《Reyes, Soldados y Magos [Fantasía oscura] - Español / Spanish - [Completa]》 1-Prologo Nuestra redundante historia comenzar¨¢ con una mujer muy alta y bien vestida, la cual se encontraba caminando con pasos apresurados por un largo pasillo formado por paredes y pisos de piedras poco parejas. Si bien hay muchos estilos de pasillos y queda poco claro donde se encuentra la mujer ahora mismo, lo cierto era que este pasillo en particular estaba lleno de puertas de madera en sus costados y de vez en cuando unas ventanas interrump¨ªan la simetr¨ªa en la colocaci¨®n de las puertas. Desde dichas ventanas si uno quisiese pod¨ªa ver un inmenso bosque de ¨¢rboles negros y hojas rojas extendi¨¦ndose hasta el horizonte, por lo que parecer¨ªa que la mujer alta estaba caminando por unos de los pasillos de su casa, pero lo cierto es que la se?ora se encontraba caminando con apuro en los pasillos de un gigantesco castillo rodeado de un pintoresco y llamativo bosque. Si bien la gran mayor¨ªa de puertas de este largo pasillo estaban cerradas, algunas estaban semiabiertas y si uno se malgastara en mirar por la abertura de las puertas podr¨ªa observar diversas habitaciones en donde varias personas vistiendo ropas sencillas y poco coloridas estaban trabajando sin ganas. El poco esfuerzo con el que estaban trabajando estas personas llamar¨ªa la atenci¨®n de cualquiera y lo cierto es que si uno mirara el rostro de estos trabajadores con atenci¨®n se dar¨ªa cuenta de que todos tienen algo en com¨²n: unas muy marcadas ojeras rodeando unos ojos con poca vida, por lo que parec¨ªa que nadie hab¨ªa logrado dormir bien anoche en este castillo. La mujer alta mir¨® con asco como los criados trabajaban con tanto desgano, pero lejos de rega?arlos por su pereza, la se?ora decidi¨® ignorar el problema y en su lugar con pasos cada vez m¨¢s apurados se dirigi¨® hacia el final del pasillo. El final de este pasillo llevaba a unas escaleras que dirig¨ªan al piso inferior donde se encontraba la gran sala de recepci¨®n del castillo. Y remarco esto, pues cuando la describo como una gran sala es sin exagerar, pues esta habitaci¨®n era desproporcionadamente alta y espaciosa. Al punto que uno se preguntar¨ªa si el sentido de hacer todas las cosas tan grandes en este castillo era debido al capricho de uno de sus antiguos propietarios o si se deb¨ªa alguna forma de marcar el estatus de los due?os de esta fortaleza. Cuando la mujer alta sali¨® del pasillo, lo primero que hizo fue acercarse con un enojo marcado en la mirada hacia la barandilla de madera que serv¨ªa para evitar que la gente se cayera al piso inferior donde se encontraban las desproporcionadamente grandes puertas de este peculiar castillo. Pese a que la distancia entre el primer piso y el segundo piso era considerable, al punto que uno pod¨ªa imaginarse la tr¨¢gica historia que dio lugar a la creaci¨®n de esta barandilla, la se?ora alta poca atenci¨®n le prest¨® a su seguridad e imprudentemente empuj¨® su cuerpo contra la barandilla para asomar la mitad de su cuerpo hacia el vac¨ªo, logrando as¨ª mirar con asecho el piso inferior, tal y como si fuera un ave de presa buscando un conejo al cual cazar. Una sonrisa poco alegre se form¨® en la cara de la mujer al observar como en el piso inferior se encontraba un viejo hombre vestido de mayordomo sentado sobre un ba¨²l mientras apoyaba su espalda perezosamente contra la gigantesca puerta del castillo. Mientras que por otra parte, se hallaban alrededor del anciano unos j¨®venes hombres musculosos vistiendo ropas grises y blancas, los cuales se encargaban de ir trayendo unos pesados ba¨²les y los api?aban alrededor del anciano, el cual luchaba por mantenerse con los ojos abiertos. Unauthorized usage: this narrative is on Amazon without the author''s consent. Report any sightings. Pese al cansancio, el viejo y astuto mayordomo not¨® la mirada acechante de la mujer, por lo que disimuladamente se puso de pie y comenz¨® a gritar con enojo a los hombres que estaban acomodando los ba¨²les: ¡ª?Tengan cuidado con las pertenencias del joven se?or!, ?Acaso no aprendieron nada siendo criados en este castillo por tanto tiempo!, Lo ¨²nico que nos falta es que ese muchacho quiera regresar en el medio del viaje porque le rompimos alguno de sus juguetes. ¡ª...¡ª Los criados con aturdimiento detuvieron el traslado de los ba¨²les y miraron estupefactos al viejo mayordomo, sin lograr comprender por qu¨¦ este viejo comenz¨® a gritarles de repente cuando ellos solo segu¨ªan sus instrucciones. Ver al mayordomo trabajando con seriedad, logr¨® que la mujer aflojara su mueca por unos segundos, pero r¨¢pidamente la expresi¨®n de disgusto volvi¨® a aflorar en su rostro, como si de repente hubiera recordado algo desagradable. Sin importarle su noble imagen, la mujer alta agit¨® sus manos con enojo y grit¨® desde la barandilla al mayordomo: ¡ªMi querido Alfonso, ??Me puedes explicar d¨®nde diablos se meti¨® el protagonista de esta historia?! Al escuchar el rugido ir¨®nico de la se?ora, el mayordomo mir¨® r¨¢pidamente a los ojos de la mujer y con una elegante sonrisa ignor¨® astutamente su pregunta para en su lugar responder: ¡ªMi se?ora, no me hab¨ªa percatado de que se hab¨ªa despertado tan temprano. Como notar¨¢, las pertenencias de su tercer hijo ya est¨¢n casi todas preparadas para ser guardadas en el carruaje. ?Dentro de poco tendremos todo listo para partir! ¡ª?Buen trabajo, Alfonso! ?Se ve que siempre est¨¢s atento a los detalles!¡ªGrit¨® la mujer con cierta expresi¨®n de iron¨ªa y molestia en su rostro¡ªPero te est¨¢s olvidando de un detalle muy insignificante, querido mayordomo: ?Guardar la pertenencia m¨¢s importante! ¡ªJurar¨ªa que ya trajimos todos los ba¨²les valiosos, mi se?ora¡¡ªRespondi¨® Alfonso, fingiendo no entender la indirecta de la se?ora, mientras la miraba con una expresi¨®n de aturdimiento bastante forzada. ¡ª?Te est¨¢s olvidando del ba¨²l m¨¢s grande!¡ªGrit¨® la se?ora con enojo y algo de preocupaci¨®n¡ª ?D¨®nde diablos se meti¨® mi hijo, Alfonso? ?El carruaje tiene que partir en una hora o si no no se cruzar¨¢ con la caravana principal! Los gritos de la se?ora parec¨ªan no afectar al viejo mayordomo, el cual con mucha calma volvi¨® a sentarse en el ba¨²l frente a la atenta mirada de la mujer. Con una elegante sonrisa, Alfonso respondi¨® calmadamente como si ese problema ya hubiese sido resuelto de antemano: ¡ªEl joven se?or ya est¨¢ en el carruaje: como usted ya sabe, a su tercer hijo no le gustan mucho las despedidas. ¡ªMenos mal¡¡ªSuspir¨® la mujer con alegr¨ªa, la cual al parecer estaba bastante preocupada con el tema; sin embargo, todo parecer¨ªa indicar que tras recibir la respuesta que buscaba escuchar del mayordomo la se?ora pudo tranquilizar sus nervios. Un poco m¨¢s tranquila, la mujer dio unas ¨²ltimas ¨®rdenes al mayordomo antes de volver con pasos lentos y cansados hacia el pasillo por a donde hab¨ªa aparecido: ¡ªTermina r¨¢pidamente de acomodar los ba¨²les y verifica que el carruaje marche deprisa hasta encontrarse con la caravana que se dirige a la capital. No pierdas el tiempo en hacer despedir nuevamente a mi hijo con los sirvientes o con los otros miembros de la familia: Apolo ya tuvo 23 largos a?os para despedirse y los desaprovecho a conciencia. Al ver a la mujer alej¨¢ndose de la barandilla, la mueca de felicidad y tranquilidad en la cara del mayordomo fue desapareciendo de su rostro y en su lugar apareci¨® una expresi¨®n llena de preocupaci¨®n e impaciencia. Cuando Alfonso estuvo lo suficientemente seguro de que la mujer alta no podr¨ªa escucharlo, mir¨® fijamente a los criados trabajando y susurr¨® con apuro: ¡ª?Ya!. Esc¨²chenme y paren de acomodar los ba¨²les de una buena vez¡ Los criados, sin comprender el cambio de t¨¦s del anciano, siguieron las instrucciones y miraron con algo de aturdimiento como gotas de sudor comenzaron a caer en el rostro del mayordomo. ¡ªNo pierdan m¨¢s el tiempo: ¡ ??Busquen al mocoso!!¡ªSusurr¨® Alfonso con desesperaci¨®n. E2-El Abuelo Mientras todos los criados iban y ven¨ªan por los pasillos del castillo buscando desesperadamente al joven se?or, dos personas se encontraban mir¨¢ndose fijamente en silencio en una gran sala del castillo. Una de las personas en el sal¨®n era joven, pero su cuerpo era tan flaco y marchito que parec¨ªa que solo le quedaban unos pocos d¨ªas de vida. Su pelo era negro como sus ojos y lo m¨¢s destacable de su no tan bello rostro era una nariz inusualmente puntiaguda. A pesar de que el rostro del muchacho no era encantador, la ropa noble que portaba distingu¨ªa su estatus entre los criados del castillo. Pese a portar las ropas que un noble usar¨ªa, el joven no portaba aretes, ni colgantes, ni ning¨²n accesorio salvo por dos inusuales anillos que estaban colocados en sus manos esquel¨¦ticas. Uno de los anillos era dorado y ten¨ªa inscripto en su superficie una persona extendiendo los brazos al cielo, como si buscara abrazar al sol. Mientras que el otro anillo chocaba con las ropas nobles del joven, ya que la baratija era de bronce y se encontraba bastante oxidada, para colmo no ten¨ªa ninguna inscripci¨®n en particular y por el estado descuidado del mismo parecer¨ªa m¨¢s el anillo de alg¨²n comerciante desafortunado, que el anillo que portar¨ªa alguien de alta cuna. Por su parte, la otra persona en el sal¨®n se encontraba sentada en una gran silla, observando fijamente al joven. A primera vista ser¨ªa dif¨ªcil decir que la persona en la silla era un ser humano, ya que la misma era dos veces m¨¢s grande que una persona com¨²n; sin embargo, sus rasgos faciales, cuerpo y actitud eran id¨¦nticas a la de cualquier ser humano normal. El pelo del hombre sentado era escaso y blanco como la nieve, demarcando su edad avanzada, no obstante su f¨ªsico musculoso y sus ojos negros penetrantes, hac¨ªan parecer que al viejo le quedaban muchos a?os por delante, completamente contrastando con la imagen del joven moribundo que ten¨ªa al frente. No obstante, sus ropas nobles y el anillo de oro, exactamente id¨¦ntico al que portaba el joven al frente de ¨¦l, indicaba que estas dos personas mir¨¢ndose fijamente ten¨ªan cierto grado de parentesco. Las dos personas siguieron mir¨¢ndose fijamente en silencio por unos buenos minutos, como si no supieran qu¨¦ decirse el uno al otro, o tal vez si supieran, pero no encontraban las palabras para expresarse en este momento. Finalmente, tras unos largos e inc¨®modos minutos, el viejo perdi¨® la paciencia y rompi¨® el silencio: ¡ª?Entonces viniste a despedirte nuevamente, Apolo? Cre¨ª haberme despedido en la fiesta de anoche. 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Al escuchar al joven, el viejo se desparram¨® sobre la gran silla y frot¨¢ndose su cara con su mano susurr¨® con cansancio: ¡ªLos motivos sobran, Apolo¡ Viendo la expresi¨®n abatida de su abuelo, Apolo insisti¨® con un tono de voz m¨¢s alto, buscando convencer al viejo: ¡ªNo tiene ning¨²n sentido que me vaya a la capital a vivir mejor si ac¨¢ vivo perfectamente bien. Para qu¨¦ perder tanto tiempo de mi vida con un viaje, cuando ac¨¢ tengo todo lo que necesito¡ No obstante, el viejo parec¨ªa ignorar lo que el joven estaba diciendo y en su lugar segu¨ªa frot¨¢ndose el rostro con su mano. Al sentirse ignorado, Apolo levant¨® a¨²n m¨¢s su tono de voz y desgarr¨¢ndose en llantos dijo: ¡ª?Adem¨¢s, en la capital ustedes no estar¨ªan!, ?Los extra?ar¨ªa: no puedo vivir sin la compa?¨ªa de mi familia! ?No me hagas esto, abuelo, te lo suplico! ¡ªAmbos sabemos que eso es mentira, Apolo¡¡ªComent¨® su abuelo con una sonrisa triste mientras miraba como su nieto se arrodillaba en el piso para llorar desconsoladamente. ¡ª?Pero es verdad!, ?Ustedes son toda la familia que tengo!¡ª Grit¨® Apolo, mezclando sus llantos con enojo, al sentir que esta charla no estaba resultando como lo hab¨ªa planeado. ¡ªJa, ja, ja¡ No sabes como me alegra o¨ªrte decir que a¨²n recuerdas que somos tu familia, muchacho¡¡ªComent¨® entre risas el viejo descaradamente, sin tener una pizca de compasi¨®n por el joven arrodillado llorando en el piso¡ª Y me alegrar¨ªa a¨²n m¨¢s si eso fuera cierto. Pero parece ser que est¨¢s m¨¢s interesado en el bosque en los alrededores del castillo que en tu familia. Al escuchar el asunto del bosque, Apolo dej¨® de llorar de forma abrupta, e inmediatamente sinti¨® el impulso de esconder la mano que conten¨ªa el anillo de bronce en su bolsillo. Pero r¨¢pidamente, el joven se arrepinti¨® de esconder su mano, ya que not¨® como los dos ojos penetrantes de su abuelo estaban mirando el bolsillo en donde hab¨ªa escondido su mano. ¡ªTe ir¨¢ bien en la capital, Apolo. Vas a ser un buen mago: ?Un excelente mago!¡ªComent¨® el viejo con algo de cansancio, como si no estuviera nada feliz de poder decirle tales elogios a su nieto. ¡ª?No me interesa irme!, y no necesito ir a la capital para aprender un par de trucos de magia barata¡ªRespondi¨® apolo con enojo, mientras levantaba uno de los dedos de su mano izquierda y una llama del tama?o de un f¨®sforo aparec¨ªa en la punta de su dedo¡ª Ves, ya puedo hacer magia. Yo ya soy un mago: ?No hay motivos para irme!. E3-La Despedida El anciano no respondi¨® ante la insistencia del joven y en su lugar levant¨® la mano al aire; dejando la palma de la mano apuntando al techo del sal¨®n, una bola de fuego del tama?o de un tambor comenz¨® a formarse arriba de su palma. Cuando la bola de fuego fue lo suficientemente grande como para intimidar a Apolo, el viejo cerr¨® su mano y la bola de fuego desapareci¨® en el aire. Mirando con desprecio la cobard¨ªa de su nieto, el viejo grit¨® con enojo: ¡ª?Y aun as¨ª no me hago llamar mago! Ir¨¢s a la capital, te guste o no, mocoso, no hay futuro para vos en esta casa. Tu hermano mayor heredar¨¢ la tierra y los t¨ªtulos, tu segundo hermano ya es soldado y tu hermano menor fue lo suficientemente r¨¢pido como para convertirse en mercader antes que vos pudieras decidir hacerlo. Ahora solo te quedan dos opciones: o te haces mago o soldado. ¡ªEnt¡ Entonces¡¡ªTartamude¨® Apolo con nervios como si las siguientes palabras fueran las m¨¢s complicadas que tendr¨ªa que decir en toda su vida¡ªEntonces prefiero ser soldado y recibir tu entrenamiento, abuelo. ¡ªJa, ja, ja¡ ?T¨², un soldado? ?No me hagas re¨ªr, Apolo!¡ªGrit¨® el anciano entre risas¡ª T¨² ya no tienes la mentalidad para ser un buen soldado y mucho menos un general digno de nuestra familia, por desgracia para nuestros ancestros la fortuna te llev¨® a mandar al carajo los largos a?os de entrenamiento que tuviste en tu infancia. Pero por todo lo que los ancestros nos quitan, los ancestros tambi¨¦n nos dan y por suerte tu padre te hered¨® una gran mentalidad, una mentalidad excelente para convertirte en un mago. Ya que solo los traidores y los cobardes sobreviven en la capital. Unlawfully taken from Royal Road, this story should be reported if seen on Amazon. ¡ª?No soy un traidor!, ?Fue un accidente!¡ªGrit¨® Apolo impulsivamente. ¡ªUn accidente muy conveniente¡¡ªComent¨® el anciano mirando la mano que su nieto cobardemente segu¨ªa escondiendo en su bolsillo¡ª?Qu¨¦ tal esta propuesta, muchacho? Si quieres quedarte en mis tierras, solo tienes que entregarme tu peque?o tesoro, si no puedes ir a la capital y qued¨¢rtelo: un mago merece un anillo m¨¢gico, ?no es as¨ª, Apolo? Al escuchar mencionar el tema del anillo, un sudor fr¨ªo comenz¨® a formarse en la espalda de Apolo y una mirada maliciosa apareci¨® en su rostro, como si estuviera buscando c¨®mo deshacerse del viejo que conoc¨ªa sus secretos. Pero por mucho que el joven pudiera pensar, su abuelo med¨ªa casi tres metros y era un reconocido soldado con a?os de experiencia, por lo que el joven solo pod¨ªa aceptar lo que ¨¦l mandara. ¡ªEntonces ir¨¦ a la capital a convertirme en un mago del imperio¡¡ªSusurr¨® Apolo de mala gana mientras se daba la vuelta y con pasos r¨¢pidos se dirig¨ªa hacia la salida del sal¨®n. ¡ªSuerte en el viaje, aunque lo hayas olvidado: te queremos mucho, Apolo¡¡ªComent¨® en voz baja el anciano mirando como la espalda de su nieto se alejaba r¨¢pidamente, como si el joven estuviera huyendo de alguna clase de bestia desconocida y no de su abuelo. E4-El Viaje Ignorando la despedida de su abuelo, Apolo sali¨® del sal¨®n para dirigirse a su cuarto, donde hab¨ªa dejado todos los ba¨²les con sus pertenencias. Por la cara de disgusto que ten¨ªa el joven mientras caminaba parec¨ªa que las cosas no le hab¨ªan salido como lo hab¨ªa planeado. Seg¨²n la expectativa del joven, su abuelo; que siempre tendi¨® a malcriarlo por ser su nieto favorito, volver¨ªa a hacerlo esta vez y de esa forma lograr¨ªa prolongar su estad¨ªa en el castillo de la familia unos a?os m¨¢s. En el fondo, Apolo sab¨ªa que tarde o temprano tendr¨ªa que marcharse, al fin al cabo su abuelo ya estaba viejo y el primero en la l¨ªnea al trono de este castillo era su primer hermano. Una vez que su abuelo falleciera, su hermano mayor buscar¨ªa marcar su territorio como nuevo jefe de la familia y obligar¨ªa a Apolo a irse. El joven no estaba molesto por esto, ya que fue creciendo sabiendo que su hermano mayor heredar¨ªa todo, lo ¨²nico que lo molestaban eran los tiempos. ¨¦l desesperadamente necesitaba m¨¢s tiempo en este castillo, pero lamentablemente el destino le jug¨® una mala pasada y su abuelo finalmente consigui¨® los documentos necesarios para que ¨¦l pudiera ir a la capital a convertirse en un mago. Tras salir del sal¨®n, Apolo no tard¨® mucho en cruzarse con un criado que lo estaba buscando y sin exigirle muchas explicaciones, el criado le notific¨® que los ba¨²les ya hab¨ªan sido cargados en los carruajes. El criado, sin querer darle muchas vueltas al asunto, dirigi¨® a Apolo con apuro hacia la entrada del castillo, donde dos carruajes ya lo estaban esperando para emprender el viaje. ¡ª?Finalmente, has llegado, joven se?or!¡ªComent¨® Alfonso con una sonrisa muy amplia en su rostro al ver c¨®mo el joven esquel¨¦tico pasaba por las puertas del castillo, por lo desgastado que estaba su rostro parecer¨ªa que el asunto de no encontrar a Apolo lo hab¨ªa estado preocupando m¨¢s de la cuenta¡ªEn el primer carruaje ya est¨¢n sus pertenencias guardadas. Mientras que el segundo carruaje est¨¢ listo para que usted pueda emprender su viaje c¨®modamente. Sin detenerse ante las palabras del mayordomo e ignorando su presencia completamente, el joven sali¨® del castillo para detenerse a mirar por ¨²ltima vez los bosques de ¨¢rboles de corteza negra y hojas rojas con cierto dolor. Tras una corta, pero intensa mirada a los bosques de su familia y con m¨¢s dudas de las que le gustar¨ªa tener en estos momentos, Apolo procedi¨® a entrar al segundo carruaje. Pero antes de abrir la puerta del carruaje, el joven se detuvo y mir¨® con atenci¨®n por los vidrios en la puerta: ?Al parecer hab¨ªa alguien esper¨¢ndolo dentro! La persona que estaba dentro del carruaje era inusualmente alta, como el abuelo de Apolo, por lo que se encontraba agachado luchando por no chocar su cabeza contra el techo. Pero a diferencia del abuelo, esta persona ten¨ªa el pelo rubio y era joven, aunque no tanto como Apolo. La persona en el carruaje estaba vestida con una bata gris en bastante mal estado, cuya tela no ayudaba a ocultar la falta de limpieza y las manchas de sudor que se esparc¨ªan por toda su superficie, por lo que todo parecer¨ªa indicar que la persona adentro del carruaje era un vagabundo; sin embargo, este ¡°vagabundo¡± ten¨ªa colocado un muy fino anillo de oro en uno de sus dedos, id¨¦ntico al que usaba Apolo. Por lo que este ¡°vagabundo¡± deb¨ªa tener cierto grado de parentesco con Apolo y efectivamente era ni m¨¢s ni menos que el segundo hermano de Apolo. Support the author by searching for the original publication of this novel. ¡ª?Qu¨¦ no vas a entrar?¡ªPregunt¨® el hermano de Apolo mirando con incomodidad el techo del carruaje que se le hac¨ªa muy chico. ¡ª?T¨² tambi¨¦n vienes a la capital, Hermes?¡ªPregunt¨® Apolo mientras abr¨ªa la puerta del carruaje. Al entrar, la cara de disgusto de Apolo no hizo m¨¢s que crecer, ya que le fue inevitable sentir el inc¨®modo olor que liberaba la sucia ropa utilizada por su hermano; sin embargo, su curiosidad acerca de los motivos de la visita de su hermano provoc¨® que no se quejara por el asunto y en su lugar Apolo trat¨® de encontrar un espacio para caber en el carruaje, lo cual dado al tama?o de su hermano la tarea no result¨® para nada sencilla. Una vez que Apolo entr¨®, los dos carruajes comenzaron a partir, sin esperar una orden: ?Parecer¨ªa que ya no quedaba tiempo que perder! ¡ª?Claro que no!. Son m¨¢s de 6 meses de viaje en carruaje¡¡ªRespondi¨® Hermes mientras observaba con cierto temor el cuerpo esquel¨¦tico de su hermano menor¡ª Vine a despedirme y a tener una charla que estuve atrasando por demasiado tiempo. ¡ªSi mal no me equivoco: nos despedimos anoche en la fiesta que prepar¨® mam¨¢, no crees que es innecesario despedirse nuevamente, solo pasaron unas pocas horas. Ya sabes, la fiesta termin¨® muy tarde y me har¨ªa bien dormir un poco, ??no crees?!¡¡ª Respondi¨® Apolo con cierto enojo, sin ocultar la incomodidad que sent¨ªa por tener a su hermano tan cerca¡ª Adem¨¢s, ya que no te diriges a la capital: ?no deber¨ªas bajarte?, El carruaje est¨¢ movi¨¦ndose muy r¨¢pido y a este ritmo, vas a tener que caminar unos cuantos kil¨®metros si la charla se prolonga. ¡ªAcaso piensas que estoy preocupado por unos pocos kil¨®metros¡ªComent¨® Hermes con orgullo¡ªEl que se est¨¢ muriendo de hambre eres t¨², peque?o hermano. Yo entreno como buen soldado: todas las ma?anas y todas las noches. ¡ªS¨ª, s¨ª, se nota¡ Si sigues creciendo a este ritmo, llegar¨¢ el d¨ªa que ni entres a un carruaje de este tama?o ¡ªComent¨® Apolo mirando el cuerpo de su hermano con cierta envidia; el joven sab¨ªa que el tama?o anormal de algunos miembros de su familia se deb¨ªa a un efecto especial provocado por el entrenamiento de soldado que llevaban a cabo, por lo que lejos de ser algo negativo era algo envidiable. ¡ªEso espero¡¡ªSusurr¨® Hermes con cierta a?oranza mirando por la ventana del carruaje c¨®mo el castillo se alejaba en el horizonte¡ª Deber¨ªas preocuparte un poco m¨¢s por tu cuerpo, sinceramente creo que te est¨¢s muriendo y d¨¦jame decirte que no soy el ¨²nico en la familia que opina lo mismo¡ ¡ªPuede ser o puede que no¡¡ªRespondi¨® Apolo mir¨¢ndose las manos: ya estaban tan esquel¨¦ticas que no pod¨ªa reconocerlas como propias; sin embargo, al ver el anillo de bronce oxidado en su mano, la preocupaci¨®n en su mente se disip¨® y una sonrisa torcida apareci¨® en su rostro¡ªPero por el momento ando bien, siempre puedo comer un poco m¨¢s cuando me apetezca: ?No es como si a los nobles les faltara comida! ¡ªClaro que no, hermanito¡¡ªComent¨® Hermes sin dejar de ver por la ventana del carruaje, mirando como los ¨¢rboles del bosque a los alrededores del camino iban pasando¡ªA los nobles nos sobra el dinero, nos sobra la comida, nos sobra las mujeres, pero eso no quiere decir que lo tengamos todo. ¡ª?De verdad crees que nos falta algo para vivir mejor? Por mi parte, creo que con dinero, comida y mujeres se puede vivir bastante bien, si no preg¨²ntale a nuestro hermano Fausto si acaso sufre por carencia de algo¡ªDijo Apolo con una sonrisa, m¨¢s preocupado en observar el anillo en su dedo que al castillo cada vez m¨¢s diminuto en el horizonte ¡ªA muchos nobles le falta la suficiente cordura para ver que se dirigen a su propia muerte¡ª Respondi¨® Hermes con incomodidad, mirando a trav¨¦s del reflejo de la ventana del carruaje la sonrisa anormal en el rostro de su hermano¡ªEse anillo que aprecias m¨¢s que a tu propia familia solo te est¨¢ matando, peque?o hermano. Para colmo me acabas de decir con tu propia boca que ya sabes que como noble lo tienes todo para vivir bien y pese a ello miras ese anillo desconsoladamente como si fueras un mendigo suplicando por un pan rancio. Y la gran verdad es que no hace falta ser un privilegiado para darse cuenta de que ese anillo oxidado no te va a dar absolutamente nada, salvo desgracia¡ y pese a ello ah¨ª est¨¢s¡ mir¨¢ndolo como un idiota¡ nuevamente¡ E5-El Anillo Al escuchar que la palabra anillo sal¨ªa de la boca de su hermano, Apolo abandon¨® el estado de trance y r¨¢pidamente escondi¨® la mano que conten¨ªa el dichoso anillo en su bolsillo, como si temiera que el anillo le fuera a ser arrebatado en cualquier momento. ¡ªNo entiendo qu¨¦ tiene que ver un simple anillo de bronce con mi estado de salud¡ªComent¨® Apolo mientras miraba con desconfianza a su hermano, no obstante su hermano segu¨ªa mirando por la ventana, aparentemente ignor¨¢ndolo, por lo que solo pod¨ªa ver su gigantesca espalda. ¡ª?Est¨¢s tan mal que te has olvidado que el entrenamiento de la familia tambi¨¦n mejora mis sentidos?¡ªCuestion¨® Hermes con disgusto; sin poder apartar la mirada del reflejo del rostro decr¨¦pito de su hermano que el vidrio del carruaje brindaba. El joven soldado estaba empezando a sospechar que si no fuera por su fornido cuerpo, su hermano realmente estar¨ªa pensando en encontrar una manera de deshacerse de ¨¦l ahora mismo¡ªSi el abuelo te dijo que el anillo era m¨¢gico: es porque no es tan simple, ?o me equivoc¨®, hermanito? ¡ª?Esas son simples divagaciones de un viejo moribundo!¡ªRespondi¨® Apolo con enojo, mientras frotaba el anillo escondido en su bolsillo con nerviosismo¡ªSi de verdad el anillo fuera m¨¢gico, ?no crees que el abuelo me lo hubiera quitado?, Para el viejo robarme el anillo ser¨ªa tan simple como darme una bofetada. ¡ª?Qu¨¦ clase de abuelo le robar¨ªa a su propio nieto?¡ªPregunt¨® Hermes con algo de enojo en la voz, como si la situaci¨®n planteada por su hermano no pudiera tener lugar en su cabeza¡ª?Acaso de verdad crees que alguien de la familia te robar¨ªa? ¡ªNo, claro que no: Yo los amo y ustedes me aman¡ªRespondi¨® r¨¢pidamente Apolo como si se hubiera dado cuenta del terrible error que estaba cometiendo en llevar la discusi¨®n a este tema tan delicado¡ªT¨² nunca le robar¨ªas a tu querido hermano, ?No es as¨ª, Hermes? ¡ªSi de verdad creyeras eso podr¨ªas dejar de esconder tu mano en el bolsillo, es realmente una idiotez tratar de esconder el anillo a este punto...¡ªRespondi¨® Hermes de mala gana, mientras miraba por el reflejo como el cuerpo de su hermano menor no paraba de temblar. Al ver por el reflejo que Apolo no pod¨ªa sacar la mano de su bolsillo y ¨²nicamente miraba su espalda con una mirada cada vez m¨¢s demente, Hermes decidi¨® que hab¨ªa llegado el momento de entrar en raz¨®n a su hermano, por lo tanto, dijo con calma: ¡ªPiensa con la cabeza, Apolito: es m¨¢s que evidente que el viaje a la capital y los documentos para convertirte en un mago valen m¨¢s que un anillo m¨¢gico. ?Cu¨¢ntos objetos m¨¢gicos hay en el imperio?. O a¨²n m¨¢s importante: ?Cu¨¢ntos objetos m¨¢gicos tenemos en nuestro castillo?. Adem¨¢s, como futuro mago, el emperador te escupir¨¢ objetos m¨¢gicos para que los investigues: te terminaras cansando de ellos¡ ¡ªSupongo¡¡ªSusurr¨® Apolo reflexionando las palabras de su hermano. Al ver que Apolo estaba volviendo a un estado m¨¢s normal, Hermes continu¨® insistiendo con su l¨®gica: ¡ªNuestra familia ha criado soldados durante milenios: el abuelo le ense?¨® a sus 4 hijos el camino del guerrero y se despidi¨® de sus cuatro hijos cuando murieron en combate. ?De verdad crees que alguien con la mentalidad del abuelo, jefe de una familia noble destacada por sus guerreros, mandar¨ªa a uno de sus nietos a convertirse en un mago por casualidad? You could be reading stolen content. Head to Royal Road for the genuine story. ¡ª?Por supuesto que no fue por casualidad!¡ªGrit¨® Apolo con enojo¡ªEl viejo necesitaba deshacerse de m¨ª, ?o por que crees que nuestro hermano menor se convirti¨® en un comerciante? ¡ª?Los comerciantes al menos pueden tener hijos, imb¨¦cil!¡ªRefut¨® Hermes con enojo, como si digiera una obviedad¡ªLos magos no pueden: ?Te acaban de desheredar, idiota! ¡ª?Y eso qu¨¦ tiene que ver?. De todas formas, yo nunca fui o ser¨¦ heredero al trono de los bosques negros¡ªRespondi¨® Apolo con disgusto, cansado de tratar de entender que buscaba sacar su hermano con toda esta charla. Por primera vez desde que el viaje comenz¨®, Hermes se dio la vuelta y mir¨® fijamente la cara decr¨¦pita de su hermano, fue ah¨ª cuando Hermes se dio cuenta de que los dos ojos negros de su hermano pr¨¢cticamente carec¨ªan de brillo, haciendo resaltar a¨²n m¨¢s sus dos grandes ojeras que delataban su falta de sue?o. Con mucha pena, Hermes explic¨® su punto de vista: ¡ªAdem¨¢s del abuelo, solo quedamos cuatro miseros hombres en la familia: Fausto es el heredero al trono de los bosques negros, Homero es el comerciante aventurero y yo soy el soldado que cumple con la tradici¨®n familiar. Hay un punto en com¨²n en nuestros tres caminos y es que los tres podemos tener hijos: por tanto, heredar el trono en caso de que ocurra alg¨²n accidente. Mientras que t¨² est¨¢s marchando a la capital a ser desheredado del trono: ?Por qu¨¦ el abuelo har¨ªa algo as¨ª en esta situaci¨®n? ¡ªPorque me odia: ?Me ve como una amenaza!¡ªRespondi¨® Apolo con rapidez, escapando de la inquisidora mirada de su hermano mayor para en su lugar mirar a su mano escondida en su bolsillo. ¡ªUna amenaza¡¡ªSusurr¨® Hermes, mientras miraba con dolor lo poco anchos que eran los brazos de su hermano: era imposible que alguien que no pod¨ªa levantar una misera espada de madera fuera una amenaza. ¡ªS¨ª, una amenaza: ¨¦l cree que lo que pas¨® en el bosque no fue un accidente¡ªDijo Apolo volviendo a mirar fijamente a su hermano¡ªYo no mat¨¦ a Helena, ella era mi mejor amiga, el amor de mi infancia: ?Jam¨¢s le har¨ªa da?o!. Sin embargo, el abuelo piensa que fui yo, t¨² pudiste escuchar todo lo que dijo en el sal¨®n, ?o no? ¡ªYo tambi¨¦n pienso que fue un accidente¡¡ªComent¨® Hermes a punto de llorar, mientras miraba como su hermano lo miraba fijamente, como si estuviera desesperado por tratar de convencerlo, haciendo m¨¢s obvia la cruel mentira¡ªQue hayas encontrado ese anillo fue un gran accidente, hermanito. Todo es culpa de ese anillo. ¡ª?No, no, el anillo no hizo nada!, La culpa es del abuelo, por no creer en mi palabra¡ªRespondi¨® Apolo, agitando la cabeza con alegr¨ªa, mientras una sonrisa retorcida se formaba en su rostro¡ªPero sinceramente estoy muy feliz de que al menos t¨² creas en m¨ª. ?No consideras que te est¨¢s alejando demasiado del castillo, hermanito?, si seguimos hablando me temo que tendr¨ªas que caminar demasiado. Mirando con algo de asco y miedo la sonrisa poco cuerda de su hermano, Hermes trat¨® de ignorarla y coment¨® mientras sacaba la mano por la ventana haciendo una se?a para que el conductor del carruaje detuviera la marcha: ¡ªTienes raz¨®n, ya se est¨¢ haciendo demasiada larga esta despedida. Lamentablemente, sigo sin comprender por qu¨¦ el abuelo no te sac¨® el anillo, pero espero que el viejo no se equivoque y que una vez te conviertas en un mago logres recuperar la cordura. Como tu hermano mayor, hice todo lo posible para hacerte comprender que ese anillo te est¨¢ matando, pero por desgracia yo m¨¢s no puedo hacer para ayudarte. Ahora solo me queda confiar en que vos mismo te dar¨¢s cuenta de tus problemas: Suerte en la capital, Apolo¡ Tras decir esas palabras, Hermes baj¨® del carruaje y vio c¨®mo instant¨¢neamente su hermano hizo una se?al al conductor para que vuelva a retomar la marcha, como temiendo que ¨¦l cambiara de opini¨®n y volviera a ingresar al carruaje Siguiendo la se?a, el carruaje reanud¨® su marcha y lentamente se alej¨® de la visi¨®n de Hermes hasta desaparecer en el horizonte, mientras el joven soldado observaba con preocupaci¨®n c¨®mo su hermano menor se alejaba de su vida hacia un destino incierto. E6-El Bosque Negro Lejos del carruaje donde nuestro protagonista se encontraba viajando, se localizaban dos ni?os jugando en las profundidades del bosque formado por ¨¢rboles negros. ¡ª?Est¨¢s seguro de que es por ac¨¢?¡ªPregunt¨® una ni?a de pelo rubio y ojos claros, por el tama?o de su cuerpo, uno dir¨ªa que no ten¨ªa m¨¢s de 11 a?os de edad. La ni?a estaba vestida con ropas sencillas similares a las que usaban los criados en el castillo. Sin embargo, a diferencia de la mayor¨ªa de criados, la ni?a portaba un par de aretes de diamantes muy bonitos y un anillo de bronce algo oxidado en su mano. ¡ª?S¨ª, por ac¨¢ encontr¨¦ el cofre grande, Helena!¡ªRespondi¨® con entusiasmo un ni?o algo gordito, de pelo negro y ojos negros. La edad del ni?o era muy similar a la de la ni?a, aunque la cara del ni?o no era tan bonita como la de la ni?a porque una gran nariz puntiaguda arruinaba la belleza de su rostro infantil. El joven estaba vistiendo una bata blanca, muy sencilla y algo sudada, demasiado similar a la que portaba Hermes para ser una simple coincidencia. ¡ª?Tenemos que subir toda la colina, Apolo?¡ª Pregunt¨® la ni?a con algo de incomodidad, mientras se esforzaba por evitar los ¨¢rboles ca¨ªdos y los arbustos con espinas¡ªSe est¨¢ haciendo algo dif¨ªcil avanzar por este sendero y me est¨¢ comenzando a doler las piernas. ¡ªEs que este sendero no es muy transitado, pero vale la pena: ?Desde la cima de la colina pude ver el cofre!¡ªRespondi¨® Apolo r¨¢pidamente con algo de nerviosismo, mientras se volteaba a ver como Helena segu¨ªa sus pasos¡ªYa falta poco, en unos pocos minutos m¨¢s finalmente obtendremos el tesoro que estuvimos buscando hace casi dos a?os. ¡ª?Pero c¨®mo lo abriremos?¡ªPregunt¨® Helena con algo de dudas y nerviosismo mientras miraba la espalda del ni?o delante de ¨¦l. ¡ªDudo¡ Dudo que podamos abrir el cofre¡¡ªRespondi¨® Apolo con incomodidad, como si nunca se hubiera planteado esa pregunta antes y ahora lo tomara de imprevisto¡ªCreo que tendremos que cargarlo hasta el castillo y pedirle a Alfonso que lo abra por nosotros. ¡ª??No!!¡ªGrit¨® fuertemente Helena con una desesperaci¨®n poco normal para su edad, provocando que Apolo se diera la vuelta para ver qu¨¦ hab¨ªa ocurrido. Notando la mirada de Apolo, Helena ajust¨® su respiraci¨®n algo alterada por la caminata y por el grito, para luego comentar con algo m¨¢s de calma: ¡ªSi llevamos el cofre al castillo, tus hermanos se quedar¨¢n con el tesoro que te pertenece. Adem¨¢s, a m¨ª no me dar¨ªan nada: tus hermanos jam¨¢s compartir¨ªan un tesoro con la hija de una criada. ¡ªEntonces no lo llevaremos al castillo¡¡ªComent¨® Apolo con rapidez mientras se daba la vuelta para continuar la marcha, como si buscara no alargar esta charla demasiado¡ªNo te preocupes, cuando lleguemos al lugar, veremos si podemos abrir el cofre de alg¨²n modo. Mirando la espalda del ni?o con algo de dudas, Helena sigui¨® a Apolo por el bosque hasta que finalmente llegaron a la cima de la colina donde un acantilado pod¨ªa encontrarse. Con entusiasmo, Apolo corri¨® hacia la punta del acantilado y se?al¨® con su dedo para abajo, donde un r¨ªo pod¨ªa verse. ¡ª?Por Ac¨¢!, abajo del agua de este r¨ªo se puede ver el cofre¡ª Coment¨® Apolo con una sonrisa en su rostro mientras se?alaba para abajo con entusiasmo. Al notar el entusiasmo de Apolo, Helena corri¨® hacia el acantilado hasta alcanzar al ni?o, solo para desilusionarse por qu¨¦ debajo del agua del r¨ªo ella no pod¨ªa divisar ning¨²n cofre, y lo cierto es que ¨²nicamente pod¨ªa verse el agua del r¨ªo corriendo salvajemente mientras chocaba con las rocas a los costados del acantilado. ¡ª?No veo nada! ?Por d¨®nde est¨¢ el cofre?¡ªPregunt¨® Helena mirando el r¨ªo con atenci¨®n, prestando atenci¨®n a los detalles. Helena not¨® de inmediato que si bien las aguas del r¨ªo eran cristalinas y uno pod¨ªa ver las rocas en su fondo, no mucho m¨¢s pod¨ªa encontrarse adem¨¢s de las simples rocas. ¡ªEl cofre no est¨¢ pegado al acantilado¡ª Coment¨® Apolo mientras retroced¨ªa unos pasos¡ªTrata de ver donde el agua no choca con las rocas ¡ª?D¨®nde el agua no choca con las rocas?¡ªRepiti¨® Helena con dudas, concentr¨¢ndose en la parte se?alada por Apolo. Mientras Helena observaba el r¨ªo con atenci¨®n, Apolo aprovech¨® el fuerte ruido creado por el r¨ªo al chocar con las paredes del acantilado para ocultar el ruido de sus pasos. Con cautela el ni?o se dirigi¨® a agarrar una gran roca que resaltaba en el suelo verde del bosque: como si dicha roca no perteneciera originalmente a ese lugar y hubiera sido ubicada de antemano. ¡ª?Por mucho que intento no puedo ver el cofre, alguna otra pista?¡ªPregunt¨® Helena con algo de emoci¨®n, mientras miraba el r¨ªo por todos lados tratando de encontrar el tesoro. ¡ªA ver¡ mira por ac¨¢¡¡ªComent¨® Apolo con algo de nervios desde la espalda de la ni?a. Al escuchar a Apolo desde su espalda, Helena se dio la vuelta para ver donde el ni?o estaba indicando, s¨®lo para encontrarse a Apolo sosteniendo una piedra grande envuelta en llamas en una de sus manos. Sin comprender la situaci¨®n, Helena trat¨® de abrir la boca para preguntarle a Apolo que estaba haciendo, pero antes de que pudiera salir una sola palabra, el ni?o arremeti¨® con violencia contra la ni?a. A case of literary theft: this tale is not rightfully on Amazon; if you see it, report the violation. *Puff*...La piedra envuelta en llamas choc¨® contra la boca abierta de Helena rompi¨¦ndole los dientes y provocando que se encogiera del dolor, la ni?a desesperadamente trat¨® de reaccionar, pero antes de que pudiera lograrlo Apolo ya hab¨ªa levantado la roca de nuevo para golpear en la frente de la ni?a provocando qu¨¦ la misma cayera al suelo. Sin esperar a que Helena pudiera levantarse, Apolo salt¨® arriba de la ni?a y con la roca sostenida por sus dos manos comenz¨® a golpear la cabeza de Helena con locura. Al sentir que su vida corr¨ªa riesgo, Helena trat¨® de protegerse la cabeza con uno de sus brazos, pero r¨¢pidamente este fue roto a base de los golpes propinados por Apolo. De tanto golpear el brazo de Helena qued¨® lo suficientemente roto como para que la ni?a no pudiera levantarlo, dejando a su cabeza expuesta a los golpes del ni?o. Aprovechando la oportunidad, Apolo sin piedad levant¨® la piedra para ejecutar el ¨²ltimo golpe, pero antes de que pudiera hacerlo, el ni?o sinti¨® un fuerte dolor proveniente de su abdomen junto a una frialdad extrema que congelaba sus intestinos: ?Helena hab¨ªa logrado ganar el suficiente tiempo como para apu?alar a Apolo con una daga que hab¨ªa estado escondiendo! Al sentir la sangre escurriendo por su abdomen y el fr¨ªo de la daga, Apolo entendi¨® que era ahora o nunca: ?No pod¨ªa darle el suficiente tiempo a Helena para que volviera a apu?alarlo! Sabiendo que estos pod¨ªan ser sus ¨²ltimos segundos con vida, Apolo apret¨® con fuerza la roca en llamas en sus manos, por arte de magia la roca comenz¨® a crecer hasta que el ni?o no tuvo la fuerza para sostenerla y cay¨® sobre Helena. *Crack*... La roca del tama?o de un balde de agua cay¨® sobre la cabeza de Helena, aplast¨¢ndola y provocando que su mano sin vida soltara la empu?adura de la daga. Al ver que Helena ya no se mov¨ªa, Apolo, con los dientes apretados del dolor, se levant¨® la bata para mirar la daga incrustada en su abdomen y la sangre saliendo de la herida sin parar. Comprendiendo la situaci¨®n delicada de la herida de un vistazo, Apolo puso la mano en la empu?adura de la daga solo para darse cuenta de que la misma estaba tan fr¨ªa como para quemarle la mano al contacto, provocando que el ni?o la soltara inmediatamente. Reci¨¦n ah¨ª, la adrenalina de Apolo disminuy¨® lo suficiente como para que pudiera notar la piel muerta alrededor de la sangre fresca en la herida, el joven entendi¨® al instante que era muy probable que el fr¨ªo que estaba sintiendo ahora mismo era producto de que la daga lo hab¨ªa estado congelando por dentro todo este tiempo. Preocupado y con miedo de la muerte, algunas l¨¢grimas comenzaron a salir de los ojos del asesino mientras sent¨ªa como el dolor y el fr¨ªo proviniendo de su est¨®mago se hac¨ªa cada vez m¨¢s fuerte. Entendiendo la situaci¨®n cr¨ªtica en la que se encontraba, Apolo junto valor y puso la mano nuevamente en la empu?adura de la daga. *Haaa*... Mientras el joven lloraba del dolor al sentir las palmas de su mano siendo quemadas por el fr¨ªo, logr¨® sacar la daga de su est¨®mago. No obstante, la sangre que sal¨ªa del est¨®mago del ni?o no se detuvo y el dolor que sent¨ªa no hac¨ªa m¨¢s que incrementar con el tiempo. Con l¨¢grimas de desesperaci¨®n y mocos saliendo de su nariz puntiaguda, Apolo trat¨® de correr hacia el ¨¢rbol m¨¢s cercano como si de ello dependiera su vida, pero al instante el ni?o se dio cuenta desde que la cintura para abajo su cuerpo no le respond¨ªa correctamente, por lo que no pod¨ªa pararse con normalidad. D¨¢ndose cuenta de que no ten¨ªa manera alguna de llegar a los ¨¢rboles cercanos, Apolo llor¨® desgarradoramente mientras se golpeaba las piernas con las manos como tratando de provocar un milagro que se las devolviera; sin embargo, por mucho que el joven intentar¨¢ convocar el milagro: nada ocurr¨ªa y el fr¨ªo dolor proviniendo de su est¨®mago ya estaba por arrebatarle la conciencia. Finalmente, Apolo dej¨® de golpearse las piernas y se desplom¨® al suelo con tristeza, rindi¨¦ndose ante la muerte: sabiendo que ya todo estaba perdido. Desde el suelo y mirando las nubes del cielo azul, Apolo esperaba su cruel destino mientras sent¨ªa como el dolor de su est¨®mago se hac¨ªa cada vez m¨¢s intenso. El atronador ruido del arroyo hace tiempo hab¨ªa sido opacado por el extremo silencio provocado por la cercan¨ªa de la muerte. Poco a poco el ni?o fue dejando de llorar y fue cerrando sus ojos perdiendo la conciencia. No obstante, cuando las respiraciones del ni?o eran contadas y su muerte ya hab¨ªa sido aceptada, el joven sinti¨® un extremo calor proviniendo de su espalda. Sin comprender la procedencia del calor, Apolo dej¨® de mirar el cielo y mir¨® como la sangre de Helena no paraba de borbotar de su cabeza aplastada, comenzando a manchar su espalda. Con extra?eza, Apolo contempl¨® como la sangre de Helena sal¨ªa de su ya irreconocible rostro, la mirada perdida de Apolo mirando el cuerpo moribundo de la ni?a fue cada vez m¨¢s marcada, como si el ni?o se hubiera olvidado completamente de todo lo que hab¨ªa ocurrido hace unos pocos segundos. Sin comprender de donde proven¨ªa esta sensaci¨®n de extra?eza, Apolo observ¨® el cuerpo de la ni?a como tratando de recordar algo importante que se hab¨ªa olvidado, algo que lo llev¨® a esta situaci¨®n, pero por alg¨²n motivo el ni?o ya no lograba recordarlo. La mente de Apolo, cada vez m¨¢s blanca por la muerte que se avecinaba, trataba de adivinar el acertijo en su mente; sin embargo, por mucho que pensara, el ni?o no lograba recordar c¨®mo es que la situaci¨®n hab¨ªa terminado de esta manera. Sin brillo en los ojos, Apolo mir¨® a su antigua e irreconocible compa?era de aventuras: en su rostro no hab¨ªa odio, violencia, pena, arrepentimiento o resentimiento alguno, solo una expresi¨®n llena de consternaci¨®n pod¨ªa encontrarse: ?La cual ped¨ªa a gritos que alguien le respondiera como es que todo esto hab¨ªa ocurrido! Forz¨¢ndose a sentir el calor de la sangre de su amiga empapando su espalda por una ¨²ltima vez, Apolo finalmente cerr¨® sus ojos aceptando su destino. O mejor dicho: ?Aceptando el destino que el anillo le hab¨ªa propuesto! Sin embargo, el final de esta historia ya es conocido por el lector y como es evidente, las cosas no resultaron como el anillo esperaba. Porque justamente en los ¨²ltimos segundos de la vida de Apolo fue cuando el anillo perdi¨® la paciencia, cant¨® la victoria antes de tiempo y todo su plan fue descartado por la criatura m¨¢s simple de este bosque. *?On, on!, ?On, on!* El graznido de un p¨¢jaro carro?ero provoc¨® que Apolo volviera abrir los ojos con demencia. Con la lentitud de una tortuga, Apolo gir¨® la cabeza para observar como un ave del tama?o de un pu?o se encontraba picoteando la cabeza aplastada de Helena. Al observar al ave tan cerca, los ojos del ni?o volvieron a brillar, apret¨® los dientes y contuvo la respiraci¨®n. En la cabeza de Apolo todo el tiempo se hab¨ªa detenido, el dolor ya no exist¨ªa, el cad¨¢ver de su amiga hab¨ªa desaparecido e incluso el mism¨ªsimo bosque se hab¨ªa esfumado: ?Ya que en la mente de Apolo solo se encontraba un p¨¢jaro y su cuerpo moribundo! E7-Los Pajaros Conteniendo la respiraci¨®n, Apolo observ¨® como el p¨¢jaro com¨ªa el cad¨¢ver de Helena: ¨¦l sab¨ªa que este p¨¢jaro era su boleto de resurrecci¨®n, por lo que no pod¨ªa dejarlo escapar, puesto que no habr¨ªa otra oportunidad como esta. El joven observ¨® en silencio hasta que finalmente lo que esperaba ocurri¨® *?On, on!, ?On, oooooooooooon!* El graznido del p¨¢jaro volvi¨® a escucharse y mientras el p¨¢jaro se encontraba graznando, Apolo estir¨® su brazo con violencia y el mismo creci¨® anormalmente a una velocidad estrepitosa, logrando atrapar al p¨¢jaro antes que volara asustado. *Crush*...*Crush*... Instant¨¢neamente los sonidos de huesos rompi¨¦ndose se escucharon del brazo alargado de Apolo; no obstante el ni?o no parec¨ªa estar sufriendo de dolor, en su lugar la sonrisa de un hombre que hab¨ªa atrapado su salvaci¨®n hab¨ªa aparecido en su rostro infantil. *?Oooon, oon!, ?Ooon, oon!* Mientras el p¨¢jaro luchaba por liberarse del agarre del ni?o, el anillo de oro en la mano de Apolo comenz¨® a iluminarse y el grabado del anillo comenz¨® a moverse como si tuviera voluntad propia, lentamente la persona con los brazos abiertos extendidos al cielo comenz¨® a cerrar sus brazos hasta abrazarse a s¨ª mismo. Acto seguido, el anillo de oro dej¨® de brillar y la lucha del p¨¢jaro atrapado se hizo m¨¢s intensa; sin embargo, la sonrisa de confianza del ni?o no paraba de crecer a medida que el p¨¢jaro luchaba m¨¢s violentamente. *?Oo, on, on!, ?On!* El p¨¢jaro luch¨® y luch¨®, pero poco a poco sus graznidos comenzaron a hacerse cada vez m¨¢s bajos y su lucha se hac¨ªa menos violenta. Por otra parte, Apolo poco a poco comenzaba a recuperar sus fuerzas. Este era el poder del anillo de oro que solo pod¨ªa usarse por los miembros de la familia de Apolo y era uno de los grandes motivos por el cual pr¨¢cticamente todos los miembros de su familia se convert¨ªan en soldados. El anillo serv¨ªa de amplificador para obtener la bendici¨®n de sus antepasados de una forma m¨¢s r¨¢pida y de esa manera sus antepasados lo curar¨ªan a cambio de sacrificar otra vida. Sin embargo, la corta vida de un p¨¢jaro no era lo suficientemente fuerte como para curarlo del todo, pero al menos lo ayudar¨ªa a recuperar la movilidad de sus piernas y de esa forma el ni?o podr¨ªa alcanzar un ¨¢rbol viejo en el bosque. La habilidad innata de la familia de Apolo curaba en funci¨®n de lo larga que hab¨ªa sido la vida del animal o la planta sacrificada, por lo que la vida de un ¨¢rbol de varias d¨¦cadas era lo suficientemente fuerte como para curarlo por completo, a diferencia del pasto cercano, que ni siquiera podr¨ªa curar un rasgu?o. El p¨¢jaro en la mano de Apolo fue envejeciendo a un ritmo apreciable a simple vista, hasta que finalmente muri¨® de viejo. Al notar que el p¨¢jaro ya no le era ¨²til, Apolo lo tir¨® a un costado y reuniendo fuerzas para luchar con el dolor que sent¨ªa, el ni?o se par¨® y rengue¨® con esfuerzo hacia el ¨¢rbol m¨¢s cercano. Al llegar al ¨¢rbol, el ni?o extendi¨® su mano para apoyar la palma de la mano sobre la corteza, el anillo nuevamente volvi¨® a cambiar la inscripci¨®n y la fuerza vital del ¨¢rbol comenz¨® a ser absorbida por el ni?o. A medida que el ¨¢rbol perd¨ªa sus hojas y su corteza comenzaba a agrietarse, la herida en el abdomen de Apolo comenz¨® a cerrarse y el dolor fr¨ªo en el interior de su panza fue desapareciendo. Tras unos cuantos minutos, Apolo sinti¨® que su vida ya no corr¨ªa peligro y que estaba completamente curado. Con algo de entusiasmo por haber salido con vida, el ni?o se levant¨® la camisa que llevaba puesta para observar que solo una cicatriz del tama?o de un dedo se encontraba en el lugar a donde hab¨ªa sido apu?alado. This book was originally published on Royal Road. Check it out there for the real experience. Con una sonrisa triunfante, Apolo procedi¨® a regresar con su familia; sin embargo, en el medio del camino de regreso al castillo, el ni?o sinti¨® que se hab¨ªa olvidado algo. Justo ah¨ª record¨® que no hab¨ªa venido a visitar el acantilado ¨¦l solo. Apolo se dio la vuelta con preocupaci¨®n y mir¨® el sendero por donde hab¨ªa estado viajando todo este tiempo, pero para su desesperaci¨®n solo se encontraba ante su vista una innumerable cantidad de ¨¢rboles de madera negra y hojas rojas. ¡ª?Helena!¡ªGrit¨® Apolo con todo su pulm¨®n hacia la cima de la colina donde se encontraba el acantilado. *Hush, Hush* Solo las hojas rojas de los ¨¢rboles chocando por el viento le contestaron al ni?o. ¡ªNo puede ser, no puede ser¡¡ªSusurr¨® Apolo con desesperaci¨®n mientras se agarraba la cabeza¡ªMe olvide de Helena en el acantilado, la muy idiota se perdi¨® en el bosque: ?Pap¨¢ me va a encerrar en el castillo un a?o, si no la encuentro! Apolo con velocidad comenz¨® a correr hacia el acantilado, mientras gritaba el nombre de Helena, con la esperanza de que su amiga escuchara sus gritos. Sin embargo, s¨®lo los p¨¢jaros del bosque parec¨ªan estar atentos a los gritos del ni?o. Tras correr unos minutos, finalmente Apolo estuvo lo suficientemente cerca del acantilado como para comenzar a escuchar el atronador ruido del agua chocando contra las rocas. ¡ª??Helena, Helena, est¨¢s por ac¨¢?!¡ªGrit¨® Apolo en¨¦rgicamente, tratando de que su voz no sea opacada por el ruido del agua. No obstante, solo el sonido del agua chocando contra las paredes del acantilado respondi¨® al ni?o. Apolo sigui¨® acerc¨¢ndose al acantilado hasta que finalmente estuvo lo suficientemente cerca de la cima de la colina como para ver el cuerpo de su amiga. Helena se encontraba mirando al acantilado, sentada arriba de una gran roca anormalmente negra como si hubiera sido quemada por las llamas de un incendio forestal hace mucho. ¡ª?Hey, Helena! ?Porque diablos no me seguiste de regreso!¡ªGrit¨® Apolo enojado mirando como su amiga lo ignoraba y continuaba d¨¢ndole la espalda para mirar el acantilado¡ªEstaba muy preocupado: pens¨¦ que te hab¨ªas perdido. Menos mal que no decidiste regresar por tu cuenta, si no hubiera tenido que buscarte por todos lados: ?Sabes lo furioso que se pondr¨ªa mi padre si llego a decirle que te deje abandonada en el medio del bosque! No obstante, Helena continuaba ignorando a Apolo, haciendo irritar al ni?o. ¡ª?No me digas que te enojaste conmigo!¡ªDijo Apolo con algo de enojo por el silencio de su amiga¡ª?No es como si yo tuviera la culpa de que no decidieras seguirme!, supuse que te estabas escondiendo de mi aprop¨®sito, pero luego de un tiempo se me hizo demasiado extra?o no poder escuchar tus pasos nunca. Sin embargo, Helena continu¨® ignorando a Apolo, provocando que el mismo se cansara y decidiera ir a preguntarle en la cara porque no le respond¨ªa. Con pasos seguros, el ni?o comenz¨® a acercarse hacia su amiga, pero cuando estuvo a unos pocos pasos de la espalda de Helena, sus piernas comenzaron a ir disminuyendo el ritmo hasta que Apolo se qued¨® completamente parado mirando con miedo la espalda de su amiga. No fue lo que estaba viendo lo que estaba asustando al ni?o, sino m¨¢s bien lo que estaba escuchando: ya que Helena se encontraba repitiendo las mismas palabras una y otra vez. Dado al ruido torrencial del agua, era algo complicado distinguirlas, pero estando Apolo lo suficientemente cerca, escuch¨® a su amiga repetir incansablemente las siguientes palabras: ¡ªDeo¡ Eco¡ Thais¡ Helena¡ Deo¡ Eco¡ Thais¡ Helena¡ Deo¡ Eco¡ Thais¡ Helena¡ ¡ª?No me asustes, idiota! Parecer¨ªa que te pic¨® un insecto y ahora est¨¢s divagando¡ªComent¨® Apolo con preocupaci¨®n por el estado anormal de su amiga, lo ¨²nico que al ni?o le faltaba era tener que cargar a su amiga desde este acantilado hasta el castillo en su espalda porque alg¨²n animal le hab¨ªa picado: de ser as¨ª era imposible regresar antes de la noche, por lo que su padre lo terminar¨ªa castigando. Pese a los gritos del ni?o, su amiga continu¨® ignor¨¢ndolo mientras repet¨ªa incansablemente las mismas cuatro palabras en el mismo tono de voz mon¨®tono y desalmado. ¡ª?Est¨¢s bien, Helena?¡ªPregunt¨® Apolo mientras pon¨ªa su mano en el hombro de su amiga tratando de darla vuelta para ver su cara. Pero no fue necesario que Apolo tratara de darla vuelta, ya que cuando el ni?o toc¨® el hombro de su amiga, el cuello de Helena comenz¨® a torcerse hasta mirar fijamente los ojos negros del ni?o. *?Agggggg!* Grit¨® con terror Apolo al ver como el rostro completamente deformado de su amiga lo miraba fijamente con un odio inmenso. E8-Las Pesadillas *?Agggggg!* Grit¨® Apolo mientras abr¨ªa los ojos de repente y miraba el techo del carruaje. Con la respiraci¨®n alterada y sudor en el rostro, Apolo se levant¨® la camisa que llevaba puesta con rapidez, solo para encontrarse que no hab¨ªa una sola cicatriz en su abdomen. ¡ªSolo fue otra maldita pesadilla¡¡ªSusurr¨® Apolo mientras ajustaba su respiraci¨®n, esta no era la primera vez que el joven ten¨ªa este tipo de pesadillas, siempre cambiaban y siempre volv¨ªan a atormentar sus noches para arruinarle el sue?o. No por nada Apolo siempre andaba con ojeras y lo cierto era que desde la muerte de Helena hace 12 a?os el joven no hab¨ªa vuelto a dormir con tranquilidad. ¡ª??Ocurri¨® algo, joven se?or?!¡ªGrit¨® el conductor del carruaje desde el exterior, preocupado por el grito repentino. ¡ªNo, no pas¨® nada¡¡ªContest¨® toscamente Apolo, m¨¢s preocupado en recordar los detalles de la pesadilla que en atender las preocupaciones del conductor. ¡ª?Me alegro entonces!¡ªGrit¨® el Conductor desde afuera del carruaje¡ªDentro de unos minutos nos reuniremos con la caravana principal: vaya prepar¨¢ndose para reunirse con su hermano menor. Lejos de preocuparse por la reuni¨®n con uno de sus hermanos, Apolo estaba concentrado tratando de analizar la pesadilla. La gran verdad es que ni el mismo Apolo recordaba exactamente c¨®mo fue que muri¨® Helena o como fue que obtuvo el anillo, lo ¨²nico que el joven conoc¨ªa con certeza gracias a los reportes de su familia es que Helena hace 12 a?os fue de aventuras con ¨¦l al bosque y ¨¦l fue el ¨²nico en regresar. Lo que ocurri¨® en el bosque segu¨ªa siendo un misterio para Apolo y las pesadillas recurrentes cambiaban demasiado como para poder sacar una conclusi¨®n aceptable. Por el momento, Apolo reconoc¨ªa que todas las pesadillas ten¨ªan cuatro factores en com¨²n: en primer lugar el anillo siempre era portado inicialmente por Helena, en segundo lugar siempre se dirig¨ªan a un acantilado, en tercer lugar Helena siempre de alguna manera repet¨ªa las mismas cuatro palabras al menos una vez por pesadilla y por ¨²ltimo lo m¨¢s importante: Apolo siempre terminaba matando a Helena. Stolen content warning: this content belongs on Royal Road. Report any occurrences. Con preocupaci¨®n, Apolo mir¨® por la ventana del carruaje para observar la gran columna de ¨¢rboles negros con hojas rojas en los costados del camino. Este era el gran bosque negro, cuyo nombre proven¨ªa del hecho de que la gran mayor¨ªa de ¨¢rboles del bosque ten¨ªan corteza de color negro. El bosque siempre estuvo pegado al castillo de la familia de Apolo y esto se deb¨ªa fundamentalmente al hecho de que el mismo nunca fue explotado econ¨®micamente por nadie. Para la familia de Apolo, estos ¨¢rboles eran sagrados, ya que seg¨²n la historia familiar: el fundador de su familia hab¨ªa sobrevivido a una brutal batalla absorbiendo la fuerza de uno de estos ¨¢rboles. Para devolver el favor de salvarle la vida, el fundador de la familia construy¨® un castillo en el medio del bosque con el objetivo de que sus descendientes lo protegieran para la eternidad. Y as¨ª fue como ocurri¨®, ya hab¨ªan pasado dos mil a?os desde que su familia fue fundada y durante todo ese tiempo jam¨¢s incumplieron la promesa de proteger el bosque. No obstante, lo m¨¢s parad¨®jico de la pesadilla de Apolo era que por m¨¢s que ¨¦l haya crecido toda su vida en estos bosques y su familia haya estado durante dos milenios en este lugar, no hab¨ªa un solo registro de la existencia de un acantilado como el de sus pesadillas en estos bosques. Durante 12 largos a?os, Apolo siempre sal¨ªa a explorar el bosque buscando el sitio donde ocurr¨ªan sus pesadillas: tratando de obtener pistas acerca de lo que realmente pas¨® el d¨ªa que Helena no regres¨® al castillo nunca m¨¢s. No obstante, pese a su empe?o, el joven jam¨¢s pudo hallar el acantilado, ni sus alrededores, ni alguna pista que lo acercara a la gran verdad que tanto a?oraba. Ese era el gran motivo por el cual Apolo nunca quiso abandonar este castillo; el muchacho sab¨ªa que una vez que se fuera a la capital tendr¨ªa que abandonar la esperanza de poder encontrar el acantilado de sus sue?os. Y m¨¢s importante a¨²n, Apolo tendr¨ªa que abandonar la esperanza de descubrir lo que realmente ocurri¨® en su ¨²ltima aventura con Helena. Sin embargo, aparentemente la paciencia de su abuelo se termin¨® agotando y la exploraci¨®n de Apolo termin¨® de forma abrupta sin el final feliz que tanto esperaba admirar. Ya que en la mente del joven, la esperanza de que Helena a¨²n siguiera viva nunca se hab¨ªa apagado: tal vez y solo tal vez, Helena no muri¨® en los bosques negros en su ¨²ltima aventura y en realidad decidi¨® marcharse del castillo para vivir su propia vida llena de alegr¨ªas, regal¨¢ndole el anillo de bronce a Apolo como regalo de despedida. Pero lamentablemente, la cruel realidad es que las oportunidades de que eso fuera lo que realmente ocurri¨® ese ¨²ltimo d¨ªa de aventuras son min¨²sculas. E9-El Pueblo Los dos carruajes siguieron avanzando por el camino rodeado de ¨¢rboles, hasta que finalmente lograron salir del bosque. El cambio en el paisaje fue radical y los campos de trigo dorado llenaron la visi¨®n del joven que observaba con curiosidad el paisaje, dado su fuerte resistencia a salir del castillo y alejarse del bosque, esta era la primera vez que Apolo ve¨ªa los campos donde trabajaban los granjeros de los que tanto hab¨ªa escuchado hablar. Y este paisaje dorado tambi¨¦n indicaba que Apolo finalmente hab¨ªa salido de sus tierras, debido a que los alrededores del bosque no pertenec¨ªan a su familia y eran propiedad de otra familia noble vecina. Tras unos pocos kil¨®metros m¨¢s, las casas en el interior de los campos comenzaron a hacerse cada vez m¨¢s abundantes, hasta que finalmente los dos carruajes llegaron al pueblo donde se alojaba la familia noble vecina y tambi¨¦n el lugar donde la caravana que se dirig¨ªa a la capital se encontraba. La caravana como tal estaba compuesta por una gran cantidad de carruajes y personas que por distinto motivo ten¨ªan que viajar a la capital: entre las personas que compon¨ªan la caravana hab¨ªa desde comerciantes en busca de completar su ruta comercial, hasta plebeyos que buscaban mejorar su calidad visitando tierras m¨¢s pr¨®speras. Y por supuesto, tambi¨¦n hab¨ªa nobles como Apolo que buscaban mejorar su posici¨®n pol¨ªtica en la sociedad para as¨ª poder conservar el estilo de vida al cual estaban acostumbrados. En su gran mayor¨ªa, las personas pertenecientes a la caravana eran hombres debido a las tradiciones culturales del imperio: el cual exig¨ªa que los t¨ªtulos nobiliarios fueran portados por una cabeza masculina, por familia. Por tanto, si no hab¨ªa un solo hombres con capacidad de heredar, el t¨ªtulo era ?convenientemente? devuelto al emperador o al noble al cual el t¨ªtulo deb¨ªa obediencia directa en cuesti¨®n y dicho noble/emperador pod¨ªa disponer del mismo como quisiera, por ejemplo intercambi¨¢ndolo por poder pol¨ªtico con alg¨²n noble poderoso o contentando a alg¨²n familiar sin tierras. Dicha tradici¨®n de herencias nobiliarias se incorpor¨® con el tiempo tambi¨¦n en la vida de los plebeyos, por lo que las pocas mujeres observables en la caravana eran las que viajaban en familia con sus hijos o las que hab¨ªan sido desplazadas de sus tierras por la miseria o la guerra. You might be reading a pirated copy. Look for the official release to support the author. No obstante, dicha tradici¨®n nobiliaria no implicaba que las mujeres carecieran de cierto poder pol¨ªtico e influencia en el imperio. El mejor ejemplo ser¨ªa la madre de Apolo, dado que su familia no aceptaba que las hijas se casaran fuera de la familia, por tanto, los hombres de las familias nobles que se casaban con las mujeres de su familia eran mandados estrat¨¦gicamente a perder el status de candidatos al t¨ªtulo nobiliario o al ?trono? de sus respectivas familias de nacimiento. Dichas estrategias eran com¨²nmente usadas en familias numerosas con el fin de que no se provocar¨¢ una guerra interna por la herencia del t¨ªtulo; otra forma de lograr inhabilitar la herencia a alg¨²n miembro de la familia fue justamente la aplicada con Apolo, es decir, mandando al posible candidato a ser convertido en un mago del imperio. Dejando la pol¨ªtica de lado, el motivo por el cual estas caravanas de viajes se armaban era debido a la gran longitud de los viajes y a la inseguridad general del territorio. Si bien el riesgo de ser robado no era demasiado grande, todav¨ªa exist¨ªa si uno viajara solo. No obstante, lograr robar a tanta gente como la que hab¨ªa en estas caravanas era una tarea imposible para un grupo de ladrones. Al ver tanta gente caminando por las calles de tierra, Apolo con temor decidi¨® por primera vez en mucho tiempo sacarse el anillo de bronce de su mano y esconderlo en su bolsillo. Para alguien como ¨¦l, que hab¨ªa nacido y crecido en un castillo poco poblado, esta era la primera vez que ve¨ªa tanta gente en su vida; para ser sinceros, Apolo ni siquiera era consciente de que exist¨ªa tanta gente en el exterior de sus tierras. Lo cual tampoco es muy raro, ya que el castillo de la familia de Apolo solo era una gran fortaleza en la cual viv¨ªa su familia y los criados, nadie m¨¢s pod¨ªa vivir en el bosque y su familia, hist¨®ricamente aislacionista, nunca acept¨® visitas al castillo. Por el vidrio del carruaje, Apolo observ¨® con curiosidad y nerviosismo como la gente iba y ven¨ªa por todos lados. Como es l¨®gico, el pueblo estaba m¨¢s vivo que nunca gracias a la llegada de la caravana: todos los ni?os ten¨ªan ganas de ver qu¨¦ curiosidades hab¨ªa tra¨ªdos los comerciantes de tierras lejanas, los hombres adultos con curiosidad entablaron conversaciones con los campesinos de otras tierras en busca de intercambiar consejos y aprender curiosidades. Mientras que algunas madres oportunistas buscaban que sus hijas pudieran casarse con alg¨²n rico comerciante y as¨ª poder darle una mejor oportunidad de vida que la que tendr¨ªan si se casaban en el pueblo. E10-Homero El carruaje fue avanzando con lentitud por la calle llena de gente, hasta que Apolo pudo distinguir una cara familiar entre las personas de la caravana y observ¨® c¨®mo dicha persona se qued¨® mirando el carruaje donde ¨¦l viajaba con cierta expectativa. La persona en cuesti¨®n se trataba del hermano menor de Apolo: Homero. Al igual que la mayor¨ªa de miembros de su familia, su hermano menor era f¨¢cilmente distinguible debido a que era inusualmente alto en comparaci¨®n con las otras personas, al punto de que le sacaba medio cuerpo de altura al resto de seres humanos con facilidad. Para colmo, el hermano menor de Apolo era bastante gordo, por lo que destacaba demasiado cuando se paraba en el medio de un gran grupo de personas. Al igual que Apolo, su hermano ten¨ªa el pelo negro y los ojos negros. Los dos nobles vest¨ªan ropa bastante elegante, pero Homero vest¨ªa ropa particularmente opulenta y llamativa como la mayor¨ªa de comerciantes del imperio: parecer¨ªa que cuantos m¨¢s colores pudiera tener la ropa de una persona, m¨¢s riqueza ostentaba, por lo que la ropa de Homero era un popurr¨ª de colores. Al igual que Apolo y todos los miembros masculinos de su familia, su hermano menor tambi¨¦n ten¨ªa un anillo de oro con un hombre con los brazos extendidos a los cielos inscripto en el medio. Al ver a su hermano menor, Apolo volvi¨® a poner la mano en el bolsillo en donde hab¨ªa guardado su anillo de bronce y con cautela volvi¨® a pon¨¦rselo: ser¨ªa raro que su hermano lo viera sin el anillo y en la mente de Apolo nadie era de confianza cuando se trataba de proteger el anillo. Aunque la gran realidad es que Homero ven¨ªa de un viaje que le tom¨® casi un a?o, por lo que poco podr¨ªa importarle una baratija oxidada. ¡ªJoven se?or, su hermano est¨¢ afuera esper¨¢ndolo¡ªComent¨® el conductor del carruaje, al notar que Apolo no bajaba a saludar a su hermano. ¡ªDile que entre¡¡ªRespondi¨® Apolo mirando a la gente alrededor de su hermano con much¨ªsima desconfianza. Al escuchar la respuesta, el conductor quiso recordarle a Apolo que su hermano era demasiado gordo como para entrar en este carruaje. Pero temiendo las represalias del miembro menos amigable de la familia a la que serv¨ªa, el conductor procedi¨® a seguir las instrucciones al pie de la letra y s¨¦ baj¨® del asiento de conductor para invitar a Homero a entrar al carruaje. Homero, con un disgusto no disimulado, se acerc¨® al carruaje. Y sin mostrar ning¨²n tipo de modales, el gigante abri¨® la puerta con violencia, casi arranc¨¢ndola, solo para observar como su hermano se encontraba acurrucado en el asiento del carruaje, mir¨¢ndolo fijamente. Stolen content warning: this tale belongs on Royal Road. Report any occurrences elsewhere. ¡ªMierda, est¨¢s incluso m¨¢s flaco y petiso que antes¡¡ªComent¨® Homero con preocupaci¨®n, olvid¨¢ndose de su enojo al ver el mal estado del cuerpo de su hermano mayor. ¡ª?No vas a entrar?¡ªPregunt¨® Apolo mirando c¨®mo la gente de la calle los observaba con curiosidad. ¡ªY al parecer tambi¨¦n est¨¢s mucho m¨¢s idiota que antes¡¡ªMurmur¨® Homero mientras se apretaba los royos de la pansa¡ªAcaso la falta de buen sue?o te termin¨® de arruinar la cabeza, ?O de verdad crees que con esta barriga puedo entrar por esta puertita de mierda? ¡ªSupongo que no¡¡ªRespondi¨® toscamente Apolo ignorando los insultos de su hermano menor; ¨¦l lo conoc¨ªa lo suficiente para saber que su hermano siempre fue mal hablado y que no buscaba ofenderlo realmente. ¡ª?No vas a bajar abrazarme?¡ªPregunt¨® Homero con molestia¡ªHace m¨¢s de un a?o que no nos vemos, podr¨ªas poner un poco m¨¢s de esfuerzo y ser m¨¢s considerado con tu hermanito menor, ?No te parece?. Para colmo me contaron que te diriges a la capital, si es as¨ª no vamos a vernos en a?os. ¡ªNo quiero salir, hay mucha gente¡¡ªComent¨® Apolo r¨¢pidamente¡ª?No podemos ir a alg¨²n lugar m¨¢s solitario?. ¡ªTe dir¨ªamos que fu¨¦ramos a la taberna, pero en ese sitio hay incluso m¨¢s gente¡ªComent¨® Homero recordando que su hermano era bastante solitario y no era de andar mucho con los criados desde el accidente que ocurri¨® con Helena¡ª?Qu¨¦ tal si hablamos en mi carruaje?, Despu¨¦s podr¨ªamos ir a visitar al se?or local de seguro nos atienden con un fest¨ªn. ¡ªSi no le conozco ni la cara¡¡ªRespondi¨® Apolo con disgusto; justamente a la persona que menos quer¨ªa ver era al jefe del pueblo vecino: en su mente todo se resum¨ªa a que cuanto m¨¢s poder uno ten¨ªa, m¨¢s probable era que le robara su anillo. ¡ªDa igual que no nos conozca, en primer lugar somos vecinos y en segundo lugar: ?Es solo un miserable noble de segunda!¡ªRespondi¨® Homero con una inusual confianza. ¡ªNo me interesa verle la cara a un noble sin importancia, ya tuve demasiado estr¨¦s en la fiesta de despedida y estoy algo cansado de las formalidades¡ªComent¨® Apolo buscando una buena excusa¡ª?Qu¨¦ tan lejos est¨¢ tu carruaje? ¡ªEs entendible¡ Mi carruaje est¨¢ a unas pocas cuadras, al lado de la taberna, preparando todo para regresar al castillo¡ªComent¨® Homero, no insistiendo m¨¢s con la idea de visitar al se?or local¡ªVen, baja, te lo mostrar¨¦, estoy seguro de que te sorprender¨¢s: ?Es el mejor carruaje que hay en todo el imperio!. Realmente me cost¨® una buena fortuna, pero cuando lo veas entender¨¢s por qu¨¦ vali¨® la pena gastar tantos cristales. ¡ªBueno, ve yendo, nos reunimos all¨¢¡ªRespondi¨® Apolo de mala gana, cerrando la puerta del carruaje en la cara de su hermano. ¡ª?Pero me est¨¢s jodiendo!, ?como me vas a hacer caminar a mi solo?¡ªSe quej¨® Homero con disgusto, tratando de contener su enojo. ¡ª?Avance conductor!¡ªGrit¨® Apolo fr¨ªamente desde el interior del carruaje. El conductor mir¨® la cara enojada de Homero que miraba mordi¨¦ndose los dientes a Apolo tras el vidrio del carruaje. Con miedo a no saber qu¨¦ hacer para no quedar mal, el criado decidi¨® seguir las instrucciones de Apolo e ignorando el disgusto de Homero, parti¨® hacia la taberna del pueblo. E11-Mal entendido Tras unos pocos minutos, Apolo pudo observar desde la ventana el carruaje de su hermano. Tal como el joven esperaba, el carruaje de Homero no solo era pr¨¢cticamente dos veces m¨¢s grande que el suyo, sino que adem¨¢s su apariencia era mucho m¨¢s opulenta: contando con estatuillas de oro y gemas excesivamente llamativas, siguiendo el estilo de la ropa que Homero vest¨ªa; es decir, crear un popurr¨ª de colores llamativos sin seguir ning¨²n sentido est¨¦tico. Percat¨¢ndose de que el conductor hab¨ªa detenido la marcha, Apolo procedi¨® a espiar por la ventana los costados de la calle donde el carruaje de su hermano estaba estacionado. Cuando not¨® que no hab¨ªa tanta gente caminando por la zona, el joven abri¨® la puerta con velocidad y sali¨® corriendo con la mano que ten¨ªa el anillo de bronce oculta en su bolsillo, como si temiera que alguien fuera a intentar robarle en estos pocos metros. Prestando poca atenci¨®n a los modales, el joven ignor¨® al guardia del carruaje de su hermano, el cual se encontraba mirando con sospecha como un intruso hab¨ªa bajado de otro carruaje y se aproximaba sospechosamente al que estaba custodiando. Mientras toda esta pintoresca escena ocurr¨ªa, Homero, que estaba por llegar a su propio carruaje, observ¨® desde la distancia con una sonrisa vengativa en el rostro; expectante de ver c¨®mo responder¨ªa el guardia de su carruaje: el cual ¨¦l sab¨ªa que no conoc¨ªa la identidad de su hermano. Y efectivamente lo m¨¢s que evidente ocurri¨®: cuando Apolo estuvo a unos pocos metros del carruaje, el guardia salt¨® sobre el joven tir¨¢ndolo al piso. Dada la mala condici¨®n f¨ªsica de Apolo, sin mucho esfuerzo el guardia logr¨® reducir al joven atrapando la ¨²nica mano que ten¨ªa libre: ya que la otra, Apolo, no la sacar¨ªa de la seguridad de su bolsillo por ning¨²n motivo. Teniendo a la sabandija controlada, el guardia procedi¨® a usar el peso de su cuerpo para evitar que pudiera escapar de su agarre. ¡ª?Ladr¨®n!, ?Ladr¨®n!, ?Llamen a los guardias del pueblo!¡ªComenz¨® a gritar el guardia del carruaje con enojo, alterando a las personas que estaban bebiendo dentro de la taberna, provocando que las mismas comenzaran a salir para ver que estaba ocurriendo afuera. Ensure your favorite authors get the support they deserve. Read this novel on the original website. Por otra parte, el conductor de Apolo hace tiempo hab¨ªa bajado del carruaje para tratar de encontrar a Homero y de esa forma detener al guardia desenfrenado; sin embargo, el conductor se encontr¨® que mientras todo esto ocurr¨ªa, Homero, que segu¨ªa observando en la distancia, no paraba de re¨ªr mientras se revolcaba por el suelo. Al ver lo bien que se la estaba pasando Homero, el conductor entendi¨® que Homero no ten¨ªa ninguna intenci¨®n de ayudar a su hermano mayor explic¨¢ndole la situaci¨®n al guardia de su carruaje, por lo que decidi¨® esperar a que los guardias del pueblo resolvieran el asunto. No obstante, el conductor no tuvo que esperar a que eso pasase: ya que el anillo de oro en la mano de Apolo comenz¨® a brillar. Al notar el brillo proveniente del anillo de su hermano, la risa de Homero se detuvo de repente y con miedo por lo que estaba a punto de suceder, se levant¨® r¨¢pidamente mientras gritaba con desesperaci¨®n: ¡ªPara, manga de idiota, es el mejor guardia que tengo: ?No lo mates! El guardia, que estaba aplastando a Apolo con su peso, reconoci¨® la voz de Homero y preocupado por sus palabras, mir¨® con desesperaci¨®n como el anillo del joven que estaba reteniendo no paraba de emitir un brillo extra?o. Sin embargo, antes de que el hombre inscrito en el anillo lograr¨¢ cerrar sus brazos para abrazarse a s¨ª mismo, Homero ya hab¨ªa llegado y con violencia empuj¨® al guardia, evitando que siguiera apoyando su cuerpo contra el de Apolo. Tras liberarse del agarre del guardia, Apolo logr¨® levantarse del piso siendo lo suficientemente habilidoso como para no sacar la mano escondida en su bolsillo y observ¨® con cautela como su hermano hab¨ªa llegado al rescate. Sin preguntarle mucho, Apolo corri¨® hacia el costado de su hermano y puso su espalda contra la suya mientras observaba con horror como todas las personas que hab¨ªan salido de la taberna y los guardias del pueblo lo estaban rodeando con miradas poco amigables. ¡ªVa a estar jodido salir de esta¡¡ªMurmur¨® Apolo a su hermano exagerando la situaci¨®n, entendiendo que esta pod¨ªa ser su ¨²ltima y primera gran batalla. ¡ªPero qu¨¦ mierda est¨¢s diciendo¡¡ªComent¨® Homero con una sonrisa ir¨®nica ante el delirio de su hermano, recordando con felicidad como esta era una postura que sol¨ªan practicar los dos en los entrenamientos militares que sol¨ªan realizar de ni?os. Sin embargo, r¨¢pidamente Homero not¨® la mirada de los hombres que lo estaban rodeando y su sonrisa poco a poco comenz¨® a desvanecerse: reci¨¦n ah¨ª el gigante se dio cuenta de que para estos desconocidos ¨¦l hab¨ªa ayudado al ladr¨®n y no al guardia de su propio carruaje. E12-Los Hermanos ¡ª?Abran paso, Abran paso!¡ªComenz¨® a gritar alguien mientras corr¨ªa a la multitud que se hab¨ªa api?ado a observar como atrapaban al ?ladr¨®n?. Poco a poco la persona que andaba gritando logr¨® hacerse paso hasta llegar a observar la situaci¨®n. Por la espada en la cintura y la armadura de cuero finamente decorada, Homero distingui¨® que se trataba del jefe de los guardias del pueblo, el cual l¨®gicamente hab¨ªa concurrido para solucionar el problema que andaba causando un alboroto en la salida de la taberna: teniendo en cuenta que una gran caravana llena de desconocidos estaba pasando por el pueblo, era evidente que los guardias iban a estar m¨¢s atentos que de costumbre, por lo que no hab¨ªan tardado en llegar. ¡ª?Alguien puede explicarme qu¨¦ est¨¢ pasando ac¨¢?¡ªPregunt¨® el jefe de los guardias con dudas, al principio ¨¦l pensaba que solo ten¨ªa que detener a un par de ladrones, pero viendo lo bien vestidos que estaban los ?ladrones? parec¨ªa m¨¢s un conflicto entre borrachos a la salida de la taberna. ¡ªNo est¨¢ pasando nada, ?Acaso usted ve algo anormal?¡ªDijo Homero en tono altivo, mientras mostraba el anillo de oro en su mano al jefe de los guardias. ¡ª?Pero quien carajos¡!¡ªComenz¨® a gritar el jefe de los guardias con enojo al escuchar el tono carente de respeto alguno por la autoridad proviniendo del gordo ?borracho?, pero antes de terminar su frase vio la inscripci¨®n del anillo de oro en la mano del gordo. Al percatarse del grave error que hab¨ªa cometido el jefe de los guardias con una destreza digna de su puesto y sin titubear, mir¨® con enojo a la muchedumbre reunida para continuar su grito: ¡ª?¡ son ustedes para andar fisgoneando en los asuntos de una familia noble! ?Disp¨¦rsense inmediatamente o los apreso a todos! Al escuchar la palabra noble, la gran mayor¨ªa de personas no borrachas bajaron la cabeza y trataron de escapar lo m¨¢s r¨¢pido posible para no meterse en problemas: bien era sabido por los plebeyos que quien dicta o hace cumplir la ley era alguien de evitar cuando estaba enojado. Por su parte, los borrachos, intimidados por las espadas en las cinturas de los guardias, siguieron la corriente de la mayor¨ªa de las personas y volvieron a entrar a la taberna. ¡ª?Necesita alguna ayuda m¨¢s, joven se?or?¡ªPregunt¨® el jefe de los guardias con una sonrisa notoriamente forzada. ¡ªNo, como bien usted ya dijo: no se meta en nuestros asuntos¡ªComent¨® Homero de forma orgullosa, mirando fijamente al jefe de los guardias. Tras decir eso, viendo a su hermano mayor completamente paralizado por los nervios, Homero no esper¨® a que la multitud se dispersara y decidi¨® tomarlo de la mano y empujarlo hasta meterlo en su carruaje. Una vez adentro del carruaje, Homero se preocup¨® en cerrar las cortinas de las ventanas para que nadie pudiera fisgonear desde afuera la charla con su hermano. Por su parte, Apolo al ver cerrarse las cortinas del carruaje volvi¨® a sentirse seguro y poco a poco fue recuperando su compostura. ¡ª?Qu¨¦ mierda fue lo de reci¨¦n?¡ªPregunt¨® Homero con algo de miedo por la seguridad de su hermano estando solo en la capital. ¡ª?Un ataque! Eso fue lo que ocurri¨® y para colmo dejaste escapar al agresor: ?Gordo Insensato!¡ªGrito Apolo a¨²n alterado¡ª?Qu¨¦ no aprendiste nada de las clases de estrategia?, ?Cuando tienes al enemigo acorralado hay que actuar r¨¢pido o si no podr¨ªan aparecer sus refuerzos! The narrative has been stolen; if detected on Amazon, report the infringement. ¡ª?Era el guardi¨¢n de mi carruaje, idiota! ?Qu¨¦ mierda esperabas que hiciera!¡ªGrito Homero con molestia¡ª?Por nuestros ancestros, Apolo! Ya no est¨¢s en el castillo, no puedes actuar as¨ª frente a los plebeyos: la gente de afuera no sabe qui¨¦n eres y te juzgan por lo que t¨² aparentas que eres, por lo que hay que actuar como lo que somos: ?Nobles!, ?T¨² eres el idiota que se olvid¨® completamente la clase de modales! ¡ª¡¡ªApolo no se molest¨® por los gritos de su hermano menor y en su lugar trat¨® de comprender cu¨¢l fue su error; sin embargo, en su cabeza todo fue correcto hasta que lo atacaron desprevenidamente. Al notar el silencio de su hermano mayor, Homero dej¨® de gritar; tom¨¢ndose un tiempo para respirar y recomponer la paciencia. Mientras esperaba alguna respuesta de su hermano, Homero not¨® que Apolo a¨²n escond¨ªa una de sus manos en los bolsillos, fue entonces que el gigante se percat¨® de que nunca la hab¨ªa sacado. Por lo que Homero pregunt¨® con curiosidad, tratando de cambiar el tema de charla a uno m¨¢s amigable: ¡ª?Que guardas en el bolsillo?, por como lo defendiste durante el ?ataque?, mi instinto de comerciante me dice que debe ser algo valioso. ¡ª?No guardo nada!¡ªRespondi¨® instant¨¢neamente Apolo volviendo a ponerse nervioso ¡ªSinceramente¡¡ªComent¨® Homero tom¨¢ndose una pausa¡ª¡ Eres el peor mentiroso que conocido en mi vida y cr¨¦eme, Apolo, que no te miento cuando te digo que como comerciante he conocido m¨¢s mentirosos y embusteros de los que me gustar¨ªa conocer. ¡ªSolo es el anillo de bronce que siempre llevo puesto¡¡ªRespondi¨® Apolo en tono bajo al sentirse que no hab¨ªa posibilidad de seguir ocultando la verdad, mientras forzadamente proced¨ªa a sacar la mano de su bolsillo para ponerla en una posici¨®n m¨¢s natural. ¡ª?Ah!, ?El anillo de Helena?, Con raz¨®n lo proteg¨ªas tanto¡¡ªComent¨® Homero con algo de pena, recordando que en su infancia su hermano siempre andaba con esa criada. ¡ªMi anillo¡¡ªCorrigi¨® Apolo inconscientemente¡ªHelena ya muri¨®¡ por desgracia. ¡ª?Un accidente realmente tr¨¢gico!¡ªComent¨® Homero con tristeza¡ªSiempre me pareci¨® un gran gesto de tu parte, proteger tan preciadamente el ¨²nico recuerdo que queda de ella. Por desgracia yo no llegu¨¦ a conocer tanto a Helena, era muy joven cuando muri¨®, por lo que vagamente recuerdo su cara: ?De seguro fue una gran amiga! ¡ªS¨ª, era la ¨²nica criada que me trataba como un amigo y no como el ?joven se?or? ¡ªRespondi¨® Apolo con algo de melancol¨ªa ¡ªQu¨¦ suerte, la tuya, yo nunca conoc¨ª alguien as¨ª en el castillo¡¡ªDijo Homero con tristeza¡ªSin embargo, s¨ª que conoc¨ª una gran cantidad de personas durante mi a?o de viaje: ?El mundo afuera es realmente grande!. En la capital de seguro encuentras algunos amigos como Helena, aunque lo mejor es mantenerse separado de los plebeyos. ¡ª?Por qu¨¦ hay que mantenerse separado?¡ªPregunt¨® Apolo con desconcierto ¡ªPorque podr¨ªas olvidarte quien eres, Apolo¡¡ªRespondi¨® Homero con calma, como si esas palabras le pesaran m¨¢s de la cuenta¡ªEn el fondo somos distintos a los plebeyos: nuestra sangre no es la misma. ¡ª?Acaso no es roja su sangre?¡ªComent¨® Apolo con iron¨ªa, sin entender del todo el planteo de su hermano. ¡ªJa, ja, ja¡ªR¨ªo Homero tom¨¢ndose la pansa, mientras su papada se mov¨ªa para todos lados ¡ªRealmente te extra?aba, Apolo, debes ser la ¨²nica persona en este mundo que me hace dudar si lo que acabas de preguntar fue en serio o simple iron¨ªa. Cr¨¦eme cuando te digo, que de las muchas personas que conoc¨ª durante mi viaje te puedo asegurar que no hay nadie que se te parezca. ¡ªY esa es mi maldici¨®n: odio destacar, sin embargo, siempre estoy destacando¡¡ªSuspir¨® Apolo con cansancio. ¡ªJa, ja, ja y aun as¨ª¡ ?Quer¨ªas convertirte en mago?¡ªContinu¨® ri¨¦ndose Homero mientras trataba de hablar con normalidad; pese a que su risa se lo imped¨ªa¡ªEsos malnacidos viven y muren por los halagos. *Ja, ja, ja, ja, ja, ja* Rompi¨® en rizas Apolo, hace tiempo no re¨ªa, por lo que le cost¨® bastante y casi se muere por quedarse sin aire, pero con esfuerzo logr¨® sacar las siguientes palabras: ¡ªS¨ª, me acabo de meter en un gran problema, pero as¨ª es mi suerte: ?Todo va de mal en peor! *Ja, ja, ja, ja, ja, ja* R¨ªo como un desgraciado Homero al ver a su hermano poni¨¦ndose rojo como un tomate de tanto re¨ªrse mientras luchaba por respirar. E13-El lado negativo ¡ªTu gran problema es que solo est¨¢s viendo el lado negativo de las cosas¡ªComent¨® Homero con los cachetes rojos de tanto re¨ªrse¡ªPi¨¦nsalo desde este punto: ahora ya no tienes que preocuparte por los asuntos en el castillo o el futuro de la familia, ?La vida del exiliado es mucho m¨¢s libre que la vida del heredero! ¡ªSupongo que tienes raz¨®n¡¡ªRespondi¨® Apolo pensativamente, ¨¦l nunca se hab¨ªa planteado cuanto trabajo realmente tiene la persona a cargo de la familia, literalmente todos dependen de su gesti¨®n: un error y el futuro de todos tus parientes quedar¨ªa comprometido. ¡ªClaro que tengo raz¨®n, idiota¡ªComent¨® Homero con orgullo¡ª?Por qu¨¦ crees que corr¨ª a convertirme en un comerciante cuando tuve la oportunidad?, fue para escaparme de las paredes de ese castillo. No quer¨ªa convertirme en uno de los grandes h¨¦roes de nuestra familia, solo quer¨ªa disfrutar de la vida siendo un gordo feliz. ¡ª?No te gustar¨ªa que describan tus haza?as en los libros de la familia?¡ªPregunt¨® Apolo con sospecha¡ªProbablemente eres el que m¨¢s abusa del t¨ªtulo de noble en nuestra familia; yo ni sab¨ªa que ese guardia desconocido nos respetar¨ªa tanto por ser nobles. ¡ªMe encantar¨ªa, pero la historia de nuestra familia solo recuerda a los muertos en combate¡¡ªContest¨® Homero con cierta pena, mientras corr¨ªa la cortina del carruaje para observar la ajetreada vida de las personas en las calles del pueblo¡ªSin embargo, gracias a esos muertos puedo vivir tan bien, claramente les debo mucho y no pienso pagarles esa deuda nunca: Los h¨¦roes de este imperio viven cada vez menos y en estos tiempos los cobardes son los que m¨¢s abundan en las diversas familias nobles, por lo que no veo motivo para no seguir su buen ejemplo y un¨ªrmeles en su cobard¨ªa: ?Que nos defiendan los insensatos!. Por mi parte despu¨¦s de tanto viajar, aprend¨ª que prefiero ser olvidado por los textos y morir con mis propios recuerdos alegres. Por inercia, Apolo tambi¨¦n observ¨® a la gente en la calle: todos se mov¨ªan apuradamente hacia alg¨²n objetivo incierto, pero al parecer por la velocidad de sus pasos: ?Un objetivo importante!, y parad¨®gicamente, un objetivo completamente irrelevante para ¨¦l y su hermano. Homero not¨® que su hermano se hab¨ªa quedado reflexionando en su mundo interno, por lo que rompi¨® el silencio inc¨®modo comentando: ¡ªTe recomendar¨ªa que t¨² tambi¨¦n aprendieras a disfrutar un poco de la gloria otorgada por los ca¨ªdos, sin preocuparte tanto en devolverles esa deuda: por tu f¨ªsico desgastado parecer¨ªa que desde la muerte de Helena te has preocupado m¨¢s por pagar alguna clase de deuda que por vivir tu vida. ¡ªPodr¨ªa ser¡¡ªComent¨® Apolo mirando a la gente de afuera a¨²n m¨¢s pensativamente; pensando con iron¨ªa en como se hab¨ªa atormentado por 12 a?os, tratando de descifrar lo que hab¨ªa ocurrido en un solo d¨ªa¡ª¡ Y lo m¨¢s triste es que talvez sea una deuda insignificante¡ ¡ªUn noble no tiene por qu¨¦ saldar las deudas de una criada, Apolo¡¡ªDijo Homero con frialdad¡ªComo te hab¨ªa dicho: si uno se junta demasiado con los plebeyos, tiende a pensar que somos iguales: nos olvidamos que nuestra sangre vale mucho m¨¢s y terminas haciendo idioteces que solo acaban conden¨¢ndote¡ ¡ª?Valgo m¨¢s que esas personas de afuera?¡ªPregunt¨® Apolo, m¨¢s interesado en obtener una confirmaci¨®n que en satisfacer una duda, mientras frotaba obsesivamente el anill¨® de bronce en su mano. ¡ªSolo para los ojos correctos¡¡ªComent¨® Homero con una sonrisa de auto-burla, mientras se frotaba los rollos de la pansa con alegr¨ªa¡ªTodo depende del ojo del comerciante que te est¨¦ valuando. Por eso es relevante que el comerciante m¨¢s importante de estas tierras nos siga considerando como gemas, porque solo as¨ª seremos realmente gemas y no vidrios de colores. Reading on Amazon or a pirate site? This novel is from Royal Road. Support the author by reading it there. ¡ª?Y como aparentamos ser gemas?¡ªPregunt¨® Apolo entendiendo que su hermano se estaba a refiriendo a la opini¨®n del emperador ¡ªEn mi caso: siendo rico y creando riqueza a donde vaya¡ªRespondi¨® Homero, orgulloso de poder compartir la sabidur¨ªa ganada en sus viajes con su hermano mayor¡ªEn el caso de Hermes trayendo victorias por honor, por su parte Fausto solo debe sentarse en el trono sin hacer nada, pero escucha bien: ?Sin hacer nada!. Y en tu caso, Apolo¡ Homero se tom¨® una pausa tratando de pensar una buena respuesta para su hermano, pero lo cierto era que no hab¨ªa demasiados magos en el imperio, por lo que era muy complicado hacerse una opini¨®n sincera de porque el emperador los estimaba. ¡ªSupongo que inventando algunas cosas ¨²tiles¡ªComent¨® Homero no tan conforme con su respuesta¡ªCuanto m¨¢s ¨²til, m¨¢s te van a apreciar. As¨ª que trata de descubrir qu¨¦ cosas le gustan a los nobles y satisface esos problemas con inventos ¨²tiles. Desde el otro lado de la moneda, probablemente al emperador le disguste los farsantes que malgastan sus riquezas y no logren nada. ¡ª?Y qu¨¦ pasar¨ªa si no logro inventar nada y disgusto al emperador?¡ªPregunto Apolo con temor. ¡ªEntonces el emperador se la tendr¨¢ que comer doblada, mientras malgastas su dinero, ja, ja, ja¡ªR¨ªo Homero como un desquiciado mienta se frotaba los rollos de la pansa con alegr¨ªa¡ªEso es lo hermoso de poder pararse en los hombros de nuestros ancestros. ¡ª?T¨² crees?¡ªPregunt¨® Apolo con temor¡ªNuestra familia solo tuvo cuatro magos en su historia: no es que haya muchos ancestros sobre los cuales apoyarse. ¡ªBueno, eso es verdad¡¡ªComent¨® Homero mientras recuperaba su compostura y volv¨ªa a cerrar la cortina de la ventana con temor a los ojos de afuera¡ªSin embargo, la familia del emperador le debe demasiado a nuestros muertos como para poder hacer algo en contra tuya. Dir¨ªa que debes preocuparte m¨¢s de las otras familias nobles que merodean por la capital, sobre todo las familias nobles de segunda categor¨ªa, las cuales est¨¢n m¨¢s dispuestas a abusar de tu nombre que en darte una mano cuando la necesites. ¡ª?La capital es insegura?, no quiero ir a un sitio inseguro¡¡ªPregunt¨® Apolo cada vez m¨¢s nervioso, mientras volv¨ªa esconder la mano con el anillo de forma instintiva. ¡ªClaro que es insegura: ?Es un nido de ratas!¡ªSusurr¨® Homero asegur¨¢ndose de que la conversaci¨®n no la escuchara ni el guardia del carruaje¡ªLa capital es donde los nobles sin futuro y llenos de codicia se re¨²nen, todos deseosos de poder crear su propia historia. Y para ello, esas v¨ªboras no dudar¨¢n en cortar las cabezas que sean necesarias para armarse su propia escalera a la gloria. Homero observ¨® que su hermano mayor estaba volvi¨¦ndose a poner paranoico, pero en este caso en particular desde su perspectiva lo prudente era justamente ser paranoico y no confiado, por lo que continu¨® insistiendo: ¡ªRecuerda esto, Apolo. Pase lo que pase, digan lo que te digan, den lo que te den: ?Est¨¢s completamente solo en la capital!. En la ciudad del emperador, debes ser tu propio rey o ser¨¢s usado por los otros reyes. ¡ªTa-talvez no deber¨ªa ir¡ a¡ a la ca-ca-capital¡¡ªTartamude¨® Apolo, con tanto temor que la mano con el anillo de bronce escondida en el bolsillo no le paraba de temblar¡ª¡ ?Podr¨ªa convertirme en un agricultor!, ?O incluso en un mayordomo! ¡ªPuedes hacer lo que quieras de tu vida, ahora ya fuiste exiliado: incluso puedes negar a tus ancestros¡¡ªComent¨® Homero con cierta pena al escuchar las soluciones planteadas por su hermano mayor¡ªPero recuerda que solo los nobles tienen derecho a conservar lo suyo, si re¨²sas tu estatus noble, entonces nada te asegura que alguien te arrebate lo que quiera cuando se le apetezca: por ejemplo, los guardias de este pueblo podr¨ªan robarte tu anillo si lo quisieran, solo porque tienen m¨¢s poder. ¡ª?El anillo es m¨ªo y siempre ser¨¢ m¨ªo!¡ªGrit¨® Apolo con violencia, mientras el rostro se le distorsionaba imaginando la escena planteada por su hermano. ¡ªSi quieres conservar el anillo de nuestra familia, entonces tendr¨¢s que prepararte para ir a la capital y asumir sus problemas con madurez¡¡ªRespondi¨® Homero un poco m¨¢s feliz de ver que su hermano mayor realmente si atesoraba el s¨ªmbolo de su estatus¡ªPor desgracia, esa es la mejor opci¨®n que tienes: el abuelo ya deber¨ªa haberte preparado todos los papeles para que puedas convertirte en un mago, por lo que deber¨ªa ser muy f¨¢cil que lo logres. Y una vez que logres convertirte en uno, ser¨¢s el quinto mago en la historia de nuestra familia. Recuperando su compostura, Apolo agradeci¨® que su hermano mayor se confundiera de anillos y trat¨® de recordarse a s¨ª mismo: no volver a gritar como un lun¨¢tico al frente de los dem¨¢s. E14-Mateo y Orrin Apolo y Homero continuaron hablando de sus vidas por unas cuantas horas m¨¢s. Por una parte, Homero quer¨ªa aprovechar el reencuentro y la despedida de su hermano mayor, mientras que Apolo ten¨ªa curiosidad acerca del mundo exterior al castillo. Por lo que la conversaci¨®n naturalmente se termin¨® alargando lo suficiente como para que comenzara a anochecer. Dado que la familia de Apolo ya hab¨ªa organizado una fiesta de recepci¨®n en honor a Homero para ma?ana, el mismo se vio obligado a despedirse de Apolo y comenzar su viaje de regreso al castillo. En contra partida, Apolo se reuni¨® con unos comerciantes amigos de su hermano menor y siguiendo las instrucciones de Homero, les comunico que se unir¨ªa a la caravana a partir de ahora. Como era de esperar, los comerciantes aceptaron la exigencia de Apolo y con algo de cortes¨ªa forzada le indicaron que la caravana estar¨ªa partiendo antes del anochecer. Sin mucho tiempo, ni ganas para curiosear por el pueblo, Apolo decidi¨® acostarse en su carruaje, esperando que los conductores de sus dos carruajes naturalmente arreglaran todos los problemas mundanos que pod¨ªan surgirle por su falta de experiencia y voluntad. Y efectivamente: ?As¨ª fue como ocurri¨®!. Por suerte, para la supervivencia de Apolo, los conductores ya hab¨ªan sido percatados por su madre de antemano y sab¨ªan que tendr¨ªan que lidiar con quinientos mil problemas de ahora en adelante. No obstante, para los dos conductores esto tambi¨¦n era una oportunidad pr¨¢cticamente ¨²nica: ya que pasar de ser simples criados, al mayordomo de un mago, era un paso gigante en su futuro. El primer problema mundano que surgi¨® para los conductores fue encargarse de la comida de Apolo, los dos conductores sab¨ªan que este era un tema completamente delicado: dado que en general su joven se?or no com¨ªa pr¨¢cticamente nada. Por lo tanto, los dos conductores se hab¨ªan reunido en la entrada de la taberna para discutir el primer gran problema en sus nuevas vidas Unauthorized duplication: this narrative has been taken without consent. Report sightings. ¡ª?Trajiste la lista de las cosas que come nuestro se?or, Mateo?¡ªPregunt¨® el conductor del carruaje de pertenencias, el mismo era un hombre viejo y de pelo blanco. Como su color de pelo indicaba ten¨ªa bastante experiencia siendo criado y durante casi 60 a?os hab¨ªa servido a la familia de Apolo, por lo cual ten¨ªa la absoluta confianza del jefe de la familia y por eso fue que le dieron esta oportunidad. ¡ªS¨ª, padre¡ªComent¨® Mateo mostrando una libreta negra. Por su parte, Mateo era el conductor del carruaje donde viajaba Apolo, ¨¦l era mucho m¨¢s joven y tendr¨ªa aproximadamente 30 a?os, por lo que su pelo todav¨ªa ten¨ªa un color rubio brillante. ¡ªA ver, trata de leer alg¨²n plato. Lo m¨¢s probable es que el tabernero, como la gran mayor¨ªa de plebeyos, no sepa leer y tengas que explic¨¢rselo¡ªDijo Orrin, el padre de Mateo, con cierta expectativa. Como en el imperio los oficios se heredaban de padre a hijo, era bastante l¨®gico que Orrin buscara que su hijo fuera el que heredara la posici¨®n importante de convertirse en el mayordomo de un mago, para as¨ª asegurarle un mejor futuro a su hijo. Por lo cual el viejo se hab¨ªa asegurado de antemano que su hijo fuera el conductor del carruaje donde viajaba Apolo. ¡ª?So-Sopa de po-pollo?¡ªLey¨® Mateo, con cierta duda, si bien su padre le hab¨ªa ense?ado a leer, lo cierto es que no ten¨ªa muchas oportunidades de practicar. ¡ªMuy bien, tenemos dinero de sobra, entra en la taberna y exige que te cocinen inmediatamente ese plato¡ªComent¨® Orrin, entreg¨¢ndole una tarjeta negra a su hijo. ¡ª??Exigirlo??, ?No deber¨ªa ?pedirlo??¡ªPregunto Mateo con dudas, mientras aceptaba la tarjeta que serv¨ªa como medio de pago. La misma solo serv¨ªa para almacenar la verdadera moneda del imperio: ?Los cristales?. Los cristales eran una piedra cristalina similar a las gemas, pero con propiedades especiales muy ¨²tiles para casi todas las familias nobles, por lo que eran bastante valiosos y se usaban como moneda de cambio. Como los cristales eran considerablemente grandes, no sol¨ªan utilizarse directamente y las personas adineradas empleaban alg¨²n objeto para almacenarlos, similares a la tarjeta negra que acababa de recibir Mateo. ¡ªS¨ª, ?exigirlo?. Recuerda que estamos trabajando bajo el nombre de una familia noble, de todas formas paga la comida al cantinero: as¨ª nos aseguramos que est¨¦ bien hecha¡ªComent¨® Orrin con calma, mientras se marchaba a custodiar los carruajes. E15-La Taberna Viendo como su padre regresaba a custodiar los carruajes, Mateo puso con cuidado la tarjeta negra en su bolsillo y procedi¨® a entrar en la taberna. Dada la gran cantidad de gente que estaba visitando el pueblo la taberna estaba repleta de personas; no hab¨ªa una sola mesa disponible y todos los taburetes alrededor de la barra ya hab¨ªan sido ocupados. Para colmo la taberna no era tan grande: la gran mayor¨ªa de las mesas con clientes se encontraban en el patio trasero del local y dentro de la taberna solo pod¨ªan verse algunas pocas mesas redondas llenas de asientos, las cuales si bien eran pocas, eran lo suficientemente grandes como para ocupar casi todo el local. Lo cierto es que la gran mayor¨ªa de la gente aceptaba sentarse con cualquier persona en la mesa con tal de recibir una comida bien preparada y un trago de alcohol, por lo que las conversaciones en cada mesa eran incre¨ªblemente variadas y en casi todos los casos exageradas. Por lo que pudo ver Mateo, parecer¨ªa que el cantinero hab¨ªa puesto a toda su familia a trabajar en el negocio: dado que el que estaba atendiendo en la barra era un ni?o de no m¨¢s de 10 a?os y la que serv¨ªa la comida dentro de la taberna era una chica de no m¨¢s de 12 a?os. Algo avergonzado de tener que ir a exigirle comida a un ni?o, Mateo se acerc¨® a la barra esquivando la comida en el piso y lo que aparentaba ser el v¨®mito de alg¨²n alma desafortunada. Al llegar a la barra, Mateo encontr¨® un espacio entre los taburetes y cuando tuvo la oportunidad le dijo al ?cantinero?: ¡ª?Hey, muchachito, necesito que me prepares un plato de comida! ¡ªClaro, el men¨² de hoy es caldo de verduras y caldo de carne de vaca¡ªComent¨® el ni?o mirando con felicidad a Mateo, parecer¨ªa que estaba disfrutando sentirse un poco m¨¢s adulto el d¨ªa de hoy. ¡ªNo me sirven esos men¨²s, necesito que me hagas una sopa de pollo, muchacho¡ªRespondi¨® Mateo con cierta incomodidad. ¡ªHay demasiada gente, lo siento, pero no hacemos platos particulares para cada persona¡ªDijo el ni?o moviendo la cabeza de un lado al otro exagerando su negativa. ¡ªDile a tu padre que haga una excepci¨®n, no es para m¨ª la comida es para un noble¡ªComent¨® Mateo con nerviosismo mirando como el resto de personas en la barra lo miraban de forma no tan amigable. ¡ªNo podemos hacer excepciones, solo hay caldos de verdura y vaca¡ªComent¨® el ni?o negando con la cabeza para ambos lados¡ªTendr¨¢ que conformarse con eso. Mateo, ya bastante avergonzado por tener que estar haci¨¦ndole la vida complicada a un ni?o, se prepar¨® mentalmente y se dispuso a tratar de lograr convencer al ?cantinero?, pero por suerte uno de los borrachos de la barra habl¨® antes que ¨¦l. ¡ªHey, ni?o. Ve a decirle a tu padre que la comida es para un noble, podr¨ªas meterte en problemas si no lo haces. ¡ªPero, justamente mi pap¨¢ me dijo que me negara a cocinar platos particulares¡ªRespondi¨® el ni?o de mala gana, parecer¨ªa que estaba por hacer un berrinche si le segu¨ªan llevando la contraria. ¡ª?Es para un noble!, ?Podr¨ªan encarcelar a tu padre, mocoso!, ?Ve y dile a tu padre!¡ªGrit¨® el borracho asustando al ni?o. El ni?o con algo de miedo fue a la parte de atr¨¢s de la taberna, m¨¢s con la intenci¨®n de decirle a su padre que volviera a sacar a otro borracho, que con la idea de mencionar el asunto de la comida para un noble. La parte de atr¨¢s de la taberna era una cocina com¨²n y no tan grande, solo contaba con una estufa, una mesa alargada y una despensa lo suficientemente grande como para guardar lo necesario para cocinar. ¡ª?Pap¨¢! Hay otro borracho gritando¡ªGrit¨® el ni?o con una mirada llena de temor, al entrar a la parte de atr¨¢s de la cocina. A case of content theft: this narrative is not rightfully on Amazon; if you spot it, report the violation. El padre del ni?o se encontraba batiendo un caldero bastante grande, en el interior del mismo una mescolanza de verduras pod¨ªa verse, por lo que este deb¨ªa ser uno de los men¨²s del d¨ªa. Al escuchar el grito de su hijo y ver su rostro asustado, una mueca bastante fea se form¨® en el rostro del cantinero y sin darle muchas vueltas al asunto, tomo un machete para cortar carne y le dijo a su hijo: ¡ªHaber dime quien se est¨¢ pasando de listo en mi taberna. Mientras todo esto ocurr¨ªa Mateo esperaba en la barra con una mirada triunfante en el rostro: estaba cerca de cumplir su primera gran misi¨®n; sin embargo, la expresi¨®n de triunfo no le duro mucho y se difumin¨® completamente de su rostro al ver como el verdadero cantinero sal¨ªa con el rostro enojado y m¨¢s importante a¨²n: con un machete tan grande como un palo de amasar en una de sus manos. ¡ª?Quien de ustedes le anda a gritando a mi hijo!¡ªGrit¨® el tabernero con fuerza, haciendo que todos dejaran de comer y miraran para la barra. Al escuchar el grito atronador resonando por el bar, la espalda de Mateo se llen¨® de sudor fr¨ªo y se record¨® a s¨ª mismo mantenerse fuerte: nadie le hab¨ªa dicho que ser un criado era f¨¢cil y pase lo que pase deb¨ªa irse de este local con una sopa de pollo en las manos. Pero para su fortuna antes de que pudiera comentar nada, el borracho volvi¨® a hablar por ¨¦l: ¡ªYo lo hice, N¨¦stor. Un noble te est¨¢ pidiendo comida y tu hijo se estaba reusando. ¡ª??C¨®mo?!¡ªGrit¨® con a¨²n m¨¢s enojo el tabernero mirando de arriba a abajo a su hijo y agradeciendo en su coraz¨®n que justo un vecino se encontraba fisgoneando la conversaci¨®n entre el noble y su hijo, si no las cosas podr¨ªan ponerse complicadas para su familia. El ni?o mir¨® la cara de enojo en el rostro de su padre y supo que lo mejor era fingir ser sordo y mirarlo con pena hasta que se le pase la bronca, o si no ser¨ªa castigado con severidad. ¡ª?No me mires as¨ª y dime que te hab¨ªa dicho hace unas horas!¡ªComent¨® el cantinero con disgusto al ver como su hijo lo miraba con cara de cachorro asustado. ¡ªMe-me di-dijiste que si quer¨ªa atender la barra ten¨ªa que comportarme como un adulto responsable¡ªRespondi¨® el ni?o asustado. ¡ª?Y qu¨¦ clase de adulto responsable manda a la c¨¢rcel a su familia!¡ªGrit¨® el cantinero con enojo¡ªTe mencion¨¦ espec¨ªficamente que fueras inteligente y precavido, y por lo que se ve, se nota que a¨²n no eres lo suficientemente maduro como para atender la barra: ?Ve adentro, aprende de tu error y enc¨¢rgate del caldo! ¡ªPero¡¡ªQuiso refutar el ni?o; ¨¦l con mucho esfuerzo se hab¨ªa librado de la cocina y no ten¨ªa ganas de volver al puesto de cocinero; no obstante, por la mirada fulminante de su padre, el ni?o entendi¨® que lo mejor era quedarse callado y seguir sus instrucciones. Al ver como el ni?o se marchaba, la cara de enojo en el rostro del cantinero se fue remplazando por una de preocupaci¨®n y temiendo lo que pod¨ªa ocurrir a continuaci¨®n comento con calma: ¡ªPor lo dem¨¢s, quien es el noble que hay que atender: ?Lo haremos de inmediato! ¡ªEso espero¡¡ªRespondi¨® Mateo en voz muy baja, prestando m¨¢s atenci¨®n al intimidante machete en la mano del cantinero que en el rostro preocupado del mismo. ¡ªYa ver¨¢, mi familia cuenta con los mejores cocineros de este pueblo: quedar¨¢ satisfecho y pedir¨¢ repetir el plato¡ªComent¨® el cantinero dejando discretamente el machete en el piso¡ªEspero que pueda disculpar el error de mi hijo, ¨¦l es muy joven y como dice el dicho: ?Errores de hoy, ?caminos del ma?ana??. Estoy seguro de que el peque?o aprendi¨® la lecci¨®n y no volver¨¢ a hacerle perder el tiempo alguien tan noble como usted, como disculpa le ofreceremos la comida gratis. ¡ªYo solo soy su criado¡ no tiene por qu¨¦ disculparse¡¡ªCorrigi¨® Mateo con los cachetes rojos de la verg¨¹enza; inc¨®modo al notar que la gente del bar a¨²n no reanudaba su charla y en su lugar se hab¨ªan quedado curioseando en su conversaci¨®n con el cantinero¡ªPor lo dem¨¢s pagaremos el fruto de su esfuerzo como todos los dem¨¢s: ?Cu¨¢nto vale un pollo entero? ¡ªUn tercio¡ªRespondi¨® el cantinero con alegr¨ªa al ver qu¨¦ hab¨ªa zafado del castigo. ¡ªUn tercio de cristal, ?no?¡ªPregunt¨® Mateo con incomodidad, como criado l¨®gicamente todo era pagado por el mayordomo de la casa y esta era la primera vez que compraba algo en su vida, por lo que trataba de recordar lo que hab¨ªa aprendido del mayordomo antes de iniciar el viaje. ¡ªS¨ª, un tercio de cristal¡ªRespondi¨® el cantinero con paciencia. ¡ªLe daremos tres cristales por una sopa de pollo, pero d¨¦jeme indicarle puntualmente como debe ser preparada y perm¨ªtame observar el proceso¡ªDijo Mateo mientras sacaba la libreta con las recetas. Seg¨²n lo que hab¨ªa aprendido del mayordomo el dinero siempre fue insignificante para la familia de Apolo, as¨ª que lo importante era asegurarse de la calidad de todo y no tanto de su valor. ¡ªNo tenga dudas que cumpliremos su pedido: ?pase conmigo a la cocina!¡ªRespondi¨® el cantinero con una sonrisa tan ancha que provocaba que le dolieran los cachetes. E16-Politica Sin darse cuenta mientras dorm¨ªa en el c¨®modo carruaje, Apolo hab¨ªa iniciado su largo viaje a la capital. El viaje como tal duraba 6 meses enteros y la caravana deb¨ªa ir cruzando una gran cantidad de pueblos y ciudades para finalmente llegar a su ansiado destino. Cada uno de esos pueblos pod¨ªa o no estar controlados directamente por una familia noble y en caso de que lo estuviera, Apolo, siguiendo las instrucciones de su hermano menor, se bajar¨ªa a saludar a los respectivos se?ores. Seg¨²n la clasificaci¨®n del imperio, los t¨ªtulos de las familias nobles se divid¨ªan en los siguientes grados: baron¨ªa, condado y ducado. Una baron¨ªa era dirigida por un bar¨®n, el cual era el rey de una ciudad, pueblo o castillo. Por su parte, un condado era dirigido por un conde, el cual era rey de m¨²ltiples barones, ciudades, pueblos y castillos. Por ¨²ltimo, un ducado era dirigido por un solo duque, el cual era rey de varios condes, ciudades, pueblos y castillos. Si bien todos eran reyes de sus respectivos reinos, para el imperio eran solo familias nobles, dado que el que dirig¨ªa el imperio era el emperador, el cual tambi¨¦n era llamado el rey de todos los reyes. No obstante, esta clasificaci¨®n solo serv¨ªa para las familias nobles principales, es decir, aquellas que eran reyes de sus territorios, por tanto, juraban obediencia ¨²nica y exclusivamente al emperador. Como es l¨®gico, tambi¨¦n exist¨ªan las familias nobles secundarias, es decir, aquellas familias que obedec¨ªan a los reyes y no al emperador. Estas familias nobles secundarias eran las que se formaban, por ejemplo, cuando un conde decid¨ªa crear una nueva ciudad y un t¨ªtulo de bar¨®n internamente para d¨¢rselo a uno de sus hijos sin tierras. Por lo tanto, una nueva baron¨ªa era formada, pero dicha baron¨ªa no obedec¨ªa al emperador, sino al conde, y en caso de que el t¨ªtulo se pierda por falta de herederos volver¨ªa al conde y no al emperador. Otra caracter¨ªstica fundamental de este sistema pol¨ªtico era que solo los reyes pod¨ªan imponer leyes y por consecuente, las familias secundarias nunca eran considerados reinados, sino simples gestores de la palabra del rey. En el caso particular de la familia de Apolo, el t¨ªtulo principal era la baron¨ªa de los bosques negros. Y por historia esa baron¨ªa era considerado un reinado independiente, por lo que el abuelo de Apolo solo obedec¨ªa al emperador y no a los nobles circundantes, por m¨¢s que solo se tratara de un ¨²nico castillo. Siguiendo lo explicado, el abuelo de Apolo pod¨ªa ser nombrado de dos formas: como el rey de los bosques negros o como el bar¨®n de los bosques negros. This content has been unlawfully taken from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. Y en consecuencia, la condici¨®n pol¨ªtica de Apolo era la de un miembro de una de las familias principales del imperio, por lo que Apolo solo deb¨ªa saludar protocolarmente a las otras familias principales cuando pasara por un territorio controlado directamente por ellas y nunca a las familias secundarias, ya que las mismas ten¨ªan menor status que ¨¦l. En todo el imperio solo hab¨ªa 6 reyes que obedec¨ªan al emperador, los cuales eran dos baron¨ªas, tres ducados y un solo condado. Por lo tanto, adem¨¢s de la familia del emperador, exist¨ªan ¨²nicamente 6 familias nobles principales que manejaban el grueso del poder pol¨ªtico, econ¨®mico y militar del imperio. L¨®gicamente, el t¨ªtulo de emperador tambi¨¦n contaba con tierras y sus respectivas ciudades que eran administradas por la familia del emperador, en caso contrario ning¨²n rey le har¨ªa caso al emperador: ya que no contar¨ªa con poder militar propio. No obstante, los ducados, condados y baron¨ªas que pertenec¨ªan directamente a la familia imperial eran consideradas familias nobles secundarias. Para redondear, la gran diferencia entre las familias principales y secundarias estaba en quien pon¨ªa las leyes en cada territorio: el emperador no pod¨ªa imponer leyes en el territorio de las familias principales o reinados. Por lo que las familias principales solo juraban obediencia militar y la gran verdad es que todo lo pedido a las familias principales por el emperador deb¨ªa ser negociado pol¨ªticamente previamente. Entonces surge la gran duda: ?Por qu¨¦ el emperador permite que las familias principales impongan sus propias leyes y no las controla directamente? Y la respuesta es tan sencilla como que ?el emperador no controla el mundo?. Por tanto, todav¨ªa existen amenazas de afuera y el emperador siempre se vio obligado a ceder poder a cambio de lealtad. En cuanto a las amenazas de afuera, son otros tres ?imperios? que se han disputado el control del mundo por milenios; sin embargo, nunca nadie ha logrado completar tal haza?a. De todas formas, todo lo que ocurre externamente al imperio, jam¨¢s le concerni¨® a Apolo, ya que ¨¦l nunca heredar¨ªa el trono del bosque negro. Tal y como dijo Homero: esos asuntos pol¨ªticos no deb¨ªan preocuparle a un exiliado. Y la ¨²nica ?obligaci¨®n? de Apolo era disfrutar lo que ¨¦l era gracias al sacrificio de sus ancestros: un noble perteneciente a una de las familias principales del imperio. E17-Los Preparativos Poco a poco los d¨ªas fueron pasando y Apolo lentamente se fue acercando a la capital, hasta que finalmente lleg¨® el d¨ªa prometido. El viaje de 6 meses fue duro para todos los miembros de la caravana y si bien no hubo accidentes importantes, 6 meses de viaje son suficientes como para terminar desgastando cualquier alma. Apolo por su parte se fue acostumbrando a la vida en el exterior del castillo y al comportamiento "extra?o" de los plebeyos, poco a poco el joven empez¨® a comprender el significado de las palabras de su hermano menor y trat¨® de ir aprendiendo de los dem¨¢s para actuar como los dem¨¢s esperaban que un noble de verdad actuara. Ya tras unos largos 6 meses aprendiendo de la vida misma, Apolo ten¨ªa algo de confianza en que pod¨ªa lidiar con los problemas que fueran surgiendo en la capital. Otra cuesti¨®n considerable fue que Apolo poco a poco fue mejorando su f¨ªsico gracias a que solo se dedicaba a comer y dormir en el carruaje: sin estar tan obsesionado con ir a explorar el bosque. Aunque la realidad es que si compararan el cuerpo del joven con el de una persona normal, ninguna persona cuerda dir¨ªa que el f¨ªsico de Apolo era el de una persona saludable: las pesadillas segu¨ªan atormentando al joven por las noches, remarcando sus orejeras y su falta de ganas. Mientras que la comida de todos los d¨ªas tampoco lograba engordarlo lo suficiente como para que sus huesos dejaran de notarse. Para colmo su fuerza muscular se hab¨ªa estado atrofiando de estar tanto tiempo encerrado en un carruaje, pero descontando esos tres factores fundamentales en la salud humana, podr¨ªamos autoenga?arnos y decir que Apolo estaba un poco mejor que antes. Del otro lado del grupo del viaje, Mateo y Orrin fueron adapt¨¢ndose a los h¨¢bitos de su joven se?or: si bien al comienzo la tarea era realmente complicada, luego de un tiempo el duo padre e hijo fueron d¨¢ndose cuenta de que eran muy afortunados al tener un se?or tan sedentario; al fin al cabo la rutina y los problemas de Apolo siempre eran los mismos: pelear por la comida del joven se?or, limpiar las ropas y poner la oreja para escuchar lo que dec¨ªa cuando le agarraba alg¨²n ataque de p¨¢nico. En principio, siguiendo las indicaciones de los comerciantes, el d¨ªa de hoy llegar¨ªan a la capital, por lo que Orrin comenz¨® a hacer los preparativos m¨¢s importantes. El viejo criado llevaba pensando en este d¨ªa durante 6 meses, por lo que ya ten¨ªa la gran mayor¨ªa de cosas previamente preparadas. Aprovechando una pausa tomada por la caravana en el medio del camino, Orrin se baj¨® del asiento de conductor de su carruaje con una caja en la mano y procedi¨® a acercarse al carruaje donde siempre se encontraba Apolo. This content has been unlawfully taken from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. ¡ªMi se?or, aqu¨ª tiene los documentos para convertirse en mago¡ªComent¨® Orrin mientras abr¨ªa la puerta del carruaje de Apolo y le entregaba la caja con cuidado. ¡ªPerfecto¡ªRespondi¨® toscamente Apolo tomando la caja y cerrando r¨¢pidamente la puerta del carruaje como temiendo que los documentos en la caja cobraran vida propia y se escaparan por su cuenta. La caja era de madera y no era demasiado grande: tendr¨ªa el tama?o de una maleta de mano. Al abrirla, Apolo not¨® que dentro de la caja solo hab¨ªa 3 pergaminos enrollados y una m¨¢scara de plata. La m¨¢scara de plata era bastante bonita e inmediatamente llen¨® de curiosidad a Apolo, la misma era un antifaz por lo que solo cubr¨ªa la parte superior de su cabeza: dejando su boca y nariz expuesta. En cuanto a la apariencia, adem¨¢s de la obviedad del hermoso color met¨¢lico de la plata, la misma estaba inscripta con hojas que se entrecruzaban y dos hojas rojas pod¨ªan verse justo abajo de cada uno de los orificios de los ojos. Apolo pudo reconocer al instante que las hojas eran id¨¦nticas a las que daban los ¨¢rboles negros a los alrededores del castillo, por lo que parec¨ªa que alguien hab¨ªa dise?ado la m¨¢scara espec¨ªficamente para ¨¦l. Sin esperar leer los contenidos de los pergaminos, Apolo se puso la m¨¢scara de plata para notar con alegr¨ªa que efectivamente alguien hab¨ªa dise?ado esta m¨¢scara para ¨¦l, dado que se ajustaba perfectamente con las dimensiones de su cabeza. Con curiosidad, Apolo se mir¨® en el reflejo del vidrio del carruaje para ver como le quedaba la m¨¢scara, solo para descubrir con agon¨ªa que la m¨¢scara si bien era hermosa, solo serv¨ªa para acentuar a¨²n m¨¢s la gran nariz puntiaguda en su rostro. Con tristeza, Apolo se retir¨® la m¨¢scara de su cara y procedi¨® a abrir uno de los pergaminos de la caja para ver que ten¨ªa escrito en ¨¦l. Al abrir el pergamino, Apolo se percat¨® de que se trataba de un mensaje de respuesta hacia su abuelo, el cual dec¨ªa lo siguiente:
"Oh, gran rey del bosque negro: Me place informarme de que uno de sus nietos est¨¢ dispuesto a convertirse en un mago para el imperio. Como es l¨®gico, haremos los arreglos pertinentes para asegurarnos que el deseo de su nieto, Apolo del bosque negro, se vea satisfecho sin mayores inconvenientes. Solo recu¨¦rdele a su nieto entregarme la tarjeta adjuntada en esta carta al finalizar el proceso de inscripci¨®n en el ministerio de magia. Att, Dorien de pueblo blanco, Ministro de magia"Apolo ley¨® con atenci¨®n y observ¨® que abajo del mensaje escrito en el pergamino se encontraba pegada con cera una peque?a tarjeta de papel. Con cuidado, Apolo la despeg¨® para observarla con atenci¨®n: la tarjeta era una simple hoja de papel sin nada escrito en ella, salvo por el llamativo dibujo de dos ojos bien abiertos en uno de sus lados. E18-El Documento secreto Sin entender como esta tarjeta lograr¨ªa identificarlo, Apolo procedi¨® a guardarla con cuidado y sin perder el tiempo agarr¨® el siguiente pergamino en la caja. Antes siquiera de leer el mensaje, una sonrisa se hab¨ªa formado en el rostro de Apolo al observar el sello de cera utilizado en la parte superior del documento. El sello era una copia exacta del hombre extendiendo los brazos a los cielos que estaba inscripto en el anillo de la familia y como tal simbolizaba que este era un documento confidencial que solo Apolo pod¨ªa leer. Descontando el sello de cera, el documento actualmente estaba completamente blanco, por lo que aparentaba ser un pergamino listo para ser empleado en cualquier momento. Sin embargo, Apolo sab¨ªa que el contenido oculto en este documento pod¨ªa significar la diferencia entre vivir con miedo a que le robaran el anillo toda su vida o comenzar a vivir una vida llena de opulencia como cualquier gran mago en la capital. Con los dedos tambaleantes por la expectativa, Apolo us¨® las u?as de su mano para retirar el sello de cera colocado en el documento, revelando que abajo del mismo se hallaba oculta una peque?a aguja de plata. Al notarla, Apolo procedi¨® a tomar la aguja y con las manos temblando de la codicia por la informaci¨®n oculta, el joven se pinch¨® el dedo en donde "casualmente" se encontraba el anillo de oro, provocando que una peque?a gota de sangre comenzara a formarse en la herida. Con suma delicadeza, Apolo dej¨® que se acumulara la sangre hasta que la gota fue lo suficientemente grande como para caer por su cuenta arriba del documento en blanco. Al contrario de lo que deber¨ªa pasar con cualquier papel ordinario, la sangre no manch¨® el documento, sino que en su lugar lo atraves¨® como si el mismo no existiera, desapareciendo de la vista de Apolo. Inmediatamente, unas letras rojas como la sangre comenzaron a aparecer sobre el documento revelando el contenido oculto.
"Querido sobrino: Mando este mensaje dado que he aceptado el hecho de que mi tiempo en este mundo est¨¢ por terminarse y la reuni¨®n con mi querido hermano est¨¢ cada vez m¨¢s cerca. Por lo que la noche de hoy he decidido comenzar a pensar que es lo que podr¨ªa dejar a nuestra familia y como es que puedo fomentar a que m¨¢s j¨®venes sean como yo y decidan emprender el arduo camino del mago por su propia iniciativa. Tras mucho reflexionar y meditar conclu¨ª que dicha tarea me resultar¨ªa imposible. Y me fundament¨¦ en el hecho de que lamentablemente el ecosistema en el castillo incentiva m¨¢s a que se formen jovencitos ansiosos por el reconocimiento del mundo entero y no j¨®venes pensantes llenos de curiosidad por el mundo. Unauthorized use: this story is on Amazon without permission from the author. Report any sightings. Es por eso que decid¨ª replantear mis pensamientos durante unas cuantas semanas. La gran pregunta de estas noches solitarias en donde la enfermedad ha sido mi ¨²nica compa?era de confianza era como lograr que estos j¨®venes aventureros lograran convertir de esta ciudad su propio patio de aventuras. Y es por eso que espero con ansias que recibas el fruto de mi esfuerzo, mi ¨²ltimo legado y mi gran herencia. Al abrir el paquete notar¨¢s un artefacto sumamente inigualable, creado por el ¨²nico mago en este imperio que trat¨® de rivalizar con el ingenio del pueblo blanco y m¨¢s importante a¨²n, un artefacto creado por tu querido t¨ªo. Dicho artefacto inigualable tiene la cualidad ¨²nica de poder ocultar la mitad del rostro de una persona, para que as¨ª los j¨®venes aventureros siempre logren escabullirse de sus propios problemas sin ser recordados por sus enemigos. Espero que disfrutes mi regalo y pongas empe?o en proteger el esp¨ªritu combativo que siempre nos ha distinguido de todos los dem¨¢s reyes de este imperio. Att, tu viejo t¨ªo, Tea del bosque negro"Apolo, casi llorando de la desilusi¨®n, mir¨® con enojo a la m¨¢scara de plata en la caja, no solo el artefacto no hab¨ªa sido dise?ado exclusivamente para ¨¦l, sino que ¨¦l pens¨® que la m¨¢scara se trataba de alguna especie de artefacto m¨¢gico y al comenzar a leer la carta esa idea se fue haciendo cada vez m¨¢s fuerte. Pero por la iron¨ªa utilizada al final de esta carta, parecer¨ªa que solo era una broma dejada por uno de sus ancestros antes de morir y considerando que solo hab¨ªa habido 4 magos en toda su familia: ?Dicha herencia era una tragedia!. No obstante su abuelo o alguien de la familia se hab¨ªa encargado de modificar la m¨¢scara para que le anduviere perfectamente, por lo que hab¨ªa un inusual empe?o en hacer esta broma funcionar, creando ciertas dudas en Apolo. E19-El Segundo Documento Ya habiendo perdido la fe, Apolo procedi¨® a abrir desganadamente el ¨²ltimo documento, para su grata sorpresa este tambi¨¦n era un documento secreto por lo que solo pod¨ªa verse el sello estampado en la parte de arriba del pergamino. Procediendo de la misma forma que la anterior vez, pero con menos expectativas, Apolo desbloque¨® el documento secreto y un mensaje algo extra?o comenz¨® a formarse en la hoja.
