《El núcleo de la selva. [Spanish / Español]》 Caído del cielo. El proyectil cay¨® en medio de la selva como un meteoro, alterando a toda la fauna. Las aves, las panteras, y los reptiles, todos se estremecieron como si su entorno hubiera cambiado para siempre. As¨ª era. La roca cay¨® en lo m¨¢s profundo del bosque, donde ning¨²n hombre hab¨ªa puesto nunca un pie. El golpe fue tan brusco que los ¨¢rboles y helechos a su alrededor quedaron pulverizados, quemados con el fuego que el impacto provoc¨®, aunque pronto las llamas se extinguieron con un aguacero que estremeci¨® a¨²n m¨¢s a las bestias. El proyectil que hab¨ªa ca¨ªdo del cielo, arrojado por la diosa serpiente Tlaloc, despert¨® su conciencia. ??Qu¨¦ soy?? Fue su primer pensamiento. Era una buena pregunta. No se pod¨ªa mover, estaba atrapado en su propio cuerpo. A pesar de ello, era bien consciente de todo lo que lo rodeaba: las peque?as ascuas que la lluvia estaba ahogando, las plantas tupidas que se hab¨ªan estremecido con su presencia, las criaturas que taimadas se escond¨ªan en medio de la densidad de la selva. Pens¨® en su madre, la diosa que la hab¨ªa arrojado de las alturas. Record¨® el tiempo que hab¨ªa pasado en su vientre, y el cari?o que esta le profesaba. A¨²n as¨ª, estaba all¨ª, en medio de la nada, y sin poder moverse. ??Qu¨¦ quieres de m¨ª, madre? ?C¨®mo se supone que sortee esto si ni siquiera me puedo mover??. No obtuvo respuesta. Un fuerte trueno reson¨® en medio de la borrasca que ahora inundaba la selva. La conciencia del huevo rocoso que ahora estaba atrapado en medio del suelo, con la mitad de su ¡°cuerpo¡± incrustado en medio del suelo pens¨® en lo que deb¨ªa hacer. Si exist¨ªa, hab¨ªa un prop¨®sito. Sab¨ªa que su madre era una diosa, una deidad no iba a dejar a uno de los suyos a su suerte. Intent¨® moverse, salir de su encierro rocoso. Nada. Segu¨ªa quieto, congelado en medio de su prisi¨®n rocosa que absorb¨ªa las gotas de lluvia que ca¨ªan con ansia. El cielo segu¨ªa tronando con furia. Era su madre. Quer¨ªa gritarle que la sacara de all¨ª para volver a su vientre, para navegar junto a ella en medio de las nubes, pero era inutil. Salvo la tempestad, no obtuvo respuesta. De pronto un sue?o lo absorbi¨®, un letargo que no pudo controlar, y que las gotas sobre su cuerpo rocoso no hac¨ªan sino empeorar. Sin mucho m¨¢s que hacer su conciencia se apag¨®. Volvi¨® a despertar en medio de un sol intenso. Pudo ver a su alrededor las grietas causadas por el impacto de su ca¨ªda, y un par de leguas a su alrededor, ceibas y cedros infestados de maleza y orqu¨ªdeas llenaban su mundo. No pod¨ªa ver m¨¢s all¨¢. Intent¨® moverse de nuevo. Nada. Cualquier intento por salir de su c¨¢rcel de piedra era in¨²til. Entonces, algo empez¨® a moverse en medio de los ¨¢rboles. El miedo invadi¨® toda su conciencia por largos instantes, el temor a lo desconocido y la impotencia de no poder defenderse. No sab¨ªa que pod¨ªa encontrar, pero era consciente de los peligros que un lugar como aquel pod¨ªa ofrecer, el instinto que su madre le hab¨ªa transmitido se lo indicaba. De pronto una criatura peque?a y peluda sali¨® de los helechos cercanos. Era peque?a y de pelaje naranja oscuro. El temor que sent¨ªa pronto cambi¨® por curiosidad. Una criatura tan peque?a no podr¨ªa hacerle da?o. ?Un primate?. Pens¨® de inmediato, por alguna extra?a raz¨®n reconoc¨ªa al animal. El peque?o mono comenz¨® a caminar a su alrededor de su mundo. Se mov¨ªa con sus peque?as patas entre las grietas que hab¨ªa causado, observando el huevo de piedra con curiosidad, emitiendo ligeros chillidos. La conciencia atrapada en el ¨®valo intent¨® moverse de nuevo, para asustar o quiz¨¢s atrapar al animal que se acercaba a ella. De nuevo no ocurri¨® nada. En poco tiempo el primate se acerc¨® lo suficiente para tocar la pared rocosa. Al ver que no ocurr¨ªa nada, lo mont¨® con habilidad, como buscando una abertura. De alguna forma, la cercan¨ªa de la criatura proporcion¨® a la conciencia alimento. ?Energ¨ªa de vida?. Hab¨ªa sentido esa misma sensaci¨®n en cuanto hab¨ªa despertado, causada por los charcos y el roc¨ªo. De alguna forma eso le daba m¨¢s sustento, m¨¢s motivaci¨®n para mover su interior, para liberarse de aquella roca. La criatura segu¨ªa caminando a su alrededor, como si de alg¨²n modo tambi¨¦n sintiera vigor con su cercan¨ªa. Mov¨ªa su peque?a cola en ¨¦xtasis, y pronto empez¨® a emitir chillidos y a golpear su pecho con sus insignificantes manos. ?Eso es peque?o, dame tu energ¨ªa.? Entonces la conciencia lo supo: si hab¨ªa una forma de salir de all¨ª era absorbiendo la energ¨ªa de criaturas como aquella. Pero iba a necesitar mucho m¨¢s. Unlawfully taken from Royal Road, this story should be reported if seen on Amazon. Como percibiendo su necesidad, el peque?o primate dio un salto amplio desde lo m¨¢s alto de su cascar¨®n rocoso, y se perdi¨® en medio de la maleza. Sinti¨® el fr¨ªo de la soledad contrastado con el calor de la tarde. El viento mov¨ªa las hojas de los ¨¢rboles y la maleza a su alrededor, pero la conciencia se sent¨ªa abandonada a su suerte. Ahora que era prisionera en aquella roca incrustada en la selva, recordaba con nostalgia poder ver el mundo bajo s¨ª desde los ojos de su madre, cuando ¨¦sta volaba sobre valles, selvas y mares. Ahora su mundo se reduc¨ªa a un peque?o espacio agrietado rodeado de vegetaci¨®n en medio de la nada. ?Bien, me pondr¨¦ un nombre. Si no puedo hacer nada, pero existo, entonces lo menos que puedo hacer ser¨¢ nombrarme.? No sab¨ªa c¨®mo se llamaba su madre, ni c¨®mo habr¨ªa querido llamarlo, as¨ª que decidi¨® improvisar. ¡ªA partir de ahora ser¨¢ Leye. ¡ªpens¨®. De alguna forma le parec¨ªa un nombre adecuado, aunque no hab¨ªa nadie para escucharlo. Pronto la lluvia volvi¨® a infestar el mundo, y con ¨¦l los sonidos de los animales a su alrededor. La tristeza de la soledad fue contrastada con el alimento que la lluvia le prove¨ªa. Se sent¨ªa cada vez m¨¢s fuerte, aunque sus intentos de moverse segu¨ªan fracasando. De pronto, una pantalla apareci¨® en su mente, que pod¨ªa ver con tanta claridad como las ceibas a su alrededor en medio de la noche. Huevo de serpiente: Leye. N¨²cleo de la diosa Tlaloc ca¨ªdo. Este tipo de ¨®vulo no da a luz, pero absorbe los nutrientes a su alrededor, y es capaz de crecer de manera indefinida si sabe gestionar sus recursos. Recursos actuales: Aguaenerg¨ªa: 10/100 Criaturas controladas: 0 Estructuras: 0 ¨¢rea de influencia: 0,5 leguas. ?Interesante. As¨ª que esta es mi bienvenida, madre. Una serie de garabatos que apenas comprendo. Podr¨ªas darme un poco m¨¢s de informaci¨®n.? Aunque pod¨ªa comprender la informaci¨®n repentina que hab¨ªa aparecido ante s¨ª, Leye apenas entend¨ªa todo aquello. De alg¨²n modo las cifras le daban la sensaci¨®n de crecimiento, pero no ve¨ªa c¨®mo podr¨ªa superar su situaci¨®n actual. Segu¨ªa atrapado en ese cuerpo inerte, sobre el que ahora las aves y los insectos comenzaban a caminar con indiferencia, seguros que no ocurrir¨ªa nada despu¨¦s de su impacto inicial. Al d¨ªa siguiente, sin embargo, las cosas empezaron a cambiar. El ¡°aguaenerg¨ªa¡± hab¨ªa aumentado a 20 puntos, dado al excepcional aguacero que no le hab¨ªa permitido descansar, y ahora sent¨ªa que pod¨ªa temblar ligeramente, asustando a los bichos que pretend¨ªan caminar sobre la roca. Las hormigas que intentaban crear nidos bajo su superficie, compitiendo con los escarabajos, salieron despedidas. Aunque el movimiento no era tan fuerte como para intimidar a los gallinazos y los papagayos que picoteaban sobre su superficie, era algo. ?Ahora s¨®lo necesito que llueva?. Pronto volvieron los micos. Esta vez un peque?o grupo de cinco monos, todos de pelaje naranja, como el que ya lo hab¨ªa visitado, y que estaba entre ellos. Los primates comenzaron a caminar sobre su superficie, y a golpear con rocas peque?as su pared rocosa, como esperando a ver si podr¨ªan pelarlo, como a una enorme fruta. ??Este es el destino que quieres para m¨ª, madre?¡ªpens¨® con su orgullo destrozado.¡ª ?Que una panda de primates se burlen de m¨ª??. A pesar de la humillaci¨®n que sent¨ªa, la presencia de los simios le prove¨ªa energ¨ªa, alimento. Aunque no hab¨ªa lluvia, y se trataba de un d¨ªa nublado en la selva, sus puntos de agua energ¨ªa comenzaron a aumentar de forma lenta. Unos dos por hora. Los reserv¨®. Si intentaba moverse, y ¡°mudar¡± su superficie rocosa, no s¨®lo los gastar¨ªa sino que espantar¨ªa a los entretenidos simios que ahora estaban contribuyendo a darle alimento. Permaneci¨® en calma. Ahora las cosas ten¨ªan otra perspectiva. El texto frente a sus ojos lo demostraba claramente. ¡°Este tipo de huevo no da a luz, pero absorbe los recursos a su alrededor, y es capaz de crecer de manera indefinida¡±. Leye sab¨ªa que ahora deb¨ªa permanecer en calma, y aguantar la molestia de unos primates golepando su superficie. Cuando creciera, si era que consegu¨ªa salir de aquel estado de indefensi¨®n alg¨²n d¨ªa, entonces controlar¨ªa o acabar¨ªa con aquellas criaturas. Ya lo decidir¨ªa. El peque?o clan de monos golpe¨® por varias horas su superficie, y rasgu?o con ¨ªmpetu su cascar¨®n, en vano. Pronto se aburrieron, y poco antes del anochecer, desaparecieron entre la maleza de nuevo. Los puntos de aguaenerg¨ªa en su pantalla hab¨ªan aumentado a 18. Nada mal para un grupo de primates, si bien era cierto que su presencia era m¨¢s molesta que la de la lluvia, y otorgaban menos recursos. Decidi¨® que no har¨ªa nada. Guardar¨ªa aquellos puntos de energ¨ªa para controlar a una criatura cuando llegara el momento. El nombre del juego ahora era la paciencia. Esa noche no llovi¨®. Perplejo, Leye esper¨® a que pronto los truenos enviados por su madre o por alguna otra deidad del cielo le proveyeran el alimento que tanto anhelaba, pero no ocurri¨®. De pronto, un dolor insoportable comenz¨® a surgir en la parte baja de su estructura. ??Qu¨¦ demonios??. Aunque no lo pod¨ªa ver, lo percib¨ªa con claridad. Era como si un garfio poco a poco estuviera penetrando la parte baja de su ¡°cuerpo¡±, con diez veces m¨¢s fuerza que los golpes que los monos le hab¨ªan dado esa tarde. ?Madre, haz que pare, por todos los cielos?. No paraba. Al contrario, con el pasar de las horas, Leye sent¨ªa que cada vez m¨¢s, al menos cinco lanzas, penetraban su interior, lento pero seguro. El dolor era tan fuerte que estaba seguro que morir¨ªa. De pronto se dio cuenta que si destinaba algunos puntos de energ¨ªa a los lugares donde estaba siendo perforado, el dolor mermaba. Los comenz¨® a gastar, dren¨¢ndolos sin pudor, solo para ver que el dolor volv¨ªa al cabo de un rato. ??Tengo que salir de aqu¨ª!?. Sab¨ªa que no podr¨ªa. Su cuerpo estaba incrustado en la tierra casi hasta la mitad, y en todo caso era una roca que s¨®lo podr¨ªa moverse en un terreno inclinado. Todo a su alrededor era plano como la superficie del mar. Aguaenerg¨ªa: 0/100 Estaba sin recursos, pero el dolor no paraba. La lluvia y las criaturas que ahora extra?aba no aparec¨ªan, como presintiendo su necesidad. Las extra?as cosas que ahora penetraban su interior siguieron avanzando hacia su n¨²cleo con cada hora que pasaba, aumentando el dolor. Sab¨ªa que era el final. Pensando en su madre y en el tiempo feliz que hab¨ªa pasado en su interior, cuando todo era m¨¢s simple, se entreg¨® al silencio, y el dolor que resquebrajaba por igual su interior y su superficie rocosa. Su ¨²ltimo pensamiento fue para ella, mientras ve¨ªa las ra¨ªces que ahora surg¨ªan a su alrededor, y llegaban a su n¨²cleo, a su conciencia. En su agon¨ªa, se pregunt¨® si ella tambi¨¦n habr¨ªa tenido que pasar por eso antes de convertirse en el orgulloso ser que galopaba en medio de las nubes con elegantes movimientos de reptil, mientras lejanos truenos anunciaban un poderoso aguacero. Visitantes. Despert¨® en medio de la oscuridad, con una tempestad cayendo como si el cielo se fuera a romper. A su alrededor, el barro y los charcos eran tan altos que casi cubr¨ªan por completo su cuerpo rocoso. Leye se fij¨® en la pantalla que le prove¨ªa la informaci¨®n de su estado actual. Sus puntos de agua y energ¨ªa aumentaron a veinticinco. Entonces record¨® todo: el sufrimiento producido por los intrusos subterr¨¢neos que hab¨ªan perforado su ser, y el dolor que lo dej¨® inconsciente. Segu¨ªan all¨ª, pero el dolor extremo era apenas una molestia. El descanso prolongado deb¨ªa haber aumentado su tolerancia a las m¨²ltiples ramas metidas en su interior. Pronto, el d¨ªa volvi¨® dando paso a un sol implacable, y con ¨¦l, los papagayos y las guacamayas. Aunque prove¨ªan mucho menos energ¨ªa que los simios, su presencia y sus patas sobre su superficie rocosa lo rejuvenec¨ªan. ?Es incre¨ªble que haya sobrevivido. No s¨®lo no desapareci¨® mi conciencia, sino que ahora me siento m¨¢s poderoso.? Entonces se fij¨® en algo que hasta ahora no hab¨ªa percibido debido a la perplejidad de su supervivencia. Su ¨¢rea de influencia hab¨ªa aumentado a una legua. No s¨®lo eso. Las ramas que hab¨ªan perforado a Leye ahora eran parte de su n¨²cleo y le permit¨ªan ver a trav¨¦s de tres ¨¢rboles cercanos, como peque?as atalayas a su disposici¨®n. Vio leguas repletas de ¨¢rboles, mucho m¨¢s altos que los que ahora controlaba y que tapaban su visi¨®n. Pero era algo. Un pensamiento vino a su mente, probablemente transmitido por la infinita sabidur¨ªa de su madre. ?Siempre que hay dos entidades cercanas, una tiende a depredar a la otra. Siempre va a existir una guerra por el poder entre dos seres que conviven.? Pens¨® en los ¨¢rboles que ahora controlaba. Intentaron controlarlo cuando lleg¨® a su territorio, pero la victoria fue suya. Gast¨® una porci¨®n importante de los puntos de energ¨ªa que el aguacero le hab¨ªa otorgado para estudiar sus ramas, tronco y hojas. Extendi¨® a ellos su conciencia. Eran grandes y frondosos, sobretodo el que estaba en medio de los otros dos. La maleza y otros arbustos crec¨ªan a su alrededor, llenos de escarabajos y hormigas. ?No puedo hacer nada para eliminarlos. Los usar¨¦ a mi favor.? Ahora que ten¨ªa un poco de energ¨ªa a su disposici¨®n, junto a la que le daban las aves que caminaban sobre su caparaz¨®n, intent¨® moverse. De nuevo consigui¨® estremecerse un poco, causando peque?as ondas de agua en el charco a su alrededor, pero no lo suficiente para espantar a los papagayos. Su energ¨ªa se redujo a diez puntos mientras estudiaba a las ceibas, cuyas hojas se mov¨ªan indiferentes al viento de la tarde. Por instinto, supo que si les otorgaba algo de su combustible, sus frutos y hojas crecer¨ªan m¨¢s r¨¢pido. Sigui¨® observando. El ¡°0¡± frente a su pantalla en el apartado de ¡°criaturas¡± despertaba su curiosidad. Sab¨ªa que en alg¨²n punto podr¨ªa controlar a los insectos, los monos, las aves y el resto de criaturas que se pon¨ªan a su alcance, pero no sab¨ªa c¨®mo. Tampoco sab¨ªa si podr¨ªa obtener tanto poder antes de que algo lo destruyera. ?Estas ceibas han estado a punto de eliminar mi conciencia. Si bien fui yo quien al final logr¨® controlarlas, si hubieran atacado un poco m¨¢s deprisa, tal vez la historia ser¨ªa otra?, pens¨®, mientras sent¨ªa cada vez m¨¢s aves caminando sobre su cuerpo. ?Pero si vienen bestias m¨¢s poderosas, o humanos, mi existencia va a estar en juego. Tendr¨¦ que evolucionar pronto, o estar¨¦ perdido.? Record¨® las ciudades de los hombres que ve¨ªa desde el vientre de su madre: enormes urbes llenas de pir¨¢mides y murallas de roca, as¨ª como grupos de hombres armados que montaban felinos; andaban en grupos grandes y combat¨ªan entre s¨ª. Si llegaba a ser descubierto por uno de esos antes de tiempo, estar¨ªa perdido. Se pregunt¨® si tambi¨¦n podr¨ªa extender su conciencia a seres pensantes como aquellos. ?Ser¨¢ mejor que por ahora me concentre en controlar a los simios. Si de alg¨²n modo encuentro la forma de manejar sus peque?os cuerpos para que me traigan recursos, podr¨¦ crecer r¨¢pido y estar preparado para cualquier ataque.? La perspectiva era buena, pero ten¨ªa que trabajar con lo que ten¨ªa ahora y usar con pericia los pocos puntos de agua y energ¨ªa en su poder. ¡ªHemos escapado por los pelos ¡ªdijo Nilu en un susurro en medio de los matorrales, con su espada en ristre. If you encounter this story on Amazon, note that it''s taken without permission from the author. Report it. ¡ªShh. No digas nada. No sabemos si siguen cerca ¡ªsuspir¨® Naya con los ojos abiertos como platos, con su arco bien tensado. La chica corri¨® como nunca, y el sudor se perlaba a¨²n en su frente. Sus sollozos apenas eran audibles. Los tres compa?eros llevaban al menos una hora en aquellas zarzas espinosas. Permanecieron otro rato en silencio, pero al ver que no pasaba nada, salieron con sigilo. Estaban en los l¨ªmites del bosque, cubiertos de barro para que los jaguares del escuadr¨®n Eyen no los rastrearan. ¡ªVa a anochecer ¡ªdijo Vidul, guardando sus dos dagas en las vainas del cintur¨®n¡ª. Creo que ya podemos ir al pueblo m¨¢s cercano. ¡ªNo creo que sea buena idea, hermano. Estos tipos parec¨ªan decididos a atraparnos, y no creo que la oscuridad de la noche les impida seguir su cacer¨ªa. Lo mejor ser¨¢ internarse en la selva por un tiempo ¡ªNilu guard¨® su espada bajo su t¨²nica, pero sigui¨® bien alerta de su entorno, aprovechando los ¨²ltimos rayos de luz¡ª. Estoy seguro de que podremos cazar alguna serpiente para no morir de hambre. ¡ªSi es que ellas no nos cazan primero a nosotros. Al final hicieron lo que ¨¦l dec¨ªa. Era l¨ªder de su grupo, y hasta ahora sus decisiones los hab¨ªan mantenido vivos, tanto fuera como dentro de las mazmorras. El camino se fue haciendo m¨¢s denso y profundo a medida que avanzaban, pero no se detuvieron