? ¡ªdijo el elfo, en tono sarc¨¢stico. ¡ª ¡ªS¨ª. ¡ª ¡ªSolo estaba bromeando. Quer¨ªa comprobar si ella no era una guerrera. ¡ª ¡ª?Le ves cara de guerrera? M¨ªrala, es una monja. ¡ª ¡ªTen¨ªa que asegurarme. ¡ª Fue en ese momento cuando lo reconoc¨ª. Era el mismo elfo que me hab¨ªa salvado aquella vez. ¡ªLucian¡­¡ª ¡ª?Qu¨¦ pasa, Meliora? ¡ª ¡ªS¨¦ que lo que voy a decir suena una locura, pero por favor, Lucian, baja tu espada. ¡ªVaya, hasta que me reconoces, Meliora. ?No es as¨ª? ¡ªdijo el elfo, con una leve sonrisa que me result¨® extra?amente reconfortante. ¡ª?De qu¨¦ hablas, Meliora? ?Te has vuelto loca? ¡ªLucian no quitaba la vista de Thailon, todav¨ªa con una postura defensiva. ¡ªConf¨ªa en m¨ª ¡ªle respond¨ª con urgencia¡ª. Hay algo que nunca te cont¨¦ sobre lo que ocurri¨® aquel d¨ªa. ?Recuerdas cuando dije que no pude ver qui¨¦n me salv¨® antes de desmayarme? Te ment¨ª. S¨ª lo vi, y es ¨¦l¡­ es este elfo. ¡ªMucho gusto ¡ªintervino el elfo, haciendo una ligera reverencia¡ª. Me presento: Thailon Valandil. Lucian baj¨® la espada lentamente, aunque a¨²n manten¨ªa una actitud precavida. El resto del d¨ªa lo pasamos hablando con Thailon. Hab¨ªa algo en ¨¦l que me resultaba fascinante, como si siempre hubiera estado destinado a cruzarse en mi vida. Nos explic¨® muchas cosas sobre su pueblo y su mundo, y aunque Lucian segu¨ªa desconfiando, empezamos a construir una relaci¨®n m¨¢s cordial. Con el tiempo, los tres nos volvimos amigos. Nuestra relaci¨®n se fortaleci¨® mientras los a?os pasaban; Lucian complet¨® su formaci¨®n como soldado y yo termin¨¦ mi preparaci¨®n como monja. Sol¨ªamos encontrarnos con Thailon siempre que pod¨ªamos, aunque, siendo sincera, era yo quien m¨¢s buscaba excusas para escapar y verlo. A menudo le ped¨ªa a Lucian que me cubriera. Mi relaci¨®n con Thailon evolucion¨® hasta volverse algo m¨¢s profundo¡­ algo amoroso. Enzo sol¨ªa enviarme en misiones o encargos, y cada vez que era posible, aprovechaba esos momentos para estar con Thailon, con la ayuda de Lucian. Un d¨ªa, despu¨¦s de varios a?os de conocernos, Thailon me propuso matrimonio. A decir verdad, desconoc¨ªa las costumbres de los elfos, pero eso no importaba. Lo amaba profundamente, y sin dudarlo, le dije que s¨ª. Acordamos celebrar la boda durante un viaje prolongado que durar¨ªa seis meses: dos meses de ida, dos de vuelta, y dos meses de estancia. Fue en esos dos meses que preparamos la ceremonia, que result¨® ser tan hermosa como la hab¨ªa imaginado. No ten¨ªa a nadie m¨¢s a quien invitar aparte de Lucian, mi amigo m¨¢s cercano, quien estuvo a mi lado en ese d¨ªa tan especial. Los c¨¢nticos y bailes fueron m¨¢gicos, y aquella jornada se convirti¨® en uno de los mejores d¨ªas de mi vida. Sin embargo, al regresar, tuve que ocultar mi anillo, pues si alguien lo ve¨ªa, podr¨ªan acusarme de herej¨ªa. Ser monja y casarse era algo prohibido. Los primeros a?os de mi matrimonio con Thailon fueron maravillosos. Me ense?¨® muchas cosas: c¨®mo defenderme, las costumbres de su pueblo, y c¨®mo controlar mejor la ¡°energ¨ªa¡±. Fueron a?os llenos de aprendizaje, amor y momentos inolvidables. Thailon y yo hab¨ªamos hablado muchas veces sobre formar una familia, y ambos dese¨¢bamos un hijo. La oportunidad lleg¨® durante un encargo que me asignaron junto con Lucian. Era un viaje que tomar¨ªa unos dos a?os, y la cercan¨ªa del destino al territorio ¨¦lfico lo hac¨ªa perfecto para intentar tener un hijo sin levantar sospechas. Gracias al apoyo de los elfos, el embarazo y el parto transcurrieron sin problemas. Fue una ni?a hermosa, a la que llamamos Kiomi Valandil. Sin embargo, sab¨ªa que no podr¨ªa cuidarla yo misma. En el monasterio, eso era impensable. Por ello, confiamos su crianza a la familia de Lucian. Aunque no podr¨ªa estar con ella todo el tiempo, promet¨ª visitarla siempre que pudiera. Esos d¨ªas de felicidad fueron breves, como si fueran un espejismo en medio del desierto. Sab¨ªa que era cuesti¨®n de tiempo antes de que se descubriera mi secreto. Un d¨ªa, Enzo se me acerc¨® mientras disfrutaba de un raro momento de descanso. ¡ªMeliora, tenemos que hablar. ¡ª ¡ªS¨ª, claro. Dime, ?qu¨¦ sucede? ¡ª Su tono serio y su mirada penetrante hicieron que mi coraz¨®n se acelerara. ¡ªPor el monasterio corre un rumor. Dicen que una monja ha estado descuidando sus deberes, que se cas¨® en secreto¡­ y tuvo un hijo. ?Sabes algo sobre esto? Por un instante, sent¨ª que la sangre abandonaba mi rostro. Tuve que obligarme a mantener la calma. ¡ªNo, claro que no ¡ªrespond¨ª, intentando sonar convincente. ¡ªBien, eso espero. Ahora escucha, Meliora. No quiero verte fuera de la aldea jam¨¢s, y tampoco a ninguna de las dem¨¢s monjas. Tus peque?os juegos han terminado. Hemos identificado a un chivo expiatorio, as¨ª que, si algo como esto vuelve a suceder, las consecuencias ser¨¢n muy graves para ti. ?Entendido? Su mirada era m¨¢s fr¨ªa y aterradora que nunca. ¡ªS¡­s¨ª. ¡ª ¡ªBien, espero que esta paz siga intacta. Nos vemos, Meliora. ¡ª Cuando se fue, me derrumb¨¦ por dentro. ?Qu¨¦ significaba esto? ?Que no podr¨ªa volver a ver a mi hija? Apenas hab¨ªa podido estar con ella durante dos a?os¡­ y ahora me la arrancaban. Desde ese d¨ªa, no tuve m¨¢s remedio que quedarme. Lucian, por otro lado, todav¨ªa pod¨ªa salir, as¨ª que le ped¨ª que informara a mi familia sobre mi situaci¨®n. Pero yo no podr¨ªa volver a verlos, a menos que ellos vinieran. Los a?os pasaron. Ocho, para ser exactos. Durante ese tiempo, Thailon encontr¨® formas de traer a Kiomi a la aldea en contadas ocasiones. Verla, aunque fuera por unos instantes, me daba fuerzas para seguir adelante. Pero esos momentos eran breves y espaciados, como gotas de agua en un desierto infinito. Un d¨ªa, llegaron a la aldea unos chicos. Uno de ellos, un joven de cabello completamente blanco, acompa?ado por otra ni?a peque?a. Hab¨ªa algo en ellos que llam¨® mi atenci¨®n de inmediato. El muchacho parec¨ªa tener la misma edad que mi hija, Kiomi. Enzo me pidi¨® que cuidara de los ni?os mientras despertaban. Los cuid¨¦ con todo mi ser. Tener a Kiomi me hab¨ªa ense?ado c¨®mo atender a ni?os de esa edad, y ellos no fueron la excepci¨®n. El chico despert¨® primero. Dijo llamarse Zein Ravenscroft, un nombre extra?o, si me preguntan. La ni?a, mucho m¨¢s joven, no pod¨ªa hablar, pero seg¨²n Zein, su nombre era Lyra. Nos pareci¨® curioso, pero le cre¨ªmos. Durante los siguientes dos a?os, me encargu¨¦ de ellos como si fueran mis propios hijos. Sent¨ªa que llenaban un vac¨ªo que hab¨ªa quedado en m¨ª tras separarme de Kiomi. Los quer¨ªa tanto que so?aba con que pudieran conocerse alg¨²n d¨ªa. Era como tener una segunda oportunidad para ser madre. Sin embargo, aquel cari?o y paz no durar¨ªan. Una tarde, mientras realizaba mis labores, not¨¦ humo saliendo de la iglesia donde los ni?os, Lucian y yo nos qued¨¢bamos. Al acercarme, mi coraz¨®n se detuvo: todo estaba envuelto en llamas. Pero no eran llamas comunes; eran moradas, brillantes y antinaturales. Corr¨ª hacia la entrada, intentando entrar para salvar a los chicos, pero una explosi¨®n me lanz¨® hacia atr¨¢s. La puerta se cerr¨® con un estruendo, y el fuego comenz¨® a moverse de forma extra?a, como si tuviera vida propia. Frente a m¨ª, las llamas comenzaron a tomar forma, molde¨¢ndose en una figura humanoide. ¡ªHola ¡ªdijo con voz burlona. ¡ª?Qui¨¦n eres? ¡ªle pregunt¨¦, mi voz temblando. ¡ªNo lo s¨¦, realmente. Es la primera vez que salgo. Pero, ?no crees que este lugar se ve mejor as¨ª? Envuelto en llamas¡­ ¡ªUna sonrisa maliciosa se form¨® en su rostro ardiente. No sab¨ªa c¨®mo reaccionar. Esa cosa no era humana, eso estaba claro. ¡ªUy, me encantar¨ªa quedarme a jugar con los que vienen para ac¨¢, pero mi due?o est¨¢ a punto de despertar. Y ¨¦l me mantiene dormido. ¡ª?Qui¨¦n es tu due?o? ¡ªlogr¨¦ preguntar, aunque apenas pod¨ªa respirar del miedo. La criatura se inclin¨® hacia m¨ª, susurr¨¢ndome al o¨ªdo: ¡ªAquel al que has cuidado con tanto amor. Zein. Mi mente se detuvo. ?Zein? No pod¨ªa ser. ¨¦l era un ni?o Bendito. Eso significaba pureza, no¡­ esto. Corr¨ª hacia el cuarto donde Lucian ya estaba intentando controlar la situaci¨®n. El demonio, o lo que fuera esa criatura, comenz¨® a encogerse, desvaneci¨¦ndose lentamente hasta entrar en el cuerpo de Zein. ¡ª?Qu¨¦ hacemos ahora? ¡ªpregunt¨¦, desesperada, sintiendo c¨®mo la realidad se derrumbaba a mi alrededor. ¡ªEsconderlo ¡ªdijo Lucian con determinaci¨®n¡ª. Tenemos que sacarlo de aqu¨ª. Tienes que llev¨¢rtelo. Yo me encargar¨¦ de Enzo. Seguro que lo vio todo. ¡ªNo, puedo distraerlo m¨¢s tiempo. T¨² debes llev¨¢rtelo para protegerlo ¡ªle respond¨ª r¨¢pidamente. ¡ªPero¡­ ¡ªNo digas nada. Esto es lo que debo hacer. ¡ªEst¨¢ bien. Lo llevar¨¦ con Thailon. Cuando puedas, ven con nosotros. ¡ªEso har¨¦. Nos separamos despu¨¦s de ese breve intercambio. Lucian sali¨® por la parte trasera con Lyra en brazos, mientras yo buscaba algo para intentar controlar el fuego. Necesitaba m¨¢s tiempo para que pudieran escapar. Cuando sal¨ª, vi una escena que me hel¨® el alma: Zein estaba enfrent¨¢ndose a Enzo, y ambos estaban listos para atacar. Sin pensarlo, me interpuse entre ellos. ¡ª?Det¨¦nganse! ?Qu¨¦ est¨¢n haciendo? ?En lugar de ayudar a las personas, se amenazan mutuamente! ¡ªMeliora¡­ ¡ªZein apenas pod¨ªa contener las l¨¢grimas, su rostro estaba lleno de miedo y confusi¨®n. ¡ª?C¨¢llate! ¡ªgrit¨® Enzo, su voz resonando como nunca antes. Era la primera vez que me hablaba de esa manera¡ª. ?Deja de proteger a ese demonio, maldita bruja! ¡ª?Bruja? ¡ªmurmur¨¦, incr¨¦dula. ¡ªExacto, bruja. Siempre supe que tu matrimonio con ese elfo, incluso mientras estabas en formaci¨®n, era una se?al. ?Y ahora vienes a proteger a este demonio! ¡ª?No te atrevas a involucrarlos en esto! ¡ªle grit¨¦ con furia. No pod¨ªa permitir que Thailon o Kiomi fueran arrastrados a este caos. Enzo no parec¨ªa dispuesto a escuchar razones. Su mirada estaba llena de odio, y su postura era amenazante. Sin perder m¨¢s tiempo, tom¨¦ a Zein en brazos y corr¨ª hacia el edificio en llamas. ¡ª?Qu¨¦ est¨¢s haciendo? ¡ªpregunt¨® Zein, claramente confundido y asustado. ¡ªShh. Esc¨²chame bien ¡ªle susurr¨¦, tratando de calmarme¡ª. No te dejar¨¢n en paz hasta que te maten. Necesito ganar tiempo. En la cocina, debajo de la mesa, hay una escotilla. Usa ese pasadizo. Te llevar¨¢ donde est¨¢n Lucian y Lyra. ?Entendido? ¡ªPero¡­ ?qu¨¦ pasar¨¢ contigo, Meliora? ¡ª?Dije, ?entendiste?! ¡ªgrit¨¦, aunque r¨¢pidamente trat¨¦ de suavizar mi tono¡ª. No te preocupes por m¨ª. Estar¨¦ bien. Te alcanzar¨¦ despu¨¦s. Ahora, vete. Zein asinti¨®, aunque su expresi¨®n dejaba claro que no quer¨ªa irse. ¡ªEst¨¢ bien ¡ªrespondi¨® a rega?adientes. Lo observ¨¦ mientras desaparec¨ªa por la escotilla, con la esperanza de que estuviera a salvo. Ahora, lo ¨²nico que me quedaba era ganar tiempo y enfrentar a Enzo. ¡ª?Arr¨¦stenla! ¡ªgrit¨® Enzo, se?al¨¢ndome con autoridad. Los soldados se abalanzaron sobre m¨ª, pero no iba a rendirme sin pelear. Mis golpes apenas lograban atravesar la dureza de sus armaduras, y cada impacto hac¨ªa que mis manos dolieran m¨¢s y m¨¢s. Sin embargo, no me detuve. Derrib¨¦ a cinco de ellos antes de que el agotamiento me alcanzara, pero era in¨²til. Por cada soldado que ca¨ªa, llegaban m¨¢s. Ya no pod¨ªa sostenerme de pie. Mi cuerpo no respond¨ªa. ¡ª?R¨ªndete, Meliora! ¡ªgrit¨® Enzo con desprecio¡ª. Es in¨²til resistirse a la voluntad del Alt¨ªsimo. ¡ªT¨² no riges su voluntad ¡ªle espet¨¦, jadeando¡ª. S¨®lo velas por tus propios intereses. Enzo me fulmin¨® con la mirada, su rostro desbordaba odio. ¡ªNo tienes derecho a decir eso. ?Arr¨¦stenla de una vez! Tras un violento forcejeo, los soldados lograron inmovilizarme. Me amarraron a un poste y amontonaron paja a mi alrededor. A pesar de todo, mantuve mi frente en alto. ¡ªMeliora Valandil ¡ªdijo Enzo con un tono teatral, como si disfrutara de cada palabra¡ª. Por la autoridad suprema de la Kirche, eres condenada a morir en la hoguera por tus cr¨ªmenes de herej¨ªa y traici¨®n. ¡ªPff, te ves tan rid¨ªculo recitando eso, Padre ¡ªrepliqu¨¦ con una sonrisa amarga¡ª. Hubieras sido mejor como algo m¨¢s. La furia en sus ojos se intensific¨®. ¡ª?Qu¨¦menla! ¡ªorden¨® con un gesto de su mano. El fuego comenz¨® a propagarse lentamente entre la paja, el calor se acercaba cada vez m¨¢s a mis pies. Pero incluso en ese momento, no sent¨ª miedo. Una calma extra?a me invadi¨®. Sab¨ªa que hab¨ªa cumplido mi prop¨®sito. Zein y Lyra estaban a salvo. Eso era lo ¨²nico que importaba. Mientras las llamas crec¨ªan, mis pensamientos se dirigieron a mi hija, Kiomi. ?Volver¨ªa a verla alguna vez? Mi coraz¨®n se encogi¨® de dolor al imaginar su rostro. Hubiera querido abrazarla, jugar con ella una vez m¨¢s, comprarle cosas, besar su frente como cuando era un beb¨¦. Pero eso ya no ser¨ªa posible. Levant¨¦ la vista al cielo y, entre el humo y las llamas, cre¨ª ver una luz. Parec¨ªa un destello lejano, como si alguien me estuviera observando. Tal vez era Zein, esperando en la distancia, tratando de encontrarme. Cerr¨¦ los ojos y dej¨¦ que los recuerdos de los ¨²ltimos dos a?os llenaran mi mente. Thailon, mi amor, gracias por todo lo que me diste. Lucian, siempre fuiste mi mejor amigo, mi roca. Chicas, pronto me unir¨¦ a ustedes. Perd¨®nenme por todo. Zein, Lyra... por favor, sigan adelante y vivan con libertad. Con mi ¨²ltimo aliento, pronunci¨¦ las palabras que guard¨¦ en mi coraz¨®n hasta el final. ¡ªGracias... por todo... Y entonces, las llamas me envolvieron por completo. Donde el sol se pone Nos alejamos bastante de la aldea y acampamos en un lugar remoto para pasar la noche. Lyra dorm¨ªa profundamente, ajena a todo lo que hab¨ªa sucedido. ¡ªLucian. ¡ª ¡ª?Qu¨¦ pasa, chico? ¡ª ¡ª?A d¨®nde iremos ahora? ¡ª Lucian hizo una pausa antes de responder, mir¨¢ndome con seriedad. ¡ªOye, ?recuerdas que te habl¨¦ sobre que Meliora estaba casada y ten¨ªa una hija? ¡ª ¡ªS¨ª. ¡ª ¡ªPues ah¨ª es a donde iremos. ¡ª Al amanecer, nos levantamos r¨¢pidamente y reanudamos el viaje. Lyra ya estaba despierta y no paraba de hacer preguntas. Era evidente que, siendo tan joven, no entend¨ªa nada de lo que estaba ocurriendo. Apenas ten¨ªa tres a?os. El trayecto se sent¨ªa interminable. Hab¨ªan pasado varios d¨ªas caminando, y a¨²n as¨ª, no parec¨ªa que llegar¨ªamos pronto a nuestro destino. ¡ªLucian. ¡ª ¡ª?Qu¨¦ pasa? ¡ª ¡ª?Qu¨¦ tan lejos est¨¢ el lugar donde viven el esposo de Meliora y su hija? ¡ª ¡ªHmm... digamos que est¨¢ a seis meses de viaje en carreta. Est¨¢ al otro lado del supercontinente, pero lo bueno es que est¨¢ fuera del alcance de la Kirche. ¡ª ¡ª?Y tomaremos una carreta? ¡ª ¡ªEn el siguiente pueblo buscaremos suerte para ver si encontramos a alguien que nos lleve. ¡ª Hice una pausa, reflexionando antes de hablar nuevamente. ¡ªOye, otra cosa. ¡ª ¡ª?Qu¨¦ pasa? ¡ª ¡ªT¨² eres bastante fuerte, ?no? ¡ª ¡ª?Por qu¨¦ preguntas? ¡ª ¡ªEs que... quiero ser m¨¢s fuerte. Fue por mi culpa y mi ineptitud que le hicieron eso a Meliora. Si hubiera sido m¨¢s fuerte... si simplemente no hubiera aparecido en la aldea, nada de esto habr¨ªa pasado. ¡ª Lucian se detuvo y se inclin¨® ligeramente, apoyando una mano en mi hombro. ¡ªMira, t¨² no eres el causante de nada, igual que Lyra. No te culpes por lo que haya pasado o lo que est¨¢ ocurriendo. El ¨²nico culpable aqu¨ª es Enzo. Desde hace tiempo ha estado tramando algo, y ahora con la caza de un ¡°demonio¡± y una posible victoria, lo m¨¢s probable es que su poder como l¨ªder supremo se fortalezca. ¡ª ¡ªBien... ¡ª ¡ªPero eso de que quieras volverte m¨¢s fuerte no me parece una mala idea. ¡ª Despu¨¦s de caminar un rato m¨¢s, llegamos a una aldea. Lucian se adelant¨® para asegurarse de que era seguro, pero pronto descubri¨® que no lo era del todo. Hab¨ªa un cartel con mi rostro: una orden de b¨²squeda, vivo o muerto. Me estaban buscando por toda la zona de influencia de la Kirche. Lucian ide¨® un plan: me har¨ªa pasar por alguien con una enfermedad en la piel. Usar¨ªa su casco para cubrir mi cabeza y t¨²nicas que ocultaran mi cuerpo. Solo as¨ª podr¨ªa permanecer un rato en la aldea sin llamar la atenci¨®n. ¡ªQueremos una habitaci¨®n con dos camas ¡ªle dijo Lucian al due?o de una taberna. ¡ªSer¨ªan cinco monedas de oro. ¡ª ¡ª??No le parece algo caro?! ¡ª ¡ª?Caro? Vamos, usted es un soldado de la Kirche. Les pagan tan bien que cinco monedas no deber¨ªan ser nada. ¡ª Lucian sac¨® su espada en un movimiento r¨¢pido y apunt¨® al cuello del due?o. ¡ªNo crea que por ser un soldado de la Kirche voy a dejar que me estafe de esa manera. ¡ª ¡ª?Bien, bien! Solo estaba bromeando. Ser¨ªan dos monedas de plata. ¡ª ¡ªAs¨ª est¨¢ mejor. ¡ª Afortunadamente, Lyra ya estaba dormida. No quer¨ªa que viera lo que acababa de hacer Lucian. La habitaci¨®n era modesta, pero ser¨ªa suficiente. Lo m¨¢s probable era que pas¨¢ramos varios d¨ªas all¨ª, esperando que la b¨²squeda de la Kirche se calmara. Durante los d¨ªas siguientes, Lucian decidi¨® ense?arme a manejar la espada. Aprend¨ª a defenderme, a atacar, y tambi¨¦n algunas artes marciales. ¨¦l quer¨ªa que fuera lo suficientemente fuerte para protegerme a m¨ª mismo y a Lyra. Aunque era bastante estricto durante los entrenamientos, Lucian tambi¨¦n era amable y atento. Nunca se olvidaba de nosotros, y si algo nos pasaba, se preocupaba mucho y nos cuidaba. Era, sin duda, una buena persona. A decir verdad, no recuerdo exactamente cu¨¢nto tiempo pasamos en la aldea; creo que fueron tal vez seis meses. Una caravana de mercaderes lleg¨® hace apenas unos d¨ªas, y decidimos que nos ir¨ªamos con ellos al siguiente pueblo, que estaba a mitad del camino hacia Ilmenor, la aldea donde viv¨ªan Thailon y Kiomi. ¡ªEstoy orgulloso de ti, Zein. En seis meses has progresado mucho. A decir verdad, mucho m¨¢s de lo que logr¨¦ yo en mis d¨ªas en la academia. ¡ª ¡ªGracias, es que tengo un muy buen mentor. ¡ª Nos sonre¨ªmos el uno al otro, orgullosos. La caravana parti¨® con ¨¦xito. Tardar¨ªamos unos tres meses en llegar a la pr¨®xima aldea, justo en la frontera de la zona de influencia de la Kirche. Tendr¨ªamos que ser muy cuidadosos. Durante el trayecto me enter¨¦ de que no nos cobraron nada porque Lucian se ofreci¨® como protector de la caravana ante posibles peligros y bandidos. Y suerte que estaba con nosotros, porque nadie se atrevi¨® a atacar la caravana durante esos tres meses. Quiz¨¢s era su imponente figura lo que disuadi¨® a cualquiera de intentar algo. Cuando llegamos, nos detuvimos antes de entrar a la aldea, que estaba fuertemente vigilada por soldados estacionados. ¡ªZein, justo hacia el oeste de aqu¨ª hay una playa. Ll¨¦vate a Lyra y empieza a entrenar sin m¨ª. Yo te alcanzo en un rato; necesito comprar algunas cosas. ¡ª ¡ªEst¨¢ bien. ¡ª Me dirig¨ª hacia el oeste para buscar la playa, y en efecto, all¨ª estaba. Incluso hab¨ªa una peque?a aldea cercana. ... Mientras Zein y Lyra se dirig¨ªan hacia la playa, yo me encamin¨¦ hacia la aldea para comprar suministros para nuestro pr¨®ximo viaje y buscar a alguien que pudiera llevarnos m¨¢s lejos. Al entrar, reconoc¨ª demasiadas caras conocidas. Decid¨ª mantenerme lo m¨¢s desapercibido posible, ya que, por haber protegido a Zein, probablemente tambi¨¦n era un hombre buscado. Logr¨¦ comprar todo lo necesario y me dirig¨ª hacia la salida, pero justo antes de dejar la aldea, me encontr¨¦ cara a cara con varios soldados. ¡ªVaya, vaya... Miren a qui¨¦n tenemos aqu¨ª. ?Cu¨¢nto tiempo, Lucian, no crees? ¡ª ¡ªS¨ª, mucho tiempo. ¡ª R¨¢pidamente guard¨¦ las cosas en mi mochila para evitar que se da?aran y ajust¨¦ mi espada en su funda.The author''s content has been appropriated; report any instances of this story on Amazon. ¡ªOye, ?por qu¨¦ acomodas tu espada? Ni que te fu¨¦ramos a hacer algo. Solo queremos hablar... A menos que seas alguien buscado. ¡ª Justo en ese momento, el sonido de una espada desenvain¨¢ndose rompi¨® el aire. Uno de los soldados se lanz¨® hacia m¨ª, su espada centelleando bajo la luz. Reaccion¨¦ al instante, desenvainando mi propia arma. El choque del acero reson¨® con fuerza, y con un giro h¨¢bil de mi mu?eca, desvi¨¦ el ataque. Antes de que el soldado pudiera recuperarse, contraataqu¨¦ con un empuj¨®n que lo envi¨® volando hacia el borde del bosque. ¡ª?Es ¨¦l, el traidor! ¡ªgrit¨® uno de los soldados restantes, se?al¨¢ndome. Sin perder tiempo, cuatro m¨¢s desenvainaron sus armas, mientras un quinto corr¨ªa hacia la aldea en busca de refuerzos. Corr¨ª hacia la espesura del bosque, mis botas aplastando hojas secas bajo mis pies. Las voces de los soldados resonaban cerca, llenas de determinaci¨®n. El primero de ellos apareci¨® por mi izquierda, intentando tomarme por sorpresa. Gir¨¦ r¨¢pidamente mi espada, repeliendo el golpe. El impacto oblig¨® al soldado a retroceder, mientras yo me mov¨ªa hacia la derecha. Otro ataque lleg¨® desde ese flanco. El acero silb¨® en el aire, oblig¨¢ndome a impulsarme hacia un ¨¢rbol cercano. Con un salto ¨¢gil, aterric¨¦ en una de sus ramas y observ¨¦ desde arriba. Los soldados comenzaron a rodearme, uno avanzando por abajo mientras otro se preparaba para atacarme de frente. Salt¨¦ nuevamente, aterrizando en una rama de un ¨¢rbol cercano justo antes de que las hojas fueran cortadas por un golpe enemigo. Desde mi posici¨®n, observ¨¦ c¨®mo intentaban organizarse para acorralarme. ¡ªNi crean que se los dejar¨¦ f¨¢cil ¡ªmurmur¨¦, lanz¨¢ndome hacia otro ¨¢rbol para evitar un ataque simult¨¢neo desde abajo. Mientras giraba, vi venir un golpe frontal. Esta vez, en lugar de esquivarlo, salt¨¦ hacia el suelo. Mi espada choc¨® con fuerza contra la del atacante, haciendo que cayera de espaldas. No perd¨ª tiempo. Al ver al soldado en el suelo, hund¨ª mi espada en su pecho con precisi¨®n fr¨ªa, acabando con ¨¦l al instante. Con un movimiento r¨¢pido, limpi¨¦ mi hoja mientras miraba al resto de los soldados con una sonrisa desafiante. ¡ª?Eso es todo lo que tienen? ¡ªpregunt¨¦ con tono burl¨®n, levantando mi espada al aire¡ª. Podr¨ªa hacer esto todo el d¨ªa. Mi provocaci¨®n surti¨® efecto. M¨¢s soldados comenzaron a llegar, sus gritos resonando por el bosque. Evalu¨¦ r¨¢pidamente la situaci¨®n y decid¨ª no esperar. Me abalanc¨¦ hacia el primero que se acerc¨®, cort¨¢ndolo por la mitad con un arco limpio de derecha a izquierda. El siguiente apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que mi espada lo atravesara con un corte diagonal ascendente, desde su cadera derecha hasta su hombro izquierdo. Un tercer soldado intent¨® atacarme por la espalda, pero gir¨¦ r¨¢pidamente, partiendo su cuerpo desde la cabeza hasta el torso con un movimiento certero. Los cad¨¢veres empezaban a acumularse a mi alrededor, pero los refuerzos no cesaban. Espadas, lanzas y gritos se mezclaban en un caos imparable. Me mov¨ªa de un lado a otro, derribando a todo el que pod¨ªa; mi t¨¦cnica era notablemente superior a la suya. Cuando finalmente detuve mi espada por un instante para recuperar el aliento, cont¨¦ al menos treinta y cinco enemigos abatidos. Sin embargo, la batalla comenzaba a pasar factura. Mi respiraci¨®n se tornaba pesada, y el sudor corr¨ªa por mi frente. De pronto, un soldado aprovech¨® mi descuido y logr¨® rasgar mi brazo con su espada. Retroced¨ª con un gru?ido, pero no tuve tiempo de cubrirme. Otro soldado me atac¨®, alcanz¨¢ndome en la pierna. El dolor me hizo tambalearme. Mis movimientos se volvieron m¨¢s lentos, y los soldados restantes lo notaron. Un tercero avanz¨® r¨¢pidamente y, con un golpe certero, hiri¨® mi otra pierna, dej¨¢ndome inmovilizado. Ca¨ª de rodillas, todav¨ªa aferrando mi espada, pero mi cuerpo comenzaba a ceder. Mir¨¦ a los soldados que me rodeaban; sus expresiones reflejaban una mezcla de desaf¨ªo y una retorcida satisfacci¨®n. En ese momento, los soldados abrieron un hueco entre ellos. Por el pasillo improvisado apareci¨® Enzo, con una sonrisa burlona pintada en su rostro. Era una cara completamente distinta de la que hab¨ªa mostrado antes. Se acerc¨® lentamente, disfrutando del momento. ¡ªVaya, vaya, miren a qui¨¦n tenemos aqu¨ª ¡ªdijo con un tono cargado de sarcasmo¡ª. Voy a ser directo. ?D¨®nde est¨¢ el chico? Si me lo dices, tal vez te deje vivir. ¡ªJam¨¢s te lo dir¨¦, bastardo ¡ªle escup¨ª en la ropa, mis ojos llenos de furia. ¡ªMaldito... Sin cambiar su expresi¨®n de desprecio, Enzo tom¨® una lanza cercana. Sin dudarlo, la empu?¨® con ambas manos y la atraves¨® con fuerza en mi pecho. ¡ªEsto es lo que te pasa por traicionarnos a todos ¡ªdijo Enzo, mir¨¢ndome con desprecio. ¡ªY lo volver¨ªa a hacer ¡ªrespond¨ª con los ojos llenos de desaf¨ªo. Sin decir m¨¢s, Enzo hundi¨® la lanza con a¨²n m¨¢s fuerza, arranc¨¢ndome un gru?ido de dolor. ¡ªTe dejar¨¦ aqu¨ª, para que te desangres y mueras lentamente, traidor. Hasta nunca, Lucian. Con esas palabras, todos se marcharon. El atardecer comenzaba a te?ir el cielo de un c¨¢lido naranja. A pesar del intenso dolor y la debilidad que comenzaba a apoderarse de mi cuerpo, me manten¨ªa consciente. La lanza no hab¨ªa atravesado ning¨²n ¨®rgano vital, pero estaba inmovilizado, y la sangre no dejaba de brotar lentamente de la herida. ¡­ El sol comenzaba a ponerse, y la preocupaci¨®n se asentaba en mi pecho. Lucian se estaba tardando demasiado. Decid¨ª empacar todo y salir a buscarlo. Lyra, cansada tras el largo d¨ªa, se qued¨® dormida, as¨ª que la cargu¨¦ mientras caminaba por el bosque. No sab¨ªa exactamente a d¨®nde dirigirme, pero algo me dec¨ªa que deb¨ªa continuar. A medida que avanzaba, not¨¦ manchas de sangre en los ¨¢rboles. Mi coraz¨®n se aceler¨®, y decid¨ª adentrarme m¨¢s. No tard¨¦ en encontrar un escenario que me dej¨® sin aliento: cuerpos desperdigados por el suelo, todos vistiendo armaduras similares a la de Lucian. Mi pecho se llen¨® de una angustia indescriptible. Entre los cad¨¢veres, finalmente lo vi. Lucian estaba clavado a un ¨¢rbol, atravesado por una lanza. Baj¨¦ a Lyra con cuidado, acost¨¢ndola suavemente sobre el suelo, y corr¨ª hacia ¨¦l tan r¨¢pido como pude, tropezando varias veces con los cuerpos que yac¨ªan en el camino. ¡ª?Lucian! ?Lucian! ¡ªgrit¨¦ desesperado, tratando de alcanzarlo. ¨¦l levant¨® la mirada lentamente, su rostro p¨¢lido y agotado. ¡ªMuchacho¡­ ?qu¨¦ haces aqu¨ª? ¡ªsu voz era apenas un susurro. ¡ªTe hab¨ªas tardado demasiado, y decid¨ª salir a buscarte. ¡ª?No ves que es peligroso? ¡ªintent¨® rega?arme, pero su tono carec¨ªa de fuerza. Apenas pod¨ªa moverse, y no ten¨ªa idea de cu¨¢nto tiempo llevaba ah¨ª. Mi mente se nubl¨®, pero record¨¦ algo. La t¨¦cnica de curaci¨®n que Meliora me hab¨ªa ense?ado. A toda prisa coloqu¨¦ mis manos sobre su herida, concentr¨¢ndome con todas mis fuerzas. Trat¨¦ y trat¨¦, pero no funcionaba. ¡ªVamos¡­ ?vamos! ¡ªmurmur¨¦ desesperado, mientras el sudor corr¨ªa por mi frente. Lucian tom¨® mi mano con suavidad, deteni¨¦ndome. ¡ªYa basta, chico¡­ no tiene caso ¡ªsus palabras estaban cargadas de resignaci¨®n, pero tambi¨¦n de paz. ¡ªP-pero... ?necesito curarte! ?No puedo dejar que mueras! ¡ªrespond¨ª entre l¨¢grimas. ¡ªYa no hay nada que podamos hacer¡­¡ª ¡ªNo, no puede ser¡­ por favor, no ¡ªdije, sintiendo c¨®mo la desesperaci¨®n me aplastaba. No pod¨ªa dejar que sucediera otra vez. Ten¨ªa que salvarlo. Pero ?c¨®mo? Mi control sobre la energ¨ªa no era lo suficientemente bueno para curarlo, y regresar a la aldea en busca de un doctor estaba fuera de cuesti¨®n. Ser alguien tan buscado hac¨ªa eso imposible. ¡ªAc¨¦rcate, Zein ¡ªmurmur¨® Lucian con esfuerzo. Me acerqu¨¦ r¨¢pidamente, y en ese instante, con las pocas fuerzas que le quedaban, me envolvi¨® en un abrazo. ¡ªEsc¨²chame bien, Zein ¡ªdijo, con una sonrisa c¨¢lida en su rostro a pesar de todo. Asent¨ª, incapaz de contener las l¨¢grimas que ya corr¨ªan por mis mejillas. ¡ªCuida a Lyra... cu¨ªdala con todas tus fuerzas. Cu¨ªdense mutuamente, y nada malo les pasar¨¢. ¡ª ¡ªS-s¨ª... ¡ªrespond¨ª, mi voz quebr¨¢ndose. ¡ªCome bien, Zein. No te saltes ninguna comida, y aseg¨²rate de que Lyra coma tambi¨¦n. ¡ª ¡ªS¨ª. ¡ª ¡ªS¨¦ amable con todos. Trata a los dem¨¢s como quieres que te traten. As¨ª te ir¨¢ bien. ¡ª ¡ªS-s¨ª. ¡ª ¡ªSigue entrenando. Ser¨¢s m¨¢s fuerte que yo alg¨²n d¨ªa, te lo aseguro. ¡ªS¨ª¡­¡ª ¡ªRecuerda lo que te ense?amos Meliora y yo. No te alejes de esos valores, Zein. S¨¦ una buena persona. ¡ª ¡ªS¨ª. ¡ª ¡ªY, sobre todo, cu¨ªdate. ¡ª ¡ªS¨ª... ¡ª Lucian tom¨® aire con dificultad y continu¨®, su voz debilit¨¢ndose. ¡ªCuando muera... deja mi cuerpo aqu¨ª. Lleva mi casco y mi espada contigo. Ve al siguiente pueblo de inmediato. All¨ª no hay soldados de la Kirche. Busca una caravana que te lleve a Ilmenor. En la mochila hay suministros... no se los acaben en un solo d¨ªa. ¡ª Asent¨ª otra vez, incapaz de articular palabra. ¡ªY, Zein... gracias. ¡ª Su voz se desvaneci¨® con esas palabras. El abrazo se afloj¨® mientras el brillo de la vida abandonaba su cuerpo. Me desplom¨¦ junto a ¨¦l, llorando descontroladamente, incapaz de aceptar la realidad. La noche pas¨® como un borr¨®n de l¨¢grimas, impotencia y desconsuelo. Permanec¨ª junto a su cuerpo toda la noche, sin comer, sin moverme. La promesa que le hice a Lucian resonaba en mi mente como un eco: proteger a Lyra, seguir adelante. Al amanecer, me levant¨¦ tambaleante. Con manos temblorosas, tom¨¦ su casco y su espada, apret¨¢ndolos contra mi pecho. Era hora de seguir adelante, aunque el peso de su ausencia era casi insoportable. Ahora a donde Al amanecer, me levant¨¦ r¨¢pidamente, recog¨ª nuestras cosas y me prepar¨¦ para partir. Coloqu¨¦ el casco de Lucian en la cabeza de Lyra y cargu¨¦ su espada junto con la mochila en mi espalda. Durante el trayecto hacia la siguiente aldea, Lyra no dejaba de hacer preguntas: ¡ª?D¨®nde est¨¢ Lucian? ?A d¨®nde vamos? ¡ª Era comprensible. Despu¨¦s de todo, imagina dormirte y, al despertar, la persona que te acompa?aba ya no est¨¢, y simplemente te alejas de ese lugar como si nada. Caminamos durante dos d¨ªas hasta llegar a la aldea. Por desgracia, nuestra comida solo alcanzaba para tres d¨ªas, y los recursos se acababan r¨¢pidamente. Intent¨¦ buscar un trabajo, algo que me ayudara a pagar m¨¢s comida o un viaje hacia nuestro destino, pero no encontr¨¦ nada. Al tercer d¨ªa, nuestra comida se termin¨®. Decid¨ª dejar de comer para que Lyra pudiera hacerlo, pues sab¨ªa que yo podr¨ªa soportar m¨¢s tiempo sin alimento. Fue entonces cuando encontr¨¦ trabajo en una taberna. El due?o era un elfo. Como los elfos eran tan repudiados, no hab¨ªa muchos clientes, y el pago era bajo, pero al menos nos daba para comer. El elfo era amable y comprend¨ªa nuestra situaci¨®n: la de dos ni?os hu¨¦rfanos tratando de sobrevivir solos. Aunque el poco dinero que ganaba no alcanzaba para costear un viaje a Ilmenor, al menos nos manten¨ªa con vida. Sin embargo, con ese ritmo, tardar¨ªa a?os en reunir lo suficiente. Entre las pocas opciones que ten¨ªa, me debat¨ªa entre dos: robar o vender la espada y el casco de Lucian. Pero la segunda no era una opci¨®n. Jam¨¢s vender¨ªa sus pertenencias. As¨ª que, aunque no era moral, me inclin¨¦ por la primera. Gracias a mi tama?o y al entrenamiento que Lucian me hab¨ªa dado, lograba obtener algo de dinero extra robando a las personas. No me sent¨ªa bien haci¨¦ndolo, pero no ve¨ªa otra salida. Pasaron as¨ª ocho meses, recolectando poco a poco el dinero que pod¨ªa. Un d¨ªa, unos hombres que parec¨ªan mafiosos, de entre 40 y 45 a?os, entraron al bar. Me toc¨® atenderlos. Como sol¨ªa hacer, intent¨¦ robarles mientras les serv¨ªa, y con algunos lo logr¨¦. Pero en un momento, uno de ellos se dio cuenta. Me mir¨® directamente, con una expresi¨®n aterradora que me congel¨®. Fing¨ª no haber notado nada y me alej¨¦ despu¨¦s de dejar su comida. Cuando terminaron y se dispon¨ªan a irse, uno de ellos se acerc¨® al due?o de la taberna y le dijo que quer¨ªa hablar conmigo. Seg¨²n ¨¦l, ¨¦ramos "viejos conocidos". Mi jefe, sin sospechar nada, accedi¨® a dejarme ir con ellos. Apenas salimos del bar, me arrastraron hacia un callej¨®n oscuro y fr¨ªo. Para empeorar las cosas, hab¨ªa comenzado a llover. ¡ª??Cre¨ªste que no nos dar¨ªamos cuenta, eh!? ¡ªgrit¨® uno de ellos con furia¡ª. ?Maldito bastardo! ¡ª Comenzaron a golpearme. Cada golpe dol¨ªa m¨¢s que el anterior. El dolor era insoportable, como si intentaran romperme por completo. ¡ªLucian... ¡ªmurmur¨¦ d¨¦bilmente entre los golpes, como si invocar su nombre pudiera darme fuerzas. Siguieron golpe¨¢ndome hasta que se cansaron. No s¨¦ cu¨¢nto tiempo pas¨®. Cuando terminaron, no pod¨ªa moverme. El dolor era tan intenso que apenas pod¨ªa pensar. Yac¨ªa en el suelo, derrotado, pregunt¨¢ndome c¨®mo hab¨ªa llegado a esto. "Esto me pasa por andar de ladr¨®n", pens¨¦ con amargura. Si hubiera seguido los valores de Lucian, tal vez nada de esto habr¨ªa pasado. Pero entonces, escuch¨¦ una voz en mi cabeza, una voz extra?a, como si fuera la m¨ªa pero m¨¢s rasposa y profunda: "Si hubieras seguido sus valores, no habr¨ªas conseguido tanto dinero. Con esto est¨¢s m¨¢s cerca de llegar a Ilmenor". "Pero aun as¨ª est¨¢ mal", respond¨ª mentalmente. "Adem¨¢s, me quitaron todo el dinero que reun¨ª en estos ocho meses". "Cobarde", replic¨® la voz con desprecio. Las l¨¢grimas empezaron a brotar de mis ojos, mezcl¨¢ndose con la lluvia que ca¨ªa sobre m¨ª. No solo hab¨ªa roto mi promesa con Lucian, sino que todo lo que hice fue en vano. Ahora estaba sin dinero, sin fuerzas y sin esperanza. ?C¨®mo saldr¨ªa de esta situaci¨®n? Maldici¨®n. No s¨¦ cu¨¢nto tiempo estuve ah¨ª tirado en el suelo, inm¨®vil por el dolor. En alg¨²n momento, vi unos pies frente a m¨ª. La lluvia dej¨® de caerme encima, y sent¨ª un leve calor que reemplazaba el fr¨ªo que me envolv¨ªa. Unas manos se acercaron a m¨ª, y de ellas eman¨® una luz c¨¢lida que comenz¨® a curar mis heridas. Poco a poco, el dolor desapareci¨®. Cuando me sent¨ª lo suficientemente bien, me sent¨¦ y me limpi¨¦ las l¨¢grimas del rostro. ¡ª?Est¨¢s bien? ¡ªpregunt¨® una voz suave. ¡ªS¨ª... gracias. ¡ªLevant¨¦ la mirada para ver qui¨¦n era. Delante de m¨ª estaba una mujer. Su cabello corto era de un tono anaranjado, y sus orejas, largas y puntiagudas, se asemejaban a las de un animal. Hab¨ªa algo extra?o en ella, algo que no lograba descifrar. No pod¨ªa calcular su edad; su rostro no era del todo visible. ¡ªChico, d¨¦jame preguntarte algo. ?Quieres ser fuerte? ¡ªdijo de repente, con un tono que me tom¨® por sorpresa. La pregunta me extra?¨®, pero el tono en el que lo dijo me hizo sentir algo extra?o, una mezcla de incertidumbre y curiosidad. ¡ªS¨ª... ?C¨®mo lo sabes? ¡ª ¡ªPor nada en especial ¡ªrespondi¨®, aunque su tono se volvi¨® m¨¢s serio¡ª. D¨¦jame proponerte algo. ¡ª?Qu¨¦ cosa? ¡ªpregunt¨¦, tratando de ocultar mi confusi¨®n. ¡ªHagamos un apret¨®n de manos, ?qu¨¦ te parece? ¡ª?Para qu¨¦? ¡ªrespond¨ª, receloso pero intrigado. ¡ªMenos preguntas y m¨¢s acci¨®n. Dime, ?s¨ª o no? ¡ªinsisti¨®. Aunque dudaba, algo en su tono me transmit¨ªa confianza. As¨ª que, inseguro pero decidido, le tom¨¦ la mano e hice un apret¨®n. En ese instante, su cuerpo desapareci¨®. Solo quedaron sus ropas, que cayeron al suelo con un leve ruido. De ellas surgi¨® lo que parec¨ªa ser un peque?o animal. ¡ª?Qu¨¦ eres? ¡ªpregunt¨¦, alarmado. ¡ªUn esp¨ªritu, con forma de tanuki ¡ªrespondi¨® tranquilamente. ¡ª?Qu¨¦? ¡ª ¡ªMira, nunca te cont¨¦ los detalles del trato. A partir de ahora, si incrementas tu fuerza o tu poder, lo har¨¢s cien veces m¨¢s de lo normal. Si, por ejemplo, incrementas tu poder de 1 a 10, con el trato ya no ser¨¢ a 10, sino a 100. Eso te har¨¢ much¨ªsimo m¨¢s fuerte. ¡ª ¡ª?Y por qu¨¦ te convertiste en tanuki? ¡ªpregunt¨¦, todav¨ªa desconcertado. ¡ªPorque es muy dif¨ªcil mantener mi forma humana mientras el trato est¨¢ activo. ¡ª No entend¨ªa nada. Todo era tan repentino. ?Un esp¨ªritu? ?Un tanuki? ?Qu¨¦ es un tanuki? ?C¨®mo que mi poder iba a aumentar? Nada ten¨ªa sentido. ¡ªS¨¦ que debes tener muchas preguntas, Zein, pero por ahora deber¨ªas ir a casa. ¡ª ¡ª?C¨®mo es que sabes mi nombre? ¡ª ¡ªPor medio del trato. Anda ya, ve a la taberna de una vez para que te revisen. Mi magia de curaci¨®n no es muy poderosa. ¡ª Me empujaba suavemente con su peque?o cuerpo, insistiendo en que me moviera. Al final, sal¨ª del callej¨®n, todav¨ªa aturdido por lo que acababa de pasar. El tanuki se escondi¨® en mi ropa. Cuando llegu¨¦ a la taberna, el due?o, al verme en el estado en que estaba, dej¨® caer las cosas que llevaba en las manos y corri¨® hacia m¨ª. Su preocupaci¨®n era evidente; era un hombre realmente bondadoso. ¡ª?Tienes que descansar! ¡ªdijo con firmeza, y no acept¨® un "no" por respuesta. Me oblig¨® a quedarme en reposo. Nos dio comida y alojamiento gratis mientras me recuperaba. Durante ese tiempo, la tanuki, que dijo llamarse Kio, respondi¨® muchas de mis preguntas. Me explic¨® c¨®mo funcionaba el contrato: con su ayuda, mi poder aumentar¨ªa exponencialmente, pero tambi¨¦n depender¨ªa de mi esfuerzo. Adem¨¢s, me prometi¨® ayudarme a llegar a Ilmenor. No sab¨ªa c¨®mo iba a hacerlo, pero decid¨ª creerle. Kio tambi¨¦n se llevaba muy bien con Lyra. Pasaban gran parte del tiempo jugando, lo cual parec¨ªa alegrar a Lyra despu¨¦s de todo lo que hab¨ªamos pasado. Cuando volv¨ª a trabajar, not¨¦ algo diferente: la taberna, por primera vez, estaba llena. Hab¨ªa tantas personas que el ambiente se sent¨ªa vibrante y animado. ¡ª?Esto es obra tuya, Kio? ¡ªpregunt¨¦, mirando de reojo al tanuki que se encontraba escondido entre mis cosas. No me respondi¨® con palabras. Simplemente cruz¨® sus peque?as patas y me dedic¨® una sonrisa orgullosa. No pod¨ªa perder el tiempo, as¨ª que me puse a trabajar de inmediato. Con la taberna tan concurrida, los ingresos mejoraron considerablemente. Por primera vez en mucho tiempo, sent¨ª que avanz¨¢bamos r¨¢pido. Tardamos aproximadamente seis meses en conseguir el dinero que necesit¨¢bamos. Para nuestra buena suerte, adem¨¢s, encontramos a alguien dispuesto a llevarnos hasta Ilmenor por un precio razonable. Aunque nos tom¨® dos meses de b¨²squeda lograrlo, al fin lo hab¨ªamos conseguido. No pod¨ªa creerlo. ¡ªKio¡­ ¡ªdije, mientras acomodaba nuestras cosas para el viaje. ¡ª?S¨ª? ¡ªrespondi¨® con su caracter¨ªstico tono despreocupado. ¡ªMuchas gracias. ¡ª ¡ªNo hay de qu¨¦ ¡ªdijo, sonriendo de oreja a oreja. Kio parec¨ªa radiante. Aunque sus bromas y comentarios constantes a veces me sacaban de quicio, no pod¨ªa negar que su ayuda hab¨ªa sido fundamental. Antes de partir, el due?o de la taberna, aquel amable elfo que nos hab¨ªa acogido, nos regal¨® algunas provisiones para el viaje. Era un gesto generoso que no olvidar¨ªamos. Ahora, frente al camino que nos esperaba, no pod¨ªa evitar sentirme nervioso. Cuatro meses de viaje hasta Ilmenor parec¨ªan una eternidad. No sab¨ªa qu¨¦ har¨ªamos al llegar, ni siquiera qu¨¦ encontrar¨ªamos, pero eso no importaba. Haber llegado a este punto ya era un logro. Con Lyra y Kio a mi lado, me dispuse a dar el primer paso hacia ese incierto futuro. El viaje fue todo un infierno; no lo recordaba as¨ª cuando viaj¨¦ con Lucian. A cada rato nos intentaban asaltar bandidos, y las tormentas y las temperaturas extremas casi me mataban. Fue tan largo que, cuando est¨¢bamos por llegar, cumpl¨ª 10 a?os y Lyra, 5. Aun as¨ª, el entorno era c¨¢lido y hermoso. Las hojas estaban muy verdes, y el cielo ten¨ªa un azul vibrante. Adem¨¢s, la caravana estaba animada, y la gente era amable con nosotros. Agitando un abanico en mi cara para combatir el calor, me puse a hablar con Kio, quien parec¨ªa desfallecer bajo el sol. ¡ª?No tienes calor con ese pelaje? ¡ª Unauthorized usage: this narrative is on Amazon without the author''s consent. Report any sightings.