CapÃtulo 10 - Las personas no cambian por simplemente perder un par de recuerdos - Parte 2
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Pas¨® la noche. No pude dormir muy bien. Me estacion¨¦ en el jard¨ªn interior para disfrutar de las vistas y de paso poder medir la hora utilizando la posici¨®n del sol; como estaba perpendicular al suelo, ya se pod¨ªa decir que era mediod¨ªa.
Creo que a alguien que conoc¨ªa en el pasado le apasionaban las plantas. Ver este jard¨ªn tra¨ªa un c¨²mulo de emociones complejas, que se juntaban y se transformaban en algo as¨ª como inter¨¦s; sin embargo, ten¨ªa la sensaci¨®n de que ese inter¨¦s no nac¨ªa por voluntad propia, sino que era algo recibido de parte de alguien. Hmm... No pod¨ªa explicarlo bien, intentar profundizar en ese sentimiento que ten¨ªa solo me dejaba confundido. Por el momento, decid¨ª disfrutar de la presencia del huerto. ?Qui¨¦n sabe? Quiz¨¢s sea la ¨²ltima vez que lo haga.
Los guardias estaban peleados. A¨ªto intentaba defenderme, Sen me prefer¨ªa muerto, Han solo actuaba como intermediario. Parec¨ªa que esta peque?a expedici¨®n al bosque iba a ser tan inc¨®moda para ellos como para m¨ª, eso me tra¨ªa un poco de maliciosa satisfacci¨®n; pero por el otro lado, no me importaba para nada.
Los sirvientes. Yoi, que luce m¨¢s cercana a Mira, parec¨ªa sentir agrado por m¨ª. El sirviente masculino, Meshi, me detestaba. Ambos sentimientos eran mutuos. Quiz¨¢s no del todo para Meshi. Es decir, no me ca¨ªa espectacular, pero tampoco ten¨ªa tanto inter¨¦s como para detestarlo.
Mira... No sab¨ªa qu¨¦ sentir sobre Mira. Uno pensar¨ªa que no se podr¨ªa sentir miedo y profundo afecto a la vez, pero eso era lo que Mira me generaba. En parte, el miedo era de lo que Mira podr¨ªa llegar a querer, o lo que podr¨ªa llegar a pensar; pero, por otro lado, Mira era una persona que luc¨ªa tan competente, tan absolutamente capaz, que la admiraci¨®n que sent¨ªa por ella llegaba al tope y desbordaba de lo posible; ese desborde, ese exceso, se traduc¨ªa en m¨¢s miedo. El profundo afecto era tan simple como innecesario de explicar. Casi pod¨ªa decir que la amaba, as¨ª de intenso era el sentimiento. No se puede subestimar a la apreciaci¨®n que uno adquiere por su salvador, en parte se sent¨ªa casi patol¨®gico. Voy a inventarle un nombre, como existe el "s¨ªndrome de Estocolmo", deber¨ªa existir un "s¨ªndrome del salvador" vamos a llamarlo "s¨ªndrome de Choura".
El tema era que, cuando la ve¨ªa, mi coraz¨®n vibraba; cuando me sonre¨ªa, quer¨ªa hacer todo lo posible para que lo siga haciendo; cuando hac¨ªa una mueca, me angustiaba enormemente, y cuando luc¨ªa enojada, me invad¨ªa la m¨¢s profunda ansiedad. No, no estaba enamorado de ella. Mis sentimientos no eran tan vanos, la respetaba demasiado para considerar observarla de esa manera. Era puro afecto, puro cari?o. Ya no ten¨ªa personas en el mundo... pero estaba ella. En mi situaci¨®n, que alguien estuviera para m¨ª, se sent¨ªa como un regalo de incalculable valor.
Y por ¨²ltimo estaba yo. No sab¨ªa mi nombre. No sab¨ªa d¨®nde estaba. No ten¨ªa ning¨²n conocido. No ten¨ªa ning¨²n pasado. Como el sirviente dijo, yo opinaba igual, todos estos d¨ªas no hice absolutamente nada. No demostr¨¦ nada, no realc¨¦ en nada. Dej¨¦ que Mira solucionara todos mis problemas y no aport¨¦ nada de mi parte. Como cuando el vidrio me cort¨® la mano, como cuando la lanza me penetr¨® la misma mano; yo, todos estos d¨ªas, no hice nada m¨¢s que lamentarme de m¨ª mismo. Se pod¨ªa decir que era un completo in¨²til, en el sentido de, una persona carente de todo valor. Era verdaderamente pat¨¦tico, pero me estaba cansando de serlo...
¡ª?Ah¨ª est¨¢s! ¡ªmi coraz¨®n vibr¨®, Mira llam¨® a mi espalda.
¡ª?Me buscabas? Estaba en el medio de la casa...
¡ªEs dif¨ªcil verte con toda esa aura... melanc¨®lica que llevas encima.
No entend¨ªa c¨®mo estar triste me hac¨ªa dif¨ªcil de ver, pero supongo que dej¨¦ escapar un poco de mis sentimientos en mi actitud. No quer¨ªa que Mira me viera as¨ª.
¡ªEntiendo...
¡ªSabes que tienes que ir a la cacer¨ªa ahora, ?no? ¡ªme dijo con un tinte de preocupaci¨®n.
¡ªLo s¨¦.
¡ª?Ocurri¨® algo? ¡ªMira not¨® algo y me interpel¨®.
¡ªSolamente tengo un par de preguntas.
¡ª?Para m¨ª? ?Qu¨¦ quieres preguntar?
¡ªNo s¨¦ si son necesariamente para ti, pero... es verdad que eres mi persona m¨¢s cercana.
¡ª?Entonces? ?Qu¨¦ sucede? ¡ªMira parec¨ªa un poco ansiosa y no entend¨ªa por d¨®nde estaba viniendo.
¡ªMi familia. ?Crees que est¨¢ en alg¨²n lugar? ¡ªpregunt¨¦ mirando mi collar.
¡ªDe estar, est¨¢n ¡ªesa no era la intenci¨®n de mi pregunta¡ª. Pero parece que eso... no es lo que est¨¢s buscando escuchar.
Mira salt¨® de la madera del pasillo y dio unos pasos hasta estar a un brazo de distancia.
¡ªSi te refieres a... si deber¨ªas dejarlos atr¨¢s... Yo creo que no. Te lo dije, ?recuerdas? ¡ªestir¨® su mano y agarr¨® mi colgante. Yo ten¨ªa los brazos metidos en las mangas estiradas de la toga, por lo que no pod¨ªa protegerlo aunque hubiese querido¡ª. Esto es importante.
Mis ojos estaban cansados por alg¨²n motivo.
¡ªEntiendo. Gracias, Mira.
Mira dej¨® caer el pendiente sobre mi pecho. Yo quit¨¦ mis manos de su guardia para ver el collar y detener su movimiento. Mira permaneci¨® con la mano estirada por un momento; entonces decidi¨® qu¨¦ hacer con ella, la baj¨® y conect¨® nuestras manos.
¡ª?Hay otra cosa que quieras preguntar? ¡ªbaj¨® un poco el tono de voz.
Observ¨¦ su mano, la que estaba agarrando la m¨ªa.
¡ªMira, s¨¦ que este no es un pedido convencional; pero, ?puedo saber una cosa?
¡ª?S¨ª...?
Hice mi pregunta:
¡ª?Qu¨¦ est¨¢s pensando? ?Qu¨¦ sientes? De m¨ª, de la situaci¨®n, de los dulces, de lo que sea. ?Qu¨¦ es lo que, verdaderamente, piensas?
Mira pareci¨® sorprenderse por mi pedido, estuvo a punto de desconectar nuestras manos, pero se detuvo.
¡ª?A qu¨¦ te refieres? ¡ªsu voz son¨® casi cortante, como si estuviera interrumpiendo su juego favorito.
¡ª?Qu¨¦ piensas verdaderamente? ?Qu¨¦ mueve tu coraz¨®n? ?Qu¨¦ sientes en este momento? Solo quiero saberlo.
¡ª?Para qu¨¦ quieres saber eso? hay-
¡ªQuiero saberlo. Quiero saber de ti. Es un deseo personal. Tienes el derecho a no responder. Tienes tambi¨¦n el derecho a decir barbaridades que se podr¨ªan considerar inapropiadas. Tienes derecho incluso a insultarme si deseas. Yo no me voy a alejar. Yo no voy a tomar un paso de este lugar hasta que termines y pueda escuchar todo lo que digas. Solo quiero saber de ti. Quiero conocer tu honestidad.
¡ªE-eso es... No entiendo de qu¨¦ est¨¢s hablando. ?Q-qu¨¦ dec¨ªs? No te entiendo... ¡ªsu forma de hablar cambi¨® de nuevo.
¡ª?Estoy hablando con una Mira real? ?Una Mira que me considera un juego? ?Quiz¨¢s una Mira que ve algo en m¨ª, o que encontr¨® una utilidad escondida? ?O quiz¨¢s una mezcla de todas esas? Me importa, lo quiero saber. Y si la respuesta no es linda... Tambi¨¦n lo quiero saber. De igual forma, no me voy a alejar; principalmente porque no tengo otro lugar a donde ir, pero adem¨¢s porque s¨¦ que la respuesta no va a cambiar lo que siento.
Me estaba mirando con sus ojos grandes, tambaleantes. La hab¨ªa perturbado, estaba conmocionada, no sab¨ªa qu¨¦ responderme. Lo entend¨ªa, esta tampoco era una pregunta convencional, que digamos; pero especialmente para Mira era probablemente dif¨ªcil de responder.
¡ªA esa Mira que me rescat¨®, la Mira que me trat¨® como ninguna otra persona de este pueblo, la quiero; pero tambi¨¦n, a esa Mira que los guardias, el cacique y sus sirvientes le temen, tambi¨¦n la quiero, o m¨ªnimamente la respeto; incluso a la Mira que no puede ocultar su adoraci¨®n por los dulces, a esa la quiero mucho m¨¢s. Pero, a la Mira cuyos gestos son deshonestos y est¨¢ cargada de segundas intenciones, a esa Mira no la quiero. Incluso si tus objetivos no son benevolentes, prefiero que me lo digas. Quiz¨¢s estoy siendo ego¨ªsta, porque creo que no me molestar¨ªa si act¨²as de esa forma con otras personas... Pero yo deseo honestidad. Las personas no cambian por simplemente perder un par de recuerdos, as¨ª que probablemente pensaba de esta manera incluso antes... Mira... ?Cu¨¢l es la Mira de verdad?
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La mano de Mira estaba fr¨ªa. Desconect¨® su brazo del m¨ªo r¨¢pidamente y me observ¨® como si fuera un fantasma.
Yo permanec¨ª con mi mirada. No la iba a alejar, no ten¨ªa por qu¨¦ hacerlo. Todo lo que estaba diciendo era lo que verdaderamente pensaba despu¨¦s de todo.
¡ª... ¡ªMov¨ªa la boca para hablar, pero se deten¨ªa. As¨ª hizo un par de veces.
¡ªYo ya lo dije. Te quiero. A ti te quiero. A tu sirvienta, Yoi, la quiero. A este pueblo lo odio. A los guardias los odio. A tu sirviente no lo quiero. Y el chaeki me da miedo. Eso es todo lo que soy. Esos son todos mis pensamientos verdaderos. Es lo mismo que quiero saber de ti. Empecemos por m¨ª: A m¨ª, ?me quieres?
¡ªA- A ti... ¡ªMira alej¨® su mirada, rectific¨® su postura un poco y se agarr¨® un brazo¡ª. A ti no te quiero...
Sent¨ª un puntazo en el coraz¨®n. Pero no me importaba, esto era lo que quer¨ªa.
¡ªYa veo... ?Y?
¡ªN-necesito que vayas al bosque y te encuentres con la guardia.
¡ªEso es lo que quieres que haga, ?pero por qu¨¦ quieres que lo haga?
¡ªPara enmendar tu imagen con el pueblo...
¡ªLo s¨¦, pero, ?por qu¨¦ quieres enmendar mi imagen con el pueblo? ?Porque te importa? ?O quiz¨¢s es un juego para ti?
No me miraba a los ojos. Me gustar¨ªa que lo hiciera.
¡ªN-no. No es un juego. Es otra cosa.
¡ª?Qu¨¦ es?
Me mir¨®. Con p¨¢nico en sus ojos. Probablemente, era demasiado orgullosa para escapar de la conversaci¨®n, pero su pan de todos los d¨ªas era la deshonestidad y los doble sentidos. Por lo que no quer¨ªa aceptar mi pedido, pero tampoco quer¨ªa simplemente ir en contra de ¨¦l, eso era un equivalente a escapar.
¡ª?... Te quiero?
Lo dijo como una pregunta. Como algo de lo que ella misma no estaba segura. De si era la verdad completa, o de si era lo apropiado para decir, ella misma no estaba segura.
¡ªReci¨¦n dijiste que no me quer¨ªas. Entonces, ?a qu¨¦ te refieres con eso?
¡ªTe quiero como una persona que puedo tener a mi lado... Como un objeto... Te quiero...
Sent¨ª otro puntazo en mi coraz¨®n.
¡ªEntiendo.
Pero eso era todo. No hab¨ªa m¨¢s. Estaba bien. Estaba satisfecho con eso.
¡ªMe vestir¨¦, e ir¨¦ al bosque. No es necesario que me acompa?es, s¨¦ el camino hasta la entrada. Adi¨®s, Mira. Te sigo queriendo.
Dej¨¦ a Mira en el jard¨ªn y me fui al lugar donde probablemente Yoi hab¨ªa dejado mi muda de ropa. Me vest¨ª con la camisa, los pantalones, y luego las botas, y me retir¨¦ por la entrada.
5
¡ª?Espera!
Mi coraz¨®n vibr¨®. Alguien me llam¨® mientras hac¨ªa el recorrido por la calle.
¡ª?Espera! ?Por favor! ¡ªera la voz de ella.
¡ª?Mira? ¡ªme di la vuelta. Parec¨ªa que la chica hab¨ªa corrido todo el trecho desde la casa. Su fortaleza no eran las actividades f¨ªsicas y eso era obvio¡ª. ?Qu¨¦ sucede?
¡ªAh... Ah... Te quer¨ªa... dar... esto...
Levant¨® sus manos y me present¨® un gran cuchillo cuyo objetivo claramente no era cocinar. ?Acaso estuvo corriendo con eso encima? Lo tom¨¦ r¨¢pidamente de sus manos porque me invadi¨® un p¨¢nico irracional de que se lastimara.
¡ª?Un cuchillo? ¡ªpregunt¨¦ mientras analizaba el objeto.
No estaba decorado como el del guardia fallecido, pero era mucho m¨¢s c¨®modo en la mano. El tama?o era bastante similar, sin embargo. Pero el filo quiz¨¢s era un poco m¨¢s desproporcionado y grande.
Mira ten¨ªa ambas manos en sus rodillas y se estaba recomponiendo.
¡ª¡ªAh-... S¨ª... Te lo quer¨ªa dejar para que te protejas en el bosque. Los fabrico yo, ?sabes? Uno de mis talleres en Minashi... Todo lo que fabrico es bueno... As¨ª que quiero que lo tengas.
¡ªYa veo. Bueno, Mira. Gracias. Pondr¨¦ este cuchillo en uso.
Guard¨¦ el cuchillo sin vaina en un agujero de mi cintur¨®n. Ver a Mira desde este ¨¢ngulo me hizo notar un par de cosas. En particular, lo detallado que era ese vestido rojo y marr¨®n que llevaba. Era muy bello. Nunca hab¨ªa visto una prenda similar
¡ªMira.
¡ª?...Qu¨¦?
¡ª?Qu¨¦ es eso que mencionas de que soy tu empleado? ?Fue para defenderme ante los guardias? ?O fue por eso de querer que sea de tu propiedad?
Hablarle de manera tan directa a Mira la incomodaba.
¡ªEm... Ninguna de las dos, en realidad. O quiz¨¢s mejor dicho, ambas. A veces hago lo que siento y sent¨ª que necesitaba emplearte.
¡ª?Entonces puedo llamarme tu empleado?
¡ªPensando que nunca te entregu¨¦ un pago, ni equipamiento, ni un trabajo... Supongo que a¨²n no... Pero no creo que cambie de parecer; as¨ª que, cuando vuelvas, eso ser¨¢ distinto.
Estaba feliz que no hab¨ªa cambiado de parecer a pesar del modo en el que hab¨ªa actuado este ¨²ltimo d¨ªa.
¡ªYa veo Mira. Eso me hace feliz.
Mira observ¨® por un rato mi sonrisa, y entonces ech¨® un suspiro exasperado.
¡ªAhhh... Eres muy raro, ?lo sab¨ªas?
¡ª?Raro? ¡ªNo entend¨ªa a qu¨¦ se refer¨ªa.
Mira se acerc¨® a pasos pesados hasta llegar al frente m¨ªo; entonces estir¨® ambos brazos y me agarr¨® de las mejillas, tirando de ellas.
¡ª?Tienes mucha actitud, incomod¨¢ndome de esa forma! ??Qu¨¦ te sucede?!
Sus propias mejillas estaban pintadas de rojo, por primera vez vi su expresi¨®n avergonzada. Me dio un poco de risa.
¡ªMira ¡ªla llam¨¦ con los cachetes estirados.
¡ª??Qu¨¦?!
¡ªTu vestido es muy hermoso.
¡ª?Aghhh! ???Deja de decir incoherencias!!! ?Tonto! ¡ªMe tir¨® de los cachetes hasta que se sinti¨® satisfecha; llamando la atenci¨®n de todos los peatones, de paso¡ª. Bueno...
Agarr¨® sus manos y liber¨® un par de suspiros m¨¢s. Nunca hab¨ªa mal momento para observar la belleza de la mujer.
¡ªMira.
¡ª... ?Ahora qu¨¦? ¡ªpregunt¨® con una mirada acusatoria, amenaz¨¢ndome para que no cometiera otro sincericidio.
¡ªLa forma en la que actu¨¦ hoy, es c¨®mo act¨²o realmente. Es la forma que act¨²o cuando no tengo miedo, ni ansiedad, ni diligencia forzada. Aun as¨ª, ?te sigue interesando tenerme?
Lo pens¨® por un segundo, un solo segundo. Entonces me sonri¨®. Una expresi¨®n corajuda, aceptando el desaf¨ªo.
¡ª?Es una broma? ¡ªempez¨®¡ª. Esto solo me hace desearte a¨²n m¨¢s.
Ja.
¡ªYa veo, Mira, pero...
¡ª?Pero?
Le di una sonrisa burlona.
¡ªTe prometo que nunca te voy a aburrir.
No iba a permitir que lo que dijo el sirviente se cumpliera, si Mira me quer¨ªa tener cerca porque le divert¨ªa, entonces nunca la dejar¨ªa de divertir. Eso fue lo que promet¨ª, desde ahora.
Mira ensanch¨® la postura de sus piernas y cruz¨® sus brazos. Levant¨® la cabeza y me regal¨® la sonrisa m¨¢s emocionada que la vi hacer.
¡ª?Me gusta! ?Est¨¢ bien! ?Quiero que me lo demuestres!
Le sonre¨ª y me agach¨¦ para hacer una reverencia. Una reverencia tan exagerada que mi pecho qued¨® paralelo al camino de tierra.
...
¡ªAdi¨®s, Mira. Volver¨¦ con el duende en mi espalda.
¡ªSe llama "chaeki", y m¨¢s que preocuparte por eso, deber¨ªas preocuparte por no morir.
¡ªYa veo. Bueno, me retiro para que no venga el guardia de la lanza a buscarme.
¡ª?Ahora tienes una promesa que cumplir! ?No la olvides!
Asent¨ª y di la vuelta para dirigirme a la entrada. Bastante m¨¢s feliz.
...
B¨¢sicamente, me hab¨ªa cansado; esta vez no de mi situaci¨®n, sino que de m¨ª mismo. Por eso hice lo que hice. Dije lo que quer¨ªa decir y lo dije sin ocultarme. Sab¨ªa que era algo que incomodar¨ªa a Mira, pero decid¨ª decirlo igual.
Me march¨¦ al punto de encuentro en la entrada. Todos los pueblerinos me miraban con odio, como siempre; pero algunos me miraban con alg¨²n sentimiento un poco m¨¢s complejo, eso era nuevo. Camin¨¦ al lugar a pesar de las miradas de los sujetos. Empec¨¦ a pensar que, quiz¨¢s, era innecesario enmendar mi relaci¨®n con ellos; por el simple hecho que la gente no me ca¨ªa bien. Y ya estaba muy cansado para que me importara. Cansancio, ese era un sentimiento que estaba experimentando mucho en este ¨²ltimo momento. Solamente quer¨ªa que todo terminara.
¡ªAl menos se decidi¨® presentar.
El primero en recibirme fue el molesto, Sen. Todos segu¨ªan vestidos con la bata del pueblo, yo no podr¨ªa moverme tranquilo con esa pollera estirada, por lo que cambiarme era la mejor opci¨®n para m¨ª.
?Qu¨¦ era esto? ?En qu¨¦ cosas estaba pensando? ?Por qu¨¦ estaba tan despreocupado por lo que suceder¨¢? Podr¨ªa perder mi vida en este lugar, si no por los guardias, por alg¨²n duende del bosque. Supongo que... ten¨ªa algo que ver con el color que vi en mi colgante. Simplemente estaba cansado.
¡ª?Qu¨¦ tendr¨¦ que hacer?
El idiota del enoj¨®n se ofendi¨® por mi pregunta, pero el idiota que me proteg¨ªa me respondi¨® de manera r¨¢pida.
¡ªTendr¨¢s que llevar la bolsa. Te cuidaremos, pero no podemos prometer tu absoluta seguridad. Ten cuidado.
¡ªEntiendo. ?Ese bolso d¨®nde est¨¢? ¡ªHan se levant¨® para entregarme una estirada tela para abastecimiento. ?Se supon¨ªa que tendr¨ªa que llevar esto por horas? Qu¨¦ arrastra muertos estos sujetos¡ª. Gracias
Me cost¨® mucho, pero llegu¨¦ a acomodarlo de alguna forma en mi espalda. Los guardias parec¨ªan seguir en malos t¨¦rminos. No era que me importase. Por m¨ª pod¨ªan pelearse en el medio del bosque y dejar la exploraci¨®n en mis manos.
¡ªToma esto ¡ªA¨ªto me entreg¨® dos cachos de cuero que no sab¨ªa d¨®nde colocar¡ª. En tus piernas ¡ªse?al¨® mis pies¡ª. Son para tus piernas. Los chaekis suelen atacar esa zona, otros animales del bosque tambi¨¦n. P¨®ntelos, por si acaso.
No eran tobilleras, tampoco rodilleras, sino algo entre medio. Se ajustaban con un cintur¨®n en los gemelos. Se me dificult¨®, pero lo hice.
¡ª?Ustedes no llevar¨¢n estos? ¡ªpregunt¨¦.
¡ªNo. Podemos cuidarnos por nuestra cuenta ¡ªcontest¨® Han.
Ok, sus tobillos no eran mi problema.
¡ªVolveremos al anochecer, ?cierto? ¡ªpregunt¨¦ en general.
¡ªS¨ª. Eso fue lo acordado ¡ªme respondi¨® A¨ªto.
...
¡ª?Estamos esperando algo? ¡ªpregunt¨¦.
No entend¨ªa por qu¨¦ simplemente nos qued¨¢bamos quietos en la entrada. Nadie dec¨ªa nada y nadie hac¨ªa un movimiento para seguir.
Han contuvo una risa y dijo:
¡ªEst¨¢ bien. Vamos.
En serio, solucionen sus problemas entre ustedes. ?Por qu¨¦ ten¨ªan que arrastrarme a m¨ª en ellos?
Los tres guardias agarraron unas lanzas que estaban apoyadas al lado del muro de madera. Entonces emprendieron el camino hacia el bosque.
CapÃtulo 11 - Oh, a ese lo mató el duende, no hubo nada que pudiéramos hacer. Qué lástima. - Parte 1
1
¡ª??Qu¨¦ fue eso?! ¡ªMira Inovatio no cab¨ªa en s¨ª misma¡ª. ??Qui¨¦n es esta persona?! ¡ªno pod¨ªa evitar alzar su voz mientras volv¨ªa a su residencia.
Su cara estaba completamente iluminada, sus mejillas rosadas. Nunca hab¨ªa tenido una interacci¨®n as¨ª en su vida. Nunca hab¨ªa conocido a nadie que la lograra descolocar de semejante manera, sin hacer uso de herramientas como el poder o la autoridad. Estaba emocionada, estaba desesperadamente ansiosa. Quer¨ªa ver lo que el chico iba a hacer. Quer¨ªa ver d¨®nde la podr¨ªa llevar. ?Qui¨¦n hubiera dicho que su curiosidad la llevar¨ªa a semejante descubrimiento? Su satisfacci¨®n era similar a la de uno que se encuentra por casualidad en un casino, hace una apuesta y consigue el premio mayor de manera inesperada. Lo quer¨ªa. Lo necesitaba. Necesitaba ver hasta d¨®nde llegaban sus aptitudes.
Un pensamiento atraves¨® su mente en un destello: ¡°?Y si recupera sus memorias?¡±
Se detuvo en el medio del camino, baj¨® la cabeza e hizo un pu?o para apoyar su ment¨®n. Necesitaba ver eso. Necesitaba saber todo lo que pod¨ªa hacer sin esas migra?as y esa confusi¨®n de obst¨¢culos. Estaba en sus mejores intereses que ¨¦l consiguiera sus recuerdos, incluso si eso significaba que su lealtad por ella mermara. Valdr¨ªa la pena, aunque sea solo para resolver este misterio incre¨ªble. La ¨²nica persona de la que Mira sab¨ªa que famosamente portaba el pelo moreno era el ¡°Rey campesino¡± que alguna vez form¨® la rep¨²blica de Kiokai. ?Y si ¨¦l era un descendiente del hist¨®rico rey? Mira tembl¨® ante la posibilidad. No hab¨ªa descendientes conocidos del rey, se dice que fue alguien que se sumergi¨® en una profunda privacidad una vez terminado su mandato; pero se sab¨ªa que ten¨ªa m¨²ltiples esposas, por lo que, que no haya dejado descendencia era casi improbable.
¡ªExcepto que haya sido inf¨¦rtil ¡ªpens¨® en voz alta.
Bueno, por el momento, ten¨ªa otras cosas que hacer. Faltaban los ¨²ltimos preparativos y todo lo que decidi¨® hacer en este pueblo llegar¨ªa a su cl¨ªmax. Adem¨¢s, estaba lo que vino a hacer para empezar. Insert¨® la llave en su puerta y se hizo paso en la entrada.
¡ª?Yoi! ?Meshi!
¡ª?S¨ª, se?ora? ¡ªLa sirvienta fue la primera en llegar, por supuesto.
¡ªYoi, necesito que tengas a mano equipo para sanar heridas graves. No podemos estar del todo seguros de lo que le suceder¨¢ all¨ª.
¡ªYa veo, se?ora. De inmediato.
¡ª?Meshi? ?Meshi, d¨®nde est¨¢s?
Justo cuando Mira comenz¨® a irritarse por la impuntualidad del criado, el hombre apareci¨®.
¡ªAqu¨ª estoy, se?orita.
¡ªEncarga otra audiencia con el cacique.
¡ªSe?orita Mira¡ ?Est¨¢ segura?
Mira puso los ojos en blanco. El hombre hab¨ªa servido a la familia desde antes de que ella nazca y por eso ten¨ªa la tendencia de subestimarla.
¡ªMeshi¡
¡ª?Disc¨²lpeme, se?ora! ?Enseguida me encargo! ¡ªEl hombre se dirigi¨® hacia la puerta, pero entonces, Mira la cerr¨® de manera inesperada.
¡ªMeshi¡ Hablaste con ¨¦l, ?no? ¡ªle dijo la joven, sin mirarlo.
El asistente de los Inovatio en el pueblo comenz¨® a sudar la gota gorda.
¡ªSe?orita¡ Es que¡
¡ªNo lo hagas nunca m¨¢s.
¡ªEntiendo se?ora, disc¨²lpeme. ¡ªEl hombre sali¨® a las apuradas por la puerta.
Deber¨ªa haber sabido que los ojos de Mira pod¨ªan ver todo.
2
La maleza era insoportable en esta parte del bosque. Los ¨¢rboles y arbustos se mezclaban y estorbaban el movimiento de los pies. Tambi¨¦n hab¨ªa varios insectos, que obstru¨ªan el camino peri¨®dicamente en nubes. Todo era bastante molesto, y el nerviosismo de todos los guardias que me acompa?aban solamente empeoraba la situaci¨®n.
Ten¨ªamos una formaci¨®n. Sen iba por delante, Han detr¨¢s de ¨¦l, yo detr¨¢s de Han, y por ¨²ltimo A¨ªto en la retaguardia. Era una formaci¨®n de fila. Supongo que no ten¨ªamos suficientes personas como para rodearme, y a la vez, eso ser¨ªa algo que realmente desagradar¨ªa a Sen; por lo que lo mejor que se les ocurri¨® fue esto. Esta formaci¨®n no era mala. Era especialmente ¨²til para recorrer el bosque con todos sus obst¨¢culos; ahora, con respecto a su efectividad para cazar¡ Eso estaba por verse.
¡ª?Nunca estuviste en un bosque? ¡ªpregunt¨® A¨ªto a mi espalda, en un volumen suficiente para que los otros dos nos escuchen.
¡ªEstuve. Cuando aparec¨ª en el r¨ªo y cuando volv¨ª a buscar esas bayas ao¨ªras que quer¨ªa el vendedor. No sab¨ªa que hab¨ªa duendes, obviamente. Y adem¨¢s de esos dos momentos, no puedo recordar ninguno. Tampoco me siento especialmente experimentado con recorrer la naturaleza, por lo que dudo mucho que en mi vida pasada haya sido un cazador o algo as¨ª.
¡ªPor supuesto que no sabe cazar. Mira sus manitas y su pielcita bien cuidada. Incluso sus m¨²sculos parecen delicados. ¡ªrespondi¨® Han enfrente m¨ªo.
¡ªEs basura noble de otro reino, o quiz¨¢s realeza minashita como esa mujer. No me sorprende que alguien as¨ª sea tan inescrupuloso para asesinar a otro hombre a sangre fr¨ªa¡ªhabl¨® Sen al frente.
¡ªNo lo halagues. El idiota ser¨¢ malvado, pero sangre fr¨ªa no tiene. Entr¨® en p¨¢nico en todo momento que no estaba acompa?ado por la Inovatio; ciertamente un comportamiento de nobleza¡ªdebati¨® Han.
¡ª?No recuerdas a tu familia? ¡ªpregunt¨® A¨ªto, supongo que le agarr¨® curiosidad por la conversaci¨®n.
¡ªNo. No recuerdo mi nombre ni siquiera. Pero tengo mi colgante; es lo ¨²nico que ten¨ªa cuando despert¨¦.
¡ª?Puedo ver el colgante? ¡ªEstir¨® su mano hacia m¨ª.
¡ªS¨ª ¡ªMe quit¨¦ el cacho de metal del cuello y se lo entregu¨¦. Pude escuchar los sonidos del guardia manipulando el artefacto para analizarlo m¨¢s profundamente. Se hab¨ªa puesto la lanza en su axila para sujetarla. La imagen de A¨ªto con una lanza era ciertamente¡ algo.
¡ª?Una flor?
Parec¨ªa que cuando alguien m¨¢s abr¨ªa el colgante, ve¨ªa eso. Realmente estaba perdiendo los estribos
¡ªNo s¨¦ qu¨¦ flor es.
¡ªMenguante Divino. Loto transformativo ¡ªdijo.
¡ª?La conoces?
¡ª?Hablas en serio, A¨ªto? ¡ªpregunt¨® Han.
¡ªEs una interpretaci¨®n antigua de esa flor. El loto cambia de color y apariencia durante todo el a?o, no florece de forma natural; por lo que se le represent¨® de distintas maneras a lo largo de la historia. Los p¨¦talos adicionales en los extremos y en el centro se presentan durante dos momentos diferentes del a?o, pero en esta representaci¨®n se mezclan. Hoy en d¨ªa simplemente se utiliza la forma que tiene durante el solsticio de verano.
¡ª?Y de d¨®nde es la flor? ¡ªQuiz¨¢s, por primera vez, ten¨ªa una pista de d¨®nde ven¨ªa.
¡ªEsa es la parte interesante. Que yo sepa, el ¨²nico lugar que posee esta flor es Choura.
¡ª?Qu¨¦?
¡ªEn el templo, en la cima de la colina, detr¨¢s del altar, hay una laguna. Esa laguna tiene un buen n¨²mero de estas flores. No se sabe si las trajeron de alg¨²n lugar, o si provienen de all¨ª. Bueno, para el pueblo son sagradas.
¡ª?A qui¨¦n le robaste la joya, extranjero?
¡ªSen, ya sabes que nadie en el pueblo puede hacer algo as¨ª. Esto tiene que ser un tesoro de hace mucho tiempo. Toma ¡ªA¨ªto me devolvi¨® la joya y la colgu¨¦ en mi cuello.
?Entonces qu¨¦? ?Un pueblerino me secuestr¨® y me tir¨® este pendiente encima? ?Cu¨¢l era el sentido de todo esto?
¡ª?Tienes una idea de d¨®nde pudo haber salido esto? ¡ªle pregunt¨¦ a A¨ªto, pero no me molestaba si alguien m¨¢s contestaba.
¡ªLa verdad no tengo idea. ?T¨², Han?
El hombre neg¨® con la cabeza.
¡ªSe dice que el loto protege al pueblo desde el altar, por eso la aldea sobrevivi¨® tanto tiempo en su lugar, sin ning¨²n animal que se atreva a acercarse. El loto no muere, no envejece, y se multiplica solo. Es un protector sagrado. El menguante divino ¡ªesa reflexi¨®n incre¨ªblemente provino de Sen. Estaba acostumbrado a escucharlo gritar, por lo que el tono calmado fue algo nuevo, para variar.
¡ª?Por qu¨¦ tengo, yo, esto? Ni siquiera soy de aqu¨ª.
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¡ªNunca vi una joya as¨ª. Si no supiera mejor, dir¨ªa que eres un enviado divino ¡ªrespondi¨® A¨ªto a mi espalda.
¡ª?Dices que lo envi¨® Balance? Se encarg¨® de traer a alguien bien in¨²til, en ese caso ¡ªdijo el guardia m¨¢s grande.
¡ª?Balance?
Han suspir¨®, pero A¨ªto me respondi¨®:
¡ªEl templo es para ¨¦l. Es el dios protector de la aldea. Otorga balance y equilibrio a la vida de las personas y de las naciones. Nos gusta pensar que a la de las aldeas tambi¨¦n.
¡ªEs la raz¨®n por la que tu empleadora est¨¢ aqu¨ª, para que lo sepas ¡ªa?adi¨® Han.
¡ª?Mira?
¡ªS¨ª. Est¨¢ aqu¨ª para rendirle culto a Balance. Es algo que los Inovatio hacen desde hace d¨¦cadas. Tenemos un Inovatio visitando el pueblo cada a?o.
¡ª?En serio? ¡ªEsta vez no fui yo el que pregunt¨®.
¡ªS¨ª, Sen. En serio ¡ªle respondi¨®, cansado, Han¡ª. Lo que sucede es que, en general, no hacen un espect¨¢culo de s¨ª mismos. Son discretos. Esta ni?a est¨¢ haciendo un esc¨¢ndalo¡
¡ªMierda. Eso solo me enoja m¨¢s ¡ªdijo Sen, partiendo la maleza con un corte especialmente violento¡ª. Esc¨²chame, extranjero. Intentas algo, lo que sea, y no dudar¨¦ en matarte, ?entendido?
¡ªNo intentar¨¦ nada.
¡ªYa veremos¡
?Qu¨¦ pod¨ªa intentar? ?Acaso ¨¦l pensaba que apu?alar¨ªa a Han r¨¢pidamente, me dar¨ªa la vuelta para pegarle una patada desestabilizadora a A¨ªto, y lanzar¨ªa mi cuchillo en direcci¨®n de Sen, antes de correr a la mayor velocidad que pueda? Ya lo pens¨¦. Como mucho, tendr¨ªa un 2% de probabilidades de que todo resultara bien. Rid¨ªculo. ?Por qu¨¦ ten¨ªa que soportar las sospechas infundadas de este hombre? En cualquier caso, eso lo utilizar¨ªa como ¨²ltimo recurso.
Me tropec¨¦ con una rama sobresaliente del suelo, me desbalance¨¦ de un lado a otro, pero finalmente la bolsa en mi espalda fue tan pesada como para no permitirme caer de frente. Una vez me estabilic¨¦ y mir¨¦ adelante, encontr¨¦ algo.
¡ª?Ah! ?Un carpincho!
El famoso roedor americano, reconocido por su naturaleza afable, estaba mostr¨¢ndome su tierno posterior mientras reposaba en un peque?o claro dentro de la vegetaci¨®n. Quer¨ªa acariciarlo, quiz¨¢s, incluso, pod¨ªa decir que necesitaba acariciarlo. Cuando lo mir¨¦ por unos emocionantes segundos, el idiota, tonto, zopenco, bruto, torpe, zoquete, tarugo de A¨ªto coloc¨® una mano cruel entre mi palma ansiosa y las peludas posaderas que buscaban ser manoseadas.
¡ªNo te acerques ¡ªme dijo¡ª. Son inofensivos, pero al morir liberan un olor intenso que atrae a todos los animales en la cercan¨ªa.
¡ª¡
¡ªConc¨¦ntrate en el encargo. Tenemos que encontrar el chaeki; probablemente se resistir¨¢.
¡ª¡
¡ª?P-por qu¨¦ me est¨¢s mirando as¨ª?
¡ªHm ¡ªmascull¨¦ esa peque?a vocalizaci¨®n de entendimiento y me adelant¨¦ con el bolso en la espalda.
Han inhal¨® un par de veces, luego dijo:
¡ªHuelo algo malo¡ Realmente no quiero encontrarme con un waruki hoy. Me dieron los escalofr¨ªos peligrosos.
No entend¨ª nada de lo que dijo, pero creo que los otros dos s¨ª.
¡ª?T¨² dices, Han? La verdad es que todo est¨¢ extra?amente silencioso de mi lado. ¡ªreport¨® Sen.
¡ªHmm¡ Yo tambi¨¦n siento que algo est¨¢ mal. ¡ªA¨ªto fue el ¨²ltimo en dar su opini¨®n; dejando un perfecto 3/3 en banderas levantadas, no sab¨ªa qu¨¦ era un ¡°waruki¡±, pero probablemente estaba a segundos de conocerlo.
Entonces escuch¨¦ el sonido del vapor a presi¨®n, como una tetera con agua hirviendo. Por primera vez, pod¨ªa decir que Sen me hab¨ªa impresionado. Yo pensaba que eso de chiflar como una locomotora cuando se estaba muy enojado era algo reservado exclusivamente para las caricaturas. Pero mira, ah¨ª el hombre hizo posible lo imposible. No ten¨ªa una vista clara de ¨¦l, pero probablemente estaba echando vapor por sus orejas.
¡ª?Idiota, ag¨¢chate! ¡ªA¨ªto me grit¨® desde atr¨¢s y me baj¨® la cabeza hasta el suelo con un manotazo bien puesto en la nuca. Atr¨¢s, ¨¦l me sostuvo desde el suelo, agachado.
El vapor surc¨® por encima de nuestras cabezas.
¡ª?Hanemis! ¡ªGrit¨® Han.
Al instante, extraje el cuchillo de mi cintur¨®n con mi mano derecha, mi mano mala. El p¨¢nico me invadi¨® y me cost¨® mucho sostenerlo con firmeza. Me di la vuelta, A¨ªto ya se hab¨ªa levantado. Sostuvo su lanza con una posici¨®n extremadamente r¨ªgida y algo osada, desechando la idea de defensa para optar por una amenazante extensi¨®n de su brazo.
El sonido se escuch¨® de nuevo, entonces lo vi. Algo que parec¨ªa una rata, pero definitivamente no era. No era una rata, porque su tama?o era casi como el de un perro grande como un Pastor Alem¨¢n o un Akita. Tampoco ten¨ªa las proporciones normales de la rata com¨²n, en el aspecto de su anchura algo redondita y no tan despareja a su longitud. Lo que esta ¡°rata¡± ten¨ªa, en cambio, era una complexi¨®n casi raqu¨ªtica, su m¨²sculo y carne era f¨¢cilmente visibles a trav¨¦s de su fina piel. Su pelaje era gris, escaso e irregular. Estaba erguida en sus patas traseras, su cabeza inclinada hacia atr¨¢s, mostrando sus incisivos sobre-desarrollados. El sonido de vapor pareci¨® llegar a su cenit y entonces el ¡°animal¡± nos salt¨® encima a una velocidad terror¨ªfica. Cerr¨¦ los ojos.
Lo primero que escuch¨¦ fue un sonido h¨²medo. Lo primero que sent¨ª fueron peque?as gotas de l¨ªquido aterrizando en mi rostro. Abr¨ª los ojos y me encontr¨¦ con la lanza levantada de A¨ªto empalando totalmente a la rata desde su boca abierta.
¡ªC¨²brete ¡ªme avis¨®. Baj¨® la lanza hasta el suelo y desconect¨® el animal de su arma con un pisot¨®n.
¡ª?Me agarr¨® en la pierna! ¡ªgrit¨® Han. A¨ªto corri¨® en su direcci¨®n, pero el trabajo ya estaba terminado. Han aplast¨® la rata con su tobillo a¨²n en la boca.
Sen, detr¨¢s, segu¨ªa luchando con la rata, pero de una esquivada, y una estocada, tambi¨¦n termin¨® su enfrentamiento. Sin embargo, el sonido se escuch¨® de vuelta. Esta vez A¨ªto no estaba a mi lado.
Levant¨¦ mi cuchillo en la direcci¨®n general del sonido, cerr¨¦ los ojos y apret¨¦ la boca. Pero el sonido nunca lleg¨®. En cambio, fue reemplazado por un chillido y el sonido de una hoguera. ?Una hoguera? ?De d¨®nde sali¨® una hoguera?
Abr¨ª un ojo con cuidado y fue como si mi nariz se hubiera percatado de lo que captaron mis ojos. Un fuerte hedor de azufre me asalt¨®; y junto a eso, apareci¨® una imagen indescifrable.
¡ª¡ ?Eh?
¡ªA¨ªto, cuidado con eso, estamos en medio del bosque.
¡ªIba a saltar encima de ¨¦l. Tuve que hacerlo. El fuego no se esparcir¨¢ tan r¨¢pido.
¡ªMejor d¨¦jalo a su suerte¡
Un incendio. Una rata enorme. Un cuerpo quemado, chamuscado. Convulsionando en el suelo, sin detenerse. El olor era intenso y no se deten¨ªa incluso cuando me tapaba la nariz.
¡ª?Q-qu¨¦? ?Qu¨¦? ?Qu¨¦ pas¨®?
?Un incendio? ?Gas? ?Llama? ?Un lanzallamas? ?Un rayo? ?Molotov? ?Combusti¨®n espont¨¢nea?
A¨ªto se acerc¨® al cad¨¢ver y le dio peque?os pisotones hasta apagarlo.
Mi boca segu¨ªa temblando e intentando vocalizar algo, se sent¨ªa desconectada del resto de mi cuerpo, ten¨ªa voluntad propia y necesitaba entender qu¨¦ fue lo sucedi¨®. Se sinti¨® como ver uno de esos videos de errores en la realidad, con excepci¨®n de que esto definitivamente no estaba editado; simplemente pas¨®. En ese sentido, probablemente acababa de entender a los beb¨¦s y animales que a¨²n no hab¨ªan desarrollado la conciencia de permanencia de objeto.
¡ªLev¨¢ntate. Ya no hay m¨¢s ¡ªA¨ªto me dio su mano y yo la tom¨¦, aun con la boca abierta.
¡ª?Qu¨¦ te pasa? ¡ªme pregunt¨® uno de los guardias.
¡ª?Q-qu¨¦ acab¨® de ocurrir?
¡ªA¨ªto lo encendi¨®. ?Cu¨¢l es el problema? ¡ªcontest¨® Han, como si pudiera entender a qu¨¦ se refer¨ªa.
¡ª?Qu¨¦?
¡ªInfluencia. A¨ªto puede usar Influencia. Somos un pueblo chico, pero tenemos personas con habilidades. No nos subestimes.
¡ªSolo somos el anciano y yo, no lo enga?es, Han.
¡ªIn- ?Influ- qu¨¦?
¡ªInfluencia- ?C¨®mo que Influ-qu¨¦? ?Extranjero, te hiciste da?o en la cabeza?
¡ª?Qu¨¦ es eso?
?Era un tipo de¡ lanzallamas o algo as¨ª?
¡ªNo hagas el tonto. Perdiste tus memorias, pero no es como que olvidaste todo.
¡ªNo, no. En serio no s¨¦ qu¨¦ es eso. No entiendo qu¨¦ sucedi¨®.
A¨ªto se acerc¨® a m¨ª.
¡ªEsto ¡ªlevant¨® el dedo ¨ªndice de su mano derecha.
Entonces el dedo se prendi¨® fuego.
Me alej¨¦ como si me hubiera explotado una granada al lado
¡ª?Ehh! ?Ehhheehhhh! ????Qu¨¦ pas¨®!?!?
¡ª?Esto es en serio? ¡ªpregunt¨® Han sin creerme a¨²n.
Ah. Ahhh. Ya entend¨ª¡ Ok¡
¡ªEs¡ ?Ilusionismo! ?Ten¨ªas un encendedor detr¨¢s del dedo! ?Qu¨¦ tonto soy!
¡ª?De qu¨¦ est¨¢s hablando?
¡ªNo sab¨ªa que hac¨ªan ese tipo de cosas en el pueblo. Wow. Creo que nunca vi una ilusi¨®n tan realista.
¡ª?Realmente no sabes lo que es la Influencia? ?De qu¨¦ clase de familia noble provienes? ?Ignorantis? ¡ªdijo Han.
¡ª?P-por qu¨¦ le llaman as¨ª? Es magia, nada m¨¢s.
¡ª?Magia? No es magia, es Influencia.
A¨ªto encendi¨® su dedo de nuevo.