por al menos tres horas, cuando la densidad de los troncos y las ramas apenas los dejaban avanzar. Naya, la mejor rastreadora del equipo, percibi¨® pronto una anaconda y la caz¨® con un dardo certero en su enorme cabeza. Nilu y Vidul usaron sus armas para quitar la maleza a su alrededor y prender una fogata que les permitiera cocinar al animal. Aunque el fuego pod¨ªa revelar su posici¨®n, era poco probable que los enemigos se metieran para buscarlos en lo profundo del bosque. Al cabo de unos d¨ªas seguro se aburrir¨ªan y los dejar¨ªan en paz. Los tres rastreadores eran expertos en moverse en la selva desde ni?os, lo que les permit¨ªa usarla a su favor para atacar a los enemigos desde las sombras y desaparecer de manera impune. ¡ªEs por aqu¨ª que se produjo la explosi¨®n, ?no es cierto? ¡ªdijo Vidul, mientras masticaba su pedazo de carne asada. ¡ªCreo que s¨ª, pero a estas alturas ya las ramas lo deben haber absorbido. Dudo mucho que encontremos mucho m¨¢s que un pedazo de roca lunar. Lo mejor ser¨¢ que no nos alejemos mucho del valle de Anen. Despu¨¦s de todo, hay varios portales con mazmorras que podemos saquear, una vez que los escuadrones Eyen bajen la guardia. Aunque son feroces, no tienen el n¨²mero para limpiar tantos portales con rapidez. ¡ªMi se?or, es una idea sensata. Pero en muchos casos esos meteoros traen consigo materiales que podr¨ªamos vender en los mercados a buen precio, e incluso podr¨ªan superar con creces las gemas de energ¨ªa que ofrecen los portales, sin mencionar que no nos tendr¨ªamos que arriesgar tanto a las tropas enemigas. No hubo r¨¦plica. Nilu supo que su compa?ero ten¨ªa raz¨®n. Aunque tendr¨ªan que recorrer muchas leguas en un territorio complicado, eran tan h¨¢biles como para atravesarlo durante el tiempo que los enemigos los acechaban, y regresar al valle cuando ya hubieran desistido. ¡ª?T¨² qu¨¦ opinas, Naya? Creo que no es tan descabellado el plan ¡ªdijo despu¨¦s de un rato, cuando ya ten¨ªa su est¨®mago saciado. La huida apenas lo hab¨ªa dejado con energ¨ªa. ¡ªPodr¨ªamos investigar. Eso hicieron. Despu¨¦s de descansar por un buen rato, se adentraron a¨²n m¨¢s en la selva. El barro sobre su cuerpo manten¨ªa a los mosquitos a raya, y los proteg¨ªa de ser detectados por los jaguares, que si bien podr¨ªan despachar con facilidad, no eran su objetivo. Los ¨²nicos jaguares que les interesaban eran los de los portales, cuyos dientes y pieles m¨¢gicas se vend¨ªan muy bien en los mercados. A medida que avanzaban con parsimonia entre los helechos comenzaron a hablar de la situaci¨®n del pa¨ªs. Despu¨¦s de todo, les faltaban varias leguas para llegar al lugar donde podr¨ªa estar el meteorito que hab¨ªa ca¨ªdo dos noches antes. Nilu hab¨ªa alcanzado a percibir el estruendo justo cuando estaban saliendo de un portal de nivel 3, que apenas les hab¨ªa dejado unas cuantas gemas que ni siquiera cubrir¨ªan el costo de reparar las armas. ¡ªCreo que nuestro pa¨ªs pronto ser¨¢ anexionado al imperio sin m¨¢s remedio ¡ªdijo Vidul, cortando la maleza con sus dagas de manera rutinaria¡ª. Ya vieron el n¨²mero de sus escuadrones. Son de al menos seis hombres, todos con auras tipo cinco. Somos pocos los guerreros que podremos hacer frente a una amenaza as¨ª. Sin mencionar a los enormes jaguares que conducen, nunca hab¨ªa visto bichos de ese tama?o. ¡ªEra previsible ¡ªdijo Naya, que le segu¨ªa el paso. El avance lo cerraba Nilu, que iba de ¨²ltimo, listo con su espada ante cualquier amenaza¡ª. Ixtul es mucho m¨¢s grande y poderoso que nuestro peque?o pa¨ªs. Adem¨¢s, est¨¢n aliados con los mercenarios de Eyen. No tenemos ninguna oportunidad. El l¨ªder del grupo suspir¨®. Era verdad. Desde que hab¨ªan decidido adentrarse en sus tierras, no hab¨ªan hecho m¨¢s que empujar a sus fuerzas cada vez m¨¢s hacia la selva, sin mencionar que hab¨ªan tomado control de la mayor¨ªa de portales que aparec¨ªan en sus propias tierras, matando a los rastreadores locales que osaban limpiarlos. Los masacraban cuando sal¨ªan exhaustos de estos, robando su bot¨ªn. ¡ªTendremos que luchar con lo que hay ¡ªles dijo a sus compa?eros, buscando aumentar su ¨¢nimo¡ª. Un pa¨ªs no est¨¢ derrotado mientras el esp¨ªritu de sus habitantes siga en pie. Siguieron avanzando durante toda la ma?ana del d¨ªa siguiente, hasta que llegaron al lugar donde hab¨ªa ca¨ªdo el meteoro. Era una piedra enorme, con el cascar¨®n verdoso y escamado como la piel de un cocodrilo, y del tama?o de media casa. A su alrededor, los ¨¢rboles y matorrales se hab¨ªan quemado por el impacto, aunque un buen n¨²mero de ramas y salitre ya se hab¨ªan asentado en el terreno a su alrededor, y algunas aves de plumaje colorido caminaban sobre el mont¨ªculo como atra¨ªdas hacia ¨¦l. ¡ªEs hermosa ¡ªdijo Naya, en un susurro. ¡ªLo es, pero tengan cuidado. No la toquen, no sabemos de qu¨¦ est¨¦ hecha, o si pueda contener alg¨²n esp¨ªritu demon¨ªaco ¡ªapunt¨® Nilu, con su arma en ristre. Sus compa?eros tambi¨¦n sacaron sus armas de forma inconsciente, como si alguien los pudiera estar observando desde la distancia. En cuanto estuvieron seguros, comenzaron a avanzar lentamente hacia la roca. De alguna forma se sent¨ªan atra¨ªdos hacia ella, embelesados por su belleza y la energ¨ªa que emanaba. Peligro... o no. ?Imposible. ¡ªpens¨® Leye, perplejo. ¡ª?C¨®mo es posible que humanos hayan logrado infiltrarse a este lugar remoto tan pronto??. El n¨²cleo pudo observar a los tres hombres mucho antes que llegaran hasta ¨¦l, a trav¨¦s de los ¨¢rboles que cada vez controlaba en mayor n¨²mero. A¨²n as¨ª, era poco lo que pod¨ªa hacer. ?Dos hombres y una mujer. Guerreros. Madre, por favor s¨¢came de ¨¦sta.? Los tres hombres se acercaron con sus espadas y sus arcos en ristre. Como si alguien los fuera a atacar. Aunque sus puntos de energ¨ªa hab¨ªan aumentado, hasta ahora apenas pod¨ªa controlar a un par de papagayos que se hab¨ªan montado en su cuerpo. Ni siquiera controlaba a los simios que se acercaban. Pens¨® en atacar a los intrusos con las aves, pero era ¨ªnutil. La mujer del arco los matar¨ªa mucho antes de que llegaran hasta ella, y se quedar¨ªa sin visi¨®n de los alrededores. ¡ªAc¨¦rquense con cuidado. ¡ªdijo uno de los hombres, que ten¨ªa aspecto de mandar a los otros.¡ªsiento que emana energ¨ªa m¨¢gica de forma descomunal. Los tres seres se acercaron y rodearon a Leye, observando con curiosidad las ramas que ahora sal¨ªan del suelo que lo rodeaba. Cuando vieron que no hab¨ªa peligro, guardaron sus armas y comenzaron a tocar su superficie escamada. ¡ªEstoy seguro que m¨¢s de un se?or estar¨ªa dispuesto a darnos una fortuna por este¡­especimen. ¡ªdijo uno de los tipos, pero el otro no pareci¨® estar tan de acuerdo. ¡ªNo hay ning¨²n mineral del que se pueda sacar provecho, salvo por el hecho de que sin duda es una rareza. Adem¨¢s, ya me vas a contar t¨² c¨®mo vamos a sacar esta cosa de lo profundo de la selva. No hubo r¨¦plica. Leye no pod¨ªa hacer nada salvo observar. Maldijo su suerte. Si hab¨ªan llegado los primeros exploradores, era cuesti¨®n de tiempo para que un grupo a¨²n m¨¢s grande de humanos llegara para extraerlo con sus m¨¢quinas de madera. ?Terminar¨¦ en alg¨²n museo como trofeo, hasta aqu¨ª ha llegado mi historia.? Sin embargo, la mujer que estaba con ellos habl¨® al fin, despu¨¦s de un rato de dar vueltas alrededor del n¨²cleo y estudiar su superficie ¨¢spera. ¡ªEmana demasiada energ¨ªa m¨¢gica para ser una roca lunar. Creo que se trata de un n¨²cleo de poder. ¡ªdijo la chica, estudiando las ramas bajo la piedra. ¡ª?N¨²cleo de poder? ?De qu¨¦ rayos hablas, Naya?¡ªdijo el tipo que hab¨ªa sugerido sacar a Leye de all¨ª. ¡ªYa sabes, la fuente que da poder y recursos a los portales que saqueamos. Esta parece estar en un estado de gestaci¨®n, pero los maestros hablan de n¨²cleos incluso en algunas de las ciudades m¨¢s poderosas de Ixtul, que bien podr¨ªan ser mazmorras en s¨ª mismas muy poderosas. ?Maldici¨®n, sabe demasiado.? ¡ªSuena interesante. Me pregunto si hay alguna forma de usarla a nuestro favor. Quiero decir, ahora que nadie m¨¢s la ha encontrado, no veo necesidad de venderla a alg¨²n mercader, para que tarde o temprano caiga en manos de nuestros enemigos. ¡ªdijo el hombre con aspecto de l¨ªder. ¡ªEstoy de acuerdo, mi se?or. Adem¨¢s parece haberse adaptado muy bien al terreno. ?Sabes si hay alguna forma de comunicarnos con esta cosa, Naya? La chica se encogi¨® de hombros, mientras le entregaba el arco al tipo de la capota verde. ¡ªLo intentar¨¦. La mujer puso una mano sobre el centro de la roca, y comenz¨® a decir unas palabras m¨¢gicas en una lengua que Leye no entend¨ªa. De pronto, este se sinti¨® conectado con la humana, cuyos ojos empezaron a brillar como dos antorchas. ??Qui¨¦n eres, y qu¨¦ haces en nuestras tierras?? ??Qu¨¦ soy? Es una buena pregunta, ya que ni yo estoy muy seguro de eso. Creo que soy el huevo de una diosa.? Aunque la mujer segu¨ªa hablando en una lengua extra?a, Leye parec¨ªa comprenderla¡­pero en otro plano. ??Hace cu¨¢nto est¨¢s aqu¨ª? Danos una buena raz¨®n para considerar algo como t¨² aliado¡­ o de lo contrario nos encargaremos de ti.? ?No tengo bando alguno. Solo aparec¨ª, sin m¨¢s. Pero pueden apostar a que si me ayudan, usar¨¦ mis habilidades a su favor. Al principio no controlaba nada, pero ahora algunos ¨¢rboles y criaturas peque?as est¨¢n a mi disposici¨®n. Estoy seguro que podr¨¦ expandirme, lo que les podr¨ªa beneficiar de alg¨²n modo.? The author''s content has been appropriated; report any instances of this story on Amazon. La mujer quit¨® la mano de la superficie rocosa de Leye, que segu¨ªa incrustada en el suelo como el huevo de un drag¨®n, con charcos de agua y ra¨ªces enormes a su alrededor. ¡ªAhora estoy segura que se trata de un n¨²cleo de mazmorra. ¡ªle dijo a los otros, mientras sus ojos volv¨ªan a la normalidad. ¡ª. Mis puntos de man¨¢ han subido de manera estrepitosa mientras lo tocaba¡­ as¨ª como mi energ¨ªa. Los hombres miraron a Leye con especial inter¨¦s, mientras la chica ahora escudri?aba el terreno, del que las criaturas hab¨ªan desaparecido con la presencia de los humanos, aunque Leye pod¨ªa percibir algunos simios en los matorrales cercanos, observando con inter¨¦s. El l¨ªder de los tres se fij¨® de nuevo en la chica, mientras acariciaba su quijada cuadrada. ¡ªSi es un n¨²cleo.. podr¨ªa comenzar a crear estructuras, salones y trampas, como las mazmorras que encontramos en los portales, ?no es as¨ª? ¡ªCreo que s¨ª, se?or. Aunque no estoy muy segura. Hay n¨²cleos que no llegan a tanta capacidad, as¨ª como hay otros capaces de crear imperios si no se les detiene a tiempo. ¡ªInteresante, querida Naya. Creo que podr¨ªamos sacar algo de nuestra peque?a incursi¨®n, siempre que consigamos mantener todo esto en secreto. Comun¨ªcate con ¨¦l de nuevo. Dile si est¨¢ dispuesto a cooperar, y sin duda haremos lo que est¨¦ a nuestro alcance para acelerar su crecimiento. Eso hizo. Durante la siguiente media hora, la mujer habl¨® con franqueza con Leye. Resultaron ser cazadores de mazmorras, cuyos portales hab¨ªan comenzado a aparecer en su pa¨ªs unos a?os atr¨¢s, lo que hab¨ªa despertado la envidia y el inter¨¦s de una poderosa potencia de la regi¨®n, que por ello los hab¨ªa invadido. ?No sab¨ªa que las comunidades humanas que ve¨ªa desde el vientre de mi madre eran tan complejas, pero parece que estos seres en ciernes me pueden resultar de lo m¨¢s ¨²tiles.? ¡ªMe ha explicado que el agua y la presencia de animales parecen aumentar sus puntos de energ¨ªa.¡ªdijo la chica a sus compa?eros en cuanto se alej¨® de Leye.¡ªMe ha pedido que hagamos la prueba de traer agua de alg¨²n afluente cercano, as¨ª como algunas criaturas vivas que podamos capturar, para ver si en efecto su poder aumenta. ¡ªMuy bien, ir¨¦ yo. ¡ªdijo el tipo de la capa. ¡ª. Llenar¨¦ mi cantimplora. Ustedes esp¨¦renme aqu¨ª. ¡ªdesapareci¨® entre los matorrales tras decir esto. ¡ª?No crees que si controla a los simios y las aves¡­podr¨ªa llegar a controlarnos a nosotros, Naya?¡ªel tipo de la espada parec¨ªa preocupado. ¡ªEs probable, se?or, aunque no al mismo nivel en que controla a los animales. Podr¨ªa controlarnos para ser simp¨¢ticos con ¨¦l, pero no para usar nuestra voluntad a su antojo. O al menos es as¨ª como los chamanes mencionan que funcionan los n¨²cleos. Ya sabes que suelen ser celosos con sus cosas. Al cabo de un rato volvi¨® el tercer tipo con su recipiente llen¨® de agua. Lo vertieron en el suelo alrededor de Leye. ?Tus puntos de aguaenerg¨ªa han aumentado en cinco.? El mensaje sali¨® en la pantalla azulada de la interfaz de Leye. Sinti¨® un placer indescriptible al recibir dicho l¨ªquido, un bienestar que no sent¨ªa con el agua de la lluvia. Un grupo de helechos y ramas creci¨® de manera estrepitosa a su alrededor, una germinaci¨®n instant¨¢nea. La mujer de nuevo toc¨® la superficie, y despu¨¦s incit¨® a sus compa?eros para que hicieran lo propio. Leye vio con satisfacci¨®n que sus rostros se iluminaban ante el man¨¢ que les prove¨ªa. ?Parece que despu¨¦s de todo no estoy tan perdido.? ¡ªEsto es incre¨ªble.¡ªdijo el tipo de la capota. ¡ª. Me siento con la energ¨ªa de un sue?o reparador, y todo por tocar la superficie de esta cosa por un momento. Esto s¨ª que es magia. ¡ªYo me siento igual, Vidul. Y has visto c¨®mo crecieron las plantas a su alrededor. Creo que esto se pone interesante. El tipo de la capota sigui¨® trayendo agua en trayectos que apenas le tomaban tiempo, mientras la mujer y el espadach¨ªn cortaban la maleza alrededor del n¨²cleo. De alg¨²n modo, Leye supo que iban a necesitar rocas para empezar a preparar la expansi¨®n. ?Tr¨¢eme tantas como puedas.? Le dijo a la mujer. Llevaron piedras h¨²medas de diferentes tama?os, y las colocaron junto al huevo rocoso que compon¨ªa el n¨²cleo. Leye se concentr¨® con ah¨ªnco, y de pronto surgi¨® del suelo un pilar de piedra, con rostro en forma de serpiente. ??Yo he creado eso? ?O has sido t¨², madre?? N¨²cleo ca¨ªdo de la diosa Tlaloc. Este tipo de ¨®vulo no da a luz, pero absorbe los nutrientes a su alrededor, y es capaz de crecer de manera indefinida si sabe gestionar sus recursos. Recursos actuales: Aguaenerg¨ªa: 100/200 Criaturas controladas: 2 aves plumadas. Estructuras: 1 ¨¢rea de influencia: 3 leguas. ?As¨ª que ahora tengo una estructura a mi favor.¡ªpens¨®, sinti¨¦ndose ligeramente cansado, mientras ve¨ªa a los humanos perplejos ante la estructura surgida de la nada.¡ªaunque sigo sin controlar a estas personas.? ¡ªPor todos los cielos. ¡ªdijo el l¨ªder, sin dejar de observar el pilar. ¡ª. Hemos creado una estructura en cuesti¨®n de minutos. Tallar un pilar as¨ª tardar¨ªa meses, sino a?os. Esto es incre¨ªble. ¡ªEn efecto. Aunque nunca hab¨ªa visto a esta deidad, mi se?or. ¡ªDebe ser su madre. ¡ªdijo la chica. ¡ª. De alg¨²n modo debe controlar las estructuras que nacen de su n¨²cleo. ¡ªMadre o diosa. ¡ª dijo el l¨ªder, el tipo fornido de la espada. ¡ª La usaremos a nuestro favor. Creo que la vamos a pasar muy bien. Espero que la construcci¨®n de mazmorras se les d¨¦ tan bien como su saqueo. Los humanos sonrieron ante las palabras de su amo. De alg¨²n modo Leye se sent¨ªa igual. El juego acababa de empezar. ??Me acabar¨¢n por controlar o estos seres? ?O ser¨¢ justo lo contrario??. Tlaloc mov¨ªa su elegante cuerpo en medio de las nubes, mientras los rayos del cielo resonaban en la distancia y la lluvia golpeaba su rostro. La diosa con forma de serpiente ten¨ªa acceso a dos mundos, Tulta, el de las selvas infinitas, y Exeral, el de las eternas nieves, del que los dioses enanos se hab¨ªan apoderado poco a poco, y el que apenas la dejaban visitar ya. Regres¨® empapada a sus selvas, donde por m¨¢s que hab¨ªa intentado, nunca hab¨ªa logrado prosperar. Otros dioses rivales, como el emplumado Merdu, hab¨ªa hecho prosperar varias ciudades en los pocos valles de aquel mundo boscoso, y ahora relegaba a los dem¨¢s dioses a los territorios m¨¢s hostiles. Con la energ¨ªa que el maestro del juego le hab¨ªa otorgado, hab¨ªa conseguido dejar tres huevos en medio de los lugares ocultos para los otros dioses. Si alguno de ellos llegaba a descubrir sus preciados ¨®vulos en estado de indefensi¨®n, los exterminar¨ªan. Solo si sus n¨²cleos alcanzaban la edad adulta podr¨ªan defenderse, aunque con el poder que los otros dioses hab¨ªan acaparado, ni siquiera de esa forma tendr¨ªan oportunidad. Uno ya hab¨ªa sido destru¨ªdo, el que hab¨ªa sido depositado en las cuevas de Landon, en el extremo norte del pa¨ªs. De alguna forma alg¨²n dios lo hab¨ªa descubierto, y lo destruy¨® con un rayo fulminante. Quedaban dos, el que hab¨ªa dejado en el fondo del caudaloso r¨ªo Uth, que era su esperanza, y el de la selva, del que no esperaba mucho, porque estaba cerca de un pa¨ªs poderoso, con muchos aventureros poderosos al acecho. En ese momento volaba cerca de la selva, as¨ª que fue a echar un vistazo, moviendo su descomunal cuerpo verdoso en medio de las nubes. ?No puede ser. ¡ª. pens¨®, observando el peque?o mapa en medio de la selva con sus ojos voraces. Ya hab¨ªan algunos edificios de piedra alrededor del n¨²cleo. ¡ª. Ha sido descubierto por humanos, pero de alguna forma parece estar prosperando.? Emocionada, envi¨® los puntos de Energ¨ªa Divina al lugar para acelerar su crecimiento. Quedar¨ªa exhausta, pero era una apuesta que val¨ªa la pena. Invasión. ¡ªNo puedo creer que esto sea considerado una mazmorra.¡ª dijo Orec, mientras enfundaba su espada. Ya hab¨ªa masacrado a la mayor¨ªa de enemigos con su mandoble, a lomos de su jaguar. Los hombres har¨ªan el resto.¡ª Los portales que surgen en este pa¨ªs son acorde a su nivel. ¡ªHay quienes dicen que precisamente as¨ª est¨¢n dise?ados.