《[Spanish] XenoFilia》 Capitulo I La par¨¢lisis fue, ciertamente, algo completamente inesperado. Mi mano se sacud¨ªa en una manifestaci¨®n inequ¨ªvoca del esfuerzo que estaba ejerciendo en contra de aquella misteriosa inmovilidad que me afecto de manera tan espontanea, forz¨¢ndome a permanecer inclinado, con la mano extendida hacia donde estaba la linterna que se me hab¨ªa ca¨ªdo en un descuido. Si bien aquel impedimento tan inexplicable era ya suficiente para sacarme de la cabeza el aparato en cuesti¨®n, los ruidos que comenzaron a escucharse al poco de quedar yo atrapado me arrancaron de cuajo cualquier pensamiento ajeno a mi dilema actual: No se trato de los t¨ªmidos pasos de un ciervo, o del pesado andar de un oso, sino de algo r¨¢pido y que era lo suficientemente grande para hacer que desde la direcci¨®n desde la que ven¨ªa se oyesen a varios ¨¢rboles agitarse. Pavor, ser¨ªa poco para describir la sensaci¨®n que me invadi¨® en aquellos instantes; terror estar¨ªa m¨¢s cerca, sin embargo, no tuve tiempo de concretar un grito de auxilio o de aumentar mi esfuerzo por liberarme cuando escuche a uno de mis dos compa?eros aproximarse a donde estaba, el crujir de las hojas par¨® en seco mis muy agitados pensamientos, y me dio una chance de escapar a un destino que luc¨ªa (hasta aquel instante) ineludible. Siendo que no me era posible dar un giro a la cabeza, mire por el rabillo del ojo y pude avistar una linterna encendida; no pod¨ªa distinguir de quien de los dos se trataba, pero aun as¨ª no perd¨ª el tiempo, en vista de que esos ruidos solo continuaban acrecent¨¢ndose a cada segundo que perd¨ªa. ¡°?Hey!¡± Grit¨¦, en un esfuerzo por dar a conocer mi ubicaci¨®n lo m¨¢s pronto posible. No tarde en recibir respuesta, en forma de un alumbramiento repentino con la linterna, lo cual molesto levemente mis ojos, aunque el agradecimiento por la buena fortuna de que uno de esos dos apareciese en tan necesario momento pod¨ªa m¨¢s que lo primero. ¡°?Andrew?¡± Distingu¨ª la voz de Dan de inmediato, cargada de la misma tenci¨®n que hab¨ªa tenido desde que bajamos del coche ¡°?Qu¨¦ ocurre?¡± Mantuve yo un silencio meditativo durante unos segundos, en pos de encontrar la manera m¨¢s adecuada para explicar lo que me estaba sucediendo de forma coherente ¡°Necesito que-¡° Mas sonidos, en plena oscuridad de la noche, con la mirada trabada hacia el interior del bosque, pude ver vagamente una sombra moverse en nuestra direcci¨®n, el escenario resultaba quiz¨¢ la m¨¢s conocida escena del mundo animal desde la aparici¨®n de la cadena alimenticia: Un depredador advini¨¦ndose a por la presa presente en su trampa. La luz del artefacto me abandono; Dan la hab¨ªa dirigido r¨¢pidamente a su derecha, o desde mi perspectiva, el frente, al origen de aquella algarab¨ªa que parec¨ªa anunciar con perturbadora fanfarria la proximidad de la criatura, un hecho que volver¨ªa a poner en cause el destino que sent¨ªa ineludible hacia unos momentos antes de que apareciera Dan, a menos que se hiciese algo pronto. Dando cuenta de que era necesaria una pronta acci¨®n, comenc¨¦ a luchar contra la par¨¢lisis con renovado ¨ªmpetu, sent¨ª que los hombros y el cuello se mov¨ªan un poco, as¨ª mismo el torso, lo cual me dio esperanza de poder zafarme antes de que eso llegase a donde est¨¢bamos. Mire por el rabillo del ojo con impaciencia a Dan, quien se quedo estupefacto ante lo que estaba sucediendo, alumbrando la zona de la que ven¨ªan los ruidos que generaba tan misteriosa (y muy probablemente hostil) criatura. ¡°?Dan, ay¨²dame!¡± Le grite en un intento desesperado por llamar su atenci¨®n mientras forcejeaba aun tratado de hacer reaccionar el resto de mi cuerpo ¡°?Dan!¡± Reacciono, tras lo que pareci¨® una eternidad, emiti¨® un audible ¡°Eh,¡±, para despu¨¦s proceder a dirigir nuevamente su linterna hacia donde estaba yo, escuche el c¨®mo sus pasos se aproximaban hacia m¨ª raudamente, en se?al de que me brindar¨ªa apoyo para escapar de tan incomprensible estado, sent¨ª por momentos un muy desbordante alivio, y visualice por instantes como seria nuestra huida despu¨¦s de que se me auxiliase, visione el c¨®mo estar¨ªamos antes del lo esperado en el coche de Alfred, y el c¨®mo estar¨ªamos prontamente de regreso al pueblo. Pero ese escenario de ensue?o no tardo en quebrarse en miles de pedazos; el apoyo que esperaba con ansiedad y que daba por seguro se dar¨ªa en los pr¨®ximos instantes, nunca llego. Ya me hubiese gustado a m¨ª que fuese porque la ignota bestia se le hubiese echado encima, o por alguna otra raz¨®n de fuerza mayor, pero se trato de algo ins¨®litamente impertinente: Dan se hab¨ªa parado en seco. ¡°??Porque te has parado!?¡± Le reclame ¡°?Ay¨²dame!¡± ¡°A-Andrew¡­¡± Trato de decirme algo, pero tal cosa se deshizo al final de la frase como un murmullo apagado. ¡°??Que!?¡± Inquir¨ª, fren¨¦tico dada la situaci¨®n tan critica que nos ata?¨ªa ¡°??Qu¨¦ demonios sucede!?¡± Se escucho una rama romperse; las copas de los arboles que yac¨ªan cerca tuvieron aludes repentinos de hojas, lo que sea que fuere, se hab¨ªa montado en los arboles, y ahora estaba casi encima de nosotros, aquel destino que daba por sorteado comenz¨® a cristalizarse de nuevo. ¡°?Dan!¡± Exclame, mientras mi lucha encarnizada por liberarme continuaba, ahora m¨¢s fuerte que nunca ¡°?Maldita sea, reacciona!¡± ¡°-ker¡± Pronuncio una palabra que a duras penas logre entender. ¡°?Deja de hablar estupideces y ay¨²dame a salir!¡± Mi grito aumento de volumen considerablemente, pero no consideraba yo cosa m¨¢s adecuada para lograr que ¨¦l se espabilase. Aquel que hacia unas horas hall¨¢base instigando esta ¡°expedici¨®n¡± (si es que se le puede llamar semejante cosa a la b¨²squeda de un medall¨®n perdido en esta zona del bosque) junto a Alfred temblaba como un flan, y cada tanto parec¨ªa retroceder otro poco; tal acto de cobard¨ªa no hizo sino generar una llamara de c¨®lera en mi interior, la cual estuve bastante cerca de liberar en un grito lleno de insultos, pero fui cortado por otro sonido de los muchos que nuestro desconocido acechador realizo. Se oy¨® como la clase de sonido que hace una rama que est¨¢ aguantando un peso que esta por romperla, y en cuanto pude sentir como las hojas ca¨ªan encima de mi abrigo, no quedaba otra alternativa al hecho de que estaba justo encima de nosotros. Sent¨ª expl¨ªcitamente ¨¦l como la sangre se me retiraba de la cara ante tal hecho; el buen Dan (por otro lado), opto por dirigir, temblorosamente, la linterna hacia arriba. ¡°T-tenemos que¡­¡± Tal murmullo en el cual mi voz se transmuto nunca llego a escapar por completo de mis labios, gracias a los acontecimientos de r¨¢pida sucesi¨®n que tuvieron lugar solo instantes despu¨¦s de que empezase a hablar. Dan pego un grito desgarrador, en se?al de que cualquier clase de valor que le quedase se hab¨ªa derrumbado por completo, y agitando la linterna como un loco, comenz¨® a repetir una y otra vez el nombre del tercer integrante de esta desafortunada empresa ¡°?Alfred, Alfred!