¡ªNo tienes idea. ¡ª ¡ªOye, ?y por qu¨¦ no mejor te transformas en humana? O bueno, en semihumana. ¡ª ¡ªYa te dije que no puedo. ?No entendiste la explicaci¨®n que te di? ¡ª ¡ªA decir verdad, no. ¡ª ¡ªBien, te lo explicar¨¦ de nuevo, y t¨² tambi¨¦n pon atenci¨®n, Lyra. ¡ª ¡ªEst¨¢ bien ¡ªdijo Lyra, desganada por el calor. ¡ª Kio se aclar¨® la garganta antes de comenzar: ¡ªMiren, primero, yo soy un esp¨ªritu. En mi forma humana tal vez parezca de unos 18 o 20 a?os, pero en realidad tengo m¨¢s a?os que ese anciano que va al frente. ¡ª Un se?or de unos 80 a?os nos volte¨® a ver, pensando que habl¨¢bamos de ¨¦l. Solo le sonre¨ªmos antes de seguir con la pl¨¢tica. ¡ªEntonces eres una anciana ¡ªcoment¨¦ con tono burl¨®n. ¡ª?No! ¡ªreplic¨®, molesta¡ª. Como dec¨ªa, al ser un esp¨ªritu, puedo pactar con ciertas personas. No con cualquiera, solo con unas pocas, y t¨² est¨¢s incluido. El pacto me impide usar mi forma humana a menos que la persona con la que pact¨¦ sea m¨¢s fuerte que yo, cosa que no creo que pase ¡ªagreg¨® con orgullo. ¡ª?Y si mejor nos lo resumes? ¡ªdijo Lyra, sin ganas. ¡ªEst¨¢ bien. Yo, como esp¨ªritu, puedo hacer pactos con personas. Estas personas, al incrementar su poder, lo hacen a una escala mucho mayor. Por ejemplo, si normalmente incrementan su poder x1, con un pacto puede ser x10 o incluso x100, dependiendo del trato. ¡ª ¡ª?Y cu¨¢l es el que tienes conmigo? ¡ªpregunt¨¦. ¡ªEl de x100. Eso me impide convertirme en mi forma humana, que es la m¨¢s pura y poderosa, a menos que superes mi poder. ?Entendieron ahora? ¡ª ¡ªS¨ª ¡ªrespondi¨® Lyra¡ª. Pero aun as¨ª est¨¢s viejita. ¡ª ¡ª?Mocosa! ¡ª Kio se abalanz¨® sobre Lyra, y ambas empezaron a jugar. Una sonrisa se dibuj¨® en mi rostro. A pesar de todo, logr¨¦ seguir adelante. Gracias, Lucian. Gracias, Meliora, por todo. Espero que las cosas sigan as¨ª de movidas. Tras un largo tiempo de viaje, finalmente llegamos a Ilmenor. Era de noche, pero el lugar era m¨¢gico en muchos sentidos. A pesar de estar custodiado por guardias en la entrada y no poder pasar, desde afuera se ve¨ªa hermoso. En el centro destacaban una serie de edificios blancos, grandes y bien iluminados. Los ¨¢rboles eran mucho m¨¢s altos que los comunes, y los soldados llevaban armaduras blancas brillantes y elegantes. Por supuesto, todos eran elfos. El resto de la caravana logr¨® entrar, pero a nosotros no nos dejaron. ¡ª?Por qu¨¦ no nos dejan pasar? ¡ªpregunt¨¦. ¡ªSon nuevas pol¨ªticas, chico. Perd¨®n. ¡ª Kio, ignorando mi advertencia de mantenerse escondida, interrumpi¨® la conversaci¨®n. ¡ª?Y t¨² qui¨¦n te crees que eres? ¡ªpregunt¨® el guardia, sorprendido al verla. ¡ª?Acaso eres un tanuki? ¡ªrespondi¨®. ¡ªExacto, un tanuki. Y exijo ver al jefe. Este chico es conocido del guerrero Lucian Bellamy. ¡ª ¡ª?Del famoso Lucian? ¡ª ¡ªExacto ¡ªreplic¨® con orgullo. No entend¨ªa por qu¨¦ Kio estaba tan orgullosa de presumir algo as¨ª, considerando que nunca conoci¨® a Lucian. Aunque, pens¨¢ndolo bien, quiz¨¢ lo hab¨ªa visto a trav¨¦s de mis recuerdos. ¡ªBien, veremos qu¨¦ podemos hacer ¡ªdijo el guardia tras un momento de duda. Al ser tan de noche, tuvimos que acampar afuera. Hac¨ªa bastante fr¨ªo, pero logramos combatirlo con una fogata. ¡ªVaya idiotas ¡ªmurmur¨® Kio, visiblemente molesta. ¡ªVamos, no les digas as¨ª. Solo est¨¢n haciendo su trabajo. ¡ª ¡ªBueno... ¡ª De repente, una voz animada rompi¨® la tranquilidad. ¡ª?Hola! ¡ªgrit¨® una chica, colgada boca abajo de un ¨¢rbol. Nos asust¨® a todos. Era una elfa, con cabello blanco salpicado de peque?os mechones negros. Su aspecto era inusual, aunque no tan extra?o trat¨¢ndose de un elfo. ¡ª?Qu¨¦ hacen aqu¨ª? ¡ªpregunt¨®, mientras nos observaba con curiosidad. ¡ªAcampamos ¡ªrespond¨ª, todav¨ªa algo desconcertado por su aparici¨®n repentina. ¡ªHmm, ni que estuviera ciega. Lo que pregunt¨¦ es: ?qu¨¦ hacen aqu¨ª afuera y por qu¨¦ no entran? ¡ª Me di cuenta de que ella parec¨ªa tener mi misma edad. ¡ªEstamos esperando que nos den permiso de entrar ¡ªexpliqu¨¦. ¡ª?Eso es todo? ¡ªrespondi¨®, mostrando una expresi¨®n de entusiasmo¡ª. Yo les puedo dar permiso para pasar, pero con una condici¨®n. ¡ª ¡ª?Cu¨¢l es? ¡ªpregunt¨¦, curioso. ¡ª ¡ª?Que sean mis amigos, claro! ¡ªdijo con entusiasmo, mientras una gran sonrisa iluminaba su rostro. Decid¨ª seguirle la corriente. ¡ªClaro, mi nombre es Zein, Zein Ravenscroft. ¡ªSe?al¨¦ a mi lado¡ª. Ella es Lyra, mi hermana peque?a. ¡ª ¡ªHola ¡ªsalud¨® Lyra t¨ªmidamente. ¡ªY el mapache rabioso de aqu¨ª se llama Kio. ¡ª ¡ª?Oye, no me llames mapache, y mucho menos rabioso! ¡ªgrit¨® Kio, ofendida. La chica baj¨® del ¨¢rbol con una agilidad sorprendente y corri¨® hacia Kio, abraz¨¢ndola con fuerza. ¡ª?Qu¨¦ lindo, un mapache! ¡ª ¡ª?Su¨¦ltame, mocosa! ?Y no soy un mapache, soy un tanuki! ¡ª ¡ªPor cierto, me llamo Kiomi, Kiomi Valandil ¡ªdijo mientras segu¨ªa abrazando a Kio con entusiasmo. Mi mente se detuvo un instante. ?Valandil? Reconoc¨ª el apellido de inmediato. Al parecer, Kio tambi¨¦n lo not¨® porque dej¨® de forcejear de golpe. ¡ªBueno, ?entramos? Hace mucho fr¨ªo aqu¨ª afuera ¡ªsugiri¨® Kiomi con naturalidad. Recogimos nuestras cosas y seguimos a la elfa. Sorprendentemente, los guardias nos dejaron pasar sin problema alguno, aunque a Kio la detuvieron, lo que desat¨® otro forcejeo. Gracias por tu sacrificio, pens¨¦ con una sonrisa mientras camin¨¢bamos. Las calles estaban bellamente iluminadas, y todo a nuestro alrededor era impresionante. Las casas brillaban con tonos c¨¢lidos, y la gente, con largas orejas y ropas impecables, parec¨ªa estar llena de energ¨ªa y alegr¨ªa. ¡ªVengan, los llevar¨¦ a mi casa ¡ªdijo Kiomi, avanzando con paso animado. ¡ªEst¨¢ bien ¡ªrespond¨ª, aunque en realidad no sab¨ªa si confiar en ella. No nos hab¨ªan dado un nombre de referencia ni una direcci¨®n espec¨ªfica. Lamentablemente, no ten¨ªamos otra opci¨®n m¨¢s que confiar en esta chica. Mientras camin¨¢bamos, Kio finalmente se dio por vencida y dej¨® de forcejear con los guardias. ¡ª?A¨²n no llegamos? ¡ªpregunt¨¦, algo impaciente. ¡ªNop. ¡ª ¡ª?D¨®nde est¨¢ tu casa? ¡ªinquir¨ª, tratando de disimular mi frustraci¨®n. Levant¨® una de sus manos, se?alando el enorme edificio que dominaba el centro de la aldea, el m¨¢s lujoso y hermoso de todos. ¡ª?T-t¨²¡­ vives ah¨ª? ¡ªpregunt¨¦, boquiabierto. ¡ªS¨ª, ?por qu¨¦? ¡ªrespondi¨® con naturalidad. ¡ªNo, por nada¡­ ¡ªmurmur¨¦, a¨²n impresionado. ¡ª?Pap¨¢! ¡ªgrit¨® Kiomi de repente, agitando una mano. Un hombre comenz¨® a acercarse acompa?ado de una joven que parec¨ªa ser su sirvienta. A primera vista, el hombre me record¨® a Lucian, aunque algo en ¨¦l se sent¨ªa diferente. Su porte era digno, pero su expresi¨®n estaba marcada por el cansancio. Su cabello parec¨ªa comenzar a tornarse gris, reflejando los a?os y el peso de la vida. ¡ª?Tesoro! Te est¨¢bamos buscando. ?Qu¨¦ haces aqu¨ª afuera? ¡ªpregunt¨® el hombre con una mezcla de alivio y reprimenda. ¡ªFui a pasear y me encontr¨¦ con unos chicos que ahora son mis amigos ¡ªdijo Kiomi con entusiasmo, se?al¨¢ndonos. ¡ªHola ¡ªsalud¨¦ con una inclinaci¨®n de cabeza. ¡ªUn gusto ¡ªagreg¨® Lyra. El hombre baj¨® la mirada hacia Kio, que segu¨ªa en los brazos de Kiomi. ¡ª?Y ese tanuki que traes en las manos? ¡ªpregunt¨® con curiosidad. ¡ªViene con ellos ¡ªrespondi¨® Kiomi. Para mi sorpresa, Kio despert¨® m¨¢gicamente de su letargo al escuchar que la llamaban correctamente "tanuki" y no "mapache". Parec¨ªa m¨¢s feliz de lo que la hab¨ªa visto en mucho tiempo. ¡ªMuchas gracias por cuidar a mi hija un rato y asegurarse de que no se lastimara ¡ªdijo el hombre, con una voz c¨¢lida y serena¡ª. Vamos, Kiomi, ve con Eryndra. ¡ª ¡ªEst¨¢ bien¡­ ¡ªrespondi¨® Kiomi, con un tono que reflejaba un poco de tristeza por la despedida. Sin embargo, antes de irse, se volte¨® hacia nosotros y nos dedic¨® una sonrisa. ¡ªY deja al tanuki con ellos ¡ªa?adi¨® el hombre, con una ligera sonrisa. Kiomi solt¨® a Kio con cuidado, y esta ¨²ltima regres¨® con nosotros, lanzando un resoplido satisfecho. ¡ªBien, gracias por cuidar a mi hija. Mi nombre es Thailon Valandil, un placer conocerlos ¡ªdijo el hombre, inclinando levemente la cabeza. ¡ªM-mucho gus¡­ ¡ªcomenc¨¦ a responder, pero Kio me interrumpi¨® bruscamente. ¡ªOiga, ?usted es esposo de Meliora Valandil y amigo de Lucian Bellamy? ¡ªpregunt¨® Kio, con una intensidad inusual. El hombre se tens¨® ligeramente al escuchar esos nombres. ¡ªS¨ª, ?c¨®mo es que los conoces? ¡ªrespondi¨® con una mezcla de cautela y sorpresa. Reconoc¨ª su apellido desde el principio, pero ahora que lo hab¨ªa confirmado, mi coraz¨®n lat¨ªa m¨¢s r¨¢pido. Interrump¨ª la conversaci¨®n antes de que Kio pudiera seguir. ¡ªDisculp¨¦¡­ ?usted realmente es el esposo de Meliora? ¡ªpregunt¨¦, tratando de mantener la compostura. ¡ªMe llamo Zein, Zein Ravenscroft. ¡ª ¡ª?Ravenscroft? ¡ªrepiti¨® Thailon, visiblemente sorprendido¡ª. Si es as¨ª, ?d¨®nde est¨¢ Lucian? ¡ª Mi pecho se contrajo al escuchar la pregunta. No pod¨ªa dec¨ªrselo directamente, no mientras lo miraba a la cara, y menos cuando a¨²n deb¨ªa contarle lo de su esposa. Kio, al notar mi incomodidad, intervino antes de que yo pudiera responder. ¡ªSe?or, si nos permite, nos gustar¨ªa hablar de esto en otro lugar. Aqu¨ª afuera est¨¢ helando, y necesitamos calentarnos. ¡ªCierto, cierto. Acomp¨¢?enme. ¡ª Nos condujo hacia el edificio m¨¢s grande de la ciudad. El camino era largo, pero no pude evitar admirar lo hermoso que era todo a nuestro alrededor. Las luces, los detalles de las edificaciones, los colores¡­ todo parec¨ªa sacado de un cuento. Sin embargo, mi mente estaba demasiado ocupada tratando de encontrar las palabras adecuadas para explicarle lo sucedido. Kio, al verme tan nervioso, puso su pata en mi hombro y murmur¨®: ¡ªNo te preocupes, yo le dir¨¦ lo que pas¨®. No necesitas cargar con eso. ¡ª Agradec¨ª en silencio su apoyo. Mientras camin¨¢bamos, Lyra, agotada, termin¨® qued¨¢ndose dormida. Cuando llegamos al edificio, Thailon nos ofreci¨® su hospitalidad. Coloqu¨¦ a Lyra cuidadosamente sobre uno de los elegantes sillones, asegur¨¢ndome de que estuviera c¨®moda. ¡ª?Y bien? ¡ªpregunt¨® Thailon, mir¨¢ndonos con seriedad¡ª. ?Qu¨¦ fue lo que pas¨®? ¡ª Kio fue la primera en hablar: ¡ªNo es f¨¢cil de decir, pero su esposa¡­¡ª ¡ªLo de mi esposa ya lo s¨¦ ¡ªla interrumpi¨® Thailon con voz grave¡ª. Hace tiempo que recib¨ª la noticia. Lucian me envi¨® una carta hace poco menos de dos a?os, diciendo que ven¨ªan camino para ac¨¢. No pens¨¦ que tardaran tanto. ¡ª Al escuchar eso, me relaj¨¦ ligeramente. No tendr¨ªa que explicarle sobre Meliora, pero a¨²n quedaba algo igual de importante que decirle. Respir¨¦ hondo antes de hablar. ¡ªLucian¡­ est¨¢ muerto. Hace un a?o, m¨¢s o menos, lo asesinaron en un pueblo fronterizo de la Kirche. ¡ª Mientras hablaba, saqu¨¦ la espada y el casco que me hab¨ªa entregado Lucian antes de morir. ¡ªMe dijo que me quedara con esto. Es pr¨¢cticamente lo ¨²ltimo que queda de ¨¦l. ¡ª Thailon tom¨® la espada y el casco con cuidado, examin¨¢ndolos en silencio. ¡ªYa veo¡­ ha de haber sido un viaje duro para ustedes. ¡ªLevant¨® la mirada hacia m¨ª, y aunque hab¨ªa tristeza en sus ojos, tambi¨¦n hab¨ªa calidez¡ª. ?Sabes? Ellos siempre hablaban de ti en sus cartas. Te ten¨ªan en alta estima, les importabas mucho. Aqu¨ª te cuidaremos, no te preocupes. Sus palabras, llenas de sinceridad y consuelo, me hicieron sentir algo extra?o. Una calma que no hab¨ªa experimentado en a?os llen¨® mi pecho. Por un instante, todo el peso que llevaba encima parec¨ªa haberse desvanecido. Entonces, el sue?o comenz¨® a invadirme. ¡ªZein¡­ ?Zein! ¡ª La voz de Kio fue lo ¨²ltimo que escuch¨¦ antes de desmayarme, rendido por el cansancio acumulado de estos ¨²ltimos a?os. Cuando volv¨ª a despertar, me encontr¨¦ en una cama. Hac¨ªa a?os que no dorm¨ªa en una, y la sensaci¨®n de comodidad era casi irreal. A mi lado, Kiomi dorm¨ªa profundamente con Kio abrazado en sus brazos, mientras que en otra cama cercana estaba Lyra, tranquila y respirando suavemente. Por primera vez en mucho tiempo, me sent¨ª en paz. Al fin hab¨ªamos llegado a un lugar seguro. Kio fue el primero en despertar. ¡ª?Hasta que despiertas, dormil¨®n! ¡ªexclam¨® mientras se sacud¨ªa de los brazos de Kiomi. ¡ª?Por qu¨¦ tan exaltada? ¡ªpregunt¨¦ confundido. ¡ª?C¨®mo que por qu¨¦? ?Dormiste tres d¨ªas enteros! ¡ª ¡ª??Qu¨¦?! ¡ªexclam¨¦, incr¨¦dulo. Al parecer, el estr¨¦s acumulado de los ¨²ltimos a?os me hab¨ªa pasado factura. A pesar de la sorpresa, me sent¨ªa renovado, como si el peso que cargaba hubiera disminuido un poco. Los d¨ªas que siguieron los dediqu¨¦ a explorar el lugar y conocer m¨¢s a las personas que nos hab¨ªan recibido. Kiomi se convirti¨® r¨¢pidamente en una buena amiga, siempre alegre y entusiasta, mientras que Thailon, aunque reservado, demostraba ser una persona confiable y bondadosa. Sin embargo, no todo era perfecto. Cada vez que sal¨ªa, algunos ni?os elfos comenzaban a molestarme. Se burlaban de mis orejas normales y de mi cabello blanco, que contrastaba con el suyo. Los insultos, aunque intentaba ignorarlos, me afectaban profundamente. A menudo, terminaba refugi¨¢ndome en el casco de Lucian, buscando una sensaci¨®n de protecci¨®n. Pero no estaba solo. Lyra, siempre valiente, me defend¨ªa sin dudarlo. Una tarde, mientras com¨ªamos al aire libre y contempl¨¢bamos el atardecer, Lyra me mir¨® seriamente y pregunt¨®: ¡ªOye, ?por qu¨¦ no te defiendes? ¡ª ¡ªPorque¡­ no puedo simplemente. ¡ªBaj¨¦ la mirada, sinti¨¦ndome incapaz. ¡ª ¡ªHmm, pues yo te proteger¨¦. ¡ªSe levant¨® con decisi¨®n, par¨¢ndose sobre una rama con tal seguridad que parec¨ªa no temer caer¡ª. Yo te proteger¨¦ para siempre, ?te parece bien? ¡ª Sus palabras me llenaron de una calidez que no hab¨ªa sentido en a?os. Saber que alguien se preocupaba tanto por m¨ª me hac¨ªa feliz, pero al mismo tiempo no pod¨ªa ignorar la frustraci¨®n de no ser capaz de devolver ese sentimiento. ¡ªEst¨¢ bien ¡ªrespond¨ª finalmente, alzando la vista hacia ella¡ª. Pero yo me volver¨¦ m¨¢s fuerte, m¨¢s fuerte que t¨², para poder protegerte de vuelta. ¡ª Lyra sonri¨® y baj¨® de la rama para chocar su pu?o con el m¨ªo. Ambos re¨ªmos, sinti¨¦ndonos invencibles por un instante. Al d¨ªa siguiente, tom¨¦ una decisi¨®n. Busqu¨¦ a Thailon, quien, para ser jefe de una aldea, siempre parec¨ªa tener tiempo libre. Lo encontr¨¦ sentado en el patio trasero de su hogar, disfrutando de la tranquilidad del d¨ªa. ¡ªOye, Thailon¡­¡ª ¡ª?Qu¨¦ pasa, chico? ¡ªpregunt¨® Thailon, observ¨¢ndome con atenci¨®n. ¡ªNecesito un favor ¡ªrespond¨ª, tratando de sonar decidido. ¡ªQuieres que te entrene, ?no es as¨ª? ¡ª ¡ª?C¨®mo lo sabes? ¡ª ¡ªEn una de las cartas, Lucian me mencion¨® que deseabas volverte m¨¢s fuerte para proteger a los que amas. Me cont¨® que ya hab¨ªa empezado a entrenarte. A decir verdad, si no me lo ped¨ªas, yo mismo te habr¨ªa obligado. Dec¨ªa que ten¨ªas mucho potencial. ¡ª ¡ª?De verdad dec¨ªa eso...? ¡ªIntent¨¦ continuar, pero no me dej¨®. En un parpadeo, estaba frente a m¨ª, apunt¨¢ndome con una espada. Instintivamente, me hice un ovillo, abraz¨¢ndome en una postura defensiva. ¡ªCon eso hay que empezar ¡ªdijo, dejando salir un suspiro de desaprobaci¨®n¡ª. Eres demasiado miedoso. Tienes la fuerza, pero no la voluntad. ¡ª Sus ojos se volvieron serios, y su tono firme. ¡ªTe entrenar¨¦, muchacho. Entrenar¨¦ tu mente, tu cuerpo, y todo de ti. Te convertir¨¢s en alguien tan fuerte que, cuando mires a tu yo del futuro, no te reconocer¨¢s. ?Est¨¢s listo? ¡ª ¡ªS¡­ ?S¨ª! ¡ª ¡ªSoy bastante estricto en mis entrenamientos. ??Est¨¢s listo!? ¡ª ¡ª?S¨ª, se?or! ¡ªrespond¨ª con toda la determinaci¨®n que pude reunir. A partir de ese d¨ªa, los a?os que siguieron fueron diferentes. La paz reinaba en nuestra nueva vida, aunque no estuvo exenta de desaf¨ªos. Mi relaci¨®n con Kiomi se fortaleci¨® hasta el punto de convertirnos en mejores amigos. Kio, por su parte, se volvi¨® una pieza clave en nuestras travesuras y momentos de descanso. Sin embargo, no todo fue f¨¢cil. La enfermedad de Lyra comenz¨® a mostrar signos de avance, lo que oblig¨® a ponerla en reposo constante. Todos nos turn¨¢bamos para cuidarla, y aunque su sonrisa segu¨ªa iluminando nuestros d¨ªas, la preocupaci¨®n siempre estaba presente. A pesar de todo, no dej¨¦ que eso me detuviera. Entrenaba arduamente con Thailon, pasaba las tardes cuidando de Lyra y compart¨ªa momentos con Kiomi y Kio. Aquella rutina marc¨® mi vida durante los siguientes diez a?os¡­ a?os que me convirtieron en alguien completamente diferente. Ilmenor Mi vida era muy aburrida. Ilmenor era un lugar bonito, pero nunca pasaba nada. Desde mi rec¨¢mara, desde que era muy peque?a, solo ve¨ªa a los mercaderes ir y venir, pero nada m¨¢s. Yo era muy hiperactiva; siempre estaba de un lado a otro, sin saber qu¨¦ hacer. Mi padre, Thailon, el l¨ªder de la aldea, siempre me rega?aba: ¡ªDeber¨ªas esperar calmada a que tu madre vuelva. No es bueno que siempre andes de aqu¨ª para all¨¢, alg¨²n d¨ªa te vas a lastimar. ¡ª Siempre sacaba el tema de mi madre para tratar de mantenerme tranquila, pero cuando le preguntaba cu¨¢ndo iba a volver o d¨®nde estaba, siempre respond¨ªa: ¡ªElla¡­ est¨¢ muy lejos, y va a tardar en volver. ¡ª Tiempo despu¨¦s, descubr¨ª que en realidad ella hab¨ªa muerto. No culpo a mi padre; a m¨ª tambi¨¦n me habr¨ªa resultado muy dif¨ªcil decirle a mi hija que uno de sus padres hab¨ªa fallecido. M¨¢s bien, estoy agradecida por todo lo que hizo para cuidar de m¨ª, por tratar de protegerme. Aun as¨ª, sin nada que hacer, entren¨¦ y entren¨¦. No ten¨ªa otra cosa que hacer, y me volv¨ª fuerte. Muy fuerte. Un d¨ªa, hace aproximadamente diez a?os, un grupo de tres :un ni?o de mi edad, una ni?a cinco a?os menor que nosotros y un mapache; llegaron a las puertas del ¡°reino¡±. Como siempre me escapaba, fui a ver qui¨¦nes eran. Les habl¨¦, y fueron muy amables conmigo. Nunca hab¨ªa tenido amigos; los dem¨¢s en la aldea no me dejaban juntarme con ellos, como si fuera la t¨ªpica princesa de los cuentos de hadas encerrada en su castillo. Me alegr¨¦ much¨ªsimo cuando los conoc¨ª. Desde entonces, se volvieron mis amigos, mis ¨²nicos amigos. Aunque, poco a poco, mientras crec¨ªa, fui haciendo m¨¢s amigos, ellos fueron los primeros en aceptarme. Con el tiempo, me hice cada vez m¨¢s cercana al chico, que se llama Zein. Ya no ten¨ªa que escaparme; ahora ten¨ªa con qui¨¦n jugar. ¨ªbamos juntos al instituto, y, aunque los dos nos salt¨¢bamos las clases, logramos graduarnos. La mitad del tiempo no sab¨ªa qu¨¦ hac¨ªa Zein, pero cuando no estaba con ¨¦l, pasaba el rato platicando con su hermana o con el mapache. Su hermana, que era adorable y muy amable, se llamaba Lyra; un nombre bastante bonito. El mapache, que descubr¨ª que en realidad era un esp¨ªritu, se llamaba Kio, un nombre bastante parecido al m¨ªo, la verdad. Mi padre sol¨ªa estar siempre deprimido. Apenas me hac¨ªa caso y parec¨ªa extremadamente cansado. Esto me preocupaba mucho, pero, por alguna raz¨®n, cuando ellos llegaron, todo cambi¨®. El lugar se llen¨® de vida. Todos los d¨ªas se volvieron emocionantes o divertidos. Mi padre ya no parec¨ªa tan abatido, me prestaba m¨¢s atenci¨®n, y esos ¨²ltimos diez a?os se convirtieron en los mejores de mi vida. Zein y mi padre pasaban mucho tiempo juntos. Nunca supe exactamente qu¨¦ hac¨ªan, pero no me entromet¨ªa. Al fin y al cabo, ahora ten¨ªa mi d¨ªa completamente ocupado gracias a ellos. Hablando de graduaci¨®n, aqu¨ª en Ilmenor es costumbre que los ni?os tomen clases desde los diez a?os hasta los veinte, que es cuando se les considera adultos. Se empieza a esa edad porque se espera que los padres ense?en a sus hijos lo esencial antes de llevarlos a la escuela. A Zein siempre lo molestaban por no tener orejas puntiagudas, algo a lo que yo nunca le prest¨¦ atenci¨®n. Siempre lo proteg¨ªa. Le hice una promesa: que lo proteger¨ªa sin importar qu¨¦, porque no quer¨ªa perder a mi mejor amigo. Para mi sorpresa, ¨¦l hizo la misma promesa conmigo. Finalmente lleg¨® el d¨ªa especial, el d¨ªa en el que toda nuestra generaci¨®n se convertir¨ªa oficialmente en adulta. Zein y yo ya hab¨ªamos cumplido los veinte a?os. A decir verdad, ¨¦l no se quitaba la m¨¢scara muy a menudo; era como su zona de confort. Por eso, cuando lo vi sin ella, me sorprendi¨® lo mucho que hab¨ªa cambiado. De ser un muchacho delgado, p¨¢lido y con el cabello blanco descuidado, hab¨ªa pasado a convertirse en un hombre. Su cabello, ahora recogido y bien cuidado, le daba un aspecto diferente, y ya no luc¨ªa tan flaco. Hab¨ªa cambiado mucho. Adem¨¢s de la graduaci¨®n, aqu¨ª es tradici¨®n realizar un torneo para determinar al m¨¢s fuerte de la aldea. Nos preparaban con un entrenamiento intensivo, y cada quien deb¨ªa encargarse de su propia preparaci¨®n. Este entrenamiento duraba seis meses. A decir verdad, no tengo idea de qu¨¦ fue de Zein durante ese tiempo. El d¨ªa tan esperado finalmente lleg¨® despu¨¦s de la graduaci¨®n y de haber alcanzado la mayor¨ªa de edad. Tras esos seis meses de entrenamiento, que parecieron una eternidad, al fin volv¨ª a mi hogar. ¡ª?Ya volv¨ª! ¡ªgrit¨¦ al entrar por la puerta con mucha energ¨ªa. ¡ªSe?orita Kiomi, un gusto tenerla de vuelta ¡ªme salud¨® Eryndra con una leve reverencia. ¡ªVamos, Eryndra, no me hables con tanta elegancia. Me haces sentir rara; nos conocemos desde hace a?os. ¡ª ¡ªPerdone. ¡ª Sin perder tiempo, corr¨ª inmediatamente a ver a mi padre. ¡ª?Pap¨¢! ¡ª ¡ª?Tesoro! ¡ª Nos dimos un c¨¢lido abrazo tras volvernos a encontrar. ¡ªPero qu¨¦ grande est¨¢s ¡ªdijo, bastante feliz. ¡ª ¡ªVamos, pap¨¢, no es para tanto. Solo fueron unos seis meses. ¡ª ¡ªSeis meses son mucho, ?sabes? Y m¨¢s si no recibo noticias tuyas. ¡ª La aldea estaba muy animada. Muchos de los de mi generaci¨®n al fin hab¨ªan regresado. ¡ªPap¨¢, ?d¨®nde est¨¢n Zein, Lyra y Kio? ¡ª ¡ªLyra deber¨ªa estar descansando, y Kio probablemente est¨¢ con ella. A Zein no lo veo desde la ma?ana. ¡ª ¡ªEs cierto, Zein no sali¨®, ?verdad? ¡ª ¡ªNo, no sali¨®. ¡ª Me parec¨ªa extra?o. Todos los dem¨¢s hab¨ªan salido de viaje o de caza para perfeccionar sus habilidades, pero Zein no. No sab¨ªa por qu¨¦ no se fue. Tal vez entren¨® aqu¨ª, pero no pod¨ªa imaginar qu¨¦ habr¨ªa aprendido en la aldea, especialmente cuando todos los dem¨¢s se hab¨ªan ido. Fui a ver a Kio y a Lyra con una sonrisa, y me recibieron de la misma manera. Estaba muy contenta de volver a ver a todos mis conocidos. Despu¨¦s, decid¨ª hablar con mi padre para ver si pod¨ªa encontrar a Zein. ¡ªPap¨¢. ¡ª ¡ª?Qu¨¦ pasa, tesoro? ¡ª This story has been taken without authorization. Report any sightings.¡ª?Sabes d¨®nde podr¨ªa estar Zein? ¡ª ¡ªNo lo s¨¦. Tal vez est¨¦ en ese ¨¢rbol viejo que est¨¢ bastante cerca de la playa. Si lo ves, dile que regrese, que ya se ha tardado bastante afuera, por favor. ¡ª ¡ªEst¨¢ bien. ¡ª Sal¨ª a buscarlo. La aldea se estaba preparando para el torneo que se celebrar¨ªa muy pronto. Todos se ve¨ªan emocionados. El evento comenzar¨ªa por la noche, un d¨ªa antes del torneo, para festejar primero, y al amanecer, iniciar la competencia. Y ah¨ª lo encontr¨¦, en el ¨¢rbol, sentado y mirando el atardecer, justo donde siempre hab¨ªamos estado desde que ¨¦ramos peque?os. ¡ªAs¨ª que aqu¨ª estabas. ¡ª ¡ªKiomi ¡ªdijo, con esa voz tranquila que siempre me hac¨ªa sentir en casa. Llevaba puesta el casco, como siempre. Nunca se lo quitaba, algo que me molestaba m¨¢s de lo que quer¨ªa admitir. Sin pensarlo demasiado, se la quit¨¦ de un tir¨®n. ¡ªAl menos d¨¦jame verte. No nos vemos desde hace seis meses. ¡ª ¡ªVamos, sabes que no me gusta estar sin el. Adem¨¢s, seis meses no son tanto. ¡ª ¡ªNo ser¨¢n mucho para ti, pero para m¨ª s¨ª. ¡ª Lo mir¨¦ fijamente. Su rostro hab¨ªa cambiado. Era como si estos seis meses lo hubieran transformado en otra persona, aunque tal vez era yo quien lo ve¨ªa distinto. Su piel estaba m¨¢s cuidada, su cabello m¨¢s ordenado, como si hubiera decidido tomarse el tiempo para ser alguien completamente nuevo. No pude evitar quedarme un poco embobada, notando detalles en los que jam¨¢s me hab¨ªa fijado antes. ¡ª?Qu¨¦ tanto me miras? ¡ªpregunt¨®, inclinando ligeramente la cabeza. ¡ªNada ¡ªdije r¨¢pidamente, sintiendo un ligero calor en las mejillas¡ª. Solo me sorprende que ahora cuides m¨¢s de ti. ¡ª ¨¦l sonri¨® apenas, una sonrisa tan leve que casi pas¨® desapercibida. Me hizo sentir como si ese gesto fuera solo para m¨ª. Justo en ese momento, una voz nos interrumpi¨®. ¡ª?Oye, Zein! ?Te importar¨ªa ayudarnos con algo? ¡ª R¨¢pidamente se quit¨® de mis manos el casco, como si tuviera miedo de ser visto demasiado tiempo sin ella. ¡ª?S¨ª, en un momento bajo! ¡ª ¡ª?Gracias! ¡ª No pude evitar sentirme molesta. No solo porque nos hab¨ªan interrumpido, sino porque Zein no parec¨ªa mostrar ni una pizca de inter¨¦s en mi regreso. Era como si no significara nada para ¨¦l. ¡ªPerd¨®n, me tengo que ir ¡ªdijo, casi de forma mec¨¢nica. ¡ªPap¨¢ dijo que ten¨ªas que volver pronto, que ya te hab¨ªas tardado demasiado. ¡ª ¡ªDisc¨²lpate de mi parte, por favooooor ¡ªme rog¨®, juntando las manos frente a su cara, con una expresi¨®n que parec¨ªa m¨¢s un juego que una disculpa real, y al instante se puso el casco. Suspir¨¦, pero en lugar de reprocharle, lo abrac¨¦. Fue un impulso, uno que no pude controlar. ¡ªBien, pero al menos podr¨ªas haberte alegrado un poco m¨¢s de verme. ¡ª Por un instante, me pareci¨® que Zein se qued¨® inm¨®vil, sorprendido por mi gesto. Despu¨¦s, lentamente, correspondi¨® el abrazo. ¡ªPerd¨®n ¡ªmurmur¨®, con una voz m¨¢s suave que antes. Y entonces se fue, dej¨¢ndome con un torbellino de emociones. Lo vi bajar hacia los aldeanos, que parec¨ªan confiar tanto en ¨¦l ahora. Tal vez esa era la raz¨®n por la que decidi¨® quedarse. El torneo constaba de dos etapas: la primera inclu¨ªa pruebas para seleccionar a los mejores 16 participantes, quienes pasar¨ªan a la segunda etapa, donde luchar¨ªan para determinar qui¨¦n ser¨ªa el campe¨®n. Este evento se realizaba con cada generaci¨®n, as¨ª que ya lo hab¨ªa presenciado varias veces. La primera etapa siempre me parec¨ªa aburrida; solo se trataba de pruebas de fuerza, velocidad, destreza, resistencia, agilidad y mente. Nada especial, la verdad. La verdadera acci¨®n comenzaba en la segunda etapa. Las reglas eran simples: los combates eran de 1 contra 1. Para ganar, uno deb¨ªa noquear al oponente o lograr que se rindiera. Desde la primera ronda hasta los cuartos de final, las peleas consist¨ªan en un solo round, lo que las hac¨ªa m¨¢s r¨¢pidas. Sin embargo, a partir de las semifinales y hasta la final, los combates se divid¨ªan en tres rounds, y el ganador era quien obtuviera la victoria en al menos dos de ellos. Al final, el vencedor era declarado "el m¨¢s fuerte". No estaba permitido matar durante las batallas, pero s¨ª herir o incapacitar al oponente. Se pod¨ªa usar la ¡°energ¨ªa¡± o como a m¨ª me gustaba llamarla, Anima. De hecho, hab¨ªa logrado convencer a Zein de que tambi¨¦n la llamara as¨ª. B¨¢sicamente, cualquier cosa que te diera ventaja estaba permitida, aunque algunas estrategias rozaban lo que podr¨ªa considerarse trampa. A m¨ª me encantaba asistir al festival de la noche anterior al evento. Aunque esta vez ser¨ªa yo quien participara en el torneo, no iba a perderme la diversi¨®n. Un d¨ªa antes del festival, estaba conversando con mis amigas del instituto. ¡ªOye, Kiomi. ¡ª ¡ª?Qu¨¦ pasa? ¡ªrespond¨ª, mientras beb¨ªa una de las bebidas t¨ªpicas de Ilmenor. ¡ª?Ya conseguiste con qui¨¦n ir al festival? ¡ª ¡ªYo creo que s¨ª ¡ªintervino una de mis amigas en un tono burl¨®n¡ª. Seguro que es con el gal¨¢n de Zein. ¡ª?Claro que no! ¡ªMe alter¨¦ un poco, y¡­ ???gal¨¢n?!? Ese tipo no tiene nada de decencia. Aunque¡­ bueno, cuando lo pienso¡­ ¡ª?En serio? Yo pensar¨ªa que s¨ª. ¡ª ¡ªBueno¡­ s¨ª lo invit¨¦ ¡ªmurmur¨¦, tratando de que no me escucharan. ¡ª??En serio?! ¡ªParece que susurrar fue in¨²til. ¡ª?Y? ?Qu¨¦ te dijo? ¡ª ¡ªPues¡­ acept¨®. ¡ª Las felicitaciones no se hicieron esperar. Mis amigas gritaban emocionadas, ri¨¦ndose y lanz¨¢ndome comentarios de todo tipo. ¡ª?Sab¨ªa que lo lograr¨ªas! ¡ªdijo una, abraz¨¢ndome efusivamente. ¡ªPero, Kiomi, ?aseg¨²rate de hacer que recuerde esta noche para siempre! ¡ªa?adi¨® otra, gui?¨¢ndome un ojo. ¡ªY, por favor, por favor, no vayas a arruinarlo ¡ªbrome¨® la ¨²ltima, provocando risas entre todas. Me dieron un sinf¨ªn de consejos: que si deb¨ªa usar un vestido especial, c¨®mo deb¨ªa comportarme, incluso qu¨¦ palabras usar para impresionarlo. Cuando lleg¨® el festival, el pueblo entero parec¨ªa estar iluminado. Las luces colgaban de los ¨¢rboles y casas, y las calles estaban llenas de vida, con risas, m¨²sica y el aroma de los platillos tradicionales llenando el aire. Hab¨ªa decidido usar un vestido que me prest¨® una de mis amigas: sencillo pero bonito, con tonos que, seg¨²n ellas, resaltaban mis ojos. Zein ya estaba esper¨¢ndome cerca de la entrada principal del festival, vestido con una camisa negra de lino y un pantal¨®n oscuro, algo poco com¨²n en ¨¦l. Su cabello estaba recogido con m¨¢s cuidado de lo habitual, y lo que m¨¢s me sorprendi¨® fue que, por primera vez, no llevaba su casco. ¡ªTe ves¡­ muy bien ¡ªmurmur¨® cuando me acerqu¨¦, su voz m¨¢s baja de lo normal, como si le costara decirlo. ¡ªGracias. T¨² tambi¨¦n luces diferente¡­ en el buen sentido ¡ªrespond¨ª, sintiendo que ya lo hab¨ªa arruinado. Lyra apareci¨® junto a ¨¦l, corriendo alegremente y luciendo un vestido blanco que la hac¨ªa parecer una peque?a princesa. Se notaba emocionada por estar ah¨ª y comenz¨® a saltar mientras hablaba r¨¢pidamente sobre todas las cosas que quer¨ªa hacer. Zein y yo intercambiamos una mirada, sonriendo ante su entusiasmo. Aunque me alegr¨® ver que su enfermedad no le imped¨ªa ser feliz, tambi¨¦n me invadi¨® un sentimiento amargo al pensar en c¨®mo le ha robado a?os preciosos de vida. A sus quince a?os, r¨ªe y juega como alguien lleno de vitalidad, algo que admiro profundamente. La noche pas¨® entre risas y actividades. Jugamos algunos juegos, vimos las danzas tradicionales y probamos varios platillos. En un momento, mientras Lyra estaba entretenida con algunos ni?os de la aldea, Zein y yo nos encontramos a solas frente a la playa, donde las luces se reflejaban en el agua como peque?os destellos m¨¢gicos. ¡ªEs bonito estar aqu¨ª de nuevo ¡ªdije, mirando las luces. ¡ªS¨ª, lo es. Aunque, para ser honesto, no soy muy fan¨¢tico de los festivales. ¡ª ¡ª?Entonces, para qu¨¦ viniste? ¡ªpregunt¨¦, volvi¨¦ndome hacia ¨¦l. Zein dud¨® un momento, como si estuviera buscando las palabras adecuadas. Finalmente, murmur¨®: ¡ªPorque me lo pediste¡­¡ª No supe qu¨¦ decir. Mi coraz¨®n dio un peque?o vuelco, y el silencio que sigui¨® fue bastante inc¨®modo. Solo miramos el agua por un rato hasta que Lyra regres¨® corriendo hacia nosotros. Al final de la noche, nos despedimos frente a la casa. ¡ªGracias por ir conmigo ¡ªle dije, mir¨¢ndolo directamente a los ojos. ¡ªGracias por invitarme ¡ªrespondi¨®, con un leve gesto de cabeza. Nos quedamos ah¨ª un segundo m¨¢s, hasta que Lyra tir¨® de su brazo, diciendo que estaba cansada y que ya quer¨ªa irse a dormir. A decir verdad, yo tambi¨¦n deb¨ªa irme a descansar, ya que al d¨ªa siguiente comenzaba el torneo. Cada uno se fue a sus cuartos, que estaban bastante lejos unos de otros. Por alguna raz¨®n, esa noche no pod¨ªa dejar de sonre¨ªr. La copa de fuego Estos 10 a?os me han cambiado mucho. Siento que he mejorado bastante en muchos aspectos de mi vida. Me he vuelto m¨¢s fuerte, mis relaciones personales han mejorado y me llevo mejor con m¨¢s gente. Ma?ana ser¨¢ la Copa de Fuego, un torneo que se celebra aqu¨ª en Ilmenor para elegir al m¨¢s fuerte de la generaci¨®n. Es una competici¨®n justa, a decir verdad. En los ¨²ltimos a?os he observado y estudiado cada una de ellas. Aunque quisiera haber dormido m¨¢s para ma?ana, no fue una noche tan mala; la pas¨¦ con Lyra y Kiomi. El d¨ªa esperado lleg¨®. Me pregunto qu¨¦ har¨¢ Kiomi, no la he visto desde ayer. Lyra ayer logr¨® permitirse salir de su cama. Su enfermedad no le permite estar mucho tiempo fuera, as¨ª que ayer fue m¨¢gico para ella, y sorprendentemente estar¨¢ en las gradas viendo el torneo. La primera fase siempre es la m¨¢s simple y aburrida. De entre aproximadamente 456 participantes, solo quedamos 16 para el torneo. A decir verdad, no hay mucho que decir sobre esta primera fase, solo son pruebas de fuerza, resistencia, desempe?o, inteligencia, agilidad, velocidad, etc. En el torneo ¨¦ramos 16: yo, Kiomi, Cornelia, Julia, Marcia, Aurelia, Conrad, Albert, Boris, Bogd¨¢n, Aelorin, Faenor, Milivoj, Adalrik, y hab¨ªa dos que me parec¨ªan los m¨¢s interesantes entre todos los participantes: Sabina, una de las mujeres m¨¢s fuertes de la aldea, despu¨¦s de Kiomi, y Gratius, que parec¨ªa bastante fuerte, pero adem¨¢s ten¨ªa el cabello blanco y no era elfo. Me pareci¨® bastante extra?o. A todos nos posicionaron en el centro de la arena. Era bastante grande, muy grande, eso siempre me hab¨ªa gustado del torneo. Al ver directamente a la zona donde est¨¢ usualmente el l¨ªder de la aldea, es decir, Thailon, vi a alguien bastante familiar. Era Enzo. El maldito padre hab¨ªa venido directamente. Me hirvi¨® la sangre. Quer¨ªa saltar directamente a estrangularlo, pero aguant¨¦. Mientras est¨¢bamos ah¨ª parados, se me qued¨® mirando, directamente a m¨ª. Aunque llevaba mi casco, me daba la sensaci¨®n de que sab¨ªa qui¨¦n era. Cuando terminaron de nombrar a todos, no apareci¨® mi nombre. M¨¢s bien parec¨ªa que agregaron otro y quitaron el m¨ªo. Ya sab¨ªa por qu¨¦. La cara de Enzo resaltaba la grandeza y el orgullo del maldito. Quer¨ªa saber qu¨¦ hac¨ªa aqu¨ª, necesitaba saberlo. En cuanto empezaron los primeros combates, le habl¨¦ a uno de los guardias, un fiel amigo, para pedirle que hablara con Thailon. Nos fuimos a un cuarto apartado para hablar, Kiomi nos acompa?¨®. Me quit¨¦ el casco r¨¢pidamente y lo tir¨¦ al suelo. ¡ª?Maldito! ¡ªle grit¨¦ mientras lo agarraba del cuello. ¡ª??Qu¨¦ hace ¨¦l aqu¨ª?! ??Por qu¨¦ mierda lo dejaste pasar?! ¡ª Thailon simplemente se qued¨® callado. ¡ª?Sabes lo que hizo ese hijo de perra! Y aun as¨ª, ?lo dejaste entrar! ??Tienes algo que decir?! ¡ª Segu¨ªa sin decir una sola palabra. ¡ª?Maldita sea, yo mismo ir¨¦ a matarlo ahora mismo! ¡ª Thailon me agarr¨® del hombro y me volte¨® bruscamente. ¡ªNi te atrevas. ¡ª ¡ª??Por qu¨¦?! ??Eh?! ?¨¦l mat¨® a Lucian, tu amigo! ?Mat¨® a tu esposa! ?Mat¨® a su madre!- Se?al¨¦ a Kiomi. ¡ª??Por qu¨¦ mierda no haces nada?!- ¡ª ¡ªZein, c¨¢lmate¡­¡ª ¡ªNo, ?no me voy a calmar, a menos de que vea a ese hijo de puta muerto!- ¡ª?Sabes? -Me agarr¨® del cuello de vuelta. -?Yo tambi¨¦n lo quiero matar! Quiero estrangularlo con todas mis fuerzas, ver su cara de sufrimiento mientras lo ahorco.- ¡ª??Y POR QU¨¦ MIERDA NO LO HACEN?! ¡ª ¡ª?PORQUE COMPLICAR¨ªA LAS COSAS! ¡ª ¡ª?De qu¨¦ hablas? ¡ªhabl¨¦ con un tono m¨¢s calmado y serio. ¡ªLas pol¨ªticas de una naci¨®n no deben entrelazarse con los sentimientos del gobernante. No voy a sacrificar vidas¡­ m¨¢s vidas de lo necesario. ¡ª Nos soltamos al mismo tiempo en un silencio inc¨®modo. Sent¨ªa un odio profundo hacia Enzo, pero no pens¨¦ que fuera tan grave la situaci¨®n. ¡ªExpl¨ªcame mejor qu¨¦ es lo que pasa. ¡ª Thailon empez¨® a explicarme. La Kirche, desde un inicio, no fue una "naci¨®n independiente", le serv¨ªa a una naci¨®n m¨¢s grande y poderosa. La llamaban el Imperio del Sol Negro, aunque ellos mismos se hac¨ªan llamar el "Estado Democr¨¢tico Imperial (EDI)" para disimular las apariencias pol¨ªticas. Ellos, hace miles de a?os, controlaron todo, todo el universo. Nuestro universo, al ser finito, tiene recursos finitos, poblaci¨®n finita y espacio finito; muy grande, pero finito. Ellos lograron conquistar todo. Por ello, las naciones peque?as solo pueden sobrevivir de una manera: siguiendo los intereses de ese imperio. Por eso es que no pod¨ªa hacer nada. ¡ªPero, Zein ¡ªme agarr¨® de ambos hombros y, mir¨¢ndome fijamente a los ojos, me dijo¡ªMu¨¦strale, mu¨¦strale qu¨¦ tan fuerte te has vuelto. El participante Gratius es su protegido, lo hizo pasar como ni?o santo. V¨¦ncelo, hum¨ªllalo y demu¨¦strale qui¨¦n eres. ¡ª Con una mirada seria, le asent¨ª con la cabeza, me puse el casco y sal¨ª de ah¨ª r¨¢pidamente. Kiomi me sigui¨® de cerca. La primera ronda y los cuartos de final los pasamos Kiomi y yo con bastante facilidad, pero al llegar a la semifinal se decidieron quienes ser¨ªan los 4 que tendr¨ªan la oportunidad de pasar a la final. Era Kiomi contra Sabina y yo contra Gratius. La pelea de Kiomi fue primero. El coliseo de Ilmenor vibraba con la expectaci¨®n de los espectadores. Las luces de Anima proyectaban el campo de batalla hacia los espectadores, revelando cada detalle de la arena. El anunciador elev¨® su voz, clara y potente, haciendo eco entre las gradas: ¡ª?Que comience el primer encuentro! ¡ª Sabina se lanz¨® al ataque sin titubear, sus dagas en alto, destellando a la luz de Anima como si fueran rel¨¢mpagos gemelos. Cada paso suyo era r¨¢pido y preciso, una danza mortal dirigida hacia Kiomi. Pero esta no era una pelea cualquiera. Kiomi, con un movimiento apenas perceptible, ya hab¨ªa esparcido sus hilos de Anima por la arena. La primera embestida de Sabina fue detenida. Un destello met¨¢lico surgi¨® entre las part¨ªculas de polvo: los hilos alrededor de Kiomi se endurecieron, transform¨¢ndose en cadenas que repelieron los ataques de las dagas con un sonido de choque met¨¢lico. Sabina no cedi¨®. Sus movimientos se intensificaron, atacando con precisi¨®n los puntos donde las cadenas se manifestaban, desgastando la defensa de Kiomi. Sin embargo, Kiomi estaba dos pasos adelante. Con una destreza inhumana, Kiomi activ¨® nuevos hilos de Anima desde diferentes ¨¢ngulos, proyectando m¨¢s cadenas que obligaron a Sabina a retroceder por un instante. La energ¨ªa en el aire se intensific¨® cuando Kiomi, sin dejar un respiro, empu?¨® una espada corta que hab¨ªa mantenido escondida. En un r¨¢pido y calculado movimiento, Kiomi cerr¨® la distancia. Sabina, ocupada enfrentando las cadenas, apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando sinti¨® la punta de la espada de Kiomi rozando su cuello. El tiempo pareci¨® detenerse. Las cadenas que rodeaban a Kiomi vibraban con un brillo tenue, como una red de energ¨ªa lista para inmovilizar a su presa si fuera necesario. Sabina, jadeante, solt¨® las dagas y levant¨® las manos en se?al de rendici¨®n. ¡ª?La primera ronda es para Kiomi! ¡ªanunci¨® la voz del ¨¢rbitro, y el p¨²blico estall¨® en aplausos y v¨ªtores. Kiomi baj¨® la espada, su mirada fija en Sabina mientras los hilos que hab¨ªa dejado en la arena comenzaban a desaparecer lentamente. Era solo el comienzo, y ambas lo sab¨ªan. Las siguientes rondas ser¨ªan a¨²n m¨¢s intensas. La segunda ronda comenz¨® con la misma intensidad que la primera. Sabina no perdi¨® tiempo y, en un arranque de velocidad, lanz¨® una serie de peque?as dagas hacia Kiomi. Las dagas volaron en el aire como proyectiles mortales, pero antes de que pudieran alcanzar su objetivo, las cadenas de Kiomi se interpusieron en su camino, repeliendo los ataques con un choque met¨¢lico. Sin embargo, algo cambi¨®: las dagas explotaron en un estallido, creando una espesa cortina de humo que cubri¨® todo el campo de batalla. El p¨²blico grit¨® confundido, incapaz de ver lo que suced¨ªa en la arena. La visi¨®n de todos se torn¨® borrosa, pero no la de Kiomi. Los hilos de Anima que hab¨ªa extendido a lo largo del coliseo le daban una ventaja clara, como si pudiera ver el flujo de la energ¨ªa a trav¨¦s del humo. Sabina estaba all¨ª, su presencia detectable incluso en medio de la niebla, y Kiomi, con una calma imperturbable, se prepar¨® para el siguiente movimiento. A lo lejos, Sabina, confiando en su sorpresa, se lanz¨® al ataque una vez m¨¢s, pero Kiomi estaba lista. La atacante intent¨® un golpe r¨¢pido desde la oscuridad, pero Kiomi lo anticip¨®. Con un solo movimiento de su mu?eca, las cadenas endurecidas repelieron el ataque, destruyendo la sorpresa de Sabina con un resplandor de energ¨ªa concentrada. Kiomi no pudo evitar una sonrisa confiada mientras se manten¨ªa erguida. ¡ª?Eso fue todo? ¡ªdijo con tono despectivo, observando a Sabina a trav¨¦s de la cortina de humo. ¡ªTe voy a mostrar una de las t¨¦cnicas que m¨¢s me ha costado trabajar, pero es una de las mejores. ¡ª Al escucharla, Sabina frunci¨® el ce?o, sin saber a¨²n el alcance de lo que se avecinaba. Kiomi, en un susurro casi inaudible, murmur¨®: ¡ªImaginary. ¡ª En el instante en que la palabra sali¨® de sus labios, la atm¨®sfera en la arena cambi¨®. Desde el exterior, una gran c¨²pula blanca se alz¨®, abarcando toda la arena, como si la propia arena hubiera sido engullida por una capa s¨®lida y brillante. Las cadenas de Kiomi, hasta ese momento extendidas por todo el campo, comenzaron a moverse por s¨ª solas. Se enrollaron, se estiraron y, con una precisi¨®n sorprendente, formaron una estructura que cubri¨® todo el espacio. Las cadenas se unieron, se fusionaron y se alisaron, hasta que formaron una c¨²pula lisa y plana, que brillaba con un resplandor et¨¦reo. Dentro de ese espacio, Sabina estaba atrapada, pero fuera de ¨¦l, nada parec¨ªa haber cambiado. Nadie pod¨ªa ver lo que ocurr¨ªa dentro. El "Imaginary" no mostraba su interior; era una prisi¨®n mental, una ilusi¨®n perfecta creada por Kiomi, cuyo poder manipulaba el terreno a su antojo. Sabina intent¨® resistir, moverse, pero su cuerpo no respond¨ªa como esperaba. El espacio estaba dise?ado para ser un reflejo del alma de quien lo invocaba, y Kiomi hab¨ªa dominado cada rinc¨®n de ese mundo. No hab¨ªa escapatoria. De repente, cuando la c¨²pula comenz¨® a desvanecerse, la visi¨®n externa del campo volvi¨® a la normalidad. Los espectadores vieron a Kiomi de pie, con la espada en alto, apuntando al cuello de Sabina, quien se encontraba arrodillada ante ella, completamente derrotada. La t¨¦cnica "Imaginary" hab¨ªa cumplido su prop¨®sito: la victoria estaba sellada. ¡ªLa segunda victoria es para Kiomi ¡ªanunci¨® el ¨¢rbitro, y el sonido de la multitud retumb¨® en el aire. Con dos victorias en su haber, Kiomi avanzaba a la final, mientras Sabina, a¨²n de rodillas, ve¨ªa c¨®mo la joven dominaba el combate con una t¨¦cnica que parec¨ªa m¨¢s all¨¢ de su comprensi¨®n. Al haber acabado la pelea, segu¨ªa la m¨ªa. Iba a aplastarlo y humillarlo. ¡­ Mi pelea creo que fue decente. Aun as¨ª, me siento mal por Sabina. Se hab¨ªa esforzado tanto, pero¡­ ¡ª?Eh? No te preocupes por eso, Kiomi. Al menos podr¨¦ pelear por el tercer lugar, ?no es as¨ª? ¡ªme dijo al final del combate con una sonrisa. Volv¨ª al lugar donde descansaban los participantes. Ah¨ª estaban Zein y Gratius, quienes iban a pelear. ¡ªBuena suerte, Zein ¡ªle dije, d¨¢ndole ¨¢nimos. ¡ªGracias, pero no la necesito. ¡ªParec¨ªa muy confiado. Instant¨¢neamente sali¨® del lugar, pero no parec¨ªa llevar sus espadas. Qu¨¦ extra?o. Mis amigas me felicitaron por la victoria y, desde ese lugar, nos pusimos a ver la pelea en la transmisi¨®n. Antes de iniciar, anunciaron que utilizar¨ªan un portador para poder ver la pelea de mejor manera y que, aun con las interrupciones visuales, se pudiera ver claramente. La arena del coliseo de Ilmenor estaba llena de expectaci¨®n. El p¨²blico esperaba con ansias la batalla entre Zein y Gratius, dos combatientes con habilidades ¨²nicas, pero con un aire completamente diferente. Zein, en su usual silencio y seriedad, estaba de pie en el centro de la arena, sin armas, con la mirada fija en su oponente. El ambiente era denso, como si el aire mismo estuviera a la espera de lo que estaba por suceder. Por el contrario, Gratius, el pupilo de Enzo se encontraba al otro lado con una postura arrogante. Su cabello blanco y su espada larga en una mano denotaban su confianza desmesurada. ¡ª?De verdad piensas que me vas a ganar sin armas? ¡ªdijo Gratius con una sonrisa burlona, observando a Zein como si fuera un ni?o. ¡ªA este paso, ni siquiera vas a durar cinco minutos. ¡ª Zein no respondi¨®. Sus ojos permanec¨ªan fr¨ªos, analizando cada movimiento de su oponente sin perder la concentraci¨®n. El ¨¢rbitro levant¨® la mano, y el estruendo del p¨²blico se hizo eco en las paredes de la arena. ¡ª?Inicien! ¡ª En ese momento, Zein se movi¨® con una velocidad sobrehumana. Gratius apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando, en un parpadeo, Zein ya estaba frente a ¨¦l, con las espadas invocadas a trav¨¦s de Anima. La primera espada apareci¨® con un destello de luz, y sin dar tiempo a Gratius de reaccionar, la punta de la hoja ya estaba apuntando directamente a su cuello. Gratius, que esperaba una pelea m¨¢s larga, se sorprendi¨®, sin poder esquivar o hacer siquiera un movimiento para defenderse. La velocidad de Zein lo hab¨ªa dejado sin aliento, y antes de que pudiera pronunciar palabra, la segunda espada de Zein apareci¨® en el aire, dispuesta a seguir cualquier movimiento que Gratius intentara hacer. This story has been taken without authorization. Report any sightings.