¡ª dijo Yowo a su lado, como si fuera algo de lo m¨¢s obvio. ¨²ltimamente se hab¨ªa vuelto m¨¢s altanera. Orec sospechaba que era por su belleza. Todos los hombres de su escuadra babeaban por ella, pero por su puesto s¨®lo ¨¦l pod¨ªa disfrutar de sus curvas y su ferocidad, aunque no pensaba tolerar que se volviera contra ¨¦l. ¡ªPues me resulta de lo m¨¢s aburrido. Ya quiero salir de esta finca. Normalmente ¨¦l y su grupo habr¨ªan esperado a que los agotados cazadores de Anen salieran del portal, para caer sobre ellos y robarles todo el bot¨ªn. Pero esta vez el propio Orec areng¨® a sus hombres para que lo ocuparan antes de tiempo y atacar all¨ª mismo. El ritmo hab¨ªa resultado adecuado: sus feroces guerreros cayeron sobre la retaguardia enemiga justo cuando estaban en el momento m¨¢s enconado del portal, luchando contra el mism¨ªsimo jefe de la mazmorra y su s¨¦quito. Unos orcos fornidos de piel verde en medio de un valle arenoso. Los pobres no hab¨ªan tenido oportunidad, con los escuadrones Eyen a su espalda y los feroces orcos, que para esas alturas ya estaban debilitados. El propio Orec hab¨ªa entrado a la vanguardia con su espada diamante, y hab¨ªa aniquilado al jefe de la mazmorra, un musculoso arquero orco, tomando para s¨ª la experiencia del monstruo. Luego hab¨ªa hecho lo propio con los guerreros anaitas m¨¢s poderosos, lo que hab¨ªa triplicado su experiencia. No necesitaba m¨¢s, por lo que dej¨® a sus hombres y a la hermosa chica que ahora estaba a su lado aniquilar al resto de monstruos y cazadores por igual. Tambi¨¦n les dejar¨ªa repartirse el bot¨ªn. No pod¨ªa ser codicioso, o tarde o temprano sus hombres resolver¨ªan deponerlo de su cargo. ?Con un par de portales m¨¢s que limpiemos, y unos cuantos indios m¨¢s que derrotemos, ser¨¦ el jefe m¨¢s poderoso de todos los escuadrones Eyen. No pasar¨¢ mucho antes de que me nombren Jefe intendente del Gremio, y podr¨¦ salir de este nido de moscos.¡ªpens¨®, mientras ve¨ªa a sus hombres saqueando con sa?a los cad¨¢veres de los orcos, cuya sangre verdosa hab¨ªa ca¨ªdo sobre sus tiendas de tela. ¡ª. Pero ser¨¢ mejor que no diga nada. La envidia se puede despertar entre mis hombres, y en especial en esta belleza que est¨¢ a mi lado. Sus curvas y su piel blanca y perfecta no me enga?an a m¨ª: esta es tan ambiciosa - o incluso m¨¢s- que yo. Ser¨¢ mejor que avance con cautela.? Ser el l¨ªder de un escuadr¨®n de mercenarios no era un asunto sencillo. En medio de un nido de pira?as, si uno quer¨ªa abrirse paso, deb¨ªa ser disimulado a la hora de obtener poder. As¨ª, cuando los dem¨¢s se dieran cuenta de tu poder, ya nada podr¨ªan hacer al respecto. Se fij¨® en la chica a su lado, que desde su pantera color blanco observaba a los hombres leales a ella recoger el oro. Sus piernas descubiertas eran un incentivo m¨¢s que suficiente para que todos los hombres quisieran destacar a la hora del combate. Yowo era bien consciente de ello, y manten¨ªa oculto a los dem¨¢s que se acostaba con Orec. Por ¨¦l estaba bien. Disfrutaba de la ferocidad en la chica en la cama, pero no la valoraba como mujer. Era una aliada, pero sab¨ªa que era probable que los privilegios que obten¨ªa de su belleza tambi¨¦n eran disfrutados por otros hombres. ?Que as¨ª sea. Solo necesito sus habilidades con la espada corta para acumular un poco m¨¢s de experiencia, y despu¨¦s la podr¨¦ desechar como a los monstruos de esta mazmorra.? ¡ª?Dense prisa!¡ªle grit¨® a sus hombres de improvisto, como si un extra?o af¨¢n lo arengara desde su interior. Un presentimiento. ¡ªFaltan pocas horas para que el portal se cierre. M¨¢s les vale tomar tanto oro como puedan de estas criaturas, aunque no tiene mucha pinta. Pero ser¨¢ mejor que acaben pronto, si no quieren quedar atrapados en este portal de mala muerte. Cuando estuvo seguro de que no habr¨ªa mucho m¨¢s por monitorear, sali¨® del portal, volviendo al paisaje selv¨¢tico de Anen, en cuyo territorio apenas hab¨ªan valles por los qu¨¦ caminar. ¡ªMi intuici¨®n femenina no falla.¡ª dijo Yowo, cabalgando en su pantera a su lado, cuando estaban cerca al campamento.¡ªDebimos haber ido al portal del norte. En este no hemos encontrado nada de valor, salvo la escasa experiencia de los bichos. Y t¨² te la has quedado toda. Era verdad. Sin embargo, el otro portal estaba en un lugar en medio de la selva. De alg¨²n modo, Orec no se sent¨ªa a gusto en un territorio tan denso, aunque su pantera pod¨ªa recorrerlo sin dificultad. ¡ªEra una oportunidad que no pod¨ªa desaprovechar. ¡ªdijo con un encogimiento de hombros.¡ªPrometo que en el pr¨®ximo portal te dejar¨¦ a todos los monstruos grandes. A esas alturas la chica era casi tan poderosa en puntos de experiencia y armas como el propio Orec, un privilegio que el l¨ªder de escuadr¨®n le hab¨ªa dejado a la mujer a cambio de otros beneficios¡­ pero no ten¨ªa oportunidad con ¨¦l en combate abierto, por lo que pod¨ªa dejarla acumular poder hasta cierto punto. Entonces, cuando faltaba poco para llegar al campamento principal, lo sinti¨®. Una oleada de energ¨ªa como no hab¨ªa sentido en aquel pa¨ªs. S¨®lo en los portales m¨¢s grandes de Ixtal hab¨ªa sentido una energ¨ªa m¨¢gica de ese nivel. Lleg¨® como una r¨¢faga de olores placenteros que de pronto llegan a la nariz, con una oleada de recuerdos. ¡ª?Sientes eso?¡ªle dijo a la chica, que sin duda tambi¨¦n lo hab¨ªa sentido. ¡ªS¨ª.¡ªrespondi¨® ella en voz baja, como si alguno de los hombres que en ese momento los flanqueaban pudiera escucharlos. ¡ª. parece que proviene de lo profundo de la selva, del lugar donde hace unas noches cay¨® un proyectil del cielo. Orec mir¨® en direcci¨®n hacia el lugar, donde un bosque denso como la oscuridad de la noche se alzaba ante ellos. ?Rayos como odio la maldita selva. ¡ªpens¨®, mientras la codicia se acrecentaba en su cuerpo.¡ªPero es demasiada energ¨ªa m¨¢gica. Simplemente no puedo dejar pasar esta oportunidad.? Se limit¨® a guardar silencio, y a hacer como si no pasara nada. Esa noche, mientras sus hombres se embriagaban en el campamento, celebrando la matanza perpetrada en el portal de los orcos, ¨¦l bebi¨® lo necesario, y cuando sus deseos se lo exigieron, llev¨® a su carpa a Yowo, y embriagado por su belleza le quit¨® las prendas cortas que llevaba para la batalla, y la hizo suya con el mismo fervor con el que hab¨ªa aniquilado a sus enemigos unas horas antes. En cuanto termin¨® el combate amoroso, la abraz¨® mientras acariciaba su hombro. A las afueras de la barraca pod¨ªa escuchar las voces de sus hombres ebrios. ¡ªTodav¨ªa puedo sentir la energ¨ªa m¨¢gica del lugar por el que pasamos. ¡ªle dijo a Yowo, que en ese momento segu¨ªa recuperando el aliento del fervor de su encuentro.¡ªSin ninguna duda tendremos que ir. Pero ser¨¢ mejor que lo hagamos solos. Pens¨¦ en no decirte nada, pero creo que necesitar¨¦ tu ayuda. Ella se limit¨® a suspirar. ¡ªDe acuerdo, pero ser¨¢ mejor que lo hagamos en la madrugada, cuando los hombres no sospechen nada. S¨®lo espero que seas un poco m¨¢s generoso con la experiencia que encontremos all¨ª. Orec estuvo de acuerdo. Si resultaba ser una mazmorra complicada, siempre podr¨ªa replegarse. Y algo le dec¨ªa que el bot¨ªn que pod¨ªan obtener les ahorrar¨ªa muchos meses de trabajo en otras mazmorras, combatiendo contra los ind¨ªgenas locales. ?Debo obtener mi objetivo al menor costo, y parece que esta es la oportunidad perfecta.? No se sent¨ªa muy feliz de tener que compartir la experiencia con Yowo, aunque era consciente que su ayuda asegurar¨ªa la victoria. En cualquier caso, con el poder obtenido all¨ª, ¨¦l seguir¨ªa siendo m¨¢s fuerte que ella, y era probable que no la volviera a ver despu¨¦s de aquella misi¨®n. Lleno de emoci¨®n, volte¨® a la chica y volvi¨® a poseerla, para sellar su alianza. Ella pareci¨® estar m¨¢s dispuesta que nunca. Nilu se sent¨ªa exhausto, pero feliz. Se hab¨ªa pasado buena parte del d¨ªa como un campesino: usando su espada de combate para cortar las plantas y los ¨¢rboles innecesarios alrededor del n¨²cleo. Cada vez que se quedaba sin energ¨ªa, colocaba su mano en el huevo rocoso, y este le prove¨ªa m¨¢s. Para cuando termin¨® el trabajo, sin embargo, se arroj¨® sobre el suelo al lado del huevo, y observ¨® con entusiasmo el terreno a su alrededor, listo para colocar las piedras que el n¨²cleo le hab¨ªa pedido. Al cabo de un rato volvieron sus compa?eros, Vidul y Naya. Llevaban consigo varios pendientes que sin duda les hab¨ªan otorgado la energ¨ªa para volver all¨ª tan r¨¢pido. Las gemas m¨¢gicas incrustadas en las joyas brillaban en lo profundo de la selva. ¡ª?Y bien? Qu¨¦ tal ha estado la misi¨®n.¡ªles pregunt¨®, mientras ambos descargaban sus armas cerca de la peque?a casa de piedra que hab¨ªan creado en poco menos que un d¨ªa. ¡ªM¨¢s sencilla de lo que cre¨ªamos.¡ª dijo el hombre, sent¨¢ndose al lado de su jefe. Aunque no parec¨ªa agotado, Nilu percibi¨® la falta de energ¨ªa de su compa?ero s¨®lo cuando ¨¦ste estuvo cerca. ¡ªNunca pens¨¦ que entre dos personas pudieramos llegar a limpiar un portal nivel tres. Esto es incre¨ªble, aunque debo aceptar que la mayor¨ªa del trabajo sucio lo hizo Naya con sus flechas m¨¢gicas. Los troles de la mazmorra eran m¨¢s listos de lo que nos habr¨ªa gustado, pero nuestra h¨¢bil guerrera se posicion¨® en lo alto de una colina, y los extermin¨® sin mayor problema. Mi trabajo ha consistido en la miner¨ªa y el saqueo. Nilu sab¨ªa que su amigo estaba dando una falsa modestia. Si bien era cierto todo lo referente a la habilidad de la arquera, una mazmorra nivel tres no se limpiaba s¨®lo con la habilidad de un guerrero. Sin duda habr¨ªan hecho falta los ataques m¨¢gicos y de ralentizaci¨®n del hombret¨®n. A eso deb¨ªa explicarse su bajo nivel de man¨¢, que estaba recuperando a un ritmo trepidante desde que se hab¨ªa sentado al lado de Leye, como la chica les hab¨ªa dicho que se llamaba el n¨²cleo. ¡ªPor lo que veo t¨² tampoco has estado nada ocioso, mi se?or.¡ªdijo ella, despu¨¦s de salir de la peque?a casa en la que hab¨ªa dejado las joyas y las gemas de man¨¢. A medida que los d¨ªas hab¨ªan pasado, sus compa?eros hab¨ªan limpiado las mazmorras cercanas, que gracias a la magia del n¨²cleo, pod¨ªan rastrear con m¨¢s facilidad, al tiempo que permanec¨ªan ocultos de los peligrosos escuadrones Eyen.¡ª Ya tenemos el espacio necesario para ponernos manos a la obra. ?Es cierto. ¡ª pens¨® Nilu con satisfacci¨®n, mientras observaba el peque?o espacio en el que hab¨ªa estado quitando la maleza. Al lado de la casa y otros pilares con rostros de serpiente que el n¨²cleo hab¨ªa creado para homenaje de su diosa, una peque?a muralla del tama?o de un toro se hab¨ªa alzado alrededor del huevo rocoso, lo que le daba una protecci¨®n simb¨®lica. Con las gemas de man¨¢ que sus compa?eros hab¨ªan obtenido, muy pronto dicho muro ser¨ªa lo suficientemente alto para proteger del todo al n¨²cleo. ¡ªDescansen lo suficiente, deben estar agotados. La selva nos ha proporcionado unos conejos para alimentarnos. Pronto empezar¨¢ el verdadero trabajo. Sus compa?eros suspiraron, pero hicieron como ¨¦l dec¨ªa. Comenzaron a preparar una fogata, y en poco tiempo empezaron a asar la carne, cuyo aroma perfor¨® el olfato de Nilu. ¡ªNo me hab¨ªa dado cuenta de lo viejo que me estoy volviendo hasta que disfrut¨¦ m¨¢s quedarme aqu¨ª, preparando el campamento, que saliendo a derrotar portales en el valle con ustedes. ?Hay alg¨²n cambio notorio que hayan visto en estos? ¡ªNo se?or.¡ªdijo Vidul. ¡ªLos monstruos son igual de feroces, y algunos, los de m¨¢s nivel, tienen terrenos complejos y dif¨ªciles de sortear. Hay que hacer una evaluaci¨®n previa, antes de lanzarnos como fieras salvajes. Por lo dem¨¢s, los monstruos caen ante nuestros hechizos, y nos dan tanto man¨¢ y bot¨ªn como siempre. Nilu asinti¨®, mirando a su alrededor con curiosidad. En ese momento el lugar que ahora llamaban campamento parec¨ªa una pocilga llena de charcos y piedras a medio terminar. Pero el l¨ªder del peque?o escuadr¨®n anaita ve¨ªa todo con otros ojos, los ojos del futuro: pronto aquel lugar ser¨ªa una aut¨¦ntica fortaleza: un laberinto por el que ser¨ªa imposible llegar hasta el propio n¨²cleo. S¨®lo necesitar¨ªan las suficientes gemas de man¨¢, as¨ª como esfuerzo y trabajo duro. ?No. Esto ser¨¢ mucho m¨¢s que una fortaleza. Ser¨¢ una ciudad. Una ciudad imperial cubierta y protegida por la selva.? This tale has been unlawfully lifted from Royal Road. If you spot it on Amazon, please report it. En cuanto terminaron de cenar, efectuaron la rutina de los ¨²ltimos d¨ªas. Naya, que era la ¨²nica que pod¨ªa comunicarse con Leye, coloc¨® su mano sobre la roca, y al cabo de un momento comenz¨® a dibujar con carboncillo en una roca plana el mapa que el n¨²cleo le sugiri¨® para comenzar a construir a su alrededor. ¡ªNo parece muy complejo, aunque nos demandar¨¢ m¨¢s trabajo del que hemos hecho hasta ahora. Ser¨¢ mejor que aprovechemos lo que queda de d¨ªa. Algo me dice que tenemos que tener esa muralla lista cuanto antes. ¡ªS¨ª, se?or. Al parecer Leye tambi¨¦n tiene un mal presentimiento. Dice que espera que completemos estos muros, para que en la ma?ana empecemos con el segundo nivel. ¡ªMuy bien, en marcha. Durante el resto del d¨ªa se dedicaron a levantar los muros que el n¨²cleo les hab¨ªa exigido. Aunque en apariencia era un ejercicio sencillo, cada cu¨¢nto ten¨ªan que descansar. Los tres cazadores canalizaban su energ¨ªa con las manos extendidas, hasta que poco a poco se empezaban a materializar los peque?os bloques de piedra, que se superpon¨ªan entre s¨ª a medida que aparec¨ªan. No hab¨ªan llegado ni a la mitad, cuando la noche los cubri¨®. ¡ªSer¨¢ mejor que descansemos un poco. Ha llegado el momento de recobrar energ¨ªa de forma natural. Estoy seguro que hasta estas alturas hasta el n¨²cleo necesita descansar. ¡ªle dijo Nilu a sus hombres. ¡ª. Yo har¨¦ la primera guardia. En unas horas te despertar¨¦, Vidul. Eso hicieron. La noche lleg¨® con fuertes lluvias, por lo que el l¨ªder tambi¨¦n se alej¨® del n¨²cleo para ponerse a resguardo de la casa que ya hab¨ªan levantado. De pronto el presentimiento que hab¨ªa sentido se manifest¨® en una oleada de energ¨ªa tangible. Algo o alguien, visiblemente poderoso, iba hacia ellos. Tom¨® de manera inconsciente su espada. Se ven¨ªa un combate. Tendr¨ªan que pasar por encima de su cad¨¢ver y del de sus compa?eros antes de arrebatarles el n¨²cleo. Leye rebosaba de felicidad. Sus puntos de man¨¢, o aguaenerg¨ªa, como aparec¨ªa en su interfaz, no paraban de aumentar. Ahora que ten¨ªa tres humanos vinculados a su centro de gravedad, su man¨¢ aumentaba el doble por minuto. Adem¨¢s, las constantes lluvias segu¨ªan otorg¨¢ndole buenas oleadas de experiencia, que destinaba a los tres cazadores. ?Espero que no me traicionen, y hagan los muros que me salven de otros aventureros.? Era lo m¨¢s profundo de la noche, y el l¨ªder de los h¨¦roes humanos se hab¨ªa ido a dormir a la peque?a casa de piedra que hab¨ªan creado, y que ahora usaban como armer¨ªa. En su lugar, Naya se hab¨ªa sentado al lado del suelo rocoso de Leye, para hacer la guardia de la noche. De los tres forasteros que ahora compon¨ªan su grupo de guerreros, ella era la que mejor le ca¨ªa. Era obvio, ya que era la ¨²nica con la que se pod¨ªa comunicar, indic¨¢ndole c¨®mo levantar los muros a su alrededor, de modo que resultaran m¨¢s efectivos a la hora de una eventual defensa. Leye comenz¨® a estremecerse. La chica supo que cada vez que el n¨²cleo hac¨ªa esto quer¨ªa comunicarse con ella. Entonces coloc¨® la mano sobre ¨¦l para entrar en el plano telep¨¢tico. Aunque Leye comprend¨ªa algunas palabras del idioma de los cazadores, todav¨ªa ten¨ªa muchas lagunas, lo que lo frustraba. ¡ª?Has estado en otras mazmorras?¡ª Le pregunt¨® a la mujer, mientras observaba los peque?os muros de piedra a medio levantar a su alrededor.