《Errantes del Destino [español]》 Capítulo 0 - David (Bendito sea el destino). Es una frase cuyo origen desconoce, y que solo ha o¨ªdo una vez, en un instante que a¨²n no ha ocurrido. El chico ignora con precisi¨®n qu¨¦ don posee; desde que cumpli¨® los cuatro a?os, no deja de tener visiones. ¡ª ?Socorro! ¡ªLe clama un hombre entre gritos, mientras el chico lo mira con asombro. Ese hombre se arrastra, mientras una criatura semejante a un espantap¨¢jaros trata de atraerlo hacia s¨ª. El chico intenta acercarse, pero sus piernas no le responden. Su coraz¨®n late desbocado, al recordar otra visi¨®n que tuvo el mes anterior. Recuerda el momento en que ¨¦l mismo se enfrenta a ese ser, con un hacha, tan pesada y oxidada, que le da la impresi¨®n de que representa algo m¨¢s que eso. ?C¨®mo termin¨® todo? No lo sabe: no puede conocer los pormenores de esas premoniciones vividas. El chico solo se percata de lo que el hombre sostiene, con una mano temblorosa que lucha contra el entumecimiento. Un diamante del tama?o de un dedo, anaranjado y trasl¨²cido. Y esto lo lleva a otra escena, donde un texto se encuentra ante ¨¦l, diciendo las siguientes palabras. This content has been misappropriated from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. HOMBRE DESAPARECE EN BOSQUE CENTRAL DE RONZOATI. Tiene el tel¨¦fono de su madre en sus manos, viendo aquel titular del peri¨®dico local. 8 de Octubre del 2022. Un hecho que pudo haber evitado, una vida que pudo salvar. ?Qu¨¦ har¨¢ de ahora en m¨¢s? Debe hacer lo posible por salvar esa vida, aprovechando que se trata de alguien que vive en su misma urbanizaci¨®n. Debe salvarlo, con el prop¨®sito de comprobar una cosa: Si su poder sirve para cambiar el futuro. De no cambiarlo, piensa que estar¨¢ en medio de un torbellino de impotencia que lo llevar¨¢ a la locura. ¡ª ?David, despierta! ¡ªLe susurra una voz femenina, sac¨¢ndolo de su sue?o. El ni?o, llamado David, abre los ojos con confusi¨®n. Recobra la conciencia y enfoca la vista, para darse cuenta de que se trata de su madre¡ª. El desayuno est¨¢ en la mesa, hay caf¨¦ por si quieres tomar. Tienes que ir a la escuela. David se quita las lega?as, a¨²n con los ojos queriendo cerrarse. El fr¨ªo intenso que siente por los shorts y la camiseta, adem¨¢s del aire acondicionado que atraviesa su gruesa s¨¢bana de terciopelo. El aroma a caf¨¦ con leche viene del pasillo, despertando su hambre. David asiente y se levanta, mientras permanece con la cabeza baja, mirando a su armario. Est¨¢ absorto en lo que acaba de so?ar. (No es casualidad que nos vayamos a encontrar. La vida y el destino son tan asombrosos, y me encargar¨¦ de verlos con mis ojos; voy a salvar tu vida). Por el momento, solo sabe una cosa: El nombre de la persona que tiene que salvar, es Carl. ¡ª ?Voy, mam¨¢! ¡ªContesta, antes de salir de su habitaci¨®n Capítulo 1 - Esos Ojos PARTE 1 ¨C El Fat¨ªdico Momento. ¡ªEstoy agotado, Carl. El otro suelta un bufido, molesto. No es la primera vez que pasa. ¡ª ?Es que vamos caminando a la ciudad donde est¨¢ pap¨¢, Marcos? ¡ªContesta el otro, apodado Carl, sin mirar a su hermano menor. Sus ojos est¨¢n fijos en el horizonte, con una hora rondando las 8AM. Los m¨²sculos de las cortas piernas de Marcos arden, hasta que llegan a su l¨ªmite. ¡ª ?De verdad, no puedo! ¡ªResponde el ni?o, entre resuellos¡ª ??Por qu¨¦ pap¨¢ no nos lleva en coche!? ¡ª ?Porque yo a tu edad caminaba a¨²n m¨¢s lejos, y mira que soy yo el que se encarga de subir los garrafones para que todos bebamos agua! S¨¦ valiente y deja de lloriquear. (?Que deje de lloriquear? ?Qu¨¦ se piensa ¨¦l?) Este pensamiento atraviesa la mente de Marcos, pensando que el cruzar el Bosque Central es idea de su hermano mayor. Marcos empieza a sentir un escalofr¨ªo que lo hace abrazarse a s¨ª mismo, no solo por el fr¨ªo que hace (deb¨ª traer un mono, y no estos shorts), sino por la inquietante sensaci¨®n que le produce este bosque. Los ¨¢rboles parecen los de una pel¨ªcula de terror y el viento soplando no ayuda en nada, si no es porque si no hubiera eso, seguir¨ªa sintiendo que, al quitar eso, seguir¨ªa d¨¢ndole mal rollo. ¡ª ?La ¨²ltima vez fuimos con mam¨¢ en un autob¨²s! ¡ªProtesta Marcos¡ª. ??Por qu¨¦ no quieres ir en uno!? Carl le responde vaciando sus bolsillos, queriendo dar a entender¡­ ¡­ ?qu¨¦ cosa? Marcos no logra entender lo que acaba de comunicar, solo sabe que sus piernas no dan m¨¢s. Con una extrema debilidad que sienten los m¨²sculos sobrecargados, Marcos cae de mejilla a la arena. Jadeando, oliendo humo de las parrilladas que vienen de las casas cercanas y evitando mirar el t¨¦trico fondo del bosque. Carl lo mira por encima del hombro, pregunt¨¢ndose el porqu¨¦ de su debilidad. Habr¨ªa sido en su infancia, cuando sus padres sol¨ªan mandarlo a cosas pesadas. Su padre, un gran empresario que est¨¢ casado con una mujer que antes fue campesina, no hacen una combinaci¨®n ideal. Por otro lado, Carl evita pensar en el porqu¨¦ de su frustraci¨®n. Tambi¨¦n fue un ni?o como ¨¦l. (Dios m¨ªo, la gracia de tener un hermanito) Carl fuerza una sonrisa, a la que Marcos responde con una a¨²n m¨¢s forzada por las arrugas de sus pulcros p¨®mulos. Una sonrisa de ¡°relaciones p¨²blicas¡±. De espaldas a su hermano, Carl se agacha para invitarle a que se suba encima. Marcos lo nota con rapidez y pone sus muslos por encima de los hombros del otro (Dios, qu¨¦ pesado). Carl lo sujeta y se levanta con ¨¦l. ¡ªOye, ?y por qu¨¦ te llamamos Carl? ¡ªPregunta Marcos, con aparente emoci¨®n inocente¡ª. Y tambi¨¦n, ?por qu¨¦ mi mam¨¢ no puede venir con nosotros? ¡ªUna pregunta a la vez, Marcos ¡ªMurmura Carl, procediendo a caminar con un ni?o encima. No puede evitar pensar en qu¨¦ es lo que lo hace tan pesado, si son sus huesos de ni?o ectomorfo o ser¨¢ que Carl es d¨¦bil. Nunca hizo ejercicio. ¡ªPerdona, digo. S¨¦ que mi mam¨¢ no puede andar, pero veo que ella puede cerrar la puerta, y tambi¨¦n pararte cuando te ve en el pasillo¡­ y esa es mi duda, pues. Su madre puede usar su don de levitaci¨®n para traerse su vaso de agua, pero no podr¨ªa levantar un peso tan pesado como ella misma. Levantar un peso tan grande que sus m¨²sculos y mente no pueden aguantar, adem¨¢s de un entrenamiento insuficiente. Un poder con alto potencial, en una mujer que nunca hizo ejercicio en toda su vida. Aunque Marcos¡­ (Su madre recibiendo un disparo en la cadera) ¡­ tiene algo extra?o, que lo hace dudar. Los dos hermanos se encuentran con un objeto en el bosque. Una forma humanoide que hace a Marcos sudar fr¨ªo, mientras se aferra m¨¢s a su hermano. No sabe el porqu¨¦, pero siente como si algo fuera a pasar. ¡ªCarl, tengo miedo ¡ªManifiesta Marcos, aferr¨¢ndose m¨¢s. ¡ª ?De qu¨¦? Hecho con madera con aspecto de ser de roble, con unos huecos donde deber¨ªan estar sus ojos. Todo su cuerpo, cubierto de hongos y plantas que sobresalen de lo que deber¨ªan ser su boca y nariz. La verdad es que su rostro recuerda mucho a las calaveras de los dibujos animados que ve Marcos en la TV, aunque de cerca solo dan m¨¢s miedo. La desolada expresi¨®n que tiene solo hace pensar que est¨¢ sufriendo; un rostro contra¨ªdo en horror y desesperaci¨®n. Una calavera con l¨ªneas de expresi¨®n, con una pose de brazos extendidos, formando una letra T. ¡ªSe ve mal ¡ªComenta Carl, de forma escueta, mientras se r¨ªe de un chiste que pasa por su mente¡ª. Me recuerda a ti. Deja de mirarlo y estar¨¢s bien. ¡ª ?Pero siempre estuvo aqu¨ª? ?Carl, siento que me mira! ?Siento que nos mira! Carl no hace m¨¢s que ignorarlo y seguir caminando, acerc¨¢ndose m¨¢s a ese t¨¦trico espantajo. Marcos siente el pulso subir hasta su garganta y una fuerte necesidad de alejarse. Siente algo extra?o que no puede explicar; una sensaci¨®n de gran incertidumbre, o un aura inquietante que desprende aquel objeto. Un miedo indescriptible, que solo puede comparar con una fobia. Ya hab¨ªa sentido eso antes. Cuando hace dos d¨ªas, iba a tomar el autob¨²s con su Carl y su madre. Sinti¨® una extra?a certeza que atac¨® su curiosidad, llev¨¢ndolo al mismo bosque. Cuando su madre lo sigui¨®, algo la hizo caerse y derramar un chorro de sangre desde su cadera. Un l¨ªquido tan rojizo que le pone los pelos de punta cada vez que lo piensa. ?Por qu¨¦ acab¨® llegando all¨ª?, se pregunta. Siempre tuvo esas extra?as sensaciones, de las que preguntaba y sus padres no ten¨ªan idea. (?Por qu¨¦ siento que hay algo malo all¨ª?) ¡ªMarcos, hace unos tres a?os; ten¨ªa cinco en ese entonces, y su mirada era m¨¢s despierta que ahora. Se?alaba un parque lleno de ni?os balanceando sus columpios. Parque Leopoldo, con un sendero donde las personas caminaban, adem¨¢s de un ¨¢rea biosaludable con sus barras donde las personas hac¨ªan ejercicio. No sinti¨® inter¨¦s en jugar con el grupo de ni?os que re¨ªan y saltaban en emoci¨®n, ya que prefiri¨® la soledad de su casa. (?Porque esos ni?os se lo pasan bien, y t¨² no socializas! Vamos, que es divertido, Marcos) ¡ªDijo su padre, con un rostro distante. Parec¨ªa pensar en algo melanc¨®lico que Marcos no logr¨® saber el porqu¨¦. Un pensamiento triste que lo hizo mirar no solo a los ni?os, sino al mismo horizonte. Tres d¨ªas despu¨¦s, un ni?o se parti¨® la cabeza; la cadena del oxidado columpio se rompi¨®, y el pobre sali¨® disparado como rueda hasta caer de la frente hasta el bordillo. Si es as¨ª de verdad lo que le dijeron los ni?os de su escuela, entonces mejor prefiere no usar los columpios. Le da miedo morir. ¡ª ?Carl! ?Carl! ¡ªLe grita Marcos, intentando llamar su atenci¨®n mientras golpea los hombros de su hermano mayor¡ª. ?Carl! ?CARL! ?TENGO MIEDO! ?CARL! ?POR FAVOR! Carl hace el esfuerzo por mantener la paciencia mientras sigue recibiendo las patadas. Una tras otra, ignorando los gritos de su (sensible, malnacido) hermano. Nunca hab¨ªa experimentado una rabia tan ciega, desde aquel Fat¨ªdico Momento que cambi¨® su forma de tratarlo. Carlos, un hombre de 1.78m de tez morena con ojos caf¨¦, no deber¨ªa soportar esta clase de cosas. Pero qu¨¦ otra cosa ten¨ªa que soportar, su hermano o el torbellino de violencia intrafamiliar en su hogar. No, ?sabes qu¨¦? Carl cree que no debe aguantarse las cosas. Se gira y avanza hacia el espantap¨¢jaros con paso violento. Hace el gesto de lanzar a su hermanito de un empuj¨®n¡­ (No, contr¨®late. No vuelvas a hacer algo de lo que te arrepentir¨¢s, por favor). Carl aprovecha ESA oportunidad, y se controla a s¨ª mismo. En su lugar, mira al espantap¨¢jaros que tanto asusta a su hermano. Carl toma una roca y se prepara para hacer lo que har¨¢. Poh. Con la habilidad de un pitcher de beisbol, Carl hace lanzar la piedra con una rapidez que deja asombrado a su hermano. Un ruido sordo, de madera romperse, se oye desde el espantajo. Caen pedazos del rostro de aquel susodicho, quit¨¢ndole esa inquietante expresi¨®n. Carl lo observa atentamente, mientras piensa que se va a mover; algo le hace verlo con curiosidad, aunque no es m¨¢s que una peque?a impresi¨®n. ¡ªY mant¨¦n la boca cerrada ¡ªDice el hermano mayor, y Marcos est¨¢ seguro de que es una amenaza. ¡ªEst¨¢ bien ¡ªResponde el hermano menor, con un murmullo. (Ojal¨¢ que no se repita) Pero ese momento no ayuda. No es m¨¢s que m¨¢s angustioso para ¨¦l, llegando a sentir que hay algo con ese objeto. No puede evitar mirarlo con inquietud, y no est¨¢ seguro de haberlo visto en el pasado. No sabe c¨®mo y por qu¨¦¡­ porque su mente de ocho a?os, no logra pensarlo todo. Todav¨ªa encima de su hermano, Marcos opta por ignorar el espantap¨¢jaros. Probablemente, le provoque pesadillas si sigue vi¨¦ndolo. Tampoco reconoce o asocia el miedo con alg¨²n momento que ocurri¨® en su vida. Por alguna raz¨®n, le es familiar. Probablemente haya sido est¨²pida su decisi¨®n de pedirle a su hermano que lo cargue, pero no importa; Carl lo quiere mucho y Marcos lo sabe. A¨²n despu¨¦s de aquel suceso, a¨²n despu¨¦s del momento donde ¨¦l cambi¨®. El Fat¨ªdico Momento. (Todav¨ªa me duele la mejilla). ¡ª ?Quieres saber algo de este bosque, Marcos? ¡ªPregunta Carl, mientras est¨¢ de camino a la salida. Una calle concurrida y llena de edificios de departamentos. ¡ª?Qu¨¦ cosa? ¡ªDicen que este lugar est¨¢ maldito. Una vez dos ni?as secuestraron a un hombre y lo dejaron aqu¨ª, donde desapareci¨® sin saberse el porqu¨¦. Tambi¨¦n dicen que aqu¨ª las mafias, es decir, esos equipos malos que matan gente, enterraban viva a la gente ¡ªCarl sonr¨ªe, sintiendo como su hermanito endurece sus piernas del temor¡ª. ?Quieres saber qu¨¦ dec¨ªan, Marcos? ¡ª ?Qu¨¦ cosa? ¡ªQue optar¨ªan por llevarse a ni?os de ocho a?os que se portan mal. Marcos le grita. ¡ª ?No me gustan esas bromas, Carl! ?Me das miedo! ?Sabes que me asustan las cosas y a¨²n as¨ª sigues! S¨ª, ?qu¨¦ ha estado haciendo? Carl siente una verg¨¹enza tan intensas que, se convierten en una melanc¨®lica culpa. Otra vez, cediendo al maldito capricho de asustar a su hermano. No es su deber como hermano mayor, sino ser un ejemplo a seguir. Su hermano, tan vulnerable que incluso teme a los espacios cerrados, podr¨ªa crecer con un trauma ¡ªseg¨²n palabras de su padre¡ª que nunca podr¨ªa superar. Lo probable, piensa, es que haga esto porque en el fondo siente resentimiento por ¨¦l. Ese sentimiento de celos que sienten los hijos mayores hacia los peque?os, considerando que sus padres los tratan mejor que como los trataron a ellos. Carl se ve as¨ª mismo con una basura. Una escoria humana que sucumbe a sus maquiav¨¦licos mecanismos de defensa. Carl se para frente a una bodega. Peque?a como un kiosco y separada con unos barrotes de hierro pulido. Se acerca al vendedor, quien se halla usando su calculadora. ¡ª ?A cu¨¢nto la harina de trigo? ¡ªPregunta Carl, observando su alrededor. Frituras, una nevera de refrescos y papeles higi¨¦nicos. El vendedor le muestra el precio, y saca un lector con forma de pinza. Carl coloca su mano y el ¡°Lector Pinza¡± aprieta su mu?eca, analizando el microchip que lleva dentro de su brazo. El esc¨¢ner le da una sensaci¨®n de hormigas caminando en su brazo, como si le diera una descarga el¨¦ctrica. ¡ª ?Y ese ni?o? ¡ªPregunta el vendedor. ¡ªEs mi hermano ¡ªResponde Carl, quien saca su tel¨¦fono para mostrarle un c¨®digo de barras¡ª. No tiene don, as¨ª que tengo su justificativo. El vendedor lo mira con desconfianza, y guarda la harina en su lugar. ¡ªLo siento, pero no puedo permitirlo. ¡ª ?Por qu¨¦? ¡ªCarl se acerca m¨¢s hasta apoyarse en el barrote, gritando¡ª. Mire, por favor. He recorrido casi toda la ciudad y, mire, ?le puedo garantizar que no falsificamos nada! ¡ªConforme al art¨ªculo n¨²mero 485, el comerciante es responsable de lo que sus compradores hagan con sus kobistos o, como vulgarmente se dice, ¡°dones¡±, una vez se est¨¦ llevando a cabo la transacci¨®n. ¡ªComo si no le diera vagancia analizar este c¨®digo de barras. ??Es que usted es necio o no ve que es un simple chiquillo de ocho a?os!? ¡ªYo no hice las leyes, y muchos han falsificado su c¨®digo de barras para timarnos. ?Lo siento!, pero debe buscar en otra parte. ¡ª ?Ni siquiera por hoy? Carl lo mira de arriba abajo, llegando a enfrentarse con la mirada del vendedor. Sus pupilas, contra¨ªdas y sus p¨¢rpados temblorosos en c¨®lera, mirando al sujeto que no quiere venderle lo que definir¨¢ el desayuno y cena de hoy. Marcos percibe ese momento como extra?o. Carl tiene la misma mirada que hab¨ªa tenido, en aquel Fat¨ªdico Momento. Probablemente, el problema viene de mucho antes. Todos en el mundo nacen con un k¨®bisto, aunque sea imperceptible. El que no lo tenga (y podr¨ªa ser el m¨ªnimo porcentaje de la poblaci¨®n), recibe un justificativo permanente del Kobist¨®logo que garantiza que no tiene el microchip consigo. Marcos pertenece a ese peque?o porcentaje, o al menos eso cree. Y Carl deduce, en base a la mirada del vendedor, una frase pronunciada sobre este, como si fuese telepat¨ªa: ¡°Hoy no te vendo, ma?ana s¨ª; eso te lo dir¨¦ todos los d¨ªas¡±. Ensure your favorite authors get the support they deserve. Read this novel on the original website. ¡ªVete al infierno. Luego de decir esto, Carl le da la espalda y sigue caminando. Quiz¨¢s derrotado, o culpado porque tuvo que hacer que su hermanito camine por mucho tiempo. Un hombre los observa desde un lado de un poste de luz, y se acerca a ellos. ¡ª ?No te vendi¨® nada? ¡ªPregunta aquel hombre, cuya mirada intensa le parece intimidante para el ni?o. Alto como si fuese una jirafa y con una gorra tricolor. Marcos se esconde detr¨¢s de su hermano, intimidado por la confiada sonrisa de aquel hombre, quien le da una sensaci¨®n de anormalidad. Carl ignora su reacci¨®n; est¨¢ demasiado concentrado en el hecho de que tendr¨¢ que caminar hasta el final de su urbanizaci¨®n. ¡ªNo ¡ªCarl le responde con sequedad. ¡ª ?No te asombres, hombre! Esta es la maldita normalidad. ?Sabes? Incluso yo he pensado lo mismo: Este sistema empez¨® su declive desde el momento en que los dones fueron legalizados. ?Cr¨¦eme que incluso el microchip no me sirve a m¨ª! Est¨¢n tan defectuosos que, quien ¡°no los lleve¡± o, mejor dicho, a quienes ¡°no les funcione¡±, simplemente los desechan como animales. ¡ªS¨ª, y eso es inevitable. ¡ª?D¨¦jame, que te ayudo! No te vayas de aqu¨ª, ?s¨ª? El hombre se acerca al vendedor, quien procede a analizarle la mu?eca y luego le entrega la harina de trigo. Carl se pregunta c¨®mo sabe lo de la harina de trigo, y no puede guardarse la pregunta para s¨ª mismo; de todos modos, tampoco cre¨ªa que en serio alguien le iba a ayudar. El hombre se acerca a ¨¦l, con la harina en sus manos, y se la extiende. ¡ª ?De d¨®nde sacaste esa informaci¨®n? ¡ª Le pregunta Carl. ¡ª Es un obsequio m¨ªo. Te voy a ser franco: Me da tanta rabia ver a la gente sufrir por esto, que quisiera poder gritarles en la cara lo mucho que los detesto ¡ªle dice el hombre¡ª. No puedo evitar pensar que este mundo est¨¢ casi condenado. ¡ªEste mundo siempre estuvo condenado, pues mira c¨®mo la historia nos ha tra¨ªdo hasta aqu¨ª. D¨¦jame ser un poco sarc¨¢stico: El mundo est¨¢ jodido, y eso est¨¢ bien ¡ªle responde Carl, quien se relaja¡ª. ?C¨®mo puedo evitar sospechar que este sistema tiene alguna mala intenci¨®n? Yo puedo crear explosiones at¨®micas, pero no me fastidies¡­ ?m¨¢s, deb¨ª causarle yo miedo, que este ni?o que est¨¢ detr¨¢s de m¨ª! El hombre se r¨ªe a carcajadas. ¡ª ?Y c¨®mo te llamas? ¡ªLe pregunta el hombre. ¡ªCarlos, pero me dicen Carl ¡ªSiente cierta verg¨¹enza, ante un nombre extranjero que podr¨ªa combinar con su apellido. ¡ªAbraham ¡ªLe dice el hombre, quien le da la mano¡ª. Me llaman ¡°El Nino¡±. ¡ª ?El Nino? ?Qu¨¦ significa El Nino? ¡ªLe pregunta Carl, con mirada inquisitiva. ¡ªEs una larga historia. ¡ª ?C¨®mo podr¨ªa recompensarte lo que has¡­? ¡ª ?Como dije, obsequio m¨ªo! No tienes que devolverme nada: Solo sigue con tu hermosa vida, tan importante como los sue?os que tengas¡­ y estoy seguro que los tienes. Qu¨¦ raro, porque no recuerda haber recibido ayuda de nadie en a?os. Carl se despide de ¨¦l, y junto con Marcos vuelven al bosque. Ambos se encuentran con un ¨¢rbol de corteza agrietada. ¡ªOye, Marcos ¡ªLe pregunta Carl¡ª. ?Qu¨¦ te parece si grabamos nuestros nombres? Marcos pone ojos recelosos. ¡ª ?Vamos a da?ar un ¨¢rbol solo para grabar nuestros nombres? ¡ª ?Pero ser¨¢ divertido! Imag¨ªnate que crezcas, llegues a viejo y veas esto¡­ ¡ª ?Pues prefiero no verlo, y ya! Esto le llega al coraz¨®n de Carl, quien queda consternado. Es bien sabido que a su hermanito le gustan los documentales sobre la naturaleza, pero¡­ ?por qu¨¦ esa reacci¨®n? ?Ser¨¢ por lo ocurrido aquella vez? Carl empieza a creer que su hermano, realmente lo aborrece. S¨ª, posiblemente es eso; si no se lo puede ganar de ninguna forma, entonces tendr¨¢ que vivir sabiendo que su hermano lo odia. Muchos errores cometidos en el pasado. (Qu¨¦ tonto fui) Carl lleva la bolsa con la comida, mientras su hermano camina con su mirada puesta en sus alrededores. El asa se le clava en la piel de los dedos y le resulta molesto, sintiendo el kilo como si llegase a atravesarlo. Carl se imagina el gracioso escenario donde, literalmente, le corte los dedos. ?Qu¨¦ debe decirle al doctor? Que hab¨ªa llevado una bolsa y se le cayeron los dedos. El doctor dir¨ªa ¡°Estas cosas solo pasan en el circo, y yo no atiendo payasos¡±. Marcos ve a su hermano divagando y ri¨¦ndose ¡ªotra vez¡ª de lo que sea que est¨¦ pensando en este momento. Luego ve al espantap¨¢jaros, de nuevo, con la misma apariencia de antes; sin embargo, con un detalle que su hermano no parece notar. ?Su cabeza no estaba menos inclinada a la derecha? ¡ªCarl, ?eso siempre estuvo as¨ª? ¡ªLe pregunta Marcos, quien se?ala aquel objeto. ¡ªBueno, eso creo ¡ªLe responde el otro, distante. Abstra¨ªdo. (eso creo) Repetido como un mantra religioso, Marcos contin¨²a con esa frase en su mente. (Eso creo) (Eso Creo) (ESO CREO) Creo, es inquietante. Para Marcos, eso significa que entre s¨ª y no; sin embargo, se inclina m¨¢s para pensar que lo perjudica. ?Siempre estuvo as¨ª? ?Cu¨¢ndo se movi¨®? No puede evitar pensar en ello, y mira el espantap¨¢jaros con fascinaci¨®n morbosa. A¨²n pasando de espaldas a ¨¦l, Marcos lo mira por encima del hombro. Los ni?os deben de tener un morbo alto, por encima del de los adultos. El morbo infantil que los impulsa a ver cosas que no deben, por pura curiosidad. Marcos pod¨ªa observar el abismo y todo lo que hab¨ªa a su alrededor, si se lo propon¨ªa. No se encontraba con ning¨²n obst¨¢culo, excepto uno. Una r¨¢faga de viento que pareci¨®¡­ ?desplazar al espantap¨¢jaros? No, no pod¨ªa ser. Marcos se dice a s¨ª mismo que los espantap¨¢jaros no se mueven porque no tienen vida, y se obliga a seguir mirando al frente. Pero sus ojos inquietos, perciben un brillo extra?o desde los huecos del espantap¨¢jaros, haci¨¦ndolo volver a girar la cabeza. Y ah¨ª est¨¢n. Esos ojos luminosos y llenos de oscuridad, que fijan su mirada en Carl, y parpadean cada tanto. El espantap¨¢jaros lo est¨¢ vigilando, con un inter¨¦s desconocido. Marcos siente un escalofr¨ªo que le recorre toda la espalda hasta llegar al cuello, y no puede creer lo que ve. No est¨¢ vivo, no. Entonces sucede algo que le nubla la vista a Marcos y le hace o¨ªr su propio coraz¨®n. La cara del espantap¨¢jaros, se gira lentamente hasta darle la impresi¨®n de que tambi¨¦n lo observa. Su vista se vuelve t¨²nel, su coraz¨®n se acelera, pierde la sensibilidad y siente la urgencia de¡­ Marcos suelta un grito. Carl mira at¨®nito a su hermano, que corre hacia su casa. El hermano mayor hace el gesto de seguirlo, pero luego siente una extra?a curiosidad. Sus ojos se posan en el espantap¨¢jaros, que est¨¢ quieto en su sitio. No recuerda haberlo visto antes, cuando cruzaba el bosque en otras ocasiones. Su cabeza est¨¢ inclinada, de una forma que le resulta extra?a. ?Siempre estuvo as¨ª? Carl siente el impulso de acercarse para comprobarlo, pero antes de ver la diferencia¡­ ¡ª ?Que alguien controle a ese ni?o! Un se?or desde un ¡°Ford¡± azul, grita mientras Marcos sigue corriendo. El coche acaba de frenar y casi atropella a su hermano. Carl se alerta, tanto que corre para evitar que le pase algo. Aprovechando la soledad de la calle, Carl lo persigue por la acera; pero la bolsa de harina le dificulta las cosas. El se?or del ¡°Ford¡± le parece conocido, y tiene raz¨®n. Se llama Xavier y es el conserje del instituto donde termin¨® sus estudios hace tres a?os. Carl ve a un ni?o que le levanta la mano para saludarlo. El ni?o, que tiene la piel bronceada, retrocede por culpa de su padre, que le tira de la mano para que siga andando ¡ªen medio de la calle, podr¨ªa haber corrido peligro¡ª; Carl no cree conocer a otro ni?o, y lo ignora para seguir corriendo. Entra en la urbanizaci¨®n La Cascada, pasa por cada coche y edificio, y encuentra a su hermano frente a la reja del edificio 9-3-1. Debi¨® de intentar entrar por la reja, porque se le nota muy afectado. Con la cara metida entre las rodillas y sentado en el suelo, llorando de terror. Nunca hab¨ªa llorado as¨ª, salvo esa vez que Carl le hizo algo que no quiere recordar. Carl deja caer sus cosas al suelo con cuidado, y se acerca a su hermanito peque?o. Empieza a acariciarle el cabello liso, para tranquilizarlo. ¡ª ?Qu¨¦ te pas¨®? ¡ªPregunta Carl. Marcos solloza con palabras incomprensibles y respira con dificultad. Solo puede levantar su cara para ver la de su hermano mayor, que le pregunta con la mirada. Marcos intenta volver a meter su cara entre sus rodillas, pero Carl se lo impide. Con una mano en la mejilla de su hermanito, Carl le tararea una canci¨®n mon¨®tona de cuna. ¡ªC¨¢lmate, c¨¢lmate. Aqu¨ª est¨¢ tu hermano, nadie m¨¢s. Sabes que no te dejar¨ªa solo ¡ªA pesar de eso, Carl se tiene miedo a s¨ª mismo. Que esto haya ocurrido por su culpa y la de nadie m¨¢s. ¨¦l siente una sensaci¨®n horrible de falsedad en sus palabras; una falta de empat¨ªa que, quiz¨¢s, le haga pensar lo peor: se est¨¢ volviendo un psic¨®pata. Marcos por fin consigue hablar ¡ªEstoy asustado, Carl. E-E-eso¡­ Pero Marcos se percata de algo. Su hermano, aunque siempre ha querido protegerlo, no le creer¨ªa lo que est¨¢ a punto de contarle. ?Qu¨¦ le dir¨¢? ?Que el espantap¨¢jaros encendi¨® luces en sus ojos y los mir¨® a los dos? Dios m¨ªo. Hubo una vez que su padre fue internado en un psiqui¨¢trico, seg¨²n su mam¨¢ y que fue porque dec¨ªa cosas que no eran. Su ausencia le ha afectado mucho a Marcos y m¨¢s a¨²n, porque le hace recordar sus ataques de agresividad en los que se lastimaba la mano al golpear los espejos. No quiere que lo tilden de loco, o que lo lleven al psiqui¨¢trico como a su pap¨¢. ¡ªVi algo, pero me asust¨¦ ¡ªLe dice Marcos, intentando convencerlo. ¡ª ?Qu¨¦ viste, Marcos? ¡ªCarl se acerca m¨¢s a ¨¦l, haciendo que Marcos sienta su aliento a frituras¡ª. ?Qu¨¦ ocurri¨® ah¨ª? Marcos no puede evitar sentir terror, y no puede hacer m¨¢s nada. Solo una cosa, y es su ¨²ltimo refugio emocional que puede hacer en este momento: Abrazar a su hermano. Marcos lo rodea con sus brazos sin avisar, haciendo que Carl quede sorprendido. Poco despu¨¦s, responde y lo hace con m¨¢s fuerza. Con cierta satisfacci¨®n, y es como si Carl tambi¨¦n estuviese llorando. Marcos no aclara el porqu¨¦ de su problema, y lo niega rotundamente; solo quiere ir a casa. (Solo quiero¡­ dormir). Carl saca la llave de su bolsillo, y la hace girar en la reja. Ambos entran, ahora Marcos llevando la harina (pesa mucho) y Carl apoy¨¢ndose de los reposamanos oxidados. El hermano mayor abre la reja de su casa y luego la puerta met¨¢lica, donde procede a entrar. Carl deja caer la llave en la mesa de madera pulida, y encarga a Marcos de cerrar la puerta. Al fin, la soledad de su hogar. Nunca se hab¨ªa sentido tan sola desde que su mam¨¢ perdi¨® la movilidad de las piernas, y el poco confiable viaje de negocios de su padre (seg¨²n Carl). Marcos entra en el blanco pasillo y abre la puerta del cuarto de su madre, quien se halla en la cama. Carl es quien se encarga de cocinar mientras ella est¨¢ as¨ª, y se entiende. Marcos la abraza con fuerza, pero tambi¨¦n, con cuidado, porque la puede herir sin querer. ¡ª ?Qu¨¦ te pas¨®, Marcos? ¡ªPregunta su madre, una mujer morena de cabello alisado cuya mirada fuerte, parece como si Marcos se mirara al espejo¡ª. Te veo con la cara roja. ¡ªSolo algo me asust¨®, mam¨¢. ?C¨®mo est¨¢s? ¡ªBien, me siento bien ¡ªEn sus ojos se puede ver una preocupaci¨®n, y evita el contacto visual con su hijo ¡ª ?Cu¨¢ndo te vas a recuperar? La mujer hace una mirada de hito en hito, intentando responderle a esa pregunta con la mayor rapidez posible. Marcos percibe un nerviosismo de su parte, como si ella realmente no supiera. Como si la cosa en realidad, fuese peor que lo que ¨¦l puede suponer. ¡ªMam¨¢ tiene que descansar, Marcos ¡ªinterrumpe Carl, tirando fuerte de Marcos hasta el pasillo y cerrando la puerta. Se agacha hacia ¨¦l y le habla con tono agresivo, rega?ado¡ª. No le vuelvas a preguntar nada sobre esto. ?Ella se est¨¢ recuperando! No quiere que la molesten. ¡ª ?Pero qu¨¦ le pasa a ella? ¡ªSe est¨¢ recuperando y punto. No tienes que meterte. La respuesta no ayuda en nada, pero Marcos logra entenderlo. Es de esas cosas que no debe hablar, probablemente. Considera que es de esos descuidos y correcciones que siempre le hacen. Marcos entra a su cuarto y se quita la ropa, quedando en calzoncillos como costumbre que suele hacer en su casa. Le molesta andar con la ropa todo el d¨ªa; le provoca picor y m¨¢s de una vez debe rascarse. Solo alguien de la familia ser¨ªa capaz de andar enchaquetado y con m¨¢s de ocho capas de ropa, por m¨¢s solo que est¨¦: Carl, un claro opuesto a su hermano menor. Marcos se asoma por la ventana para apreciar lo alto, y observa a un mont¨®n de ni?os jugar por las calles. Las ni?as uni¨¦ndose a un futbolito con los ni?os, mientras los adultos se hallan en sus sillas conversando. A Marcos le trae sin cuidado el si juega con los ni?os o no. M¨¢s bien, prefiere estar solo. Sin embargo, algo le llama la atenci¨®n. Un chico de piel morena que lo mira desde el pasto de la vereda. El chico tiene los ojos muy abiertos. Marcos piensa que se debe a que est¨¢ sin camisa y se siente tan inc¨®modo que cierra la ventana. Prende el televisor y pone el canal 42. Dibujos animados de siempre. A veces Carl tambi¨¦n ve ese canal. El d¨ªa transcurre sin novedad y todo pasa como siempre. Al caer la noche, cerca de las nueve, Carl entra al cuarto de su madre para hacerle compa?¨ªa. Marcos no entiende por qu¨¦ hace eso, si ella puede dormir sola. Ayer tuvo curiosidad y escuch¨® lo que hablaban detr¨¢s de la puerta. (Soy una in¨²til, Carlos. De verdad) ¡ªDijo su madre, Bepsi Mendez (No digas eso, mam¨¢. Nos tienes a nosotros, y mira todo lo que has logrado) ¡ªRespondi¨® Carl, Carlos Pulchmer. Cuando oy¨® un ruido, Marcos fingi¨® que iba al ba?o y vio a su hermano salir del cuarto. Pero aunque se tapa la cara con la almohada, no puede dormir. Cuando cierra los ojos, siente una urgencia de abrirlos. Un temor de que algo pueda pasar en ese momento. (Eso que siente mi pap¨¢). Su pap¨¢ le dijo que era ansiedad, y la verdad es que no le sirve de nada. Fue lo mismo que lo llev¨® al psiqui¨¢trico. Marcos siente como si alguien lo observara, unos ojos invisibles que lo ven desde la ventana de su cuarto. Llenos de oscuridad y agresividad, mientras el viento silba por las rendijas. Una voz que parece ronca, ¨¢spera y gutural. ¡ªDesorden, inestabilidad y frustraci¨®n. No deber¨ªas estar aqu¨ª. No toques nada ¡ªMarcos se da cuenta de algo: las voces se vuelven m¨¢s claras mientras siguen¡ª. Bendito sea el destino. El cruel destino que nos unir¨¢ al final. Y una mano aparece desde la ventana, escribiendo con surcos algo que produce un sonido espantoso. El sonido es tal que llena los o¨ªdos de Marcos e intenta tap¨¢rselos, pero no puede hacerlo. Su cuerpo se siente demasiado d¨¦bil como para moverse; su cuerpo est¨¢ paralizado. Con cierto nivel de lectura, Marcos lee el texto. ¡°Errante¡±. Marcos hace lo posible para moverse y escapar, pero no puede. La luz de su cuarto que hab¨ªa dejado encendida, se apaga de repente. En la negrura de la oscuridad, solo est¨¢ la iluminaci¨®n del exterior. Dando la impresi¨®n de unas rejas que encierran a Marcos en una c¨¢rcel. (?Mam¨¢! ?Pap¨¢! ?Carl!) ¡ªPero tampoco puede mover su boca. Al siguiente parpadeo, sus ojos sienten como una fuerza los intenta cerrar. No puede volver a abrirlos, y no puede mover ninguna parte de su cuerpo. Marcos siente como si algo entrara por la ventana, y ese algo tuviera unos ojos brillantes. Unas cuencas con textura puntiaguda como la de un erizo. Una cabeza inclinada hacia Marcos, acercando su mano cubierta de hongos. Marcos siente su coraz¨®n latir hasta querer salirse del pecho, y unas ganas de vomitar intensas. Marcos solo logra sentir el fr¨ªo del cuarto, que antes era el calor de sus s¨¢banas. (?AYUDA!) Una mano pasa con suavidad por las cortas piernas del muchacho, y sube hasta encontrarse con su rostro. Su textura endurecida hace que sus dedos parezcan ramas, y Marcos lo siente desagradable. Esa sensaci¨®n de tener algo cerca de sus ojos, como una falsa presi¨®n sin necesidad de tocarlo. Como recibir cosquillas sin siquiera ser tocado. Ah¨ª es donde su pecho siente como algo pesado, como un televisor, aprieta su pecho y los dedos se meten en las mejillas del muchacho. Carl se despierta sobresaltado en el colch¨®n que est¨¢ en el suelo y ve que su madre sigue durmiendo. El hombre se confunde y se pregunta¡­ ?qu¨¦ fue lo que acaba de escuchar? ?Marcos acaba de gritar por ayuda? Carl decide comprobarlo por s¨ª mismo y sale r¨¢pido de la habitaci¨®n, llegando a la puerta del cuarto de su hermano. Carl trata de abrirla, pero el pomo est¨¢ duro; Marcos debi¨® de cerrarla por miedo. Va al sal¨®n y coge la llave que estaba pegada a la puerta de la casa y la usa en el cuarto. No se oye nada, solo una tormenta que produce unos vientos fuertes que hacen silbar los resquicios. Carl entra al cuarto, cuya luz encendida le hace da?o a los ojos. Marcos est¨¢ envuelto en las s¨¢banas, temblando como si fuera una lavadora secando. ¡ª ?Marcos? El ni?o se asusta, asustando tambi¨¦n a Carl. Se acerca a su hermano peque?o y se sienta en la cama. Quiere preguntarle, pero tampoco quiere despertarlo. Recuerda ese momento, hace meses, cuando lo despert¨® con cosquillas y su madre le rega?¨®. Carl no entendi¨® ese momento, pues solo quiso hacerle una broma. Fue ese momento donde fue inocente (?o ignorante?). Carl siempre fue un ignorante patol¨®gico ante las costumbres de los dem¨¢s. Carl nota algo raro en la s¨¢bana. Una mancha rojiza, cerca de donde deber¨ªa estar su cara. Esto le hace sudar fr¨ªo y levantar la s¨¢bana, encontr¨¢ndose con algo que le pone los pelos de punta. Marcos tiene la mejilla destrozada, con sangre que le llega hasta la cama. En su mano derecha, se ven los trozos de carne en sus dedos. El joven se siente horrible por lo que acaba de pasar, tanto que siente la necesidad de irse de la casa. Siempre el destino busca hacerle recordar eso. Ese Momento. (Ese Fat¨ªdico Momento. Yo solo quer¨ªa vivir feliz, co?o). Ahora Marcos tiene (o ten¨ªa, porque se la acaba de destrozar) una cicatriz en su mejilla, seguida de una zona calva por encima de su ceja. El ni?o ahora mira al suelo y divaga m¨¢s, por su culpa. ?Y si ese abrazo fue por miedo? ?Miedo a que Carl le hiciera algo malo? Dios m¨ªo, el mundo. Si es que Marcos tuvo pesadillas con ¨¦l y con lo ocurrido. Pero al menos no quer¨ªa matarlo, o al menos eso quiere pensar. Algo que nadie sabe de su don es que podr¨ªa matar a cientos de personas en un instante si quisiera. Con una explosi¨®n que pudiera provocar a su hermano, pues ?qu¨¦? Lo matar¨ªa. Carl se convence a s¨ª mismo con una falsa chaqueta mental. Carl tiene dos opciones: Llevar a su hermano a dormir con su madre o quedarse a dormir con ¨¦l. Pues no tiene opci¨®n. Tiene que volver a ganarse el respeto de su hermano y que piense en el ¨ªdolo que su hermano mayor debi¨® ser. Incluso si tenga que hacer algo fuera de sus caprichos o que le d¨¦ mucho miedo, Carl har¨¢ lo posible para un solo fin: Demostrarle a su hermano que lo quiere mucho. Pero no puede evitar tener ese pensamiento. Tan furioso como cargado de odio hacia s¨ª mismo. Por un momento piensa que deber¨ªa alejarse de su hermano para que est¨¦ en paz; por otro piensa que lo probable es que todo est¨¦ en su mente. Carl no puede evitar guardar rencor, no solo a s¨ª mismo sino a ESA cosa. (Esa cosa, que tanto asust¨® a mi hermano). Todo en la vida armoniza y lo reciente no es excepci¨®n. Algo tuvo que pasar ah¨ª. Hay una raz¨®n para que su hermano haya corrido sin parar, aterrorizado y envuelto en el horror. Carl por fin lo entiende y comprende lo ocurrido. Marcos (quiz¨¢s, co?o. Otra vez, dudas) no tiene miedo de su hermano mayor, sino del espantap¨¢jaros que acaba de ver. Carl se acuesta en la cama de Marcos. Se acomoda detr¨¢s de ¨¦l y lo abraza suavemente; se siente tenso, caliente y blando. No le gustan mucho los abrazos y nunca hab¨ªa sentido algo as¨ª. Ni cuando abraz¨® a la chica que le gustaba. Ni cuando abraza a su pap¨¢ o a su mam¨¢. Esa sensaci¨®n aut¨¦ntica de disfrutar abrazar a alguien. Su hermano deja de estar r¨ªgido y su nariz hace una inhalaci¨®n m¨¢s profunda; se acaba de dormir. Aun as¨ª, Carl no puede luchar con el insomnio. No puede dormir. El sol se filtra por los barrotes de las ventanas. Los p¨¢jaros cantan y los vecinos encienden sus ruidosos esmeriles que despiertan a cualquiera que viva en planta baja. Marcos abre los ojos lentamente, atontado y con la mente en otro sue?o que tuvo. Uno que no recuerda, pero le ha dejado un mal sabor de boca. (¨®scar). Marcos so?¨® con alguien llamado ¨®scar. El nombre que ¨¦l siempre quiso tener y se sol¨ªa llamar as¨ª cuando ten¨ªa cinco a?os. Carl era el ¨²nico que no le hac¨ªa caso y mira que ¨¦l s¨ª tiene un apodo. No recuerda los detalles, solo tiene una sensaci¨®n chirriante. Una sensaci¨®n ¡°espacial¡± de estar en un oscuro hotel subterr¨¢neo, con pasillos infinitos. Marcos est¨¢ aliviado; es de d¨ªa y normalmente no le da miedo en ese momento. Se sienta en su cama para desperezarse un poco, sin recordar lo que pas¨® anoche. El espantap¨¢jaros no se mueve y puede ser su mente jug¨¢ndole malas pasadas. El espantap¨¢jaros no brilla los ojos. Los dones existen, pero la actividad paranormal no. (No brillan¡­) Marcos cae adormecido, listo para despertarse horas m¨¢s tarde; sin embargo, alguien le da palmaditas en el cachete. Marcos intenta quitarse a esa molestia que lo despierta y abre los ojos, solo para descubrir que se trata de su hermano mayor. ¡ªDespierta, Marcos. Marcos alza la mirada hacia Carl y nota que este lleva un hacha consigo. Un hacha de le?ador, con un mango que brilla por lo pulido que est¨¢. Tiene un nombre grabado, ¡°M¨¦ndez¡±. El hacha de los M¨¦ndez. ¡ª ?Qu¨¦ haces con el hacha de mam¨¢? ¡ªPregunta Marcos, a¨²n con sus ojos queriendo cerrarse¡ª. A ella no le gusta que le toquen sus cosas. Carl se tumba en la cama de Marcos, sent¨¢ndose a su lado. Marcos puede sentir c¨®mo ¨¦l apoya su cabeza sobre ¨¦l, como hacen las madres con sus hijos reci¨¦n nacidos. El ni?o siente una sensaci¨®n de cari?o indescriptible y esto lo hace rodear a su hermano mayor con un brazo. ¡ª ?Esto? ¡ªCarl hace ¨¦nfasis en el hacha. El sol hace relucir el acero inoxidable¡ª. Es para algo importante. Dime, ?qu¨¦ so?aste ayer? ¡ªNo lo s¨¦. Carl lo suelta. ¡ª ?Entonces por qu¨¦ gritaste? (?Qu¨¦?) ?Qu¨¦ acaba de pasar ayer? Marcos no logra recordar nada de lo que pas¨®, a menos que esa horrible sensaci¨®n cuente. ¡ªPor nada ¡ªMarcos se siente distante a su pregunta. Carl se levanta de la cama con rapidez y observa a Marcos fijamente. Ojos encarnizados que han mirado al otro vendedor antes, ahora est¨¢n puestos sobre Marcos. El ni?o siente un escalofr¨ªo, porque esa mirada le recuerda a ese Fat¨ªdico Momento. No quiere que se repita. Marcos se portar¨¢ bien. ¡ª ?Sabes por qu¨¦ pap¨¢ entr¨® al psiqui¨¢trico, Marcos? ?Porque se guardaba todos los malditos problemas para s¨ª mismo! Ser¨¢ mejor que me digas lo que est¨¢ pasando, porque si no¡­ dios m¨ªo ¡ªCarl se traba, como si tuviese m¨¢s que contar y se cortara en ese mismo momento. Hace una pausa, mirando a Marcos fijamente, mientras el susodicho lo observa con confusi¨®n¡ª. Marcos, por favor dime. Marcos no sabe qu¨¦ contarle, porque no entiende de qu¨¦ habla. Se siente mal al ver a su hermano preocupado, afectado y como si algo lo estuviese acechando. Marcos no sabe qu¨¦ decirle al respecto, si mentirle o no saber nada. Con un silencio inc¨®modo, siente un ardor en su mejilla al que toca, sintiendo algo r¨²stico. ?Qu¨¦ acaba de pasar?, se pregunta a s¨ª mismo, mientras evita la mirada a los ojos deprimidos y ojerosos de su hermano mayor. ¡ªBueno, no me importa ¡ªCarl le da la espalda a Marcos, mirando a la puerta¡ª. Yo ya me imagino. Todo tiene una causa y un efecto. ¡ª ?Qu¨¦ vas a hacer con eso, Carl? ¡ªVoy a destrozar ese maldito espantap¨¢jaros. Marcos se queda at¨®nito y su hermano sigue mirando al horizonte. Antes de pedirle que no lo haga, ya es demasiado tarde. Carl se va del cuarto, cerrando la puerta cuyo estruendo se escucha desde los pasillos hasta la sala principal. (No, por favor. No te acerques. ?CARL!) Marcos se da cuenta de los problemas en los que se acaba de meter. Capítulo 2 - Remordimientos del Pasado Marcos siente esa sensaci¨®n con m¨¢s intensidad que antes. Esa sensaci¨®n de que algo peligroso va a pasar. Recuerda haberla sentido con m¨¢s fuerza cuando el Espantajo los mir¨® a los dos, con dureza en su mirada que no se le borra. Su hermano va a enfrentarse a esa cosa y va a arriesgar su vida. ?Qu¨¦ le puede pasar? Qu¨¦¡­ (El ni?o que se rompi¨® la cabeza) ¡­ puede pasar. Marcos sabe la respuesta: Su hermano va a morir. ?Carl! ¡ªLe grita Marcos para llamarlo, pero no hay respuesta. Marcos se levanta de su cama y corre al pasillo, solo para darse cuenta del fr¨ªo intenso que le recorre todo el cuerpo; no tiene su ropa. Marcos se pone sus shorts y camisa con mucha rapidez y abre la puerta. Recorre el pasillo, solo para darse cuenta en ese instante del estruendo que la puerta hace. Su hermano acaba de salir. Marcos no tiene m¨¢s remedio que salir de su casa e ir¡­ a ese bosque. No encuentra la llave en la mesa y no puede abrir la reja que est¨¢ detr¨¢s de la puerta. Marcos ve el seguro y se le ocurre una idea genial. Toma un tenedor y lo mete en el cerrojo, abri¨¦ndolo al fin. Con la tierra entr¨¢ndole en los pies descalzos, Marcos est¨¢ en el descansillo del edificio. El fr¨ªo de la ma?ana y la vista alta, donde puede ver a los vecinos arreglando un autob¨²s. Marcos baja por las escaleras, sintiendo c¨®mo sus muslos le arden con cada escal¨®n bajado. Reconoce lo d¨¦bil que es, incluso para los otros ni?os. Recuerda ese momento cuando un ni?o lo agarr¨®, mientras otro le restregaba sus pu?os con su cabello. Lacio con un corte de honguito que contrasta con el de sus compa?eros, con sus cabellos ondulados y cortos. En ese momento no hizo m¨¢s que llorar. (Llorar. Solo hago eso; me quejo. Solo huyo). Marcos se da cuenta de algo que le impide avanzar m¨¢s all¨¢ de la salida del edificio. Su coraz¨®n siente un fr¨ªo indescriptible y una presi¨®n que hace temblar sus extremidades. No puede moverse m¨¢s all¨¢ de donde est¨¢ y todos esos signos solo indican una cosa: siente terror. Tanto que podr¨ªa volver corriendo a la casa y pedirle ayuda a su mam¨¢. Pero ?qu¨¦ dir¨¢ ella? No puede caminar y por lo tanto, no podr¨ªa salir a buscar a Carl. Marcos tambi¨¦n da por hecho que el Espantajo no es peligroso y solo es su imaginaci¨®n. (Esa cosa, que ayer me dio un susto. ?Por qu¨¦ mi hermano actu¨® as¨ª?). Marcos cada vez m¨¢s, siente ese mal presentimiento. Esa preocupaci¨®n inminente. Ese sentimiento¡­ Siempre lo hab¨ªan protegido a ¨¦l; ¨¦l no tuvo que preocuparse de la seguridad de otros. Siempre, supuso que a los dem¨¢s no les pasar¨ªa nada malo. Sus molestos padres, que imped¨ªan que se subiera en las sillas y se sirviera agua en esas grandes jarras, ahora ¨¦l los entiende. Hac¨ªan lo posible para cuidarlo, porque lo quieren mucho. Marcos hizo muchas cosas imprudentes en el pasado, que lo llevaron a arrepentirse. Lo mismo con Carl. ¡ª ?No! Marcos aprieta sus pu?os y obliga a sus pies a seguir adelante, a pesar del terror que tiene. Va a entrar al bosque, aunque tenga que arriesgar su propia vida. Cierto que nunca ha cruzado la calle, pero al menos supone que los conductores son unos malditos ciegos; no debe confiar en ellos, as¨ª como tampoco debe confiarse en lo que le pasar¨¢ a Carl. ¡ª ?Hola, Marcos! ¡ªSe acerca un hombre alto, mayor y con una ropa descuidada, adem¨¢s de un vaso cervecero¡ª. ?Est¨¢ tu mam¨¢ ah¨ª? ¡ªMi mam¨¢ no puede levantarse porque le pas¨® algo ¡ªResponde Marcos, distra¨ªdo¡ª. No me acuerdo, ?c¨®mo te llamas? El se?or pone los ojos en blanco. ¡ªH¨¦ctor ¡ªmira a su alrededor, apurado¡ª. Voy a subir a recoger la basura. Dile a tu mam¨¢ que vengo en dos horas, ?vale? ¨C ?Qu¨¦ haces con la basura? ?De d¨®nde salieron esas¡­ ¨C(?C¨¦ntrate, joder!). Quiz¨¢ lo bueno de estar en el 2022 es que, a no ser que haya alguien que lea la mente, puedes pensar lo que quieras en tu cabeza. Puedes soltar todas las palabrotas que se te ocurran, sin que tus padres se enfaden contigo. Sin que tu padre te pegue un bofet¨®n cada vez que dices un taco. Marcos se acuerda otra vez de Carl y se pregunta¡­ ?ser¨¢ casualidad que H¨¦ctor haya aparecido justo ahora? No puede ser que tenga tan mala suerte y que tambi¨¦n se haya despistado. Estaba pensando en Carl, no en otra cosa. (?Dios m¨ªo!)