"Al idiota de turno que le toque leer esto: M¨¢s all¨¢ de malgastar mi tiempo contando esta mierda, lo cierto es que es muy probable que sea asesinado por los te¨®cratas en unas pocas semanas, por lo cual te pido que logres controlar tu sangre en las bolas y no me vengues. O al menos no lo hagas siendo tan pendejo de dejar que el rey de todos los tarados sea el ¨²nico que se quede en con las recompensas cuando tus hijos son los que est¨¢n siendo empalados por el culo¡ En segunda instancia y no por ello menos importante quer¨ªa aprovechar la hermosa lucidez que brinda la cercan¨ªa con la muerte para darle una serie de consejos a la siguiente alma desafortunada que sea tan imb¨¦cil como para querer voluntariamente convertirse en un mago. El primer consejo para nuestra querida oveja negra es a la vez una pregunta, pero no por ello debes subestimar este consejo porque dicha pregunta incluso sin respuesta alguna es a¨²n m¨¢s valiosa que mi vida misma. As¨ª que dime joven inexperto: ?Qu¨¦ es lo m¨¢s valioso para un mago?" The narrative has been stolen; if detected on Amazon, report the infringement.Apolo se qued¨® impactado leyendo la carta de su ancestro, este documento iba directamente dirigido al jefe de la familia de turno, sin embargo, su ancestro parec¨ªa no estar dispuesto a ahorrarse cualquier tipo de insulto. Para colmo, el documento ten¨ªa informaci¨®n sumamente delicada: la teocracia era uno de los ?imperios? que disputaban el control del mundo contra el emperador y m¨¢s crucial a¨²n era el hecho de que efectivamente su familia hab¨ªa ido a la guerra contra la teocracia hace un milenio, lo poco que Apolo sab¨ªa de ese conflicto es que se dio por un altercado diplom¨¢tico. Y seg¨²n el contenido de esta carta todo parecer¨ªa indicar que la muerte de este ancestro fue lo que inici¨® el fuego de la guerra. ¡ª?Se supone que realmente tengo que contestarle a un muerto? ¡ªSusurr¨® Apolo releyendo el documento secreto, en principio su ancestro le hab¨ªa hecho una pregunta y el texto dec¨ªa expl¨ªcitamente que este era el primer consejo, por lo que en principio deb¨ªa haber un segundo consejo. Adem¨¢s, estaba el hecho de que su ancestro no hab¨ªa dejado firma al final del documento, por lo que era realmente posible que tuviera que contestarle. Aunque todav¨ªa exist¨ªa la opci¨®n de que el documento haya sido censurado por lo que Apolo no pod¨ªa seguir leyendo m¨¢s del mismo y nunca podr¨ªa enterarse de los otros ?consejos?. E20-EL Tiempo Volviendo a revisar que este era el ¨²ltimo documento de la caja, Apolo decidi¨® probar suerte y usando su sangre como tinta y la aguja como pluma escribi¨® la primera respuesta que se le vino a la cabeza:
"Inteligencia" "La respuesta correcta es tiempo: Un idiota con tiempo generalmente tiene mejores logros que alguien inteligente ya muerto" El texto escrito por Apolo inmediatamente fue tachado y la respuesta correcta comenz¨® a escribirse en el documento.¡ªUso mi respuesta, impresionante¡¡ªMurmur¨® Apolo releyendo la respuesta de su ancestro. Sin esperar a que Apolo terminara de releer, las letras rojas volvieron a aflorar en el papel revelando los secretos del documento confidencial:
"Tiempo: todo es tiempo. Mis amistades fueron tiempo, mi familia fue tiempo, mis amor¨ªos fueron tiempo, los hijos que nunca tuve y siempre quise tener fueron tiempo, mis enemigos fueron tiempo, mis errores fueron tiempo, tal y como mis logros fueron tiempo, el prestigio que nunca pude ganar fue tiempo y actualmente mi vida se est¨¢ quedando sin tiempo. El tiempo no solo es valioso, el tiempo en s¨ª mismo es poderoso, pues es el tiempo el que controla al mago y no el mago al tiempo, aunque no dudo que muchos magos te dir¨¢n lo contrario y justamente esos mismos magos son los m¨¢s temerosos del poder del tiempo. Enjoying this book? Seek out the original to ensure the author gets credit. Es por eso que te hago perder el tiempo leyendo esto, para que notes que tan poderoso puede llegar a ser el tiempo. En las manos correctas y en el momento correcto el tiempo puede crear vidas, como tambi¨¦n puede destruirlas. Fue el tiempo el gran forjador de los reinados que t¨² ahora conoces, como tambi¨¦n fue el tiempo el responsable de borrar de la historia los reinados que t¨² desconoces. El tiempo es quien produjo a los m¨¢s grandes magos de la historia y tambi¨¦n fue el responsable de destruirlos a su antojo. M¨¢s a¨²n puedo afirmar sin miedo a equivocarme que el tiempo todo lo pudo, todo lo puede y todo lo podr¨¢ porque el tiempo es el verdadero y ¨²nico dios de todos los magos. Comprender¨¢s ahora que el tiempo es lo m¨¢s valioso en tu vida, por tanto, tambi¨¦n es el mejor regalo que pueden darte, sin embargo, nunca olvides que todo lo que el tiempo te ha regalado, tambi¨¦n te ser¨¢ pedido de vuelta al final de tu vida. Es por eso que debes ser cauto y entender cuando ha llegado el d¨ªa de estafar al tiempo y hoy, mientras escribo estas palabras, es el momento de que t¨² y yo le robemos al tiempo"Las manos de Apolo comenzaron a temblar mientras iba leyendo estas palabras, quedando cada vez m¨¢s hipnotizado por las ense?anzas de su ancestro, seducido por lo poderoso que pod¨ªa llegar a ser el tiempo. La emoci¨®n del joven fue tal que por primera vez desde el accidente de Helena, Apolo logr¨® olvidarse del anillo de bronce en su dedo, de su exacto peso, de su fr¨ªo tacto y de su imperfecta forma. La mente de Apolo solo pod¨ªa pensar en una cosa: el tiempo. E21-Segundo consejo Mientras la mente de Apolo deliraba con la infinitud del mism¨ªsimo tiempo, el pergamino no lo esper¨® y volvi¨® a diluir las palabras escritas en sangre provocando que un nuevo texto comenzara a formarse sobre el documento confidencial:
"Para lograr estafar al tiempo debes seguir mis consejos, que si bien parecen simples, la gran realidad es que son mi vida misma: t¨² ser¨¢s lo que yo nunca fui, t¨² ser¨¢s lo que t¨² nunca pensaste que pod¨ªas ser, t¨² ser¨¢s lo que yo siempre aspir¨¦ y t¨² ser¨¢s lo que t¨² nunca te atreviste a imaginar que pod¨ªas ser. T¨² ser¨¢s yo y yo ser¨¦ t¨², porque el tiempo jam¨¢s lograr¨¢ arrebatarme lo que me ha otorgado, hoy ser¨¢ el d¨ªa donde aprendas de mis errores y hoy ser¨¢ el d¨ªa donde le robaremos a un dios. The author''s content has been appropriated; report any instances of this story on Amazon. Recuerda atentamente, mi segundo consejo es el m¨¢s simple para un plebeyo y es el m¨¢s complicado para un noble, pues solo los humildes pueden aceptar su destino y t¨², noble de cuna, deber¨¢s caminar con los pies de un plebeyo durante el transcurso de tu d¨ªa m¨¢s ansiado. Ese d¨ªa tan so?ado, donde planeabas con deleite gozar tu m¨¢s grande honor, deber¨¢ convertirse en el d¨ªa donde aprender¨¢s lo que es la verdadera humillaci¨®n y solo entonces abras ganado la verdadera batalla: la batalla contra el tiempo. Es por eso que mi segundo consejo es que seas tan humilde como un plebeyo cuando te acepten como mago: Pase lo que pase no reniegues de tu destino. En cuanto a mi tercer consejo¡(El pergamino segu¨ªa explicando cada uno de sus consejos)"E22-Ciudad anillo El d¨ªa transcurri¨® con normalidad y como Apolo hab¨ªa aprendido recientemente: el tiempo estaba por arrebatarle un d¨ªa de su vida sin que ¨¦l pudiera protestar. No obstante, el tiempo tambi¨¦n le hab¨ªa entregado al joven lo que buscaba: ya que finalmente las puertas de la gran capital imperial pod¨ªan verse en el horizonte. La capital imperial era la ciudad m¨¢s importante y grande de todo el imperio y a pesar de ello no era la m¨¢s poblada. La verdadera ciudad m¨¢s poblada de todo el imperio, no era otra que los alrededores de la capital. Los muros gigantes de la ciudad ten¨ªan un significado m¨¢s simb¨®lico que practico y era separar dos mundos. Por una parte, estaba el interior de la capital, donde el poder y la riqueza abundaban donde uno pusiera la vista, mientras que por otro lado se encontraba la ciudad circundante a la capital, llena de miseria, dolor y sufrimiento. Esta ¨¢rea incre¨ªblemente poblada era conocida como la ciudad anillo, dado que su interior l¨®gicamente estaba hueco y la ciudad se desarrollaba junto a la muralla de la ciudad. Cuanto m¨¢s uno se alejara de las puertas de la ciudad mayor era la miseria y menor era el grado de inversi¨®n y control por parte de las autoridades. Salvo la excepci¨®n de los seis caminos que daban entrada a cada una de las 6 puertas en la muralla a la capital. Los alrededores de esos caminos por donde Apolo se encontraba avanzando eran bastante opulentos, ya que una gran cantidad de nobles y comerciantes hab¨ªan invertido en esa zona. De cierta forma, este dise?o natural, termin¨® provocando que la miseria de la ciudad anillo quedara a¨²n m¨¢s escondida de los ojos de los nobles. En consecuencia, lo que Apolo estaba viendo ahora mismo era una ciudad llena de vida y prosperidad completamente alejada de lo que era realmente. Las casas en esta zona eran incre¨ªblemente grandes y estaban cada una pegada al lado de la otra, pr¨¢cticamente todas las casas ten¨ªan un local comercial abierto en la parte inferior y dado al gran tr¨¢nsito de personas parecer¨ªa que no hab¨ªa un solo local no exitoso en esta calle. No obstante, la miseria a¨²n pod¨ªa verse para los ojos atentos, ya que los mendigos y los ladrones no faltaban. Aunque la gran mayor¨ªa de los pobres no se atrev¨ªa a quedarse mucho tiempo en el camino, principalmente por el temor a sufrir las represalias de alg¨²n comerciante que sintiera que estaban afectando su negocio. This story originates from a different website. Ensure the author gets the support they deserve by reading it there. Como ya fue mencionado, la ciudad anillo no era el destino de Apolo, sin embargo, la gran mayor¨ªa de miembros de la caravana ten¨ªa como objetivo esta ciudad, por lo que la caravana hab¨ªa comenzado a desintegrarse hasta que solo unos pocos carruajes bien decorados segu¨ªan marchando hacia las gigantescas puertas de la capital. Apolo con curiosidad miraba por las dos ventanas del carruaje, tratando de apreciar lo mejor que pudiera esta zona incre¨ªblemente ex¨®tica y llamativa. Por la cantidad de colores que pod¨ªan verse en las ropas de las personas en estas calles aparentar¨ªa que todos eran ricos, no obstante, la gran realidad es que dada la gran afluencia de comerciantes en esta ciudad, los bienes que en otras ciudades val¨ªan fortunas ac¨¢ solo costaban unos pocos cristales. Apolo miraba at¨®nitamente la gran cantidad de objetos curiosos que vend¨ªan los comerciantes, y no era para menos: los bienes ex¨®ticos en los estantes de estos los locales llenar¨ªan los ojos de cualquier persona y mucho m¨¢s los ojos de alguien como Apolo que visitaba por primera vez estas tierras. Mientras el joven iba curioseando, poco a poco las grandes puertas de la muralla se fueron haciendo cada vez m¨¢s grande a medida que el carruaje se aproximaba hasta que finalmente las murallas estaban tan cercas que aparentaban lograr cubrir el cielo. Estando tan cerca, Apolo pudo apreciar que las imponentes murallas estaban decoradas con estatuas por todos lados: algunas estatuas vest¨ªan como soldados, otras como magos y la gran mayor¨ªa usaba ropa de noble. Otro aspecto destacable de las estatuas es que no todas ten¨ªan aspecto humano y por ejemplo hab¨ªa unas cuantas que parec¨ªan anormalmente grandes como si se tratasen de gigantes. Apolo sab¨ªa que las estatuas no fueron creadas al azar y cada una representaba alg¨²n h¨¦roe ilustre en el imperio, por lo que las estatuas de gigantes eran muy probablemente una dedicatoria del imperio hacia uno de sus ancestros. Desde la ventana del carruaje, Apolo pudo observar que hab¨ªa una larga cola de carruajes esperando entrar en la capital. Cuando un carruaje se estacionaba en la fila, r¨¢pidamente aparec¨ªan guardias para inspeccionar el carruaje y pedir la documentaci¨®n para ingresar. En principio, seg¨²n le hab¨ªa comentado Orrin, Apolo no deb¨ªa hacer absolutamente nada durante la inspecci¨®n y sus conductores se encargar¨ªan de todo el tr¨¢mite, por lo que el joven decidi¨® cerrar las cortinas del carruaje buscando que la inspecci¨®n de los guardias no lo incomode tanto. E23-La gran puerta Finalmente, el carruaje ingres¨® en la cola, provocando que dos guardias se aproximaran al carruaje con lentitud y pereza; al parecer los guardias ya estaban algo consumidos por su larga jornada y esperaban con ansias que el sol se ponga para que este d¨ªa se terminase de una buena vez. ¡ª?Paso algo anormal? ¡ªPregunt¨® Orrin, al ver a los dos guardias desganados acerc¨¢ndosele, si los comparaba con los de otras ciudades que ya hab¨ªa visitado probablemente estos guardias ser¨ªan los que peor aspecto ten¨ªan, por lo que deb¨ªan ser los m¨¢s maltratados por su rutina. ¡ªNo, por suerte¡¡ªComent¨® el guardia con una sonrisa forzada, tratando de recomponerse para que el cansancio no se notara tanto¡ªPero eres el ¨²ltimo carruaje que nos toca inspeccionar, dentro de poco se terminar¨¢ nuestro turno. ¡ªYa veo, al parecer fue un d¨ªa largo¡¡ªComent¨® Orrin mirando a los dos guardias fijamente¡ªPero me temo que tendr¨¢n que inspeccionar un carruaje m¨¢s: mi se?or est¨¢ por terminar un viaje muy largo y est¨¢ viajando en el carruaje de atr¨¢s. No ser¨ªa conveniente que ustedes dos nos hagan esperar a que realicen el cambio de turno, o mi se?or podr¨ªa enojarse y cr¨¦eme cuando te digo que no quieren que eso ocurra. ¡ªLo siento, pero no hacemos excepciones¡ªRespondi¨® uno de los guardias, con una sonrisa algo forzada, pero muy bien hecha; al parecer estos guardias ten¨ªan mucha experiencia al tratar con nobles. ¡ª?S¨ª, s¨ª que la har¨¢n! ¡ªGrit¨® un guardia sentado en una silla al costado de las inmensas puertas, el hombre estaba bastante lejos, pero al parecer toda su atenci¨®n estaba en los dos carruajes negros que se hab¨ªan unido recientemente a la cola. A diferencia de todos los guardias trabajando en esta puerta, este hombre era el ¨²nico con el pelo blanco y m¨¢s importante a¨²n era el ¨²nico que mostraba al menos una cicatriz en su cuerpo. El viejo guardia estaba vistiendo una armadura de cuero, bastante desgastada, e incluso en algunos lugares la armadura se notaba parchada, diferenci¨¢ndose de los guardias que iban a los carruajes con armaduras de plata finamente decoradas con patrones de rosas. Por lo que todo indicaba que este viejo era el ¨²nico guardia de esta puerta que realmente se hab¨ªa jugado la vida en alguna ocasi¨®n para defender algo que ¨¦l anhelaba. El guardia procedi¨® a levantarse con dificultad con la ayuda de un bast¨®n a su lado, revelando que una de sus piernas hace tiempo se hab¨ªa perdido. Ya parado, el guardia en la puerta volvi¨® a gritar mientras miraba con severidad, como todos los guardias se ergu¨ªan de repente al escuchar su voz: ¡ªY no solo ustedes dos se quedar¨¢n trabajando despu¨¦s de turno: ?Abran ?la puerta? y corran a los carruajes en la cola! ?Que se escuche la marcha de los colosos del bosque negro! Al escuchar del guardia apoyado en su bast¨®n que se deb¨ªa abrir ?la puerta?, todos los guardias atendiendo sus puestos miraron con un odio extremo los dos carruajes negros que acababan de llegar, sobre todo los guardias que ya hab¨ªan terminado de requisar sus carruajes y se estaban preparando para regresar a sus hogares: ?Estos sinverg¨¹enzas les hab¨ªan alargado su jornada! Sin embargo, ning¨²n guardia se atrevi¨® a decir una sola palabra de reproche y se pusieron a cumplir las ¨®rdenes impuestas. Por su parte, Orrin y Mateo observaron c¨®mo los guardias comenzaron a correr a los dem¨¢s carruajes en la cola a los costados, formando un gran pasillo de carruajes y exponiendo al final las inmensas puertas de la ciudad capital. Stolen content warning: this content belongs on Royal Road. Report any occurrences. La gran realidad es que dichas puertas pr¨¢cticamente nunca se abr¨ªan, salvo que entrara o saliera alguien importante de forma protocolar, por lo que la gran mayor¨ªa de carruajes pasaban por unas puertas secundarias ubicado justo a los costados de las inmensas puertas: esto no solo se hac¨ªa por una cuesti¨®n l¨®gica al ahorrar esfuerzos al no abrir las puertas grandes, sino que tambi¨¦n era una forma de mantener las puertas cerradas la mayor cantidad de tiempo posible, indic¨¢ndole a los de afuera que estas tierras eran exclusivas. El otro gran motivo por el cual exist¨ªa esta costumbre es que serv¨ªa para marcar status: las familias nobles secundarias, los carruajes con criados y dem¨¢s, deb¨ªan entrar por las puertas peque?as mientras miraban con impotencia como las grandes puertas de la muralla se manten¨ªan cerradas, como indic¨¢ndoles que en realidad no eran dignos de entrar a la capital del imperio. Usando su experiencia, Orrin dedujo que el abuelo de Apolo hab¨ªa arreglado la recepci¨®n protocolar para su nieto, por lo que el guardia principal deb¨ªa estar al tanto que dos carruajes negros con ruedas rojas llegar¨ªan a la capital en aproximadamente estas ¨¦pocas. Cuando la mayor¨ªa de los carruajes ya se hab¨ªan corrido, no tardaron mucho en notificarle a Orrin que tambi¨¦n deber¨ªa correrse y que solo el carruaje donde viajaba Apolo pod¨ªa entrar por las puertas grandes. Lejos de tom¨¢rselo a mal, Orrin observ¨® con orgullo todo el espect¨¢culo que se estaba armando y con a¨²n m¨¢s orgullo mir¨® a su hijo algo nervioso tratando de que no se le note el sudor en la cara al ser el foco de atenci¨®n de todos los dem¨¢s conductores. Mientras todos estos preparativos comenzaban a hacerse, algunos transe¨²ntes que pasaban por la zona notaron que las puertas gigantescas comenzaban a abrirse mostrando un poco del magn¨ªfico resplandor de la capital, por lo que la gente comenz¨® a acumularse en las calles de los alrededores para ver el recibimiento protocolar. Finalmente, las dos grandes puertas terminaron de abrirse mostrando el interior de la capital, del cual solo pod¨ªa observarse pasto, ¨¢rboles y todo tipo de plantas ex¨®ticas rodeando un camino de losas azuladas como el cielo. Mientras esto ocurr¨ªa los guardias de la puerta se alinearon formando un pasillo por el cual deb¨ªa pasar el carruaje de Apolo, cada guardia se encontraba portando unos tambores que r¨¢pidamente hab¨ªan ido a buscar para la ocasi¨®n. Cuando todo estuvo preparado, Mateo not¨® que su padre le hac¨ªa una se?al y con la mirada de cientos de personas en su carruaje comenz¨® a conducirlo a la capital. Tan pronto como el carruaje comenz¨® a andar, Apolo, que manten¨ªa las cortinas de su carruaje cerradas, comenz¨® a escuchar el retumbar de los tambores desde el exterior. Con algo de sorpresa, Apolo corri¨® ligeramente la cortina para observar de donde proven¨ªa el familiar sonido; fue entonces que el joven noble se enter¨® de todo el espect¨¢culo que se estaba montando y lejos de gustarle, Apolo observ¨® con temor a los guardias que se hab¨ªan formado a recibirlo. El sonido que escuchaba Apolo no era otro que la canci¨®n de su familia, la cual era una simple marcha de guerra que se tocaba con tambores, la marcha era muy repetitiva y solo trataba de replicar con sonido el lema de su familia: ?Primero abraza a los ca¨ªdos, luego abr¨¢zate a ti mismo? el cual implicaba que lo m¨¢s importante era respetar a los que ya murieron en combate y luego uno deb¨ªa tratar de respetarse a uno mismo. El carruaje poco a poco se fue acercando a las puertas de la capital glori¨¢ndose del recibimiento que estaba siendo hermoso, provocando que una gran muchedumbre se acercara a curiosear, haciendo al recibimiento a¨²n m¨¢s memorable. Sin embargo, el principal protagonista de esta recepci¨®n hace tiempo hab¨ªa vuelto aserrar las cortinas y estaba m¨¢s preocupado leyendo un pergamino amarillento con obsesi¨®n, como si en esos pocos p¨¢rrafos se encontrara todo su futuro. E24-La Capital imperial La puerta de la capital comenz¨® a cerrarse nuevamente a medida que Apolo se dirig¨ªa a su destino y la gente que se hab¨ªa quedado a ver la recepci¨®n se dispersaba. Ahora mismo era algo tarde, por lo que Apolo pretend¨ªa pasar la noche en el carruaje para ma?ana por la ma?ana ir al ministerio de magia con el objetivo de convertirse en un mago del imperio. El hecho de que Apolo tuviera que dormir en el carruaje se deb¨ªa a que su familia, manteniendo su pol¨ªtica aislacionista, no pose¨ªa ninguna mansi¨®n en la capital o en cualquier otra ciudad importante; sin embargo, una vez que se convirtiera en un mago para el imperio, el mismo le otorgar¨ªa una vivienda, por lo que el joven no estaba demasiado preocupado por el asunto. Por lo dem¨¢s, Apolo podr¨ªa alojarse en la casa de alguna familia noble, amiga de su familia, pero el joven no ten¨ªa ganas de realizar todos los saludos que tendr¨ªa que dar si hac¨ªa eso. Mientras Mateo buscaba un buen lugar para estacionar el carruaje sin llamar demasiado la atenci¨®n, Apolo se encontraba curioseando por la ventana viendo como era la capital. Por lo que el joven pod¨ªa ver, la capital no estaba tan ?viva? como la ciudad anillo. En general hab¨ªa pocos carruajes transitando y la gente no sol¨ªa caminar por las calles o sus al rededores. R¨¢pidamente, Apolo se percat¨® de que no hab¨ªa locales por ning¨²n lado y que en su lugar los alrededores de las calles azuladas eran ocupadas por viviendas. Unauthorized use: this story is on Amazon without permission from the author. Report any sightings. Las viviendas como tal no estaban pegadas unas a lado de las otras, como en la ciudad anillo, sino que cada casa ten¨ªa una considerable porci¨®n de tierra verde que las separaba entre s¨ª. Pr¨¢cticamente, todas las casas eran mansiones de varios pisos, aunque de vez en cuando Apolo pod¨ªa divisar algunas estructuras no tan usuales de ver en los pueblos comunes, como mansiones que se parec¨ªan a castillos o torreones altos que aparentaban m¨¢s el aspecto de una fortaleza que al de una casa tradicional. Las decoraciones de cada mansi¨®n eran ¨²nicas e irrepetibles, aunque todas ten¨ªan una similitud y esa era la gran cantidad de empe?o que le pon¨ªan a sus jardines. Los jardines estaban llenos de flores ex¨®ticas y mucha gente se pod¨ªa ver trabajando en ellos, algunos jardines contaban con animales coloridos que Apolo nunca hab¨ªa visto en su vida e incluso el joven noble pudo divisar una mansi¨®n que era rodeada por un lago turquesa que de alguna manera hab¨ªa sido construido para decorar esa mansi¨®n. Tras un recorrido no muy largo, Orrin encontr¨® una calle que parec¨ªa lo suficientemente poco transcurrida como para estacionar los carruajes y esperar a que el d¨ªa terminara con normalidad. Apolo, por su parte, ya se encontraba tratando de conciliar el sue?o para estos momentos, sin embargo, los nervios y ansias del joven parec¨ªan ser demasiado grandes para dormir, por lo que incansablemente volv¨ªa a abrir los ojos para leer el documento escrito por uno de sus ancestros: el muchacho sab¨ªa que ma?ana ser¨ªa el gran d¨ªa, ma?ana Apolo tendr¨ªa que hacer todo lo que dice este documento a la perfecci¨®n para as¨ª obtener la seguridad que tanto ansiaba. E25-Cambios La noche pas¨® y dios le arrebat¨® 12 horas a Apolo, sin embargo, esta noche dios no hab¨ªa sido generoso y solo le devolvi¨® 4 horas de sue?o al joven noble que acababa de despertar con los ojos rojos por la terrible noche que hab¨ªa pasado. Sin embargo, una sonrisa de oreja a oreja estaba formada en el rostro de Apolo, finalmente el tiempo hab¨ªa llegado: ahora el joven solo deb¨ªa estirar la mano y robarle al tiempo, tal y como su ancestro hab¨ªa planeado, hace dios sabe cu¨¢nto. As¨ª que, con la mirada de un campe¨®n y el cuerpo de un difunto, Apolo procedi¨® a abrir la puerta del carruaje para encontrarse con la mirada aturdida de Mateo y Orrin los cuales se encontraban discutiendo otros asuntos mientras ¨¦l dorm¨ªa. ¡ª?Durmi¨® bien, joven se?or? ¡ª Pregunt¨® Orrin con sorpresa, ignorando convenientemente el rostro decr¨¦pito de Apolo. ¡ªAnoche no dorm¨ª: ?Sobreviv¨ª!, sin embargo, ma?ana estoy seguro de que dormir¨¦¡ªRespondi¨® Apolo con una sonrisa no coherente con su actual estado. ¡ªEsa es la actitud¡¡ªComent¨® Orrin con una sonrisa, sin entender que dec¨ªa Apolo, pero logrando comprender su buen estado de ¨¢nimo¡ª ?Quieres que lo llevemos al ministerio de magia? The tale has been illicitly lifted; should you spot it on Amazon, report the violation. ¡ªS¨ª, debemos ir al ministerio de magia ahora mismo, sin embargo¡¡ªRespondi¨® Apolo con cierta duda, mientras se quedaba mirando a Orrin y Mateo sentados en el asiento del conductor ¡ª¡¡ªPor su parte, Mateo y Orrin esperaron inc¨®modamente a que Apolo lograra salir de sus propios pensamientos mientras los miraba fijamente. ¡ªSin embargo, lo haremos de otro modo, hoy conducir¨¦ yo: ens¨¦?enme¡ªTermin¨® contestando Apolo con dudas, mientras proced¨ªa a tratar de sentarse en el asiento de conductor. Mateo y Orrin miraron a Apolo a¨²n m¨¢s sorprendidos, especialmente Orrin que luchaba por no negarse a tal petici¨®n: desde su perspectiva ser¨ªa horrible que un futuro mago sea visto por primera vez en el ministerio de magia conduciendo a dos criados. No solo da?ar¨ªa la imagen de Apolo, tambi¨¦n da?ar¨ªa su futura reputaci¨®n y con ello su futuro: los otros nobles no tolerar¨ªan estos detalles. ¡ª?Me ayudan a subirme? ¡ªPregunt¨® Apolo con la cara roja mientras segu¨ªa tratando de subir al asiento del conductor. ¡ªS¨ª, s¨ª, claro¡¡ªRespondi¨® Mateo, extra?ado por la petici¨®n, pero a¨²n m¨¢s extra?ado al ver que su padre no estaba dispuesto a ayudar a subir a Apolo al asiento del conductor. Inmediatamente, Mateo bajo del carruaje para explicarle el m¨¦todo para subirse a Apolo, mientras ojeaba con preocupaci¨®n como su padre se quedaba callado en un silencio f¨²nebre: tal vez solo un criado como ¨¦l sab¨ªa que este silencio era la forma m¨¢s pura en la que un sirviente pod¨ªa trasmitir su dolor ante una tarea que no quer¨ªan aceptar. E26-El conductor Con algo de esfuerzo, Apolo logr¨® subir al carruaje, una vez arriba luch¨® para encajar en el medio de los dos conductores: ya que inicialmente solo pod¨ªa haber 2 conductores a lo mucho en la parte de adelante del carruaje. Al encontrar un espacio, algo apretado, Apolo mir¨® con la cara roja como los caballos mov¨ªan sus colas alegremente delante de ¨¦l. En voz baja, como buscando que no lo escucharan, Apolo pregunt¨®: ¡ªY ahora que hacemos: ?C¨®mo se conduce esto? ¡ªTomas las riendas y las agitas para que los caballos avancen¡ªComenz¨® a explicar Mateo¡ªLuego la vuelves a agitar y los caballos se detienen. ¡ª?Qu¨¦ es una rienda?¡ªPregunt¨® Apolo con la cara roja como un tomate. ¡ªEstas cuerdas¡ªComent¨® Mateo tomando dos cuerdas de cuero negro atadas en una madera que sobresal¨ªa en el asiento del conductor. ¡ª?Y como se dobla?¡ªPregunt¨® Apolo en voz baja mientras tomaba con incomodidad las cuerdas en las manos de Mateo, asegur¨¢ndose que las mismas ni rozaran con su anillo de bronce. ¡ª?Qu¨¦ tal si doblamos nosotros por usted?¡ªPregunt¨® Mateo con algo de miedo a que los caballos no entendieran la orden y siguieran yendo para adelante cuando hab¨ªa que doblar. ¡ªS¨ª, manejar¨ªamos juntos, eso es algo que un criado puede hacer¡¡ªMurmur¨® Apolo para s¨ª mismo, ignorando completamente si fue o no escuchado por las dos personas a unos pocos cent¨ªmetros. ¡ª?No cree que ser¨ªa m¨¢s c¨®modo para usted que conduzcamos nosotros?¡ªPregunt¨® Orrin ya no aguantando m¨¢s y rompiendo su silencio funerario¡ª Si bien conducir un carruaje puede ser divertido, los otros magos en el ministerio podr¨ªan malinterpretar su juego y verlo como algo humillante. ¡ª ??Humillante?!, ??Ellos tambi¨¦n lo ver¨ªan como algo humillante o solo soy yo el idiota que siente que esto es humillante?!¡ªPregunt¨® Apolo como si su vida dependiera de ello. Orrin no sab¨ªa como responder esta pregunta sin ofender a su se?or, pero viendo lo serio y exigente que estaba siendo Apolo en estos momentos, termin¨® provocando que el viejo respondiera con lo que su coraz¨®n pensaba en realidad: You could be reading stolen content. Head to the original site for the genuine story. ¡ªCrec¨ª con su abuelo, viv¨ª con su abuelo y siempre fui un gran amigo de su abuelo, sin embargo, muchas cosas tuvieron que cambiar en nuestra relaci¨®n cuando ¨¦l fue coronado como rey de los bosques negros. No obstante, los dos nos respetamos y su abuelo siempre ha ayudado a mi hijo, y es por eso que durante estos largos seis meses lo he protegido como si fuera mi propio hijo. As¨ª que le ruego que me escuche y entienda que esto es una mala idea, mi se?or: los otros nobles y magos solo usar¨ªan esto para humillarlo. ¡ªSoy un genio¡¡ªMurmur¨® Apolo ignorando completamente a los dos conductores del carruaje y recordando como su ancestro le hab¨ªa advertido que est¨¦ seria el d¨ªa m¨¢s humillante de su vida. Apolo no sab¨ªa exactamente que es lo que le ped¨ªa su ancestro y como lo beneficiaria, pero sab¨ªa que esta sensaci¨®n que estaba sintiendo ahora mismo era tal cual lo describ¨ªa el documento secreto, por lo que si segu¨ªa de esta forma hasta convertirse en mago, era muy probable que lograra cumplir el segundo consejo por inercia. Y esto era important¨ªsimo porque el documento completo ten¨ªa 5 consejos en total: todos acertijos que Apolo deb¨ªa ir resolviendo para lograr aprender las ense?anzas de su ancestro. El acertijo del primer consejo, ya hab¨ªa sido resuelto por Apolo y era contestarle al difunto. Ahora el joven noble deb¨ªa resolver el segundo acertijo y al parecer estaba bien encaminado. ¡ª?Entonces nos dejar¨¢ conducir a nosotros?¡ªVolvi¨® a preguntar Orrin sin entender por qu¨¦ Apolo hab¨ªa murmurado que conducir el carruaje le estaba pareciendo una idea inteligente. ¡ªNo, justamente seguiremos mis planes y conduciremos juntos hacia el ministerio de magia¡ªRespondi¨® Apolo mirando el culo de los caballos con m¨¢s cari?o. ¡ªPero, se?or: ?Muchos nobles lo ofender¨¢n por esto!¡ªVolvi¨® a insistir Orrin perdiendo la paciencia ¡ª?Y sus cabezas rodar¨¢n por ello!¡ªRespondi¨® Apolo con la confianza que hace mucho tiempo hab¨ªa perdido. Mateo observ¨® como su padre dej¨® de insistir al escuchar la respuesta de Apolo y en su lugar procedi¨® a bajarse en silencio del carruaje para dirigirse al que ten¨ªa los bienes, pero esta vez el silencio de Orrin no parec¨ªa uno de dolor. Si no uno de aprobaci¨®n, ya que ven¨ªa acompa?ada de una ligera sonrisa, por lo que todo parecer¨ªa indicar que la confianza de Apolo le hab¨ªa dado otra perspectiva del asunto. ¡ªQue haga lo que quiera, pues ¨¦l es el noble al fin al cabo¡¡ªMurmur¨® Orrin, mientras caminaba hacia su carruaje con m¨¢s confianza. Al fin al cabo aquellos con poder pod¨ªan hacer lo que quisieran y qu¨¦ problema hab¨ªa si el muchacho desea ser el conductor: ?b¨²rlate lo que quieras, y no dejes de burlarte cuando tu cabeza est¨¦ rodando por el suelo?. E27-Reflexiones del primer consejo Con la lentitud de una tortuga, Apolo fue manejando el carruaje con la ayuda de Mateo, mientras Orrin hab¨ªa colocado su carruaje estrat¨¦gicamente al frente, evitando as¨ª las imprevistas frenadas provocadas por la inexperiencia de Apolo. Por otra parte, los caballos del carruaje de Mateo hab¨ªan viajado mucho tiempo siguiendo el carruaje de Orrin, por lo que los animales comenzar¨ªan a notar las ¨®rdenes sin sentido y decidir¨ªan simplemente ignorar a Apolo, para en su lugar seguir lo que hac¨ªa el carruaje negro al frente suyo. Lo curioso de este efecto provocado por la inteligencia de los caballos es que Apolo comenz¨® a incrementar su confianza acerca de sus capacidades de manejo a medida que notaba que los caballos hac¨ªan ?lo que ped¨ªa?: seguir el carruaje negro hacia el ministerio de magia. ¡ªCiertamente, ?Nac¨ª con el don del conocimiento!¡ªExclam¨® Apolo orgulloso mientras miraba c¨®mo los caballos doblaban en una esquina y no se chocaban con el ¨¢rbol de enfrente. ¡ªNo hay dudas de eso: ?Maneja el carruaje como todo un profesional, mi se?or!¡ªHalag¨® oportunamente Mateo, notando que apolo hab¨ªa indicado la se?al de aumentar la velocidad con un ¨¢rbol enfrente de los caballos. ¡ªNo entiendo c¨®mo es que los nobles ven esto como algo indigno, hasta est¨¢ empezando a gustarme¡ªComent¨® Apolo con una sonrisa, sintiendo la fresca briza del aire chocando contra su rostro. ¡ªTodos obedecemos a alguien y muchos nobles que se creen libres en realidad se encierran en sus propios prejuicios para evitar la opini¨®n de los dem¨¢s¡ªComent¨® Mateo disfrutando tener alguien con quien hablar durante el viaje ¡ªSolo un idiota vivir¨ªa pensando en la opini¨®n de los dem¨¢s¡ªRespondi¨® Apolo mientras disfrutaba el aroma de los ¨¢rboles ex¨®ticos plantados alrededor de las calles azuladas. ¡ªLos idiotas sobran por desgracia, solo reflexiona en la cantidad de idioteces que hacen algunos comerciantes todos los d¨ªas ¨²nicamente para caerle mejor a una persona que a lo mucho ver¨¢ una vez en sus vidas, si usaran toda esa energ¨ªa en buscar mejores bienes de seguro har¨ªan m¨¢s dinero. ¡ªS¨ª, no sabes c¨®mo odie mi fiesta de despedida, tendr¨ªa que haberme ido sin avisarle a nadie: todos parec¨ªan ignorarme y eso que el protagonista de esa fiesta supuestamente era yo. Si bien odio que me pongan en el centro de atenci¨®n, lo cierto es que para mi fiesta de despedida estaba esperando ser "la persona importante de la casa". Sin embargo, a nadie de la familia le importo, salvo a mis hermanos, deber¨ªa haberlos invitado a mi cuarto a tomar algo, que l¨¢stima que desperdicie toda mi energ¨ªa en esa fiesta¡¡ªComent¨® Apolo con enojo mientras conduc¨ªa, aunque ver las colas de los caballos movi¨¦ndose con felicidad, hac¨ªa que el joven no pudiera mantenerse mucho tiempo enojado. Unauthorized duplication: this tale has been taken without consent. Report sightings. ¡ªSu abuelo tambi¨¦n lo aprecia, si no no hubiera organizado semejante recibimiento y lo hubiera mantenido en secreto, ni siquiera mi padre sab¨ªa que nos recibir¨ªan tocando la marcha de su familia ¡ªRespondi¨® Mateo con una sonrisa amarga, recordando lo nervioso que hab¨ªa estado ayer. Pero ahora que estaba con la mente relajada, pod¨ªa entender que tambi¨¦n hab¨ªa sido un gran honor para ¨¦l. ¡ªDudo que el abuelo me quiera, solo me mima porque le recuerdo a mi padre, ese recibimiento al igual que mi fiesta de despedida solo fue una gran p¨¦rdida de ¡¡ªRespondi¨® Apolo sin dudarlo. Sin embargo, no pudo terminar la frase para bajar la mirada y mirar con disgusto el anillo de bronce en su mano, mientras murmuraba reflexivamente ¡ª¡ Una gran p¨¦rdida de tiempo. ¡ª?Pasa algo, se?or? ¡ªPregunt¨® Mateo al notar el cambio brusco en la voz de Apolo, pero el joven se?or solo miraba el anillo de bronce en su mano: m¨¢s inmerso en su mundo que en el viaje del camino. ¡ª"Mis errores fueron tiempo"¡ Tiempo perdido¡ Tiempo que no voy a poder recuperar y m¨¢s importante a¨²n: ?Tiempo que me fue robado! ¡ªComent¨® Apolo con enojo mientras se sacaba el anillo de bronce de su dedo y lo colocaba en su mano. ¡ªPero de los errores se aprende¡¡ªComent¨® Mateo sin darle mucha importancia al berrinche divagatorio de Apolo. ¡ª?Eh? ?Qu¨¦ dijiste? ¡ªPregunto Apolo sacando la vista del anillo para mirar a Mateo con dudas. ¡ª?Nunca escucho la frase: ?Errores de hoy, ?caminos del ma?ana???¡ªRespondi¨® Mateo con una sonrisa mientras miraba el carruaje de adelante. ¡ªNo, ?qu¨¦ significa?, ?d¨®nde la escuchaste? ¡ªQue tus errores de hoy, pueden convertirse en tu camino hacia el futuro o bien ser¨¢n un gran fracaso en tu vida. La escuch¨¦ de un cantinero, no recuerdo su nombre. ¡ª ?El cantinero tambi¨¦n te dijo c¨®mo evitar que tus errores se conviertan en una p¨¦rdida de tiempo? ¡ª Pregunt¨® Apolo mostrando bastante inter¨¦s en escuchar la respuesta. ¡ªEs una muy buena pregunta, por desgracia no se la hice, pero supongo que es aprendiendo de los errores para no volver a cometerlos, como dice el famoso refr¨¢n ?No dejes que la rueda se trabe dos veces en el mismo poso? ¡ªRespondi¨® Mateo reflexivamente mientras se frotaba la pera con su mano ¡ªUn camino donde t¨² ya sepas los errores, ser¨ªa un camino sin p¨¦rdidas de tiempo¡¡ª Reflexion¨® Apolo volviendo a mirar al anillo de su mano con disgusto ¡ªNo solo eso, sino que ser¨ªa m¨¢s r¨¢pido, ya que si sabes d¨®nde no hay posos, entonces puedes ir m¨¢s r¨¢pido por esa zona¡ªDijo Mateo siguiendo su l¨®gica como conductor de un carruaje. ¡ª"Le robar¨ªas al tiempo"¡¡ª Murmur¨® Apolo sintiendo un escalofr¨ªo por la espalda, como si el primer consejo que le hab¨ªa dado su ancestro fuera subiendo como un hielo fr¨ªo por su columna vertebral hacia su cabeza: logrando comprender finalmente las ¨²ltimas palabras de su ancestro. E28-El Ministerio de magia Apolo sigui¨® ?conduciendo? el carruaje hasta que pudieron divisar el ministerio de magia en el horizonte. El grupo pudo ver que el ministerio no era muy diferente a una serie de 4 grandes castillos conectados entre s¨ª por una gran torre circular en el medio. La estructura como tal era inmensamente grande, no obstante Apolo pod¨ªa observar que en casi todas las ventanas del castillo pod¨ªa observarse gente andando de un lugar a otro, por lo que parec¨ªa que este lugar era sumamente transcurrido. La gran estructura central estaba rodeada de jardines, caminos y varias peque?as estructuras que pod¨ªan verse dispersas por el jard¨ªn, entre ellas Apolo alcanz¨® a ver algunos viveros y unos galpones aparentemente en mal estado. Al igual que el interior del ministerio de magia, los jardines circundantes tambi¨¦n eran muy transcurridos, por lo que el joven noble pod¨ªa ver gente vistiendo t¨²nicas blancas y negras movi¨¦ndose de un sitio a otro constantemente. Mientras Apolo observaba con curiosidad, el carruaje finalmente lleg¨® a la puerta principal de los terrenos que rodeaban al ministerio y un guardia vestido con armadura de plata sali¨® de su garita para ver a los visitantes. ¡ª Mucho gusto, ?Este es el ministerio de magia? ¡ªPregunt¨® Apolo al ver que el guardia se acercaba al carruaje de Orrin. ¡ªS¨ª, ?Vienen al examen de inscripci¨®n?, Llegas un poco tarde, chico¡ªComent¨® el guardia con una sonrisa, mirando la ropa elegante de noble que vest¨ªa Apolo y comprobando con m¨¢s atenci¨®n a¨²n los dos carruajes negros que lo transportaba. ¡ª?Ya no es posible convertirse en un mago hoy? ¡ªPregunt¨® Apolo mirando al guardia con preocupaci¨®n, para nada consciente de c¨®mo era el tr¨¢mite por el cual uno se convert¨ªa en mago. ¡ªTus ancestros te dieron suerte, llegas tarde, pero a tiempo¡¡ªRespondi¨® el guardia mientras se acicalaba el abundante bigote que ten¨ªa en su rostro, ojeando el carruaje en que estaba Apolo y verificando que estaba aparentemente vac¨ªo¡ªAunque d¨¦jame advertirte: ?Llegar tarde tiene sus desventajas, muchacho!. El mago que hace el examen de inscripci¨®n va endureciendo su coraz¨®n a medida que termina el d¨ªa; sin embargo, recuerda ser paciente y no saltarte la fila o si no te aseguro que te ser¨¢ imposible pasar el examen. Reading on Amazon or a pirate site? This novel is from Royal Road. Support the author by reading it there. ¡ª?Entonces no perdamos m¨¢s el tiempo!¡ªGrit¨® Orrin con apuro, sinti¨¦ndose culpable por no advertirle a su se?or sobre esta situaci¨®n: en principio era su responsabilidad como futuro mayordomo estar enterado de estos tr¨¢mites burocr¨¢ticos. Sin embargo, esta vez no hab¨ªa podido adelantarse a la situaci¨®n, ya que el viejo criado nunca fue advertido de la existencia de tal examen¡ª?En qu¨¦ parte del ministerio se toma el examen? ¡ªSigan el camino y doblen cuando vean un tabl¨®n con indicaciones: vayan al cuarto castillo y ¨²nanse a la cola de aspirantes a magos. Lo dem¨¢s se te dir¨¢ cuando sea tu turno de ser evaluado¡ªDijo el guardia sacando la mano de su bigote y apuntando hacia un camino rodeado de ¨¢rboles atr¨¢s de su garita. ¡ªBueno, gracias por sus concejos. ?No pierdan mi valioso tiempo y avancen! ¡ªComent¨® Apolo por inercia, algo apurado por unirse a la cola de espera. ¡ªNo te hagas drama: es mi trabajo dar indicaciones. Por lo dem¨¢s, recuerda viajar en la parte de adentro del carruaje o te confundir¨¢n con un sirviente¡¡ªContest¨® el guardia con una sonrisa oculta por su frondoso bigote, mientras volv¨ªa a entrar a su garita. Ignorando al guardia, Orrin con apuro condujo siguiendo las indicaciones mientras los caballos en el carruaje de Apolo inercialmente lo segu¨ªan, el grupo no tardo mucho en encontrarse una larga cola de carruajes para entrar al cuarto castillo. ¡ª?Cu¨¢nta gente hay buscando inscribirse como mago el d¨ªa de hoy? ¡ªPregunt¨® Apolo con enojo mirando la cola extenderse por todo el camino hacia el castillo. ¡ªF¨¢cilmente, hay 1000 carruajes, parece que tendremos que esperar un buen rato¡ªDijo Mateo con paciencia, ya acostumbrado a la espera¡ªSi quiere puede ir a acostarse al carruaje, se?or. Nosotros lo despertaremos cuando sea su turno. ¡ªNo, est¨¢ bien, esperar¨¦ con ustedes¡ªComent¨® Apolo con apuro, mientras bostezaba al escuchar la palabra acostarse. E29-La larga cola El tiempo fue pasando y poco a poco Apolo comenz¨® a arrepentirse de su decisi¨®n de esperar en el carruaje: f¨¢cilmente hab¨ªan pasado 2 horas, sin embargo, solo unos pocos carruajes hab¨ªan avanzado. ¡ª?Esto debe ser una broma de mal gusto!¡ªSe quej¨® Apolo al ver que otro carruaje era llamado para qu¨¦ la persona en su interior realizara la prueba¡ª?A este ritmo estaremos una semana entera en esta cola de mierda! ¡ªTal vez esto es a lo que se refer¨ªa el guardia en la entrada¡¡ªComent¨® Mateo con tranquilidad ¡ª?Qu¨¦ dijo el guardia? ¡ªPregunt¨® Apolo, no tan acostumbrado a escuchar seriamente a las personas: ya hace tiempo se hab¨ªa olvidado lo que le hab¨ªa dicho ese ser intrascendente. ¡ªSi hay un mago examinando: dudo que trabaje una semana entera seguida¡ªRespondi¨® Mateo ¡ªPor lo que perder¨¢ la paciencia y terminar¨¢ mandando a todos al carajo¡ The author''s content has been appropriated; report any instances of this story on Amazon. ¡ª?Y si nos mandan de regreso a casa?¡ªPregunt¨® Apolo, ya reacio a la idea de volverse al castillo y comerse otro viaje de 6 meses durmiendo en un carruaje. ¡ªDudo que su abuelo no haya hecho los arreglos pertinentes: recuerde el recibimiento de ayer, mi se?or¡ªComent¨® Mateo mientras se acomodaba en el asiento de conductor para echarse una siesta. ¡ªEso espero¡¡ªComent¨® Apolo algo m¨¢s tranquilo. Al ver que Mateo se hab¨ªa echado a dormir, Apolo supuso que los criados tambi¨¦n pod¨ªan dormir mientras esperaban, por lo que decidi¨® dejar de aguantarse la ganas y trato de buscar una posici¨®n c¨®moda para poder relajarse. Pero lo cierto es que era bastante inc¨®modo dormir en el asiento de conductor, Apolo tard¨® bastante y tuvo que contorsionar su cuerpo innumerable cantidad de veces hasta finalmente encontrar una posici¨®n c¨®moda. Gozando de algo de comodidad, poco a poco Apolo fue cerrando los ojos, mientras que le rogaba a sus ancestros que cuando despertara ya lo estuvieran llamando para realizar la inscripci¨®n y de tal forma se convirtiera en un mago del imperio sin mayores inconvenientes. E30-Siempre tengo la razè´¸n Lejos, muy lejos del carruaje donde Apolo dorm¨ªa, se encontraba un inmenso bosque de ¨¢rboles de corteza negra y hojas rojas. Parecer¨ªa ser invierno y si bien no nevaba, muchos animales hab¨ªan comenzado a cambiar sus rutinas: los grandes p¨¢jaros hab¨ªan migrado hacia ¨¢reas m¨¢s c¨¢lidas, provocando que fuera la estaci¨®n ideal para que los p¨¢jaros m¨¢s peque?os se reprodujeran y criaran a sus cr¨ªas sin temor a los depredadores que se encontraban invernando o hab¨ªan migrado a otras ¨¢reas. El d¨ªa de hoy un pajarito de color negro y rojo se encontraba armando un nido con las hojas y ramitas ca¨ªdas alrededor del ¨¢rbol donde estaba armando el nido: el pajarito sub¨ªa y bajaba de su nido con dedicaci¨®n, mientras poco a poco una cama de ramitas se iba construyendo. Cuando el nido termin¨® de armarse y el pajarito se dispuso a poner sus huevos, fue cuando el pajarito sinti¨® que algo volaba cerca de ¨¦l. Con miedo a lo desconocido, el pajarito gir¨® el pico para ver que acechaba el nido que con tanto empe?o hab¨ªa armado, pero para su desgracia lo ¨²ltimo que pudo ver el pajarito fue una mancha gris volando hacia su pecho. ¡ª?Le di!, ?Le di!, Apolo, ?Le di!, ?Vez que pod¨ªa hacerlo! ¡ªCelebr¨® una ni?a de pelo rubio y ojos celestes, mientras mov¨ªa una honda en su mano con felicidad. ¡ªDeja de mentir, Helena. Si eres horrible con la honda¡ªExclamo un ni?o regordete, de pelo negro y ojos negros, el cual se encontraba vestido de forma muy elegante y un bonito anillo de oro se apreciaba en uno de sus dedos. ¡ªSi no me crees, ?Ven a ver mi trofeo!¡ªDijo Helena mientras apuntaba su mano hacia una monta?a de hojas de ¨¢rboles ca¨ªdas. ¡ª?Unas hojas? ¡ªPregunt¨® Apolo ir¨®nicamente mientras se acercaba a la monta?a se?alada por la ni?a ¡ªNo idiota, el p¨¢jaro cay¨® ah¨ª adentro¡ªDijo Helena revolviendo la monta?a de hojas con la honda, pero mientras la revolv¨ªa otro objeto capto su atenci¨®n: el objeto no ten¨ªa mucho brillo, pero su forma circular y su color verde-oxidado era demasiado llamativo entre las hojas rojas. Con emoci¨®n, Helena se agach¨® y tom¨® el objeto para darse cuenta de que era un anillo de bronce oxidado manchado con tierra. ¡ª?Qu¨¦ es eso? ¡ªPregunt¨® Apolo con curiosidad mientras se acercaba a ver el extra?o hallazgo de su amiga. Find this and other great novels on the author''s preferred platform. Support original creators! Helena procedi¨® a limpiar el barro en el anillo con sus ropas y se lo puso en el dedo, mostr¨¢ndoselo a Apolo mientras dec¨ªa: ¡ª?Mira el tesoro que encontr¨¦, no piensas que es bonito? ¡ªEs horrible, solo es un anillo oxidado. Cuando volvamos al castillo te regalo una alhaja mejor, si es que te gustan¡ªRespondi¨® Apolo al ver lo feliz que parec¨ªa Helena con el anillo. ¡ªEsta alhaja me gusta mucho, ?no te parece lindo el bronce oxidado?¡ªPregunt¨® Helena con alegr¨ªa, mientras modelaba sus manos con el anillo. ¡ªTiene su encanto¡¡ªRespondi¨® Apolo al notar que su amiga realmente estaba emocionada por ese trozo de chatarra. ¡ª?Por supuesto que tiene su encanto!, Su mal estado solo ¨ªndica que tiene una gran historia¡ªComent¨® Helena con emoci¨®n mientras se imaginaba c¨®mo es que el anillo hab¨ªa terminado en el medio de este bosque ¡ª?C¨®mo crees que lleg¨® eso ac¨¢?, Nadie puede entrar en estos bosques¡¡ªComent¨® Apolo tambi¨¦n interesado en la historia del anillo. ¡ªNi idea, pero tal vez perteneci¨® a un comerciante de los mares de Deo¡ªRespondi¨® Helena haciendo volar su imaginaci¨®n ¡ªPero estamos en un bosque: ?Por qu¨¦ un comerciante ir¨ªa al medio del bosque?, Que acaso planea comerciar semillas con los p¨¢jaros¡ªRespondi¨® Apolo con iron¨ªa ¡ªTal Vez perteneci¨® a Eco, un viejo druida que vagaba sin rumbo por el mundo¡ªComent¨® Helena mirando su anillo con alegr¨ªa. ¡ª?Druidas?, ?En el imperio?, Ese anillo deber¨ªa tener como diez mil a?os y ni siquiera est¨¢ del todo oxidado¡ªExclam¨® Apolo mirando al cielo y notando que el atardecer se acercaba¡ªEs medio tarde, deber¨ªamos ir volviendo al castillo o mi padre me castigar¨¢ otra vez. Luego de decir eso Apolo comenz¨® a caminar sin esperar a que Helena le respondiera. La ni?a se percat¨® de que su amigo se marchaba y antes de quedar sola decidi¨® correr hasta ponerse al lado de Apolo. ¡ª?Est¨¢s seguro de que esta es la direcci¨®n correcta?, Creer¨ªa que estamos yendo justamente por el lado contrario¡ªDijo Helena mirando al cielo anaranjado con dudas. ¡ª?Claro que es por ac¨¢!, ?o no?¡ªPregunt¨® Apolo algo nervioso, en realidad extra?amente se hab¨ªa olvidado por donde hab¨ªa venido, pero su mente de ni?o no quer¨ªa darle la raz¨®n a su amiga. ¡ªCreo que no, mira el cielo, estamos caminando en la direcci¨®n de la estrella del coloso y deber¨ªamos ir hacia la estrella de Thais¡ªDijo Helena levantando una rama del piso para apuntar a dos puntitos chiquitos en el cielo, apenas visibles por la cercan¨ªa del anochecer. ¡ª?Tienes raz¨®n!, ?Casi nos perdemos en el bosque, Helena! ¡ªGrit¨® Apolo con miedo, mirando los dos puntitos en el cielo y notando su error. ¡ªSiempre tengo la raz¨®n¡¡ªRespondi¨® Helena con una sonrisa p¨ªcara, mientras avanzaba en la direcci¨®n que ella hab¨ªa indicado. E1-31- Te lo regalo Los dos ni?os continuaron caminando por el bosque mientras observaban con preocupaci¨®n c¨®mo las estrellas en el cielo se iban haciendo m¨¢s y m¨¢s brillantes. ¡ª?Realmente esta era la direcci¨®n correcta? Recuerdo que hab¨ªa que seguir a la estrella de Thais, pero no estamos llegando y ya est¨¢ por anochecer¡ªSe quej¨® Apolo con algo de preocupaci¨®n, el joven era m¨¢s que consciente de que su padre no le permitir¨ªa explorar el bosque por mucho tiempo si no volv¨ª a casa dentro de poco. ¡ªEstoy segura de que falta poco, ya puedo escuchar el ruido del r¨ªo¡ªRespondi¨® Helena corriendo para adelante. ¡ª?Hey, no corras! Hay poca luz, te vas a tropezar, ?tonta! ¡ªGrit¨® Apolo con preocupaci¨®n, pero Helena parec¨ªa no haber escuchado su advertencia y sigui¨® corriendo para adelante ¡ªMaldici¨®n, Helena¡¡ªMaldijo Apolo comenzando a correr para no perder de vista a la ni?a. Apolo persigui¨® la espalda de su amiga por el bosque hasta que tambi¨¦n comenz¨® a escuchar el atronador ruido del agua chocando contra las piedras. Con extra?eza por no reconocer esta parte del bosque, el ni?o grit¨® en voz alta: ¡ª?Para, idiota!, no solo te vas a resbalar, sino que tambi¨¦n est¨¢s corriendo para cualquier lado: ?No atravesamos ning¨²n r¨ªo durante toda la exploraci¨®n! Pero Helena obstinadamente ignor¨® a Apolo y contin¨²o corriendo hacia la direcci¨®n donde proven¨ªa el ruido del agua. Apolo con enojo persigui¨® la espalda de Helena, tratando de atrapar a la ni?a para hacerla entrar en raz¨®n, sin embargo, Helena era mucho m¨¢s ¨¢gil que el regordete ni?o por lo que la tarea parec¨ªa imposible. No obstante, para sorpresa de Apolo, la ni?a decidi¨® pararse de repente tras unos pocos metros m¨¢s de forma s¨²bita. ¡ª?Ya te diste cuenta de que te equivocaste? ¡ªPregunt¨® Apolo mientras recuperaba su respiraci¨®n y miraba de reojo como Helena se hab¨ªa quedado mirando a la nada en la cima de una colina no tan lejana. ¡ª?Yo nunca me equivoco! ¡ªGrit¨® Helena desde la cima haciendo un puchero, mientras miraba el gigantesco acantilado enfrente de ella. Apolo camin¨® los pocos metros que quedaban para llegar a Helena y se percat¨® de la existencia de un acantilado que nunca antes hab¨ªa visto. ¡ªYo era el que ten¨ªa raz¨®n, ?idiota!, era tan simple, solo ten¨ªamos que seguir la estrella del coloso, por qu¨¦ mierda pensaste que ten¨ªamos que seguir la estrella de un tal Thai: ?Ni siquiera s¨¦ si existe una estrella con ese nombre! ¡ª Grit¨® Apolo mientras se percataba de que era imposible cruzar el acantilado. ¡ª?No me grites!, No es mi culpa: es tuya por no darte cuenta antes¡ªSe quej¨® Helena buscando mantenerse en el lado ganador de la conversaci¨®n mientras miraba con desesperaci¨®n como el sol en el horizonte ya estaba casi por terminar de ponerse. ¡ªNo, ?Todo esto es tu error y para colmo mi padre solo me lo har¨¢ pagar a m¨ª!¡ª Grit¨® violentamente Apolo mirando a Helena con furia ¡ªY yo que culpa tengo si deciden castigarte, ?Culpa tu suerte por nacer de un padre que solo sabe expresarse con los pu?os!¡ª Grit¨® Helena mientras tomaba una rama en el suelo y se la tiraba a Apolo con enojo. La rama sali¨® volando chocando contra la cara de Apolo, raspando su rostro y provocando que gotas de sangre tibia comenzaran a salir de la herida. ¡ª?Qu¨¦ dijiste de mi padre, sirvienta de mierda!, ?¨¦l fue el ¨²nico de la familia que se molest¨® en darte un hogar cuando llegaste al castillo! ¡ª Grit¨® Apolo tocando la herida en su rostro y viendo con enojo como su mano se manchaba con sangre. ¡ª?Por culpa de tu padre es que soy una sirvienta!, ?Tu padre es un violador enfermo que se aprovech¨® de mi madre cuando tuvo la oportunidad! ¡ªGrit¨® Helena con enojo mientras buscaba otra rama en el piso y se la tiraba a Apolo con violencia. La rama vol¨® por el aire y choc¨® contra la panza de Apolo, provocando que el ni?o cayera al suelo tomando su panza. Sin esperar a que el ni?o se levantara del suelo, Helena corri¨® hacia Apolo y se lanz¨® sobre ¨¦l, tomando las dos manos del ni?o y manteni¨¦ndolo en el piso con el peso de su cuerpo, Helena continu¨® gritando con angustia, mientras unas l¨¢grimas comenzaban a caer de sus ojos para mojar el rostro de Apolo: Love what you''re reading? Discover and support the author on the platform they originally published on. ¡ªCuando fui a decirle al enfermo de tu padre que mi madre se hab¨ªa suicidado y ¨¦l era el ¨²nico familiar que me quedaba, solo me llevo al medio del bosque para abandonarme; esperando que me muriera de hambre y sus problemas desaparecieran entre estos ¨¢rboles. ?Fue tu abuelo el que me sac¨® de ac¨¢ y me dio una segunda vida! Sin esperar la reacci¨®n de Apolo, Helena apret¨® con violencia las dos manos de Apolo, provocando que un fr¨ªo helado comenzara a inundar el cuerpo del ni?o, provocando que el joven se retorciera de dolor, mientras gritaba desesperadamente: ¡ª?Para, Helena, para!, ?Me est¨¢s quemando las manos, me est¨¢s lastimando! Pero lejos de sentir que Helena tuviera alguna intenci¨®n de parar, Apolo sinti¨® que el fr¨ªo helado proviniendo de las manos de la ni?a no hac¨ªa m¨¢s que incrementarse, provocando que el anillo de oro en su mano comenzara a brillar. Los llantos de Helena pararon y sus ojos se iluminaron con las llamas del odio mientras gritaba con violencia al joven llorando del dolor: ¡ª?Yo, su hija Helena, deber¨ªa ser una noble y no una sirvienta, pero ni ese destino me pudo otorgar ese enfermo! ?Todo es su culpa, yo no hice nada para merecer esta vida llena de desgracia! Fue entonces que el cuerpo de Apolo dej¨® de temblar y en su lugar una mirada llena de odio brot¨® en el rostro del joven ni?o, por su parte Helena se desparram¨® arriba del cuerpo de Apolo mientras comenzaba a toser sangre. ¡ªFuiste una sirvienta en esta vida: ?Y te aseguro que morir¨¢s como una sirvienta!¡ªGrit¨® Apolo con violencia mientras aprovechaba la debilidad de Helena para tomar el rostro de la ni?a con sus manos¡ª?Aprende la diferencia entre nuestra sangre, inmunda sirvienta! Las manos de Apolo se prendieron fuego, provocando que Helena gritara de dolor mientras su rostro era quemado, sin embargo, el cuerpo de la ni?a, cada vez m¨¢s esquel¨¦tico, no ten¨ªa la fuerza para luchar contra Apolo. Helena grit¨® y grit¨® a medida que el pelo se le prend¨ªa fuego y los ojos perd¨ªan su visi¨®n, sin embargo, Apolo cruelmente segu¨ªa sosteniendo el rostro de la ni?a al frente de ¨¦l, como no queri¨¦ndose olvidar de c¨®mo la vida de Helena se iba extinguiendo. Los gritos de Helena se fueron haciendo m¨¢s y m¨¢s apagados hasta que finalmente dej¨® de gritar, provocando que Apolo tirara el cuerpo esquel¨¦tico de Helena a un costado. Apolo se puso de pie sin esfuerzo, como si esta batalla nunca hubiera ocurrido, sinti¨¦ndose lleno de vida, not¨¢ndose un poco m¨¢s alto y m¨¢s fuerte. Con una sonrisa cruel, Apolo le emboc¨® una patada al cad¨¢ver de Helena boca abajo en el piso, d¨¢ndole vuelta a la ni?a y permitiendo desvelar un anillo oxidado en su mano esquel¨¦tica. Apolo observ¨® el anillo con obsesi¨®n, si bien el anillo era horrible, el ¨®xido del anillo no hac¨ªa m¨¢s que enloquecer al joven ni?o, su hermosa circunferencia seduc¨ªa a Apolo pidi¨¦ndole que lo portara y Apolo obedeci¨® agach¨¢ndose para agarrarlo, pero antes de que pudiera tomarlo el cuerpo sin vida de Helena volvi¨® a levantarse tomando la mano de Apolo. El ni?o, congelado por el temor, observ¨® con los ojos bien abiertos como la cabeza de Helena comenzaba a levantarse para mirarlo fijamente. Los ojos blancos y la piel roja quemada llenaron la visi¨®n de Apolo, mientras los labios de Helena, destrozados por las llamas, volv¨ªan a moverse con lentitud como si cada una de las palabras que estaba por pronunciar fueran las m¨¢s complicadas de recitar en estos momentos: ¡ªTe¡Lo¡ Regalo¡Apolo. Tras decir esas cuatro palabras, el cuerpo de Helena perdi¨® la fuerza y volvi¨® a chocar contra el piso. Provocando que Apolo comenzara a llorar desconsoladamente, mientras el peque?o y esquel¨¦tico cuerpo de su amiga se empapaba con sus l¨¢grimas. ¡ªCuatro palabras y destru¨ª el trabajo de su vida¡ Soy realmente un genio¡¡ªComent¨® alguien desde la espalda de Apolo. El joven asustado se dio la vuelta mientras trataba in¨²tilmente de ocultar el cuerpo de Helena con su cuerpo, temeroso de que la persona que acababa de hablar lo juzgara por el asesinato que acababa de cometer. Fue entonces que Apolo observ¨® que apoyado sobre un tronco ca¨ªdo se encontraba una persona muy alta, de pelo negro y ojos negros, la misma estaba vistiendo una capa negra y su rostro estaba oculto tras un antifaz plateado, por lo que Apolo no pod¨ªa reconocer quien era esta persona. Pero nosotros, querido lector, si reconocemos que ese antifaz era id¨¦ntico al que le hab¨ªa sido regalado a Apolo por uno de sus ancestros. ¡ª?Qui¨¦n sois? ¡ªPregunt¨® Apolo asustado ¡ªEl que te acaba de regalar esas cuatro palabras¡ ?O no?¡¡ªRespondi¨® el hombre del antifaz con iron¨ªa sin querer dar muchas explicaciones. ¡ª?Yo no quise hacer esto, te lo juro! ¡ªGrit¨® Apolo con desesperaci¨®n, mientras sacaba el anillo de la mano de helena y se lo mostraba al hombre con el antifaz¡ª ?La culpa es de este anillo!, ?Todo es su culpa! ¡ª?Entonces por qu¨¦ no arrojas el anillo por el acantilado? ¡ªComent¨® el hombre del antifaz mientras una sonrisa asquerosamente grande se formaba en su rostro. Apolo escuch¨® con aturdimiento la pregunta planteada por el desconocido y a¨²n m¨¢s aturdido el ni?o se puso cuando se dio cuenta de que en realidad no quer¨ªa arrojar el anillo por el acantilado. ¡ªPero este anillo es el culpable de la muerte de Helena: ?No quiero dejarlo escapar! ¡ªRespondi¨® Apolo con confianza, mientras guardaba el anillo en su bolsillo. ¡ªHermosa l¨®gica¡¡ªExclam¨® el hombre con el antifaz acentuando a¨²n m¨¢s su sonrisa, la cual a este punto llegaba a asustar al ni?o¡ª?Entonces quieres vengarte del anillo, pero no quieres que se escape? ¡ª?Exacto! ¡ªComent¨® Apolo con una sonrisa palmeando suavemente el bolsillo donde hab¨ªa colocado el anillo. ¡ªSi es lo que deseas, d¨¦jame ayudarte¡¡ªDijo el hombre del antifaz con una sonrisa, mientras se levantaba y corr¨ªa hacia donde estaba Apolo. Antes de que el ni?o pudiera reaccionar, el hombre grande estaba a unos pocos pasos y sin mucho esfuerzo le dio un empuj¨®n que lo hizo rodar por el suelo hasta caer por el acantilado. *?Aaaaaaaah!* Grit¨® Apolo con desesperaci¨®n mientras ca¨ªa por el acantilado. E1-32-Vida Ordinaria *?Aaaaaaaah!* Grit¨® Apolo con desesperaci¨®n, mirando como Mateo lo miraba con curiosidad. ¡ª?Otra pesadilla, mi se?or? ¡ªPregunt¨® Mateo, ya acostumbrado a los gritos de Apolo tras despertarse. ¡ªSiempre lucen tan reales¡¡ªSe quej¨® Apolo mientras se frotaba su rostro con la camisa y bostezaba¡ª¡ ?Qu¨¦ hora es?¡*uaaah*¡ ?Nos falta mucho para terminar el tr¨¢mite? ¡ªNo tanto, la cola est¨¢ avanzando cada vez m¨¢s r¨¢pido¡ªComent¨® Mateo, se?alando con su mano y mostrando que todav¨ªa hab¨ªa cientos de carruajes para llegar al castillo¡ªAhora est¨¢n haciendo entrar a las personas en grupo, parece que los examinadores se cansaron de trabajar. ¡ªYa es de noche, ?Dorm¨ª mucho? ¡ªPregunt¨® Apolo sin ocultar el disgusto en su rostro al percatarse de que deber¨ªa seguir esperando. ¡ªDurmi¨® m¨¢s de 14 horas, as¨ª que s¨ª, dir¨ªa que durmi¨® bastante¡ªComent¨® Mateo observando con felicidad como otro grupo de carruajes era llamado para acercarse al castillo. ¡ª??Qu¨¦ dorm¨ª 14 horas?! ¡ªChill¨® Apolo como un desquiciado. Inmediatamente, el joven noble procedi¨® a pararse en el asiento del conductor y abriendo sus dos brazos al cielo, exclam¨® a los cuatro vientos: ¡ª ?Gracias ancestros por bendecirme! ?Ser¨¦ el mejor mago que haya visto esta familia: se los juro por mi vida! ¡ªSe ve que de verdad le costaba dormir¡¡ªMurmur¨® Mateo en voz baja, d¨¢ndose cuenta de que los ojos de Apolo hab¨ªan perdido sus caracter¨ªsticas ojeras y su cara se ve¨ªa m¨¢s saludable que nunca. ¡ªYo que usted no festejar¨ªa tanto, mi se?or¡ªComent¨® Orrin desde la calle. ¡ª?Por qu¨¦ no habr¨ªa de festejar semejante logro? ¡ªPregunt¨® Apolo observando como Orrin se encontraba alimentando a los caballos de su carruaje. Orrin continu¨® alimentando a los caballos con tranquilidad, para los animales tambi¨¦n era molesto tener que avanzar tan poco y estar tanto tiempo en una cola, por lo que Orrin sab¨ªa que era mejor atenderlos con cuidado. Mientras que esto ocurr¨ªa explic¨® su punto de vista con calma: ¡ªNosotros esperamos m¨¢s de 16 horas, pero detr¨¢s de todo esto hay un mago que se pas¨® m¨¢s de 16 horas seguidas examinando a los candidatos y para colmo nosotros somos casi los ¨²ltimos de la fila: ?Te imaginas con qu¨¦ humor nos va a recibir?. ¡ªCon los ancestros de mi lado, ?por qu¨¦ habr¨ªa de temer? ¡ªDijo Apolo con una sonrisa bastante grande, parec¨ªa que su humor hab¨ªa cambiado completamente tras el buen sue?o¡ªIncluso si es el mism¨ªsimo hijo del emperador el que est¨¢ a cargo de este tr¨¢mite burocr¨¢tico, lo convencer¨¦ de que me d¨¦ el puesto de mago: ?No perder¨¦ mi tiempo regresando al castillo y tengo un juramento que cumplir! ¡ªMe alegro de que seas tan supersticioso, joven se?or, si el examen solo eval¨²a la confianza de seguro apruebas¡ªComent¨® Mateo, pidi¨¦ndole en secreto a sus ancestros para que le den una mano a Apolo. El hombre era consciente de que si el que estaba evaluando ten¨ªa demasiado rango nobiliario solo se complicar¨ªa las cosas, ya que Apolo no pod¨ªa sacar a relucir su principal "virtud": su sangre noble. ¡ªNo dorm¨ªa tanto desde que era un ni?o, claramente algo debe significar¡¡ªComent¨® Apolo mientras volv¨ªa a sentarse y miraba con curiosidad como Orrin alimentaba los caballos¡ª?Puedo darles de comer? If you come across this story on Amazon, it''s taken without permission from the author. Report it. ¡ªNo, los caballos no te conocen: te morder¨¢n la mano¡ªComent¨® Mateo con apuro, sabiendo que su padre estaba a punto de quedarse callado en un silencio comprometedor nuevamente. ¡ª?Y c¨®mo hago que me conozcan? ¡ªPregunto Apolo un poco disgustado con la negativa ¡ªAliment¨¢ndolos¡¡ªComent¨® Orrin en voz baja. ¡ªOh vaya, eso es bastante parad¨®jico¡¡ªDijo Apolo notando el problema. ¡ªNo tanto, solo usas unos guantes especiales hasta que el caballo deje de morderte¡ªRespondi¨® Mateo con calma¡ªSi quiere podr¨ªamos ense?arle a domesticar un caballo cuando sea un mago y obtenga su estancia. ¡ªNo, est¨¢ bien, ahora tenemos mucho tiempo, as¨ª que podr¨ªamos intentarlo ahora mismo¡ªRespondi¨® Apolo record¨¢ndose a s¨ª mismo que deb¨ªa actuar como lo har¨ªa un criado por el resto del d¨ªa¡ªAlimentar¨¦ al caballo y si me muerde, simplemente tomar¨¦ la vida de alg¨²n ¨¢rbol de este jard¨ªn disimuladamente: no hay ning¨²n peligro para alguien con una sangre tan noble como la m¨ªa. ¡ªPor supuesto, as¨ª es como lo deben hacer los miembros de su familia con los caballos de guerra¡ªComent¨® Orrin con una sonrisa muy amplia en su rostro¡ªsimplemente y le indicar¨¦ c¨®mo aproximarse para evitar que el caballo se enoje m¨¢s de la cuenta. Apolo mir¨® al suelo desde el asiento del conductor y se dio cuenta de que estaba algo alto, por lo que con la cara roja y en voz muy baja murmur¨®: ¡ªAy¨²denme a bajar¡. Con mucha verg¨¹enza Apolo acept¨® que Orrin lo atajara mientras saltaba con miedo del asiento del conductor. El joven se?or era consciente de que si sus hermanos lo ve¨ªan con miedo de tirarse de poco menos que un metro de alto probablemente se estar¨ªa revolcando por el piso de la risa. Sin embargo, Apolo se llen¨® la mente con la gloria otorgada por seguir los consejos de su ancestro y trat¨® de enmascarar su verg¨¹enza con ello. ¡ªEntonces, como me tengo que acercar a esta noble criatura¡ªComent¨® Apolo con rubor en su cara. ¡ªNo se olvide de que es muy probable que los caballos traten de morderlo¡ªRecord¨® Mateo algo preocupado, recordando que Apolo hab¨ªa estado dando ¨®rdenes sin sentido a los caballos mientras conduc¨ªa, y la gran realidad es que los caballos pod¨ªan ser incluso m¨¢s rencorosos que los humanos¡ªEstos caballos no fueron amansados por lo que no se pueden montar: solo sirven para conducir el carruaje, as¨ª que no son muy amigables con los humanos. ¡ªAcerca la manzana y ponla delante de su boca con lentitud¡ªComent¨® Orrin con calma¡ªNo acerques el balde con comida o el caballo tratar¨¢ de tirarte del pelo para sacarte el balde de las manos y ten presente que est¨¢n algo molestos por la espera. ¡ªSiempre fui querido por los animales cuando exploraba el bosque, as¨ª que estoy seguro de que tengo talento con las criaturas¡ªDijo Apolo tomando una manzana del balde con confianza, mientras se acercaba a uno de los caballos. Por su parte, el caballo vio como el muy malnacido que no paraba de confundirlo con sus ¨®rdenes sin sentido se le acercaba con una manzana en su mano. No obstante, el caballo no se desesper¨® y con paciencia esper¨® a que su oportunidad de venganza se presentara. Mateo con desconfianza mir¨® como uno de sus caballos estaba actuando m¨¢s d¨®cilmente que de costumbre, inicialmente este caballo nunca dejar¨ªa que un extra?o se le acercara tanto sin rechinar los dientes en forma de advertencia. Por lo que Mateo quer¨ªa advertirle a Apolo de la situaci¨®n anormal, pero el joven se?or parec¨ªa tener tanta confianza que en realidad podr¨ªa ser que Apolo tuviera un don natural con los animales. Apolo fue acercando lentamente su manzana tratando de no alterar a la criatura, al ver que el caballito parec¨ªa invitarlo a que le diera la manzana moviendo su cabeza gentilmente, Apolo comprendi¨® que se hab¨ªa ganado la confianza del animal mientras lo conduc¨ªa, por lo que decidi¨® acercarse para darle la manzana. Para sorpresa de los dos conductores, el caballo gentilmente comi¨® la manzana en la mano de Apolo y movi¨® su cabeza de lado a lado como pidiendo otra. ¡ª?Impresionante! ¡ªExclam¨® Orrin aplaudiendo exageradamente, como si este fuera el mayor logro en la vida de su joven se?or. ¡ªRealmente se nota su sangre noble, se?or¡ªAlag¨® Mateo percat¨¢ndose por los aplausos de su padre que este era el momento de elogiar al se?or para inflar su confianza. ¡ªNaturalmente¡¡ªRespondi¨® Apolo con una sonrisa llena de satisfacci¨®n mientras iba a buscar otra manzana y se la acercaba a la grata criatura¡ªTen caballito, espero que te guste. E1-33-Caballito Apolo acerc¨® la manzana al caballo y el caballo naturalmente agarr¨® la manzana, permitiendo que el joven est¨¦ lo suficientemente cerca como para acariciar el suave pelaje del cuello del caballo. Fue justo en ese momento de descuido en donde Apolo se encontraba acariciando a la criatura, que el caballito solt¨® la manzana y con violencia agarr¨® la ropa del joven con su boca. Con fuerza, el caballo sacudi¨® su cuerpo y tir¨® a Apolo debajo de sus piernas. ¡ªLa cagu¨¦¡¡ªMaldijo el joven notando la situaci¨®n de peligro en donde se hab¨ªa metido y sin perder el tiempo, trat¨® de levantarse para alejarse de las piernas del caballo. Pero su velocidad no fue tan r¨¢pida como la del semental que ya hab¨ªa acomodado su cuerpo para embocarle una patada. *Crush* La patada del caballo mand¨® disparado al esquel¨¦tico cuerpo de Apolo por los aires y lo hizo rodar por el suelo. ¡ªSe?or!¡ªGritaron Mateo y Orrin sabiendo la gravedad del asunto: la patada de un caballo f¨¢cilmente podr¨ªa matar a una persona y no eran pocos los muertos por molestar m¨¢s de la cuenta a estas nobles criaturas. *?Ahhggg!* Apolo se mordi¨® los labios y trat¨® de aguantar el dolor, para evitar que la gente de los alrededores se diera cuenta de lo que acababa de pasar. No obstante, lamentablemente el aburrimiento de la espera y el estrepitoso grito de los criados jugaron en contra de los planes del joven noble y no pas¨® mucho tiempo para que varias personas se acercaran a tratar de ayudar a Apolo. ¡ªOrrin dispersa a las miradas curiosas y Mateo arr¨¢strame hacia alg¨²n ¨¢rbol, me dio de lleno en la pierna¡ªOrden¨® Apolo mientras miraba con un desprecio impropio de cualquier ser humano normal como varios de sus huesos sobresal¨ªan de su pierna derecha. ¡ª?Haz lo que dice el se?or!¡ªOrden¨® Orrin al ver que su hijo se hab¨ªa quedado congelado al ver como la sangre emanaba de la pierna de Apolo como si de una fuente se tratase. ¡ª??C¨®mo mierda un ¨¢rbol va a lograr curar esto?! ¡ªExclam¨® Mateo mirando a su padre como si fuera un lun¨¢tico¡ª?El chico se va a quedar rengo toda su vida por nuestra culpa!, ?Nos van a matar, pap¨¢! ¡ª?Cierra la boca y cumple la maldita orden, Mateo! ¡ªGrit¨® Orrin con autoridad, mientras se dirig¨ªa a dispersar a las personas que ven¨ªan a socorrer a Apolo. Con todas las dudas del mundo, Mateo carg¨® a Apolo y lo llev¨® hasta el ¨¢rbol m¨¢s cercano, m¨¢s por la inercia brindada por la histeria de la situaci¨®n que por lo que su l¨®gica le indicaba. Sin perder el tiempo, Apolo tom¨® el ¨¢rbol y vio con incomodidad como hab¨ªa f¨¢cilmente 50 personas mir¨¢ndolo. El anillo de oro en la mano del noble comenz¨® a brillar y cuando la inscripci¨®n termin¨® de cambiar el ¨¢rbol que estaba tocando Apolo comenz¨® a morir, entre tanto los huesos en su pierna se volv¨ªan a meter abajo de la piel como si tuvieran voluntad propia y las heridas comenzaban a cerrarse por s¨ª mismas. Mientras esta grotesca escena ocurr¨ªa en su pierna, Apolo la ignoraba completamente y en su lugar miraba con la cara roja como un tomate a todos los ojos ajenos que se hab¨ªan reunido a observar la situaci¨®n. La verg¨¹enza que estaba sintiendo el joven noble ahora mismo hab¨ªa llegado al punto m¨¢s alto en toda su vida, por lo que Apolo termin¨® explotando. ¡ª?Que nunca vieron de lo que es capaz un mago de verdad, manga de in¨²tiles! ¡ªGrit¨® Apolo con la cara roja, mientras se levantaba y miraba de reojo como el hermoso ¨¢rbol del jard¨ªn del ministerio de magia hab¨ªa sido reducido a un tronco reseco. Al ver la extra?a escena, la gran mayor¨ªa de aspirantes a magos tambalearon ante la incertidumbre: por una parte, era impensable que alguien se lesionara con su propio caballo en este momento y desde la otra perspectiva era una buena idea hacerlo para sacar a relucir semejante habilidad m¨¢gica. Por lo que para la mayor¨ªa de curiosos, que a esta altura de las circunstancias era toda la cola, Apolo o bien era un genio, o simplemente era un idiota buscando llamar la atenci¨®n montando todo este espect¨¢culo. Apolo, con la cara roja y mirando al piso, se acerc¨® al carruaje. Por su parte, Mateo, algo impactado por ver por primera vez la extra?a habilidad de la familia de Apolo, hab¨ªa salido corriendo hacia el carruaje para abrirle la puerta al joven noble: notando el rubor en su rostro. ¡ª?Qu¨¦ haces! ?Ven y ay¨²dame a subir a mi asiento!¡ªComent¨® Apolo viendo a su criado abriendo la puerta del carruaje y viendo como el resto de personas lo miraban con anormalidad. This story originates from a different website. Ensure the author gets the support they deserve by reading it there. ¡ª?No cree que es mejor esperar a que la gente se disperse?¡ªPregunto Mateo viendo como su padre segu¨ªa tratando in¨²tilmente que la gente dejara de acosar con sus miradas al joven se?or. ¡ªNo, claro que no. Esta es mi lucha: esta es mi guerra¡ªSe motiv¨® Apolo mientras se acercaba al asiento del conductor y trataba de subirse por su propia cuenta, pero su d¨¦bil cuerpo no se lo permit¨ªa¡ªYa ver¨¢n¡ Todos estos idiotas, ya ver¨¢n de lo que soy capaz¡. Ignorando la petici¨®n de ayuda, Mateo se qued¨® congelado mirando como Apolo trataba de subir al asiento del conductor por su propia cuenta: no fue por el morbo de ver a un noble in¨²til, sino m¨¢s bien por los ojos llenos de vida en el rostro de su se?or. Durante los 6 largos meses que Mateo hab¨ªa estado sirviendo a Apolo esta era la primera vez que lo ve¨ªa tan serio. Cada vez que el joven tropezaba y ca¨ªa al suelo tras fracasar en su objetivo de subir al asiento, se volv¨ªa a levantar y sin importarle las risas que ya pod¨ªan escucharse desde algunos carruajes en la fila, Apolo insist¨ªa en seguir intent¨¢ndolo: volv¨ªa a tratar de subirse, solo para fracasar y volver a caer, sin embargo, sus ojos no dejaban de brillar. Hab¨ªa algo extra?o en esta escena, si bien los dem¨¢s no pod¨ªan ver esa extra?eza y solo se re¨ªan de la inutilidad de Apolo, Mateo, que conoc¨ªa lo suficientemente bien al joven, pod¨ªa intuir la anomal¨ªa que estaba ocurriendo frente a sus ojos: Apolo, un joven noble eternamente mimado por su familia, estaba tratando por primera vez en su vida de lograr algo por su cuenta, sin embargo, estaba fracasando cruelmente y parec¨ªa que no podr¨ªa escapar de su destino. Pese a ello el joven no se rend¨ªa y segu¨ªa intent¨¢ndolo, porque al parecer subir a ese simple asiento se hab¨ªa vuelto una cuesti¨®n trascendental en su vida. Por su parte, Mateo solo pod¨ªa observar como un observador m¨¢s, ¨¦l sab¨ªa que la situaci¨®n era tan idiota como se escuchaba y pese a ello para el criado esta situaci¨®n ten¨ªa algo especia, algo que no era describirle con simples palabras: era la m¨ªstica creada por alguien que no se rindi¨® y luchaba contra el mundo, era la m¨ªstica del eterno in¨²til tratando de superarse a s¨ª mismo, era el joven que maduraba y aprend¨ªa a aceptar sus defectos para superarse. Ante tal m¨ªstica, Mateo se qued¨® congelado pidiendo a gritos en su cabeza que esta vez y solo por esta vez cuando Apolo volviera a intentar subir al asiento, realmente lograra hacerlo. Fue entonces que Mateo escuch¨® una voz familiar, interrumpiendo sus pensamientos: ¡ªNo tiene la fuerza, ap¨®yese en la barra, balancee ¨¢gilmente su cuerpo y estoy seguro de que lograra hacerlo, joven se?or. Mateo mir¨® a su padre: estaba ah¨ª parado, recto como un roble, con la mano en la espalda, como si estuviera esperando el gran milagro, como si estuviera viendo los m¨¢s de 60 a?os de servicio como criado hacia la familia de Apolo transcurriendo delante de sus ojos. Ante tal escena, un escalofr¨ªo fue subiendo por la columna de Mateo, ¨¦l sab¨ªa lo que su padre estaba viviendo ahora mismo mejor que nadie en este mundo. Su padre: un viejo criado alimentado por el orgullo de servir a una gran familia noble durante toda su vida, estaba viendo como cientos de personas se re¨ªan a las espaldas de su se?or. Sin embargo, su propia espalda estaba erguida al cielo: m¨¢s recta que nunca, pareciendo soportar toda esa humillaci¨®n con tal de seguir cumpliendo con su palabra de honor al abuelo de Apolo. Y entonces fue cuando el milagro ocurri¨®, Apolo, siguiendo el consejo de Orrin, tom¨® la barra y balanceando su cuerpo para adelante, logr¨® que una de sus piernas entrasen al asiento, pero lamentablemente no logr¨® ingresar la segunda, por lo que la ca¨ªda era inminente. Sin embargo, sacando hasta la ¨²ltima gota de fuerza de su cuerpo esquel¨¦tico, Apolo pudo poner la suficiente fuerza en sus manos para compensar el error y conseguir caer en la parte de adentro del carruaje: finalmente Apolo no necesito la ayuda de los dem¨¢s. Pese al gran ?logro?, Orrin escuch¨® con tristeza como todo el mundo se re¨ªa desde atr¨¢s de su espalda; sin embargo, su rostro estaba tan firme como su espalda y se negaba rotundamente a demostrar un solo s¨ªmbolo de debilidad. La familia a la que serv¨ªa era de guerreros y si Apolo no pod¨ªa defender su propio orgullo, entonces era su deber como criado cargar con el orgullo de los colosos del bosque negro. No obstante, la tez del viejo criado no pudo aguantar ante lo que estaba a punto de suceder: *Plaf, plaf, plaf* entre medio de las risas de los dem¨¢s, el aplauso de Mateo reson¨® en el aire rompiendo la armon¨ªa de las risas. Inmediatamente, Orrin mir¨® a su hijo con preocupaci¨®n, en primera instancia imagin¨® que su hijo, tan inexperto como siempre, estaba aplaudiendo con iron¨ªa el ?logro? de Apolo. Sin embargo, para sorpresa del viejo criado, su hijo estaba llorando con una amplia sonrisa en el rostro mientras aplaud¨ªa a Apolo como si su logro fuera el suyo propio, al ver tal escena el rostro del viejo comenz¨® a empaparse como el de su hijo: ya que por primera vez desde que le ense?¨® el oficio de criado a su hijo. El viejo pudo ver a Mateo disfrutando la profesi¨®n que le hab¨ªa regalado, por primera vez el viejo sinti¨® que su trabajo como padre hab¨ªa dado sus frutos y que su hijo finalmente comenzaba a disfrutar de la vida que con tanto sudor y esfuerzo ¨¦l pudo otorgarle. Como si una gran piedra en el coraz¨®n de Orrin se hubiera liberado, el viejo comenz¨® a llorar desgarradoramente mientras se arrodillaba en el suelo. Orrin sab¨ªa m¨¢s que nadie que la vida del criado no era la vida de los nobles, pero era una vida digna, llena de orgullo y sobre todo era la mejor vida que ¨¦l pod¨ªa darle a su hijo: por lo que nada lo hac¨ªa m¨¢s feliz que ver a su propio hijo siendo feliz con la vida que con tanto sudor y esfuerzo ¨¦l le hab¨ªa podido dar. E4-34-El examen Apolo con satisfacci¨®n observ¨® como su criado aplaud¨ªa por su logro, sin embargo, su sonrisa no dur¨® mucho, ya que las risas proviniendo de los dem¨¢s carruajes se hicieron demasiado evidentes para el joven cuando dej¨® de concentrarse en tratar de subir al carruaje. Pese a ello y para fortuna de Apolo y de todos los pretendientes a convertirse en magos, los guardias comenzaron a indicar que todos los pretendientes deb¨ªan ingresar al castillo para ser examinados. Al parecer el accidente de Apolo hab¨ªa provocado que el mago que evaluaba la inscripci¨®n terminara de perder la paciencia y decidiera acabar con este tr¨¢mite de una buena vez. At¨®nito por las nuevas instrucciones dadas por los guardias, Apolo mir¨® sin ocultar su asco como los pretendientes comenzaron a bajarse de sus respectivos carruajes para caminar hacia el castillo; dado que la cola de carruajes no era precisamente corta era imposible acercarse conduciendo por lo que no quedaba otra alternativa que ir caminando. Tras ver esta escena desarroll¨¢ndose delante de sus ojos, el joven no ahorr¨® en insultos y se quej¨® en voz alta: ¡ªAcaso ninguno de los guardias pudo advertirme de que ten¨ªamos que ir entrando al castillo antes de que tratara de subirme al asiento del conductor, son tan incompetentes o solo me odian por ser noble. ¡ªClaramente, es por las dos cosas, mi se?or¡ªDijo Orrin tambi¨¦n enojado, era demasiado evidente que el motivo por el cual la orden no se hab¨ªa dado antes era para poder mofarse de su se?or¡ªCuando lleguemos a la puerta nos quejaremos como es debido. ¡ªNo, no, lo que pas¨®, ya pas¨® y que castiguen a estos guardias no me devolver¨¢ mi honor. Pero si nos piden pagar para reemplazar el ¨¢rbol que acabo de destruir, le decimos que por ofenderme no le daremos ni un solo cristal¡ªContest¨® Apolo con una sonrisa en su rostro; ahora ten¨ªa una excusa perfecta para librarse de ese "peque?o" problema. ¡ªComo usted ordene, mi se?or¡ªRespondi¨® Orrin no tan contento con la idea de reemplazar honor por dinero. ¡ªPor lo dem¨¢s, ay¨²denme a bajar: ?Tengo un tr¨¢mite que terminar!¡ªExclam¨® Apolo con ansias; el viaje hab¨ªa sido demasiado largo y finalmente hab¨ªa llegado el gran momento que hab¨ªa estado esperando durante unos largos 6 meses. Apolo se tir¨® del carruaje, fue atajado por Mateo e ignorando las risas de los dem¨¢s participantes camin¨® hacia la puerta del castillo acompa?ado de sus criados. Cuando llegaron al castillo un guardia se acerc¨® para recibirlos, como casi todos los guardias, el mismo se encontraba vistiendo una armadura de plata, la cual parec¨ªa estar dise?ada para centrarse m¨¢s en el aspecto est¨¦tico que defensivo. Por su parte el cabello rubio del guardia estaba muy cuidado y ten¨ªa un bigote ondulado muy fino en su rostro, por lo buen mozo que era esta persona uno podr¨ªa imaginarse que la est¨¦tica era un asunto bastante importante en su vida. ¡ª?Mucho gusto, joven aspirante a mago!¡ªSalud¨® el guardia al ver que Apolo se acercaba, con un tono de voz bastante en¨¦rgico a pesar de que hab¨ªa estado trabajando m¨¢s de 16 horas seguidas. ¡ªEncantado¡ªRespondi¨® Apolo, un poco sorprendido de ver un guardia tan elegante atendiendo la recepci¨®n del cuarto castillo del ministerio de magia. El guardia mir¨® a Apolo de arriba a abajo y luego centr¨® su atenci¨®n en los dos criados que lo acompa?aban, mientras tanto usaba sus dedos para ondular su bigote constantemente como si de un tic nervioso se tratase. Con paciencia, Apolo esper¨® a que el guardia comentara las instrucciones, no obstante el mismo se hab¨ªa quedado callado enroll¨¢ndose su bigote, como si se hubiera olvidado que ten¨ªa que decir y buscara ganar tiempo hasta recordarlo. ¡ª?D¨®nde lo eval¨²an a mi se?or?¡ªPregunt¨® Orrin al notar que el guardia se hab¨ªa quedado tildado, no queriendo que Apolo haga esperar m¨¢s al mago. El guardia solo sonri¨® a la pregunta sensualmente y coment¨® con un tono de voz particularmente elegante: ¡ªDada la gran cantidad de aspirantes a mago de este a?o las evaluaciones cambiar¨¢n, por lo que los aspirantes tendr¨¢n que hacer una prueba escrita y una oral con el mago evaluador. Para hacer la prueba escrita debe ir hacia la sala 8A en el primer piso del castillo, siga las indicaciones que pusimos y lograr¨¢ llegar sin problemas. Por lo dem¨¢s, solo los aspirantes pueden entrar al castillo. Sin dudarlo, Apolo entr¨® al castillo despidi¨¦ndose r¨¢pidamente de sus criados. Casi que corriendo, el joven camin¨® por los pasillos con algo de temor a que el guardia de la puerta recordara que ¨¦l es el que hab¨ªa destrozado un ¨¢rbol del jard¨ªn hace unos minutos. Al adentrarse en el castillo, el joven noble observ¨® como unos carteles hechos con papel hab¨ªan sido colocados en las paredes de los pasillos. Por lo mal escritos que estaban algunos de estos carteles parec¨ªa que los guardias se hab¨ªan visto obligados a improvisarlos y no tuvieron tiempo de cambiar los ilegibles. Sin embargo, la cantidad de indicaciones eran abundantes y Apolo no tard¨® en llegar a una gran sala llena de personas esperando ser examinadas. Lo primero que not¨® el joven es que la sala parec¨ªa haber sido improvisada dada la irregularidad entre las sillas y mesas de la sala: las cuales aparentaban que simplemente agarraron los muebles de las habitaciones circundantes y los fueron juntando en este gran sal¨®n. Viendo que el sal¨®n estaba rebosando de aspirantes, Apolo r¨¢pidamente busc¨® un asiento para sentarse, pero con disconformidad se dio cuenta de que todos los asientos hab¨ªan sido ocupados, por lo que esper¨® a que los guardias se percataran del problema y trajeran algunos bancos para los que no pod¨ªan sentarse. Sin embargo, la ingenuidad de Apolo le tom¨® una mala pasada, ya que el primer y ¨²nico guardia que entr¨® a la sala llena de aspirantes, ten¨ªa en sus manos una caja llena de papeles y unos l¨¢pices. Sin importarle las quejas de los aspirantes y recibiendo atrevidos insultos, el guardia sonri¨® con una sonrisa picar¨¢ a cada aspirante mientras le entregaba un l¨¢piz y unos papeles. Reading on this site? This novel is published elsewhere. Support the author by seeking out the original. ¡ª?Donde se supone que rellene este papel!¡ªExclam¨® Apolo sin ocultar su mirada de disgusto, mientras recib¨ªa el l¨¢piz y los papeles del guardia. ¡ªEn el piso o espere a que termine otro aspirante y tome su asiento¡ªDijo el guardia en voz muy alta como buscando que todos en la habitaci¨®n lo escucharan, rompiendo de tal forma su silencio funerario ¡ªRecuerde que solo tiene 10 minutos para entregar el examen. ¡ªPero manga de incompetente, ??Acaso sabe quien carajos soy yo?!¡ªGrit¨® Apolo con c¨®lera, al escuchar semejante respuesta por parte de un don nadie. ¡ªNo, justamente por eso le preguntamos su nombre en el examen¡ªRespondi¨® el guardia con una sonrisa p¨ªcara, mientras proced¨ªa a ignorar la mirada enojada de Apolo y continuaba entregando los papeles y l¨¢pices a los dem¨¢s aspirantes. Sinti¨¦ndose ofendido, Apolo observ¨® las preguntas y para su incre¨ªble sorpresa descubri¨® que efectivamente en este papel deb¨ªa rellenar su nombre por lo que el guardia no le estaba mintiendo. Al enterarse de semejante hecho, Apolo observ¨® al resto de participantes y descubri¨® que nadie estaba sorprendido como ¨¦l porque le preguntaran quienes eran, por lo que supuso que estas personas ya sab¨ªan de antemano el contenido del formulario y en consecuencia acababa de quedar en rid¨ªculo frente a los dem¨¢s por no saber una obviedad. Con el rostro rojo como un tomate, Apolo vio como los otros aspirantes que no hab¨ªan logrado conseguir un escritorio se sentaban en el piso sumisamente para completar el formulario con incomodidad, por lo que al parecer la opci¨®n de esperar no era tan buena idea como le parec¨ªa inicialmente. Siguiendo el ejemplo de los dem¨¢s, Apolo se sent¨® en el piso y ley¨® las preguntas en el papel con seriedad: "Primer punto: recuerde indicar su nombre y procedencia Segundo punto: recuerde indicar la cantidad de veces que intent¨® este examen. Tercer punto: Indique que es un ?bismuto? y como lo utilizar¨ªa para dise?ar un conjuro (De explicaci¨®n y no de ejemplo) Cuarto punto: Indique c¨®mo es que podr¨ªa enterarme de que necesito un aditivo/agregado para realizar un conjuro, sin usar un ?Memo?.(de solo un ejemplo, no explique de m¨¢s) Quinto punto: Pida a sus ancestros que le den suerte en el examen (no lo escriba)" Apolo se qued¨® releyendo el papel en sus manos por dos minutos, sin entender por qu¨¦ alguien le preguntar¨ªa esto y que ten¨ªa que ver estas preguntas con su vida diaria: lo cierto es que esta era la primera vez que el joven noble ve¨ªa un examen en toda su vida, por lo que no entend¨ªa muy bien qu¨¦ es lo que estaba ocurriendo en estos momentos. Pese a ello, Apolo record¨® que solo ten¨ªa diez minutos y hab¨ªa perdido dos, por lo que lo mejor era apurarse y llenar los dos primeros puntos que parec¨ªan ser los m¨¢s importantes del "formulario de inscripci¨®n". Tras terminar esos puntos, Apolo trat¨® de imaginarse que era un ?bismuto?, pero nunca en su vida hab¨ªa escuchado esa palabra, por lo que decidi¨® preguntarle a un ni?o que estaba sentado en el suelo a lado de ¨¦l, percat¨¢ndose que por la cantidad de palabras que hab¨ªa escrito este ni?o en la hoja parecer¨ªa que sab¨ªa la respuesta correcta. ¡ªDisculpa, ?Qu¨¦ es un ?bismuto?? ¡ªPregunt¨® Apolo acerc¨¢ndose para tratar de leer lo escrito en el papel de la otra persona. ¡ª¡¡ªEl ni?o de pelo rojo y pecas, que no tendr¨ªa m¨¢s de 15 a?os, mir¨® a los costados del aula y se dio cuenta de que no hab¨ªa un solo guardia vigilando, por lo que decidi¨® responder en voz baja: ¡ªDeber¨ªas saberlo¡ ¡ª?Deber¨ªa saberlo? ¡ªRepiti¨® Apolo en voz alta, asustando al ni?o pelirrojo ¡ªS¨ª, deber¨ªas¡ªRespondi¨® en voz baja el ni?o, mirando de mala gana a Apolo tratando de indicarle con la mirada que se callara: en su mente, si este idiota segu¨ªa pidi¨¦ndole la respuesta, podr¨ªan anular el examen de ¨¦l tambi¨¦n ¡ª?Acaso todo el mundo ac¨¢ sabe que es un "bismuto"?¡ª Grit¨® con fuerza Apolo, sinti¨¦ndose ofendido, al no conocer algo que al parecer era de conocimiento popular. Todos en la sala lo miraron como un demente, sin embargo, algunas almas desesperadas tambi¨¦n se dieron cuenta de que en realidad no hab¨ªa un solo guardia en toda la sala y el guardia que les hab¨ªa entregado los ex¨¢menes hab¨ªa desaparecido sin dejar rastro hace mucho. Por lo que un hombre gordo con el rostro sudado y la ropa desacomodada respondi¨® gritando: ¡ªLa verdad es que no lo s¨¦, ?podr¨ªas decirme?, Te lo imploro, necesito aprobar esta vez: en caso contrario no podr¨¦ pagar la deuda que tengo y vender¨¢n la casa de mi familia. ?Por favor te lo suplico, tengo hijos que proteger! Al escuchar la desesperaci¨®n del hombre, Apolo mir¨® inquisidoramente al ni?o pelirrojo al lado de ¨¦l como si fuera su responsabilidad gritar la respuesta a todos en la sala. Sin embargo, el ni?o no fue intimidado por la mirada de Apolo y decidi¨® ignorar a estos idiotas desesperados, continuando con la relectura de su examen. Al ver la inusual negativa, Apolo estir¨® su mano descaradamente para arrancarle el papel al ni?o pelirrojo y bajo la mirada at¨®nita de todos los dem¨¢s examinados procedi¨® a leer en voz alta el examen del ni?o: ¡ªAl parecer, seg¨²n el joven Yovel de pueblo blanco, un bismuto es un instrumento que sirve para medir la potencia de un conjuro, es decir, que tanto requerimiento tiene: no confundir con qu¨¦ tan fuerte es. A partir del 20B o 20.000 bis se deben usar agregados para hacer que el conjuro funcione. Por lo que es fundamental utilizarlo al iniciar un experimento para determinar cu¨¢ntos agregados hay que utilizar. En cuanto al cuarto punto, como ya fue explicado: podr¨ªa emplear un bismuto, aunque los bismutos son muy caros, por lo que los magos utilizan a los memos a costa de perder un poco de precisi¨®n y consumir agregados de m¨¢s. Apolo le devolvi¨® el examen al ni?o, mientras el pelirrojo lo continuaba mirando con aturdimiento: como si lo que acababa de ocurrir fuera un hecho imposible de entender para ¨¦l. Con a¨²n m¨¢s incredulidad, el ni?o observ¨® como todos en la sala hace tiempo hab¨ªan dejado de mirar al idiota dictando las respuestas, para mirar con preocupaci¨®n sus propias respuestas. Algunos incluso comenzaron a tachar desesperadamente lo que hab¨ªan escrito en sus hojas y comenzaron a escribir con violencia lo que hab¨ªa dictado Apolo, empleando peque?as alteraciones para que no se distinguiera que se estaban copiando. Por su parte, Apolo observ¨® como todos escrib¨ªan desesperadamente y se dio cuenta de que no hab¨ªa mucho tiempo que perder, por lo que transcribi¨® textualmente la respuesta de Yovel, mientras el ni?o temblaba al darse cuenta de que todos los aspirantes estaban poniendo una respuesta similar a la suya en sus ex¨¢menes. E35-Oral Mirando c¨®mo estaban las cuatro preguntas contestadas en sus hojas, Apolo procedi¨® a levantarse y ante la atenta mirada del ni?o a¨²n aturdido, se fue del sal¨®n a entregarle sus respuestas al guardia que le hab¨ªa dado el examen. Abri¨¦ndose paso entre las mesas, sillas y aspirantes en el suelo, Apolo logr¨® llegar a las puertas del gran sal¨®n, pero antes de salir el joven sinti¨® como si alguien observara su espalda fijamente. Instintivamente, Apolo se dio la vuelta y not¨® como el gordo que hab¨ªa gritado por ayuda lo miraba sospechosamente desde un banco cercano a la salida. ¡ªSuerte, muchacho¡ªMurmur¨® el gordo tap¨¢ndose la boca con su examen. ¡ªGracias¡¡ªRespondi¨® Apolo sin entender por qu¨¦ el gordo se tapaba la boca al hablar. ¡ªSi apruebas, espero que puedas festejarlo con mucho empe?o desde afuera¡¡ªMurmur¨® el gordo pesta?eando a Apolo. ¡ªClaro, ya tengo ganas de ser mago¡¡ªRespondi¨® Apolo sin entender a qu¨¦ se refer¨ªa el gordo con ?aprobar?. Notando que el gordo hab¨ªa vuelto a concentrarse en su examen, Apolo abri¨® una de las puertas del sal¨®n para hallarse que el guardia que le hab¨ªa dado los ex¨¢menes se encontraba apoyado contra la pared que daba contra las puertas, pein¨¢ndose los pocos pelos de su barba constantemente como si estuviera meditando algo de forma profunda. ¡ª?Ya complet¨¦ mi formulario!¡ªExclam¨® Apolo en¨¦rgicamente, apoyando el examen que hab¨ªa resuelto en el pecho del guardia; el cual parec¨ªa estar volando por las nubes en su mente. Al sentir los papeles chocando contra su armadura, el guardia sonri¨® alegremente a Apolo y sac¨® las manos de su barbilla para tomar el examen del joven. Luego de unos segundos anormalmente largos para Apolo, el guardia dej¨® de sonre¨ªr y grit¨® con alegr¨ªa: ¡ª?Oh!, ?Ya terminaste, muchacho? ¡ ¡ªSupongo, ?Ahora qu¨¦ sigue?¡ªContest¨® Apolo a¨²n asustado por el grito repentino; parec¨ªa que tras estar trabajando m¨¢s de 16 horas seguidas de verdad el guardia se hab¨ªa quedado durmiendo con los ojos abiertos. ¡ª?Oh, qu¨¦ impaciente!, ?No tienes ganas de revisar el examen?, reci¨¦n acabo de volver del ba?o y a¨²n faltan 4 minutos¡ªDijo el guardia mientras miraba las respuestas de Apolo con curiosidad¡ªSabes por la cara de maldad en la cara del mago cuando me dijo las respuestas de este examen: parecer¨ªa que nadie iba a poder contestar correctamente estas preguntas, pero se ve que eres un genio, muchacho. ¡ªEvidentemente¡ªRespondi¨® Apolo bastante feliz por recibir un elogio de un desconocido ¡ª?Ya puedo ir a la segunda instancia de la inscripci¨®n? ¡ªPor supuesto, este examen est¨¢ perfecto, son exactamente las mismas palabras que me dijo el mago: ?Est¨¢s m¨¢s que aprobado!¡ªGrit¨® el guardia con euforia, mientras le sonre¨ªa alegremente a Apolo y le palmeaba los hombros con satisfacci¨®n¡ª El examen oral se realiza en el segundo piso, sal¨®n 4B, sigue las indicaciones y buena suerte, muchachito. Entendiendo que esta instancia hab¨ªa sido completada, Apolo subi¨® las escaleras del castillo y sigui¨® las instrucciones en los papeles de las paredes para poder encontrar el sal¨®n 4B. Al encontrarlo el joven no toc¨® la puerta y entr¨®, observando el interior del sal¨®n: la sala 4B era mucho m¨¢s chica que el sal¨®n anterior y en su interior ¨²nicamente se encontraba un viejo mago durmiendo sobre un escritorio. El mago ten¨ªa el pelo blanco como la nieve y ten¨ªa una larga barba blanca que era usada como almohada en el escritorio, por lo dem¨¢s el mago estaba vestido con una larga t¨²nica negra, la cual era la vestimenta tradicional de los magos del imperio. Unauthorized usage: this tale is on Amazon without the author''s consent. Report any sightings. Apolo se acerc¨® al viejo durmiendo y sin muchos modales grit¨® para despertarlo: ¡ª?Disculpe! ?Termin¨¦ la anterior instancia y me dijeron que venga ac¨¢! El mago lentamente abri¨® los ojos para ver c¨®mo Apolo lo miraba de mala gana, como buscando algo de ¨¦l y sin tener mucha paciencia para esperar. ¡ª?Aprobaste, mocoso? ¡ªPregunt¨® el mago con una expresi¨®n llena de sorpresa en el rostro. ¡ªTermin¨¦ la anterior instancia y me dijeron que venga ac¨¢¡ªVolvi¨® a repetir Apolo algo impaciente por terminar el proceso y convertirse en mago. ¡ªJo, jo, jo, se ve que eres un genio¡¡ªR¨ªo el mago de forma extra?a; feliz de encontrar a alguien tan talentoso como para responder sus preguntas¡ª?C¨®mo te llamas, muchacho? ¡ªApolo de los bosques negros ¡ªSe ve que tus hermanos te robaban la comida, eres un coloso bastante desnutrido, ja, ja, ja¡ªContinu¨® riendo el mago mientras su vieja mano chocaba contra el escritorio. Apolo, sinti¨¦ndose ofendido, quiso defenderse, pero antes de que dijera lo que pensaba, el mago solt¨® las palabras que hab¨ªa anhelado escuchar durante estos seis largos meses de viaje, por lo que el joven solo se qued¨® sonriendo como un tarado. ¡ªBueno, la instancia oral est¨¢ aprobada, Apolo. Si lograste responder que es un ?bismuto?, claramente tienes la suficiente experiencia como para convertirte en un mago y no es necesario que perdamos el tiempo con preguntas irrelevantes. As¨ª que: ?Felicidades por convertirte en un mago del imperio, muchacho! Al decir esas palabras, el viejo mago levant¨® la palma de su mano y fuegos artificiales comenzaron a inundar la habitaci¨®n, luego se sac¨® de la manga una tarjeta y se la entreg¨® a Apolo, diciendo: ¡ªTen muchacho, entrega esto en el tercer piso, sal¨®n 1C. Apolo mir¨® con algo de extra?eza la tarjeta que le estaba dando el mago: era bastante peque?a y solo se pod¨ªan ver dos grandes ojos dibujados en ella, exactamente igual a la tarjeta que le hab¨ªa entregado el ministro de magia en una carta. Sin embargo, antes que pudiera preguntar por qu¨¦ las dos tarjetas eran iguales, el mago ansioso por volver a dormir, se hab¨ªa levantado para empujarlo hacia la salida. Enojado por los empujones, Apolo sali¨® del sal¨®n por voluntad propia y vio con aturdimiento como casi 100 personas con las que hab¨ªa llenado el ?formulario? estaban afuera del sal¨®n haciendo cola para entrar. Desde la otra parte al notar que el joven sal¨ªa, la atenci¨®n de las casi 100 personas se centr¨® exclusivamente en la tarjeta que Apolo a¨²n ten¨ªa en la mano. Ante el aturdimiento de todos los presentes: incr¨¦dulos de que Apolo haya pasado la instancia oral, el mismo hombre gordo que ten¨ªa aspecto desesperado durante la instancia escrita sali¨® del fondo de la fila para acercarse a Apolo y sin preguntar el gordo abraz¨® con fuerza al joven mientras re¨ªa con j¨²bilo: ¡ªJa, ja, ja, me alegro de que se haya convertido en un mago, mi hermano de otra vida. Usted es una buena persona: ?Nunca voy a poder olvidarlo!, Ja, ja, ja. Sin esperar ver el rostro molesto de Apolo por el abrazo repentino de un desconocido, el hombre gordo descaradamente se meti¨® en el sal¨®n donde se encontraba examinando el mago salt¨¢ndose toda la fila. Inmediatamente, las personas de la fila volvieron a reaccionar y notando que alguien se hab¨ªa colado comenzaron a quejarse e insultar en voz alta. Por su parte, con mucha incomodidad al ver que su cuerpo se hab¨ªa manchado con el sudor del gordo, Apolo continu¨® su marcha ignorando las personas furiosas en la fila y se dirigi¨® directamente hacia el tercer piso del castillo: esperando finalmente terminar el ?tr¨¢mite?. E36-El Destino El tercer piso del cuarto castillo no era un lugar tan transcurrido, por lo que muy poca gente pod¨ªa verse caminando por los pasillos y pr¨¢cticamente no hab¨ªa un solo guardia; sin embargo, las indicaciones segu¨ªan estando en las paredes, por lo que no fue demasiado complicado para Apolo hallar el sal¨®n 1C. Sin tocar a la puerta y guard¨¢ndose los modales, Apolo entr¨® en el sal¨®n y observ¨® como en el interior un mago lo miraba con curiosidad desde atr¨¢s de su escritorio. El mago ten¨ªa un largo pelo rojo y una abultada barba roja ocultando la mitad inferior de su rostro pecoso. Y como todos los magos, ¨¦l mismo era f¨¢cilmente identificable gracias a la t¨²nica negra que portaba. Al ver que Apolo no ten¨ªa intenci¨®n de presentarse, el mago le hizo un gesto indicando que se acercara y se sentara en la silla de delante de su escritorio. El joven noble entendi¨® la se?al y mientras ojeaba con curiosidad la habitaci¨®n procedi¨® a sentarse delante del mago. Esta habitaci¨®n estaba cuidadosamente decorada a diferencia de las otras salas del castillo en donde brillaba la improvisaci¨®n, estanter¨ªas rodeaban todas las paredes y en cada estanter¨ªa pod¨ªan encontrarse libros y objetos desconocidos para Apolo. En uno de los lados de la habitaci¨®n se encontraba el mueble m¨¢s llamativo del cuarto: un escritorio de madera completamente blanca, cuidadosamente colocado para que el mago que lo usaba pudiera ver de frente a todas las personas que entraban en esta sala. Por su parte, la ¨²nica iluminaci¨®n de la sala proven¨ªa de una gran chimenea pegada a las paredes que emit¨ªa constantemente un fuego verde para nada reconfortante y de aspecto inquietante. ¡ª?Tienes la tarjeta? ¡ªPregunt¨® el mago mirando a Apolo con hostilidad. Sin decir nada, Apolo sac¨® una de las tarjetas que guardaba en su bolsillo y se la entreg¨® al mago al frente de ¨¦l. El mago recibi¨® la tarjeta y la mir¨® con cuidado antes de guardarla en uno de sus bolsillos. ¡ªQu¨¦ sorpresa que hayas pasado todas las instancias a estas horas, el inter¨¦s del viejo Hefesto en los examinados tiende a ir decayendo con el tiempo¡ªComent¨® el mago alegremente mientras jugaba con su barba, cambiando completamente su actitud hacia el joven de enfrente¡ª?Se puede saber el nombre de tal genio? ¡ªApolo de los bosques negros¡ªRespondi¨® Apolo de forma algo tosca, hipnotizado por lo bien cuidada que estaba la barba del hombre frente a ¨¦l. ¡ª?As¨ª que es el joven coloso! ¡ªExclam¨® el mago con una sonrisa oculta por su barba¡ªEncantado en conocerte, Apolo, soy Dorien de pueblo blanco: el ministro de magia del imperio. Al escuchar el apellido y el puesto, la espalda de Apolo se enderez¨®: sabiendo que de esta persona depend¨ªa su futuro. El joven sab¨ªa bien que la persona al frente de ¨¦l ten¨ªa m¨¢s estatus que ¨¦l por su puesto diplom¨¢tico y por qu¨¦ al igual que ¨¦l, Dorien pertenec¨ªa a otra familia de nobles principales, en este caso pertenec¨ªa a la familia de pueblo blanco. Al igual que la familia de Apolo, el t¨ªtulo principal de la familia de pueblo blanco era el de una baron¨ªa que estaba en dependencia directa con el emperador, por lo que el jefe de esta familia tambi¨¦n pod¨ªa ser llamado rey de pueblo blanco. If you find this story on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the infringement. Tradicionalmente, la familia de pueblo blanco ten¨ªa una postura aislacionista como la de Apolo y esta semejanza provoc¨® que las dos familias tuvieran hist¨®ricamente una muy buena relaci¨®n entre s¨ª. Aunque hab¨ªa una gran diferencia entre las dos familias y esa era su especializaci¨®n, cuando todos los familiares de Apolo nac¨ªan pudiendo ser excelentes soldados, la gente de pueblo blanco asentaba su poder diplom¨¢tico en el imperio gracias a sus grandes magos. ¡ªTu abuelo me coment¨® que vendr¨ªas, l¨¢stima que llegaste en un d¨ªa horrible¡¡ªDijo Dorien mientras continuaba jugando con su barba como si fuera un tic¡ªHoy son los ex¨¢menes generales para los plebeyos y nobles de segunda, por lo que es posible que el castillo est¨¦ algo transcurrido: espero que no te haya molestado. ¡ªMe sorprendi¨® que tanta gente quiera ser mago¡ªComent¨® Apolo sabiendo que esto era un boleto de ida a ser desheredado. ¡ªEl sue?o de muchos plebeyos es convertirse en un mago, al fin al cabo solo se requiere de talento para aprobar el examen¡ªExplic¨® Dorien con una sonrisa oculta por su barba¡ªAunque no es precisamente f¨¢cil aprobar el examen si uno es plebeyo: pocos son los que logran aprender a leer y a¨²n m¨¢s pocos son los que est¨¢n dispuestos a pagar para poder dar el examen. En cuanto a los magos nobles, la realidad es que la mayor¨ªa acude empujado por su mala fortuna al nacer, por eso me sorprendi¨® tanto cuando tu abuelo me cont¨® que quer¨ªas ser un mago. ¡ª?Eh?¡ Digo, s¨ª, siempre quise ser un mago, la magia siempre me pareci¨® curiosa¡¡ªRespondi¨® Apolo con nervios, recordando que le dijo a su abuelo que quer¨ªa ser un mago solo para ganar tiempo y de esa forma continuar explorando el bosque por m¨¢s tiempo. Y en estos momentos, su principal motivo para convertirse en un mago no era precisamente del todo puro: ya que la principal aspiraci¨®n del joven como mago era lograr la estabilidad financiera y pol¨ªtica que el t¨ªtulo otorgaba. ¡ªAs¨ª que tienes curiosidad por la magia, esa es una gran virtud, Apolo¡¡ªDijo con lentitud Dorien de forma reflexiva mientras se levantaba del escritorio y proced¨ªa a dirigirse a uno de los estantes en las paredes¡ªOjal¨¢ m¨¢s gente de tu familia nazca con esa curiosidad por la magia¡ Dorien busc¨® en el estante un libro de portada de cuero negro, algo corrompido por el tiempo y sin t¨ªtulo ni descripci¨®n visible en ning¨²n lado. Con lentitud, el mago nuevamente se acerc¨® a su escritorio y abri¨® una caja de madera que ya ten¨ªa preparada arriba del mismo. Apolo pudo ver que dentro de la caja se encontraba un caldero, unos frasquitos con polvos y plantas secas desconocidas. ¡ªPor tu mirada pareces algo perdido¡ªComent¨® Dorien notando la curiosidad en los ojos de Apolo, mientras ¨¦l proced¨ªa a agarrar el caldero y colocarlo sobre el fuego de la chimenea del sal¨®n¡ª?Tu familia no te explic¨® qu¨¦ es el test de Hades? ¡ªNo s¨¦ lo que es eso¡ªRespondi¨® toscamente Apolo, mientras miraba c¨®mo el mago tiraba un poco de l¨ªquido en el caldero. ¡ªEs un test que sirve para identificar cu¨¢l es tu principal atributo m¨¢gico¡ªExplic¨® Dorien mientras tiraba un poco de polvo negro al caldero y lo mezclaba con cuidado. ¡ªSi no me equivoco, mi principal atributo es fuego: como la mayor¨ªa de miembros de mi familia¡ªRespondi¨® Apolo con algo de dudas. ¡ªEl atributo no tiene nada que ver con la sangre, depende de c¨®mo creciste¡¡ªDijo Dorien mientras continuaba agregando polvos de diversos colores al caldero¡ªO mejor dicho con las cosas con las que creciste: por ejemplo, si creciste rodeado de fuego o con una obsesi¨®n por el fuego, entonces tu destino es ser un mago que se especializa en el fuego. ¡ª?Mi destino? ¡ªRespondi¨® Apolo sintiendo un escalofr¨ªo en la espalda, el segundo consejo de su ancestro remarcaba que aceptara su destino: tal vez se estaba refiriendo a este test y no tanto a actuar literalmente como un criado. E37-Efecto secundario ¡ªTu destino, tus gustos, tu vida: este test te indica que energ¨ªa es la que m¨¢s te contamin¨® de ni?o¡ªComent¨® Dorien con calma, concentrado en su tarea¡ªSin embargo, no es absoluto: uno no tiene por qu¨¦ hacerle caso al test, simplemente es una tradici¨®n de nuestro imperio distinguir hasta tres atributos principales de un mago justo en su ceremonia de iniciaci¨®n. ¡ª?El efecto secundario de este test es que no pueda tener hijos? ¡ªDedujo Apolo recordando un punto crucial por el cual no hab¨ªa nobles buscando ser magos. ¡ªDudo que sea secundario, hay muchos intereses en juego¡¡ªMurmur¨® Dorien reflexivamente¡ªPero tienes raz¨®n, Apolo, hacer el test har¨¢ que seas inf¨¦rtil el resto de tu vida¡ ¡ª?Vale la pena hacerlo?¡ªComent¨® Apolo no tan alegre de las consecuencias, no obstante las hab¨ªa aceptado hace ya tiempo: no hab¨ªa camino de regreso a este punto y tampoco pod¨ªa vivir la vida que buscaba sin el patrocinio del imperio. ¡ª?No, no lo vale! ¡ªGrit¨® con fuerza Dorien asustando al joven¡ªM¨¢s a¨²n es obligatorio hacerlo¡ Sin ganas de hablar, Apolo observ¨® como el caldero en la chimenea comenzaba a emitir niebla color azulada que poco a poco comenzaba a inundar la habitaci¨®n hasta llegar a cubrir la mitad del cuerpo del joven. Fue entonces que Dorien meti¨® un cuchar¨®n de madera en el caldero y retir¨® del mismo tres peque?as piedras negras. Con cuidado, el mago tom¨® una pinza de metal y fue vertiendo cada una de las piedras en unos viales con agua que ya hab¨ªa preparado de antemano. Al caer al agua, las piedras negras se fueron derritiendo como si de hielo se tratase, hasta que desaparecieron de la vista de Apolo. Viendo los tres viales ya preparados, Dorien procedi¨® a taparlos con un tap¨®n y los llev¨® al escritorio donde Apolo lo esperaba con expectativa y curiosidad. Sent¨¢ndose en su escritorio, el mago abri¨® el libro negro que hab¨ªa ido a buscar antes y para sorpresa de Apolo: el interior libro estaba lleno de hojas en blanco sin nada escrito. Sin embargo, Dorien las volteaba como buscando una p¨¢gina en particular, aunque todas eran id¨¦nticas. Fue entonces que una de las hojas blancas cambio de color y se transform¨® en una hoja azulada como la niebla envolviendo la habitaci¨®n, provocando que el mago se detuviera en dicha p¨¢gina. Como si hubiera encontrado lo que buscaba, Dorien tom¨® uno de los viales y derram¨® su l¨ªquido sobre el papel, el papel azulado se humedeci¨® con normalidad y pese a ello nada aparentemente extra?o hab¨ªa ocurrido. ¡ªA ver, dime qu¨¦ lees, muchacho¡ªPidi¨® Dorien mientras le pasaba el libro a Apolo. Apolo quiso comentar que la hoja azulada estaba en blanco, sin embargo, cuando trat¨® de advertirle a Dorien, el joven se percat¨® de que la hoja del cuaderno estaba cambiando y unas palabras finamente escritas comenzaron a rellenar la hoja azulada: If you spot this tale on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. "Pocos saben mis secretos¡" ¡ª?"Pocos saben mis secretos"?¡ªLey¨® Apolo sin entender qu¨¦ significaba esta frase. ¡ªOh, mire usted y ?Qu¨¦ s¨ªmbolo se form¨®?¡ªPregunt¨® Dorien mirando a Apolo con sospecha. ¡ªNo hay ning¨²n s¨ªmbolo: solo esa frase est¨¢ escrita¡ªRespondi¨® Apolo mientras se concentraba en la hoja azulada y notaba que un dibujo comenzaba a formarse en el papel¡ªEspera, si hay un s¨ªmbolo: es un pajarito. ¡ªVaya, qu¨¦ interesante y que anormal para alguien de tu familia¡¡ªMurmur¨® Dorien reflexivamente mientras jugaba con su barba. ¡ª?Qu¨¦ significa?¡ªPregunt¨® Apolo con ansias. ¡ªQue tu atributo principal es uno de los grandes pecados de los hombres¡¡ªExplic¨® Dorien mirando al joven delante de ¨¦l con curiosidad: tratando de imaginar qu¨¦ clase de historia provoc¨® que este joven decidiera no seguir la tradici¨®n de su familia y en su lugar buscara convertirse en mago¡ªEl pecado de la codicia: "pocos saben lo que tanto deseas, Apolo"¡ ¡ªTiene sentido¡ Creo¡ No sab¨ªa que la codicia pod¨ªa ser un atributo¡¡ªComent¨® Apolo reflexivamente, tratando de aceptar este destino y entenderlo, tal y como le dijo su ancestro. ¡ªMuy pocos lo saben¡¡ªMurmur¨® Dorien con bastante preocupaci¨®n, mientras se levantaba a buscar un libro en la estanter¨ªa de las paredes, no tard¨® mucho en encontrarlo y regresar. Apolo observ¨® como Dorien abr¨ªa un viejo libro con tapas de cuero y hojas amarillentas, por el contenido del libro, el joven se dio cuenta de inmediato de que se trataba de un registro. Dorien pas¨® las p¨¢ginas del registro hasta que lleg¨® a la hoja que buscaba y con cuidado procedi¨® a leerla. ¡ªDeo de pueblo blanco, Eco de los pantanos rojos, Thais del valle y Helena de pueblo chico, Al parecer el imperio solo ha tenido cuatro magos cuyo principal atributo es la codicia, teniendo en cuenta que estos registros parten desde hace m¨¢s de 2000 a?os, te dir¨ªa que son muy, pero muy pocos magos. Deber¨ªas descartar esta prueba y buscar un atributo m¨¢s com¨²n entre tus pares magos: ?Qu¨¦ decides, volvemos a intentarlo con otro test o te quedas con esta opci¨®n? ¡ªDeo¡ Eco¡ Thais¡ Helena¡¡ªMurmur¨® Apolo tan desconcertado por escuchar estos cuatro nombres en la vida real que empez¨® a mirar con desconfianza a Dorien pensando que esta pod¨ªa ser otra pesadilla extra?a, sin embargo, el hecho de que no estaba Helena y tampoco se encontraba en los bosques no hac¨ªa m¨¢s que perturbarlo. ¡ª?Repetimos el test? ¡ªInsisti¨® Dorien al notar que Apolo se encontraba murmurando para s¨ª mismo. ¡ªNo, est¨¢ bien, acepto mi destino como el quinto mago de la codicia¡¡ªRespondi¨® Apolo algo inc¨®modo por el descubrimiento: entendiendo que era imposible que todo esto sea una casualidad. ¡ªEs mala idea: deber¨ªas repetir el test¡ªRecomend¨® Dorien con tono preocupado¡ªHay muy poco material, pocas investigaciones, lo m¨¢s probable es que partas de cero con este atributo. ¡ªPero es mi destino¡¡ªDijo Apolo sin entender muy bien a que se estaba refiriendo Dorien. ¡ªEn parte, pero el destino cambia constantemente, por eso el test no es absoluto¡¡ªRespondi¨® Dorien con calma tratando de iluminar al joven futuro mago¡ªEl test solo puede brindar una gu¨ªa a seguir: no nos define como personas, indica algo que en general te gustar¨ªa investigar de forma natural, ya que creciste alrededor de ello. No es como si existiera realmente algo como un mago de fuego o agua, solo es gente que investig¨® acerca de esos temas en particular hasta convertirse en un experto en la materia. ¡ªEntonces, ?Qu¨¦ es un mago de la codicia? ¡ªPregunt¨® Apolo mirando los registros en la mano de Dorien y viendo que realmente estaban los cuatro nombres de sus sue?os escritos en el registro. E38-El Ministro de magia ¡ªNada m¨¢s y nada menos que un mago que estudia c¨®mo afecta la codicia en la magia¡ªExplic¨® Dorien dando vuelta las p¨¢ginas del registro en busca de una p¨¢gina en particular¡ª Los atributos son una simple clasificaci¨®n marcada por el mago Hades. El cual, a su criterio, dividi¨® los campos de investigaci¨®n de la magia en varias ¨¢reas, entre las cuales se encuentran los pecados humanos. ¡ªEntonces, ?Podr¨ªa aceptar ser un mago de la codicia, luego irme de este cuarto e investigar de forma privada los patos y de tal forma ser un mago de patos? ¡ªPregunt¨® Apolo notando la inutilidad de este sistema de clasificaci¨®n¡ªNo lo comprendo¡ ¡ªS¨ª, por supuesto, podr¨ªas ser un mago de patos¡¡ªRespondi¨® Dorien con seriedad, mientras continuaba buscando en el registro. ¡ª?Eh? ¡ªExclam¨® Apolo casi que escupiendo sangre, sin esperar que el ministro de magia diera tal afirmaci¨®n. ¡ªEs tu vida y puedes investigar lo que se te antoje, jovencito¡¡ªContest¨® Dorien con una sonrisa marcada debajo de su barba, parec¨ªa estar divirti¨¦ndose con la charla mientras buscaba obsesivamente en el registro¡ªEl imperio paga por logros y descubrimientos, as¨ª que investiga lo que quieras con tu presupuesto anual, siempre que aportes algo que nadie descubri¨® antes: te pagan esa patente. Incluso descubriendo cosas acerca de los patos, as¨ª que puedes terminar convirti¨¦ndote en Apolo: el archimago de los patos. ¡ª?Por mis ancestros!, ?entonces para qu¨¦ hice este test? ¡ªGrit¨® Apolo d¨¢ndose cuenta de que supuestamente acababa de perder la fertilidad por leer un libro maldito solo para enterarse de sus propios gustos. ¡ªPorque seg¨²n el emperador: es obligatorio¡¡ªMurmuro Dorien con una sonrisa a¨²n m¨¢s marcada debajo de la barba¡ª?Oh, mira lo que encontr¨¦! You could be reading stolen content. Head to Royal Road for the genuine story. Apolo vio c¨®mo Dorien ten¨ªa en sus manos un registro con cuatro nombres escritos en sus columnas, el t¨ªtulo del registro era: ?Reinado del bosque negro? ¡ª?Son mis ancestros? ¡ªPregunt¨® con dudas Apolo, reconociendo alguno de los nombres escritos en el registro. ¡ª?Efectivamente, muchachito! ¡ªRespondi¨® Dorien mientras le¨ªa la hoja del registro¡ª Tea del bosque negro: gran mago de la memoria, Cosmo del bosque negro: mago de fuego, Damen del bosque negro, Eudor del bosque negro. ¡ª?Por qu¨¦ hay dos magos de mi familia sin atributo? ¡ªPregunt¨® Apolo mientras miraba c¨®mo Dorien sumaba ?Apolo del bosque negro? en la lista y proced¨ªa a cerrar el registro ¡ªPor qu¨¦ no tuvieron un solo logro o descubrimiento en todas sus vidas¡ªExplic¨® Dorien mientras se levantaba a guardar el registro¡ªAs¨ª que si quieres ser Apolo, el gran mago de los patos, m¨¢s te vale comenzar a estudiar acerca de los patos con seriedad. Dorien guard¨® el registro y volvi¨® a sentarse en su escritorio mientras dec¨ªa: ¡ªPor lo dem¨¢s, ya eres un mago y est¨¢s registrado como un mago del imperio. Puedes irte e investigar lo que te diga tu coraz¨®n convirti¨¦ndote en el gran mago de todos los patos, o realizar los dos test que te quedan para ver cu¨¢les son tus atributos secundarios e investigar seg¨²n lo que Hades cree que es tu destino. ¡ªPor el momento, investigar¨¦ a los patos¡ªContest¨® Apolo algo inc¨®modo: no tan seguro si el segundo consejo de su ancestro ten¨ªa sentido alguno; rechazando malgastar toda su vida por una frase extra?a escrita en un libro maldito y un dibujito mal hecho. ¡ªEspero grandes logros, Apolo, siempre tuve curiosidad acerca de los patos¡¡ªComent¨® Dorien con una sonrisa bastante ancha debajo de su larga barba roja¡ªPor lo dem¨¢s puedes ir al primer piso de este castillo, sala 5A y retirar los fondos para tu primer a?o de investigaci¨®n. No los malgastes y ¨²salos bien: ?Recuerda que solo se dan una vez por a?o!. Al enterarse de que finalmente recibir¨ªa el tan ansiado dinero, Apolo sali¨® disparado de la habitaci¨®n sin importarle los modales, parec¨ªa que el joven estaba realmente interesado en este apartado del mundo de los magos. Dorien sonri¨® al ver la impaciencia de Apolo por recibir su primera financiaci¨®n recordando su primera vez en esta oficina con nostalgia, sin embargo, la sonrisa oculta por su barba muri¨® de forma s¨²bita cuando vio que el joven ya hab¨ªa salido de su oficina. E39-Hermanos Una vez que comenz¨® a escuchar los golpes en la puerta y los festejos en los pasillos de afuera de su oficina, Dorien se percat¨® de que probablemente se tratase de otro mago, por lo que dedujo que Apolo no entrar¨ªa de forma inesperada. Ignorando a la persona que golpeaba la puerta para ser atendido, Dorien se levant¨® de su asiento y se dirigi¨® hacia el estante donde hab¨ªa guardado el registro, sin buscar mucho volvi¨® a tomar el libro y lo llev¨® hacia el escritorio. ¡ªMadre m¨ªa, ?Vaya esc¨¢ndalo que est¨¢ montando este muchacho afuera!¡ªSonri¨® Dorian con alegr¨ªa, en su mente pensaba que Apolo hab¨ªa ingresado a todos sus criados al castillo para festejar su inscripci¨®n como mago. Tratando de ignorar los festejos de afuera, Dorien se sent¨® en su escritorio y sin perder el tiempo abri¨® el registro. Inmediatamente, el mago se puso a buscar una p¨¢gina en particular con rapidez como si la impaciencia por una respuesta se estuviera apoderando de ¨¦l, el mago fue pasando las p¨¢ginas con avidez hasta que sus ojos celestes se iluminaron de repente: ?Hab¨ªa encontrado lo que buscaba! ¡ªVeamos cu¨¢les son las historias de estos pobres diablos¡¡ªMurmur¨® Dorian con una sonrisa llena de curiosidad en el rostro, mientras observaba una hoja en el registro con el t¨ªtulo de ?Magos de la codicia?. Dorian busc¨® en los cajones de su escritorio, abriendo varios cajones como si no recordara exactamente d¨®nde estaba lo que buscaba, no obstante, los ojos brillantes del mago no tardaron en delatar que hab¨ªa encontrado lo que necesitaba. De uno de los cajones llenos de objetos miscel¨¢neos, Dorian sac¨® una pluma negra: inicialmente el aspecto de la pluma era bastante com¨²n, pero cualquier persona con ojos lo suficientemente atentos notar¨ªan que la pluma se contorsionaba por su cuenta lentamente como si estuviera viva. En la hoja del registro solo se ve¨ªan los cuatro nombres de los magos enlistados, sin embargo, cuando Dorian pas¨® su mano arriba del registro, la hoja qued¨® completamente en blanco como si nunca hubiera sido utilizada. Al ver la hoja limpia, el mago tom¨® la pluma negra en su escritorio, la moj¨® en tinta y escribi¨® con lentitud: "Registro, registro, soy un mago lleno de curiosidad en busca de detalles: ?Podr¨ªas ayudarme?" A case of theft: this story is not rightfully on Amazon; if you spot it, report the violation. Instant¨¢neamente, la hoja del registro volvi¨® a llenarse, pero ahora hab¨ªa aparecido otra columna con informaci¨®n al lado de la columna con los nombres. ¡ª Deo de pueblo blanco: asesinado en pueblo blanco, Eco de los pantanos rojos: acecinado en pantanos rojos, Thais del valle: asesinado en el valle y Helena de pueblo chico: asesinada en el bosque negro¡ªMurmur¨® Dorian con calma, pero su calma se fue perdiendo a medida que se percat¨® de que hab¨ªa un gran problema en estos registros y la preocupaci¨®n comenz¨® a llenar el semblante del mago. ¡ªTodos fueron asesinados, me resultar¨ªa raro que fuera una coincidencia¡¡ªMurmur¨® Dorian para s¨ª mismo mientras buscaba alguna posible respuesta¡ªHelena, una ac¨®lita que logr¨® llegar a convertirse en maga. Todos los dem¨¢s murieron donde nacieron salvo ella y m¨¢s importante a¨²n: ?Por qu¨¦ la codicia te llev¨® al solitario bosque negro y c¨®mo se relacion¨® esta maga con Apolo para corromper el destino de ese chico?. Con m¨¢s preguntas que respuestas, Dorian busc¨® nuevamente en los cajones de su escritorio hasta sacar un pergamino enrollado de aspecto algo com¨²n si se lo comparara con los raros objetos que guardaban estos cajones. El mago procedi¨® a desenrollar el pergamino y ley¨® su contenido con cuidado, como si tratara de encontrar informaci¨®n entre las l¨ªneas de texto.
"Querido ministro de magia: Hoy acabo de recibir una carta del rey del bosque negro pidiendo que ayudara a uno de sus nietos a convertirse en mago, al principio me alegr¨¦ con la noticia de que finalmente otro de estos brutos era seducido por el camino civilizado de la magia. No obstante, continu¨¦ leyendo la carta y para mi desagrado la situaci¨®n no es tan sencilla como parece ser. Al parecer el joven futuro mago est¨¢ siendo afectado por la maldici¨®n de un objeto m¨¢gico: un extra?o anillo de bronce capaz de provocar obsesi¨®n a tal punto de que el joven se olvida de comer con frecuencia y tiende a perder la cordura con facilidad, la situaci¨®n se ha tornado tan seria que el resto de su familia teme por la vida del joven. Dado que el anillo corrompi¨® la mente del futuro mago, el rey del bosque negro sabe que no puede retir¨¢rselo sin matarlo, por lo cual decidi¨® empujarlo a convertirse en un mago y empujar el problema a mis manos, es decir: ?A tus manos! Por tanto, te pido que soluciones este problema y no permitas que el joven muera, lo ¨²nico que me falta en mi ajetreada vida es que estos b¨¢rbaros piensen que no podemos lidiar con un simple objeto m¨¢gico. Att, el rey de pueblo blanco"E40-El ministro ¡ª"Att, ?rey de pueblo blanco?", acaso recordar¨¢ este grand¨ªsimo idiota que soy su ¨²nico hermano¡¡ªMaldijo Dorian con una expresi¨®n de disgusto en el rostro escondida por su barba larga¡ª?Madre m¨ªa, cada vez que leo una de sus cartas pierdo un a?o de vida!, ?C¨®mo puede haber alguien tan obstinado en este mundo?¡ Dorian trat¨® de calmar su enojo y reley¨® la carta otra vez mientras recordaba el inusual anillo de bronce en la mano de Apolo; con su amplia experiencia el mago supuso enseguida un par de posibles escenarios acerca de c¨®mo termin¨® llegando el anillo de bronce en las manos de Apolo. Por lo que se levant¨® de su silla y camin¨® con rapidez hacia un estante lleno de libros, tratando de no perder las ideas en su mente. Tras buscar unos segundos, el mago sac¨® un viejo libro muy grueso, cuyo color estaba oculto por la gran cantidad de polvo que ten¨ªa: mostrando lo poco consultado que hab¨ªa sido este libro. Sin embargo, a duras penas se alcanzaba a leer el t¨ªtulo del libro, el cual dec¨ªa: "Compilaci¨®n hist¨®rica de ceremonias de grandes y peque?os logros m¨¢gicos del imperio" Rehus¨¢ndose a llenar de polvo su escritorio, Dorian procedi¨® a abrirlo estando parado para encontrarse con el desagrado de que el interior del libro estaba incluso en peores condiciones que el exterior: algunas p¨¢ginas parec¨ªan haber sido comidas por algunos insectos y la cantidad de polvo no era menor que en el exterior. Para colmo, a medida que el mago volteaba las p¨¢ginas buscando la indicada, se dio cuenta de que muchos peque?os insectos a¨²n usaban el libro como madriguera, por lo que el mago volteaba esas p¨¢ginas con rapidez, evitando que los insectos se escaparan del libro y cayeran en su barba larga. Finalmente, los ojos del mago se iluminaron nuevamente: ?La p¨¢gina buscada hab¨ªa sido hallada!. Limpiando el polvo con la manga de su t¨²nica negra, el mago procedi¨® a leer su contenido con lentitud, tratando de hallar las respuestas a sus preguntas. "La maga Helena de pueblo chico, bajo el patrocinio del gran emperador Patricio y su maestro: el gran mago Nemo de llanuras planas, logr¨® sorprender a todos los miembros del concilio de magos al completar la creaci¨®n de un objeto m¨¢gico capaz de seducir a todos los presentes. Tal creaci¨®n fue llamada como el anillo de la codicia y le concibi¨® el t¨ªtulo honor¨ªfico de maga de la codicia a Helena de pueblo chico, siendo as¨ª la cuarta maga del imperio en recibir dicho t¨ªtulo honor¨ªfico Durante el mandato del gran emperador Patricio, la maga Helena de pueblo chico logr¨® sorprender al concilio por segunda y ¨²ltima vez, cuando logr¨® llevar a cabo la transfusi¨®n de mentes siguiendo el m¨¦todo del archimago Minos de pueblo blanco con una de sus ac¨®litas, tal genio deb¨ªa ser honrado con el mism¨ªsimo t¨ªtulo honor¨ªfico de archimago; sin embargo, para disgusto de todos los presentes la transfusi¨®n termin¨® fallando y en consecuencia la mente de Helena y su ac¨®lita se fusionaron, provocando lo que se conoce como la maldici¨®n de Minos" Ensure your favorite authors get the support they deserve. Read this novel on the original website. ¡ªEmperador Patricio¡ Al parecer esto ocurri¨® hace aproximadamente tres d¨¦cadas¡¡ªMurmuro Dorian reflexivamente releyendo el texto otra vez¡ªSupongo que Helena termin¨® perdiendo la cabeza¡ Me alegro por su ac¨®lita, al menos pudo vengarse. Dorian cerr¨® el libro y comenz¨® a dar vueltas en c¨ªrculos alrededor de su escritorio, ignorando los constantes golpes proviniendo de alg¨²n alma desafortunada del otro lado de la puerta. Hasta que finalmente, los ojos de Dorian comenzaron a brillar nuevamente y miraron con alegr¨ªa los documentos en su escritorio: ?Hab¨ªa hallado las respuestas! ¡ªAs¨ª que Helena o su ac¨®lita, terminaron yendo al bosque negro, ah¨ª se encontraron con Apolo y trataron de atacarlo. Dado la procedencia de Helena, le era imposible saber que un mago nunca iba a matar a un coloso en el medio de un bosque, incluso si por esas fechas Apolo era un mocoso que no sab¨ªa ir al ba?o por su cuenta. Por tanto, fue Helena o su ac¨®lita la que termin¨® muriendo, sin embargo, la maga se asegur¨® de maldecir al muchacho que la hab¨ªa matado usando su anillo. Y ahora la gran pregunta: ?C¨®mo arreglamos esto? Fue entonces, cuando la ¨²ltima gran pregunta hab¨ªa sido planteada, que la sonrisa de Dorian comenz¨® a desvanecerse y sus ojos dejaron de brillar ¡ªSolo hubo cuatro miseros magos de la codicia en todo el imperio, ?C¨®mo se supone que voy a solucionar esto? ¡ªSe quej¨® Dorian d¨¢ndose cuenta del gran problema: a lo mucho hab¨ªa cuatro investigaciones medianamente serias que trataban de explicar c¨®mo se relacionaban la codicia humana con la magia, por lo que tratar de solucionar el problema era pr¨¢cticamente pedirle que se convierta en el quinto mago de la codicia de este imperio. ¡ªBueno, si consideramos que todos los magos de la codicia terminaron siendo asesinados de forma misteriosa¡¡ªMurmur¨® Dorian tratando de buscar una excusa para no estar preocupado por no tener una sola soluci¨®n en la cabeza¡ªSupongo que la mejor forma de cumplir mi misi¨®n es justamente no hacer nada. S¨ª, ?Es as¨ª!, si no hago nada: el chico no ser¨¢ asesinado y se convertir¨¢ en un mago de patos, un mago de patos con un anillo que lo vuelve un poco cuc¨², pero qu¨¦ persona cuerda busca convertirse en mago¡ Con una sonrisa en el rostro por llegar a una soluci¨®n disparatada que le ahorraba a?os de investigaci¨®n en un campo poco explorado, Dorian sigui¨® ignorando el ya cansado golpeteo en la puerta y procedi¨® a dirigirse a su escritorio; sacando una pluma normal, un nuevo tintero y un pergamino en blanco, el mago escribi¨® con una sonrisa algo extra?a:
"Querido rey de pueblo blanco: El problema con el joven coloso fue solucionado y result¨® ser que era un simple anillo m¨¢gico. Tal y como ambos pensamos: solo esos b¨¢rbaros podr¨ªan haber ca¨ªdo en tantos problemas ante semejante baratija barata. En cuanto al otro punto, me place en informarte que el joven Apolo se convirti¨® en un mago con normalidad y parece estar muy interesado en investigar a los patos del imperio. Att tu querido H-E-R-M-A-N-O"E41-Fiesta Apolo sali¨® de la oficina del ministro de magia con una sonrisa de oreja a oreja; el joven no solo acababa de convertirse en mago, sino que estaba a punto de recibir una gran cantidad de dinero ca¨ªda del cielo por lo cual estaba m¨¢s feliz que nunca. Al salir de la oficina, Apolo se percat¨® de que hab¨ªa una larga fila de personas queriendo entrar a la oficina: f¨¢cilmente pod¨ªan verse 60 personas por lo que todo parec¨ªa indicar que casi todos los aspirantes a magos estaban siendo aprobados por el mago Hefesto en la instancia oral. Adelante de toda la fila se encontraba el ni?o pelirrojo discutiendo con el hombre gordo y sudoroso que hab¨ªa abrazado a Apolo hace un tiempo. ¡ª?Pero miren quien sali¨®! ¡ªGrit¨® el hombre gordo; Ignorando como el ni?o pelirrojo astutamente sal¨ªa corriendo a golpear la puerta de la oficina del ministro de magia tratando de que no le robaran su puesto en la cola esta vez¡ªNuestro H¨¦roe: ?El mago m¨¢s astuto y sabio de todos!, ?El ¨²nico mago que se preocup¨® por los plebeyos y los abusados en este cruel sistema! *Plaf, Plaf, Plaf* Estrepitosos aplausos comenzaron a resonar por toda la fila y los pasillos del castillo se volvieron m¨¢s vivos que nunca. No pas¨® mucho para que alg¨²n hombre lleno de gracia se olvidar¨¢ completamente sus modales y comenzara a gritar con todo su pulm¨®n el contenido de su coraz¨®n lleno de j¨²bilo. Poco a poco todos se contagiaron de la alegr¨ªa del momento y comenzaron a festejar estrepitosamente el ¨¦xito que hab¨ªan obtenido. Sin aguantarse las ganas y lleno de l¨¢grimas de felicidad empapando su rostro, el hombre gordo corri¨® hacia Apolo con desesperaci¨®n: como si lo que tuviera enfrente no fuera solo un noble desnutrido, sino al mism¨ªsimo h¨¦roe que hab¨ªa vuelto a su hogar triunfante de una larga y amarga guerra. Sin preguntar, el hombre gordo procedi¨® a levantar a Apolo por los aires provocando que algunos aspirantes a magos se sumar¨¢n a su festejo enloquecido. Esta noche la cordura y la etiqueta hab¨ªan sido completamente olvidadas en el castillo, ¨²nicamente se encontraban un grupo de hombres y j¨®venes ciegos por el ¨¦xito. Eran humanos perdidos en la oscuridad de un sistema cruel y sin coraz¨®n que finalmente hab¨ªan encontrado las palabras de iluminaci¨®n en el momento correcto y en el lugar oportuno, y en la mente de estos seres humanos llenos de j¨²bilo solo hab¨ªa espacio para dar alabanzas al joven que hab¨ªa cambiado sus vidas para siempre. Support the author by searching for the original publication of this novel. Por su parte el gran protagonista de esta historia miraba la escena que estaba transcurriendo delante de sus ojos con extra?eza: completamente ajeno a que realmente ¨¦l hab¨ªa cambiado la vida de estas personas para siempre. Sin embargo, Apolo estaba completamente congelado por la escena que jam¨¢s en toda su vida hab¨ªa cre¨ªdo que pod¨ªa sucederle a ¨¦l. Si bien no entend¨ªa el motivo de porque estos hombres estaban tan contentos, lo que s¨ª comprend¨ªa el joven era como su coraz¨®n finalmente sinti¨® lo mismo que los h¨¦roes de su familia hab¨ªan sentido tras regresar victoriosos al castillo. Sin saberlo hasta ahora, el joven noble pudo sentir en su coraz¨®n de inmediato que estas eran las miradas que quer¨ªa recibir. Eran estos aplausos avasallantes que nunca hab¨ªa escuchado, los que su alma desconoc¨ªa, pero a su vez necesitaba. Eran estos gritos llenos de j¨²bilos y exclamaciones completamente exageradas, las que estaban provocando que Apolo sonriera como un tarado mientras miraba cada rinc¨®n del largo pasillo del castillo cada vez que era lanzado por los cielos: como no queriendo que nada de este momento fuera olvidado nunca de su memoria. Y lo m¨¢s curioso de todo es que por m¨¢s que el joven pensara una idea alocada segu¨ªa sin entender por qu¨¦ estas personas estaban tan contentas con ¨¦l, sin embargo, su coraz¨®n solitario se estaba sintiendo m¨¢s vivo que nunca en estos momentos. En la mente de Apolo esto tal vez fue por haber logrado viajar 6 largos meses en un carruaje, tal vez era por haber logrado convertirse en un mago o tal vez era simplemente por haber seguido el consejo de su ancestro y haber estado actuando como lo hac¨ªan los plebeyos durante todo el d¨ªa. Lo cierto es que todo eso poco le importaba al joven, ya que lo ¨²nico que estaba resonando en la mareada mente de Apolo luego de ser levantado por los aires tantas veces eran las palabras de sus ancestros: ?t¨² ser¨¢s lo que t¨² nunca pensaste que pod¨ªas ser? y as¨ª hab¨ªa sido, Apolo se hab¨ªa convertido en un h¨¦roe, finalmente ¨¦l se hab¨ªa convertido en el gran protagonista de su propia ?fiesta?. E42-Finz Tras un buen rato festejando con la gente, Apolo finalmente fue liberado por la multitud luego de recibir no menos de mil alabanzas por cabeza. Ahora mismo nuestro mago novato se encontraba buscando donde se encontraba el sal¨®n 5A en el primer piso del castillo, por suerte los ¨²nicos pisos llenos de gente eran los dos primeros pisos del castillo, as¨ª que Apolo pudo seguir los carteles y encontrar la sala con rapidez. Al llegar al sal¨®n, Apolo observ¨® que se trataba de un sal¨®n tan grande como en el que hab¨ªa realizado la prueba escrita; aunque este sal¨®n no parec¨ªa haber sido improvisado: los costados del sal¨®n estaban repletos de escritorios donde se encontraban personas leyendo y escribiendo documentos, otros trabajadores por su parte se encontraban mandando pergaminos enrollados por unos tubos extra?os colocados en sus escritorios, por el atuendo de las personas trabajando en este sal¨®n parecer¨ªa que no eran magos y solo se trataba de empleados burocr¨¢ticos del ministerio. Los escritorios en la habitaci¨®n estaban colocados de tal manera que se formaba un largo pasillo hasta el final del sal¨®n donde un ¨²nico escritorio grande pod¨ªa encontrarse: un mago se encontraba sentado en un sill¨®n frente al escritorio esperando ser atendido por el empleado trabajando en el escritorio grande. A diferencia del mago que vest¨ªa la tradicional t¨²nica completamente negra, la persona trabajando en el escritorio grande vest¨ªa una camisa y unos pantalones coloridos, mucho m¨¢s elegantes que las que vest¨ªan el resto de empleados burocr¨¢ticos trabajando en la sala, por lo que uno intu¨ªa que se trataba del empleado m¨¢s importante en esta habitaci¨®n. Nom¨¢s Apolo entr¨® por la puerta un guardia interrumpi¨® su marcha y se acerc¨® para hablarle: ¡ª?Disculpe, podr¨ªa indicar su nombre? ¡ªApolo de los bosques negros. ¡ªAs¨ª que es usted: ?Felicidades por pasar el examen!¡ªFelicit¨® el guardia mientras verificaba que el nombre de Apolo realmente estuviera escrito en la tabla que ten¨ªa en la mano¡ªPara recibir su primer patrocinio imperial, debes ir al ¨²ltimo escritorio del sal¨®n y completar algunos formularios. ¡ª?Gracias por las indicaciones!¡ªAgradeci¨® Apolo con los ojos brillando al notar que tras unos pocos pasos m¨¢s finalmente recibir¨ªa la mejor parte de ser un mago: ?Los cristales!. El joven camin¨® con impaciencia por el pasillo formado con escritorios y procedi¨® a sentarse junto a un sill¨®n que estaba al lado del mago que actualmente se encontraba esperando, mientras era observado por la mirada atenta del hombre que atend¨ªa el escritorio. ¡ªMucho gusto, Apolo, ?no? ¡ªPregunt¨® el hombre vestido de forma elegante, el cual aparentemente ya esperaba la llegada de Apolo¡ªMi nombre es Finz de charcos tristes y estoy a cargo de gestionar los patrocinios que recibe cada mago en el imperio. ¡ªS¨ª, ese soy yo: ?Vengo por mis cristales!¡ªRespondi¨® Apolo con impaciencia. ¡ªLos cristales del emperador querr¨¢s decir¡¡ªCorrigi¨® el mago sentado al lado de Apolo, mientras se acomodaba las grandes gafas que llevaba puestas en su rostro¡ª Mucho gusto, Apolo, soy el mago Marcos del Valle, Hace tiempo que no escucho tanto esc¨¢ndalo dentro del ministerio, ?Sabr¨ªas decirme cu¨¢ntos aspirantes aprobaron el examen? ¡ªDel cupo de mil inscriptos, solo dos hab¨ªan aprobado el examen hace media hora¡ªRespondi¨® Finz modulando cada palabra de forma algo obsesiva¡ªY durante esta media hora llevan aprobados m¨¢s de 77 candidatos y contando. Me temo que el cupo de 500 magos se pas¨® hace doce minutos y ahora tenemos un ligero excedente¡ No tan ligero¡ Para nada ligero¡ ¡ªJa, ja, ja, ?El viejo Hefesto se olvid¨® de tomar sus pastillas o qu¨¦ ocurri¨®? ¡ªRi¨® Marcos mientras golpeaba con su mano en el escritorio, sin importarle la mirada de incomodidad del empleado al ver c¨®mo los objetos en su escritorio se mov¨ªan y se desacomodaban de sus posiciones originales¡ª?Qu¨¦ te preguntaron en la instancia escrita, Apolo? Stolen content warning: this tale belongs on Royal Road. Report any occurrences elsewhere. ¡ªMi nombre y de donde ven¨ªa¡¡ªRespondi¨® Apolo tratando de recordar la parte importante del ?formulario? de inscripci¨®n. ¡ªDeje de golpear la mesa, por favor¡ Por lo dem¨¢s Apolo es de bosques negros y no tiene por qu¨¦ hacer el examen¡¡ªCorrigi¨® Finz modulando obsesivamente sin consultar una sola hoja: parec¨ªa que toda la informaci¨®n se guardaba en alguna parte de su cabeza¡ªLa pregunta escrita fue aprobada por el concilio de magos como cualquier instancia escrita dada durante los ex¨¢menes de inscripci¨®n y se centraba en responder que era un ?bismuto?. Mientras que el examen oral es una instancia privada y personal entre el archimago Hefesto y el aspirante, por lo que no hay registros de las preguntas hechas. ¡ª?Y como es que 77 personas y contando saben que es un bismuto?¡ªPregunt¨® Marcos dejando de sonre¨ªr de forma brusca, mientras mov¨ªa de forma hist¨¦rica las gafas en su rostro¡ªHay 5 bismutos en todo el imperio y los usamos solo para calibrar grandes proyectos. No tiene ning¨²n sentido que haya un solo candidato que pudiera responder esa pregunta y es completamente inadmisible que haya m¨¢s de 77 respuestas correctas. ¡ªTal vez alguien mencion¨® el tema antes de que el examen comenzar¨¢ y de casualidad se lo preguntaron a todos¡¡ªRespondi¨® Finz buscando alguna soluci¨®n posible para semejante anormalidad, ¨¦l sab¨ªa que la situaci¨®n no era tan simple: si hab¨ªa m¨¢s magos que el cupo m¨¢ximo establecido eso indicaba que el presupuesto destinado a la magia en el imperio deber¨ªa aumentar. O si no todos los magos ver¨ªan reducida su porci¨®n de la torta y eso significaba que ¨¦l tendr¨ªa que lidiar con magos molestos todos los d¨ªas¡ªDe todas formas lo inexplicable es que Hefesto haya aprobado a todos los candidatos en la instancia oral, es el mago m¨¢s estricto con sus evaluaciones en todo el imperio. ¡ª"?Acaso no sabes qui¨¦n fue el inventor del bismuto?"¡ªComent¨® Marcos como si fuera una pregunta bastante com¨²n, acomod¨¢ndose sus gafas en¨¦rgicamente¡ªEs un rumor poco conocido que Hefesto siempre odi¨® que nadie supiera responder esa pregunta. Pero es ?l¨®gico? si al fin al cabo casi nadie trabaj¨® con un bismuto y exceptu¨¢ndome, ¨²nicamente conozco a dos magos que saben c¨®mo usarlos siendo uno de ellos el propio Hefesto. ¡ª?Por qu¨¦ le molesta que nadie sepa quien cre¨® el bismuto?¡ªPregunt¨® Finz¡ªSi son tan raros es bastante normal que nadie lo sepa. ¡ª?No! Ese es el problema: incluso siendo raros, el bismuto es un invento sumamente revolucionario¡ªComent¨® Marcos con orgullo¡ªHace m¨¢s de cuatro mil a?os que los magos emplean a los memos para medir el consumo de agregados y nadie logr¨® mejorar la precisi¨®n de los memos hasta que se invent¨® el bismuto. ¡ª?No exageraste un poco con los tiempos?, cuatro mil a?os quiere decir que se usaba desde antes del imperio¡ªPregunt¨® Apolo algo interesado en la charla. ¡ªDesde que hay humanos hay magos, por lo que hay inventos incluso m¨¢s viejos que los memos¡ªRespondi¨® Marcos con alegr¨ªa¡ªSi bien te acabas de unir a este mundillo, con el tiempo descubrir¨¢s que los grandes inventos de los magos se miden en d¨¦cadas. Si bien es normal no verlos nunca, el bismuto es uno de los m¨¢s grandes inventos de todo este imperio. ¡ª?Entonces por qu¨¦ nadie sabe que es un bismuto?¡ªPregunt¨® Apolo, por m¨¢s que sea caro si era tan importante como hab¨ªa dicho Marcos entonces el invento deber¨ªa ser conocido. ¡ªJustamente: ?Todo el mundo deber¨ªa saber que es un bismuto!¡ªComent¨® Marcos moviendo sus gafas de arriba para abajo mostrando un brillo lleno de pasi¨®n en los ojos¡ªY m¨¢s importante a¨²n, todo el mundo deber¨ªa reconocerle este gran logro a su creador, mientras ¨¦l est¨¦ a¨²n con vida. Si es raro ver un logro tan relevante en el mundillo m¨¢gico, a¨²n m¨¢s raro es poder cruzarse con el creador de tal invento. ¡ª?Vos lo creaste? ¡ªPregunt¨® Apolo tratando de encontrar el motivo por el cual este mago sent¨ªa tanta pasi¨®n por los bismutos. ¡ªClaro que no, su creador siempre se mantuvo en el anonimato: ?Hasta el d¨ªa de hoy!¡ªRespondi¨® Marcos mientras acomodaba sus gafas con sus manos, como indicando que lo que estaba a punto de revelar era una deducci¨®n impresionante. ¡ª?Hasta el d¨ªa de hoy? ¡ªPregunt¨® Finz estando m¨¢s interesado en dejar volar al mago en su mundo imaginario que en saber la respuesta. ¡ªExacto, hasta el d¨ªa de hoy: ?Porque acabo de descubrir qui¨¦n los invent¨®!¡ªGrit¨® Marcos exageradamente mientras volv¨ªa acomodarse las gafas en su cara ¡ª?Los invent¨® Hefesto?¡ªPregunt¨® Apolo recordando lo feliz que estaba el viejo al descubrir que hab¨ªa llenado completamente el ?formulario?. ¡ª?Se ve que eres un genio, Apolo!¡ªExclam¨® Marcos no ir¨®nicamente, mientras sonre¨ªa y observaba a Finz con una mirada c¨®mplice¡ªDime, ?Qui¨¦n es el que m¨¢s gana si todos estos magos aprueban el examen? E43-El Archimago Hefesto ¡ªLos comerciantes ¡¡ªRespondi¨® instant¨¢neamente Finz sin pensarlo dos veces, mientras miraba alegremente a Marcos disfrutando sus divagaciones. ¡ªJa, ja, ja, como se nota que tu mente es demasiado r¨ªgida y solo piensa en el dinero, mi querido Finz¡ªComent¨® Marcos con una sonrisa de oreja a oreja mientras los lentes en su rostro no paraban de temblar como si tuvieran vida propia¡ªEs por eso que te equivocas: ?El verdadero ganador de esta noche es Hefesto! ¡ª¡¡ªLa sonrisa de Finz se congel¨® de repente y un escalofr¨ªo recorri¨® su espalda como si lo que estuviera reflexionando fuera imposible, pero todo apuntaba a que estaba ocurriendo de verdad¡ªFue ¨¦l¡. ¡ª???Pero por supuesto que fue ¨¦l!!¡ªGrit¨® como un man¨ªaco Marcos mientras sus gafas sal¨ªan disparadas al techo y volv¨ªan a caer en sus ojos. Provocando que todos los trabajadores de la sala detuvieran su trabajo y miraran con curiosidad lo que estaba pasando en el escritorio de su jefe¡ª¨¦l manipul¨® todo el examen desde las sombras, siendo lo suficientemente precavido como para que ninguno de los miembros del concilio de magos se percatara de su manipulaci¨®n. De tal manera se asegur¨® de que casi una quinta parte de los magos asociados al ministerio de m¨¢gica recordase para toda su vida que es un bismuto y lo recordaran a ¨¦l como el viejito feliz que les permiti¨® aprobar el examen:?El mism¨ªsimo Hefesto fue el que dio las respuestas correctas! ¡ªNo me lo puedo creer¡¡ªMurmur¨® Apolo fingiendo incredulidad, mientras una sonrisa p¨ªcara se formaba en su rostro y en su mente se empezaba a re¨ªr como un desalmado de estos dos idiotas que no sab¨ªan que ¨¦l fue el responsable de darle las respuestas a todos. Aunque parezca un chiste, reci¨¦n ahora el joven noble se acababa de percatar de que al parecer hab¨ªa tomado el camino de los plebeyos por error. Y que en realidad ¨¦l pod¨ªa haber abusado de su estatus como noble para convertirse en un mago; sin embargo, eso no termin¨® siendo necesario, ya que Apolo fue lo suficientemente astuto para ingeni¨¢rselas para ?aprobar? el formulario, entendiendo de una buena vez que el mismo tambi¨¦n pod¨ªa ?desaprobarse?. Pero mientras el entendimiento de este nuevo paradigma en donde uno realmente pod¨ªa ?desaprobar? el formulario se desarrollaba y crec¨ªa en la mente de Apolo. Fue cuando una gran cantidad de luces rojas se encendieron en la mente del joven y un fugaz pensamiento cruz¨® por su cabeza con la velocidad de un rayo haciendo que su espalda se pusiera recta y sudor fr¨ªo como el hielo comenzar¨¢ a manchar su noble cuerpo. Inmediatamente, la sonrisa p¨ªcara se congel¨® en el rostro del joven mago y se transform¨® en la sonrisa de un idiota. Acto seguido, mientras continuaba sonriendo como un tarado a la nada misma, Apolo se olvid¨® completamente de las dos personas que segu¨ªan conversando al lado de ¨¦l. El mundo se hab¨ªa detenido de repente para el joven noble y en dicho mundo solo se encontraba un cuerpo moribundo sentado en una silla frente a la inmensidad de los pensamientos que pasaban por la cabeza del joven en estos momentos. Pues ahora que este nuevo paradigma hab¨ªa surgido en el entendimiento de Apolo fue cuando empez¨® a comprender todas las implicaciones nefastas que este panorama podr¨ªa traer a su vida. Did you know this text is from a different site? Read the official version to support the creator. ¡ªNo pase ni un d¨ªa en este ministerio y ya me usaron¡¡ªPens¨® internamente Apolo mientras segu¨ªa sonriendo como un idiota al hombre en el escritorio que en estos momentos le estaba hablado; sin embargo, el joven no comprend¨ªa ninguna de sus palabras, ya que su cabeza solo funcionaba para procesar un solo hecho en estos momentos y era como fue usado por este mago. Para desgracia de Hefesto, subestim¨® completamente la existencia de alguien lo suficientemente paranoico en este castillo como para poder desvelar la trama oculta del examen de inscripci¨®n; sin embargo, ese lun¨¢tico exist¨ªa y se llamaba: ?Apolo! En la mente del joven mago hab¨ªa una gran olla llena de ingredientes mezcl¨¢ndose. Dichos ingredientes en cuesti¨®n eran los sucesos lo suficientemente anormales para llamar la atenci¨®n de Apolo: En primera instancia, el hecho de que ninguno de los guardias le avisara que pod¨ªa saltarse la cola. En segunda instancia, estaba la extra?eza de que todos los guardias que el joven se fue cruzando este d¨ªa eran excepcionalmente apuestos y elegantes, adem¨¢s de que por alguna extra?a coincidencia todos ten¨ªan la man¨ªa de acomodarse la barba constantemente y parec¨ªan perderse en sus pensamientos m¨¢s de la cuenta. En tercera instancia los guardias crearon el ambiente lo suficientemente favorable como para que todos los aspirantes se terminaran copiando, pero todo esto solo era el primer nivel de la trama oculta de los ex¨¢menes m¨¢gicos. Luego estaba el segundo nivel: el hecho que de casualidad le pusieron a la ¨²nica persona que sab¨ªa la respuesta delante de ¨¦l: un ni?o de pueblo blanco, el cual claramente se encontraba en la misma situaci¨®n que ¨¦l y no deb¨ªa estar dando este examen. El ni?o sab¨ªa las respuestas de antemano probablemente gracias a la ayuda de los guardias y Apolo era el idiota que le dar¨ªa las respuestas a los dem¨¢s dado que Hefesto logro de alguna manera enterarse de su falta de conocimiento com¨²n: lo cual claramente implicaba que lo hab¨ªa estado investigando desde hace mucho tiempo. No obstante, esto solo era el segundo nivel de la trama, porque a¨²n exist¨ªa un tercer nivel mucho m¨¢s preocupante en la mente de Apolo y tambi¨¦n era el motivo por el cual no pod¨ªa dejar de sonre¨ªr como un tarado. Pues de todas las casualidades posibles se dio que los dos miembros m¨¢s importantes de este plan eran nobles de altos estatus. Por lo que uno en primera instancia pensar¨ªa que ser¨ªa m¨¢s complicado que le cortaran la cabeza cuando se terminara de conocer la verdad de lo que ocurri¨® esta noche, pero la gran realidad es que Apolo y el ni?o de pueblo blanco no solo acababan de burlarse de un tr¨¢mite impuesto por el propio ministerio de magia. ?Si no qu¨¦ m¨¢s relevante a¨²n era el hecho de que los dos nobles acababan de robar las arcas de la familia imperial y de todos los magos del imperio!. Por lo que cuando se supiera la verdad Apolo y el ni?o pelirrojo estar¨ªan m¨¢s que condenados, pero al mismo tiempo si la verdad s¨¦ sab¨ªa el ministerio de magia claramente anular¨ªa los t¨ªtulos de magos otorgados en este examen. Por lo que el gran tercer nivel de la trama oculta de Hefesto estaba en el hecho de que los dos nobles que participaron en la trama pertenec¨ªan justamente a familias pol¨ªticamente aliadas a la familia del actual ministro de magia. Y en consecuencia Hefesto podr¨ªa forzar a que el ministro de magia hiciera la vista gorda para que no le cortaran la cabeza a los dos j¨®venes nobles ?culpables? de robar las arcas del emperador. Hefesto hace tiempo se hab¨ªa ganado la fama de desaprobador compulsivo para asegurarse el puesto de encargado de los ex¨¢menes de inscripci¨®n y espero pacientemente a que todas estas coincidencias ocurrieran para poder robar los cupos de la asociaci¨®n m¨¢gica. Y d¨¢rselos a gente que le iba a ser ¨²til o mejor dichas personas que iban a recordar su m¨¢s gran invento para toda la vida. E44-El presupuesto Mientras Apolo continuaba mirando a la nada misma, Finz y Marcos siguieron discutiendo sobre el asunto hasta que los dos se dieron cuenta del estado anormal del joven mago. ¡ª?Pasa algo, Apolo?¡ªPregunt¨® Marcos empujando ligeramente el hombro del joven. ¡ª?Eh?¡ No, no pasa nada¡ªRespondi¨® Apolo limpi¨¢ndose el sudor en su rostro con la manga de la camisa que andaba vistiendo¡ªSolo estoy algo impaciente por recibir mi patrocinio. ¡ªYa veo, bueno mira el lado positivo: al menos te lo dar¨¢n hoy¡ªComent¨® Finz tratando de relajar a Apolo; mientras ¨¦l discut¨ªa con los dos magos. La gran realidad es que el resto de empleados en este cuarto estaban verificando y comprobando los documentos para comprobar que todo estuviera en orden, por lo que su deber principal era ganar tiempo y solucionar consultas. ¡ªSupongo que algunos nuevos magos se quedar¨¢n sin fondos, si no aprueban una ampliaci¨®n del presupuesto general¡ªDijo Marcos con cara triste¡ª?Crees que la aprobar¨¢n? ¡ªNo, no lo har¨¢n: si pusieron a Hefesto en los ex¨¢menes es porque los de arriba no quieren nuevos magos¡ªRespondi¨® Finz con preocupaci¨®n, algo nervioso por la gran tarea que se aproximaba en el horizonte¡ªLo m¨¢s probable es que el concilio mande a revisar qu¨¦ fue lo que ocurri¨® en el examen y porque hay tantos aprobados. Alguna excusa encontrar¨¢n para anular el examen. ¡ªProbablemente, veremos que ocurre: Hefesto tiene muchos amigos metidos en el concilio¡ªRespondi¨® Marcos acomodando sus gafas de arriba a abajo¡ªDi que falta mucho para las elecciones, si no te dir¨ªa que es imposible que Hefesto se salga con la suya. ¡ª?Elecciones?¡ªPregunt¨® Apolo sin entender a qu¨¦ se refer¨ªa marcos; luego de sus ?descubrimientos? estaba bastante interesado en esta conversaci¨®n. ¡ªLos cupos del concilio se rellenan una vez por d¨¦cada: se remplazan a los muertos¡ªRespondi¨® Finz con lentitud¡ªLos que eligen quienes ser¨¢n los reemplazantes son todos los magos inscriptos en el imperio, cuando eso ocurre se llama a ?elecciones?. De todas formas faltan 8 a?os as¨ª que no deber¨ªas estar preocupado por el tema. ¡ª?Y qui¨¦nes se encargan de comprobar que no ocurri¨® nada raro en el examen?