¡ªR¨ªndete ¡ªdijo Zein con voz baja y fr¨ªa, sin un ¨¢pice de emoci¨®n. El silencio en la arena fue absoluto. Los espectadores, que esperaban un combate largo y complicado, estaban en estado de shock. Gratius, el orgulloso pupilo de Enzo, el joven que hab¨ªa dominado con facilidad a sus oponentes previos, no hab¨ªa sido m¨¢s que una presa en los ojos de Zein. Gratius, jadeando, mir¨® la espada de Zein que a¨²n descansaba sobre su cuello, y, tras un momento de duda, reconoci¨® su derrota. La verg¨¹enza y el enfado se reflejaron en su rostro, pero sab¨ªa que no pod¨ªa hacer nada. ¡ªMe rindo ¡ªmurmur¨®, bajando su espada lentamente. Zein dio un paso atr¨¢s, retirando las espadas que se desvanecieron como si nunca hubieran existido. El ¨¢rbitro, a¨²n asombrado por la rapidez y la contundencia del combate, declar¨® el resultado. ¡ªVictoria para Zein. ¡ª El p¨²blico estall¨® en aplausos, aun procesando lo que hab¨ªa sucedido. Zein, con su mirada fija al frente, no se movi¨® ni un cent¨ªmetro, como si el combate hubiera sido una simple formalidad. La segunda ronda comenz¨® con el ¨¢rbitro anunciando el inicio, pero lo que sorprendi¨® a todos fue la quietud en la arena. Ni Zein ni Gratius se movieron. Gratius, con la mirada fija en su oponente, sent¨ªa la presi¨®n del momento. A pesar de su arrogancia inicial, el nerviosismo comenzaba a apoderarse de ¨¦l. No pod¨ªa adivinar los movimientos de Zein, y cada segundo de inacci¨®n lo hac¨ªa sentir m¨¢s vulnerable. Zein, imperturbable como siempre, parec¨ªa observarlo sin inmutarse. En un susurro bajo, casi inaudible para los dem¨¢s, murmur¨®: ¡ªImaginary. ¡ª En ese instante, la arena bajo sus pies pareci¨® temblar, y de repente, la tierra se retorci¨®. La misma arena que los rodeaba se transform¨®, distorsion¨¢ndose hasta que la forma de una enorme boca monstruosa pareci¨® abrirse, tragando todo a su alrededor. Una presi¨®n invisible llen¨® el aire, y en un parpadeo, el campo de batalla fue reemplazado por una gigantesca c¨²pula blanca que cubr¨ªa por completo a los combatientes, sin que nadie pudiera ver lo que suced¨ªa en su interior. El p¨²blico observaba con asombro, incapaz de entender qu¨¦ estaba ocurriendo. La c¨²pula brill¨® de manera intensa antes de desvanecerse en peque?os destellos que se disolvieron lentamente en el aire. Cuando la luz desapareci¨®, la escena era clara. Zein, con sus dos espadas cruzadas contra el cuello de Gratius, manten¨ªa una postura firme, con la mirada fija y sin una pizca de emoci¨®n en su rostro. Gratius, de rodillas, no pod¨ªa hacer nada m¨¢s que aceptar su derrota, totalmente humillado. Zein dio un paso atr¨¢s, retirando sus espadas, que desaparecieron tan r¨¢pido como hab¨ªan aparecido. La arena volvi¨® a la normalidad, y el p¨²blico rompi¨® en aplausos, aunque muchos segu¨ªan procesando lo que acababa de suceder. Zein hab¨ªa ganado nuevamente, asegurando la victoria por 2 de 3 rondas. El ¨¢rbitro, a¨²n impresionado por la rapidez con la que Zein hab¨ªa derrotado a su oponente, levant¨® la mano para declarar el resultado. ¡ªVictoria para Zein. ¡ª Gratius se levant¨® lentamente, su orgullo hecho pedazos, y con una mirada furiosa se retir¨® del campo. Zein permaneci¨® en su lugar, como si nada hubiera sucedido, su mirada a¨²n fija en el horizonte, ajeno a la humillaci¨®n que hab¨ªa infligido a su oponente. ¡­ Logr¨¦ mi cometido. Al finalizar la pelea, simplemente me qued¨¦ mirando a Enzo con una expresi¨®n de humillaci¨®n y derrota grabada en su rostro. Me hizo sentir bien lograr eso. Al regresar a la zona de descanso de los participantes, Kiomi me estaba esperando con una toalla y un vaso de agua. ¡ªFelicidades ¡ªme dijo con una sonrisa. ¡ªGracias. ¡ª ¡ªAhora nos toca pelear a nosotros. ¡ª ¡ªLo s¨¦. ¡ª ¡ªNi creas que voy a dejar que me ganes. ¡ª ¡ªJajaja, no te lo voy a dejar f¨¢cil tampoco. ¡ª Nos re¨ªmos un rato mientras nos sent¨¢bamos sin hacer nada, disfrutando del momento. Fue un instante tranquilo, casi bonito. El ¨¢rbitro anunci¨® la siguiente pelea. Kiomi y yo nos levantamos para prepararnos. Esta ya era la final. No me importaba si ganaba o perd¨ªa, solo quer¨ªa humillar a Enzo y a Gratius, y eso ya lo hab¨ªa conseguido. Invoqu¨¦ mis espadas de inmediato, dejando claro que iba en serio. El ¨¢rbitro levant¨® la mano y dio inicio a la primera ronda. Kiomi fue la primera en atacar. Sus cadenas creadas con Anima se alzaron como serpientes vivas, lanz¨¢ndose hacia m¨ª desde todas las direcciones. Pero, con una precisi¨®n impecable, repel¨ª cada uno de los ataques, moviendo mis dos espadas en perfecta coordinaci¨®n mientras esquivaba con velocidad. Sin darle tiempo a Kiomi para reaccionar, cerr¨¦ la distancia en un abrir y cerrar de ojos. Mi velocidad era tal que Kiomi apenas logr¨® desenvainar su espada para bloquear mi ataque. El impacto fue brutal, y el sonido del choque reson¨® en toda la arena. La fuerza del golpe fue suficiente para que su espada resbalara de sus manos, cayendo al suelo. No dud¨¦ ni un instante. Con una de mis espadas apunt¨¦ directamente a su cuello, deteni¨¦ndome a mil¨ªmetros de su piel. La tensi¨®n era palpable en el aire, pero Kiomi, lejos de mostrar miedo, solt¨® una sonrisa ansiosa. ¡ªMe rindo ¡ªdijo con voz firme, levantando las manos en se?al de derrota. El p¨²blico, sorprendido por la rapidez del combate, estall¨® en aplausos. Di un paso atr¨¢s y guard¨¦ mis espadas. Kiomi recogi¨® su arma del suelo, prepar¨¢ndose mentalmente para lo que vendr¨ªa en la segunda ronda. La segunda ronda comenz¨® con una intensidad renovada. Esta vez, no esper¨¦ y me lanc¨¦ al ataque. Pero Kiomi, ahora m¨¢s concentrada, logr¨® bloquear y esquivar mis movimientos con destreza, utilizando su espada y sus cadenas para mantenerme a raya. El combate se transform¨® en un intercambio fren¨¦tico. Kiomi, con un nuevo aire de determinaci¨®n, pas¨® a la ofensiva, atacando sin descanso. Sus cadenas se mov¨ªan como un torbellino, lanz¨¢ndose desde m¨²ltiples ¨¢ngulos y oblig¨¢ndome a retroceder y defenderme. Aunque mis espadas repel¨ªan cada golpe, el constante asedio me manten¨ªa en un estado de alerta m¨¢xima. Entonces, Kiomi aprovech¨® el momento perfecto. En un susurro apenas audible, murmur¨®: ¡ªImaginary. ¡ª El mundo a su alrededor cambi¨® al instante. Una c¨²pula dorada y blanca emergi¨® de la arena, cubriendo por completo a los combatientes. A diferencia de la pelea anterior, esta vez el p¨²blico pod¨ªa ver lo que ocurr¨ªa en el interior gracias a un esp¨ªritu especial que transmit¨ªa cada detalle de la escena. Dentro del Imaginary, el entorno era majestuoso: una recreaci¨®n exacta del edificio m¨¢s grande de Ilmenor, con tonos blancos y dorados que irradiaban elegancia y poder. La atm¨®sfera era tensa mientras nos enfrent¨¢bamos con fuerza igualada, movi¨¦ndonos con velocidad y destreza que asombraban incluso a los observadores m¨¢s experimentados. El p¨²blico comenz¨® a murmurar. Si Kiomi y yo pele¨¢bamos en igualdad de condiciones dentro del Imaginary, significaba que ella estaba a mi nivel¡­ o que yo era a¨²n m¨¢s poderoso, capaz de adaptarme r¨¢pidamente al entorno controlado por Kiomi. Entonces, golpe¨¦ el suelo con fuerza, un pisot¨®n tan poderoso que hizo temblar todo. Las estructuras doradas se estremecieron y, ante el asombro de todos, el mundo ilusorio de Kiomi comenz¨® a desmoronarse. La c¨²pula se desvaneci¨® como polvo en el viento, dejando a ambos combatientes nuevamente en la arena. Kiomi, aunque sorprendida, no perdi¨® el ritmo. Sin dudarlo, continu¨® su asalto con un movimiento veloz y calculado. La arena levantada por la batalla formaba una cortina de polvo que imped¨ªa ver el desenlace. Cuando el aire finalmente se despej¨®, la escena qued¨® clara: Kiomi, con varias de sus cadenas apunt¨¢ndome directamente, estaba en posici¨®n de ventaja. Mientras tanto, mi espada se hab¨ªa detenido a cent¨ªmetros de alcanzarla, pero no lo suficiente para declararme vencedor. El ¨¢rbitro alz¨® la voz, rompiendo el silencio expectante: ¡ª?Victoria para Kiomi! ¡ª El p¨²blico estall¨® en v¨ªtores, maravillado por la tenacidad de Kiomi y la intensidad del combate. Baj¨¦ mis espadas, sin mostrar emoci¨®n alguna, mientras Kiomi recuperaba el aliento con una sonrisa satisfecha. La final estaba empatada, y todo se decidir¨ªa en la ¨²ltima ronda. Pero entonces ocurri¨® algo inesperado. Sent¨ª una ligera presi¨®n en mi rostro, y al momento, mi casco mostr¨® una fractura, una l¨ªnea que atravesaba toda su mitad, hasta que finalmente se rompi¨®. Kiomi, visiblemente alarmada, intent¨® cubrirme el rostro con sus cadenas, pero le hice una se?a con la mano para que se detuviera. En ese instante, dirig¨ª mi mirada hacia Enzo. Su expresi¨®n de confusi¨®n, odio y desprecio no pas¨® desapercibida. ¡ª??Qu¨¦ significa esto, Thailon?! ¡ªgrit¨®, rompiendo el murmullo de los espectadores y sumiendo a todos en un silencio tenso. Thailon respondi¨® con calma, manteniendo un tono sereno que contrastaba con la situaci¨®n: ¡ªPadre, no es necesario exaltarse por un inconveniente como este. ¡ª Pero Enzo no cedi¨®, se?al¨¢ndome con un dedo acusador. ¡ª?Sabes que ese demonio es buscado por la Kirche! ¡ª Thailon suspir¨®, como si esperara esas palabras. ¡ªLamento decirle, Padre, que nosotros no seguimos a la Kirche. ¡ª La furia de Enzo era evidente. Sus ojos me examinaban como si yo fuera una abominaci¨®n. ¡ª?Sabes de lo que es capaz esta¡­ esta cosa horrenda? ¡ª Thailon permaneci¨® imperturbable. ¡ªNo, porque no ha pasado nada mientras ha estado aqu¨ª ¡ªrespondi¨® con firmeza¡ª. Padre, le pido nuevamente que se calme. No es momento de armar un esc¨¢ndalo. ¡ª Enzo, aunque visiblemente molesto, no tuvo m¨¢s remedio que sentarse, guardando su frustraci¨®n mientras los murmullos volv¨ªan a llenar el coliseo. La tercera ronda comenz¨® con una tensi¨®n palpable en el aire. En lugar de invocar mis espadas como antes, baj¨¦ los brazos lentamente. Con una mirada seria y fija en Kiomi, levant¨¦ mi pu?o derecho y form¨¦ una figura peculiar con mis dedos: el ¨ªndice, el medio y el pulgar extendidos, imitando una pistola. Sab¨ªa que lo que estaba a punto de hacer depend¨ªa completamente de mi imaginaci¨®n. Mientras m¨¢s claro lo visualizara, mejor resultado obtendr¨ªa. En mi mente, imagin¨¦ un sol brillante form¨¢ndose en la punta de mis dedos. R¨¢pidamente, esa luz comenz¨® a contraerse sobre s¨ª misma, reduci¨¦ndose hasta convertirse en dos peque?as esferas de energ¨ªa pura. Sent¨ª el calor irradiando en mi mano, intensific¨¢ndose en las yemas de mis dedos. La luz parec¨ªa curvarse a su alrededor, girando en un patr¨®n perfecto. Cuando finalmente explotaron, dieron lugar a una nueva luz, a¨²n m¨¢s brillante que la anterior, que tambi¨¦n se colaps¨® sobre s¨ª misma, dando origen a una masa negra. Abr¨ª los ojos, y ah¨ª estaba: una masa completamente oscura que devoraba toda luz a su alrededor. Era hipn¨®tica y aterradora al mismo tiempo. Nada pod¨ªa atravesarla, pero toda la luz circundante parec¨ªa luchar desesperadamente por entrar, sin ¨¦xito. La masa negra comenz¨® a expandirse lentamente. En un instante, logr¨¦ condensarla y formar un rayo de energ¨ªa pura que se lanz¨® directo hacia Kiomi. Todo ocurri¨® en menos de una fracci¨®n de segundo, pero ella reaccion¨® con la rapidez que la caracterizaba. Alz¨® sus cadenas, envolvi¨¦ndolas frente a s¨ª como un escudo, bloqueando el rayo justo a tiempo. El impacto no fue tan devastador como parec¨ªa. Aunque impresionante a primera vista, el rayo no era un ataque definitivo, sino una distracci¨®n cuidadosamente planeada. Antes de que Kiomi pudiera procesarlo, ya estaba frente a ella. Kiomi desenvain¨® su espada con rapidez, y un feroz choque reson¨® en la arena cuando nuestras hojas se encontraron. Ambos nos mov¨ªamos a una velocidad incre¨ªble, intercambiando ataques y defensas. Mientras lo hac¨ªamos, nos sonre¨ªamos mutuamente, disfrutando del duelo como iguales. En un instante decisivo, el combate lleg¨® a su conclusi¨®n. Mi espada se detuvo a escasos mil¨ªmetros del cuello de Kiomi, mientras su hoja corta, aunque cercana, no lograba alcanzarme. El silencio llen¨® la arena. Nuestras armaduras y cuerpos mostraban marcas de cortes, testigos de lo encarnizado del enfrentamiento. El ¨¢rbitro levant¨® la mano, se?alando al ganador. ¡ª?El ganador es Zein! ?Se proclama como el campe¨®n del torneo! ¡ª El p¨²blico estall¨® en v¨ªtores, impresionado por la emocionante batalla que acababan de presenciar. Sin embargo, Enzo, visiblemente molesto, se levant¨® y abandon¨® el lugar sin decir palabra. Zein levant¨® sus brazos en una pose de victoria, mientras yo permanec¨ªa sentada en el suelo, observ¨¢ndolo. Algo extra?o se agit¨® en mi pecho, una sensaci¨®n que no pod¨ªa identificar. Zein se acerc¨® y me ofreci¨® su mano. ¡ª?Est¨¢s bien? ¡ªpregunt¨® con una sonrisa ligera. ¡ªS¨ª, gracias ¡ªrespond¨ª, tomando su mano para ponerme de pie. Hab¨ªa sido una batalla gloriosa. Para ser sincera, nunca imagin¨¦ que Zein ser¨ªa tan fuerte. Para m¨ª, hasta hac¨ªa poco, ¨¦l era el chico d¨¦bil que lleg¨® a la aldea, el mismo al que promet¨ª proteger. Mientras camin¨¢bamos hacia las gradas, me qued¨¦ mir¨¢ndolo por un momento. Sent¨ª un leve calor en mis mejillas, y cuando Zein volte¨® a verme, r¨¢pidamente apart¨¦ la mirada. Nos sentamos juntos, platicando sobre la pelea. ¡ªOye, Zein, ?qu¨¦ rayos fue ese ataque? ¡ªpregunt¨¦, a¨²n impresionada. ¡ªBueno, ver¨¢s... ¡ªcomenz¨® a explicar, con un brillo de felicidad en los ojos. Esa expresi¨®n desencaden¨® una sonrisa en mi rostro, una que no pude evitar. Sol negro Tras el torneo, Enzo intent¨® armar un alboroto, insistiendo en que se tomaran medidas respecto a mi situaci¨®n. Despu¨¦s de todo, era un fugitivo buscado por la Kirche. En las ciudades fronterizas todav¨ªa ve¨ªa carteles con mi rostro de ni?o, acompa?ados de la palabra ¡°Se busca¡±. Thailon, con su serenidad caracter¨ªstica, logr¨® evitar que Enzo hiciera una escena mayor. Con palabras calmadas, pero firmes, consigui¨® que se marchara, aunque claramente molesto. Luego nos felicit¨® a Kiomi y a m¨ª, diciendo que hab¨ªamos superado sus expectativas. Su expresi¨®n de felicidad era inusual y contagiosa. A pesar de haber obtenido el t¨ªtulo de ¡°el m¨¢s fuerte de Ilmenor¡±, no dej¨¦ de entrenar. Ten¨ªa que ser m¨¢s fuerte. No pod¨ªa detenerme. Mi deber era proteger a quienes me importaban, y para eso necesitaba superar cualquier l¨ªmite. Los d¨ªas transcurrieron con calma. Nos asignaban trabajos de protecci¨®n o ayuda, misiones lejos del peligro extremo al que estaba acostumbrado. No me quejaba; prefer¨ªa estas tareas tranquilas a poner mi vida en riesgo constantemente. Como ¡°guerreros¡± de Ilmenor, cada uno era asignado a un equipo. Los grupos con n¨²meros m¨¢s bajos eran los m¨¢s fuertes de su generaci¨®n. Por azares del destino, termin¨¦ en el mismo equipo que Kiomi, algo que no me molestaba en absoluto. Sin embargo, tambi¨¦n estaba Gratius, quien hab¨ªa decidido quedarse en la aldea con el ¨²nico objetivo de vencerme alg¨²n d¨ªa. Sabina completaba el equipo, y con ella todo era m¨¢s llevadero. Nuestras misiones eran bastante rutinarias. Vigil¨¢bamos los puestos fronterizos de la Kirche, esperando cualquier eventualidad. Cada mes rot¨¢bamos de posici¨®n con otro equipo. La vida era tranquila y agradable. En el equipo sol¨ªamos re¨ªr mucho, aunque Gratius era una excepci¨®n. Siempre buscaba molestarme o sabotear lo que hac¨ªa. Ya no sab¨ªa si lo hac¨ªa por fastidiar o por alg¨²n extra?o sentido del humor. Una tarde, mientras estaba en casa, Thailon me llam¨®. ¡ªZein, ?puedo hablar contigo un momento? ¡ªpregunt¨® con su tono calmado. ¡ª?Qu¨¦ pasa? ¡ªrespond¨ª, acerc¨¢ndome. ¡ªMa?ana es el cumplea?os de Kiomi, y queremos prepararle una sorpresa aqu¨ª en la aldea. Pero necesitamos que alguien se la lleve un rato, desde esta noche hasta ma?ana en la noche. Hay mucho trabajo por hacer. ?Crees que puedas hacerlo? ¡ªClaro, no te preocupes. Conf¨ªa en m¨ª. La mantendr¨¦ lo m¨¢s ocupada posible ¡ªle respond¨ª a Thailon con seguridad. Ahora, solo quedaba un obst¨¢culo: convencer a Gratius de que no hiciera ninguna de sus tonter¨ªas durante ese d¨ªa especial. ¡ªGratius. ¡ª?Qu¨¦ quieres, sabandija? ¡ªrespondi¨® con ese tono arrogante que tanto me irritaba. ¡ª?Podr¨ªas dejar de llamarme as¨ª por un momento? ¡ª?Y por qu¨¦ deber¨ªa? ¡ªpregunt¨® con una sonrisa altiva que era casi nauseabunda. ¡ªMira, nos asignaron una misi¨®n, pero es solo una fachada. Necesitamos mantener ocupada a Kiomi mientras preparan algo para su cumplea?os en la aldea. ¡ª?Y eso qu¨¦? ¡ªSolo te pido que, por un d¨ªa, no hagas ninguna de tus babosadas y me ayudes a mantenerla distra¨ªda. Gratius se qued¨® pensativo, algo que no esperaba. Siempre hab¨ªa asumido que era incapaz de reflexionar antes de hablar. ¡ªEst¨¢ bien ¡ªdijo finalmente¡ª, ?pero no lo hago por ti! Lo hago por Kiomi. Ella me cae bien. ¡ªGracias. Esa misma tarde partimos hacia nuestra ¡°misi¨®n¡±, que consist¨ªa en recoger bayas silvestres en un bosque cercano. Ir y volver nos tomar¨ªa casi un d¨ªa completo. Armamos un peque?o campamento cerca del lugar, y cuando cay¨® la noche, el cielo se llen¨® de estrellas. Gratius y Sabina desaparecieron del campamento, dej¨¢ndonos solos a Kiomi y a m¨ª frente a la fogata. El crepitar del fuego llenaba el silencio mientras Kiomi jugaba con un palo, dibujando figuras en la tierra. ¡ª?Te acuerdas de cuando ¨¦ramos m¨¢s peque?os? ¡ªpregunt¨®, dibujando una imagen de los dos. Era algo tosca, pero era evidente lo que quer¨ªa mostrar. ¡ªClaro. Siempre jug¨¢bamos juntos¡­ tambi¨¦n con Lyra. Siempre tuvo much¨ªsima energ¨ªa. ¡ªS¨ª¡­ eran d¨ªas muy entretenidos. ¡ªGracias ¡ªdijimos a la vez, mir¨¢ndonos a los ojos antes de soltar una carcajada. ¡ªGracias, Kiomi ¡ªdije, bajando la voz mientras la miraba. El resplandor de la fogata iluminaba su rostro suavemente. ¡ªDesde que llegu¨¦, mi vida ha tomado un nuevo rumbo. Uno bastante lindo. Kiomi levant¨® la vista, con una expresi¨®n que parec¨ªa entre curiosidad y algo m¨¢s que no pod¨ªa identificar del todo. ¡ªYo tambi¨¦n quiero agradecerte, Zein. Por quedarte, por ser parte de esto¡­ de todo. El momento qued¨® suspendido en el aire, mientras el fuego chisporroteaba entre nosotros, y nuestras miradas permanec¨ªan conectadas unos segundos m¨¢s de lo habitual. Se recost¨® en mi hombro mientras segu¨ªa dibujando figuras en la tierra con el palo. ¡ªOjal¨¢ estos momentos duraran para siempre ¡ªdijo en un susurro, casi como un deseo perdido en la noche. ¡ªOjal¨¢ ¡ªrespond¨ª en el mismo tono. Nos quedamos as¨ª, bajo el calor de la fogata, mirando las llamas bailar y disfrutando de la tranquilidad. Pero ese momento se interrumpi¨® cuando Gratius y Sabina regresaron. Ven¨ªan bastante habladores¡­ y tomados de la mano. No pude evitar sorprenderme. ¡ª?Qu¨¦ est¨¢n mirando? ¡ªpregunt¨® Gratius, con su habitual actitud desafiante, pero esta vez sonriendo. Su explicaci¨®n lo dej¨® todo claro. Tras la pelea en el torneo, Gratius hab¨ªa quedado impresionado por la fuerza de Sabina, y su admiraci¨®n termin¨® convirti¨¦ndose en algo m¨¢s. Desde entonces, se hab¨ªan estado viendo m¨¢s seguido y, aparentemente, las cosas hab¨ªan avanzado entre ellos. Al amanecer, recogimos las bayas que necesit¨¢bamos y nos preparamos para regresar a la aldea. El viaje era largo, as¨ª que partimos temprano, aunque esperaba que no lleg¨¢ramos demasiado pronto; no quer¨ªa arruinar la sorpresa que Thailon y los dem¨¢s hab¨ªan preparado para Kiomi. Por suerte, el tiempo pareci¨® estar de nuestro lado, ya que llegamos cuando el sol comenzaba a ocultarse. Sin embargo, al acercarnos a la aldea desde una colina cercana, algo no estaba bien. La aldea estaba envuelta en llamas verdes. Mi coraz¨®n se hundi¨® de inmediato. ¡ªOtra vez no¡­ ¡ªmurmur¨¦ antes de empezar a correr hacia la entrada, seguido de los dem¨¢s. Esa escena parec¨ªa un mal sue?o que se repet¨ªa. No pod¨ªa permitir que lo que hab¨ªa construido en estos ¨²ltimos a?os se desmoronara de nuevo. Al cruzar la entrada, todo estaba envuelto en un silencio inquietante. Las luces de las casas estaban apagadas, y el aire ten¨ªa un olor acre a madera quemada y cenizas. A cada paso, nos encontr¨¢bamos con restos carbonizados, tanto de estructuras como de cuerpos. El panorama era espantoso, un recordatorio de lo ef¨ªmera que pod¨ªa ser la paz. Seguimos avanzando hacia el centro de la aldea, donde se encontraba el edificio m¨¢s grande, esperando encontrar a Thailon. Tal vez ¨¦l podr¨ªa explicar lo que estaba ocurriendo. Al llegar a la entrada, dos figuras bloqueaban el paso. No eran los guardias habituales de la aldea, y tampoco pertenec¨ªan a la Kirche o a Ilmenor. Sus uniformes eran oscuros, con un s¨ªmbolo de un sol negro grabado en los cascos. ¡ª?Qui¨¦nes son? ¡ªpregunt¨¦ en voz baja, sin esperar una respuesta. Sin decir una sola palabra, los soldados se apartaron, permiti¨¦ndonos el paso. La tensi¨®n en el aire era casi palpable mientras cruz¨¢bamos la puerta y avanz¨¢bamos hacia el interior. Algo no estaba bien. Algo terrible hab¨ªa sucedido, y est¨¢bamos a punto de enfrentarnos a ello. Afuera de la sala hab¨ªa otros dos guardias. Esta vez pude observar mejor su traje: vest¨ªan unas m¨¢scaras que les cubr¨ªan completamente el rostro, con dos c¨ªrculos que simulaban ojos y un tubo sobresaliente en la parte de la boca, como una grotesca imitaci¨®n de una m¨¢quina. Nos abrieron la puerta lentamente. Al cruzar, nos recibi¨® una visi¨®n impactante. Una legi¨®n de estos soldados estaba alineada en filas perfectas, dejando un pasillo en medio. Al final de la sala, alguien nos esperaba: un soldado que, a diferencia de los dem¨¢s, llevaba una capa y una armadura m¨¢s elegante. Era evidente que estaba al mando. En el suelo, yac¨ªa Thailon, inm¨®vil. El ver su cuerpo all¨ª, vulnerable y sin se?ales de moverse, desat¨® una furia incontrolable en mi interior. Sin pensarlo dos veces, mi mano se cerr¨® con fuerza sobre el mango de mi espada, y me lanc¨¦ hacia el hombre de la capa con toda la velocidad y fuerza que pude reunir. ¡ª?Thailon! ¡ªgrit¨¦, cegado por la rabia. El general, sentado tranquilamente, apenas se inmut¨®. Con un movimiento r¨¢pido y sorprendentemente casual, levant¨® su antebrazo y bloque¨® mis ataques como si estuviera rechazando un juguete. Las dos espadas chocaron con algo que, aunque parec¨ªa carne, ten¨ªa la dureza del metal y la fluidez de un l¨ªquido impenetrable. El sonido del impacto reson¨® en la sala, pero ¨¦l ni siquiera pesta?e¨®. Retroced¨ª con un salto, sin bajar la guardia. Lo observ¨¦ con cautela, tratando de entender qu¨¦ clase de monstruo ten¨ªa delante. Pero no tuve mucho tiempo para analizarlo, porque los soldados alrededor comenzaron a romper filas, dirigi¨¦ndose hacia mis amigos. El caos se desat¨® en la sala. Los gritos de advertencia se mezclaron con el estr¨¦pito de acero y los rugidos de batalla. ¡ª?Zein, sigue con ¨¦l! ?Nosotros nos encargamos! ¡ªgrit¨® Sabina, mientras bloqueaba el ataque de uno de los soldados. Quer¨ªa ayudarlos, pero me detuvieron. Ellos insistieron en que el general era mi lucha, que se las arreglar¨ªan con los dem¨¢s. El hombre de la capa dio un paso al frente. Su mirada era fr¨ªa, calculadora, y una sonrisa de superioridad se dibuj¨® en sus labios.If you stumble upon this narrative on Amazon, be aware that it has been stolen from Royal Road. Please report it. ¡ªDime, muchacho ¡ªdijo con voz firme y ligeramente burlona¡ª, t¨² te criaste aqu¨ª, ?no es as¨ª? No respond¨ª. Mi mand¨ªbula estaba tan apretada que casi pod¨ªa sentir el crujir de mis dientes. Sin esperar una respuesta, se agach¨® y tom¨® a Thailon por el cabello, levant¨¢ndolo apenas unos cent¨ªmetros del suelo. Thailon respiraba con dificultad, cada jadeo era como un cuchillo en mi pecho. ¡ªM¨ªralo¡­ el gran Thailon Valandil, reducido a esto ¡ªdijo con desprecio, mientras giraba la cabeza de Thailon hacia m¨ª. ¡ª?Su¨¦ltalo! ¡ªrug¨ª, dando un paso al frente con la espada lista. La sonrisa del general se ampli¨®. ¡ª?Vas a hacer algo al respecto, chico? Demu¨¦strame que eres m¨¢s que palabras vac¨ªas. El desaf¨ªo en su voz encendi¨® mi furia a¨²n m¨¢s, pero esta vez intent¨¦ mantener la calma. No pod¨ªa cometer otro error, no cuando la vida de Thailon pend¨ªa de un hilo. ¡ª?D¨¦jalo! ¡ªgrit¨¦ de nuevo, esta vez con un tono m¨¢s amenazante. ¡ªAl fin me diriges la palabra ¡ªdijo el general, esbozando una sonrisa que solo aument¨® mi furia. Con una calma inquietante, comenz¨® a bajar los escalones, arrastrando a Thailon como si fuera un simple saco de arena. Cada golpe contra los escalones resonaba en la sala, y cada sonido era como una daga clav¨¢ndose en mi pecho. Intent¨¦ calmarme, pero la rabia era dif¨ªcil de contener. El general levant¨® a Thailon a la altura de su rostro, oblig¨¢ndolo a mirarlo directamente. ¡ªMira, mocoso, te voy a hacer el favor de explicarte por qu¨¦ estoy aqu¨ª ¡ªdijo, ahora con una expresi¨®n seria, casi solemne. Mir¨® a Thailon con desprecio antes de continuar¡ª. Este viejo decr¨¦pito pudo haber evitado la muerte de toda tu aldea¡­ si tan solo hubiera aceptado el trato que le ofrecimos. ¡ª??Qu¨¦ trato?! ¡ªrug¨ª, dando otro paso hacia adelante. ¡ªTe lo explico. La Kirche es una peque?a organizaci¨®n bajo mi mando. Soy un general remunerado que sirve bajo el yugo del gran emperador. Pero t¨² lo llamar¨¢s Overlord. L¨ªder del imperio m¨¢s grande del universo, The Black Sun. ¡ª?De qu¨¦ demonios est¨¢s hablando? ¡ªDigo que, si tu querido padre ¡ªse?al¨® a Thailon, a¨²n colgando como un mu?eco roto¡ª hubiera aceptado unirse a nosotros, nadie aqu¨ª habr¨ªa muerto. Y mucho menos de una forma tan pat¨¦tica. Las palabras del general retumbaron en mi mente. ?La Kirche es parte de un imperio? ?El m¨¢s grande del universo? Entonces, al fin, la ra¨ªz de todos los problemas estaba frente a m¨ª. Mientras procesaba lo que dec¨ªa, sent¨ª una mirada implacable sobre m¨ª. Era una sensaci¨®n pesada, como si alguien estuviera perfor¨¢ndome con los ojos. Mir¨¦ a mi alrededor y ah¨ª lo vi: Enzo, de pie en un balc¨®n, observando todo. Ese hijo de puta estaba vinculado a esto. Lo sab¨ªa. No parec¨ªa asustado ni preocupado, solo miraba con una mezcla de curiosidad y satisfacci¨®n, como si estuviera disfrutando de una obra teatral. ¡ª?Zein! ¡ªgrit¨® Kiomi, corriendo hacia m¨ª. Su rostro mostraba una mezcla de preocupaci¨®n y urgencia¡ª. ?Necesitas saber esto! ¡ª?Qu¨¦ pasa? ¡ªrespond¨ª, tratando de no apartar la vista del general. ¡ªEse tipo es peligroso, Zein. Maneja ¨¢cido y materiales de la naturaleza. Pero su fuerte¡­ es el ¨¢cido. ¡ª?C¨®mo sabes eso? ¡ª?No preguntes! Solo escucha. Si lo eliminas¡­ todos los soldados caen con ¨¦l. Sus palabras me llenaron de esperanza y determinaci¨®n. ¡ªBien ¡ªdije con firmeza, apretando con fuerza la empu?adura de mi espada. El general debi¨® de notar el cambio en mi actitud, porque su sonrisa se ensanch¨® a¨²n m¨¢s. ¡ª?Crees que puedes vencerme, mocoso? ¡ªpregunt¨® con una mezcla de burla y curiosidad¡ª. Int¨¦ntalo. ¡ªSi quieres, te puedo ayudar a¡­ ¡ªNo, t¨² ve con los dem¨¢s. Esta es mi pelea. Kiomi me mir¨®, su rostro lleno de preocupaci¨®n, pero asinti¨® a rega?adientes. ¡ªNo te preocupes, estar¨¦ bien ¡ªle dije con la voz m¨¢s firme que pude, aunque ni yo mismo estaba seguro de eso. Ella corri¨® hacia donde estaban los dem¨¢s, mientras yo me quedaba frente al general. Mi mente trabajaba a toda velocidad, tratando de analizar sus movimientos y habilidades. Ten¨ªa que pensar en c¨®mo atacarlo sin poner en riesgo a Thailon, que segu¨ªa como reh¨¦n en sus manos. El general, con una sonrisa burlona en el rostro, comenz¨® a mover a Thailon como si fuera un escudo humano, arrastr¨¢ndolo con desprecio. ¡ª?Y bien, muchacho? ?Vas a quedarte ah¨ª parado o piensas hacer algo? ¡ªme provoc¨®, su tono cargado de arrogancia. Tom¨¦ una bocanada de aire, desenvain¨¦ mis dos espadas y me lanc¨¦ hacia ¨¦l con pasos r¨¢pidos y calculados. Mis movimientos eran fluidos, buscando un ¨¢ngulo desde donde pudiera golpearlo sin da?ar a Thailon. Pero el general era diferente a cualquier enemigo al que me hubiera enfrentado antes. Con una calma inquietante, extendi¨® su mano y de ella surgi¨® un chorro de ¨¢cido que cort¨® el aire con un silbido. Apenas logr¨¦ esquivar el ataque, pero unas gotas alcanzaron mi hombrera derecha, desintegr¨¢ndola al instante. El dolor abrasador atraves¨® mi hombro, pero apret¨¦ los dientes y segu¨ª movi¨¦ndome. ¡ª?Eso es todo lo que tienes? ¡ªse burl¨® el general, dando un paso hacia m¨ª mientras dejaba caer a Thailon al suelo como si fuera un juguete roto. Aprovech¨¦ el momento y trat¨¦ de cerrar la distancia entre nosotros, lanzando un ataque en diagonal con ambas espadas. Pero el general bloque¨® mi movimiento con su brazo met¨¢lico, deteni¨¦ndome como si mis armas fueran de madera. ¡ªEres r¨¢pido, pero no lo suficiente ¡ªdijo con frialdad mientras empujaba con fuerza, oblig¨¢ndome a retroceder varios pasos. Me detuve, jadeando, y lo observ¨¦. Su brazo no era completamente met¨¢lico, sino algo m¨¢s extra?o, como si fuera un l¨ªquido s¨®lido que pod¨ªa cambiar de forma. Ten¨ªa que pensar en una estrategia diferente. Mientras tanto, los sonidos de la batalla llenaban la sala. Kiomi, Gratius y Sabina luchaban contra los soldados, y aunque estaban resistiendo, no sab¨ªa cu¨¢nto tiempo podr¨ªan mantenerse en pie. ¡ª?Qu¨¦ pasa, muchacho? ?Ya te dist¨¦ cuenta de que no tienes ninguna oportunidad? ¡ªel general ri¨®, su voz resonando en la habitaci¨®n¡ª. Te dar¨¦ un consejo: r¨ªndete ahora, y tal vez te deje con vida. Lo ignor¨¦. En lugar de responder, ajust¨¦ mi postura y corr¨ª hacia ¨¦l una vez m¨¢s, esta vez fingiendo un ataque frontal. Cuando levant¨® su brazo para bloquearme, gir¨¦ mi cuerpo r¨¢pidamente y me deslic¨¦ hacia su costado, intentando cortar su pierna izquierda, justo donde la armadura parec¨ªa m¨¢s d¨¦bil. La hoja de mi espada logr¨® hacer contacto, pero apenas dej¨® un rasgu?o antes de que ¨¦l reaccionara con un golpe que me lanz¨® al suelo. ¡ªIngenioso... pero in¨²til ¡ªdijo mientras avanzaba hacia m¨ª con paso firme. Me levant¨¦ r¨¢pidamente, limpiando la sangre que comenzaba a brotar de un corte en mi mejilla. No pod¨ªa rendirme, no aqu¨ª, no ahora. Este tipo era fuerte, pero si lo manten¨ªa ocupado el tiempo suficiente, tal vez Kiomi y los dem¨¢s podr¨ªan terminar con los soldados y venir a ayudarme. Apret¨¦ el mango de mis espadas, listo para el siguiente asalto. ¡ªEntonces, ?qu¨¦ esperas? ¡ªle espet¨¦, tratando de provocarlo mientras una chispa de determinaci¨®n ard¨ªa en mi pecho¡ª. ?No dec¨ªas que era in¨²til? Demu¨¦stralo. El general sonri¨®, levantando sus manos nuevamente, y de ellas comenz¨® a surgir m¨¢s de ese ¨¢cido letal, que goteaba al suelo con un siseo amenazante. ¡ªComo quieras, mocoso. Que empiece la verdadera diversi¨®n. Ambos nos detuvimos un instante, nuestras miradas se encontraron en un duelo silencioso de voluntad. La tensi¨®n en el aire era palpable, y ninguno de nosotros estaba dispuesto a ceder. De repente, como si una se?al invisible nos hubiera empujado, ambos nos lanzamos al ataque nuevamente. Me mov¨ª con una destreza feroz, y en un movimiento fluido y preciso, logr¨¦ atravesar al general con un corte limpio, dividiendo su torso en dos mitades. Al mismo tiempo, el general lanz¨® un ataque de ¨¢cido, que impact¨® en mi abdomen, quemando la armadura que lo proteg¨ªa y dej¨¢ndola hecha cenizas. El impacto reson¨® como un trueno en la sala. Retroced¨ª unos pasos jadeando y sosteniendo el costado mientras observaba al general. Este tambaleaba, con su cuerpo dividido grotescamente, y una expresi¨®n de miedo y dolor se dibujaba en su rostro. Dej¨¦ escapar una sonrisa de alivio. Parec¨ªa que la batalla hab¨ªa terminado. Pero al instante en que ese pensamiento cruz¨® por mi cabeza, mi sonrisa desapareci¨®. Con una lentitud perturbadora, el general comenz¨® a mover sus mitades separadas. Una fuerza antinatural lo manten¨ªa en pie mientras acomodaba su torso con el resto de su cuerpo. La sonrisa de burla que apareci¨® en su rostro fue m¨¢s aterradora que cualquier ataque que pudiera haber lanzado antes. Ahora, con las espadas en guardia, apret¨¦ los puntos alrededor de las empu?aduras, tratando de calmar mi mente y pensar con claridad. ?Qu¨¦ pod¨ªa hacer? El general parec¨ªa imparable. ¡ª?Eso es todo? ¡ªme dijo, con un tono burl¨®n que aumentaba mi frustraci¨®n. ?C¨®mo iba a vencerlo si ni siquiera un corte pod¨ªa afectarlo? Si pod¨ªa regenerar un ataque como el anterior, ?c¨®mo podr¨ªa hacerle da?o con cortes m¨¢s peque?os? Mi mente estaba llena de dudas. Cada segundo que pasaba sent¨ªa que la esperanza se desvanec¨ªa. En ese momento, fue ¨¦l quien aprovech¨® mi distracci¨®n. Los golpes llegaron r¨¢pido y certeros, sin dejarme tiempo para reaccionar. Uno fue a mi rodilla, otro a mi tr¨ªceps, luego un golpe directo al muslo y otro a la cadera. El dolor recorri¨® mi cuerpo, y las heridas hicieron que me debilitara, pero me negu¨¦ a caer. Mantuve la guardia alta, mi respiraci¨®n agitada, mi mente buscando una soluci¨®n desesperadamente. Fue en ese momento de agobio que una idea surgi¨® en mi cabeza, una lecci¨®n olvidada. Record¨¦ algo que aprend¨ª en la escuela, una lecci¨®n que mi maestro sol¨ªa repetir constantemente: "Recuerden, ni?os, cualquier monstruo creado a partir de una sustancia l¨ªquida incapaz de mantenerse en un estado s¨®lido por s¨ª misma, debe tener un n¨²cleo. Si destruyes ese n¨²cleo, el monstruo perecer¨¢." Esa revelaci¨®n me golpe¨® con fuerza. El general, con su cuerpo compuesto en gran parte por ¨¢cido, deb¨ªa tener alg¨²n tipo de n¨²cleo, un punto d¨¦bil. De ser as¨ª, pod¨ªa derrotarlo. Decid¨ª arriesgarme. Guard¨¦ mis espadas r¨¢pidamente, con la intenci¨®n de pelear a pu?o limpio. Sab¨ªa que ser¨ªa una ¨²nica oportunidad, y que deb¨ªa ser m¨¢s r¨¢pido que nunca, antes de que el general comprendiera mi estrategia. Flexion¨¦ las piernas y empec¨¦ a moverme en zigzag, buscando evadir sus ataques. El general, sorprendido por mi agilidad, comenz¨® a lanzar varios ataques de ¨¢cido, pero ninguno logr¨® alcanzarme. Mi mente estaba centrada, sin distracciones. Cada movimiento calculado, cada respiraci¨®n controlada. Avanc¨¦ m¨¢s r¨¢pido, acerc¨¢ndome peligrosamente. El general, al notar lo cerca que estaba, levant¨® su pu?o recubierto de ¨¢cido y lanz¨® un ataque directo hacia m¨ª. El golpe parec¨ªa seguro, pero de repente, mi cuerpo se desvaneci¨® en el aire como si fuera una ilusi¨®n. El general, desconcertado, mir¨® a su alrededor, furioso y confundido, buscando al enemigo que hab¨ªa desaparecido. En ese preciso momento, me deslic¨¦ detr¨¢s de ¨¦l, aprovechando su confusi¨®n. Sin dudarlo, atraves¨¦ su espalda con un golpe devastador. Mis manos atravesaron su piel l¨ªquida, y el impacto reson¨® en la sala. No solo fue un ataque preciso, sino tambi¨¦n letal. El general no pudo evitar la sorpresa y el enojo que se reflejaron en su rostro. ¡ª?Qu¨¦ crees que haces? ¡ªdijo, su voz llena de ira, pero tambi¨¦n temblorosa. ¡ª?T¨² qu¨¦ crees? ¡ªrespond¨ª, con una determinaci¨®n fr¨ªa y feroz. ¡ªNi te atrevas. ¡ª?O si no qu¨¦? ¡ªYa no podr¨¢s volver a vivir aqu¨ª. ¡ªHmm, ?y c¨®mo lo har¨¢s? ¡ªAs¨ª. Sin previo aviso, presion¨® un bot¨®n extra?o, pero no tuve tiempo de darle demasiada importancia. Al instante, el n¨²cleo del general explot¨® desde el interior, liberando una energ¨ªa corrosiva que lo consumi¨® por completo. Su cuerpo, incapaz de mantenerse sin n¨²cleo, comenz¨® a deshacerse, dejando tras de s¨ª solo una mancha humeante en el suelo. Lo mismo ocurri¨® con los soldados que rodeaban la zona. Parec¨ªa que toda la energ¨ªa que los manten¨ªa con vida proven¨ªa del general, y al desaparecer ¨¦l, ellos tambi¨¦n perecieron. Me qued¨¦ de pie en el campo de batalla, exhausto, con las manos gravemente quemadas por el ¨¢cido. Mi respiraci¨®n era pesada, pero hab¨ªa ganado, aunque a un costo alt¨ªsimo. En el fondo, vi a Kiomi parada, mirando los cuerpos de Gratius y Sabina. Uno de los soldados se desintegr¨® sobre el cuerpo de Gratius, mientras que Sabina hab¨ªa sido atravesada m¨²ltiples veces por espadas. Me acerqu¨¦ y la abrac¨¦, intentando darle consuelo, aunque el dolor que sent¨ªa tambi¨¦n me envolv¨ªa. La apret¨¦ con fuerza, buscando transmitir algo de calma en medio de todo. Sin perder tiempo, corrimos hacia Thailon, quien yac¨ªa en el suelo. Lo levant¨¦ en mis brazos; respiraba con dificultad. ¡ª?Thailon! ¡ª?Pap¨¢! ¡ªMuchachos¡­ ¡ªdijo con dificultad, su voz d¨¦bil¡ª. Me alegro de que est¨¦n bien. ¡ªNo hables, te curaremos. ¡ªNo, ya no hay nada que hacer conmigo. ¡ª?No digas eso!, a¨²n podemos¡­ Con su mano, me tap¨® la boca, evitando que siguiera hablando. ¡ªNo, v¨¢yanse de aqu¨ª, no queda mucho tiempo. ¡ª?Por qu¨¦ dices eso? A¨²n podemos salvarte. ¡ª?Viste lo que presion¨®, no? ¡ªme dijo, se?alando la mancha en el suelo. ¡ªS¨ª, pero¡­ ?eso qu¨¦ tiene que ver? ¡ªSomos hormigas, Zein, hormigas en este gran mundo. Ellos son gigantes, y no podemos hacer nada. Nos pueden borrar del mapa directamente, y eso van a hacer. A¨²n tienen tiempo para irse. ¡ªNo nos iremos sin ti. ¡ªExacto, Zein tiene raz¨®n. ¡ªMiren, Kio est¨¢ junto a Lyra en su cuarto, vayan por ellas. ¡ª?Que no te dejaremos aqu¨ª! ?Vamos, trata de pararte, a¨²n te puedo cargar! ¡ªD¨¦jalo. ¡ª?No, a¨²n no! ¡ªestaba desesperado, no lo iba a dejar aqu¨ª. ¡ªZein¡­ ?recuerdas el lugar al que los llevaba de vacaciones cuando eran ni?os? ¡ªS¨ª¡­ ¡ªVayan ah¨ª, tengo conocidos que los cuidar¨¢n. Es un lugar pac¨ªfico. Tendr¨¢n comodidades, solo prom¨¦teme que sobrevivir¨¢n. Kio sabe c¨®mo llegar. ¡ªNo, no te dejar¨¦ aqu¨ª¡­ Me agarr¨® la mejilla con la mano, y tambi¨¦n la de Kiomi. ¡ªMis ni?os, qu¨¦ grandes est¨¢n. El tiempo pasa r¨¢pido, ?saben? Me empezaron a salir l¨¢grimas, lo mismo le pas¨® a Kiomi. Este era un adi¨®s. ¡ªSi tan solo¡­ si tan solo nunca hubiera llegado a esta aldea, si no hubiera existido, tal vez, solo tal vez¡­ ¡ª?No te atrevas! ¡ªme levant¨® la voz sorpresivamente¡ª. ?No te atrevas a minimizar a todas las personas que lo han dado todo para que t¨² sobrevivieras, y las que lo siguen dando! ¡ªPero yo¡­ ¡ªPorque eso haces. Me qued¨¦ callado, pensando un poco sobre eso. Era cierto. Todas esas personas lo hab¨ªan dado todo por m¨ª, y yo simplemente las hab¨ªa minimizado. ¡ªVivan, vivan por m¨ª. Pueden mirar atr¨¢s, pueden ver el pasado y recordarlo. Pero jam¨¢s se queden en ¨¦l, sigan adelante sin importar qu¨¦. No miren atr¨¢s en el odio, sino al futuro. ¡ªThailon¡­ ¡ªPap¨¢¡­ ¡ªCuando vayan a ese lugar, busquen un caf¨¦ llamado ¡°C¨¢ntico del ¨¢rbol¡±. Ah¨ª encontrar¨¢n a un viejo amigo que los ayudar¨¢ ¡ªnos sonri¨®, aun sangrando, con una sonrisa tan c¨¢lida como el calor de un abrazo¡ª. Cu¨ªdense. Nos abraz¨® por ¨²ltima vez, un abrazo tan c¨¢lido y hermoso. Era inexplicable. Al instante nos fuimos, encontramos a Kio y Lyra escondidas en un cuarto. Las llevamos a un cuarto en el que Thailon nunca nos dej¨® entrar. Hab¨ªa un lago, brillando de manera hermosa. Seg¨²n Kio, por ah¨ª llegar¨ªamos a ese lugar, y ten¨ªamos que ser r¨¢pidos. Hab¨ªa un peque?o hoyo por donde se ve¨ªa el exterior. Al fondo, vi c¨®mo una monta?a parec¨ªa elevarse en el horizonte, algo bastante preocupante. Cargu¨¦ a Lyra en mi espalda, y Kiomi agarr¨® a Kio. Nos miramos antes de entrar, preocupados, pero decididos. Y saltamos. Mira hacia atrè°©s ¨ªbamos cayendo, no sab¨ªamos por d¨®nde, pero todo estaba mojado. Agarr¨¦ a Lyra con todas mis fuerzas y, cuando pude, le tom¨¦ la mano a Kiomi para aferrarme a ella. Oscuridad. Miedo. Eso me record¨® todo esto. Tras un rato, finalmente salimos de aquel lugar y ca¨ªmos directamente al piso. Proteg¨ª a Lyra, cayendo primero yo y dej¨¢ndola encima de m¨ª. ¡ª?Est¨¢s bien? ¡ªme pregunt¨® al reincorporarse. ¡ªS¨ª, estoy bien ¡ªle dije con una sonrisa para que se mantuviera tranquila¡ª. ?Est¨¢n todos bien? ¡ª ¡ªS¨ª ¡ªrespondi¨® Kio, algo abrumada, con su tono caracter¨ªstico. ¡ªS¨ª, estamos bien ¡ªa?adi¨® Kiomi, abrazando a Kio con sus manos. Volte¨¦ a mi alrededor. Era un lugar completamente diferente al que est¨¢bamos acostumbrados. Hab¨ªa rascacielos por todas partes, enormes, de vidrio. Era de d¨ªa, el sol estaba en su punto m¨¢s alto, aunque nosotros nos encontr¨¢bamos en un callej¨®n, se notaba de inmediato. Camin¨¦ un poco para salir del callej¨®n y ver nuestro alrededor. Todo era tan extra?o. Se ve¨ªa animado, hab¨ªa muchas personas caminando y hablando, y el ruido era abrumador. Los coches pasaban pitando, luces brillaban por todos lados, y la gente parec¨ªa no prestar atenci¨®n a nada. Mientras segu¨ªa exaltado por lo que ve¨ªa, algunas personas me miraron, pero no entend¨ªa por qu¨¦. Ah¨ª fue cuando me di cuenta de que era por mi ropa. Todos llevaban ropas finas y ligeras, mientras que yo llevaba una armadura de metal y estaba completamente mojado. Al instante, me met¨ª de nuevo en el callej¨®n. ¡ªDeber¨ªamos ir al lugar que nos dijo Thailon que busc¨¢ramos. ¡ª ¡ªTienes raz¨®n ¡ªdijo Kiomi, mientras secaba a los dem¨¢s. Salimos del callej¨®n. La gente nos segu¨ªa mirando, lo cual resultaba bastante raro. ¡ªDisculpe... ¡ªtratamos de preguntar a algunas personas por ayuda, pero solo nos miraban extra?ados y se alejaban. Esto iba a ser complicado. Finalmente, unas personas muy amables, vestidas de manera distinta, se acercaron y nos pidieron una "foto". Despu¨¦s de eso, amablemente nos ayudaron a encontrar el lugar. Al parecer, un caf¨¦ llamado "C¨¢ntico del ¨¢rbol" no era tan com¨²n por all¨ª. Aun as¨ª, segu¨ªamos mojados, en un lugar desconocido y sin apoyo. Esperaba que realmente hubiera alguien ah¨ª para ayudarnos. En el camino, lo mismo de siempre: todo era nuevo para nosotros, pero de alguna forma logramos llegar. Era un lugar bastante bonito, y, a diferencia de los edificios del entorno, ten¨ªa un toque de Ilmenor. Bastante notorio. Al entrar por la puerta, esta se abri¨® sola. ?Qu¨¦ tipo de magia usar¨ªan para lograr eso? El interior me pareci¨® familiar. Todo en el lugar era extra?o y diferente, pero all¨ª adentro no. El lugar estaba casi vac¨ªo, y hab¨ªa dos personas limpiando. ¡ªLo siento, pero ya vamos a cerrar. Les agradecer¨ªa que se marcharan... ¡ªdijo un hombre mientras se daba la vuelta para mirarnos. Al vernos, no s¨¦ qu¨¦ ocurri¨®, pero al instante se exalt¨®. ¡ª?Amor, cierra la tienda ahora mismo! ¡ª ¡ª?Enseguida! ¡ª La se?ora, que parec¨ªa ser su esposa, cerr¨® todas las cortinas y la puerta, dej¨¢ndonos a solas. ¡ª?No es muy temprano para cerrar un local? ¡ª ¡ªNo importa, vamos, si¨¦ntense. ¡ª Nos sentamos a hablar en una mesa cercana, y amablemente nos ofrecieron bebidas. ¡ªY d¨ªganme... ¡ªparec¨ªa tener una expresi¨®n de miedo o terror, como si supiera que algo muy malo acababa de suceder¡ª. ?Qu¨¦ fue lo que pas¨®? ¡ª ¡ªAntes de explicarle, d¨¦jeme aclarar algo. ?Usted es amigo o conocido de Thailon Valandil? ¡ª ¡ªAs¨ª es ¡ªdijo, levant¨¢ndose de la mesa para buscar algo¡ª. Thailon y yo ¨¦ramos muy buenos amigos. ¡ª Lo que fue a buscar era nada m¨¢s y nada menos que una foto de ¨¦l y Thailon, cuando eran m¨¢s j¨®venes. Me sorprendi¨®, se ve¨ªa tan, pero tan joven, como de nuestra edad. ¡ªSe ve tan... ¡ª ¡ªJoven ¡ªme interrumpi¨® Kiomi, con l¨¢grimas en los ojos¡ª, ?le importa si me la quedo? ¡ª ¡ªAdelante, esta es solo una copia, tengo muchas m¨¢s. ¡ª Se le ve¨ªa bastante feliz a Kiomi, un recuerdo bonito sobre Thailon. Y el ¨²nico. ¡ªY bien ¡ªnos dijo con un tono m¨¢s serio¡ª. D¨ªganme, ?qu¨¦ fue lo que pas¨®? ¡ª Nos dispusimos a explicarle con lujo de detalles. Comenzamos por la parte en la que mantenemos alejada a Kiomi para que pudieran celebrar su cumplea?os. Al escuchar esta parte, Kiomi rompi¨® en llanto, al darse cuenta de que todo lo que hab¨ªamos hecho era para darle una sorpresa, que sali¨® bastante mal. Cuando se recuper¨®, seguimos. Continuamos con lo de los soldados y terminamos hasta donde estamos ahora. ¡ªYa veo, lo lamento mucho. ¡ª ¡ªAmor, ser¨ªa mejor que por ahora les consigamos un cambio de ropa ¡ªdijo su esposa. ¡ªTienes raz¨®n. A todo esto, no les he dicho mi nombre. Me llamo Alexander, mi esposa es Mei. ¡ª ¡ªUn gusto ¡ªdijo amablemente Mei. ¡ªYo me llamo Zein, esta jovencita animada se llama Lyra, el mapache dormido de all¨¢ es Kio, y ella es Kiomi. ¡ª ¡ªMucho gusto. ¡ª Al instante, dijeron que ir¨ªan a una tienda por una muda de ropa para nosotros mientras nos sec¨¢bamos. Nos quedamos ah¨ª, en el local, en silencio. Segu¨ªamos asimilando lo que hab¨ªa pasado. Kiomi abrazaba con todas sus fuerzas la foto, Lyra me agarraba de la mano algo fuerte, y Kio simplemente estaba dormida. Me molestaba un poco lo despreocupada que estaba. La ropa que nos trajeron era bastante delgada, ligera y colorida. No parec¨ªa lo ideal, pero se sent¨ªa c¨®moda. ¡ªMiren ¡ªsuspir¨®¡ª. Thailon hab¨ªa preparado un plan en caso de que algo as¨ª pasara. Tiene una cuenta con fondos a su nombre, todo para ustedes y el tratamiento de Lyra. Mei y yo los ayudaremos en todo lo que podamos para que se integren aqu¨ª. Les explicaremos todo. ¡ª Tras eso, nos explicaron c¨®mo funcionaba el mundo, su mundo, c¨®mo estaba regido, sus costumbres, un poco de historia, cultura, leyes, formas de comportarse¡­ todo para que pudi¨¦ramos encajar, para no llamar la atenci¨®n, para mantenernos ocultos. Nos dejaron a solas un rato para procesar y asimilar todo lo que hab¨ªa pasado. Por mi parte, trat¨¦ de buscar alg¨²n lugar donde pudiera obtener mucha informaci¨®n. Para mi suerte, Alexander ten¨ªa una especie de membres¨ªa en una librer¨ªa local, as¨ª que me dirig¨ª para all¨¢. Cuando entr¨¦, tom¨¦ todos los libros que pude encontrar, un mont¨®n. La cultura, la historia, la pol¨ªtica, los sentimientos, la tecnolog¨ªa... Todo lo que se desarrollaba en este mundo me impresionaba profundamente, cosas que ser¨ªan inimaginables de d¨®nde vengo. Hubo un libro en especial que llam¨® mi atenci¨®n: "El club de las 5 de la ma?ana". El t¨ªtulo me pareci¨® extra?o y no me causaba mucho inter¨¦s, pero al leer una frase¡­ "El cambio es dif¨ªcil al principio, ca¨®tico en el medio y hermoso al final". Estas palabras resonaron en m¨ª. El cambio¡­ Es impensable la situaci¨®n por la que hemos pasado. Ni siquiera s¨¦ si podremos seguir adelante, todo fue tan repentino. Deber¨ªa haberme quedado con Kiomi. Acompa?arla, consolarla. Debe ser muy duro para ella pasar por todo esto, y m¨¢s a¨²n en su cumplea?os. "?Y qu¨¦ hay de ti?" Esa voz de nuevo, molestando¡­ pero ?qu¨¦ siento yo? Perd¨ª todo y a todos en unos d¨ªas, dos veces. Y simplemente parece no afectarme. Hay tantos problemas que ni siquiera me puse a pensar en m¨ª mismo. Siento dolor, un dolor profundo en el pecho. Me siento abrumado por no hacer nada, por ser un in¨²til. Pude haber hecho m¨¢s. Esa frase resuena una y otra vez en mi cabeza mientras me martillo con la imagen de Thailon en su lecho de muerte. ?Lograr¨¦ seguir adelante? S¨ª, s¨ª. Pero¡­ ?c¨®mo? ?C¨®mo lograr¨¢s sobrellevar esta situaci¨®n?This novel is published on a different platform. Support the original author by finding the official source. Decid¨ª tomar aire fresco y salir de nuevo al caf¨¦. Al llegar, vi a Kiomi arrodillada, como en un tipo ataque de p¨¢nico. Lloraba y gritaba el nombre de Thailon mientras abrazaba la foto con una fuerza desesperada. Trat¨¦ de acercarme, pero sac¨® su espada corta para alejarme, como si no quisiera que la ayudaran. Agarr¨¦ la espada con mis manos desnudas, aunque me cortara, no importaba. Le quit¨¦ la espada de las manos, me arrodill¨¦ y la abrac¨¦. La abrac¨¦ con toda la fuerza que pude, sintiendo c¨®mo su cuerpo temblaba en mis brazos. Por un momento, se qued¨® quieta, sin moverse, pero tras un instante, solt¨® la foto y me abraz¨® con desesperaci¨®n. Rompi¨® en llanto, un llanto tan profundo que me desgarraba el alma. ¡ªNo te preocupes, Kiomi¡ª trat¨¦ de consolarla, con la voz quebrada, ¡ªTodav¨ªa me tienes a m¨ª, a Kio, y a Lyra. Estamos todos aqu¨ª para ti, no est¨¢s sola. ¡ª Nos quedamos all¨ª en el suelo, abrazados, el dolor envolvi¨¦ndonos mientras trat¨¢bamos de procesar lo que hab¨ªa sucedido. Nos sent¨ªamos completamente abrumados, pero al menos, en ese momento, sab¨ªamos que nos ten¨ªamos el uno al otro. Cuando se calm¨® un poco, Mei la acompa?