¨C. Perdona, voy a seguir a mi hermano. H¨¦ctor asiente y Marcos corre por la acera. El ¡°Kia¡± de su padre y las celdas donde aparcan los coches. Parecen una c¨¢rcel. Las calles est¨¢n vac¨ªas y los ni?os van a sus colegios, aunque Marcos empieza las clases dentro de un mes. Marcos corre por las calles, rodeando cada ¨¢rbol hasta llegar al bosque desde lejos. (Esa cosa. Dios). Marcos lucha contra el miedo y entra. Se siente tan mal como la ¨²ltima vez. La tierra sigue igual, igual que las hojas de los robles. Todo parece tranquilo¡­ (Oh no). Algo est¨¢ de espaldas a ¨¦l, con un hacha en la mano. A trav¨¦s de la niebla, puede ver una piel de madera agrietada y un temblor que le viene de los hombros. Mira al horizonte, mientras el viento mueve las hojas a su alrededor. Formando un remolino de tierra y hojas, ese alguien se gira. Marcos no distingue bien su cara, ni tampoco quiere. Retrocede por instinto y sus pies tropiezan con una piedra que lo hace perder el equilibrio. El chico no puede moverse ni arrastrarse para escapar. Ese Algo se acerca a ¨¦l, con una lentitud angustiosa. La vista de Marcos se estrecha hasta nublarse, con un dolor de cabeza que le aprieta las cejas. Sus esf¨ªnteres dejan de funcionar y se moja los pantalones cortos. Marcos abre los ojos como platos mientras esa persona est¨¢ delante de ¨¦l. Su silueta a contraluz. (Marquitos, ven aqu¨ª. Solo quiero cobrarte lo que me debes, nada m¨¢s. Solo quiero hacerte ver lo que les pasa a los que se meten conmigo. Con mi vida y con mi felicidad. Ven, porque te voy a destrozar la maldita cara. M¨¢s all¨¢ de romperte la mejilla, porque puedo ver la sangre en el suelo. Te voy a ense?ar que conmigo no se juega). ¨C ?MARCOS! Marcos responde con un grito. ¨C ?Qu¨¦ ha pasado? ¨CPregunta Carl, mirando a su hermanito fijamente. Con el hacha en la mano¨C. ?Dios, has cruzado toda esa calle t¨² solo! ?Qu¨¦ ha pasado? ?Por qu¨¦ te has hecho pis? (Gracias a Dios; mi hermano est¨¢ vivo). Marcos lo abraza con todas sus fuerzas. Tan fuerte como el alivio de verlo vivo. Su hermano lo mira fijamente, todav¨ªa confundido. ¨CCarl, por favor. No te acerques a esa cosa ¨CDice Marcos, llorando¨C. No me gusta cuando te arriesgas as¨ª. No me gusta cuando pasan cosas malas. Quiero que vuelvas a casa, por favor. ¨CPero si no encontr¨¦ nada. ¨C ?Qu¨¦? ¨CMarcos se queda at¨®nito. ¨C?Lo iba a destrozar! Pero parece que se lo llevaron ¨CCarl suelta una risita¨C. Era tan feo que seguro que asustaba a la gente. Cr¨¦eme, estuve a punto de hacerlo ¨Cse?alando su cabeza¨C. Dios, lo siento Marcos. No pude hacer nada para que te sintieras mejor. ¨C ?De qu¨¦ hablas, Carl? Carl lo suelta y se levanta. ¨C ?C¨®mo t¨² defines errante, Marcos? (Errante). (ERRANTE) Esa sensaci¨®n de irrealidad. Marcos se toca la mejilla dolorida, recordando lo que pas¨® en ese sue?o. Mientras esos lo atormentan, Marcos intenta cont¨¢rselo con detalle. El c¨®mo el Espantajo le clavaba sus dedos en la mejilla, el c¨®mo Marcos tuvo que huir aterrorizado por los pasillos. El c¨®mo tuvo que coger un cuchillo para defenderse, mientras esa cosa caminaba sin temor alguno. El c¨®mo dejaba un rastro de oscuridad que llenaba el pasillo, y del que estaba seguro que lo iba a engullir. Marcos abri¨® la dura ventana e intent¨® salir, solo para encontrarse con los barrotes, que tuvieron que ser m¨¢s estrechos que su cabeza. Lo ¨²ltimo que recuerda Marcos, es esa cosa. Siniestra pero sonriente (a diferencia del real, cuyo rostro padece), agarr¨¢ndolo por las axilas y lanz¨¢ndole un grito indescriptible. Una mujer, que grita desde el fondo de un pasillo vac¨ªo. Carl se seca el sudor de la frente y observa a Marcos con unos ojos heridos. Una mirada de sufrimiento que luego desv¨ªa, quiz¨¢s para que su hermano no la vea. Otra vez, esa culpa que tanto lo acosa. El hermano mayor se aparta con tanta prisa que choca con alguien, quien se tambalea hasta caer de lado a la arena. Carl se recupera del equilibrio, confuso por lo reciente, y agudiza la vista para reconocer a la persona que est¨¢ frente a ¨¦l. Se trata de Abraham ¡°El Nino¡±, quien les hab¨ªa ayudado a comprar la harina el d¨ªa anterior. ¡ª ?Perd¨®n! ¡ªDice Carl mientras lleva su mirada de preocupaci¨®n, y se acerca dos pasos hacia ¨¦l. ¡ª ?Dios! ?Mi ropa est¨¢ arruinada! ¡ªAbraham suelta un quejido tan dram¨¢tico que, en vez de provocar empat¨ªa, hace que Marcos se sienta inquietado por la falsedad detr¨¢s de sus palabras. No reconoce ni siquiera el momento donde ¨¦l se hab¨ªa aparecido ni el porqu¨¦. Como si hubiese surgido de la nada. El hombre que est¨¢ en el suelo, mira una mancha marr¨®n en su camisa blanca y una rotura en su pantal¨®n beige, como si las cosas no fuesen m¨¢s convenientes y dram¨¢ticas de ver. ¡ªPero si no vi el paso, de verdad ¡ªExclama Carl, quien parece el ¨²nico preocupado aqu¨ª. Unauthorized reproduction: this story has been taken without approval. Report sightings. ¡ªTranquilo, no hay problema ¡ªEl hombre se levanta y le muestra una sonrisa, cuyo aire sigue inquietando al mismo ni?o¡ª. Ten¨ªa pensado ir a casa de mi novia, pero no puedo ir as¨ª. ?Sabes? Las mujeres son muy superficiales. ¡ªPor favor, en serio, perd¨®name ¡ªResponde el otro, quien empieza a hacer gestos¡ª. Estaba absorto en otra cosa y no pretend¨ªa arruinar tu cita¡­ Abraham le interrumpe y se?ala. ¡ª ?Y ese hacha? El otro se queda mir¨¢ndolo fijamente, sabiendo el abrupto cambio de tema. El peque?o Marcos, mirando al Hombre Malo con sus ojitos, no puede dejar de pensar en las intenciones que lleva detr¨¢s. ¡ª ?Esto? Quer¨ªa saldar unas cuentas, pero veo que no puedo ¡ªResponde Carl, quien de repente parece transformarse en otra persona. Sus hombros encorvados pasan a ser unos erguidos, y habla con mucha m¨¢s destreza que cuando est¨¢ en la casa. Cuando Carl habla con otras personas, parece alguien diferente. ¡ªPorque quiero pedirte un favor, si no es mucha molestia. Un favor, s¨ª. Su pap¨¢ le hab¨ªa dicho que esas personas que primero hacen un favor incondicional, casi siempre lo har¨¢n porque van a necesitar algo. Que no debe dejarse manipular por esa clase de cosas. ¡ªLo siento, pero no puedo. Apenas intento superar esta¡­ ansiedad, ya que entrar¨¦ a la universidad en Enero ¡ªResponde Carl, abstra¨ªdo. ¡ª ?Pero te har¨¢ sentir bien! ¡ªAbraham sonr¨ªe. Esa sonrisa simp¨¢tica, Marcos percibe cierta malicia¡ª. ?Querr¨ªas visitarme ma?ana, a las 2:00PM? ¡ª ?Tan pronto? ¡ªCarl y Marcos cruzan miradas, confundidos. No pueden evitar sentir esa pizca de recelo, para un hombre que conocieron hace poco. Pero viendo lo reciente, no es posible convencerlo porque cede al instante¡ª. Bueno, est¨¢ bien. Abraham suspira. Un hombre de gorra tricolor con estrellas, alto con unos 194cm que humillan los 178cm de Carl (altura que es incluso mayor al promedio), con una mirada simp¨¢tica. El ¨²nico que puede percibir esa hosquedad casi antisocial, es Marcos. Adem¨¢s de su boca semiabierta, evidenciando sus largos dientes. ¡ªPara serte sincero, me caes bien ¡ªde evitar el contacto visual, Abraham ahora mira a Carl fijamente. Sonriente y relajando sus m¨²sculos¡ª. Es decir, ?no cualquiera tiene una opini¨®n tan cr¨ªtica sobre este sistema de microchips! Casi todos con los que hablo, suelen ser unos malditos ignorantes. Creyentes del ¡°El mundo antes era peor; no hab¨ªa control sobre las cosas¡±, y m¨¢s excusa barata para quitarnos nuestra libertad. ¡ª ?Te llaman El Nino? Mira, pero escucha. Antes esto era perseguido y no fue sino hasta el 1990 que las presiones del progresismo lo legalizaron. Que el mundo era mejor, en mi opini¨®n¡­ es una completa mentira. ¡ª?Eso es lo que quieren que creas! Si legalizaran las drogas, cr¨¦eme que no todo el mundo se convertir¨ªa en drogadicto ya que lo mismo pasar¨ªa con el alcohol. Si legalizaran las armas, ?cr¨¦eme que no habr¨ªa ni?os tiroteando escuelas como en otros pa¨ªses del primer mundo!. ?O acaso crees que los ni?os no buscar¨ªan otras formas? Aqu¨ª es posible que te asalten, pero all¨¢ es m¨¢s probable que te maten. ¡ª ?Qu¨¦ evidencia tienes al respecto? Abraham fuerza una sonrisa. ¡ªTienes el don, o ¡°K¨®bisto¡± como se llama realmente, de crear explosiones¡­ ?no? No mataste al vendedor, aunque POD¨ªAS; los microchips no son infalibles, porque aunque no tengas ning¨²n don¡­ (Si estuvieses predispuesto, buscar¨ªas hacerle da?o. Por eso no todos somos criminales). Carl hace el adem¨¢n de contradecirle, pero se queda sin palabras. At¨®nito ante la conversaci¨®n que acaba de tener, y la l¨®gica que tienen las palabras de Abraham. Marcos percibe cierta hipnosis que Abraham parece hacerle a su hermano, y teme a que haga algo malo. Carl le da la raz¨®n y acuerda con Abraham la visita. No a las 2:00PM como quer¨ªa, sino a las 4:00PM. Carl y Marcos se regresan a La Cascada. Entran al edificio, y convencen a su mam¨¢ quien est¨¢ muy curiosa de qu¨¦ hac¨ªan. Son las 9:00AM; es hora del desayuno. Carl prepara unos boyos de ma¨ªz blanco y los sirve con jam¨®n, queso y mantequilla. Dos platos, porque ¨¦l no tiene hambre. Todav¨ªa sigue pensando en lo que Marcos le dijo en el bosque. Una escena escandalosa que intenta olvidar cuando tiene oportunidad, pero no puede; lo recuerda cada vez que hace el intento por no pensar en ¨¦l. Camina con el plato de Marcos, pensando en las peleas que tuvieron sus padres cuando ¨¦l fue peque?o. C¨®mo fue testigo de gritos, el c¨®mo sus padres se golpeaban mutuamente. Cuando su madre le arroj¨® agua hirviendo a su pap¨¢, y este respondi¨® jal¨¢ndole los cabellos. Cuando su madre lo apart¨® con violencia cuando Carl intentaba detenerlos, y c¨®mo ese gesto encendi¨® la rabia de su padre. Una sucesi¨®n en cadena de eventos, pasando por un traum¨¢tico momento donde casi se divorcian. Carl permaneciendo una semana con su madre, y otra con su padre. Un sentimiento que ten¨ªa en esos momentos, ya no era indiferencia como le hac¨ªa gran parte de las cosas que ocurr¨ªan. Ten¨ªa mucho miedo y no se imaginaba la idea de separarse de ambos. Carl consider¨® dos cosas: explotar la casa, o el suicidio. Con una cuerda de nailon prepar¨® su escenario y lo practic¨®, subi¨¦ndose a la silla y haciendo los ademanes de soltarla para que la cuerda lo asfixie. En otra, Carl cre¨® un peque?o diamante cuyo radio llegar¨ªa al tama?o de la mesa de la casa, con el que prender¨ªa la bombona y les demostrar¨ªa lo frustrado que est¨¢. En ambas, quer¨ªa dar un mensaje: hacerles saber las consecuencias y que se detengan. Pero antes de empezar a planificarlo, Carl recibi¨® una noticia extra?a: su madre se hab¨ªa quedado embarazada. Desde ese momento, fue que las cosas se normalizaron. Marcos naci¨® y se cri¨® en un entorno seguro, que siempre le provoc¨® envidia a su hermano mayor. Que sus padres le dieran m¨¢s atenci¨®n a ¨¦l, que a su primer hijo a quien han involucrado en sus caprichos matrimoniales. (Tal vez por eso mi pap¨¢ hab¨ªa ido al psiqui¨¢trico. Tal vez por eso mi pap¨¢ se tom¨® un tiempo. Maldita sea, ?MALDITA SEA! ?ME CAGO EN TODO! ?EN ESTA FAMILIA DE MIERDA!) Ocultando su sufrimiento interno, Carl deja la comida en la mesa y llama a Marcos, quien sale de su cuarto ¡ªahora con sus shorts¡ª para comer. Todav¨ªa sigue con las ganas de destrozar ese Espantajo; ser¨ªa la ¨²nica vez donde dejar¨ªa que su mal genio diera frutos. Donde canalizar¨ªa toda la rabia que siente hacia s¨ª mismo, y redimirse de ese resentimiento que tanto intenta reprimir. (No son chorradas. Soy un hombre cambiado, y no necesito destrozar objetos inanimados para demostrarlo. Debo dejar mis inmadureces, y actuar como el adulto de 19 a?os que soy. Los hombres no lloran, co?o). Con Marcos ech¨¢ndose una jartaz¨®n de comida, Carl tapa el plato de su madre y va hacia su cuarto. Le ayuda a sentarse en la cama, tom¨¢ndola por los muslos mientras esta se aferra a ¨¦l; se siente muy pesada para ser delgada. Tal vez haya engordado un poco. ¡ª ?Qu¨¦ fue ese grito, Carl? ¡ªLe pregunta su madre¡ª. Esta ma?ana me despert¨® Marcos, gritando tu nombre. Carl estuvo tan absorto en sus pensamientos que no previ¨® eso. Marcos estaba busc¨¢ndolo; raz¨®n por la cual lo encontr¨® en el bosque. Carl lleva a su madre sostenida por ambos hombros, mientras la baja con suavidad para que toque la silla de ruedas. Las manos de Carl resbalan de los hombros de su madre, pero antes de caer como un maniqu¨ª viviente, su madre contrae los m¨²sculos de sus brazos. Est¨¢ ingr¨¢vida en la misma posici¨®n, flotando. Carl la vuelve a sostener y sienta bien. ¡ª ?Mam¨¢! ¡ªLe reprocha Carl¡ª. ?Te prohibieron usar tu levitaci¨®n mientras te recuperes! Cuando el peso del objeto levitado supera la fuerza de los m¨²sculos, el cuerpo compensa la falta utilizando otros como la espalda. Su madre no debe usar sus lisiadas piernas bajo ning¨²n motivo. ¡ª ?Y quedarme matada? ¡ªPregunta su madre, con sonrisa ir¨®nica y chocante¡ª. ?Pues claro que no! Carl no se lo puede discutir. Se pone detr¨¢s y la hace rodar a trav¨¦s del pasillo, camino a la sala. ¡ªY con respecto a lo anterior, Mam¨¢¡­ ¡ªCarl siente tanta verg¨¹enza de s¨ª mismo, que titubea si cont¨¢rselo o no. Al final, prefiere no hacerlo¡ª digamos que se trata de solo Marcos, ?sabes? Ten¨ªa mucho miedo, y lo dej¨¦ solo. ¡ªS¨ª, s¨¦ que no le har¨ªas da?o. Ustedes se quieren mucho ¡ª (?Lo sabes, mam¨¢? ?Si t¨² fuiste la que me detuvo al final!). ¡ª ?Qu¨¦ te han dicho las del hospital? ?Puedes mover un poco las piernas? Su madre ensombrece el rostro. ¡ªCreo que tendr¨¦ que renunciar. Hijo, tengo un nervio destrozado. Solo puedo mover las piernas un poco, pero no puedo caminar. Carl se frota la frente y detiene la silla. ¡ªMam¨¢, no hagas malos pron¨®sticos. A¨²n no lo sabemos. ¡ª ?C¨®mo que malos pron¨®sticos? ?Literalmente, me dieron el diagn¨®stico completo hoy mismo! ??Qu¨¦ pasar¨ªa con mi trabajo, y c¨®mo podr¨¦ mantener esta casa si tu pap¨¢ se va!? Dios m¨ªo, Carl. En serio no quiero que trabajes. ¡ªTodo va a ir bien, mam¨¢ ¡ªEn el fondo, Carl se muere por dentro¡ª. ?Optimismo!. Carl deja a su madre y le pone la comida en la mesa. Marcos habr¨ªa comido la mitad, y no puede evitar ver a su hermano con ojos extra?os. No come, y solo permanece apoyado a la mesa con una mirada abstra¨ªda. De hito en hito, preocupada. Las pupilas temblorosas y el sudor recorriendo su frente. El peque?o hace el adem¨¢n de preguntarle, hasta que alguien toca la puerta met¨¢lica. ¡ª ?Ser¨¢ el se?or H¨¦ctor? ¡ªPregunta su madre¡ª. Dios, y no revis¨¦ si ten¨ªa algo de comida guardada. ¡ªPues muy bajo para ser ¨¦l ¡ªCarl se levanta de su silla y abre la puerta. Tan pronto como abre la puerta, escucha el resonar de las escaleras pisarse con rapidez. Sea quien sea esa persona que est¨¢ corriendo, habr¨ªa tocado la puerta para luego irse. (Que idiota). Los ojos de Carl se fijan en una nota, que se encuentra debajo de la puerta. Se agacha para revisarla con curiosidad, abriendo las solapas del papel doblado. ¡°No vayas a fiestas. No hagas nada, que vaya a arriesgar tu vida. No aparezcas en los peri¨®dicos¡± ¡ªLa nota est¨¢ escrita con un cursivo infantil, del que Carl tiene dificultades para leer. Un tono extra?o, maquiav¨¦lico y misterioso para quien sea que haya puesto la nota. Un ni?o gast¨¢ndole bromas o un enano jugando al criminal, aunque es raro si ¨¦l NO conoce a m¨¢s nadie. Al final, Carl se mete la nota en el bolsillo y se prepara su comida. Ahora s¨ª le acaba de dar hambre. A las 3:59PM, Carl se dirige hacia el sector 1. Pasando por aquel l¨²gubre bosque central, con sus pantalones jeans, un sueter gris y unos zapatos negros. Ahora que lo piensa, ahora este lugar est¨¢ lleno de los malos pensamientos que tiene consigo mismo. El mismo lugar donde su hermano le solt¨® todo, y solo se sinti¨® miserable. De pronto, algo se mueve desde el borde de su campo visual. Carl gira sobre sus talones, y vislumbra una figura curiosa. El Espantajo que ¨¦l quer¨ªa destruir, est¨¢ ah¨ª mismo; no obstante, Carl parpadea y esa figura ya no est¨¢. Esto lo hace sentir extra?o, como si fuese una alucinaci¨®n. Otra figura se aparece en el lado opuesto y ¨¦l gira, solo viendo la nada absoluta. (?Qu¨¦ demonios?). Carl suda fr¨ªo y avanza con mayor rapidez, intentando centrar su mirada al centro. Con ese temor que le hace palpitar el coraz¨®n y con una sensaci¨®n hosca y desagradable que le recorre su columna vertebral. Algo se mueve al lado, y Carl vuelve a girar. Nada se mueve, y eso lo hace pensar una cosa: est¨¢ perdiendo la cabeza. Carl corre con la mayor rapidez que pueden sus piernas, intentando negarse as¨ª mismo que algo lo persiga. Neg¨¢ndose a que el Espantajo est¨¦ vivo de alguna forma. (?ATR¨¢S! ?MALDITA BESTIA, ATR¨¢S!) Llega al sector, sinti¨¦ndose aliviado y tambi¨¦n extra?ado (est¨¢s mal de la cabeza, Carl; as¨ª de sencillo. ?Jajaja! Mejor haz como si esto no hubiera pasado. No le contar¨¢s de esto a nadie¡­). Busca entre los edificios. Hay un parque biosaludable de calistenia al lado (deber¨ªa entrenar) y varios ni?os jugando futbol en una cancha. Las casas est¨¢n pegadas unas a otras, seguido de algunos edificios contiguos. Carl camina y camina, sintiendo el ardor en la planta de los pies. Ah¨ª es donde ve una figura reconocible, sin su gorra revelando un peinado m¨¢s desordenado. Carl se acerca y¡­ No es ¨¦l. Es un hombre cualquiera que acaba de salir de su casa. Carl concluye que ¨¦l no est¨¢ disponible, hasta que alguien grita su nombre. Carl gira sobre sus talones y ve que la figura ahora s¨ª es reconocible, joder. ¡ª ?Epa, Carl! ¡ª ?¨¦pale, Nino! Ambos chocan sus pu?os, aunque todav¨ªa no hablaron mucho como para considerarse amigos. Es como si Carl le tuviese aprecio, o el otro le tuviese aprecio; no lo sabe a ciencia cierta. Si fue la conversaci¨®n que sent¨® bien en lo que ambos quer¨ªan expresar, o ser¨¢ por¡­ Carl siente un dolor de cabeza al pensar en ello. Entra en una casa donde su voz se hace eco al chocar con las paredes vac¨ªas. Solo hay una mesa vieja que le raspa los dedos, un cenicero y unas sillas de pl¨¢stico descoloridas. La charla fluye sin que se d¨¦ cuenta, como si estuviera coqueteando con una chica en el colegio. Abraham le cuenta por qu¨¦ la gente de Ronzoati tiene apellidos extranjeros, que tienen que ver con los antiguos fundadores del lugar: Americanos que huyeron de las guerras del siglo XX. C¨®mo es la ciudad m¨¢s moderna y pac¨ªfica, a diferencia de Caracas o Maracaibo. El espa?ol neutro puro es lo que Carl necesita. Nada de expresiones raras. Nada de cosas coloquiales, como hablaban sus compa?eros. Varias respuestas de Carl hacen re¨ªr a Abraham. Carl ve una consola de videojuegos, una Xbox 360, en el suelo junto a un televisor antiguo. Su infancia, piensa. Cuando Abraham le ofrece el otro mando para jugar a un juego de tiros en primera persona (Carlos Dusty, seg¨²n ¨¦l), Carl no puede evitar sentirse como en casa. Como si volviera a esos tiempos, donde escapaba de sus problemas m¨¢s oscuros. Cuando su hermano acababa de nacer, y cuando le regalaron su primera consola a Carl. La jugaba todos los d¨ªas hasta engancharse, mientras sus padres se lo permit¨ªan. ¡ªHablas como si ya no lo hicieras ¡ªdice Abraham, mientras su personaje mata a un soldado enemigo desde una colina¡ª. ?Por qu¨¦ ya no lo haces? Carl se concentra en el juego, pensando en lo tonto que fue decirle eso. No tiene sentido cont¨¢rselo a nadie m¨¢s, porque buscar consuelo nunca le ha funcionado. Ni con su primera y ¨²nica novia, ni con sus ¨²ltimos amigos que tuvieron alg¨²n v¨ªnculo con ¨¦l. Ni con su hermano, ni con su madre. ¡ªPor nada ¡ªCarl est¨¢ distra¨ªdo, mientras su personaje muere de cuatro tiros¡ª. No es nada importante. ¡ª ?La universidad? ¡ªTampoco¡­ Carl hace lo posible por evitar el tema al que se est¨¢ encaminando la conversaci¨®n. No quiere pensar en lo que acaba de pasar con su hermano, y en c¨®mo tiene pesadillas con ¨¦l. En c¨®mo ha traumatizado a un ni?o, que en realidad no tiene la culpa de nada. ?A¨²n as¨ª no puede dejar de sentir rencor hacia ¨¦l! Se siente mal porque sabe que no es saludable. Una inmadurez de su parte, de la que es consciente. Abraham lo mira fijamente, con cierta indiferencia en su mirada. Hace un suspiro largo y saca su caja de cigarrillos. ¡ªTe voy a contar c¨®mo llegu¨¦ hasta aqu¨ª ¡ªAbraham prende el cigarrillo con un encendedor y lo mete en su boca mientras aspira todos esos gases nocivos. Tal vez eso le falta a Carl. Una adicci¨®n para distraerse de sus problemas. Ve a esas personas fumando y no puede evitar pensar¡­ ?se sentir¨¢n bien? Algo los impuls¨® a fumar sus primeros cigarrillos¡ª. Una vez, de ni?o, mi abuela me rompi¨® el trasero a golpes. Eso despu¨¦s de rebelarme y dejar de aguantar tantos comentarios malos, reglas absurdas y maltratos por su parte. Mi familia tiene algo, y es que me tienen mucho miedo. Nac¨ª con un coeficiente intelectual alto y cuestionaba cada regla que ellos me pon¨ªan. Cada cosa que ellos quer¨ªan para m¨ª, mientras yo quer¨ªa tomar mi propio camino ¡ªAbraham vuelve a inhalar su cigarrillo, mientras lo sostiene entre los dedos ¨ªndice y medio¡ª. Bueno, pasa que me echaron de la casa y me llev¨¦ mis cosas. ¡ª ?Reglas? ?Qu¨¦ tipo de reglas? ¡ªNo son m¨¢s que tonter¨ªas. He llegado a incendiar el tabl¨®n de anuncios de mi escuela, he roto jarrones ajenos y hasta he matado a un perro ¡ªCarl siente un escalofr¨ªo al o¨ªr esta ¨²ltima confesi¨®n de Abraham, pero el otro aclara¡ª. Pero eso fue sin querer. No ten¨ªa que cruzarse en mi camino. Te lo digo porque todo esto fue por culpa de mi familia de mierda que no dejaba de controlar cada aspecto de mi vida. ?Qu¨¦ pod¨ªa hacer yo, Carl? ?Ser un sumiso y esperar a tener un trauma y una enfermedad mental a los 40? ?NO, CHAVAL! Lo primero y principal es mi salud mental. ?Qu¨¦ opinas t¨²? ¡ªSalud mental. Creo que eso es lo que me falta a m¨ª, supongo ¡ªCarl muestra indiferencia ante las palabras de Abraham, salvo por algo. Ese temor que acaba de experimentar cuando mencion¨® que mat¨® a un perro, le hace pensar que est¨¢ tratando con un soci¨®pata. Por otro lado, piensa que solo es una v¨ªctima. Alguien que tuvo la mala fortuna de tener una familia severa y controladora¡ª. No puedo dejar de pensar en lo mucho que me¡­ arrepiento del pasado. Cuando mi hermano me dice algo, ?me duele! Siento como si algo en m¨ª se rompiera. ?Porque soy un maldito in¨²til! Tengo una madre sumisa que le tiene miedo a enfrentarse a su propio hijo. Un padre neur¨®tico del que sospecho de que se arrepiente de tenerme a m¨ª y a Marcos¡­ y este ¨²ltimo ¡ªCarl se seca las l¨¢grimas¡ª. Dios m¨ªo. ¡ª?Su¨¦ltalo todo, Carlos! ¡ªAbraham le apoya un brazo en la espalda¡ª. Est¨¢s guardando demasiado y tienes que soltarlo. Te hace mal reprimirlo. Al fin y al cabo, Carl piensa que no tiene nada que perder. Ser¨¢ la primera vez que revelar¨¢ lo que pas¨® hace poco. Ese Fat¨ªdico Momento. Capítulo 3 - Recibiendo una probada del destino. ¡ªUna vez estaba jugando en mi consola de videojuegos. Me hab¨ªa sumergido en un videojuego de disparos en mundo abierto, jugando online y pas¨¢ndomelo bien como todo maldito adicto. Todo se torci¨® cuando mi hermano trajo una sopa y la derram¨® sobre mi consola. 800$ que mi padre pag¨®, tirados a la basura. Me transform¨¦ en ese momento¡­ porque me levant¨¦. Abraham se inclina hacia ¨¦l, con una mirada curiosa. ¡ª ?Qu¨¦ hiciste? ¡ªTom¨¦ a mi hermano y¡­ le clav¨¦ los dedos en la mejilla, hasta rasg¨¢rsela con las u?as. Lo golpe¨¦ sin cesar. Una y otra vez, hasta que un cable me dio una descarga el¨¦ctrica y ¨¦l huy¨®. Creo que no lo recuerdo bien o no s¨¦ si me lo estoy inventando todo. No s¨¦ por qu¨¦ reaccion¨¦ as¨ª ni c¨®mo tendr¨ªa que haber reaccionado PORQUE YO ESTABA FUERA DE CONTROL. Mi hermano sangraba mucho y lo persegu¨ª. Dici¨¦ndole ¡°Marquitos, Marquitos ?Por qu¨¦ huyes?¡± hasta que lo encontr¨¦ en el rinc¨®n de la cocina. Con un cuchillo. Y¡­ y, dios. ?Me est¨¢s escuchando? ¡ªTe escucho perfectamente. ¡ªMe comport¨¦ como un psic¨®pata. Un malo de pel¨ªcula de terror que va tras su presa. Un s¨¢dico, porque¡­ cada vez que mis nudillos chocaban con sus p¨®mulos, sent¨ªa placer. Una sensaci¨®n de recompensa con cada golpe, que lo hac¨ªa m¨¢s adictivo. Marcos ten¨ªa un cuchillo y yo le dije ¡°?Qu¨¦ vas a hacer con eso? ?Quieres herir a tu hermanito? Yo te quiero mucho¡­ Marcos¡±. Pero solo quer¨ªa hacerle da?o. Solt¨® el cuchillo y en ese momento me abalanc¨¦ sobre ¨¦l. Lo agarr¨¦ de las axilas, luego el cuello. Lo apret¨¦ despacio para notar su pulso y le gritaba con todas mis fuerzas ¡°?TE VOY A HACER PAGAR, MARCOS!¡±. En ese momento lleg¨® mi mam¨¢, junto a mi pap¨¢. Estuve a punto (gesto con dos dedos) de asfixiar a mi hermanito. A mi hermanito tan querido, que no ten¨ªa la culpa. Carl prefiere omitir el resto de detalles. La vez que agredi¨® a su propio padre, despu¨¦s de soltar a Marcos. Cuando lo ingresaron en el psiqui¨¢trico por conducta violenta y le diagnosticaron Trastorno de Personalidad sin Especificaci¨®n. Eso le hace pensar en la mezcla de trastornos que heredar¨¢ de su padre. C¨®mo se puede desarrollar un trastorno de personalidad a los 19 a?os, pues es f¨¢cil: viviendo una vida de mierda. ¡ª?Vaya, pero qu¨¦ historia m¨¢s conmovedora! ¡ªEn sus ojos, se puede ver cierta indiferencia en Abraham ¡°El Nino¡±. Carl quer¨ªa impactarlo con todo lujo de detalles, con el fin de que lo conozca mejor. Al verdadero Carl, quien no merece tener amistades que soporten alguien con esos antecedentes. Solo ver esa indiferencia en Abraham, le hace pensar en lo extra?o que es¡ª. Pues es algo comprensible. Ocultabas un resentimiento enorme, me puedo imaginar. ¡ªS¨ª¡­, algo as¨ª. ¡ª ?Has pensado mimarte? No con videojuegos, sino con gente real. ?Socializas? ¡ªNo, llevo dos a?os aislado. Carl no se considera un sujeto introvertido; nunca le gust¨® la soledad como tal, y la verdadera energ¨ªa la sent¨ªa hablando con las personas. ?D¨®nde quedaron esos tiempos? En el olvido. Desde el d¨ªa donde comenz¨® a ver m¨¢s a su hermano, las cosas se le hab¨ªan complicado. ¡ª ?Pues m¨¢s a mi favor! Mira, conozco varios amigos. Podemos llevarte a varias rumbas y fiestas para que te distraigas. Bebas hasta emborracharte como un ganador, y quien sabe¡­ probablemente, singues como un toro. Carl deja el mando en el suelo y se levanta, sin ¨¢nimos, para seguir hablando. Sin ¨¢nimos para hacer nada, m¨¢s que dormir en pleno d¨ªa para ahogar sus penas. Si fuma o bebe, se crear¨¢ una horrenda adicci¨®n que lo pondr¨¢ peor. ¡ªNo tengo ¨¢nimos, Nino. Me siento cansado, in¨²til y decepcionado de m¨ª mismo. Despu¨¦s de todo, debo hacer frente a mis problemas y seguir avanzando. Abraham ¡°El Nino¡± se levanta, con ojos puestos como platos. At¨®nitos y confundidos, hacia Carl. ¡ª ??Quien te dijo esa vaina, Carlos!? ¡ªAbraham apoya ambas manos en los hombros del otro, quien lleva una mirada melanc¨®lica. Triste por recordar lo que acaba de recordar¡ª. T¨² lo que necesitas, es entender tu valor en este mundo. No dejes que nada ni nadie, te quite quien eres. Sigo vivo, con mis 20 a?os, porque me di cuenta de lo siguiente: soy un maldito genio. T¨² eres un maldito genio, Carl; si alguien te dice lo contrario, demu¨¦strale lo que eres capaz. Mu¨¦lele a golpes si la cosa se pone extrema, pero ?defi¨¦ndete, co?o! ¡ª ?Crees eso? ¡ªLa mirada de Carl se torna perdida. ¡ªS¨ª. Vive al l¨ªmite con los 19 a?os que tienes. Tienes oportunidad de probar todas las mujeres que quieras, de beber todo el alcohol que quieras, de comer hasta vomitar y no haber subido ni un kilo. De conocer a la mejor gente que tendr¨¢s en tu vida, y conocer tu verdadero prop¨®sito en este mundo ¡ªAbraham lo suelta¡ª. Pero bueno, no puedo convencerte. Si tanto osas tu triste vida de ahora, entonces sigue viviendo as¨ª. Si esto es lo necesario para volver a reformarse por completo, Carl estar¨ªa dispuesto; por otro lado, piensa: ?no hay otra opci¨®n? Autorrealizaci¨®n, auto aceptaci¨®n y ¨¦xito en la vida. Lo que los dem¨¢s venden para ser mejor cada d¨ªa. Pero si Carl en serio ha intentado, entonces no queda m¨¢s qu¨¦ luchar. Si la vida nunca tuvo sentido y su maldita vida lo seguir¨¢ persiguiendo, entonces¡­ bueno. No ve a su hermano como antes, ni a su madre, quien debe estar consciente de todo lo que ha hecho. Carl y Abraham ¡°El Nino¡± estrechan sus manos; lo decide con su mirada llameante, sintiendo esa determinaci¨®n en las venas. Con el paso de los d¨ªas, Carl contin¨²a visitando a Abraham a la misma hora. Al principio vuelve a la hora correcta, pero luego deja de importarle. Cada vez llega m¨¢s tarde, y dejan de importarle los reproches de su madre. Las preocupaciones de su hermanito peque?o, quien por alguna raz¨®n que no comprende, est¨¢ demasiado pendiente de d¨®nde anda Carl. ¡ª ?Qu¨¦ te importa, Marcos? ¡ªLe responde Carl, en una de esas veces¡ª. ?Vive tu vida y deja de husmear en la m¨ªa! Luego de dos semanas, llega el momento de la verdad. Una fiesta organizada en casa de uno de los amigos de Abraham, con la m¨²sica a alto volumen y los bajos vibr¨¢ndole las entra?as. Las personas bailando con sus parejas, y el resto conversando. Carl recuerda que, en realidad, es un sujeto introvertido que preferir¨ªa quedarse sentado sin hacer nada, pero luego viene Abraham con una mujer. Aquella mujer sostiene una conversaci¨®n con Carl, que luego se vuelve m¨¢s personal. M¨¢s c¨¢lida, m¨¢s extra?a. ¡ª ?Eres virgen, Carl? ¡ªNo ¡ªCarl siente esa extra?a necesidad de mentir. Su primer y ¨²ltimo polvo, fue con una mujerzuela, a quien contact¨® con ayuda de uno de sus ex amigos de secundaria. Fue reuniendo el dinero y consum¨® lo que ser¨ªa su primera experiencia. No le contar¨ªa eso a nadie; los consumidores de rameras son muy discriminados. ?Por qu¨¦? Sigue la misma l¨®gica del mec¨¢nico. Si todos fu¨¦semos mec¨¢nicos, pues s¨ª. Pero no todos somos mec¨¢nicos; Carl no es un conquistador y no posee esa autoconfianza¡ª. El resto es confidencial. Luego de esto, puede percibir cierta mirada ¡®jodedora¡¯ por parte de Abraham y sus compa?eros. Carl sabe a la perfecci¨®n lo que hace, pero la gracia es que finja lo contrario. Mientras hace todo esto, Carl estar¨ªa tomando ron seco ¡®RONZOACOL¡¯. Al principio para socializar, pero luego se le va de la olla. ¨¦l y la chica van al ba?o de hombres y se encaminan a uno de los cuartos. Carl siente una sensaci¨®n extra?a. De felicidad, o como extroversi¨®n. Hiperactividad. Esa autoconfianza que el alcohol te da, y te transforma en otra persona distinta. Luego ambos se meten a uno de los cuartos y la chica saca un objeto redondo, de apariencia conveniente. Uno con forma de aro. Marcos despierta con el coraz¨®n palpitando y con el sudor en su frente; se acaba de ir la luz. El resto del sue?o se torn¨® extra?o, como si¡­ fuese a hacerle algo raro a la chica. ?Para qu¨¦ lo hizo? No logra entender qu¨¦ pas¨® con exactitud, y solo sabe que su hermano todav¨ªa no llega. You might be reading a pirated copy. Look for the official release to support the author. (Por favor, llega temprano). Marcos se aproxima al retrete para orinar, y percibe una gota roja en el ¨¢rea donde est¨¢ la ducha. Rojiza y dispersada hasta la entrada del ba?o. Desde que su hermano conoci¨® a ese Hombre Malo, su madre se las tiene que arreglar para valerse por s¨ª misma. Ha llegado a llamar a su pap¨¢ para informarle lo sucedido, as¨ª que ya no estar¨¢ en sus asuntos (o eso supone). Los cortes en sus pantorrillas son profundos, y no se le ve afectada por ello; claro, porque no siente mucho las piernas. Marcos no le toma importancia al sue?o que tuvo. Los sue?os no tienen ning¨²n significado, y es mentira que digan algo de ¨¦l. El ni?o no har¨ªa esas cosas raras con una chica, si se supone que debe respetarlas. Son sagradas. Despu¨¦s de eso, pasan dos semanas cubiertas de incertidumbre. Carl cada vez est¨¢ m¨¢s silencioso, y cuando no, cr¨ªtica con mano el hierro el ¡°sistema actual¡± en el que est¨¢ regido el pa¨ªs. (Por si no fuera por ese Hombre Malo...). Marcos observa algo que su madre no, y es que ese Hombre Malo, tambi¨¦n llamado ¡°Abraham¡±, est¨¢ lav¨¢ndole el cerebro. No cabe dudas: su hermano es distinto al de antes. Ese hombre lo est¨¢ convirtiendo en alguien como ¨¦l, pero¡­ ?Por qu¨¦? ?Qu¨¦ necesidad tendr¨ªa ese hombre, para hablar con alguien como Carl? Si es porque es ¡°bello¡± (seg¨²n su hermano mayor) o por su habilidad para crear explosiones at¨®micas. Nada es seguro. 