¡ª Entiendo que son cazadores. Supongo que aunque sean de nivel bajo, tienen que haber saqueado varias. Y seguro que alguna te ha impresionado. La chica pareci¨® divertida ante la pregunta de Leye. ¡ªPuedes apostar a que hemos estado en varios portales. ¨²ltimamente nuestro nivel ha subido un mont¨®n, pero las que hemos saqueado hasta ahora han sido de nivel promedio bajo. No pasan de tres. Algunas son deslumbrantes¡­y aterradoras. ¡ª?O sea que en este momento yo qu¨¦ nivel soy? ¡ªNo llegas ni a uno, pero creo que solo faltan unos pocos cientos de puntos de experiencia para que alcances el primero. Leye no hab¨ªa sido consciente de lo vulnerable que era hasta ese momento. Estos tipos lo podr¨ªan haber doblegado, pero por alguna extra?a raz¨®n lo hab¨ªan dejado en paz, y ahora lo estaban ayudando a crecer. ?Esa clase de suerte ser¨ªa puro azar, o su madre estar¨ªa detr¨¢s de ello? Se pregunt¨® qu¨¦ tanto poder ostentaba una diosa como aquella. ¡ªNo puedo evitar preguntar por qu¨¦ me ayudaste a convencer a tus compa?eros para que me ayudaran¡­ en vez de venderme en alg¨²n mercado humano. Ella suspir¨® antes de responder. ¡ªNo sabes lo engorroso que puede llegar a ser mover una roca de tu tama?o en un lugar como la selva. Aunque los habitantes de Anen nos destacamos por nuestra habilidad para movernos grandes distancias en la jungla, no deja de ser complicado mover una roca de tu tama?o, y menos con tantos escuadrones de cazadores enemigos en los alrededores. Por otro lado, la perspectiva de crear una mazmorra nunca cae mal. ?Quien sabe? podr¨ªamos crear una aut¨¦ntica ciudad de murallas a tu alrededor, que a su vez podr¨ªa controlar muchas ciudades a su alrededor. Creo que hacer parte de algo as¨ª entusiasma a mis compa?eros tanto como a m¨ª. ¡ªTienes sentido. Supongo que levantar ciudades del modo tradicional, sin la ayuda de un n¨²cleo, no resulta tan divertido. ¡ªPuedes apostar a que no. ¡ªSupongo que tiene sentido querer crear un portal despu¨¦s de haber saqueado varios. H¨¢blame de uno que te haya costado saquear junto a tus amigos, y que a su vez te haya impresionado. Quiero ideas para la mazmorra. Ella pens¨® por un momento, mientras sus ojos brillaban ante la roca. ¡ªHace poco estuvimos en un portal enorme, un bosque antiguo en el que los dinosaurios eran los monstruos principales, aunque tambi¨¦n hab¨ªa algunos naga y dragones azules, que resultaron ser m¨¢s dif¨ªcil de vencer de lo que esper¨¢bamos. ¡ª?Un bosque? ?No ten¨ªa estructuras que protegieran el n¨²cleo? ¡ªNo. Solo la espesura de la selva. En este caso, el n¨²cleo era una criatura, un tiranosaurio rojo del tama?o de un castillo. Estuvo a punto de devorarnos el cabr¨®n. Es lo que conocemos como una mazmorra salvaje. Esta era de nivel bajo, ya que las que cuentan con monstruos inteligentes que levantan edificios suelen requerir grupos m¨¢s grandes de cazadores para ser limpiadas. ¡ªO cazadores m¨¢s poderosos. ¡ªEn efecto. Aunque ya entiendo por d¨®nde va tu pregunta. Quieres saber qu¨¦ tipos de edificios podr¨ªamos crear a tu alrededor. Algo llamativo. ¡ªLlamativo, pero sobre todo seguro. No me importar¨ªa que tuviera el aspecto de una cueva vieja o de un suburbio de alguna ciudad humana, desde que sea una pesadilla de transitar para los aventureros. Aunque s¨ª puede aniquilar a los intrusos con eficacia, y adem¨¢s luce con estilo, mejor que mejor. La chica pens¨® por un buen rato mirando al suelo. ¡ªEstuvimos en una mazmorra en una monta?a helada. El edificio en el que se encontraba el jefe, un mago de tecnolog¨ªa a vapor, contaba con cinco niveles, cuya dificultad aumentaba a medida que ascend¨ªamos. Como te puedes imaginar, en el ¨²ltimo estaba el propio mago rodeado de trampas mortales. A¨²n as¨ª, nuestra experiencia previa y los hechizos reveladores de Vidul nos permitieron salir airosos, con una buena cantidad de gemas de man¨¢. Aquello parec¨ªa una buena idea. ¡ªCreo que eso suena bastante bien. Un edificio con varios pisos, conmigo a la cabeza. ¡ªEso va a ser un poco dif¨ªcil, ya que est¨¢s anclado al suelo. Pero podr¨ªamos crear una pir¨¢mide, en la que los pisos m¨¢s altos sean los niveles m¨¢s sencillos, y a medida que descienden, se vuelvan m¨¢s complejos. Leye estuvo de acuerdo con la idea. Despu¨¦s de todo, no quer¨ªa perder la conexi¨®n con las ra¨ªces que perforaban su interior, y que en ese punto le permit¨ªan controlar a cada vez m¨¢s ¨¢rboles. Los mismos ¨¢rboles que en ese preciso instante sintieron una presencia poderosa acerc¨¢ndose al lugar. Naya retir¨® su mano de la superficie rocosa de Leye y se levant¨® para mirar hacia el este, como un lobo cuando siente que una manada enemiga se acerca. ?Por todos los cielos, es una fuerza realmente poderosa.? Pens¨® el n¨²cleo, mientras empezaba a sentir temor, un terror que no sent¨ªa desde que aquellos cazadores que ahora eran sus aliados hab¨ªan llegado a su territorio por primera vez. ¡ªSer¨¢ mejor que despierte a los dem¨¢s. ¡ªdijo la chica, y de un portazo abri¨® la puerta de madera de la casa. ¡ª?Ser¨¢ mejor que tomen sus armas, tenemos visitas! Los tres guerreros se acomodaron detr¨¢s de los pocos muros que hab¨ªan creado hasta ese momento alrededor de Leye, esperando lo que fuera que se acercara en ese momento. Al cabo de unos minutos surgieron de los arbustos dos intrusos montando panteras de pelaje naranja. ¡ªEscuadrones de Eyen.¡ª dijo Nilu en su idioma en voz baja. Leye comprendi¨® por el tono que no representaban nada bueno. Un hombre fornido y cabello hasta los hombros con una espada en cada brazo, y una chica de piel blanca y hermosa a su lado. Su mirada era m¨¢s ambiciosa que la de la fiera que montaba, y sus dos espadas cortas con filo curvo que no parec¨ªa tener intenci¨®n de guardar. ¡ªSabemos que est¨¢n ah¨ª.¡ª dijo el tipo con voz tranquila.¡ª Mu¨¦strense ahora y tal vez no les vaya tan mal. Nilu fue el primero en salir de su escondite detr¨¢s de uno de los muros de roca. Sus compa?eros lo siguieron, dejando sus armas bien visibles ante los intrusos. ¡ªCazadores anaitas. ¡ªdijo la chica, mirando a los defensores con curiosidad.¡ªAunque no tienen mucha pinta de ser la fuente de tanta energ¨ªa. ¡ªSomos m¨¢s poderosos de lo que puedan creer, ixtalitas.¡ªdijo Nilu con voz de pocos amigos. ¡ª. Ser¨¢ mejor que se vayan de aqu¨ª. Cr¨¦anme: no les conviene pelear con nosotros. No en medio de la selva. La mujer se deshizo en carcajadas. ¡ªSer¨¢ mejor que cuides tus palabras, alima?a.¡ªrespondi¨®, mientras miraba divertida al tipo de las dos espadas. ¡ª. Un cazador de un nivel tan bajo como el tuyo no durar¨ªa ni tres minutos en combate contra nosotros. ¡ªTal vez no en un terreno com¨²n, pero en nuestra mazmorra, no es mucho lo que puedan hacer con nuestro poder. ¡ª?Mazmorra? Los dos intrusos se rieron al un¨ªsono ante este ¨²ltimo comentario. ¡ª?Llamas a estos tres muros descompuestos una mazmorra? Creo que est¨¢n m¨¢s desesperados de lo que aparentan. Hoy me siento generosa, as¨ª que les har¨¦ una oferta que estoy segura que no rechazar¨¢n: desaparezcan entre la maleza como los roedores de bosque que son. Tienen un minuto, si quieren seguir con su miserable vida por unos d¨ªas, hasta que los volvamos a encontrar. Por un momento, Leye temi¨® lo peor. A pesar de sus limitados poderes, pod¨ªa intuir que aquellos tipos eran mucho m¨¢s fuertes que sus aliados, que les hac¨ªan frente llenos de temor. Mientras el n¨²cleo analizaba el evidente poder de los intrusos, el minuto de gracia que la guerrera enemiga les hab¨ªa dado pas¨® m¨¢s pronto de lo deseado. ¡ªMuy bien, nos inspiraban tanta l¨¢stima que decidimos darles una oportunidad, pero ya que institen, nos quedaremos con esa misteriosa roca, y con la insignificante experiencia que sus cad¨¢veres nos otorguen. ¡ªdijo el hombre, y se arroj¨® sobre Nilu sin vacilar. Leye pudo percibir los ojos de sorpresa al ver que el enemigo hizo al ver que el espadach¨ªn se defend¨ªa de sus tajos con solvencia, aunque esforzado. De pronto, una voz reson¨® en la mente de Leye, mientras sus otros aliados se las arreglaban para sobrevivir ante la agresividad de la cazadora de cabello casta?o rojizo. ??Puedes escucharme hijo? Soy Tlaloc, diosa voladora de los truenos.? Leye sinti¨® una alegr¨ªa indescriptible al escuchar por primera vez la voz de su madre, as¨ª como una oleada de energ¨ªa penetrando en su ser. ??Madre? Que alegr¨ªa poder hablar contigo. Unas palabras de aliento no me caer¨ªan nada mal. Como ves, estoy en una situaci¨®n algo comprometida.? ?Perd¨®n hijo, no se nos permite hablar con nuestros n¨²cleos hasta que superan los primeros niveles. Pero present¨ª que estabas en peligro, as¨ª que use unos puntos de bono que ten¨ªa para poder hablar contigo.¡ªla voz se o¨ªa lejana y profunda, con eco. ¡ª. Escucha, te acabo de traspasar una buena cantidad de puntos de energ¨ªa. Los aventureros son m¨¢s poderosos que los h¨¦roes de tu bando, pero si los transfieres de inmediato quiz¨¢ tus aliados tengan una posibilidad. Rep¨¢rtelos con sabidur¨ªa, o tal vez no consigas salir de esta. No tengo m¨¢s puntos para seguir comunic¨¢ndome, pero si logras llegar al nivel seis volveremos a vernos. Buena suerte hijo.? La voz de su madre desapareci¨®, pero de inmediato apareci¨® un mensaje en su interfaz azulada. Leye se fij¨® en las criaturas que controlaba en la interfaz. Unas representaban a los papagayos que hab¨ªa podido controlar con su energ¨ªa, mientras otras los rostros de los h¨¦roes que ahora se esforzaban por sobrevivir ante los enemigos. Aunque sab¨ªa que el espadach¨ªn fornido era el l¨ªder del grupo, algo le dijo que deb¨ªa destinar una mayor cantidad a la arquera, quien en el fondo deb¨ªa influir m¨¢s en los dem¨¢s. Usando la interfaz, destin¨® setenta puntos para ella, y cuarenta para los otros guerreros. Al instante pudo percibir un aura celeste que sal¨ªa alrededor de sus aliados, y otro mensaje en su interfaz personal. . De pronto, el combate comenz¨® a decantarse a favor de sus aliados, que luchaban con m¨¢s habilidad que la de los enemigos. Con un tajo r¨¢pido, Nilu aniquil¨® a la fiera que montaba la mujer, clavando la espada en uno de sus ojos. La criatura muri¨® con un rugido desgarrador, pero la aventurera descendi¨® del animal con un salto r¨¢pido y sigui¨® combatiendo. Casi al mismo tiempo, una de las flechas de Naya acert¨® en la cara de la otra pantera, mat¨¢ndola al instante. Leye recibi¨® una oleada de man¨¢ y experiencia de las dos criaturas muertas. Sin embargo los enemigos parec¨ªan combatir mejor, aunque ahora estaban a pie como los defensores. Un aura rojiza los empez¨® a rodear, y Leye pudo sentir c¨®mo aumentaba su energ¨ªa. Estaban volviendo a recuperar el terreno que hab¨ªan perdido, empujando a los tres h¨¦roes de la mazmorra hacia el propio n¨²cleo. ?Maldici¨®n, lo ¨²nico que los retiene son las molestas flechas de Naya. Si llegan hasta ella, todo habr¨¢ terminado.? Los enemigos parec¨ªan percibir de forma inconsciente que la arquera era la m¨¢s poderosa, y en efecto sus flechas los hac¨ªan combatir con menos rigor. Nilu y Vidul hac¨ªan lo posible para contener a los enemigos, pero estos combat¨ªan con un flujo que no hab¨ªan mostrado hasta entonces. El mago aliado se esforzaba por usar sus hechizos de obstrucci¨®n, usando las plantas del suelo para distraer a los invasores, pero su nivel era demasiado alto para siquiera percibirlas. Entonces fue cuando sin previo aviso la aventurera enemiga dej¨® que su aliado se adelantara, motivado por la adrenalina del combate, y clav¨® una de sus espadas cortas en su espalda. Este, sorprendido, se volte¨® hacia ella. ¡ª??Qu¨¦ has hecho?! ?Maldita zorra! ¡ª?Qu¨¦ no es obvio? Deshacerme de ti, idiota. Los h¨¦roes que defend¨ªan a Leye, no desaprovecharon la oportunidad. Atacaron al mismo tiempo con ataques potenciados al aventurero herido, que muri¨® con un grito desgarrador. El man¨¢ y la experiencia de Leye aumentaron de forma considerable mientras el cad¨¢ver del enemigo se evaporaba. Los tres guerreros aliados parec¨ªan vigorizados por la muerte de uno de los enemigos, aunque el n¨²cleo pudo percibir su fatiga. Su nivel de energ¨ªa y man¨¢ estaban agotados. La enemiga parec¨ªa estar dispuesta a seguir luchando, pero permanec¨ªa con sus espadas alzadas, mirando de manera socarrona a los tres guerreros, que tambi¨¦n ten¨ªan sus armas dispuestas, pero sin atacar. ¡ªNi siquiera lo intenten, novatos.¡ªdijo esta, mientras los miraba a todos sin inmutarse.¡ªAunque ahora estoy sola, no me costar¨ªa mucho acabar con ustedes. Me quedar¨ªa con su experiencia y ese n¨²cleo que protegen con tanto ¨ªmpetu. ¡ªNo tienes oportunidad.¡ª respondi¨® Nilu, con la espada levantada.¡ªS¨®lo te daremos una oportunidad de irte, hazlo ahora, o prep¨¢rate para morir en esta selva desolada. La chica se burl¨®, pero envain¨® sus espadas, aunque no quit¨® los ojos de encima de los h¨¦roes aliados en ning¨²n momento. Su aura rojiza tambi¨¦n comenz¨® a desaparecer poco a poco. ¡ªNi t¨² mismo te crees tus palabras, anaita. En el estado que se encuentran, no podr¨ªan repeler ni a una banda de simios; pero es su d¨ªa de suerte. Como me han ayudado a deshacerme de este idiota avaro, estoy dispuesta a negociar. Leye qued¨® tan perplejo como los h¨¦roes. Aunque no se atrevi¨® a interferir, se fijaba en las expresiones de sus aliados, que permanec¨ªan con sus armas listas. ¡ª?Negociar? No tenemos nada que pactar con sabandijas ixtalitas. Mientras hablamos, el territorio est¨¢ recuperando poco a poco nuestra energ¨ªa. Ya no tienes oportunidad. Menos a¨²n con tu perro sabueso muerto. ¡ªVidul intentaba parecer amenazador con sus palabras, pero Leye sab¨ªa que no consegu¨ªa enga?arse ni siquiera a s¨ª mismo. ¡ªApuesto a que s¨ª.¡ªdijo la mujer, sin alterarse. ¡ª. Escuchen, no soy ninguna tonta: s¨¦ lo que hay detr¨¢s de ustedes. Y la raz¨®n por la que la defienden con su propia vida. Se trata de un n¨²cleo. Lo pude percibir desde el momento en que vi su forma. Ahora bien, estoy segura que mi experiencia y la de ustedes, nos permitir¨ªa convertir esta peque?a piedra en una mazmorra prometedora en muy poco tiempo. ¡ª?De qu¨¦ diablos hablas? ¡ªrespondi¨® el mago aliado.¡ªEsto no es m¨¢s que un tesoro con algo de experiencia. Y puedes estar segura de que no lo vamos a compartir con una mercenaria como t¨². Ahora pi¨¦rdete por donde has venido¡­ ¡ªEspera. ¡ªlo interrumpi¨® Nilu. ¡ª. Dices que nos puedes ayudar a expandir este n¨²cleo. En caso de que de verdad fuera tal cosa, ?c¨®mo pretendes ayudarnos? La cazadora suspir¨®, aunque sus ojos brillaban de ambici¨®n. ¡ª?Est¨¢s bromeando? Soy una cazadora poderosa, como estoy segura que ya se han dado cuenta. El idiota que acabo de aniquilar ante sus ojos no me llegaba ni a los tobillos, pero dado que ten¨ªa el apoyo de los dem¨¢s miembros de mi escuadra, no me hab¨ªa podido encargar de ¨¦l. Ahora puedo alegar que ha muerto en una emboscada. Si me permiten ligarme al n¨²cleo, le aportar¨¦ m¨¢s experiencia de la que ustedes, novatos. Sin mencionar que mi conocimiento les permitir¨¢ forjar unas defensas m¨¢s s¨®lidas. ?Qu¨¦ dicen? Es eso o irme y llegar ma?ana con un ej¨¦rcito para reclamar este n¨²cleo como posesi¨®n del imperio ixtalita. Ustedes deciden. Los tres h¨¦roes no quitaban la vista de la intrusa, que permanec¨ªa tranquila con su sonrisa burlona parada en medio de ellos con las manos en la cintura. ?Lo que dice es verdad. ¡ªpens¨® Leye, con una punzada de terror en las entra?as.¡ª Aunque mis aliados han recuperado algo de energ¨ªa, no podr¨ªan alcanzar a esta chica si decide irse ahora. No tenemos opci¨®n, y ellos tambi¨¦n lo saben.? ¡ªLo que dices suena tentador. ¡ªdijo Nilu al fin. Parec¨ªa ser tan consciente de la situaci¨®n en la que estaban como Leye. ¡ª?Pero qu¨¦ nos garantiza que no nos traicionar¨¢s, como al otro ixtalita? ?Por qu¨¦ est¨¢s tan interesada en hacer crecer ¨¦ste n¨²cleo? ¡ªNo tengo que garantizarles nada. Ustedes saben que podr¨ªa matarlos ahora, y apropiarme del n¨²cleo, sin m¨¢s. Pero tardar¨ªa en hacer crecer la estructura, y tendr¨ªa que quedarme aqu¨ª escondida por un buen tiempo, lo que tarde o temprano incitar¨ªa a mis colegas a investigar. ¡ªla mujer miraba en todas las direcciones, como estudiando el potencial del terreno. ¡ª. Con su ayuda, puedo ir y dedicarme a otros asuntos, mientras ustedes hacen crecer mi imperio. Tendr¨ªa que compartirlo, pero definitivamente esto har¨ªa el pastel m¨¢s grande.¡ªla mujer se quit¨® un mech¨®n del cabello. Leye pens¨® que era de verdad atractiva, aunque su mirada rebosaba ambici¨®n.¡ª y en cuanto a por qu¨¦ quiero hacer crecer el n¨²cleo, creo que es obvio. ?A qui¨¦n rayos no le gusta jugar a ser un dios? La sombra alada del bosque Leye ya estaba protegido por una c¨²pula de piedra. Gruesos bloques rocosos cubr¨ªan la esfera en la que estaba atrapado por todos los lados, salvo por encima, desde donde un halo de luz solar ca¨ªa sobre ¨¦l. Desde los ¨¢rboles que controlaba, observ¨® el edificio que los cazadores humanos hab¨ªan construido para protegerlo. Era una c¨²pula enorme, rodeada por varias casas y cuatro arqueros de piedra que hac¨ªan las veces de centinelas y observaban con celo todo lo que se acercaba. Eran aut¨®nomos, aunque Leye pod¨ªa disparar sus flechas rocosas a voluntad. Por suerte, no hab¨ªa tenido que ponerlos a prueba. Solo lo visitaban los simios y las guacamayas atra¨ªdos por su energ¨ªa. Dentro del rango de los centinelas, los humanos hab¨ªan construido varios pozos de m¨¢rmol, en cuyo interior el man¨¢ azulado permanec¨ªa reposando, aumentando la regeneraci¨®n de energ¨ªa por minuto de la mazmorra. M¨¢s all¨¢ de los arqueros, hab¨ªa un santuario dedicado a la diosa Tlaloc, que, una vez recibiera suficientes gemas, podr¨ªa comenzar a invocar criaturas para la defensa, aunque por el momento solo estaba cubierto por estatuas de la diosa y serpientes de distintas especies que la recorr¨ªan de un lugar a otro. Tambi¨¦n hab¨ªan levantado un sal¨®n de restauraci¨®n y un almac¨¦n de recursos para guardar tesoros. La mente de Leye pod¨ªa recorrer cada uno de los lugares, por dentro y por fuera. Todos los edificios estaban hechos del mismo material y ten¨ªan peque?as g¨¢rgolas con forma de serpiente. Los simios se mov¨ªan por el lugar, transportando frutas y esquivando con temor a las v¨ªboras que mostraban sus lenguas con siseos. ?Ahora s¨ª est¨¢ cobrando forma mi bella mazmorra?, pens¨®, satisfecho. ?Aunque, por alg¨²n motivo, no me siento seguro?. Aquel crecimiento no habr¨ªa sido posible a ese ritmo si no fuera por la experiencia otorgada por la extra?a cazadora que hab¨ªa traicionado a su compa?ero y se hab¨ªa vinculado al n¨²cleo. Aunque los otros humanos tambi¨¦n se esforzaban por conseguir experiencia en las mazmorras a las afueras de la selva, no enviaban ni la cuarta parte de la experiencia que la guerrera extranjera les proporcionaba. This content has been unlawfully taken from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. ?No cabe duda de que ella sola podr¨ªa haberse encargado de los otros h¨¦roes. Solo los us¨® para deshacerse del tipo que ven¨ªa con ella. Lo peor de todo es que estoy bajo su poder. Ser¨¢ mejor tener mucho cuidado con esa extranjera, al menos hasta que sea m¨¢s poderoso?. Sea como fuera, su experiencia le hab¨ªa resultado muy ¨²til. Apreciaba m¨¢s al otro grupo de h¨¦roes, que en ese momento luchaban en alguna mazmorra de alto nivel, pero no eran ni la mitad de productivos. El coraz¨®n de la mazmorra decidi¨® que ten¨ªa suficiente man¨¢ como para ponerse