¨® a un cuarto que hab¨ªa preparado para ella, para que pudiera descansar. Yo¡­ yo deb¨ªa pensar en c¨®mo sobrevivir en este mundo, c¨®mo seguir adelante. ¡ªAlexander¡ª ¡ª?Qu¨¦ pasa? ¡ª ¡ªSe que apenas nos conocemos, y ya nos has hecho mucho favor, pero¡­ ?Perm¨ªtenos trabajar aqu¨ª, por favor! Queremos ayudarte, pagarte todo lo que has hecho por nosotros, y ganar algo de dinero. Te juro que no te molestaremos y¡­¡ª ¡ªNo te preocupes¡ª me interrumpi¨®, poniendo una mano en mi hombro, ¡ªUstedes no son una molestia. Claro que pueden trabajar aqu¨ª. No me deben nada. Piensen en esto como un favor que le deb¨ªa a Thailon. ¡ª Su palabras me tranquilizaron un poco. ¡ªZein¡ª me llam¨® Lyra, su voz temblorosa. ¡ª?Qu¨¦ pasa? ¡ª ¡ªNo me siento bien¡­¡ª dijo, y de repente comenz¨® a toser, toser mucho. Me acerqu¨¦ r¨¢pidamente para ayudarla, pero entonces me di cuenta de algo: tos¨ªa sangre. Mi coraz¨®n se detuvo por un momento. Sin pensarlo dos veces, Alexander y yo corrimos lo m¨¢s r¨¢pido posible hacia el hospital m¨¢s cercano. Afortunadamente, no hab¨ªa mucha gente en el lugar, por lo que pudieron atender a Lyra r¨¢pidamente. Primero fue Thailon, y ahora esto con Lyra¡­ ?por qu¨¦ todo est¨¢ sucediendo tan r¨¢pido? No s¨¦ cu¨¢nto m¨¢s puedo soportar. Los doctores nos dijeron que, a pesar de que parec¨ªa grave, la condici¨®n de Lyra no era tan mala como pens¨¢bamos. Se hab¨ªa estabilizado y, aunque su enfermedad era bastante rara, ya hab¨ªa casos registrados y sab¨ªan c¨®mo tratarlo. Sin embargo, tendr¨ªa que pasar la noche en el hospital, y nos dar¨ªan los medicamentos al d¨ªa siguiente. Yo, completamente agobiado, decid¨ª quedarme esa noche en el hospital, pero antes sent¨ª la necesidad de salir a tomar aire. "Mierda, ocupo algo para desestresarme", pens¨¦, sintiendo que la presi¨®n era insoportable. Todo estaba sucediendo tan r¨¢pido, y solo necesitaba una forma de desconectarme. Mientras caminaba por lo que parec¨ªa ser el centro de la ciudad, escuch¨¦ un gran esc¨¢ndalo. Una multitud estaba reunida, y me acerqu¨¦ para ver qu¨¦ suced¨ªa. Al acercarme, me qued¨¦ paralizado por lo que vi. Un orco gigante estaba en el centro de la escena, gritando a pleno pulm¨®n. Aunque no estaba atacando a nadie, su furia era palpable. En una de sus enormes manos sosten¨ªa a una joven, probablemente unos a?os m¨¢s joven que yo. Ella estaba desalineada, sin mostrar miedo, pero su mirada estaba vac¨ªa, perdida. El orco no paraba de gritar, demandando la presencia de los l¨ªderes de la ciudad y exigiendo que les trajeran a los luchadores m¨¢s fuertes. Pero algo en su hombro llamo mi atenci¨®n. Un tatuaje de un sol negro. "Justo lo que necesitaba", pens¨¦. No lo dud¨¦ ni un segundo. Me lanc¨¦ hacia el orco gigante, atravesando el aire en un salto que me permiti¨® aterrizar justo sobre la multitud que lo rodeaba. En un movimiento fluido, desenvain¨¦ mis espadas. A ojos de cualquier otra persona, parecer¨ªan materializarse de la nada. Con un ¨²nico y certero corte, cort¨¦ la mano del monstruo, liberando a la joven atrapada en su pu?o. Antes de que pudiera caer al suelo, la tom¨¦ con firmeza en mis brazos, protegi¨¦ndola, asegur¨¢ndome de que estuviera a salvo. Sin perder tiempo, gir¨¦ sobre mis talones y, con toda la energ¨ªa que pude reunir, me lanc¨¦ nuevamente contra el orco. Una r¨¢faga de energ¨ªa recorri¨® mis espadas mientras trazaba un arco devastador, cortando al monstruo en dos, desde la cabeza hasta el torso. A¨²n tambale¨¢ndose, el orco no tuvo tiempo de reaccionar antes de que, en un solo y preciso movimiento, cortara su cabeza limpiamente. Tan pronto como la criatura toc¨® el suelo, me alej¨¦ con la joven lo m¨¢s r¨¢pido que pude, para no llamar la atenci¨®n. Al ponerla en el suelo, ella no dijo nada. Me gir¨¦ para irme, pero antes de que pudiera alejarme, me tom¨® de la camisa. ¡ªOye, antes de que te vayas¡ª su voz sonaba vac¨ªa, como si no supiera exactamente qu¨¦ decir, ¡ªMe¡­ ?me podr¨ªas decir tu nombre? ¡ª Me tom¨® por sorpresa. Un simple gesto, pero una pregunta que parec¨ªa contener un universo de cosas no expresadas. ¡ªS¡­si claro, me llamo Zein, ?y t¨²? ¡ª ¡ª?Me llamo Naoko! ¡ª Parec¨ªa nerviosa, ¡ªMuchas gracias por salvarme. ¡ª Me fij¨¦ en algo, la misma mirada fr¨ªa que le vi hace poco hab¨ªa desaparecido, ahora ten¨ªa una mirada llena de vida y una sonrisa radiante. Me alej¨¦ al instante para volver al hospital, donde pas¨¦ la noche, mi primera noche fuera de Ilmenor despu¨¦s de tanto tiempo. Al d¨ªa siguiente se nos permiti¨® sacar a Lyra del hospital. Se ve¨ªa muy animada, como usualmente lo era. Al llegar, vi mejor a Kiomi, parec¨ªa m¨¢s calmada y algo feliz. Lyra, aliviada, se abalanz¨® hacia ella, abraz¨¢ndola con una sonrisa. En mi rostro se dibuj¨® una peque?a sonrisa tambi¨¦n. Decidimos, con Mei y Alexander, que Kiomi y yo trabaj¨¢ramos en el lugar un tiempo indefinido, tal vez para siempre, no lo sabr¨ªa. Ese mismo d¨ªa abrimos el caf¨¦. Poco a poco iban llegando clientes, parec¨ªan ser los usuales. Ah¨ª vi a alguien conocido, era la chica que salv¨¦ la otra vez, pero se ve¨ªa diferente. Su cabello ten¨ªa un estilo ¨²nico. De un azul profundo con reflejos m¨¢s claros, que parec¨ªan brillar al moverse. El corte asim¨¦trico y desordenado ca¨ªa en mechones que enmarcaban su rostro con desenfado. Un peque?o mech¨®n en la parte superior se curvaba hacia arriba, como si se revelara contra cualquier intento de orden. Vest¨ªa un atuendo con una chaqueta negra amplia, de esas que parecen envolver a quien las lleva en una c¨¢lida comodidad. Debajo, vest¨ªa un su¨¦ter blanco ajustado de cuello alto que, con el fr¨ªo que hace por estas fechas, ni qui¨¦n la culpe. Completaba su look con una falda plisada negra, que le daba un toque moderno pero refinado. Al verme, sonri¨® y me salud¨® acerc¨¢ndose alegremente hacia m¨ª. ¡ª?No lo puedo creer! ¡ª Ten¨ªa una gran sonrisa radiante y juguetona. ¡ª?Qui¨¦n lo dir¨ªa? ¡ª Sus mejillas ligeramente sonrojadas acentuaban su apariencia juvenil y alegre, mientras sus ojos cerrados en un gesto de pura felicidad transmit¨ªan una felicidad sincera. ¡ª?Trabajas aqu¨ª?, no lo creo en serio. ¡ª ¡ª?Naoko, verdad? ¡ª Me sent¨ªa un poco presionado con tantas preguntas desbordantes de felicidad, ¡ªMe alegra que est¨¦s bien. ¡ª ¡ªVen, vamos, si¨¦ntate, ?no hay problema si nos sentamos a hablar un rato? ¡ª Me agarr¨® de la mano y me empuj¨® hacia una mesa. Volte¨¦ a ver a Alexander para ver si estaba bien, lo ¨²nico que vi era un gesto de sus manos dici¨¦ndome ¡°ok¡± mientras me gui?aba el ojo. Nos quedamos platicando un buen rato, era bastante divertido hablar con ella, la verdad, a pesar de casi no conocernos. Me platic¨® de ella un poco, era 2 a?os menor que yo, ella ten¨ªa 19 y yo 21. ¡ª?C¨®mo es que eres tan fuerte, dime? ¡ª ¡ªNo yo... ¡ª ¡ªNo digas que no, vamos, si te vi partir a esa cosa de 3 golpes, ?eso es incre¨ªble! ¡ª ¡ªBueno¡­¡ª me sonroj¨¦ un poco, alguien estaba alabando mis habilidades de pelea. Algo que no pasaba muy seguido. Al instante, nos interrumpi¨® Kiomi, que por alguna raz¨®n parec¨ªa un poco molesta. ¡ªZein¡ª ¡ª?Qu¨¦ pasa? ¡ª ¡ªOcup¨® tu ayuda, cada vez llegan m¨¢s clientes y no puedo hacerlo yo sola¡ª Volte¨¦ a ver a mi alrededor, y ten¨ªa raz¨®n. El local, por alguna raz¨®n, gozaba de clientes, algo que seg¨²n Alexander no era muy com¨²n. ¡ªBien, en un momento voy¡ª Simplemente se fue con una sonrisa un poco aterradora. ¡ªBueno, me tengo que ir a trabajar¡ª ¡ªNo te preocupes, yo te mantuve aqu¨ª en primera¡ª ¡ªPor cierto, no has pedido nada, ?quieres que te traiga algo? ¡ª ¡ª?Ah! Es cierto, entonces tr¨¢eme un late, por favor¡ª ¡ªEnseguida te lo traigo¡ª Al llegar a la cocina con el pedido, estaba lleno al borde, Mei y Alexander trabajando sin parar y Kiomi viajando de aqu¨ª para all¨¢. ¡ªZein, qu¨¦ bien que llegaste, aqu¨ª hay 3 caf¨¦s para la mesa de por all¨¢ y estos otros son para esa otra¡ª- Me dijo Mei se?al¨¢ndome varias mesas. ¡ªClaro, este¡­tambi¨¦n pidieron un late¡ª ¡ªClaro, en seguida te lo paso¡ª El resto del d¨ªa seguimos trabajando sin parar. Tras un rato, me di cuenta de la raz¨®n por la que el caf¨¦ estaba tan lleno. Al parecer, corri¨® la voz de una mujer bastante bonita con orejas de elfo atendiendo en un caf¨¦ muy bonito. S¨ª, la belleza de Kiomi atrajo a los clientes. Al finalizar, est¨¢bamos todos muy cansados. La verdad, fue un d¨ªa muy activo, y lo m¨¢s probable es que los dem¨¢s d¨ªas sigan igual. Me qued¨¦ platicando un rato con Alexander mientras Kiomi descansaba un poco, ya que ella fue la que m¨¢s trabajo tuvo en el d¨ªa. ¡ªZein¡ª ¡ª?Qu¨¦ pasa? ¡ª ¡ª?Qu¨¦ le hiciste a esa jovencita? ¡ª ¡ª?De qu¨¦ hablas? ¡ª ¡ªDigo, la jovencita con la que estuviste hablando¡ª ¡ª?Naoko? No recuerdo haber hecho nada¡ª ¡ªBueno, tal vez t¨² no lo sabes, pero antes ella parec¨ªa otra persona. De hecho, me sorprendi¨® verla as¨ª. ?Sabes? Ella es una cliente bastante frecuente de este local, desde que tengo memoria¡ª ¡ª?Ah, s¨ª? ¡ª ¡ªS¨ª, pero antes se ve¨ªa diferente. Estaba deprimida, sin ganas de vivir, y ten¨ªa una mirada vac¨ªa¡ª Eso me record¨® a c¨®mo la vi ese d¨ªa. ¡ªTal vez tengas raz¨®n¡ª ¡ªAunque no la culpo, al fin y al cabo, ella es de la generaci¨®n nublada, y yo de la del ruido¡ª ¡ª?Por qu¨¦ generaci¨®n nublada? ¡ª ¡ª?Nunca le¨ªste sobre eso, verdad? ¡ª ¡ªNo¡ª ¡ªBueno, te explicar¨¦¡ª Me empez¨® a explicar. Al parecer, en el a?o 2028 hubo una guerra, la tan aclamada Tercera Guerra Mundial, vi en los libros de historia que hubo momentos de inflexi¨®n en los que casi ocurri¨®, pero por alguna raz¨®n, no sucedi¨® hasta ese a?o. En esta guerra se enfrentaron dos facciones: una liderada por los Estados Unidos de Am¨¦rica y la otra por Rusia y China. Esta guerra dur¨® 8 a?os, hasta que una uni¨®n de pa¨ªses, llamada La Nueva Rep¨²blica, formada por antiguos pa¨ªses que pelearon en la guerra, comenz¨® a invadir a los que a¨²n segu¨ªan luchando para ponerle fin. Sin embargo, como se esperaba, lo peor ocurri¨®. Tres naciones terminaron usando armas nucleares. Se evit¨® que m¨¢s naciones las usaran gracias a los esfuerzos de las fuerzas armadas de la Nueva Rep¨²blica. Las bombas fueron lanzadas a varios puntos estrat¨¦gicos, dejando una gran cicatriz en el mundo. Actualmente, la Nueva Rep¨²blica abarca toda Am¨¦rica del Norte y partes de Centroam¨¦rica, partes de Asia, la mitad sur de ¨¢frica, Ocean¨ªa en su totalidad y partes de Europa. Pero los horrores de las armas nucleares y sus desechos duraron a?os. Desde el a?o en que acab¨® la guerra (2036) hasta hace dos a?os (2048), hab¨ªa radiaci¨®n en el aire. Aunque no mucha, se evit¨® un invierno nuclear gracias a un hongo que se alimentaba de radiaci¨®n. Durante esos 11 a?os, la poblaci¨®n tuvo que usar mascarillas y trajes anti-radiaci¨®n para evitar los efectos. Muchas personas murieron despu¨¦s de la guerra y otras se suicidaron. Muchas cayeron en depresi¨®n, por eso existen dos generaciones: la del ruido (aquella que pele¨® durante la guerra, es decir, la de Alexander) y la generaci¨®n nublada (la generaci¨®n que sufri¨® los horrores que dej¨® la guerra). Eso me dej¨® muy impactado. No sab¨ªa que eso hab¨ªa pasado aqu¨ª. Entend¨ªa un poco lo que las bombas nucleares pod¨ªan causar, pero no pens¨¦ que fuera tanto. ¡ªAhora me haces sentir mal por tratarla as¨ª, ?sabes? ¡ªdijo Kiomi, que hab¨ªa estado escuchando todo este tiempo. ¡ªPero es la cruda realidad. ¡ª ¡ªY tengo una duda, ?en qu¨¦ pa¨ªs estamos actualmente? ¡ªpregunt¨¦. ¡ªEn la Nueva Rep¨²blica, en la zona norteamericana. ¡ª ¡ªYa veo. ¡ª Era bastante impactante, pero no pod¨ªa hacer nada al respecto. Al fin y al cabo, esa guerra hab¨ªa sido hace 21 a?os. Los d¨ªas pasaron y los clientes no hac¨ªan m¨¢s que llegar, cada vez m¨¢s. Naoko llegaba todos los d¨ªas muy puntual al caf¨¦, y a¨²n cuando casi cerr¨¢bamos, volv¨ªa para platicar. Se hizo muy buena amiga de pr¨¢cticamente todos: de Kiomi, de Lyra, de m¨ª, de Alexander, de Mei y de Kio, que al conocer a Kio, un tanuki que habla, no se sobresalt¨® tanto. Los d¨ªas eran lindos y hermosos, aunque el fr¨ªo se acercaba cada vez m¨¢s. Navidad Los d¨ªas poco a poco se hac¨ªan m¨¢s pesados; la clientela llegaba en n¨²meros cada vez m¨¢s grandes y nuestro trabajo se acumulaba m¨¢s y m¨¢s. ¡ªNaoko ¡ªle dije un d¨ªa, mientras cerr¨¢bamos el local. ¡ª?S¨ª? ¡ªrespondi¨®, acomodando unas cajas. ¡ª?Sabes por qu¨¦ estos ¨²ltimos d¨ªas hay cada vez m¨¢s clientes? ¡ªpregunt¨¦, con curiosidad. ¡ªHmm¡­ ?no ser¨¢ porque ya estamos en ¨¦pocas festivas? ¡ªrespondi¨®, encogi¨¦ndose de hombros. ¡ª?A qu¨¦ te refieres con "festivas"?¡ª ¡ªYa sabes, a la Navidad. ¡ª ¡ª?Navidad? ¡ªdije, confundido. ¡ªEspera¡­ entiendo que vengas de otro mundo y todo eso, pero¡­ ?no sabes qu¨¦ es la Navidad? ¡ª ¡ªNo s¨¦ de qu¨¦ me hablas. Naoko gir¨® la cabeza, ahora visiblemente m¨¢s angustiada. ¡ª?Y t¨², Kiomi? ¡ªpregunt¨®, casi como una s¨²plica. ¡ªNo s¨¦ a qu¨¦ te refieres con "Navidad".¡ª ¡ª??En serio?! ¡ªexclam¨®, llev¨¢ndose las manos a la cabeza. Se acerc¨® a Lyra, que estaba tranquilamente tomando un t¨¦ en una mesa mientras escuchaba nuestra conversaci¨®n. ¡ª?Y t¨², Lyra? Tengo fe en que al menos t¨² s¨ª sepas qu¨¦ es la Navidad, al ser la m¨¢s joven. ¡ª ¡ªNo s¨¦ de qu¨¦ me est¨¢s hablando ¡ªrespondi¨® Lyra, con calma. Naoko retrocedi¨® un paso, con la mirada perdida. ¡ªNo puede ser¡­¡ª Parec¨ªa completamente desconcertada, como si el mundo hubiera perdido su sentido. ¡ª??En serio nadie?! ¡ªrepiti¨®, mirando a cada uno de nosotros. ¡ª?Las luces, el fr¨ªo, el ambiente alegre? ?Nada les parece familiar? ¡ªintervino Alexander, tambi¨¦n angustiado. ¡ªNada de nada ¡ªrespondimos al un¨ªsono. ¡ªNo puede ser¡­ ¡ªmurmur¨® Naoko, casi para s¨ª misma. Naoko, alborotada, comenz¨® a explicarnos sobre la Navidad. Estaba bastante emocionada al hacerlo, aunque se le notaba un poco decepcionada por nuestra ignorancia. ¡ªPor cierto ¡ªinterrumpi¨® Alexander¡ª, ?ya saben qu¨¦ van a hacer ese d¨ªa? ¡ª ¡ªPues no tenemos planes, as¨ª que creo que nos quedaremos aqu¨ª en la cafeter¨ªa. ?Y ustedes qu¨¦ har¨¢n, Alexander? ¡ªpregunt¨¦. ¡ªIr¨¦ con mi esposa a una cena ese d¨ªa y, despu¨¦s, pasaremos la noche en casa de sus padres ¡ªrespondi¨® Alexander mientras tomaba a Mei apasionadamente por la cintura¡ª. Por cierto, ese d¨ªa no abriremos el caf¨¦, as¨ª que pueden tomarse el d¨ªa libre¡ª ¡ª?Ya s¨¦! ¡ªexclam¨® Naoko, con una sonrisa que iluminaba su rostro¡ª. ?Qu¨¦ tal si vienen a mi casa ese d¨ªa? Normalmente somos pocas personas, as¨ª que hay mucho espacio. ¡ª ¡ª?No ser¨ªa una molestia que estuvi¨¦ramos ah¨ª? ¡ªpregunt¨¦, dudando un poco. ¡ª?Claro que no! De hecho, me encantar¨ªa que fueran ¡ªinsisti¨® Naoko, visiblemente emocionada. Era tan evidente su entusiasmo que no pudimos decirle que no. El 24, el caf¨¦ no abri¨®, por lo que no hicimos mucho durante el d¨ªa. Por suerte, Naoko estuvo con nosotros un buen rato, entreteni¨¦ndonos con juegos o simplemente charlando. Al caer la noche, salimos del local. Era una noche iluminada y vibrante, a¨²n con los ruidos fuertes que caracterizaban la ciudad. Las luces eran hermosas, los carteles brillaban, y la gente cantaba por las calles. El ambiente era alegre, aunque hac¨ªa un fr¨ªo mucho m¨¢s intenso que en Ilmenor. Est¨¢bamos bien abrigados, de lo contrario, el fr¨ªo habr¨ªa sido insoportable. Naoko pas¨® por nosotros para llevarnos hasta su casa, que no estaba muy lejos. Finalmente entend¨ª por qu¨¦ siempre iba al caf¨¦ con tanta frecuencia sin que le resultara un problema. Viv¨ªa en un edificio, en un departamento modesto pero encantador y hogare?o. Al entrar, nos recibi¨® una se?ora mayor, bastante dulce. Seg¨²n me enter¨¦, era su abuela, y al parecer, la ¨²nica que viv¨ªa con ella. El departamento estaba muy bien decorado: luces, alfombras, adornos en las paredes e incluso un ¨¢rbol de Navidad, que era realmente bonito. La abuela nos recibi¨® amablemente, ofreci¨¦ndonos comida y comodidades. Aunque yo me sent¨ªa un poco inc¨®modo por tanta atenci¨®n, Lyra parec¨ªa no tener problema alguno. Se comportaba como si estuviera en su casa, y eso no molestaba en absoluto a la se?ora; de hecho, parec¨ªa feliz. El ambiente era c¨¢lido y animado. Lyra jugueteaba con la abuela de Naoko, mientras nosotros las observ¨¢bamos desde el sof¨¢. Convers¨¢bamos sobre nuestras vidas, experiencias y algunas historias, disfrutando del momento. Ahora entiendo por qu¨¦ Naoko estaba tan decepcionada de que no supi¨¦ramos qu¨¦ era la Navidad. Es m¨¢s que un simple d¨ªa festivo; es un momento para estar con quienes m¨¢s amamos, para reconectar con aquellos que la vida nos ha alejado. Una pausa en el tiempo para recordar lo que realmente importa. Me duele pensar que Thailon no puede estar aqu¨ª para verlo. S¨¦ que, si estuviera, disfrutar¨ªa cada instante, con esa sonrisa serena que siempre encontraba la manera de calmar cualquier tormenta. Estoy seguro de que Kiomi siente lo mismo; sus ojos lo dicen cuando hablamos de Ilmenor. Este momento me recuerda al festival en nuestra aldea, justo antes del torneo. Aquel d¨ªa, a pesar de las sombras que se cern¨ªan sobre nosotros, hab¨ªa luz, risas, y esa sensaci¨®n fugaz de que todo estar¨ªa bien, aunque solo fuera por unas horas. Kiomi... Kiomi se ve¨ªa tan hermosa como ese d¨ªa. Su abrigo negro largo ca¨ªa con una gracia natural, casi rozando el suelo. Debajo, llevaba un su¨¦ter ajustado que delineaba su figura con una elegancia que no necesitaba pretensiones. El cuello alto del su¨¦ter parec¨ªa abrazarla con calidez, mientras una falda de cuadros en tonos grises y negros le daba un toque cl¨¢sico y sofisticado. Sus botas altas de cuero negro, combinadas con guantes del mismo material, completaban un conjunto que parec¨ªa hecho para ella. Pero lo que realmente capturaba mi atenci¨®n era su cabello: recogido con cuidado, con mechones sueltos que enmarcaban su rostro. Era un peinado sencillo, pero que en ella se transformaba en algo absolutamente hermoso. Los peque?os aretes que llevaba brillaban con la luz del ¨¢rbol, como si quisieran competir con el brillo de sus ojos. Yo, en cambio, parec¨ªa haberme puesto lo primero que encontr¨¦ en el armario. Aunque no me ve¨ªa tan mal, al menos en mi opini¨®n, comparado con Kiomi, no pod¨ªa evitar sentirme fuera de lugar. ¡ªEsto me recuerda al festival ¡ªdije, rompiendo el silencio¡ª. ?Te acuerdas, Kiomi? ¡ª ¡ªClaro que lo recuerdo. Fue una noche hermosa ¡ªrespondi¨®, con una nostalgia que parec¨ªa envolvernos a ambos. ¡ª?Qu¨¦ festival? ¡ªpregunt¨® Naoko, intrigada. Le empec¨¦ a contar. Intent¨¦ describirle cada detalle: lo hermoso que fue el festival, c¨®mo la atm¨®sfera de aquel d¨ªa se parec¨ªa a estas fechas, aunque all¨¢ no hac¨ªa tanto fr¨ªo. Habl¨¦ de los puestos, las luces que iluminaban cada rinc¨®n, la m¨²sica que parec¨ªa envolvernos en una c¨¢lida melod¨ªa, y el ambiente, lleno de esperanza y alegr¨ªa. Mientras lo hac¨ªa, sent¨ªa c¨®mo una punzada de melancol¨ªa se clavaba en mi pecho. Eran recuerdos que amaba y que sab¨ªa que extra?ar¨ªa por siempre.The author''s narrative has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. ¡ªA pesar de todo, seguimos aqu¨ª, festejando. Eso me alegra mucho ¡ªdije finalmente, dejando que las palabras se quedaran flotando en el aire. Kiomi y yo nos quedamos en silencio por un momento. Nos miramos, y una sonrisa se dibuj¨® en nuestros rostros. Luego re¨ªmos. Fue un instante simple, pero lleno de significado. Un respiro alegre tras todo lo que hab¨ªamos vivido. ¡ª?Chicos! ¡ªnos llam¨® la abuela de Naoko¡ª. ?Vengan a cenar, la comida est¨¢ lista! ¡ª Nos acercamos a la mesa y quedamos sorprendidos. Estaba repleta de comida. Los aromas eran tan intensos y deliciosos que parec¨ªa que cada plato contaba su propia historia. Mis ojos se posaron en lo que parec¨ªa ser un animal horneado, quiz¨¢s un ave, cuyas alas todav¨ªa eran visibles. Pero hab¨ªa tanto en la mesa que no pod¨ªa describirlo todo con precisi¨®n. Cuando comenzamos a comer, fue como descubrir un nuevo mundo. Cada bocado era una explosi¨®n de sabores. ¡ªEsto est¨¢ incre¨ªble ¡ªdije, maravillado¡ª. ?Qui¨¦n lo prepar¨®? ¡ª ¡ªNaoko y yo ¡ªrespondi¨® la abuela con una sonrisa orgullosa¡ª, aunque Naoko hizo la mayor¨ªa de las cosas. ¡ª ¡ªNo, yo¡­ ¡ªNaoko baj¨® la mirada, visiblemente avergonzada. ¡ªTe qued¨® excelente, Naoko. La comida est¨¢ deliciosa. ¡ª ¡ªGracias¡­ ¡ªmurmur¨® ella, pero su sonrisa t¨ªmida hablaba por s¨ª sola. La velada continu¨® llena de risas y an¨¦cdotas, como si el tiempo decidiera tomarse un respiro para nosotros. Todo se sent¨ªa tan c¨¢lido, tan vivo. ¡ªToma ¡ªdijo Naoko mientras me serv¨ªa una bebida¡ª. Es una receta de mi mam¨¢, algo t¨ªpico de donde ella es. ¡ª La bebida ten¨ªa un sabor ¨²nico, reconfortante, como si trajera consigo un pedazo de su hogar. Mientras tanto, Lyra se hab¨ªa transformado en una aspiradora viviente: lo que ve¨ªa, lo devoraba. Intent¨¦ detenerla, pero se neg¨® rotundamente. Terminamos corriendo alrededor de la mesa mientras ella se escapaba riendo, una risa que llenaba el espacio de alegr¨ªa. ¡ªVoy por algo, ya regreso ¡ªdijo Naoko, levant¨¢ndose y desapareciendo en un cuarto cercano. De repente, la voz de la abuela interrumpi¨® mis pensamientos: ¡ªGracias. ¡ª ¡ª?Por qu¨¦? ¡ªpregunt¨¦, extra?ado por la sinceridad inesperada de su tono. ¡ªDesde hace unos d¨ªas, Naoko se ve m¨¢s animada de lo normal. Nunca la hab¨ªa visto as¨ª desde que ten¨ªa siete a?os. ¡ªSu voz temblaba ligeramente, una mezcla de tristeza y alivio¡ª. Estos d¨ªas la he visto sonre¨ªr, una sonrisa tan radiante como la que ten¨ªa de ni?a. No para de hablar sobre ustedes, sobre lo feliz que est¨¢. ¡ª Hizo una pausa, y sus manos, temblorosas, se apretaron una contra la otra con fuerza. ¡ªSiempre tuve miedo de que, cuando yo me fuera de este mundo, Naoko quedara sola y triste. Pensar en no estar aqu¨ª para ayudarla era algo que no me dejaba dormir. Pero ahora¡­ ahora siento que estar¨¢ bien. ¡ª Hab¨ªa una tristeza profunda en sus palabras, pero tambi¨¦n una chispa de esperanza. Verla as¨ª me llen¨® de una mezcla de emociones que apenas pod¨ªa comprender. Con cuidado, coloqu¨¦ mi mano sobre las de ella, intentando transmitirle algo de consuelo. ¡ªNo se preocupe, la cuidaremos. Puede estar tranquila ¡ªle dije con firmeza. Sus ojos comenzaron a llenarse de l¨¢grimas, y aunque intent¨® contenerlas, terminaron desbord¨¢ndose. ¡ªPerd¨®nenme, es solo que¡­ ¡ªsu voz se quebr¨®, y la tristeza en sus palabras me atraves¨®. Le dediqu¨¦ una sonrisa c¨¢lida, tratando de transmitirle que todo estar¨ªa bien. No necesitaban palabras; era una promesa silenciosa. Naoko regres¨® en ese momento, con una alegr¨ªa que iluminaba el ambiente, sosteniendo una caja que conten¨ªa algo llamado ¡°juegos de mesa¡±. Nos sumergimos en ellos, riendo y disfrutando como si el tiempo no existiera. De repente, su expresi¨®n cambi¨®. ¡ª?Mierda! ¡ªdijo con evidente preocupaci¨®n. ¡ª?Qu¨¦ pasa? ¡ªpregunt¨® Kiomi, alarmada. ¡ªOlvid¨¦ por completo que ten¨ªa que recoger un postre para traerlo. ?Qu¨¦ hora es? ¡ªmir¨® el reloj con rapidez¡ª. A¨²n hay tiempo. ¡ª Se levant¨® apresuradamente y tom¨® su abrigo, lista para salir. Hice lo mismo. ¡ªYo te acompa?o. ¡ª ¡ªNo te preocupes, puedo ir sola. Voy y vuelvo r¨¢pido. ¡ª ¡ªNo puedo dejarte ir sola. ¡ª Ella dud¨® por un momento, pero finalmente asinti¨®. Camin¨¢bamos juntos por el centro de la ciudad. La luz c¨¢lida del ¨¢rbol de Navidad gigante iluminaba nuestras caras, creando sombras danzantes en el fr¨ªo de la noche. Naoko se adelant¨® un poco, con las manos detr¨¢s de su espalda, jugando con sus dedos como si algo estuviera en su mente. ¡ª?Recuerdas? ¡ªdijo de repente, girando su rostro hacia m¨ª¡ª. Aqu¨ª fue donde nos conocimos. ¡ª Mir¨¦ a mi alrededor y sonre¨ª al recordar. ¡ªTienes raz¨®n. ¡ª ¡ªEl tiempo pasa r¨¢pido, ?no crees? ¡ªSu voz ten¨ªa una mezcla de nostalgia y dulzura. ¡ªS¨ª, lo hace. ¡ª Ella se detuvo un momento y, sin mirarme, dijo con suavidad: ¡ªGracias. ¡ª ¡ª?Por qu¨¦? ¡ª ¡ªDesde que llegaste a mi vida, todo cambi¨®. Aunque no ha sido mucho tiempo, siento que esos d¨ªas han sido los m¨¢s felices de mi vida. Espero que todo siga as¨ª. ¡ª ¡ªYo tambi¨¦n ¡ªrespond¨ª, con un nudo form¨¢ndose en mi garganta. Naoko se gir¨® hacia m¨ª, deteni¨¦ndose frente al ¨¢rbol de Navidad, las luces reflej¨¢ndose en sus ojos llenos de emoci¨®n. ¡ªAntes¡­ no ten¨ªa ganas de vivir. Me sent¨ªa perdida. Pero ustedes¡­ t¨²¡­ me devolvieron eso. Me devolviste la vida. Gracias. ¡ª Gir¨® r¨¢pidamente, caminando hacia atr¨¢s mientras me miraba con una sonrisa juguetona, sus manos a¨²n cruzadas detr¨¢s de ella. ¡ª?Qu¨¦ te parece si vamos por algo solo para nosotros dos? ¡ªpregunt¨®, con un tono que mezclaba ternura y emoci¨®n. ¡ª?No se molestar¨ªan si hacemos eso? ¡ªle dije con una sonrisa que intentaba ocultar mi leve incertidumbre. Naoko inclin¨® su cuerpo ligeramente hacia m¨ª, coloc¨¢ndose a mi altura para que pudiera verla mejor. Su rostro se ilumin¨® con la luz del ¨¢rbol de Navidad, y al poner un dedo frente a sus labios, me mir¨® con una expresi¨®n traviesa. ¡ªEntonces, que sea nuestro secretito ¡ªdijo en un susurro, mientras su sonrisa radiante hac¨ªa que todo a su alrededor pareciera m¨¢s c¨¢lido, incluso en medio del fr¨ªo de la noche. Su vestimenta sencilla y acogedora, combinada con las luces parpadeantes, la hac¨ªa ver m¨¢s linda de lo que me atrev¨ªa a admitir. De camino de regreso, Naoko comenz¨® a llenarme de preguntas, como si quisiera saberlo todo en ese momento. ¡ªOye. ¡ª ¡ª?Qu¨¦ pasa? ¡ª ¡ªSi te dijera que alguien quiere que le ense?es esgrima y a pelear, ?qu¨¦ dir¨ªas? ¡ª ¡ªDepender¨ªa de qui¨¦n lo pide ¡ªrespond¨ª con un tono burl¨®n. ¡ª?Y si te lo pidiera yo? ¡ªpregunt¨®, con una mezcla de timidez y curiosidad. La mir¨¦, sorprendido por su repentina confesi¨®n. ¡ªPodr¨ªa ense?arte, aunque solo lo b¨¢sico. No soy el mejor dando clases. ¡ª ¡ªCon eso me basta. Y m¨¢s que suficiente ¡ªrespondi¨® con una sonrisa tan persistente que parec¨ªa desafiar al fr¨ªo. No pude evitar mirarla de reojo mientras camin¨¢bamos. Aunque llevaba poco abrigo, su presencia hac¨ªa que el ambiente a su lado se sintiera c¨¢lido, casi reconfortante. Cuando regresamos, Lyra corri¨® hacia Naoko, arrastr¨¢ndola para jugar con ella y la abuela. Sus risas llenaron la habitaci¨®n, pero mi atenci¨®n fue capturada por Kiomi, que estaba sola en el balc¨®n. Me acerqu¨¦ a ella, preocupado. ¡ª?Est¨¢s bien? ¡ª ¡ªS¨ª ¡ªrespondi¨® en voz baja, mirando la calle sin girarse hacia m¨ª. ¡ªEstos d¨ªas han sido mejores, ?no crees? ¡ªintent¨¦ animarla. ¡ªTienes raz¨®n ¡ªadmiti¨® despu¨¦s de un momento, con un leve suspiro¡ª. Me encantar¨ªa que mi pap¨¢ viera todo esto. ¡ª Fue entonces cuando not¨¦ c¨®mo una l¨¢grima ca¨ªa silenciosa desde su rostro hacia el suelo. Sin pensarlo, la abrac¨¦, sosteni¨¦ndola con fuerza como si pudiera aliviar un poco de su dolor. ¡ªA m¨ª tambi¨¦n, Kiomi. A m¨ª tambi¨¦n. ¡ª Al final de la noche, el postre que Naoko y yo hab¨ªamos tra¨ªdo se convirti¨® en el centro de atenci¨®n. Entre los cinco lo devoramos r¨¢pidamente, rodeados de risas y momentos que sab¨ªamos que atesorar¨ªamos por mucho tiempo. La noche sigui¨® avanzando con risas, sonrisas y un ambiente c¨¢lido que se sent¨ªa casi irreal, como si nada malo pudiera tocarnos en ese momento. Poco a poco, el sue?o comenz¨® a ganar la batalla. Lyra se hab¨ªa dormido profundamente en el regazo de Kiomi, mientras ella, hincada en el suelo, se apoyaba suavemente sobre mis piernas, vencida por el cansancio. Yo mismo luchaba por mantener los ojos abiertos, el suave resplandor de las luces navide?as frente a m¨ª haci¨¦ndome parpadear con m¨¢s frecuencia. A mi lado, Naoko parec¨ªa igual de somnolienta, sus movimientos lentos y sus palabras arrastradas por el agotamiento del d¨ªa. ¡ªZein ¡ªme llam¨®, apenas un susurro, su voz impregnada de sue?o. ¡ª?Qu¨¦ pasa? ¡ªrespond¨ª, girando levemente hacia ella. ¡ªGracias de nuevo ¡ªdijo, su tono cargado de algo m¨¢s que simple gratitud. ¡ªNo hay de qu¨¦ ¡ªle respond¨ª suavemente, intentando no despertar a las dem¨¢s. Naoko permaneci¨® en silencio por un momento, como si reuniera el valor para decir algo m¨¢s. Finalmente, murmur¨®: ¡ª?Sabes? Eres bastante fuerte... deber¨ªas proteger a las personas, justo como lo hiciste conmigo. ¡ª Su voz tembl¨® ligeramente, pero no por inseguridad, sino por la emoci¨®n contenida. ¡ªTal vez... ¡ªdije, sin saber qu¨¦ m¨¢s a?adir. Antes de que pudiera continuar, sent¨ª c¨®mo su cabeza se apoyaba suavemente en mi hombro. Era un gesto peque?o, pero cargado de confianza y una calidez que me tom¨® por sorpresa. ¡ªGracias, Zein. De nuevo ¡ªrepiti¨®, su voz apenas audible ahora, como si el sue?o la estuviera arrastrando. No respond¨ª. Solo me qued¨¦ en silencio, contemplando las luces parpadeantes frente a m¨ª, que parec¨ªan pintar destellos de esperanza en la oscuridad de la noche. ¡ªFeliz Navidad, Zein... ¡ªfue lo ¨²ltimo que dijo antes de quedarse dormida por completo, su respiraci¨®n tranquila llenando el aire con una paz que hac¨ªa tiempo no sent¨ªa. ¡ªFeliz Navidad ¡ªle respond¨ª en un murmullo, aunque sab¨ªa que ya no pod¨ªa o¨ªrme. Finalmente, el cansancio me venci¨®, y con la suave luz del ¨¢rbol como testigo, me qued¨¦ dormido en el sof¨¢, rodeado por aquellos que hab¨ªan dado un nuevo significado a mi vida. Otro paso mas Pocos d¨ªas pasaron hasta que Naoko me recordara lo impaciente que estaba por aprender. ¡ªOye, Zein ¡ªme llam¨®, con una mezcla de emoci¨®n y decepci¨®n. ¡ª?Qu¨¦ pasa? ¡ª ¡ª?Cu¨¢ndo me vas a ense?ar lo que sabes sobre el uso de la espada? ¡ªpregunt¨®, recarg¨¢ndose sobre la mesa. ¡ªHmm, no lo s¨¦¡­¡ª ¡ªVamos, t¨² me dijiste que me ense?ar¨ªas. ¡ª Me qued¨¦ pensando un momento. Quiero y puedo ense?arle, pero¡­ ?d¨®nde? ¡ªZein ¡ªnos interrumpi¨® Alexander, mientras limpiaba unos vasos¡ª. Hay un patio trasero que pueden usar. Si quieren, se los puedo prestar. ¡ª ¡ª??En serio?! ¡ªexclam¨® Naoko, radiante de felicidad¡ª. ?Muchas gracias! ¡ª Alexander me lanz¨® unas llaves al instante. ¡ªToma. Son las llaves de la puerta trasera; est¨¢ bajo las escaleras, justo frente a la cocina. ¡ª Nos dirigimos hacia el lugar. Aunque llevaba poco tiempo en el caf¨¦, ya hab¨ªa explorado la mayor¨ªa del edificio, pero este rinc¨®n era uno de esos que nunca hab¨ªa visitado. El patio trasero result¨® ser un espacio algo descuidado. Estaba ¡°al aire libre¡±, aunque t¨¦cnicamente solo carec¨ªa de techo, porque los edificios altos a su alrededor bloqueaban casi toda la luz del sol. El pasto estaba demasiado crecido, hab¨ªa un ¨¢rbol marchito en una esquina, y la pintura blanca de las paredes se estaba desprendiendo con el paso del tiempo. ¡ªBueno, manos a la obra ¡ªdije, entrando al caf¨¦ para pedirle a Alexander si pod¨ªa ayudarnos con algunas herramientas. Naoko y yo nos pusimos a trabajar. Pintamos las paredes, cortamos el pasto e hicimos lo posible por darle vida al viejo ¨¢rbol. En muy poco tiempo, logramos transformar el lugar. Incluso instal¨¦ unos mu?ecos de paja para que sirvieran como blanco en las pr¨¢cticas, haciendo que todo pareciera m¨¢s ¡°decente¡±. Finalmente, el patio estaba listo, y pudimos empezar a practicar. ¡ªBien, Naoko, lo primero que debes aprender es fuerza, precisi¨®n y paciencia. Todo eso se resume en un solo entrenamiento, uno bastante dif¨ªcil ¡ªle dije, mientras le entregaba un palo de madera¡ª. Este palo lo reforc¨¦, as¨ª que no se romper¨¢. Lo primero que tienes que hacer es¡­¡ª Hice una pausa intencionada para a?adir un poco de suspenso. ¡ª?Qu¨¦ es? ¡ªpregunt¨®, inclin¨¢ndose hacia adelante con curiosidad. ¡ªTienes que partir aquel mu?eco a la mitad con este palo de madera ¡ªrespond¨ª, se?alando uno de los mu?ecos de paja que hab¨ªa preparado previamente. ¡ª??Qu¨¦?! ¡ªexclam¨®, completamente sorprendida¡ª. ?Eso es pr¨¢cticamente imposible! ¡ª ¡ªZein, ?no crees que es muy pronto para eso? ¡ªintervino Kiomi, visiblemente preocupada. ¡ªNo, de hecho, esa fue la primera lecci¨®n que Thailon me dio cuando empez¨® a ense?arme todo lo que s¨¦. ¡ª ¡ªQu¨¦ raro, a m¨ª me ense?aron eso despu¨¦s de dos a?os de entrenamiento. ¡ª ¡ªAhora que lo pienso, creo que me tom¨® dos meses lograrlo. ¡ª ¡ª??Dos meses?! ¡ªgrit¨® Naoko angustiada¡ª. Si t¨² tardaste dos meses, yo, como m¨ªnimo, me tardar¨¦ medio a?o. ¡ª ¡ªNo pienses as¨ª. T¨² ya tienes conocimientos de esgrima; solo te falta pulir algunos detalles. ¡ª As¨ª comenz¨® el primer ejercicio. Este entrenamiento no solo era desafiante, sino tambi¨¦n una forma r¨¢pida de avanzar significativamente en poder. Durante toda una semana, Naoko se dedic¨® a golpear el mu?eco sin descanso y con una determinaci¨®n admirable. Mientras tanto, yo le explicaba los principios b¨¢sicos del Anima, y poco a poco parec¨ªa estar comprendiendo. Mientras ella practicaba, Kiomi y yo decidimos entrenar juntos, aprovechando el tiempo. Mei, con su amabilidad habitual, nos tra¨ªa bebidas, toallas y comida para mantenernos en forma. Cada d¨ªa, Naoko progresaba un poco m¨¢s. Un d¨ªa, finalmente logr¨® algo significativo: encaj¨® ligeramente el palo en el hombro del mu?eco. Aunque no sab¨ªa exactamente c¨®mo lo hab¨ªa conseguido, estaba radiante de felicidad. ¡ª?Zein, Zein! ¡ªgrit¨® emocionada. ¡ª?Qu¨¦ pasa? ¡ªrespond¨ª, intrigado. ¡ª??Viste?! ?Logr¨¦ hacerle un peque?o corte! ¡ª Saltaba de alegr¨ªa como una ni?a peque?a, a pesar de ser solo dos a?os menor que Kiomi y yo. Era como si, de alg¨²n modo, alguien le hubiera robado su infancia, y ahora, finalmente, pudiera liberarla. El a?o se fue acabando poco a poco, y Naoko se acercaba cada vez m¨¢s a encontrar la forma de cortar el mu?eco por completo. Mientras tanto, le segu¨ªa ense?ando sobre el Anima: esa energ¨ªa que rige todo, que da vida a cada cosa y que puede alterar los par¨¢metros o aspectos de los objetos. Le explicaba c¨®mo, mediante el Anima, un simple palo de madera pod¨ªa afilarse lo suficiente como para cortar a alguien en dos. ¡ªVas mejorando cada vez m¨¢s ¡ªle dije mientras ambos descans¨¢bamos despu¨¦s de un largo d¨ªa de pr¨¢ctica. ¡ªGracias ¡ªrespondi¨® con una sonrisa, visiblemente feliz. ¡ªPuede que incluso llegues a superarme. ¡ª ¡ª??En serio?! ¡ªpregunt¨® con los ojos brillantes de entusiasmo. ¡ªClaro que s¨ª, solo sigue as¨ª. ¡ª Una gran sonrisa se dibuj¨® en su rostro, como si, por primera vez, estuviera realmente orgullosa de s¨ª misma. ¡ªBueno, ya est¨¢ oscureciendo. Es hora de entrar. ¡ª ¡ªSolo un intento m¨¢s ¡ªpidi¨® con determinaci¨®n, aunque sus manos mostraban signos de desgaste por tanto entrenamiento. Algo en ese intento se sent¨ªa diferente. Kiomi y yo nos quedamos atentos, observando cada movimiento. Lo m¨¢s probable era que fuera solo otro intento, como los muchos que ya hab¨ªamos presenciado. Nada especial, pens¨¦. Pero en el momento en que Naoko se posicion¨®, ocurri¨® lo inesperado. Con un movimiento preciso, traz¨® un corte perfecto en diagonal, desde el hombro del mu?eco hasta su cadera. Me qued¨¦ completamente sorprendido. En menos de una semana, Naoko hab¨ªa logrado superar la prueba m¨¢s dif¨ªcil, aquella que garantizaba un incremento significativo en las habilidades de cualquiera que la completara. Ella permaneci¨® quieta, sin decir ni una palabra. ¡ª?Naoko¡­? ¡ªpregunt¨¦, preocupado por su silencio. ¡ª?Siiii! ¡ªgrit¨® finalmente, saltando de emoci¨®n. Corri¨® de un lado a otro y, luego, se abalanz¨® sobre Kiomi con un abrazo. ¡ª?Lo logr¨¦! ?Jajaja! ¡ª ¡ªFelicidades ¡ªle dec¨ªa Kiomi, devolvi¨¦ndole el abrazo con una sonrisa.Ensure your favorite authors get the support they deserve. Read this novel on Royal Road. ¡ªFelicidades ¡ªle dije tambi¨¦n, incapaz de contener la m¨ªa. ¡ªLo hice, maestro ¡ªme dijo Naoko, limpi¨¢ndose las l¨¢grimas de alegr¨ªa. ¡ª?Chicos! ¡ªnos llam¨® Alexander desde la casa, qui¨¦n sabe para qu¨¦. Mientras segu¨ªamos felicit¨¢ndola, entramos juntos. Al cruzar la puerta, Mei nos sorprendi¨® con una ¡°fiesta¡± sorpresa en honor a Naoko. ¡ªA decir verdad, no cre¨ª que lo lograr¨ªas tan r¨¢pido, pero me alegra haber preparado todo a tiempo ¡ªdijo Mei con una sonrisa. La ¡°fiesta¡± era m¨¢s bien una peque?a celebraci¨®n, pero cumpl¨ªa perfectamente su prop¨®sito. ¡ªZein y Kiomi nos contaron lo dif¨ªcil que es lograr lo que acabas de hacer, as¨ª que pensamos que ser¨ªa buena idea celebrarlo. ¡ª ¡ªChicos¡­ ¡ªNaoko parec¨ªa al borde del llanto, esta vez de felicidad. Esperamos un rato m¨¢s para empezar la celebraci¨®n, y hasta la abuela de Naoko se uni¨® para felicitarla. All¨ª est¨¢bamos todos: Mei, Alexander, Lyra, Kiomi, la abuela de Naoko y yo, celebrando un hito tan dif¨ªcil de alcanzar. Desde lo m¨¢s profundo de mi coraz¨®n, me alegraba por ella. No pude evitar pensar en c¨®mo hubiera deseado una celebraci¨®n similar cuando super¨¦ esta prueba por primera vez. Aunque, claro, Thailon me hab¨ªa regalado una espada como reconocimiento en su momento. ¡ªHablando de¡­ ¡ªmurmur¨¦ mientras me acercaba a Naoko con algo escondido detr¨¢s de mi espalda. ¡ªTe tenemos un regalo ¡ªanunci¨® Alexander con una sonrisa¡ª, de parte de los dos. Llev¨¦ mis manos al frente, revelando el objeto que tanto hab¨ªa tratado de ocultar. ¡ªToma, por lograr esta prueba, queremos regalarte esto. ¡ª Era una espada, perfectamente forjada y cuidada. Naoko se qued¨® paralizada por un instante, con los ojos muy abiertos y una expresi¨®n de asombro que no hac¨ªa m¨¢s que crecer. ¡ªS¨¦ que tener armas puede ser un poco complicado aqu¨ª, pero conf¨ªo en que no la usar¨¢s mal¡­¡ª Antes de que pudiera terminar la frase, Naoko se lanz¨® sobre m¨ª, abraz¨¢ndome con toda su fuerza. ¡ªGracias. ¡ª ¡ªDe nada ¡ªrespond¨ª con una sonrisa mientras devolv¨ªa el abrazo. Acto seguido, se abalanz¨® sobre Alexander para abrazarlo tambi¨¦n. ¡ªPor cierto, ?c¨®mo consiguieron la espada? ¡ªpregunt¨® Kiomi con curiosidad, inclinando la cabeza. ¡ªYo la hice ¡ªdijo Alexander con una sonrisa. ¡ª??T¨²?! ¡ªexclamamos todos sorprendidos. ¡ªS¨ª, no creo que sepan que en mi juventud fui un gran herrero. De hecho, fue as¨ª como conoc¨ª a Thailon. ¨¦l me apoyaba en todo. ¡ª ¡ªImpresionante ¡ªdijo Naoko, dej¨¢ndome de abrazar para mirar a Alexander con admiraci¨®n. ¡ªPero igualmente, gracias a todos ¡ªcontinu¨® ¨¦l, agradecido. Despu¨¦s de terminar con la celebraci¨®n y recoger todo, Naoko y su abuela se fueron a su casa. Quedamos en celebrar el a?o nuevo todos juntos en la cafeter¨ªa. La ma?ana del 31 todo transcurr¨ªa con normalidad. Ese d¨ªa, la cafeter¨ªa no abrir¨ªa, as¨ª que solo esper¨¢bamos a Naoko y su abuela como invitados. Naoko segu¨ªa entrenando con Kiomi en la parte de atr¨¢s. Kiomi le estaba ense?ando c¨®mo moverse correctamente durante una pelea, enfoc¨¢ndose en la velocidad y la precisi¨®n. Mientras ayudaba a Alexander a limpiar el lugar, tres hombres de traje entraron por la puerta. Alexander los recibi¨®, pero su rostro mostraba una clara se?al de angustia. Con un gesto de su mano, me hizo una se?a para que fuera atr¨¢s, donde estaban Kiomi y Naoko, y las interrumpiera. Obedec¨ª. Fui con ellas para que dejaran de entrenar y guardaran las armas. Al regresar al sal¨®n, los hombres estaban sentados, las persianas cerradas, y la atm¨®sfera era mucho m¨¢s tensa. Alexander ten¨ªa una expresi¨®n seria. ¡ªSi¨¦ntese, por favor, se?or¡­¡ª ¡ªZein ¡ªrespond¨ª, algo desconcertado. ¡ªBien, se?or Zein, queremos hablar con usted, y nos gustar¨ªa que sus amigas se quedaran tambi¨¦n ¡ªdijo uno de los hombres con tono autoritario. Nos sentamos los cuatro, y el ambiente se volvi¨® a¨²n m¨¢s pesado. No sab¨ªa qui¨¦nes eran, pero parec¨ªa que Alexander y Naoko s¨ª. ¡ªBien, se?or Zein, queremos hacerle unas preguntas, y si es posible tambi¨¦n a su amiga¡­¡ª ¡ªKiomi ¡ªrespondi¨® ella, visiblemente nerviosa. ¡ªUstedes dos¡­ ¡ªempez¨® a decir el hombre, sacando unos papeles de un portafolio que hab¨ªa tra¨ªdo¡ª. Hace aproximadamente una semana y media, ustedes dos y una ni?a aparecieron de la nada en un callej¨®n cualquiera de esta ciudad. No tienen registros de nada, no est¨¢n registrados ante el gobierno, no tienen actas de nacimiento, no tienen pasaporte, no tienen licencias de conducir, no tienen nada. Es como si nunca hubieran existido. Ni siquiera tienen documentos de alguna otra naci¨®n. Y, de la nada, aparecen en este caf¨¦ trabajando de manera ilegal. ¡ª ¡ªPerdone, se?or, yo soy el¡­ el tutor oficial de los dos ¡ªdijo Alexander, intentando aliviar la tensi¨®n de la situaci¨®n. ¡ª?Pero ya son mayores de edad o no? ¡ªpregunt¨® uno de los hombres, con tono inquisitivo. ¡ªBueno, s¨ª¡­ ¡ªrespondi¨® Alexander, algo vacilante. ¡ªSer¨ªa una pena que cerraran este lugar por diversos inconvenientes ¡ªdijo el hombre, sus palabras cargadas de amenaza. ¡ª?Nos est¨¢ amenazando? ¡ªpregunt¨¦, mientras evaluaba si sacar mi espada o simplemente mantenerla oculta. ¡ªNo, claro que no ¡ªrespondi¨® r¨¢pidamente, mientras uno de sus compa?eros le entregaba varios papeles que ten¨ªa guardados en su saco¡ª. De hecho, vengo a pedirles su ayuda. ¡ª Nos pas¨® los documentos cuidadosamente por la mesa. Entre ellos, hab¨ªa un papel escrito a mano, im¨¢genes y mapas. ¡ªVimos c¨®mo logr¨® eliminar a aquel monstruo que apareci¨® hace una semana. Lo elimin¨® con cierta facilidad ¡ªdijo el hombre, y uno de sus compa?eros intervino. ¡ªActualmente, en la regi¨®n norte de Siberia, nuestra naci¨®n ha lanzado una operaci¨®n de ayuda militar a la Federaci¨®n Libre despu¨¦s de que nos pidieran asistencia. Pero¡­¡ª El tercero tambi¨¦n habl¨®, interrumpiendo al segundo. ¡ªLas criaturas con las que nos enfrentamos no son de este mundo. Las balas no les hacen da?o, y sus armas comunes pueden penetrar tanques como si fueran de papel. Poco a poco, est¨¢n ganando terreno. ¡ª ¡ªAh¨ª es cuando llegaron ustedes ¡ªretom¨® el primero, mirando a los dem¨¢s antes de seguir¡ª. Ese monstruo estaba con ellos. No son de ninguna naci¨®n de la que tengamos conocimiento. Miren esto. ¡ª Nos mostr¨® una imagen que mostraba lo que parec¨ªa una bandera. Ten¨ªa un fondo negro, y en el centro, grande y prominente, hab¨ªa un sol negro. Los rayos del sol eran de un rojo oscuro, extendi¨¦ndose hacia los bordes. Sobre el sol negro, hab¨ªa un ¨¢guila blanca, con un dise?o imponente. ¡ªEsta es su bandera. El monstruo tambi¨¦n la llevaba consigo. ?La reconocen? ¡ª Por lo menos, yo no reconoc¨ªa la bandera, pero ese sol negro s¨ª lo conoc¨ªa. Jam¨¢s olvidar¨ªa aquel sol negro que yac¨ªa sobre los cascos de esos soldados. ¡ªQuer¨ªamos pedirles su ayuda para eliminarlos. Sabemos que es un ej¨¦rcito completo, pero¡­¡ª ¡ªLo haremos ¡ªdijo Kiomi con mucha seguridad. ¡ª?Est¨¢s segura, Kiomi? ¡ªpregunt¨® Alexander, tratando de persuadirla de no hacerlo. Al fin y al cabo, ¨¦l sab¨ªa los peligros a los que podr¨ªamos enfrentarnos. ¡ªEstaremos bien, Alexander. Conf¨ªa en nosotros. ¡ª ¡ªPerfecto ¡ªdijo el hombre del traje, al parecer satisfecho con nuestra respuesta. ¡ªPor cierto, ?c¨®mo debemos referirnos a usted? ¡ªpregunt¨® Kiomi. ¡ªPueden llamarme Paul ¡ªrespondi¨® el hombre con una leve sonrisa. Tras eso, nos explic¨® c¨®mo ir¨ªa todo. En cuanto llegara el A?o Nuevo, tomar¨ªamos un avi¨®n directo hacia Siberia, donde dar¨ªamos un peque?o entrenamiento a las tropas. Cualquier cosa que pudiera ayudarlas a combatir. Despu¨¦s de ese entrenamiento, nos dirigir¨ªamos al frente. Ser¨ªa una zona de trincheras de varios kil¨®metros. Estimaron que el ej¨¦rcito enemigo contaba con cerca de 50,000 soldados. Entre nosotros dos y algunos pocos soldados m¨¢s, podr¨ªamos acabar con ellos en unos d¨ªas. ¡ªZein ¡ªme interrumpi¨® Naoko mientras revisaba los documentos. ¡ª?Qu¨¦ pasa? ¡ª ¡ªD¨¦jame ir con ustedes. ¡ª ¡ªNo puedo hacer eso. ¡ª ¡ª?Por qu¨¦ no? ¡ª ¡ªPorque es peligroso. ¡ª ¡ªPuedo ser de ayuda. No ser¨¦ un estorbo. Quiero ayudarles. ¡ª ¡ªNo, ya te dije que no. Es demasiado peligroso. No sabes nada sobre estas personas. ¡ª ¡ª?Y entonces todo este entrenamiento para qu¨¦ me servir¨¢, eh? ¡ªNaoko empez¨® a exaltarse, su voz temblando de frustraci¨®n¡ª. ?Quiero serles de ayuda! D¨¦jenme ir con ustedes. ¡ª ¡ªYa te dije que no¡­¡ª ¡ªPor favor, no quiero ver de nuevo c¨®mo uno de mis seres queridos se va a la guerra para no volver jam¨¢s ¡ªdijo, apretando las manos con fuerza, casi suplicante. ¡ªEst¨¢ bien ¡ªle dije mientras le tocaba el hombro¡ª. Pero habr¨¢ medidas para que no te pase nada. ¡ª Los agentes se fueron y nos dejaron solos. Kiomi y yo entend¨ªamos lo que esto implicaba: esos hijos de puta pusieron sus ojos en este lugar, y ten¨ªa miedo de que nos lo quitaran. Antes de irnos, nos preparamos para todo. Alexander le regal¨® a Kiomi una armadura ligera, pero que la proteger¨ªa. Mientras tanto, Kiomi y yo sac¨¢bamos nuestras cosas que hab¨ªamos guardado al llegar a este lugar. La idea de que Naoko nos acompa?ara a¨²n no me convenc¨ªa, pero su cara me dec¨ªa algo que sus palabras jam¨¢s har¨ªan. Hab¨ªa algo en su mirada que me hac¨ªa entender que no pod¨ªa dejarla atr¨¢s. La noche cay¨®, y est¨¢bamos todos cenando antes de que el pr¨®ximo a?o llegara. Salimos todos para prender fuegos artificiales por la llegada del nuevo a?o. ¡ªZein ¡ªNaoko estaba hincada, prendiendo uno muy peque?o, meramente visual, m¨¢s que nada¡ª. Gracias, por dejarme ir. ¡ª ¡ªDeber¨¢s tener mucho cuidado cuando vayamos, ?eh? ¡ª ¡ªClaro que s¨ª, s¨¦ cuidarme, no soy una ni?a. ¡ª ¡ªClaro, lo que t¨² digas. ¡ª Volte¨¦ a ver a los dem¨¢s. Estaban felices jugando, descansando. Vi a Kiomi junto a Lyra, Lyra corriendo alrededor de Kiomi con los fuegos, como si estuviera tratando de apagarlos mientras corr¨ªa. Las luces coloridas de los fuegos iluminaban sutilmente a Kiomi, su rostro lleno de felicidad resaltaba con las luces. Me sent¨ª aliviado al verla sonre¨ªr, pero tambi¨¦n sent¨ª una presi¨®n pesada en el pecho. Tem¨ªa