8 DE OCTUBRE DEL 2022 Carl se levanta con energ¨ªa. Se lava los dientes mientras tiene algo en mente: la fiesta ma?anera a la que ir¨¢ hoy mismo. Se viste con sus mejores prendas beige y se echa un perfume oloroso a lim¨®n, que deja encima de la mesa del comedor. Debe de ir a la fiesta¡­ pero algo se le hace curioso. ¡°No vayas a fiestas¡± ¡ªO as¨ª dec¨ªa la nota que se encontr¨® hace un mes. ?Acaso es coincidencia? Carl considera que s¨ª: el destino quiere que ¨¦l sea feliz. Sale de su hogar pero¡­ (?Joder, se me olvid¨®! As¨ª no me ligar¨¦ a nadie). Su bigote es largo, as¨ª que Carl toma una tijera y se los recorta con la suma rapidez que puede. La hoja llega a cortar un trozo de carne; salen borbotones de sangre de los que Carl se limpia con un algod¨®n. Con los pelos de punta, Carl sale y se encamina hacia la casa de Abraham. Ese amigo que le entiende y le hizo saber lo maldito ignorante que fue. Carl camina a trav¨¦s del bosque central, mientras se da el lujo de rascarse la cabeza. No hay nadie que critique sus estereotipias con las que naci¨®. ¡ªLalarah ¡ªTararea Carl, emocionado; no se da cuenta de que esa costumbre es pura de su hermanito. Una melod¨ªa extra?a y que, recuerda mucho a las bandas sonoras de videojuegos. De acorde menor melanc¨®lica¡ª. Laralaaah. Y ve un objeto en el fondo de la oscuridad, dos puntos blancos y de aspecto rojizo con una espiral que lo rodea, y parece una sonrisa escalofriante. El viento gritando a voces ¡°El karma nos uni¨®¡±, a lo que Carl intenta no darle importancia. Ya hab¨ªa tenido una alucinaci¨®n hace un mes. Pero cierto movimiento, seguido del rechinar de la madera, hace que Carl sienta una extra?a presencia. Al que decide acercarse por pura curiosidad, pero¡­ (?DIOS! ?MIERDA! ?MARCOS!) Profiere un alarido. Su hermano no estuvo mal de la cabeza, en serio tuvo la raz¨®n. ?En qu¨¦ estuvo pensando? Es cuesti¨®n de tiempo para que su vida corra peligro y no ayuda la manera en que el viento habla por s¨ª solo. Carl corre en direcci¨®n contraria, con toda la resistencia y los latidos que le queman el coraz¨®n. Carl ya no quiere ir a la fiesta; solo quiere estar con su hermano. Regresar a casa, hablar con su madre. El que el bosque se le haga atractivo al hombre que le tir¨® una piedra al ente que lo est¨¢ persiguiendo, no es nada raro. S¨ª, no jodas. (S¨ª). Carl mira por encima del hombro, y se da cuenta de que el ente no lo est¨¢ persiguiendo. Se aleja m¨¢s conforme Carl corre, pero esto solo le trae otra incertidumbre. ?No lo estar¨ªa llevando a su casa? ?Qu¨¦ pasa si Carl regresa a su casa, y ese ente ataca a su familia? Como gesto de reflejo, traga saliva con la respiraci¨®n entrecortada. No debe huir ante ¨¦l, porque las cosas ser¨ªan peores. Es el momento de probar su habilidad para algo mayor: vengarse del ente que asust¨® a su hermano; la m¨¢xima redenci¨®n. Carl se detiene, se vuelve hacia el otro y flexiona su b¨ªceps, tr¨ªceps y los hombros con suma intensidad. Tanto que le queman los m¨²sculos mientras un cristal se genera en la palma de su mano. Uno de apariencia anaranjada y transparente. Nunca hab¨ªa recibido disciplina para usar un ¡®kobisto¡¯, pero siempre hab¨ªa sido tan destructivo. El microchip acalambra su cuerpo con lentitud. Siente como si su cuerpo dejase de responderle; est¨¢ demasiado d¨¦bil, pero al mismo tiempo, r¨ªgido. No puede moverlo (joder, ?LO QUE FALTABA!). El microchip est¨¢ inhibiendo los nervios que controlan sus m¨²sculos hasta provocarle una sensaci¨®n fr¨ªa de entumecimiento, seguido de una extrema debilidad que le impide, siquiera, acercar un dedo. Carl usa todas sus fuerzas para abalanzarse, y al menos tener la m¨ªnima fuerza para aplastar el cristal; estima una explosi¨®n de varios metros, y una nube de hongo que las personas ver¨ªan desde el otro lado de la calle. (Ven, hijo de puta). El Espantajo, con unas piernas cuyo origen Carl no comprende, empieza a caminar hacia ¨¦l. Con lentitud desesperante, mientras el infortunado hace su mayor esfuerzo para mover un dedo. Los ojos brillantes y las tinieblas lo envuelven, el viento suspira y su rostro se revela. El coraz¨®n le late hasta la garganta y siente que no puede hacer nada. Ni siquiera para suicidarse; est¨¢ en la misma pose, con un diamante en la mano. ¡ª ?Marcos! ?Ayuda! ?Mam¨¢! ?Pap¨¢! Pero no viene nadie. El ente revela su rostro, renovado como si Carl nunca le hubiese tirado esa piedra. En su mente solo puede pensar en una sola palabra. Una palabra de la que, por cosa curiosa, su hermano tambi¨¦n le dijo. Qu¨¦ imb¨¦cil fue. (Errante). Con una sonrisa cubierta de impotencia, Carl relaja los p¨¢rpados. Tuvo una vida dram¨¢tica, pero si hay algo de lo que agradece haber hecho, es haber vivido sus ¨²ltimos momentos al m¨¢ximo. Pero otra cosa le hace sentir horrible, pues ?c¨®mo lo recordar¨¢ su hermano? Como el hombre que lo maltrat¨® por toda su vida, y casi lo mata en su ¨²ltimo maltrato. ?C¨®mo se sentir¨¢n su madre y su padre, al enterarse de su muerte? ?Qu¨¦ har¨¢ su fallecimiento a las dem¨¢s personas? (Pues nada). Ya no le importa nada; si llega a existir algo despu¨¦s de la muerte, espera no encontrarse con su hermano en el poco tiempo que lleg¨®. Est¨¢ seguro que no volver¨¢ a ser el mismo, y solo habr¨¢ caos donde haya. El c¨®mo lo sabe, no est¨¢ seguro en su totalidad. Simplemente, esa certidumbre aparece en su mente como si algo se lo hubiese inoculado. Desaparece de la faz de la tierra. Luego de esto, Marcos profiere un alarido tan desgarrador como el grito que acaba de escuchar, por ¨²ltima vez, en aquel sue?o. ?Qu¨¦ fue eso? ?Es su hermano, otra vez? Es de ma?ana y el sol se asoma por la ventana, atravesando sus p¨¢rpados. El ni?o se baja de su cama, aun con las piernas d¨¦biles y con un brazo entumecido (pica, ay). Con una sensaci¨®n de presi¨®n en la cabeza y una vista nublada, asemej¨¢ndose a una¡­ (?c¨®mo se llamaba?) pre s¨ªncope. Su hermano deber¨ªa estar preparando la comida, pero esta vez, sale de su cuarto y no encuentra a nadie. Abre con cuidado la puerta del cuarto de su madre, pero tampoco lo encuentra. La mujer est¨¢ dormida con el aire acondicionado al tope y con sus s¨¢banas acogedoras, teniendo los brazos recogidos pero las piernas descubiertas. (Como si tampoco sintiera el fr¨ªo del aire, dios). La casa se siente tan sola y silenciosa, adoptando la tonalidad l¨²gubre del bosque central. Con los p¨¢jaros cantando y los vecinos martillando al un¨ªsono, amen del fr¨ªo de una fuerte lluvia que debi¨® de haber pegado en la madrugada. El asfalto est¨¢ lleno de huecos (?por qu¨¦ no arreglan eso?) El Ni?o Que Se Hace Muchas Preguntas (ji, ji, ji, como me dec¨ªa mi pap¨¢) recuerda que Carl estaba con mentalidad de irse a una fiesta; parec¨ªa muy feliz por ello. Marcos va hacia la sala, esperando encontrarlo, pero¡­ Su coraz¨®n pega un martillazo. Una colonia para hombres, en la mesa. Marcos lo destapa para olerlo, percibiendo ese caracter¨ªstico olor fuerte que su hermano; no cabe duda que es su perfume. No sabe qu¨¦ significa y observa las cosas en torno a ¨¦l, donde se encuentra los muebles y nada m¨¢s. (Solo son cosas tuyas. Los sue?os no se llevan a la realidad, Marcos. No quieres ir al psiqui¨¢trico como tu pap¨¢, ?o s¨ª?). Su coraz¨®n pega otro respingo hasta querer hacerlo desmayarse. Unas gotas de sangre en el suelo, peque?as pero perceptibles. Se extienden a trav¨¦s del mango del lavamanos y unos pelitos en torno a ¨¦l. Marcos no puede creer lo que est¨¢ viendo. Marcos Dwaine Pulchmer no puede creer que haya pasado algo horripilante, como lo que acaba de so?ar. Su hermano, todo querido que siempre ha admirado a pesar de todo. (Oh no). No, no puede ser posible y lo va a demostrar. Con la experiencia de haberlo hecho antes, Marcos abre su casa con llave y sale en direcci¨®n al bosque. Saliendo de La Cascada y pasando al lado del ¡°Kia¡± de su padre, quien deber¨ªa estar llegando hoy mismo. Le dan miedo las personas; con lo que hab¨ªa visto del Hombre Malo, teme que cualquiera tenga las mismas intenciones ocultas. ¡ªHey ¡ªDice una voz, al lado. Marcos se voltea con susto, y se encuentra con un rostro conocido. El ni?o bronceado que lo ha estado observando con fijeza desde abajo, mientras ¨¦l pensaba que se burlaba porque Marcos estaba en calzoncillos (qu¨¦ inc¨®modo) ¡ª. ?C¨®mo te llamas? Marcos se siente incapaz de saludarlo, como si tuviese una pared que quisiera evitarlo. Un miedo indescriptible, una verg¨¹enza ligada a aquel recuerdo inc¨®modo. Una timidez que arrastr¨® desde aquel grito que le solt¨® su hermano. As¨ª que le alza la mano y prosigue hasta adentrarse al fr¨ªo bosque central, donde todo parece tal cual como el sue?o. No hay rastro de nadie; est¨¢ tan solo que el silbido del viento le hace sentir escalofr¨ªos. Su divagaci¨®n lo hace tropezar con un extra?o objeto, s¨®lido como un tronco pegado al suelo. Lo curioso es que es demasiado grande, y no cree que existan ra¨ªces as¨ª de grandes que hayan crecido del suelo. Marcos se voltea para mirarlo, pero solo para arrepentirse; morirse por dentro, como el otro ni?o parece esperar. Mientras el otro ni?o lo observa de hito en hito, consternado, los ojos de Marcos se salen de sus ¨®rbitas hasta hacerlo gritar en un alarido de horror. No puede creerlo¡­ no puede ser posible. Sus alaridos son tan altos que espantan al ni?o, quien se tapa los o¨ªdos no escuchar su tonalidad desgarradora. Una figura, con textura agrietada en madera s¨®lida. No tiene ojos, sino cuencas que dejan ver el hueco interior de su cabeza. Una escultura desnuda con telas incrustadas en su interior, con ambos brazos en posici¨®n recogida. Su rostro parece haber visto el verdadero horror, con la boca hecha un visaje con el que los dientes parecen ser los ¨²nicos que no parecen de madera. Como los cad¨¢veres petrificados de la erupci¨®n del Vesubio Con lo que ve en sus rasgos, es m¨¢s que claro: es su hermano mayor. Est¨¢ muerto y, le hace saber a Marcos el c¨®mo su vida cambiar¨¢ para siempre. Desea no haber tenido la raz¨®n; preferir¨ªa haber sido un simple loquito del psiqui¨¢trico, que en serio tener la capacidad para¡­ sentir lo que va a pasar. Si eso fue lo que sinti¨®, entonces quiere decir que su familia tambi¨¦n lo podr¨ªa estar. Nadie lo sabe. Si eso atac¨® a su hermano, ?por qu¨¦ no encontrarse con ¨¦l al poco tiempo? O ¨¦l siente lo que pasar¨¢, o las cosas se atraen a ¨¦l. No importa, porque pensar no cambia nada. Lo peor de todo, es que recuerda aquella escena con¡­ (Su hermano paralizado, impotente). ¡­ Sus propios ojos. Puede recordar aquella nota que encontr¨® en los pantalones de su hermano, entre los momentos donde su hermano mayor sal¨ªa en sus fiestas. El peque?o Marcos quer¨ªa encontrar la tarjeta de su mam¨¢, sin ¨¦xito. (¡°No vayas a fiestas¡±) ¡ªEscrito como si fuese un ni?o. ?Qu¨¦ hac¨ªa ah¨ª? ?Por qu¨¦ el ni?o quiso hablar con ¨¦l? ?Acaso sab¨ªa algo? ¡­ (?Qu¨¦ significa errante?). Marcos no solo tendr¨¢ que enfrentarse al dolor de haber perdido a su hermano, sino a una enorme incertidumbre del que, en lo que le cabe pensar, le har¨¢ la vida imposible por el resto de su vida. Una fuerza invisible que hab¨ªa movilizado a su hermano hacia su muerte; un ajedrecista del que no tiene pruebas de que existe, pero s¨ª unas enormes sospechas querr¨¢ sacarse de su cabeza. Capítulo 4 – Los Restos de un Hombre Desintegrado. Habr¨ªa sido en su ni?ez, que su vida cambi¨® para siempre. Cada momento, instante y de reojo, que observa la oscuridad, percibe lo mismo. Lo mismo. Esos ojos, brillantes y dotados de la m¨¢s asquerosa hosquedad, lo hab¨ªan perseguido en todas partes desde aquel suceso. Una alucinaci¨®n que le hace saber que es su culpa. ?Por qu¨¦? ?Qu¨¦ hizo para sufrir esto? (Que no hizo). HOMBRE DESAPARECE EN BOSQUE CENTRAL DE RONZOATI. Desde ese fat¨ªdico d¨ªa, pasaron cuatro largos a?os. Cubiertos de incertidumbre y culpabilidad. Su hermano fallecido, cuyo cad¨¢ver desapareci¨® tras Marcos dirigirse hacia su casa y llamar a su padre, con los ojos llorosos y con la mayor rapidez que pudo para informarle sobre lo que hab¨ªa encontrado en el bosque. ¨¦l quer¨ªa demostrarle que algo se lo hab¨ªa llevado y era ESO; no obstante, su padre no le crey¨® su historia. Solo le crey¨® su explicaci¨®n de a donde iba Carl, sirvi¨® para que su padre investigara por su cuenta, llegando a puertas de la casa de Abraham. Pero este ¨²ltimo respondi¨® ¡°Ese chamo no se present¨® la vez que lo llamamos, as¨ª que no s¨¦ nada¡±. Pocos despu¨¦s de lo sucedido, el sujeto desapareci¨® de su hogar y nunca m¨¢s se le volvi¨® a ver tras ese tiempo. Tampoco pudo saber de su familia, en un intento por ubicarlo. Le parece como si hubiese estado en ese sitio, y se hubiese llevado todo rastro de su existencia. Eso le da la incertidumbre de qu¨¦ ten¨ªa planeado. ?Qu¨¦ quer¨ªa Abraham con Carl?, es una de las preguntas que tanto Marcos, como su padre, se siguen haciendo hasta el d¨ªa de hoy. Pero, incluso d¨¢ndole vueltas cada segundo, se dan cuenta de que la conclusi¨®n es imposible de tomar. (Dios santo, desear¨ªa que me creyeran). Parte 2 ¨C Camar¨®n que se opone a la corriente. Su madre no ten¨ªa cuidador (y no dejar¨ªan a uno ni?o peque?o a cuidarla), as¨ª que su padre se vio obligado a mudarse de regreso; no obstante, las cosas solo se volvieron a¨²n m¨¢s turbias. 7 de febrero del 2026. Gritos, golpes a las paredes y estrepitosas discusiones que llenan toda la casa, mientras su madre llora sin saber por qu¨¦ su esposo act¨²a as¨ª. Aunque al principio lo llev¨® con indiferencia, ahora Marcos habr¨ªa o¨ªdo algo que lo har¨ªa sentir un nudo en la garganta la ¨²ltima noche. ¡ªMar¨ªa, si hay algo de lo m¨¢s racional que puedo hacer, es dejarlos solos. Se oye la fricci¨®n de las s¨¢banas; alguien se acaba de acurrucar. ¡ªComprendo lo perturbado que est¨¢s, y el porqu¨¦ te tomaste tu tiempo¡­ pero amor, no puedes dejar a Marcos solo. ?No crees que hab¨ªamos aprendido nuestro error sabiendo lo mucho que descuidamos a Carl? Algo golpea la madera de la cama. ¡ª ?NO VUELVAS A MENCIONAR A CARL! ¡ªVocifera el padre, con c¨®lera¡ª. ?¨¦L EST¨¢ MUERTO, Y PUNTO! ¡ª ?Pero se supone que t¨² eres fuerte, y sabemos muy bien lo mucho que has hecho en el pasado! ?Intentaste emprender y me terminaste conociendo, me ayudaste a entrar a enfermer¨ªa, y lograste construir algo que no pudiste haber construido si tuvieses esa mentalidad! ??No podr¨ªas, siquiera, buscar una soluci¨®n m¨¢s viable que no involucre irte sin m¨¢s!? El otro profiere un silencio. ¡ªNo te voy a decir m¨¢s nada, Mar¨ªa. Pasado ma?ana me voy de aqu¨ª, y t¨² misma ves como mantener esta familia. Es mejor eso, que estar con un loco que podr¨ªa matarlos a los dos, en cualquier maldito ataque de rabia que tenga. ¡ª ?Pero Castillo¡­! ¡ªsu padre se llama Marcos, pero le dicen por su segundo nombre "Castillo" ¡ª. ?No puedo ni siquiera comprender el qu¨¦ caus¨® que te sientas as¨ª! Antes parec¨ªas feliz y jugabas con Carl, com¨ªamos helado y nunca faltaba nuestro tiempo en la cama. Ahora¡­ Marcos se esconde de nuevo en su cuarto tras escuchar un sonido violento de s¨¢banas, evidenciando c¨®mo el hombre se sale de su cuarto con suma agresividad. Sale de su casa y, el chico logra ver c¨®mo su padre entra al auto a dormir ah¨ª. El hombre se unta dos pastillas y se las toma a secas, sin agua u otro l¨ªquido de por medio. Fuera de las discusiones de su esposa, quien sigue sin poder mover las piernas; su problema hab¨ªa avanzado hasta ser permanente. Eso es algo que Marcos no habr¨ªa predicho, pero siente una sensaci¨®n extra?a. Un aura que le lleva a pensar que, de alguna manera, las consecuencias ser¨¢n m¨¢s grandes. (Toda mi vida sintiendo esto. Ya pienso que no es normal¡­ dios m¨ªo. Tengo miedo). Al d¨ªa siguiente, en el lunes del 7 de febrero del 2026, Marcos est¨¢ en su cuarto. M¨¢s desordenado que antes, como si un tornado le hubiese pasado encima. Pa?uelos en todos lados, am¨¦n de los vasos pl¨¢sticos debajo de la cama. Divagando mientras tiene sus pies cruzados, y mirando el relieve que deja el r¨²stico techo, con el pasar de la luz del bombillo. Busca una respuesta a todo lo ocurrido en su vida, comenzando por lo que le pasa a su padre. (Qu¨¦ asco). Hace unos d¨ªas que se comenz¨® a pulir el calvo, y recuerda haberlo sentido como si fuese lo mejor que le hubiera pasado. Como si fuera un interruptor, sinti¨® asco al final y se dijo as¨ª mismo ¡°No lo har¨¦ m¨¢s¡±; como si cualquier adicto no dijera eso. Eso no pudo ocultar ni reducir su sensaci¨®n de impotencia; aquella sensaci¨®n que le hace pensar que es su culpa. Ahora sus padres se divorciar¨¢n, como si eso solucionara el problema principal. Su familia de d¨¦biles y neur¨®ticos, seg¨²n ¨¦l piensa, cuyas actitudes le hacen hervir la sangre. Quiz¨¢s Carl no hubiera muerto de no ser por ellos, piensa ¨¦l. ¡ªHijo¡­ Marcos de inmediato se tapa con las s¨¢banas y se acomoda para ver el origen de la voz. Ve c¨®mo su madre tiene la puerta semiabierta, empujada por la silla de ruedas. ¡ª ?Co?o, mam¨¢! ?Si tanto valoras a tu hijo, toca a la pr¨®xima! ¡ªLe vocifera Marcos, y rechina los dientes, ans¨ªando lanzarle una de las s¨¢banas. ¡ª ?Pues ya son las 5:40 am! ?Qu¨¦ no sabes que tienes que ir a la escuela? (?Acaso sospecha que me pul¨ª el calvo?). ¡ª ?Bien! ?Est¨¢ bien! ¡ªrecuerda ese consejo de Carl, ¡°no respondas con otra pregunta¡±. Marcos piensa que al menos, pudo memorizarse un solo consejo y es de la persona que m¨¢s quer¨ªa; que si Carl siguiera vivo, al menos lo entender¨ªa. ¡ª?Pero ap¨²rate! B¨¢?ate y al¨ªstate, que tu pap¨¢ te llevar¨¢ m¨¢s temprano. ?Cu¨¢ntas veces no le dijo eso? No recuerda la primera vez. Marcos, quien no hab¨ªa dormido en toda la noche con el temor de que ocurriese algo, se sienta sobre su cama. Abstra¨ªdo, derrotado. Piensa en lo horrible que ser¨ªa, si su mam¨¢ lo hubiese descubierto, haciendo ESA COSA indebida. Marcos sale de su cuarto, sabiendo que NO ir¨¢ a ba?arse y tampoco a cepillarse como ella se lo dice. ?Para qu¨¦?, se dice as¨ª mismo. El agua es demasiado fr¨ªa por la ma?ana y su aliento tampoco es f¨¦tido. Va a la sala para observar el amanecer ¡ªy ver si se despierta un poco m¨¢s¡ª, y se observa as¨ª mismo al espejo. Un chico de cabello largo, extendido hasta querer tocar sus hombros. Flacuchento y hasta considerarse as¨ª mismo raqu¨ªtico, comparado a otros ni?os quienes se ven m¨¢s rellenos. M¨¢s feo, seg¨²n ¨¦l. M¨¢s pat¨¦tico, a su consideraci¨®n. No es lo ¨²nico a lo que deber¨¢ fijarse, pues su condici¨®n f¨ªsica y su mentalidad actual son poco importantes en comparaci¨®n a la sensaci¨®n de estar ech¨¢ndole sal a una herida cada vez que piensa en lo mismo. (Carl). (Al grano). Se pone su camisa azul reci¨¦n planchada por su padre y su pantal¨®n negro, am¨¦n de sus zapatos negros que los amarra como si no fuese algo que su mente autom¨¢tica no hiciera. Se devora un cereal y baja a trav¨¦s de las escaleras, con su padre a su lado. Ambos abstra¨ªdos en sus cosas, como de costumbre. ¡ª ?Y c¨®mo te fue en tu primer d¨ªa? ¡ªLe pregunta su padre, estando frente a la salida del edificio. Su sonrisa es aut¨¦ntica, como si no hubiese estado golpeando cosas ayer. ¡ªMe fue normal ¡ªMarcos responde apagado, en sus pensamientos m¨¢s profundos. ¡ª ?Pas¨® algo? ¡ªNada que te interese, pap¨¢. Con el ¡°Kia¡± estacionado al lado de un autob¨²s, y las calles tan solas como si no hubiese ni?os que fueran a la escuela tan temprano en su localidad. Marcos entra y se pone el cintur¨®n de seguridad ¡ªlos accidentes automovil¨ªsticos le dan miedo¡ª, sinti¨¦ndose acostumbrado a ver que su padre no hace lo mismo. Si ambos chocan, ?qu¨¦ pasa despu¨¦s? ?Qui¨¦n sobrevive y qui¨¦n no? El vaso que est¨¢ detr¨¢s y cree posible que debi¨® de ser porque su padre suele tomarse, la mayor parte de sus medicamentos, en su auto; no obstante, ayer se le hab¨ªa olvidado el agua. El auto no enciende, por lo que su padre abre el cap¨® y le coloca unas piezas, de las que Marcos no entiende qu¨¦ son. Tan pronto como gira la llave, el auto enciende y arranca ronroneando, cuando pisa el croch¨¦ y pone la palanca en primera. De vista a la calle y pasando por los edificios, su padre rompe el silencio. ¡ªSi pasa algo, Marcos, puedes contarme lo que quieras ¡ªLe dice su padre, con la mirada al camino. Ambos pasan por un polic¨ªa acostado¡ª. No me molestar¨ªa que al menos confiaras en m¨ª, como yo conf¨ªo en ti y tu mam¨¢ tambi¨¦n. This content has been unlawfully taken from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. ¡ªS¨ª, pap¨¢. Aj¨¢. Un silencio inc¨®modo se cierne sobre ellos, quienes no se miran literalmente, pero S¨ª se podr¨ªa decir que est¨¢n con su mente en ambos. Un momento inc¨®modo; la mirada inquieta de su padre, y las ojerosas bolsas que tiene Marcos por debajo de sus ojos, am¨¦n de unos ojos casi puestos como platos que lo hacen parecer un muerto viviente. ¡ª ?Es por lo de ayer? ¡ªSu padre, ¡°Castillo¡±, rompe el silencio. ¡ª ?Qu¨¦ pas¨® ayer? ¡ªPara un hombre inestable que desconf¨ªa de todos y aun as¨ª habla como si fuese el superh¨¦roe, no es f¨¢cil que en serio Marcos tenga que ocult¨¢rselo. ?Por qu¨¦ contarle que estuvo espiando? ?Para qu¨¦ desate otro problema mayor? Nunca lo ha hecho y tampoco levant¨® la mano a sus hijos m¨¢s nunca, pero es posible. Para un hombre que entr¨® al psiqui¨¢trico. Su padre pega un golpe al volante, y hace que Marcos pegue un respingo. ¡ªT¨² crees que nac¨ª ayer, Marcos. Yo s¨¦ c¨®mo son las cosas, as¨ª como el hecho de que estuviste escuchando todo ayer ¡ªSu voz se escucha adusta, hosca. Envejecida a diferencia de hace a?os, no tan sorprendente para un barbudo de 50 a?os. Un hombre con traje negro y sombrero de copa, como si estuviese en los 1960. ¡ª ?Y acaso c¨®mo lo supiste? ¡ªMarcos observa a su padre at¨®nito, pregunt¨¢ndose c¨®mo pudo saber que su hijo lo escuch¨® desde detr¨¢s de la puerta. C¨®mo pudo saberlo. Podr¨ªa pensar que es solo paranoia de ¨¦l (para un hombre que entr¨® al psiqui¨¢trico), pero algo se le hace peculiar. Como si algo se lo dijera, o si en realidad se est¨¢ volviendo loco. ¡ªSimplemente, lo s¨¦, Marcos. Carl hac¨ªa lo mismo, y de hecho¡­, eso fue lo que lo mat¨® ¡ªNo puede ser m¨¢s desafiante con sus palabras y la mirada que pone al camino. Van por una bajada, por lo que gira la llave y apaga el motor¡ª. Si quieres estar bien, si quieres paz mental y un maldito ¨¢pice de orden en tu vida, no escuches lo que no te incumbe. No te importan los problemas de tus padres, ni te deben importar. Vive tu vida tranquila. ¡ª ?Aun sabiendo que me abandonar¨¢s, pap¨¢? ?Que ser¨ªas capaz de dejarme solo, desamparado, con una discapacitada que m¨¢s bien necesita de tu cuidado? ¡ªMarcos se acerca m¨¢s, desafi¨¢ndolo con la mirada que su padre no devuelve. Con la sangre hirviendo y ese resentimiento que desat¨® sus recuerdos sobre Carl, Marcos le vocifera m¨¢s fuerte¡ª. ??Qu¨¦ clase de empresario hace eso, pap¨¢!? ??No te has puesto a pensar, si tu maldito ego¨ªsmo fue lo que te hizo volver loco!? Las botas pisan fuerte el freno y el auto se detiene de golpe, mandando todo objeto hasta el frente. Marcos siente como si el cintur¨®n presionara su est¨®mago y su pecho hasta hacerlos papilla. Siente como una mano pesada, endurecida y callosa, aprieta su antebrazo con suma fuerza hasta hacerlo arder. La respiraci¨®n entrecortada y los ojos encarnizados, puestos en el chico mientras la cabeza vibra. Un temblor convulsivo que le hace saber la furia agresiva que siente su padre, tras estas palabras. ¡ªPap¨¢, me lastimas ¡ªCuando Marcos intenta mover su brazo, observa la tenebrosa rigidez que tiene la mano de su padre. Una fuerza descomunal como si hubiese metido su brazo a la pared y no lo pudiera mover¡ª. ?Pap¨¢! ¡ª ?Y tambi¨¦n quieres faltarme el respeto, Marcos? ¡ª ??Ves por qu¨¦ te digo¡­!? ¡ªMarcos siente temor por lo que pueda hacer su padre. Su violenta reacci¨®n cuando su madre mencion¨® a Carl y la manera que se sali¨® del cuarto hasta dormir en el carro, como si hiciera lo posible para no caerle a golpes a la mujer que ten¨ªa al lado. No, se traba. No puede hablar, tampoco decir algo porque¡­ ??qu¨¦ puede hacer su padre!? Un hombre que ha demostrado m¨¢s aguantarse la rabia en m¨²ltiples ocasiones, es m¨¢s impredecible que uno que si usaba la violencia en varias ocasiones. Lo impredecible es m¨¢s aterrador, despu¨¦s de todo. Pero aquella mano lo suelta, y su padre pisa el acelerador. Marcos se alivia, pero tambi¨¦n siente duda. Los ojos llorosos de su padre son lo m¨¢s doloroso que puede ver, porque nunca lo hab¨ªa visto llorar. Se pregunta as¨ª mismo qu¨¦ cosas turbulentas pueden estar pasando en su mente ahora mismo, y qu¨¦ clase de demonios internos lo pueden estar azotando en este momento. Salen de la Calle Colonizador y se aproximan a trav¨¦s de Onda Vista, donde se ubica la instituci¨®n donde est¨¢ Marcos. U.E.C. (Unidad Educativa Colegio) San Thomas Dahlie, con los ni?os de primaria y sus camisas blancas entrando y los grandullones (contando algunos enanos) de camisa beige que son de cuarto y quinto a?o. Marcos se baja del auto, sin decirle nada a su padre. Solo un ¡°Chao, pap¨¢. ?Bendici¨®n?¡±, al que el otro no responde. Qu¨¦ chico tan inteligente, piensa Castillo. Un chico a quien recuerda haberle cambiado los pa?ales, como si hubiese ocurrido ayer. Puede que para ¨¦l la vida pase con suma lentitud, pero no se compara a tener cincuenta a?os. Simplemente, vives un 2% de tu vida en comparaci¨®n con el 60% que ser¨ªa vivir teniendo ocho. Pisa el acelerador y gira el volante en la pr¨®xima intersecci¨®n. Pasa por las inmediaciones de la Iglesia Cat¨®lica San Thomas Dahlie. Castillo tiene mucho por la cual fustigarse hoy. Otro ataque de mal genio; otro momento donde casi mata a golpes a su propio hijo, aunque ni siquiera le haya levantado la mano. No recuerda ni el momento donde lo tom¨® con odio; solo el momento donde su hijo le dijo las palabras m¨¢s dolorosas que puede escuchar. Que su esposa le dijo, y recuerda tambi¨¦n ¨¦l hab¨¦rselas dicho a sus padres. (Me lastimas pap¨¢). Al lado con unas pastillas de las que tiene tremendas ganas de devorar todas a la vez. (S¨ª, deber¨ªa hacerlo. De esa manera puedo¡­) ¡ª ?Mierda! ¡ªUn auto se acaba de atravesar y, de no ser por haber pisado el freno, hubiese chocado con toda seguridad. Si hizo eso, aunque pens¨® en matarse, pues eso significa que cierta parte de ¨¦l desea vivir. Ese lado inconsciente que lo motiva a seguir en este mundo, aunque est¨¦ muerto psicol¨®gicamente. ¡ª (No lo hagas, pap¨¢. Me los has prometido) ¡ªEscucha la voz de Carl, resonante como el final de un pasillo y vivida como si fuese una grabaci¨®n. ¡ªT¨² no eres real, Carl. S¨¦ que me he vuelto loco, ?pero al menos tengo mi atisbo de consciencia (o quiz¨¢s no)! ¡ª (?Cu¨¢ntas veces deb¨ªa de dec¨ªrtelo? Confirmaste que Marcos espiaba tu conversaci¨®n, y no fue porque estabas deprimido. Estabas consciente, completamente consciente. ?C¨®mo una alucinaci¨®n puede saber algo que t¨² no?). ¡ªPensar que tu fantasma est¨¢ habl¨¢ndome, ser¨ªa mucho m¨¢s descabellado que pensar que estoy loco. ?Por qu¨¦ no solo me dices que me mate, si tanto me hablas y hablas? Hace a?os que escuch¨® la voz de Carl en su cabeza por primera vez, cuando iba de camino de Bol¨ªvar a Ronzoati en el auto del cofundador de su empresa, que est¨¢ al borde de la bancarrota. Estaba medicado y en ese momento, solo Carl sab¨ªa la verdadera realidad detr¨¢s de su viaje. Cuando observ¨® las colinas, sinti¨® como si dos manos le presionaran la cabeza. Unas moscas brillantes apareci¨¦ndose en los bordes de su vista y un sonido chirriante, agudo, oy¨¦ndose desde lo m¨¢s profundo de su cavidad auditiva. ¡°?Pap¨¢! ?D¨®nde estoy? ?Ay¨²dame!¡±. No le tom¨® importancia, hasta el momento donde se enter¨® de la desaparici¨®n de su hijo. Momento donde comenz¨® a o¨ªr cada vez m¨¢s aquellas voces, aunque solo era por temporada¡­ ¡ª ?Mu¨¦vase, mama huevo! ¡ªLe grita un conductor quien espera por Castillo, detr¨¢s de su auto. El bocinazo y el dedo medio que sale de la ventana. Sinti¨¦ndose tonto por divagar, Castillo pisa el acelerador y decide no pensarlo. Mejor tomarse sus medicamentos. No vuelve a escuchar m¨¢s la voz de Carl, y prefiere no pensar en ello. (Estoy loco, s¨ª. Estoy loco, ?quiero estar loco! ?Carl est¨¢ muerto y los muertos no vuelven a la vida! ?Los muertos solo reviv¨ªan cuando San Thomas Dahlie estaba vivo!). Mientras tanto, Marcos est¨¢ en una zona amplia. Fr¨ªa, con varios alumnos de diferentes tama?os agrupados por grado y secci¨®n. Todos erguidos ante la persona que est¨¢ en el escenario, sosteniendo un micr¨®fono de mano. ¡ªEl se?or te salve, mujer. Llena eres de gracia; el se?or es contigo. Bendita t¨² eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, El Salvador. Todos los alumnos repiten lo mismo, desprendiendo un eco que se dispersa hasta las puertas de los salones. Las voces de aquellos, son muy apagadas y dotadas de aburrimiento (qu¨¦ imb¨¦ciles. Como si lo dijeran porque lo sintieran). Sin creer en alg¨²n dios que le salve, Marcos permanece con la boca cerrada. ¡ªSanta madre, Madre del salvador, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. As¨ª sea. Todos repiten lo mismo. ¡ªValoremos este regalo que nos dio nuestro se?or, que nos dot¨® de la capacidad que tenemos ahora. Que le dot¨® a San Thomas Dahlie su capacidad para despertar a los dormidos y comunicarse con el se?or, otorg¨¢ndoles fe a sus disc¨ªpulos que antiguamente dudaban. Cuando en ¨¦pocas dif¨ªciles revivi¨® a un hombre de raza negra. Hecho que lo llev¨® a la hoguera, y tampoco le import¨®. Todos responden ¡°Am¨¦n¡±. Son las 7:00 am y el acto c¨ªvico termina (ya no tendr¨¦ que estar parado, bien). Todos van en filas separadas por g¨¦nero a sus salones, a lo que Marcos avista a un sujeto conocido en una de las filas que va directo al sal¨®n paralelo al suyo; no obstante, los chicos de atr¨¢s lo empujan para que siga avanzando. ¨¦l se jura as¨ª mismo, que acaba de ver al Ni?o Bronceado que vio y lo salud¨® hace cuatro a?os. El profesor que deber¨ªa corresponder a castellano no viene, por lo que todos entran por s¨ª solos. El segundo d¨ªa del segundo lapso¡ªsi consideramos las complicaciones derivadas del uso de k¨®bistos que se hab¨ªan sugerido desde hace a?os, y provocaron el cierre de diversas instalaciones de forma intermitente¡ª: y el profesor no viene. Se sienta delante de la pizarra, mientras los otros chicos hacen desastre. Un torbellino de madera golpe¨¢ndose, gente gritando, ri¨¦ndose, hablando y algunos bromistas poniendo un bolso al rev¨¦s. Marcos fija su atenci¨®n a una chica, con melancol¨ªa y pregunt¨¢ndose qu¨¦ puede estar hablando con sus amigas. ¡ª ?Entonces te rechaz¨® la m¨¢s fea? ¡ªLe dice el ni?o ubicado en el pupitre detr¨¢s, con un tono burlesco. Marcos no responde. S¨ª, le hab¨ªa declarado a esa chica, pues, considera¡­ ?Es m¨¢s f¨¢cil conseguir novias feas que bonitas! Y rio de ¨¦l en la cara. Su madre le aconsej¨® primero hacerse amigo de ella y que las cosas fluyan, pero Marcos siente una pared que los separa a ambos. ¡ªMira ¡ªProsigue el ni?o, cuyo nombre Marcos no sabe¡ª. S¨¦ que no tienes un don, pero tienes que ver esto. ¡ªNo, ya basta. ?Qu¨¦ quieres? ?Decirme que soy feo o algo as¨ª? El ni?o pone los ojos en blanco. ¡ª ?Oye, se?or paranoico! ?Acaso te dije algo? ¡ªSe?ala a la chica, quien se da cuenta de que la est¨¢n se?alando. Marcos entra en p¨¢nico y centra su mirada a la pizarra. El pene dibujado hasta abarcar las dos divisiones, los rayos del sol pasando por las grandes rejillas y los ventiladores a toda mecha¡ª. ?Acaso te dije algo sobre ella o qu¨¦? ¡ª ?No, pero¡­! ¡ª ?Pero nada! Eso me lastima, Marcos. ?Sabes? Esto no hace m¨¢s que hacerlo sentirse as¨ª mismo culpable. ¡ªLo siento¡­ ¡ªLas disculpas son como dientes de le¨®n; son bonitas, pero se esparcen r¨¢pido. ¡ª ??Entonces qu¨¦ quieres que yo haga!? ¡ªMarcos siente su paciencia colmada. Tanto que golpea el pupitre en un gesto de reflejo, sin darse cuenta. El ni?o hace caso omiso y, profiriendo un silencio perturbador, saca una caja de cart¨®n desde su bolso transparente. Con una sonrisa confiada y una mirada encendida, el chico se la muestra a Marcos. ¡ª ?Y esto? ¡ªPregunta Marcos, mientras coloca la caja en su regazo. Est¨¢ pesada, como cargar una bolsa de harina de trigo. Se siente como el peso se concentra en una parte de la caja; Marcos supone que es un objeto esf¨¦rico. ¡ªEs un regalo ¡ªResponde el ni?o, evadiendo el contacto visual (Marcos lo nota). Con solo o¨ªr estas palabras, Marcos siente desconfianza. No aquella que sinti¨® en aquellas ocasiones, como cuando su madre recibi¨® ese tiro. Qu¨¦ casualidad que haya un tiroteo desde el otro lado del bosque, y que la bala haya recorrido un camino tan exacto hasta la cadera y los nervios de la mujer. Qu¨¦ cruel es el destino¡ª. ?Lo quieres? Una sorpresa. ¡ª?Qu¨¦ tiene? El ni?o encoleriza la mirada. ¡ª ?Qu¨¦ te dije hace milisegundos? ?SORPRESA! ¡ªEl ni?o observa en torno a ¨¦l¡ª. ?Lo abrir¨¢s s¨ª o no? No es una bomba, por si te preguntas. ¡ª ?Pero es que no te conozco! ¡ª ?Y c¨®mo haces amigos, Marcos? ?Acaso conoces a todos? ?Te haces amigos de gente conocida, o de desconocidos? ¡ªEl ni?o aparta la mirada y pone los ojos en blanco, posicionando una mano en el espaldar del pupitre de Marcos y gesticulando con otra¡ª. ?Si la estupidez brillara, t¨² fueses el sol radiante de la ma?ana! Esa no es la manera de hacer amigos, piensa Marcos. Tampoco puede saber si tiene raz¨®n¡­ ?O no? ?Aceptar regalos de extra?os crea una amistad? Apenas comienza la adolescencia y le sobrecargan con informaci¨®n. Su energ¨ªa est¨¢ tan gastada que siente la necesidad de irse a lavarse la cara, o dormir. Tambi¨¦n esa combinaci¨®n poco motivante. Esa culpa por haber ofendido a un chico que ¡ªposiblemente¡ª: busca amistad con ¨¦l, y esa verg¨¹enza de haberse equivocado. (Dios m¨ªo, que no piensen que soy un retrasado, por favor. El segundo d¨ªa de clases y la cagu¨¦ por completo; qu¨¦ asco). ¡ª?Cu¨¢l es tu nombre? ¡ªPregunta Marcos, lac¨®nico. ¡ªY me cambias el tema¡­ ¡ªEl ni?o se ve frustrado, llevando una mano a su frente y suspirando entre dientes. Ese tono, que podr¨ªa considerar un mascullo, solo hace sentir a Marcos inc¨®modo. Si lo habr¨¢ cagado de nuevo, pues est¨¢ listo para recibir un azote¡ª. Me llamo Rostie. Ahora abre la maldita caja, ?o te la quito? S¨ª, porque andas arrecho¡­ Marcos aleja la caja de las manos del chico, llamado Rostie (seg¨²n ¨¦l). Recibir esa clase de cosas le hace da?o, no puede creer que Carl haya vivido tanto. Por supuesto, tampoco puede hacerse ideas preconcebidas. Carl fue a muchas fiestas y hasta tuvo una novia, ?qu¨¦ pudo haber cagado su car¨¢cter? No lo comprende. Preguntar a sus padres solo har¨ªa que le devolvieran un silencio, como muchas veces hab¨ªa ocurrido. ¡ª ?S¨ª, est¨¢ bien, nojoda! ¡ªMarcos pasa sus dedos por la solapa, abri¨¦ndolo con lentitud. Esperando algo, como una bomba salir y explotarle en la cara. O una torta de tres leches y un ¡°?Feliz cumplea?os, Marcos!¡±, de letras cursivas, escrito con chocolate. Le encantan los cumplea?os, aunque solo vaya por la comida. Dentro de la caja, se aprecia un destellante viso. Una esfera negra, parecida a una metra gigante, que refleja su alrededor como un espejo. Sin distorsiones. F¨¢cilmente, Marcos puede usarlo como su espejo. En el reflejo de esa bola, hay algo movi¨¦ndose, y retoza como una mosca. Marcos acerca su vista para ver aquella cosa. El ambiente caluroso del sal¨®n, se convierte en uno g¨¦lido, arrecido, con un viento pegando desde el lateral. Marcos siente su pecho tocar el suelo, arenoso. Deja de sentir la camisa azul y sus pantalones, ahora sintiendo unos pantalones m¨¢s anchos pero ajustados con una correa, am¨¦n de una camisa m¨¢s grande. Su pecho se arrastra, mientras su mirada se irrita por la iluminaci¨®n. ¡ª ?Tienes miedo, Marcos? ¡ªLe responde una voz grave, de alguien que est¨¢ en una etapa superior en la adolescencia. No deja eco en el ¨¢rea, como si se lo dijese en el o¨ªdo. Marcos cae en cuenta que est¨¢ de nuevo en ese bosque, y algo lo toma de los pies descalzos para arrastrarlo hasta un lugar. Intenta moverse, pero cuando levanta su mano derecha, esta se cae con celeridad. Deja de sentirlo, como si se desconectara de su cuerpo. Ante esta confusi¨®n, Marcos usa lo que s¨ª puede mover: la cabeza. No obstante, aquella figura no la puede ver¡ª. Nos regimos por tres partes. El inconsciente, el consciente y el superconsciente. El primero busca el placer, el segundo reprimir el placer y el tercero¡­ ¡ªUnas u?as se entierra en la huesuda superficie dorsal de sus pies, como canalizando una furia¡ª distingue el bien y el mal. Marcos suda fr¨ªo; sus ojos se ponen como platos mientras hace lo posible para moverse. Esfuerzos infruct¨ªferos; su cuerpo se siente demasiado d¨¦bil, paralizado. Siente algo recorrer su pecho hasta llegar a su est¨®mago, m¨¢s all¨¢ de su coraz¨®n palpitando. Una horrible sensaci¨®n, una cat¨¢strofe inminente. (??Qui¨¦n eres!? ?Por favor, dime qu¨¦ haces conmigo!) ¡ªMarcos no puede hablar; su boca no puede articular nada. ¡ªTe puedo leer. Te llevo a un lugar importante, del que nunca olvidar¨¢s. El que ver¨¢s por ¨²ltima vez en tu vida. Lo est¨¢ llevando donde est¨¢ el Espantajo, est¨¢ cien por ciento seguro. Sus sensaciones no mienten, aunque no haya querido saber el porqu¨¦. ?No tiene ning¨²n don! ?No se puede permitir tener uno! ?El Kobist¨®logo (de Kobistolog¨ªa, ciencia de los dones, creo! ?Dios! Soy tan olvidadizo) se lo hab¨ªa dicho! (?Por favor, d¨¦jame ir! No s¨¦ qui¨¦n eres. ?No s¨¦ c¨®mo llegu¨¦ aqu¨ª!). ¡ªSabes qui¨¦n soy; lo supiste desde tu nacimiento ¡ªMarcos intenta mirar por ¨²ltima vez, aunque el resplandor lo ciegue. Sus ojos movi¨¦ndose hasta la pupila, querer meterse por la cuenca, su cervical doliendo hasta darle una sensaci¨®n de estar enfermo. Sus ¨²nicas fuerzas centradas en saber qui¨¦n lo est¨¢ llevando a la perdici¨®n. Marcos no divisa su rostro. Solo un cabello largo, liso pero despeinado, que pertenece a aquel sujeto que est¨¢ de espaldas¡ª. Es momento de hacer lo que debo hacer. (Lo que se debe hacer). Capítulo 5 - Lo que se Debe Hacer Algo hace resonar un grito tan alto, desgarrador y ensordecedor que hace vibrar en los t¨ªmpanos de Marcos hasta rebotar en el interior del coco. Responde con alaridos, levant¨¢ndose del pupitre y apartando todo lo que est¨¢ en su camino. No puede ver nada m¨¢s all¨¢ de su necesidad de huir. Algo lo empuja con un golpe en el pecho, y lo tropieza de costado. Cuando se relaja, puede o¨ªr como los ojos de los dem¨¢s centellean en carcajadas. Rostie tambi¨¦n, todos. ¡ª ?Te dije que iba a caer, Juan! ¡ªLe dice otro ni?o. Rostie farfulla ¡°?Que mi nombre no es Juan!¡±¡ª. La Caja del Miedo siempre funciona. La Caja del Miedo. Marcos se hace una idea de qu¨¦ es: un don que funciona como los sustos de internet, que deber¨ªa activar el sistema l¨ªmbico y crear un escenario basado en tus peores miedos, todo en solo un instante. No se lo preguntes a ¨¦l; lo acaba de escuchar del mismo Rostie ¡°Juan¡±, explic¨¢ndoselo a uno de sus amigos. Marcos se siente tan avergonzado que desea tirarse del borde del edificio; pero la instituci¨®n solo tiene un piso. (Caja del miedo. Caja del miedo. Caja del miedo) ?Por qu¨¦ iba a so?ar con algo as¨ª? ?Qui¨¦n (co?o de la madre) era ese sujeto que lo estuvo arrastrando? ?Por qu¨¦ dijo esas cosas? ?Qu¨¦ fueron esas tres entidades que le mencion¨® o por qu¨¦? Debe procesarlo mejor, y no ahora. Puede ver como aquella chica, bonita y morena, y con un espeluznante parecido a su madre ¡ªDel que Marcos se incomoda pensar¡ª, darle una bofetada a Rostie y reprocharle. Marcos est¨¢ a seis pupitres de la zona, solo y solo oye a los dem¨¢s hablar. Luego la chica se le acerca, con su mirada fuerte. ¡ªDisculpa ¡ªDice la chica, apartando la mirada de Marcos¡ª. Es que no sab¨ªa c¨®mo actuar y pens¨¦ que si me re¨ªa, liberaba el ambiente. Rostie es un imb¨¦cil con autoestima baja; lo s¨¦ porque soy amiga de ¨¦l. Porque tenemos doce a?os, piensa Marcos. Ahora comprende esas pel¨ªculas que sol¨ªa ver con sus padres mientras com¨ªa palomitas. Todos, incluso el m¨¢s hijoputa del sal¨®n, se sienten solos aunque est¨¦n con mucha gente. Todos est¨¢n en proceso de ensayo y error con su comportamiento. Todos tienen su incertidumbre, aunque uno m¨¢s que otro. Adolescentes que dependen emocionalmente de sus parejas o le entran a los estupefacientes, en el peor de los casos. De seguro, ellos tambi¨¦n lo tienen en cuenta¡­ pero el instinto es instinto. No es posible dejar de ser as¨ª, porque es una etapa. ¡ª ?Eso significa que te gusto? ¡ªDice Marcos. Ensayo y error; dos palabras que se dice en su mente, mientras suelta la mayor falla que puede salir de su boca. La chica lo mira con asco y se despide, d¨¢ndole la espalda. Preferir¨ªa fustigarse as¨ª mismo, pensando en c¨®mo lo humillaron y posiblemente lo traten de vulnerable todos, que pensar en lo que lo han hecho visualizar en esa caja. Solo le enciende esa chispa de rencor, que prende fuego a toda su biblioteca mental hasta llegar al centro de su neoc¨®rtex, llamado, seg¨²n Daniel Goleman, ¡°El cerebro racional¡±. Aquel que solo sinti¨® cuando descubri¨® el cad¨¢ver de su hermano, y cree tambi¨¦n haberlo sentido cuando sus padres no le cre¨ªan su historia. (El Espantajo). El profesor de Castellano no llega y pasa hasta las 8:30. Viene el profesor de Geograf¨ªa, Historia y Ciudadan¨ªa, pero habla cosas triviales que no involucran tarea, como la presentaci¨®n. Receso a las 10:00?am hasta las 10:20?am. Matem¨¢tica a las 10:20 hasta las 11:50, sin nada. Religi¨®n a las 11:50. ¡ª ?Sab¨ªan que la historia de los sujetos que dieron luz a la humanidad, no es como la pintan los textos? ¡ªEl profesor, con su camisa de cuadros y con un tau como collar. (?Qu¨¦ esto no era un liceo religioso?). ¡ªSan Thomas Dahlie pudo ser un santo, pero tambi¨¦n un aut¨¦ntico cient¨ªfico. Sus hallazgos, como la muerte cerebral y sus indirectas aportaciones a la biolog¨ªa, lo llevaron a valorar ese don que tiene. No conforme con revivir a su madre, resucit¨® a un hombre que llevaba muerto mil a?os. Ese hombre ve¨ªa el pasado de los objetos, as¨ª que San Thomas le hizo una pregunta simple. ?Saben cu¨¢l era? Los dem¨¢s alumnos permanecen en silencio. Solo uno responde. ¡ªYa s¨¦ cu¨¢l ¡ªRostie ¡°Juan¡± se levanta. Todos los dem¨¢s lo miran expectantes¡ª. ¡°Bas¨¢ndote en tus conocimientos del pasado, quiero que me digas: ?Qu¨¦ es mejor, los muslos o los pechos?