¡±. La c¨®lera se encendi¨® en m¨ª ser ante una cobard¨ªa tan grande de parte de alguien que juraba ser mi amigo, apret¨¦ los dientes fuertemente, y lo siguiente que vino de mi fue un repentino y brusco movimiento; la intenci¨®n era (por supuesto) el lanzarle un grito al desertor que acaba de huir, pero esa acci¨®n tuvo una consecuencia del todo inesperada. De cierta manera me libere de la par¨¢lisis, la inmovilidad cedi¨® repentinamente, tal y como hab¨ªa aparecido, di unos visibles bamboleos al son de una audible confusi¨®n que sal¨ªa de mi boca. Los pensamientos sobre la deserci¨®n de mi colega se esfumaron, y fueron reemplazados por un ¡°?Qu¨¦?¡± que se repet¨ªa como un disco rayado dentro de mi mente. Trate de permanecer de pie, pero la energ¨ªa f¨ªsica que hab¨ªa generado al liberarme tan de repente hab¨ªa resultado ser demasiada para m¨ª, el equilibrio me fallo, aunque teniendo en cuenta que me encontraba en un bosque oscuro y que hab¨ªa estado cegado por la ira hasta hacia ya muy poco, considero que permanec¨ª en pie m¨¢s de lo esperado. Lo inevitable finalmente sucedi¨®, y me vi a mi mismo precipitarme hacia el suelo de manera insalvable. Considere aquello como parte de un clich¨¦ que recuerdo haber visto en m¨¢s de una pel¨ªcula que ca¨ªa dentro del g¨¦nero del terror: caer¨ªa sobre mi propia espalda, para ver de una buena vez al monstruo, justo en el momento en que el mismo se abalanzar¨ªa sobre mi y todo se ir¨ªa a negro. De una vez y para siempre. ¡°Como un mal chiste¡± Me comente en ese momento cuando el tiempo pareci¨® discurrir muy lentamente ¡°Como un jodido mal chiste esos dos van a sobrevivir y yo voy a morirme en el bosque¡± Sal¨ª en aquel momento de ese diminuto fragmento de tiempo que tom¨¦ para pensar, fue un pensamiento ef¨ªmero, que no hab¨ªa durado probablemente m¨¢s de unos pocos segundos; espere entonces sentir el suelo del bosque, con sus hojas y probablemente alguna rama que har¨ªan bastante ruido en cuanto mi cuerpo cayese estrepitosamente sobre ellos. Me prepare para lo peor, y rec¨¦ por que quedase inconsciente por alguna roca que estuviese en la trayectoria de mi ca¨ªda, aunque no hubiese yo visto ninguna cuando llegue a aquel lugar que estaba en una correspondencia tan poco sospechosa con el resto del bosque que resultaba implausible la situaci¨®n que se estaba desarrollando en estos mismos momentos. Cerr¨¦ los ojos fuertemente, y espere el momento final en que me desplomase, pero justo cuando sent¨ª aquella sensaci¨®n tan desagradable de descontrol que cualquiera puede sentir antes de precipitarse al suelo de manera incontrolada¡­fue como si todo se hubiera parado de golpe, como si alguna mano invisible me hubiese sostenido por detr¨¢s de la espalda, evitando que cayese, abortando aquel horroroso clich¨¦ del que no deseaba formar parte. ¡­Pero as¨ª mismo regres¨¦ a mi estado anterior, aquel que precedi¨® a la moment¨¢nea y muy transitoria ¡°liberaci¨®n¡±; la par¨¢lisis, la maldita inmovilidad regreso, como si de ahora una jocosidad m¨®rbida se tratase, un capricho desalmado de las circunstancias que no quer¨ªan permitirme el tan pretendido escape. Solt¨¦, prontamente, una vociferaci¨®n que puso de manifiesto mi reacci¨®n ante tal artima?a: No hubo realmente un sentido en aquello, enfoque todas mis energ¨ªas a dejar salir mi indignaci¨®n por tal acontecimiento, lo cual devino en un silencio resignado por mi parte, en adjunto a una respiraci¨®n estremecida que era por el momento el ¨²nico sonido que llegaba a mis o¨ªdos. Hab¨ªa quedado mirando (en efecto) hacia arriba; di cuenta de esto en cuanto la mayor parte de aquellas emociones sentidas hasta ese instante remitieron en aquel raro momento de calma, me parec¨ªa imposible que un grito m¨¢s alto que los anteriores pudiese haber atemorizado a un ser que hacia tan poco no ten¨ªa ni la m¨¢s m¨ªnima consideraci¨®n de cara al griter¨ªo que mont¨¦ gracias a la inacci¨®n de Dan. Trate de pensar entonces en las causas de tal silencio, cuando entre los arboles comenz¨® a aparecerse, de una manera muy lenta y sutil, la luz de la luna; un espect¨¢culo al cual no hubiese prestado atenci¨®n, dado a mi resignaci¨®n y a mi reencontrada par¨¢lisis, pero seg¨²n los segundos continuaron avanzando, no me fue posible ignorar tal cosa m¨¢s, en particular, en cuanto unos cuantos rayos de luz lunar me ba?aron en la luminiscencia tan tenue que caracterizaba al astro. Note, con gran asombro y temor, como el fulgor que cay¨® sobre m¨ª revel¨®, de manera gradual y paulatina, unas raras cuerdas, o de manera preferible hilos, que se enarbolaban alrededor mi persona; resultar¨ªa ello un panorama realmente interesante, de no ser por el hecho de que me encontraba al parecer asido por tal trampa. El shock de tal visi¨®n no solo derivo en que mis ojos se abriesen como si los mismos fueran platos, no fue eso el ¨²nico efecto, dado que aquel instinto tan primitivo que yac¨ªa dentro de m¨ª, que se hab¨ªa visto ahogado moment¨¢neamente por la traici¨®n de Dan, la ira subsecuente, y la muy moment¨¢nea alegr¨ªa de haberle liberado f¨²tilmente, regres¨®, en la forma de un espanto que no tenia parang¨®n con lo que hab¨ªa sufrido los ¨²ltimos minutos. ¡°??Qu¨¦ clase de cosa!?¡± Exclame para mis adentros ¡°??Qu¨¦ clase de-¡° El silencio se termino, tan repentinamente como hab¨ªa empezado: Se trato de algo sutil, las algo agito un poco unas hojas de los arboles que estaban a mis espaldas; para solo detenerse moment¨¢neamente, por mero instinto trate de mirar hacia atr¨¢s, por el rabillo del ojo. Pero antes de que siquiera pudiera distinguir nada con a la luz tan tenue que hab¨ªa, sent¨ª de golpe un tir¨®n. ¡°?No!¡± Lo exclame, a todo pulm¨®n, y sin ninguna clase de verg¨¹enza lo repet¨ª una y otra vez, mientras era arrastrado hacia arriba. Para m¨ª ya muy agotada consciencia, tal susto fue demasiado, la sensaci¨®n de movimiento comenz¨® a ponerse en un segundo plano, mientras un repentino mareo se apoderaba vertiginosamente de m¨ª, todo se volvi¨® lejano, borroso, y los ojos se me comenzaron a cerrar; no pod¨ªa ser nada menos que un desmayo por el excesivo estr¨¦s. Pero, algo que si llego a mis o¨ªdos, mientras la conciencia se deslizaba fuera de mi con una lentitud que en ciertos momentos parec¨ªa insufrible, fue un sonido sumamente inesperado, no era la criatura (de cierta manera prefer¨ªa no ver a lo que me hab¨ªa atrapado, ni tampoco o¨ªrlo) pero s¨ª que era un sonido muy familiar: Un convertible, o mejor dicho, el motor de uno. En mis recuerdos, que tan ef¨ªmeramente se me pasaron por la cabeza en aquel estado de cas¨ª inconsciencia, encontr¨¦ r¨¢pidamente a quien le pertenec¨ªa aquel motor que escuchaba tan lejos, y que parec¨ªa perderse a cada segundo que pasaba (aunque no estaba seguro de si era dado mi estado, o si se estaba alejando realmente). ¡°Alfred¡­¡± Mis ojos cayeron cerrados en cuanto dije su nombre, pero un retazo de energ¨ªa se aseguro de que terminase la frase ¡°B-bastardo¡± Ca¨ª en un letargo profundo e involuntario para finalmente olvidar la situaci¨®n que me aflig¨ªa en ese momento; la indiferencia fue absoluta en cuanto la consciencia me abandono. ?? La brisa fr¨ªa de aquella noche no fue la principal causante de mi despertar; los recuerdos de lo sucedido hacia una cantidad indeterminada de tiempo (bien podr¨ªan haber sido unos minutos u horas desde que me desmaye), que se agolparon en la oscuridad de la inconsciencia en la que estaba jugaron el papel crucial en que abriese mis ojos. ¡­O al menos lo intentase, todo estaba borroso, pero los sentidos regresaron casi al instante, as¨ª mismo como el miedo y la incertidumbre: No pod¨ªa