¡ª?Ves? Es solo Influencia ¡ªdi un paso hacia atr¨¢s, me tropec¨¦ con una rama y ca¨ª de trasero¡ª. ?Qu¨¦ te sucede? ¡ªme pregunt¨®, como si no tuviera un dedo prendido fuego.
¡ª?C-c¨®mo haces eso?
?De d¨®nde hab¨ªa sacado semejantes trucos un pueblerino retr¨®grado?
¡ª?En serio? ¡ªpregunt¨® A¨ªto mientras agitaba su dedo de un lugar a otro. Apunt¨® hacia el frente y extendi¨® la llama¡ª. Tranquilo, es una habilidad. Lo puedo controlar, no ocurrir¨¢ nada.
El dedo no ten¨ªa nada. Solo se prend¨ªa fuego, sin quemar la piel. No pod¨ªa entender qu¨¦ estaba sucediendo.
¡ªA¨ªto, deja de hacer eso, lo est¨¢s espantando.
El joven acat¨® la orden, apag¨® su dedo y se fue caminando a su posici¨®n.
Acababa de ver algo imposible. Mi cerebro intentaba racionalizar lo ocurrido, pero era simplemente imposible. No fue como un truco de magia, en donde te esconden lo importante y solo te permiten ver una parte. El hombre rot¨®, gir¨®, agit¨®, e hizo todo movimiento con su dedo desde cualquier ¨¢ngulo. Exceptuando el caso de que los aldeanos de este pueblo remoto hayan logrado controlar la combusti¨®n espont¨¢nea a su voluntad; lo que hab¨ªa visto, reci¨¦n, fue algo imposible.
No pude evitar largar un fuerte quejido de dolor.
¡ª?Qu¨¦ te pasa? ¡ªA¨ªto se acerc¨® r¨¢pidamente a m¨ª.
Pero no pod¨ªa pensar, no pod¨ªa formar un pensamiento. Me acababa de chocar a toda velocidad con la barrera que limitaba los recuerdos de mi mente. Mi mente no me ard¨ªa, me quemaba; no, se estaba corroyendo desde su interior; como si le hubieran lanzado una granada ensordecedora y una de termita al mismo tiempo.
Me ca¨ª al piso. No pod¨ªa controlar bien mis extremidades. Mi cerebro no se daba abasto para mandar las ¨®rdenes adecuadas. No pod¨ªa escuchar bien, el pitido era demasiado fuerte; apenas pod¨ªa ver. Uno de los guardias comenz¨® a manipular mi cuerpo en el suelo. Solo escuchaba los gritos que se lanzaban entre s¨ª. Mierda, eso no ayudaba en nada.
Ten¨ªa que mover la mano. Empec¨¦ a agitar el brazo hasta que consegu¨ª un leve control, y entonces estir¨¦ los dedos para llegar a mi colgante. Por unos tortuosos segundos, luch¨¦ contra la hendidura de metal. Eventualmente, lo logr¨¦ abrir.
¡ª?Ahhh! ¡ªtom¨¦ una bocanada enorme de aire cuando me deslumbr¨® la luz de la joya.
Pintado de un intenso color gris, el collar me estaba retando, amonestando. ¡°Deja de pensar¡±, era lo que me quer¨ªa decir; estaba claro. M¨¢s que hechizado, este collar estaba maldito.
¡ª?Qu¨¦ te pas¨®? ?Est¨¢s bien? ¡ªEl primero en recibirme de vuelta al mundo fue A¨ªto.
Me levant¨¦ un poco embobado del suelo y entonces me coloqu¨¦ de rodillas.
¡ªSolo son migra?as que tengo desde que perd¨ª la memoria¡
Sen habl¨®:
¡ªA¨ªto¡ Este hombre est¨¢ completamente loco ¡ªexclam¨® en un tono de asombro.
¡ªCalla, Sen ¡ªA¨ªto lo reprendi¨® y me ayud¨® a ponerme de pie.
¡ªSolo¡ Terminemos con esto¡
El peque?o berrinche del aparato en mi cuello me hab¨ªa dejado mentalmente exhausto.
¡ªTenemos que volver al pueblo-
¡ªA¨ªto ¡ªHan le dio una advertencia sin decirla. Sen, por su parte, se content¨® con dejarle una mirada asesina.
¡ªN-no hace falta¡ Solo terminemos con esto lo m¨¢s r¨¢pido posible, por favor ¡ªmis palabras casi sonaron como una s¨²plica.
¡ªExtranjero, c¨¢lmate de una vez y p¨¢same el bolso, lo necesito un segundo.
Hice lo indicado porque no ten¨ªa nada mejor que hacer que obedecer la primera orden que arrojaban en mi direcci¨®n. El hombre grande extrajo de la bolsa un frasco con alg¨²n tipo de l¨ªquido que reg¨® reservadamente por la herida en su tobillo.
¡ª?Te vendar¨¢s? ¡ªle pregunt¨® A¨ªto.
¡ª?Qu¨¦ soy? ?Una nena? Solo es una herida superficial peque?a. Limpiar un poco es suficiente.
Me entreg¨® el frasco de vidrio y lo guard¨¦ en su lugar espec¨ªfico.
CapÃtulo 12 - Oh, a ese lo mató el duende, no hubo nada que pudiéramos hacer. Qué lástima. - Parte 2
3
No lo quer¨ªa admitir, pero me estaba costando bastante mantenerme en pie. No se me ocurri¨® que mi cansancio mental llegar¨ªa a tanto; combinarlo con cansancio f¨ªsico no result¨® en nada bueno. A veces, cerraba los ojos y sent¨ªa que pod¨ªa desplomarme al suelo.
Algo duro roz¨® mi cadera y di un peque?o brinco que me extrajo del cansancio devenido en trance.
¡ªMantente en fila ¡ªA¨ªto me acomod¨® en el lugar con el mango de su lanza.
Decid¨ª ignorar el hecho de que nos acababa de atacar una rata voladora, prefer¨ªa enfocar mis esfuerzos en rezar para que no haya ning¨²n otro ser que desafiara el orden de la naturaleza dentro de este bosque malvado. ?Quiz¨¢s estaba muerto? ?Quiz¨¢s estaba en una suerte de purgatorio poco convencional, como esa serie de televisi¨®n? No hab¨ªa nada m¨¢s que pudiera explicar lo que me estaba sucediendo. Una cosa y luego otra, se apilaban de forma interminable y no hab¨ªa nada para solucionarlas o conseguir respuestas. No hab¨ªa nada para desatar el nudo que cada vez se afianzaba m¨¢s y m¨¢s. Estaba muy, muy, cansado.
Me pregunto c¨®mo habr¨¢ sido mi familia... ?En alg¨²n momento los podr¨¦ ver otra vez? ?Me aceptar¨¢n? ?Me querr¨¢n? Me gustar¨ªa que ese sea el caso... Siento que eran algo muy importante en mi vida... pero ahora no est¨¢n... se esfumaron... Eran importantes, lo sab¨ªa... Pod¨ªa sentir el vac¨ªo enorme que dejaron en mi coraz¨®n...
Estaba muy, muy cansado.
¡ªA¨ªto, el extranjero est¨¢ planeando algo.
¡ªSen, lo ¨²nico que el extranjero est¨¢ planeando es c¨®mo mantenerse de pie durante los pr¨®ximos 5 minutos.
¡ª...
¡ª?C¨®mo sabemos d¨®nde puede estar el monstruo ese...? ¡ªle pregunt¨¦ al grupo.
¡ªNo sabemos. Lo ¨²nico que puedo decir es que el bosque est¨¢ extremadamente callado. Hay algo que est¨¢ muy mal... ¡ªme respondi¨® Sen.
Me pareci¨® peculiar la gran escasez de vida cuando circul¨¦ por estas zonas la primera vez. Aparentemente, hab¨ªa una explicaci¨®n para eso... Por alguna raz¨®n se me dificultaba mucho pensar. No-... pod¨ªa-...
S¨¦ que segu¨ª caminando; pero, si intentaba recordar de manera precisa qu¨¦ ocurri¨®, no pod¨ªa. Solo camin¨¦ y camin¨¦. Acompa?ando a los hombres. Sorteando obst¨¢culos. Camin¨¦ sin parar. Camin¨¦ tanto que en cierto punto me olvid¨¦ por completo la raz¨®n por la que estaba en ese lugar. La raz¨®n era... era...
Sen me mir¨®.
Quiz¨¢s, era el estado febril en el que me encontraba; pero, sent¨ª que no era una mirada de enfado. Por una vez, era una simple mirada de confusi¨®n...
...
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...
...
¡ª?...! ¡ªalguien dijo algo.
Repentinamente, el mundo dio un giro de 90 grados.
Mi cabeza se choc¨® contra la dura tierra y poco a poco fui recobrando el conocimiento. Levant¨¦ el torso del suelo e intent¨¦ captar lo que hab¨ªa a mis alrededores. Sen y Han tambi¨¦n estaban en el suelo. A¨ªto se encontraba de lado de una gran llamarada.
¡ª?Q-... Qu¨¦ fue lo que pas¨®...?
¡ª?Lev¨¢ntate! ¡ªA¨ªto alz¨® la voz desde su lugar. Sen y Han ya se hab¨ªan puesto de pie y hab¨ªan adoptado posiciones defensivas¡ª. ?Extranjero! ?Lev¨¢ntate!
Me puse de pie lo m¨¢s r¨¢pido que mis piernas y equilibrio me permitieron. No entend¨ªa nada de lo que estaba sucediendo. Necesitaba algo de ayuda; no pod¨ªa encontrar el enemigo esta vez.
¡ª?Waruki! ?A¨ªto! ??Cu¨¢ntos son!?
¡ª?5! ?No, 6!
¡ª??C¨®mo se juntaron tantos?!
?Eso era el enemigo?
Sen estaba tirando de su lanza; una rama inmovilizando su arma por completo. ?C¨®mo pudo crecer un ¨¢rbol de esa forma?
La respuesta a mi est¨²pida pregunta lleg¨® en forma de un latigazo violento en mi hombro derecho, mi brazo funcional. Ca¨ª al piso por el dolor agudo e instant¨¢neo. Aprovechando la situaci¨®n, una rama se enrosc¨® en mi pie como una serpiente. Antes de que me diera cuenta, mi cuerpo estaba siendo arrastrado por el suelo, alej¨¢ndome del resto de mi grupo. Mi cabeza y mi torso golpearon un par de veces la superficie dura de la tierra. Me proteg¨ª como pude con el brazo derecho.
4
Una inmensa, asqueante sensaci¨®n de ansiedad invadi¨® a Mira.
Mientras realizaba los triviales preparativos para la audiencia con el cacique, su conciencia finalmente percibi¨® una disonancia entre sus flamantes emociones y las maquinaciones que hab¨ªa elucubrado para su empleado. Se arriesg¨®, arriesg¨® mucho en lo que pensaba que era un juego sin sentido. Pero ahora, que gan¨® el premio mayor, el p¨¢nico de perder todo se asent¨® en su est¨®mago con un enorme peso. La situaci¨®n para ella fue como haber hecho un par de apuestas cruzadas absurdas, de las cuales todas hasta la pen¨²ltima hab¨ªan acertado, y ahora se encontraba con la posibilidad de perder todo por culpa del ¨²ltimo disparate de su lista.
¡ªMira, ?est¨¢s bien? ¡ªla sirvienta le habl¨® en un tono que pocas veces adoptaba, a pesar ser lo m¨¢s cercano que pose¨ªa la joven a una "madre" real. Claramente, Mira se percat¨®, ella se dirigi¨® as¨ª porque hab¨ªa fracasado en ocultar sus verdaderas emociones.
¡ªNo, Yoi. Puede ser que haya cometido un grave error.
Eso era algo que no sal¨ªa usualmente de su boca.
¡ª?Es por el chico? ?Podr¨ªa contratar a un mercenario para verificar su seguridad, quiz¨¢s?
¡ªSer¨ªa muy tarde. Si el destino de esta cacer¨ªa era terminar de esa forma, entonces lo peor ya ocurri¨®.
Mira quer¨ªa darse en la cabeza con un palo, ?c¨®mo pudo ser tan idiota de arriesgar todo de esa manera? Quiz¨¢s al final, cuando comprendi¨® el verdadero valor del muchacho, podr¨ªa haber alterado su accionar, podr¨ªa haber puesto una excusa, ten¨ªa 1000 cosas para hacer; ella era muy capaz, ella era ella, por dios; ?c¨®mo no se percat¨® de lo arriesgado que era ese plan que hab¨ªa pensado en unos pocos minutos?
Fue culpa de ¨¦l. ?Qui¨¦n lo mand¨® a actuar de esa forma tan inesperada a ¨²ltimo momento? Hab¨ªa logrado desorientarla temporalmente, estaba dispuesta a aceptarlo; pero eso no fue positivo, si no lo hubiera hecho, quiz¨¢s, habr¨ªa cambiado sus planes y no se encontrar¨ªa en esta situaci¨®n.
Mira se coloc¨® r¨¢pidamente unas alpargatas en la puerta de su residencia, y se march¨® a la entrada. No era un accionar muy l¨®gico, su presencia no cambiar¨ªa en nada lo que podr¨ªa llegar a pasar, pero, aun as¨ª, sent¨ªa que all¨ª era donde deb¨ªa estar.
La sirvienta ech¨® un suspiro pesado. Tambi¨¦n le inquietaba el estado del chico; sin embargo, sent¨ªa un poco de satisfacci¨®n por el hecho de que la joven estaba demostrando tanta preocupaci¨®n por ¨¦l. Despu¨¦s de todos los juegos en los que lo hizo formar parte, un poco de sensibilidad era bienvenida.
CapÃtulo 13 - Oh, a ese lo mató el duende, no hubo nada que pudiéramos hacer. Qué lástima. - Parte 3
5
¡ª?Han!
¡ª?Sen! ??Est¨¢s bien!?
El guardia m¨¢s joven se encontraba aprisionado debajo del peso de una de las ramas m¨¢s gruesas. Atrapado contra el suelo, el guardia no lograba cubrir toda la ofensiva de los violentos ¨¢rboles. Pero eso no era para nada lo que ocupaba su mente.
¡ª?Han! ?El extranjero¡! ¡ªlleg¨® a escupir desde su posici¨®n, inclinando su cabeza para dirigir al guardia m¨¢s grande en otra direcci¨®n.
El hombre sigui¨® con sus ojos la posici¨®n indicada, la posici¨®n sugerida del extranjero que poco le importaba. Lo ¨²nico que pudo discernir, entre toda la vegetaci¨®n y los latigazos del campo de batalla, fue un waruki tirando sus ramas fuera de la zona de combate.
Se encontraron en una emboscada. Un claro perfectamente circular rodeado de warukis, ¨¢rboles depredadores, que hab¨ªan ocultado su presencia adrede. A¨ªto se pudo encargar f¨¢cilmente del primero, un chasquido de sus dedos y todo el cuerpo del vegetal era incinerado. Pero A¨ªto era un solo hombre, sus enemigos eran 6 monstruos. Monstruos que usualmente se encuentran completamente aislados y, por su territorialidad, viven de uno en uno, separados entre s¨ª; monstruos que eran probablemente lo peor que se pod¨ªa encontrar en el bosque.
El hecho de que hubiera tantos reunidos a semejante proximidad parec¨ªa un muy mal chiste del destino. Mientras m¨¢s entraba en a?os, todos esos cuentos de Balance y los lotos protectores sonaban m¨¢s y m¨¢s como cuentos para ni?os. Si hab¨ªa dioses en este mundo, ellos definitivamente no estimaban a los humanos lo suficiente para protegerlos.
El hombre morrudo corri¨® al rescate del guardia m¨¢s peque?o. Ya hab¨ªa perdido a uno hace tan poco; morir¨ªa antes de perder otro.
¡ª?Han¡! ?Yo estoy bien¡! ?A¨ªto est¨¢ con nosotros! ?Sigue al extranjero! ¡ªcomo para complementar las palabras del guardia, un potente fogonazo se pudo escuchar al otro lado del campo. A¨ªto se hab¨ªa encargado de otro.
¡ª?Sen!
El joven lo mir¨® con tanta determinaci¨®n que pareci¨® juntar l¨¢grimas en los ojos.
¡ªSigue. Al. extranjero.
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El hombre aplast¨® sus dientes y se dio la vuelta en direcci¨®n al integrante faltante del grupo de cacer¨ªa. Eso tambi¨¦n era parte de sus responsabilidades.
Otro fogonazo acompa?¨® su marcha.
6
El ¨¢rbol me arrastr¨® violentamente a trav¨¦s de matorrales, piedras y otros ¨¢rboles. Me encontraba completamente indefenso. Una de mis manos no pod¨ªa generar fuerza para resistir y mi otro brazo hab¨ªa quedado casi inutilizado por el da?o que recib¨ª anteriormente. El ¨¢rbol era lo suficientemente astuto para aislarme del resto de los combatientes y atenderme en una sesi¨®n personal.
Una vez me coloc¨® entre una roca y el tronco de un ¨¢rbol no-malvado, el monstruo afianz¨® su agarre y comenz¨® a escalar por mi pierna, llegando a mi cintura. Invoqu¨¦ toda mi fuerza para extraer la cuchilla del portador de mi cintur¨®n, sin mucha idea de c¨®mo utilizarla para defenderme.
La rama escal¨® hasta mi cuello y entr¨¦ en p¨¢nico. Primero intent¨¦ empujarla de m¨ª con mi brazo derecho, no hab¨ªa caso, el ¨¢rbol era mucho m¨¢s fuerte que yo. La rama empez¨® a enrollarse por mi cuello como una boa constrictora y yo le clav¨¦ el cuchillo en la secci¨®n tirante que no se encontraba pegada a mi cuerpo. El cuchillo rebot¨® in¨²tilmente en la superficie.
No esperaba que fuera tan ineficaz.
La rama sigui¨® y sigui¨® escalando hasta llegar a tapar completamente mi boca. Mis v¨ªas respiratorias estaban casi completamente atascadas.
Me hund¨ª en un profundo p¨¢nico. ¡°Voy a morir¡± Era algo que se repet¨ªa desde mi inconsciente y hac¨ªa temblar a todo mi cuerpo. Comenc¨¦ a golpear con mi mano mala y mi mano destrozada al cacho de madera que ten¨ªa en mi boca, apenas logrando hacerlo mover, pero nunca despeg¨¢ndolo de mi cuerpo. No pod¨ªa pensar en lo que hac¨ªa. Mis manos se mov¨ªan de manera furiosa, brusca, sin importar el inmenso dolor que me ocasionaban todos y cada uno de los golpes.
Durante toda esa desaforada contienda, un crujido de vegetaci¨®n que reson¨® en la cercan¨ªa se sinti¨® como un alto para la pelea que estaba librando por mi vida. Mis ojos rojos se movieron en direcci¨®n a la fuente del sonido. Lo que me encontr¨¦ se asemejaba a un ¨¢ngel guardi¨¢n.
Por el camino de donde el ¨¢rbol me hab¨ªa extra¨ªdo, en un relieve m¨¢s elevado, la figura de un hombre grande encandilaba toda la oscuridad que, tan repentinamente, me rodeaba.
¡ª???MMM!!! ???MMMMMM!!! ¡ªNo pod¨ªa producir palabras, pero pod¨ªa hacer entender la situaci¨®n y el pedido que estaba haciendo.
El hombre me mir¨® por encima unos segundos y se aferr¨® a su lanza. Su sola presencia fue un terrible alivio. Verte aislado y con tu vida amenazada te hace sentir una inmensa soledad. La presencia de cualquier persona ser¨ªa capaz de enmendar eso. El hombre se par¨® all¨ª arriba unos segundos, o quiz¨¢s unos instantes que se sintieron como segundos. Su inacci¨®n me alarm¨®, enfoqu¨¦ mi mirada en su rostro.
Mis ojos se abrieron cuando vi la mueca en su cara, o mejor dicho, la falta total de una.
No era resignaci¨®n. Ojal¨¢ lo hubiera sido. Era apat¨ªa. G¨¦lida, congelada, apat¨ªa.
¡ª???MMMM!!!!! ???MMMM?!!! ???MMMMMMMMMM!!! ¡ªle supliqu¨¦ c¨®mo pude al hombre desde mi d¨¦bil posici¨®n.
La rama me tap¨® la nariz. El hombre se dio la vuelta y se retir¨® en una tranquila caminata.
Me dej¨® solo.
CapÃtulo 14 - Oh, a ese lo mató el duende, no hubo nada que pudiéramos hacer. Qué lástima. - Parte 4
7
Para cuando volvi¨® al claro donde hab¨ªan sido emboscados, Sen ya se hab¨ªa reintegrado a la pelea y estaba cortando todas las extremidades que se atrev¨ªan a acercarse a su posici¨®n. Por otro lado, A¨ªto estaba esquivando con un buen juego de piernas los latigazos de otro ¨¢rbol con el objetivo de acercarse lo suficiente antes de ahogarlo en fuego. En un bosque, no se pod¨ªa dar el lujo de tirar a rociar todo lo que estaba frente a su mano. Por suerte, los waruki ten¨ªan la caracter¨ªstica de ser espec¨ªmenes muy h¨²medos; los incendios sol¨ªan iniciar y terminar en su superficie, pero hab¨ªa que mantenerlos bien controlados, por supuesto.
Entonces, ¨²nicamente quedaban dos, y no tard¨® mucho antes de que A¨ªto se encargara de los restantes. Lo que solo uno de ellos sab¨ªa, sin embargo, era que hab¨ªa un waruki que se encontraba fuera del claro, fuera del c¨ªrculo; el n¨²mero total de hostiles, por lo tanto, era siete, y no seis como hab¨ªan sido llevados a creer.
A¨ªto y Sen terminaron con la ¨²ltima amenaza en conjunto, el guardia restante observando lo que suced¨ªa con una cara de nada que r¨¢pidamente ocult¨® cuando ambos guardias se enfocaron en ¨¦l.
¡ª?Han! ??Y el extranjero?! ¡ªpreguntaron ambos a la vez.
Dud¨® un instante, luego contest¨® con aparente sinceridad:
¡ªSe escap¨® hacia el pueblo. Parece que le gan¨® lo cobarde.
¡ª??Se fue solo!? ?Morir¨¢! ¡ªrespondi¨® A¨ªto con genuina preocupaci¨®n en la voz.
Sen se qued¨® en silencio, sin saber precisamente qu¨¦ pensar.
¡ª???Tss!!! ¡ªel hombre descendi¨® hasta el suelo y sostuvo la parte inferior de su pierna.
¡ª?Han?
¡ªEl golpe del waruki abri¨® la herida en mi tobillo. No creo que pueda caminar muy bien...
El guardia m¨¢s joven r¨¢pidamente asisti¨® al hombre ca¨ªdo, el otro no consegu¨ªa decidir si quedarse o ir en b¨²squeda de la persona que probablemente estaba en mayor peligro.
¡ªA¨ªto... El cobarde escap¨®. Volvi¨®, fue en direcci¨®n al pueblo. Estamos a unos 5 minutos del pueblo. El extranjero llegar¨¢ ¡ªle intent¨® convencer el m¨¢s grande.
¡ªA¨ªto. No puedo protegernos si tengo que ayudarlo a caminar, ?entiendes? ¡ªle advirti¨® el m¨¢s joven.
El guardia en cuesti¨®n se encontr¨® en una disyuntiva para nada envidiable. O empeorar su relaci¨®n con sus hermanos a lo m¨¢s bajo que jam¨¢s hab¨ªa estado, o poner en riesgo la vida de un inocente.
Quiz¨¢s se podr¨ªa culpar al cansancio acumulado tras tantos d¨ªas de caos; quiz¨¢s a la presi¨®n que sent¨ªa por no perder lo que le quedaba de familia; quiz¨¢s al hecho de que el extranjero, a quien tanto intent¨® ayudar, nunca se mostr¨® agradecido con ¨¦l; o quiz¨¢s, simplemente, a la disminuci¨®n de sus funciones mentales tras haberse enfrascado en actividades de alto esfuerzo f¨ªsico. Pero, cuando el guardia m¨¢s joven insisti¨® con un ¨²ltimo "A¨ªto...", ya sin tanto enojo, sino ruego en su voz, el peli-azul se vio incitado a tomar el lado de sus compa?eros, por una vez. Despu¨¦s de todo, al extranjero no lo conoc¨ªa, pero familia solo ten¨ªa una. Y el extranjero ni siquiera era capaz de decir eso.
Trag¨® fuerte. Suspir¨®. Se coloc¨® detr¨¢s de su compa?ero lastimado y dijo:
¡ªVamos, Sen. Encontr¨¦monos en el pueblo.
El otro guardia le sonri¨®.
8
Me dej¨®. Me dej¨® a morir. Me dej¨® para que muera, solo, en este bosque.
Me dej¨® para que muera sin nombre, sin familia, completamente solo. Lo m¨¢s solo que se pod¨ªa estar, era como iba a morir.
?Por qu¨¦ tuvo que ocurrir esto? ?Por qu¨¦ tuve que perder todo, sin que pudiera hacer nada al respecto? ?Cu¨¢ntas personas mueren de esta manera? No entiendo. ?Qu¨¦ estuvo ocurriendo todos estos d¨ªas? ?Por qu¨¦ no pod¨ªa volver todo a como era antes? Lo que sea que significaba "antes".
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Mira. Mira, ?d¨®nde est¨¢s? ?Por qu¨¦ me dejaste solo? Despu¨¦s de tantas cosas que ocurrieron. Despu¨¦s de que me digas toda la verdad y yo la aceptara. ?La acept¨¦! ?Con los brazos abiertos! ?Sin quejarme un segundo! ?Acept¨¦ la verdad, satisfecho! ??Pero entonces por qu¨¦!? ??No era que me quer¨ªas?! ??Por qu¨¦ me dejar¨ªas morir?! ?Ser¨ªa un objeto inservible si eso ocurriera!
¡ªMira no est¨¢ aqu¨ª ¡ªdijo una voz en mi cabeza.
Quiz¨¢s era el pendiente, quiz¨¢s era una parte escondida de m¨ª. De igual forma, la voz ten¨ªa raz¨®n. Esta vez, no hab¨ªa forma de que ella solucionara mis problemas; tampoco deseaba que lo hiciera. No quer¨ªa que el sirviente tuviera raz¨®n en su juicio sobre m¨ª. Yo era el que le pon¨ªa los l¨ªmites a mi persona, al menos eso me gustaba pensar. Gracias a ese lastimoso e insignificante deseo, que creci¨® en mi coraz¨®n, encontr¨¦ una parte m¨ªa con la capacidad de moverse a pesar de todas las dificultades. Encontr¨¦ una parte que no se preocupaba por resentimientos, lamentos, o caprichos. Encontr¨¦ una parte que quer¨ªa, que deseaba, ir hacia delante.
Mov¨ª los ojos. No pod¨ªa inclinar la cabeza, el ¨¢rbol la manten¨ªa firme en su lugar. Analic¨¦ minuciosamente la madera para encontrar el trozo m¨¢s fino o aparentemente d¨¦bil. No era f¨¢cil de hallar, la rama era muy constante y s¨®lida. Hab¨ªa un trozo con la corteza desprendida al alcance de mi brazo, no estaba seguro si era donde la hab¨ªa golpeado anteriormente.
No pod¨ªa respirar.
No ten¨ªa mucho m¨¢s tiempo. Estir¨¦ el brazo y aplast¨¦ el lado m¨¢s filoso de la cuchilla contra la zona pelada de la rama. Entonces, gui¨¢ndome ¨²nicamente por las sensaciones que percib¨ªa mi mano, empec¨¦ a serruchar la falsa serpiente con toda la fuerza que pod¨ªa producir mi brazo debilitado.
Era un movimiento imperfecto; a veces fallaba en calcular la distancia y clavaba accidentalmente la punta de la cuchilla en un costado de la madera. A veces el cuchillo se resbalaba un poco de mi mano y terminaba siendo empujado de lado. Desesperanzado ante cada error, sosteniendo la respiraci¨®n una cantidad irrisoria de tiempo, continu¨¦ con el movimiento de corte.
Por la falta de ox¨ªgeno, se empezaron a escapar l¨¢grimas de mis ojos, que pronto fueron secadas por el ¨¢rbol al avanzar en mi rostro hasta privarme de incluso el sentido de la vista.
En negro, con mi garganta realizando movimientos extra?os para intentar obtener aire, y los m¨²sculos de mi cuerpo tens¨¢ndose y relaj¨¢ndose en lapsos irregulares, permanec¨ª haciendo el corte. Sent¨ªa que no estaba logrando nada. Sent¨ªa que mi cuchillo no ten¨ªa ning¨²n efecto. Pero mi plan era seguir el movimiento hasta que perdiera la conciencia, o al menos, mi racionalidad.
En negro. Serruchaba, serruchaba, serruchaba.
?En negro...! Serruchaba y serruchaba.
En ne...gro...
Mi cuerpo sali¨® disparado hacia atr¨¢s, la rama del ¨¢rbol a¨²n encima de m¨ª, rode¨¢ndome por completo. Al segundo instante, entend¨ª lo que sucedi¨®.
El cuchillo hab¨ªa cortado. En ning¨²n momento sent¨ª que estaba realizando un avance, sin embargo, el cuchillo eventualmente atraves¨® la rama por completo.
Aspir¨¦ con toda la fuerza de mis pulmones mientras me liberaba del peso de la madera muerta que me cubr¨ªa. Me levant¨¦ r¨¢pidamente y dirig¨ª la mirada hacia el ¨¢rbol, que retiraba su extremidad t¨ªmidamente. La imagen me infundi¨® algo de valor, pero sab¨ªa que deb¨ªa alejarme de su alcance lo antes posible. El camino de regreso al claro estaba bloqueado por la flora vil, as¨ª que proced¨ª con cautela, dando unos pasos hacia atr¨¢s.
Mi tal¨®n contact¨® un arbusto y, a causa de mi poca fuerza y confusi¨®n general, ca¨ª de trasero en una zona m¨¢s despejada del bosque.
¡ª?Gack!
Como una pel¨ªcula de terror- No. Viviendo una pel¨ªcula de terror, gir¨¦ lentamente la cabeza. Detr¨¢s de un arbusto, espiando como si hubiera estado esperando un buen tiempo all¨ª, una cabeza marr¨®n y deformada se asomaba.
La criatura me mir¨® a los ojos. Yo lo mir¨¦ como si fuera un pez reci¨¦n pescado. Nos miramos por lo que probablemente hayan sido unos 5 segundos que, sin embargo, se sintieron como 20 minutos. Entonces, el monstruo asqueroso emiti¨® un sonido similar a un gato atragant¨¢ndose y parti¨® a un paso apurado hacia atr¨¢s.
Fue all¨ª, en la posici¨®n completamente pat¨¦tica en la que me encontraba que se me present¨® una decisi¨®n. ?Qu¨¦ opci¨®n iba a elegir?
Volver al grupo. Perseguir a la criatura. ?Cu¨¢l ser¨ªa la mejor decisi¨®n?
Claro, puesto de esa forma, parec¨ªa el dilema m¨¢s est¨²pido y sin sentido que exist¨ªa. ?Qu¨¦ clase de protagonista idiota de pel¨ªcula de terror elegir¨ªa perseguir al monstruo final cuando pod¨ªa f¨¢cilmente volver a la seguridad del grupo m¨¢s grande? Grupo que, de paso sea dicho, pod¨ªa acabar con el problema en poco tiempo. Pero eso ser¨ªa ignorar todo el resto de la informaci¨®n. Para empezar, Han me dej¨®. ¨¦l quer¨ªa que muriera. No sab¨ªa cu¨¢nto sab¨ªan los otros dos de esto; sin embargo, dif¨ªcilmente me sentir¨ªa seguro entre ellos. Hasta d¨®nde yo sab¨ªa, volver al grupo podr¨ªa ser tan peligroso como ir hacia al monstruo. Incluso si volv¨ªa al c¨ªrculo, no hab¨ªa seguridad de que todav¨ªa estuvieran all¨ª. Aparte de esto, el monstruo era el objetivo; si lo consegu¨ªa, ser¨ªa capaz de terminar con todo este asunto. Estar¨ªa forzado a cazarlo, claramente era una decisi¨®n muy est¨²pida... Pero, c¨®mo dicen, la estupidez y el coraje eran dos caras de la misma moneda. Era ir¨®nico. Usualmente, esa expresi¨®n se utiliza para lo contrario de lo que estaba haciendo, indicar que el aparente coraje era, en realidad, una gran estupidez. Quiz¨¢s eso significaba que yo estaba siendo est¨²pido... Probablemente, Mira estar¨ªa totalmente en contra de la idea que se estaba asentando en mi cabeza...
Aun as¨ª...
Record¨¦ las palabras del hombre sirviente y las palabras de mi salvadora, por alguna raz¨®n. Eso fue lo que logr¨® hacerme decidir.
"Cu¨ªdate, por favor."
Estuve a punto de mirar mi colgante para finalizar mi decisi¨®n, para dejar todo en sus manos nuevamente; decid¨ª a ¨²ltimo momento que no. Me quit¨¦ el bolso y lo dej¨¦ descansar al lado de un arbusto.
Vamos a ser un poco est¨²pidos.
CapÃtulo 15 - Oh, a ese lo mató el duende, no hubo nada que pudiéramos hacer. Qué lástima. - Parte 5
9
Comenc¨¦ a perseguir al duende deforme. El monstruo no se tom¨® ni un segundo para verificar mi posici¨®n; sin embargo, me pude percatar que sab¨ªa muy bien de mi presencia; algo en sus movimientos r¨¢pidos me lo indicaba. Est¨¢bamos corriendo por el medio del bosque, ya solo ese hecho era terriblemente peligroso, pero hab¨ªa apostado todo, no hab¨ªa nada m¨¢s que hacer. Con este brazo in¨²til y este brazo destrozado, iba a hacer todo lo posible para acabar con la vida de esa bestia.
Todav¨ªa estaba notablemente mareado por culpa de la asfixia, o por culpa de la caminata, o quiz¨¢s por culpa de las est¨²pidas migra?as... No sab¨ªa, ya no importaba. Ten¨ªa un objetivo, ese objetivo segu¨ªa frente a m¨ª, segu¨ªa en mi visi¨®n. Y mientras permaneciera en mi visi¨®n, mi f¨¦rrea resoluci¨®n segu¨ªa en pie.
No era mucho m¨¢s r¨¢pido. Lo que yo perd¨ªa en agilidad, lo ganaba en tama?o, por lo que la diferencia entre nuestras marchas no era muy distinta.
Corrimos por los caminos irritantemente irregulares y torcidos de la arboleda. Por alg¨²n motivo, empez¨® a burbujear un fuerte torrente de ira mientras persegu¨ªa al monstruo. Pens¨¦ en el hecho de que este animal ya hab¨ªa asesinado a un hombre. Al tomar una vida, deber¨ªa estar preparado para que la suya sea tomada. No era que realmente me importase, simplemente estaba buscando una excusa para justificar mi enojo. Empec¨¦ a pensar m¨¢s profundamente en el hecho de que este monstruo era b¨¢sicamente la causa de todos mis problemas. Este puto enano no hab¨ªa tra¨ªdo m¨¢s que tragedia a mi vida. Mi mano se hizo un pu?o alrededor de mi cuchillo, mi agarre m¨¢s firme. Estaba dispuesto a asesinarlo, no hab¨ªa vuelta atr¨¢s.
El monstruo, por una vez, dirigi¨® una breve mirada hacia m¨ª; pero sigui¨® avanzando, sin importarle mi presencia. Apur¨¦ mi paso. Quer¨ªa alcanzarlo y acabar con todo esto. Atraves¨® un arbusto y lleg¨® a una zona m¨¢s despejada, entonces, en un santiam¨¦n, salt¨®, dio una vuelta completa, y me ofreci¨® una especie de sonrisa totalmente asquerosa.
Levant¨® su cuchillo y penetr¨® un cad¨¢ver que se encontraba a sus pies. Un cad¨¢ver no-humano. El cad¨¢ver de un roedor, uno no-monstruo, uno de esos carpinchos que vi en el camino.
Me detuve y pens¨¦ un instante en lo que hab¨ªa hecho este monstruo. El monstruo sigui¨® su movimiento haciendo un corte profundo en el cuerpo y ba?ando su cuchillo en sangre. Un latigazo golpe¨® el suelo enfrente m¨ªo.
Este monstruo... Este monstruo...
?Me hizo caer en una trampa?
Quiz¨¢s un poco m¨¢s tarde que el resto de mi entorno, mi nariz percibi¨® el olor f¨¦tido que estaba expulsando el animal asesinado. Como si esta criatura no podr¨ªa ser m¨¢s desagradable, m¨¢s absolutamente repugnante; ahora resultaba que no solo era lo suficientemente inteligente para utilizar herramientas, sino que incluso era capaz de preparar trampas. Sent¨ª un escalofr¨ªo en mi espalda e inmediatamente me agach¨¦. El zumbido de un latigazo horizontal atraves¨® el aire encima de m¨ª, casi golpeando al duende adelante y haci¨¦ndolo saltar hacia atr¨¢s. Pero el latigazo se detuvo, se detuvo justo antes de alcanzar la cara del duende, y comenz¨® a envolver el cad¨¢ver en el suelo.
¡ª?Tsss! ¡ªel sonido del vapor nuevamente.
Antes de que me diera cuenta, una de las ratas, una m¨¢s peque?a, salt¨® a mi pierna, mordiendo con fiereza toda la zona. Incluso con el protector de A¨ªto cubriendo mi piel, sus dientes y su fuerza eran suficiente para da?arme.
¡ªJej ¡ªel duende ech¨® una carcajada asquerosa y me tir¨® una sonrisa desmesurada, satisfecho de que hab¨ªa ca¨ªdo perfectamente en su trampa.
El enano, entonces, aprovech¨® para correr hacia m¨ª con su daga hacia delante y la rata a¨²n en mi pierna.
Me tir¨¦ para abajo y, en un movimiento inusualmente habilidoso, aprovech¨¦ el empuj¨®n para apu?alar por arriba a la rata. El cuchillo atraves¨® la espalda del animal, la carne siendo penetrada se sinti¨® absolutamente asquerosa. Mi tobillo se torci¨® porque la criatura lo mantuvo en posici¨®n mientras giraba mi cuerpo. No tuve tiempo para analizar el da?o que le produje a la rata saltarina porque el chaeki, sin esperar, se arroj¨® encima de mi cuerpo, oblig¨¢ndome a detenerlo con mi brazo izquierdo, mi mano sin fuerza.
La cuchilla del duende atraves¨® mi abdomen; no por completo, tan solo un poco; lo suficiente para que me ardiera como si me estuvieran vertiendo metal fundido. Incre¨ªblemente, las heridas previas de mi mano casi dol¨ªan m¨¢s que la pu?alada que estaba sufriendo. Mi otra mano estaba atorada, el cuchillo se hab¨ªa quedado atascado en el cuerpo de la rata; intentaba empujarlo, extraerlo, pero me era imposible. Renuente, solt¨¦ el cuchillo de Mira, mi ¨²nica arma, y us¨¦ lo que quedaba de la fuerza de mi brazo derecho para empujar m¨¢s al duende. Afortunadamente, fue suficiente para extraer la hoja de mi est¨®mago. Pero ahora quedamos, el chaeki y yo, atrapados en una confrontaci¨®n de fuerza; una confrontaci¨®n que claramente estaba perdiendo.
Intentaba empujar la piel asquerosa de la criatura lejos de m¨ª, pero no estaba teniendo efecto, la hoja se acercaba cada vez m¨¢s y m¨¢s. En una batalla limpia de fuerza no hab¨ªa forma que le ganara.
Mir¨¦ a mis alrededores. El ¨¢rbol estaba distra¨ªdo acercando el cad¨¢ver a su interior. Mi cuchilla a¨²n permanec¨ªa clavada en la rata, cuyos dientes no hab¨ªan abandonado mi protector.
Un poco de la baba o fluido corporal de la criatura cay¨® en mi cara. Estaba haciendo una expresi¨®n s¨¢dica y espantosa. Al mirarlo de cerca era aparente una herida que portaba bajando del ojo, un gran corte que se extend¨ªa por todo su rostro. Quiz¨¢s esa era la herida que Mira nos encarg¨® a buscar.
Entre morir por el Viejo Hombre-Sauce, y el duende este, no pod¨ªa discernir qu¨¦ fin era peor. Por un lado, la sensaci¨®n asfixiante te hac¨ªa sentir una inmensa soledad, por el otro, ya hab¨ªa observado los resultados del apu?alamiento que estaba a punto de recibir en toda su brutal gloria. No, definitivamente morir por esta criatura era peor. No quer¨ªa pensar al respecto, pero cuando me encontr¨¦ por primera vez con el monstruo en el bosque, el duende estaba haciendo algo con la cabeza del cad¨¢ver que prefer¨ªa ni mencionar. No quer¨ªa que eso me sucediera a m¨ª; por Dios, no quer¨ªa. ?Mi vida antes de perder mis recuerdos era as¨ª de mala? ?Mi vida siempre fue esto? ?Por qu¨¦ me lo olvid¨¦? ?Por qu¨¦ me parec¨ªa tan irreparablemente il¨®gico?
La hoja atraves¨® nuevamente la piel de mi est¨®mago. Mientras m¨¢s la daga se clavaba, m¨¢s se evaporaba el vigor que quedaba en mi brazo izquierdo. A pesar del estado adrenal¨ªnico en el que me encontraba, no pod¨ªa reunir las energ¨ªas suficientes para combatir la situaci¨®n, y en todo esto, las heridas que ya ten¨ªa eran un enorme impedimento; las heridas causadas por mis propios errores. Qu¨¦ idiota caprichoso. ?Amenazado con un arma, sabiendo mi destino, decid¨ª no hablar? ?Y qu¨¦ hubiera sucedido si Sen decid¨ªa apuntar a mi cuello, y no mi mano? ?Y qu¨¦ hubiera sucedido si Mira nunca aparec¨ªa? ?Hubiera aceptado mi muerte, sin m¨¢s? Idiota, ??De qu¨¦ te serv¨ªa tu odio, tu ira, tu desprecio, tu cansancio, tu resignaci¨®n... de qu¨¦ te serv¨ªan todas esas emociones, si estabas muerto?! ??Qu¨¦ estuve pensando todo este tiempo?! ??C¨®mo os¨¦ a empecinarme en mi propia miseria, cuando hab¨ªa cosas importantes por las que podr¨ªa haber vivido?! ??Qu¨¦ gan¨¦ encaprich¨¢ndome de esa forma?! ?No gan¨¦ nada! ?Idiota! ?Un inmenso, gigante, de proporciones ¨¦picas, idiota!
La hoja penetr¨® mi abdomen.
El sirviente ten¨ªa raz¨®n. Todo este tiempo pensaba que si Mira no hac¨ªa las cosas por m¨ª, mi vida estaba tan bien como terminada. ?De qu¨¦ me serv¨ªa vivir en un mundo tan cruel, un mundo que me odiaba? Eso pensaba. Y, hasta que las cosas no se inclinaban a mi favor, me quedaba con esa percepci¨®n terca e infantil del mundo. Como un ni?o que no aceptaba la derrota, que se enojaba por las consecuencias l¨®gicas de sus acciones, me comport¨¦ de esa manera. Creo que con el sirviente la saqu¨¦ barata; no s¨¦ si porque fue reservado, o si porque no pudo leer lo verdaderamente despreciable que fui como ser humano estos d¨ªas. Lo siento, Yoi, pero estabas equivocada. No soy una buena persona. En todo momento que me encontraba contra las cuerdas de la vida, no hac¨ªa m¨¢s que buscar la soluci¨®n m¨¢s vil, m¨¢s cobarde, para la situaci¨®n. No era una buena persona. Y mi p¨¦rdida de memorias no hab¨ªa cambiado nada en absoluto. No fui una buena persona, y ahora tampoco lo era.
Una l¨¢grima se escurri¨® de mi ojo. Mira. Mi coraz¨®n se marchitaba al pensar que no la podr¨ªa ver de nuevo... Y justamente cuando hab¨ªa hecho el mayor avance en nuestra relaci¨®n... Cuando le expres¨¦ de manera ego¨ªsta todo lo que deseaba de ella y ella me expres¨® todos sus deseos ego¨ªstas de m¨ª. Eso era lo que quer¨ªa. Estaba seguro de que eso era algo que, incluso antes de perder las memorias, no ten¨ªa. Eso era algo por lo que mi coraz¨®n se desesperaba. Honestidad. Honestidad pura. Entender el interior de una persona, y ofrecerle a cambio entendimiento de mi interior. No hab¨ªa una relaci¨®n que deseara m¨¢s que esa. Este era un deseo heredado de mi pasado. No ten¨ªa nombre, familia, hogar. Pero, si algo permaneci¨®, fue ese deseo.
Mierda.
El monstruo solt¨® un brazo de su arma para quitar del camino mi brazo derecho con un manotazo, el filo me penetr¨® mucho m¨¢s.
Mierda. Quiz¨¢s, si tuviera mis memorias, estar¨ªa recordando a mi familia; a mi madre, probablemente; pero ahora lo ¨²nico que llenaba mi cabeza era Mira. Esa chica ambiciosa, terror¨ªfica, manipuladora, deshonesta, que no pod¨ªa evitar amar. Mierda... No quer¨ªa morir...
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Mira. Mira... El cuchillo de ella segu¨ªa clavado en la rata... ?Mira...!
¡ªMira no est¨¢ aqu¨ª ¡ªreson¨® de manera terminante la misma voz que antes.
No era el collar, era una voz verdadera que estaba oculta muy dentro m¨ªo. Mira no estaba aqu¨ª, eso era cierto. Pensar en ella no cambiar¨ªa nada. Yo estaba aqu¨ª. Y yo era el que decid¨ªa mis l¨ªmites, eso era lo que me gustaba pensar...
Entonces se me ocurri¨® una idea.
¡ªSirviente, me gustar¨ªa que observaras esto.