perder todo. Todo esto. A mis seres queridos. Debo evitar a toda costa que aquellos del sol negro tomen este planeta. Trincheras Tras unos d¨ªas, Paul vino por nosotros y nos llev¨® a lo que parec¨ªa ser una base militar. El avi¨®n era enorme y espacioso, dise?ado m¨¢s para transportar material b¨¦lico que personas. De hecho, ¨¦ramos los ¨²nicos pasajeros, adem¨¢s de Paul. El viaje fue largo, aproximadamente un d¨ªa entero, y dormir en el avi¨®n result¨® inc¨®modo. Hab¨ªamos salido de madrugada, as¨ª que llegamos a Siberia alrededor del mediod¨ªa. Apenas pusimos un pie en tierra, nos asignaron la tarea de entrenar a las tropas sobre los soldados enemigos. A decir verdad, no los hab¨ªamos enfrentado mucho, solo en un par de ocasiones, pero compartimos lo poco que sab¨ªamos. Ayudamos en los entrenamientos cuerpo a cuerpo, explicando las estrategias b¨¢sicas para enfrentarse a enemigos de mayor tama?o y fuerza. ¡ªOigan ¡ªPaul se acerc¨® con una expresi¨®n curiosa. ¡ª?Qu¨¦ pasa, Paul? ¡ªrespond¨ª. ¡ª?Saben manejar armas de fuego? ¡ª?Por qu¨¦ preguntas? ¡ªle dije, algo intrigado. ¡ªMe fij¨¦ en los ejercicios que les est¨¢n ense?ando a los chicos ¡ªrespondi¨®, se?alando el entrenamiento en curso. ¡ª?Y qu¨¦ con eso? ¡ªintervino Kiomi. ¡ªSolo han estado trabajando en combate cuerpo a cuerpo, nada relacionado con armas de largo alcance. ¡ª ¡ªPues... la verdad es que no ¡ªadmit¨ª, hablando por los tres. ¡ª ¡ªBien, no hay problema. Les conseguir¨¦ a alguien que les ense?e. ¡ª ¡ªPaul... ¡ªNaoko lo interrumpi¨®, con un tono preocupado¡ª. ?No habr¨ªa problema si un civil maneja un arma? ¡ª ¡ªNo te preocupes. En el aspecto legal, t¨², Zein y Kiomi est¨¢n registrados como si estuvieran cumpliendo servicio militar. ¡ª ¡ªVaya... ¡ªmurmur¨® Naoko, a¨²n procesando la informaci¨®n. ¡ªPor cierto, tomen ¡ªdijo Paul mientras nos entregaba un paquete de papeles y credenciales¡ª. Ahora no tendr¨¢n problemas legales al no estar registrados. Oficialmente, son parte de la poblaci¨®n de la Nueva Rep¨²blica. ¡ª ¡ªWow, gracias. ¡ª Paul nos llev¨® a lo que parec¨ªa ser una zona de pruebas. Hab¨ªa varias personas disparando y practicando. De entre ellos, un hombre fornido y de aspecto severo se acerc¨® a nosotros con paso firme. ¡ª?Atenci¨®n! ¡ªexclam¨® con voz autoritaria¡ª. ?A partir de hoy, yo ser¨¦ su instructor! ?No soy su amigo ni su compa?ero! ?Pueden dirigirse a m¨ª como ¡°Se?or instructor¡± o ¡°Sargento instructor¡±, nada m¨¢s! ?Est¨¢ claro? ¡ª ¡ªS¨ª... s¨ª, se?or ¡ªrespondimos, algo inseguros. ¡ª?No los escuch¨¦! ??Est¨¢ claro!? ¡ª ¡ª?S¨ª, se?or instructor! ¡ªgritamos al un¨ªsono, con m¨¢s fuerza. El instructor daba algo de miedo, pero no se pod¨ªa negar que sab¨ªa lo que hac¨ªa. Adem¨¢s, ten¨ªa una habilidad natural para explicar de forma clara y directa. ¡ª?Ahora les explicar¨¦ algunos puntos! ¡ªcontinu¨®, con la misma firmeza¡ª. ?Nunca apunten a algo que no quieran destruir! ?Siempre deben asumir que su arma est¨¢ cargada! ?Y, por ¨²ltimo, mantengan el dedo fuera del gatillo hasta que est¨¦n listos para disparar! ?Est¨¢ claro? ¡ª ¡ª?S¨ª, se?or instructor! ¡ª El instructor tom¨® una pistola para empezar la lecci¨®n. ¡ª?Como tenemos muy poco tiempo para prepararlos, solo les ense?ar¨¦ el uso correcto de una pistola! ¡ª Nos fue explicando los puntos paso a paso. Observ¨¦ atentamente c¨®mo posicionaba sus pies al ancho de los hombros, ligeramente adelantados, equilibrando su peso para absorber el retroceso. Naoko, Kiomi y yo intentamos imitarlo lo mejor que pudimos. Mir¨¦ de reojo a Kiomi. Ella se esforzaba en alinear ambas manos firmemente sobre la empu?adura de la pistola, asegur¨¢ndose de que los pulgares apuntaran hacia adelante, tal y como el instructor le indic¨®. Su concentraci¨®n era impresionante. Por otro lado, Naoko parec¨ªa tener m¨¢s dificultades. Me preocup¨¦ un poco al verla, pero el instructor r¨¢pidamente se enfoc¨® en ella, mostrando un lado sorprendentemente paciente. ¡ªA trav¨¦s de la mira del arma, fija tu vista en el objetivo al final del campo ¡ªle dijo, con un tono m¨¢s calmado que el usado con nosotros¡ª. El ojo debe enfocarse en el punto central, mientras mantienes el arma firme. ¡ª Naoko asinti¨®, nerviosa. ¡ªInhala... exhala... ¡ªcontinu¨® el instructor, gui¨¢ndola con precisi¨®n¡ª. Dispara al final de la exhalaci¨®n. Cada disparo debe ser deliberado y preciso. ¡ª Vi c¨®mo Naoko tomaba aire profundamente, tratando de calmar sus nervios mientras segu¨ªa las instrucciones. Su primer disparo no fue perfecto, pero al menos hab¨ªa dado en el blanco. Los tres seguimos las indicaciones del instructor. Al apretar el gatillo por primera vez, el retroceso del arma me tom¨® por sorpresa. Mi hombro absorbi¨® el impacto, pero logr¨¦ mantener la mira m¨¢s o menos en su lugar. Con cada disparo, comenzamos a acostumbrarnos al manejo del arma. Sin embargo, Naoko enfrent¨® un fallo de encendido. El instructor, con una calma que contrastaba con su trato hacia nosotros, le explic¨® pacientemente c¨®mo solucionarlo. Esa diferencia de trato me daba algo de rabia. Mientras que a ella la trataba con suavidad, a nosotros nos lanzaba ¨®rdenes como si fu¨¦ramos simples reclutas. Tras un d¨ªa entero de entrenamiento, finalmente se nos dio luz verde para entrar al campo de batalla. Antes, nos permitieron descansar. Al d¨ªa siguiente, cerca del mediod¨ªa, nos dirigimos a las trincheras. El fr¨ªo era intenso, pero gracias al sol no resultaba insoportable. Seg¨²n nuestras instrucciones, esa noche habr¨ªa una tormenta de nieve, lo que impedir¨ªa cualquier ataque. Nuestra misi¨®n era simple: si el enemigo atacaba, deb¨ªamos contraatacar y dividir la defensa de la zona entre los tres. ¡ªNaoko ¡ªle llam¨¦ antes de separarnos. ¡ª?Qu¨¦ pasa, Zein? ¡ª ¡ªNos vamos a separar un buen rato. Quiero que te cuides, ten cuidado. ¡ª ¡ª?Qu¨¦ eres, mi pap¨¢? ¡ªrespondi¨® con tono burl¨®n, pero con una sonrisa en el rostro. ¡ªAun as¨ª, me preocupo por ti. ¡ª Ella simplemente me devolvi¨® una sonrisa, una de esas llenas de aprecio y calidez. ¡ªLo mismo va para ti, Kiomi. No quiero que te pase nada. ¡ª ¡ªNo te preocupes, s¨¦ cuidarme ¡ªdijo Kiomi con su t¨ªpica seguridad. Nos despedimos y cada uno tom¨® su posici¨®n. ¡­ Cuando me separ¨¦ de los dem¨¢s, me llevaron a una zona alejada de la trinchera, ligeramente elevada. El fr¨ªo era brutal, mucho m¨¢s intenso de lo que hab¨ªa sentido antes. Este era mi primer ¡°trabajo¡±, y no pod¨ªa evitar sentir una mezcla de ansiedad y miedo. Aunque t¨¦cnicamente no estaba sola, ya que hab¨ªa soldados conmigo, no pod¨ªa evitar sentirme aislada sin Zein y Kiomi a mi lado. Esa noche, la tormenta lleg¨® como se hab¨ªa predicho. Una ventisca furiosa azot¨® la zona, oblig¨¢ndonos a refugiarnos en una peque?a estructura techada. Los soldados y yo nos api?amos en busca de calor, mientras afuera otros segu¨ªan en sus puestos. Me sent¨ªa mal por ellos, expuestos al fr¨ªo implacable. Intent¨¦ preguntar por qu¨¦ segu¨ªan all¨ª en esas condiciones, pero la respuesta siempre era la misma: ¡°Es nuestro deber¡±. Me preguntaba qu¨¦ pasar¨ªa en los pr¨®ximos d¨ªas. Solo deseaba ser de ayuda para Zein y Kiomi. Sin embargo, a¨²n no confiaba en mi habilidad con la pistola; cada vez que la sosten¨ªa, mis manos temblaban y no lograba sujetarla bien. Tendr¨ªa que confiar en el combate cuerpo a cuerpo y mi velocidad. El tiempo pasaba lentamente, y el aburrimiento empez¨® a invadirme. Para distraerme, comenc¨¦ a practicar con el anima. Aunque ese nombre nunca me ha convencido, prefiero llamarlo "man¨¢", como en las series y pel¨ªculas de fantas¨ªa. Me ayudaba a creer que estaba en un mundo diferente, lejos de esta cruda realidad.This story has been stolen from Royal Road. If you read it on Amazon, please report it Moldeaba figuras con el man¨¢, dejando volar mi imaginaci¨®n. Las posibilidades parec¨ªan infinitas. Despu¨¦s de todo, el man¨¢ forma parte de todo lo que existe. Era una peque?a forma de evadir el presente, aunque fuera por un momento. El fr¨ªo ambiente dificultaba el descanso, pero mientras intentaba dormir, un silbato ensordecedor me hizo saltar. ¡ª?Nos atacan! ?Nos atacan! ¡ªgritaban las voces afuera. Me levant¨¦ de inmediato y sal¨ª corriendo. Cuando mir¨¦ desde la trinchera, apenas distingu¨ª una mancha negra en la distancia. Sin embargo, al iluminar el ¨¢rea, lo vi con claridad: una oleada de soldados cubiertos con armaduras negras, justo como Zein hab¨ªa descrito. ¡°Recuerda, en cuanto ellos ataquen l¨¢nzate al ataque. No deber¨ªan tener armas de fuego para lastimarte, pero si ese es el caso, regresa a la trinchera. En el combate cuerpo a cuerpo, t¨² tienes ventaja.¡± Repet¨ª sus palabras en mi mente y decid¨ª seguir sus instrucciones. Reforc¨¦ mis piernas con man¨¢ y me lanc¨¦ al ataque a toda velocidad. Los primeros soldados que enfrent¨¦ cayeron f¨¢cilmente; sus cuerpos se part¨ªan con cada golpe certero. Mis movimientos eran r¨¢pidos y fluidos, esquivando y golpeando sin descanso. El resto de los soldados, al ver que todo iba bien, comenzaron a contratacar con apoyo de la artiller¨ªa. El campo se sumi¨® en el caos. Zein ten¨ªa raz¨®n: los enemigos no usaban armas de fuego. Solo portaban espadas, lanzas y escudos. Esto nos dio ventaja, y poco a poco los empuj¨¢bamos de regreso. De pronto, la tormenta se intensific¨®. La nieve ca¨ªa con furia, y la visibilidad se redujo casi a cero. Estaba completamente cegada. Detuve mi avance para evitar herir a alg¨²n aliado por accidente. Entonces, sin previo aviso, sent¨ª un fuerte golpe que me desarm¨®. Antes de poder recuperar mi espada, un soldado enemigo se abalanz¨® sobre m¨ª, tir¨¢ndome al suelo. Sus manos se cerraron sobre mi cuello, apretando con fuerza. Mi visi¨®n se nubl¨® mientras luchaba por respirar. No pod¨ªa respirar. El dolor irradiaba desde mi cuello hasta el pecho y la cabeza, una presi¨®n sofocante que convert¨ªa cada intento de inhalar en un espasmo in¨²til. Mi visi¨®n se nublaba cada vez m¨¢s, con puntos de luz y sombras danzando en el borde de la inconsciencia. Luch¨¦, desesperada por zafarme. Mis manos ara?aban sin direcci¨®n, tratando de apartar a quien me estaba ahorcando, pero era in¨²til. Mis movimientos se volvieron lentos, d¨¦biles, mientras el p¨¢nico y la falta de ox¨ªgeno me consum¨ªan. Intent¨¦ gritar: ¡°?Zein! ?Kiomi! ?Ayuda!¡±, pero nada sal¨ªa. Era como si mi garganta estuviera sellada. Mi coraz¨®n martilleaba en mis o¨ªdos, un ritmo salvaje que se sent¨ªa como si fuera a destrozarme desde adentro. Tirada en la nieve, incapaz de moverme, sent¨ª que mi cuerpo empezaba a ceder. No quiero morir. Haz algo. Hazlo por ellos. Con las pocas fuerzas que me quedaban, mov¨ª desesperadamente las piernas, buscando mi pistola. La sent¨ª all¨ª, justo en mis muslos. Mis dedos torpes lograron aferrarse al arma, pero mis manos temblaban tanto que quitar el seguro parec¨ªa una tarea imposible. El tiempo se ralentizaba mientras mi mente gritaba en desesperaci¨®n. ?Iba a morir aqu¨ª? ?Este ser¨ªa mi fin? Despu¨¦s de tanto, despu¨¦s de encontrar una pizca de felicidad, ?as¨ª terminar¨ªa? Con un ¨²ltimo esfuerzo, apret¨¦ los dientes y lo intent¨¦ de nuevo. Mis dedos encontraron el seguro. Por favor, por favor, que funcione. Y entonces lo sent¨ª: una pizca de esperanza. Con mis ¨²ltimos esfuerzos, levant¨¦ la pistola hasta su barbilla. Mis manos temblaban, pero logr¨¦ apretar el gatillo. Un zumbido inund¨® mis o¨ªdos, y por un momento todo se detuvo. Sent¨ª su cuerpo desplomarse sobre m¨ª, pesado y sin vida. No pod¨ªa moverme. Necesitaba aire. Lo empuj¨¦ con torpeza a un lado y me dej¨¦ caer boca abajo, tosiendo mientras el fr¨ªo de la nieve quemaba mi piel. Respir¨¦ profundamente, sintiendo el dolor punzante en mi garganta. Mierda. Aun recuper¨¢ndome, mi cuerpo temblaba. Pod¨ªa sentir las huellas fantasmales de sus manos alrededor de mi cuello, como si siguieran intentando ahorcarme. Mis manos estaban entumecidas, d¨¦biles. Entonces lo vi. El cuerpo del soldado yac¨ªa a mi lado, con su sangre roja destacando sobre la nieve blanca. Me acerqu¨¦, todav¨ªa temblando. No s¨¦ por qu¨¦ lo hice, pero le quit¨¦ el casco. Y lo vi. Era un humano. Una persona. Alguien como yo. Acabo de matar a alguien. Mi respiraci¨®n, que apenas hab¨ªa recuperado, se volvi¨® err¨¢tica. Mi mente daba vueltas. ?C¨®mo es esto posible? ?No se supon¨ªa que eran de otro planeta? Me qued¨¦ all¨ª, arrodillada en la nieve, mirando el rostro inm¨®vil del soldado. ?Por qu¨¦ mierda son humanos? Tantas cosas hac¨ªan que mi cabeza diera vueltas sin parar. Mi pecho sub¨ªa y bajaba r¨¢pidamente, como si intentara mantenerme conectada a la realidad. Pero no fue suficiente. Me dobl¨¦ sobre m¨ª misma y vomit¨¦ en la nieve, sintiendo un ardor amargo en mi garganta. Me qued¨¦ sentada junto al cuerpo, abrazando mis rodillas mientras mi mente luchaba por encontrar sentido a lo que acababa de hacer. Mat¨¦ a alguien. Soy una asesina. Me repet¨ªa esas palabras una y otra vez, tratando de justificar lo que hab¨ªa pasado. Pero no ten¨ªa otra opci¨®n, ?verdad? ??Verdad?! ¨¦l quer¨ªa matarme, me defend¨ª. Eso es lo que hice, ?no? No fue mi culpa. Mierda. Mis pensamientos eran como un torbellino, llenos de culpa, miedo y dudas. Sent¨ªa como si algo se rompiera dentro de m¨ª. ?Por qu¨¦ carajos vine aqu¨ª? Ah, s¨ª... por ellos. Ellos alegraron mi vida cuando todo era oscuro. Les debo tanto... pero aqu¨ª solo soy un estorbo. Ahora, ?qu¨¦ har¨¦? ?C¨®mo se supone que siga adelante? No puedo. No puedo matarlos sabiendo que son humanos. Simplemente no puedo. El zumbido persistente en mis o¨ªdos era ensordecedor. Mi visi¨®n segu¨ªa borrosa, y aunque mi cuerpo ped¨ªa descanso, sab¨ªa que estaba en un campo de batalla. Aqu¨ª no hay lugar para descansar. Me levant¨¦ tambaleante y empec¨¦ a caminar por la espesa nieve. No hab¨ªa nada. No hab¨ªa nadie. El paisaje era desolador, te?ido de rojo con los cad¨¢veres de aquellos ¡°monstruos¡±. Pero entonces lo vi. Bajo un cuerpo inerte, alguien se escond¨ªa, temblando como una hoja al viento. ¡ªLev¨¢ntate. ¡ª Su cabeza asom¨® lentamente, y pude escuchar su voz quebrada. ¡ªP... ?Por favor, no me hagas da?o! ?Har¨¦ lo que sea, por favor! ¡ª ¡ªQu¨ªtate el casco y no digas nada. ¡ª ¡ªB... Bien. ¡ª Tom¨¢ndolo del brazo desarmado, lo levant¨¦ y lo obligu¨¦ a caminar conmigo. Tal vez, solo tal vez, salvarle la vida podr¨ªa hacerme sentir mejor. Podr¨ªa redimirme, aunque fuera un poco. Tal vez. Mientras lo llevaba, encontr¨¦ a otro soldado. Este parec¨ªa m¨¢s temerario, pero estaba herido, cojeando y con sangre goteando de su pierna. No pod¨ªa hacer nada. ¡ªC¨¢rgalo. ¡ª ¡ªS... S¨ª, claro. ¡ª Y as¨ª, con dos prisioneros, regres¨¦ a las trincheras. No s¨¦ c¨®mo lo logr¨¦; apenas pod¨ªa sentir mis piernas. Pero ellos segu¨ªan vivos, y yo tambi¨¦n. Sab¨ªa que Zein y Kiomi no dejar¨ªan a nadie vivo. Ellos buscar¨ªan protegernos de cualquier amenaza, pero pens¨¦ que tenerlos como prisioneros podr¨ªa ser ¨²til. Quiz¨¢s podr¨ªan proporcionar informaci¨®n valiosa. Quiz¨¢s... Al llegar, los dej¨¦ con los dem¨¢s soldados sin decir una palabra. Mi cuerpo pesaba como si estuviera hecho de plomo. Me dirig¨ª a mi improvisada cama, dej¨¢ndome caer en ella. Y por primera vez en toda la noche, cerr¨¦ los ojos, pero el zumbido en mi cabeza no me dejaba descansar. Fue raro. No pude llorar, aunque sent¨ªa mi alma hecha pedazos, como si algo dentro de m¨ª se hubiera roto irreparablemente. Los d¨ªas siguientes transcurrieron en un ciclo interminable de peleas. Sin descanso. Luch¨¢bamos contra ellos constantemente. Yo trataba de dejar inconscientes a la mayor¨ªa de los que enfrentaba, evitando matar... pero al final, los soldados terminaban con ellos sin piedad. A sangre fr¨ªa. Cuando la ¨²ltima batalla termin¨®, me reun¨ª con Kiomi y Zein. Estaban ocupados interrogando a los prisioneros, sac¨¢ndoles informaci¨®n de cualquier forma necesaria. ¡ª?Oye! ¡ªme gritaron de repente. ¡ª?Lo que hiciste fue incre¨ªble! No pens¨¦ que pudieras hacer algo as¨ª. ?Jajaja! ¡ª Algunos soldados me felicitaban entre risas, diciendo que les hab¨ªa facilitado el trabajo. Pero yo solo pod¨ªa mirar al suelo, con la mirada vac¨ªa, perdida en mis propios pensamientos. ?Incre¨ªble? No lo sent¨ª as¨ª. No me sent¨ªa incre¨ªble. Me sent¨ªa rota. De los prisioneros capturados, tres fueron llevados a la instalaci¨®n para ser interrogados. Zein quer¨ªa encargarse personalmente. Ah¨ª estaban los dos que hab¨ªa salvado y otro que hab¨ªa sobrevivido de milagro. Sin embargo, su estado era deplorable, como si ya estuviera al borde de la muerte. El tercero no resisti¨® mucho tiempo en ese lugar. Muri¨® sin decir una palabra. El segundo, aquel temerario al que hab¨ªa salvado, tambi¨¦n termin¨® muerto. Zein lo asesin¨® sin dudar cuando se neg¨® a hablar. Quedaba uno. El ¨²ltimo. Parec¨ªa de mi edad, temblando de miedo y fr¨ªo, con sangre seca en el rostro y una mirada que reflejaba desesperaci¨®n. No quer¨ªa que le pasara lo mismo. ¡ªZein, d¨¦jamelo a m¨ª ¡ªle ped¨ª con calma. Me acerqu¨¦ al prisionero lentamente, tomando un trapo para limpiar el sudor y la sangre de su rostro. ¡ªMira, ?te acuerdas de m¨ª? ¡ª ¡ªS... s¨ª. T¨² me salvaste. Gracias. ¡ª ¡ªEscucha, necesito que nos digas todo lo que sabes. Zein no dudar¨¢ en matarte si no hablas. No le importar¨ªa tu vida... pero a m¨ª s¨ª. Por favor. ¡ª Mis palabras parecieron alcanzarlo. Lo vi tragar saliva, su mirada cambiando del puro terror a una tenue esperanza. Finalmente, comenz¨® a hablar. Nos cont¨® que eran tropas de la EDI, la organizaci¨®n conocida como el Estado Democr¨¢tico Imperial, tambi¨¦n apodada "Sol Negro" por el s¨ªmbolo que los identificaba. La EDI hab¨ªa puesto sus ojos en la Tierra. Nuestro mundo era el ¨²ltimo basti¨®n de la rebeli¨®n en esta regi¨®n del universo. Para ellos, era hora de que la Tierra cayera, consolidando su poder¨ªo y control absoluto sobre los sistemas estelares. La guerra que est¨¢bamos librando no era solo nuestra. Era algo mucho m¨¢s grande. ¡ªNo hay nadie m¨¢s ¡ªdijo el prisionero con un hilo de voz¡ª. No hay nadie m¨¢s que ustedes. Todo all¨¢ afuera pertenece al EDI, o como algunos lo llaman, el Imperio del Sol Negro. ¡ª Nos mir¨® con una mezcla de resignaci¨®n y terror. Nos advirti¨® con voz temblorosa: ¡ªEs mejor rendirse sin pelear. He visto cosas... En los ¨²ltimos lugares que conquistaron, diezmaron a la poblaci¨®n por completo. Aquellos que resistieron murieron. Todos. ¡ª Hubo un silencio pesado, roto solo por su respiraci¨®n entrecortada. ¡ª¨¦l ya viene ¡ªdijo finalmente, con los ojos abiertos como platos, reflejando un miedo profundo. Zein frunci¨® el ce?o, acerc¨¢ndose m¨¢s. ¡ª?Qui¨¦n viene? ¡ª El prisionero trag¨® saliva, sus palabras apenas audibles. ¡ªNuestro jefe. ¡ª ¡ª?Y qui¨¦n es ese? ¡ªinsisti¨® Zein con dureza. ¡ªEl ser m¨¢s poderoso que he conocido... y el m¨¢s temido. Alguien invencible. ¡ª Sus palabras quedaron flotando en el aire como una amenaza intangible. Un escalofr¨ªo recorri¨® mi cuerpo, aunque trat¨¦ de disimularlo. Invencible. ?C¨®mo luchas contra algo que no puedes vencer? Tras obtener la informaci¨®n, decidieron trasladarlo a la zona norteamericana de la Nueva Rep¨²blica para interrogarlo m¨¢s a fondo. Mientras tanto, nosotros nos quedar¨ªamos aqu¨ª, esperando nuevas ¨®rdenes. Kiomi not¨® mi estado, siempre era perceptiva conmigo. Se acerc¨®, con esa mezcla de dulzura y preocupaci¨®n que sab¨ªa transmitir. ¡ªNaoko, ?est¨¢s bien? ¡ªpregunt¨®, mir¨¢ndome de reojo. ¡ªS¨ª... estoy bien. Solo necesito descansar un poco ¡ªrespond¨ª con una sonrisa d¨¦bil, intentando tranquilizarla. La verdad era que necesitaba descansar desesperadamente. Los ¨²ltimos d¨ªas hab¨ªan sido un infierno constante. Apenas lograba mantenerme en pie, y la falta de sue?o, combinada con el desgaste f¨ªsico y emocional, me estaba pasando factura. Me sent¨¦ junto a Kiomi, dej¨¢ndome llevar por el cansancio. Cerr¨¦ los ojos y apoy¨¦ la cabeza en su hombro. Fue un gesto instintivo, como si en ese peque?o acto de cercan¨ªa pudiera encontrar algo de consuelo. Ella no dijo nada. Simplemente se qued¨® ah¨ª, dejando que descansara. Y por primera vez en d¨ªas, sent¨ª que pod¨ªa relajarme, aunque fuera solo un poco. Acciones Cuando nos separamos en las trincheras, no pod¨ªa dejar de pensar en Naoko. Hab¨ªa algo en sus ojos que me preocupaba, como si estuviera al borde del colapso. Zein siempre ha tenido una fe inquebrantable en ella, y aunque intentaba mantener una expresi¨®n tranquila, pod¨ªa notar el peso de la preocupaci¨®n en su rostro. ¨¦l y yo somos muy diferentes cuando se trata de ocultar lo que sentimos, pero en ese momento, est¨¢bamos en sinton¨ªa. Ambos est¨¢bamos inquietos. Al final del asedio, cuando vi a Naoko de nuevo, algo en m¨ª se quebr¨®. No eran solo las profundas ojeras bajo sus ojos, ni el temblor sutil en sus manos; era su mirada. Esa chispa que siempre la hab¨ªa definido, incluso en las situaciones m¨¢s dif¨ªciles, simplemente ya no estaba. Lo atribu¨ª al cansancio al principio, pero pronto comprend¨ª que hab¨ªa algo m¨¢s profundo. Algo que no pod¨ªa expresar con palabras. Mientras Zein y yo no dud¨¢bamos en acabar con cada enemigo que se interpon¨ªa en nuestro camino, Naoko tom¨® un enfoque distinto. Intent¨® salvar vidas, incluso en medio del caos. Tres prisioneros fueron los ¨²nicos que sobrevivieron, y al final, solo uno habl¨®. Lo que dijo confirm¨® lo que Zein y yo ya sospech¨¢bamos, pero en ese momento, mi mente estaba en otro lugar. En Naoko. Cuando nos reunimos en el interrogatorio, no pod¨ªa dejar de mirarla. Quer¨ªa preguntarle c¨®mo se sent¨ªa, si estaba bien, pero las palabras se atascaban en mi garganta. Quiz¨¢s tem¨ªa escuchar lo que ten¨ªa que decir, o tal vez no quer¨ªa admitir que no sab¨ªa c¨®mo ayudarla. Pero al final, reun¨ª el valor. ¡ªNaoko, ?est¨¢s bien? ¡ªpregunt¨¦, tratando de no sonar demasiado preocupada. ¡ªS¨ª¡­ estoy bien. Solo necesito descansar un poco ¡ªrespondi¨® con una sonrisa d¨¦bil que no alcanz¨® sus ojos. Se sent¨® a mi lado, y antes de darme cuenta, apoy¨® su cabeza en mi hombro. Al verla quedarse dormida de esa manera, tan vulnerable, mi pecho se llen¨® de una mezcla de alivio y tristeza. Alivio porque finalmente estaba descansando, y tristeza porque sab¨ªa que algo dentro de ella estaba quebrado. M¨¢s tarde, dejamos a Naoko en su cama en el peque?o refugio que encontramos en la aldea cercana. Aunque yo misma deber¨ªa haber dormido, el sue?o no lleg¨®. Mi mente no dejaba de dar vueltas. Finalmente, decid¨ª buscar a Zein. Al entrar en su cuarto, lo encontr¨¦ sentado junto a la ventana, mirando el cielo estrellado. Su silueta, iluminada por la suave luz de la luna, parec¨ªa tranquila, pero conoc¨ªa bien esa mirada. Estaba tan inquieto como yo. ¡ªOh, est¨¢s despierta ¡ªdijo al notar mi presencia¡ª. ?No puedes dormir? ¡ª ¡ªNo ¡ªrespond¨ª mientras cerraba la puerta detr¨¢s de m¨ª¡ª. ?Y t¨²? ¡ª ¡ªYo tampoco puedo dormir. ¡ª Nos quedamos en un silencio inc¨®modo durante un buen rato. El sonido del viento golpeando suavemente la ventana era lo ¨²nico que llenaba el vac¨ªo. ¡ªY bien, ?qu¨¦ no te deja dormir? ¡ªpregunt¨® Zein finalmente, rompiendo la quietud con un tono que denotaba tanto curiosidad como preocupaci¨®n. ¡ªEs sobre Naoko ¡ªdije mientras me sentaba en el borde de la cama. Juguete¨¦ con las manos, buscando las palabras adecuadas¡ª. Me preocupa c¨®mo ha estado actuando estos d¨ªas. ¡ª ¡ªS¨ª, la he visto ¡ªrespondi¨® mientras se levantaba y ven¨ªa hacia m¨ª. Se sent¨® a mi lado, y una c¨¢lida sonrisa apareci¨® en su rostro¡ª. A m¨ª tambi¨¦n me preocupa, pero ?sabes? ¡ª ¡ª?Qu¨¦ cosa? ¡ªlo mir¨¦, esperando alguna respuesta que me diera paz. ¡ªS¨¦ que estar¨¢ bien ¡ªdijo con esa certeza tan propia de ¨¦l, como si sus palabras pudieran cambiar el curso de las cosas. ¡ª?C¨®mo lo sabes? ¡ª ¡ªPorque ella es alguien fuerte, alguien alegre. Y en caso de que no logre superarlo, nos tiene a nosotros ¡ªrespondi¨® mientras tomaba una s¨¢bana y la colocaba suavemente sobre mis hombros. Su gesto, aunque simple, me hizo sentir un calor inesperado, como si por un momento todo estuviera bien. Sus palabras resonaron en mi mente. Era cierto. Naoko siempre hab¨ªa sido alguien llena de energ¨ªa, una chispa en cualquier situaci¨®n. Por muy oscura que fuera la tormenta que enfrentaba, cre¨ªa que ella pod¨ªa salir adelante. ¡ªPero algo me sigue mortificando¡­ ?estuvo bien llevarla con nosotros? ¡ª Zein hizo una pausa antes de responder. Sus ojos buscaron algo en la inmensidad del cielo nocturno. ¡ªYo me hago la misma pregunta. ¡ª La noche estaba incre¨ªblemente clara. Las estrellas brillaban con una intensidad inusual, y la luna llena iluminaba el cuarto con su resplandor plateado. ¡ªMira en el cielo ¡ªdijo de repente, se?alando hacia la ventana¡ª. Esas son auroras boreales. Le¨ª sobre ellas alguna vez. Son hermosas, ?no es as¨ª? ¡ª Mir¨¦ hacia donde ¨¦l se?alaba. Las luces danzantes te?¨ªan el cielo de verdes y azules, como un sue?o hecho realidad. ¡ªS¨ª¡­ son muy hermosas. ¡ª Me levant¨¦ y tom¨¦ la misma s¨¢bana con la que Zein me hab¨ªa cubierto. Sin pensarlo mucho, la coloqu¨¦ sobre sus hombros, asegur¨¢ndome de que ¨¦l tambi¨¦n estuviera abrigado. ¡ª?Crees que estaremos bien? ¡ªle pregunt¨¦, recostando mi cabeza en su hombro. ¨¦l no respondi¨® de inmediato. Cuando gir¨¦ mi rostro para mirarlo, su expresi¨®n me sorprendi¨®. Hab¨ªa un miedo silencioso en sus ojos, una angustia que no lograba ocultar. ¡ªMientras estemos juntos, nada nos pasar¨¢, ?verdad? ¡ªintent¨¦ decir con firmeza, buscando consolarlo tanto a ¨¦l como a m¨ª misma. ¡ªTienes raz¨®n ¡ªrespondi¨®, oblig¨¢ndose a esbozar una sonrisa. Pero hab¨ªa algo m¨¢s detr¨¢s de esas palabras, algo que no pod¨ªa ignorar¡ª. Ese d¨ªa, cuando Naoko me pidi¨® ir con nosotros, no pude decirle que no. Algo de lo que dijo me lleg¨® directo al pecho. Si lo que le pasa ahora es por mi culpa, yo¡­¡ª Puse mi mano sobre la suya, deteni¨¦ndolo antes de que pudiera decir algo m¨¢s que lo hiriera. ¡ªNo te mortifiques por eso, Zein. Has hecho las cosas bien. Le has ense?ado m¨¢s de lo que crees, y estoy segura de que ella tambi¨¦n lo sabe. Aunque a¨²n le falten muchas cosas por aprender, ella seguir¨¢ ah¨ª. ¡ª Lo mir¨¦ mientras hablaba, deseando que mis palabras lograran tranquilizarlo. Por un instante, su expresi¨®n se suaviz¨®. Sus ojos se encontraron con los m¨ªos, y el peso que ambos llev¨¢bamos se sinti¨® un poco m¨¢s ligero. ¡ªMe alegra que est¨¦s a mi lado ¡ªdijo Zein con voz suave, mientras reposaba cuidadosamente su cabeza sobre la m¨ªa. ¡ªA m¨ª tambi¨¦n ¡ªrespond¨ª, sintiendo c¨®mo su calor y cercan¨ªa disipaban un poco la inquietud de la noche. Nos quedamos as¨ª, mirando el cielo estrellado, sin decir nada m¨¢s. El silencio que compartimos no era inc¨®modo; al contrario, era un refugio. Ninguno de los dos pudo dormir esa noche, pero tampoco nos import¨®. Est¨¢bamos juntos, y eso parec¨ªa suficiente. Al d¨ªa siguiente, despu¨¦s de descansar lo poco que pudimos, salimos juntos a almorzar en la cafeter¨ªa del complejo. El ambiente ah¨ª era distinto. Los soldados nos saludaban con entusiasmo, agradeci¨¦ndonos con sonrisas genuinas. Parec¨ªan aliviados, felices de que el asedio hubiese sido un ¨¦xito. Zein respondi¨® a las palabras de los soldados con una expresi¨®n serena pero orgullosa. Era evidente que se alegraba de que las cosas estuvieran mejorando, aunque una parte de su mente segu¨ªa preocupada. Sin embargo, mientras todo parec¨ªa volver lentamente a la normalidad, Naoko segu¨ªa siendo la excepci¨®n. Su rostro manten¨ªa las mismas ojeras profundas y una mirada perdida, incluso despu¨¦s de haber descansado. Cada vez que la observaba, no pod¨ªa evitar sentir un nudo en el est¨®mago. Mientras com¨ªamos, varios soldados se acercaron a Naoko. La llenaron de elogios y agradecimientos por lo que hab¨ªa hecho durante el asedio. Ella trat¨® de sonre¨ªr, de responder con cortes¨ªa, pero algo en su expresi¨®n parec¨ªa roto, incompleto. Zein, por otro lado, se ve¨ªa orgulloso de ella. Para ¨¦l, esto era una prueba de lo fuerte que se hab¨ªa vuelto. Fue entonces cuando Naoko llev¨® sus manos a la cabeza, murmurando algo que no logramos entender. Su rostro reflejaba un dolor que parec¨ªa estar consumi¨¦ndola. ¡ªNaoko¡­ ¡ªcomenc¨¦ a decir, acerc¨¢ndome para tocar su brazo con delicadeza, pero en cuanto mi mano la roz¨®, ella me apart¨® de un golpe repentino.This content has been misappropriated from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. ¡ª?Naoko? ¡ªpregunt¨¦, con una mezcla de preocupaci¨®n y temor. Su rostro me dej¨® sin palabras. Estaba llena de terror, desesperaci¨®n, como si estuviera viendo algo que nosotros no pod¨ªamos percibir. Sus ojos se mov¨ªan fren¨¦ticamente, y su respiraci¨®n era irregular. ¡ªPerd¨®n¡­ ¡ªmurmur¨® con la voz quebrada. De repente, se levant¨® de la mesa y sali¨® apresuradamente. Zein y yo intercambiamos miradas de alarma antes de levantarnos para seguirla. ¡ª?Naoko! ¡ªgrit¨® Zein, pero ella no se detuvo. Mientras m¨¢s corr¨ªamos tras ella, m¨¢s r¨¢pido parec¨ªa alejarse. La seguimos por todo el complejo, girando en pasillos y subiendo escaleras. Cada vez que pens¨¢bamos que est¨¢bamos cerca, ella desaparec¨ªa de nuestra vista. Fue entonces cuando lo vimos. Unas peque?as manchas de sangre marcaban el suelo, creando un camino que nos llev¨® a correr a¨²n m¨¢s r¨¢pido. ¡ª?Naoko! ¡ªgrit¨¦, mi voz quebr¨¢ndose por la desesperaci¨®n. La angustia crec¨ªa en mi pecho. ?Qu¨¦ le hab¨ªa pasado? ?Por qu¨¦ hab¨ªa sangre? ?Estaba herida? Las preguntas se acumulaban en mi mente, pero ninguna ten¨ªa respuesta. Finalmente, la encontramos. Estaba sentada en el suelo de un pasillo oscuro y fr¨ªo, abrazando sus rodillas con fuerza. Su cuerpo temblaba, y sus sollozos eran apenas audibles. ¡ªNaoko¡­ ¡ªmurmur¨® Zein mientras se acercaba lentamente¡ª. ?Qu¨¦ es lo que pasa? ¡ª ¡ªYo¡­ yo¡­ ¡ªbalbuce¨®, su voz rota y al borde del llanto. Me arrodill¨¦ a su lado, colocando una mano sobre su hombro con cuidado, temiendo que volviera a alejarse. ¡ªVamos, Naoko. Sea lo que sea, puedes dec¨ªrnoslo ¡ªdije con la voz m¨¢s suave que pude reunir, aunque mi coraz¨®n lat¨ªa con fuerza, esperando que confiara en nosotros. Sus l¨¢grimas comenzaron a caer mientras apretaba su rostro contra sus rodillas, como si intentara ocultar su dolor. Algo en su interior se estaba rompiendo, y yo solo deseaba poder ayudarla antes de que fuera demasiado tarde. ¡ªEllos¡­ ellos se supon¨ªa que eran de otro planeta, ?no? ??No!? ¡ªdijo Naoko, su voz temblando entre el miedo y la confusi¨®n¡ª. Yo lo mat¨¦¡­ mat¨¦ a alguien, pero¡­ ?¨¦l quer¨ªa matarme! Intent¨® matarme¡­ Entonces no hay problema, ??no es cierto!? ¡ª Sus palabras se atropellaban, llenas de desesperaci¨®n. Su rostro, torcido por el p¨¢nico, era casi irreconocible. Hab¨ªa algo en su mirada que me asustaba. No quer¨ªa verla as¨ª, tan rota, tan perdida. ¡ª??Por qu¨¦!? ?Por qu¨¦ se supon¨ªa que ¨¦l fuera un humano? ¡ªcontinu¨®, con la voz quebr¨¢ndose mientras sus manos temblorosas cubr¨ªan su rostro¡ª. ?Por qu¨¦ todos ellos lo eran? Le arrebat¨¦ la vida a alguien¡­ no soy muy diferente a ellos. Aun as¨ª, ¨¦l quer¨ªa matarme, solo me defend¨ª. ?No estuvo mal lo que hice! ?Verdad? ¡ª Se agarr¨® la cabeza, como si quisiera arrancarse los pensamientos que la atormentaban. ¡ªSus manos fr¨ªas¡­ a¨²n puedo sentirlas. ?Por qu¨¦? ¡ªdijo en un susurro desgarrador mientras las l¨¢grimas comenzaban a rodar por sus mejillas. Antes de darme cuenta, mis brazos ya estaban rode¨¢ndola. Fue instintivo, algo que no plane¨¦, pero sent¨ª que deb¨ªa hacerlo. ¡ªYa, ya¡­ ¡ªsusurr¨¦, tratando de calmarla mientras sus sollozos aumentaban¡ª. No fue tu culpa, Naoko. No tienes la culpa de nada. ¡ª ¡ªPero¡­ ¡ªapenas pod¨ªa hablar, su voz ahogada por el llanto. Zein permanec¨ªa de pie, inm¨®vil. Sus ojos reflejaban una mezcla de dolor y culpa, como si quisiera hacer algo, pero no supiera c¨®mo. Su incapacidad para actuar lo hac¨ªa parecer m¨¢s peque?o, m¨¢s vulnerable. Con una se?a de mi mano, le indiqu¨¦ que se arrodillara y se uniera al abrazo. Dud¨® por un momento, pero luego se acerc¨® lentamente, rode¨¢ndola con sus brazos. Ah¨ª estuvimos los tres, arrodillados en el suelo fr¨ªo, abraz¨¢ndola mientras trat¨¢bamos de contener sus l¨¢grimas. El tiempo parec¨ªa haberse detenido. En mi mente, una vieja herida comenz¨® a abrirse. Record¨¦ la primera vez que tom¨¦ una vida. Fue diferente para m¨ª. No sent¨ª el peso que ahora la aplastaba a ella. Mi odio y mi sed de venganza hab¨ªan amortiguado cualquier remordimiento. Pero Naoko¡­ ella no era como yo. No hab¨ªa querido hacerlo. No sab¨ªa contra qu¨¦ o contra qui¨¦n estaba peleando. Su dolor era puro, real. Y eso me dol¨ªa a¨²n m¨¢s. Pas¨® un tiempo en ese silencio roto solo por sus sollozos, hasta que unos pasos r¨¢pidos y peque?as voces nos interrumpieron. ¡ª?Ya volvimos, se?orita! ?Traemos vendas! ¡ªgritaron dos ni?os, jadeando por el esfuerzo. Eran peque?os, no m¨¢s de cinco o seis a?os, pero sus rostros estaban llenos de determinaci¨®n. Cuando nos vieron, se detuvieron de golpe, claramente sorprendidos. ¡ª?Qu¨¦ bien que alguien lleg¨® para ayudarla! ¡ªdijo uno de ellos, con una sonrisa nerviosa. ¡ªKiomi¡­ ¡ªmurmur¨® Zein de repente, se?al¨¢ndome con el rostro. Mir¨¦ hacia abajo y not¨¦ algo que no hab¨ªa percibido antes. Una mancha de sangre se extend¨ªa por mi costado. Una de sus heridas se hab¨ªa abierto durante la persecuci¨®n, pero en mi preocupaci¨®n por Naoko, ni siquiera lo hab¨ªa notado. ¡ª?Pueden ayudarla? ¡ªpregunt¨® uno de los ni?os, con ojos suplicantes. ¡ªClaro ¡ªrespondi¨® Zein con determinaci¨®n, tomando las vendas de las manos del ni?o. Con movimientos r¨¢pidos pero cuidadosos, le hicimos un vendaje improvisado para detener la hemorragia. No dijo nada mientras trabajaba, pero su expresi¨®n era tensa, cargada de preocupaci¨®n. ¡ªTenemos que llevarla a la enfermer¨ªa ¡ªdijo finalmente, con un tono que no admit¨ªa discusi¨®n. Asent¨ª, levant¨¢ndome con esfuerzo mientras Zein tomaba a Naoko en brazos. Ella parec¨ªa agotada, demasiado d¨¦bil para protestar, pero sus ojos estaban a¨²n h¨²medos, como si las l¨¢grimas no hubieran terminado de caer. Los dos ni?os nos siguieron de cerca mientras nos dirig¨ªamos a la enfermer¨ªa. Sus peque?as voces trataban de animarnos, como si entendieran la gravedad de la situaci¨®n y quisieran ayudarnos de cualquier forma posible. Cada paso dol¨ªa, tanto f¨ªsica como emocionalmente. Pero sab¨ªa que no pod¨ªamos detenernos. Naoko nos necesitaba. Y por encima de todo, no pod¨ªamos dejar que se hundiera en ese abismo oscuro que comenzaba a devorarla. Tras unas horas de espera, finalmente nos permitieron verla. Naoko estaba recostada, con un vendaje limpio cubriendo sus heridas, pero su expresi¨®n reflejaba m¨¢s verg¨¹enza que alivio. ¡ªPerd¨®n¡­ ¡ªmurmur¨®, evitando mirarnos directamente¡ª. Perd¨®n por todo esto. ¡ª ¡ªNo tienes que disculparte ¡ªle respond¨ª con firmeza, sent¨¢ndome a su lado. ¡ª?Qu¨¦ bien que est¨¢ mejor, se?orita! ¡ªexclam¨® el mayor, con gran entusiasmo, mientras que el menor asent¨ªa t¨ªmidamente detr¨¢s de ¨¦l. ¡ªMuchas gracias a ustedes tambi¨¦n ¡ªdijo Naoko, dedic¨¢ndoles una d¨¦bil sonrisa. Aprovech¨¦ la pausa para dirigir mi atenci¨®n a los ni?os. ¡ªY bien, ?qui¨¦nes son estas dos criaturitas? ¡ªpregunt¨¦ amablemente, inclin¨¢ndome un poco hacia ellos. ¡ª?Yo soy Maxim Sokolov! ¡ªrespondi¨® el mayor, inflando el pecho con orgullo¡ª. ?Y este es mi hermano Viktor Sokolov! ¡ª ¡ªUn gusto¡­ ¡ªmurmur¨® Viktor, escondi¨¦ndose ligeramente detr¨¢s de Maxim. ¡ªMuchas gracias por cuidar de nuestra amiga ¡ªles dije, acariciando suavemente la cabeza de Viktor, quien pareci¨® relajarse un poco bajo mi gesto. Zein, con una sonrisa curiosa, les hizo una pregunta. ¡ªPor cierto, ?cu¨¢ntos a?os tienen? ¡ª ¡ª?Nosotros, los hermanos Sokolov, tenemos cinco grandes a?os! ¡ªexclam¨® Maxim con entusiasmo, alzando la mano como si estuviera anunciando algo importante. Era imposible no sonre¨ªr ante su energ¨ªa contagiosa. Maxim irradiaba alegr¨ªa, mientras que Viktor parec¨ªa compartirla, aunque prefer¨ªa permanecer en un segundo plano, t¨ªmido pero atento. Los d¨ªas siguientes fueron tranquilos, aunque Naoko no pudo salir de la enfermer¨ªa. La herida que se abri¨® durante la pelea hab¨ªa empeorado, y los m¨¦dicos insistieron en que deb¨ªa quedarse en reposo absoluto para evitar complicaciones. Sin embargo, a pesar de su condici¨®n, Naoko comenz¨® a recuperar su esp¨ªritu. Los hermanos Sokolov fueron una gran ayuda en eso. Cada d¨ªa llegaban con nuevas historias, juegos y preguntas, llenando la enfermer¨ªa de risas infantiles. Pasaban horas junto a ella, haciendo todo lo posible por alegrarle el d¨ªa. Nosotros tambi¨¦n permanecimos a su lado. Zein y yo nos turn¨¢bamos para asegurarnos de que nunca estuviera sola. Aunque no lo dec¨ªa en voz alta, Naoko apreciaba nuestra compa?¨ªa, y poco a poco su semblante se volvi¨® m¨¢s ligero. Cuando los m¨¦dicos confirmaron que su recuperaci¨®n iba por buen camino, Paul decidi¨® que era hora de regresar a casa. Antes de partir, los hermanos Sokolov se despidieron de Naoko entre l¨¢grimas. ¡ª?Prom¨¦tenos que volver¨¢s alg¨²n d¨ªa! ¡ªle dijo Maxim, con los ojos llenos de emoci¨®n. ¡ªLo prometo ¡ªrespondi¨® Naoko, inclin¨¢ndose para abrazarlos¡ª. Cuando todo esto termine, regresar¨¦ a visitarlos. ¡ª ¡ª?Nosotros cuidaremos la aldea hasta entonces! ¡ªafirm¨® Maxim con una determinaci¨®n que parec¨ªa demasiado grande para alguien de su edad. Viktor, por su parte, simplemente asinti¨®, pero su mirada reflejaba la misma resoluci¨®n. El viaje de regreso fue tranquilo. Cuando llegamos, Alexander, Mei y Lyra nos recibieron con sonrisas c¨¢lidas. Despu¨¦s de tantos d¨ªas fuera, sentirnos de nuevo en casa fue un alivio indescriptible. Lyra corri¨® hacia m¨ª, aferr¨¢ndose a mi brazo con una mezcla de alegr¨ªa y alivio. ¡ª?Al fin est¨¢n de vuelta! ¡ªexclam¨®, mientras Mei se acercaba para inspeccionar r¨¢pidamente si ten¨ªamos alguna herida nueva. ¡ªEs bueno estar en casa ¡ªmurmur¨® Zein, dejando escapar un suspiro que parec¨ªa llevarse consigo el peso de los ¨²ltimos d¨ªas. Y as¨ª, aunque nuestras mentes segu¨ªan ocupadas con los recuerdos de lo que hab¨ªamos vivido, hab¨ªa una sensaci¨®n de paz al estar rodeados de quienes m¨¢s nos importaban. Alguien m¨¢s estaba en el lugar: Aiko, la hija de Mei y Alexander. Hab¨ªa estado fuera durante las fiestas visitando a sus abuelos. Por lo que vi, se hab¨ªa hecho muy amiga de Lyra en el tiempo que estuvimos ausentes. Los meses pasaron, y Aiko poco a poco comenz¨® a acostumbrarse a nosotros. Al principio parec¨ªa t¨ªmida, pero con el tiempo su actitud se volvi¨® m¨¢s relajada. Este periodo fue sorprendentemente tranquilo. A pesar de nuestras preocupaciones iniciales, no hubo rastro alguno de tropas del EDI acerc¨¢ndose ni de ning¨²n otro incidente sospechoso. De vez en cuando, Paul pasaba por el caf¨¦ para ponernos al tanto de la situaci¨®n, pero todo parec¨ªa estar bajo control. Seguimos con nuestras actividades diarias. Naoko mostr¨® una notable mejor¨ªa en su salud; con el paso del tiempo, lleg¨® al punto de parecer completamente recuperada, como si nada hubiera pasado. Una tarde, mientras trabaj¨¢bamos, la televisi¨®n transmit¨ªa un programa en vivo. ¡ªBueno, como invitado especial tenemos al Ranger Rojo. ?Denle una c¨¢lida bienvenida! ¡ªanunci¨® el presentador con entusiasmo. ¡ª?Qui¨¦n es ese? ¡ªpregunt¨® Zein, frunciendo el ce?o mientras observaba la pantalla. ¡ªAh, es cierto que ustedes no los conocen ¡ªrespondi¨® Naoko, sent¨¢ndose a nuestro lado¡ª. ¨¦l es parte de un grupo llamado "Los Rangers". B¨¢sicamente son como superh¨¦roes. Aparecieron hace unos 12 a?os y se hicieron famosos por su ayuda a la poblaci¨®n. ¡ª ¡ªVaya ¡ªmurmur¨® Zein, intrigado. ¡ª?Y d¨®nde estaban cuando apareci¨® ese ogro o lo que fuera? ¡ªpregunt¨¦, cruz¨¢ndome de brazos con escepticismo. ¡ªF¨ªjate que yo me hago la misma pregunta ¡ªrespondi¨® Naoko con una mueca de frustraci¨®n. De repente, un estruendo estremecedor sacudi¨® el suelo, seguido de una explosi¨®n. El impacto fue tan fuerte que los vidrios temblaron, y las personas en el caf¨¦ se miraron entre s¨ª con p¨¢nico. ¡ª??Qu¨¦ est¨¢ pasando?! ¡ªexclam¨® Zein, poni¨¦ndose de pie de inmediato. Corrimos hacia la puerta y salimos para ver qu¨¦ ocurr¨ªa. La calle estaba sumida en el caos: personas corr¨ªan de un lado a otro, gritando aterradas, mientras una espesa nube de humo negro se alzaba a lo lejos. En medio del tumulto, vimos a Paul acerc¨¢ndose a toda velocidad. Se detuvo frente a nosotros, respirando con dificultad mientras intentaba recuperar el aliento. ¡ª?Chicos, chicos! ¡ªjade¨®¡ª. Son las tropas del EDI¡­ est¨¢n aqu¨ª. Y no solo eso¡­ han venido junto al jefe del que nos habl¨® el prisionero. ¡ª Un escalofr¨ªo recorri¨® mi espalda. No pod¨ªa creerlo. ?De verdad hab¨ªan llegado tan r¨¢pido? Hab¨ªa esperado que los hubi¨¦ramos ahuyentado, que mis pensamientos optimistas fueran ciertos. Pero no lo eran. Ahora estaban aqu¨ª, y lo peor estaba por venir. Verdant En cuanto Paul vino hacia nosotros y salimos, la escena me puso los pelos de punta. Una gran nube de humo se alzaba en el fondo, mientras la gente corr¨ªa de un lado a otro, desesperada por escapar. ¡ª?Kiomi! ?Naoko! ¡ªles grit¨¦ para que fu¨¦ramos a ayudar. ¡ª?S¨ª! ¡ªrespondieron al un¨ªsono. Salimos de la cafeter¨ªa lo m¨¢s r¨¢pido posible, y Alexander nos acompa?¨®. ¡ªAlexander, ser¨ªa mejor que te quedaras en el caf¨¦ ¡ªle dije, preocupado por ¨¦l. ¡ªNo te preocupes, no estoy tan viejo. Adem¨¢s, ?qui¨¦n va a ayudar a evacuar a las personas? ¡ª Sinceramente, no hab¨ªa pensado en eso. Mi mente estaba centrada en la invasi¨®n y en el jefe del que hablaba aquel prisionero. Al llegar, nos posicionamos en la cima de un edificio, lo suficientemente alto como para no ser vistos. Hab¨ªa soldados por todas partes, junto con numerosos ogros similares al que enfrent¨¦ cuando llegu¨¦. Desde esta perspectiva, quedaba claro que lo ocurrido en Siberia no fue m¨¢s que una simple distracci¨®n o advertencia. En el suelo estaba el que parec¨ªa ser su l¨ªder. Se alzaba como una figura imponente, una mezcla de naturaleza y algo casi mec¨¢nico. Su cuerpo parec¨ªa una compleja armadura viviente: las extremidades robustas y musculosas estaban recubiertas por una textura similar a la madera, con l¨ªneas curvas y patrones que evocaban las vetas de un ¨¢rbol. En las articulaciones, una savia brillante, casi l¨ªquida, de color blanco verdoso, se mov¨ªa con cada gesto, emitiendo un leve resplandor. Parec¨ªa ser parte de su cuerpo, tanto su sangre como su energ¨ªa vital. Sobre su cabeza, una especie de casco con forma de corona rodeaba lo que parec¨ªa ser una esfera brillante y pulsante, como si albergara la esencia misma de su ser. Este "casco" no era de metal, sino de una madera oscura y pulida que irradiaba una sensaci¨®n de poder ancestral. Su rostro, aunque vagamente humanoide, ten¨ªa rasgos que romp¨ªan con cualquier familiaridad: una boca visible, pero en lugar de orejas, dos largos ap¨¦ndices que recordaban ramas o antenas se alzaban hacia los lados, vibrando ligeramente, como si percibieran su entorno. No tenia ojos, esa parte estaba completamente tapada por lo que parec¨ªa su casco. Su postura era la de un l¨ªder indiscutible. Con los brazos cruzados sobre el pecho, irradiaba una confianza y autoridad que parec¨ªan casi tangibles. Cada paso que daba hac¨ªa temblar ligeramente el suelo bajo ¨¦l, como si estuviera conectado con la misma tierra. Hab¨ªa en ¨¦l una mezcla perfecta de majestuosidad natural y una amenaza palpable. Frente a ¨¦l estaba aquel Ranger Rojo, de pie, claramente herido pero sin mostrar una pizca de miedo. Me preguntaba c¨®mo hab¨ªa llegado tan r¨¢pido si hace poco estaba en televisi¨®n, transmitiendo en vivo. Los otros Rangers yac¨ªan en el suelo: el Verde, el Amarillo, el Rosa, el Azul. Todos parec¨ªan muertos. Pero ¨¦l segu¨ªa ah¨ª, con una sonrisa en su rostro, emanando una confianza casi absurda. Su traje rojo brillaba intensamente, llamativo como un faro en medio de la destrucci¨®n, como si declarara al mundo que un h¨¦roe a¨²n permanec¨ªa en pie. Entonces, se agach¨® y recogi¨® unos lentes vistosos del suelo, ajust¨¢ndoselos con un gesto teatral. ¡ª?No se preocupen! ¡ªgrit¨® mientras levantaba su brazo apuntando al cielo¡ª. ?Siempre que haya luz, hay esperanza! ¡ª ¡ª?Se volvi¨® loco? ¡ªpregunt¨® Naoko, perpleja. A decir verdad, yo tambi¨¦n podr¨ªa pensar lo mismo, pero hab¨ªa algo en ¨¦l que no parec¨ªa locura... era diferente. ¡ªSimio calvo est¨²pido, ?no has tenido suficiente? ¡ªdijo el l¨ªder, con voz grave y despectiva. ¡ªJejeje... ¡ªel Ranger Rojo solt¨® una risa breve, cargada de confianza¡ª. ?Con un poco de determinaci¨®n, puedes lograr lo que sea! ?No importa la situaci¨®n! ?No importa el momento! ?Si tienes determinaci¨®n, puedes cortar hasta los mismos cielos! ¡ª Era como si estuviera grabando un comercial de televisi¨®n, pero esta vez no ten¨ªa p¨²blico. Sin embargo, esa gran sonrisa segu¨ªa inamovible en su rostro. ¡ªYa me cans¨¦ de ti ¡ªgru?