a trabajar mientras esperaba noticias de sus aliados, por lo que se puso manos a la obra. Concentr¨® toda su energ¨ªa en el santuario dedicado a su madre. Supo por instinto que hab¨ªa llegado el momento de empezar a crear monstruos de su propia cosecha. Los humanos hab¨ªan resultado ser aliados ¨²tiles, pero eran criaturas cambiantes como las corrientes de viento, y en cualquier momento pod¨ªan traicionarlo o abandonarlo; era mejor estar preparado. Comenz¨® a drenar sus puntos de man¨¢, que en ese momento eran poco m¨¢s de quinientos, mientras destinaba toda su concentraci¨®n al altar con forma de estrella que hab¨ªa en medio del edificio. Entre las columnas de m¨¢rmol y las serpientes que se mov¨ªan con indiferencia en medio del sitio, una luz comenz¨® a emerger a unos metros sobre el suelo. Leye comenz¨® a debilitarse a medida que destinaba toda su energ¨ªa y sus recursos a ese peque?o rinc¨®n de la mazmorra. Las serpientes se estremecieron y comenzaron a moverse de un lugar a otro, a medida que la luz en medio del recinto empezaba a relucir con m¨¢s fuerza. Cuando le quedaban poco m¨¢s de diez puntos de energ¨ªa, un mensaje apareci¨® en su interfaz. ?Has creado tu primer monstruo! Nava¡¯rel, la sombra alada del bosque oscuro. Estar¨¢ bajo tu control en cuanto despierte. Nivel: uno. Leye observ¨® a la criatura con orgullo, admirando su hermoso cuerpo. Era similar a una humana, con el cabello negro como la noche y peque?as alas en su espalda, as¨ª como garras afiladas en sus manos y piernas. La arp¨ªa descansaba en posici¨®n fetal sobre el altar rodeado de serpientes. Dorm¨ªa de forma pl¨¢cida e indiferente. ?Es bell¨ªsima?, pens¨®, mientras observaba sus curvas perfectas. Era tan indefensa como el n¨²cleo la noche en que hab¨ªa ca¨ªdo desde el cielo. ?Me siento d¨¦bil, pero ha valido la pena. Ahora solo debo esperar que los pozos de man¨¢ y las frutas que traen los primates me den algo de sustento?. No le gustaba quedarse en una posici¨®n tan d¨¦bil, pero definitivamente val¨ªa la pena. En poco tiempo, aquel nuevo activo ser¨ªa tan ¨²til para defender la mazmorra como para explorar otras nuevas. Adem¨¢s, confiaba en su madre y en sus aliados. Era cuesti¨®n de tiempo para que la experiencia volviera a fluir por el lugar. Ahora solo quedaba esperar. El páramo siniestro. ¡ªSer¨¢ mejor que nos demos prisa ¡ªla voz de Naya sonaba segura, pero sus ojos mostraban temor¡ª. Los escuadrones enemigos pueden caer sobre nosotros en cualquier momento. El terreno estaba cubierto de neblina. Los tres compa?eros iban cubiertos con mantas pardas de lana, pero el fr¨ªo penetraba hasta los huesos. Despu¨¦s de entrar en el portal de nivel dos, llevaban varios minutos caminando entre frailejones, en un p¨¢ramo desolado donde solo se escuchaba el rumor de manantiales lejanos. ¡ªNo tenemos que preocuparnos, a menos que los monstruos hagan que los combates se extiendan. Hemos hecho trabajos de exploraci¨®n y no hab¨ªa enemigos en varias leguas a la redonda. Tenemos varias horas ¡ªdijo Nilu, intentando sonar seguro para tranquilizar a sus compa?eros, aunque en realidad se sent¨ªa inseguro. El portal parec¨ªa sencillo, pero siempre pod¨ªan llevarse sorpresas. Siguieron subiendo por la pendiente hasta que divisaron el primer grupo de monstruos. Eran humanos. Vest¨ªan t¨²nicas de lana de colores oscuros, similares al del terreno. El grupo, de al menos veinte individuos, se acercaba de forma disimulada entre los setos, y Naya alcanzaba a distinguir las lanzas y los arcos que portaban. Tambi¨¦n hab¨ªa jinetes sobre llamas de cuello largo y pelaje amarillo. ¡ªSon de nivel bajo, pero sus n¨²meros pueden ser un problema ¡ªdijo Vidul, despu¨¦s de analizar su nivel con una de sus habilidades, que hac¨ªa que sus ojos brillaran mientras la activaba¡ª. No creo que sea buena idea confrontarlos de manera directa. ¡ªEn ese caso, haremos la formaci¨®n Colmillo Doble, y usaremos los frailejones como barrera para evitar sus flechas y atacarlos por emboscada ¡ªdijo Nilu, decidido. Como tres comadrejas, los compa?eros comenzaron a fingir una huida entre las plantas que abundaban en la colina. Los monstruos del portal comenzaron a perseguirlos, tal como pensaban. Los jinetes iban primero, seguidos por los lanceros y arqueros, que corr¨ªan casi a la misma velocidad que las monturas. ?Son demasiado veloces?, pens¨® Naya, con su arco listo, mientras calculaba sus movimientos detr¨¢s de uno de los enormes setos para empezar a disparar. A pesar de sus dudas, pronto hiri¨® al primero en un hombro, aunque sin derribarlo. ?Si no logro acabar con suficientes, nos rodear¨¢n en un parpadeo?. Sab¨ªa que sus compa?eros depend¨ªan de ella para completar esta mazmorra. Si bien Leye les enviaba m¨¢s man¨¢ y habilidades desde la mazmorra en la selva, segu¨ªa siendo dif¨ªcil completarla solo entre tres h¨¦roes, sin tropas auxiliares. El rango de su arma era la diferencia entre la vida y la muerte. Decidida, comenz¨® a disparar usando el frailej¨®n como escudo, mientras acertaba en las extremidades de los enemigos, que empezaron a gritar en un idioma extra?o a medida que se acercaban. ?Un canto de guerra?. Mientras esquivaba las flechas enemigas, consigui¨® derribar a uno de los lanceros, pero para entonces los enemigos se hab¨ªan acercado demasiado. Sin duda conoc¨ªan el terreno como la palma de su mano y descend¨ªan por la pendiente ligera con la habilidad de los felinos. La guerrera silb¨® en c¨®digo, y Vidul respondi¨® de inmediato, creando varias ilusiones de s¨ª mismo y de Nilu para hacer frente a los jinetes de llamas que casi estaban sobre ellos. El grupo de monstruos o ¡°mobs¡±, como sol¨ªan llamarlos, enfoc¨® toda su atenci¨®n en las ilusiones, convencidos de que estaban peleando con los guerreros. Naya aprovech¨® esos segundos valiosos para derribar a varios enemigos, acertando en sus cuellos y est¨®magos, antes de que se dieran cuenta de la treta. Los puntos de experiencia en su interfaz no paraban de subir. Uno de los jinetes, un furioso espadach¨ªn de piel cobriza y ojos rasgados, esquiv¨® sus dardos con una habilidad sobrenatural. ¡ªEse sin duda es el jefe de la mazmorra ¡ªdijo Nilu en voz alta, mientras una bocanada de aire neblinoso sal¨ªa de su boca¡ª. No le dispares a ¨¦l, lo dejaremos para el final. La arquera olvid¨® el miedo que sent¨ªa al entrar en el portal y alcanz¨® el estado de flujo en combate, algo que le costaba mucho cuando era novata. Stolen from its original source, this story is not meant to be on Amazon; report any sightings. A pesar de sus bajas, al menos diez monstruos del portal llegaron hasta ellos. ¡ª?Es hora de que usen sus habilidades definitivas, mientras yo combato cuerpo a cuerpo con el jefe! ¡ªTras decir esto, Nilu se abalanz¨® sobre el jinete de aspecto feroz, que corr¨ªa hacia ellos con fuego en los ojos. Vidul esper¨® a que los otros lanceros y jinetes se acercaran lo suficiente junto a sus perros de caza e invoc¨® su habilidad definitiva en la interfaz frente a sus ojos: ¡°Coraz¨®n del bosque viviente¡±. Costo de man¨¢: 20 puntos. Despu¨¦s de que sus ojos se tornaran met¨¢licos y gritara unas palabras en la lengua de su tribu, los frailejones a su alrededor empezaron a despegarse del suelo y a caminar como enormes guerreros, protegi¨¦ndolo a ¨¦l y a Naya de los sorprendidos enemigos. Las criaturas herb¨¢ceas golpeaban con sus enormes ramas a los lanceros de la mazmorra, ralentiz¨¢ndolos, mientras Naya segu¨ªa disparando sus flechas sin piedad, agregando fuego m¨¢gico a las puntas, lo que las hac¨ªa el doble de mort¨ªferas, aunque drenaba su man¨¢ a un ritmo abismal. Su barra casi se hab¨ªa agotado cuando aniquilaron a los enemigos en lo que a la chica le pareci¨® una eternidad. Sin tiempo para pensar, corrieron hacia el jefe del portal, que parec¨ªa estar doblegando a Nilu. Su aliado aguantaba las estocadas del rival, pero retroced¨ªa con cada golpe. ?Sin duda los jinetes siempre tendr¨¢n ventaja sobre la infanter¨ªa, no importa el nivel?, pens¨® Naya, mientras colocaba su flecha especial en el arco y mentalmente seleccionaba su habilidad definitiva en la interfaz: ¡°Extracci¨®n de vida¡±. ?Hasta nunca, pesado?. La flecha acert¨® en el pecho del enemigo, perforando su manto pardo. Aunque no lo mat¨® al instante, el enemigo se debilit¨® poco a poco, y cada espadazo que propinaba a Nilu era m¨¢s d¨¦bil. Con cada segundo que pasaba, el man¨¢ de Naya se recuperaba, dren¨¢ndolo del cuerpo del jefe del portal. Al final, el jinete cay¨® de la bestia, y Nilu le cort¨® la cabeza de un tajo, haciendo que su cuerpo se evaporara, perdi¨¦ndose en la niebla. ¡ªVaya ¡ªdijo Vidul, despu¨¦s de silbar aliviado¡ª. Eso estuvo cerca. La interfaz de los tres h¨¦roes se llen¨® de notificaciones: Has derrotado al jefe de la mazmorra. Tus puntos de experiencia han aumentado en 50. Puntos para tu mazmorra principal: 30. ¡ªHan hecho un buen trabajo ¡ªdijo Nilu, mientras recuperaba el aliento y envainaba su espada¡ª. Nos ha tomado menos de lo que pensaba. Creo que tenemos tiempo suficiente para explorar el portal. A¨²n podemos hacernos con un buen bot¨ªn. Naya no estaba del todo de acuerdo con permanecer all¨ª. Aquello implicaba alejarse m¨¢s de la entrada, lo que aumentaba el riesgo de que alg¨²n escuadr¨®n eyen cayera sobre ellos por la retaguardia. En todo caso, Nilu era el l¨ªder, y cuando daba una orden, no hab¨ªa m¨¢s que decir. Los cad¨¢veres de los insignificantes goblins yac¨ªan alrededor de ¨¦l y sus hombres como un grupo de roedores, con su sangre verdosa esparcida por toda la mazmorra, un t¨²nel cavernoso entre las monta?as. Hunn, el enorme guerrero de cabello al ras y armadura de oro, limpi¨® su espada mientras contaba los rid¨ªculos puntos de experiencia que hab¨ªa obtenido tras la batalla en la sala final. ¡ªEstos portales son una basura. Si no encontramos suficiente experiencia para el emperador, me lanzar¨¦ contra la pr¨®xima ciudad ixtalita que se cruce en nuestro camino. Heag, el mago de fuego a su lado, siempre era quien de un modo u otro consegu¨ªa calmar al l¨ªder del escuadr¨®n con palabras pr¨¢cticas. ¡ªMi se?or, estoy seguro de que todos sus hombres, incluy¨¦ndome, queremos lo mismo; pero no es prudente, al menos por el momento. El emperador ha sido claro en cuanto a la orden exclusiva de limpiar las mazmorras de los salvajes. Si bien somos el escuadr¨®n de avanzada m¨¢s poderoso desde que Orec desapareci¨®, incluso las ciudades b¨¢rbaras cuentan con muchas defensas que nos pueden sorprender. ¡ªMientras hablaba, el mago comenz¨® a carbonizar los cad¨¢veres de los monstruos mientras el man¨¢ flu¨ªa hacia ¨¦l¡ª. Si bien es poco probable que una ciudad b¨¢rbara pueda resistir su implacable fuerza, nunca es buena idea contrariar al emperador. ?Tiene raz¨®n.? ¡ªEs cierto ¡ªdijo el hombret¨®n, reorganizando sus ideas¡ª. Pero me estoy aburriendo como un demonio. ¡ªEnvain¨® su espada mientras se dirig¨ªa al mago¡ª. ?Qu¨¦ has podido averiguar sobre la muerte de Orec? ¡ªLo ¨²ltimo que escuch¨¦ es que hab¨ªa desaparecido del campamento, sin m¨¢s, aunque algunos hechiceros aseguran que se intern¨® en la selva con Yowo, una de sus prostitutas guerreras. ¡ªEl mago ten¨ªa el cuello torcido y la piel arrugada; era feo como el m¨¢s espantoso de los orcos, pero su poder era muy ¨²til para Hunn, y ten¨ªa algunos poderes ps¨ªquicos que le permit¨ªan reunir informaci¨®n valiosa¡ª. Parece que la mujer sigue con vida y se ha reincorporado al grupo, tomando el control de ¨¦l. El guerrero buf¨®. ?Una mujer a cargo de uno de los escuadrones eyen m¨¢s poderosos? Eso era rid¨ªculo. ¡ªEn ese caso, los capturaremos e incorporaremos a nuestra fuerza especial. Yo mismo me encargar¨¦ de violar y usar a esa mujer a mi voluntad. ?Puedes determinar la posici¨®n de dicho grupo? ¡ªS¨ª, mi se?or, pero solo cuando recupere el suficiente man¨¢. ¡ªMuy bien, toma todas las pociones que necesites, y los puntos de estas criaturas insignificantes. ?Diablos, por fin algo de diversi¨®n! Estoy seguro de que el emperador no se enterar¨¢ de esto, y con dos grupos as¨ª unidos, pronto limpiaremos las mazmorras m¨¢s dif¨ªciles de este pa¨ªs, si es que se le puede llamar as¨ª a esta finca. Despu¨¦s averiguaremos qu¨¦ ocurri¨® con el tal Orec. Presiento que hay un bot¨ªn oculto detr¨¢s de todo eso. ¡ªS¨ª, mi se?or. Sombras de Rava y Reino submarino. Yowo se mov¨ªa por las calles de Rava como una serpiente de agua. Aunque solo hab¨ªa estado un par de veces en la ciudad, hab¨ªa estudiado minuciosamente las calles en el mini mapa de la interfaz, y conoc¨ªa cada recoveco y callej¨®n, as¨ª como las calles principales y secundarias. ?Esto es un nido de ratas?, pens¨® mientras caminaba entre los bazares abarrotados de seres de todas las razas imaginables, desde orcos hasta hombres lobo, tritones y hasta alg¨²n elfo de aspecto poco confiable. ?M¨¢s vale conocer todas las salidas, aunque estoy segura de que ninguno de los que me he cruzado podr¨ªa conmigo. Pero siempre est¨¢n los guardianes de la ciudad, con sus pesados hechizos de ralentizaci¨®n. M¨¢s vale hacer pronto lo que he venido a hacer en este pulguero, y marcharme de nuevo a la selva?. A pesar de todo, se sent¨ªa c¨®moda. Se mov¨ªa por las calles empedradas envuelta en una t¨²nica verde, com¨²n entre los lugare?os, lo que le habr¨ªa dado algo de sigilo de no ser por su belleza. Aunque los tipos con los que se cruzaba no alcanzaban a ver su rostro, s¨ª pod¨ªan notar sus curvas debajo de la seda. Se dirigi¨® con prisa al mercado principal, donde un goblin de aspecto aburrido y barba larga atend¨ªa a los comensales en un kiosco de madera. ¡ªDame veinte pociones de man¨¢ y una cota de malla con da?o m¨¢gico adicional. La peque?a criatura verde silb¨® en cuanto vio las monedas de oro sobre la barra. ¡ªParece que eso de saquear mazmorras resulta bastante rentable ¡ªle dijo mientras le pasaba una armadura gruesa de color rojizo, con espinas met¨¢licas en el peto y las hombreras¡ª. No vend¨ªa un objeto de nivel tres desde el a?o pasado. Yowo se limit¨® a encogerse de hombros mientras guardaba en su mochila las pociones de man¨¢ y miraba con asombro la armadura. ¡ªEs mejor estar preparada ¡ª. Se dirigi¨® a una tienda de sastre y se atavi¨® con la cota. Luego ley¨® las estad¨ªsticas en la interfaz de color azul frente a sus ojos. Cota de malla del Herrero Profano: 800 puntos de vida. Corta curaciones: 300 puntos. Pasiva adicional: por cada segundo en combate cuerpo a cuerpo, el contrincante recibe da?o m¨¢gico verdadero. ?M¨²sica para mis ojos?. Tras beber dos pociones y aumentar su man¨¢ al m¨¢ximo, se dirigi¨® a la parte baja de la ciudad por unos escalones empinados. Un grupo de orcos fornidos se qued¨® mir¨¢ndola por un buen rato mientras pasaba por un callej¨®n oscuro. ?Adelante, chiquillos. No me caer¨ªan nada mal aumentar mi experiencia. Solo denme un motivo?, pens¨® mientras sosten¨ªa la mirada del l¨ªder, una bestia de dos metros con la piel roja como la sangre. Aunque su nueva cota era ideal para combatir con criaturas cuerpo a cuerpo como aquellas, se apiad¨®. Con sus estad¨ªsticas actuales, vencer a un grupo de altos orcos ser¨ªa tan sencillo como acabar con una camada de cerdos. Yowo hab¨ªa sido dise?ada para adquirir habilidades de cuatro clases distintas, algo impensado para cualquier otro pj del servidor. Los m¨¢s poderosos pod¨ªan adquirir hasta dos clases, y la segunda con muchas limitaciones. Aunque tuvo muchos errores iniciales, al final pudo tomar el papel de luchadora, asesina y maga. Todav¨ªa no hab¨ªa elegido la cuarta, pero era letal como el m¨¢s poderoso de los guerreros. La ciudad baja de Rava era un mundo subterr¨¢neo al que no llegaba la luz del sol. Mientras descend¨ªa por las oscuras calles empedradas, vio contrabandistas, ladrones y sicarios de todas las razas. ?Aqu¨ª se tienen que realizar todo tipo de transacciones. Ni siquiera los guardias de la ciudad llegan a este punto. Si fuera un npc o incluso un jugador no vendr¨ªa ni de broma?. Encontr¨® la posada con rapidez gracias al mini mapa de la interfaz, y se sent¨® en una mesa esquinera, donde la luz de las antorchas apenas llegaba. Su contacto lleg¨® a la hora acordada. Era un trit¨®n de aspecto fornido y pantalones de cuero, en la transformaci¨®n que le permit¨ªa habitar la superficie. Se dirigi¨® a Yowo con un gesto despectivo a modo de saludo. ¡ªPrimero el oro, luego la informaci¨®n. La chica puso la mitad de la cantidad acordada sobre la mesa. ¡ªQu¨¦ desconfiados son los seres del mar. Me pregunto si all¨¢ abajo las cosas son la mitad de turbias que por aqu¨ª. ¡ªPuedes apostar a que s¨ª. Las patrullas del rey de Ixtul est¨¢n en este momento custodiando las costas, temerosas de que tu gente los ataque tambi¨¦n por mar. Apenas hay patrullas. Tus bandidos podr¨¢n hacer lo que quieran en Aguas Fronterizas. Tras escuchar las noticias, Yowo le dio la otra mitad del dinero al trit¨®n, que desapareci¨® con su piel lisa y su ropa rid¨ªcula entre las sombras. Pidi¨® una cerveza espumada, y mientras la beb¨ªa con parsimonia observ¨® las estad¨ªsticas del n¨²cleo que hab¨ªa dejado en lo profundo de la selva. ?Mi nuevo huerto. Mi nueva granja de esclavos?. N¨²cleo de la Diosa Tlaloc. Experiencia acumulada: 3600 puntos. N¨²mero de edificaciones: 20. H¨¦roes vinculados: 4. Criaturas bajo control: La ¨²ltima notificaci¨®n llam¨® la atenci¨®n de Yowo, y ampli¨® la informaci¨®n en la interfaz. Nava¡¯rel: La sombra alada del bosque. Nivel: 2. Stolen novel; please report. Observ¨® el dibujo de la criatura con detenimiento. ?Es hermosa, como yo. No, su naturaleza la hace m¨¢s bella?. Bebi¨® un trago de cerveza mientras observaba las curvas y el cabello