Mira no estaba aqu¨ª. Mira no pod¨ªa hacer nada por m¨ª, eso era cierto. Pero yo estaba aqu¨ª. Estaba cansado de que mi vida se moldeara seg¨²n los caprichos de este mundo. De este mundo, del destino, de los guardias, del pueblo, de Mira, de lo que sea. ?Cu¨¢l era mi valor? Me gustar¨ªa, por una vez, decidir yo mismo la respuesta a esa pregunta. Si el mundo tanto me odiaba, entonces dejar¨ªa de actuar bajo sus reglas. Que Dios, Balance, o quien sea, mire muy bien, no pensaba seguir jugando por el camino que hab¨ªa trazado para m¨ª.
Aprovech¨¦ la mano que a¨²n segu¨ªa en el cuerpo del duende. Necesitaba solo un instante de potencia, no mucho m¨¢s. Despu¨¦s de unos cuantos gemidos y lloriqueos, liber¨¦ un grito de batalla ensordecedor, todo para producir la mayor cantidad de fuerza que mis brazos eran capaces de generar.
Por un segundo el duende cedi¨®, lo que me permiti¨® mover r¨¢pidamente el brazo derecho, mi brazo no-lastimado, en el medio de la trayectoria de la cuchilla. El duende volvi¨® a impulsarse y la cuchilla se clav¨® de lleno en mi mano. Ese era mi plan. El cuchillo estaba oxidado y hab¨ªa perdido mucho su filo. Si fuera por m¨ª, obviamente no arriesgar¨ªa t¨¦tanos o Dios sabe qu¨¦ infecci¨®n. Si fuera por m¨ª, pero esto dej¨® de estar en mis manos hace mucho tiempo. El tema: Esta cuchilla, oxidada y con un filo muy obtuso, ten¨ªa la particularidad de doler como el demonio al penetrar la piel.
¡ª?Je? ¡ªemiti¨® el monstruo.
Era una cuchilla que dol¨ªa como el demonio... pero que dif¨ªcilmente pod¨ªa penetrar con ¨¦xito poco m¨¢s de unos cent¨ªmetros de carne.
Hice un pu?o con mi mano, rodeando la cuchilla y cortando toda mi palma al mismo tiempo Tuve que morderme el labio violentamente para resistir el dolor. El duende estaba completamente confundido, optando por empujar lo m¨¢s que pod¨ªa, sin poder atravesar mi mano, y tirar lo m¨¢s que pod¨ªa, siendo atrapado por la misma mano. Era por esta raz¨®n que deb¨ªa ser esa mano, la mano que pod¨ªa cerrar. Era por esa raz¨®n, y por el detalle de que el cuchillo de Mira estaba m¨¢s pr¨®ximo a mi mano izquierda.
El cuchillo de Mira, ese era mi siguiente paso. No pod¨ªa pensar por el dolor. Todo lo que me esforzaba en intentar, lo terminaba haciendo con un considerable retraso, pero el cuchillo estaba ah¨ª, a mi alcance. Ten¨ªa que estirarme y agarrarlo...
"Mira no est¨¢ aqu¨ª." La voz son¨® de nuevo- No, esta vez la record¨¦ por mi cuenta, dej¨¢ndome con lo que parec¨ªa ser la pieza suelta de un rompecabezas.
?Mira no estaba aqu¨ª? Ya lo sab¨ªa, Mira no estaba aqu¨ª. De qu¨¦ me serv¨ªa pensar en eso-
Mi cuerpo se detuvo y mis ojos se clavaron en mi mano vendada. Como si fuera un mensaje de otro plano, mi cerebro encaj¨® la pieza, y arrib¨® a una respuesta sobre lo que deber¨ªa hacer. De alguna forma, estaba seguro de que iba a funcionar, o, mejor dicho, estaba seguro de que lo pod¨ªa hacer funcionar. No era una soluci¨®n elegante, ni prolija, ni mucho menos sofisticada, pero era viable; eso era todo lo que necesitaba.
Mir¨¦ al duende, su expresi¨®n de p¨¢nico.
Hice un pu?o con la mano vendada y lo estamp¨¦, a la mayor velocidad posible, contra el cr¨¢neo de la criatura. Estaba bastante seguro de que hab¨ªa roto un par de dedos haciendo eso, pero la adrenalina era una droga incre¨ªble.
El monstruo recibi¨® el contacto con confusi¨®n o mareo. Yo aprovech¨¦ su inacci¨®n para nuevamente estampar mi pu?o, ahora un martillo de carne, contra su cr¨¢neo. Golpe¨¦ una vez m¨¢s, y otra, y otra. Y otra, y otra, y otra, y otra. L¨ªquido empez¨® a caer en spray a mi cara, estaba casi seguro que la mayor parte proven¨ªa de una de mis manos m¨¢s que del cr¨¢neo de la criatura. Golpe¨¦ de nuevo, y de nuevo. Cada golpe sonaba completamente mojado, como si estuviera aplastando un trapo h¨²medo contra una mesa. Sin embargo, segu¨ª golpeando. La imagen de su cara siendo deformada a¨²n m¨¢s al ritmo de cada golpe que le propiciaba me llenaba de satisfacci¨®n. Quiz¨¢s, en un estado mental m¨¢s racional y pac¨ªfico, no habr¨ªa sentido "satisfacci¨®n"; quiz¨¢s habr¨ªa sentido "alivio" por poder ratificar que estaba teniendo ¨¦xito. Pero lo que sent¨ªa en este momento solo se pod¨ªa describir como satisfacci¨®n. No, era incluso m¨¢s, era elaci¨®n, la elaci¨®n m¨¢s primitiva que hab¨ªa sentido en mi vida. El dulce cosquilleo que sent¨ªa por mi rostro y mis brazos me seduc¨ªa a seguir adelante, a adentrarme m¨¢s en el acto violento; no por la violencia en s¨ª, sino por lo que con esa violencia estaba consiguiendo. Era Victoria, pura Victoria, me encantaba, lo anhelaba, a?oraba por m¨¢s.
Entonces, la criatura solt¨® dificultosamente el cuchillo y tropez¨® hacia atr¨¢s.
Estaba inmerso en otro mundo para este momento; mis pensamientos racionales hab¨ªan tomado un asiento trasero, dejando a mis impulsos violentos al volante de la situaci¨®n. Me levant¨¦ del suelo despu¨¦s de unos segundos y extraje, con mucho dolor, la cuchilla de mi mano derecha. Esta vez, la herida fue por mi propia decisi¨®n. Mi mano tembl¨® y sangr¨® en demas¨ªa, pero la cuchilla se desprendi¨®.
Me coloqu¨¦ encima del duende, a horcajadas. Mir¨¦ por un segundo el cuchillo de Mira, pero me termin¨¦ decantando por el que hab¨ªa sido usado contra m¨ª hace unos segundos. Ajust¨¦ el arma entre mis manos rotas hasta conseguir un agarre m¨¢s o menos firme. Sub¨ª el pu?al.
Entonces lo baj¨¦ en el cuerpo del monstruo, al mismo lugar donde me hab¨ªa apuntado a m¨ª. Una vez... Y otra, y otra, y otra. Al comp¨¢s de:
¡ªMierda. Mierda. Mierda. Mierda ¡ªuna expresi¨®n que manifestaba mis sentimientos por la criatura.
Y otra vez, y otra vez. Haciendo un desastre de sangre. Manchando mi cara, mi ropa, y el c¨¦sped alrededor. Sacando partes de su carne fuera de su cuerpo.
¡ª?Mierda! ?Mierda! ?Mierda! ?Mierda!
Mis cuchilladas eran completamente salvajes, a veces ten¨ªan la intenci¨®n de hacer da?o, a veces solo ten¨ªan la intenci¨®n de provocar dolor. Todas, sin embargo, eran completamente brutales. La criatura se hab¨ªa dejado de mover hace un tiempo.
¡ª?Pedazo de mierda! ¡ªgrit¨¦, hundiendo la cuchilla lo m¨¢s que pod¨ªa en su cuerpo. Como ya hab¨ªa provocado una buena cantidad de agujeros, la hoja alcanz¨® una profundidad decente.
Dejando mi espada clavada en el est¨®mago del drag¨®n, me desplom¨¦ a un costado, absorbiendo el aire a mi alrededor con la mayor fuerza posible. Mi mano izquierda se sent¨ªa como si la hubieran colocado debajo de una plancha o dentro de una tostadora. Mi pierna qued¨® chueca, como si hubiera pisado mal 20 veces seguidas; si fuera un jugador de f¨²tbol, ser¨ªa una lesi¨®n que me obligar¨ªa a retirarme. Mi otro brazo no estaba mucho mejor, hab¨ªa sido recientemente penetrado. Tuvo su primera vez con la hoja oxidada y chueca del chaeki. No sab¨ªa si hac¨ªan tan buena pareja como la lanza de Sen y mi mano izquierda, pero tampoco hab¨ªa que ser tan conservadores.
Estaba divagando completamente. Ni yo me pod¨ªa entender... pero tampoco necesitaba hacerlo.
¡ª?Ja, ja, ja! ¡ªme re¨ª con la sonrisa m¨¢s amplia que hice desde que despert¨¦ en ese dichoso r¨ªo.
Si esto fuera el final de una pel¨ªcula o de un videojuego, ser¨ªa la parte donde el protagonista est¨¢ en un descampado y es rodeado por un centenar de part¨ªculas brillantes hermosas que ascienden hasta el cielo o qui¨¦n sabe qu¨¦ plano existencial. Admitidamente, la imagen en la vida real, estando acostado en un charco de sangre, con ambas manos rotas, y mi pierna torcida, era mucho menos rom¨¢ntica; pero, por lo menos, pod¨ªa compartir los sentimientos con esos compa?eros ficticios. Elaci¨®n. No hab¨ªa una mejor palabra para describir c¨®mo me sent¨ªa. Quiz¨¢s se podr¨ªa simplificar, y definir directamente, como "Felicidad".
Me arrastr¨¦ hacia un lado. Hab¨ªa tomado una apuesta bastante arriesgada, era cierto, pero no ten¨ªa pensado rendir mi vida, mi raciocinio segu¨ªa estando ah¨ª... Quiz¨¢s un poco relegado a segundo plano, pero segu¨ªa estando ah¨ª. Y como mi raciocinio permanec¨ªa conmigo, pod¨ªa decir con total seguridad que pocas cosas me apetec¨ªan m¨¢s que ser visitado por el ¨¢ngel del t¨¦tanos, o sus bellos compa?eros, cuyos nombres terminan con "-coco" y provocan un "-itis". Ten¨ªa que limpiar la herida- las heridas. No ten¨ªa el r¨ªo cerca, honestamente no estaba seguro qu¨¦ tan buena idea ser¨ªa limpiarlas all¨ª. Pero hab¨ªa visto a Han limpiarse con algo que estaba en la bolsa... La bolsa que hab¨ªa dejado a unos cuantos metros en el medio del bosque... Mierda.
Bueno, no me pod¨ªa detener el dolor. Unos deditos rotos y una mano perforada no eran nada frente a mi incalculable, insondable, hombr¨ªa... Pod¨ªa tragarme este dolor sin problema y seguir haciendo mi trabajo. El sangrado s¨ª que no estaba nada bien... Tendr¨ªa que hacer esto pronto. Ten¨ªa buena orientaci¨®n, as¨ª que sab¨ªa la direcci¨®n general en donde deber¨ªa estar el bolso.
Mire a mis alrededores y me encontr¨¦ al ¨¢rbol todav¨ªa asentando al pobre carpincho en su tronco. Mierda. El carpincho. Este lugar era lo contrario a seguro. Me levant¨¦ y rengue¨¦ hasta el chaeki. Lo apoy¨¦ en mis antebrazos, su cuchillo estaba acomodado tiernamente en el fondo de su est¨®mago. El cuchillo que me obsequi¨® Mira se tendr¨ªa que quedar aqu¨ª, l¨¢stima.
¡ªHop ¡ªlevant¨¦ al monstruo, carg¨¢ndolo como una princesa, y empec¨¦ la marcha fuera del lugar.
Pesaba unos 20 kilos, un poco menos de lo que esperaba. Afortunadamente, no hab¨ªa ning¨²n otro animal cerca.
10
Demor¨¦ 3 veces lo que hab¨ªa tardado corriendo, pero finalmente alcanc¨¦ el bolso. Revole¨¦ al enano a un lado y empec¨¦ a escarbar, con mi mano apu?alada, por los contenidos de la bolsa. Encontr¨¦ una botella que, al inspeccionar con una olfateada, comprend¨ª que era agua. Escarb¨¦ un poco m¨¢s y me hice con el otro frasco, del mismo color y forma, pero diferente en su contenido. Ol¨ªa a alcohol, y no particularmente el etanol refinado que uno esperar¨ªa en un botiqu¨ªn, sino un alcohol de bebida, como Gin.
?Nada que hacerle! Me lo tir¨¦ en el abdomen.
¡ª???AAAHHHHHH!!!!
... Mierda. No esperaba que me ardiera tanto. ?De qu¨¦ estaba hecho esto? ?Meo de Satan¨¢s? Honestamente, me aterraba la idea de tirarlo en la mano, herida que me dol¨ªa mucho m¨¢s. Agarr¨¦ un cacho de tela del bolso y me rellen¨¦ la boca con ella. Entonces, utilic¨¦ lo que me quedaba de mano izquierda para inclinar la botella y echar el l¨ªquido en el nuevo corte.
¡ª???MMMMMHHHHH!!!
No hab¨ªa forma de acostumbrarse a esto. Escup¨ª la tela y la utilic¨¦ para esparcir el l¨ªquido por las heridas a¨²n ardientes. Finalmente, me at¨¦ la f¨¢brica alrededor de la mano. Con eso terminado, decid¨ª confeccionar una suerte de artima?a. Arrastr¨¦ al duende hasta el bolso y utilic¨¦ un lado de la cuerda de agarre para enchufarlo al resto del conjunto, una vez los dos estaban juntitos, utilic¨¦ lo que quedaba de tela para amarrar el enano lo m¨¢s fuerte posible al bolso. Tard¨¦ mucho m¨¢s de lo que esperaba, pero finalmente logr¨¦ hacerlos una unidad. Levant¨¦ el bolso con el lado de cuerda disponible y me di cuenta de que deber¨ªa ir al gimnasio, era complicado levantar estos 30-algo kilos, especialmente con el peso desbalanceado. Estuve un tiempo intentando acomodar el bolso en la espalda, casi me rindo, pero cuando consegu¨ª algo m¨¢s o menos funcional, comenc¨¦ a marchar por el camino de vuelta al pueblo. Podr¨ªa cargar al duende todo el camino como una princesa, mas ten¨ªa dignidad.
Ya estaba empezando a oscurecer, qu¨¦ miedo.
CapÃtulo 16 - Oh, a ese lo mató el duende, no hubo nada que pudiéramos hacer. Qué lástima. - Parte 6
11
Siendo Mira la ¨²nica persona esperando en la entrada. La recibida al pueblo de los guardias no fue una de h¨¦roes, sino algo m¨¢s similar a la recibida de los padres a un adolescente que festej¨® hasta altas horas de la noche.
Dos j¨®venes bajando de un desnivel con un adulto a upa, una chica menor esper¨¢ndolos con los brazos cruzados y una mirada de desprecio. La imagen era lo contrario a ceremoniosa, era desprolija, rid¨ªcula y, en un todo, pat¨¦tica. Esa pena no fue desconocida por la chica, que decidi¨® interrumpir la escena r¨¢pidamente con lo ¨²nico que era de importancia para ella.
¡ª?D¨®nde est¨¢ el chico? ¡ªa pesar de que haya sido dicho como una pregunta, el tono acorde a una no fue utilizado, lo que recibieron los guardias fue algo m¨¢s parecido a una amenaza que a una duda genuina.
Dos dudaron, por varios motivos, de contestar; el ¨²nico que no lo hizo fue el m¨¢s temperamental de los 3.
¡ªHuy¨® corriendo al pueblo, deber¨ªa haber vuelto hace unos minutos ¡ªtuvo la suficiente moderaci¨®n para evitar contestar con: ¡°y si se lo comi¨® el bosque no es nuestra culpa.¡±
A¨ªto aprovech¨® la oportunidad para deshacerse de sus propias dudas.
¡ªYa deber¨ªa haber regresado. ?No lo has visto por aqu¨ª? ?Desde cu¨¢ndo est¨¢s esper¨¢ndonos? ¡ªA¨ªto cargaba una necesidad genuina por ayudar, por lo que su primer instinto fue recolectar toda la informaci¨®n que pod¨ªa.
¡ªNo pas¨® por aqu¨ª. Y los estuve esperando aqu¨ª desde que se fueron.
Esa respuesta sorprendi¨® a todos los guardias.
¡ªPero estamos en el bosque desde hace m¨ªnimamente 5 horas¡ ¡ªcontest¨® Sen, incr¨¦dulo.
¡ªY esas 5 horas yo permanec¨ª aqu¨ª, esperando.
Los guardias descendieron ya al nivel del resto del pueblo, y, al enfrentar de manera directa a la chica, empezaron a percibir la enorme presi¨®n que estaba siendo impuesta sobre ellos.
¡ª?Realmente no estuvo por aqu¨ª? El chico se escap¨® cuando nos encontramos con una emboscada de warukis, a unos 5 minutos del pueblo. Han dijo que corri¨® en esta direcci¨®n, ?no es as¨ª, Han? ¡ªpregunt¨® A¨ªto.
¡ªSe. Probablemente se escabull¨® en una esquina del pueblo, ya lo hizo una vez.
¡ª?Determinaron, por lo menos, que no haya sido azotado hasta la muerte por un waruki?
A¨ªto y Sen, en vez de contestar, fijaron su mirada en el m¨¢s grande.
¡ªEl chico escap¨® sin problemas. 6 warukis cubriendo tan poco espacio¡ Es imposible que hubiera otro m¨¢s en la zona ¡ªrespondi¨® a las miradas inciertas de esa manera.
¡ªSe escap¨® con nuestro equipamiento y todo¡ Si no vuelve, yo mismo me encargar¨¦ de asesinarlo.
¡ªCreo que no entienden ¡ªintervino con un tono serio la joven¡ª, Yo estoy ac¨¢, desde hace 5 horas, y ¨¦l no volvi¨®. Si ¨¦l hubiera vuelto, si ¨¦l hubiera colocado un solo pie en este pueblo, yo lo sabr¨ªa; pero ¨¦l no volvi¨®.
Cierta persona finalmente se sinti¨® intranquila.
¡ªD-De igual manera, eso no cab¨ªa en nuestras responsabilidades. ¨¦l mismo tom¨® la decisi¨®n de escaparse y alejarse de nuestra protecci¨®n, eso ya se encuentra por encima de nuestras capacidades.
Mira estaba a punto de responder, pero alguien se interpuso.
¡ª?Qu¨¦ est¨¢s diciendo, Han?
¡ªYa sabes c¨®mo funcionan estas cosas, A¨ªto. Si ¨¦l mismo escapa de nuestra protecci¨®n en medio de un bosque, entonces esperar que nos aseguremos de su protecci¨®n es simplemente irracional.
¡ª?Qu¨¦ est¨¢s diciendo, Han? ¡ªsu tono se volv¨ªa cada vez m¨¢s fr¨ªo¡ª. Te conozco desde que tengo memorias, conozco cada una de tus expresiones, cada una de tus ma?as al hablar. Conozco tus buenos y malos h¨¢bitos. Y por supuesto que conozco tus ideas y tu forma de pensar.
Mira observ¨® la situaci¨®n intrigada, pero Sen observ¨® al mayor con la misma sorpresa que A¨ªto, ¨¦l tambi¨¦n detect¨® lo que estaba terriblemente desviado.
¡ªYa me parec¨ªa extra?o cuando exageraste esa est¨²pida herida en el tobillo. Pero, ?qu¨¦ es eso que acabas de mencionar? ?¡±Eso se encuentra sobre nuestras responsabilidades¡±?
Han cerr¨® la boca, se percat¨® de la discrepancia que vocifer¨® cuando estaba pensando ¨²nicamente en terminar la conversaci¨®n lo m¨¢s r¨¢pido posible.
¡ª?No hay manera de que Han justifique evadir una responsabilidad! ?Esa sola idea es imposible! ?Est¨¢s actuando de manera extra?a desde hace un buen tiempo! ??Qu¨¦ estuviste ocultando?! ??D¨®nde est¨¢ el chico?!
¡ª?Se te zaf¨® un tornillo? El ni?o escap¨®, como ya lo dije. Y lo que dije sobre su protecci¨®n tambi¨¦n es cierto. ¡ªcontest¨® el hombre sin demorar un segundo en componerse.
¡ªHan, di la verdad. No entiendo qu¨¦ est¨¢ sucediendo ¡ªdijo Sen en un tono de s¨²plica.
¡ª?Qu¨¦ les sucede? Si el chico est¨¢ muerto, fue por su propia mano. Yo no hice nada, no lo toqu¨¦. No fue mi culpa. Dejen de hacer el rid¨ªculo y pong¨¢monos a trabajar.
La respuesta pasm¨® a ambos guardias. Repentinamente, su padre adoptivo estaba hablando como si fuera una persona completamente distinta.
Sen levant¨® su lanza en direcci¨®n al hombre.
¡ªDeja de tratarnos como idiotas y habla en serio ¡ªorden¨®.
El hombre solo ofreci¨® una sonrisa incr¨¦dula.
¡ª?Qu¨¦ vas a hacer con esa lanza, chico? ?Me vas a hacer un agujero como al extranjero?
¡ªEsto no es para nada entretenido ¡ªinterrumpi¨® repentinamente la ¨²nica mujer¡ª. No tienen la m¨¢s m¨ªnima idea del valor que tiene ese chico y tienen la osad¨ªa de estar perdiendo el tiempo haciendo estupideces frente a mis ojos. D¨ªganme d¨®nde est¨¢ el chico en este momento.
Llegando a su l¨ªmite, la persona m¨¢s tranquila sinti¨® su racionalidad, siendo enmudecida por una intensa furia. Lo primero que levant¨® fue su lanza; no la apunt¨® a nadie espec¨ªfico, sino que estaba m¨¢s interesado en desafiar la situaci¨®n en s¨ª; luego levant¨® su voz:
¡ª?Dejen de decir estupideces! ?T¨², mujer, no pareces estar interesada en otra cosa que no sea jugar con el valor del pobre chico! ?Me enfermas! ¡ªapunt¨® su lanza en direcci¨®n a los dos que les faltaba atender¡ª. ?Ustedes dos llegaron a semejantes extremos contra alguien que es tan obviamente inocente que lucen pat¨¦ticos! ??Se sintieron bien atormentando a un chico que no entend¨ªa ni siquiera en d¨®nde estaba parado?! ??Y para qu¨¦?! ??Piensan que Hise hubiera querido que ustedes maten a un chico cualquiera en vez de enfrentar su muerte apropiadamente!? ??Son idiotas?!
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¡ª?Te volviste demente, chico?
¡ª?No hables! ?No quiero escuchar una palabra que salga de tu boca mientras no tenga a ese chico enfrente m¨ªo! ??C¨®mo te atreves?! ??C¨®mo te atreves a, no solo terminar con la vida de ese chico, sino que hacerme c¨®mplice de eso?! ?Voy a ir a buscarlo ahora mismo y, si no lo encuentro, est¨¢s muerto para m¨ª! Y si lo encuentro¡ ¡ªse gir¨® en direcci¨®n a la chica¡ª. ?No me importa si eres realeza minashita o el mism¨ªsimo rey de Kiokai, no juegues nunca m¨¢s con ¨¦l!
Con eso terminado, el joven se dio la vuelta y comenz¨® la marcha subiendo la pendiente, lanza en mano, preparado para pasar el tiempo necesario dentro del bosque, noche o d¨ªa, hasta encontrar al chico en cualquier estado que estuviera.
Han reemplaz¨® todo tipo de expresi¨®n de su rostro por una mueca de absoluta frialdad. Sen se encontraba muy confundido, contrariado. Y la chica solo se limitaba a mirar con desprecio. A¨ªto no volte¨® para recibir esas expresiones, no ten¨ªa ning¨²n inter¨¦s de hacerlo.
Pero entonces se detuvo.
Permaneci¨® quieto, en medio del desnivel, por un tiempo anormalmente extenso. Tanto fue as¨ª que, gradualmente, llam¨® la atenci¨®n de los tres otros individuos que hab¨ªan sido part¨ªcipes de la discusi¨®n. Primero Han, luego Sen, finalmente Mira. Los tres se enfocaron en el comportamiento extra?o del guardia, pero la situaci¨®n era tan inc¨®moda que casi ninguno se atrev¨ªa a abrir la boca.
Casi ninguno.
A¨ªto, ?sucede algo? ¡ªpregunt¨® Sen.
A¨ªto no contest¨®, solo parec¨ªa estar observando algo que se encontraba m¨¢s all¨¢, o escuchando algo que se o¨ªa en otra frecuencia.
¡ªHuff¡ Huff¡ Huff¡
Algo que solo A¨ªto pod¨ªa escuchar, pero que luego lleg¨® a los o¨ªdos de Sen.
¡ªHuff¡ Huff¡ Huff¡
A¨ªto, y Sen, completamente pasmados, afinaron su audici¨®n en absoluta concentraci¨®n. Prontamente, el sonido alcanz¨® tambi¨¦n al m¨¢s veterano entre ellos.
¡ªHuff¡ Huff¡ Huff¡ ?Huff!
Entonces el sonido alcanz¨® incluso a Mira, que no supo c¨®mo reaccionar.
¡ª?Ah!
Encima del desnivel, a unos pasos de A¨ªto; la figura de un chico, con sangre en toda su vestimenta, con heridas muy notorias pintando casi todo su cuerpo, un bolso enorme colgado aparatosamente en su espalda. Sus piernas temblando, claramente exigido, claramente adolorido; y, sin embargo, con la m¨¢s brillante sonrisa en su rostro, una sonrisa que nunca hab¨ªa mostrado.
¡ª?Yo sab¨ªa que ten¨ªa buen sentido de la direcci¨®n!
Rengue¨® un paso por el desnivel y tropez¨® inmediatamente. Perdi¨® el balance y cay¨® colina abajo, el cad¨¢ver en su espalda absorbiendo la mayor parte del da?o de ca¨ªda, actuando como un colch¨®n.
Nadie sab¨ªa c¨®mo reaccionar. Era dif¨ªcil dilucidar qui¨¦n de los 4 exactamente estaba m¨¢s sorprendido; pero, si de algo serv¨ªa la coincidencia, su descenso de la colina como una bola de nieve termin¨® a los pies de la ¨²nica mujer del grupo. Sinti¨¦ndose en seguridad, el chico desacopl¨® el artilugio de bolsa que ten¨ªa en la espalda. Lo sinti¨® como quitarse unos zapatos demasiado apretados. Con el peso en los hombros liberado, el chico pudo relajar toda su espalda de inmediato. Haciendo uso de su nueva libertad motriz, rod¨® su cuerpo unos cent¨ªmetros para el costado, y, levantando su torso con el brazo derecho, consigui¨® inhalar, exhalar, y generar un poco de la energ¨ªa que tanto necesitaba en su cuerpo. Simplemente, beb¨ªa el aire limpio a su alrededor con una vehemencia definitoria; se aventur¨®, enfrent¨® a la bestia, la derrot¨®, y finalmente volvi¨® victorioso; dif¨ªcilmente se pod¨ªa conseguir una victoria tan cargada de simpleza, tan limpia.
Mira, desde la altura, observ¨® por unos segundos al ser que ten¨ªa en sus pies. Pocas veces se podr¨ªa decir que esta mujer padec¨ªa una situaci¨®n la cual no hab¨ªa previsto en lo absoluto.
¡ªMira¡ ah¡ Traje el duende. Dije que iba a ir al bosque, pero nunca pens¨¦ que encontrar¨ªamos al duende¡ ?Pero lo encontr¨¦ yo! Eso no me lo esperaba¡ Pele¨¦ con ¨¦l y sal¨ª victorioso¡ Deber¨ªas haberlo visto¡ Nunca hab¨ªa hecho nada de esto, pero lo consegu¨ª. Ah¡ Pero deber¨ªa atender mejor las heridas, si podr¨ªa pedirte el favor¡
La chica no lleg¨® a tomar una decisi¨®n sobre su accionar, su subconsciente le gan¨® la carrera. Por lo tanto, si le ped¨ªas una explicaci¨®n de sus acciones, ella no ser¨ªa capaz de d¨¢rtela.
Lo que Mira hizo fue agacharse hasta la altura del joven, sostener un tiempo su rostro con ambas manos.
¡ª?Ah! Perd¨ª tu cuchillo¡ Perd¨®n¡ Y despu¨¦s de que me lo hab¨ªas regalado- ¡ªEl chico hablaba sin siquiera mirarla a los ojos, a¨²n desprendi¨¦ndose de un estado adrenal¨ªnico realitaf¨®bico.
Se acerc¨® hasta su cara, silenciando al chico por su proximidad. Dada su inexpresividad, el chico qued¨® en un punto medio inc¨®modo, un punto medio entre el sonrojo y la intimidaci¨®n.
¡ª?am ¡ªEntonces la chica mordi¨® su nariz.
¡ªAu.
Deshizo la presi¨®n de sus dientes para decirle algo de frente:
¡ªEst¨¢s lastimado en todas partes¡ Realmente pens¨¦ que estabas muerto¡ Perd¨®name por haberte hecho esto¡ Lo siento¡ Deber¨ªa haber conseguido otro m¨¦todo¡ Otra forma¡ Lo siento.
¡ªNo pasa nada. Est¨¢ bien. Todo sali¨® bien, por lo que ya no importa.
Mira Inovatio no era alguien que insistir¨ªa en admitir un error, por lo que esa respuesta excesivamente generosa la molest¨®.
¡ªSolo acept¨¢ las disculpas ¡ªle dijo mientras tiraba de sus mejillas¡ª. Tonto ¡ªentonces se tom¨® un segundo para ayudarlo a levantarse del suelo.
¡ª?Est¨¢s bien? ¡ªA¨ªto, el hombre que no tuvo que pasar d¨ªas y noches en el bosque, se acerc¨® al extranjero. Con un poco de tensi¨®n, con un poco de miedo, esperando, quiz¨¢s, una mirada mala, una hostilidad o un enfrentamiento.
¡ªMe lastim¨® ¡ªEl extranjero, para demostrar de qu¨¦ hablaba, se levant¨® la camisa.
La herida estaba sangrando un poco, pero no tanto. En su punto m¨¢ximo, la hoja apenas hab¨ªa logrado enterrar la punta en su abdomen. No as¨ª en su mano derecha, que estaba sellada por tela y, aun con eso, sangre se escapaba libremente incluso ahora.
¡ªOh.
¡ªPero estoy bien, gracias, A¨ªto ¡ªle respondi¨® con una sonrisa. La primera vez que le dirigi¨® una sonrisa, como tambi¨¦n la primera vez que se refiri¨® por su nombre.
¡ªD¨¦jame ayudarte ¡ªA¨ªto tom¨® la posici¨®n de Mira para sostener el cuerpo del chico y ¨¦l, por su parte, lo permiti¨®.
¡ªGracias.
A¨ªto levant¨® uno de sus brazos y lo sostuvo en sus hombros, notando las articulaciones pulverizadas.
¡ª?Por dios! Realmente tienes las manos heridas.
¡ªNo las siento¡ No s¨¦ si eso es bueno o malo.
A¨ªto apret¨® sus dientes, encogi¨¦ndose por la impresi¨®n.
¡ªEso es muy, muy, malo. Vas a pasar unos muy malos d¨ªas, te lo advierto.
¡ªYa veo.
La chica se alej¨® de los dos para agacharse en el suelo y analizar el objeto, o conjunto de objetos, con los que el chico volvi¨® del bosque.
¡ª?Y eso? ¡ªpregunt¨® A¨ªto.
¡ªEs el chaeki. Me intent¨® matar. Lo mat¨¦. Toda la sangre que tengo en el cuerpo es mayormente de ¨¦l.
¡ª?Y lo ataste al bolso?
¡ªFue complicado. Hice ese artilugio despu¨¦s de limpiar un poco mis heridas.
¡ª?Y lo trajiste hasta aqu¨ª, con todo su peso?
¡ªS¨ª. Tambi¨¦n fue complicado, no estoy en muy buen estado f¨ªsico, parece.
¡ªPero tampoco en mal estado, se ve. ?Te das cuenta de la dificultad de lo que hiciste? Me cuesta creer que sigues consciente.
¡ª?S¨ª? La verdad es que me siento bastante bien.
¡ªMmm¡ Tenemos que llevarte al m¨¦dico.
¡ªBueno ¡ªel joven contest¨® con simpleza, con alegr¨ªa ensalzando todo su tono. Un tono definitivamente no acorde a alguien que, si estuviera en un videojuego, tendr¨ªa solamente unos pocos HP restantes.
¡ª¡ Esperen ¡ªSen se posicion¨® en frente y detuvo la movida en seco. El aire algo positivo se volvi¨® m¨¢s denso.
¡ª?Qu¨¦ sucede ahora, Sen? ¡ªpregunt¨® A¨ªto con hostilidad.
¡ªPerm¨ªteme llevarlo. Al m¨¦dico, ?no? T¨² ayuda a la Inovatio a traer el cad¨¢ver.
¡ªSen, ?piensas que soy idiota? No voy a permitir que le coloques un dedo encima.
Sen no mir¨® de frente, claramente avergonzado; sin embargo, suaviz¨® en gran medida el ¨ªmpetu en sus palabras:
¡ªSolo¡ quiero hablar un poco con ¨¦l. No voy a hacerle nada.
No lo logr¨® convencer.
¡ªTuve suficiente de ustedes. Vete, Sen, ya no tienes nada que hacer aqu¨ª.
Permanecieron en un tenso silencio, ¨²nicamente interrumpidos por unas peri¨®dicas expresiones de asco de Mira al analizar el cuerpo con un palito. Pero el objeto de la discusi¨®n eventualmente se agot¨®.
¡ªAh. Ya est¨¢. Me cansaron. A¨ªto, d¨¦jame ir con ¨¦l. No me har¨¢ nada, lo s¨¦.
¡ªPero-
El chico se desacopl¨® del guardia y dio unos pasos d¨¦biles al lado del otro
¡ªAyuda a Mira, por favor.
A¨ªto le rog¨® con la mirada, pero eventualmente cedi¨®. La chica escuch¨® atentamente la conversaci¨®n en curso. Y el hombre que no interactu¨® en la conversaci¨®n aprovech¨® un momento de descuido para desaparecer del lugar.
CapÃtulo 17 - Marioneta - Parte 1
1
El instante que vi su figura aparecer por lo alto, por encima de todos nosotros, todo mi vello corporal se eriz¨®. Se ve¨ªa tan brillante como un rel¨¢mpago, obstruyendo por completo mi vista. Por supuesto, esta era la primera vez que algo as¨ª me suced¨ªa. Era impensable, absurdo. No ten¨ªa planes para esto, o fuera de esto. Me hab¨ªa colocado en este sitio como una muestra de reprensi¨®n propia, un castigo personal. ¡°Esto fue tu culpa, ahora mira los resultados de tu descuido¡±, era el pensamiento. Era eso, o una forma de apaciguar la amargura; si me aseguraba del resultado lo m¨¢s r¨¢pido posible y lo ve¨ªa con mis propios ojos, entonces quiz¨¢s ser¨ªa capaz de aceptar la realidad mejor, eso tambi¨¦n pensaba.
C¨®mo mucho, en el mejor de los casos posibles, el chico volver¨ªa a m¨ª con el resto de los guardias, sin problemas. El resultado que esperaba desde un inicio, lo que mi coraz¨®n m¨¢s a?oraba. Pero sab¨ªa que eso era una expectativa demasiado positiva, irreal. Dentro de todos los resultados, ese fue el ¨²nico ¡°positivo¡± que logr¨¦ prever.
?Qui¨¦n hubiera pensado? ?A qui¨¦n se le habr¨ªa ocurrido? Que, incluso ante el mal accionar de las figuras antag¨®nicas, ¨¦l, aun as¨ª, volver¨ªa por su cuenta. Era imposible, una conclusi¨®n necia. Pero, de alguna manera, este chico de un valor incalculable que parec¨ªa yo ser la ¨²nica en poder divisar, ese chico imposible vino a m¨ª y trajo consigo un resultado imposible.
?C¨®mo hizo? Si ¨¦l no ten¨ªa ning¨²n tipo de experiencia, como tampoco habilidad. Ten¨ªa todo en su contra, pero, a pesar de eso¡ ?C¨®mo lo logr¨®? Parte de m¨ª deseaba que leyera mis pensamientos y que me respondiera: ¡°Hice tal y cual¡±, ¡°Est¨¢s ignorando el dato de X y de Y¡±, quer¨ªa que me sentara en el suelo y con un tono did¨¢ctico me explicara c¨®mo lo que estaba ocurriendo frente a mis ojos no era una incongruencia absoluta.
No entend¨ªa. No entend¨ªa nada.
El chico se tropez¨® y cay¨® rodando hacia m¨ª.
Pero s¨ª entend¨ªa una cosa, un sentimiento que ard¨ªa y atentaba con quemar la totalidad de mi coraz¨®n: Necesitaba tener a esta persona cerca de m¨ª, necesitaba pegarla a m¨ª, y poder ver todo su valor. No lo iba a dejar ir esta vez. No lo dejar¨¦ ir hasta que est¨¦ satisfecha, de eso estoy segura.
El peor obsequio para una comerciante. Un objeto cuyo valor solo ella puede reconocer. Su valor no se limitaba ¨²nicamente a la peculiaridad de su color de cabello, pero, en este momento, yo era la ¨²nica capaz de entender eso.
Pero, entonces¡ Quiz¨¢s¡ Si lustro el objeto, lo aclaro hasta ver lo que se encuentra m¨¢s en el fondo de ¨¦l¡ Quiz¨¢s entonces yo no sea la ¨²nica que pueda apreciarlo.
2
¡ª?Quer¨ªas hablar de algo¡? ¡ªpregunt¨¦, porque ya me estaba enervando un poco la situaci¨®n.
Hab¨ªa concretado perfectamente ese acto de agallas, de hombr¨ªa total, pero era solamente un acto; sinceramente, los guardias me aterraban.
¡ªQuiero dejar unas cosas en claro ¡ªdijo Sen, sin mirarme.
Todav¨ªa estaba francamente aterrado, por lo que no tuve otra cosa que hacer que dejarlo continuar. A decir verdad, la proximidad del tacto se me hac¨ªa algo inc¨®moda; especialmente teniendo en cuenta el hecho de que esta persona me hab¨ªa apu?alado.
¡ªPara empezar, necesito que me digas la verdad de tu origen.
¡ªNo recuerdo-
¡ªNo esa estupidez de los recuerdos. Quiero que me digas la verdad.
Fuaaa. Qu¨¦ inc¨®modo. Esa era la verdad, ?qu¨¦ esperaba que le dijera? ?Una mentira un poco m¨¢s reconfortante? Hm. Digamos, no me gusta mentir, de hecho, me desagrada profundamente. Por lo que no quiero simplemente decir algo como: ¡°La verdad es que vengo de un pueblo cercano, ji, ji, ji.¡±, eso simplemente no era cierto. No quer¨ªa mentir, entonces, ?qu¨¦ le deber¨ªa decir? Algo que ¨¦l acepte, pero que, sin embargo, no se aleje de la verdad¡
Quiz¨¢s¡ simplemente¡ Deber¨ªa ser totalmente honesto. Bajar todas las defensas autoimpuestas en mi coraz¨®n y decirle toda la verdad. Incluso a una persona que no me agradaba, decirle toda la verdad.
¡ªNo es una mentira¡ Y tanto es as¨ª que estoy completamente aterrado. A decir verdad, por momentos siento que estoy ocupando un cuerpo que ni siquiera es m¨ªo. No s¨¦ qui¨¦n soy, no s¨¦ d¨®nde deber¨ªa estar, no s¨¦ en qui¨¦n deber¨ªa confiar. No entiendo nada de lo que est¨¢ ocurriendo a mi alrededor¡ Ja, ja¡ Esto es un completo desastre¡ ?Sabes¡?
¡ª?Qu¨¦?
¡ªEsta es la primera vez que veo tanta sangre. No me gusta la sangre, me desagrada. Y la tengo por todo mi cuerpo. Deber¨ªa sentirme completamente inc¨®modo, ?no? Mis brazos no funcionan como deber¨ªan, mis piernas no se pueden mover bien, mi pecho arde y mi mente est¨¢ completamente nublada. Deber¨ªa estar completamente inc¨®modo, ?no?
El hombre se limit¨® a levantar una ceja hacia m¨ª.
¡ª¡ªPero, aun as¨ª, no lo estoy. Todas estas incomodidades no se comparan al v¨¦rtigo que siento en todo momento, a la impresi¨®n de sentir que ocupo un cuerpo que no es m¨ªo, o que estoy constantemente en un lugar en el que no deber¨ªa. Completamente aterrado, solo. Si me quedo quieto por demasiado tiempo, no puedo evitar temblar, no puedo evitar el rechinar de mis dientes. Esto se lo mencion¨¦ a Mira y creo que incluso se lo mencion¨¦ a A¨ªto. Esa es la verdad, esa mala mentira es la verdad; esa estupidez. Pero incluso, aunque sea una ridiculez, un mal chiste, no puedo evitar sentirme aterrado.
¡ªRealmente¡ No est¨¢s mintiendo, ?no?
¡ªLas mentiras suelen ser c¨®modas, suelen beneficiar a alguien, suelen existir para aligerar el peso de la realidad. Si esto fuera una mentira, ser¨ªa una mentira muy cruel y autoimpuesta. No hay nada que me gustar¨ªa m¨¢s, que esto fuera una mentira.
¡ªEntonces¡ ?Solo despertaste en el bosque, sin recuerdos?
¡ªRealmente es as¨ª de simple. No hay un trasfondo m¨¢s que agregar, no hay ninguna historia previa. Despert¨¦ en este bosque, me top¨¦ con el pueblo, actu¨¦ como un idiota y casi me muero, Mira me rescat¨®. Es tan simple como eso.
¡ªEntiendo¡ ?Entonces Hise¡?
¡ªNo lo conoc¨ª. Solo encontr¨¦ su cuerpo con el chaeki a su lado. Escap¨¦ aterrado porque nunca hab¨ªa visto un animal as¨ª.
¡ªHm.
Permanecimos un rato en silencio. Era el atardecer, pero, al estar limitando el borde del pueblo, las calles estaban casi completamente despobladas. El hombre era m¨¢s bajo que yo, sin embargo, ten¨ªa marcas en la piel que lo hac¨ªan parecer mucho m¨¢s maduro. Si tuviera que adivinar, dir¨ªa que estaba cerca de los 25 a?os.
¡ªHise era un buen tipo ¡ªme dijo repentinamente.
¡ª?Qu¨¦?
¡ªEra un buen tipo. Era irresponsable y parrandero, pero era un buen tipo, como A¨ªto. ¨¦l te habr¨ªa ayudado, incluso habr¨ªa intentado todo lo posible para amigarse contigo ¡ªme mantuve en silencio¡ª. Pero yo¡ Lo arruin¨¦ todo. ¡ªdijo, frotando su cara con la mano¡ª. Si no me interpon¨ªa, su familia te habr¨ªa tratado como un hermano, como lo hicieron con A¨ªto y conmigo¡ Pero lo arruin¨¦ todo¡ No sirvi¨® para nada¡ ?Qu¨¦ consegu¨ª? Que dolieran, que buscaran enemigos, que no puedan estar en paz¡ Es un error que no puedo ni siquiera enmendar¡ ?C¨®mo mir¨® a trav¨¦s de esos peque?os ojos y le digo que todo fue una gran equivocaci¨®n? Lo que sea que le diga a ella, a cualquiera de ellos, no lo aceptar¨¢n. Y solo puedo esperar que ese odio con el que crecer¨¢n no se profundice, que no se vuelva m¨¢s oscuro.
¡ªEm¡
¡ª?Ya s¨¦, ya s¨¦! Ya s¨¦ que no eres culpable. No soy tonto, cualquiera se dar¨ªa cuenta. A¨ªto y Han lo saben tambi¨¦n. Tengo muchos adjetivos negativos con los que etiquetarte, pero ¡°asesino¡± no es uno de ellos. Francamente, luces un poco idiota para ser un asesino.
Ok.
¡ªEscucha¡ Perd¨®n, por lo de tu mano, y todo lo dem¨¢s, tambi¨¦n. Fue un error. Lo siento.
¡ªEst¨¢ bien, no es nada. Ahora me siento genial, y no siento rencor hacia ti particularmente.
¡ªAhora te sientes genial, seguro; pero en unos pocos minutos vas a desear estar muerto, cr¨¦eme. Uno no le hace eso a su mano y simplemente sale impune de la experiencia.
¡ª?Qu¨¦ mano?
¡ªLas dos. Pero especialmente la izquierda. Esa parece que te la machacaron con un martillo, ?qu¨¦ demonios le hiciste?
¡ªAh¡ D¨¦jame decirte¡~
Le cont¨¦ relatos de mis grandes haza?as al guardia.
3
Golpes en la puerta.
¡ª?Buenas noches! ?Con qui¨¦n tengo el placer?
¡ªBuenas noches. Mi nombre es Mira, solo deseaba tener una peque?a charla con su marido, si es posible.
La mujer dio una sonrisa amplia y cort¨¦s. A pesar de su clara diferencia de edad, decidi¨® seguir tratando a la chica como una igual.
¡ªPor supuesto. Estamos comiendo en este momento, si no es un problema¡
¡ªEso es perfecto, traje unos regalos para usted.
¡ªQu¨¦ amable, pero no es necesario.
¡ªInsisto.
La mujer ponder¨® un instante la situaci¨®n, la joven pod¨ªa ser f¨¢cilmente su hija. Era una extranjera, por lo que asum¨ªa que el asunto era uno que concern¨ªa al pueblo, pero no llegaba a adivinar qu¨¦ tratos una ni?a como ella podr¨ªa tener, o de qu¨¦ estilo.
Stolen story; please report.
¡ªBueno. Adelante.
La joven acept¨® la invitaci¨®n y se adentr¨® a la vivienda, una vivienda c¨¢lida, el color oscuro de su madera aportaba a una sensaci¨®n acogedora, los distintos y escasos decorados e inmuebles de dudosa calidad conceb¨ªan un aire sincero y modesto. No era un lugar de pretensiones, era un simple hogar familiar.