moverme (eso parec¨ªa ser una constante tenaz desde que todo el meollo comenz¨®), pero sent¨ªa que en efecto habia cambiado de postura, siendo que ahora no sent¨ªa mis pies encima de un suelo solido; estaba en realidad en una posici¨®n horizontal. Apret¨¦ los ojos fuertemente para recuperar la vista, acompa?e eso de unos est¨¦riles intentos de zafarme de esta nueva trampa a la que la criatura me hab¨ªa arrastrado, solo para que estos reportasen una nula efectividad, aunque por otro lado, tras volver a abrir los ojos pude ver (gracias a la luz del astro lunar, aun no h ocultado por las nubes) en frente m¨ªo muchos ¨¢rboles. Normalmente tal visi¨®n no tendr¨ªa nada de importante en un bosque, y de hecho, ser¨ªa algo completamente irrelevante si no fuera por dos factores: Primero estaba la parte de los arboles que estaba viendo, tal cosa a?adi¨® una gran dosis de impresi¨®n; no fuese para menos dado que solo ten¨ªa que echar la vista un poco hacia arriba para ver su final, y despu¨¦s de tal, el cielo: No exist¨ªa otra explicaci¨®n para tal situaci¨®n, estaba suspendido a una altura formidable del suelo, a m¨¢s de un metro. Segundo, la cantidad de arboles que ve¨ªa en frente de m¨ª se contrastaba demasiado a la poca acumulaci¨®n de robles que hab¨ªa visto en las lindes mientras busc¨¢bamos aquel condenado medall¨®n, lo cual enmarcaba que se me hab¨ªa arrastrado bastante hacia adentro de la espesura por el desconocido esp¨¦cimen. Y por si fuera poco, me fue posible tambi¨¦n darme cuenta de una tercera cosa, algo que retorno aquella palidez que hab¨ªa experimentado momentos atr¨¢s, junto a la horrible sensaci¨®n de p¨¢nico reptante en mi ser, la cual demandaba que me liberase sin importar las consecuencias de la subsecuente ca¨ªda. Dicha cosa tuvo que ver con la trampa en la que estaba atrapado. Mi mirada temerosa se hab¨ªa paseado por los alrededores, en busca del depredador que me hab¨ªa emboscado, a sabiendas de que no me ser¨ªa muy posible defenderme en mi estado actual, pero prefer¨ªa ahora (de la mano probablemente de un peque?o envalentonamiento de docta naturaleza que de golpe se advino sobre mi) verle venir en lugar de que me tomase por sorpresa (ya por segunda vez en la misma noche), y fue ah¨ª cuando, haciendo uso de los muy limitados (o casi nulos) movimientos que pod¨ªa hacer con cabeza, como bien era el poder girarla muy levemente a la izquierda o derecha, note ciertos patrones, en el ¡°hilo¡± de la trampa, patrones muy familiares, incluso si los mismos no pod¨ªan ser apreciados correctamente dada la baja luz o la falta de movilidad de la cabeza. Los recuerdos de los numerosos libros que le¨ª en preparaci¨®n para el examen de admisi¨®n en la universidad, y de otros tantos vol¨²menes, regresaron a mi mente que yac¨ªa hasta aquel momento solo preocupada por el regreso de la bestia y su eventual consumaci¨®n de su la cacer¨ªa que hab¨ªa logrado aquella noche. ¡°T-telara?a¡± Lo murmure, el p¨¢nico regreso a los niveles de antes de mi captura. La trampa en la que me hallaba era en efecto la m¨¢s efectiva de todo el mundo animal: Una Telara?a. Compuesta de uno de los materiales m¨¢s resistentes y flexibles, semejante cosa solo puede ser la c¨²spide de las trampas para las presas de tales seres; caer en cuenta de ello pareci¨® abrir mis sentidos a una sensaci¨®n levemente pegajosa en mis manos, estando ellas descubiertas, eran probablemente las ¨²nicas partes de mi cuerpo que estaban tocando la seda sin ning¨²n aparejo, adem¨¢s de mi cabeza, claro. Comenc¨¦ a negar con la cabeza dentro de lo posible, al son de un murmullo-mantra ¡°No, no, no¡±. Record¨¦ cuantas veces me hab¨ªa re¨ªdo yo de las insinuaciones de varios videojuegos y pel¨ªculas con respecto a las ara?as de gran tama?o, record¨¦ lo absurdo, lo inadmisible que tales imagineros me parec¨ªan (al menos en esta ¨¦poca, ya los posibles ar¨¢cnidos que pudiesen haber existido a lo largo de la historia de la tierra era otro asunto), y ahora como si de un karma absurdamente innecesario se tratase, estaba yo por convertirme en la presa de una. ¡°De todos los lugares en los que esto podr¨ªa pasar¡­¡± Termine el mantra, aunque ahora hasta yo mismo pod¨ªa escuchar el horror plasmado en mi susurrada voz ¡°?De todos los jodidos-¡° Escuche algo movi¨¦ndose, pare en seco la frase que me estaba murmurando, guarde silencio, la brisa nocturna de esta noche de octubre se hab¨ªa parado; parpadee un par de veces, mov¨ª la cabeza levemente, lo m¨¢s posible, para tratar de encontrar a lo que ten¨ªa que ser la criatura, sin ¨¦xito. Los ojos se me mov¨ªan atentamente en m¨¢xima vigilancia, mi respiraci¨®n era ahora hecha con una acentuada hiperventilaci¨®n; temeroso del momento en el que saltar¨ªa sobre m¨ª, as¨ª como tambi¨¦n hab¨ªa un muy justificado miedo de si aquel esp¨¦cimen tendr¨ªa una de las aficiones m¨¢s perturbadoras de sus peque?as homologas: Comer a la presa mientras esta sigue respirando. ¡°En el peor de los casos¡± Empec¨¦, aunque en el fondo me preguntaba si no estaba yo ya en tal peor caso ¡°Sera una Heterepoda Venatoria de gran tama?o¡± La mente, en horrible sugerencia, solo me hizo agitar m¨¢s, la idea de que pod¨ªa tratarse de tal especie me resultaba completamente grotesco; no eran conocidas por otra cosa que por la manera horrible en que mutilaban a sus presas. Tal pensamiento fue el g¨¦nesis de un ¨²ltimo intento de escape, desesperado, y completamente impulsado por esa idea tan horripilante. No consisti¨® eso en mucho m¨¢s que en tratar de librarme ech¨¢ndome hacia adelante, ¨¦l mismo ceso apenas record¨¦ nuevo la altura a la que estaba: De nada me servir¨ªa tal acto si me quebraba las piernas y ten¨ªa que alejarme a rastras de algo que de momento solo pod¨ªa caracterizar por su agilidad. Los condenados sonidos retornaron, ahora acompa?ados de la sensaci¨®n de que la telara?a en la que estaba se hab¨ªa movido: No pod¨ªa ser por otra cosa que por el peso del depredador, que acaba de abordar a su trofeo de la noche. Mi respiraci¨®n, hiperventilada, ceso un poco. Las inhalaciones y exhalaciones se hicieron notablemente pausadas; un intento tenaz de tratar de conservar toda la compostura posible en una situaci¨®n tan horrenda, la cual invitaba decantarse por el p¨¢nico y a forcejear entre gritos que de manera certera no serian o¨ªdos por nadie. No habr¨ªan pasado m¨¢s de diez segundos en cuanto le sent¨ª moverse de nuevo, no exist¨ªa aun un contacto real con el esp¨¦cimen, pero con el hecho de que estuviese tan cerca era lo suficiente para notar su presencia de manera alarmante; el sudor frio y los temblores no ayudaban a tratar de convencerme de que no estaba ah¨ª, mir¨¢ndome, aniquilando en la distancia la poca compostura que hab¨ªa logrado acumular a su llegada, devastando mis esfuerzos por no gastar energ¨ªa en forcejear f¨²tilmente, y haci¨¦ndome sentir a cada momento que pasaba una sensaci¨®n desagradable en la garganta, que no pod¨ªa ser otra cosa que los gritos de terror que estaba conteniendo. ¡­Los cuales casi (por muy poco) fueron liberados de mi garganta en cuanto sent¨ª algo afilado y puntiagudo tocarme el hombro, hice unos cuantos sonidos incoherentes a forma de murmullos en un volumen que casi los despojaba de tal condici¨®n. Olvid¨¢ndome de aquel peque?o retazo de valent¨ªa que hab¨ªa sentido al reci¨¦n