¡ªPregunt¨® Apolo no tan disimuladamente como le gustar¨ªa. ¡ªEl m¨¢ximo responsable de administrar la magia en el imperio: Dorien el ministro de magia¡ªContest¨® Finz mirando de reojo c¨®mo uno de los empleados en los escritorios le hac¨ªa una se?al, como indicando que se acercara¡ª Si me disculpan tengo que ir a resolver un asunto, en unos minutos m¨¢s estar¨¢ tu patrocinio, Apolo. Y en cuanto a tu asunto, Marcos, la presentaci¨®n de tu investigaci¨®n frente al concilio ya fue arreglada para la siguiente semana. Unauthorized content usage: if you discover this narrative on Amazon, report the violation. Al escuchar que el encargado de verificar lo ocurrido era el ministro de magia, el rostro de Apolo mejor¨® un poco: lo m¨¢s probable es que anulen algunos ex¨¢menes por algunos motivos intrascendentes y eviten mencionar que todos los participantes se copiaron en el examen por su culpa. O al menos, Apolo pensaba que el ministro en principio no buscar¨ªa mandarlo al frente y si lo hac¨ªa ya hab¨ªa planeado una buena manera de salirse con la cabeza intacta. ¡ªPerfecto, entonces me retiro¡ªComent¨® Marcos al enterarse de que su tr¨¢mite hab¨ªa sido resuelto¡ªBuena suerte, Apolo. Recuerda no malgastar todos los cristales: al fin y al cabo la ¨²nica forma de incrementar tu presupuesto personal siendo un mago novato es descubriendo algo interesante y cr¨¦eme eso es super-costoso. La otra opci¨®n es trabajar, pero como mago noble te recomendar¨ªa que te alejes de esa opci¨®n: la paga te resultara demasiado poca, trata de especializarte en algo que te permita acceder a alg¨²n trabajo realmente rentable, si es que tu investigaci¨®n inicial consume demasiados cristales. ¡ªBueno, gracias por los consejos¡ªRespondi¨® Apolo autom¨¢ticamente. La gran verdad es que el joven en su cabeza estaba reflexionando si ir o no ir con el ministro de magia tras recibir el dinero para ?arreglar? el problema con el examen de inscripci¨®n, ¨¦l no conoc¨ªa a Hefesto y ahora que sab¨ªa que lo hab¨ªa usado lo mejor era mandar al viejo al frente del problema. Mientras Marcos se retiraba de la habitaci¨®n y Apolo reflexionaba que hacer a continuaci¨®n, Finz termin¨® de resolver el problema y regres¨® con un ba¨²l no tan grande al escritorio donde Apolo se encontraba esperando. ¡ªBueno, ac¨¢ tenemos tu primer patrocinio¡ªComent¨® Finz sent¨¢ndose en el escritorio y abriendo el ba¨²l: dentro del ba¨²l se encontraba una tarjeta negra, dos pergaminos, un libro rojo y una chapa plateada. Finz comenz¨® a tomar las cosas del ba¨²l y las puso en el escritorio indic¨¢ndole a Apolo que era cada cosa: ¡ªDado que eres uno de los miembros de una de las familias principales y en particular eres un miembro de la familia de bosque negro, el imperio te otorgar¨¢ una propiedad y en este pergamino tienes un decreto imperial para comprar cualquier casa a la venta en la capital. El segundo documento es una copia que indica que eres un mago de este imperio, en general es un papel in¨²til, pero gu¨¢rdalo por las dudas. Lo siguiente es esta chapa plateada, la misma es tu identificaci¨®n como mago para asuntos internos en el ministerio: gu¨¢rdala y no la pierdas. Lo ¨²ltimo que requiere explicaci¨®n es este libro rojo, el mismo es un simple registro de comerciantes y por d¨®nde puedes encontrarlos, en realidad es publicidad, pero te resultar¨¢ ¨²til. En cuanto a tus fondos, los mismos est¨¢n depositados en la tarjeta y en total son 2.500 cristales por ser un mago, m¨¢s 5000 cristales por tu sangre noble. Por lo que cuentas con un total de 7.500 cristales anuales: no los malgastes y recuerda que todo es m¨¢s caro para los magos. Tras terminar de explicar Finz guard¨® las cosas en el ba¨²l y se lo entreg¨® a Apolo. El joven mago r¨¢pidamente le arrebat¨® de la mano el ba¨²l a Finz antes de que terminara de entregarlo como si temiera que se lo volviera a guardar. Y sin despedirse, Apolo se levant¨® de su asiento para ir con pasos apresurados a la salida, por su parte Finz miro la escena con una sonrisa bastante bien forzada; mostrando lo acostumbrado que estaba a trabajar con gente exc¨¦ntrica. E45-Grupo de aventuras Apolo sali¨® de la habitaci¨®n y se encontr¨® con la usual fila de aspirantes a magos, aunque actualmente los aspirantes no se encontraban tan felices como antes, sino que ten¨ªan las caras bastante preocupadas, todos andaban sudando y la transpiraci¨®n en sus rostros era claramente visible. Inicialmente, uno pensar¨ªa que festejaron demasiado y ahora estaban cansados, pero eso no lograr¨ªa explicar por qu¨¦ sus semblantes estaban tan deca¨ªdos. Percat¨¢ndose del estado de las personas en la fila, el joven noble ignor¨® completamente los rostros tristes de la mayor¨ªa de personas con las que hab¨ªa estado festejando hace poco tiempo y en su lugar sigui¨® caminando hacia su destino; sin embargo, cuando ya hab¨ªa pasado la mitad de la fila una cara familiar sali¨® de la fila para detener su paso: era nada m¨¢s y nada menos que el gordo aunque sus ojos ya no brillaban como cuando lo estaban examinando, parecer¨ªa que algo se hab¨ªa roto dentro de ¨¦l. ¡ª?Pas¨® algo?¡ªPregunt¨® Apolo, m¨¢s por curiosidad acerca del motivo por el cual era detenido que por sentir pena por los ojos sin vida en la cara del hombre gordo. ¡ªClaro que pas¨® algo: dada la inusual cantidad de aprobados acaban de iniciar una investigaci¨®n, no pasaron ni diez minutos y ya unos cuantos confesaron todo lo que ocurri¨®: ?Al parecer van a ver sanciones!¡ªExclam¨® el gordo ya sin su usual tono alegre; realmente parec¨ªa que algo hab¨ªa muerto dentro de ¨¦l en los pocos minutos en los que Apolo estaba obteniendo su patrocinio¡ª Por eso nos frenaron en esta instancia y no est¨¢n dando m¨¢s los patrocinios hasta que definan qu¨¦ hacer con nosotros. ¡ªYa veo¡¡ªComent¨® Apolo no tan preocupado y sin mostrar empat¨ªa alguna, parec¨ªa que el joven realmente confiaba en el plan que ten¨ªa en la cabeza para salirse con la suya¡ª?Algo m¨¢s que quieras decirme?, estoy algo apurado. ¡ªS¨ª, de hecho te deten¨ªa para devolverte esto¡ªRespondi¨® el hombre gordo, estirando la mano y abriendo su palma, revelando un anillo de bronce oxidado¡ªSe te cay¨® durante la celebraci¨®n. Al ver el anillo, Apolo r¨¢pidamente solt¨® el ba¨²l que ten¨ªa en la mano provocando que todas las cosas en su interior se cayeran al suelo. Sin importarle sus otras pertenencias, el joven mago estir¨® su mano y recuper¨® el anillo de bronce. Con el anillo ya seguro en su mano, Apolo mir¨® con desconfianza al gordo al frente de ¨¦l y al resto de las personas en la fila como temiendo que en realidad no se le hubiera ca¨ªdo sino que se lo hubieran robado. Por su parte las personas en la fila, miraron el rostro distorsionado de Apolo con anormalidad, sin saber muy bien que le acababa de pasar. ¡ªSe ve que es muy importante para vos¡¡ªComent¨® el hombre gordo notando que Apolo no parec¨ªa preocupado por las cosas en el suelo y en su lugar se hab¨ªa quedado frotando el anillo en su mano. ¡ª?Eh?¡ S¨ª, s¨ª, es un recuerdo valioso de alguien que ya no est¨¢¡ªRespondi¨® r¨¢pidamente Apolo recuperando su conciencia y notando las miradas en la multitud, mientras forzaba una sonrisa para intentar disimular el problema. ¡ªOh, menos mal que me lo encontr¨¦ en el piso, por desgracia a m¨ª ya no me queda nadie en este mundo: convertirme en mago era mi ¨²ltimo sue?o¡ªRespondi¨® el gordo mirando a Apolo con empat¨ªa. ¡ª?Que no ten¨ªas hijos?¡ªPregunt¨® Yovel desde la cola, acerc¨¢ndose a la conversaci¨®n, el ni?o ten¨ªa el rostro tan demacrado que parec¨ªa que en unos pocos minutos se hab¨ªa convertido en un adolescente y a¨²n pod¨ªan verse dos l¨ªneas muy marcadas en sus ojos algo enrojecidos, por lo que parec¨ªa que hab¨ªa estado llorando hasta no hace tanto tiempo atr¨¢s. This story has been taken without authorization. Report any sightings. ¡ªTen¨ªa¡ Murieron por la peste azul hace cuatro a?os, m¨¢s o menos ten¨ªan tu edad¡ªRespondi¨® el gordo con una sonrisa desganada¡ªLa realidad es que no dejan inscribir gente con hijos, pero bueno, estaba desesperado por las respuestas por lo que ten¨ªa que tratar de ganar la simpat¨ªa de alguien de alguna forma. ¡ªQu¨¦ pena¡¡ªDijo el ni?o, mirando c¨®mo Apolo lo miraba de manera extra?a y pregunto¡ª?Pasa algo? ¡ªS¨ª, t¨² eras justamente a quien buscaba¡ªRespondi¨® Apolo, en sus planes ahora este chico ten¨ªa que hacer la mitad del trabajo. ¡ª?Me buscabas?¡ªPregunt¨® Yovel mirando al joven que hab¨ªa provocado todos sus dramas con enojo. ¡ªClaro, para evitar que me corten la cabeza te necesito y t¨² me necesitas a m¨ª¡ªRespondi¨® Apolo con una sonrisa siniestra. ¡ªPorque te necesitar¨ªa: ?Si justamente eres al primero que le van a cortar la cabeza!¡ªGrit¨® el ni?o con enojo. ¡ªNo ser¨ªa la primera vez¡¡ªMurmur¨® Apolo poniendo su anillo de oro en la cara del ni?o. ¡ª?Eres de los bosques negros?¡¡ªPregunt¨® el ni?o mirando la inscripci¨®n en el anillo de oro; ahora entend¨ªa por qu¨¦ esta persona estaba tan tranquila: no era tan f¨¢cil que lo castigaran si uno era un noble de alto estatus, pero incluso as¨ª lo que pas¨® el d¨ªa de hoy fue un desastre por lo que no hab¨ªa garant¨ªas para estar tan tranquilo como este joven estaba. ¡ªS¨ª, y si quieres zafar de este problema me necesitas¡¡ªComento Apolo mientras volv¨ªa a ponerse el anillo de bronce en su dedo con lentitud, como buscando asegurarse de que entrara y no cayera al piso por error. ¡ª?Cu¨¢l es tu plan?¡ªPregunt¨® Yovel mirando a Apolo con desconfianza. ¡ªEs secreto por el momento, ?Vas a ayudarme o no?¡ªRespondi¨® Apolo con calma, mientras disfrutaba de la sensaci¨®n de cerrar y abrir la mano con el anillo de bronce puesto. ¡ªNo veo por qu¨¦ te ayudar¨ªa: ?Tu situaci¨®n es cien veces peor que la m¨ªa!¡ªRespondi¨® Yovel con confianza en su decisi¨®n. Ignorando al ni?o al frente de ¨¦l y concentr¨¢ndose en ver c¨®mo le quedaba el anillo de bronce en su mano, Apolo con el tono de voz m¨¢s fr¨ªo que de costumbre respondi¨® calmadamente: ¡ªMi sangre vale m¨¢s que la tuya: en caso contrario no hubieras llorado tanto. Mi hermano es el futuro rey del bosque negro y mi abuelo est¨¢ muriendo, acaso crees que el emperador me mandar¨ªa a matar en este momento: lo ¨²nico que busco es vengarme y que no me saquen el puesto de mago. En cambio, tu familia es tan numerosa que estoy seguro de que ni siquiera le conoces el rostro al rey de pueblo blanco. ¡ªEntonces¡ c¨®mo¡ lo hacemos¡¡ªMurmur¨® el ni?o entre llantos, mientras luchaba tratando de contener sus l¨¢grimas para verse m¨¢s maduro ante este idiota, sin embargo: no lo lograba. Lo cierto es que el ni?o pelirrojo sab¨ªa m¨¢s que nadie que lo que dec¨ªa Apolo era verdad: su familia estar¨ªa m¨¢s que dispuesta de mandarlo a la horca solo para no quedar mal con el emperador y de tal manera asegurarse de seguir al mando del ministerio de magia. ¡ª?Perfecto! Ver¨¢s que tan f¨¢cil solucionamos todo; sin embargo, hay mucha gente escuchando nuestra conversaci¨®n: busquemos un cuarto vac¨ªo¡ªExclam¨® Apolo con confianza absoluta en su plan, mientras recog¨ªa las cosas que se le hab¨ªan ca¨ªdo del ba¨²l, comprobando obsesivamente que no faltara un solo objeto por recoger del suelo. ¡ªEsperen, ?Puedo ayudarlos?¡ªComent¨® el hombre gordo con los ojos brillando nuevamente como si un faro de esperanza hubiera vuelto a aparecer para iluminar el complicado camino que ten¨ªa por delante¡ªYo no soy noble por lo que a m¨ª me van a matar m¨¢s que seguro. Por favor, se los suplico: ?No importa que haya que hacer los ayudo y a cambio me salvan el culo!. ¡ª?De verdad no te importa que tengamos que hacer?¡ªPregunto Apolo mirando al gordo; esta persona le hab¨ªa devuelto su tan preciado anillo as¨ª que estaba dispuesto ayudarlo. ¡ª?Lo que sea!¡ªExclam¨® el gordo con los ojos brillantes y una sonrisa de oreja a oreja. ¡ªBueno, entonces eres parte de mi club de aventuras, busquemos una habitaci¨®n vac¨ªa y les explico mi plan: ?No tenemos mucho tiempo as¨ª que seamos r¨¢pidos!¡ªRespondi¨® Apolo con una sonrisa llena de confianza completamente impropia de ¨¦l. Tal vez se debiera al buen sue?o o tal vez fue por convertirse en mago, pero lo cierto es que en estos momentos donde la tranquilidad de su futuro se estaba poniendo en juego, es cuando el joven noble se estaba sintiendo m¨¢s vivo que nunca. E46-Lucha de magos. *Tock, tock, tock* Dorien levant¨® la cabeza y mir¨® con cansancio c¨®mo su puerta era tocada otra vez, nunca desde que se convirti¨® en ministro tuvo que atender a tantas personas, pero desde el ?accidente? en las evaluaciones para aspirantes a mago, el ministro tuvo que lidiar con innumerables problemas. En primera instancia Dorien tuvo que inscribir a casi veinte personas hasta darse cuenta de que hab¨ªa un problema y claramente algo hab¨ªa salido mal en el examen, por lo cual el ministro dej¨® de hacer las inscripciones y centr¨® su atenci¨®n en tratar de descubrir que hab¨ªa pasado. Obviamente, al ministro de magia no le tom¨® mucho esfuerzo descubrir la verdad, ya que las personas que vinieron a delatar al culpable no hab¨ªan sido precisamente pocas, el gran problema estaba en c¨®mo manejar¨ªa la situaci¨®n para tratar de no embarrarse en el problema: puesto que el principal culpable de este esc¨¢ndalo era un personaje algo ?delicado?. ¡ª?Pase!¡ªExclam¨® Dorien tom¨¢ndose la frente con cansancio. Al escuchar la orden, la puerta se abri¨® mostrando a un ni?o pelirrojo algo nervioso. ¡ª?Ocurri¨® algo, Yovel?¡ªPregunt¨® Dorien mirando a su familiar en la puerta aunque t¨¦cnicamente ni lo conoc¨ªa, ya que era un familiar muy lejano. ¡ªS¨ª, s¨ª¡¡ªComent¨® Yovel entrando con apuro en la sala, cerrando la puerta inmediatamente tras entrar como si temiera que alguien m¨¢s se metiera en la habitaci¨®n. Sin decir el motivo exacto de su visita, el ni?o se acerc¨® al ministro de magia y se qued¨® mir¨¢ndolo en su escritorio. ¡ª?Pasa algo, chico? Te noto un poco nervioso: no te estreses tanto, las investigaciones reci¨¦n arrancan¡ªDijo Dorien aunque la gran realidad es que las investigaciones ya hab¨ªan terminado y en estos momentos estaba m¨¢s preocupado pensando en qu¨¦ castigos dar para calmar al emperador cuando se enterara del asunto. Y justamente el ni?o delante de ¨¦l era una buena cabeza para calmar la ira del emperador. ¡ªS¨ª, s¨ª¡¡ªRepiti¨® Yovel bastante nervioso mirando fijamente a Dorien. En la mente de Apolo usarlo a ¨¦l en este momento era la mejor idea porque el ministro de magia ser¨ªa m¨¢s comprensivo con un familiar, pero lo cierto es que el ni?o bien sab¨ªa que su familia no ten¨ªa coraz¨®n cuando el asunto se relacionaba con la magia. Por lo que la idea de Apolo no serv¨ªa para nada; sin embargo, el ni?o estaba desesperado, ya que conoc¨ªa lo suficientemente bien a su familia para saber c¨®mo resolver¨ªa el ministro de magia este asunto. ¡ªSi no tienes nada que decir puedes irte, no est¨¦s tan nervioso por los resultados de la investigaci¨®n, jovencito¡ªComent¨® Dorien con una sonrisa cansada por el d¨ªa agotador, aunque en su mente ya hab¨ªa decidido cu¨¢l ser¨ªa la principal cabeza cortada a presentar para satisfacer al emperador. ¡ªTe-tenemos una pro-propuesta¡¡ªDijo el ni?o mientras tartamudeaba de los nervios, al ver la sonrisa en el rostro del ministro, ¨¦l ya sab¨ªa que esa sonrisa falsa era la peor se?al posible. ¡ªNo te entiendo, ni?o, podr¨ªas no molestarme: estoy algo cansado tras tener que lidiar con todos estos problemas¡ªRespondi¨® Dorien se?alando la puerta, ya estaba muy cansado y de verdad quer¨ªa descansar. Yovel vio como su pariente se?alaba la puerta y le dieron ganas de llorar de repente, pero manteni¨¦ndose fuerte y conteniendo sus l¨¢grimas, el ni?o logr¨® seguir estando fiel al plan del cual depend¨ªa su vida: ¡ª50% Por mago, el favor de un archimago y los seis culpables de que todo saliera mal. Love this story? Find the genuine version on the author''s preferred platform and support their work! ¡ª?50% por mago?¡ªPregunt¨® Dorien mirando al ni?o de arriba a abajo, revaluando su visi¨®n de ¨¦l. ¡ªTe damos el 50% del patrocinio anual de cada mago que ?no? hizo trampa¡ªRespondi¨® Yovel r¨¢pidamente. ¡ªOh, vaya¡¡ªMurmur¨® Dorien replante¨¢ndose completamente la visi¨®n de este ni?o en su cabeza, claramente alguien as¨ª era m¨¢s que ¨²til para su familia y m¨¢s teniendo en cuenta su corta edad¡ª?Y c¨®mo planeas convencer al resto de ?magos?? ¡ªYa lo hice, de los 89 aprobados, casi 60 aceptaron¡¡ªRespondi¨® Yovel r¨¢pidamente¡ªTengo la lista de los que no aceptaron, al parecer ellos fueron los que se copiaron y se dieron las respuestas entre ellos. Mientras que nosotros aprobamos con normalidad, ?Aceptas? ¡ª?Y el favor del archimago?¡ªPregunt¨® Dorien mientras jugaba con su barba aparentando no importarle la idea del ni?o, aunque en realidad estaba muy interesado en la conversaci¨®n. ¡ªHefesto es el culpable de todo, as¨ª que naturalmente te deber¨¢ un par de favores si es que dejas pasar alguno de sus ?aprobados?¡ªRespondi¨® Yovel tratando de hablar con naturalidad, escondiendo profundamente los nervios que ten¨ªa en estos momentos¡ªTenemos identificados a los cuatro guardias que lo ayudaron, as¨ª que podemos obtener evidencia para chantajearlo. ¡ªYa veo, ya veo¡¡ªMurmur¨® Dorien jugando con su barba. Aunque su mente le estaba pidiendo a gritos que le preguntara al ni?o c¨®mo es que logr¨® comprender que Hefesto hab¨ªa sido el culpable de todo, incluso a ¨¦l le tom¨® tiempo darse cuenta de por qu¨¦ Hefesto quer¨ªa que esto ocurriera y ni estaba enterado de que hab¨ªa recibido ayuda de algunos guardias. Conteniendo sus dudas sobre el tema, el ministro de magia pregunt¨® lo ¨²ltimo importante en el trato: ¡ª?Y los seis culpables de que saliera todo mal? El ni?o mir¨® fijamente a los ojos del ministro de magia y con la confianza que fue ganando a medida que avanzaba la charla dijo: ¡ªTe doy seis nombres y si alguno de esos seis nombres deja de ser mago o ve tocado su patrocinio, todo nuestro trato sale mal y te quedas sin nada m¨¢s que el enojo del emperador. Piensa, ?Quieres a todos los aspirantes haciendo trampa mostrando que tu ex¨¢men fue una bazofia o quieres unos pocos tramposos en un examen estricto y noble?, Est¨¢s en nuestro mismo barco, Dorien, y si naufragamos lo hacemos juntos. Inmediatamente, Dorien dej¨® de jugar con su barba y mir¨® a los ojos del ni?o con seriedad. Ni en sus sue?os m¨¢s disparatados podr¨ªa imaginarse que un mocoso que no ten¨ªa ni un solo pelo en la quijada podr¨ªa armar semejante soborno. Sin embargo, alguien lo hab¨ªa elegido para que hable y ese alguien deb¨ªa ser alguno de los seis nombres mencionados. Por lo que tratando de descubrir qui¨¦n era la gran mente maestra que planific¨® este ?rescate?, Dorien coment¨®: ¡ªBueno acepto, ?Cu¨¢les son los seis nombres? ¡ªArma la lista de magos que se copiaron al frente de m¨ª y luego la leo, si veo que hay uno de estos seis nombres lo tacho¡ªRespondi¨® el ni?o con m¨¢s confianza. ¡ªMmmmmmmmmmm¡¡ªMurmur¨® Dorien pensativamente por unos segundos demasiados largos para Yovel, hasta que finalmente Dorien procedi¨® a buscar un pergamino de uno de los cajones de su escritorio, agarrando un registro con la lista de inscritos al examen de magos. Al azar, el ministro de magia comenz¨® a anotar los nombres de la lista en un pergamino en blanco. Cuando la lista de nombres fue lo suficientemente grande para satisfacer al ministro de magia se la otorg¨® al ni?o, diciendo: ¡ªTienes un gran futuro como mago, Yovel. Espero que siempre recuerdes el lema de nuestra familia, llegues a donde llegues como mago. ¡ª?No manches el pueblo?¡ªMurmur¨® Yovel reflexivamente mientras tomaba el pergamino y proced¨ªa a leerlo con cuidado: notando que hab¨ªa como 70 personas anotadas en el papel¡ªEst¨¢ bien, los seis importantes seguir¨¢n siendo magos. ¡ªOh, parece que la fortuna te sonr¨ªe¡¡ªComent¨® Dorien con una sonrisa bastante amplia mirando al ni?o¡ªEst¨¢ bien, tenemos un trato: ve y consigue mis cristales. Mandar¨¦ a los guardias a buscar a nuestros ?culpables? es mejor que no hablen mucho o podr¨ªan ?mancharnos?. Al escuchar que todo estaba arreglado, los ojos del ni?o brillaron y una sonrisa triunfante se form¨® en su rostro mientras se dirig¨ªa hacia la puerta para irse. Por su parte Dorien vio de forma reflexiva como la espalda del ni?o se marchaba de su oficina, mientras en su cabeza deseaba que por alguna casualidad del destino no existieran esos seis nombres misteriosos y que en realidad el ni?o fuera la ¨²nica gran mente maestra atr¨¢s de este rescate. E47-El Mago *Tock, tock, tock* ¡ªOcupado¡ªGritaron Apolo y el hombre gordo al un¨ªsono mientras miraban hacia la ¨²nica puerta en la habitaci¨®n. Haciendo caso omiso a la orden, la puerta se abri¨® y un ni?o pelirrojo entr¨® en la sala. La habitaci¨®n donde acababa de entrar el ni?o era ni m¨¢s ni menos que uno de los ba?os del castillo: el mismo era para uso personal, sin embargo, f¨¢cilmente entraban cinco personas en la habitaci¨®n por lo que era desproporcionadamente grande para su uso individual. El ba?o como tal era muy lujoso y contaba con un espejo, algunas estatuas, cuadros decorativos y el mueble principal era un excusado de m¨¢rmol muy bien decorado. Pero lo m¨¢s importante de este ba?o y el motivo por el cual el grupo lo hab¨ªa elegido de lugar ?privado? es que se encontraba en el ¨²ltimo piso del castillo por lo cual era muy poco transcurrido. ¡ª??Hay trato?!¡ªPreguntaron Apolo y el gordo al un¨ªsono como si sus vidas dependieran de ello. ¡ªS¨ª, pero cuando estaba viniendo para ac¨¢ observe c¨®mo los guardias se dirig¨ªan al primer piso del castillo¡ªRespondi¨® Yovel nervioso, por c¨®mo se dio la conversaci¨®n parecer¨ªa que todo andar¨ªa bien; sin embargo, no estaba para nada seguro. ¡ª?S¨¦ claro, mocoso!, ?Hay trato o no?¡ªPregunt¨® gritando el gordo tomando de los hombros al ni?o y agit¨¢ndolo. ¡ªS¨ª, s¨ª, Dorien acept¨®¡ªRespondi¨® Yovel r¨¢pidamente trat¨¢ndose de librarse del agarre del gordo desesperado¡ªDeben haber ido a buscar a los que no tuvieron suerte. ¡ªEspero que as¨ª sea¡¡ªExclam¨® el gordo limpi¨¢ndose el sudor en su frente con las mangas de su camisa. ¡ªYo tambi¨¦n espero eso¡¡ªRespondi¨® Apolo mirando por la ¨²nica ventana del ba?o¡ªVengan a ver esto¡ El gordo y el ni?o se acercaron a la ventana con curiosidad, la misma estaba un poco alta por lo cual Yovel tuvo que ponerse de puntillas de pie para lograr ver que es lo que estaba ocurriendo. Desde la ventana del castillo pod¨ªa verse que en el patio hab¨ªa m¨¢s de cincuenta guardias con armadura de plata escoltando a una fila de casi cien personas, por los rostros y apariencias el grupo pudo distinguir que se trataban de los aspirantes a mago con los cuales hab¨ªan realizado el examen hace no mucho. El grupo no entend¨ªa por qu¨¦ pusieron a todos los aspirantes en una fila, hasta que finalmente el primero de la fila comenz¨® a ser empujado por dos guardias hacia un ¨¢rbol de madera amarillenta bastante grande y de hojas celestes, entre sus hojas se observaban unos frutos similares a pelotas violetas que luc¨ªan realmente apetitosos. No obstante la belleza del ¨¢rbol estaba opacada debido a la irregularidad en su corteza, la cual aparentaba que el ¨¢rbol estaba lleno de tumores y luc¨ªa algo enfermo, ya que toda la superficie del ¨¢rbol estaba llena de pelotas que crec¨ªan debajo de la corteza. Finalmente, los dos guardias terminaron de acercarse lo suficiente al ¨¢rbol como para que el aspirante a mago tocara la corteza, fue entonces que uno de los guardias sac¨® de una bolsa de cuero uno de los frutos del ¨¢rbol. El otro guardia mientras tanto hab¨ªa puesto de rodillas al aspirante y usando sus dos manos forz¨® a que el aspirante mantuviera la boca abierta. Inmediatamente, el otro guardia empuj¨® el fruto del ¨¢rbol hacia la boca del aspirante, oblig¨¢ndolo a que lo mordiera. If you stumble upon this narrative on Amazon, it''s taken without the author''s consent. Report it. Una vez que los guardias verificaron que el aspirante hab¨ªa mordido el fruto, soltaron al hombre y volvieron a buscar a otro en la fila, como si no les preocupase que saliera corriendo. Por su parte el aspirante sigui¨® comiendo el fruto violeta con obsesi¨®n como si fuera lo m¨¢s delicioso que hab¨ªa probado en su vida, tras terminarlo mir¨® con locura los otros frutos en la cima del ¨¢rbol y utilizando los tumores en la corteza del ¨¢rbol como agarre el aspirante trat¨® de ir subiendo a buscar m¨¢s frutos. Pero justo cuando se encontraba en la mitad del trayecto, el aspirante dej¨® de moverse y se qued¨® congelado abrazando el ¨¢rbol, como si se hubiera quedado pegado y efectivamente el aspirante not¨® con horror como toda la mitad de su cuerpo hab¨ªa sido absorbida por la corteza del ¨¢rbol. *?Ayudaaaaaaaa!*Grit¨® el aspirante con desesperaci¨®n, al ver como la mitad de su cuerpo se estaba fusionando con el gigantesco ¨¢rbol; sin embargo, los guardias ignoraron el grito desesperado y en su lugar se concentraron en que nadie se escapara de la fila. ¡ªQu¨¦ barbarie¡¡ªMurmur¨® el gordo mirando esta escena con horror¡ªNo entiendo por qu¨¦ simplemente no les cortan el cuello o los mandan a la horca, ?Qu¨¦ necesidad hay de hacerlos sufrir as¨ª? Esa persona ni siquiera muri¨®, tiene pinta de que va a estar ah¨ª pegado hasta su muerte. ¡ªEs un ¨¢rbol del sol, antiguo guardi¨¢n de la familia de campos plateados¡¡ªMurmur¨® Apolo mirando la escena delante de ¨¦l, sin sentir una pizca de pena, m¨¢s interesado en contar la cantidad de aspirantes en la cola y ver cu¨¢ntos hab¨ªan sido no seleccionados. ¡ª?Y eso qu¨¦ significa?¡ªPregunt¨® el gordo aun sin entender. ¡ªEl lugar de procedencia de la familia del emperador es campos plateados¡¡ªComent¨® Yovel mirando la escena con aturdimiento. La verdad es que no era muy violenta esta condena, pero si era impactante, ya que pr¨¢cticamente era una tortura lenta hasta la muerte¡ªPor lo que el ministro de magia est¨¢ mostrando que el castigo es por ofender al emperador y no por copiarse, es un mero detalle. Pero un detalle importante para no ?mancharse?. ¡ªDejen de prestarle atenci¨®n al idiota gritando, y revisen mi cuenta: ?Son 74 condenados?¡ªDijo Apolo con un tono de voz fr¨ªo y una sonrisa de oreja a oreja en su rostro. ¡ªUno¡ Dos¡ Tres¡¡ªMurmur¨® el gordo con lentitud, ignorando completamente los gritos del condenado y comenzando a llorar cada vez m¨¢s fuerte a medida que se daba cuenta de que su vida hab¨ªa sido salvada de milagro. ¡ª74¡ De 89¡ Lo logramos¡¡ªMurmur¨® el ni?o mirando sin pesta?ear a la persona gritando con agon¨ªa en la corteza del ¨¢rbol. ¡ª72 ¡ 73 ¡ 74¡ Chicos, su pap¨¢ finalmente es un mago¡¡ªMurmur¨® el gordo llorando estrepitosamente mientras escuchaba las s¨²plicas llenas de desesperaci¨®n de los condenados en la fila. Este d¨ªa sin lugar a dudas hab¨ªa sido el m¨¢s impactante en toda la vida del gordo y si no hubiera sido por la bendici¨®n de sus hijos sin lugar a dudas habr¨ªa terminado estando en esa fila. ¡ªNo solo somos magos, sino que acabamos de ganar 1250 cristales¡ªComent¨® Apolo con una sonrisa triunfante, mientras dejaba de ver por la ventana y se dirig¨ªa a la puerta del ba?o¡ªVamos a buscar el boleto al mundo m¨¢gico de los afortunados que sobrevivieron: ?Hay un soborno que pagar! Yovel por su parte mir¨® la espalda de Apolo como si fuera un lun¨¢tico, sin poder comprender c¨®mo es que estaba tan tranquilo o a¨²n peor: tal feliz por esta situaci¨®n. El ni?o recordaba perfectamente c¨®mo el plan de este idiota afortunado era matar a Hefesto y entregarle la cabeza en un plato al ministro de magia. Fue ¨¦l el que se encarg¨® de convencerlo de que matar a un archimago era pedir a gritos problemas, y para colmo fue el hombre gordo, que en estos momentos estaba llorando estrepitosamente en el suelo, la gran mente maestra encargada de configurar todo el plan que termin¨® salv¨¢ndoles el culo a ellos tres. Y a¨²n m¨¢s triste es que fue su propia idea la de incrementar el n¨²mero de nombres intocables, para as¨ª obtener parte del soborno. Literalmente, lo ¨²nico que hab¨ªa hecho Apolo era notificarle de algo que para ellos dos a esas alturas de las circunstancias era una obviedad y era que el culpable que el examen fuera una bazofia era justamente el que estaba tomando el examen. Y pese a todo ello, ah¨ª se marchaba por la puerta el joven noble que en su propia cabeza se ve¨ªa a s¨ª mismo como la mente maestra detr¨¢s de la gran estafa de estos ajetreados ex¨¢menes m¨¢gicos. E48-Los Condenados El gordo, el ni?o y el noble procedieron a juntar los sobornos a medida que el proceso de otorgar los patronazgos se reanudaba con normalidad. Dado que los gritos en el exterior se iban haciendo m¨¢s fuertes a medida que m¨¢s aspirantes recib¨ªan su condena, el proceso de recaudaci¨®n de cristales fue m¨¢s sencillo de lo que el grupo esperaba inicialmente. Y no era para menos, ya que todos los magos que pagaban el soborno miraban a los tres encargados de recolectar el dinero como los h¨¦roes que negociaron sus nuevas vidas. Cuando el soborno fue pagado el grupo de aventuras se disolvi¨® y sin despedirse, Apolo aprovech¨® la primera oportunidad que tuvo para salir del castillo y regresar a su carruaje en donde Mateo y Orrin lo estaban esperando con miradas preocupadas. ¡ªMe alegro de que no le haya pasado nada, mi se?or¡ªComent¨® Orrin preocupado, tratando de ignorar los gritos de lamentos que resonaban por todo el patio del ministerio de magia¡ª?Se puede saber por qu¨¦ condenaron a muertes a casi todos los aspirantes? Al escuchar la pregunta, Apolo se dio la vuelta y mir¨® el gran ¨¢rbol repleto de aspirantes pegados gritando con agon¨ªa, realmente el ¨¢rbol desde el suelo remarcaba su inmenso tama?o y pese a ello todav¨ªa toda la fila de aspirantes no hab¨ªa sido condenada por lo que parec¨ªa que los guardias necesitar¨ªan otro ¨¢rbol. Mirando tal escena, Apolo con voz fr¨ªa respondi¨®: ¡ªAcaso no es obvio: te dije que los que se re¨ªan de m¨ª terminar¨ªa muriendo y as¨ª fue como ocurri¨®. Con los ancestros de mi lado, nada puede salir mal este d¨ªa. Hoy aprend¨ª una gran lecci¨®n y es que si uno act¨²a como un plebeyo recibe el trato de un plebeyo, mientras que si uno act¨²a como un noble recibe el trato de los nobles. Y lo m¨¢s importante, si uno act¨²a como un ganador, la vida te convierte en un ganador. Hoy les gan¨¦ a esos miserables en el juego de los magos. La espalda de Mateo se puso m¨¢s recta que nunca al escuchar semejante afirmaci¨®n, su mente no pod¨ªa procesar que realmente Apolo fuera el responsable de que todos los que se hab¨ªan re¨ªdo de ¨¦l terminaran muriendo. Y sin embargo, sus ojos le indicaron al hombre que efectivamente se hab¨ªa formado una fila de casi cien personas marchando hacia la muerte y sus o¨ªdos le recordaban a Mateo que los gritos ag¨®nicos de los condenados eran m¨¢s reales que las propias palabras de su se?or. This tale has been unlawfully obtained from Royal Road. If you discover it on Amazon, kindly report it. Apolo por su parte se qued¨® mirando al ¨¢rbol en la distancia, realmente hasta este momento el joven no hab¨ªa terminado de entender del todo el significado del segundo consejo dejado por su ancestro y por qu¨¦ deber¨ªa actuar como un plebeyo este d¨ªa. No obstante, gracias a que Apolo sigui¨® ese consejo fue que todo esto termin¨® ocurriendo, por lo que en su mente trataba de buscar el gran significado de este desenlace tr¨¢gico y pese a ello no lo lograba. ¡ªMe alegro de que se haya convertido en un mago, ?Cu¨¢les son las siguientes indicaciones?¡ªPregunt¨® Orrin mirando la espalda de su se?or con orgullo. Pese a la pregunta, Apolo continu¨® mirando el ¨¢rbol tratando de meditar las palabras de su ancestro, pero como no lo lograba termin¨® perdiendo la paciencia y estaba a punto de dejarlo. Fue entonces cuando Apolo record¨® que uno de sus criados ven¨ªa d¨¢ndole buenos consejos ¨²ltimamente, por lo que pregunt¨®: ¡ª?Ustedes que creen que es el destino? ¡ªMmmm¡ el fruto del trabajo de uno¡ªRespondi¨® Orrin notando lo anormal del estado del joven noble. ¡ªPuede ser¡ ?Y t¨² qu¨¦ crees, Mateo?¡ªPregunt¨® Apolo ¡ªUna buena excusa, para lo bueno y lo malo¡ªRespondi¨® Mateo¡ªNo pienso que importe demasiado. ¡ª?Pero sabe que, se?or? Considero que cada persona llega a su propia respuesta acerca de que es el destino a medida que crece¡ªAgreg¨® Orrin mirando el ¨¢rbol a la distancia¡ªLo importante es que esa respuesta nos nutra y no que nos condene: dudo que el destino de esos aspirantes haya sido morir de esta forma. Y aun as¨ª, forzaron ese destino al ofenderlo a usted y a sus ancestros¡ ¡ªTal vez la idea era que abra los ojos y vea desde otra perspectiva¡ tal vez solo era aceptar el test¡ No lo s¨¦¡¡ªMurmur¨® Apolo meditativamente mientras abr¨ªa el ba¨²l en donde se guardaban sus nuevas adquisiciones como mago y retiraba el libro rojo. Con el libro en la mano, Apolo volvi¨® a cerrar el ba¨²l y se acerc¨® a Orrin para entregarle el libro. ¡ªTen, busca donde est¨¢n los comerciantes que venden casas en la capital¡ªOrden¨® Apolo mientras se dirig¨ªa a su carruaje¡ªLl¨¦vame a la mejor tienda de propiedades del imperio: ?Es tiempo de que finalmente tenga mi propia casa!. Sin comentar nada m¨¢s, Apolo entr¨® a su carruaje y cerr¨® las cortinas, buscando meditar profundamente todo lo que hab¨ªa ocurrido el d¨ªa de hoy y comenzando a planificar su nueva vida como mago. E49-Los consejos En estos momentos Apolo se dirig¨ªa a la principal tienda de propiedades del imperio, no obstante la misma estaba un poco lejos; ya que no hab¨ªa tiendas importantes en la capital y la tienda en cuesti¨®n se encontraba en una de las calles principales de la ciudad anillo. Para colmo uno deb¨ªa acceder a dicha calle por la puerta m¨¢s alejada de donde se ubicaba el ministerio de magia, por lo que Apolo ten¨ªa que atravesar toda la capital para poder llegar hasta la tienda y eso f¨¢cilmente era un viaje de cuatro d¨ªas a carruaje. No obstante, el joven no estaba apurado: el resto de nuevos magos ten¨ªan mucho menos presupuesto que ¨¦l y lo m¨¢s probable es que no pudieran comprar la casa que Apolo ostentaba; la cual era la m¨¢s cara disponible dado que la ?compraba? con un decreto del emperador. Mientras el viaje se desarrollaba con normalidad, Apolo aprovech¨® la oportunidad para leer el libro rojo que le hab¨ªan dado: como ya le hab¨ªan mencionado el mismo era un simple almanaque lleno de tiendas que un mago podr¨ªan necesitar por lo que en definitiva era publicidad; sin embargo, era publicidad ¨²til para alguien como Apolo que no ten¨ªa ni idea donde se encontraban las tiendas y qu¨¦ cosas deb¨ªa comprar un mago. Tras finalizar el libro lleno de publicidades, Apolo ten¨ªa bastantes dudas sobre como disponer de su presupuesto, pero por suerte el joven record¨® que uno de sus ancestros hab¨ªa comentado algo sobre el tema en su legado, por lo cual Apolo procedi¨® a sacar el documento secreto y repas¨® con atenci¨®n los tres ¨²ltimos consejos:
"¡(Inicio de la carta) En cuanto a mi tercer consejo: una vez seas mago y hayas aceptado tu destino, el siguiente gran paso en tu vida es descubrir que a partir de ahora eres completamente libre: libre de destruir tus riquezas y libre de hacerlas valer. Es por eso que el primer gran consejo que voy a darte para que no destruyas tus propias riquezas es que uses tus primeros cristales en la inversi¨®n m¨¢s inteligente que puedes hacer: ?Obtener criados competentes!. El mejor criado para un mago son sus propios disc¨ªpulos, es decir tus ac¨®litos. No obstante no podr¨¢s tener ac¨®litos bajo tu mando hasta que logres al menos un solo logro m¨¢gico y de dicha forma obtengas reputaci¨®n suficiente como para que alguien est¨¦ dispuesto a convertirse en tu ac¨®lito. Dado que la mejor opci¨®n no est¨¢ disponible, entonces debes ir por la segunda: los ?gururis?. Si bien el nombre de esta criatura te podr¨ªa sonar extra?o, ya que la familia tradicionalmente nunca los ha usado como criados, lo cierto es que son unas extra?as criaturas algo ?d¨®ciles? que suelen ser utilizados por much¨ªsimas familias nobles como criados. If you find this story on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the infringement. Para comprarlos debes ir a alg¨²n criadero de bestias y preguntar si los tienen: debes comprar uno viejo y dos j¨®venes que acaban de nacer. Recuerda nunca comprar m¨¢s que esa equilibrada cantidad o se matar¨¢n entre s¨ª. El gururi viejo si o si debi¨® haber servido a otro mago previamente. Estas criaturas viven casi trescientos a?os, por lo cual es muy probable que los vendan de segunda mano. Te advierto que estas criaturas son caras, bastante caras: ?Comprarlas igualmente! El resto de los cristales, el cual podr¨ªa ser poco o mucho dependiendo de la buena voluntad del emperador de turno. Debes emplearlo para dos cosas: amueblar tu casa completamente con mucho brillo y tonter¨ªas, as¨ª los gururis vivir¨¢n contentos y no te matar¨¢n mientras duermas. Y por ¨²ltimo y no menos importante debes ir a comprar la ropa que un verdadero mago vestir¨ªa: util¨ªzala siempre y no dejes que el gururi viejo te vea sin esa ropa o se deprimir¨¢ y no hablar¨¢ con tus dos gururis j¨®venes, lo cual es vital para que aprendan del viejo. Con todo el dinero que te sobre, no debes comprar un solo artefacto m¨¢gico o aparatos de investigaci¨®n. En su lugar g¨¢stalo para tener el mejor y m¨¢s ostentoso jard¨ªn de toda la capital imperial y de esa manera tendr¨¢s el favor de tus vecinos, lo cual es bastante importante: ?Ya no vives en un castillo en el medio del bosque! Mi cuarto consejo es probablemente el que m¨¢s interesante te parezca en estos momentos donde acabas de leer este documento: ya que todav¨ªa no aprendes a valorar mis otros consejos. El cuarto consejo es la verdadera utilidad de la m¨¢scara m¨¢gica de Tias el gran mago de la memoria de nuestra familia, como tal la m¨¢scara es el legado de uno de los grandes magos del imperio. Y aunque a¨²n probablemente no entiendas que significa ese t¨ªtulo honor¨ªfico, lo cierto es que Tais te dio una m¨¢scara bastante compleja e incluso yo desconozco si tiene m¨¢s secretos. Como bien indic¨® Tais en su legado: la principal funci¨®n de la m¨¢scara es permitirte que te escapes de los problemas, por tanto, si portas la m¨¢scara y asesinas a un guardia frente a otros cien guardias, ninguno de los guardias que presenci¨® el asesinato lograr¨¢ recordar quien mat¨® al guardia por m¨¢s que te hayan visto hacerlo hace un segundo. No obstante, te ver¨¢n con un cuchillo con sangre y podr¨¢n deducir el asesinato. Entonces tiras el cuchillo y no recordar¨¢n que lo ten¨ªas, pero los guardias te ver¨¢n cerca de un cad¨¢ver y podr¨¢n deducir el asesinato. Entonces sales corriendo y no recordar¨¢n que estuviste cerca del cad¨¢ver, pero al verte corriendo podr¨¢n deducir el asesinato. Por tanto, decides entrar a una tienda y te mezclas entre la multitud: ?Felicidades: escapaste!. La m¨¢scara es ¨²til, pero requiere bastante pr¨¢ctica aprender a usarla. Y por ¨²ltimo est¨¢ mi quinto gran consejo¡(la carta segu¨ªa y segu¨ªa)"E50-Tiendas de propiedades El carruaje fue avanzando por las calles azuladas de la capital, mientras el joven noble le¨ªa obsesivamente el tercer consejo, el mismo no era tan enigm¨¢tico como los otros cuatro por lo cual lo hac¨ªa sospechar de que tal vez haya otro consejo oculto entre sus l¨ªneas. No obstante todo parec¨ªa indicar que el tercer consejo ¨²nicamente era un orden de prioridad para gastar su presupuesto. Esta paranoia ven¨ªa al hecho de que la primera carta dada por su antepasado ocultaba bastante bien entre sus l¨ªneas los misteriosos secretos de la m¨¢scara m¨¢gica y al hecho de que su segundo ancestro tambi¨¦n hab¨ªa sido muy poco claro con alguno de sus consejos al punto de ser enigm¨¢ticos. Por lo tanto, Apolo hab¨ªa llegado a la conclusi¨®n que en el mundo de la magia los magos suelen dar la informaci¨®n a cuenta gotas y en acertijos. Haciendo que sea complicado entender el mensaje real que quer¨ªan trasmitir, el motivo de esto era incierto para el joven y su principal idea es que era una simple man¨ªa creada por los largos a?os de soledad que ten¨ªa que afrontar un mago. Como es normal, el tiempo nunca se detiene y cuando el joven quiso recordar cu¨¢nto faltaba se dio cuenta de que ya estaba enfrente de su destino. El carruaje de Apolo se encontraba en una de las calles principales de la ciudad anillo al frente de una tienda que ocupaba f¨¢cilmente el tama?o de otras cuatro tiendas normales en esta calle, mostrando as¨ª su liderazgo y poder¨ªo econ¨®mico. Todas las tiendas alrededor de este gigantesco comercio vend¨ªan exactamente los mismos productos: tierras, propiedades, castillos y diversas edificaciones. Al parecer por los carteles de las tiendas aleda?as que Apolo pod¨ªa leer uno pod¨ªa comprar pr¨¢cticamente una casa donde quisiera y no se limitaban a trabajar exclusivamente en la capital y los alrededores. La gran tienda como tal no ten¨ªa una apariencia tan llamativa desde el exterior y parec¨ªa una casa de ladrillos rojos tradicional; lo m¨¢s llamativo de la tienda era su tama?o y lo ¨²nico que destacaba era un gran cartel colocado en la parte de adelante del comercio el cual dec¨ªa: ?Tiendas de propiedades del reinado de minas profundas?. Por el t¨ªtulo del cartel uno pod¨ªa deducir que esta tienda pertenec¨ªa a una de las familias nobles principales, en este caso a la familia de minas profundas. La cual era una de las familias m¨¢s poderosas del imperio y su principal t¨ªtulo era un ducado. El principal motivo de su poder era debido a que controlaban gran parte de la extracci¨®n de cristales del imperio y su poder¨ªo econ¨®mico era incluso mayor que el del emperador. Por lo tanto, podr¨ªa decirse que esta familia era uno de los pilares que sosten¨ªan toda la econom¨ªa del imperio, m¨¢s a¨²n sus nobles eran conocidos por su carencia de tradici¨®n militar y su reconocido uso de mercenarios en las guerras motivo por lo cual nunca tuvieron una buena relaci¨®n con la familia de Apolo. No obstante, la mala relaci¨®n entre las familias no preocupaba al joven Apolo, ya que el joven sab¨ªa que en definitiva esta era una familia con tradici¨®n comercial por lo que si ten¨ªas el dinero eras bien atendido sea cual sea tu precedencia. Pese a ello, Apolo ya hab¨ªa planificado un par de cosas para que la negociaci¨®n se volviera un poco m¨¢s r¨¢pida y c¨®moda para ¨¦l. Por lo cual cuando el carruaje t¨¦rmino de estacionar, el joven noble no baj¨® del carruaje y en su lugar observ¨® desde la ventana como Orrin bajaba y se dirig¨ªa al interior de la tienda. Luego de unos pocos minutos, Orrin regreso con un Hombre vestido como comerciante con ropas muy coloridas y llamativas, lo m¨¢s destacable de su atuendo era un inusual collar con un cristal negro en su cuello. El hombre ten¨ªa la piel bastante p¨¢lida y los ojos completamente negros sin pupila alguna a la vista. Sus u?as eran bastante largas y estaban decoradas cada una con colores y patrones complicados. Por su parte el color del cabello del hombre era blanco como la nieve, pese a que aparentaba no tener m¨¢s de 40 a?os. A case of content theft: this narrative is not rightfully on Amazon; if you spot it, report the violation. Orrin se apresur¨® y abri¨® el carruaje, mostrando en el interior a Apolo listo para bajarse y saludar al desconocido: ¡ªEncantado en conocerte, Apolo de bosque negro¡ªComent¨® el comerciante con una sonrisa, aunque la expresi¨®n de sorpresa en su rostro al ver por primera vez el desnutrido cuerpo de Apolo no logro ocultarla; al fin al cabo los rumores sobre los gigantes no eran pocos y este chico parec¨ªa un preadolescente de lo desnutrido que estaba¡ªSoy Dar¨ªo de minas profundas, ?Te gustar¨ªa dirigirte a un lugar m¨¢s c¨®modo para hablar? ¡ªS¨ª, vamos adentro¡ªDijo Apolo mirando a los costados de las calles con desconfianza, lo ¨²nico que le faltaba era que un ratero le robara sus cosas y saliera disparado hacia las profundidades de esta ciudad inmensa. Tras ver que no hab¨ªa nadie, Apolo tom¨® el cofre con cosas importantes rehus¨¢ndose a confiar en la seguridad del carruaje e ingres¨® a la tienda acompa?ado de Dar¨ªo. Tras entrar a la tienda, el joven se percat¨® de que la misma era como una mansi¨®n ordinaria y su principal habitaci¨®n era una inmensa sala de recepci¨®n con una gran escalera en el medio que daba paso a hacia las habitaciones superiores. No obstante a diferencia de las casas hogare?as ten¨ªa un recepcionista parado entre la puerta y la escalera. Dar¨ªo condujo a Apolo por la escalera y lo hizo entrar en una de las habitaciones del segundo piso. La misma ¨²nicamente ten¨ªa dos sillones y una mesa, inmediatamente tras sentarse una empleada entr¨® en la habitaci¨®n con unas bebidas y unos almanaques. ¡ª?Qu¨¦ tipo de maquinaria andas buscando que te construyamos?¡ªPregunt¨® Dar¨ªo, pas¨¢ndole los almanaques a Apolo¡ª ?Y en qu¨¦ castillo fronterizo se requieren? Apolo not¨® de inmediato que todas las cosas en el almanaque eran m¨¢quinas y artefactos de guerras para instalar en fortalezas, por lo cual supuso que Dar¨ªo malinterpret¨® el motivo por el cual hab¨ªa venido. ¡ªSoy un nuevo mago, solo busco una casa en la capital¡ªRespondi¨® Apolo corrigiendo el problema. Al escuchar la petici¨®n la criada tom¨® el almanaque dado por Apolo y fue a buscar otro, mientras tanto Dar¨ªo coment¨®: ¡ªOh, eso explica bastantes cosas. La verdad es que nunca me toc¨® atender a alguien de tu familia buscando una casa en la capital, ?Cu¨¢l es tu presupuesto? ¡ªSupongo que la m¨¢s cara¡ªRespondi¨® Apolo sacando el decreto del emperador y d¨¢ndoselo a Dar¨ªo. ¡ªMmm..¡ªDar¨ªo tom¨® el documento y lo reley¨® unas cuantas veces, hasta sonre¨ªr de manera bastante abrupta¡ªJa, ja, ja, deber¨ªamos tratar de convencer a que m¨¢s gente de tu familia se mude a la capital, se ve que el emperador se mal acostumbr¨® a mimarlos. Desde que le dimos una casa a uno de sus hijos no ve¨ªa este decreto. ¡ªPaga lo que nos debe¡ªExclam¨® Apolo fr¨ªamente. ¡ªNo, les paga mucho menos que eso. Si supieras lo que cuesta contratar alg¨²n mercenario decente¡¡ªRespondi¨® Dar¨ªo con una sonrisa bastante marcada en su rostro¡ªOjal¨¢ contar con generales que solo busquen un par de cabezas como recompensa de guerra, pero el emperador es el emperador justamente gracias a sus alianzas y contactos. Mientras Dar¨ªo dec¨ªa eso la empleada volvi¨® y le dio un almanaque a Apolo. El joven mago observ¨® que en el mismo se encontraban much¨ªsimas propiedades, el precio de la casa m¨¢s barata era de m¨¢s de 50.000 cristales por lo que una duda surgi¨® en la mente del joven y pregunt¨®: ¡ª?C¨®mo hacen los nuevos magos para comprarse una casa? Dar¨ªo tom¨® un poco de la bebida que hab¨ªa tra¨ªdo la empleada y respondi¨® con calma: ¡ªNo la compran, viven en el tercer castillo del ministerio de magia hasta ahorrar lo suficiente, en general le toma unos pocos a?os si son diligentes con su trabajo. La otra opci¨®n es que vivan en la ciudad anillo, hay un barrio lleno de magos en el interior de la ciudad anillo y no precisamente los magos novatos viven ah¨ª: algunos de estos magos son bastante importantes y pertenecen a la alta esfera del ministerio de magia, no a todas las personas les gusta vivir rodeados de nobles y alejados de todas las comodidades. ¡ªSupongo, me tom¨® casi cuatro d¨ªas de viaje llegar ac¨¢¡¡ªComent¨® Apolo notando el ligero problema, no obstante no quer¨ªa desperdiciar su casa gratuita, por lo que sigui¨® viendo en el almanaque tratando de buscar la indicada. ¡ªSolo hay dos casas que te recomendar¨ªa y est¨¢n las dos al final del almanaque¡ªDijo Dar¨ªo notando que Apolo no encontraba una casa que le guste. El joven noble sigui¨® el consejo y descubri¨® que las dos casas m¨¢s caras estaban justamente al fondo del almanaque. E51-Terrateniente Apolo mir¨® con atenci¨®n las dos casas disponibles: ambas casas val¨ªan lo mismo y eran pr¨¢cticamente imposibles de pagar y por sus descripciones parecer¨ªa que los atractivos que justifican el valor de cada casa eran diferentes. Por un lado, la primera casa era una peque?a mansi¨®n la cual si bien no era muy grande estaba ubicada justo en el centro de la capital imperial la cual era una de las zonas m¨¢s costosas de la capital. En cuanto la segunda casa en realidad era una estancia la cual contaba con una mansi¨®n incre¨ªblemente grande y era la que ten¨ªa mayor cantidad de terreno en todo el almanaque, adem¨¢s contaba con un lago propio y otras edificaciones secundarias dispersas por la estancia; sin embargo, su ubicaci¨®n era p¨¦sima al punto de estar ubicada pegada a uno de los lados de la gran muralla por lo que estaba super-alejada del centro de la capital y para colmo las puertas de la capital no se encontraban por esa ¨¢rea por lo que quedaba bastante apartada de todo. ¡ªMe quedo con la m¨¢s grande¡ªSeleccion¨® Apolo se?alando la estancia, en principio no ten¨ªa planeado salir de la casa y no quer¨ªa lidiar con vecinos demasiado importantes por lo que lo mejor era no vivir en el centro. ¡ªComo mago los contactos son fundamentales, ?No te parece mejor idea vivir en el centro?¡ªRecomend¨® Dar¨ªo, como las dos casas val¨ªan pr¨¢cticamente lo mismo su recomendaci¨®n parec¨ªa ser bastante sincera. Unlawfully taken from Royal Road, this story should be reported if seen on Amazon. ¡ªNo, est¨¢ bien¡ªRespondi¨® Apolo buscando alguna buena excusa¡ªMe gustan los espacios amplios, ya me acostumbr¨¦ a la vida en un castillo ¡ªComo te apetezca, es tu decisi¨®n¡ªDijo Dar¨ªo con una sonrisa mientras le indicaba a la empleada que trajera los papeles¡ª La casa est¨¢ desamueblada y solo nos encargamos de grandes construcciones; sin embargo, podemos darte algunos contactos para solucionar el problema. ¡ªNo, est¨¢ bien. Lo arreglar¨¦ por mi cuenta¡ªRespondi¨® Apolo, la verdad es que dado el tama?o de la mansi¨®n el joven no cre¨ªa que tendr¨ªa el dinero para amueblar toda la casa si eleg¨ªa alguna tienda demasiado costosa, por lo que deb¨ªa tratar de amueblarla de alguna forma econ¨®mica. ¡ªComo t¨² decidas, por lo dem¨¢s recuerda que si la casa no te agrada tienes un mes para cambiarla por otra¡ªRecord¨® Dar¨ªo, dadas las distancias el vendedor no esperaba que todos los clientes visitar¨¢n cada casa que vend¨ªa antes de una compra por lo que ofrec¨ªa una garant¨ªa. Mientras Dar¨ªo comentaba eso, la empleada volvi¨® con una serie de papeles que parec¨ªan los documentos de la estancia. Apolo los revis¨® y los ley¨® con atenci¨®n, luego de comprobar que estaba todo en orden procedi¨® a firmarlos y el joven noble finalmente se hab¨ªa convertido en el propietario de sus propias tierras. Con alegr¨ªa, Apolo sali¨® de la tienda y se dispuso a continuar su traves¨ªa mientras se propon¨ªa cumplir con el tercer consejo dado por su ancestro. E52-Los 8 meses Poco a poco el tiempo fue arrebatando los d¨ªas de vida de Apolo y a cambio lentamente permit¨ªa que el joven vaya progresando con los objetivos que se hab¨ªa planteado, fue as¨ª como 8 largos meses pasaron. El joven hoy se encontraba revisando una de las habitaciones de su mansi¨®n, verificando que los muebles que hab¨ªa comprado tuvieran alguna clase de "sentido". Gran parte de la mansi¨®n hab¨ªa sido amueblada, el trabajo le hab¨ªa terminado costando al joven casi 7000 cristales y para colmo la gran realidad es que todos los muebles eran de segunda mano. Por lo que se notaba la carencia de un estilo ¨²nico en toda la mansi¨®n y en su lugar parec¨ªa un popurr¨ª de muebles ?no rotos? y est¨¦ticamente ?bonitos? aunque no tan f¨¢ciles de combinar. Pese a ello, la est¨¦tica poco le importaba al joven mago y lo importante es que las criaturas que estaba por comprar sintieran que la casa estaba amueblada para que no lo mataran mientras dorm¨ªa. Por lo que Apolo no hab¨ªa ahorrado en llenar de muebles cada una de las habitaciones de forma de que la mansi¨®n se sintiera lo m¨¢s ?viva? posible. Pero por supuesto que un problema termin¨® surgiendo o si no el joven no hubiera gastado 8 meses de su vida amueblando su casa. La no tan c¨®mica realidad es que la tarea relativamente sencilla termin¨® convirti¨¦ndose en una de las m¨¢s grandes odiseas que este imperio hab¨ªa visto a lo largo de su historia, puesto que siendo el joven noble completamente paranoico, el mismo no solo buscaba cumplir con la tarea, sino que en su lugar:?La hab¨ªa exagerado completamente! El cuarto principal de Apolo ten¨ªa no una, sino cuatro camas todas completamente diferentes y para colmo no ten¨ªa un armario, sino que ten¨ªa cinco: todos llenos de ropa usada que era pr¨¢cticamente inusable para Apolo, pero que llenaban el espacio d¨¢ndole utilidad al mueble. El joven noble hasta hab¨ªa comprado ropa de mujer de segunda mano, solo para que cuando la criatura abriera cada m¨ªsero mueble en esta mansi¨®n se encontraran alguna curiosidad que diera prop¨®sito a dicho mueble. Por lo tanto, la mansi¨®n de Apolo se hab¨ªa convertido en la casa de un acumulador compulsivo de muebles: no importaba la funci¨®n del mueble o lo mundano del mismo, lo importante es que estaba en su casa y como un gran ¨¢ngel guardi¨¢n dicho mueble proteger¨ªa su vida de las extra?as criaturas que deb¨ªa obtener a como d¨¦ lugar. La mansi¨®n termin¨® convirti¨¦ndose en un completo laberinto: si uno visitaba uno de los m¨²ltiples cuartos de la mansi¨®n, no era extra?o encontrarse con una cama o con una estufa oxidada: nunca nadie comprender¨ªa por qu¨¦ terminaron esas cosas ah¨ª, sin embargo, en la mente de Apolo todo deb¨ªa tener alg¨²n prop¨®sito para las criaturas. Por lo cual esa cama deb¨ªa tener sus respectivas frazadas, almohadas y ni hablar de los peluches descoloridos encima de ellas y por supuesto que tambi¨¦n deb¨ªa haber algunos objetos miscel¨¢neos abajo de dicha cama, como podr¨ªan ser unas ollas viejas y algunas macetas est¨¦ticamente inutilizables. Aunque la corrupci¨®n de la idea original en la mente de Apolo no fue tan brusca como uno podr¨ªa imaginar: durante el primer mes, el joven noble se desesper¨® tratando de crear una mansi¨®n hermosa y llamativa, pero luego esos sue?os se fueron haciendo a?icos a medida que se dio cuenta de que el dinero no era infinito y la mansi¨®n era demasiado grande. En consecuencia, Apolo se termin¨® cansando y comenz¨® a distorsionar su sentido de la est¨¦tica y el sentido a uno m¨¢s favorable para su situaci¨®n econ¨®mica, por lo que solo unas selectas habitaciones amuebladas durante el primer mes lograban mantener cierta est¨¦tica noble. No obstante para el segundo mes el sentido de la est¨¦tica hab¨ªa desaparecido completamente de la mente de Apolo: lo ¨²nico importante es que cada habitaci¨®n fuera amueblada y siguiera cierta l¨®gica. Por lo tanto, empez¨® a ser usual encontrarse con una sala de estar con algunos muebles de madera, otros de piedra y algunos de metal; ya no ten¨ªa sentido alguno seguir con alg¨²n patr¨®n determinado, lo crucial es que las criaturas entendieran que eso era una sala de estar y no que la misma fuera bonita. Pese a ello, la tarea de completar la mansi¨®n parec¨ªa ser tit¨¢nica e imposible. Por lo que la gran realidad es que luego del tercer mes, Apolo hab¨ªa quebrado cualquier l¨®gica posible, todo se pod¨ªa ver en esta mansi¨®n e incluso lo que uno no pod¨ªa imaginarse tambi¨¦n, desde escusados que serv¨ªan de armarios hasta cocinas llenas de libros usados que serv¨ªan de sala de lectura. Lo importante es que haya muebles, muchos muebles: ?Demasiados muebles!, ?Todas las habitaciones de esta gigantesca mansi¨®n deb¨ªan estar bondadosamente llenas de muebles!. Y finalmente ocurri¨® lo que todos esperaban al notar que la tarea segu¨ªa sin avanzar significativamente. Cuando lleg¨® el cuarto mes fue cuando las cosas comenzaron a rozar el l¨ªmite de la locura: sin contar las estructuras dispersas por la estancia, la mansi¨®n ten¨ªa en total 4 pisos incluyendo un ¨¢tico, una mazmorra, dos casas aleda?as y un s¨®tano. En todos estos pisos y rincones pod¨ªan contarse 1555 habitaciones, todas de diversos tama?os y escondidas en diferentes lugares de la mansi¨®n y sus dos casas aleda?as, las cuales antiguamente serv¨ªan para atender a criados y visitas, seg¨²n lo que Apolo hab¨ªa aprendido de sus dos criados. If you come across this story on Amazon, it''s taken without permission from the author. Report it. Llenar esa bizarra cantidad de habitaciones habr¨ªa sido imposible si no fuera porque a partir del cuarto mes la locura comenz¨® a apoderarse de Apolo y emiti¨® una orden de compra que reson¨® en todos los barrios pobres de la ciudad anillo: ?No importa qu¨¦ porquer¨ªas traigas si est¨¢ en ?buen estado? y est¨¢ alojada en un mueble: se compra!. Inmediatamente, los rumores comenzaron a esparcirse por toda la ciudad anillo, literalmente pod¨ªas vender cualquier tonter¨ªa: desde zapatos sin los pares, hasta botones desprendidos y mientras no estuvieran rotos el noble lo compraba. Fue entonces cuando Apolo comenz¨® a notar un cierto progreso en su misi¨®n, pero pese a ello no ve¨ªa el resultado final que buscaba. Llegados al sexto mes y tras notar Apolo que ni con esa orden hab¨ªa logrado completar semejante tarea, fue cuando los ideales del joven noble comenzaron a distorsionarse y comenz¨® a comprar los muebles que por diversos motivos ya nadie quer¨ªa comprar. Desde objetos supuestamente malditos, hasta los muebles donde alguien hab¨ªa sido asesinado, a partir del sexto mes todo val¨ªa: ?Incluso los muebles que claramente hab¨ªan sido robados!. Tras semejantes movimientos, los rumores poco a poco comenzaron a esparcirse en la capital: "Desde todas las puertas de la capital entraban carruajes llenos de ?basura? todos los d¨ªas hacia una estancia en particular en donde un noble la acumulaba compulsivamente como si de cristales se tratase". Y por supuesto que ver esos carruajes hab¨ªa provocado que los guardias comenzaran a moverse para ver qu¨¦ ocurr¨ªa. Al fin al cavo para los guardias no era tan f¨¢cil de digerir ver un carruaje lleno de ropa usada y manchada con sangre reci¨¦n salida de la morgue siendo transportado por los nobles caminos de la capital. Al notar la incumbencia de los guardias en sus asuntos, Apolo no dio paso atr¨¢s y directamente us¨® todo el peso de su estatus noble como jam¨¢s lo hab¨ªa hecho antes y logr¨® defender su "basura" provocando que los guardias hicieran la vista gorda a sus carruajes. Por su parte las familias de la capital imperial vieron con asco c¨®mo una de las casas m¨¢s grandes de toda la capital estaba acumulando chatarra tras chatarra sin mostrar freno alguno. Esto hab¨ªa comenzado como una forma de seguir el consejo de su ancestro, pero tras ocho largos meses cumpliendo esta tit¨¢nica tarea, la misma se hab¨ªa convertido completamente en una obsesi¨®n: En la mente del joven noble solo un pensamiento resonaba constantemente, d¨ªa tras noche, como si fuera una orden magna de la cual su vida dependiera: "Pase lo que pase la ?basura? deb¨ªa seguir fluyendo, el flujo de ?basura? no deb¨ªa detenerse". Y as¨ª fue como ocurri¨®. ¡ª?Se?or, Se?or!¡ªGrit¨® Orrin en voz alta tratando de localizar a Apolo, lo cual no era tarea sencilla: era realmente f¨¢cil perderse en este laberinto de cosas olvidadas. ¡ª?S¨ª! ??Qu¨¦ pas¨®?!¡ªGrit¨® Apolo mientras se encontraba acomodando obsesivamente un peluche enfrente de una mesa en miniatura rodeada de otros peluches. ¡ª?Se?or, Se?or!¡ªGrit¨® Orrin en voz alta nuevamente, al parecer no escuchando al joven. ¡ª?Por ac¨¢!¡ªGrit¨® Apolo a los cuatro vientos provocando que su voz retumbara por la mansi¨®n y que una de las mu?ecas en la mesa s¨¦ cayera al suelo¡ªOh, mierda: ?No!. La princesa Lorena debe estar mirando al se?or jirafa, o sino el se?or oso se enterar¨¢ de su complot secreto y el imperio de las galletitas no caer¨¢ en sus manos. ¡ªSe?or¡¡ªMurmur¨® Orrin entreabriendo la puerta, escuchando la conversaci¨®n de Apolo y mir¨¢ndolo con cierta consternaci¨®n. Lo cierto, es que Orrin sab¨ªa bien que Apolo no era el mismo, por una parte, su mente se hab¨ªa vuelto muy obsesiva con el tema de llenar las habitaciones al punto que en algunos momentos rozaba la locura, preocupando al criado. Pero desde la otra cara de la moneda, el cuerpo de Apolo estaba mejor que nunca: en estos momentos el muchacho ten¨ªa una altura de m¨¢s de dos metros y su cuerpo estaba completamente tonificado sorprendiendo a cualquier mortal que lo hubiera conocido previamente. Y la gran realidad es que la obsesi¨®n con mover los muebles en la casa para ir llenando las habitaciones por su cuenta hab¨ªa provocado que el joven noble encontrar¨¢ una buena excusa para volver a comer y reanudar el entrenamiento militar que hab¨ªa abandonado cuando lleg¨® a los 18 a?os. Creando la parad¨®jica escena de ver al Apolo menos cuerdo y m¨¢s saludable que nunca al mismo tiempo. El hecho de que Apolo finalmente adquiriera el cuerpo que merec¨ªa tener un coloso del bosque negro fue gratamente recibido por Orrin e incluso lo apoyaba todos los d¨ªas: record¨¢ndole si no hab¨ªa entrenado y siendo supercuidadoso con su dieta militar, el ¨²nico problema para Orrin era el motivo de Apolo, al criado le resultaba inaudito que lo ¨²nico que necesitara Apolo para salir de la depresi¨®n con la que convivi¨® toda su infancia fueran muebles, muchos muebles, infinitos muebles: ?Todo su vida ahora giraba ¨²nica y exclusivamente por los muebles! E53-Los bienes Pero pese a esa notable ?mejora? a Orrin tampoco le era f¨¢cil ignorar la mala cordura de su se?or. Al fin y al cabo no es como que la escena de un gigante de m¨¢s de dos metros jugando con mu?ecas pudiera ser f¨¢cilmente borrada de la memoria del anciano y lo peor de todo es que Orrin sab¨ªa qu¨¦ escenas como estas eran las m¨¢s ?normales?. La gran diferencia entre el Apolo esquel¨¦tico y el gigante, es que el esquel¨¦tico ten¨ªa peque?os brotes paranoicos de los cuales r¨¢pidamente se arrepent¨ªa y buscaba activamente ocultarlos. Los cuales dentro de todo eran normales para un joven tan d¨¦bil y fr¨¢gil que acababa de ser forzado a iniciar una nueva vida lejos de su familia y todo lo que conoc¨ªa. En cambio, el Apolo gigante viv¨ªa en un estado de poca cordura que en algunos momentos terminaba siendo peligroso para los dem¨¢s, sin embargo, Apolo no era consciente de la mirada de los dem¨¢s y no buscaba ocultar estos problemas. Y es ah¨ª donde Orrin se dio cuenta de la gran diferencia entre el hombre cuerdo y el loco, y es que el cuerdo es consciente de que est¨¢ loco, mientras que el loco no duda de su cordura. ¡ª?Pasa algo, Orrin?¡ªPregunt¨® Apolo sin dejar de acomodar los mu?ecos en la mesa; todos ten¨ªan que estar perfectamente colocados. ¡ªS¨ª, llegaron otros carruajes con ?bienes?¡ªRespondi¨® Orrin mirando a Apolo con preocupaci¨®n. ¡ª?Qu¨¦ espl¨¦ndida noticia! ?Ya les pagaste y los est¨¢n acomodando?¡ªPregunt¨® Apolo dejando el acomodo de mu?ecas en pausa y par¨¢ndose para verificar estas nuevas adquisiciones. ¡ªNo, mi se?or, esta vez recomiendo que no aceptemos estos muebles¡¡ªRespondi¨® Orrin implorando que el joven noble recuperara algo de cordura y le haga caso; esta vez los ?comerciantes? que hab¨ªan llegado a su mansi¨®n hab¨ªan ido demasiado lejos. ¡ªHay, Orrin, siempre tan preocupado por la est¨¦tica y los modales nobles¡¡ªExclam¨® Apolo con cierta pena mientras sal¨ªa de la habitaci¨®n y se dirig¨ªa a la puerta de la mansi¨®n¡ªDebes dejarte llevar un poco por tus instintos humanos: que digan lo que quieran los dem¨¢s, luego mis ancestros los maldecir¨¢n y morir¨¢n misteriosamente. Como le pas¨® a ese guardia que no aceptaba nuestro soborno, ?Recuerdas que apareci¨® misteriosamente dentro de un armario en nuestra mansi¨®n? Reading on this site? This novel is published elsewhere. Support the author by seeking out the original. ¡ªEl olor me lo recuerda todos los d¨ªas, se?or¡ªRespondi¨® Orrin con desagrado mientras segu¨ªa la espalda de su se?or hacia la entrada¡ªLe vuelvo a insistir en que enterremos ese cuerpo. ¡ªClaro que no haremos eso: ?Ese cad¨¢ver es parte de la gran historia que buscan narrar los muebles de esta estancia!¡ªExclam¨® Apolo con una sonrisa bastante alegre, en su mente esa era de las mejores habitaciones de la mansi¨®n. ¡ªPero ese cad¨¢ver est¨¢ atrayendo a las ratas y alima?as de atr¨¢s de la muralla¡ªRespondi¨® r¨¢pidamente Orrin. ¡ª?M¨¢s historia!, ?M¨¢s secretos misteriosos y m¨¢s vida!¡ªExclam¨® Apolo a¨²n m¨¢s alegre. ¡ªSi fueran mascotas estar¨ªa bien, pero hay una epidemia de peste azul azotando hace m¨¢s de una d¨¦cada la ciudad anillo¡ªDijo Orrin con preocupaci¨®n lo ¨²nico que le terminaba faltando a esta mansi¨®n era convertirse en un nido de ratas. ¡ªVaya, un poquito de peste. Siento pena por ti, Orrin¡ªMurmur¨® Apolo sin preocuparse en absoluto sobre el tema¡ªSi te enfermas te daremos un funeral digno en el cementerio, como el gran mayordomo de esta mansi¨®n se merece. ¡ªS¨ª, solo le pido que no me guarde en uno de los muebles¡ªComent¨® seriamente Orrin d¨¢ndose cuenta del problema: eran contadas las enfermedades que pod¨ªan matar a Apolo, pero para ¨¦l y su hijo la historia era completamente diferente¡ªAl menos podr¨ªamos contratar m¨¢s criados para atender los muebles ?peligrosos?, ?no cree?. Si sigue aceptando cualquier tipo de mueble me temo que tarde o temprano sus pobres criados ser¨¢n los que sufran las consecuencias. ¡ªClaro, contrata a la gente que haga falta y reemplaza a los que estiren la pata. Eres el mayordomo de esta mansi¨®n, no me preguntes esas cosas: ?Hazlas!¡ªRespondi¨® Apolo import¨¢ndole un carajo la salud de sus criados, mirando a la puerta de la entrada de la mansi¨®n con alegr¨ªa, lleno de expectativa por el nuevo env¨ªo de muebles. Ahora los dos estaban en la gran sala principal y tambi¨¦n la sala m¨¢s perfecta de la mansi¨®n, ya que fue la primera en amueblarse, si uno no fuera a los pasillos m¨¢s alejados parecer¨ªa que esta era una casa hermosa debido a esta gran sala. Todas las decoraciones eran de madera y los muebles eran unos m¨¢s finos que los otros, dos grandes estatuas sim¨¦tricas custodiaban la subida a las escaleras y una gran alfombra azulada bajaba desde las escaleras hasta la puerta principal. ¡ªVeamos qu¨¦ cosas maravillosas nos trajeron nuestros nuevos amigos¡ªComento Apolo abriendo la puerta con algo de apuro por la grata expectativa. E54-La Oferta La puerta principal de la mansi¨®n fue abierta por Apolo de par en par, mostrando una larga hilera de carruajes haciendo cola desde el camino de losas azuladas que se extend¨ªa desde la entrada de la estancia hasta las puertas de la mansi¨®n. El camino azulado estaba decorado con una gran cantidad de ¨¢rboles incre¨ªblemente coloridos y antiguos a sus alrededores; sin embargo, la belleza de los ¨¢rboles quedaba opacada con lo descuidado que estaba el patio de la estancia, en donde los yuyos hab¨ªan invadido el terreno y llegaban hasta la rodilla, ya que por el momento el presupuesto de Apolo no era tan grande para preocuparse del estado del patio de la estancia. Por su parte, al llegar a las puertas de la mansi¨®n uno pod¨ªa divisar un gran ¨¢rbol de corteza amarilla y hojas azules el cual estaba colocado justo en la entrada de la mansi¨®n creando una gran rotonda. Dicho ¨¢rbol era id¨¦ntico al que hab¨ªa sido usado para condenar a los aspirantes a mago en el ministerio de magia y como todos los ¨¢rboles de la estancia ya era bastante antiguo. ¡ªPor mis ancestros, mira toda esa hilera de carruajes: ?Qu¨¦ hermosura!¡ªExclam¨® Apolo con ¨¦xtasis tom¨¢ndose la cabeza de la felicidad al ver tantos carruajes¡ª?Estos chicos volvieron a hacerlo! ¡ª?No!, ?No podemos aceptarlos!¡ªGrit¨® Orrin insistiendo con su idea. ¡ª?Pero c¨®mo no los aceptar¨ªa!, ser¨ªa maleducado de nuestra parte mandarlos de regreso a casa luego de hacer tanto esfuerzo¡ªRespondi¨® Apolo con seriedad. ¡ªMi se?or, ?Le ruego que verifique el contenido de los carruajes!¡ªGrit¨® Orrin no dando marcha atr¨¢s con su idea, en su mente era una locura aceptar la propuesta que estos ?comerciantes? le hab¨ªan hecho. Apolo not¨® el estado alterado de su mayordomo, con lo que con preocupaci¨®n se acerc¨® al primer carruaje de la fila y mir¨® a su conductor, preguntando: ¡ª?Muchacho, cuantos cristales est¨¢s pidiendo por estos bienes? Apolo observ¨® el carruaje y not¨® que estaban tapados con s¨¢banas, pero eso era usual, era parte del pacto que hab¨ªa arreglado con los guardias: todos los bienes entraban siempre tapados y ocultos de los ojos curiosos. Lo que estaba llamando la atenci¨®n de Apolo es que por lo abultado de las s¨¢banas en los carruajes, el joven se dio cuenta de que casi todos los carruajes estaban hasta rebosar de bienes lo cual no era muy com¨²n de ver. Stolen from its original source, this story is not meant to be on Amazon; report any sightings. ¡ªLe dimos al mayordomo la carta con la oferta, nosotros somos simples conductores, noble se?or¡ªExplic¨® el conductor haciendo un saludo protocolar desde el carruaje. ¡ª?Esto no me gusta c¨®mo huele, Orrin!¡ªChill¨® Apolo con voz m¨¢s aguda que de costumbre; viendo el saludo excelentemente bien hecho por parte del conductor y la menci¨®n de una oferta por escrito, en general la gente con la que comerciaba no ten¨ªa ni idea de protocolos y el hecho de que este comerciante los tuviera era una mala se?al: ?Estos bienes pod¨ªan ser demasiados costosos! ¡ªGracias a mis ancestros que despert¨®¡¡ªMurmur¨® Orrin con una sonrisa, mirando la cara de preocupaci¨®n del joven noble¡ªTenemos que mandarlos de regreso: ?Es una ofensa la oferta que nos hicieron! ¡ªVeremos¡¡ªMurmur¨® Apolo mirando a los conductores en los carruajes amenazantemente¡ª?D¨®nde est¨¢ la oferta? ¡ª?Aqu¨ª tiene, mi se?or! Solo de la orden y los mandar¨¦ de regreso¡ªRespondi¨® Orrin sacando de uno de sus bolsillos un pergamino enrollado, entreg¨¢ndolo a Apolo Apolo tom¨® el pergamino enrollado y mirando por ¨²ltima vez con dolor a la gran hilera de carruajes aparentemente llenos de muebles, procedi¨® a desenrollar el carruaje y leer su contenido:
"Querido Mago, Apolo de los bosques negros: Me he enterado de su incansable pericia de acumular bienes variados para desarrollar su investigaci¨®n m¨¢gica. Seg¨²n me informaron los comerciantes de los interiores de la ciudad anillo, al parecer cualquier objeto puede serle ¨²til siempre que est¨¦ en condiciones aceptables, indiferente de su procedencia o antig¨¹edad. Es por eso que me atrevo a hacerle la siguiente propuesta: Si usted acepta la totalidad del contenido enviado en los carruajes le daremos un total de 1000 cristales m¨¢gicos. Al aceptarlo usted tendr¨¢ que hacerse cargo de disponer del contenido de los mismos a su criterio, espero que estos bienes ayuden en su investigaci¨®n m¨¢gica y de paso le ruego que entienda que aceptar estos bienes es hacerle un gran favor al imperio: el conductor del carruaje podr¨¢ darle m¨¢s informaci¨®n al respecto y le dar¨¢ el pago. Att, Ministro de asuntos urbanos, Macario de minas profundas"E55-Los ataç…¤des Apolo reley¨® el mensaje con particular atenci¨®n, incr¨¦dulo de lo que estaba leyendo: esta era la primera vez que el joven noble escuchaba algo como recibir cristales por aceptar bienes y lo m¨¢s impactante era la persona que hab¨ªa firmado el ofrecimiento. Pero ah¨ª estaban las palabras escritas y las mismas no pod¨ªan mentir: ?Realmente el ministro de asuntos urbanos estaba dispuesto a regalarle cristales!. ¡ª?Lo rechazamos?¡ªPregunt¨® Orrin notando que su se?or se hab¨ªa quedado releyendo esa carta durante diez minutos enteros, ante la vista inc¨®moda de todos los conductores. ¡ª?Acaso nos est¨¢n sobornando?¡ªMurmur¨® Apolo con escepticismo, mientras con dudas se acercaba al conductor del primer carruaje y lo miraba con desconfianza¡ª?Tienes los cristales, muchacho? ¡ªS¨ª, ?Acepta la oferta del ministro?¡ªPregunt¨® el conductor sacando una tarjeta negra de su bolsillo. ¡ªDepende, ?Qu¨¦ buscan a cambio del soborno?¡ªRespondi¨® Apolo con dudas, desconfiando de la buena voluntad del ministro de asuntos urbanos mandado estos ?regalos?. ¡ªNo le¨ª la carta, pero no estoy al tanto de ning¨²n soborno, noble se?or¡ªRespondi¨® el conductor algo nervioso. ¡ª?El problema es el contenido de los carruajes, mi se?or!¡ªGrit¨® Orrin con enojo ¡ª?Tienen cosas rotas?, ?Fui muy espec¨ªfico al mencionar que no aceptamos basura!¡ªExclam¨® Apolo con enojo, al fin al cabo unos cachos de madera y unos trozos de metal oxidados no contentar¨ªan a las criaturas, ten¨ªa que haber una historia: ?Algo que las conmueva!. O al menos eso pensaba el joven. ¡ªEn principio podr¨ªa decirse que no, noble se?or. Aunque el estado no es el mejor, deber¨ªa comprobarlo usted mismo: seg¨²n el ministro esto es muy similar a alguna de las cosas que ya ha comprado¡ªRespondi¨® el conductor r¨¢pidamente, temeroso de la mirada del joven gigante que ten¨ªa al frente. ¡ªVeremos¡¡ªMurmur¨® Apolo acerc¨¢ndose al carruaje del conductor para levantar las frazadas que ocultaban los bienes en su interior: C¨®mo bien dijo el conductor, el estado de los bienes no era precisamente nuevo, pero a¨²n pod¨ªa distinguirse que se trataba de varios ata¨²des api?ados unos arriba de los otros, eran muy diversos y la mayor¨ªa era bastante bonitos. Con curiosidad, Apolo abri¨® uno de los ata¨²des para ver que en su interior se encontraba los huesos de una persona vestida muy finamente: por la falta de olor y carne en los huesos parecer¨ªa que esta persona muri¨® hace demasiado tiempo e incluso parecer¨ªa que alguien se hab¨ªa tomado el trabajo de acomodar los huesos de estas personas para que luzca m¨¢s presentable, ya que hab¨ªa una inusual falta de polvo en el interior del ata¨²d. ¡ªNo podemos aceptar muertos, ellos descansaban pac¨ªficamente y estos brutos los desenterraron: ?Son los ancestros de otra persona, mi se?or!¡ªDijo Orrin energ¨¦ticamente, bastante enojado con la idea de que se haya desenterrado estos cad¨¢veres, parec¨ªa que era un gran tab¨² hacerlo. ¡ª?Por qu¨¦ desenterraron a los ancestros de otras personas?, ?Acaso las personas comunes no temen la ira de los muertos?¡ªPregunt¨® Apolo mirando a la larga fila de carruajes pensativamente, al ¨¦l le importaba bastante poco ofender a todos estos muertos, ya que confiaba en que sus ancestros ser¨ªan m¨¢s poderosos y lograr¨ªan protegerlo de su c¨®lera. El conductor mir¨® al joven al frente como buscando convencerlo con la mirada y explic¨® el contexto de la situaci¨®n: ¡ªDebido a que se est¨¢ realizando una expansi¨®n en uno de los cementerios de la ciudad anillo: dada la cantidad de gente que muri¨® por peste azul en los ¨²ltimos a?os es necesario m¨¢s espacio y se est¨¢ construyendo un subsuelo; para terminar la obra se necesita remover los ata¨²des enterrados y dado que resulta costoso optar por una cremaci¨®n, el ministro crey¨® que era mejor ?donarlos? a su investigaci¨®n m¨¢gica. ¡ªNo sab¨ªa que el imperio efectuaba obras en la ciudad anillo¡¡ªComent¨® Apolo revisando los ba¨²les en el carruaje. ¡ªPor supuesto que las hace: ser¨ªa imposible que viviera tanta gente en ese lugar si ¨²nicamente dependieran de ellos mismos¡ªRespondi¨® el conductor¡ªLo que s¨ª es cierto es que por desgracia el presupuesto no llega para cubrir todas las ¨¢reas de la ciudad anillo. This text was taken from Royal Road. Help the author by reading the original version there. ¡ª?Estos son todos los carruajes o hay m¨¢s?¡ªPregunt¨® Apolo mirando a la larga cola de carruajes que llegaba hasta la puerta de su estancia. ¡ªEn realidad todos estos cad¨¢veres no son ni la mitad de los que son necesarios remover; sin embargo, el guardi¨¢n del cementerio se est¨¢ oponiendo a esta medida¡ªRespondi¨® el conductor, al parecer bastante informado sobre el tema¡ªPor lo que solo pudimos trabajar en la parte m¨¢s antigua del cementerio, donde ya casi nadie acude a visitar a estos muertos. ¡ªOh, vaya problema¡¡ªComent¨® Apolo mirando la larga cola de carruajes reflexivamente por unos segundos¡ª ?Todos los ata¨²des tienen este estado?, llevo bastante tiempo trabajando con artefactos de segunda mano y todo me indica que los ata¨²des de este carruaje los estuvieron limpiando de antemano para venderme m¨¢s f¨¢cilmente el trato. ¡ªNo, nosotros nunca nos atrever¨ªamos a enga?arlo, noble se?or¡ª Respondi¨® r¨¢pidamente el conductor poni¨¦ndose bastante nervioso¡ªMe temo que estos son los mejores ata¨²des, los que pertenec¨ªan a gente de clase media tienen ata¨²des menos finos y los de clase baja fueron enterrados en fosas comunes por lo que solo trajimos sus huesos. ¡ªMi se?or, esto es una mala idea: ?Los muertos nos dar¨¢n mala fortuna!¡ªDijo Orrin preocupado por c¨®mo Apolo estaba reaccionando tan tranquilamente a la situaci¨®n. ¡ªHuesos¡ t¨¦cnicamente cuentan algo¡ S¨ª, algo cuentan¡ªMurmuro Apolo en voz alta mirando los huesos del ata¨²d abierto ignorando las advertencias de su mayordomo¡ª ?Y las l¨¢pidas de las tumbas?, ?Tambi¨¦n est¨¢n? ¡ªS¨ª, trajimos todo lo que s¨¦ tuvo que remover para realizar la obra¡ªRespondi¨® el conductor implorando que esta persona aceptara su oferta y lo librar¨¢ del problema de regresar con los muertos. Apolo mir¨® los ata¨²des en los carruajes por una ¨²ltima vez y orden¨® con alegr¨ªa: ¡ªBueno, podr¨ªamos ayudar al ministerio: ciertamente estos ata¨²des son ¨²tiles en mi investigaci¨®n m¨¢gica y andamos necesitando cristales. Orrin, haz que los conductores lleven los ba¨²les a la mazmorra, luego haz que los criados los vayan acomodando. ¡ªPero, se?or: ?Le reitero que estos son los ancestros de otras personas!¡ªGrit¨® Orrin enojado con la orden, no pudiendo tolerarla. ¡ª?Orrin, justamente es por eso que los estamos ayudando!¡ªExclam¨® Apolo con una sonrisa, mientras lo tomaba por la espalda y lo giraba para se?alar la larga fila de carruajes¡ªTodas estas personas vivieron a las sombras de la muralla de la capital y ahora finalmente est¨¢n pudiendo descansar en sus tierras. Es nuestro deber alojarlos en nuestras tierras, como buenas personas que somos. ¡ªSe?or, yo nunca dudar¨ªa de su buena voluntad de darle un glorioso descanso a estos difuntos, ?Pero justo nosotros somos los que tenemos que encargarnos de esa tarea?¡ªPregunto Orrin sin dar un paso atr¨¢s en su postura¡ªEs bien sabido que meterse con los difuntos ajenos trae problemas. ¡ª?Y es a¨²n m¨¢s sabido que meterse con las personas vivas equivocadas trae problemas a¨²n m¨¢s grandes!¡ªExclam¨® Apolo mirando con una sonrisa al conductor del carruaje de enfrente de toda la fila y encargado de informar el trato¡ª?Qui¨¦n es la persona que m¨¢s ofendimos con nuestra larga y dura misi¨®n, querido Orrin?, justamente al ministro de asuntos urbanos. Y si voy a aceptar este soborno es justamente para tenerlo bien agarrado de las pelotas, ?no te parece una buena idea, amigo conductor?. ¡ª¡¡ªEl conductor mir¨® para atr¨¢s, claramente esta conversaci¨®n estaba siendo escuchada interesadamente por el resto de conductores por lo que lo m¨¢s sabio era fingir demencia e ignorar la existencia de la pregunta dada por el noble. ¡ªVes, viejo mayordomo: el silencio de nuestro nuevo amigo me indica que no estoy equivocado del todo¡ªDijo Apolo con una sonrisa a¨²n m¨¢s amplia mientras palmeaba la espalda de Orrin¡ªAhora ve y enc¨¢rgate de que estas nuevas adquisiciones sean cuidadosamente guardadas en las mazmorras y lleva las l¨¢pidas de los difuntos a la parte donde el sol nunca llega: alguna m¨ªsera decoraci¨®n hay que ponerle a ese lugar del jard¨ªn. La estancia de Apolo estaba justo ubicada en uno de los extremos de la capital. Por lo que uno de los lados de su estancia ten¨ªa de pared las inmensas murallas de la capital: la misma era tan alta que provocaba que una porci¨®n de su estancia jam¨¢s recibiera sol en ninguna hora del d¨ªa y como no hab¨ªa sol, tampoco hab¨ªa muchas plantas que pod¨ªa crecer, en consecuencia esa regi¨®n de la estancia estaba colmada de unos yuyos extra?os. Sin embargo, esa zona no era del todo inutilizada, ya que hab¨ªa una caba?a de madera en ruinas y otras estructuras que fueron carcomidas por el paso del tiempo. Pero ciertamente era la parte m¨¢s horrible de su estancia, aunque de todas formas el anterior due?o hab¨ªa colocado un lago justo entre esa parte de la estancia y la mansi¨®n de forma de tratar de marcar una diferencia entre los dos terrenos. ¡ªCumplir¨¦ sus ¨®rdenes, se?or¡ªRespondi¨® Orrin, ya cansado de discutir, implorando a sus ancestros que lo protejan de la c¨®lera de los difuntos. ¡ªMe place o¨ªrlo¡ªRespondi¨® Apolo volviendo a entrar a la mansi¨®n, sin tener intenciones de lidiar con los detalles y problemas que tendr¨ªan que resolver su mayordomo y el conductor. 56-Arreglando problemas Unos d¨ªas pasaron y para estas fechas los conductores ya hab¨ªan terminado de sacar todos los muebles en sus carruajes con la ayuda de los criados de Apolo, por lo que los conductores se hab¨ªan marchado. Pese a ello la tarea a¨²n no hab¨ªa sido completada del todo debido a que todav¨ªa los criados no hab¨ªan terminado de acomodar los muebles en el interior de la mansi¨®n, por lo que actualmente se encontraban varias personas en el patio de la estancia transportando los ata¨²des. Mientras esto ocurr¨ªa, Apolo se acababa de despertar y como todas las ma?anas, el noble procedi¨® a cambiarse. Pero al hacerlo Apolo observ¨® por las ventanas de su cuarto que de una buena vez por todas los carruajes y la gente molesta se hab¨ªan marchado, por lo que el joven noble decidi¨® aproximarse al patio para comprobar el estado de sus nuevos bienes. Tras llegar al patio, el joven noble pudo observar como los criados se encontraban trabajando con los ata¨²des mientras Mateo "supervisaba" el trabajo desde la distancia, sentado en un caj¨®n y desayunando con una bebida de color blanca similar a la leche. ¡ª?Las condiciones de todos los cajones de los ata¨²des eran aceptables?, Si no tendremos que tirar los cad¨¢veres al lago¡ªPregunt¨® Apolo sin mostrar una pizca de piedad por los difuntos. ¡ªLos cajones rotos los planeamos reemplazar con otros muebles de la casa¡ªExplic¨® Mateo mirando a los hombres trabajando en la distancia, sin tener las m¨ªnimas ganas de acerc¨¢rseles para echarles una mano con el transporte de los muertos¡ªLo mismo haremos con los carruajes llenos de huesos: buscaremos alg¨²n lugar donde podamos acomodarlos dentro de la mazmorra. En cuanto a los cajones rotos: planeamos vender la madera en la ciudad anillo como combustible, se acerca el invierno y la madera tiene buen precio. ¡ªS¨ª, haz eso, Mateo, tu idea es mejor¡ªContest¨® Apolo recordando que los cajones terminar¨ªan flotando y eso le causar¨ªa a¨²n m¨¢s problemas con sus vecinos¡ªPor lo dem¨¢s necesito que te encargues de encontrar a alguien en la capital dispuesto a solucionarme un ligero problema con alguien. ¡ª?Como el asunto del guardia que siempre imped¨ªa que entraran nuestros muebles?¡ªPregunt¨® Mateo algo preocupado, d¨¢ndose la vuelta y mirando a Apolo con seriedad ¡ª?Vaya que eres r¨¢pido, Mateo!¡ªExclam¨® Apolo con una sonrisa¡ªS¨ª, enc¨¢rgate de que maten al guardi¨¢n del cementerio sur de la ciudad anillo, no pagar¨¦ m¨¢s de 100 cristales por su cabeza. ¡ª?Por qu¨¦ hay que matarlo?, Ni siquiera sab¨ªa que exist¨ªa tal cementerio¡ªPregunt¨® Mateo con incomodidad; este era el peor tipo de misiones que pod¨ªan asignarle, si bien el hombre ¨²nicamente se ten¨ªa que encargar de contratar a alguien, el simple rostro de la gente con la que ten¨ªa que negociar el trato le arruinaba el d¨ªa. ¡ªSeg¨²n lo que averiguo Orrin de los conductores: estos ata¨²des y huesos vienen de ese cementerio¡ªComenz¨® a explicar Apolo¡ªY seg¨²n lo que me contaron: el guardi¨¢n de cementerio estaba impidiendo que la obra avance y eso es indirectamente impedirme recibir otro trato tan bueno como el que recibimos. Mil cristales y muebles con historia, no voy a rehus¨¢rseme a recibir ese regalo venido del cielo por un desconocido cuya cabeza solo me costar¨¢ menos de 100 cristales. You might be reading a pirated copy. Look for the official release to support the author. ¡ªPero no conocemos al guardi¨¢n del cementerio, tal vez tenga una familia, esposa e incluso hijos, ?Sabes lo que les pasa a las personas sin¡? ¡ªTrato de decir Mateo para convencer a Apolo; sin embargo, el joven noble descaradamente le puso un dedo en los labios interrumpiendo y continu¨® con su idea: ¡ªY de paso embarramos m¨¢s al ministerio de asuntos urbanos, lo cual me sirve bastante: a ese idiota lo quiero nadando en su propia mierda y que no se ponga a oler la m¨ªa. ¡ªComo usted mande¡¡ªRespondi¨® Mateo de mala gana, sac¨¢ndose el dedo de la boca de un manotazo. ¡ªNo est¨¦s tan preocupado por la vida de ese don nadie, Mateo. Solo estamos jugando al juego de los magos¡ªRespondi¨® Apolo con una sonrisa cruel¡ªY mientras continuemos ganando lograremos aprender un poco m¨¢s acerca de la magia. Al fin al cabo la vida es justa para la gente como nosotros que luchamos por nuestras metas, y aunque ahora parezcan rid¨ªculas: ?Tarde o temprano dar¨¢n sus recompensas! Y ese d¨ªa miraremos toda esta monta?a de cad¨¢veres y cajones rotos como los peque?os tesoros que siempre fueron. ¡ªUsted es un hombre muy sabio, mi se?or¡ªAlab¨® Mateo autom¨¢ticamente como si fuera una respuesta preparada de antemano, m¨¢s que un elogio sincero; en realidad en su cabeza el hombre estaba m¨¢s preocupado por los asuntos que ten¨ªa que atender m¨¢s adelante. ¡ªPor lo dem¨¢s, ?Algo extra?o fue encontrado entre los bienes?¡ªPregunt¨® Apolo con curiosidad; siempre le divert¨ªa esta parte de comprar bienes en lotes. ¡ªNo terminamos de revisar todos los ata¨²des: este lote era demasiado grande. Los ata¨²des que verificamos no parecer¨ªan tener nada interesante y si hab¨ªa algo valioso ahora mismo est¨¢ en los bolsillos de los nuevos criados¡ªRespondi¨® Mateo sin ocultar el hecho de que no era extra?o que los nuevos criados se pasaran de listos y robaran algunos bienes de la propiedad de vez en cuando¡ªDeber¨ªamos hacer algo con este problema: ?Ya ni se malgastan en ocultarlo, se?or!. ¡ªNo, no, est¨¢ bien. As¨ª trabajan m¨¢s motivados: lo que es importante para ellos suele no serlo para m¨ª. Mientras no roben alg¨²n mueble de las habitaciones ya armadas, todo est¨¢ bien¡ªDijo Apolo con una sonrisa alegre mirando a los criados trabajando en la distancia. Mateo mir¨® la sonrisa tranquila del rostro del joven noble con bastante miedo, el hombre bien sab¨ªa que esto no iba a terminar bien y era cuesti¨®n de tiempo para que la paciencia de Apolo se terminara colmando. Sin embargo, Mateo no pod¨ªa hacer nada para advertirles a los nuevos criados y por el momento se limitaba a recordarles que jam¨¢s siquiera entraran a las habitaciones que el mismo joven noble hab¨ªa armado. ¨¦l hab¨ªa sido criado desde que naci¨® y su posici¨®n era la del siguiente mayordomo de esta familia, por lo que claramente Mateo jam¨¢s pensar¨ªa en robarse a s¨ª mismo: al fin al cabo la gran realidad es que los bienes de un noble eran los bienes de su mayordomo y m¨¢s para un se?or tan perezoso como Apolo. Mateo sab¨ªa que si su padre quisiera no le ser¨ªa para nada complicado robarle a Apolo; sin embargo, su padre prefer¨ªa morir antes de hacer eso y no era solo una cuesti¨®n de honor: la vida de un mayordomo era incre¨ªblemente sencilla si se la comparaba con la del resto de los plebeyos, ten¨ªas a disposici¨®n todas las arcas de una familia y lo ¨²nico que ten¨ªas que hacer era cumplir con las ¨®rdenes dadas o mejor dicho: contratar gente que cumpla esa orden por vos. E57-Paso del tiempo Una semana pas¨® con tranquilidad en la capital imperial y el d¨ªa de hoy nuestro protagonista se acababa de despertar en su habitaci¨®n rodeada de camas y muebles ex¨®ticos, probablemente era una de las habitaciones m¨¢s feas de toda la casa; sin embargo, en esta sala cada mueble guardaba una gran historia bajo el no tan fiable criterio de Apolo, por lo que era la habitaci¨®n donde el joven se sent¨ªa m¨¢s seguro para contrarrestar los instintos peligrosos de las criaturas que planeaba obtener. Perezosamente, Apolo bostez¨® y mir¨® por la ventana de la habitaci¨®n el sol ma?anero iluminando las tierras de la capital. ¡ªOtra noche, otro buen sue?o. Claramente, todo este esfuerzo est¨¢ consintiendo a mis ancestros¡ªMurmur¨® Apolo con una sonrisa en el rostro, desde que se hab¨ªa convertido en mago estaba durmiendo anormalmente bien: es decir como cualquier persona normal. Eso le estaba dando al joven m¨¢s energ¨ªa y mucha m¨¢s felicidad. Para alguien como ¨¦l que se hab¨ªa acostumbrado a funcionar con un cuarto de pila, ahora que la pila estaba cargada completamente Apolo sent¨ªa como si todos los d¨ªas el sol estuviera sonri¨¦ndole desde el cielo y los p¨¢jaros en los ¨¢rboles del patio le cantaran sus canciones para ¨¦l. Tras desperezarse, Apolo procedi¨® a vestirse con su ropa de costumbre, ya que todav¨ªa no compraba las vestimentas que portaban los magos en el imperio. Con movimientos automatizados, como si repitiera la misma rutina en cada ma?ana, Apolo procedi¨® a salir de su habitaci¨®n para dirigirse a la entrada de la mansi¨®n, en donde procedi¨® a caminar hacia la sala de recepci¨®n de invitados. All¨ª Apolo pudo encontrarse con Orrin, sentado en un sill¨®n, mirando c¨®mo la chimenea ard¨ªa mientras se encontraba tomando una merienda y comiendo algunos bocadillos. La sala de recepci¨®n de invitados, al igual que la entrada de la mansi¨®n, fue una de las primeras habitaciones en amueblarse, por lo que estaba muy bien decorada. Tanto las alfombras como los muebles de madera de la sala de recepci¨®n de invitados provocaban cierta armon¨ªa al verse y aparentaban una realidad bastante alejada del real estado en el cual se encontraba la mansi¨®n. Por lo que termin¨® convirti¨¦ndose en una de las habitaciones preferidas de Mateo, Orrin y el resto de los criados. ¡ª?Hace fr¨ªo?¡ªPregunt¨® Apolo mirando por primera vez una chimenea encendida en esta mansi¨®n. ¡ªCasi estamos en invierno, me alegro de que no sienta fr¨ªo: eso significa que est¨¢ cada vez m¨¢s saludable¡ªComent¨® Orrin con una sonrisa mientras invitaba a Apolo a desayunar con ¨¦l¡ª?Usted no se alegra de verse mejor? ¡ªY¡ si¡ No es como si hubiera disfrutado ser una rata esquel¨¦tica¡ªSe quej¨® Apolo mientras se sentaba al lado de su mayordomo y se preparaba la misma bebida que ¨¦l¡ªPero ciertamente me era complicado entrenar con tan pocas ganas: realmente siento que venir a la capital fue un gran acierto en mi vida. ¡ªComo usted dice cada ma?ana: ?Sus ancestros lo est¨¢n bendiciendo!¡ªRespondi¨® Orrin con una sonrisa llena de alegr¨ªa, como si todos estos logros se debieran a su trabajo; cosa que era bastante cierta, sin su ayuda Apolo habr¨ªa muerto hace mucho de hambre¡ªEs por eso que me preocupaba tanto molestar a los difuntos. Las advertencias de los sabios no son pocas: no hay que jugar con los muertos y menos con los de otras familias. ¡ªYo tambi¨¦n me temo que no sean simples rumores o divagaciones de los ancianos¡¡ªMurmur¨® Apolo mirando a la estufa con preocupaci¨®n¡ªPero no ten¨ªamos otra opci¨®n, la chatarra debe seguir fluyendo hasta mi mansi¨®n y no cumplir una petici¨®n del ministro de asuntos urbanos era buscarse problemas. This narrative has been purloined without the author''s approval. Report any appearances on Amazon. ¡ª?Usted cree?, no creo que la gente se atreva a meterse con su familia tan f¨¢cilmente¡ªComent¨® Orrin mirando el tama?o de Apolo con orgullo, finalmente sent¨ªa que trabajaba para un verdadero coloso de los bosques negros. Apolo no contest¨® y se tom¨® su tiempo para tomar la bebida en su tasa mientras miraba c¨®mo las llamas de la chimenea se mov¨ªan hipn¨®ticamente. Hipnotizado por su danza, Apolo murmur¨® algo que jam¨¢s se hab¨ªa atrevido a decirle a nadie antes, sin embargo, siempre lo hab¨ªa estado llevando en su coraz¨®n: ¡ªMi querido mayordomo, acaso no es evidente que estamos en decadencia¡ ¡ª??C¨®mo?!¡ªExclam¨® Orrin, sin querer creerse lo que acababa de escuchar. Apolo mir¨® sus dos grandes manos sosteniendo la min¨²scula taza para tomar t¨¦, siempre que ve¨ªa sus manos nunca pod¨ªa reconocerlas, la verdad es que desde que era joven nunca pudo terminar de aceptar que este cuerpo le pertenec¨ªa a ¨¦l. No obstante, ah¨ª estaba su cotidiano compa?ero de toda una vida: el anillo de oro, record¨¢ndole que estas eran realmente sus propias manos. Sin embargo, algo faltaba: su usual anillo de bronce ya hace tiempo hab¨ªa dejado de entrarle y ahora estaba colocado en un colgante sobre su pecho. Sintiendo el roce del anillo de bronce en su pecho, Apolo murmur¨® reflexivamente: ¡ªSolo quedan dos soldados en el gran castillo, uno moribundo y otro inexperto. Un comerciante que hace tiempo perdi¨® el esp¨ªritu de la familia y un futuro jefe m¨¢s encerrado en sus propios placeres que en la realidad que se aproxima en el horizonte. Por su parte, alejado del gran castillo se encuentra un joven mirando a una chimenea mientras disfruta su desayuno, este joven probablemente sea el ¨²nico lo suficientemente cuerdo como para comprender qu¨¦ es el ¨²nico miembro de su familia que puede observar el indomable poder del tiempo¡ Mirando al fuego el joven noble se fue hipnotizando cada vez m¨¢s por sus llamas; sin embargo, sus propios pensamientos lo sacaron del trance y mir¨® el rostro distorsionado por la preocupaci¨®n en la cara de su mayordomo. Apolo le sonri¨® en desgracia y coment¨® con un tono ir¨®nico: ¡ªMi querido mayordomo, acaso no es evidente que el tiempo de los colosos del bosque negro est¨¢ por terminar. Dios ha marcado ya nuestra fecha de caducidad y me temo que la misma ser¨¢ cuando el mundo entero conozca al igual que yo lo idiota que es el futuro rey de los bosques negros. Nuestra ca¨ªda es meramente una cuesti¨®n de tiempo¡ ¡ªAl igual que usted pudo cambiar gracias a la bendici¨®n de sus ancestros, su hermano tambi¨¦n cambiar¨¢ cuando sea coronado como rey: ?Estoy seguro, mi se?or!¡ªExclam¨® Orrin con confianza, ¨¦l ya hab¨ªa visto el milagro realizarse con Apolo, por lo que el anciano ten¨ªa fe ciega de que las cosas volver¨ªan a resolverse de la mejor forma posible. ¡ªEso cre¨ªa yo tambi¨¦n, hasta que los ancestros me bendijeron, entonces me di cuenta de que el que naci¨® afortunado fui yo y no creo en las casualidades: todo tiene que tener un porqu¨¦ y tanta fortuna debe venir con alg¨²n costo¡ªRespondi¨® Apolo con un tono algo preocupado¡ªSi mis ancestros me ayudaron a m¨ª, tiene que ser por algo. Tiene que haber alg¨²n motivo que ahora no logro comprender. Pese a ello, lo ¨²nico certero por el momento es que mi hermano mayor posiblemente acabe provocando alg¨²n problema que termine mat¨¢ndonos a todos. Dudo que sea casualidad que Homero se haya convertido en un comerciante apenas tuvo la oportunidad, probablemente el muy listo ya lo sab¨ªa y busc¨® alguna buena forma de escapar del inminente problema que se acercaba por el horizonte. ¡ªY si realmente ocurriera alg¨²n problema que mandara a la muerte su familia, ?usted que har¨ªa mi se?or?¡ªPregunt¨® Orrin con dudas. ¡ªNada, no har¨ªa nada¡¡ªRespondi¨® Apolo cambiando su rostro de preocupaci¨®n, a una sonrisa alegre en un segundo, perturbando a su mayordomo¡ªSoy el ¨²nico pretendiente al trono desheredado: ese ya no es mi problema. Solo puedo implorar que los ancestros me protejan llegado ese momento. Cuando Apolo respondi¨® esa pregunta, los dos hombres se dieron la vuelta al notar que Mateo se hab¨ªa despertado y al parecer el criado hab¨ªa llegado para comentar algo que acababa de suceder en la mansi¨®n: ¡ªHay una larga hilera de carruajes esper¨¢ndolo en la puerta, mi se?or ¡ªOh, qu¨¦ noticia alegre acabo de escuchar: ?Perfecta para comenzar un agradable invierno!¡ªRespondi¨® Apolo tom¨¢ndose la bebida en la taza de un trago, para luego levantarse de inmediato y correr hacia la entrada de la mansi¨®n. E58-Caravana Apolo con rapidez sali¨® de la mansi¨®n y observ¨® una larga cola de carruajes, esta vez la cola era tan larga que hasta se extend¨ªa por la calle al frente de su estancia. Con una alegr¨ªa inmensa, Apolo se acerc¨® al primer conductor de la caravana de carruajes y pregunt¨® cantando: ¡ªMucho gusto, se?orito, mucho gusto, muchachito, ?por qu¨¦ motivo ha venido a mis tierras, jovencito? ¡ª...¡ªEl joven conductor no contest¨® y en su lugar mir¨® aturdidamente a Apolo, algo incomodado al ver que era atendido por un noble cantando¡ªEh... esto... s¨ª, vengo a entregar estos bienes... ¡ªOh, vaya, se ve que eres todo un novato, chico¡ªDijo Apolo notando la inexperiencia del joven con solo escuchar unas pocas palabras saliendo de su boca, en general el primer conductor que lidera la caravana es alguien medianamente importante y experto: ya acostumbrado a lidiar con estos problemas. ¡ªNo, digo, s¨ª, soy nuevo en esto¡ Es la primera vez que me mandan a negociar: lo siento¡ªComent¨® el joven conductor sin ocultar sus nervios, mirando preocupadamente el tama?o anormal del cuerpo de Apolo¡ª Tengo este mensaje para usted. Solo me dijeron que deb¨ªa d¨¢rselo al due?o de la mansi¨®n y que ¨¦l entender¨ªa todo tras leer el mensaje. Espero que pueda comprenderme un poco, es mi primera vez trabajando para un noble, no quise ofenderlo: ?Se lo juro! ¡ªS¨ª, s¨ª, no hay ning¨²n problema. Mientras el contenido del mensaje sea lo que tengo en mi mente, no tienes por qu¨¦ preocuparte tanto por tu seguridad, muchachito¡ªContest¨® Apolo poniendo a¨²n m¨¢s nervioso al joven conductor, mientras tomaba el mensaje de su mano y lo desenrollaba para leerlo: "Querido Mago, Apolo de los bosques negros: Desde el ministerio de asuntos urbanos nos gustar¨ªa volver a realizar otro gran donativo a su investigaci¨®n m¨¢gica, por eso estamos encantados en donar ?todo? el contenido de la caravana mandada a su propiedad para que pueda ser investigado por usted. Desde mi fortuna personal, tambi¨¦n me gustar¨ªa adjuntarle 2000 cristales, los mismos se encuentran pegados en esta carta debajo del sello del ministerio. Espero que los objetos y cristales mandados le sean ¨²tiles, nunca se olvide que el imperio recordar¨¢ toda la ayuda que su investigaci¨®n est¨¢ ofreciendo a sus ciudadanos. Att, Ministro de asuntos urbanos, Macario de minas profundas" Tras terminar de leer el mensaje, Apolo us¨® sus u?as para retirar el sello de cera en la parte superior del pergamino, mostrando una peque?a moneda de color negro. El joven noble guard¨® la moneda en su bolsillo y mir¨® con curiosidad a la larga caravana, notando que todos los conductores eran j¨®venes y estaban vestidos pr¨¢cticamente en harapos, muy distintos a los conductores que fueron enviados la otra vez por el ministro. ¡ªMuchacho, ?por casualidad no ser¨¢s de los barrios interiores de la ciudad anillo?¡ªPregunt¨® Apolo mientras levantaba las s¨¢banas que ocultaban el contenido del carruaje, mostrando que en el mismo se hallaban una gran cantidad de ata¨²des apilados uno arriba del otro. Con una sola mirada, Apolo se dio cuenta de que estos ata¨²des parec¨ªan ser mucho m¨¢s nuevos que los de la anterior entrega y se percat¨® de que un ligero olor desagradable sal¨ªa constantemente de sus interiores. ¡ªS¨ª, s¨ª, soy de ah¨ª, ?C¨®mo se enter¨®?¡ªExclam¨® el joven bastante feliz de que el noble supiera su lugar de procedencia. ¡ªIntuici¨®n, simple intuici¨®n¡ªRespondi¨® Apolo volviendo a chequear la ropa parchada del joven. Mientras respond¨ªa Apolo procedi¨® a abrir uno de los ata¨²des para ver el contenido de adentro. Pero antes de que terminara de abrir el ata¨²d, un olor horripilante sali¨® del mismo y unos cuantos insectos salieron huyendo de su interior. Sintiendo el olor putrefacto, Apolo cambi¨® de idea y tom¨¢ndose la nariz volvi¨® a cerrar el mismo. ¡ª?De d¨®nde obtuvieron estos ata¨²des?, por el estado de los mismos es demasiado evidente que estos ata¨²des nunca fueron enterrados¡ªPregunt¨® Apolo notando la anomal¨ªa, no solo estaban en un excelente estado, sino que algunos ata¨²des hasta sacaban a relucir el brillo de su madera, era demasiada notoria la falta de deterioro. If you discover this narrative on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the violation. ¡ªS¨ª, algunos tuvimos que desenterrarlos y otros los tuvimos que sacar de algunas b¨®vedas¡ªRespondi¨® el conductor. ¡ª??Trabajas en la obra del cementerio?!¡ªPregunt¨® Apolo anonadado por la informaci¨®n. ¡ªS¨ª, claro, me ense?aron hace poco a conducir, como soy el que mejor lo hac¨ªa me dejaron ir primero¡ªRespondi¨® el joven con orgullo. ¡ªImpresionante, muchacho¡ªElogi¨® extra?amente Apolo con una sonrisa alegre, aunque en el fondo solo quer¨ªa obtener algo de informaci¨®n del joven conductor¡ªAhora dime, ?por qu¨¦ sacaron algunos ata¨²des de sus b¨®vedas, no se supon¨ªa que solo buscaban espacio para la obra? ¡ªEh¡ No s¨¦¡ El nuevo guardi¨¢n del cementerio simplemente nos dijo que necesitaban algo m¨¢s de espacio y nos indic¨® que sac¨¢ramos algunos ata¨²des de sus b¨®vedas¡ªRespondi¨® el joven sin saber del todo c¨®mo responder la pregunta planteada. ¡ªVaya, ?as¨ª que cambiaron el guardi¨¢n del cementerio?¡ªPregunt¨® Apolo mostrando cierta sorpresa¡ªComo es este nuevo guardi¨¢n, ?les permiti¨® retirar todos los ata¨²des de la obra sin problemas? ¡ªEs un viejo mal parido¡ digo un viejo algo especial¡ªCorrigi¨® r¨¢pidamente el joven conductor al darse cuenta de su insulto. ¡ªAs¨ª que el nuevo guardi¨¢n no es un buen jefe, bueno a veces pasa, lo importante es que pague al final de la jornada¡ªComent¨® Apolo con una sonrisa de abuelito confiable¡ªPor lo dem¨¢s, ?sabes si va a ver otro env¨ªo como este? ¡ªS¨ª, de eso no me quejo: la paga es buena y a tiempo¡ªExclam¨® el joven conductor con sinceridad¡ªEn principio estos son todos los ata¨²des de la obra, pero capaz al viejo se les d¨¦ por seguir sacando ata¨²des de algunas b¨®vedas: la verdad espero que sea el ¨²nico traslado que tengamos que hacer a la capital. ¡ª?Por? Si la capital es hermosa, ?no les gusto visitarla?¡ªPregunto Apolo tratando de sacar algo m¨¢s de informaci¨®n, hab¨ªa algo que no le estaba gustando en este pedido, ya de por s¨ª era demasiado extra?o que cambiar¨¢n al conductor principal y a¨²n m¨¢s extra?o es que los propios trabajadores de la obra sean los que manden los ata¨²des. ¡ªS¨ª, s¨ª, digo: es muy bonita. Pero los guardias nos atendieron con un desprecio horrible: a uno de los chicos directamente lo mataron a palazos por toser un poco mientras le revisaban el carruaje¡ªComent¨® el joven sin ocultar ning¨²n detalle¡ªRealmente espero que podamos volver sin problemas, nos asustamos bastante al ver tanto odio por parte de los guardias hacia nosotros. ¡ª??Lo mataron por toser?!¡ªExclam¨® Apolo incr¨¦dulo de las palabras que estaba escuchando, pero notando las miradas deprimidas en los rostros de los otros conductores que fisgoneaban en su charla parecer¨ªa que el joven no ment¨ªa. ¡ªS¨ª, lo mataron a golpes, por eso no pudimos traer su carruaje y qued¨® retenido en la entrada de la ciudad¡ªRespondi¨® el joven conductor con pena¡ªEl pobre Manuel acababa de ser padre y se hab¨ªa unido a trabajar en la obra con apenas 14 a?os, pero los desalmados guardias destruyeron su vida y la de su familia. ¡ªPor mis ancestros, ?qui¨¦n es padre a los 14?¡ªPregunt¨® Apolo incr¨¦dulo de que algo as¨ª pudiera ocurrir, ¨¦l a esa edad de suerte entend¨ªa un poco del tema y pese a ello estaba m¨¢s interesado en seguir explorando el bosque que en siquiera pensar en tener una familia. Por su parte, Orrin que escuchaba atentamente la conversaci¨®n entre su se?or y el conductor, se acerc¨® y le murmur¨® algunas cosas a Apolo y el mismo movi¨® la cabeza como entendiendo su idea y luego le coment¨® al conductor: ¡ªVeo que su viaje ac¨¢ fue complicado, pero lograron llegar: ?Los felicit¨®!. Nuestros criados les preparar¨¢n algo rico para que coman mientras dejan los ata¨²des cerca de la mazmorra. ?Ya ver¨¢n si son afortunados por venir hasta ac¨¢, podr¨¢n disfrutar de lo que es comer como un noble! ¡ªGracias, noble se?or, much¨ªsimas gracias¡ªRespondi¨® el conductor con una sonrisa, sum¨¢ndose al agradecimiento de los otros conductores que fisgoneaban la conversaci¨®n. ¡ªNo, gracias a ustedes por traer estos ata¨²des, realmente son importantes para mi investigaci¨®n m¨¢gica¡ªRespondi¨® Apolo d¨¢ndose la vuelta para mirar a Orrin¡ªEnc¨¢rgate de que mi palabra se cumpla y haz que los criados se pongan a transportar los ata¨²des: ?Hay una mazmorra que llenar!. Luego manda algunos criados a buscar el carruaje que quedo retenido en la entrada de la capital. Tras decir eso Apolo procedi¨® a volver a entrar en la mansi¨®n para seguir acomodando las ?infinitas? habitaciones de su interior, mientras tanto Mateo que se encontraba escuchando la conversaci¨®n en la distancia quiso acercarse al conductor para indicarle c¨®mo acceder a la mazmorra, pero fue abruptamente interrumpido por su padre: ¡ªToma algunos criados y prepara una comida abundante para los conductores, yo me encargar¨¦ de que los ata¨²des lleguen a la mazmorra. ¡ªHace algo de fr¨ªo, ?no ser¨ªa mejor que permanecieras adentro de la mansi¨®n?¡ªRespondi¨® Mateo algo preocupado, tener que esperar afuera con su edad no era tan buena idea. ¡ªNo te preocupes por m¨ª y enc¨¢rgate de la comida¡ªContest¨® Orrin secamente. E59-Timoteo Como era de costumbre el tiempo sigui¨® transcurriendo con normalidad, pero por desgracia para nuestro protagonista, Apolo fue interrumpido por los gritos de Mateo antes de que pudiera terminar de concentrarse en la tarea que acababa de empezar. ¡ª?Se?or, Se?or! ??D¨®nde est¨¢?!¡ªGrit¨® Mateo por los pasillos de la mansi¨®n tratando de encontrar la ubicaci¨®n del joven mago. ¡ª...¡ªApolo escuch¨® los gritos, pero hizo o¨ªdos sordos y continu¨® doblando la ropa vieja, dej¨¢ndola lista para ser guardada. ¡ª?Se?or, Se?or!¡ªContinu¨® gritando Mateo cada vez m¨¢s fuerte. ¡ª?Por qu¨¦ mierda siempre me necesitan a m¨ª?, ?para qu¨¦ mierda los mantengo?, ?no es acaso para que se encarguen de solucionar mis problemas?, ?por qu¨¦ tengo que lidiar con los problemas suyos?¡¡ªSe quej¨® Apolo en voz baja mientras continuaba doblando la ropa vieja. ¡ª?Escucha?, ?Se?or!¡ªGrit¨® Mateo bastante pr¨®ximo a la habitaci¨®n. ¡ª?Ac¨¢! ?Carajo, estoy ac¨¢!¡ªGrit¨® Apolo con enojo, haciendo que su grito retumbara por todas las paredes de la mansi¨®n. The narrative has been stolen; if detected on Amazon, report the infringement. Mateo escuch¨® el grito y corri¨® hacia la habitaci¨®n en donde estaba Apolo, sin tocar la puerta entr¨® y observ¨® c¨®mo el joven noble se encontraba arriba de una cama para ni?os doblando una pila de ropa infantil. ¡ª?No ves que estoy acomodando el cuarto de Timoteo!¡ªSe quej¨® Apolo al ver la cara de su criado. ¡ª?Qui¨¦n es Timoteo?¡ªPregunt¨® Mateo desconcertadamente. ¡ªMi muchacho¡ªRespondi¨® Apolo se?alando una de las esquinas de la habitaci¨®n. Por inercia Mateo sigui¨® la indicaci¨®n para encontrarse con los huesos de un ni?o amontonados en una caja de madera. ¡ªEst¨¢s un poco flaco, Timoteo¡ªDijo con iron¨ªa Mateo mirando la caja en la habitaci¨®n con una sonrisa triste. ¡ªYa va a quedar mejor cuando lo vuelva a armar¡ªRespondi¨® Apolo mirando la habitaci¨®n del ni?o con orgullo, realmente esta le hab¨ªa quedado bonita¡ªPor lo dem¨¢s, ?por qu¨¦ motivo andabas llam¨¢ndome? ¡ªSurgi¨® un problema mientras se acomodaba los ata¨²des, y ahora los criados no quieren seguir guardando los ata¨²des en la mazmorra¡ªRespondi¨® Mateo con apuro. ¡ª??C¨®mo que estos vagos no quieren trabajar?!¡ªGrit¨® Apolo con enojo, casi rompi¨¦ndole los o¨ªdos a Mateo. ¡ªDeber¨ªa ver la situaci¨®n usted mismo, mi se?or¡¡ªDijo Mateo en voz baja tratando de tranquilizar al joven noble. ¡ªBien, veamos por qu¨¦ motivo no trabajan esta manga de in¨²tiles...¡ªRespondi¨® Apolo, dejando la ropa que estaba doblando arriba de la cama y caminando hacia la salida con enojo. E60-Peste azul Apolo sigui¨® a Mateo hasta la entrada exterior de la mazmorra; esta no era la ¨²nica entrada a la misma, pero era la mejor entrada para transportar los muebles pesados al interior de la mazmorra, por lo cual era un buen lugar para que los conductores vayan colocando los ata¨²des. Cuando los conductores terminaran la tarea, ya con m¨¢s tiempo, ser¨ªa f¨¢cil para los criados ir transportando los ata¨²des a su interior, incluso se hab¨ªa construido una rampa improvisada con tablones para hacer las cosas m¨¢s sencillas. Al llegar, Apolo not¨® de inmediato que los conductores segu¨ªan bajando los ata¨²des de sus carruajes, pero sus criados solo observaban desde la distancia. ¡ª?Se puede saber qu¨¦ mierda est¨¢ pasando ac¨¢!¡ªGrit¨® Apolo con tono autoritario. ¡ª?No queremos morir, eso pasa!¡ªContest¨® uno de los criados con enojo. Al escuchar la contestaci¨®n altiva por parte de uno de sus criados, Apolo apret¨® fuertemente su pu?o y forz¨® una sonrisa en su rostro mientras se murmuraba para s¨ª mismo: ¡ªNo, Apolito, no, si lo haces perderemos mucho tiempo buscando nuevos criados. Al escuchar el murmullo de su se?or, Mateo r¨¢pidamente explic¨® la situaci¨®n antes de que las cosas se pusieran feas; bien sab¨ªa que este no segu¨ªa siendo el Apolo esquel¨¦tico de anta?o y en su lugar ahora mismo Apolo era un mini-gigante de dos metros que fue entrenado como una m¨¢quina de guerra desde que naci¨®: realmente pod¨ªa terminar matando a todos los criados si se le aflojaba alg¨²n tornillo por lo que era mejor no hacerlo enojar m¨¢s de la cuenta. ¡ªLos criados temen transportar los cad¨¢veres al interior de la mazmorra, mi se?or. ¡ªPero ellos ya hicieron esto hace no m¨¢s de un d¨ªa y llevan m¨¢s de una semana transportando muertos¡ªDijo Apolo mirando a los criados con enojo como si fuera una banda de haraganes¡ª?Por qu¨¦ mierda se les ocurri¨® detenerse ahora? Mateo se acerc¨® a Apolo y le susurr¨® en el o¨ªdo: ¡ªMuchos de estos cad¨¢veres tienen s¨ªntomas de morir por peste azul. ¡ª?Oh!... qu¨¦ cagada... qu¨¦ peque?o... gran detalle¡ Digo problema¡ªMurmur¨® pausadamente Apolo perdiendo su enojo y mirando con consternaci¨®n a los conductores trabajando. Apolo se acerc¨® al joven conductor principal con el cual hab¨ªa hablado hace no mucho, actualmente el joven se encontraba sentado en un ata¨²d comiendo la comida que le hab¨ªan preparado sus criados, al parecer el conductor ya hab¨ªa terminado de vaciar el contenido de su carruaje y ahora mismo se encontraba descansando. ¡ªMuchacho, le puedes explicar a mis criados porque no hay que temerle a los cad¨¢veres¡ªComent¨® Apolo con una sonrisa de abuelo amoroso. ¡ªClaro, por usted cualquier cosa, se?or, de paso nos vendr¨ªa bien unas manos extras para bajar los ata¨²des¡ªDijo el joven poni¨¦ndose de pie para acercarse a los criados¡ªLos muertos por peste azul no contagian la enfermedad: la misma muere cuando muere la v¨ªctima y la verdadera culpable de la transmisi¨®n de la enfermedad son las ratas de la ciudad. ¡ªNo te creo un carajo, muchacho¡ªRespondi¨® uno de los criados. ¡ªEscucha, ?por qu¨¦ te mentir¨ªa alguien que lo has visto con tus propios ojos transportando los cad¨¢veres hace unos minutos?¡ªPregunt¨® Apolo mirando al criado que acababa de hablar como si fuera un idiota. ¡ªBueno, tiene raz¨®n, probablemente el chico no est¨¦ queriendo mentirnos intencionalmente...¡ªContest¨® el criado mirando a los conductores con pena¡ªPero estoy seguro de que lo que est¨¢n haciendo los conductores es un error, fueron enga?ados por las personas que los contrataron. Esas cosas les pasan a los idiotas desesperados por unos pocos cristales. ¡ª?Estos j¨®venes fueron contratados por un ministro bajo el mando del emperador!¡ªGrit¨® Apolo agitando sus manos con enojo¡ªNo fueron contratados por un mercenario de cuarta o un cantinero borracho, ?acaso piensas que el emperador mandar¨ªa a su propia gente a morir enga?¨¢ndolos de tal cruel manera? ¡ªNo s¨¦...¡ªComent¨® el criado con dudas. ¡ª?Yo mismo te estoy diciendo que no se contagia la peste azul por tocar un cad¨¢ver, es de p¨²blico conocimiento!¡ªGrit¨® Apolo con enojo¡ª?Acaso no le crees a la palabra de tu se?or? Help support creative writers by finding and reading their stories on the original site. ¡ªYo¡ Esto¡ ?Es que es mi vida, se?or!, ?Tengo hijos que alimentar, sepa entender mis preocupaciones!¡ªRespondi¨® el criado mientras unas gotas de sudor comenzaban a manchar su rostro, mirando c¨®mo el resto de criados se hab¨ªan quedado en silencio dej¨¢ndolo a ¨¦l de chivo expiatorio. ¡ªEst¨¢ bien, es entendible que c¨®mo padre quieras cuidarte...¡ªDijo Apolo con calma poniendo a¨²n m¨¢s nervioso al criado¡ªSi te contagiaras de peste azul ser¨ªa una tragedia para tu familia: de seguro tus hijos tendr¨ªan que salir a trabajar en un trabajo poco digno de mencionar. Y como olvidarse de tu mujer, la cual se ver¨ªa obligada a prostituirse por los callejones de la ciudad hasta morir en manos de alg¨²n borracho mal parido. Ni hablar de lo que le pasar¨ªa a tus hijos m¨¢s j¨®venes, de seguro ser¨ªan abandonados para morir de hambre en las calles de la ciudad por sus propios hermanos mayores, solo para que ellos puedan aumentar su porci¨®n de comida y as¨ª lograr sobrevivir a su cruel infancia. Realmente ser¨ªa una gran tragedia que murieras de peste azul, pero justamente tu se?or es consciente de todo eso y es por eso que te digo que deber¨ªas estar tranquilo y creerme; ya que yo jam¨¢s te har¨ªa sufrir semejante tragedia. As¨ª que repite mis siguientes palabras: ?la peste azul no la contagian los muertos?. ¡ªLa¡ La pe-peste azul¡ no la con-contagian... los mu-muertos¡ªTartamude¨® el criado para nada convencido de las palabras de Apolo, mientras un sudor fr¨ªo como hielo comenzaba a manchar su espalda, mirando a sus costados buscando apoyo, pero el resto de criados hu¨ªan de su mirada como si llevara la peste encima. ¡ªBien, ahora ve a acomodar ese ata¨²d de haya¡ªDijo Apolo con una sonrisa amable, se?alando un ata¨²d en uno de los carruajes. ¡ªEsto¡ yo¡ No me animo, se?or: ?Simplemente no puedo hacerlo!, ?No me obligue a hacerlo por favor, se los suplico por mis hijos! ?Mi esposa est¨¢ embarazada y si yo me contagiara ahora nadie podr¨ªa llevarle comida a mi familia!¡ªGrit¨® el criado desesperadamente, mientras unas l¨¢grimas sal¨ªan de sus ojos y miraba con el rostro suplicante a sus compa?eros de trabajo a su costado buscando su ayuda, pero el resto de criados lo ignoraron cruelmente como si se tratase de un fantasma. ¡ªTranquilo, tranquilo: yo jam¨¢s te obligar¨ªa a nada¡¡ªTranquiliz¨® Apolo acerc¨¢ndose al criado para ponerse justo al frente de ¨¦l, mientras bajaba su cabeza para mirarlo fijamente a los ojos y le palmeaba el hombro suavemente como si se tratase de un ni?o¡ªPero se ve que no entendiste nada de lo que te estoy diciendo, as¨ª que te lo voy a demostrar yo mismo. Porque en mi familia las cosas siempre se hacen dando el ejemplo y como dir¨ªa el abuelo: ?Un general tiene que liderar el ej¨¦rcito desde el frente? Tras decir eso Apolo se dio la vuelta y agarr¨® el primer ata¨²d que se cruz¨®, de un manotazo mand¨® a volar la tapa del ata¨²d dejando at¨®nito a todos los presentes con la fuerza inhumana que ten¨ªa. Dentro del ata¨²d pod¨ªa verse el cad¨¢ver de una ni?a durmiendo en un lecho de p¨¦talos de rosas tan rojas como la sangre. La ni?a estaba muy finamente vestida con un vestidito blanco bordado con p¨¦talos de color rosa. Pese a su encantador atuendo, lo m¨¢s llamativo de la ni?a es que en los alrededores de sus ojos ten¨ªan dos grandes ojeras de color azul incre¨ªblemente bonitas y su piel era extremadamente p¨¢lida remarcando lo azulado de sus labios. Toda esta belleza en realidad enga?aba el cruel destino que padeci¨® la ni?a, puesto que estos eran los s¨ªntomas de que fue atormentada por mucho tiempo por la peste azul, hasta finalmente sucumbir ante la muerte. El cad¨¢ver de la ni?a no estaba para nada descompuesto por lo que parecer¨ªa que muri¨® hace no m¨¢s de una semana, e incluso Apolo pod¨ªa oler el perfume liberado por los p¨¦talos de rosas que hab¨ªan usado sus familiares para rellenar el ata¨²d junto a la ni?a. Sin el menor de los respetos, Apolo agarr¨® el cad¨¢ver de la ni?a de su pelo y levant¨® la mitad de su cuerpo para ponerla mirando a los criados. ¡ªHaber muchacha, repite detr¨¢s de m¨ª: ?La peste azul no la contagian los muertos?¡ªComent¨® Apolo con una sonrisa de oreja a oreja. Inmediatamente, Apolo tom¨® la cabeza de la ni?a desde la quijada y comenz¨® a mover la boca de la ni?a, mientras cambiaba su voz a una m¨¢s femenina y dec¨ªa: ¡ª?La peste azul no la contagian los muertos?, yo mor¨ª por las malvadas ratas. As¨ª que h¨¢ganle caso a mi amigo: Apolito y ll¨¦venme a descansar a la c¨®moda mazmorra. Sin importarle la mirada at¨®nita de todos los presentes, Apolo dej¨® caer en el ata¨²d el cad¨¢ver de la ni?a sin cuidado alguno. Con pasos firmes, imponiendo su aura de autoridad, el joven noble se acerc¨® hasta ponerse justo delante del criado con el que ven¨ªa hablando. Acto seguido, Apolo baj¨® la cabeza para mirar fijamente los incr¨¦dulos ojos del criado y dijo con autoridad las siguientes palabras: ¡ªY qu¨¦ te parece, ?ahora me crees que la peste azul no la contagian los muertos?. T¨² y todos los dem¨¢s, m¨¢s vale que hagan correctamente su trabajo o si no simplemente esperen a que los conductores terminen de trabajar, v¨¢yanse de mi estancia con ellos y ?Busquen otro puto trabajo! Tras decir eso Apolo se dio la vuelta y regres¨® al lado de Mateo para mirar en silencio como los criados lentamente comenzaban ayudar a bajar los ata¨²des de los carruajes. Cuando Apolo finalmente se percat¨® de que todos los criados estaban trabajando nuevamente, el joven noble reanud¨® su marcha a la mansi¨®n para continuar sus tareas. Mientras tanto Mateo miraba con complicidad como su padre se hab¨ªa quedado callado durante todo el discurso del joven noble y pasivamente observaba desde la distancia como todos los criados a su cargo trabajaban. El hombre observ¨® con incredulidad como su padre estaba tan recto como un roble y tan serio como los difuntos que estaban moviendo los criados, simplemente inm¨®vil: sin mostrar la m¨ªnima pizca de duda o arrepentimiento. No obstante, a Mateo se le estaba haciendo imposible seguir control¨¢ndose para no decirle la cruel verdad a todas estas personas: ?Apolo era el ¨²nico que no le importaba contagiarse de peste azul en esta mansi¨®n! E61-Rutina Con apuro y ansias de terminar la tarea, Apolo se dirigi¨® hacia la habitaci¨®n en donde hab¨ªa estado trabajando hace unos pocos minutos. Al llegar, el joven noble observ¨® la pila de ropa arriba de la cama y comenz¨® a doblarla nuevamente. Mientras tanto Apolo divagaba en su mente sus futuros proyectos y los posibles dise?os que podr¨ªa confeccionar para las innumerables habitaciones que faltaba amueblar. Antes de darse cuenta, el joven noble ya hab¨ªa terminado la tarea, la misma se hizo en muy poco tiempo dado que Apolo se hab¨ªa convertido en todo un experto en el doblado de ropa, gracias a que era una de las cosas m¨¢s f¨¢ciles de comprar en segunda mano y era muy ¨²tiles para llenar los muebles. Tras terminar su tarea, Apolo se retir¨® de la habitaci¨®n y regres¨® a la misma con un tarro con l¨ªquido espeso blanco en su interior. Agarrando la caja con los huesos del ni?o, el joven comenz¨® a ir retirando los huesos a medida que los acomodaba arriba de la cama para ir formando al ni?o nuevamente como si de un rompecabezas se tratase. ¡ªYa ver¨¢s lo c¨®modo que descansar¨¢s en este cuarto, Timoteo¡ªMurmur¨® Apolo con una sonrisa al ver como los huesos en la cama comenzaban a formar el esqueleto de un ni?o. Cuando el joven termin¨® la tarea, procedi¨® a abrir el tarro con l¨ªquido blanco y usando un trapo viejo comenz¨® a aplicar el l¨ªquido arriba de los huesos y a pegarlos entre s¨ª. Tras terminar el delicado proceso de unir los huesos, Apolo acerc¨® la palma de su mano hasta casi rozar los huesos. Acto seguido, la palma del joven comenz¨® a emitirse un d¨¦bil fuego el cual produjo que el l¨ªquido espeso de color blanco se tornara de un color amarillento y se solidificara. La tarea continu¨® durante unas largas horas hasta que finalmente el esqueleto de un ni?o pudo verse sentado en la cama de la habitaci¨®n mirando a la puerta, como si el ni?o estuviese esperando ver quien es el que estaba por entrar en su habitaci¨®n. ¡ªPerfecto, Timoteo siente que alguien toca la puerta y se despierta para ver qui¨¦n es¡ªMurmur¨® Apolo tratando de recordar la historia de esta habitaci¨®n en su cabeza¡ªPero se da cuenta de que imagino el ruido y no hab¨ªa nadie tocando la puerta. No obstante, mientras todo esto ocurr¨ªa alguien observaba a Timoteo atentamente desde la habitaci¨®n continua. Apolo se acerc¨® a una de las paredes de madera en la habitaci¨®n en donde se encontraba el cuadro de un payaso, el cual se encontraba mirando fijamente a la cama donde se encontraba el ni?o. Con cuidado, el joven noble roz¨® con sus manos la pintura del payaso hasta llegar a sus ojos, para luego presionar con sus dedos sobre los ojos del payaso en la pintura hasta crear un par de agujeros. ¡ªBien, ya solo hace falta hacer los agujeros en la pared y amueblar la habitaci¨®n del payaso¡ªMurmur¨® Apolo con alegr¨ªa, d¨¢ndose cuenta de que finalmente pod¨ªa usar las cosas que le compr¨® al due?o de un circo en bancarrota siguiendo cierta ?l¨®gica?. Verificando que todo estuviera en orden una ¨²ltima vez, Apolo sali¨® de la habitaci¨®n y con apuro se dirigi¨® hacia la puerta de la mansi¨®n, para observar que la cola de carruajes segu¨ªa siendo tan larga que llegaba hasta la entrada de su estancia. Ignorando las miradas curiosas de los conductores de los carruajes, Apolo sigui¨® un camino de losas azules que rodeaba su mansi¨®n hasta ir a la parte de atr¨¢s de la misma. Acto seguido, el joven camin¨® entre las rosas muertas y los yuyos en el patio trasero de la mansi¨®n, record¨¢ndose a s¨ª mismo que en alg¨²n momento tendr¨ªa que malgastarse en contratar algunos jardineros. En estos momentos el patio estaba tan descuidado que el pasto y las malas hierbas le llegaban hasta las rodillas de Apolo. Tras unos pocos minutos caminando, Apolo pudo ver que alrededor de unos ¨¢rboles y con vista al lago se encontraba una peque?a caba?a de madera. El joven camin¨® por el sendero oculto por los yuyos mientras apreciaba a los animales que viv¨ªan por esta parte de su estancia: la mayor¨ªa eran p¨¢jaros e insectos; sin embargo, eran bastante bonitos y raros, lo m¨¢s probable es que sea gracias a que algunos vecinos trajeron estos animales a sus respectivas estancias, pero los mismos terminaron mud¨¢ndose para vivir cerca de su lago. Apolo entr¨® en la caba?a de madera, mostrando que solo hab¨ªa una ¨²nica gran habitaci¨®n en su interior, la misma estaba decorada con una vasta gama de equipamiento para entrenar mostrando que la caba?a en realidad era el gimnasio de la mansi¨®n. Apolo procedi¨® a caminar hacia un armario en una de las esquinas de la habitaci¨®n, se desvisti¨® guardando la ropa en el armario y sac¨® una t¨²nica gris-amarillenta para entrenar. La misma no era precisamente c¨®moda y mucho menos podr¨ªa decirse que era est¨¦ticamente bonita; sin embargo, dada la costumbre, Apolo no pod¨ªa entrenar sin una t¨²nica puesta por lo cual siempre se la pon¨ªa para hacer su rutina de ejercicios. Ya vestido con la ropa de entrenamiento, el joven se acerc¨® a unas mancuernas tiradas en el piso y procedi¨® a levantarlas con normalidad. Las mancuernas no eran precisamente grandes y de hecho no parec¨ªan llegar a pesar m¨¢s de 5 kg por lo que parec¨ªa algo rid¨ªculo que alguien con el cuerpo de Apolo la usar¨¢ para hacer ejercicio; sin embargo, los dos c¨ªrculos a los costados de la mancuerna se encontraban llenos de agujeros peque?os rellenados con piedras grises, diferenci¨¢ndola de una mancuerna normal. Apolo not¨® que la mancuerna no pesaba nada y procedi¨® a buscar un balde en la habitaci¨®n, el cual se encontraba lleno de cristales transparentes del tama?o de un dedo. El joven meti¨® su mano en el balde y sac¨® un pu?ado de cristales para luego tirarlos desinteresadamente al piso al lado de la mancuerna. Acto seguido, Apolo levant¨® la mancuerna y empujando una de las piedras grises con su dedo, logro que la piedra saliera del agujero y cayera al suelo, revelando que en realidad la piedra se trataba de un cristal que ya hab¨ªan perdido su transparencia y hab¨ªa adquirido un color gris¨¢ceo. El joven fue recargando todos los cristales en la mancuerna hasta finalmente cambiar todos los cristales. Con los preparativos realizados, Apolo comenz¨® a levantar la mancuerna con esfuerzo como si realmente le fuera complicado lograrlo por m¨¢s que la mancuerna no luc¨ªa para nada intimidante. Unauthorized usage: this tale is on Amazon without the author''s consent. Report any sightings. No pas¨® mucho tiempo y como es de costumbre cuando uno ejecuta un ejercicio intenso el sudor comenz¨® a aparecer en el cuerpo de Apolo manchando sus prendas. Pese a ello, lo que s¨ª resultaba extra?o era el hecho de que una neblina blanca y densa comenz¨® a salir de los cristales transparentes llenando completamente la habitaci¨®n, ocultando el cuerpo del joven noble. Apolo comenz¨® a respirar violentamente como si le fuera complicado seguir haciendo ejercicio y respirar la neblina blanca al mismo tiempo; sin embargo, el joven no se detuvo y poco a poco las venas en todo su cuerpo comenzaron a marcarse, su piel se fue tornando roja y sus ojos se fueron enrojeciendo como si se estuviera exigiendo al m¨¢ximo y al mismo tiempo se estuviera poniendo hasta arriba de anab¨®licos. El joven sigui¨® entrenando con intensidad haciendo diversos ejercicios con la mancuerna, hasta que de repente ocurri¨® algo inesperado para el noble: *Coff, Coff, Coff* Apolo comenz¨® a toser violentamente y tuvo que dejar de hacer ejercicio, mientras se cubr¨ªa su mano con su boca. El joven trat¨® de dejar de toser, pero se dio cuenta de que le era imposible, provocando que el noble decidiera salir de la habitaci¨®n para respirar aire puro en el exterior. Dejando de respirar la niebla y sintiendo el fresco aire invernal llenando sus pulmones, Apolo finalmente pudo controlarse y dejar de toser, pero ya lejos de la niebla el joven se dio cuenta del gran problema. ¡ªQu¨¦ molestia¡¡ªMurmur¨® Apolo con enojo mirando como la mano con la que se hab¨ªa estado tapando la boca se encontraba llena de sangre¡ªNo tiene ning¨²n sentido que me contagie tan f¨¢cilmente¡ Pese a ello, el sentido poco importaba, pues la evidencia era contundente y Apolo hab¨ªa tosido sangre, no obstante el joven estaba m¨¢s consternado que asustado; ¨¦l sab¨ªa que era f¨¢cil de reparar el problema, ya que conoc¨ªa de sobra la peste azul. Por m¨¢s que de ni?o su verdadero inter¨¦s fuera explorar el bosque, lo cierto es que su familia a¨²n lo obligaba a participar en las lecciones militares como a todos los futuros ?soldados? de la familia les correspond¨ªa. En consecuencia, Apolo hab¨ªa aprendido las enfermedades que pod¨ªan verse en un asedio o en un campamento militar, entre ellas una enfermedad bastante com¨²n en el imperio era la peste azul y sab¨ªa que se pod¨ªa contagiar con el contacto de los vivos y los muertos. No se pod¨ªa quemar el cad¨¢ver de alguien que hab¨ªa muerto por peste azul y la ¨²nica manera de lidiar con el problema era enterrando a todos los contagiados. La realidad es que la enfermedad de la peste azul era causada por las esporas de un hongo que crec¨ªan en el imperio. La cuales eran transportadas por diversos animales o humanos que comieron a una criatura infectada o entraron en contacto cercano con una criatura que se encontraba con un avanzado estado de deterioro por parte de la enfermedad. Poco a poco las esporas crec¨ªan en el hu¨¦sped hasta matar al infectado, creando as¨ª el ecosistema prometedor para que el hongo pueda crecer y reproducirse: los cad¨¢veres. Sin embargo, Apolo sab¨ªa que su cuerpo naturalmente era bastante resistente por lo que en principio una simple peste azul no deber¨ªa infectarlo nunca, no obstante la prueba era evidente y no hab¨ªa otro motivo para toser sangre. Pensando al respecto y notando que ya estaba por anochecer Apolo decidi¨® volver a la mansi¨®n y armar un plan para solucionar el problema. Finalmente, la noche lleg¨® y para la extra?eza de Orrin y Mateo, Apolo no quer¨ªa comer este d¨ªa, lo cual era muy normal en el pasado, pero desde que el joven se convirti¨® en mago estas cosas dejaron de ocurrir. La realidad es que el joven noble se qued¨® en su cuarto, por preocupaci¨®n de contagiar a los ¨²nicos criados que importaban para que todos sus planes siguiera andando por buen camino. Aunque la gran realidad es que Apolo como siempre estaba exagerando las cosas, ya que la enfermedad acababa de contagiar su cuerpo y si bien su rutina de ejercicio aceler¨® el proceso de desarrollo, la peste azul solo contagia cuando llegaba a la etapa final de desarrollo y el hu¨¦sped pr¨¢cticamente no puede moverse de la cama. Por lo que la enfermedad no era tan contagiosa como aparentaba ser: mientras uno se cuidara de no andar tocando cad¨¢veres o gente cercana a serlo y se preocupara por no comer comida contagiada, la enfermedad no lo afectar¨ªa, por lo que la peste azul era una enfermedad bastante f¨¢cil de evitar para los nobles. Pese a que lo mismo no ocurr¨ªa de igual manera para los plebeyos, cuya situaci¨®n econ¨®mica a veces los obligaba a comprar comida de dudosa procedencia. Las horas pasaron y cuando el dulce sue?o invad¨ªa a todos los presentes en la mansi¨®n, Apolo se levant¨® y usando su dedo como una vela, lleg¨® hasta el armario para sacarse el pijama y agarrar una manta negra con capucha del mismo. El joven se puso la extra?a vestimenta y tomando la m¨¢scara de plata ya preparada en su escritorio, se prepar¨® mentalmente para salir de su habitaci¨®n. Con pasos delicados e insonoros, Apolo sali¨® de su cuarto y se dirigi¨® a la salida de la mansi¨®n, a¨²n pod¨ªan verse algunos carruajes que no hab¨ªan terminado de completar la descarga, por lo cual el joven se puso la m¨¢scara de plata dada por su ancestro y sin evitar las miradas sali¨® corriendo de la mansi¨®n. Aunque lo cierto es que todos los conductores estaban durmiendo adentro de la mansi¨®n, pero Apolo desconoc¨ªa este hecho y la noche era demasiado oscura para poder verlo con sus propios ojos. El joven corri¨® a una velocidad impactante a simple vista y sali¨® de su estancia en unos pocos minutos. Luego, siguiendo los caminos de las calles, Apolo sigui¨® corriendo hasta sentirse lo suficientemente lejos de su mansi¨®n como para que alguien sospechara de ¨¦l o lo reconociera. Sinti¨¦ndose lo suficientemente alejado de su estancia, Apolo salt¨® el alambrado que delimita el l¨ªmite de la propiedad de un noble desafortunado. Con pasos lentos, Apolo se dirigi¨® hacia uno de los ¨¢rboles del patio de esta estancia, tap¨¢ndose el anillo de oro con su otra mano el joven puso su mano sobre la corteza y en unos pocos minutos la vida del ¨¢rbol comenz¨® a marchitarse. La gran realidad es que Apolo tambi¨¦n podr¨ªa haber usado cualquiera de los ¨¢rboles en el camino, pero esos ¨¢rboles deb¨ªan ser reemplazados por el ministro de asuntos urbanos, mientras que estos eran privados y la capacidad de investigaci¨®n de estos nobles no era la misma que la del ministro que claramente conoc¨ªa su procedencia. Otra alternativa era utilizar uno de sus propios ¨¢rboles, pero Apolo no estaba para nada dispuesto a arruinar su ya marchito jard¨ªn, por lo tanto, el joven noble hab¨ªa decidido tomarse la molestia de pegarse todo este viaje para joderle la vida a alg¨²n desconocido desafortunado. Finalmente el ¨¢rbol muri¨® y Apolo se sinti¨® m¨¢s vivo que nunca, pero por las dudas tom¨® la vida de otro ¨¢rbol m¨¢s antes de proceder a volver a su casa para dormir. En el camino Apolo fue reflexionando lo ajetreado que hab¨ªa sido este d¨ªa en su pac¨ªfica vida como mago, quej¨¢ndose de vez en cuando y sonriendo en algunos tramos de su conversaci¨®n interna la cual parec¨ªa ser sumamente interesante, tanto que el malvado escritor decidi¨® ignorarla para amargar la vida de sus lectores. E62-Fausto Lejos muy lejos de la capital del imperio, se encontraba un gran castillo en el medio de un denso bosque de ¨¢rboles negros con hojas rojas; no obstante, poco pod¨ªa apreciarse de la belleza del castillo, pues la misma se escond¨ªa en la profunda oscuridad de la noche. En dicho castillo hab¨ªa innumerables habitaciones, pero una de estas habitaciones estaba particularmente ?viva? esta oscura noche, desde las ventanas de dicha habitaci¨®n pod¨ªa verse luces llamativas cambiando de color al ritmo de una m¨²sica pegajosa, cuyo volumen era tan alto que retumbaba por todas las paredes del castillo. La habitaci¨®n en cuesti¨®n estaba repleta de cristales flotando por todo cuarto y los mismos cambiaban de color siguiendo una canci¨®n que pod¨ªa escucharse provini¨¦ndose del interior de cada cristal. Mientras que en el suelo de la gran habitaci¨®n pod¨ªa verse cientos de personas desnudas comiendo, bailando, bebiendo y divirti¨¦ndose por todos lados de formas grotescas y sin mostrar verg¨¹enza alguna. Apoyados en el piso de la habitaci¨®n hab¨ªa grandes mesas circulares cubiertas con un delicado mantel bordado con rosas rojas, las mismas se encontraban dispersas por toda la habitaci¨®n y arriba de cada mesa se encontraba los m¨¢s delicados manjares acompa?ados de las bebidas m¨¢s deliciosas que uno pudiera imaginarse. Aunque poco pod¨ªa verse de esas delicias que estaban ocultas tras los incesantes juegos de luces que divert¨ªan a los participantes de esta fiesta. No obstante, la fiesta parec¨ªa tener un gran problema, ya que en una de las esquinas de la habitaci¨®n se encontraba un cristal en el aire que no parecer¨ªa funcionar correctamente, dado que el mismo no emit¨ªa ning¨²n sonido y flotaba emitiendo un perturbador e incesante color rojo. Abajo de dicho cristal se encontraba una mesa redonda particularmente grande, pero pese a ello solo un joven se encontraba sentado en la misma. El joven era bastante musculoso y ten¨ªa el pelo y los ojos negros. Pero lo m¨¢s particular de su rostro era su gran nariz aguile?a, la cual mataba cualquier tipo de belleza que el joven podr¨ªa portar innatamente. Al igual que el resto de participantes de esta grotesca fiesta, el solitario muchacho se encontraba completamente desnudo sin mostrar una pizca de verg¨¹enza mientras beb¨ªa de una jarra mirando c¨®mo todos los dem¨¢s se divert¨ªan. El muchacho mec¨¢nicamente tomaba su jarra, la terminaba, la rellenaba, tomaba su jarra, la terminaba y la volv¨ªa a rellenar: incansablemente y sin desperdiciar un segundo en realizar otros movimientos m¨¢s que los que parec¨ªan vitales para ¨¦l. Poco a poco las botellas fueron cayendo al suelo y bajo los seductores efectos del alcohol la visi¨®n del joven comenz¨® a distorsionarse. En los ojos del joven la gente que se divert¨ªa se volv¨ªa cada vez m¨¢s extra?a: sus rostros eran cada vez m¨¢s borrosos, sus cuerpos cada vez m¨¢s grotescos y sus actos cada vez m¨¢s anormales: desde gente que sin escr¨²pulos se peleaba en el medio de la fiesta, hasta hombres arranc¨¢ndole los brazos a los desgraciados borrachos que se hab¨ªan desmayado para devorarlos con deleite, el morbo era absoluto y el joven incluso pudo ver que hab¨ªa gente cagando arriba de la comida del otro y luego forz¨¢ndola a que se la comiera. Todo se estaba corrompiendo mientras el joven en silencio beb¨ªa mec¨¢nicamente cada vez m¨¢s consciente de que el silencioso cristal que flotaba sobre su cabeza en realidad estaba emitiendo un pitido continuo, cuya presencia se hac¨ªa m¨¢s dominante en sus o¨ªdos con el paso de las botellas vaci¨¢ndose. El tiempo pasaba y poco a poco las botellas en la gran mesa redonda fueron agot¨¢ndose, el joven en trance las ignoraba y continuaba sirvi¨¦ndose lo que estuviera al frente de ¨¦l, hasta que de repente todas las luces de la habitaci¨®n se coordinaron y cambiaron al mismo perturbante e incesante color rojo que iluminaba la mesa redonda del joven. Sin embargo, el mundo manten¨ªa su ritmo, la m¨²sica no hab¨ªa cesado y todos continuaban con sus grotescas rutinas; sin embargo, en una de las mesas en la esquina contraria a la que se encontraba el muchacho solitario, hab¨ªa una persona que not¨® la soledad del joven bebiendo y decidi¨® acercarse atravesando todas las mesas en la habitaci¨®n. La persona en cuesti¨®n era tan alta y grande como el joven bebiendo, ten¨ªa el pelo negro y los ojos claros; sin embargo, su rostro estaba oculto por un antifaz de plata por lo que era imposible distinguir de quien se trataba. Como todos en la habitaci¨®n el hombre se encontraba desnudo; sin embargo, un notorio anillo de oro se encontraba en uno de sus dedos mostrando su estatus. El joven sin prisa alguna fue caminando mientras miraba a las personas en cada una de las mesas como si estuviera asegurando de que todos se estuvieran ?divirtiendo?, pese a ello el resto de personas en la fiesta parec¨ªa que le tuvieran miedo y buscaban evitar su acechante a como d¨¦ lugar, tratando de no llamar particularmente la atenci¨®n de este joven. This story originates from a different website. Ensure the author gets the support they deserve by reading it there. Finalmente, la persona en cuesti¨®n lleg¨® a la mesa del joven bebiendo y se sent¨® a su lado mientras dec¨ªa con un tono de voz lleno de confianza: ¡ª?Qu¨¦ pasa, Apolito?, Te not¨® algo inc¨®modo, ?acaso no te gusta la fiesta que prepar¨¦? Al escuchar la voz familiar, Apolo sali¨® del trance y mir¨® con desconfianza la sonrisa del hombre enmascarado, mientras comentaba en voz baja: ¡ª?Qu¨¦ mierda estamos celebrando, Fausto? ¡ª?Ja, ja, ja, ja, pero que borracho que est¨¢s hermano!¡ªExclam¨® Fausto entre risas golpeando fuertemente la mesa provocando que la misma se abollara, hasta lograr tranquilizarse, acto seguido tom¨® una de las botellas de la mesa y pregunt¨®: ¡ª?Acaso esta porquer¨ªa te hizo olvidar que hoy celebramos tu gran d¨ªa? ¡ªSupongo que s¨ª¡¡ªRespondi¨® Apolo bastante atontado mirando la habitaci¨®n, d¨¢ndose cuenta de que no lograba recordar ni c¨®mo hab¨ªa llegado a esta sala y mucho menos porque carajos estaban todos desnudos en esta extra?a fiesta. ¡ª?Vaya trago de mierda compraste manga de incompetente!¡ªGrit¨® Fausto enojado, tirando la botella en su mano con violencia. La botella sali¨® disparada como una bala y hundi¨® la cabeza de una persona que se encontraba bailando en la mitad de la habitaci¨®n, instant¨¢neamente el hombre cay¨® sin vida al suelo mientras su sangre comenzaba a borbotear de su cabeza manchando a las dem¨¢s personas bailando; sin embargo, la m¨²sica no se detuvo y todas las personas alrededor del cad¨¢ver siguieron bailando con normalidad, ignorando completamente al muerto. ¡ªTu humor est¨¢ tan sano como siempre¡¡ªComent¨® Apolo con una sonrisa ir¨®nica, mientras se serv¨ªa otro trago¡ª?Entonces por qu¨¦ estamos ?festejando??, y m¨¢s importante a¨²n: ?Por qu¨¦ estamos desnudos? ¡ªEstamos festejando que finalmente lo lograste: ?Tras m¨¢s de un a?o finalmente pudiste terminar de amueblar tu casa!¡ªGrit¨® Fausto con una sonrisa, provocando que todas las personas en la sala detuvieran lo que estaban haciendo para festejar el logro de Apolo, como si pudieran escuchar la conversaci¨®n entre los dos hermanos pese a la m¨²sica fuerte que se escuchaba por todo el sal¨®n. ¡ª?Oh!, Cierto, me hab¨ªa olvidado, realmente es motivo de fiesta¡ªRespondi¨® Apolo con una sonrisa de oreja a oreja mientras beb¨ªa su trago con tranquilidad, ahora parec¨ªa que la bebida en su interior sab¨ªa mucho m¨¢s rico que antes¡ª?Pero por qu¨¦ estamos desnudos? ¡ª?T¨² lo pediste, manga de borracho!¡ªGrit¨® Fausto mientras se hamacaba en su asiento y beb¨ªa directamente de una botella que hab¨ªa sacado de la mesa de Apolo¡ªRecuerdas: ?Los magos, visten como magos y ahora que finalmente estoy por lograr un logro en el mundo de los magos, es mejor que vista como un mago?, Pero nunca compraste la t¨²nica negra, por lo que terminaste poni¨¦ndote en pelotas mientras beb¨ªas en soledad y como es tu gran fiesta todos te seguimos la corriente. ¡ªJurar¨ªa que no estoy tan borracho como para olvidarme que me desnude delante de todos ustedes¡ªComent¨® Apolo un poco aturdido por las declaraciones de su hermano mayor. ¡ªPuedes imaginarte cualquier cosa muchacho: ?Esta fiesta es tu ?mundo? lo que importa es que seas feliz y disfrutes tu logro!¡ªExclam¨® Fausto mientras sonre¨ªa y miraba inquisidoramente como todos se estaban divirtiendo en la fiesta. Sin embargo, los ojos acechantes de Fausto notaron que hab¨ªa un pajarito deprimido que al parecer no cantaba con el resto de la bandada, al notar que alguien no se estaba divirtiendo la sonrisa de Fausto se distorsion¨® y una mirada de asco surgi¨® en su rostro, mientras le comentaba a su hermano: ¡ªHey, Apolito, ?recuerdas cuando te ense?¨¦ el truco de la flecha? ¡ª?Eh?¡ ?Ja, ja, ja, claro!, me acuerdo como nos pas¨¢bamos los inviernos quem¨¢ndole el culo a los criados¡ªR¨ªo Apolo con alegr¨ªa, mientras se rellenaba su jarra. ¡ª?Tienes ganas de jugar otra vez, hermanito?¡ªPregunt¨® Fausto mirando a Apolo con una sonrisa c¨®mplice. ¡ª??Ac¨¢?!, ?En el medio de la fiesta?¡ªPregunt¨® Apolo mirando al resto de personas divirti¨¦ndose grotescamente con algo de verg¨¹enza. ¡ª?Pero por supuesto que ac¨¢, esta es tu fiesta y en la misma t¨² eres el rey!¡ªRespondi¨® Fausto de forma euf¨®rica mientras se?alaba a todos los presentes con la botella en su mano¡ªEn este castillo puedes hacer realidad lo que t¨² te imagines: ?Lo que sea: solo p¨ªdelo y har¨¦ que ocurra! ?Al fin y al cabo eres mi hermano menor! ¡ªBueno¡ haber¡ ?Qu¨¦ tal si?¡ ?Qu¨¦ tal si jugamos al juego de la flecha?¡ªPregunt¨® Apolo mientras reflexionaba, pero lo cierto es que no se le ocurr¨ªa ninguna buena idea para entretenerse en su fiesta: ¨¦l siempre andaba ?trabajando? en sus propias metas por lo que no se tomaba tiempo para disfrutar de otras cosas con otras personas y no sab¨ªa muy bien como divertirse en una fiesta. Por lo que el joven noble termin¨® proponiendo la idea que le recomend¨® su hermano mayor. E63-La diana ¡ª?Esa es la actitud!¡ªExclam¨® Fausto con una sonrisa escuchando la propuesta de su hermano. Acto seguido, Fausto dej¨® de hamacarse y se levant¨® de su asiento. Se?alando con su mano a la direcci¨®n en donde se encontraba la persona que no se estaba divirtiendo, el noble grit¨® a los cuatro vientos: ¡ª?Entonces que se cumpla la palabra de mi hermano, traigan a la diana! Como si se entendieran m¨ªsticamente, entre todas las personas posibles los criados se coordinaron para agarrar a una persona en particular que estaba en la direcci¨®n se?alada y la llevaron contra una de las paredes donde convenientemente alguien hab¨ªa colocado cuatro grilletes. Los criados pusieron a la persona contra la pared y apresaron cada una de sus extremidades con cada uno de los grilletes evitando que la misma pudiera escaparse del juego. ¡ªNunca vi a esa criada...¡ªMurmur¨® Apolo algo consternado con la idea de su hermano mayor. La chica apresada al igual que el resto de los criados estaba desnuda, por la apariencia la joven ten¨ªa aproximadamente la edad de Apolo, aunque era mucho m¨¢s petiza y desnutrida que ¨¦l. Su pelo era un rubio brillante y sus ojos eran claros como el oc¨¦ano, pese a ello lo m¨¢s destacable de la joven no era su belleza, sino la alhaja que portaba en su dedo, la cual era un anillo de bronce oxidado que llam¨® la atenci¨®n de Apolo de inmediato. ¡ª?No conoces a Helena?, Es la hija de Deo¡ªDijo Fausto mientras volv¨ªa a sentarse en su silla y proced¨ªa a hamacarse agarrando otra de las botellas en la mesa para tomar un trago. ¡ªHelena¡ No, no me suena de nada ese nombre¡¡ªRespondi¨® Apolo haciendo memoria, pero realmente le parec¨ªa extra?o ver a una cara nueva en el castillo; al fin y al cabo creci¨® entre estas paredes y ya m¨¢s o menos conoc¨ªa el rostro de cada persona que viv¨ªa en este lugar. ¡ªBueno eso es normal, en definitiva viv¨ªas m¨¢s en el bosque que en el castillo, ?o me equivoco?¡ªComent¨® Fausto con una sonrisa viendo como Helena luchaba in¨²tilmente por liberarse de los grilletes que la aprisionaban¡ªSi hubieras pasado m¨¢s tiempo con nosotros de seguro la conocer¨ªas: es una gran mujer aunque por desgracia est¨¢ por casarse con Eco. ¡ª?Con ese idiota?, Pobre por ella, qu¨¦ mala elecci¨®n de esposo¡¡ªDijo Apolo mirando con extra?eza a la mujer atada, sintiendo que por alg¨²n motivo tal escena le era aceptable y al mismo tiempo sintiendo como si algo raro estuviera ocurriendo. ¡ªHelena nunca pudo elegir nada en su vida¡¡ªComent¨® Fausto mirando a la joven atada con una inusual pena, completamente contraria a la actitud de hace un segundo¡ª¡ Bueno, de hecho hubo un d¨ªa en donde ella s¨ª pudo elegir, pero lamentablemente eligi¨® confiar en la persona equivocada. ¡ªSupongo, hay que ser una idiota para confiar en Eco¡¡ªDijo Apolo mirando como Helena hab¨ªa dejado de luchar y en su lugar se hab¨ªa puesto a gritarle a ellos dos. Sin embargo, la habitaci¨®n era muy grande y la m¨²sica estaba muy fuerte por lo que el joven noble solo ve¨ªa como su boca se abr¨ªa y cerraba constantemente, pero el joven no lograba escuchar ninguna de sus palabras. ¡ªAs¨ª es la vida, si no hubiera seguido a Eco, ahora no estar¨ªa embarazada, pero hay errores que nos condenan a todos¡ªDijo Fausto con tristeza mientras beb¨ªa. La m¨²sica en la habitaci¨®n anormalmente segu¨ªa las emociones del noble enmascarado y se hab¨ªa puesto m¨¢s melanc¨®lica¡ªAl menos ella est¨¢ muy feliz de tener un hijo con Eco, incluso ya acordaron entre los dos como deber¨ªa llamarse su hijo. This book''s true home is on another platform. Check it out there for the real experience. ¡ªApolo...¡ªMurmur¨® Apolo inconscientemente mirando la panza regordeta de Helena, claramente se la notaba embarazada de ya varios meses y parecer¨ªa que en unos cuantos meses m¨¢s el beb¨¦ estar¨ªa listo para nacer. ¡ª?Apolo?, jurar¨ªa que no le caes lo suficientemente bien a Helena para que le ponga a su hijo tu nombre¡¡ªRespondi¨® Fausto d¨¢ndole un trago hondo a su bebida, para luego proceder a ver a su hermano con m¨¢s seriedad que la de costumbre, mientras preguntaba con la voz algo distorsionada por el trago fuerte que acababa de tomar: ¡ª?Por qu¨¦ piensas que el beb¨¦ se llamar¨ªa Apolo?, ?acaso no se te viene a la mente otro nombre lindo para un beb¨¦?, ?Si t¨² fueras el padre c¨®mo nombrar¨ªas a tu hijo? Apolo pens¨® la respuesta por casi un minuto entero, pero lo cierto es que ning¨²n nombre se le ven¨ªa su mente y llamar a su hijo igual que ¨¦l no le parec¨ªa tan mala idea, pese a ello cuando el joven estuvo a punto de repetir su nombre otra vez, otro nombre bonito le apareci¨® en su mente y le pareci¨® una buena idea llamar a su hijo de tal forma. ¡ªLo llamar¨ªa Thais¡¡ªRespondi¨® Apolo, pero al decir su respuesta empez¨® a mirar con consternaci¨®n a todas las personas desnudas en la habitaci¨®n y se dio cuenta de que un gran problema acababa de formularse: puesto que habiendo respondido Thais, Apolo se percat¨® de que acababa de ser mencionados los cuatro nombres que siempre se mencionaban en sus sue?os y esto claramente no pod¨ªa ser la realidad, ?o s¨ª?. ¡ªAl parecer si conoc¨ªas a Helena y ¨²nicamente te hab¨ªas olvidado de ella¡¡ªComent¨® Fausto con una sonrisa cruel mirando como Helena le gritaba desesperadamente desde la distancia, parec¨ªa que su agon¨ªa era el placer que lo alimentaba¡ªO al menos conoces el nombre de su futuro hijo. ¡ªS¨ª, me hab¨ªa olvidado de ella¡¡ªMurmur¨® Apolo mirando a su hermano con la m¨¢scara de plata puesta en su rostro; todo era perfecto, hasta su grotesca actitud, pese a que el joven ya se hab¨ªa dado cuenta de que tambi¨¦n todo era falso¡ªPor alg¨²n motivo que desconozco cada vez me es m¨¢s f¨¢cil olvidarme de Helena... ¡ªPero no de su anillo...¡ªMurmur¨® Fausto mientras dejaba de ver a la ni?a, para ver la mirada aturdida de Apolo en su lugar. ¡ªNo...¡ªMurmur¨® Apolo mirando el rostro de su hermano mayor con aturdimiento, por alg¨²n motivo hace unos segundos hab¨ªa sentido que esta persona en realidad no era su hermano, pese a que su apariencia le indicaba que solo estaba alucinando¡ªNo, te equivocas: la importancia del anillo tambi¨¦n se fue difuminando con el tiempo. ¡ª?Y qu¨¦ lo reemplaz¨®?¡ªPregunt¨® Fausto con curiosidad mientras miraba fijamente al joven sentado al lado de ¨¦l. ¡ª?Eh?¡ No s¨¦¡ nunca me hice esa pregunta: supongo que la mansi¨®n¡¡ªRespondi¨® Apolo reflexivamente tratando de imaginarse una respuesta que tambi¨¦n lo satisficiera a ¨¦l mismo¡ªLas habitaciones, los muebles y sobre todo sus historias. ¡ªPero ya terminaste la casa, Apolito¡¡ªDijo Fausto dando un trago hondo a su botella, ignorando la expresi¨®n del rostro de Apolo al escuchar esa respuesta. ¡ªS¨ª, ya se termin¨®¡ Todo termina¡ El tiempo todo lo acaba¡¡ªRespondi¨® Apolo aturdidamente mirando la mitad visible del rostro de su hermano mayor, tratando de comprender por qu¨¦ hab¨ªa so?ado con el hermano con el cual peor relaci¨®n ten¨ªa justo en este momento: ?No pod¨ªa ser una casualidad, algo deb¨ªa significar! ¡ªYa termin¨®, pero y ahora, ?qu¨¦ sigue?¡¡ªPregunt¨® Fausto tirando su botella al piso provocando que se rompiera en mil pedazos. Acto seguido, el noble se par¨® de repente y con una sonrisa grit¨® en¨¦rgicamente: ¡ª?Lo que sigue es continuar con nuestro juego!, Cada uno tiene tres intentos y el que m¨¢s le acierte a la diana se lleva el anillo de bronce en su mano como premio. E64-Por el anillo ¡ªPor el anillo...¡ªRepiti¨® Apolo mirando como Helena miraba su hermano mayor como si fuera un demente, pensando si deber¨ªa seguir el juego o solo deber¨ªa tratar de despertarse. Lo cierto es que este era el primer sue?o l¨²cido que Apolo ten¨ªa en su vida, por lo que tal vez sus ancestros lo estaban bendiciendo con alg¨²n tipo de mensaje oculto, por lo cual el joven decidi¨® seguirle la corriente a su hermano mayor y termin¨® preguntando: ¡ª?Empiezas t¨² o yo? ¡ªTira tu primero que esta es tu fiesta, luego voy yo, despu¨¦s t¨²: nos intercalamos el turno¡ªRespondi¨® Fausto, emocionado con la idea de poder jugar con su hermano menor. ¡ªComo quieras, aunque hace mucho que no hago esta tonter¨ªa por lo que dudo que me salga bien¡¡ªComent¨® Apolo mientras estiraba su mano se?alando a Helena con uno de sus dedos, inmediatamente la punta del dedo comenz¨® a prenderse fuego hasta formar una pelotita del tama?o de una bolita de papel lista para ser arrojada desde una cerbatana. Acto seguido la pelota sali¨® disparada formando un haz de luz similar a una flecha en direcci¨®n a Helena. La joven trat¨® de correrse, pero los grilletes se lo impidieron por lo que recibi¨® el disparo de lleno en una de sus piernas, la chica se quej¨® por el golpe, pero no llor¨® ni mostr¨® una expresi¨®n de dolor, al fin y al cabo la pelotita de suerte le hab¨ªa dolido m¨¢s que un pellizco. ¡ªJa, ja, ja, ?Qu¨¦ porquer¨ªa fue eso?, ni le dejaste una quemadura¡ªR¨ªo Fausto como un desgraciado. ¡ª?Pero si le di al blanco!¡ªExclam¨® Apolo con orgullo. ¡ªClaro, claro, a ver, ?qu¨¦ opina el jurado?¡ª Pregunt¨® Fausto mirando a todos los dem¨¢s miembros de la fiesta. *Buuu, buuu, buuuu* Los abucheos del p¨²blico llenaron toda la habitaci¨®n, al parecer la gente estaba bastante disconforme con el espect¨¢culo brindado. ¡ª?Escuchas?, tienes que esmerarte por ganarte a la gente: ahora somos adultos y jugamos este juego como adultos¡ªComent¨® Fausto estirando su mano apuntando a Helena con uno de sus dedos, tras unos segundos una pelotita de fuego tan chica como la que hab¨ªa creado Apolo se form¨® delante de su dedo; sin embargo, su hermano mayor no la lanz¨® de una, sino que en su lugar la bola de fuego comenz¨® a distorsionarse hasta formar un cono. Cuando ya estaba todo listo, Fausto mir¨® a su hermano y sin apuntar dispar¨® diciendo: ¡ªD¨¦jame mostrarte c¨®mo se gana en este juego. Tras terminar de decir esas palabras, el cono de fuego sali¨® disparado formando un haz de luz similar a una flecha y vol¨® hasta golpear de lleno en uno de los brazos de Helena. *Aaargh* Grito fuertemente Helena mientras miraba con desesperaci¨®n como un agujero del tama?o de una canica no paraba de chorrear sangre desde su brazo. *Plaff, plaff, plaff* La gente en la habitaci¨®n comenz¨® a aplaudir fren¨¦ticamente mientras miraban a Helena retorci¨¦ndose del dolor. If you spot this story on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. ¡ª¡¡ªApolo se qued¨® en silencio mirando como su hermano le indicaba que era su turno con su mirada. Al observar esa mirada c¨®mplice en el rostro de su hermano mayor, fue cuando el joven record¨® que hab¨ªa participado en un juego no tan diferente a este con su hermano mayor una vez en su infancia: aunque en aquella ocasi¨®n eran solo dos maniqu¨ªes de paja. Por lo que este sue?o que estaba viviendo ahora mismo Apolo deb¨ªa ser un recuerdo de ese d¨ªa algo distorsionado con el recuerdo de su fiesta de despedida organizada por sus familiares antes de marchar a la capital. El gran problema del joven noble es que segu¨ªa sin entender por qu¨¦ estaba recordando este recuerdo y su curiosidad lo obligaba a seguir las reglas del juego. Tomando una decisi¨®n, Apolo levant¨® su mano y una bola de fuego comenz¨® a formarse en su palma abierta, la bola lleg¨® a tener el tama?o de una pelota de tenis. Provocando que la misma comenzara a tambalearse como si mostrara signos de que no pod¨ªa ser mantenida por mucho m¨¢s tiempo en la palma de Apolo, fue entonces cuando el joven decidi¨® lanzar la pelota contra Helena. *Flush* La pelota sali¨® disparada por el aire y choc¨® de lleno contra la regordeta panza de la joven. *Blurghhhh* Helena se contorsion¨® por el dolor que sent¨ªa en su panza y comenz¨® a vomitar manchando todo el suelo, provocando el disgusto de los presentes. *Buuu, Buuu* Abuchearon los presentes, asqueados por ver a la joven vomitando. ¡ª?Pero qu¨¦ l¨®gica de mierda es esta?