¡ªPor favor, acomp¨¢?enos a la mesa; mi marido se encuentra all¨ª.
¡ªMuchas gracias.
No era una casa grande. El pueblo estaba planificado de forma que la gran mayor¨ªa de sus viviendas mantengan un tama?o similar, algo no muy com¨²n en este mundo, pero tampoco fuera de lugar. Este hogar era uno como tantos otros, el tama?o pod¨ªa albergar f¨¢cilmente a una familia de varios integrantes, pero no mucho m¨¢s.
La mesa se encontraba en el suelo, como era costumbre en el lugar; en ella, hab¨ªa un hombre y un ni?o, uno en el regazo de otro, jugando entre s¨ª. El hombre era de unos 40 a?os, el ni?o de tan solo unos 5. Era un caso particular el de esta persona. El paso de vida en este mundo era acelerado, las familias se hac¨ªan r¨¢pido y los padres eran j¨®venes. Esto no se cumpl¨ªa con el hombre en cuesti¨®n. Este hombre hab¨ªa tardado una considerable cantidad de tiempo en encontrar la madre de su hijo, y un buen pu?ado de a?os m¨¢s en conseguir la descendencia en s¨ª. Las razones para esto eran tan variadas como complejas, el balance entre su disciplina, sus responsabilidades y sus aptitudes personales fue uno muy dif¨ªcil de mantener para ¨¦l. No hab¨ªan sido sus intenciones, ni mucho menos su deseo, pero fue lo que ocurri¨® en fin, y esto hab¨ªa sido aceptado por ¨¦l hace un buen tiempo. Por eso, la posici¨®n de este hombre en el pueblo se pod¨ªa considerar privilegiada¡ pero no del todo.
El hombre no se molest¨® en dirigir una mirada a su invitada, estaba muy satisfecho con permanecer jugando con la inocencia en su regazo, una sonrisa enorme adornaba todo su rostro.
¡ªHan, lleg¨® una invitada.
El hombre no contest¨®, pero no se apart¨® de la mesa. La madre aprovech¨® el momento para hacerse un sitio en la mesa y la joven sigui¨® su ejemplo.
¡ª?Acaso esto es un asunto que debe ser tratado ¨²nicamente entre ustedes? ¡ªpregunt¨® la madre del hijo, inquiriendo sobre la confidencialidad del negocio.
A Mira le serv¨ªa su presencia, por lo que los invit¨® a permanecer.
¡ªNo, ustedes pueden quedarse.
¡ªYa veo. Bueno, ?deseas cenar algo? Solo tenemos carne de cerdo y pan, de lo poco que nos queda del abastecimiento del mes pasado ¡ªla mujer pregunt¨® con un tinte de preocupaci¨®n ante la posible mala recepci¨®n.
¡ªNo es necesario. De hecho, traje obsequios para ustedes.
La joven produjo de un bolso un par de dulces locales que har¨ªan babear a cualquier habitante del pueblo. Tan solo era pan relleno, un alimento que, sin embargo, se pod¨ªa calificar como muy evolucionado para la regi¨®n.
¡ª?Oh! ¡ªexclam¨® el ni?o, de alegr¨ªa, al ver los comestibles. La madre, por su parte, coloc¨® una palma sobre su mejilla, sorprendida por el gesto.
3, 6, 9, 12. 4 para cada integrante de la unidad familiar.
¡ªSon todos para ustedes. Deben comerlos r¨¢pido, sin embargo; no son muy duraderos.
¡ª?Muchas gracias, se?orita Mira!
¡ªNo es un problema ¡ªdijo con una sonrisa escueta.
La mujer acomod¨® la pasteler¨ªa a un lado y habl¨® con un poco de preocupaci¨®n:
¡ªPero¡ ?Puedo preguntar a qu¨¦ se debe este gesto? ?Est¨¢ segura que no desea hablar con mi marido a solas?
La chica sacudi¨® la mano.
¡ªNo, no, no. Pueden cenar tranquilos. Yo me tomar¨¦ el atrevimiento de robar un poco de su tiempo con una charla, nada m¨¢s.
¡ªC¨®mo usted desee, se?ora Mira.
La joven le sonri¨® en respuesta.
¡
Pas¨® un tiempo. El ni?o se acomod¨® a un costado para comer de su plato, el padre asistiendo con todo lo necesario y la madre ayudando con la comida que prepar¨®. Mira se limit¨® a permanecer sentada en la mesa, sin producir una sola palabra.
Una vez iniciada la cena, cuando todas las personas hab¨ªan, por lo menos, comido un poco de lo que hab¨ªa en la mesa, Mira levant¨® la voz.
¡ª?Cu¨¢l es tu trabajo, guardia? ¡ªfue lo ¨²nico que pronunci¨®. En un tono despojado de todo tipo de adornos; ni amenazante, ni feliz, ni nada. Era una simple pregunta.
El hombre permaneci¨® sin dirigirle una mirada, consumiendo con simpleza lo que hab¨ªa sido impartido a ¨¦l, ni m¨¢s, ni menos, solo lo de ¨¦l. Tard¨® unos segundos en terminar de procesar lo que ten¨ªa en la boca, no se aceler¨® y tampoco se demor¨®.
¡ªMi deber es proteger a los habitantes de este pueblo.
La naturaleza extra?a de la conversaci¨®n hab¨ªa asustado al hijo y a su madre, pero ellos parec¨ªan estar completamente conformes con lo que se estaba discutiendo.
¡ª?Tan solo eso?
¡ªNo. Tambi¨¦n debo asistir al cacique en todo lo sea requerido de m¨ª.
¡ªEso puede conllevar muchas responsabilidades.
¡ªYo lo considero un trabajo com¨²n.
¡ªEntiendo.
¡
¡ª?Seguro que desea que permanezcamos en la mesa? ¡ªpregunt¨® la mujer, sin entender el rumbo o el origen de la conversaci¨®n.
¡ªQu¨¦dese aqu¨ª ¡ªorden¨® la joven.
Entonces hubo una pausa, acompa?ada por un largo silencio. Suficiente tiempo entre medio para que, poco a poco, se volviera a la comida. Con una incomodidad mucho m¨¢s profunda que antes, pero otra vez, se volvi¨® a la comida.
¡ª?Recuerda lo que dije en la audiencia con el cacique? ¡ªpregunt¨® la joven.
¡ªS¨ª ¡ªrespondi¨® as¨ª porque no era necesario especificar. El hombre recordaba todas sus palabras en esa audiencia.
¡ª?Recuerda lo que le mencion¨¦ en nuestra conversaci¨®n personal?
¡ªS¨ª ¡ªla respuesta fue sucinta otra vez.
¡ªEntiendo.
La chica permiti¨® el espacio para otra pausa. El hombre, sin problema, continu¨® avanzando por su alimento sin detenerse un instante. La madre ya no se sent¨ªa del todo c¨®moda, y el ni?o estaba un poco asustado por el silencio y la actitud irregular de sus parientes.
¡ª?Usted quiere ir en contra m¨ªo?
¡ªNo.
¡ª?Contra mi familia, entonces?
¡ªNo.
¡ªEntonces quiere ir en contra de su pueblo.
¡ªTampoco son mis intenciones.
¡ªEntonces, ?c¨®mo puede explicar su accionar?
El hombre no contest¨® de manera veloz como en las ocasiones anteriores.
¡ª¡ª?A qu¨¦ se refiere?
Mira no demor¨® en contestar.
¡ª?Por qu¨¦ intent¨® destruir mi propiedad?
¡ª¡
El hombre, por primera vez, la encontr¨® con su mirada, mas no eligi¨® no proporcionarle una respuesta en el momento.
¡ªResponda.
La mirada de la chica era fr¨ªa, mucho m¨¢s fr¨ªa de lo que podr¨ªa ser la del hombre.
¡ªTodo mi accionar se encontr¨® en el cuadro demarcado por mis responsabilidades.
¡ªFalso. Fui muy clara al indicar que mi empleado deb¨ªa ser protegido. Por lo tanto, incluso no ayudar constituye una violaci¨®n del trato establecido. Trato establecido por mi persona con el pueblo. Por lo tanto, est¨¢ faltando no solo a m¨ª, sino al pueblo tambi¨¦n.
¡ª¡
¡ª?Entonces qu¨¦? ?Cu¨¢l es su defensa? ?Qu¨¦ podr¨ªa justificar semejante error en su juicio? D¨ªgalo. D¨ªgalo en este momento.
¡ª¡
¡ªHm¡
Ambos permanecieron en silencio nuevamente. El hombre volvi¨® a desviar la mirada, pero ella se mantuvo firme.
Entonces la joven rompi¨® el silencio.
¡ª?Qu¨¦ har¨ªa si yo destruyera lo suyo?
El hombre gir¨® r¨¢pidamente en su direcci¨®n, una mirada entre el terror y la amenaza.
¡ªY no me refiero a sus bienes personales; sino que a su esposa y a su hijo, ?qu¨¦ har¨ªa si los tomo por la fuerza?
¡ªLa matar¨ªa antes de que pudiera poner un pie fuera de esta casa.
¡ªIntr¨¦pido. ?Pero no es eso un poco hip¨®crita? Usted no tiene problema en destruir lo m¨ªo, pero protesta y gru?e cuando lo suyo est¨¢ puesto en riesgo. Ese tipo de doble vara me resulta insoportable.
¡ªCualquier padre responder¨ªa de la misma manera.
¡ªJa. Quiz¨¢s piense eso. Pero yo puedo jurar bajo mi nombre que, como hay padres como usted que aman a su familia, hay padres que aprovechar¨ªan la m¨¢s m¨ªnima oportunidad para deshacerse de ellos.
¡ªNo es mi caso.
¡ª?A qu¨¦ me refiero? A que su relaci¨®n como padre puede tener valor para usted, pero para m¨ª puede significar lo mismo que esos panes rellenos que est¨¢n encima de la mesa. ?Considerar¨ªa mi valoraci¨®n injusta?
¡ªEs inhumana, cualquier persona decente entender¨ªa que la relaci¨®n de un padre con su familia es invaluable.
¡ª¡±Decente¡±¡ ¡°Invaluable¡±¡ ?Qui¨¦n puede determinar conceptos tan subjetivos como esos? Una persona ¡°decente¡± para m¨ª, podr¨ªa ser un ¡°asesino¡± para ti. Y algo ¡°invaluable¡± para ti podr¨ªa ser simple vuelto para m¨ª. Por lo tanto, ?por qu¨¦ su relaci¨®n con su familia es m¨¢s importante que mi relaci¨®n con mi empleado, alguien que estimo de un inmenso valor? ?Por qu¨¦ es una digna de ser protegida, y otra merecedora de ser despedazada? ?No ve que es terriblemente injusto?
¡ªNo me interesa las vueltas que le d¨¦. No va a conseguir nada haciendo esto.
¡ªCierto. Excepto que responda la pregunta. Su deber era proteger a mi empleado, ?por qu¨¦ falt¨® a su deber?
El hombre tard¨® en contestar. Tard¨® un buen tiempo. Pero la joven no se hizo apuro, simplemente esper¨®, con la misma mirada, la misma mueca y la misma posici¨®n.
¡ª¡ªToda mi vida- ¡ªcontest¨® entre dientes, expulsando las palabras a la fuerza y con sa?a.
¡ªToda su vida, ?qu¨¦? ¡ªinquiri¨® sin miedo.
¡ªToda mi vida, la gast¨¦ siendo igual a ti. La desperdici¨¦, pensando en lo que era ¡°digno¡±, ¡°injusto¡±, ¡°merecedor¡±, ¡°valioso¡±. Pensando en qu¨¦ iba a hacer ma?ana, el d¨ªa siguiente, y el mes siguiente. Pensando en qu¨¦ iba a hacer por el vecino, por el anciano, por el de la esquina, por el otro del mirador, por el cacique, o por el pueblo. C¨®mo pod¨ªa ayudar con la seguridad, con el comercio, con los extranjeros, con los nativos, con los animales, con el r¨ªo o con las plantas. Intentando preservar las casas, los caminos, las tiendas y el templo. Intentando criar a un hu¨¦rfano, luego a otro, luego a otro, luego a un ni?o revoltoso y luego a un anciano. Intentaba ayudar, pensando que era por ¡°el bien del pueblo¡±, por ¡°la seguridad de los vecinos¡±, quiz¨¢s para ¡°a felicidad de todos¡±; o tal vez, mucho m¨¢s est¨²pido, por ¡°mi dignidad¡±, ¡°mi honor¡±, ¡°mi orgullo¡±. Todas, todas y cada una, estupideces. Agachando cada vez m¨¢s y m¨¢s mi espalda, abriendo m¨¢s y m¨¢s mis brazos. Dejando tanto lugar para todos, pero nunca para m¨ª. ??A qui¨¦n le importaban todas esas cosas invisibles, que nunca podr¨ªa ver?! ??La felicidad del pueblo?! ??El futuro de nuestros hijos!? ?Yo nunca vi eso! ?Yo nunca toqu¨¦ eso! ??Por qu¨¦ deber¨ªa cargar con toda esa responsabilidad, si al final mi ¨²nica recompensa va a ser la sonrisa de hoy y las l¨¢grimas de ma?ana?! ??Para qu¨¦ tendr¨ªa que criar el ni?o revoltoso de otra familia, si al final tengo que cargar su cuerpo muerto por el pueblo en mis brazos?! ?Ese idiota del extranjero podr¨ªa morir hoy, ma?ana, todos los d¨ªas, y nunca me importar¨¢! ?Los Inovatio podr¨ªan arrasar con este pueblo y, mientras mi familia y yo estemos bien, no me interesar¨¢! ?Mi orgullo? ?Mi valor? Si ma?ana muero mientras duermo, esas cosas, ?a qui¨¦nes le servir¨¢n? ?Qu¨¦ utilidad tiene eso para un hombre muerto¡? Estoy cansado. Solo quiero hacer mi trabajo y descansar. Solo quiero disfrutar de mi familia y descansar. Solo quiero que me permitan, sin culpa, descansar. T¨² puedes hacer lo que desees, Inovatio. Mientras no sea con mi familia o conmigo, no ser¨¢ de mi inter¨¦s. S¨¦ que no tengo nada que hacer con alguien de tu nivel. S¨¦ que ser¨ªa muy idiota pelear. Y no tengo ni siquiera el deseo de hacerlo. Ya tuve suficiente pelea para m¨¢s de una vida¡ Ahora solo quiero descansar.
Mira no apart¨® su expresi¨®n desinteresada de ¨¦l, pero le dio un momento de calma mientras regresaba, tambaleante, de su soliloquio al mundo donde su hijo yac¨ªa aterrado y su esposa lo miraba con l¨¢grimas descendiendo silenciosamente por su rostro.
¡ªEl mayor insulto que pod¨ªas haberme hecho era compararme contigo ¡ªcomenz¨® Mira¡ª, un cobarde sin prop¨®sito ni motivaci¨®n. Nunca fui, ni ser¨¦, alguien como t¨², porque yo nunca disfrac¨¦ mis deseos por causas altruistas. ?El pueblo? ?Mi familia? Nada de eso es de mi inter¨¦s. Yo solo quiero lo que quiero, y cuando lo quiero, lo consigo. As¨ª me coloqu¨¦ a los codos del resto de mi familia. Eres un cobarde, porque ni siquiera est¨¢s dispuesto a aceptar tus verdaderos deseos. Incluso ahora, luego de haber comprendido que esas causas altruistas no son m¨¢s que lavado de cara, te escondes detr¨¢s de tu familia. Nunca fui, y nunca ser¨¦, como t¨².
¡ª¡
Mira se levant¨® de la mesa.
¡ªPero ahora, un cobarde como t¨² me es ¨²til. Dijiste que no te interesaba nada de lo que pod¨ªa hacer mientras no tuviera relaci¨®n contigo, ?no?
¡ª¡ª¡ S¨ª.
¡ªEntonces no te importar¨¢ que tome el mando de este pueblo.
¡ªMientras-
Mira se coloc¨® las alpargatas en sus peque?os pies y mir¨® por ¨²ltima vez a la familia de la persona que serv¨ªa como verdadero cacique del pueblo.
¡ªSolo pondr¨¦ las cuentas en orden. Nada de este pueblo me interesa, por lo que, por lo menos, me gustar¨ªa que dejara de estorbar.
¡ªEntiendes el estado del pueblo, ?no es as¨ª?
¡ªDe sobra. Tengo que hacer las cuentas por ustedes todos los meses.
¡ªRealmente¡ ?Eres capaz de arreglar este pueblo¡ sin caridad?
Ante eso, Mira liber¨® una peque?a risilla soberbia.
¡ª?Qui¨¦n crees que soy? ¡ªdijo¡ª. Est¨¢s hablando con la mayor mente comercial del mundo. Esto lo puedo arreglar con una pluma, un papel y un buen ba?o.
La posterior audiencia con el ¡°cacique¡± fue una mera formalidad, algo que no merec¨ªa siquiera ser contado. El puje por el control de las funciones del pueblo inici¨® y termin¨® all¨ª.
CapÃtulo 18 - Marioneta - Parte 2
4
¡ª?Y a esos ¨¢rboles los odio! ?C¨®mo se alimentan siquiera? ?Qu¨¦ pestes!
¡ªLos waruki. Son demonios que poseen ¨¢rboles. Violentos, atacan por territorialidad, no tanto para alimentarse. Nunca se re¨²nen tantos juntos, fue algo realmente inusual.
¡ª?Ese casi me ahorca! ?Me salv¨¦ de milagro! Eso fue antes de la pelea con el chaeki, igual. Al principio uno de esos me dej¨® esta marca en el hombro.
¡ªEso tambi¨¦n hay que sanarlo, ya estamos por llegar.
¡ªNo me duele mucho, al menos.
¡ªYa te dije, eso es porque-
¡ª?Yoi! ¡ªllam¨® el chico lastimado.
La sirvienta reaccion¨® espantada. El estado del chico era aterrador para cualquiera que no estuviera acostumbrado a este tipo de heridas.
¡ª??Qu¨¦ ocurri¨®!?
¡ªMe lastim¨¦, ?pero ahora estoy bien! Solo me duele un poco el cuerpo en general.
¡ª??Y la mano!?
El chico levant¨® el saco de carne que reemplazaba su mano izquierda y lo mir¨® tan asombrado como el resto.
¡ªWow. No me di cuenta de que estaba as¨ª de lastimada.
¡ª?No le prestaste atenci¨®n por un segundo mientras volv¨ªas? ¡ªpregunt¨® el guardia.
¡ªBueno¡ No es como que me sobraba tiempo¡
¡ª?Vengan a la residencia ahora mismo!
¡ªEstamos yendo al m¨¦dico del pueblo. ¨¦l lo podr¨¢ atender.
¡ª?No tiene las herramientas para arreglar todo¡ esto!
¡ª?Qui¨¦n eres t¨², siquiera? ?Por qu¨¦ deber¨ªa confiar en ti?
¡ª?Sirvo a la se?ora Mira! ?Tengo m¨¢s que suficientes conocimientos para atenderlo!
¡ªNo peleen ¡ªintent¨® intervenir el objeto de inter¨¦s.
Fue ignorado.
¡ª?Por qu¨¦ ser¨ªas mejor m¨¦dico que el nuestro? ¨¦l estudi¨® medicina con un doctor de la realeza. Atiende al pueblo desde hace 30 a?os. ¨¦l sabe mejor que nadie
¡ª?Deja de ser tan terco y vayamos a la residencia Inovatio que all¨ª podremos tratarlo!
¡ª?Basta, se?ora! ?Es insistente! ?Conf¨ªo m¨¢s en dejar al chico con A¨ªto que con usted! ?Ni siquiera es del pueblo y nunca la vi en mi vida! ??C¨®mo s¨¦ que lo que me dice es verdad!?
¡ªNo peleen.
¡ª??Por qu¨¦ estar¨ªa mintiendo!? ¡ªla sirvienta se puso de un lado del chico y tom¨® parte de ¨¦l para no dejarlo en manos de su oposici¨®n¡ª. ?Este chico est¨¢ bajo el cuidado de la se?ora Mira y, por lo tanto, tengo m¨¢s autoridad sobre ¨¦l que usted! ?D¨¦jelo y perm¨ªtame llevarlo a ser tratado!
¡ª??Qu¨¦ le pasa, se?ora!? ?No conf¨ªo en usted! ?Al¨¦jese de ¨¦l ahora mismo!
¡ª??No se da cuenta de que no tenemos tiempo para esta discusi¨®n!? ?Si desea llamar¨¦ a ese doctor que usted dice, pero hay que traerlo a la residencia de inmediato!
¡ª?Su¨¦ltelo, se?ora! ?Su¨¦lte¡ lo!
¡ª?D¨¦jalo! ?Debo tratarlo inmediatamente!
¡ªDejen de p¡e¡l¡e-
¡ª¡
¡ª¡
¡ª?Ah! ??Qu¨¦ le hizo!? ?Se desmay¨®!
¡ª?Por supuesto que se desmay¨®, si apenas puede caminar! ??Entiende por qu¨¦ debe dejar que lo atienda!?
¡ª?No, se?ora! ?Tengo que llevarlo con el se?or Isao!
Tardaron 20 minutos, pero finalmente optaron por llevar al joven inconsciente a la residencia Inovatio.
5
¡ª?Se desmay¨®? Era cuesti¨®n de tiempo.
¡ªS¨ª¡ No despert¨® ni siquiera cuando limpiamos sus cortes. Honestamente, estoy terriblemente preocupada.
Luego de su conversaci¨®n, y habiendo adquirido un nuevo rol en la aldea en secreto, la hija m¨¢s joven de la familia Inovatio regres¨® a su residencia para encontrarse con su sirvienta atendiendo profusamente al joven sin nombre. No hab¨ªa una certeza de cu¨¢nto tiempo pasar¨ªa en cama, pero era factible presumir que probablemente no podr¨ªa disfrutar del final del festival; y, por lo tanto, ella tendr¨ªa que realizar sus tareas obligadas en soledad. No era su plan inicial, pero no le resultaba un problema muy grande.
¡ªNo te preocupes, Yoi. Tengo un plan para ¨¦l.
¡ª?Lo dice en serio, se?ora?
¡ªS¨ª.
La sirvienta se agach¨®, una se?al genuina de agradecimiento. Los conocidos entender¨¢n que incluso hab¨ªa alivio.
¡ªSe lo agradezco enormemente, se?ora.
¡ª?Tanto te agradaba? No te suelen importar mis asuntos de esta manera.
¡ªUsted suele ser ciega con lo que desea ignorar.
¡ªAtrevida.
La sirvienta larg¨® una risilla complacida.
¡ª¡ Usaremos los c¨ªrculos medicinales ¡ªmencion¨® Mira, mientras observaban el estado del muchacho.
¡ª?Est¨¢ segura? Solo tenemos suficientes para usted.
¡ªDe igual manera, este viaje est¨¢ pronto por finalizar. No puedo permitir que pierda totalmente el uso de una mano, ser¨ªa un gasto de recursos m¨¢s grande si no los utilizo; y no gasto recursos de m¨¢s.
¡ªEs cierto¡ Estoy agradecida de que est¨¦ dispuesta a ayudarlo, pero es mi deber como sirviente advertirle del peligro al que se expone.
¡ª?Ayudarlo? No te confundas, yo quiero usarlo. Y lo voy a usar muy bien.
¡ªEntiendo, se?ora ¡ªle dijo con otra reverencia.
¡ªY lo voy a usar muy bien¡ ¡ªse repiti¨®.
6
¡ª?Al¨®!
Una voz extra?a en mi espalda me atrap¨® por sorpresa. Me par¨¦ y me di vuelta r¨¢pidamente.
Una figura incomprensible me esperaba detr¨¢s de m¨ª. Una esfera, unas alas, luz, una balanza, un c¨ªrculo dentro de un c¨ªrculo, dentro de un c¨ªrculo. Miles de alas explotaban en la espalda de los c¨ªrculos repetidos. Una luz emanaba de todo el conjunto y de cada parte del conjunto. No era un ser, era un proceso. No, no era un proceso tampoco, era un Orden, un Sistema, era la forma en que las cosas son y la forma en la que las cosas tienen que ser. Era la Verdad, visible en una forma que puedo procesar, pero nunca iba a poder comprender.
Mi ojo expulsaba l¨¢grima tras l¨¢grima mientras observaba el pedazo de Realidad que se encontraba delante de m¨ª. Su voz sonaba como un instrumento musical, un conglomerado de voces que de alguna forma se unieron para formar una hermosa melod¨ªa.
¡ªUps. Supongo que esta forma no es muy apropiada para conversar correctamente.
Cada palabra que manifestaba su forma se imprim¨ªa irreparablemente en mi cabeza. Cada palabra era un fragmento de un conjunto del cual yo formaba parte. Ahora mi humanidad era parte del conjunto.
If you discover this tale on Amazon, be aware that it has been unlawfully taken from Royal Road. Please report it.
En un instante desapareci¨® y con ella desapareci¨® la Verdad. Mi alma sinti¨® una falta irreparable acosando todo mi ser.
Un sistema sin conjunto. Un conjunto sin componentes. Un mundo sin realidad.
¡ªAh¨ª est¨¢, ahora s¨ª podemos hablar, supongo.
Nuevamente en mi espalda. Era la misma voz, pero, de alguna forma, distinta.
¡ªBuenas noches, ya pas¨® un tiempo.
Me qued¨¦ callado y mir¨¦ la forma de una persona sin forma.
¡ª?Sucede algo? ?Qu¨¦ te ocurre? ¡ªdijo, acercando sus ojos grandes, demasiado grandes, (?se estaban agrandando?) hacia m¨ª.
Para empezar, ?eran ojos? ?Estaba viendo ojos? ?Estaba viendo algo? Si estaba viendo algo, ?qu¨¦ estaba viendo? Mi mente me dec¨ªa: ¡°persona¡±, pero mis ojos nunca terminaban de captar a esa ¡°persona¡±. Estaba seguro de que estaba. No¡ No estaba seguro de que estaba. ?Estaba seguro de que estaba seguro? ?Estaba seguro de que no-no estaba seguro? ?En qu¨¦ estaba pensando?
¡ªEp. Ep. Ep. Te dije que dejes de pensar tanto cuando hablas conmigo. ¡ªme dij¡?o?
?Qu¨¦ cosa me lo dijo? ?De d¨®nde vino? ?C¨®mo sonaba la voz? ?De qui¨¦n era? No era aguda, pero tampoco era grave, pero tampoco era algo intermedio. ?Siquiera hubo una voz?
Me peg¨® una cachetada.
¡ª?Te dije que dejes de pensar!
?Creo que me toc¨®? Si entend¨ª bien, me toc¨®, pero nunca sent¨ª que me hubiera tocado. ?C¨®mo me toc¨® sin tocarme? ?Qu¨¦ est¨¢-?
Me agarr¨® de la cabeza y comenz¨® a agitarla.
¡ª???Basta!!!
Termin¨® de moverme violentamente y gir¨® mi cabeza hacia un lado.
¡ª?Mira el lugar y c¨¢lmate!
Era un lugar infinitamente gris. Era blanco arriba, negro abajo, pero infinitamente gris. El suelo era m¨¢s oscuro, el cielo era m¨¢s blancuzco, pero siempre era gris. La imagen era algo linda, pac¨ªfica.
Me calm¨®.
¡ªBueno, bien, ahora no pienses de m¨¢s. ¡ªdijo, creo- ¡ª???Shhh!!! No pienses, solo escucha.
Est¨¢ bien.
¡ª?Bien! Ahora, ?c¨®mo vas? Veo que no te est¨¢ yendo mal.
¡ªMe va bien¡??
¡ª?Bien! ?Est¨¢s listo para seguir adelante!
¡ª?Qui¨¦n?
¡ªT¨².
¡ª?Yo?
¡ª?S¨ª?
¡ª?Y qui¨¦n me lo dice?
¡ªYo te lo digo. Te dije que no pienses.
¡ª?Estoy so?ando?
¡ªEsto no es un sue?o- Ey, ?qu¨¦ te pasa? No es la primera vez que nos vemos.
¡ªDefinitivamente, es la primera vez que nos vemos.
¡ªSupongo que es verdad¡ ?No! ?Por qu¨¦ est¨¢s mintiendo? ?Ya firmaste el contrato! ?Ya eres parte de esto! ?No te intentes desligar ahora!
¡ª?Contrato? No tengo idea de qu¨¦ est¨¢s hablando.
¡ª??Te volviste loco!?
¡ªNo.
¡ªSupongo que no¡ ?No! ?Algo definitivamente est¨¢ mal!
¡ªSi lo dice la sombra que habla ¡ªme encog¨ª de hombros.
¡ªQu¨¦ grosero. Hablarle a una entidad divina de esa forma¡ ?Qu¨¦ te sucede?
¡ª?Entidad divina? Solo eres parte de mi sue?o.
¡ª?Ya te dije que no es sue?o! ?Y s¨ª! ?Entidad divina! ?Balance! ¡ªdijo.
¡ª?¡±Balance¡±? Espera, ?c¨®mo hiciste eso de hablar con may¨²scula? ¡ªpregunt¨¦.
¡ª?De qu¨¦ est¨¢s hablando ahora? ¡ªrepregunt¨®.
¡ªDijiste ¡°Balance¡± con may¨²scula ¡ªrespond¨ª.
¡ª?Porque ese es mi nombre! Y porque la forma que estoy usando para comunicarme es una en la que cuento con m¨²ltiples sensores de tu siste- ¡ªme empez¨® a explicar¡ª, ?No interrumpas mi explicaci¨®n con tu narraci¨®n innecesaria! ?Ya est¨¢ siendo innecesaria hace unas cuatro l¨ªneas!
¡ªNo entiendo.
Me mir¨® con los ojos entrecerrados.
¡ªSi no vas a entender, mejor no te molestes en preguntar¡ªme dijo, luciendo como un gato en un comedero autom¨¢tico¡ª. ¡ Voy a elegir ignorar esa descripci¨®n francamente rid¨ªcula de mi figura¡ ?Qu¨¦ demonios te pasa? Firmamos el contrato hace tan poco, ?y ahora est¨¢s as¨ª?
¡ªNo s¨¦ de qu¨¦ ¡°contrato¡± hablas, pero este sue?o ya est¨¢ siendo muy largo, y cuando tengo sue?os largos, luego me duele la cabeza; as¨ª que me gustar¨ªa terminar el sue?o ac¨¢.
¡ª?Claramente, est¨¢s mezclando la causa y el efecto! ?Y adem¨¢s te dije que esto no es un sue?o!
¡ªNo s¨¦ de qu¨¦ est¨¢s hablando, no recuerdo nada.
¡ª?A-! ¡ªempez¨® a quejarse de algo, pero se detuvo¡ª. ?No recuerdas nada?
¡ªNo. No recuerdo nada de lo que me est¨¢s diciendo.
¡ª?Pero recuerdas algo de otras cosas?
¡ªNo. No recuerdo nada de nada. Recuerdo a Mira, ella es muy linda, y muy buena, y muy amable, pero da un poco de miedo, pero la quiero igual.
¡ª?Te volviste un idiota? Espera, ?no recuerdas nada de nada?
¡ªNada de nada, de lo que haya pasado hace m¨¢s de cuatro d¨ªas ¡ªme encog¨ª de hombros de nuevo.
¡ª?Espera! ?Eso es muy malo! ??Perdiste las memorias?!
¡ªS¨ªp.
¡ªSupongo que s¨ª¡ ?Basta! ?Me gustabas m¨¢s antes! ?Todo con temor y sumisi¨®n! ?Ahora te volviste un simple tonto!
¡ª?Me conoc¨ªas de antes de que tuviera memorias?
¡ªS¨ª. Firmamos un pacto y to- ?Para qu¨¦ te estoy explicando? Es mejor que te devuelva las memorias y listo.
¡ª?Qu¨¦?
¡ªEs mejor que te devuelva las memorias y listo ¡ªse repiti¨®.
?Qu¨¦ cosas estaba diciendo este hombre? ?C¨®mo que devolverme las memorias? Ni Mira era capaz de semejante haza?a.
¡ª?No compares a esa simple humana como si fuera superior a un ente divino como yo! ?Listo! Cuando chasquee los dedos, te devolver¨¦ las memorias, y volver¨¢s a ser como antes.
¡ªEh¡ Agradezco tu oferta, pero respetuosamente debo declinar.
¡ªBien. ??Qu¨¦?! ??C¨®mo que declinar?! ??Qu¨¦ clase de idiota complaciente no querr¨ªa recuperar sus memorias?!
¡ªYo. Estoy feliz en este momento, ?por qu¨¦ querr¨ªa recuperar memorias que definitivamente me causar¨¢n un problema? Tuve mi desaf¨ªo y lo super¨¦, me siento bien, y no me siento in¨²til, por una vez¡ Creo que estoy bastante contento¡ Y creo que no acostumbro a estar as¨ª ¡ªdije con una sonrisa. Por alg¨²n motivo, este lugar me habilitaba a ser incre¨ªblemente honesto conmigo mismo.
¡ª...
¡ª?Qu¨¦ ocurre?
¡ªLo siento¡ Pero no tienes una opci¨®n. Tu contrato requiere que recuperes las memorias.
¡ª?Por qu¨¦? ¡ªpregunt¨¦ con pena.
¡ªPorque tu alma est¨¢ atada al contrato, no puedo hacer cumplir las condiciones del contrato si no tienes memorias¡ As¨ª que, lo siento¡ Pero debo devolverte las memorias.
¡ª¡ Por favor, no lo hagas¡ ¡ªsupliqu¨¦.
¡ªTodo esto de las memorias probablemente ocurri¨® por una mezcla en tu cerebro, por la bendici¨®n del lenguaje, no estaba en los planes que ocurriera algo as¨ª¡
¡ªNo s¨¦ qui¨¦n eres¡ Pero, por favor¡ D¨¦jame.
¡ªLo siento. Pero tu objetivo es mucho m¨¢s grande. Necesito que hagas muchas cosas por m¨ª, y no puedo dejarte en este estado.
¡ªPor favor¡
¡ªVolvemos a hablar en el templo, ?s¨ª? ¡ªme dijo con una sonrisa pesada, y entonces chasque¨® los dedos.
7
¡ªEl chaeki est¨¢. ¡ªdijo el guardia de pelo marr¨®n.
¡ªDefinitivamente est¨¢. ¡ªdijo el de pelo azul. Ambos se encontraban frente al cad¨¢ver inerte de la criatura, a¨²n atada inc¨®modamente a un bolso cuyos contenidos hab¨ªan sido retirados. Pas¨® un d¨ªa de esa cacer¨ªa y, con los resultados aqu¨ª, tendr¨ªan que analizar sus siguientes pasos.
¡ªY tiene la herida.
¡ªY tiene la herida.
¡ªPero Han no est¨¢.
¡ªNo, no est¨¢.
¡ªEntonces, podemos decir que el extranjero es inocente.
¡ªS¨ª, podemos.
¡ªPero eso no convencer¨¢ al resto del pueblo.
¡ªNo, no ser¨¢ tan f¨¢cil.
¡ªPero yo tengo un plan ¡ªuna figura entr¨® por la puerta, su voz era la de una joven¡ª. Pero necesito su ayuda. Tambi¨¦n tengo una noticia para ustedes, y necesito su ayuda con eso tambi¨¦n.
¡ª?Inovatio? ?Cu¨¢les son tus ideas? ¡ªpregunt¨® Sen.
¡ªEs un plan a largo plazo, obviamente no podemos corregir un problema as¨ª en pocos d¨ªas. Tampoco quiero destacarme m¨¢s de lo que ya lo hice. Por lo que estoy apuntando a lento, pero seguro.
¡ª?Tienes noticias? ¡ªpregunt¨®, calmado, A¨ªto.
¡ªS¨ª. Vengo de buena fe a avisarles que¡ t¨¦cnicamente¡ de ahora en m¨¢s estoy¡ digamos que a cargo de la aldea.
¡ª?Qu¨¦?
¡ª?Qu¨¦?
¡ªLa aldea siempre fue asistida financieramente por la familia Inovatio, a un nivel del que no creer¨ªan, d¨¦jenme decirles. C¨®mo sea; llegamos a un acuerdo con Han y el cacique en dejar todo lo comercial en mis manos. Solo deseo la prosperidad econ¨®mica del lugar; honestamente, no estoy interesada en nada m¨¢s, por lo que todos los otros deberes seguir¨¢n en manos del cacique, como siempre.
¡ªYa veo ¡ªcontest¨® A¨ªto, un poco confundido.
¡ª?Y eso lo arreglaste con el cacique y Han? ¡ªpregunt¨®, con extra?a conformidad, Sen.
¡ªS¨ª, estuvimos los tres de acuerdo en dejar lo econ¨®mico en mis manos.
¡ªEntiendo ¡ªcontest¨® Sen sin decir m¨¢s.
¡ª?Has podido ponerte en contacto con Han? ¡ªpregunt¨®, t¨ªmidamente, A¨ªto.
¡ªS¨ª. Me expres¨® sus deseos de tomarse un tiempo de descanso con su familia.
¡ªYa veo¡
¡ªEntonces, ?puedo confiar en ustedes para saldar las consecuencias inmediatas de la cacer¨ªa? Y, con respecto a la noticia, solo necesito su soporte cuando desee llevar a cabo una medida.
¡ªS¨ª. Lo que sea. Nos gustar¨ªa tomar un tiempo de luto por Hise de cualquier forma. A¨ªto tiene que realizar el baile de cierre con el anciano y yo quiero descansar en el festival un rato.
¡ªEntiendo. Bueno, solo mant¨¦nganse en contacto con la familia, podemos evitar m¨¢s problemas mientras solucionemos el tema de fondo.
A¨ªto mir¨® a Sen; pero, al verlo asentir, asinti¨® tambi¨¦n con una sonrisa.
8
Mira, habiendo terminado todos sus deberes por el d¨ªa, se encontraba regresando a casa con un fuerte antojo de lanzarse sin reparo sobre su c¨®moda cama; sin embargo, era en estas ocasiones que la vida ten¨ªa esa extra?a habilidad de lanzar situaciones imprevistas encima de uno.
¡ª?Yoi?
La sirvienta parec¨ªa haber corrido un buen trecho hasta alcanzarla. Su preocupaci¨®n era evidente en el poco cuidado que le hab¨ªa dado a su vestido que, raspando el suelo, hab¨ªa acumulado un poco de tierra.
¡ª?Mira!
¡ª?Qu¨¦ sucede, Yoi?
¡ª?Despert¨®, Mira! ?Despert¨® ahora! ?No se encuentra bien!
¡ªVamos.
Corriendo, arribaron a la casa, al subir con prisa las escaleras y llegar a la habitaci¨®n, la imagen que se encontraron era una que ninguna de las dos esperaba.
Era solo un chico mirando por la ventana desde su cama, gotas de agua desparram¨¢ndose incansablemente de sus ojos.
Yoi se hizo a un lado y Mira se adelant¨® unos pasos hasta encontrarse a pocos cent¨ªmetros de la cama. Incluso con eso, el chico sigui¨® sin reconocer su presencia, por lo que se aproxim¨® m¨¢s hasta eventualmente decidir sentarse en el colch¨®n.
El chico solo lloraba, miraba algo distante y lloraba. Su expresi¨®n era claramente triste, pero no hab¨ªa mucho m¨¢s, solo l¨¢grimas.
¡ª?Est¨¢s bien?
Demor¨® un poco en contestar.
¡ª¡ª¡ Hola, Mira ¡ªla mir¨® por un segundo para saludarla, y volvi¨® al no muy interesante paisaje de la ventana.
¡ªHola. ?Te sientes bien?
¡ª¡ S¨ª, parece que tuve unas convulsiones al despertar, pero ahora estoy mejor.
¡ª?¡ Te duele el cuerpo?
¡ªMucho. Creo que nunca sent¨ª tanto dolor ¡ªhablaba, pero todav¨ªa sin verla.
¡ªYa veo.
¡ª¡
Se arm¨® un fuerte silencio. Quiz¨¢s, si fuera la Mira de hace dos d¨ªas, ella ser¨ªa capaz de tomar una acci¨®n osada al instante para intentar solucionar la situaci¨®n con fuerza bruta. Como no era la Mira de hace dos d¨ªas, sino que la Mira de ahora, eso ya no era una opci¨®n. Mira se concentr¨® en las l¨¢grimas que no dejaba de soltar, como si fuera una corriente constante, como si la fuente no fuera el mismo chico.
¡ª?Y est¨¢s llorando¡ por eso? ¡ªfue lo que resolvi¨® en preguntar.
¡ªNo, creo que no.
¡ªY entonces¡ ?Qu¨¦ pasa?
El joven la mir¨®.
¡ªCreo que no soy una buena persona, despu¨¦s de todo ¡ªle contest¨® con una sonrisa avergonzada.
19 - EpÃlogo - Visita Guiada - Parte 1
1
¡ªVen. Ven ¡ªme dijo la chica que estaba actuando como mi gu¨ªa y guardia en este paseo por el pueblo.
Los descontentos con mi presencia eran muchos; podr¨ªa incluso agregar a mi propio cuerpo a esa lista. El dolor a¨²n era definitivamente palpable, sin embargo, parec¨ªa que Mira hab¨ªa utilizado una t¨¦cnica esot¨¦rica de curaci¨®n, porque mi mano izquierda, aunque inutilizada, ya no se encontraba completamente destrozada. Mi mano derecha segu¨ªa san¨¢ndose de su herida punzante, pero, como no era la primera vez que me apu?alaban, me resultaba dif¨ªcil catalogarlo como una nueva experiencia. Ambas manos estaban firmemente vendadas y, probablemente, seguir¨ªan as¨ª por un tiempo. Mi pierna solo sufr¨ªa un muy molesto esguince. Mi hombro dol¨ªa bastante al moverlo; aunque, al estar mis brazos congelados en su lugar, esto se podr¨ªa considerar un no-problema, un caso de prueba inv¨¢lido, si se quiere. Mi abdomen s¨ª que consigui¨® ser una complicaci¨®n m¨¢s grave. No sabemos si se habr¨¢ infectado o qu¨¦, pero tuvimos unos d¨ªas complejos intentando curar esa herida.
Ah. Ya pasaron tres d¨ªas desde que despert¨¦, y este era la ¨²ltima jornada del festival. San¨¦ mucho m¨¢s r¨¢pido de lo que deber¨ªa haber hecho, Mira y Yoi parec¨ªan mantener un extra?o secreto sobre el porqu¨¦ de esto. A pesar de que el estado de mi cuerpo era mucho m¨¢s funcional, no era capaz de hacer todo lo que necesitaba, por lo que Yoi se vio obligada a asistirme por unos d¨ªas.
Por otro lado, mi colgante segu¨ªa ah¨ª. No lo he perdido en ning¨²n lugar. El ¨²nico inconveniente era que no lo pod¨ªa abrir. No por una magia nueva del collar, sino porque mis manos estaban as¨ª de incapacitadas. Apenas pod¨ªa mover una cuchara con la mano derecha, no pod¨ªa exigir mucho m¨¢s a mi cuerpo.
Tengo que recalcar lo mucho que me sorprendi¨® la mejora en el estado de mi mano izquierda. Hab¨ªa quedado deformada, pero ahora parec¨ªa haber vuelto a su lugar. Tal vez Mira o Yoi conoc¨ªan la t¨¦cnica del se?or Miyagi, ya solo me faltar¨ªa ejecutar una patada de grulla contra mi rival ac¨¦rrimo y mi recuperaci¨®n se concretar¨ªa.
¡ªVen. ?Quieres ver el baile?
No respond¨ª, no estaba hablando mucho. Mira ya se parec¨ªa haber acostumbrado un poco a esto. Estaba contestando m¨¢s con el cuerpo que con la voz, eso era todo lo que pod¨ªa producir.
¡ªAqu¨ª.
Mira se sent¨® en un banco, o, mejor dicho, un tronco que estaba colocado horizontalmente con funci¨®n de banco, y me invit¨® con palmaditas a sentarme a su lado. Yo obedec¨ª.
¡ªEl baile comenzar¨¢ pronto.
Era de noche, creo que alrededor de las 9 p.m. No hab¨ªa muchas formas de conocer la hora exacta. Cuando me sent¨¦, ella se acurruc¨® sin verg¨¹enza a mi lado. Yo no la iba a malentender; esta mujer era peligrosa, pero m¨¢s a¨²n, desvergonzada, y la respetaba profundamente por eso. Ella solo cre¨ªa que esto me iba a hacer sentir mejor y, por lo tanto, lo hac¨ªa. Una t¨¦cnica efectiva, especialmente cuando era aplicada con constancia. Yo solo estaba cosechando los beneficios; pero, como dije, no la iba a malentender. No sab¨ªa si Mira ten¨ªa la capacidad humana de enamorarse honestamente; sent¨ªa que ella estaba por encima de eso, de alguna manera.
Ten¨ªa que admitir que apreciaba la calidez.
Esperamos unos momentos. Los aldeanos nos ve¨ªan como alien¨ªgenas; aunque ya dif¨ªcilmente me importaba. Est¨¢bamos en la plaza central, la de la gran fogata en medio. Parec¨ªa que hab¨ªa un espect¨¢culo programado, casi la totalidad del pueblo se hab¨ªa reunido. Esta plaza era espaciosa, pero me costaba creer que hayamos conseguido este banco que tan convenientemente ten¨ªa vista plena al escenario por pura casualidad. Esta mujer me daba escalofr¨ªos a veces. La mir¨¦ por un momento, y ella aprovech¨® para darme ojitos de enamorada, o de tierna, o de linda. Bueno, ella era demasiado linda, por lo que tal vez no estaba haciendo ningunos ojitos y esta era su apariencia normal de cerca, pero eso no estaba ni aqu¨ª ni all¨¢.
Eventualmente, lleg¨® el espect¨¢culo: Un anciano seguido por A¨ªto detr¨¢s. ?Qui¨¦n dir¨ªa que el guardia era bailar¨ªn de medio tiempo? Bueno, pod¨ªa usar una lanza, la danza con armas es una expresi¨®n art¨ªstica relativamente com¨²n, por lo que no era tan descabellado. Ambos, el anciano y el guardia, vest¨ªan una versi¨®n blanca, gris y algo gruesa del atuendo del pueblo.