¡± Los dem¨¢s se desternillan en risas. El profesor observa con incomodidad, pero luego tambi¨¦n sucumbe a la risa, que tan contagiosa es. En la pizarra aparece una imagen, como de un proyector, de un hombre que lleva una t¨²nica y una barba poblada; San Thomas Dahlie. El profesor tiene el don de proyectar im¨¢genes sobre una superficie, supone Marcos. ¡ªEsa pregunta es interesante y solo te la responder¨ªa un carnicero; pero no. Le pregunt¨®... ?Los padres de la humanidad, pero existieron en realidad? El hombre se sab¨ªa la pregunta, pero no pudo expresarla; existi¨® antes de la era com¨²n. Resulta que hay hallazgos del padre, pero de la madre solo un peque?o rastro. No ve que ella haya muerto, y solo pudo sentir una presencia merodeando, errando. ¡ª ?Y por qu¨¦ siguen tomando el primer libro de los textos sagrados, como verdad, si se supone que la madre sigue viva? ¡ªPregunta una ni?a. ¡ªPorque no hay evidencias materiales que lo concreten. Se volvi¨® humana y tiene el pecado, al igual que el salvador cuando lleg¨® a la tierra. ?Qu¨¦ har¨ªa en estos momentos? Quiz¨¢s merodear por ah¨ª. Quiz¨¢s est¨¢ dentro de una cueva, o habr¨¢ muerto en otra parte. Quiz¨¢s fue enviada al castigo, que es lo m¨¢s probable. ¡ª ?Por qu¨¦ nos hace esa pregunta? ¡ªPregunta Marcos, quien siente que no puede quedarse callado por la curiosidad. ¡ª ?Por qu¨¦ no lo har¨ªa? ?Ense?o religi¨®n! Pero no soy de esos b¨¢sicos. Eso va para el Plan de Evaluaci¨®n, cuyo nombre oyeron de los otros profesores. El horario pasa sin pena ni gloria, aunque esa exposici¨®n quedar¨¢ grabada en su mente. Marcos camina a trav¨¦s de la amplia sala y sale con los dem¨¢s amontonados, hasta llegar hasta afuera. El exterior posee la amplitud de un campo de futbol, y puede suponer que antes fue uno. Los arcos met¨¢licos, la arena y las incontables palomas que se asoman, van en grupo y revolotean cuando un auto pita. El chico piensa: Las chicas hermosas de quinto, con sus cuerpazos y sus caritas pulcras. Marcos se queda mir¨¢ndolas, analiz¨¢ndolas de pie a cabeza. Hasta que padre se acerca y le tiende la mano. Caminan a trav¨¦s del lugar y salen de la fila de autos hasta llegar a las inmediaciones. Marcos pide un helado y su padre se lo compra a un se?or ubicado cerca. Un helado de bolsa "teta", de lim¨®n. ¡ªEnse?an beisbol cerca de aqu¨ª ¡ªDice su padre, mientras ambos entran al ¡°Kia¡± ¡ª. ?Te apuntas? ¡ªNo ¡ªReplica Marcos, quien est¨¢ absorto en lo ocurrido en la clase de castellano¡ª. No me gusta el deporte. Su padre cambia a primera y hace arrancar el auto. ¡ªHijo, ?entonces qu¨¦ te gusta? ¡ªNo me gusta nada. Su padre lo ve con extra?eza. ¡ªDebo coordinar con tu madre para llevarte a un especialista, o tal vez alguien que te oriente mejor. Disc¨²lpame por lo ocurrido hoy ¡ªResponde el padre, y luego gira el volante hasta pasar por las cercan¨ªas de la Iglesia San Thomas Dahlie¡ª. Es complicado explic¨¢rtelo, pero cr¨¦eme que los quiero mucho. Tal vez haya tenido la culpa de lo ocurrido con Carl, pero por favor, no creas¡­ ¡ª ?Por qu¨¦ un padre, empresario, querr¨ªa abandonar a sus hijos? Ni siquiera mencionaste que ibas a mandarnos dinero, si es que tanto nos quieres. ?Hay una discapacitada en la casa, pap¨¢! Marcos percibe c¨®mo su pap¨¢ traga saliva. ¡ªLo m¨¢s que puedo pagarles, es mi seguro de vida ¡ªResponde Castillo, con triste adem¨¢n¡ª. Debo contarte algo que nunca le cont¨¦ a tu madre, y es que estoy enfermo. Vengo medic¨¢ndome desde hace tiempo, pero me dan estos¡­ llamados ¡°fases de afecto¡±, y me impiden tomarme mis dosis correctamente. B¨¢sicamente, estoy en mis momentos irascibles, y cr¨¦eme que duelen m¨¢s de lo que te puedes imaginar. ¡ª ?C¨®mo que ¡°Fases de Afecto¡±? ?A qu¨¦ te refieres con estar enfermo, pap¨¢? ¡ªPregunta el chico, quien a pesar de tener una idea preconcebida, quiere que su padre se la aclare. Pero hace un silencio abrupto, dejando o¨ªr el auto y el viento pasar a trav¨¦s de las vitrinas. El parabrisas recibe chispazos de agua y el tiempo se torna nublado; est¨¢ lloviznando. Antes de Marcos interpelarle, suena una melod¨ªa desde el tel¨¦fono de su pap¨¢. Castillo saca un tel¨¦fono peque?o y de aspecto barato de su bolsillo, luego deja una mano en el volante para responder a la llamada. ¡ª ?Qu¨¦ har¨¢s? ¡ªPregunta Castillo a la persona de la llamada. El padre de Marcos asiente y sus dedos dan peque?os golpes al volante, mientras su entrecejo se arruga¡ª. ?Y no quieres que te lleve? ¡ªHay un breve silencio, pero el se?or sigue mirando al horizonte¡ª. Bueno, est¨¢ bien. Cu¨ªdate. Su padre guarda el tel¨¦fono. ¡ªTu mam¨¢ busca trabajo ¡ªprosigue el se?or, sin quitar la mirada al frente¡ª. Mira, cuando las cosas no pueden ser m¨¢s complicadas¡­ ?Por qu¨¦ no? Todo es porque ¨¦l le dijo, en su cara, que se ir¨¢ pasado ma?ana (ahora ma?ana). ?C¨®mo una mujer discapacitada no estar¨¢ tan desesperada por conseguir trabajo, al saber que no contar¨¢ ni con que su exesposo le mande dinero desde afuera? Cada vez m¨¢s comportamientos err¨¢ticos tiene ¨¦l, y m¨¢s contradicciones. En un momento los quiere, y en otro momento no O al menos, eso supone Marcos; En ning¨²n momento se detuvo a analizar. El auto por un momento pasa por un objeto que genera una turbulencia que asusta a ambos. El chico ve a trav¨¦s del cristal de atr¨¢s, y siente una sensaci¨®n de ardor en su pecho cuando ve que acaban de arrollar a un animal. Un gato, con el pelaje encrespado y los insectos que salen desde su boca; en lo poco que logra percibir antes de terminar de alejarse, es que ya estaba muerto. ¡ª Ojal¨¢ no se haya da?ado nada del carro¡­ ¡ªMurmura Marcos ¡°Castillo¡±. Pasan por la calle Colonizador y la Urbanizaci¨®n La Cascada, y se estacionan delante de su apartamento. Ambos suben y antes de sacar las llaves para abrir la reja, el padre de Marcos se queda mirando los respiraderos de la pared. El sol peg¨¢ndole de frente. El sonido de los ni?os jugar dentro de sus casas, cuyos gritos traspasan las paredes. El clima fr¨ªo, pero tambi¨¦n caluroso; h¨²medo. ¡ªMarcos ¡ªMusita el padre, y se vuelve hacia su hijo¡ª. ?Qu¨¦ te llev¨® a pensar en la idea de que tu hermano desapareci¨® a causa de un ente del Bosque Central? Eso hace a Marcos sentirse m¨¢s liberado, y es la pregunta que siempre hab¨ªa querido oir. Siempre su padre le hab¨ªa tomado en cuenta sus cosas y no recuerda que haya un momento donde lo haya tratado mal, golpeado o defraudado. El que no le creyera lo de Carl, fue algo que lo hizo sentirse solo. ¡ªNo s¨¦ c¨®mo expres¨¢rtelo bien, pap¨¢ ¡ªResponde Marcos, sintiendo verg¨¹enza de no recordar mucho¡ª. Fue un sue?o que tuve. ¨¦l iba a una fiesta, alegrado y preocupado por quedar bien. Ah¨ª fue donde ocurri¨® lo que te cont¨¦ antes: vino esa criatura y se lo llev¨®. Todo lo de mi sue?o coincidi¨® con lo que ocurri¨® en aquel d¨ªa, pero¡­ es que no s¨¦. Pap¨¢, no estoy seguro si son solo cosas m¨ªas. ¡ª?Al menos disfrut¨® su vida! Intent¨¦ tomar acciones legales contra un hombre llamado ¡°Abraham¡±, un sujeto de mala vibra que se hizo amigo de mi hijo; pero desapareci¨® ¡ªSu padre apoya sus manos sobre los hombros de su hijo. Pesadas y arrugadas, mientras Marcos percibe un aliento a menta¡ª. Hijo, ?est¨¢s seguro de que no fue ¨¦l? ¡ªNo, pero s¨ª te puedo decir que ¨¦l ten¨ªa muy mala vibra. El hombre inhala con mayor tranquilidad y se suelta de su hijo, para luego a entrar a la casa. Marcos tambi¨¦n entra, pero el otro le grita ¡°?Cierra la puerta!¡±, con dureza y esto lo lleva a acatar la orden. No puede luchar contra el pasado, ni siquiera contra los ni?os que se rieron de ¨¦l. Hab¨ªa pensado en acabar con su vida, pero ahora descubre que eso no es lo que necesita. Le hierve tanto la sangre recordar al Espantajo, que esos pensamientos de hacerse da?o as¨ª mismo¡­ cambian de direcci¨®n. Se imagina as¨ª mismo destrozarlo con el hacha de su madre, luego vociferarle los peores insultos. Al mismo tiempo, si las cosas hubiesen pasado se otro modo, se imagina as¨ª mismo sintiendo el placer de morir a manos de ¨¦l. Morir tambi¨¦n ser¨ªa otro regalo para ¨¦l, pero destruirlo ser¨ªa m¨¢s. Marcos siente la necesidad de encerrarse en su cuarto y pulirse el calvo, contando con su reciente descubrimiento de que puede apoyarse con contenido de internet; pero otra voz interna le habla, como si se tratase de otra entidad aparte. Ese ¨¢ngel del Hombro que le dice lo correcto que debe hacer. Siente la necesidad de ahondar en el origen detr¨¢s de esos sue?os. Esas sensaciones. Si ¨¦l es un im¨¢n de tragedias, o las tragedias lo atraen a ¨¦l. (Hay que hacer algo, carajo). No puede quedarse as¨ª toda la vida, sucumbiendo a sus vicios hasta el cansancio y llorando por las noches. Ni siquiera siente, con autenticidad, los apoyos de su padre y madre, por buena intenci¨®n que tengan. Que es parte de la adolescencia y que otro. ?Qu¨¦ adolescencia? ?Ser un pat¨¦tico es parte de la adolescencia? No se quedar¨¢ con los brazos cruzados y ahora dar¨¢ el primer paso. Entra a su cuarto y enciende su mini laptop (desear¨ªa un tel¨¦fono) del gobierno. Abre el navegador y escribe ¡°ke es un don y como c desarrolla¡±, con su l¨¦xico caracter¨ªstico. El internet est¨¢ lento y la minilaptop, con su procesador y memoria escasos como para colgarse al jugar un videojuego de segunda dimensi¨®n. El buscador arroja resultados interesantes, todos relacionados con "?Qu¨¦ dice la ciencia de los dones?¡±, K¨®bisto (Kobisteinolog¨ªa; Enciclopedia Libre), ?Quieres desarrollar tu don? ?Ven ac¨¢! (Video de internet)". Marcos accede a la primera p¨¢gina y se carga una interfaz antigua, que recuerda a la ¨¦poca de los 2000. Para patata que tiene Marcos como computadora, no hace m¨¢s que beneficiarlo, pero¡­ (?Por qu¨¦ eso aparece en el primer resultado? Como si fuese dif¨ªcil usar los colores s¨®lidos). ¡°Un K¨®bisto o popularmente llamado, ¡®don¡¯, es como un m¨²sculo; se desarrolla mediante prueba y error. Si un m¨²sculo se sobre esfuerza, ocurre un proceso llamado ¡®Hipertrofia¡¯ donde regenera las micro roturas, a?adiendo m¨¢s fibra para adaptarlo a la nueva carga. Un don es lo mismo, pero depende del tipo; todos tenemos uno ¨²nico. Quien puede generar objetos de vidrio y desea generar una jarra, debe comenzar con peque?os ceniceros hasta poder crear un vaso¡±. En varios casos, generar¨¢ deformidades de cristal que se romper¨¢n al tocarse; pero conforme lo domina, podr¨¢ crear cosas m¨¢s complejas. ¡ªBien ¡ªMarcos deja escapar un sonido de asombro. Nunca le gust¨® la lectura, pero esta vez s¨ª le agrada. Quiere leer m¨¢s, conseguir m¨¢s informaci¨®n. Marcos accede a segundo resultado. A trav¨¦s de ¨ªndice accede al siguiente apartado: ¡°Con una mayor democratizaci¨®n de su uso, los estudios confirmaron que su desarrollo es m¨¢s complejo de lo que parece. No todos pueden desarrollarlo y hay quienes ¡®no lo tienen". M¨¢s all¨¢ de esto, no hay m¨¢s nada que le interese. La Historia de K¨®bistein como el primero que lo estudi¨® o ciertas cosas que Marcos considera, innecesarias. No le interesa la historia. Esto solo alimenta un problema: si Marcos tiene un don, entonces deber¨ªa estar escondido. Indetectable, tanto como para diagnosticarlo con la falta de este. ?Entonces c¨®mo desarrollarlo? El chico no crea vasos de agua y tampoco hace telepat¨ªa. No crea diamantes explosivos como su hermano. No levita objetos como si madre, quien debe de estar elev¨¢ndose para cruzar la calle. (Me cago...) This tale has been unlawfully lifted from Royal Road. If you spot it on Amazon, please report it. ¡­ ¡ª ?Ya s¨¦! Marcos tiene una idea. Al tiempo que prepara un arroz con bistec, Castillo solo puede sentirse derrotado. Visualiza una ¨¦poca donde fue feliz, antes de que todo se fuese al traste tras la muerte de sus padres. Carl ten¨ªa cinco a?os en ese momento, y los tres tomaban Cocada, en La Mejor Cocada. Cuando oy¨® la voz de su padre decirle ¡°Esa mujer campesina no es m¨¢s que un par¨¢sito, Marcos¡±, crey¨® que ¨¦l estaba detr¨¢s de ¨¦l. Al poco tiempo, le informaron que su padre muri¨®¡­ ?Debe celebrar? Claro que s¨ª. ¨¦l fue abusivo, al igual que su madre, y quer¨ªan inculcarle su ¡°mentalidad de negocios¡± a su hijo. Con educaciones y castigos que rozaban lo inhumano. ¡ª (?Qu¨¦ piensas, Marcos? ?Qu¨¦ yo soy malo? Solo intento que te vayas al camino correcto. Fuiste una desgracia en mi tiempo de vida, y no quiero que lo sigas siendo despu¨¦s de mi muerte) ¡ªUna voz ¨¢spera de un hombre ochenta a?os, quien padeci¨® de Alzheimer. C¨®mo una enfermedad puede quitarte toda la riqueza, de una manera tan triste. ¡ª (Te hab¨ªa dicho: Mujer campesina tiene poca educaci¨®n y no aporta nada a tu vida. Solo est¨¢ para parasitar. ?Ves que no busc¨® trabajo hasta que le dijiste?) ¡ªSu madre, una se?ora que muri¨® dos a?os despu¨¦s. Fue la p¨¦rdida que m¨¢s afecto a Castillo, aunque sepa que ella tambi¨¦n fue part¨ªcipe de su p¨¦sima vida. ¡ªReci¨¦n me doy cuenta, de que ustedes en serio son reales ¡ªCastillo le habla a aquellas voces, mientras percibe un olor a condimentos. Siente su cuerpo flotar, y atenci¨®n est¨¢ dirigida al centro de sus pensamientos. Fuera de la realidad como tal¡ª. No estoy loco, entonces. ?Ustedes son reales! ¡ªProfiere una sonrisa desesperada, buscando hallar un ¨¢pice de man¨ªa que le ayude a sobrellevar la situaci¨®n. Solo est¨¢ delante de la depresi¨®n y la irascibilidad¡ª. No les bast¨® con azotarme a lo Cristo. No les bast¨® con llevarme a reformatorios por no cumplir con sus expectativas. Solo hab¨ªa seguido mi vida y mis negocios, solo para verlos sufrir con mi propio ¨¦xito, malditos. ¡ª (Pap¨¢, no los escuches) ¡ªLa voz de Carl, que muchas veces lo salv¨® de hacerse da?o as¨ª mismo¡ª. (Tienes que escucharme a m¨ª y solo a m¨ª. No dejes que ellos te consuman). ¡ªYa lo hicieron, Carl ¡ªResponde Marcos ¡°Castillo¡±. Sus dedos tocan la sart¨¦n con los condimentos y sienten un fr¨ªo que arde. Tanto que lo hace pegar un respingo y despertarse de esa irrealidad. Su espalda chocando con el mes¨®n que lleva al fregadero y su mirada confundida, mientras se da cuenta de lo que acaba de so?ar. Siempre fue un hombre torpe, absorto que enso?aba en exceso. Conoci¨® a su mujer, a quien recordar¨ªa abrazarlo mientras har¨ªa un acto que llevar¨ªa a su embarazo de Carl. Hace dos d¨¦cadas, Castillo hab¨ªa estado buscando empleados para un futuro emprendimiento, posterior a rebelarse de sus padres y ser expulsado de su casa, como consecuencia. Uno de sus amigos le hab¨ªa dado la direcci¨®n de una familia de campesinos que estar¨ªan dispuestos a trabajar en un negocio que involucre la tala de ¨¢rboles y, tambi¨¦n, el poder trabajar fuera de la ciudad. Viaj¨® llevando su traje negro y su sombrero de copa, y les toc¨® la puerta de su casa de aspecto humilde. Ah¨ª conoci¨® a una familia de campesinos, a quienes pens¨® contratar para un negocio cuya nula experiencia le impidi¨® pensar en c¨®mo ser¨ªa. Una mujer morena, con sus shorts cortos tipo Jean y su camisa de lana; no estaba mal vestida. Les llev¨® agua a sus cinco hermanos y luego a Castillo. Esos modales, esa manera resiliente de actuar que le hace pensar en lo empoderada que es, y ese cuerpo (obviamente) que le pareci¨® ca¨ªdo del cielo. Castillo olvid¨® a lo que iba, conforme se ganaba la amistad de la familia con el paso de los d¨ªas, a quienes visitaba cada semana. ¡ª ?Y c¨®mo es su vida de empresario, Marcos? ¡ªLe dijo Bepsi, con un acento coloquial muy fuerte. Recuerda a su estad¨ªa en un estado del norte del pa¨ªs, donde todos hablan como colombianos. ¡ª En b¨²squeda de oportunidades. ¡ªMarcos ¡°Castillo¡± se dio cuenta de que, en serio, se hab¨ªa olvidado¡ª. Como por ejemplo, si esta cara bonita (t¨²) querr¨ªa hablarme m¨¢s de su vida. ?Es admirable el trabajo que hacen ustedes aqu¨ª! Tu pap¨¢ tiene m¨¢s fuerza que un sujeto salido del gimnasio, y me encanta c¨®mo dejas limpio este hogar. ¡ª ?Para eso hab¨ªa venido en estos d¨ªas? ¡ªBepsi se echa risitas, mientras le sirve un caf¨¦ a Castillo. Le da la impresi¨®n de verla contonearse mientras percibe un peque?o sonrojo, desde sus mejillas oscuras¡ª. ?Pues la tendr¨¢s dif¨ªcil! No le cuento mi vida a m¨¢s nadie. A menos que me cuentes¡­ ¡ªUn silencio extra?o, mientras queda at¨®nita. Parece procesar algo que la emociona¡ª. ?De qu¨¦ estaba hablando? ?Ja, ja, ja! Se me olvid¨®; suelo olvidar lo que digo. Qu¨¦ mentira tan piadosa, porque no demostr¨® eso en ning¨²n momento. Fue que le quiso decir algo guiado por sus sentimientos, pero luego lo ¡°abort¨®¡± (Las mujeres no olvidan; frase que, con el tiempo, Castillo fue aprendiendo conforme conoc¨ªa a sus amigas). Con el tiempo entraron en una relaci¨®n que dur¨® tres a?os, que hizo que Castillo renunciara a contratar a la familia de su mujer, ya que sus verdaderas intenciones eran tratarlos como a los obreros mal pagados. Castillo cort¨® comunicaci¨®n con sus padres y escap¨® con Bepsi hasta Ronzoati. Conoci¨® a un sujeto que posee estudios en Administraci¨®n de Empresas, Medicina e Ingenier¨ªa Qu¨ªmica; Castillo, un sujeto que hab¨ªa estudiado de Mercadotecnia y hab¨ªa tenido experiencia emprendiendo negocios de reposter¨ªa, estaba fascinado por c¨®mo sus grandes conocimientos emp¨ªricos iban a combinar con la gran habilidad del sujeto que hab¨ªa conocido. Formaron una empresa fabricante de licores secos que fue evolucionando hasta convertirse una ambiciosa empresa matriz, que llevaba consigo negocios que ¨¦l hab¨ªa comprado hasta casi el monopolio; no obstante, una investigaci¨®n policial que casi lo llev¨® a pagar multas por despedir masivamente a sus empleados, apag¨® su visi¨®n de comerse el mundo. La vida que hizo con su esposa, fue tan especial que incluso se enorgulleci¨® de sentir que ¨¦l mismo colabor¨® con el futuro de ella, quien quer¨ªa estudiar enfermer¨ªa. No, se enamor¨® m¨¢s. Ese d¨ªa la noche dur¨® m¨¢s de lo debido, pero solo hab¨ªa una cosa que olvid¨®: la protecci¨®n. Debido a eso, naci¨® Carl; no obstante, no se arrepiente. Castillo quer¨ªa algo simple: una mujer altruista, humilde, que contraste con el empresario seco que es ¨¦l. Alguien que le ense?e valores a sus hijos, mientras Castillo ense?a el ejemplo. Una l¨¢stima, porque piensa que la cag¨®. Un hijo v¨ªctima de los problemas de sus padres, quien sufri¨® por culpa de las constantes discusiones que tuvo su madre con su padre, quien este ¨²ltimo decidi¨® plantar un engendro para desafiar a esas voces que lo estaban torturando. Ah¨ª, naci¨® su hijo, Marcos. Con el tiempo que Castillo vivi¨®, alcanza a comprender que la culpa no es suya; tampoco es de su forma de ver el mundo. Es de esas voces que se apoderaron de ¨¦l. No par¨® de escuchar a su padre insistirle en que es una desgracia para la familia, a su madre incitarle a divorciarse de Bepsi, y a Carl salvarle de sus brotes que casi acabaron con su vida. ¡ª (Pap¨¢, para de divagar. Marcos trama algo). ¡ª ?Qu¨¦ puede estar tramando? ¡ªCastillo divisa a su hijo, llev¨¢ndose un libro de portada blanca. Como ladr¨®n descubierto robando algo, Marcos observa a su padre con nerviosismo. Ojos tan abiertos y tembloroso adem¨¢n, mientras sus manos est¨¢n cercanas al pomo de la puerta¡ª. ?Marcos? Marcos traga saliva. ¡ª ?La comida est¨¢¡­ lista, pap¨¢? ¡ªCon tartamudez en ese punto suspensivo, Marcos acerca su mano al pomo de la puerta. Su padre se acerca y se coloca frente a ¨¦l. Lo analiza con la mirada. ¡ª ?Qu¨¦ llevas contigo, Marcos? ¡ªUn libro, nada m¨¢s. Mira, estoy pendiente de algo¡­ Castillo aparta la mano de su hijo del pomo de la puerta, y extiende la suya con su mano abierta. ¡ªD¨¢melo ¡ªSu gesto hace parecer a su hijo m¨¢s peque?o de lo que es. No solo le exige con las palabras, sino con su gesto y mirada. La mirada de ¡°poner car¨¢cter¡± que sol¨ªa usar para intimidar a empleados holgazanes e improductivos, de los que no le temblaba la mano gritarles ¡°Vas para la calle¡±. Est¨¢ claro que Marcos tiene algo: el libro de su esposa, que recuerda hab¨¦rselo comprado antes de su regreso a Ronzoati. Si hay un talento que ella nunca explot¨®, fue su levitaci¨®n; nunca ten¨ªa tiempo, seg¨²n ella. ¡ª ?Por qu¨¦? ¡ªMarcos aleja el libro de su pap¨¢. ¡ªDebo hacerte YO la pregunta. ?Qu¨¦ haces con eso? ¡ªCastillo acerca su mano para quitarle ese condenado libro, pero su hijo no lo permite. ¡ªSospecho que tengo un don, pap¨¢ ¡ªEsta revelaci¨®n le cae como balde de agua fr¨ªa. ?Est¨¢ claro que lo sospech¨® desde un principio! De hecho, por esa raz¨®n fue que vino a vivir con ellos. Temiendo ante el potencial peligro que puede representar lo que sea que tenga su hijo, llevando dos casos consecutivos. La discapacidad de su esposa y el fallecimiento de su hijo, no son m¨¢s que piezas que deben encajar en un extenso rompecabezas¡ª. Quiero ver qu¨¦ puedo hacer, porque todo lo que sucede¡­ ¡ªT¨² no tienes nada, hijo ¡ªNo hace m¨¢s que preguntarse qu¨¦ parte de su cerebro est¨¢ tomando el control. Las emociones o el pensamiento¡ª. D¨¦jate de pensar eso y vive la vida con tranquilidad. ¡ª ?Y si eso fue lo que mat¨® a Carl¡­? Castillo entra en una nebulosa densa. Voces de su padre, repiti¨¦ndole ¡°Si fueras obediente, no hubieras matado a Carl¡±, su madre dici¨¦ndole ¡°Si pensaras m¨¢s con la cabeza¡± y sin se?ales de Carl que calmen lo que est¨¢ sintiendo en ese momento. Sus pu?os apretados hasta romper la piel con sus u?as, su espalda contray¨¦ndose y su vista nublada. No se da cuenta del momento donde, delante de su hijo, le pega un pu?etazo a la puerta tan fuerte que se vuela la piel de sus nudillos. Luego sus ojos se posicionan sobre su hijo, quien se ve at¨®nito. Rezumando litros de sudor y con sus brazos vibrando al ritmo de sus acelerados latidos cardiacos. Castillo ve otra vez la cara de aquel hijo atemorizado, y siente como si lo volviesen a conectar a la realidad. Cae en cuenta del enorme agujero que acaba de dejar en la puerta, y c¨®mo se puede ver la cama desordenada de su hijo desde ah¨ª. ¡ªLo siento ¡ªSe disculpa Castillo, sinti¨¦ndose est¨²pido. Incapaz de lidiar con sus impulsos de ira. De siquiera poder estar consciente y aprender a reaccionar¡ª. No quise¡­ ¡ªPap¨¢, t¨² no eras as¨ª. Siente la necesidad de responderle ¡°Hijo, oigo voces en mi cabeza. Reprim¨ª la voz de mi pap¨¢, pero todo cay¨® cuando mi madre muri¨®. Me estoy volviendo loco¡±, pero luego lo reprime. Hizo suficiente como para que lo consideren loco de atar. Como para que su propio hijo, le tenga miedo. Como para que ¨¦l mismo se tenga miedo, de lo que pueda hacerle a su familia. Si le llega a tocar, aunque sea, un dedo¡­ sus padres ganan. Si no, entonces se vuelve loco y podr¨ªa¡­ (?Pero al menos pierden ellos, y eso es lo importante!). ¡ª (Pap¨¢, por favor) ¡ªPero tomar decisiones dr¨¢sticar como quitarse su propia vida, solo har¨ªa que su fallecido hijo se vuelva la pr¨®xima voz que lo atormentar¨ªa. ¡ªDios m¨ªo, Marcos. Haz lo que quieras ¡ªEl padre del a?o le da la espalda y se devuelve a la cocina. Se da cuenta de la negrura de los ali?os que se acaban de quemar¡ª. No puedo detenerte. M¨¢s confundido no puede estar, pues ahora tendr¨¢ que contar con su mam¨¢ o su pap¨¢ para que tapen ese agujero en su puerta. Su pap¨¢ siempre fue reservado, al punto de pensar que no tiene problemas. (Pap¨¢ fue al psiqui¨¢trico porque se guardaba todos sus problemas) ¡ªCarlos ¡°Carl¡±, hace cuatro a?os. Si es tan reservado, entonces ?por qu¨¦ le hizo esas extra?as preguntas? Cree que, desde el fondo de coraz¨®n, ¨¦l cree en la historia de Marcos. Sabe que ¨¦l tiene un k¨®bisto incomprensible, latente. Sabe que pudo haber prevenido el fallecimiento de su primer hijo, escuchando a su peque?o de ocho a?os. (Quiz¨¢s ¨¦l lo sabe, pero se lo niega as¨ª mismo). Marcos se encierra en su cuarto, con el libro que acaba de tomar prestado. Se tumba en su cama, de espaldas a la pared y con una almohada por detr¨¢s. ?Marcos necesita leer todo ese libro? Le da tanta pereza que la sola idea de obligarse a leerlo, deber¨ªa ser peor que defecar y no tener papel en casa ajena. Marcos intenta leer, aunque sea, las primeras p¨¢ginas, pero no lo logra. (Dios santo, es demasiado fastidioso; nunca hab¨ªa hecho algo tan aburrid¨ªsimo). Siente que no puede leer ni siquiera las primeras palabras, que est¨¢n llenas de introducci¨®n tipo ¡°En este libro presentaremos el contenido relacionado con lo que vamos a mostrar¡±. Por un momento, considera no hacerlo. Dejar que el tiempo vaya y ¨¦l mismo descubrir su don. ¨¦l mismo con el tiempo lo ir¨¢ descubriendo¡­ (Pero ?c¨®mo?). Si ¨¦l no se encarga, ?entonces qu¨¦? ?Descubrirlo cuando sea demasiado tarde, o quiz¨¢s nunca? Marcos se imagina as¨ª mismo una d¨¦cada despu¨¦s. Un perdedor que pens¨® que triunfar¨ªa dejando pasar el tiempo. Sin saber que pudo haber hecho algo desde antes. Un perezoso, barbudo y lleno de granos en la cara. Quiz¨¢s hasta bajito y que llora todos los d¨ªas. ¡ª ?No! ¡ªSe vocifera Marcos as¨ª mismo, y despu¨¦s despu¨¦s la voz de su padre, pregunt¨¢ndole ¡°?Qu¨¦ pas¨®?¡±. Marcos afirma estar bien y contin¨²a leyendo, intentando no abrumarse. Se le ocurre la idea de saltarse la introducci¨®n, porque quiere ir al grano. (S¨ª, mejor leo algo y si me equivoco, leo la introducci¨®n. Qu¨¦ listo eres, Marcos. Aunque sea¡­ la primera p¨¢gina). Marcos lee con rapidez, salt¨¢ndose sin darse cuenta, informaci¨®n que le pudo haber interesado (mejor voy al grano). Parte del origen de los k¨®bistos es desconocido, pero se sospecha su origen desde el Fruto Prohibido de los padres de la humanidad, o una erupci¨®n solar. Se dice que ellos nacieron con poderes, pero condenaron a la humanidad a perderlos con el paso de los a?os; palabras del K¨®bistein, criticado por ser el equivalente al te¨®rico de pseudociencias del siglo 21. Hay mucha informaci¨®n aburrida. Marcos solo quiere desarrollar su don, no saber de historia. ?Por qu¨¦ la historia?, se pregunta ¨¦l. Le interesa lo que quiere saber, no c¨®mo un grupito de nerdos se puso a soltar teor¨ªas a lo loco. Ah¨ª sus ojos analizan un fragmento que interesa profundamente: ¡°Se sospecha, con mayores indicios, que todos tenemos un k¨®bisto, y aquel peque?o porcentaje tambi¨¦n incluye. Aunque sea inconsciente, aquel influye en sus vidas sin que estos se den cuenta. Seg¨²n K¨®bistein, puede deberse a la sociedad (antigua) que reprimi¨® y persigui¨® su uso¡±. Si es as¨ª, entonces su pap¨¢ tambi¨¦n tiene un don. No sabe por qu¨¦, pero le carcome la duda de si tiene que ver con su comportamiento err¨¢tico. Carl puede generar explosiones, pero es bien sabido que sufri¨® en su infancia. Su padre es un hombre que vivi¨® su vida llena de felicidad, con el dinero que obten¨ªa de sus negocios. ?Qu¨¦ fue lo que lo derrumb¨®? No puede pregunt¨¢rselo cara a cara; le tiene miedo. Las tres divisiones que conforman los dones, se dividen en tres: Dominante, subdominante y auxiliar. Cuando uno agota sus recursos, utiliza la funci¨®n subdominante y la auxiliar para evitar que el individuo fallezca por sobrecarga. -Mental: Poderes que usan los recursos de la mente, como la paciencia o el ¨¢nimo. Un uso prolongado provoca estr¨¦s y cansancio mental, como tambi¨¦n perturbaciones mentales agudas. Un uso cr¨®nico provoca, a su vez, trastornos leves pero constantes. -F¨ªsica: Poderes que usan la energ¨ªa del cuerpo, como el m¨²sculo o nutrientes. Su uso prolongado provoca cansancio f¨ªsico dependiendo del ¨¢rea utilizada (como en la anterior). Un uso cr¨®nico suele provocar s¨ªndrome de sobreentrenamiento. -Espiritual: O ambigua. Su uso de recursos es f¨ªsicamente inexistente como desconocido, pero se cree que su capacidad supera las leyes de la naturaleza o del mismo espacio-tiempo. Sus efectos adversos se relacionan con otras dimensiones utilizadas. Sigue siendo una teor¨ªa y la kobisteinolog¨ªa moderna recomienda no tomarla en cuenta para futuras investigaciones, hasta haberla aclarado. Esta dimensi¨®n fue planteada por K¨®bistein, debido a la diferencia entre algunos usuarios. Cabe recalcar que no existe un don que utilice una sola dimensi¨®n; todas utilizan los tres, pero con niveles variables. ?Entonces Marcos tiene un don mental? No, porque no sabe telepat¨ªa o levitaci¨®n. O¡­ (Esa sensaci¨®n). Marcos ojea m¨¢s y se obliga a seguir leyendo. Para desarrollar estos dones, debe tener la autodisciplina como para tener en cuenta que deber¨¢ esforzarse m¨¢s all¨¢ de su l¨ªmite, hasta obligar al cuerpo a utilizar la funci¨®n auxiliar. Marcos va a la cocina y se sirve agua, siendo necesaria la hidrataci¨®n para practicar. Entra a su cuarto, cierra la puerta y se coloca encima de su cama. En una posici¨®n con piernas extendidas, lo suficiente para meditar con la mayor comodidad. (Vamos). Marcos intenta replicar esa sensaci¨®n que sinti¨® en aquellos momentos, y ahondar m¨¢s en ¨¦l. Intensificar esa sensaci¨®n. Inhalar con la nariz, exhalar con la boca. Relajarse, aunque siempre escuche melod¨ªas en la cabeza que te lo impidan. (Laralaaah Laaaah Laralaaah). Marcos levanta una comisura de su labio, pero se concentra¡­ Hasta que un estallido envuelve sus o¨ªdos, d¨¢ndole una sensaci¨®n de fr¨ªo recorrer su cabeza. Como si algo se derramara dentro. Esto lo hace proferir un gemido y dejar de practicar. ¡ª ?Qu¨¦ fue eso? ¡ªSe pregunta as¨ª mismo, en voz alta. (Significa que est¨¢s haci¨¦ndolo bien, Marcos). Pero no puede estar seguro. Lo que acaba de pasar, fue tan doloroso que odia la idea de volver a intentarlo. Como si un clavo fr¨ªo se enterrara en tu cerebro, y se pudiera sentir c¨®mo la g¨¦lida sensaci¨®n se extiende a trav¨¦s de sus neuronas hasta llegar a sus o¨ªdos. No, no cree volver a hacerlo. Tiene miedo ante lo que pueda pasar, si es que le dar¨¢ un derrame cerebral. Solo les da a los ancianos, pero en estas situaciones ¡®surrealistas¡¯ cualquier cosa es posible. Marcos contin¨²a haci¨¦ndolo, hasta poder hacerlo. Inhala, exhala; Inhala, exhala; Inhala, exhala. (Laralah). ... (Otra vez esa maldita melod¨ªa). Se concentra en el sonido del aire acondicionado, inhala, exhala. La m¨²sica vuelve a reproducirse, y muchos de sus recuerdos salen a la luz. El hecho de ser rechazado por la chica que le gusta; ser arrastrado hasta el Espantajo por un desconocido; su padre rompiendo la puerta, y haciendo como si nada. Su madre, con su silla de ruedas que le da dolor en el trasero. En una calle concurrida, pocas personas pero un tr¨¢fico bestial. Flexiona sus m¨²sculos para usar su levitaci¨®n y facilitar su desplazamiento. Se dirige a una tienda departamental, con un fr¨ªo envolvente y se ve al espejo para analizarse as¨ª misma. Pasa por una feria de comida para tomarse un caf¨¦ (C¨¢lmate, Bepsi. No te hace bien pensar en esto. ¨¦l te ama, pero no se siente bien. Naciste sola y morir¨¢s sola, si es que tu hijo te cuida en tu vejez) mientras tiene sus pensamientos revoloteando. Un sentimiento de p¨¦rdida que sinti¨® cuando vio el cad¨¢ver de Carl, y una sensaci¨®n ¡®espacial¡¯ que lo envuelve as¨ª mismo en una capa ardiente. Ese sentimiento lo recuerda a la perfecci¨®n¡­ porque tambi¨¦n vio la perspectiva de su hermano. De pronto, un estruendo derrumba todo su alrededor y alaridos se escuchan de forma intermitente; un escombro cae por encima de campo visual, y ahora solo hay oscuridad. (?Ser¨¢ posible?) ?Juegos mentales, o en serio le va a pasar algo a su mam¨¢? Siente la extrema necesidad de ir hacia donde est¨¢ ella. Decirle que no vaya en ese d¨ªa, que ocurrir¨¢ algo que le afectar¨¢ por toda su vida. Donde Marcos se sentir¨¢ derrotado y pregunt¨¢ndose, ¡°?As¨ª que este es mi don? Deb¨ª haberle prestado atenci¨®n¡± tal y como tambi¨¦n pudo haber sentido su padre, de un modo similar. Marcos concluye que la tienda departamental sufrir¨¢ un derrumbe, y su madre morir¨¢ enterrada entre los restos. No tiene pruebas ni hechos ver¨ªfidicos, sino conjeturas provocadas por esa imagen que hab¨ªa proyectado. ¡ª ?Pap¨¢! ¡ªGrita Marcos, y recorre el pasillo hasta encontrarse en la cocina. Ve que su pap¨¢ acaba de preparar la comida, un arroz con bistec condimentado (mmm, cebolla). ¡ª ?Qu¨¦ sucede? El chico se toma un momento para procesar el mareo provocado por levantarse tan r¨¢pido de la cama, y luego responde. ¡ªDebemos irnos, pap¨¢. Mam¨¢ est¨¢¡­ ¡ª ?En peligro? ¡ªCastillo completa la oraci¨®n. (?Qu¨¦?) Marcos lo mira desconcertado. Puede ver el rostro de su padre crispado hasta notarse, a simple vista, su preocupaci¨®n. Ensombrecido como si estuviese procesando algo, m¨¢s all¨¢ de esa pantalla ¨®sea que separa su trastornado cerebro de la realidad. Un silencio. Un perturbador mutismo entre los dos, mientras sus miradas se tornan m¨¢s analizadoras. Pues bendito sea el destino; confirm¨® sus sospechas. Menos a su favor, porque pudo haberlo escuchado antes. (Bueno, tampoco me arrepiento. Eso tuvo que ocurrir para que yo aprendiera). Castillo le tiene pavor a lo que pueda pasar. Si lo que le va a pasar a su esposa, est¨¢ relacionado con lo que tiene su hijo. No cree que sea coincidencia que todo esto finalice con tres tragedias en una misma familia. No, no lo cree. Una parte de ¨¦l cree que es mejor no escucharlo y dejar que las cosas pasen. Que su esposa muera, y que su hijo se busque la vida ¨¦l solo. Castillo morir¨¢ s¨ª o s¨ª dentro de varios d¨ªas (?Eso no lo vio en m¨ª, o qu¨¦?). ¡ª(Los hombres no lloran¡­ por cosas que pueden superar, hijo) ¡ªDice su padre, quien por primera vez en su vida dice algo que tiene sentido. ¡ª (Ella no es necesaria en tu vida, y ese ni?o necesitar¨¢ una buena reprimenda) ¡ªSu madre, quien acaba de arruinar el momento. ¡ª?C¨®mo lo supiste, pap¨¢? ¡ªSiempre lo supe, hijo ¡ªDice Castillo, antes de sus l¨¢grimas, salir de sus cuencas, pasando a trav¨¦s de los surcos de las arrugas de su mejilla. Siempre quiso llorar; no lo hab¨ªa hecho por muchos a?os. No llor¨® cuando falleci¨® Carl. No llor¨® en ning¨²n momento, ni cuando fue culp¨¢ndose as¨ª mismo. Ni cuando ¨¦l gast¨® millones para investigar el paradero de su hijo, llevando su empresa a la absoluta quiebra. Solo queda su seguro de vida, que pensaba dejarle a su familia una vez parta¡ª. Lo lamento, en serio. Carl me lo hab¨ªa comentado. T¨² ten¨ªas algo extra?o y no lo escuch¨¦; cre¨ª que dec¨ªa disparates. ¡ª ?En qu¨¦ momento te lo dijo? (Es mejor decirle la verdad; no puedo estar mintiendo por mucho tiempo. Pude hacerlo, pero solo me hizo da?o). ¡ªPoco despu¨¦s que¡­ falleci¨® ¡ªToma dos tapas met¨¢licas y cubre los tres platos de comida. Luego los guarda dentro del horno. Hablar de la situaci¨®n de Carl, puede causarle indiferencia algunas veces, pero en otras simplemente pierde la cabeza. No sabe el porqu¨¦¡ª. Puedo o¨ªr su voz y no es porque est¨¦ loco. Supe que espiaste ayer, porque ¨¦l me lo dijo. Pude recapacitar en muchos momentos, porque ¨¦l estuvo ah¨ª para hacerme saber lo errado que estaba. Marcos pone los ojos como platos. ¡ª ?C¨®mo que puedes escucharlo? ¡ªMarcos se acerca m¨¢s, expectante¡ª. ?Qu¨¦ te est¨¢ diciendo ahora? Espera que, de alg¨²n modo, Carl responda; no obstante, solo hay un silencio. No le est¨¢ diciendo nada, pero no puede permitirse ver el rostro decepcionado de su hijo. ¡ªQue siempre tuviste raz¨®n, y que siempre te quiso ¡ªCastillo se inventa una mentira piadosa. Marcos tambi¨¦n anega sus ojos y, entre gemidos, abraza a su padre con fuerza. ¨¦l responde con lo mismo, pero con la represa lagrimal cortando sus v¨ªas. Se siente c¨¢lido, am¨¦n de los huesos de sus costillas. Castillo ans¨ªa darle una cachetada a aquellas voces, d¨¢ndoles su propia medicina. Ser ¨¦l mismo el que los atormente a ellos, y no viceversa. Mandarlos al cuarto c¨ªrculo del infierno y solo quedarse con la voz de su hijo. No cree poder seguir adelante, pero s¨ª intentar hacer algo. ¡ª ?Crees poder hacerlo? ¡ªPregunta Castillo, cuya pregunta va para s¨ª mismo. Carl tambi¨¦n le pregunta lo mismo, en este momento tan oportuno. Salvar a su esposa de una futura tragedia, ser¨¢ lo suficiente para sentirse redimido. Presumirle a Carl lo bien que hizo el trabajo. Y ambas voces, la interna del padre y la externa del hijo, hablan al mismo tiempo. ¡ªEstoy dispuesto. ¡ªEntonces no perdamos el tiempo. Ambos dejan la casa y bajan las escaleras con suma rapidez. Marcos cae en cuenta de que el tiempo no se detendr¨¢ para ellos, y que cada segundo es vital. Al encontrarse de cara a la salida, ven como las nubes se ennegrecen y dejan caer un aguacero que no tardar¨¢n en inundar las calles. El g¨¦lido clima se cierne sobre ellos, mientras Marcos recuerda el momento donde corri¨® hacia su hermano, quien quer¨ªa destruir al Espantajo. ¡ª ?Hurac¨¢n Patricia! ¡ªExpresa su padre, en respuesta al enorme viento que est¨¢ soplando y mueve las lluvias hasta salpicarles en sus rostros. No parece un Hurac¨¢n; no pasan huracanes en este pa¨ªs. Aun as¨ª, algo no para de inquietarle. ?Es esto coincidencia, o est¨¢ repitiendo un patr¨®n? ?C¨®mo puede llover en el mismo momento que ¨¦l sale a salvar a su madre? (Qu¨¦ cruel es el destino; no dejar¨¢ que interfieran con ¨¦l). Marcos se mentaliza que sentir el futuro tiene su precio, y es que ahora deber¨¢ luchar contra una fuerza que querr¨¢ a su madre muerta. Ya no es el Espantajo, ni su propio padre. Ahora es El Destino. Capítulo 6 - Enfrentándome a los Escombros que hundirán a mi Madre El padre de Marcos intenta encender el motor, pero observa algo anormal en las agujas del auto. El nivel de temperatura, est¨¢ a la mitad; considera que no deber¨ªa ser as¨ª. Si ¨¦l se atreve a conducir el auto con este problema, correr¨¢ riesgo a da?arse o algo peor. Entre la lluvia y el fr¨ªo que los azota a ambos, no puede ocurr¨ªrsele otra idea. Debe conseguir agua para llenar el radiador, y m¨¢s tarde ver el porqu¨¦ de la falla. Que se haya roto algo en un momento tan inoportuno¡­ (?En qu¨¦ momento ocurri¨®?). ¡ª ?Qu¨¦ sucede? ¡ªPregunta Marcos desde lejos, debajo de un techo, junto a dos perros, quienes tambi¨¦n se resguardan de las fuertes lluvias. ¡ªEl radiador est¨¢ roto y debi¨® de haber vaciado toda el agua ¡ªResponde el otro, mientras hace lo posible para hallar una soluci¨®n. Echa mano a sus procesos mentales y, deduce lo que debe de hacer: Tomar el vaso que se encuentra en el asiento, e ir aprovechando la lluvia. Llenar el radiador no ser¨¢ f¨¢cil y requerir¨ªa de cuatro litros¡­ ?C¨®mo har¨ªa entonces? Castillo vislumbra al se?or H¨¦ctor, quien se encuentra corriendo en b¨²squeda de algo con lo que pueda protegerse de la lluvia. Para alguien de su edad, s¨ª deber¨ªa ser bastante peligroso tomar un resfriado; no se imagina c¨®mo viven las personas en esos climas h¨²medos. Se baja de su auto y extiende su mano. La oscila para llamar su atenci¨®n, pero le devuelve la mirada. Castillo cae en cuenta de que no lo est¨¢ viendo. ¡ª ?Qu¨¦ significa eso, pap¨¢? ¡ªPregunta Marcos, refiri¨¦ndose al radiador, mientras se encuentra inclinado y acaricia a uno de los perritos. No parece darle asco hacerlo, y Castillo recuerda uno de los momentos en donde le reclam¨® a su hijo en la primera vez que lo hab¨ªa visto haciendo eso, a sus diez a?os. ¨¦l le hab¨ªa respondido: ¡°No sabes cu¨¢nto cari?o estos perritos pueden necesitar de tantas personas que los ignoran solo por estar sucios¡±. (Fenot¨ªpicamente, no paras de parecerte a m¨ª; genot¨ªpicamente, siempre ser¨¢s como tu madre) Considera que la tardanza es lo que puede costarle la vida a su esposa, si contin¨²a vi¨¦ndolo desde lejos. Castillo ignora a su hijo y corre hacia H¨¦ctor. ¡ªNunca hab¨ªa visto una lluvia tan agresiva ¡ªLe comenta el se?or tan pronto como lo acercarse, y luego suspira. ¡ªYo tampoco ¡ªResponde Castillo¡ª. Perd¨®n por la molestia, pero quisiera que me ayudes. ?Tienes un vaso grande que pueda llenar cuatro litros en poco tiempo? ¡ªTengo este ¡ªResponde H¨¦ctor, mientras saca del bolsillo de su chaqueta, un vaso cervecero desechable. Azul, pero curtido por el tiempo de uso (entendible para un hombre que se gana la vida recogiendo la basura. Le regalar¨¦ uno mejor), donde se ven los surcos en la superficie¡ª. ?Qu¨¦ necesitas? ¡ªTengo un asunto pendiente, y de suma urgencia necesito que me ayudes a llenar el radiador. Tengo un vaso en mi auto, pero es demasiado peque?o y no quiero tardar. ¡ª ?Qu¨¦ cosa pendiente? ?Pas¨® algo o¡­? Castillo le da la espalda con apuro. ¡ª ?Que no hay tiempo, por favor s¨ªgueme! Ambos se echan a correr hacia el auto. Castillo pulsa el bot¨®n por debajo de su asiento; H¨¦ctor aprovecha y levanta el cap¨®, al tiempo que le coloca el soporte para que no le caiga encima de los dedos. ¡ªMarcos, ay¨²dame a verificar algo ¡ªSu hijo se acerca hacia ellos con paso lento, desesperante. Se puede ver at¨®nito ante lo que hacen ambos. Tal vez, le abruma el hecho de que Castillo haya estado m¨¢s dispuesto que su propio hijo ¡ª. Ven al asiento de chofer y ve esta aguja, la que tiene el s¨ªmbolo parecido un barco. Quiero que nos digas si baja esta aguja de la mitad, ?est¨¢ bien? Pues demasiado para ser el destino; su padre y el Se?or Que Recoge La Basura est¨¢n colaborando para ayudar a su madre. Esto no hace m¨¢s que hacerlo sentirse impotente, al grado de preguntarse qu¨¦ har¨ªa en el momento que no tenga a su familia. ?C¨®mo ¨¦l podr¨ªa hallar soluciones, si ni siquiera hab¨ªa pensado en lo del auto? Simplemente, esper¨® a que su pap¨¢ la hallara, como si eso lo solucionara. Como si su pap¨¢ fuese infalible, como alguien que tampoco pudo lidiar con sus propios problemas. ¡ªEst¨¢ bien ¡ªAbstra¨ªdo, Marcos responde mientras se sienta. Su padre saca el peque?o vaso en el asiento trasero y, como si fuesen dos vagabundos llevando botellones, recogen de la lluvia. Los vasos no tardan en llenarse con las gotas¡­ no, los chorros de agua. El se?or H¨¦ctor, sosteniendo su vaso cervecero, destapa algo delante del auto y vierte toda el agua que recogi¨®. Lo mismo con su padre, quien tambi¨¦n hace lo mismo. Mientras ellos llenan esa pieza, Marcos contin¨²a pregunt¨¢ndose as¨ª mismo si deber¨ªa dejar esto a manos de su pap¨¢. El que ¨¦l sea quien comande todo esto, porque Marcos considera que ¨¦l es demasiado d¨¦bil como para continuar. No pudo siquiera lidiar con el rechazo que la chica que le gustaba, ni con el susto que se hab¨ªa llevado en su sal¨®n de clases. Considera que tal vez deber¨ªa dejarlo; que quiz¨¢s a su madre no le va a pasar nada, y vendr¨¢ para ac¨¢ m¨¢s tarde para que los tres coman juntos. Solo es un efecto placebo, o una especie de disonancia cognitiva que le hace creer cosas que no son. ¡ª ?Qu¨¦ sucede, hijo? ?Marca la aguja? ¡ªPregunta su padre, luego de verter la ¨²ltima gota en lo que llama ¡®el radiador¡¯. ¡ªMejor no, pap¨¢ ¡ªResponde Marcos en farfullas. Forzado a que sus palabras salgan de su boca, mientras se siente incluso tan nervioso como para explic¨¢rselo¡ª. Quiz¨¢s es mentira. Mam¨¢ no est¨¢ en peligro. Su pap¨¢ pone los ojos en blanco. (El puto destino, como si quisiera que no lleg¨¢ramos all¨¢¡­) ¡ª ?Deja de decir boludeces, Marcos! Tu pesimismo me molesta ¡ªLe responde su padre, con un tono fuerte e intimidante. Como si le rega?ara ¡ªPero ?y si es cierto? ?Qu¨¦ pasa si en realidad el destino no se puede evitar? ¡ªMarcos se aferra m¨¢s a su padre y su camisa, tanto que subraya sus propias palabras con el apret¨®n de sus mangas¡ª. ?Qu¨¦ pasa si el destino solo quiso que lo supiera, m¨¢s no que lo evitara? ¡ªPues el destino me puede ir a fre¨ªr esp¨¢rragos¡­ y lo siento si soy demasiado grosero ¡ªResponde Castillo, lac¨®nico. No hay risa en sus palabras, aunque Marcos se est¨¦ riendo entre dientes, por lo que acaba de decir¡ª. ?Por qu¨¦ no intentarlo? Tal vez esa desmotivaci¨®n tuya, sea cosa del destino. ?No te has puesto a pensar? (Tiene sentido). ¡ª No hay excusas, Marcos ¡ªInterrumpe H¨¦ctor, luego tapa el radiador y cierra el cap¨® con suavidad, al tiempo que con la rapidez que puede¡ª. ?El que quiere, busca la forma! No s¨¦ qu¨¦ har¨¢n ustedes, pero yo fuese t¨², no me rindiera. Por eso no termin¨¦ peor que como estoy ahora. ¡ª ??Por qu¨¦ te metes, se?or H¨¦ctor!? ¡ªLe espeta Marcos, enfurecido. Si hay algo que odia con toda su alma, es que alguien que no es de su familia lo contradiga¡ª. ?¨¢ndate a tus propios asuntos! Su padre lo sacude de los hombros. ¡ª ?Como me entere de que tratas as¨ª a los mayores, te castigo, Marcos!