largo de la mujer ave. ?Tengo que ir a verla ahora mismo?. Antes de salir de la ciudad baja se dirigi¨® a una tienda de monturas y compr¨® un tigre con el oro que le hab¨ªa sobrado de la ¨²ltima mazmorra, un portal tipo tres infestado de vampiros. Mont¨® al felino descomunal por las escaleras de los suburbios y pronto alcanz¨® la muralla exterior. Con el aspecto de la fiera, no le cost¨® mucho abrirse paso por las calles. Era hora de volver a la selva. ****** El delf¨ªn devoraba las sardinas con af¨¢n evidente en el fondo marino, mientras Kulad lo acariciaba suavemente en el lomo. ¡ªVamos, cari?o, no tenemos mucho tiempo. El otro trit¨®n a su lado se burl¨®. A pesar de las mofas, lo descubri¨® mirando en todas las direcciones con nerviosismo. ¡ªRel¨¢jate, hermano. Hoy es lunes en mi mundo, no muchos pjs se conectan para venir a la zona prohibida ¡ªle dijo CazadordeAletas para tranquilizarlo. Kulad lo intent¨®, pero no pod¨ªa dejar de pensar en la ¨²ltima vez que hab¨ªa estado tan alejado de Ciudad Coralina. La misi¨®n hab¨ªa salido mal, y un grupo de bandidos submarinos los hab¨ªa atrapado, robando todo su equipo y mat¨¢ndolos de forma lenta y dolorosa. ¨¦l no solo hab¨ªa perdido tres niveles, sino que hab¨ªa tardado una semana en reaparecer en Nautiloria, la lejana capital de los arrecifes. ¡ªEs probable que muchos otros piensen como t¨², y precisamente este sea el d¨ªa en el que quieren recolectar peces¡­ y novatos. ¡ªNo somos novatos, Kulad ¡ªdijo su l¨ªder de caza, mientras le daba un poco de alga marina a su propio delf¨ªn, que ya hab¨ªa completado su carga¡ª. Hace m¨¢s de quince a?os que me conecto a este juego. ¡ªYa, pero tenemos equipo de novatos, y poco o nada de experiencia en el pvp. Es lo mismo que ser noobs. Su delf¨ªn complet¨® la carga de doscientas sardinas, y nadaron de vuelta a la zona coralina m¨¢s cercana, otra de las tantas peque?as islas habitables en la inmensidad del suelo oce¨¢nico. ?Definitivamente no me gustar¨ªa quedarme sin montura en un lugar como este?. Salieron del ¡°Vac¨ªo¡± en menos de dos horas y llegaron a Valle Celeste, la isla de Kulad, un lugar lleno de casas y edificios creados con corales de muchos colores. Estas ciudades submarinas estaban habitadas por tritones en su mayor¨ªa, as¨ª como otras clases anfibias. Les tom¨® un buen rato atravesar el tr¨¢fico y llegar a la peque?a mazmorra de CazadordeAletas, si es que a una bodega con de sardinas y percebes en la fachada se le pod¨ªa llamar as¨ª. Los delfines descargaron el setenta por ciento de la carga y absorbieron el resto como combustible. Aquel era el tercer viaje que hac¨ªan ese d¨ªa, y seg¨²n hab¨ªa dicho Cazador, a¨²n faltaban dos m¨¢s. ?Entre m¨¢s tiempo pase, m¨¢s jugadores se van a conectar y mayor ser¨¢ el riesgo?, pens¨® Kulad, temeroso, pero poco o nada pod¨ªa hacer al respecto. Aunque no era un esclavo de su compa?ero, necesitaba el oro que la peligrosa labor de ¡°farmear¡± en el Vac¨ªo le daba. Era el ¨²nico sustento de sus padres y hermanos. Para un trit¨®n de baja casta, aquel era uno de los pocos trabajos donde pod¨ªa recibir suficiente paga para subsistir. Los dos tritones nadaron sobre los delfines a trav¨¦s de varios edificios coralinos, hasta que poco a poco volvieron a moverse sobre las algas altas que imperaban en la selva submarina. Entre m¨¢s se alejaban de la isla coralina, m¨¢s alta y oscura se volv¨ªa la vegetaci¨®n, y pronto dejaron de ver las patrullas de tritones oficiales a lomos de dragones j¨®venes marinos, encargados de regular las leyes de farmeo y el saqueo entre bandas. Esta ser¨ªa la zona so?ada de Kulad, pero el bot¨ªn era barato, y por ende a su jefe no le gustaba. ?Adem¨¢s le parece aburrido porque no hay riesgo de escurrirse de bandas enemigas?. Cuando faltaba poco para llegar al banco de peces al que sol¨ªan ir, el npc decidi¨® preguntar a su amo una duda que le corro¨ªa la mente desde hac¨ªa varias semanas. ¡ª?Por qu¨¦ no has pensado en ampliar nuestro grupo de caza? ¡ªle dijo, olvidando toda prudencia¡ª. Si traes m¨¢s jugadores, ya sea que los manejes t¨² o un amigo de tu mundo, podr¨ªamos hacer m¨¢s con menos esfuerzo¡­ y sobre todo con menos peligro. Por suerte, CazadordeAletas no pareci¨® tom¨¢rselo a mal y respondi¨® a su impertinencia con indiferencia. ¡ªSabes que me gusta mantener las cosas simples, Kulad. ?Qu¨¦ tiene de malo hacer entre dos una labor que suelen realizar siete u ocho tritones? Es cierto que el bot¨ªn no es muy grande, pero nos da suficiente para tu paga y para hacer mejoras a la bodega. Un par de a?os m¨¢s de farmeo juicioso, y pronto tendremos suficiente para contratar a otros mercenarios que hagan el trabajo sucio. As¨ª, nos podremos dedicar a despachar el pescado en lo seguro de la cuaderna. Por ahora, debemos preocuparnos por el d¨ªa a d¨ªa. ?Seguro que para ¨¦l ¡°un par de a?os m¨¢s¡± es otra d¨¦cada?. El tiempo era el enemigo de Kulad si permanec¨ªa en ese oficio, ya que no le quedaban muchas vidas. Sin ¨¦l, su familia morir¨ªa de hambre con toda seguridad. Por su parte, CazadordeAletas podr¨ªa simplemente contratar a otro NPC de la ciudad, o directamente crear otro personaje. Decidi¨® concentrarse en la navegaci¨®n hacia la zona de farmeo para despejar su ansiedad. Sab¨ªa que para su jefe aquella actividad era una diversi¨®n que lo hac¨ªa olvidarse de su "aburrida vida all¨¢ afuera¡±, como le hab¨ªa mencionado en m¨¢s de una ocasi¨®n. Solo deb¨ªa ayudarle a disfrutar de aquella fantas¨ªa si quer¨ªa mantener el trabajo. ?Para Cazador esto no es m¨¢s que un juego, literalmente. Un juego que le permite crear una empresa ficticia en la que siente adrenalina y el riesgo de hacerse con un bot¨ªn decente, aunque pueda perder el equipo y las monturas que tanto le ha costado obtener. Para m¨ª, es la vida misma?. Ignorando su situaci¨®n, comenz¨® a azuzar a su delf¨ªn mientras absorb¨ªa a las desprevenidas sardinas en cuanto llegaron al pozo. Faltaba poco para que ambos animales completaran sus cargas, cuando Kulad observ¨® con sus ojos met¨¢licos un movimiento poco usual en el horizonte submarino. ?No puede ser?. Abri¨® a toda prisa el minimapa azulado en la interfaz, y observ¨® que, en efecto, un grupo de al menos doce seres se mov¨ªa en su direcci¨®n. Agudiz¨® su visi¨®n y vio que se trataba de arponeros sobre orcas, una banda especializada en depredar novatos en el Vac¨ªo. ¡ª?Se?or, nos han divisado! ?Tenemos que irnos ahora! El jugador luc¨ªa tan asustado como ¨¦l, pero en sus ojos brillaba la ambici¨®n. ¡ªYa falta poco para que terminen de cargar. Entonces los podremos despistar entre las algas. Los delfines llenaron sus puntos de carga en lo que a Kulad le pareci¨® una eternidad, pero en cuanto estuvieron listos, nadaron con la velocidad del trueno. De vez en cuando, Kulad miraba hacia atr¨¢s para comprobar que los cazadores cada vez estaban m¨¢s cerca. ?Tienen apariencias prestigiosas en las monturas. Si as¨ª son los cosm¨¦ticos, no quiero ni imaginar sus estad¨ªsticas?. Kulad y su l¨ªder solo contaban con cotas ligeras y una lanza de plata, lo que no les daba la menor oportunidad. El primer arp¨®n pas¨® rozando su espalda, pero lo esquiv¨® por poco. Con la velocidad de las orcas, los alcanzar¨ªan mucho antes de llegar a la cuaderna. Las ballenas asesinas eran casi el doble de veloces que los delfines, y m¨¢s inteligentes. Pod¨ªan hacer formaciones y emboscadas m¨¢s sofisticadas que los peque?os cet¨¢ceos. ¡ª?No podremos meternos entre las algas, o nos alcanzar¨¢n en un santiam¨¦n! ?Cambio de planes, ahora iremos a la superficie, solo s¨ªgueme! ¡ªle grit¨® Cazador, mirando con preocupaci¨®n a los jugadores enemigos cada vez m¨¢s cerca. ??C¨®mo puede disfrutar esto? Yo me estoy orinando?, pens¨® Kulad, despu¨¦s de que otra astilla casi se clavara en su piel lisa. La experiencia de a?os le daba la pericia para moverse sobre el delf¨ªn con fintas impredecibles, pero sab¨ªa que era cuesti¨®n de tiempo para que los arponeros apuntaran con m¨¢s precisi¨®n. ?Deben tener todos los pergaminos de bal¨ªstica al m¨¢ximo, lo que les da punter¨ªa autodirigida?. Cuando estaban cerca de la superficie, comenzaron a aparecer trampas de redes arrojadas por naves pesqueras. CazadordeAletas comenz¨® a esquivarlas con facilidad, lo que pronto Kulad pudo imitar, pero esto recortaba la distancia con sus perseguidores. Con un vistazo r¨¢pido, el trit¨®n comprob¨® que uno de los enemigos hab¨ªa ca¨ªdo en una trampa. Sin embargo, segu¨ªan siendo demasiados. Ya los pod¨ªa ver encima. Entonces, la desgracia que tanto lo hab¨ªa acechado cay¨® sobre ¨¦l. En un r¨¢pido intento por esquivar uno de los arpones, no consigui¨® ver a tiempo una de las trampas, y qued¨® atrapado junto a su delf¨ªn en la red. Antes de que los arponeros llegaran a ¨¦l con sus orcas hambrientas, la malla subi¨® a la superficie. Todo se hab¨ªa acabado. Ahora era presa de los piratas, y si no lo ataban, no podr¨ªa reaparecer en la capital del reino. Sus d¨ªas hab¨ªan quedado reducidos a la esclavitud. Ahora su familia quedaba a merced de la pobreza en Valle Celeste. Tres rufianes lo ataron de pies y manos al m¨¢stil sobre cubierta. ¡ª?Mire, capit¨¢n! El tercer trit¨®n de la semana, y viene con un pescadito para la cena. Ahora s¨ª la hemos sacado. Crecimiento. Nava¡¯rel vio al descomunal tigre pintado enzarzado contra la presa, un uro negro de al menos dos toneladas. Como toda una estratega esper¨® en las sombras a que el depredador se cansara, y entonces se arroj¨® sobre ¨¦l desde lo alto de los ¨¢rboles. El felino no fue f¨¢cil de vencer. Aunque estaba exhausto por el forcejeo contra la criatura de dos cuernos, pele¨® con todas sus fuerzas contra la mujer ave, intentando dar zarpazos en su cuerpo delgado, y usar sus colmillos para asir una de sus extremidades, pero fue in¨²til. La arp¨ªa era demasiado veloz. Preve¨ªa y esquivaba cada movimiento del tigre con elegancia, como si se tratara de una danza. En cuanto el depredador bajaba la guardia por el cansancio, usaba sus garras para herirlo en sus zonas sensibles, como el cuello y el est¨®mago. El combate dur¨® al menos media hora, mientras el moribundo uro observaba la escena con el cuello destru¨ªdo, como si quisiera conocer qui¨¦n ser¨ªa su verdugo final antes de que las sombras cubrieran sus ojos. La batalla de desgaste funcion¨® al final, y el tigre intent¨® acabar con Nava en un ¨²ltimo ¨¦xtasis de fuerza, desbordando toda su energ¨ªa sobre la chica, que a esas alturas apenas ten¨ªa man¨¢. Pero su astucia era superior a la del animal. Trep¨® de un salto a un olmo cercano, mientras el felino intentaba llegar hasta ella trepando por el tronco. Fue in¨²til. Era demasiado pesado y gast¨® toda su energ¨ªa en el intento, mientras unos monos comenzaron a arrojarle piedras desde otros ¨¢rboles cercanos, lo que a la postre lo desmoraliz¨® y lo envi¨® de nuevo al suelo, rendido. Nava¡¯rel aprovech¨® ese momento y con un golpe preciso de sus garras cay¨® sobre la nuca del felino, cegando su vida. Una notificaci¨®n apareci¨® en su interfaz. Has derrotado a Krinin, el Azote de la Maleza. Has alcanzado el nivel 10. Has ganado 200 puntos de experiencia. 100 puntos extra de experiencia para tu mazmorra. Recuperando el aliento, la chica vio como el enorme cuerpo del felino comenzaba a evaporarse en peque?os jirones de vapor azulado. ?Eso ha estado cerca? pens¨®, mientras se acercaba con sigilo al uro, de cuyo cuello sal¨ªa una ingente cantidad de sangre. Comenz¨® a lamer su cuello, mientras el man¨¢ sub¨ªa en la barra de su interfaz. Leye observaba complacido el espect¨¢culo desde el centro de la mazmorra, que a esas alturas era una aut¨¦ntico castillo de piedra, con almenas y torreones que lo rodeaban desde lo alto. El cuerpo rocoso en el que hab¨ªa ca¨ªdo desde el cielo estaba en lo profundo de la cripta del fort¨ªn, rodeado de ra¨ªces del suelo desde que la que pod¨ªa controlar incontables ¨¢rboles que le otorgaban visi¨®n del territorio bajo su influencia, cada vez mayor. A pesar del encierro se sent¨ªa libre. Si bien le habr¨ªa gustado tener piernas y brazos para moverse con libertad por el bosque, como las criaturas que ahora estaban vinculadas a ¨¦l, ahora que pod¨ªa ver a trav¨¦s de los ojos de Nava¡¯rel se sent¨ªa m¨¢s m¨®vil. Contrario a los h¨¦roes humanos que se hab¨ªan vinculado al n¨²cleo, y a los simios y aves bajo su influencia, la conexi¨®n con la arp¨ªa era profunda. Eran uno, y en ese momento pod¨ªa sentir la satisfacci¨®n de la mujer ¨¢guila llenando su est¨®mago con la sangre y la carne del b¨²falo que el tigre hab¨ªa matado por ella. ?Eso es hija, come. Crece?. Sus propios puntos de man¨¢ y vida aumentaban mientras la mujer devoraba la bestia. Leye decidi¨® fijar su atenci¨®n en la ciudadela a su alrededor. Aunque ninguno de los h¨¦roes hab¨ªa vuelto, ¨¦l no hab¨ªa perdido el tiempo. En cuanto su nueva criatura hab¨ªa alcanzado el tercer nivel, la hab¨ªa usado para seguir construyendo pozos de man¨¢ y un par de templos de m¨¢rmol destinados a la diosa serpiente Tlaloc. Pero el edificio que m¨¢s puntos de man¨¢ y experiencia le hab¨ªa costado estaba muy cerca de ¨¦l. Era un enorme coliseo de muros verdes que se alzaba varios metros sobre el suelo. Hab¨ªa aparecido como opci¨®n en la interfaz cuando hab¨ªa alcanzado el nivel treinta de mazmorra. ?Que bello.¡ªpens¨® mientras lo observaba desde una ceiba cercana. Era como un enorme gale¨®n anclado en medio de la selva, con peque?as ramas empezando a reptar en la base.¡ªYa quiero empezar a utilizarlo, aunque no estoy seguro para qu¨¦?. En el campo interior de la estructura se hab¨ªan alzado un entramado de matorrales, caminos y riachuelos sin que Leye o su arp¨ªa lo hubieran planeado. Simplemente apareci¨® al d¨ªa siguiente de su construcci¨®n. El n¨²cleo pod¨ªa observar los caminos intrincados en el minimapa del panel con m¨¢s precisi¨®n. ?Es un campo de batalla.¡ª comprendi¨® despu¨¦s de estudiarlo por un rato.¡ª Pero no comprendo su prop¨®sito?. Al cabo de un rato Nava¡¯rel termin¨® su fest¨ªn y descans¨® con parsimonia en medio de un claro, afilando sus garras a modo de juego al lado del esqueleto del animal. Los simios se encargaron de llevar la carne restante de la presa a uno de los almacenes que Nilu hab¨ªa creado. Era hermosa. Con cada d¨ªa que pasaba, su cuerpo se hac¨ªa m¨¢s femenino. Bajo sus brazos hab¨ªa aparecido el plumaje propio de un ¨¢guila, pero su cuerpo era el de una humana con curvas perfectas, de cintura ancha y piernas gruesas, que podr¨ªan derribar a cualquier enemigo de una patada certera. Su trasero era enorme, igual que sus senos; sus brazos delgados pero letales, con garras afiladas en las manos y los codos. ?Es una asesina en toda regla, con habilidades iniciales de sigilo y letalidad. Me pregunt¨® cu¨¢l ser¨¢ su habilidad definitiva en cuanto alcance el nivel cincuenta¡­? De pronto una fuerte presencia distrajo a Leye del encanto de la criatura. Algo se dirig¨ªa hacia su territorio. No le cost¨® mucho identificar a qui¨¦n pertenec¨ªa tal cantidad de energ¨ªa, abrumadora como una avalancha. ?Yowo?. Se estremeci¨® en su cuerpo rocoso. Era cierto que la extranjera hab¨ªa enviado buena parte de los puntos de experiencia necesarios para el crecimiento acelerado de su mazmorra, la creaci¨®n de Nava¡¯rel, y la construcci¨®n de los edificios, incluyendo el descomunal coliseo que se alzaba en medio de la ciudadela como un gigante. Pero por alguna raz¨®n no pod¨ªa confiar en ella. No despu¨¦s de ver c¨®mo hab¨ªa traicionado a su compa?ero clav¨¢ndole la espada en la espalda al menor descuido. Al cabo de unos instantes la mujer lleg¨® al mism¨ªsimo castillo en el que Leye yac¨ªa. En aquel punto era una fortaleza inexpugnable, pero con Yowo cerca se sent¨ªa m¨¢s como una prisi¨®n. Los enormes arqueros centinela de piedra que custodiaban los alrededores del castillo principal hicieron se inclinaron ante la mujer en cuanto apareci¨® en su presencia, sobre un tigre blanco y ataviada con una enorme t¨²nica verde, que no disimulaba sus curvas perfectas. La chica se limit¨® a ignorarlos mientras caminaba con seguridad a la fortaleza de piedra, entrando con parsimonia por las puertas. Support the creativity of authors by visiting the original site for this novel and more. ¡ªHogar dulce hogar. ¡ªdijo mientras caminaba por los corredores que descend¨ªan hac¨ªa el cuerto principal de la mazmorra. Las trampas del edificio se deshabilitaron de forma autom¨¢tica, como ocurr¨ªa cuando un h¨¦roe aliado las atravesaba. Cuando lleg¨® hasta Leye, Yowo inclin¨® el rostro con ligereza a modo de saludo, mientras los rayos del sol que penetraban por un orificio del techo brillaban sobre su pelo negro. ¡ªEs un honor estar de nuevo ante ti, mi se?or de las serpientes. Espero que los puntos de experiencia que te he enviado hayan sido de utilidad. Vamos, has sentado las bases de una ciudad imperial en un parpadeo. Apuesto a que la pr¨®xima vez que vuelva tendr¨¢s varios poblados bajo tu ¨¢rea de influencia. Ahora solo nos falta comenzar a agregar gente. ¡ªAs¨ª es. Aunque no niego que me siento c¨®modo con los bonobos y las guacamayas. Los humanos pueden llegar a ser¡­ impredecibles. La chica se deshizo en carcajadas. ¡ªVamos, no somos tan malos. Estoy segura que no opinas lo mismo del otro grupo de in¨²tiles, que apenas te aportan puntos. ¡ªEsos ¡°in¨²tiles¡± son los que han construido todo lo que ves a tu alrededor. No ha sido obra de los duendes ni de los goblins. ¡ªYa ves. Resultamos m¨¢s ¨²tiles que los bonobos. A prop¨®sito, hablando de todas las criaturas que abundan en esta espesura, me he percatado de que tienes una nueva mascota, muy bella por cierto. Ir¨¦ a conocerla ahora mismo. Sin esperar respuesta y con la misma parsimonia con la que hab¨ªa llegado, la mujer sali¨® dando elegantes pasos por las escaleras, con la espada colgando en su vaina. Leye s¨®lo pudo rezar porque no tuviera motivos para acabar con Nava, mientras ve¨ªa el cuerpo sensual de la guerrera desaparecer de la cripta. Sigui¨® sus pasos hasta que lleg¨® a Nava¡¯rel, que permanec¨ªa en el mismo lugar del combate contra el tigre y el posterior banquete. Segu¨ªa afilando sus garras, pero en cuanto vio a Yowo, se levant¨® e hizo una elegante reverencia ante la guerrera. ¡ªEs un placer conocerla, mi se?ora. He le¨ªdo mucho sobre sus poderes en el men¨² principal. ¡ªEl placer es m¨ªo.