A¨ªto lleg¨® al medio de la plaza, demasiado concentrado para detectarnos entre la multitud. El baile inici¨® con ambos encendiendo una antorcha con la que vinieron a la plaza utilizando la fogata central. Luego hicieron un par de pasos con la antorcha en mano a una distancia que causaba un poco de repel¨²s.
Realmente no sab¨ªa mucho de bailes, ni ten¨ªa una fascinaci¨®n en particular, por lo que no pod¨ªa descifrar el significado de los pasos del baile ni nada.
Un paso para atr¨¢s, uno para delante, un c¨ªrculo con el pie derecho, un salto y un giro, dos pasos hacia delante, una mortal para atr¨¢s-
?C¨®mo hizo eso el anciano?
Voy a ignorar eso. Siguiendo... -una mortal para atr¨¢s, otro paso hacia atr¨¢s y, entonces, silencio. Ambos sujetaron la antorcha con ambas manos y la colocaron frente suyo, hasta que s¨²bitamente la lanzaron al aire.
El palo cay¨®.
Pero el fuego no. El fuego qued¨® en el aire, suspendido como un globo. El fuego gir¨®, dio vueltas, aros sobre el brazo de ambos hombres y entonces lo lanzaron al aire. Mas las bolas nunca alcanzaron el suelo, fueron atajadas encima de sus bocas, haciendo un acto de estar soplando la bola hacia arriba. Hacia arriba, hacia abajo, saltando con ella, girando con ella, lanz¨¢ndola hacia arriba, atrap¨¢ndola con las manos, encerr¨¢ndola, y eventualmente devolvi¨¦ndola a la fogata. Y con eso concluy¨® la danza.This novel is published on a different platform. Support the original author by finding the official source.
A¨ªto y el anciano saludaron.
2
¡ª?Est¨¢s bien? ¡ªme pregunt¨® mientras camin¨¢bamos por el pueblo.
Esta vez, ambos vest¨ªamos la vestimenta tradicional del lugar. Mira luc¨ªa muy bien, yo estaba incomodado como siempre por la falta de bolsillos. No era tanto un problema en este momento por el hecho de que sencillamente no ten¨ªa ninguna posesi¨®n. Sin embargo, la falta total de bolsillos me generaba una profunda disconformidad en general.
¡ª?Te gust¨® el baile?
Asent¨ª. No sab¨ªa cu¨¢l era su objetivo al traerme a pasear por el lugar, cuando ni mi relaci¨®n con el pueblo, ni mi cuerpo, estaban del todo sanados. Conociendo a Mira, algo ten¨ªa que tener entre manos, pero la mujer actuaba en un plano que era inalcanzable para un simple mortal como yo, por lo que no me molest¨¦ en intentar dilucidar cu¨¢l era ese objetivo.
¡ª?Quieres hablar con los guardias o te gustar¨ªa seguir paseando? ¡ªme pregunt¨® amablemente.
Lo pens¨¦. Por unos segundos, lo pens¨¦.
¡ª¡ªPasear est¨¢ bien ¡ªcontest¨¦. No estaba de humor para ning¨²n tipo de interacci¨®n social que no fuera con ella.
¡ªEst¨¢ bien ¡ªdijo alegremente.
Y continu¨® caminando al frente m¨ªo, visitando tiendas y haciendo generalmente lo que le plac¨ªa. Yo me sent¨ªa feliz observ¨¢ndola divertirse; tan feliz como era capaz de sentirme.
Luego de eso continuamos pasando el rato como si nada.
¡ªA decir verdad, s¨ª hay una cosa que me interesa de este pueblo ¡ªcoment¨® Mira, como si estuviera continuando otra conversaci¨®n¡ª. Tengo un gran aprecio por los fuegos artificiales, y son pocos los lugares en el este que se interesan por hacerlos.
El motivo de ese comentario era el peque?o espect¨¢culo de fuegos artificiales frente a nosotros. Un juego para ni?os, realmente. No estaban utilizando grandes cohetes, sino que peque?as bengalas y otras cosas inofensivas.
¡ªMira, me duele un poco el brazo, voy a sentarme un segundo en el banco.
A Mira no le import¨® y tir¨® del brazo que acababa de se?alar para acercarme a un puesto de venta.
¡ªAh ¡ªgrit¨¦ por dentro.
¡ª?Qu¨¦ tienen a la venta? ¡ªpregunt¨® emocionada.
Un hombre adulto atend¨ªa la tienda.
¡ªOh, una extranjera. Tenemos faroles, ocho serviles la pieza. Tambi¨¦n tenemos algunos fuegos... pero no creo que eso le interese.
¡ª?Me interesa!
¡ª?Ah? Eh... Bueno... Son un servil cada varita, y tres las m¨¢s largas.
¡ªDeme 3 largas.
Mira produjo una moneda marr¨®n y recibi¨® una m¨¢s peque?a a cambio, junto a los tres palillos con p¨®lvora.
Yo intent¨¦ esconderme detr¨¢s de ella, por lo que no pude ver el rostro de la persona.
¡ª?Gracias por su negocio! ¡ªdijo una voz mucho m¨¢s aguda. Una voz que me resultaba familiar¡ª. ?Se?ora y...! ?Se?or?
Me di la vuelta t¨ªmidamente y cruc¨¦ la vista con una ni?a muy peque?a que deb¨ªa estar parada encima de unas cajas o algo detr¨¢s del mostrador. La ni?a al verme se asust¨® y hubiera ca¨ªdo de su peque?a torre, si no fuera por su padre que estaba all¨ª para atraparla.
¡ª¡ª... Gracias por su negocio, pero no vuelva a pasar por aqu¨ª. Es de mal gusto ¡ªdijo el hombre, mientras su hija se escond¨ªa detr¨¢s de su espalda.
Mira se retir¨® con una leve reverencia, conmigo enganchado detr¨¢s.
¡ª?Quieres sentarte? ¡ªme pregunt¨®, observando el festival.
¡ª... No, est¨¢ bien.
3
¡ªTan incre¨ªble como siempre.
Una vez la muchedumbre se dispers¨®, el guardia felicit¨® a su compa?ero en un costado de la plaza.
¡ªGracias.
¡ªMe sigue pareciendo una idiotez.
¡ªLo s¨¦.
Ambos se mantuvieron en silencio unos segundos, espalda apoyada contra la pared.
¡ªPfff... ?Ja, ja, ja!
Acompa?ando la risa de Sen, A¨ªto liber¨® una carcajada contenida.
¡ª...Pero ya s¨¦ que lo haces para presumir... fanfarr¨®n.
¡ªS¨ª, me divierte ser capaz de hacer algo que t¨² no ¡ªrevel¨® con sarcasmo.
¡ªLo sab¨ªa... ¡ªrespondi¨® con una sonrisa y un golpe en el hombro que el otro soport¨® estoicamente.
Y entonces se hundieron en un c¨®modo silencio.
¡ª...
¡ª...
A¨ªto abord¨® el tema que ocupaba la mente de ambos.
¡ª?Pudiste... contactarte con Han?
¡ªNo.
¡ªYa veo.
¡ªTch... Supongo que... hay que darle un tiempo.
¡ªYo no quiero verlo.
¡ªNo digas eso... ¨¦l-
¡ªNo quiero verlo
¡ªHm...
A¨ªto baj¨® la cabeza para mirarse los pies, dar un suspiro, y terminar su oraci¨®n:
¡ªPor ahora, no quiero verlo.
Sen sonri¨® levemente.
¡ªHm. Te entiendo.
¡ª?Has visto al extranjero? ¡ªpregunt¨® repentinamente el de pelo azul.
¡ªSolo a la sirvienta... Parece que est¨¢ mal.
¡ªLo vi durante el baile. Est¨¢ completamente r¨ªgido, le debe doler todo el cuerpo.
¡ªPor lo menos est¨¢ vivo. Dadas sus circunstancias, eso ya es mucho esperar.
¡ªNo lo puedo negar, pero es una pena.
¡ªS¨ª...
¡ª...
¡ª...
¡ªPerd¨®n ¡ªSen se disculp¨®.
¡ª?Por?
¡ªPor lo que hice... Por c¨®mo estuve actuando... Perd¨®n.
¡ªEst¨¢ bien. Entiendo por qu¨¦ lo hiciste.
Sen se molest¨® un poco.
¡ª?Al menos pide perd¨®n tambi¨¦n... o algo!
¡ª?Por qu¨¦ deber¨ªa?
¡ª?Porque...! Hngg... ?Porque s¨ª! ?O por llevarnos la contra, no lo s¨¦!
A¨ªto pareci¨® haber sido convencido un poco por ese argumento de dudosa calidad.
¡ªHm. Est¨¢ bien. Lo siento tambi¨¦n.
¡ªHm.
¡ª...
¡ª...
¡ª¡ª... Pfff... ?Ja, ja, ja!
Ambos rieron a su propia manera por un momento.
Sen sec¨® una l¨¢grima de risa, mir¨® a las estrellas, y dijo lo primero que se le ocurri¨®.
¡ªAh... Voy a extra?ar a Hise.
A¨ªto hizo una mueca al escuchar su nombre, pero mir¨® al suelo, y sonri¨®.
¡ªYo tambi¨¦n.
Decidieron descansar esa noche en la plaza, rodeados de los pueblerinos cuya seguridad estaba a su cargo.
20 - EpÃlogo - Visita Guiada - Parte 2
4
Mira cerr¨® las manos y aspir¨® fuertemente.
¡ªAhhh¡ Bueno, ?qu¨¦ tal si hacemos lo que vine a hacer?
Ya deb¨ªan ser las 11 de la noche, pero, quiz¨¢ por ser el ¨²ltimo d¨ªa del festival, la multitud segu¨ªa sin mostrar se?ales de dispersarse. El lugar era lindo, mucho m¨¢s que casi cualquier lugar de donde proven¨ªa, ahora era capaz de afirmar eso con confianza. El aire se sent¨ªa limpio, probablemente porque era el m¨¢s limpio que respir¨¦ en mi vida. Era un lugar tranquilo y vigorizante. Y aun as¨ª no-¡ No era capaz de apreciarlo apropiadamente. No solo porque era un recluido social en este pueblo, sino porque¡ simplemente no pod¨ªa.
¡ªEstar¨ªa bueno que me contestaras, de vez en cuando.
¡ªS¨ª- Lo siento, Mira. Est¨¢ bien. Podemos hacer lo que quieras.
¡ªMmm¡ ¡ªvocifer¨® un descontento.
Mir¨¦ para atr¨¢s y encontr¨¦ a Yoi. Al verme, me sonri¨® y, con una ligera inclinaci¨®n del cuello, me pregunt¨® si necesitaba algo. Negu¨¦ con un leve movimiento de la cabeza. Su cabello era marr¨®n, como el de la mayor¨ªa de las personas aqu¨ª. Ser¨ªa l¨®gico pensar que el negro no se distinguir¨ªa tanto del marr¨®n oscuro que ocurr¨ªa de vez en cuando; pero, quiz¨¢s por ser la ¨²nica persona en el lugar con mi tono de cabello exacto, destacaba de una extra?a manera. Estaba seguro de que uno de esos casta?os con un poco de humedad y sombra se ver¨ªan casi igual al m¨ªo, pero eso no evitaba que la gente me mirase como un alien.
Mira me guio colina arriba por el pueblo. La atm¨®sfera del templo era perceptible incluso en la base de la loma. Las casas respond¨ªan a la pendiente reduciendo su tama?o y las personas atenuaban su energ¨ªa en funci¨®n de mantener el respeto religioso. En un momento, la inclinaci¨®n se volvi¨® suficientemente elevada para que el ascenso necesitase una escalera. Mira no parec¨ªa acostumbrada a la vestimenta del pueblo y estaba luchando un poco con su vestido para atravesar el obst¨¢culo. Me puse a su lado y le di la mano, asistiendo; ella la tom¨® y subimos juntos. Me preocup¨¦ un poco por Yoi, pero luc¨ªa c¨®moda en su vestido de sirvienta y no quer¨ªa molestarla.
¡ªEl templo es la raz¨®n por la que vine hasta aqu¨ª. De cierta manera, es la raz¨®n por la que nos conocimos. ?No es eso un pensamiento feliz?
Le sonre¨ª escuetamente.
¡ªBalance, el dios del balance, de las cuentas. Es apropiado que una comerciante pida ayuda de semejante entidad, ?no crees?
Habi¨¦ndolo conocido, no me parec¨ªa una persona tan interesante.
¡ªHablando de eso¡ Y ya que me est¨¢s sosteniendo de manera tan rom¨¢ntica, ?te gustar¨ªa saber el nombre que escog¨ª para ti?
Inclin¨¦ mi cabeza.
¡ª?Qu¨¦ te parece si despu¨¦s de esto nos acurrucamos juntos en la cama, Heiko?
?Heiko? Dej¨¦ de prestarle tanta atenci¨®n a mi vista para ponderar mi nuevo nombre. No me disgustaba, por lo que asent¨ª.
¡ªOh. ?Quieres acurrucarte conmigo?
¡ªS¨ª, pero estaba asintiendo por el nombre, en realidad.
Mira se rio un rato. A m¨ª no me sali¨®.
5
Ya era de noche y su esposa e hijo estaban dormidos. La habitaci¨®n en la que se encontraba estaba hundida en total oscuridad. Esa falta de luz hac¨ªa imposible distinguir cualquier decoraci¨®n en la sala, aunque eso no le incomodaba de ninguna manera. La noche estaba fresca, y el ambiente en el pueblo, ruidoso. En comparaci¨®n a eso, su habitaci¨®n estaba sumida en un profundo silencio, un silencio que reflejaba con precisi¨®n su estado mental.
Dio un paso en la habitaci¨®n y baj¨® su torso para encender una vela cercana al suelo. La llama no era muy poderosa, prove¨ªa lo m¨ªnimo indispensable para continuar sus tareas. Dos pasos m¨¢s y se coloc¨® en posici¨®n para arrodillarse correctamente sobre el suelo de madera. Entre sus rodillas y el suelo hab¨ªa una tela fina que apenas acolchaba la sensaci¨®n tosca de la madera. Poca funci¨®n ten¨ªa, m¨¢s que prevenir astillas innecesarias. Delante de ¨¦l hab¨ªa un altar. La funci¨®n del altar era religiosa, pero no f¨²nebre, sino de veneraci¨®n. La entidad a la que se la daba culto era la misma a la que el ¨²nico templo del pueblo reconoc¨ªa.
El hombre se aclar¨® la garganta y luego encendi¨®, una por una, las cuatro velas que se encontraban sobre el altar; era una construcci¨®n compleja, realizada en su totalidad con madera, del tama?o de un armario y a¨²n as¨ª un poco m¨¢s; pintada de gris, pintada de rojo y de negro.Love this story? Find the genuine version on the author''s preferred platform and support their work!
Si se le preguntaba la raz¨®n de sus acciones, probablemente no se recibir¨ªa una explicaci¨®n, no una genuina, por lo menos. ¨¦l no ten¨ªa una raz¨®n exacta de sus acciones, tan solo ten¨ªa un sentimiento vago de necesidad. Y era extra?o, porque ¨¦l hab¨ªa decidido dejar de prestarle atenci¨®n a ese sentimiento hace un largo tiempo; sin embargo, sinti¨® que esta vez era distinta a las dem¨¢s. Nuevamente, si se le preguntara por qu¨¦ esta vez era distinta, ¨¦l no podr¨ªa contestar.
No era alguien que frecuentaba este tipo de oraci¨®n, tampoco era completamente ajeno a ella; despu¨¦s de todo, el altar se encontraba en su casa; pero no se pod¨ªa decir que era alguien que depend¨ªa de la oraci¨®n cuando la vida lo contrariaba. ?Entonces por qu¨¦? ?Por qu¨¦, despu¨¦s de todo, esto? Esto no solucionar¨ªa ninguna de sus relaciones, no corregir¨ªa ninguna de sus acciones y tampoco volver¨ªa el tiempo atr¨¢s. ¨¦l no era alguien adecuado, ni capacitado para contestar. Pero quiz¨¢s, si ¨¦l ten¨ªa que adivinar¡
El peso de las responsabilidades, a medida que el tiempo avanza, parece m¨¢s pesado, pero la realidad es que simplemente se vuelve m¨¢s notorio. El peso de las acciones que tomamos para cumplir esas responsabilidades s¨ª se agranda m¨¢s. El tiempo pasa y uno intenta cumplir, y para eso carga con error tras error, falla tras falla, consciente o inconscientemente; uno acumula el peso de esos errores, y tambi¨¦n el de sus ¨¦xitos. Ese era peso de la experiencia, dir¨ªan unos; el peso de la vida, dir¨ªan otros, quiz¨¢ un poco m¨¢s negativos. Deshacerse de ese peso era imposible; lo que sucedi¨®, sucedi¨®. Intentar evitar eso no era realista ni deseable. Entonces, por lo tanto, ?qu¨¦ quer¨ªa conseguir con una simple, torpemente realizada, oraci¨®n? Quiz¨¢s¡
Perd¨®n.
No de un ser superior, tampoco de las personas que hiri¨®. Era un rito sin sacrificio, porque sent¨ªa que hab¨ªa sacrificado suficiente; pero, m¨¢s a¨²n, sent¨ªa que no estaba en posici¨®n de sacrificar m¨¢s. Ya no estaba en su derecho.
Solo quer¨ªa perd¨®n. Un poco de perd¨®n.
6
¡ª?Este es el templo?
¡ªSe ve distinto desde arriba, ?no?
¡ªHm.
Salud¨¦ con la mano a Yoi, que hab¨ªa informado que se quedar¨ªa en la entrada.
Era un edificio grande. No tan grande como una casa promedio del pueblo, pero capaz de albergar a un buen n¨²mero de personas. La arquitectura era la misma que el resto, es decir, oriental, pero un poco m¨¢s decorativa, rellena con varias columnas innecesarias, algunos ¨¢rboles grandes y portones de madera cuyo objetivo parec¨ªa ser deslumbrar m¨¢s que cumplir una funci¨®n pr¨¢ctica. La colina era elevada, pero no lo suficiente como para que el suelo o el aire presentaran diferencias con respecto al resto del lugar. La ¨²nica evidencia de la altitud era la iluminada, c¨¢lida imagen del resto del pueblo. En su conjunto, el pueblo era un lugar algo curioso, con un relieve muy accidentado. La aldea estaba colocada en una inclinaci¨®n que lo atravesaba de manera horizontal, paralela a esa pendiente se encontraba la ruta principal que viajaba fuera del pueblo; pero esta inclinaci¨®n no formaba parte de la colina del templo; la colina del templo iniciaba y terminaba dentro de la zona del pueblo. Nunca hab¨ªa visto una colina tan destacada; probablemente era obra de ese ser, teniendo en cuenta que este era su lugar de culto. Claramente, no hab¨ªa sido enviado a este lugar por coincidencia. Incluso, intuyo que todo ocurri¨® acorde a los planes de eso.
Que conociera a Mira, que me inculparan del asesinato, ser odiado por el pueblo, haber matado al duende, todo probablemente ocurri¨® porque ¨¦l lo quiso as¨ª.
No le creo en nada sobre lo de las memorias.
Pero no tengo m¨¢s opci¨®n que continuar por el camino que traz¨® para m¨ª. Debo cumplir con mi parte del trato si quiero que ¨¦l cumpla con la suya.
Mira me guio por un pasadizo fuera del templo para visitar el jard¨ªn trasero del lugar.
¡ª?No es hermoso?
¡ªS¨ª.
El jard¨ªn estaba muy producido, un camino de piedras nos guiaba cuidadosamente por cada atracci¨®n del huerto. La flora cubr¨ªa cada hueco de la zona y adornos de piedra hab¨ªan sido rociados por el jard¨ªn cuidadosamente. Los ¨¢rboles goteaban humedad, como si estuvieran transpirando, a pesar de que no hab¨ªa ocurrido ninguna lluvia desde que llegu¨¦. El goteo en su mayor¨ªa desembocaba en la laguna que se encontraba en medio del jard¨ªn; agua verdosa y turbia, llena de producto vegetal. El lugar era una paleta entera de colores, hab¨ªa flores rosas, rojas y amarillas; ¨¢rboles tanto enanos como de tama?o considerable, arbustos en todas partes. Nunca hab¨ªa visto algo as¨ª. Pero no hab¨ªa visitado muchos templos en mi vida, por lo que tampoco quer¨ªa sugerir que era algo especialmente irrisorio.
Agarr¨¦ mi pendiente, sent¨ª una palpitaci¨®n en la mano.
¡ªLoto.
¡ªSon lotos transformativos, ?los conoces?
Asent¨ª con la cabeza.
¡ªNo son tan impresionantes ahora, pero con el tiempo cambian de una manera incre¨ªble. O eso dicen, porque nunca estuve aqu¨ª en otra ¨¦poca del a?o.
Eran solo flores verdes y arrugadas, nada bellas, parec¨ªan casi marchitas; pero todas estaban plantadas firmemente sobre el agua. Flores que cambiaban de forma, que no marchitaban y ten¨ªan propiedades protectoras¡ Resultaba dif¨ªcil creer eso, y verlas as¨ª no reforzaba ninguna de esas ideas grandiosas.
Mira tom¨® aire y dirigi¨® su sonrisa hacia m¨ª.
¡ª?Rezamos?
Solo la mir¨¦ y ella tom¨® eso como un ¡°s¨ª¡±. Pens¨¦ por un momento que ser¨ªa en este jard¨ªn, pero parec¨ªa que el lugar de oraci¨®n era otro. El templo pose¨ªa ese silencio caracter¨ªstico de los edificios religiosos, en el sentido de que no necesariamente todos estaban callados, sino que cada palabra que sal¨ªa de una boca ten¨ªa ese gran peso que te convenc¨ªa de mantenerte respetuosamente callado lo m¨¢s posible.
Nos movimos a un altar localizado poco antes de llegar al edificio mayor, era una peque?a estructura que, sin embargo, contaba con los arquitos caracter¨ªsticos del pueblo, dos de ellos, uno rojo y uno azul. Era la primera vez que ve¨ªa azul fuera de los frutos que me pidieron del bosque aquella vez. Mira se arrodill¨® delante. No hab¨ªa nadie haciendo un c¨¢ntico o rezo colectivo, parec¨ªa que la oraci¨®n estaba dejada a la voluntad de cada individuo. Yo no quer¨ªa rezarle a esa cosa, y tampoco quer¨ªa que Mira lo hiciera. Estaba un poco desagradado, a decir verdad. Mira me hizo palmaditas al lado suyo por lo que, de mala gana, me coloqu¨¦ donde quer¨ªa. De igual forma, por m¨¢s que lo intentara ignorar, eso me dijo que estaba esper¨¢ndome aqu¨ª. Probablemente, me quiera hablar de algo sobre el futuro, me sent¨ªa muy ap¨¢tico con su causa, por lo que solo deseaba quitarme de encima la situaci¨®n lo m¨¢s r¨¢pido posible.
Me arrodill¨¦ a un lado de Mira y la mir¨¦ de reojo para saber qu¨¦ ten¨ªa que hacer o decir. Ella ¨²nicamente permaneci¨® con los ojos cerrados y la cabeza agachada. Aprovech¨¦ un rato para mirarla, porque ella era linda y yo, un pervertido; sin embargo, despu¨¦s de un tiempo, segu¨ª su ejemplo.
Cerr¨¦ los ojos.
21 - Prólogo - Mi Peque?a Charla Con Dios
1
¡ª ?Primero!
La figura comenz¨® a explicar de forma mandona.
¡ª?D¨®nde est¨¢s? Est¨¢s en la tierra. La misma tierra que abandonaste. El mismo cielo, el mismo sol, la misma agua. Es casi exactamente la misma tierra, el punto de divergencia se dio cuando unas entidades superiores, Orden y Caos, decidieron interferir. A esa interferencia se la conoce como ¡°Influencia¡±. Y es debido a esa Influencia que hace unos¡ millones de a?os¡ ciertos elementos de este mundo dejaron de estar en sinton¨ªa con tu antigua tierra.
¡ª?La magia? ¡ªacept¨¦ la lecci¨®n que decidi¨® darme sin consentimiento, y pregunt¨¦.
¡ª?Correcto! ?La magia! Y tambi¨¦n los laberintos, la flora, la fauna, los monstruos, los humanos, las sociedades, la cultura, el clima, la distribuci¨®n de la tierra, y un par de cosas m¨¢s, pero claro, la magia.
¡ª?La distribuci¨®n de la tierra? ¡ªpor alg¨²n motivo, eso llam¨® especialmente mi atenci¨®n.
¡ªS¨ª. Mmm¡ ?C¨®mo decirlo¡? La Influencia en este mundo es completamente f¨ªsica y, por lo tanto, tiene un efecto en las fuerzas a su alrededor; los procesos erosivos, el clima, e incluso la deriva continental fueron afectados por nuestra Influencia. La distribuci¨®n de la tierra en este mundo es completamente distinta a la del tuyo¡ Nada de ¡°¨¢frica¡±, ¡°Europa¡±, ¡°Am¨¦rica¡± o ¡°Asia¡± aqu¨ª ¡ªdijo, haciendo ¡°shu¡± con la mano¡ª, las placas continentales no son las mismas.
¡ªKiokai. Ese era el pa¨ªs en el que me encontraba, un pa¨ªs que solo existe en este mundo.
¡ªAh¨ª est¨¢ el punto de ¡°las sociedades¡± ¡ªme explic¨® con una sonrisa¡ª. Kiokai, Honing, Sinenvuori, todos reinos que no deber¨ªan existir realmente, pero que ya fueron formados hace unos siglos en este mundo gravemente Influenciado.
¡ª?Es la ¨¦poca de este mundo la misma que la del mundo que dej¨¦? ¡ªpregunt¨¦, tirando a adivinar.
Dio un silbido impresionado y respondi¨®:
¡ªCorrecto, la ¨¦poca es la misma, la humanidad es igual de antigua. Sin embargo, el desarrollo tecnol¨®gico se vio desafiado por elementos de este mundo que intervinieron constantemente con el progreso. Hay alguna que otra excepci¨®n, tanto cient¨ªfica como cultural, pero, generalmente, este mundo est¨¢ atrasado por unos 500/600 a?os.
¡ªLos inodoros no son una excepci¨®n ¡ªlament¨¦.
¡ªYa te acostumbrar¨¢s ¡ªme respondi¨®, desestimando mis penas¡ª. Continuemos con el tema de conversaci¨®n, ?d¨®nde estaba¡? Ah, s¨ª¡
Se qued¨® en silencio.
?
¡ªY-
¡ª?Segundo! ¡ªgrit¨®, asust¨¢ndome¡ª. ?Qu¨¦ sucedi¨®? Hablemos un poco de lo que ocurri¨® luego del contrato. Como sabemos, t¨² aceptaste mi pacto; luego de eso, te otorgu¨¦ la bendici¨®n del lenguaje. La bendici¨®n del lenguaje te permite entender y aprender cualquier idioma con solo contactarlo. Lastimosamente, eso tuvo el efecto no planeado de estropearte un poco el cerebro, mala m¨ªa ¡ªinform¨® como si fuera la verdad.
No le cre¨ªa nada
¡ª?Es la verdad! ?Lo juro, juro!
Desvi¨¦ la mirada a un costado, con los ojos entrecerrados. Pod¨ªa decir lo que quisiera, pero no me iba a convencer.
¡ª?Mmm! ¡ªse quej¨®, haciendo pucheros¡ª, Castigo ¡ªsu tono de voz cambi¨® de manera abrupta, la distribuci¨®n de instrumentos que parec¨ªan componerla siendo reemplazada por una orquesta de bajos.
El aire en mi est¨®mago escap¨® por mi boca, como si me hubieran propinado un gancho directo al abdomen. No, ni siquiera. Fue algo m¨¢s parecido a ser privado de todo mi ox¨ªgeno a trav¨¦s de una jeringa gigante que atravesaba mi es¨®fago.
¡ªCuando te disculpes, te enmendar¨¦ ¡ªsu voz hab¨ªa vuelto a la orquesta habitual.
Inmediatamente, me desplom¨¦; primero de rodillas, luego en posici¨®n fetal. No solo hab¨ªa sido privado del aire a mi alrededor, sino que el ox¨ªgeno con el que ya contaba tambi¨¦n hab¨ªa sido extirpado a la fuerza.
Mis brazos apenas pod¨ªan estirarse un par de cent¨ªmetros. Cada m¨²sculo de mi cuerpo se encontraba desmesuradamente tensado. Obviamente, no pod¨ªa hablar. La disculpa que ¨¦l estaba esperando era imposible.
¡ªEstoy escuchando¡~ ¡ªcant¨® de manera burlona.
Mir¨¦ su silueta desde el suelo, intentando comunicar mi ruego con los ojos. Mi boca luchaba para conseguir aire, pero era imposible. No pod¨ªa o¨ªr los movimientos de mi garganta, ni tampoco los golpes de mis brazos; el ¨²nico sonido que atravesaba este espacio sin ning¨²n problema era la voz de la entidad.
¡ªBueno, bueno. Perd¨®n. Por favor¡ ¡ªse disculp¨® de manera escueta, fastidiado.
Mi boca se cerr¨® por su cuenta, mi perspectiva cambi¨® y, tan r¨¢pido como hab¨ªa escapado, el ox¨ªgeno volvi¨® a llenar mis pulmones. Ahora, parado firmemente, inspeccion¨¦ la totalidad de mi cuerpo con las manos, pero todo parec¨ªa normal. Era como si nunca hubiera ocurrido.
¡ªDebilucho¡ Como te dec¨ªa, perdiste las memorias por tu bendici¨®n; la bendici¨®n que te hace entender cualquier lenguaje tiene efectos secundarios en tu mente, ?qui¨¦n lo hubiera imaginado? ¡ªminti¨® con sarcasmo¡ª. Pero ahora, que est¨¢s en perfecto estado, tienes que volver a concentrarte en tu misi¨®n, ?recuerdas? Orden y Caos, tenemos que debilitarlos.
Contuve mis comentarios sobre la asfixia y, masajeando suavemente mi garganta, decid¨ª participar en la conversaci¨®n.
¡ªYa los hab¨ªas mencionado. Dijiste que eran ¡°Entidades superiores¡± o algo as¨ª, ?pero qu¨¦ son? ?Qu¨¦ eres? ?Eres Dios, o qu¨¦?
Presion¨® su pu?o contra su ment¨®n y contest¨® de manera contemplativa:
¡ªPara ustedes, humanos, podr¨ªamos ser percibidos como algo similar a dioses. Pero yo no nos dar¨ªa ese nombre. Es decir, somos tan antiguos como la realidad, y somos, hasta cierto punto, omniscientes. Pero yo nos definir¨ªa como ¡°Partes de la Realidad¡±. Somos componentes o atributos de la existencia; en ese aspecto, nada tenemos que ver con los humanos. No somos ninguna ¡°Tulpa¡±, ni nos fortalecemos por la creencia de ustedes, engre¨ªdos. Incluso como seres conscientes, exist¨ªamos tambi¨¦n en tu mundo, solamente que de manera mucho m¨¢s discreta. ¡°Orden¡±, ¡°Caos¡±, ¡°Balance¡±, ¡°Muerte¡±, todos esos conceptos no fueron inventados por el hombre, ustedes no hicieron m¨¢s que toparse con ellos. Nosotros existimos en conjunto a la existencia y le damos forma. En el caso de esta realidad, y este mundo en particular, dos de estas porciones conscientes de realidad decidieron interferir m¨¢s de lo que usualmente se limitan a hacer. Resulta que el ¡°Aburrimiento¡± tampoco es un concepto que el hombre invent¨®, as¨ª que dos de mis hermanos decidieron parar a jugar un momento. Ellos son mucho m¨¢s serios que yo, por cierto, y creo que nunca admitir¨ªan que esto es un ¡°juego¡±.
¡ªY, en mi mundo, ?alguno de ustedes jam¨¢s intent¨® interferir?
¡ªParece que no, pero yo no soy de esa realidad, as¨ª que no conozco los pormenores. Ni siquiera intent¨¦ ponerme en contacto con mi otro yo. Invocarte aqu¨ª fue una peque?a picard¨ªa que me tom¨¦ la libertad de llevar a cabo. Pero, por lo que vi, no, no hab¨ªa evidencias de efectos f¨ªsicos de Influencia.
¡ªEntonces¡ Ustedes, seres omniscientes, naturalmente se manifiestan como el concepto que representan- No, eso est¨¢ mal dicho. Se manifiestan normalmente como los conceptos que aportan a la realidad; pero, cuando se involucran directamente, ese concepto se convierte en una fuerza f¨ªsica. ?Entend¨ª bien?
¡ªWow, es como si supuestamente hubieras sido invocado por ser un genio. Todo lo que dijiste est¨¢ bien, pero ¡°involucrarnos directamente¡± para nosotros significa, literalmente, esparcir partes de nuestro ser por un lugar y, por supuesto, interactuar con ese lugar como estoy haciendo yo ahora. As¨ª que la ¡°Influencia¡± es la energ¨ªa que nace de nuestro cuerpo, nuestra esencia.
¡ªEntiendo.
¡ª?Tercero! ¡ªcontinu¨® con su lista de ¨ªtems d¨¦bilmente estructurada¡ª. ?Por qu¨¦ te escog¨ª a ti? Este es el siguiente tema del que quer¨ªa hablar. Hay dos razones espec¨ªficas por las que la persona a invocar deb¨ªa ser t¨²; dos caracter¨ªsticas que, de no cumplirse, har¨ªan imposible la misi¨®n que pretend¨ªa imponer. Esas peculiaridades son: 1. Tu talento para la Influencia.
No ten¨ªa idea c¨®mo hizo para hablar con vi?etas, pero antes hab¨ªa logrado hablar en may¨²scula, por lo que el factor sorpresa se hab¨ªa disminuido.
Se acomod¨® unos anteojos falsos en su figura y continu¨® explicando, dando unos pasos a mi alrededor.
¡ªEl humano tiene un ¨®rgano no material con el que puede manipular peque?as porciones de nuestra Influencia: el n¨²cleo. Ese ¨®rgano intangible, en el 99% de los casos, solo sirve para regular levemente las emociones. Algunos iluminados entre ustedes han logrado controlar una porci¨®n de este ¨®rgano, usualmente l¨ªderes o figuras espirituales. En tu mundo, este ¨®rgano intrascendente es el mismo para el 99% de los humanos; sin embargo, hay un 1%, o mejor dicho, un 0,0001% de humanos cuyo n¨²cleo est¨¢ sobre-desarrollado. Estos humanos tienen la capacidad de manipular la Influencia a un nivel f¨ªsico. T¨² eres uno de ellos.
¡ªYa veo¡
¡ªE incluso dentro de ellos, tu n¨²cleo est¨¢ especialmente desarrollado; pero eso no importa, porque lo m¨¢s importante es: 2. La naturaleza de tu Influencia.
¡ª?Mi Influencia? ?No se supone que es de ustedes?
¡ªLos lenguajes humanos limitan mucho mi capacidad de expresi¨®n. D¨¦jame explicar. Ya deber¨ªas saberlo, pero la Influencia tiene un atributo, ese atributo nace de la afinidad que el ser vivo tenga con uno de nosotros. Si tu atributo fuera orden, entonces estar¨ªas lanzando fuego de tus manos, como el guardia que conociste. Tu atributo es caos en este momento, traidor, por lo que, para ti, lo m¨¢s simple ser¨ªa llenar una ba?era con agua o lo que sea¡ Ese atributo es el aspecto de tu Influencia. Funciona como una balanza, te facilita utilizar la Influencia de ciertas formas y te dificulta otros usos como compensaci¨®n. Pero el aspecto de tu Influencia no fue de mi inter¨¦s para traerte aqu¨ª, lo que me hizo traerte aqu¨ª fue la naturaleza de tu Influencia.
Hizo una pausa como si le pudiera contestar algo, apenas le pod¨ªa seguir la enrevesada explicaci¨®n.
¡ª?Y la naturaleza es si mis ataques son f¨ªsicos o especiales o algo as¨ª?
¡ªNo ¡ªrespondi¨® ofendido¡ª. Esto no es Pok¨¦mon. Sin embargo, la naturaleza es un poco m¨¢s dif¨ªcil de explicar que el atributo. Mmm¡ Mira, imag¨ªnate una gema, una piedra preciosa.
¡ªEsmeralda, rub¨ª y zafiro.
¡ª¡ Est¨¢ bien, ?sabes que un zafiro puede ser de distintos colores? ¡ªpregunt¨®, haciendo aparecer a su alrededor piedras de varios tonos.
¡ªS¨ª, fue una decepci¨®n cuando me enter¨¦ de que no siempre son azules.
¡ªBueno, digamos que los distintos colores que el zafiro puede tener son algo similar al aspecto de la Influencia, algo bastante superficial. La naturaleza, por otro lado, es m¨¢s bien la forma que tiene ese zafiro, algo mucho m¨¢s fundamental. Es decir, el aspecto y la naturaleza conforman la apariencia que tiene la Influencia luego de ser procesada en el n¨²cleo de un humano.
¡ª?Entonces la naturaleza de la Influencia es distinta para cada persona?
¡ªNo ¡ªdetuvo r¨¢pidamente esa conclusi¨®n¡ª. Esa parte de mi ejemplo es algo desprolija. La naturaleza de la Influencia, respetando la f¨®rmula anterior, es la misma para el 99% de los humanos, es como si todos ustedes hubieran salido de una f¨¢brica ¡ªcoment¨® con soberbia; no estaba seguro si buscaba ofenderme, considerando que era un humano y todo¡ª. Pero hay un 0,0001¡ No, un 0,000001% de humanos cuya naturaleza tiene una forma distinta. Esto hace que tu Influencia, sin importar el aspecto que adquiera, act¨²e de una manera muy especial cuando interact¨²a con la Influencia de otros. Esto es lo m¨¢s valioso de ti. Eres un verdadero milagro. Para que comprendas lo especial de tu caso: en todo tu mundo de 8000 millones de personas, tan solo 800.000 personas ten¨ªan un n¨²cleo sobre-desarrollado, y solo 8000 ten¨ªan una naturaleza de Influencia distinta. ?Entiendes por qu¨¦ tuve que recuperarte de tu mundo? La humanidad en esta realidad no tiene ni de cerca la misma poblaci¨®n. Incluso en tu mundo, tan solo tres de esos con naturaleza distinta tambi¨¦n ten¨ªan un n¨²cleo sobre-desarrollado. Uno de esos tres ten¨ªa poco tiempo de vida, dej¨¢ndome dos candidatos para invocar: T¨², y una chica que curiosamente ten¨ªa tu misma edad. Que hubiera tres de ustedes ya es una franca irregularidad estad¨ªstica.
¡ª¡ª?¡Hay alguna raz¨®n por la que yo fui escogido y no la chica?
¡ªLo que describ¨ª fueron mis requisitos ¡ªdijo con una sonrisa¡ª. Hay otras dos razones por las que t¨² ganaste la rifa ¡ªlevant¨® el dedo del medio y el anular¡ª. La primera raz¨®n fue tu inteligencia, eres un genio, aunque no lo creas ¡ªbaj¨® un dedo¡ª. La segunda raz¨®n fue tu situaci¨®n. La verdad es que, aunque yo le hubiera ofrecido el contrato a esa chica, nunca lo habr¨ªa aceptado ¡ªbaj¨® el segundo dedo y mir¨® hacia arriba¡ª. ?Recuerdas lo ¨²ltimo que pensaste antes de nuestro primer encuentro?
Lo ¨²ltimo que pens¨¦ en el otro mundo. Lo recordaba muy bien porque en ese momento se repet¨ªa en mi cabeza una y otra, y otra vez, sin parar. No lo pod¨ªa olvidar.
¡ª¡°Me gustar¨ªa desaparecer¡± ¡ªrespond¨ª.
¡ªBingo. Por lo tanto, si alguien aceptar¨ªa un contrato como el que plante¨¦, ese ser¨ªas t¨².
Es decir que me escogi¨® por mi debilidad. Por casualidad, y por debilidad. Si hubiera sabido manejar mi vida correctamente; algo para nada especial, probablemente era lo que esa otra chica estaba haciendo. Si hubiera manejado mi vida bien, como el resto del mundo, no habr¨ªa perdido a todos mis seres queridos. Perd¨ª a mis seres queridos por lo pat¨¦tico que fui.
¡ªNo te deprimas, porque¡ ?Cuarto! Dejemos todo eso atr¨¢s y hablemos de qu¨¦ me hizo recurrir a invocarte. Es decir, ?hablemos de tu grandioso objetivo en este mundo! ¡ªexclam¨®, abriendo los brazos.
¡ªOrden y Caos, ?no? Ya lo mencionaste¡
¡ªEsa es una generalidad total ¡ªdijo, agitando la mano¡ª. Hablemos de lo que tienes que hacer. Para empezar, ?qu¨¦ me hizo traerte aqu¨ª? ?Cu¨¢l fue el detonante? El detonante fue una acci¨®n dr¨¢stica, una represalia de mi hermanito Caos a la constante opresi¨®n de Orden: Una Bestia.
¡ª?Bestia? ?Como el chaeki?
¡ªEso es un animal ¡ªrespondi¨® con un tono despreciativo¡ª. Buen trabajo caz¨¢ndolo, por cierto ¡ªagreg¨®, gui?ando un ojo¡ª. Pero eso es un animal, nada m¨¢s. Los animales en este mundo tienen cierto dominio sobre la Influencia, por lo que vienen¡ potenciados¡ digamos, pero siguen siendo animales, por m¨¢s Influenciados que est¨¦n. No. La Bestia no es ning¨²n animal, de hecho, es una criatura invocada de otro mundo, como t¨². Pero, si tu mundo era uno que se caracterizaba por la poca Influencia presente, el mundo de la Bestia era uno en que la Influencia era tan abundante como el agua en el oc¨¦ano y el ox¨ªgeno en la atm¨®sfera. La Bestia, en ese mundo despedazado, repleto de criaturas que se adaptaron hasta lo abominable, era una de las potencias mayores, un rey.
¡ªUna bestia- ?inteligente o qu¨¦?
¡ªTan inteligente como inhumana, con una directiva primaria de destruir con todo lo que se encuentre. Para que entiendas de lo que estamos hablando, esa ¨²nica criatura, de tama?o no mucho mayor que el de un elefante, tiene la capacidad de arrasar completamente con todo este mundo en tan solo 3 a?os.
¡ª¡ªOkey¡ Perm¨ªteme desconfiar. Por m¨¢s que intente imaginar un elefante acabando con el mundo, no soy capaz. ?Qu¨¦ tiene de especial esa bestia?
Balance se qued¨® callado un momento. Y entonces pregunt¨®:
¡ª?Sabes lo que es una bomba de hidr¨®geno?
¡ªS¨ª.
¡ªNo hac¨ªa falta que respondieras, ya sab¨ªa que sab¨ªas. Bueno, imag¨ªnate una bomba de hidr¨®geno explotando.
¡ªDe acuerdo¡ ¡ªobedec¨ª la instrucci¨®n.
¡ªNo, te pasaste. Est¨¢s pensando en el hongo. Piensa en el inicio de la explosi¨®n, en el calor, en la liberaci¨®n de energ¨ªa, en toda esa energ¨ªa pura, siendo arrojada desesperadamente sin ninguna otra opci¨®n. ?La presi¨®n aplastante y la luz cegadora¡!
¡ªEst¨¢ bien¡ ¡ªintent¨¦ imaginar la bola de fuego.
¡ªNo est¨¢s comprendiendo la magnitud total de la bomba, pero no importa. Ahora, junta toda esa energ¨ªa, todo ese calor, concentra todo eso en un punto, y ponle una cobertura de carne, m¨²sculo y piel. Eso es la Bestia.
¡ª?Una bomba de hidr¨®geno andante? ?Ya explot¨® un reino o algo?
¡ªNo es tan literal, no puede liberar toda esa energ¨ªa en un instante. Pero, m¨¢s importante a¨²n, todav¨ªa se est¨¢ adaptando a los aspectos de la Influencia de este mundo, que son distintos a los de su mundo de origen. Es decir que, con el tiempo, se volver¨¢ m¨¢s fuerte. Como dije, para cuando pasen 3 a?os, ya no quedar¨¢ civilizaci¨®n en pie.
¡ªBueno¡ ?Y supongo que no sugerir¨¢s algo completamente rid¨ªculo como que debo derrotar a esa bestia?
¡ª?Por supuesto que no! ?Eso ser¨ªa una locura!
Estaba casi seguro de que iba a plantear algo as¨ª, me sent¨ª incre¨ªblemente aliviado, por una vez.
¡ªVas a tener que eliminar a La Bestia de Caos y a los H¨¦roes de Orden, ?si no, no habr¨ªa nada de balance!
Era lo que esperaba. Ten¨ªa que mantener la compostura.A case of literary theft: this tale is not rightfully on Amazon; if you see it, report the violation.
¡ªSabes que la bomba at¨®mica fue inventada para destruir asentamientos completos de humanos, ?no? Es decir, no solo a un humano. Por lo tanto, ?c¨®mo podr¨ªa un humano, no digamos derrotar, pero sobrevivir a una bomba de hidr¨®geno? ?Entiendes que eso no es razonable? Para ponerlo en perspectiva, yo usualmente me r¨ªo de aquellos que creen que pueden derrotar a un lobo, o incluso- ja, ja, ja- a un oso. Por lo tanto, ?c¨®mo podr¨ªa alguien que no est¨¢ completamente demente pensar que tiene una oportunidad contra una bomba de hidr¨®geno? Por favor, se?or Balance, replante¨¦ las pretensiones que tiene para m¨ª ¡ªintent¨¦, realmente intent¨¦ mantener la compostura.
¡ªNo ¡ªrespondi¨® de manera sucinta¡ª. Vas a eliminar a la Bestia o morir en el intento. Ya firmaste el contrato. No puedo devolverte a tu mundo, solo puedo traer seres, e, incluso para eso, hay varias condiciones que se deben cumplir. No puedo enviarte de regreso. Estar¨¢s aqu¨ª el resto de tu vida, y, si deseas que esa vida no termine en tres a?os, vas a eliminar a la Bestia.
¡ª?Acaso la Influencia funciona como un JRPG? ?Me permitir¨¢ pelear contra Dios o algo? ¡ªperd¨ª la compostura¡ª. ?NO PUEDO PELEAR CONTRA UNA BOMBA AT¨®MICA! ?CASI FUI ASESINADO POR UN ¨¢RBOL HACE UNOS D¨ªAS!