¡ªAparta a Marcos con violencia hacia el asiento de copiloto, luego cierra la puerta¡ª. No colmes mi paciencia, porque que no te haya tocado ni un pelo no quiere decir que no tenga opci¨®n de hacerlo. ¡ªLo siento, pap¨¢ ¡ªMarcos no procesa lo ocurrido del todo, y le da pereza. (?Solo estaba defendi¨¦ndome!). Con el ¡°Kia¡± encendido, su padre cambia a retro y gira el volante. El auto sale del estacionamiento. Marcos se pregunta qu¨¦ tan complejo ser¨ªa conducir un auto, siendo que no se trata de estar de pasajero. Se siente en¨¦rgico, como si el reciente suceso lo estuviera motivando a seguir adelante. Las endorfinas, la adrenalina o el simple hecho de tener motivaci¨®n. Pues no le importa nada; solo quiere salvar a su madre. ?Por qu¨¦ querr¨ªa hacer eso, m¨¢s all¨¢ de simplemente salvarla? Marcos siente su emoci¨®n ajena a ella. Como si tuviese que ver con ella, pero al mismo tiempo no. (Carl). ¡ª ?Y d¨®nde queda, exactamente? ¡ªPregunta Marcos, quien nunca hab¨ªa ido a esa tienda en espec¨ªfico. ¡ªEn Raki. Una tienda departamental inmensa que posee varios pisos, y recuerdo que fuimos varias veces a comprarte ropa. ?Cr¨¦eme que queda m¨¢s lejos que tu escuela! The tale has been stolen; if detected on Amazon, report the violation. Marcos suda fr¨ªo. ¡ª ??Qu¨¦ tan lejos!? ¡ªEl chico se acerca a su padre y hace el adem¨¢n de tomar su brazo, que est¨¢ aferrado a la palanca de cambios. Tembloroso como si ¨¦l tambi¨¦n estuviese nervioso¡ª. ?Pap¨¢, dime! ¡ª ?Ya c¨¢lmate, Marcos! ?No comas ansias! ¡ªLo dice alguien (que le ha dejado un agujero a la puerta)¡­ digo nada ¡ªMarcos cae en cuenta que estuvo a punto de faltarle el respeto a su propio padre. No puede controlar los arrebatos que tiene; no puede siquiera darse cuenta si cometi¨® un error o no. Si estas son las hormonas de ni?o de doce a?os o la malcriadez, pues no lo sabe. Marcos percibe un movimiento en las comisuras de los labios de su pap¨¢, como para demostrar decepci¨®n. Salen de La Cascada y se pasean por El Colonizador. Las calles nunca hab¨ªan estado tan solas, y la neblina acompa?ada del aguacero no hace m¨¢s que perturbar la vista a ambos. El padre de Marcos entorna sus ojos y se acerca al parabrisas, mientras su hijo conf¨ªa en que ¨¦l podr¨¢ conducir bien. No hay autos a la vista, as¨ª que su padre cambia a tercera (?C¨®mo se mueve esa cosa?) y pisa el acelerador. El auto ronronea mientras los sentidos de ambos est¨¢n al tope. Marcos observa at¨®nito c¨®mo la fuerte lluvia est¨¢ creando una inundaci¨®n en toda la calle. C¨®mo los autos del carril contiguo son muy poco visibles y cualquiera sin limpiaparabrisas, podr¨ªa¡­ El auto pega un respigo; su padre acaba de pararlo de golpe. Delante de un sem¨¢foro en amarillo con una pantalla que muestra la cantidad de segundos, siendo que tardar¨¢ treinta segundos la espera. Con la calle casi despejada y los dos frustrados, ante algo que podr¨ªa reducir sus posibilidades de salvarla. ¡ªNo tengo tiempo para esto. Marcos ¡°Castillo¡± pisa el acelerador y pasa por el sem¨¢foro en rojo, comi¨¦ndose la luz. Marcos no sab¨ªa que se pod¨ªa saltar el sem¨¢foro; ni modo, que la gente no lo haga es otra cosa. Pasan por Onda Vista y, antes de pasar por la instituci¨®n de Marcos, ven que un perro se atraviesa en la calle. Otro frenazo, hasta que el perro se sale del camino. ?Por qu¨¦ se detiene, en vez de llevarse el perro en su camino?, se pregunta Marcos, pues cree que se lo merec¨ªa por estar en su camino. ¡ª ?Por qu¨¦ no lo atropellaste, pap¨¢? ¡ªLe farfulla Marcos. ¡ª ?Cre¨ª que le ten¨ªas cuidado a los perros, Marcos! Le pasamos por encima a uno cuando te tra¨ªa del liceo, ?crees que soy un psic¨®pata? ¡ª ?Pero y si solo se trata del destino queriendo pararnos, pap¨¢? ¡ªCada vez esa certidumbre se hace m¨¢s cierta, pero se le hace extra?o algo. Cruzar por El Colonizador y Onda Vista fue una tarea f¨¢cil. Un perro atravesado o un sem¨¢foro en rojo, no son m¨¢s que simples obstrucciones menores. Otro problema es que acaba de observar una disonancia en sus propios valores que le hace sentir como un mal sujeto: Siempre estuvo de lado de la naturaleza y la vida de los animales; no obstante, acaba de demostrar que no le importar¨ªa atropellar a un perro con tal de salvar a su madre. (Es porque prefieres la vida de tu madre. S¨ª, Marcos, es eso). Parece que Castillo toma confianza, porque arranca sin mirar m¨¢s al fondo y doblan en una intersecci¨®n. Deber¨ªan encontrarse a solo una avenida de llegar a Raki. ¡ªMarcos, llama a tu madre. Mi tel¨¦fono est¨¢ en mi bolsillo. Marcos queda desconcertado. ¡ª ?Y no pudimos haberla llamado desde antes, pap¨¢? ¡ªS¨ª, otra vez algo fruto de su torpeza. Hubiesen llamado y ella probablemente contestar¨ªa. ¡ªNo, olv¨ªdalo. Se me qued¨® el tel¨¦fono ¡ªEl padre suspira hondo, como si quisiese aguantarse una emoci¨®n fuerte. Estaba demasiado concentrado en el asunto de su don y su madre que Marcos puede aproximar el porqu¨¦ lo dej¨®: Fue el momento menos oportuno para quedarse pensando. No se le hab¨ªa quedado el tel¨¦fono; Castillo lo hab¨ªa dejado a prop¨®sito. Las intensas lluvias hab¨ªan tapado la se?al y no habr¨ªa oportunidad de poder llamarla. Aun as¨ª, prefiere que su hijo tenga a alguien a quien culpar. Mientras bajan por una pendiente del que se siente con la libertad de apagar el motor, Castillo vuelve o¨ªr aquellas irritantes voces. No han cesado desde que entr¨® en el auto, y se hacen m¨¢s fuertes conforme se acerca a su destino. ¡ª (?Ten cuidado, hijo!) ¡ªLa voz de su madre. ¡ª (?Vas a arriesgar tu vida por una campesina, Marcos? ?Qu¨¦ ha sido la empresa que mandaste a la bancarrota por culpa de sus engendros?) ¡ªSu padre. ¡ª (?Qu¨¦ quieren ustedes de mi pap¨¢? ??Es que acaso nunca me oyen!?) ¡ªLa voz de Carl, vociferante. Es in¨²til, porque estas voces carecen de consciencia. No comprende si lo que tiene, son las almas de sus padres o sus consciencias. Qu¨¦ partes de consciencia tiene en caso de ser la segunda, y qu¨¦ consecuencias tendr¨ªa para su alma si fuese la primera. Siempre vio a Carl como un mediador, a pesar de sus defectos. A su fallecido padre siempre lo vio como un pat¨¢n que restaba valor a cada cosa que hac¨ªa su hijo. A su madre, como una autoritaria que pr¨¢cticamente ¡®no quiere que haga nada¡¯. (Estereotipos, eso es). De ser as¨ª, entonces no se trata de su madre y su padre en realidad; son versiones estereotipadas que no hacen m¨¢s que decir lo mismo. El ¨²nico que ¨¦l ve como complejo, es Carl. Fue incluso capaz de darse cuenta de cosas fuera de la percepci¨®n de Castillo. El c¨®mo se sentir¨¢ vivir dentro de su cabeza, siempre se lo ha preguntado. Pero, de nuevo, las voces suenan. Ahora m¨¢s fuertes, tanto que su vista se nubla y su atenci¨®n deja de centrarse en la realidad. Castillo hace lo posible para mirar el camino, pero no puede; est¨¢ perdiendo contacto con la realidad, est¨¢ volviendo su atenci¨®n a las voces sin quererlo. Las voces le repiten con voz ¨¢spera, ¡°?Conduce bien, Marcos!¡±, como un mantra religioso. Una y otra, hasta opacar la voz mediadora de Carl. Como escucharlos en el asiento del copiloto grit¨¢ndole. Como si lo sacudieran para decirle lo mismo. (?Ya c¨¢llense! ?Mam¨¢, pap¨¢! ?Me van a matar!). Sus manos hacen lo posible para aferrarse al volante y no moverse; no obstante, no puede ver nada. La influencia de las voces nunca hab¨ªa sido tan alta, y todo esto es completamente nuevo para ¨¦l. En el peor momento. (?Carl! ?Ay¨²dame, por favor!). ¡ª (Es nuestra hora, Marcos Castillo; es hora de dejarle la batuta a tu hijo) ¡ªCon un susurro ¨¢spero, las voces de sus fallecidos padres hacen una ¨²ltima oraci¨®n, antes de perderse en la realidad. ¡ª ?Pap¨¢? ¡ªLe pregunta Marcos a su padre, quien posee las pupilas dilatadas. Perdido, quien no responde cuando Marcos sacude su mano frente a su campo de visi¨®n. Un auto se encuentra a otra intersecci¨®n y en el camino de ellos, quienes andan a velocidades en crecimiento¡ª. ?Vamos a chocar! Marcos siente esa premonici¨®n de nuevo, y esta vez dirigido a ellos. Con rapidez toma el volante e intenta girarlo, pero est¨¢ demasiado r¨ªgido ante las manos endurecidas de su pap¨¢. Hace lo posible para quitar los brazos de su padre, pero son demasiado fuertes. Ellos se acercan m¨¢s al auto, mientras Marcos observa el c¨®mo un accidente se producir¨¢ en cuesti¨®n de segundos. Si es que quien se mete con el destino termina as¨ª, pues aprende la lecci¨®n. (?No!) Marcos no se lo permite, no puede dejar que su madre muera y ellos tambi¨¦n. Recurre a extender sus manos por debajo de los brazos de su pap¨¢, y empuja con mayor fuerza hacia arriba. Las manos sudorosas se resbalan del volante, y Marcos lo toma. Lo gira, y logra esquivar el otro auto mientras lo rozan (dios, el ray¨®n que tendr¨¢ el carro). No obstante, ahora ese no es el ¨²nico problema. Se dirigen hacia una tienda, y Marcos vuelve a girar el volante. La inestabilidad y la turbulencia de las calles hacen que Marcos gire el volante una y otra vez, esquivando los autos, las personas y los objetos como los postes de luz. Tampoco puede ver nada; el limpiaparabrisas est¨¢ apagado y Marcos no sabe c¨®mo encenderlo. A este paso, no sabr¨¢ si pas¨® por Raki o¡­ (Qu¨¦ cruel es el destino). Fragmentos de cristal volando, una sacudida violenta superior al respingo de haber pisado el freno, y c¨®mo ambos Marcos est¨¢n siendo arrastrado hacia adelante. El cintur¨®n de seguridad rompi¨¦ndose, un sonido chirriante que resuena hasta retumbarle los t¨ªmpanos. C¨®mo todo se pone en un negro absoluto, tras sentir c¨®mo su frente choca con la guantera. Un sonido de muy baja frecuencia, como escuchar con los o¨ªdos tapados; el sonido del pl¨¢stico endurecido chocando con carne y huesos. Estando en el mismo bosque, Marcos observa a su hermano desde lejos. Confundido y con la consciencia en lo que ocurri¨® reci¨¦n, no puede evitar tener ese ¨¢pice de curiosidad. Por qu¨¦ est¨¢ aqu¨ª y qu¨¦ hace Carl, si es que acaba de morir. ¡ª ?Marcos? ¡ªLa voz de Carl se escucha hueca. Un eco que resuena en todo el bosque, como si fuese una habitaci¨®n cerrada. Un sonido que recorre la amplia zona como si fuesen varios pasillos. Fr¨ªo como la muerte. El hermano menor hace lo posible para acercarse a ¨¦l, pero su cuerpo no se mueve. Est¨¢ paralizado, de nuevo. El hombre con el cabello largo, que apareci¨® en aquel sue?o donde lo arrastraba, est¨¢ desde el otro extremo con su rostro imperceptible. A Marcos le da la impresi¨®n de observar una sonrisa en su expresi¨®n, y luego se posicionan sobre Carl. Unas tinieblas envuelven al confundido hermano mayor, quien no tiene tiempo para reaccionar. ¡ª ?Est¨¢s bien? Un fuerte resplandor atraviesa sus c¨®rneas, mientras abre los ojos con un dolor de cabeza intenso. Una presi¨®n que siente en sus sienes y p¨®mulos, como si alguien se los estuviese aplastando como una masa. Marcos observa el rostro de una chica, por el cabello y su falda que resaltan unas piernas pulcras. Acompa?ada de un hombre detr¨¢s, quien deber¨ªa ser su padre o cuidador. Ambos con miradas confundidas, ante un chico que acaba de perder la consciencia. ¡ªEst¨¢ despierto, pap¨¢ ¡ªDice la chica, toma a Marcos por los brazos e intenta jalarlo¡ª. Ay¨²dame, debemos sacarlo. Sintiendo su cuerpo d¨¦bil y flojo, Marcos aparta su mano y pone su pie sobre el h¨²medo asfalto. ¡ª ?No me ayuden! ¡ªMarcos no tiene siquiera el tiempo para preguntarse cu¨¢nto tiempo pas¨® inconsciente, o si las personas que los est¨¢n ayudando, fueron las mismas que acaban de chocar contra ellos. Pues salieron ilesos, para ser un choque que rompi¨® el malogrado cintur¨®n de seguridad¡ª. ?Tengo que ir all¨¢! ?Tengo que ir! ¡ª ?Ad¨®nde? ¡ªMarcos siente una presi¨®n en el pecho y en la frente; sus pies pierden fuerzas y su vista se nubla. Antes de caer, la chica lo envuelve con sus brazos para evitarlo¡ª. ?Est¨¢s herido! ?Deja de intentar¡­! ¡ª ?C¨¢llate! ?CALLATE! ?C¨¢LLENSE Y SU¨¦LTENME! ¡ªVociferando, Marcos vuelve a apartarse de ella y se tumba de espaldas al auto, cuyos da?os no tiene tiempo para ver. Se voltea sobre sus talones y observa un edificio grande, blanco e ileso. Texto azul con tipograf¨ªa suave, con un punto de color rojo en la ¨²ltima letra I. (Todav¨ªa no ocurri¨®. Tengo esperanza. Puedo salvarla). Marcos puede (medio) darse cuenta de que el padre de la chica, quien en altura no supera los 14 a?os, la detiene. Si comprende su situaci¨®n o si tiene un tema pendiente, tal vez lo comprenda o quiera ahorrar gastos. No le importa en absoluto. Marcos se tambalea a trav¨¦s de la acera, y pasa por las personas con sus bolsas, con las parejas ri¨¦ndose entre ellas. Aunque quisiera saber si se r¨ªen de ¨¦l, se da cuenta del paso cojo. Su pierna se siente adolorida en la parte de sus muslos y su coraz¨®n late a mil por hora, hasta casi sentir c¨®mo el contenido del est¨®mago busca salir a trav¨¦s de faringe. Y ah¨ª est¨¢, su mam¨¢. Desde el otro lado, con su silla de ruedas f¨¢cilmente perceptible. (Mam¨¢, por favor. No vayas). Es obvio que s¨ª ir¨¢, y si eso es lo que significa¡­ boom. Tambi¨¦n puede ver al ni?o de piel bronceada, o al menos le da un aire. Aquel que se hab¨ªa quedado mir¨¢ndolo extra?o cuando ¨¦l ten¨ªa cuatro a?os, y cree haberlo visto en el acto c¨ªvico. Antes de pisar el asfalto, Marcos siente c¨®mo una r¨¢faga de viento cubierta de agua le salpica en la cara. Tan fuerte que lo busca hacer retroceder. Cuando Marcos aguza su vista, puede percibir el tr¨¢fico congestionado que lo separa a ¨¦l y Raki. Su mam¨¢ casi en la entrada de la tienda y el ni?o observando a Marcos, quiz¨¢s de hito en hito. ¡ªMam¨¢. ?Mam¨¢! ?MAM¨¢! ?OYE, MAM¨¢! Pero no lo oye; est¨¢ muy lejos. Los autos van a una velocidad extraordinaria, y es entendible para una calle carente de reductores de velocidad, am¨¦n de sem¨¢foros. No puede cruzar la calle. Mirar a los lados y cruzar; puta madre, algo que parece f¨¢cil. M¨¢s all¨¢ de ese simple camino que debe pasar para llegar a ella, tambi¨¦n hay otro que separa a Marcos de su madre: el miedo. Marcos se pregunta si aquel ni?o, est¨¢ relacionado con el espantajo; lo vio en esa ocasi¨®n y pareci¨® tener intenciones de querer decirle algo. No ser¨¢ posible, ?pero y s¨ª? Esa posibilidad pasa por su mente, mientras le viene otra: el hecho de que est¨¦ en las cercan¨ªas de Raki. En ese mismo momento y circunstancia, como si supiera algo. (?Ser¨¢ ese el enemigo al que debo enfrentar?) No es suficiente para motivarlo; no obstante, ahora con la consciencia m¨¢s estable, voltea hacia el ¡°Kia¡± reci¨¦n estrellado. No puede abandonar lo que acaba de comenzar. Marcos quiere acabar con ese ente que asesin¨® a su hermano. Aquel que le hizo sentir alienado, temeroso e incapaz de siquiera cruzar la calle. Es su deber continuar, aunque ya no tenga la ayuda de su pap¨¢. ?Qu¨¦ dir¨ªa ¨¦l en momentos como estos? ¡ª (Ten cuidado, hijo) ¡ªLe dice su pap¨¢. Su voz se escucha extra?a, como si no saliera de su imaginaci¨®n. Habr¨ªa esperado haber echado mano a un recuerdo motivador, pero solo logr¨® llegar a este di¨¢logo extra?o. Marcos ya no piensa. Se impulsa para correr lo m¨¢s r¨¢pido que pueden sus piernas y cruzar la calle, mientras los autos prescinden de ¨¦l y el viento intenta jalarlo hacia el comienzo. El destino es cruel; aquel psic¨®pata busca que Marcos ceda. El miedo a ser atropellado es lo de menos. El miedo a que su madre fallezca por su culpa, y no saber el misterio detr¨¢s de aquel chico, solo hace que le hierva la sangre. ¡ª ?Mam¨¢! ?Oye! ¡ªMarcos le profiere un grito tan fuerte que, ahora y por fin, ella voltea hacia ¨¦l. Le llama la atenci¨®n, lo suficiente como para que vea a su hijo corriendo hacia ella. Lo acaba de lograr; acaba de ganar. ?La acaba de salvar! Pero el destino no para de sorprender. Un impacto sordo. El c¨®mo siente c¨®mo algo se astilla desde su costado derecho y sus piernas dejan de responder. C¨®mo deja de sentir la lluvia, el viento y solo puede percibir un ¡°Ford¡± que estar¨ªa a su lado. Su cuerpo sale disparado y rebota hasta detenerse, con un golpe a¨²n m¨¢s contundente, en un anticuado tel¨¦fono p¨²blico. Marcos no puede hablar, tampoco moverse; su cuerpo no duele, pero tampoco le responde. No quiere pensar, ni tampoco ver nada. Se siente muy d¨¦bil y con ganas de vomitar. Tiene¡­ (Carl). ¡­ Sue?o. Capítulo 7 - Envuelto en las tinieblas Marcos se halla de nuevo en ese fr¨ªo bosque, donde antes su hermano hab¨ªa muerto paralizado por respuesta del microchip, tras haber forzado el uso de su don. Levanta su mano, y se da cuenta de lo delgada que es. Sus piernas son cortas, y el fr¨ªo le azota hasta hacerle saber que su ropa no le queda. Se levanta, pero no tarda en ca¨¦rseles sus prendas, a excepci¨®n de su camisa, que da la ilusi¨®n de formar una t¨²nica. Est¨¢ encarnando al ni?o que ¨¦l fue a sus ocho a?os. (Otra vez aqu¨ª). Pero Marcos no alcanza recordar lo que acaba de pasar. Un recuerdo vago, de una chica intentando ayudarlo y ¨¦l viendo al ni?o de piel bronceada. Carl no est¨¢, tampoco su pap¨¢. La zona est¨¢ desprovista de animales, insectos e incluso humanos; excepto las plantas como los ¨¢rboles. Mientras camina hacia el frente, sus pies descalzos pisan una piedra. Su pie duele como mil demonios, y Marcos cae de gl¨²teo al suelo. (?Esto es?). Lo que accidentalmente acaba de pisar: Un diamante anaranjado, semitransparente que deja ver su interior marr¨®n intenso. Marcos sostiene el diamante que gener¨® su hermano, antes de fallecer. ¡ª ?Hola, Marcos! ¡ªSu propia voz de grande lo llama desde el otro extremo, con una voz resonante entre los ecos de desconocido origen de aquellos rebotes sonoros. Marcos levanta la vista para ver a otra persona, quien sostiene un hacha y lleva una sonrisa en las comisuras de su boca. Una expresi¨®n monstruosa y cubierta de tinieblas, de un hombre que con lentitud se est¨¢ acercando al chico. Marcos siente el pulso azotarle su caja tor¨¢xica e intenta retroceder, pero vuelve a caer. En la impotencia de no estar solo en un sitio sombr¨ªo, se tapa la entrepierna descubierta por reflejo..Aunque ¨¦l sabe que no tiene sentido, porque considera que no lo proteger¨ªa de un hachazo en su frente¡ª. ?Quieres saber qui¨¦n soy yo? Aquella persona es el ni?o de piel bronceada del que hab¨ªa sospechado en el pasado. ¡ª ??Qu¨¦ has hecho con mi hermano!? ¡ªLe vocifera Marcos, luego deja de importarle su privacidad y aferra sus manos al suelo, para luego retroceder a arrastradas¡ª. ?Al¨¦jate! ?No me hagas da?o! Ahora aquella persona, quien ya no es el ni?o bronceado, sino la misma persona de cabello largo, se encuentra frente a ¨¦l. Su rostro est¨¢ cubierto de tinieblas; un humo o niebla mental del que no se puede describir en im¨¢genes sino en sentidos. Su cabello largo m¨¢s alborotado y el hacha levantada, lista para dejarse caer sobre el indefenso Marcos. ¡ª ?Atr¨¢s! ¡ªMarcos le muestra el diamante de su hermano, como escudo en su contra¡ª. ?Si lo rompo esto, explota! ¡ª ?Y eso significa que moriremos los dos? ¡ªLa voz ahora se escucha ¨¢spera, incomprensible. Gutural con una reverberaci¨®n que cubre los o¨ªdos. ¡ª ?Pues es obvio! ?Al¨¦jate y olvidar¨¦ que existes! ?En serio, por favor! Pero el desconocido no baja el hacha. ¡ª ?Hazlo entonces! ¡ªSu voz tiene una monstruosa autoconfianza¡ª. ?Al fin y al cabo, eso es lo que busco! (?Qu¨¦?) Vuelve a la realidad. No se puede mover; adem¨¢s del terrible dolor que sentir¨ªa si lo hiciera, est¨¢ cubierto de un revestimiento que evita que lo haga. Est¨¢ enyesado en casi todo el cuerpo, especialmente las caderas. Le duelen los ojos. Le duele la cara. Le duele la mand¨ªbula y la jaqueca le aflora desde las sienes. Siente la necesidad de rascarse la espalda, pero no puede; tiene que sufrir el dolor de tener una picaz¨®n que no puede parar. La luz es tenue, y la habitaci¨®n es peque?a como tres cuartos de ba?o p¨²blico. Marcos hace el esfuerzo para voltear. Su mam¨¢ est¨¢ a un lado, sentada en su silla de ruedas y no en el sill¨®n marr¨®n que est¨¢ detr¨¢s. Tiene la mirada perdida, abstra¨ªda, posicionada en el suelo y unas l¨¢grimas que recorren sus mejillas hasta entrar en su boca. ¡ªMam¨¢¡­ ¡ªGime Marcos, con la voz ronca y la presi¨®n en su pecho¡ª. ?Mam¨¢? Su madre lo mira a ¨¦l, at¨®nita. Se acerca con desespero y observa el rostro de su hijo, como si no creyera algo. Como si no le quedaran palabras, qu¨¦ decir o expresar lo que va a decir. ¡ªMi hijo querido. Dios m¨ªo, gracias. Gracias ¡ªSolloza, y la represa de l¨¢grimas rompe en un instante. Gritos, alaridos y agradecimientos al se?or; el sonido llena el cuarto, a trav¨¦s del corto espacio. Marcos tambi¨¦n siente la necesidad de llorar; escuchar algo as¨ª, har¨ªa llorar a cualquiera. No obstante, tiene otra cosa en mente. ?Qu¨¦ pas¨®?, se pregunta Marcos. Habr¨ªa sido en aquel momento donde sali¨® con su pap¨¢, pero no recuerda el porqu¨¦. Marcos despert¨® desde dentro del auto. (Tal vez fue Rostie. ¨¦l me atropell¨® y me dej¨® as¨ª). Pedazos de memoria que no puede conectar, pero no lo suficiente para que se considere una amnesia total. ?D¨®nde est¨¢ su pap¨¢? Solo ve a su madre a su lado, pero su pap¨¢ no est¨¢ en ning¨²n lado. ?Qu¨¦ le pas¨®? ¨¦l cree que estuvo en el auto. ¡ª ?Y pap¨¢? ¡ªPregunta Marcos, intentando soportar la presi¨®n que siente en su pecho¡ª. ?¨¦l¡­? ¡ªsu cerebro intenta echar mano a sus recuerdos, pero no est¨¢ seguro. Marcos se arriesga a hacer una afirmaci¨®n insegura¡ª. ?Estaba conmigo? ¡ªHicieron lo posible para salvarlo, pero no pudieron. El coraz¨®n de Marcos se acelera; el monitor cardiaco tintinea y su respiraci¨®n se altera. ¡ª ?Qu¨¦, mam¨¢? ?A qui¨¦n? Pero la pausa solo empeora las cosas; Marcos se desespera. Su madre inhala tan profundo pero tembloroso, que exhala con sollozos. Parece estar agarrando valor para decirle algo. ¡ªMam¨¢¡­ ¡ªProsigue Marcos. ¡ªTu pap¨¢ parti¨® de este mundo. (Qu¨¦ cruel es el destino). ?Hace cuanto que no ve¨ªa a su padre? (?Carajo!). Cree que esto no puede ser m¨¢s que un mal sue?o del que puede despertar. S¨ª, un posible sue?o doble que involucre un futuro alternativo y Marcos deba salvarlo. A Marcos le viene una sensaci¨®n horripilante de ser un asesino en serie, sin siquiera saberlo. Un asesino bajo el manto psicol¨®gico de un chico inocente y vulnerable, quien no sabe el da?o que ¨¦l mismo est¨¢ haciendo. Marcos busca despertar, con mayor desesperaci¨®n. Est¨¢ esmerado en mirar al techo raso y ver algo, como al sujeto de cabello largo de aquel sue?o o visiones extra?as. Que todo sea, en realidad, parte del sue?o que ¨¦l tuvo a sus ocho a?os. Esa horrible pesadilla del Espantajo que no puede olvidar. (Despierta, co?o). ¡ªSufriste un traumatismo craneoencef¨¢lico, m¨¢s grave que el que te dej¨® Carl. Aparte de los da?os m¨²ltiples, est¨¢s bien y no hay se?ales de da?os a los nervios; no obstante, tienes la cervical lastimada ¡ªResponde su madre, ahora extra?a. Sin emoci¨®n en sus palabras y recurriendo a explicaciones t¨¦cnicas¡­ (?C¨®mo se llama?). Intelectualizaci¨®n, es la primera palabra que se le viene a la mente. Lo hab¨ªa escuchado en un documental de psicolog¨ªa freudiana¡ª. Pero tu pap¨¢ sufri¨® una fractura en el cr¨¢neo, entre la frente y la ceja. Las personas que lo chocaron creyeron que estaba bien, pero en realidad estaba muriendo. A ti te vieron, Marcos. ?Por qu¨¦ no les dijiste? ?Qu¨¦ mierda hac¨ªan ah¨ª? El destino es cruel; algo bien sabido. Pero, ?c¨®mo hizo para hacer eso? ?Habr¨¢ matado a su padre, usando al mismo Marcos? Pues su memoria hace el ¡®Jamais Vu¡¯ de decirle que s¨ª lo hab¨ªa acompa?ado; pero ?por qu¨¦? Marcos no puede evitar entrar en una vor¨¢gine de ansiedad e incertidumbre ante lo que acaba de pasar. Ante el hecho (casi posible) de que esto no sea un sue?o. La realidad; la cruel existencia que nos engloba a todos en una esfera que, en alg¨²n momento, nos ha hecho pensar en el vac¨ªo de las repercusiones de nuestros actos, que al final se reducir¨¢n a la nada misma. ¡ª No lo recuerdo ¡ªMarcos no puede llorar. No puede hacer una sola reacci¨®n, aunque todo esto sea la realidad. Bepsi suspira. ¡ªTu pap¨¢ siempre fue tan neur¨®tico, ?no? Le dije que fuera a un especialista m¨¢s seguido, pero nunca me escuch¨®. (Estoy seguro de que s¨ª fue; si tiene medicamentos, entonces tambi¨¦n la receta). Lo habr¨¢ ocultado hasta ese d¨ªa, tal vez, piensa Marcos. Alguien toca la puerta. Tres golpes de madera procesada a los que Bepsi se toma la molestia de acercarse, yendo poco a poco y luego empuja su silla de ruedas. Su poder de levitaci¨®n da la impresi¨®n de que ella est¨¢ sobre hielo. Alcanza el pomo y abre la puerta, lo que revela a trav¨¦s de la luz intensa una chica. Un poco gordita, con una falda que le llega hasta las rodillas y una camisa abotonada que presiona con ligereza su pecho casi plano. Tiene un adem¨¢n nervioso y t¨ªmido por la manera en que juguetea con sus dedos que tiene ocultos por detr¨¢s de su muslo. El detalle es minucioso. Su piel es blanca, y un poco pulcra. Marcos recuerda haberla visto en alguna parte. ¡ª ?Qui¨¦n eres? ¡ªPregunta Bepsi. ¡ª ?H¡­ Hola! ¡ªLa chica busca estrechar manos con la mujer, pero al ver su ausencia de respuesta, queda con la verg¨¹enza¡ª. Bueno¡­ ?Me llamo Francis! Mi pap¨¢ me quiso llevar a un neur¨®logo, pero¡­ digo ¡ªEsta inseguridad al hablar, hace que acabe de ¡®cortar¡¯ su enunciado¡ª. Chocamos con¡­ ¡ªSe corta¡ª. ?Lo siento, si esto es algo sensible! Me abruma un poco esta situaci¨®n. Lo siento si¡­ estoy un poco acelerada. (Qu¨¦ chica tan rara). Los ojos de Marcos est¨¢n cansados de forzarse a mirar, ya que su cabeza est¨¦ apuntando hacia arriba. Se limita a escuchar, pero antes de quitarle la vista, puede percibir una mirada de reojo llena de culpa por parte de la reci¨¦n llamada ¡®Francis¡¯. ¡ªLamento su p¨¦rdida ¡ªProsigue la chica¡ª. S¨¦ que esto no es f¨¢cil; hemos visto la escena. ¡ªBien, bien ¡ªResponde la madre de Marcos, con un tono adusto¡ª. Ahora quiero ser yo la de las ¡®exposiciones¡¯ largas que tanto est¨¢s diciendo. ?Y si en vez de vomitarme toda esa verborrea que parece venida de un payaso con disfemia, me respondes una pregunta? ¡ªFrancis hace el adem¨¢n de responderle, pero no es su turno para hablar; Bepsi la interrumpe¡ª. ?Por qu¨¦ no ayudaron a mi marido? ¡ªCre¨ªmos que estaban bien. Ese chico estuvo tan entusiasmado por¡­ ¡ªFrancis se corta¡ª. Digo, quer¨ªa con fuerza ir a Raki. Mi pap¨¢ me dijo que los dejara tranquilos y¡­ ¡ªse corta, otra vez¡ª. ?Digo! ?Mi pap¨¢ crey¨® que¡­! ¡ª ?Puedes responderme la maldita pregunta, sin estar tartamudeando como si fueses una mono-neuronal? ¡ªReclama Bepsi, cuya voz no suena afable y cari?osa como antes parec¨ªa. Ahora es la voz de una mujer encolerizada, interpelante. Su mayor esfuerzo de autocontrol parece centrarse en soportar los titubeos de Francis. Taken from Royal Road, this narrative should be reported if found on Amazon. La chica parece musitar una palabra que Marcos no comprende. La chica luego reacciona. ¡ª ?Mi pap¨¢ me dijo que no los ayudara! Por cierto, ?vieron lo de la TV? (?Eso!). Una oportunidad para recordar lo sucedido es ver las noticias, si es que lo que acaba de pasar tiene que ver. ¡ª ?Puedes encender la TV? ¡ªPregunta Marcos, con ronquera¡ª. Quiero saber qu¨¦ sucedi¨® (dios m¨ªo, la cabeza me duele). La chica, ¡®Francis¡¯, mira a Marcos con an¨¢lisis en su mirada. Se acerca mientras alcanza el televisor CTR (qu¨¦ antiguo, dios), y el chico no puede evitar preguntarse el qu¨¦ hay por debajo de su falda. Francis enciende el televisor, que tarda en dar imagen en los primeros segundos, y el audio se percibe a todo volumen. Bepsi vocifera imperante para que lo baje, a lo que Francis responde con una rigidez y la baja hasta el 40%. El Noticiero dice: DOBLE ACCIDENTE EN LAS CERCAN¨ªAS DE RAKI: UN MUERTO Y UN HERIDO. En tiempos recientes, espec¨ªficamente en un lluvioso 8 de febrero del 2026, ocurri¨® un accidente en la Avenida Silenciosa. Un joven, Marcos Dwaine Pulchmer, de 12 a?os, con su padre Marcos Castillo (ambos mismo apellido), fueron vistos conduciendo un auto a altas velocidades. Los testigos vieron c¨®mo ambos colisionaban con el coche de un padre y su hija, quienes salieron ilesos; no obstante, Marcos Dwaine y Marcos Castillo terminaron heridos. Por razones desconocidas, el hijo sali¨® del auto rechazando la ayuda y corri¨® hacia las inmediaciones de Raki, tienda departamental de la Avenida Silenciosa, y fue atropellado por un auto ¡°Ford¡±, cuyo conductor fue identificado como ¡°Xavier Crohn¡± de 74 a?os. El peque?o de doce a?os est¨¢ en cuidados intensivos, el padre no resisti¨® a las heridas y falleci¨® poco despu¨¦s de la operaci¨®n. El responsable tuvo que pagar los da?os. Mientras tanto, el padre y su hija, quienes pagaron por el anonimato, deber¨¢n enfrentar repercusiones legales. La fiscal¨ªa fija ocho a?os de suspensi¨®n y dos de c¨¢rcel; pero sigue discuti¨¦ndose. Esto es El Noticiero. Vaya, con que ella es la (hija de puta) responsable de la muerte de su padre. A Marcos se le hace interesante, y su cerebro recupera todas las piezas del rompecabezas restante. Lo ¨²nico que le falta es recordar por qu¨¦ sali¨® con su pap¨¢ y el transcurso. ¡ª ?Puedo hablar contigo? ¡ªLe pregunta Marcos a la nerviosa Francis, quien vuelve a responder con su caracter¨ªstica rigidez para moverse. Marcos est¨¢ dispuesto a hallar un culpable y preguntarle qu¨¦ pas¨®. Satisfacer su necesidad morbosa de culpabilizar a alguien por lo que le pas¨® a su pap¨¢. Pues, est¨¢ claro de que nunca lo ver¨¢. ¡ªEst¨¢ bien. ?Qu¨¦ quieres? Sus pies duelen y, mientras pasa a trav¨¦s de la entrada del hospital y la subida, am¨¦n del guardia con traje de militar que vigila la entrada, observa con curiosidad a las enfermeras esperando en sus sillas met¨¢licas. Doctores en todos lados y carteles con secciones como ¡°Hemoterapia¡±, ¡°Cuidados Intensivos¡± y ¡°Traumatolog¨ªa¡±. ¡ª ?Hola? ¡ªPregunta el chico a la nada, pero s¨ª deber¨ªa dirigirse a las m¨²ltiples mujeres (casi el 90%, posiblemente enfermeras¡­ dios) que conversan entre s¨ª. Le sorprende que la mayor¨ªa sea subida de peso o tengan baja estatura, y no le gusta pensar en que est¨¢n cumpliendo estereotipos. ¡ª ?Ah, diga? ?A qu¨¦ viene? ¡ªPregunta una de las enfermeras, terminando de conversar con una de sus compa?eras. ¡ª ?Hab¨ªan tra¨ªdo a un ni?o atropellado aqu¨ª? El de las noticias, digo. La enfermera lo mira de hito en hito. ¡ª ?Cu¨¢l de todos? ¡ªLa mujer se acaricia la barbilla; piensa y escarba a trav¨¦s de su amplia biblioteca mental¡ª. Uno ingres¨® por fractura de piernas, otro por¡­ dios, no me acuerdo. (Qu¨¦ in¨²tiles, dios m¨ªo. Si entendieran). ¡ªUno hace d¨ªas ¡ªEl chico hace lo posible para mantener la calma. Aguantarse la desesperaci¨®n por encontrarlo, y que no descubran sus intenciones. Sabe que si un doctor llegase a ver su insistencia, sospechar¨ªan de inmediato¡ª. Creo que se llamaba Marcos. ¡ª ?Usted es su familiar? Una mentirijilla toda inocente; al fin y al cabo, la mentira no har¨¢ nada de da?o. O al menos no tanto como debi¨® de hacerle aquel accidente. ¡ª?Soy su hermano! El mayor de hecho¡­ creo que soy el favorito. Lamento la muerte de mi pap¨¢ ¡ªDavid se da cuenta de que su oraci¨®n suena tan falsa como aplaudirle a su compa?ero despu¨¦s de una exposici¨®n. ¡ª ?¨¦l tiene hermanos? ¡ª?S¨ª, pero los medios no lo dijeron! Sabes que son bien superficiales, con sus amarillentos carteles tipo ¡°?LO MATARON A MACHETAZOS POR PEDIR QUE PONGAN M¨²SICA CL¨¢SICA!¡±. Sabe muy bien c¨®mo tratan a los parientes lejanos. ?Le digo cuantos reporteros se necesitan para cambiar una bombilla? ¡ª ?Qu¨¦? ?Cuantos? ¡ª Uno para pone la escalera y montarse, otro para tirar al... infortunado de la escalera, ?y otro que observa de lejos para informar del malnacido que tir¨® la escalera! ?Entiende? (El mejor comediante). La enfermera, con su ropa blanca y cabello amarrado, se levanta de su silla y se dirige al pasillo. No sin antes mirar al chico por encima del hombro. ¡ª ?C¨®mo se llama? ¡ªDavid ¡ªResponde el chico, y esto s¨ª es una verdad. Est¨¢ consciente de que el chiste que acaba de hacer, fue de p¨¦simo gusto para las circunstancias en las que ¨¦l est¨¢ fingiendo; pero a la enfermera no parece importarle. ¡ªBien, lo mando con Marcos. Su madre se ve muy afectada; me siento mal por ella. Ustedes parec¨ªan clase media y se rumoraba que tu pap¨¢ quebr¨® la empresa tras la muerte de su hijo, Carl. ?Ese tambi¨¦n lo conociste? ¡ª ?Bueno, el resto es personal! ?Alguna otra cosa? Quiero verlo de inmediato, que me cansa estar respondiendo preguntas. La enfermera invita a David a seguirla y camina a trav¨¦s de los angostos pasillos del hospital. Los ancianos esperando en sus sillas met¨¢licas y doctores recorriendo, am¨¦n de los casi extintos enfermeros. No hacen m¨¢s que robar aire, piensa David. Si acaso este lugar est¨¢ ventilado o la econom¨ªa los haya devastado tanto en los ¨²ltimos diez a?os. Mientras observa el suelo y camina en piloto autom¨¢tico, en su irrealidad llamada mente, puede recordar aquel instante que fue hace una semana. El fallecimiento de sus padres que se llevar¨¢ a cabo en alg¨²n momento de su vida, del cual no sabe. A manos de un ente, parecido a un espantap¨¢jaros, que tambi¨¦n asesin¨® al chico que ¨¦l intent¨® salvar. Esos sue?os no fueron m¨¢s que el inicio de su declive emocional, pues no paraba de pensar en eso todos los d¨ªas. Noches, ma?anas y momentos felices donde su padre sal¨ªa con ellos; no hac¨ªa m¨¢s que asustarse, y lo sigue haciendo. Pero algo que le causa curiosidad, es el chico que est¨¢ a punto de visitar. No sabe por qu¨¦ hizo lo que hizo, pero s¨ª lo horrible que fue presenciar aquella escena. El chico que se apareci¨® tan de repente y viol¨® toda regla que tiene su visi¨®n futura. Se supone que aquella tienda ten¨ªa que explotar y deb¨ªa de saldar con, el peri¨®dico diciendo ¡°ATENTADO EN RAKI DEJA 976 MUERTOS Y 134 HERIDOS. CARTEL DE RONZOATI SE PRONUNCIA¡± mientras ¨¦l ver¨ªa la televisi¨®n. En este caso, no ocurri¨®. Una vez intent¨® ganar una apuesta cuyo resultado ya sab¨ªa. Apostar al luchador y ganarse el dinero; no obstante, se durmi¨® en ese mismo instante. No sabe si fue por el ansiol¨ªtico que se tom¨® para evadir esos pensamientos, o por el hecho de que ¨¦l estaba a altas horas de la noche. Solo sabe que no es la primera vez que ocurre algo as¨ª, y es como si las predicciones se forzaran a cumplirse. Todo tiene una causalidad, pero le parece aterrador c¨®mo aquellas causalidades le ponen en su contra. Mientras se acerca m¨¢s a su destino, no puede dejar de pensar en aquel chico. Cree haberlo visto en el acto c¨ªvico (qu¨¦ lindo su cabello) y es probable que sea esa persona al que estuvo mirando en todo el rato. Supone que es aquel ni?o que vio hace cuatro a?os, cuyos gritos no hicieron m¨¢s que decirle que sus esfuerzos por cambiar el futuro son in¨²tiles. Solo un espectador que, en un d¨ªa como antes de ayer, quiso quitarse la vida en el interior de Raki mientras su mente estaba en las nebulosas. Voces internas e insidiosas, dici¨¦ndole que su poder no predice el futuro, sino que lo escribe. Que ¨¦l ser¨¢ quien matar¨¢ a su familia, y su muerte los salvar¨ªa. Quiso formar parte de las v¨ªctimas, pero tampoco pudo; eso no estaba en la predicci¨®n, pero tampoco sabe el PORQU¨¦ RAKI NO EXPLOT¨®. He aqu¨ª delante de la puerta, donde ver¨¢ al chico y le preguntar¨¢. Est¨¢ por acercar su mano al pomo, pero de pronto alguien toma el brazo de David con fuerza. ¡ªDavid, ?qu¨¦ co?o haces aqu¨ª? ¡ªSu padre, un hombre alto con camisa de cuadros y un pantal¨®n bluy¨ªn que resalta su peso mayor al promedio. Tiene cabello ondulado y peinado hacia los lados, pero lo que primero nota la gente al verlo, seg¨²n le hab¨ªan contado, es su sonrisa que irradia paz interior. David se siente inc¨®modo; no sabe qu¨¦ responderle. ¡ª¨¦l me dijo que era familiar de Marcos, ?qui¨¦n es usted? ¡ªLe pregunta la enfermera al padre de David. ¡ªLo siento, pero yo no conozco a ning¨²n Marcos, excepto mi ex colega fallecido ¡ªResponde el hombre, y luego se vuelve a su hijo¡ª. Hubo un malentendido, ?a qu¨¦ viniste, hijo? ¡ª ?Pues quer¨ªa hablar con ¨¦l, pap¨¢! ¡ª ?Por qu¨¦? ?Qu¨¦ tiene ¨¦l que t¨² quieres? Vamos, que se hace tarde y debemos comprar el refresco ¡ªpronunciado como fresco¡¯. Pero David siente un nudo en la garganta cada vez que se imagina as¨ª mismo, dici¨¦ndole a su padre sobre su predicci¨®n. Que morir¨¢n a manos de un ente responsable de varias desapariciones en el Bosque Central. ?C¨®mo reaccionar¨¢ su pap¨¢? ?C¨®mo reaccionar¨¢ su familia? Est¨¢n viviendo en un buen momento, y no quiere estropearlo. Sabotear el d¨ªa del cumplea?os de su hermano Beto (no excusas, David), aunque tampoco querr¨ªa dec¨ªrselos despu¨¦s. ¡ªPor nada, pap¨¢. V¨¢monos ¡ªResponde David, volte¨¢ndose hacia la salida¡ª. Me aburr¨ª y quer¨ªa hablar con alguien; lo simple. ¡ª ?Y ese mont¨®n de carajitos que se desped¨ªan de ti en el liceo? Pon un poco de control, David. Me gusta que seas social, pero mant¨¦n distancia al menos un poquito. ¡ªDale ¡ªDice David, farfullando. Ambos se encaminan hacia la salida y mientras pasan por la bajada (?y si alguien es discapacitado?), sigue pensando en aquel chico. No sabe si decirle chico o ni?o; doce a?os son suficientes para decir chico, pero tambi¨¦n le dicen ni?o. Salen del hospital y est¨¢n de cara al intenso sol, contrastando el fr¨ªo de la lluvia que los azotaba varios d¨ªas desde antes de ayer. Hay autos estacionados alrededor, en este caso del ¡°Terios¡± de su padre. David entra al auto, junto a su padre. ¡ª ?Y qu¨¦ dicen tus predicciones, David? ¡ªPregunta su padre mientras enciende el motor. David suda fr¨ªo. ¡ªQue viviremos felices por el momento. (Por el momento). ¡ª ?Ni siquiera una pelea de boxeo donde podamos apostar? David pone los ojos en blanco. ¡ª ?Sigues record¨¢ndome a ese momento? Dios, yo era un imb¨¦cil. Quiero que a la pr¨®xima te encargues t¨² ¡ªDavid se desternilla en risas, aunque no cambie nada que su pap¨¢ apueste¡ª ?Yo tengo mucha mala suerte! ¡ªY otra cosa: Yo no olvido lo de esa vez. Por favor, no te vuelvas a escapar y av¨ªsame a la pr¨®xima. Me preocup¨® que corrieras del estacionamiento hasta Raki. ?Incluso lo estuvieron a punto de explotar! ¡ªS¨ª. A la pr¨®xima te aviso para ver las prendas que venden ah¨ª. Esos pantalones bluy¨ªn, como el que llevas puesto, se ven de buena calidad. Su padre r¨ªe. ¡ª Vamos un d¨ªa de estos. ?Quieres un helado? No le dir¨¦ nada a tus hermanos. David niega con la cabeza. ¡ªNo. Quiero que me compres algo, si no es mucha molestia. Un librito peque?o. ¡ª ?Para tus tareas? David lo mira con recelo, y luego hace una sonrisa. ¡ªQuiero escribir un diario. He le¨ªdo que trae beneficios psicol¨®gicos, especialmente para adolescentes como yo. ¡ªPues est¨¢ bien. Conducen hasta la calle Onda Vista y entran a la ¡®Librer¨ªa Onda Vista¡¯. Es peque?a y angosta, donde el mostrador lleva un vidrio que lo separa de los clientes. Hace seis a?os que, un extremista chino us¨® su don de crear organismos vivientes para crear un pat¨®geno que cost¨® erradicarse hasta 2022. Todav¨ªa hay algunos signos de da?o permanente y trauma; explica las calles solas y poco concurridas. No le gusta la idea de escribir un diario en un medio tan vol¨¢til y propicio a ser hackeado como un tel¨¦fono m¨®vil. Al que suele instalarle todo tipo de apps y videojuegos para distraerse de su ansiedad de predecir el futuro. Ambos conducen de Onda Vista hasta la Calle L¨¢zaro. Entran en la Urbanizaci¨®n Los Procedimientos, donde el ¡°Terios¡± sufre turbulencias ante el n¨²mero alto de baches, que hacen al padre de David proferir una queja. Se bajan del auto y se hallan delante de una casa, grande como una mansi¨®n, pero no como un edificio desde afuera. Ambos entran, y David se sorprende por el decorado de la casa. Globos en las esquinas de las blanquecidas paredes, mesa grande con un florero de rosas artificiales encima. Las chicas r¨ªen desde la cocina de arriba, y se oye el eco en toda la casa. ¡ª ?Y el cumplea?ero? ¡ªPregunta David. ¡ª ?Dios! ¡ªEl padre de David reacciona desconcertado, mientras lleva su mano hasta su cabeza. Por un momento, David se pregunta si su hermano Beto, quien cumple 12 a?os hoy, se hab¨ªa perdido¡ª. Se me olvid¨® el fresco¡¯. Salgo r¨¢pido a comprarlo¡­ David lo detiene. ¡ª ?No, no! Descansa, que fue por mi culpa, que no lo compraste. Yo lo compro en la bodega de la esquina ¡ªDavid usa una sonrisa afable y sincera; su pap¨¢, olvidadizo y tonto en ocasiones siempre debe lidiar con sus problemas. ?Por qu¨¦ su hijo no? Ya tiene catorce a?os. Su padre asiente, y David sale de la casa. Camina a trav¨¦s de Los Procedimientos, y observa su entorno con una abstracci¨®n en s¨ª mismo. No suele ensimismarse en sus pensamientos, pero hay momentos donde es inevitable. Los ni?os jugando y los adultos charlando, le recuerdan a aquel tiempo donde vivi¨® en La Cascada. Donde vio a ese ni?o, quien se convertir¨ªa en la persona que burlar¨ªa sus visiones. (El destino). El mundo posee un equilibrio fascinante, pero tambi¨¦n es perturbador; no es posible que todo esto no haya sido destruido, por alg¨²n usuario que haya nacido en estos diez mil a?os de historia (desde el Homo sapiens). Si nacer¨¢ un viajero en el tiempo y haya viajado al pasado para estropear algo¡­ ?Posibilidades? Hay muchas. El chico que no pudo salvar, pudo haber volado todo el bosque con un simple cristal. A todo este equilibrio fascinante, David le llama ¡°El Karma¡±, o tambi¨¦n con el sin¨®nimo ¡°El Destino¡±. El cruel destino que lo est¨¢ llevando a pensar en esto, y no sabe el porqu¨¦. Ha tenido pensamientos sobre, por ejemplo, confesarle a su familia lo que les va a pasar. ?Por qu¨¦ no lo ha hecho? Porque tiene miedo. Condenar a una familia tan feliz y pr¨®spera, casi perfecta, a la paranoia por culpa de su hijo vidente. ?Por qu¨¦ tiene miedo? Porque el destino lo desea. ¨¦l no lo hace porque tenga miedo, sino porque el destino no quiere. (M¨¢s ideaciones paranoides, dios. Otra vez la ansiedad). De cara a la bodega, selecciona un refresco de cola de tres litros. David asocia el Lector Pinza con una cadena que lo tiene atado. Alguien preso del destino, que solo vive de espectador ante lo horrible que va a pasar qui¨¦n sabe cu¨¢ndo. Puede ver a su padre en la esquina, a sus hermanos por encima de la ventana del edificio y a su madre como vendedora; espejismos que ha adquirido desde aquel momento donde falleci¨® el chico, quien se llamaba Carlos. Curiosamente, hermano del chico que est¨¢ hospitalizado. ?Se est¨¢ volviendo loco? No lo sabe. Tampoco si es un ataque paranoico que propicia aquellas alucinaciones, de las que est¨¢ completamente consciente. Los ¨¢rboles como los futuros cad¨¢veres de sus padres y hermanos, vistos como figuras petrificadas y sus rostros cubiertos de desesperaci¨®n. El refresco como el alcohol que estar¨ªa bebiendo despu¨¦s de lo sucedido. David teme a volverse loco, y teme a perder el control hasta el punto de dec¨ªrselo a su familia. Si es que su propia locura lo llevar¨¢ a dec¨ªrselo a su familia, y de alguna forma esto los lleve a su muerte. (Su hijo padece de trastorno de ansiedad generalizada. Muy raro en ni?os. ?Han tenido ustedes un problema, o algo?) ¡ªEl psiquiatra, cuando David ten¨ªa once a?os. (?Qu¨¦? No, doctor. Ese diagn¨®stico est¨¢ incorrecto, porque jam¨¢s hemos tenido un problema as¨ª. Ninguna p¨¦rdida, ni traumas¡­ ?Dios! ?No creo que cuente el momento en que se cay¨® de su cama a sus once meses! ?Si el psic¨®logo hasta vio extra?a la cosa!) ¡ªSu padre, con los ojos puestos como platos. Incr¨¦dulo durante todo el rato, pero no le tom¨® tiempo aceptarlo. Comprar ansiol¨ªticos a un ni?o de esa edad, debe de ser traum¨¢tico. David se dirige a su casa, mientras un ni?o con la m¨¢scara de un espantap¨¢jaros de pel¨ªcula de terror, juega con su hermano. ¡°?Yo soy El Cosechador! ?Ja, ja, Ja!