¡ªSe quej¨® Apolo al recibir los gritos negativos por parte de la multitud, mostrando que estaba perdiendo el juego. ¡ªHay formas y formas: mira, aprende de tu hermano mayor como se gana en este juego¡ªComent¨® Fausto con una sonrisa mientras estiraba la mano y una bola de fuego del mismo tama?o que la que hab¨ªa lanzado Apolo se formaba en la palma de la mano del noble. Acto seguido la bola de fuego en la palma de Fausto comenz¨® a girar y a aplanarse hasta tener la forma de un plato. *Fush* El plato de fuego sali¨® disparado iluminando toda la habitaci¨®n hasta golpear en uno de los brazos de Helena. *Aaaa....* Grit¨® Helena desmay¨¢ndose del dolor, al sentir como uno de sus brazos se hab¨ªa desprendido de su cuerpo. El brazo desprendido qued¨® grotescamente colgando en el aire sostenido por el grillete, mientras el cuerpo desmayado de Helena colgaba de su ¨²nica mano restante. *Plaff, plaff, plaff* La gente comenz¨® a aplaudir con emoci¨®n al ver como la sangre de la joven comenzaba a derramar el suelo. ¡ªQu¨¦ asco¡¡ªMurmur¨® Apolo viendo la censurable escena en la distancia, fue entonces que el joven se dio cuenta de inmediato que no sent¨ªa pena alguna por la chica colgando en la pared¡ª?Desde cu¨¢ndo me cae tan mal helena?... ¡ª?Acaso no eran superamigos de j¨®venes?¡ªPregunt¨® Fausto mirando a su hermano con curiosidad, al parecer bastante interesado en fisgonear en los murmullos de su hermano menor. ¡ª?Eh?¡ s¨ª, ¨¦ramos amigos, creo¡¡ªComent¨® Apolo mirando a su ?amiga? desmayada en la pared desangr¨¢ndose sin sentir una pizca de empat¨ªa que logre moverle el alma. ¡ª?Crees?, ?o eran?¡ ?No deber¨ªa ser f¨¢cil distinguir a un amigo?¡ªPregunt¨® Fausto volvi¨¦ndose a sentar en su silla, mostr¨¢ndose m¨¢s interesado en la charla que en continuar el juego. ¡ªNo, es dif¨ªcil. No tengo amigos, as¨ª que es complicado comparar¡ªRespondi¨® Apolo notando que la m¨²sica hab¨ªa vuelto a ponerse fuerte y los cristales coloridos volvieron a cambiar de colores saliendo del mon¨®tono color rojo cuando su hermano mayor se hab¨ªa sentado. Incluso el resto de los participantes de la fiesta comenzaron a reanudar su rutina de ?diversi¨®n?, casi como si hubieran recibido una orden, ignorando completamente la conversaci¨®n entre ¨¦l y su hermano mayor o la continuidad del juego. ¡ªT¨² eres mi amigo, Apolito, por eso jugamos juntos, ?o me equivoc¨®?¡ªPregunt¨® Fausto tomando otra botella en la mesa y volviendo a hamacarse. ¡ªSomos hermanos, no amigos...¡ªRespondi¨® Apolo contundentemente. ¡ªJa, ja, ja, esa es tu opini¨®n y a m¨ª me importa un bledo tu opini¨®n en este asunto¡ªR¨ªo Fausto mientras tomaba de la botella en su mano¡ªComo te dije t¨² eres mi amigo: ?As¨ª que tienes amigos!. El problema es que para vos yo no soy tu amigo y nadie lo es; sin embargo, esa solo es tu perspectiva, no la ?realidad? de la vida. E65-Acantilado ¡ª?No es la realidad, es c¨®mo lo veo?¡ªRepiti¨® Apolo, su hermano hab¨ªa hecho hincapi¨¦ en esa frase o al menos eso hab¨ªa sentido, pese a ello el joven noble no captaba la idea de la misma. ¡ªExacto, siempre ves las cosas mal, Apolito¡ªMencion¨® Fausto con una sonrisa mientras la m¨²sica en la habitaci¨®n se volv¨ªa particularmente movida, provocando que los cristales parpadearan tanto al punto que fuera complicado verse la cara entre s¨ª. ¡ª??Siempre?!¡ªExclam¨® Apolo algo enojado con esa idea. ¡ªS¨ª, siempre: ?si hubieras visto las cosas como son nunca hubieras terminado de esta forma, o no muchacho?¡ªRespondi¨® Fausto con una voz m¨¢s rasposa que de costumbre mientras se hamacaba en su silla. Las luces en la habitaci¨®n comenzaron a parpadear tanto que parec¨ªa que Fausto se estuviera moviendo en c¨¢mara lenta, sin embargo, Apolo pudo distinguir bien como la sonrisa de su hermano se iba haciendo cada vez m¨¢s grande, poni¨¦ndolo inc¨®modo. ¡ª?Acaso est¨¢ mal terminar de esta manera?, estoy m¨¢s que contento con mi vida¡ªRespondi¨® Apolo con orgullo, casi grit¨¢ndolo dado que la m¨²sica estaba comenzando a sonar tan fuerte que se le estaba haciendo complicado continuar la conversaci¨®n a los dos hermanos. ¡ª¡¡ªFausto movi¨® sus labios en respuesta, pero la m¨²sica estaba tan alta que ni estando casi pegado a ¨¦l Apolo pudo escuchar lo que su hermano mayor dec¨ªa, por lo que solo pudo ver como los labios de su hermano se mov¨ªan en c¨¢mara lenta. ¡ª?No te escuche!, ??Qu¨¦ dijiste?!¡ªGrit¨® Apolo molesto con la m¨²sica y las luces. ¡ª¡¡ªFausto volvi¨® a repetir lo que dijo, pero Apolo no pudo escucharlo. ¡ª??Qu¨¦?!¡ªGrit¨® Apolo acerc¨¢ndose al o¨ªdo de su hermano tratando de escuchar lo que dec¨ªa. ¡ªQue hay que continuar el juego, es tu ¨²ltimo turno¡¡ªComent¨® Fausto, mientras Apolo miraba como su hermano mayor se?alaba con su botella en c¨¢mara lenta hacia una direcci¨®n. Apolo entendi¨® lo que dijo su hermano y mir¨® a la direcci¨®n donde apuntaba, las luces eran tan inc¨®modas que era bastante complicado ver al cuerpo desmayado de Helena en una de las paredes. Pese a ello Apolo hizo el esfuerzo para identificar el cuerpo de la joven, ya que el joven noble supuso que la ¨²nica manera de lograr comprender lo que le quer¨ªan decir sus ancestros con este sue?o era terminando este bizarro juego. Apolo levant¨® las dos manos y una pelota de fuego del tama?o de una rueda comenz¨® a formarse en las palmas de su mano. El joven sinti¨® como la piel en sus palmas se desgarraban y comenzaban a sangrar, m¨¢s bien no le importaba, pues sab¨ªa que todo esto no era real. *Fush* La bola de fuego sali¨® disparada por los aires en direcci¨®n de Helena. No obstante el joven noble estaba m¨¢s concentrado luchando por no gritar del dolor, que en mirar el resultado de su intento, pues sus manos hab¨ªan desaparecido completamente y solo dos mu?ones de piel quemada pod¨ªan encontrarse en su lugar. Al parecer el joven hab¨ªa exagerado con el tama?o de la bola de fuego y su cuerpo no logr¨® resistir su lanzamiento. Pese al sacrificio del joven, la bola de fuego desgraciadamente vol¨® con una velocidad vertiginosa hasta impactar de lleno contra el techo de la pared arriba de Helena, provocando que el techo se destrozara y algunos escombros cayeran arriba de los participantes de la fiesta, aplast¨¢ndolos hasta la muerte. Por desgracia o fortuna ninguno de los escombros cay¨® arriba de Helena por lo que: ?Apolo hab¨ªa fallado! *buuu,buuu,buuu* Luchando con el dolor, Apolo mir¨® con enojo como todas las personas en la habitaci¨®n comenzaban a re¨ªrse y burlarse desenfrenadamente de ¨¦l. Algunos participantes hasta rodaban por el suelo de la risa sin preocuparse en absoluto por las personas atrapadas entre los escombros, mientras que otros participantes comenzaron a tirar comida y botellas en la direcci¨®n donde estaba el joven noble, mostrando la desaprobaci¨®n que sent¨ªan por su intento fallido. This story has been stolen from Royal Road. If you read it on Amazon, please report it ¡ª...¡ªFausto movi¨® la boca para hablar, pero Apolo solo pudo verla movi¨¦ndose en c¨¢mara lenta por los flashes de las luces. Sin levantarse de la silla y levantando una sola mano al aire, una bola de fuego dos veces m¨¢s grande que la cre¨® Apolo se formaron al frente de la palma de Fausto, no obstante el noble no dispar¨® la bola y en su lugar la misma comenz¨® a cambiar hasta tener la forma de un anillo. *?Fushhh!*El anillo sali¨® disparado en direcci¨®n al pecho de Helena. Apolo observ¨® c¨®mo en unos pocos parpadeos, el anillo de fuego llegaba a tocar el cuerpo de Helena y lo part¨ªa inmediatamente en la mitad provocando que la mitad de su cuerpo cayera al piso y la otra mitad quedar¨¢ colgando del de su ¨²nica mano restante. *Plaff,plaff,plaff* Aplausos atronadores comenzaron a llenar la habitaci¨®n, acompa?ado de gritos llenos de j¨²bilo. Todo indicaba que el p¨²blico finalmente hab¨ªa elegido su campe¨®n favorito. Entre el medio de los aplausos, Fausto dej¨® de hamacarse y como si estuviera caminando en c¨¢mara lenta se fue acercando hacia el amputado brazo de Helena colgando en la pared. Apolo observ¨® como su hermano mayor retiraba el premio del juego: el anillo de bronce del brazo cortado de Helena, para luego volver a la mesa triunfante entre halagos y aplausos. ¡ª?Felicidades, ganaste!¡ªComent¨® Apolo acerc¨¢ndose al o¨ªdo de su hermano algo extra?ado porque la m¨²sica fuerte y las luces asfixiantes no disminu¨ªan su intensidad; seg¨²n su idea inicial ahora es cuando deber¨ªa poder volver a hablar con su hermano para entender este sue?o. ¡ªGracias, ten, te lo regalo, no me sirve de nada esta porquer¨ªa¡ªRespondi¨® Fausto tirando el anillo de bronce a su hermano menor. ¡ª?Me lo regalas?¡ªPregunt¨® Apolo atontado, mientras intuitivamente buscaba atrapar el anillo de bronce en el aire, para sentir su peso, su forma, su tacto y sus defectos: todo parec¨ªa tan real y perfecto como siempre en el anillo. Sin embargo, sus mu?ones solo se agitaron en el aire y el anillo cay¨® arriba de la mesa, record¨¢ndole al joven que acababa de perder sus manos tratando de ganar el juego. ¡ªS¨ª, es tu fiesta de celebraci¨®n: algo ten¨ªa que regalarte, ?o no?¡ªPregunt¨® Fausto con una sonrisa en su rostro mientras miraba como Apolo se quedaba mirando el anillo en la mesa, m¨¢s interesado en el anillo que en lo que hab¨ªa respondido. ¡ªYa que es tu regalo, lo guardar¨¦ con cuidado¡ªDijo Apolo buscando ponerse el anillo en el bolsillo, el joven comenz¨® a arrastrar con esfuerzo el anillo con sus mu?ones hasta llevarlo al costado de la mesa, para as¨ª hacerlo caer en su bolsillo, pero entonces Apolo record¨® el peque?o gran detalle: estaba desnudo y no hab¨ªa bolsillo alguno. Por lo que el anillo cay¨® directamente al suelo. ¡ªSe ve que est¨¢s bastante borracho¡¡ªExclam¨® Fausto viendo la escena con una sonrisa cada vez m¨¢s ancha. Con algo de verg¨¹enza por acabar de tratar de guardar el anillo en un bolsillo imaginario, Apolo trat¨® de levantarlo con sus pies, pero al instante se dio cuenta de que el anillo era demasiado chico para poder ser atrapados por los gigantescos dedos de sus pies. Al notar que no hab¨ªa otra manera, Apolo con verg¨¹enza se agach¨® en el piso y recogi¨® el anillo con su boca. Cuando finalmente lo agarr¨® y trat¨® de volver a levantarse, el joven con incomodidad se dio la vuelta para ver como su hermano mayor lo observaba con una sonrisa desde su espalda. Sin decir nada y desprevenidamente, su hermano mayor le pate¨® el culo a Apolo y lo hizo rodar debajo del mantel de la mesa. Apolo quiso preguntarle a su hermano qu¨¦ mierda acababa de hacer, pero entonces record¨® que ten¨ªa el anillo en su boca y si hablaba el anillo se le caer¨ªa, por lo que con esfuerzo trat¨® de mantener el anillo en su boca mientras tropezaba. No obstante, cuando el joven traspas¨® el mantel de la mesa se dio cuenta de que en realidad la mesa se encontraba flotando en el aire dado que un agujero inmenso se encontraba abajo de la misma. El joven noble instintivamente quiso pedir ayuda a su hermano mayor, pero a su vez se negaba a soltar el anillo en su boca, esa indecisi¨®n le provoc¨® a Apolo caer por el oscuro agujero. Apolo cay¨® por lo que le pareci¨® ser una eternidad sin poder ver absolutamente nada, ni los bordes del agujero, ni su propio cuerpo. Lo ¨²nico que el joven pod¨ªa sentir era como el ruido de la m¨²sica en la superficie se hac¨ªa cada vez m¨¢s distante a medida que se adentraba en las profundidades de este pozo sin fondo. Fue entonces, cuando una eternidad ya hab¨ªa pasado, que el joven sinti¨® que la m¨²sica, ya casi imperceptible de la superficie, comenzaba a ser reemplazada con el ruido atronador de las rocas chocando con el agua. Al sentir ese cotidiano ruido, Apolo sinti¨® como un escalofr¨ªo recorr¨ªa su cuerpo, percat¨¢ndose del hecho de que ya eran innumerables las veces que hab¨ªa terminado en esta situaci¨®n y siempre terminaban de la misma manera: ?muriendo miserablemente aplastado por las afiladas rocas del fondo del acantilado?. E66-Despertarce *Ufff* Apolo abri¨® sus dos ojos de golpe y mir¨® el techo de madera en su cuarto. M¨¢s consternado que asustado, el joven se toc¨® el anillo colgando de un collar en su pecho, record¨¢ndose que ahora estaba en el mundo real. ¡ªLos sue?os se est¨¢n volviendo cada vez m¨¢s bizarros¡¡ªMurmur¨® Apolo mirando al techo de su cuarto, mientras rozaba el anillo en su pecho sintiendo su oxidada superficie. Realmente esta vez la experiencia de poder ser consciente en su propio sue?o hab¨ªa dejado estupefacto al joven noble: en su sue?o todo hab¨ªa sido demasiado real, los cuerpos, las geometr¨ªas, los lugares, el dolor, el tacto, el gusto y hasta los olores. ¡ªNo hab¨ªa bosque y aun as¨ª de alguna manera logr¨¦ encontrar el acantilado¡¡ªMurmur¨® Apolo reflexivamente sin levantarse de la cama. Girando la cabeza el joven pudo ver por la ventana del cuarto como el sol acababa de salir en el horizonte, por lo que t¨¦cnicamente segu¨ªa durmiendo bien, aunque el bizarro sue?o le hab¨ªa hecho empezar el d¨ªa con el pie izquierdo. ¡ªLos cuatro nombres siguen apareciendo¡ a veces¡ Pocas veces¡ªMurmur¨® Apolo reflexionando los peque?os grandes detalles en su extra?a experiencia y los otros sue?os que hab¨ªa estado teniendo desde que se convirti¨® en mago. Mirando a su cuarto con cansancio, Apolo vio el guardarropa en la distancia, su pereza le hac¨ªa aparentar en su mente que ese mueble estaba incre¨ªblemente lejos, por lo que el joven no quer¨ªa salir de la comodidad de su cama para hacer tanto esfuerzo. ¡ªHelena sigue estando con su anillo, pero esta vez es la primera vez que yo no la asesin¨¦¡ o tal vez s¨ª y muri¨® por el golpe en la panza, vaya uno a saber, estando desmayada es imposible saber cuando muri¨® de verdad...¡ªMurmur¨® Apolo sin cambiar la expresi¨®n: era muy temprano para tomarse el asunto con seriedad y reflexionar era una buena excusa para no levantar el culo de la cama¡ªMierda, es un detalle importante para no saber la verdad... If you spot this narrative on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. Limpi¨¢ndose el rostro con las manos, Apolo trat¨® de levantar su torso, pero cay¨® perezosamente en el colch¨®n nuevamente. Acto seguido, el noble se gir¨® mientras abrazaba su almohada para intentar seguir durmiendo, pero entonces vio la m¨¢scara de plata arriba del escritorio y murmur¨®: ¡ªCreo que la m¨¢scara es lo que simboliza que estoy contentando a mis ancestros, ?pero por qu¨¦ estaba siendo portada por Fausto?, generalmente la usa Homero, lo cual tiene sentido, ya que era uno de mis compa?eros de juegos y de entrenamiento en mi juventud. En contra partida mi relaci¨®n con Fausto es horrible, nos llevamos casi 15 a?os de edad, es m¨¢s que l¨®gico que no tengamos pr¨¢cticamente ninguna cosa en com¨²n. Adem¨¢s, es el ¨²nico de mis hermanos que de verdad fue a la guerra y en la misma quedo trastornad¨ªsimo, el pobre¡ Va, afortunado: ni se supon¨ªa que heredar¨ªa el trono y sin embargo, murieron todos los t¨ªos y los primos, pr¨¢cticamente el destino le acomod¨® el asiento al trono. *Uaaah*Bostezo Apolo volviendo a girar para mirar el techo de su habitaci¨®n, en su mente sab¨ªa que no pod¨ªa quedarse durmiendo toda su vida, pese a que eso era lo que deseaba en este momento. ¡ªAhora que lo noto generalmente soy un ni?o en mis sue?os, esta vez no¡?por qu¨¦?, tal vez me est¨¦ haciendo viejo y ahora me consider¨® un adulto o tal vez es porque siempre quise que Fausto me tratara como un adulto y no como: ?Apolito?¡ pero vaya uno a saber la verdad¡ Pasaron unos minutos, hasta que Apolo finalmente logr¨® desperezarse y juntar la fuerza para levantarse de la cama y cambiarse, hoy no hab¨ªa tiempo que perder se record¨® a s¨ª mismo el joven, ?Hoy es el primer d¨ªa en que Apolo finalmente pod¨ªa disfrutar su mansi¨®n amueblada completamente! E67-Un a?o y cuatro meses Pasaron un total de un a?o y cuatro meses para que finalmente Apolo lograra terminar de amueblar su casa gastando pr¨¢cticamente todos los cristales obtenidos con su primer patrocinio como mago. La tarea fue tit¨¢nica, ya que hab¨ªa que lograr amueblar cada una de las 1555 habitaciones de la mansi¨®n siguiendo alguna tem¨¢tica interesante y atractiva, no obstante con dinero disponible todo era posible y mientras el dinero sobraba la tarea pod¨ªa progresar. El gran problema surgi¨® cuando los cristales comenzaron a escasear, puesto que lamentablemente le result¨® imposible a Apolo completar la tarea utilizando solo el patrocinio que hab¨ªa recibido. Pero gracias a que el ministerio de asuntos urbanos se hab¨ªa mostrado muy interesado en la ?investigaci¨®n? de Apolo, el joven noble logr¨® obtener algunos cristales para ampliar su presupuesto aceptando diversos muebles que por alg¨²n motivo nadie quer¨ªa. Por ejemplo cuando solucion¨® el peque?o problema que hab¨ªa en los cementerios de la ciudad lidiando con los muertos producidos por la epidemia de peste azul que se estuvo desarrollando durante las ¨²ltimas d¨¦cadas en la ciudad anillo. Aunque por desgracia su mazmorra hab¨ªa quedado hasta a rebasar de ata¨²des contaminados creando un ambiente de trabajo no precisamente sano para sus criados, pero en la mente del noble eso eran meros detalles f¨¢ciles de solucionar: ?Por suerte la ciudad anillo nunca escaseaba de gente desesperada por cristales ?f¨¢ciles? de obtener!. Esto fue lo que ocurri¨® durante los primeros diez meses en donde todav¨ªa hab¨ªa propuestas con el ministro de asuntos urbanos, el cual se hab¨ªa percatado de que Apolo no le molestaba llenar de muertos infectados su mansi¨®n, logrando as¨ª solucionar un problema bastante serio para el imperio con muy poco presupuesto. De tal manera, el joven noble logr¨® terminar de llenar las habitaciones de la mazmorra y gran parte del s¨®tano. Lo cierto es que a medida que pasaban los meses, Apolo se iba especializando cada vez m¨¢s en el rubro de recolector de ?chatarra? por lo que cada vez se le hac¨ªa m¨¢s f¨¢cil obtener distintos tipos de mueble de forma casi gratuita. Y tal especializaci¨®n comenz¨® a mostrar sus frutos a partir del primer a?o de trabajo en la mansi¨®n, inspirando a Apolo para que le surgieran grandes ideas que lo llevaron a lograr un notorio progreso en su primera gran tarea: como por ejemplo tomando los muebles de casas que deb¨ªan demolerse debido al paso del tiempo o ?comprando? los muebles de un difunto sin herederos que hab¨ªa dejado su casa por mucho tiempo abandonada en la ciudad. Este tipo de ideas le permitieron ahorrar sus ya escasos cristales por los primeros dos meses del a?o. Pero Apolo se negaba rotundamente a utilizar el dinero del patrocinio del segundo a?o, principalmente porque ya faltaba bastante poco para amueblar todas las habitaciones. Si el joven se gastaba el presupuesto del segundo a?o se encontrar¨ªa con una casa amueblada, pero sin el dinero para comprar las costosas criaturas que en definitiva era el motivo por el cual se hab¨ªa malgastado tanto en amueblar la casa. Por lo tanto, Apolo nunca hab¨ªa ido a retirar el segundo patrocinio hasta la fecha de hoy. Did you know this story is from Royal Road? Read the official version for free and support the author. En su lugar encontr¨® una alternativa incre¨ªblemente buena y barata para llenar la casa; sin embargo, por desgracia la hab¨ªa descubierto muy tarde y dicha alternativa era ni m¨¢s ni menos que: ?Robar!. Si bien el joven ya hace mucho aceptaba comprar muebles robados, lo cierto es que solo en los ¨²ltimos dos meses fue cuando comenz¨® a organizar un grupo de desalmados para que robaran lo que ¨¦l quer¨ªa espec¨ªficamente. El modus operandi era bastante complicado: primero los malandrines deber¨ªan encontrar alguna casa vieja y sin mucha actividad, luego deb¨ªan recolectar la informaci¨®n de la persona que viv¨ªa en dicha casa, si esa persona cumpl¨ªa con la condici¨®n de ser un viejo sin hijos entonces era motivo suficiente para marcarlo como alguien interesante. Acto seguido los malandrines entraban en la casa y desaparec¨ªan al viejo. Entonces aparec¨ªa una escritura validada por un funcionario que constataba que esa casa hab¨ªa sido heredara a un noble llamado: Apolo de los bosques negros. Con este esquema Apolo se hab¨ªa adue?ado de no menos de 100 casas en los ¨²ltimos dos meses, el gran secreto para que todo esto funcionara eran dos grandes factores: Dinero y contactos. El dinero ven¨ªa de vender las casas, m¨¢s bien no los preciados muebles que ellas guardaban y los contactos ven¨ªan del ¨²nico ministerio encargado de gestionar las casas de la ciudad anillo: el ministerio de asuntos urbanos. No obstante el ministro no estaba metido en todo este esquema, Apolo solo operaba en los barrios pobres de la ciudad anillo y no necesitaba alguien tan importante, por lo que solo hab¨ªa dos personas que sab¨ªan de esta maniobra: uno era el recientemente fallecido por peste azul Narciso de los mares rojos, un joven y desafortunado escribano que trabajaba en el ministerio, el otro encargado era el recientemente desaparecido Antonio de pueblos lejanos, vendedor de propiedades de la cuarta calle principal. El resto de participantes eran los malandrines, aunque los mismos no sab¨ªan el esquema completo y a estas alturas del plan, Apolo bondadosamente les hab¨ªa dado una nueva vida lejos de la delincuencia, consigui¨¦ndoles un trabajo en el ministerio de asuntos urbanos como ayudantes en la construcci¨®n en los remodelados cementerios de la ciudad anillo, los cuales al parecer siempre andaban necesitando nuevo personal. E68-Viaje al ministerio Tras tener un sue?o sumamente extra?o, Apolo se encontraba saliendo de su cuarto, caminando por los largos pasillos de la mansi¨®n mientras trataba de desperezarse y se dirig¨ªa hacia la puerta de la mansi¨®n, en donde se encontraba esper¨¢ndolo Mateo. ¡ª*Uaaah*, ?Est¨¢ todo preparado?¡ªPregunt¨® Apolo mientras bostezaba, mirando la cara algo dormida de su fiel criado. ¡ªS¨ª, el desayuno ya est¨¢ en el carruaje: cuando quiera partimos¡ªRespondi¨® Mateo abriendo la puerta de la mansi¨®n para el joven. ¡ªApur¨¦monos, el ministerio de magia est¨¢ lejos y quiero llegar hoy¡ªDijo Apolo mientras caminaba hacia su habitual carruaje y trataba de entrar, pero al instante se dio cuenta de que hab¨ªa un ligero problema: el carruaje era algo chico para ¨¦l¡ªNo entr¨®¡ ¡ª¡¡ªMateo se qued¨® callado notando el problema: no hab¨ªa otro carruaje para transportar personas, solo hab¨ªa carruajes para transportar objetos. Apolo casi no hab¨ªa salido de su casa durante este a?o y todo lo manejaba con mensajeros por lo cual reci¨¦n ahora se percat¨® de que este carruaje hab¨ªa quedado inutilizable. ¡ªBueno ir¨¦ en el asiento de conductor, conduces voz, antes de marchar dile a Orrin que vaya comprando otro carruaje, lo quiero para cuando regresemos¡ªDijo Apolo, tomando la bandeja con el desayuno del interior del carruaje para llevarla al asiento del conductor. Ahora que ten¨ªa una altura de un poco m¨¢s de dos metros a Apolo le parec¨ªa realmente una idiotez subirse a este asiento. ¡ª?Como usted mande!¡ªExclam¨® Mateo corriendo al interior de la mansi¨®n para avisarle a otro criado la orden dada por Apolo, luego de unos pocos minutos el hombre volvi¨® y observ¨® como Apolo se encontraba tomando su desayuno en el asiento del conductor. ¡ª?Partimos?¡ªPregunt¨® Apolo impacientemente, mientras devoraba una fruta entera de unos pocos bocados. ¡ªS¨ª, s¨ª, el viaje tomar¨¢ unas cuantas horas as¨ª que es mejor salir temprano¡ªRespondi¨® Mateo subiendo al carruaje y tomando las riendas, para iniciar la traves¨ªa. El viaje como tal duraba casi 20 horas si uno iba a una velocidad adecuada, dado que el ministerio de magia se encontraba en el centro de la capital, como todos los edificios importantes. Mientras que la mansi¨®n de Apolo se encontraba chocando con la muralla de la capital por lo que la distancia era bastante considerable; sin embargo, cuando el motivo del viaje es ir a recibir tu ?paga? siempre se hace con una sonrisa y esta no era la excepci¨®n. Mientras pasaban las horas y el carruaje se acercaba a su destino, Apolo iba disfrutando la vista desde el asiento del conductor y curioseaba viendo los jardines de los vecinos, en busca de ideas para decorar el suyo. Lo cierto es que como Apolo nunca hab¨ªa malgastado parte de su presupuesto en el jard¨ªn, el mismo luc¨ªa bastante abandonado y por regla propia el joven hab¨ªa decidido no poner casi ning¨²n mueble en el patio; salvo en la regi¨®n m¨¢s inaccesible de la casa que era donde el sol nunca llegaba, donde la ausencia de decoraciones lo estaba incomodando. This text was taken from Royal Road. Help the author by reading the original version there. El tiempo fue consumiendo la vida de Apolo y cuando el joven quiso darse cuenta ya estaba por hacerse de noche, algo impaciente notando el paso del tiempo el joven pregunt¨® la insaciable pregunta de todo humano que se emprende en un viaje: ¡ª?Falta mucho? ¡ªNo, estamos en el centro, ya se puede ver algunas estructuras importantes¡ªRespondi¨® Mateo se?alando una gran torre en la distancia. ¡ªEspero que lleguemos a tiempo, solo me falta que me digan que est¨¢ cerrado cuando lleguemos a la puerta¡ªDijo Apolo algo nervioso. ¡ªLo m¨¢s probable es que eso ocurra; sin embargo, creo que hay unos dormitorios para magos en el ministerio, por lo que no tendr¨¢ que dormir en el carruaje¡ªRespondi¨® Mateo mirando como en el cielo algunas estrellas ya pod¨ªan empezar a notarse. ¡ª?C¨®mo sabes eso?¡ªPregunt¨® Apolo con curiosidad, ¨¦l hab¨ªa aprendido eso cuando fue a comprar su casa, pero no entend¨ªa como su criado se hab¨ªa enterado de la cuesti¨®n. ¡ªNegociando con la gente de la ciudad anillo, aprend¨ª bastantes cosas de la capital y alrededores¡¡ªRespondi¨® Mateo con felicidad¡ªUna vez le compramos un par de carruajes a un ac¨®lito, al parecer se mudaba a vivir en la casa del mago que le ense?aba. Tal vez alg¨²n d¨ªa tengamos ac¨®litos durmiendo en la mansi¨®n, ?tienes planeado tomar algunos pronto? ¡ªNo le puedo ense?ar a nadie: tampoco es que sepa algo todav¨ªa¡¡ªRespondi¨® Apolo recordando que se hab¨ªa dedicado m¨¢s a su casa que a la magia, pero bueno, seg¨²n su ancestro ese era el orden de las prioridades correctas: o al menos eso cre¨ªa Apolo. ¡ªSeg¨²n el ac¨®lito con el que habl¨¦, los magos novatos aprenden de los libros en la biblioteca del ministerio¡ªComent¨® Mateo. ¡ªS¨ª, ya s¨¦, pero no tengo apuro tampoco, ya llegar¨¢ el d¨ªa donde venga a buscar algunos libros, pero por el momento solo necesito el dinero¡ªRespondi¨® Apolo con calma, al parecer ya hab¨ªa estado pensando bastante sobre este asunto previamente. ¡ªCuando gustes, tampoco es que est¨¦ obligado, la mayor¨ªa de magos nobles no trabajan como los plebeyos¡ªComento Mateo record¨¢ndole a Apolo que siempre hab¨ªa otra opci¨®n. ¡ªS¨ª¡ pero es muy aburrido, tengo que mantenerme entretenido o no sabr¨ªa qu¨¦ hacer con mi valioso tiempo¡ªRespondi¨® Apolo pensativamente, siempre estaba la opci¨®n de mandar todos los planes al carajo y vivir de arriba tomando la leche del emperador. Pero lo cierto es que esa era una vida demasiado mon¨®tona y sin sentido para el joven¡ªAunque la gran realidad es que hace un a?o habr¨ªa aceptado esa propuesta, al comienzo del viaje estaba realmente asustado con la idea de venir a la capital y convertirme en un mago¡ ¡ª?Asustado?, ?Usted?¡ªComent¨® Mateo incr¨¦dulo, ¨¦l siempre supuso que el motivo por el cual el joven noble nunca bajaba del carruaje era la soberbia y de hecho el hombre estaba tan convencido que hasta escuchando esas palabras saliendo de la propia boca de Apolo segu¨ªa creyendo que el motivo era la soberbia. ¡ªJa, ja, ja, s¨ª, medio raro, ?no?¡¡ªR¨ªo Apolo d¨¢ndose cuenta de que para matarlo alguien de verdad tendr¨ªa que poner mucho empe?o en la tarea¡ªPero era joven e inexperto, un chico reci¨¦n salido de casa frente a un mundo demasiado grande y lleno de cosas desconocidas, cualquiera estar¨ªa asustado en esas circunstancias. ¡ªSupongo¡¡ªComent¨® Mateo aguant¨¢ndose una pregunta en su coraz¨®n y no por mucho¡ª?Aunque no cree que el miedo se le fue muy r¨¢pido?, ni bien pisamos la capital, ya hab¨ªa mand¨® a matar a casi 100 personas que se burlaron de usted. ¡ª?Eh?¡ Bueno¡ De hecho, s¨ª¡ ?No opinas que fue algo extra?o?¡ªPregunt¨® Apolo notando el problema: era demasiado evidente cuando alguien te lo contaba, pero darse cuenta de ese detalle uno mismo era bastante complicado¡ªLo ¨²nico que se me ocurre, es que me sent¨ª bendecido por mis ancestros y por eso perd¨ª el miedo a lo desconocido, pero la verdad es que eso no es muy diferente a un milagro. ?T¨² por qu¨¦ piensas que perd¨ª el miedo a la capital y a lo desconocido? ¡ªY si ni usted mismo est¨¢ seguro, mi se?or, no es como si yo pudiera responderle eso¡¡ªMurmur¨® Mateo en voz baja pero a¨²n o¨ªble. E69-C茅sar Finalmente, el carruaje lleg¨® hasta su destino mostrando los imponentes cuatro castillos con su torre¨®n inmenso en el medio a la distancia, pero tal y como Mateo estimaba, era muy probable que llegaran demasiado tarde y siendo este un d¨ªa normal, parec¨ªa que el personal burocr¨¢tico no se encontraba trabajando a estas horas de la noche. Por tanto, Apolo decidi¨® probar ir a dormir en los dormitorios del ministerio, principalmente debido a que la otra opci¨®n era pasarse toda la noche en el asiento del conductor o tratar de caber dentro del carruaje y estas dos opciones eran demasiado inc¨®modas para su gusto. Tras pedir las indicaciones al guardia en la puerta del ministerio, el carruaje se dirigi¨® hacia el tercer castillo del ministerio de magia siguiendo las indicaciones distribuidas a lo largo del camino azulado y tras unos pocos segundos, Apolo lleg¨® hasta la puerta y un guardia procedi¨® a recibirlo. ¡ªMucho gusto, ?a qu¨¦ vinieron a estas horas de la noche?¡ªPregunt¨® el guardia mientras inspeccionaba el interior del carruaje y notaba que estaba vac¨ªo. ¡ªA dormir¡ªContest¨® toscamente Apolo. ¡ªSolo los magos pueden entrar a este castillo, ?usted es un mago?¡ªPregunt¨® el guardia dejando de investigar, para extender la mano hacia Apolo. ¡ªS¨ª, soy un mago noble: ?No voy a pagarle un soborno a un don nadie!¡ªSe quej¨® Apolo mirando la mano extendida del guardia con desprecio. Unauthorized content usage: if you discover this narrative on Amazon, report the violation. ¡ªNo, no busco un soborno, se ve que eres algo nuevo: te estoy pidiendo la insignia de plata que te identifica como mago¡ªRespondi¨® el guardia r¨¢pidamente, parec¨ªa algo intimidado por el cuerpo del muchacho que parec¨ªa un armario andante. ¡ªAh¡¡ªApolo procedi¨® a buscar por sus bolsillos, hasta encontrar la chapa de identificaci¨®n como mago, sin perder el tiempo se la pas¨® al guardia. El guardia observ¨® la chapa con cuidado, la misma ten¨ªa el tama?o de una moneda grande y en uno de sus lados se encontraba inscripta la cara de una persona a la cual solo pod¨ªa distingu¨ªrsele una nariz muy peque?a y unas orejas anormalmente grandes, esta persona era quien pagaba la cuenta, el actual emperador del imperio: C¨¦sar de campos plateados, hijo del anterior emperador Patricio de campos plateados. Mientras que en la otra cara de la ficha se encontraba inscripto un gorro puntiagudo lo cual serv¨ªa para indicar que Apolo era un mago, por su parte lo ¨²ltimo destacable es que aprovechando la anchura de la ficha se encontraba inscripto en sus bordes el nombre: Apolo de bosques negros. ¡ªTodo en orden, por lo dem¨¢s tienes que ir al sal¨®n 1A y buscar un juego de llaves, como dije antes: solo los magos entran a este castillo, por lo que el conductor se debe quedar esperando afuera ¡ªComent¨® el guardia volviendo a sentarse en una silla improvisada con dos cajas que al parecer hab¨ªa robado del interior del castillo. ¡ªPuedes meterte en el interior del carruaje para dormir, Mateo¡ªDijo Apolo bajando del carruaje y entrando al castillo. ¡ª?Que tenga una buena noche, se?or!¡ªGrito Mateo mientras sacaba su carruaje de la puerta y lo llevaba a una zona donde pudiera dejarlo estacionado toda la noche. E70-El mago Tobias Siguiendo las indicaciones dispersas por el castillo, Apolo logr¨® hallar la sala 1A, lo cierto es que lo primero que sinti¨® el joven al ingresar a esta habitaci¨®n era que todo era demasiado minimalista para su gusto: Hab¨ªa pocos muebles y eso por alg¨²n motivo extra?o lo estaba irritando m¨¢s de la cuenta. La habitaci¨®n solo ten¨ªa un par de sillones bastante c¨®modos y un escritorio, donde una persona se encontraba trabajando, no hab¨ªa pinturas, estatuas, macetas o colchones usados, y esas peque?as faltantes estaban haciendo que las manos de Apolo temblaran nerviosamente, como pidiendo a gritos que lo dejaran ?arreglar? esta habitaci¨®n sin ?vida?. ¡ªMucho gusto, soy Tob¨ªas de mar oscuro¡ªSaludo la persona trabajando detr¨¢s del escritorio. ¡ª¡¡ªApolo en silencio trat¨® de sentarse en el sill¨®n, sin embargo, se dio cuenta de que el sill¨®n era min¨²sculo. ¡ªO vaya inconveniente, al parecer eres demasiado grande¡¡ªDijo Tob¨ªas con una sonrisa alegre. ¡ªSupongo que podr¨ªamos agrandar un poquito este sill¨®n ...¡ªComent¨® Apolo con una sonrisa no muy alegre, ya demasiado irritado por salir de su mon¨®tona rutina. El joven procedi¨® a tomar los dos apoyabrazos del sill¨®n y sin mucho esfuerzo, Apolo logr¨® arrancarlos para luego tirar los dos apoyabrazos a un costado de la habitaci¨®n. Habiendo ?agrandado? el sill¨®n por arte de magia, Apolo se sent¨® y se qued¨® mirando la mirada aturdida de la persona trabajando detr¨¢s del escritorio, esperando que siguiera con su tr¨¢mite. ¡ª...¡ªTob¨ªas miro los dos apoya brazos en el suelo con aturdimiento y despu¨¦s mir¨® al micro gigante sentado en el sill¨®n de forma rid¨ªcula, conteniendo las risas que pod¨ªan tranquilamente terminar con su vida, el trabajador coment¨®: ¡ªIgnoremos lo que acaba de suceder, ?Usted busca asilo por una noche o una estad¨ªa prolongada? This book''s true home is on another platform. Check it out there for the real experience. ¡ªUna noche...¡ªContest¨® toscamente Apolo, m¨¢s interesado en mirar las tonter¨ªas arriba del escritorio del trabajador que en su cara, al parecer este escritorio si ten¨ªa una historia, porque estaba lleno de bolitas de cristal con figuritas divertidas adentro. ¡ªUna noche, perfecto. En unos minutos le daremos las llaves de su habitaci¨®n...¡ªComent¨® Tob¨ªas mientras miraba unos registros en su escritorio y buscaba alguna habitaci¨®n disponible. ¡ªPor cierto, ?qu¨¦ significan estas bolas de cristal?¡ªPregunt¨® Apolo no conteniendo su curiosidad por el tema. ¡ªOh, ?as¨ª que le gustan?¡ªComent¨® Tob¨ªas con una sonrisa mientras buscaba en el registro¡ªEn realidad como todos los trabajadores de este castillo soy un mago y estas peque?as bolas son uno de mis grandes proyectos, su objetivo es poder almacenar objetos que requieran ciertas condiciones. ¡ªAl parecer ya casi terminas el proyecto¡¡ªComento Apolo, mirando que las bolas ten¨ªan figuritas variadas en su interior, aunque la realidad es que estaba m¨¢s sorprendido con el hecho de que haya magos interesados en buscar otros trabajos. ¡ªNo, la parte m¨¢s complicada no es guardar las cosas, es hacer que salgan como fueron guardadas¡ªComent¨® Tob¨ªas con cierta molestia¡ªAdem¨¢s de los cristales, son muy pocos los objetos que toleran ser comprimidos y luego volver a sus dimensiones originales sin da?os significativos. ¡ªVeo, ?por qu¨¦ buscabas este trabajo? No ser¨ªa mejor centrarte en tu investigaci¨®n¡ªPregunt¨® Apolo la pregunta que guardaba en su coraz¨®n. ¡ªEn parte por los cristales y en otra parte por los contactos¡ªRespondi¨® Tob¨ªas con una sonrisa¡ªEl trabajo demanda poco tiempo y en general hace que conozcas a todos los nuevos magos del imperio: es bastante bueno. ¡ªOh, ya veo, s¨ª, supongo que casi todos los magos pasan por ac¨¢ alguna vez¡ªDijo Apolo algo interesado con la idea de este mago. ¡ªBien, ac¨¢ tengo tu juego de llaves, ?c¨®mo te llamas?¡ªPregunt¨® Tob¨ªas mientras se preparaba para anotar en el registro. ¡ªApolo de bosques negros¡ªRespondi¨® el joven. ¡ªTen las llaves, recuerda devolverlas antes de irte a la ma?ana, si deseas prolongar la estad¨ªa solo dime y lo arreglar¨¦¡ªComent¨® Tob¨ªas mientras proced¨ªa a sacar un juego de llaves de uno de los cajones de su escritorio y s¨¦ lo pasaba a Apolo¡ªLa habitaci¨®n es la 4D, sigue las indicaciones y la encontraras. Como es habitual, Apolo tom¨® las llaves y sin despedirse sali¨® de la habitaci¨®n dejando a Tob¨ªas consternado mirando a los dos sillones rotos en su habitaci¨®n, pregunt¨¢ndose c¨®mo es que deb¨ªa resolver este asunto. E71-Dormitorio de magos Sin demorarse mucho, Apolo termin¨® encontrando el cuarto que le hab¨ªan asignado. A estas alturas de las circunstancias, el joven hab¨ªa comprendido que en la primera letra de la habitaci¨®n siempre indicaba el piso en orden alfab¨¦tico y que el orden de las habitaciones estaban en forma num¨¦rica ascendente por lo que realmente era bastante sencillo encontrar las habitaciones dentro de los castillos del ministerio. Al entrar en la habitaci¨®n, Apolo not¨® que la misma era bastante compacta, pero ten¨ªa todo lo necesario para pasar una noche y algunas cositas m¨¢s como un escritorio y un sill¨®n. Sin embargo, para los gustos de Apolo faltaban cosas que distinguieran este cuarto, no hab¨ªa una sola decoraci¨®n: todo lo que se encontraba en esta sala ten¨ªa el prop¨®sito de ser usado y el cuarto carec¨ªa completamente de personalidad. Pese a ello y lo inc¨®modo que era dormir en una cama distinta a la usual, el joven se las ingeni¨® para quedarse dormido esperando con ansias ver que vivir¨ªa en sus sue?os esta noche. El tiempo pas¨® y cuando el joven abri¨® los ojos ya era de d¨ªa. Apolo con molestia mir¨® las piedras en el techo de su habitaci¨®n: el sue?o hab¨ªa sido igual de bizarro que la ¨²ltima vez, pero esta vez el joven nunca se enter¨® de que estaba so?ando hasta que abri¨® los ojos. Sin darle tiempo a que la pereza tomara territorio, el joven salt¨® de su cama de golpe y mir¨® por la ventana del castillo observando que el sol ya hab¨ªa salido y maldijo mirando que ya estaba justo por llegar arriba del castillo por lo que deb¨ªa ser casi medio d¨ªa, mientras comentaba: ¡ªEsperaba tener otro sue?o l¨²cido, sigo sin comprender que me quisieron decir mis ancestros y para colmo perd¨ª un mont¨®n de tiempo durmiendo... Sin querer perder m¨¢s el tiempo, Apolo sali¨® de la habitaci¨®n y se encontr¨® con una gran cantidad de magos vistiendo t¨²nicas negras yendo y viniendo por los pasillos. De d¨ªa este castillo cambiaba completamente: por las noches no se escuchaba ni un m¨ªsero ruido, mientras que de d¨ªa esto estaba mucho m¨¢s poblado. Aunque en realidad no hab¨ªa m¨¢s de 10 personas en el pasillo en estos momentos, pero aparentaban ser m¨¢s, ya que los pasillos del tercer castillo eran mucho m¨¢s comprimidos que los del castillo donde Apolo se hab¨ªa inscripto. ¡ª?Eh? Una cara nueva, mucho gusto, ?c¨®mo te llamas?¡ªPregunt¨® uno de los magos en el pasillo, haciendo que los otros se detuvieran y miraran con curiosidad al gigante extra?o. Reading on Amazon or a pirate site? This novel is from Royal Road. Support the author by reading it there. ¡ª¡¡ªApolo ignor¨® completamente al mago que lo hab¨ªa saludado y con apuro continu¨® su marcha hacia la salida del castillo, chocando su hombro con el mago que le estaba bloqueando el paso haciendo que el pobre mago se cayera al piso. ¡ªHey, malnacido no empujes en los pasillos¡ªGrit¨® desde el suelo el mago que hab¨ªa hablado. Apolo se dio la vuelta y mir¨® fijamente al mago en el suelo y a los otros 9 magos en el pasillo, casi como si estuviera pensando tirarlos a todos por la ventana. ¡ªDigo¡ estos pasillos son muy chicos: as¨ª que ten cuidado¡¡ªComent¨® el mago en el suelo mirando la altura de Apolo con algo de miedo. ¡ª...¡ªApolo ignor¨® lo que dijo el mago y continu¨® su marcha, mientras los magos al frente de ¨¦l le abr¨ªan el paso como si temieran enojar a una persona que pod¨ªa ser m¨¢s importante de lo que cre¨ªan inicialmente, o a¨²n peor: menos cuerda de lo que cre¨ªan inicialmente. Todos los magos que viv¨ªan en este castillo sab¨ªan que algunos magos del ministerio estaban tan perdidos en sus investigaciones que frecuentemente ignoraban los problemas de la vida real y esos magos pod¨ªan resultar incre¨ªblemente peligrosos cuando se enojaban; ya que no procesaban las consecuencias de ir causando problemas a los dem¨¢s y una persona que no conoce l¨ªmites es alguien que generalmente termina chocando estrepitosamente contra la pared, el problema no era que esa persona se partiera la cabeza en el proceso: ?El problema era quedar atrapado en el medio y resultar herido por tal idiota! ¡ª?Qui¨¦n mierda era ese?¡ªPregunt¨® el mago que se acababa de levantar del suelo, notando que Apolo ya se encontraba bajando las escaleras. ¡ªApolo, una gran persona, pero al parecer estaba algo apurado¡¡ªComent¨® uno de los magos en el pasillo mientras ayudaba a levantar al mago en el piso. ¡ª??Una gran persona?!¡ªExclam¨® el mago incr¨¦dulo de lo que estaba escuchando. ¡ªNo tendr¨¢ los mejores modales, pero junto al gordo y al enano salvaron el culo de la mitad de las personas que viven en este castillo¡ªComent¨® el mago con una sonrisa recordando su inscripci¨®n. ¡ªAs¨ª que es un amigo del gordo, me sorprende que sea tan descuidado¡¡ªDijo el mago, ¨¦l ya era mago hace unos a?os por lo que solo hab¨ªa escuchado rumores acerca de lo que pas¨® el d¨ªa donde mandaron a matar a casi todos los aspirantes. La gran mayor¨ªa de supervivientes no hablaba mucho del tema por lo que era complicado enterarse de lo que pas¨® en realidad. ¡ªBueno, que yo sepa el gordo era el ¨²nico plebeyo de ese grupito por lo que probablemente sea el m¨¢s amigable: ya sabes que el enano anda gritando a los cuatro vientos que es de pueblo blanco en cada ocasi¨®n que encuentra.¡ªRespondi¨® el otro mago, mirando la escalera por donde se hab¨ªa marchado Apolo con cierta consternaci¨®n¡ªPero ahora que somos magos el t¨ªtulo nobiliario cada vez importa menos. Tras los ¨²ltimos cambios, todo depende de tus contactos y m¨¢s importante a¨²n de tu propio empe?o. E72-Mal dia Tras salir del castillo, Apolo busc¨® el carruaje custodiado por su fiel criado: Mateo, hasta que finalmente encontr¨® al hombre alimentando los caballos abajo de unos ¨¢rboles en el camino. ¡ª?Podemos ir yendo a buscar mis cristales?¡ªPregunt¨® Apolo mientras se sub¨ªa al carruaje con impaciencia. ¡ª?Para qu¨¦ te apuras tanto?, ?Qu¨¦ no sabes que el que anda con prisa a ning¨²n lugar llega?¡ªRespondi¨® Mateo neg¨¢ndose a la petici¨®n, concentr¨¢ndose en que los caballos comieran sus manzanas¡ªCuando terminen de comer los caballos, iremos a buscar el presupuesto anual¡ ¡ªEspero que el emperador sea un poco m¨¢s generoso con el patrocinio de este a?o¡¡ªMurmur¨® Apolo recost¨¢ndose en el asiento del conductor, observando los ¨¢rboles en el camino para matar su impaciencia. Mateo aliment¨® a los caballos sin apuro alguno y tras unos minutos los mismos terminaron de comer, el conductor se subi¨® al carruaje y sin perder m¨¢s el tiempo se dirigi¨® al castillo donde Apolo se hab¨ªa registrado como un mago. ¡ªRealmente es bonita esta zona, ?no crees?¡ªPregunt¨® Apolo mirando los jardines del ministerio con particular atenci¨®n. ¡ªCon la cantidad de cristales que mueven los magos todos los a?os, no me sorprende que gasten tanto en los jardines¡ªRespondi¨® Mateo, por lo que ¨¦l sab¨ªa f¨¢cilmente el emperador le pagaba a cada mago m¨¢s de lo que ganaban la mayor¨ªa de familias nobles por a?o, exceptuando por supuesto las familias particularmente poderosas. Aunque esa cantidad de cristales sab¨ªa a poco porque la vida en la capital era particularmente costosa en comparativa al resto de regiones del imperio y eran a¨²n m¨¢s escasos si uno quer¨ªa llevar adelante una investigaci¨®n con objetos y bienes ex¨®ticos como hac¨ªan la mayor¨ªa de magos. ¡ªSupongo que por cada diez magos in¨²tiles, te sale uno que le hace valer los cristales gastados por los otros diez magos¡ªComent¨® Apolo mirando los ¨¢rboles coloridos, por lo que el joven noble sab¨ªa realmente hab¨ªa algunos magos que se esforzaban en descubrir cosas ¨²tiles. ¨¦l pensaba que los dos ancestros que le hab¨ªan heredado un mensaje eran de ese grupo, mientras que los otros dos que tambi¨¦n fueron magos, pero no dejaron herencia alguna pertenec¨ªan al grupo de los in¨²tiles. No pas¨® mucho tiempo hasta que Apolo lleg¨® al castillo donde se hab¨ªa inscripto como mago, sin perder el tiempo el joven entr¨®, al parecer los guardias no ped¨ªan identificaci¨®n al entrar a este castillo o tal vez era porque era de d¨ªa y era m¨¢s normal la visita. Haciendo memoria, Apolo logr¨® encontrar la habitaci¨®n en donde hab¨ªa recibido anteriormente su patrocinio y trat¨® de entrar a la misma, pero un guardia lo detuvo en la puerta. ¡ª?Y esos modales, mocoso?, ?muestra tu ficha!¡ªReclam¨® el guardia sin sentirse intimidado por el tama?o del joven, tal vez era porque le ten¨ªa confianza al poder intimidante de su puesto o tal vez era que realmente era alguien que temer y el ministerio no bromeaba con la seguridad en la habitaci¨®n donde se entregaba los cristales. Con molestia, Apolo le entreg¨® la ficha al guardia y el guardia la mir¨® con cuidado, hasta hacer una mueca de disgusto como si esperara otra resoluci¨®n del problema, acto seguido el guardia le coment¨® al joven noble: ¡ªPasa, ve al ¨²ltimo escritorio y ten m¨¢s modales la pr¨®xima vez, mocoso. Bastante irritado por los insultos, Apolo se contuvo pensando en los cristales y en silencio se dirigi¨® al escritorio donde Finz, tan elegante como siempre, se encontraba trabajando. ¡ª?Oh, Apolo!, ?Finalmente viniste por tus cristales?¡ªPregunt¨® Finz con una sonrisa. ¡ªS¨ª, ?ya la tienen lista?¡ªPregunt¨® Apolo mientras notaba que de antemano alguien hab¨ªa colocado un sill¨®n de su tama?o, como si esperaran que ¨¦l viniera. ¡ªNo, esto tarda, como todo lo que involucra una gran suma de cristales¡ªRespondi¨® Finz extendiendo su mano para pedirle la ficha al joven mago. Al escuchar ?gran suma de cristales? una sonrisa se form¨® en el rostro de Apolo y atendiendo lo que ped¨ªa Finz, le entreg¨® su ficha de plata. Finz tom¨® la ficha de plata y la puso sobre un pergamino en blanco, inmediatamente el empleado tom¨® un sello de cera que ten¨ªa la forma de un gorro puntiagudo y lo us¨® para inscribir un sello arriba de la ficha, fijando la misma al pergamino. H¨¢bilmente, el empleado, dobl¨® el pergamino y lo meti¨® en uno de los tubos que hab¨ªa en su escritorio mientras comentaba: ¡ªPor cierto, el ministro de magia quer¨ªa hablar con vos, al parecer llegaron algunos reclamos por reiterados incidentes en el traslado de bienes para tu investigaci¨®n m¨¢gica. ¡ª?Hace cuanto ocurri¨® eso?, Ya termin¨¦ el traslado hace unos d¨ªas¡ª Pregunt¨® Apolo inmediatamente con una preocupaci¨®n no ocultada en su rostro, el ¨²nico con el cual no quer¨ªa problemas era justamente con el ministro de magia. ¡ªHace 8 meses¡ªRespondi¨® Finz de memoria¡ªPero nunca viniste, as¨ª que los reclamos se vienen acumulando desde hace 8 meses. ¡ª?No podr¨ªan haber mandado un mensaje a mi casa inform¨¢ndome del problema?¡ªPregunt¨® Apolo con disgusto. If you stumble upon this narrative on Amazon, be aware that it has been stolen from Royal Road. Please report it. ¡ªS¨ª, pero al parecer el problema no es tan serio¡ªRespondi¨® Finz con dudas. Ciertamente en general estas cosas se resolv¨ªan con una advertencia, que en este caso nunca fue enviada por alg¨²n motivo que el empleado desconoc¨ªa¡ªEn caso contrario te hubi¨¦ramos notificado, recuerda que las investigaciones problem¨¢ticas o peligrosas requieren una autorizaci¨®n previa y mucho m¨¢s si van a ser llevadas de forma privada e individual. ¡ªLo tendr¨¦ en cuenta¡¡ªComent¨® Apolo algo preocupado, al parecer tendr¨ªa que retrasar sus planes para ir a hablar con el ministro. ¡ªMe alegro o¨ªrlo¡¡ªDijo Finz mientras miraba como por uno de los tubos en su escritorio, sal¨ªa un pergamino. Inmediatamente, Finz lo tom¨® y lo abri¨® mostrando que en su interior solo se encontraba un sello de cera con la misma inscripci¨®n del gorro puntiagudo que hab¨ªa mandado hace unos minutos. Con una esp¨¢tula muy chiquita, Finz fue retirando la cera mostrando que debajo de la misma se encontraba la ficha de Apolo y una moneda negra. ¡ªBueno, ac¨¢ te regreso tu ficha y te doy tu patrocinio anual¡ª Coment¨® Finz entregando la ficha y la moneda a Apolo¡ªEl patrocinio imperial es de 3.000 cristales por ser un mago, m¨¢s otros 3000 cristales por tu sangre noble. Por lo que en total son 6000 cristales, adem¨¢s¡ ¡ª?C¨®mo?¡ªInterrumpi¨® Apolo de forma abrupta¡ª?El anterior a?o fueron 7500 cristales! ¡ªS¨ª, pero el concilio de magos aprob¨® una resoluci¨®n que aumenta el cupo m¨¢ximo de magos: el mismo paso de 500 a 750 cupos¡ªExplic¨® Finz con tranquilidad y de forma algo preparada, como si hubiera estado dando esta explicaci¨®n muchas veces¡ªEl financiamiento se logr¨® reduciendo el patrocinio a nobles de alto rango y eliminando completamente el patrocinio de nobles de bajo rango. ¡ª?Por qu¨¦ mierda el concilio tom¨® una decisi¨®n tan est¨²pida!¡ªGrito Apolo sin importarle que los dem¨¢s empleados lo miraran de forma rara. ¡ªEvidentemente: por presiones pol¨ªticas de los magos plebeyos y para negociar otras resoluciones, como que la familia imperial aumentara el presupuesto general del ministerio de magia¡ªComent¨® Finz con calma. ¡ªSi aumentaron el presupuesto, ?por qu¨¦ mierda me lo terminaron reduciendo?¡ªPregunt¨® Apolo enojado. Finz tom¨® una taza en el escritorio y la bebi¨® con lentitud como buscando congelar la charla unos minutos, acto seguido explic¨® el motivo: ¡ªPorque el cupo se llen¨® r¨¢pidamente gracias a que junto a esta resoluci¨®n se simplificaron los tr¨¢mites para dejar de ser ac¨®lito y promoverse a mago. En contrapartida, el concilio elimin¨® completamente la capacidad de convertirse en magos siendo plebeyo directamente, ahora es obligatorio pasar por la etapa de ac¨®lito como ocurr¨ªa antiguamente. Estas reformas provocaron que muchos ac¨®litos quedaran en condiciones de convertirse en magos, justo como la familia imperial quer¨ªa: a diferencia de su padre, el emperador C¨¦sar es m¨¢s conservador en el manejo de los plebeyos. Supongo que lo que ocurri¨® en el ?accidente? de inscriptos condenados, fue lo que termin¨® colmando su paciencia. ¡ª?Todo eso ocurri¨® en un a?o?¡ªPregunt¨® Apolo at¨®nito, parecer¨ªa que hab¨ªan reformado todo el sistema de inscripciones desde la ¨²ltima vez que vino y eso fue hace relativamente poco. ¡ªS¨ª, pero solo se volvi¨® al sistema antiguo de inscripciones, por lo que realmente no hubo ning¨²n cambio muy revolucionario¡ªRespondi¨® Finz con una sonrisa, parec¨ªa que le gustaba m¨¢s este sistema a ¨¦l tambi¨¦n. ¡ª?Sigue habiendo cupo disponible?¡ªPregunt¨® Apolo con preocupaci¨®n ¡ª?Est¨¢s interesado en postular un ac¨®lito?¡ªPregunt¨® Finz con curiosidad, entendiendo que por la edad de Apolo ser¨ªa raro que tuviera alg¨²n ac¨®lito bajo su tutela. ¡ªNo, pero me interesa el n¨²mero para planificar algunas cosas¡ªContest¨® Apolo no queriendo dar explicaciones. ¡ªQuedan 14 cupos, 11 reservados y el resto abiertos para nuevas postulaciones¡ªRespondi¨® Finz de forma mecanizada. ¡ªPerfecto, y ahora la gran pregunta que sigo sin entender y que me est¨¢ molestando demasiado para no preguntarla otra vez¡.¡ªComent¨® Apolo con enojo¡ª?Por qu¨¦ el concilio ser¨ªa tan idiota de cambiar el sistema si eso nos termina perjudicando a todos los que ya estamos adentro? ¡ªPorque todos los miembros del concilio son magos importantes, por tanto: tienen ac¨®litos¡ªContest¨® Finz con calma¡ªTampoco es que se redujera mucho, el gran damnificado de esto son los nobles de segunda categor¨ªa, t¨² solo perdiste 1500 cristales no es ni la mitad de tu presupuesto. ¡ª?Y ellos no se quejaron?¡ªPregunt¨® Apolo no satisfecho con la respuesta. ¡ªClaro que se quejaron, pero al emperador le disgustan esta clase de magos¡ªRespondi¨® Finz tom¨¢ndose una larga pausa para tomar su bebida¡ªY bajo la amenaza de reducir el presupuesto general, no es como si el concilio pudiera negarse, aunque s¨ª pudieron negociar una soluci¨®n donde terminaban ganando un puesto para sus ac¨®litos. ¡ªQue manera de arruinarme el d¨ªa...¡ªComent¨® Apolo con enojo levant¨¢ndose para irse, no es como si Finz fuera un mago y mucho menos parte del concilio, la decisi¨®n la hab¨ªan tomado otros y lamentablemente un mago novato como ¨¦l estaba atado a sus decisiones. ¡ªQu¨¦ pena, pero d¨¦jame advertirte que tengo que arruinarte el d¨ªa un poquito m¨¢s¡¡ª Coment¨® Finz con una sonrisa vengativa, al parecer la molestaba bastante que lo interrumpieran al hablar. ¡ª?Qu¨¦ pas¨®?¡ªPregunt¨® Apolo preocupado, ya este d¨ªa hab¨ªa comenzado con el pie izquierdo cruz¨¢ndose con desconocidos que imped¨ªan su paso y ahora el joven no quer¨ªa m¨¢s problemas. ¡ªAdem¨¢s de recibir 6000 cristales en total, se te aplic¨® una multa de 1000 cristales por romper un mueble del ministerio¡ªRespondi¨® Finz con una sonrisa m¨¢s alegre de lo que le gustar¨ªa Apolo. ¡ª?Me est¨¢s diciendo que ese sill¨®n de cuarta, val¨ªa 1000 cristales!, ?acaso el mism¨ªsimo emperador lo usaba para apoyar su honrado culo o como lograron dibujar semejante precio?, ?manga de estafadores!¡ªGrit¨® Apolo levantando su mano estando a punto de romper el escritorio de Finz, pero se detuvo: no quer¨ªa recibir otra multa. ¡ªEl sill¨®n val¨ªa 50 cristales, pero no se te pide que pagues el reemplazo, se te pide que pagues una multa¡ªComent¨® Finz con calma¡ªAs¨ª que deja de romper las cosas y comp¨®rtate como los dem¨¢s. ¡ª...¡ªApolo con enojo miro a Finz nunca le hab¨ªa resultado tan desagradable una persona y mucho menos nunca alguien le hab¨ªa arruinado de semejante manera un d¨ªa, sin embargo, el joven ya no quer¨ªa m¨¢s problemas; su coraz¨®n ya hab¨ªa sufrido lo suficiente teniendo que ver como se hab¨ªa dilapidado su presupuesto y ahora lo acababan de rematar en el suelo, reci¨¦n ahora Apolo entend¨ªa que desde el ministerio de magia en estos momentos buscar¨ªan cualquier excusa pedorra para robarle sus cristales a los magos con los que trabajaba con tal de destrabar el ajustado presupuesto. Con resignaci¨®n y amargura, Apolo sali¨® de la habitaci¨®n y se dirigi¨® hacia la oficina del ministro de magia sin contener los gritos violentos que lanzaba al aire cada pocos pasos, buscando tranquilizar las penas de su ya desgastada alma. E73-Ocupado Por suerte el joven tuvo que dar una buena caminata antes de llegar a la oficina del ministro de magia, no obstante su humor estaba por el piso y cuando lleg¨® a la oficina se encontr¨® con que hab¨ªa un mago esperando en la puerta. Rehus¨¢ndose rotundamente a hacer una cola en este momento, Apolo se acerc¨® hasta la puerta de la oficina y grit¨® sin ning¨²n escr¨²pulo: ¡ª??El ministro est¨¢ en la oficina?! ¡ªS¨ª¡estoy esperando hace 20 minutos¡pero lo escucho comiendo¡as¨ª que¡¡ªDijo el mago tom¨¢ndose varias pausas al hablar, por extra?o que parezca el mago no parec¨ªa estar tan molesto por el grito repentino y de hecho estaba anormalmente tranquilo pese a lo intimidante que resultaba el cuerpo de Apolo para la mayor¨ªa de personas. ¡ª?Qu¨¦ bueno!¡ªInterrumpi¨® Apolo corriendo al mago de un manotazo, entrando a la oficina del ministro, para encontrarse a Dorien comiendo una ensalada en su escritorio. ¡ª?Llegas justo cuando estoy disfrutando mi almuerzo, mocoso!¡ªGrit¨® Dorien se?alando la puerta como indic¨¢ndole a Apolo que se marchase¡ªTengo una reuni¨®n importante en unos minutos, as¨ª que m¨¢s te vale que te vayas corriendo de mi oficina: ?Cr¨¦eme cuando te digo, no quieres hacer esperar a la persona con la que tengo que hablar en un rato! *Bumm* Apolo ignor¨® el grito y cerr¨® la puerta con tanta fuerza que provoc¨® que algunos libros en las estanter¨ªas se cayeran al piso. Tal escena provoc¨® que Dorien mirara con miedo como el gigante se le acercaba y se sentaba en el sill¨®n para invitados. Extra?amente el joven se mantuvo en silencio y mir¨® fijamente como el ministro se sacaba su tenedor de la boca. Notando que el ministro tampoco hablaba, Apolo se acomod¨® en el sill¨®n que por suerte era bastante grande y mir¨® fijamente como Dorien reanudaba con lentitud su almuerzo en silencio, hasta que el ministro se sinti¨® tan inc¨®modo que termin¨® preguntando: ¡ªDisculpa, ?pas¨® algo entre t¨² y yo? ¡ªMe dijiste que viniera¡ªRespondi¨® Apolo de mala gana. ¡ª?Yo? ?Te dije que vinieras?¡ªPregunt¨® Dorien at¨®nito sin reconocer a Apolo¡ª?Por casualidad te molestar¨ªa indicarme qui¨¦n eres? ¡ªApolo de los bosques negros ¡ª?Apolo? Oh, creciste un poquito, chico¡¡ªDijo Dorien mirando con curiosidad a Apolo de arriba a abajo, notando que milagrosamente el anillo de bronce que ?tanto? lo hab¨ªa preocupado, no se encontraba en ninguno de sus dedos¡ªAl parecer tu investigaci¨®n m¨¢gica dio sus frutos, realmente es incre¨ªble, ?C¨®mo lo lograste? ¡ªAmueblando mi casa¡¡ªRespondi¨® Apolo sin entender a qu¨¦ se refer¨ªa exactamente el ministro. ¡ª?Amueblando tu casa?¡ªRepiti¨® Dorien con aturdimiento. Stolen novel; please report. ¡ªS¨ª, amueblando mi casa¡ªContest¨® toscamente Apolo. ¡ªVeo que est¨¢s algo enojado, ?te acabas de enterar del cambio en el presupuesto?¡ªPregunt¨® Dorien, inteligentemente llegando al quid de la cuesti¨®n. ¡ªS¨ª, ?por qu¨¦ te pareci¨® buena idea aprobar semejante idiotez?¡ªPregunt¨® Apolo con molestia. ¡ª?Eh? ¡ No, te est¨¢s confundiendo, yo no voto en el concilio¡ªContest¨® el ministro de mago con pena¡ªMi ¨²nica funci¨®n es presionar al concilio para que el ministerio de magia del imperio cumpla con las expectativas del emperador. Pero yo no puedo votar directamente, como tampoco puede el emperador. ¡ª?C¨®mo es posible que el emperador y su ministro no puedan tomar decisiones en el concilio?¡ªPregunt¨® Apolo incr¨¦dulo con la barbaridad que estaba escuchando¡ªUstedes son los que ponen los cristales, como es posible que no puedan controlar a quienes los consumen. ¡ªEse es el error que est¨¢s cometiendo: nosotros no ponemos los cristales...¡ªComent¨® Dorien con tranquilidad, mientras continuaba comiendo su ensalada¡ªO al menos no todos. ¡ª?Qui¨¦nes m¨¢s pagan los patrocinios?¡ªPregunt¨® Apolo con mucha curiosidad ¡ªTu patrocinio solo lo paga el emperador, pero tambi¨¦n puedes obtener patrocinadores privados, como comerciantes y familias nobles¡ªExplic¨® Dorien con calma mientras trataba de tranquilizar al chico¡ªPor lo que el concilio de magos responde por los magos del imperio. Los cuales a su vez responden a sus patrocinadores: uno de ellos es el emperador, pero la gran realidad es que la mayor¨ªa de inversiones son privadas. As¨ª que el emperador no puede meterse demasiado en el concilio o sino muchas familias nobles y gente importante puede salir perjudicada. ¡ª?Y esta gente importante acept¨® pasivamente que el concilio demoliera el financiamiento?¡ªPregunt¨® Apolo sin terminar de entender la idea planteada por Dorien. Dorien termin¨® su ensalada y procedi¨® a bajar el plato al piso, para no tener que discutir con un plato de comida en la mesa, mientras tanto coment¨®: ¡ªClaro que aceptaron, lo que se discuti¨® y cambi¨® solo afecta al financiamiento del emperador y de hecho aument¨®: ahora hay m¨¢s magos en el imperio y la gran mayor¨ªa de magos ?¨²tiles? vieron su presupuesto incrementado. Fue una gran decisi¨®n de nuestro emperador retirar el subsidio a los nobles in¨²tiles. De todas formas el motivo para llamarte a mi oficina fue porque me han llegado reiteradas quejas de parte del ministerio de asuntos urbanos acerca de tu investigaci¨®n m¨¢gica. ¡ª?Hace cuanto fue eso?, si no me equivoco ya solucion¨¦ el problema con ese ministro¡ªRespondi¨® Apolo incr¨¦dulo de que el ministro que estaba embarrado en mierda hasta las orejas se atreviera a mandarlo al frente y pensara que pudiera salir ileso. ¡ªHace unos cuantos meses, no soy Finz: no recuerdo todo como un enfermo¡¡ªSe quej¨® Dorien mientras buscaba una carta en su escritorio: pero al parecer no la encontraba por ning¨²n lado¡ªBueno, el punto es que debes tener cuidado con estas cosas, Apolo. Recuerda que no est¨¢s en casa, ac¨¢ la gente puede tomar mal tus tonter¨ªas y eso me trae problemas a m¨ª: ?Y no me gustan los problemas! ¡ªEntiendo lo que dice, de hecho ya lo solucion¨¦, hasta estuve trabajando con el ministro¡ªExplic¨® Apolo, algo contento de que el problema no fuera muy grande¡ªNuestra relaci¨®n es bastante buena, as¨ª que dudo que reciba m¨¢s cartas acerca del asunto. ¡ªMe alegra o¨ªr eso, ya que el problema est¨¢ solucionado no es tan importante que te d¨¦ la carta con las quejas: ?as¨ª que la archivar¨¦!¡ªExclam¨® Dorien cerrando sus cajones de golpe, sin encontrar d¨®nde hab¨ªa metido las quejas recibidas, ya cansado de buscarlas en vano. ¡ª?Ya me puedo ir entonces?¡ªPregunt¨® Apolo a¨²n apurado con continuar sus planes. ¡ªS¨ª, solo recuerda no meterte en problemas otra vez: ?no quiero recibir m¨¢s quejas!¡ªContest¨® Dorien se?alando la puerta de su oficina. E74-Mala Fortuna Con todos sus asuntos solucionados, Apolo sali¨® de la oficina del ministro de magia, para encontrarse con el mago al cual hab¨ªa corrido hace unos minutos mir¨¢ndolo con una sonrisa particularmente extra?a. El joven se sinti¨® algo perturbado por la sonrisa del extra?o y decidi¨® abrirse paso, pero atentamente el mago se corri¨® dej¨¢ndolo pasar, evitando el manotazo de Apolo mientras dec¨ªa con bastante tranquilidad: ¡ªQue tengas un hermoso viaje de regreso. *Boom* Antes de que Apolo pudiera contestarle al mago, el hombre entr¨® a la oficina del ministro y la puerta se cerr¨® por s¨ª misma con fuerza tras su paso. Dejando al joven noble mirando con consternaci¨®n la puerta cerrada de la oficina, mientras murmuraba: ¡ªCon la suerte de mierda que estoy teniendo este d¨ªa, estoy seguro de que ese don nadie va a terminar convirti¨¦ndose en el hermano bastardo del emperador¡ Bastante preocupado por la sonrisa ir¨®nicamente amigable que acababa de recibir, Apolo sali¨® del castillo y se encontr¨® con Mateo, el cual ya ten¨ªa todo preparado para el viaje de regreso y se encontraba esper¨¢ndolo en el carruaje estacionado al costado de la puerta del castillo. Sin ¨¢nimos para explicar todas las desgracias que le hab¨ªan sucedido, el joven se subi¨® al asiento y esper¨® a que Mateo iniciara el viaje. ¡ª?Pas¨® algo?, su cara me indica que acaba de pasar un mal rato¡¡ªComent¨® Mateo mientras pon¨ªa en marcha el viaje de regreso a la mansi¨®n. ¡ªPas¨® de todo y para colmo cre¨® que va a pasar algo peor, mis ancestros est¨¢n molestos conmigo y lo peor es que no s¨¦ por qu¨¦¡ªDijo Apolo con preocupaci¨®n tomando el anillo en su pecho, lo ¨²nico que faltaba es que lo hubiese perdido. ¡ªEsperemos que sea alg¨²n disgusto de sus ancestros y que no sea la ira de los muertos en la mazmorra¡.¡ªRespondi¨® Mateo mirando las lozas azules en el camino con preocupaci¨®n, temeroso de cruzarse con alg¨²n pozo que le rompiera las ruedas al carruaje. El hombre ya hab¨ªa visto con sus propios ojos que los primeros en morir por peste azul eran los que robaban a los cad¨¢veres y los segundos los que no los trataban con cuidado, mientras que los que les dedicaban algunas palabras ten¨ªan s¨ªntomas, pero a¨²n se encontraban entre los vivos. Para colmo los que robaban los cad¨¢veres sol¨ªan sufrir accidentes de forma demasiado regular como para no levantar sospechas en el astuto criado. Si bien en primera instancia los accidentes como que a alg¨²n criado se le caiga un mueble encima, o que los criados s¨¦ tropezaran con alguna alfombra vieja para terminar cayendo por las escaleras, no resultaban llamativos para nadie; ya que la mansi¨®n de por s¨ª era una inmensa trampa para cualquier humano que no prestara atenci¨®n a sus pasos. Sin embargo, para alguien como Mateo u Orrin que mov¨ªan todos los hilos en la mansi¨®n, le resultaba demasiado evidente los problemas en la estancia: probablemente no hab¨ªa otra familia noble que tuviera que cambiar sus empleados con tanta frecuencia y a¨²n m¨¢s sospechoso era el hecho de que los primeros en ser reemplazados eran los que robaban cosas de la mansi¨®n o los que se burlaban de los muertos. A este punto de las circunstancias, Mateo sab¨ªa que su padre ten¨ªa la teor¨ªa de que la mansi¨®n hab¨ªa quedado embrujada con el odio de los muertos y es por eso que los accidentes nunca dejaban de ocurrir. Si bien Apolo lo desconoc¨ªa completamente, el hombre sab¨ªa que no eran precisamente pocos los criados que se perd¨ªan en los pasillos de la mansi¨®n para nunca volver a ser vistos, pese a ello por fortuna del joven noble, el mayordomo y Mateo, los criados no eran tan supersticiosos como para darse cuenta de las irregularidades en la mansi¨®n. ¡ªEso espero¡¡ªSusurr¨® Apolo sin poder sacarse de la cabeza la sonrisa del mago con el cual se hab¨ªa cruzado. Hab¨ªa solo 700 magos en el ministerio, de ellos la mayor¨ªa actualmente eran un don nadie, ?cu¨¢ntas chances realmente hab¨ªa de que pudiera cruzarse con alguien al cual no deb¨ªa molestar?, pocas y, sin embargo, para Apolo este d¨ªa esas chances eran infinitas. El carruaje sigui¨® avanzando con normalidad, hasta que llegaron a la mitad del camino, fue entonces que Mateo despert¨® del trance meditativo a Apolo y coment¨® con bastante preocupaci¨®n: ¡ªA Cholita y Martita les est¨¢ pasando algo ¡ª?A qui¨¦nes?¡ªPregunt¨® Apolo sin entender. ¡ªA los caballos, les est¨¢ pasando algo: ?no est¨¢n reaccionando a las indicaciones!¡ªGrit¨® Mateo tomando un rebenque del asiento del conductor, para tratar de hacer reaccionar a los dormidos caballos. Antes de que el conductor pudiera probar suerte con el rebenque, Apolo tom¨® a Mateo y salt¨® del carruaje, mirando como los caballos segu¨ªan avanzando con normalidad. ¡ªPero qu¨¦ carajos te pasa, ??por qu¨¦ hiciste eso, se?or?!¡ªGrit¨® con enojo Mateo viendo como el carruaje se alejaba sin ellos: pese a que los conductores se hab¨ªan marchado, los caballos no parec¨ªan tener ninguna intenci¨®n de parar. ¡ª?A?os de experiencia, me indican que ese mago malparido le hizo algo a nuestro carruaje!¡ªExclam¨® Apolo con enojo, mirando como el carruaje se alejaba, completamente consciente de que ese ?Que tengas un hermoso viaje? estaba lleno de odio y resentimiento. ¡ª?Mago malparido?, ?a?os de experiencia?, Pero si solo tienes 24¡¡ªRespondi¨® Mateo ya sin poder aguantarse las ganas de darle un buen reproche a Apolo¡ªS¨¦ realista, un viejo mago rancio jam¨¢s podr¨ªa hacernos nada, por otro lado, nos tomar¨¢ m¨¢s de dos d¨ªas caminando si vamos a pie: ?Hay que llegar al carruaje y hacer entrar en raz¨®n a los caballos! Tras decir eso Mateo trat¨® de llegar al carruaje, el mismo estaba a punto de doblar por lo quera f¨¢cil llegar al carruaje a tiempo superando la velocidad de los caballos; sin embargo, el hombre se detuvo a mitad de camino cuando not¨® que los caballos no mostraban signo de detenerse y estaban por chocar contra un ¨¢rbol. The narrative has been stolen; if detected on Amazon, report the infringement. ¡ª?Por qu¨¦ no doblan?¡ªPregunt¨® Mateo aturdido, el caballo no es una m¨¢quina y como cualquier animal inteligente no buscar¨ªa golpearse contra un ¨¢rbol activamente; sin embargo, justamente eso estaba ocurriendo delante de sus ojos. Para colmo los caballos iban a un ritmo bastante lento, por lo que era f¨¢cil notar que estaban a punto de golpearse. ¡ªEs por culpa del mago: ?quer¨ªa que nos mat¨¢ramos al chocar el carruaje contra un ¨¢rbol!¡ªGrit¨® Apolo en un estado de paranoia puro que no hab¨ªa surgido en ¨¦l hace ya mucho tiempo. ¡ª?Pero mira a la velocidad a la que va el carruaje, mocoso!¡ªGrit¨® Mateo enojado, no quer¨ªa ver como sus caballos se golpeaban contra el ¨¢rbol de forma est¨²pida¡ªA esta velocidad de suerte te rasgu?as con una rama, para colmo ni siquiera tendr¨ªas que aguantar el ardor de ese rasgu?o, podr¨ªas curarte inmediatamente. As¨ª que no te pongas hist¨¦rico: ?Ve y frena a los caballos! Apolo reaccion¨® con los gritos de su criado y se record¨® a s¨ª mismo que era un gigante musculoso pr¨¢cticamente indestructible, por lo que realmente no le pasar¨ªa nada. Ya algo m¨¢s consciente de la situaci¨®n, el joven noble corri¨® a tratar de detener a los caballos, sin embargo, el criado y el noble perdieron demasiado tiempo discutiendo y los caballos estaban a punto de pon¨¦rsela contra un ¨¢rbol. Apolo corri¨® con fuerza, no obstante ¨²nicamente alcanz¨® a llegar a la parte trasera del carruaje cuando el caballo se dio la frente con el ¨¢rbol de forma algo boba. *Pu* Apolo escuch¨® el ruido del caballo chocando y supo que no hab¨ªa reaccionado a tiempo, pero el joven no alcanz¨® a lamentarse cuando escuch¨® otro ruido atronador. *Booom* Los caballos explotaron como un barril de p¨®lvora, destruyendo el carruaje y mandando a volar por los aires a Apolo. La explosi¨®n fue tan grande que la nube de polvo generada por la misma termin¨® haciendo tropezar a Mateo, el cual se encontraba a media cuadra de distancia del carruaje. ¡ª?Se?or!¡ªGrit¨® Mateo levant¨¢ndose del suelo de un golpe, para salir corriendo hacia el lugar donde se produjo la explosi¨®n en busca de Apolo. Al llegar el hombre se encontr¨® con que el gigante estaba hecho una pasta de carne, con medio cerebro desprendido de su cabeza completamente abierta, sus dos ojos hab¨ªan sido molidos hasta transformarse en dos pastas blancas y sus dos brazos hab¨ªan desaparecido por lo que parec¨ªa que los hab¨ªa usado para cubrirse; sin embargo, la defensa de sus brazos no fue suficiente y se le hab¨ªan terminado desprendiendo. Por otra parte, el est¨®mago del joven noble era completamente un desastre, v¨ªsceras y huesos rotos saliendo de su cuerpo pod¨ªan encontrarse por todos lados, d¨¢ndole asco a cualquier persona que lo viera. ¡ª??No!!¡ªGrit¨® Mateo desesperadamente: ?Su se?or hab¨ªa muerto por su culpa!. Tratando de arreglar las cosas, Mateo trat¨® de arrestar el cuerpo del gigante hacia un ¨¢rbol, pero entonces se dio cuenta de que solo por rozar el cuerpo molido en carne de Apolo se sent¨ªa m¨¢s d¨¦bil, por lo que el hombre detuvo inmediatamente sus planes. Entra?ado por la sensaci¨®n que acababa de sentir, Mateo se tom¨® el tiempo para apreciar el cad¨¢ver de Apolo y logr¨® observar c¨®mo un extra?o cord¨®n se encontraba en la nuca del joven noble. El cord¨®n hecho de carne y piel se extend¨ªa hasta un ¨¢rbol cercano que estaba comenzando a marchitarse. Y mientras eso ocurr¨ªa los ¨®rganos de Apolo comenzaban a moverse como si tuvieran vida propia para volver a sus posiciones originales. La situaci¨®n era tan bizarra que, incluso Mateo pudo apreciar como un par de brazos en la lejan¨ªa se estaban acercando hacia el ?cad¨¢ver? de Apolo. ¡ªImpresionante...¡ªMurmur¨® Mateo, mientras observaba como Apolo volv¨ªa abrir los ojos y lo miraba con aturdimiento. ¡ª?Sabes a cuantos magos en nuestro imperio se les consideran magos de batalla?¡ªPregunt¨® Apolo desde el suelo mientras su cerebro como una babosa se met¨ªa en su cabeza. ¡ªNi idea... ¡ª?Uno, solo uno queda, el resto muri¨® miserablemente hace a?os!¡ªGrit¨® Apolo con enojo¡ªComo mierda es que me voy a cruzar con el ¨²nico mago de batalla de todo el imperio justo al entrar en la oficina del ministro de magia: ?C¨®mo! ?O acaso se supone que todos los in¨²tiles de los magos pueden hacerme esto! ¡ªEscucha, Apolo, hemos ofendido a muchos muertos: tal vez demasiados muertos¡¡ªDijo Mateo tambi¨¦n preocupado, sab¨ªa que los magos no eran precisamente fuertes y no por nada no se usaban en las guerras. Sin embargo, el hombre a¨²n conoc¨ªa el hecho de que exist¨ªan algunos lun¨¢ticos que se especializaban en lograr entrenar su magia para poder ir a la guerra. Eran pocos, muy pocos y en general sus vidas eran muy cortas para ser recordados. Como es l¨®gico, la inmensa mayor¨ªa de magos solo se limitaba a inventar artefactos militares vendibles, no a desarrollar sus conjuros para ir a la guerra con su propio cuerpo, pese a ello los pocos magos que romp¨ªan esta regla eran los ?famosos? magos de batalla, capaces de hacer conjuros complicados solo para matar a sus enemigos. ¡ªMierda, mierda, mierda. ?Subestime completamente la cantidad de odio que venimos acumulando de los difuntos!¡ªGrit¨® Apolo enojado, mientras notaba como su brazo volv¨ªa a pegarse en su cuerpo¡ª?Conoces alguna soluci¨®n? ¡ªBusque la protecci¨®n de sus propios ancestros, no hay otra forma¡¡ªComent¨® Mateo mientras ped¨ªa ayuda a los suyos en su cabeza, realmente si no fuera por ellos jam¨¢s hubiera intentado aumentar un poco la velocidad antes de tener que dar una vuelta. Sin embargo, fue ah¨ª cuando el hombre pudo ver como los caballos no segu¨ªan sus se?ales, por lo tanto, dedujo que algo pasaba. ?Si no fuera por esa gran casualidad, Mateo hubiera muerto!. Apolo esper¨® un poco m¨¢s hasta terminar de curarse y lograr levantarse, luego se arranc¨® el cord¨®n en su cuello con sus manos y se acerc¨® hacia donde hab¨ªan explotado los caballos para mirar el gigantesco cr¨¢ter en el suelo. Con aturdimiento, el joven noble se qued¨® mirando el mismo, incr¨¦dulo de que tuviera tanta mala fortuna este d¨ªa. ¡ªSe?or, se le cay¨® su colgante¡ªDijo Mateo tomando una cadena del suelo con un simple anillo de bronce oxidado atado en ella. ¡ª?Oh, gracias Mateo!, ?Al parecer a¨²n me queda algo de suerte!, Ser¨ªa una tragedia si lo hubiera perdido¡ªRespondi¨® Apolo, reci¨¦n ahora percat¨¢ndose de la ausencia de su fiel compa?ero. El joven tom¨® el colgante y s¨¦ lo puso en su cuello, luego revis¨® los bolsillos de sus pantalones pr¨¢cticamente destruidos, para su sorpresa tanto la moneda como la ficha se encontraban en su interior¡ªAl parecer mis ancestros se preocuparon en proteger lo importante. ¡ª?Vamos a pedir ayuda a alguna casa vecina?¡ªPregunt¨® Mateo yendo hacia la direcci¨®n de un alambrado tratando de entrar en la propiedad de este desconocido para pedir un carruaje. ¡ª?No!, ?Detente, insensato!¡ªGrit¨® Apolo como si su vida dependiera de ello¡ªEstoy seguro de que estas estancias le pertenecen a lun¨¢ticos que comen personas que piden ayuda o algo incluso peor, con la mala fortuna que estoy teniendo es peligroso acercarse a cualquier persona desconocida. ¡ª?Entonces iremos caminando?¡ªPregunt¨® Mateo incr¨¦dulo, eran m¨¢s de dos d¨ªas de viaje. ¡ªEs la ¨²nica forma: ?O llegamos caminando, o no llegamos nunca!¡ªRespondi¨® Apolo con tanta confianza que hasta termin¨® asustando a Mateo Tras decir eso Apolo comenz¨® a caminar apuradamente para alejarse del cr¨¢ter, mientras que por su parte Mateo continuaba mirando a las casas vecinas con los ojos bien abiertos, temeroso de que en cualquier momento pudiera salir una horda de criados enojados con antorchas dispuestos a matarlo por destruir el camino. E75-El cadaver El tiempo siempre en marcha fue d¨¢ndole ¨¢nimos al criado y al noble para que finalmente pudieran llegar a su destino, tras un poco menos de dos d¨ªas caminando los dos hombres lograron llegar a la mansi¨®n, aunque por el estado deplorable de Mateo parecer¨ªa que parte de su vida se qued¨® en el viaje de regreso. Cuando el resto de los criados se dio cuenta de este hecho, corrieron a Orrin para notificarle la llegada de su hijo y la de Apolo, por lo que el mayordomo se dirigi¨® a la puerta para saludarlos e investigar cu¨¢l era el motivo por el cual se produjo el retraso. ¡ª?Por qu¨¦ regresaron caminando?, ?D¨®nde est¨¢ el carruaje donde partieron?¡ªPregunt¨® Orrin preocupado viendo el cansancio en el rostro de su hijo. ¡ª?Lo mandaron a volar!¡ªGrit¨® Mateo, mientras se sentaba en el suelo agotado. ¡ªTraigan agua y algo que comer¡ªPidi¨® Orrin al resto de criados, notando que la prioridad era atender a los reci¨¦n llegados¡ª?C¨®mo es que lo mandaron a volar?, ?literalmente el carruaje se fue volando? ¡ªMe cruc¨¦ con un mago en el ministerio y este para vengarse maldijo a los caballos haci¨¦ndolos explotar en el medio de nuestro viaje¡ªRespondi¨® Apolo, mientras ve¨ªa como los criados le acercaban una jarra con agua. ¡ª?Qu¨¦ locura!, ??Pero qu¨¦ clase de mago aprende un conjuro tan salvaje?!¡ªExclam¨® Orrin algo preocupado¡ªEsperemos que el asunto haya terminado en una advertencia. ¡ª?No fue una advertencia, ese lun¨¢tico casi nos mata!¡ªRespondi¨® Mateo tomando agua como si se tratase de un elixir que alargara la vida¡ª?Alabados sean mis ancestros que me hicieron tan buen conductor, si no estar¨ªa muerto! ¡ª?Trataron de asesinarlos?, ?C¨®mo responderemos, joven se?or?¡ªPregunt¨® Orrin preocupado con la cuesti¨®n¡ª?Le mand¨® una carta notificando del asunto a su abuelo? ¡ª?No hagas nada, todo lo que pas¨® en el ministerio de magia est¨¢ maldito!¡ªGrit¨® Apolo con desesperaci¨®n, el joven estaba cien por ciento seguro de que todo lo que intentara en este momento fracasar¨ªa: no ten¨ªa a los ancestros de su lado en ese viaje¡ªVe y llena de rozas las mazmorras, haz que todos los criados digan cosas bonitas a las tumbas todos los d¨ªas a las ma?anas: ?no quiero m¨¢s problemas con los muertos! ¡ª?Como ordene, se?or!¡ªExclam¨® Orrin muy conforme con la idea; por desgracia las mazmorras se hab¨ªan convertido en un cementerio y no hab¨ªa vuelta atr¨¢s, ahora al menos lo m¨ªnimo que pod¨ªan hacer era mejorar el trato hacia los difuntos para evitar su c¨®lera¡ªComo buena noticia le digo que ya compramos un carruaje nuevo. 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Report the violation. ¡ªBien, me gustan las buenas noticias, me encantan las buenas noticias: ?No quiero recibir malas noticias por el resto del mes!¡ªRespondi¨® Apolo con felicidad y algo de locura, parec¨ªa que a¨²n estaba un poco afectado por lo ocurrido. ¡ªDe hecho¡¡ªTrat¨® de decir Orrin. ¡ª?No quiero recibir malas noticias!¡ªInterrumpi¨® Apolo con m¨¢s preocupaci¨®n que enojo, al parecer algo hab¨ªa pasado en la casa durante ese d¨ªa tr¨¢gico, lo ¨²nico que le faltaban eran m¨¢s problemas. ¡ªEs importante que lo sepa, mi se?or¡¡ªDijo Orrin en voz baja. ¡ªDilo entonces, no tiene sentido ocultarlo¡ªComent¨® Apolo mirando como todos los criados ten¨ªan los ojos algo llorosos y parec¨ªa que hab¨ªa ocurrido una tragedia, esto provoc¨® que el joven noble comenzara a implorar la ayuda de sus ancestros en su cabeza una y otra vez. ¡ªLamento informarle que mientras usted visitaba el ministerio falleci¨® Crist¨®bal¡ªComent¨® Orrin con pena¡ªAl parecer ¨¦ramos los ¨²nicos con los que hablaba Crist¨®bal, por lo que su cad¨¢ver nunca fue recogido por sus familiares. O tal vez no tenga ning¨²n familiar vivo, lo cierto es que era una persona muy reservada por lo que no sabemos con exactitud qu¨¦ hacer con su cuerpo. ¡ª?Qui¨¦n?¡¡ªPregunt¨® Apolo, pero r¨¢pidamente se dio cuenta de que por la cara de pena de los criados se deb¨ªa tratar de alguno de sus criados, el joven noble de suerte recordaba el nombre de Orrin y Mateo, por lo que le importaba bastante poco esta ?mala? noticia; sin embargo, sab¨ªa que era mejor aparentar pena y sumarse al resto de la casa¡ª?Qui¨¦n osar¨ªa en dudar de su gran alma?, De seguro est¨¢ feliz reuni¨¦ndose con sus ancestros, espero que lo hayan enterrado en el cementerio de la mansi¨®n como es debido. ¡ªTodav¨ªa no lo enterramos, no sab¨ªamos si pod¨ªamos usar el cementerio: no somos miembros de su familia¡ªRespondi¨® Orrin con pena mientras se limpiaba las pocas l¨¢grimas que sal¨ªan de sus ojos con un pa?uelo, el resto de criados estaban igual de tristes por lo que parec¨ªa que Crist¨®bal era alguien bastante querido en esta casa. ¡ªPero no digas tonter¨ªas: ?claro que pueden usar el cementerio!¡ªRespondi¨® Apolo de inmediato, su intuici¨®n le dec¨ªa que era muy probable que est¨¦ muerto fuera el que estuviera causando los problemas¡ªNo solo eso, si su verdadera familia no se ha preocupado por su cad¨¢ver entonces nosotros organizaremos un entierro digno de un noble: ?En definitiva yo ya no puedo tener hijos, as¨ª que ustedes son mi ¨²nica familia en la capital! ¡ª?S¨ª, ser¨¢ el mejor entierro que pueda tener un criado!¡ªChill¨® Mateo d¨¢ndole m¨¢s impulso al tema, tambi¨¦n pensando en su cabeza que el hecho por el cual casi hab¨ªa muerto era cien por ciento probable que se debiera a este cad¨¢ver vengativo. ¡ª?Como usted ordene, se?or!, ?Estamos muy contentos con su decisi¨®n!¡ªComent¨® Orrin con una sonrisa. E76-Funeral Dejando que sus criados se encargaran de organizar todo el asunto del funeral, Apolo se fue a dormir cansado a su habitaci¨®n. Aunque parezca impresionante, el tiempo no se detuvo y cuando el joven quiso darse cuenta cu¨¢nto hab¨ªa dormido, ya se encontraba mirando el techo de su cuarto recordando que hab¨ªa prometido un funeral digno de un noble a uno de sus criados fallecidos. Lo cierto es que con tal de no volver a vivir lo que le pas¨® en el viaje al ministerio era buena idea contentar al muerto. Adem¨¢s, dentro de poco estar¨ªa viajando a la ciudad anillo para comprar las criaturas por lo que era mejor idea hacerlo antes de ese viaje. Apolo se cambi¨® y baj¨® las escaleras para indicarle a su mayordomo que se encargara de los preparativos finales, pero al parecer Mateo se le hab¨ªa adelantado con el pedido y en unas pocas horas se organizar¨ªa un funeral en el cementerio de la estancia. Dadas las costumbres en el imperio era bastante com¨²n que la gente noble o con poder prefiriera ser enterrado donde hab¨ªan vivido toda su vida, por lo que no era tan extra?o tener un cementerio privado y de hecho absolutamente todas las casas en la capital lo ten¨ªan. Y cuanto m¨¢s pasaba el tiempo, m¨¢s coloridos y atractivos se terminaban volviendo estos cementerios. Tras definir los detalles, Apolo se busc¨® un poco de ropa m¨¢s elegante que de costumbre y sali¨® de la mansi¨®n para dirigirse al cementerio junto al resto de los criados. Como tal el cementerio de Apolo era bastante grande dado que la mansi¨®n parec¨ªa tener bastantes a?os y muchos hab¨ªan sido los due?os que se fueron pasando la llave de la estancia. Hab¨ªa en total cuatro b¨®vedas grandes y m¨¢s de 100 muertos enterrados, todos con sus respectivas l¨¢pidas. Aunque por desgracia el cementerio estaba algo descuidado dado que Apolo todav¨ªa pateaba para adelante el asunto de contratar jardineros que le arreglaran el jard¨ªn, por lo cual las malas hierbas escond¨ªan la belleza de este lugar. La gran realidad es que contratar a unos jardineros no era precisamente algo demasiado costoso e incluso Apolo podr¨ªa usar a los criados que ya ten¨ªa para arreglar el problema de las malas hierbas. Pese a ello el joven noble se negaba a alterar el orden de prioridades dado por su ancestro, por lo tanto, seg¨²n el legado de su ancestro el jard¨ªn era el ¨²ltimo sitio en donde deber¨ªa poner un misero cristal y bajo esa estricta orden, Apolo deliberadamente hab¨ªa forzado a sus criados a no trabajar nunca en el jard¨ªn. Al llegar al cementerio, Apolo se encontr¨® con todos sus criados. Los cuales ya hab¨ªan cavado una nueva tumba, como tambi¨¦n hab¨ªan improvisado el ata¨²d y la l¨¢pida con la madera que se utilizaba para cocinar todos los d¨ªas, lo cierto es que con tantas improvisaciones no podr¨ªa decirse que este era precisamente el funeral de un noble. Pero Apolo se rehusaba rotundamente a sacar del ata¨²d a uno de los muertos que ya dorm¨ªan eternamente en su mazmorra y lo mismo ocurr¨ªa con las l¨¢pidas que si bien ya no eran empleadas para identificar f¨ªsicamente a los cad¨¢veres, espiritualmente hablando ya ten¨ªan otro due?o asignado. Por lo cual el joven noble prefiri¨® que sus conocidos le construyeran una con sus propias manos. Stolen content warning: this content belongs on Royal Road. Report any occurrences. ¡ª?No podr¨ªamos enterrarlo en una de las b¨®vedas, mi se?or?¡ªPregunt¨® uno de los criados al ver que Apolo hab¨ªa llegado. ¡ª?Has abierto alguna de las b¨®vedas?¡ªPregunt¨® Apolo con seriedad. ¡ªNo¡ªRespondi¨® el criado inmediatamente. ¡ªBien, muy bien, has sido sabio: el que se atreva a abrir una de estas b¨®vedas ser¨¢ metido en la misma y encerrado ah¨ª hasta que se muera de hambre¡ªRespondi¨® Apolo; el mismo no sab¨ªa qu¨¦ hab¨ªa en las b¨®vedas y no buscaba saberlo: no eran sus ancestros y eran de otros nobles a los cuales claramente no quer¨ªa ofender¡ªBueno iniciemos el funeral, ?Qui¨¦n dir¨¢ las primeras palabras? ¡ªUsted deber¨ªa hacerlo¡¡ªComent¨® Orrin en voz baja. ¡ªBueno, si es lo que desean...¡ªComent¨® Apolo acerc¨¢ndose, por suerte ya hab¨ªa vivido m¨¢s funerales de lo que le gustar¨ªa vivir, por lo que m¨¢s o menos recordaba que es lo que se dec¨ªa en este tipo de ocasiones. Apolo se puso en frente de todos los criados, agarr¨® el ata¨²d y sin mucho esfuerzo lo meti¨® en el agujero. Luego el joven agarr¨® una pala y rellen¨® un poco el agujero con la tierra que hace unos minutos hab¨ªan sacado los criados para crear el agujero. Acto seguido, Apolo entreg¨® la pala a otro criado mientras dec¨ªa: ¡ªCrist¨®bal, yo Apolo de bosque negro me despido de vos con una sonrisa, pues el d¨ªa de hoy s¨¦ que tu deber con tus ancestros finalmente ha finalizado y ahora es cuando comienza tu nueva etapa guiando a los j¨®venes que te entierran esta ma?ana. En paz descanse, Crist¨®bal, pues yo juro asegurarme que nadie perturbe su descanso esta ma?ana, este d¨ªa, esta noche y hasta el final de mis d¨ªas donde juntos guiaremos a los que me entierran. El criado que tom¨® la pala fue llenando un poco la tumba y al finalizar tambi¨¦n dijo unas palabras al muerto, para luego pasarle la pala a otro criado, as¨ª poco a poco la tumba se fue llenando a medida que los criados se iban despidiendo. Por su parte, Apolo observaba en silencio como todo transcurr¨ªa pidiendo a sus ancestros que cambiaran su fortuna y que esta sea la ¨²ltima vez que tenga que organizar un funeral a alguien. Cuando la tumba estuvo completamente llena, Orrin se acerc¨® a la misma y dijo sus ¨²ltimas palabras, tras lo cual puso la l¨¢pida encima de la tumba finalizando as¨ª el funeral no tan noble que hab¨ªan terminado improvisando. Sin embargo, las caras serias y tristes del resto de los criados y sobre todo sus palabras hicieron que el funeral valga la pena para aliviar el coraz¨®n de todos los presentes. E77-La Tienda de Moda de Lionel Apolo se despert¨® y mir¨® el techo de su nuevo carruaje, actualmente el joven noble se encontraba emprendiendo un viaje a la ciudad anillo. El objetivo del viaje del joven era dirigirse hacia la tienda donde podr¨ªa comprar las criaturas recomendadas por su ancestro; a este punto esa compra era lo m¨¢s importante en la vida de Apolo. Luego de lo vivido en el ministerio de magia, Apolo buscaba a como d¨¦ lugar recuperar la bendici¨®n de sus ancestros: ?No quer¨ªa m¨¢s problemas!. No obstante, antes de ir a la tienda de bestias y criaturas, el joven noble deb¨ªa pasar por una tienda de ropa para comprarse la vestimenta que emplear¨ªa un mago, dado que seg¨²n la carta de su ancestro si no utilizaba ropa de mago la criatura se deprimir¨ªa. Por lo cual para Apolo era crucial dejar una buena primera impresi¨®n en las criaturas y para ello era fundamental verlas por primera vez estando vestido como un verdadero mago. Tras despertarse, Apolo mir¨® por la ventana del carruaje y observ¨® c¨®mo los habitantes de la ciudad anillo iban y ven¨ªan por las calles, luchando con los ?problemas? de sus ajetreadas vidas, problemas insignificantes bajo la opini¨®n de sus ojos. Pero problemas importantes para estas personas, o si no al menos se molestar¨ªan en observar las caras de la gente con las cuales se iban cruzando en la calle. Lo cierto es que durante todo este a?o viviendo en la capital, Apolo no hab¨ªa viajado a la ciudad anillo en ninguna ocasi¨®n, por lo que todav¨ªa lograba llamarle la atenci¨®n el infinito cardumen de personas que nadaban sin rumbo aparente por las calles de esta ciudad. ¡ª??Falta mucho?!¡ªPregunt¨® Apolo en voz alta la pregunta m¨¢gica que todo aventurero de bien tiende a hacer no menos de una vez en cada viaje que realiza. ¡ª?Ya llegamos, estoy buscando un lugar para detener el carruaje!¡ªGrit¨® Mateo desde el asiento del conductor. ¡ª?Entonces para, ir¨¦ entrando a la tienda, luego busco el sitio donde estacionaste!¡ªOrden¨® Apolo, desde el interior del carruaje. ¡ª?Como usted ordene, se?or!¡ªRespondi¨® Mateo parando el carruaje en la primera oportunidad que tuvo. Apolo baj¨® del carruaje y mir¨® como todas las personas a su alrededor se frenaban para mirarlo, al parecer su altura era bastante llamativa o tal vez era porque su carruaje era el m¨¢s grande de toda la calle. El punto es que todos los transe¨²ntes observaron con curiosidad a Apolo, poniendo al joven algo nervioso. El joven no perdi¨® el tiempo posando para los transe¨²ntes y para no perder las buenas costumbres corri¨® como un lun¨¢tico hacia la tienda de ropa, la misma no era precisamente grande y parec¨ªa una tienda normal, salvo por la vitrina que mostraba varios maniqu¨ªes movi¨¦ndose y posando constantemente con juegos de ropa llamativos. Por su parte lo ¨²nico que indicaba un nombre era un cartelito anormalmente chiquito en la puerta del local, el cual dec¨ªa ?Tienda de moda de Lionel, prohibido tocar al sastre?. Para entrar, Apolo agach¨® la cabeza y entr¨® por la puerta de la tienda. Al entrar el joven noble not¨® de inmediato que para su desgracia las habitaciones de la tienda no eran tan altas como la de su espaciosa mansi¨®n, por lo cual estaba algo inc¨®modo y ten¨ªa que vigilar constantemente si no hab¨ªa alguna decoraci¨®n en el techo para no golpearla. ¡ªHola, mucho gusto, mi nombre es Lionel de las tierras alegres y soy el sastre de esta tienda¡ªSalud¨® el sastre moviendo su mano desde la distancia, buscando mantener cierto espacio entre su cuerpo y el del cliente¡ª?Qui¨¦n es usted? Apolo mir¨® de arriba a abajo al sastre, era un hombre de no m¨¢s de 40 bastante gordo, pero glamurosamente vestido haciendo que su gordura le quedara bien y fuera est¨¦ticamente bonita. Por lo dem¨¢s, el sastre ten¨ªa unos llamativos guantes blancos en las manos y un velo en la cara, por lo que toda su piel estaba cubierta y solo se pod¨ªa ver el contorno de su cuerpo. ¡ªSoy Apolo de bosques negros¡ªComent¨® el joven mirando a la tienda con curiosidad¡ªNo es un poco chica esta tienda para pertenecerle a alguien de la familia de tierra alegre: tu familia tiene fama de derrochar cristales. Unlawfully taken from Royal Road, this story should be reported if seen on Amazon. La familia de las tierras alegres, al igual que Apolo era una de las familias principales, nobles de alta clase, de primera clase o como al lector le guste llamarlo, pero en definitiva: era gente importante. El t¨ªtulo principal de dicha familia era el ducado de tierras alegres, el cual tambi¨¦n podr¨ªa ser llamado como el reinado de tierra alegre, ya que como fue mencionado previamente esta familia era uno de los reinos bajo el ?mando? del emperador. El principal motivo por el cual era una familia de temer era porque manejaban la mayor porci¨®n de tierra f¨¦rtil del imperio. Esto y a?os de buena gesti¨®n terminaron provocando que su reino fuera el m¨¢s poblado y pr¨®spero del imperio, por lo que en n¨²meros su poder militar era uno de los m¨¢s considerables. No obstante, los nobles de la familia de tierra alegre nunca se vieron en ning¨²n combate y esa era una de sus grandes particularidades. La familia de tierra alegre eran extremadamente pacifistas por lo que buscaban siempre que el imperio se mantuviera alejado de las guerras y solo colaboraba en las guerras defensivas. Cosa que provoc¨® m¨¢s de un conflicto entre esta familia y la de Apolo; sin embargo, sus relaciones no eran malas, sino que eran neutrales o indiferentes. ¡ªBueno, tienes raz¨®n, mi tienda es algo peque?a: ?Pero para los ojos indicados es un tesoro poco visto en estos tiempos!¡ªExclam¨® Lionel en¨¦rgicamente, lamentablemente su rostro estaba oculto por lo que era algo complicado descubrir si le hab¨ªa desagradado o no el comentario de Apolo¡ªPor lo dem¨¢s, ?a qu¨¦ has venido?, ?Buscas armaduras decorativas? ¡ªNo, busco ropa de mago y tiene que ser tradicional¡ªRespondi¨® Apolo con cuidado, no quer¨ªa tener ning¨²n problema en este asunto¡ªLas prendas tienen que ser id¨¦nticas a las que se usaban hace 300 o 100 a?os. ¡ªQue poco espec¨ªfico...¡ªSusurr¨® Lionel tom¨¢ndose la barbilla¡ªSupongo que no sabes nada de moda, ?o me equivoco? ¡ªUn poco m¨¢s de lo que piensas ¡¡ªRespondi¨® Apolo recordando que hab¨ªa doblado m¨¢s ropa de la que le gustar¨ªa admitir, aunque eso no era precisamente un indicador para decir que sab¨ªa de moda. ¡ªLa moda en el imperio ha cambiado mucho con el tiempo y cada vez cambia m¨¢s r¨¢pido¡ªExplic¨® Lionel¡ªY m¨¢s a¨²n en la capital, lo cierto es que es medio dif¨ªcil saber que buscas, ya que existieron varios estilos que fueron dominando el mundo de la moda de los magos a lo largo de las d¨¦cadas. ¡ª?Qu¨¦ no es una t¨²nica y punto?¡ªPregunt¨® Apolo con dudas. ¡ªNo, lo que marca el protocolo del t¨ªtulo conmemorativo de mago es que toda la ropa debe ser negra, as¨ª como para los ac¨®litos toda la ropa debe ser blanca¡ªCorrigi¨® Lionel de inmediato¡ªY se proh¨ªbe estrictamente usar ropa azul o roja. La moda actual son las t¨²nicas y fue as¨ª durante casi 100 a?os, pero antiguamente se utilizaban otras prendas. ¡ª?Por qu¨¦ no roja o azul?¡ªPregunt¨® Apolo con curiosidad. ¡ªLa ropa azul se emplea el d¨ªa en que un archimago muere, mientras que la roja se emplea ¨²nicamente el d¨ªa despu¨¦s en que el mago logra convertirse en un archimago¡ªRespondi¨® Lionel¡ªComo veraz, el t¨ªtulo de archimago es bastante antiguo por lo que el protocolo a seguir es bastante estricto y en general los magos suelen cumplirlo a raja tabla. ¡ª??As¨ª?!¡ªPregunt¨® Apolo aturdido. ¡ª?Eres un mago, se supone que t¨² deber¨ªas explicarme a m¨ª qu¨¦ significa el t¨ªtulo de archimago!¡ªRega?¨® Lionel sin preocuparse por los modales b¨¢sicos. ¡ªHace poco lo soy¡¡ªSusurr¨® Apolo algo avergonzado. ¡ª?Gente ignorante, en puestos importantes: trae problemas?¡ªMurmur¨® Lionel como si fuera un refr¨¢n muy empleado en su vida¡ªDe todas formas ese t¨ªtulo es conocido por casi todo el mundo, ya que no solo es antiguo, sino que tambi¨¦n el emperador est¨¢ obligado a otorgarle tierras al que lo obtenga. ¡ª?En serio?, pero en definitiva no puede tener hijos, as¨ª que es una tradici¨®n medio idiota: solo es prestar un poco de tierra por unos a?os y luego vuelve al emperador¡ªComent¨® Apolo notando el problema. ¡ªNo los necesita: un archimago es un mago que logr¨® alargar su vida por lo que si mantiene su m¨¦todo vive hasta que se aburre¡ªExplic¨® Lionel con calma, mientras miraba atentamente el cuerpo de Apolo tratando de imaginarse que ropa le quedar¨ªa bien¡ªAunque en parte tienes raz¨®n: el motivo por el cual se lo considera un t¨ªtulo honor¨ªfico y no uno oficial es porque como ya mencionaste, las tierras no son heredables y el t¨ªtulo tampoco es heredable. ¡ª?Por mis ancestros, me est¨¢s diciendo que son inmortales!¡ªGrit¨® Apolo impresionado por semejante descubrimiento. ¡ª?Entonces por qu¨¦ habr¨ªa protocolos de color para cuando mueren?, claramente si le cortas el cuello a un archimago muere al igual que la gran mayor¨ªa de personas¡ªRespondi¨® Lionel tom¨¢ndose la barbilla¡ªAdem¨¢s que la condici¨®n creo que es un poco m¨¢s simple que ser inmortal, solo es alargar la vida una ¨²nica vez: no infinitas veces¡ Pero volviendo a nuestro tema, creo que tengo algunos cat¨¢logos algo antiguos acerca de la evoluci¨®n de la moda de los magos, podr¨ªamos verlos y ver cu¨¢l de todos los modelos cumple tus requisitos. ¡ªVamos por ello¡¡ªDijo Apolo en¨¦rgicamente, pero en su mente el joven noble andaba preocupado, reflexionando por segunda vez porque su ancestro le hab¨ªa remarcado que ser un mago era una lucha contra el tiempo. E78-La toga Apolo esper¨® a que Lionel regresara con el cat¨¢logo en uno de los sillones de la tienda, por suerte en la tienda hab¨ªa varios sillones y algunos eran bastante ex¨®ticos, por lo que el joven logr¨® encontrar un sill¨®n en donde alguien con su tama?o podr¨ªa entrar f¨¢cilmente. Tras unos pocos minutos de espera, Lionel volvi¨® de la parte trasera de la tienda con un libro en su mano. ¡ªBueno, ac¨¢ lo tenemos, la compilaci¨®n de la moda de los magos en el imperio¡ªComent¨® Lionel, mientras mov¨ªa uno de los dedos de su mano para apuntar a un sill¨®n, provocando que el mismo levitara hasta ponerse cerca de Apolo. Luego Lionel se sent¨® c¨®modamente en el sill¨®n que acababa de acomodar y levantando su mano nuevamente, el sastre provoc¨® que el libro levitara adelante de Apolo y fuera cambiando sus p¨¢ginas con lentitud, hasta que lleg¨® a la que andaba buscando. ¡ªQu¨¦ sorprendente¡¡ªMurmur¨® Apolo; el joven conoc¨ªa rumores de la notoria habilidad ancestral de la gente de tierras alegres, pero esta era la primera vez que la ve¨ªa en persona y la habilidad era del todo llamativa. ¡ªGracias, por lo dem¨¢s como puedes ver estos eran los modelos de vestimentas usados hace m¨¢s de 300 a?os¡ªComent¨® Lionel mientras explicaba el contenido de las hojas del cat¨¢logo, entretanto el libro iba moviendo sus hojas por su cuenta siguiendo la voluntad del sastre¡ª Todas tienen la misma caracter¨ªstica y es que la vestimenta es completamente negra. Pero como puedes observar hace m¨¢s de 300 a?os se utilizaba esmoquin; sin embargo, hace 200 a?os se pusieron de moda nuevamente las togas siguiendo las ideas conservadoras de la casa imperial de aquel entonces y hace 100 a?os la moda sigui¨® el modernismo de la ¨¦poca y pasamos a las t¨²nicas. Actualmente seguimos utilizando t¨²nicas. Eso es a rasgos generales, luego hay algunas variaciones, hace 50 a?os la regla general era tener una capucha, mientras que ahora no se cubre la cabeza con nada y est¨¢n de moda las barbas largas. ¡ªOh, me hab¨ªa olvidado de la apariencia: la barba puede ser un problema...¡ªDijo Apolo, ¨¦l siempre se la cortaba porque los pelos de la barba le causaban picaz¨®n, as¨ª que en estos momentos el joven imploraba a gritos en su mente que no tuviera que dejarse crecer la barba. ¡ªEntonces, ?podr¨ªas decirme m¨¢s espec¨ªficamente cu¨¢les fechas buscas exactamente?¡ªPregunt¨® Lionel¡ª ?Y por qu¨¦ motivo buscas seleccionar as¨ª tu ropa?, tengo bastante curiosidad, si te soy sincero, eres el primer cliente al cual le escucho esa exigencia. ¡ªProbablemente, busco una toga, entre 200-100 a?os en el pasado, lo mejor ser¨ªa un punto medio como la moda usada hace 150 a?os, pero incluyendo los detalles importantes de la moda usada hace 100 a?os, si es que los hay¡ªRespondi¨® Apolo. El joven estaba considerando en su mente que probablemente la criatura que buscaba ya hab¨ªa servido a un mago toda su vida. Lo cual podr¨ªa ser de 125 a 250 a?os en el pasado, teniendo en cuenta que esa era la vida promedio en el imperio de alguien muy adinerado que nunca haya tenido que vincularse con las distintas guerras de la ¨¦poca. No obstante, Apolo tambi¨¦n consideraba que el mago probablemente obtuvo esta criatura en su adultez, por lo cual le hab¨ªa restado unos cuantos a?os a la posible fecha. Las fechas variaban tanto dado que dependiendo tu sangre y tu legado, tu vida podr¨ªa ser m¨¢s o menos corta, por ejemplo los miembros de la familia imperial solo viv¨ªan unos miseros 55 a?os a lo mucho; aunque eso estaba muy por debajo del promedio en el imperio. En cuanto a los miembros de la familia de Apolo podr¨ªan vivir no m¨¢s de 100 a?os, pese a que lo normal era morir antes de los 50 debido a la profesi¨®n de la familia de Apolo¡ªEn cuanto al motivo, es porque quiero contratar unas criaturas que requieren que utilice una ropa familiar a la de su antiguo propietario. ¡ªPor el amor de mis ancestros, ?acaso no estar¨¢s pensando en adoptar a un Gururi viejo?¡ªPregunt¨® Lionel con bastante preocupaci¨®n¡ªEs una p¨¦sima idea, esas criaturas tienen el h¨¢bito de matar a sus due?os, no por nada los verdaderos gururis se discontinuaron hace ya casi 900 a?os. ¡ª?Se discontinuaron? ?Si lo hicieron por qu¨¦ las conoces?¡ªPregunt¨® Apolo con dudas y una preocupaci¨®n inmensa, lo ¨²nico que le faltaba es que le digan que estas criaturas se hab¨ªan extinguido. Al fin y al cabo la carta dada por su ancestro ten¨ªa m¨¢s de un milenio de antig¨¹edad por lo que no era imposible que algo como eso hubiera ocurrido en tanto tiempo. Love this story? Find the genuine version on the author''s preferred platform and support their work! ¡ªPorque cuando el Gururi muere, siempre se lo diseca y se lo coloca como estatua en la casa donde trabaj¨® toda su vida¡ªRespondi¨® Lionel¡ªEn la casa de mi bisabuelo hay unos cuantos, no solo dan buena suerte, sino que incluso cobran vida nuevamente de vez en cuando y reparan las cosas de la casa por las noches. ¡ª??Pero se pueden seguir obteniendo o se extinguieron?!¡ªPregunto Apolo con desesperaci¨®n. ¡ªBueno, en principio esas criaturas son producto de los magos: no son una especie natural¡ªExplic¨® Lionel con calma, al parecer al sastre le gustaba bastante impartir su conocimiento, por lo que siempre se terminaba yendo por las ramas y hablaba m¨¢s de otras cosas que de moda¡ªPor lo que no se pueden extinguir. No obstante, probablemente no haya tiendas que los produzcan y dudo muchos que encuentres a los gururis en los criaderos de las calles principales. Hoy se usan los Goros, que son una versi¨®n mejorada de los Geros, que a su vez son una versi¨®n mejorada de los Giri, los cuales partieron de los desaparecidos Gururis. De todas formas, que yo sepa la gente pobre a¨²n utiliza gururis, aunque estoy bastante seguro de que no son los mismos que los que t¨² buscas, ya que la producci¨®n de esas criaturas se volvi¨® ilegal hace casi 500 a?os, cuando ya casi nadie los utilizaba, adem¨¢s ning¨²n pobre podr¨ªa satisfacer las necesidades de los gururis. ¡ª?De casualidad sabes si a¨²n hay magos que sigan utilizando a estas criaturas?¡ªPregunt¨® Apolo con preocupaci¨®n, si no pod¨ªa conseguir un gururi viejo ya empleado por un mago ser¨ªa complicado seguir las instrucciones de su ancestro, ya que seg¨²n la carta su obtenci¨®n era fundamental. ¡ªLa verdad es que lo dudo, pero vaya uno a saber, los gururis son una opci¨®n mucho m¨¢s barata que sus versiones mejoradas por lo que probablemente s¨ª que haya algunos magos con poco presupuesto dispuestos a emplearlos¡ªRespondi¨® Lionel aunque por su tono de voz no parec¨ªa tan seguro de lo que hab¨ªa dicho¡ªDe todas formas te recuerdo que probablemente busquen matarte, pero bueno eres del bosque negro: seg¨²n los rumores te pueden cortar hasta la cabeza y revives, ?o no? ¡ªAlgo as¨ª¡¡ªComent¨® Apolo para nada dispuesto hablar del tema¡ª?De por casualidad conoces alg¨²n criadero o tienda donde comprarlos? ¡ªVe al barrio de criaderos de animales ex¨®ticos, en la calle principal de seguro no los venden. Como te mencion¨¦ hace unos minutos, los que hoy en d¨ªa se conoce como gururis son empleados por los pobres, pero tengo certeza absoluta de que no son los mismos que los que ten¨ªa mi bisabuelo, por lo que no debe ser lo que t¨² est¨¢s buscando¡ªRespondi¨® Lionel¡ªDe todas formas no est¨¦s tan preocupado: en la ciudad anillo se vende de todo, por lo cual de seguro encuentras lo que buscas y si no est¨¢ en esta ciudad, es porque es imposible de conseguir en todo el imperio, as¨ª que puedes optar por modelos m¨¢s actuales. ¡ªEspero que los sigan vendiendo, de verdad los necesito...¡ªMurmur¨® Apolo preocupado, pero con algo de esperanzas, en definitiva ten¨ªa a los ancestros de su lado en esta tarea, por lo cual el joven de alguna manera cre¨ªa que ser¨ªa posible lograrlo. ¡ªBueno, por lo dem¨¢s acerca de la toga que buscas¡¡ªComent¨® Lionel pasando las p¨¢ginas del libro hasta llegar al modelo que se usaba hace 150 a?os¡ªLas togas son bastante viejas, incluso m¨¢s que las t¨²nicas, por lo que remarcan bastante tradicionalismo, en este modelo se usaba la toga junto a un trofeo. El trofeo generalmente utilizado era una pluma del color de tu rango como mago, el cual es el hist¨®rico y no los que se usan en el imperio, como ver¨¢s el primer rango es el marr¨®n, el segundo es el dorado, el tercero es el verde y el cuarto es el violeta. El marr¨®n se utiliza cuando no tienes ac¨®litos, dorado cuando lo tienes, verde cuando tu ac¨®lito es mago sin ac¨®litos, violeta cuando tu ac¨®lito es mago con ac¨®litos. ¡ªEntonces: ?Mi trofeo debe ser una pluma marr¨®n!¡ªExclam¨® Apolo recordando la complicada secuencia de cuatro colores f¨¢cilmente olvidable¡ª?Hay alg¨²n otro detalle? ¡ªUno m¨¢s, antiguamente la magia no era una cuesti¨®n imperial, sino que cada mago se encargaba de dispersar su ?escuela? a los ac¨®litos seleccionados¡ªRespondi¨® Lionel leyendo el libro. El cual contaba con una explicaci¨®n hist¨®rica, la cual siempre andaba bastante relacionada con la moda¡ªPor lo tanto, cada mago pertenec¨ªa a una escuela y en su toga siempre hab¨ªa un emblema de oro con la insignia de su escuela. ¡ª?Tengo que dise?ar el emblema o hab¨ªa una escuela muy usada en todo el imperio?¡ªPregunt¨® Apolo ¡ªTienes que dise?ar el emblema y dibujarlo para que lo haga, o describirlo en su defecto¡ªRespondi¨® Lionel de forma en¨¦rgica; si bien sus expresiones estaban completamente ocultas, parecer¨ªa que estaba emocionado con la idea de trabajar en este proyecto que buscaba resucitar la moda del pasado. ¡ªBueno, tratar¨¦ de pensar algo y dibujarlo. ?Algo m¨¢s a tener en cuenta?¡ªPregunt¨® Apolo. ¡ªS¨ª, por ¨²ltimo, esta vestimenta de mago tiene una peculiaridad muy grande y es que solo se puede vestir con sandalias¡ªRespondi¨® Lionel. ¡ªSandalias: oh, como las odio!...¡ªDijo Apolo para si mismo¡ªBueno de todas formas hazlas, quiero que sea lo m¨¢s tradicional posible. ¡ªPerfecto, entonces: ?Tomemos las medidas!¡ªExclam¨® Lionel transmitiendo algo de ¨¢nimos y emoci¨®n al preocupado Apolo. E79-Gigante mistico Pas¨® algo m¨¢s de una hora y finalmente Apolo pudo salir de la tienda vistiendo una toga bastante expuesta completamente negra, con unas sandalias tambi¨¦n negras bastante sosas. Por su parte en el pecho del joven pod¨ªa observarse, una pluma no muy grande de color marr¨®n de alg¨²n ave ex¨®tica que el joven desconoc¨ªa, junto a una insignia de oro en la cual se hallaba tallado un hombre agarrando su cintura, extendiendo su otra palma al cielo: ?La vestimenta de mago estaba completa! El trabajo como tal fue bastante r¨¢pido gracias a la ex¨®tica habilidad de Lionel que le permit¨ªa trabajar con varios instrumentos a la vez mientras los mismos volaban por toda la habitaci¨®n, realmente Apolo hab¨ªa quedado asombrado con el grado de coordinaci¨®n que demostraba el sastre para manejar tantas cosas a la vez con su peculiar habilidad. Tras salir, Apolo se sinti¨® un poco inc¨®modo, esta ropa era un poco reveladora para su gusto m¨¢s herm¨¦tico y apretado, la mitad superior de su cuerpo pod¨ªa verse por lo que el joven andaba mostrando uno de sus pechos, mientras que la otra mitad estaba tapada por la tela negra de la toga. Por otra parte, al joven no le eran muy c¨®modas las sandalias y sab¨ªa perfectamente que si ten¨ªa que ponerse a correr con esta ropa le ser¨ªa m¨¢s que complicado. Y mejor no hablemos de s¨ª por casualidad necesitaba pelear, realmente Apolo no podr¨ªa esquivar nada sin temer enredarse en su propia ropa. Sin embargo, estos eran los sacrificios necesarios para estar a la moda de anta?o, por lo cual Apolo acat¨® los problemas y trat¨® de acostumbrarse, el lado positivo es que la toga al menos luc¨ªa bonita y est¨¦ticamente le quedaba perfecto. Help support creative writers by finding and reading their stories on the original site. Apolo camin¨® por las calles mientras la gente lo miraba con curiosidad, ahora no solo era un gigante, sino que estaba vistiendo con ropas antiguas lo cual lo hac¨ªa a¨²n m¨¢s m¨ªstico. Por lo cual las miradas curiosas empezaron a notarse hasta desde la calle contraria, al sentirse tan observado Apolo sinti¨® la imperiosa necesidad de correr en busca del carruaje. Pese a ello, el joven noble se record¨® a s¨ª mismo que estas prendas le costaron 250 cristales y f¨¢cilmente podr¨ªa terminar rompi¨¦ndolas si corr¨ªa sin estar acostumbrado a las mismas, por lo que Apolo retuvo su impulso de idiotez y fue caminando por la calle hasta encontrar su carruaje anormalmente grande. ¡ªLe quedan bastante bien sus nuevas prendas¡ªHalag¨® Mateo de forma autom¨¢tica, pero para su sorpresa realmente le quedaban bien las ropas: si ten¨ªas el cuerpo de Apolo lo que mejor te quedaba era casi no usar ropa. ¡ªGracias, dir¨ªgete al barrio de criadores de bestias¡ªComent¨® Apolo con preocupaci¨®n, ahora que ya no estaba tan al tanto de las miradas ajenas recordaba que un problema bastante serio hab¨ªa surgido con las criaturas que tanto anhelaba. ¡ªPodr¨ªamos probar suerte en una de las tiendas de las calles principales, estamos bastante cerca, ser¨ªa un desperdicio no intentarlo¡ªRespondi¨® Mateo, sacando el libro rojo con todas las direcciones importantes de la ciudad anillo para utilizarlo como ayuda memoria. ¡ªSi est¨¢ cerca, mejor ir a esa tienda¡ªDijo Apolo bastante satisfecho con el consejo¡ªEn el peor de los casos podemos reafirmar todo lo que me contaron. ¡ªLo noto preocupado, ?acaso le dijeron algo preocupante?¡ªPregunt¨® Mateo ¡ªEsperemos que no sea nada¡¡ªRespondi¨® Apolo en voz baja entrando al carruaje con algo de esfuerzo; todav¨ªa no tan acostumbrado a este tipo de ropa suelta. E80-La Tienda Imperial Siguiendo el consejo de Mateo, Apolo se dirigi¨® a una de las tiendas de la calle principal para obtener sus tan ansiados Gururis, esperando que la informaci¨®n brindada por el sastre fuera un poco exagerada y sus planes no se vieran frustrados. Como consuelo, el joven noble sab¨ªa que estaba en la ciudad anillo, la ciudad con mayor afluencia de comerciantes en todo el imperio, si algo exist¨ªa y era vendible: ?Entonces deb¨ªa estar en esta ciudad!. Tal y como indic¨® su criado, una de las tiendas m¨¢s importantes de criaturas ex¨®ticas de la ciudad anillo se encontraba bastante cerca de la sastrer¨ªa a la cual hab¨ªa asistido, por lo que el joven noble no tard¨® mucho en llegar a la tienda. La tienda de animales ex¨®ticos era realmente grande y ocupaba el tama?o de casi diez tiendas juntas. Aunque su imponente tama?o no era lo ¨²nico que indicaba su prestigio, ya que el cartel arriba de las grandes puertas de la tienda ten¨ªa escrito en tinta azulada: ?Tienda Imperial de animales ex¨®ticos, propiedad del ministerio de fauna y ambiente? ¡ª?La familia imperial?, supongo que a los nobles de la capital realmente les importa comprar animales ex¨®ticos para sus jardines...¡ªMurmur¨® Apolo algo nervioso; al joven no le gustaba cruzarse con gente importante, aunque la gran realidad es que lo m¨¢s probable es que Apolo fuera atendido por alg¨²n funcionario del ministerio, los cuales en general eran ciudadanos de la ciudad anillo, es decir: unos ?don nadie?. Mientras Apolo luchaba con sus ansias, el carruaje lleg¨® hasta la puerta de la tienda y se par¨®. Provocando que el joven bajara sin perder un mero segundo, al instante en que el joven abri¨® la puerta del carruaje produjo que las miradas curiosas de los peatones volvieran a aparecer. Juntando paciencia en su interior, Apolo logr¨® forzarse a no correr y se dirigi¨® hacia la tienda mientras miraba a la gente obsesivamente, como si temiera que en cualquier momento alguna de estas personas quisiera saltar a atacarlo. Luchando contra sus ganas de dispersar a todos estos curiosos de un buen grito, Apolo entr¨® en la tienda e inmediatamente fue recibido por un hombre apuesto, vestido con un elegante traje y un par de guantes blancos. El hombre apuesto hizo una reverencia sin preguntarle el nombre al joven, remarc¨¢ndole a Apolo que esta persona por fortuna no era nadie importante. El hombre con una sonrisa elegante y bien practicada, continu¨® su protocolar saludo diciendo: ¡ªMucho gusto, mi nombre es... ¡ªNo me importa un carajo como te llames¡ªCort¨® Apolo maleducadamente¡ªAhora responde mi pregunta: ?vendes a los preciados Gururis?, busco dos reci¨¦n nacidos y uno viejo. ¡ªSolo vendemos criaturas ex¨®ticas y de alto valor¡ªRespondi¨® el empleado con una sonrisa, ignorando el insulto del joven. Stolen story; please report. ¡ªAl parecer no eres muy listo, te acabo de preguntar si vendes a los preciados Gururis, as¨ª que responde mi pregunta¡ªRespondi¨® Apolo inc¨®modo por la negativa del empleado: ?Era una mala se?al, una se?al horrible! ¡ªNo, joven se?or, solo vendemos Goros o Geros¡ªRespondi¨® el empleado sin perder la paciencia, mostrando que era todo profesional en el arte de tratar con nobles sin modales. ¡ªPor mis ancestros, ??por qu¨¦ mierda no vendes a los Gururis?!¡ªChill¨® Apolo m¨¢s desesperado que enojado, lo ¨²ltimo que al noble le faltaba es que lo dicho por el sastre se volviera una realidad. ¡ªPorque no son el tipo de criaturas que comprar¨ªa un noble¡ªRespondi¨® el empleado sin inmutar su sonrisa por los gritos de Apolo. ¡ªYo soy un noble, el noble m¨¢s importante que vas a atender en toda tu miserable vida como plebeyo: ?Hermano de un futuro rey!, ?Y estoy ac¨¢ esperando a que me vendas tres Gururis de mierda!¡ªGrit¨® Apolo escupiendo toda su saliva al empleado, haciendo que su grito retumbara por toda la tienda provocando que algunos animales empezaran a gritar asustados. Por su parte, el resto de los empleados comenzaron a mirar al empleado que estaba atendiendo a Apolo con empat¨ªa: al parecer esta vez hab¨ªa llegado un cliente bastante complicado de satisfacer¡ªAhora, manga de in¨²til, dime antes de que te mande a empalar por el culo con los huesos de tus hijos, ??d¨®nde mierda consigo los tres Gururis que tanto busco?! ¡ªEn el barrio de criadores de criaturas y animales¡ªRespondi¨® el empleado sin inmutar su sonrisa sorprendiendo al resto de empleados, realmente el hombre estaba haciendo una brillante actuaci¨®n. ¡ª?Es decir que a¨²n son comprables?¡ªPregunt¨® Apolo cambiando su tono de forma rotunda, agarrando los hombros del hombre que para ¨¦l eran tan chicos como los de un enano de feria. ¡ªS¨ª, claro que los Gururis son comprables y son muy comunes¡ªRespondi¨® el empleado con una sonrisa un poco m¨¢s real. ¡ª?Que mis ancestros te bendiga, buen hombre!¡ªGrit¨® Apolo abrazando fuertemente al empleado como si se hubiera reencontrado con un hermano perdido, mientras el resto de empleados miraba la situaci¨®n con aturdimiento. Por su parte, el empleado siendo abrasado sonre¨ªa como un idiota a la puerta de madera sin saber muy bien que hacer para lograr que este lun¨¢tico dejara de abrazarlo: al parecer este desarrollo del conflicto hab¨ªa superado todas sus expectativas¡ª?No sabes cuanto tiempo llevo esperando adquirir esas nobles criaturas! Y ahora las esperanzas de lograr finalizar con ¨¦xito mi b¨²squeda se han reanudado con tus gratas palabras, realmente eres una gran persona. Tras halagar con su coraz¨®n a este empleado desconocido, Apolo sali¨® de la tienda bajo la mirada aturdida de todos los empleados. Cuando la puerta se cerr¨® y el joven sali¨® de la tienda, un hombre regordete de ojos negros, completamente sin pelo y vistiendo solo unos pantalones, comenz¨® a salir desde el mism¨ªsimo piso de roca de la tienda como si el mismo se tratase de agua. Al salir, el hombre regordete le coment¨® al empleado a¨²n aturdido mirando la puerta cerrada por donde se hab¨ªa marchado Apolo: ¡ªFue muy sabio de tu parte no mencionarle al joven que lo que estaba diciendo eran idioteces. M¨¢s que sabio fue una genialidad que te salv¨® la vida: La gente de bosque negro es conocida por marchitar a quienes los enojan m¨¢s de la cuenta. Y cr¨¦eme que el emperador solo les aplaude cuando se encuentra con los cad¨¢veres disecados. Por esta grana actuaci¨®n quedas ascendido, Par¨ªs. ¡ª?Muchas gracias, ministro!¡ªRespondi¨® el empleado, saliendo del aturdimiento y evitando no llorar, incr¨¦dulo de que un noble casi lo mandaba matar solo por no tener unos miseros Gururis en la tienda. E81-Largos cinco meses El todopoderoso tiempo reclam¨® cinco meses enteros de la vida de Apolo, no obstante, cruelmente nada le hab¨ªa entregado a cambio. Al parecer las advertencias del sastre Lionel no fueron en vano, pues realmente se le estaba haciendo complicado a Apolo encontrar lo que buscaba: la realidad es que el gran problema era justamente algo que Apolo deseaba escuchar en el pasado. Sin embargo, el joven noble nunca dimension¨® las consecuencias que ese acontecimiento podr¨ªa tener sobre sus planes, pues la grata noticia era que los Gururis eran terriblemente baratos y pese a ello esa magn¨ªfica noticia se hab¨ªa tornado en una maldici¨®n para el joven noble. Al ser tan baratos, los Gururis eran usados por una amplia gama de personas en la ciudad anillo, como las familias de bajos recursos, comerciantes novatos y artesanos sin muchos recursos, por lo que en realidad era bastante f¨¢cil obtener dos Gururis reci¨¦n nacidos. Pese a esa noticia aparentemente buena, la verdad es que lo que estaba trabando los planes de Apolo era que al ser tan baratos provocaba que fuera bastante complicado, por no decir imposible, conseguir un Gururi viejo que haya sido empleado por un mago. Al punto que Apolo se hab¨ªa pasado cinco meses enteros especializ¨¢ndose en el mercado de Gururis para poder ampliar sus posibilidades de ¨¦xito y aun as¨ª todav¨ªa no ve¨ªa resultado alguno. Con el presupuesto de un mago y teniendo en cuenta que era una ¨²nica compra para toda tu vida, la norma general era comprar la opci¨®n m¨¢s cara: los Goros, aunque su precio rondaba los 10.000 cristales a¨²n eran comprables por los magos que solo depend¨ªan del presupuesto imperial y no ten¨ªan ning¨²n logro: dichos magos solo tendr¨ªan que ahorrar unos a?os y trabajar un poco en el ministerio de magia. Pese a ello, si fueras un mago un poco m¨¢s conservador con los gastos y no tan preocupado por cuidar tu estatus noble, podr¨ªas optar por comprar un Gero, cuyo precio eran unos 3500 cristales. Por otra parte, si fueras un mago y de verdad no quisieras ahorrar o esperar y ten¨ªas un presupuesto algo consumido por otros gastos a¨²n podr¨ªas obtener alguna de las variantes m¨¢s antiguas como los Giri que rondaban los 300 cristales. Y por ¨²ltimo si eras un mago y a su vez tuvieras el esp¨ªritu de una rata miserable viviendo en tu interior, podr¨ªas optar por adquirir a los Gururis, cuyo precio rondaba entre 15 a 1 cristales dependiendo su antig¨¹edad. Esta gama de precios accesibles para todo el mundo provocaba que pr¨¢cticamente cualquier ciudadano de la ciudad anillo pudiera obtener un Gururi y pese a sus grandes defectos en realidad eran muy usados por las clases bajas. No obstante, un mago era alguien de alto estatus y alta riqueza, por lo que ser¨ªa mal visto si comprara un Gururi, lo cual arruinaba m¨¢s a¨²n las probabilidades de Apolo. Tras estos largos meses de investigaci¨®n y aprendizaje acerca de este amplio mercado, Apolo se hab¨ªa convertido en el m¨¢s grande especialista de Gururis en el imperio y no era una exageraci¨®n. Este ?gran? logro se debi¨® en parte porque probablemente Apolo era el ¨²nico ciudadano del imperio lo suficientemente demente y rico como para lapidar una inmensa fortuna en obtener informaci¨®n acerca de estas criaturas tan baratas como tres pollos. Unlawfully taken from Royal Road, this story should be reported if seen on Amazon. De lo que s¨ª no hab¨ªa dudas es que Apolo era el ¨²nico ciudadano del imperio capaz de tomarse el entendimiento de estas criaturas como un asunto de vida o muerte; ya que tras lo que pas¨® en el ministerio de magia, adquirir a los Gururis se hab¨ªa convertido en una obsesi¨®n para el joven: la mejor manera de ganarse el favor de sus ancestros era cumpliendo sus ¨²ltimas palabras a rajatabla y en estos momentos Apolo cre¨ªa que necesitaba sumar muertos de su lado para contrarrestar a todos los que hab¨ªa ofendido. En total Apolo hab¨ªa consumido m¨¢s de 4000 cristales solo para obtener informaci¨®n de estas criaturas. Lo cual no era algo precisamente dif¨ªcil dado que la informaci¨®n sobre estas criaturas era bastante abundante, aunque estos conocimientos de ?vital? importancia estaban dispersos y algo perdidos entre las familias pobres de la ciudad anillo. Entre sus adquisiciones se encontraban desde libros secretos que quedaron en desuso con el paso del tiempo, hasta las an¨¦cdotas de una anciana que toda la vida tuvo un Gururi como criado. Para Apolo toda la informaci¨®n val¨ªa, era ¨²til e importante. Y por suerte las personas que m¨¢s ten¨ªan informaci¨®n sobre estos extra?os criados eran las familias de bajos recursos de la ciudad anillo, las cuales eran bastante f¨¢ciles de convencer y estaban fascinadas con la idea de que si uno pudiera brindarle algo de informaci¨®n ¨²til a este noble podr¨ªa obtener cristales gratis a cambio de una entrevista. Ya de por s¨ª Apolo ten¨ªa la fama del mayor chatarrero de la ciudad anillo y ahora parec¨ªa estar luchando para convertirse en el gran maestre del mercado de los criados de los pobres. A este punto el nombre del joven noble poco a poco comenzaba a retumbar por los callejones de la ciudad anillo y ya era una figura algo conocida. Al fin y al cabo la vida de los nobles y los pobres estaba dividida por una inmensa muralla, por lo que la leyenda de un noble tan interesado en la vida de los pobres era un rumor con el potencial de dispersarse como la p¨®lvora. Por su parte el joven noble tambi¨¦n gastaba cristales para aumentar esta fama y sobre todo el objetivo de su b¨²squeda: en definitiva cuanta m¨¢s personas supieran lo que estaba buscando, m¨¢s probable ser¨ªa que alguien voluntariamente se acerque a tratar de vend¨¦rselo. En cuanto al d¨ªa de hoy, Apolo se encontraba dirigi¨¦ndose hacia una de las regiones de la ciudad anillo en donde supuestamente se encontraba el mercado de esclavos m¨¢s importante del imperio. Si bien las criaturas que el joven buscaba no eran consideradas esclavos, a¨²n exist¨ªa la posibilidad de que se vendieran junto a los esclavos dado que su uso era muy generalizado y seg¨²n los rumores que le hab¨ªan llegado a Apolo hab¨ªa algunas tiendas de esclavos que comercializaban con estas criaturas. Dadas las complicadas distancias en la ciudad anillo, Apolo hace cinco meses no volv¨ªa a su mansi¨®n, durante estos largos meses el joven noble se la hab¨ªa pasado durmiendo en el carruaje o en hoteles temporales dependiendo la duraci¨®n de su estad¨ªa en la zona. Por suerte el carruaje era bastante grande y ya hab¨ªa preparado otro carruaje para que cargue con los bienes que usar¨ªa de vez en cuando. Apolo estaba cien por ciento seguro de que deb¨ªa ser el ¨²nico noble de este imperio dispuesto a sufrir semejante tortura como vivir en un carruaje estando a tan pocos d¨ªas de su mansi¨®n, pero exist¨ªa un problema por el cual no pod¨ªa volver y mandar a otros criados a investigar por ¨¦l. El motivo era fundamentalmente porque el conocimiento para analizar a un Gururi era bastante complejo para ser explicado, el segundo motivo era porque hab¨ªa demasiada gente buscando enga?arlo y ya lo hab¨ªan enga?ado varias veces. Por lo tanto, el joven noble ten¨ªa que ir personalmente a verificar a cada Gururi que compraba para ver si en realidad era el tan ansiado Gururi que le hab¨ªa pertenecido a un mago o solo se trataba de otra estafa de alg¨²n malnacido. E82-Los Goros Tras un viaje considerablemente largo, el carruaje de Apolo lleg¨® a su destino, deteni¨¦ndose al frente de los portones de una inmensa tienda. La tienda ocupaba una cuadra entera aunque no se encontraba en una de las calles principales por lo que en estas zonas era m¨¢s f¨¢cil ver tiendas de este tama?o. El edificio como tal era muy similar a una fortaleza y en cada una de las esquinas se pod¨ªa ver una torre de vigilancia con un guardia vistiendo una armadura de cuero observando seriamente el interior del edificio. El cual parec¨ªa no tener techo alguno y estaba rodeado de unas imponentes murallas de madera de m¨¢s de cuatro metros de alto. A diferencia de las armaduras de los guardias en la puerta de la capital, las armaduras de los guardias de esta tienda no eran decorativas y uno pod¨ªa distinguir f¨¢cilmente que se encontraban algo gastadas por el uso, por lo que al parecer esta era una zona que llamaba al conflicto frecuentemente. Y no era para menos, ya que el edificio se trataba de una casa de subasta y venta de esclavos. Apolo se ajust¨® el anillo de oro en la mano y tom¨® una maleta de cuero, junto a un bast¨®n de madera negra bastante fino con una hermosa empu?adura de oro la cual ten¨ªa la forma del pomo de una espada. Con todo los preparativos listos, Apolo procedi¨® a abrir la puerta del carruaje para salir a la calle. Apenas puso un pie en la calle, el joven inmediatamente se apoy¨® en su bast¨®n y comenz¨® a caminar con la lentitud con la que lo har¨ªa un anciano apoy¨¢ndose en su bast¨®n. Realmente todo este montaje armado por el joven noble era algo completamente est¨¦tico, pero seg¨²n su investigaci¨®n esta est¨¦tica era importante, ya que el Gururi que buscaba era el que acompa?¨® a un mago durante toda su vida hasta la vejez, por lo cual su anterior due?o probablemente termin¨® usando un bast¨®n. Con lentitud, Apolo se dirigi¨® hacia la gran entrada de la tienda y observ¨® como dos guardias se le acercaban y le preguntaban: ¡ªMucho gusto, ?podr¨ªa indicarme¡? ¡ªCierra el pico, vengo a inspeccionar a tus Goros: ?Ve y busca al que me contrat¨®!¡ªInterrumpi¨® Apolo mirando fijamente al guardia. ¡ª?As¨ª que es el se?or Apolo? ?No es algo joven?¡ªPregunt¨® el otro guardia, impactado por el mal car¨¢cter del joven. ¡ªSi sabes mi nombre, entonces para qu¨¦ me haces esperar¡¡ªSe quej¨® Apolo ¡ªDisculpe, por favor s¨ªgame, lo llevar¨¦ con el encargado¡ªRespondi¨® uno de los guardias sin querer hacer enojar al ?experto?, en definitiva por la ropa que vest¨ªa el joven y por el carruaje en el que hab¨ªa llegado parec¨ªa ser alguien extremadamente rico, por lo que ser¨ªa raro que causara problemas. Apolo en silencio, tom¨¢ndose todo el tiempo del mundo, acompa?¨® al guardia. Mientras recorr¨ªa la tienda, el joven miraba para todos lados, expectante de encontrarse con su gran ansiada criatura. Sin embargo, ¨²nicamente pod¨ªan verse personas esclavizadas y diversas ?razas? de humanoides que t¨¦cnicamente eran humanos y por tanto, no se consideraban animales o criaturas. De hecho, Apolo sab¨ªa que todos estos humanoides eran simples seres humanos. Pero la habilidad dada por su sangre los hac¨ªa ser tan diferentes a la mayor¨ªa de personas que eran tratados de formas distintas, llegando al punto que la gente ignorante pensara que eran otra ?raza? completamente diferente a los humanos, como las que se describ¨ªan en los libros de f¨¢bula y fantas¨ªa. Muy similar a como las personas ?normales? trataban a Apolo como un gigante. Aunque lo cierto es que la mayor¨ªa de personas desnutridas del imperio med¨ªan poco m¨¢s de un metro y medio por lo que era bastante complicado opinar que alguien como Apolo era un ser humano normal y eso que Apolo a¨²n ten¨ªa una altura posible entre los humanos normales; a diferencia de algunos miembros de su familia que realmente se hab¨ªan convertido en gigantes tan altos como los ¨¢rboles. Support the creativity of authors by visiting Royal Road for this novel and more. El guardia sigui¨® dirigiendo a Apolo hasta hacerlo entrar en una oficina en donde un hombre bastante apuesto vestido de traje blanco se encontraba trabajando leyendo unos archivos. ¡ªSe?or, el experto lleg¨®¡ªPresent¨® el guardia mostrando a Apolo. ¡ªAs¨ª que usted es el reconocido mago Apolo, el joven experto¡ªComent¨® el encargado con felicidad mientras dejaba los libros en su escritorio y miraba al joven con curiosidad¡ªMi nombre es N¨¦stor de playas azules. ¡ªEncantado en conocerte, ?d¨®nde est¨¢n las criaturas que quieres que revise?¡ªDijo Apolo con una sonrisa alegre llena de expectativa. ¡ª?Por ac¨¢, s¨ªgame!¡ªRespondi¨® N¨¦stor energ¨¦ticamente, mientras sal¨ªa de su escritorio para guiar a Apolo hasta el lugar donde guardaba la mercader¨ªa. No pas¨® mucho tiempo para que Apolo y N¨¦stor llegaran al subsuelo de la tienda, en el sitio se encontraban diversas criaturas coloridas que en algunos casos aparentaban ser bastante peligrosas. Pese a la belleza de las criaturas, el joven se desilusion¨®: al parecer ac¨¢ tampoco hab¨ªa Gururis, al menos no en esta zona de la tienda, aunque era entendible, ya que todas las criaturas guardadas en el subsuelo aparentaban ser bastante ex¨®ticas y costosas. Tras seguir acompa?ando a N¨¦stor por unos pocos minutos m¨¢s, Apolo pudo ver el motivo de su visita a esta tienda: dentro de unas jaulas a la distancia se encontraban 15 personas completamente desnudas. Las jaulas no ten¨ªan ninguna comodidad b¨¢sica y eran muy peque?as por lo que las personas solo pod¨ªan estar parados o sentados movi¨¦ndose un poco y no mucho m¨¢s, cada jaula ten¨ªa un balde de agua y otro lleno de avena. A primera vista parecer¨ªa que eran simples esclavos humanos siendo torturados en alguna clase de castigo extra?o, pero para los ojos expertos del joven noble era obvio que no eran simples humanos y en su lugar se trataba de los famosos Goros que hab¨ªa venido a revisar. La gran diferencia est¨¦tica entre los Goros y los humanos normales era evidente a simple vista si uno estaba lo suficientemente despierto para dudar de la cuesti¨®n, pues los Goros eran humanos est¨¦ticamente perfectos, similares a los campeones de las leyendas, todos los hombres enjaulados parec¨ªan guerreros de mil batallas y todas las mujeres encerradas podr¨ªan dejarte sin aliento. Pese a que no se trataban de Gururis, realmente Apolo no hab¨ªa mentido a los guardias, ya que ¨¦l era un experto en Gururis y por consiguiente se le hizo muy f¨¢cil convertirse tambi¨¦n en un experto en todas sus ?evoluciones?. Para la sorpresa de Apolo hab¨ªa muy pocos expertos en estas criaturas y en general contratar a un experto era muy caro, al fin y al cabo el coste medio de un Goro era el de una casa en la ciudad anillo. Aunque a Apolo no le sorprendi¨® por demasiado tiempo, el joven sab¨ªa que si uno quer¨ªa conocer bien a las evoluciones de la raza de los Gururis primero deb¨ªa entender a los Gururis y eso era un paso que el resto de expertos sol¨ªa saltarse. Por lo que podr¨ªa resultar bastante complicado para una persona terminar de comprender a los Goros por su cuenta. Ya que el mercado de expertos era muy cotizado como para que las personas dentro del mismo vayan ense?ando a los dem¨¢s voluntariamente y la informaci¨®n acerca de los Goros costaban fortunas que ni el propio Apolo podr¨ªa costearse en toda su vida. ¡ª?Quince Goros?, impresionante, este es un lote bastante grande¡¡ªComent¨® Apolo caminando con cuidado hacia una de las criaturas enjauladas, observando con curiosidad sus detalles. ¡ªS¨ª, pertenec¨ªan a una familia noble que se qued¨® sin herederos¡ªRespondi¨® Nestor con felicidad¡ªBuscamos una evaluaci¨®n de cada uno de ellos. ¡ªSer¨¢ un placer¡ªRespondi¨® Apolo tratando de ocultar la sonrisa en su rostro para que no la noten las criaturas: si todo sal¨ªa bien, hoy ganar¨ªa una fortuna, era la primera vez que evaluaba tantos Goros a la vez¡ªBueno voy a comenzar, va a tardar unas cuantas horas o incluso algunos d¨ªas, ?Cu¨¢ndo es la subasta? ¡ªFalta un mes, si es posible buscamos llevarlos a la casa de subastas general¡ªComent¨® N¨¦stor. ¡ªOh, ya veremos, esperemos que estos Goros tengan la calidad para que puedas inscribirlos en la casa de subasta general¡ªRespondi¨® Apolo acerc¨¢ndose con lentitud a una de las jaulas. E83-Inpeccion Apolo se acerc¨® a una de las criaturas caminando como si fuera un anciano, su simulaci¨®n era muy buena, como si lo hubiera estado practicando ciento de veces. Al acercarse a la jaula, el joven noble mir¨® atentamente los ojos del Goro que estaba al frente de el, el cual era muy similar a un hombre adulto de aproximadamente 30 a?os de pelo negro y ojos azules. Al notar que los ojos de la criatura no emit¨ªan un d¨¦bil brillo, Apolo procedi¨® a dejar su bast¨®n al costado de la jaula, para abrir la maleta de cuero que ven¨ªa cargando, mientras ordenaba a los guardias del lugar: ¡ªAbran la jaula de este Goro y luego retrocedan unos pasos, hasta que la criatura vuelva a concentrarse en observar mis movimientos. N¨¦stor hab¨ªa vuelto a su oficina para reanudar su trabajo, por lo que los guardias del lugar eran los ¨²nicos que hab¨ªan quedado para observar el proceso de evaluaci¨®n. Como era l¨®gico, los guardias cooperaron y siguiendo las instrucciones de Apolo abrieron la jaula de la criatura. Aunque parezca extra?o, cuando la jaula se abri¨® la criatura en su interior no escap¨®, ni se movi¨®, ni emiti¨® sonido alguno, mostrando que no era un humano normal: ning¨²n humano ver¨ªa tan d¨®cilmente como se abren las puertas de su prisi¨®n. Al abrir los compartimientos de su maleta, Apolo dej¨® que los guardias que hab¨ªan retrocedido unos pasos vieran como dentro de la misma estaba lleno de artefactos curiosos sin un sentido aparente, incluso algunos objetos no parec¨ªan tener sentido alguno como un osito de peluche o un peri¨®dico viejo. Sin embargo, estaba todo tan prolijamente empaquetado dentro de los compartimientos de la maleta que parec¨ªa que todos estos objetos miscel¨¢neos ten¨ªan una funci¨®n. Sin perder el tiempo y recordando que se ven¨ªan muchas horas de trabajo, Apolo se coloc¨® unos guantes de cuero que hab¨ªa en su maleta y procedi¨® a sacar de la misma una especie de anteojos bastantes complejos con diferentes lentes. Dichos lentes parec¨ªan tener la funci¨®n de cambiar la capacidad visual logrando as¨ª servir tanto para ver objetos grandes como para ver objetos min¨²sculos. ¡ªA ver, ?podr¨ªas abrir la boca?¡ªPregunt¨® Apolo con una sonrisa mirando a la criatura. ¡ª...¡ªPese a ello el Goro se qued¨® mirando en silencio a Apolo, sin hacerle caso. Al notar el problema, Apolo procedi¨® a sacar de su maleta el antifaz de plata que le hab¨ªa sido dejado de herencia por uno de sus ancestros. Sin perder el tiempo, el joven se puso el antifaz en el rostro, mir¨® fijamente a la criatura y peg¨¢ndole una cachetada, le grit¨® con odio: ¡ª?Abre la puta boca! ¡ª...¡ªPero la criatura no reaccion¨® y solo se limpi¨® la sangre que sali¨® de su mejilla. Provocando que los guardias se miraran entre s¨ª extra?ados, claramente ellos pod¨ªan deducir que la persona trabajando con el Goro era el experto, no obstante por alg¨²n motivo sus mentes los hab¨ªan enga?ado por unos segundos. The narrative has been taken without authorization; if you see it on Amazon, report the incident. ¡ªEsto ya se est¨¢ poniendo complicado y es solo el primer Goro¡¡ªMurmur¨® Apolo sac¨¢ndose la m¨¢scara, dejando algo aturdido a los guardias, en sus mentes por alg¨²n motivo se hab¨ªa creado una laguna mental acerca de la identidad del experto por unos segundos, hasta que claramente identificaron que solo hab¨ªa sido una ilusi¨®n extra?a. Pese a que los guardias lograron deducir los espacios en blanco en su mente, Apolo sab¨ªa que el Goro no pod¨ªa hacerlo por lo que era una manera bastante ¨²til para ir probando como su anterior due?o lo trataba. Con esa informaci¨®n, Apolo pod¨ªa simular la actitud de su anterior due?o para ganarse la confianza de la criatura y de esa manera ahorrarse problemas, agilizando el proceso de inspecci¨®n. ¡ª?C¨®mo te llamas?¡ªPregunt¨® Apolo tomando de la mejilla al ?hombre? delante de ¨¦l, mir¨¢ndolo fijamente a los ojos. ¡ª...¡ªPero el hombre no habl¨® y se qued¨® en silencio, respondiendo la mirada fija de Apolo con una mirada vac¨ªa como si hubiera muerto una parte de ¨¦l hace poco tiempo. ¡ª?Por qu¨¦ no responde?¡ªPregunt¨® uno de los guardias algo interesado en el proceso de inspecci¨®n. ¡ªPorque est¨¢ deprimido...¡ªRespondi¨® en voz baja Apolo, buscando un artefacto en su maleta. ¡ª?Y c¨®mo se lo saca de este estado?¡ªPregunt¨® el guardia. ¡ªNo se lo saca de la depresi¨®n, a los Goros le resetean la mente y el cuerpo cuando los venden¡ªExplic¨® Apolo con calma¡ª¨¦l olvidar¨¢ completamente a sus antiguos due?os y ah¨ª dejar¨¢ de estar deprimido. Una mejora sustancial contra los G¨¦ros que nacen y mueren con sus recuerdos y cuerpos intactos. ¡ª?Se resetean sus cuerpos?¡ªPreguntaron varios guardias a la vez, al parecer esa pregunta fue de inter¨¦s para todos. ¡ªS¨ª, se le da una soluci¨®n al comprador y al Goro, el cuerpo del Goro estalla y de su panza sale un beb¨¦ que crecer¨¢ hasta convertirse en el nuevo cuerpo decidido por el comprador¡ªComent¨® Apolo sin importarle que la criatura lo escuchara, mientras retiraba un frasco con arena roja de su maleta. ¡ªQu¨¦ impresionante, hasta pueden renacer...¡ªComent¨® uno de los guardias mirando con extra?eza lo perfectos que eran estos ?humanos?¡ª?Entonces son inmortales? ¡ªNo, pero m¨¢s o menos: s¨ª, lo son¡ algunas veces... pocas veces¡ªRespondi¨® Apolo con calma, mientras met¨ªa el dedo en el frasco de arena, para mancharse la punta del guante con un poco de arena roja. ¡ª?De qu¨¦ depende?¡ªPreguntaron varios guardias, impactados con la respuesta del experto. ¡ªDepende de que tan caros sean realmente¡ªRespondi¨® Apolo, mientras acercaba su mano a la criatura y le met¨ªa el dedo por la nariz, forz¨¢ndola a que aspirara la arena en el guante. Antes de que los guardias pudieran preguntar qu¨¦ estaba haciendo Apolo, el joven orden¨® a la criatura en voz baja: ¡ªA ver, abre la boca. ¡ª*Ahhh*¡¡ªInmediatamente los ojos de la criatura emitieron un leve destello al ver a Apolo y abrieron la boca como le hab¨ªan ordenado. ¡ªParece que empezamos bien¡¡ªMurmur¨® Apolo metiendo los dedos dentro de la boca del Goro, notando que los dientes de la criatura no eran precisamente perfectos, de hecho eran bastante afilados¡ª?Ven los dientes? ¡ªS¨ª, tiene varios colmillos, no solo dos...¡ªComent¨® uno de los guardias. ¡ªEso significa que a¨²n puede ser reseteado, es una buena se?al¡ªExplic¨® Apolo cambiando el lente de sus anteojos para ver con m¨¢s precisi¨®n, mientras abr¨ªa los p¨¢rpados de la criatura para mirarlos con atenci¨®n¡ªPero a¨²n hay que ver m¨¢s detalles, para ver si estamos ante una gema o algo com¨²n. E84-Otra tienda, otra oportunidad Pasaron unos d¨ªas hasta que Apolo termin¨® de inspeccionar a todos los Goros. Mientras realizaba la inspecci¨®n, el joven trat¨® de averiguar si la tienda comercializaba Gururis, pero al parecer no lo hac¨ªa; sin embargo, Apolo obtuvo informaci¨®n acerca de que otras tiendas de esta zona comercial podr¨ªan venderlos de segunda mano. Actualmente, dado que Apolo hab¨ªa terminado su tarea, se encontraba yendo a la oficina de N¨¦stor, con el objetivo de informarle la finalizaci¨®n de la tarea y tambi¨¦n para darle el resultado de la misma. El joven no tard¨® mucho en llegar y ser atendido, al parecer el encargado ya lo estaba esperando. ¡ª?C¨®mo fueron las evaluaciones?¡ªPregunt¨® N¨¦stor al ver a Apolo entrando en su oficina, al parecer algo impaciente por los resultados. ¡ªBien, la mayor¨ªa de Goros eran muy j¨®venes, se nota que la familia a la cual atend¨ªan estos Goros termin¨® s¨²bitamente¡ªinform¨® Apolo, mientras sacaba unos pergaminos y proced¨ªa a sellarlos delante de N¨¦stor. Realmente todo era oficial y Apolo segu¨ªa sin actuar, el sello lo hab¨ªa obtenido del ministerio de fauna y ambiente. Al parecer como un Mago registrado en el imperio, Apolo ya cumpl¨ªa una parte de las condiciones para poder verificar estas criaturas de forma oficial, las cuales eran inicialmente creadas por otros Magos. Luego la segunda parte de las condiciones el joven noble las cumpli¨® tras completar un par de ex¨¢menes en donde tuvo que demostrar su destreza en este campo y vual¨¢: ?Un nuevo experto hab¨ªa nacido en el imperio! ¡ªEntonces, los resultados son los siguientes: 10 J¨®venes con dos reseteos posibles, 3 ancianos con un solo reseteo posible y solo dos imposibles de resetear¡ªRespondi¨® Apolo sellando los papeles con felicidad, cada sellito que pon¨ªa en la hoja le otorgaba una gran cantidad de cristales, as¨ª que el joven estaba sonriendo como un idiota en estos momentos. ¡ªLe daremos su porcentaje cuando la venta se complete¡ªRespondi¨® N¨¦stor con una sonrisa al ver los resultados ¡ªClaro que lo har¨¢n, que no ve que dice Apolo de bosques negros en el sello¡ªComent¨® el joven con una sonrisa alegre¡ªSi no aparecen los cristales, lo que aparecer¨¢n son sus cuerpos colgando en los muros de mi mansi¨®n, as¨ª que algo voy a obtener de este viaje: ?De eso estoy seguro! ¡ªJa, ja, ja, no se preocupe, somos una tienda de fiar¡ªR¨ªo N¨¦stor nerviosamente, hasta se le ve¨ªa un poco de sudor en el rostro. ¡ªEso espero...¡ªMurmur¨® Apolo d¨¢ndose la vuelta, saliendo de la oficina para dirigirse a la entrada de la tienda. Apenas sali¨® de la tienda, el joven vio a su fiel criado, Mateo, esper¨¢ndolo en el carruaje, con todo ya preparado para salir nuevamente a la caza del tan ansiado Gururi que podr¨ªa satisfacer la ¨²ltima voluntad de su ancestro. Pasaron unos pocos minutos y con todo el asunto de los Goros finalizado, el joven noble, sin darse tiempo para descansar, se encontraba dirigi¨¦ndose a una de las tiendas que le fue comentada durante la inspecci¨®n en busca de probar suerte por esta zona. Tras unas horas de viaje, Apolo pudo ver la tienda en cuesti¨®n, la misma era considerablemente m¨¢s chica que la tienda a la cual acababa de atender; sin embargo, su tama?o a¨²n segu¨ªa siendo considerable y ocupaba un tercio de la cuadra, estaba hecha de ladrillos rojos sin pintar, sin embargo, sus paredes estaban llenas de carteles por lo que casi no pod¨ªa apreciarse el color rojo de las mismas. Aunque parezca impresionante, todos y cada uno de los carteles ten¨ªa escrito el mismo mensaje una y otra vez, el cual era el nombre de la tienda: ?Tienda de esclavos de las Islas Lejanas?. Apolo sali¨® del carruaje y se qued¨® mirando los carteles en la entrada de la tienda por unos minutos. ¡ªParece un poco exagerado, ?o no?¡ªPregunt¨® Mateo notando que Apolo se hab¨ªa perdido apreciando el mural lleno de carteles¡ªLiteralmente se malgastaron en llenar cada ladrillo con un cartel, mira incluso hay algunos chiquitos en el piso, parecer¨ªa que le tienen asco a los ladrillos. ¡ªEs completamente rid¨ªculo...¡ªSusurr¨® Apolo en voz baja m¨¢s reflexivamente que burlonamente¡ªOh, tal vez sea una se?al de mis ancestros y esta sea la tienda prometida... ¡ªEso tambi¨¦n es posible: ?Esperemos que finalmente lo logre, mi se?or!¡ªExclam¨® Mateo implorando que sea as¨ª, desde la perspectiva del hombre si Apolo quer¨ªa torturarse viviendo en un carruaje estaba perfecto. El problema es que Apolo siempre lo arrastraba a ¨¦l a sus aventuras algo disparatadas y eso que ten¨ªan casi 30 criados viviendo en la mansi¨®n a los cuales el joven pod¨ªa elegir para sufrir con ¨¦l. Unauthorized duplication: this tale has been taken without consent. Report sightings. ¡ªS¨ª, cada vez quedan menos tiendas y con ellas se van nuestras posibilidades de ¨¦xito¡¡ªMurmur¨® Apolo con preocupaci¨®n mientras se dirig¨ªa a la puerta de la tienda. Pero de inmediato el joven se dio cuenta de que un problema hab¨ªa surgido: la puerta era bastante complicada de hallar, ya que era otro cartel gigante con el nombre de la tienda, la ¨²nica manera de distinguir la puerta del resto de los carteles es porque ten¨ªa un pomo de bronce. Tras perder casi 20 minutos buscando la puerta, Mateo finalmente encontr¨® el pomo de bronce y con el mismo Apolo pudo entrar a la tienda. Al entrar, Apolo observ¨® que el interior de la tienda estaba lleno de esclavos enjaulados, aunque la mayor¨ªa de estas personas eran seres humanos comunes y solo hab¨ªa unos pocos ligeramente ?humanoides? aunque las diferencias eran min¨²sculas, como una cabeza un poco m¨¢s ancha o alg¨²n par de orejas desaparecidas. Al entrar uno de los guardias de la tienda lo mir¨® con atenci¨®n y le pregunt¨®: ¡ªDisculpe, ?Qu¨¦ clase de esclavo est¨¢ buscando, se?or? ¡ªBusco Gururis, no esclavos, me comentaron que vend¨ªan de segunda mano¡ªRespondi¨® Apolo de inmediato, mostrando lo ansioso que se encontraba en este momento ¡ªAh, s¨ª, tenemos algunos reci¨¦n adquiridos¡ªComent¨® el guardia mirando a Apolo de arriba a abajo, sus ropas parec¨ªan demasiado caras para realmente estar buscando una criatura tan barata, por no decir que el simple pomo de oro en su bast¨®n deb¨ªa valer m¨¢s que todos los Gururis que ten¨ªan en existencia. ¡ªMe place o¨ªr esa noticia, ?podr¨ªa guiarme con el vendedor?¡ªPregunt¨® Apolo con una sonrisa algo grotesca, interrumpiendo los pensamientos del guardia. ¡ªPor supuesto, s¨ªgame¡ªRespondi¨® el guardia guiando a Apolo. Mientras caminaban por los pasillos llenos de jaulas a sus costados, el joven noble observ¨® con cuidado a las criaturas, su principal temor era cruzarse con los Gururis enjaulados y generar una mala primera impresi¨®n. Por lo que Apolo caminaba con mucha delicadeza simulando los pasos de un anciano, independientemente de que a¨²n no ve¨ªa a sus ansiadas criaturas. Tras caminar unos minutos, llegaron hasta una habitaci¨®n de la tienda donde un hombre corpulento lleno de cicatrices estaba contando unos cristales arriba de la mesa de forma algo obsesiva. El hombre parec¨ªa tener m¨¢s de 40 a?os; sin embargo, su cuerpo estaba muy tonificado y cuidado, por lo que deb¨ªa seguir entrenando con regularidad. Por las cicatrices y sus actuales ropas de soldado, parecer¨ªa que el hombre fue un soldado de verdad que se retir¨® hace un tiempo. ¡ªMucho gusto¡ªSalud¨® Apolo notando que la persona delante de ¨¦l no se presentaba. ¡ªTe o¨ª decir que buscas Gururis¡¡ªRespondi¨® el hombre corpulento evitando el saludo del joven¡ªOdiseo, ve y lleva este joven donde est¨¢n los Gururis, el precio es de 50 cristales por cada uno. ¡ª?50 cristales?, algo caro, a que se debe dicha anomal¨ªa...