¡ªDeja de llorar, no es literalmente una bomba at¨®mica. Es solo algo que tiene la energ¨ªa de una. Perm¨ªteme explicarte el plan antes de que llegues a m¨¢s conclusiones apresuradas.
Me sent¨¦ y me cruc¨¦ de piernas y brazos.
¡ªEscucho ¡ªdije entre dientes.
¡ªMira, tu objetivo es disminuir la influencia que tienen mis hermanos en el mundo. Es imposible hacer eso por completo, ni tampoco es deseable. La presencia de la Influencia es irreversible y solo podr¨¢ ser reducida de manera gradual. Entonces, organicemos a nuestros oponentes seg¨²n sus acciones concretas. ?De qu¨¦ forma afecta Caos al mundo? ?Cu¨¢l es su modus operandi? Lo que Caos hace es desperdigar a su Influencia por todo el planeta: los animales, los laberintos, y todas las criaturas de Influencia en el planeta son de su autor¨ªa. Para que entiendas a lo que me refiero, la naturaleza de la Influencia de todas esos seres que mencion¨¦ es la misma que la de Caos. Los humanos, en ese aspecto, son distintos: ustedes poseen una naturaleza propia y ¨²nica a la humanidad. Lo que sucede con Caos es que es extremadamente caprichoso y puede cambiar de idea en un instante. ?Todo esto c¨®mo termin¨®? Termin¨® con mi hermano repentinamente invocando a un demonio de otra tierra: la Bestia anteriormente mencionada. La Bestia es su ¨ªdolo, y nuestro principal objetivo de subyugaci¨®n.
¡ªYo no pued-
¡ª?Shhh! Ese es Caos. Ahora hablemos de Orden.
¡ªMmm¡
Repentinamente, su atuendo cambi¨®¡ ?Ten¨ªa ropa antes? No, era una silueta. Pero ahora era una silueta adornada por una manta, una corona y una barba larga, emulando a un rey longevo.
¡ªOrden es met¨®dico, conservador, modular ¡ªempez¨® a hablar con una falsa voz grave¡ª. Se involucra en la pol¨ªtica de los reinos y concentra su Influencia en ¨ªdolos particulares. Esos ¨ªdolos suyos son los H¨¦roes, personas bendecidas por ¨¦l ¡ªtermin¨® de decir y su tono de voz volvi¨® a la normalidad¡ª. Orden tiene una relaci¨®n extra?a con la humanidad, una de amor-odio, dir¨ªa. Por una parte, los considera irreparable, abrumadora e indescriptiblemente inferiores; pero, por otro lado, su ¨²nico inter¨¦s en toda la tierra son ellos. Se fija ¨²nicamente en ellos y detesta cuando hacen algo que no le gusta. Caos nunca lo podr¨ªa entender, pero Orden nunca podr¨ªa entender a Caos. Sea como sea, esos H¨¦roes, colmados de Influencia, son tu segundo objetivo de subyugaci¨®n.
¡ª?No hay una diferencia muy notoria en la dificultad de una tarea y la otra? Entre pelear con la bomba de hidr¨®geno andante y pelear con los hechiceros, prefiero pelear contra los hechiceros por bastante.
Balance volvi¨® a su forma normal.
¡ªPasaste de sobreestimar, a subestimar tus oponentes. Deber¨ªas encontrar un punto medio. Los H¨¦roes no son ning¨²n hechicerito com¨²n; los H¨¦roes son monstruos. No literalmente, claro, siguen siendo humanos. Pero, utilizando la m¨¦trica anterior: si la Bestia es una bomba de hidr¨®geno, los H¨¦roes son bombas nucleares menores. Y a esto hay que agregarle un peque?o detalle: no hay solo uno, hay nueve, y todos est¨¢n cargados con habilidades especiales que los convierten en un infierno de enfrentar. Lo voy a poner as¨ª: Si la Bestia se encontrara con los nueve H¨¦roes en este momento, ser¨ªa destruida en segundos. La Bestia solo alcanzar¨¢ el mismo poder que los nueve juntos dentro de tres a?os. La ¨²nica raz¨®n por la que los H¨¦roes no han destruido el mundo es porque son seres m¨¢s racionales. Son humanos, despu¨¦s de todo.
¡ªYa que eres una entidad divina y omnisciente, voy a pretender que no eres un idiota. Pero, entiendes que esto es algo que no puede hacer un ser humano com¨²n como yo, ?no?
¡ªCastigo.
¡ª?PERD¨®N! ?PERD¨®N! ?PERD¨®N! ?NO DE NUEVO!
¡ªHm. ?Acaso no expliqu¨¦ muy detalladamente c¨®mo no eres un ser humano com¨²n?
¡ªEl hecho de que pueda utilizar magia no me califica inmediatamente para llevar a cabo semejante tarea ¡ªdije con escepticismo.
¡ªNo es que puedes usar magia, nada m¨¢s. No voy a dar muchos detalles, pero tu potencial m¨¢gico es muy grande. Ya s¨¦ que es como pedirle a un perro que no ladre, pero, no te subestimes a ti mismo tampoco. Adem¨¢s, nadie dijo que deber¨ªas hacer esto solo. De hecho, toda mi intenci¨®n, y la de nuestro contrato, es que formes las relaciones necesarias para llevar a cabo esta misi¨®n.
Me resultaba dif¨ªcil de creer que fuera capaz de algo as¨ª.
¡ªMira, pong¨¢moslo en n¨²meros duros. Yo s¨¦ que te gustan los datos concretos.
Hizo aparecer un gr¨¢fico de curva de crecimiento delante de m¨ª.
¡ªEsta l¨ªnea representa el poder que la Bestia ir¨¢ adquiriendo en el tiempo.
Era un gr¨¢fico simple, una curva ascendente regular.
¡ªAhora, pongamos la l¨ªnea de mi pron¨®stico sobre el crecimiento de tus habilidades, superpong¨¢mosla al otro gr¨¢fico y coloqu¨¦mosla en espejo.
Cre¨® otro gr¨¢fico e hizo lo que dijo. Mi gr¨¢fico era b¨¢sicamente una l¨ªnea recta con peque?as elevaciones repentinas en intervalos dispares.
¡ªComo ver¨¢s, el mejor momento para que te enfrentes a la bestia es cuando estas l¨ªneas se cruzan, este momento ser¨ªa aproximadamente aqu¨ª.
¡ª?Mi l¨ªnea no est¨¢ ni cerca de la otra! ??Acaso solo quieres enviarme a una misi¨®n suicida!?
Marc¨® un punto arbitrario un poco avanzado en el tiempo. Uno de esos momentos con las elevaciones repentinas. Pero la l¨ªnea estaba muy lejos de contactar a la del poder de la Bestia.
¡ªEs el momento que est¨¢s m¨¢s cerca ¡ªme dijo, ajustando unos anteojos falsos sobre sus ojos.
¡ª?Voy a morir!
¡ªPodr¨ªa ser peor, mira este otro gr¨¢fico.
Levant¨® otra ventana en su escritorio con un JPG de otro gr¨¢fico. Esta vez era solo una l¨ªnea recta constante en la cima del eje Y.
¡ªEste es tu poder comparado con el de los H¨¦roes.
?Eh?
¡ª¡ª?¡Y mi poder?
¡ªAh¨ª est¨¢, ?no lo ves?
Hizo zoom una, dos, varias veces en el gr¨¢fico, hasta que mi l¨ªnea apareci¨® pegada al piso. No pude evitar quedarme boquiabierto.
¡ª?Ves? Podr¨ªa ser peor.
¡ª?Eres un idiota! ?No tengo ninguna chance!
¡ªTranquil¨ªzate, los gr¨¢ficos son enga?osos. La parte m¨¢s peligrosa de los H¨¦roes son sus habilidades especiales, y no supe c¨®mo representar esas habilidades correctamente en un gr¨¢fico tan b¨¢sico.
¡ª?Eso no es mejor para m¨ª! ?Con cada cosa que me muestras solo empeoras la situaci¨®n!
?Iba a morir! ?Esta entidad divina solo quer¨ªa jugar con mi vida hasta dejarme hecho un cad¨¢ver destruido! ?Todo es por haber asentido a ese est¨²pido contrato!
¡ªHay un ¡°pero¡± ¡ªdijo con un tono presuntuoso.
Levant¨¦ la cabeza del suelo, le di una ¨²ltima oportunidad.
¡ª?¡±Pero¡± qu¨¦¡?
¡ªSu poder no es el ¨²nico dif¨ªcil de cuantificar. ?Recuerdas lo que te dije de la naturaleza de tu Influencia?
¡ª?S¨ª?
Hab¨ªa entendido un poco el concepto; pero, ahora que pensaba en ello, no pod¨ªa intuir los efectos pr¨¢cticos de mi ¡°naturaleza¡±.
¡ªSi recuerdas, mencion¨¦ que tu Influencia act¨²a de una manera muy particular cuando interact¨²a con la Influencia de otros. Volviendo a los gr¨¢ficos, mira esto ¡ªhizo aparecer un gr¨¢fico de columnas¡ª. Esta primera columna representa el poder bruto de un H¨¦roe promedio ¡ªhizo aparecer otra columna, unas 4 veces mayor¡ª. Este es el poder suprimido actual de La Bestia. Y este es tu poder ¡ªhizo un tercer espacio, pero no hab¨ªa nada.
¡ªNo hay nada ¡ªnot¨¦ lo obvio.
¡ªExacto, no hay nada. Esto es porque, debido a su naturaleza, tu Influencia¡ Hm. ?C¨®mo explicarlo? Para describirlo de una manera simple: tu Influencia se ¡°come¡± a la Influencia de los dem¨¢s. ?Puedes captar lo que esto significa?
?Mi magia se ¡°come¡± a la de los dem¨¢s?
¡ªEsto significa que ¡ªapunt¨® a la cima de la columna mayor¡ª, mientras esta columna sea m¨¢s grande, tu Influencia es proporcionalmente m¨¢s efectiva. ?Entiendes lo que te estoy diciendo? Combinando este aspecto, con tu capacidad superlativa para la Influencia, eso significa que eres-
¡ª?Una especie de hechicero anti-hechiceros?
Balance chasque¨® los dedos.
¡ªExacto. En muchos aspectos, tu Influencia funciona a la inversa que la Influencia com¨²n, es por eso que estos gr¨¢ficos son fundamentalmente defectuosos para representar tu poder. ?Recuerdas los primeros gr¨¢ficos? Esos gr¨¢ficos no eran capaces de representar tu propio poder, pero ten¨ªan elevaciones. Esas elevaciones son el poder que puedes obtener gracias a tus relaciones. El gr¨¢fico no representaba solo tu poder bruto, representaba tu ¡°capacidad¡±. Si t¨², por ejemplo, consigues convencer a un H¨¦roe para que se una a tu campa?a contra La Bestia¡ ?Entiendes c¨®mo esta misi¨®n se vuelve cada vez menos imposible? ?Y si consiguieras m¨²ltiples H¨¦roes? No es como si tuvieras que pelear con ellos, apenas crucen miradas. Los H¨¦roes no sabr¨¢n que tienes la misi¨®n de acabar con ellos. Es posible que puedan sentir mi Influencia sobre ti, ya que eres mi ¨ªdolo, pero eso solo los har¨¢ interesarse, no los enemistar¨¢ inmediatamente. Al mismo tiempo, puedes separar a los H¨¦roes y acabar con ellos uno por uno, no es necesario entrar en una guerra sin cuartel. Ahora, ?te sientes un poco m¨¢s positivo sobre esta labor con la que te encomend¨¦?
¡ªMmm¡ Entiendo. Es complicado, pero¡ Eso no significa que sea imposible.
Balance limpi¨® todos los gr¨¢ficos y me habl¨® de manera clara.
¡ªAhora, resumiendo: tu objetivo es eliminar a la Bestia y acabar con cada uno de los H¨¦roes. Puntos extras por cada laberinto que resuelvas. Si logras esto, si cumples con esta labor que te encomend¨¦, entonces obtendr¨¢s la recompensa de nuestro contrato, junto a un extra por la magnitud de la tarea.
Entend¨ªa. Hab¨ªa entendido. Pero, aun as¨ª¡
¡ªRealmente¡ ?Realmente soy capaz de semejante haza?a? Yo no s¨¦ c¨®mo, ni tampoco me interesa pelear. Casi muero peleando con ese est¨²pido duende¡ ?Y ahora se supone que tengo que luchar con todas estas fuerzas imponentes? ?Yo? ?El yo que fracas¨® en su tranquila, f¨¢cil, vida? ?El yo que decepcion¨® a todas las personas que amaba? ?Ese debilucho, ese traidor, ten¨ªa que convertirse en una especie de h¨¦roe? No soy un h¨¦roe, ni un soldado, ni siquiera un luchador, solo soy¡ un fracaso.
Sentado en el suelo, baj¨¦ la mirada nuevamente a la superficie gris en la que estaba apoyado. No pod¨ªa evitar pensar en lo que hab¨ªa hecho, en lo que hab¨ªa ofrecido a cambio para encontrarme ac¨¢. No sab¨ªa c¨®mo podr¨ªa hacer para¡ perdonarme a m¨ª mismo.
Pensaba que iba a criticarme, o quiz¨¢s iba a intentar animarme, pero, en cambio, lo que dijo la figura fue:
¡ªTienes raz¨®n. Y no te voy a ayudar directamente. Sin embargo, te entregu¨¦ tres cosas que pueden asistirte, si t¨² lo permites. La primera asistencia ya la conoces, la bendici¨®n del lenguaje te permite expresarte en cualquier idioma humano. La segunda asistencia es intangible, es simplemente una promesa. Yo doy fe, te aseguro que, efectivamente, eres capaz. Te aseguro que est¨¢s calificado para realizar esta haza?a. No quiero adular, pero realmente eres mucho m¨¢s incre¨ªble de lo que crees, si no lo fueras, no te habr¨ªa invocado. Y estoy seguro de que una parte de ti sabe el verdadero valor que tienes, pero¡ nunca la escuchas.
Me hice una bolita en el suelo.
¡ªLa tercera asistencia s¨ª es tangible, y no te la hab¨ªa explicado a¨²n. ?No tienes dudas sobre tu collar?
Me sent¨¦ otra vez y observ¨¦ el collar a¨²n en mi cuello.
¡ªAh, s¨ª. Supuse que era m¨¢gico. Muestra mis emociones, o algo as¨ª, ?no?
¡ªM¨¢s o menos ¡ªhizo el gesto acorde con la mano¡ª. Tienes un poco de raz¨®n, pero no est¨¢s logrando comprender la totalidad de su funci¨®n. Es un aparato m¨¢gico ¨²nico en el mundo y funcional solo para ti. Los dem¨¢s no pueden ver su contenido, excepto que t¨² desees. Pero lo que hace, exactamente, es, ni m¨¢s ni menos que mostrarte lo que verdaderamente deseas. Siempre tuviste problemas con eso, ?no? Con saber qu¨¦ quieres.
Saber lo que realmente siento, lo que realmente deseo, con tan solo una mirada r¨¢pida. Quiz¨¢s, muchas personas lo desestimar¨ªan como algo in¨²til. Despu¨¦s de todo, ?c¨®mo ser¨ªa dif¨ªcil saber lo que uno mismo desea? Tal vez ese sea el caso para la mayor¨ªa de las personas, pero yo siempre tuve problemas con eso. ?Es esto lo que verdaderamente quiero? ?Lo que siento que debo hacer? ?O solo lo que creo que me beneficiar¨ªa? Toda mi vida fui atormentado por estas preguntas y mi respuesta final siempre era la misma.
No hacer nada. Ante el dilema, evitar el conflicto por completo. Siempre fui un cobarde.
Pero, gracias a esto, puedo disipar ese dilema por completo, como si nunca lo hubiera sufrido.
¡ªGracias ¡ªlas palabras escaparon de mi boca antes de que lo supiera¡ª. Este objeto es incre¨ªble. Muchas gracias.
¡ªDe nada. Si sientes que es un buen regalo es porque est¨¢ dise?ado especialmente para ti, ?sabes? Hablando de eso, el colgante nunca puede ser tomado de ti y es imposible de perder.
?Imposible de perder? Mir¨¦ a mi pecho, solo ten¨ªa puesto la t¨²nica del pueblo, en ning¨²n lado estaba el dichoso pendiente, objeto de la conversaci¨®n.
¡ªNo lo tengo.
¡ª?No lo tienes? ¡ªme pregunt¨®, como si no pudiera verme.
¡ªNo, no est¨¢ conmigo ¡ªrespond¨ª, inspeccionando entre las solapas de la vestimenta para ver si se hab¨ªa soltado en alg¨²n momento. Como estaba sentado, la vestimenta ten¨ªa varios dobles.
¡ª?Dir¨ªas que lo perdiste? ¡ªpregunt¨® con lo que era una sonrisa audible.
Lo mir¨¦.
¡ªS¨ª ¡ªasent¨ª con la cabeza.
Balance solo se?al¨® hacia abajo. Segu¨ª la direcci¨®n de su dedo y-
¡ª?C¨®mo puede ser? ¡ªle pregunt¨¦.
El colgante hab¨ªa aparecido en un instante, ni siquiera lo hab¨ªa sentido aparecer.
¡ªTe lo dije, no puede ser tomado de ti y es imposible de perder. Cuando pienses que ¡°lo perdiste¡± o que ¡°te lo robaron¡±, el colgante aparecer¨¢ nuevamente en tu cuello.
¡ªIncre¨ªble.
¡ªEs mi magia, por supuesto que es incre¨ªble.
Sostuve el colgante que alguna vez pens¨¦ que estaba maldito. Ahora se sent¨ªa verdaderamente como mi posesi¨®n m¨¢s preciada.
¡ªTodas esas noches sin dormir, esas clases sin prestar atenci¨®n, todo ese tiempo haci¨¦ndote las mismas preguntas; con miedo de lo que suceder¨¢; sin entenderte a ti mismo; alejando las personas a tu alrededor. Todo momento que te sientas as¨ª, ahora lo ¨²nico que tienes que hacer es mirar a tu colgante. Hazlo y sabr¨¢s exactamente lo que est¨¢s pensando, lo que est¨¢s sintiendo, lo que realmente deseas. Hazlo y deshazte de todas esas incertidumbres. Hazlo, y sigue adelante.
Sent¨ª un nudo en la garganta. Ten¨ªa un poco de ganas de llorar. Mis ojos se humedecieron.
¡ªAh, un par de instrucciones. El color inicial del pendiente, el color base, no muestra nada de tus deseos. Solo indica el aspecto actual de tu Influencia, azul es inclinaci¨®n hacia el caos, rojo es inclinaci¨®n hacia el orden. Si todo sale bien, deber¨ªas empezar a ver m¨¢s rojo en el pendiente. Excepto que desees profundizar un solo atributo de tu Influencia, esa tambi¨¦n es una opci¨®n. Lo dejar¨¦ en tus manos.
¡ªEso es el¡ color inicial. ?Y los otros colores qu¨¦ significan exactamente?
¡ªBueno, con el tiempo te dar¨¢s cuenta qu¨¦ significa cada uno. Para empezar, ya hab¨ªas visto que el azul claro simboliza tristeza, te indica que la situaci¨®n te entristece y deseas cambiarla. El rojo que tambi¨¦n viste es un deseo de desatar violencia. El naranja es un deseo de mantener una situaci¨®n, por felicidad, usualmente. El marr¨®n que ya viste es muy malo, intenta evitarlo. Y as¨ª hay muchos m¨¢s que a¨²n no has visto o experimentado.
¡ªEntiendo¡
Balance estir¨® los brazos y luego la espalda.
¡ªBueno, ya expliqu¨¦ mucho. ?Creo que no he hablado tanto desde hace siglos! ?Tienes una pregunta que quieras hacerme antes de irte?
¡ªEmmm¡ Bueno¡ Sobre la Influencia¡ Hablamos mucho de teor¨ªa, pero no tengo idea de c¨®mo usarla. Por m¨¢s talento que tenga, si no s¨¦ qu¨¦ hacer es lo mismo que nada¡
¡ªEst¨¢s a punto de descubrir c¨®mo utilizarla. No te preocupes mucho por eso. No tienes por qu¨¦ apurarte en este momento.
¡ªSi no tengo que apurarme, entonces¡ ?Cu¨¢nto tiempo tengo? Para matar a la bestia, o a los H¨¦roes, ?tengo un l¨ªmite de tiempo?
¡ªNo puedes hacerlo ahora, por supuesto. Tampoco puedes hacerlo todo de una vez. Sin embargo, no puedes esperar demasiado. Como viste en el gr¨¢fico: los H¨¦roes, y especialmente La Bestia, ser¨¢n progresivamente m¨¢s dif¨ªciles de derrotar. Si te preguntas por qu¨¦ no te invoque antes para que estuvieras m¨¢s preparado, entonces quiz¨¢ te sorprenda saber que la Bestia lleg¨® a este mundo exactamente la misma ma?ana del d¨ªa que t¨² arribaste. Como ver¨¢s, actu¨¦ bastante r¨¢pido. Pero, para responder a tu pregunta, debemos derrotar a todos en menos de tres a?os y hacerlo lo suficientemente r¨¢pido como para que Orden y Caos acepten la derrota y retrocedan.
En mis ¨²ltimos tres a?os lo ¨²nico que hice fue arruinar poco a poco mi vida y mis relaciones. El contraste entre eso y convertirme repentinamente en un asesino de monstruos y h¨¦roes me obnubil¨® un poco.
¡ªTengo otra pregunta.
¡ªPregunte pues.
¡ªToda esta misi¨®n que tienes¡ Me est¨¢s pidiendo que acabe con una bestia, est¨¢ bien; pero tambi¨¦n me est¨¢s pidiendo que asesine a otras personas, h¨¦roes, incluso¡ ?C¨®mo s¨¦ que esto ayudar¨¢ a alguien¡ o que har¨¢ un cambio? Dijiste que la presencia de la Influencia en este mundo es irreversible. Y nunca diste un indicio de que Orden o Caos decidir¨¢n detener su juego por esta maniobra. Lo que quiero decir es¡ Esto que me est¨¢s pidiendo que haga, ?ayudar¨¢ a alguien? ?Beneficiar¨¢ a alguien¡ o al mundo?
No tard¨® en responder, casi ofendido.
¡ªT¨² ya sabes la respuesta a esa pregunta. Para empezar, si consigues matar a la Bestia, estar¨ªas evitando el fin de la humanidad en este planeta. Eso deber¨ªa ser suficiente para la mayor¨ªa de las personas. Pero eso no tiene por qu¨¦ importarte, este mundo no es el tuyo, despu¨¦s de todo. Lo que tiene que importarte es que esto te ayudar¨¢ a ti. Eso era parte del contrato.
¡ªPero estoy matando a gente, y si esa gente ayudaba al mundo¡ o algo¡ entonces ser¨ªa extremadamente ego¨ªsta de mi parte, priorizar mi beneficio pers-
¡ªTodos ellos son esbirros de Orden ¡ªme interrumpi¨®¡ª, y Orden no se caracteriza por ser particularmente humano en su moralidad ¡ªme dijo de forma impaciente¡ª, la seguridad de esos monstruos humanos no es algo que deber¨ªa importarte en este momento. Haciendo esto, me estar¨ªas ayudando a m¨ª. Estuve jugando este juego hace siglos y desde hace siglos que estoy planeando este movimiento para detenerlos en seco a ambos al mismo tiempo. Si lo que est¨¢s cuestionando son mis razones, entonces deber¨ªas saber que yo no soy tan distinto a mis hermanos. Preguntarme por qu¨¦ quiero hacer esto es como preguntarle a un humano por qu¨¦ sobrevive o por qu¨¦ se reproduce. Tanto el tir¨¢nico de Orden, como el asolador de Caos, como yo, sentimos una necesidad instintiva de propagarnos por la realidad. Pero ellos dos rompieron un tab¨², quebrantaron las reglas. Yo quiero ponerlos en su lugar.
¡ªEntonces solamente ser¨¦ un t¨ªtere tuyo.
Balance se rio.
¡ªS¨ª. Exacto. Ser¨¢s un t¨ªtere muy insoportable, cuyo ego es tan grande que le impide incluso actuar por su propio beneficio, ¨²nicamente porque el hombre honrado no responde a ninguna ¡°entidad superior cruel¡±. No sabes nada ¡ªsu tono se volvi¨® m¨¢s hostil¡ª, y entiendes mucho menos. Orden y Caos no est¨¢n atados a ninguna norma moral humana y tampoco desean su prosperidad. Si el mundo terminara ma?ana, ellos encontrar¨ªan otro planeta con el que jugar. Intr¨ªnsecamente, la entidad m¨¢s ¡°humana¡± entre nosotros soy yo. Yo soy el ¨²nico cuyo deseo es m¨¢s que simplemente ganar un juego idiota. Yo soy el ¨²nico ser que est¨¢ a la par de los dioses destructores a los que todos los humanos ignorantes de este planeta rinden culto. Yo soy el ¨²nico ser, entre ellos, cuyo fin ¨²ltimo es permitir a este mundo sobrevivir por sus propios medios, en vez de expandir mi Influencia hasta su destrucci¨®n. As¨ª que s¨ª, eres un t¨ªtere. Eres un t¨ªtere tanto como cualquier humano es un t¨ªtere de sus impulsos bajos y tanto como la chica que conociste es t¨ªtere de su avaricia. Si verdaderamente, y por una vez, quieres cambiar tu vida para bien, entonces deber¨ªas empezar por desprenderte de todas esas in¨²tiles trabas morales y falsa dignidad que te autoimpones; las mismas trabas que te llevaron a odiarte a ti mismo desde un inicio. Tienes dos opciones, ni tres, ni cuatro, dos. O permaneces siendo el mismo fracasado de siempre, que traicion¨® a todos sus seres queridos y desperdici¨® su vida, y, en el mejor de los casos, vives una larga e inc¨®moda vida en un mundo completamente ajeno a ti; o haces a este mundo tuyo y empiezas, por primera vez, a tomar acciones para mejorar como persona y merecerte todo lo que te ofrec¨ª en el contrato ¡ªse tom¨® una pausa, pero continu¨®¡ª. En una de esas opciones, este mundo permanecer¨¢ como ahora, en camino a su destrucci¨®n; en la otra tienes una posibilidad de ayudar y hacer un cambio real a una escala que es impensable para cualquier ser humano ¡ªbaj¨® hasta mi nivel y asever¨® su tono a¨²n m¨¢s¡ª. Entonces, elige: O permaneces como siempre, no haces nada, y te llevas todos tus arrepentimientos a la tumba; o intentas buscar un cambio por primera vez y te atreves a ser feliz; pero, para hacer eso, necesitas desechar esa idea tonta, pero extremadamente reconfortante, de que eres alguien que no merece perseguir lo que desea.
¡ª¡
¡ªDecide.
¡
¡ªAhhh ¡ªsuspir¨¦¡ª. Ya entend¨ª. Ya puedes detener ese serm¨®n rid¨ªculo. Solo tengo que matar a esos h¨¦roes y al monstruo, ?no? No creo que me hayas tra¨ªdo aqu¨ª porque s¨ª, entonces debo tener una buena chance. Solo dime qu¨¦ tengo que hacer y lo har¨¦.
De la silueta se form¨® una sonrisa socarrona.
¡ªEsa actitud soberbia te queda mucho mejor; deber¨ªas ser m¨¢s genuino contigo mismo ¡ªse detuvo para ponerse de pie¡ª. En lo ¨²nico que deber¨ªas concentrarte ahora mismo es en esto.
Levant¨® sus dos brazos. En la cima de uno cre¨® una bola de fuego vivo, en la cima del otro cre¨® un chorro de agua que inmediatamente se cristaliz¨® y se convirti¨® en un rombo de hielo rotativo.
¡ªEsta es Influencia humana. En mi derecha, Influencia de orden ¡ªlevant¨® la bola de fuego¡ª, y en mi izquierda, Influencia de caos ¡ªlevant¨® el rombo¡ª. Por ahora, intenta producir algo de esto. En teor¨ªa, deber¨ªas ser capaz de aprender muy r¨¢pido, pero t¨² tienes un obst¨¢culo particular.
¡ª?Mi naturaleza?
¡ªCorrecto. Es una caracter¨ªstica muy divertida, soy fan. Pero tambi¨¦n es extremadamente dif¨ªcil de controlar. Como dije: en varios sentidos, funciona en reversa a la Influencia com¨²n que manifiestan los humanos. Sin embargo, t¨² tienes una ventaja en el aspecto de que, a pesar de que tu control emocional es paup¨¦rrimo, tu intelecto es genuinamente brillante. Y la Influencia funciona mucho como lo hace la magia en los juegos, mientras m¨¢s sabidur¨ªa e inteligencia, m¨¢s aptitud con ella.
¡ªINT y WIS.
¡ªSep.
Gir¨® la cabeza, como escuchando o viendo algo.
¡ªBueno. Si no te despierto ahora mismo, esa mujer empezar¨¢ a pensar seriamente que est¨¢s muriendo. Y, si te sigue aplicando m¨¢s c¨ªrculos de sanaci¨®n, probablemente te deformar¨¢ el cuerpo. Por lo que, adi¨®s por el momento. Nos vemos cuando tenga un nuevo consejo para ti. O cuando quieras llamarme, soy omnisciente, ?sab¨ªas?
¡ªLo mencionaste.
Balance hizo un espacio entre nosotros y levant¨® una mano para mover los dedos en un saludo un poco desagradable.
¡ª?Ah! ?Antes de que te vayas¡! ?Feliz cumplea?os!
¡ª?Cumplea?os? ?Cu¨¢ndo fue mi cumplea?os?
Antes de que mi pregunta fuera respondida, todo se volvi¨® negro.
CapÃtulo 22 - Mi Primera Parada En El Nuevo Mundo - Parte 1
1
¡ª?Despertaste?
De todas las personas que podr¨ªan estar cuid¨¢ndome, la que menos esperaba era esta.
¡ªNo digas algo as¨ª como que perdiste los recuerdos de nuevo, porque te destruyo.
La lanza que ten¨ªa apoyada al cuerpo le daba una pizca de espantosa veracidad a su amenaza.
¡ªHola, Sen.
Levant¨¦ la espalda de la no muy suave cama, ignorando el dolor en mi abdomen para adecuarme a la conversaci¨®n. Parec¨ªa que ¨¦l hab¨ªa estado vigilando personalmente mi rendido cuerpo mientras ten¨ªa mi peque?a charla con Dios.
¡ªHm. Por lo menos no olvidaste todo. ?Recuerdas lo que ocurri¨® antes de que te trajera aqu¨ª?
Antes de hablar con Balance, estaba¡
¡ªEstaba¡ ?Rezando?
¡ªS¨ª. Te desmayaste y la sirvienta te trat¨®, tu amaestradora me llam¨® y termin¨¦ carg¨¢ndote hasta aqu¨ª. Y, para que quede claro, te cargu¨¦ en mi hombro, no en mis brazos.
¡ªYa¡ ?Veo? Emm¡ Gracias por cuidarme. No ocurrir¨¢ de nuevo.
¡ª?No ocurrir¨¢ de nuevo? ?Por qu¨¦ hablas como si tuvieras idea de algo? Ni nuestro m¨¦dico ni la sirvienta saben qu¨¦ te sucedi¨®. Varias heridas se abrieron nuevamente. Nunca hab¨ªa visto algo as¨ª.
?Se abrieron mis heridas? Pens¨¦ que solo hab¨ªa tenido una charla con¡ ?Balance! S¨¦ que est¨¢s oyendo mis pensamientos, ?qu¨¦ rayos sucedi¨®?
¡ªMientras estabas consciente¡ ¡ªSalt¨¦ en la cama al escuchar repentinamente la voz for¨¢nea en mi cerebro¡ª. ?T¨² me llamas y ahora te asustas? ¡ªcontest¨® en mi interior.
Era una suerte de apuesta; no cre¨ªa verdaderamente que iba a funcionar.
¡ªYa te dije que soy omnisciente¡ M¨¢s o menos¡ Como te dec¨ªa¡ Mientras estabas despierto, manten¨ªas cerradas las heridas que hab¨ªan sido sanadas por los c¨ªrculos de sanaci¨®n, tensando tu cuerpo y aplicando Influencia inconscientemente. Cuando comenz¨® nuestra charla, te relajaste, todos esos procesos corporales hicieron ¡°puf¡±, y te abriste como si fueras una hermosa rosa floreciente.
Tom¨¦ la explicaci¨®n de Balance como ver¨ªdica y proced¨ª a resumirle la informaci¨®n al guardia:
¡ªTen¨ªa algunas heridas un poco abiertas, me descuid¨¦ y ocurri¨® lo que ocurri¨®. No volver¨¢ a suceder.
¡ª?Y por qu¨¦ te desmayaste? ¡ªpregunt¨® con un poco de sospecha.
¡ªAh. Emm¡ ?Me emocion¨¦ mientras rezaba?
Mierda, ?qu¨¦ clase de mentira era esa?
¡ª?En serio? No imagin¨¦ que fueras del tipo espiritual¡ Es cierto que al se?or Isao en ocasiones le ocurre lo mismo¡
??C¨®mo funcion¨®!?
¡ªAh, eh. S¨ª¡ Me gustan mucho los templos.
¡ªQuiz¨¢ obtuviste ese pendiente de uno. ?Recordaste algo? ¡ªSen sustent¨® mi mala mentira por su cuenta. Lastimosamente, tendr¨ªa que faltar a la verdad de nuevo.
¡ªNo. Solo tengo memorias desde que aparec¨ª en el r¨ªo.
¡ªEntiendo. Escucha, le intent¨¦ explicar a tu due?a que lo mejor ser¨ªa que se quedaran, pero ella insiste en llevarte a un doctor de la ciudad. Si no sobrevives el viaje, ser¨¢ completamente culpa suya ¡ªdijo, achic¨¢ndose de hombros.
¡ª?Nos iremos de Choura? ?A qu¨¦ ciudad? ?Una de Kiokai?
Sen se molest¨® un poco por mi pregunta; le habr¨¢ parecido obvia.
¡ªS¨ª, una de Kiokai. No creo que sea tan est¨²pida como para llevarte en una odisea al oeste en tu estado. Quiere ir a Minashi; aparentemente reside all¨ª.
¡ª?Es un lugar parecido a Choura?
¡ªNo ¡ªdijo con seriedad¡ª. Es un lugar sobrepoblado y vano, en donde todo el mundo parece querer alcanzar un barco al que ya desanclaron. Adem¨¢s, apesta a pescado.
¡ª?En serio?
¡ªNunca estuve all¨ª, pero eso es lo que me contaron. En cualquier caso, no pienso que sea mejor que Choura.
Qu¨¦ manera tan intr¨¦pida de repartir informaci¨®n de segunda mano.
¡ªBueno, Sin-nombre, tu due?a vendr¨¢ por ti en cualquier momento. Luces bien, por lo que no creo que necesite seguir cuid¨¢ndote como a un ni?o. Adi¨®s. Lava tus heridas de vez en cuando.
Intent¨¦ levantar el brazo para saludarlo, pero no pude. Sen se retir¨® de la habitaci¨®n y ya, por quincuag¨¦sima vez, me qued¨¦ solo, postrado en una cama.
¡ªPero no lo permitir¨¦ m¨¢s ¡ªproclam¨¦ de manera desafiante.
Basta de postraciones y basta de camas. ?La revoluci¨®n contra los buenos cuidados y el pensamiento a largo plazo ha de comenzar en este mismo instante, con este enorme paso!
Rectifiqu¨¦ mi postura en la cama, apoy¨¦ los pies en el suelo y me impuls¨¦ hacia delante-
¡ª?Eh?
No pod¨ªa pararme. No hab¨ªa nada estorb¨¢ndome, m¨¢s que dolor, pero no pod¨ªa pararme. ?Qu¨¦ estaba ocurriendo? Hab¨ªa sufrido varias veces, pero jam¨¢s me hab¨ªa inmovilizado por completo el dolor. ?O hab¨ªa algo m¨¢s?
Intent¨¦ empujar de nuevo-
No pod¨ªa poner un pie firme en el suelo. No, no era eso, no pod¨ªa enderezarme completamente. Era la herida en el torso.
Empuj¨¦ de nuevo-
¡
?Empuj¨¦¡!
¡ªHa¡ Ha¡ Ha¡
Tuve que sostenerme con la mesita que ten¨ªa el cuarto. Me hab¨ªa exigido hasta el punto de sudar. No pens¨¦ que me encontrar¨ªa en tan mal estado.
Empec¨¦ a caminar por los pasadizos de la casa, utilizando las paredes de soporte. Segu¨ªa vestido con la bata del pueblo y, por lo tanto, el dolor no era lo ¨²nico que me resultaba un inconveniente. Un poco de luz solar se filtraba y alimentaba la vegetaci¨®n del jard¨ªn interior; no ten¨ªa idea de cu¨¢nto tiempo hab¨ªa transcurrido. Si ten¨ªa suerte, solo me hab¨ªa quedado dormido la ¨²ltima noche del festival.
Me detuve un instante en el pasillo que limitaba con el jard¨ªn, el sol acarici¨¢ndome la piel. Era notoria la escasez de plantas y el bajo cuidado de las que hab¨ªa; el jard¨ªn era simplemente decorativo, parte de la presentaci¨®n del hogar. Baj¨¦ la mirada, sent¨ª un peque?o tir¨®n en mi coraz¨®n.
Apoy¨¦ la espalda en la pared y continu¨¦ recorriendo el entramado de corredores. Pens¨¦ en llamar a alguien, a Yoi o a Meshi, pero finalmente opt¨¦ por no hacerlo. Simplemente no quer¨ªa estorbar.
El aire de la casa era fr¨ªo y ning¨²n ruido ex¨®geno lograba penetrar el interior en una capacidad significativa. Era pat¨¦tico que me sintiera tan inc¨®modo en una casa que no hizo m¨¢s que salvaguardar mi bienestar. Sin embargo, probablemente por esa sensaci¨®n de incomodidad, mi cuerpo termin¨® conduci¨¦ndome de manera involuntaria a la entrada. Buscando la llave del lugar, encontr¨¦ una escoba larga a un costado de la puerta. No estaba seguro si caminar afuera era una buena idea, pero necesitaba algo con lo que distraerme.
Mir¨¦ mi pendiente para tomar una decisi¨®n. Me mostr¨® algo entre naranja y rojo.
¡ªOsad¨ªa¡ Alguien quiere hacer travesuras¡ ¡ªSon¨® la voz burlona de Balance en mi mente.
Suspir¨¦.
¡ªNo seas una molestia para Mira ¡ªme advert¨ª.If you come across this story on Amazon, it''s taken without permission from the author. Report it.
Estaba muy de acuerdo con esa idea; sin embargo, la revoluci¨®n contra el sentido com¨²n hab¨ªa comenzado y ya era irrefrenable. Encontr¨¦ una llave en la mesita de la entrada. Si mis instintos detectivescos estaban calibrados, esto quer¨ªa decir que alguien, que todav¨ªa se encontraba adentro, planeaba barrer la entrada del hogar. Lo siento, Meshi, no me culpes a m¨ª, culpa a la revoluci¨®n.
Abr¨ª la puerta, tom¨¦ la escoba y comenc¨¦ a renguear por el pueblo utilizando la herramienta de limpieza como un bast¨®n.
Los pueblerinos estaban recogiendo las decoraciones del festival. Hab¨ªa mucha menos euforia, siendo esta reemplazada por una gran, abarcadora tranquilidad.
Las personas me miraban, o bueno, la mayor¨ªa lo hac¨ªa. De vez en cuando, me arrojaban un poco de animosidad, pero yo lo ignoraba y segu¨ªa. Las tiendas que sobresal¨ªan de las casas hab¨ªan sido recogidas, con unas m¨ªnimas excepciones; como resultado, la calle se sent¨ªa mucho m¨¢s espaciosa.
A¨²n no hab¨ªa llegado el mediod¨ªa. El cielo estaba despejado. Aspir¨¦ un poco del aire de este extra?o mundo, aprovechando la frescura que brindaba en comparaci¨®n a mi hogar. Era chistoso como en mi mundo hab¨ªa lugares donde el aire era tan sucio que apenas se pod¨ªa respirar. Aqu¨ª, el ox¨ªgeno era tan limpio que hasta pod¨ªa oler las axilas del se?or que estaba limpiando la calle; ol¨ªa a jazmines.
Pase¨¦ tranquilo por unas calles.
2
La edificaci¨®n de le?a en la plaza segu¨ªa erecta; sin embargo, no hab¨ªa ning¨²n fuego, solo una silueta negra en su memoria.
¡ªAh.
Me encontr¨¦ con un conocido. Parec¨ªa que no importaba en qu¨¦ realidad estuvieras; cruzarte con un cuasi-conocido en p¨²blico siempre ser¨¢, irremediablemente, inc¨®modo.
La persona en cuesti¨®n se volte¨® en mi direcci¨®n al percibir mi presencia y termin¨® la conversaci¨®n amena que estaba manteniendo con unas se?oras mayores para pasar a saludar. Se acerc¨® con una mano levantada y me habl¨®:
¡ª?Te encuentras bien? ?Qu¨¦ haces con una escoba?
¡ªHola, A¨ªto. Estoy bien. Solo daba un paseo para distraerme un poco.
¡ª?No deber¨ªas estar descansando? Tu bata todav¨ªa tiene sangre, ?no eras sensible a las miradas ajenas? Adem¨¢s, en serio, ?qu¨¦ hay con la escoba?
¡ªNo es nada, ya me acostumbr¨¦. Igualmente, Mira quiere irse dentro de poco, as¨ª que lo mejor es que aproveche el tiempo que me queda.
¡ª?¡±Dentro de poco¡±? ?No se retirar¨¢n hoy?
¡ª?Qu¨¦?
¡ªS¨ª. ?No hablaste con Mira? Espera, ?te fuiste sin decirle a nadie?
¡ªNo hab¨ªa nadie en la casa; se me urgi¨® pasear.
¡ª?Qu¨¦¡? ¡ªA¨ªto se pinch¨® el hueso de la nariz¡ª. Yoi definitivamente no estar¨¢ feliz con esto ¡ªdesliz¨® las palabras entre sus labios con preocupaci¨®n; sin embargo, repentinamente, su cara se relaj¨®¡ª. Pero es un alivio que no te encuentres mal. Sabes, la se?ora Mira parec¨ªa un tanto agitada anoche cuando te desmayaste, y ella no es el tipo de persona a la que le agrada mostrar sus emociones de esa manera.
Qu¨¦ idiota. ?Acaso no pod¨ªa estar cinco minutos sin causarle un problema a mi empleadora? Hablando de eso, creo que Balance hab¨ªa mencionado algo de ella mientras estaba noqueado.
¡ªEste encuentro es algo fortuito. Te quer¨ªa dar algo, si te lo puedo dar en privado, todav¨ªa mejor ¡ªA¨ªto retrajo la manga de su vestimenta y me mostr¨® un par de pulseras de metal grueso, no muy decoradas; se desvisti¨® de una de ellas y me la present¨®¡ª. Era de Hise, pero ¨¦l ya no tiene uso para ella. Tanto yo como Sen tenemos la nuestra. Me gustar¨ªa que te quedaras con esta.
¡ªEmm¡ Gracias, A¨ªto. Pero no creo que sea apropiado que yo me quedara con algo as¨ª. ?No es algo que deber¨ªa pertenecerle a la familia?
¡ªT¨®malo. Como dije, Hise ya no tiene uso de ella. Su familia no estaba involucrada; era algo que compart¨ªamos entre nosotros tres. Prefiero que contin¨²e siendo utilizada y que no acabe de la misma forma en la que nos la encontramos.
¡ªNo, A¨ªto. Si es por seguir d¨¢ndole uso, entonces¡ Estoy seguro de que alguien dentro de este pueblo ser¨ªa m¨¢s apropiado¡
¡ªHablas del pueblo como si no pertenecieras a ¨¦l. Hasta donde s¨¦, apareciste en el r¨ªo de Choura; as¨ª que eres de aqu¨ª, nativo, incluso. Adem¨¢s, s¨¦ que secretamente aprecias este lugar.
¡ª¡ªNo. Te equivocas¡ Yo odio este lugar¡ Mi disgusto es irracional¡ Entiendo que no tengo razones para sentirme as¨ª¡ Sin embargo-
¡ªM¨¢s raz¨®n para que te lo quedes. Estoy seguro de que, con el tiempo, el brazalete ir¨¢ borrando todos los recuerdos feos del lugar y solo quedar¨¢ en tu mente cada aspecto bello de nuestro pueblo. Si no lo haces por tu cuenta, probablemente el esp¨ªritu de Hise lo har¨¢ por ti a las patadas. T¨®malo ¡ªpidi¨® con una sonrisa.
Ech¨¦ un suspiro. Abr¨ª mis manos y dej¨¦ que el recuerdo cayera sobre ellas, aceptando su petici¨®n de mala gana.
¡ªPero, ?de d¨®nde sacaron esto? Pensaba que nadie en el pueblo sab¨ªa hacer alhajas de este estilo.
¡ªEl verdadero origen es un misterio ¡ªme respondi¨® r¨¢pidamente¡ª. Solo sabemos que es muy viejo. El tr¨ªo de brazaletes le pertenec¨ªa a un anciano que muri¨® en soledad; sus pertenencias fueron repartidas entre el pueblo y nosotros, los guardias, nos quedamos con estas pulseras.
Abr¨ª mi pendiente para tomar una decisi¨®n final y, apenas se vio un poco de naranja, lo cerr¨¦ r¨¢pidamente, avergonzado.
¡ª¡ªGracias, A¨ªto¡ Cuidar¨¦ de esto en la mayor medida de mis capacidades.
¡ªT¨®malo como una disculpa de parte de Choura. Cambiando de tema, si la se?ora Mira no estaba en su residencia, entonces solo puedo asumir que se encuentra charlando con el cacique ¡ªafirm¨® con algo de duda¡ª. Fuera del hecho de que est¨¦ feliz por lo oportuno de la situaci¨®n, realmente deber¨ªas estar descansando ahora. Por lo menos, deber¨ªas hablar con la se?ora Mira sobre tu estado; como dije, no estaba tranquila.
Este tipo era demasiado amable.