¡±, y un ¡°?Vamos, as¨ª no se juega!¡±, que no opacan ni la sensaci¨®n de ver al mismo Espantajo en aquella m¨¢scara, a juzgar por la distancia del otro lado de la calle. Por supuesto que el Espantajo no se parece al personaje de ficci¨®n proveniente de una pel¨ªcula estrenada en el a?o 2025, llamado El Cosechador, ni en lo m¨¢s m¨ªnimo; tal vez la textura de ¡®madera¡¯ se le haga familiar. David entra a su casa, deja el refresco en la gigantesca mesa y sube por las escaleras hasta toparse con su cuarto. Desordenado como sus pensamientos, y mete su cabeza en la almohada. Qu¨¦ har¨¢, pues no lo sabe; no puede permitir que su familia sufra algo as¨ª. Pero hay cierta certidumbre lo hace pensar un poco en su situaci¨®n. Si Raki debi¨® explotar en aquel instante, ?por qu¨¦ no lo hizo? ?Acaso ese chico tendr¨¢ el poder de cambiar el futuro? David arranca el revestimiento pl¨¢stico de su diario y comienza a escribir. Pues no sabe el resultado, pero s¨ª sabe que debe arriesgarse; ese chico podr¨ªa tener la clave para poder burlar el destino y salvar a su familia de una posible cat¨¢strofe. Y as¨ª lo decide: (Conclusi¨®n del 10/2/26 ¨C No estoy seguro c¨®mo, pero lo har¨¦. Har¨¦ todo lo posible para acercarme a ¨¦l, aunque el karma busque evitarlo. Un chico que ve el futuro, con uno capaz de cambiarlo; el d¨²o destino). Capítulo 8 - Francis La habitaci¨®n tiene una atm¨®sfera que ¨¦l considera inc¨®moda; un silencio apoyado por el zumbido del televisor cuyo volumen est¨¢ al m¨ªnimo. Los ojos de Marcos posicionados en el techo, y luego miran de reojo a Francis. Pues aunque siente la necesidad de buscar un culpable, tambi¨¦n considera la posibilidad de que ¨¦l SE SIENTA CULPABLE si llega a decirle lo que tiene pensado decirle. Los insultos que ¨¦l busca decirle en toda su cara para hacerle saber que ¨¦l, aunque no la odia en el fondo, desea expresarse de alg¨²n modo que ¨¦l crea posible. ¡ª ?Entonces? ¡ªPregunta Francis. ?C¨®mo podr¨ªa herir a esta humilde chica, que solo viene en son de paz?, se pregunta as¨ª mismo. ¡ª ?Te echas perfume o siempre hueles bien? ¡ªMarcos le suelta una pregunta aleatoria, ad libitum. (Qu¨¦ idiota, ?qu¨¦ idiota! ?QU¨¦ IDIOTA! ?IDIOTA! ?PEDAZO DE¡­!). ¡ª ?Qu¨¦, te gusta mi perfume? ¡ªPregunta Francis, cuya voz se siente con mayor alegr¨ªa¡ª. Es uno que quise comprar en estas inmediaciones. ?No huele rico? Marcos no hab¨ªa esperado una respuesta tan abierta a socializar. A¨²n as¨ª, considera que no puede distraerse por algo tan nimio como un perfume; su madre se ve enojada y con cara de querer echarla a patadas. ¡ªS¨ª, me encanta ¡ªResponde Marcos. Pues, es una respuesta esperable. ¡ªMira, no tengo tiempo ¡ªFrancis da un paso hacia Marcos, pero puede ver la mirada asesina de su madre. Aborta y da otro paso atr¨¢s¡ª. Mi pap¨¢ dice que puede pagar los da?os. Es que¡­ bueno, hubo distracci¨®n. Marcos ensombrece su mirada. Su madre lo capta y extiende su mano, que interpone entre Francis y Marcos. ¡ª ?C¨®mo, qu¨¦ da?os? El se?or que atropell¨® a mi hijo pag¨®, pero lo hubiera mandado a la puta c¨¢rcel si las cosas hubieran terminado de otro modo ¡ªMasculla la madre de Marcos, cuyo nombre sigue siendo desconocido para Francis¡ª. Ustedes mataron a mi esposo, ¡ªFrancis quiere objetar, pero la otra prosigue¡ª ?c¨®mo? ?Acaso dije que lo mataron choc¨¢ndolo? ?USTEDES LO DEJARON MORIR! ¡ª ?No ten¨ªamos la culpa y pens¨¢bamos que estaba bien! ¡ªFrancis se corta¡ª. ?Yo¡­ solo obedec¨ª a mi padre! ¡ª ??Y c¨®mo que una distracci¨®n!? ¡ªLa madre de Marcos parece no escuchar sus palabras, y ahora se centra en un aspecto de ese ¡®enorme ¨¢rbol¡¯ de conversaci¨®n. Pero Francis no puede explicarlo. Puede pensar que tambi¨¦n fue su culpa, pero tambi¨¦n puede culpar a la misma mala suerte. Coincide con el mismo d¨ªa donde su padre la visit¨® y durmi¨® en la casa, solo para toparse con cortes profundos que se hizo su hija en su brazo, ¡°presuntamente¡± (¨¦l no cree su historia) mientras estaba dormida. Los cortes forman una palabra espeluznante, pero Francis cree que es simple coincidencia. (Errante). En vez de escuchar a su hija, su padre la forz¨® a ponerse cualquier prenda con suma rapidez y ambos se metieron en el auto. Comenzaron a discutir, primero, con el asunto de las autolesiones, que luego escal¨® hasta revelarse los aspectos m¨¢s vergonzosos de la vida de Francis. Condujeron en direcci¨®n al neur¨®logo que estar¨ªa m¨¢s all¨¢ de Raki. Pero la discusi¨®n se acalor¨® y, no sabe si fue por las lluvias que impidieron ver el camino, la distracci¨®n o el hecho de que los sujetos de aquel ¡°Kia¡± conduc¨ªan a altas velocidades. Experimentaron un choque que, por poco, fue amortiguado por los cinturones de alta calidad. Francis se hab¨ªa puesto mal aquel cintur¨®n y hab¨ªa sentido c¨®mo su est¨®mago se presionaba hasta buscar hacerle vomitar los l¨ªquidos que ella hab¨ªa tomado. Francis acaba de divagar de nuevo; no est¨¢ segura de qu¨¦ acaba de decir la madre de Marcos y tambi¨¦n tiene miedo de preguntar. El televisor sintoniza una noticia de ¨²ltimo momento (o no tan ¨²ltimo). SE BUSCA: ABRAHAM ALICIO SOTO. 24 a?os, L¨ªder del Cartel de Ronzoati. Hace unos d¨ªas, 8 de febrero del 2026, el Supercuerpo de Investigaciones (SCI), apodada como la ¡°Superpolic¨ªa¡±, hab¨ªan desmantelado la banda delictiva ¡°Cartel de Ronzoati¡± y frustraron un futuro atentado que iba a ocurrir en Raki. Al poco tiempo de un chico ser atropellado, los sensores pudieron captar a uno de los miembros colocando una bomba en uno de los soportes, que pudo haber derrumbado todo el edificio y ocasionar p¨¦rdidas tanto materiales, como humanas. Todos fueron apresados, pero uno de ellos logr¨® escapar. Abraham Alicio Soto, el cerebro detr¨¢s de este intento de atentado, es un hombre met¨®dico y de gran capacidad anal¨ªtica; no obstante, present¨® comportamientos antisociales desde peque?o. Peligroso y carente de empat¨ªa; tiene el poder de traspasar las paredes y actualmente est¨¢ pr¨®fugo. Si lo ha visto, no olvide buscar un lugar seguro y llamar a la polic¨ªa. Se estima que la explosi¨®n pudo haber causado p¨¦rdidas mayores al 9/11. Los ojos de Marcos se abren como platos; la noticia lo est¨¢ impactando tanto, que parece como si en su mente hubiera chocado algo. Su rostro compone una sonrisa que Francis tambi¨¦n responde, sin saber por qu¨¦ es tan pegadiza. Verlo sonre¨ªr le da una sensaci¨®n de serenidad y¡­ de cari?o. ¡ªLa salv¨¦ ¡ªMarcos musita esta frase, carente de contexto. ¡ª ?Qu¨¦ salvaste? ¡ªNada, solo salv¨¦ mis recuerdos ¡ªResponde el chico, como si eso no lo hiciera m¨¢s sospechoso¡ª. ?Qu¨¦ quieres, Francis? S¨¦ que viniste por algo. Francis se humedece los labios. ¡ªMi pap¨¢ y yo corremos riesgo de caer presos, porque en serio nos metimos en problemas. ¡ªFrancis intenta ser m¨¢s adusta con Marcos, y evitando mostrar un indicio que lo emocione por alguna raz¨®n. M¨¢s de una vez Francis fue molestada con eso. Chicos que se le declaraban en medio de todo el mundo (como si eso aumentase las posibilidades), y cuando Francis rechazaba, ella quedaba como la villana. ?Acaso tambi¨¦n es la villana en estos momentos?¡ª. ?Qu¨¦ sucedi¨®? ?Fue por accidente, o por qu¨¦ viajaron tan r¨¢pido? Marcos hace como si quisiera encogerse de hombros. ¡ªNo lo s¨¦. ¡ª ??C¨®mo que no sabes!? ¡ªFrancis da un paso hacia Marcos, sintiendo la desesperaci¨®n de alguien que en serio se meter¨¢ en un embrollo. A quien su padre mand¨®, porque aquel est¨¢ demasiado ocupado como para lidiar con ellos¡ª. ?Por favor, recuerda! ??Por qu¨¦ no quisiste que te ayud¨¢ramos!? Pero Francis siente como si su mano no quisiese avanzar m¨¢s all¨¢ de Marcos; una barrera f¨ªsica, como ser absorbido por un im¨¢n que atrae carne. Al poco tiempo, ella se da cuenta de que la madre de Marcos es la responsable; una mujer capaz de levitar objetos est¨¢ impidiendo que se acerque. No obtiene respuesta del chico, y la otra mujer emite un silencio hosco. De pronto, la cabeza de Marcos tiene un espasmo y su respiraci¨®n se torna m¨¢s pesada; est¨¢ teniendo una convulsi¨®n. Puede ser un desequilibrio electrol¨ªtico o la medicaci¨®n, Francis no lo sabe. ¡ªFrancis, nos vamos ¡ªEntra su padre y le dice aquellas palabras que la regresan a la realidad. ¡ª ?Pero si no termin¨¦ de hablar con ¨¦l! ¡ª ?Hablas con ¨¦l ma?ana o yo me encargo, pero v¨¢monos r¨¢pido! ¡ªSe escucha apurado. El hombre es bajo para su edad (173?cm), pero tiene un aura temible a trav¨¦s de aquella mirada penetrante. Pese a eso, para ella es amigable. ¡ª ?LLAMA AL PUTO DOCTOR PRIMERO! ¡ªLe vocifera la mujer, antes de ellos irse. El padre de Francis, de nombre Megan, le avisa a un doctor con un gesto de su mano y este entra. Cuando el doctor entra al cuarto y cierra la puerta, ambos se sienten con la libertad de salir y se vuelven al pasillo. ¡ª ?Entonces? ¡ªPregunta su padre mientras caminan. Su voz se escucha calmada, confiado, pero su tono grave parece adusto¡ª. ?Qu¨¦ te dijeron? ¡ªNo respuesta ¡ªResponde Francis, lament¨¢ndose as¨ª misma en el interior¡ª. Su mam¨¢ est¨¢ muy enojada y no pretende ayudarnos. Megan se rasca el p¨®mulo. ¡ªPues habr¨¢ que resolverlo. Podr¨ªan meterme a prisi¨®n y suspenderme la licencia, si es que minimizo los da?os para que tambi¨¦n no te metas en problemas. ¡ª ?Suspenderte la licencia de conducir? Pap¨¢, ?de cu¨¢ntos a?os de c¨¢rcel hablamos? ¡ªEntre cinco y diez a?os. La piel se le pone de gallina. Esa cantidad parece poca en comparaci¨®n a la cadena perpetua que tienen otros pa¨ªses, pero s¨ª es la suficiente para arruinar a alguien. Demasiado tiempo. Ante esta problem¨¢tica, a Francis solo se le pueden ocurrir ideas maquiav¨¦licas. Una de ellas, emocionar a Marcos para que sienta pena por ¨¦l (es decir, enamorarlo) y as¨ª declare que ¨¦l fue el negligente. Su padre est¨¢ fallecido, por lo que la cosa est¨¢ peor. (El primer lugar. ?Qu¨¦ diablos hac¨ªan ah¨ª?). Pero ser¨ªa muy duro para un chico que acaba de perder a su padre¡­ ?Y qu¨¦? Francis no quiere perder al suyo y nadie sufrir¨ªa, porque el responsable ya est¨¢ muerto. Que no se emocione; tambi¨¦n siente afecto por ¨¦l, sin raz¨®n aparente. Como si hablar con ¨¦l hubiese aclarado el ambiente y su voz se sintiera como un abrazo por cada palabra, aunque ese (imb¨¦cil) haya hablado muy poco. ?Acaso por qu¨¦ le pregunt¨® sobre su perfume? This story originates from Royal Road. Ensure the author gets the support they deserve by reading it there. ¡ªTranquila ¡ªMegan cae en cuenta del silencio que profiere su hija, y le acaricia el cabello¡ª. Algo se har¨¢. Yo resuelvo de todos modos. Ahora, el punto importante es que te debemos llevar al neur¨®logo. ¡ª ?Pero si hab¨ªamos¡­! Su padre la suelta. ¡ª ?No pierdes nada con unos miserables minutos de tu vida, hija! ¡ªLe habla, con voz correctiva. Salen del Hospital Militar Ruiz Pineda Y van al neur¨®logo. En el proceso no ven nada de extra?o en su cerebro, m¨¢s all¨¢ de un leve d¨¦ficit de atenci¨®n y el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), subtipo Primariamente Obsesivo sin rasgos compulsivos, que ha estado durante toda su vida. Y Francis se lo confiesa al mismo neur¨®logo: esa obsesi¨®n ha traspasado la barrera hasta llegar a autolesionarse estando dormida. Cada d¨ªa pensaba en lo mismo; cada d¨ªa condicionaba parte de sus pensamientos a una sola cosa, que no tiene mucho sentido, pero EXISTE. (Errante). ?Errante? Recuerda sentir (o escuchar) su voz interna, repiti¨¦ndoselo como mantra, en el camino hasta la habitaci¨®n de Marcos. Desapareci¨® tras dirigirle la primera palabra. Como si hablar con ¨¦l, disipara cada pensamiento intrusivo que la azotara. En la visita al psic¨®logo, Francis habla sobre sus problemas, m¨¢s all¨¢ de sus inquietudes con la palabra ¡°Errante¡±. El profesional les recomienda a su padre y a su madre ir a terapia, pero esto provoca que Megan se despida de modo repentino y prometa m¨¢s nunca ir a aquel psic¨®logo. Francis se imagina qu¨¦ puede estar pasando por su mente en estos momentos: ¡°No s¨¦ por qu¨¦ mi hija se deprime mucho; no obstante, ese psic¨®logo dijo que es por culpa de los padres, as¨ª que no sirve. Por lo tanto, mi hija no tiene nada¡±. El psiquiatra les recomienda un medicamento contra el TOC, que Megan le compra a Francis y se devuelven a su hogar. No le sorprende que la gente, poco a poco, est¨¦ aceptando aquellos justificativos; los ¡®normales¡¯ como Francis, est¨¢n recuperando el dominio que perdieron hace a?os. Se ubican delante de la mansi¨®n ubicada en El Colonizador, gigantesca para ser para una sola persona. Incluso si sus padres vivieran juntos con ella, le sigue pareciendo gigantesca cada vez que lo visita. Abren la puerta autom¨¢tica y pasan por el solitario vest¨ªbulo. Parece el mism¨ªsimo Overlook de El Resplandor, un libro que Francis recuerda haberlo terminado de leer hace una semana. ¡ª ?Y c¨®mo est¨¢ mi mam¨¢? ¡ªPregunta Francis. ¡ªEst¨¢ teniendo una ri?a ahora mismo¡ªResponde el otro, mientras deja su abrigo en el perchero. Ahora que se da cuenta, nadie en su localidad usa un perchero de pie¡ª. Hace fr¨ªo, el trabajo la est¨¢ agobiando y la nueva situaci¨®n le est¨¢ haciendo planificar miles escenarios, como si existiese alguien con el poder de visualizar el futuro... El punto principal es que estamos con algunos problemas en nuestra relaci¨®n. ¡ª ?Se van a separar? ¡ª Si eso significa dejar de verte, cr¨¦eme que no lo har¨¦ aunque me apunten con un arma. Francis se pregunta c¨®mo ser¨¢ aquella organizaci¨®n donde trabaja su padre. La Organizaci¨®n Esot¨¦rica de Desarrollo Avanzado (OEDA) del que tanto ha ¡®presumido¡¯ haber clonado al primer humano, y modificado el pensamiento de un mono para hacerlo m¨¢s inteligente (seg¨²n oy¨® de su padre). (Carecer¨¦ de microchip por falta de k¨®bisto, pero joder¡­ ?Esa gente no tiene l¨ªmites en nada!) Francis recorre el pasillo, y sube por las escaleras hasta toparse con el ba?o. Siente c¨®mo los chorros de sudor recorren su espalda hasta toparse con su falda. Francis entra al ba?o y lo cierra con pestillo. Se desabotona su camisa y se sienta en la silla, mientras se desprende de su molesta falda que se hab¨ªa comprado por pura moda. (Hace calor). Con el torso expuesto, pero en bragas, Francis se fija en el espejo para mirarse as¨ª misma, como una costumbre adquirida de la que no tiene raz¨®n del porqu¨¦ su existencia; pero ese tatuaje que est¨¢ por debajo del pecho izquierdo, le parece distinto cada vez que lo ve. La deprimente atm¨®sfera la hace pensar en lo apagada que se siente. Soledad, como es aquel estado de ¨¢nimo o emoci¨®n. Sus padres ausentes la mayor parte del tiempo y ella reprimiendo su enamoramiento por los chicos guapos. ?Por qu¨¦ un potencial mujeriego, cuando puedes ser selectiva con aquellos que s¨ª te querr¨ªan tal y como eres? Lo malo es que sus est¨¢ndares son alt¨ªsimos, o al menos eso cree ella. Con todo su cuerpo metido en la ba?era y d¨¢ndose cuenta de que el jab¨®n est¨¢ m¨¢s lejos, se siente frustrada. (?No puedo ser floja cuando quiero?). Con el jab¨®n y con diez minutos que le toman reflexionar, Francis termina de ba?arse y hace el adem¨¢n de vestirse en su opulento cuarto. (Mejor no). Su pap¨¢ acaba de irse y no regresar¨¢ hasta m¨¢s tarde, como suele ser su costumbre en las pocas veces que la visita. ?Por qu¨¦ ponerse una ropa toda inc¨®moda en su propia casa? ? (Comodidad, carajo!). Adem¨¢s, aquella voz interna lleva rato inactiva y debe disfrutar cada maldito segundo de pensamiento libre. Francis se limita a ponerse la ropa interior y baja a la sala, donde se sienta en el sill¨®n con las piernas cruzadas. Su tel¨¦fono, uno del tama?o de la palma de su mano, alberga una gran cantidad de referencias de dibujo y memes sacados de las redes sociales. ?Qu¨¦ har¨¢ primero? Ponerse a dibujar o ver memes, es un dilema de todo procrastinador cr¨®nico. Francis escoge no hacer ninguna y se limita a dejar que su mente vuele. Enso?ar mientras hace un baile improvisado, y el ¡°Stand By Me¡± reproduci¨¦ndose en su mente. Siempre ha querido conocer a alguien con quien compartir sus gustos y problemas, y que aquella persona muestre inter¨¦s por ello; una persona especial con quien ver¨ªa pel¨ªculas todos los d¨ªas y hablar¨ªan por tel¨¦fono la mayor parte del d¨ªa. Puede imaginarse as¨ª misma, bailando mientras porta unos tacones y un vestido rojo, bailando con un hombre de traje y corbata qui¨¦n ser¨ªa aquella persona. ?Por qu¨¦ un hombre y no una chica como amiga? En el fondo, todos queremos una relaci¨®n rom¨¢ntica; Francis no es la excepci¨®n. (?Qu¨¦?). Pero lo que se le hace extra?o, es que aquel hombre tenga un aire a¡­ ¡­ ?Marcos? Puede que sea su mente jug¨¢ndole bromas o su cerebro, todo desordenado, dici¨¦ndole que se imagine as¨ª misma con la ¨²ltima persona que habl¨®. Por supuesto, no habl¨® con nadie; no siente apego por sus amigas del San Thomas Dahlie, y esos chicos le provocan asco. Recuerda haber o¨ªdo sobre Marcos, cuando su amiga de segundo a?o le mostr¨® el video donde corr¨ªa como un rid¨ªculo en todos lados. ?Raz¨®n? Tal vez alguien lo asust¨®; Francis no lo sabe. (Ans¨ªo¡­) Francis ans¨ªa poder vivir la vida, de modo que no tenga que preocuparse por el TOC que le acaban de diagnosticar. Si es una ¡®errante¡¯ o alguien cercano a ella lo es, entonces debe descubrir el porqu¨¦. Si no la es, pues vivir la vida sin que aquel pensamiento haga que se corte el cuello estando son¨¢mbula. Hablar con Marcos la despej¨® de todo aquello. De pronto su padre entra de sorpresa y encuentra a Francis bailando semidesnuda; qu¨¦ vergonzoso. ¡ª ?Y por qu¨¦? ¡ªPregunta aquel hombre, concentrado con su tel¨¦fono a sus orejas, Su mirada est¨¢ puesta al vac¨ªo e ignora a su hija. La voz femenina le responde con un di¨¢logo largo, cuyos asentimientos de Megan subrayan cada palabra¡ª. ?Pero qu¨¦ te lleva a sospecharlo? ¡ªLa otra habla, y Megan vuelve a asentir¡ª. Ser¨¢ inc¨®modo, pero est¨¢ bien. Mientras Francis se pone su pa?o, su padre se vuelve hacia ella. ¡ªDebo pedirte algo importante y no quiero que te sientas inc¨®moda ¡ªProsigue¡ª. ?Sabes aquel tatuaje que vimos por tu costado superior cuando estabas peque?a? Quiero verificar algo. ¡ªNo entiendo. ?Qu¨¦ quieres? ¡ª ?Me muestras tu pecho izquierdo y me dejas acercarme? No quiero ped¨ªrtelo directamente; sabes lo peligrosas que pueden ser mis palabras. ¡ªNo lo s¨¦, pap¨¢¡­ ¡ªFrancis se siente demasiado inc¨®moda ante aquella idea. ¡ª ?No sientas pena! De todos modos yo te cambiaba el pa?al cuando eras peque?a y tu mam¨¢ deb¨ªa trabajar ¡ªEs mentira. Seg¨²n su mam¨¢, solo fue una vez y coincide con el hecho de que le cambi¨® los pa?ales a sus dos a?os. Era tan perezoso que necesitaba un castigo, dec¨ªa ella entre risas¡ª. Tu mam¨¢ tiene una sospecha y quiere que lo verifique. A menos de que quieras de que ella venga, "No podr¨ªa decirte que s¨ª, que si tienes la libertad de decir que no, pero preferir¨ªa decir que tienes total libertad de dec¨ªrmelo como todo libre albedr¨ªo.." . (?Pues no!). ¡ª ?No, tranquilo! ?Si apenas t¨² consigues tiempo para visitarme, no me puedo imaginar mam¨¢ que nunca puede visitarme! ¡ªFrancis se baja la toalla hasta solo tapar su abdomen y cintura¡ª. Voy a hacerlo, pero sabes que me da verg¨¹enza. Francis se baja uno de los sostenes; siente que deber¨ªa morirse. Incomodidad extrema; verg¨¹enza hasta los huesos y una vor¨¢gine de insultos hacia s¨ª misma que rebotan en su mente. ¡ª ?Eso no ten¨ªa forma de semilla? ¡ªPregunta su padre, con una expresi¨®n de recelo. ¡ª ?Qu¨¦ cosa? ¡ªFrancis vuelve a la realidad. ¡ªEse tatuaje, ?no era una semilla cuando eras peque?a? Francis camina hasta el espejo de la sala y se mira de nuevo al espejo. Lo que est¨¢ debajo de su pecho, da la ilusi¨®n de ser un ¨¢rbol con extensas ramificaciones. No sabe si ser¨¢ por la textura de la piel, o si es que el tatuaje lleva m¨¢s detalle del que cree. Ha nacido con ¨¦l, pero nunca se fij¨® en si ha cambiado en los trece a?os que lleva de vida. Se le hace extra?o, y esto no hace m¨¢s que incrementar su certidumbre sobre su relaci¨®n con el TOC que le acaban de diagnosticar. Recientemente, se hizo m¨¢s fuerte hasta provocarle aquellas lesiones. (El vendaje en mis brazos pica, dios). El tel¨¦fono de su padre vuelve a sonar y ¨¦l acude. ¡ªS¨ª¡­ ¡ªResponde su Megan¡ª. Tiene la forma de un ¨¢rbol. Definitivamente, hay algo raro y ten¨ªas raz¨®n ¡ªLa llamada se torna picante; si as¨ª se le dice a las llamadas ¡®problem¨¢ticas¡¯¡ª. ?No, no es necesario que vengas! ?No ves que el Cartel de Ronzoati ha hecho influencia en la mayor¨ªa de personas? Muchos odian el sistema de microchips y cada d¨ªa ellos est¨¢n ganando terreno; algo que debemos evitar. Si surge otro ¡®Abraham¡¯ o una nueva banda terrorista, o si el pueblo se congrega para desmoronarlo todo ¡ªLe vuelve a responder, y luego un silencio¡ª. S¨ª, entiendo. Enfocarme en el problema principal, como dices. ?Vaya, mujer! ?Te digo algo y lo usas en mi contra! Megan, el padre de Francis, cuelga. ¡ª ?Qu¨¦ dijo? ¡ªPregunta Francis, pero ya se hace una idea. Es m¨¢s probable que su pap¨¢ reduzca sus visitas, tras lo que estuvo a punto de ocurrir en Raki. (Los salv¨¦) ¡ªMarcos. ?Acaso ¨¦l sab¨ªa algo? ¡ªMe temo que eso se postergar¨¢; estamos en una situaci¨®n complicada ¡ªResponde Megan¡ª. Tengo una idea de c¨®mo solucionar este problema. ¡ª ?Cu¨¢l? Megan se rasca el p¨®mulo. ¡ªNo te gustar¨¢. ¡ª ?Por qu¨¦? (?Entonces por qu¨¦ me lo dices?) ¡ª ?Te acuerdas de aquel chico? El que tuvimos que ¡®amenazar¡¯ para que dejara de aprovecharse de ti. Aquel quien fue su primer novio, y por poco no revela sus fotos ¨ªntimas por internet tras decidir romper con ¨¦l por cuenta propia. S¨ª, le causa una verg¨¹enza colosal; ese chico sac¨® todo su lado vulnerable que puede mostrar. Puede recordar ese momento donde le dijo que la amaba. Cuando le dijo que entregar¨ªa todo el mundo por ella, y se asegurar¨ªa de hacerla sentir como la princesa que es. ¡ªS¨ª, pap¨¢¡­ disculpa ¡ªFrancis se entrecorta en cada palabra; su mente sigue procesando aquellos recuerdos intrusivos, que crey¨® haber superado¡ª. Si te hice salir del trabajo, disculpa. Te dije que no lo har¨ªa m¨¢s¡­ Su padre levanta una ceja; un gesto extra?o que no todos hacen. ¡ª ?Acaso dije algo? Hablaba del Que pas¨® en ese momento ¡ªResponde ¨¦l. Quiz¨¢s por la distancia, pero Francis siente que no debi¨® hab¨¦rselo dicho. ?Acaso por qu¨¦ se lo acaba de decir? Que tiene miedo a algo, es asegurado: que sus padres no la dejen sola, y tenga que vivir con una molesta ni?era. Le quitar¨¢ de todo, pero que jam¨¢s (JAM¨¢S) le quite el derecho a estar sola en su casa ¡ª. ?Por qu¨¦ te preocupas por cosas que no dije, hija? (Errante). ¡ª ?Pues pensaba que te refer¨ªas¡­! ?¡ªFrancis se corta, pero se fuerza a continuar para referirse a su exnovio¡ª: a eso! Megan se sienta en el sill¨®n, y se pone c¨®modo para observar el vac¨ªo; abstra¨ªdo, pero no melanc¨®lico. Si lo que est¨¢ pensando es algo fr¨ªo, como lo ha hecho en numerosas ocasiones, Francis est¨¢ preparada. ¡ªA ese chico, lo ejecut¨¦. ¡ª ?Qu¨¦? ¡ªReacciona Francis, at¨®nita; la afirmaci¨®n suena impactante, pero tambi¨¦n cubierta de confusi¨®n¡ª. ?Y por qu¨¦ lo sigo viendo en el liceo? ¡ªSabes que trabajo en algo que es... ?c¨®mo te lo explico? Como la ¨¦lite del gobierno. Como la OEDA (Organizaci¨®n Esot¨¦rica de Desarrollo Avanzado), todos los gobiernos lo tienen. ?Sabes a qu¨¦ se arriesgaron para aceptar los dones en la sociedad? ¡ªDice Megan, y Francis lo entiende. Lo que estuvo a punto de ocurrir en Raki, con respecto al Cartel de Ronzoati. ?Cu¨¢ntas vidas pudieron haberse perdido en ese momento? El que hayan rematado los precios con un descuento en ese per¨ªodo, solo le hace preguntarse cu¨¢ntas familias pudieron destruirse en el d¨ªa y lugar exactos¡ª. Bueno, eso ¡ª (?Eh? ?Me ley¨® la mente o qu¨¦?) ¡ª. No solo protegemos el pa¨ªs, sino que tambi¨¦n hacemos otras labores. Como tengo un lugar bastante privilegiado, al ser esposo de la jefa de la misma organizaci¨®n, aprovechamos por capricho y, ejecutamos a tu ex. Luego lo reemplazamos con un clon que programamos para NUNCA volver a hablarte. (Errante). Los pensamientos acaban de volver, como esquizofr¨¦nico, oyendo susurros. ¡ª ?Entonces eso significa¡­? ¡ªFrancis apenas logra entender algo. Solo comprende lo primero, pero lo ¨²ltimo se le hizo tan confuso que prefiere mejor no pensar en ello. Si el original est¨¢ muerto y ¨¦l es una copia; no, mejor no pensarlo. Por otro lado, no hace m¨¢s que pensar en lo arbitraria que fue la decisi¨®n de su padre. Repulsi¨®n, al pensar en el repentino cambio de actitud de su ex. De ser el extrovertido, m¨¢s jovial (pero con trapos sucios de toxicidad), al m¨¢s inseguro, introvertido de un d¨ªa a otro. (La clonaci¨®n cambia la forma de ser). Su padre hace un bufido; vuelve a sentirse tonta. ¡ª ?Que vamos a ejecutarlos!¡ªAclara el hombre, mascullando con suavidad pasiva agresiva, al tiempo que extiende ambas manos mientras ve a su hija con el ce?o fruncido. Subraya cada oraci¨®n, con el aleteo de sus palmas. Francis no sabe qu¨¦ responder. Sus palabras buscan salir de su boca, pero la sorpresa hace a su cerebro imposible transferirlas a sus cuerdas vocales. No, no debe hacerlo. Tanto Marcos como su madre, est¨¢n en un enorme peligro y ellos no lo saben. Capítulo 9 - Momento de Hacer las Pases ¡ª ?Dime que es broma, pap¨¢! ¡ª ?Qu¨¦ opci¨®n queda? ?No tenemos borra mentes que podamos contratar! ?Tampoco a alguien que predice el futuro como para determinar si es buena idea! ¡ªContesta Megan. La calma detr¨¢s de su voz, solo hace que Francis se inquiete m¨¢s. La calma de una persona que acaba de tomar una decisi¨®n, que muy probablemente no la cambie con facilidad. Si una chica de trece no puede convencer a sus progenitores¡­ ¡ª ?No puedes usar tu don y¡­? ¡ªSe corta¡ª. ?No s¨¦! ?Decirles que no recuerden nada y que piensen que es culpa de ellos, o algo as¨ª? ¡ª ?T¨² crees que mi k¨®bisto de manipular a las personas, me hizo la vida m¨¢s f¨¢cil? ¡ªResponde, mientras se levanta y se?ala un cuadro. ¨¦l y su esposa, con una pinta de no haber tenido a Francis. La mujer de vestido, con una expresi¨®n alegre, juguetona mientras abraza al trajeado hombre, quien contrasta con su apagada expresi¨®n¡ª. Pues no tanto. Cuidar cada palabra y evitar ordenar a otros, porque la gente no tarda en descubrir que las manipulaste. No me resulta f¨¢cil hablar con met¨¢foras rebuscadas, todo con tal de evitar manipular, tal cual Pinocho evitando que su nariz crezca en un interrogatorio. ?Te imaginas lo reciente con tu tatuaje, pero que en vez de pregunt¨¢rtelo, te lo pidiera? Lo recordar¨ªas como si no tuvieses voluntad, y fuese horrible. No puede con esa l¨®gica. ¡ª ?Ni siquiera esta vez? ¡ªNo. Su coraz¨®n siente un fr¨ªo. (?AH!) ¡ª ?Entonces conf¨ªa en m¨ª! ¡ª ?En qu¨¦? ¡ª ?Yo puedo convencerlos ma?ana, al menos hago el intento! ¡ªHabla Francis en farfullas. Con una rapidez y tono de voz excesivo que rebota en las paredes de la peque?a mansi¨®n, mientras siente extra?as sus palabras. No conf¨ªa en solucionar las cosas, y tampoco sabe por qu¨¦ lo hace. ?Qu¨¦ podr¨ªa perder Marcos? (Errante). ¡ª ?Qu¨¦ conf¨ªe en ti? Te mand¨¦ hoy y no te dijeron ni p¨ªo. ¡ªS¨ª. El padre se acerca. ¡ª ?Incluso sabiendo lo de tu novio, y el hecho de que tuve que ocult¨¢rselo a tu madre? ?Aun sabiendo las veces que nos defraudaste. (No puedo m¨¢s). ¡ªPap¨¢¡­ ¡ªMusita su hija, quien baja la cabeza mientras debilita el agarre de su toalla. Ella observa a su padre con ojos de perrito triste, y deja salir l¨¢grimas que pasan a trav¨¦s de su afligido rostro. ?Por qu¨¦ llora? Si ser¨¢ por el hecho de que dos vidas m¨¢s se perder¨¢n, por su culpa; si ser¨¢ porque fue demasiado d¨¦bil con aquel chico, quien pudo haberle arruinado la vida, mientras ella todav¨ªa lo quer¨ªa; si es porque su padre le dijo la palabra ¡®Defraudar¡¯, aquella que le pon¨ªa a sollozar de ni?a. Aquella que su estricta madre le sol¨ªa decir hasta el hartazgo. (Nunca hago nada bien). ¡ªHija, no¡­ ¡ªEl rostro de su padre se torna melanc¨®lico y se acerca a su hija, luego se inclina para envolverla con sus brazos. Fuerte como alguien que secretamente ama los abrazos. Su hombro se humedece, y escucha los sollozos de su hija. Francis cae en cuenta que es demasiado bajo, para ser un hombre que supera los cuarenta a?os¡ª. Pero, ?qu¨¦ quieres exactamente? Nunca fuiste as¨ª con la gente desconocida. Francis tampoco lo sabe. ?Por qu¨¦? Cuando piensa en la posibilidad de haber matado a alguien sin querer, le causa indiferencia; sin embargo, cuando piensa en Marcos, es otra historia. Una parte de su ser, busca que no le pase nada; una necesidad fuera de su comprensi¨®n. Una certidumbre que ella se niega sin saberlo. ¡ª ?Por qu¨¦ crees que tengo este tatuaje, pap¨¢? ¡ªNo lo s¨¦. Antes era un simple punto, del que pensamos que era un lunar; ahora es un ¨¢rbol, del que no sabemos nada¡­ ¡ª ?Crees que tenga que ver con mi condici¨®n? ¡ªMurmura, Francis, sinti¨¦ndose adormilada. ¡ªEs lo que yo creo. Francis suspira. ¡ªPorque estar cerca de ese chico, ces¨® esas voces internas. (Errante). Su padre se suelta. ¡ªEntonces ma?ana puedes verificarlo; pero ya sabes, yo actuar¨¦ si no lo logras. Francis se decide ir hoy, pero antes de dar el paso hacia la escalera, la textura ¨¢spera de la alfombra y el empapelado forman un patr¨®n, haciendo que el coraz¨®n de Francis lata a miles. Le hace recordar aquel incidente con su brazo, y se pregunta qu¨¦ puede pasar despu¨¦s. (Errante). Un camino hacia la locura, piensa Francis. Es cuesti¨®n de tiempo para que aquella condici¨®n, reemplace cada bloque de sus pensamientos hasta cubrirlo todo. No est¨¢ segura de c¨®mo va a vivir el resto de su vida, as¨ª que esta es la oportunidad indicada. Francis lo reconsidera. Podr¨ªa dejar que se vayan al diablo; a cambio. Su madre, la poderosa jefa de la OEDA (?c¨®mo se enamor¨® de un otrora don nadie que no termin¨® sus estudios?). Poderosos que podr¨ªa considerarse de la mafia¡­ o de una ¨¦lite. (S¨ª, Francis. No debes de preocuparte por ¨¦l. ¨¦l no tiene nada, y si te enamoraste¡­ hay otros hombres mejores, que ese feo. Ese bonito, pero feo. Est¨²pido, pero no tanto, e inv¨¢lido). (Pero lo necesito). (Errante). Esa sensaci¨®n de libertad, m¨¢s placentera que un shock de estupefacientes (nunca lo prob¨¦) o como la serotonina despu¨¦s de un gran d¨ªa¡­ aunque Francis nunca hizo lo equivalente. No cree dejarla con facilidad. Ella se va a su habitaci¨®n, cuyo aire fr¨ªo proveniente del aire acondicionado le hace sentir un escalofr¨ªo tremendo, aunque tenga todo el pa?o puesto. Dios m¨ªo, piensa Francis; debi¨® poner el aire en ventilador. Desde fuera, puede escuchar el crujir de las hojas y los chorros de agua inundando el techo, am¨¦n de la tormenta retumbando el mism¨ªsimo suelo. Por un momento le viene la impresi¨®n perturbadora de estar en un sismo, del cual est¨¢ a punto de ponerse el pa?o y salir de la casa. Pero no, es solo tormenta. ¡ª ?Voy a salir! ¡ªVocifera su padre desde la sala, y se oye desde el cuarto de Francis. ¡ª ??A d¨®nde vas!? ¡ª ?A persuadir a los doctores y oficiales! Si vas ma?ana, m¨¢s vale que vayas antes de las 2:00?pm, porque en esa hora ir¨¢n a interrogarlo si me sale bien¡­ Se escucha un portazo; se acaba de ir de la casa. Dejando a Francis a solas, sin la oportunidad de preguntarle si puede ir con ¨¦l. Bueno, entonces ma?ana lo intenta. Francis se roba la camisa ancha de su padre y se pone sus shorts; el d¨ªa pasa sin pena ni gloria, si estar aburrida y ansiosa por el d¨ªa siguiente no cuenta como pena. La lluvia no cesa, y no puede visitarlos en la noche, que llega oscureciendo la sala. (Puta madre). Francis enciende los bombillos de la sala y pasa por los muebles, hasta la cocina. Toma un pan franc¨¦s y se lo come sin nada; se siente sin ¨¢nimos para hacer algo m¨¢s elaborado, como un pan con mortadela. (Errante). Otro episodio de voces; se soluciona durmiendo. Debe confiarle al destino y la suerte que podr¨ªa lograrlo ma?ana, si es que convence a la madre de Marcos. ?Qu¨¦ le dir¨ªa? 1 ¨C Pap¨¢ los va a ejecutar = Meter en problemas a su pap¨¢. 2 ¨C Estoy en problemas y se los suplico, por favor = La madre de Marcos respondiendo ¡°?Me importa?¡±, con los ojos en blanco, mientras le cierra la puerta en la cara. 3 ¨C Alguna cuesti¨®n motivadora o consejo contra el duelo = Rechazo, de uno u otro modo. No puede pensar en m¨¢s opciones, incluso estando divagando de camino a su cuarto. Al final, apaga la luz, se quita el sost¨¦n y se tumba en la cama. Deja pasar el tiempo y se encoge hasta abrazar su almohada, y el aire acondicionado a toda pastilla. El fr¨ªo del cuarto y la lluvia formando ¡°ERR-AN-TE¡± en s¨ªlabas, o al menos le da la impresi¨®n. Ahora est¨¢ en las tinieblas. Una voz ronca sonando en su cueva mental mientras toca una melod¨ªa dotada de melancol¨ªa. Un hombre, de rostro demacrado pero cubierto en las tinieblas, irreconocible. Sostiene un hacha con sus manos astilladas, am¨¦n de crispadas en la furia. La presencia de alguien peligroso detr¨¢s de Francis, quien se halla arrodillada en el suelo arenoso del l¨²gubre bosque. Las l¨¢grimas recorriendo sus mejillas, mientras la culpa, la succionan hasta el ineludible deseo de morirse. ¡ª ?Ves, Francis? ¡ªDice la voz detr¨¢s, ¨¢spera y gutural hasta no reconocerse. Francis mira por encima del hombro, d¨¢ndose cuenta de la niebla negra que cubre todo su rostro¡ª. Y aqu¨ª est¨¢s. Sola, desamparada y sin atisbo de haber hecho algo racional; haber dejado morir a alguien que conociste hace poco, por culpa de tu ego¨ªsmo. Tu habilidad para motivarte la pudiste haber usado para algo bueno, ?sab¨ªas? ¡ª ?Qu¨¦ yo hice, acaso? ¡ªResponde Francis, confundida. Mientras tanto, el hombre del hacha se acerca con lentitud hacia adelante. Mientras tanto, las hojas del suelo se levantan y forman un remolino en torno a ¨¦l. El fr¨ªo viento soplando, y la chica siente como si no pudiese respirar completo. El sujeto no le responde, en su lugar se?ala al otro. Con un espantap¨¢jaros de horrible aspecto moviendo sus brazos, hasta hacerle saber a Francis que no es un espantap¨¢jaros: es un monstruo. Va a asesinar al tipo del hacha¡ª. ?No, espera! ?Para! ¡ªSolo mira el espect¨¢culo; yo tampoco quise esto, pero lo busco. No act¨²o por raz¨®n, ?sabes? ¡ªEl sujeto acaricia el cabello de Francis, como si le tuviese aprecio¡ª. El destino nos llevar¨¢ aqu¨ª, de uno u otro modo. Una explosi¨®n cubre toda la zona, coincidiendo con el momento donde la luz del sol cubre su rostro. Se despierta, con una sensaci¨®n desagradable. Como madrugar y despertarse a las 2:00?PM. Se levanta y se prepara un caf¨¦, donde hierve el agua y se prepara su pan con jam¨®n. Desayuna y luego se cepilla; pero a¨²n sigue sinti¨¦ndose exhausta. Tanto que su cuerpo le exige sentarse en el mueble para dormir otras dos horas. Francis se sienta¡­ (Marcos). ¡­ Pero luego cambia de opini¨®n. Enciende su tel¨¦fono y sus ojos se abren como platos: Son las 12:34?am, domingo. Debe salir al hospital, pero su mente est¨¢ tan reiniciada que no sabe por d¨®nde comenzar. No se acuerda de su agenda, pero s¨ª se acordar¨¢ m¨¢s tarde. Entra a su fr¨ªo cuarto y saca de su closet blanco, un pantal¨®n bluy¨ªn, una blusa negra y una cola. Ver esa falda de cuadros en su cesto pl¨¢stico de ropa sucia, le provoca escalofr¨ªos al pensar en cu¨¢ntos hombres pudieron mirarla a sus espaldas. O hablando a voces. Es perturbador que haya gente, mirando a chicas de trece. O tal vez no lo sepan; es la m¨¢s alta de su sal¨®n y es la ¨²nica chica que se ha desarrollado casi por completo, am¨¦n de una fuerza de la que incluso algunos hombres le temen. (Mejor no pensarlo). Francis se viste, se perfuma y se coloca sus zapatos; tarda 25 minutos, contando el ba?o y la segunda taza de caf¨¦ que le obliga a volver a cepillarse. Mientras procura no llamar la atenci¨®n, Francis se encamina hacia su misi¨®n mientras toma el autob¨²s. Con el lector pinza y la tarjeta de su pap¨¢, am¨¦n de su justificativo, puede pagar su transporte y comida con la ayuda de una mesada que le obligan a racionar bien. El camino visto a trav¨¦s del autob¨²s, le ayuda a reflexionar. Si exceptuamos el asfixiante ambiente y el hecho de estar al lado de un anciano que tose sin parar (ojal¨¢ sea c¨¢ncer y no una gripe, por favor), adem¨¢s de esos montones de alientos, respirando cerca y propiciando al enorme calor que genera las primeras transpiraciones en su cabeza. Las 1:00?PM de la ma?ana y el sol busca derretirla. Se apea y est¨¢ frente a la entrada del Hospital Militar Ruiz Pineda. Francis pasa a trav¨¦s del sendero de piedras, al lado del camino donde pasan los autos. Observa al indigente que duerme encima de un cart¨®n, del cual le causa mucha indiferencia. Las enfermeras entran y salen, entre risas y chismes. Francis pasa a trav¨¦s de la subida y el guardia, sabiendo el camino hacia Marcos en los pasillos. Francis hace el adem¨¢n de tocar la puerta, pero su mano no quiere avanzar. Siente como si un campo de fuerza mental buscase evit¨¢rselo; una enorme angustia que le hacen preguntarse, ¡°?En serio debo hacerlo?