¡ªComent¨® Apolo esperando una respuesta con algo de nerviosismo y tratando de ocultar lo emocionado que estaba en estos momentos: siempre que hab¨ªa nuevos Gururis significaba otra chance m¨¢s de finalmente terminar esta larga b¨²squeda. ¡ªEl lote es de Gururis viejos, supuestamente alguno de ellos le pertenecieron a un noble de la capital y otros le pertenecieron a un comerciante con muchos a?os de experiencia, por lo que est¨¢n bien entrenados¡ªRespondi¨® el ex-soldado, algo sorprendido que alguien vistiendo tan finamente se est¨¦ preocupando por tan pocos cristales. ¡ªInteresante, muy interesante¡¡ªDijo Apolo, pregunt¨¢ndose por qu¨¦ un noble comprar¨ªa unos Gururis, acaso eran de un viejo mago tradicionalista: justo como lo que andaba buscando ¨¦l durante todo este tiempo. Apolo era un experto en la materia y no era tan idiota para desconocer las ventajas de las evoluciones de los Gururis. Aunque al ser un experto, el joven tambi¨¦n conoc¨ªa la historia de estas incre¨ªbles criaturas y su historia era bastante antigua, mucho m¨¢s que el imperio, mucho m¨¢s que los druidas y su origen se remontaba a la ¨¦poca de los antiguos magos. Los Gururis eran tradicionalmente los criados de los magos y durante milenios esta pr¨¢ctica se conserv¨®, hasta que en el ¨²ltimo milenio aparecieron variantes m¨¢s comercializables para los nobles, estas variantes eliminaban varias de las desventajas de los Gururis, pero Apolo sab¨ªa que tambi¨¦n se creaban otras. Es por eso que Apolo a¨²n ten¨ªa fe en su b¨²squeda, era bastante probable que la antigua camada de magos tuvieran Gururis como criados al igual que los antiguos magos acostumbraban a tenerlos, ya que los magos de hace 200 a?os eran sumamente tradicionalistas y el uso de las togas como ropa le hab¨ªa marcado tal idea a Apolo. Aunque el joven dudaba bastante si alguno de estos magos estar¨ªa dispuesto a malgastar el tiempo que ¨¦l malgast¨® en tratar de solucionar el gran problema que hab¨ªa dejado el paso del tiempo. Puesto que hoy en d¨ªa y hace ya bastantes d¨¦cadas no hay un solo criadero de animales en todo el imperio que supiera c¨®mo recrear el m¨¦todo de creaci¨®n de los ?verdaderos? Gururis, ya que tal m¨¦todo qued¨® en el olvido con su desuso. ¡ªPor ac¨¢, joven¡ªComent¨® el guardia que al parecer se llamaba Odiseo. Al ser una venta por tan pocos cristales era normal que el vendedor principal ni se malgastara en salir de su asiento; sin embargo, eso a Apolo no le importaba en absoluto. En su mente el joven solo pod¨ªa pensar que tal vez y solo tal vez esta pod¨ªa ser la tienda prometida. E85-El encuentro destinado Siguiendo la espalda del guardia, Apolo camin¨® hasta llegar a la parte de atr¨¢s de la tienda, la misma no estaba techada y las jaulas en donde se alojaban los esclavos de esta zona estaban completamente oxidadas por la lluvia. Mostrando que al due?o de esta tienda no le importaba mucho la salud de estos esclavos, remarcando el hecho de que eran los m¨¢s baratos de su tienda. Cada jaula en esta zona de la tienda ten¨ªa dos baldes de metal oxidados, uno de los baldes estaba lleno de una sustancia gelatinosa que parec¨ªa ser comida, mientras que el otro estaba lleno de un l¨ªquido verde el cual en realidad era simple agua. Sin embargo, hab¨ªan crecido tantas algas en estos baldes que el agua en su interior adquiri¨® un color verdeci¨®, y al parecer ninguno de los empleados de esta tienda se preocupaba lo suficiente por estos esclavos como para sacar las algas de los baldes con agua. Aunque m¨¢s importante a¨²n era el hecho de que ninguno de los empleados de la tienda se molestaba en limpiar el suelo de las jaulas, por lo cual el mismo se encontraba repleto del excremento de los pobres esclavos. Provocando que la zona tuviera un olor tan desagradable como para que el joven noble tuviera ganas de vomitar, pese a ello Apolo se contuvo y continu¨® la marcha en busca de su tan ansiado sue?o. Pero al noble se le estaba haciendo realmente complicado continuar y no era para menos, ya que lamentablemente Apolo divis¨® y oli¨® como en una de las esquinas del patio trasero de esta tienda pod¨ªan encontrarse una monta?a de cad¨¢veres en descomposici¨®n. Dichos cad¨¢veres a simple vista parec¨ªan pertenecer a los esclavos que se hab¨ªan muerto antes de ser vendidos. Al parecer los empleados no quer¨ªan deshacerse de estos cad¨¢veres, puesto que se usar¨ªan para alimentar a los animales de esta tienda; sin embargo, parec¨ªan llevar demasiados d¨ªas a la intemperie por lo que liberaban una no tan agradable fragancia. Pese a toda la inmundicia y desolaci¨®n que tuvo que atravesar, Apolo se encontraba mirando con algunas l¨¢grimas en los ojos a una de las jaulas oxidadas en la esquina del patio. A su vez, en dicha jaula se encontraba mirando a Apolo una criatura con los ojos empapados con un l¨ªquido de color verde. La criatura en cuesti¨®n era tan fea como un feto andante, pese a que ten¨ªa dos brazos y dos piernas como cualquier ser humano y era tan peque?a como un ni?o humano. Sin embargo, su piel era de color verde moco y estaba llena de tumores que parec¨ªan malignos, un pus amarillento era segregado constantemente de algunos de estos tumores y sus orejas, narices y labios eran pr¨¢cticamente inexistentes. La criatura estaba desnuda mostrando que a diferencia de los humanos no parec¨ªa tener partes ¨ªntimas y su est¨®mago era un poco transparente por lo que Apolo pod¨ªa ver f¨¢cilmente como la gelatina que hab¨ªa comido hace poco la criatura era digerida en su est¨®mago. Esta criatura era el tan famoso Gururi y era la definici¨®n del mal gusto personificado. Pese a ello Apolo se hab¨ªa detenido y miraba fijamente a la horripilante criatura en la distancia como si se tratase de su propio hijo. En las jaulas hab¨ªa varios Gururis, pero solo uno de ellos estaba mirando fijamente a Apolo y a su vez el joven ¨²nicamente miraba a uno de ellos: ?Este era especial, hab¨ªa reconocido su atuendo! Apolo mir¨® con atenci¨®n y not¨® como el resto de los Gururis lo ignoraba, luego record¨® como lo hab¨ªa ignorado el vendedor y por ¨²ltimo record¨® la inusual entrada en la tienda que parec¨ªa ser una indicaci¨®n de sus ancestros, esto no parec¨ªa ser una estafa armada: ?Realmente este pod¨ªa ser su tan ansiado Gururi!. The author''s narrative has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. Con las alarmas encendidas en su cabeza, Apolo forz¨® su actuaci¨®n lo mejor que pudo y se acerc¨® a la criatura cuyos ojos estaban empapados y brillando, mir¨¢ndolo como si finalmente se hubiera reencontrado con un viejo compa?ero de toda la vida. ¡ªComprar¨¦ este, parece ser el m¨¢s saludable¡ªIndic¨® Apolo, apuntando al Gururi que buscaba. ¡ª?En serio?, creo que es el m¨¢s viejo del lote¡¡ªComent¨® el guardia algo ins¨®lito con la elecci¨®n de Apolo; este Gururi era el que m¨¢s apestaba y ten¨ªa un olor similar al sulfuro, el cual resultaba ser sumamente desagradable, siguiendo su experiencia con estas criaturas ese olor de mierda significaba que ya era realmente viejo. ¡ªTen, ac¨¢ tiene los cristales¡ªRespondi¨® Apolo pas¨¢ndole cincuenta cristales al guardia como si temiera que su oferta cambiar¨¢. Ten¨ªa que ser cuidadoso, el joven todav¨ªa no sab¨ªa si era el indicado o una estafa, pero por cincuenta m¨ªseros cristales prefer¨ªa ser estafado a arruinar el proceso de verificaci¨®n. ¡ªGracias por venir a nuestra tienda¡ªComent¨® el guardia contando los cristales con felicidad, este era el tipo de clientes que le gustaba ver: los que no perd¨ªan el tiempo negociando con una larga charla y pagaban de una la cantidad indicada. Tras verificar la cantidad de cristales, el guardia sac¨® la llave que ten¨ªa en su cintura y abri¨® la celda indic¨¢ndole al Gururi: ¡ªYa no nos perteneces, ahora este muchacho es tu nuevo maestro. ¡ªNo hables y s¨ªgueme hasta mi carruaje¡ªOrden¨® Apolo al ver con felicidad absoluta como el Gururi estaba abriendo la boca para intentar hablar, eso significaba que la criatura no estaba deprimida, lo cual era una grandiosa se?al. El Gururi obedeci¨® y sali¨® de la celda para ponerse justo detr¨¢s de Apolo. El joven recordando el trayecto, camin¨® con lentitud mientras el Gururi lo segu¨ªa siempre unos pocos pasos atr¨¢s. Al salir de la tienda, Apolo observ¨® como Mateo lo miraba con felicidad. Aunque no era la primera vez que el joven tra¨ªa un Gururi a ser inspeccionado m¨¢s meticulosamente, Apolo solo lo hab¨ªa hecho unas pocas veces, por lo que tal vez esta podr¨ªa ser la ¨²ltima vez que tuviera que hacerlo, por tanto, la tortura del criado finalmente acabar¨ªa y estar¨ªa cerca de regresar a la comodidad de la mansi¨®n. ¡ªT¨², s¨²bete al asiento del conductor. Mateo ll¨¦vanos a un lugar poco transitado¡ªOrden¨® Apolo entrando al carruaje; era mejor alejarse de la tienda para evitar cualquier interrupci¨®n. Tras recibir la orden el Gururi mir¨® el asiento del conductor e inmediatamente desapareci¨® y volvi¨® aparecer sentado en el asiento del conductor, efectivamente se hab¨ªa teletransportado. Y esto se deb¨ªa a que los Gururis y todas sus variantes eran criaturas naturalmente m¨¢gicas y de alta magia. A diferencia de los seres humanos que eran naturalmente m¨¢gicos y de baja magia. La diferencia en las definiciones remarcaba el hecho de que la magia de un humano era muy limitada y ten¨ªa pocas funcionalidades pr¨¢cticas, en cambio, un Gururi y cualquier otro animal de alta magia pod¨ªa usar habilidades que para un ser humano ser¨ªan imposible de lograr de forma natural. Pese a ello los Gururis fueron creados por los magos, por lo que eran naturalmente d¨®ciles hacia los mismos y necesitaban a un maestro para vivir. Es por eso que sus jaulas en la tienda eran m¨¢s decorativas que ¨²tiles: estas criaturas pod¨ªan irse cuando quisieran si tuvieran voluntad propia, pero como carec¨ªan de la misma no pod¨ªan irse sin que su maestro se lo dijera. Tratando de soportar el olor desagradable del Gururi a su lado, Mateo le dio la orden a los caballos para que comenzaran a avanzar y as¨ª el criado comenz¨® a buscar un lugar m¨¢s tranquilo como le hab¨ªa indicado su se?or. E86-El anillo. El carruaje sigui¨® andando por unos minutos por las calles en busca de alg¨²n callej¨®n en donde Apolo pudiera trabajar con tranquilidad. Mientras el tiempo iba pasando y el carruaje lentamente se acercaba a su incierto destino, Apolo con molestia observaba por la ventanilla de la calle como la ajetreada vida de las personas parec¨ªa nunca poder detenerse: siempre hab¨ªa algo apurando sus pasos y en la mente del noble siempre dichos motivos terminaban siendo insignificantes. Muchas cosas pasaban por la cabeza de Apolo en estos momentos, pero el pensamiento que m¨¢s lo atormentaba era justamente pensar: ?Por qu¨¦ todas estas personas iban apuradas de un lugar a otro como si sus vidas dependieran de ello?. Aunque el motivo de su enojo era bastante poco noble y proven¨ªa de que el apuro de estas personas no paraban de recordarle al joven mago la gran pregunta que ten¨ªa en su cabeza cada vez que hab¨ªa llegado hasta este punto: ?Qu¨¦ har¨¦ despu¨¦s de terminar?, ?cu¨¢l era el siguiente plan?, ?cu¨¢l era la siguiente meta?, ?d¨®nde se encontraban las instrucciones de la siguiente ?importante? tarea que merec¨ªa que ¨¦l malgastara su valioso tiempo?, ?acaso hab¨ªa algo que mereciera la pena comenzar luego de haber realizado todo este esfuerzo?, ?o era mejor idea simplemente cerrar las cortinas de este gran teatro para dejar que la siguiente funci¨®n diera comienzo?. Pese a que la ¨²nica verdad es que dichas preguntas como tal no da?aban a no ser que seas Apolo y de casualidad no tuvieras unas respuestas convincentes para las mismas. Durante casi dos a?os el noble se la pas¨® siguiendo las ¨²ltimas palabras de un cad¨¢ver como si las mismas tuvieran el secreto hacia la felicidad y la vida plena, pero ahora cuando estaba tan cerca de cumplir el gran objetivo la gran pregunta volv¨ªa a joderle la vida: ?Qu¨¦ es lo siguiente?, ?que har¨¦ cuando los consejos se acaben?, ?realmente habr¨¢ valido la pena tanto esfuerzo o solo ser¨¢ una p¨¦rdida de tiempo?, ?los otros dos ancestros que fueron magos y no hicieron nada se est¨¢n riendo de m¨ª o me tienen envidia?, ?este es el camino correcto o solo estoy corriendo hacia el acantilado?, ?acaso el tiempo me importa si estoy cayendo por el acantilado?, ?me queda poco tiempo, o lo poco que me queda es demasiado tiempo?. Stolen novel; please report. Las preguntas en la mente del joven eran m¨¢s que las respuestas que pod¨ªa imaginarse y a¨²n peor es que no pod¨ªa parar de pensar en ellas. Esta era la gran carrera de Apolo, su forma de apurarse, la necesidad de responder a esa inquietante pregunta de qu¨¦ es lo que no estaba haciendo y lo que deb¨ªa empezar a hacer. Y ahora que estaba a punto de cumplir sus metas el noble pod¨ªa ver m¨¢s claro que nadie que probablemente su ?gran? meta era nada m¨¢s y nada menos que una insignificante excusa para lidiar con su falta de sentido. La vida entera de Apolo se le escurr¨ªa delante de sus ojos a medida que el tiempo provocaba que sus ?grandes? metas fueran evaporando sus motivaciones iniciales. Encontrar el acantilado, convertirse en mago, amueblar la mansi¨®n, encontrar un Gururi perfecto, todas excusas que le consum¨ªan su vida y lo ¨²nico que dejaban a cambio era la nada misma. En estos pocos segundos de lucidez en donde su ¨²nico objetivo era esperar a que el carruaje encontrara un lugar, es cuando Apolo pod¨ªa apreciar con claridad estos grandes problemas, no tan insignificantes como sus grandes logros. Sin embargo, el noble sab¨ªa m¨¢s que nadie que esto durar¨ªa poco y tarde o temprano el carruaje deb¨ªa volver a detenerse. Entonces la vida del joven volver¨ªa a marchar con normalidad y tendr¨ªa que volver apurarse hacia alg¨²n objetivo para nada importante, tal vez ser¨ªa encargarse del jard¨ªn y completar el cuarto consejo o tal vez ser¨ªa finalmente preocuparse por el quinto consejo. La verdad era que el joven no ten¨ªa idea hacia donde ir¨ªa, pero si estaba seguro de que algo ?grande? vendr¨ªa nuevamente y su vida se ir¨ªa consumiendo a medida que esas ?grandezas? se completaban. Pese a ello, al joven poco le importaba o poco condenaba la gran idiotez que lo acompa?aba para llevar adelante todas estas metas y objetivos sin sentido, pues Apolo bien sab¨ªa que el tiempo nunca le ha faltado al hombre que hab¨ªa comenzado a despreciar su valor. Sin embargo, lo que molestaba, torturaba e inquietaba al noble era que ahora ten¨ªa todo el tiempo del mundo para preguntarse y repreguntar, hasta finalmente sufrir con sus preguntas: ?Que poco tiempo para tantos logros?, ?o demasiado tiempo para tan pocos logros?, ?estoy seguro de que la vida se me est¨¢ consumiendo con estas metas?, ?o tengo que empezar a mirar las cosas desde otra perspectiva?, ?acaso no son estas metas las que me est¨¢n alargando la vida?. E87-El Legendario Feto Verde Pero todas las preguntas de Apolo nunca tuvieron el tiempo como para ser respondidas, dado que el momento de reanudar el espect¨¢culo hab¨ªa llegado y el carruaje finalmente se hab¨ªa detenido, provocando que Apolo abra la puerta con impaciencia para salir a la calle y observar que al frente de ¨¦l se encontraba un callej¨®n despoblado. Delicadamente, el joven apoy¨® su bast¨®n en el suelo y tom¨® la maleta con instrumentos. Acto seguido, Apolo mir¨® al asiento del conductor y orden¨®: ¡ªVen, baja, tengo que revisarte. El Gururi inmediatamente se teletransport¨® atr¨¢s de Apolo y sigui¨® al joven adentr¨¢ndose en el callej¨®n, mientras Mateo esperaba impacientemente en el carruaje pidi¨¦ndole a sus ancestros que lo ayudaran nuevamente. Tras adentrarse un poco en el callej¨®n, Apolo abri¨® su maleta y sac¨® el antifaz de plata. Despu¨¦s de ponerse la m¨¢scara, el joven observ¨® a la criatura con cuidado y pregunt¨® con voz dominante: ¡ªSirviente, ?c¨®mo te llamas? La criatura dud¨® unos pocos segundos antes de intentar responder, pero inmediatamente Apolo se sac¨® el antifaz de plata de la cara, haciendo que la criatura quedara algo aturdida y no recordara muy bien qu¨¦ orden cumplir. Acto seguido, Apolo volvi¨® a ponerse la m¨¢scara de plata y tomando su bast¨®n golpe¨® la cabeza de la criatura haciendo que algo de sangre verde saliera por su boca. Tras ver la sangre, Apolo grit¨® con odio: ¡ª?Pedazo de basura dime como te llamas antes que te rompa las piernas con este bast¨®n! El Gururi se limpi¨® la sangre de la boca con sus manitos y volvi¨® a dudar unos segundos, provocando que Apolo se sacara el antifaz de plata, dejando a la criatura tom¨¢ndose la cabeza, aunque su rostro no expresaba dolor alguno. Sin esperar a que la pobre criatura se recuperara, Apolo volvi¨® a ponerse la m¨¢scara y pregunt¨® con una sonrisa amable: ¡ªMucho gusto en conocerte, ?c¨®mo te llamas, peque?o hermanito? ¡ªZoe¡ªRespondi¨® el Gururi sin mostrar duda alguna. ¡ª?C¨®mo se llamaba tu anterior maestro y cu¨¢l era su procedencia?¡ªPregunt¨® Apolo con una sonrisa a¨²n m¨¢s natural al percibir que finalmente hab¨ªa dado en la tecla correcta. ¡ªAquiles de pueblo blanco¡ªRespondi¨® el Gururi mirando a Apolo con curiosidad. ¡ªVaya cosa rara, ?qui¨¦n trata a sus criados de semejante manera?, para colmo le pusieron un nombre de mujer. No es como si tuvieran g¨¦nero, pero cualquier persona cuerda s¨¦ imaginar¨ªa que esta aberraci¨®n de la naturaleza es masculina...¡ªMurmur¨® Apolo sin importar que la criatura lo mirara aturdidamente, mientras se sacaba la m¨¢scara de plata. Provocando que el Gururi casi cayera al piso del dolor mientras algo de sangre verde sal¨ªa por su nariz, no obstante desde la perspectiva de Apolo, el rostro de la criatura no se inmut¨®, por lo que el joven solo observ¨® como un poco de sangre sal¨ªa de la nariz del Gururi. You might be reading a stolen copy. Visit Royal Road for the authentic version. Acto seguido, sin ponerse el antifaz de plata, Apolo volvi¨® a sonre¨ªrle a la criatura limpi¨¢ndose la sangre de su nariz y muy alegremente, casi cantando, coment¨®: ¡ªMucho gusto, Zoe, soy Apolo de bosques negros, mi hermanastro Aquiles me habl¨® mucho de voz y me dijo que te pasara a buscar para cuidarte en mi casa cuando ¨¦l falleciera: ?As¨ª que ahora soy tu nuevo maestro! ¡ª?No sab¨ªa que Aquiles tuviera un hermano!¡ªComent¨® Zoe abriendo sus ojos completamente, mientras unas l¨¢grimas sal¨ªan de sus ojos. Viendo las l¨¢grimas verdes que sal¨ªan de los ojos de Zoe, Apolo pudo distinguir que la criatura estaba contenta por lo que al parecer hab¨ªa sido seducida por su h¨¢bil enga?o. ¡ªEs que nos llevamos muchos a?os de edad, por eso no habl¨¢bamos mucho, pero Aquiles me coment¨® muchas cosas maravillosas de vos, siempre mencionaba lo ¨²til que eras, pero lamentablemente nunca me quiso decir a que se estaba dedicando¡ªDijo Apolo con el mismo tono en¨¦rgico. ¡ª??Aquiles te dijo que era ¨²til?!¡ªExclam¨® el Gururi limpi¨¢ndose los mocos que comenzaron a salir de su nariz. ¡ªMuy ¨²til: ?La m¨¢s ¨²til de todos!, por eso me dijo que ten¨ªa que ir a buscarte, aunque me tom¨® bastante tiempo encontrarte¡ªExplic¨® Apolo con una sonrisa cada vez m¨¢s alegre¡ª?Por eso debes estar feliz! Has cumplido bien tu misi¨®n y has acompa?ado a mi hermanastro hasta el final de sus d¨ªas y por eso te has ganado la fortuna de ganar otro excelente maestro. El Gururi se qued¨® un rato limpi¨¢ndose las l¨¢grimas de los ojos, extra?amente no emit¨ªa ning¨²n ruido cuando lloraba. Pero el joven noble sab¨ªa que esto era natural dado que estas criaturas no pod¨ªan quejarse o aparentar dolor, por m¨¢s que en realidad sufrieran, lo cual hac¨ªa que fuera muy complicado para los expertos distinguir sus estados de tristeza; sin embargo, era f¨¢cil distinguir sus emociones positivas como la alegr¨ªa: siempre que liberaran l¨ªquido por alguna parte de su cuerpo como la nariz o los ojos indicaba que eran felices. ¡ªLamentablemente, Aquiles no me cont¨® los detalles de la relaci¨®n entre ustedes dos, ?recuerdas de que te hac¨ªa trabajar Aquiles?¡ªPregunt¨® Apolo alegremente, tanto que asustar¨ªa a cualquier ser humano normal. ¡ªMayordomo y de vez en cuando lo ayudaba con sus investigaciones, pero para ¨¦l siempre fui su hija favorita¡ªRespondi¨® el Gururi asustando a Apolo. ¡ªinvestigaciones, investigaciones, investigaciones, investigaciones...¡ªSusurr¨® Apolo como un demente mirando a la criatura a delante de ¨¦l con sumo cuidado, como si no fuera un feto andante y en su lugar fuera el ¨²ltimo panda vivo en la tierra¡ª?Y recuerdas de que trabajaba mi hermano o ya te has olvidado? ¡ªNunca me olvidar¨ªa, pap¨¢ era un mago: ?El m¨¢s grande mago del imperio!¡ªRespondi¨® con un orgullo exagerado el Gururi. ¡ªOh, Mira que bien¡¡ªComent¨® toscamente Apolo mientras volv¨ªa a ponerse la m¨¢scara de plata y se sacaba la toga que vest¨ªa. Ignorando completamente como el Gururi lo miraba de forma extra?a, inmediatamente Apolo sali¨® corriendo desnudo por la calle mientras gritaba a los cuatro vientos: ¡ª?Lo encontr¨¦!, ?ancestros, lo encontr¨¦!, ?encontr¨¦ al legendario Gururi!, ?bend¨ªganme!, ?ay¨²denme a obtener lo que merezco!, ?y maldigan a los miserables magos que se atrevan a cruzarse en mi glorioso camino! Apolo corri¨® y corri¨® por las calles de la ciudad anillo, ignorando como los transe¨²ntes en la calle se daban vuelta para observar con horror como un gigante desnudo corr¨ªa hacia ellos. De tanto correr y gritar Apolo qued¨® algo af¨®nico hasta que finalmente se cans¨® de dar vueltas en c¨ªrculos y volvi¨® para encontrarse a Zoe mirando al vac¨ªo perdidamente como si la acabara de abandonar su ¨²ltima esperanza. E88-Barrio de criadores Apolo se acerc¨® al Gururi para volver a ponerse la toga y se sac¨® el antifaz de plata, notando la mirada perdida de la criatura. ¡ªParece que est¨¢s algo enferma, te not¨® un poco aturdida¡ªComent¨® Apolo con una preocupaci¨®n bastante mal fingida. ¡ª?Eh?, s¨ª, jurar¨ªa que desapareciste y volviste a aparecer...¡ªDijo Zoe tom¨¢ndose la cabeza con sus manitos. ¡ªEs porque est¨¢s algo vieja, ya se te pasar¨¢¡ªRespondi¨® Apolo con calma mientras sal¨ªa del callej¨®n¡ªAhora iremos al mercado de criadores para comprar dos peque?os ?amigos? que te acompa?ar¨¢n en tu nueva vida, ve yendo al carruaje. ¡ª?Claro, all¨ª lo espero, maestro!¡ªRespondi¨® Zoe desapareciendo de repente de la visi¨®n del joven noble. Apolo con la lentitud de un anciano al finalizar de sus d¨ªas, camin¨® hacia el carruaje hasta encontrarse con la mirada aturdida de su fiel criado. ¡ª?Pasa algo, Mateo?¡ªPregunt¨® Apolo. ¡ªJurar¨ªa que me olvide de algo importante¡¡ªRespondi¨® Mateo frunciendo el ce?o, como si estuviera haciendo fuerza para recordar que hace unos segundos vio un gigante desnudo corriendo por la calle como un lun¨¢tico; sin embargo, no pod¨ªa recordarlo, o mejor dicho: ?No quer¨ªa recordarlo!. ¡ªSi de verdad era tan importante: ?Lo recordar¨ªas!¡ªDijo Apolo mientras abr¨ªa la puerta del carruaje¡ªNo lo pienses mucho y dir¨ªgete al barrio de criadores: ?Finalmente encontramos a nuestra gran amiga Zoe! ¡ª?Zoe?¡ªPregunt¨® Mateo, pero luego mir¨® la mirada curiosa de la criatura a su lado y entendi¨® qu¨¦ hab¨ªa ocurrido¡ªAh¡ Zoe, la encontramos¡ qu¨¦ alegr¨ªa, as¨ª que eres una chica¡ qu¨¦ sorpresa, digo¡ era evidente¡ ¡ªEs un Gururi, no le prestes tanta importancia a su nombre¡¡ªRespondi¨® Apolo entrando al carruaje¡ªSolo escucha mis ¨®rdenes y lo dem¨¢s poco a poco se le olvidar¨¢ si uno no se malgasta en record¨¢rselo: una gran manera de lidiar con muchos problemas y tambi¨¦n una posible causante de una gran cantidad de problemas. ¡ª?Usted es un gran experto, mi se?or!¡ªAlab¨® Mateo mec¨¢nicamente, mientras usaba las riendas para dirigirse a su nuevo destino. El viaje como tal fue algo largo, al fin y al cabo las distancias en los interiores de la ciudad anillos eran a¨²n m¨¢s horripilantes que en la capital por las obvias razones que implica un dise?o urbano en forma de anillo. Aunque el motivo que m¨¢s perjudicaba el viaje en los interiores de la ciudad anillo, es el poco presupuesto y planificaci¨®n imperial, si bien a¨²n hab¨ªa algunos servicios b¨¢sicos como los cementerios y otras estructuras. Lo cierto es que el crecimiento de la ciudad nunca fue organizado del todo y los servicios fueron a posteriori de su crecimiento, dependiendo m¨¢s de la buena voluntad del emperador de turno que en algo planificado y sistem¨¢tico. Esto tra¨ªa muchos problemas, como la evidente carencia de guardias imperiales, la mala ejecuci¨®n de las leyes, la sobrepoblaci¨®n urbana, la delincuencia y lo m¨¢s molesto para Apolo: la mala planificaci¨®n urbana. Lo cierto es que para moverse dentro de la ciudad anillo uno ten¨ªa que dar muchas vueltas en c¨ªrculos e ir siguiendo caminos poco constantes. Era normal avanzar un buen rato por un camino solo para encontrarte con un callej¨®n sin salida o encontrarse una calle donde solo pod¨ªa entrar un carruaje y que dos carruajes en sentido contrario se crucen en el medio bloque¨¢ndose mutuamente el paso, por lo tanto, manejar con carruaje en estos caminos laber¨ªnticos se hac¨ªa muy complicado. Aunque por fortuna no era imposible, casi todos los barrios comerciales se hab¨ªan preocupado por el problema y hab¨ªan construido caminos bastante bien armados. Pero cuando uno ten¨ªa que atravesar una zona complicada que carec¨ªa del patrocinio de nobles y comerciantes interesados, la historia era completamente diferente y en general era muy normal que Mateo tuviera que pagarle a alg¨²n chico en la calle para que le diga c¨®mo moverse por la zona. Love what you''re reading? Discover and support the author on the platform they originally published on. No obstante, Mateo no parec¨ªa preocupado con el problema, ¨¦l hab¨ªa estado viviendo unos cuantos meses en estas calles, por lo que ya se hab¨ªa acostumbrado a estos problemas y en unos pocos d¨ªas de viaje logr¨® llegar hasta el barrio de criadores, tambi¨¦n conocido como el barrio de animales y criaturas ex¨®ticas. Este barrio a diferencia del mercado de esclavos era incre¨ªblemente amplio y cada tienda ocupaba una cuadra entera mucho m¨¢s grande que la del resto de barrios. El barrio estaba incre¨ªblemente bien planificado para que carruajes de importante tama?o pudieran entrar y salir del barrio con comodidad. Incluso Mateo pudo observar que hab¨ªan construido un camino secundario para salir de la ciudad anillo, por lo cual uno pod¨ªa intuir la gran cantidad de cristales invertidos en este barrio. Lo cual parec¨ªa tener algo de sentido, ya que al fin y al cabo el manejo de criaturas vivas e incre¨ªblemente caras siempre era algo en lo que hab¨ªa que tomarse much¨ªsimas molestias para hacer que el negocio funcionara. Mateo condujo el carruaje hacia una tienda que ya conoc¨ªa, Apolo se hab¨ªa tomado muchas molestias en preparar todo el asunto de sus Gururis con sumo cuidado, por lo cual el joven ya ten¨ªa arreglado de antemano con un criadero en este barrio para qu¨¦ gestionara el nacimiento de sus nuevos dos Gururis. Finalmente, el joven noble pudo ver desde la ventana del carruaje dos grandes rejas abiertas mostrando el interior de una tienda, como casi todas las tiendas de este barrio la misma no ten¨ªa techo, por lo cual parec¨ªan ser peque?as estancias privadas rodeadas por vallas de maderas. Tras sentir el carruaje deteni¨¦ndose, Apolo baj¨® del mismo y orden¨®: ¡ªQu¨¦dense en el carruaje y esperen a que regrese con nuestros nuevos amigos. Tras dar la orden, Apolo se dirigi¨® con lentitud al interior de la tienda, observando con atenci¨®n c¨®mo varias personas se encontraban trabajando en el lugar alimentando y verificando a los animales que al parecer acababan de comprar. El joven no tuvo que pasar mucho tiempo dentro de la tienda para que un hombre vestido con una camisa blanca y unos pantalones blancos se le acercara diciendo: ¡ªMucho gusto, Apolo, ?viniste a buscar a tus Gururis? ¡ªVengo a verificar que hayan cumplido con su palabra¡ªRespondi¨® Apolo sin muchos modales. El noble hab¨ªa gastado casi 1000 cristales en este par de Gururis, por lo que esperaba que sus gastos se vean reflejados en un resultado exitoso. En principio era una exageraci¨®n at¨®mica pagar semejante precio, pero Apolo hab¨ªa pedido que se cumplan varias cosas que en general no se cumpl¨ªan al ?gestar? o ?crear? a los Gururis. B¨¢sicamente, Apolo hab¨ªa pedido que se cumpla la forma tradicional de creaci¨®n de estas criaturas, algo que hace casi 900 a?os se hab¨ªa abandonado y perdido con el tiempo, hoy en d¨ªa todos los Gururis existentes en el imperio hab¨ªan sido modificados para que las familias pobres puedan comprarlos o mejor dicho: quieran comprarlos. Si bien en principio las diferencias entre los dos Gururis no eran ?tan? significativas como las de sus evoluciones, lo cierto es que eran diferencias que a alguien obsesivo como Apolo le molestaban m¨¢s de la cuenta. El joven noble ya se hab¨ªa resignado a que los Gururis que su ancestro hab¨ªa visto con sus ojos ya no exist¨ªan en estas ¨¦pocas, por lo cual era imposible comprar uno que haya sido usado por un mago y que fuera id¨¦ntico a lo que su ancestro esperara que fuera un Gururi. Sin embargo, la historia con los reci¨¦n nacidos era diferente: ?Estos si iban a ser id¨¦nticos a lo que sus ancestros hab¨ªan visto!. O si no Apolo se encargar¨ªa de mandar a matar a todos los idiotas que le prometieron algo que no pod¨ªan cumplir a cambio de mil cristales. ¡ªSeguimos sus instrucciones al pie de la letra y pusimos a un criador especializado para ejecutar su pedido¡ªComent¨® el criador con una sonrisa¡ªLe aseguro que tendremos buenos resultados. Desde nuestra parte como criadores de criaturas ex¨®ticas, tambi¨¦n estamos interesados en este proyecto que busca resucitar el antiguo m¨¦todo de gestar Gururis. ¡ªEl resultado ¨²nicamente lo conoceremos en unos minutos, no hay necesidad de dar adelantos¡¡ªMurmur¨® Apolo toscamente. E89-Parece bien hecho Apolo sigui¨® al criador por el comercio hasta llegar a unas escaleras que serv¨ªan para bajar al s¨®tano de la tienda. Tras bajar las escaleras iluminadas por unos cristales blancos en ambos extremos de las paredes, el joven noble sigui¨® al criador pasando por un pasillo de piedras dispersas bastante estrecho con varias puertas de metal a los costados. Al parecer detr¨¢s de cada una de estas puertas de metal se encontraba una c¨¢mara de crianza para alg¨²n animal ex¨®tico, dado que Apolo pudo percibir una gran variedad de gritos de animales proviniendo desde detr¨¢s de cada una de estas puertas. Apolo sigui¨® caminando por el pasillo hasta finalmente llegar a una puerta de metal que ten¨ªa un cartel de madera en el medio el cual dec¨ªa: ?Apolo de bosque negro? ¡ªDetr¨¢s de esta puerta se encuentran incubando sus Gururis¡ªExplic¨® el criador abriendo la puerta, mostrando que detr¨¢s de la misma se encontraba parad¨®jicamente otro peque?o pasillo, aunque el mismo claramente hab¨ªa sido improvisado con unas tablas de madera y ten¨ªa unos pocos metros de largo, mostrando que al final del mismo una puerta de madera pod¨ªa hallarse. Este pasillo estaba iluminado por unos cristales rojos que alumbraban con una tenue luz roja, mucho menos potente que la luz blanca y c¨¢lida del pasillo donde estaba actualmente Apolo. ¡ªPuedes entrar, el criador que designamos para tu pedido se encuentra trabajando adentro¡ªComent¨® el criador, volviendo por donde vino y dejando a Apolo solo frente al pasillo de madera. Apolo entr¨® al peque?o pasillo de madera y cerr¨® la puerta de metal impidiendo que la luz blanca siguiera entrando en el pasillo donde se encontraba. Acto seguido, el joven se dirigi¨® y abri¨® la puerta al final del pasillo de madera para vislumbrar la habitaci¨®n en donde sus Gururis se encontraban incubando. La habitaci¨®n de adentro tambi¨¦n estaba iluminada con una tenue luz roja y era lo suficientemente grande como para que una peque?a piscina de lodo se encontrara en el medio de la sala. Revolviendo la piscina de lodo con una especie de pala, se hallaba una persona vistiendo unas botas y un traje de cuero para no mancharse con el lodo del piso. ¡ªVengo a retirar a mis Gururis¡ªExplic¨® Apolo mirando la piscina de lodo con atenci¨®n. ¡ªAh, ?as¨ª que finalmente lleg¨® el d¨ªa de que nazcan!¡ªComent¨® el criador con una sonrisa forzada aunque la misma no era muy visible debido a la poca luz que hab¨ªa en el cuarto. Tras decir eso el hombre dej¨® de mover el lodo y se dirigi¨® a una de las esquinas de la habitaci¨®n en donde hab¨ªa varios baldes, abri¨¦ndolos coment¨®: ¡ªAc¨¢ est¨¢ el activador, tienes que¡ ¡ªYa s¨¦ que tengo que hacer: ?Yo les traje los ingredientes y las instrucciones!¡ªInterrumpi¨® Apolo acerc¨¢ndose a los barriles para mirar con atenci¨®n su contenido, ignorando completamente si hab¨ªa ofendido o no al trabajador que buscaba aconsejarlo de buena voluntad¡ªParece que est¨¢ todo: m¨¢s les vale que hayan utilizado ?todos? los ingredientes que les traje. Support the creativity of authors by visiting Royal Road for this novel and more. ¡ªMe obligaron a usarlos: ?Yo no quer¨ªa participar en este trabajo de mierda!¡ªCorrigi¨® con enojo el trabajador sin ocultar nada de lo que pensaba¡ª?Si alguien descubre lo que hicimos vamos a terminar todos ahorcados!, ?Sigo sin entender como el idiota del due?o pudo aceptar semejante trabajo de mierda! ¡ªNo hay por qu¨¦ asustarse tanto, soy un mago y esta criatura viene siendo creada desde hace milenios por magos, ?acaso de verdad crees que alguien se enojar¨ªa por qu¨¦ trato de hacer mi trabajo como corresponde?¡¡ªRespondi¨® Apolo mirando al trabajador como si lo que hubiera dicho fueran tonter¨ªas. ¡ª?Pero claro que se van a enojar si se enteran de lo que hicimos en esta sala!. ?No me digas que piensas que por ser mago el emperador te va a permitir secuestrar ni?os a tu antojo?!¡ªGrit¨® enojado el trabajador moviendo expresivamente los brazos. Al parecer, el hombre hab¨ªa estado conteniendo su disgusto por esta tarea por mucho tiempo y finalmente ten¨ªa al responsable final de la misma frente a sus ojos para poder quejarse¡ª?Debimos utilizar un cordero, como hacemos con todos los Gururis! ¡ªPrimero, yo no secuestr¨¦ a nadie, a esos dos ni?os me los vendieron: ?As¨ª que culpa a los padres!¡ªRespondi¨® Apolo irritado por los gritos del hombre, mientras reanudaba la inspecci¨®n del contenido de los barriles, tratando de ignorar la mirada de disgusto del trabajador que a este punto estaba incomod¨¢ndolo¡ªSegundo, pero por supuesto que el hecho de ser mago no me da derecho a matar a nadie; sin embargo, esos dos ni?os eran de mi propiedad y en consecuencia, como su due?o: ?Puedo hacer lo que se me antoje con ellos! ¡ª?No se puede esclavizar a los ciudadanos del imperio!¡ªGrit¨® el trabajador con enojo. ¡ª?Eh?, ?C¨®mo que no se puede?¡ªPregunt¨® Apolo completamente sorprendido, mientras dejaba su inspecci¨®n para mirar con aturdimiento al trabajador¡ª?Y de d¨®nde se supone que sacan a tantos esclavos?. Acabo de venir del barrio donde los venden y las jaulas est¨¢n hasta reventar de esas pobres almas. ¡ª?Pero por mis ancestros!, ?c¨®mo puede ser que el due?o acept¨® el trabajo de este idiota?¡ªExclam¨® el trabajador con ira¡ªLos cr¨ªan de otros esclavos o los sacan de las guerras: ?Pero no se puede secuestrar personas libres! ¡ªBueno, da igual, no tienes por qu¨¦ estresarte tanto: ya los mataste y eso no va a cambiar por mucho que me grites¡ªRespondi¨® Apolo m¨¢s preocupado en dejar de recibir los gritos para concentrarse en observar las cosas en los barriles, que en las confesiones del hombre que se estaba arrepintiendo de lo que hab¨ªa hecho. ¡ªT¨² los mataste: yo necesitaba el dinero para alimentar a mis hijos¡ªSe quej¨® el criador, mirando ins¨®litamente como era ignorado por el cruel noble¡ª?Acaso no tienes el menor remordimiento por lo que le hiciste a Selena y a Leandro?. ¡ª?A qui¨¦nes?... ?Esos ni?os?¡ No, como te dije: la culpa es de los padres que aceptaron mis cristales, yo solo ofrec¨ª un trato y ellos lo aceptaron¡ªRespondi¨® Apolo ignorando la mirada aturdida del trabajador para en su lugar tomar un poco del gel verde que hab¨ªa en el interior del barril que estaba inspeccionando. Con el gel en sus manos, el joven dej¨® que el mismo se escurriera por sus dedos como si buscara comprobar la viscosidad del mismo, mientras comentaba con una sonrisa en el rostro: ¡ªParece que est¨¢ bien hecho, excelente trabajo¡ E90-Nacimiento Tras terminar de revisar el contenido de los barriles, Apolo se dio la vuelta e ignorando la mirada a¨²n perturbada del trabajador mir¨® al charco de barro en el medio de la habitaci¨®n. ¡ª?Hace cu¨¢nto est¨¢n incubando? ¡ªHace dos meses, usamos retardante para que no eclosionen los huevos¡ªRespondi¨® el trabajador con resignaci¨®n. En definitiva la realidad es que ¨¦l es el que hab¨ªa hecho el trabajo, la paga era buena y eran suficientes cristales como para cambiar el futuro de sus hijos. Por lo que para el hombre ya no ten¨ªa sentido alguno seguir conden¨¢ndose a s¨ª mismo por las cosas que no pod¨ªan ser cambiadas y entendi¨® que era mejor actuar como el desalmado mago que ten¨ªa al frente para as¨ª concentrarse en terminar este trabajo oscuro de una buena vez. ¡ªParece que todo est¨¢ listo, empezar¨¦ a reactivarlos: ?Ve revolviendo!¡ªOrden¨® Apolo levantando uno de los barriles en la habitaci¨®n con facilidad para tirar el gel espeso en el charco de lodo. Apenas el lodo se mezcl¨® con el gel comenz¨® a liberar burbujas con un olor nauseabundo, provocando que Apolo sonri¨® con felicidad y procediera a tirar el contenido guardado en el resto de los barriles en el charco de lodo, mientras el trabajador mezclaba h¨¢bilmente el charco logrando que todo se mezclara. A medida que el lodo se fue revolviendo m¨¢s burbujas comenzaron a aparecer en el lodo y una espesa espuma amarillenta comenz¨® a apreciarse en la superficie del charco. La espuma y las burbujas se mezclaron y comenzaron a flotar por el aire llenando buena parte de la habitaci¨®n, mientras el hombre segu¨ªa revolviendo el charco con intensidad. ¡ª?Los huevos ya est¨¢n por reflotar!¡ªGrit¨® el trabajador dejando de batir. Sin perder un segundo, el hombre fue corriendo hacia Apolo para pasarle la pala para batir, mientras indicaba con apuro: ¡ªTen, bate hasta que salgan los huevos, solo pueden... ¡ªYa s¨¦: ?Sal de la maldita sala!¡ªInterrumpi¨® Apolo arrebat¨¢ndole de las manos la pala al trabajador, para inmediatamente continuar con el intenso batido del lodo. Sin darse el gusto de maldecir a Apolo una ¨²ltima vez, el trabajador sali¨® corriendo del cuarto y abandon¨® la habitaci¨®n. Unos pocos minutos despu¨¦s dos grandes pelotas salieron de las profundidades del charco de lodo a la vez, fue entonces cuando Apolo dej¨® de batir y observ¨® c¨®mo lentamente las pelotas comenzaban a deformarse como si algo estuviera tratando de salir de su interior. Apolo con preocupaci¨®n mir¨® a las dos pelotas de lodo, si alguno de los Gururis sal¨ªa mal tendr¨ªa que matarlos y volver a comenzar todo de cero otra vez perdiendo m¨¢s de un mes de su vida en el proceso. Por lo cual el joven noble se encontraba implorando que el trabajador malhumorado haya seguido sus instrucciones al pie de la letra como todo un profesional durante todo el mes donde los Gururis se desarrollaban. Tras unos pocos minutos finalmente uno de los huevos comenz¨® a abrirse y una mano cubierta de lodo sali¨® del caparaz¨®n, inmediatamente Apolo se adelant¨® y le peg¨® a la mano con la pala haciendo que la criatura volviera esconder su mano en el interior del huevo: ten¨ªan que salir los dos al mismo tiempo o si no habr¨ªa problemas serios. Pasaron unos minutos m¨¢s para que el otro huevo comenzara a abrirse, fue entonces cuando Apolo us¨® la pala y forz¨® a que el Gururi que se estaba escondiendo en su huevo por temor a los palazos saliera del mismo. This book is hosted on another platform. Read the official version and support the author''s work. Cuando las dos criaturas salieron del huevo lo primero que hicieron fue comenzar a limpiarse el lodo de sus caras como si les molestara, mientras tanto Apolo hab¨ªa dejado la pala para tomar el bast¨®n negro que hab¨ªa dejado apoyado en una de las paredes de la habitaci¨®n antes de que todo el proceso iniciara. Con el bast¨®n en su mano, el joven noble se acerc¨® a las criaturas con cuidado, esperando que lo que ¨¦l ya sab¨ªa que deb¨ªa ocurrir, ocurriese. Tras limpiarse el barro en la cara, los dos Gururis se miraron con consternaci¨®n el uno al otro como si esa fuera una manera de comunicarse entre ellos, luego miraron a Apolo y volvieron a mirarse los dos a la vez. Tras unos segundos mir¨¢ndose fijamente, los dos Gururis giraron la cabeza exactamente en el mismo instante y de la misma forma para volver a mirar a Apolo; parec¨ªan estar naturalmente coordinados por lo que era bastante impactante de ver el grado de coordinaci¨®n que ten¨ªan. Inmediatamente y sin hacer ning¨²n ruido los dos Gururis saltaron hacia Apolo mostrando sus afilados dientes. El joven lejos de asustarse sonri¨® como un demente al ver que sus Gururis trataban de matarlo, sin perder un segundo y mostrando una habilidad poco vista en un ser humano, Apolo blandi¨® su bast¨®n y le peg¨® con el pomo de oro a las cabezas de las dos criaturas haciendo que retrocedieran. Estos Gururis tambi¨¦n ten¨ªan el tama?o de un ni?o, por lo que al recibir el bastonazo de Apolo cayeron inmediatamente al lodo algo aturdidos. Ante el peligro desconocido, las dos criaturas intuitivamente trataron de levantarse del lodo nuevamente; sin embargo, antes de que lograran hacerlo Apolo les emboc¨® otro bastonazo en la cabeza haciendo que cayeran al lodo. Este proceso dur¨® unos minutos hasta que finalmente uno de los Gururis dej¨® de tratar de levantarse y acept¨® quedar boca abajo en el lodo, poco despu¨¦s la otra criatura tambi¨¦n se cans¨® de recibir bastonazos y copi¨® lo que estaba haciendo el otro Gururi para no recibir m¨¢s golpes, qued¨¢ndose boca abajo en el lodo. ¡ª?Yo soy su maestro!¡ªGrit¨® Apolo con enojo haciendo que su voz retumbara por toda la habitaci¨®n¡ª?Yo soy el que les dice cu¨¢ndo es que pueden levantarse y si no les digo nada se quedar¨¢n en el lodo hasta morirse de viejo!, ?entendieron lo que les dije? Pasaron unos minutos y los dos Gururis no respondieron por lo que con algo de preocupaci¨®n, pero sin querer perder su tono dominante, Apolo volvi¨® a preguntar: ¡ª?Les ordeno que contesten!, ?entendieron lo que dije? ¡ªS¨ª¡ªRespondi¨® uno de los Gururis. ¡ª?S¨ª, maestro?. ?Habla con propiedad, abominaci¨®n de la naturaleza!¡ªGrit¨® Apolo peg¨¢ndole un bastonazo al Gururi que hab¨ªa hablado, mientras fing¨ªa estar enojado y trataba de ocultar su felicidad; durante la gestaci¨®n de la criatura el criador ten¨ªa que hablarle al charco para que la criatura naciera hablando su idioma, por lo cual era importante para Apolo verificar que este paso se hab¨ªa hecho y por tanto sus Gururis pod¨ªan hablar. ¡ªS¨ª, maestro¡ªRespondi¨® el Gururi llorando mocos mientras se tomaba la cabeza, mostrando una clara diferencia con el Gururi viejo, dado que los gururis originales s¨ª pod¨ªan mostrar emociones negativas como llorar o sentir dolor y en general mostraban comportamientos m¨¢s humanos como el odio y el resentimiento. ¡ª?Acaso vos no vas a responder?, ?criatura inmunda!¡ªGrit¨® con enojo Apolo mientras le embocaba un bastonazo desproporcionadamente fuerte al Gururi en el suelo haciendo que se retorciera de dolor en el charco de lodo. ¡ªS¨ª, maestro¡ªRespondi¨® el otro Gururi entre l¨¢grimas. ¡ªBien, ahora que entienden que soy el maestro es momento de que salgan de esta sucia pocilga y conozcan mi mansi¨®n¡ªComent¨® Apolo, sab¨ªa que el trato con estos Guriris no importaba mucho: no se deprimir¨ªan, porque ¨¦l fue su primer maestro. Sin embargo, estos Gururis no eran como los comercializables en la calle: eran los antiguos, los que f¨¢cilmente conspirar¨ªan para matarte mientras dorm¨ªas si no cumpl¨ªas algunas reglas de convivencia b¨¢sicas, pero sumamente importantes, las cuales no eran precisamente ?b¨¢sicas? para un ser humano, pero s¨ª para estas criaturas. E91-Regalos Apolo sali¨® del cuarto donde las criaturas hab¨ªan nacido caminando con lentitud. Cada vez que uno de los Gururis trataba de caminar un poco m¨¢s r¨¢pido adelantando los pasos del noble, el joven le pegaba un bastonazo y lo hac¨ªa retroceder unos pasos. Tras unos pocos bastonazos las criaturas se dieron cuenta de que ten¨ªan que caminar atr¨¢s de Apolo y dejaron de caminar m¨¢s r¨¢pido que ¨¦l. Tras salir del pasillo intermedio, Apolo se encontr¨® con el criador que se hab¨ªa encargado de sus Gururis en el pasillo de piedras. ¡ª?Salieron bien?¡ªPregunt¨® el trabajador mirando a las dos criaturas cubiertas de barro. ¡ªPor el momento todo va en orden¡ªRespondi¨® Apolo con calma¡ªPero tengo que limpiarles el barro y asegurarme de que est¨¦n completos. ¡ªClaro, ven por ac¨¢¡ªComent¨® el trabajador con apuro, queriendo terminar esta tarea lo m¨¢s r¨¢pido posible. Apolo y el criador salieron del subsuelo de la tienda y se dirigieron hacia la parte superior del comercio, en donde tras caminar unos pocos minutos Apolo pudo apreciar una cubeta llena de agua bastante grande, casi del tama?o de una piscina chica. ¡ª?M¨¦tanse adentro y l¨ªmpiense el barro!¡ªOrden¨® Apolo con ¨ªmpetu. Los dos Gururis escucharon la orden y con lentitud pasaron la espalda de Apolo como si temieran recibir otro bastonazo. Al ver que el joven no les pegaba, las dos pobres criaturas siguieron caminando un poco m¨¢s tranquilos hasta acercarse al borde de la cubeta, pero con algo de miedo vieron que la misma estaba llena de agua e instintivamente no quer¨ªan meterse. ¡ª?No duden y cumplan mi orden sin pensar!¡ªGrit¨® Apolo enojado, al notar que las criaturas se encontraban asustadas y no ten¨ªan intenciones de cumplir sus ¨®rdenes. Sin embargo, los dos Gururis parec¨ªan estar demasiados asustados como para meterse a la cubeta provocando que siguieran ignorando la orden de Apolo. Ver como sus criaturas no lo obedec¨ªan provoc¨® que a Apolo se le terminaran de aflojar los pocos tornillos que a¨²n ten¨ªa en su cabeza y tomando a uno de los Gururis del cuello lo meti¨® con violencia en la piscina. Luego el noble sac¨® al desafortunado Gururi a la superficie y como si fuera una remera sucia a la cual limpiar, el joven comenz¨® a hundirlo y subirlo violentamente en el agua hasta que el Gururi qued¨® completamente limpio. Acto seguido, el joven noble arroj¨® a la criatura al suelo despreocupadamente haciendo que la misma se estrellara contra el piso. *Coff*, *Coff*, *Coff* Inmediatamente el Gururi comenz¨® a toser con fuerza como si buscara sacarse el agua de sus pulmones para lograr sobrevivir a la tr¨¢gica experiencia. ¡ª?Por mis ancestros, eres completamente un desalmado!, ?c¨®mo se te ocurre tratar a una inocente criatura de semejante manera?, ?pedazo de mierda!¡ªSe quej¨® el criador de inmediato mientras se acercaba al Gururi tosiendo en el suelo y lo ayudaba a recomponerse. Por su parte el resto de trabajadores del comercio que se hab¨ªan acercado impactados al ver la violencia de Apolo, tambi¨¦n miraron con repudio la acci¨®n del joven: todos ac¨¢ trabajaban con criaturas todos los d¨ªas, por lo que obviamente ten¨ªan un cari?o particularmente importante hacia las mismas, as¨ª que estaban sumamente molestos por el maltrato realizado por el noble; sin embargo, nadie se atrev¨ªa a hablar como el criador que estaba al lado de Apolo, el cual pareci¨® nacer con un esp¨ªritu y unos huevos poco vistos en este imperio. Ignorando completamente las miradas enojadas de la multitud, Apolo not¨® que el otro Gururi inteligentemente se estaba alejando de la cubeta dando peque?os pasitos para atr¨¢s, por lo cual el joven noble h¨¢bilmente lo tom¨® de un manotazo por el cuello y sin darle tiempo para lamentarse, comenz¨® a subirlo y bajarlo en la cubeta con agua hasta limpiarlo completamente. Con malicia, el joven arroj¨® al Gururi arriba del otro Gururi haciendo que ambos chocaran, aunque deliberadamente Apolo evit¨® que tambi¨¦n chocara con el criador tratando de ayudarlos. Apolo mir¨® a las dos criaturas con enojo y grit¨® con todas sus fuerzas haciendo que los enojados trabajadores se taparan los o¨ªdos y las criaturas en la tienda comenzaran a gritar en p¨¢nico: ¡ª?La pr¨®xima vez que se tarden en cumplir mis ¨®rdenes y me hagan perder el tiempo los mato a bastonazos! *Coff*, *Coff*, *Coff* Sin embargo, los Gururis ignoraron el grito e instintivamente siguieron tosiendo con fuerza, m¨¢s preocupados en luchar por conservar sus vidas que en escuchar lo que el gigante acababa de gritar. You could be reading stolen content. Head to Royal Road for the genuine story. ¡ª??Pero qu¨¦ no ves que casi los matas ahogados?!, ??qu¨¦ mierda tienes en la cabeza para ignorar el sufrimiento de estos reci¨¦n nacidos?!¡ªGrit¨® con enojo el trabajador sin tolerar el maltrato que acababa de presenciar: su coraz¨®n ya hab¨ªa sufrido demasiado este d¨ªa, pero este acto de barbarie hab¨ªa sido la gota que colmaba el vaso. Imaginando el sufrimiento que le vendr¨ªa a las pobres criaturas por delante, el trabajador estaba haciendo lo imposible para no perder el control y terminar tratando de alejar a las inocentes criaturas de Apolo. El hombre sab¨ªa que su esfuerzo iba a ser in¨²til: por desgracia el destino era cruel y hab¨ªa convertido a este malparido en un mago, mientras que ¨¦l ten¨ªa que salir a luchar todos los d¨ªas para mejorar el futuro de sus hijos y era un simple trabajador, pero su coraz¨®n ya se hab¨ªa resignado a la cruel verdad: la vida era as¨ª en este cruel imperio y no hab¨ªa lugar para que un trabajador haga entrar en raz¨®n a una persona importante. Y mucho menos ser¨ªa posible enfrentarlo si un malvado escritor estaba colaborando con tal malparido eligi¨¦ndolo el protagonista de su historia, por lo cual el trabajador contuvo sus pu?os y trat¨® de imaginarse el gran futuro que le podr¨ªa dar a sus hijos tras completar esta tarea. ¡ªClaro que los veo, ?est¨¢n perfectos!, ?estos Gururis son perfectos!¡ªDijo Apolo con una sonrisa ignorando completamente el enojo del trabajador, mirando a las dos criaturas con cuidado. Estos gururis eran radicalmente diferentes al viejo que Apolo hab¨ªa comprado y a los que generalmente se ve¨ªan por la calle, si bien los dos tipos de gururis ten¨ªan aproximadamente el tama?o de un ni?o y un cuerpo humanoide. La principal diferencia entre los dos tipos de criaturas estaba en que su piel no era verde y llena de tumores, sino que la piel de estos dos gururis era de un color p¨¢lido rosado. Adem¨¢s, estos gururis no ten¨ªan la panza transparente y no liberaban un olor f¨¦tido constantemente. Otra gran diferencia es que estas dos criaturas ten¨ªan una nariz larga y puntiaguda muy similar a la de Apolo, junto a dos orejas algo alargadas y unos labios como cualquier persona com¨²n. Por otra parte, sus ojos eran completamente rojos y sus dientes eran amarillentos y afilados. Mientras que sus cuerpos eran un poco m¨¢s delgados que el de un Gururi normal. Por lo tanto, se podr¨ªa decir que estos dos Gururis eran una versi¨®n mucho m¨¢s similar a un humano normal, lo cual tambi¨¦n explica en parte por qu¨¦ es que sus evoluciones llegaron al punto de ser humanos perfectos. ¡ªCumplieron con su palabra, los felicit¨® por salvarse¡ªComent¨® Apolo retir¨¢ndose de la tienda. Pero al instante, el joven se dio cuenta de que los dos Gururis no lo segu¨ªan y en su lugar lo miraban con odio mientras trataban de recomponerse¡ª?Qu¨¦ esperan?, vengan con su maestro: ?Ustedes merecen una vida mejor que estos idiotas! Habiendo dado la orden, Apolo procedi¨® a dirigirse hacia su carruaje, ignorando si era o no seguido por sus dos criaturas. Lo ¨²nico que el joven ten¨ªa en la mente era que si las criaturas no la segu¨ªan se har¨ªa otro par de Gururis cuya cabeza no ?fallara?. La gran verdad es que Apolo podr¨ªa tratar a las criaturas mejor y eso era un hecho. Pero el joven se rehusaba a ?malcriarlos? y tener que fingir toda la vida un trato que nunca hab¨ªa tenido con sus criados, por lo cual decidi¨® ser un poco m¨¢s infeliz que de costumbre el d¨ªa de hoy, as¨ª lo normal ser¨ªa que los Gururis se acostumbraran a que no haya palabras bonitas o agradecimiento alguno por su trabajo. O tal vez no, tal vez era simplemente las divagaciones de un escritor tratando de salvar el alma de uno de sus personajes. Pero por suerte esta era una pregunta que el lector podr¨ªa contestarse tras unas pocas p¨¢ginas m¨¢s adelante, por lo cual no hab¨ªa motivo alguno para profundizar en la cuesti¨®n en estos momentos y la historia pod¨ªa continuar con normalidad: ?Sin las molestas interrupciones del escritor!. Para la fortuna de las dos inocentes y pobres criaturas, los dos Gururis decidieron hacerle caso a la orden y siguieron la espalda de Apolo march¨¢ndose de la tienda. Tras unos pocos pasos, el grupo de tres lleg¨® hasta el carruaje en donde Mateo estaba esperando con felicidad, al parecer el hombre ya se hab¨ªa acostumbrado al olor de la peque?a criatura al lado de ¨¦l y pod¨ªa celebrar el comienzo del final de esta abominable tortura. ¡ª?Ya estamos?¡ªPregunt¨® impacientemente Mateo. ¡ªCasi, solo falta hacer el primer encuentro y formalizar nuestra amorosa relaci¨®n¡ªComent¨® Apolo con una sonrisa mientras abr¨ªa su carruaje y sacaba una maleta que ten¨ªa preparada desde hace demasiado tiempo para cuando este d¨ªa llegara¡ªZoe, mi sobrina favorita, baja ac¨¢ que tengo que presentarte a tus dos nuevos hermanitos¡ Inmediatamente, Zoe se teletransporto al lado de Apolo y mir¨® con una curiosidad amigable a los dos Gururis que acababa de conocer. Contrariamente, los otros dos Gururis miraron a Zoe y luego se miraron fijamente, para volver a mirar a Zoe con una mirada maliciosa en sus rostros como si buscaran matarla en la primera oportunidad que tuvieran: en sus mentes ya era demasiado tener que bancarse a un maestro, menos ganas a¨²n ten¨ªan de bancarse a una idiota. ¡ªBueno, dado que este es el comienzo de nuestra hermosa familia, es el momento de que todos ustedes reciban un gran obsequio de mi parte¡ªComent¨® Apolo casi cantando con una gran sonrisa en su rostro mientras miraba a Zoe. Acto seguido como si tuviera bipolaridad, el joven lanz¨® una mirada fr¨ªa y contundente a las otras dos criaturas mientras con su voz rasposa de costumbre les dec¨ªa: ¡ª?Agarren! Apolo lanz¨® la maleta a los dos gururis haciendo que tropezaran en el suelo y explic¨® con cierto orgullo en la voz: ¡ªEn la maleta est¨¢ la ropa que usar¨¢n como mis nuevos pupilos: ?A partir de ahora ser¨¢n aprendices de un mago!. Cada prenda tiene un parche con un nombre y ese ser¨¢ el nombre al cual responder¨¢n a partir de ahora. Con el tiempo valorar¨¢n que son afortunados al tenerme como su maestro y aprender¨¢n a vivir c¨®modamente la vida que nunca pudieron vivir cuando eran dos ni?os con malos padres. E92-De regreso a casa L¨®gicamente, los Gururis no recordaban su anterior vida o se crear¨ªan demasiados problemas con los cuales los magos no quer¨ªan lidiar, por lo cual las dos criaturas no entendieron muy bien lo que les quiso decir el joven. Pese a que el joven ya sab¨ªa que los Gururis no lo entender¨ªan, como buen carnicero entrenado para matar desde que naci¨®, Apolo de vez en cuando necesitaba justificarse as¨ª que termin¨® soltando el comentario que ten¨ªa atorado en la mente hace un buen rato. Los Gururis que partieron de ni?os tend¨ªan a ser m¨¢s exigentes y menos sumisos, por lo cual Apolo sab¨ªa que ten¨ªa que darles ciertas comodidades humanas, por ejemplo ropa y un nombre. En contrapartida los Gururis rosados ten¨ªan varias ventajas, por ejemplo ten¨ªan mucha m¨¢s iniciativa propia que los Gururis actuales de hoy en d¨ªa y sol¨ªan actuar por su cuenta si notaban que hab¨ªa un problema en su entorno. Mientras que desde el otro lado de la moneda, los Gururis verdes part¨ªan de corderos y siguiendo sus instintos naturales prefer¨ªan aceptar pasivamente su entorno y no buscarse problemas innecesarios, por m¨¢s que de verdad se est¨¦ desarrollando un problema inmenso para Apolo en el entorno en cuesti¨®n. Por otro lado, el motivo por el cual la casa deb¨ªa estar amueblada no era porque part¨ªan de humanos, sino que se lo otorgaba el polvo liberado por la otra criatura que era necesaria en el proceso de creaci¨®n de los Gururis. La criatura a la cual se le juntaba su polvo era una criatura de alta magia que sol¨ªa encontrarse en los muebles abandonados de las casas antiguas, por lo cual los Gururis rosados tambi¨¦n adquir¨ªan esa paranoia y se sent¨ªan inc¨®modos al no tener muebles que curiosear por mucho tiempo. Dicha paranoia llegaba al punto que los Gururis rosados se terminaban volviendo sumamente agresivos y conspirar¨ªan para matar al due?o de la casa para cambiar esta situaci¨®n: el cual generalmente era el mago que los hab¨ªa creado. Las versiones mejoradas o actuales de los Gururis se produc¨ªan con otra criatura completamente diferente la cual viv¨ªa en algunos pantanos del imperio. Estas criaturas no solo eran mucho m¨¢s f¨¢ciles de encontrar y por tanto, m¨¢s baratas, sino que tambi¨¦n ten¨ªan la ventaja de eliminar esa paranoia y produc¨ªa otras como siempre tener que oler f¨¦tidamente. Aunque las versiones m¨¢s modernas perdieron esta paranoia y la reemplazaron con otros problemas, m¨¢s f¨¢ciles de aceptar para la mayor¨ªa de los nobles. Por ¨²ltimo la agresividad del Gururi hacia sus pares eran bastante diferente entre las dos razas y esto se deb¨ªa a que las criaturas que viv¨ªan en los muebles abandonados eran muy territoriales por lo cual no pod¨ªan convivir con su propia especie. En cambio, la criatura del pantano crec¨ªa en manadas muy grandes por lo cual necesitaba tener otras criaturas a su alrededor con las cuales interactuar. Esto provocaba que los Gururis rosados fueran agresivos entre ellos, mientras que Zoe fuera amigable con los rosados. Para lograr que los dos Gururis rosados no se mataran entre s¨ª se ten¨ªa que dar algunas condiciones, que Apolo hab¨ªa investigado previamente y en parte era el motivo por el cual comprar una pareja de estas criaturas en la antig¨¹edad val¨ªa una aut¨¦ntica fortuna. Y esta gran condici¨®n era que se ten¨ªan que sacrificar dos mellizos humanos a la vez. Por lo cual el precio se elevaba notoriamente, ya que era muy complicado conseguir dos ni?os con estas caracter¨ªsticas si hab¨ªa un mont¨®n de magos y nobles busc¨¢ndolos. En cambio, en la actualidad, los tiempos hab¨ªan cambiado y al parecer la demanda por estos ni?os hab¨ªa ca¨ªdo notoriamente con el paso de las d¨¦cadas. Sin embargo, pese a esta hostilidad entre los Guriris rosados todav¨ªa era posible tener un Gururi anciano con uno m¨¢s joven o dos m¨¢s j¨®venes si cumpl¨ªan las condiciones, ya que naturalmente la criatura que viv¨ªa en los muebles crec¨ªa con su madre hasta que la misma muriera y ella heredara los muebles de la madre. Por lo tanto, se pod¨ªa simular esa relaci¨®n instintiva que ten¨ªan los Gururis rozados, siempre y cuando el otro Gururi fuera viejo y tuviera la suficiente destreza como para defenderse de los m¨¢s j¨®venes y al mismo tiempo la voluntad e instinto para adoptarlos. Pero en el caso particular de Zoe la voluntad ya ven¨ªa innata, ya que no era un Gururi rosado. Taken from Royal Road, this narrative should be reported if found on Amazon. Mientras el escritor escup¨ªa semejante explicaci¨®n acerca del lore de estas incre¨ªbles y curiosas criaturas, Apolo observaba como los Gururis rosas abr¨ªan la maleta para observar el contenido de la misma. Dentro de la maleta hab¨ªa tres juegos de togas blancas del tama?o de un ni?o id¨¦nticas a las que usaba Apolo aunque el trofeo es decir la pluma era de color blanco, la ropa era incre¨ªblemente fina por lo que parec¨ªa que Apolo hab¨ªa contratado al mismo sastre que le hizo su propia ropa para confeccionar estas togas. Tambi¨¦n dentro de la maleta se hallaba unas sandalias blancas similares a las que usaba Apolo y por ¨²ltimo adem¨¢s de los juegos de ropa, hab¨ªa un ¨²nico bastoncito que parec¨ªa estar hecho para que un ni?o lo empleara, su color era blanco y ten¨ªa un pomo de oro id¨¦ntico al que ten¨ªa Apolo. Al darse cuenta de que solo hab¨ªa un ¨²nico bast¨®n los dos Gururis rosados pelearon por tomarlo, pero Apolo los detuvo emboc¨¢ndoles un par de bastonazos. ¡ª?Nunca peleen frente a mis ojos!, ?El bast¨®n es de Zoe y ella lo tendr¨¢ hasta que ustedes dos logren aprender todo de ella!¡ªGrit¨® Apolo con violencia. Con alegr¨ªa, Zoe tom¨® el bastoncito y mir¨® sin comprender como los otros dos Gururis la miraban con un odio intenso, parecer¨ªa que si no estuviera Apolo hace tiempo la habr¨ªan atacado. ¡ª?Zoe, cuando traten de atacarte, p¨¦gales con el bast¨®n hasta que se les pase lo idiota!¡ªIndic¨® Apolo mirando al Gururi verde con preocupaci¨®n. ¡ªS¨ª, maestro¡ªContest¨® Zoe sin comprender muy bien la orden o porque sus nuevos hermanitos la atacar¨ªan. Resign¨¢ndose a no obtener el bast¨®n, los dos Gururis rosados se acercaron y tomaron la toga que parec¨ªa m¨¢s bonita ante sus ojos y comenzaron a ponerse la ropa con bastante dificultad. Finalmente, un solo juego de ropa fue dejado en la maleta, por lo cual Apolo al ver que Zoe no ten¨ªa la iniciativa de usarla, le orden¨®: ¡ªPonte la ropa al igual que ellos dos. Siguiendo la orden, Zoe de forma m¨¢s experimentada que los otros dos Gururis hizo desaparecer la ropa y cuando Apolo quiso darse cuenta a d¨®nde fue a parar, vio que Zoe ya la llevaba puesta. La ropa era id¨¦ntica a la que usaba Apolo, pero blanca, aun as¨ª todav¨ªa hab¨ªa otra ligera diferencia y era que cada prenda ten¨ªa un nombre parchado en ella. El parche de la ropa de Zoe parec¨ªa que era algo improvisado y no era tan lindo como el que hab¨ªa en los otros dos juegos de togas blancas, por lo cual los Guriris rosas lo hab¨ªan descartado como primera opci¨®n. En cuanto a los juegos de ropa elegidos por los otros dos Gururis tambi¨¦n ten¨ªan un parche en los cuales estaban bordados dos nombres respectivamente: Aquiles y Nicol¨¢s. ¡ªPerfecto: Zoe es la verde. Aquiles es el que tiene nariz grande y piel rosa. Mientras que Nicol¨¢s es el que tiene orejas chiquitas y piel rosa¡ªComent¨® Apolo mientras trataba de recordarlo. Lo cierto es que el noble era horrible recordando nombres por lo cual hab¨ªa mandado a hacer estos parches en busca de ayudarlo con esta misi¨®n¡ªPor lo dem¨¢s pong¨¢monos en marcha: ?Los tres vayan al asiento del conductor de alguno de los dos carruajes y Mateo ll¨¦vanos de regreso a la mansi¨®n! ¡ª?Como ordene!¡ªExclam¨® Mateo tratando de no llorar, hab¨ªan sido cinco largos y duros meses viviendo en este carruaje por lo que el hombre ya no pod¨ªa aguantarse m¨¢s las ganas de volver a la mansi¨®n. Si bien se hab¨ªa acostumbrado a ser conductor, lo cierto es que ya se hab¨ªa mentalizado como el siguiente mayordomo y teniendo tantos criados bajo su mando no ten¨ªa ning¨²n sentido que fuera el que tuviera que sufrir est¨¦ infernal ?castigo?; sin embargo, Apolo pensaba de otra forma y le hab¨ªa dado a ¨¦l esta tarea. E93-La propuesta Los d¨ªas fueron pasando hasta que finalmente Apolo pudo ver desde la distancia una entrada que le resultaba familiar: ?Hab¨ªa llegado a su mansi¨®n!. Con los ojos brillantes, llenos de expectativa y emoci¨®n, el joven noble esperaba ver c¨®mo reaccionar¨ªan sus nuevos Gururis al ver el lugar donde vivir¨ªan el resto de sus vidas. Por su parte, Mateo miraba con a?oranza los ¨¢rboles al rededor del camino y se recordaba a s¨ª mismo que apenas pusiera un pie lejos de la vista de su se?or deb¨ªa buscar uno de los criados para hacerlo el mejor conductor que este imperio haya conocido: ?Jurando nunca m¨¢s tocar este infernal carruaje!. Tras unos pocos minutos, el carruaje finalmente lleg¨® hasta la gran rotonda con el gigantesco ¨¢rbol en el medio que daba lugar a la entrada de la mansi¨®n propiamente dicha. Al ser informado de que Apolo estaba a punto de regresar a la mansi¨®n, Orrin hab¨ªa dado la orden para organizar que todos los criados se reunieran en la puerta de la mansi¨®n para saludar a su se?or nomas el joven noble bajara de su carruaje. Por lo que en estos momentos, el fiel mayordomo se encontraba en las escaleras que daban entrada a la mansi¨®n esperando poder reencontrarse con su hijo y Apolo a los cuales no hab¨ªa visto desde hace casi medio a?o. Ante la vista atenta de todos los criados de la estancia, el carruaje dio vuelta la rotonda y estacion¨® cerca de las escaleras que daban entrada a la mansi¨®n. Con el carruaje parado, Apolo con calma baj¨® de su carruaje y observ¨® a sus criados para encontrarse con la extra?eza de que ¨²nicamente reconoc¨ªa a Orrin mientras que el resto de criados ten¨ªan rostros completamente irreconocibles. Si bien Apolo ten¨ªa la memoria de un pez y no s¨¦ sab¨ªa el nombre de ninguno de sus criados aparte de Orrin y Mateo, al menos pod¨ªa recordar las caras de estos pobres desgraciados, pese a ello el joven noble se percat¨® de que todos estos criados ten¨ªan caras nuevas. ¡ª?Cambiamos al personal?¡ªPregunt¨® Apolo sin retener sus dudas. ¡ªSiguiendo sus arreglos, le conseguimos un mejor trabajo como personal en el cementerio a los anteriores fieles criados como recompensa tras lograr terminar de amueblar la mansi¨®n, mi se?or¡ªRespondi¨® Orrin con m¨¢s tristeza que alegr¨ªa al decir esa frase te¨®ricamente positiva. ¡ªOh, as¨ª que finalmente logramos darles esos trabajos: ?Qu¨¦ alegr¨ªa!¡ªExclam¨® Apolo acord¨¢ndose que esa era la frase que dec¨ªa su mayordomo cada vez que uno de sus criados estiraba la pata por la peste azul o cuando alguno de los criados desaparec¨ªa tras sufrir alg¨²n accidente en la mansi¨®n¡ªUn placer en conocerlos a todos ustedes: espero que disfruten su estad¨ªa en mi mansi¨®n. Bueno, ya que estamos todos reunidos podemos aprovechar la oportunidad para hacer la ceremonia de cambio de puestos. Tras decir eso Apolo sac¨® un pergamino enrollado que ten¨ªa preparado desde hace ya mucho tiempo en su bolsillo y con una dignidad nunca antes vista orden¨®: ¡ª?Mateo baja del carruaje y ponte de rodillas delante de m¨ª! ¡ª?Eh?...¡ªExclam¨® Mateo mirando como un idiota a Apolo. En estos momentos el hombre estaba tratando de bajar del asiento de conductor, el cual en este carruaje de anormal tama?o estaba bastante alto. Al hombre ya le dol¨ªa demasiado el trasero de estar tanto tiempo sentado, por lo que claramente hab¨ªa aprovechado la primera oportunidad que tuvo para intentar bajar a estirar las piernas, dando lugar a que la orden de Apolo lo terminara pillando en un momento sumamente inc¨®modo frente a la atenta mirada de todos los nuevos criados. Luego de unos segundos procesando la orden en su cerebro y viendo con la seriedad con la que lo estaba mirando su padre, Mateo logr¨® comprender que finalmente le lleg¨® el momento de heredar la posici¨®n de mayordomo. Por lo cual el hombre termin¨® de bajar del carruaje con apuro y reuni¨® fuerzas para disimular el ya notorio cansancio en su cuerpo. Con pasos firmes y bajo la atenta mirada de su padre, Mateo se acerc¨® hasta Apolo y se puso de rodillas ante ¨¦l, tal y como indicaba el protocolo en el imperio. Mirando a Orrin con felicidad, Apolo puso el pergamino enrollado sobre la frente de Mateo y recit¨® pausadamente en voz muy alta para que todos pudieran escuchar lo que ten¨ªa que decir: If you spot this tale on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. ¡ªYo, el mago Apolo de bosques negros libero de las funciones de mayordomo a mi leal criado Orrin... ¡ªComo usted ordene, se?or¡ªContest¨® Orrin evitando llorar de la emoci¨®n y haciendo un saludo protocolar bastante bien hecho, como si lo hubiera estado practicando en secreto durante varios d¨ªas y noches, esperando finalmente poder ver el d¨ªa en que tuviera que realizarlo frente Apolo. ¡ªMe place escuchar eso¡ªDijo Apolo cambiando la vista al hombre arrodillado frente a ¨¦l¡ªComo agradecimiento hacia Orrin por ser el gran gestor de mis tierras, mi gran mansi¨®n y todos mis bienes: Yo, el mago Apolo de los bosques negros otorgo el t¨ªtulo de mago del imperio a mi primo Mateo de bosque negro. ¡ª??Qu¨¦ mierda dijiste?!¡ªGrit¨® Mateo par¨¢ndose de golpe, tomando violentamente el pergamino en la mano de Apolo, mandando al carajo el solemne protocolo. Inmediatamente, el hombre abri¨® y ley¨® en voz alta el contenido del pergamino:
"Querido nieto, Apolo Estuve leyendo y meditando la carta que me mandaste por varios d¨ªas, hasta que finalmente entend¨ª que el que mejor podr¨ªa entender la ¨²ltima voluntad de mi hijo no era yo: su propio padre, sino que eras vos, Apolo: su querido sobrino, el que mejor pudo comprender el coraz¨®n de mi hijo. Es por eso que decid¨ª cumplir tu palabra y de tal manera honrar las deudas pendientes que mi hijo dej¨® en este mundo. En la carta encontrar¨¢s una tarjeta que debes otorgarle junto a esta carta a tu medio primo Mateo de bosques negros, con ella ¨¦l podr¨¢ tener el futuro que se merece por ser el hijo bastardo de tu t¨ªo: un puesto digno como mago, alejado del castillo de la familia. Si el ministro pide explicaciones de donde conseguiste la aceptaci¨®n, dile que yo te la he dado como bot¨ªn de guerra por colaborar en nuestra ¨²ltima campa?a en Minas negras, si a¨²n duda mu¨¦strale esta carta y aseg¨²rate de hacerle entender que nunca nadie puede enterarse de la existencia de un nieto ileg¨ªtimo en mi familia Att, tu querido abuelo, el rey de los bosques negros"¡ªMi se?or...¡ªMurmur¨® Orrin, el anciano quiso decirle a Apolo que la idea no solo era una locura, sino que tambi¨¦n era una ofensa terrible al honor de su propio t¨ªo. Pero la tarjeta que Orrin pudo observar en la carta le cerr¨® la boca al anciano; efectivamente ¨¦l hab¨ªa revisado el contenido de los documentos que le hab¨ªa otorgado la familia de Apolo para que el joven noble pudiera convertirse en un mago. El anciano jam¨¢s dejar¨ªa que todos su futuro y el de su hijo sea tirado por la borda por la estupidez de Apolo, por lo cual Orrin ¨²nicamente le entreg¨® ese documento a Apolo antes de tiempo porque se hab¨ªa asegurado de que el que mand¨® la carta era el mismo ministro de magia. Por lo tanto, ese documento no importaba mucho, ya que el ministro de magia estaba previamente informado de que Apolo ir¨ªa a la capital a convertirse en mago y en consecuencia no importaba si Apolo perd¨ªa el documento de forma est¨²pida antes de tiempo. Como resultado a esa deslealtad, Orrin estaba cien por ciento seguro de que la tarjeta que hab¨ªa visto en la carta enviada por el ministro de magia era id¨¦ntica a la que estaba viendo ahora mismo. Conociendo lo poco honorable que era Apolo, el viejo estaba cien por ciento seguro de que Apolo ser¨ªa capaz de arreglar semejante barbaridad con los empleados del ministerio con tal de satisfacer sus extra?os deseos, por lo que el coraz¨®n del anciano hab¨ªa comenzado a dudar acerca de cu¨¢l era el mejor paso a seguir a continuaci¨®n. ¡ª?Pap¨¢, qu¨¦ hago?¡ªPregunt¨® Mateo incr¨¦dulo de lo que le estaba planteando hacer Apolo. Obviamente, el hombre sab¨ªa que la carta era una mentira y que si el ministro de magia se enteraba de que estaban tratando de enga?arlo probablemente lo matar¨ªan. Sin embargo, Mateo tambi¨¦n hab¨ªa estado trabajando con Apolo por mucho tiempo y a este punto de las circunstancias, Mateo sab¨ªa m¨¢s que nadie que el joven era un enfermo mental cuando se trataba de armar conspiraciones est¨²pidas con objetivos sumamente extra?os, por lo que sab¨ªa que probablemente Apolo estuvo pensando en esto m¨¢s de un a?o entero. Y si no era as¨ª, Mateo tambi¨¦n sab¨ªa la inmensa cantidad de veces que Apolo hab¨ªa mandado al carajo las leyes del imperio para satisfacer sus extra?os planes y para colmo en cada uno de esos arrebatos contra las leyes, el noble siempre terminaba saliendo bien parado de alguna manera que rozaba el misticismo. Por lo que el hombre realmente cre¨ªa que el noble estaba teniendo a sus ancestros arreglando su destino para que no ocurrieran cosas que lo condujeran a un rotundo fracaso. Por lo cual Mateo dudaba que esta vez fuera la vez que a Apolo le salieran las cosas mal, al fin y al cabo Apolo siempre se hab¨ªa salido con la suya: ?Por qu¨¦ justo esta vez en donde ¨¦l ser¨ªa el gran ganador ser¨ªa la maldita ocasi¨®n en donde todos los planes de Apolo fallar¨ªan?. E94-La verdad ¡ªAl parecer ha llegado el momento de decirte la verdad, Mateo¡¡ªDijo Orrin con seriedad mientras miraba a su hijo fijamente¡ªLo cierto es que no soy tu padre. ¡ª??C¨®mo?!¡ªExclam¨® Mateo incr¨¦dulo con lo que su padre estaba diciendo. Si su padre fuera una persona ir¨®nica o c¨®mica entonces el hombre podr¨ªa entender que esto era una manera de su padre de decirle que deb¨ªa probar suerte y tratar de estafar al sistema. Sin embargo, habiendo crecido con ¨¦l como ¨²nico padre, claramente Mateo conoc¨ªa lo suficientemente bien a Orrin como para saber que el anciano jam¨¢s le dir¨ªa que se juegue su vida siguiendo los planes de Apolo de forma tan ir¨®nica. ¡ª?Nunca te preguntaste por qu¨¦ Fausto jugaba tanto con vos de ni?o, o porque el abuelo de Apolo te trataba tan bien, o por qu¨¦ nunca pudiste conocer a tu madre?¡ªPregunt¨® Orrin con seriedad, realmente no parec¨ªa estar bromeando con el tema. ¡ªNo puede ser¡¡ªSusurraron Apolo y Mateo al mismo tiempo. Por supuesto que Apolo sab¨ªa que la carta era falsa, si bien la letra era id¨¦ntica a la de su abuelo el joven noble se hab¨ªa gastado una buena fortuna en buscar un falsificador tan bueno. Sin embargo, Apolo nunca escuch¨® a Orrin decirle un solo chiste en todos estos a?os, por lo que realmente el viejo podr¨ªa estar hablando en serio. Aunque la parte que menos pod¨ªa digerir, Apolo era que su hermano Fausto tuviera un m¨ªsero amigo en el castillo, pese a ello Mateo parec¨ªa tan impactado como ¨¦l, por lo que todo estaba indicando que el asunto no era una broma entre padre e hijo. Y el hecho de que desde la perspectiva de Apolo, Orrin jam¨¢s le mentir¨ªa estaba provocando que su mente ?f¨¢cilmente influenciable? tambaleara con la impactante verdad. ¡ªMe temo que esa es la verdad, promet¨ª guardar este secreto conmigo y llev¨¢rmelo a la tumba. De esa forma el honor de la familia de los colosos del bosque negro quedar¨ªa intacto cuando mueras cumpliendo tu deber como el mayordomo de Apolo, lejos del castillo, lejos de tu familia y a¨²n m¨¢s lejos de la vergonzosa verdad¡ªComent¨® Orrin mirando al cielo reflexivamente, como si estuviera conversando con el t¨ªo de Apolo en estos momentos. Los dem¨¢s criados se quedaron con la boca abierta mirando al antiguo mayordomo y sobre todo al shock en el rostro de Mateo al escuchar las palabras del anciano, se sent¨ªan que eran los espectadores de lujo del desenlace de una novela tr¨¢gica. ¡ª?Pero me dijiste que mi mam¨¢ era una criada!, ?por qu¨¦ el t¨ªo de Apolo andar¨ªa con una de las criadas en el castillo y nadie me dir¨ªa semejante verdad nunca?¡ªGrit¨® Mateo con enojo, no le estaba gustando la broma de su padre: si es que de verdad era una broma, cosa que en estos momentos dudaba m¨¢s de lo que le gustar¨ªa. ¡ªPorque la verdad es demasiado cruel como para que le sea contada a un ni?o...¡ªRespondi¨® Orrin mirando como las hojas del ¨¢rbol gigante en la rotonda ca¨ªan por la ventisca veraniega, por su rostro poco feliz parecer¨ªa que el anciano a¨²n se negaba a contar qu¨¦ es lo que hab¨ªa sucedido realmente. ¡ªSi esto es una clase de broma: ?No me est¨¢ agradando, pap¨¢!, ?Entiendo que debo aceptar la propuesta de Apolo, pero no me digas estas idioteces!¡ªGrit¨® Mateo sintiendo una mezcla entre nervios y enojo, al no querer creerse las palabras del anciano y al mismo tiempo sinti¨¦ndose inc¨®modo por dudar acerca de la identidad de su padre. Pero su padre ignor¨® su grito y en su lugar se puso a llorar mirando al ¨¢rbol que simbolizaba a la familia imperial, dejando aturdido a todos los presentes. No eran las l¨¢grimas de cocodrilo de alguien triste, eran las l¨¢grimas de alguien que hab¨ªa cargado con un gran secreto por mucho tiempo en su coraz¨®n y finalmente hab¨ªa decidido cont¨¢rselo al mundo. Finalmente, el anciano no pudo contener m¨¢s las palabras atoradas en su garganta y dijo con la mayor serenidad que pudo reunir mientras lloraba: ¡ªLa gran verdad es que el t¨ªo de Apolo, o mejor dicho ?t¨²? padre, te trajo luego de la guerra junto a tu madre. Tu padre ten¨ªa intenciones de divorciarse de la actual t¨ªa de Apolo y dejar de vivir como un noble para exiliarse lejos de donde el mundo pudiera encontrarlo. Pese a ello para esas fechas Mariano estaba por nacer as¨ª que ser¨ªa realmente un esc¨¢ndalo si tu padre abandonaba a la t¨ªa de Apolo estando embarazada del futuro heredero del trono del bosque negro. Por lo que el abuelo de Apolo tom¨® una decisi¨®n tr¨¢gica para proteger el honor de su futuro heredero: puso en prisi¨®n a tu madre y a vos en la mazmorra del castillo. Tu padre fue obligado a tomar dos opciones: o bien podr¨ªa morir en un duelo contra el abuelo de Apolo y de esa forma tu madre y vos se salvar¨ªan, o en caso contrario matar¨ªan a tu madre y har¨ªan ?desaparecer? al hijo no deseado: volviendo todo a la normalidad, fingiendo que esto nunca hab¨ªa ocurrido y ejecutando a todos los criados que se hab¨ªan enterado de la cruel verdad. Como podr¨¢s imaginar, tu madre fue ejecutada esa misma noche y vos fuiste abandonado en el medio del bosque; sin embargo, tu difunta madre te protegi¨® desde el otro lado e hizo que me cruzara con vos cuando caminaba por el bosque. Para cuando te encontr¨¦ ya casi hab¨ªas muerto, pero de todas formas te lleve al castillo sin saber que el abuelo de Apolo te hab¨ªa condenado a muerte. L¨®gicamente, el rey s¨¦ termin¨® enterando de que te salvaste, pero avergonzado por la ejecuci¨®n de tu madre y por la cobard¨ªa de su hijo decidi¨® cambiar de opini¨®n y me indic¨® que te criara como mi propio hijo. Pese a ello gran parte de los conocedores de esta cruel verdad murieron en la guerra y tu ¨²nico hermano Mariano lamentablemente no pudo escapar de ese cruel destino. Sin embargo, al igual que el t¨ªo de Apolo no heredaste los poderes de la sangre de los colosos del bosque negro y en su lugar tuviste la cruel desgracia de adquirir los poderes de tu difunta madre. Por lo que tu verdadero abuelo jam¨¢s pudo reconocerte como un miembro de la familia, en caso contrario estar¨ªa en tu derecho luchar por el trono del bosque negro. Jam¨¢s quise decirte esta verdad porque como ni?o nunca podr¨ªas dejar de pensar que es lo que ser¨ªa de tu vida ahora si por fortuna hubieras heredado los poderes que te permitir¨ªan acceder a la l¨ªnea sucesoria del trono del bosque negro. Pero ahora la historia es diferente, ahora el abuelo de Apolo te reconoci¨® como un bastardo y se preocup¨® en darte un mejor futuro, un futuro que yo jam¨¢s podr¨ªa darte. The narrative has been illicitly obtained; should you discover it on Amazon, report the violation. ¡ª?C¨®mo puede existir semejante casualidad en este mundo?¡¡ªSusurr¨® Apolo incr¨¦dulo de lo que estaba escuchando; sin embargo, la dignidad provocada por el llanto de un anciano era demasiado fuerte para ser ignorada. ¡ª?Me est¨¢s diciendo que realmente no eres mi padre?¡ªDijo Mateo incr¨¦dulo, mirando a la carta en su mano como un demente, si la historia era cierta entonces esta carta val¨ªa oro: oro puro y duro, era un boleto a una vida que nunca siquiera se hab¨ªa atrevido a so?ar, era el mism¨ªsimo viaje de ida a la gloria eterna. ¡ªNo¡ No lo soy¡ Pe-pero siempre ser¨¦ tu ancestro cuando ya no este¡¡ªRespondi¨® Orrin rompiendo en l¨¢grimas, estas si eran l¨¢grimas de cocodrilo y costaba bastante de digerir ver a un anciano llorando de semejante manera. Al ver al anciano llorando, los criados se conmovieron con la historia e hicieron fuerza para no llorar, pese a ello no todos lo lograron y unos pocos comenzaron a acompa?ar las l¨¢grimas del anciano, luego el resto se contagi¨® de la atm¨®sfera y se sum¨® al llanto desgarrador del viejo. Por su parte, Mateo no aguant¨® ver a su ?padre? en semejante estado por lo que corri¨® a abrazarlo. Sintiendo el cuerpo de su ?padre? entretanto lo abrazaba, Mateo rompi¨® en llantos mientras dec¨ªa: ¡ª?No importa la verdad: siempre ser¨¢s el ¨²nico padre en mi coraz¨®n!, ?Siempre! ?Nunca olvidar¨¦ todo lo que hiciste por m¨ª! ?Me criaste como tu propio hijo y esa deuda no la podr¨¦ pagar nunca, cuando ya no est¨¦s te hablar¨¦ todos los d¨ªas y cuando yo muera ser¨¢s el primero al que vaya a visitar porque t¨² eres la ¨²nica persona que me ha apoyado en todos los momentos dif¨ªciles de mi vida! ¡ª¡¡ªApolo por su parte observ¨® en silencio, mientras unas peque?as l¨¢grimas sal¨ªan de sus ojos: pocas, ef¨ªmeras, pero muy significativas para el joven carnicero. Tal vez por este motivo el joven noble sinti¨® que por esta ¨²nica vez val¨ªa la pena darle un buen regalo de despedida a sus criados m¨¢s fieles: la llegada de los Gururis tambi¨¦n significaba la necesidad de la salida de sus viejos criados. Pero el coraz¨®n marchito y corrompido del joven, no pod¨ªa simplemente destrozar el sue?o de este d¨²o padre e hijo de convertirse en sus fieles mayordomos. Por lo que Apolo, actuando m¨¢s con el coraz¨®n que con la cabeza, malgast¨® su preciado tiempo en llevar a cabo este plan; sin embargo, al parecer el tiempo le hab¨ªa regalado algo hermoso a cambio y por primera vez en muchos a?os el joven logr¨® encontrar un poco de consuelo al ver como el desenlace de su esfuerzo realmente hab¨ªa merecido la pena. Mientras tanto el gran protagonista de esta trama se encontraba abrazando desconsoladamente a su hijo mientras lloraba desgarradoramente, pensando una y otra vez como mierda lograr¨ªa el ministro de magia descubrir la verdad si el principal protagonista de la carta se hab¨ªa enga?ado a s¨ª mismo: este era el gran jaque mate que el anciano hab¨ªa planteado antes que el gran juego de los magos siquiera diera inicio. E95-Cambios en la mansiè´¸n Mientras la atm¨®sfera tr¨¢gica se desarrollaba, Apolo se acord¨® que el viento segu¨ªa soplando y por tanto: el tiempo segu¨ªa avanzando, por lo cual el joven decidi¨® salvar estos valiosos y m¨ªseros segundos acerc¨¢ndose hacia los Gururis a¨²n sentados en el carruaje. Al llegar, Apolo observ¨® con curiosidad como los dos Gururis rosas ten¨ªan varios moretones violetas en su cabeza. Como Zoe agarraba su bastoncito con m¨¢s firmeza que antes, Apolo dedujo que el primer ataque ya hab¨ªa ocurrido durante el largo viaje de regreso a la estancia. ¡ªZoe, Nicoleo, Aquiles: ?Bajen del carruaje!¡ªOrden¨® Apolo, provocando que Zoe y Aquiles bajaran del carruaje y uno de los Gururis rosado se quedara mir¨¢ndolo comprometidamente¡ª??Por qu¨¦ no me obedeces, bestia inmunda?! ¡ª?No me llamo Nicoleo!¡ªSe quej¨® Nicol¨¢s, al parecer muy enojado con que la persona que le acababa de dar un nombre hace pocos d¨ªas se lo olvidara. ¡ªOh¡ eh¡ baja, Nico¡¡ªDijo Apolo mientras trataba de ver el parche en la ropa de Nicol¨¢s, pero lo cierto es que ponerle un parche a una toga ahora mismo no le parec¨ªa tan buena idea como cuando lo propuso, ya que de lo arrugado y escondido que estaba el parche de suerte se pod¨ªa ver el comienzo del nombre. ¡ª?Nicol¨¢s!, ?T¨² mismo me pusiste ese nombre!¡ªSe quej¨® el Gururi roza bajando del carruaje con algo de esfuerzo. Lo cierto es que los dos Gururis rosas eran muy j¨®venes como para usar la magia tan h¨¢bilmente como lo hac¨ªa la experimentada Zoe, por lo que tuvieron que lanzarse al suelo desde una altura considerable para poder bajarse del carruaje. ¡ªNico es una abreviaci¨®n cari?osa: no ves que tan buen maestro soy¡¡ªMurmur¨® Apolo con algo de verg¨¹enza¡ªPor lo dem¨¢s vayan present¨¢ndose a sus subordinados, as¨ª como soy su maestro, ustedes como mis disc¨ªpulos son los maestros de estas criaturas sin importancia. ¡ª?Todos ellos nos obedecen?¡ªPregunt¨® Aquiles algo emocionado, mirando a las personas llorando en la distancia, que por mucha fortuna no fisgoneaban en esta conversaci¨®n. ¡ªS¨ª, pero no pueden pegarles o tratarlos mal¡ ni mucho menos matarlos¡ªDijo Apolo remarcando las partes importantes de la ?sana? convivencia en su mansi¨®n¡ªRecuerden que si los matan van a tener que hacer sus tareas ustedes y se quedar¨¢n sin sirvientes que los obedezcan. Aprendan de Zoe, por algo ella tiene un bastoncito y ustedes dos no lo tienen. ¡ª?Por qu¨¦ no podemos pegarles a estas criaturas y usted s¨ª puede pegarnos a nosotros?¡ªPregunt¨® Nicol¨¢s de inmediato. ¡ªZoe nos peg¨® en el viaje: ?Merece ser castigada!¡ªChill¨® de inmediato Aquiles usando h¨¢bilmente la nueva regla impartida por Apolo para deshacerse de la peligrosa enemiga. ¡ªS¨ª, ?merece ser condenada a muerte!¡ªGrit¨® de inmediato Nicol¨¢s olvidando su pregunta y sum¨¢ndose a la idea del otro Gururi rozado, mientras mostraba los chichones en su cabeza a Apolo. ¡ªZoe puede pegarles a ustedes dos¡¡ªRespondi¨® Apolo tom¨¢ndose la cabeza con algo de cansancio, principalmente por ver como Zoe no trataba de defenderse y parec¨ªa estar dispuesta a aceptar el castigo sin dudar. ¡ª?Por qu¨¦?¡ªPreguntaron los dos Gururis rosados a la vez. ¡ªPorque Zoe tiene un bastoncito al igual que yo tengo un bast¨®n: solo se le puede pegar a tus subordinados si posees uno de estos dos bastones¡ªRespondi¨® Apolo mostrando descaradamente su bast¨®n frente a las tres peque?as criaturas. ¡ªEs injusto, tambi¨¦n somos tus pupilos merecemos nuestros bastoncitos¡¡ªSe quejaron Aquiles y Nicol¨¢s al mismo tiempo, parec¨ªan demasiados coordinados en el pedido para pensar que el mismo hab¨ªa sido improvisado en el momento. If you stumble upon this narrative on Amazon, it''s taken without the author''s consent. Report it. ¡ªSi quieren se los doy¡ªRespondi¨® Zoe estirando el bastoncito, haciendo que los dos Gururis rosas trataran de arrebat¨¢rselo violentamente. Pero estando con los ojos bien abiertos para observar los movimientos de estas lacras, Apolo levant¨® su bast¨®n apenas not¨® el intento de arrebato y comenz¨® a repartir bastonazos nuevamente. ¡ªNo, ese bastoncito es tuyo y de nadie m¨¢s: ?Nunca lo compartas!¡ªChill¨® Apolo con preocupaci¨®n. El joven no sab¨ªa que este problema podr¨ªa surgir y durante sus meses de estudio no hab¨ªa encontrado ning¨²n libro que indicara si los Gururis actuales pod¨ªan cumplir el rol del anciano de la casa sin que los Guriris tradicionales lo mataran por ingenuo. Por lo que Apolo estaba sumamente nervioso al ver la pasividad de Zoe¡ªEscucha, Zoe, no puedes fiarte de estas dos sabandijas o van a matarte mientras duermes: son mala gente y tienes que educarlos para que sean buena gente. ?Que aprendan de vos! ¡ªS¨ª, maestro¡ªComent¨® Zoe, pero su rostro inexpresivo no le ayudaba a Apolo a entender si de verdad lo hab¨ªa entendido o no. ¡ªEspero que de verdad lo entiendas¡¡ªSusurr¨® Apolo bastante irritado; el valor de Zoe en sus ojos era bastante m¨¢s grande que los f¨¢cilmente reemplazables Gururis rosados, la cruel realidad es que si Zoe mor¨ªa antes de educarlos ¨¦l tendr¨ªa que dar inicio a otra amarga y larga b¨²squeda. Tras decir eso, Apolo vio como los criados hab¨ªan dejado de llorar y aprovech¨® la oportunidad para retomar el protagonismo de esta historia con un fuerte grito: ¡ª?Atenci¨®n!, ?Ahora le pido a mi disc¨ªpula, Zoe, que se ponga de rodillas ante m¨ª! La criatura en cuesti¨®n desapareci¨® y apareci¨® arrodillada ante Apolo. Acto seguido, el joven noble bajo la atenta mirada de todos los presentes apoy¨® su anillo de oro en la frente del Gururi verde y con solemnidad exclam¨® pausadamente: ¡ª?Yo, Apolo del bosque negro, nombro a mi disc¨ªpula, Zoe, como nuevo mayordomo de esta casa! Al escuchar la noticia, todos los criados aplaudieron con fuerza y ¨¦nfasis, sab¨ªan que el momento de los elogios hacia su nuevo jefe hab¨ªa llegado. Por su parte, Mateo mir¨® con consternaci¨®n a los tres Gururis, entendiendo finalmente el motivo por el cual Apolo se hab¨ªa malgastado en ?enviar? esa carta a su abuelo. Al parecer el joven noble no ten¨ªa planes para su ?primo? bastardo en esta casa luego de obtener a estas criaturas y ten¨ªa que encontrarle otro futuro digno. Mateo reflexion¨® el asunto con seriedad: conociendo el poco coraz¨®n y empat¨ªa que ten¨ªa su antiguo joven se?or, parecer¨ªa que realmente Apolo solo se preocupar¨ªa tanto por alguien de su propia sangre. Al fin y al cabo el hombre admir¨® con sus propios ojos como los criados en esta casa infectada hasta los cimientos de la peste azul ten¨ªan una duraci¨®n muy acotada. Sin embargo, jam¨¢s vio una pizca de pena en el rostro de Apolo cada vez que le comentaba la muerte de uno de sus criados: el joven noble solo ten¨ªa un ¨²nico pedido cuando se enteraba de los fallecimientos y no era que se dieran condolencias, un entierro digno o que se le avise la desgracia a sus familiares, era simplemente remplazarlo como si de un mueble roto se tratase. Si no fuera por Orrin, Mateo estaba cien por ciento seguro de que Apolo habr¨ªa utilizado a los cad¨¢veres de sus antiguos criados como decoraciones en la mansi¨®n, tal era el grado de poca empat¨ªa que ten¨ªa el joven. Pese a ello, Mateo nunca vio al antiguo mayordomo quejarse por el asunto, al parecer el anciano ya se hab¨ªa acostumbrado a estas conductas al ver cosas similares en el castillo durante ya muchos a?os. La gran realidad era que en los ojos del anciano esta era la actitud normal que una familia de generales despiadados ten¨ªa que tener y el valor de esta falta de empat¨ªa se mostraba en el campo de batalla donde sus soldados mor¨ªan, pero el imperio ganaba. Y mientras el imperio siguiera ganando, sus ciudadanos vivir¨ªan la grandeza ganada por los triunfos de los difuntos. ¡ªNo obstante, dado que es un d¨ªa especial, por ¨²nica vez dar¨¦ una orden directa a todos los criados de mi estancia¡ªDijo Apolo pausadamente como si quisiera que esta orden se impregnara en la mente de cada uno de sus criados¡ªSi Zoe llegara a ser asesinada por los otros dos Gururis rosas: ?Entonces les ordeno que todos ustedes mueran con ella! Los criados tragaron saliva al escuchar la ?orden?, la cual m¨¢s bien era una advertencia bastante clara: si algo le pasaba al nuevo mayordomo, todos iban a ser asesinados. Tras dejar el asunto de vital importancia claro para todos los presentes, Apolo volvi¨® a mirar a Zoe y dijo en voz alta: ¡ªPor lo dem¨¢s, como primera orden, Zoe, te ordeno que prepares una fiesta de despedida para mis antiguos criados y que aprendas todo lo necesario acerca de mi estancia, mis finanzas, mis bienes y todo lo que creas necesario de mi antiguo mayordomo antes de que se vaya. E96-Bienvenidos Escuchando la orden, Zoe desapareci¨® y apareci¨® cerca de Orrin, al parecer la criatura estaba algo ansiosa de poder cumplir nuevamente con el rol de mayordomo. Apolo mir¨® la escena desde la distancia fi¨¢ndose que en principio todo deber¨ªa andar bien: aunque el feto verde no era precisamente bonito, lo cierto es que el joven sab¨ªa por la coloraci¨®n de la piel del Gururi que probablemente ten¨ªa m¨¢s de cien a?os y por tanto, si estuvo trabajando la mayor parte de ese tiempo como mayordomo de su antiguo due?o, entonces claramente Zoe ser¨ªa cien veces mejor mayordomo que Orrin. Confiando en que Zoe podr¨ªa arregl¨¢rselas por su cuenta, Apolo se acerc¨® a los dos Gururis rozas que a¨²n luchaban en el suelo por levantarse de los golpes recibidos. Sin darles muchas explicaciones, el joven noble tom¨® a las dos criaturas de los pies y los arrastr¨® hacia el interior de la mansi¨®n, ignorando los gritos desesperados que soltaban las dos criaturas al sentir sus cuerpos chocando contra las escaleras previas a las grandes puertas. Bajo la mirada de todos los nuevos criados at¨®nitos por la crueldad del joven, Apolo abri¨® las gigantescas puertas de una patada y lanz¨® a los dos Gururis rosas a su interior haciendo que rodaran por el suelo. ¡ª?Bienvenidos a su nuevo hogar!¡ªGrit¨® Apolo con una sonrisa, extendiendo los brazos al cielo como la inscripci¨®n de su anillo de oro, completamente orgulloso de que finalmente hab¨ªa terminado la larga ?misi¨®n? dejada por su venerable ancestro. Por su parte los dos Gururis lucharon por levantarse, pese a que se asemejaban a dos ni?os humanos sus cuerpos eran bastante resistentes y pese a toda la sangre que manchaba sus nuevas ropas a¨²n no hab¨ªan perdido el conocimiento. Apolo observ¨® la lamentable escena con algo de enojo, por alg¨²n motivo el noble sinti¨® que los Gururis deb¨ªan estar emocionados al descubrir que vivir¨ªan en esta mansi¨®n; sin embargo, solo lo miraban con odio desde el suelo mientras se lam¨ªan las heridas buscando cubrir las mismas con la saliva gelatinosa que produc¨ªan. ¡ª?Que acaso no les gusta mi hogar?¡ªPregunt¨® Apolo mirando con disgusto a las criaturas. Unauthorized content usage: if you discover this narrative on Amazon, report the violation. ¡ª¡¡ªPero los dos Gururis no hablaron y siguieron lami¨¦ndose en el suelo. ¡ªSupongo que tendr¨¦ que incentivar su curiosidad a base de bastonazos¡¡ªMurmur¨® Apolo con una sonrisa s¨¢dica chocando el pomo de oro del bast¨®n con su mano. Por alg¨²n motivo esto le estaba trayendo recuerdos al joven noble de su primer d¨ªa levantando una espada de madera, aunque ese d¨ªa su abuelo lo termin¨® desmembrando mientras le gritaba que deb¨ªa levantar la espada para defenderse, cosa que no ser¨ªa muy sensata de hacer con los Gururis. Tras decir eso, Apolo se acerc¨® a los Gururis lami¨¦ndose en el suelo y bajo su temerosa mirada el cruel noble comenz¨® a embocarle peque?os bastonazos en las piernas hasta que las pobres criaturas finalmente entendieron que deb¨ªan levantarse. Luego el joven en silencio sigui¨® emboc¨¢ndole bastonazos a sus Gururis hasta que entendieron que ten¨ªan que caminar hacia una direcci¨®n. Finalmente, los tres comenzaron a caminar por los pasillos de la mansi¨®n hasta que Apolo lleg¨® a una habitaci¨®n en particular y la abri¨®. Mostrando una gigantesca sala llena de muebles, aunque lo m¨¢s llamativo de la misma eran las dos notorias casitas armadas con colchones que se escond¨ªan en cada una de las esquinas del gigantesco sal¨®n, la habitaci¨®n estaba armada con sumo cuidado y estaba hasta reventar de muebles los cuales todos ten¨ªan una decoraci¨®n distinta y parec¨ªan simbolizar emociones diferentes, por lo que parec¨ªa que el joven noble se hab¨ªa pasado meses enteros acomodando cada uno de los objetos en esta habitaci¨®n hasta el m¨¢s m¨ªnimo detalle. Inmediatamente, Apolo les emboc¨® unos bastonazos a cada Gururi haciendo que rodaran dentro de la habitaci¨®n y sin esperar escuchar sus chillidos que romper¨ªan el coraz¨®n de cualquier persona, el joven cerr¨® la puerta de la habitaci¨®n dej¨¢ndolos encerrados adentro. Acto seguido, Apolo tom¨® el pomo de oro de su bast¨®n y comenz¨® a girarlo hasta sacarlo, mostrando que en el interior del bast¨®n hab¨ªa un compartimiento secreto donde se alojaba la chapa de metal que lo identificaba como un mago en el ministerio de magia y una llave de plata. Apolo tom¨® la llave de plata y cerr¨® la puerta con llave, mientras se murmuraba a s¨ª mismo: ¡ªBueno, esperemos que se le pase la rebeld¨ªa de los primeros d¨ªas y aprendan instintivamente a interactuar con los muebles¡ Tras decir eso, Apolo se dio la vuelta ignorando despiadadamente los llantos desgarradores que pod¨ªan escucharse proviniendo desde el interior del gigantesco sal¨®n. E97-Despedida El tiempo pas¨® volando en la capital y cuando Apolo quiso darse cuenta se hab¨ªa adentrado de lleno en el caluroso verano, indicando que un mes entero hab¨ªa transcurrido desde la llegada de los Gururis a la mansi¨®n. Por suerte, el joven logr¨® que Zoe aguantara todo este tiempo vivita y coleando, lejos de la c¨®lera de sus hermanitos rosados. Aunque Apolo todav¨ªa no hab¨ªa logrado que sus hermanitos convivieran con ella, por lo que Aquiles y Nicol¨¢s a¨²n no comenzaban a aprender de ella c¨®mo convertirse en sus futuros mayordomos. Para el d¨ªa de hoy, seg¨²n le hab¨ªan informado los criados al joven noble, Zoe hab¨ªa finalizado de organizar la gran fiesta de despedida en honor al anterior mayordomo, Orrin y su ?primo bastardo?, Mateo. Durante todo este mes, Orrin estuvo ense?¨¢ndole a Zoe como funcionaba la vida de Apolo y qu¨¦ cosas deber¨ªa tener presentes al atenderlo. El motivo por el cual los criados y Zoe se hab¨ªan tardado tanto tiempo en organizar la fiesta de despedida fue porque el viejo mayordomo noblemente no aceptaba irse hasta asegurarse de que Apolo realmente estar¨ªa en buenas manos a partir de ahora. Mientras todo esto ocurri¨®, Mateo fue mentaliz¨¢ndose con su nueva realidad tras conocer la ?verdad? y poco a poco comenz¨® a actuar de forma m¨¢s similar a como lo har¨ªa un noble de verdad. Mientras que Apolo fue llevando a adelante su peque?o proyecto de domesticar a los Gururis reci¨¦n nacidos para que fueran menos propensos a atacar a Zoe de manera desprevenida, durante todo este tiempo los dos Gururis rosas segu¨ªan viviendo encerrados en su habitaci¨®n y el joven noble pasaba todos los d¨ªas para hablar con ellos y alimentarlos. Por suerte, Apolo sab¨ªa que los Gururis reci¨¦n nacidos pr¨¢cticamente no pod¨ªan usar magia por lo que realmente no pod¨ªan salir de su habitaci¨®n sin la llave de plata. Lo cual era bastante importante desde la perspectiva de Apolo: ya que en estos tiempos delicados en donde a¨²n ten¨ªan la rebeld¨ªa propia de un ni?o humano era el momento donde los Gururis rosas eran m¨¢s propensos a actuar instintivamente y dentro de sus instintos b¨¢sicos estaba el objetivo de buscar asesinar a Zoe a como d¨¦ lugar para deshacerse de la competencia y proteger as¨ª sus tan preciados muebles. La noche de hoy, Apolo se encontraba poni¨¦ndose su vestimenta usual como mago, prepar¨¢ndose para disfrutar un banquete en su mansi¨®n y tambi¨¦n algo expectante de juzgar que tan bien hab¨ªa desarrollado Zoe su primera orden como mayordomo. Seg¨²n el arreglo de Orrin, si todo sal¨ªa bien esta noche entonces confiar¨ªa la ?seguridad? de Apolo en las manos de la criatura, si no se quedar¨ªa un tiempo m¨¢s hasta comprobar la capacidad de Zoe con sus propios ojos. Realmente el mayordomo era alguien que cumpl¨ªa su palabra y todav¨ªa segu¨ªa cumpliendo la promesa que le hizo al abuelo de Apolo de proteger al joven. Un mal mayordomo podr¨ªa significar la ruina de un joven tan imprudente y poco interesado como Apolo, as¨ª que Orrin sab¨ªa bien que deb¨ªa ser muy prudente al tomar la decisi¨®n de marcharse de esta mansi¨®n. If you discover this tale on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the violation. O al menos esta era la historia que la cabecita de Apolo se estaba imaginando cada vez que pensaba acerca del asunto, porque la gran realidad era completamente a lo que el joven e inexperto Apolo pensaba que estaba ocurriendo. Dicha realidad era algo que solo el lector atento y el desagradable escritor sab¨ªan, pues estas dos personas sab¨ªan bien que Orrin era el que m¨¢s entend¨ªa en qu¨¦ situaci¨®n se encontrar¨ªa tras dejar esta mansi¨®n, por lo que el anciano era bastante prudente al verificar que Apolo no cayera en la ruina: si eso llegaba a ocurrir lo m¨¢s probable es que Apolo termine pidi¨¦ndole ayuda econ¨®mica a su abuelo y si eso ocurriera la gran pregunta de su abuelo ser¨ªa: ??Por qu¨¦ Orrin permiti¨® que te fundieras?? Y la tonta respuesta de Apolo ser¨ªa: ?Ya no est¨¢ Orrin en mi casa, el viejito se fue a ser el mayordomo de su hijo adoptivo? y ah¨ª es cuando los problemas realmente serios surgir¨ªan para Orrin y Mateo. En definitiva, Orrin sab¨ªa bien que era imposible que lograra enga?ar al abuelo de Apolo. Sin embargo, la historia era bastante diferente si el objetivo de enga?o era un noble imprudente que siempre hab¨ªa dependido de vos para poder siquiera comer. Y si el imb¨¦cil del escritor pod¨ªa imaginarse semejante trama, ni hablar del personaje que se estaba jugando su cuello con esta mentira, por lo cual Orrin no hab¨ªa dudado en acomodar las fichas de ajedrez sobre la mesa para garantizarle el ¨¦xito a su hijo. De esta manera, el anciano estuvo un mes entero utilizando la excusa de asegurar que Zoe era un buen mayordomo para terminar de corroerle la mente al ?indefenso? lun¨¢tico al que hab¨ªa servido. De tal forma, el desgraciado maltratador de Gururis se tragar¨ªa su propia mentira y terminar¨ªa pensando que Mateo realmente era su primo bastardo. Al implementar tal esquema, el anciano se hab¨ªa asegurado el visto bueno del ¨²nico miembro de la familia de los bosques negros en la capital imperial. Con tal apoyo le ser¨ªa imposible al ministro de magia reconocer que Mateo no era un noble, pues la otra opci¨®n ser¨ªa que el ministro mandara una carta con un mensajero lo cual tardar¨ªa m¨¢s de un a?o en llegar de ida y vuelta. Pero en la mente del antiguo mayordomo teniendo a Apolo a dos d¨ªas de distancia esa no deber¨ªa ser la opci¨®n tomada por el ministro. En cuanto a los sentimientos de Orrin por usar a Apolo para beneficiar a su hijo: En primera instancia, garantizar un buen futuro a su hijo era un motivo lo bastante bueno como para traicionar su palabra. En segunda instancia, Apolo era un desalmado y siempre trat¨® mal a los criados a los cuales el anciano les hab¨ªa agarrado cari?o. En tercer lugar, todo fue idea de Apolo desde un principio, por lo cual Orrin solo estaba ?ayudando? a Apolo a que su idea se materializara, como lo hab¨ªa hecho siempre mientras trabajaba como su sirviente. E98-Preparativos Finalmente el espect¨¢culo que ning¨²n lector ped¨ªa estaba por ser escrito, la noche hab¨ªa llegado y Apolo se encontraba cambi¨¢ndose la ropa para dirigirse a la gran fiesta preparada por su adorable Gururi. Dado que Apolo era un mago, el joven solo ten¨ªa que usar su vestimenta de todos los d¨ªas para ir a la fiesta de despedida. Por lo que le fue bastante r¨¢pido y sencillo al joven ponerse su toga y prepararse para ser el primer participante en llegar a la fiesta donde por primera vez en su vida ten¨ªa que ser el anfitri¨®n. Apolo quer¨ªa llegar temprano, ya que planeaba poder asegurarse de que todo estuviera en orden justo antes de que el gran evento se desarrollara y de tal manera asegurarse de que a Zoe le sea imposible fallar en su primera tarea importante, lo cual era fundamental para que la moral de la criatura no se viera afectada. No obstante, cuando el joven estaba por salir de la habitaci¨®n not¨® un peque?o problema: ?Su bast¨®n no estaba en ning¨²n lugar de su dormitorio!. Por mucho que el joven buscara, el bast¨®n no aparec¨ªa y dado que el dormitorio de Apolo era un laberinto de muebles no era precisamente sencillo encontrar las cosas cuando se perd¨ªan. Pasaron las horas y el bast¨®n segu¨ªa sin aparecer, por lo que el joven termin¨® decidiendo salir sin el mismo y preocuparse ma?ana por encontrarlo. Apolo ya hab¨ªa perdido demasiado tiempo y no pod¨ªa darse el lujo de decepcionar a Zoe faltando a la fiesta que hab¨ªa armado: esta era la primera gran tarea que le hab¨ªa asignado, por lo que el joven sab¨ªa lo mucho que significaba para Zoe que evaluar¨¢ esta tarea y tambi¨¦n sab¨ªa que en caso de que las cosas salieran mal este d¨ªa su Gururi favorito corr¨ªa el riesgo de terminar deprimi¨¦ndose. Con apuro, Apolo revis¨® la habitaci¨®n con la mirada una ¨²ltima vez y viendo que el bast¨®n segu¨ªa escondi¨¦ndose de su vista, el joven termin¨® saliendo con resignaci¨®n de su dormitorio para dirigirse hacia el sal¨®n donde los criados estaban armando la fiesta. Al llegar a la habitaci¨®n del gran evento, Apolo vio como todos los criados estaban incre¨ªblemente bien vestidos por lo que parec¨ªa que Zoe les hab¨ªa regalado ropa usada para la ocasi¨®n. En estos momentos los criados se encontraban yendo de un lugar a otro acomodando los platos, bebidas y cubiertos arriba de una larga mesa improvisada con unos cuantos tablones y barriles. La habitaci¨®n en donde se estaba preparando la fiesta era utilizada como invernadero dado que ten¨ªa un espacio muy grande y buena iluminaci¨®n. Por lo tanto, la mesa improvisada estaba rodeada por todos lados por macetas con plantas frutales y vegetales colocadas sobre diversos muebles variopintos, como armarios, sof¨¢s, sillas y cualquier otro mueble que tenga alguna superficie plana para apoyar la maceta. Por lo dem¨¢s, la habitaci¨®n como tal era una de las m¨¢s grandes de la mansi¨®n y era inmensa por lo que f¨¢cilmente pod¨ªan entrar mil personas, no obstante ¨²nicamente hab¨ªa 20 criados viviendo en esta gigantesca mansi¨®n en estos momentos, por lo que las plantas creciendo en las macetas eran lo que m¨¢s llenaban el ambiente. ¡ª?No es un poco rid¨ªculo usar esta habitaci¨®n solo para colocar una mesa para 20 personas?¡ªPregunt¨® Apolo a una de las paredes de la habitaci¨®n como si estuviera hablando solo, no obstante inmediatamente Zoe se teletransport¨® a su lado. ¡ª?Las fiestas siempre se hacen en la habitaci¨®n m¨¢s importante de la casa!¡ªExplic¨® Zoe de forma en¨¦rgica. ¡ª?Se supone que esta es la habitaci¨®n m¨¢s importante de mi mansi¨®n?¡ªPregunt¨® Apolo sin entender el motivo, ni siquiera era la habitaci¨®n m¨¢s grande, solo era una de las m¨¢s grandes por lo que no entend¨ªa la arbitrariedad del Gururi. If you spot this narrative on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. ¡ªS¨ª, mire el techo, ?nota algo?¡ªComent¨® Zoe apuntando con su manito al techo. Apolo sigui¨® las instrucciones y observ¨® que el techo de esta habitaci¨®n ten¨ªa una hermosa y gigantesca pintura. La verdad es que estaba tan metido con la tarea de mover muebles y macetas a esta habitaci¨®n, que el joven nunca se malgast¨® en mirar el techo con atenci¨®n y al parecer realmente era distinto: La pintura como tal ten¨ªa un inmenso ¨¢rbol geneal¨®gico que se desarrollaba hasta la actualidad y en la misma hab¨ªa nombres bastante reconocibles para Apolo, como el de C¨¦sar: el actual emperador del imperio. Por lo que el ¨¢rbol geneal¨®gico representado en la pintura era el de la familia imperial. Teniendo en cuenta que hasta estaban dibujados los nombres de los hijos del emperador, Apolo supuso que la pintura se iba actualizando autom¨¢ticamente a medida que el ¨¢rbol iba creciendo, eso o en su defecto tendr¨ªa la molesta visita de alg¨²n pintor de la familia imperial en unos pocos a?os. ¡ªSupongo que esta casa perteneci¨® a alg¨²n miembro de la familia imperial, hace muchos a?os, ?sabes si la pintura es m¨¢gica?¡ªPregunt¨® Apolo, inc¨®modo con la idea de tener a alg¨²n intruso enviado por la familia imperial en sus tierras. ¡ª?Qu¨¦ ser¨ªa una pintura m¨¢gica?¡ªPregunt¨® Zoe sin comprender ¡ªQue se pinta sola¡¡ªRespondi¨® Apolo de inmediato, recordando algunas pinturas del castillo en donde hab¨ªa crecido. ¡ªEso no es una pintura m¨¢gica, son bastante comunes esas pinturas, mi anterior maestro ten¨ªa muchas que se mov¨ªan y se pintaban por su cuenta¡ªExplic¨® Zoe. ¡ªOh, qu¨¦ interesante: recuerda comprarte algunos de esos cuadros para tu cuarto, tal vez vendan esas pinturas de segunda mano, o incluso tal vez consigamos las que ten¨ªa tu anterior maestro¡ªComent¨® Apolo con felicidad; cuanto m¨¢s conoc¨ªa a Zoe m¨¢s f¨¢cil era recrear su antigua vida y mejorar as¨ª las probabilidades de evitar que se terminara deprimiendo. ¡ªNo nos da el presupuesto, son muy costosas, ?por lo dem¨¢s sabe cuantos cristales m¨¢gicos va a consumir su pr¨®xima investigaci¨®n m¨¢gica?¡ªPregunt¨® Zoe tratando de planificar el futuro de este hogar, lo cual era un poco m¨¢s complicado que lo que hab¨ªa pensado originalmente: su anterior maestro era mucho m¨¢s responsable que Apolo y siempre le daba la informaci¨®n importante para que pudiera administrar el presupuesto, pero Apolo no hab¨ªa hablado de su investigaci¨®n m¨¢gica por casi un mes entero. ¡ªUsaremos todos los cristales que tengamos: ?Gasta todos los cristales que nos queda para hacer m¨¢s bonito el jard¨ªn, eso es vital para mis futuros planes!¡ªOrden¨® Apolo¡ªTambi¨¦n usa el dinero que me deben y verifica que me paguen a tiempo por mi trabajo verificando Goros, trabaj¨¦ mucho y todav¨ªa no veo ni un solo cristal. ¡ªDe hecho ya le pagaron algunos trabajos. Aunque la mayor¨ªa deber¨ªa pagar antes de que termine el a?o y en todo caso me las arreglar¨¦ para que le paguen, maestro¡ªRespondi¨® Zoe menos expresivamente de lo que le gustar¨ªa a Apolo. ¡ªBueno enc¨¢rgate de ese problema, solo recuerda avisarme si alguno no quiere pagar o se pasa de listo¡ªRespondi¨® Apolo¡ª?Falta mucho para comer?, no estoy acostumbrado esperar: ?Quiero comer! ¡ªTiene que cumplir el protocolo: primero habr¨¢ m¨²sica y un baile tradicional donde todos bailar¨¢n en parejas¡ªDijo Zoe de forma bastante autoritaria y con voz m¨¢s ronca que de costumbre, asustando un poco a Apolo: esta era la primera vez que escuchaba hablar a Zoe de esta forma. ¡ªPero¡¡ªQuiso negarse Apolo, pero observ¨® la mirada inquisidora del feto verde y se record¨® a s¨ª mismo que el anterior maestro de Zoe vivi¨® en la ¨¦poca donde los magos buscaban renacer el tradicionalismo. Por lo que no era una buena idea en absoluto negarse a los aburridos protocolos de anta?o frente a Zoe¡ª?Pero por supuesto que seguiremos las tradiciones, como cualquier mago noble har¨ªa! ¡ªMe alegro, ?cu¨¢l ser¨¢ su pareja de baile?¡ªPregunt¨® el Gururi verde mirando a los otros criados con curiosidad. ¡ªSupongo que ser¨¢ mi primo, Mateo¡ªRespondi¨® Apolo rehus¨¢ndose a bailar con sus criados¡ªPor lo dem¨¢s, ?hay que hacer algo m¨¢s adem¨¢s del baile?. Ando algo preocupado con mi investigaci¨®n m¨¢gica, por lo que no recuerdo muy bien el protocolo para estas fiestas. ¡ªLe anotar¨¦ en un papel lo que tiene que hacer durante la fiesta¡ªRespondi¨® Zoe desapareciendo de inmediato. Apolo vio desaparecer al Gururi y solt¨® una mirada de alivio, lo cierto es que reci¨¦n ahora se percat¨® de este gran problema con Zoe, ¨¦l nunca le hab¨ªa prestado atenci¨®n a los protocolos por lo que parecer¨ªa que tendr¨ªa que volver a tener clases de modales solo para mejorar su rol como nuevo maestro de Zoe. ¡ªTe tratan como te ven y te juzgan por como act¨²as¡¡ªMurmur¨® Apolo en voz baja soltando un suspiro. E99-El baile protocolar El joven no tuvo que esperar mucho para ver como Zoe volv¨ªa aparecer ante sus ojos con un pergamino enrollado en su manito. Tomando el pergamino, Apolo lo abri¨® y una cara de disgusto que le fue imposible de ocultar se form¨® en su rostro al ver la larga secuencia de instrucciones, mucho m¨¢s complejas de lo que ¨¦l hab¨ªa imaginado. Incluso, el joven estaba seguro de que su familia no ten¨ªa un protocolo tan complejo ni para despedir a los muertos en combate. Pese a ello, Apolo hizo todo lo posible para no decepcionar a Zoe y comenz¨® a memorizar las instrucciones indicadas por su mayordomo como si su vida dependiera de ello. Cuando Apolo finalmente levant¨® la vista de la hoja con los pasos a seguir en la fiesta, fue cuando la misma ya hab¨ªa comenzado y todos los participantes se encontraban dirigi¨¦ndose a alg¨²n espacio libre entre el medio de los muebles con plantas para proceder a iniciar el baile con sus respectivos compa?eros. Realmente parecer¨ªa que ning¨²n criado hab¨ªa tenido las ganas y las intenciones de acomodar la habitaci¨®n, por lo que el espacio para bailar entre los muebles era muy reducido y uno deb¨ªa buscar alg¨²n escondrijo entre las plantas para bailar, pese al inmenso tama?o que ten¨ªa la habitaci¨®n. Aunque la realidad era que todo hab¨ªa sido culpa del joven noble el cual hab¨ªa ordenado: ?Festejen donde quieran, pero no me cambien de lugar un solo mueble de las habitaciones? Lamentablemente, Zoe tom¨® la orden de forma demasiado r¨ªgida, por lo que literalmente no hab¨ªa movido un solo mueble de lugar y la mesa se hab¨ªa armado con barriles de suministro y tablones improvisados con la madera usada para calentar las chimeneas. Sin embargo, para una fiesta de menos de 30 personas la mesa improvisada funcionaba bastante bien. Mientras los criados se preparaban para poner en marcha la fiesta, Zoe busc¨® una caja que ten¨ªa unos cristales polvorientos un poco m¨¢s grandes a los que se utilizaban para comerciar. En principio estos cristales grandes serv¨ªan para reproducir algunas canciones de m¨²sica y para iluminar la habitaci¨®n en funci¨®n del ritmo de la m¨²sica, por lo cual eran ampliamente utilizados en las fiestas del imperio. La raz¨®n por la cual los cristales grandes estaban llenos de polvo y algunos hasta ten¨ªan grietas es porque estos cristales fueron comprados por Apolo en un lote de cosas de segunda mano que sol¨ªa comprar para llenar los muebles de la casa. Realmente el joven noble nunca los hab¨ªa probado y de hecho desconoc¨ªa cuando los hab¨ªa adquirido. ¡ª?Apaguen las luces!¡ªOrden¨® Zoe a los criados, provocando que los mismos corrieran a tocar un cristal cerca de la pared que serv¨ªa como mente maestra para controlar el resto de cristales que iluminaban esta habitaci¨®n. Tras notar que la habitaci¨®n hab¨ªa quedado en completa oscuridad, Zoe supo que era hora de darle inicio a la fiesta. ¡ªToquen m¨²sica cl¨¢sica de las que se suelen escuchar en las fiestas importantes¡ªOrden¨® Zoe a los cristales como si pudieran escucharla mientras los rozaba con sus dedos. Inmediatamente, los cristales en la caja comenzaron a brillar y a salir volando para dispersarse por la oscura habitaci¨®n, aunque la misma era demasiado grande por lo que los pocos cristales decidieron volar encima de las personas en la habitaci¨®n, mostrando cierto grado de inteligencia propia. Una vez que los cristales se acomodaron en el techo, los mismos comenzaron a reproducir una canci¨®n bastante melanc¨®lica y deprimente. Mientras tanto, los cristales comenzaron a brillar iluminando la sala con una luz amarillenta similar a las velas. Pero esto no dur¨® mucho, ya que algunos cristales comenzaron a mostrar signos evidentes de estar fallando provocando una reacci¨®n en cadena en todos los cristales de la habitaci¨®n. Esta falla provoc¨® que la luz de la habitaci¨®n se tornara roja suave y que los cristales comenzaran a parpadear de vez en cuando de forma aleatoria. Por su parte la canci¨®n reproducida por los cristales se volvi¨® m¨¢s pausada casi como si se escuchara en c¨¢mara lenta y de vez en cuanto los cristales mezclaban la canci¨®n con otras que ten¨ªan guardadas haciendo que la m¨²sica se tornara bastante perturbadora al punto que provocaba algo de miedo. Sin enterarse de que los cristales estaban fallando y culpando a la canci¨®n por estos cambios, Zoe procedi¨® a tocar los cristales que a¨²n no hab¨ªan salido volando y permanec¨ªan en la caja, estos claramente eran diferentes y ten¨ªan un notorio color mezclado entre azul y rojo. Los mismos ten¨ªan otra funci¨®n y era aclimatar el clima de la habitaci¨®n. Como hoy era una noche particularmente c¨¢lida, por no decir que el clima estaba sofocante, a Zoe le hab¨ªa parecido una buena idea traer estos cristales para hacer el ambiente un poco m¨¢s agradable. ¡ªNo sean perezosos: ?Trabajen y hagan m¨¢s fr¨ªa la habitaci¨®n!¡ªOrden¨® Zoe empujando a los cristales, como si realmente estuvieran durmiendo y no fueran objetos inanimados. Los mismos inmediatamente comenzaron a emitir un d¨¦bil brillo y se dispersaron por la habitaci¨®n. Aunque hab¨ªa un poco m¨¢s de estos cristales, todav¨ªa no alcanzaban para dispersarse por toda la habitaci¨®n, por lo que los cristales inteligentemente decidieron colocarse cercanas a las personas en el sal¨®n, confirmando que los cristales pod¨ªan pensar o que al menos ten¨ªan cierto grado de inteligencia artificial. Al terminar de posicionarse en los lugares que ellos hab¨ªan elegido, los cristales de doble color comenzaron a emitir un d¨¦bil brillo de color azulado enfriando la habitaci¨®n, pero no paso mucho tiempo para que uno de los cristales comenzara a parpadear violentamente, provocando que el resto de los cristales se contagiara de su parpadeo. Esta falla termin¨® provocando que los cristales comenzaran a emitir un tenue brillo rojo, a medida que una neblina blanca y espesa comenz¨® a ser emanada de los cristales, llenando poco a poco de neblina el piso de la gigantesca habitaci¨®n. Al ver como todos los criados se acomodaban entre los muebles buscando un espacio donde poder bailar con su pareja, Apolo guard¨® el papel con instrucciones en un bolsillo oculto que ten¨ªa su toga y procedi¨® a buscar a Mateo el cual se encontraba esper¨¢ndolo frente a unas plantas de tomate. Unauthorized content usage: if you discover this narrative on Amazon, report the violation. ¡ª?No crees que es algo rid¨ªculo que nos hagan bailar entre nosotros?¡ªPregunt¨® Mateo mirando la escena a su alrededor, algo perturbado por la m¨²sica oscura y deprimente que escuchaban los nobles de la capital. En pocos segundos este cuarto se hab¨ªa convertido en una escena de terror, y su enorme soledad no ayudaba en absoluto a mejorar la atm¨®sfera. ¡ªNo, es vital hacerlo, piensa positivamente: al menos somos todos hombres, por lo que no hay raz¨®n para sentir verg¨¹enza alguna¡ªRespondi¨® Apolo viendo que todos los hombres hab¨ªan sido obligados a bailar con otros hombres porque no ten¨ªa una sola criada mujer en su casa. Pese a que siempre hab¨ªa una oveja negra en todas las fiestas y en este caso el ¨²nico criado que no bailaba con otro hombre, era el que ten¨ªa algunas se?ales de que podr¨ªa haber sido infectado por peste azul y actualmente se encontraba bailando con Zoe, la cual era inmune a la enfermedad. ¡ªSupongo, ?c¨®mo se baila en estas fiestas?¡ªPregunt¨® Mateo a¨²n avergonzado. ¡ª?De verdad crees que s¨¦ bailar?, venimos de una familia que celebra incendiando pueblos enteros, no de una familia de bailarines, ni siquiera estaba enterado que se escuchaban estas canciones en la capital: ?Parece que estamos en un funeral!¡ªRespondi¨® Apolo mirando a Zoe entre la niebla, tratando de imitar sus patosos movimientos¡ªHaz lo que hace el Gururi verde, es la ¨²nica que se sabe realmente el protocolo que siguen los nobles de la capital. ¡ªSupongo que la clave de que este baile salga bien, ser¨¢ tomar alcohol hasta que todos se olviden que tienen que seguir bailando¡ªDijo ir¨®nicamente Mateo mientras se limpiaba la transpiraci¨®n en el rostro y tomaba una jarra en la larga mesa, para ir bebiendo mientras copiaba los bastante complejos movimientos del baile. ¡ªY de todos los eventos sociales, m¨¢s te vale que te vayas acostumbrando a tomar alcohol hasta reventar¡¡ªComent¨® Apolo siguiendo el consejo de su ?primo?, acompa?¨¢ndolo a buscar una jarra en la mesa¡ªComo bastardo te ser¨¢ complicado acceder a un buen presupuesto. As¨ª que m¨¢s te vale ir buscando alguien que te acomode dentro del ministerio de magia, ah¨ª no puedo ayudarte: nunca fui una persona muy interesada en ampliar sus redes de contactos. ¡ªSupongo, espero hacerme con amigos r¨¢pidamente¡ªRespondi¨® Mateo record¨¢ndose a s¨ª mismo que el emperador nunca le dar¨ªa a un bastardo semejante mansi¨®n como le dieron a Apolo, el cual era el hermano del futuro rey de los bosques negros. ¡ª?Amigos?, nunca te olvides de que esto solo es un juego: ?El juego de los magos!¡ªRespondi¨® Apolo limpi¨¢ndose el sudor en su cuerpo, mientras aseguraba con su mirada acechante como todos los criados en la fiesta estaban tratando de realizar el demasiado complejo baile¡ªYa vienes jugando a este juego hace casi dos a?os. Solo procura nunca olvidarte de los condenados en el ¨¢rbol de la familia imperial y de los muebles ?decorados? en mi estancia y andar¨¢s bien. En este juego hay pocos ganadores, muchos desaparecidos, demasiados muertos y est¨¢ lleno de cobardes que se cansaron de jugarlo. Y la mejor posici¨®n de todas, la ocupa el que observa pasivamente, escondido como una rata, esperando a que alguien s¨¦ le caiga el queso y evitando al malvado gato. ¡ªEl juego de los magos¡¡ªMurmur¨® Mateo reflexivamente; pensando en todas las barbaridades que Apolo hab¨ªa hecho hasta ahora para cumplir sus alocados objetivos y lo cierto es que el Hombre sab¨ªa bien que si quer¨ªa lograr vivir igual que cualquier noble en este imperio probablemente las barbaridades que tuviera que hacer ser¨ªan mucho m¨¢s grandes que la de su medio ?primo?. La fiesta continu¨® desarroll¨¢ndose aunque nadie en esta fiesta sab¨ªa el baile, excepto por Zoe. Pese a ello, todos los criados sab¨ªan que ten¨ªan que bailar, o al menos la mirada que les estaba lanzando Apolo indicaba que era una orden bastante seria y a los que dejaban de hacerlo parecer¨ªa que los har¨ªa dormir con los muertos en la mazmorra si no reanudaban su baile. Esto termin¨® provocando que todos los criados buscaran copiar los movimientos de Apolo, que era p¨¦simo bailando. Y para joder m¨¢s el asunto el joven noble se encontraba copiando los movimientos de Zoe, que tambi¨¦n era una terrible bailarina. Por lo cual termin¨® provocando que el baile fuera algo completamente rid¨ªculo para la vista ajena. Todos pod¨ªan ver los movimientos de los unos y los otros, por lo que los criados contemplaban con extra?eza como parecer¨ªa que por alg¨²n motivo todos en esta sala se hab¨ªan olvidado c¨®mo mover un brazo o como apoyar un pie correctamente. Eran movimientos forzados, lentos y demasiados viciados, pero de alguna manera dado lo rid¨ªculo de la situaci¨®n y al important¨ªsimo hecho de que Apolo hab¨ªa dispuesto barra libre para todos, estaba provocando que m¨¢s de un criado algo borracho soltara una sonrisa divertida o una carcajada mientras trataba de copiar los complej¨ªsimos movimientos de este antiguo baile. Los movimientos del baile de Zoe eran tan ex¨®ticos que parecer¨ªa que el feto verde se los estaba inventando en el momento porque no los recordaba y lo cierto es que justamente eso es lo que estaba ocurriendo: ?Zoe no sab¨ªa como se ten¨ªa que bailar!. La gururi hace d¨¦cadas que no iba a una fiesta y su anterior maestro no era precisamente una persona que organizaba demasiadas fiestas, por lo cual de forma algo nerviosa Zoe estaba tratando de recordar c¨®mo eran los pasos de un baile protocolar. Sin embargo, para la alegr¨ªa de Zoe parecer¨ªa que estaba teniendo ¨¦xito, ya que todas las personas en la habitaci¨®n estaban bailando exactamente igual que ella. Si Zoe se pon¨ªa el dedo en la nariz, todos en la habitaci¨®n se pon¨ªan el dedo en la nariz. Si giraba, todos en la habitaci¨®n giraban como ella lo hab¨ªa hecho, incluso si le daba una nalgada a su compa?ero de baile, todos los criados la acompa?aban y proced¨ªan a darle una cachetada en el trasero a su compa?ero de baile. Realmente Zoe se estaba matando de la risa viendo esta escena. La Gururi no recordaba que las fiestas fueran tan divertidas, aunque tampoco recordaba tan bien que la m¨²sica fuera tan oscura y deprimente, o si sol¨ªa haber niebla en este tipo de fiestas. Pero lo que importaba en la mente de Zoe era que todos parec¨ªan estar divirti¨¦ndose en la fiesta que hab¨ªa preparado: Todos parec¨ªan encantados con el baile y disfrutaban la bebida que hab¨ªa comprado, la disfrutaban tanto que parec¨ªan que estaban tomando alcohol como si se estuvieran muriendo de sed. Aunque lo cierto es que realmente los criados se estaban muriendo de sed, ya que los cristales de doble color estaban convirtiendo la gigantesca habitaci¨®n en una sauna. Pese a ello, Zoe no percib¨ªa la temperatura como los humanos y dado que ella no entend¨ªa el problema, no pudo comprender que la niebla estaba incomodando a todos los criados y para colmo los cristales no parec¨ªan tener intenci¨®n alguna de dejar de subir la temperatura en la habitaci¨®n. E100-Fallas Durante m¨¢s de una hora Zoe continu¨® bailando divertidamente, mientras los pobres criados se esforzaban en seguir sus pasos con sus ya cansadas piernas. Como era l¨®gico luego de tanto bailar todos los criados estaban pidiendo a gritos poder finalizar el baile para poder comer los manjares que hab¨ªan preparado con tanto esfuerzo; sin embargo, la mirada acechante de su se?or provocaba que los criados no pudieran parar a descansar m¨¢s que para hidratarse tomando algo de la barra de alcohol. Esto ocurri¨® as¨ª hasta que finalmente los criados se dieron cuenta de que algo importante hab¨ªa ocurrido: ?Apolo estaba borracho!, ?y eso qu¨¦ significaba?, ?significaba que eran libres para dejar de bailar de una buena vez! El joven se?or por su parte se encontraba tomando de dos jarras a la vez mientras inger¨ªa alimentos como un cerdo: llev¨¢ndose plato tras plato de comida y ensuci¨¢ndose todas sus ropas. Apolo estaba demasiado aburrido de tanto bailar y demasiado borracho como para que le importara que carajos pensaba Zoe de ¨¦l, por lo que el joven procedi¨® a seguir sus instintos y finalmente se sent¨® en la mesa a devorar la comida. Zoe por su parte se dio cuenta de que los participantes de la fiesta se iban sentando en la mesa a comer, por lo que se teletransport¨® h¨¢bilmente al lado de Apolo y le record¨® en voz alta: ¡ª?Se?or, deber¨ªa decir algunas palabras antes de empezar a comer! ¡ªMmmm...¡ªApolo mir¨® de mala gana al feto verde que le acababa de gritar, pero por suerte la imagen de Zoe era tan distintiva, que incluso estando borracho el joven record¨® que no pod¨ªa ignorar lo que hab¨ªa dicho, por tanto, se par¨® con una jarra de cerveza en la mano y grit¨®: ¡ª?Mis fieles guerreros!, ??acaso no se est¨¢n muriendo del calor y del hambre?! ¡ª??S¨ª!!¡ªGrit¨® toda la mesa al un¨ªsono, al parecer los criados tambi¨¦n estaban bastantes tocados por el poder seductivo del alcohol como para importarle los modales. ¡ª?Entonces coman y beban como unos cerdos, porque en mi casa los modales no importan cuando se celebra una batalla!¡ªGrit¨® Apolo tomando toda la jarra de golpe, mientras se levantaba a buscar otro barril de alcohol para acercarlo a la mesa. Por suerte Zoe hab¨ªa exagerado con las cantidades por lo que hab¨ªa bebidas y comida m¨¢s que de sobra, incluso si todos estaban comiendo cantidades exageradas por el ejercicio que hab¨ªan hecho y tomando como un barril sin fondo por el calor cada vez m¨¢s sofocante en la habitaci¨®n. Viendo que el mismo noble era el que estaba mandando el protocolo a la mierda, los criados no se contuvieron y dejaron de lado el intento de comer como un noble lo har¨ªa para comer con la mano todo lo que hab¨ªa arriba de la mesa, mientras tomaban alcohol como si fueran sacos de arenas vivientes. Apolo y los criados siguieron comiendo a medida que las borracheras iban creciendo y las conversaciones se iban haciendo cada vez m¨¢s exageradas. No pas¨® m¨¢s de una hora y la niebla en la habitaci¨®n hab¨ªa empezado a cubrirlos a todos, aunque por el momento la niebla no era tan espesa y a¨²n pod¨ªan distinguirse los rostros de las personas que ten¨ªan cerca. ¡ªCada vez hay m¨¢s niebla y hace m¨¢s calor, a este paso la habitaci¨®n va a terminar igual que cuando entreno, ja, ja, ja¡ªR¨ªo Apolo como un desgraciado notando que la niebla le llegaba ya hasta la cintura, mientras levantaba dos barriles grandes y los acercaba hasta la mesa. ¡ª?De d¨®nde sale toda esta niebla?¡ªPregunt¨® Orrin mientras tomaba, si bien el viejo no acostumbraba tomar mucho alcohol, hoy ¨¦l tambi¨¦n se hab¨ªa emborrachado, en parte porque Zoe solo hab¨ªa preparado alcohol, por lo que no hab¨ªa agua para beber en los barriles y desde el otro lado porque hoy era un d¨ªa para celebrarlo a lo grande: ?A partir de ma?ana su hijo ir¨ªa al ministerio de magia a convertirse en un mago!. ¡ªDe unas cositas que flotan entre la niebla: ya no se ven, pero ser¨ªa divertido tratar de encontrarlas¡ªRespondi¨® Apolo escupiendo trozos de choclo para todo lado, mientras continuaba ?limpiando? una mazorca con sus dientes. ¡ª?No les parece raro que haya niebla en la fiesta?¡ªPregunt¨® Orrin mirando preocupadamente a la habitaci¨®n, d¨¢ndose cuenta de que hab¨ªa tanta niebla que no pod¨ªa ver las paredes de la misma. ¡ªTambi¨¦n estoy algo impactado por esta extra?a tradici¨®n, aunque conociendo lo feos que son los miembros de la familia imperial, no me sorprende que se escondan entre la niebla mientras celebran¡ªRespondi¨® Apolo tomando otro choclo para pelar. This story has been stolen from Royal Road. If you read it on Amazon, please report it ¡ª?Hace demasiado calor para mover el culo de la cilla!¡ªSe quej¨® Mateo limpi¨¢ndose el sudor en su cara con un trapo sucio con comida, ya demasiado borracho como para notar que se hab¨ªa manchado a¨²n m¨¢s la cara¡ª?Qu¨¦ noche de mierda!, ?odio el calor! ¡ªJa, ja, ja, pero es fant¨¢stico que sea as¨ª, ?de esa forma la noche de esta fiesta ser¨¢ a¨²n m¨¢s inolvidable!, realmente me recuerda a...¡ªGrit¨® Apolo pas¨¢ndole algo de comida a Mateo, aunque solo pod¨ªa ver su silueta por lo que no estaba tan seguro que sea ¨¦l. ¡ª?De eso no tengo dudas!¡ªInterrumpi¨® Mateo, justo cuando el hombre habl¨®, la m¨²sica en la habitaci¨®n cambi¨® de repente a uno m¨¢s movido y agitado, provocando que las luces rojas mezcladas en la niebla parpadearan intensamente en la sala¡ª?Cambiaste las canciones, Apolo? ¡ªNo, no tengo idea como se cambia la m¨²sica, de seguro fue Zoe. Mejor as¨ª esta m¨²sica es m¨¢s divertida y animada¡ªComent¨® Apolo con una sonrisa aunque para su desgracia la m¨²sica parec¨ªa estar volvi¨¦ndose cada vez m¨¢s fuerte al punto de tornarse molesta e impedir que escuchara a las dem¨¢s personas en la habitaci¨®n. Lo que Apolo y Mateo no sab¨ªan es que en realidad, Zoe no hab¨ªa tocado nada, sino que los cristales volvieron a tener una falla provocada por la neblina que ya llegaba hasta el techo de la habitaci¨®n. ¡ªS¨ª, la otra m¨²sica era aburrid¨ªsima, aunque se le fue la mano a Zoe con el volumen: no me escucho ni lo que digo¡ªSe quej¨® Mateo casi gritando para escucharse¡ªVoy a tratar de bajarla un poco¡ Mateo se levant¨® de la mesa y se adentr¨® entre la niebla en busca de poder encontrar a Zoe para pedirle que bajara un poco el volumen de la m¨²sica, mientras que Apolo continuaba devorando con deleite la mazorca que ten¨ªa en su mano. ¡ª?Este ambiente me recuerda a mis sue?os!¡ªGrit¨® Apolo hacia Mateo, tratando de encontrar una buena excusa para hablar de sus sue?os con su primo. ¡ª¡¡ªPero l¨®gicamente Mateo no respondi¨®, ya que se hab¨ªa levantado hace unos minutos. Pese a ello, la m¨²sica estaba tan fuerte que Apolo no pod¨ªa escuchar lo que el hombre hab¨ªa dicho y la neblina estaba tan espesa que el joven no hab¨ªa logrado ver a Mateo levant¨¢ndose y hace un buen rato estaba hablando imagin¨¢ndose el rostro de las personas a su alrededor. ¡ª??Que este ambiente me recuerda a mis sue?os!!¡ªVolvi¨® a gritar Apolo, pero esta vez con m¨¢s fuerza. ¡ª...¡ªNadie respondi¨® o al menos el joven no escuchaba otra cosa adem¨¢s de la m¨²sica. ¡ª??Est¨¢s ah¨ª?!, ??o estoy hablando solo, primo?!¡ªGrit¨® Apolo notando que ya no pod¨ªa distinguir la silueta de Mateo, al parecer se hab¨ªa levantado para buscar alg¨²n trago. Apolo esper¨® a que su primo volviera mientras devoraba los manjares en la mesa. Se hab¨ªa vuelto realmente divertido seleccionar la comida, porque el joven no pod¨ªa distinguir qu¨¦ plato estaba eligiendo de lo espesa que estaba la niebla, pese a ello Apolo s¨ª pod¨ªa recordar las posiciones de los platos, aunque no por mucho tiempo, ya que los barriles de alcohol segu¨ªan vaci¨¢ndose. El tiempo pas¨® de esta manera y cuando Apolo quiso darse cuenta se hab¨ªa olvidado completamente de que estaba esperando a que Mateo regresara y en su lugar se encontraba m¨¢s preocupado luchando con el calor en la habitaci¨®n que a estas alturas le estaba resultando realmente molesto. ¡ªQu¨¦ incomodidad, si no fuera por esta toga de mierda no me molestar¨ªa tanto esta niebla, por este motivo siempre uso mi vieja y confiable bata para entrenar: ?No me aguanto m¨¢s la sensaci¨®n de sentir esta tela sudada!...¡ªGrit¨® Apolo, pero nadie respondi¨® a sus quejas o al menos no escuchaba a nadie consol¨¢ndolo. Ya acostumbrado a no poder escuchar a los dem¨¢s por la m¨²sica fuerte, el joven se levant¨® de la silla y utilizando la memoria encontr¨® los barriles, para su desgracia el joven descubri¨® que los borrachos de los criados hab¨ªan dejado muy pocos barriles por m¨¢s que Zoe haya tra¨ªdo m¨¢s de un barril entero por persona. Viendo que el alcohol estaba por agotarse, Apolo no dud¨® y avariciosamente procedi¨® a llevarse dos barriles a la vez. Con algo de esfuerzo y luchando por no caerse de lo borracho que estaba, el joven volvi¨® a hallar la mesa entre la espesa neblina y procedi¨® a sentarse en el primer asiento que encontr¨®. D¨¢ndose cuenta de lo extra?a y solitaria que se sent¨ªa el gigantesco sal¨®n, Apolo con una sonrisa divertida procedi¨® a sacarse la ropa, para as¨ª estar algo m¨¢s c¨®modo con el calor del ambiente, sin importarle mucho las miradas ajenas dado que absolutamente nadie pod¨ªa verlo entre tanta niebla. ¡ªJa, ja, ja, esta fiesta es espectacular¡¡ªR¨ªo Apolo desnudo mientras se hamacaba en su silla y llenaba su jarra con los barriles que se hab¨ªa acaparado¡ªSolo le falta un mero detalle¡ Tras decir eso, Apolo se concentr¨® en la espesa niebla que ten¨ªa al frente de ¨¦l y se qued¨® mir¨¢ndola con una sonrisa est¨²pida por unos minutos como esperando que alguna clase de esp¨ªritu se manifestara reaccionando a su llamado. ¡ªVamos sal de una vez y ven a decirme: ?Apolito, se te ve algo solitario en esta fiesta, ?ocurre algo?, ?necesitas hablar con alguien? ¡?¡ªGrit¨® Apolo mirando con una sonrisa a la niebla como si realmente esperara que alguien le respondiera. No obstante, nada ocurri¨® desilusionando al joven noble. ¡ªJam¨¢s pens¨¦ decir esto, pero realmente te extra?o, Fausto¡¡ªMurmur¨® Apolo reflexivamente, mirando a su alrededor. Esta neblina roja con destellos parpadeantes y la m¨²sica incre¨ªblemente fuerte le recordaban al joven alguno de sus sue?os incre¨ªblemente bizarros. Sintiendo que el tiempo se hab¨ªa detenido, Apolo sigui¨® tomando alcohol mientras reflexionaba sobre su vida, disfrutando de la agradable sensaci¨®n de estar completamente oculto del mundo detr¨¢s del manto protector de la espesa neblina. E101-Castillo Lejos, muy lejos de la fiesta que se estaba desarrollando en la mansi¨®n de Apolo, se encontraba un gran castillo oculto en el medio de un frondoso bosque de ¨¢rboles negros y hojas rojas. En uno de los innumerables pasillos de este castillo se encontraban dos ni?os vistiendo batas bastante desgastadas y sudadas, los muchachitos estaban caminando con lentitud mientras aparentaban estar buscando algo que se les hab¨ªa perdido, arrastrando sus piernas tras cada paso que daban como si estuvieran realmente cansados de tanto buscar. ¡ª?D¨®nde se habr¨¢ metido Helena?¡ªPregunt¨® uno de los ni?os, el cual ten¨ªa una nariz particularmente puntiaguda. ¡ªNi idea, pero ya llevamos varias horas busc¨¢ndola, Apolo, de eso no tengo dudas¡¡ªSe quej¨® el otro ni?o, cuyo cuerpo era un poco m¨¢s gordito que el ni?o con el que caminaba, aunque para su fortuna ten¨ªa un rostro mucho m¨¢s apuesto y adorable. No obstante, la mitad de la belleza de ese rostro adorable y regordete se hallaba oculta tras un antifaz plateado. ¡ªSupuestamente, ir¨ªamos a explorar el bosque juntos¡ªDijo Apolo limpi¨¢ndose el sudor de su rostro con su bata¡ª?Ya s¨¦ qu¨¦ hacer, Homero!, ?Qu¨¦ tal si le pedimos indicaciones a alguno de los criados? ¡ª?Oh, grandiosa idea, Apolo!¡ªExclam¨® Homero mirando para los costados en el pasillo notando que no hab¨ªa un solo criado al cual preguntarle¡ª?Y si vamos hasta las puertas?, siempre hay unos guardias custodiando las puertas del castillo, tal vez ellos sepan en d¨®nde est¨¢ Helena. ¡ªBueno, ?el que llega primero se queda con el postre del otro!¡ªGrit¨® Apolo corriendo como un man¨ªaco hacia la entrada del castillo Unlawfully taken from Royal Road, this story should be reported if seen on Amazon. ¡ª?Hey!, ?eso es hacer trampa, no corras!, ?yo nunca acept¨¦ esa apuesta!¡ªGrit¨® Homero corriendo atr¨¢s de Apolo, pero lo cierto es que su hermano mayor era bastante m¨¢s ¨¢gil por lo que termin¨® perdiendo la ?apuesta?. ¡ª?Me quedo con tu postre!¡ªGrit¨® Apolo tocando la puerta de la entrada del castillo. ¡ª?No!¡ ?Claro que no, es mi postre y solo m¨ªo!¡ ?Le voy a decir a Fausto que me est¨¢s robando mis postres de nuevo!¡ªContest¨® Homero con enojo mientras luchaba por reajustar su respiraci¨®n. ¡ªQu¨¦ cobarde¡¡ªMurmur¨® Apolo abriendo las puertas del castillo con algo de esfuerzo dado que eran demasiados grandes como para que un ni?o normal lograra abrirlas. Las puertas se abrieron mostrando dos guardias vestidos con una armadura de cuero algo gastada, los dos hombres estaban amputados y parec¨ªan que hab¨ªan sido ex-soldados a los cuales se les ofreci¨® este trabajo; incumpliendo en parte la pol¨ªtica aislacionista tradicional del reinado del bosque negro, pero claramente nadie se le pensar¨ªa ir a comentarle el tema al se?or del castillo. ¡ª?Pas¨® algo, chicos?¡ªPregunt¨® uno de los guardias sin seguir protocolo alguno. ¡ªS¨ª, perdimos a Helena, ??saben a d¨®nde se meti¨®?!¡ªExplic¨® Homero ¡ª?La ni?a rubia de ojos claros?¡ªPregunt¨® el otro guardia ¡ªS¨ª, esa es Helena, ?la vieron por ac¨¢?¡ªContest¨® Apolo con impaciencia. ¡ªLa chica se fue con una vieja criada al interior del bosque¡ªExplic¨® uno de los guardias¡ªSupuestamente iban a buscar algunas flores, pero hace mucho tiempo que no regresaron. ¡ªBueno, gracias por las indicaciones, ?sabes por donde fueron?¡ªContest¨® Apolo¡ª?Iremos a buscarlas! ¡ªVayan por all¨¢, recuerden regresar antes del anochecer o le diremos a su padre y terminar¨¢n castig¨¢ndolos¡ªDijo el guardia levantando el brazo e indicando hacia una direcci¨®n en particular en el bosque, aparentemente no preocupado por que los ni?os salgan del castillo a caminar y se metan al medio del bosque. Mostrando que era bastante normal que lo hagan¡ O que los guardias eran muy imprudentes con su tarea. E102-Pistas Los dos ni?os siguieron las indicaciones del guardia y entraron al bosque negro en busca de Helena, pero tras unos minutos buscando se dieron cuenta de que hab¨ªa un ligero problema. ¡ª?D¨®nde crecen flores en este bosque?, no recuerdo haber visto una zona as¨ª¡ªComent¨® Apolo algo aturdido, mirando al suelo del bosque con atenci¨®n, pero lo ¨²nico que pod¨ªa ver eran hojas ca¨ªdas, mucho pasto seco, algunos yuyos y de vez en cuando algunos hongos no muy coloridos creciendo de la corteza de los ¨¢rboles. ¡ªCreo que crecen flores cerca del arroyo, no son muchas, pero hay algunas¡ªRespondi¨® Homero marchando hacia una direcci¨®n en particular. ¡ª?Est¨¢s seguro de que el arroyo est¨¢ por all¨¢?¡ªPregunt¨® Apolo aturdido por la confianza de Homero; ¨¦l no recordaba haberse cruzado nunca con un arroyo por esta zona. ¡ªS¨ª, fui la otra vez con pap¨¢¡ªRespondi¨® Homero con confianza, mientras guiaba a Apolo hacia una direcci¨®n. No pas¨® mucho tiempo y los dos ni?os finalmente pudieron escuchar el ruido del agua chocando contra las rocas en la distancia. ¡ª?Ves, es por ac¨¢!¡ªExclam¨® Homero corriendo desenfrenadamente hacia la direcci¨®n del ruido. Apolo corri¨® siguiendo a su hermano hasta que finalmente pudo encontrarse con un arroyo bastante bonito, el pasto alrededor del mismo ten¨ªa un verde intenso y las rocas de la zona estaban llenas de musgo. Pero lamentablemente el ni?o no ve¨ªa a las flores por ninguna parte, por lo que pregunt¨®: Love this story? Find the genuine version on the author''s preferred platform and support their work! ¡ª?Y las flores donde est¨¢n? ¡ªPor ac¨¢, crecen pegadas a las rocas, son chiquitas y dif¨ªciles de ver¡ªRespondi¨® Homero poniendo la mano entre un par de rocas cercanas al arroyo, sacando dos flores de color azulado realmente hermosas. ¡ªSon muy lindas, pero dudo que hayan salido a buscar algo tan chiquito: no se puede decorar nada con eso¡ªDijo Apolo acerc¨¢ndose a una piedra para ver como efectivamente crec¨ªan flores pegadas a la misma. ¡ªTal vez por eso se demoraron tanto en regresar, ten¨ªan que recolectar una gran cantidad de estas flores para hacer la decoraci¨®n¡ªRespondi¨® Homero saltando felizmente entre las piedras del arroyo con una agilidad impropia de un ni?o com¨²n. ¡ªPuede ser¡¡ªComento Apolo revisando las rocas¡ªVes alguna piedra a la cual le sacaron las flores, por ac¨¢ est¨¢n todas como nuevas, parecer¨ªa que no pasaron por esta zona. ¡ªMmm, a ver, busquemos alguna piedra a la cual parezca que le sacaron las flores recientemente¡ªRespondi¨® Homero poni¨¦ndose a hacer la tarea¡ªDe esa manera sabremos por d¨®nde se fueron Helena y la vieja que mencion¨® el guardia: ?Solo tenemos que seguir las piedras sin flores! Apolo sigui¨® la idea de su hermano y buscaron por un buen rato por las piedras alrededor del arroyo, hasta que finalmente el ni?o narig¨®n encontr¨® una piedra a la cual parecer¨ªa que le retiraron las flores: ¡ª?Por ac¨¢, es por ac¨¢!¡ªExclam¨® Apolo viendo que la idea de su hermano hab¨ªa sido muy buena y efectivamente a todas las piedras que estaban en direcci¨®n hacia el sur les hab¨ªan arrancado las flores. ¡ª?Vamos! Apur¨¦monos o podr¨ªan terminar la tarea y regresar al castillo antes de que las encontremos. ?Si eso pasa, nos quedaremos buscando a la nada misma por horas!¡ªDijo Homero con apuro, mientras corr¨ªa en la direcci¨®n se?alada por su hermano mayor. E103-La vieja Los dos j¨®venes siguieron a las piedras sin flores por casi una hora hasta que finalmente encontraron lo que estaban buscando, pero lamentablemente no eran lo que se esperaban encontrar: Apoyando su espalda contra un gran ¨¢rbol negro se encontraba una mujer bastante vieja con una espada clavada en la panza, la mujer a¨²n respiraba d¨¦bilmente, pero por lo p¨¢lida que estaba la piel de la vieja todo parecer¨ªa indicar que no le quedaba mucho tiempo de vida. ¡ª?Eco!¡ªGrit¨® Homero corriendo hacia la vieja, para comprobar como estaba. Apolo tambi¨¦n corri¨® a observar el estado de la vieja, ¨¦l no la conoc¨ªa, pero al parecer su hermano menor conoc¨ªa a esta criada. ¡ª?C¨®mo est¨¢ la vieja?¡ªPregunt¨® Apolo viendo a su hermano revisando el lugar en donde le hab¨ªan clavado la espada a la anciana. ¡ª?No s¨¦, t¨² fuiste a m¨¢s clases que yo! ?Dime t¨²! ?T¨² eres el mayor, tarado!¡ªGrit¨® Homero con desesperaci¨®n bastante nervioso, parec¨ªa que s¨ª hab¨ªa logrado obtener una conclusi¨®n pero no pod¨ªa aceptarla Apolo se acerc¨® a la anciana que respiraba d¨¦bilmente y luchando por no verle los ojos llorosos, se concentr¨® en la herida en la panza. ¡ªLa vieja est¨¢ muerta o en algunas horas lo estar¨¢¡¡ªRespondi¨® Apolo con crueldad, notando que a la anciana le hab¨ªan atravesado algunos ¨®rganos vitales con el espadazo. Al escuchar las conclusiones del ni?o, la vieja alz¨® la mirada al cielo liberando algunas l¨¢grimas, parec¨ªa que hab¨ªa aceptado su destino. This text was taken from Royal Road. Help the author by reading the original version there. ¡ª?C¨®mo que Eco va a morir?¡ªPregunt¨® Homero entre l¨¢grimas ¡ª?Deja de llorar, as¨ª es la vida, le pasa por no haberse tomado sus lecciones de esgrima en serio! No cambiar¨¢s nada con tus llantos y a¨²n no sabemos si este lugar es seguro: ?As¨ª que deja de llorar y ponte serio!¡ªGrit¨® Apolo mientras le embocaba una cachetada a su hermano menor¡ª?Vieja, sabes qu¨¦ le pas¨® a Helena? ¡ªSe la llev¨®¡ el mal-malvado¡ Thais¡ªContest¨® la vieja con esfuerzo mientras escup¨ªa sangre por la boca como si estuviera dejando las ¨²ltimas fuerzas que le quedaban en este mensaje. ¡ª?Por d¨®nde se fueron?¡ªPregunt¨® Apolo con urgencia, tomando a la vieja de los hombros, parecer¨ªa que no le quedaban muchas fuerzas y las estaba gastando ahora para poder decirle este mensaje. ¡ªEllos dij-dijeron¡ que ir¨ªan¡ al la cueva del¡ aca-acantilado a esconderse... al fin-final de este arroyo¡ªRespondi¨® la vieja usando lo ¨²ltimo de sus fuerzas entre tosidos violentos, mientras levantaba la mano y apuntaba su brazo hacia una direcci¨®n, para luego bajarla abruptamente. ¡ª?Eco!¡ªGrit¨® Homero tomando de los hombros a la vieja, agit¨¢ndola para hacer que reaccionara, pero la anciana estaba completamente inm¨®vil. ¡ª?Est¨¢ muerta, ya d¨¦jala! ?Si no nos apuramos tambi¨¦n matar¨¢n a Helena!¡ªGrit¨® Apolo sacando la espada del est¨®mago de la mujer, poni¨¦ndose en marcha hacia la direcci¨®n se?alada por la anciana. ¡ªPero¡¡ªQuiso decir Homero ¡ª?Pero qu¨¦ mierda vas a hacer?, ya muri¨®, ya fue: ?No vas a revivir a la anciana!¡ªInterrumpi¨® Apolo con un fuerte grito, sin darse la vuelta y siguiendo su marcha¡ª?Si no te apuras Helena morir¨¢ por tu culpa, idiota! Homero vio con l¨¢grimas el cad¨¢ver de la anciana, para luego ver como la espalda de su hermano se alejaba en la distancia. Sin querer perderlo de vista, Homero corri¨® hacia su hermano, mientras se limpiaba las l¨¢grimas en su rostro. Finalmente el ni?o regordete alcanz¨® la espalda de Apolo y juntos los dos hermanos se dirigieron hacia el final del arroyo en busca de su querida amiga. E104-La cueva A medida que se acercaban al acantilado el ruido del agua chocando contra las rocas se fue haciendo cada vez m¨¢s abrumador, hasta que lleg¨® el punto en donde molestaba a los o¨ªdos e imped¨ªa que uno pudiera escuchar cualquier otro ruido del ambiente. Fue entonces, cuando el ruido se volvi¨® realmente insoportable que Apolo y Homero lograron ver en la distancia una inmensa pared que cubr¨ªa todo su horizonte, este deb¨ªa ser el acantilado mirado desde el fondo. El arroyo parecer¨ªa estar chocando contra el acantilado constantemente, y si uno miraba con atenci¨®n, se dar¨ªa cuenta de que en realidad el arroyo estaba meti¨¦ndose a un agujero que parec¨ªa atravesar el acantilado. No obstante, ninguna persona cuerda se meter¨ªa en ese agujero, ya que por la velocidad y fuerza que ten¨ªa el arroyo ser¨ªa imposible que salgan vivos, por lo tanto, esa no pod¨ªa ser la cueva que los ni?os buscaban. La verdadera cueva se encontraba unos pocos metros del agujero por donde el agua buscaba desesperadamente meterse, y su entrada parec¨ªa ser la suficientemente grande para que entrara un ser humano adulto. La entrada de la cueva en cuesti¨®n estaba algo oculta por las rocas y el musgo verde que crec¨ªa a sus alrededores, pero a¨²n pod¨ªa verse que hab¨ªa un camino lo suficientemente largo como para no poder ver el final de la cueva. Stolen story; please report. ¡ª?De verdad vamos a meternos ah¨ª dentro?¡ªPregunt¨® Homero en voz alta y con miedo mirando la entrada de la cueva, la oscuridad en su interior era absoluta por lo que no pod¨ªa verse qu¨¦ aterradoras criaturas pod¨ªan esconderse en su interior. ¡ªS¨ª, ?a qu¨¦ le tienes miedo?¡ªRespondi¨® Apolo en voz alta tratando de que el ruido del agua no opacara su voz, mientras tomaba el mango de su espada con confianza. ¡ª?No crecen ¨¢rboles en el interior de una cueva, manga de ignorante!¡ªChill¨® Homero nerviosamente¡ª?Si nos cagan a flechazos como mierda planeas salir vivo? ¡ª?Es imposible que usen armas a larga distancia en una cueva, tarado!. Adem¨¢s, nos tenemos el uno al otro, mientras no nos maten a los dos al mismo tiempo podremos rescatar a Helena¡ªRespondi¨® Apolo en voz alta, procediendo a buscar un camino para meterse en la cueva sin caer en el agua del arroyo¡ªSolo recuerda el entrenamiento, pero no olvides de que esta vez todo es real: ?No bajes la guardia! En unos pocos minutos, Apolo encontr¨® el camino que probablemente utilizaron los secuestradores de Helena para adentrarse a la cueva. Saltando arriba de las rocas con destreza, el joven noble logr¨® llegar hasta la entrada de la cueva, pero no se meti¨® y en su lugar esper¨® pacientemente a que su hermano menor tomara confianza y tambi¨¦n llegara hasta la entrada. Cuando los dos hermanos llegaron a la cueva, Apolo le indic¨® con una se?a a su hermano menor que a partir de ahora se mantuviera en silencio, para luego adentrarse en el interior de la cueva, alumbrando sus pasos con una d¨¦bil llama que hab¨ªa surgido en la punta de su dedo. E105-Secretos Los hermanos lentamente se adentraron en la cueva, dando pocos pasos a la vez y par¨¢ndose cada pocos minutos para concentrarse en escuchar en busca de alguna pista del posible escondite de los secuestradores. Pero lo cierto es que la cueva era inusualmente grande y por m¨¢s que los hermanos hayan caminado unos cuantos minutos adentr¨¢ndose en sus profundidades, a¨²n no pod¨ªan distinguir ninguna sola pista que indicara que alg¨²n ser humano haya estado en esta cueva previamente. La cueva como tal era incre¨ªblemente h¨²meda y hac¨ªa algo de fr¨ªo en su interior, de vez en cuando en el piso rocoso pod¨ªan verse algunos charcos que eran evitados por los ni?os con sumo cuidado. Al fin y al cabo los ni?os se percataron de que la profundidad de estos charcos era bastante enga?osa y si bien aparentaba tener unos pocos cent¨ªmetros, la gran verdad es que si no ten¨ªan cuidado podr¨ªan terminar hundi¨¦ndose en ellos. Por su parte el piso y las paredes de la cueva estaban llenas de un musgo azulado bastante resbaladizo, por lo que los ni?os tuvieron que dar peque?os pasos a la vez para no resbalarse en este traicionero suelo. Los hermanos estaban tan concentrados tratando de no tener un accidente que revelara su posici¨®n a los secuestradores que no sab¨ªan cu¨¢nto tiempo hab¨ªa pasado, pero f¨¢cilmente hab¨ªa sido m¨¢s de una hora hasta que finalmente se dieron cuenta de que el ruido del agua chocando contra las rocas del exterior hab¨ªa desaparecido completamente. Dejando a los dos hermanos en el silencio absoluto en donde solo el eco de las gotas del agua cayendo contra los charcos de la cueva pod¨ªa ser escuchado. Este silencio dur¨® por no menos de media hora m¨¢s hasta que finalmente un ruido extra?o pudo escucharse proviniendo de la parte m¨¢s profunda de la cueva, provocando que Apolo apagara la llama en su dedo, camufl¨¢ndolo a ¨¦l y a su hermano en la oscuridad absoluta de la cueva. ¡ªFinalmente, ?todo est¨¢ preparado!, ?es el momento de que le demuestres a todo el concilio de magos que mereces convertirte en una maga, Helena!¡ªChill¨® una mujer desde el fondo de la cueva. Provocando que los ni?os se tiraran de panza contra el suelo musgoso y esperaran pacientemente para reunir m¨¢s informaci¨®n acerca de cu¨¢ntos enemigos hab¨ªa al frente antes de actuar. ¡ª??Pero por qu¨¦ me obligaste a asesinar a Eco, maestra?!¡ªPregunt¨® una ni?a entre llantos, provocando que los dos ni?os se sorprendieran: ?Dicha voz era id¨¦ntica a la que ten¨ªa Helena! ¡ª?El mundo de los magos no puede ser mezclado con el mundo de los plebeyos!¡ªGrit¨® la mujer desconocida con una voz dominante¡ªSi no dejas tu pasado atr¨¢s y no logras olvidarte de quien eras antes de ser una maga, te ser¨¢ imposible entrar a este mundo. ¡ª?Pero ella me crio como su hija toda la vida, yo solo quer¨ªa convertirme en un mago para poder darle un mejor futuro a Eco!¡ªGrit¨® Helena mezclando sus l¨¢grimas con llantos. ¡ª?Mocosa, no entiendes nada!¡ªExclam¨® la mujer provocando un fuerte ruido de golpe, muy similar al de una cachetada¡ªNo es que no quiera que el mundo de los magos y el de los plebeyos se mezcle: ?Es que no puede ser mezclado!. Como maga plebeya no puedes mostrar ninguna debilidad ante el concilio: ?Nunca tuviste tal opci¨®n, igual que yo tampoco la tuve en su momento! Unauthorized reproduction: this story has been taken without approval. Report sightings. ¡ª?No quiero ser una maga sin Eco!, ?No quiero esto!¡ªChill¨® Helena con enojo. ¡ªEntonces vete, asesina, ve y vuelve a las inmundas calles donde naciste: ?Solo procura buscar alg¨²n comerciante que pueda prostituirte para no morirte de hambre tan pronto!¡ªRespondi¨® la mujer con furia¡ª?Vamos, vete!. Si de verdad no quieres ser m¨¢s mi ac¨®lita, entonces vete de una buena vez y busca tu propia vida. Nunca te obligu¨¦ a nada de esto, Helena. ?T¨² elegiste convertirte en m¨ª ac¨®lita y fueron tus propias manos las que asesinaron a Eco! ¡ª?T¨² me obligaste a hacerlo!¡ªRefut¨® la ni?a desesperadamente. ¡ªNo, siempre te di la opci¨®n de volver a vivir como una plebeya, pero t¨² decidiste asesinar a Eco y convertirte en una maga¡ªContest¨® la mujer con una inusual calma¡ª Ahora te doy la opci¨®n nuevamente, pero ya no puedes volver atr¨¢s en el tiempo y revivir a Eco. As¨ª que dime: ?Quieres irte a morir en las calles de la ciudad anillo o buscas una gloriosa vida en la capital? ¡ª¡¡ªLa ni?a no parec¨ªa querer contestar la gran pregunta por lo que el silencio volvi¨® a llenar la cueva. ¡ªVeo que me equivoqu¨¦ al tomarte como mi ac¨®lita, no mereces ser una maga¡ªDijo la mujer cruelmente. ¡ªEspera, no me abandones: ?No tengo a nadie m¨¢s!¡ªSuplic¨® Helena tras unos pocos segundos. ¡ªSi me acompa?as ser¨¢ para sorprender al concilio y convertirte en una maga, en caso contrario, qu¨¦date y busca un lugar a donde morir lejos de mi vista, mocosa¡ªContest¨® la mujer con calma, no parec¨ªa tener ning¨²n remordimiento en la voz y parec¨ªa estar m¨¢s cargada con decepci¨®n que con enojo. ¡ª¡¡ªNo hubo respuesta de parte de Helena, no obstante la cueva volvi¨® al inusual silencio de siempre. ¡ªVamos a buscar a Helena¡¡ªSusurr¨® Apolo a¨²n sorprendido con el descubrimiento de que Helena hab¨ªa asesinado a la anciana. ¡ª?Crees que en verdad Helena asesin¨® a la vieja?¡ªPregunt¨® Homero tambi¨¦n sorprendido. ¡ªLa verdad sali¨® de su propia boca, Homero, ?Los traidores y desertores que castigo reciben?¡ªContest¨® Apolo en voz baja, tomando fuertemente el mango de su espada. ¡ª?En la vida mi tortura y en la muerte la de mi ancestro?¡¡ªMurmur¨® Homero como si fuera una frase armada que le hab¨ªan ense?ado hace un tiempo. ¡ªNo sientas pena por un traidor, Homero, o ser¨¢s el pr¨®ximo en recibir su daga antes de que puedas darte cuenta: ?Es nuestro deber vengar a la anciana Eco!¡ªDijo Apolo sin dudar, sabiendo que era lo que ten¨ªa que hacer a continuaci¨®n. ¡ªPero la vieja dijo que Helena fue secuestrada, Eco nunca la culp¨®, incluso nos enga?¨® para evitar que supi¨¦ramos la verdad¡ªRespondi¨® Homero a¨²n incr¨¦dulo. ¡ªYo soy el que la est¨¢ culpando, y tambi¨¦n soy el que aplicar¨¢ la condena. Es mi deber y tambi¨¦n es el tuyo: Helena es nuestra criada y viv¨ªa bajo nuestras leyes¡ªExpres¨® Apolo, poni¨¦ndose de pie y yendo a buscar a Helena. Entre la oscuridad de la cueva, Homero vio en silencio como su hermano se alejaba empu?ando la espada con la que hab¨ªa sido asesinada Eco. No obstante, la oscuridad de la cueva no escond¨ªa las l¨¢grimas de un ni?o que tendr¨ªa que ver como su hermano mayor condenaba a su mejor amiga. En su lugar, la oscuridad de la cueva se encontraba escondiendo la marcada sonrisa de un hombre que durante a?os hab¨ªa estado trabajando entre las sombras para finalmente ver como todo sal¨ªa seg¨²n lo hab¨ªa planeado. E106-La trampilla Iluminando con la peque?a llama que emanaba la punta de su dedo, Apolo camin¨® hacia la direcci¨®n en donde hab¨ªa escuchado a las mujeres discutiendo. No pas¨® mucho tiempo para que el joven pudiera ver en la distancia un peque?o campamento iluminado con una fogata, aunque el fuego de la fogata era muy d¨¦bil y estaba siendo tapado por algunas cajas, por lo que Apolo solo pudo distinguir la d¨¦bil luz que era emitida por el fuego siendo reflejada en las paredes de la cueva. Sin embargo, para su sorpresa, Apolo no logr¨® ver a Helena o a su maestra por ning¨²n lado, provocando que el joven se alterara y corriera hacia el campamento. Al llegar, lo primero que not¨® el joven es que el fuego en la fogata estaba por apagarse y nadie se hab¨ªa preocupado por agregarle m¨¢s troncos, por lo que parec¨ªa que no hab¨ªa nadie en este campamento hace un buen rato. El campamento como tal solo ten¨ªa una fogata, dos bolsas de dormir improvisadas con mantas y unas cuantas cajas de suministro. Las bolsas de dormir por alg¨²n motivo hab¨ªan sido olvidadas atr¨¢s junto a las cajas de suministro que pod¨ªan verse dispersas por el lugar, haci¨¦ndole preguntar al ni?o c¨®mo es que alguien hab¨ªa logrado transportar todas estas cosas hasta este lugar o por qu¨¦ las hab¨ªa abandonado despreocupadamente en este sitio. En busca de respuestas Apolo se gir¨® para preguntarle a su hermano, pero al instante el joven se dio cuenta de que Homero hab¨ªa desaparecido dej¨¢ndolo completamente solo en el medio de un campamento enemigo. Apolo estaba tan preocupado por encontrar a Helena que se hab¨ªa olvidado de su hermano menor y ahora lo hab¨ªa perdido en el medio de la cueva. ¡ª?Homero!¡ªGrit¨® Apolo con fuerza, tratando de que su hermano escuchara su voz ¡ªEstoy ac¨¢¡¡ªRespondi¨® inmediatamente Homero dej¨¢ndose de esconder entre la oscuridad de la cueva, mientras iluminaba su cuerpo con una bola de fuego que giraba arriba de su cabeza. ¡ª?Porque mierda me asustas as¨ª, pedazo de idiota!, ?casi me muero del susto, pensaba que te hab¨ªan agarrado!¡ªSe quej¨® Apolo. ¡ª?Pero manga de infeliz, c¨®mo se te ocurre acercarte al campamento enemigo de semejante manera!. Era m¨¢s que l¨®gico que lo m¨¢s inteligente en esta situaci¨®n era quedarse oculto en las sombras esperando a ver si alguien escondido entre las s¨¢banas saltaba a atacarte¡ªExplic¨® Homero haciendo que la bola de fuego arriba de su cabeza creciera y disminuyera siguiendo el enojo expresado en sus palabras. ¡ªMmmm¡ fue una buena idea¡¡ªRespondi¨® Apolo con la cara roja, bastante avergonzado de que su hermano menor le haya terminado ense?ando una lecci¨®n. ¡ª?D¨®nde est¨¢ Helena y la mujer?¡ªPregunt¨® Homero, acerc¨¢ndose lentamente al campamento. ¡ªNo est¨¢n por ning¨²n lado: ?Es como si hubieran desaparecido!