¡ª respondi¨® Yowo, mientras observaba de arriba a abajo el cuerpo de Nava. Se acerc¨® hasta la criatura y tom¨® su rostro con una de sus manos, movi¨¦ndolo con suavidad de un lado a otro, como si se tratara de una montura en opci¨®n de compra.¡ª Eres m¨¢s hermosa de lo que pude observar de ti en el panel, y tus habilidades son a¨²n m¨¢s llamativas que tus curvas. La cuesti¨®n aqu¨ª es ?lo eres tanto como para dejarte con vida? No quiero que puedas llegar a convertirte en un problema. ¡ªMi se?ora ha enviado los puntos necesarios para mi nacimiento. Estar¨¦ m¨¢s que complacida en servirla¡­ o darle mi man¨¢, si es lo que desea. Leye ve¨ªa la interacci¨®n entre las mujeres con temor. En ese momento todas las criaturas del bosque observaban la escena en vilo, incluyendo el tigre blanco que la aneita hab¨ªa tra¨ªdo. ¡ªEso es cierto, pero son incontables los casos en los que los hijos desde?an lo que sus padres han hecho por ellos, y en cuanto tienen la oportunidad se voltean para traicionarlos...¡ª Yowo comenz¨® a caminar en c¨ªrculos alrededor de la arp¨ªa, mirando con lascivia su cuerpo.¡ª H¨¢blame m¨¢s a fondo de tus poderes. ?Puedes volar? ¡ªSolo a poca altura, mi dama. Puedo saltar hasta las copas de los ¨¢rboles y caer con elegancia de ellas. Pero mis alas no son tan h¨¢biles como para recorrer enormes distancias de un lugar a otro. De hecho, no he salido a¨²n de la selva. ¡ªYa lo imagin¨¦. Son pocas las criaturas que pueden volar a lo largo del servidor, salvo por las ¨¢guilas, las guacamayas, y los dragones¡­ que est¨¢n a punto de desaparecer por la caza despiadada. Pero apuesto a que tienes otros¡­ talentos. S¨ªgueme. Leye vio alarmado c¨®mo la guerrera maga guiaba a Nava hacia el templo de la diosa, el lugar donde hab¨ªa nacido. Cuando entraron por las puertas de m¨¢rmol, la humana la llev¨® tomada del brazo hasta el mismo altar donde la criatura hab¨ªa nacido, y comenz¨® a estudiar su cuerpo. Sin mediar palabra, tom¨® su rostro y la bes¨®. La arp¨ªa respondi¨® con la pasi¨®n de una adolescente, mientras sent¨ªa c¨®mo la humana pasaba sus manos por su cuerpo juvenil, en especial por sus zonas ¨ªntimas. Leye pod¨ªa sentir la excitaci¨®n de las dos mujeres con el encuentro. Pronto Nava¡¯rel comenz¨® a responder las caricias, y a tocar el trasero y las piernas perfectas de la humana sobre su t¨²nica de seda. No pas¨® mucho tiempo para que la desnudara, y las dos hembras culminaran su encuentro amoroso sobre el altar, como dos amantes que llevaran tiempo sin verse. ?Esto si que no me lo esperaba.¡ª pens¨® Leye, mientras ve¨ªa la escena consternado. Los puntos de man¨¢ comenzaron a subir en su barra de una forma estrepitosa.¡ªpero de alg¨²n modo me gusta.? En lo que dur¨® el encuentro, los animales alrededor del bosque parecieron entrar en ¨¦xtasis, y empezaron a buscar parejas para imitar a las dos mujeres. La fertilidad se percib¨ªa en el aire. ***** Despu¨¦s de caminar por casi una hora entre los frailejones y el fr¨ªo p¨¢ramo al que los hab¨ªa conducido el portal, los tres h¨¦roes llegaron a unas ruinas de piedra en lo que parec¨ªa ser una ciudad abandonada. ¡ªEstoy seguro que este lugar est¨¢ lleno de recompensas.¡ªdijo Nilu, observando un edificio de varias plantas, en el que una puerta de madera semi destru¨ªda era el ¨²nico lugar por el que podr¨ªan entrar.¡ªpero ser¨¢ mejor que no nos despeguemos. Adentro todav¨ªa puede haber monstruos, o guerreros enemigos como en el p¨¢ramo. Rompieron las puertas con la espada del l¨ªder y las flechas de Naya, y con un hechizo de Vidul iluminaron el interior del lugar. No hab¨ªa rastro de monstruos. Solo vieron corredores angostos de piedra, reclamados por la vegetaci¨®n fr¨ªa, as¨ª como vestigios de murales que representaban batallas de tiempos sin memoria, fragmentos de cer¨¢mica y utensilios rotos. ¡ªNo bajen la guardia.¡ª dijo Nilu en voz baja, caminando de frente con su espada.¡ª Estas mazmorras suelen estar infestadas de trampas. A pesar de su precauci¨®n no vieron ning¨²n subterfugio, y los ¨²nicos sonidos que escucharon fueron los de sus propios pasos descendiendo por las escaleras estrechas y empinadas. Al final llegaron a la c¨¢mara principal de la mazmorra, una b¨®veda amplia. No hab¨ªa nada, salvo los sonidos inquietantes de la humedad, y algunos huesos de humanos calcinados por la inclemencia del tiempo, as¨ª como restos de armaduras oxidadas esparcidos por el suelo. En el fondo del lugar hab¨ªa una mesa de piedra sencilla, sobre la que yac¨ªa una esfera verdosa que empez¨® a brillar en su presencia. ¡ªNo la toquen.¡ª dijo Vidul, temeroso. ¡ª Puede estar embrujada. S¨ª mi se?or me lo permite, la tomar¨¦ con mi hechizo de inmunidad. ¡ªAdelante.¡ª dijo Nilu, sin quitar los ojos del objeto. Vidul la tom¨® como si en cualquier momento pudiera explotar. Cuando la tuvo en sus manos, una notificaci¨®n apareci¨® en su interfaz. Orbe del nigromante. Este objeto te permite revivir el cuerpo de un ser ca¨ªdo antes de su descomposici¨®n. Entre m¨¢s pronto se intente su reanimaci¨®n, m¨¢s opciones habr¨¢ de la efectividad del hechizo. El cad¨¢ver revivido tendr¨¢ el nivel de su reanimador, aunque permanecer¨¢ con sus habilidades intr¨ªnsecas. Vidul no dio cr¨¦dito a sus ojos, y transmiti¨® la informaci¨®n a Nilu y Naya, que quedaron estupefactos. ¡ªNo cre¨ª que un objeto as¨ª pudiera existir. ¡ªdijo al fin el l¨ªder, aunque sin atreverse a tocarlo.¡ª Creo que esto es bot¨ªn suficiente, adem¨¢s de la experiencia de los monstruos. Ser¨¢ mejor que nos demos prisa, si no queremos quedar atrapados en esta ciudad abandonada. Salieron del edificio en ruinas, y corrieron de vuelta al p¨¢ramo donde estaba la entrada del portal, pasando entre los incontables frailejones mientras la neblina se hac¨ªa m¨¢s densa. Antes de llegar a la entrada que cada segundo se hac¨ªa m¨¢s peque?a, llegaron al punto donde hab¨ªan derrotado a los monstruos de la mazmorra unas horas antes. ¡ªEs hora de probar nuestro nuevo juguete, Vidul.¡ª dijo Nilu, observando las sombras marcadas en el suelo de los guerreros ca¨ªdos.¡ª?Crees que puedas revivir a varios de ellos? ¡ªCon los combates apenas he quedado con man¨¢ suficiente, pero creo que podr¨ªa intentarlo con uno. ¡ªEn ese caso hazlo con el jefe. Se dirigieron a la sombra m¨¢s ancha, de la que segu¨ªan saliendo jirones de man¨¢ azulados, y Vidul comenz¨® a pronunciar las palabras en el idioma muerto de los arcanistas, mientras alzaba la esfera frente al lugar donde el jefe principal del portal hab¨ªa ca¨ªdo. Al tercer intento, el jinete se levant¨® del suelo, aturdido. Una notificaci¨®n apareci¨® en la interfaz del mago. Has reanimado a Illaqu Urku, Guardi¨¢n del sol monta?oso. El guerrero descendi¨® de su llama, tambi¨¦n reanimada, y se inclin¨® ante Vidul dejando su lanza a un lado. ¡ªGracias por revivirme, mi se?or. Estoy para servirle. ?Vaya.¡ª Naya dio un suspiro de asombro, mientras una bocanada de niebla sal¨ªa de su boca.¡ª Las cosas comienzan a ponerse interesantes?. Fronteras marítimas. Yowo sab¨ªa que aquel era un pa¨ªs peque?o, pero su capital la impresion¨®. ?Ramenna, el Puerto de la Selva?. El olor a sal del mar le llegaba a la nariz mientras se mov¨ªa sobre el tigre blanco. Despu¨¦s de recorrer las calles por un rato, encontr¨® una casa de monturas entre los bazares de madera para dejar al animal. No le iba a ser de mucha utilidad en el lugar al que se dirig¨ªa. Su contacto deb¨ªa estar en el muelle de la capital ixtalita a esas alturas, por lo que se dirigi¨® all¨ª con pasos r¨¢pidos, con las manos siempre cerca de la espada. Esta vez no se trataba del misterioso trit¨®n que hab¨ªa visto en Rava, sino de una elfa rubia con la que se iba a embarcar hacia aguas fronterizas. La esper¨® en una posada que apestaba a sardina, mientras reflexionaba sobre sus habilidades. La mayor¨ªa de los puntos de destreza que hab¨ªa obtenido en los ¨²ltimos d¨ªas los hab¨ªa destinado a las habilidades cuerpo a cuerpo, pero no pod¨ªa descuidar sus poderes m¨¢gicos. Eran muy pocos los personajes como ella, creados con tres ramas de clases distintas, y aunque disfrutaba acabar con los monstruos y los enemigos con su espada, deb¨ªa ser pr¨¢ctica: los hechizos causaban mucho da?o en ¨¢rea y ni siquiera ten¨ªa que acercarse a sus rivales, lo que le permit¨ªa acabar con un mob en cuesti¨®n de segundos. Aun as¨ª, el combate con la espada era su pasi¨®n, y no quer¨ªa destinar puntos a sus habilidades m¨¢gicas, mucho menos con su nueva cota de malla nivel tres, que adem¨¢s de aumentar su protecci¨®n cuerpo a cuerpo causaba da?o m¨¢gico a sus rivales por segundo en combate. El enlace no tard¨® mucho en llegar, robando las miradas de los orcos y dem¨¢s bribones que se aglomeraban en la posada. Era una elfa de luz de cabello rubio y caderas anchas, con un sable corto y afilado colgado al cinto. La hab¨ªa contactado a trav¨¦s de la interfaz, en un anuncio del gremio de la chica que estaba buscando adeptos para embarcarse contra los piratas. Al parecer, cada vez menos jugadores se estaban conectando al servidor, y los gremios eran los m¨¢s afectados a la hora de realizar incursiones. ¡ªEs un placer conocerte, Yowo ¡ªle dijo, coloc¨¢ndose un mech¨®n detr¨¢s de la oreja. Vest¨ªa una cota de cuero ligera y llevaba el cabello envuelto en una cola. ?Es muy guapa. Deber¨ªa estar en alguna corte palaciega deleitando a un rey y a sus cortesanos, no en una taberna de mala muerte?. Fue lo ¨²nico que pens¨® la guerrera cuando estrech¨® su mano con suavidad. ¡ªLa embarcaci¨®n est¨¢ a punto de salir. All¨ª te contar¨¦ los detalles de la expedici¨®n. La nave que las iba a llevar a mar abierto no destacaba entre las dem¨¢s, aunque no estaba mal. Era un gale¨®n de dos pisos en cuyas velas blancas ondeaba orgulloso el s¨ªmbolo no oficial de Ixtul, un ¨¢guila verde con las alas desplegadas. Su tripulaci¨®n consist¨ªa en una plaga de malhechores, en su mayor¨ªa humanos, aunque vio unos cuantos elfos oscuros, mucho menos atractivos que su compa?era, y unos pocos tritones en su transformaci¨®n terrestre. ¡ªQu¨¦ lindo personal. ¡ªHemos reunido lo que hemos podido, hermana. Casi todos son marineros curtidos, aunque carecen de tus poderes excepcionales ¡ªrespondi¨® la elfa, con una sonrisa que podr¨ªa hipnotizar a la fiera m¨¢s peligrosa¡ª. Aunque el gremio nos ha convocado para una expedici¨®n contra corsarios y pescadores ilegales, el Cacique Mayor est¨¢ otorgando buenas cantidades de oro para reforzar las fronteras en altamar. ¡ªLos ojos azules de la elfa brillaban contra la superficie del mar con preocupaci¨®n¡ª. Nos dirigimos hacia la defensa de una invasi¨®n en toda regla. ?Excelente ¡ªpens¨® Yowo, mientras fing¨ªa consternaci¨®n¡ª. Todo de acuerdo al plan. Solo espero que este trasto no se hunda antes de poder blandir mi espada contra mis paisanos, dado que el nivel de la tripulaci¨®n es un chiste. Solo esta lindura puede llegar a ser ¨²til, aunque sea para distraer a los enemigos?. Analiz¨® el nivel de su compa?era activando la interfaz azulada frente a sus ojos. Era una guerrera luchadora cuerpo a cuerpo como ella, y su segunda rama contaba con habilidades de curandera. Pero su rango era irrisorio. Mientras la nave surcaba el oc¨¦ano junto a otra decena de galeones sobre el oleaje suave, Yowo pens¨® en la masacre que hab¨ªa cometido solo unas horas antes. Se hab¨ªa encontrado con los miembros que quedaban con vida del escuadr¨®n de Orec a las afueras de un portal de rango medio. Supuestamente les iba a ayudar, pero lleg¨® media hora despu¨¦s y los hab¨ªa asesinado por la espalda cuando estaban combatiendo contra el jefe de la mazmorra, una quimera descomunal nivel ciento ochenta. Muchos de ellos combatieron con fiereza por sus vidas, pero estaban rendidos, y Yowo hab¨ªa usado su hechizo de ilusi¨®n para crear copias falsas de ella misma que los hab¨ªa confundido. Al final, degoll¨® a Vark, el guerrero tanque m¨¢s poderoso del grupo, aliment¨¢ndose de toda su experiencia. Finalmente acab¨® con la quimera ella misma, aunque hab¨ªa recibido un par de rasgu?os en sus brazos desnudos durante el combate. Al ver los puntos de experiencia que no paraban de subir en su interfaz, con el sonido narc¨®tico de las notificaciones, pens¨® que se trataba de un precio justo. ?Mi peque?o aporte para el desagradecido huevo rocoso en la selva. Todav¨ªa no s¨¦ si dejarlo morir y tomar para m¨ª esa experiencia. Yo soy el verdadero n¨²cleo. Ahora debo sabotear la invasi¨®n de mis paisanos si quiero el pastel completo para m¨ª?. Una voz interior le dec¨ªa que deb¨ªa mantener el pa¨ªs selv¨¢tico intacto de invasiones, lo que la har¨ªa m¨¢s poderosa con el pasar de los a?os. Pero no era una tarea sencilla. Con cada d¨ªa que pasaba, m¨¢s y m¨¢s gremios y aventureros del pa¨ªs norte?o y de otras regiones vecinas se iban a antojar de saquear Ixtul y sus portales de monstruos. La nave avanzaba con gran velocidad gracias al viento, como si los dioses quisieran precipitar los combates en aguas lim¨ªtrofes. Despu¨¦s de su ¨²ltimo viaje a la mazmorra en lo profundo de la selva, en el que hab¨ªa ¡°conocido¡± a Nava¡¯rel, hab¨ªa recorrido el pa¨ªs con prisa sobre su tigre blanco, repartiendo bolsas de oro a cuantos informantes pudo para conocer el verdadero estado de la guerra. ¡ªSi realmente quieres fastidiar a los aneitas, corta su l¨ªnea de suministros ¡ªle hab¨ªa dicho un cham¨¢n de un pueblo fronterizo¡ª. No conseguir¨¢s nada enfrentando directamente sus espadas: por cada cabeza que le cortes a la hidra, aparecer¨¢n tres m¨¢s. En cambio, m¨¢tala de hambre. La mayor¨ªa de sus tropas se alimentan de los peces que llegan a los puertos que ya han capturado, ya que la selva profunda no ofrece muchas cosechas para saquear. Despu¨¦s de observar el color turquesa del mar desde uno de los balcones, mientras pensaba c¨®mo m¨¢s pod¨ªa sabotear la invasi¨®n aneita, se dirigi¨® al comedor para hablar con Xyrna. La elfa com¨ªa galletas m¨¢gicas de forma muy elegante para una mercenaria, ignorando las miradas lascivas que le lanzaban los guerreros del gremio y la tripulaci¨®n desde otras mesas.Did you know this story is from Royal Road? Read the official version for free and support the author. ¡ªT¨² no eres de por aqu¨ª ¡ªle dijo Yowo entre bocados de su trucha. ¡ªEn efecto. Soy de los bosques de Quiviel, pero he vivido all¨ª por tantos siglos que acab¨¦ por aburrirme. Yowo abri¨® los ojos con sorpresa. ¡ªEst¨¢s un poco lejos de casa. ?Qu¨¦ te ha tra¨ªdo a este continente? No se ven muchos elfos de piel clara por aqu¨ª. ¡ªSiempre me ha gustado el mar. Aunque ya era vieja como la lluvia la primera vez que me embarqu¨¦, no he podido abandonar una nave desde entonces, salvo para reabastecerme. Estar en esta regi¨®n es un asunto m¨¢s bien aleatorio. Ya sabes, hay que ir donde est¨¢ el oro. Pero cu¨¦ntame de ti. Eres de Anen. Percibi¨® la frialdad en su voz al mencionar el pa¨ªs imperial, por m¨¢s que intentara disimularlo. ¡ª?No es curioso que quieras enfrentar a tu propio pueblo en una invasi¨®n casi consumada? ?Es m¨¢s lista de lo que aparenta. M¨¢s saben los demonios por viejos que por demonios. Espero no tener que matarla. Es tan linda...? ¡ªS¨ª, soy de Anen. Pero mi pueblo me ha traicionado, por eso les pagar¨¦ con la misma moneda. Siento que puedo expiar mis pecados de alg¨²n modo al ayudar a los desprotegidos. La mentira le sali¨® con naturalidad, pero no estuvo segura de que Xyrna se la terminara de tragar. ¡ªPues parece que lo tienes un poco dif¨ªcil. Lo ¨²ltimo que escuch¨¦ es que las huestes ya est¨¢n absorbiendo las ciudades de la costa oriental con la velocidad con que cae un castillo de naipes. Qilari, la segunda ciudad costera m¨¢s importante de Ixtul despu¨¦s de Ramenna, ha ca¨ªdo, algo que no suced¨ªa hac¨ªa al menos doscientos a?os. Se dice que ostentaba m¨¢s tesoros que la propia capital. Eso representa un golpe mortal para tus aspiraciones. Era verdad. En cuanto Yowo escuch¨® la noticia, recorri¨® los alrededores de la ciudad fortaleza sobre el tigre para comprobar con horror que las banderas con el orgulloso lobo de Anen ya ondeaban sobre las almenas. Seg¨²n los informes de un esp¨ªa campesino, el general recientemente nombrado por el emperador, Hunn, se hab¨ªa valido de la astucia de un trit¨®n para infiltrar a las tropas principales por el lago al oeste de la ciudad, su ¨²nico punto vulnerable. ?Y yo que pensaba que era un idiota sin cerebro. Sin duda lo es, pero se sabe rodear?. Desde la distancia hab¨ªa alcanzado a distinguir varios ballesteros fornidos caminando sobre las murallas. ?Ese asedio deb¨ªa retenerlos por al menos quince d¨ªas. Ahora es cuesti¨®n de tiempo para que caigan sobre la capital, con defensas irrisorias, y de ah¨ª s¨®lo estar¨¢n a pocas leguas de la mazmorra de Leye. Aunque est¨¢ creciendo como el trigo, no creo que aguante una embestida de miles de guerreros aneitas, que atravesar¨¢n la selva como una lanza?. Yowo sab¨ªa que llegar¨ªa un punto en que la mazmorra de Leye crecer¨ªa lo suficiente