¡±, y sentenciar un ¡°No quiero, tengo miedito¡±. Pero el destino es cruel. El coraz¨®n de Francis late a miles, mientras la puerta se abre. Sus pies se ven desde debajo de la puerta, ?c¨®mo no captarla? ¡ª?Qu¨¦ quieres? ¡ªPregunta la madre de Marcos. Con su rostro adusto, cubierto de arrugas de los 40 a?os y con las bolsas de ojeras m¨¢s pronunciadas; parece no haber dormido en d¨ªas. ¡ªQuiero hablar con su hijo, si puede¡­ La mujer la mira con recelo. ¡ª ?Qu¨¦ busca decirle? (Ya pareces un robot, ?no?). ¡ªEsto es un asunto entre ¨¦l y yo ¡ªReplica Francis, de improviso. Sin saber el resultado ni la certeza de que vaya a funcionar. Nunca fue buena preparando conversaciones¡ª. Por favor¡­ El cuerpo de Francis busca atraerse hacia la pared y la puerta, cerrarse; un rotundo NO, como respuesta. Francis vuelve a considerar rendirse. Tal vez solo sean cosas de ella, o que sus micro momentos libres hayan coincidido con el conocer a ese chico. Cree poder encontrar a otro en un futuro, si es que esa persona tambi¨¦n querr¨ªa hablar con ella. En su mente, se evocan las im¨¢genes del sue?o de anoche. La culpa de haber asesinado a alguien, por causa de ella misma; el poder salvar a alguien, pero no haber aprovechado el momento. Quiz¨¢s ese sue?o represente sus deseos por salvar a ese alguien. En este caso, Marcos. Si ¨¦l es reemplazado, ?qu¨¦ garant¨ªa hay de que, por ejemplo, no perder¨¢ ese toque que libera a Francis? Su ex pose¨ªa un carisma abrumador y un nivel de testosterona (s¨ª, era un don; ambas se correlacionan) que resaltaba sus m¨²sculos al m¨ªnimo ejercicio. Ahora que fue reemplazado, lo perdi¨® todo. (Perd¨®name diosito). Francis no se lo puede permitir, y deja que su cuerpo act¨²e sin consecuencia. Se impulsa y empuja la puerta con suma fuerza, hasta hacerla colisionar con la met¨¢lica silla de ruedas. Francis lucha contra la levitaci¨®n que la repele como un im¨¢n, se aferra al marco de la puerta y se impulsa hasta hallarse dentro. Luego hace acopio de toda su fuerza para empujar a la mujer. Patadas y patadas, mientras la otra vocifera al pasillo. ¡ª?Oye! ¡ªGime la madre de Marcos, mientras se agarra del marco de la puerta. Forcejeando¡ª. ?Doctores! ?Polic¨ªa! ?Saquen a esta loca! ?Quiere hacerle da?o a mi hijo! This story has been stolen from Royal Road. If you read it on Amazon, please report it (No s¨¦ lo que hago). ¡ª ?Que no le har¨¦ da?o, se?ora! ¡ªDice Francis, lac¨®nica. Francis apenas percibe c¨®mo Marcos abre los ojos con lentitud, preparados para observar c¨®mo una completa desconocida saca a su madre de la habitaci¨®n. La mano se suelta y la mujer sale disparada. Francis da un portazo y le pasa seguro a la puerta. No hay pestillo, as¨ª que debe hacerlo r¨¢pido. ¡ª?Marcos, te llamabas? ?Mira, por favor, responde r¨¢pido! ¡ªFrancis se acerca y se apoya en la barra de la cama de Marcos. Mientras la puerta recibe golpes, interjecciones, gritos y mascullas por parte de la otra. Francis est¨¢ segura de los problemas en los que se acaba de meter, pero ?qu¨¦ opci¨®n ten¨ªa? ¡ª ?Qu¨¦? ¡ªMarcos se escucha adormilado. ¡ª ?Por favor, te suplico que no nos delates! ?Mi pap¨¢ los puede¡­! El pomo de la puerta se gira y la puerta pega un golpe tan fuerte, cuya r¨¢faga de viento alcanza a ser percibida por la chica, junto al resplandor del pasillo. Un hombre se acerca por detr¨¢s y se engancha a ella con presteza. ¡ªOye, no! ¡ªFrancis, gimotea; forcejea con el hombre que intenta jalarla hacia la salida¡ª. ?Esperen, tengo que¡­! ¡ª?Por qu¨¦ debo ayudarte? ¡ªPregunta Marcos, quien la observa con recelo. Francis vuelve a forcejear; no puede prestar atenci¨®n a su entorno y debe decir algo r¨¢pido. Efectivo, que lo convenza. Pero ?qu¨¦? ¡ª ?S¨¦ por qu¨¦ no te dejaste salvar! ?S¨¦ por qu¨¦ te dejaste atropellar! ?Maldito¡­! ¡ªlas palabras salen de su boca, mientras lo se?ala sin saber qu¨¦ est¨¢ diciendo. Sin tener en cuenta el contenido de sus palabras. Los p¨¢rpados de Marcos se levantan, antes de desaparecerse una vez los doctores cierran la puerta¡ª. ?Esquizofr¨¦nico! Ahora, fuera del cuarto. La madre de Marcos mueve su silla de ruedas en direcci¨®n a Francis. ¡ª??Qu¨¦ le hiciste a mi hijo!? ¡ªVocifera la madre, con tanta fuerza que llama la atenci¨®n de las personas que esperan en sus sillas met¨¢licas¡ª. ?Responde ya! ¡ªCasi nada¡­ ¡ªFrancis responde con un murmullo. El rostro de la se?ora se crispa y busca acercarse m¨¢s, con agresivo aire; un doctor detiene su silla de ruedas, y le solicita que se calme. ¡ª??C¨®mo voy a calmarme, doctor!? ¡ªPregunta la mujer, forceje¨¢ndole¡ª. ?Mat¨® a mi esposo y tiene el atrevimiento de sacarme del cuarto! ¡ªSe vuelve hacia Francis¡ª. ?As¨ª que m¨¢s vale que me digas, porque te denunciar¨¦! ?Te voy a meter presa, si le hiciste algo a mi hijo! Esto no hace m¨¢s que hacerla sentir culpable. Verg¨¹enza pura, y acaba de ganarse una enemiga. S¨ª, lo que acaba de hacer fue est¨²pido, piensa. Desde que rompi¨® con su ex, se hab¨ªa prometido ser m¨¢s dura y no reprimirse; sin embargo, lo actual no tuvo ninguna raz¨®n. (Lo siento tanto. Perd¨®name). Francis permanece media hora sentada, sintiendo el fr¨ªo de la silla met¨¢lica; est¨¢ callada, y mira a su regazo mientras los doctores llaman a su padre. Megan, el padre de Francis, acude a la llamada y mira a Francis de reojo. ¡ª ?Qu¨¦ sucede? ¡ªPregunta el hombre. ¡ªSu hija irrumpi¨® en el cuarto, y sac¨® a la se?ora Bepsi de una patada ¡ªResponde un hombre, vestido de militar¡ª. No sabemos qu¨¦ pas¨® ah¨ª dentro, pero¡­ La se?ora Bepsi interrumpe. ¡ª ?Quiso manipular a mi hijo! ¡ª?Por qu¨¦ dice eso? ¡ªPregunta Megan, con una firmeza que deja a los dem¨¢s at¨®nitos¡ª. D¨ªgamelo con sinceridad. ¡ªSabe usted lo que pas¨®. ?Manipularle! ?Convencer a mi hijo de que t¨² y tu hija, no sois los asesinos de mi esposo, a quienes dejaron morirse en el puto auto! (Ese ¡®sois¡¯ suena muy europeo; o tal vez muy campesino, como en aquellas zonas rurales de Ronzoati). ¡ªSi hay un testigo, debe ser su hijo ¡ªResponde Megan ¡ª. ?Le ha preguntado? ¡ªS¨ª¡­ y me dijo lo que me dijo. Megan da un paso adelante. ¡ªResp¨®ndame con sinceridad ¡ªDice Megan, cuya es tan directa, que intimida a cualquiera. Si ser¨¢ un efecto de la hipnosis detr¨¢s de sus palabras o, que en serio su padre sabe c¨®mo imponerse. La mujer queda at¨®nita, queriendo decirle algo, pero en su lugar hace un gran silencio. Se queda sin argumentos, por lo que denota que no est¨¢ segura. ¡ªNo¡­, no estoy. No le pregunt¨¦ nada a mi hijo, estaba dormido. ¡ªSabr¨¢ que quise salvar a su esposo, y llev¨¦ a mi hija porque estaba ocupado. Su hijo mostr¨® sumo inter¨¦s en ir hacia Raki, no s¨¦ para qu¨¦¡­ pero nos enga?¨®. Que la lluvia nos haya dejado sin se?al, impidi¨¦ndonos llamar a emergencias y comunicarnos con los dem¨¢s, es otra historia. Aunque quisi¨¦ramos, solo cambiar¨ªamos el lugar de muerte de su esposo ¡ªDice Megan con voz directa, y da otro paso¡ª. Ahora resp¨®ndame, qu¨¦ opina. Eso significa algo m¨¢s macabro: El Cartel de Ronzoati hab¨ªa planificado su atentado, escogiendo el momento indicado. Como si todo estuviera conectado, y coincide con aquellos eventos. Francis espera alg¨²n d¨ªa conocer a alguien capaz de predecir el futuro y saber, a la pr¨®xima vez, donde NO cruzar. ¡ªPero s¨ª¡­ ¡ªAhora es la se?ora Bepsi, quien se corta¡ª, mi esposo sali¨® por algo. ?Debe tener una raz¨®n para que mi hijo saliera con ¨¦l, y fueran a altas velocidades! ¡ªPor eso tampoco le pregunt¨® a su hijo, ?no? ¡ªResponde Megan, tomando a Francis de la mano¡ª. Tambi¨¦n soy padre y algo que alcanc¨¦ a aprender, es la comunicaci¨®n. Acepta las cosas y vive con ellas; vivir¨¢s mejor con esa mentalidad, que culpando a cualquiera solo para darle sentido a tus dudas. Ahora que lo piensa, ?no deber¨ªa pensar ¡®Errante¡¯ ahora mismo? La madre de Marcos inunda sus ojos, enrojecidos por las l¨¢grimas y seguido de sollozos. Evita mirar al padre y su hija, quienes la observan con indiferencia. Francis nunca sinti¨® los llantos de los dem¨¢s, ni empatiz¨® con los personajes de las pel¨ªculas ¡ªLib¨¦relo todo ¡ªOrdena Megan, o al menos as¨ª parece. ¡ªEn realidad s¨ª le pregunt¨¦, pero no quiso responderme ¡ªResponde la mujer. Su nariz gotea y su rostro est¨¢ crispado en el dolor: toda una expresi¨®n de aut¨¦ntico duelo reprimido. No hab¨ªa dormido, y tampoco llor¨® en dos d¨ªas; permanecer con las dudas, debe ser feo¡ª. Mi esposo no estaba bien de la cabeza, y no me quer¨ªa decir nada. Mi hijo tampoco. El ¨²nico que s¨ª parec¨ªa preocuparse, era mi hijo mayor y lleva a?os fallecido. Todos los que conozco, incluida mi propia libertad de andar a pie, est¨¢n muertos o me abandonaron ¡ªMira a los ojos de Megan, y busca convencerle¡ª. ?Acaso cree que soy la villana aqu¨ª? Megan se rasca el p¨®mulo. Francis cae en cuenta de su significado: nerviosismo o pena, que su mirada no puede expresar. Incluso su padre se siente conmovido. ¡ªTienes raz¨®n, pero debes resolverlo con tu hijo¡­ Marcos vocea. ¡ª ?Hola? ?Siguen ah¨ª? ¡ªOpacado por la puerta que los separa, la voz de Marcos alcanza a percibirse por los tres. Su madre entra a la habitaci¨®n y cierra de un portazo, dejando al padre y su hija, quien observa con sus facciones confundidas. ¡ªAl menos hiciste lo posible ¡ªMegan rompe el silencio y le da una palmada en la espalda. Francis pega un respingo, donde guarda un deseo de pedirle que no lo vuelva a hacer¡ª. Pero, s¨¦¡­ no, ?puedes intentar ser menos impulsiva? Francis esboza una sonrisa, pero sus ojos siguen demostrando dolor. ¡ªEst¨¢ bien. Pero antes de girarse hacia la salida, la voz de Marcos grita su nombre. Por un momento piensa que se trata del viento, hasta que lo vuelve a escuchar otra vez. ?Ahora qu¨¦ querr¨¢? ¡ªTe llaman ¡ªComenta el padre de Francis. (?Y eso?). Francis camina hacia la salida. La madre de Marcos, la se?ora Bepsi, sale del cuarto con lentitud en su silla de ruedas, y topa su mirada con Francis. Ambas, se miran con aire distante. Tambi¨¦n debe de preguntarse el porqu¨¦ Marcos la llama; se supone que ella y su hijo, no tuvieron comunicaci¨®n. Francis entra y vuelve a mirar de reojo a la otra. Pregunt¨¢ndole con la mirada, si entrar¨¢ o no; lo reciente puede hacerle preguntarse si acaba de hacer una enemiga, si es que no se convierte despu¨¦s en una archienemiga. ¡ªQuiero hablar contigo. Pero en privado ¡ªDice Marcos, cuyas palabras asombran a Francis. ¡ªMira, s¨ª¡­ ¡ªFrancis intenta responder, pero la madre de Marcos cierra la puerta y, el estar ambos a solas, hace que vuelva a cortar su di¨¢logo. El ambiente c¨¢lido, a solas los tres: ambos adolescentes, acompa?ados por la ansiedad¡ª. Lo siento, ?s¨ª? No deb¨ª decirte esquizofr¨¦nico¡­ ¡ªFrancis se corta¡ª. ?Se supone que ese insulto es despectivo! ?Es como llamarte autista! Estaba desesperada. ¡ª?Por qu¨¦? ¡ªSi crees que esto es mi culpa, lo acepto. Yo quise ayudar a tu pap¨¢ ¡ªCon dolor, Francis se sienta en el mueble; sus cojines se sienten bien¡ª. ?¨¦l tambi¨¦n estaba en problemas y no lo ayud¨¦! Mi pap¨¢¡­ ¡ªCae en cuenta que est¨¢ punto de revelarle sobre la hipnosis de su padre, y el c¨®mo ella perdi¨® voluntad para salvar al padre de Marcos. Vuelve a cortarse¡ª. Solo quer¨ªa evitar problemas. ¡ª ?Qu¨¦? ?Pero si no hiciste nada malo! ¡ªResponde Marcos, en confusi¨®n. Francis jura haberle visto un aire agresivo al chico en el d¨ªa de ayer, y sus palabras encienden sus dudas¡ª. Yo¡­ dios. Yo no s¨¦ qu¨¦ decir. ¡ª?Por qu¨¦? ¡ªFrancis se inclina hacia adelante¡ª. ?Estabas conmocionado, o algo? ¡ªLas l¨¢grimas de la chica, caen; incomprendida, llega a llorar mientras piensa en c¨®mo su futuro puede estar condenado, si nunca descubre el origen de esa sensaci¨®n de paz despu¨¦s de desaparecer aquella obsesi¨®n. El chico tiene algo que le interesa a ella, pero nunca podr¨ªa descubrirlo si las cosas salen mal. ¡ªEscuch¨¦ afuera ¡ªMusita el chico, y hace una pausa que subraya cada palabra; tambi¨¦n est¨¢ inc¨®modo. Ante una chica que busca llorar, solo hace que Francis sienta verg¨¹enza y se limpie las l¨¢grimas para no parecer una llorona¡ª. Estoy seguro de que no podr¨ªas hacer nada para cambiarlo. En mi caso, el cintur¨®n de seguridad amortigu¨®. Tambi¨¦n estaba mal por¡­ otra cosa. ¡ªTranquilo ¡ªFrancis esboza una sonrisa jovial¡ª. Siempre fui as¨ª; emotiva y llorona, aunque intento mantenerme fuerte. ?Sabes? Mi vida no siempre son risas y el sentimiento de soledad suele azotarme. Mis padres no me¡­ Francis corta su oraci¨®n, y se grita as¨ª misma en su mente. (?CO?O, NO TE ABRAS TAN R¨¢PIDO!). ¡ªEntiendo, yo tambi¨¦n me he sentido solo ¡ªMarcos parece abstra¨ªdo, como si estuviese pensando en algo m¨¢s all¨¢. Melancol¨ªa de un chico que acaba de perder a su pap¨¢, y hab¨ªa perdido a su hermano mayor, seg¨²n hab¨ªa o¨ªdo de la otra mujer. Francis siente la necesidad de ayudarlo. Una sensaci¨®n de¡­ ?Empat¨ªa? Los ojos de Francis se posicionan sobre Marcos, y se levanta del mueble. Sin saber si es por curiosidad o un simple impulso, da unos pasos hacia ¨¦l¡ª. Pero ?sabes qu¨¦? Hice algo importante. ¡ª ?Y qu¨¦ piensas hacer despu¨¦s? ?Qu¨¦ otra cosa importante? ¡ªPregunta la chica. ¡ªDeclarar que todo fue mi culpa, al oficial del que o¨ª que me va a interrogar. No hay mejor manera de aceptar mi responsabilidad, y salvar a tu¡­ Pero antes de terminar, Francis se le acerca y¡­ acaba de hacer, lo que acaba de hacer. C¨¢lido como el mediod¨ªa y el abrazo de una madre, as¨ª como emocionante como la bajada de una monta?a rusa. Todo mal se olvida, todo se drena en las l¨¢grimas (o en las salivas uni¨¦ndose) de ambas personas con los labios unidos. Francis se separa de ¨¦l, y ve c¨®mo Marcos la observa desconcertado. No, no deber¨ªa estar aqu¨ª; acaba de volver a actuar por impulso, de nuevo. Francis se escapa del cuarto con suma rapidez, y luego se jura as¨ª misma que se lanzar¨¢ al pozo m¨¢s profundo que encuentre. Ah¨ª, se topa con su padre. ¡ª?Qu¨¦ te dijo? ¡ªPregunta ¨¦l. Francis abre la boca, y sus palabras niegan a salirse. As¨ª que toma aire, mientras mira por encima del hombro. ¡ªQue dir¨¢ que todo es su culpa. Que no me preocupe ¡ªResponde, pero su voz apenas se oye. La madre de Marcos vuelve a entrar al cuarto. ¡ªEntonces bien. Francis le jala el traje, para luego darse cuenta de que el gesto delata su nerviosismo, y se retracta; la adrenalina le est¨¢ jugando malas pasadas. No puede esconderlo, ni de sus compa?eros cuando est¨¢ exponiendo en su sal¨®n de clases. Ante lo reciente, no puede evitar preguntarse si estuvo predestinada a esto. Si en serio, el destino hab¨ªa querido que se encontrara con ella. Pues lo reci¨¦n ocurrido tiene una ley, causa y efecto de gran intensidad. ¡ª ?Por qu¨¦ la gente se enamora? ¡ªPregunta Francis, mientras se aproximan a la bajada. ¡ªLas mujeres buscan al hombre m¨¢s conveniente para ellas, y el resto es solo distorsi¨®n cognitiva. Los hombres simplemente somos lujuriosos y algunas veces, emocionales. (CONVENIENTE). ¡ªConveniente¡­ ¡ªMurmura, la chica, con esa palabra rebotando en su cabeza. En realidad, se cuestiona el significado de esa palabra. ¡ªQu¨¦, ?te gusta ese chico? Francis se ruboriza; s¨ª, claro, y lo hab¨ªa besado sin su consentimiento. Por otro, piensa que no. Fue la emoci¨®n del momento, porque las mujeres no son de estar con cualquier hombre (a excepci¨®n de cuando est¨¢n ebrias). ¡ªNo¡­ ?Digo, s¨ª! ¡ªFrancis se corta¡ª. No s¨¦ el porqu¨¦. ¡ªTiene algo que ver con lo reciente, ?verdad? ¡ªS¨ª¡­ ¡ªResponde, pero luego sube su voz hasta tomar confianza¡ª. Tiene un misterio, cuando me acerco a ¨¦l se me eliminan estos pensamientos. Como si ¨¦l fuese como¡­ ?Y la verdad es que no lo s¨¦! Megan le acaricia el cabello. ¡ªQu¨¦ nostalgia. Tu primera palabra dicha y escrita fue ¡°Errante¡±, ?y piensas que ¨¦l tambi¨¦n lo tiene? ¡ªPregunta su padre, con indiferencia¡ª. No s¨¦ qu¨¦ diablos esa palabra significa para este contexto, pero no debes emocionarte mucho. ¡ª ?Por qu¨¦? Tu k¨®bisto est¨¢ indetectable a las pruebas. Una marca y un pensamiento intrusivo. Todos tienen dones ¨²nicos e irrepetibles por cada dos mil a?os; no puede ser posible que ¨¦l tambi¨¦n sea como t¨². ¡ªPero ?y si est¨¢ relacionado? ¡ªPregunta Francis, y mira a su padre de hito en hito¡ª. Si es el mismo tipo o categor¨ªa, o cualquier posibilidad que se me salga de las manos. Pap¨¢, quiero ver si ¨¦l tambi¨¦n es como yo. Quiero conocerlo y¡­, la verdad, tambi¨¦n ayudar a su mam¨¢. Se ve sola y triste. ¡ª ?Tomar¨ªas ese riesgo? Bueno, te lo advert¨ª ayer¡­ ¡ª ?Qu¨¦ me hab¨ªas dicho? ?Se me olvid¨®! ?Perdon! Ambos entran al auto. ¡ªQue vayas a por ¨¦l, tigre ¡ªResponde su padre, con una expresi¨®n sarc¨¢stica. No parece un sujeto emocionado ni enojado, sino indiferente; se contrasta con el hecho de que est¨¢ rasc¨¢ndose el p¨®mulo, que le hace saber a su hija de que su rico mundo interior debe de estar procesando algo m¨¢s y no puede expresarlo abiertamente¡ª. Si pasa algo, te dejo el n¨²mero de mi organizaci¨®n. ¡ª ?Por qu¨¦ no el tuyo? ¡ªHar¨¢s pasar tu pedido como el m¨ªo ¡ª El auto arranca. El sem¨¢foro pone en rojo y detiene su auto. Ahora, aprovechando que mira hacia atr¨¢s, se vuelve hacia su hija¡ª. Si tu vida peligra por culpa de ¨¦l, no temas en mandar a reemplazarlo. ?Est¨¢ bien? ¡ªGracias, pap¨¢. Y conducen hacia la casa. El d¨ªa pasa con m¨¢s gloria que pena: no tiene esos pensamientos. Menos ganas de dibujar y m¨¢s de bailar. Fantasear con universos ficticios y con el ¡°Stand By Me¡± de fondo, mientras se prepara el mejor pan que puede prepararse. Su padre sale a trabajar, por lo que no lo ver¨¢ en un mes. En esos d¨ªas, Francis aprovecha para pensar. Qu¨¦ har¨¢, y c¨®mo se acercar¨¢ a la madre de Marcos (dios, posiblemente le habr¨¢ contado lo del beso). Bueno, decide que todo problema est¨¢ en su mente. Alguien lo pas¨® much¨ªsimo peor y no se le ve deprimido (NO SE LE VE, NO SE LE VE. NO LO VEO), por lo que ella piensa que tambi¨¦n puede. Al s¨¦ptimo d¨ªa, esos mantras vuelven. (Errante). Sabe que no puede quedarse as¨ª. En la ma?ana, Francis sale a comprar los ingredientes y luego se devuelve. Se va a se prepara tres panes con mortadela, salsa de tomate y mayonesa; lo mejor que puede prepararse. Quiz¨¢s con un poco de mostaza, luego comprar un refresco. ?La mejor impresi¨®n! Valdr¨¢ la pena caerles bien a ellos, y cree que lo har¨¢. Se va a su cuarto, despeja su bolso y mete la comida. Sale de su casa¡­ y compra refresco de cola en el camino. Se detiene en la parada y sube a un autob¨²s. Aplaude en la Avenida Silenciosa y se baja para ir directo al hospital. Pasa por el pasillo y llega hasta la puerta de la habitaci¨®n. La mujer le abre y tarda varios segundos en procesar su llegada, con una mirada anal¨ªtica. Luego le dice ¡°Pase¡±, y la chica asiente. Francis decide que para romper el hielo deber¨ªa preguntarles sobre algo m¨¢s que c¨®mo les fue en estos d¨ªas, por lo que prefiere hacerlo con Bepsi. Con la televisi¨®n a la mitad de volumen y un chico teniendo toda su concentraci¨®n en el programa de comedia que se est¨¢ transmitiendo, Francis y Bepsi comentan sobre ese programa y terminan ri¨¦ndose, haciendo que la chica se tome la libertad de darles la comida. Pasan las horas y Francis queda desconcertada ante el car¨¢cter tan gracioso y buf¨®n que tiene la mujer, que contrasta con su melancol¨ªa de hace siete d¨ªas. ¡ªEncontr¨¦ un pelo en el pan ¡ªMurmura la mujer, mientras mira a Francis con sus ojos recelosos¡ª. ?La prepar¨® con chef con calvicie? (?Qu¨¦?). Su primer error: Hab¨ªa estado tan distra¨ªda y emocionada por llegar al sitio, que hab¨ªa olvidado amarrarse el cabello mientras preparaba la comida. ¡ª ?Ser¨¢ alguien que reci¨¦n sali¨® de la quimioterapia! ¡ªResponde Francis, buscando evadir la atenci¨®n de su error para tom¨¢rselo con humor. Francis se termina su pan que hab¨ªa tardado en comer por la larga conversaci¨®n y saca el refresco de su bolso. Se lo sirve, y la efervescencia del mismo le recuerda al chiste turbulento que acaba de hacer¡ª. Marcos, ?puedes tomar refresco? Marcos no tiene ¨¢nimos para responder. Profiere un silencio tan pronunciado, mientras piensa en lo que ocurri¨® en toda su vida. La muerte de Carl, luego la de su padre. Sus fracasos amorosos y sociales, am¨¦n de tener un padre trastornado. Pensamientos que se intercalan por momentos de estupor, donde mira al vac¨ªo sin siquiera pensar en algo. Con los ojos puestos en el techo, en las nebulosas de su mente. Ayer su mam¨¢ se hab¨ªa a interpelarle sobre lo que pas¨®, pero no tiene ¨¢nimos para dec¨ªrselo. ¡ª (Los hombres no lloran¡­ por cosas que no pueden superar) ¡ªLa voz de Carl se escucha a tiempo real. ¡ª (S¨¦ fuerte, hijo) ¡ªLa voz de su padre. Ambas voces hacen una reverberaci¨®n que rebota a trav¨¦s de las paredes de su cr¨¢neo. Cierto que los hombres¡­ no, personas, no pueden llorar por cosas que no pueden superar. Aun as¨ª, no puede evitar sentir ese dolor. Esa impotencia. Esa rabia de no haber podido golpear al destino en su cara, por haber intentado llevarse a su madre. Por haberse llevado a su padre, en vez de a ¨¦l¡­ ¡ª ?Marcos? ¡ªInterrumpe su madre. El chico respira hondo, pero luego siente un dolor en la costilla y se retracta. ¡ª ?Qu¨¦? ¡ªMarcos voltea, con dificultad, hacia ella. ¡ª ?Ves un fantasma, o algo? ¡ªResponde su madre, quien luego se?ala a Francis¡ª. Oye, ella te quiere servir refresco. Debo preguntarle al doctor si es buena idea¡­ El d¨ªa pasa, mientras la televisi¨®n (del gobierno; qu¨¦ taca?os) pasa noticias sobre el deporte, en especial el beisbol. Marcos no puede desprenderse de la inseguridad: el destino lo acaba de sacar de su partida de ajedrez. ?Luchar¨¢ contra ¨¦l? No lo sabe. Solo que aquellos sue?os, en especial el so?ado ayer (el mismo hombre del cabello largo, de nuevo), no dejan de perturbarle. Al final del d¨ªa, Francis ayuda a Bepsi a ir a su casa; conectan tanto, que est¨¢ seguro que Francis los ayudar¨¢ a los dos por un buen tiempo. (Errante). De nuevo esa palabra, que lleg¨® a leer por primera vez en aquel sue?o hace cuatro a?os. Qu¨¦ significar¨¢, si es, que ¨¦l no es un errante en su propio destino. La idea de desarrollar m¨¢s su don, le da escalofr¨ªos. No cree siquiera volver a entrar en un auto, o cruzar la calle con tranquilidad. Fobias nuevas, fobias nuevas. Marcos recuerda los golpes que le dio Carl, y fue el mismo hecho que, de forma indirecta, lo llev¨® hasta su muerte. Recuerdos, recuerdos. Marcos intenta responder a aquella voz, con la esperanza de que la consciencia de Carl hubiera pasado a su mente como a su pap¨¢. No obtiene respuesta. Est¨¢ completamente, solo. Y ese beso, bueno. No hay que juzgar que las chicas inventan nuevas formas de hacer amigos, piensa Marcos. (Qu¨¦ cruel es el destino; el obstinado no quiere ser alterado). Marcos duerme. Un negro absoluto. Un silencio carente de sue?os. La tranquilidad que ¨¦l siempre quiso¡­ ¡ª (?Hola?). De nuevo, est¨¢ en Raki. Camina a trav¨¦s de la entrada, pasando por el espejo... y no se trata de Bepsi, sino de su hermana. Una mujer m¨¢s alta, con el mismo color oscuro de piel y un cabello liso planchado. ¡ª ?Qu¨¦ crees que le guste a Marcos? ¡ªPregunta la mujer. A Marcos siempre se le olvida su nombre¡ª. Me siento mal por Bepsi. Sab¨ªa que un hombre empresario iba a causarle problemas tarde o temprano. El chico, sin saber lo que est¨¢ pasando, concluye que todos creen lo mismo: Que su padre se hab¨ªa vuelto loco y hab¨ªa chocado el auto. Nadie sabe lo que en verdad hab¨ªa pasado, y no cree que alguien haya sido capaz de descubrir la conexi¨®n entre el intento de atentado del Cartel de Ronzoati y su atropellamiento. ¨¦l sabe que esto ¨²ltimo hizo que los sujetos se tardaran varios segundos de lo esperado, y como consecuencia, fueron arrestados. ¡ªNo s¨¦, pero dulces no ser¨¢ ¡ªResponde su esposo, pero la mujer no lo mira. Marcos no puede siquiera saber su verdadera apariencia, y siente como si su cabeza estuviese mirando a un solo lado. No la puede mover; su cuello est¨¢ r¨ªgido¡ª. Investigu¨¦ por ah¨ª y dicen que tanto bebidas azucaradas, como las alcoh¨®licas y el refresco de cola, est¨¢n prohibidos para pacientes as¨ª. Y que previene la cicatrizaci¨®n¡­ o eso creo. (Esto me es familiar). La mujer cruza, y pasa por la feria de comida. La t¨ªa de Marcos observa su alrededor, a trav¨¦s del fr¨ªo de la tienda departamental que cruza con optimismo. Contonea las caderas con emoci¨®n ¡ªMarcos puede sentirla moverse¡ª:, quiz¨¢s porque ver¨¢ a su hermana tras mucho tiempo. Marcos se pregunta el porqu¨¦ no puede captar sus pensamientos, como en la visi¨®n que tuvo con su madre, y tambi¨¦n Carl. (S¨ª, quiz¨¢s es un simple sue?o). Pero mientras el ruido de la gente hablando llena, la mujer topa su vista con un ni?o que est¨¢ en la entrada. Su silueta es reconocible: Es el ni?o bronceado, quien jala a una ni?a del brazo hacia atr¨¢s. Quiz¨¢s su t¨ªa se pregunta el porqu¨¦ la acci¨®n de ese ni?o tan reconocible para la persona que est¨¢ tomando su punto de vista En el momento donde cruza el ¨¢rea donde venden ropa, que es amplia como para vender decoraciones como mesas y sillas, se escucha un crujido desde arriba. Un retumbar que vibra en el suelo, y lo ¨²ltimo que llega a ver Marcos, es c¨®mo el techo se derrumba en un remolino de polvo y escombros hasta su campo visual. Marcos abre los ojos, y se encuentra de nuevo con la realidad. Francis y Bepsi deben de haberse tardado mucho, ya que en la ma?ana hab¨ªan regresado a casa para buscar unas cuantas cosas. Considerando lo bien que se llevan, no le sorprende que se hayan distra¨ªdo en el camino. De todos modos, Marcos tiene hambre y sed. La televisi¨®n da inicio a las noticias, y una presentadora habla sobre lo sucedido hace poco. Las motivaciones de Abraham, alias ¡°El Nino¡± (seg¨²n los miembros). Su resentimiento por los microchips, bastante marcado. Luego, una periodista narra la noticia en tiempo real con la c¨¢mara apuntando a ella. Recorre los t¨²neles de Raki, explicando c¨®mo el plan se iba a llevar a cabo. (?Van a alimentar la popularidad de esa banda de sucios?) ¡ªEl Cartel de Ronzoati ten¨ªa planificado utilizar esto ¡ªDice la mujer, y se?ala un soporte desgastado, con clara tendencia a caerse¡ª, para derrumbar todo el edificio. Utilizaron bombas de alta potencia, que uno de los miembros pod¨ªa trasmutar con su don. Se realizaron las reparaciones para que no vuelva a ocurrir, pero las autoridades sospechan la existencia de m¨¢s bombas que se hallan escondidas. No estamos seguros de donde puedan estar, pero se sigue en b¨²squeda¡­ ¡ªAlgo capta la atenci¨®n de la mujer, quien pone los ojos como platos y retrocede, en un gesto casi inconsciente. Un silencio perturbador, donde predomina una c¨¢mara mirando hacia abajo; el camar¨®grafo tambi¨¦n est¨¢ perturbado. ¡ª ?Hola! ¡ªMarcos reconoce aquella voz, con la nostalgia que le recuerda a su hermano. Abraham ¡°El Nino¡±, con una voz m¨¢s grave. Con una entonaci¨®n que denota una mayor autoconfianza, pero al mismo tiempo, ocultando un resentimiento. El camar¨®grafo le apunta a ¨¦l, revelando que tiene una chaqueta negra y una m¨¢scara sonriente de un personaje ic¨®nico de una pel¨ªcula. Esa sonrisa que lleva su m¨¢scara y la satisfacci¨®n que refleja la expresi¨®n, no ayuda en nada¡ª. ?Quieren saber qui¨¦n soy? ?No, no lo digan! La reportera vocifera. ¡ª ?Es Abraham, por favor llamen las¡­! Un brillo amarillento y un sonido retumbante, llena todo el t¨²nel hasta llevarse a la mujer. Sin reacci¨®n del camar¨®grafo o el reportero, o tan solo del mismo Abraham; todo ocurre demasiado r¨¢pido. La presentadora anuncia fallos t¨¦cnicos (como si eso no significara nada) y se corta la transmisi¨®n. Marcos permanece desconcertado en aquellos diez minutos, cuyo canal vuelve a su ritmo original. Desde fuera, puede escuchar alaridos. ¡ª ?MI HIJO! ?NO! ?POR FAVOR, NO TE MUERAS! El sonido de los ni?os llorando, angustiante, como escuchar a los mismos hombres gritando por ayuda. Correr¨ªa y el eco de los gritos, am¨¦n del clamar de las personas por las segadas vida de sus familiares. Camillas de hospital movi¨¦ndose como loco. Toda esa combinaci¨®n da la impresi¨®n de escuchar el piso m¨¢s profundo del infierno. Marcos cada vez se hace una certidumbre. (La hermana de Bepsi; mi t¨ªa). ?El destino, inevitable? No puede estar seguro. Abraham no fue atrapado. De alguna manera tuvo que entrar ah¨ª, ?entonces se suicid¨®? No puede estar seguro. Si el Espantajo tuvo algo que ver, a ra¨ªz de los sue?os recientes que tuvo. Si ¨¦l, de alguna manera, tiene algo que ver¡­ (Carl, por favor). Porque necesita algo, al que odiar para no odiarse as¨ª mismo. Para no sentir todos los d¨ªas la misma culpa. Marcos no sabe qu¨¦ hacer. Est¨¢ tan consternado que desear¨ªa estar frente a las respuestas, aunque el pago sea arrancarse el coraz¨®n con su propia mano. ?Pudo haberlo evitado! Si estuvo el chico bronceado en ese lugar, quiere decir que ¨¦l¡­ (Lo sab¨ªa). Marcos sospecha cada vez m¨¢s de aquel, y c¨®mo pueda estar implicado en todo esto. No obstante, hay otro axioma. El Destino est¨¢ de cacer¨ªa. Capítulo 10 - Lo prometo La televisi¨®n est¨¢ cubierta de est¨¢tica, sus dedos rascan su muslo. El pasado y el futuro no paran de atormentarlo. Seg¨²n los registros, hay 146 muertos. Puede ascender a 200, ya que se sospecha que todav¨ªa hay cad¨¢veres entre los escombros. Se describe como una tragedia espantosa y las autoridades han iniciado la b¨²squeda exhaustiva de Abraham con la finalidad de que no haga m¨¢s da?o. Mientras tanto, en otros pa¨ªses del mundo hay golpes de estado. Arabia Saud¨ª ha sido derrocado, Espa?a sufre numerosas protestas y Argentina considera eliminar los microchips, ya que muchas personas no los quieren. Hasta el a?o 2027, los d¨ªas pasan con tranquilidad. A excepci¨®n de la neumon¨ªa que Marcos contrae a causa de no poder respirar bien con su costilla rota. Francis comienza a visitarlos cada d¨ªa y conversa sobre toda clase de temas, de los cuales Marcos est¨¢ completamente perdido. Las risas con su madre, adem¨¢s del ox¨ªgeno que ¨¦l cree ver que le est¨¢n robando. La habitaci¨®n peque?a, que luego abandona para permanecer en su hogar. Le dan de alta. ¡ª ?Marcos! ?Ves esto? ¡ªPregunta Francis, entusiasmada. Con un control negro con direccionales moradas. Marcos clava su vista en el Smart TV de su sala, mientras est¨¢ recostado en el mueble. Sus piernas se sienten atrofiadas; nunca se hab¨ªa sentido tan d¨¦bil. Su brazo izquierdo est¨¢ enyesado, y sus tobillos tambi¨¦n. Ahora es ¨¦l, el que usa una silla de ruedas¡ª. ?Marcos? Marcos permanece callado. Absorto. ¡ª ?Marcos! ¡ªLe interpela Francis¡ª. ?Vamos! ?Ser¨¢ divertido! El televisor muestra un servicio de streaming como imagen. ¨¦l y Francis han estado viendo series y pel¨ªculas, aunque no estaba de ¨¢nimos; no puede ser m¨¢s incapaz de decir que no. De ni?o hab¨ªa sido criado para ser educado, pero esto le est¨¢ pasando factura. Francis se refiere a una serie en el cat¨¢logo: un profesor de qu¨ªmica que, tras sufrir c¨¢ncer, decide entrar en el negocio de las metanfetaminas. Por supuesto, esto no le atrae¡­ pero ?qu¨¦ m¨¢s? Marcos no puede parar de pensar en lo mismo: El Destino. Si cambiar un hecho hace que el destino se defienda, ?entonces decir que s¨ª har¨ªa un cambio en el destino? ?Y si ella estuvo predestinada a no estar con ¨¦l? ?Qu¨¦ pasa si, incluso, llegase a comprar en la tienda de la esquina? Esto provocar¨ªa alg¨²n cambio en el destino y las consecuencias ocurrir¨ªan. Demasiado pensamiento en el futuro, demasiado dolor del pasado. (Si Abraham no estuviera ah¨ª). No hubiese muerto su t¨ªa. Su esposo, un hombre con el don de crear fuertes ondas expansivas que estuvo en el ej¨¦rcito, no hubiese quedado viudo. Sobrevivir a un hecho tan tr¨¢gico¡­ ¡ªEst¨¢ bien ¡ªMarcos asiente, esbozando una sonrisa¡ª. Vamos a ver ese. En los siguientes d¨ªas, Marcos permanece solo. En su cuarto, en plena oscuridad como le pide su madre. En la plena flor de sus emociones y reflexiones. Una constante b¨²squeda de raz¨®n de ser, de motivaci¨®n, de algo con lo que vivir. Un helado cada vez que llega Francis, una conversaci¨®n tierna que lo hace molestarse. Desde aquel rechazo de hace un a?o, Marcos hab¨ªa comenzado a odiar los gestos tiernos de las chicas. No quer¨ªa siquiera aventurarse a pensar en una raz¨®n m¨¢s detr¨¢s de aquellos simples gestos por educaci¨®n. ¡ªErrante ¡ªMurmura en voz alta. La palabra sigue record¨¢ndose, la misma que hab¨ªa salido de la boca de Francis durante una conversaci¨®n. Un significado que constantemente intenta interpretar como algo referente a todo lo que ha vivido (o vivir¨¢). Si ¨¦l es en realidad un errante de su propia vida. ?Qu¨¦ hubiese pasado si hubiese tenido el atrevimiento de enfrentar a Abraham? ?Acaso fue cosa del destino que haya ocurrido? ?Asesinar a Abraham pudo haber evitado aquella gran explosi¨®n? S¨ª, debi¨® haberlo hecho hace mucho tiempo. Explotar su maldita casa. Si tan solo tuviese el poder de predecir el futuro y tomar una decisi¨®n al respecto. Tuviese el control sobre sus decisiones, sin miedo al resultado. Porque sabe que cualquier resultado ser¨ªa mejor de lo que el destino busca. Como su madre sigue discapacitada, ya sabr¨¢s qui¨¦n lo cuida. ¡ª?Marcos! ¡ªHablando de su madre, ella interrumpe la nebulosa en la que se encuentra Marcos. Haci¨¦ndolo pegar un respingo y sintiendo la irritaci¨®n en un costado. Sudor fr¨ªo y el trasero casi aplastado de tanto estar sentado. Stolen content warning: this tale belongs on Royal Road. Report any occurrences elsewhere. ¡ª ??Qu¨¦ mierda quieres, mam¨¢!? ¡ªLe masculla Marcos, con voz baja y ronca. Le acaba de pegar un susto y no puede reaccionar de otra forma. ¡ªFrancis vino ¡ªResponde, con un rostro abstra¨ªdo. Seguro le acaba de pegar lo que le dice Marcos. Otra vez, con su mal genio; no puede controlarse. Francis se aparece en la puerta, moviendo a la madre de Marcos hasta el interior del cuarto y encendiendo la luz. La brillantez le da en las retinas y le obliga a cerrar los ojos, sintiendo el dolor y el destello como si fuese una bomba cegadora de los videojuegos. Abre un poco los ojos y se adapta a la luz, alcanzando a ver a Francis con su falda de cuadros que le llega por encima de la rodilla (ha crecido, antes le llegaba por debajo), sus coletas que brillan con el sol de la ventana y su camisa beige. Por un momento, Marcos siente lujuria al ver las piernas, pero luego lo reprime. Sus ojos est¨¢n arriba, pero tambi¨¦n son igual de inquietantes de ver. ¡ª ?Hola! ¡ªSaluda Francis, esbozando una sonrisa y entornando sus ojos¡ª. Ehm¡­ disculpen si entr¨¦ en un mal momento. Marcos se da cuenta de por qu¨¦ dice esto ¨²ltimo. ¡ª?No, no, no! ¡ªMarcos intenta mover su brazo izquierdo, pero le causa mucho dolor. En su lugar, levanta su debilitado brazo izquierdo para expres¨¢rselo¡ª. ?Ten¨ªa una pesadilla y estaba en crisis! ?Yo nunca le faltar¨ªa el respeto a mi mam¨¢! ¡ª (Pero lo hice, muchas veces. No paro de hacerlo) ¡ª. A prop¨®sito, ?c¨®mo est¨¢s? ¡ªMuy bien ¡ªSe inclina hacia la cama hasta sentarse, cruzando sus piernas y apoyando sus brazos en su regazo. Observando a Bepsi de reojo, y luego a Marcos¡ª. ?C¨®mo te sientes? Disculpa si no he venido. Sabes que mam¨¢ es fastidiosa¡­ ?y tuvo el atrevimiento de visitarme justo en este mes, donde te iba a hacer la torta para tu cumplea?os! Su cumplea?os, ah. S¨ª, esa fecha. ¡ªPero tranquilo ¡ªProsigue Francis¡ª. Podemos hacer la torta aqu¨ª, comprar unas velas y celebrarlo con algo de m¨²sica. S¨¦ que est¨¢n deprimidos, pero hay que tomarse las cosas con optimismo. No les pas¨® nada ¡ª (No pas¨® nada, nojoda. Salv¨¦ a mi mam¨¢ y sigo sin sentirme bien), piensa Marcos ¡ª y debemos agradecer que las cosas no fueron peores. ?Solo pi¨¦nsenlo! Si eso no hubiese ocurrido, entonces el destino tendr¨ªa otros planes mucho peores ¡ª(Al menos ah¨ª, s¨ª acertaste. Qu¨¦ l¨¢stima que yo solo sepa todo eso). ¡ªEst¨¢ bien ¡ªMarcos quiere decir que no, pero no puede evitarlo. No se siente capaz de negar su cumplea?os, aunque realmente no lo necesite. Tanto ¨¦l como su mam¨¢, est¨¢n deprimidos. Bepsi debe de tener otros pensamientos aparte. Tiene un adem¨¢n distra¨ªdo, mirando al techo mientras esboza una sonrisa autom¨¢tica. Francis lo mira de hito en hito, captando su angustia. Esto la hace acercar su mano hasta la de ¨¦l y apretarla; se siente c¨¢lida, peque?a y delicada. La ¨²nica mano que tom¨® fue la de su madre y fue para comparar el tama?o (una man¨ªa que ten¨ªa a sus diez a?os). El resto de las veces, fue para estrechar la mano de sus t¨ªas y primas, a las que no recuerda. Luego la mano se siente m¨¢s ¨¢spera, m¨¢s fr¨ªa y el viento se siente cerrarse sobre ¨¦l. La iluminaci¨®n pasa a tornarse rosa y el pecho se le oprime contra la garganta. Francis, una figura hecha de madera que est¨¢ estrechando su mano. Marcos no puede arrancar su mano; siente su mano atrapada y sus ojos se abren m¨¢s como platos. ¡ª (Si as¨ª lo dices¡­ est¨¢ bien) ¡ªPregunta la voz de Carl, cuya reverberaci¨®n se percibe desde un costado. Marcos voltea para ver su origen y ve a su hermano estrechando su mano contra aquel sujeto de cabello largo. Con la presencia del Espantajo sinti¨¦ndose a trav¨¦s de los remolinos de hojas y la angustia que busca salir a trav¨¦s de la boca de Marcos, en forma de alarido¡ª. (Soy un maldito genio; eso significa que quien piense lo contrario, est¨¢ dispuesto a enfrentarse a m¨ª. No dejar¨¦ que nadie perturbe mi paz). ¡ª ?Qu¨¦ dices, Carl? ¡ªLe pregunta Marcos, intentando soltarse de Francis; esfuerzo infructuoso. Carl no le devuelve la mirada y sigue observando a la¡­ ?nada? El otro sujeto ya no est¨¢¡ª. ?Hey! ?Hermano! ?Quiero hablar contigo, por favor! ?Necesito ayuda! ?Por favor! Pero no obtiene respuesta. En su lugar, una sonrisa esbozada por el mismo Carl; una satisfacci¨®n interna y unos ojos de emoci¨®n monstruosa. Con la cabeza gacha, observando a la nada. El viento sopl¨¢ndole hasta ondear las cuerdas de su chaqueta, el hacha a un lado y el diamante naranja en el extremo opuesto. El hermano mayor voltea la cabeza, despacio. El hermano menor sintiendo la sensaci¨®n de estar siendo absorbido por la figura petrificada de Francis. El rostro, ensombrecido y maquiav¨¦lico; ya no es Carl. Luego el Espantajo, frente a Marcos, quien no puede gritar del nivel de angustia que est¨¢ sintiendo. Su apariencia renovada y una electricidad est¨¢tica recorriendo su corteza hasta la cabeza. Una voz ¨¢spera, que parece femenina pero tambi¨¦n sacada del mismo infierno. ¡ª Desorden, inestabilidad y frustraci¨®n. La tricotom¨ªa del errante. No deber¨ªas estar aqu¨ª. No toques nada ¡ªMarcos siente un toque nost¨¢lgico; no es la primera vez que se lo dice¡ª. Bendito sea el destino. El cruel destino que nos unir¨¢ al final. Y ahora se encuentra en su cuarto. En la cruel realidad, mientras Francis lo observa con unos ojos joviales que lo incomodan en cada oportunidad. Acaba de volver a la realidad. (?Qu¨¦ fue eso? ?Por qu¨¦?). ¡ª ?Qu¨¦ pasa? ¡ªPregunta Bepsi, sentada a un lado de los tomacorrientes¡ª. ?Est¨¢n viendo a un muerto? Marcos siente un ¨¢pice de peligro. ¡ª ?Mam¨¢! ?Mira d¨®nde est¨¢s ubicada! ¡ªLe vocifera. La madre de Marcos se mueve a un lado, haciendo relucir su met¨¢lica silla de ruedas. Sea lo que sea que haya estado a punto de ocurrir, Marcos no est¨¢ seguro de que sean esas ¡®premoniciones¡¯. El destino no est¨¢ ensa?ado con ¨¦l, no. El Espantajo no es la representaci¨®n del¡­ (Maldito, que deseo cortarlo en pedacitos. Abrir su est¨®mago y meterle cuchillas hasta hacerle cagar sangre) obstinado destino. Francis acerca su cabeza hacia ¨¦l, pegando sus frentes. El arco de su ceja se siente muy pronunciado y su piel se siente pulcra. ¡ª ?Quieres que conversemos un rato? ¡ªPregunta Francis. ¡ªEst¨¢ bien. La madre de Marcos parece captar algo m¨¢s, porque sale del cuarto y cierra la puerta afirmando ¡°Cuando terminen, me avisan¡±. Francis saca de su bolso un vaso con un helado de chocolate y mantecado. Se lo ofrece a Marcos, quien acepta con renuencia. Por supuesto, comer helado con un solo brazo es dif¨ªcil¡­ pero Francis, piensa otra casa. A trav¨¦s del peque?o cuchar¨®n, le da el helado en la boca. La primera vez que alguien que no fuese su mam¨¢, le da algo en la boca. Marcos se siente de mejor humor y preparado. En los a?os siguientes, har¨¢ algo importante; no es una premonici¨®n, sino una promesa. (Alg¨²n d¨ªa, voy a destruir a ese miserable espantap¨¢jaros). Capítulo 11 Aquella conversaci¨®n se torna m¨¢s intensa hasta el segundo beso. Surge una declaraci¨®n de amor sin palabras, una charla cargada de tensi¨®n y, dos horas m¨¢s tarde, ambos se sumergen en una serie de acci¨®n en la pantalla del Smart TV de la sala. A la madre de Marcos no le preocupa; de hecho, le agrada que su hijo encuentre consuelo en esa actividad que Bepsi no puede brindarle. Le complace verlo distra¨ªdo y evitando caer en la depresi¨®n, alejado de pensamientos vengativos. Sin embargo, a pesar de su relaci¨®n con Francis, Marcos no se siente completo. Sabe que eso no es lo que realmente anhela. Hay algo m¨¢s profundo que desea con una intensidad tal que lo buscar¨ªa en este instante si pudiera. Aunque no tiene prisa; est¨¢ dispuesto a esperar. Francis se encarga de cocinar y elegir las pel¨ªculas para las tardes. Utiliza la tarjeta de Bepsi, la madre de Marcos, y realiza las compras con el seguro del difunto padre de Marcos, que ya est¨¢ deteriorado. En ocasiones, los tres duermen juntos, pero tambi¨¦n hay momentos en que Francis pasa la noche en su propia casa cuando su padre la visita. Hoy, despu¨¦s de acostarse junto a ambos, Francis experimenta una sensaci¨®n de fortuna y libertad. Baila con la persona con la que hab¨ªa fantaseado en numerosas ocasiones, descubriendo que ese alguien es en realidad Marcos. Al ritmo de "Stand By Me", se permite molestar a los dem¨¢s bajo la influencia del alcohol. Marcos, por su parte, se abstiene y a menudo la detiene con cari?o. Se encuentran en una amplia sala llena de personas riendo y conversando. La vestimenta es elegante, con las mujeres luciendo faldas que llegan hasta la mitad del muslo y los hombres con una variedad de trajes desde formales hasta m¨¢s informales. La pizza, el helado y las bebidas refrescantes son parte del men¨². (Menos mal que no beb¨ª tanto). ¡ªMi mujer ¡ªmurmura Marcos con una voz m¨¢s grave y autoritaria. Aunque es m¨¢s alto, todav¨ªa no alcanza la estatura de Francis¡ª ?Te importar¨ªa si te elevo? ¡ª ?Oh, no! ¡ªresponde Francis, apoy¨¢ndose contra la pared y riendo a carcajadas¡ª. ?Y traes tu cuerda de escalada? Marcos la besa. ¡ªSiempre la llevo puesta. Viajan en un lujoso auto hasta una colina, amplia y silenciosa pero fr¨ªa. Estamos en el a?o 2048, Marcos tiene 35 a?os