¡ªRespondi¨® Apolo levantando las s¨¢banas violentamente con enojo. ¡ª?C¨®mo es que van a desaparecer?, claramente se fueron por alg¨²n lugar, busca mejor debe haber alguna clase de pasadillo secreto¡ªObjet¨® Homero mientras se acercaba a las cajas del campamento y se pon¨ªa a correrlas en busca de encontrar algo oculto debajo de ellas. Apolo sigui¨® la idea de su hermano y comenz¨® a buscar alg¨²n pasadillo entre las cajas de suministros dispersas por el sitio, hasta que finalmente corri¨® la caja correcta mostrando una trampilla de metal debajo de la misma. If you spot this narrative on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. ¡ª?Encontr¨¦ el pasadillo oculto!¡ªExclam¨® Apolo, tratando de abrir la trampilla, pero d¨¢ndose cuenta de inmediato de que la misma parec¨ªa estar cerrada con llave. ¡ª?Qu¨¦ pasa?¡ªPregunt¨® Homero con una mueca en el rostro, al ver que Apolo no estaba pudiendo abrir la trampilla. ¡ªNo se abre, intento romperla, pero no logro sacar la trampilla¡ªGrit¨® Apolo haciendo fuerza para tratar de romper la trampilla de metal. ¡ª?Espera, deja de forzarla o romper¨¢s la cerradura y no habr¨¢ forma de abrirla!¡ªChill¨® Homero con desesperaci¨®n con una voz bastante distorsionada, haciendo que Apolo lo mirara con extra?eza¡ªEjem, debe haber una llave de repuesto por alg¨²n lugar de este campamento, o sino la mujer que se llev¨® a Helena podr¨ªa perder la llave original y correr¨ªa el riesgo de no volver a entrar al pasadillo. ¡ª?D¨®nde crees que pudo haber escondido la llave de repuesto?, llevamos un buen rato buscando esta trampilla: ?Si seguimos perdiendo el tiempo, se escapar¨¢n!¡ªDijo Apolo con apuro. ¡ªNo te impacientes tanto, ya sabemos por donde fueron, en el peor de los casos le diremos al abuelo por donde escaparon y ¨¦l se encargar¨¢ de todo¡ªDijo Homero despreocupadamente, tratando de calmar a Apolo y evitar que el ni?o siguiera tratando de romper la trampilla. ¡ªSupongo¡¡ªReflexion¨® Apolo no tan convencido con la idea de dejarlas escapar¡ªPero ya estuvimos buscando un buen rato en el campamento para encontrar esta trampilla y no encontramos llave alguna mientras mov¨ªamos las cajas. ¡ªPiensa como Helena o su maestra, ?d¨®nde esconder¨ªas la llave secreta?¡ªPregunt¨® Homero mirando la habitaci¨®n en busca de alg¨²n buen escondite. ¡ª?Entre las s¨¢banas!, de seguro hay alg¨²n bolsillo oculto¡ªDijo Apolo corriendo hacia las s¨¢banas, poni¨¦ndose a toquetearlas para tratar de sentir algo que no sea tela escondido en la costura. Al notar que Apolo se hab¨ªa alejado de la trampilla de metal, Homero r¨¢pidamente se acerc¨® a la trampilla y puso la mano arriba de ella, deslizando su dedo hacia el interior de la cerradura como si fuera una llave: inmediatamente los bordes de la trampilla se iluminaron de repente con una luz azulada por unos pocos segundos, para luego volver a la normalidad. Tras ver el destello, una sonrisa bastante amplia se form¨® en el rostro enmascarado de Homero y sin perder el tiempo, el ni?o procedi¨® a levantar la trampilla de metal y la misma se abri¨® con normalidad. ¡ª?Encontr¨¦ la llave, Apolo! Estaba en uno de los bordes de la trampilla, si hubieras sido m¨¢s paciente y revisaras mejor el lugar, la hubieras visto¡ªRega?¨® Homero. Tras escuchar el rega?o de su hermano menor, Apolo corri¨® hacia la trampilla para observar qu¨¦ hab¨ªa detr¨¢s de la misma y descubrir que se trataba de una escalera que aparentemente conduc¨ªa hacia el centro de la tierra, puesto que el fondo del pasadillo no pod¨ªa verse. Con una llama en su dedo, Apolo apunt¨® su mano hacia el interior de la trampilla y dispar¨® la llama en su dedo. *Piuu* Al salir disparada, la llama se transform¨® en una flecha del tama?o de una aguja de alfiler, e ilumin¨® por unos cuantos segundos sin parecer tocar el fondo hasta convertirse en un puntito demasiado peque?o para poder observarse. ¡ª?No tiene sentido!, ?c¨®mo mierda alguien cav¨® semejante agujero en el suelo?¡ªExclam¨® Apolo percat¨¢ndose de que las paredes del agujero eran demasiado lisas como para que alguien haya cavado esto con un pico. ¡ªTe olvidaste que la mujer dijo algo acerca de los magos y parec¨ªa ser una maga: el poso lo debi¨® haber creado la maga usando magia muy compleja¡ªContest¨® Homero con apuro y algo de nerviosismo. ¡ª?Hay magos con hechizos tan fuertes en este mundo?, este t¨²nel no parece tener fin¡ªCuestion¨® Apolo a¨²n aturdido. ¡ªRecuerdas las historias que nos contaba el abuelo sobre los poderosos magos de anta?o, tal vez la maestra de Helena fuera la ¨²nica que queda viva, o tal vez utiliz¨® una herramienta m¨¢gica: es solo un agujero¡ªRespondi¨® Homero con preocupaci¨®n, temeroso de que Apolo sobrepensara el asunto¡ª?Crees que deber¨ªamos llamar al abuelo en busca de refuerzos, o perseguirlas y evitar que se escapen del castigo que se merecen? ¡ªBajemos, en el peor de los casos escapamos y pedimos refuerzos¡ªRespondi¨® Apolo mirando la escalera con curiosidad, el joven realmente quer¨ªa saber qu¨¦ secreto se encontraba al final de este profundo agujero. E107-La escalera Los dos ni?os se metieron en el pozo y comenzaron a bajar por la escalera hacia un destino incierto. Apenas puso una mano arriba de la escalera, Apolo con aturdimiento not¨® como las fr¨ªas barras de metal de la escalera lat¨ªan como si se tratasen de un coraz¨®n bastante agitado; sin embargo, nada m¨¢s anormal ocurri¨®, por lo que el joven ignor¨® la cuesti¨®n atribuyendo la anormalidad a lo m¨¢gico del pozo, y sigui¨® bajando en busca de Helena. Tras unos minutos descendiendo por la escalera aparentemente infinita, Apolo comenz¨® a darse cuenta de que por cada pelda?o que bajaba, la escalera se tornaba m¨¢s y m¨¢s fr¨ªa, hasta el punto de que el joven tuvo que calentarse sus manos con una d¨¦bil llama para que sus palmas no se quedaran pegadas en los pelda?os. Por otra parte, por cada pelda?o que bajaban los ni?os, el latido que pod¨ªa sentirse desde las barras de metal se iba tornando m¨¢s y m¨¢s lento, como si el coraz¨®n ?dentro? de la escalera se fuera tranquilizando. Los j¨®venes siguieron bajando por unos minutos m¨¢s sintiendo como sus cuerpos se congelaban. Llegado el punto el ambiente se hab¨ªa tornado tan fr¨ªo que el cuerpo de Apolo y Homero no paraban de temblar, mientras expulsaban humo blanco por su boca. Sin embargo, los j¨®venes no se detuvieron y siguieron descendiendo por la escalera hasta que el latido proviniendo de las barras de metal se detuvo completamente y lo contrario comenz¨® a ocurrir: Los pelda?os de la escalera comenzaron a tornarse m¨¢s y m¨¢s caliente a medida que los hermanos avanzaban. Por su parte el latido proviniendo del interior de las fr¨ªas barras de metal se fue haciendo m¨¢s r¨¢pido y m¨¢s r¨¢pido como si el coraz¨®n paralizado ?dentro? de las barras de metal volviera despertarse del letargo y fuera reanudando su ritmo normal. Mientras esto ocurr¨ªa, la temperatura en el t¨²nel iba mejorando y el insistente latido continuaba aumentando su ritmo. Fue entonces cuando Apolo se dio cuenta de que la salida del t¨²nel estaba cada vez m¨¢s cerca y ya faltaban unos pocos pelda?os para terminar de subir la escalera: ??Subir la escalera?! ¡ª?Desde cu¨¢ndo dejamos de bajar y comenzamos a subir?¡ªPregunt¨® Apolo notando la anormalidad de la situaci¨®n, deteni¨¦ndose en uno de los pelda?os, sin saber si deb¨ªa continuar subiendo o no. ¡ªNo tengo ni idea, debe ser un pozo m¨¢gico: ?No lo pienses mucho y sigue subiendo!¡ªRespondi¨® Homero empujando el trasero de su hermano mayor, incit¨¢ndolo a que continuara subiendo. ¡ª?Pero la idea original no era bajar?, ?No estaremos volviendo a la superficie de la cueva por error?¡ªPregunt¨® Apolo aun con dudas acerca de qu¨¦ hacer, tratando de ignorar la insistencia de su hermano para reflexionar m¨¢s fr¨ªamente sobre lo que acababa de ocurrir. ¡ªPor los pocos pelda?os que nos faltan nos conviene subir y comprobarlo con nuestros propios ojos: ?Si nos equivocamos, volvemos a intentarlo!¡ªRespondi¨® Homero empujando el trasero de su hermano m¨¢s en¨¦rgicamente. Molesto por los empujones, Apolo continu¨® subiendo los escalones acerc¨¢ndose al final del pozo m¨¢gico. Mientras sub¨ªa, Apolo se dio cuenta de que al final del pozo pod¨ªa observarse una trampilla de metal id¨¦ntica a la que hab¨ªa en la entrada, aunque esta estaba cerrada, pese a que ellos la hab¨ªan dejado abierta. En primera instancia, al observar la trampilla cerrada, el ni?o pens¨® que los hab¨ªan enga?ado y los hab¨ªan dejado encerrados en este pozo m¨¢gico, pero por suerte Apolo observ¨® como a los costados de la trampilla pod¨ªan observarse unas l¨¢mparas oxidadas que el ni?o nunca antes hab¨ªa visto, por lo que todo parecer¨ªa indicar que esta era la otra salida del pozo m¨¢gico. Al llegar al final del pozo, el ni?o trat¨® de levantar la trampilla, pero de inmediato se dio cuenta de que hab¨ªa un gran problema: ?La trampilla estaba cerrada y no pod¨ªa abrirse! ¡ª?Qu¨¦ ocurre?¡ªPregunt¨® Homero con preocupaci¨®n Support the creativity of authors by visiting the original site for this novel and more. ¡ª?No se abre!¡ªGrit¨® Apolo golpeando violentamente la trampilla, no hab¨ªa nada m¨¢s frustrante que haberse fumado todo este viaje para tener que ver como la puerta de salida estaba cerrada. ¡ª?Deja de golpear la trampilla o romper¨¢s su cerradura, mocoso ignorante!¡ªChill¨® Homero con enojo con una voz bastante distorsionada, golpeando el trasero de Apolo. ¡ª?Trajiste la llave?¡ªPregunt¨® Apolo viendo los costados de la trampilla para ver si hab¨ªa alguna llave de repuesto escondida entre las l¨¢mparas oxidadas. ¡ª?Claro que traje la llave, d¨¦jame subir a abrir la trampilla!¡ªDijo Homero con confianza, aunque en realidad el ni?o estaba bastante nervioso y algunas gotas de sudor hab¨ªan comenzado a resbalar de su rostro, cayendo al vac¨ªo infinito del pozo sin fondo. ¡ª?C¨®mo planeas pasar por delante de m¨ª?, el pozo es demasiado angosto: dame la llave con cuidado y m¨¢s te vale que no se te caiga mientras me la pasas¡ªDijo Apolo estirando una de sus manos para abajo, esperando recibir la llave. ¡ªMmmm...¡ªSin embargo, Homero no deposit¨® ninguna llave en la mano de Apolo y se qued¨® mirando el rostro de su hermano mayor fijamente como si estuviera algo atontado, pensando c¨®mo pod¨ªa salir de este gigantesco problema sin mostrarle al ni?o que en realidad esto era un sue?o. Llegar a este punto le hab¨ªa tomado al ni?o enmascarado meses de investigaci¨®n y trabajo, pese a ello el esfuerzo dio sus frutos y finalmente hab¨ªa logrado encontrar la entrada del subconsciente de Helena con los restos de memoria que hab¨ªa en el anillo oxidado. Y la paciencia le hab¨ªa dado al ni?o enmascarado la oportunidad perfecta para ejecutar su plan: Apolo se hab¨ªa puesto tan borracho como para caer desmayado, provocando que este sue?o fuera lo suficientemente profundo como para que el joven no se diera cuenta de lo distorsionada que era esta ?realidad?. Sin embargo, el ni?o enmascarado no pod¨ªa arriesgarse a mandar todo su esfuerzo a la basura debido a la intromisi¨®n de Apolo, por lo que quer¨ªa mantener el sue?o lo m¨¢s cercano a la realidad y de tal manera evitar que Apolo logre ?despertar? al descubrir que esto en realidad era un sue?o. O al menos eso es lo que buscaba el ni?o enmascarado hasta que descubriera qu¨¦ secretos se escond¨ªan en el anillo oxidado y lograra terminar de plantar la semilla de la ?verdad? en el coraz¨®n de Apolo. Pese a ello, para descubrir la verdadera historia del anillo oxidado a¨²n hab¨ªa varias defensas que atravesar como esta molesta trampilla, las cuales en realidad para el ni?o enmascarado eran bastante simples de superar. El gran problema era atravesar todas las defensas de forma tal que Apolo no sea consciente de lo que hace y de tal manera todo este sue?o se quedar¨ªa grabado en el subconsciente del joven noble como una bomba que el ni?o enmascarado podr¨ªa hacer explotar en el momento oportuno. ¡ª??Trajiste la llave o no?!¡ªGrit¨® Apolo con bronca al ver como su hermano menor se quedaba congelado mir¨¢ndolo como un idiota. ¡ªS¨ª, s¨®lo estoy recordando donde la puse...¡ªSusurr¨® Homero con mucha calma, cerrando los ojos mientras abr¨ªa la boca de forma bastante ancha, inmediatamente un destello de luz sali¨® de su boca y como si fuera una granada flash, dej¨® segada la visi¨®n de Apolo moment¨¢neamente. Antes de que su hermano pudiera recuperar su visi¨®n, Homero apunt¨® con su dedo hacia la trampilla de metal y el mismo comenz¨® a estirarse violentamente hasta pasar el cuerpo de Apolo y meterse en la cerradura de la trampilla de metal, provocando que los bordes de la misma destellaran con una luz azulada. Sin perder un segundo, una llama azulada y muy fina surgi¨® en uno de los dedos del ni?o en la mano con el dedo agigantado. Sin mostrar duda alguna, Homero us¨® la llama azulada para cortarse el dedo alargado provocando que el mismo cayera y se perdiera en la oscuridad infinita del pozo sin fondo. ¡ª??Qu¨¦ tonter¨ªa hiciste, idiota?!¡ªSe quej¨® Apolo agarr¨¢ndose firmemente a la escalera mientras esperaba que su visi¨®n volviera a la normalidad. ¡ªNo ves las l¨¢mparas alrededor de la trampilla: ?Claramente son un ayuda memoria, la luz es la contrase?a para abrir esta trampilla!¡ªDijo Homero quemando el dedo cortado para evitar que saliera mucha sangre y que Apolo se diera cuenta de que por alg¨²n motivo misterioso hab¨ªa perdido el dedo. ¡ª??C¨®mo mierda la luz va a abrir una trampilla?!¡ªGrit¨® Apolo con enojo¡ªDe todas formas, ?No podr¨ªas al menos avisar qu¨¦ mierda har¨ªas? ?Casi suelto la escalera del susto! ¡ªNo tenemos mucho tiempo y en el peor de los casos caer¨ªas arriba m¨ªa, as¨ª que no te pasar¨ªa nada¡¡ªContest¨® Homero en voz baja tratando de tranquilizar a su hermano mayor¡ªCuando termines de quejarte, prueba a abrir la trampilla: estoy seguro de que mi idea funcion¨®. E108-Que facil Tras unos pocos minutos quej¨¢ndose, Apolo finalmente se recompuso y trat¨® de abrir la trampilla, para descubrir que impresionantemente la misma se abr¨ªa ante su intento dej¨¢ndolo completamente boquiabierto. ¡ª?Vez, te dije que la contrase?a era la luz!¡ªExclam¨® Homero con orgullo, empujando el trasero de su hermano para que se apurara a salir al exterior. Apolo no perdi¨® el tiempo y sali¨® del pozo para observar que se encontraba en el medio de una arboleda, aunque el ni?o nunca hab¨ªa visitado esta parte del bosque negro. El motivo por el cual Apolo no tard¨® en deducir eso era porque los ¨¢rboles que pod¨ªan verse en esta zona ten¨ªan corteza de diferentes colores y sus hojas no eran rojas, adem¨¢s el ni?o pod¨ªa ver una gigantesca torre circular en la distancia que le resultaba impresionantemente familiar. Homero sali¨® de la escalera y observ¨® con preocupaci¨®n la torre que pod¨ªa verse en la distancia, entendiendo de inmediato que la zona en cuesti¨®n pod¨ªa ser problem¨¢tica: ?Ya que los dos ni?os se encontraban ni m¨¢s ni menos que en el ministerio de magia! ¡ª?Por d¨®nde crees que escaparon Helena y la maga?¡ªPregunt¨® Apolo sacando la espada que hab¨ªa estado cargando en su espalda todo este tiempo. ¡ªEn la torre, ?d¨®nde m¨¢s van a estar?, no hay otro lugar llamativo en este bosque¡ªDijo Homero con preocupaci¨®n; sab¨ªa que no ser¨ªa f¨¢cil colarse en el ministerio siendo ni?os a no ser que forzara ¨¦l sue?o poniendo en riesgo la misi¨®n¡ª?Recuerdas que la maga dijo que se dirig¨ªan a hablar con los magos?, bueno probablemente ac¨¢ vivan los magos del imperio. ¡ª?Entonces no perdamos el tiempo, vamos por sus cabezas!¡ªRespondi¨® Apolo poni¨¦ndose en marcha. ¡ª?Espera, idiota!¡ªGrit¨® Homero enojado agarrando del hombro a su hermano, d¨¢ndolo vuelta para que le vea la cara, mientras h¨¢bilmente cerraba el pu?o en la mano que le faltaba un dedo para disimular el evidente problema¡ªTe acabo de decir que ac¨¢ viven los magos del imperio: es decir que estamos en la capital imperial, no puedes ir e interrumpir salvajemente en la torre donde viven los magos con una espada. ¡ª?Por qu¨¦ no?, los magos son d¨¦biles: ?Vamos, entramos, los matamos y regresamos con la cabeza de las traidoras!, ?qu¨¦ tan complicado puede ser?¡ªComent¨® Apolo sin entender las preocupaciones de su hermano menor. Homero r¨¢pidamente contest¨®, tratando de entrar en raz¨®n a su hermano: ¡ª?Est¨¢ lleno de guardias, idiota!, Quiero decir¡ podr¨ªa ser posible¡ No es como si estos guardias realmente supieran usar una espada, pero si entramos de esa manera no descubriremos por qu¨¦ la vieja Eco fue asesinada: tenemos que saber el motivo por el cual Helena decidi¨® traicionar a nuestra familia, ?No te parece? ¡ªS¨ª, la verdad me gustar¨ªa saber el motivo a m¨ª tambi¨¦n¡ªRespondi¨® Apolo aun con algo de confusi¨®n en su coraz¨®n por la traici¨®n de su amiga¡ª?Pero como planeas hacerlo?, no podemos ir y simplemente pedirle que nos dejen entrar a buscar a las traidoras. ¡ªClaro que podemos, somos nobles: ?Podemos hacer lo que queramos!¡ªRespondi¨® Homero preparando el terreno para lo que vendr¨ªa m¨¢s adelante. ¡ª?Entonces de verdad crees que si simplemente vamos y les decimos a los guardias que nos dejen espiar a una de las magas de esta torre van a aceptar?¡ªPregunt¨® Apolo mirando a su hermano menor como si fuera un idiota. ¡ªNo, los guardias no nos conocen, pero podemos ped¨ªrselo al ministro de magia¡ªRespondi¨® Homero notando que Apolo estaba empezando a dudar, sab¨ªa que ten¨ªa que complicar el plan lo suficiente hasta que el chico aceptara su propuesta como algo ?relativamente? l¨®gico. ¡ª??Pero el ministro de magia tampoco nos conoce?!¡ªRemarc¨® Apolo con un grito. ¡ªYa s¨¦, pero alguien tan importante debe ser noble al igual que nosotros y los nobles se tratan como pares frente a los plebeyos: ?As¨ª que el ministro decidir¨¢ ayudarnos!¡ªExplic¨® Homero ¡ªPodr¨ªa ser¡¡ªDijo Apolo no tan seguro del plan de su hermano menor¡ª?Pero c¨®mo nos vamos a reunir con el ministro? ¡ªPodr¨ªamos ir y preguntar, solo estamos pidiendo reunirnos con el encargado del lugar¡¡ªContest¨® Homero¡ª?Se te ocurre alguna forma de que podamos encontrarlo? ¡ª?Qu¨¦ tal si decimos que venimos para verificar una nueva m¨¢quina de guerra en desarrollo y que necesitamos ver al ministro para que nos lleve a revisarla?¡ªPregunt¨® Apolo creando una buena idea, una excelente idea: ?Si no fuera por el hecho de que son ni?os!. ¡ª?Dale, hagamos eso!¡ªExclam¨® Homero, sin dudas, el ni?o regordete ya sab¨ªa que todo saldr¨ªa bien mientras Apolo no dudara del motivo por el cual todo estaba saliendo bien. Reading on this site? This novel is published elsewhere. Support the author by seeking out the original. Siguiendo el plan, Apolo ocult¨® la espada en el bosque y se dirigi¨® hacia la gran torre en la distancia, tras caminar unos cuantos minutos los dos hermanos pudieron ver que en realidad hab¨ªa cuatro castillos pegados a la inmensa torre y que el ministerio de magia era mucho m¨¢s grande de lo que en realidad esperaban. Intuitivamente, Apolo eligi¨® el castillo donde se encontraba la oficina del ministro de magia para acercarse a preguntar la direcci¨®n donde se encontraba el ministro. Al acercarse al castillo, los dos ni?os pudieron ver a un ¨²nico guardia custodiando la entrada. Desde la otra perspectiva, el guardia vio c¨®mo dos ni?os vistiendo batas blancas y sudadas se acercaban al castillo, por lo que pens¨® que probablemente se tratara de dos ac¨®litos que se encontraban perdidos en el ministerio y andaban buscando a su maestro. ¡ªMucho gusto, chicos. ?C¨®mo puedo ayudarlos?¡ªPregunt¨® el guardia bastante predispuesto a ayudar a un par de ni?os perdidos. ¡ªVenimos a ver al ministro de magia: pap¨¢ me dijo que ten¨ªamos que hablar con ¨¦l para ver una m¨¢quina de guerra superpoderosa y secreta¡ªExplic¨® Apolo con suma torpeza sin decir lo m¨¢s importante: que eran nobles. ¡ªMmmmm¡¡ªEl guardia escuch¨® lo que le hab¨ªa dicho Apolo y cuestion¨® la salud mental del joven. Notando la mala mirada del guardia, Homero se acerc¨® y tom¨® la armadura del guardia mientras dec¨ªa: ¡ªNuestro abuelo es el emperador: ?Asnos caso o te castigar¨¢ y no podr¨¢s salir a explorar el bosque en los alrededores de este castillo! ¡ª?No, por favor!, me divierto mucho explorando el bosque: ?Ser¨ªa terrible que me castigaran de esa forma!¡ªExclam¨® el guardia con los ojos completamente carentes de brillo¡ªAcomp¨¢?enme, ?Los llevar¨¦ personalmente con el ministro para que puedan ver la gran m¨¢quina ultrasecreta y poderosa! Sin dudar de lo obvio, Apolo mir¨® con felicidad como el guardia cay¨® completamente en la trampa y proced¨ªa a entrar en el castillo indic¨¢ndole que lo siguiera. Con el guardia como gu¨ªa, los dos hermanos se adentraron en el castillo y subieron las escaleras hasta estar al frente de la oficina del ministro de magia. *Tock, Tock, Tock* El guardia toc¨® la puerta de la oficina, mientras los ni?os esperaban con impaciencia. ¡ªPase¡ªDijo alguien desde el otro lado, con una voz completamente carente de alegr¨ªa o actitud alguna. El guardia abri¨® la puerta mostrando un viejo mago vistiendo una toga negra tradicional muy similar a la que usaba Apolo. El mago era realmente viejo y todo su cuerpo era bastante esquel¨¦tico por lo que parec¨ªa que no le quedaba demasiado tiempo de vida. Por su parte, el rostro del mago no era para nada similar a un humano normal, ten¨ªa la boca completamente cocida, los ojos cosidos, y su nariz hab¨ªa sido reemplazada por dos tubos de metal. En cuanto a las orejas del mago, parecer¨ªan haber sido engrapadas y no ten¨ªa un solo rastro de pelo en su cabeza mostrando al descubierto una gran cantidad de cicatrices. ¡ª?Por qu¨¦ traes a dos ac¨®litos a mi oficina?¡ªPregunt¨® el mago, aunque en realidad ¨¦l no movi¨® la boca para hablar, sino que en su lugar habl¨® un gato negro que estaba moviendo la cola con curiosidad arriba del escritorio del ministro. ¡ª?Son los nietos del emperador!¡ªDijo el guardia pasando la puerta, empujando a los dos ni?os en la habitaci¨®n. ¡ª??Pero qu¨¦ tonter¨ªa est¨¢s diciendo?!, ?Desde cu¨¢ndo los nietos del emperador pueden caminar sin ayuda o tienen los anillos de los colosos del bosque negro en sus manos?¡ªPregunt¨® el ministro aunque en realidad ¨¦l no habl¨® y sus ojos estaban cosidos por lo que realmente ¨¦l no hab¨ªa visto a los ni?os. Si no que en su lugar el gato negro arriba del escritorio se encontraba apuntando con su patita a los anillos en las manos de los ni?os¡ª O m¨¢s importante a¨²n, ?C¨®mo es que terminaron estos dos ni?os en la capital? ¡ª?Venimos en una misi¨®n ultra-archi-mega secreta, en busca de una traidora y su maestra!¡ªExclam¨® Apolo con confianza absoluta. ¡ª?Qu¨¦ dijo este, mocoso?¡ªPregunt¨® el ministro aturdido por lo que le estaban contando, aunque su expresi¨®n no cambi¨®; sin embargo, el rostro del gato parec¨ªa estar enojado y su patita estaba sacando sus garras. ¡ªS¨ª, venimos en busca de una traidora, Helena, ella asesin¨® a una de nuestras criadas y venimos por su cabeza¡ªRespondi¨® Homero, acerc¨¢ndose algunos pasos al ministro. ¡ª?Su abuelo los mand¨® hasta la capital para vengar a una criada?¡ªPregunt¨® el Ministro con aturdimiento, mientras el gato hablaba por ¨¦l y se lam¨ªa su entrepierna pensativamente, entretanto el ministro pensaba que t¨¦cnicamente era posible que la gente del bosque negro haga semejante idiotez en vez de mandar una carta pidiendo sus cabezas. ¡ªS¨ª, ?ella es disc¨ªpula de una maga que vino a este ministerio hoy!¡ªDijo Apolo mientras miraba con curiosidad al gato chup¨¢ndose las pelotas en el escritorio, pregunt¨¢ndose si ¨¦l era el ministro o la persona en silencio era el ministro. ¡ªYa veo¡¡ªRespondi¨® el ministro pensativamente, mientras el gato dejaba de lamerse y miraba a los dos ni?os con curiosidad¡ª?C¨®mo se llama la maga que caus¨® problemas en el reino del bosque negro? ¡ªLo desconocemos, pero dijo que ven¨ªan a presentar a su disc¨ªpula Helena ante el concilio este d¨ªa¡ªRespondi¨® Homero, dando unos pasitos para atr¨¢s, al parecer el ministro estaba realmente dispuesto ayudarlos o al menos su tono indicaba eso. ¡ªOh, entonces la maga en cuesti¨®n tambi¨¦n se llama Helena, ya que solo hay una reuni¨®n programada con el concilio para este d¨ªa. El ministro le dir¨¢ a los guardias que la detengan y le entreguen su cabeza a ustedes dos¡ªRespondi¨® el gato con un tono diferente al que ven¨ªa hablando. Mientras el ministro se encontraba rompiendo su estado est¨¢tico para abrir los cajones de su escritorio, sacando los elementos necesarios para oficializar la orden. Tras escuchar el planteo, Homero con preocupaci¨®n corri¨® a detener al ministro y toc¨¢ndolo dijo: ¡ªPrimero queremos que nos lleve como invitados secretos a ver por qu¨¦ Helena quer¨ªa reunirse con el concilio: ?Queremos entender por qu¨¦ Helena nos traicion¨®! Inmediatamente, los ojos del gato perdieron su adorable brillo y moviendo la cola con m¨¢s felicidad que antes coment¨® alegremente: ¡ªOh, ?C¨®mo podr¨ªa negarme a la petici¨®n de dos ni?atos adorables?, le buscaremos unas t¨²nicas de magos para que puedan esconderse y colarse en la reuni¨®n del concilio. E109-La funciè´¸n ya comenzè´¸! Los dos ni?os fueron guiados por el director hasta una sala en donde se cambiaron la ropa para poder camuflarse como magos. Por suerte parecer¨ªa que el ministerio guardaba la ropa que se les hab¨ªa extraviado a otros magos dentro de una de las habitaciones del castillo, y al parecer hab¨ªa bastante ropa por lo que era probable que se haya ido acumulando con los a?os, ya que nadie pasaba a reclamar estas prendas de ropa y el ministerio no parec¨ªa dispuesto a tirarlas. Las prendas de este lugar eran muy viejas y algunas estaban llenas de polvo al punto que no pod¨ªan distinguirse, pero eso no les import¨® a los dos ni?os comprometidos con lograr encontrar la verdad tras la traici¨®n de Helena. Luego de cambiarse, los dos hermanos caminaron hacia la salida del castillo, vestidos con un par de t¨²nicas negras bastante viejas y llenas de agujeros de algunos insectos que hab¨ªan encontrado en estas prendas un manjar. Como otra medida de seguridad adicional, los ni?os decidieron esconder sus rostros con unos velos blancos que aparentemente hab¨ªan sido improvisados con sus batas, logrando as¨ª camuflar la mayor parte de su cuerpo, evitando que Helena pudiera distinguirlos cuando espiaran su presentaci¨®n ante el concilio. Al salir del castillo los ni?os fueron acompa?ados por el ministro de magia hasta la gran torre en medio del ministerio. En la puerta de la torre se hallaban cuatro guardias musculosos y apuestos, exhibiendo sus elegantes y brillantes armaduras de plata mientras custodiaban la entrada de la torre con una mirada llena de orgullo. Al ver venir al ministro los guardias no hicieron preguntas y lo dejaron entrar junto a los dos mini-magos. Tras entrar a la torre, Apolo observ¨® con asombro que el primer piso de la gigantesca torre no ten¨ªa ninguna pared en el medio de la estructura y parec¨ªa un gigantesco almac¨¦n lleno de cajas y frascos con objetos misteriosos muy coloridos. No obstante al parecer esta no era la habitaci¨®n que buscaban, por lo que el ministro se acerc¨® a una de las ¨²nicas dos puertas que hab¨ªa en la habitaci¨®n adem¨¢s de la entrada, tras abrirla revel¨® un pasillo con una gran escalera de caracol formada con pelda?os de piedra. La escalera de caracol serv¨ªa para subir a los pisos superiores, por lo que Apolo supuso que la otra puerta en el ?almac¨¦n? lo llevar¨ªa a la continuaci¨®n de la escalera de caracol, permitiendo ir a un piso inferior no visible desde el exterior. El ministro y los dos ni?os subieron las escaleras hasta encontrarse con una puerta al final de la subida. Manteniendo su fr¨ªo silencio, el ministro abri¨® la puerta mostrando un pasillo con otras dos puertas, adem¨¢s de la que acababa de ser abierta. Ignorando la gran puerta en el medio del pasillo que parec¨ªa esconder la habitaci¨®n perteneciente al segundo nivel de la torre, el ministro pas¨® por el pasillo hasta abrir la ¨²ltima puerta revelando la continuaci¨®n de la escalera de caracol. Apolo entendi¨® de inmediato que al parecer la torre ten¨ªa un dise?o bastante simple, pero funcional: La torre estaba rodeada por una gigantesca escalera de caracol pegada a las paredes y en el medio se hallaba siempre la habitaci¨®n principal de dicho nivel. Por lo cual no hab¨ªa complejos pasillos intermedios o habitaciones escondidas e inutilizables como sol¨ªa ocurrir en los castillos que rodeaban la torre, en donde las escaleras hab¨ªan sido colocadas con cierta aleatoriedad. Mostrando que los castillos fueron expandi¨¦ndose improvisadamente con el paso del tiempo en funci¨®n de la necesidad del ministerio de la ¨¦poca y no ten¨ªan la planificaci¨®n que ten¨ªa esta torre. A medida que fue subiendo los pelda?os, Apolo vio como el ministro de magia era saludado innumerable cantidad de veces cada vez que se cruzaba con alg¨²n desconocido pasando por las escaleras, pese a ello el ministro se manten¨ªa inexpresivo e ignoraba los saludos; sin embargo, el gato negro en su hombro agitaba la patita frente a cada saludo conformando al mago que emit¨ªa el saludo. Did you know this text is from a different site? Read the official version to support the creator. Finalmente, el mago dej¨® de subir m¨¢s pisos y abri¨® la puerta del medio del pasillo. Por la cantidad de pisos subidos, Apolo supuso que deb¨ªan estar en uno de los ¨²ltimos pisos de la torre, adem¨¢s el ni?o pod¨ªa ver todo el ministerio de magia desde las ventanas en las paredes de la torre. Por lo que en estos momentos los ni?os estaban realmente a una altura considerable. Lo cual era algo bastante dif¨ªcil de lograr en el imperio y de hecho Apolo sent¨ªa que esta era la primera vez que sub¨ªa a un edificio tan alto en su vida, por lo que miraba con bastante curiosidad lo peque?as que se ve¨ªan las personas que caminaban por el ministerio. Con la puerta abierta, Apolo se llev¨® la desagradable sorpresa de que a¨²n faltaban m¨¢s pasillos por recorrer, ya que lo ¨²nico que pod¨ªa verse del otro lado de la puerta del medio era un pasillo lleno de puertas. Lo m¨¢s destacable de este pasillo era que todo dentro del mismo parec¨ªa ser sumamente caro y hab¨ªa particular atenci¨®n al detalle est¨¦tico: Las paredes del pasillo estaban forradas con una alfombra roja de aspecto sumamente costoso y en el techo hab¨ªa unas l¨¢mparas de plata que iluminaban c¨¢lidamente toda la habitaci¨®n. Por otra parte, cada pocos pasos uno pod¨ªa ver alg¨²n mueble lleno de oro, esculturas complejas dispersas por los pasillos y cuadros que llenar¨ªan los ojos de cualquier individuo. Ciertamente, el ministerio de magia se hab¨ªa encargado de que este pasillo sorprendiera a cualquier nuevo visitante, hasta hab¨ªan colocado una lujosa alfombra azulada que se extend¨ªa desde el comienzo hasta el final del mismo. Inexpresivo como siempre, el ministro camin¨® por el pasillo hasta llegar a una de las puertas del lugar, la cual tras ser abierta revel¨® que escond¨ªa una escalera de caracol que asust¨® a los dos ni?os; ya horrorizados de tener que subir tantos escalones. No obstante, esta vez no tuvo que pasar ni m¨¢s de un minuto para que los ya cansados ni?os llegaran al final de la escalera, en donde los muchachitos pudieron observar una ¨²nica puerta bastante llamativa. La puerta era de madera amarillenta y todo parecer¨ªa normal hasta que uno notaba el gigantesco ojo cerrado en el medio de la puerta, el cual parec¨ªa bastante real, lo suficiente como para preguntarse si el ojo pod¨ªa abrir sus p¨¢rpados. Sin entender por qu¨¦ alguien colocar¨ªa semejante pelota en el medio de la puerta arruinando toda la belleza de la misma, los dos ni?os acompa?aron al ministro hasta la puerta. *Tock, tock* El ministro alz¨® la mano y toc¨® la puerta como si esperara que alguien le contestara del otro lado. Pero en lugar de recibir una respuesta, los p¨¢rpados del ojo en el medio de la puerta se abrieron de repente mostrando un gigantesco ojo de color rojo, el cual mir¨® con enojo al ministro y a los dos mini-magos que lo acompa?aban. Tras mirar a los intrusos, el ojo se abri¨® por la mitad mostrando una larga hilera de afilados dientes y una lengua que no paraba de manchar con saliva el suelo, mientras dec¨ªa con una voz formada por varias voces que parec¨ªan pertenecer a diferentes personas: ¡ª?La prueba ya comenz¨® y no se aceptan fisgones! ¡ª?Pero soy el ministro de magia y estos ni?os quieren ir a ver que ocurre adentro!¡ªRespondi¨® el gato arriba del ministro con enojo mostrando sus garras afiladas. ¡ª?Qui¨¦n?, Ah, s¨ª ya recuerdo, ?acaso eres el fantasma ese que se encarga de los tr¨¢mites?¡ªRespondi¨® el ojo de mala gana, mientras escup¨ªa un mont¨®n de saliva a la cara del ministro, provocando que la mitad del rostro inexpresivo del hombre se empapara del l¨ªquido transparente y espeso¡ª?Regresa cuando seas alguien! ¡ªPero mira lo lindo que son estos mini-magitos, c¨®mo vas a negarles una petici¨®n¡ªRespondi¨® el gato, mientras el ministro se limpiaba la saliva con su toga. Homero notando que la situaci¨®n no estaba resultando como lo hab¨ªa planeado, se acerc¨® a la puerta y la tom¨®, mientras se sacaba el velo de la cara y miraba suplicantemente a la puerta con ojos de cachorrito triste. ¡ªOh, pero qu¨¦ criaturirtas m¨¢s inocentes: ?Claro que pueden entrar a fisgonear a estos viejos moribundos!¡ªDijo el ojo mirando a los dos ni?os con ternura, acto seguido volvi¨® a unirse por la mitad y cerr¨® sus p¨¢rpados. Sin esperar, Homero procedi¨® a abrir la puerta mostrando que del otro lado se encontraba una habitaci¨®n muy bien decorada, con un par de sillones y una mesa llena de bebidas. Todo parec¨ªa indicar que la habitaci¨®n en realidad era un palco, dado que desde los sillones de la misma se pod¨ªa ver una mujer y una ni?a paradas arriba de un escenario en la distancia. E110-La maquina Al parecer la maestra de Helena qued¨® algo incomodada por el sonido de la puerta abri¨¦ndose, por lo que interrumpi¨® su presentaci¨®n y se qued¨® mirando al palco en donde tres personas acababan de llegar, provocando que el resto de miembros del concilio siguiera la mirada de la maga y miraran con extra?eza a las personas que hab¨ªan llegado tarde. Los dos ni?os notaron como las personas en el resto de los palcos dejaron de ver el escenario, para ver quienes se hab¨ªan metido en la habitaci¨®n. Sin dar explicaciones y sin perder el tiempo, el ministro de magia se acerc¨® al borde del palco y roz¨® con su mano un cristal que pod¨ªa verse arriba del borde, provocando que una pantalla negra apareciera en la ventana del palco. ¡ªBueno en principio ahora est¨¢n ocultos de las miradas ajenas y nadie puede escucharnos, a no ser que griten: ?Espero que logren sus objetivos, muchachos!¡ªExplic¨® el gato saltando del hombro del ministro, para colocarse arriba de uno de los sillones. Mientras que el ministro tambi¨¦n proced¨ªa a buscar asiento. Mientras los dos ni?os se buscaban un asiento, el resto de magos en los palcos miraron de forma aturdida el palco donde acababan de ver al ministro, pregunt¨¢ndose por qu¨¦ el ministro hab¨ªa interrumpido la presentaci¨®n y quienes eran las dos personitas que lo hab¨ªan acompa?ado vistiendo unas t¨²nicas negras demasiado grandes para su cuerpo. ¡ª?Ejem!, Helenita¡¡ªExclam¨® en voz alta uno de los magos en los palcos tratando de despertar a la maga que se hab¨ªa quedado congelada en el medio del escenario¡ª?Por qu¨¦ detienes tu gran explicaci¨®n?, ?recuerda que este es tu momento, hoy t¨² eres la protagonista y nosotros los espectadores!, ?as¨ª que vuelve a empezar ya mismo! De inmediato los chicos se dieron cuenta de que la mujer transpirando a m¨¢s no poder en el medio del escenario deb¨ªa ser la maestra de Helena, ya que la misma Helena estaba acompa?¨¢ndola en el escenario. Esta era la primera vez que Apolo pod¨ªa ver a la mujer que hab¨ªa escuchado en la cueva y al parecer era muy parecida a Helena: ten¨ªa el pelo rubio y los ojos claros, aunque carec¨ªan de brillo y en su esquel¨¦tico rostro pod¨ªan verse dos ojeras muy marcadas, adem¨¢s su piel era bastante p¨¢lida en comparaci¨®n de la ni?a, por lo que todo parec¨ªa indicar que la maestra de Helena estaba enferma y no le quedaba mucho tiempo de vida. Tomando coraje con las palabras de aliento, la mujer en el escenario retorn¨® la charla: ¡ªComo estaba explicando: el m¨¦todo de transfusi¨®n de mentes fue creado por el archimago Minos de pueblo blanco hace m¨¢s de 8000 a?os para¡ ¡ªEst¨¢ loca¡¡ªMurmur¨® Homero en voz muy baja, incr¨¦dulo de lo que estaba escuchando, mirando a su gran enemiga al lado de la mujer. Realmente ¨¦l tampoco sab¨ªa toda la historia y reci¨¦n ahora la estaba terminando de descubrir junto a Apolo, por lo cual estaba m¨¢s que impactado en conocer c¨®mo es que esa ni?a rubia termin¨® transform¨¢ndose en la plaga que deb¨ªa eliminar de la mente de Apolo. Sin embargo, escuchando el nombre del m¨¦todo, el ni?o enmascarado hab¨ªa logrado deducir todo lo que termin¨® ocurriendo a continuaci¨®n; pese a ello, deb¨ªa estar cien por ciento seguro de todo y reunir la mayor cantidad de informaci¨®n posible, por lo que el ni?o enmascarado sigui¨® observando con atenci¨®n c¨®mo los sucesos olvidados por el tiempo volv¨ªan a repetirse ante sus ojos. ¡ª?Incorrecto!, ?Pedazo de Ignorante, acaso no sabes que el archimago Minos nunca vivi¨® en pueblo blanco!¡ªGrit¨® uno de los magos en los palcos sin importarle lo que pensaran los dem¨¢s de su falta de modales. Y de hecho el resto de magos en los palcos parec¨ªan estar de acuerdo, o al menos su silencio los compromet¨ªa¡ªEl archimago Minos se suicid¨® hace 4000 a?os: ?Para aquel entonces no exist¨ªa ning¨²n pueblo blanco!. Justamente sus ac¨®litos fueron los que fundaron pueblo blanco en los alrededores de la torre en donde sus restos descansan, es por eso que el pueblo se llama pueblo blanco: ?Porque todos usaban t¨²nicas blancas! This book''s true home is on another platform. Check it out there for the real experience. ¡ªLo siento, gracias por corregirme¡¡ªDijo la mujer con una sonrisa bastante forzada en el rostro¡ªComo estaba mencionando: el m¨¦todo de transfusi¨®n de mentes fue creado para poder extender la vida de un mago, trasplantando la mente de uno en el cuerpo de alg¨²n individuo m¨¢s joven. Pero¡ ¡ªPero no se puede lograr borrar el subconsciente¡¡ªSusurr¨® en voz baja Homero, no obstante alguien hab¨ªa escuchado su murmullo involuntario y era ni m¨¢s ni menos que el gato del ministro de magia. Inmediatamente, el ministro de magia sali¨® de su trance y se volte¨® para mirar al ni?o regordete, su ojo se descosi¨® autom¨¢ticamente y mir¨® al ni?o con curiosidad. No obstante, en vez de revelar la informaci¨®n al resto de magos en el lugar, el ojo del ministro volvi¨® a cocerse r¨¢pidamente y se mantuvo en silencio: interesado por descubrir que estaba pasando realmente. ¡ª¡ por m¨¢s que tu mente cambie con la del anfitri¨®n, a¨²n persiste el subconsciente del individuo original, el cual es el causante de la tan conocida maldici¨®n de Minos¡ªAgreg¨® Helena con calma¡ªEl archimago Minos convivi¨® con esa maldici¨®n durante 4000 a?os gracias a que los poderes de su sangre le permit¨ªa solucionar el problema sin tener que preocuparse demasiado en perder su propia individualidad. Pero para el resto de nosotros esa alternativa no es posible¡ ¡ª?Y c¨®mo lograste solucionar ese problema, jovencita?¡ªPregunt¨® uno de los magos con calma, parec¨ªa estar bastante interesado en la respuesta de la joven. ¡ªPara ello utilizar¨¦ la siguiente maquinaria¡¡ªDijo Helena aplaudiendo. Al parecer la presentaci¨®n ya hab¨ªa sido preparada de antemano y el ministerio de magia dispon¨ªa de personal para ayudar al mago a presentar sus investigaciones, por lo que cuando el aplauso de Helena pudo escucharse, el piso del escenario se abri¨® y comenz¨® a mostrar como una m¨¢quina cubierta con una tela roja era subida al escenario. La m¨¢quina como tal era grande y ancha, al punto que ten¨ªa f¨¢cilmente dos veces la altura de la mujer; sin embargo, el escenario de madera de esta habitaci¨®n parec¨ªa poder soportar el peso de la misma. Cuando la m¨¢quina finalmente termin¨® de subir, Helena procedi¨® a acercarse para sacar la tela roja y desvelar la m¨¢quina oculta. ¡ª?Ja, ja, ja!¡ªComenz¨® a re¨ªr Homero como un man¨ªaco al ver la m¨¢quina en cuesti¨®n, asustando a Apolo y provocando la mirada curiosa del gato en el sill¨®n. ¡ªA m¨ª me parece bastante bonita¡¡ªComent¨® Apolo con la cara roja como un tomate, mirando la m¨¢quina en el escenario. La m¨¢quina era bastante compleja para describirla con una palabra, pero ten¨ªa varias partes f¨¢cilmente diferenciables: hab¨ªa dos sillones de cuero rojo los cuales ten¨ªan precintos y esposas por lo que parec¨ªan estar dise?ados para que el que se sentara no se escapara y esos sillones parec¨ªan estar pegados a un escritorio lleno de tubos con l¨ªquidos de diversos colores. Pero lo m¨¢s llamativo de la m¨¢quina se encontraba justo en el medio de los dos sillones y era una mu?eca de metal muy similar a un ser humano. La mu?eca como tal no ten¨ªa nada de ropa puesta, por lo que pod¨ªa verse el cuerpo desnudo de lo que aparentaba ser una ni?a, el cual no era seductivamente atractivo, pero s¨ª era est¨¦ticamente lindo. La mu?eca de metal estaba sentada en su propia silla y parec¨ªa estar dispuesta a escuchar a cualquier persona que se sentara en alguno de los dos sillones. Aunque hab¨ªa otra particularidad y era que la mu?eca ten¨ªa una gran caracter¨ªstica que llamar¨ªa la atenci¨®n de cualquier persona que la viera por primera vez y era que sus dos manos parec¨ªan usarse para acariciar el plumaje de un pato met¨¢lico que dorm¨ªa arriba de sus muslos. ¡ª?Podr¨ªa explicar la m¨¢quina, como funciona, que requiere y porque es necesaria para su investigaci¨®n, jovencita?¡ªVolvi¨® a preguntar el mago que hab¨ªa hablado antes, transmitiendo bastante tranquilidad, parec¨ªa querer evitar que la persona en el escenario se ponga nerviosa. E111-La llave de Pandora ¡ªLa m¨¢quina en cuesti¨®n se llama ?La llave de Pandora? y fue creada por¡¡ªComent¨® Helena con algo m¨¢s de confianza, motivada por c¨®mo la mirada de los magos en la habitaci¨®n se hab¨ªa tornado en una de curiosidad, abandonando su postura juiciosa. ¡ªApolo de los¡¡ªMurmur¨® Homero casi susurr¨¢ndose a s¨ª mismo con una sonrisa bastante amplia. Tornando el rostro del ministro de magia en una sonrisa amarga; sin embargo, la expresi¨®n desapareci¨® con la misma rapidez con la que se produjo, devolviendo su rostro al estado natural: sin emoci¨®n alguna. No obstante parecer¨ªa que s¨ª se produjo un cambio en el ministro, ya que el hombre dej¨® de prestarle atenci¨®n a la exposici¨®n y en su lugar mir¨® fijamente al escenario m¨¢s concentrado en sus propios pensamientos que en lo que ocurr¨ªa alrededor. ¡ª¡ y fue creada por Apolo de los bosques negros¡¡ªAgreg¨® Helena. ¡ª?C¨®mo?, ?Yo cre¨¦ esa m¨¢quina?¡ªPregunt¨® Apolo aturdido, perdiendo el sonrojo en su rostro. ¡ªClaro que no, pero debi¨® haberla creado alg¨²n familiar que tambi¨¦n se llamaba Apolo¡ªRespondi¨® Homero r¨¢pidamente. ¡ªQu¨¦ casualidad m¨¢s grande¡¡ªMurmur¨® Apolo sorprendido, mirando a la m¨¢quina con atenci¨®n. Helena sigui¨® explicando con calma mientras se paseaba alrededor de la m¨¢quina: ¡ª¡ La llave de Pandora fue creada para solucionar los problemas mentales de un individuo, permiti¨¦ndole al mago que la usa meterse en el subconsciente de la otra persona para modificar los pensamientos y los hechos vividos que traumaron al individuo a tratar. De tal forma de que el individuo termine percibiendo dichos problemas de otra forma m¨¢s positiva. ¡ªS¨ª, correcto, esa es su funci¨®n original¡ªDijo uno de los magos en los palcos, al parecer consciente de la existencia de dicha m¨¢quina m¨¢gica¡ªAhora expl¨ªquenos, ?c¨®mo es que planea utilizar esta m¨¢quina para solucionar la maldici¨®n de Minos?. ¡ªLa m¨¢quina fue modificada para destruir el subconsciente de una persona y de tal manera al aplicar el m¨¦todo de Minos s¨®lo tendr¨ªa que trasladar mi mente a un recipiente vac¨ªo¡ªContest¨® la mujer, provocando que la ni?a a su lado la mire con aturdimiento como si no pudiera procesar lo que su maestra acababa de decir ¡ªPero me dijiste que me dar¨ªas tu cuerpo y con ¨¦l podr¨ªa convertirme en una maga: ?No que me asesinar¨ªas!¡ªExclam¨® la ni?a con preocupaci¨®n. *Plaf, plaf* La maga aplaudi¨® dos veces provocando que dos guardias con armadura de plata entraran a la habitaci¨®n y tomaran a Helena. ¡ªMaestra, por favor no me haga esto, yo¡¡ªTrat¨® de suplicar la ni?a, pero los guardias le clavaron una jeringa, la cual provoc¨® que por m¨¢s que Helena moviera la boca ninguna palabra podr¨ªa ser emitida por ella. Mientras la ni?a lloraba sin hacer ruido alguno, los guardias la arrastraron y la colocaron en uno de los sillones de la m¨¢quina, amordaz¨¢ndola para asegurarse de que no pudiera escapar. Los magos en el recinto vieron toda la escena sin emitir juicio alguno, parec¨ªa que hab¨ªan visto tal escena demasiadas veces como para sentir empat¨ªa alguna por la pobre ni?a llorando desgarradoramente en el sill¨®n. ¡ªQu¨¦ pena¡¡ªDijo Homero limpi¨¢ndose las pocas l¨¢grimas que manchaban su antifaz, al ver como la ni?a suplicaba por ayuda al resto de magos en la sala con su mirada solo para ser ignorada. ¡ªRecuerda nunca sientas penas por un miserable traidor. Todos los traidores mueren de la misma manera: Traicionados¡ es lo que se merecen¡y lo que buscaron¡ªContest¨® Apolo con una crueldad impropia de un ni?o de su edad, no olvid¨¢ndose del motivo por el cual hab¨ªa venido a esta torre en primer lugar. Provocando que Homero dejara de llorar de forma demasiado abrupta como para pensar que sus l¨¢grimas hab¨ªan sido sinceras. ¡ªBien, ahora explique: ?C¨®mo logr¨® modificar la m¨¢quina?¡ªPregunt¨® uno de los magos en los palcos, parec¨ªa que todos los magos quer¨ªan preguntar lo mismo, por lo que sus espaldas se pusieron m¨¢s rectas y sus miradas m¨¢s atentas al escuchar la gran pregunta. ¡ªPara destruir el subconsciente de mi ac¨®lita, proceder¨¦ a corromperlo hasta que ella misma quiera autodestruirse, para ello tuve que realizar muchas modificaciones a la m¨¢quina, entre ellas¡¡ªRespondi¨® la mujer con calma ¡ª??C¨®mo lograra corromper la mente de la ni?a?!¡ªInterrumpi¨® Homero gritando en voz alta, haciendo que su voz retumbara por todo el escenario; sacando del aturdimiento al ministro, sorprendiendo a Apolo y a casi todos los magos presentes: al parecer a nadie ni siquiera se le hab¨ªa pasado por la cabeza que el ministro o uno de sus invitados se metiera en la exposici¨®n. Support the creativity of authors by visiting Royal Road for this novel and more. ¡ª?Conteste esa pregunta!¡ªInmediatamente, orden¨® uno de los magos en los palcos, tranquilizando los evidentes murmullos que pod¨ªan escucharse por toda la habitaci¨®n; al parecer los magos del concilio no toleraban la incumbencia del ministro en esta exposici¨®n, al fin y al cabo para ellos esto no era una cuesti¨®n burocr¨¢tica, era una cuesti¨®n netamente acad¨¦mica y protocolar. El t¨ªtulo de archimago era uno de los m¨¢s importantes honores que pod¨ªa recibir un mago y los magos del concilio no permitir¨ªan que un bur¨®crata lamebotas al emperador de turno manchara esta noble tradici¨®n. Pero si la pregunta era respaldada por otro de los magos del concilio ten¨ªa validez y no lastimaba su orgullo como magos. Helena obedeci¨® la orden y explic¨® con orgullo: ¡ªPara corromper la mente de m¨ª ac¨®lita y destruir su subconsciente usar¨¦ mi m¨¢s grande creaci¨®n, la cual me otorg¨® el mism¨ªsimo t¨ªtulo de mago de la codicia: ?El anillo de la codicia! Tras decir eso, la mujer se acerc¨® hasta su ac¨®lita llorando e ignorando cruelmente su mirada llena de s¨²plica, la maga procedi¨® a sacar el anillo de bronce oxidado de la mano de la ni?a y lo levant¨® al aire mostr¨¢ndoselo a todos los presentes con orgullo. ¡ª??Podr¨ªa recordarnos c¨®mo funciona su anillo?!¡ªGrit¨® Homero con la calma de un vagabundo y la confianza del hombre muerto, sorprendiendo nuevamente a Apolo y provocando que el ministro se tomara la cabeza con ambas manos; sin embargo, no parec¨ªa ser por verg¨¹enza, si no que su rostro demostraba que el ministro estaba completamente preocupado, incluso su gato hab¨ªa saltado del sill¨®n donde c¨®modamente observaba el escenario para consolarlo, subi¨¦ndose a sus muslos y rozando su cabeza contra su panza. ¡ªConteste esa pregunta y relaci¨®nela con la m¨¢quina, jovencita¡ªPregunt¨® uno de los magos con rapidez, evitando que volviera a llenarse de murmullos la habitaci¨®n y distrajeran a la protagonista de esta ceremonia. Lejos de estar intimidada por las interrupciones, la maga Helena se par¨® en el medio del escenario y mostrando un anillo con un orgullo que le inflaba completamente su pecho procedi¨® a explicar el anillo: ¡ªSer¨¢ un placer explicar mi asombroso invento: El anillo de la codicia. El mismo es capaz de corromper la mente de un individuo utilizando la codicia innata en cada persona, para generar dicha corrosi¨®n el anillo seduce al individuo para as¨ª lograr afectar sus prioridades b¨¢sicas y reemplazarlas por el objetivo de corrupci¨®n en cuesti¨®n: por ejemplo, si yo buscara asesinar a un individuo el anillo podr¨ªa ir creando necesidades poco usuales hasta que finalmente el corrompido siente una imperiosa necesidad por morir y se suicida. Otro ejemplo, si yo buscara el amor de un individuo el anillo podr¨ªa ir reemplazando las metas y objetivos de la persona corrompida reemplaz¨¢ndolas con el afecto hacia mi propia persona. En el caso de este experimento usar¨¦ el anillo para que el propio subconsciente de mi ac¨®lita me asista en su propia autodestrucci¨®n, mientras yo verifico el proceso empleando la m¨¢quina en la sala. ¡ªMmm¡¡ªMurmur¨® Homero reflexivamente mirando como la maga en el escenario proced¨ªa a colocar nuevamente el anillo de la codicia a la ni?a. Mientras esto ocurr¨ªa, el ni?o regordete pensaba profundamente, como si realmente tuviera dudas de lo que acababa de escuchar, tantas dudas que la sonrisa confiada hab¨ªa desaparecido completamente de su rostro infantil y ahora sus ojos miraban preocupadamente a la ni?a en el sill¨®n, cuestion¨¢ndose m¨¢s cosas de las que le gustar¨ªa cuestionarse en este momento. Todas estas dudas comenzaron cuando el ni?o escuch¨® que el anillo serv¨ªa para provocar que la ac¨®lita se autoasista en su propia destrucci¨®n, al parecer el ni?o enmascarado estaba dudando y pensando que tal vez eso fuera posible. Pero el ni?o enmascarado tambi¨¦n sab¨ªa que todas estas dudas poco importaban, puesto que lo que realmente ocurri¨® este fat¨ªdico d¨ªa ser¨ªa conocido en los siguientes minutos. Acto seguido, la maga en el escenario vio la mirada silenciosa de todos los magos del concilio que al parecer ya no ten¨ªan preguntas: hab¨ªan comprendido el m¨¦todo superficialmente y como todas las pruebas que daban el t¨ªtulo de archimago, los magos del concilio hab¨ªan aceptado que el ¨²nico que realmente pod¨ªa comprender a fondo el verdadero sistema por el cual uno lograba alargar su vida era el futuro archimago en cuesti¨®n. A los magos del concilio les resultar¨ªa imposible utilizar el anillo de la codicia de Helena sin haber malgastado gran parte de su vida tratando de replicar la investigaci¨®n de Helena, teniendo un riesgo de falla alt¨ªsimo puesto nunca podr¨ªan pensar exactamente igual que Helena y mucho menos podr¨ªan tener sus mismas motivaciones e inspiraciones para lograr el ¨¦xito. No obstante, los magos del concilio no parec¨ªan desilusionados, ni tampoco emocionados: todos en la sala eran conscientes de que si realmente existiera un m¨¦todo para lograr la inmortalidad replicable, el mismo se hubiera industrializado y vendido en masa hace mucho tiempo. Y de hecho, ya hab¨ªan archimagos que lograron eso en el pasado, pero solo con productos que alargaban la vida de uno hasta cierto l¨ªmite, no muy diferentes a la prolongaci¨®n de vida que la medicina de un buen doctor podr¨ªa darte haci¨¦ndote evitar las enfermedades, por eso nadie en la habitaci¨®n esperaba que un m¨¦todo de inmortalidad casi perfecta como el m¨¦todo de Minos, pudiera ser replicado por todo el mundo. En cierto sentido las condiciones exageradas de Helena daban validez a su planteo, por m¨¢s que para los magos de esta habitaci¨®n esas condiciones eran inentendibles, o mejor dicho: Inaplicables. Aunque esa validez solo durar¨ªa hasta que el experimento se llevara a cabo y los resultados reales fueran comprobados por los ojos de todos los presentes. E112-Fin del Expectaculo Tras comprender que finalmente el gran momento hab¨ªa llegado, la maga Helena procedi¨® a sentarse en el sill¨®n que a¨²n estaba libre en la m¨¢quina. Al sentarse la maga observ¨® c¨®mo los precintos y esposas en el sill¨®n la ataban por s¨ª mismos como si tuvieran vida propia, mientras su disc¨ªpula la miraba como tratando de buscar la ¨²ltima gota de compasi¨®n de la maga; sin embargo, ni una pizca de compasi¨®n pod¨ªa observarse en el rostro de la mujer. Cuando los dos sillones quedaron ocupados, la mu?eca de metal en el medio de la m¨¢quina comenz¨® a estirarse como si despertara tras un largo sue?o, mientras dec¨ªa las siguientes palabras con una voz angelical con el poder de mover las emociones de todos los presentes: ¡ªAl parecer tenemos muchos espectadores como la ¨²ltima vez que vine a este gran escenario, pero al parecer son muy pocos los rostros que lograron sobrevivir al paso del tiempo y el ¨²nico rostro que deseaba ver al parecer ya no se encuentra entre los presentes¡ ¡ª?C¨¢llate e inicia de una vez, m¨¦teme en la cabeza de mi ac¨®lita!¡ªGrit¨® la maga Helena preocupada porque la m¨¢quina no arrancara inmediatamente, la ¨²ltima vez que la prob¨® todo parec¨ªa funcionar bien y la m¨¢quina no se hab¨ªa puesto a hablarle a nadie. ¡ªQue impaciente, pero espero que puedas ayudar a la ni?a a solucionar sus problemas¡¡ªRespondi¨® la m¨¢quina, cerrando sus ojos. Coordinadamente, la mujer y la ni?a cerraron los ojos junto a la mu?eca y sus cuerpos comenzaron a temblar vigorosamente, mientras que los tubos con l¨ªquidos coloridos en la m¨¢quina comenzaban a agotarse. El proceso como tal fue incre¨ªblemente r¨¢pido y en unos pocos minutos la mujer y la ni?a volvieron abrir los ojos coordinadamente junto a la mu?eca. No obstante los ojos de la mujer parec¨ªan m¨¢s vivos que nunca, mientras que la ni?a miraba a la nada misma sin emitir emoci¨®n alguna. Por su parte la mu?eca hab¨ªa vuelto a quedarse completamente inm¨®vil como siempre lo hab¨ªa estado antes de hablar. Los precintos y esposas que ataban a la mujer comenzaron a desajustarse y permitieron que la misma se levantara para inspeccionar con cuidado la falta de reacci¨®n de la ni?a. Tras una cuidadosa verificaci¨®n que llev¨® su tiempo, la maga Helena concluy¨® que al igual que la otra vez hab¨ªa tenido ¨¦xito en destruir el subconsciente de su ac¨®lita, lo ¨²ltimo que faltaba era el ¨²ltimo paso y a su vez el m¨¢s delicado: llevar adelante el m¨¦todo de Minos y trasplantar su mente en el recipiente vac¨ªo que acaba de crear. *Plaf, plaf, plaf* La maga Helena aplaudi¨® tres veces, provocando que un guardia con armadura plateada se acercara con lo que parec¨ªa ser una caja de madera colocada con bastante cuidado arriba de un almohad¨®n rojo. ¡ªBuena suerte, jovencita, espero que nos sorprenda a todos y tenga ¨¦xito¡ªComent¨® uno de los magos en el palco al ver la caja en cuesti¨®n, parec¨ªa que muchos en la sala ya sab¨ªan qu¨¦ hab¨ªa adentro de ella. Helena respondi¨® con una sonrisa amigable y abri¨® la caja mostrando que en su interior hab¨ªa dos babosas fluorescentes movi¨¦ndose de un lugar a otro en el interior de la caja que estaba completamente llena de un l¨ªquido espeso y pegajoso de color azulado. Helena tom¨® una de las babosas y la coloc¨® sobre la oreja de su ac¨®lita provocando que la babosa se deslizara instintivamente hacia su interior. Acto seguido, la mujer tom¨® la otra babosa y la coloc¨® sobre su o¨ªdo provocando que la misma se metiera por el mismo, no pas¨® m¨¢s de un minuto y el cuerpo de la mujer cay¨® desparramado sobre el suelo del escenario. *?Agggggg!* Grit¨® violentamente la ni?a retorci¨¦ndose del dolor en el sill¨®n mientras sus ojos iban de un lugar a otro y las expresiones en su rostro cambiaban constantemente. ¡ªOtro intento, otro fracaso, qu¨¦ gran p¨¦rdida de tiempo...¡ªDijo uno de los magos del concilio sin mostrar compasi¨®n alguna, algunos incluso dejaron de ver inmediatamente y se retiraron de sus palcos, comprendiendo que su tarea como testigos ya hab¨ªa terminado. If you encounter this narrative on Amazon, note that it''s taken without the author''s consent. Report it. ¡ªEl que busca el cielo, debe conocer el infierno y el tiempo todo lo soluciona, incluso este infierno: No todo est¨¢ perdido, Helenita¡¡ªDijo uno de los magos, al parecer el hombre era uno de los pocos tocados por el fracaso de la maga. No obstante, los ni?os no pudieron curiosear para ver qui¨¦n era, ya que la voz provino del palco que se encontraba exactamente arriba suyo. ¡ªParece que ya lograron obtener lo que quer¨ªan¡ªExclam¨® el gato en los muslos del ministro, pero ya no mov¨ªa la cola de un lugar a otro con felicidad y parec¨ªa algo deprimido. ¡ªNo, aun Helena sigue viva y tenemos que buscar su cabeza, ?por qu¨¦ dijeron que era un fracaso?¡ªPregunt¨® Apolo escuchando los gritos llenos de dolor proviniendo de Helena, pese a su corta edad, gracias a las explicaciones sencillas de la maga el joven hab¨ªa logrado comprender un poco lo que hab¨ªa ocurrido aunque algunas partes aun las desconoc¨ªa. ¡ªMe temo que Helena muri¨®, lo que est¨¢ arriba del escenario es nada m¨¢s y nada menos que una mezcla incompleta entre ambas personas, al parecer el subconsciente de la ni?a no pudo ser borrado aunque me temo que el ¨²nico que sabe lo que realmente ocurri¨® es tu hermanito¡ªDijo el gato mirando a Homero con curiosidad. Provocando que el rostro del ni?o regordete se distorsionara completamente y mirara incr¨¦dulo al inexpresivo ministro, temiendo que realmente pudiera ser posible lo que estaba pensando. ¡ª?T¨² sabes por qu¨¦ fall¨® la maga, Homero?¡ªPregunt¨® Apolo con aturdimiento. ¡ªNo se llama Homero, en realidad su nombre es¡¡ªRespondi¨® el gato del ministro de inmediato. ¡ªApolo de ...¡ªMurmur¨® Homero viendo fijamente al ministro ¡ª... su nombre es Apolo de los bosques negros¡ªRespondi¨® el gato del ministro sin mostrar ning¨²n cambio aparente. ¡ªNo gatito, yo soy Apolo, el gordito es Homero¡ªRespondi¨® Apolo infantilmente. ¡ªMe temo que no es as¨ª; si bien es il¨®gico que esta persona no sea Homero, lo cierto es que un recuerdo no tiene en la naturaleza del mismo por qu¨¦ ser l¨®gico o exacto¡ªComent¨® el gato del ministro, sorprendiendo a Homero, incr¨¦dulo de que el ministro pudiera deducir que esto no era la realidad. ¡ª?Eh?¡ªPregunt¨® Apolo sin entender qu¨¦ le acababan de decir. ¡ª?Mmmm!¡ªEl gato trat¨® de responder, pero para sorpresa de los dos hermanos su boca comenz¨® a cocerse por s¨ª sola con los pelos alrededor de su boca. Mientras los ni?os miraban la perturbadora escena, los labios del ministro comenzaron a descoserse y con una voz completamente impropia de un humano coment¨®: ¡ªEse no es mi gato, la persona que te est¨¢ hablando es la que te est¨¢ enga?ando, ni?o, est¨¢s en un recuerdo y en uno falso. Yo ya mor¨ª hace tiempo o mejor dicho fui asesinado por¡ Deo y Thais. Lamentablemente, ellos se enteraron de que logre descubrir la verdad acerca de la epidemia de la peste azul que est¨¢ azotando la ciudad anillo. No obstante, todo eso a¨²n no ocurri¨®, pese a que ocurrir¨¢ en el futuro. Me temo que este recuerdo no me pertenece y no le pertenece a nadie en realidad, ya que solo soy un producto de la imaginaci¨®n de Helena, sino podr¨ªa mostrarte la realidad que yo mismo he visto con mis propios ojos. Pero no todo est¨¢ perdido, como bien escuchaste: el que busca el cielo debe conocer el infierno y si sobrevives al mismo debes prometerme que le dir¨¢s la verdad al emperador, el imperio debe conocer que est¨¢ bajo ataque. Apolo quiso decirle al viejo que no entend¨ªa qu¨¦ estaba diciendo, pero antes de que pudiera abrir la boca observ¨® como su hermano corr¨ªa hacia ¨¦l y sin un solo comentario lo lanzaba despiadadamente por la ventana del palco hacia el piso del escenario. ¡ª?Que hiciste, idiota!¡ªMaldijo el ministro de magia. ¡ªT¨² eres el idiota, esa informaci¨®n solo terminar¨ªa matando a mi hermano. ?Acaso de verdad cre¨ªas que iba a dejar que lo uses?, ?que sean otros tarados los que se mueran por este imperio de mierda!¡ªGrit¨® el ni?o regordete mirando de mala gana al ministro de magia. ¡ª?¨¦l tambi¨¦n vive en el imperio!¡ªRespondi¨® el ministro de magia de inmediato. ¡ªS¨ª, y a nuestra familia no nos afecta la peste azul, as¨ª que el muchacho vivir¨¢ contentamente entre los cad¨¢veres: feliz, en la ignorancia de nunca recordarte¡¡ªRespondi¨® cruelmente el ni?o regordete. Mientras la discusi¨®n se desarrollaba, Apolo cay¨® del palco mirando el rostro aturdido de todos los magos presentes que lo miraban sin comprender que estaba ocurriendo y sin la capacidad de reaccionar ante el evento que estaban presenciando. *Splash* Sin darle el tiempo de comprender que su mism¨ªsimo hermano menor lo hab¨ªa asesinado, el ni?o cay¨® sobre el duro suelo de piedra, rompi¨¦ndose la cabeza en mil pedazos de forma completamente exagerada como si se tratase de una sand¨ªa. E113-La tragedia Apolo abri¨® los ojos de golpe y mir¨® con aturdimiento la mesa llena de sobras de comida tirada por todos lados. Con una mueca de incomodidad producto de un anormalmente fuerte dolor de cabeza, el joven se levant¨® de la silla en donde estaba sentado para darse cuenta de que se encontraba completamente desnudo. ¡ª?Qui¨¦n fue el demente que se atrevi¨® a desnudarme mientras dorm¨ªa?¡¡ªMurmur¨® Apolo en voz baja tom¨¢ndose la cabeza, no recordaba haber tenido resaca nunca en su vida, pero al parecer este d¨ªa era la gran excepci¨®n a la regla. Mirando para los costados, Apolo descubri¨® que toda la habitaci¨®n era un desastre, hab¨ªa comida por el piso, barriles por todos lados, el olor a pis era incre¨ªblemente fuerte e incluso el joven pod¨ªa sentir el olor a excremento de alg¨²n malnacido que us¨® las plantas como ba?o personal provocando que las pobres e inocentes plantas se marchitaran. ¡ªQu¨¦ borrachos inmundos contrat¨¦ como criados¡¡ªSe quej¨® Apolo sintiendo n¨¢useas debido al olor asqueroso que hab¨ªa en la habitaci¨®n; realmente el olor era intolerable, incluso para alguien como ¨¦l que estuvo toqueteando cad¨¢veres podridos m¨¢s de la cuenta. Con esfuerzo, Apolo camin¨® hasta la puerta en busca de tomar un poco de aire fresco, pero en el camino se cruz¨® con un borracho que estaba durmiendo abajo de una mesa llena de macetas con plantas, dejando completamente congelado al joven noble. Apolo solo pod¨ªa ver la pierna del hombre, sin embargo, por la falta de pantalones dedujo al instante que el muy malnacido tambi¨¦n se encontraba desnudo. En busca de lograr sacar el nombre del infeliz que se puso a desnudarlos mientras dorm¨ªan, Apolo tir¨® de la pierna del borracho para sacarlo de debajo de la mesa y despertarle. Fue entonces cuando la expresi¨®n de molestia en el rostro del joven noble se convirti¨® en una de terror porque descubri¨® que la piel del hombre desnudo estaba seca como una pasa de uva. Al ver tal extra?eza, Apolo abofete¨® al hombre de inmediato en busca de hacerlo reaccionar, pero el hombre reseco no se despertaba. Con las manos temblorosas, el joven coloc¨® sus dedos en el cuello del hombre percat¨¢ndose de la cruel verdad: ?Estaba muerto!. ¡ª?Qu¨¦ mierda ocurri¨® anoche, yo lo mat¨¦?, pero su piel parece quemada y no envejeci¨®. Esto no puede haber sido mi culpa¡¡ªMurmur¨® Apolo desconcertado mirando el cad¨¢ver con preocupaci¨®n, fue entonces cuando los ojos del joven se abrieron como platos; hab¨ªa recordado algo de vital importancia: ?Zoe tambi¨¦n estaba en la fiesta! ¡ª?Zoe!, ?aparece, Zoe!¡ªGrit¨® Apolo desesperadamente como si se hubiera dado cuenta de que le secuestraron a un hijo. Sin embargo, la criatura no aparec¨ªa, poniendo nervioso al joven noble. Preocupado por la falta de respuesta, Apolo corri¨® violentamente hacia la puerta principal, observando con horror como cada vez aparec¨ªan m¨¢s y m¨¢s criados tirados desnudos en el suelo a medida que se acercaba a la puerta. Todos los criados parec¨ªan estar en el mismo estado: con la piel rosada y reseca como si los hubieran quemado lentamente hasta la muerte y hubieran perdido toda el agua de su cuerpo. ¡ª?Zoe!, ?aparece de una buena vez por el amor de mis ancestros!¡ªGrit¨® Apolo desesperadamente mientras algunas l¨¢grimas comenzaban a salir de su rostro, No obstante, por m¨¢s que gritara la criatura no aparec¨ªa por ning¨²n lado. A estas alturas Apolo tem¨ªa lo peor: su preciado Gururi anciano hab¨ªa muerto junto a los criados. Finalmente, el joven lleg¨® hasta la puerta y trat¨® de abrirla, pero en su lugar ¨²nicamente logr¨® chocar su rostro contra la puerta, d¨¢ndose cuenta de que la misma estaba cerrada con llave. Solo hab¨ªa una ¨²nica llave maestra para abrir o cerrar absolutamente todas las puertas de la mansi¨®n, por lo que sumergido en un estado de desesperaci¨®n absoluta, Apolo busc¨® el bast¨®n dorado por su cuerpo, pero entonces el joven se record¨® a s¨ª mismo que estaba completamente desnudo. Como si una chispa llena de esperanza se prendiera en su coraz¨®n, los ojos del joven brillaron de repente: ?Hab¨ªa recordado algo importante!. Apolo corri¨® desesperadamente hasta la mesa donde hab¨ªa estado bebiendo y comiendo anoche como si en la misma se encontrara su ¨²ltima esperanza, para observar que su toga negra estaba tirada en el suelo justo debajo de la mesa en donde se encontraba la silla en donde hab¨ªa despertado. Sin perder el tiempo y conteniendo su desesperaci¨®n, Apolo trat¨® de ponerse la toga apuradamente, logrando pon¨¦rsela de forma desprolija. Acto seguido, el joven cerr¨® los ojos como si temiera ver el resultado de lo que estaba a punto de hacer y grit¨® con todo su pulm¨®n: If you encounter this tale on Amazon, note that it''s taken without the author''s consent. Report it. ¡ª?Zoe!, ?ven ac¨¢ inmediatamente! ¡ª?Tiene mal puesta la ropa, se?or!¡ªComent¨® Zoe desde atr¨¢s de Apolo. Apolo abri¨® los ojos y se dio la vuelta violentamente para observar c¨®mo el feto verde lo miraba con poco brillo en los ojos. Inmediatamente, las l¨¢grimas en el rostro de Apolo cayeron estrepitosamente, mientras el joven noble corr¨ªa y abrazaba a la peque?a criatura como si su hija secuestrada hubiera sido rescatada de los viles malhechores. Ignorando el f¨¦tido olor y la mucosidad que desprend¨ªa el cuerpo del Gururi, Apolo continu¨® abrazando a Zoe mientras lloraba en sus hombros chiquitos. ¡ª?Casi me muero, casi te pierdo, pero mis ancestros amablemente te protegieron de la c¨®lera del destino!, ?nunca m¨¢s me asustes de esta forma, peque?a fetito!¡ªGrit¨® Apolo desesperadamente mientras lloraba como nunca antes lo hab¨ªa hecho en su vida; terminando de comprender que el problema era que Zoe no hab¨ªa logrado reconocerlo sin la toga puesta; por desgracia los Gururis no eran precisamente las criaturas m¨¢s listas del mundo. ¡ªComo usted ordene, maestro¡ªDijo Zoe mientras algunos mocos sal¨ªan de los orificios de su nariz y manchaban a Apolo; aparentemente le gustaba ser abrazada. ¡ª?Qu¨¦ mierda ocurri¨® anoche, por qu¨¦ cerraste la puerta y d¨®nde est¨¢ mi bast¨®n?¡ªPregunt¨® Apolo inmediatamente, dejando de llorar de forma abrupta y poni¨¦ndose m¨¢s serio que nunca. ¡ªEllos robaron su bast¨®n y cerraron con llave la puerta para matarlos a todos, trate de que me dijeran donde lo escondieron, ?pero no me lo dijeron!¡ªChill¨® Zoe moviendo el bastoncito en su mano de un lugar a otro mientras hablaba. El bastoncito estaba manchado con una sustancia extra?a, pero Apolo pudo reconocer que era la sangre de los dos Gururis rosados ¡ªAs¨ª que esos malnacidos aprendieron a teletransportarse: ?Te atacaron?¡ªPregunt¨® Apolo inspeccionando el cuerpo de Zoe de arriba abajo, pero no parec¨ªa tener un solo rasgu?o. ¡ªS¨ª, pero yo ten¨ªa el todopoderoso bastoncito de mi lado, por lo que no pudieron conmigo¡ªChill¨® Zoe levantando el bastoncito con las dos manos arriba de su cabeza, mir¨¢ndolo como si se tratase de un arma milenaria. ¡ªMe alegro de que todav¨ªa sean demasiados idiotas para darse cuenta como abusar de tu confianza: ?Recuerda ser lista, Zoe, o te matar¨¢n!¡ªComent¨® Apolo, mirando la sala a su alrededor con sospecha, sinti¨¦ndose m¨¢s inseguro que nunca¡ª?D¨®nde est¨¢n los dos Gururis rosados? ¡ªLos volv¨ª a encerrar en su habitaci¨®n, Maestro¡ªRespondi¨® Zoe moviendo su bastoncito de forma triunfante. ¡ªQu¨¦ bueno, ?recuerdas c¨®mo es que mataron a todos los criados?, parecer¨ªa que los metieron en una olla de agua hirviendo hasta su muerte¡ªPregunt¨® Apolo, ignorando la pregunta de por qu¨¦ los Gururis rosados simplemente no se telestrasportaban nuevamente para escapar de la habitaci¨®n en donde Zoe los hab¨ªa encerrado. ¡ªCreo que murieron por la niebla, no lo s¨¦, lamentablemente uno de los Gururis rosados me distrajo, mientras el otro se encargaba de cerrar todas las puertas de esta habitaci¨®n, tard¨¦ demasiado en darme cuenta de su plan y cuando regres¨¦ not¨¦ que nadie respiraba excepto usted¡ªRespondi¨® Zoe inexpresivamente. Al parecer la Gururi estaba triste por lo que hab¨ªa sucedido, pero por desgracia su falta de emociones no ayudaba mucho a contar la historia. ¡ªQue miedo, si no fuera porque tolero mejor la temperatura que los dem¨¢s hubiera muerto...¡ªDijo Apolo notando el problema. Realmente el joven se entrenaba todos los d¨ªas aspirando polvo de cristales as¨ª que lo m¨¢s probable es que solo se sintiera un poco inc¨®modo con la niebla asesina. Pese a ello, lamentablemente Apolo no lo recordaba, ya que al parecer hab¨ªa bebido demasiado alcohol anoche y ten¨ªa unas cuantas lagunas mentales acerca de lo que ocurri¨® realmente¡ª?Nadie logr¨® sobrevivir? ¡ªTodos los criados est¨¢n muertos, me temo que la habitaci¨®n es un gigantesco laberinto de muebles y plantas; incluso sin la niebla podr¨ªa ser dif¨ªcil hallar la salida para los criados estando en un buen estado y ni hablar si estaban completamente borrachos¡ªRespondi¨® Zoe explicando el gran problema de que toda la fiesta saliera mal. Si la habitaci¨®n no hubiera estado hasta reventar de plantas y muebles colocados de forma aleatoria, al menos los criados que no se sent¨ªan a gusto podr¨ªan haberse escapado antes de que se cerraran las puertas de la habitaci¨®n, o en todo caso podr¨ªan haber regresado a informarle a Apolo la anormalidad de la situaci¨®n sin perderse en el medio de la niebla. ¡ª?Ni siquiera sobrevivi¨® mi primo?¡ªPregunt¨® Apolo con preocupaci¨®n, recordando que justo anoche estaban celebrando la fiesta de despedida de sus m¨¢s fieles criados. ¡ªMe temo que Mateo fue uno de los primeros en morir, se le cay¨® un mueble encima mientras trataba de forzar su paso hacia la salida, o al menos eso es lo que parece que ocurri¨®¡¡ªRespondi¨® Zoe de forma tan inexpresiva que en vez de ayudar a consolar a Apolo le termin¨® de amargar el alma. E114-Que tragedia? ¡ªQu¨¦ tragedia...¡ªMurmur¨® Apolo, pero h¨¢bilmente observ¨® que los ojos de Zoe estaban menos brillosos que de costumbre, por lo cual agreg¨® un poco m¨¢s en¨¦rgicamente: ¡ª?De todas formas, fue una excelente fiesta! ¡ª?Pero murieron todos!¡ªExclam¨® Zoe, al parecer estaba preocupada por el tema, pero no se atrev¨ªa a expresarlo de forma sincera. ¡ªPor eso mismo, fue una excelente fiesta de despedida: Nadie se escapa de mi casa, Zoe... nadie¡¡ªDijo Apolo con el tono m¨¢s fr¨ªo que de costumbre¡ª?Ahora mi primo, mi antiguo mayordomo y todos sus leales criados dormir¨¢n para toda la eternidad en las tierras de mi hermosa mansi¨®n!, ?todo ocurri¨® tal y como estaba planeado en mi plan maestro! ¡ª?Entonces tambi¨¦n fue su plan olvidarse su bast¨®n en la habitaci¨®n de los Gururis rosados?¡ªPregunt¨® Zoe con un ligero brillo en los ojos, al parecer m¨¢s contenta con la idea de que esto no fuera su culpa y en realidad todo fuera una elaborada conspiraci¨®n de su maestro. ¡ªOh¡¡ªMurmur¨® Apolo inconscientemente, recordando que efectivamente se hab¨ªa olvidado su bast¨®n en la habitaci¨®n de los Gururis rosados antes que iniciara la fiesta. Por lo cual las criaturas nunca se hab¨ªan teletransportado, sino que hab¨ªan escapado por su inoperancia y falta de precauci¨®n¡ªS¨ª¡ fue un plan muy delicado para mostrarte lo malvados que eran esos dos diablillos. ¡ª?Y tambi¨¦n fue su plan poner la m¨²sica alta y que los cristales de temperatura fallaran?¡ªPregunt¨® Zoe a¨²n m¨¢s emocionada ¡ªPor supuesto¡ todo fue parte de mi plan, Zoe.¡ªContest¨® Apolo tratando de actuar de forma consiguiente a sus palabras, pero no era muy bueno improvisando¡ªHiciste una grandiosa tarea en ejecutar tu parte correctamente, mi querida mayordomo ¡ª?Gracias, Maestro!¡ªExclam¨® Zoe con un poco de fluido saliendo de su boca similar a la saliva. ¡ªPor lo dem¨¢s, enc¨¢rgate de contratar nuevos criados y lleva todos los cad¨¢veres hacia la puerta de la mansi¨®n para que podamos enterrarlos en alguna parte de mi estancia¡ªOrden¨® Apolo, pero antes de irse de la habitaci¨®n record¨® que a¨²n le faltaba algo importante¡ªPor cierto, ?D¨®nde est¨¢ mi bast¨®n? ¡ª?Ac¨¢!¡ªDijo Zoe inclin¨¢ndose y haciendo aparecer el bast¨®n de la nada. Apolo vio el bast¨®n flotando en el aire delante de ¨¦l con aturdimiento, pregunt¨¢ndose por qu¨¦ Zoe simplemente no le hab¨ªa sacado a los Gururis rosados el bast¨®n con este truco de magia, pero si el joven hac¨ªa la pregunta la Gururi anciana se sentir¨ªa culpable y pondr¨ªa en duda el hecho de que todo esto era parte de un gran plan. Por lo que Apolo simplemente tom¨® el bast¨®n flotando con cuidado, record¨¢ndose no perderlo nunca m¨¢s; para estos Gururis el bast¨®n grande se hab¨ªa transformado en la corona de un rey y un rey no deb¨ªa andar sin corona frente a sus sirvientes. Viendo que Zoe hab¨ªa desaparecido para comenzar a cumplir las ¨®rdenes, Apolo sin sentir una pizca de pena por sus criados recientemente asesinados, tom¨® dos barriles de alcohol vac¨ªos en el suelo y los acerc¨® a la mesa llena de sobras de comida. Rompiendo la tapa de los barriles usando sus manos, el joven procedi¨® a ir poniendo en los barriles la comida que hab¨ªa sobrado de la fiesta. Tras unos minutos ambos barriles se llenaron con un revuelto de comida bastante asqueroso de ver, dado que Apolo no tuvo ni el m¨¢s m¨ªnimo cuidado al guardar la comida. Sin importarle la apariencia desagradable, el joven procedi¨® a volver a cerrar los barriles con sus tapas y carg¨¢ndolos en sus hombros se dirigi¨® hacia la habitaci¨®n en donde en principio deber¨ªan estar encerrados los dos Gururis rosados, aunque el joven no sab¨ªa exactamente d¨®nde los hab¨ªa encerrado Zoe. Tras llegar a la puerta de la habitaci¨®n donde viv¨ªan los Gururis rosados, Apolo se percat¨® de que la misma estaba cerrada con llave, sac¨¢ndole sus dudas iniciales. El joven noble procedi¨® a retirar la llave oculta en su bast¨®n para abrir la puerta, fij¨¢ndose de paso que por fortuna los Gururis rosados no hab¨ªan perdido la placa de metal que lo identificaba como un mago durante su ?aventura? nocturna. This tale has been unlawfully lifted from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. Al entrar por la puerta, Apolo observ¨® como la habitaci¨®n estaba incre¨ªblemente prolija. Los dos Gururis rosados se hab¨ªan encargado de acomodar los muebles en esta habitaci¨®n a su antojo y al parecer hab¨ªan aprovechado la oportunidad del escape para traer algunos muebles de las otras salas para acumularlos junto a sus otros ?tesoros? en esta habitaci¨®n. ¡ª?Maestro!¡ªGritaron los dos Gururis al un¨ªsono con una sonrisa amigable mientras sal¨ªan de sus escondites y corr¨ªan hacia la puerta. ¡ª?C¨®mo la pasaron anoche?, Zoe, me cont¨® que se escaparon¡ªDijo Apolo con una sonrisa anormalmente ancha. ¡ªNotamos que se hab¨ªa olvidado el gran bast¨®n y quisimos devolv¨¦rtelo, pero lamentablemente las puertas del gran sal¨®n estaban cerradas con llave¡ªContestaron los dos Gururis rosados al un¨ªsono; asustando un poco a Apolo, no parec¨ªan estar mintiendo y eso era malo: lo ¨²ltimo que quer¨ªa era vivir con dos grandes mentirosos¡ªLamentablemente Zoe se enter¨® de que ten¨ªamos el bast¨®n en nuestro poder y obviamente procedi¨® a rob¨¢rnoslo, intentamos proteger el bast¨®n de las codiciosas manos de Zoe; sin embargo, la malvada criatura logr¨® enga?arnos con sus extra?os trucos de magia, pero al parecer usted pudo arrebatarle el bast¨®n a la malvada Zoe, Maestro. ¡ªS¨ª, me lo dio Zoe¡¡ªMurmur¨® Apolo pensando si deb¨ªa forzar la mentira de estos dos y ver hasta cuando pod¨ªan seguir mintiendo¡ªZoe me cont¨® que le dieron el bast¨®n sin pelearse, me alegro, finalmente entendieron la lecci¨®n y aprendieron a convivir con ella. ¡ª?Jam¨¢s le dar¨ªamos el bast¨®n que es del maestro a esa vil criatura, luchamos con todas nuestras fuerzas, pero perdimos ante su magia!. Ella quer¨ªa conservar los dos bastones bajo su poder: ?As¨ª ser¨ªa invencible!. ?La traidora le minti¨®, Maestro!, ?Claro que no se lo dimos pac¨ªficamente: es peligrosa y est¨¢ usando una magia extra?a para seducirlo!. Probablemente ella quiere ganarse su confianza para robarles sus muebles: ?Nuestros muebles!. De seguro cuando not¨® que usted estaba buscando su bast¨®n Zoe se lo devolvi¨® pac¨ªficamente para enga?arlo y as¨ª ocultar sus verdaderas intenciones.¡ªExclamaron los dos Gururis al un¨ªsono poniendo sus dos manitos en sus dientes y temblando un poco, con un nivel de coordinaci¨®n que asustar¨ªa a cualquiera. ¡ª...¡ªApolo se qued¨® reflexionando un buen rato por qu¨¦ los Gururis no le hab¨ªan mentido en esta ocasi¨®n, pero si en la anterior; en principio estos dos Gururis eran tan expresivos como cualquier ser humano normal. Por lo tanto, era improbable que mintieran y que no se les notara, sobre todo si se consideraba que estas dos criaturas ten¨ªan la mentalidad y madurez de un par de ni?os peque?os. ¡ª?Pasa algo, Maestro?, lo veo algo preocupado¡ªPregunt¨® Nicol¨¢s con una preocupaci¨®n bastante exagerada si se ten¨ªa en cuenta que la persona delante de ¨¦l le hab¨ªa embocado una gran cantidad de bastonazos todos los d¨ªas, pero lo cierto es que el m¨¦todo de Apolo era m¨¢s complicado que solo moler sus mentes a bastonazos. La gran realidad es que Apolo estaba aplicando el mismo m¨¦todo de entrenamiento milenario que usaba su familia para entrenar a los j¨®venes en el arte de la guerra: las primeras sesiones dejar¨ªan bien visto los m¨¦todos de tortura de los dioses griegos de tal manera de lograr hacerle comprender al infante de que pasar¨ªa si perd¨ªa una batalla real, mientras que en las sesiones m¨¢s avanzadas se empezaba a dar peque?as recompensas a medida que ibas progresando en tu aprendizaje. Para Apolo esto era bastante normal: al fin y al cabo en su mente ning¨²n ni?o de 6 a?os se tomar¨ªa en serio la tarea de levantar una espada a no ser que pudiera ver las consecuencias de no saber utilizarla frente al enemigo equivocado y como en su familia un ni?o de 6 a?os pod¨ªa curarse utilizando ¨¢rboles, no era como si se les tuviera mucha piedad. ¡ª?Entonces ustedes dos realmente no cerraron la puerta de la habitaci¨®n de la fiesta?¡ªPregunt¨® Apolo mirando las expresiones de los dos Gururis rosas. ¡ªNo, estaban cerradas cuando llegamos...¡ªRespondi¨® Nicol¨¢s, sin mostrar ning¨²n signo de estar mintiendo. ¡ªBueno...¡ªComent¨® Apolo a¨²n m¨¢s preocupado, realmente este par de ?ni?os? lo estaban enga?ando¡ªLes traje regalos, por no haber matado a Zoe. Tras decir eso, Apolo destap¨® los dos barriles mostrando la pila de sobras de comida a los dos Gururis. Las dos criaturas no ocultaron la saliva que ca¨ªa de sus bocas, pero pacientemente esperaron a que Apolo les diera permiso para poder comer la comida. ¡ªPueden comer, pero despu¨¦s tendr¨¢n que contarme con m¨¢s detalles lo que ocurri¨® anoche¡ªDijo Apolo, alej¨¢ndose un poco de los barriles llenos de comida prediciendo el desastre que se avecinaba y sent¨¢ndose en el suelo apoyando su espalda en una de las paredes de la habitaci¨®n. E115-La mansion Inmediatamente, los dos Gururis saltaron arriba de la comida para devorarla, parec¨ªan que ten¨ªan un barril sin fondo como barriga dado que por m¨¢s que tragaran porci¨®n tras porci¨®n del popurr¨ª de comida en los barriles, las criaturas no mostraban signo alguno de estar llen¨¢ndose. Mientras esto ocurr¨ªa, Apolo meditaba con calma todo lo que hab¨ªa ocurrido anoche, preocupado porque sus Gururis lo hayan querido asesinar con un plan tan complejo siendo tan j¨®venes, pero al mismo tiempo con bastante dudas acerca de este mismo hecho, por ejemplo: ?C¨®mo sab¨ªan los Gururis que la niebla matar¨ªa a los criados?, si nunca hab¨ªan estado dentro de la habitaci¨®n y sus cuerpos no sent¨ªan la temperatura de igual forma en que lo har¨ªa un humano: desde sus perspectivas lo ¨²nico que estaban haciendo eran encerrar a un mont¨®n de borrachos. En segunda instancia ser¨ªa raro que nadie hubiera notado a los dos Gururis rosados caminando por la habitaci¨®n. Y por ¨²ltimo, las criaturas parec¨ªan desconocer el hecho de que mataron a todos los criados, ni siquiera mostraban un comportamiento un poco anormal cuando vinieron a saludarlo, por lo que parec¨ªan no tener entendimiento alguno de lo que hab¨ªan hecho estaba mal y Apolo llevaba un mes entero dici¨¦ndoles justamente que deb¨ªan convivir con los dem¨¢s criados; sin embargo, el joven se sent¨ªa bastante frustrado porque al parecer su esfuerzo no sirvi¨® de nada. Mientras las preguntas sin respuestas se desarrollaban en la mente del joven, Nicol¨¢s y Aquiles terminaron de devorar completamente los dos barriles de comida y se encontraban sentados en el suelo lami¨¦ndose sus deditos, esperando que Apolo dijera algo. ¡ª?Terminaron?¡ªPregunt¨® Apolo saliendo del trance anormalmente largo. ¡ª?S¨ª, maestro!¡ªRespondieron los dos Gururis al un¨ªsono. ¡ªMe alegro, ahora respondan esta pregunta nuevamente: ?Ustedes cerraron la puerta de la habitaci¨®n donde me encontraba festejando con los criados?¡ªPregunt¨® Apolo con seriedad. ¡ªNo, ya estaba cerrada cuando llegamos¡ªRespondi¨® Nicol¨¢s nuevamente. ¡ªBueno...¡ªComent¨® Apolo mirando fijamente como los Gururis se chupaban los dedos ignorando su mirada, no muy preocupados por su pregunta¡ªEntonces respondan: ?C¨®mo es que ustedes dos no cerraron la puerta?, si justamente ustedes dos eran los ¨²nicos que ten¨ªan la ¨²nica llave de toda la mansi¨®n en sus manos. ¡ªEl bicho verde tambi¨¦n puede cerrar la puerta con magia¡¡ªDijo Aquiles mirando fijamente a su hermano. ¡ªS¨ª, lo m¨¢s probable es que Zoe haya cerrado la puerta y nos inculp¨® a nosotros dos¡¡ªComent¨® Nicol¨¢s mordi¨¦ndose las u?as de las manos de forma nerviosa, mientras le devolv¨ªa una mirada preocupada al otro Gururi ¡ª?Lo hizo para deshacerse de nosotros y robarnos nuestros muebles!¡ªGritaron los dos Gururis al un¨ªsono en voz alta, como si hubieran llegado a una conclusi¨®n terror¨ªfica. ¡ªNo, por suerte eso no es posible¡¡ªMurmur¨® Apolo con m¨¢s dudas de las que le gustar¨ªa tener; en principio sab¨ªa que Zoe era terriblemente d¨®cil y a lo mucho se deprimir¨ªa, pero ser¨ªa complicado que lo atacara. Pese a ello los Gururis rosados ten¨ªan raz¨®n: la ¨²nica que pod¨ªa cerrar todas las puertas de la habitaci¨®n adem¨¢s de ellos dos era Zoe, por otra parte, lo cierto es que ella fue la que organiz¨® la fiesta, por tanto, tambi¨¦n podr¨ªa ser la principal responsable de que este ?asesinato? se llevara adelante. ¡ªClaro que es posible, mire todos los muebles que tenemos en nuestra c¨¢mara del tesoro: ?Ella los codicia!¡ªChill¨® Aquiles se?alando a los muebles de la habitaci¨®n con temor. ¡ªNo, a ella no le importan tus muebles¡¡ªDijo Apolo con cansancio, como si hubiera tenido esta charla un mill¨®n de veces, pero estos dos mocosos segu¨ªan haciendo o¨ªdos sordos a lo que dec¨ªa¡ªIgnoremos a Zoe por ahora, y en su lugar respondan: ?C¨®mo sab¨ªan en qu¨¦ habitaci¨®n me encontraba cuando escaparon? Unauthorized tale usage: if you spot this story on Amazon, report the violation. ¡ª?Nos lo dijo el viejo Winki!¡ªDijo Nicol¨¢s apuntando a un gran armario en la habitaci¨®n. ¡ª?Se los dijo el armario?¡ªPregunt¨® Apolo algo feliz por lo que estaba escuchando. ¡ªNo, no, Winki vive en el armario: ?En realidad es un caj¨®n!¡ªCorrigi¨® Aquiles, al ver c¨®mo el armario en la distancia temblaba por su cuenta como si tuviera vida propia. ¡ªQu¨¦ bueno, al parecer ya aprendieron a interactuar con los muebles, eso significa que est¨¢n a unas pocas semanas de finalmente madurar lo suficiente como para ser libres¡ªDijo Apolo con felicidad, aunque no le dur¨® mucho. Ya que se le ocurri¨® una buena idea y en su lugar pregunt¨®¡ª?Seg¨²n Winki quien fue el que cerr¨® la puerta de la habitaci¨®n donde est¨¢bamos festejando? ¡ª?Quieres que le preguntemos?¡ªPregunt¨® Aquiles no captando el mensaje. ¡ªS¨ª, ve y pide su opini¨®n: es una orden¡ªDijo Apolo se?alando al mueble. Aquiles y Nicol¨¢s se acercaron al armario y abrieron uno de sus cajones, para luego quedar mirando su interior en completo silencio por unos cuantos minutos. Finalmente, los dos dejaron de mirar al caj¨®n y volvieron a acomodar el mueble antes de regresar con la respuesta. ¡ªSeg¨²n Winki fueron los¡¡ªComenz¨® a decir Aquiles ¡ªFue Zoe, seg¨²n Winki, Zoe mat¨® a todos los criados y trat¨® de matarlo a usted, Maestro. ?A esa plaga hay que matarla a bastonazos!¡ªInterrumpi¨® Nicol¨¢s mirando al otro Gururi rosado de forma demasiado evidente. ¡ª?Ya escuch¨¦ a Aquiles hablar en plural, manga de idiota!¡ªGrit¨® Apolo embocando un bastonazo en la cabeza de Nicol¨¢s, pero en el fondo realmente estaba bastante feliz: esta vez hab¨ªa sido bastante f¨¢cil reconocer que estaban mintiendo. ¡ªPero en verdad fue Zoe¡¡ªDijo Aquiles apoyando el planteo del otro Gururi rosado. ¡ª?Vas a decirme la verdad, o voy a tener que sacarte la verdad?¡ªPregunt¨® Apolo mirando fijamente a Aquiles, chocando el pomo de oro de su bast¨®n contra su mano. ¡ªFueron¡ Zoe¡ Fue Zoe¡¡ªDijo Aquiles llorando desesperadamente, mientras miraba a los muebles de la habitaci¨®n con ternura como si se estuviera sacrificando para proteger a sus mejores amigos. ¡ªSi me dicen la verdad, les dar¨¦ un regalo¡¡ªDijo Apolo mirando a los muebles en la sala; sab¨ªa que no pod¨ªa amenazarlos con destruir los muebles o los muebles les corromper¨ªan la mente a sus Gururis y empezar¨ªan a buscar conspirar su muerte, por lo que era pr¨¢cticamente lo ¨²nico que no pod¨ªa hacerles a sus Gururis. En consecuencia, el joven se abstuvo de llevar adelante esa idea y se enfoc¨® en tratar de sobornarlos. ¡ªEs que no mentimos: ?Fue Zoe, Maestro!¡ªChill¨® Nicol¨¢s desde el suelo aun tom¨¢ndose su cabeza con dolor. ¡ªBueno, al parecer tendr¨¦ que darle las decoraciones de muebles a Zoe...¡ªMurmur¨® Apolo en voz baja levant¨¢ndose para caminar hacia la puerta, fingiendo tener intenciones de irse de la habitaci¨®n. Inmediatamente casi todos los muebles de la habitaci¨®n comenzaron a temblar, algunos incluso empezaron a abrir y cerrar sus puertas violentamente, provocando que Nicol¨¢s corriera a agarrar la toga de Apolo evitando que se escapara mientras suplicaba: ¡ªNo, no, denos esas decoraciones a nosotros dos: ?Les diremos la verdad, Maestro! ¡ªSon decoraciones muy bonitas, as¨ª que espero que no me vuelvas a mentir¡ªDijo Apolo tratando de ocultar la alegr¨ªa al ver c¨®mo su plan infantil hab¨ªa terminado funcionando. ¡ªSeg¨²n Winki fueron los que decoran los ata¨²des de la mazmorra: Esas decoraciones lo odian y hace tiempo est¨¢n pidiendo por toda la casa que lo maten a usted y a todos sus criados¡ªDijo Aquiles con felicidad completamente disonante con lo que estaba diciendo¡ªLa habitaci¨®n de los herederos al parecer tambi¨¦n lo odia, as¨ª que fue la principal responsable de llevar adelante el plan. ¡ªLa verdad es que eso no me suena muy realista¡¡ªRespondi¨® Apolo, pero inmediatamente vio c¨®mo el armario grande se abr¨ªa de repente, y el que deb¨ªa ser el caj¨®n llamado Winki se abr¨ªa con violencia, lanz¨¢ndole un zapato a su cabeza. ¡ª?Vez, Winki te est¨¢ diciendo la verdad!¡ªDijo Nicol¨¢s con felicidad; deseoso de ver las decoraciones prometidas. ¡ª?Me est¨¢s diciendo que mi mansi¨®n est¨¢ maldita?¡ªPregunt¨® Apolo sorprendido de que un mueble realmente le acababa de lanzar un zapato, su gran conocimiento acerca de los Gururis nunca le advirtieron de estos sucesos. ¡ª?La estancia siempre estuvo maldita!¡ªRespondi¨® Aquiles con felicidad¡ªPor eso la familia imperial vendi¨® la mansi¨®n, ?Si no por qu¨¦ lo habr¨ªa hecho? ¡ª??Hace cuando saben que esta casa est¨¢ maldita y por qu¨¦ nunca me lo dijeron?!¡ªGrit¨® Apolo con enojo. ¡ªHace¡unos pocos d¨ªas. A los muebles le divierte mucho rumorear acerca de lo que cuentan las habitaciones por lo que se les termin¨® escapando el tema¡ªRespondi¨® Aquiles mientras se limpiaba el sudor en su frente, al parecer estaba mintiendo descaradamente acerca de la cuesti¨®n. E116-Problemas y mas problemas ¡ª?Y los muebles saben como solucionar el asunto?¡ªPregunt¨® Apolo mirando a los muebles en la habitaci¨®n con cuidado, tratando de ver si alguno se mov¨ªa indicando que sab¨ªa algo, pero al parecer todos estaban bastante ?calladitos?. ¡ªSeg¨²n lo que hab¨ªan comentado los muebles: Ni las habitaciones saben como solucionarlo¡ªContest¨® Aquiles, mostrando que aparentemente hab¨ªa un orden jer¨¢rquico dentro del mundo que solo los Gururis en esta casa pod¨ªan apreciar. ¡ªBueno, no hay mucho que pueda hacer entonces. De todas formas no hay que preocuparse: mis ancestros me protegieron anoche y lo har¨¢n de nuevo ma?ana s¨ª algo llegara a ocurrir¡¡ªSe murmur¨® a s¨ª mismo Apolo tratando de convencerse de que todo estar¨ªa bien; en principio el joven noble llevaba viviendo en esta mansi¨®n casi dos a?os y nada demasiado extra?o hab¨ªa ocurrido. Aunque la gran realidad es que los criados mor¨ªan de peste azul con demasiada frecuencia como para no sospechar que algo raro estaba ocurriendo; sin embargo, para el despreocupado Apolo era imposible notar esto y el silencio hacia los problemas que iban surgiendo de su antiguo mayordomo Orrin no ayudaba a revelar el ?secreto? de la mansi¨®n. ¡ª?Nos ganamos las decoraciones?¡ªPregunt¨® Nicol¨¢s percat¨¢ndose de que su maestro se hab¨ªa puesto en modo reflexivo, alej¨¢ndose de la realidad. ¡ª?Eh?¡ S¨ª¡ Se las ganaron¡ªRespondi¨® Apolo saliendo del trance¡ªVayan hasta la puerta de la mansi¨®n: ah¨ª encontrar¨¢n sus decoraciones. Busquen alg¨²n lugar de la mansi¨®n para ir ?decorando? los muebles. No las traigan todas a esta habitaci¨®n y traten de cambiar esas decoraciones con otras pertenecientes a otros muebles. Divi¨¦rtanse y recuerden no meterse con Zoe. Si me entero de que se pelearon con Zoe mientras transportaban las decoraciones voy a sac¨¢rselas y regal¨¢rselas a ella. Como si hubieran agitado la bandera, los dos Gururis rosados comenzaron una carrera a la puerta de la mansi¨®n en busca de sus ?decoraciones?. Mientras tanto, Apolo con preocupaci¨®n les segu¨ªa la espalda, teniendo nula confianza en que estos dos fetos rosados no se pelear¨ªan con Zoe. Sin embargo, Apolo quer¨ªa apurar un poco las cosas y tratar de que estas dos criaturas finalmente empezaran a trabajar con Zoe y dejaran de tratar de matarla. Pero para ello, el joven necesitaba cederles cada vez m¨¢s libertades a los dos Gururis rosados, lo cual a su vez incrementaban el riesgo de que un accidente sucediera. Al llegar a la puerta de la mansi¨®n, el joven noble observ¨® la gran pila de cad¨¢veres amontonados en la puerta de su mansi¨®n, la mayor¨ªa de cad¨¢veres estaban completos y parec¨ªan que murieron por la niebla de agua calienta, no obstante era demasiada sospechosa la cantidad de criados cuyos cad¨¢veres indicaban que hab¨ªan muerto aplastados por alg¨²n mueble. Ver a casi 30 personas muertas amontonadas en la puerta de su casa disgustar¨ªa a cualquier persona. Pero en los ojos de Apolo solo lo estaba incomodando el detalle de que Zoe se hab¨ªa tomado la molestia de poner el cad¨¢ver de Orrin y Mateo separados del mont¨®n. Por lo cual el joven noble pod¨ªa ver directamente sus rostros, los cuales parec¨ªan estar mir¨¢ndolo fijamente como si estuvieran juzg¨¢ndolo como el gran responsable de que sus vidas terminaran de esta forma. ¡ªAs¨ª es la vida: criado naces y criado mueres: ?Por lo que no me miren con esos ojos y culpen a sus ancestros!¡ªExclam¨® Apolo mirando con enojo a los cad¨¢veres de los ¨²nicos criados a los cuales le conoc¨ªa el nombre. Unauthorized use of content: if you find this story on Amazon, report the violation. ¡ª?Pasa algo, maestro?¡ªPregunt¨® Aquiles algo asustado por el grito repentino. ¡ª?Ll¨¦vense a estos dos desafortunados lejos de mi vista inmediatamente y esc¨®ndanlos en un lugar en donde nunca m¨¢s tenga la desgracia de cruzarlos!¡ªGrit¨® Apolo con fuerza. Los dos Gururis rosados sintieron el enojo de su maestro y se apuraron para cargar los cad¨¢veres. Pese a ello, como no sab¨ªan muy bien c¨®mo usar su magia y los cad¨¢veres pesaban bastante, las criaturas tuvieron que trabajar los dos juntos para poder transportar a un ¨²nico cad¨¢ver a la vez, siendo el primero en recibir ese gran honor el cad¨¢ver de Orrin, el cual luc¨ªa menos pesado. Los dos Gururis tomaron de las piernas y los hombros al anciano y lo transportaron de regreso a la mansi¨®n. Mientras que Apolo paralizadamente miraba el rostro de Mateo, toda la parte inferior de su cuerpo se hab¨ªa transformado en una masa de carne molida, no obstante su cabeza estaba intacta y sus ojos sin vida juzgaban las decisiones de Apolo. ¡ª??Qu¨¦ esperabas?!, ??que te entierre en el cementerio?!¡ªGrit¨® Apolo acerc¨¢ndose al cad¨¢ver de Mateo, emboc¨¢ndole un bastonazo que mand¨® a volar las tripas de su panza por los aires¡ªClaro que no, para qu¨¦ me voy a molestar y voy a perder mi tiempo enterrando al bastardo de mi t¨ªo: ?Fue un error haberte tratado de ayudar en primer lugar! *Puff,puff,puff* Apolo con enojo sigui¨® levantando y bajando su bast¨®n para golpear el cad¨¢ver de Mateo, buscando que el rostro del hombre quede lo suficientemente desfigurado como para que sus ojos dejaran de juzgarlo por sus acciones, mientras gritaba con furia: ¡ª?Un error que me cost¨® car¨ªsimo, que me hizo perder valiosos d¨ªas que deb¨ª haber aprovechado en m¨ª mismo!. Si mi t¨ªo o tu madre realmente te quisieran te habr¨ªan protegido desde la tumba, Mateo. ?Fui un est¨²pido en preocuparme por un criado!, deber¨ªa haber respetado la voluntad de mi abuelo y de esa forma ninguno de los dos ser¨ªa consciente de los errores que cometi¨® mi t¨ªo. Dada la fuerza de Apolo, la cabeza de Mateo no tard¨® mucho en perder cualquier rasgo humano y tras unos pocos bastonazos se transform¨® en un mont¨®n de carne molida. Finalmente, los ojos de Mateo hab¨ªan desaparecido de este mundo, haciendo que el joven noble se tranquilizara y sintiera como la sangre de su antiguo criado manchaba todo su cuerpo. Sintiendo todo su cuerpo sucio, el joven se sac¨® la toga y la tir¨® a un costado, quedando completamente desnudo. Sin importarle nada o mejor dicho sin poder pensar en nada, Apolo corri¨® hacia el lago en su estancia en busca de poder sacarse de encima toda esta porquer¨ªa que manchaba su cuerpo. Toda esta sangre no paraba de recordarle al joven lo f¨¢cil que era que las cosas se tornaran para mal y lo fr¨¢giles que pod¨ªan ser los seres humanos ante las dificultades planteadas por la vida misma. Pese a ello, Apolo en estos momentos no quer¨ªa reflexionar acerca de nada y solo quer¨ªa escapar del inmenso problema en donde hab¨ªa terminado. Corriendo a una velocidad demencial para cualquier persona normal, Apolo lleg¨® al lago antes de siquiera poder recapacitar que estaba haciendo. Sin detenerse el joven lleg¨® hasta la orilla y usando toda su fuerza, dio un salto inhumano que lo catapult¨® hasta la mitad del lago. Mientras ca¨ªa del cielo y sent¨ªa como el aire chocaba contra su cuerpo, el joven no pod¨ªa parar de pensar en la mirada de la monta?a de cad¨¢veres, de sus Gururis, de su antiguo mayordomo, de su primo bastardo, de su abuelo, de su madre, de sus hermanos y la mirada de su propio reflejo en el agua. Una mirada despiadada que no paraba de recriminarle por todos los errores que hab¨ªa cometido, que estaba cometiendo y cometer¨ªa en el futuro. No obstante, todo lo que sube tiene que bajar, y el tiempo aport¨® sus granitos de arena para hacer que Apolo terminara cayendo en el agua. *Pussh* El joven cay¨® sobre el agua creando una explosi¨®n que levant¨® el agua varios metros. Al sentir el agua sac¨¢ndole la pegajosa sangre, el joven poco a poco fue recuperando su cordura y comenz¨® a volver a sentirse tranquilo mientras flotaba en la superficie del lago mirando el gran sol en el cielo despejado. ¡ª?Qu¨¦ es lo que sigue, Apolito?¡¡ªMurmur¨® Apolo pensando en su futuro en vano; sin poder terminar de procesar como de la noche a la ma?ana se hab¨ªa quedado completamente solo en la capital, sin nadie que realmente lo conociera. E117-Cuatro meses. El tiempo nunca ocioso sigui¨® continuando con su continuo tick-tack, provocando que cuatro meses enteros se perdieran de la vida de Apolo. No obstante, bondadoso como ¨¦l solo, el tiempo le hab¨ªa entregado un hermoso regalo al joven noble: ?Finalmente, sus Gururis hab¨ªan aprendido a convivir juntos!, o al menos eso es lo que pensaba Apolo¡ Si bien la relaci¨®n entre sus Gururis actualmente no era precisamente buena, lo cierto es que una enemistad marcada no era tan mala como una rivalidad a muerte. Por lo cual el joven hace un mes entendi¨® que el tiempo hab¨ªa llegado y sinti¨¦ndose satisfecho con el entrenamiento que hab¨ªa impartido, decidi¨® que era momento de que Aquiles y Nicol¨¢s comenzaran a aprender de Zoe como convertirse en sus futuros mayordomos. Aunque todo eso hab¨ªa quedado en el pasado, pues un mes entero ya hab¨ªa transcurrido y por suerte ning¨²n accidente desafortunado hab¨ªa sucedido. Volviendo a la actualidad, el d¨ªa de hoy Apolo se encontraba caminando hacia la puerta de la mansi¨®n, en el camino el joven de vez en cuando se cruzaba con alguna persona completamente desconocida. Aunque en principio estos desconocidos eran sus nuevos criados, pese a que en realidad no eran tan nuevos y llevaban trabajando en esta mansi¨®n hace algunos cuantos meses. No obstante, Apolo nunca se hab¨ªa malgastado en detenerse a terminar de mirar sus rostros, por lo que el joven noble nunca pudo terminar de recordar sus caras. Tras llegar a la puerta de la mansi¨®n, Apolo se percat¨® de que Zoe y los dos Gururis rosas se encontraban esper¨¢ndolo con una sonrisa bien marcada en sus rostros. ¡ª?Buena ma?ana, Maestro!¡ªDijeron las tres criaturas al un¨ªsono como si lo hubieran estado practicando por un buen rato. ¡ªBuen d¨ªa, ?ya est¨¢ todo preparado para que pueda ir al ministerio de magia?¡ªPregunt¨® Apolo mirando con extra?eza como varias estatuas aparentemente costosas eran transportadas por carruajes hacia algunos rincones de su amplia estancia¡ª?Qu¨¦ son esas cosas? If you encounter this story on Amazon, note that it''s taken without permission from the author. Report it. ¡ªLas decoraciones del patio, hace tiempo venimos compr¨¢ndolas, pero nunca se malgast¨® en mirar c¨®mo fuimos decorando el patio¡ªRespondi¨® Aquiles explicando por qu¨¦ hab¨ªa tanta gente trabajando por el patio. ¡ª Ya pasaron unos cuantos meses desde la ¨²ltima vez que sali¨® del interior de la mansi¨®n y el patio ha cambiado mucho gracias a nuestro gran trabajo¡ªAgreg¨® Zoe apuntando al patio con su manito con insistencia, como indic¨¢ndole a Apolo que ten¨ªa que malgastarse en ir a ver su trabajo de cuatro meses de una buena vez¡ªPor lo dem¨¢s est¨¢ su desayuno en el carruaje: el conductor lo est¨¢ esperando. ¡ªMe alegro, cuando tenga tiempo ir¨¦ a revisar el patio¡¡ªContest¨® Apolo con una sonrisa bastante bien practicada atrasando la cuesti¨®n nuevamente, mientras con lentitud caminaba apoyado de su fiel bast¨®n hasta el carruaje donde un conductor cuyo rostro no supo reconocer efectivamente lo estaba esperando¡ªPor primera vez en mucho tiempo me ir¨¦ de la mansi¨®n: ?As¨ª que estate atenta, Zoe!. Recuerda nunca terminar de confiar en esos dos idiotas, ya se les nota en la cara que estaban esperando a que me fuera a buscar el presupuesto de este a?o. ¡ª?Que tenga un buen viaje, Maestro!¡ªDijo Zoe levantando su bastoncito frente a los dos Gururis rosados mientras se preparaba para la dura batalla que se aproximaba por el horizonte. ¡ª?Comp¨®rtense, espero que para cuando vuelva todo siga igual que siempre!¡ªOrden¨® Apolo mirando con preocupaci¨®n a los dos Gururis rosados antes de entrar al carruaje. El joven sab¨ªa que esta era la gran prueba de fuego y por desgracia no estaba tan seguro de que los dos Gururis rosados pudieran lograr superarla, pero ya hab¨ªan pasado varios meses desde que termin¨® el a?o y Apolo no quer¨ªa seguir atrasando el recibimiento de su patrocinio anual y el viaje al ministerio. Por lo que finalmente hab¨ªa llegado el momento de comprobar que todo el entrenamiento que Apolo le fue dando a estas dos salvajes criaturas hab¨ªa valido la pena. ¡ª?No nos pasar¨¢ nada, que tenga un buen viaje, Maestro!¡ªGritaron Aquiles y Nicol¨¢s al un¨ªsono en respuesta mientras una amplia sonrisa se formaba en sus rostros; no ayudando mucho a tranquilizar las dudas del joven noble. E118-El viaje a la nada Pese a las preocupaciones del joven, el carruaje dio inicio a su largo viaje hasta el ministerio de magia. Para cuando Apolo termin¨® de comerse su desayuno, menos tiempo del que le gustar¨ªa hab¨ªa pasado y todav¨ªa quedaba recorrer un largo camino por delante; realmente el problema con las distancias se iba haciendo cada vez m¨¢s evidente a medida que pasaba el tiempo viviendo en esa marginada mansi¨®n. Aburrido por el largo viaje, Apolo miraba por la ventana curioseando la vida de las dem¨¢s personas en la capital. Aunque lo cierto es que pareciera m¨¢s la vida de los criados que de los nobles que tanto dicen vivir en este lugar, puesto que a estas horas tan tempranas de la ma?ana Apolo solo pod¨ªa ver a los criados trabajando en los jardines. Tras unas pocas horas curioseando finalmente el aburrimiento volvi¨® a ganar la batalla y la curiosidad de Apolo se fue apagando. Por lo que el joven decidi¨® hacer otra cosa para matar su aburrimiento y decidi¨® sacar de uno de sus bolsillos la vieja y confiable carta dejada por su ancestro con los pasos a seguir para ser un buen mago en este imperio. Realmente Apolo ten¨ªa un segundo objetivo para ir hasta el ministerio de magia el d¨ªa de hoy y era cumplir el ¨²ltimo consejo dejado en la dichosa carta, pese a ello los ojos desganados del joven mientras rele¨ªa el documento parecer¨ªan indicar que el ¨²ltimo consejo era m¨¢s un desperdicio de tiempo que otro gran paso en su vida. Y no era para menos, puesto que el quinto consejo era ni m¨¢s ni menos que retirar un libro en espec¨ªfico en la biblioteca imperial de magia, en principio la tarea parecer¨ªa f¨¢cil de cumplir, pero hab¨ªa un peque?o problema, por no decir un gigantesco problema y dicho problema en cuesti¨®n eran los tiempos: ?Su ancestro hab¨ªa muerto hace m¨¢s de mil a?os!. Era pr¨¢cticamente imposible que ese libro en espec¨ªfico siguiera estando en donde su ancestro hab¨ªa indicado en su legado, pero lo cierto es que a¨²n hab¨ªa esperanzas, puesto que los pasos para encontrar el libro parec¨ªan ser lo suficientemente complejos como para permanecer oculto de los ojos ignorantes durante m¨¢s de mil a?os. No obstante, el verdadero problema que estaba matando las esperanzas de Apolo era justamente la gente que conoc¨ªa de la existencia del remarcado libro, es decir los dos magos previos a ¨¦l que tuvo su familia durante estos mil a?os. Si alguno de los dos magos sacaba el libro del lugar siguiendo el consejo de su ancestro y luego nunca lo regresaba a su escondite, entonces claramente a Apolo le ser¨ªa imposible cumplir este consejo. If you find this story on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the infringement. Estas pocas probabilidades de ¨¦xito fueron las que provocaron que Apolo retrasara esta ?tarea? hasta este punto en donde realmente ya no hab¨ªa m¨¢s consejos por cumplir. En principio, Apolo ahora era completamente un mago y ya hab¨ªa cumplido con la voluntad de sus dos antepasados, esto ser¨ªa fant¨¢stico si no hubiera un ?ligero? problema: Adem¨¢s de cumplir los consejos de su antepasado, no hab¨ªa m¨¢s motivaciones en la vida del joven noble. Apolo lo sab¨ªa bien: el tiempo poco a poco le fue dando sus logros y le permiti¨® cumplir las palabras de sus ancestros como se hab¨ªa propuesto. Pero ahora al joven solo le quedaba cumplir el ¨²ltimo consejo ?imposible? y luego la nada misma: No hab¨ªa m¨¢s camino por delante para Apolo y hace tiempo el joven hab¨ªa tomado la decisi¨®n de terminar de caminar este camino sin sentido cuando llegara a su ¨²ltima meta. Para Apolo todo carec¨ªa de sentido m¨¢s bien no de urgencia: Explorar el bosque, el viaje a la capital, llenar la mansi¨®n, encontrar los Gururis ?perfectos?, criar a sus dos propios Gururis y ahora encontrar la edici¨®n exacta de un libro en la biblioteca imperial. Eran estas metas sin sentido, en una vida carente de sentido, las cuales hab¨ªan provocado que el joven hace tiempo entendiera c¨®mo terminar¨ªa esta historia, o mejor dicho c¨®mo quer¨ªa terminar esta larga historia. Toda esta gran tragedia comenz¨® cuando el joven dej¨® de explorar el bosque e inici¨® su viaje a la capital, fue entonces, en ese instante, que Apolo se dio cuenta de que no importaba de nada encontrar el acantilado: no ten¨ªa ning¨²n sentido explorar el bosque todos los d¨ªas, incluso si finalmente encontrara el acantilado la cruel realidad le ense?¨® al joven que lo m¨¢s probable es que solo lo haya estado buscando por tanto tiempo para finalmente poder tirarse por ¨¦l y terminar con toda esta desgracia a la cual muchos llaman vida. No obstante, Apolo nunca encontr¨® el acantilado. Sea por casualidad o por el destino el acantilado no apareci¨® y ac¨¢ estaba el joven noble rumbo al ministerio de magia, pensando en que es lo que segu¨ªa luego de que descubriera que el libro ya no estaba en su lugar. O mejor dicho, pensando como se despedir¨ªa del sol de todos los d¨ªas y qu¨¦ palabras le escribir¨ªa en la carta que deb¨ªa mandar a sus familiares. E119-Intocable El sol en el cielo se escondi¨® pas¨¢ndole el protagonismo a la luna para iluminar mezquinamente la vida de las personas en la capital, mientras tanto el tiempo le concedi¨® a Apolo otro peque?o logro: finalmente hab¨ªa llegado al ministerio de magia. Ahora mismo Apolo se estaba dirigiendo hacia la oficina de recepci¨®n del castillo donde viv¨ªan los magos del ministerio, en donde el mago Tob¨ªas supuestamente segu¨ªa trabajando en la entrega de las llaves de los dormitorios. Tras entrar al castillo y caminar por sus complejos pasillos, Apolo logr¨® hacer memoria y encontr¨® la oficina de recepci¨®n. Sin tocar a la puerta, el joven noble abri¨® la puerta y descubri¨® que el mago Tob¨ªas a¨²n trabajaba en el ministerio y en estos momentos estaba atendiendo a otro mago. Ignorando completamente al mago desconocido, Apolo se acerc¨® a la mesa y orden¨® tajantemente: ¡ª?Dame un cuarto para una noche! ¡ªAhora mismo estoy atendiendo a¡¡ªComenz¨® a responder Tob¨ªas con una sonrisa bien practicada, pero su negativa se vio interrumpida de repente al ver como el gigante acercaba su mano a una de las bolas de cristal que expon¨ªa en su escritorio. Apolo tom¨® una de las bolas de cristal del escritorio de Tob¨ªas y la levant¨® como para inspeccionarla. Luego de mirarla un rato bajo la nerviosa mirada del mago Tob¨ªas y la inc¨®moda mirada del mago buscando su habitaci¨®n, el noble perdi¨® la paciencia y dej¨® caer la bola de cristal de sus manos: *Crash* La bola de cristal colision¨® contra el piso de piedra de la oficina provocando que se rompiera en mil pedazos. ¡ª??Para!!¡ªGrit¨® Tob¨ªas desesperadamente, al ver como el gigante imprudente acababa de romper parte del trabajo de toda su vida. ¡ª?Que me des mi llave, vago de mierda!¡ªRugi¨® Apolo tomando otras dos bolas de cristal en la mesa. ¡ª?Ac¨¢ tienes!¡ªExclam¨® Tob¨ªas sacando una llave aleatoria de los cajones de su escritorio para acerc¨¢rsela a Apolo¡ª?Ahora suelta esas dos bolas de cristal! ?Me tom¨® a?os de mi vida llegar a este punto, no puedes destruirlo as¨ª como as¨ª! ¡ª?Claro que puedo!¡ªRugi¨® Apolo dejando caer las dos bolas de cristal al suelo, procediendo a arrebatarle la llave de la mano al aturdido Tob¨ªas. *Crash, Crash* Las dos bolas de cristal se estrellaron contra el suelo, provocando que el mago en el sill¨®n mirara a Apolo como un demente y Tob¨ªas mirara los vidrios rotos en el suelo como si le estuvieran entregando los cad¨¢veres de sus hijos. ¡ª??No!!, ?Por qu¨¦?, ?por qu¨¦ las rompiste?, ?Te hab¨ªa dado la llave!: ?Por qu¨¦ tuviste que destruirlas?¡ªGrit¨® Tob¨ªas con l¨¢grimas en los ojos, sin poder apartar la mirada de los restos de las tres bolas de cristal en el suelo. ¡ªPorque se me antoj¨®, la pr¨®xima vez s¨¦ m¨¢s r¨¢pido atendiendo: ?Adi¨®s, manga de in¨²til!¡ªRespondi¨® Apolo d¨¢ndose la vuelta para retirarse de la habitaci¨®n, ignorando completamente la mirada de asco que le lanzaba el mago esperando en el sill¨®n. Tras llegar a la puerta de la oficina, Apolo sali¨® de la habitaci¨®n y cerr¨® la puerta con violencia casi parti¨¦ndola por la mitad. *Crash,Crash,Crash,Crash,Crash,Crash* Inmediatamente el ruido de las bolas de cristales cayendo pudo escucharse proviniendo desde atr¨¢s de la puerta. ¡ª?Noooo!¡ªGrit¨® Tob¨ªas como si le hubieran matado a uno de sus hijos, mientras su desgastada mente lo obligaba a romperse completamente en l¨¢grimas. Con una sonrisa s¨¢dica en el rostro, el noble ignor¨® los llantos desgarradores del pobre mago y se dirigi¨® hacia la habitaci¨®n que estaba indicada en la chapa que ven¨ªa junto a la llave. Al llegar, Apolo no se molest¨® en usar la llave que acababa de obtener y rompi¨® la cerradura de una patada, provocando que el mago que dorm¨ªa pac¨ªficamente en la habitaci¨®n se despertara de repente asustado por el fuerte ruido. El desafortunado mago parec¨ªa ser bastante viejo, su p¨¢lida piel estaba bastante arrugada, y unos pocos pelos blancos pod¨ªan verse en su cabeza llena de lunares de no muy buen aspecto. Como la noche hab¨ªa sido algo calurosa el mago hab¨ªa dormido sin un pijama y solo ten¨ªa la ropa interior puesta, por lo que ante la mirada inc¨®moda de Apolo, el mago se cubr¨ªa con sus s¨¢banas mientras trataba de distinguir el rostro del gigante. No obstante, su visi¨®n ya no era muy buena por lo que el anciano solo pod¨ªa distinguir el rostro borroso de un joven con nariz puntiaguda mir¨¢ndolo con enojo. ¡ª?Qui¨¦n mierda eres?, ?que no ves que esta habitaci¨®n est¨¢ ocupada!¡ªGrit¨® el anciano agitado por la interrupci¨®n del desconocido, mientras desde su cama miraba con temor al gigante extra?o que lo acechaba desde la puerta de la habitaci¨®n. Apolo no dijo nada y en su lugar mir¨® al mago que le hab¨ªa gritado de mala gana. Sin decir muchas palabras y mucho menos unas disculpas, el joven se acerc¨® al mago asustado lentamente. ¡ª?Qu¨¦ haces?, ?sal de mi habitaci¨®n ya mismo!. ?Guardias, guardias, saquen a este!¡¡ªComenz¨® a gritar el anciano viendo con terror como el gigante se acercaba a su cama, pero sus gritos se vieron interrumpidos porque Apolo lo hab¨ªa tomado de su cuello y hab¨ªa comenzado a ahorcarlo. ¡ªYa falta poquito, Apolito. Ya falta demasiado poco para terminar esta larga historia como para que tengas que estar preocup¨¢ndote por estas idioteces¡¡ªMurmur¨® el joven noble mientras ahorcaba cada vez m¨¢s fuerte al mago en la cama, pero siempre tom¨¢ndose la molestia de no partirle el cuello al pobre anciano, casi como si el noble quisiera disfrutar de la agon¨ªa del anciano hasta el ¨²ltimo segundo. *Aghhh* Se quej¨® el mago mientras desesperadamente acuchillaba a Apolo con una piedra en forma de daga que se hab¨ªa formado en su mano, pese a ello la piedra afilada ni lograba cortar la gruesa piel del joven. Mientras tanto, Apolo miraba fijamente los ojos con poco brillo en el rostro del anciano, en silencio y sin emoci¨®n alguna mientras la cabeza del anciano se iba poniendo cada vez m¨¢s roja a medida que la falta de aire comenzaba a arrebatarle la vida y su lucha se volv¨ªa m¨¢s intensa. Pero Apolo no afloj¨® el agarre y finalmente la lucha del anciano se detuvo: Antes de morir y entendiendo que su insistente lucha no lo salvar¨ªa, el anciano se detuvo y mir¨® fijamente los borrosos ojos del gigante mientras lloraba, suplicando con su mirada que no le arrebataran la vida, el anciano a¨²n ten¨ªa demasiadas cosas por hacer, demasiados sue?os por cumplir y demasiadas aventuras por vivir; sin embargo, el destino ten¨ªa tan poca piedad como Apolo y el joven vio con sus ojos como lentamente los ojos del anciano iban perdiendo su rumbo a medida que su brillo se apagaban: finalmente el pobre anciano vio borrosamente como su vida, sus sue?os, sus esperanzas y su destino le hab¨ªan sido arrebatados cruelmente por el ego¨ªsmo de un joven sin camino por delante. If you find this story on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the infringement. Apolo arroj¨® el cad¨¢ver del mago a una de las esquinas del dormitorio y utiliz¨® el escritorio en la habitaci¨®n para bloquear la puerta y poder mantenerla cerrada, dado que la cerradura de la misma se hab¨ªa roto completamente con la patada que le propin¨®. Sin preocuparse por los guardias o absolutamente por nadie, el joven se fue a dormir en la cama empapada con el sudor y las l¨¢grimas del anciano como si nada hubiera ocurrido. Aunque parezca impresionante la noche pas¨® con tranquilidad, pero cuando el primer rayo de sol pudo entrar por la ventana del dormitorio en donde Apolo dorm¨ªa c¨®modamente un guardia comenz¨® a tocar la puerta con violencia. *Tock, Tock, Tock * Inmediatamente, el dulce sue?o de Apolo se detuvo de repente y por instinto mir¨® a la puerta de la habitaci¨®n que segu¨ªa siendo golpeada con violencia. ¡ª?Deje de bloquear la puerta y ¨¢brala inmediatamente!, ?somos los guardias del ministerio!¡ªGrit¨® uno de los guardias desde el pasillo mientras continuaba golpeando la puerta. *Aghhh* Apolo se tom¨® la cabeza con fuerza, sent¨ªa un dolor de cabeza impresionante al punto que nunca le hab¨ªa dolido tanto en su vida y para colmo los guardias no paraban de molestarlo toc¨¢ndole la puerta. ¡ª?¨¢brala o tiraremos la puerta abajo!¡ªGrit¨® el guardia con enojo mientras golpeaba la puerta con a¨²n m¨¢s intensidad. Apolo con enojo observ¨® la puerta y luego contempl¨® el cad¨¢ver que se encontraba mir¨¢ndolo inquisidoramente en una de las esquinas de la habitaci¨®n, como si el anciano estuviera encantado de que el destino finalmente sentenciara a su asesino por los cr¨ªmenes que hab¨ªa cometido. Tomando una decisi¨®n, el joven camin¨® hacia el cad¨¢ver y tom¨¢ndolo del cuello lo arroj¨® por la ventana rompi¨¦ndola completamente en mil pedazos. ¡ª?Qu¨¦ fue eso?, ?abra inmediatamente la puerta!¡ªGrit¨® el guardia con furia, mientras chocaba su cuerpo contra la puerta intentando correr el escritorio que bloqueaba la entrada, pero el mueble no ced¨ªa y al guardia se le estaba haciendo complicado abrir la puerta lo suficiente como para poder entrar en la habitaci¨®n. Apolo se acerc¨® a la ventana, divis¨® la distancia con el suelo y el estado del cad¨¢ver hecho papilla. Viendo que la puerta estaba a punto de ser abierta, el joven no lo pens¨® m¨¢s y salt¨® por la ventana cayendo desde el tercer piso del castillo hasta el duro suelo del patio del ministerio. Sorprendentemente, las piernas del gigante no se rompieron al caer a diferencia del cad¨¢ver hecho papilla a su lado. Comprobando que a¨²n pod¨ªa caminar sin problemas, Apolo corri¨® hasta encontrar su carruaje estacionado en los alrededores de este castillo. Al llegar, el joven se percat¨® de que parecer¨ªa que los guardias se dieron cuenta de que hab¨ªa escapado por la ventana por lo que hab¨ªan empezado a buscarlo por el patio. Sin importarle mucho, Apolo abri¨® el carruaje e ignorando la mirada llena de dudas en el rostro del conductor, tom¨® una caja que estaba en su asiento. Abriendo la caja el joven desvel¨® que en la misma se encontraba un pergamino enrollado que era el legado de su ancestro y el antifaz de plata. Inmediatamente, Apolo tom¨® el antifaz de plata y se lo puso en el rostro. Con el antifaz puesto, el joven camin¨® despreocupadamente por el patio, mientras los guardias buscaban incesantemente por alguien sospechoso. Al parecer toda la b¨²squeda era bastante improvisada y nadie les hab¨ªa indicado a los guardias una descripci¨®n del cuerpo de Apolo por lo que realmente no sab¨ªan muy bien a quien buscaban. Permiti¨¦ndole al joven pasar sin problemas entre ellos, si alguno de los guardias dudaba en ¨¦l, entonces Apolo se sacaba la m¨¢scara delante de ¨¦l y volv¨ªa a pon¨¦rsela dejando al guardia completamente aturdido mirando a la nada por unos segundos, suficiente tiempo como para reanudar su marcha hacia su nuevo objetivo. Con este m¨¦todo, Apolo lleg¨® hasta el castillo donde estaba la oficina del ministro de magia, en este lugar nadie lo estaba buscando y el joven noble pudo entrar entregando la ficha de plata con normalidad. D¨¢ndose cuenta de que su intuici¨®n hab¨ªa acertado y a¨²n no lo buscaban por el asesinato, as¨ª que lo m¨¢s probable es que solo se tratase de alguna denuncia hecha por Tob¨ªas. Caminando con tranquilidad como si el tiempo no jugara en contra suya, el joven lleg¨® hasta la oficina de Finz y cumpliendo con el protocolo de recepci¨®n habitual lleg¨® hasta el escritorio del trabajador. ¡ªApolo¡¡ªMurmur¨® Finz con sudor en el rostro, al ver c¨®mo el joven se sentaba en el sill¨®n al frente suyo mientras terminaba de leer una carta que le acababa de llegar. ¡ªBusco mi patrocinio¡ªDijo Apolo entreg¨¢ndole su ficha de plata al trabajador, sin tomarse la molestia de saludar a Finz. ¡ªMe acaba de llegar una notificaci¨®n de que los guardias te est¨¢n buscando, muchacho¡¡ªDijo Finz tomando la ficha con las manos temblorosas, siguiendo el protocolo para verificarla como siempre lo hac¨ªa. ¡ª?Oh, lamentablemente cerr¨¦ la puerta de la habitaci¨®n de Tob¨ªas con un poco de fuerza y se le rompieron algunas de sus bolitas de cristal!¡ªRespondi¨® Apolo despreocupadamente. ¡ªAs¨ª que fue un accidente, ya veo¡¡ªDijo Finz sorprendido por la tranquilidad del joven y a¨²n m¨¢s sorprendido porque haya venido a buscar su patrocinio, seg¨²n la carta que acababa de leer el menor de los problemas de Apolo era el ?accidente? en la habitaci¨®n de Tob¨ªas. Mientras Finz respond¨ªa esto, el guardia de la puerta de la habitaci¨®n en donde Apolo esperaba recibir su patrocinio recibi¨® la visita de otros guardias y tras cruzar unas palabras se acercaron juntos a buscar a Apolo en el escritorio de Finz. ¡ªMuchacho, quedas bajo arresto por el asesinato del mago Narciso de monta?as nevadas¡ªInform¨® uno de los guardias con tono autoritario, sacando su espada y poni¨¦ndola en la espalda del joven, pese a ello el joven ni se hab¨ªa tomado la molestia en darse la vuelta para ver el rostro del guardia que le estaba apoyando una espada en la espalda. ¡ªNo me voy a malgastar en explicarles a ustedes como es que ese mago salt¨® por la ventana y se suicid¨®¡ªRespondi¨® Apolo mirando a Finz con calma¡ªSolo voy a decirles que claramente no me van a arrestar, y en su lugar ir¨¢n a la oficina del ministro de magia a informarle al ministro que lamentan el suicidio de ese tal Narciso de¡ ?De d¨®nde?, oh, ya se me olvid¨®¡ ¡ªYa te dimos las ¨®rdenes, chico. No hagas mi trabajo m¨¢s complicado¡ªRespondi¨® el guardia, poniendo su espada en el cuello de Apolo, pero para su sorpresa el joven a¨²n no reaccionaba y en su lugar miraba fijamente a Finz. ¡ªYo tambi¨¦n te di mis ¨®rdenes: solamente estoy reflexionando qu¨¦ har¨¢ mi hermano mayor cuando se enteren de que los guardias de la capital pusieron preso a su peque?o hermano por error. Pero por mucho que lo piense solo llego a una respuesta y lo m¨¢s probable es que maten al ministro. Mientras que a todos ustedes los mandaran a alguna fortaleza fronteriza para morir como cerdos en alguna batalla desconocida que nadie se va a malgastar en recordar¡ªRespondi¨® Apolo mirando a Finz comprometidamente¡ª?Dime que esperas, Finz?, soluciona esto por m¨ª: nobleza obliga y si mi hermano es un rey, entonces me tratar¨¢n como el hermano de un rey. Con sudor en la frente, Finz vio con preocupaci¨®n la tranquilidad de Apolo, el empleado desconoc¨ªa si lo que dec¨ªa el joven era cierto o no y de hecho ten¨ªa sus dudas, pero lo cierto es que su tranquilidad impart¨ªa poder: el poder de los que se atreven a creerse intocable y lo m¨¢s peligroso de estas personas es cuando realmente eran intocables. Tomando una decisi¨®n, Finz eligi¨® la opci¨®n m¨¢s sensata: alejar este problema de sus manos, por tanto, orden¨®: ¡ªVayan a decirle al ministro de magia las dos versiones de la historia, el asesinato de Narciso y el suicidio de Narciso y dejen que el decida cu¨¢l es verdad. Es lo mejor para m¨ª, para ustedes, para sus esposas y para sus hijos. Seamos inteligentes y no nos amarguemos la vida por nada. ¡ª...¡ªEl guardia escuch¨® la orden de Finz, en principio el era su jefe, pero no el de los otros dos guardias; sin embargo, lo cierto era que como guardia sab¨ªa mejor que nadie que era mejor manejarse con cuidado en el ministerio de magia, en donde los nobles y los idiotas con poder sobraban m¨¢s de lo que le gustar¨ªa a cualquier trabajador del lugar. ¡ªVamos a informarle al ministro, por favor no escape, mantendremos un guardia vigilando en la puerta¡ªInform¨® uno de los guardias que hab¨ªa venido a buscar a Apolo, tambi¨¦n preocupado por la tranquilidad con la que se estaba tomando el asunto el joven sentado en el sill¨®n. E120-Accidentes Pacientemente Apolo esper¨® por unos cuantos minutos en el sill¨®n a que le dieran el veredicto final del ministro de magia. Por otra parte, Finz se manten¨ªa en un silencio inc¨®modo, mientras rele¨ªa las cartas arriba de su escritorio incansablemente, fingiendo estar trabajando para alejarse de este inc¨®modo momento. Desde otra perspectiva, el guardia que se hab¨ªa quedado custodiando a Apolo nerviosamente esperaba a que sus compa?eros vuelvan con la respuesta del ministro. Finalmente transcurri¨® lo que pareci¨® ser una eternidad para que de uno de los tubos del escritorio de Finz saliera un pergamino enrollado. Al ver el nuevo mensaje apareciendo, el empleado no dud¨® y lo abri¨® para revisar su contenido. Finz ley¨® el mensaje tratando de no emitir emoci¨®n alguna; sin embargo, el empleado fall¨® en la tarea y Apolo se percat¨® de que el hombre parec¨ªa estar bastante disgustado con lo que estaba leyendo. Pero pese a ello Finz no se atrev¨ªa a demostrar ese disgusto frente a Apolo, por lo que su rostro se hab¨ªa quedado congelado en un intento de ocultar las emociones que ten¨ªa en este momento. Tras terminar de leer la carta y meditar el asunto en su cabeza, Finz forz¨® una sonrisa y mirando a Apolo coment¨® con una alegr¨ªa bastante bien simulada: ¡ªAl parecer los dos peque?os ?accidentes? en donde se vio involucrado fueron solucionados y el ministro dio a conocer la verdad del asunto, no obstante el ministro tambi¨¦n le recuerda que por favor trate de no verse involucrado en estos accidentes¡por un tiempo. ¡ªLe garantizo que el ministro no sabr¨¢ nada m¨¢s de m¨ª una vez que termine mis asuntos en el ministerio¡ªRespondi¨® Apolo con una sonrisa ir¨®nica. Royal Road is the home of this novel. Visit there to read the original and support the author. ¡ª...¡ªFinz no respondi¨® y trat¨® de evitar observar la sonrisa en el rostro del joven, y en su lugar se levant¨® a buscar un paquete que ten¨ªa uno de los empleados que trabajaba para ¨¦l. Tras retirarlo, Finz volvi¨® y con la misma sonrisa de antes dijo: ¡ªAc¨¢ tienes tu patrocinio anual, es exactamente igual que el del a?o anterior: 3000 cristales por tu sangre noble y 3000 cristales por ser mago. Por lo dem¨¢s se te aplicaron dos multas, una de 1000 cristales por romper cosas en el ministerio y 4000 cristales por interferir en una investigaci¨®n m¨¢gica. D¨¦jame aclararte que interferir no es lo mismo que destruir, si por ?casualidad? hubieras destruido la investigaci¨®n de otro mago tu multa ser¨ªa varios a?os sin patrocinio, pese a que una persona com¨²n ser¨ªa condenada a muerte. ¡ªPero yo no soy una persona com¨²n: ?Qu¨¦ fortuna, no?¡ªDijo Apolo con una sonrisa burlona, completamente desinteresado en la cantidad de cristales recibidos que ya no ten¨ªan utilidad para ¨¦l, adem¨¢s de ser una buena excusa para venir al ministerio y probar suerte tratando de cumplir el ¨²ltimo consejo dejado por su ancestro. ¡ªNo, no lo eres¡¡ªRespondi¨® Finz con una sonrisa a¨²n m¨¢s amplia, mientras le entregaba una tarjeta negra a Apolo¡ªPor lo dem¨¢s, si no tienes otro tr¨¢mite te invito a retirarte. ¡ªOh, de hecho ten¨ªa otra pregunta: ?sabes en qu¨¦ castillo est¨¢ la biblioteca imperial para magos?¡ªPregunt¨® Apolo tomando la tarjeta negra y arroj¨¢ndola despreocupadamente atr¨¢s de su espalda, sin preocuparse a quien le cay¨®. ¡ªLa biblioteca no est¨¢ en ning¨²n castillo, est¨¢ en la torre antigua: primer piso del subsuelo¡ªRespondi¨® Finz algo aturdido por ver como Apolo revoleaba la tarjeta negra por los aires; sin comprender por qu¨¦ se hab¨ªa tomado la molestia de venir a buscar los cristales si no le interesaban. Sin despedirse y olvid¨¢ndose completamente de sus cristales, Apolo se dirigi¨® hacia la gran torre ubicada exactamente en el medio de los cuatro castillos del ministerio de magia. E121-La gran torre Asegur¨¢ndose de que no se hab¨ªa olvidado el antifaz de plata por accidente, Apolo lleg¨® hasta la puerta de la gran torre en el medio del ministerio y observ¨® de forma aturdida como cuatro guardias se encontraban custodiando las grandes puertas. ¡ª?Por qu¨¦ siento que ya estuve ac¨¢ antes?¡¡ªMurmur¨® Apolo aturdido, mirando desde la distancia la entrada de la torre por unos minutos. Apolo se acerc¨® con pasos lentos hacia la entrada subiendo sus escaleras mientras sal¨ªa del trance provocado por la extra?a sensaci¨®n de sentir este lugar conocido, hasta finalmente ver como uno de los guardias se le acercaba y extend¨ªa la mano. Entendiendo el protocolo, Apolo le entreg¨® la ficha al guardia y el mismo la revis¨® para luego comentarle: ¡ªBienvenido a la gran torre m¨¢gica, Apolo de los bosques negros: me pidieron que le recuerde que las reglas en el interior de la torre son absolutas para todos los magos¡ªDijo el guardia volviendo a entregarle la tarjeta a Apolo ¡ª?Qu¨¦ significa eso?¡ªPregunt¨® Apolo, entendiendo que era un mensaje advirti¨¦ndole de que no causara problemas dentro, pero quer¨ªa saber por qu¨¦ solo en este lugar del ministerio de magia le dijeron esa advertencia. ¡ªEn realidad esta es la gran tumba del archimago Bastian de las islas oscuras. Por lo cual la torre en s¨ª nunca le perteneci¨® a la familia imperial y en consecuencia dentro de la torre se siguen las reglas de los criados del archimago que a¨²n viven para estas fechas¡ªExplic¨® el guardia con cuidado y modulando cada palabra, por lo que parec¨ªa que dec¨ªa este mensaje con relativa frecuencia¡ªEn consecuencia las reglas son absolutas, dado que los criados del archimago Bastian no obedecen a nadie m¨¢s que las ¨²ltimas palabras que fueron dejadas por su maestro, el cual muri¨® hace m¨¢s de 6000 a?os, pese a ello las reglas no han cambiado nunca. ¡ª?6000 a?os llevan viviendo los criados de este mago?¡ªPregunt¨® Apolo mirando a la gran torre con aturdimiento. ¡ªSi por casualidad te encuentras con uno de los criados de Bastian te dar¨¢s cuenta de por qu¨¦ nadie bromea m¨¢s de la cuenta en esta torre¡ªContest¨® el guardia de forma algo enigm¨¢tica¡ªSolo recuerda no hacer nada raro: el ministro nos obliga a decirle este mensaje a todos los miembros de las familias principales del imperio que visitan esta torre. Espero que entiendas que si los criados se enojan por tus descuidos, nosotros no podremos salvarte. ¡ª?Y qu¨¦ cosas son las que enojan a los criados?¡ªPregunt¨® Apolo la cuesti¨®n de vital importancia. ¡ªQue no cumplas las reglas: las mismas te ser¨¢n indicadas antes de ingresar a cualquier habitaci¨®n. No tengas miedo, la torre lleva funcionando desde antes del imperio, as¨ª que ya sabemos casi todas las reglas¡ªRespondi¨® el guardia con una sonrisa. ¡ªBueno, gracias por la advertencia¡ªAgradeci¨® extra?amente Apolo, mirando la entrada de la torre con cuidado, temiendo que para cumplir el quinto consejo de su ancestro tuviera que incumplir alguna de las reglas. Love this story? Find the genuine version on the author''s preferred platform and support their work! Premeditando el plan, el joven se adentr¨® al interior de la torre para quedar a¨²n m¨¢s aturdido: por alg¨²n motivo Apolo sent¨ªa que ya hab¨ªa visto este gigantesco almac¨¦n, e incluso jurar¨ªa que ahora ten¨ªa que abrir una de las puertas a los costados de la entrada del almac¨¦n para ir al subsuelo. Siguiendo su corazonada, Apolo se acerc¨® a una de las puertas y la abri¨®, para con asombro observar como una larga escalera de caracol se adentraba en las profundidades mientras sus paredes eran iluminadas por unos cristales particularmente llamativos. Tal y como indicaba la corazonada del joven, tras esta puerta se encontraba una escalera de caracol que parec¨ªa dirigirse a un subsuelo escondido de la vista de la gente del exterior. ¡ªQu¨¦ extra?o¡¡ªMurmur¨® Apolo pasando por la puerta y cerr¨¢ndola con cuidado, para luego ir descendiendo por las escaleras hasta llegar a un pasillo con una gran puerta en el medio y otra m¨¢s al final del mismo¡ªEsta deber¨ªa ser la biblioteca¡ Apolo se acerc¨® a la gran puerta y la abri¨® con cuidado, para su sorpresa no pudo encontrarse con ninguna biblioteca y en su lugar solo se encontraba una gran sala de recepci¨®n, donde solo pod¨ªa verse un mago bastante viejo leyendo un libro en un sill¨®n, haciendo sentir que la gran sala estaba demasiado vac¨ªa para su impactante tama?o. El mago en cuesti¨®n ten¨ªa el pelo blanco y una toga tradicional de color negro. Lo m¨¢s distintivo de este mago adem¨¢s de su aparente vejez, era que sus manos fueron reemplazadas completamente por pr¨®tesis de madera; sin embargo, las mismas parec¨ªan funcionar como dos manos comunes y se encontraban agarrando el libro que estaba leyendo con cuidado. Al sentir el ruido provocado por el intruso, el mago levant¨® la vista de su libro para observar a Apolo con curiosidad, y luego de unos largos segundos en silencio pregunt¨® con una sonrisa oculta por su larga barba blanca: ¡ª?Antes de entrar a la biblioteca quieres que te recuerde las reglas, jovencito? ¡ªS¨ª, es mi primera vez en esta habitaci¨®n¡ªRespondi¨® Apolo mirando al mago con aturdimiento, jurando que ya hab¨ªa escuchado esta voz en el pasado; sin embargo, era la primera vez en su vida que ve¨ªa a esta persona. ¡ªNo tengas miedo: las reglas no son muy complicadas, pero s¨ª son estrictas¡ªIndic¨® el mago con calma, sintiendo que Apolo estaba algo nervioso. ¡ªLo escucho con atenci¨®n¡ªRespondi¨® Apolo entendiendo que de esta persona depend¨ªa su vida. ¡ªMe alegro de que as¨ª sea¡ªRespondi¨® el mago, dejando el libro en el escritorio que hab¨ªa a su lado con cuidado, para luego levantar su mano tom¨¢ndose todo el tiempo del mundo, mostr¨¢ndole al joven noble que en la misma se encontraban tres dedos de madera levantados. ¡ªPrimera regla: no hables nunca dentro de la biblioteca, salvo con el vendedor de libros¡ªDijo el viejo con calma bajando uno de los dedos de su mano. ¡ªSegunda regla: solo puedes llevarte los libros comprados y ¨²nicamente puedes leer los libros dentro de la biblioteca que el vendedor te haya autorizado leer¡ªContinu¨® el mago bajando con lentitud el segundo dedo de madera. ¡ªTercera regla y ¨²ltima regla: Nunca negocies con el vendedor¡ªDijo el mago bajando el ¨²ltimo dedo levantado. ¡ª?Sigue existiendo el libro de cortes¨ªa?¡ªPregunt¨® Apolo con dudas, su ancestro no le hab¨ªa mencionado ninguna regla, pero si le hab¨ªa explicado que el vendedor le regalar¨ªa un ¨²nico libro. ¡ªS¨ª, el primer libro que compres es gratuito, jovencito. Elige con cuidado: estos libros no se compran con cristales, ni con influencia, debes gan¨¢rtelos¡ªRespondi¨® el mago jugando con su larga barba. ¡ªLo tendr¨¦ en cuenta¡¡ªContest¨® Apolo entrando por la ¨²nica puerta de la sala de recepci¨®n adem¨¢s de la entrada, dejando en soledad al mago en la gigantesca habitaci¨®n. E122-El vendedor Tras pasar por la puerta, Apolo observ¨® como una inmensa biblioteca se hallaba del otro lado, la biblioteca era tan grande que realmente parec¨ªa ser mucho m¨¢s grande de lo que naturalmente podr¨ªa entrar en la torre: hab¨ªa hilera tras hileras de estanter¨ªas llenas de libros las cuales se extend¨ªan hacia el mism¨ªsimo horizonte sin mostrar fin alguno. Por su parte el suelo y las paredes de la biblioteca no estaban hechos de piedra como el resto de la torre, y en su lugar se usaba madera de color amarillento, aparentando que realmente uno hab¨ªa entrado a otra dimensi¨®n tras pasar la puerta de la entrada. Para iluminar la gigantesca sala, se encontraban innumerables cristales danzando de un sitio al otro por el techo, si bien los mismos se mov¨ªan por todos lados sin un patr¨®n aparente, eran tantos que alcanzaban a iluminar cualquier espacio en esta gigantesca biblioteca. No obstante, lo que m¨¢s llamaba la atenci¨®n al entrar en la biblioteca era la gigantesca criatura que se encontraba ubicada en el medio de un escritorio circular, el cual se localizaba justo delante de la puerta que daba entrada a la biblioteca. La criatura ten¨ªa una altura de casi tres metros y si bien sus manos ten¨ªan aspecto humanoide, la criatura ten¨ªa una innumerable cantidad de ellos y su aspecto no pod¨ªa ser m¨¢s alejado al de un humano normal. Este ser abominable y desagradable para la vista, aparentaba ser una gran pelota de carne con un mont¨®n de brazos movi¨¦ndose de un sitio a otro aleatoriamente por todo su escritorio. Tras mirar a la criatura con atenci¨®n, Apolo supuso que esa pelota de carne sin rostro y piernas deb¨ªa ser el vendedor, aunque no entend¨ªa c¨®mo hablaba, ya que el vendedor era solo una gran pelota de carne con una innumerable cantidad de brazos. Cada brazo de la criatura parec¨ªa que se le fue agregado de forma artificial, dado que a¨²n pod¨ªa verse los puntos e hilos de coser que se hab¨ªan usado para a?adirlos. Adem¨¢s, los brazos no eran todos id¨¦nticos, algunos parec¨ªan ser de ni?os, otros de mujeres, otros de hombres y otros de ancianos. Todo parec¨ªa indicar que esta abominaci¨®n se hab¨ªa creado tomando muchas pieles humanas y coci¨¦ndolas hasta formar una pelota, luego se la rellen¨® con algo y se le fue incorporando los brazos hasta que esta monstruosidad terminara surgiendo. Con cuidado, Apolo se acerc¨® hacia la gran pelota llena de brazos y pregunt¨®: ¡ª?Usted es el vendedor? Support creative writers by reading their stories on Royal Road, not stolen versions. Uno de los brazos de la criatura dej¨® de moverse aleatoriamente, y en cambio comenz¨® a estirarse antinaturalmente hasta estar pr¨¢cticamente pegado al rostro de Apolo. Acto seguido, el brazo levant¨® la palma de su mano frente a Apolo, y una boca surgi¨® del medio de la palma mostrando unos afilados dientes amarillentos que no paraban de chorrear saliva incre¨ªblemente apestosa, tan apestosa como para aparentar que hab¨ªa cientos de pescados podridos atorados entre sus dientes. ¡ªAs¨ª me llaman algunos ac¨®litos, ?para qu¨¦ viniste a la biblioteca?¡ªPregunt¨® la boca en la palma de la mano con una voz terriblemente antinatural, liberando el olor nauseabundo que se escond¨ªa entre sus dientes, haciendo que Apolos se tapara la nariz con su mano. ¡ªVengo a buscar mi libro de cortes¨ªa¡ªRespondi¨® Apolo mientras luchaba por no vomitar. ¡ªPerfecto, te recuerdo que como todo ac¨®lito de esta torre puedes retirar un libro para que comiences a aprender. Pero s¨®lo puedes sacar un libro sin dar nada a cambio, as¨ª que elige con cuidado¡ªContest¨® el vendedor formando una sonrisa no muy amigable¡ª?C¨®mo se llama el libro que buscas? ¡ª?Magia para caballeros distinguidos? de Calixto de torre negra, la primera edici¨®n, sexta copia¡ªRespondi¨® Apolo con calma. ¡ªQu¨¦ curioso¡¡ªSusurr¨® la criatura estirando su brazo rodeando todo el cuerpo de Apolo como si buscara observar el cuerpo del gigante completamente, por m¨¢s que la criatura no tuviera ojos visibles por ning¨²n lado¡ªLa sexta copia de ese libro est¨¢ perdida: Me temo que ni yo s¨¦ donde se encuentra, pero si logras encontrarla te la puedes quedar como libro de cortes¨ªa. ¡ª?Sabes si alguien busc¨® esta copia en el pasado?¡ªPregunt¨® Apolo con impaciencia. ¡ªHace mucho algunos ac¨®litos la buscaron por todos lados, pero todos fracasaron¡¡ªRespondi¨® el vendedor con calma, ilusionando a Apolo. ¡ª?Sabes como ir al pabell¨®n de libros infantiles?¡ªPregunt¨® Apolo inmediatamente, luciendo algo desesperado: Parec¨ªa que realmente ninguno de los otros dos magos en la familia de Apolo que contaban con la informaci¨®n dada por su ancestro se hab¨ªan molestado en conseguir este libro, o tal vez s¨ª lo hicieron, pero lograron escaparse de la biblioteca sin informarle a la criatura de que ten¨ªan el libro en sus manos. ¡ª?AZC w25?, encontrar¨¢s el pabell¨®n en esa direcci¨®n y no se te dar¨¢n m¨¢s pistas de como llegar¡ªRespondi¨® el vendedor de forma enigm¨¢tica, parec¨ªa que cada mago debe aprender a ?navegar? en esta biblioteca por su cuenta. ¡ªBueno, nos volveremos a ver cuando obtenga el libro¡ªContest¨® Apolo, por suerte las instrucciones dadas en el quinto consejo explicaban c¨®mo funcionaba la enigm¨¢tica forma de guardar los libros en esta biblioteca. ¡ªYa veremos¡¡ªDijo el vendedor fr¨ªamente mientras retiraba la mano que estaba hablando con Apolo y dejaba que el joven se marchara hacia el interior de la biblioteca. E123-Pabellè´¸n de libros Realmente aprender a encontrar el m¨¦todo para seguir las direcciones en esta biblioteca era una completa locura digna de unos pocos genios, y seg¨²n lo expresado en la carta del ancestro de Apolo si un mago contaba la manera de guiarse dentro de la biblioteca, dicho mago ya no podr¨ªa volver entrar a la biblioteca nunca m¨¢s. Por lo cual hab¨ªa muy pocas maneras de enterarse de este secreto, una de ellas era obteniendo el m¨¦todo a trav¨¦s del legado de alg¨²n mago que a conciencia ya sab¨ªa que no iba a volver a entrar nunca m¨¢s en la biblioteca en su vida, otra forma era siguiendo el m¨¦todo tradicional, es decir: descubrirlo por tu cuenta. De todas formas tambi¨¦n hab¨ªa otras opciones de enterarse de este ?conocido? secreto, por ejemplo algunos libros de la biblioteca ten¨ªan descrito entre sus p¨¢ginas la forma de ?navegar? en la misma, no obstante para alguien sin conocimientos en el mundo m¨¢gico como Apolo esa informaci¨®n era desconocida y por tanto no exist¨ªa. El dichoso m¨¦todo de ?navegaci¨®n? era el siguiente: Primero deb¨ªas obtener del vendedor un c¨®digo que era completamente aleatorio y cambiaba cada vez que entrabas a la biblioteca, por ejemplo en el caso de Apolo el c¨®digo era AZC w25. El segundo paso era descifrar el c¨®digo, lo cual era la parte m¨¢s complicada, pero seg¨²n lo escrito en la carta del ancestro de Apolo funcionaba de la siguiente manera: El primer nivel era el siguiente: A: camina un pabell¨®n para adelante, Z: camina 27 pabellones para adelante, C: camina 3 pabellones para adelante. El segundo nivel funcionaba cambiando las direcciones de giro: w: no gires. 2: gira dos veces, 5: gira cinco veces. Por lo tanto, si un¨ªas los dos niveles la clave para encontrar el pabell¨®n de libros infantiles era pasar un pabell¨®n para adelante y girar dos veces el cuerpo, es decir que como resultado uno ten¨ªa que retroceder 27 pabellones para atr¨¢s. Luego uno deb¨ªa girar 5 veces el cuerpo y como resultado ten¨ªas que moverte 3 pabellones a la izquierda. Considerando que todos los giros siempre se hac¨ªan en sentido horario y que Apolo por su c¨®digo no le hab¨ªa tocado girar inicialmente, por lo tanto, se comenzaba siempre dando la espalda al vendedor. En cuanto a las distancias, realmente daba igual, ya que una vez cumpl¨ªas la primera secuencia te encontrar¨ªas en un laberinto infinito hasta que logres terminar de encontrar lo que buscabas: en consecuencia uno realmente podr¨ªa terminar muerto en esta biblioteca. Mentaliz¨¢ndose para iniciar el desaf¨ªo, Apolo procedi¨® a completar el primer pabell¨®n; cada pabell¨®n ?aleatorio? en esta biblioteca era exactamente id¨¦ntico y el mismo consist¨ªa en exactamente 27 estanter¨ªas colocadas a cada lado formando un pasillo lleno de libros, las estanter¨ªas ten¨ªan un tama?o de cuatro metros por lo que eran realmente altas y uno deb¨ªa usar un taburete que siempre pod¨ªa encontrarse en cada pasillo para alcanzar los libros superiores. La raz¨®n por la cual los magos llamaban a estos pabellones id¨¦nticos entre s¨ª ?aleatorios? es debido a que el vendedor todas las noches cambiaba los libros que aparec¨ªan en estos pabellones. Por lo tanto, los libros de estos pabellones eran aleatorios y la ¨²nica forma de que un mago pudiera encontrar un libro en particular en esta biblioteca era conociendo el pabell¨®n real del libro y para eso deb¨ªas emplear los c¨®digos dados por el vendedor. This tale has been unlawfully lifted from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. Tras terminar de recorrer el primer pabell¨®n, Apolo se encontr¨® con una mesa circular con cuatro sillones de cuero muy bonitos y una abundante cantidad de comida, bebidas y ¨²tiles que uno pod¨ªa necesitar si ten¨ªa ganas de leer. Cada uno de los sillones en la mesa circular apuntaba a un pasillo lleno de estanter¨ªas que a su vez era otro pabell¨®n y al final del mismo se pod¨ªa ver exactamente la misma mesa circular con sus respectivos sillones. Una vez llegado a este punto Apolo hab¨ªa cumplido la primera secuencia y estaba en el laberinto infinito de la biblioteca. Por lo tanto, Apolo gir¨® dos veces el cuerpo en sentido horario para dirigirse nuevamente por el pabell¨®n por donde hab¨ªa venido. Al final del pabell¨®n ya no se encontraba el vendedor o la puerta de la biblioteca, sino que lo ¨²nico que pod¨ªa encontrarse era la misma mesa circular del lugar a donde estaba, record¨¢ndole al joven que hab¨ªa tenido ¨¦xito al cumplir la primera secuencia y ahora se encontraba en un laberinto infinito. Apolo fue ignorando las mesas circulares hasta haber pasado los 27 pabellones que indicaban su c¨®digo. Tras lograrlo, Apolo gir¨® cinco veces el cuerpo nuevamente en sentido horario y camin¨® por los ¨²ltimos 3 pabellones hasta finalmente encontrarse con lo que estaba buscando: ?El pabell¨®n de libros infantiles! La entrada del pabell¨®n de libros infantiles como tal consist¨ªa en una pared con una puerta y no se trataba de un pasillo a diferencia de los pabellones aleatorios. La puerta en la pared de madera amarillenta era bastante chiquita y parec¨ªa haber sido dibujada por un ni?o con crayones, por lo que estaba algo chueca y no ten¨ªa manija alguna. Por lo tanto, a simple vista la puerta parec¨ªa m¨¢s bien un dibujo que una puerta propiamente dicha. Apolo supuso que el dibujo pod¨ªa abrirse si lo empujaba y al intentarlo result¨® que realmente el dibujo se mov¨ªa mostrando un t¨²nel chiquito formado por libros. Desde la entrada del t¨²nel no pod¨ªa verse el final del mismo, pese a ello el joven curioso por saber c¨®mo se ve¨ªa el interior del pabell¨®n infantil se agach¨® y con esfuerzo comenz¨® a gatear para adentrarse hacia el interior del t¨²nel. E124-La tienda Tras unos cuantos minutos gateando por el t¨²nel anormalmente largo, Apolo finalmente pudo ver la salida motiv¨¢ndolo a gatear m¨¢s r¨¢pido hasta llegar a la pared que daba final al t¨²nel, empujando la pared con un poco de fuerza, la misma comenz¨® a moverse y como una puerta se abri¨® mostrando el pabell¨®n de libros infantiles. Al salir del t¨²nel, Apolo estir¨® su cuerpo algo cansado de tanto gatear y observ¨® con atenci¨®n la biblioteca que ten¨ªa delante de ¨¦l, aunque realmente se parec¨ªa m¨¢s a una tienda de libros dado lo cuidadas que estaban las decoraciones del lugar. Hab¨ªa estanter¨ªas en todos lados y la tienda parec¨ªa tener tres niveles que eran f¨¢cilmente observables desde la entrada dado que hab¨ªa un pulm¨®n en el medio de la ?tienda? que permit¨ªa espiar el ¨²ltimo piso del lugar. Por otra parte, si uno levantara la mirada podr¨ªa observar el techo de la tienda, el cual para sorpresa de Apolo era un mont¨®n de calcoman¨ªas de estrellas fluorescentes. Lo cierto es que en el pabell¨®n de libros infantiles hab¨ªa bastante poca luz, pero parec¨ªa que este pabell¨®n hab¨ªa sido dise?ado de tal forma a prop¨®sito, ya que la tienda estaba llena de cosas fluorescentes que brillaban en la oscuridad remarcando la belleza del sitio. Las paredes de la tienda estaban llenas de estas calcoman¨ªas fluorescentes y en todas partes si uno prestaba la suficiente atenci¨®n pod¨ªa encontrarse con dibujos infantiles pintados con crayones fluorescentes, los cuales estaban tan mal hechos que parec¨ªa que realmente los hab¨ªan dibujado algunos ni?os. Por su parte el suelo de la tienda estaba completamente forrado con una alfombra llena de dibujitos coloridos y cada pocos pasos uno pod¨ªa encontrarse con unos cristales que iluminaban tenuemente desde el suelo las estanter¨ªas del pabell¨®n. Realmente esta era una habitaci¨®n que emocionar¨ªa a cualquier ni?o, y pese a ello Apolo estaba m¨¢s tenso que nunca mirando cautamente el desconocido ambiente que lo rodeaba. Hab¨ªa varias advertencias marcadas por su ancestro en su legado acerca de este pabell¨®n, pese a que esas advertencias fueron justamente el gran motivo por el cual su ancestro hab¨ªa escondido el libro en este lugar. En primera instancia ning¨²n mago ten¨ªa una necesidad real de buscar libros infantiles, y en segunda instancia nadie que no fuera de la familia de Apolo se atrever¨ªa a explorar este sitio por mucho tiempo. El gran motivo por el cual este cuarto pod¨ªa ser bastante peligroso era justamente porque era el pabell¨®n de libros infantiles: desde hace milenios la familia era un gran tab¨² en el mundo de los magos, y seg¨²n su ancestro incluso en la antig¨¹edad los magos tend¨ªan a castrar a sus propios disc¨ªpulos para que los mismos solo pudieran concentrarse en la magia. Por lo tanto, seg¨²n el ancestro de Apolo, el mago que cre¨® esta habitaci¨®n, es decir el archimago Bastian, lo hizo ¨²nicamente por el morbo de crear una gigantesca trampa mortal para los magos que incumplieran esta ?noble? tradici¨®n, por lo que este pabell¨®n jam¨¢s tuvo la intenci¨®n de ser un sitio de lectura. No obstante, Apolo no estaba preocupado, ¨¦l estaba caminando tras los pasos dejados por su ancestro por lo cual claramente sab¨ªa c¨®mo sobrevivir a este pabell¨®n. Por unos minutos, Apolo se qued¨® en la entrada del t¨²nel, esperando contra la pared mientras observaba la oscuridad que ten¨ªa al frente, concentr¨¢ndose en escuchar los ligeros pasos en las alfombras que solo pod¨ªan ser escuchados por alguien con unos o¨ªdos superhumanos como los que ¨¦l ten¨ªa. Al notar que el tiempo pasaba y los pasos no ven¨ªan, Apolo comenz¨® a aplaudir en busca de crear algo de ruido: This novel''s true home is a different platform. Support the author by finding it there. *Plaf¡ Plaf¡ Plaf* El joven aplaudi¨® tom¨¢ndose unos cuantos minutos tras cada aplauso y cada vez lo fue haciendo m¨¢s fuerte, como si estuviera buscando llamar la atenci¨®n de ?alguien? pero no de ?todos?. *Palf* El joven volvi¨® a aplaudir fuertemente y se detuvo de repente, escuchando con atenci¨®n como al parecer alguien hab¨ªa comenzado a acercarse a la entrada del t¨²nel donde ¨¦l se encontraba. Mientras el joven esperaba pacientemente mirando la peligrosa oscuridad que ten¨ªa al frente, el anillo de oro en su mano comenz¨® a brillar y le permiti¨® observar como el brillo del mismo revelaba un ni?o de pelo rojo vistiendo t¨²nicas blancas acerc¨¢ndose hacia ¨¦l con lentitud. El ni?o ten¨ªa el pelo cubriendo la mitad de su rostro por lo que no pod¨ªan verse sus ojos; sin embargo, su boca era visible y mostraba una sonrisa bastante amigable. Cuando el ni?o estuvo a unos pocos pasos de Apolo, abri¨® la boca para hablar mostrando unos dientes afilados, no obstante eran bastante complicados de ver en la oscuridad a no ser que uno ya estuviera al tanto de ellos: ¡ªMucho gusto, as¨ª que otro mago vino a buscar uno de nuestros libros, ?C¨®mo te llamas, grandote? ¡ª...¡ªApolo l¨®gicamente no contest¨®, ya le hab¨ªan advertido: ?No hables con nadie en la biblioteca!. No obstante aprovech¨® la oportunidad para acercarse al ni?o con una sonrisa amigable. ¡ªOh, cierto que los ac¨®litos no pueden hablar en la biblioteca, me hab¨ªa olvidado¡¡ªMurmur¨® el ni?o apuntando con sus manitos hacia su boca¡ª?Que tal si te guio hacia un libro incre¨ªblemente interesante: dicen que guarda los misterios de c¨®mo encontrarle un sentido a la vida! ¡ª...