para defenderse de cualquier invasi¨®n, sin importar si se trataba del mism¨ªsimo imperio. Pero faltaba mucho para eso. Aunque el terreno del n¨²cleo serpentino contaba con muchos edificios capaces de crear criaturas guerreras y pozos de man¨¢ suficientes para alimentarlas, apenas contaba con h¨¦roes y defensas eficientes. ?Necesitamos gente. Pero eso es precisamente lo que falta en este servidor decadente. Los NPCs no somos suficientes, necesitamos renacidos del mundo exterior...? Al cabo de un rato, el capit¨¢n del barco se dirigi¨® a ellas en la cubierta, mientras el resto de la tripulaci¨®n trabajaba en los m¨¢stiles y las bordas, y los guerreros jugaban a los dados y las cartas con bromas que resonaban en un amasijo de idiomas. ¡ªParece que la belleza tambi¨¦n puede ser feroz ¡ªles dijo, mientras les entregaba a cada una un arco de ¨¦bano y carcajes repletos de flechas. Era un hombre fornido con una barba entrecana y hombros anchos como de gorila. ¡ªEs un placer contar con luchadoras de su nivel para defender nuestras aguas. Aunque las cosas no pintan bien, somos nosotros los que le damos riendas al destino de nuestro pa¨ªs. Como dicen, las guerras se ganan en el campo de batalla. Por cada enemigo que derriben con este arco, obtendr¨¢n un veinte por ciento extra de experiencia. ?Buena suerte! Solo tuvieron que pasar dos anocheceres m¨¢s de navegaci¨®n hacia mares profundos para que se enzarzaran en el primer conflicto, cuando dos docenas de esquifes de velas negras se lanzaron sobre un grupo de pescadores cercano a la zona que su gale¨®n patrullaba. Yowo era una excelente espadachina e igual de h¨¢bil lanzando conjuros con sus manos desnudas, pero el arco no era su especialidad. Aun as¨ª, logr¨® derribar a varios piratas enemigos mientras esquivaba todas las flechas dirigidas hacia ella. Record¨® las tardes en el enorme jard¨ªn del castillo a las afueras de Dalux, donde hab¨ªa crecido, practicando disparos: primero frente a dianas, luego contra venados y, finalmente, contra ¨¢guilas. ¡ªT¨² eres mucho mejor que el mont¨®n ¡ªle repet¨ªa una y otra vez Dulus, su maestro de armas, que poco despu¨¦s result¨® ser un pat¨¢n, aunque como profesor era el mejor¡ª. Pero el talento no es suficiente. Solo la pr¨¢ctica te permitir¨¢ resaltar entre el mont¨®n. Si has recibido m¨¢s habilidades que los otros PJs, es porque el sistema necesita depredadores de tu talla para mantener el equilibrio del juego. Sin embargo, era un ser machista y no tard¨® en confinarla en una mazmorra del castillo para violarla a placer durante d¨ªas, hasta que fue lo suficientemente idiota como para darle la espalda, olvidando el cuchilo en su vaina. ?Nunca le des la espalda a un ser reprimido?. Desde entonces, Yowo hab¨ªa aprendido que los ataques inesperados eran los m¨¢s efectivos. Despu¨¦s de un par de horas de fuego cruzado, la estrategia de disuasi¨®n funcion¨®. Aunque los piratas se lanzaron sobre las galeras del gremio en formaciones ca¨®ticas que conoc¨ªan a la perfecci¨®n, la p¨¦rdida de guerreros los hizo desistir al final. La altura que el balc¨®n de la galera les proporcionaba era muy ventajosa para repeler las peque?as naves enemigas, y el ¨²nico barco que se aventur¨® lo suficientemente cerca no alcanz¨® a chocarlas antes de que una lluvia de flechas incendiarias lo hundiera bajo el fuerte oleaje. ¡ª?Excelente trabajo, guerreros! ¡ªdijo el capit¨¢n en el banquete de esa noche¡ª. Apenas hemos tenido bajas. Pero no se conf¨ªen, esto apenas es un aperitivo. Los piratas m¨¢s audaces vendr¨¢n en cuanto sepan lo que hemos hecho con sus pupilos. ?Afilen sus armas! **** ¡ªMi se?or, he estado tras la pista de la mujer, pero es nebulosa como la niebla y no se deja atrapar. Hunn descansaba en ese momento en lo alto de la c¨²pula dorada de Quilari. Com¨ªa camarones con parsimonia, despu¨¦s de ba?arlos en salsa de tomate servida en una copa de plata. ¡ªHeagg, creo que te est¨¢s pasando de incompetente, algo que nunca pens¨¦ de ti. ?Qu¨¦ tan dif¨ªcil puede ser atrapar a una ramera traidora? ?De verdad tendr¨¦ que ponerme yo mismo al frente de este asunto? El mago parec¨ªa consternado mientras observaba la ciudad a sus pies, una belleza sure?a llena de paredes de m¨¢rmol y con gente de pocas ropas que caminaba entre sus calles repletas de carretas con alimentos. Hab¨ªa contactado a tantos informantes como hab¨ªa podido, y uno de ellos estuvo a punto de darle la pista exacta de la mujer, cerca de sus propias narices, pero en cuanto envi¨® a sus jinetes, ya hab¨ªa desaparecido, como si conociera sus designios de alg¨²n modo. ¡ªPor supuesto que no, se?or. Es cuesti¨®n de tiempo para que la atrape. ¡ªEso me dijiste la ¨²ltima vez que te pregunt¨¦ por ella. Ahora resulta que la vieron a pocas leguas de aqu¨ª, y se te escurre de las manos. Est¨¢s colmando mi paciencia, anciano. ¡ªCasi la atrapo, se?or. Lo juro por los dioses... pero se embarc¨® en alta mar. Parece que se uni¨® a una incursi¨®n mar¨ªtima del gremio del Velo Esmeralda. Le aseguro que, en cuanto ponga un pie en el continente, yo mismo ir¨¦ por ella, aunque tenga que llegar hasta el mism¨ªsimo infierno. ¡ª?Por qu¨¦ esperar a eso? ?Por qu¨¦ no te embarcas de una buena vez? ¡ªEs poco lo que un mago de fuego puede hacer en medio de tanta agua. No puede durar mucho all¨¢, se?or. Esas excursiones tardan menos de un mes. Tarde o temprano los barcos necesitan reabastecerse. Entonces la traer¨¦ atada a sus pies. Hunn suspir¨®. El mago ten¨ªa raz¨®n. Aunque quer¨ªa tener a esa mujer encadenada en las mazmorras, junto al trit¨®n que le hab¨ªa ayudado a hacerse con aquella urbe hasta entonces inexpugnable, deb¨ªa continuar con la invasi¨®n. En alg¨²n momento ser¨ªa suya. ¡ªVale, pero es la ¨²ltima vez que tolero tus excusas, anciano. Una vez que la chica pise el continente, quiero ser el primero en enterarme, y yo mismo ir¨¦ contigo para traer su trasero hasta aqu¨ª. Por ahora quiero que sigas a cargo del ataque contra la capital. Quiero comprobar que los a?os no han nublado del todo tus competencias. A estas alturas los hombres ya est¨¢n m¨¢s que preparados, y tienes man¨¢ de sobra. No m¨¢s pretextos. Hacia la capital de Ixtul. ¡ªNuestro se?or llegar¨¢ a los alrededores de la capital en cualquier momento ¡ªdijo el mago con tono de pocos amigos¡ª. Para entonces ser¨¢ mejor que estemos all¨¢, trit¨®n. De otro modo, conocer¨¢s su c¨®lera. Kulad se limit¨® a agitar las riendas de los caballos que tiraban del carromato para no tentar la paciencia del humano. En el poco tiempo que llevaba al servicio de aquella peste, se hab¨ªa dado cuenta de c¨®mo pod¨ªa carbonizar a un guerrero enemigo con un solo hechizo sin inmutarse. ?Un idiota como este no durar¨ªa ni dos segundos bajo el agua, pero en medio de la selva cada vez m¨¢s densa, sus habilidades son un verdadero peligro. Ser¨¢ mejor hacer lo que dice si no quiero que me torture como a los otros rezagados?. Heagg era un aut¨¦ntico dechado de bondad y buenas palabras ante su amo, el bruto pero desproporcionado guerrero Hunn, pero un tirano con los que estaban bajo su mando. No dudaba en usar sus poderes m¨¢gicos para ocasionar fuertes quemaduras a la menor provocaci¨®n si estaba de buen humor, o carbonizar hasta la muerte a cualquier listo que colmara su paciencia. En ese momento, la caravana de carromatos y jinetes avanzaba por un camino que se hac¨ªa cada vez m¨¢s espeso, rodeado de ¨¢rboles altos, maleza y aves coloridas que sal¨ªan despavoridas en cuanto ve¨ªan al ej¨¦rcito abri¨¦ndose paso inexorable hacia lo profundo de la jungla. Aunque Kulad era un jinete experto por su pr¨¢ctica con delfines bajo el agua, manejar las riendas del carromato era otra historia, y el camino, cada vez m¨¢s empantanado, no arreglaba las cosas. Pero al anciano arrugado de Heagg eso no le importaba y no paraba de recordarle lo f¨¢cil que ser¨ªa convertirlo en salm¨®n asado si no hac¨ªa avanzar el carro a la mayor velocidad posible. El trit¨®n lo odiaba, as¨ª como odiaba al grandul¨®n Hunn, que en ese momento estaba galopando en alg¨²n lugar de la selva, despu¨¦s de romper cuantos cr¨¢neos de lugare?os se atravesaran en su camino. ¡ªLlegaremos al mismo tiempo al pueblo que estos indios llaman capital, pero ser¨¢ mejor que Lord Hunn nos vea desde la distancia, o les prometo que tendremos problemas. ¨¦l quiere sus provisiones para la batalla, y no tolerar¨¢ que un grupo de incompetentes no se las haga llegar a tiempo ¡ªles recordaba una y otra vez. Hab¨ªan salido de Qilari cuatro noches atr¨¢s, en medio de la m¨¢s profunda oscuridad para que los ojos de los esp¨ªas ocultos en la selva no conocieran sus planes. Desde entonces, Kulad apenas hab¨ªa recibido bocado, como casi no hab¨ªa recibido en lo profundo de las mazmorras de la ciudad fortaleza donde lo ten¨ªan encadenado como a un cerdo. Se sent¨ªa d¨¦bil incluso para arriar a los caballos. Pero al mago no le importaba. ?Rezo porque en un arrebato me asesine. As¨ª podr¨¦ reaparecer en Ciudad Coralina, aunque sea en varias semanas ¡ªpens¨® el trit¨®n, mientras el fuerte sol de aquella regi¨®n que se filtraba por los ¨¢rboles le hac¨ªa arder las quemaduras¡ª. Pero sab¨ªa que el mago no era tan idiota. Lo necesitaba, en especial despu¨¦s de la haza?a que hab¨ªa hecho en Qilari, y su participaci¨®n en la toma de la ciudad, hasta entonces inexpugnable. Estaba seguro de que el bruto de Hunn no dudar¨ªa en atravesar con su espad¨®n al piromante si se enteraba de que hab¨ªa matado a Kulad¡ª. Ser¨¢ mejor que siga arreando a estas bestias, o me atar¨¢n a un ¨¢rbol para que los cuervos se den un fest¨ªn con mi cuerpo, mientras los curanderos no dejan que muera?. Pronto cay¨® la noche sobre el mundo, pero no les permitieron descansar sus magulladas extremidades. La orden era clara: hab¨ªa que llegar cuanto antes a las afueras de Ramenna para comenzar el asalto. Kulad ya ni pensaba en su familia, que con toda certeza hab¨ªa sucumbido al hambre o, en el mejor de los casos, estar¨ªa reducida a la esclavitud por los se?ores tritones de las profundidades. Sus pensamientos solo versaban en lo que ocurrir¨ªa en las pr¨®ximas horas, en cuanto llegaran a la ciudad: se producir¨ªa una batalla muy similar a la que hab¨ªa acontecido en Qilari. ¨¦l ser¨ªa curado por los sanadores de sus quemaduras y de su agotamiento, para luego sumergirse en su transformaci¨®n acu¨¢tica en alguno de los riachuelos que rodeaban la gran ciudad portuaria o directamente en el mar. All¨ª encontrar¨ªa los sistemas de alcantarillado y guiar¨ªa a las tropas ¨¦lite de los aneitas, tomando desprevenidos a los defensores. Una vez la ciudad cayera atacada por los dos frentes, el trit¨®n volver¨ªa a ser atado de pies y manos a las mazmorras, donde apenas lo mantendr¨ªan con vida hasta que sus servicios fueran requeridos de nuevo. Tal como hab¨ªa ocurrido en Qilari. La ¨²nica diferencia era que, en la ciudad fortaleza que hab¨ªan tomado solo un lago era el punto vulnerable. Fue por all¨ª precisamente por donde Kulad hab¨ªa encontrado la forma de penetrar sus defensas, mientras la guardia local repel¨ªa a las fuerzas ordinarias de los extranjeros en el frente amurallado de la urbe. Los defensores se burlaban a carcajadas de los asaltantes, confiados en la altura de los muros y el aceite hirviendo, hasta que vieron al descomunal Hunn y sus hombretones de vanguardia penetrar como tigres por el otro lado, masacrando todo a su paso.This book was originally published on Royal Road. Check it out there for the real experience. Pronto se abrieron paso como un tornado hasta las murallas de la ciudad, donde abrieron las puertas y permitieron que el grueso de sus fuerzas entrara, consiguiendo tomar la m¨ªtica Qilari en dos d¨ªas, algo que otros ej¨¦rcitos no hab¨ªan logrado tras a?os de asalto. ?Aunque el maldito Hunn es grande como un gigante de las monta?as, no es tan est¨²pido como deber¨ªa. Es incre¨ªble que pueda tener puntos de fuerza e inteligencia similares. Con un general como ese, es poco lo que podr¨¢n hacer los ixtalitas para detener la invasi¨®n?. Aquel pa¨ªs sumido en la selva no significaba nada para ¨¦l, pero odiaba a Hunn y quer¨ªa que fracasara a toda costa. Si ¨¦l mor¨ªa en el proceso para luego renacer en lo profundo de su adorado mar, mucho mejor. Si bien el trit¨®n hab¨ªa sido listo para encontrar las alcantarillas en medio del fango, todo el plan hab¨ªa sido orquestado por el poderoso extranjero. Soportando las palabras obscenas y las quemaduras que el mago Heagg le propinaba, Kulad consigui¨® hacer avanzar el carromato por el camino embarrado hasta el amanecer, rodeado de cientos de antorchas. Entonces llegaron a un caser¨ªo compuesto de chozas y caminos angostos y enredados, por donde el paso era m¨¢s dif¨ªcil que nunca. Los lugare?os de piel parda y cabello liso no se atrevieron a hacer frente a las huestes enemigas, aunque sus ojos oscuros cantaban otra canci¨®n. Miraban con profunda hostilidad a cada uno de los guerreros que caminaba por su peque?o poblado, como si en cualquier momento fueran a sacar sus arcos y espadas para hacerles frente. Kulad respond¨ªa con miradas hostiles tambi¨¦n, con la esperanza de que alg¨²n indio resolviera darle la muerte que tanto anhelaba para volver a las profundidades, pero no lleg¨® a ocurrir. Aunque las lluvias ten¨ªan los caminos del peque?o caser¨ªo tan embarrados como los de la selva, al final los caballos se las arreglaron para avanzar con los jinetes y los carromatos, y pronto estuvieron de nuevo en campo abierto. De repente, el panorama cambi¨®, y los caminos se hac¨ªan cada vez m¨¢s anchos a medida que se acercaban a la costa. Las lluvias cesaron por un rato, y bajo el cielo nublado Kulad pudo reconocer a lo lejos las pir¨¢mides empedradas de la capital ixtalita. ¡ªHas hecho un buen trabajo, pescadito ¡ªle dijo Heagg en cuanto volvi¨® a cruzarse con ¨¦l a lomos de su semental negro¡ª. Ahora solo nos falta pasar por otro poblado peque?o, y nos reuniremos con nuestro se?or para terminar de invadir las pocas ciudades que esta selva infinita alberga. El azul profundo del mar se volvi¨® visible para el ej¨¦rcito que avanzaba como una serpiente de hierro entre los cada vez m¨¢s anchos caminos, llenando de nostalgia el coraz¨®n de Kulad, que sab¨ªa que bajo aquella profundidad azul hab¨ªa miles de tritones movi¨¦ndose por libertad en las aguas, cazando peces y tiburones de todas las especies, ya fuera por necesidad o por pura diversi¨®n. Sinti¨® el impulso de montar a uno de los caballos del carromato y galopar hasta la orilla para perderse en las aguas, pero sab¨ªa que ser¨ªa in¨²til. Heagg encontrar¨ªa el modo de llegar hasta ¨¦l mucho antes de que se acercara a la costa, y las consecuencias ser¨ªan desastrosas. Despu¨¦s de un par de horas de lento avance por los caminos embarrados, llegaron al ¨²ltimo poblado antes de la capital, un compendio de chozas tal como el anterior, pero un poco m¨¢s amplio y con caminos m¨¢s intrincados. Los lugare?os eran tan d¨®ciles como en el anterior, pero los verdaderos problemas los ofreci¨® el terreno. Sus calles estaban tan empantanadas que los carromatos se trabaron en un punto y no pudieron seguir avanzando. Kulad y los dem¨¢s jinetes tuvieron que descender de los carretones y empezar a empujar, pero fue en vano. El camino estaba demasiado embarrado. ¡ª?Maldita sea! ¡ªgrit¨® Heagg, mientras un aura de fuego rodeaba su cuerpo nervudo¡ª. Espero que no sea un truco de estos indios, o juro que har¨¦ arder hasta al ¨²ltimo de ellos. Los lugare?os se limitaron a observar a los carros y a los invitados no deseados con sus profundos ojos negros llenos de aversi¨®n. Los guerreros aneitas obligaron a los habitantes a ayudar, pero las ruedas de madera de los carros no ced¨ªan ante el lodo. Kulad no tuvo m¨¢s remedio que abrir el interior de su carga, llena de oro y frascos de man¨¢, lo que despert¨® miradas curiosas entre los lugare?os. ¡ª?Dense prisa! ¡ªgrit¨® Heagg, furioso¡ª. Tenemos que llevar estas cargas hasta la ciudad, aunque ustedes mismos las tengan que cargar. Pasaron varias horas de arduo esfuerzo, cargando los minerales y las bebidas m¨¢gicas de un lado al otro del poblado, en medio de los charcos profundos y el barro. Con el pasar de las horas, se form¨® un enorme dep¨®sito improvisado de objetos de valor para los invasores a campo abierto. Cuando los soldados aneitas y sus tropas auxiliares estaban agotados por el esfuerzo de cargar con los pertrechos, un cuerno son¨® con furia en medio de los ¨¢rboles cercanos al poblado. Una peque?a luz de esperanza brot¨® en el interior de Kulad, mientras ve¨ªa cientos de arqueros y espadachines locales salir de todas partes. Los asustados aldeanos se metieron en sus casas para evitar la batalla que estaba a punto de tener lugar en su pueblo. ¡ª?Todos, a pelear! ¡ªgrit¨® Heagg, furioso, mientras comenzaba a arrojar bolas de fuego a los primeros valientes que ca¨ªan sobre los defensores del bot¨ªn¡ª. Los estar¨¦ observando. ?El que no luche es hombre muerto! Kulad alcanz¨® a distinguir en la vanguardia enemiga a tres h¨¦roes que destacaban entre sus hombres y que cayeron sobre los primeros defensores como una punta de lanza. Eran un espadach¨ªn fornido, un mago y una arquera. Un cuarto h¨¦roe, de ropajes extra?os y aura mucho m¨¢s d¨¦bil que los otros pero de aspecto feroz, lleg¨® al galope blandiendo una lanza larga. Montaba un animal similar a un caballo, pero de cuello largo y cuerpo cubierto de lana. ?Una llama?. Tomando su tridente, Kulad se prepar¨® para combatir, defendiendo el bot¨ªn de unos tipos a los que odiaba. Con algo de suerte, alguno de aquellos h¨¦roes de la selva acabar¨ªa con ¨¦l, devolvi¨¦ndolo a su amado mar.