¨® el jefe¡ª. ?Prep¨¢rate, simio calvo! ¡ª La plaza central vibraba con la tensi¨®n. Los habitantes que no hab¨ªan logrado huir se ocultaban tras las ruinas, observando con miedo y asombro. Por un lado, la figura imponente del jefe; por el otro, el Ranger Rojo, avanzando con esa sonrisa desafiante que parec¨ªa desafiar al mismo destino. El jefe alz¨® su brazo derecho, que se extendi¨® como una rama en expansi¨®n, directo hacia el Ranger Rojo. La velocidad del ataque era impresionante, pero el Ranger, con reflejos afinados, se lanz¨® a un lado, esquiv¨¢ndolo con gracia. ¡ª?Eso es todo lo que tienes? ¡ªse burl¨®, con una sonrisa amplia, mientras daba un giro y corr¨ªa hacia su enemigo. Cada golpe que lanzaba el Ranger chocaba con el cuerpo del jefe con un sonido sordo. La armadura no mostraba siquiera una grieta. A pesar de ello, el Ranger no se deten¨ªa. Saltaba, rodaba, lanzaba patadas y pu?etazos, manteniendo su velocidad para evitar las r¨¦plicas del jefe. Desde nuestra posici¨®n observ¨¢bamos con atenci¨®n. ¡ªEs r¨¢pido... pero no parece estar logrando nada ¡ªmurmur¨¦, preocupado. ¡ªEst¨¢ buscando un punto d¨¦bil ¡ªintervino Kiomi, con los ojos entrecerrados, analizando cada movimiento. De repente, el suelo bajo el Ranger se resquebraj¨®. Un tronco masivo emergi¨® con una fuerza brutal, golpe¨¢ndolo de lleno y lanz¨¢ndolo contra una pared cercana. El impacto levant¨® una nube de polvo, y por un momento, todo qued¨® en silencio. El jefe permanec¨ªa inm¨®vil, observando el lugar donde el Ranger hab¨ªa ca¨ªdo. Pero entonces, una risa rompi¨® el silencio. ¡ª?Eso s¨ª que doli¨®! ¡ªEl Ranger Rojo emergi¨® de entre los escombros. Su traje estaba rasgado, sus lentes rotos, y un hilo de sangre corr¨ªa por su frente. Pero su sonrisa segu¨ªa ah¨ª, deslumbrante, como si el dolor no fuera m¨¢s que un detalle insignificante. El jefe inclin¨® ligeramente la cabeza, como si estuviera evaluando a su oponente. ¡ªNo importa cu¨¢nto te esfuerces. Eres insignificante. ¡ª ¡ª?Insignificante? ¡ªEl Ranger ri¨® m¨¢s fuerte mientras daba un paso adelante, tambale¨¢ndose un poco pero manteniendo su postura desafiante¡ª. Tal vez. Pero no me detendr¨¦. ¡ª ¡ªSimio calvo ¡ªgru?¨® el jefe, visiblemente irritado, aunque de pronto cambi¨® su expresi¨®n a una sonrisa sarc¨¢stica¡ª. Dime, ?por qu¨¦ no te rindes de una vez? ¡ª ¡ªPorque la justicia nunca se rinde. ¡ª El jefe pareci¨® desconcertado, pero su tono segu¨ªa siendo burl¨®n. ¡ª?C¨®mo es que sigues de pie tras todo eso? ¡ª ¡ªDeterminaci¨®n. ¡ªEl Ranger pronunci¨® esa palabra con una convicci¨®n inquebrantable, como si fuera la clave de su existencia. ¡ªBien, he de admirar esa determinaci¨®n, lo acepto. ¡ªEl jefe cambi¨® su postura, se?alando al Ranger con un aire de desaf¨ªo¡ª. Dime tu nombre, simio calvo. A cambio, yo te dir¨¦ el m¨ªo. ¡ªUnauthorized usage: this narrative is on Amazon without the author''s consent. Report any sightings. ¡ªJeje, me halagas. ¡ªMiguel se limpi¨® la sangre de la frente, todav¨ªa sonriendo¡ª. Me llamo Miguel. ¡ª ¡ª?Miguel? Ciertamente es un nombre extra?o. ¡ªEl jefe volvi¨® a adoptar su postura imponente, con los brazos cruzados¡ª. Yo soy Sora Verdant, general de las EDI, bajo el mando del lord Abyrion. ¡ª ¡®??General!?¡¯ pens¨¦, incapaz de ocultar mi asombro. ?O sea que no es su jefe? Bueno, en cierto modo s¨ª lo es, pero... ¡ªHe de admitir, simio calvo, que esa ¡°determinaci¨®n¡± tuya la admirar¨¦ por el resto de mi existencia. Espero que tengas eso en cuenta. ¡ªSora baj¨® los brazos lentamente, adoptando una posici¨®n lista para el combate. ¡ªMe alegra escuchar eso. ¡ªMiguel mantuvo su amplia sonrisa, a pesar del evidente agotamiento. ¡ª?Deber¨ªamos ir a ayudar? ¡ªpregunt¨® Naoko, mirando de reojo al agotado Ranger. Antes de que pudiera responder, Sora alz¨® su brazo izquierdo, que se extendi¨® nuevamente como una rama en expansi¨®n, directo hacia Miguel. Sin pensarlo dos veces, me lanc¨¦ en su ayuda, bloqueando el ataque con mi espada. El impacto reson¨® con fuerza, y un leve temblor recorri¨® mi brazo. Qu¨¦ bien que reaccion¨¦, pens¨¦, viendo c¨®mo Miguel no se hab¨ªa movido ni un cent¨ªmetro, como si ya no tuviera fuerzas. ¡ªMe preguntaba cu¨¢ndo bajar¨ªan ustedes. ¡ªSora retrajo su brazo lentamente, su tono burl¨®n a¨²n presente mientras se preparaba para su siguiente movimiento. ¡ªNaoko, Kiomi, Alexander, vayan y evacuen a los heridos, junto con Miguel. ¡ª ¡ªPero Zein... ¡ªdijo Naoko, algo preocupada. ¡ª?D¨¦janos ayudarte! ¡ªinterrumpi¨® Kiomi, mirando a Naoko con urgencia. ¡ªNo, necesito que saquen a estas personas de aqu¨ª. Yo los entretengo. ¡ª Se quedaron en silencio por un momento, pero la risa de Miguel rompi¨® el ambiente. ¡ª?¨¦l tiene raz¨®n! ¡ªdijo, como si los golpes no le hubieran hecho nada. ¡ª?Hay que sacar a la gente de aqu¨ª! ¡ª ¡ªEst¨¢ bien ¡ªrespondi¨® Kiomi a rega?adientes¡ª, pero ten cuidado. ¡ª ¡ªLo tendr¨¦. Ahora vayan. ¡ª ¡ªQu¨¦ acto tan valiente ¡ªdijo Sora, con un tono burl¨®n¡ª, pero no les servir¨¢ de nada.¡ª ¡ªGu¨¢rdate las burlas para otro momento, ahora te enfrentar¨¢s a m¨ª. ¡ª Me lanc¨¦ lo m¨¢s r¨¢pido que pude hacia Sora, mi espada destellando bajo la luz del sol. Sin embargo, Sora reaccion¨® con la misma rapidez, esquivando el ataque con un movimiento ¨¢gil. En un instante, su brazo se movi¨® como un l¨¢tigo, propinando un golpe contundente en mis costillas. El impacto fue devastador, envi¨¢ndome a volar contra uno de los edificios cercanos. ¡ª?Zein! ¡ªgrit¨® Kiomi, con el rostro lleno de angustia. Su impulso fue regresar a ayudarme, dejando la evacuaci¨®n a los dem¨¢s, pero la detuve. ¡ª?Sigue adelante! ?Estoy bien! ¡ªle grit¨¦ mientras me levantaba, sacudiendo los escombros de la armadura. Con un movimiento fluido, invoqu¨¦ mi segunda espada. Me lanc¨¦ nuevamente al combate, ahora con mis dos espadas, que trazaban un arco doble que cortaba el aire con precisi¨®n mortal. Sora, sin inmutarse, golpe¨® el suelo con su pie. La fuerza del impacto levant¨® una pared de madera del suelo, como si la misma naturaleza respondiera a su voluntad. Mi ataque choc¨® con la improvisada barrera, creando astillas que volaron en todas direcciones. No se detuvo ah¨ª. Sora baj¨® la pared con fuerza, buscando aplastarme. Sin embargo, reaccion¨¦ a tiempo, cruzando mis espadas para bloquear el golpe. El impacto reson¨® como un trueno, haciendo vibrar el suelo bajo nuestros pies. Nuestros ojos se encontraron, y el aire entre nosotros pareci¨® cargarse de energ¨ªa, como si el choque de nuestras voluntades fuera tan intenso como el de nuestras armas. ¡ªHe de admitir que eres bastante fuerte ¡ªdijo con una sonrisa burlona. ¡ªGracias ¡ªle respond¨ª de la misma manera. No perd¨ª el tiempo y volv¨ª a lanzarme contra Sora. Sin embargo, algo inesperado ocurri¨®. Desde el edificio detr¨¢s de Sora, dos troncos enormes comenzaron a extenderse como serpientes vivientes, movi¨¦ndose a gran velocidad hacia m¨ª. Con un movimiento ¨¢gil, los cort¨¦ en un parpadeo, mis espadas trazando arcos precisos que redujeron la amenaza a astillas. Pero cuando levant¨¦ la vista para buscar a mi enemigo, Sora ya no estaba. Un escalofr¨ªo recorri¨® todo mi cuerpo mientras escaneaba la plaza, y entonces lo vi. Sora estaba de pie sobre una base de troncos que se alzaba por encima de las ruinas. Su postura era relajada, casi insolente, mientras sonre¨ªa con burla. ¡ªHola ¡ªdijo Sora, su tono cargado de sarcasmo. No dud¨¦ ni un segundo en actuar. Me impuls¨¦ hacia adelante, mis espadas listas para atacar. Sin embargo, Sora se movi¨® con una gracia inquietante, esquivando el ataque como si fuera un juego. Aterriz¨® con fuerza, gir¨¢ndome r¨¢pidamente para no perder de vista a mi enemigo. Mi respiraci¨®n era pesada, pero constante. ¡ª?Eso es todo lo que tienes? ¡ªpregunt¨® Sora desde su posici¨®n elevada, una risa escap¨¢ndose de sus labios mientras me observaba con evidente desprecio. Apret¨¦ los dientes. Mi mente trabajaba a gran velocidad. Sab¨ªa que no pod¨ªa permitirme dejar que Sora mantuviera la ventaja de altura. Mantuve mi mirada fija en Sora, quien permanec¨ªa en la altura, relajado y confiado, o al menos eso aparentaba. Comenc¨¦ a caminar lentamente alrededor de ¨¦l, evaluando cada ¨¢ngulo en busca de alg¨²n punto d¨¦bil. ¡ª?Est¨¢s buscando un lugar por el cual escapar? ¡ªpregunt¨® Sora con tono burl¨®n, su sonrisa iluminando su rostro¡ª. Eso ser¨¢ in¨²til. ¡ª ¡ª?Por qu¨¦ est¨¢s tan confiado? ¡ªle pregunt¨¦ sin detenerme, con mi mirada fija en ¨¦l. ¡ªEs porque soy fuerte ¡ªrespondi¨® Sora, su voz impregnada de una seguridad desbordante. Apret¨¦ los pu?os alrededor de mi espada. ¡ªVeamos qu¨¦ tan fuerte eres. ¡ª Sin dudarlo, lanc¨¦ una descarga de mana hacia los escombros a los pies de Sora. El impacto hizo temblar la base en la que estaba parado, desestabiliz¨¢ndola. Sora reaccion¨® con rapidez, extendiendo ramas como l¨¢tigos desde el suelo, replicando el ataque que hab¨ªa dejado fuera de combate a Miguel. Pero esto era justo lo que esperaba, lo que quer¨ªa que hiciera. Con una maniobra precisa, cruc¨¦ mis espadas, bloqueando el ataque. El impacto reson¨® en el aire, pero en lugar de retroceder, aprovech¨¦ el momento para impulsarme hacia adelante, cerrando la distancia entre nosotros. Cuando estuve lo suficientemente cerca, lanc¨¦ un corte directo al torso de Sora. Sin embargo, algo inesperado ocurri¨®. Sora murmur¨® en voz baja una palabra que apenas alcanc¨¦ a escuchar. ¡ªImaginary. De repente, miles de ramas surgieron de los alrededores, encerr¨¢ndonos en lo que parec¨ªa ser una c¨²pula, aunque no lo era del todo. El techo se extend¨ªa muy alto, como si estuvi¨¦ramos dentro de un gigantesco ¨¢rbol. ¡ªImposible ¡ªmurmur¨¦, sorprendido. Sora ri¨® entre dientes, sus ojos brillando con una mezcla de burla y desaf¨ªo. ¡ªTe hemos estado vigilando bastante, Zein. No creas que esta t¨¦cnica es tan rara como para que solo t¨² y Kiomi la conozcan. El lugar se transform¨® en un bosque denso y opresivo. Todo a nuestro alrededor era naturaleza, desde los gruesos troncos hasta las ra¨ªces que se retorc¨ªan bajo mis pies. En la parte superior, parec¨ªa que el sol brillaba con fuerza, pero no era real; parec¨ªa un resplandor artificial que daba vida a este extra?o entorno. ¡ªMe has sorprendido ¡ªdijo Sora, con un tono que parec¨ªa mezclar reconocimiento y sarcasmo. ¡ªMe alegra. Ahora prep¨¢rate, Zein Ravenscroft, porque este es el comienzo de tu derrota. No dud¨¦ ni un segundo. Me lanc¨¦ con toda mi fuerza hacia Sora, pero justo cuando estaba a punto de atacarlo, desapareci¨®. Fue como si se hubiera fundido con el suelo, convirti¨¦ndose en uno con la naturaleza. Entonces, los ataques comenzaron. Troncos y ramas brotaban de todas direcciones, movi¨¦ndose como serpientes vivientes. Apenas lograba reaccionar, bloqueando o esquivando cada embestida mientras el sudor perlaba mi frente. ¡ª?Mierda! ¡ªmurmur¨¦ entre jadeos¡ª. ?C¨®mo voy a saber d¨®nde est¨¢? ¡ª En medio del caos, algo llam¨® mi atenci¨®n. En los lugares de donde surg¨ªan los troncos, not¨¦ fugazmente una silueta borrosa. Se mov¨ªa con rapidez, casi imperceptible, pero pude distinguirla. ¡ª?Podr¨ªa ser? ¡ªpens¨¦, mientras analizaba sus movimientos. Estudiando el patr¨®n, llegu¨¦ a una conclusi¨®n. Puede atacar desde cualquier lugar, pero aqu¨ª adentro... necesita acercarse a los puntos de origen para lograr mayor rapidez, fuerza y precisi¨®n. Esa ser¨¢ su ruina. Mientras los troncos segu¨ªan atacando, comenc¨¦ a moverme entre ellos con una estrategia m¨¢s clara, esquivando y buscando cobertura. Finalmente, en uno de los ataques, encontr¨¦ el instante perfecto. Con un movimiento r¨¢pido, me deslic¨¦ a trav¨¦s de los troncos, confiando en que mi velocidad confundiera a Sora. ¡ª?Qu¨¦...? ¡ªSora reaccion¨® al ver la sombra que dej¨¦ atr¨¢s, una figura similar a m¨ª, pero que no era yo. Aprovechando su distracci¨®n, descargu¨¦ un golpe limpio y certero, cortando el ¨¢rbol donde se ocultaba. Imbu¨ª mi espada con mana, amplificando el impacto y destrozando la estructura natural. El ataque fue devastador. El ¨¢rbol se parti¨® en dos y, con ¨¦l, Sora qued¨® al descubierto, su cuerpo cortado limpiamente por la mitad. Por un instante, cre¨ª haber logrado la victoria. ¡ª?No! ?No puede terminar as¨ª! ¡ªexclam¨® Sora con desesperaci¨®n, su voz llena de incredulidad¡ª. ?No puedo ser vencido por alguien como t¨²! ¡ª Una sensaci¨®n de triunfo me invadi¨®, pero dur¨® poco. ¡ªJa... Ja... ?JAJAJA! ¡ªri¨® Sora burlonamente mientras su mitad inferior comenzaba a levantarse por s¨ª sola. Ramas vivientes se extendieron, levantando su torso destrozado y uni¨¦ndolo lentamente. Ante mis ojos incr¨¦dulos, su cuerpo se regener¨® como si nunca hubiera sido partido. Sora se sacudi¨® el polvo de la ropa con calma, como si nada hubiera pasado. ¡ª?En serio cre¨ªste que con eso podr¨ªas matarme? ¡ªpregunt¨® con desprecio, su tono cargado de burla¡ª. Tendr¨¢s que esforzarte mucho m¨¢s para lograrlo. ¡ª El aire se llen¨® de tensi¨®n nuevamente. Apret¨¦ los dientes, sintiendo la frustraci¨®n y el desaf¨ªo ardiendo en mi interior. Esta pelea a¨²n estaba lejos de terminar. Consecuencias En el instante en que nos separamos de Zein, una inquietud profunda se instal¨® en mi pecho. Lo dejamos solo, enfrentando a un enemigo m¨¢s all¨¢ de lo que cualquiera de nosotros podr¨ªa imaginar. Cada paso que daba con el grupo, el peso de esa decisi¨®n me segu¨ªa como una sombra. Pero no hab¨ªa tiempo para lamentaciones. Ten¨ªamos una misi¨®n: llevar a estas personas a un lugar seguro. Con determinaci¨®n, formamos una caravana, rodeando a los supervivientes como un escudo humano. Alexander cubr¨ªa la retaguardia, Miguel aseguraba el flanco derecho, Kiomi proteg¨ªa el izquierdo, y yo... yo me encontraba al frente. ?Por qu¨¦ a m¨ª? No soy un l¨ªder, nunca lo he sido. Pero en ese momento, mis dudas ten¨ªan que esperar; lo ¨²nico que importaba era cumplir con mi deber. Mientras avanz¨¢bamos, el paisaje que se desplegaba ante nosotros era desolador: edificios derrumbados, calles desiertas, y un silencio mortal que se interrump¨ªa solo por los lejanos ecos de disparos y explosiones. Todo estaba roto. Cada paso nos llevaba m¨¢s cerca del caos, pero tambi¨¦n, esperaba, de la zona de contenci¨®n del ej¨¦rcito. Ten¨ªamos que llegar all¨ª, era nuestra ¨²nica esperanza. No pod¨ªa apartar mis pensamientos de Zein... ni de mi abuela. ?Estar¨¢ bien? Esa pregunta martillaba mi mente, implacable. Quer¨ªa creer que s¨ª. Quer¨ªa creer que ella hab¨ªa encontrado un refugio, y que Zein... Zein nunca se rendir¨ªa. Miguel, por su parte, hac¨ªa lo imposible por calmar a aquellos que temblaban de miedo o que comenzaban a perder la esperanza. Su voz era como un b¨¢lsamo en medio de la tormenta, y gracias a ¨¦l, la caravana avanzaba con una calma tensa pero firme. Mientras tanto, yo manten¨ªa los ojos bien abiertos, buscando cualquier indicio de peligro, especialmente a medida que nos acerc¨¢bamos al caf¨¦ y a mi casa. Ten¨ªa que encontrar alguna se?al... algo que me dijera que ella estaba bien. En el camino, los enfrentamientos eran inevitables. Cada batalla era un recordatorio brutal de la fragilidad de nuestra situaci¨®n. Ten¨ªamos que luchar mientras proteg¨ªamos a los civiles, evitando a toda costa que quedaran atrapados en el fuego cruzado. Cada golpe, cada disparo, era una apuesta desesperada por sobrevivir. Lo m¨¢s desconcertante de todo era lo que sab¨ªamos... y lo que no. Una naci¨®n no registrada, surgida de las sombras, hab¨ªa lanzado una invasi¨®n masiva contra el planeta. En solo unas horas, hab¨ªan tomado el norte de todo el globo. En una radio que encontr¨¦ entre los escombros, las noticias confirmaban lo que tem¨ªamos: los ej¨¦rcitos del mundo estaban siendo destrozados, incapaces de hacer frente a un enemigo de esta magnitud. Sab¨ªamos qui¨¦nes eran. La EDI. Ellos nos hab¨ªan encontrado, y ahora... ahora ven¨ªan por todo. Mir¨¦ a mi alrededor, al panorama de devastaci¨®n que una vez fue nuestra ciudad. Esta era una tierra que hab¨ªa soportado a?os de guerras y sus cicatrices, pero que siempre encontraba una manera de levantarse. Ahora, parec¨ªa que esa fuerza se desvanec¨ªa. ?Ser¨ªa esta la ¨²ltima vez que nuestra ciudad ver¨ªa la luz? No lo sab¨ªa. Pero ten¨ªa que creer... ten¨ªa que creer que un d¨ªa, de alguna manera, esta ciudad volver¨ªa a brillar. En cuanto nos acercamos a mi casa, lo vi. Lo que tanto tem¨ªa, lo que no quer¨ªa enfrentar. El edificio estaba parcialmente destruido. No todo, pero lo suficiente como para llenar mi pecho de un vac¨ªo indescriptible. Corr¨ª. No me importaba nada m¨¢s. Mis piernas se mov¨ªan m¨¢s r¨¢pido de lo que mi mente pod¨ªa procesar, y al cruzar el umbral, me resbal¨¦ por la prisa. Por favor, no. ¡ª?Naoko! ¡ªme gritaron desde atr¨¢s, pero no me detuve. Cada paso que daba parec¨ªa m¨¢s pesado, como si el miedo intentara detenerme. Sub¨ª las escaleras apresurada, tropezando con cada escal¨®n. Mis manos temblaban. Mi respiraci¨®n era un nudo en mi garganta. Por favor, no. Cuando finalmente llegu¨¦ a la puerta, estaba trabada. La golpe¨¦ desesperadamente, pero no ced¨ªa. Una y otra vez la embest¨ª con mi hombro, ignorando el dolor, hasta que finalmente cay¨® con un estruendo. Al cruzar, mis ojos escanearon la habitaci¨®n fren¨¦ticamente. Mi coraz¨®n lat¨ªa con fuerza. "?D¨®nde est¨¢s? ?D¨®nde est¨¢s?" Mis manos temblaban mientras levantaba los escombros, y entonces¡­ entonces lo vi. Lo que nunca quise ver. Ah¨ª, bajo los restos de lo que una vez fue nuestro hogar, yac¨ªa ella. Mi abuela. Su cuerpo inm¨®vil, fr¨¢gil¡­ sin vida. No, no puede ser. Esto no est¨¢ pasando. Sent¨ª c¨®mo el mundo se desmoronaba a mi alrededor. Todo lo dem¨¢s se volvi¨® un ruido lejano. Solo pod¨ªa mirar, paralizada, mientras el peso de mi culpa me aplastaba. Ella siempre estuvo ah¨ª para m¨ª, incluso en sus d¨ªas m¨¢s oscuros, incluso cuando no ten¨ªa fuerzas para seguir adelante. Siempre me apoy¨®, siempre fue mi refugio. Y ahora, cuando me necesitaba m¨¢s que nunca, yo no estuve. Un sollozo escap¨® de mis labios, y con ¨¦l, la certeza de que hab¨ªa fallado. ¡ªNaoko¡­ ¡ªla voz de Kiomi me lleg¨® desde detr¨¢s, suave, casi temerosa. ¡ªEs¡­ es mi culpa, ?sabes? ¡ªmurmur¨¦, mi voz rota, apenas un susurro ahogado. Las l¨¢grimas comenzaron a deslizarse por mi rostro sin control. ¡ªYo¡­ no estuve para ella. Esto es mi culpa. Toda mi culpa. Me arrodill¨¦ frente a mi abuela, al cuerpo que una vez estuvo lleno de vida y calidez. No quer¨ªa aceptarlo. No pod¨ªa. ¡ªVamos, abuela, solo est¨¢s dormida, ?verdad?... ?verdad? ¡ªdije con la voz quebrada, las l¨¢grimas ahogando cada palabra mientras mov¨ªa su cuerpo suavemente, esperando una respuesta que nunca lleg¨®. Kiomi se acerc¨® y se arrodill¨® junto a m¨ª. Su mano c¨¢lida descans¨® en mi hombro. ¡ªNo es tu culpa ¡ªdijo en un susurro, su voz cargada de compasi¨®n. La mir¨¦, mi esperanza tambale¨¢ndose. ¡ªElla se pondr¨¢ bien, ?no? ¡ªinsist¨ª, aferr¨¢ndome a una mentira que sab¨ªa no era real. Kiomi solo me mir¨® en silencio. Su silencio fue m¨¢s devastador que cualquier palabra. No aguant¨¦ m¨¢s. El peso de la p¨¦rdida, de la culpa, de mi impotencia, cay¨® sobre m¨ª como una tormenta implacable. Grit¨¦, un grito desgarrador que reson¨® en las paredes destrozadas, un eco de todo el dolor que no pod¨ªa contener. Las l¨¢grimas ca¨ªan sin control, y mi pecho se sacud¨ªa con cada sollozo. Kiomi no dijo nada, solo me abraz¨®. Su presencia era lo ¨²nico que me manten¨ªa de pie en medio de ese abismo de oscuridad. Me qued¨¦ ah¨ª, abraz¨¢ndola, llorando hasta quedarme sin fuerzas. Perd¨®name, abuela. Perd¨®name por todo. Cuando finalmente me calm¨¦, tom¨¦ una decisi¨®n. No iba a dejarla ah¨ª. Con cuidado, envolv¨ª su cuerpo en una s¨¢bana. Aunque el dolor segu¨ªa apu?al¨¢ndome el coraz¨®n, sab¨ªa que deb¨ªa continuar. Baj¨¦ las escaleras con ella en mis brazos, sintiendo lo ligera que estaba. Miguel me vio y, con una expresi¨®n solemne, me ofreci¨® su p¨¦same. ¡ªYo me har¨¦ cargo del frente de la caravana ¡ªdijo con firmeza, d¨¢ndome un respiro. Camin¨¦ detr¨¢s del grupo, mis ojos clavados en el cuerpo envuelto entre mis brazos. Cada paso era un recordatorio de lo que hab¨ªa perdido. El mundo parec¨ªa m¨¢s gris, m¨¢s vac¨ªo. Mientras avanz¨¢bamos, revis¨¢bamos los alrededores en busca de sobrevivientes. Pasamos por locales destruidos, calles desiertas llenas de escombros¡­ y cuerpos. Cuerpos de civiles, soldados¡­ vidas que no volver¨ªan. Finalmente, llegamos a la cafeter¨ªa. Decidimos hacer una pausa para descansar, mientras Miguel se quedaba vigilando la caravana. Al entrar, el lugar estaba tan destrozado como todo lo dem¨¢s. Los muebles rotos, las ventanas destrozadas¡­ era un reflejo de la ciudad misma. En un rinc¨®n, ah¨ª estaba Kio, dormida en su forma de animal, ajena a la devastaci¨®n a su alrededor. ¡ªKio, ?c¨®mo es que puedes estar dormida con todo lo que est¨¢ pasando? ¡ªle pregunt¨® Kiomi mientras se acercaba, sorprendida por la indiferencia de la criatura. Kio abri¨® los ojos lentamente y se estir¨® con desgana, como si nada fuera diferente. ¡ª?D¨®nde est¨¢n Mei y Aiko? ¡ªpregunt¨® Alexander, su voz cargada de preocupaci¨®n. Kio bostez¨® y respondi¨® con indiferencia: ¡ªNo lo s¨¦. Alexander apret¨® los pu?os. ¡ª?C¨®mo que no lo sabes? ¡ªpregunt¨® con frustraci¨®n. ¡ª?No me ves? Estaba dormida ¡ªrespondi¨® con un tono tranquilo, como si el caos que los rodeaba no fuera su problema. ¡ª?Siguen aqu¨ª? ¡ªinsisti¨® Alexander, con la voz cargada de frustraci¨®n. ¡ªYa te dije que no lo s¨¦ ¡ªreplic¨® Kio con indiferencia, estir¨¢ndose como si la situaci¨®n no fuera importante. Alexander no perdi¨® tiempo y comenz¨® a buscar por todos lados. Revis¨® cada rinc¨®n, moviendo escombros y abriendo puertas en busca de alg¨²n indicio. ¡ª?Mei! ¡ªgrit¨® desde el segundo piso, su voz reverberando con desesperaci¨®n. Todos subimos corriendo tras ¨¦l, temiendo lo peor. Al llegar, vimos algo que nos dej¨® helados: Mei y Aiko estaban encerradas en una habitaci¨®n. Mei estaba frente a Aiko, claramente protegi¨¦ndola. La escena era desgarradora. Cuando nuestros ojos se encontraron con los de Mei, notamos lo mal que estaba. Estaba p¨¢lida como la nieve, y la sangre empapaba su ropa. La hab¨ªan herido gravemente. ¡ªQu¨¦ bien que llegaste, querido¡­ ¡ªsusurr¨® Mei, con una d¨¦bil sonrisa mientras su cuerpo empezaba a tambalearse. Alexander corri¨® hacia ella, sosteni¨¦ndola antes de que cayera. ¡ªNo te duermas. Qu¨¦date conmigo, Mei ¡ªdijo con desesperaci¨®n, su rostro lleno de preocupaci¨®n. ¡ªEllos¡­ ellos llegaron al local. Tuve que proteger a nuestra peque?a. Perd¨®n por no poder hacer m¨¢s¡­ ¡ªsu voz era apenas un murmullo, quebr¨¢ndose con cada palabra. ¡ªNo, no digas eso ¡ªreplic¨® Alexander, sacudiendo la cabeza con fuerza¡ª. Estoy tan feliz de haberlas encontrado a las dos. Eso es lo ¨²nico que importa. Aiko, con l¨¢grimas en los ojos, corri¨® hacia m¨ª y me tom¨® de la mano. Su miedo era palpable, temblaba de pies a cabeza. La levant¨¦ en brazos y la abrac¨¦ con fuerza, tratando de darle algo de consuelo. Mientras tanto, Mei intentaba seguir hablando. Su voz se debilitaba cada vez m¨¢s. ¡ªCuida a nuestra hija, ?s¨ª? ¡ªdijo con una sonrisa c¨¢lida, mientras miraba a Alexander. ¡ªNo hables as¨ª. Vas a estar bien, Mei. Solo aguanta un poco m¨¢s. ?Por favor! ¡ªAlexander se inclin¨® hacia ella, como si su voluntad pudiera mantenerla viva. ¡ªNo creo aguantar mucho m¨¢s¡­ ¡ªsusurr¨® ella, cerrando los ojos por un momento¡ª. Perd¨®name. ¡ª?No, Mei! Aguanta por Aiko, aguanta por m¨ª¡­ ?Te necesito! ¡ªsu voz se rompi¨®, las l¨¢grimas comenzando a correr por su rostro.This story is posted elsewhere by the author. Help them out by reading the authentic version. Mei levant¨® la mano con esfuerzo y acarici¨® la mejilla de Alexander. ¡ªTe quiero¡­ ¡ªmurmur¨®, su voz apenas audible. ¡ªYo tambi¨¦n te quiero¡­ ¡ªrespondi¨® Alexander, su voz ahogada por la emoci¨®n. Los dos compartieron un beso, uno que claramente ser¨ªa el ¨²ltimo. Mei dej¨® escapar un suspiro y cerr¨® los ojos con una serena sonrisa, su cuerpo perdiendo toda fuerza en los brazos de Alexander. El silencio que sigui¨® fue ensordecedor. Nadie se atrev¨ªa a hablar, atrapados en el peso de lo que acababa de suceder. Hasta que el bostezo despreocupado de Kio rompi¨® la tensi¨®n. ¡ªT¨²¡­ ¡ªdijo Alexander, levant¨¢ndose con l¨¢grimas en los ojos, pero ahora lleno de ira. Se acerc¨® a Kio y la levant¨® a la altura de su rostro, sosteni¨¦ndola con fuerza. ¡ª?C¨®mo pudiste dejarlas solas? ?D¨®nde estabas cuando las necesitaban? ¡ªgrit¨®, su voz cargada de rabia y dolor. ¡ª??Qu¨¦ carajos estuviste haciendo mientras esto pasaba?! ¡ªexplot¨® Alexander, su voz llena de rabia y dolor. En ese instante, Kio volvi¨® a su forma humana, algo que nunca hab¨ªa visto antes. Su figura era tan imponente como su naturaleza animal, pero todav¨ªa estaba suspendida en el aire, sostenida por la camisa de Alexander. ¡ªPara tu informaci¨®n, tengo un contrato con Zein, y ese contrato no me permite transformarme en mi forma humana mientras ¨¦l est¨¢ peleando, as¨ª que no pude hacer mucho ¡ªrespondi¨® Kio, su voz tensa y cortante. Al instante, volvi¨® a su forma de animal, encogi¨¦ndose de hombros, como si la situaci¨®n no fuera tan grave para ella. ¡ª?Esa no es una excusa! ¡ªgrit¨® Alexander, la frustraci¨®n desbord¨¢ndose en su tono. ¡ª?NO ES UNA EXCUSA! ¡ªreplic¨® Kio, tambi¨¦n alzando la voz. Su mirada se volvi¨® feroz, pero su tono de voz revel¨® una vulnerabilidad inesperada. ¡ª?Crees que no me dol¨ªa ver y escuchar todo lo que les estaban haciendo? ?El sentirme impotente y no poder moverme? ?Me afectaba a m¨ª tambi¨¦n! ?Trat¨¦ de moverme todo lo que pude! Alexander, abrumado por la culpa, se hinc¨®, su rostro desmoron¨¢ndose. ¡ªPerd¨®n, yo¡­ ¡ªmurmur¨®, pero sus palabras se perdieron en el aire, ahogadas por el peso de su arrepentimiento. ¡ªNo te disculpes ¡ªrespondi¨® Kio, su tono m¨¢s suave, aunque todav¨ªa marcado por la tensi¨®n. ¡ªPero ?c¨®mo pudiste transformarte si se supone que Zein est¨¢ peleando en este mismo momento? ¡ªpregunt¨® Alexander, frunciendo el ce?o, buscando una l¨®gica en todo esto. ¡ªDeber¨ªan apurarse en volver ¡ªdijo Kio con urgencia¡ª. Lo m¨¢s probable es que est¨¦ perdiendo. La gravedad de sus palabras fue un golpe directo a la conciencia de todos. Sin perder m¨¢s tiempo, nos pusimos en marcha. Improvisamos una carreta para cargar los cuerpos y a las personas agotadas, avanzando r¨¢pidamente hacia la zona de contenci¨®n. Cuando nos acercamos, algo en el aire cambi¨®. Hab¨ªa m¨¢s enemigos de lo habitual, lo que nos oblig¨® a abrirnos paso con rapidez y determinaci¨®n. Luchamos por cada metro, pero finalmente logramos llegar. Al otro lado, nos recibieron militares y tanques, quienes apenas conten¨ªan los ataques enemigos. Al vernos, los soldados se alegraron, y entre ellos estaba Paul, quien tambi¨¦n mostr¨® una sonrisa de alivio al vernos llegar. Logramos llevar a todos a salvo, pero la tranquilidad no dur¨® mucho. ¡ªTenemos que volver ¡ªle dije a Kiomi, mientras me vendaba r¨¢pidamente unas heridas que me hice durante el camino. ¡ªAlexander, ?puedes¡­? ¡ªcomenc¨¦, pero ¨¦l me interrumpi¨® antes de que pudiera terminar. ¡ªNo te preocupes, me quedar¨¦ aqu¨ª ayudando. Ustedes tres vayan. ¡ªAlexander hizo una pausa y luego a?adi¨®¡ª. Pero antes de irte, Kiomi, ocupo ense?arte algo. ¡­ La batalla se estaba volviendo cada vez m¨¢s agotadora y dif¨ªcil. Sora era un oponente formidable, no dejaba ni un respiro. ¡ªNo sabes cu¨¢ndo rendirte, ?verdad, Zein? ¡ªsu voz reson¨®, cargada de desprecio. ¡ªJam¨¢s me ver¨¢s rendirme ¡ªrespond¨ª, con la mand¨ªbula apretada. De repente, el aire se llen¨® de un aroma penetrante, algo que parec¨ªa corroer incluso mis pensamientos. El ambiente se volvi¨® opresivo, como si cada respiraci¨®n fuera m¨¢s dif¨ªcil que la anterior. Me sent¨ª mareado, mis ojos ard¨ªan, y la presi¨®n en mis pulmones aumentaba, como si el aire mismo estuviera intentando aplastarme. Instintivamente, me tap¨¦ la boca y la nariz con mi brazo, intentando protegerme de esa asfixiante sensaci¨®n. ¡ª?Notas c¨®mo el aire empieza a traicionarte, Zein? ¡ªLa voz de Sora se acercaba lentamente, llena de esa arrogancia que solo los que dominan el terreno pueden tener. Se mov¨ªa alrededor de m¨ª como un halc¨®n, esperando su momento para atacar. ¡ªEste bosque es m¨ªo, y hasta el mismo ox¨ªgeno me obedece. Fue entonces cuando lo not¨¦. Con esfuerzo, logr¨¦ distinguir una ligera neblina en el aire, casi imperceptible. Tal vez era gas. Mi mente comenz¨® a procesarlo r¨¢pidamente: si el gas era inflamable, podr¨ªa salir de ese lugar, pero si no lo era... estaba en problemas. Deb¨ªa pensar r¨¢pido. Necesitaba idear una estrategia, y pronto. El aire estaba en mi contra, pero la batalla no estaba perdida. ¡ªOye... ¡ªLa voz de Sora me sac¨® de mis pensamientos. ¡ª?Qu¨¦ pasa? ?Al fin est¨¢s por rendirte? ¡ªSu tono burl¨®n me hizo apretar los dientes. ¡ªJajaja, no ¡ªrespond¨ª con una sonrisa cargada de determinaci¨®n. Mientras hablaba, gener¨¦ una bola de energ¨ªa en mi mano, un resplandor brillante que iluminaba el aire denso. ¡ª?T¨² qu¨¦ crees que har¨¦? Sora se detuvo un momento, observando la esfera de energ¨ªa que formaba en mis manos. Su rostro se endureci¨®, pero no vacil¨®. ¡ªNo estar¨ªas tan loco ¡ªdijo, y con eso confirm¨¦ mis sospechas: el gas era inflamable. ¡ª?Quieres probar? ¡ªrepliqu¨¦, lanzando la bola de energ¨ªa lo m¨¢s r¨¢pido que pude. Al instante, vi c¨®mo Sora se reforzaba, prepar¨¢ndose para resistir la explosi¨®n. Lo mismo hice yo, cubri¨¦ndome con una capa de energ¨ªa para soportar la onda expansiva. El impacto fue inmediato. El sonido de la explosi¨®n reson¨® como un rugido, y el aire se llen¨® de una luz cegadora. El lugar entero estall¨®, como un infierno liberado en un solo segundo. Cuando finalmente la neblina se disip¨®, pude ver la luz del sol atravesando el caos. A pesar de la devastaci¨®n, el sol brillaba con fuerza en su punto m¨¢s alto, y el cielo estaba completamente despejado, como si el mundo hubiese decidido seguir adelante, indiferente a la destrucci¨®n. Sin embargo, la calma no dur¨® mucho. Al caer, me golpe¨¦ fuertemente con unos escombros, el dolor recorriendo mi cuerpo al instante. Estaba agotado, mi cuerpo no respond¨ªa como esperaba. Apenas pod¨ªa moverme, y un dolor insoportable se instal¨® en mi brazo. Al mirar, me di cuenta de que estaba roto, y sent¨ª c¨®mo el peso de las fracturas en mis costillas me quitaba el aliento. La batalla hab¨ªa cobrado un precio m¨¢s alto de lo que pensaba. ¡ªDebo decir que eso fue verdaderamente temerario ¡ªdijo la voz, cargada de sarcasmo. Volte¨¦ a verla y, para mi sorpresa, era Sora, sin un solo rasgu?o, como si la explosi¨®n no le hubiera afectado en lo m¨¢s m¨ªnimo. ¡ªNo cre¨ª encontrar a dos personas tan admirables en este planeta. Tal vez de verdad tenga algo de valor. Sent¨ª c¨®mo la fatiga me invad¨ªa por completo, pero no pod¨ªa rendirme. No pod¨ªa. Si lo hac¨ªa ahora, todo lo que hab¨ªa luchado por construir, todo lo que amaba, caer¨ªa en pedazos. Me levant¨¦, usando las pocas fuerzas que me quedaban. Cada m¨²sculo de mi cuerpo gritaba por descanso, pero la determinaci¨®n en mi interior me empujaba a seguir. ¡ªR¨ªndete de una vez, ?quieres? ¡ªSora se acercaba cada vez m¨¢s, su presencia tan dominante que sent¨ªa el peso de su poder aplast¨¢ndome. Era cierto que ya no ten¨ªa fuerzas para pelear, pero no iba a dejar que todo terminara as¨ª. En ese instante, Sora lanz¨® un ataque directo hacia m¨ª, y aunque intent¨¦ esquivarlo, mis piernas no respondieron. Cerr¨¦ los ojos, preparado para el impacto, pero¡­ no lo sent¨ª. Cuando los abr¨ª, vi a Miguel, parado frente a m¨ª, bloqueando el golpe con su propio cuerpo. ¡ª?No te rindas, amigo m¨ªo! ?A¨²n hay una batalla que ganar! ¡ªgrit¨®, su voz llena de energ¨ªa y esperanza. ¡ª?Y qui¨¦n dijo que me hab¨ªa rendido? ¡ªrespond¨ª con una sonrisa, levant¨¢ndome con esfuerzo. ¡ª?Zein! ¡ªLa voz de Kiomi me lleg¨® desde lo lejos. Mir¨¦ y vi a Naoko y Kiomi acerc¨¢ndose r¨¢pidamente, parec¨ªa que hab¨ªan llevado a los civiles a un lugar seguro. Naoko lleg¨® a mi lado, apoy¨¢ndome para caminar. ¡ªVen, vamos a un lugar m¨¢s seguro. ¡ªA¨²n puedo pelear, ?sabes? ¡ªle dije, tosiendo por el esfuerzo. ¡ªClaro que no, ?no ves c¨®mo est¨¢s? Vamos, r¨¢pido. ¡ªNaoko me ayud¨® a avanzar, pero algo en su actitud me sorprendi¨®. Estaba diferente, m¨¢s decidida, m¨¢s fuerte. ¡ªKiomi, Miguel, ?pueden distraerlo un rato? ¡ªClaro ¡ªrespondieron al un¨ªsono. ¡ªAhora me toca a m¨ª pelear ¡ªdijo Miguel, con una sonrisa desafiante mientras se acercaba a Sora. ¡ªTe estaba esperando, simio calvo ¡ªrespondi¨® Sora con una sonrisa fr¨ªa y burlona. ¡ªHora del round 2, perra ¡ªreplic¨® Miguel, su tono lleno de confianza y energ¨ªa. Mientras tanto, Naoko me llev¨® a un lugar m¨¢s apartado, lejos de la batalla directa. ¡ªD¨¦jame curarte ¡ªdijo, comenzando a examinar mis heridas. ¡ªMe alegra ver que est¨¢n bien ¡ªcoment¨¦, esforz¨¢ndome por sonre¨ªr. ¡ªEso deber¨ªa decirlo yo ¡ªrespondi¨® ella con una sonrisa, pero algo apagada, como si la situaci¨®n a¨²n la afectara profundamente. ¡ªAhora d¨¦jame concentrarme. Ella junt¨® las manos sobre mi herido cuerpo y cerr¨® los ojos con concentraci¨®n. Pasaron unos momentos en silencio, hasta que una suave luz comenz¨® a emanar de sus palmas. Reconoc¨ªa bien lo que estaba sucediendo; era magia de curaci¨®n, algo que, aunque familiar, segu¨ªa siendo asombroso. Cuando la luz se desvaneci¨®, me sent¨ª mejor, pero no completamente curado. A¨²n ten¨ªa varios cortes visibles y algunas heridas dolorosas, pero sin duda, me sent¨ªa mucho m¨¢s fuerte. ¡ªVolvamos ¡ªdije, poni¨¦ndome de pie con determinaci¨®n. Pero justo cuando iba a dar un paso, Naoko me detuvo al tomarme la mano, su mirada llena de preocupaci¨®n. ¡ªZein, ¡ªdijo suavemente, ¡ªprom¨¦teme que no har¨¢s ninguna estupidez. Le sonre¨ª, aunque sab¨ªa que la situaci¨®n era m¨¢s grave de lo que dejaba ver. ¡ªTe lo prometo ¡ªrespond¨ª. Nos miramos un momento, intercambiamos sonrisas breves y luego nos dirigimos de nuevo al campo de batalla. Cuando llegamos, vi que Kiomi y Miguel estaban luchando a la par de Sora, o al menos eso parec¨ªa. Sin embargo, la balanza se inclin¨® r¨¢pidamente hacia Sora, que comenz¨® a dominar de nuevo. ¡ª?Sora! ¡ªgrit¨¦, intentando detener la pelea. Sora me mir¨®, su expresi¨®n era ahora seria, un toque de sorpresa asomando por sus ojos. ¡ªHas vuelto, y te ves mucho mejor ¡ªcoment¨®, antes de ponerse a¨²n m¨¢s serio. ¡ª?Qu¨¦ quieres? ?Qu¨¦ tienes en mente? ¡ª?Tanto se nota? ¡ªme acerqu¨¦ a ¨¦l, con la mirada fija y desafiante. ¡ªPru¨¦bame que eres tan fuerte como dices. Sora frunci¨® el ce?o, claramente confundido por mi actitud. ¡ª?Perd¨®n? ¡ªSi eres tan fuerte como dices y nosotros tan d¨¦biles, entonces pru¨¦bamelo ¡ªrespond¨ª sin vacilar. ¡ª?Y c¨®mo quieres que haga eso? ¡ªla arrogancia en su tono era evidente. ¡ªRecibe mi ataque m¨¢s poderoso ¡ªdesaf¨ªe, levantando la mano. ¡ªDe frente, sin esquivarlo. Sora solt¨® una risa baja, y por primera vez, sus brazos, que estaban listos para atacar, cayeron a sus costados en se?al de relajaci¨®n. ¡ªVaya, qu¨¦ interesante ¡ªdijo, con una sonrisa arrogante. ¡ªEst¨¢ bien, acepto. Les mostrar¨¦ cu¨¢n d¨¦biles son. ¡ªZein, ?qu¨¦ vas a hacer? ¡ªpregunt¨® Kiomi, visiblemente preocupada. ¡ªS¨®lo al¨¦jense de aqu¨ª y observen ¡ªrespond¨ª, mientras me posicionaba frente a Sora. Nos colocamos a una distancia prudente, algo alejada del campo de batalla. Sora se hab¨ªa subido a unas ruinas que le daban un poco de ventaja de altura, pero eso no ser¨ªa suficiente. Sab¨ªa que su confianza ser¨ªa su ruina. ¡ª?Bien, estoy listo! ¡ªgrit¨® Sora, cruzando los brazos de manera arrogante, completamente calmado. Prepar¨¦ mi ataque, apuntando mi mano hacia ¨¦l como si fuera una pistola. Sora se burlaba de m¨ª, pero decid¨ª ignorarlo. Imagin¨¦ el ataque, lo represent¨¦ en mi mente tal como lo hab¨ªa hecho en el torneo, pero esta vez no iba a contenerme. Sab¨ªa exactamente qu¨¦ era lo que estaba invocando, qu¨¦ poder estaba a punto de desatar. Este ataque no solo lo defin¨ªa el poder; tambi¨¦n depend¨ªa de la imaginaci¨®n. El poder lo representas t¨², pero la imaginaci¨®n carga una parte esencial de esa energ¨ªa. No importa cu¨¢n fuerte seas, si no sabes c¨®mo redirigir ese poder, no te sirve de nada. Visualic¨¦ la creaci¨®n de una esfera brillante, como un sol en miniatura. Era radiante, y su calor y luz comenzaron a envolverme. La sent¨ªa, palpitaba a mi alrededor. De repente, la esfera empez¨® a contraerse violentamente, perdiendo su brillo poco a poco. La luz se desvaneci¨® en un parpadeo, y la esfera se torn¨® oscura, como si estuviera absorbiendo todo a su alrededor. Comenzaron a formarse ondas de energ¨ªa que distorsionaban el espacio, un agujero negro comenzaba a formarse en su centro. El borde de la esfera brillaba como un halo distorsionado, como si la luz estuviera atrapada, dobl¨¢ndose alrededor de ¨¦l, mientras el centro permanec¨ªa totalmente oscuro, sin emitir ni una chispa. Abr¨ª los ojos. Ah¨ª estaba, justo en la punta de mis dedos. ¡ª?Listo? ¡ªle pregunt¨¦, mi voz baja pero firme. ¡ªCuando t¨² quieras ¡ªrespondi¨® Sora, su tono confiado, casi arrogante. Todo qued¨® en silencio. El aire parec¨ªa contenerse mientras me preparaba para liberar la energ¨ªa contenida. Sab¨ªa que no podr¨ªa mantener esa masa de energ¨ªa por mucho tiempo, as¨ª que dej¨¦ que colapsara, pero logr¨¦ controlar ese colapso. Disip¨¦ toda la energ¨ªa hacia Sora, como un rayo de pura destrucci¨®n dirigido a ¨¦l. En ese instante, descargu¨¦ todo lo que ten¨ªa dentro, sin contenerme. No importaba el precio que tuviera que pagar. Este era el final. Deb¨ªa acabar con Sora ahora, de una vez por todas. Sora se dio cuenta demasiado tarde. El ataque era demasiado poderoso para ¨¦l. Intent¨® resistirlo, pero fue in¨²til. El impacto de mi ataque lo golpe¨® de lleno, arrasando todo a su paso. El sonido de la explosi¨®n fue ensordecedor, y cuando la energ¨ªa se disip¨®, lo ¨²nico que qued¨® fue un enorme agujero en los edificios, que empezaron a colapsar poco despu¨¦s. El cielo parec¨ªa haberse desgarrado en dos, como si todo a mi alrededor se hubiera quebrado bajo la fuerza de mi ataque. Todo lo que estaba frente a m¨ª desapareci¨® en un instante, incluso Sora, quien ya no estaba all¨ª. Lo hab¨ªa evaporado. Ya no pod¨ªa aguantar m¨¢s. Hab¨ªa gastado toda mi energ¨ªa en ese ataque, y mi cuerpo ya no me respond¨ªa. Estaba a punto de colapsar cuando sent¨ª una mano agarrar la m¨ªa, levant¨¢ndola al aire. Mir¨¦ hacia el due?o de la mano y vi a Miguel, quien, con una sonrisa, levantaba mi brazo en se?al de victoria. ¡ªNo te desmayes a¨²n, nos est¨¢n viendo ¡ªdijo, su voz llena de un tono alentador. Cuando mir¨¦ hacia arriba, vi un helic¨®ptero de noticias flotando sobre nosotros. A pesar del gran peligro, estaba claro que estaban grabando toda la pelea y transmiti¨¦ndola en vivo. Hab¨ªamos ganado. Finalmente lo hab¨ªamos logrado. Fue un enemigo formidable, pero conseguimos derrotarlo. Si no hubiera aceptado mi propuesta, probablemente nunca habr¨ªamos salido victoriosos. Miguel me ayud¨® a caminar, y nos acercamos todos al lugar donde se hab¨ªa quedado Sora. Lo que vimos me dej¨® sin palabras: ah¨ª estaba ¨¦l, o al menos, lo que quedaba de ¨¦l. ¡ª?C¨®mo fue que¡­? ¡ªpregunt¨® Naoko, visiblemente sorprendida. ¡ªJusto en el ¨²ltimo segundo, logr¨¦ separar un dedo de mi cuerpo, lo que me permiti¨® sobrevivir, a pesar de que mi cuerpo fue completamente vaporizado. Aun as¨ª, qued¨¦ demasiado d¨¦bil como para seguir peleando ¡ªdijo, cerrando los ojos como aceptando su destino. ¡ªLo admito, ustedes ganaron, Simios calvos. ¡ªFuiste un gran oponente ¡ªrespond¨ª, sincero. ¡ª?De qu¨¦ hablas, Zein? ¡ªparec¨ªa avergonzado de s¨ª mismo. ¡ªTen¨ªa la victoria asegurada, si no hubiera aceptado tu propuesta habr¨ªa ganado. Mi orgullo me conden¨®. ¡ªAun as¨ª, fuiste bastante fuerte ¡ªle dije. ¡ªVamos, solo soy otro general m¨¢s. Hay personas mucho m¨¢s poderosas que yo. Solo soy un punto medio en la lista; no soy ni el m¨¢s fuerte ni el m¨¢s d¨¦bil. Solo estoy ah¨ª, como un don nadie. ¡ªA pesar de eso, eres un guerrero admirable. Sobreviviste a mi ataque por tu voluntad de vivir. Eres alguien incre¨ªble. ¨¦l sonri¨®, aunque parec¨ªa haberse rendido en algo. A pesar de todo, esa sonrisa me transmiti¨® respeto. ¡ªJa¡­ en verdad, Zein, eres alguien incre¨ªble. Vamos, acaben con esto de una vez. ¡ª?Kiomi, me haces el honor? ¡ªle ped¨ª. ¡ªCon gusto ¡ªrespondi¨® ella. Kiomi se posicion¨® frente a ¨¦l y, con un movimiento de su mano, lanz¨® un ataque de energ¨ªa tan potente que lo pulveriz¨® por completo, esta vez, de verdad. Al fin, hab¨ªamos ganado. Aunque, sin duda, esto dejar¨ªa una cicatriz profunda en la sociedad. Historias de otro mundo parte 1 Cuando finalmente la neblina se disip¨®, el caos cedi¨® brevemente ante una escena inesperada: la luz del sol atravesaba los vestigios de la destrucci¨®n. Brillaba con intensidad, como si el mundo ignorara deliberadamente el sufrimiento bajo su resplandor. El cielo, despejado y sereno, se alzaba como un contraste cruel frente al desastre. Aquella calma moment¨¢nea era casi una burla. El suelo bajo mis pies se tambale¨®, y antes de que pudiera reaccionar, ca¨ª. El impacto contra los escombros fue brutal; el dolor me recorri¨® el cuerpo como un rel¨¢mpago. Intent¨¦ moverme, pero mi brazo grit¨® en protesta. Al mirarlo, vi que estaba roto. Cada respiraci¨®n era un tormento; las costillas fracturadas parec¨ªan cortar mi aire como cuchillas invisibles. Mi mente se ahogaba en la sensaci¨®n de derrota. Con un esfuerzo casi sobrehumano, trat¨¦ de levantarme, pero mi cuerpo simplemente no respond¨ªa. Cerr¨¦ los ojos, dejando que la oscuridad me envolviera, resignado al final. Hab¨ªa fallado. Todo hab¨ªa terminado. Pero entonces, algo cambi¨®. De repente, el dolor se desvaneci¨®. Abr¨ª los ojos y me encontr¨¦ rodeado de agua. No hab¨ªa rastro de heridas en mi cuerpo; todo estaba intacto. El lugar me resultaba familiar, un eco de los sue?os que hab¨ªa tenido tantas veces antes. Era un espacio infinito, oscuro como la noche, donde el agua era la ¨²nica fuente de luz, brillando con un resplandor et¨¦reo que acariciaba suavemente la oscuridad. Comenc¨¦ a caminar, cada paso dejando ondas que parec¨ªan no querer desaparecer. El recuerdo de Sora y el caos qued¨® atr¨¢s, borrado por la extra?a paz que emanaba de este lugar. Entonces, lo vi. A lo lejos, una figura se dibuj¨® en el horizonte. Era una sombra, una mancha negra que devoraba la luz a su alrededor, como si el mismo universo retrocediera en su presencia. Intent¨¦ enfocarme, pero cuanto m¨¢s lo hac¨ªa, menos pod¨ªa comprender lo que estaba viendo. La figura estaba envuelta en fuego negro, un fuego que no iluminaba sino que consum¨ªa. Las llamas danzaban de manera hipn¨®tica, dejando tras de s¨ª diminutas hebras de ceniza negra que se disolv¨ªan en el aire como suspiros de desesperanza. Sus ojos eran dos c¨ªrculos blancos, vac¨ªos y a¨²n as¨ª infinitos. Mirarlos era como asomarse a un abismo sin fin, una fuerza irresistible que atrapaba mi atenci¨®n y no me dejaba escapar. Hab¨ªa algo terriblemente familiar en ellos, como si hubieran estado observ¨¢ndome desde siempre. ¡ªNos vemos de nuevo ¡ªdijo la figura, su voz un eco distorsionado que parec¨ªa surgir desde todas partes y ninguna. A pesar de hablar, no hab¨ªa boca, solo esa oscuridad inquebrantable. ¡ª?Qui¨¦n eres? ¡ªlogr¨¦ preguntar, mi voz apenas un susurro ahogado. Antes de que pudiera obtener una respuesta, la figura desapareci¨®. La luz del agua se extingui¨® en un instante, y el mundo entero se sumergi¨® en una oscuridad sofocante. Era una negrura densa, casi tangible, que me envolv¨ªa como si estuviera atrapado en un l¨ªquido espeso y sin fin. Y entonces, solo qued¨® el silencio. De pronto, el agua bajo mis pies comenz¨® a brillar con una intensidad cegadora, desvelando im¨¢genes fragmentadas de lo que ocurr¨ªa en la realidad. All¨ª estaba yo, tirado en el suelo, mi cuerpo tan inm¨®vil como un cad¨¢ver, mientras Sora, con una mirada cargada de decepci¨®n y desd¨¦n, tomaba asiento en un trono grotesco que hab¨ªa creado en medio de aquel escenario devastado. A su alrededor, sombras humanas comenzaban a materializarse: civiles, militares¡­ personas arrancadas de sus vidas, obligadas a soportar las torturas que Sora parec¨ªa disfrutar con un placer perverso. El espect¨¢culo era macabro, un despliegue de crueldad que retorc¨ªa mi est¨®mago y encend¨ªa una furia impotente dentro de m¨ª. De repente, sent¨ª un escalofr¨ªo en mi nuca. La sombra reapareci¨® detr¨¢s de m¨ª, su presencia envolviendo el espacio como una marea opresiva. ¡ªMe da gusto que al fin podamos hablar cara a cara ¡ªdijo con una voz que se filtraba como un susurro venenoso. ¡ª?Qui¨¦n eres? ¡ªrepet¨ª, mi voz quebrada entre incredulidad y rabia¡ª. ?D¨®nde estoy? ¡ªSoy t¨² ¡ªrespondi¨®, dejando una pausa tan pesada que parec¨ªa devorar el silencio¡ª. O bueno, eso me gustar¨ªa decir. Soy una representaci¨®n de tu alma, un ser que te cuida¡­ como si fuera tu ¨¢ngel de la guarda. ¡ªPero no eres un ¨¢ngel. ¡ªClaro que no, ni?o ¡ªrespondi¨® con una risa ¨¢spera que reson¨® como un eco distorsionado¡ª. Me vi ligado a tu vida desde el momento en que salimos de aquel tubo, de ese contenedor. Era un espect¨¢culo lamentable¡­ verte viviendo esa existencia pat¨¦tica. ¡ª?Entonces t¨² fuiste el que¡­? ¡ªcomenc¨¦, el horror invadiendo mis palabras. ¡ªPor supuesto. ?Qui¨¦n m¨¢s habr¨ªa quemado la aldea entera? ¡ªSe inclin¨® hacia m¨ª, tan cerca que pod¨ªa sentir un fr¨ªo antinatural emanando de su forma intangible¡ª. Esa fue la ¨²nica vez que tuve el control completo. ¡ª?Maldito! ¡ªgrit¨¦ con una furia que brot¨® desde lo m¨¢s profundo de mi ser. Lanc¨¦ un golpe desesperado, pero su figura se desvaneci¨® como humo antes de que mi pu?o pudiera rozarlo. En un instante, reapareci¨® detr¨¢s de m¨ª, su presencia tan abrumadora como siempre. ¡ªVamos, no te precipites. ?No ves que est¨¢s en una situaci¨®n muy complicada? ¡ªSu tono era burl¨®n, casi divertido¡ª. A este ritmo, todos tus amigos van a morir. ¡ª?Qu¨¦ es lo que quieres? ¡ªpregunt¨¦, apretando los dientes¡ª. ?Por qu¨¦ despu¨¦s de tanto tiempo decides aparecerte frente a m¨ª? ¡ªT¨² sabes perfectamente lo que quiero. ¡ªUna sonrisa monstruosa se dibuj¨® en su rostro, un gesto que resaltaba en la penumbra absoluta. Era una sonrisa demasiado amplia, demasiado antinatural, y junto a sus ojos blancos, era lo ¨²nico visible en su cuerpo¡ª. Quiero el control completo de tu cuerpo. ¡ªJam¨¢s ¡ªdije, mi voz firme a pesar del terror que me oprim¨ªa el pecho¡ª. La ¨²ltima vez que lo tuviste¡­ solo trajiste destrucci¨®n y muerte. La sombra se desliz¨® a mi espalda con una rapidez que hizo que mi piel se erizara. Sus manos, fr¨ªas como el acero, se posaron en mis hombros. Hab¨ªa algo en su toque, una mezcla de persuasi¨®n y amenaza que se sent¨ªa como un peso imposible de ignorar. ¡ªVamos ¡ªsusurr¨® con voz melosa, cargada de un peligro impl¨ªcito¡ª. No tienes otra opci¨®n. ¡ªClaro que s¨ª ¡ªrespond¨ª, dando un paso atr¨¢s para liberarme de su agarre¡ª. Solo necesito volver a despertar. Mis ojos recorrieron fren¨¦ticamente el espacio, buscando algo, cualquier cosa, que indicara una salida. Pero no hab¨ªa nada m¨¢s all¨¢ del agua brillante y la opresiva oscuridad. ¡ªNo vas a poder volver ¡ªafirm¨® la sombra con una calma perturbadora¡ª. Est¨¢s muerto. Su declaraci¨®n me golpe¨® como una tormenta inesperada. ¡ª?Qu¨¦? ¡ªbalbuce¨¦, sintiendo c¨®mo un escalofr¨ªo recorr¨ªa mi columna. ¡ªLa ca¨ªda te mat¨®. Parece que no eras tan fuerte como quer¨ªas creer. ¡ªEst¨¢s mintiendo. ¡ª?Por qu¨¦ lo har¨ªa? ¡ªpregunt¨® burlonamente, extendiendo los brazos en un gesto teatral¡ª. Est¨¢s en un limbo. Tu existencia est¨¢ pendiendo de un hilo, y soy yo quien te mantiene aqu¨ª. ¡ªJam¨¢s podr¨ªa darte el control ¡ªgru?