¡ªApolo detuvo sus planes por unos minutos y mir¨® extra?amente al ni?o algo incomodado con las palabras que acababa de decir. Sin embargo, r¨¢pidamente Apolo record¨® las palabras de su ancestro que hab¨ªa memorizado a muerte, y mantuvo su plan inicial por lo que se descongel¨® y asinti¨® con la cabeza emocionadamente, haciendo que una sonrisa alegre se formara en el rostro del ni?o. ¡ª?Ven, por ac¨¢, grandote!, en este pabell¨®n hay much¨ªsimos libros interesantes: tambi¨¦n conozco un libro que puede cambiar tu destino, incluso si el mismo est¨¢ maldito y pronostica tu ¡¡ªFue explicando el ni?o con una sonrisa llena de emoci¨®n, d¨¢ndose la vuelta para comenzar a caminar a una direcci¨®n. No obstante, apenas el ni?o perdi¨® de vista a Apolo, el gigante se abalanz¨® sobre ¨¦l y lo tom¨® del cuello. *Aghghh* El joven trat¨® de pedir ayuda, pero Apolo lo estaba ahorcando por lo que no pod¨ªa hablar, desesperadamente el ni?o trat¨® de lastimar a Apolo d¨¢ndole unas cuantas patadas, pero no provoc¨® absolutamente nada y no pudo liberarse del agarre del gigante. Poco a poco el ni?o dej¨® de luchar y cuando ya estaba por dejar de moverse, Apolo lo solt¨®, haciendo que el ni?o cayera sobre la alfombra, inmediatamente el ni?o comenz¨® a respirar violentamente mientras miraba a Apolo con terror. Maldiciendo por dentro, Apolo volvi¨® a tirarse arriba del ni?o y comenz¨® ahorcarlo nuevamente hasta que el ni?o volvi¨® a dejar de luchar y Apolo lo solt¨®. Esta vez el chico hab¨ªa dejado de moverse, no obstante Apolo se asegur¨® de que el mocoso a¨²n estuviera respirando, garantiz¨¢ndose de tal manera de tener preparado un chaleco salvavidas por si las cosas sal¨ªan mal. Cargando al ni?o inconsciente en la espalda como si se tratase de un saco de patatas, Apolo se adentr¨® en la oscuridad de la tienda mientras iluminaba su paso con una d¨¦bil llama que hab¨ªa surgido de la punta de su dedo. E125-Escape Tras adentrarse unos pocos pasos en la oscuridad, Apolo comenz¨® a sentir como m¨¢s ?personas? se le acercaban, pero una vez que estas personas se acercaban lo suficiente para ver al ni?o siendo cargado en sus hombros, se deten¨ªan y comenzaban a retroceder sus pasos con la misma lentitud con la que se hab¨ªan acercado. Apolo sab¨ªa que esto era porque estas criaturas ten¨ªan la suficiente inteligencia como para no querer terminar como el pobre ni?o que estaba colgando de sus hombros como un saco de patatas, gracias a esta intimidaci¨®n Apolo logr¨® encontrar la escalera que se dirig¨ªa al segundo piso de la tienda sin problemas. Al llegar a la escalera, Apolo vio como la alfombra en el piso de la escalera era una rayuela gigante llena de n¨²meros y letras desordenadas sin un aparente sentido. No obstante, el joven noble procur¨® subir la escalera siendo lo suficientemente cuidadoso como para no pisar ninguna letra. Algunas veces el joven tuvo que saltar un escal¨®n y otras subir en zigzag, pero sin muchas dificultades Apolo termin¨® logrando el objetivo de subir al segundo piso. El segundo piso como tal no era muy diferente al primero, salvo por el peque?o detalle de que las pegatinas de este piso estaban movi¨¦ndose como si tuvieran vida propia: Las pegatinas iban de una pared a otra, se met¨ªan entre los libros y de vez en cuando se despegaban y saltaban para pegarse en otro lugar sin un aparente motivo, haciendo complicado imaginarse a d¨®nde se ir¨ªan despu¨¦s. Apolo trat¨® de contar la cantidad de pegatinas, pero se dio cuenta de que eran demasiadas para perder el tiempo con esta tarea; el joven sab¨ªa que ten¨ªa que ser r¨¢pido, por lo tanto, procedi¨® a sacar el antifaz de plata de uno de los bolsillos ocultos en su toga y se lo puso en el rostro. Inmediatamente, Apolo mir¨® con atenci¨®n el pasillo del segundo piso: De un lado estaba la baranda que daba al pulm¨®n en medio de la tienda por la cual el joven podr¨ªa tirarse para bajar inmediatamente al primer piso, del otro lado estaban las estanter¨ªas llenas de pegatinas en movimiento aparentemente inofensivas. Mientras que en el piso del pasillo estaba la continuaci¨®n de la alfombra con dise?o de rayuela que el joven pudo ver en la escalera. Pero lo m¨¢s importante que pudo ver Apolo en este pasillo es que entre la infinidad de libros infantiles en las estanter¨ªas hab¨ªa un libro que estaba brillando como si fuera una calcoman¨ªa: ?Era el libro indicado por su ancestro!. Apolo sonri¨® como un demente al ver el libro brillante desde la entrada del segundo piso, pese a que el joven contuvo sus ganas de ir a buscarlo, ya que a¨²n no se atrev¨ªa a adentrarse en el silencioso pasillo. Seg¨²n su ancestro el libro que Apolo buscaba deb¨ªa brillar si el joven lo ve¨ªa con el antifaz de plata puesto; el joven no ten¨ªa ni idea del motivo por el cual el libro brillaba o como su ancestro lo hab¨ªa colocado en este lugar, pero la realidad estaba frente a sus ojos por lo cual no hab¨ªa motivo para dudar de sus palabras. Tras comprobar que el ansiado tesoro estaba a unos pocos pasos, Apolo mir¨® con atenci¨®n como las calcoman¨ªas segu¨ªan movi¨¦ndose aleatoriamente entre las estanter¨ªas, el piso y las paredes del pasillo. Conteniendo sus ganas, el joven esper¨® pacientemente a que las calcoman¨ªas por aleatoriedad se alejaran del camino entre ¨¦l y el dichoso libro. El tiempo lentamente fue transcurriendo, mientras Apolo sin perder la calma observaba en la distancia como las calcoman¨ªas se mov¨ªan de un lugar a otro en busca de la oportunidad perfecta para reclamar su premio, fue entonces cuando un ruido anormal comenz¨® a escucharse desde el tercer piso de la tienda poniendo en alerta al joven noble. *Ching... Ching...?Ching!* Un ruido muy similar al de cadenas chocando entre ellas pudo escucharse bajando por la escalera que conectaba el tercer piso con el segundo. Apolo ni siquiera se molest¨® en levantar la cabeza para ver la fuente del ruido, y en su lugar sali¨® corriendo como un demente sujetando firmemente a su chaleco salvavidas; con una destreza pocas veces vista en un humano, el joven se dirigi¨® a la direcci¨®n en donde se encontraba el libro que tanto anhelaba sin pisar ninguna de las letras en la rayuela en la alfombra. If you come across this story on Amazon, it''s taken without permission from the author. Report it. Sintiendo el movimiento de Apolo por el pasillo, las calcoman¨ªas en las estanter¨ªas comenzaron a saltar arriba del joven para pegarse a la toga del mismo. Inmediatamente, las calcoman¨ªas se deslizaron por la toga que vest¨ªa Apolo hasta llegar a la piel del joven, para luego meterse dentro de la misma provocando que un d¨¦bil brillo fluorescente comenzara emitirse desde abajo de la piel del noble. Ignorando el terrible dolor de sentir como era atravesado por incontables calcoman¨ªas, Apolo sigui¨® corriendo hasta llegar al libro que brillaba y tomarlo. Mientras tanto el ni?o que cargaba en sus hombros comenz¨® a envejecer a medida que se consum¨ªa su fuerza vital para curar el da?o causado por las calcoman¨ªas en el joven. *?Ching!... ?Ching!* Pese a que el libro hab¨ªa sido obtenido por Apolo, el joven se percat¨® de que el ruido de las cadenas chocando se estaba haciendo cada vez m¨¢s fuerte y m¨¢s cercano a su cuerpo:?Al punto de que la misteriosa criatura estaba a unos pasos de agarrarlo!. Sintiendo la urgencia del momento, Apolo no pens¨® en las consecuencias y salt¨® por la baranda que daba al pulm¨®n en el medio de la tienda para caer directamente al primer piso. *Puff* El joven cay¨® arriba de la alfombra y se levant¨® de inmediato para comprobar que todo hab¨ªa salido bien de milagro y sus ancestros m¨ªsticamente lo protegieron de caer arriba de una estanter¨ªa; lo cual podr¨ªa haber provocado que todas las estanter¨ªas del lugar comenzaran a caer con un efecto domin¨® haciendo imposible caminar entre el mar de libros tirados en el piso. Mientras el joven agradec¨ªa y ped¨ªa ayuda en su mente, corri¨® hacia la salida de la tienda como si su vida dependiera de ello, pues el ruido de las cadenas chocando a¨²n pod¨ªa escucharse desde el segundo superior. No obstante la tarea no estaba siendo tan f¨¢cil dado que una gran cantidad de ni?os se acercaban a Apolo atra¨ªdos por la luz de las calcoman¨ªas que brillaban debajo de su piel: ?Al parecer sus n¨²meros le daban el coraje para dejar de sentirse intimidado por el gigante! *?Ching!... ?Ching!... ?Ching!* El ruido de cadenas chocando comenz¨® a escucharse bajando a gran velocidad desde la escalera que conectaba el primer piso con el segundo y parec¨ªa que a este ritmo llegar¨ªa a Apolo antes de que el joven pudiera escapar. Percat¨¢ndose de la terrible situaci¨®n donde se encontraba, el joven noble corri¨® como un demente chocando contra los ni?os, repartiendo manotazos por todos lados mientras corr¨ªa hacia el t¨²nel cada vez m¨¢s cercano. *?Ching!... ?Ching!... Ahhhg* El Ruido de cadenas chocando se fue haciendo cada vez m¨¢s fuerte a medida que Apolos se acercaba al t¨²nel; sin embargo, el ruido de las cadenas chocando se opac¨® por los gritos llenos de agon¨ªa que comenzaron a surgir desde la espalda del joven, al parecer la criatura que liberaba el ruido de las cadenas estaba atacando a los ni?os que le iban siendo arrojados por Apolo, en un intento desesperado del joven de ganar tiempo para salvarse el cuello. No obstante, el joven no sonri¨® de felicidad al escuchar c¨®mo los ni?os eran las v¨ªctimas de la misteriosa criatura, ya que por el ruido que escuchaba proviniendo desde su espalda la criatura no se estaba distrayendo, y en su lugar su velocidad se estaba haciendo cada vez m¨¢s r¨¢pida decidida a atrapar a Apolo como diera lugar. *?Ching!... ?Ching!...* Apolo con horror escuch¨® como el ruido de las cadenas chocando estaba justo detr¨¢s de ¨¦l. La criatura estaba tan cerca que el joven hab¨ªa comenzado a oler el f¨¦tido y repulsivo olor moribundo que liberaba. Pese a ello Apolo no se detuvo a tratar de ver que tan lejos estaba realmente la criatura, y sigui¨® corriendo cada vez m¨¢s r¨¢pido hasta finalmente acercarse lo suficiente al t¨²nel como para empezar a verlo entre la oscuridad de la tienda. *?Ching!... * Apolo escuch¨® como el ruido de las cadenas chocando se detuvo abruptamente, lejos de sentirse a salvo el silencio provoc¨® que el joven soltara al esquel¨¦tico ni?o en sus hombros y pegara un salto anormalmente alto hacia el t¨²nel. Mientras volaba acrob¨¢ticamente por el cielo el joven noble sinti¨® como las cadenas emit¨ªan el ruido similar a un latigazo para tratar de agarrarlo, pero afortunadamente o por la gracia de sus ancestros, la criatura fall¨® en su intento desesperado de atraparlo y el joven cay¨® al suelo para terminar rodando por la alfombra hasta chocar con la pared. Como si su vida dependiera de ello, Apolo se meti¨® al t¨²nel y cerr¨® la puerta del mismo lo mejor que pudo, para comenzar a gatear con una velocidad impresionante hacia la salida del t¨²nel. *?Ching!,?Ching!, ?Ching!, ?Ching!* Apolo comenz¨® a escuchar como la criatura que lo hab¨ªa perseguido comenz¨® a golpear la pared del pabell¨®n de libros infantiles haciendo que las cadenas chocaran con a¨²n m¨¢s violencia, pero por suerte esto tambi¨¦n indicaba que la horripilante criatura no pod¨ªa meterse por el t¨²nel: ?Apolo hab¨ªa escapado! E126-Salida Tratando de ignorar el horripilante ruido de las cadenas chocando, Apolo sigui¨® gateando hasta finalmente salir del t¨²nel para encontrarse nuevamente con los pasillos de la biblioteca. Apenas el joven pudo volver a pararse, no perdi¨® el tiempo y se sac¨® la toga para ir arranc¨¢ndose las pegatinas que se le hab¨ªan colado debajo de la piel. Por suerte el ?chaleco salvavidas? hab¨ªa dado su vida gloriosamente para poder sacarle al joven unas cuantas pegatinas de encima, no obstante todav¨ªa hab¨ªa unas cuantas pegatinas debajo de su piel y parecer¨ªa que las mismas estaban chupando la sangre de Apolo como si fueran par¨¢sitos. Apolo no tard¨® mucho en sac¨¢rselas todas, ya que las mismas brillaban con un evidente color verdeci¨®, aunque sacarse las pegatinas de la espalda le hab¨ªa resultado bastante complicado al joven, puesto que solo contaba con el reflejo del antifaz de plata como ayuda para poder verse la espalda. Lo m¨¢s triste es que el cuerpo de Apolo era demasiado grande, provocando que el joven no llegara con sus manos a tocarse algunas secciones de la parte de atr¨¢s de su espalda. Por lo que para poder lograr liberarse de los par¨¢sitos el joven tuvo que arrancarse una buena porci¨®n de piel rozando su espalda contra la puerta del t¨²nel del pabell¨®n infantil. Tras terminar la tarea lo cierto es que Apolo estaba completamente cubierto de sangre, pero al menos de esta forma perd¨ªa menos sangre que teniendo unos par¨¢sitos metidos en su cuerpo devor¨¢ndolo como si de un manjar se tratase. Apolo volvi¨® a ponerse la toga luchando contra la incomodidad que le causaba sentir su cuerpo lleno de heridas rozando con la tela de la prenda, y sali¨® corriendo hacia el pasillo del pabell¨®n por el cual hab¨ªa venido, tratando de no perder el tiempo y encontrar un ¨¢rbol para curarse lo m¨¢s pronto posible. Antes siquiera de terminar de cruzar todo el primer pabell¨®n para iniciar su viaje de regreso, Apolo pudo ver a la gigantesca pelota de carne con brazos, tambi¨¦n llamada el vendedor, al final del pasillo rodeado de estanter¨ªas; el joven ya hab¨ªa salido del pabell¨®n infantil y no hab¨ªa vuelto a iniciar la secuencia del c¨®digo dado por el vendedor al correr inicialmente hacia atr¨¢s en el primer pabell¨®n, por lo que Apolo hab¨ªa salido del laberinto infinito y se encontraba justo pegado a la salida de la biblioteca. Tras llegar Apolo se acerc¨® al vendedor y sac¨® el libro que hab¨ªa venido a buscar de un bolsillo oculto dentro de su toga. Mostrando el libro al vendedor, el joven coment¨® con apuro: ¡ªEste es el libro que vine a buscar, ?Puedo llev¨¢rmelo? Escuchando que alguien le hablaba, uno de los brazos de la pelota gigantesca de carne dej¨® de moverse aleatoriamente y en su lugar se estir¨® con anormalidad hasta ponerse delante de Apolo. Acto seguido, una boca aparentemente femenina surgi¨® en la palma de la mano extendida de la criatura y con una voz muy coqueta respondi¨®: Unauthorized reproduction: this story has been taken without approval. Report sightings. ¡ªAs¨ª que lo has encontrado: ?Qu¨¦ impresionante!. Hay pocos libros en esta biblioteca que se me han olvidado donde estaban, pero al parecer este peque?o diablillo se escond¨ªa en el pabell¨®n infantil: ?Vaya sitio extra?o para guardar un libro de ense?anza!. ¡ª?Puedo llevarme el libro?¡ªVolvi¨® a repetir Apolo agitando el libro en su mano como tratando de transmitirle el apuro que ten¨ªa a la criatura; en estos momentos el joven se estaba muriendo desangrado, por lo que claramente no quer¨ªa ponerse a discutir con esta infernal criatura en estas circunstancias. Pero por desgracia Apolo no pod¨ªa irse con un libro de esta biblioteca sin avisarle al vendedor, ya que en dicho caso estar¨ªa robando y el joven no quer¨ªa saber las consecuencias de que pasar¨ªa si esta criatura descubriera que era un ladr¨®n. ¡ªClaro, es un regalo de cortes¨ªa: ?Pero recuerda que ese libro es lo ¨²nico que te dar¨¦ gratis!¡ªRespondi¨® el vendedor retirando su mano para dejar marchar a Apolo. ¡ª...¡ªApolo no le respondi¨® al vendedor y en su lugar se puso a correr hacia la salida, por suerte nada anormal pas¨® y el joven pudo salir de la biblioteca para encontrarse con la atenta mirada del mago leyendo en el sill¨®n. Antes de que Apolo pudiera salir de la habitaci¨®n para llegar a la escalera de caracol, el mago en el sill¨®n chasque¨® sus dedos y una columna de agua se interpuso en el camino de Apolo, por desgracia el joven iba tan r¨¢pido que no pudo evitar el ataque repentino y cruz¨® por la columna de agua. Pero al cruzar la columna de agua, Apolo se dio cuenta de que en realidad no era un ataque, ya que todo su cuerpo hab¨ªa quedado completamente curado como por arte de magia, provocando que el joven mirara con incredulidad al mago en el sill¨®n; impresionado de que existiera un mago que pudiera realizar semejante hechizo. ¡ªEse hechizo es sorprendente...¡ªMurmur¨® Apolo revisando su cuerpo con atenci¨®n, comprobando que su sangrado se hab¨ªa detenido y los trozos de piel faltante se hab¨ªan regenerado dej¨¢ndolo como nuevo. ¡ªOjal¨¢, pero me temo que ese no fue un hechizo m¨ªo. El conjuro fue invocado gracias a la ayuda de la torre¡¡ªRespondi¨® el mago en el sill¨®n mirando a Apolo con curiosidad, sobre todo al libro que el joven sosten¨ªa en su mano; Apolo no hab¨ªa vuelto a guardar el libro en sus bolsillos por lo que no pudo escapar de la curiosa mirada del viejo mago¡ªPor lo que puedo observar: conseguiste tu libro, pero al parecer tuviste que meterte en bastantes problemas para obtenerlo. Recuerda que si el mundo de los magos en la actualidad es cruel, entonces en la antig¨¹edad era directamente una barbarie en donde con suerte s¨®lo sobreviv¨ªan unos pocos ac¨®litos. Y esta torre es muy antigua, por lo que hay muchas trampas para ?filtrar? a los candidatos pocos dignos de recibir la herencia del mago que controlaba la torre, por lo que nunca te olvides de caminar con cuidado en este lugar. ¡ªGracias por la advertencia, pero me temo que el consejo ya no me ser¨¢ de mucha utilidad: no planeo volver a entrar en esta torre...¡ªRespondi¨® Apolo con la voz bastante apagada, caminando hacia la salida; el joven no ten¨ªa muchas ganas de hablar con nadie ahora mismo, ya hab¨ªa obtenido lo que hab¨ªa venido a buscar, por lo que ahora Apolo solo quer¨ªa volver a su mansi¨®n y terminar la funci¨®n que hace ya demasiados a?os hab¨ªa estado actuando. ¡ªNada es absoluto, y uno nunca sabe lo que nos preparan las vueltas de la vida. Suerte con tu lectura, jovencito¡¡ªRespondi¨® el mago con calma, volviendo a tomar su libro para reanudar su silenciosa lectura. E127-De regreso a casa Apolo subi¨® las escaleras de caracol y sali¨® de la gran torre para dirigirse a su carruaje en donde un conductor de rostro desconocido lo hab¨ªa estado esperando todo este tiempo. ¡ª?A d¨®nde nos dirigimos, mi se?or?¡ªPregunt¨® el conductor notando que Apolo se le acercaba. ¡ªLl¨¦vame de regreso a la mansi¨®n...¡ªRespondi¨® Apolo desganadamente entrando al carruaje. El carruaje se puso en marcha y antes de que el joven se diera cuenta ya se encontraba saliendo del ministerio de magia. Mientras tanto, Apolo miraba desde la ventana del carruaje los cuatro grandes castillos y la gran torre alej¨¢ndose en la distancia, siendo consciente de que esta ser¨ªa la ¨²ltima vez que estar¨ªa en este lugar, pensando en todas las aventuras y desventuras que le hab¨ªan ocurrido en este inusual y bello lugar. Cuando el joven perdi¨® de vista el ministerio, sali¨® de su trance y sac¨® el libro que hab¨ªa obtenido en esta aventura y se puso a inspeccionarlo. El dichoso libro ten¨ªa una cubierta de cuero marr¨®n de aspecto bastante com¨²n, aunque si uno pensaba en la antig¨¹edad del libro se percatar¨ªa de que el cuero estaba en incre¨ªbles condiciones, casi como si el paso del tiempo no lo hubiera afectado en absoluto. Por otra parte, inscripto en la tapa de cuero se hallaba un t¨ªtulo llamativo, el cual dec¨ªa: ?Magia para caballeros distinguidos?. Con curiosidad, Apolo abri¨® la primera p¨¢gina del libro para encontrarse con una descripci¨®n del mismo; realmente el joven no ten¨ªa ni idea de qu¨¦ trataba el libro, dado que su ancestro no se hab¨ªa malgastado en contarle por qu¨¦ este libro era tan importante para su futuro. Sin embargo, el futuro poco le importaba al joven y el gran motivo para encontrar el libro era para satisfacer la ¨²ltima voluntad de alguien que se hab¨ªa preocupado por ¨¦l aunque no lo conociera o siquiera haya nacido en el mismo milenio. Por lo que Apolo ley¨® con inusual atenci¨®n la descripci¨®n que pod¨ªa observarse en la introducci¨®n del libro tratando de comprender qu¨¦ es lo que quer¨ªa transmitirle su ancestro con esta historia: "Mucho gusto, joven ac¨®lito, mi nombre es Calixto el archimago de la torre negra y en este libro te dar¨¦ una gu¨ªa b¨¢sica de los protocolos que un mago debes seguir, junto a una detallada introducci¨®n al noble mundo de la magia. Espero tu buena voluntad para aprender nuestras nobles tradiciones y que tu camino en la magia sea tan pr¨®spero como fue el m¨ªo. Para bendecir tu comienzo en esta gran aventura, d¨¦jame ilustrarte con las palabras que marcaron mi camino como mago: ?Un mago es aquel que act¨²a y viste como tal?" Support the creativity of authors by visiting the original site for this novel and more. ¡ªAs¨ª que es un libro introductorio para los ac¨®litos de Calixto...¡ªSusurr¨® Apolo tomando su bast¨®n que hab¨ªa dejado en el carruaje, rotando el pomo del mismo abri¨® el compartimento secreto mostrando que el joven hab¨ªa guardado una aguja de plata. El joven tom¨® la aguja de plata y se pinch¨® el dedo manchando su punta con sangre, luego con cuidado tach¨® el nombre del archimago y en su lugar lo reemplaz¨® con el nombre de su ancestro, inmediatamente el libro comenz¨® a temblar con violencia hasta cerrarse de golpe, cay¨¦ndose al suelo. El joven levant¨® el libro para darse cuenta de que el libro hab¨ªa cambiado, su tapa de cuero estaba completamente envejecida y estaba llena de ara?azos y partes faltantes, mostrando que el libro hab¨ªa sido bastante descuidado o utilizado. Aunque lo m¨¢s llamativo es que alguien se hab¨ªa tomado la molestia de tachar con violencia el t¨ªtulo del libro y en su lugar reemplazarlo por el siguiente: ?Magia para idiotas? Con curiosidad, Apolo abri¨® el libro y se encontr¨® con que el interior de las p¨¢ginas del libro tambi¨¦n hab¨ªan cambiado: la introducci¨®n era exactamente la misma, pero alguien hab¨ªa tachado gran parte de la misma para reemplazar las palabras por otras y se hab¨ªa llenado de anotaciones, divagaciones y dibujitos mal hechos distribuidas por la p¨¢gina inicial. El mensaje introductorio ahora se ve¨ªa de esta forma: "Mucho gusto, descendiente, mi nombre es Cosmo el mago de fuego del bosque negro y en este libro te dar¨¦ una muy detallada introducci¨®n al mundo de la magia. Para bendecir el comienzo en esta gran aventura, d¨¦jame ilustrarte con las palabras que marcaron mi camino como mago: ?Un mago es aquel que piensa como tal?" ¡ªAl parecer este es su verdadero legado, me pregunto por qu¨¦ nunca lo mand¨® al castillo y en su lugar lo escondi¨® en la biblioteca...¡ªMurmur¨® Apolo dando vuelta las p¨¢ginas del libro, d¨¢ndose cuenta de que el nivel de obsesi¨®n con el que se manejaba su ancestro Cosmo era digno de respeto: cada p¨¢gina del libro hab¨ªa sido modificada y se le habr¨ªan agregado las experiencias de vida de su ancestro. Lo m¨¢s interesante de estas modificaciones es que se notaba que se hab¨ªan hecho en varios momentos diferentes de la vida de Cosmo: hab¨ªa dibujitos sin sentido que probablemente los hab¨ªa hecho cuando hab¨ªa comenzado a leer el libro, divagaciones que se contradec¨ªan entre s¨ª unas pocas p¨¢ginas m¨¢s adelante y tambi¨¦n hab¨ªa mensajes que parec¨ªan ser sus ¨²ltimas palabras, todas mezcladas y sin un orden evidente. Realmente este libro parec¨ªa ser el trabajo de toda la vida de Cosmo. Aunque teniendo en cuenta que el mago Cosmo gan¨® un t¨ªtulo honor¨ªfico como mago de fuego, uno podr¨ªa suponer que eso no era del todo cierto y que su ancestro hab¨ªa estado modificando este libro en sus tiempos libres pensando que en un futuro distante pod¨ªa ser utilizado por alguien como Apolo. ¡ªBueno, solo falta ver lo hermoso que me qued¨® el jard¨ªn y cumplir¨¦ con toda tu ¨²ltima voluntad, Cosmo...¡ªMurmur¨® Apolo sonriendo con una felicidad ag¨®nica; pensando que por suerte o por desgracia finalmente estaba viajando hacia el acantilado de sus sue?os... E128-Llegada El sol se fue ocultando y cuando la luna empez¨® a bailar con las estrellas en el cielo, Apolo hab¨ªa llegado a su estancia. Independientemente del horario poco oportuno, todos los criados se hallaban en las escaleras que daban entrada a la mansi¨®n para darle la bienvenida. No obstante, Apolo no reconoc¨ªa ning¨²n rostro y por lo poco que ?aguantaban? en sus puestos tampoco val¨ªa la pena recordarlos; la cruel realidad era que lo m¨¢s probable es que tras un a?o los Gururis tengan que buscarse otra camada con nuevos criados, aunque por suerte el joven noble no tendr¨ªa que lidiar con ese problema, ya que para esas fechas ser¨ªa una m¨¢s de las decoraciones de esta espl¨¦ndida mansi¨®n. Lo ¨²nico que realmente le importaba a Apolo de este recibimiento era que los tres fetos estaban vivitos y coleando entre la multitud de criados, aunque el estado de los dos Gururis rosados no era precisamente el mejor y sus cabezas estaban infladas de la cantidad de chichones que ten¨ªan. Apolo sonri¨® al ver a sus tres Gururis aun respirando y se baj¨® del carruaje para saludarlos: ¡ª?Bienvenido de regreso, maestro!¡ªGritaron todos los criados al un¨ªsono, parecer¨ªa que estuvieron ensayando el saludo durante un buen tiempo dado que realmente sus voces lograron coordinarse. ¡ªMe alegro de que ustedes tres est¨¦n vivos para recibirme¡ªDijo Apolo con una sonrisa mirando a sus Gururis, ignorando completamente al resto de criados¡ªEso significa que realmente han madurado lo suficiente como para decir que mi entrenamiento ya no es necesario, por lo que cumpl¨ª mi objetivo y ahora los tengo a ustedes tres para apoyarme. The story has been taken without consent; if you see it on Amazon, report the incident. ¡ª?Nos alegramos de que se alegre, Maestro!¡ªChillaron Nicol¨¢s y Aquiles con alegr¨ªa, mientras Zoe se limpiaba los mocos que sal¨ªan constantemente de su nariz con sus manitas. ¡ªEl resto de criados puede irse a dormir, ya es bastante tarde, pero quiero que mis tres disc¨ªpulos me muestren que tan bonito qued¨® el jard¨ªn antes que vaya a¡ antes que vaya a dormir.¡ªDijo Apolo mirando el rostro de todos los criados con una sonrisa inusualmente alegre; como si finalmente se estuviera sacando un gran peso de encima y se atreviera a ver el rostro de las personas que ¨¦l estaba condenando. ¡ª?Como ordene, Maestro!¡ªExclam¨® Zoe, apuntando con su bastoncito a la puerta mientras miraba a los criados inexpresivamente como indic¨¢ndoles que siguieran la orden. Ya era bastante tarde y todos los criados estaban cansados de esperar a Apolo; para colmo Zoe hab¨ªa exagerado completamente los tiempos, por lo que los criados llevaban esperando casi 8 horas en la entrada de la mansi¨®n mir¨¢ndose la cara entre ellos, as¨ª que sin decir nada y con la cabeza gacha los criados comenzaron a dirigirse hacia su dormitorio. Mientras tanto, con lentitud y apoy¨¢ndose en su fiel bast¨®n, Apolo se dirigi¨® hacia el camino de losas azuladas que recorr¨ªa todo el patio de su estancia, disfrutando de la c¨¢lida compa?¨ªa que le otorgaban sus tres disc¨ªpulos que caminaban unos pocos pasos detr¨¢s de ¨¦l. E129-El jardin Mientras caminaba por el camino de losas azuladas Apolo observ¨® los ligeros cambios que hab¨ªa en el jard¨ªn. Aunque algunos cambios no eran tan ligeros y eran evidentes a simple vista como el hecho de que el pasto hab¨ªa sido cortado y que se hab¨ªan remplazado a las malas hierbas por m¨¢s pasto de color verde brillante, pese a que siendo de noche el joven no alcanzaba a apreciar lo colorido del mismo. De todas formas varias secciones del patio de la estancia estaban iluminadas por unas antiguas farolas, a las cuales se le hab¨ªan remplazado los cristales por algunos m¨¢s nuevos y funcionales, por lo que a¨²n pod¨ªa distinguirse medianamente bien una buena parte de los cambios que realizaron los Gururis en el patio durante estos meses. L¨®gicamente, los ¨¢rboles de la estancia no hab¨ªan cambiado, pero s¨ª hab¨ªan sido podados y en algunos casos se les hab¨ªan sacado los hongos y par¨¢sitos que crec¨ªan en sus cortezas dej¨¢ndolos mucho m¨¢s presentables. El cambio m¨¢s evidente en el patio pod¨ªa apreciarse en los arbustos y flores de la estancia, las cuales al ser plantas m¨¢s delicadas hace tiempo hab¨ªan muerto por la falta de cuidado. Estas plantas hab¨ªan sido reemplazadas por otras m¨¢s nuevas, por lo que todav¨ªa no hab¨ªan crecido y en consecuencia su belleza a¨²n permanec¨ªa oculta de los ojos curiosos de Apolo. ¡ªRealmente les qued¨® muy bonito el patio de mi estancia, no sab¨ªa que las plantas eran tan baratas¡ªRespondi¨® Apolo mirando su amplio jard¨ªn; el jard¨ªn realmente eran muchos kil¨®metros de terrenos por cuidar y hab¨ªa demasiadas flores y arbustos que reemplazar, por lo que al joven le sorprendi¨® que pudiera costearlo. ¡ªLogramos reclamar el cobro por su trabajo como inspector de Goros. Realmente le pagaron m¨¢s de lo que gan¨® como mago hasta ahora, por lo que los cristales nos sobraron e incluso mandamos a hacer algunas estatuas, pero todav¨ªa no se terminaron y pueden tomar algunos a?os hasta que las veamos en el jard¨ªn¡ªRespondi¨® Zoe mientras miraba con orgullo el patio de la estancia. ¡ªMe alegro, de seguro el patio de la mansi¨®n quedar¨¢ hermoso con las estatuas y mis vecinos finalmente estar¨¢n contentos...¡ªMurmur¨® Apolo con calma. ¡ªNo sab¨ªa que le importaba la opini¨®n de sus vecinos, maestro. De hecho recibimos varios regalos de ellos, al parecer a todos les gust¨® que finalmente mandara a cortar el pasto y sacara las malas hierbas que arruinaban la belleza del lugar¡ªComent¨® Aquiles. This story is posted elsewhere by the author. Help them out by reading the authentic version. ¡ªA m¨ª no me importa los vecinos y sus opiniones, pero s¨ª le importa a mis ancestros y es mi deber honrar sus ¨²ltimas voluntades¡ªRespondi¨® Apolo con calma mientras proced¨ªa a sentarse en un banco de m¨¢rmol que hab¨ªa sido colocado para ver el lago en la estancia. Realmente el lago era hermoso de noche, incluso ten¨ªa unos cristales que iluminaban su fondo permitiendo ver como los peces coloridos se mov¨ªan en su interior. Algo hipnotizado por la belleza del lugar, Apolo se qued¨® mirando el lago por unos minutos hasta finalmente reaccionar. Sacando el antifaz de plata y el libro que hab¨ªa obtenido del bolsillo oculto en su toga, el joven noble los mir¨® con cuidado y coment¨® con calma: ¡ªCuando yo muera tambi¨¦n quiero dejarles algo a mi familia, as¨ª que h¨¢ganme el favor de entregarles este antifaz y este libro. Junto a una caja de madera que hay en uno de los escritorios de mi cuarto, dentro de la caja se hallan todos los documentos que me fueron entregados como mago. ¡ª?Se est¨¢ muriendo, maestro?¡ªPregunt¨® Zoe inexpresivamente; aunque por la pregunta uno supon¨ªa que ten¨ªa bastante preocupaci¨®n¡ªYo no quiero quedarme sin maestro otra vez. ¡ªNo me estoy muriendo, pero justamente ese es mi gran problema...¡ªMurmur¨® Apolo mirando al lago con calma¡ªNo quiero vivir m¨¢s, ya cumpl¨ª todos mis deberes y es momento de que obtenga mi justo descanso. ¡ª?Pero si usted se va qui¨¦n ser¨¢ el nuevo maestro?¡ªPregunt¨® Aquiles preocupado. ¡ªLa due?a de la estancia ser¨¢ Zoe, cuando ella muera ustedes dos ser¨¢n los maestros y cuando ustedes dos mueran ser¨¢ el tiempo el maestro de esta mansi¨®n¡ªRespondi¨® Apolo con calma mirando los peces nadando en el lago¡ªEl maestro siempre terminar¨¢ siendo el tiempo, ya que no planeo vender nunca esta mansi¨®n y dudo que alguien la quiera comprar; me temo que la gente de la capital no lograr¨¢ apreciar la belleza de los muebles escondidos en esta mansi¨®n... ¡ª?No podemos ser nosotros dos los maestros antes que Zoe?¡ªPreguntaron los dos Gururis rosados al mismo tiempo. ¡ªNo, porque ustedes tienen m¨¢s tiempo que Zoe, Zoe tiene m¨¢s tiempo que yo y el tiempo tiene m¨¢s tiempo que ustedes dos¡ªDijo Apolo levant¨¢ndose para mirar a sus tres Gururis fijamente como si no quisiera olvidarse de sus horripilantes rostros¡ªRealmente adquirir a ustedes tres fue el mejor consejo que recib¨ª de mi ancestro. Fueron buenos disc¨ªpulos, aunque me temo que yo no fui un buen maestro, ya que no les ense?¨¦ absolutamente nada¡adem¨¢s de no matarse los unos a los otros. ¡ª?Fue una ense?anza muy valiosa, maestro!¡ªChillaron los tres Gururis al un¨ªsono. ¡ªMe alegro de que mi ¨²nica ense?anza les haya sido ¨²til, ahora acomp¨¢?enme hasta la mansi¨®n y v¨¢yanse a dormir o ma?ana no podr¨¢n trabajar con normalidad¡ªDijo Apolo con una leve sonrisa, reanudando su lenta marcha por los caminos azulados mientras segu¨ªa admirando lo bello que hab¨ªa quedado su jard¨ªn. E130-Despedida Tras completar la lenta caminata, Apolo lleg¨® hasta la entrada de la mansi¨®n en donde observ¨® c¨®mo las puertas de recepci¨®n estaban extra?amente abiertas. Aunque el joven noble pod¨ªa jurar que los criados hab¨ªan cerrado las puertas despu¨¦s de entrar a la mansi¨®n para ir a dormir como todas las noches lo hac¨ªan. No obstante, los ojos del joven no lo enga?aban y las puertas de la mansi¨®n estaban abiertas de par en par, casi como si estuvieran predispuestas a recibirlo para llevar adelante la despedida de su largo viaje. Pese a que lo m¨¢s probable era que solo se tratase del delirio de un hombre que marchaba a conciencia hacia su propia muerte, Apolo sent¨ªa que era realmente bonito imaginarse como su propia mansi¨®n a la cual le hab¨ªa dedicado tanto tiempo lo estaba acompa?ando en la tr¨¢gica decisi¨®n que hab¨ªa tomado. Al llegar a la mansi¨®n, los tres Gururis cumplieron la orden y se fueron a sus respectivos cuartos. Mientras tanto, Apolo con lentitud fue caminando por los pasillos de la mansi¨®n para llegar a su dormitorio. No obstante, por una casualidad del destino el joven se percat¨® en el camino que alg¨²n criado se hab¨ªa olvidado de cerrar una de las puertas de las habitaciones del pasillo que se dirig¨ªa a su dormitorio. Por lo que con lentitud y apoy¨¢ndose de su bast¨®n aunque ya nadie lo observara, Apolo se acerc¨® a cerrar la puerta. Sin embargo, al llegar a la puerta de la habitaci¨®n el joven espi¨® el interior del cuarto de reojo y se abstuvo de cerrar la puerta, para en su lugar quedarse mirando el interior de la habitaci¨®n por unos minutos como si hubiera algo que no le estaba cerrando en su mente acerca del interior de este cuarto. ¡ª?D¨®nde est¨¢ la princesa Lorena?¡ªPregunt¨® Apolo con aturdimiento mirando la escena delante de ¨¦l, efectivamente esta era la habitaci¨®n en donde las mu?ecas tomaban el t¨¦, por lo que hab¨ªa una mesita redonda rodeada de banquillos donde se encontraban diversos mu?ecos tomando el t¨¦. No obstante, la gran protagonista de esta habitaci¨®n, la princesa Lorena, no pod¨ªa verse por ning¨²n lado. Apolo con curiosidad entr¨® en la habitaci¨®n y busc¨® por un rato, pero lo cierto es que no pod¨ªa encontrar a la mu?eca por ning¨²n lado, por lo que el joven se cans¨® de llevar adelante su b¨²squeda y supuso que uno de los Gururis rosados se hab¨ªa llevado a la princesa Lorena a la habitaci¨®n del tesoro. ¡ªBueno, me alegro, hice estas habitaciones para ellos...¡ªMurmur¨® Apolo mirando a los mu?ecos en la mesa redonda con una sonrisa ir¨®nica¡ªSupongo que al final el se?or oso logr¨® enterarse del complot que armaba la princesa Lorena... Resign¨¢ndose a que no ten¨ªa sentido volver a acomodar la habitaci¨®n si los Gururis eran los que la hab¨ªan cambiado, Apolo se dio la vuelta y cerr¨® la puerta de la habitaci¨®n con cuidado, temiendo que los mu?ecos en su interior se cayeran al suelo y el cuarto se desordenara m¨¢s de la cuenta. Luego con la ayuda de su fiel bast¨®n, el joven continu¨® la lenta marcha hacia su dormitorio. Al acercarse lo suficiente, Apolo pudo admirar como la puerta de su dormitorio estaba extra?amente abierta, casi como si la habitaci¨®n lo hubiera estado esperando todo este tiempo. This tale has been unlawfully lifted from Royal Road. If you spot it on Amazon, please report it. Mientras disfrutaba de sus delirios en su mundo interno, el joven con tranquilidad entr¨® a su dormitorio y cerr¨® la puerta, para luego acercarse a uno de los m¨²ltiples escritorios que hab¨ªa en su cuarto y sacar una caja de madera de uno de sus cajones. Apolo se sent¨® en el sill¨®n del escritorio y abri¨® la caja mostrando un par de pergaminos, con cuidado Apolo guard¨® el antifaz de plata y el libro de su ancestro dentro de la caja. Luego el joven procedi¨® a tomar un pergamino en blanco, un tintero y una pluma, que al parecer ya hab¨ªa preparado hace mucho tiempo porque ten¨ªan algo de polvo encima. Mojando la pluma suavemente en el tintero, Apolo procedi¨® a mirar el pergamino en blanco por unos cuantos segundos, hasta finalmente juntar el valor para animarse a escribir las palabras que hace muchas noches hab¨ªan estado dando vueltas en su coraz¨®n:
"Querida Familia: Cuando lean esta carta yo ya estar¨¦ en un lugar mejor, reunido con mi padre, mis abuelas, mis t¨ªos, mis primos y nuestros queridos ancestros. Pese a ello no quiero que sientan pena por m¨ª o que se sientan culpables por haberme mandado a la capital: ?Me voy de este mundo porque ya logre todo lo que quer¨ªa en esta vida! La gran realidad es que hace tiempo me hab¨ªa propuesto terminar con mi miseria, pero la capital me dio m¨¢s tiempo para reflexionar y darme cuenta de que muchas de mis miserias fueron producto de mis propias equivocaciones. La capital fue d¨¢ndome la sensatez para aceptar estos errores de otra forma y mirarlos como los simples desv¨ªos que fui tomando a medida que iba aprendiendo cu¨¢l es el camino que quer¨ªa caminar en esta vida. Este largo viaje llamado vida me hizo entender que como un hombre de nuestra familia deb¨ªa asumir mis errores y cumplir con las responsabilidades con las cuales hab¨ªa nacido. Es por eso que me voy contento, sabiendo que solucion¨¦ mis problemas y aprend¨ª de ellos, contento de que me percat¨¦ de mis responsabilidades y las cargu¨¦ en mis hombros hasta cumplirlas. Desde que llegu¨¦ a la capital volv¨ª a retomar el entrenamiento de la familia y me voy con el orgullo de morir como un verdadero coloso de los bosques negros. Desde que llegu¨¦ a la capital cumpl¨ª con las ¨²ltimas voluntades de nuestros ancestros y me despido con alegr¨ªa, sabiendo que ellos ser¨¢n los primeros en recibirme cuando arribe en mi nuevo camino. Los quiero mucho y siempre los proteger¨¦ como uno m¨¢s de sus ancestros, Apolo de los bosques negros"El joven reley¨® la carta unos cuantos minutos y cuando ya no tuvo dudas de que estas eran las palabras con las cuales quer¨ªa despedirse, Apolo guard¨® la carta en la caja de madera y d¨¢ndole un ¨²ltimo vistazo al libro que hab¨ªa obtenido hace poco tiempo, murmur¨® con una sonrisa ir¨®nica mientras cerraba la caja de madera: ¡ªLuego de todo lo que hice para cumplir tu ¨²ltima voluntad, espero que seas el primero en recibirme... Con sus ¨²ltimas palabras testificadas, Apolo volvi¨® a abrir uno de los cajones del escritorio y tom¨® una caja de metal llena de polvo. Con la caja de metal en la mano, el joven tom¨® su bast¨®n y con la misma lentitud de siempre, procedi¨® a salir de su dormitorio para caminar por los pasillos de la mansi¨®n hacia una direcci¨®n en particular. E131-Fin Con la lentitud de una tortuga, Apolo se fue apoyando de su bast¨®n mientras iluminaba los solitarios pasillos de la mansi¨®n con una tenue llama que era emitida por la parte de arriba de la mano con la que tomaba el bast¨®n. Los pasillos realmente ten¨ªan cristales que pod¨ªan usarse para iluminarlos, pero dado que esta era su ¨²ltima caminata y era muy especial para Apolo, el joven prefer¨ªa iluminar con la c¨¢lida y tenue luz de su propia magia. Mientras caminaba por los pasillos de madera, Apolo se tomaba la molestia de mirar cada puerta que pasaba y trataba de recordar que es lo que hab¨ªa guardado en su interior; por desgracia muchas habitaciones ya hab¨ªan sido olvidadas por el joven, pero algunos cuartos en particular le hab¨ªan tomado tanto esfuerzo que nunca podr¨ªa sacarlos de su memoria. Tras caminar contemplando el fruto de su esfuerzo con una leve sonrisa, Apolo finalmente observ¨® la puerta de la habitaci¨®n que hab¨ªa estado buscando, pero para su sorpresa el joven descubri¨® que adem¨¢s de los fr¨ªos tablones de madera hab¨ªa alguien esper¨¢ndolo en la puerta del cuarto. ¡ª?C¨®mo termin¨® esto ac¨¢?...¡ªMurmur¨® Apolo mirando que hab¨ªa una mu?eca vestida como una princesita apoyada contra la puerta de la habitaci¨®n en donde quer¨ªa entrar: ?Era ni m¨¢s ni menos que la princesa Lorena!. Con lentitud el joven dej¨® su bast¨®n contra la pared, se agach¨® y tom¨® la princesa pregunt¨¢ndose si alguno de los muebles les pidi¨® a los Gururis que trajeran la mu?eca hasta ac¨¢. No obstante, apenas Apolo agarr¨® la mu?eca sinti¨® con el tacto algo anormal. El joven dio vuelta la mu?eca y se dio cuenta de que toda la espalda de la misma se encontraba quemada, y por lo c¨¢lido que se sent¨ªa la tela carbonizada parec¨ªa que hab¨ªa sido hace unos pocos minutos. ¡ªParece que los Gururis no fueron muy buenos contigo...¡ªMurmur¨® Apolo con iron¨ªa sin darle demasiadas vueltas al asunto, pensando que lo m¨¢s probable era que los Gururis le hayan dejado la mu?eca en este lugar como una especie de regalo de despedida. El joven dej¨® de inspeccionar a la mu?eca y acomodando a la princesa Lorena contra una de las paredes a los costados de la puerta, Apolo tom¨® su fiel bast¨®n y abri¨® la puerta de la habitaci¨®n que hab¨ªa estado buscando. Tras abrir la puerta se revel¨® que la habitaci¨®n en cuesti¨®n se trataba de un inmenso ba?o, o al menos las m¨¢s de 8 ba?eras en la habitaci¨®n indicaban eso. La habitaci¨®n estaba hasta reventar de objetos y decoraciones que sol¨ªan verse en los ba?os. Aunque no hab¨ªa un solo retrete en todo el lugar por lo que parec¨ªa que solo era una habitaci¨®n usada para ba?arse o ducharse; sin embargo, por la cantidad de polvo que hab¨ªa en alguna de estas ba?eras parecer¨ªa que la habitaci¨®n fue armada para luego nunca ser utilizada por Apolo o los criados. Support the creativity of authors by visiting the original site for this novel and more. Con lentitud, Apolo entr¨® en la habitaci¨®n y cerr¨® la puerta, luego se acerc¨® hasta la ba?era gigantesca que estaba ubicada justo en el medio de la habitaci¨®n y con calma toc¨® uno de los tres cristales que estaban ubicados en la superficie de la ba?era mientras dec¨ªa: ¡ªLlena la ba?era con agua caliente: m¨¢s o menos hirviendo. Inmediatamente, el cristal comenz¨® a brillar con un color rojo intenso y agua caliente comenz¨® a salir del mismo para llenar la ba?era, provocando que el agua se tornara con un color algo amarronado dado el polvo que hab¨ªa en la sucia ba?era. Sin embargo, esto no dur¨® mucho, ya que inteligentemente el agua sucia fue absorbida por uno de los cristales que hab¨ªa en la ba?era hasta que el agua en el interior tuvo un aspecto cristalino y la ba?era comenz¨® a llenarse con normalidad. Apolo no se meti¨® en esta ba?era y en su lugar pas¨® por todas las otras ba?eras en la habitaci¨®n pidiendo exactamente la misma orden; al joven siempre le hab¨ªa gustado el ruido del agua cayendo, por lo cual quer¨ªa llenar la habitaci¨®n con el mismo. Mientras las ba?eras se llenaban y el vapor comenzaba a colmar la habitaci¨®n, Apolo abri¨® la caja de metal que hab¨ªa tra¨ªdo de su dormitorio, mostrando que en su interior hab¨ªa unas cuantas velas arom¨¢ticas y una jeringa con un l¨ªquido similar a la sangre. El joven tom¨® las velas y fue prendi¨¦ndolas por la habitaci¨®n hasta que la misma estuvo iluminada con ellas y la llama en su mano ya no era necesaria. Ya con todos los preparativos hechos, Apolo se sac¨® la ropa que vest¨ªa, desnud¨¢ndose completamente para luego tomar la jeringa que hab¨ªa dejado en la caja de plata. Con lentitud y en silencio, el joven se pinch¨® el cuello con la jeringa y comenz¨® a verter la sangre en el interior de la misma en su cuerpo, mostrando que en realidad no era simple sangre, sino que la misma estaba llena de pelotas peludas de color azulado. Dichas pelotas en realidad eran el mism¨ªsimo hongo que transportaba la peste azul en su estado m¨¢s desarrollado, es decir que estas pelotitas coloridas y min¨²sculas eran el gran causante de la epidemia que amenazaba la vida de los ciudadanos de la ciudad anillo. Tras inyectarse a los hongos directamente en la sangre, Apolo sin sentir ning¨²n tipo de dolor y con calma procedi¨® a caminar con lentitud hasta la ba?era y se meti¨® en la misma. Sintiendo como el agua caliente lo reconfortaba a medida que la ba?era se iba llenando, el joven tom¨® una toalla que hab¨ªa cercana a la ba?era y la puso como almohada para apoyar su cabeza. Con suma relajaci¨®n, Apolo cerr¨® los ojos y disfrutando el ambiente que hab¨ªa creado, trat¨® de dormir sabiendo que cuando despertara ya estar¨ªa saludando a la gente con la cual se hab¨ªa ido despidiendo a medida que crec¨ªa. E132-Lejos En las lejan¨ªas de la tr¨¢gica historia que se estaba desarrollando en la mansi¨®n, se encontraba un gran bosque repleto de ¨¢rboles de corteza negra y hojas rojas, escondida en las profundidades de dicho bosque se hallaba una inmensa fortaleza de piedra. En el interior de este antiguo castillo pod¨ªan verse innumerables personas buscando de un lugar a otro con apuro, como si un evento muy importante estuviera a punto de desarrollarse y el gran protagonista de dicho evento no pudiera verse por ning¨²n lado. El extra?o evento segu¨ªa desarroll¨¢ndose y por m¨¢s que el tiempo transcurriese, las personas dentro del castillo segu¨ªan movi¨¦ndose apuradamente hacia lo desconocido; casi como si todas las personas en el castillo estuvieran buscando desesperadamente a un individuo en particular y sin embargo, todos parec¨ªan estar fallando en su b¨²squeda haciendo que la b¨²squeda se volviera cada vez m¨¢s intensa y meticulosa, hasta el punto que algunas personas comenzaron a desesperarse lo suficiente como para perder el sentido com¨²n. Dichos seres enloquecidos buscaban en el interior de las ollas de metal, en el interior de los excusados, en el relleno de las camas, en el interior de las frazadas y hasta en los bolsillos de las remeras, parecer¨ªa que su desesperaci¨®n les hab¨ªa borrado cualquier rastro de pensamiento inteligente y los hab¨ªa conducido a la locura misma. No obstante, por parad¨®jico que pareciera la persona que tanto buscaban en realidad no se estaba escondiendo, y en su lugar se encontraba agitando una espada diligentemente en el medio de una habitaci¨®n del interior del castillo cuyo piso extra?amente hab¨ªa sido reemplazado con arena. La persona en cuesti¨®n era un ni?o de pelo negro, ojos negros, y no m¨¢s de 10 a?os, el cual se encontraba vistiendo una escueta bata gris bastante sudada y llena de parches. Con esta descripci¨®n cualquier persona supondr¨ªa que el ni?o era un mendigo, pero lo cierto era que el ni?o portaba un atractivo anillo de oro de apariencia sumamente costosa. Por otra parte, solo hab¨ªa otra persona en la habitaci¨®n adem¨¢s del ni?o, el cual se encontraba d¨¢ndole instrucciones al ni?o acerca de c¨®mo mover la espada. Dicho instructor ten¨ªa el pelo rubio y la cara llena de granos como cualquier adolescente, aunque solo pod¨ªa verse la mitad de la misma, ya que un hermoso antifaz de plata cubr¨ªa la mitad superior de su rostro. Por m¨¢s que su rostro lleno de granos fuera poco envidiable, el cuerpo del adolescente era similar al de un gladiador romano y le causar¨ªa envidia a cualquier adulto que no se haya dignado a hacer ejercicio en su vida. ¡ªDerecha, derecha, abajo, arriba, izquierda...¡ªIndicaba el adolescente mientras mov¨ªa la espada en su mano en la direcci¨®n indicaba y forzaba a que el ni?o practicando detuviera el golpe. No obstante el ¨²ltimo golpe fue enga?o y desde la derecha roz¨® el cuerpo del ni?o cort¨¢ndolo ligeramente ¡ª*Auch*, ?Eso es hacer trampa, Hermes!¡ªGrit¨® el ni?o con enojo, dejando de defenderse para tratar de embocarle un espadazo al adolescente. Pero por m¨¢s espadazos que lanzara el ni?o, el adolescente con la destreza de un soldado de mil batallas esquivaba todos los golpes sin siquiera bloquearlos con la espada. ¡ªLa guerra no es justa, lo ¨²nico justo es la muerte y la obtiene el guerrero que se deje enga?ar primero, Apolo¡ªContest¨® Hermes mientras segu¨ªa esquivando los golpes con una facilidad inaudita, parecer¨ªa que el ni?o jam¨¢s podr¨ªa lograr golpearlo por m¨¢s que lo intentara toda su vida. ¡ª?Y el honor?, ??d¨®nde mierda te metiste tu honor, tramposo?!¡ªGrit¨® enojado Apolo mientras segu¨ªa intentando golpear a su hermano mayor. ¡ªEl honor me lo dar¨¢n mis hijos y mis nietos, no los idiotas que cayeron por mi espada¡ªContest¨® Hermes mientras esquivaba aburridamente los golpes de su hermano menor, los cuales realmente no eran para nada toscos y de hecho la habilidad del ni?o era mucho mejor a la de un guerrero normal; sin embargo, frente a al adolescente parec¨ªa que Apolo no hab¨ªa manejado una espada en su vida. ¡ª?Ya deja de esquivar de una maldita vez!¡ªGrit¨® Apolo con impotencia revole¨¢ndole la espada a su hermano mayor, provocando que finalmente Hermes tuviera que levantar la espada para bloquear uno de sus ataques. ¡ªVes, Apolito, el mejor movimiento que hiciste fue hacer trampa y lanzarme la espada, todos tus otros movimientos eran m¨¢s que predecibles¡¡ªRespondi¨® Hermes con una sonrisa ir¨®nica, poniendo a¨²n m¨¢s enojado a su hermano menor. This book is hosted on another platform. Read the official version and support the author''s work. ¡ª?No me digas Apolito, ya no soy un ni?o!¡ªGrit¨® el ni?o, tomando un poco de la arena en el suelo para tir¨¢rsela a Hermes. ¡ª?Para, mocoso, odio que me llenes la bata de arena!¡ªExclam¨® Hermes con enojo retrocediendo unos pasos, pero al parecer su molestia solo caus¨® que el ni?o sonriera p¨ªcaramente, empezara a llenarse las manos de arena y lo persiguiera. ¡ª?Toma, por tramposo!¡ªGrit¨® Apolo con una sonrisa vengativa, mientras intentaba tirarle arena a su hermano, pero el adolescente retroced¨ªa h¨¢bilmente evitando ser ensuciado. ¡ª?Te dije que pararas!¡ªExclam¨® Hermes mientras escapaba. ¡ª?No pienso parar hasta que te disculpes por haber hecho trampa!¡ªChill¨® Apolo mientras buscaba m¨¢s arena y proced¨ªa a tir¨¢rsela a su hermano, pero esta vez su hermano no la evit¨® y en su lugar la recibi¨® de lleno poniendo contento al ni?o. Sin embargo, esa felicidad no le dur¨® mucho, ya que Apolo not¨® como su hermano miraba con preocupaci¨®n a uno de los criados que acababa de entrar por la puerta de la habitaci¨®n donde estaban entrenando. ¡ª?Pas¨® algo?¡ªPregunt¨® Apolo, para nada acostumbrado al ver el rostro de su hermano mayor tan serio. ¡ªS¨ª, mi se?or, lo estuvimos buscando por todos lados. Hoy es el gran banquete, ??qu¨¦ haces entrenando a estas horas?!¡ªDijo el criado adelant¨¢ndose para tratar de tomar a Apolo del brazo para llev¨¢rselo al banquete. Pero Hermes se adelant¨® y se puso entre el criado y su hermano menor preguntando: ¡ª?Por qu¨¦ no estoy enterado de la existencia de este banquete? Apolo mir¨® con aturdimiento como su hermano tomaba su espada, aunque el criado lo desconoc¨ªa completamente, para alguien con su entrenamiento era evidente que su hermano se hab¨ªa posicionado para embocarle un espadazo al criado si la situaci¨®n se torc¨ªa. Dejando al ni?o completamente paralizado sin terminar de comprender por qu¨¦ su hermano ten¨ªa miedo de este criado. ¡ª?Acaso no lo recuerda, mi se?or?, ?hoy es el cumplea?os de su padre!¡ªDijo el criado adelant¨¢ndose para tomar a Apolo, pero Hermes de un empuj¨®n devolvi¨® al criado a su posici¨®n original. Al ser alejado del ni?o de un manotazo, el criado se enoj¨® y mientras volv¨ªa a tratar de agarrar a Apolo, grit¨® de forma en¨¦rgica: ¡ª?Acaso est¨¢s tan demente como para tratar de interponerte en una orden dada por el rey del castillo?: toda la familia debe estar en el banquete, y si no me dejas llevar al ni?o a la fiesta de su padre, te cortar¨¢n la¡ *Slash* la cabeza del criado sali¨® volando dejando completamente aturdido al ni?o. ¡ª?Pero por qu¨¦ lo mataste?, el abuelo te va a arrancar la piel de la espalda a latigazos, manga de idiota¡ªExclam¨® Apolo mirando aturdidamente como la cabeza del criado sal¨ªa volando y el cuerpo decapitado ca¨ªa sin vida para te?ir de rojo los granos dorados en el suelo. ¡ªNo te diste cuenta de lo irracional que estaba siendo ese criado...¡ªDijo Hermes con calma mirando a Apolo con seriedad, mientras se limpiaba la espada con su bata. Tras limpiarse la espada el adolescente se agach¨® y se puso a la altura de su aturdido hermano menor para verlo directamente a los ojos¡ªYo soy tu hermano y el criado solo te andaba buscando a vos, ?no te das cuenta de que no pudo reconocerme?. ¡ªNo, no te reconoci¨®...¡ªMurmur¨® Apolo con a¨²n m¨¢s aturdimiento mirando fijamente a los ojos de su hermano escondidos entre la m¨¢scara de plata manchada con la sangre del criado; d¨¢ndose cuenta de que ese no pod¨ªa haber sido un criado del castillo: ?Qu¨¦ sentido ten¨ªa buscarlo ¨²nicamente a ¨¦l para ir a la fiesta de su padre?, l¨®gicamente el criado tambi¨¦n deb¨ªa buscar a su hermano mayor para llevarlos juntos a la fiesta de su padre. ¡ªExacto: algo le pas¨® a este criado y perdi¨® la cabeza, me temo que alguien est¨¢ detr¨¢s de todo esto¡ªDijo Hermes con una inusual calma pese al mensaje amargo que estaba transmitiendo, de hecho su voz se hab¨ªa distorsionado completamente y son¨® como la de un anciano por unos segundos, pero por suerte Apolo no pareci¨® darse cuenta de ello. ¡ª??Qui¨¦n se animar¨ªa a hacer eso?!, estamos en el castillo de la familia, en el medio del bosque negro: nadie se atrever¨ªa a entrar en nuestras tierras¡¡ªChill¨® Apolo mientras unas l¨¢grimas sal¨ªan de su rostro del miedo que ten¨ªa, sin poder dejar de ver la viscosa sangre que se deslizaba por el antifaz en el rostro de su hermano. ¡ªNo cambiar¨¢s nada con tus llantos y a¨²n no sabemos si este lugar es seguro: ?As¨ª que deja de llorar y ponte serio!¡ªGrit¨® Hermes con violencia, mojando con su saliva el rostro del ni?o, haciendo que reaccionara. ¡ªPero...¡ªTrat¨® de refutar Apolo mientras se limpiaba las l¨¢grimas que manchaban su infantil rostro. *Plaf*... interrumpi¨® Hermes de una cachetada que le dio vuelta la cara al pobre ni?o. Sin esperar a que Apolo terminara de reaccionar al golpe, Hermes lo tom¨® de los cachetes para poner sus ojos delante de los suyos y grit¨® con violencia: ¡ª?Estamos bajo ataque, Apolo!, ?no tenemos tiempo para estas idioteces!, ?hay que ir a la fiesta y salvar al resto de nuestros hermanos!. E133-Absurdos Apolo se toc¨® la cara con dolor, pero no reaccion¨® ante los gritos de su hermano, provocando que Hermes se resignara y dejara al ni?o mir¨¢ndolo aturdidamente mientras buscaba por la habitaci¨®n la espada que su hermano menor le hab¨ªa arrojado hace unos minutos. ¡ªTen, agarra tu espada, vamos a la fiesta de pap¨¢ a buscar a nuestros hermanos¡ªOrden¨® Hermes mientras pon¨ªa la espada en el pecho de su hermano menor, haciendo que el ni?o despertara de su trance. ¡ª?Pero no sabemos donde est¨¢ la fiesta!¡ªExclam¨® Apolo con preocupaci¨®n mientras inconscientemente tomaba la espada apoyada en su pecho. ¡ªMira, este es el plan: vamos y buscamos a un criado, luego vemos si el criado tambi¨¦n busca llevarte a la fiesta, y si lo hace, finges ignorancia y vemos a donde quiere llevarte, ?lo entendiste o quieres que te lo repita?¡ªRespondi¨® Hermes de mala gana, no perdiendo el tiempo y dirigi¨¦ndose a la puerta de la sala de entrenamiento. ¡ª?Si hacemos eso nos dirigiremos hasta la boca del lobo como unos idiotas!¡ªCritic¨® Apolo, viendo el gran problema del plan. ¡ªNo entraremos en la habitaci¨®n de la fiesta sin prepararnos. Primero mataremos al criado antes de que abra la puerta de la habitaci¨®n en donde se est¨¢ desarrollando la fiesta. Luego buscaremos alguna manera de entrar a la sala m¨¢s disimuladamente¡ªContest¨® Hermes de inmediato, agregando los problemas mencionados por Apolo en su plan como si fueran certezas absolutas que deb¨ªan evitarse¡ª?Est¨¢s listo?, recuerda seguir el plan y todo saldr¨¢ bien. Apolo no contest¨® afirmativamente, pero se acerc¨® con su espada hasta la puerta de la habitaci¨®n mostrando apoyo al plan de su hermano mayor. Cuando los dos hermanos estuvieron en la puerta de la sala de entrenamiento, salieron con normalidad y se encontraron con los pasillos de piedra del castillo, tras caminar unos cuantos minutos por los fr¨ªos pasillos de piedra los dos hermanos pudieron cruzarse con un criado que ?casualmente? era el ¨²nico que los andaba buscando por esta zona. ¡ªMi se?or, ?d¨®nde estaba?¡ªPregunt¨® el criado corriendo hacia Apolo con velocidad. ¡ªEntrenando, me olvid¨¦ de que hoy era la fiesta de mi padre, ?podr¨ªas llevarme al lugar de la fiesta?¡ªPregunt¨® directamente Apolo haciendo que Hermes se golpeara la cabeza con la palma de la mano. No obstante, el criado parec¨ªa estar bastante feliz con la iniciativa del ni?o, no desconfiando de las intenciones de los dos j¨®venes, y a¨²n m¨¢s importante ignorando el hecho de que la bata de Hermes a¨²n estaba manchada con sangre, cosa que el mismo Hermes se hab¨ªa olvidado. This tale has been unlawfully lifted from Royal Road. If you spot it on Amazon, please report it. ¡ª?Claro, ven por ac¨¢, no perdamos el tiempo!¡ªDijo el criado tomando el brazo de Apolo descaradamente para proceder a empujarlo por donde hab¨ªa venido. ¡ªTe noto muy apurado, ?falta tan poco para que la fiesta termine?¡ªPregunt¨® Hermes mientras trotaba junto al criado y su hermano menor. ¡ªLa fiesta est¨¢ a punto de terminar por lo que si nos tardamos m¨¢s solo llegaremos para comer la torta¡ªRespondi¨® el criado provocando que sus pasos se hicieran m¨¢s veloces al punto de empezar a correr por los pasillos. ¡ªEntonces ser¨¢ mejor que nos apuremos...¡ªAgreg¨® Hermes mirando la espalda de Apolo con una sonrisa amarga. ¨¦l todav¨ªa no estaba seguro, pero todo parecer¨ªa indicar que el subconsciente de Apolo estaba arrebat¨¢ndole el control del sue?o del ni?o, lo cual a su vez indicaba que Apolo hab¨ªa desarrollado otra experiencia traum¨¢tica que estaba pidiendo tomar el protagonismo de este sue?o. Esta no era la primera vez que algo como esto ocurr¨ªa, pero cada vez que ocurr¨ªan significaban m¨¢s problemas para el adolescente enmascarado, por lo que Hermes no estaba muy contento de ver c¨®mo el subconsciente de Apolo empezaba a poner condiciones raras sobre el sue?o, impidiendo que continuara con su trabajo. El criado, el adolescente y el ni?o corrieron por los pasillos del castillo por unos cuantos minutos, que lentamente se transformaron en horas: subiendo escaleras y luego baj¨¢ndolas, para seguidamente quedarse dando vueltas en c¨ªrculos hasta que finalmente la paciencia de Hermes se colm¨® y advirti¨® del obvio problema: ¡ªYa pasamos por este lugar cinco veces y a estas alturas podr¨ªamos haber corrido f¨¢cilmente hasta el pueblo vecino, as¨ª que dime: ??D¨®nde es que se realiza la fiesta?! ¡ª?Es por ac¨¢!¡ªGrit¨® el criado, ignorando la pregunta de Hermes y en su lugar aumentando la velocidad. ¡ª...¡ªHermes se qued¨® en silencio, mirando con atenci¨®n como al parecer Apolo ya se hab¨ªa contagiado de la atm¨®sfera creada por su sue?o, por lo que realmente el ni?o no se percataba de la situaci¨®n absurda que estaba viviendo. Lo cual indicaba que este ?Apolo? ya no era muy diferente al criado que lo estaba tomando del brazo: ahora los dos eran parte del subconsciente del ni?o, advirti¨¦ndole a Hermes que hab¨ªa perdido completamente el control sobre el sue?o. Con resignaci¨®n, Hermes entendi¨® que esta era otra noche perdida y por desgracia hoy no podr¨ªa continuar progresando con su trabajo. Por lo tanto, el adolescente decidi¨® aburridamente continuar siguiendo a ?Apolo? y al criado hasta el infinito y m¨¢s all¨¢, esperando que finalmente el ni?o despertara y con algo de suerte superara un poco el trauma que hab¨ªa vivido el d¨ªa de hoy. E134-Corriendo hacia la nada Como era de esperarse, el tiempo fue pasando y Hermes continu¨® la mon¨®tona carrera por los pasillos aparentemente infinitos. Todo indicaba que el subconsciente de Apolo estaba cada vez adentr¨¢ndose m¨¢s profundamente en el sue?o, y esto se evidenciaba en el hecho de que la coherencia del sue?o se fue diluyendo con el paso del tiempo. Al comienzo fueron cambios demasiados sutiles como pasillos anormalmente largos, pasillos sin puertas, pasillos sin ventanas y pasillos con alfombra azulada. Luego los cambios fueron disimuladamente menos coherentes, por ejemplo si uno contaba ya hab¨ªan subido 100 pisos, no obstante, nadie so?ando se preocupar¨ªa en pensar si era realmente posible encontrar un castillo tan alto en el mundo real. Otras incoherencias un poco menos disimuladas eran que en los pasillos hubiera dos puertas pegadas, que hubiera demasiadas puertas, o por ejemplo que el pasillo estuviera iluminado sin ninguna ventana o cristal a la vista. No obstante, todo lo indicado anteriormente manten¨ªa cierta l¨®gica y no pod¨ªa ser distinguible a no ser que realmente uno se enfocara en los detalles. Pero fue hace unos pocos minutos que las cosas se distorsionaron demasiado como para dudar de la falta de coherencia: actualmente los pasillos estaban llenos de escaleras por todas partes, hab¨ªa pasillos entrecruzados infinitamente y puertas colocadas en lugares en donde claramente no pod¨ªa haber conexi¨®n alguna. Todo parec¨ªa haberse distorsionado al punto donde esto no parec¨ªa ser m¨¢s un castillo y en su lugar aparentaba tratarse de un laberinto infinito, donde uno pod¨ªa caminar en cualquier direcci¨®n y posici¨®n. A este punto de las circunstancias ya no era extra?o para Hermes que el criado y ?Apolo? empezaran a correr por las paredes, bajaran las escaleras de espaldas o incluso las subieran por el techo ignorando los escalones, mostrando que la gravedad poco importaba en este sue?o confuso. Mientras las cosas se distorsionaban cada vez m¨¢s, Hermes en silencio segu¨ªa la corriente del sue?o pensando cuando era que finalmente Apolo se dignar¨ªa a despertar de una buena vez. Teniendo en cuenta sus anteriores experiencias en este tipo de sue?os, el adolescente sab¨ªa que por suerte al sue?o no le deber¨ªa quedar demasiado tiempo para terminar. Por lo que Hermes empezaba a preguntarse por qu¨¦ el criado y Apolo no mostraban signo alguno de llegar a la fiesta de su padre: ?O acaso nunca llegar¨ªan a la fiesta y el sue?o finalizar¨ªa de forma abrupta? La gran realidad es que Hermes no sab¨ªa la respuesta a esa pregunta, lo ¨²nico que sab¨ªa es que jam¨¢s se cruz¨® con otra persona durante toda la infernal carrera hacia la nada, por lo que tampoco hab¨ªa tenido la oportunidad de buscar alguna otra persona a la que pudiera preguntarle. Pero si tenemos en cuenta que los dos criados con los que se cruz¨® Hermes actuaron exactamente de la misma manera al encontrar a Apolo, tampoco le generaba muchas esperanzas al adolescente de encontrar alguien que pudiera darle sentido a todo este sue?o. Dando lugar a que Hermes se resignara a pensar que toda esta fantas¨ªa ¨²nicamente terminar¨ªa siendo una gran divagaci¨®n de Apolo acerca de correr hacia la nada misma. Support the creativity of authors by visiting the original site for this novel and more. El ni?o, el criado y el adolescente continuaron corriendo por el camino cada vez m¨¢s bizarro hasta que finalmente la visi¨®n en el horizonte motiv¨® a Hermes a preguntar: ¡ª?La fiesta est¨¢ detr¨¢s de esa puerta? ¡ª...¡ªNo obstante, los otros dos corredores mantuvieron silencio y siguieron corriendo con monoton¨ªa. ¡ªEsperemos que as¨ª sea...¡ªMurmur¨® Hermes mirando a la puerta cada vez m¨¢s cercana; al final del largo pasillo recto que el tr¨ªo de corredores estaban recorriendo ¨²nicamente se encontraba una antigua puerta de madera llena de grietas y con manchas visibles de hongos azulados. La cual estaba emocionando al adolescente, dado que se dio cuenta de que finalmente los otros dos corredores se hab¨ªan metido en un camino sin salida, por tanto: ?El sue?o deb¨ªa estar por terminar! El ni?o, el criado y el adolescente corrieron hacia la puerta en silencio, mientras Hermes imploraba en su mente que estos dos idiotas no se dieran la vuelta justo al llegar a la puerta y corrieran todo el camino de regreso. A estas alturas, el adolescente ya se hab¨ªa ilusionado y lo peor que pod¨ªan hacerle era destruirle sus esperanzas de terminar con su aburrimiento. Pero por suerte, la puerta estaba cada vez m¨¢s cerca y el silencio de los dos ?gu¨ªas? implicaba que podr¨ªa ser posible que Apolo estuviera por despertarse. La distancia entre el grupo y la puerta se fue achicando, permiti¨¦ndole a Hermes observar como abajo de la extra?a puerta hab¨ªa un objeto inusual que estaba llam¨¢ndole su atenci¨®n. Como tal el objeto en cuesti¨®n no era particularmente raro y de hecho podr¨ªa ser bastante com¨²n de ver en muchos lugares de la vida cotidiana, pero el problema que llamaba la atenci¨®n de Hermes era el contexto en donde se ve¨ªa este objeto. Todo este sue?o solo se hab¨ªa desarrollado en dos lugares: la sala de entrenamiento y los pasillos del castillo. En ambos sitios jam¨¢s te encontrar¨ªas este objeto, por lo cual se estaba rompiendo nuevamente otra barrera en los niveles de la l¨®gica del sue?o. Para alguien com¨²n esto podr¨ªa ser normal en un sue?o, pero para Hermes esto solo significaba una terrible se?al: ?El sue?o podr¨ªa continuar m¨¢s adelante! Con desesperaci¨®n, Hermes continu¨® acerc¨¢ndose a la puerta hasta que finalmente estuvo a unos pocos pasos de la misma. Al llegar, extra?amente tanto Apolo como el criado ignoraron completamente el objeto apoyado sobre la puerta y en su lugar abrieron la puerta, mostrando que del otro lado se encontraba un sendero que pasaba por el medio del bosque negro, el cual parec¨ªa extenderse hasta la cima de una colina. Sin detenerse, Apolo y el criado continuaron corriendo, pero Hermes no pudo hacer lo mismo, ya que el objeto tirado al lado de la puerta tampoco era algo que uno podr¨ªa encontrarse en el bosque negro, por lo tanto, este objeto hab¨ªa llamado suficientemente la atenci¨®n del aburrido adolescente como para que se detuviera a observarlo. Sin apuro, Hermes tom¨® el objeto en el suelo mientras Apolo y el criado corr¨ªan por el sendero. Al tomar el dichoso objeto, Hermes de inmediato sinti¨® el calor que desprend¨ªa, casi como si el objeto acabara de ser rescatado de un incendio y su apariencia indicaba lo mismo; puesto que el objeto en cuesti¨®n estaba parcialmente carbonizado. Pese a ello a¨²n pod¨ªa distinguirse que el objeto se trataba de una mu?eca a la cual su ropa y su rostro se le hab¨ªan quemado: ?Era ni m¨¢s ni menos que la Princesa Lorena! E135-Mensajes Hermes inspeccion¨® con atenci¨®n la mu?eca, pensando cu¨¢l pod¨ªa ser su significado y por qu¨¦ la encontrar¨ªa justo en este lugar. No obstante, el adolescente no pod¨ªa formular una sola hip¨®tesis que relacionara todo lo vivido en este sue?o con esta mu?eca y eso lo estaba incomodando. Tratando de descubrir la verdad detr¨¢s de este misterioso objeto, Hermes inspeccion¨® con m¨¢s cuidado la mu?eca y se dio cuenta de que la mu?eca parec¨ªa tener una piedra en el interior de su panza. Hermes trat¨® de toquetear esta piedra para que la misma hiciera algo, pero por mucho que la apretara no parec¨ªa hacer nada raro. Cansado de intentar para fracasar, Hermes abri¨® la barriga de la mu?eca con una peque?a llama que sali¨® de su dedo, mostrando que la piedra en el interior de la mu?eca en realidad era un cristal de color marr¨®n. Al reconocer el cristal, Hermes lo frot¨®, mientras ordenaba: ¡ªMu?eca, canta tu canci¨®n. El cristal marr¨®n emiti¨® un d¨¦bil brillo, pero pese a ello la mu?eca no cant¨® ninguna canci¨®n y en su lugar la voz seca y aburrida de un hombre bastante mayor pudo escucharse hablando desde el cristal con monoton¨ªa; como si lo que contara fuera una rutina de todos los d¨ªas sin significado alguno y el hombre ya estuviera bastante cansado de grabar el mismo mensaje una y otra vez. ¡ªInicio de la grabaci¨®n. Grabaci¨®n 1423 del ac¨®lito F-24: otro d¨ªa, otra prueba exitosa, otro resultado fallido. Claramente, el ac¨®lito F-24 experimenta las consecuencias usuales propias de haber fusionado su mente con la de su hermano, no obstante al adentrarse en su conciencia lo ¨²nico apreciable en esta oportunidad fue el recuerdo X-44, tambi¨¦n conocido como ?La cena?. Como siempre durante el recuerdo no se apreci¨® ninguna anormalidad, mostrando un claro conflicto entre lo que deber¨ªa ocurrir y lo que termina ocurriendo. La ¨²nica diferencia frente al recuerdo X-44 neutro, es que en la cena se comi¨® sopa de caballo, respondiendo sutilmente a las estimulaciones brindadas en el laboratorio: demasiado sutilmente para ser considerado un resultado exitoso. Fin de la grabaci¨®n. Mientras escuchaba el mensaje carente de emoci¨®n alguna, Hermes con lentitud se dio la vuelta para observar con los ojos bien abiertos el pr¨¢cticamente infinito pasillo por el cual hab¨ªa estado corriendo todo este tiempo, mientras algunas gotas de sudor ca¨ªan de su frente, manchando su antifaz de plata. No obstante, antes de que Hermes pudiera salir del trance, otro mensaje comenz¨® a escucharse saliendo del cristal. A diferencia del anterior mensaje, este estaba lleno de emoci¨®n y por los ruidos de fondo que se escuchaban parecer¨ªa que una fiesta estaba ocurriendo mientras se grababa el mensaje. The narrative has been illicitly obtained; should you discover it on Amazon, report the violation. ¡ª?Inicio de la grabaci¨®n! Grabaci¨®n 2523 del ac¨®lito F-24: otro d¨ªa, otra prueba exitosa: ?Otro resultado exitoso para decorar mi biograf¨ªa, viva la vida!. Finalmente, tras exactamente 2523 d¨ªas, logramos comprender el problema en los sue?os del ac¨®lito F-24 y la respuesta la dio ni m¨¢s ni menos que el guardia que limpiaba la habitaci¨®n: ?Si todo es normal, entonces es anormal?. Acaso no era evidente, ?Por qu¨¦ el ac¨®lito F-24, quien todos los d¨ªas era sometido a diferentes torturas para as¨ª desarrollar m¨²ltiples traumas no presentaba ninguna de esas irregularidades en sus sue?os?. ?F¨¢cil, justamente porque no pod¨ªa hacerlo!. Desde que el ac¨®lito F-24 fusion¨® su mente con la de su hermano, el mismo se vio privado a poder experimentar un sue?o ?normal?. Por lo tanto, sus sue?os nunca representaban lo que le ocurr¨ªa en el laboratorio, sino que en su lugar eran una copia continua de eventos que ya hab¨ªan ocurrido o una distorsi¨®n repetitiva de los mismos, una y otra vez, sin demasiadas variantes, presentando una ligera influencia por nuestros est¨ªmulos dados en el laboratorio. Entonces, ?cu¨¢l era el com¨²n denominador de todos estos sue?os?. En primera parte la falta de coherencia con los traumas vividos actualmente por el sujeto en cuesti¨®n, en segunda instancia la falta de poder explicarse en s¨ª mismos: Estos sue?os carecen completamente de significado porque son el producto de dos subconscientes luchando entre s¨ª por ver quien le da el significado al sue?o, matando completamente cualquier tipo de individualidad y llev¨¢ndolos a un estado neutro, constante, repetitivo y carente de valor interpretativo. No obstante, los d¨¦biles rastros de esta lucha a¨²n son apreciables y el sujeto a¨²n responde a los est¨ªmulos, aunque esos rastros son demasiado d¨¦biles como para poder considerar que sue?a acerca del trauma experimentado. En conclusi¨®n, logramos demostrar que la fusi¨®n de mentes provocada por la maldici¨®n de Minos no es responsabilidad de las mentes fusionadas en cuesti¨®n, sino que se debe a que nunca se terminan de fusionar los subconscientes de los dos individuos, los cuales permanecen siempre en un estado de pelea constante. Entonces nace la pregunta: ?Por qu¨¦ hay dos subconscientes en el ac¨®lito F-24, si ya nos encargamos de destruir el subconsciente de su hermano?, y la respuesta como ya mencionamos al inicio de la experimentaci¨®n es que el subconsciente destruido de su hermano renace del propio ac¨®lito F-24. ?Es id¨¦ntico al original?, no, claro que no, pero ese subconsciente imaginado por el propio ac¨®lito F-24 es tan v¨¢lido como el de cualquier ser humano normal. De todo esto tambi¨¦n se deduce que el ?fallido? m¨¦todo de Minos en definitiva termin¨® logrando ?revivir? al hermano del ac¨®lito F-24, mat¨¢ndolo a ¨¦l mismo y a su verdadero hermano en el proceso. E136-Deducciones Incluso antes de que la segunda grabaci¨®n terminara de reproducirse, Hermes hab¨ªa tirado la mu?eca al piso para comenzar a correr desesperadamente en busca de Apolo. El cual por desgracia ya no pod¨ªa ser visto dado que Hermes se hab¨ªa perdido demasiado tiempo en la puerta inspeccionando la mu?eca. Mientras los ¨¢rboles iban pasando a sus costados y las hojas secas iban siendo levantadas por sus pasos, el adolescente se fue adentrando en el bosque mientras balbuceaba mil y una palabras sin terminar de comprender c¨®mo es que termin¨® en esta situaci¨®n. No obstante, el adolescente estaba cien por ciento seguro de una cosa y es que este sue?o era id¨¦ntico a los del sujeto F-24, por lo tanto, la ¨²nica conclusi¨®n l¨®gica era a su vez la m¨¢s terrible: este sue?o ya no era controlado por Apolo y en su lugar no estaba siendo controlado por nadie, ya que el subconsciente de Helena y Apolo estaban en conflicto en este momento, y de esa deducci¨®n se deduce el m¨¢s terrible de todos los resultados: ?El anillo lo hab¨ªa estado enga?ando todo este tiempo! Hermes o mejor dicho el adolescente enmascarado hab¨ªa estado subestimando completamente el poder del anillo de bronce. El adolescente cre¨ªa que ten¨ªa todo bajo control, pero este sue?o acababa de despertar una gran duda en su coraz¨®n: ?Qu¨¦ pasar¨ªa si el anillo tuviera el poder para enga?arlo?. Para Hermes era evidente reconocer las similitudes de este sue?o si recordaba sus experiencias vividas con el sujeto F-24, no obstante a Hermes y a cualquier persona cuerda le resultar¨ªa imposible pensar que la difunta Helena estaba manipulando el subconsciente de Apolo desde la tumba. A nadie se le ocurrir¨ªa que una persona que muri¨® por no poder controlar el subconsciente de su ac¨®lita estuviera logrando manipular el de Apolo. Sin embargo, los hechos hab¨ªan hablado por s¨ª solos: ?Lo imposible estaba ocurriendo!. O mejor dicho, lo imposible se hab¨ªa convertido en lo posible, ya que Hermes acababa de descartar un hecho que siempre supuso como cierto, o mejor dicho: que el anillo lo hab¨ªa llevado a suponer como cierto¡ ¡ª?Esa hija de puta nunca fracas¨® en su investigaci¨®n!. Realmente logr¨® controlar la maldici¨®n de Minos y fingi¨® demencia ante todo el consejo. El anillo pod¨ªa controlar el subconsciente de su ac¨®lita. No, a¨²n peor: ?La malnacida buscaba fingir su muerte!¡ªChill¨® Hermes corriendo como un man¨ªaco por el sendero, mientras supon¨ªa todas las probabilidades y consecuencias que se desprend¨ªan de esta idea central¡ªEs tan l¨®gico e il¨®gico a la vez: el antiguo sue?o de Helena demuestra fracaso en su experimento: su mente se fusion¨® con su ac¨®lita y todo sus planes se fueron a la mierda. Por otro lado, tenemos que el poder del anillo le permiti¨® obtener el ¨¦xito y de esa forma logr¨® solucionar el primer problema de su maldici¨®n, por tanto, la gran realidad es que solo pudo haber ocurrido una de las dos opciones y es la no descartable por lo demostrado en este sue?o: Helena sali¨® consciente y ahora mismo est¨¢ luchando con el subconsciente de Apolo. ?Pero por qu¨¦?, ?por qu¨¦ no simplemente tom¨® el control del cuerpo de Apolo cuando lo conoci¨® en su infancia?, ?por qu¨¦ esper¨® tanto tiempo?, ?o por qu¨¦ quer¨ªa el cuerpo de Apolo en primer lugar?. This story is posted elsewhere by the author. Help them out by reading the authentic version. Mientras las preguntas sin respuestas volaban por la cabeza de Hermes, el adolescente mir¨® hacia el horizonte sin pista alguna de Apolo o el criado. Por fortuna el adolescente sab¨ªa que su cuerpo era mil veces mejor que el de Apolo y el de criado, por ende deber¨ªa poder alcanzarlos siguiendo la simple l¨®gica de que el sujeto F-24 no pod¨ªa intervenir activamente en su sue?o. Por tanto, hasta que no muriera el subconsciente de Apolo este era un sue?o en donde Helena no pod¨ªa interferir. En consecuencia, una vez que Helena origin¨® este sue?o la misma se hab¨ªa condenado a batallar con la mente de Apolo hasta que el sue?o termine y probablemente logre matar al subconsciente de Apolo tomando el control del cuerpo del joven. Sabiendo que Helena no pod¨ªa interferir, el adolescente enmascarado comprend¨ªa que la vida de Apolo depend¨ªa de una carrera contra el tiempo, por lo que corriendo como un demente Hermes sinti¨® como se quemaban los m¨²sculos de sus piernas mientras buscaba el cuerpo del criado y el ni?o. Si todo lo que estaba suponiendo el adolescente resultaba ser cierto, entonces la situaci¨®n era terriblemente m¨¢s compleja de lo que hab¨ªa imaginado originalmente y el gran problema era a la vez lo m¨¢s obvio: Hermes segu¨ªa sin comprender c¨®mo funcionaba el anillo realmente y mucho menos comprend¨ªa que buscaba Helena con Apolo. Pese a ello, Hermes no luc¨ªa desesperado por no poder comprender la verdad, m¨¢s bien su desesperaci¨®n ven¨ªa por el tiempo: se estaba quedando sin tiempo y no estaba ganando la carrera que se hab¨ªa propuesto, pues este sue?o estaba a punto de finalizar... Corriendo entendiendo las implicaciones de no llegar a tiempo, Hermes pudo sentir el atronador ruido del agua chocando contra las rocas proviniendo del final de la colina, en donde el adolescente pudo observar como Apolo y el criado se preparaban para saltar desde el acantilado. Hermes evit¨® gritar pidiendo que se detuvieran, sab¨ªa que no lo escuchar¨ªan y lo mejor que pod¨ªa hacer era seguir corriendo tratando de llegar a tiempo, pero para su desgracia justo antes de que pudiera llegar vio con amargura como Apolo y el criado se lanzaban por el acantilado. ¡ª?Carajo, solo necesitaba unos segundos m¨¢s!¡ªExclam¨® Hermes con enojo, mientras quemaba lo ¨²ltimo de sus energ¨ªas para llegar a la cima de la colina y sin perder el tiempo saltar por el acantilado. Inmediatamente tras saltar, en las piernas del adolescente surgieron dos bolas de fuego del tama?o de una pelota que comenzaron a empujarlo violentamente hacia abajo a medida que desintegraban parte de sus piernas. Ignorando el dolor, Hermes vio con ilusi¨®n como el cuerpo cayendo de Apolo se acercaba en la distancia y parecer¨ªa que lograr¨ªa atraparlo antes de que cayera. Cuando Hermes lleg¨® al lado de su hermano menor y se puso frente al rostro de Apolo, not¨® como los ojos de su hermano menor parec¨ªan sin vida y no reaccionaba a sus movimientos, remarc¨¢ndole al joven sus preocupaciones iniciales. Sac¨¢ndose el antifaz de plata y revelando un rostro lleno de granos, el adolescente chill¨® tratando que su voz no se opacara por el ruido del agua chocando contra las rocas: ¡ª?Nos quedamos sin tiempo, chico!, ?esto ya no depende de m¨ª, suerte! Justo cuando Apolo y Hermes estaban a punto de estrellarse contra las rocas al final del acantilado, Hermes coloc¨® el antifaz de plata en el rostro de Apolo, provocando que un destello de luz verde surgiera de los ojos sin brillo del aturdido ni?o. E137-Splash *Splash* Apolo abri¨® los ojos con aturdimiento y mir¨® el sol en el cielo despejado. El joven se toc¨® la cara notando que alguien le acababa de lanzar un baldazo de agua para despertarlo. ¡ª...¡ªApolo quiso gritarle enojadamente a la persona que le hab¨ªa tirado el balde con agua, pero de inmediato se detuvo, ya que no ten¨ªa ni idea quien era esta persona, no obstante el anillo de oro en su mano hablaba por s¨ª solo y le estaba diciendo a gritos que lo que ve¨ªa no ten¨ªa ning¨²n sentido. ¡ª?Despierta de una vez, t¨ªo!, el asedio est¨¢ a casi un d¨ªa de distancia y lo mejor para terminar todo lo m¨¢s r¨¢pido posible es llegar al castillo antes del anochecer¡ªGrit¨® el joven con el balde en la mano, el muchacho no tendr¨ªa m¨¢s de 25 a?os y ten¨ªa el pelo colorado, una barba colorada, corta y bastante prolija. Se encontraba vistiendo una armadura de cuero la cual estaba llena de estuches donde se guardaban dagas. No obstante, lo que m¨¢s estaba llamando la atenci¨®n de Apolo era el anillo de oro en la mano del joven: ?Era el anillo de su familia!. ¡ªJa, ja, ja, ?para qu¨¦ quieres que el viaje termine tan r¨¢pido?. Las guerras hay que disfrutarlas, e incluso si llegamos antes del anochecer tendr¨¢s que esperar a que me informe de la situaci¨®n en el asedio¡ªR¨ªo Apolo inconscientemente; mientras sent¨ªa la inc¨®moda sensaci¨®n de que su boca se abriera y hablara por s¨ª sola. Acto seguido, Apolo se dio cuenta de que acababa de perder el control sobre su propio cuerpo y el mismo comenz¨® a levantarse del suelo contradiciendo su voluntad. Sin comprender que estaba ocurriendo, Apolo trat¨® de liberarse de esta molesta situaci¨®n y retomar el control de su cuerpo. No obstante, lo ¨²nico que logr¨® Apolo fue salir del est¨®mago del cuerpo en donde al parecer se encontraba. Con extra?eza, Apolo vio que por m¨¢s que haya salido del est¨®mago de esta persona, el hombre se encontraba intacto y parec¨ªa desconocer el hecho de que un joven de m¨¢s de dos metros hab¨ªa salido de su est¨®mago. La persona en cuesti¨®n era un hombre completamente desnudo, de pelo negro y ojos negros. El hombre f¨¢cilmente ten¨ªa una altura de 6 metros y era casi tres veces m¨¢s grande que el joven pelirrojo. Por su parte lo que m¨¢s estaba incomodando a Apolo es que esta persona tambi¨¦n ten¨ªa el anillo de oro de su familia en su mano y pese a ello no lo conoc¨ªa. Ante la gran cantidad de dudas que ten¨ªa en su mente en estos momentos, Apolo trat¨® de hablar para preguntarle a estas personas quienes eran; ya por el tama?o del hombre que ten¨ªa al frente, Apolo no ten¨ªa dudas de que realmente era un miembro de su familia; sin embargo, no entend¨ªa c¨®mo no lo recordaba: ¡ª?Qui¨¦nes son?, ?d¨®nde estamos?, ?son los ancestros que vinieron a saludarme? No obstante el hombre gigante y el pelirrojo parecieron ignorar a Apolo, provocando que hablara m¨¢s fuerte: ¡ª?Hola!, ?Soy Apolo, tambi¨¦n del bosque negro! Pero las dos personas siguieron ignor¨¢ndolo y en su lugar parec¨ªan m¨¢s concentradas en buscar por donde estaba la armadura del gigante. Extra?ado por la situaci¨®n, Apolo se dio cuenta de que las dos personas delante de ¨¦l hablaban y sin embargo ¨¦l no pod¨ªa escuchar lo que dec¨ªan. Percat¨¢ndose de que esto era un problema, Apolo trat¨® de detener al joven pelirrojo para ver si a ¨¦l le pasaba lo mismo y no pod¨ªa escuchar lo que dec¨ªa. Sin embargo, apenas Apolo toc¨® al pelirrojo su mano atraves¨® su cuerpo en lugar de agarrarlo como si fuera de aire. Incr¨¦dulo por lo que acababa de pasar, Apolo se mir¨® las manos y en realidad se dio cuenta de que eran algo transparentes. ¡ªOh¡ Debo estar muerto¡ Al parecer estas personas son los hijos o nietos de alguno de mis hermanos en el futuro y yo soy su ancestro...¡ªMurmur¨® Apolo para nada enojado por la situaci¨®n en donde hab¨ªa terminado y comprendiendo parcialmente la situaci¨®n; entendiendo el motivo por el cual no pod¨ªa interactuar con estas personas. Tratando de comprender mejor la situaci¨®n de sus dos descendientes y porque los mismos lo hab¨ªan convocado, Apolo busc¨® la forma de volver a poder escuchar lo que dec¨ªan sus descendientes. Tras intentar de muchas maneras sin lograr el ¨¦xito, Apolo record¨® que dej¨® de escuchar a estas personas cuando sali¨® del gigante, por lo tanto, trat¨® de volver a entrar en el mismo para ver si escuchaban lo que dec¨ªan. This tale has been unlawfully lifted from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. Al atravesar completamente el cuerpo del gigante, Apolo volvi¨® a perder el control de su cuerpo, pero instant¨¢neamente volvi¨® a sentir como el mundo a su alrededor volv¨ªa a tener sonidos. ¡ª?D¨®nde mierda dejaste tu hacha?¡ªPregunt¨® el pelirrojo con enojo; molesto por tener que ayudar al gigante desnudo por el descuido que hab¨ªa tenido estando borracho. ¡ªNo lo s¨¦, ?La desgraciada hacha no me est¨¢ respondiendo cuando la llamo!, ?Por qu¨¦ mierda no le pides a tu mascota que la encuentre?¡ªDijo el gigante rasc¨¢ndose el pelo en la cabeza, incomodando un poco a Apolo el cual sinti¨® como su boca se mov¨ªa por s¨ª sola. El joven pelirrojo chist¨® los dientes como si la propuesta del gigante le molestara y coment¨®: ¡ªPrimero no es mi mascota, segundo no es mi problema que hayas tomado tanto alcohol anoche como para perder tu hacha, tercero es tu problema que tu hacha se haya enojado con vos y no es como si yo pudiera o¨ªrla para ayudarte a encontrarla... si es que habla realmente... cosa que dudo. ¡ª?Crees que mi hacha no me habla porque se enoj¨® conmigo?¡ªPregunt¨® el gigante con preocupaci¨®n. ¡ªClaro: Si yo ya estoy enojado con vos, ?por qu¨¦ tu hacha no lo estar¨ªa?...¡ªPregunt¨® el joven pelirrojo con una mirada de disgusto, tratando de alejarse unos pasos del gigante para no sentir el olor a alcohol que liberaba su boca al hablar¡ª?Al menos encontraste tu armadura? ¡ªNo, eso no importa: ?Quiero mi hacha de regreso, Tea!. Vamos, dile a tu mascota que la encuentre: por m¨¢s que intento, yo no logro recordar donde dej¨¦ mi arma¡¡ªDijo el gigante mirando para todos lados con preocupaci¨®n, pero incluso con su altura lo ¨²nico que pod¨ªa ver eran arbustos y ¨¢rboles por todos lados. ¡ªQu¨¦ borracho miserable...¡ªMaldijo el joven llamado Tea en voz alta, mientras proced¨ªa a acercarse a uno de los ¨¢rboles cercanos. Tea sac¨® una de las dagas en su armadura y comenz¨® a dibujar en la corteza del ¨¢rbol una puerta. Cuando termin¨® de dibujarla, el joven acerc¨® la mano a la corteza y toc¨® la puerta. *Tock, Tock* ¡ª?Qui¨¦n es?¡ªPregunt¨® alguien con una voz muy tierna e infantil del otro lado de la puerta, sorprendiendo a Apolo. ¡ªYo, ?Qui¨¦n m¨¢s va a ser?, ?Acaso alguien m¨¢s tiene tu contrato?¡ªPregunt¨® Tea masaje¨¢ndose la frente de la cabeza. ¡ª?Tea?¡ªSe escuch¨® desde el otro lado de la puerta. ¡ªS¨ª, soy Tea, sal que te necesito, Isis...¡ªMurmur¨® Tea con la voz cansada. Inmediatamente, la puerta dibujada en la corteza se abri¨® como si fuera real, mostrando que del otro lado de la puerta se encontraba una ni?a en miniatura de pelo verde y ojos rojos, aunque lo m¨¢s llamativo era que la ni?a ten¨ªa dos alas de mariposa en la espalda. Por lo dem¨¢s la criatura andaba vistiendo un vestido verde muy lindo hecho con pasto, y andaba completamente descalza aunque un poquito de pasto envolv¨ªa sus pies. ¡ª?Qu¨¦ pas¨®, Tea?, ?Tu t¨ªo te est¨¢ llevando por el camino equivocado nuevamente?¡ªPregunt¨® la ni?a volando hasta ponerse en el hombro del joven pelirrojo, para comenzar a balancear sus piernas de un lugar a otro divertidamente. Apolo mir¨® a la criatura con asombro, mirando a su descendiente de arriba a abajo, sab¨ªa que esa era la habilidad innata de la gente de pueblo blanco, pero al parecer este descendiente la hab¨ªa heredado de uno de sus padres, lo cual era bastante raro de ver: ya que los miembros con habilidades innatas de las familias nobles nunca ten¨ªan hijos afuera de la familia, por lo que s¨®lo pod¨ªa ocurrir que el chico obtuviera la habilidad de uno de sus padres, aunque su padre en cuesti¨®n no pueda usar la habilidad por el mismo, por tanto, dar tal herencia era muy raro. Por lo dem¨¢s en general solo se heredaba una habilidad sangu¨ªnea y no m¨¢s que eso, pero por el anillo de oro en su mano y por el tama?o de su cuerpo, Apolo distingui¨® que el pelirrojo tambi¨¦n hab¨ªa heredado la habilidad de su familia adem¨¢s de la de la gente de pueblo blanco. En caso contrario si tuviera la habilidad del pueblo blanco y no la de los colosos, el pelirrojo deber¨ªa haber sido criado por la gente de pueblo blanco, por lo que no podr¨ªa estar con un t¨ªo que mide 6 metros en medio de una aventura en el bosque. ¡ªPodr¨ªa decirse aunque esta vez estamos lejos del castillo, ?Podr¨ªas preguntarle a los ¨¢rboles donde est¨¢ el hacha de mi t¨ªo Crist¨®bal?¡ªPregunt¨® Tea. ¡ªMmm, no s¨¦, esa no es una pregunta muy amigable para los ¨¢rboles...¡ª Rechaz¨® Isis moviendo su cabeza para los lados infantilmente. ¡ªEscucha, mascotita: ?O encuentras a mi hacha, o regreso con un ej¨¦rcito y prendo fuego el bosque entero!¡ªGrit¨® Crist¨®bal con tanta fuerza que la ni?a sali¨® volando del hombro de su sobrino. ¡ªNo le grites a Isis o har¨¢s las cosas m¨¢s complicadas...¡ªMurmur¨® Tea en voz baja mientras se masajeaba los o¨ªdos con dolor, sintiendo que casi se hab¨ªa quedado sordo con el fuerte grito. Pero lamentablemente la ni?a no volvi¨® al hombro del pelirrojo y en su lugar huy¨® hacia el escondite de a donde hab¨ªa salido, cerrando la puerta de corteza detr¨¢s de ella. E138-Perfecto ¡ªPerfecto, se escap¨® Isis, ?y ahora qu¨¦ hacemos?¡ªPregunt¨® Tea de mala gana, viendo como la puerta dibujada en el ¨¢rbol se manten¨ªa cerrada. ¡ªVuelve a llamar a tu mascotita: no me voy de este bosque sin mi hacha. As¨ª que busca una casa a donde vivir en el pueblo cercano o ay¨²dame a encontrar mi hacha¡ªRespondi¨® el gigante de inmediato. *Tock, Tock* Con una mueca de incomodidad en la cara, Tea comenz¨® a golpear el ¨¢rbol, maldiciendo en su mente la mala suerte que tuvo al ser seleccionado para realizar su primera misi¨®n lejos del castillo junto al borracho de su t¨ªo; sin embargo, no ten¨ªa alternativa y dada la orden, deb¨ªa cumplirla. ¡ª?No quiero salir!¡ªGrit¨® la ni?a del otro lado a¨²n enojada con la amenaza. ¡ªPero mi t¨ªo realmente quemar¨¢ el bosque si no sales¡¡ªPersuadi¨® Tea, apuntando con su mano a un ¨¢rbol cercano. Acto seguido una bola de fuego de casi un metro comenz¨® a formarse delante de la mano del pelirrojo. Mientras esto ocurr¨ªa Apolo mir¨® el tama?o de la bola de fuego con incredulidad, este joven ten¨ªa casi su edad, pero el dominio de este hechizo estaba completamente a otro nivel si lo comparaba con el suyo. Sin previo aviso la inmensa bola de fuego sali¨® disparada provocando que los ¨¢rboles que estaban en su camino se partieran a la mitad. Inmediatamente los restos chamuscados de los ¨¢rboles desafortunados comenzaron a extender las llamas a los ¨¢rboles cercanos provocando un leve incendio. ¡ª?Mierda, vas a alterar a todos los habitantes del pueblo, imb¨¦cil!¡ªExclam¨® el gigante de mala gana mirando como el fuego comenzaba a extenderse r¨¢pidamente. No obstante, sus acciones contradijeron sus palabras, ya que el gigante no hizo absolutamente nada para evitar que el fuego siguiera propag¨¢ndose por el bosque, y en su lugar esper¨® a que la criatura escondida saliera del ¨¢rbol donde se ocultaba. ¡ªSiento a los ¨¢rboles llorando: ??Qu¨¦ diablos hiciste, Tea?!¡ªDijo la ni?a mientras sal¨ªa de su escondite con apuro, mostrando en su expresi¨®n que realmente estaba preocupada por lo que acababa de pasar. Al salir, Isis ignor¨® al adolescente de pelo rojo y al gigante que la miraban con una sonrisa idiota en el rostro, y observ¨® con horror como el incendio en el bosque se estaba yendo de las manos y cada vez m¨¢s ¨¢rboles ca¨ªan bajo la maldici¨®n de las llamas¡ªNo... ¡ªS¨ª, claro que s¨ª. ?D¨®nde est¨¢ mi hacha, mascotita?¡ªPregunt¨® el gigante con una sonrisa s¨¢dica en el rostro, ignorando completamente el desastre que acababa de provocar su sobrino. ¡ª??C¨®mo pudiste hacer esto, Tea?!, ?me juraste que siempre proteger¨ªas el bosque!, ?Por qu¨¦ ahora traicionas tus palabras?¡ªGrit¨® la ni?a mientras descend¨ªa lentamente al piso a medida que m¨¢s l¨¢grimas sal¨ªan de sus ojos, parec¨ªa que cuanto m¨¢s lloraba la criatura menos capacidad de volar ten¨ªa. Hasta que finalmente Isis toc¨® el suelo y rompi¨® en l¨¢grimas desgarradoramente. ¡ªJure proteger el bosque negro y solo ese bosque. No estamos en el bosque negro, estamos en un territorio enemigo, por tanto, no estoy incumpliendo mi contrato¡ªRespondi¨® Tea fr¨ªamente. ¡ªNo, estamos en territorio neutral o gris, el cual est¨¢ influenciado por el castillo que estamos asediando hace cinco a?os: ?Habla con propiedad, mocoso!, ?mi hermano te educ¨® para el culo o te distrajiste de tus lecciones aprendiendo magia barata?¡ªDijo el gigante emboc¨¢ndole una cachetada a Tea en la nuca haciendo que su cuello se pusiera rojo. Aunque parezca rid¨ªculo el gigante Crist¨®bal estaba m¨¢s enojado por la falta de vocabulario de su sobrino, que por el incendio cada vez m¨¢s fuera de control que el pelirrojo hab¨ªa provocado. If you discover this narrative on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the violation. Teo se tom¨® la nuca con dolor, pero se abstuvo de decir una sola queja frente al rega?o de su t¨ªo. En su lugar el adolescente se agach¨®, tom¨® a la ni?a en miniatura llorando en el piso y la puso en la palma de sus manos para llevarla frente a sus ojos, mientras consolaba: ¡ªVamos, Isis, necesitamos el hacha as¨ª podemos volver a casa r¨¢pidamente, a m¨ª tampoco me gusta esta misi¨®n, pero no tengo otra opci¨®n: Es esto o el exilio. ¡ªPor el momento no te gusta, despu¨¦s te gustar¨¢: La guerra es m¨¢s divertida cuando hay enemigos y algo por lo cual luchar...¡ªMurmur¨® Crist¨®bal preocupadamente, no tan contento de ver y escuchar la expresi¨®n y el tono de voz fatigado de su sobrino cuando dijo esas palabras. No obstante la ni?a sigui¨® llorando ignorando el manipulador consuelo del joven pelirrojo, al parecer Isis no ten¨ªa ganas de hablar y solo miraba con desesperaci¨®n como cada vez m¨¢s ¨¢rboles en el bosque comenzaban a prenderse fuego. ¡ª?Quieres que apague el incendio, mascotita?¡ªPregunt¨® el gigante con un tono m¨¢s calmado que el de costumbre, apuntando con su mano a los ¨¢rboles prendi¨¦ndose fuego en las cercan¨ªas. Limpi¨¢ndose las l¨¢grimas en los ojos con sus manitas, la ni?a asinti¨® la cabeza, como indic¨¢ndole al gigante que por favor lo hiciera. ¡ªEntonces dime d¨®nde est¨¢ mi hacha y lo har¨¦. Sin mi hacha no puedo apagar el fuego, as¨ª que me temo que tendr¨¢n que morir muchos ¨¢rboles hasta que el incendio se apague por su cuenta¡ªAgreg¨® lentamente Crist¨®bal mientras sonre¨ªa falsamente a la peque?a criatura. Sin contestar la ni?a salt¨® de las manos de Tea para tratar de indicar la direcci¨®n. Pese a que esas eran sus intenciones, Isis cay¨® en picada, provocando que Tea se tirara al suelo para atrapar a la ni?a justo antes de que se estrellara contra la tierra. Acto seguido, el pelirrojo se levant¨® y desganadamente coment¨®: ¡ªNo puedes volar si est¨¢s triste, Isis. Apunta con tus manos a la direcci¨®n que te dicen los ¨¢rboles y mi t¨ªo salvar¨¢ a tus amiguitos. La ni?a apunt¨® con su manito a una direcci¨®n entre el medio de las llamas, provocando que el gigante saliera corriendo hacia ese lugar sin importarle el fuego. Mientras eso ocurr¨ªa, Apolo sali¨® del cuerpo del gigante Crist¨®bal, para mirar qu¨¦ es lo que har¨ªa a continuaci¨®n su descendiente que probablemente estar¨ªa m¨¢s en peligro si el incendio se iba de las manos, es decir Tea. R¨¢pidamente Apolo corri¨® y se meti¨® en el cuerpo de Tea, evitando perderse alguna conversaci¨®n que el pelirrojo pudiera tener con la ni?a en miniatura. ¡ªVuelve a entrar a tu escondite y sal de este peligroso bosque¡ªInsisti¨® Tea mientras llevaba a la ni?a al agujero sin aparente fondo en el medio del ¨¢rbol; todav¨ªa el incendio no hab¨ªa venido para esta zona, pero no tardar¨ªa en llegar y el pelirrojo quer¨ªa asegurarse de que la criatura escapara de las llamas. ¡ª?Pero los ¨¢rboles est¨¢n llorando, hay que protegerlos!¡ªChill¨® Isis mientras era empujada por el joven pelirrojo a entrar adentro del escondite. ¡ªDe eso se encargar¨¢ mi t¨ªo, t¨² ve y¨¦ndote y conf¨ªa en que todo andar¨¢ bien...¡ªRespondi¨® Tea cerrando la puerta, inmediatamente el joven sali¨® corriendo y se escondi¨® entre unos arbustos cercanos para observar la puerta de madera; parecer¨ªa que el pelirrojo quer¨ªa observar si realmente la ni?a se marchaba o no. Por unos cuantos minutos, Apolo observ¨® aburridamente como su descendiente se quedaba mirando el ¨¢rbol donde se hab¨ªa escondido la criatura; al parecer Tea era lo suficientemente paciente o poco cuerdo como para que no le importara demasiado que el bosque siguiera prendi¨¦ndose fuego a su alrededor. El joven mir¨® pacientemente hasta que la puerta de madera en la corteza del ¨¢rbol desapareci¨®. Fue entonces cuando el pelirrojo finalmente dej¨® de preocuparse por la criatura, y se dirigi¨® corriendo hacia la direcci¨®n donde se hab¨ªa ido su t¨ªo, adentr¨¢ndose entre las llamas y poniendo nervioso a Apolo; el cual preocupadamente pensaba desde el interior de Tea que esta era su primera aventura como un ancestro y no quer¨ªa que su descendiente muriera de forma tan idiota por su falta de cuidado. E139-Locura Tea sigui¨® corriendo entre los ¨¢rboles en llamas hasta que finalmente pas¨® la zona prendi¨¦ndose fuego. Para la tranquilidad de Apolo, el pelirrojo se detuvo para recuperarse de las heridas absorbiendo a uno de los ¨¢rboles del bosque y muy inteligentemente se hab¨ªa cubierto con sus propias llamas para evitar ser quemado vivo. Cuando el joven termin¨® de curarse, sigui¨® corriendo hasta que finalmente pudo distinguir la espalda de su t¨ªo, lo cual teniendo en cuenta que el gigante era tan alto como un ¨¢rbol result¨® ser una tarea no demasiado compleja. Cuando Tea s¨¦ acerc¨® lo suficiente, provoc¨® que el gigante se percatara de su presencia y gritara nerviosamente: ¡ª?Espera, Tea, me estoy cambiando! ¡ª...¡ªTea escuch¨® la orden con incredulidad, su t¨ªo se hab¨ªa pasado casi cuarenta minutos completamente desnudo delante de ¨¦l sin pudor alguno y ahora le daba verg¨¹enza que lo viera cambiarse: ?Claramente el gigante estaba ocultando algo!. Con curiosidad, el joven no escuch¨® el pedido y continu¨® acerc¨¢ndose para ver con asombro la escena delante de ¨¦l. ¡ªJa, ja, ja, ?normal que el hacha se enojara!¡ªR¨ªo Tea como un desgraciado mientras ca¨ªa al suelo y rodaba por el piso. ¡ª?No te r¨ªas, desgraciado!, ya te pasar¨¢n cosas peores estando borracho cuando crezcas, as¨ª que no juzgues a tu buen t¨ªo¡ªGrit¨® Crist¨®bal mirando con rubor en el rostro la escena delante de ¨¦l: En medio de un claro en el bosque se encontraba el cad¨¢ver de una mujer desnuda, la mujer parec¨ªa que no hab¨ªa muerto hace mucho por lo que estaba en buenas condiciones. Pese a ello toda la belleza de la mujer quedaba arruinada, dado que el mango de un hacha inmensa le estaba empalando el culo a la mujer hasta sal¨ªrsele por la boca. La escena como tal era completamente bizarra, no obstante Apolo estaba m¨¢s preocupado mirando el hacha que estaba empalando a la mujer que a la pobre v¨ªctima de este brutal crimen. Incr¨¦dulo con lo que estaba viendo, Apolo finalmente entendi¨® cu¨¢l era su deber como ancestro, el cual era embocarle un rayo a este mal parido de seis metros. The author''s tale has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. Puesto que el joven noble reconoc¨ªa esta hacha y era una de las grandes armas ancestrales de su familia que perteneci¨® a un gran campe¨®n en el pasado. Pese a ello, Apolo no conoc¨ªa exactamente la historia de este campe¨®n, pero su arma en particular era conocida por todos en el castillo, no por ser la m¨¢s grande, no por ser la m¨¢s bella, ni por ser la m¨¢s compleja, sino porque estaba maldita: ?Nadie pod¨ªa usar esta hacha! El hacha como tal era completamente ordinaria salvo por su particular tama?o, ten¨ªa un mango de madera marr¨®n y un filo m¨¢s similar al de las hachas empleadas por los le?adores que la de los soldados. No obstante hab¨ªa otra caracter¨ªstica ligeramente importante la cual era la que serv¨ªa para distinguir esta hacha de cualquier otra hacha gigante y es que su filo estaba completamente desgastado y destruido, por lo que en principio nadie deber¨ªa querer utilizarla como arma. Seg¨²n la leyenda, el campe¨®n que la port¨® nunca cambi¨® de arma en su vida desde que naci¨®, el campe¨®n forj¨® su cuerpo de guerrero cortando troncos con esa hacha y cuando creci¨® la llev¨® al campo de batalla para forjar su leyenda cortando las cabezas de sus enemigos. A medida que pasaron los a?os, el cuerpo del gigante sigui¨® creciendo: ?Y extra?amente su hacha tambi¨¦n crec¨ªa con ¨¦l!. Al parecer el hacha hab¨ªa quedado maldecida de la cantidad de cabezas que fueron cortadas con ella, puesto que el campe¨®n en cuesti¨®n ten¨ªa la fama de no tener piedad alguna y enemigo que derrotaba, enemigo que decapitaba. La maldici¨®n del hacha impon¨ªa que el que la portara fuera consumido por la misma hasta quedar completamente loco y cortarse la cabeza con ella, por eso nadie quer¨ªa utilizarla y hab¨ªa quedado como una gran decoraci¨®n en el cementerio de la familia. Apolo record¨® que su abuelo la coloc¨® en el gran sal¨®n del castillo justamente para ense?arle a ¨¦l y a los otros ni?os de la familia que hab¨ªa que tener cuidado con los objetos malditos o podr¨ªas terminar perdiendo la cabeza. ¡ª?Te da verg¨¹enza tomarla?¡ªPregunt¨® Tea con la cara roja de la risa mirando como su t¨ªo se quedaba mirando la comprometedora escena en silencio. ¡ªMi hacha est¨¢ muy enojada, estamos discutiendo...¡ªMurmur¨® Crist¨®bal tratando de ignorar la mirada de su sobrino y concentrarse en el hacha. ¡ªClaro, claro, dile de paso que el bosque se est¨¢ quemando y no tiene mucho tiempo que perder a no ser que quiera quedar carbonizada...¡ªDijo Tea haciendo se?ales con sus manos como si su t¨ªo estuviera loco. Aunque realmente por suerte el incendio estaba bastante lejos y no hab¨ªa peligro por esta zona; sin embargo, el pelirrojo no quer¨ªa quedarse demasiado tiempo cerca del cad¨¢ver empalado. Notando que tampoco pod¨ªa escuchar al hacha hablar, Apolo sali¨® del cuerpo de Tea y se meti¨® en el gigante, tratando de costillar entre la conversaci¨®n del hacha y el gigante. E140-Espia Al entrar al cuerpo de Crist¨®bal, Apolo sinti¨® la diferencia en el hacha inmediatamente y se dio cuenta de por qu¨¦ su familia dec¨ªa que esta hacha estaba maldita: Desde la perspectiva del gigante, la madera del mango del hacha estaba llena de tumores que se mov¨ªan de un lugar a otro mientras gritaban en agon¨ªa. De vez en cuando alguno de esos tumores sal¨ªan del hacha como Apolo lo estaba haciendo entre sus descendientes, mostrando que en realidad eran personas descuartizadas, apuntadas, sin cabeza, con una flecha o simplemente la mitad de ellas. Todas las personas que sal¨ªan del hacha mostraban signos de haber sido asesinadas, y parec¨ªa que estas almas desafortunadas compet¨ªan para ver quien hab¨ªa muerto de la forma m¨¢s horrible. Sin embargo, estos ?fantasmas? no eran los que hablaban con el gigante, ya que a simple vista se apreciaba que estos desgraciados hab¨ªan perdido la capacidad de pensar como cuando estaban vivos, y sus movimientos eran m¨¢s productos del azar que de tratar de comunicarle algo al gigante. Los ?fantasmas? que realmente estaban hablando eran los tumores que se mov¨ªan incesantemente en la parte de metal del hacha, y la voz de estas personas era como la uni¨®n de miles de voces en constante sufrimiento, pese a que sus palabras demostraban un pensamiento ¨²nico: ¡ª?Entonces c¨®mo vas a pagarme este maltrato?, ?llev¨® combatiendo a tu lado desde siempre y aun as¨ª me tratas de esta forma, gigante insensible!. ¡ª?Estaba borracho!¡ªPens¨® el gigante mirando de mala gana al arma; pese a que no lo dijo en voz alta, Apolo tambi¨¦n pudo o¨ªrlo, por lo que sin dudarlo y sin pudor alguno el muerto fisgone¨® en la conversaci¨®n de su descendiente. ¡ª?Borracho o no borracho, hay l¨ªmites y cruzarlos tiene un precio!¡ªRespondieron los tumores en el hacha al un¨ªsono, mientras se retorc¨ªan con violencia. ¡ª?Cu¨¢l es el precio?¡ªPregunt¨® Crist¨®bal en su cabeza con preocupaci¨®n, mirando de reojo como su sobrino lo observaba en silencio en la distancia. ¡ª?Mata a todos los inmundos campesinos de este miserable pueblo!, ?que no quede un desgraciado vivo!, ?que estas ratas sufran mi odio!¡ªGritaron todos los tumores en el hacha al un¨ªsono retumbando por toda la mente del gigante. Incomodando a m¨¢s no poder al entrometido Apolo, el cual sent¨ªa como si su cabeza se estuviera partiendo por la mitad y luego se volviera unir. ¡ªEstamos por ir a un castillo asediado, ya tendr¨¢s tiempo para divertirte cortando las cabezas de nuestros verdaderos enemigos, solo trata de...¡ªPens¨® el gigante para nada conforme con la petici¨®n, mientras se masajeaba la frente. ¡ªEstas ratas ni siquiera son nuestras y eres el general a cargo de este lugar, tienes el poder y la excusa perfecta, nadie lo sabr¨¢: ?Hazlo por m¨ª, Crist¨®bal, hazlo por mi honor!, ?haz que estas ratas se retuerzan en agon¨ªa, que sus gritos llenen cada rinc¨®n de este pueblito!¡ªInterrumpieron los tumores en el hacha movi¨¦ndose incesantemente de forma hipn¨®tica. ¡ª?Sabes qu¨¦ tan grande es este pueblo?, pr¨¢cticamente es tan grande como una ciudad en el Imperio: pero m¨¢s vale que mi t¨ªo y mi padre se dar¨¢n cuenta si mueren tantas ratas, y para colmo son ratas ¨²tiles. Por otra parte, incluso si quisiera ayudarte, ni siquiera tenemos tanta gente como para lograr lo que me pides que haga: ?Esta vez te est¨¢s yendo muy lejos con tus caprichos!¡ªPens¨® Crist¨®bal bastante enojado, mirando de reojo a su sobrino preocupado de que por alg¨²n motivo extra?o el mocoso supiera alguna magia ex¨®tica que pudiera leerle la mente. ¡ªSi te lo pido, es porque t¨² ya sabes que puedes hacerlo: en el fondo de tu coraz¨®n sabes perfectamente bien que puedes hacer lo que se te antoje con estos animales. Crist¨®bal, ya sabes la excusa y las ¨®rdenes que tienes que dar: solo tienes que decirla en voz alta frente a tus hombres y ellos har¨¢n todo el trabajo¡ªRespondieron los tumores seductivamente como si le estuvieran susurrando cada palabra para que entrara lentamente en los o¨ªdos del gigante. ¡ªPero por supuesto que mis hombres har¨ªan cualquier idiotez que yo les dijera que hagan: ?El problema es que mi padre y mi t¨ªo se crean mi miserable excusa!. Es posible enga?ar a mi t¨ªo, pero mi padre ya duda de m¨ª, duda de mis ?¨®rdenes? y ya mando a un idiota para seguir de cerca mis pasos. Recuerda que no podemos perder nuestra m¨¢scara, hay una gran diferencia entre un general cruel y un general que perdi¨® la cabeza; y es que nadie le da soldados a un lun¨¢tico y sin soldados no hay ?diversi¨®n?. Mi padre debe tener indicios de sobra acerca de este ?peque?o? problema que tengo, y por suerte para los dos el viejo a¨²n duda lo suficiente de s¨ª mismo como para sacarnos del ej¨¦rcito. Pese a ello, por m¨¢s que pap¨¢ busque excusas constantemente para fingir que el problema no existe, esto puede ser la gota que rebalse el vaso, un pueblo entero es...¡ªPens¨® Crist¨®bal mordi¨¦ndose las u?as, mientras miraba como Tea en silencio lo observaba aburridamente. ¡ªNo est¨¢s loco, Crist¨®bal. No ves c¨®mo dudas de tus propias acciones, eso te convierte en un general responsable y sensato. Por lo que eres un general completamente sensato de lo que est¨¢s a punto de hacer y eres completamente responsable de acabar con todas las miserables vidas de estos molestos campesinos. Pero qu¨¦ tiene de malo eso: ?Acaso est¨¢ mal divertirse un poco?, ?acaso ya no le diste demasiada gloria a tu familia?, ?por qu¨¦ sigues preocup¨¢ndote por sus opiniones y en su lugar no te concentras en pasarla bien?, como siempre lo hemos hecho, una vez m¨¢s veremos a las ratas bailar con la muerte, pero esta vez:: ?Ser¨¢ a lo grande!¡ªDijeron los tumores del hacha de forma en¨¦rgica y llena de vida, pero sus palabras se escucharon como susurros que entraron y revolotearon en el interior de la cabeza del gigante. This book''s true home is on another platform. Check it out there for the real experience. ¡ª?Es que no entiendes lo que te estoy diciendo?, justamente porque amo divertirme con vos es que no puedo hacer lo que me est¨¢s pidiendo que haga: ?Un pueblo entero es demasiado!. Mi padre no tolerar¨¢ semejante salvajada, por m¨¢s que pap¨¢ me quiera demasiado como para exiliarme, esto simplemente...¡ªPens¨® Crist¨®bal mientras miraba a Tea constantemente, temeroso de que alguien pudiera escuchar lo que estaba pensando. Sin embargo, su sobrino solo lo miraba como un idiota, al parecer estando m¨¢s preocupado por seguir perdiendo el tiempo que por la ?charla? que el gigante estaba teniendo con su hacha. ¡ªEs simplemente una genialidad, una idea impresionante, una obra de arte. Piensa Crist¨®bal, piensa con esa cabeza gigante que tienes y resp¨®ndeme esta pregunta: ?Acaso crees que tendr¨¢s otra oportunidad como est¨¢ para hacer lo que tienes en la mente?, piensa en los gritos de las ratitas, en sus s¨²plicas, en como trataran de salvar a sus hijos, y resp¨®ndeme esta pregunta: ?De verdad vas a dejar pasar esta oportunidad?. Esta guerra est¨¢ por terminar Crist¨®bal, y uno nunca sabe cu¨¢nto tiempo pasar¨¢ hasta que la siguiente fiesta comience¡¡ªPreguntaron los tumores en el hacha vibrando arm¨®nicamente. Mientras que, por otro lado, la cabeza de Apolo luchaba por no estallar por la cantidad de voces que estaba escuchando ahora mismo; el dolor fue tal que provoc¨® que el muerto tuviera que irse del cuerpo del gigante por unos minutos hasta sentir como el dolor desaparec¨ªa y todo volv¨ªa a la normalidad. Algo sorprendido porque a¨²n pudiera sentir tal dolor estando muerto, Apolo volvi¨® a entrar al gigante y maldijo salir de su cuerpo, ya que la conversaci¨®n estaba superinteresante y quer¨ªa saber qu¨¦ responder¨ªa Crist¨®bal. Sin embargo, para su desgracia, cuando Apolo volvi¨® a entrar en el cuerpo del gigante, Crist¨®bal ya se encontraba sacando el hacha de la pobre mujer empalada y los tumores en el arma permanec¨ªan en silencio, sin revelar la decisi¨®n que hab¨ªa tomado el gigante. ¡ª?Finalmente terminaste de discutir con tu hacha?¡ªPregunt¨® Tea, mirando para otro lado; sin querer ver la desagradable escena que estaba ocurriendo a unos pocos metros de distancia. ¡ªS¨ª, hay que ir al campamento, comprobar que los hombres no se hayan alterado m¨¢s de la cuenta por el incendio en el bosque y verificar que est¨¦ todo preparado para partir al asedio¡ªRespondi¨® el gigante, mientras part¨ªa el cad¨¢ver de la chica por la mitad con su hacha con una sonrisa. ¡ªQu¨¦ asco...¡ªMurmur¨® Tea mirando la escena de reojo, mostrando que su curiosidad hab¨ªa ganado la batalla y desgraciadamente hab¨ªa visto la no muy narrable escena¡ªAntes de marchar, ponte tu armadura, que yo te vea desnudo es una cosa, pero no puedes dejar que tus hombres te vean desnudo, t¨ªo. ¡ªTampoco puedo dejar que mis hombres vean como un mocoso que ni siquiera toc¨® a una mujer en su vida me da ¨®rdenes, ?no crees?. Recuerda que no est¨¢s en el castillo: eres el segundo al mando y yo el general a cargo. Ya cuando termines esta misi¨®n, t¨² ser¨¢s un general al igual que tus hermanos y tus primos¡ªRespondi¨® Crist¨®bal mientras buscaba su armadura, por suerte la misma era bastante grande y al parecer se hab¨ªa desnudado en este lugar. ¡ª?Tanta confianza tienes de que todo saldr¨¢ bien?¡ªPregunt¨® Tea algo nervioso, esta era la primera vez en su vida que sal¨ªa del castillo, por lo que en realidad el joven inexperto estaba bastante preocupado y tem¨ªa que no sobreviviera a la crueldad de la guerra. ¡ªChico, eres pr¨¢cticamente un mago de batalla y fuiste criado como un soldado desde que naciste: Lo tienes en la sangre, solo disfruta el momento y trata de divertirte¡¡ªContest¨® Crist¨®bal mientras se ataba la pechera, pese a su cuerpo el gigante era realmente habilidoso poni¨¦ndose la armadura por lo que no necesitaba ayuda de nadie¡ªDigo... no es como que yo disfrute cien por ciento de todo esto. Hay muchas cosas que detesto de mi trabajo y la gran realidad es que a ning¨²n soldado realmente le gusta la guerra, pero como le dijiste a tu mascotita: juramos defender el bosque. Si no finalizamos este asedio a tiempo entonces ser¨¢ la sangre de nuestra gente la que muera por nuestra culpa, y como general lo primero que debes vigilar es que tus hombres no mueran, lo segundo es que t¨² no mueras y lo tercero es el objetivo por el cual est¨¢s luchando. ¡ªLo s¨¦, siempre supe que este d¨ªa llegar¨ªa, tarde o temprano tendr¨ªa que usar todo lo que me tom¨® tantos a?os aprender...¡ªDijo Tea desganadamente, mirando con asco el cad¨¢ver de la chica partida al medio fijamente; aunque realmente la expresi¨®n en su rostro revelaba que el joven no parec¨ªa estar para nada convencido de sus propias palabras. ¡ªVen, muchacho, ay¨²dame a atarme las mu?equeras¡ªPidi¨® Crist¨®bal. Realmente el gigante pod¨ªa hacerlo sin ayuda, pero a Crist¨®bal no le hab¨ªa gustado mucho el tono con el cual su sobrino le hab¨ªa respondido. Tea se acerc¨® al gigante y comenz¨® a atarle las mu?equeras, mientras tanto su t¨ªo lo mir¨® fijamente y le dijo: ¡ªSabes, chico, la gran realidad es que siempre puedes mandar al carajo el juramento que hiciste. ¡ª?C¨®mo?¡ªExclam¨® Tea deteniendo su trabajo por unos segundos, para luego reanudarlo r¨¢pidamente algo nervioso de que se notara que esas palabras lo hab¨ªan tocado m¨¢s de la cuenta. ¡ªLa vida del soldado es corta y la nuestra es larga, es una vida llena de miseria y sufrimiento donde tus amigos viven menos que las moscas y las tragedias te acompa?an hasta la tumba. Tea, pr¨¢cticamente te vi crecer desde que eras un beb¨¦, as¨ª que d¨¦jame advertirte: no vivas esta vida olvid¨¢ndote de ser feliz por la mirada de tu familia o por sus opiniones. Si cuando termines esta misi¨®n crees que ser soldado no es lo tuyo, entonces manda al carajo el juramento y busca algo que te haga sentir vivo¡ªDijo Crist¨®bal recordando que su sobrino jam¨¢s se hab¨ªa mostrado interesado por las pr¨¢cticas de combate o por el camino del guerrero, y en su lugar Tea sol¨ªa divertirse jugando con su mascotita y haciendo trucos de magia barata. ¡ªLa verdad es que me encantar¨ªa poder decidir por m¨ª mismo, pero no tengo opciones: ?Si no soy un soldado, qu¨¦ mierda voy a hacer de mi vida?¡ªPregunt¨® Tea sincer¨¢ndose un poco con el asunto. ¡ª?Chico, s¨¦ lo que quieras!, pero no me pidas que responda esa pregunta, yo no puedo responder esa pregunta por vos. Aun as¨ª como te acabo de decir puedes ser lo que quieras y hacer lo que quieras con tu vida. No le debes nada a mi hermano y mucho menos a tu abuelo, as¨ª que no te sientas mal por ellos y s¨¦ feliz. No hay nada peor que vivir una vida en la oscuridad temiendo que las dem¨¢s personas se enteren como realmente eres y te odien por eso¡ªContest¨® Crist¨®bal mirando a su fiel hacha. Mientras que, por otro lado, Apolo fisgoneaba de un lado a otro sonriendo descaradamente, contento de poder estar espiando esta conversaci¨®n tan ¨ªntima: ?La vida de los ancestros era completamente espectacular! E141-Campamento Tras terminar de ponerse la armadura, Crist¨®bal mir¨® el fuego creciendo en la distancia y coment¨®: ¡ªTenemos que volver al campamento, probablemente nos est¨¦n buscando por todo el pueblo: rodeamos el incendio y vayamos con rapidez. ¡ª?Por qu¨¦ rodearlo?¡ªPregunt¨® Tea, recordando que hab¨ªan venido por ese lugar. ¡ªNo sabemos qu¨¦ tan grande es el incendio ahora, si nos metemos en el medio y no encontramos ning¨²n ¨¢rbol vivo, estamos muertos. Nunca te adentres a un sitio peligroso sin conocimiento de la zona: es b¨¢sico¡ªRespondi¨® el gigante con sabidur¨ªa mientras proced¨ªa a indicar el camino, desde su altura era bastante f¨¢cil ver por donde el fuego todav¨ªa no hab¨ªa pasado. Tea sigui¨® a su t¨ªo por el bosque mientras confiaba que su t¨ªo encontrar¨ªa el camino correcto para evitar las llamas. Por suerte nada raro ocurri¨® y en aproximadamente una hora el gigante y el pelirrojo pudieron salir del bosque, y llegar al camino que los dirigir¨ªa al pueblo cercano sin ver un solo ¨¢rbol en llamas, no obstante el humo en el cielo pod¨ªa verse y olerse desde pr¨¢cticamente cualquier lado. Tras caminar unos pocos minutos por el camino de tierra rodeado de campos coloridos, Apolo pudo ver en la distancia como un campamento militar se hab¨ªa armado a las afueras del bosque. Realmente el campamento no era muy grande y dada su educaci¨®n, Apolo pudo distinguir que a lo mucho habr¨ªa quinientos soldados en este lugar. No obstante por lo delicada que eran todas estas tiendas militares, el difunto se dio cuenta de que probablemente se tratasen de soldados bastante bien entrenados o de alto rango, por lo cual este campamento militar deber¨ªa pertenecer a un escuadr¨®n de ¨¦lite o a la escolta de alguien importante. Sin siquiera terminar de acercarse al campamento, un soldado vistiendo una armadura creada con huesos rotos se acerc¨® montando a caballo al gigante y al pelirrojo para comentarles el siguiente mensaje: ¡ªFinalmente lo encontramos, general. El bosque se est¨¢ incendiando, supongo que fueron ustedes dos, ya que no encontramos ninguna se?al del enemigo en los alrededores. Si bien controlamos el incendio, le recuerdo que estamos a un d¨ªa de distancia del gran general y en el asedio ¨¦l estar¨¢ a cargo, por lo que es vital evitar este tipo de ?accidentes? en el futuro. ¡ªS¨ª, fuimos nosotros, Isidoro. Dile a mis capitanes que se re¨²nan en mi tienda¡ªOrden¨® Crist¨®bal secamente sin querer dar muchas explicaciones acerca de lo que ocurri¨®, mientras preocupadamente miraba lo alto que estaba el humo en el cielo; temeroso de que el humo pudiera ser notado por los hombres en el asedio. ¡ª?Y los otros oficiales?¡ªPregunt¨® Isidoro de inmediato, aunque su pregunta parec¨ªa m¨¢s una invitaci¨®n forzada para estas personas, que una pregunta sincera¡ªRecuerde que tenemos coladas a varias personas importantes en el campamento: si bien puede ignorar lo que digan, a¨²n debe invitar a estas personas a escuchar los planes importantes. ¡ªQu¨¦ cagada...¡ªMurmur¨® Crist¨®bal mientras se tomaba la cabeza; el gigante se hab¨ªa olvidado de esas molestias, pero ahora recordaba que varios nobles hab¨ªan enviado a sus hijos para quedarse con parte del m¨¦rito militar de completar el asedio. The author''s narrative has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. ¡ªSe?or, le recuerdo que el financiamiento del resto de familias nobles fue fundamental y es necesario mantener buenas condiciones con ellas. Su padre es el que me orden¨® personalmente que vigilara este asunto con cuidado, y me temo que cuando la guerra est¨¢ por terminar es el momento en donde las negociaciones con los nobles que financiaron esta campa?a se vuelven m¨¢s ¨¢lgidas, por lo que es vital cumplir bien los protocolos b¨¢sicos¡ªComent¨® Isidoro, tratando de persuadir al general. ¡ªDile a todos los oficiales que se re¨²nan en la carpa general y haz los preparativos para que pueda explicar mis ¨®rdenes en ese lugar¡ªRespondi¨® Crist¨®bal, rehus¨¢ndose a invitar a un mont¨®n de desconocidos a su tienda personal. ¡ªComo ordene, pero le recuerdo que este plan debe ser aprobado por el gran general al llegar al asedio, no se olvide de tratar de incluir a todos los oficiales en el plan, pero considerando que ninguno de los oficiales debe arriesgar sus cabezas. En caso contrario me temo que modificar¨¦ el plan del asedio yo mismo¡ªRespondi¨® Isidoro dando la vuelta al caballo para regresar al campamento a hacer los preparativos. ¡ªVes, muchacho, cosas como estas son las que m¨¢s odio de la guerra...¡ªMurmur¨® Crist¨®bal cuando vio que el caballo ya estaba demasiado lejos como para que el soldado que lo montaba lo escuchara. ¡ªPonen a los hombres, las armas y el dinero. Sin esas tres cosas no podr¨ªamos ganar ninguna guerra, as¨ª que hay que convivir con los otros nobles. Para estos pobres diablos ir a la guerra es pr¨¢cticamente ser tachado de in¨²til por sus propias familias, as¨ª que lo mejor es hacerle las cosas m¨¢s sencillas y ganarse su apoyo¡ªRespondi¨® Tea escuchando la queja de su t¨ªo. ¡ªY sin nosotros hay guerra, pero no hay victorias. Nunca te olvides de ese peque?o detalle, mocoso...¡ªAgreg¨® Crist¨®bal de mala gana¡ªCuando terminemos el asedio, recuerda pedirle una parte del bot¨ªn a estos idiotas, si es que realmente no quieres seguir viviendo la vida de un soldado. ¡ªLo considerar¨¦...¡ªMurmur¨® Tea, pese a que a¨²n no estaba tan seguro acerca de qu¨¦ decisi¨®n tomar. Tras unos cuantos minutos caminando por el camino de tierra, el sobrino y el t¨ªo llegaron al campamento, para ser recibidos por una gran cantidad de soldados, al parecer todas las personas en el campamento militar se hab¨ªan puesto bastante nerviosas por sufrir la ausencia de su general justo cuando se produjo un incendio repentino en los alrededores. Desde el interior del gigante, Apolo pudo observar como un soldado vistiendo armadura de plata llena de rosas id¨¦ntica a la que usaban los guardias de la capital se acercaba a Crist¨®bal para comentarle: ¡ªGeneral, los oficiales est¨¢n reunidos en la tienda grande y est¨¢n ansiosos esperando por sus ¨®rdenes ¡ª??Qu¨¦ tienda?!¡ªPregunt¨® Crist¨®bal sin disimular su enojo, bastante molesto de que un soldado llamara a la tienda general como la tienda grande; desde su perspectiva en un campamento de mayor tama?o podr¨ªa haber muchas tiendas ?grandes? por lo cual era importante saber diferenciarlas. ¡ªT¨ªo, no hagas las cosas m¨¢s complicadas...¡ªRecord¨® Tea en voz baja. ¡ªQuerr¨¢s decir la tienda general, me imagino¡ La tienda donde duerme un batall¨®n es a¨²n m¨¢s grande que la tienda general, y cuando vayamos al campamento en el asedio, espero que no se te ocurra meter a los ?oficiales? en esa tienda por error...¡ªCorrigi¨® Crist¨®bal ignorando al soldado y caminando hacia la tienda m¨¢s grande del campamento. Realmente la tienda general era gigantesca y su tama?o era desproporcional para el uso de una persona normal, pero el general de este campamento era un gigante de seis metros por lo que claramente se hab¨ªan modificado todas las tiendas que el mismo podr¨ªa necesitar. Apolo con expectativa mir¨® las puertas de la tienda con deseos de ver como era adentro, esta era la primera vez que el difunto entraba a una tienda militar en su vida, ya que solo las conoc¨ªa a base de descripciones en los libros o an¨¦cdotas variadas. En el fondo de su coraz¨®n, Apolo estaba bastante interesado de ver c¨®mo era la vida diaria de un verdadero soldado de su familia; cosa que por desgracia el difunto nunca pudo experimentar cuando estaba vivo, pero por fortuna ahora sus descendientes pod¨ªan otorgarle esa oportunidad. E142-Ordenes El gigante se adentr¨® en la tienda de campa?a, permiti¨¦ndole ver a Apolo lo espaciosa que era su interior, la misma estaba llena de muebles en los costados que estaban llenos de libros y pergaminos enrollados. En el medio de la habitaci¨®n hab¨ªa una gigantesca mesa de madera cuya superficie se parec¨ªa a un tablero de ajedrez y rodeando la gran mesa se encontraba una gran cantidad de pizarrones con mapas y planos, los cuales parec¨ªan haber sido utilizados por los individuos en la carpa para poder explicar sus planes o sus dudas. Por su parte la mesa era bastante alta y no ten¨ªa ning¨²n sill¨®n por lo que parec¨ªa que las personas que la usaban deb¨ªan permanecer parados. Pese a ello las personas en la carpa se las hab¨ªan arreglado para meter unos sillones a los cuales les hab¨ªan colocado unos tablones en sus apoyos para que sean un poco m¨¢s altos y puedan ver la mesa. Como tal solo hab¨ªa 5 personas en la gigantesca tienda, lo cual hac¨ªa resaltar la inutilidad del tama?o de la misma, y por otra parte estaba incomodando al gigante quien pregunt¨® de inmediato: ¡ª?D¨®nde escondiste a mis capitanes, Isidoro? Apolo pudo reconocer al hombre vistiendo la peculiar armadura de huesos rotos en la carpa, el soldado era bastante f¨¢cil de encontrar, ya que era el ¨²nico en la carpa que vest¨ªa una armadura tan poco usual y adem¨¢s el hombre ten¨ªa un bigote muy coqueto que era inolvidable. Por su parte las otras 4 personas en la tienda militar tambi¨¦n eran inolvidables aunque no por sus rasgos faciales, sino por sus apariencias: dichas personas probablemente eran los representantes de algunas de las 6 familias principales del imperio. ¡ª?No deber¨ªa discutir los planes de guerra primero con las personas de m¨¢s alto rango en el campamento militar antes de informarle a sus capitanes, general?¡ªPregunt¨® Isidoro transmitiendo calma al hablar. ¡ªClaro que es as¨ª y por eso mismo te pido que traigas a mis capitanes: ?No planeo discutir nada, voy a dar una orden!¡ªGrit¨® el gigante haciendo que la mayor¨ªa de personas en la sala se taparan los o¨ªdos. ¡ª?Por qu¨¦ no discutes la orden con nosotros, Crist¨®bal?. No tenemos por qu¨¦ obedecerte, solo vinimos a ?participar? en el conflicto en nombre de las familias que representamos, no es como si fu¨¦ramos a tomar una espada en realidad¡ªRespondi¨® con mucha calma la ¨²nica persona en la tienda adem¨¢s de Isidoro que no se hab¨ªa tapado los o¨ªdos. Apolo no pod¨ªa reconocer a qu¨¦ familia principal representaba esta persona, puesto que su apariencia no le recordaba a ninguna: la persona en cuesti¨®n ten¨ªa un cuerpo bastante tonificado y ten¨ªa el torso completamente desnudo y lleno de tatuajes complicados, por lo dem¨¢s su rasgo m¨¢s distintivo era su carencia de cuencas oculares; directamente no ten¨ªa ojos y no era que era ciego, sino que esta persona simplemente ten¨ªa piel en donde deber¨ªan estar sus ojos. Support the creativity of authors by visiting the original site for this novel and more. ¡ªJam¨¢s esperar¨ªa nada de todos ustedes, y mucho menos esperar¨ªa algo de un mercenario. Lo ¨²nico que me importa es que sus hombres cumplan mis ¨®rdenes, las cuales no deber¨ªan discutirse¡¡ªRespondi¨® Crist¨®bal mientras se acercaba a la mesa, al parecer el gigante se hab¨ªa resignado a que tendr¨ªa que explicar el plan en su cabeza si quer¨ªa contar con la ayuda de los hombres que custodiaban a estas personas. ¡ª?Entonces cu¨¢les son las ¨®rdenes que quieres que nuestros hombres cumplan, Crist¨®bal?¡ªPregunt¨® un chico de no m¨¢s de 11 a?os, era el m¨¢s joven de la habitaci¨®n y claramente era demasiado joven para ser mandado a la guerra. Apolo pudo ver que este joven era el que ten¨ªa el cuerpo m¨¢s llamativo de todos los presentes, el mismo ten¨ªa la apariencia de un ni?o moribundo sufriendo una enfermedad terminal: Su piel era completamente p¨¢lida y reseca, por lo que sus labios estaban quebrados y en muchas partes de su cuerpo parec¨ªa tener piel muerta similar a la que se ver¨ªa en una quemadura por exponerse demasiado al sol. No obstante, lo que m¨¢s l¨¢stima generar¨ªa era la gran cantidad de tumores que crec¨ªan por todo el cuerpo del ni?o, de hecho parecer¨ªa que los tumores le imped¨ªan al pobre caminar, ya que el joven estaba en una silla de ruedas. Y pese a todo ello, Apolo sab¨ªa que el ni?o estaba en perfecto estado y que esta apariencia moribunda era con la que nac¨ªan todos los miembros de su familia, puesto que el desafortunado ni?o era ni m¨¢s ni menos que un miembro de la familia de los campos plateados, es decir un miembro de la familia imperial. ¡ª?General, mocoso!, ?me llamas general!, ?t¨² no eres un mercenario y perteneces al ej¨¦rcito, as¨ª que me llamas como mi rango indica!. ?Cuando terminemos esta misi¨®n y abandones el ej¨¦rcito puedes llamarme como se te cante el culo, pero mientras tanto ac¨¢ dentro hay una disciplina que hay que respetar!¡ªGrit¨® enojado Crist¨®bal d¨¢ndole golpes a la mesa, pero con el cuidado de no romperla, por lo cual se notaba que el gigante solo quer¨ªa hacer ruido. ¡ª?Lo siento, general!¡ªRespondi¨® el ni?o algo asustado. *Coff, Coff* Tea e Isidoro, tosieron unas cuantas veces, como tratando de indicarle indirectamente a Crist¨®bal que bajara el tono de la conversaci¨®n, pero al gigante no parec¨ªa importarle. ¡ªPresten atenci¨®n y escuchen la orden...no me interrumpan hasta que termine de hablar¡y luego la discutimos...¡ªDijo Crist¨®bal forz¨¢ndose a tener paciencia, tomando unos cristales blancos de un tarro arriba de la mesa, para luego ir meti¨¦ndolos en unos agujeros dispersos por la gran mesa. Tras terminar de poner los cristales, notando que todos estaban callados y prest¨¢ndole atenci¨®n, el gigante rozo con su mano la mesa y murmur¨®: ¡ªRecrea el mapa de la zona. E143-Decisiones Inmediatamente los cuadrados blancos y negros en la mesa comenzaron a distorsionarse hasta formar una r¨¦plica del campamento militar y el pueblo vecino. La r¨¦plica del pueblo no era del todo exacta y ten¨ªa algunas fallas evidentes como que hab¨ªa muy pocas casas en el pueblo, o que las casas en el mapa a veces parec¨ªan m¨¢s grandes de lo que realmente pod¨ªan ser. Pese a ello, el campamento militar estaba replicado a la perfecci¨®n y estaba tal cual se pod¨ªa ver en el exterior de la tienda general, por lo que parec¨ªa que a la mesa se le deb¨ªan introducir los planos de las zonas de alguna manera para luego ser recreados seg¨²n el dise?o original. Por tanto, se evidenciaba que los planos del pueblo no parec¨ªan tener tanto trabajo como los del campamento militar, pese a ello en la mesa se pod¨ªa apreciar todos los factores importantes del pueblo, es decir los l¨ªmites, entradas y calles principales del pueblo, junto a un esquema bastante detallado de los bosques, arroyos y colinas cercanas. ¡ªEste es el plano donde estamos actualmente...¡ªMurmur¨® el mercenario en voz baja, como advirti¨¦ndole al gigante del error que hab¨ªa cometido. ¡ªLo s¨¦, las ¨®rdenes son respecto a este pueblo...¡ªDijo Crist¨®bal mientras iba a buscar una caja con mu?equitos de madera de varios colores en uno de los muebles de la carpa. Todos en la sala vieron en silencio como Crist¨®bal fue acomodando a los mu?ecos en cada una de las calles del pueblo. Cuando todas las calles estuvieron cubiertas, el gigante con lentitud y de forma algo exagerada puso un ¨²ltimo mu?eco rojo en uno de los caminos que daba entrada al pueblo y explic¨® la situaci¨®n: ¡ªActualmente nuestra misi¨®n es ponerle fin al asedio que venimos realizando tras cinco a?os, ?Alguno de ustedes saben por qu¨¦ nos convocaron a nosotros para apurar la captura de esta ciudad y por qu¨¦ no podemos seguir asedi¨¢ndola hasta conquistarla? Todos se miraron los unos a los otros, tratando de que alguien pudiera dar la respuesta, pero al parecer ninguno de los representantes sab¨ªa la respuesta correcta, o mejor dicho ninguno de los presentes quer¨ªa quedar en rid¨ªculo frente a los dem¨¢s, por lo cual todos prefirieron mantenerse con la boca cerrada. ¡ªPorque los clanes del sur est¨¢n preparando sus fuerzas para atacarnos...¡ªRespondi¨® Isidoro rompiendo con el silencio comprometedor que se hab¨ªa formado en la tienda, y motivando un poco a los representantes para que se animaran a colaborar en el armado del plan de Crist¨®bal. ¡ª?Entonces qu¨¦ es lo que va a pasar con el asedio si nosotros fallamos en capturar esta ciudad?¡ªPregunt¨® Crist¨®bal mirando a todos los nobles en la sala; sin embargo, pasaron unos cuantos minutos y nadie contestaba la pregunta. ¡ªEl asedio se termina, debido a que los hombres tienen que regresar a defender las ciudades fronterizas claves, por lo que se va a declarar la paz infructuosa con los Te¨®cratas¡ªRespondi¨® Tea con calma para no dejar hablando solo a su t¨ªo, pero al parecer sus palabras solo sirvieron para poner nerviosos a todo los representantes presentes. ¡ª??Pero c¨®mo puede ser que seamos tan idiotas como para abandonar una de las capitales de la teocracia cuando la estamos rodeando con un ej¨¦rcito?!¡ªChill¨® enojado el ni?o en la silla de ruedas¡ª?Controlar esa ciudad es pr¨¢cticamente ganar un condado entero para cada una de nuestras familias! ¡ªS¨ª, al abandonar el asedio estamos perdiendo much¨ªsimas ciudades, castillos y pueblos conquistados¡ªContest¨® Tea con calma justificando su idea¡ªPero no podemos ir a la guerra con dos frentes abiertos. El principal motivo por el que los clanes nos deben estar atacando es justamente porque si no hacen nada nos devoramos a la teocracia entera y ponemos en jaque a todo el continente. ¡ªNo es tan as¨ª, la teocracia deliberadamente est¨¢ ?deshaci¨¦ndose? de esta capital. Si tratamos de seguir conquistando sus territorios probablemente terminen la guerra que est¨¢n librando en el norte y se defender¨¢n con m¨¢s hombres¡ªRespondi¨® Isidoro¡ªEn cierto sentido, los clanes est¨¢n haciendo lo mismo que hacemos nosotros ahora mismo contra la teocracia: nos buscan atacar en el medio de una guerra. Pero nuestra situaci¨®n es diferente a la de la teocracia, ya que nuestro verdadero ej¨¦rcito solo se mueve a la defensiva. Dado que ning¨²n noble piensa mucho si mandar o no a sus hombres cuando son sus tierras las que peligran. Es por eso que en vez de sacrificar territorios para alargar esta guerra, estamos seguros de que los reyes preferir¨¢n finalizar infructuosamente esta campa?a militar, independientemente de que tan cerca estemos de conquistar una ciudad tan importante. ¡ª?Entonces la teocracia podr¨ªa romper el asedio mandando refuerzos?, en principio disponen de los hombres para hacerlo, si nos est¨¢n dejando comer esta ciudad es porque nos tienen controlados¡ªPregunt¨® el mercenario, haciendo que todas las personas en la mesa miraran a Crist¨®bal con preocupaci¨®n. ¡ªNo, ya lo intentaron y ya fracasaron. Pese a ello, conquistar sus ciudades cuesta y sus capitales cuestan m¨¢s de la cuenta: al punto que si no es asedi¨¢ndola es imposible. Por lo tanto, si nosotros fracasamos en nuestra misi¨®n realmente tendremos que dejar la capital y gran parte de los terrenos lim¨ªtrofes a la misma¡ªDijo Isidoro, tranquilizando a todos los presentes; el soldado no quer¨ªa que los representantes pensaran que pod¨ªan cruzarse con un ej¨¦rcito enemigo que buscara activamente atacarlos a ellos. ¡ªLa realidad es que la paz con la teocracia es inminente cumplamos o no nuestros objetivos de guerra. Desde las principales familias hay muchas presiones para que se muestren los resultados de tanta financiaci¨®n y tanto los cristales como el tiempo se est¨¢n acabando¡ªAgreg¨® Crist¨®bal apoyando la mano nuevamente en la figura roja¡ªJustamente nuestra pol¨ªtica de jugar siempre a lo seguro es el gran motivo por el cual la teocracia se sent¨ªa c¨®moda siendo asediada. Ellos sab¨ªan que no pod¨ªamos conquistar esta capital con un asedio a largo plazo. No obstante, los te¨®cratas no consideraron un peque?o gran factor por el cual mi t¨ªo deliberadamente decidi¨® iniciar este asedio, y dicho factor es la existencia de nuestro grupo comando. B¨¢sicamente somos el arma secreta que pondr¨¢ fin a esta guerra, por eso nos dirigimos a la capital a destruir el asedio en este momento cuando ya no queda m¨¢s tiempo que perder, el cual tambi¨¦n es el momento en donde el asedio ya golpe¨® lo suficiente a la gente que vive en la capital como para simplificar su captura. ¡ª?Tendremos que entrar a la ciudad asediada?¡ªPregunt¨® el ni?o en silla de ruedas. ¡ªYo y mi sobrino tendremos que entrar: ustedes solo mirar¨¢n la misi¨®n desde las butacas y esperar¨¢n a ver si nos matan o logramos ganarles sus tierras¡ªRespondi¨® Crist¨®bal con una calma impresionante, contradici¨¦ndose con las palabras que sal¨ªan de su boca¡ªY si nos matan y fallamos la misi¨®n, ?Entonces qu¨¦ es lo que va a ocurrir? ¡ª?Tendremos que volver a intentarlo?¡ªPregunt¨® el representante que a¨²n no hab¨ªa hablado, el cual era un hombre gordo con pelo azulado. La piel del representante parec¨ªa estar completamente arrugada como si hubiera estado demasiado tiempo en el agua, aunque lo m¨¢s llamativo de su cuerpo es que estaba lleno de agujeros en donde pod¨ªan verse gusanos saliendo para curiosear el exterior constantemente. Con estos rasgos tan peculiares, Apolo pudo distinguir que se trataba de un hombre de las playas azules, el cual era el hogar del ¨²nico conde que ten¨ªa el t¨ªtulo de rey en todo el imperio. La familia de playas azules era una familia bastante peculiar, dado que viv¨ªan en una de las regiones m¨¢s alejadas de la capital del imperio, dicha regi¨®n daba a las costas de un desconocido mar lleno de misterios el cual ¨²nicamente era explorado por los miembros de esta familia. El reinado de playas azules no contaba con un territorio muy amplio, y dado que la mayor¨ªa de sus tierras eran costeras no eran muy f¨¦rtiles por lo que hab¨ªa pocas personas habitando esta regi¨®n. Pese a ello la familia de playas azules era conocida por ser grandes aventureros, y eran los que manejaban el comercio de objetos ex¨®ticos en todo el imperio. ¡ª?No, carajo!. Como ya nos malgastamos en explicar:?Si nos matan, se termin¨® el asedio les guste o no, y todos ustedes vuelven a sus casas a seguir tomando la leche de sus madres!¡ªRespondi¨® Crist¨®bal pas¨¢ndose la mano por el rostro, mirando de reojo al hombre gordo como si de verdad estuviera pregunt¨¢ndole ¨²nicamente para hacerlo enojar. ¡ªGeneral, ?acaso no hay otro grupo comando capaz de romper este asedio en todo el imperio?¡ªPregunt¨® el ni?o con tanta preocupaci¨®n que casi se cae de su silla de ruedas; al parecer el joven era el menos dispuesto en perder este territorio, lo cual implicaba que realmente era muy importante para ¨¦l esta conquista. Stolen novel; please report. ¡ªLa realidad es que en principio no hay nadie que pueda romper el asedio...¡ªRespondi¨® Isidoro con calma, pero la mala elecci¨®n de sus palabras iniciales solo sirvieron para dejar en un silencio moribundo a todos los presentes; provocando que el soldado nerviosamente mirara el rostro de los representantes y abandonara su discurso para mantenerse en silencio, pensando que palabras ten¨ªa que decir a continuaci¨®n para salir del problema en donde se hab¨ªa metido sin alarmar m¨¢s de la cuenta a estas personas. ¡ª?Entonces te mandaron a la muerte, Crist¨®bal?¡ªCuestion¨® el mercenario, rompiendo el silencio que se hab¨ªa formado en la tienda militar e interrumpiendo los pensamientos de Isidoro. ¡ªPuede ser...¡ªRespondi¨® Crist¨®bal reflexivamente. ¡ª?Qu¨¦?¡ªExclam¨® Tea qued¨¢ndose con la boca abierta como un tarado; entendiendo claramente que ¨¦l estaba en el mismo bote que su t¨ªo y si su t¨ªo se hund¨ªa dif¨ªcilmente saldr¨ªa a flote por su cuenta. ¡ª?No respondas idioteces, Crist¨®bal! ?Pero por supuesto que no te mandaron a una misi¨®n suicida!. Hay rumores de que el sumo sacerdote encargado de esta ciudad ya muri¨®, pero si ¨¦l est¨¢ vivo entonces, s¨ª, efectivamente el asedio no se va a romper jam¨¢s si Crist¨®bal muere peleando contra el sumo sacerdote. Dado que por desgracia el ¨²nico que puede matar al sumo sacerdote si ese viejo no sale de la capital es este gigante imb¨¦cil¡ªContest¨® Isidoro sin ocultar su molestia con Crist¨®bal, ya hace tiempo el soldado se hab¨ªa dado cuenta de que el general estaba omitiendo much¨ªsimas partes importantes de la misi¨®n solo para direccionar todo el plan hacia un muy posible ?fracaso?. El gran problema era que Isidoro desconoc¨ªa por qu¨¦ el gigante estaba poniendo tanto empe?o en asustar a los representantes, y a¨²n m¨¢s grave es que el soldado no sab¨ªa como hacer para que Crist¨®bal dejara de hacer estas ?bromas? de mal gusto. ¡ª?Nadie m¨¢s en todo nuestro imperio puede matar a esta persona?¡ªCuestion¨® el hombre de pelo azul, impactado por lo que estaba escuchando. ¡ªSi bien no est¨¢ asegurado que Crist¨®bal pueda matar al sumo sacerdote, es una estimaci¨®n echa por el mism¨ªsimo gran general Jas¨®n de los bosques negros. El cual fue el gran responsable de organizar esta misi¨®n para romper el asedio, y tambi¨¦n es la persona que estuvo liderando esta exitosa campa?a de guerra durante estos largos 50 a?os¡ªRespondi¨® Isidoro tratando de invocar una figura de confianza para que los representantes se sintieran m¨¢s tranquilos. Al parecer los planes del soldado funcionaron, y las caras de casi todos los representantes cambiaron de preocupaci¨®n a reflexi¨®n. ¡ªAun as¨ª yo podr¨ªa perder la batalla y la misi¨®n podr¨ªa fallar ...¡ªDijo Crist¨®bal mirando a Isidoro de mala gana; el general sab¨ªa que invocar a su t¨ªo en esta conversaci¨®n solo hac¨ªa las cosas m¨¢s complicadas para sus planes, no obstante el gigante se ten¨ªa fe en la corazonada que estaba sintiendo y sigui¨® insistiendo con el tema. ¡ªHace 45 a?os que tu t¨ªo no viene fallando en sus predicciones, ?Usted dice que justo esta vez el gran general se va a equivocar?. Tu t¨ªo lleva casi 5 a?os asediando esa ciudad pensando en el d¨ªa donde finalmente t¨² ser¨ªas necesario para terminar las cosas si la financiaci¨®n se agotaba, dudo mucho que pueda fallar este plan...¡ªRespondi¨® Isidoro de inmediato sin darle tiempo a que el gigante sembrara el p¨¢nico en la sala nuevamente. ¡ªIndependientemente de las opiniones del gran general en cuanto al ¨¦xito de la misi¨®n, vuelvo a preguntarles: ?Y si falla, qu¨¦ va a pasar?¡ªVolvi¨® a preguntar Crist¨®bal ignorando la mirada enojada de Isidoro, para concentrarse en la gente que realmente le importaba convencer. Mientras tambaleaba la figurita roja en la mesa de madera, como buscando que alguien le prestara atenci¨®n. ¡ªPerdemos la capital, pero a¨²n nos quedamos con varios territorios aleda?os, ?no es cierto?¡ªPregunt¨® el joven en silla de ruedas nerviosamente provocando que su silla se tambaleara y perdiera el equilibrio, lo cual produjo que se cayeran los tablones en donde estaba apoyada la silla de ruedas para que el ni?o llegara a la altura de la gran mesa. No obstante justo cuando esto ocurri¨®, h¨¢bilmente Tea pis¨® el piso provocando que la alfombra en el suelo de la tienda se rompiera, y abajo de las sillas del ni?o surgieran unas piedras que reemplazaron los tablones evitando que el ni?o se cayera. Pese a que el ni?o casi se hab¨ªa ca¨ªdo de su silla de ruedas, todos en la sala ignoraron el tema y trataron de no exponer el asunto para que el mismo pasara desapercibido. Por su parte el ni?o en la silla de ruedas ni siquiera mir¨® a Tea para agradecerle, pero lo mismo no molest¨® al pelirrojo y Tea tampoco le devolvi¨® la mirada al ni?o; entendiendo que lo mejor era no agrandar el problema. Por su parte, Crist¨®bal sonri¨® por unos segundos, pero fue tan disimulado que solo Apolo desde su interior pudo darse cuenta de que lo hab¨ªa hecho. Al parecer el gigante hab¨ªa logrado lo que ¨¦l quer¨ªa y era justamente poner nervioso al ¨²nico representante en esta tienda que por su corta edad desconoc¨ªa el historial militar del gran general que hab¨ªa organizado esta misi¨®n: ?El ni?o siempre hab¨ªa sido su objetivo! ¡ªAh, s¨ª, eso depende...¡ªContest¨® Crist¨®bal enigm¨¢ticamente mientras palmeaba la cabeza de la figurita roja con su dedo, como indic¨¢ndoles a los representantes que dejaran de fingir demencia con lo que acababa de ocurrir y bajaran la mirada para observar esta figurita con m¨¢s atenci¨®n. ¡ª??De qu¨¦ depende?!¡ªPregunt¨® el ni?o con impaciencia not¨¢ndose algo alterado por la falta de confirmaci¨®n del gigante. ¡ªDe qu¨¦ tan f¨¢cil sean conservar esos territorios. Si la teocracia se recuperara de la guerra r¨¢pidamente entonces podr¨ªa tratar de recuperar sus territorios perdidos antes de que nosotros logremos estabilizarlos. La gran realidad es que si no se estabilizan los territorios conquistados, corremos el riesgo de sufrir un levantamiento civil en apoyo al ej¨¦rcito de reconquista mandado por la teocracia. Por lo que bajo esas condiciones ser¨ªa bastante complicado mantener los territorios influenciados por esta capital¡ªExplic¨® Crist¨®bal con mucha calma, esperando que los representantes pudieran entender cada una de sus palabras a la perfecci¨®n. ¡ª?De qu¨¦ depende el hecho de que la teocracia logre o no logre recuperarse r¨¢pidamente como para lograr organizar un ej¨¦rcito de reconquista antes de que solucionemos la guerra defensiva?¡ªPregunt¨® Tea, interesado por las palabras de su t¨ªo; todo apuntaba a que esto era lo que lo estaba preocupando. ¡ªBueno esa respuesta es muy obvia y son los hombres: Para recuperarse un imperio necesita mano de obra, y cuanto m¨¢s tenga m¨¢s peligrosa se vuelve la amenaza de una campa?a de reconquista. ?C¨®mo se recupera a un mont¨®n de hombres que fueron asediados por tantos a?os, Tea?¡ªPregunt¨® Crist¨®bal levantando la figurita roja y poni¨¦ndola en el medio del pueblo, frente a la vista de todos los presentes. ¡ªComida, con mucha comida¡ªRespondi¨® Tea mirando la figurita roja en el medio del pueblo con preocupaci¨®n¡ª?Entonces planeas quemar los campos de este pueblo?. De esa forma les ser¨ªa bastante complicado recuperarse a los hombres de la capital, al menos por un tiempo. ¡ªExacto, el problema es que los campos se recuperan con rapidez, ?c¨®mo solucionamos el problema de que los granjeros vuelvan a sembrarlos?¡ªPregunt¨® Crist¨®bal con una sonrisa. ¡ª?Sac¨¢ndole sus herramientas?¡ªRespondi¨® el ni?o, pero todos los representantes lo miraron inconscientemente como si fuera un idiota por unos segundos. No obstante las miradas ajenas no parec¨ªan importarle en absoluto al ni?o pese a su corta edad, y el mismo estaba m¨¢s concentrado en tratar de ver c¨®mo pod¨ªa asegurarse sus objetivos. ¡ªMat¨¢ndolos...¡ªDijo el mercenario fr¨ªamente¡ªSi matamos a los hombres de este pueblo, quemamos los almacenes con suministros y los campos, entonces al salir del asedio los te¨®cratas se encontrar¨¢n con un mont¨®n de tierra in¨²til y tendr¨¢n que reconstruir todo. Dado que la teocracia a¨²n est¨¢ en guerra y no puede disponer de tantos hombres, si limitamos la recuperaci¨®n de la gente que vive en la capital nos dar¨¢ tiempo como para estabilizar los nuevos territorios. ¡ªNo, no haremos eso. Viven casi 100000 personas en este pueblo, cuando terminemos el asedio ser¨¢ fundamental usar a estas personas para reconstruir y estabilizar a la capital¡ªNeg¨® Isidoro, oponi¨¦ndose a la idea planteada, entendiendo que la situaci¨®n en el imperio en los siguientes a?os pod¨ªa ser complicada por la guerra defensiva. Por lo que era necesario ser inteligentes al momento de disponer de tantas personas, con este pueblo asegurado era f¨¢cil abastecer de suministros a la capital y con la capital estable era muy f¨¢cil evitar que la debilitada teocracia reconquistara estos territorios. ¡ªPero si fracasamos, entonces...¡ªTrat¨® de decir Crist¨®bal asentando nuevamente los riesgos de la misi¨®n. ¡ªMatamos a los granjeros, est¨¢ bien, esclavizaremos a la gente de los clanes y las mandaremos a estos campos en un futuro no tan lejano. Si conquistamos la capital, les ser¨¢ imposible a la teocracia tomarla en poco tiempo y con una guerra en marcha no se lanzar¨¢n a reconquistarla. En estas condiciones lo mejor es jugar seguro y garantizarnos algunas tierras¡ªInterrumpi¨® el ni?o casi que dando una orden; no obstante para sorpresa de Isidoro, Crist¨®bal no se enoj¨® y en su lugar sonri¨® como un tarado haciendo demasiado obvio que este era el punto a donde quer¨ªa llegar. ¡ª?Pero sabes lo dif¨ªcil que ser¨¢ estabilizar la capital sin estas personas?¡ªRefut¨® Isidoro, mirando al ni?o de mala gana como tratando de advertirle que la decisi¨®n que hab¨ªa tomado era un error muy grave. ¡ª?Acaso usted ser¨¢ el noble que se adue?e de la capital o voy a ser yo?, estabilizar la capital ser¨¢ mi problema en el futuro, pero en estos momentos prefiero no correr riesgo alguno y asegurarme si o si unos cuantos territorios en caso de que todo el plan salga mal. Es mejor dormir tranquilo y con tierras, que tener que volver a la capital para ver como mi padre me manda a un pueblucho de cuarta por no haber tomado la decisi¨®n que deb¨ªa tomarse¡ªRespondi¨® el ni?o decididamente, mostrando una madurez no concorde a su edad. E144-Plan ¡ªBueno, ?el resto de representantes est¨¢n de acuerdo con el plan?¡ªPregunt¨® Crist¨®bal, aunque por su expresi¨®n triunfante parecer¨ªa que la respuesta a esta pregunta era evidente. ¡ªSi el noble quiere solucionar este problema ahora, que lo haga ahora¡¡ªRespondi¨® el mercenario, provocando que el resto de representantes tambi¨¦n dieran respuestas afirmativas. En definitiva ellos no se quedar¨ªan con la capital que estaban por tomar, por lo que la gente de este pueblo no les serv¨ªa de nada, y claramente no podr¨ªan poner a este pueblo tan cercano a la capital dentro de sus reclamos territoriales. ¡ªEntonces proceder¨¦ a explicar el plan en m¨¢s detalle...