Asent¨ª con la cabeza.
¡ªGracias, A¨ªto. Espero que esta no sea la ¨²ltima vez que te vea.
¡ª?Oh? ?Puedo tomar eso como un indicio de que te gustar¨ªa volver al pueblo en el futuro? ¡ªpregunt¨® con una sonrisa p¨ªcara en el rostro.
¡ªHm ¡ªsolo gru?¨ª de regreso.
3
Nuevamente, me encontraba frente a la guarida del jefe final. Esta vez, mi situaci¨®n y mi intenci¨®n eran completamente distintas. Deber¨ªa apreciar el hecho de que mi vida no estaba en juego, por una vez. Genial.
La gran puerta de entrada se ve¨ªa incluso m¨¢s grande desde donde me encontraba. Alguien podr¨ªa estar pensando algo sobre el temor a las responsabilidades, o quiz¨¢s las experiencias traum¨¢ticas, o la diferencia de poderes. Yo pienso que cuando est¨¢s cerca de un objeto, este tiende, por perspectiva, a ocupar m¨¢s espacio en tu visi¨®n. Y yo estaba a distancia de poder tocar la puerta. El mismo efecto de cuando te encuentras en la base de un rascacielos, mirando hacia arriba, aplicaba. Sin embargo, estar¨ªa mintiendo si dir¨ªa que golpear la puerta no estaba result¨¢ndome un peque?o, peque?ito desaf¨ªo.
?Me estar¨¢ intimidando la posible presencia del cacique? No, creo que no. ¡°Intimidante¡± es lo ¨²ltimo que ese anciano luce. Entonces¡ ?Ser¨¢ que no me atrevo a confrontar a Mira? No. ?Por qu¨¦ tendr¨ªa miedo de confrontar a Mira?¡ Eso era rid¨ªculo. S¨ª, definitivamente iba a tocar la puerta. Solo ten¨ªa que golpear un par de veces para que pudieran escucharme dentro.
Solo ten¨ªa que estirar el brazo¡ Y golpear¡
Extender los m¨²sculos del codo y ejercer presi¨®n sobre la puerta de manera r¨ªtmica y controlada¡
Como si fuera la cara de Han¡ *Chas* y despu¨¦s *Chas* de nuevo¡
¡
?Cu¨¢ndo me alej¨¦ tanto de la puerta? Ahora parec¨ªa chiquita.
S¨ª, demasiado chiquita para que quepa dentro. Creo que lo mejor ser¨ªa retirarme de vuelta a la residencia¡ Deber¨ªa descansar¡
Y as¨ª termin¨® la revoluci¨®n.
4
La revoluci¨®n no hab¨ªa sido una muy buena idea y una parte de m¨ª estaba plenamente consciente de eso, la misma parte que evit¨® que fuera al encuentro de Mira vistiendo unos harapos ensangrentados y una escoba bajo mi axila.
Volv¨ª a la residencia, introduje la llave, con un poco de miedo de lo que podr¨ªa estar dentro, y abr¨ª el port¨®n.
¡°Cari?o, regres¨¦¡±. - Ser¨ªa lo que dir¨ªa si no tuviera ni el m¨¢s m¨ªnimo sentido com¨²n. Es m¨¢s, se podr¨ªa decir que solo un idiota podr¨ªa pensar en decir semejante estupidez en estas circunstancias. En el mejor, absolutamente mejor, de los casos, me recibir¨ªa Meshi con un cuchillo en la mano, listo para sacarme de la vida de Mira. El mismo Meshi que luego aprovechar¨ªa para recuperar la escoba, cumpliendo su destino y barriendo la entrada.
Sin embargo, la caminata me hab¨ªa distendido algo, por lo que-
¡ªCari?o, regres¨¦.
Inmediatamente despu¨¦s de pronunciar las palabras que ten¨ªa atoradas en la punta de la lengua, cerr¨¦ los ojos y rogu¨¦ para que nadie hubiera escuchado el chiste est¨²pido que acababa de salir de mi boca.
¡ª?Acaso en los momentos que no est¨¢s completamente inmovilizado por la depresi¨®n, te comportas como un tarado? ¡ªpregunt¨® Balance. En mi mente, por suerte.
¡ªSer¨ªa un tarado si pienso que puedo ocultarme de un ser omnisciente. Debes saber hasta el color de mi mierda; probablemente est¨¢s desensibilizado a la informaci¨®n personal.
¡ªQue yo te escuche o no, no es el problema, igual¡
¡ª?Acaso es un crimen no estar deprimido un momento?
¡ªNo, pero algo me dice que no est¨¢s enfrentando correctamente tu situaci¨®n. ¡°Pretender hasta ser¡± solo te permite llegar tan lejos, ?sabes? Hay problemas que no se solucionan d¨¢ndoles la espalda.
¡ª?Qu¨¦ quieres, que est¨¦ constantemente lament¨¢ndome y sufriendo? No quiero ser un problema para Mira por el resto de mi vida.
¡ªEst¨¢ bien, probemos si tienes raz¨®n. Da seis pasos hacia adelante ¡ªorden¨® con un tono desafiante.
¡ª?Cu¨¢l es el plan?
¡ªEstamos probando si tu l¨®gica es funcional. Da seis pasos hacia adelante.
Apoy¨¦ las llaves en la mesa y, con la escoba de soporte, hice lo que me instruy¨®.
Camin¨¦ hasta encontrarme en el pasillo a la izquierda del jard¨ªn, exactamente en el medio de este.
¡ª?Y ahora qu¨¦?
¡ªGira hacia la derecha.
La firmeza de mi mirada fluctu¨® un poco al encontrarse de lleno con el trazado del jard¨ªn; sin embargo, logr¨¦ mantenerme bajo control sin mucho m¨¢s problema.
¡ªEs el jard¨ªn interior del lugar, ?qu¨¦ hay con ¨¦l?
Me qued¨¦ en silencio unos segundos, pero la entidad no respondi¨®.
¡ª?Balance?
Balance no respondi¨®.
¡ª?No son hermosas? ¡ªson¨® la peor voz, en el peor momento, con una claridad que me hac¨ªa pensar que estaba justo al lado m¨ªo.
No pude evitar desmoronarme en el suelo. Arrodillado, sostuve firmemente mi est¨®mago y mi boca para evitar que las n¨¢useas que invadieron mi cuerpo escaparan por ese medio. Una sensaci¨®n asfixiante en mi garganta, un enorme nudo, me imped¨ªa respirar de manera apropiada. Im¨¢genes no solicitadas invadieron mi cabeza hasta el punto de ahogarme en las memorias de una persona que ya no ten¨ªa m¨¢s.
¡ªAh¨ª est¨¢. ?Piensas que una persona normal se pondr¨ªa as¨ª al recordar un lindo momento que experiment¨® junto a su dulce hermana? No, ?no? Te lo dije, esa forma de evadir el problema no solucionar¨¢ nada.
?Pero qu¨¦ quer¨ªa que hiciera? ?Que me pusiera a patalear y a llorar por la p¨¦rdida de personas las cuales nunca podr¨¦ recuperar? ?Qu¨¦ ganar¨ªa con eso? ?Qu¨¦ utilidad traer¨ªa? ?Con qu¨¦ demonios, con qu¨¦ h¨¦roes acabar¨ªa?
¡ªNo puedes ignorar tu pasado; esta ser¨¢ tu primera ense?anza.
No es una ense?anza si solo notas un problema, pero no marcas la soluci¨®n, idiota.
Mantuve las gotas que amenazaban con escapar por mis lagrimales en la bah¨ªa y acarici¨¦ el nudo de mi garganta hasta que se disip¨®. Al final, solo qued¨® un hombre echado en el suelo, sin la fuerza para ni siquiera poder pararse por su cuenta.
CapÃtulo 23 - Mi Primera Parada En El Nuevo Mundo - Parte 2
5
¡ªIntenta ponerte c¨®modo. Estar¨¢s aqu¨ª por un tiempo ¡ªavis¨® la voz m¨¢s hermosa de esta realidad, antes de retirarse a otro sitio.
Inmediatamente despu¨¦s de que Mira regresara de no s¨¦ d¨®nde, donde hizo no s¨¦ qu¨¦, comenz¨® a organizar nuestro transporte hasta la ciudad portuaria de Minashi, nuestro aparente nuevo hogar.
Digo ¡°aparente¡± porque no tuvimos ninguna charla explicativa o aclarativa del tema. Mira simplemente dijo: ¡°Entra a la carreta¡± y yo hice lo que se me orden¨®. Mira no era como Balance, cuya autoridad pod¨ªa y deb¨ªa poner en duda en todo momento; Mira era Mira y, por lo tanto, todo lo que sal¨ªa de su boca ser¨ªa la realidad objetiva en mi mente.
Si Mira estaba nerviosa o intranquila, no lo notaba. Quien, por otro lado, no pod¨ªa evitar mostrar su intensa preocupaci¨®n, era¡
¡ªEstoy bien, Yoi. De verdad.
¡ªLa ¨²ltima vez que dijo eso se desmay¨® delante de mis ojos. Perdone, se?or, pero su palabra ya no tiene valor para m¨ª.
La mujer estaba como una mosca en una verduler¨ªa¡ o una madre dejando a su ni?o en el primer d¨ªa de colegio¡ o alguna otra de esas im¨¢genes evocativas y encantadoras. El problema se resolver¨ªa muy r¨¢pido si le dijera: ¡°El dios Balance me dijo que estar¨¦ bien, y fue por su culpa que me desmay¨¦ aquella vez, as¨ª que no deber¨ªa preocuparse¡±. Pero, lastimosamente, debido a mi contrato, no era capaz de informar a la gente a mi alrededor sobre mis et¨¦reas relaciones. Y, ahora que lo pensaba, si realmente dijera eso, lo m¨ªnimo que pensar¨ªa Yoi es que estaba completamente demente, as¨ª que mejor cerraba la boca.
¡ªMe siento bien ahora, Yoi.
A veces uno tiene que mentir para obtener lo que desea.
¡ªHoy tambi¨¦n se sinti¨® bien y se fue a caminar con una escoba debajo del brazo por todo el pueblo, solo para terminar escondi¨¦ndose nuevamente en el cuarto. Lo siento, se?or, pero sus sentidos tambi¨¦n perdieron su valor para m¨ª.
Rayos. Creo que ya me quedaban pocas cosas que Yoi podr¨ªa valorar.
¡ª... Enviar¨¦ una carta por mes sin falta. Conf¨ªo en ustedes para llevar a cabo mis solicitudes. Ser¨¢ dif¨ªcil, pero pondr¨¦ este pueblo a funcionar.
Mira parec¨ªa ocupada hablando con las figuras del hombre que me quiso matar hace unos d¨ªas y el hombre que me ayud¨® a pesar de creer que era un asesino. Gente muy extra?a, eso era una certeza. M¨¢s extra?o a¨²n era que ambos hombres hab¨ªan adquirido una nueva relaci¨®n con Mira, una menos desafiante y m¨¢s servil. Esto solo reforzaba mi teor¨ªa de que Mira estuvo manejando a todo el pueblo como a un t¨ªtere en el poco tiempo que estuvo aqu¨ª; no me sorprender¨ªa enterarme de que ahora ella era el cacique o una locura as¨ª.
Nah¡ No hab¨ªa forma, ?no?
A¨ªto me vio asomarme por la ventanilla de la carreta y levant¨® la mano para saludarme. Sen, por el otro lado, solo neg¨® con la cabeza, desaprobando mi accionar. Muy tsundere el asunto. Honestamente, la segunda persona m¨¢s preocupada por mi bienestar era ¨¦l; no le gustaba demostrarlo, pero era la realidad.
Ah, ahora que lo ve¨ªa bien, A¨ªto no me estaba saludando, estaba se?alando a su brazalete. Supongo que estar¨¢ pidiendo que se lo muestre.
Saqu¨¦ un brazo por el hueco y apunt¨¦ al c¨ªrculo met¨¢lico que hab¨ªa depositado en mi mu?eca. El adorno era lo suficientemente grueso para ser considerado la mitad de unas esposas; me pregunto si el lado polic¨ªa de A¨ªto me lo regal¨® para hacerme entender que estar¨¦ para siempre atado a este pueblo¡
O quiz¨¢s a ¨¦l¡
Lo siento, A¨ªto, no me gustan los hombres; si ese era tu objetivo, pues debo decirte que nunca encontrar¨¢s resultados. Espera, Sen tambi¨¦n ten¨ªa uno de estos brazaletes¡ Qu¨¦ guarro termin¨® resultando este hombre aparentemente inofensivo. No se puede confiar en nadie nunca.
¡ªSiento que no deber¨ªa preguntarte en qu¨¦ est¨¢s pensando, as¨ª que solo te explicar¨¦ la situaci¨®n ¡ªdijo Mira, subi¨¦ndose al carro.
¡ªMe siento bien, Mira ¡ªment¨ª de nuevo.
¡ªGenial, si¨¦ntete tan bien como puedas, porque este viaje va a durar diez d¨ªas. Haremos dos paradas en unos asentamientos que se encuentran en el camino. Cuando lleguemos a Minashi, tendr¨¢s que tratarte con un doctor de confianza. No importa qu¨¦ tan bien te sientas, es algo que ya est¨¢ completamente decidido; as¨ª que, si dejas de mentirme desde ahora, el viaje ser¨¢ incluso m¨¢s divertido.
No s¨¦ por qu¨¦ cre¨ª que las mentiras funcionar¨ªan con ella; creo que tiene un Geass para eso.
Mirando por el huequito en la parte trasera del carro, avist¨¦ otra carreta. Pero yo solamente conoc¨ªa alrededor de seis personas en este mundo, y cuatro de ellas se tendr¨ªan que quedar en este pueblo. Lo que quer¨ªa decir era¡
¡ªMira, ?qui¨¦n ir¨¢ detr¨¢s de nosotros?
¡ªUn peque?o grupo de mercenarios ¡ªme respondi¨® con sencillez.
¡ª?Protecci¨®n?
¡ªNo. Est¨¢n para que hagas nuevos amigos.
Hmm¡ Estaba casi seguro de que me estaba tomando el pelo.
¡ª?Pero no nos proteger¨¢n?
¡ªMi seguridad est¨¢ garantizada por el hecho de que nadie sabe que me encuentro aqu¨ª. Es innecesario tomar medidas adicionales.
¡ªPero¡ ?No hay bandidos? ¡ ?O algo?
Los bandidos eran un clich¨¦ en este tipo de ambientaci¨®n. No, m¨¢s que un clich¨¦, eran una realidad hist¨®rica. Hacer robos en rutas era un negocio que segu¨ªa existiendo incluso en mi mundo.
¡ª?Bandidos? Esas cosas no existen en Kiokai. Como te dije, es para que hagas nuevos amigos. Llegado el caso, tengo ciertas preparaciones para cosas as¨ª ¡ªdijo, asintiendo en simult¨¢neo a Yoi, ocultando con complicidad alguna medida de protecci¨®n secreta.
¡ªEst¨¢ bien, pero, Mira¡
El conductor del carro comenz¨® la marcha; extra?amente apropiado para lo que estaba por preguntar.
¡ª?S¨ª?
¡ª?C¨®mo podr¨ªa hacerme amigo de ellos, si est¨¢n en otro carro?
¡ª¡
¡ª¡ª?Mira?
¡ªNo son para bandidos.
Con el tono de esa respuesta, me inform¨® amablemente que no me involucrara m¨¢s en el asunto.
Y entonces, sin ninguna otra palabra, nos marchamos de Choura. Lo que fue mi primera parada en este nuevo mundo.
6
Nadie te prepara para un viaje en carruaje. Todos hablan de las n¨¢useas por marea, lo que es entendible; yo las sufr¨ªa en demas¨ªa. Pero, ?qui¨¦n hubiera dicho que sentarse en el trasero tambaleante de un cacho de madera propulsado por un gran mam¨ªfero iba a ser una experiencia tan agotadora? Yo cre¨ªa que era una vivencia relajante y de ritmo tranquilo. Pero, ?por qu¨¦ sent¨ªa que estos caballos podr¨ªan competir en una carrera contra un b¨®lido? Era cierto que hab¨ªa un tema de punto de referencia. Cuando uno va encima de una moto, o incluso una bicicleta, se siente mucho m¨¢s veloz que la velocidad que se percibe desde fuera. Pero esto definitivamente no era normal; los caballos nunca fueron tan r¨¢pidos¡
¡ªEs Influencia, ya deber¨ªas acostumbrarte. La Influencia en este mundo es una fuerza f¨ªsica. Todos los seres conscientes tienen acceso a ella en cierta medida, no solo aquellos con un n¨²cleo sobre-desarrollado. Acost¨²mbrate a ver ventiscas m¨¢s violentas, relieves m¨¢s accidentados, caballos m¨¢s r¨¢pidos y hombres m¨¢s fuertes ¡ªexplic¨® Balance.
A?adir¨ªa a la lista: ¡°¨¢rboles malvados¡±; creo que nunca los podr¨¦ superar. Hablando de eso, el ¨¢rbol que casi me hab¨ªa matado segu¨ªa all¨ª, en el bosque. Solo hab¨ªa logrado acabar con la vida del duende. Hm¡ Alg¨²n d¨ªa volver¨¦ por ti.
¡ªOye, Mira.
¡ªS¨ª, Heiko.
¡ª?C¨®mo puede ser que la calle sea tan¡? ?Llana? ?Prolija?Support the creativity of authors by visiting the original site for this novel and more.
Es decir, en comparaci¨®n al resto del paisaje, que era m¨¢s bien¡ no dir¨ªa ¡°accidentado¡±, como mencion¨® Balance, pero s¨ª naturalmente rugoso, la carretera estaba incre¨ªblemente lograda en comparaci¨®n. O era un milagro de la naturaleza, o un milagro de la humanidad.
¡ªJo, jo ¡ªrio de manera jactanciosa¡ª. Veo que tienes un buen ojo para los detalles.
¡ªBueno. Teniendo en cuenta la velocidad de estos caballos, ya estoy sorprendido por el hecho de que las ruedas de madera no se hayan convertido en polvo.
¡ª?Hm? Pero las ruedas son bastante resistentes, igual. Podr¨ªan aguantar un buen rato a esta velocidad por un tramo un poco peor. De cualquier forma, tenemos varios repuestos. Pero s¨ª, las calles son de una enorme calidad.
¡ªEntiendo.
?La madera en este mundo tambi¨¦n ten¨ªa Influencia dentro?
¡ªGeneralmente no ¡ªcontest¨® r¨¢pidamente Balance, como si alguien le hubiera preguntado.
¡ªComo te veo tan interesado, te contar¨¦ m¨¢s ¡ªdijo Mira, mintiendo, o m¨ªnimamente analiz¨¢ndome mal; pero, como eso ¨²ltimo era imposible, mintiendo¡ª. Las carreteras son el mayor orgullo de Kiokai. No hay reino en el mundo con una red de rutas tan masiva y con calles de semejante calidad. Esto es apropiado, despu¨¦s de todo, Kiokai es una rep¨²blica mercantil; la mayor potencia comercial del mundo, de hecho. Como dicen: ¡°Todos los caminos llevan a Minashi¡±.
Ey, paguen regal¨ªas por ese eslogan de Roma. Oh, cierto que Roma nunca existi¨® en este mundo. Una idea tr¨¢gica para cualquier hombre.
¡ªEsa es la frase, pero lo cierto es que Kiokai est¨¢ compuesto por dos regiones. La porci¨®n sobre la que estamos, al sureste del continente central, y una gran isla que limita con el reino de Kepul. La isla goza de una infraestructura incluso mayor a la porci¨®n que est¨¢ sobre el continente central. Y la ciudad portuaria de Minashi es el punto de contacto entre ambas regiones ¡ªexplic¨®, conectando ambos dedos ¨ªndices de forma adorable¡ª. Volviendo al tema de las rutas: ser constructor de rutas de Kiokai es un gran privilegio, uno de los mejores empleos del mundo, me atrever¨ªa a decir. Es un proceso ordenado, siempre est¨¢n acompa?ados por guardias y la paga es muy buena.
Parec¨ªa que estos temas le fascinaban a Mira. No ten¨ªa la energ¨ªa para disimular entusiasmo, pero me pon¨ªa feliz verla feliz.
¡ªKiokai es un buen lugar, ?no?
¡ªEs el mejor pa¨ªs del mundo, lejos, lejos, lejos ¡ªafirm¨®, con una cara satisfecha.
A veces era demasiado adorable, y nacionalista, pero sobre todo adorable.
Al salir del bosque en el que se encontraba Choura, la ruta se volvi¨® todav¨ªa m¨¢s producida. Con anchos espacios nivelados alrededor, e incluso algo que parec¨ªa una zanja.
El cambio en el paisaje fue igualmente brusco. Hasta donde mis ojos llegaban, hab¨ªa cultivos. Era una imagen incre¨ªblemente bella. Ya estaba anocheciendo, por lo que todo estaba armoniosamente pintado de color dorado. No quer¨ªa admitirlo, pero Mira ya me estaba ganando con esta idea de que Kiokai era el mejor lugar del mundo; m¨ªnimamente era bonito.
¡ªPor cada tres hect¨¢reas de tierra, dos son de cultivo ¡ªMira expuso¡ª. Y la mayor parte de la tierra de Kiokai es f¨¦rtil. Por m¨¢s bienes que refine, y m¨¢s productos que fabrique, nunca podr¨¦ igualar a la cantidad de riqueza que proviene de los cultivos; es un l¨ªmite que me impuso el mundo ¡ªsopl¨® esas palabras hacia afuera, alg¨²n tipo de rememoraci¨®n en su voz. Luego sigui¨® explicando¡ª. Y el Imperio del Oeste es el reino m¨¢s grande del mundo. Grandes porciones de su tierra son inf¨¦rtiles. A pesar de que la proporci¨®n de hect¨¢reas de cultivo es m¨¢s similar a dos de cada cinco, la riqueza del Imperio es varias veces mayor a la de Kiokai.
¡ª?Qu¨¦ tan grande es Kiokai?
¡ªNo muy grande, tampoco muy peque?o. Pero en el Imperio del Oeste caben por lo menos diez Kiokai.
¡ªYa veo. ?Y ese Imperio del Oeste es un buen reino?
Aprovechando la tranquilidad de la conversaci¨®n, apoy¨¦ la cabeza sobre mi mano, mirando el hermoso paisaje a trav¨¦s de la ventana.
¡ªNo. Es arcaico y desigual. No es un lugar placentero de visitar ¡ªcontest¨® de manera escueta.
¡ªYa veo.
¡ª?Eso no te parece injusto?
¡ª?Injusto? ?Qu¨¦ cosa?
¡ªQue sea un reino m¨¢s rico que Kiokai, siendo un lugar desagradable e ineficiente.
¡ªEso no es injusto. Tiene m¨¢s terreno, ?no? Tambi¨¦n tiene m¨¢s habitantes. Eso no es injusto, es simplemente la realidad.
¡ªBien pensado. Est¨¢s alineado con Kiokai. Pero no todos los reinos piensan de la misma forma. Hay reinos desfavorecidos, hay personas desfavorecidas. Hay reinos con m¨¢s y otros con menos poder. Esa es la forma que tiene este mundo y lo que lo mantiene as¨ª es el Imperio. Los que se encuentran favorecidos tienden a alinearse al Imperio; los que se encuentran desfavorecidos tienden a alinearse en contra de ¨¦l. Aquellos que aceptan la realidad, pero trabajan para moldear su propio destino, son bienvenidos en Kiokai.
¡ª¡±Moldear su propio destino¡±, ?eh?
¡ª?Te parece idealista?
¡ªNo. Es nuevamente la realidad, incluso si uno quiere escapar de ella. Pero solo porque sea la realidad¡ No significa que sea sencilla.
Mira me sonri¨®.
¡°Moldear tu propio destino¡±. Si fuera tan sencillo, yo no me encontrar¨ªa aqu¨ª para empezar. Por m¨¢s afecto que sienta por Mira, si de m¨ª dependiera, estar¨ªa en mi mundo, disfrutando la vida que aborrec¨ª, junto a las personas que decepcion¨¦, aliviando su peso, viviendo mi vida a pleno¡ Eso ya no era la realidad. ¡°Moldear tu propio destino¡± era algo que siempre entend¨ª como una verdad, pero que nunca tuve la fuerza suficiente para aceptar.
Quer¨ªa que el destino se moldeara a m¨ª.
Quer¨ªa que la realidad se moldeara a m¨ª.
Pero ahora, no estoy en esa realidad, y por m¨¢s que moldee y moldee, nunca podr¨¦ conseguir esa forma que tanto deseo. Elimin¨¦ esa opci¨®n, esa posibilidad, con mis propias manos.
El paisaje era hermoso, tan hermoso como dolorosas eran mis heridas. Queriendo escapar un poco del dolor y aprovechando mi posici¨®n c¨®moda, intent¨¦ descansar.
7
Los ¡°asentamientos¡± resultaron ser peque?as concentraciones de viviendas dentro de los grandes cultivos que atravesamos. La primera vez que llegamos a una de esas viviendas, pens¨¦ que nos encontrar¨ªamos con un se?or feudal o algo similar, pero Mira pareci¨® horrorizarse con mi sugerencia. Aparentemente, solo eran las residencias de unos campesinos un poco m¨¢s acaudalados que viv¨ªan cerca entre s¨ª. Entonces, naturalmente, la pregunta surgi¨®: ?C¨®mo eran capaces de cosechar tanta tierra de cultivo?
La respuesta era simple y aburrida: Hab¨ªa otros campesinos viviendo en casas entre los cultivos; simplemente no eran visibles desde la ruta. Es decir, en realidad hab¨ªa muchas m¨¢s personas de lo inmediatamente aparente.
Las personas estaban, los siervos exist¨ªan, solo que el se?or feudal hab¨ªa sido eliminado de la ecuaci¨®n. Supuse que la tierra simplemente estaba repartida entre los campesinos, le pregunt¨¦ esto a Mira y ella me lo confirm¨®; pero a?adi¨® que, a pesar de que la propiedad sea suya, estaban indirectamente administrados por una familia similar a la de Mira, la familia ¡°Noka¡±. La verdad es que no lo entend¨ªa muy bien. No entend¨ªa exactamente qu¨¦ era la familia de Mira y no entend¨ªa por qu¨¦ la familia que administraba a estos campesinos merec¨ªa la descripci¨®n de ¡°miserables canallas¡± que Mira acopl¨®, sin perder la sonrisa, a su apellido.
No s¨¦ por qu¨¦ me estaba complicando tanto con la organizaci¨®n de esta realidad alterna. Deber¨ªa enfocarme en mi posici¨®n como empleado¡ Supongo que solamente estaba intentando distraerme, haciendo lo que Balance advirti¨® que no hiciera. Honestamente, ten¨ªa ganas de ir en contra de todo lo que Balance me dijera.
¡ª?Qu¨¦ te pasa? Deber¨ªas estar agradecido de que me tome el tiempo para hablarte, a pesar de que-
El paisaje era precioso. Y fue constantemente precioso durante los diez d¨ªas del viaje.
Puedo afirmar eso porque ya era el d¨ªa diez. Aproxim¨¢ndonos al nivel del mar, est¨¢bamos cada vez m¨¢s cerca de las puertas o, mejor dicho, de los portones de nuestro destino: La ciudad portuaria de Minashi
¡ª?Es incre¨ªble! ??No!? ¡ªMira hablaba con una emoci¨®n que no me hab¨ªa demostrado nunca durante mi corta estad¨ªa en este mundo, gritando con la mitad de su torso fuera de la carreta¡ª ?La ciudad m¨¢s bella del mundo! ?Planeada totalmente por el mejor gobernante de todos los tiempos! ?Tres semic¨ªrculos conc¨¦ntricos, cada uno dise?ado seg¨²n su funcionalidad, que se expanden de forma proporcional! ?El c¨ªrculo del interior conforma la zona productiva de la ciudad! ?All¨ª est¨¢n todas las instalaciones Inovatio! ?El c¨ªrculo exterior es la zona residencial; hospeda a todos los vendedores y trabajadores de los comercios y talleres! ?El c¨ªrculo medio es el punto de conexi¨®n de la ciudad, el frente comercial de la zona productiva, lo que hace que todo se mueva!
Lo que Mira estaba describiendo era inmediatamente visible desde lejos. La arquitectura de los edificios variaba seg¨²n la zona a la que pertenec¨ªan y, por lo tanto, el rol que cumpl¨ªan. En el exterior y rebasando fuera de los muros, hab¨ªa edificios residenciales y simples viviendas, desde las m¨¢s humildes hasta las m¨¢s opulentas. El c¨ªrculo interior acaparaba el puerto y la mayor cantidad de contacto con la superficie marina; la gran mayor¨ªa de los edificios luc¨ªan como enormes dep¨®sitos. El c¨ªrculo del medio era donde se concentraba todo el movimiento. Las carreteras, a la vez, jugaban con esta distribuci¨®n. Hab¨ªa calles anchas y rectas que iniciaban en el medio de la ciudad, es decir, el puerto, y terminaban en los l¨ªmites del muro. El c¨ªrculo medio conectaba estas calles con grandes peatonales que mezclaban tr¨¢nsito humano y equino.
¡ª?Mira?
¡ª??S¨ª!?
¡ª?Y eso? ¡ªse?al¨¦ a la parte m¨¢s llamativa de la ciudad.
Se dio la vuelta para mirar hacia donde apuntaba.
¡ªAh, eso. Esa es la arena ¡ªrespondi¨® de manera mon¨®tona.
La arena¡ ?Lo iba a dejar ah¨ª? Era un gran coliseo a cielo abierto, una especie de predecesor de un estadio, parec¨ªa.
La ciudad estaba construida en una leve inclinaci¨®n y, debido a esto, mientras m¨¢s se adentraba nuestro carro al pueblo, m¨¢s descend¨ªa. Esa inclinaci¨®n permit¨ªa aislar a la mayor parte de la ciudad del agua del mar, pero varios canales se filtraban y se mezclaban con la infraestructura de la ciudad. Por lo tanto, la ciudad terminaba contando con varios puentes y botes peque?os que se mov¨ªan a trav¨¦s de esos canales.
¡ªMinashi es una ciudad de miles de personas. Es mi propio para¨ªso en el mundo. Si hay un lugar en donde me puedo sentir c¨®moda, es aqu¨ª ¡ªcoment¨® Mira, observando obnubilada el paisaje¡ª. Espero que alg¨²n d¨ªa sientas que este lugar es tu hogar, tanto como yo lo siento.
Sus palabras me hab¨ªan dejado asombrado. Solo tard¨¦ un instante en entender por qu¨¦ me hab¨ªa afectado tanto lo que estaba diciendo.
Mira hab¨ªa reposado su cuerpo nuevamente en el carruaje, descendiendo de una exaltada emoci¨®n a un estado de pl¨¢cida dicha. Inclinaba su cuerpo hacia el retrato de la ciudad, estaba completamente cautivada por su imagen; pero no estaba tan inclinada para que no la pudiera ver en su totalidad.
Era su sonrisa.
Su sonrisa era real.
Por primera vez, sent¨ª que la sonrisa en el rostro de Mira era una genuina. Una de felicidad. No de satisfacci¨®n, no de una excitaci¨®n pasajera. Mira era feliz al ver la ciudad. Por eso, sus palabras calaron hasta lo m¨¢s profundo de m¨ª. ¡°Minashi es una ciudad de miles de personas. Es mi propio para¨ªso en el mundo. Si hay un lugar en donde me puedo sentir c¨®moda, es aqu¨ª. Espero que alg¨²n d¨ªa sientas que este lugar es tu hogar, tanto como yo lo siento¡±. Podr¨ªa recitar lo que acababa de decir de memoria. Pod¨ªa conjurar el recuerdo de su rostro iluminado por el sol, acariciado por el viento, sus ojos pintados completamente por la urbe en movimiento, maravillados. Emoci¨®n, fascinaci¨®n, alegr¨ªa pura, sensaciones tan genuinas que me hac¨ªan temblar incluso a m¨ª; me hac¨ªan temblar, a pesar del dolor de mis heridas, porque me contagiaba de todos esos sentimientos. Me los contagiaba y mi mente intentaba procesarlos como pod¨ªa, pero no se daba abasto, por lo que solo pod¨ªa temblar y repasar el recuerdo de lo que acababa de decir una y otra vez, analizando qu¨¦ era exactamente lo que me compenetraba de una manera tan profunda en sus palabras. No lo pod¨ªa entender con exactitud, pero comprend¨ªa su inmensidad. Era algo que quer¨ªa, era algo que no ten¨ªa, era algo que a?oraba, era algo que deseaba intensamente, pero no sab¨ªa qu¨¦ era exactamente, por lo que terminaba terriblemente frustrado.
?Qu¨¦ ten¨ªa esta chica? ?Por qu¨¦ lo deseaba tanto? ?Por qu¨¦ sent¨ªa tanta felicidad al verla de esta manera?
No lo sab¨ªa.
Pero esa fue mi entrada a la ciudad portuaria de Minashi.
CapÃtulo 24 - La Ciudad Portuaria De Minashi - Parte 1
1
¡ªEsta es la residencia principal en el continente central de la familia Inovatio.
Me dijo Mira, como si no hubi¨¦ramos entrado a uno de los lugares m¨¢s fascinantes que vi en mi vida. ?As¨ª era como se ve¨ªan esos edificios antiguos europeos en su tiempo? Blanca, lujosa, una verdadera mansi¨®n. Cada mueble estaba tan precisamente confeccionado, tan art¨ªsticamente dise?ado, que el l¨ªmite entre lo que era funcional y lo que era decorativo se hab¨ªa difuminado- no, se hab¨ªa esfumado. No sab¨ªa d¨®nde iniciaba lo puramente ornamental y lo genuinamente ¨²til. Todo era hermoso. Todo hab¨ªa sido dise?ado, de manera hermosa, para que sea hermoso. A pesar de la noche, la iluminaci¨®n era tan clara que uno pensar¨ªa que este mundo ya ten¨ªa acceso a la electricidad, pero no, era ¨²nicamente iluminaci¨®n por combusti¨®n.
Mira me hizo una se?a con la mano para que la siguiera. Avanzamos por los pasillos de la casa. No pude evitar mirar fren¨¦ticamente cada esquina del sitio.
No esperaba que hubiera tanta gente, m¨¢s precisamente: sirvientes, caminando en la casa. Uno esperar¨ªa, o al menos estar¨ªa acostumbrado por la ficci¨®n, a que los sirvientes detuvieran sus tareas para saludar a su amo; pero esa regla no parec¨ªa existir en este mundo. El sirviente hac¨ªa su trabajo y permit¨ªa que su amo hiciera el suyo; lo que s¨ª pod¨ªa existir era un saludo de cortes¨ªa, pero nada m¨¢s. Ni siquiera nos recibi¨® un sirviente para preguntarnos sobre nuestros deseos, aunque ese quiz¨¢s fue el caso porque Yoi estaba a nuestro lado. Obviamente, no hubo ninguna especie de acto de bienvenida, ni nada similar; de hecho, lo ¨²nico que te podr¨ªa dar un indicio del estatuto de Mira era el frenes¨ª de los guardias por dejarnos atravesar el muro, y supongo que nuestro acceso ilimitado y sin cuestionamiento a semejantes instalaciones como esta.
Estaba viendo hacia el techo cuando finalmente arribamos a nuestro destino.
¡ªEntra ¡ªorden¨® Mira.
Llegamos a una habitaci¨®n m¨¢s peque?a y simple, que contaba ¨²nicamente con un escritorio y su silla, otra silla al lado de la puerta, varias bibliotecas y dos macetas con plantas en las esquinas de la entrada.
Segu¨ªa mirando como un idiota mis alrededores, cuando Mira me llam¨® la atenci¨®n aclarando su garganta.
¡ªSolo dos cosas, y te permitir¨¦ ir a descansar a tu cuarto ¡ªdijo desde la silla de su escritorio.
¡ª?Tengo un cuarto?
¡ªHay varios cuartos para hu¨¦spedes; t¨² tendr¨¢s uno de ellos. ?Qu¨¦ pensabas, que te har¨ªa dormir en la calle?
Asent¨ª con la cabeza, entendiendo su muy v¨¢lido punto.
¡ª?Bueno! ?Dos cosas!
Asent¨ª nuevamente.
¡ª?Primero! ¡ªempez¨® a hablar de la misma forma que lo hizo aquella vez en Choura. El tonto de Balance la hab¨ªa intentado imitar con muy poco ¨¦xito¡ª. Tu cuerpo est¨¢ destruido, por m¨¢s que te empe?es en decirle lo contrario a Yoi. Adem¨¢s, puedo notar que est¨¢s¡ enfermo, por lo que ya, desde ma?ana, te presentar¨¢s con un doctor que conozco. Pasar¨¢s la mayor parte de los d¨ªas all¨ª; obviamente, volviendo a la residencia a la noche para descansar.
?La mayor parte de los d¨ªas? Eso no quer¨ªa decir que¡
¡ªPero, Mira, me seguir¨¦ viendo contigo, ?no?
¡ªPor supuesto, pero no con la misma frecuencia. Estar¨¦ mucho m¨¢s ocupada. El viaje a Choura sirvi¨® como una especie de vacaci¨®n para m¨ª, despu¨¦s de todo.
¡ª¡
¡ª?Qu¨¦ pasa?
¡ª?Eh? No pasa nada.
¡ªLo noto en tu rostro, ?qu¨¦ sucede?
No cambi¨¦ la expresi¨®n de mi rostro, al menos no de manera consciente; no sab¨ªa a qu¨¦ se refer¨ªa. Dej¨¦ de observar los alrededores para mirar a Mira de frente, entonces lo not¨¦. Estaba en la disposici¨®n de sus ojos y, ultimadamente, se manifestaba en la totalidad de su mirada: algo me hac¨ªa entender que era in¨²til intentar ocultar cosas de ella. No, era peor que eso, sent¨ªa que era in¨²til intentar esconder cosas de m¨ª mismo frente a ella. Empec¨¦ a sudar bajo la presi¨®n de Mira, pero sent¨ªa alivio por no tener a esta persona como un enemigo.
¡ªSupongo¡ Supongo que no quiero alejarme de ti, Mira ¡ªle contest¨¦, arrojando las palabras que encontraba en el momento.
Mira me sonri¨®.
¡ªEstuvimos juntos por diez d¨ªas, ?y todav¨ªa no te cansas de m¨ª? Realmente eres muy rom¨¢ntico, Heiko.
Sonre¨ª de manera inc¨®moda.
¡ªLo siento, pero es inevitable ¡ªdijo¡ª. Por eso pasar¨¢s los d¨ªas en el Instituto, junto al doctor. Adem¨¢s, te dejar¨¦ asistencia. Eso era lo segundo que te quer¨ªa mencionar.
?Dejar asistencia¡? Esa expresi¨®n era un poco ambigua.
¡ª?Segundo! ¡ªrecit¨®, volviendo a su tono y luego suspirando con su mano en el pecho, como si solo eso le hubiera exigido f¨ªsicamente¡ª Dada tu condici¨®n, consider¨¦ adecuado poner una persona a tu disposici¨®n, un sirviente.
Ah, ese tipo de asistencia.
¡ª?Yoi?
¡ªNo. Ella es mi sirviente. Te asignar¨¦ una sirviente que se llama Nuti.
¡ª?Nuti?
?Nuti? Mira, Yoi, Sen¡ Hm¡ No ten¨ªa la misma base que el resto de los nombres.
¡ªS¨ª. Nuti es su apodo, su nombre es Nutiden.
??Nutiden!? Eso s¨ª era completamente distinto a los dem¨¢s. Qu¨¦ nombre curioso.
¡ªNuti se encuentra ocupada ahora mismo, pero la enviar¨¦ a que se introduzca esta noche. Ella- ¡ªbostez¨® en medio de sus palabras¡ª Ella te dar¨¢ toda la informaci¨®n que necesitas, ?s¨ª?
¡ªEntiendo, Mira.
¡ª?Ah! Casi me olvido. Deber¨ªas tener cuidado en la ciudad.
¡ª?Hm? ?Es peligrosa?
¡ªNo¡
Mira empez¨® a perder la fuerza de su mirada. Me enter¨¦ de esto durante el viaje: a Mira, el sue?o la atacaba de forma brutal. Era como un celular, que en el instante que llega a 0, se apaga. Supongo que Mira anda a 120% de eficiencia durante todo el d¨ªa; entonces, cuando se le agotan las reservas, le pega como un tren.
¡ªEs solo que¡ destacas mucho¡ ¡ªdijo, apoyando su ment¨®n sobre el escritorio.
Saqu¨¦ como 20 fotograf¨ªas mentales con los ojos antes de procesar lo que me dijo y girar la cabeza, confundido.
¡ªEs tu situaci¨®n¡ de ac¨¢ arriba¡ ¡ªlevant¨® una mano para apuntar a la c¨²spide de su cabeza.
?En serio? Otra vez lo de-
¡ª?Qu¨¦ ocurre con mi pelo? ?Acaso est¨¢n en guerra con un reino con muchas personas con este color de cabello?
Mira cerr¨® los ojos y dio una risa lenta, como la de un ebrio. Qu¨¦ grandeza, la de la Mira somnolienta.
¡ªNo hay ning¨²n reino as¨ª¡ ¡ªfinalmente dijo¡ª Aunque eso ser¨ªa muy divertido¡ ¡ªse rio otra vez¡ª. Es solo que¡ No hay gente con el pelo negro¡ ¡ªexplic¨®, sonriente.
?Era el sue?o?
¡ª?C¨®mo no hay gente con el pelo negro? Tal vez es poco com¨²n, ?pero que no haya¡?
Mira levant¨® un dedo.
¡ªYo soy una comerciante. Hay muchos colores de pelo distintos¡ La gente con pelo de color se vende a muy buen precio¡ Esto es porque tienen m¨¢s afinidad con la Influencia¡ en general¡ Y tambi¨¦n los coleccionan.
?De qu¨¦ estaba hablando esta mujer? ?Venta de personas? Es decir, ?como objetos?
¡ª?Los venden como esclavos?
Mira se rio de nuevo.
¡ªNo, Heikito¡ No se pueden tener esclavos en Kiokai¡ Aunque hay ciertas formas de¡ evadir¡ esas restricciones. Me refer¨ªa m¨¢s a mercenarios¡ o infantes adoptados.
Eso no sonaba precisamente mejor, pero claramente hab¨ªa un aspecto de shock cultural en juego aqu¨ª.
¡ªComo dec¨ªa¡ ¡ªcontinu¨® Mira¡ª. Yo conozco al mercado y, aun as¨ª, nunca he visto una persona con un pelo negro como el tuyo en mi vida¡ Hay muchas leyendas, pero¡ ¡ªbostez¨®¡ª, eso es harina de otro costal.
Balance, ?c¨®mo puede ser?
¡ªInfluencia ¡ªrespondi¨® en mi mente, dej¨¢ndome insatisfecho.Unauthorized reproduction: this story has been taken without approval. Report sightings.
Justifique su respuesta.
¡ªHa¡ No tengo ganas de hablar ahora, as¨ª que lo har¨¦ simple. Genes de color de pelo mutados sugieren afinidad para la Influencia. Gen de pelo negro dominante se volvi¨® recesivo. No es exactamente ¡°imposible¡± que haya alguien, pero es muy poco probable. Si tuviera que explicarlo de manera muy simple¡ La Influencia ¡°erosiona¡± los filamentos del cabello.
¡ªEntiendo.
¡ª?Qu¨¦ cosa entiendes, Heikito¡?
Mierda, habl¨¦ en voz alta.
Deber¨ªa dejar descansar a Mira; pero, en mi defensa, era muy adorable, y estaba francamente interesado en la conversaci¨®n.
¡ª?Cu¨¢les son esas ¡°leyendas¡±, Mira? Adem¨¢s, ?me secuestrar¨¢n en la noche para venderme?
¡ªCon Nuti a tu lado, es imposible que te pongan un dedo encima¡ Pero seguramente te miren raro¡ como en Choura.
?Eh? Cuando escuch¨¦ el nombre de ¡°Nutiden¡±, honestamente, me hab¨ªa imaginado a una se?ora mayor¡ Pero ahora resultaba ser una especie de¡ ?Luchadora marcial?
No pude evitar que surgiera la imagen de una sirvienta con cuerpo de luchador de sumo, en posici¨®n defensiva a mi lado.
¡ªY con respecto a las leyendas¡ Creo que eso lo dejaremos para otro d¨ªa¡ Heiko¡ Deja que Yoi te lleve a tu cuarto¡ Yo me quedar¨¦ un momento descansando aqu¨ª.
Apoy¨® los brazos sobre la mesa y recost¨® su cabeza encima.
Saqu¨¦ 50 fotos mentales m¨¢s.
¡ªAdi¨®s, Mira. Gracias por cuidarme. Siempre me cuidas, creo que nunca te podr¨¦ devolver apropiadamente el favor¡
Mira solo contest¨® despidi¨¦ndose con una manito.
La mir¨¦ antes de salir. Ella me generaba una inmensa calidez en el pecho. Muchas veces sent¨ªa pudor de decirlo en voz alta; sonaba rid¨ªculo, habi¨¦ndola conocido hace tan poco, pero creo que, realmente, pod¨ªa decir que amaba a esta mujer. Y no me refer¨ªa en el aspecto rom¨¢ntico; la amaba como persona. Quiz¨¢s era un sentimiento sin justificaci¨®n, algo en extremo superficial, pero¡ Incluso olvid¨¢ndome de la forma en la que me salv¨®, intentando ignorar esos feos sentimientos nacidos de la autopreservaci¨®n o de su forma de ayudarme constantemente¡ Amaba su forma de ser, y amaba lo que realmente era¡ Creo que eso era parte de por qu¨¦ me hab¨ªan impactado tanto sus palabras al entrar a la ciudad.
No sab¨ªa si me estaba escuchando; esperaba que no. Las inhalaciones y exhalaciones constantes me hicieron sentir un poco m¨¢s seguro para decirlo.
¡ªTe amo, Mira.
Ella no me contest¨®, por suerte.
2
¡ªBueno, ya puedo dejar de fingir.