despertar aqu¨ª (cuando pensaba que era preferible verle venir que ser tomado por completa sorpresa), mis ojos se cerraron gracias al miedo, apret¨¦ los pu?os, y espere lo peor. La cosa puntiaguda (ap¨¦ndice no identificado de la criatura, la cual por el p¨¢nico ni siquiera me imaginaba que aspecto podr¨ªa tener, o si era la tan temida [], en grandes dimensiones), no realizo una incisi¨®n en mi hombro, ni tampoco recib¨ª ninguna mordida o agresi¨®n que pudiese esperar de un depredador, en su lugar, sent¨ª como aquel ap¨¦ndice se retiraba de mi hombro, mi respiraci¨®n tan espantada no ces¨® ante eso, dado que si bien no procedi¨® atacando mi hombro, pod¨ªa bien saber que el cuello era la mejor zona para matar r¨¢pido a la v¨ªctima, como puede ser conocimiento instintivo en un le¨®n el atacar a las gacelas en esa zona para que la cacer¨ªa no se les dificulte. Espere entonces, con tan temeroso pensamiento, un ataque en el cuello o en alguna otra zona blanda del cuerpo, pero el silencio, junto a la falta de contacto se prolongaron durante lo que quiz¨¢ fueran unos pocos minutos, hasta que, rompiendo al fin aquella fase que pareci¨® canalizar toda la tensi¨®n del momento en la punta de un alfiler, note un r¨¢pido impulso por parte de la criatura, y lo siguiente fue una simple sensaci¨®n de que eso no solo me continuaba mirando fijamente, sino tambi¨¦n que estaba ahora todav¨ªa m¨¢s cerca. La sent¨ªa, estaba ah¨ª, justo en frente m¨ªo, la criatura, el horror que me arrastro desde las lindes de la espesura hasta quien sabe qu¨¦ lugar perdido en las profundidades de la misma, con nada menos que la intenci¨®n de devorarme, apret¨¦ los ojos con fuerza, no queriendo observarle, no queriendo abrir los ojos para observar algo que me quitar¨ªa la vida segundos despu¨¦s de verle, el vigor cient¨ªfico (cosa muy com¨²n en mis andanzas por cualquier lugar lleno de elementos naturales y que parec¨ªa haber retornado levemente) yac¨ªa muerto, en el sentido m¨¢s figurativo posible, sobre un charco de sangre, no dando lugar a cualquier curiosidad que pudiese tener para con el esp¨¦cimen que me negaba en redondo a mirar ahora. Pegue un respingo leve (leve en comparaci¨®n a mi err¨¢tico respirar), en cuanto sent¨ª como algo de afilados bordes, pero lo suficientemente cuidadoso como para no cortarme, tomo mi mano derecha, levant¨¢ndola muy f¨¢cilmente de aquella pegajosa trampa, con un agarre que ciertamente ser¨ªa incapaz de yo romper. ¡°?Va a empezar destroz¨¢ndome la mano?¡± Solo pensaba ahora en c¨®mo iba a proceder desde ah¨ª, aquel miedo que me hab¨ªa estado atestando hasta estos momentos, el cual pretend¨ªa evadir lo inevitable centr¨¢ndome ¨²nicamente en el asunto presente (mi captura y la presencia de eso), se vio sustituido por un terror que estaba ahora meramente enfocado en la imaginer¨ªa de c¨®mo continuar¨ªa este depredador en cuanto probase la sangre que manar¨ªa sin control de mi mano en cuanto la mordiese; el c¨®mo continuar¨ªa sin parar atacarme hasta que muriese, o bien por la p¨¦rdida de sangre, o bien porque de ah¨ª saltase directamente al cuello¡­o alguna otra zona lo suficientemente fr¨¢gil.Royal Road is the home of this novel. Visit there to read the original and support the author. Mi mano derecha quedo sujeta por el desconocido ap¨¦ndice, levantada en el aire, temblando, realizando esos movimientos involuntarios dado el pavor que recorr¨ªa mi cuerpo. Mientras espera aquel asalto que no se detendr¨ªa ante nada hasta que eso estuviera satisfecho, maldije, una y otra vez dentro de mis pensamientos, en lo que probablemente serian los ¨²ltimos segundos de mi vida a los instigadores de esta est¨²pida e insensata expedici¨®n, maldije el momento en el que nuestros caminos se cruzaron, y renegu¨¦ por completo de cualquier clase de aprecio que pudiera tenerles, y rogu¨¦ por que los hechos de esta noche les atormentasen durante los a?os a venir, despu¨¦s de que yo desapareciera y mi cuerpo nunca fuera hallado. Esper¨¦ pusil¨¢nimemente y con cierta resignaci¨®n aterrada el descenso de las fauces de la bestia sobre mi mano, a fin de que esta empezase su fest¨ªn sangriento, la mera idea de la clase de dolor que sentir¨ªa causo que se me helase la sangre, una sensaci¨®n que reforz¨® mi radical acci¨®n de no verle. Sent¨ª repentinamente un apret¨®n en la mu?eca de la mano alzada, supe que ese era el momento en el que empezar¨ªa mi fin, y espere la primera oleada de dolor con una ansiedad que no duro mucho m¨¢s all¨¢ de unos pocos segundos, dado que no fui capaz de aguantar el grito que desde hacia tanto tenia contenido en el conf¨ªn de la garganta; sucedi¨® en cuanto sent¨ª algo h¨²medo en la punta de los tres dedos centrales de la mano. Tal acci¨®n vino en compa?¨ªa de la apertura de mis ojos, fue ello tan espontaneo como el grito en s¨ª, yo esperaba encontrarme o bien a la tan temida Ara?a cazadora de grandes dimensiones lista para hacerme pedazos, o bien alguna cosa cuasi-informe que estuviese entre una ara?a y alg¨²n engendro monstruoso. Desaf¨ªo de cualquier clase de evoluci¨®n animal vista sobre la tierra. Lejos, sin embargo, en lugar de tal aparici¨®n atroz (y para mi total desorientaci¨®n en la situaci¨®n), me encontr¨¦ con otra cosa, no era tal una aberraci¨®n ar¨¢cnida monstruosa, ni una Heterepoda venatoria enorme, preparada para separar mis extremidades. La primera cosa con la que me encontr¨¦ al volver a abrir los ojos fue una escena extremadamente bizarra, lo suficiente como para evitar que siguiese gritando dado la impresi¨®n, pero as¨ª mismo lo suficientemente desconcertante como para que el p¨¢nico y la incertidumbre me siguiesen corriendo por el cuerpo: Me hallaba yo, como imaginaba aun teniendo los ojos cerrados, sujeto firmemente a la telara?a; con la mano derecha en alza y sujetada por la mu?eca con cierta fuerza por lo que hab¨ªa supuesto seria una abominaci¨®n al mejor estilo de Hollywood, pero, con la realidad a veces defraudando lo que ser¨ªa la opci¨®n obvia, me encontr¨¦ con algo¡­diferente. No ten¨ªa nariz. Eso fue en lo primero que distingu¨ª, era algo de apariencia humana, pero tal rasgo dejaba claro que se traba de otra cosa, asi mismo, por aquello que le faltaba, tenia elementos compensatorios por tal ausencia realmente escalofriantes: Un total de cuatro pinzas, siendo la superior izquierda por la que me sujetaba, y unos ojos cuyos irises brillaban en la oscuridad con un fulgor amarillo brillante (en armon¨ªa con su pelo rubio, otro detalle extra?amente humano en tal rareza biol¨®gica que no se me escapo), coronando su apariencia bestial. Por ¨²ltimo, reca¨ª en lo que explicaba la sensaci¨®n tan extra?a en la punta de los dedos centrales de la mano derecha, la criatura coloco las puntas de los mismos en su boca, y ahora mismo, esos ojos bestiales de amarillo fulgurante me miraban con una gesticulaci¨®n que realmente no encajaba con la situaci¨®n. Tal expresi¨®n, lejos de la sonrisa maniaca o la mirada de puro instinto asesino que cabria esperar, era mas bien una de curiosidad; no parec¨ªa asomar ni una pizca de sobresalto debido al grito que pegue hacia unos momentos, tal falta de reacci¨®n no ayudo nada a que la incertidumbre ante lo que pudiese pasar a continuaci¨®n. Tampoco fue de gran ayuda un silencio que se prolongo durante alrededor de un minuto, durante el