¨ª, apretando los pu?os. La sombra solt¨® una carcajada seca, carente de cualquier rastro de humor. ¡ª?De verdad crees que tienes el control aqu¨ª? ¡ªse burl¨®, sus ojos vac¨ªos clav¨¢ndose en los m¨ªos. ¡ªClaro que s¨ª. Si no fuera as¨ª, ?por qu¨¦ me estar¨ªas pidiendo el control? Por un breve instante, la sonrisa que hab¨ªa sido una constante en su rostro desapareci¨®, reemplazada por una seriedad que solo intensific¨® la amenaza que representaba. ¡ªMuy bien, pi¨¦nsalo como quieras. Pero recuerda algo, ni?o ¡ªsus ojos parecieron arder con una intensidad que perfor¨® la oscuridad¡ª. Siempre estar¨¦ aqu¨ª. Dentro de ti. En tus sue?os, en tus pesadillas, en cada momento en que la muerte te roce. ¡ª?Qu¨¦ es lo que planeas? ¡ªpregunt¨¦, tratando de mantener mi voz firme, aunque el miedo se aferraba a mi pecho. ¡ªTe voy a curar ¡ªrespondi¨®, dando un paso atr¨¢s. Con un movimiento de su mano, el agua se retorci¨® y de ella surgi¨® una puerta imponente, su marco hecho de una madera negra que parec¨ªa consumir la luz a su alrededor.This tale has been pilfered from Royal Road. If found on Amazon, kindly file a report. La sombra se?al¨® la puerta, su sonrisa regresando, m¨¢s amplia y grotesca que nunca. ¡ªCuando no puedas m¨¢s, cuando sientas que todo est¨¢ perdido, solo di ¡°r¨¦quiem¡±. En ese instante, tomar¨¦ el control. Hasta entonces, sigue pretendiendo que eres el due?o de tu destino. Extendi¨® su mano hacia m¨ª, esperando. Dud¨¦, observando esos dedos delgados y deformes. Luego, levant¨¦ la mirada hacia su rostro, esa expresi¨®n monstruosa que promet¨ªa tanto salvaci¨®n como condena. Finalmente, sin otra opci¨®n a la vista, tom¨¦ su mano. El contacto fue helado, como si la esencia misma de la sombra se filtrara en mi piel. La puerta se abri¨® con un crujido profundo, y al cruzarla, sent¨ª un tir¨®n en mi ser. Al instante, despert¨¦. El dolor hab¨ªa desaparecido. Mi cuerpo estaba intacto, como si la muerte nunca me hubiera tocado. Me encontraba nuevamente entre los escombros, la devastaci¨®n extendi¨¦ndose a mi alrededor. A lo lejos, Sora permanec¨ªa en su trono, un espectador cruel que disfrutaba de su teatro de tortura. Humanos, tanto civiles como militares, eran arrastrados uno tras otro, sus gritos perforando el aire. Fue entonces cuando los vi. Miguel y Kiomi corr¨ªan hacia Sora, lanz¨¢ndose al combate con una furia desesperada. Pero Sora los repeli¨® con facilidad, su semblante inmutable, casi aburrido. ¡ª?Zein! ¡ªla voz de Naoko rompi¨® mi aturdimiento. Ella estaba a mi lado, su rostro reflejando una mezcla de alivio y angustia. ¡ª?Est¨¢s bien? ¡ªpregunt¨®, inclin¨¢ndose hacia m¨ª, sus manos temblorosas revisando mis heridas inexistentes. La guerra continuaba a nuestro alrededor, pero su mirada permanec¨ªa fija en m¨ª, como si en ese momento yo fuera lo ¨²nico que importara. La tranquilic¨¦ con una leve sonrisa y me puse de pie, aunque mi cuerpo a¨²n sent¨ªa el peso de la batalla. Alexander, quien tambi¨¦n hab¨ªa llegado como refuerzo, se acerc¨® con el ce?o fruncido, evaluando r¨¢pidamente mi estado. ¡ªZein¡­ ¡ªdijo, su tono cargado de preocupaci¨®n. ¡ªAlexander, Naoko ¡ªlos mir¨¦ directamente, mi voz firme a pesar del caos a nuestro alrededor¡ª. Debemos atacar juntos. Es la ¨²nica forma. Si fallamos, este planeta estar¨¢ perdido. Alexander asinti¨® con determinaci¨®n y coloc¨® una mano firme sobre mi hombro. ¡ªCuenta conmigo. ¡ª?Cuenta conmigo tambi¨¦n! ¡ªexclam¨® Naoko, su voz temblando al principio, pero con un entusiasmo que poco a poco gan¨® fuerza. Sin m¨¢s palabras, nos lanzamos hacia Sora. Cada uno atacaba con t¨¦cnicas diferentes, combinando nuestras fuerzas para intentar abrumarlo. Pero no importaba cu¨¢ntos esfuerzos hici¨¦ramos, Sora apenas parec¨ªa notarlo. Sus ataques a larga distancia eran r¨¢pidos, precisos e impredecibles. A cada movimiento, parec¨ªa jugar con nosotros, midiendo nuestras habilidades. Lo peor era la constante amenaza de que invocara el Imaginary. Si lo hac¨ªa, nuestras posibilidades desaparecer¨ªan por completo. El primero en caer fue Miguel. Hab¨ªa luchado sin descanso desde antes de mi llegada, y aun as¨ª, su energ¨ªa parec¨ªa inagotable. Pero un solo ataque certero de Sora lo noque¨®, envi¨¢ndolo al suelo con un impacto que reson¨® en todo el campo de batalla. Alexander no dej¨® que eso nos detuviera. Mientras segu¨ªamos luchando, ¨¦l se mov¨ªa ¨¢gilmente por el campo, cur¨¢ndonos cuando pod¨ªa y reforzando nuestras defensas con su magia. Sin embargo, este apoyo no pas¨® desapercibido para Sora. ¡ªInteresante¡­ ¡ªmurmur¨® Sora, dirigiendo su mirada hacia Alexander con una sonrisa siniestra. Antes de que pudiera atacar, nos interpusimos en su camino, bloqueando sus intentos de alcanzar a nuestro sanador. Pero el desgaste comenz¨® a cobrarnos factura. La batalla se alargaba, y cada minuto que pasaba sent¨ªamos c¨®mo nuestras fuerzas disminu¨ªan, mientras Sora segu¨ªa tan fresco como al inicio. Kiomi fue la siguiente en caer. En un movimiento brutal, Sora la lanz¨® contra un edificio cercano. El impacto fue ensordecedor, y el polvo que levant¨® cubri¨® el ¨¢rea como una nube de desesperaci¨®n. Cuando el polvo se disip¨®, Kiomi estaba inm¨®vil, fuera de combate. Ahora solo qued¨¢bamos tres. ¡ªVaya, son m¨¢s d¨¦biles de lo que imaginaba ¡ªdijo Sora, con su caracter¨ªstico tono de burla que encend¨ªa la rabia en nuestros corazones¡ª. Zein, debo admitir que me sorprende que te hayas recuperado de esas heridas, pero parece que esa fue la ¨²nica sorpresa que ten¨ªas para ofrecer. No respondimos. Est¨¢bamos demasiado concentrados, demasiado agotados para caer en sus provocaciones. Sora entrecerr¨® los ojos, su sonrisa desvaneci¨¦ndose moment¨¢neamente al darse cuenta de que su intento de desmoralizarnos hab¨ªa fracasado. Sin embargo, en su rostro a¨²n quedaba una arrogancia inquebrantable, como si supiera que nuestra resistencia no durar¨ªa mucho m¨¢s. El aire a nuestro alrededor se sent¨ªa m¨¢s pesado, cargado de tensi¨®n y desesperaci¨®n. Pero, a pesar de todo, a¨²n quedaba algo dentro de nosotros. Un peque?o fuego que no se apagar¨ªa tan f¨¢cilmente. ¡ªNi siquiera sus amigos, que fueron f¨¢cilmente derrotados. Tras acabar con ustedes, los matar¨¦ a ellos. Y despu¨¦s a todas las personas de este continente. Luego, me mover¨¦ al siguiente. Los que sobrevivan... los har¨¦ esclavos. ¡ª?No si te lo impido! ¡ªgrit¨® Naoko, lanz¨¢ndose hacia Sora con una furia desbordante. ¡ª?Naoko, NO! ¡ªgrit¨¦, pero ya era demasiado tarde. Para mi sorpresa, su ataque no fue en vano. Naoko logr¨® asestar un golpe preciso, cortando el brazo derecho de Sora. Por un momento, el aire pareci¨® detenerse. La sangre negra que manaba del mu?¨®n dibuj¨® un arco macabro en el aire, mientras Sora retroced¨ªa, su rostro deformado por el dolor y la sorpresa. ¡ªMocosa... ¡ªmurmur¨® entre dientes, sus ojos ard¨ªan de ira mientras su brazo comenzaba a regenerarse lentamente, una visi¨®n aterradora que parec¨ªa retorcer la misma realidad. Antes de que Naoko pudiera reaccionar, Sora utiliz¨® su otro brazo para golpearla con una fuerza descomunal, envi¨¢ndola contra un lazo de madera que se rompi¨® bajo el impacto. La espada de Naoko cay¨® de su mano, resonando contra el suelo mojado. Pero no termin¨® all¨ª. Dos troncos gigantes emergieron de la nada, buscando aplastarla donde yac¨ªa. Aunque fallaron por escasos cent¨ªmetros, el esfuerzo hab¨ªa dejado a Naoko fuera de combate. Ahora solo qued¨¢bamos dos. ¡ªZein, no te precipites ¡ªme advirti¨® Alexander, su voz temblorosa por el agotamiento y el miedo. ¡ªNo te preocupes ¡ªrespond¨ª, aunque mi propia seguridad empezaba a tambalearse. La noche comenzaba a caer, y con ella, el peso de la realidad. Parec¨ªa imposible que pudi¨¦ramos vencerlo, pero algo dentro de m¨ª se negaba a rendirse. Fue entonces que el sol comenz¨® a hundirse m¨¢s all¨¢ del horizonte, ti?endo el cielo de un rojo profundo, casi como si compartiera nuestra desesperaci¨®n. Las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer, ligeras al principio, luego m¨¢s insistentes. ¡ª?Esto es cosa tuya? ¡ªpregunt¨¦, con la voz cargada de sospecha, mi respiraci¨®n acelerada. ¡ª?Qu¨¦, la lluvia? ¡ªSora dej¨® escapar una carcajada despectiva¡ª. No seas idiota. No soy tan poderoso como para controlarla... o puede que s¨ª. ?Qui¨¦n sabe? Eso queda a tu imaginaci¨®n. Antes de que pudiera responder, ocurri¨®. Sora desapareci¨®. Fue m¨¢s r¨¢pido que la lluvia, m¨¢s r¨¢pido que el parpadeo de mis ojos, m¨¢s r¨¢pido que la misma percepci¨®n del tiempo. En un instante estaba all¨ª, y al siguiente, no. El mundo pareci¨® desmoronarse a mi alrededor mientras el sonido de las gotas de lluvia resonaba con un eco inquietante. Un fr¨ªo helado recorri¨® mi espalda. ¡ªAlexander... ¡ªmurmur¨¦, incapaz de ocultar el temor en mi voz¡ª. ?D¨®nde est¨¢? ¡ªNo lo s¨¦... ¡ªrespondi¨® Alexander, sus ojos escudri?ando fren¨¦ticamente la oscuridad a nuestro alrededor¡ª. Pero prep¨¢rate. Esto no ha terminado. La tensi¨®n en el aire era palpable, como si el mismo mundo contuviera la respiraci¨®n. Sora estaba jugando con nosotros, y cada segundo que pasaba nos acercaba m¨¢s al l¨ªmite de nuestras fuerzas. En un parpadeo, Sora volvi¨® a aparecer, y con ¨¦l, Alexander estaba a su merced. Sora lo sosten¨ªa por la mand¨ªbula, levant¨¢ndolo como si fuera un simple juguete. Alexander, apenas consciente de lo que ocurr¨ªa, comenz¨® a patear y lanzar golpes desesperados. ¡ªQu¨¦ pat¨¦tico ¡ªmurmur¨® Sora, su tono fr¨ªo y despectivo. Pod¨ªa ver c¨®mo comenzaba a preparar un ataque. ¡ª?No lo hagas! ¡ªgrit¨¦ con todas mis fuerzas, pero fue in¨²til. ¡ªNada personal. Con esas palabras, Sora atraves¨® el est¨®mago de Alexander con su brazo. La fuerza del impacto detuvo cualquier resistencia en ¨¦l, y poco a poco, dej¨® de moverse. En un acto final de desprecio, Sora aplast¨® su mand¨ªbula y lo lanz¨® hacia m¨ª como si fuera un mu?eco roto. El cuerpo inerte de Alexander cay¨® al suelo frente a m¨ª, y la lluvia, implacable, comenz¨® a te?irse de un rojo oscuro mientras se mezclaba con su sangre. ¡ª?Ves lo que les espera? ¡ªdijo Sora, su voz resonando como un eco de desesperaci¨®n en mi mente¡ª. R¨ªndete de una vez, y me asegurar¨¦ de que tu muerte y la de tus amigos sean r¨¢pidas y poco dolorosas. No pod¨ªa creerlo. Todo parec¨ªa perdido. Mis manos temblaban mientras miraba el cuerpo inm¨®vil de Alexander. La sensaci¨®n de impotencia me ahogaba como un peso insoportable. ¡ªYa no tiene sentido... ¡ªmurmur¨¦, m¨¢s para m¨ª mismo que para Sora. Mi voluntad se quebraba, junto con cualquier esperanza. ¨¦l ten¨ªa raz¨®n. Me arrodill¨¦ frente a Alexander, incapaz de moverme, de pensar, de hacer algo. La lluvia segu¨ªa cayendo, cada gota resonando como un lamento en mis o¨ªdos. ¡ª... ¡ª... ¡ª...Re- ¡ª...R¨¦quiem. ... Cuando despert¨¦, todo era confusi¨®n. Mis sentidos regresaron lentamente, como si emergiera de un abismo oscuro. A mi alrededor, vi los cuerpos de mis amigos esparcidos por el suelo, inm¨®viles. Hab¨ªa logrado evitar que el golpe fuera fatal reforzando mi cuerpo en el ¨²ltimo segundo, pero aun as¨ª, el impacto me hab¨ªa noqueado. Me levant¨¦ con dificultad, el peso de la situaci¨®n presion¨¢ndome. Busqu¨¦ mi espada, y al encontrarla, la sostuve con fuerza, poni¨¦ndome en una postura defensiva. No sab¨ªa qu¨¦ esperar, pero no pod¨ªa bajar la guardia. Mir¨¦ a mi alrededor, esperando se?ales de vida. Ah¨ª estaban, Kiomi y Miguel, tirados en el suelo, inconscientes. Pero al buscar a Zein y Alexander, me encontr¨¦ con algo que jam¨¢s hubiera imaginado. Alexander yac¨ªa en el suelo, sin mand¨ªbula y con un agujero inmenso en el pecho. La sangre se mezclaba con la lluvia, formando charcos rojizos que te?¨ªan el agua. Un escalofr¨ªo recorri¨® mi cuerpo al procesar la escena. Mir¨¦ a mi alrededor fren¨¦ticamente en busca de Zein, pero no lo encontr¨¦. Tampoco hab¨ªa se?ales de Sora. Un pensamiento fugaz cruz¨® mi mente: ?Se lo habr¨¢ llevado Zein para enfrentarlo en otro lugar? De repente, un estruendo desgarrador retumb¨® frente a m¨ª. La tierra tembl¨® bajo mis pies, y una espesa cortina de humo cubri¨® todo a mi alrededor. Cuando el humo se disip¨®, lo vi. Frente a m¨ª hab¨ªa una figura envuelta en completa oscuridad, como una sombra viviente. Al intentar enfocarme en ella, todo lo que pod¨ªa percibir era una mancha negra, un vac¨ªo absoluto. Parec¨ªa envuelta en llamas, pero no eran normales: el fuego era negro como el abismo, con destellos morados que chisporroteaban y se disolv¨ªan en diminutas part¨ªculas antes de convertirse en cenizas oscuras. Sus ojos eran dos c¨ªrculos blancos, profundos y vac¨ªos. Me atraparon, hipnotiz¨¢ndome; era imposible apartar la mirada de ellos. Eran abrumadores, llenos de una intensidad que parec¨ªa consumir todo a su alrededor. En su mano derecha, sosten¨ªa la cabeza sin vida de Sora. Me qued¨¦ helada. ?C¨®mo era posible? Sora pod¨ªa regenerarse... ?qu¨¦ demonios era esta cosa? El miedo me invadi¨®, me dej¨® paralizada. Mi cuerpo comenz¨® a temblar incontrolablemente, y el p¨¢nico me hizo soltar mi espada. Incapaz de resistir la presi¨®n, ca¨ª de rodillas frente a esa presencia aterradora. La figura permaneci¨® ah¨ª, inm¨®vil, mir¨¢ndome. Y entonces, de mis labios temblorosos sali¨® un susurro, apenas audible: ¡ª?Zein...? Al escuchar su nombre, el fuego que envolv¨ªa la figura se apag¨® de repente, como si nunca hubiera existido. Frente a m¨ª, vi el cuerpo de Zein desplomarse al suelo, completamente desmayado. La cabeza de Sora rod¨® hacia m¨ª, inerte, como una simple bola de boliche. Por un momento, todo qued¨® en silencio. La lluvia segu¨ªa cayendo, pero el mundo parec¨ªa haberse detenido. La calma antes de la tormenta Otra vez ese sue?o. ?Cu¨¢ntas veces van en este ¨²ltimo a?o que he so?ado con eso? Es bastante t¨¦trico y preferir¨ªa no volver a so?arlo. Aunque, cuando no tengo ese sue?o, estoy en ese lugar, de plena oscuridad, donde el agua es lo ¨²nico que brilla. Me dispongo a pasear por todos lados, pero simplemente no hay nada. Nada de nada. Desde que vencimos a Sora ese d¨ªa, ha pasado un a?o entero. Las cosas han cambiado bastante. Nos convertimos en h¨¦roes de la ciudad; parece ser que la transmisi¨®n fue vista por miles de personas alrededor del mundo. Al vencer a Sora, los soldados perdieron su invulnerabilidad, lo que permiti¨® que las tropas comunes pudieran eliminarlos como si fueran simples soldados comunes y corrientes. Justo en el lugar donde Sora fue evaporado por Kiomi, se hizo un hoyo muy grande, del cual emergi¨® un ¨¢rbol gigante. Ese ¨¢rbol ahora es un s¨ªmbolo y un monumento por todos aquellos que murieron y se sacrificaron ese d¨ªa. Es extra?o, pero ese ¨¢rbol parece ser algo m¨¢s que un s¨ªmbolo: su crecimiento es an¨®malo, y las ra¨ªces han comenzado a extenderse mucho m¨¢s all¨¢ de lo esperado. Algunos creen que es una se?al de esperanza; otros temen que algo m¨¢s se esconda en su interior. El mundo ha estado m¨¢s o menos en calma. La mayor¨ªa de las naciones se han unido a la Nueva Rep¨²blica, dejando as¨ª que en el mundo solo haya dos grandes pa¨ªses: dos grandes potencias, la Nueva Rep¨²blica y la Liga ¨¢rabe. A pesar de ello, la tensi¨®n entre ambas crece con el tiempo. La tecnolog¨ªa ha avanzado bastante; al repeler la invasi¨®n, se confiscaron armas y tecnolog¨ªa, lo que permiti¨® crear nuevas herramientas. Sistemas de defensa, transporte avanzado y equipos m¨¦dicos revolucionarios se han desarrollado gracias a ello. Sin embargo, algunas de esas invenciones siguen siendo clasificadas, generando dudas sobre los verdaderos planes de las grandes potencias. Estos a?os de calma me han permitido entrenar lo m¨¢s que puedo. Podr¨ªa decir que al fin estoy al nivel de Sora, aunque, aun as¨ª, siento que me falta bastante. Incluso con el multiplicador del pacto con Kio, se me hace dif¨ªcil mejorar en mis habilidades. A¨²n m¨¢s sin un maestro como lo era Thailon¡­ Sus ense?anzas me guiaron en los momentos m¨¢s oscuros, y ahora me esfuerzo por honrarlas, aunque eso signifique enfrentar mis propios l¨ªmites una y otra vez. Naoko afront¨® bastante bien la p¨¦rdida de su abuela. Aunque no lo mostraba al principio, estaba afligida y muy dolida. Entre todos la apoyamos. Tambi¨¦n a Alexander, quien perdi¨® a Mei ese d¨ªa. Todos perdimos bastante en ese tiempo, pero aprendimos a seguir adelante, cada uno a su manera. La cafeter¨ªa gan¨® a¨²n m¨¢s popularidad tras convertirnos en h¨¦roes, por lo que ahora es m¨¢s concurrida. Alexander tuvo que rentar un edificio al lado para expandir el negocio. Ahora tiene dos pisos adicionales para recibir a los clientes, y es un punto de encuentro para personas de todas partes. Entre los trabajadores hay alguien que capta mi atenci¨®n: aquel muchacho que Naoko llev¨® con vida al interrogatorio mientras estuvimos en Siberia. Miguel y Paul quisieron que se incorporara a la sociedad, y Alexander lo acept¨® en el trabajo. Al principio parec¨ªa reservado y t¨ªmido, pero poco a poco ha mostrado ser alguien trabajador y de buen coraz¨®n. Kiomi, por su parte, ha estado investigando el ¨¢rbol que creci¨® tras la batalla. Ha notado que su energ¨ªa no es completamente natural, y sospecha que est¨¢ vinculado a algo m¨¢s grande. Quiz¨¢s incluso a lo que enfrentamos aquel d¨ªa. Eso nos tiene algo inquietos, pero por ahora solo podemos especular. Un a?o puede parecer mucho tiempo, pero a veces siento que fue ayer cuando todo sucedi¨®. A pesar de los avances y la relativa calma, no puedo evitar pensar que esta paz es ef¨ªmera, como el susurro de una tormenta que a¨²n est¨¢ por llegar. Mientras tanto, Naoko termin¨® viviendo con nosotros en el caf¨¦. La zona de los cuartos es bastante grande y extensa, por lo que no sorprende que haya muchos espacios vac¨ªos. Cuando perdi¨® a su abuela, no quer¨ªamos que se sintiera sola en un apartamento tan grande y vac¨ªo. Ahora tiene un lugar c¨¢lido y lleno de vida, aunque a veces se queja de que todos somos algo ruidosos. Todos estamos haciendo nuestra parte para seguir adelante y llevar una buena vida. Me sorprende c¨®mo, a pesar de todo, el mundo entero y su poblaci¨®n lograron ponerse de pie de nuevo. Es como si, tras haber tocado fondo, la humanidad hubiera encontrado una nueva raz¨®n para avanzar. Pero esa paz no llega sin sus cicatrices; todos llevamos algo de aquel d¨ªa en nuestros corazones. Dentro de una semana ser¨¢ el memorial por todo lo que pas¨® hace un a?o. Ser¨¢ una ceremonia grande, y muchas personas est¨¢n planeando asistir al monumento del ¨¢rbol. La ciudad se est¨¢ preparando, y las calles se llenan de banderas, flores y luces. Es un recordatorio de lo que perdimos y, al mismo tiempo, de lo que logramos preservar. ¡ªVamos, Lyra, ya es de ma?ana. Despi¨¦rtate ¡ªle dije mientras ella segu¨ªa acostada en su cama. ¡ªCinco minutos m¨¢s ¡ªrespondi¨®, tap¨¢ndose con su s¨¢bana de nuevo. Decid¨ª quitarle la s¨¢bana y cargarla para que as¨ª se despertara. Como siempre, protest¨® un poco, pero termin¨¦ logrando mi cometido. ¡ª?No es justo, Zein! ?Siempre haces lo mismo! ¡ªEs la ¨²nica manera de sacarte de la cama ¡ªrespond¨ª con una sonrisa mientras ella cruzaba los brazos en un gesto de derrota. Al salir del cuarto, me encontr¨¦ con todos. Me alegraba estar aqu¨ª, rodeado de las personas que m¨¢s me importaban. Cuando bajamos, ya todos estaban prepar¨¢ndose para acomodar el caf¨¦. Naoko hablaba con Judas, el chico que salv¨® hace un a?o. Al principio, me cost¨® confiar en ¨¦l; despu¨¦s de todo, fue parte del enemigo. Pero ha demostrado ser alguien en quien podemos confiar, y su trabajo en el caf¨¦ ha sido impecable. Alexander hab¨ªa ido al local de al lado para preparar todo all¨ª, mientras que Kio segu¨ªa dormida en su lugar especial, una peque?a cama improvisada en una esquina del caf¨¦ donde siempre se quedaba. ¡ª?Y ya te acostumbraste a tu nuevo apartamento? ¡ªpregunt¨® Naoko a Judas. ¡ªS¨ª, gracias, Naoko, por ayudarme con eso. Es bastante lindo ¡ªrespondi¨® Judas con una leve sonrisa. ¡ªMe alegra que te guste. Al fin y al cabo, fue mi casa durante mucho tiempo. Si hubieras dicho que estaba feo, te habr¨ªa golpeado. ¡ªBuenos d¨ªas ¡ªdije al llegar al grupo. ¡ªBuenos d¨ªas, Zein ¡ªrespondieron al un¨ªsono. ¡ª?Ya b¨¢jame, Zein! Puedo caminar por mi cuenta ¡ªprotest¨® Lyra mientras intentaba liberarse. ¡ªBuenos d¨ªas, Lyra ¡ªdijo Judas con una sonrisa amable. ¡ªBuenos d¨ªas ¡ªrespondi¨® ella, acomod¨¢ndose el cabello con algo de verg¨¹enza. Abrimos el local como de costumbre. Todo estaba tan animado y alegre como siempre; las risas y las pl¨¢ticas no faltaban. Paul y Miguel siempre ven¨ªan a visitarnos. Miguel, con esa gran sonrisa de siempre, parec¨ªa capaz de iluminar cualquier d¨ªa gris. El caf¨¦ se ha convertido en un lugar especial, no solo para nosotros, sino tambi¨¦n para la comunidad. Es m¨¢s que un negocio; es un refugio para aquellos que buscan un momento de paz en medio de sus vidas. A veces, mientras atiendo a los clientes, me detengo a observar. Veo las conversaciones animadas, las sonrisas genuinas y las peque?as conexiones que se forman aqu¨ª, y no puedo evitar sentir orgullo por lo que hemos creado juntos.Stolen from its rightful author, this tale is not meant to be on Amazon; report any sightings. En cuanto acababa la hora pico, la mayor¨ªa de los que trabaj¨¢bamos ah¨ª pod¨ªamos tomarnos un respiro. Paul, como siempre, aprovech¨® el momento para acercarse con algo importante que compartir. ¡ªChicos, tenemos que mostrarles algo ¡ªdijo con tono serio, sacando de un malet¨ªn una computadora port¨¢til. Era mucho mejor que simplemente mostrarnos papeles en un folder; la pantalla ilumin¨® la mesa mientras cargaba los archivos que ten¨ªa preparados. Lo primero que mostr¨® fue un video de unos streamers durante una transmisi¨®n en vivo. Hab¨ªan subido a la cima de un edificio alto, buscando adrenalina y espectadores. Pero lo extra?o no era eso. En el fondo, la c¨¢mara captur¨® algo peculiar: una silueta en otro edificio cercano. ¡ªMiren bien ¡ªindic¨® Paul, ampliando la imagen congelada. Al observar con m¨¢s atenci¨®n, la figura de Sora comenz¨® a destacar. La luz tenue del atardecer resaltaba sus contornos, y su postura era inconfundible. ¡ª?Ese es¡­? ¡ªpregunt¨® Kiomi, siendo la primera en reconocerlo, con un ligero temblor en su voz. ¡ªExacto ¡ªconfirm¨® Paul¡ª. Este video no es de hace mucho. El gobierno ya est¨¢ elimin¨¢ndolo de las redes y publicando aclaraciones para evitar que se propague. Pero, aun as¨ª, decidimos investigar m¨¢s. Miguel intervino con un gesto grave. ¡ªLo que vemos es verdad. Yo mismo fui a comprobar la informaci¨®n, y efectivamente, ah¨ª estaba. Pero... estaba diferente. Paul nos mostr¨® fotos con mejor resoluci¨®n. En ellas se ve¨ªa claramente a Sora, o al menos alguien que se parec¨ªa mucho a ¨¦l. Lo que m¨¢s llamaba la atenci¨®n era una m¨¢scara que parec¨ªa adherida a su rostro, una m¨¢scara de conejo que le daba un aire perturbador y extra?o. ¡ªNo solo eso ¡ªa?adi¨® Paul, reproduciendo otro video. Esta vez, Sora no estaba solo. Junto a ¨¦l, aparec¨ªa una ni?a peque?a. El silencio llen¨® el lugar mientras asimil¨¢bamos lo que ve¨ªamos. Finalmente, Paul rompi¨® la tensi¨®n: ¡ªTememos que algo malo le pueda pasar a la ni?a... y tambi¨¦n a toda la zona si no actuamos r¨¢pido. Pero no podemos hacer un esc¨¢ndalo, especialmente con el memorial tan cerca. Naoko, que estaba sirvi¨¦ndole t¨¦ a Lyra, rompi¨® el silencio. ¡ª?Y d¨®nde entramos nosotros en esto? ¡ªpregunt¨®, manteniendo la calma mientras Lyra escuchaba todo en silencio, jugando con la taza entre sus manos. ¡ªNecesito que saquen a Sora de ah¨ª lo m¨¢s discretamente posible y lo lleven a una base del gobierno ¡ªrespondi¨® Paul, recogiendo sus cosas de la mesa y prepar¨¢ndose para irse. ¡ª?Cu¨¢ndo creen que podr¨ªan hacerlo? Todos intercambiamos miradas por un momento, y casi como si fuera sincronizado, giramos la cabeza hacia Alexander, que estaba lavando platos al fondo. ¡ª?Por qu¨¦ me miran a m¨ª? ¡ªprotest¨® ¨¦l, con espuma en las manos y un ce?o fruncido. ¡ªVayan ¡ªdijo con un suspiro resignado, volviendo la vista al fregadero¡ª. El otro establecimiento cierra temprano y no habr¨¢ muchos clientes hoy. Y si necesitamos ayuda, tenemos a Lyra justo aqu¨ª. ¡ª??Qu¨¦?! ?Por qu¨¦ yo? ¡ªse quejaba Lyra, pero antes de que pudiera protestar m¨¢s, Aiko se le acerc¨® alegremente. ¡ªVamos, Lyra. Ser¨¢s nuestra gran estratega, ?verdad? ¡ªle dijo con una sonrisa, mientras Lyra bufaba, aunque una peque?a curva en sus labios delataba que no le molestaba tanto como parec¨ªa. ¡ªEst¨¢ bien ¡ªdijo a rega?adientes. Nos preparamos para partir mientras Paul nos entregaba unos aud¨ªfonos que nos permitir¨ªan mantenernos comunicados en todo momento, facilitando la coordinaci¨®n. Al llegar al lugar donde se grab¨® el video, observamos el apartamento desde una distancia segura. Ah¨ª estaba, Sora, en carne y hueso. Bueno, m¨¢s bien en madera y lo que fuera que lo compusiera ahora. Junto a ¨¦l estaba la ni?a, que parec¨ªa contenta, aunque su presencia nos preocupaba; no pod¨ªamos descartar que Sora pudiera hacerle da?o. Planeamos atacar al anochecer, aprovechando la oscuridad para movernos con mayor sigilo y evitar llamar la atenci¨®n. Cuando cay¨® la noche, comenzamos la operaci¨®n. Miguel y Naoko entrar¨ªamos de manera pac¨ªfica al edificio. Si Sora pon¨ªa resistencia, yo y Kiomi intervendr¨ªan para neutralizarlo. Desde lejos, los observ¨¢bamos Cuando tocaron la puerta, not¨¦ que Sora se pon¨ªa nervioso; parec¨ªa reconocer sus voces. Entonces, todo se precipit¨®. ... Tocamos la puerta con insistencia, pero nadie respondi¨®. Miguel, impaciente, tom¨® la iniciativa. ¡ª?Polic¨ªa, abran la puerta! ¡ªexclam¨® mientras golpeaba con fuerza. ¡ª?Desde cu¨¢ndo eres polic¨ªa? ¡ªle pregunt¨¦, sin poder evitar mi incredulidad. ¡ªTe sorprender¨ªa la cantidad de cosas que fui antes de ser un ranger rojo ¡ªrespondi¨® con una sonrisa. Aun as¨ª, no obtuvimos respuesta. Finalmente, Miguel decidi¨® tumbar la puerta. Apenas lo hizo, el sonido de un vidrio rompi¨¦ndose reson¨® en el apartamento. ¡ª?Sora se fue! ?Repito, Sora se fue! ¡ªdije, buscando a toda prisa a la ni?a. Pero tampoco estaba. ¡ª?Y se llev¨® a la ni?a! En ese instante, Zein se lanz¨® tras ellos, mientras Kiomi descend¨ªa r¨¢pidamente, volando hacia donde est¨¢bamos. ¡ªVamos ¡ªdijo con determinaci¨®n. ¡ª?Pero c¨®mo? ?No s¨¦ volar! ¡ª?Zein a¨²n no te ha ense?ado? ¡ª?No! ¡ªBueno, mal momento, pero toca una lecci¨®n r¨¢pida ¡ªrespondi¨® Kiomi mientras Miguel sal¨ªa del edificio. Se acerc¨® a m¨ª y comenz¨® a explicar¡ª. Concentra toda la energ¨ªa de mana que puedas en la suela de tus zapatos. Por ahora, imagina que est¨¢s creando escalones bajo tus pies. Intent¨¦ hacerlo, pero en los primeros intentos no funcion¨®. Frustrada, volv¨ª a intentarlo. Poco a poco, sent¨ª c¨®mo la energ¨ªa tomaba forma y lograba mantenerme en el aire, aunque con dificultad. ¡ªBien, ahora mueve las bases al mismo tiempo para que te desplaces con ellas ¡ªindic¨® Kiomi. Al intentar moverme, perd¨ª el control y me lanc¨¦ hacia adelante. Por suerte, Kiomi reaccion¨® r¨¢pido y me atrap¨® antes de caer. ¡ªAhora que est¨¢s en esta posici¨®n, concentra el mana en tu pecho. Imagina que est¨¢s formando una base estable para recargarte mientras vuelas. Hice lo que me dijo y, para mi sorpresa, funcion¨®. Pude mantenerme en el aire con mayor estabilidad. ¡ª?Perfecto! Ahora vamos. Kiomi me tom¨® de la mano y nos movimos a toda velocidad para alcanzar a Zein. El rastro de Sora era claro: hab¨ªa marcas visibles en los edificios de los que se impulsaba para columpiarse. ¡ª?No crees que vamos demasiado r¨¢pido! ¡ªgrit¨¦, apenas logrando mantenerme estable en el aire. ¡ª?Estamos bien, ya casi los alcanzamos! Finalmente, encontramos a Zein detenido frente a un edificio. En la terraza se distingu¨ªa una c¨²pula hecha de madera, claramente construida por Sora. En cuanto llegamos, Zein no perdi¨® el tiempo y se lanz¨® directamente contra la c¨²pula, rompi¨¦ndola con facilidad. Dentro estaba Sora, pero no hab¨ªa rastro de la ni?a. El enfrentamiento comenz¨® de inmediato. El choque de pu?os resonaba en la azotea, y era impresionante ver el nivel de habilidad de Zein. Sus movimientos eran precisos y llenos de fuerza. Me di cuenta de cu¨¢nto hab¨ªa avanzado en su entrenamiento; me hab¨ªa hecho creer que yo estaba a su nivel, pero ahora entend¨ªa que solo dec¨ªa eso para motivarme. Con cada golpe, Sora parec¨ªa debilitarse m¨¢s y m¨¢s. Finalmente, cay¨® al suelo, derrotado, arrinconado en una esquina del edificio. ¡ª?C¨®mo? ¡ªfue la ¨²nica palabra que sali¨® de la boca de Zein. ¡ª?De verdad quieres saber? ¡ªrespondi¨® Sora, con esa misma sonrisa burlona en su rostro. Pero esta vez, algo en ¨¦l parec¨ªa diferente. Su cara, sus gestos... todo en ¨¦l se ve¨ªa m¨¢s humano¡ª. Justo antes de que me pulverizaran, logr¨¦ extender una parte de mi cuerpo por debajo de los escombros, suficiente para sobrevivir. ¡ªPues esta vez no permitir¨¦ eso. Zein comenz¨® a cargar energ¨ªa en su brazo, acumul¨¢ndola como si estuviera dispuesto a lanzar un ataque devastador, lo suficientemente poderoso para eliminar a Sora de una vez por todas. ¡ªOye, Zein, ?en serio lo vas a lanzar aqu¨ª? ¡ªpregunt¨¦, alarmada y tratando de razonar con ¨¦l¡ª. Nos dijeron que lo captur¨¢ramos, no que lo mat¨¢ramos. Adem¨¢s, estamos en tiempos de paz. No podemos causar un esc¨¢ndalo tan grande. Zein no parec¨ªa escucharme. Sus ojos segu¨ªan fijos en Sora, su decisi¨®n inquebrantable. Pero justo antes de que lanzara el ataque, sent¨ª un leve empuj¨®n en mis piernas. Mir¨¦ hacia abajo y, para mi sorpresa, all¨ª estaba la ni?a peque?a. Se hab¨ªa colocado frente a Zein, con los brazos abiertos, protegiendo a Sora. ¡ª?No lo hagas! ¡ªgrit¨® la ni?a, con l¨¢grimas en los ojos pero con una firmeza que contrastaba con su apariencia fr¨¢gil. ¡ªNi?a... te dije que te fueras de aqu¨ª ¡ªdijo Sora, tumbado en el suelo y visiblemente debilitado. La tensi¨®n en el aire era palpable. Nadie se atrev¨ªa a moverse, y Zein segu¨ªa con su brazo levantado, como si dudara por un instante. Entonces, Kiomi se acerc¨® y le toc¨® el hombro. ¡ªEst¨¢ bien... ¡ªZein finalmente baj¨® su brazo¡ª. Te llevaremos como prisionero. Al escuchar esas palabras, la ni?a cambi¨® por completo. Una sonrisa de alivio ilumin¨® su rostro mientras corr¨ªa hacia Sora y lo abrazaba con fuerza. Nadie de los presentes entend¨ªa lo que estaba sucediendo. El prisionero Llevamos a Sora de la manera m¨¢s discreta posible hacia un complejo del gobierno, una instalaci¨®n especial que fue construida tras la invasi¨®n. Este lugar, dise?ado con un nivel de seguridad extraordinario, se cre¨® con la idea de que, quiz¨¢s, un d¨ªa podr¨ªan llegar individuos a¨²n m¨¢s peligrosos que Sora. No quer¨ªamos correr riesgos innecesarios, no despu¨¦s de todo lo que hab¨ªamos perdido. Sin embargo, estas sospechas parec¨ªan haber quedado en el olvido tras un acontecimiento inesperado ocurrido hace aproximadamente medio a?o. Aquel evento marc¨® un antes y un despu¨¦s en nuestra percepci¨®n del peligro, de los aliados y de los enemigos. Mientras las ciudades comenzaban a levantarse de las cenizas y los escombros, mientras los gobiernos trabajaban por integrar a las naciones bajo una sola bandera, algo peculiar ocurri¨®. Un grupo de individuos lleg¨® de forma inesperada. Eran personas vestidas de manera llamativa, con uniformes que parec¨ªan una reminiscencia de ¨¦pocas sombr¨ªas. Su atuendo, extremadamente refinado, recordaba los trajes usados en Alemania durante los a?os 40. El detalle que m¨¢s inquietaba a quienes los ve¨ªan era la banda roja que llevaban en el brazo. En ella, el s¨ªmbolo del sol negro destacaba, poderoso y amenazante. Era imposible ignorarlo, imposible no pensar en lo que pod¨ªa significar. En cuesti¨®n de minutos, tropas armadas los interceptaron. Sin embargo, para sorpresa de todos, no portaban armas. Estos desconocidos ven¨ªan como embajadores, o al menos eso dec¨ªan. Su comportamiento era solemne, casi arrogante, y su n¨²mero era mayor al que cualquier escolta considerar¨ªa razonable. Decenas de miradas desconfiadas se posaron sobre ellos cuando se presentaron en las puertas del gobierno, exigiendo ser escuchados. Quer¨ªan establecer una embajada para "mejorar las relaciones". Fue entonces cuando las tensiones, que ya parec¨ªan insostenibles, alcanzaron un punto cr¨ªtico. Recuerdo claramente el inicio de esas negociaciones, porque estuve presente en cada una de ellas. Mi funci¨®n era observar, garantizar la seguridad, estar listo en caso de que algo saliera mal. Y, honestamente, todo parec¨ªa que iba a salir mal. ¡ªNuestra naci¨®n no tomar¨¢ sus actos como una provocaci¨®n para iniciar una guerra. Sin embargo... ¡ªdijo uno de los embajadores, con una voz calculada, mientras observaba con detenimiento a los presentes. ¡ª??Nuestros actos!? ¡ªinterrumpi¨® alguien del comit¨¦, con una furia apenas contenida¡ª. ?Ustedes fueron los que mataron a miles y dejaron heridas imposibles de sanar para muchos m¨¢s! Las discusiones no eran solo tensas; eran insoportables. Las palabras cruzaban el aire como balas, cargadas de dolor, resentimiento y miedo. Afuera, las calles estaban llenas de manifestantes. Miles de personas gritaban, exig¨ªan que estos "embajadores" fueran expulsados inmediatamente del planeta. Dec¨ªan que eran una amenaza, una burla, una herida abierta que nunca cerrar¨ªa. Y, en cierto sentido, ten¨ªan raz¨®n. No obstante, tras interminables jornadas de conversaciones, de amenazas veladas y s¨²plicas disfrazadas de diplomacia, se lleg¨® a un acuerdo. Un fr¨¢gil equilibrio. Las conversaciones de paz encontraron un punto medio, un terreno donde ambas partes pod¨ªan respirar, aunque con recelo. Aquella instalaci¨®n que ahora nos serv¨ªa de prisi¨®n, destinada originalmente para contener a seres de poder incalculable, hab¨ªa terminado como el hogar de soldados capturados y de "criminales de guerra" que hab¨ªan sobrevivido a la invasi¨®n. Ahora era el turno de Sora. Lo llevamos a ese lugar, pero no iba solo. La ni?a estaba con ¨¦l, como una sombra inseparable. Intentamos por todos los medios mantenerla alejada de Sora. Fue Naoko quien primero intent¨® persuadirla con palabras amables, dici¨¦ndole que todo estar¨ªa bien, que solo era temporal. Kiomi, por su parte, fue m¨¢s directa; intent¨® apartarla f¨ªsicamente, pero la ni?a se aferraba a Sora con una determinaci¨®n que era casi sobrehumana. Parec¨ªa imposible despegarla de ¨¦l. Al principio pensamos que Sora ten¨ªa alg¨²n tipo de control sobre ella, alg¨²n v¨ªnculo mental o emocional que la forzaba a estar a su lado. Pero no. Era ella. Solo ella. Cuando finalmente los dejamos en la celda, lo que vimos fue algo que ninguno de nosotros esperaba. La ni?a, que hasta entonces hab¨ªa luchado con u?as y dientes por permanecer junto a Sora, se acomod¨® en su regazo. Cerr¨® los ojos y, en cuesti¨®n de segundos, se qued¨® dormida. Fue una escena extra?a, cargada de una ternura que no deber¨ªa haber tenido cabida en ese lugar. Sora no dijo nada. Ni una palabra. Solo se qued¨® all¨ª, sentado en el rinc¨®n m¨¢s oscuro de la celda, sosteni¨¦ndola con una delicadeza que parec¨ªa impropia de alguien como ¨¦l. Su mirada, sin embargo, hablaba. ¡ª?C¨®mo se llama? ¡ªpregunt¨¦, intentando sonar indiferente, aunque el fr¨ªo en mi voz era evidente. ¡ªNanao ¡ªrespondi¨® Sora, con un tono sorprendentemente sereno¡ª. O al menos eso fue lo que me dijo cuando le pregunt¨¦. ¡ª?Tiene padres? ¡ªcontinu¨¦, sin ceder un ¨¢pice en mi postura. ¡ªNo lo s¨¦ ¡ªdijo, bajando la mirada por un momento, como si aquello le pesara m¨¢s de lo que quer¨ªa admitir¡ª. Cuando la encontr¨¦ estaba sola, en ese edificio... completamente sola. No hab¨ªa excusas en sus palabras, ni tampoco explicaciones innecesarias. Solo hechos desnudos, entregados con una calma que no esperaba de alguien como ¨¦l. Aun as¨ª, no pod¨ªa ignorar la parte de m¨ª que quer¨ªa dudar, que quer¨ªa creer que Sora ocultaba algo. Decidimos dejarlos solos por un rato. No fue por misericordia, sino para observar desde la distancia, para intentar descifrar el v¨ªnculo que hab¨ªa entre ellos. Durante ese tiempo, no pod¨ªa apartar de mi mente la imagen de la ni?a durmiendo en el regazo de Sora, como si fuera el ¨²nico lugar seguro en el mundo. Me incomodaba m¨¢s de lo que quer¨ªa admitir. Pas¨¦ el resto del d¨ªa insistiendo, presionando para que me dejaran sacar a Sora de la celda, al menos por un tiempo. Necesitaba respuestas, y sab¨ªa que encerrarlo no me las dar¨ªa. Si quer¨ªa entenderlo, si quer¨ªa arrancarle la verdad, ten¨ªa que hablar con ¨¦l en un espacio menos opresivo. Al final, tras mucho esfuerzo, logr¨¦ convencer a los superiores. Al d¨ªa siguiente, fui personalmente a buscarlos. Para mi sorpresa, Nanao se hab¨ªa instalado en la celda como si fuera su hogar. No quer¨ªa salir. Aquel lugar gris y fr¨ªo era todo lo que conoc¨ªa desde que Sora la hab¨ªa encontrado. Para hacerla sentir m¨¢s c¨®moda, le hab¨ªan llevado ropa, s¨¢banas, almohadas, juguetes e incluso comida caliente. Era un intento de suavizar su realidad, aunque no pod¨ªa evitar pensar que solo eran parches para un problema mucho m¨¢s profundo. Cuando los saqu¨¦ de la celda, tom¨¦ precauciones. Utilic¨¦ un poco de mi mana para alterar la apariencia de Sora, haciendo que pareciera un humano com¨²n y corriente. No era su verdadero yo, sino una ilusi¨®n creada para evitar sospechas. Sin embargo, Nanao, al verlo, se qued¨® paralizada. Sus ojos se llenaron de preocupaci¨®n, como si temiera que hubiera hecho desaparecer a la persona que era tan importante para ella. ¡ªNo te preocupes, peque?a ¡ªdijo Sora con una sonrisa que nunca hab¨ªa visto en su rostro. Hab¨ªa algo c¨¢lido y genuino en esa expresi¨®n, algo que desarmaba cualquier intento de verlo como un monstruo¡ª. Sigo siendo yo. De su mano, brot¨® una flor. No era una flor cualquiera; era perfecta, como si hubiese sido creada con un prop¨®sito ¨²nico. Se la ofreci¨® a Nanao, que la tom¨® con cuidado, como si fuera un tesoro. ¡ªTe has ablandado ¡ªcoment¨¦, m¨¢s como una provocaci¨®n que como un comentario casual.This book''s true home is on another platform. Check it out there for the real experience. ¡ªPuede que s¨ª ¡ªrespondi¨® con un leve encogimiento de hombros, sin negar nada. Empezamos a caminar por la plaza, un lugar concurrido y lleno de vida. La gente pasaba a nuestro alrededor, ajena a qui¨¦nes ¨¦ramos y al extra?o que caminaba esposado junto a m¨ª. Para evitar miradas innecesarias, us¨¦ un poco m¨¢s de mana para hacer que las esposas fueran invisibles. Era una soluci¨®n temporal, pero suficiente para mantener las apariencias. Despu¨¦s de un rato de silencio, decid¨ª romperlo. ¡ª?Qu¨¦ pas¨® despu¨¦s de aquel d¨ªa? ¡ªpregunt¨¦, manteniendo la mirada al frente. Sora tard¨® en responder, como si estuviera organizando sus pensamientos. Finalmente, comenz¨® a hablar, su voz suave pero cargada de un peso que no pod¨ªa ignorar. ¡ªCuando logr¨¦ materializarme de nuevo, me encontr¨¦ en medio de un caos. Sus grupos de b¨²squeda eran implacables, y no pod¨ªa arriesgarme a ser capturado. As¨ª que me escond¨ª. Encontr¨¦ ese edificio... algo abandonado, descuidado. Pens¨¦ que ser¨ªa un buen lugar para recuperarme, al menos lo suficiente como para salir del planeta. Hizo una pausa, como si estuviera recordando algo que preferir¨ªa olvidar. ¡ªMe tom¨® un mes completo recuperar mi cuerpo por completo. Durante ese tiempo, la gente empez¨® a regresar a sus hogares. Yo intentaba no cruzarme con nadie, pero... Se detuvo de repente. Su mirada se desvi¨® hacia Nanao, que caminaba unos pasos por delante de nosotros, sosteniendo la flor con delicadeza. Una suave sonrisa se form¨® en sus labios, una que no pude evitar notar. Era diferente a cualquier otra expresi¨®n que le hab¨ªa visto antes. ¡ªPero entonces la encontr¨¦ ¡ªcontinu¨®, con un tono que casi parec¨ªa nost¨¢lgico¡ª. Sola, asustada, perdida. ¡ªFue ah¨ª donde apareci¨®¡ªcontinu¨® Sora, su voz adoptando un matiz melanc¨®lico. Se detuvo un momento, mirando al horizonte como si estuviera reviviendo cada detalle. ¡ªEntr¨® por la puerta, curiosa, como si hubiera sentido que algo fuera de lo com¨²n estaba all¨ª. Yo estaba sentado, agotado despu¨¦s de intentar mantener mi forma f¨ªsica. Apenas la vi, not¨¦ su fragilidad, pero al mismo tiempo, hab¨ªa algo en sus ojos... algo que no hab¨ªa visto en mucho tiempo. Sin embargo, cuando ella me not¨®, se asust¨® y sali¨® corriendo. Sora hizo una pausa, alz¨® la vista al cielo y exhal¨® con un leve temblor en la voz. ¡ªSiempre... siempre ha sido as¨ª. Desde que mi hermano y yo fuimos rescatados por el Overlord, el l¨ªder de la naci¨®n, mi vida ha sido una comparaci¨®n constante. Desde entonces, me han visto como un fen¨®meno. En comparaci¨®n con ¨¦l, yo no soy nadie. No soy fuerte, no soy atractivo, no soy... nada. Siempre me han temido por mi apariencia, siempre. Not¨¦ c¨®mo sus palabras se entrecortaban, como si cada confesi¨®n desgarrara una parte de su armadura emocional. Su mirada se endureci¨® al bajar los ojos hacia el suelo. ¡ªDecid¨ª cambiar mi rostro, hacerlo m¨¢s... aceptable, m¨¢s hermoso. Pens¨¦ que tal vez, solo tal vez, as¨ª dejar¨ªan de verme como un monstruo. Pero no sali¨® como esperaba. Sora ri¨® sin alegr¨ªa, con amargura, y continu¨®: ¡ªUn d¨ªa, mientras miraba por la ventana, vi un anuncio. Vend¨ªan m¨¢scaras de conejo. Me dije: ¡°Tal vez, con algo as¨ª, no me vean como un monstruo¡±. Antes de que pudiera responder, la voz dulce de Nanao interrumpi¨® el momento. ¡ªPero si te ves bien, hermano¡ªdijo con una sonrisa desbordante, mientras jugaba distra¨ªdamente con un peque?o ramo de flores. Sora no pudo evitar sonre¨ªr levemente, como si esas palabras hubieran tocado una fibra olvidada en su coraz¨®n. ¡ªGracias, peque?a¡ªrespondi¨®, acariciando su cabello con ternura. ¡ªFue entonces cuando dise?