Yoi me hab¨ªa dirigido a mi habitaci¨®n, que era m¨¢s o menos del mismo tama?o que la oficina de Mira. La cama estaba ordenada y ten¨ªa un im¨¢n que atra¨ªa mi cuerpo hacia ella, o quiz¨¢ un centro gravitatorio. Cargando el estr¨¦s del viaje y el dolor constante de mis heridas, tir¨¦ mi cuerpo hacia el colch¨®n.
¡ªGueh-
Me dorm¨ª en el instante en que mi cuerpo toc¨® la cama.
3
Hab¨ªa golpes en la puerta.
Me estaban llamando. Era una llamada usual, un evento constante. Mi cuerpo cargaba un terrible peso. El aire en la habitaci¨®n era turbio y asfixiante. Esa puerta, esa salida, se sent¨ªa tan, tan lejos. Cada paso que daba hacia ella era m¨¢s pesado que el anterior y, por eso, terminaba optando por no dar ninguno desde el inicio.
Adaptaci¨®n. La sensaci¨®n asfixiante del encierro se termin¨® convirtiendo en un buen augurio: ¡°Estoy en el lugar que quiero estar¡± y luego: ¡°Estoy en el ¨²nico lugar que puedo estar¡±. El agujero en mi est¨®mago me generaba un terrible v¨¦rtigo, pero ya lo conoc¨ªa; lo conoc¨ªa muy bien; lo conoc¨ªa tan bien, que sab¨ªa que pod¨ªa ser mucho peor. Mejor malo conocido que malo por conocer; esa era la m¨¢xima que impulsaba todas y cada una de mis acciones.
El fr¨ªo y el sudor eran diarios, pero transitivos; en alg¨²n momento iban a desaparecer, solo ten¨ªa que resistir; solo ten¨ªa que resistir con el nudo de bilis y asco atorado en medio de mi garganta.
Solo ten¨ªa que aguantar la tormenta y despu¨¦s descansar.
No ten¨ªa que aventurarme a lo desconocido y sufrir la peor de las derrotas dentro de la opaca, densa niebla de guerra.
Hab¨ªa golpes en la puerta¡
4
Brinqu¨¦ de la cama con un fuerte zumbido en los o¨ªdos. Un dolor agudo en ambas palmas me hizo perder la fuerza y no pude evitar caer de cara en el colch¨®n.
¡ªPuaj-
Frot¨¦ mi rostro contra la frazada y un ¡°Oh¡± se escap¨® por mi boca cuando mir¨¦ por la ventana.
No hab¨ªa dormido nada. De la ventana, lo ¨²nico que llegaba a ver era la oscuridad del cielo nocturno y una que otra estrella m¨¢s cercana al horizonte. La residencia Inovatio en Minashi ten¨ªa 3 pisos; mi habitaci¨®n se encontraba en el segundo y contaba con una de las ventanas enormes de la mansi¨®n.
Mi o¨ªdo capt¨® un sonido r¨ªtmico proveniente de la entrada.
¡ªAh.
Hab¨ªa golpes en la puerta.
Me levant¨¦ de la cama y camin¨¦ para abrirle a mi visitante misterioso.
Abr¨ª la puerta-
¡ªBuenas noches. Mi nombre es Nutiden; estar¨¦ a su servicio.
¡
Pas¨¦ mi mano derecha por mis ojos, frot¨¢ndolos, intentando limpiarlos una y otra vez.
¡
¡ªBuenas noches ¡ªse repiti¨®.
¡
Cerr¨¦ los ojos, y luego los abr¨ª.
¡ª?Se?or? ¡ªLa joven inclin¨® la cabeza, haciendo que los mechones de su cabello blanco se cayeran hacia un costado.
¡
Balance, no estoy muerto, ?no?
¡ªPor el momento, no. Es solo una humana, ?qu¨¦ te sucede?
Balance, ?existen los ¨¢ngeles?
Balance me envi¨® un suspiro decepcionado.
Era hermosa. Creo que no era necesario a?adir un descriptivo m¨¢s. Era la definici¨®n de ¡°hermosa¡±. Estaba vestida con el atuendo blanco y negro de sirvienta. Su cabello era blanco, blanco puro. No era blanco de vejez, no era un cabello desgastado, era brillante e intenso. El cabello lo ten¨ªa atado en una coleta hacia el costado. Su piel era incluso m¨¢s blanca que la de Mira. Sus ojos eran grandes y celestes.
¡ªp-p-p s-a- ¡ªdije.
¡ª?Se?or?
Sab¨ªa que solo iba a lograr expulsar otra incoherencia de mi boca, as¨ª que me forc¨¦ a mantener silencio. Asent¨ª y le hice una se?a para que siguiera con lo que ten¨ªa que decir.
¡ªBuenas noches. Perd¨®n por molestarlo, pero estar¨¦ a su servicio. Si desea algo, no tiene m¨¢s que pedirlo. Ma?ana visitaremos el Instituto de la ciudad ¡ªrepiti¨® la reverencia que hizo al inicio de la conversaci¨®n.
La mujer, adem¨¢s de la definici¨®n de ¡°hermosa¡±, era la definici¨®n de ¡°prolija¡±. No hab¨ªa un pelo fuera de lugar, una secci¨®n de su vestido doblada, nada; todo estaba en su lugar. Incluso su postura era perfecta.
Utilic¨¦ un truco viejo, levant¨¦ la mano como uno hace cuando le pide el paso a un auto, y asent¨ª con la cabeza.
¡ªBueno. Le permitir¨¦ descansar. Si me disculpa ¡ªhizo una ¨²ltima reverencia y se retir¨®.
La vi marcharse y, cuando finalmente desapareci¨® al final del pasillo, aspir¨¦ por primera vez desde que abr¨ª la puerta. Frot¨¦ mis manos para secarme el sudor que se hab¨ªa acumulado y cerr¨¦ la madera de entrada.
Me acost¨¦ espalda abajo y observ¨¦ el techo una cantidad indefinida de tiempo hasta quedarme dormido.
5
Yoi me vino a buscar al cuarto esa ma?ana; segu¨ªa preocupada por m¨ª, pero su expresi¨®n cargaba cierto tinte de amargura. Supongo que no le agradaba del todo la idea de que no est¨¦ m¨¢s a su cuidado. O quiz¨¢ suced¨ªa algo completamente distinto; no conoc¨ªa tanto a la mujer.
Me hab¨ªa preparado para desayunar solo, pero Nutiden estaba esperando al lado de mi silla, tan perfecta como hab¨ªa estado ayer y tan perfecta como seguramente iba a estar ma?ana. Me hizo una reverencia que le devolv¨ª y luego me sent¨¦ como ¨²nico usuario de la amplia mesa del comedor.
Entonces entr¨® Mira, portando un aura electrizante. Hab¨ªa recuperado toda la energ¨ªa que hab¨ªa perdido el d¨ªa de ayer y estaba lista para operar al 120% de eficiencia en el que sol¨ªa.
¡ª?C¨®mo est¨¢s? ?Te encuentras bien? ¡ªpregunt¨® sin mucha sinceridad. Despu¨¦s de todo, ya conoc¨ªa la respuesta.
A pesar del ¨ªmpetu en su voz, parec¨ªa estar pensando en otra cosa, algo que era bastante usual.
Se sent¨® en la punta de la mesa y comenz¨® a comer de las bandejas de pan que estaban repartidas equitativamente.
¡ªHeiko, Nuti ¡ªMira nos present¨®¡ª. Nuti, Heiko.
La sirviente me regal¨® otra reverencia que yo le devolv¨ª demasiado tarde.
¡ªNuti estar¨¢ a tu disposici¨®n por el tiempo previsto. No temas en solicitarle o inquirirle lo que quieras.
¡ªMir-
¡ªMe tom¨¦ la libertad de desayunar aqu¨ª para explicarte un par de cosas¡ porque no recuerdo exactamente cu¨¢nto te expliqu¨¦ ayer¡ ¡ªMir¨® al suelo y luego recuper¨® el tono de su voz¡ª. Supongo que por lo menos te expliqu¨¦ que tendr¨¢s que visitar el instituto de la ciudad.
¡ªS¨ª.
En realidad, lo hab¨ªa mencionado Nutiden, pero una peque?a mentirita blanca no le hac¨ªa da?o a nadie.
¡ª?Excelente! ¡ªMira aplaudi¨®¡ª Entonces est¨¢s enterado de casi todo. Quer¨ªa encomendarte otra tarea, para aprovechar tu visita al instituto.
No sab¨ªa exactamente c¨®mo reaccionar. As¨ª que mir¨¦ de reojo a Nutiden y a Yoi. Oh, Yoi parec¨ªa algo enojada. Nutiden era imposible de leer; ser¨ªa la mejor jugadora de p¨®ker del mundo.
¡ªComo te he explicado, el principal sujeto de estudio del instituto es la Influencia ¡ªno lo hab¨ªa explicado¡ª. ?Hablamos sobre tu pelo?
¡ªSolo dijiste que era raro y que hab¨ªa leyendas, nada m¨¢s.
¡ªOh. Qu¨¦ extra?o ¡ªmir¨® al techo como para recordar algo¡ª. Bueno, voy a aprovechar este tiempo para hablarte un poco de la reputaci¨®n que tiene el pelo negro. ?Por d¨®nde comienzo¡? Mmm¡ Empecemos por lo factible: Hace unos cuantos a?os, hubo un rey que transform¨® completamente al reino. Ese rey ten¨ªa el pelo negro, como t¨².
¡ª?Te refieres a Kiokai?
¡ªClaro. Como dec¨ªa, el rey proven¨ªa del campesinado, una clase social inferior, cuando todav¨ªa exist¨ªan ese tipo de cosas. Ese rey era un genio y, aunque eso no tenga nada que ver con el color de su cabello, algunas historias quedaron inexorablemente aglutinadas a ese dato; por lo que la reputaci¨®n general es¡ Mixta, compleja.
¡ª?Hay algo concreto?
¡ªNo. Se lo toma al pelo negro como un buen augurio o uno malo ¡ªMira inclin¨® la cabeza, d¨¢ndose cuenta de la paradoja escondida en sus palabras¡ª. En ese sentido, s¨ª, hay algo concreto: habr¨¢ una predisposici¨®n positiva o negativa hacia ti, no un punto medio.
¡ª?No hay nada sobre¡ Influencia¡? Que es lo ¨²nico que realmente tiene una relaci¨®n.
¡ª?S¨ª! ¡ªrespondi¨® Mira, emocionada¡ª. El rey no pod¨ªa utilizar Influencia, ni un poco de ella. Por lo que la idea general es que las personas con ese color de pelo no tienen aptitud, o fueron maldecidas.
¡ªAh¡
Aunque supuestamente ten¨ªa un gran potencial, ?no? Tal vez, el que no sea de este mundo me permit¨ªa escapar de la regla.
¡ªPero hay otra leyenda ¡ªdijo Mira, luego de tragar un trozo de pan¡ª. Una leyenda que precede incluso al rey campesino, una leyenda que el mismo rey utiliz¨® a su favor. La leyenda antigua dice, en conjunci¨®n con un lenguaje muy florido, que aquellos con el cabello de oscuridad tienen el mayor potencial m¨¢gico de todos. Fuerzas imparables, capaces de utilizar cualquier tipo de hechizo ¡ªMira se achic¨® de hombros¡ª. Pero esa historia se desmitific¨® en el momento en que el rey campesino naci¨®, supongo.
¡ª?No me tendr¨¢ miedo la gente, entonces?
En Choura me temieron. Si la gente cre¨ªa todo este tipo de historias¡
¡ªNo es como que todo el mundo tiene conocimiento sobre relatos tan viejos. Es decir, con suerte sabr¨¢n del rey campesino. Imag¨ªnate que en Choura pensaban que eras un extranjero. El problema es que en el instituto s¨ª habr¨¢ m¨¢s gente que sepa de esto, por lo que te dejo con la advertencia. Ah, y quiero ver cu¨¢l leyenda es cierta, as¨ª que har¨¢s un examen de aptitud. Son cortos; ¨¦l lo puede realizar.
¡ª?¨¦l?
Mira parec¨ªa un poco fastidiada, no conmigo, pero ciertamente fastidiada.
¡ªS¨ª¡ ¨¦l ¡ªsacudi¨® la mano un par de veces¡ª. Tu doctor.
¡ªAh.
La misi¨®n que Balance me hab¨ªa encomendado era justamente aprender sobre la Influencia, la que ser¨¢ mi principal arma en este nuevo mundo. Oye, Balance, ?hay algo de cierto en esas leyendas?
¡ªNop. Es decir, el rey existi¨®. Pero el color del cabello negro es solo un gen recesivo; no hay nada en especial con la gente que tiene ese color de pelo. El control que puede o no tener una persona sobre su Influencia no estar¨¢ determinado por eso.
¡ªYa veo.
¡ª?Qu¨¦ ves, Heiko?
Mierda, habl¨¦ en voz alta.
Le hice la se?a del rey Baldwin a Mira y nuestro desayuno prosigui¨® sin inconvenientes.
CapÃtulo 24 - La Ciudad Portuaria De Minashi - Parte 2
6
La brisa marina ten¨ªa su propio aroma y sabor, y el aire que transportaba era tan fresco como lo era el de los asentamientos remotos que visit¨¦. La planificaci¨®n y la arquitectura del lugar parec¨ªan complementarse para crear canales perfectos de aire que permeaban cada rinc¨®n del lugar. Lo que dijo Sen era obviamente incorrecto, ?c¨®mo no pod¨ªa serlo? La ciudad era masiva e incluso moderadamente empinada; el sistema respiratorio de la ciudad se aseguraba de bombear ox¨ªgeno puro en un rango mucho mayor que cualquier fetidez que pod¨ªa esparcirse del puerto.
La ciudad no ol¨ªa a pescado. Quiz¨¢, bajo alguna anomal¨ªa clim¨¢tica, un poco de olor se pod¨ªa filtrar, pero me costaba imaginar que eso durar¨ªa mucho tiempo.
Por otro lado, lo que dec¨ªa Mira, y el resto del mundo, s¨ª era cierto. La gente con pelo moreno parec¨ªa no existir en este mundo. Minashi no era como Choura, ni como los asentamientos peque?os en los que nos hospedamos. Minashi era una gran ciudad portuaria; un sinf¨ªn de personas atravesaban sus calles y veredas y, aun as¨ª, nadie compart¨ªa esa caracter¨ªstica f¨ªsica tan com¨²n conmigo. Todav¨ªa se me hac¨ªa dif¨ªcil creer que en ninguna parte del mundo este ser¨ªa el caso, pero, de a poco, la idea me sonaba menos descabellada.
La ciudad, a pesar de lo populoso, era en extremo sencilla de navegar. Mira ten¨ªa raz¨®n en cumplimentar la planificaci¨®n; cada calle, cada v¨ªa, cada estructura marchaba a su propio ritmo. Sent¨ªa que, incluso si simplemente continuaba deambulando por la zona sin ning¨²n plan ni meditaci¨®n, lograr¨ªa llegar a mi destino.
Sin embargo, eso no fue necesario; Nutiden me guio hasta el instituto, siempre a mis espaldas, y en muy poco tiempo arribamos. Fuimos recibidos por una gran porci¨®n del alumnado ingresando y abandonando el lugar, un gran arco de entrada y los sonidos concentrados del murmullo propio de una zona concurrida.
El instituto era un campus extenso, con una gran cantidad de terreno descampado y algunos edificios. No ten¨ªa mucha idea de a d¨®nde ir, por lo que planeaba pedir la atenci¨®n de Nutiden para inquirir sobre indicaciones m¨¢s profundas; pero eso no termin¨® siendo necesario.
Por curiosidad, me acerqu¨¦ a un c¨ªrculo de personas que se hab¨ªa formado. Todos vest¨ªan un traje talar acad¨¦mico. Me preguntaba qu¨¦ pod¨ªa ser lo que hab¨ªa llamado la atenci¨®n de tantos estudiantes. Me imaginaba un orador de poes¨ªas ¨¦picas, o quiz¨¢ un m¨²sico habilidoso.
Pero no.
Era una imagen extremadamente evocadora. Un hombre rubio de cabello largo, atado a un poste y siendo apedreado por una multitud. Tan evocativa era la imagen, que tem¨ªa que podr¨ªa llegar a ser incluso ligeramente ofensiva.
¡ªNutiden, ?es esto un castigo para ladrones? ¡ªno me qued¨® m¨¢s opci¨®n que preguntar sobre la situaci¨®n.
¡ªNo ¡ªcontest¨® de manera sucinta. Extra?o de ella en esta circunstancia; hasta ahora siempre hab¨ªa a?adido un t¨¦rmino de respeto.
¡ª?Todo lo que hice¡! ?Fue por ustedes¡! ¡ªexclam¨® el hombre en el poste.
¡ª?Eso ni siquiera tiene sentido! ?Devu¨¦lvenos el dinero! ¡ªreclam¨® la multitud.
El hombre mir¨® al cielo con una expresi¨®n adolorida, melanc¨®lica, en su rostro.
¡ªPerd¨®nalos, porque no saben lo que est¨¢n haciendo.
Planeaba interponerme valientemente entre la multitud y el m¨¢rtir, pero me detuvieron las palabras de uno de los representantes del gent¨ªo.
¡ª?S¨ª sabemos lo que hacemos! ?Te avisamos que esto suceder¨ªa si volv¨ªas a hacerlo!
¡ªNutiden, ?qu¨¦ hizo el hombre?
¡ªLo m¨¢s probable es que¡
No lleg¨® a concluir su explicaci¨®n porque-
¡ª???PARTUM!!!
Una voz silenci¨® a toda la multitud en un instante. El culpable del grito lleg¨® caminando, d¨¢ndole peso a cada una de sus pisadas. Me record¨® a un dibujo animado, quiz¨¢ porque el hombre era extremadamente caricaturesco. Era un se?or petiso, muy peque?o, con una barba y cejas extremadamente frondosas y ya deste?idas por la vejez.
El rubio en el palo se asust¨® y pareci¨® inquietarse por primera vez con la llegada del hombre.
¡ª?Benigno¡! ?N-no, espera, t-te lo puedo explicar, no- no te precipites!
Al se?or le importaron poco las palabras del rubio. Sin medir un gesto m¨¢s, le propici¨® un brutal gancho horizontal en la ingle.
El dolor fue compartido por todos los hombres en el lugar. Un golpe tan claro y limpio, tan preciso y despiadado, en esa zona particular¡ No sab¨ªa qu¨¦ crimen hab¨ªa cometido el muchacho, pero me costaba creer que mereciera semejante castigo.
El joven cay¨® de rodillas y la cuerda se precipit¨® al suelo, demostrando que nunca hab¨ªa estado bien sujeta. El rubio portaba cierta gracia en cada movimiento, en cada reacci¨®n; uno pod¨ªa entender perfectamente d¨®nde iniciaba el impulso nervioso del receptor de dolor y d¨®nde terminaba. Hab¨ªa dolor, tristeza y, al final, tragedia.
¡ª?Te he dicho cientos de veces que no abusaras de tu posici¨®n en el instituto! ??Qui¨¦n crees que es responsable del papeleo, luego!? ??Y de tallar la piedra!?
¡ª¡ªPerd¨®n¡ ¡ªPor primera vez, y a pesar de que apenas pudo producir las palabras, el joven rubio se disculp¨®. Una disculpa sincera, producida con el poco ox¨ªgeno que a¨²n permanec¨ªa en sus pulmones.
¡ª?Si verdaderamente lo sientes, entonces deber¨ªas empezar por devolverles el dinero a todos los estudiantes! ?Puedes pensar en disculparte despu¨¦s de eso!
El hombre arrepentido se arrastr¨® por el suelo, l¨¢grimas, moco y hasta un ojo morado en su rostro. Quer¨ªa acercarse a la muchedumbre, al grupo que lo castig¨®.
¡ª?Perd¨®nenme¡! ?Perd¨®n a todos¡! ¡ªla gente pareci¨® reaccionar con pena al triste espect¨¢culo¡ª ?Yo solo quer¨ªa que todos fu¨¦ramos felices!
Esa parte no cal¨® en el p¨²blico.
¡°?Partum idiota!¡± ¡°?Te aprovechas de nosotros!¡± ¡°?Nadie te cree!¡± Ese tipo de cosas grit¨® la colectividad indignada; pero entonces, una voz call¨® todo el alboroto, proponiendo una intrigante idea:
¡ª?Vayamos a recuperar todo nuestro dinero de la habitaci¨®n de Partum!
Ese tipo present¨® una idea intr¨¦pida para solucionar la situaci¨®n y la present¨® en el momento que la gente lo quer¨ªa, de la forma que la gente lo quer¨ªa. En pocas palabras: se gan¨® a la multitud y se convirti¨® en l¨ªder de facto. Todos los abucheos se convirtieron en v¨ªtor-eos, y el gent¨ªo se movi¨® como manada, dirigi¨¦ndose, probablemente, a la susodicha ¡°habitaci¨®n de Partum¡±.
Los ¨²nicos que permanecimos ¨¦ramos el anciano, Nutiden y yo.
¡ªAl menos pretende que te importa la reputaci¨®n del instituto ¡ªdijo el anciano, antes de dejar caer un libro en la cabeza del joven y marcharse.
Entonces qued¨¢bamos Nutiden y yo.
El joven qued¨® tirado en el suelo, su vestimenta de acad¨¦mico estropeada, junto a su honor. Mir¨¦ a Nutiden un momento para ver si har¨ªa algo; su postura se sent¨ªa fr¨ªa, m¨¢s fr¨ªa de lo normal, incluso. Entonces decid¨ª acercarme yo.
¡ª¡ª¡ ?Te encuentras bien? ¡ªle pregunt¨¦.
¡ª?NO! ¡ªRespondi¨® al instante, empujando el aire a su alrededor de un manotazo¡ª. ?Solo quer¨ªa ayudar a la gente! ?Y ahora todo termin¨® as¨ª¡!
Me sent¨ªa ligeramente identificado. Sent¨ªa que, quiz¨¢, pod¨ªa formar una relaci¨®n de hermandad con ¨¦l: compartiendo nuestras penas, revelando nuestros errores. Portando esa endeble esperanza, me acerqu¨¦ de nuevo, esta vez con la intenci¨®n de ayudarlo a levantarse. Le ofrec¨ª la mano, pero el hombre, al encontrarse en posici¨®n fetal, no la percibi¨®. Termin¨¦ retirando la mano lentamente y mir¨¦ a Nutiden con un poco de p¨¢nico aparente. Creo que la sirvienta lo not¨®, porque mir¨® hacia abajo un segundo y habl¨®.
¡ªSe?or Partum.
¡ª???Nutiii¡!!! ¡ªsolloz¨®.
El joven se desplaz¨® velozmente por el suelo hasta la sirviente, pas¨¢ndome por al lado.
¡ª?Solo quer¨ªa¡ ayudar¡! ?Quer¨ªa que todos consiguieran dinero¡!
A Nutiden no le perturb¨® el lamento. Y con esa imperturbabilidad produjo, de la nada misma, otro traje talar.
¡ª???Grashiash, Nuti!!! ¡ªexclam¨®, su ojo morado acentuando los mocos que escapaban profusamente por su nariz.
Se sac¨® el traje destruido y lo cambi¨® por el que Nutiden le hab¨ªa ofrecido. Con eso, y un poco de tiempo, el hombre se recompuso.
¡ªGracias, Nuti ¡ªdijo el nuevo hombre¡ª. Pero, ?qu¨¦ haces aqu¨ª?
¡ªSe me ha encargado con la atenci¨®n de una persona.
¡ª?A ti sola? Nunca hab¨ªas tenido un trabajo as¨ª antes, ?no? ?Qui¨¦n es esta misteriosa persona? ?Un anciano diplom¨¢tico? ?No deber¨ªas estar con quien sea que sea?
Nutiden neg¨® con la cabeza y entonces apunt¨® sutilmente con ella en mi direcci¨®n. En respuesta, el joven gir¨® la cabeza con una sonrisa, gesto que acompa?¨® con un:
¡ª?De qui¨¦-?
Entonces, por primera vez, me vio. Y, por tres segundos completos, se qued¨® mir¨¢ndome con la misma sonrisa en el rostro.
¡ª¡ Hola ¡ªle dije con un saludo y una peque?a mueca.
¡ª???oooooooooOOOOOOOOOOOOOOHHHHHHH!!! ??Qu¨¦ es esto!? ?Qui¨¦n eres? ?De d¨®nde eres? ?C¨®mo eres?
Corri¨® hacia m¨ª y me toc¨® el pelo, el rostro, la piel y todo lo cercano a mi cabeza; analizando cada aspecto de m¨ª como si me tratara de un alien¨ªgena.
Espera¡ Teniendo en cuenta que no soy de este mundo¡ ?Soy un alien¨ªgena?
Incre¨ªblemente, el hombre logr¨® incomodarme a tal nivel que me refugi¨¦ a un lado de la sirvienta.
¡ªLa se?ora Mira me encarg¨® con su cuidado. ?Asumo que le inform¨® sobre su tratamiento?
¡ª?Tratamiento? S¨ª, hab¨ªa recibido una carta sobre algo as¨ª¡ ?Espera! ??Me est¨¢s diciendo que debo tratar a ese esp¨¦cimen!?
??¨¦l era mi doctor!? Instintivamente, me escond¨ª incluso m¨¢s detr¨¢s de Nutiden.
¡ªTambi¨¦n requiere que le realice un examen de aptitud ¡ªle inform¨® la sirvienta.
¡ª?Pero eso lo hago gratis! ?Para qu¨¦ se molest¨® con el pago? ?El chico tiene m¨¢s valor para el instituto que cualquier pago de tratamiento que pueda recibir! ?De d¨®nde lo sac¨®, siquiera?
¡ªNo se me inform¨® de sus circunstancias.
El hombre se acerc¨® de nuevo e insisti¨® con la inspecci¨®n.
¡ªOjos grises, piel clara, manos suaves y, por supuesto, pelo color carb¨®n. Mi hermanita siempre se las arregla para impresionarme.This content has been unlawfully taken from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere.
?Hermanita?
¡ªEm¡ ?C¨®mo ser¨¢ el tratamiento? ¡ªPregunt¨¦ con la esperanza de hacer la interacci¨®n menos inc¨®moda.
El hombre, en respuesta, tir¨® de mi brazo izquierdo, luego del derecho, luego se tom¨® la libertad de levantarme la camisa y masajear mi hombro. Finalmente, abri¨® mi ojo y se acerc¨® hasta estar a unos cent¨ªmetros de distancia.
¡ª?Est¨¢s completamente destruido! ?Se te cay¨® un caballo encima, o qu¨¦?
¡ªEm¡
¡ª?Quieres que te haga la evaluaci¨®n de Influencia? ¡ªpregunt¨® emocionado.
¡ª?No deber¨ªamos tratar mis heridas primero?
¡ªS¨ª, ?pero ser¨¢ r¨¢pido! Es un momentito nada m¨¢s. Adem¨¢s, la mayor¨ªa de tus heridas deben curarse por su cuenta. Mi hermana ya te hizo¡ eh¡ varias cosas.
?Varias cosas¡? Pero m¨¢s que eso¡
¡ª?Tu hermana¡? ?Mira es tu¡?
¡ªSip. Mi adorable hermanita menor. ?No somos iguales? ¡ªpregunt¨®, haciendo una pose de estatua griega.
?Eran completamente distintos! Ni sus ojos, ni el color del cabello, ni el de su piel, realmente, eran iguales.
El joven me agarr¨® repentinamente del brazo derecho.
¡ª?Ven conmigo!
Me llev¨® hasta una plaza en medio del instituto. Nutiden nos acompa?¨® detr¨¢s.
¡ªAll¨ª est¨¢n los campos de entrenamiento, all¨ª est¨¢n las habitaciones y el comedor, all¨ª est¨¢ el edificio principal y los laboratorios, y ese edificio, muy en el fondo, es la biblioteca, ?ve cuando quieras! No, mentira, est¨¢ reservada para los estudiantes del instituto, no te dejar¨¢n pasar.
Al finalizar lo que probablemente fue el tour m¨¢s vago de la historia, el supuesto hermano de Mira comenz¨® la marcha, conmigo a remolque, hacia donde mencion¨® que estaban ¡°las habitaciones y el comedor¡±. Entramos al edificio, atravesamos un sal¨®n amplio, probablemente el comedor, y subimos por unas r¨ªgidas escaleras no muy anchas que estaban escondidas en una esquina del edificio. Recorrimos un extenso pasillo hasta llegar al final y nos detuvimos en la ¨²ltima entrada.
¡ªY esta¡ ?Es mi habitaci¨®n!
No hab¨ªa puerta.
El hombre realiz¨® la moci¨®n de retirar la llave de su vestimenta, pero, cuando not¨® la ausencia de la puerta, la volvi¨® a guardar en el bolsillo de donde la produjo.
Primero entr¨® el rubio a la habitaci¨®n, y luego, con cautela, Nutiden y yo. R¨¢pidamente, pudimos averiguar el estado del lugar. La habitaci¨®n hab¨ªa sido completamente arrasada; no quedaba casi nada en ella: ni una mesa, ni un mueble, ni una silla, ni siquiera la ventana; no puedo aproximarme a entender c¨®mo hicieron para llev¨¢rsela.
¡ªN-No¡
El hermano de Mira se tir¨® al suelo de rodillas.
¡ª??P-Por qu¨¦!? ¡ªsolloz¨®.
Apoy¨¦ una mano en su hombro para compartir un poco de empat¨ªa por su p¨¦rdida.
El hombre se arrastr¨® hasta el centro de la habitaci¨®n, donde uno de los pocos objetos que sobrevivieron al desvalijamiento yac¨ªa: una especie de esfera met¨¢lica, similar a un globo terr¨¢queo.
¡ª?Despu¨¦s de que haya puesto todo mi coraz¨®n en su fabricaci¨®n! ??Nadie lo consider¨® de suficiente valor para robarlo!?
¡
Deambul¨¦ por la habitaci¨®n vac¨ªa, pasando por encima de una silueta de pelusas en donde claramente hab¨ªa reposado una cama. Entonces, hice un descubrimiento.
¡ªOh. Mira ¡ªle indiqu¨¦¡ª, no se llevaron todo, dejaron unos libros tambi¨¦n.
El chico levant¨® la cabeza con un ¡°?Hm?¡± Y, cuando vio los libros, se desmoron¨® hacia un costado.
¡ª?Mis libros tampoco¡!
¡ªAh.
Agarr¨¦ uno de los manuscritos y lo inspeccion¨¦. ¡°Herramientas y Manipulaci¨®n M¨¢gica, Partum Inovatio¡±. ?Hm? ?Inovatio? ?Entonces realmente era hermano de Mira? ?No un admirador demente, o algo as¨ª?
¡ªOye¡ Eh¡ Partum, si no te sientes bien, mejor vuelvo luego¡
El joven reaccion¨® a mis palabras en un instante, rebotando hacia arriba desde el suelo y recomponiendo su postura como si nada hubiera ocurrido.
¡ª?Quieres hacer el examen de Influencia, entonces?
Qu¨¦ tipo raro, realmente no lo pod¨ªa entender. Sin embargo, la misi¨®n que me hab¨ªa asignado Balance era, en efecto, aprender Influencia; as¨ª que este tipo de desarrollo funcionaba para m¨ª. Asent¨ª con la cabeza.
¡ªGenial, hag¨¢moslo ahora.
¡ª?Hm? ?Ahora?
¡ªS¨ª, ahora.
¡ª?No necesitaremos un papel especial, o un vaso con una hoja, o algo as¨ª?
¡ª?Qu¨¦? Solo necesito tomar tu brazo. Durar¨¢ unos segundos.
Vaya. Qu¨¦ simple.
¡ªLa Influencia es una fuerza f¨ªsica. Si sabes manipularla, solo basta con tocarla para sentirla.
El hombre, sin m¨¢s, tom¨® mi brazo derecho, presionando su dedo medio y pulgar sobre mi mu?eca. Permanecimos unos segundos en esa posici¨®n, hasta que-
¡ªOh. ?Oh! ???OHHH!!!
¡ª??Q-qu¨¦!?
Balance hab¨ªa mencionado que tengo un enorme potencial m¨¢gico. Mi afinidad tambi¨¦n deber¨ªa ser caos, seg¨²n lo azul de mi pendiente. Aunque no sab¨ªa si eso tambi¨¦n pod¨ªa ser medido¡ eh¡ tocando mi brazo¡
¡ªNo tienes nada ¡ªreport¨®.
¡ª?C¨®mo?
¡ªNo tienes nada. Cero. No hay. Es, honestamente, fascinante; nunca hab¨ªa visto algo as¨ª. Todo el mundo tiene por lo menos un poquito de Influencia fluyendo en su interior, pero t¨² no tienes nada. Si una iglesia supiera de tu existencia, probablemente ser¨ªas declarado una aberraci¨®n. Afortunadamente, mi instituto no es una iglesia. ?Te sientes bien, por lo menos? No sab¨ªa que un humano pod¨ªa sobrevivir sin Influencia.
Ten¨ªa que ser alg¨²n tipo de equivocaci¨®n. Balance no me podr¨ªa haber mentido de semejante forma, ?no? Era imposible que Balance fuera un monstruo tan vil, envi¨¢ndome a la muerte sin ninguna posibilidad de defenderme, ?no?
¡ªNo es mi culpa que ese buf¨®n no sea capaz de detectar la naturaleza de tu Influencia con sus m¨¦todos arcaicos. Y deja de ser tan liberal con tus insultos. Todo este tiempo te estuve ayudando, ?o no? ¡ªfue la respuesta de Balance.
¡ªAh ¡ªotra vez hab¨ªa olvidado lo caracter¨ªstico de mi Influencia. Supongo que ten¨ªa un efecto incluso en esto.
¡ª?C¨®mo que ¡°Ah¡±? ¡ªpregunt¨® Partum¡ª ?Esto es absolutamente incre¨ªble! ?No hay nada de esto en los registros! Es cierto que se dec¨ªa que el rey campesino era incapaz de utilizar Influencia, ?quiz¨¢s el pelo negro sea un s¨ªntoma?
El joven pareci¨® retraerse en sus pensamientos, algo que encontr¨¦ tranquilizador, ya que su personalidad era extremadamente abrasiva.
Sin embargo, el dilema sobre qu¨¦ deber¨ªa estar haciendo se hab¨ªa intensificado. Hab¨ªa esperado que me hicieran el examen de Influencia y me dijeran: ¡°?OMG! ?Tu potencial es incre¨ªble, eres un hechicero clase S!¡± Habilit¨¢ndome clases gratuitas de magia para poder aprender. Dado que ese caso parec¨ªa no ser posible, solo me quedaba intentar resolver la situaci¨®n por mi cuenta de alguna forma.
Suspir¨¦ mi angustia hacia afuera. Era un clich¨¦, pero, ?qui¨¦n me podr¨ªa culpar por haber esperado que fuera el caso? ?Qui¨¦n no so?¨® con ese tipo de escenario?
¡ª?Le sucede algo, se?or? ¡ªpregunt¨® Nutiden, notando mi melancol¨ªa.
¡ªNo, nada, Nutiden.
¡ª¡±Heiko¡± ¡ªson¨® esa voz molesta en mi cabeza¡ª. Voy a tomar prestado ese nombre ¡ªdijo en un tono de burla¡ª. Escucha, tienes que aprender Influencia. Para eso, tendr¨¢s que formar relaciones con las personas que tienes a tu lado. La Influencia est¨¢ inexorablemente unida a la consciencia y la consciencia est¨¢ inexorablemente unida a tus sentimientos. La Influencia no es una ciencia; la ciencia es humana y la Influencia no. Tus conocimientos y tu intuici¨®n son ¨²tiles para canalizar la Influencia; es parte de por qu¨¦ tu potencial es tan grande, pero no lo son todo.
Balance, ?acaso es imposible que seas concreto con una sola cosa en tu vida? ?Puedes decirme c¨®mo rayos aprendo a utilizar Influencia y listo?
¡ªTe estoy intentando ayudar, esc¨²chame. No puedes ignorar tu pasado, tampoco puedes estancarte en ¨¦l. Forma relaciones con las personas a tu alrededor; el resto saldr¨¢ por su cuenta.
No dices nada. Dime qu¨¦ tengo que hacer. Si tengo que recitar un encantamiento o si tengo que leer un libro m¨¢gico. Dime, exactamente, qu¨¦ mierda debo hacer.
Chasque¨¦ la lengua.
¡ªT¨²¡ Eh¡ Partum.
¡ª?S¨ª? ¡ªEl joven escap¨® de su reflexi¨®n para responderme.
¡ª?C¨®mo se hace un hechizo de Influencia? El m¨¢s simple de todos.
¡ª?Eh¡? Emm¡ Bueno¡ Hay varios tipos de hechizos¡ Y depende realmente de tu afinidad¡ Como no tienes nada de Influencia, esto es imposible para ti. Pero la explicaci¨®n b¨¢sica para un hechizo inicial es as¨ª: Primero debes crear una imagen v¨ªvida de lo que deseas controlar; si tu afinidad es orden, deber¨ªas pensar en fuego y, si tu afinidad es caos, deber¨ªas pensar en agua. Mientras m¨¢s v¨ªvida y racional sea tu imagen, mayor control. Luego, debes acumular toda la Influencia que est¨¢ recorriendo tus canales en un punto; el punto m¨¢s f¨¢cil de acceder suele ser el de los dedos. Y finalmente tienes que expulsar toda esa energ¨ªa hacia afuera.
¡ª?Pero c¨®mo ¡°acumulas¡± la Influencia? ?C¨®mo la mueves?
¡ªBueno¡ Eh¡ Esa suele ser la parte complicada para los principiantes. Usualmente, un maestro te har¨ªa pasar un poco de Influencia a trav¨¦s de tu cuerpo para que puedas entender en qu¨¦ te deber¨ªas concentrar. De hecho, eso es lo que hice a trav¨¦s de tu brazo, ?sentiste algo?
¡ª?Eh? No, no sent¨ª nada.
¡ªClaro, porque no tienes Influencia. Tus canales est¨¢n completamente vac¨ªos, por lo que no hay nada que mover. Igual, no te preocupes. Usualmente, se le ense?a a la gente con aptitud desde ni?os para lograr convertirlos en hechiceros eficientes. A la edad que tienes, como mucho, podr¨ªas aprender un poco de Influencia ¨²til, no m¨¢s que eso.
Esto era como el contrario del clich¨¦ del potencial incre¨ªble. ?C¨®mo que ya era demasiado viejo para aprender? ?Se supone que debo creer ciegamente en las palabras de Balance, intentando mover algo invisible con la mano como un idiota? ?Y c¨®mo se supone que lo haga, si ni siquiera sent¨ª la Influencia de Partum recorriendo mi brazo?
¡ª?Acaso no te han ense?ado lo b¨¢sico? ¡ªPartum sonaba genuinamente confundido¡ª. ?No perteneces a una familia noble? ?C¨®mo conociste a mi hermana?
¡ªEm¡ La conoc¨ª en Choura.
¡ª?Oh! ?Eres un viajero? ?Un mercenario? ?Provienes del sur o del norte? ?C¨®mo te lastimaste tanto?
Retroced¨ª un poco por el volumen de sus preguntas y mir¨¦ de reojo a Nutiden, buscando algo de salvaci¨®n. Se hab¨ªa comenzado a convertir en costumbre depender de la sirviente cuando ten¨ªa que lidiar con este sujeto.
Nutiden, afortunadamente, decidi¨® salvarme.
¡ªSe?or Partum, si no es posible iniciar el tratamiento hoy, entonces volveremos ma?ana.
Comenc¨¦ a marcharme, siguiendo las indicaciones indirectas de Nutiden.
¡ªQu¨¦- Qu¨¦ est¨¢ pasando- Qu¨¦-
Entonces sent¨ª una fuerza tirando de mi tobillo.
¡ª?Espera! ?No te vayas! ?No hace falta que respondas las preguntas! ?Solo quiero pasar un ratito contigo!
Mmm¡
¡ªEst¨¢ bien¡ ¡ªconced¨ª.
¡ª?Genial! ¡ªel hombre se levant¨® y corri¨® hacia la entrada¡ª. ?Espera aqu¨ª! ?Te har¨¦ un certificado de invitado a la instituci¨®n a velocidad ultrapremium-deluxe!
¡ªEst¨¢ bien¡ creo.
Partum sali¨® corriendo, el sonido de sus pasos alej¨¢ndose a un ritmo constante; pero entonces se detuvo, y volvi¨® corriendo hasta llegar a la entrada de la habitaci¨®n.
¡ªDisculpa, ?cu¨¢l era tu nombre? ¡ªpregunt¨® avergonzado, por una vez.
Siento que deber¨ªamos haber comenzado por ah¨ª.
¡ªHeiko. No tengo apellido ¡ªrespond¨ª.
¡ªOhhh¡ Ya veo¡ ¡°Heiko¡±¡ Hm.
Entonces se fue. Dej¨¢ndome solo y en silencio con Nutiden.
Mir¨¦ a Nutiden, ella me devolvi¨® una mirada tan encantadora como inexpresiva.
Apoy¨¦ mi mano derecha contra mi ment¨®n. ?Cu¨¢ndo hab¨ªa sido la ¨²ltima vez que estuve solo con una chica linda? Espera, acababa de hacer un viaje de diez d¨ªas con Mira, e incluso antes de eso hab¨ªa estado a solas con ella en varias ocasiones. Pero Mira era Mira. Ella me manejaba a m¨ª. Las conversaciones con ella eran m¨¢s un reporte unidireccional, una comunicaci¨®n en protocolo UDP, digamos. A esta chica no la conoc¨ªa, no ten¨ªa idea de qu¨¦ decir, ni qu¨¦ frente poner. Y adem¨¢s¡ ?Por qu¨¦ era tan linda? Era innecesariamente linda, un ¨¢ngel en la tierra. ?C¨®mo no era el centro de atenci¨®n en todos los lugares en que estaba? Bueno, ya me hab¨ªa acostumbrado a ignorarlo, pero mucha gente nos hab¨ªa observado fijamente mientras camin¨¢bamos hacia aqu¨ª. Supongo que ¨¦ramos una pareja muy extravagante. No. Mala elecci¨®n de palabras. No hab¨ªa intercambiado m¨¢s de 30 palabras con esta mujer. Era tanto su ¡°pareja¡± como una streamer lo es con sus seguidores m¨¢s acaudalados. No, incluso menos que eso¡ ?Por qu¨¦ estoy pensando tantas idioteces? Hm. Estoy nervioso.
¡ªEjem.
??Por qu¨¦ aclar¨¦ mi garganta!? ?Me picaba y fue un movimiento inconsciente? ?O solo me incomodaba el silencio? ?Ya no lo pod¨ªa recordar! ?Ahora parece que quiero decir algo! Decir algo¡ Tengo que decir algo¡ Cualquier cosa¡ A ver¡
¡ªNutiden.
¡ª?S¨ª, se?or?
¡ª?Conoces a Mira?
Qu¨¦ pregunta idiota¡ Era obviamente el caso¡ Desayunamos juntos, maldita sea. ?Acaso no tengo nada de qu¨¦ hablar en este mundo adem¨¢s de Mira?
¡ªPor supuesto, se?or, trabajo para ella.
¡ªClaro. Ja, ja¡
Mierda, qu¨¦ inc¨®modo¡ A ver¡ Tranquilidad¡ ?Ya s¨¦! ?El pendiente! Veamos qu¨¦ tiene para decir¡
Descubr¨ª el collar de mi camisa y abr¨ª la cobertura.
Verde claro. ?Qu¨¦ es verde claro?
¡ªVerg¨¹enza ¡ªrespondi¨® Balance.
Ten¨ªa sentido. A ver, para conversar con una persona, primero tienes que interesarte en ella. Pensemos en ella¡ En su¡ perfecci¨®n total¡
Balance, ?est¨¢s seguro de que no es un ¨¢ngel o algo as¨ª?
¡ªTch. Solo act¨²a como siempre, humano.
Bueno.
La orden violenta de Balance reorganiz¨® forzosamente mis pensamientos.
¡ªNutiden.
¡ª?S¨ª, se?or?
¡ªNutiden, tu nombre; no eres de aqu¨ª, ?verdad?
¡ªNo, se?or. Mi tierra natal se encuentra en el norte.
Ahhh¡ Ten¨ªa sentido¡
¡ªYa veo. Nutiden, ?cu¨¢nto te cont¨® Mira acerca de m¨ª?
¡ªSolo que estaba herido y enfermo, y que no conoc¨ªa el lugar.
¡ªEntiendo.
Algo me hab¨ªa llamado la atenci¨®n desde hace un tiempo.
¡ªNutiden, trabajas de sirvienta, ?no es cierto?
¡ªS¨ª. Sirvo a la familia Inovatio.
Y, sin embargo, parec¨ªamos de la misma edad.
¡ªY¡ ?Hace cu¨¢nto que trabajas de esto? ¡ªpregunt¨¦, esperando que no sea algo demasiado personal.
¡ªDesde los seis a?os, se?or.
Seis-¡ ?Seis a?os? ?Desde los seis a?os ten¨ªa este trabajo? Parec¨ªa de mi edad. Y, a pesar de esa corta edad, m¨¢s de la mitad de su vida la vivi¨® de esta manera. La mir¨¦ a los ojos; ella nunca hab¨ªa despegado su mirada de m¨ª. En ning¨²n momento se perturb¨®, en ning¨²n momento pareci¨® haberse incomodado. Esto era solo un d¨ªa m¨¢s de su vida para ella. Ah¡ Qu¨¦ idioteces estuve pensando todo este tiempo.
No s¨¦ si en alg¨²n momento entender¨¦ la cultura de este mundo, pero, por el momento, deber¨ªa actuar con la mayor cautela posible, especialmente con las personas que estaban trabajando para m¨ª. Si segu¨ªa siendo un peso para las personas cerca de m¨ª, jam¨¢s me lo perdonar¨ªa. Ya suficientes problemas le estaba causando a Mira. No quer¨ªa que en este mundo se repitiera la misma historia.
¡ªNutiden.
¡ª?S¨ª, se?or?
¡ªGracias por cuidar de m¨ª.
La sirvienta inclin¨® la cabeza, extra?ada.
¡ªEs mi trabajo, se?or.
¡ªAun as¨ª, gracias.
¡ªNo es nada, se?or.
No hab¨ªa un lugar en donde sentarse, por lo que esper¨¦ el regreso de Partum apoyando el hombro en la pared.