cual mi respiraci¨®n, asustada, era quiz¨¢, junto a la retornada brisa que hac¨ªa sonar muy levemente los arboles, lo ¨²nico que realmente generaba alg¨²n sonido a la mitad de tan tenso momento. Finalmente, tras lo que para m¨ª se sinti¨® como una hora completa de la mayor incomodidad y miedo que pudiese haber sentido en mi vida, ella opto por hacer un movimiento, no a fin de despedazarme la mano, por suerte, dado que echo su cabeza para atr¨¢s al tiempo que soltaba mi mu?eca, dejando que mi brazo cayese en la telara?a de nuevo. Parpadeo entonces dos veces, con la mirada completamente fija en m¨ª. Nuevamente (y como realmente no esperaba que pasase) el mutis que tanto nerviosismo me estaba aportando a mi ya estresada conciencia, regreso, no dej¨¢ndome realmente mucha mas alternativa que ser yo el que diese la primera palabra. Mil y un ideas de lo que podr¨ªa decir, y de c¨®mo decirlo se me pasaron por la cabeza, descartadas inmediatamente quedaron cualquier cosa de remota connotaci¨®n cient¨ªfica, no era mi deseo que tales pinzas (las cuales, ahora que me fijaba luc¨ªan realmente afiladas) se dirigiesen contra m¨ª si se daba cuenta de que pretend¨ªa algo, por lo que, al final, ofrec¨ª una simple pregunta, la cual era a fin de cuentas lo ¨²nico que constantemente se me pasaba por la cabeza desde que pude verle frente a frente: ¡°?Q-qui¨¦n eres t¨²?¡± Mi voz emergi¨® de mis labios con un acongoj¨¦ venido de mi aun latente temor de que en cualquier momento pudiese decantarse por atacarme. ¡°?Soy Cordie!¡± Respondi¨®, sin mucho reparo ni espera a mi pregunta, sonriendo levemente, dejando ver dos peque?os colmillos que asomaban de su boca aun estando est¨¢ cerrada ¡°?Y t¨²?, ?Qui¨¦n eres?¡± Fue mi turno entonces de parpadear un poco mientras bajaba la mirada, con una sensaci¨®n repentina de cansancio, generada muy probablemente gracias a todo el barullo que mont¨® conmigo para simplemente aparecerse as¨ª, esencialmente colocar tres de mis dedos en sus fauces, y despu¨¦s comportarse de una manera tan poco hostil, aunque no por esa sensaci¨®n baje la guardia, ni tampoco le hice esperar demasiado. ¡°Soy¡­¡± Me aclare un poco la garganta, algo reseca, a la vez que volv¨ªa a mirarle directo a los ojos ¡°Soy Andrew¡± Fue lo ¨²nico que me aventure a decir en cuanto a su pregunta, y formule tal respuesta la sa?a de no dejar ver cu¨¢n asustado estaba realmente, aunque a ella el hecho de que estuviese asustado parec¨ªa realmente no importarle mucho, como se manifest¨® en su reacci¨®n a mi nombre, la cual consisti¨® en que sus ojos, tan extra?os y an¨®malos para m¨ª (no ten¨ªan reminiscencia alguna de una ara?a) se ensanchasen en un gesto ciertamente azorante, sobrenatural. ¡°?Wau!¡± Lo exclamo, as¨ª justo como lo hizo con su nombre ¡°Suena tan¡­tan, ?humano!¡± Expuso su entusiasmo de una manera algo infantil para mi gusto, pero realmente no deseaba rebatirle nada, a miedo de hacerle enfadar y que pusiese a trabajar esas pinzas en mi contra, por lo que opte por simplemente emitir un ¡°Ah, Gracias¡± que nos devolvi¨® a ese silencio incomodo: Ninguno de los dos pareci¨® tener nada mas que decir o preguntar despu¨¦s de ese punto. Y la cosa se mantuvo as¨ª por lo que fueron otro par de minutos, ambos nos mir¨¢bamos, el uno al otro hasta un punto en el cual solo se me ocurri¨® formular la siguiente pregunta que se me vino a la cabeza en adjunto a una peque?a justificaci¨®n para hacer tal (la posibilidad de que una impertinencia verbal pod¨ªa hacer que esto terminase en un sangriento fest¨ªn aun reptaba por mi cabeza) a fin de no molestarle. ¡°Ehm,¡± Aclare mi garganta, tratando de realmente no mirar de manera tan directa a esos ojos amarillos ¡°?Podr¨ªas liberarme?, no encuentro muy comodo el hablarte de esta manera, Cordie¡± Ella se me quedo mirando durante unos segundos despu¨¦s de mi petici¨®n, tardo un poco en procesar lo que dije, lo cual levanto cierta alarma en m¨ª, por unos segundos me imagine que me saltar¨ªa encima a hacerme pedazos, pero lejos de una manera de actuar violenta, escuche su voz instantes despu¨¦s. ¡°?De acuerdo!¡± Y hubiera sonre¨ªdo yo levemente ante el entusiasmo con el que se prest¨® a liberarme, de no ser por lo hizo en acto seguido a responderme: Note como r¨¢pidamente una de sus pinzas (la inferior izquierda) se dirigi¨® prontamente a un hilo de la telara?a que estaba cerca suyo, no entend¨ª yo al momento su acci¨®n, aunque realmente no hizo falta, siendo que al poco de que ella corto dicho hilo, sent¨ª de golpe como la telara?a se ven¨ªa abajo. Grite. Certero ahora de que iba experimentar un dolor atroz al romperme m¨¢s de un hueso al impactar con el suelo, perd¨ª de vista a Cordie por completo, siendo que junto con el hecho de que hab¨ªa cortado la telara?a, recupere la movilidad de mis miembros, por lo que a manera de complemento del p¨¢nico que sent¨ªa me estaba agitando locamente mientras caia. No tuve valor de ver directamente hacia abajo pese a los movimientos err¨¢ticos, pero sab¨ªa que a cada segundo que pasaba el final de la ca¨ªda me aguardaba, estaba yo cada vez m¨¢s cerca de un impacto brutal contra el piso del bosque. ¡­O eso pens¨¦, hasta que de manera espontanea, escuche un sonido repentino que acallo mi algarab¨ªa, no lo pude identificar bien, pero los efectos que siguieron a ese sonido los note casi inmediatamente; quede dado a mis movimientos mirando hacia el tan temido terreno que prontamente golpear¨ªa con el cuerpo, y dando cuenta de que estaba a segundos de impactar, cerr¨¦ los ojos lo m¨¢s fuerte que pude, al tiempo que cubr¨ªa mi cara con los brazos, solo para ser detenido casi en seco. La sensaci¨®n de movimiento se par¨® de golpe, y sent¨ª como si una especie de arn¨¦s se estuviera sujetado repentinamente a mi espalda, d¨¢ndome un peque?o tir¨®n que en efecto hab¨ªa parado la ca¨ªda a unos escasos cent¨ªmetros del suelo, como averig¨¹e al abrir temerosamente los ojos tras unos segundos de inmovilidad. Sobra el decir que ofrec¨ª un suspiro de alivio extremadamente profundo, seguido de unos murmurados y apurados ¡°Gracias¡±, que di a lo que fuese que me hubiera salvado de las heridas que me pude haber hecho al caer contra el suelo desde la altura a la que estaba. Pero mis acciones se vieron interrumpidas por una repentina soltura de aquel misterioso arn¨¦s; ca¨ª de boca al suelo desde esos escasos cent¨ªmetros. Aterrice con los brazos hacia los lados, de cara, pero tal cosa realmente no me importo, el shock completamente inherente a todo lo que acababa de pasar realmente tomo efecto a cabalidad; desinteres¨¢ndome por completo de lo que acaba de pasar, tras unos cuantos murmullos nerviosos en el suelo, me incorpor¨¦, para empezar a tratar de remover de mi persona los sobrantes de la telara?a, hacia al cosa en un estado mec¨¢nico, como tratando de ignorar lo que acaba de suceder en pos de solo enfocarme en lo que estaba haciendo, como el si el siquiera rememorarlo fuera a- ¡°?Hey!