¡ªDijo Crist¨®bal sacando el personaje de color rojo en la mesa, volvi¨¦ndolo a guardar en la caja de a donde lo hab¨ªa sacado. Mientras tanto Isidoro mir¨® con molestia a Crist¨®bal, ¨¦l sab¨ªa que esto terminar¨ªa siendo una mala idea. Pero el resto de representantes bastante carentes de conocimientos militares se dejaron influenciar por las palabras de Crist¨®bal, y al soldado tampoco le era conveniente seguir oponi¨¦ndose activamente al general a cargo o podr¨ªa dejar una mala impresi¨®n en los representantes. Por lo tanto, Isidoro termin¨® aceptando de mala gana el plan que se ejecutar¨ªa, por m¨¢s que el plan fuera un desastre y probablemente le terminar¨ªa trayendo problemas a Crist¨®bal en un futuro no tan lejano. Por su parte, Tea escuch¨® con atenci¨®n el plan, forz¨¢ndose a no opinar nada y solo seguir ciegamente las ¨®rdenes de su t¨ªo para no dejarlo mal parado frente a los otros oficiales. En su mente era obvio que la mejor idea era ir a preguntarle al gran general que hacer al respecto de este pueblo: Estaban a solo un d¨ªa de distancia del asedio y no ten¨ªa ning¨²n sentido deliberar ponerse o no a destruir este pueblo por su cuenta. La gente en el asedio era un ej¨¦rcito propiamente dicho, por lo que no le costar¨ªa nada al gran general mandar cinco batallones de mil soldados cada uno para destruir el pueblo una vez que se enterara de que Crist¨®bal fracas¨® en la conquista de la ciudad asediada y tuviera que iniciar la retirada. No obstante, Tea segu¨ªa absteni¨¦ndose a mencionar esa obviedad a los presentes, ya que la gran verdad es que no le importaba que estos nobles perdieran un pueblo; en estos momentos la mente del pelirrojo estaba m¨¢s preocupada en saber si realmente pod¨ªa o no sobrevivir a la misi¨®n que se le avecinaba en el horizonte: En definitiva, Tea no era su t¨ªo y si la misi¨®n era tan imposible como hab¨ªan planteado que era, entonces ser¨ªa dif¨ªcil que saliera vivo con su nula experiencia real. This story has been unlawfully obtained without the author''s consent. Report any appearances on Amazon. Dado que no hubo oposici¨®n, los representantes escucharon pasivamente el plan y se terminaron dando cuenta de lo inteligente que pod¨ªa ser Crist¨®bal cuando se lo propon¨ªa, ya que el plan termin¨® siendo brillante para ellos. Realmente era bastante complicado destruir un pueblo de 100000 personas con solo 500 soldados, por no decir que en algunas regiones menos pobladas del imperio esta cantidad de habitantes har¨ªan pensar que este ?pueblo? era en realidad una ciudad bastante importante. Pese a ello, la teocracia era particularmente pr¨®spera y f¨¦rtil gracias a que sus gobernantes eran elegidos por su capacidad y estudio en el ¨¢mbito administrativo y pod¨ªan ser reemplazados con la misma facilidad con la que fueron elegidos. Esto se deb¨ªa a que el poder en la teocracia se divid¨ªa en dos grupos: por un lado, estaba el poder divino el cual era el m¨¢s importante para la teocracia y lo daban los dioses, los cuales eran alabados por los ciudadanos tal y como los ancestros eran alabados en el imperio. Mientras que por el otro lado, estaba el poder como se lo conoc¨ªa en el imperio, es decir el poder del gobernante de las tierras. Como las personas que eleg¨ªan a los ?gobernantes? realmente eran los representantes del poder divino, los gobernantes no se preocupaban por las tierras y si por la gente que viv¨ªa en ellas. Ya que en definitiva no eran due?os de las tierras que gobernaban y solo la gente que viv¨ªan en sus tierras serv¨ªan para alabar a sus dioses, los cuales a cambio otorgaban su ?gracia? sobre las tierras de la teocracia. Esto terminaba provocando que el gobernante de las tierras siempre obraran para el bien del pueblo que viv¨ªa en sus dominios provocando que sus ciudades terminaran muy densamente pobladas. Este hecho era uno de los grandes motivos por el cual este ?imperio? ten¨ªa varias capitales, y a su vez demostraba que el gran poder¨ªo de la teocracia proven¨ªa de su amplia mano de obra. No obstante, pese a la disparidad de los n¨²meros, un buen plan era justamente un buen plan porque promet¨ªa ¨¦xito y el plan propuesto por Crist¨®bal desde esta perspectiva era excelente. Los representantes se quedaron escuchando los detalles de las ¨®rdenes dadas por el general por unos buenos minutos hasta que finalmente se retiraron de la carpa, permitiendo a Crist¨®bal llamar a la gente realmente importante, es decir sus capitanes y los soldados reales en el campamento, los cuales eran los que ejecutar¨ªan este plan para convertirlo en un ¨¦xito. E145-Planes El tiempo pas¨® y antes del anochecer los soldados en el campamento comenzaron a movilizarse siguiendo el plan que se les hab¨ªa indicado. La primera fase del plan requer¨ªa que los soldados alertaran a todas las familias del pueblo que se realizar¨ªa una gran investigaci¨®n debido al incendio que hab¨ªa aparecido en el bosque en los alrededores del pueblo. Para llevar adelante la investigaci¨®n todas las personas en el pueblo deb¨ªan ir a determinados puntos dispersos por el pueblo, para luego esperar a que un oficial le haga las preguntas sobre c¨®mo fue su rutina este d¨ªa. En caso de que alguien no asistiera a la investigaci¨®n, ser¨ªa considerado c¨®mplice de provocar intencionalmente un incendio en el bosque cercano, poniendo en peligro la integridad del pueblo entero. La gran realidad es que el plan estaba funcionando bastante bien, ya que los soldados ten¨ªan la orden de no ?obligar? a nadie a ir al lugar donde se har¨ªa la investigaci¨®n, por lo que los soldados solo se limitaban a alertar arbitrariamente a donde ten¨ªan que dirigirse las personas que viv¨ªan en el lugar a donde les asignaron para difundir la noticia. Una vez que las primeras personas comenzaron a salir de sus casas para ir al sitio indicado por los soldados, el resto de vecinos los observaban y recordando las advertencias de los soldados copiaban la conducta. En definitiva todos los habitantes del pueblo sab¨ªan que eran inocentes, as¨ª que desde su perspectiva solo ten¨ªan que ir a contarle a los soldados c¨®mo fue su rutina diaria, por lo que nadie ten¨ªa un motivo real para no ir al lugar a donde se realizar¨ªa la investigaci¨®n. No obstante, este sistema tambi¨¦n provoc¨® que varias familias afortunadas no fueran al sitio indicado, pero eso no importaba mucho en los ojos de los representantes, ya que mientras el pueblo perdiera la mayor¨ªa de su mano de obra, ser¨ªa dif¨ªcil que se recuperara la capital que pod¨ªa poner en problemas su dominio en la regi¨®n: Por lo que los soldados no ten¨ªan que ser exactos, pero s¨ª abundantes con la cifra de muertos, de tal manera de que los supervivientes de esta masacre huyeran voluntariamente de la regi¨®n. A medida que m¨¢s y m¨¢s gente se dirig¨ªa a los puntos indicados por los soldados, m¨¢s ciudadanos se iban persuadiendo a s¨ª mismos que lo mejor era seguir a la multitud, por lo que en pocas horas los puntos indicados por los soldados comenzaron a llenarse. Dichos puntos en general se trataban de grandes espacios urbanos dispersos por el pueblo, como una casa grande, un silo, un granero de gran tama?o, la iglesia o la casa del antiguo bar¨®n que reg¨ªa esta ciudad. En cada uno de estos puntos de reuni¨®n siempre se encontraban cuatro soldados estacionados en las entradas dando instrucciones a las familias que llegaban, eran los mismos soldados que hace poco tiempo se hab¨ªan paseado por las calles cercanas dando las advertencias. El tiempo pas¨® y cada vez m¨¢s gente fue llenando los puntos de reuni¨®n hasta que finalmente la gran mayor¨ªa del pueblo hab¨ªa asistido a la ?inspecci¨®n?. Stolen from its original source, this story is not meant to be on Amazon; report any sightings. Pese a ello una gran cantidad de personas hab¨ªan escapado del cruel destino que les esperaba en la inspecci¨®n gracias a su propia fortuna, o gracias a la piedad impartida arbitrariamente por los soldados: Por su puesto que todo este plan estaba atado a la buena voluntad de los soldados de turno, por lo que no era precisamente extra?o que los soldados al ver a alguien demasiado joven llegando o a una familia particularmente adorable, les indicaran que ten¨ªan que ir a otro edificio aleatorio de la ciudad, salv¨¢ndoles la vida con la mentira. En definitiva eran personas matando personas y no todos los soldados pod¨ªan cumplir esta orden despiadada a rajatabla, en especial cuando muchos de ellos no eran realmente soldados, sino que se trataban de simples guardias de confianza, cuya verdadera misi¨®n era asegurarse que el representante de la familia a la que obedec¨ªan saliera con vida de esta ?escaramuza?. Cuando el punto de reuni¨®n se terminaba de llenar, los soldados cerraban las puertas del lugar y comenzaban a asegurarse que todas las salidas del edificio estuvieran cerradas. La verdad es que algunas de estas estructuras hab¨ªan sido modificadas de forma demasiado evidente como para evitar la sospecha, por ejemplo a la iglesia le hab¨ªan tapado todas las ventanas con tablones de madera de forma precaria, no obstante hab¨ªa que ser demasiado desconfiado como para intuir que en realidad te dirig¨ªas a una trampa. E Incluso si eras lo suficientemente desconfiado lo m¨¢s probable es que no buscaras salir del edificio, ya que toda la masa de personas dentro de la estructura se encontraba tranquila y te ver¨ªas tentado a copiar su conducta. Probablemente una persona sola podr¨ªa percatarse y actuar en funci¨®n de estas pistas y una familia entera tambi¨¦n, pero m¨²ltiples desconocidos tend¨ªan a verificar con el otro que todo estaba en orden y al ver que a los otros desconocidos no le pasaba nada, supon¨ªan que a sus familias tampoco y as¨ª este efecto se repet¨ªa hasta llenar el lugar. Pese a toda esta detallada explicaci¨®n dada por un autor con la inspiraci¨®n propia de ver como su obra llega a sus p¨¢ginas finales, la gran realidad es que Apolo, Tea y Crist¨®bal no se encontraban viendo todo esto. Por lo que el tr¨ªo fant¨¢stico no sab¨ªa exactamente si los soldados cumpl¨ªan o no las ¨®rdenes, y en su lugar se concentraron en comprobar que todo en el edificio delante de ellos saliera como lo hab¨ªan planeado. El edificio al frente de los colosos, era ?casualmente? el m¨¢s grande de la ciudad y se trataba de un silo usado para guardar la comida para aguantar el invierno, pese a su utilidad la comida en el silo se hab¨ªa vaciado hace mucho tiempo, y en su lugar el silo se encontraba repleto de personas mir¨¢ndose los unos a los otros, pregunt¨¢ndose cuando finalmente los atender¨ªan. E146-Segunda etapa Crist¨®bal mir¨® con una amplia sonrisa como las familias iban entrando en el gigantesco silo. El gigante le dedicaba una sonrisa alegre a cada persona que llegaba hasta la puerta del silo, sin importarle lo repetitiva que fuera la acci¨®n. Incomodando bastante al pobre Tea, el cual claramente notaba el estado anormal con el que estaba actuando su t¨ªo; al punto que el joven pelirrojo comenz¨® a sospechar que realmente Crist¨®bal estaba disfrutando viendo c¨®mo cada una de estas familias entraba voluntariamente a esta ?trampa? como cerdos dirigi¨¦ndose al matadero. Para colmo algunas veces, Crist¨®bal tiraba alg¨²n comentario ir¨®nico sobre el futuro de estas personas, o les advert¨ªa disimuladamente alg¨²n adelanto de lo que le suceder¨ªa a las familias que entraban, pero siempre con la sutileza de que solo ¨¦l y su sobrino pudieran entender realmente lo que quer¨ªa decir. Poniendo a¨²n m¨¢s presi¨®n sobre el joven Tea, el cual luchaba internamente tratando de no pensar en los ojos o las caras de los pobres ni?os que entraban felizmente a este lugar desconociendo lo que suceder¨ªa a continuaci¨®n. ¡ª?No es un poco cruel enga?ar a estos campesinos de esta forma?¡ªPregunt¨® Tea en voz baja no aguant¨¢ndose m¨¢s la presi¨®n en el pecho que le generaba esta pregunta, viendo con desgracia como una joven pareja entraba por las puertas del silo tras recibir la ?confiable? sonrisa de su t¨ªo. ¡ªEn realidad estamos salvando a muchas personas, Tea¡ªMurmur¨® Crist¨®bal mirando los caminos en las calles, sin ocultar lo ansioso que estaba por ver como alguien m¨¢s ca¨ªa en la trampa. ¡ª?C¨®mo se supone que esto salve a alguien?¡ªPregunt¨® Tea, incr¨¦dulo con lo que estaba escuchando. ¡ªSalvamos a muchos soldados que luchar¨¢n contra estos campesinos en la guerra de reconquista. Adem¨¢s, si no hacemos esto y fracasamos en la captura de la capital, el que llevar¨ªa adelante a cabo esta ?tarea? ser¨ªa el ej¨¦rcito principal que est¨¢ asediando la capital. Con sus n¨²meros no tendr¨ªan por qu¨¦ tomarse tantas molestias y no dejar¨ªan un solo coraz¨®n latiendo en este pueblo: Por lo que estamos salvando muchas vidas, muchacho¡ªDijo Crist¨®bal, sorprendiendo bastante a Tea: Realmente desde esa perspectiva muchas personas saldr¨ªan vivas, aunque la sorpresa del pelirrojo proven¨ªa desde el descubrimiento de la poca confianza que se ten¨ªa su t¨ªo acerca de la conquista de la ciudad asediada. ¡ªPe-pero cuando eso ocurra ya habremos muerto...¡ªRespondi¨® Tea diciendo cada palabra con lentitud y desesperaci¨®n; entendiendo el peso que conllevaba fracasar en la siguiente misi¨®n y reflexionando todas las cosas hermosas que a¨²n ni siquiera hab¨ªa experimentado en esta vida¡ª?Realmente crees que fracasaremos?. Pap¨¢ me dijo que ten¨ªa que tener confianza en el gran general, y realmente dudo que el hermano del abuelo me haya seleccionado para esta misi¨®n solo para poder organizarme el funeral antes de que ¨¦l muriera. ¡ªPero por supuesto que lo lograremos: ?Estoy cien por ciento seguro de que capturaremos la capital en unos pocos d¨ªas!¡ªRespondi¨® Crist¨®bal con una sonrisa idiota, poniendo su hacha en el hombro y viendo como algunas flechas en llamas volaban por el cielo como indicando algo. This narrative has been unlawfully taken from Royal Road. If you see it on Amazon, please report it. Tras escuchar las palabras de su t¨ªo, Tea se qued¨® con la boca abierta mirando las se?ales en el cielo dadas por los otros soldados; pensando por qu¨¦ su t¨ªo hace unas pocas horas era la persona m¨¢s pesimista en el mundo y ahora parec¨ªa haber hablado con la confianza de un palomo en celo. ¡ª?Pero entonces para qu¨¦ asesinamos a todas estas personas?, no podr¨ªamos...¡ªTrat¨® de decir Tea; queriendo recordarle a su t¨ªo que todas estas personas no har¨ªan ning¨²n da?o si ellos lograban la captura de la capital, e incluso estas personas ser¨ªan necesarias para tranquilizar y sobornar a los supervivientes del asedio con comida. ¡ªMuchas cosas pueden hacerse, muchacho, pero ahora no es el momento de pensar en esas tonter¨ªas, ahora necesito que lances la se?al de una buena vez: ya no veo a nadie dirigi¨¦ndose hacia este lugar¡ªInterrumpi¨® Crist¨®bal mientras pon¨ªa sus dos manos sobre las puertas del silo, provocando que la puerta doble comenzara a adquirir un color gris¨¢ceo, hasta que finalmente se transform¨® en una roca s¨®lida. Con m¨¢s dudas de las que le gustar¨ªa tener en este momento, Tea sigui¨® la orden de su t¨ªo y apunt¨® su dedo al cielo, inmediatamente una flecha de fuego sali¨® disparada de su dedo y estall¨® en el aire como si se tratase de fuegos artificiales. Los soldados al ver los fuegos artificiales viniendo de la direcci¨®n en donde estaba el silo, entendieron la se?al y se apuraron para realizar los preparativos finales para empezar el gran espect¨¢culo. ¡ª?Comienzo el fuego?¡ªPregunt¨® Tea mientras levantaba la palma de su mano hacia el silo con la misma lentitud que sus dudas le otorgaban; entendiendo que ya habiendo dado la se?al de arranque de la segunda etapa de la operaci¨®n solo pod¨ªa seguir lo que las ¨®rdenes indicaban, por lo que ya no hab¨ªa vuelta atr¨¢s para la desgracia de las pobres almas atrapadas en el silo. ¡ªNo, no, eso lo hago yo¡ªRespondi¨® Crist¨®bal mirando los fuegos artificiales en el cielo con deleite. ¡ªPero no sabes ni hacer una misera bola de fuego del tama?o de una canica¡ªComent¨® Tea No obstante, el gigante tom¨® una antorcha que ya ten¨ªa preparada y con mucho esfuerzo logr¨® que una llama muy chiquita saliera de su gigantesca mano, tom¨¢ndose m¨¢s tiempo de lo que le gustar¨ªa a Tea, el gigante logr¨® prender la antorcha, pero la misma se apag¨® r¨¢pidamente con el viento. ¡ª?Quieres que prenda fuego la antorcha?¡ªPregunt¨® Tea viendo como su t¨ªo comenzaba a ponerse rojo de la ira al ver como la antorcha se apagaba cada vez que la prend¨ªa. ¡ªS¨ª, vamos, no podemos ser los ¨²ltimos o la gente adentro del silo escucharan los gritos de los dem¨¢s y empezaran a alterarse¡ªContest¨® Crist¨®bal, acercando la antorcha, no obstante Tea solo tuvo que chasquear los dedos para que la antorcha se prendiera fuego por si sola. ¡ªQu¨¦ habilidoso¡¡ªRespondi¨® Crist¨®bal con una sonrisa mientras tiraba la antorcha arriba del techo de paja del silo. Aunque l¨®gicamente eso no hab¨ªa provocado nada, ya que hac¨ªa falta muchas antorchas m¨¢s para lograr que el fuego se extendiera r¨¢pidamente, por lo que el gigante coment¨®: ¡ªBueno, ahora s¨ª termina de prender fuego el techo antes de que la gente adentro se percate de la antorcha que acabo de lanzar. Algo molesto por sentir lo in¨²til que hab¨ªa sido la antorcha, Tea apunt¨® con su mano al techo del silo y una r¨¢faga de peque?as bolas de fuego comenzaron a salir de su palma como si fuera una ametralladora quemando el techo por todos lados. El fuego r¨¢pidamente comenz¨® a expandirse, pero por el momento las personas en el interior del silo solo pod¨ªan sentir el leve olor amargo de la paja quem¨¢ndose. E147-Circuntancias estranas. Como la gran mayor¨ªa de edificios de este pueblo, el silo estaba hecho con la madera recolectada en el bosque vecino, por lo que no tard¨® demasiado tiempo para que el fuego comenzara a consumir notoriamente la estructura. ¡ª?Destraben las puertas!¡ªGritaron desde el interior del silo algunas personas que estaban lo suficientemente despiertas como para notar la anormalidad de la situaci¨®n, pese a ello los dos colosos no se movieron e ignoraron el grito. *Boom, boom* Fuertes ruidos comenzaron a escucharse desde las puertas del silo transformadas en piedra, no obstante las mismas no se abrieron. ¡ª?No crees que algunos de estos campesinos lograr¨¢n salir?¡ªPregunt¨® Tea mirando con preocupaci¨®n c¨®mo las puertas de piedra temblaban acompa?ando el ruido de las fuertes explosiones. ¡ªClaro que algunos afortunados lograr¨¢n escapar del silo: Trata de estar atento como para matarlos antes de que salgan huyendo por las calles¡ªRespondi¨® Crist¨®bal viendo c¨®mo las llamas en el techo del silo no hac¨ªan m¨¢s que crecer, provocando una mueca de amargura en el rostro de Tea. *Boom, boom, boom* Los ruidos en las paredes de la estructura se hicieron cada vez m¨¢s atronadores, a medida que la gente se percataba de c¨®mo el humo comenzaba a invadir el interior del silo. ¡ª?Abran las puertas por favor!¡ªGritaron desde el interior del silo, al notar que por mucho que intentaban abrirlas, las puertas no ced¨ªan. Pero pese a escuchar la s¨²plica los dos colosos se mantuvieron en silencio, provocando la desesperaci¨®n de las personas en el interior. El fuego sigui¨® creciendo hasta que una parte del techo del silo termin¨® cediendo, cayendo a su interior, no obstante la estructura era demasiado grande por lo que aun sus paredes estaban en pie. Acompa?ado de la ca¨ªda del techo, los ruidos de desesperaci¨®n y p¨¢nico invadieron los alrededores del silo, provocando que una sonrisa alegre se formara en el rostro de Crist¨®bal. Mientras tanto, Apolo miraba con cierta consternaci¨®n todo lo que estaba ocurriendo desde el interior del gigante, lo cierto es que en estos momentos el difunto sent¨ªa que haber sido ?expulsado? del camino del soldado no parec¨ªa tan malo: La vida como mago en la capital era incre¨ªblemente m¨¢s glamurosa y tranquila que esta porquer¨ªa. Pese a que Apolo no sent¨ªa precisamente pena por la gente en el interior de esta gigantesca trampa, el ancestro a¨²n sent¨ªa que tener que estar enga?ando a un mont¨®n de campesinos para dirigirlos hacia su propia muerte era algo sumamente molesto de hacer. Ya el difunto tuvo que lidiar con el problema de enga?ar a sus pobres criados durante a?os, por lo que Apolo ni quer¨ªa imaginar lo inc¨®modo que era para sus descendientes tener que guiar a los cientos de soldados bajo su mando a masacrar gente que no ten¨ªa relaci¨®n alguna con esta guerra. Sin embargo, Apolo no culpaba o juzgaba a sus descendientes por esta decisi¨®n: Al fin y al cabo era la guerra y en la misma val¨ªa todo, lo importante era terminar ganando y no siendo destruido, luego ser¨ªan los historiadores los que se encargar¨ªan de borrar estos peque?os detalles que arruinaban la gloriosa historia de soldados y campeones. Si bien la falta de condena moral del difunto era lo suficientemente remarcable como para debatir la cuesti¨®n en profundidad, la realidad es que la gran preocupaci¨®n de Apolo en estos momentos era descubrir por qu¨¦ Tea era tan idiota como para no darse cuenta de que Crist¨®bal estaba siendo corrompido por el hacha maldita: La historia del hacha era conocida por todos los miembros de su familia cuando Apolo estaba vivo, pero Tea parec¨ªa ignorarla. Y por desgracia Apolo sent¨ªa que el joven pelirrojo jam¨¢s deber¨ªa haber aceptado este plan si hubiera estado al tanto de que Crist¨®bal no estaba en sus cabales. No obstante el difunto no hab¨ªa encontrado la forma de comunicarse con su descendiente para advertirle acerca de este vital error que estaba cometiendo. This story has been unlawfully obtained without the author''s consent. Report any appearances on Amazon. A medida que los gritos ag¨®nicos se hac¨ªan m¨¢s fuerte en el ambiente, Tea observ¨® c¨®mo un par de personas comenzaron a salir por las ventanas del silo. Las ventanas de la estructura estaban muy altas, pr¨¢cticamente pegadas al techo y serv¨ªan para sacar los gases del interior del silo, por lo que no era f¨¢cil acceder a ellas, mucho menos cuando el techo se encontraba en llamas y el interior del silo ya estaba lleno de humo. Lo m¨¢s probable es que estas personas en su desesperaci¨®n treparon por las paredes de la estructura hasta llegar afortunadamente a estas ventanas. Al concentrarse en observar las ventanas en medio de las llamas, Tea pudo distinguir c¨®mo este par de personas en cuesti¨®n se trataba de un padre y lo que deber¨ªa ser su hija. Ambos parec¨ªan tener una extra?a habilidad que le permit¨ªa pegarse a las paredes, por lo que con rapidez lograron salir por la ventana y comenzaron a descender por las paredes del silo, tratando de escapar de las llamas en el techo. ¡ª?Mira, finalmente alguien logr¨® escapar!¡ªExclam¨® Crist¨®bal con una sonrisa, pero la misma se fue apagando cuando not¨® que el padre fue lo suficientemente listo para ver su cruel mirada y decidi¨® no bajar justo donde estaba la puerta, y en su lugar prefiri¨® tratar de guiar a su hija a la parte trasera del silo buscando esquivar a los soldados. Al notar que si no hac¨ªa nada estas dos personas terminar¨ªan huyendo, el gigante tom¨® su hacha por el mango y con una precisi¨®n que asustar¨ªa a cualquiera, la revole¨® en la direcci¨®n en donde el padre y la ni?a hu¨ªan. El hacha vol¨® por los aires dando vueltas, y antes de que pudieran reaccionar la cabeza del hombre fue cortada por el filo del hacha, provocando que su cuerpo cayera sin vida al suelo a unos pocos metros donde se encontraba Tea. ¡ª?Pap¨¢!¡ªRugi¨® la ni?a tratando de atrapar el cad¨¢ver de su padre, no obstante el mismo estaba demasiado lejos y solo pudo mirarlo caer. ¡ª?Mata a la ni?a, Tea!¡ªOrden¨® Crist¨®bal mientras miraba el hacha llena de sangre pegada contra las paredes del silo. Apoyando sus manos sobre las paredes, Crist¨®bal logr¨® que un charco de barro empezara a formarse sobre los tablones donde estaba incrustada el hacha, haciendo que la misma cayera de regreso a sus manos. Mientras esto ocurr¨ªa, Tea apunt¨® con la palma de su mano a la ni?a, pero no pudo lanzar la bola de fuego y en su lugar mir¨® como la ni?a escapaba. ¡ª?Te pasa algo, chico?¡ªCuestion¨® Crist¨®bal, viendo como su sobrino estaba dejando escapar a la ni?a. ¡ªNo¡ No pasa nada¡ Solo estoy algo cansado, es muy de noche¡¡ªDijo Tea mirando la mirada impaciente de su t¨ªo, inmediatamente el joven dispar¨® una bola de fuego de medio metro hacia la ni?a, haciendo que el cuerpo de la inocente criatura se partiera a la mitad junto a los tablones a su alrededor. ¡ªUnas pocas horas m¨¢s y todo termina, pero recuerda que el asedio ser¨¢ cien veces peor que esto. Espero que vayas mentaliz¨¢ndote para luchar contra campesinos fam¨¦licos y llenos de peste¡ªRespondi¨® Crist¨®bal mientras se dirig¨ªa a la parte trasera del silo¡ªYo vigilo la parte de atr¨¢s, t¨² la de adelante, recuerda que est¨¢s en una misi¨®n de verdad, chico. Si te conf¨ªas de m¨¢s y te alejas del plan podr¨ªas terminar muerto incluso luchando contra un ni?o. ¡ªYa s¨¦, ve tranquilo, yo cumplir¨¦ con mis obligaciones...¡ªDijo Tea mirando como la mitad del cuerpo de la ni?a se estrellaba contra el suelo a unos pocos metros de ¨¦l, manchando su rostro con sangre. ¡ªSuerte, no dejes que estas ratas se escapen...¡ªRespondi¨® Crist¨®bal marchando con apuro hacia la parte trasera, temiendo que la gente haya encontrado alguna forma de escaparse. Mientras esto ocurr¨ªa, Apolo sali¨® del cuerpo del gigante y entr¨® en el de Tea, temiendo que su descendiente cometiera el error de ser demasiado piadoso con alguien con habilidades extra?as y terminara muriendo por su falta de decisi¨®n. Al entrar en el cuerpo de Tea, Apolo no pudo escuchar lo que pensaba, de hecho solo hab¨ªa podido hacerlo cuando Crist¨®bal habl¨® con su hacha, por lo que supuso que activamente el gigante ?habl¨®? telep¨¢ticamente con el hacha y no era que pudiera leer los pensamientos de los dem¨¢s con sus nuevos poderes como ancestro. No obstante, la cara demacrada de Tea y el hecho de que no pod¨ªa apartar la mirada del cad¨¢ver de la ni?a, hac¨ªan comprender a Apolo de que su descendiente no lo estaba pasando precisamente bien en estos momentos. Pese a ello, el joven noble no sab¨ªa c¨®mo consolar a su descendiente, ya que por m¨¢s que intentara no pod¨ªa interactuar con nadie en este mundo, por lo que el difunto estaba ?obligado? a solo poder observar la situaci¨®n sin poder ayudar a Tea. E148-Fortuna Los minutos fueron pasando y mientras el fuego se propagaba, cada vez m¨¢s porciones de techo comenzaban a caerse y el silo poco a poco se iba desmoronando, todo parec¨ªa indicar que no faltaba mucho para que la estructura cediera completamente. Mientras el silo sufr¨ªa el poder destructivo del fuego, los gritos ag¨®nicos y los llantos desgarradores que proven¨ªan de su interior estaban aturdiendo al joven Tea, quien se encontraba mirando las puertas de piedra, temiendo que los aldeanos atrapados en el interior lograran abrirlas y una multitud enfurecida salieran a atacarlo repentinamente. Pese a ello, la gran realidad es que por m¨¢s que los golpes y rasguidos no paraban de escucharse desde el interior de la infernal trampa, la puerta y las paredes del silo no cedieron, y poco a poco los golpes se fueron haciendo menos fuertes a medida que m¨¢s campesinos iban cayendo v¨ªctimas del incendio. A estas alturas, el interior del silo estaba completamente lleno de humo y el calor dentro del mismo era infernal, por lo que para los campesinos atrapados era bastante complicado moverse en el interior de la estructura y mucho m¨¢s complejo les resultaba encontrar las puertas del lugar. Y la meta se volv¨ªa imposible cuando uno trataba de encontrar la salida mientras un grupo de cientos de personas desesperadas a tu alrededor buscaban lo mismo. Por desgracia esto provocaba que los pobres campesinos atrapados en la gran trampa se terminaran aplastando los unos a los otros hasta la muerte, mientras trataban de evitar las llamas que ca¨ªan del techo de paja en desmoronamiento y buscaban en vano alguna posible escapatoria de la muerte. Percat¨¢ndose de que los granjeros no parec¨ªan poder abrir las puertas y por alg¨²n motivo tampoco pod¨ªan destruir las paredes de madera del silo, Apolo se tranquiliz¨®; parecer¨ªa que su descendiente saldr¨ªa de esta misi¨®n a salvo. No obstante, apenas Apolo lleg¨® a esa conclusi¨®n, algo anormal pas¨® y las alarmas del fantasma comenzaron a encenderse en su cabeza: ?El suelo estaba temblando! Las calles en el pueblo comenzaron a temblar violentamente y los edificios en sus costados comenzaron a desmoronarse. No obstante, Apolo not¨® con preocupaci¨®n c¨®mo su joven descendiente estaba demasiado traumado como para reaccionar a los extra?os eventos que estaban ocurriendo en el pueblo; dado que por m¨¢s que las casas a su alrededor cayeran y el suelo temblaba violentamente, Tea no pod¨ªa apartar la mirada del gran silo en llamas. Unos pocos minutos llenos de locura transcurrieron, hasta que finalmente el fantasma observ¨® como por fortuna el silo a unos pocos metros del petrificado joven resisti¨® a los temblores y se mantuvo en pie hasta que el terremoto hab¨ªa pasado. Pero justo cuando Apolo pens¨® que todo hab¨ªa terminado, las calles alrededor del silo comenzaron a temblar violentamente, hasta fracturarse mostrando grietas con una profundidad inmensa por donde comenzaron a caer los edificios que hab¨ªan sido da?ados por el misterioso terremoto. Viendo como todo el pueblo alrededor del silo se estaba destruyendo, Apolo desesperadamente trat¨® de hacer entrar en raz¨®n a su descendiente: ?Tea ten¨ªa que huir de este pueblo!. El terremoto que estaba desarroll¨¢ndose no era para nada normal; las grietas hacia el centro de la tierra en las calles parec¨ªan m¨¢s obra de una magia muy complicada que de algo natural, por lo que para Apolo todo indicaba que un enemigo desconocido estaba tratando de hundir al pueblo junto a los soldados para que se perdieran en el olvido y nunca lograran llegar al asedio. You could be reading stolen content. Head to the original site for the genuine story. Pero por m¨¢s incre¨ªble que pareciera, el silo segu¨ªa sin temblar y Tea no reaccionaba ante la evidente destrucci¨®n en los alrededores, por lo que Apolo trat¨® de gritar, murmurar, pensar, chillar, pero nada parec¨ªa funcionar: ?Su descendiente no lo escuchaba!. Cansado de probar cosas extra?as para llamar la atenci¨®n de su descendiente, Apolo decidi¨® salir del cuerpo de Tea. Al salir, el difunto dej¨® de sentir el ruido de destrozos a su alrededor y los llantos desesperados que proven¨ªan del interior del silo, no obstante ante sus ojos la destrucci¨®n del pueblo segu¨ªa desarroll¨¢ndose y cada vez eran m¨¢s las calles agrietadas que devoraban todo a su paso. Frente al pron¨®stico desalentador, Apolo trat¨® de pegarle, patearle, abofetearle, escupirle y empujar a su descendiente, pero todo lo que hac¨ªa era in¨²til, ya que su in¨²til cuerpo solo atravesaba el cuerpo de su descendiente. Con los ojos abiertos como platos, Apolo mir¨® como el silo finalmente comenz¨® a temblar y pese a ello Tea no reaccionaba. El joven se tom¨® la cabeza y trat¨® de pensar una forma en la que pudiera hacer entender a su descendiente en la situaci¨®n cr¨ªtica en donde se encontraba, no obstante al tomarse la cabeza Apolo sinti¨® algo inusual en su rostro. El joven noble se dio cuenta de que hab¨ªa una m¨¢scara en su cara, la cual por alg¨²n motivo nunca pudo sentir hasta este momento, donde la hab¨ªa tocado con sus propias manos. Dado que el cuerpo del difunto era algo transparente y estaba completamente desnudo, le result¨® bastante raro a Apolo que tuviera una m¨¢scara en la cara, y m¨¢s raro le resultaba el hecho de que por casualidad se haya enterado de ella justo en este momento. Con aturdimiento, Apolo se sac¨® la m¨¢scara y sus ojos pesta?earon varias veces de la incredulidad al darse cuenta de que en realidad no era una m¨¢scara, sino que en su lugar el objeto que hab¨ªa estado en su rostro todo este tiempo era ni m¨¢s ni menos que el antifaz de plata dado por su ancestro. Mirando petrificadamente como el brillo plateado del antifaz reflejaba el gran silo incendi¨¢ndose, Apolo reaccion¨® y se dio cuenta de que por una gran casualidad del destino este antifaz le hab¨ªa sido regalado por un ancestro llamado Tea cuando estaba vivo, y ahora que estaba muerto por la gracia del azar este descendiente delante de ¨¦l tambi¨¦n se llamaba Tea. Pese a este gran descubrimiento, las paredes en llamas cay¨¦ndose alrededor de su descendiente, le quitaron a Apolo el tiempo como para lograr unir los evidentes hilos de esta trama. Y en lugar de pensar los motivos, Apolo, en un intento desesperado de tratar de salvar la vida de su descendiente, se acerc¨® flotando al rostro del joven pelirrojo y trat¨® de ponerle el antifaz de plata en su rostro, buscando que su experimentado ancestro Tea fuera el que se encargara de poder darle la advertencia a este joven aturdido. Para la grata fortuna de Apolo, su intento desesperado funcion¨® y el antifaz realmente pudo interactuar con el rostro de Tea y no atraves¨® su cara como si lo hac¨ªan sus manos. *Ushh* Cuando el antifaz fue correctamente colocado sobre el rostro de Tea, un gran destello verde provino de los ojos de Tea segando completamente la visi¨®n de Apolo. E149-Bosque Apolo abri¨® los ojos bruscamente mientras se frotaba los p¨¢rpados con las manos, pero por desgracia el joven descubri¨® que esa luz verde repentina lo hab¨ªa dejado completamente cegado por unos cuantos segundos. Pese a ello, Apolo comprend¨ªa la situaci¨®n de emergencia en la que se encontraba actualmente su descendiente, por lo que el difunto intent¨® recuperar su vista lo m¨¢s r¨¢pido que pudo, mientras luchaba con la incre¨ªblemente inc¨®moda sensaci¨®n de abrir los ojos y ver todo en blanco. Luego de abrir y cerrar los ojos por unos cuantos segundos m¨¢s, la visi¨®n de Apolo lentamente fue recuper¨¢ndose, pero el aturdimiento del joven noble no hizo m¨¢s que incrementarse al ver donde se encontraba actualmente; ya que por ning¨²n lado pod¨ªa verse el pueblo, las calles llenas de grietas infernales, las casas destruidas o el silo siendo devorado por las llamas del juicio final. En su lugar, Apolo observ¨® que se encontraba en el medio del bosque, aunque este no era un bosque cualquiera, dado que este lugar le resultaba conocido al joven noble, ya que las cortezas de los ¨¢rboles de este bosque eran de color negro y sus hojas eran rojas, record¨¢ndole a Apolo el gran bosque en los alrededores del castillo donde hab¨ªa crecido. Extra?ado por el cambio repentino en el ambiente, Apolo se qued¨® mirando los alrededores del bosque por unos cuantos minutos, tratando de recordar que es lo que hab¨ªa pasado con su descendiente luego de ponerle el antifaz de plata, pero por m¨¢s que intentara el joven solo recordaba el destello verde que lo hab¨ªa cegado. *Crush, Crash* Mientras buscaba respuestas en su mente, el joven escuch¨® el ruido de las hojas secas en el suelo siendo aplastadas atr¨¢s de ¨¦l, provocando que saliera de su trance y se volteara con violencia tratando de descubrir qui¨¦n estaba detr¨¢s de ¨¦l. ¡ª?Pasa algo, Apolo?¡ªPregunt¨® una ni?a de pelo rubio y ojos celestes, que se encontraba apoyada contra uno de los ¨¢rboles del bosque, casi como si se hubiera estado escondiendo detr¨¢s del mismo mientras Apolo trataba de salir del aturdimiento. No obstante, la apariencia de la ni?a era completamente irrelevante, ya que toda la atenci¨®n de Apolo estaba siendo usada para observar el antifaz de plata que cubr¨ªa la mitad del rostro de la ni?a. ¡ª?Helena?¡ªCuestion¨® Apolo con aturdimiento mirando el rostro de la ni?a, sin poder apartar la mirada del antifaz que portaba, provocando que el joven se quedara petrificado al descubrir que por alg¨²n extra?o motivo hab¨ªa recuperado el control sobre su cuerpo y ya no parec¨ªa ser un fantasma. ¡ªS¨ª, ?pas¨® algo?¡ªPregunt¨® la ni?a mirando fijamente al petrificado Apolo. ¡ª?Estar¨¦ so?ando?¡¡ªSusurr¨® Apolo para s¨ª mismo, viendo su propio cuerpo reflejado en el antifaz de plata de la ni?a, descubriendo que por alg¨²n extra?o motivo ahora parec¨ªa tener el cuerpo de un ni?o. Si bien cuando se estaba frotando los ojos, el joven jurar¨ªa que sus manos no se sent¨ªan tan chicas y estos ¨¢rboles tampoco se sent¨ªan tan grandes al recuperar su visi¨®n. Pese a ello, Apolo not¨® como efectivamente sus manos eran mucho m¨¢s chicas que antes y no parec¨ªan estar tan maltratadas por los entrenamientos, provocando que el joven las mirara con extra?eza, sin poder reconocerlas como propias. ¡ªRecordando...¡ªRespondi¨® Helena al escuchar el susurro del aturdido ni?o enfrente de ella, haciendo que Apolo dejara de ver sus min¨²sculas manos y levantara la cabeza bruscamente para mirar con los ojos bien abiertos a la ni?a. ¡ª??Recordando?!¡ªExclam¨® Apolo de inmediato como si no hubiera podido terminar de comprender la palabra que la ni?a acababa de mencionar. ¡ªS¨ª, todo esto fue algo que ocurri¨® hace muchos a?os, pero te hab¨ªas olvidado, o mejor dicho: te hicieron olvidarlo¡ªRespondi¨® Helena enigm¨¢ticamente mientras se escond¨ªa atr¨¢s del ¨¢rbol en donde estaba apoyada y escapaba de la visi¨®n de los perturbados ojos en el rostro del ni?o. ¡ª?Qu¨¦ quieres decir con que me hicieron olvidarlo?¡ªPregunt¨® Apolo sin entender a qu¨¦ se refer¨ªa Helena, no obstante solo las hojas movi¨¦ndose en las ramas de los ¨¢rboles le respondieron al ni?o. Unauthorized use of content: if you find this story on Amazon, report the violation. ¡ª?Helena?¡ªLlam¨® Apolo con dudas, sin entender por qu¨¦ la ni?a no le contestaba, mientras se acercaba al ¨¢rbol en donde se hab¨ªa escondido. Al llegar al ¨¢rbol, el ni?o mir¨® para todos lados en busca de Helena, pues la ni?a no pod¨ªa verse por ning¨²n lado; sin embargo, todo parec¨ªa indicar que la ni?a se hab¨ªa evaporado en el aire, puesto que no hab¨ªa ni un indicio de a donde se hab¨ªa ido ella y ni siquiera sus huellas en el suelo pod¨ªan verse. *Crush, Crash* El mismo ruido de hojas pis¨¢ndose pudo escucharse proviniendo desde la espalda de Apolo, provocando que el ni?o se diera la vuelta bruscamente. ¡ª?Pasa algo, Apolo?¡ª Pregunt¨® Helena, pero Apolo no respondi¨® y en su lugar se qued¨® mirando con atenci¨®n el rostro de la ni?a enfrente de ¨¦l: ?El antifaz de plata hab¨ªa desaparecido! ¡ª?Y el antifaz?¡ªCuestion¨® Apolo, mirando la bata gris que vest¨ªa la ni?a, percat¨¢ndose de que no pod¨ªa verse nada escondido en los bolsillos de la ni?a. No obstante, al mirar las ropas de Helena con atenci¨®n, el ni?o vio con los ojos bastante abiertos el anillo de bronce en la mano de la ni?a; hace ya unos meses que Apolo no ve¨ªa el anillo en sus sue?os, por lo que el muchacho se sinti¨® bastante asombrado de volverlo a ver en estos momentos. ¡ª?De qu¨¦ hablas?, ?te encontraste un antifaz entre las hojas del bosque?¡ªPregunt¨® la ni?a acerc¨¢ndose a Apolo con curiosidad, solo para desilusionarse al no encontrarse nada entre las hojas cercanas al ni?o. ¡ªNo, es que...¡ªQuiso explicarse Apolo, mientras miraba como la ni?a buscaba a su lado. ¡ªDe seguro debi¨® ser el reflejo del roc¨ªo, pero bueno, no pasa nada, cuando llegues al castillo podr¨¢s pedirle a tu padre un antifaz. Pero ahora no tenemos mucho tiempo: recuerda que los guardias nos est¨¢n buscando¡¡ªInterrumpi¨® Helena con apuro mirando con preocupaci¨®n a los ¨¢rboles en la distancia, temiendo que alguien saliera de ellos. ¡ª?Nos est¨¢n buscando?¡ªPregunt¨® Apolo sin comprender el temor de la ni?a. Ante la duda, el ni?o mir¨® el cielo, sin embargo, dada la posici¨®n del sol era bastante notorio que era pleno mediod¨ªa, por lo que no comprend¨ªa el miedo de Helena: A¨²n faltaba casi medio d¨ªa para el anochecer. ¡ªS¨ª, ?acaso te olvidaste que ten¨ªamos planeado escabullirnos para ir a explorar el bosque juntos?, quiero decir: estamos en el medio del bosque ahora mismo, Apolo¡¡ªRespondi¨® la ni?a como si fuera una obviedad. Aturdiendo a Apolo, el cual segu¨ªa sin comprender por qu¨¦ deb¨ªan escapar de los guardias y no simplemente ir a explorar el bosque como lo hab¨ªan hecho siempre. ¡ªPero...¡ªApolo trat¨® de plantear su punto de vista; sin embargo, Helena lo tom¨® de la mano y lo empuj¨® hacia el piso. Luego con bastante destreza m¨¢gica las hojas ca¨ªdas alrededor de la ni?a comenzaron a volar, cubriendo el cuerpo de los dos ni?os. ¡ª??Qu¨¦ haces?!, no me...¡ªChill¨® Apolo, pero la manito de Helena le cubri¨® la boca impidiendo que siguiera hablando. ¡ª?Escuch¨¦ un grito por ac¨¢!¡ªGrit¨® alguien corriendo hacia la direcci¨®n en donde se encontraba el escondite de los dos ni?os. Camuflado entre las hojas, Apolo pudo reconocer la inolvidable armadura de cuero que usaban todos los guardias del castillo de su familia, por lo que entendi¨® que esta persona era un guardia. Lo que el ni?o no entend¨ªa era el motivo por el cual este guardia escond¨ªa la mitad de su rostro portando el caracter¨ªstico antifaz de plata que pod¨ªa ver en todos sus sue?os. ¡ª?Alguna pista de por donde se escaparon los mocosos?¡ªPregunt¨® otro guardia que corri¨® r¨¢pidamente hacia el lugar se?alado por su compa?ero¡ª?Si el rey se entera de que dejamos que su nieto se metiera en el bosque con esa criada, nos van a mandar directo al frente de batalla! Con los ojos m¨¢s abiertos que nunca, Apolo mir¨® como el segundo guardia que acababa de aparecer tambi¨¦n portaba el caracter¨ªstico antifaz de plata, por lo que ahora se hab¨ªan duplicado. Apolo no comprend¨ªa por qu¨¦ los guardias lo buscaban o porque parec¨ªan tan desesperados, pero estaba al tanto de que esta era la primera vez que ve¨ªa dos personas portando el antifaz de plata. Sin embargo, eso poco importaba porque la aparici¨®n de este antifaz gemelo solo le recordaba a Apolo que esto no era m¨¢s que un sue?o, por lo tanto, el ni?o no deb¨ªa malgastarse en buscar demasiadas explicaciones a las cosas que ocurr¨ªan en este lugar. ¡ª?No, no veo nada!¡ªDijo el guardia mirando para todos lados, pese a que el escondite de los dos ni?os estaba justo al frente de ¨¦l; sin embargo, por alg¨²n motivo no pod¨ªa ver detr¨¢s del camuflaje de los dos ni?os¡ªSi no llegamos a encontrar al ni?o dentro de unas pocas horas tendremos que informarle al resto de los guardias: ?Si el ni?o llegara a morir en el bosque nuestro castigo ser¨¢ peor que la muerte! ¡ª?Ya lo s¨¦, idiota!, pero a¨²n tenemos tiempo, si lo encontramos podemos convencerlo de que guarde este asunto en secreto y as¨ª este error ?nunca? ocurri¨®¡ªGrit¨® el otro guardia tratando de tranquilizar a su compa?ero. *Crush, Crash* El ruido de las hojas pis¨¢ndose pudo escucharse en la distancia, provocando que los dos guardias se miraran unos segundos y comenzaran a correr en esa direcci¨®n, alej¨¢ndose del escondite de los dos ni?os. E150-Paradoja Una vez que los dos guardias estaban lo suficientemente lejos como para que no pudieran escucharlos, Helena sali¨® del escondite y mir¨® como Apolo le segu¨ªa la corriente. El ni?o hab¨ªa dejado de hacer preguntas y en su lugar entendi¨® que lo mejor que pod¨ªa hacer ahora era seguir el flujo del sue?o, para luego preguntarse el significado del mismo cuando terminara de reunir todas las pistas posibles. Notando el silencio de Apolo, Helena r¨¢pidamente coment¨®: ¡ª?Ven, estamos algo cerca de mi guarida secreta! ¡ªVamos...¡ªRespondi¨® toscamente Apolo, mientras permit¨ªa que Helena lo tomara de la mano y lo empujara hacia una direcci¨®n en particular. Realmente era f¨¢cil perderse en un bosque como este en donde todos los ¨¢rboles eran pr¨¢cticamente iguales y era imposible diferenciarlos entre s¨ª, pese a ello la ni?a conoc¨ªa bastante bien el camino y tras unos pocos minutos logr¨® guiar a Apolo hasta una colina. La colina le result¨® bastante familiar a Apolo, y de hecho el ni?o ya la conoc¨ªa lo suficientemente bien como para poder distinguir que se trataba de la mism¨ªsima colina que permit¨ªa dirigirse hacia el acantilado en medio del bosque. Pese a ello Apolo se mantuvo en silencio y medit¨® el asunto en su mente, mientras dejaba que Helena lo guiara. Por su parte la ni?a no parec¨ªa querer darle muchas explicaciones a Apolo, y en su lugar Helena parec¨ªa estar m¨¢s concentrada en sostener la mano del ni?o, para guiarlo hasta el final de la colina antes de que los guardias los encontraran. Apolo continu¨® su marcha por la colina mientras observaba los ¨¢rboles en los alrededores, pregunt¨¢ndose si los guardias volver¨ªan a encontrarlos, ?por qu¨¦ es que hab¨ªa dos antifaces en lugar de uno solo?, y a¨²n m¨¢s importante: ?Por qu¨¦ es que estaba teniendo este sue?o en este momento y cu¨¢l era su significado?. Pero por m¨¢s que Apolo se preguntara, no hab¨ªa respuestas y solo aparec¨ªan m¨¢s preguntas en su mente. El ni?o sigui¨® divagando ideas en su mente hasta que sinti¨® el ruido del agua chocando contra las rocas, percat¨¢ndose de que era el mismo ruido que siempre pod¨ªa escucharse al acercarse lo suficiente al borde del acantilado. El caracter¨ªstico ruido produjo que Apolo saliera de su trance y perdiendo la paciencia preguntara: ¡ª?Estamos cerca?, ?hay algo en tu escondite que quieras mostrarme?, la verdad es que no recuerdo muy bien por qu¨¦ es que ?escapamos? del castillo. ¡ªS¨ª, mi escondite secreto est¨¢ cerca de un arroyo. As¨ª que si podemos escuchar el ruido del mismo es porque estamos cerca¡ªRespondi¨® Helena con una sonrisa. Pero Apolo sinti¨® como la mano de la ni?a comenzaba a sudar m¨¢s de la cuenta y su agarre se volv¨ªa m¨¢s fuerte, haciendo obvio que detr¨¢s de la sonrisa de Helena se ocultaba un gran secreto¡ªEn el escondite est¨¢n mis mascotas. Es una pena que los guardias se dieran cuenta tan r¨¢pido de que nos escapamos al bosque, si no podr¨ªamos disfrutar un poco m¨¢s la caminata por el lugar, pero bueno: te promet¨ª que te mostrar¨ªa mis mascotas y por suerte ya estamos cerca, si los guardias no nos atrapan podr¨¢s verlas. ¡ª?Tienes mascotas?, ?Podr¨ªan ser unos patos?¡ªPregunt¨® Apolo algo aturdido por la respuesta; el ni?o no esperaba escuchar que todo este viaje fuera para ir a ver unos animales. ¡ª?Acaso no lo recuerdas?, te dije que eran un par de babosas bastante adorables¡ªContest¨® Helena mirando para los ¨¢rboles detr¨¢s de ella con desconfianza, temiendo que alguien saliera de ellos, mientras apuraba sus pasos y provocaba que Apolo caminara m¨¢s r¨¢pido. ¡ªNo, no lo recordaba...¡ªDijo Apolo con bastante sinceridad; el ni?o se hab¨ªa pasado casi una hora caminando en silencio por la colina, por lo que todo indicaba que si Apolo quer¨ªa m¨¢s informaci¨®n para comprender este sue?o deb¨ªa malgastarse en obtenerla, o en caso contrario se ir¨ªa de este lugar sin nada¡ª?Espera!, ?dijiste: ?babosas??, ?qu¨¦ clase de persona tiene de mascotas un par de babosas? Unauthorized duplication: this narrative has been taken without consent. Report sightings. ¡ªS¨¦ que no es muy normal, pero como te dije: Mis babosas son muy bonitas. Cuando la veas te vas a dar cuenta por qu¨¦ las cuido¡¡ªRespondi¨® Helena apurando el paso hacia su escondite. ¡ª?Y por qu¨¦ esos guardias nos andaban buscando con tanto apuro?, ?o por qu¨¦ los guardias usaban un antifaz de plata?, ?qu¨¦ significa el antifaz de plata?¡ªPregunt¨® Apolo de forma bastante brusca, ya demasiado cansado de pensar ideas disparatadas sin llegar a ninguna respuesta coherente. ¡ªNos buscan porque estamos en el medio del bosque...¡ªRespondi¨® Helena como si fuera una obviedad¡ªNo recuerdo que usaran ning¨²n antifaz, probablemente te confundiste con sus ojeras: Por si no lo notaste, te recuerdo que los guardias estaban algo estresados por no encontrarnos. ¡ª?No viste el antifaz en sus rostros?¡ªPregunt¨® Apolo at¨®nito deteniendo su paso, provocando que Helena lo empujara ligeramente con su mano, pero el ni?o no se mov¨ªa. ¡ªNo, no vi ning¨²n antifaz, pero tal vez lo ten¨ªan, estaba algo nerviosa y la verdad es que no quer¨ªa que me atraparan. A m¨ª probablemente no me dejar¨ªan ir con un simple castigo si se enteraran de que te traje de escondidas al bosque¡ªRespondi¨® Helena sinceramente, algo nerviosa y luchando por ocultar su molestia al ver como Apolo hab¨ªa dejado de moverse. ¡ªEs que no entiendo: ?Por qu¨¦ nos castigar¨ªan?, ?siempre me dejaron ir a explorar el bosque!¡ªExclam¨® Apolo de forma brusca, expresando lo frustrado que se sent¨ªa por no entender el significado de las cosas en este sue?o. ¡ªSi eso fuera as¨ª los guardias no nos estar¨ªan buscando...¡ªRespondi¨® Helena arrastrando las palabras, aparentemente inc¨®moda por tener que ponerse a discutir con el ni?o estando tan cerca de llegar a su escondite. Perdiendo la paciencia, Helena se dio la vuelta y de forma algo brusca arrastr¨® a Apolo tom¨¢ndolo de la mano, provocando que por inercia el ni?o siguiera los pasos de su amiga, mientras preguntaba: ¡ª?Entonces salimos del castillo a escondidas? ¡ªNo, nos trajeron los guardias y luego se suicidaron, luego un par de patos los revivieron y los pobres guardias se dieron cuenta de que nos hab¨ªan perdido, por lo que comenzaron a buscarnos desesperadamente por el bosque¡¡ªRespondi¨® Helena con mal tono y de forma claramente ir¨®nica. Lamentablemente, la ni?a no comprend¨ªa que lo que ella acababa de contar era una certeza absoluta para el confundido ni?o, por lo cual Apolo termin¨® preguntando de la forma m¨¢s brusca posible: ¡ªEntonces el suicidio de los guardias es una analog¨ªa a que realmente me estoy muriendo ahora mismo, y su resurrecci¨®n es una analog¨ªa a mi nuevo camino como ancestro. No obstante, el hecho de que los guardias est¨¦n perdidos busc¨¢ndome, en realidad significa que yo no estoy siendo capaz de encontrar mi camino como ancestro: ?Es as¨ª?, ?esa es la idea de todo esto? ¡ª...¡ªHelena se detuvo y se dio la vuelta para mirar a Apolo pregunt¨¢ndose c¨®mo es que en unos pocos minutos este ni?o hab¨ªa perdido tanto la cabeza. Tal vez era porque el ni?o estaba enamorado de ella y por eso estando solos en el medio del bosque tomados de las manos, lo pon¨ªa tan nervioso como para decir todas estas idioteces, pero lo cierto es que incluso bajo esas condiciones el comportamiento de Apolo era extra?o y para colmo era extra?o en el peor momento posible: ?Porque los ni?os estaban a unos pocos metros de la guarida secreta!. Lo que Helena no sab¨ªa, es que Apolo recordaba perfectamente como se hab¨ªa matado y como hab¨ªa ?revivido? para convertirse en el ancestro de unos tales Tea y Crist¨®bal. Para luego de forma incre¨ªblemente extra?a aparecer en los bosques del castillo con su cuerpo infantil como si esto fuera un sue?o, por lo cual todo en la mente de Apolo le indicaba que esto era un sue?o dado por sus ancestros para guiarlo en el nuevo camino que tendr¨ªa que recorrer. Alejando a Apolo completamente de la respuesta correcta la cual le fue mencionada hace unas pocas horas por la propia Helena. ¡ª?Escuch¨¦ algo por ac¨¢!¡ªGrit¨® un guardia en la lejan¨ªa, provocando que tanto Helena como Apolo se dieran la vuelta para ver en la direcci¨®n en donde hab¨ªa provenido el grito. Los dos ni?os no lograron ver a los guardias, pero s¨ª pod¨ªan escuchar sus pasos acerc¨¢ndose desde la distancia. ¡ª?Te escucharon, idiota!. ?Hay que correr o nos atrapar¨¢n!, ?r¨¢pido, vamos a mi escondite secreto!¡ªGrit¨® Helena tomando de la mano al aturdido Apolo, arrastr¨¢ndolo hasta la cima de la colina. E151-Escondite Los dos ni?os corrieron hacia la cima de la colina mientras los pasos de los guardias y el ruido del agua chocando contra las rocas se iban haciendo cada vez m¨¢s fuertes. Pese a ello, Apolo nunca pudo ver a los guardias corriendo hacia ¨¦l, por lo que el ni?o no estaba tan seguro de que tan lejos estaban realmente los guardias o porque sus pasos eran tan ruidosos. Ignorando la cuesti¨®n l¨®gica de por qu¨¦ los guardias nunca los alcanzaban, Helena gui¨® a Apolo hacia la cima de la colina como si su vida dependiera de ello hasta que finalmente llegaron a su destino. Para la incre¨ªble sorpresa de Apolo, la cima de la colina en cuesti¨®n no era un barranco con un acantilado mort¨ªfero al final, sino que era el lugar donde nac¨ªa un r¨ªo muy pintoresco y lleno de vida. El agua transparente del r¨ªo, sal¨ªa constantemente del interior de una pila de rocas que creaban el caracter¨ªstico ruido del agua chocando contra las rocas. No obstante, el r¨ªo era bastante poco ancho y de solo unos pocos cent¨ªmetros de profundidad, por lo que lo m¨¢s correcto ser¨ªa llamarlo un arroyo y no un r¨ªo. ¡ª?Es por ac¨¢?¡ªPregunt¨® Apolo mirando el arroyo con dudas, mientras se apoyaba en sus rodillas y respiraba de forma agitada tratando de estabilizarse luego de la corrida. ¡ªS¨ª, ven, la entrada de mi escondite est¨¢ superoculta: ?Una vez que entremos lograremos escapar de los guardias!¡ªRespondi¨® Helena mientras volv¨ªa a tomar de la mano al agitado ni?o y lo arrastraba hasta unos de los ¨¢rboles cercanos al sitio donde nac¨ªa el arroyo. Al llegar, Apolo pudo ver una gran pila de hojas secas alrededor de un tronco ca¨ªdo, el cual estaba bastante podrido y lleno de hongos. Sabiendo que se dirig¨ªan a un escondite, para el ni?o era un poco obvio que esta era la entrada de un lugar secreto, pero si desconoc¨ªas el hecho de que hab¨ªa un escondite oculto en esta zona era pr¨¢cticamente imposible distinguir esta entrada entre el piso del bosque. Helena se acerc¨® al tronco podrido y haciendo bastante esfuerzo lo levant¨® haciendo que una gran cantidad de gusanos e insectos salieran disparados con temor. Lo cual para los ojos atentos de alguien muy despierto indicaba que el sitio hab¨ªa estado cerrado por ya demasiado tiempo, lo que a su vez demostraba que nadie visitaba el interior de este escondite con frecuencia, pero por desgracia Apolo no era precisamente un gran detective. Por otra parte, el ni?o pudo ver como debajo del tronco se encontraba un pozo cavado de forma demasiado perfecta como para que el trabajo haya sido realizado por un hombre usando una herramienta. El pozo ten¨ªa una serie de ramas de maderas llenas de musgo y en bastante mal estado pegadas en una de sus paredes, las cuales serv¨ªan para bajar por el mismo, mostrando que deber¨ªa haber una habitaci¨®n subterr¨¢nea oculta en este lugar. Recordando como Helena hab¨ªa movido las hojas de los ¨¢rboles ca¨ªdas para esconderlos de los guardias demostrando una gran destreza m¨¢gica, Apolo pregunt¨®: ¡ª?C¨®mo cavaste este escondite? Si bien Apolo no era precisamente un erudito o un genio poco visto, incluso un campesino se dar¨ªa cuenta de que claramente alguien hab¨ªa utilizado magia para crear este pozo, o en caso contrario las paredes del pozo no estar¨ªan tan bien hechas. Adem¨¢s de estas pistas, por una extra?a corazonada Apolo sent¨ªa que Helena por alguna casualidad pod¨ªa llegar a ser la disc¨ªpula de una maga, lo cual por alg¨²n motivo que el ni?o no lograba comprender lo molestaba m¨¢s de la cuenta. The tale has been taken without authorization; if you see it on Amazon, report the incident. ¡ªEste escondite no lo hice yo, lo encontr¨¦ de casualidad: Mira el estado que tiene los tablones, claramente este lugar fue cavado hace muchos a?os¡ªRespondi¨® Helena m¨¢s r¨¢pidamente de lo que Apolo le hubiera gustado, como si fuera una respuesta preparada. No obstante, tambi¨¦n era cierto que Helena estaba apurada escapando de los guardias, por lo que pod¨ªa no estar mintiendo. Sin dar m¨¢s explicaciones, Helena comenz¨® a bajar por los tablones llenos de musgos del escondite mientras dec¨ªa: ¡ªRecuerda poner el tronco en su lugar antes de bajar, los guardias llegar¨¢n pronto, hay que apurarnos. Con muchas preguntas, Apolo vio como Helena bajaba por las escaleras. No obstante, la curiosidad del ni?o por entender este ?sue?o? gan¨® la batalla ante la duda y provoc¨® que el ni?o decidiera bajar por el t¨²nel. Para ello Apolo procedi¨® a meterse en el t¨²nel apoy¨¢ndose en los tablones musgosos con particular cuidado de no resbalarse, una vez que el ni?o meti¨® la mitad de su cuerpo en el pozo procedi¨® a buscar el tronco para tapar la entrada. No obstante, antes de que pudiera terminar de arrastrar el tronco hasta la entrada, el ni?o se detuvo abruptamente y en su lugar se asust¨® tanto de golpe que se qued¨® paralizado mirando hacia el frente: ?A unos pocos metros de Apolo estaban los dos guardias mir¨¢ndolo fijamente como trataba de cerrar la entrada del escondite! Apolo no sab¨ªa c¨®mo reaccionar ante la situaci¨®n, por lo que se hab¨ªa quedado paralizado mirando a los guardias en silencio. Claramente los guardias los hab¨ªan encontrado y los ni?os hab¨ªan fallado en su misi¨®n de esconderse de ellos, no obstante los dos guardias no dec¨ªan nada y no mov¨ªan un m¨²sculo mientras miraban fijamente a Apolo. Tras unos segundos bastante inc¨®modos en completo silencio, Apolo con cuidado volvi¨® reanudar la tarea de tapar la entrada del escondite, arrastrando lentamente el tronco podrido hacia la entrada del pozo, como si la lentitud de sus movimientos le permitiera al ni?o escapar de la mirada de estas dos personas que lo acechaban desde la distancia. Pese a que la idea era bastante idiota, por alg¨²n motivo estaba funcionando; ya que los guardias no se estaban moviendo y pasivamente observaron en silencio como el ni?o tapaba la entrada del escondite. Antes de taparla del todo, Apolo le dio un ¨²ltimo vistazo a los dos guardias y paraliz¨¢ndose nuevamente observ¨® como los dos guardias estaban sonri¨¦ndole con una sonrisa demasiado ancha para ser normal. ¡ª?Son mis gu¨ªas?, ?est¨¢n tratando de ayudarme a entender mi misi¨®n como ancestro?¡ªGrit¨® Apolo a los dos guardias portando el antifaz de plata, tratando de encontrar la respuesta al motivo de por qu¨¦ no hac¨ªan absolutamente nada y solo observaban. ¡ª...¡ªSin embargo, no hubo respuestas por parte de los guardias, pese a ello los dos hombres comenzaron a levantar su mano coordinadamente y apuntaron hacia el suelo donde se estaba metiendo Apolo como indic¨¢ndole su siguiente gran meta. ¡ª?Tengo que entrar?, ?Ac¨¢ dentro est¨¢n mis respuestas?, ?por qu¨¦ mierda lo hacen todo tan enigm¨¢ticamente?, ?no ser¨ªa mejor que simplemente me dieran un par de consejos en vez de tenerme como un idiota yendo de un lugar a otro sin entender el motivo?¡ªPregunt¨® Apolo m¨¢s enojado que consternado; el ni?o deduc¨ªa que estos hombres con antifaz eran sus ancestros y estaban tratando de guiarlo, pero Apolo no lograba terminar de comprender por qu¨¦ estas personas no lo invitaban a sentarse a tomarse un desayuno en el castillo mientras le contaban c¨®mo era la vida de un ancestro, en vez de tener que hacerlo sufrir tanto con los enigmas. No obstante, los guardias hicieron o¨ªdos sordos y siguieron apuntando hacia el interior del escondite como estatuas. Al ver la actitud de los guardias, Apolo se resign¨® a buscar respuestas por parte de los guardias y termin¨® de tapar la entrada del escondite bajo la acechante mirada de los guardias, provocando que la oscuridad en el pozo se vuelva absoluta. Pese a ello, la oscuridad no dur¨® mucho, ya que coordinadamente con la aparici¨®n de la oscuridad, unos cristales fluorescentes en las paredes del pozo comenzaron a iluminar con una tenue luz los extremos de los escalones. E152-Babosas Ayud¨¢ndose con la d¨¦bil luz emitida por los cristales, Apolo baj¨® los escalones musgosos procurando no resbalar hasta que finalmente lleg¨® a tocar el piso del refugio subterr¨¢neo. Con curiosidad, Apolo volte¨® y observ¨® el escondite con atenci¨®n, el mismo era bastante peque?o y estaba d¨¦bilmente iluminado por unos cristales que emit¨ªan una luz roja. Las paredes del escondite eran de tierra y eran demasiadas lisas como para que Apolo pudiera pensar que las cavaron con una pala, al igual que como ocurr¨ªa con la entrada del escondite. Pese a esa perfecci¨®n, en el techo de tierra del refugio subterr¨¢neo pod¨ªan verse como las ra¨ªces de los ¨¢rboles de la superficie hab¨ªan crecido, atravesando gran parte del techo del escondite. Dando sitio a que el techo del refugio est¨¦ colmado de ra¨ªces llenas de tierra que poco a poco comenzaban a ganar terreno en su batalla por destruir este lugar, y de hecho algunas de estas ra¨ªces ya se las notaba avanzando por las partes superiores de las paredes del escondite. Con esta informaci¨®n cualquier persona lo suficientemente curiosa pod¨ªa deducir que este refugio fue hecho hace bastante tiempo, dado que le tomar¨ªa varios a?os a los ¨¢rboles de la superficie hacer crecer sus ra¨ªces de esta forma. Por otra parte, en el escondite solo se encontraban unas pocas cajas de madera en mal estado y no hab¨ªa un solo mueble, por lo que realmente este sitio se parec¨ªa m¨¢s a un almac¨¦n secreto que a una guarida secreta. ¡ª?Por d¨®nde est¨¢n tus mascotas?¡ªPregunt¨® Apolo con curiosidad mientras inspeccionaba las cajas en el escondite cercanas a ¨¦l; las mismas parec¨ªan estar llenas de latas con comida, aunque el contenido de las mismas ya hab¨ªa sido comido hace mucho tiempo por lo que solo se ve¨ªan las latas vac¨ªas y llenas de ¨®xido. ¡ª?Por ac¨¢!¡ªRespondi¨® Helena caminando con lentitud hacia una caja en particular, para retirar un trapo enrollado lleno de polvo de su interior. Al desenrollar el trapo, Helena revel¨® que en su interior se encontraba una caja chiquita y en muy buen estado. Con cuidado la ni?a abri¨® la caja en su mano, permitiendo que Apolo observara como en el interior de la caja se encontraban dos babosas fluorescentes bastante bonitas movi¨¦ndose sobre un l¨ªquido pegajoso y espeso de color azulado. ¡ª...¡ªApolo se qued¨® mirando en silencio las dos babosas, realmente eran bastante bonitas y la poca iluminaci¨®n en el refugio subterr¨¢neo resaltaba su fluorescencia. Pero el gran problema que ten¨ªa Apolo con estas babosas es que les resultaba extra?amente conocidas, como si ya las hubiera visto en el pasado, hasta el ni?o pod¨ªa jurar que por alg¨²n motivo si acercaba estas babosas a sus o¨ªdos las mismas tratar¨ªan de meterse por su oreja. ¡ª?Te gustan?¡ªPregunt¨® Helena mirando con cierta preocupaci¨®n la desconfianza en la mirada de Apolo. ¡ªMe encantan, ?en qu¨¦ parte del bosque las encontraste?¡ªCuestion¨® Apolo metiendo la mano en la caja para tocar el l¨ªquido azulado viscoso por el cual se mov¨ªan las babosas. Al ni?o le resultaba extra?o que jurara haber visto en el pasado a estas criaturas, y pese a ello no lograra recordar lo viscoso que era este l¨ªquido, o donde era exactamente el lugar en donde las hab¨ªa visto. ¡ª?Siguiendo el arroyo, las encontr¨¦ debajo de unas rocas!¡ªRespondi¨® Helena con emoci¨®n, aunque la velocidad de su respuesta aparentaba que la misma hab¨ªa sido armada con anticipaci¨®n. ¡ªCon raz¨®n...¡ªRespondi¨® Apolo encontrando una excusa en su mente: Lo m¨¢s probable es que el ni?o las haya visto en algunas de sus muchas aventuras por los bosques, pero no recordara donde. ¡ª?Qu¨¦ dec¨ªas?¡ªPregunt¨® Helena con curiosidad, notando que el ni?o se hab¨ªa quedado trabado hablando. ¡ªCon raz¨®n... ?Son tan bonitas!¡ªRespondi¨® Apolo quedando completamente aturdido; el ni?o quer¨ªa decir ?con raz¨®n me resultaban conocidas? pero de su boca salieron otras palabras¡ªCon raz¨®n... ?Son tan preciosas! Stolen from its original source, this story is not meant to be on Amazon; report any sightings. Apolo se tom¨® la garganta con aturdimiento, sin entender c¨®mo era que las palabras en su boca sal¨ªan por su cuenta. ¡ª...¡ªEl ni?o trat¨® de volver a intentar hablar, pero se dio cuenta de que por m¨¢s que modulara las palabras en su boca no sal¨ªa ning¨²n ruido de la misma. Por otra parte, al notar el silencio del ni?o, Helena coment¨®: ¡ª?Te gustar¨ªa agarrarlas?, son algo viscosas y la sensaci¨®n de sentir como se deslizan por tus dedos es fabulosa. Cansado de tratar de hablar en vano, Apolo tom¨® una de las babosas en el caj¨®n y dej¨® que la misma se deslizara por sus dedos, para luego volver a tratar de hablar, no obstante ninguna palabra segu¨ªa saliendo de su boca. ¡ª?Y c¨®mo se siente?¡ªPregunt¨® Helena con una sonrisa amigable tomando la otra babosa de la caja, dejando que la misma deslizara por sus manos. ¡ªMuy divertido¡ªRespondi¨® Apolo extra?ado al sentir como finalmente hab¨ªa vuelto a poder hablar, pese a ello cuando el ni?o trat¨® de decir algo m¨¢s se percat¨® de que nuevamente sus palabras dejaron de salir de su boca. ¡ª?Vez que son fabulosas, vale la pena tener estas babosas de mascota!¡ªExclam¨® Helena con una sonrisa¡ª?Sabes que es lo m¨¢s especial de estas babosas? ¡ª?Qu¨¦?¡ªPregunt¨® Apolo tom¨¢ndose su garganta, volviendo a sentir inc¨®modamente la sensaci¨®n de vomitar palabras. ¡ªSi dejas que las babosas se metan por tus o¨ªdos la sensaci¨®n que crean estas criaturas al deslizarse en tu interior es fabulosa¡ªRespondi¨® Helena con una sonrisa. ¡ª?Qui¨¦n en su sano juicio se meter¨ªa un insecto en su o¨ªdo?!¡ªExclam¨® Apolo mientras miraba con incomodidad a Helena; el ni?o no esperaba que esa pregunta pudiera salir por su boca. ¡ªSi fuera un insecto normal, claro que no lo har¨ªa. Pero estas babosas son especiales, no te har¨¢n da?o, ya lo prob¨¦ muchas veces: ?Mira!¡ªContest¨® Helena con confianza mientras acercaba la babosa a su o¨ªdo y la misma intuitivamente se deslizaba hacia el interior del orificio¡ªVez, no pasa nada y la sensaci¨®n es fabulosa. ¡ª...¡ªApolo quiso responderle a la ni?a que lo que acababa de hacer era una locura, no obstante esta vez sus palabras no salieron de su boca. Provocando que Apolo se quedara en silencio y mirara con consternaci¨®n la babosa en su mano, entendiendo que probablemente deb¨ªa meterse a la criatura en el o¨ªdo para descubrir el verdadero significado de este sue?o. No obstante, mientras Apolo miraba la babosa en su mano con dudas y Helena miraba a Apolo ansiosamente, el escondite secreto comenz¨® a temblar violentamente como si un terremoto estuviera ocurriendo. Causando que los cristales en las paredes del refugio cayeran al suelo dejando al lugar en completa oscuridad, mientras que del techo del refugio comenzaron a desprenderse peque?as porciones de tierra, mostrando el infierno que se avecinaba si los dos ni?os no escapaban pronto. Pese a ello, Helena no dej¨® de mirar impacientemente a Apolo, mientras que el ni?o trataba de mencionarle la situaci¨®n riesgosa en donde los dos se encontraban ahora mismo a la ni?a. No obstante sus palabras no salieron y Apolo se dio cuenta de que la ni?a no parec¨ªa ser consciente de que un terremoto estaba ocurriendo ahora mismo, al igual que le hab¨ªa pasado a su descendiente Tea durante el terremoto en el pueblo. Con miedo a que el mismo resultado se repitiera y el terremoto provocara que volviera a aparecer en un sitio diferente, volviendo a ser un ancestro sin lograr haber aprendido nada de este sue?o, Apolo r¨¢pidamente se puso la mano en la oreja y procur¨® que la babosa se metiera en el orificio antes de que el escondite se derrumbara y los enterrara vivos. Cuando el ni?o se acerc¨® la mano al o¨ªdo, la babosa r¨¢pidamente se desliz¨® hacia el orificio de su o¨ªdo meti¨¦ndose por su interior, inmediatamente Helena cay¨® bruscamente al suelo y Apolo se qued¨® petrificado mirando a la nada misma mientras el refugio a su alrededor se derrumbaba. En el instante mismo en que Helena choc¨® contra el piso de tierra del refugio, la puerta del escondite se abri¨® de golpe, iluminando el interior del mismo. *Puff* Inmediatamente uno de los guardias que se encontraba esperando pacientemente en el exterior se tir¨® por la entrada del refugio sin usar los escalones, estrell¨¢ndose contra el suelo y provocando que el hombre se lastimara las piernas al hacerlo. Pese a ello, el guardia no emiti¨® ninguna queja y rengueando con esfuerzo se acerc¨® al ni?o petrificado mirando a la nada misma mientras los trozos de tierra ca¨ªan a su alrededor golpeando su infantil cuerpo. Tras unos pocos segundos, el guardia lleg¨® hasta estar al frente de Apolo. Acto seguido, el hombre se sac¨® el antifaz de plata y se lo puso al ni?o provocando que un destello verde inundara el escondite a punto de derrumbarse. E153-Pasillo *Puff* Apolo perdi¨® el equilibrio y cay¨® al piso, provocando que sus ojos se abrieran de golpe, solo para descubrir que no lograba ver absolutamente nada. Por otra parte, Apolo se percat¨® de inmediato de que sus o¨ªdos ¨²nicamente le permit¨ªan escuchar un inusual pitido constante que le estaba causando un gran dolor de cabeza. Pese a que todo el cuerpo del noble parec¨ªa estar fallando de repente, el sentido del tacto por fortuna no lo abandonaba y le permiti¨® obtener algunas pistas acerca de su situaci¨®n actual: Mientras se sentaba en el suelo esperando recuperar la visi¨®n, Apolo logr¨® sentir como el piso ya no era de tierra, sino que la superficie donde se estaba apoyando se sent¨ªa similar a la madera pulida que uno pod¨ªa encontrar en cualquier casa del imperio. Por lo que el joven comprendi¨® que en estos momentos ya no se encontraba bajo tierra y parec¨ªa que hab¨ªa salido del refugio subterr¨¢neo de forma misteriosa. Pese a que el noble trat¨® de recordar como es que hab¨ªa salido del refugio subterr¨¢neo, lo ¨²ltimo que pod¨ªa recordar era haberse puesto la babosa fluorescente en su o¨ªdo, para luego tener la leve intuici¨®n de que de alguna manera hab¨ªa vuelto a quedarse cegado por un destello de color verde. Aunque el noble no comprend¨ªa c¨®mo es que ese destello hab¨ªa aparecido o por qu¨¦ no recordaba qu¨¦ es lo que estaba haciendo cuando lo recibi¨®, ya que todo lo que ocurri¨® luego de ponerse la babosa en el o¨ªdo le resultaba un enigma. Pese a sus m¨²ltiples dudas, el principal problema de Apolo ahora mismo era luchar contra la horrible sensaci¨®n de estar cegado, por lo que el noble intentaba solucionar el problema frot¨¢ndose los ojos mientras parpadeaba constantemente, esperando a que su visi¨®n se recuperara de esta forma. Tras unos buenos segundos intent¨¢ndolo, el dudoso m¨¦todo de recuperaci¨®n result¨® ser efectivo y el joven recuper¨® su visi¨®n. Pero pese a ello, Apolo se dio cuenta de que se encontraba en un lugar demasiado oscuro como para poder distinguir d¨®nde estaba realmente, por lo que el noble levant¨® su mano y una peque?a bola de fuego se form¨® en su palma, mostrando as¨ª el desconcertante paraje en donde de alguna forma hab¨ªa terminado. Abriendo sus ojos de par en par, Apolo se percat¨® de que se encontraba en uno de los pasillos de su mansi¨®n. Si bien el noble no pod¨ªa reconocer exactamente en qu¨¦ sitio de la mansi¨®n estaba, lo cierto es que s¨ª reconoc¨ªa los viejos tablones de madera que formaban el amplio pasillo donde se encontraba. Pese a este impactante descubrimiento, de inmediato Apolo logr¨® encontrar un error: Se dio cuenta de que en todo el pasillo no hab¨ªa una sola ventana y tampoco pudo ver ning¨²n cristal que sirviera para iluminar. Por lo que Apolo ¨²nicamente pod¨ªa depender de su propia llama para iluminar el camino; lo cual era algo que el noble no recordaba que ocurriera en su mansi¨®n, ya que seg¨²n su memoria todos los cristales para iluminar segu¨ªan andando, pese a ello la cantidad de pasillos en su mansi¨®n eran suficientes como para que el joven pudiera olvidarse comprobar algunos cristales, por lo que este pod¨ªa seguir siendo su hogar. This tale has been pilfered from Royal Road. If found on Amazon, kindly file a report. Tras descubrir que estaba en su mansi¨®n, lo segundo de lo que se percat¨® Apolo es que hab¨ªa dejado de ser un ni?o y hab¨ªa vuelto a su cuerpo original, puesto que el techo del pasillo no estaba tan lejos de su cabeza. Otro detalle que llam¨® la atenci¨®n de Apolo es que no estaba vistiendo su caracter¨ªstica toga negra, sino que en su lugar estaba vistiendo una t¨²nica negra, muy similar a la que usaban todos los magos de esta ¨¦poca. Esta t¨²nica le record¨® a Apolo que esta ya no era su casa y que hab¨ªa muerto, puesto que nunca hab¨ªa comprado una prenda de este estilo, pero pese a recordar su tr¨¢gica realidad, el joven segu¨ªa sin entender por qu¨¦ es que hab¨ªa vuelto a su mansi¨®n. En busca de respuestas, Apolo camin¨® por los pasillos tratando de encontrar alguien que le pudiera indicar que es lo que estaba pas¨¢ndole. No obstante, el joven no tuvo que caminar mucho para descubrir que este pasillo estaba particularmente vac¨ªo, y que su ¨²nico compa?ero era el viento proviniendo tanto de la parte trasera del pasillo como la de adelante. Si bien sentir el viento proviniendo de dos direcciones diferentes era algo extra?o para el noble, por desgracia el pasillo estaba demasiado oscuro, por lo que Apolo no llegaba a ver el fondo de ninguno de los dos extremos como para satisfacer su curiosidad. Tras caminar por unos cuantos minutos m¨¢s por el pasillo, el joven noble finalmente logr¨® descubrir el segundo gran error de este lugar, al detectar que no parec¨ªa haber una sola puerta en este pasillo. Lo cual tambi¨¦n era algo bastante desesperante de descubrir, dado que la falta de puertas tambi¨¦n indicaba la falta de cambios y sin cambios este pasillo se mantendr¨ªa en la soledad absoluta hasta la eternidad. Lo cual implicaba a su vez que Apolo nunca lograr¨ªa comprender c¨®mo es que termin¨® en este sitio, ya que pensando por su cuenta el joven ¨²nicamente terminar¨ªa enred¨¢ndose en sus pensamientos. Luchando por no desesperarse por la falta de respuestas, el joven noble se pase¨® por el pasillo sin fin, hasta que el mism¨ªsimo paso del tiempo lo dot¨® con la calma de un hombre que se ve¨ªa a s¨ª mismo como un muerto. Al perder la cuenta de sus propios pasos, Apolo finalmente record¨® que el tiempo ya poco le importaba: Hab¨ªa muerto. Aceptando ese hecho, el noble comenz¨® a pensar en el asunto que le estaba impidiendo continuar con el nuevo camino que estaba comenzando a recorrer en esta etapa de su existencia: Revelar el misterio por el cual termin¨® en este pasillo infinito, reflexionando en todos los sucesos que pudo recordar desde que se convirti¨® en un ancestro: La aparente muerte de Tea, el escondite de Helena y ahora este pasillo infinito. Todos esos sucesos deb¨ªan significar algo que los antiguos ancestros trataban de ense?arle, pero Apolo no lograba revelar la verdad oculta de este ?viaje? espiritual. Mientras meditaba y caminaba sintiendo la brisa chocando contra su t¨²nica negra, Apolo finalmente pudo ver algo que lo sac¨® del trance: A unos cuantos metros se encontraba la salida de este lugar, o tal vez la entrada hacia la verdadera ense?anza, el punto es que tras unos pocos metros se hallaba la primera puerta que Apolo hab¨ªa visto en este pasillo. La puerta en cuesti¨®n era de madera podrida llena de musgo azulado, la misma estaba bastante corrompida por el paso del tiempo y parecer¨ªa que se derrumbar¨ªa con solo tocarla. Sin embargo, la realidad es que cuando el joven se acerc¨® lo suficiente como para poner su mano en el pomo de bronce oxidado en la puerta, lo pudo girar con normalidad: Destrabando de tal forma la cerradura de la puerta y revelando los secretos que se escond¨ªan detr¨¢s de la misma. E154-Joven Detr¨¢s de la dichosa puerta se encontraba una habitaci¨®n no muy grande, con paredes y techos de madera siguiendo el estilo de los pasillos por donde el joven hab¨ªa llegado. A diferencia de las habitaciones de la mansi¨®n de Apolo, este cuarto estaba escasamente poblado de muebles, m¨¢s a¨²n la decoraci¨®n era muy fina y elegante, creando una habitaci¨®n est¨¦ticamente agradable. Lo m¨¢s llamativo de esta habitaci¨®n adem¨¢s de su refinada est¨¦tica era que sobre una de las paredes de la misma se encontraba una chimenea prendida, iluminando la sala con un d¨¦bil e inusual fuego verde que era emitido por los pocos troncos que a¨²n quedaban para alimentar la llama muy cercana a apagarse. La escasa luz provista por la chimenea permit¨ªa observar que en el medio de la habitaci¨®n se encontraban dos sillones de cuero negro apuntando hacia la chimenea: Uno de los sillones estaba vac¨ªo, mientras que el otro sill¨®n se encontraba siendo ocupado por alguien. No obstante la persona en cuesti¨®n se encontraba viendo la chimenea y su rostro no era distinguible desde la puerta, por lo que Apolo no pudo reconocerlo de un vistazo. En busca de respuestas, Apolo se acerc¨® al sill¨®n vac¨ªo en silencio y se sent¨® para observar a la otra persona que se manten¨ªa ignorando su presencia; al parecer m¨¢s interesado en mantenerse hipnotizado por las escasas llamas verdes danzando en la chimenea, que en el intruso que acababa de entrar por la puerta de la habitaci¨®n. La persona hipnotizada, era tan alta como Apolo y tambi¨¦n se encontraba disfrutando de las felices ¨¦pocas dotadas por la juventud. En cuanto a su aspecto, este joven ten¨ªa tanto el pelo como los ojos de color negro, y lo m¨¢s distintivo de su rostro era una caracter¨ªstica nariz aguile?a demasiado larga para el gusto de la mayor¨ªa de personas. Si dicha descripci¨®n ya no llamaba la atenci¨®n de cualquier lector, al leer la siguiente curiosidad el fisg¨®n entender¨¢ el l¨®gico problema planteado por el escritor. Puesto que el joven disfrutando de las llamas se encontraba portando un anillo de oro con el s¨ªmbolo de los colosos del bosque negro. Para hacer m¨¢s evidente la trama no narrada, el muchacho vest¨ªa una toga negra tradicional similar a la que Apolo siempre portaba cuando estaba vivo, por no decir que ten¨ªa el mismo escudo que el noble hab¨ªa creado junto a su toga. Ya bastante confundido por el aspecto de esta persona, Apolo pudo distinguir mientras investigaba silenciosamente a este individuo que en el pecho de este joven se encontraba una cadena de oro atando un anillo de bronce oxidado. Al ver el caracter¨ªstico anillo de bronce, Apolo intuitivamente se toc¨® el pecho y se dio cuenta de que no ten¨ªa la cadena puesta. Impactado con el descubrimiento, Apolo trat¨® de ver la cara de la persona hipnotizada con atenci¨®n, no obstante su rostro se encontraba oculto con un antifaz de plata por lo que el joven noble no pod¨ªa distinguir quien era en realidad, pero seg¨²n las pistas recolectadas la persona en este sill¨®n: ?No era ni m¨¢s ni menos que su propio reflejo! ¡ªHola, ?puedes escucharme?¡ªPregunt¨® Apolo con dudas, notando que por m¨¢s que observara a esta persona de arriba a abajo y de derecha a izquierda, la misma no parec¨ªa reaccionar a su acecho. Al escuchar la voz de Apolo, la persona en el sill¨®n lentamente dej¨® de ver las llamas de la chimenea y en su lugar vio el rostro desconcertado de Apolo. Con una sonrisa, anormalmente ancha, el joven exclam¨®: ¡ª?Finalmente has llegado! Apolo se sinti¨® un poco aturdido al escuchar a esta persona hablando, puesto que este individuo ten¨ªa exactamente su misma voz , por lo que Apolo se sent¨ªa muy extra?o al escucharla proviniendo de otra persona. No obstante, el joven noble luch¨® contra la extra?eza de la situaci¨®n y pregunt¨® la gran duda que lo hab¨ªa impulsado a llegar hasta este lugar:: The story has been stolen; if detected on Amazon, report the violation. ¡ªEntonces, ?cu¨¢l es mi siguiente paso?, Desde que mor¨ª no s¨¦ cu¨¢l es mi camino como ancestro y creo que estoy perdido. Por mi error se muri¨® ese pobre joven en el terremoto, no obstante no pude hacer otra cosa adem¨¢s de verlo morir. ?Acaso estamos destinados a sufrir estas amarguras para la eternidad, limit¨¢ndonos a ser observadores de la desgracia de la gente que juramos proteger? ¡ªNo est¨¢s muerto, te est¨¢s muriendo ahora mismo, Apolo¡ªRespondi¨® el joven enmascarado con calma. ¡ª??C¨®mo?!¡ªExclam¨® Apolo aturdido. ¡ª?Recuerdas que te dije hace no mucho que estabas en un recuerdo?¡ªCuestion¨® el joven enmascarado. ¡ªS¨ª, recuerdo claramente que escuche eso de Helena cuando estaba enmascarada con el antifaz, pero todo lo que viv¨ª en el bosque no lo recuerdo haber vivido nunca¡ªRespondi¨® Apolo, entendiendo vagamente que la persona enmascarada deb¨ªa ser la misma persona siempre. ¡ªEs porque no es tu recuerdo, era el de Helena. T¨² te olvidaste hace mucho de lo que realmente ocurri¨® en el bosque. Intuitivamente tu subconsciente te llev¨® a que pasaras a?os tratando de recordarlo, para descubrir la verdad y protegerte de este destino. Pero por desgracia con cada intento fallido la verdad se dilu¨ªa cada vez m¨¢s, hasta que finalmente la verdad se convirti¨® en un recuerdo tan ajeno a tu vida que la misma te pareci¨® un sue?o alocado¡ªRespondi¨® el joven enmascarado. ¡ªPero siempre me dejaron explorar el bosque...¡ªCuestion¨® Apolo con dudas, ese era su principal planteo y lo que m¨¢s dudas le hab¨ªa generado a lo largo del ?sue?o?; adem¨¢s de los hechos que le provocaban una duda m¨¢s que l¨®gica como ser un ni?o, cruzarse con la difunta Helena y cruzarse con algunas personas portando el muy mencionado antifaz de plata. Pero dichas dudas se respond¨ªan si el joven asum¨ªa que lo que estaba viviendo era un recuerdo, en donde los gu¨ªas eran las personas que portaban el antifaz de plata; sin embargo, a Apolo le resultaba inaudito pensar que podr¨ªa olvidarse de algo tan b¨¢sico como que no le permitieran ir a explorar el bosque en su ni?ez. ¡ª?Siempre?, ?o simplemente tus padres se cansaron de que ignoraras las ¨®rdenes para escaparte todos los d¨ªas a buscar el acantilado?¡ªPregunt¨® el Hombre enmascarado con una sonrisa¡ªDe todas formas no es necesario que me respondas, yo ya s¨¦ que te olvidaste completamente de lo que ocurri¨® en realidad, o mejor dicho que te forzaron a distorsionar esa realidad. ¡ª?Me forzaron?, ?el anillo?, ?¨¦l es el responsable de que me haya olvidado de la verdad?¡ªPregunt¨® Apolo, mientras trataba de responder la pregunta que le hab¨ªa hecho el joven enmascarado en su mente, aunque termin¨® siendo en vano, ya que no lograba recordar la verdad. Pese a ello, ahora que se pon¨ªa a meditar sobre esta hip¨®tesis, Apolo not¨® que ten¨ªa una particular carencia de recuerdos acerca de qu¨¦ es lo que ocurr¨ªa cada vez que regresaba al castillo. Aunque lo cierto es que a cualquier ser humano le resultar¨ªa dif¨ªcil recordar exactamente qu¨¦ fue lo que ocurri¨® hace tantos a?os, y m¨¢s si se trataba de la infancia de uno mismo. ¡ªPuede ser, puede que no: el anillo es tan complejo como la m¨¢scara que llevo puesta, y la realidad es que nunca sabremos de lo que es capaz en su totalidad, pero s¨ª s¨¦ que la gran responsable de que todo esto te ocurriera fue Helena¡ªRespondi¨® el joven enmascarado, acomodando el antifaz de plata que estaba portando como para hacerlo resaltar en su discurso. ¡ª??Helena?!¡ªExclam¨® Apolo al escuchar el nombre de su difunta amiga. ¡ªEs m¨¢s f¨¢cil explic¨¢rtelo si te muestro la ?realidad?...¡ªComent¨® el joven enmascarado levant¨¢ndose del sill¨®n mientras se apoyaba en un bast¨®n con un pomo de oro. El bast¨®n se encontraba escondido detr¨¢s del sill¨®n por lo que Apolo nunca pudo verlo; sin embargo, de un vistazo el joven noble reconoci¨® que el bast¨®n era id¨¦ntico al que ¨¦l siempre usaba. Reconocer el bast¨®n termin¨® generando muchas dudas en Apolo y al sumarlo con las otras pistas que ten¨ªa, provoc¨® que la curiosidad del joven llegara al l¨ªmite y finalmente quisiera preguntarle al enmascarado cu¨¢l era su verdadera identidad. Pero antes de que pudiera preguntarle, Apolo observ¨® como el enmascarado comenz¨® a dirigirse hacia una de las paredes de la habitaci¨®n, interrumpiendo la pregunta de Apolo y haciendo que la misma no saliera de su boca. Caminando con lentitud el joven enmascarado se dirigi¨® hacia una de las paredes de la habitaci¨®n. Al llegar hasta la pared, el joven no se detuvo y en su lugar la atraves¨® mostrando que la misma solo era una ilusi¨®n. Viendo al joven desapareciendo frente a sus ojos, Apolo se levant¨® de golpe del sill¨®n y corri¨® hacia la pared donde el joven enmascarado se hab¨ªa metido, temiendo perderse las explicaciones que promet¨ªa darle. E155-La puerta roja Al llegar a la pared, Apolo extendi¨® su mano hacia los tablones de madera y se percat¨® de que tambi¨¦n pod¨ªa atravesarlos al igual que el joven enmascarado lo hab¨ªa hecho. Estando seguro de que no se estrellar¨ªa contra los tablones de madera, Apolo atraves¨® con su cuerpo la pared, permiti¨¦ndole observar como del otro lado se encontraba un amplio pasillo de losas blancas que se extend¨ªa hasta lo que aparentaba ser el infinito y m¨¢s all¨¢. Las paredes y el techo de este peculiar pasillo estaban hechos de las mismas losas blancas del suelo. Por otra parte, en el techo del pasillo hab¨ªa innumerables cristales transparentes iluminando el lugar con una inc¨®moda luz blanca. Dicha luz se le hac¨ªa demasiado molesta a Apolo, debido a que dado lo pulidas que estaban las losas en el pasillo el reflejo de la luz blanca estaba inundando el sitio, contrastando demasiado con el oscuro pasillo por donde hab¨ªa estado caminando el joven noble hace no mucho. Si bien no pod¨ªa verse ninguna puerta por ning¨²n lado y el pasillo no parec¨ªa llegar a ning¨²n sitio en espec¨ªfico adem¨¢s del infinito, el joven enmascarado se encontraba adentr¨¢ndose en el mismo, caminando con lentitud por las lozas blancas en silencio, aparentemente esperando que Apolo se acostumbrara la inc¨®moda luz del pasillo y finalmente decidiera alcanzarlo. Tras unos segundos luchando contra el reflejo de la luz y entendiendo que el joven enmascarado no detendr¨ªa su marcha a esperarlo, Apolo no esper¨® a poder ver con normalidad y corri¨® hasta el punto negro en la distancia, logrando ponerse a su lado y sin perder el tiempo preguntarle: ¡ª?Qu¨¦ es lo que quieres mostradme?, ?hacia d¨®nde nos dirigimos? ¡ªCuando lo veas lo entender¨¢s¡¡ªRespondi¨® calmadamente el joven enmascarado, poniendo impaciente a Apolo. El joven noble al escuchar la respuesta, dej¨® de mirar al joven enmascarado para ver el infinito pasillo que ten¨ªa por delante y con ¨¦nfasis exclam¨® sus pensamientos: ¡ª?Pero este pasillo no llega a ninguna parte! ¡ªPor el momento¡ por el momento no llega a ninguna parte, pero tarde o temprano el subconsciente de Helena nos olvidar¨¢ y entonces este pasillo nos mostrar¨¢ lo que buscamos ver¡ªRespondi¨® el joven enmascarado con mucha calma, tratando de tranquilizar al impaciente noble. ¡ª?El subconsciente de Helena?, ?a d¨®nde estamos?¡ªPregunt¨® Apolo forzando su vista tratando de ver el final del pasillo, pero de nada serv¨ªa, ya que el pasillo no aparentaba tener fin alguno, o al menos la inc¨®moda luz blanca reflejada por todo el lugar ayudaba a que ese efecto se diera en la mente del noble. El joven enmascarado se acomod¨® la m¨¢scara y calma comenz¨® a explicar la situaci¨®n actual a Apolo con las palabras m¨¢s sencillas que pudo sacar de la galera, tratando de que el noble comprendiera que es lo que estuvo ocurriendo todo este tiempo: ¡ªBueno, la respuesta a esa pregunta depende mucho de los tiempos: Al principio est¨¢bamos en un sue?o controlado por Helena, o por su anillo, vaya uno a saber la verdad. Luego te ced¨ª el control de la m¨¢scara y te forc¨¦ a adentrarte a un recuerdo que hab¨ªa en el antifaz de plata para ganar algo de tiempo, dado que cuanto m¨¢s te adentres en un sue?o m¨¢s se distorsionan los tiempos y las d¨¦cadas se convierten en segundos y los segundos en d¨¦cadas. Utilizando este preciado tiempo ganado, t¨² lograste volver a cederme el control del antifaz antes de que se te acabara el tiempo, y me forzaste inconscientemente a adentrarme en uno de los recuerdos de Helena, el cual no casualmente era el recuerdo que t¨² m¨¢s anhelabas descubrir. Independientemente de ello, en dicho recuerdo y con algo m¨¢s de tiempo para trabajar finalmente pude ponerte el antifaz de plata, y de tal forma obligarte a que me mostraras el subconsciente inventado de la ?otra? Helena que se escond¨ªa en tu interior. De esa forma termin¨¦ metido en el subconsciente de la ac¨®lita de Helena, es decir el subconsciente que la maga termin¨® creando al asesinar al verdadero subconsciente de Helena. A partir de ese subconsciente logr¨¦ que la ac¨®lita de Helena me volviera a ceder el control de la m¨¢scara y empleando sus recuerdos inventados logramos adentrarnos en el subconsciente de la ?verdadera? Helena, es decir la maga que nos estuvo complicando la vida todo este tiempo. Ya habiendo arreglado las cosas importantes, yo te hice aparecer en el subconsciente de Helena para explicarte toda la verdad. Algo complejo, ?no crees, Apolo?, pero por m¨¢s complejo que hayan sido todos los pasos para llegar a este punto, por suerte todo eso ya son cosas del pasado, y todo sali¨® bien¡ hasta el momento. If you spot this tale on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. ¡ª?La ac¨®lita de Helena?. Entonces hay dos Helenas, ?o me estoy confundiendo?, ya la explicaci¨®n de por s¨ª es bastante confusa como para repetir dos nombres y esperar que la entienda¡ªComent¨® Apolo completamente aturdido, por alg¨²n motivo subconscientemente sent¨ªa que esas palabras ten¨ªan sentido, pero la l¨®gica en sus recuerdos le indicaban que esa frase no ten¨ªa sentido alguno. ¡ªT¨² nunca te metiste en el subconsciente de la ac¨®lita y mucho menos eras consciente durante el sue?o creado por Helena as¨ª que es l¨®gico que no comprendas que ocurri¨® y por el momento eres demasiado ignorante como para terminar de entender mis palabras, por lo que no espero que lo logres en este momento¡¡ªRespondi¨® el joven enmascarado con calma y de forma bastante contundente¡ªLo importante es que entiendas el concepto de que ?hab¨ªa? dos intrusas en tu mente: una era la malvada maga que te estaba amargando la vida y la otra era una pobre desafortunada que realmente muri¨® hace mucho tiempo, pero sus recuerdos sobreviven en la imaginaci¨®n de la maga. ¡ªSi se supone que no deba entenderlo en este momento, que as¨ª sea...¡ªRespondi¨® Apolo forz¨¢ndose a ignorar la gran cantidad de preguntas en su mente, tratando de concentrarse en comprender por qu¨¦ este joven enmascarado se tom¨® tantas molestias en llegar a este lugar. Tal y como hab¨ªa comentado esta persona misteriosa: ¨¦l no recordaba ning¨²n sue?o creado por Helena o por su ac¨®lita, pero el joven noble decidi¨® confiar en sus palabras y no discutir sobre un asunto que no terminaba de entender. Pese a ello Apolo busc¨® terminar de comprender las pocas dudas que s¨ª hab¨ªa logrado deducir parcialmente durante estos sue?os¡ª?Entonces t¨² eres mi ancestro Tea, el gran mago de la memoria?. Ahora que lo pienso tendr¨ªa sentido que fuera de esa forma, eso explicar¨ªa el problema con el hacha maldita y porque eras tan bueno con la magia, ?Al final decidiste ser un mago despu¨¦s del asedio o seguiste siendo soldado hasta que te cansaste y te convertiste en un mago? ¡ªNo, te est¨¢s confundiendo¡ªRespondi¨® rotundamente el joven enmascarado¡ªLa m¨¢scara guarda los recuerdos de Tea, pero yo no soy Tea. Aunque por desgracia puedo responderte que al joven Tea muchos a?os m¨¢s de milicia lo acompa?aron antes de que finalmente se animara a contarle la verdad a sus padres y pudiera convertirse en un mago. ¡ª?Entonces qui¨¦n eres?¡ªPregunt¨® Apolo un poco molesto por no lograr acertar con su idea. ¡ª?Acaso no es obvio?¡ªRespondi¨® el joven enmascarado con una sonrisa, mirando como el final del pasillo finalmente aparec¨ªa frente a sus ojos, revelando que este pasillo conclu¨ªa con una puerta de madera completamente roja¡ªD¨¦jame darte una pista, yo soy tu mejor amigo, la persona m¨¢s lista y apuesta del mundo, y te conozco perfectamente, al punto que s¨¦ todos tus secretos. Ahora dime: ?Qui¨¦n soy? ¡ª?Yo?¡ªPregunt¨® Apolo con algo de rubor en el rostro; avergonzado de sentirse que encajaba perfectamente en esa definici¨®n. ¡ªS¨ª, siempre estuviste hablando contigo mismo: ?No ves que eres un genio, Apolo!¡ªRespondi¨® el joven enmascarado. Aunque la gran realidad es que si la verdadera identidad de esta persona fuera el propio Tea, al difunto le resultar¨ªa bastante conveniente hacer creer a Apolo que todo esto fuera producto de su propio ingenio. Y que no fuera obra de la ayuda de un ancestro que de casualidad se hab¨ªa preocupado en poner un mecanismo de defensa en uno de sus inventos, por si alguno de sus descendientes era afectado mentalmente por alg¨²n trauma como el que ¨¦l hab¨ªa vivido durante la guerra, o por si eran v¨ªctimas de alg¨²n hechizo desconocido de alg¨²n mago o criatura con malas intenciones. ¡ªMe pareces muy real para ser algo inventado por mi imaginaci¨®n¡ªRespondi¨® Apolo con sinceridad, aunque por la apariencia y la voz de esta persona le resultaba dif¨ªcil opinar lo contrario. ¡ªEs porque no me cre¨® tu imaginaci¨®n, me cre¨® la imaginaci¨®n de Tea guardada en el antifaz de plata, pero en el fondo somos la misma persona, Apolo: ?Nunca te olvides que el ¨²nico que puede solucionar y entender tus problemas eres t¨² mismo!¡ªRespondi¨® el joven enmascarado, apuntando con su mano hacia la puerta roja en la distancia¡ªYa falta poco, en unos minutos terminar¨¢s de entender c¨®mo es que acabaste en esta situaci¨®n tan desesperada. E156 - Respuestas Sin querer dar m¨¢s explicaciones, el joven enmascarado apur¨® sus pasos para llegar a la puerta de madera roja como la sangre antes de que la siguiente bater¨ªa de preguntas fuera formulada por el noble. Al llegar a la puerta, el enmascarado esper¨® a que Apolo lo alcanzara y abri¨® la puerta, mostr¨¢ndole al joven noble una habitaci¨®n completamente oscura. ¡ªNo veo nada...¡ªMurmur¨® Apolo en busca de respuestas, tratando de ver a trav¨¦s de la oscuridad. Pero lo cierto es que la luz del pasillo que se colaba en la habitaci¨®n solo alcanzaba para revelar un suelo de piedras irregulares bastante viejo y musgoso, el cual no le despertaba ning¨²n tipo de recuerdo a Apolo. El joven enmascarado no respondi¨® con palabras, y en su lugar se meti¨® en la habitaci¨®n, perdi¨¦ndose entre la oscuridad del lugar. Sin querer quedarse solo y recordando los niveles de excentricismo manejado por este supuesto ?yo?, Apolo le sigui¨® la corriente al enmascarado y se adentr¨® sin demora en la oscuridad de la habitaci¨®n. *Click*...Tras notar que el joven noble hab¨ªa entrado, el enmascarado chist¨® sus dedos provocando que la puerta roja se cerrara de golpe, dejando a los dos j¨®venes en la completa oscuridad. Antes de que Apolo pudiera reaccionar a la repentina oscuridad que lo envolv¨ªa, una bola de fuego se form¨® arriba de la cabeza del enmascarado, iluminando d¨¦bilmente la habitaci¨®n. Pese a ello esta habitaci¨®n parec¨ªa ser anormalmente grande, por lo que ninguna de las paredes alcanzaba a verse y Apolo todav¨ªa no identificaba el motivo de la visita a este misterioso lugar. ¡ª?Tendremos que volver a caminar hacia la nada misma?...¡ªPregunt¨® Apolo bajando su tono al hablar; algo intimidado por los misterios que se escond¨ªan tras el manto de la oscuridad a su alrededor. Manteniendo su inc¨®modo silencio, el joven enmascarado comenz¨® adentrarse en la oscuridad. Provocando que Apolo por precauci¨®n se mantuviera callado y lo acompa?ara observando cautelosamente el ambiente, pero por desgracia lo ¨²nico que el noble llegaba a percibir con sus sentidos era el mon¨®tono suelo de piedra y el inusual fr¨ªo que se sent¨ªa en esta habitaci¨®n. Tras caminar unos minutos en la oscuridad de forma m¨¢s paranoica de lo que la habitaci¨®n realmente ameritaba , Apolo finalmente logr¨® ver algo que le llam¨® la atenci¨®n: A unos pocos metros se encontraba una mujer de pelo rubio vestida con las t¨²nicas negras que tradicionalmente usaban los magos del imperio. Desde la distancia Apolo no pudo reconocer a simple vista el rostro de esta mujer, pero pudo distinguir que se encontraba con los ojos cerrados, como si estuviese durmiendo sobre la cama de piedras irregulares en donde se encontraba acostada. Pese a que el joven noble no sab¨ªa qui¨¦n era esta mujer, al llegar a su lado Apolo distingui¨® como el caracter¨ªstico anillo de bronce oxidado estaba colocado en uno de sus dedos, por lo que el noble intuitivamente supuso que se trataba de Helena. No obstante, si bien la edad de la mujer era bastante m¨¢s avanzada a la ni?a que Apolo hab¨ªa conocido en su infancia, aun as¨ª el noble logr¨® distinguir que esta mujer ten¨ªa rasgos faciales bastante diferentes a la Helena que hab¨ªa conocido, aunque su parecido era indudable. ¡ª?Es Helena?¡ªPregunt¨® Apolo en voz baja como si temiera que esta mujer se despertara, mientras miraba c¨®mo el joven enmascarado a su lado segu¨ªa portando el colgante con el anillo de bronce en su cuello, pregunt¨¢ndose a s¨ª mismo por qu¨¦ motivo hab¨ªan aparecido dos copias del mismo en este sue?o. ¡ªVez que inteligente eres, Apolo. Est¨¢s en lo correcto, aqu¨ª descansa una mujer cuyo nombre es Helena, pero nunca llegaste a conocerla: Ella es la creadora del anillo de bronce que tanto te ha atormentado y la que planific¨® todo el plan para llevarte a este punto¡ªRespondi¨® el joven enmascarado con calma. ¡ª?Pero por qu¨¦ Helena quiso que yo llegara a este punto?, es decir: ?cu¨¢l era el plan de esta maga?, digo adem¨¢s de provocar que me matara a m¨ª mismo: ?Helena que ganar¨ªa haciendo todo eso?, realmente tal y como dijiste: No recuerdo haber conocido a esta persona, por lo que no estoy seguro de c¨®mo fue que termin¨¦ ofendi¨¦ndola al punto de que ella buscara arruinarme la vida con un plan tan engorroso¡ª Dijo Apolo lo que pensaba con la misma rapidez con la que lo estaba pensando, sac¨¢ndose la gran duda que hab¨ªa surgido en su coraz¨®n tras enterarse de esta trama oculta: En definitiva ¨¦l siempre hab¨ªa sido un noble bastante abstra¨ªdo de los asuntos de su familia y estaba bastante alejado de la l¨ªnea sucesoria. Por lo que Apolo no entend¨ªa por qu¨¦ motivo alguien lo tendr¨ªa como objetivo de un plan tan complejo como para que terminara suicid¨¢ndose sin siquiera ser consciente de que alguien o algo lo estaba empujando a ello. No obstante, ahora que estaba a unos pocos pasos de morirse, Apolo comprend¨ªa perfectamente bien que era bastante razonable pensar que fue empujado a cometer este tr¨¢gico acto y que no fue su propia decisi¨®n: Finalmente y con mucho sacrificio, ¨¦l hab¨ªa cumplido todos los pasos que su ancestro hab¨ªa marcado para iniciar el camino de un mago con el pie derecho. Lo l¨®gico es que tras haber hecho semejante esfuerzo, Apolo comenzara ese camino con una sonrisa orgullosa, no que decidiera mandar todo su trabajo por la borda de repente justo cuando ya hab¨ªa armado todos los preparativos para garantizar su ¨¦xito en el futuro, pese a ello esta cuesti¨®n tan l¨®gica, no le parec¨ªa tan l¨®gica al noble cuando hab¨ªa entrado en la ba?era con agua caliente. Sabiendo que hab¨ªa llegado el gran momento, el joven enmascarado se tom¨® su tiempo y explic¨® con calma las conclusiones a las cuales hab¨ªa llegado: ¡ªEs importante que entiendas que t¨² nunca la ofendiste: Helena lleg¨® al bosque negro busc¨¢ndote, o mejor dicho en principio la idea de la maga era capturar a uno de los descendientes de nuestra familia y traspasar su mente, en donde por un cruel acto del destino fuiste elegido como el objetivo de la maga. Ya habi¨¦ndose asegurado de trasplantar su mente, Helena se encarg¨® de que el anillo corrompiera tu mente para que el rey del bosque negro te mandara a la capital a convertirte en un mago. Como ya sabr¨¢s, la maga no se equivoc¨® y logr¨® predecir que el rey te mandar¨ªa a la capital buscando de tal manera encontrar alguna forma de que lograr¨¢s escapar de la evidente maldici¨®n del anillo. Una vez que te convertiste en un mago, el siguiente objetivo del anillo fue que su due?a original lograra hacerse con el control de tu cuerpo, de tal manera Helena lograr¨ªa dos grandes logros: En primer lugar, obtendr¨ªa el reconocimiento que tienen los magos de origen noble y en segundo lugar obtendr¨ªa los poderes regenerativos que tiene nuestra familia. Unauthorized tale usage: if you spot this story on Amazon, report the violation. ¡ªPero Helena nunca tom¨® el control de mi mente, ?o s¨ª?, quiero decir, ?yo sigo siendo yo?¡¡ªCuestion¨® Apolo bruscamente, impulsado por el miedo de sentir que hab¨ªa sido manipulado por otra persona hasta este punto, mientras miraba sus gigantescas manos con cautela, sintiendo su cuerpo m¨¢s ajeno que nunca. El joven enmascarado dio una pausa de silencio d¨¢ndole tiempo a que Apolo se tranquilizara, contempl¨® a la maga durmiendo por unos minutos y luego explic¨® en detalle su sabia opini¨®n de por qu¨¦ las cosas se desarrollaron de la forma en la que se hab¨ªan desarrollado: ¡ªEn principio la maga podr¨ªa haber tomado el control de tu cuerpo el mismo d¨ªa que traspas¨® su mente a tu cuerpo, pero de hacerlo nunca podr¨ªa haber escapado de las sospechas de los dem¨¢s miembros de tu familia. Adem¨¢s, si Helena no controlaba activamente tu mente y en su lugar decid¨ªa quedar en este estado de internaci¨®n, entonces t¨¦cnicamente figurar¨ªa como muerta en pr¨¢cticamente todos los m¨¦todos de comprobaci¨®n en el mundo y de tal forma podr¨ªa escaparse de un gigantesco problema. Tras muchos a?os el objetivo de Helena se hab¨ªa cumplido: T¨² llegaste a la capital y te convertiste en un mago, por lo cual ya no hab¨ªa familiares que sospecharan y el plan cambi¨®: El anillo ya no buscaba corromper t¨² mente para debilitarte, si no que en su lugar buscaba que el recipiente futuro de su due?a se fortaleciera, mientras que al mismo tiempo se concentraba en debilitar tu mente al punto de que aceptaras activamente tu propia muerte. Cuando ese punto llegara tu subconsciente se quebrar¨ªa y Helena tomar¨ªa el control de tu cuerpo de forma sencilla. Si todo hubiera salido seg¨²n su plan, tu destino ser¨ªa el mismo que la ac¨®lita a la cual conoc¨ªas como ?Helena?. ¡ª?Entonces por qu¨¦ la maga sigue durmiendo?, no deber¨ªa estar impaciente esperando a que finalmente pudiera cumplir su gran plan, ?o acaso esta vil maga est¨¢ por despertar en este momento y tendremos una batalla a muerte por el dominio de mi cuerpo?...¡ªCuestion¨® Apolo en voz baja temiendo que la maga despertara, recordando que actualmente se encontraba en una ba?era caliente esperando a la fr¨ªa muerte. ¡ª Pero por supuesto que no: ?Helena no despertar¨¢ jam¨¢s porque eres un genio, Apolo!¡ªExclam¨® el joven enmascarado en¨¦rgicamente, mientras apuntaba con su mano a Helena como dando una sentencia¡ªInconscientemente te diste cuenta del problema y dejaste que tu subconsciente lo solucionara. Pese a ello lo ¨²nico que no pudiste solucionar por el momento es el problema del anillo... ¡ª?Entonces Helena no despertar¨¢?¡ªPregunt¨® Apolo de inmediato ¡ªGracias a tu gran mente, la malvada maga no despertar¨¢ nunca, pero su anillo sigue estando y su poder es desconocido para los dos. Un genio como usted deber¨ªa entender las implicaciones de este problema, ?o no?¡ªRespondi¨® el joven enmascarado halagando de forma bastante exagerada al bruto noble, mientras se acercaba a la mujer durmiendo en la cama de piedra y sin decoro alguno le extra¨ªa el anillo de bronce. Apolo vio c¨®mo el joven enmascarado extend¨ªa la mano para buscar entregarle el anillo, por lo que Apolo activamente acept¨® el mismo y coment¨®: ¡ªS¨¦ que debo hacer, pero tengo una duda... ¡ªS¨ª, Apolo, t¨² ya sabes que debes hacer¡ªReafirm¨® el joven enmascarado, como si buscara asegurarse dejar clavado un clavo en un tabl¨®n¡ª?Cu¨¢l es tu duda?, ?es sobre el anillo?. Por desgracia no se nada acerca del anillo, as¨ª que no puedo responderte al respecto. ¡ªNo, mi duda es: ?Por qu¨¦ crees que Helena llev¨® adelante todo este plan?¡ªCuestion¨® Apolo, guard¨¢ndose el anillo en su bolsillo¡ªLa gran verdad es que el beneficio otorgado por ser un mago noble es bastante poco, por no decir que es insignificante si se consideran los riesgos de este plan. Realmente dudo mucho que alguien se tomara tantas molestias por un poco de reputaci¨®n y cristales. ¡ªMmm...¡ªMedit¨® el joven enmascarado con calma, al parecer tampoco estaba tan convencido de que todo esto fuera por reputaci¨®n, ya que al lograr convertirse en una archimaga lo l¨®gico ser¨ªa que Helena no sufriera de falta de reputaci¨®n en el imperio, por lo que la maga claramente no necesitaba depender del prestigio de la familia de Apolo¡ªEs una buena pregunta y supongo que ya sabes la respuesta. ¡ª?Diversi¨®n?¡ªPregunt¨® Apolo aturdido, claramente el joven noble no sab¨ªa la respuesta, por eso mismo es que se la hab¨ªa preguntado a esta especie de ?subconsciente? con el cual estaba hablando, el cual aparentaba ser sumamente sabio. ¡ªS¨ª, Diversi¨®n... y miedo: ?Mucho miedo!¡ªRespondi¨® el joven enmascarado, el cual claramente se hab¨ªa forzado m¨¢s de la cuenta para tratar de incluir la respuesta de Apolo en sus propias ideas¡ªElla estaba asustada por lo que sus sue?os le indicaban. Al punto que decidi¨® arriesgar su vida ejecutando este plan, tratando de cambiar el destino oscuro que sus sue?os le estaban profetizando. ¡ª?Cu¨¢l era este destino y c¨®mo es que sabes los sue?os que ten¨ªa Helena?¡ªPregunt¨® Apolo de inmediato, cautivado por la respuesta del joven enmascarado. ¡ªEl destino m¨¢s oscuro de todos los seres humanos es que pierdan lo que m¨¢s anhelan y esta mujer solo se preocupaba por su propia vida. En cuanto al motivo por el cual yo s¨¦ este secreto es f¨¢cil y es justamente: ?Porque sus traumas, son tus traumas!. Al mezclar sus mentes, por m¨¢s que intencionalmente la maga se mantuviera completamente inconsciente, parte de sus traumas se ve¨ªan reflejados en tus sue?os y es por eso que es f¨¢cil darse cuenta cu¨¢les fueron los motivos¡ªRespondi¨® el joven enmascarado con calma¡ªHelena durante a?os investig¨® las mentes humanas, por lo que claramente pudo descifrar el significado de sus sue?os. Eso llev¨® a la maga a descubrir algo que la asust¨® lo suficiente para llevar adelante este complejo plan, el cual probablemente inici¨® mucho antes de que su ac¨®lita perdiera el control sobre su cuerpo y Helena fingiera ser afectada por la maldici¨®n de Minos. ¡ªNo creo que tenga ning¨²n trauma que me asuste tanto como para desear apostar mi vida en semejante plan, y de hecho no recuerdo estar asustado por algo tan profundamente en mi vida¡salvo por el hecho de perder mi vida...o el anillo¡pero eso es un miedo que tiene cualquier humano y mucho m¨¢s cuando se adentra en un mundo desconocido, ?o no?¡ªReflexion¨® Apolo en voz alta, mientras trataba de recordar sus aventuras vividas en su infancia en busca de respuestas e ignoraba los detalles confusos en las explicaciones del enmascarado, como la vital pregunta: ?Qui¨¦n carajos era este tal Minos?. ¡ªClaro, est¨¢s en lo correcto, ya que por m¨¢s que compartas los traumas de la maga no los vives del mismo modo: En definitiva t¨² no eres Helena y nunca lo ser¨¢s, por lo que tu confusi¨®n al respecto del desconocimiento de este trauma es m¨¢s que razonable¡ªRespondi¨® el joven enmascarado con calma¡ªNo obstante, los signos de la existencia de este trauma son bastante f¨¢ciles de reconocer y estoy seguro de que alguien tan listo como vos los entender¨¢ cuando te recuerde los siguientes cuatro nombres: Deo¡ Eco¡ Thais¡ Helena¡ E157 -Derrumbe ¡ªDeo¡ Eco¡ Thais¡ Helena¡¡ªRepiti¨® Apolo mientras meditaba una respuesta; recordando que durante sus primeros d¨ªas en la capital hab¨ªa descubierto la identidad de estas personas. No obstante, esa informaci¨®n le hab¨ªa resultado de muy poca utilidad hasta este momento, por lo que el joven noble casi se la hab¨ªa olvidado. La gran realidad es que Apolo nunca pudo terminar de entender cu¨¢l era la importancia de estos cuatro nombres. Si bien en principio todas estas personas eran los ¨²nicos cuatro magos de la codicia registrados en el imperio, lo cierto era que Apolo sab¨ªa que ese t¨ªtulo no era nada m¨¢s y nada menos que una cuesti¨®n burocr¨¢tica dentro del imperio para indicar que tuviste un gran logro en dicho campo de estudio. Por lo que el joven nunca pens¨® que estos t¨ªtulos tuvieran demasiado significado adem¨¢s de para recibir m¨¢s patrocinios. No obstante, ahora Apolo ten¨ªa la suficiente informaci¨®n como para deducir que la Helena en esa lista era justamente la misma Helena que estaba durmiendo al frente de ¨¦l, y esta maga transmit¨ªa sus traumas repitiendo estos nombres hasta el hartazgo en sus sue?os, por lo que estos antiguos magos deb¨ªan estar simbolizando algo bastante importante para la maga que lo hab¨ªa estado manipulando todo este tiempo. ¡ªEntiendo que todas esas personas se dedicaron a estudiar lo mismo que la mujer que est¨¢ durmiendo, ?pero por qu¨¦ estos magos hab¨ªan traumado a tal punto a Helena?¡ªPregunt¨® Apolo descartando que el trauma de Helena fuera por los celos hacia estos magos y sus investigaciones, ya que en definitiva la maga los hab¨ªa superado al juntar los requisitos para cumplirse en una archimaga y no obstante el trauma segu¨ªa existiendo. ¡ªNi idea, ninguno de los dos sabemos la verdad...¡ªRespondi¨® el joven enmascarado¡ªPero s¨ª sabemos que Helena tem¨ªa a algo que le hab¨ªa ocurrido a todas estas personas y entend¨ªa que ella era la siguiente en la lista. Seg¨²n mi intuici¨®n este hecho fue el que termin¨® provocando que la maga se asustara lo suficiente como para organizar el complejo plan para tomar tu cuerpo. ¡ªSupongo que tal y como hab¨ªas mencionado, Helena busc¨® robar mi cuerpo para obtener la capacidad de regenerarse¡ªComent¨® Apolo entendiendo finalmente los objetivos de la maga¡ªProbablemente los otros tres magos de la codicia murieron de forma misteriosa en sus investigaciones, por lo que Helena supuso que con mi cuerpo podr¨ªa solucionar ese problema, y tras ello la maga podr¨ªa descubrir el gran secreto oculto en la magia de la codicia. ¡ªPodr¨ªa ser as¨ª o podr¨ªa no serlo...¡ªRespondi¨® el joven enmascarado mirando contemplativamente a la mujer acostada¡ªLa gran verdad es que no tenemos el tiempo para averiguarlo y por desgracia poder responder a esa pregunta tampoco te sacar¨ªa de la situaci¨®n cr¨ªtica en donde te encuentras: Recuerda que ahora mismo te est¨¢s muriendo y tienes una ¨²ltima misi¨®n que cumplir antes de que el tiempo se nos acabe. Enjoying the story? Show your support by reading it on the official site. ¡ª?No ser¨ªa mejor que me despertaras ahora mismo para que pueda curarme?, ?O no puedes hacer eso?¡ªPregunt¨® Apolo con preocupaci¨®n, record¨¢ndose a s¨ª mismo que a¨²n hab¨ªa que afrontar la realidad cuando este sue?o se acabara, lo cual por alg¨²n motivo siempre se le olvidaba. ¡ªJustamente: ?No puedo hacerlo y si lo hiciera no cambiar¨ªa nada, ya que yo no puedo deshacerme del gran ?problema? en tu vida!. Es por eso que tienes una ¨²ltima misi¨®n: ?Cuando la termines deber¨ªas poder despertarte, Apolo!¡ªRespondi¨® el joven enmascarado r¨¢pidamente y de forma algo improvisada; al parecer esa no eran las palabras que el enmascarado ten¨ªa planeado decir, pero aprovech¨® la idea de Apolo para acomodar su discurso. ¡ª??Cu¨¢l es la misi¨®n?!¡ªCuestion¨® Apolo con apuro, finalmente comprendiendo que su vida estaba dependiendo del ¨¦xito de esta misi¨®n. .¡ª?No me hab¨ªas dicho que sab¨ªas lo que ten¨ªas que hacer hace unos pocos minutos?. Bueno¡no te preocupes, lo entender¨¢s todo cuando llegues al lugar de la misi¨®n: ?Es f¨¢cil, s¨¦ que podr¨¢s hacerlo!¡ªRespondi¨® el joven enmascarado sac¨¢ndose el antifaz de plata, revelando que su rostro era exactamente id¨¦ntico al de Apolo¡ª?Ten, ponte el antifaz! ¡ªPero antes no terminaba de procesar el hecho de que me estoy por jugar la vida con esta misi¨®n, ?acaso de verdad no planeas decirme que es lo que tengo que hacer?¡ªPregunt¨® Apolo con miedo, recibiendo el antifaz que le estaba apoyando en el pecho con insistencia el joven id¨¦ntico a ¨¦l, como si buscara que se lo pusiera r¨¢pidamente. ¡ª?No tenemos tiempo, lo entender¨¢s cuando llegues al lugar!¡ªRespondi¨® el antiguo joven enmascarado mientras su cuerpo perd¨ªa el equilibrio y ca¨ªa al suelo. *Crush*...*Crush*...Inmediatamente Apolo se dio cuenta de que un terremoto estaba ocurriendo ahora mismo dentro de la gran habitaci¨®n y parecer¨ªa que en unos pocos minutos el mundo volver¨ªa a romperse exactamente igual a como pas¨® con el mundo de Tea. ¡ª?Y si fracaso?, ?y si no entiendo que es lo que tengo que hacer?, quiero decir tengo una leve idea de cu¨¢l ser¨¢ mi ¨²ltima misi¨®n, pero podr¨ªamos no estar pensando lo mismo¡ªCuestion¨® Apolo con apuro, mientras luchaba por no perder el equilibrio y caer al suelo que no paraba de temblar. ¡ª?Deja de dudar y ponte la maldita m¨¢scara, mocoso!¡ªChill¨® el antiguo joven enmascarado en el suelo distorsionando su voz en el proceso. Asustado por el grito repentino, Apolo mir¨® el antifaz en su mano y con todas las dudas del mundo procedi¨® a pon¨¦rselo en su rostro. Acto seguido, un destello verde llen¨® la visi¨®n del joven noble, impidiendo que Apolo pudiera observar lo que estaba ocurriendo en la habitaci¨®n, pese a que el ruido de la habitaci¨®n derrumb¨¢ndose le estaba dando una pista clara del futuro que le esperaba si no escapaba de este lugar a tiempo. E158 - Anillo Mientras luchaba contra la ceguera, Apolo sinti¨® como el ruido a su alrededor cambiaba y sent¨ªa como si hubiera pasado de estar en el medio de una casa a punto de derrumbarse, para en su lugar escuchar el ruido del agua chocando contra las rocas del ya cotidiano acantilado que siempre lograba encontrar en sus sue?os. El paso del tiempo posibilit¨® que el joven noble fuera recuperando su visi¨®n, permiti¨¦ndole ver la difusa imagen de los ¨¢rboles de corteza negra a su alrededor, remarc¨¢ndole al joven que ya no se encontraba en la mansi¨®n, sino que parecer¨ªa haber sido enviado al medio del bosque negro. Y para ser exactos, Apolo no fue enviado a cualquier parte del bosque negro, sino que por alguna misteriosa raz¨®n el hombre enmascarado lo hab¨ªa mandado justo al borde del dichoso acantilado. Por m¨¢s que todav¨ªa Apolo no pudiera ver con normalidad, el joven sent¨ªa que adem¨¢s de los ¨¢rboles en el borde del acantilado se encontraban dos ni?os pele¨¢ndose justo delante de ¨¦l; o al menos esa era la interpretaci¨®n que dedujo Apolo al ver como dos difusas sombras parec¨ªan estar peleando a unos pocos metros. El motivo por el cual el joven noble sab¨ªa que estas dos sombras no se trataban de animales silvestres era gracias a que logr¨® distinguir los gritos confusos de lo que aparentaban ser dos ni?os. Por desgracia el aturdido Apolo no pod¨ªa terminar de escuchar lo que se gritaban estos ni?os mientras peleaban, por lo que el noble se concentr¨® en recuperar su visi¨®n, para de dicha manera lograr comprender cu¨¢l era el motivo por el cual el joven enmascarado lo hab¨ªa mandado a este lugar. Finalmente, tras unos pocos segundos m¨¢s las dos sombras dejaron de gritar y repartirse golpes, al parecer uno de los ni?os hab¨ªa ganado y hab¨ªa dejado inconsciente al otro. Fue oportunamente en ese momento cuando Apolo se frot¨® los ojos por ¨²ltima vez para descubrir que su visi¨®n se hab¨ªa terminado de recuperar: Al frente de Apolo se encontraba un ni?o de pelo negro y ojos negros, por su nariz aguile?a y el anillo de oro en sus manos, Apolo sin muchas dudas pudo reconocer que este ni?o era su yo de la infancia. Por otro lado, el ni?o se encontraba mirando fijamente las manos de una ni?a completamente disecada, cuyo rostro era completamente irreconocible y aparentaba haber sido derretido por las llamas. Esta ni?a deb¨ªa ser la otra sombra con la cual el ni?o se hab¨ªa estado peleando mientras Apolo recuperaba su visi¨®n, y por el estado de su cuerpo todo parecer¨ªa indicar que esta ni?a acababa de ser asesinada por el ni?o. Apolo se percat¨® de que el ni?o estaba demasiado enfocado en el cad¨¢ver de la ni?a como para notar su presencia, por lo cual el asesino permaneci¨® ignor¨¢ndolo mirando entre jadeos de cansancio el producto de sus viles actos. Antes de que pudiera comentarle algo al aturdido ni?o, el joven noble con una extra?a sensaci¨®n de familiaridad vio con sus propios ojos como cuando el ni?o trat¨® de acercarse a las manos de la ni?a disecada en el suelo, el cad¨¢ver de la v¨ªctima levant¨® lentamente su cabeza para quedarse mirando fijamente a su asesino. El ni?o asustado mir¨® a los ojos derretidos en el rostro de la ni?a disecada y observ¨® como de sus ya irreconocibles labios sal¨ªan las siguientes cuatro palabras: ¡ªTe¡ Lo¡ Regalo¡ Apolo Tras decir esas cuatro palabras, el cuerpo de la ni?a perdi¨® su fuerza y cay¨® s¨²bitamente contra el piso del bosque. Provocando que el ni?o comenzara a llorar desconsoladamente, mientras miraba c¨®mo el peque?o y esquel¨¦tico cuerpo de la que alguna vez fue su amiga se empapaba con sus l¨¢grimas. If you stumble upon this tale on Amazon, it''s taken without the author''s consent. Report it. ¡ªEsto ya lo viv¨ª...¡ªRecord¨® Apolo en voz alta mirando al ni?o llorando desconsoladamente, provocando que el mocoso llorando se diera la vuelta de inmediato para mirar a Apolo de forma asustada. Al notar la presencia del desconocido, el ni?o con las piernas tambaleantes se coloc¨® delante del cad¨¢ver de la ni?a y extendi¨® sus manos, tratando de impedir que la visi¨®n de Apolo atinara con la muerta. Sinti¨¦ndose algo avergonzado por recordar haber tratado de ocultar el cad¨¢ver de la misma forma idiota que lo hac¨ªa este ni?o en el pasado, Apolo inconscientemente levant¨® su mano para golpearse la frente. Pero cuando el joven noble se toc¨® su ruborizado rostro, descubri¨® que el familiar antifaz de plata hab¨ªa aparecido de repente; Apolo pod¨ªa jurar que mientras se frotaba los ojos buscando recuperar su visi¨®n nunca lo hab¨ªa sentido. Aun as¨ª, el noble sab¨ªa bien que su tacto no lo enga?aba y sus dedos en este momento se encontraban sintiendo el fr¨ªo metal del antifaz. ¡ª?Qui¨¦n eres? ¡ªPregunt¨® el ni?o asustado, al notar el silencio de Apolo. ¡ªMmm...¡ªMedit¨® Apolo con cuidado mientras observaba los desconfiados ojos del ni?o: El joven noble sab¨ªa que estaba en una misi¨®n y viendo la escena que acababa de ocurrir, Apolo cre¨ªa que entend¨ªa que es lo que deb¨ªa hacer a continuaci¨®n para cumplir la misi¨®n. Pero, por otra parte, Apolo entend¨ªa que dada la situaci¨®n cr¨ªtica en la realidad era de suma importancia no fallar a la hora de comunicarse con este ni?o. ¡ª?Yo no quise hacer esto, te lo juro! ¡ªGrit¨® el ni?o con desesperaci¨®n no pudiendo soportar m¨¢s el silencio incriminador del hombre que lo acechaba en la distancia, mientras buscaba el anillo de bronce de la mano de la ni?a, pero por m¨¢s que buscaba no pod¨ªa encontrarlo por ninguna parte, sin embargo, el ni?o continu¨® su explicaci¨®n mientras segu¨ªa buscando a¨²n m¨¢s desesperadamente¡ª ?La culpa es del anillo!, ?Todo es su culpa!, ?Yo nunca le har¨ªa esto a Helena! ?Lo juro, yo¡! Cuando Apolo sinti¨® que el ni?o estaba a punto de volver a hablar, con calma meti¨® su mano en el bolsillo, poniendo en alerta al ni?o y provocando que detuviera su idea de seguir buscando el anillo. Pese a la desconfiada mirada del asesino, Apolo se concentr¨® en lo que sus dedos estaban sintiendo ahora mismo, pues en su bolsillo a¨²n se encontraba el anillo de bronce que el hombre enmascarado le hab¨ªa sacado a la maga durmiente. Con lentitud, Apolo procedi¨® a sacar el anillo de su bolsillo y se lo present¨® al ni?o mientras preguntaba con la misma lentitud con la que se hab¨ªa estado moviendo: ¡ª?Buscabas esto, Apolo? ¡ª?S¨ª, todo es culpa de ese anillo!¡ªGrit¨® el ni?o de inmediato, mientras miraba con aturdimiento a Apolo, sin comprender c¨®mo es que este hombre extra?o hab¨ªa sacado el anillo de Helena de su bolsillo; sin embargo, los nervios de la situaci¨®n le imped¨ªan pensar con normalidad¡ª?Debes creerme, yo no quise matar a Helena! ¡ªTe creo...¡ªMurmur¨® Apolo mirando el cad¨¢ver de la ni?a. Si bien esta escena le generar¨ªa bastante pena a cualquier persona, lo cierto es que en estos momentos bajo el antifaz de plata se ocultaban dos ojos llenos de odio. Pues el noble sab¨ªa que todo este sufrimiento que estaba viviendo ahora mismo el ni?o era parte del gran plan de una maga que por el capricho del destino lo hab¨ªa puesto en su ba¨²l de juguetes para moldear su vida a su antojo hasta cumplir sus egoc¨¦ntricos planes. E159 - Como ¡ª?Me crees?!¡ªReplic¨® el ni?o sorprendido ¡ªMe ser¨ªa complicado no hacerlo...¡ªRespondi¨® Apolo ir¨®nicamente mirando a su yo del pasado con bastante consternaci¨®n: muchas veces uno est¨¢ tentado a reflexionar acerca de qu¨¦ te dir¨ªas a ti mismo si tuvieras la oportunidad de viajar al pasado y si bien las respuestas eran variadas, todo terminaba en el comienzo del planteo; ya que era imposible hacerlo y esta cruel regla del destino segu¨ªa sin romperse en este mundo, pues por desgracia para el joven noble esto no era m¨¢s que un simple sue?o. No obstante, la extra?eza de la situaci¨®n en donde Apolo se encontraba lo hab¨ªa llevado a este punto en donde realmente ten¨ªa que al menos fingir que pod¨ªa hacerlo. Lo primero que se le ocurri¨® a Apolo era rega?arse a si mismo dici¨¦ndole al ni?o lo que se hab¨ªa estado diciendo a si mismo en su mente desde que descubri¨® la verdad: ?No seas tan idiota de dejar que esa puta se salga con la suya, ve, sal de la ba?era y mira con una sonrisa el sol del nuevo d¨ªa iluminado otro hermoso d¨ªa de vida? Pero tal vez y solo tal vez en la mente de Apolo eso era algo que era mejor decirse a s¨ª mismo y no a¨²n ni?o asustado que no entend¨ªa qu¨¦ es lo que le estaba ocurriendo ahora mismo, o porque era que las cosas siempre se escapaban de su control y terminaban de esta manera. Si planteaba el asunto desde la perspectiva de este ni?o o mejor dicho desde la perspectiva con la cual miraba las cosas en el pasado, entonces lo m¨¢s probable es que las palabras que el joven noble quisiera escuchar en estos momentos ser¨ªan otras, como por ejemplo: ¡ªAunque lamentablemente fueron tus manos las que mataron a tu amiga: ?O me equivoco, muchacho? ¡ªNo, no fui yo, fue el anillo, ?Yo jam¨¢s le har¨ªa nada a Helena!¡ªRespondi¨® de inmediato el asesino ¡ª?Y qu¨¦ tal si te dijera que tienes raz¨®n?¡ªPregunt¨® Apolo aturdiendo al ni?o ¡ª?C¨®mo?¡ªRespondi¨® de inmediato el ni?o ¡ª?Qu¨¦ tal si todo esto no ocurri¨® y no es m¨¢s que un simple sue?o, una pesadilla de la cual debes despertarte para comenzar todo de nuevo?¡ªPregunt¨® Apolo mientras jugaba con el anillo en su mano. ¡ª?Esto es un sue?o?¡ªPregunt¨® el ni?o aturdidamente, pero por alg¨²n motivo esas palabras retumbaron m¨¢s de la cuenta en su mente y comenz¨® a mirar a Apolo con extra?eza. ¡ªPodr¨ªa serlo, como tambi¨¦n podr¨ªas estar en la realidad, o incluso podr¨ªa ser la imaginaci¨®n de alguien m¨¢s. Por ejemplo, tal vez este sea mi sue?o y t¨² no existas. O capaz, la situaci¨®n sea a¨²n m¨¢s graciosa, siendo el caso que ninguno de los dos existamos y ya estemos muertos hablando entre los dos para despedirnos mientras que todo esto es en realidad la imaginaci¨®n de un tercero: qui¨¦n sabe...¡ªRespondi¨® Apolo con una sonrisa anormalmente ancha e ir¨®nica, mientras apreciaba el inc¨®modo tacto del metal oxidado rozando sus manos, el cual por alg¨²n motivo incluso llegado a este punto de la historia le era complicado rehusarse a dejar de sentirlo. ¡ªSi esto es un sue?o quiero despertarme, quiero volver a estar en mi cuerpo, en el castillo con mi familia, poder salir a jugar con Helena nuevamente: ?No quiero que esto sea real!¡ªRespondi¨® el ni?o de inmediato sin darle tantas vueltas al asunto. ¡ªPero me temo que el anillo seguir¨ªa estando, solo despertar¨¢s y mirar¨¢s las piedras en el techo de tu habitaci¨®n, con felicidad te encontrar¨¢s con tu amiga y saldr¨¢s a jugar con ella por el bosque, ¨²nicamente para que el anillo logre que este sue?o se transforme en una realidad de la cual por desgracia no podr¨¢s escapar nunca¡ªRespondi¨® Apolo sin dejar de ver el diminuto anillo en sus gigantescas manos. ¡ªNo, eso no ocurrir¨¢, voy a escapar de este destino, ?porque cuando despierte voy a destruir el anillo!¡ªRespondi¨® el ni?o r¨¢pidamente con una preocupaci¨®n no escondida en su infantil tono de voz. ¡ªQu¨¦ f¨¢cil es decirlo y que tan complicado es hacerlo, pero por m¨¢s tristeza que me cause dec¨ªrtelo: La gran realidad es que t¨² no puedes destruir el anillo, o mejor dicho t¨² no quieres hacer eso, Apolito...¡ªComent¨® Apolo mirando la desagradable baratija en su mano con amargura y angustia, por mucho que el joven noble lo odiara desde lo m¨¢s profundo de su alma, ¨¦l sab¨ªa desde el fondo de su coraz¨®n que realmente no pod¨ªa deshacerse de este cachito de metal oxidado del tama?o de un guijarro. This novel''s true home is a different platform. Support the author by finding it there. ¡ª?Claro que puedo hacerlo!. ?Dame el anillo y lo destruir¨¦ ahora mismo!¡ªRespondi¨® el ni?o acerc¨¢ndose a Apolo, para luego extender su mano hacia el desconocido pidiendo el anillo oxidado. ¡ªOjal¨¢ las cosas fueran tan simples, ojal¨¢ realmente me equivocara y sobre todas las cosas: ?Ojal¨¢ que pudieras hacerlo, Apolito!. Pero te conozco m¨¢s de lo que crees y por desgracia s¨¦ que te es imposible deshacerse del anillo de bronce: lo necesitas m¨¢s de lo que crees¡ªRespondi¨® Apolo notando la insistencia del ni?o para pedirle el anillo, no obstante el joven noble no parec¨ªa tener ninguna intenci¨®n de entregar la baratija oxidada. ¡ª?Por qu¨¦ no me lo das?¡ªPregunt¨® el ni?o mirando al gigante con desagrado. ¡ª?Porque no puedo, porque no quiero!¡ªGrit¨® Apolo con enojo¡ªNo crees que es cruel que te pase esta carga, no crees que es mejor que la cargue yo, as¨ª al menos t¨² puedes librarte de ella. Falta poco para que la historia termine, demasiado poco, Apolito. Y cuando todo esto termine finalmente ser¨¢s libre de este cruel anillo, el cual como escritor despiadado manipul¨® los hilos de tu vida hasta este momento. No obstante, cuando la historia termina, ya no hay escritor que controle a los personajes y es entonces cuando sus desechables mu?ecos pueden sonre¨ªrle a la libertad que tanto a?oraban. Asustado por los gritos repentinos, el ni?o retrocedi¨® unos pasos, no obstante al retroceder esos pasos se acerc¨® al cad¨¢ver de su amiga el cual le recordaba que no habr¨ªa un final feliz en esta historia si no pod¨ªa deshacerse del anillo. Buscando la valent¨ªa escondida en su joven coraz¨®n, el ni?o se arm¨® de valor y se acerc¨® nuevamente a Apolo y extendi¨® su mano para pedirle el anillo: ¡ªVez que ten¨ªa raz¨®n, ese anillo saca lo peor de nosotros mismos, ?tenemos que deshacernos de esa basura!¡ªGrit¨® el ni?o tomando coraje con su propio grito. ¡ªComo ya te dije: ?S¨¦ que tienes raz¨®n!, ?Pero tambi¨¦n s¨¦ que no puedes deshacerte del anillo!¡ªExclam¨® Apolo alejando la mano del ni?o de un manotazo mientras volv¨ªa a guardarse el anillo en su bolsillo. ¡ª?Si no me lo das, como es que vas a saber qu¨¦ es lo que voy a hacer con el anillo!¡ªGrit¨® el ni?o, haci¨¦ndole caso omiso al manotazo del gigante para volver a extender su mano en reclamo de la baratija. ¡ªPorque somos la misma persona: ?Claro que s¨¦ que no puedes hacerlo, si yo mismo no puedo lograrlo, Apolito!¡ªGrit¨® Apolo con todo su pulm¨®n mirando con asco la mano extendida del ni?o. ¡ª?No dijiste que todo esto era un sue?o?¡ªPregunt¨® el ni?o sacando de tema al joven noble. ¡ªS¨ª, es un sue?o, t¨² no existes y dentro de poco yo tampoco¡ªRespondi¨® Apolo toscamente, aceptando el hecho de que estaba por morir con m¨¢s naturalidad de lo que le gustar¨ªa. ¡ª?Entonces tambi¨¦n crees que es imposible que me deshaga del anillo en un sue?o?¡ªPregunt¨® el ni?o insistiendo con su mano. ¡ªDe nada servir¨ªa, despertar¨¦ y no podr¨¦ hacer nada para cambiar las cosas en la realidad¡ªRespondi¨® Apolo desgastadamente. ¡ª?Al menos d¨¦jame so?ar que lo logro!¡ªRespondi¨® el ni?o chocando su mano extendida contra el pecho de Apolo pidiendo nuevamente el anillo. ¡ª...¡ªApolo permaneci¨® en silencio y volvi¨® a ponerse la mano en el bolsillo, entendiendo que nada cambiar¨ªa tomara la decisi¨®n que tomara, que todo esto era un sue?o y no ten¨ªa sentido alguno seguir discutiendo con un ni?o en su ¨²ltimo sue?o, por todo esto el joven noble decidi¨® sacar de su bolsillo el anillo de bronce y con lentitud lo coloc¨® arriba de la peque?a mano del ni?o dejando que la baratija cayera sobre su palma. El ni?o tom¨® el anillo de bronce en su mano y lo puso delante de sus ojos para apreciarlo con cuidado como si buscara apreciar en toda su gloria la belleza de este peculiar anillo de bronce oxidado. ¡ªComo te hab¨ªa dicho, simplemente no...¡ªTrat¨® de decir Apolo, pero sus palabras fueron interrumpidas abruptamente por lo que acababa de ocurrir delante de sus ojos. Cuando Apolo comenz¨® a hablar el ni?o dej¨® de mirar el anillo y como si estuviera esperando la oportunidad para cerrarle la boca al joven noble, cerr¨® su pu?o con fuerza y arroj¨® el anillo por el acantilado, haciendo que Apolo lo mirara fijamente como si lo que acababa de ocurrir fuera una aberraci¨®n de la naturaleza: Un hecho tan imposible que incluso en su lecho de muerte el noble se negaba a pensar que realmente podr¨ªa ocurrir. ¡ª??C¨®mo lo hiciste?!¡ªChill¨® Apolo tomando al ni?o de sus ropas grises y levant¨¢ndolo un metro en el aire hasta que sus visiones se encontraran¡ª?Como mierda lograste deshacerte del anillo, resp¨®ndeme, mocoso! ¡ª?So?¨¢ndolo!¡ªGrit¨® el ni?o con todo su pulm¨®n provocando que su saliva empapara el rostro de Apolo mientras una sonrisa anormalmente ancha se formaba en su rostro. Inmediatamente, el ni?o estir¨® su mano y de un manotazo arrebat¨® el antifaz de plata colocado en el rostro de Apolo. Antes de que el joven noble pudiera reaccionar, el mocoso se hab¨ªa colocado el antifaz de plata en su rostro, provocando que un gran destello de luz verde segara completamente la visi¨®n de Apolo. E160 -Clink Apolo abri¨® los ojos de golpe y observ¨® los tablones de madera en el techo de la habitaci¨®n, para su sorpresa su visi¨®n no estaba segada por la luz verde como las anteriores veces que hab¨ªa visto el destello verde. No obstante, era m¨¢s importante a¨²n el hecho de que estas maderas eran id¨¦nticas a las que se pod¨ªan ver en el techo de la mansi¨®n. Y efectivamente las ideas que pasaban por su cabeza en estos momentos no eran divagaciones, ya que la sensaci¨®n del agua caliente envolviendo su cuerpo le record¨® a Apolo que finalmente hab¨ªa logrado despertar del sue?o infinito que hab¨ªa estado experimentando. Ahora mismo, el joven noble se encontraba reposando desnudo en una ba?era que segu¨ªa llen¨¢ndose junto a todas las dem¨¢s ba?eras del ba?o, al parecer Apolo hab¨ªa pasado un tiempo considerable dentro del sue?o, dado que todas las ba?eras estaban rebalsando de agua. Mientras que el piso del ba?o estaba inundado de agua y la misma se escapaba constantemente escurri¨¦ndose por los espacios entre los tablones de madera del piso. Por otro lado, si bien la habitaci¨®n estaba llena de vapor producido por el agua caliente que sal¨ªa de los cristales en las ba?eras, a¨²n pod¨ªa distinguirse vagamente la ubicaci¨®n de las dem¨¢s ba?eras y la puerta de la habitaci¨®n. Luchando contra el aturdimiento, Apolo mir¨® todo el ba?o hasta que finalmente divis¨® la puerta de madera. Al ver la salida hacia la salvaci¨®n, el joven record¨® que ten¨ªa que levantarse de esta ba?era para curarse si quer¨ªa salir con vida de esto, pero por desgracia al tratar de salir del agua de la ba?era, Apolo se dio cuenta de que su cuerpo no le respond¨ªa con normalidad: ?No ten¨ªa la fuerza para levantarse! Si bien el cuerpo de Apolo no mostraba ning¨²n cambio abrupto debido a la peste azul que estaba infectando su cuerpo, la enfermedad silenciosa y r¨¢pidamente se hab¨ªa extendido por todas sus extremidades y ahora el joven noble solo pod¨ªa mover su cuerpo con la velocidad de una tortuga paral¨ªtica. El joven trat¨® de levantarse de la ba?era apoy¨¢ndose en su borde, pero se dio cuenta de que por m¨¢s fuerza que pusiera su cuerpo no parec¨ªa responderle y sus m¨²sculos ¨²nicamente se tensaban, pero no lo levantaban: todo su cuerpo parec¨ªa estar oxidado y las pocas se?ales que mandaba su cerebro a sus extremidades eran completadas a medias, poniendo al joven contra las cuerdas en esta batalla entre la vida y la muerte. Entendiendo que no hab¨ªa manera alguna de que con este estado pudiera llegar hasta los ¨¢rboles en el patio de la mansi¨®n, Apolo procedi¨® a llevar a cabo el plan B: ¡ª?Zoe, ven a buscarme, Zoe!¡ªGrit¨® Apolo, pero su voz sali¨® menos fuerte que un murmullo de lo debilitado que estaba. Pese a ello, la gururi verde deber¨ªa poder escucharlo independientemente de la distancia, ya que todo ocurr¨ªa por arte de magia. Los segundos pasaron y Apolo desesperadamente not¨® que Zoe no hab¨ªa aparecido por ning¨²n lado y solo lo rodeaba la espesa neblina provocada por el vapor del agua. ¡ªZoe, por mis ancestros: ??Qu¨¦ no puedes ver que tu maestro se est¨¢ muriendo?!...*coff*...*coff*...¡ªExclam¨® Apolo con todas sus fuerzas, pero sus palabras de poco sirvieron m¨¢s que para provocarle una gran incomodidad en la garganta que produjo que tosiera energ¨¦ticamente. *coff*...*coff*....*coff*.... Tras toser involuntariamente por unos segundos, el joven noble mir¨® con los ojos bien abiertos como su mano estaba manchada con su propia sangre; sin embargo, el mayordomo de esta mansi¨®n no aparec¨ªa por ning¨²n lado para rescatarlo. ¡ªMierda...*coff*...*coff*...¡ªMaldijo Apolo mirando entre tosidos a su alrededor con desesperaci¨®n, al darse cuenta del gigantesco problema donde se encontraba. Zoe no estaba viniendo a rescatarlo y por desgracia el joven noble entend¨ªa el motivo por el cual esto estaba ocurriendo¡ªLa infeliz no puede reconocerme estando desnudo, como mierda puede ser tan idiota: llevamos...*coff*...*coff*... meses juntos...*coff*...*coff*... ?Tu estupidez me va a matar, feto in¨²til! Pero Apolo sab¨ªa que de nada serv¨ªa sus maldiciones: Zoe no lo reconocer¨ªa como su maestro a no ser que agarre la toga y se la ponga. No obstante, el gran problema radicaba en que el joven noble hab¨ªa dejado su ropa tirada en el medio de la habitaci¨®n antes de entrar en la ba?era. Sin tener la fuerza para levantarse de la ba?era, al joven le era imposible llegar a la toga y cambiarse para pedir ayuda. No obstante, hab¨ªa que intentarlo: ?Apolo no ten¨ªa otra opci¨®n! El joven coloc¨® sus manos nuevamente en la ba?era y trat¨® de levantar su cuerpo, pero los m¨²sculos de su brazo siguieron traicion¨¢ndolo y no le respondieron como ¨¦l ped¨ªa, por lo que el joven solo se qued¨® agarrando fuertemente la ba?era hasta romper sus bordes. Viendo que le era imposible, lograr las cosas con normalidad, Apolo trat¨® desesperadamente de seguir agarrando los bordes de la ba?era para romperlos como lo hab¨ªa hecho anteriormente, por suerte el joven s¨ª pudo hacer eso y en unos minutos hab¨ªa logrado romper lo suficiente el borde de la ba?era como para que su cuerpo pudiera caer al suelo del ba?o. This novel''s true home is a different platform. Support the author by finding it there. El muchacho trat¨® de arrastrarse usando sus manos, pero no funcion¨® como ¨¦l esperaba y sus instrucciones ¨²nicamente provocaban que sus dedos traspasaran los tablones de madera en el suelo con tosquedad. Pese a que todo indicaba que los ancestros lo hab¨ªan abandonado y el destino le estaba jugando una mala pasada en el peor momento posible, Apolo se las ingeni¨® para usar su pera para arrastrarse por el suelo, al parecer por suerte los m¨²sculos en su cabeza le respond¨ªan con normalidad por el momento. Arrastr¨¢ndose como un gusano apoy¨¢ndose con su pera, el moribundo lleg¨® hasta la toga negra ubicada en el medio del piso del ba?o. Al llegar, el joven noble trat¨® de lograr meter sus manos por el interior de la toga, pero la tarea le result¨® imposible y en vez de darle la salvaci¨®n a?orada, solo termin¨® convocando a la desgracia, puesto que en el proceso de tratar de colocarse la prenda el moribundo termin¨® partiendo la toga por la mitad. *Coff*...*Coff*...*Coff*... Al ver que su salvaci¨®n era partida al medio por sus propios brazos in¨²tiles, el joven noble llor¨® desesperadamente hasta que sus ojos se volv¨ªan rojos de la frustraci¨®n, mientras tos¨ªa desenfrenadamente manchando el piso mojado del ba?o con sangre. Ya no hab¨ªa nada que pudiera hacerse y en la mente del moribundo no exist¨ªa un plan C: Apolo estaba condenado a morir miserablemente en el piso de su ba?o estando a unos pocos metros de su salvaci¨®n. Pero pese al inminente destino tr¨¢gico, no hab¨ªa tristeza reflejada en los ojos de Apolo, sino que en su lugar pod¨ªa verse una profunda frustraci¨®n provocada por el hecho de saber que la maga que hab¨ªa estado jugando con su vida desde que era un mocoso finalmente terminar¨ªa sali¨¦ndose con la suya y lograr¨ªa acabar con su vida. La ¨²nica alegr¨ªa en el coraz¨®n del joven noble en este cruel momento era saber que al menos Helena tambi¨¦n ser¨ªa arrastrado a la muerte con ¨¦l: Ella nunca podr¨ªa volver a despertar y nunca podr¨ªa tomar el control de su cuerpo. Al final, ella, la culpable de todo, hab¨ªa terminado siendo igual de perdedora que el joven que se revolcaba entre l¨¢grimas en el suelo en este momento. Por fortuna, el destino era cruel para aquellos que hab¨ªan sido crueles, por lo que Apolo no goz¨® de una muerte r¨¢pida y tuvo el suficiente tiempo como para cansarse de llorar y toser en el suelo. El tiempo como para aceptar lo inevitable y mirar el techo del ba?o con la mente en blanco, viendo a su vida misma pasar ante sus ojos. Pero lamentablemente la vida que miraba el moribundo s¨®lo le produc¨ªa que m¨¢s l¨¢grimas salieran de sus enrojecidos ojos, pues realmente fue una mala vida: ?Una terrible vida! Toda su vida gir¨® alrededor de una obsesi¨®n que para colmo termin¨® en el peor desenlace posible: La gran felicidad inicial de saber que nunca mat¨® a Helena se transform¨® en la frustraci¨®n de saber c¨®mo nunca hab¨ªa podido matar a Helena, y la gran tristeza de sentir como la mentira que por a?os se malgast¨® en negar in¨²tilmente se transform¨® en una realidad que result¨® ser desgraciadamente falsa. Apolito vivi¨® toda su vida para y por descubrir una verdad que nunca hab¨ªa existido y al final de todo el todopoderoso tiempo, ese dios cruel al cual tanto hab¨ªa alabado hasta el hartazgo, solamente le hab¨ªa otorgado la tortura de poder meditar todo este asunto hasta el hartazgo. Cada segundo que Apolo miraba el techo del ba?o ahora mismo parec¨ªa una eternidad. El joven resignado con la vida solamente quer¨ªa que el gran dios despiadado dejara de torturarlo para finalmente darle su merecido descanso: Apolito ya no quer¨ªa m¨¢s vueltas, no quer¨ªa m¨¢s sue?os extra?os y sobre todas las cosas no quer¨ªa volver a ilusionarse con la posibilidad de cambiar su vida para ver c¨®mo todo se iba al carajo por los caprichos del destino. Era la desgracia del desafortunado o tal vez el triste final meritorio de un joven de mal coraz¨®n. Fueron unos pocos minutos o tal vez horas, pero lo cierto es que la fortuna de Apolo se hab¨ªa agotado y desgraciadamente logr¨® despertar de ese bizarro sue?o cuando ya era demasiado tarde como para que pudiera cambiar el tr¨¢gico acontecimiento que estaba a punto de sucederle: Lamentablemente, el tiempo caprichosamente lo hab¨ªa dejado sin tiempo cuando m¨¢s lo necesitaba y parad¨®jicamente le dio todo el tiempo del mundo cuando este ya le era in¨²til. O al menos estas fueron las ¨²ltimas divagaciones del moribundo Apolo, hasta que la vida lleg¨® y de un baldazo de agua fr¨ªa le quebr¨® la mente nuevamente: *Clink*...Un sonido simple, d¨¦bil y a su vez m¨¢s fuerte que mil explosiones acababa de ser escuchado por Apolo, provocando que con los ojos bien abiertos el moribundo mirara como un lun¨¢tico hacia una direcci¨®n en particular del ba?o. Mientras su delirante cerebro terminaba de procesar como est¨²pidamente una sola palabra marchaba con alegr¨ªa desde su frente hasta su nunca haciendo vibrar toda su cabeza. La palabra en cuesti¨®n era ni m¨¢s ni menos que: ?Milagro!, y efectivamente un milagro es lo que hab¨ªa ocurrido, puesto que la puerta del ba?o se hab¨ªa abierto. E161 - Milagros Anonadado por el milagro que estaba contemplando con sus ya cansados ojos, Apolo vio por unos segundos a las dos criaturas que abr¨ªan la puerta: eran ni m¨¢s ni menos que Aquiles y Nicol¨¢s, los cuales en estos momentos parec¨ªan ser las criaturas m¨¢s hermosas del mundo en los ojos del noble moribundo. Desde el otro lado de la historia, los dos gururis rosados se encontraban mirando al joven tirado en el suelo en silencio, en sus manos Aquiles cargaba una mu?eca completamente irreconocible dado a qu¨¦ parec¨ªa haber sido rescatada de un incendio, la cual no era cualquier mu?eca: ?Era la mism¨ªsima princesa Lorena! Al parecer la trama oculta de esta historia se encontraba en que la princesa Lorena o alguno de los muebles de la mansi¨®n se las ingeni¨® para advertir a los dos gururis rosados acerca de la desesperada situaci¨®n por la cual estaba pasando el maestro de esta estancia y siguiendo la advertencia los dos gururis hab¨ªan acudido al rescate. ¡ª??Por qu¨¦ se quedan mir¨¢ndome ,manga de mocosos in¨²tiles?!...*Coff*...*Coff*... Ll¨¦venme al ¨¢rbol m¨¢s cercano, ?qu¨¦ no ven que no puedo moverme?...*Coff*...*Coff*...¡ªChill¨® Apolo con violencia mirando como los dos gururis se quedaban parados en la puerta sin reaccionar. ¡ª?Pero c¨®mo lo hacemos?, ?pesa demasiado!¡ªExclam¨® Nicol¨¢s mirando al gigantesco cuerpo de Apolo desnudo en el suelo. ¡ª?Hagan lo que sea necesario, pero h¨¢ganlo ahora, carajo!..*Coff*...*Coff*...¡ªGrit¨® Apolo mientras su rostro se pon¨ªa rojo como un tomate de tanto luchar contra la tos. ¡ª?Tu toma la pierna izquierda, yo tomo la pierna derecha!¡ªDijo Aquiles sin dar muchas explicaciones, mientras dejaba la mu?eca en el suelo. Escuchando la idea de Aquiles, los dos gururis corrieron para tomar a Apolo de cada pierna y comenzaron a arrastrarlo por el suelo de madera hacia la salida. Lejos de molestarse por la forma brusca en la que era arrastrado, Apolo sonri¨® como un idiota mientras sent¨ªa como su espalda tragaba astilla tras astilla de madera como si de un manjar de los dioses se tratase: ?El malnacido se hab¨ªa salvado! Unos minutos pasaron y los gururis con esfuerzo lograron arrastrar a Apolo por los pasillos hasta llegar a las escaleras de la mansi¨®n, para luego quedar mir¨¢ndose la gran cantidad de escalones que ten¨ªan que descender. This story has been taken without authorization. Report any sightings. ¡ª?Qu¨¦ mierda pasa, porque se detienen?¡ªpregunt¨® Apolo con esfuerzo y bastante enojo. ¡ªSon muchos escalones y sinceramente no creemos que termine bajando con vida si lo arrastramos por ac¨¢¡ªDijo Nicol¨¢s con sinceridad. ¡ªNo me arrastren...*Coff*...*Coff*... H¨¢ganme rodar de costado por los escalones y det¨¦nganme cada pocos escalones...*Coff*...*Coff*...¡ªRespondi¨® Apolo encontrando r¨¢pidamente una soluci¨®n para lidiar con este problema. Tras escuchar la idea, los dos gururis dieron vuelta al inmovilizado Apolo y se pusieron delante de ¨¦l, con lentitud lo fueron rodando por los escalones pelda?o a pelda?o hasta que finalmente llegaron al piso. Lamentablemente la mansi¨®n era demasiado grande, por lo que el resto de criados no pod¨ªa sentir el ruido, en cuanto a Zoe podr¨ªa decirse que no estaba dispuesta a involucrarse en las aventuras de los gururis rosados, tal y como Apolo le hab¨ªa advertido que hiciera. Es por eso que Nicol¨¢s y Aquiles no lograron recibir alguna mano extra para completar la tarea hasta que la terminaron. Finalmente, tras ser arrastrado unos cuantos metros m¨¢s, Apolo pudo ver el gran ¨¢rbol en medio de la rotonda que daba entrada a la mansi¨®n. El joven noble trat¨® de decirle a los dos gururis que buscaran otro ¨¢rbol, ese era justamente el ¨¢rbol m¨¢s bonito de la mansi¨®n y tambi¨¦n el m¨¢s importante del patio. Pero para su desgracia su estado a estas alturas era deplorable, no tanto por la peste azul que lo matar¨ªa dentro de poco, sino por la cantidad de golpes en la cabeza que hab¨ªa recibido al bajar los escalones. Sin poder decir ninguna palabra, Apolo sinti¨® como los dos gururis rosados lo arrastraban hasta al gigantesco ¨¢rbol. Al llegar a la rotonda que daba entrada a la mansi¨®n, los dos gururis rosados lo soltaron a unos pocos metros del ¨¢rbol y se alejaron con cautela. Por suerte la paranoia constante del joven noble hab¨ªa terminado por provocar que les ense?ara a las dos criaturas qu¨¦ hacer en caso de que se lastimara, por lo que los dos gururis sab¨ªan que no pod¨ªan estar toc¨¢ndolo mientras Apolo se curaba. Inmediatamente un cord¨®n de carne y piel creci¨® en la nuca de Apolo. Como un gusano el cord¨®n se arrastr¨® por el suelo mientras segu¨ªa extendi¨¦ndose hasta llegar al gigantesco ¨¢rbol en medio de la rotonda. Cuando el cord¨®n de carne se conect¨® con el ¨¢rbol, el cuerpo de Apolo fue contorsion¨¢ndose mientras se curaba y el joven sent¨ªa como sus m¨²sculos volv¨ªan a responderle. Por otro lado, el pobre y anciano ¨¢rbol fue perdiendo el brillo en su corteza, mientras que sus hojas comenzaron a marchitarse y caer a simple vista como si el oto?o hubiera llegado. E162 -Despertar El tiempo pas¨® y cuando Apolo quiso darse cuenta ya hab¨ªa amanecido, lo cierto es que cuando los gururis lo estaban arrastrando hasta la rotonda ya estaba amaneciendo y los rayos rojos en el horizonte lo evidenciaban, no obstante el joven noble sent¨ªa que la situaci¨®n no ameritaba andar preocup¨¢ndose por el horario. Pero gracias a los incre¨ªbles giros del destino ahora la situaci¨®n era otra: El sol estaba saliendo en el horizonte para iluminarle la vida a todas las personas en la capital y en la ciudad anillo, ?Otra larga noche hab¨ªa terminado y otro hermoso d¨ªa hab¨ªa comenzado! Sintiendo los rayos del sol chocando su cara, Apolo trat¨® de levantarse para mirar a sus alrededores y por suerte su confiable cuerpo le respondi¨® como ¨¦l esperaba. Lo primero que observ¨® el joven noble fue el gigantesco ¨¢rbol que estaba a unos pocos pasos de ¨¦l. El ¨¢rbol se ve¨ªa en mal estado, pero a¨²n pod¨ªan observarse sus frutos de color violeta sobre sus ramas, por lo que el joven not¨® que este ¨¢rbol deb¨ªa ser bastante viejo, lo suficiente como para salvarle la vida y a¨²n continuar viviendo. Aunque tal hecho no era de demasiada sorpresa para Apolo, el joven sab¨ªa que por m¨¢s que esta mansi¨®n haya cambiado de due?o y probablemente cambie de due?o en el futuro, nadie en la capital imperial que pudiera ser el futuro propietario de esta peculiar estancia se atrever¨ªa a cortar esta especie de ¨¢rbol que representaba a la mism¨ªsima familia imperial. Tras comprobar que el gigantesco ¨¢rbol no deb¨ªa reemplazarse, Apolo mir¨® a su alrededor para ver a los dos gururis rosados mir¨¢ndolo en la distancia, al parecer las criaturas se hab¨ªan quedado a esperar para esperar la siguiente orden o para satisfacer su curiosidad acerca de si su maestro saldr¨ªa con vida o no. ¡ªNicol¨¢s, ?ve a buscar toda la ropa que est¨¢ tirada en el ba?o!¡ªOrden¨® Apolo mirando a uno de los gururis rosados, pero lo cierto es que estaba mirando a Aquiles¡ªPor tu parte, Aquiles ven, ac¨¦rcate, tengo algo que preguntarte. ¡ªComo mande, maestro¡ªRespondi¨® el gururi que Apolo estaba observando mientras corr¨ªa hacia el interior de la mansi¨®n. Por su parte el verdadero Aquiles se acerc¨® a Apolo y pregunt¨®: ¡ª?Qu¨¦ desea preguntarme, maestro? ¡ª?C¨®mo se enteraron de que necesitaba ayuda?¡ªPregunt¨® Apolo tratando de ignorar la verg¨¹enza de haberse confundido los nombres de sus dos salvadores. ¡ªNos lo dijo la mu?eca, o mejor dicho: nos lo dijo el viejo Winki¡ªRespondi¨® Aquiles mientras se acariciaba la barbilla tratando de hacer memoria. ¡ª?Podr¨ªas dar m¨¢s detalles?¡ªPregunt¨® Apolo sin perder la paciencia. This book is hosted on another platform. Read the official version and support the author''s work. El gururi Verde se sent¨® en el suelo y comenz¨® a explicar la ?incre¨ªble? historia que hab¨ªan vivido anoche, mientras mov¨ªa sus manos energ¨¦ticamente, m¨¢s para buscar llamar la atenci¨®n a Apolo que para ayudar su discursiva. ¡ªWinki nos despert¨® a mitad de la noche, al parecer una mu?eca hab¨ªa abierto la puerta de nuestra habitaci¨®n mientras dorm¨ªamos. La mu?eca nos observ¨® fijamente, pero por m¨¢s que pregunt¨¢ramos no parec¨ªa poder entendernos; sin embargo, seg¨²n lo que nos dijo Winki la mu?eca deb¨ªa haber sido enviada por usted con alguna magia extra?a y probablemente significaba que estuviera en problemas y nos requer¨ªa. Siguiendo la idea del viejo Winki, nosotros le preguntamos a los muebles donde estaba usted y seg¨²n los muebles la mu?eca hab¨ªa caminado desde el ba?o hasta nuestro cuarto por lo que supimos que estaba en el ba?o de esa forma y al parecer el viejo Winki ten¨ªa raz¨®n, usted hab¨ªa mandado a la mu?eca pidiendo nuestra ayuda. ¡ªYo no mand¨¦ a nadie a pedir ayuda...¡ªRespondi¨® Apolo en voz baja pensativamente¡ªProbablemente fue la mu?eca la que nos salv¨® la vida, ?Sabes por qu¨¦ motivo est¨¢ quemada? ¡ªDudo que fuera la mu?eca, estaba completamente muda y no parec¨ªa tener ganas de hablar con nadie, jam¨¢s nos explic¨® la situaci¨®n, incluso despu¨¦s de cuando lo encontramos a usted¡ªRespondi¨® Aquiles, haciendo que Apolo se adentrara en sus pensamientos para pensar que pudo haber ocurrido anoche¡ªTampoco sabemos el motivo por el cual estaba quemada. Si no fue usted, entonces claramente solo pudo haber usado la magia... No obstante, Aquiles cerr¨® su boca abruptamente, no era sabio decir que Zoe hab¨ªa sido la responsable de que Apolo saliera con vida, desde su inteligente perspectiva era mejor que se quedaran el cr¨¦dito de tal haza?a ¨¦l y su hermano. ¡ªNo, no fue Zoe, ella podr¨ªa ir y teletransportarse hasta donde est¨¢n los criados para pedir ayuda, no obstante no lo hizo...¡ªRespondi¨® Apolo mientras continuaba reflexionando, pero sus pensamientos fueron interrumpidos r¨¢pidamente... ¡ª?Claramente ella lo quer¨ªa muerto!, ?no ve!, ?Pudo salvarlo, pero buscaba su bast¨®n, maestro!¡ªChill¨® Aquiles haci¨¦ndole doler los o¨ªdos a Apolo¡ªSu codicia no conoce l¨ªmites, la malvada no se conforma con tener un bastoncito: ?Ahora busca el suyo! ¡ªNo...¡ªRespondi¨® toscamente Apolo frot¨¢ndose los o¨ªdos con su mano¡ªAunque es raro, lo m¨¢s probable es que haya sido el verdadero Tea, o tal vez fue mi otro ancestro, Cosmo, o incluso pudo haber sido mi padre o mi abuela. Lo cierto es que alguien me salv¨® anoche y gracias a esa persona ahora puedo ver este hermoso amanecer. ¡ªNosotros lo salvamos...¡ªRespondi¨® Aquiles record¨¢ndole al afortunado noble la ¨²nica verdad cierta e indiscutibles. ¡ªUstedes se salvaron a ustedes mismos: si yo mor¨ªa, la familia imperial les vender¨ªa todos sus muebles...¡ªRespondi¨® Apolo, asustando a Aquiles m¨¢s de la cuenta¡ªPero eso no niega el hecho de que estoy bastante contento en haberlos creado, sin ustedes estar¨ªa muerto, por desgracia un gururi ?actual? jam¨¢s me habr¨ªa podido salvar. ¡ªSomos importantes, fundamentales, m¨¢s que Zoe: ?Merecemos su bastoncito!¡ªContest¨® Aquiles alegremente. ¡ªAlg¨²n d¨ªa... alg¨²n d¨ªa los ser¨¢n... pero por el momento son unos idiotas reci¨¦n nacidos...¡ªRespondi¨® Apolo mirando como Nicol¨¢s hab¨ªa completado la tarea encomendada y se acercaba con la toga rota y su bast¨®n. E163 - Fin. El gururi rosa se acerc¨® con las pertenencias de Apolo y se las entreg¨® nomas llegar. Con todo el tiempo del mundo a su disposici¨®n, el renovado noble se puso su t¨²nica, pero de inmediato se dio cuenta de que realmente la hab¨ªa partido a la mitad por lo que le tuvo que hacer un nudo para evitar que se caiga. Con la t¨²nica puesta y el bast¨®n en su mano, Apolo prob¨® llamar a Zoe para ver si lo reconoc¨ªa y finalmente aparec¨ªa acudiendo a su llamado: ¡ª?Zoe, ven ac¨¢, tengo algo que decirte!¡ªOrden¨® Apolo levantando su bast¨®n al aire, mostrando todo su esplendor. ¡ª?Cu¨¢l es la misi¨®n, maestro?¡ªPregunt¨® Zoe desde la espalda de Apolo, provocando que el noble y los dos gururis rosados se dieran la vuelta para verla. ¡ª?Misi¨®n?, Claramente es un castigo: ?El maestro casi se muere por tu estupidez!¡ªGrit¨® Aquiles de inmediato. ¡ª?Si no fuera por nosotros el maestro habr¨ªa muerto, claramente va a sacarte el bastoncito y entregarlo a nosotros dos!¡ªChill¨® Nicol¨¢s de inmediato entendiendo que esta era una buena oportunidad para debilitar la imagen de su oponente. ¡ª?Qu¨¦ idioteces dicen ustedes dos, que no ven que el maestro est¨¢ en perfecto estado!¡ªRespondi¨® Zoe de mala gana, aunque su rostro se mantuvo inexpresivo como una piedra. ¡ª?Ya, ratas sin pelo, dejen de discutir en mi presencia y no se atrevan a arruinar mis siguientes palabras!¡ªOrden¨® Apolo, poni¨¦ndose la mano en uno de los bolsillos ocultos en su toga para sacar el anillo de bronce. El joven noble no recordaba exactamente cu¨¢ndo hab¨ªa puesto en este lugar el anillo o si directamente se hab¨ªa sacado el anillo de su pecho en un principio, pero lo importante es que finalmente lo hab¨ªa vuelto a encontrar. Con cuidado, Apolo retir¨® su mano del bolsillo y mostr¨® el collar donde la baratija oxidada se encontraba enganchada. Sin querer mirar al anillo demasiado, Apolo inconscientemente termin¨® contemplando por un buen rato a la baratija en su mano, haciendo que los gururis tuvieran que esperar unos segundos en silencio, los cuales poco a poco y al ritmo que el gran dios dicta se fueron transformando en varios minutos. Hasta que finalmente Nicol¨¢s perdi¨® la paciencia y rompi¨® la orden dada por su maestro para insistir en el tema de vital importancia: ¡ª?Cu¨¢l es el castigo para Zoe? ¡ªS¨ª, el castigo...¡ªMurmur¨® Apolo saliendo del trance en el que se encontraba, para en su lugar mirar reflexivamente a los tres gururis del tama?o de un ni?o que se encontraban ansiosamente esperando sus palabras¡ªTu castigo, Zoe, es esconder este anillo en alg¨²n lugar de la mansi¨®n donde yo nunca pueda encontrarlo y luego debes asegurarte que yo nunca obtenga este anillo de regreso, independientemente de las cosas que te diga que hagas en el futuro. This tale has been unlawfully obtained from Royal Road. If you discover it on Amazon, kindly report it. Si bien a Apolo le fue bastante f¨¢cil decir esas palabras, lo cierto es que en realidad el joven no quer¨ªa deshacerse de este anillo. Al fin al cabo podr¨ªa decirse que en cierto sentido este anillo oxidado era la prueba de que hab¨ªa salido de esa tortuosa noche con vida. Adem¨¢s, era el recuerdo de todas las grandes y tristes aventuras que ?tuvo? con Helena en sus sue?os, por m¨¢s que estas fantas¨ªas fueran amargas y falsas eran una parte importante de su vida y el joven noble no estaba dispuesto a deshacerse de ellas. Por lo que tras terminar de decir la orden, Apolo no le entreg¨® el anillo a Zoe y descaradamente procedi¨® a guardarse nuevamente el anillo en la seguridad de su bolsillo. Pese a ello y para su ?desgracia?, cuando Apolo levant¨® la vista de su bolsillo para ver a sus tres gururis Zoe ya hab¨ªa desaparecido. Con preocupaci¨®n, el joven noble volvi¨® a meterse la mano en el bolsillo solo para enterarse de que su preciado anillo hab¨ªa desaparecido: ?Zoe se lo hab¨ªa sacado m¨¢gicamente! ¡ªZoe...¡ªApolo quiso decir algo, pero luego reaccion¨® y pens¨®: tal vez era mejor de esta forma, tal vez era mejor dejar el pasado atr¨¢s y deshacerse del anillo para comenzar una nueva vida. Aunque en lo m¨¢s profundo de su coraz¨®n, el noble a¨²n quer¨ªa seguir teniendo el anillo, su mente le recordaba que lo mejor era perderlo para no volver a encontrarlo nunca m¨¢s; sin embargo, su coraz¨®n... ¡ª?Zoe merece ese castigo y muchos m¨¢s!¡ªChill¨® Nicol¨¢s interrumpiendo los pensamientos de Apolo con su inc¨®moda voz. ¡ª?Cientos de castigos!, ?lo que pas¨® anoche debe mostrarle que solo nosotros dos somos de confianza!¡ªGrit¨® Aquiles haciendo que Apolo se tapara los o¨ªdos inconscientemente. ¡ª?Ya, dejen de gritar, mocosos ingratos!, estaba meditando algo muy profundo e importante...¡ªSe quej¨® Apolo, pero para su desgracia hab¨ªa perdido el hilo de su conversaci¨®n interna y ahora solo quedaba un pensamiento armando un carnaval en su cabeza: ?Por mis ancestros, finalmente me deshice de esa baratija de mierda! Mientras Apolo meditaba esa frase de mil maneras diferentes en su mundo interno, Zoe volvi¨® a aparecer provocando la reacci¨®n inmediata de los dos gururis rosados. ¡ª?Cu¨¢l es el siguiente castigo de la traidora?¡ªPreguntaron Aquiles y Nicol¨¢s al un¨ªsono, mostrando que hab¨ªan estado discutiendo en privado qu¨¦ decir para cuando el regreso de Zoe se diese. ¡ªNo hay m¨¢s castigos, tampoco hay m¨¢s objetivos extra?os dados por un muerto y finalmente no hay m¨¢s Helenas o sue?os bizarros con los cuales asustarse. ?Ahora solo queda hacer una cosa: comprar patos y convertirme en el m¨¢s grande archimago de patos que haya conocido este miserable imperio!¡ªRespondi¨® Apolo con una sonrisa ir¨®nica mirando orgullosamente su gigantesca mansi¨®n con los brazos extendidos al cielo. Finalmente, Apolo supo que hab¨ªa llegado el momento de dejar las p¨¢ginas del triste pasado en el olvido para as¨ª poder recibir con los brazos extendidos las p¨¢ginas en blanco de su brillante futuro. Y con ello el escritor se dio cuenta de que su historia finalmente hab¨ªa concluido. Mientras que por su parte, los lectores entendieron que era el momento de saltar a su siguiente aventura m¨¢gica, dejando escondido este libro en alguna estanter¨ªa llena de polvo y secreta ubicada en la biblioteca infinita de sus recuerdos. ----------------------------Color¨ªn, colorado, este cuento se ha acabado------------------------------