¨¦ esa m¨¢scara, esperando que la criaturita que hab¨ªa visto tuviera el valor de volver. Y lo hizo. Levant¨® la cabeza, recordando. ¡ªRegres¨®, temblando, pero con una valent¨ªa que no pude ignorar. Estaba armada con cualquier cosa que encontr¨® en el camino, aunque yo sab¨ªa que no podr¨ªa lastimarme. Me dio tanta risa y ternura al mismo tiempo. Desde entonces, empez¨® a venir todos los d¨ªas. Nanao interrumpi¨® nuevamente, esta vez con una energ¨ªa desbordante. ¡ª?Y jug¨¢bamos mucho! Siempre me ganabas, pero era muy divertido. Sora la mir¨® con una expresi¨®n que solo puede describirse como amor puro, un sentimiento que no esperaba ver en alguien que hab¨ªa jurado ser mi enemigo. ¡ªElla parec¨ªa sola... como yo lo estuve alguna vez. No hablaba de su familia, y me di cuenta de que apenas com¨ªa. Empec¨¦ a buscar comida, lo mejor que pod¨ªa, para que ella tuviera algo decente cada d¨ªa. ¡ª?Y toda estuvo muy rica!¡ªdijo Nanao mientras levantaba los brazos, celebrando como si aquellos d¨ªas fueran lo mejor de su vida. ¡ªElla me recordaba a m¨ª¡ªcontinu¨® Sora, m¨¢s bajo, como si hablara consigo mismo. ¡ªAquel que una vez fui, d¨¦bil, asustado, esperando que alguien viniera a salvarme. Mir¨® a Nanao y sonri¨® con ternura. ¡ªElla me salv¨®, aunque nunca se dio cuenta. Nanao lo mir¨® con ojos brillantes, como si entendiera la magnitud de sus palabras. ¡ª?T¨² tambi¨¦n eres mi h¨¦roe!¡ªdijo, deteni¨¦ndose en seco y gir¨¢ndose para mirarnos a ambos. ¡ª?Eres mi hermano! Sora no pudo evitar re¨ªr, levant¨¢ndola en brazos con facilidad. ¡ªGracias, Nanao¡ªsusurr¨® mientras la abrazaba con fuerza. Continuamos caminando, y aunque trat¨¦ de mantenerme distante, era imposible no sentirme afectado por lo que escuchaba. ¡ªElla me hizo sentir alguien¡ªdijo Sora de pronto, rompiendo el silencio. ¡ªPor primera vez en mi vida, alguien me hizo sentir que val¨ªa algo. Gir¨® la mirada hacia m¨ª. ¡ªIgual que t¨². Nadie hab¨ªa reconocido mis esfuerzos, ni siquiera en aquella batalla. Pero t¨² lo hiciste. Aunque no lo entend¨ª en su momento, ese d¨ªa cambiaste algo en m¨ª. Su confesi¨®n me tom¨® por sorpresa. No sab¨ªa c¨®mo responder, as¨ª que opt¨¦ por guardar silencio. El resto del d¨ªa lo pasamos hablando. Mientras m¨¢s escuchaba su historia, m¨¢s lograba entenderlo. No justificaba sus acciones, pero pod¨ªa ver el dolor que lo hab¨ªa llevado hasta ese punto. Nanao, con su inocencia y alegr¨ªa, llenaba cada rinc¨®n con una energ¨ªa contagiosa. Pens¨¦ que, quiz¨¢s, podr¨ªa llevarse bien con Lyra y Aiko. Nos sentamos en una vieja banca de madera mientras el atardecer pintaba el cielo de tonos c¨¢lidos. El aire era tranquilo, pero cargado con un peso que no lograba identificar del todo. Nanao dorm¨ªa profundamente en el regazo de Sora, su respiraci¨®n era pausada, un contraste con el cansancio que ¨¦l reflejaba en su rostro. Hab¨ªa algo en la forma en que la miraba, un cuidado paternal que parec¨ªa protegerla incluso en sue?os. Despu¨¦s de un rato en silencio, Sora rompi¨® la calma con un tono bajo pero firme. ¡ªDeber¨ªan tener cuidado¡ªdijo, sus ojos a¨²n fijos en el horizonte. ¡ª?Cuidado con qu¨¦?¡ªpregunt¨¦, aunque ya intu¨ªa que lo que dir¨ªa no ser¨ªa f¨¢cil de escuchar. Sora desvi¨® la mirada hacia m¨ª, como evaluando si deb¨ªa o no continuar. ¡ªCon los del imperio... bueno, como nosotros llamamos la EDI desde adentro. ¡ª?Qu¨¦ pasa con ellos?¡ªinquir¨ª, sintiendo un leve escalofr¨ªo recorrerme. Sora exhal¨® con lentitud, como si cada palabra que iba a pronunciar le costara esfuerzo. ¡ªEllos jam¨¢s han buscado la paz. Nunca. Desde que tengo memoria, nunca han querido otra cosa m¨¢s que control. Aunque ya no quedan muchas naciones por conquistar en el universo, las pocas que sobreviven han resistido porque el imperio no las perdona. ¡ª?Quieres decir que...?¡ªdej¨¦ la frase en el aire, esperando que ¨¦l la terminara. Sora asinti¨® con gravedad. ¡ªExacto. Esa embajada de la que hablas no es m¨¢s que una fachada. En toda la historia del imperio, jam¨¢s han hecho algo as¨ª. No hay precedentes de diplomacia genuina, y eso solo significa una cosa: algo se est¨¢ gestando, algo que no podemos predecir. Su advertencia cay¨® sobre m¨ª como una losa. Mi mente intentaba procesar lo que implicaba. ¡ªGracias por dec¨ªrmelo¡ªrespond¨ª al final, aunque sab¨ªa que esas palabras no pod¨ªan abarcar la magnitud de lo que acababa de revelar. El sol finalmente se ocult¨®, dejando un resplandor anaranjado en el cielo. Decidimos que era hora de regresar. Al llegar a su celda, Sora hizo algo inesperado. ¡ªLl¨¦vala contigo¡ªdijo, acomodando a Nanao cuidadosamente para no despertarla. ¡ªAqu¨ª no es lugar para que una ni?a duerma. Su tono era m¨¢s suave de lo habitual, casi suplicante. Sin dudarlo, la tom¨¦ en brazos, sorprendida por lo ligera que era. ¡ªGracias¡ªmurmur¨® Sora, su voz apenas un susurro. Regres¨¦ al caf¨¦ con Nanao en brazos. Al entrar, Kio y Lyra nos recibieron con rostros sorprendidos pero c¨¢lidos. ¡ª?Es ella?¡ªpregunt¨® Lyra, acerc¨¢ndose con cautela. ¡ªS¨ª¡ªrespond¨ª, mientras acomodaba a Nanao en un sof¨¢ improvisado. Cuando despert¨®, lo primero que hizo fue buscar a Sora con desesperaci¨®n. Sus ojos reflejaban miedo y confusi¨®n, como si la distancia entre ellos fuera insostenible. ¡ª?Quiero ir con mi hermano!¡ªexclam¨®, agitando los brazos mientras intent¨¢bamos calmarla. Fue Lyra quien finalmente logr¨® acercarse lo suficiente para tomarle las manos. ¡ªEst¨¢ bien, Nanao. Sora est¨¢ bien, y te prometo que lo ver¨¢s pronto. Pero ahora necesitas descansar un poco m¨¢s, ?s¨ª?¡ªdijo con una ternura que logr¨® romper la barrera de ansiedad de la peque?a. Kio tambi¨¦n intervino, mostr¨¢ndole un par de juguetes improvisados que ten¨ªa guardados en el caf¨¦. Poco a poco, Nanao comenz¨® a relajarse. En cuesti¨®n de horas, ya se hab¨ªa integrado con el grupo como si siempre hubiera pertenecido a ¨¦l. Se convirti¨® r¨¢pidamente en amiga de Aiko y Lyra, y juntas llenaron el lugar con risas infantiles, algo que no hab¨ªa o¨ªdo en mucho tiempo. Mientras las observaba jugar, no pude evitar sentir una punzada de esperanza. Tal vez, solo tal vez, hab¨ªa una forma de que este caos terminara sin que las personas m¨¢s inocentes tuvieran que sufrir m¨¢s. Cumplea?os parte 1 En los ¨²ltimos d¨ªas, mi hermano ha comenzado a llevarse mejor con Sora. A decir verdad, yo a¨²n no conf¨ªo del todo en ¨¦l. Es extra?o; ya no parece el mismo que pele¨® contra mi hermano. Recuerdo c¨®mo lo vi desde la zona m¨¦dica aquel d¨ªa: su figura era la de alguien completamente diferente, como si toda su existencia estuviera envuelta en una furia imparable. Pero ahora¡­ ahora parece alguien m¨¢s humano. ?Ser¨¢ por lo que dice mi hermano? Me cont¨® que ha estado ayud¨¢ndolo a "parecer m¨¢s normal". Y, siendo sincera, parece estar logrando un milagro. Cada d¨ªa que pasa, Sora luce m¨¢s como uno de nosotros, aunque hay algo en ¨¦l que nunca dejar¨¢ de ser¡­ diferente. Lo mejor de todo esto es que el caf¨¦ ya no es tan aburrido como antes. Ahora tengo compa?¨ªa. Juego con Nanao y Aiko, y aunque sean mucho m¨¢s peque?as que yo, son bastante entretenidas. A veces me pregunto c¨®mo hacen para tener tanta energ¨ªa. Si las dejas solas por cinco minutos, ya est¨¢n ideando un nuevo juego, y de alguna forma, siempre termino involucrada en sus travesuras. Pero, entre risas y juegos, hay momentos en los que me siento un poco in¨²til. Mi hermano, Naoko y Kiomi siempre est¨¢n entrenando, cada d¨ªa m¨¢s fuertes, como si se prepararan para algo grande. Incluso Sora ha comenzado a unirse a ellos. Y luego est¨¢ Alexander, siempre ocupado con algo en el caf¨¦, y Judas, que adem¨¢s de ser un gran guerrero, hace las bebidas m¨¢s deliciosas que he probado en mi vida. No es que Alexander sea malo, pero¡­ Judas tiene un don, y lo sabe. En medio de todo esto, yo me quedo aqu¨ª, sin hacer mucho. Mi hermano me sugiri¨® que entrara a la escuela, pero la idea me pone nerviosa. No s¨¦ por qu¨¦, pero solo de pensarlo siento un nudo en el est¨®mago. ?Qu¨¦ pasar¨ªa si no encajo? ?Y si termino siendo una carga? Estas preguntas no me dejan en paz. Sin embargo, una chispa de inspiraci¨®n me alcanz¨® mientras est¨¢bamos en el caf¨¦. Est¨¢bamos descansando, cada uno en lo suyo, cuando algo se encendi¨® en mi mente como una bombilla. ¡ª?Ya casi es el cumplea?os de Naoko! ¡ªexclam¨¦ de repente, levant¨¢ndome de un salto y buscando a quien pudiera escucharme primero. Por supuesto, mi primera v¨ªctima fue Zein. Estaba sentado en un banco improvisado, puliendo su espada con esa concentraci¨®n casi obsesiva que siempre tiene. Me acerqu¨¦ emocionada, casi tropezando con una silla en el proceso. ¡ª?Tenemos que hacer algo especial para ella! ¡ªle dije, casi gritando de la emoci¨®n. Zein levant¨® la mirada de su espada, parpadeando como si apenas estuviera procesando mis palabras. ¡ª?Su cumplea?os? ¡ªmurmur¨®, llev¨¢ndose una mano a la barbilla¡ª. Ahora que lo mencionas, tienes raz¨®n. Tal vez podr¨ªamos regalarle algo o preparar una comida sencilla. Kiomi, que estaba sentada cerca de ¨¦l, asinti¨® con una leve sonrisa. ¡ªEstoy de acuerdo con Zein. Algo sencillo pero significativo ser¨ªa perfecto. Seguro lo apreciar¨¢. Pero no todos estaban de acuerdo con esa idea tan modesta. Desde la cocina, Alexander frunci¨® el ce?o mientras organizaba los utensilios con una precisi¨®n casi militar. ¡ª?Una comida sencilla? ¡ªdijo, dejando caer un cuchar¨®n con un ruido met¨¢lico que reson¨® en toda la sala¡ª. Naoko hace mucho por todos. Siempre est¨¢ al pendiente de todo, trabajando sin descanso. Creo que deber¨ªamos hacer algo m¨¢s elaborado. La preparaci¨®n para el cumplea?os de Naoko se volvi¨® el tema central del d¨ªa. Mientras discut¨ªamos los detalles, no pude evitar notar c¨®mo todos parec¨ªan m¨¢s unidos, m¨¢s animados. Incluso Sora, que al principio era tan reservado, ahora participaba activamente en las bromas y las ideas. Era un cambio refrescante, y aunque a¨²n no confiaba del todo en ¨¦l, no pude evitar sentir que, tal vez, estaba empezando a formar parte de nuestro grupo. Mirando a mi alrededor, me di cuenta de algo importante: puede que no estuviera entrenando como los dem¨¢s, ni fuera tan fuerte o talentosa, pero ser parte de algo tan especial, como organizar esta sorpresa para Naoko, me hac¨ªa sentir ¨²til. Por primera vez en mucho tiempo, sent¨ª que estaba haciendo algo que realmente importaba. -Lo que sea que decidan, nosotros ayudaremos en lo que podamos -dijo Aiko mientras estaba en el patio jugando con Nanao y Sora. -?S¨ª, cuenten con nosotros! ?Verdad, hermanito? -a?adi¨® con una sonrisa radiante, mirando a Sora. -Claro, ayudar¨¦ en lo que pueda -respondi¨® ¨¦l, aunque parec¨ªa ligeramente nervioso, como si no estuviera seguro de qu¨¦ tan ¨²til ser¨ªa. Judas, quien hab¨ªa permanecido callado hasta ese momento, se inclin¨® hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas. Su voz, como siempre, era calmada pero profunda, cargada de una honestidad que no dejaba lugar a dudas. -Le debo mucho a Naoko. Ha sido m¨¢s comprensiva conmigo de lo que merezco... As¨ª que no deber¨ªamos conformarnos con algo simple. Su comentario dej¨® un breve silencio reflexivo en el aire, hasta que una idea brillante surgi¨® en mi mente, tan r¨¢pida y emocionante que casi me hizo saltar del asiento. -??Y qu¨¦ tal una fiesta sorpresa?! -exclam¨¦ con entusiasmo, gesticulando como si ya pudiera ver la escena. -Podr¨ªamos hacerla en el patio, decorarlo, preparar una comida especial, regalarle cosas bonitas, y... ?oh! Podr¨ªamos tener juegos o algo divertido tambi¨¦n. La idea fue bien recibida por todos. Incluso Alexander, quien siempre parec¨ªa tan serio y meticuloso, dej¨® escapar una leve sonrisa mientras asent¨ªa en aprobaci¨®n. En cuesti¨®n de minutos, ya nos hab¨ªamos dividido las tareas. Para mi sorpresa (y quiz¨¢s un poco de p¨¢nico), fui designada como la encargada de organizar todo. Ese mismo d¨ªa, sin que Naoko sospechara nada, nos dirigimos a comprar lo necesario. Mientras recorr¨ªamos los puestos del mercado, cada uno suger¨ªa cosas con entusiasmo. -?Crees que deber¨ªamos conseguir globos? -pregunt¨® Aiko, sosteniendo un pu?ado de ellos en las manos. This content has been misappropriated from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere.-Seguro, pero que sean de colores suaves. No queremos que parezca una fiesta infantil -respond¨ª, riendo. Al d¨ªa siguiente, comenzamos a trabajar temprano. Kiomi, quien parec¨ªa tener un talento natural para la discreci¨®n, se ofreci¨® a mantener a Naoko ocupada mientras el resto de nosotros nos dedic¨¢bamos a transformar el patio. Sora, con su habilidad para moldear materiales naturales, se encargaba de crear flores y todo tipo de decoraciones org¨¢nicas. Aunque eran simples, Aiko y Nanao las personalizaban con cintas, brillo y colores vivos. Era adorable verlas trabajar juntas, concentradas y riendo al mismo tiempo. -?Crees que le gustar¨¢ el color? No quiero que sea demasiado -me pregunt¨® Aiko, sosteniendo una guirnalda de flores te?idas con pigmentos naturales. -Le va a encantar -respond¨ª, acarici¨¢ndole la cabeza con una sonrisa. -Est¨¢s haciendo un trabajo incre¨ªble, Aiko. Mientras tanto, Miguel se ofreci¨® a preparar el platillo principal, pero para mi sorpresa, Sora insisti¨® en ayudarlo. La escena en la cocina era un espect¨¢culo en s¨ª misma. Miguel trabajaba con la precisi¨®n y destreza de un chef profesional, mientras que Sora, aunque torpe, pon¨ªa todo su empe?o en aprender. -No cortes as¨ª, Sora. Si sigues aplastando las verduras, terminar¨¢s haciendo pur¨¦ -dijo Miguel, se?al¨¢ndole c¨®mo sostener el cuchillo correctamente. -?Lo intentar¨¦ de nuevo! Aunque no prometo que salgan m¨¢s perfectas -respondi¨® Sora con una risita nerviosa. -Me alegra que te dedicaras a pelar, porque en esto apestas -dijo Miguel, soltando una carcajada mientras observaba a Sora batallar con las verduras. -??Qu¨¦ dijiste, simio calvo?! -replic¨® Sora, alzando la voz, aunque era evidente que lo hac¨ªa con tono de broma. Aunque originalmente hab¨ªa usado ese t¨¦rmino como insulto, ahora lo empleaba con una pizca de nostalgia, un eco del pasado compartido. -?Te ense?ar¨¦ de lo que soy capaz! La cocina pronto se llen¨® de risas, convirtiendo lo que podr¨ªa haber sido una simple tarea en un momento lleno de camarader¨ªa. Aunque Sora a¨²n no dominaba las t¨¦cnicas, su entusiasmo era contagioso, y la paciencia de Miguel ayudaba a mantener el ritmo. Mientras tanto, en otra parte de la casa, Zein y Judas discut¨ªan sobre qu¨¦ tipo de regalo ser¨ªa m¨¢s apropiado para Naoko. Ambos ten¨ªan ideas muy distintas, lo que hac¨ªa que su conversaci¨®n fuera animada, aunque algo tensa. -Algo pr¨¢ctico ser¨ªa mejor -opin¨® Judas, cruz¨¢ndose de brazos. -No creo que sea de las que disfrutan cosas in¨²tiles. -Cierto, pero tampoco podemos regalarle algo aburrido -respondi¨® Zein, tratando de encontrar un equilibrio. Al percatarse de mi presencia, me mir¨® directamente. -?T¨² qu¨¦ piensas? Me tom¨¦ un momento para reflexionar antes de responder. -Deber¨ªan regalarle algo bonito. Aunque sea simple, con que sea de coraz¨®n ser¨¢ un buen regalo -dije con una sonrisa, esperando que mis palabras ayudaran a calmar la discusi¨®n. Por ¨²ltimo, Alexander, quien siempre se tomaba las cosas con seriedad y planificaci¨®n, se encarg¨® de preparar las actividades de la fiesta. No comparti¨® muchos detalles, lo cual result¨® un poco frustrante para algunos, pero entendimos que quer¨ªa mantener el elemento sorpresa. -Esto no es solo para ella; es para todos -nos dijo mientras organizaba su lista de tareas. -Necesitamos relajarnos un poco, y esta fiesta ser¨¢ el momento perfecto. Con las decoraciones listas gracias a los esfuerzos de Nanao y Aiko, me dispuse a colgarlas. Sora tambi¨¦n se anim¨® a ayudar, sorprendi¨¦ndome con su entusiasmo. Aunque normalmente parec¨ªa algo reservado, en ese momento estaba completamente comprometido con la tarea. -Sora, ?puedes colgar estas cintas en las partes m¨¢s altas? -le ped¨ª mientras le pasaba una caja llena de adornos. -Claro, d¨¦jamelo a m¨ª -respondi¨® con una sonrisa, tomando los adornos con cuidado. Mientras trabaj¨¢bamos, decid¨ª romper el silencio con una conversaci¨®n m¨¢s personal. -Siempre est¨¢ al tanto de nosotros, ?sabes? -coment¨¦, refiri¨¦ndome a Naoko. -Quiero que este d¨ªa sea inolvidable para ella. -Es admirable, s¨ª. Aunque creo que t¨² tambi¨¦n lo eres -respondi¨® Sora, sus palabras sinceras me tomaron por sorpresa. Seguimos platicando mientras decor¨¢bamos. Cada cinta, cada flor y cada detalle se colocaba con cuidado, pero tambi¨¦n con un prop¨®sito m¨¢s profundo: crear un ambiente que reflejara lo mucho que apreci¨¢bamos a Naoko. Durante nuestra conversaci¨®n, Sora comenz¨® a compartir an¨¦cdotas sobre su vida pasada, espec¨ªficamente sobre su tiempo con sus soldados. -El d¨ªa del cumplea?os de uno de mis hombres, siempre me aseguraba de que lo celebr¨¢ramos como se deb¨ªa -cont¨® con una sonrisa nost¨¢lgica. -Pod¨ªa ser algo simple, pero quer¨ªa que supieran que me importaban. Su rostro se iluminaba mientras hablaba, y not¨¦ una faceta de ¨¦l que no hab¨ªa percibido antes. No era solo un guerrero; tambi¨¦n era un l¨ªder que se preocupaba profundamente por los suyos. -Cuando alguien era herido y lo enviaban al hospital, todo el regimiento iba a visitarlo. No dej¨¢bamos que nadie se sintiera solo. Sus palabras resonaron en m¨ª, haci¨¦ndome ver a Sora de una manera completamente distinta. Hab¨ªa algo admirable en su disposici¨®n para cuidar de los dem¨¢s, incluso en los momentos m¨¢s dif¨ªciles. -Todas las experiencias que me narraste¡­ realmente dicen mucho de ti -coment¨¦ finalmente. -Creo que todos deber¨ªamos aprender un poco de tu manera de ser. ¨¦l sonri¨® t¨ªmidamente, como si no estuviera acostumbrado a recibir halagos, y volvimos a concentrarnos en la decoraci¨®n. Todo estaba saliendo bastante bien. Observ¨¦ c¨®mo esta peque?a misi¨®n de organizar la fiesta se hab¨ªa convertido en algo mucho m¨¢s significativo. No solo est¨¢bamos preparando un evento para Naoko, sino que, sin darnos cuenta, hab¨ªamos creado un espacio en el que todos pod¨ªan conectar y abrirse un poco m¨¢s. Judas y Alexander, quienes rara vez intercambiaban m¨¢s que palabras necesarias, ahora estaban platique y platique, discutiendo ideas y posibilidades para hacer que todo saliera perfecto. Era curioso ver c¨®mo las diferencias parec¨ªan desaparecer cuando se trataba de algo importante. Al final del d¨ªa, todos compart¨ªamos un mismo sentimiento: Naoko era alguien especial para nosotros. Hab¨ªa tocado nuestras vidas de maneras ¨²nicas, y quer¨ªamos asegurarnos de que lo supiera. Con cada tarea cumplida y cada detalle colocado, el sol comenz¨® a bajar en el horizonte, pintando el cielo con tonos c¨¢lidos de naranja y p¨²rpura. El d¨ªa llegaba a su fin, pero para nosotros, la parte m¨¢s importante apenas estaba por comenzar. La llegada de la fiesta marcaba el momento de reunirnos, de celebrar y de compartir algo m¨¢s que palabras. El local, decorado de arriba abajo, parec¨ªa un mundo completamente nuevo. Las cintas colgaban delicadamente, los arreglos florales de Sora, Aiko y Nanao le daban un toque de vida, y el aroma de la comida que Miguel y Sora hab¨ªan preparado llenaba el ambiente con una calidez inigualable. Era perfecto, simple pero significativo, tal como imagin¨¢bamos que le gustar¨ªa a Naoko. Ahora solo quedaba esperar. Kiomi, quien hab¨ªa tomado la tarea de mantener a Naoko distra¨ªda durante todo el d¨ªa, estaba en camino con ella. Mientras tanto, nosotros apagamos todas las luces y nos acomodamos en nuestros lugares, cuidando de no hacer ruido. En la penumbra, sent¨ª una mezcla de emociones: emoci¨®n, nerviosismo y una profunda gratitud por el esfuerzo de todos. Escuch¨¦ murmullos bajos, risas contenidas y el leve crujir de los pasos al movernos para buscar un lugar c¨®modo. Era como si, en esos ¨²ltimos minutos de espera, todo el trabajo realizado cobrara vida. Finalmente, se escucharon pasos acerc¨¢ndose desde el otro lado de la puerta. El coraz¨®n se me aceler¨®, y una sonrisa nerviosa se form¨® en mi rostro. Kiomi deb¨ªa estar preparando a Naoko para lo que estaba por venir. Todos contuvimos el aliento, esperando el momento en que la puerta se abriera y Naoko viera el resultado de todo nuestro esfuerzo. Cumplea?os parte 2 Todo el d¨ªa de hoy estuve fuera del local. Kiomi decidi¨® que hici¨¦ramos una salida de amigas, algo que me sorprendi¨® bastante. Aunque a simple vista no lo parezca, estas cosas no son comunes entre nosotras. Kiomi siempre ha sido m¨¢s reservada, y yo, aunque lo disfruto, rara vez suelo proponer algo como esto. Tal vez por eso este d¨ªa se sinti¨® tan especial desde el principio. Fuimos de compras, comimos en un peque?o restaurante que parec¨ªa sacado de un cuento, y nos dedicamos a caminar por las calles de la ciudad, simplemente disfrutando del momento. Era uno de esos d¨ªas donde el tiempo parece detenerse, donde todo es simple y perfecto. Podr¨ªa decirse que fue un d¨ªa hermoso, lleno de risas y conversaciones que nunca pens¨¦ que tendr¨ªa con ella. Sin embargo, hab¨ªa algo que no lograba sacarme de la cabeza. Hoy es mi cumplea?os. Y, aunque no esperaba una gran celebraci¨®n ni un despliegue de regalos, una peque?a palabra habr¨ªa sido suficiente. Un "feliz cumplea?os" habr¨ªa bastado para llenar ese peque?o hueco que sent¨ªa en el pecho. Pero Kiomi no mencion¨® nada. Nada en absoluto. Intent¨¦ convencerme de que no ten¨ªa importancia, de que lo que realmente importaba era este d¨ªa que compart¨ªamos, pero no pude evitar preguntarme si los dem¨¢s lo sab¨ªan. ?Recordar¨¢n que hoy es mi cumplea?os? Despu¨¦s de todo, no suelo hablar mucho de ello. Antes, era mi abuela quien siempre se aseguraba de que mi d¨ªa no pasara desapercibido. Y Alexander, claro, que siempre encontraba la manera de hacerme sonre¨ªr. Pero ahora, con ellos lejos, es diferente. Supongo que, de alg¨²n modo, tambi¨¦n es culpa m¨ªa por no mencionarlo. Aun as¨ª, no puedo negar que disfrut¨¦ cada momento de este d¨ªa. El cielo comenz¨® a te?irse de naranja y rosado, y los rayos del sol se deslizaban lentamente por el horizonte. El cansancio empezaba a acumularse en mis piernas, pero no me importaba. Era un tipo de cansancio dulce, como si cada paso hubiese valido la pena. ¡ªDeber¨ªamos volver ¡ªdijo Kiomi mientras miraba el reloj. ¡ªClaro ¡ªrespond¨ª, aunque una parte de m¨ª deseaba que este d¨ªa no terminara. De camino al local, Kiomi se detuvo y me pidi¨® que esperara mientras hac¨ªa una llamada. Me sent¨¦ en un peque?o banco cerca de una fuente, observando a la gente que pasaba. El lugar estaba lleno de vida. Las risas de los ni?os jugando se mezclaban con las voces de los adultos que conversaban animadamente. Era un contraste hermoso con el cielo que ya comenzaba a oscurecerse. Mir¨¦ a mi alrededor y no pude evitar sentirme agradecida. Este lugar es hermoso, y el simple hecho de saber que lo proteg¨ª en el pasado me llen¨® de orgullo. A veces, cuando el mundo parece demasiado ca¨®tico, estos momentos de paz son lo ¨²nico que necesitas para recordar por qu¨¦ vale la pena seguir adelante. Kiomi regres¨® despu¨¦s de unos minutos, y juntas nos dirigimos al local. Ya desde la distancia, algo se sent¨ªa extra?o. Todas las luces estaban apagadas, algo que rara vez ocurr¨ªa. Incluso cuando el local est¨¢ cerrado, siempre hay una luz encendida que se?ala que alguien est¨¢ en casa. ¡ª?Crees que algo pas¨®? ¡ªpregunt¨¦, sintiendo un leve nudo en el est¨®mago. ¡ªNo te preocupes, todo est¨¢ bien ¡ªrespondi¨® Kiomi con calma, aunque su expresi¨®n no me dio muchas respuestas. Cuando llegamos a la puerta, me di cuenta de que estaba cerrada con llave, algo que solo hacemos cuando es muy tarde en la noche. Kiomi sac¨® una llave de su bolsillo, abri¨® la puerta y me dej¨® pasar primero. Al entrar, me detuve en seco. Todo estaba oscuro. No hab¨ªa ni una sola se?al de vida dentro del local, y la ausencia de luz hac¨ªa que cada rinc¨®n se sintiera m¨¢s vac¨ªo de lo normal. Desde peque?a nunca he sido fan¨¢tica de la oscuridad. Siempre me ha resultado inquietante, como si escondiera cosas que no puedo ver. ¡ªEspera aqu¨ª ¡ªme dijo Kiomi en un susurro mientras cerraba la puerta detr¨¢s de nosotras, dejando el lugar a¨²n m¨¢s oscuro. ¡ªVoy a buscar algo, no te muevas ¡ªrespondi¨® antes de desaparecer entre las sombras. ¡ª?No te vayas! ¡ªgrit¨¦, intentando que mi voz sonara firme, pero un leve temblor la traicion¨®. Mi miedo a la oscuridad me hac¨ªa querer que Kiomi se quedara a mi lado. El silencio de la cafeter¨ªa era casi opresivo, y de vez en cuando peque?os ruidos romp¨ªan la quietud. Cada sonido parec¨ªa amplificarse en la penumbra, haciendo que mi imaginaci¨®n corriera desbocada. Trat¨¦ de convencerme de que esos ruidos eran Kiomi movi¨¦ndose por el local, pero el sonido proven¨ªa de otro lado. Mi coraz¨®n comenz¨® a latir m¨¢s r¨¢pido. "?Por qu¨¦ Zein no me ense?¨® alguna magia para ver en la oscuridad?", pens¨¦, tratando de encontrar algo de valent¨ªa en medio de mi creciente inquietud. Sab¨ªa que sonaba infantil, pero no pod¨ªa evitarlo. La oscuridad siempre me hab¨ªa resultado aterradora, y no era solo el miedo a lo desconocido; hab¨ªa algo m¨¢s profundo, un eco de recuerdos que prefer¨ªa no revivir. De repente, dos figuras aparecieron frente a m¨ª. Mi primer impulso fue retroceder, pero al reconocer a Nanao y Aiko, dej¨¦ escapar un suspiro de alivio. Ellas encendieron una peque?a luz tenue que apenas iluminaba nuestros alrededores, pero fue suficiente para que mi coraz¨®n dejara de golpear tan fuerte en mi pecho. ¡ª?Qu¨¦ est¨¢n haciendo? ¡ªpregunt¨¦ con una mezcla de curiosidad y nerviosismo. Nanao me dedic¨® una sonrisa traviesa mientras Aiko me hizo un gesto para que me arrodillara. Aunque estaba confundida, les hice caso. En cuanto lo hice, Aiko coloc¨® delicadamente una flor en mi cabello. Era una flor peque?a, pero preciosa, con p¨¦talos suaves que parec¨ªan capturar la poca luz que nos rodeaba. Mientras tanto, Nanao me coloc¨® un collar de flores alrededor del cuello. Todo se sent¨ªa tan irreal, como si estuviera en medio de un sue?o. ¡ª?Qu¨¦ est¨¢ pasando? ¡ªsusurr¨¦, todav¨ªa tratando de procesar lo que suced¨ªa. Fue entonces cuando un camino de flores comenz¨® a iluminarse frente a m¨ª. Era un sendero m¨¢gico que se extend¨ªa hacia el patio trasero. Las flores brillaban con una luz tenue, como si cada una estuviera viva, gui¨¢ndome hacia lo desconocido. El patio, sin embargo, estaba completamente oscuro, lo que hac¨ªa que el contraste con el camino iluminado fuera a¨²n m¨¢s impactante. Aiko y Nanao tomaron mis manos, cada una de un lado, y me guiaron suavemente por el sendero. Mis pasos eran lentos, casi inseguros, pero no pod¨ªa evitar maravillarme por lo hermoso que se ve¨ªa todo. En ese momento, mi mente estaba demasiado abrumada como para cuestionar nada. Solo pod¨ªa seguirlas y admirar el ambiente. Al llegar al patio, ellas soltaron mis manos y se adelantaron un poco. El lugar segu¨ªa envuelto en la penumbra, y por un instante pens¨¦ que tal vez todo esto era una broma. Pero entonces, justo cuando menos lo esperaba, un espect¨¢culo de luces comenz¨®. Peque?as luces flotaron desde el cielo como si fueran luci¨¦rnagas, iluminando cada rinc¨®n del patio. El efecto era m¨¢gico, como si el lugar se hubiera transformado en un para¨ªso nocturno. La luz no solo llen¨® el patio, sino que tambi¨¦n se extendi¨® al interior del edificio, haciendo que todo brillara de manera c¨¢lida y acogedora. ¡ª?Feliz cumplea?os! ¡ªgritaron muchas voces al un¨ªsono. Mi coraz¨®n dio un vuelco. Ah¨ª estaban todos: los trabajadores del caf¨¦, Zein, Kiomi, Alexander, Miguel, Paul, Aiko, Nanao, Sora, Judas, Lyra y Kio. Todos estaban all¨ª, con sonrisas radiantes en sus rostros. Me llev¨¦ las manos a la boca, tratando de contener las l¨¢grimas que amenazaban con caer. ¡ªChicos¡­ ¡ªlogr¨¦ decir, mi voz apenas un susurro. Antes de que pudiera procesarlo, todos comenzaron a acercarse, rode¨¢ndome con abrazos, felicitaciones y sonrisas. La calidez de sus palabras y la energ¨ªa de ese momento llenaron el vac¨ªo que hab¨ªa sentido durante todo el d¨ªa. ¡ª?Te sorprendimos? ¡ªpregunt¨® Lyra, su sonrisa era tan grande que parec¨ªa iluminar m¨¢s que las propias luces. ¡ªS¨ª, bastante ¡ªrespond¨ª con una sonrisa genuina, que esta vez no necesit¨® ning¨²n esfuerzo para aparecer. ¡ªFue su idea ¡ªdijo Zein, colocando una mano sobre la cabeza de Lyra con ternura. ¡ªLo de la fiesta. Mir¨¦ a Lyra, quien ahora se ve¨ªa un poco t¨ªmida, y sent¨ª c¨®mo mi coraz¨®n se llenaba de gratitud. ¡ªGracias¡­ a todos ¡ªdije, mirando a cada uno de ellos. Pero mis ojos se detuvieron en Lyra por un momento m¨¢s. ¡ªDe verdad, gracias. Me agach¨¦ y la abrac¨¦ con fuerza, sintiendo c¨®mo la calidez de sus brazos disipaba cualquier rastro de inseguridad que hab¨ªa sentido antes. Y as¨ª, comenz¨® la fiesta. Me guiaron hacia una de las mesas, donde un banquete impresionante esperaba. La comida parec¨ªa deliciosa: una mezcla de aromas y colores que hac¨ªa que mi est¨®mago rugiera de anticipaci¨®n. Todo estaba dispuesto con tanto esmero que parec¨ªa sacado de una revista de cocina. ¡ªMiguel y Sora la prepararon ¡ªme explic¨® Lyra con una sonrisa, se?alando hacia ellos. ¡ªPero en serio, Sora es un desastre cocinando ¡ªsolt¨® Miguel entre carcajadas. ¡ª?Deja de burlarte de m¨ª, simio calvo! ¡ªgrit¨® Sora, lanz¨¢ndole una servilleta mientras todos re¨ªamos ante su peque?a y graciosa pelea. La atm¨®sfera era ligera y llena de risas. Entre bromas y conversaciones, prob¨¦ los platillos. Eran exquisitamente familiares. Algunos no los hab¨ªa probado desde que era ni?a, y cada bocado estaba impregnado de nostalgia. Era como si esos sabores me llevaran de regreso a momentos felices que cre¨ªa haber olvidado.This story has been stolen from Royal Road. If you read it on Amazon, please report it Despu¨¦s de comer, Sora se levant¨® e hizo un peque?o show. Aunque claramente estaba dirigido principalmente a los m¨¢s peque?os, su carisma y creatividad lograron captar la atenci¨®n de todos. Usando y figuras creadas por el, cre¨® historias fascinantes: valientes soldados rescatando princesas, dragones y guerreros enfrent¨¢ndose en combates ¨¦picos, personas comunes mostrando actos de amabilidad que cambiaban vidas. Cada relato ten¨ªa una mezcla de magia y emoci¨®n que hac¨ªa imposible apartar la mirada. Mientras lo ve¨ªa, no pod¨ªa evitar admirar las decoraciones. Las flores que adornaban el lugar eran preciosas por s¨ª mismas, pero con los detalles a?adidos brillaban con una belleza a¨²n m¨¢s deslumbrante. Cada rinc¨®n del lugar estaba lleno de peque?os toques de cari?o que hac¨ªan que todo se sintiera especial. Fue entonces cuando Alexander se levant¨® y nos llam¨® a todos con una sonrisa emocionada. ¡ª?Vamos! Es hora de jugar los juegos que prepar¨¦ ¡ªanunci¨®, su tono entusiasta. Nos reunimos en un c¨ªrculo alrededor de ¨¦l. Al principio, nadie sab¨ªa qu¨¦ esperar. Conociendo a Alexander, estaba claro que ser¨ªa algo ¨²nico. ¡ªBien, les explicar¨¦ las reglas ¡ªdijo mientras activaba una consola port¨¢til que proyect¨® un holograma en 3D al centro del grupo. Colores vibrantes, men¨²s interactivos y figuras virtuales que reaccionaban a nuestros movimientos. ¡ª?Esto es un juego o un examen de ciencia? ¡ªbrome¨® Miguel, provocando risas. El primer juego que present¨® era una versi¨®n modernizada del escondite. Alexander activ¨® peque?os drones flotantes que se dispersaron por el patio y proyectaron sombras y luces en movimiento. Los jugadores deb¨ªan esconderse y moverse sin ser detectados por los drones, mientras estos escaneaban el ¨¢rea con haces de luz que parec¨ªan algo sacado de una pel¨ªcula de ciencia ficci¨®n. ¡ªNo los subestimen, estos peque?os son m¨¢s listos de lo que parecen ¡ªadvirti¨® Alexander con una sonrisa maliciosa. El patio se llen¨® de risas y carreras mientras trat¨¢bamos de evitar ser encontrados. Los m¨¢s peque?os lo disfrutaron especialmente, gritando emocionados cada vez que lograban esquivar una de las luces. El segundo juego era un desaf¨ªo de agilidad mental. Con brazaletes conectados a la consola, deb¨ªamos resolver acertijos en equipo mientras respond¨ªamos a est¨ªmulos visuales y sonoros que cambiaban r¨¢pidamente. El juego requer¨ªa cooperaci¨®n, y cada vez que alguien fallaba, el sistema nos lanzaba un peque?o chorro de aire fr¨ªo en se?al de penalizaci¨®n. ¡ª?Esto es trampa! ¡ªgrit¨® Kiomi entre risas despu¨¦s de que fallara una pregunta sencilla. El ¨²ltimo juego fue el favorito de todos: una competencia de baile interactivo. Alexander proyect¨® una pista de baile virtual en el centro del patio, y cada participante ten¨ªa un avatar que replicaba sus movimientos en tiempo real. Los hologramas respond¨ªan a cada paso, ilumin¨¢ndose con patrones coloridos que hac¨ªan que el lugar se viera a¨²n m¨¢s m¨¢gico. Incluso Zein, que normalmente evitaba este tipo de cosas, termin¨® participando, para sorpresa de todos. ¡ªNunca imagin¨¦ verte bailar, Zein ¡ªbrome¨® Lyra, ri¨¦ndose mientras lo observaba dar torpes pasos que de alguna manera se sincronizaban con la m¨²sica. ¡ªTampoco yo ¡ªadmiti¨® ¨¦l, sacudiendo la cabeza con una sonrisa divertida. La noche continu¨® llena de risas, juegos y momentos inolvidables. Alexander hab¨ªa logrado capturar algo especial con sus juegos: un equilibrio perfecto entre nostalgia y emoci¨®n, tecnolog¨ªa y humanidad. Y mientras ve¨ªa a todos divertirse, sent¨ª algo c¨¢lido en el pecho. Por primera vez en mucho tiempo, no sent¨ª soledad ni miedo. Estaba rodeada de personas que se preocupaban por m¨ª, que hab¨ªan creado todo esto solo para hacerme sentir especial. "Gracias", pens¨¦, aunque no encontraba las palabras para expresarlo en voz alta. El resto de la noche transcurri¨® entre risas, conversaciones animadas y peque?as celebraciones. La m¨²sica llenaba el ambiente con un ritmo suave, dando al lugar una energ¨ªa c¨¢lida y acogedora. Parec¨ªa que el tiempo pasaba m¨¢s r¨¢pido de lo normal, como si el mundo mismo se hubiera detenido para que ese momento durara un poco m¨¢s. ¡ªToma ¡ªdijo Alexander, tendi¨¦ndome un vaso con una bebida de aspecto curioso. ¡ª?Qu¨¦ es? ¡ªpregunt¨¦ mientras lo tomaba, inspeccion¨¢ndolo con algo de recelo. ¡ªUna bebida especial m¨ªa. Tu abuela sol¨ªa ped¨ªrmela; le encantaba. Aunque, eso s¨ª, contiene algo de alcohol ¡ªdijo con una sonrisa que no dejaba claro si estaba siendo completamente serio o si intentaba convencerme con nostalgia. Lo mir¨¦ fijamente, dudando. Hab¨ªa escuchado tantas cosas sobre el alcohol, y siempre hab¨ªa pensado que no era algo para m¨ª. ¡ª?Ya eres mayor de edad, No? Desde hace dos o tres a?os, si no estoy mal.¡ªcontinu¨® Alexander, ladeando la cabeza mientras intentaba recordar ¡ªS¨ª, pero¡­ nunca he tomado alcohol ¡ªadmit¨ª, sintiendo un leve rubor en las mejillas, como si estuviera revelando algo importante. ¡ªBueno, entonces no es mal momento para una primera vez. Vamos, no tiene mucho alcohol, y a tu abuela le encantaba. Tal vez a ti tambi¨¦n. Vacil¨¦ por un momento m¨¢s antes de llevar el vaso a mis labios. Tom¨¦ un sorbo peque?o, casi imperceptible. El sabor era extra?o, una mezcla entre lo dulce y lo amargo, que al principio no sab¨ªa si me gustaba. Sent¨ª un leve calor en la garganta al tragar, algo que no esperaba, y no pude evitar fruncir el ce?o. ¡ª?Qu¨¦ tal? ¡ªpregunt¨® Alexander, observ¨¢ndome con una sonrisa curiosa. ¡ªEs¡­ diferente ¡ªrespond¨ª, insegura de c¨®mo describirlo. Con el tiempo, despu¨¦s de unos cuantos sorbos m¨¢s, comenc¨¦ a sentir algo peculiar. Era como si todo a mi alrededor se volviera m¨¢s ligero, como si las palabras fluyeran con mayor facilidad y las risas se sintieran m¨¢s aut¨¦nticas. Pero tambi¨¦n hab¨ªa un ligero mareo que me hac¨ªa consciente de mis propios movimientos. ¡ªParece que los j¨®venes no pueden aguantar mucho ¡ªcoment¨® Miguel con una carcajada, mientras sosten¨ªa su en¨¦sima cerveza. ¡ªVamos, d¨¦jala. Es la primera vez que toma ¡ªdijo Alexander, rodando los ojos mientras le daba un golpecito en el hombro a Miguel. Me recost¨¦ sobre la mesa, incapaz de mantenerme completamente erguida. La sensaci¨®n de pesadez en mi cuerpo comenzaba a ser m¨¢s evidente, aunque no del todo desagradable. Frente a m¨ª estaban Zein y Kiomi, que parec¨ªan estar en una situaci¨®n similar a la m¨ªa. Zein ten¨ªa la mirada perdida en el techo, mientras que Kiomi intentaba no resbalar de la silla, sosteni¨¦ndose del borde de la mesa con ambas manos. ¡ªNo s¨¦ c¨®mo puedes estar tan bien despu¨¦s de diez vasos de cerveza, Miguel¡­ ¡ªmurmur¨¦, apenas capaz de mantener los ojos abiertos. ¡ªEs un talento que se gana con los a?os ¡ªrespondi¨® ¨¦l, riendo mientras levantaba su vaso como si estuviera brindando consigo mismo. Con cada minuto que pasaba, sent¨ªa que mi cuerpo se relajaba m¨¢s y m¨¢s. Los sonidos a mi alrededor se volv¨ªan un eco lejano, y las luces de las decoraciones parec¨ªan brillar con un calor acogedor. Aunque estaba mareada, hab¨ªa algo innegablemente placentero en la sensaci¨®n. Finalmente, incapaz de luchar contra el cansancio, cerr¨¦ los ojos. Sent¨ª c¨®mo mi cabeza descansaba sobre mis brazos cruzados, y una ¨²ltima sonrisa se dibuj¨® en mis labios. Pens¨¦ en lo feliz que hab¨ªa sido ese d¨ªa, en las risas, los juegos, las historias y la compa?¨ªa. "No puedo imaginar un final m¨¢s perfecto", pens¨¦, mientras el sue?o me envolv¨ªa suavemente. ¡­ Despu¨¦s de que todo saliera bien, Naoko cay¨® dormida tras haber bebido demasiado... o bueno, no demasiado en general, pero s¨ª m¨¢s de lo que ella pod¨ªa aguantar. Aunque, para ser honesta, yo estaba igual, y pod¨ªa jurar que Zein tampoco estaba en mejores condiciones. Kio apareci¨® frente a nosotros en su forma humana, tan tranquila como siempre. ¡ªLlevar¨¦ a Naoko a su cuarto ¡ªdijo con esa calma que siempre lograba transmitir. ¡ªEst¨¢ bien, nosotros nos quedaremos aqu¨ª un rato ¡ªrespondi¨® Alexander, alzando ligeramente su vaso antes de tomar otro sorbo. Para ese momento, la fiesta ya hab¨ªa comenzado a desvanecerse. Varias personas se hab¨ªan retirado, y pr¨¢cticamente solo qued¨¢bamos los que viv¨ªamos ah¨ª y Sora, que a¨²n recog¨ªa algunas cosas. Nanao, Aiko y Lyra ya se hab¨ªan ido a dormir hace rato. ¡ªBueno, creo que tambi¨¦n es momento de que me vaya yendo ¡ªdijo Miguel, levant¨¢ndose con cierta torpeza, pero manteniendo esa sonrisa que nunca parec¨ªa desaparecer de su rostro¡ª. Que tengan una buena noche. ¡ªKiomi. La voz de Kio me sac¨® de mis pensamientos. ¡ª?S¨ª, Kio? ¡ªrespond¨ª, esforz¨¢ndome por articular las palabras mientras sent¨ªa c¨®mo el cansancio y el mareo se combinaban. ¡ª?Quieres que te ayude a llegar a tu cama? ¡ªpregunt¨®, inclin¨¢ndose un poco para mirarme a los ojos. ¡ªNo, gracias... puedo llegar yo sola ¡ªcontest¨¦, intentando sonar firme, aunque apenas pod¨ªa mantenerme sentada. ¡ªEst¨¢ bien. Reun¨ª toda la fuerza que ten¨ªa y, con mucho esfuerzo, logr¨¦ levantarme. Sent¨ªa mis piernas temblar y mi cuerpo a punto de ceder al cansancio. ¡ªBueno, creo que es momento de que yo tambi¨¦n me vaya. ¡ªBien, buenas noches ¡ªdijeron Alexander y Miguel casi al un¨ªsono, despidi¨¦ndose con un gesto amable. Mir¨¦ a mi derecha y vi a Zein tumbado sobre la mesa, pr¨¢cticamente dormido. Parec¨ªa tan sereno que no quise molestarlo, as¨ª que decid¨ª dejarlo ah¨ª. Mientras caminaba hacia mi cuarto, todo a mi alrededor daba vueltas. Me balanceaba de un lado a otro, intentando mantener el equilibrio, pero cada paso parec¨ªa un desaf¨ªo. Kio ya hab¨ªa llevado a Naoko a su cuarto, y el caf¨¦ estaba pr¨¢cticamente vac¨ªo. Solo quedaban algunos murmullos apagados afuera, donde los dem¨¢s terminaban de recoger. Subir las escaleras fue un verdadero reto. Cada pelda?o se sent¨ªa como escalar una monta?a, pero de alguna manera logr¨¦ llegar hasta el pasillo de las habitaciones. Estaba tan agotada que mis ojos apenas pod¨ªan mantenerse abiertos. Vi un cuarto y, sin pensarlo mucho, entr¨¦. La cama se sent¨ªa extra?a bajo mi cuerpo, como si no fuera del todo familiar. Pero mi mente estaba tan abrumada por el cansancio que no le di importancia. Cerr¨¦ los ojos y me dej¨¦ llevar por el sue?o, sintiendo c¨®mo el peso del d¨ªa desaparec¨ªa poco a poco. Al siguiente d¨ªa sent¨ª algo extra?o mientras despertaba. Mi cuerpo entero dol¨ªa, y aunque quer¨ªa quejarme en voz alta, el cansancio todav¨ªa me pesaba. Estaba abrazando algo c¨¢lido, grande... casi como si fuera una persona. Parpade¨¦ lentamente, frot¨¢ndome los ojos para despejar la vista. Me sent¨¦ en la cama, confundida, mientras miraba a mi alrededor. Nada se me hac¨ªa familiar. Gir¨¦ la cabeza hacia la izquierda y ah¨ª estaba la cama de Lyra, con ella profundamente dormida. "?D¨®nde estoy?" pens¨¦, tratando de entender la situaci¨®n. La cama de Lyra estaba en el cuarto de Zein¡­ De repente, mi mente se ilumin¨® y todo encaj¨®. Mir¨¦ r¨¢pidamente hacia la derecha, y ah¨ª estaba ¨¦l. Estaba en el cuarto de Zein. Y peor a¨²n¡­ ?en su cama! Mi rostro se encendi¨® como una llama. "?C¨®mo? ?Cu¨¢ndo pas¨® esto? ?C¨®mo no me di cuenta?" Antes de que pudiera hacer algo m¨¢s, sent¨ª que Zein empezaba a moverse. En p¨¢nico, hice lo ¨²nico que se me ocurri¨®: me acurruqu¨¦ y fing¨ª estar dormida, rogando que no notara nada. Pasaron unos largos y tensos minutos hasta que finalmente escuch¨¦ sus pasos y los de Lyra saliendo del cuarto. Esper¨¦ un poco m¨¢s para asegurarme de que estuviera despejado, y entonces me levant¨¦ apresuradamente, escapando a mi cuarto como si mi vida dependiera de ello. Una vez all¨ª, me encerr¨¦. Mi coraz¨®n lat¨ªa como un tambor, y mi rostro segu¨ªa rojo de la verg¨¹enza. "?C¨®mo pude terminar en esa situaci¨®n?" me pregunt¨¦ mientras me tapaba la cara con las manos. No quer¨ªa salir, pero sab¨ªa que eventualmente tendr¨ªa que enfrentar el d¨ªa. Despu¨¦s de mucho dudar, me arm¨¦ de valor. Me arregl¨¦ lo mejor que pude y baj¨¦ las escaleras con cautela, deseando no encontrarme con Zein. Pero, como si el destino quisiera jugar conmigo, ah¨ª estaba, esper¨¢ndome al final de las escaleras. El silencio entre nosotros era pesado. No pod¨ªa ni mirarlo a la cara, y por lo que alcanzaba a ver de reojo, ¨¦l estaba tan inc¨®modo como yo. ¡ªBu¡­ Buenos d¨ªas ¡ªlogr¨¦ decir, apenas audible. ¡ªBuenos d¨ªas ¡ªrespondi¨® ¨¦l, su voz algo t¨ªmida. Lo mir¨¦ por un instante y not¨¦ que su rostro estaba tan sonrojado como el m¨ªo. Parec¨ªa que ambos est¨¢bamos atrapados en una burbuja de torpeza compartida. Entonces, Alexander apareci¨® alegremente, como si nada hubiera pasado. ¡ª?Buenos d¨ªas! ¡ªsalud¨® con entusiasmo, pero su sonrisa se ensanch¨® al notar la tensi¨®n en el ambiente¡ª. ?Pas¨® algo entre ustedes dos? Lo dijo con un tono burl¨®n y una mirada traviesa, antes de marcharse riendo para dejarnos solos con nuestras caras de tomate. ¡ª?No pas¨® nada! ¡ªrespondi¨® Zein de inmediato, su voz cargada de nerviosismo. ¡ªPervertido ¡ªmurmur¨® Lyra al pasar, mir¨¢ndolo con una expresi¨®n de desaprobaci¨®n que no ayud¨® en nada. ¡ª?Que no pas¨® nada! ¡ªreplic¨® ¨¦l, tratando de defenderse mientras alzaba las manos en se?al de inocencia. No pude evitar soltar una risa t¨ªmida. La peque?a escena hab¨ªa roto el hielo entre nosotros, y aunque el ambiente segu¨ªa algo inc¨®modo, tambi¨¦n se sent¨ªa m¨¢s ligero, incluso un poco divertido. Mientras camin¨¢bamos hacia la mesa, nuestros ojos se encontraron por un breve momento. Por primera vez en toda la ma?ana, intercambiamos una peque?a sonrisa. Tal vez, solo tal vez, no fue tan malo despu¨¦s de todo.