¡± Escuche la joven voz de Cordie desde atr¨¢s m¨ªo, lo cual me sustrajo moment¨¢neamente de mi conmoci¨®n. Voltee, sin terminar mi mec¨¢nica labor, fue justo ah¨ª cuando la vi caer desde arriba, estando ahora ambos separados por una distancia de m¨¢s de un metro, me era posible el distinguirla ahora en su totalidad, y con un peque?o espasmo del muerto inter¨¦s cient¨ªfico (que realmente solo yac¨ªa as¨ª dado a mi mayor inter¨¦s en salir con vida), tome nota de su ins¨®lita apariencia: Si bien sus anacr¨®nicos ropajes a blanco y negro eran suficiente ya para llamarme la atenci¨®n, (no luc¨ªan tales atav¨ªos de este siglo, y tuve la ligera sospecha de haber visto esas prendas en alg¨²n libro de historia, tanto el vestido como su raro gorro), no pude evitar en absoluto en reparar especialmente en las extremidades que denotaban el hecho de que era otra cosa: Ni completamente humana, ni completamente animal. Ya hab¨ªa yo reparado en las pinzas, siendo estas con las que ella hubiera logrado echarme el mayor susto de toda mi vida, pero no ca¨ª en cuenta durante mi breve cautiverio en sus extremidades inferiores, que no pod¨ªan calificar de otra cosa sino de patas ar¨¢cnidas. Junto a sus pinzas, le daban un total de ocho extremidades, muy en l¨ªnea con el hecho de que era alguna especie hibrido, tambi¨¦n cab¨ªa destacar que el tama?o de tales ap¨¦ndices inferiores le otorgaba una altura cercana a la m¨ªa. Aunque realmente no tuve el tiempo (ni la voluntad, siendo que cierta cantidad de miedo aun me rondaba la mente) de realmente pensar sobre su aspecto, dado que se aproximo r¨¢pidamente hacia m¨ª. ¡°?Est¨¢s bien Andrew?¡± Lo pregunto con genuino inter¨¦s ¡°?No te deje caer muy fuerte?¡± Continu¨¦ con la acci¨®n de sacarme su telara?a de encima, mientras replicaba ahora cierto nerviosismo aun presente, ignorando realmente el hecho de que el arn¨¦s que salvaguardo mi vida era su telara?a. ¡°No no,¡± Le garantice, mientras regresaba la mirada a mi labor ¡°Solo¡­solo quiero sacarme esto de encima, estoy bien¡± Ella inclino la cabeza levemente, interesada ahora de una manera que solo podr¨ªa comparar con la de un cachorro. ¡°?Quieres ayuda?¡± Pregunto de golpe. Mi cabeza se quedo donde estaba, pero mi mirada hecho un paseo por sus pinzas de afilad¨ªsimo semblante, las cuales eran tambi¨¦n una de las fuentes de mi nerviosismo (probablemente la principal, junto con los colmillos). No me sent¨ªa realmente c¨®modo teniendo tales ap¨¦ndices capaces de reducirme a pedazos tan cerca. Sin dejar de tratar de sacarme la telara?a de encima, y levantando la mano izquierda levemente hacia ella, le respond¨ª. ¡°No, estoy bien, de verdad¡± Insist¨ª ¡°Solo dame un momento para-¡° En un instante, antes de que pudiera poner m¨¢s objeciones, escuche r¨¢pidos sonidos de corte, ella se me hab¨ªa arrimado de manera inesperada, realizando precisas cortaduras en la telara?a que tenia encima, para simplemente regresar a donde estaba tras unos pocos segundos. ¡°Listo¡± Dicho por ella como de quien realiza un trabajo muy simple. Aunque estaba algo azorado por tan repentina violaci¨®n de mi espacio personal, no entend¨ªa concretamente que hab¨ªa echo ella, por mero instinto (mas que por otra cosa) opte por tomar uno de los trozos de telara?a con los que estaba forcejeando hace un momento, y este se solto muy f¨¢cilmente, aunque claro tuve que sacudirme un poco las manos para que se callera de estas, dado que si bien no estaba ya unido al resto, aun conservaba sus propiedades adhesivas. ¡°G-gracias¡­¡± Murmure eso lo suficiente como para que pudiera o¨ªrme. ¡°?De nada!¡± Sonri¨®, mostrando ahora el que esperaba fuera el ¨²ltimo detalle que me faltaba por observar de su hibrida naturaleza: Una hilera realmente afilada de colmillos incisivos. Ante esa sonrisa que volvi¨® a ponerme en alerta, asent¨ª, mas por qu¨¦ no pensase que la estaba ignorando y procediese a atacarme que por cualquier otra cosa, me dedique plenamente a sacarme los remanentes de la telara?a, lo cual, con la ayuda que me prest¨® al cortarlos, no tardo mas de unos cuantos minutos (en particular dado a que por m¨¢s que los cortase estos aun reten¨ªan sus pegajosas propiedades), aunque tales fueron inc¨®modos, ciertamente, dado que su atenta mirada no cesaba de mirarme fijamente mientras remov¨ªa yo mismo los pegajosos remanentes. Mi mirada rehuy¨® a la suya durante todo la acci¨®n, no solo por el hecho de que (siendo ya bastante explicito) me perturbaba, sino tambi¨¦n porque no dejaba yo de montarme alguna que otra suposici¨®n sobre lo que estaba ella pensando mientras observaba detenidamente cada uno de mis movimientos. Ninguna de las sendas por las que esos pensamientos vagaban terminaba bien; implicaba m¨¢s de uno alguna crueldad inusitada que hubiese permanecido oculta detr¨¢s de su actitud extra?a pero cordial, permiti¨¦ndome liberarme y yacer de pie solo para despedazarme en cuanto decidiese que yo no ir¨ªa m¨¢s lejos. Al final, termine la operaci¨®n sin ning¨²n incidente por su parte, fue ah¨ª cuando volvi a dirigirle la mirada propiamente; aunque ella realmente no estaba mirando a m¨ª ahora mismo, su atenci¨®n se hab¨ªa transferido hac¨ªa otra cosa, su cabeza estaba levemente hacia arriba, justo como sus ojos, parec¨ªa prestarle atenci¨®n algo que no distingu¨ª en cuanto trate de observar hacia donde su mirada se dirig¨ªa. Aunque fuese esta una manera muy rara de cortar la tensi¨®n y el miedo que sent¨ªa hacia ella, no dejaba yo de preguntarme que estaba mirando: no encontr¨¦ respuesta a mi pregunta mirando r¨¢pidamente hacia los arboles por encima del hombro, pero regresando la mirada, di cuenta de que tal cosa estaba justo delante de Cordie, y era una luci¨¦rnaga. Sus ojos segu¨ªan atentamente la luz que apareci¨® en pleno aire; mientras yo emit¨ªa un muy bajo ¡°Ah¡­¡±, siendo que no entend¨ªa tal cambio de atenci¨®n de una conversaci¨®n (que bien pod¨ªa equivaler al primer contacto entre un hibrido de esta clase con un humano) hacia un insecto tan diminuto, cuyo ¨²nico rasgo llamativo era la bioluminiscencia que produc¨ªa moment¨¢neamente. Aun as¨ª, no me anime a romper el hechizo bajo el que estaba, en su lugar, tras darle la espalda, ofrec¨ª una atenta mirada a mis alrededores, tratando ahora de encontrar alguna referencia para ver en que lugar del bosque me encontraba exactamente, aunque tal cosa fue realmente f¨²til, si bien el lugar en el que est¨¢bamos parec¨ªa tener muy ligeramente menos arboles, aun se notaba que est¨¢bamos bastante internados en la espesura. Un repentino sonido parecido a una fuerte mordida me sobresalto de golpe; no lo suficiente como para provocarme una reacci¨®n similar a cuando estaba cayendo, claro, pero si lo bastante espontaneo como para hacerme volver la mirada desde donde hab¨ªa venido el ruido, que no era menos que de donde Cordie estaba parada, mirando la luciernada, la cual no se ve¨ªa ya por ning¨²n lado, adem¨¢s del hecho de que la misma parecia estar mascando algo. Entend¨ª mas pronto que tarde que se acababa de zampar la luci¨¦rnaga de un solo mordisco, resultaba algo bueno el hecho de que estuviera manifestando predilecci¨®n por comer otros insectos, cosa que apartaba de mi mente los pensamientos de que en cualquier momento podr¨ªa terminar como su alimento; decid¨ª dejarla estar degustando su ¡°bocadillo¡±, mientras regresaba los pensamientos y mi plena atenci¨®n al gran bosque delante mio, el cual planteaba realmente la duda de c¨®mo har¨ªa para regresar a la carretera. Ciertamente no era una gran idea el encaminarse sin tener idea siquiera de cu¨¢les son los puntos cardinales, por no decir que un bosque a la mitad de la noche puede ser tan intrincando y dif¨ªcil sortear como un desierto, por m¨¢s que uno no tenga que v¨¦rselas con las perspectivas del siempre cambiante entorno lleno de arena,o la falta absoluta de agua. Me puse las manos en las caderas; no exist¨ªa realmente una manera fiable de guiarme dentro del mar de arboles, podr¨ªa acabar caminando en c¨ªrculos sin darme cuenta, pensando que he realizado grandes progresos en mi intenci¨®n de regresar a la carretera¡­solo para darme cuenta que me topaba con el mismo ¨¢rbol una y otra vez. Cruce los brazos; maldiciendo en voz baja el hecho de haberme dejado el tel¨¦fono encima de la peque?a mesita que tenia junto a la puerta, todo el asunto de esta noche se me hab¨ªa echado encima sin anticipo alguno, por lo que no fue sorpresa para m¨ª darme cuenta al estar sentado en el convertible de esos dos que no lo ten¨ªa encima, justo cuando est¨¢bamos saliendo del pueblo. Escuche los pasos de Cordie aproximarse, aunque realmente no repare en ella (quer¨ªa, pero realmente logre afincar mis pensamientos en c¨®mo iba yo a salir del bosque, lo cual en cierta manera bajo el nivel de estr¨¦s) sino hasta que note por el rabillo del ojo su pelo rubio, adem¨¢s del raro sombrero fuera de ¨¦poca que llevaba. ¡°?Qu¨¦ haces?¡± Pregunto con genuino inter¨¦s. Dude durante unos instantes el si revelar mi intenci¨®n de irme o no, aunque ya estaba algo m¨¢s seguro de que no iba ella a atacarme, pero realmente era arriesgarme mucho ¨¦l revelarle que ten¨ªa intenci¨®n de marcharme; deb¨ªa de existir una raz¨®n por la que nadie le hab¨ªa visto antes, o ¨¦l porque nadie se hubiera visto atrapado en semejante trampa, de cara a la ben¨¦vola historia que ten¨ªan estos bosques (no recordaba yo el haber le¨ªdo nada que se?alase raras desapariciones o cosas semejantes antes de la mudanza que efectu¨¦ para proseguir mis estudios), bien el m¨¦todo podr¨ªa ser una discreci¨®n realmente alta, pero dudaba de tal cosa con su rimbombante (?es esa la manera correcta de describirle?) actitud, no caracterizada por un sigiloso actuar; a fin de cuentas, no parec¨ªa haber otras opciones para salir de este lugar que recurrir a su gu¨ªa, la cual daba yo por hecho ser¨ªa capaz de orientarme hacia la carretera, despu¨¦s de tal cosa, seria solo cuesti¨®n de hacer autostop, si contaba con la suerte de que pasase alg¨²n veh¨ªculo, por supuesto. Me torne hacia ella por completo, hicimos contacto visual. ¡°?Sabes como llegar hasta la carretera Cordie?¡± Comenc¨¦ ¡°Necesito regresar a casa¡± La respuesta no tardo. ¡°Si¡± Hizo un ademan con los ap¨¦ndices superiores ¡°Conozco este bosque como la punta de mis pinzas¡± Acto seguido, hizo sonar las mismas en r¨¢pida sucesi¨®n, con moderada fuerza, aunque tal cosa tenia la intenci¨®n de mostrar su confianza en lo que a la orientaci¨®n espacial se refer¨ªa, solo logro que tomase una nota mental muy clara: No hacerle enfadar, bajo ning¨²n concepto. ¡°Bien,¡± Junte mis manos en un dichoso gesto amistoso ¡°?Podr¨ªas guiarme?¡± ¡°Por supuesto¡± Ella r¨¢pidamente se parto de mi lado y se empez¨® a dirigir hacia donde yo hab¨ªa estado mirando, solo para volverse un momento hacia m¨ª al darse cuenta que no la segu¨ªa ¡°?Vamos!¡± Asent¨ª, mas para mi mismo d¨¢ndome confianza de que todo acabar¨ªa bien esta noche que para indicarle que la escuche, y as¨ª me encontr¨¦ caminando detr¨¢s de ella, a trav¨¦s del isotr¨®pico ambiente que era el bosque. Cordie caminaba a un ritmo acelerado (considero que el hecho de tener cuatro patas ayuda bastante a la locomoci¨®n, y que lo que ella estaba haciendo era solo caminar), el cual me mostraba yo bastante concentrado en seguir, a fin de no quedarme atr¨¢s, pero llego un punto en el cual pareci¨® darse cuenta de eso y aminoro un poco la marcha para que pudiese caminar a su lado, lo cual de cierta manera agradec¨ª, dado al hecho de que me resultar¨ªa menos complicado el caminar junto a ella que estar luchando por no perderle de vista desde atras, lo cual resultar¨ªa bastante f¨¢cil de hacer en un bosque oscuro y pobremente alumbrado por obra de luz de la luna que a duras penas se notaba por entre los ¨¢rboles de esta profunda zona. Nuestro trayecto pudo haber sido tal y como hab¨ªa empezado; con un caminar constante y sin efectivamente hablar el uno con el otro, teniendo en cuenta que nuestro ¨²nico objetivo era alcanzar la carretera. Aunque Cordie era demasiado jovial (a su extra?a y algo azorante manera) como para eso, y no tardo en asomar una pregunta para quebrar el hielo como podria decirse por ah¨ª. ¡°As¨ª que, ?vives en el pueblo?¡± Segu¨ªamos andando, claro, pero realmente no pude evitar notar el honesto inter¨¦s que mostraba. Fijandome brevemente delante mio para no tropezarme con alguna rama o algo parecido, le consteste mir¨¢ndole brevemente sin volver totalmente la cara hacia ella. ¡°Si,¡± Me met¨ª las manos en los bolsillos del abrigo ante una peque?a r¨¢faga de fr¨ªa brisa que paso entre nosotros, la cual no pareci¨® afectar a Cordie, que continuaba caminando a m¨ª lado sin inmutarse ¡°Desde hace unos meses, me acabo de mudar¡± De ah¨ª, de la peque?a pregunta trivial, prosigui¨® una charla cuya duraci¨®n me sorprendi¨® a m¨ª mismo; la misma realmente no tuvo virtud de ser profunda, pero de igual manera se volvi¨® bastante llevadera, el entusiasmo con el que propinaba ciertas respuestas y preguntas fue suficiente como para arrancarme de las reservas que tenia con ella, no demasiado, por supuesto (no fue tampoco como si ya estuviera hablando con una amiga de toda la vida), pero si lo suficiente como para que casi pareciese una conversaci¨®n casual entre dos personas completamente normales: Ella viv¨ªa en el bosque, eso si me lo confirmo, pero no menciono mucho mas; tambi¨¦n a?adi¨® que una disculpa por haberme capturado de esa forma (disculpa que realmente no ped¨ª, ni me atrever¨ªa a exigir, pero que igualmente agradeci) y esclareci¨® que el asunto de la trampa se deb¨ªa a que estaba a la espera de algun bocadillo nocturno, bien fuera tal cosa un ciervo o un jabal¨ª: ¡°La luci¨¦rnaga ha estado bien¡± Lo comento haciendo sonar sus labios en un intento por aparentemente captar el regusto que dejado por el insecto ¡°Pero voy a tener que buscar en otro lado del bosque una presa de buen tama?o¡± De cierta manera era calmante el hecho de ver que su dieta estaba enfocada en animales salvajes, que iban desde los peque?os insectos hasta los medianos animales que pululaban por los bosques, y no parecia haber pista alguna de que tuviera gusto por carne humana. Ciertamente, tal declaraci¨®n basto para que finalmente me abandonase aquel miedo rondador (y que pese a que me encontrase enfrascado en una conversaci¨®n amistosa con ella, no hab¨ªa desaparecido de mi mente) de que en cualquier momento se me abalanzase para devorarme. Los carices que tomo la conversaci¨®n durante el resto del trayecto fueron esencialmente banales, siendo estos relacionados al bosque y al clima de Octubre, pero igualmente ayudaron a mantener el ambiente con cierta calidez (aunque ya por el entusiasmo que ella presentaba ante m¨ª, la atmosfera se sent¨ªa mas viva) hasta que finalmente, tras un periodo de tiempo que relamente me resulto imposible calcular, llegamos a las lindes, donde la carretera era perfectamente visible. Est¨¢bamos aproximadamente a unos cien metros de la misma, el asfalto estaba liger¨ªsimamente alumbrado por la luz de la luna, que era capaz de proporcionar su m¨ªstico alumbramiento con la ausencia de cualquier contaminaci¨®n lum¨ªnica que pudiese interferir con ella, realz¨¢ndola ante la vista, cosa que me proporciono un gran alivio interno. Lo suficientemente grande como para sonre¨ªr levemente por primera vez en toda la noche. Tomando la iniciativa que mi propia mente me instigaba a tener (realmente, por lo que quedaba del dia de hoy, deseaba llegar a casa) comenc¨¦ a recorrer lo que esperaba fuera el ¨²ltimo tramo de esta noche antes de encontrarme en la seguridad del pueblo¡­pero me pare en seco en cuanto note que ciertos pasos de no acompa?aban los m¨ªos. Me voltee a ver a Cordie, la cual estaba ahora jugueteando con dos de sus pinzas, pero no se trataba esto de otro episodio como el que hubiera tenido con la luci¨¦rnaga, dado que pod¨ªa notar en sus ojos cierta incomodidad, aunque no supe si se trataba de tal emoci¨®n de inmediato, por lo que sin nada que perder, me aventure a preguntarle: ¡°?Pasa algo Cordie?¡± Desande unos cuantos pasos, ofreciendo una mirada con cierto inter¨¦s. ¡°¡­No puedo ir mas lejos,¡± Hizo un ademan algo timido con las pinzas ¡°?Entiendes?¡± En cuanto dijo tal cosa mire un momento por encima de mi hombro, la luz de luna aun destacaba el asfalto ante el cual tendr¨ªa que pararme a esperar la buena voluntad de algun conductor que pudiese estar yendo al pueblo, y fue ah¨ª que en mi mente (que no estaba en su mejor estado, pese a que ya cualquier reticencia con de cara a ella se encontraba ausente) entendi¨® muy bien el porque lo puso as¨ª: ¡°No es que no quiera¡± Me dije a m¨ª mismo ¡°Es que no debe¡± Cordie era much¨ªsimo mas discreta de lo que parecia; no se aventuro conmigo a un sitio desde donde pudieran avistarla, y con un aspecto tan llamativo como el que ella tenia, unos faros de autom¨®vil en la distancia bastar¨ªan para alumbrar el vestido negro y los ap¨¦ndices ar¨¢cnidos de color marron. Una manera bastante f¨¢cil de llamar atenci¨®n no deseada, en particular cuando ella era la ¨²nica otra persona en esta zona. Asent¨ª, de la manera mas comprensiva que pudiera adoptar. ¡°Entiendo¡± Se lo dije de manera pasiva y amable ¡°Gracias por guiarme, Cordie¡± Ella asinti¨®, sonriendo d¨¦bilmente, aparentemente contenta de que hubiese entendido a lo que se refer¨ªa sin demasiadas preguntas, pero as¨ª mismo notaba en esos ojos suyos que fulguraban de manera tan extra?a una emoci¨®n adicional que realmente no lograba discernir por completo de la expresi¨®n que portaba, aunque me aventuraba a pensar que se trataba de algo cercano a la tristeza, lo cual me intrig¨®, lo suficiente como para forzarme a mi mismo (cosa que no deseaba hacer) a indagar: ¡°?Estas bien?¡± Pregunte, directo, sorprendi¨¦ndome un poco con el tono de preocupaci¨®n que abandono mis labios. Cordie fue a hablar, pero las palabras parecieron atragant¨¢rsele, no dijo nada, pero movia ligeramente las pinzas en se?al de inquietud. Bajo la cabeza finalmente, y como pudo, trato de comunicarme lo que le consternaba. ¡°?Vas a volver?¡± Sus ojos volvieron a clavarse en los m¨ªos, ahora era evidente que el sentimiento que le atosigaba, tan cercano a la tristeza, era la desilusi¨®n ¡°Quisiera, ya sabes, volver a hablar contigo, me gusta mucho la idea de tener un amigo humano¡± Me sorprend¨ª bastante ante su pedido, siendo que realmente no se me figuraba dentro de la cabeza (al menos, con como la tenia despu¨¦s de toda la faena que hab¨ªa acaecido dentro del bosque en esta noche) volver durante un largo tiempo; si bien la parte mas docta y dedicada de mi persona ya se encontraba sugiri¨¦ndome que era una buena idea el afirmar que volveria, estuve a punto de ofrecer una respuesta lo suficientemente vaga como para que luciese afirmativa, pero en aquel momento, no muy lejos, escuche el farfullo mec¨¢nico que no pod¨ªa ser de otra cosa que un veh¨ªculo. Cordie no se alarmo en cuanto el ruido llego a sus o¨ªdos, pero s¨ª dio unos cuantos pasos hacia atr¨¢s. Estuve unos segundos mirando por encima del hombro a la distancia, entre los ¨¢rboles, se notaba como unos los faros de lo que parec¨ªa ser una camioneta se hac¨ªan mas prominentes y el ruido del motor; se?alaba tal cosa que el tiempo estaba pr¨®ximo a terminarse, por lo que regrese la mirada a Cordie, avance otro poco, y de manera r¨¢pida, sin pensarlo mucho, permitiendo que la docta parte m¨ªa (aquella ya bastante interesada en ella por motivos de investigaci¨®n, y que se hab¨ªa levantado de aquel charco de metaf¨®rica sangre en el que yac¨ªa de mano del miedo y el panico) hablase, le respond¨ª: ¡°Volver¨¦,¡± Entrecruce las manos levemente ¡°Volver¨¦, no te preocupes por eso¡± El rostro de Cordie pareci¨® iluminarse levemente ante eso, exhibiendo una sonrisa que demostraba que tom¨® seria y positivamente lo que le acababa de decir, lo cual satisfago a mi mas investigativo Yo, siendo que tal promesa daba carta blanca para un regreso pr¨®ximo. Las luces se aproximaban, y yo no estaba dispuesto a desperdiciar la posible oportunidad de realizar un exitoso autostop por lo que le ofrec¨ª una breve y propia despedida, murmurada y apurada, pero que ella pareci¨® captar, dado que me dijo un muy cordial ¡°Nos vemos, Andrew¡± acompa?ado de una sonrisa que exhibi¨® de nuevo sus colmillos, a lo que yo asent¨ª, algo m¨¢s acostumbrado a tal vista. Con cierta prisa recorr¨ª lo que quedaba de las lindes hasta la carretera, no sin dejar de mirar moment¨¢neamente por encima del hombro, confirmando que ella permanec¨ªa ah¨ª, observando desde las sombras que las luces de los faros no cortaban. Sal¨ª de entre los arboles con el pulgar alzado; pude determinar que el veh¨ªculo ya tan pr¨®ximo era una vieja camioneta familiar (un modelo de hace ya quiz¨¢ muchos a?os) de cuatro puertas, pero no me era posible el visualizar al conductor (y a sus acompa?antes, si es que tenia) dado al encandilamiento al que me ten¨ªan sometido las luces de los faros delanteros. No me ir¨ªa yo a sorprender si quien estuviese dentro del veh¨ªculo optase por ignorarme y seguir de largo hacia el pueblo, considerando lo entrada que estaba la noche y la realmente mala impresi¨®n que puede dar a algunas personas una solitaria alma pidiendo avent¨®n a la mitad de una carretera desierta. Por suerte, escuche como la camioneta parec¨ªa aminorar la marcha, y aunque me considere yo bastante afortunado de que la primera fuese la vencida en este caso, el regocijo de estar un paso m¨¢s cerca de casa no evito que echase una ¨²ltima mirada por encima del hombro, hacia donde unos instantes estuviera parada la ben¨¦vola criatura que hab¨ªa conocido por una serie de eventos que en mi cabeza solo pod¨ªa tachar de infortunios, no se pod¨ªan distinguir mas los ojos brillantes, ni la silueta tan ¨²nica que pose¨ªa: Se hab¨ªa retirado de la vista lo m¨¢s pronto posible. Regrese la mirada hacia delante, la camioneta se detuvo dejando la ventanilla del conductor delante mio, y abandonando moment¨¢neamente el tema de Cordie de cara al urgente asunto de volver a casa, me aproxime hacia la camioneta, haciendo se?as de que bajase la ventana para poder explicarle mi situaci¨®n; quedaba todav¨ªa por ver si quer¨ªa llevarme, as¨ª como tambi¨¦n estaba el detalle de a cual zona del pueblo se dirig¨ªa.