y Francis 36. Ambos llevan una pistola, aprovechando que las armas est¨¢n legalizadas en su pa¨ªs (aunque es un poco absurdo, ya que Ronzoati no tiene ladrones). Beben un poco de alcohol, optando por una variedad amarga para evitar embriagarse r¨¢pidamente. Marcos no suele controlar mucho lo que bebe. Se sientan en el c¨¦sped. ¡ªFeliz cumplea?os, cari?o ¡ªdice Marcos mientras contempla el atardecer, sus ojos perdidos en el horizonte. ¡ª ?En qu¨¦ est¨¢s pensando? ¡ªpregunta Francis mientras se acerca a ¨¦l. ¡ªEn nada. ¡ª ?Vamos! ¡ªFrancis lo sacude por los hombros, pero Marcos sigue ensimismado¡ª. ?D¨ªmelo! ?D¨ªmelo! ?D¨ªmelo! ¡ª ?Nunca te has preguntado si todo esto ya estaba destinado a ocurrir? La declaraci¨®n de Marcos deja a Francis perpleja; su frase est¨¢ fuera de contexto. Marcos ha estado actuando de manera extra?a desde que su hermano intent¨® quitarse la vida el pasado agosto. Cada vez lo ve m¨¢s ensimismado y absorto. ¡ªOye, lamento si fui imprudente cuando muri¨® tu madre, ?s¨ª? ¡ªresponde Francis, recordando la reciente p¨¦rdida de Bepsi¡ª. ?Siempre digo cosas est¨²pidas e inapropiadas! ¡ªTranquila ¡ªMarcos extiende su mano y juguetea con el cabello de Francis, pero su sonrisa parece forzada¡ª. De hecho, eso es lo que me gusta de ti. Todos cometemos imprudencias, pero podemos ser tolerantes con aquellos que luchan con ello. (Esas palabras siempre me han cautivado). ¡ª ?Entonces por qu¨¦ te sientes tan distante? ?No est¨¢s feliz por todo esto? Sin embargo, la mirada de Marcos parece apagada, como si estuviera mirando a trav¨¦s de ella en lugar de a ella. Y sus palabras finales la desconciertan. ¡ªPorque cada vez m¨¢s, me inclino a pensar en ese destino con el que nac¨ª. Me pregunto si el destino es cruel con las personas en general o solo con aquellos que lo desaf¨ªan. ¡ªMarcos, escucha... Pero ¨¦l se levanta y se acerca al borde de la colina. Toma una botella y se toma un largo trago sin inmutarse. ¡ªA veces pienso que las cosas suceden porque deben suceder. Y con una sensaci¨®n h¨²meda, fr¨ªa y penetrante en su cintura, Francis se despierta. Experimenta una placentera euforia que la llena de ira por haberse despertado, sumada a la confusi¨®n por las ¨²ltimas palabras de Marcos. Su mente empieza a borrar los detalles del sue?o mientras se sienta de espaldas en la cama de Marcos, rodeada por los colchones de ¨¦l y su madre. Entonces recuerda un d¨ªa de compras meses antes de mudarse con ellos. Durante esa ocasi¨®n, tuvo la oportunidad de conversar con la madre de Marcos. (Realmente me siento mal por ¨¦l. ?No crees que deber¨ªamos acompa?arlo?) ¡ªhab¨ªa dicho Bepsi mientras Francis la acompa?aba en un fr¨ªo supermercado. (S¨ª, est¨¢ bien. ?Podr¨ªa dormir con ustedes?) ¡ªrespondi¨® Francis mientras ojeaban el cat¨¢logo en busca de alimentos y refrigerios. Bepsi asinti¨®. En el presente, Francis enciende su tel¨¦fono para descubrir que son las 3:25 de la madrugada y un olor fuerte impregna la habitaci¨®n. Francis toma la s¨¢bana y la huele; es orina. Un recordatorio de su alarmante h¨¢bito de no beber suficiente agua. (Debo hacer algo al respecto). No puede permitirse mojar la cama en casa de otra persona, y mucho menos en la cama de un joven en recuperaci¨®n. ?Qu¨¦ pensar¨ªa Bepsi? ?Y Marcos? La sola idea de enfrentar sus reacciones le provoca sudores fr¨ªos. Su mente est¨¢ activa pero carece de euforia. Siente una combinaci¨®n de energ¨ªa y frustraci¨®n, acompa?ada por un dejo de rabia sin una causa aparente. Comienza a sospechar que esto podr¨ªa ser... ANSIEDAD. O al menos eso cree. Francis se levanta apresuradamente, se dirige al ba?o y se despoja de su pijama rosa mientras abre la regadera. El agua est¨¢ helada, siente el impacto como bloques de hielo golpeando su piel. ?C¨®mo pudo haber sucedido? Nunca antes hab¨ªa mojado la cama. ?Nunca! Sin embargo, algo m¨¢s persiste en su mente. El sue?o placentero y confuso, con un Marcos diferente al de ahora. Se da cuenta de que nunca ha hablado con ¨¦l sobre la tragedia del a?o pasado. Recuerda un momento en que, mientras cruzaban el bosque central para evitar un recorrido m¨¢s largo, Marcos hab¨ªa tenido una reacci¨®n violenta, atacando a quienes lo rodeaban. Francis hab¨ªa tenido que intervenir y calmarlo. (?Nunca m¨¢s vamos a ese maldito bosque! ?Nunca! ??Me escuchaste!?) ¡ªMarcos, su voz alterada, sus ojos parec¨ªan a punto de salirse de sus ¨®rbitas, su respiraci¨®n agitada y su mirada clavada en Francis. El miedo personificado. (?Por qu¨¦? ?Dios! ?Me asustaste!) ¡ªrespondi¨® Francis. The narrative has been illicitly obtained; should you discover it on Amazon, report the violation. ¡ª(?Aqu¨ª muri¨® mi hermano y no quiero cruzarlo!) Francis lo mir¨® perpleja. (?Y eso significa que nunca lo cruzar¨¢s? ?Toda la vida?) ¡ª(?Por qu¨¦ sigues preguntando?) (?Entonces por qu¨¦ no quieres cruzar el bosque? ?Vamos, resp¨®ndeme, Marcos!). ¡ª(?No respondas a una pregunta con otra pregunta! ?Mi hermano odiaba eso!) ¡ªexclam¨® Marcos. (?Pero qu¨¦ hay all¨ª? No creo que sea solo por la muerte de tu hermano...) Al darse cuenta de que ha olvidado la toalla en su bolso, que est¨¢ en el fr¨ªo cuarto, Francis se aventura a abrir la puerta lentamente, con el temor de ser vista en ese estado. Su cuerpo est¨¢ empapado, incapaz de ponerse la ropa que llevaba puesta. La madre de Marcos est¨¢ acostada boca arriba, roncando. Marcos, de costado, tambi¨¦n ha mojado la cama. Y entonces recuerda lo que Marcos le hab¨ªa dicho en ese recuerdo. (No querr¨¢s estar all¨ª, eso es todo). Francis avanza con precauci¨®n, su cuerpo tiembla por el fr¨ªo que penetra desde sus muslos hasta su columna vertebral. Se agacha y observa a su alrededor, alerta a ser sorprendida en ese estado. Abre su bolso negro y desliza la cremallera con cuidado... (Maldici¨®n). Bepsi acaba de sentarse, con la cabeza baja. La luz de la ventana la convierte en una silueta en medio de la oscuridad que los rodea. El coraz¨®n de Francis late con fuerza, amenazando con un ataque. Siente fr¨ªo en su pecho, una descarga de terror que la hace considerar ocultarse en las s¨¢banas hasta que todo vuelva a la normalidad. Pero ?qu¨¦ significar¨ªa eso? Significar¨ªa que descubrir¨¢ que ambos han mojado la cama, y que ella querr¨ªa despertar a Francis. Significar¨ªa que ella tambi¨¦n ha mojado la cama y, para colmo, est¨¢ desnuda. ¡ªSolo fue un sue?o, Marcos ¡ªmusita Bepsi, con la voz gutural y adormilada¡ª. Tu hermano no muri¨® por ese "Espantajo". Los fantasmas no existen. Ese bosque no alberga nada. Castillo, amor, ?est¨¢s bien? Estoy aqu¨ª para apoyarte. Pap¨¢, no tienes que regalarme un hacha por cualquier tonter¨ªa... Francis se queda con m¨¢s preguntas que respuestas. Aunque no es la primera vez que Bepsi se levanta durante la noche y murmura cosas incoherentes mientras duerme, todav¨ªa ha logrado asustarla. Pero las palabras de Bepsi le dan que pensar. Ni la madre ni el hijo le han hablado sobre la historia que tienen. C¨®mo Marcos sufri¨® el accidente hace meses y por qu¨¦. Francis reflexiona mientras se seca en el mismo cuarto, aprovechando el aire acondicionado. (?Hace fr¨ªo!). Luego toma sus pantalones mojados, se dirige al ba?o y los lava con jab¨®n en el lavamanos. Despu¨¦s se dirige a la sala, coloca los pantalones en una silla de pl¨¢stico y enciende el ventilador. Pero esto la lleva a otro problema: la s¨¢bana mojada y el colch¨®n. No tiene tiempo para pensar en los problemas ahora, as¨ª que toma un pa?o peque?o, lo empapa con detergente y lava el colch¨®n. Luego coloca la s¨¢bana sobre Marcos para que su madre crea que solo ¨¦l ha mojado la cama. Y entonces, Francis se da cuenta de que ambos tuvieron el mismo sue?o. Pasaron cuatro meses y a Marcos le quitan el yeso definitivamente. Francis est¨¢ feliz por la noticia y lo acompa?a para caminar en el Parque Bioparque, un espacio de gran extensi¨®n cercano al departamento de Marcos. Su intenci¨®n es ayudarlo en su recuperaci¨®n y finalmente lograr algo que siempre hab¨ªa deseado. Durante el a?o, pasan su tiempo abrumados por la monoton¨ªa y el aburrimiento. Durante ese tiempo, Francis no ha logrado descubrir el misterio detr¨¢s de la herida de Marcos y la muerte de su hermano. Pero todo cambia en un mi¨¦rcoles, igual que el mi¨¦rcoles del a?o anterior. Mientras caminan por el Bioparque, Marcos nota a un chico bronceado en el fondo del parque. ¡ª ?Qui¨¦n es ese? ¡ªpregunta Marcos, se?alando al chico. ¡ªEse chico, ?a qu¨¦ te refieres? Creo que es un estudiante de nuestra escuela ¡ªresponde Francis, observ¨¢ndolo al mismo tiempo¡ª. ?Por qu¨¦? ¡ª ?C¨®mo te sientes con el ejercicio? ¡ªPregunta Francis mientras se detiene para limpiar su sudoroso rostro. Marcos la observa mientras ella se agacha para limpiarse las manos y sus ojos. Aunque siente deseo, odia ese sentimiento. Temores sobre c¨®mo esta atracci¨®n podr¨ªa afectar su relaci¨®n lo invaden. Le preocupa que sus deseos puedan llevarlo a comportamientos inapropiados, y teme que su relaci¨®n se desmorone. Imagina escenarios en los que podr¨ªa ser juzgado como un pervertido o incluso un acosador por haber sugerido tener relaciones demasiado temprano en la relaci¨®n¡ª. ?Uff! ?El sol est¨¢ bonito! ¡ªMe va bien ¡ªResponde Marcos con una sonrisa apagada. Siente que la caminata no ha producido ning¨²n progreso. Incluso se siente m¨¢s d¨¦bil que antes¡ª. ?T¨²? ?Has notado alg¨²n progreso en tu entrenamiento? ¡ªMarcos se da cuenta de que los brazos de su novia son m¨¢s musculosos que los suyos. Francis se acomoda el cabello y se acerca a ¨¦l. Le sonr¨ªe con una mezcla de simpat¨ªa y coqueteo. ¡ªNo lo s¨¦, en realidad ¡ªResponde Francis, ruboriz¨¢ndose¡ª. ?Te gustar¨ªa entrenar la pelvis, Marcos? ¡ª ?La pelvis? ¡ªMarcos se confunde¡ª. ?Por qu¨¦ la pelvis? A¨²n estoy recuper¨¢ndome de las piernas. El recuerdo de cuando caminaba con su hermano y sus piernas se cansaban hasta el punto de caerse, viene a su mente. Francis se le acerca, y Marcos la besa por reflejo. Siente la suavidad de sus labios con sabor a menta, y la saliva parece solo agua. ¡ªPorque creo que nunca has visitado mi casa, y me gustar¨ªa que fueras el primero en venir ¡ªResponde Francis con una sonrisa. Marcos trata de negarse a s¨ª mismo que esas sean sus intenciones¡ª. Hay suficiente espacio para entrenar. Marcos se sonroja, fallando en su intento de negar que sus intenciones sean dobles. Sabe lo que est¨¢ sucediendo; sabe lo que va a ocurrir. Est¨¢n a punto de vivir lo que podr¨ªa ser el mejor (?o el peor?) d¨ªa de su vida. (No puedo enga?arme a m¨ª mismo). En la mente de Marcos surge la pregunta: ?Vale la pena? Su primera vez con una chica de la que siente emociones confusas. Sus curvas despiertan deseo en ¨¦l y su rostro genera ternura, pero su personalidad no le evoca ning¨²n sentimiento profundo. Se cuestiona si esto es lo que realmente desea. Hab¨ªa anhelado una relaci¨®n desde los doce a?os, pensando que una vez tuviera una novia, podr¨ªa resolver gran parte de sus problemas. Pero a¨²n se siente insatisfecho consigo mismo. ¡ªNo puedo, estar¨¦ ocupado ¡ªResponde Marcos, mintiendo. Sabe que pospondr¨¢ el momento hasta el final. ¡ª ?Vamos! ?En serio? ?Qu¨¦ tienes planeado? ¡ªFrancis se acerca y lo agarra de los brazos, sacudi¨¦ndolo con una fuerza que lo hace sentir mal por su estado f¨ªsico. Siente esa sensaci¨®n de inferioridad que aparece cuando una mujer supera en altura o fuerza¡ª. ?Solo eso? Podr¨ªa ayudarte... Marcos toma su brazo y lo libera debido al dolor en su brazo derecho. ¡ª ?Deja de insistir! ?Por una vez en mi vida, d¨¦jame a solas con mis pensamientos! La expresi¨®n de Francis se transforma en consternaci¨®n mientras lo mira con una mirada anal¨ªtica. Luego suspira y se distrae con algo a su alrededor. ¡ªEst¨¢ bien, ?qu¨¦ tal pasado ma?ana? ¡ªNo. Ese d¨ªa, Francis menciona tener un compromiso pendiente y salen temprano del Bioparque. Caminan por una calle hasta que Marcos entra en su edificio de apartamentos. A pesar de pensar en el momento especial que podr¨ªa haber tenido con Francis, su mente est¨¢ m¨¢s ocupada con la preocupaci¨®n de encontrarse de nuevo con aquel chico. El chico bronceado, m¨¢s alto, que probablemente no vive en La Cascada pero que se atreve a ir al Bioparque. ¡ª (Haz lo que consideres correcto, hijo) ¡ªLa voz de su padre resuena en su cabeza. Debe ser una alucinaci¨®n, piensa Marcos. Volver loco en tiempos como estos es m¨¢s probable que pesimista. Est¨¢ decidido a ver al chico bronceado y verificar si es un acosador obsesionado con ¨¦l o algo peor. Sin embargo, el temperamento protector de Francis tambi¨¦n es preocupante. No est¨¢ seguro de c¨®mo lo proteger¨¢ en la escuela, pero est¨¢ seguro de que lo har¨¢. El d¨ªa pasa y Marcos se va a dormir. (Carl). Al amanecer del siguiente d¨ªa, Marcos se coloca la camisa beige con nerviosismo. Se prepara para enfrentar su primer d¨ªa de clases presenciales despu¨¦s de haber pasado tanto tiempo recibiendo educaci¨®n a distancia en el humilde tel¨¦fono que su madre pudo comprar. La transici¨®n es emocionante, pero surge una pregunta que lo inquieta: ?c¨®mo llegar¨¢ al liceo sin tener veh¨ªculo propio? La perspectiva de revivir las experiencias de hace dos a?os lo atormenta mientras desciende del edificio. Aunque la opci¨®n de que Francis lo acompa?e se presenta, su falta de autom¨®vil la hace inviable. La necesidad de encontrar una soluci¨®n lo atosiga, pero es demasiado tarde para hacerlo ahora. (Y entonces, una idea se materializa: el Destino). Enfrenta esa noci¨®n, cuando el sol de la ma?ana le azota la piel y el resplandor le obliga a entrecerrar los ojos. El se?or H¨¦ctor, con su vaso cervecero lleno de un l¨ªquido negro que Marcos presume ser caf¨¦, lo saluda mientras se adentra en otro edificio. La rutina del se?or H¨¦ctor recogiendo la basura persiste inmutable, como si el tiempo no hubiera dejado huella en ¨¦l. Una vez m¨¢s, la distracci¨®n se apodera de ¨¦l. (?Debo enfocarme, diablos!). Luego retorna a su reflexi¨®n: si el Destino, apodo que ha dado a esa fuerza misteriosa, intenta evitar que se cruce con ese chico, ?por qu¨¦ no dejarse llevar? Las cosas ocurren por una raz¨®n y se ha visto suficientemente afectado por intentar luchar contra ello. Ha conocido el sufrimiento y ha sentido el dolor reflejado en la voz de su difunto padre que, en ocasiones, parece resonar en su mente. No quiere volver a ser el h¨¦roe, no quiere enfrentar al Destino que ya le ha demostrado su poder¨ªo. ¡ª?Marcos! ¡ªla voz de Francis llama desde el otro extremo¡ª. ?Vamos! Aunque siente el impulso de negarse, se une a Francis y juntos caminan por las calles de La Cascada. El entorno es sereno, una oportunidad perfecta para perderse en la imaginaci¨®n y divagar todo el d¨ªa. ¡ª ?C¨®mo iremos al liceo? ¡ªle pregunta a Francis, curiosa. Francis bosteza y estira los brazos, generando en Marcos un deseo fugaz de hacer lo mismo. Sus ojos se desv¨ªan hacia el Bosque Central, una visi¨®n menos agradable pero inofensiva... (La imagen de Carl atrapado en el Bosque Central, inmovilizado ante el Espantajo). ¡­ no pasar¨¢ nada. ¡ªTomaremos un taxi ¡ªresponde Francis, enfriando los ¨¢nimos¡ª. Ser¨¢ mejor que el autob¨²s. Es momento de superar los miedos arraigados, de afrontar los traumas que lo han limitado y de permitirse una vida normal. O, al menos, eso es lo que aspira. Atraviesan la calle El Colonizador y se detienen junto a un auto amarillo. Francis sube, pero Marcos lucha por avanzar. Intenta moverse, pero su cuerpo parece resistirse. El recuerdo del accidente de su padre lo envuelve, congel¨¢ndolo en el lugar. ¡ª ?Marcos? ¡ªdice Francis, luego lo arrastra hacia el auto. Finalmente puede moverse, pero sentarse es una batalla. La ansiedad se apodera de ¨¦l. ¡ªS¨ª, perd¨®n ¡ªmurmura Marcos, luchando contra el p¨¢nico. El conductor pisa el acelerador y el auto arranca. Marcos desv¨ªa la mirada para evitar ver el exterior, enfoc¨¢ndose en el asiento. Se niega a perder el control. Francis toma una foto de ambos. (?Importa de verdad? ?Qu¨¦ diablos estoy pensando?) . Un sem¨¢foro los detiene, el mismo sem¨¢foro en el que su padre sufri¨® el accidente. La ansiedad lo inunda, el coraz¨®n late desbocado, el cuerpo se tensa. Debe mantener la calma. No permitir¨¢ que el Destino repita los patrones. Cuando el sem¨¢foro cambia a verde, Marcos suelta un grito y abre la puerta. Intenta escapar, pero Francis lo detiene y lo jala de regreso al auto. Se disculpa con el conductor por la reacci¨®n de Marcos. Est¨¢ claro que a partir de ahora deber¨¢n usar el seguro para ni?os. Finalmente, llegan al liceo San Thomas Dahlie. Un muro azul con la imagen de San Thomas les da la bienvenida. Antes de entrar, Marcos detiene a Francis. ¡ªTengo una pregunta ¡ªle dice a Francis. ¡ª ?Qu¨¦? ?Por qu¨¦ te detuve? ¡ªresponde ella, con un dejo de sequedad. Al chico le da la impresi¨®n de que Francis sigue decepcionada por el susto que peg¨® en el taxi¡ª. No lo s¨¦. D¨ªmelo t¨². Siguen caminando por los pasillos de la instituci¨®n mientras ella responde. ¡ª ?Por qu¨¦ me da la sensaci¨®n de que est¨¢s conmigo, solo por l¨¢stima? ¡ªresponde Marcos, atravesando los setos. Sabe que Francis tiene una familia lo suficientemente prodigio como para no necesitar de un chico cualquiera como ¨¦l. ?Por qu¨¦?, se pregunta as¨ª mismo. Cree tener suficiente con los recientes sucesos. ¡ªTienes una autoestima baja. Trabajar¨¦ en eso. Marcos se detiene; Francis hace lo mismo. ¡ª ?NO, ESTOY BIEN, GRACIAS! ¡ªexclama Marcos, atrayendo miradas curiosas¡ª. ?MI AUTOESTIMA NO ES ALGO QUE DEBAS REPARAR! Francis se limita a asentir con gesto de cachorro triste, sin saber qu¨¦ est¨¢ sucediendo con Marcos. Las miradas de los dem¨¢s alumnos se posicionan sobre ellos, haciendo que Marcos tambi¨¦n se est¨¦ avergonzando por gritar recientemente. Luego entran al ¨¢rea de Educaci¨®n Media General, y ambos observan el acto c¨ªvico. Los estudiantes se alinean mientras el micr¨®fono aguarda su turno. Capítulo 12 El receso ha llegado. El trasero le duele por estar tanto tiempo sentado y su mente divaga por los aires. Los otros estudiantes conversan, gritan y r¨ªen a todo volumen. Apoya la mano en su mand¨ªbula, con la mirada fija en el techo. La realidad de David se desvanece al igual que su percepci¨®n del entorno. Deja de sentir su cuerpo, de oler y saborear el aliento lleno de frituras. Se encuentra en su instituci¨®n al d¨ªa siguiente, solo con sus pensamientos mientras espera a sus amigos. Un hombre apodado el se?or Xavier, que trabaja en la limpieza del liceo, est¨¢ en el techo buscando algo. De repente, algo lo hace resbalar y su cuerpo se balancea hacia el vac¨ªo. ¡ª ?Ayuda! ¡ªGime Xavier mientras lucha por mantener el equilibrio, pero finalmente pierde su centro de gravedad. David se lanza para salvarlo, pero es demasiado tarde. El cuerpo del se?or cae con un sonido aterrador, al mismo tiempo que David ve c¨®mo su nuca se estrella contra el banco. Su cuerpo se retuerce en espasmos, sus pupilas se dilatan y pronuncia palabras incoherentes; est¨¢ teniendo convulsiones. Su cabeza est¨¢ destrozada desde atr¨¢s. ¡ª ?Est¨¢s bien? ¡ªPregunta David, convencido de que a¨²n est¨¢ vivo. Pero despu¨¦s de decirlo, el pobre Xavier deja de moverse. Sus ojos se abren a¨²n m¨¢s y su boca queda entreabierta, sin ning¨²n signo de movimiento en su cuerpo. (?Demasiado tarde!). Intentando correr hacia la coordinaci¨®n o hacia donde haya gente, su mente deja de responder. Su cuerpo se siente m¨¢s fr¨ªo y expuesto, con un olor a hallacas mezclado con carne; est¨¢ en su sal¨®n de clases, sin camisa y mostrando su torso desnudo a sus compa?eros. ¡ª ?Vamos, David! ¡ªLe dice el chico de enfrente, de piel m¨¢s oscura y tambi¨¦n sin camisa. Tiene una constituci¨®n m¨¢s robusta, pero no demasiado para David. Su fuerza f¨ªsica natural siempre ha sido superior al promedio; aunque en realidad sea un mito, porque David siempre se destac¨® en deportes desde peque?o. Siempre ha estado activo¡ª. ?O no quieres que te d¨¦ la BS? ¡ª ?BS? ?De qu¨¦ hablas? ¡ªPregunta David entre risas, sinti¨¦ndose seguro de lo que est¨¢ pasando. Est¨¢ a punto de jugar a las peleas ¡ªsi es que as¨ª llaman a esos juegos en los que los j¨®venes intentan derribarse mutuamente¡ª y los dem¨¢s lo observan expectantes, apostando por el chico de enfrente como ganador. Las chicas miran de reojo desde la entrada, como si David no notara el inter¨¦s que tienen en el chico de enfrente. David prepara sus piernas y lleva un hombro hacia atr¨¢s, y otro hacia adelante, extendiendo ligeramente sus brazos hacia el otro chico. Pero antes de comenzar a contar, divisa un bolso flotando en el aire. No es la primera vez que sucede. Le ocurri¨® lo mismo cuando fue a Raki hace dos a?os. Pudo ver unas salpicaduras que surgieron de la nada, dirigi¨¦ndose hacia el otro lado. Tard¨® en comprender qu¨¦ era, hasta ahora. Sin importarle lo que sucede a su alrededor, descubre la verdad. Est¨¢ teniendo su segunda visi¨®n del futuro. Corre hacia el origen del bolso, lo que lo lleva a su cuarto a?o. David corre hacia all¨ª, apresurado, mientras los dem¨¢s lo observan con extra?eza; un chico sin camisa corriendo en un espacio amplio, mientras el receso est¨¢ a punto de terminar... ?no es extra?o? ¡ª ?Hey! ¡ªExclama David al entrar a otro sal¨®n, pero no ve nada. Los dem¨¢s lo miran con perplejidad, mientras el bolso no est¨¢ en ninguna parte. Como si hubiera sido un simple espejismo, algo que ha experimentado muchas veces, o quiz¨¢s algo m¨¢s. Alguien invisible... (?Ah¨ª est¨¢!). El bolso aparece en un parpadeo y se balancea, flotando, hacia David. ¨¦l extiende su mano para tocar a esa figura invisible, pero el bolso desaparece justo cuando est¨¢ a punto de alcanzarlo. David se da cuenta de qui¨¦n es: es ese mismo chico. No puede comunicarse con ¨¦l. No puede intentar crear una l¨ªnea temporal, porque el maldito destino tiene sus propias reglas. David tiene estas visiones de forma mensual, instantes de un posible futuro. El destino le brinda tres opciones, pero ninguna le beneficia; es el destino, con diferentes formas de llegar a ¨¦l. En la siguiente visi¨®n, David tiene una vida social normal. Recuerda su primer enamoramiento, que fue con un hombre; fue cuando descubri¨® que las mujeres nunca fueron su objeto de deseo. Pudo haber intentado neg¨¢rselo al principio, pero finalmente lo acept¨®. Lo ¨²nico que debe hacer es mantenerlo en secreto, porque en Ronzoati, y en su pa¨ªs en el 2028, la discriminaci¨®n es com¨²n. (Ya me siento como un esclavo de hace cinco siglos). En ese mismo lugar, David toma una decisi¨®n que cambiar¨¢ su vida para siempre. El momento en que hace algo que podr¨ªa matarlo, o podr¨ªa salvar a su familia. Que el destino tenga piedad de ¨¦l. David entra al dep¨®sito que est¨¢ abierto para todos (qu¨¦ descuido) y toma un machete oxidado, utilizado para cortar la maleza. Lo guarda con cuidado en su bolso y se dirige al ba?o, donde espera validar su coartada. (Qu¨¦ inteligente eres, Deivid. O as¨ª me han llamado). Luego, al finalizar la clase, toma un taxi hasta La Cascada y se dirige hacia el Bosque Central a paso lento. Siente miedo en la tensi¨®n de sus brazos y nerviosismo que le hace sudar el cuello, pecho y espalda. El viento ondea su largo cabello, y murmura algo en voz alta. Llena sus pulmones de aire y siente la adrenalina corriendo por sus venas. David se adentra en el bosque... y se encuentra con eso, a una distancia que podr¨ªa considerarse bastante lejos. Lo observa fijamente, sin perder tiempo, al mismo tiempo que escucha una voz resonando a trav¨¦s de un pasillo invisible. (No deber¨ªas estar aqu¨ª). Pero luego, David aparece sentado en el mismo sitio; acaba de terminar la visi¨®n. Los j¨®venes siguen conversando y jugando; David siente la necesidad de descargar su estr¨¦s conversando con ellos. Se siente agotado mentalmente. ¡ª?¨¦pale, Deivid! ¡ªSaluda su amigo mientras se acerca con paso lento. David se levanta y ambos chocan los cinco¡ª. ?Qu¨¦ haces ah¨ª? Llevas casi quince minutos divagando, ?en qu¨¦ est¨¢s pensando? This tale has been pilfered from Royal Road. If found on Amazon, kindly file a report. ¡ª ?M¨¢s despacio, para que te responda sin abrumarme! ¡ªResponde David con gestos de sus manos. Sonr¨ªe sinceramente; alguien que se acerca a ¨¦l es lo que necesita¡ª. ?Tienes el BS? Su amigo le comunica algo con la mirada y se agacha para tomar su bolso. David lo sigue mientras su amigo saca una botella, con un l¨ªquido marr¨®n transparente y la marca RONZOACOL. ¡ª ?El BajaSue?os? ¡ªApoda David a la botella. Conoce las constantes an¨¦cdotas sobre esa bebida, un r¨¢pido inductor del m¨¢ximo despertar, creada por un empresario que, seg¨²n su entendimiento, fue el padre del chico que observaba; sabe que falleci¨® en el suceso de hace tres a?os. ¡ª ?S¨ª, como hab¨ªa prometido! ¡ªResponde el amigo, mientras extiende su mano¡ª. Ya hemos hablado de eso (no me involucres), ?tienes el dinero? David saca un billete grande de su bolsillo y ambos hacen el intercambio, procurando que los dem¨¢s no vean. Llevar una bebida hecha de forma poco legal en una instituci¨®n cat¨®lica (y privada) podr¨ªa llevarlo a la expulsi¨®n si no tiene cuidado. Antes de que David cierre su bolso, su coraz¨®n da un salto: una chica lo acaba de descubrir. Una chica alta, con coletas y una mirada fija. David recuerda haber o¨ªdo de ella. La Bipolar, le llaman; parece social un d¨ªa, pero al otro se derrumba. Recuerda haberla visto en otro lugar, pero no lo recuerda. Estuvo ocupado intentando contactar a Ese Chico. ¡ª ?Qu¨¦ les parece si le informo a la coordinadora? ¡ªPregunta la chica, mientras extiende su mano. ¡ª ?Y qui¨¦n diablos eres t¨²? ¡ªPregunta el amigo de David, con una sonrisa que no ayuda a minimizar la falta de respeto que acaba de cometer. ¡ªFrancis, de cuarto a?o ¡ªResponde ella¡ª. Y acabo de descubrirlos intercambiando una botella, ?puedo ver qu¨¦ es? David se queda callado; no tiene argumentos. Su boca quiere decir algo, pero en este momento es mejor mantenerla cerrada. ¡ªEs alcohol ¡ªResponde el amigo de David, con una mentira que no desv¨ªa la atenci¨®n del problema¡ª. ?Qu¨¦ vas a hacer? ?Llamar a la polic¨ªa o a la coordinaci¨®n? ¡ªSe acerca a ella con paso agresivo hasta quedar pecho a pecho. Se yergue como si quisiera enfrentarse a otro hombre del mismo tama?o¡ª. ?Eh? ?Qu¨¦ vas a hacer? ?D¨ªmelo! David se acerca y le da un manotazo en la nuca a su amigo. ¡ª ?Tranquil¨ªzate, se?or mis¨®gino! ¡ªExclama David, sinti¨¦ndose avergonzado por su actitud. De tantas veces que le hab¨ªa dicho que no todas las mujeres son iguales. ?Qu¨¦ har¨¢ ahora? ?Gritar a los cuatro vientos que no tuvo novia en los quince a?os de su miserable vida? Luego se voltea hacia Francis¡ª. ¨¦l me hab¨ªa comprado refresco pero no quer¨ªa darme su botella de 1.25 litros. As¨ª que tuvo que tomar la botella de su padre alcoh¨®lico y d¨¢rmelo. ¡ª ?Refresco? ¡ªPregunta Francis, y su rostro se ilumina¡ª. ?Puedo probar? Este es el momento de decir ¡°?Oh, mierda!¡±. Incluso alguien que conoce parte de su futuro siente ese atisbo inconsciente de que las cosas que NO PASAR¨¢N, s¨ª pasar¨¢n. Como si supieras que algo ocurrir¨¢ con el cien por ciento de probabilidad, pero un lado de ti piensa lo contrario. ?En serio lo van a expulsar?, debe pensarlo mejor. Antes de que David piense en lo siguiente que dir¨¢, otro chico se acerca desde atr¨¢s y jala a Francis del brazo con suavidad. Un chico bajito y de cabello liso, de rostro que le resulta muy familiar. ¡ª ?Vamos, Francis! ¡ªDice el otro chico. David queda at¨®nito, recordando qui¨¦n es. Es Ese Chico, con quien intentaba contactar, invisible en sus visiones y quien podr¨ªa haber salvado a cientos de vidas perdidas hace tres a?os. Quiz¨¢s no evit¨® el incidente, pero no cabe duda de que es ¨¦l: Marcos. Esto significa que todav¨ªa hay esperanza de cambiar su destino¡ª. No me gusta estar en multitudes¡­ ¡ª ?Bueno, Marcos! ?Qu¨¦ quieres que haga yo? ¡ªPregunta Francis con exasperaci¨®n. Se yergue como si fuera la dominante en esa relaci¨®n, que David sospecha que va m¨¢s all¨¢ de la amistad. Ese beso que se dieron ayer lo confirma todo. David aprovecha la oportunidad para acercarse a ¨¦l. Da tres pasos antes de que el timbre suene tan alto que lo alerta. ?No! No permitir¨¢ que esta oportunidad se desperdicie. ¨¦l da dos pasos m¨¢s, hasta que ve acercarse a la coordinadora que hablar¨¢ en el acto c¨ªvico. Debe alejarse de la escena del "crimen" para evitar la expulsi¨®n; lo urgente va antes de lo importante. David se dirige a su sal¨®n junto a su amigo, quien permanece en silencio durante todo el tiempo. ¡ªAmigo, controla tus emociones y no trates mal a las mujeres ¡ªSentencia David. ¡ªNo es aleatorio, Deivid ¡ªResponde el otro¡ª. Ella es la ex de mi difunto hermano. ?Te cont¨¦ que se quit¨® la vida? Sucedi¨® pocos meses despu¨¦s de que ¨¦l rompiera con ella. Se volvi¨® introvertido, m¨¢s t¨ªmido y se sinti¨® cada vez m¨¢s vac¨ªo. Como si le faltara algo esencial en su ser. Mi familia hizo todo lo posible para apoyarlo y lo llevamos al psiquiatra, pero falleci¨® con las mismas pastillas que le recetaron. ¡ª ?Entonces crees que ella es la responsable? ¡ªEspero que no, pero una parte de m¨ª est¨¢ convencida ¡ªResponde, estir¨¢ndose y bostezando¡ª. Amigo, deja de pensar que estoy resentido. Tal vez me molesten las mujeres, pero no me atrever¨ªa a enfrentarme a una as¨ª¡­ ?dios! ?De d¨®nde sacaste eso? ¡ªDisonancia cognitiva, nada m¨¢s. (Del mismo modo en que cre¨ª haber podido hablar con Marcos¡­) Mientras tanto, Marcos espera en la fila para la salida. El aburrimiento se cierne sobre ellos mientras pasan los minutos, quedando apenas tres para que todos puedan salir. Se pregunta por qu¨¦ debe esperar a Francis y acompa?arla. En teor¨ªa, un hombre debe ser autosuficiente sin depender de nadie. Aceptar ayuda es bueno, pero depender no. Se le vienen a la mente recuerdos de las veces que la acompa?¨® a la tienda, sinti¨¦ndose como un ni?o peque?o. Tambi¨¦n recuerda la vez que se orin¨® encima hace un a?o, y ella no hizo m¨¢s que burlarse al d¨ªa siguiente. (Conoce lo peor de m¨ª. No deber¨ªa estar con alguien as¨ª). ?Por qu¨¦ acept¨® estar con ella en primer lugar? Marcos reflexiona sobre ello. Comenz¨® con un beso y luego con la petici¨®n de ayuda para su familia. En ese entonces, Marcos estaba devastado, lleno de paranoia y sin confianza en nadie. Ni siquiera confiaba en el Destino, se sent¨ªa solo. ?Eso es amor?, se cuestiona. No puede siquiera romper con ella; le falta el valor. ?Entonces, qu¨¦ quer¨ªa realmente, ahora que ha descubierto que no necesita amor en ese sentido? Francis aparece entre la multitud y se une a la fila, sin importarle que no sea su lugar. Marcos siente los dos bultos de su pecho, que le provocan una extra?a picaz¨®n en la espalda. No solo anhela tener una noche con ella, sino que al mismo tiempo no lo desea. Anhela y rechaza; un sentimiento nuevo, ?no? ?Deber¨ªa confesarle lo que ocurri¨® hace tres a?os? ?Que ¨¦l es un im¨¢n de tragedias? ¡ª ?Quieres un pan de jam¨®n y mortadela como a ti te gusta? ¡ªLe susurra Francis al o¨ªdo; los dem¨¢s detr¨¢s de ellos sonr¨ªen con burla. Marcos se siente atra¨ªdo, pero tambi¨¦n le duele. Habla con su voz normal y su voz interna. ¡ªNo gracias (por favor, d¨¦jame tranquilo). Mi mam¨¢ cocinar¨¢ el almuerzo (?estoy en crisis, Dios!) y necesito descansar; no dorm¨ª bien anoche (?entiendes?). Francis sonr¨ªe con comprensi¨®n. ¡ªEst¨¢ bien. Salen del auto y se dirigen hacia La Cascada. Marcos mira el camino mientras pasan por El Colonizador. Los autobuses recogen pasajeros y un payaso hace trucos para los ni?os. ¡ªY... ?me vas a explicar qu¨¦ pasa? ¡ªPregunta Francis al bajar por La Cascada. Marcos intuye lo que vendr¨¢. ¡ª ?Qu¨¦ debo explicarte? ¡ªResponde Marcos, respondiendo una pregunta con otra. ¡ªPor qu¨¦ pas¨® lo de hace tres a?os, y por qu¨¦ le tienes miedo al Bosque Central ¡ªAfirma Francis, volvi¨¦ndose hacia Marcos. Su ce?o est¨¢ fruncido y sus ojos lo miran inquisitivamente¡ª. Marcos, esto no es normal. Sabes que conf¨ªo en ti. Tu mam¨¢ conf¨ªa en ti. Solo quiero saber por qu¨¦ me lo ocultas, ?acaso no conf¨ªas en m¨ª? ¡ªFrancis... ¡ªEl rostro de Marcos se oscurece. ¡ª ?Entonces qu¨¦ es? ?Quer¨ªas suicidarte hace tres a?os? ?Por qu¨¦ viajaste con tu pap¨¢ a alta velocidad? No, no puede dec¨ªrselo. Marcos intenta, pero las palabras se niegan a salir. En el fondo, desea con todas sus fuerzas que lo que ocurri¨® hace tres a?os sea simplemente una broma pesada. Se siente amenazado por el chico de cabello largo que apareci¨® en su sue?o, aquel que estaba all¨ª cuando el auto de Xavier lo atropell¨®. Se siente amenazado por el propio Destino. Compartir esto con alguien podr¨ªa cambiar las cosas dr¨¢sticamente... ?c¨®mo no cambiar¨ªa toda su vida? Un cambio importante en el destino que lo llevar¨ªa a un dolor insoportable. No soporta ver sufrir a la gente. Francis lo mira fijamente, pero entiende que no obtendr¨¢ respuestas. En su lugar, abre la puerta del auto y sale corriendo. Marcos minimiza su reacci¨®n, hasta que su mirada se cruza con la pesadilla. El Bosque Central, donde el viento parece susurrar amenazas. Marcos siente una extra?a sensaci¨®n y lo intuye. ¡ª ?Espera, Francis! ¡ªGrita Marcos. Ella se detiene por un instante y lo mira por encima del hombro, pero luego frunce el ce?o y corre hacia el bosque. Marcos sale corriendo del auto, y entonces ve algo que desaparece en el siguiente parpadeo. Un punto negro en el fondo del bosque. Su coraz¨®n late con fuerza y sus ojos se abren desmesuradamente. El Espantajo est¨¢ all¨ª, a lo lejos. Marcos se gira, pero desaparece al siguiente parpadeo. Francis se desvanece a trav¨¦s de la neblina del bosque. Capítulo 13 - Las lágrimas de un chico destrozado (Esto no es un juego, co?o). (Esto no ES UN JUEGO). (?Si esa cosa no te mata, CREEME, FRANCIS, QUE YO LO HAR¨¦!). Marcos desea con toda su alma o¨ªr la voz de Carl aconsej¨¢ndole sobre lo que debe hacer. La carrera lo agota tanto que siente c¨®mo dos caras de una prensa le aprietan la cabeza hasta querer hac¨¦rsela estallar. Su novia est¨¢ corriendo hacia el Bosque Central, donde se ubica el Espantajo. El viento y la manera en que se aparece en su vista no auguran que vaya a ocurrir algo bueno. Luego Marcos recuerda esa vez hace un a?o, donde por un instante visualiz¨® a su novia convertida en madera s¨®lida, tal y como termin¨® su hermano. Con el cuerpo queri¨¦ndosele paralizar y renuente a cruzar el bosque donde comenz¨® todo, Marcos se pregunta si en realidad est¨¢ exagerando con todo esto. Hasta que oye un alarido femenino. ¡ª ?Por favor, d¨¦jame ir! ¡ªGrita aquella voz sacando a Marcos del estupor. Su mente procesa la informaci¨®n con suma rapidez, solo para darse cuenta de que aquella voz es de su novia, Francis¡ª. ?Mam¨¢! ?Pap¨¢! ?Marcos! ?BEPSI! (El destino juega conmigo; el obstinado quiere demostrarme qui¨¦n es el jefe aqu¨ª). No le parece coincidencia el cruzar el bosque al que en primer lugar ¨¦l no quer¨ªa cruzar. No le parece coincidencia que, ahora mismo, deba enfrentarse a sus miedos para salvar a su novia. Marcos considera que no solo el destino est¨¢ en contra de ¨¦l, sino el pasado. ¨¦l pega una carrera y pasa a trav¨¦s de los ¨¢rboles. El cansancio de a?os de relativo sedentarismo est¨¢ haciendo que sus piernas ardan, sus labios se sequen y su vista se nuble. Con el torso queriendo arder, Marcos siente una presencia detr¨¢s de ¨¦l; no obstante, est¨¢ demasiado enfocado como para tomarle importancia. Salvar a Francis es lo que le importa. ¨¦l capta el crujido de las hojas y el sonido del arrastre desde un costado, lo que le hace ir al origen del sonido. Ah¨ª es donde ve a Francis, con su pierna siendo apretada por un tent¨¢culo de madera que busca absorberla hacia un agujero. ¡ª ?Ay¨²dame, Marcos! ?Me arrepiento, me arrepiento! ?Ya s¨¦ por qu¨¦ no quer¨ªas que cruzara! ¡ªVocifera ella, y eso lo hace sentir peor: ¨¦l no le hab¨ªa contado sobre Errant Clous. Aquellos gritos le recuerdan a su hermano fallecido, Carl. Mientras la rama intenta abducirla hacia un tronco cubierto de hongos, Marcos se acerca y jala a la chica del brazo. Sus m¨²sculos sienten como si se los graparan y sus antebrazos se sienten entumecidos. ?Qu¨¦ ha estado pensando?, piensa ¨¦l. No tiene la fuerza para evitar que se la lleve, y considera que todo va a ser en vano. Alguien morir¨¢ por culpa del Espantajo y solo apuntar¨¢ a un culpable: Marcos, por no hab¨¦rselo dicho a tiempo. ¡ª ?No te sueltes, Francis! ¡ªLe grita Marcos, y su mano se arrastra hasta las manos de la chica. Ambos aprietan sus manos con mayor fuerza. Marcos deja de sentir el exterior, y sus sudorosas manos se resbalan hasta hacerlo caer de espaldas. Se intenta reincorporar, pero su coraz¨®n siente un hundimiento tan fuerte que lo hace vomitar todo el contenido de su est¨®mago, en un chorro verde que se dispersa por la arena. Su campo visual se torna negro y su cabeza se balancea, hasta caer en la arena. Solo puede ver a su novia siendo arrastrada, y Marcos tiene la sensaci¨®n de enfermedad que recuerda haber sentido en el momento en que presenci¨® c¨®mo Raki explotaba, sin que ¨¦l pudiera hacer nada. Otra silueta se aparece de un paso, portando un objeto grande que no se percibe por el desenfoque. Luego deja caer el objeto con estr¨¦pito ahogado sobre las ramas, y luego toma la mano de la chica. Luego contin¨²a asestando aquel objeto filoso sobre la madera, y jala a la chica con mayor fuerza. Marcos enfoca su vista y vuelve a la realidad, con el v¨¦rtigo distorsionando su vista. Es el Chico Bronceado que lo hab¨ªa seguido por un a?o entero, y Marcos tiene la impresi¨®n de que lo hab¨ªa visto hacia pocas horas. Tan pronto recupera todos sus sentidos, Marcos siente c¨®mo alguien le aprieta con fuerza; Francis acaba de correr hacia ¨¦l y abrazarlo, en b¨²squeda de un consuelo por lo reciente. Los tres se retiran de la zona y salen del Bosque Central. Luego se sientan en una de las bancas cercanas a un edificio contiguo de departamentos. Est¨¢n cansados, conturbados, y Marcos siente inquietud cada vez que observa el machete oxidado que el Ni?o Bronceado lleva puesto. ¡ª Yo te conozco ¡ªLe dice Marcos, y lo se?ala con furia. Luego, por gesto de reflejo y sintiendo desconfianza, se levanta de su silla y retrocede para alejarse del chico¡ª: del mismo modo en que t¨² me conoces. ¡ª ?Qui¨¦n es? ¡ªPregunta Francis, mientras se vuelve a Marcos con una mirada de hito en hito. El Chico Bronceado, que ya no es el bronceado de hace a?os sino un joven de color blanco, cabello pelirrojo y una altura considerable para su edad de 1.80, am¨¦n de un adem¨¢n confiado y, en lo que se percibe, unos entrecerrados ojos avellana, se acerca hacia ellos. Marcos se arrima hacia Francis, con un atisbo de terror; est¨¢ tan aterrado que por gesto inconsciente, est¨¢ confiando en la fuerza f¨ªsica de su novia. ¡ª ?No te acerques y aclara! ¡ªGrita Marcos¡ª. ?Porque no es coincidencia que t¨² est¨¦s aqu¨ª, casualmente hayas tenido que salvarnos! Estuviste ah¨ª, en Raki, cuando quer¨ªa salvar a mi madre. Desde ese d¨ªa, no dejaste de seguirme. ?Acaso estuviste sigui¨¦ndome hoy, otra vez? ¡ª ?Qu¨¦? ¡ªEl Chico Bronceado lo mira con duda, y luego en derredor¡ª. Espera, ?crees que yo te estaba siguiendo hoy? Marcos pierde la paciencia y se levanta de su banca. Luego, se aproxima con violentos pasos hacia ¨¦l y acerca su rostro para mirarlo m¨¢s de cerca; Marcos le habla, desde su penetrante mirada, y le comunica el desprecio que siente por ¨¦l. No puede dec¨ªrselo m¨¢s de cerca, pero sospecha que ¨¦l tuvo que ver con la cat¨¢strofe de Raki que se cobr¨® varias vidas, y estuvo a punto de cobrarse la vida de su madre de no ser por Marcos y su padre. ¡ª ?No lo s¨¦! Dimelo t¨². ?Es m¨¢s! ?No es la ¨²nica pregunta que me deber¨¢s de responder! Pero el Chico Bronceado se limita a mirarlo con el ce?o d¨¦bilmente fruncido, con una expresi¨®n que refleja una reflexi¨®n interna. Algo lo est¨¢ perturbando, y Marcos lo percibe por un instante; no obstante, tampoco puede saber si en realidad se trata de la culpa, o algo m¨¢s. ¡ª S¨¦ c¨®mo te sientes; yo tambi¨¦n me sent¨ª as¨ª por un tiempo ¡ªResponde el chico, mientras arquea sus cejas con pena¡ª. Pero cr¨¦eme que, cualquier cosa que pienses, no es por malas razones. ¡ª ?No tendr¨¢s otro argumento mejor que ese? Pero Francis se interpone entre ambos, y mira a Marcos con el ce?o fruncido. ¡ª No me digas que esto es un misterio m¨¢s del mont¨®n, Marcos ¡ªReclama Francis, interpelante¡ª. ?Cu¨¦ntame! ??Que es lo que realmente te atormenta!? Pero Marcos baja la mirada, y reflexiona sobre ello. Piensa por un momento la idea de dec¨ªrselo, pero luego le da demasiado miedo que ella tambi¨¦n pueda correr peligro. ¡ª ?Realmente te importa saberlo? Por esa respuesta, Francis encrispa su rostro y le asesta una bofetada tan fuerte a Marcos que lo manda trastabillando cuatro pasos, hasta impactar de espaldas a una pared. Siente el ardor de su mejilla y el susto de casi caerse, como la culpa de no poder cont¨¢rselo. El Chico Bronceado solo permanece observando, en silencio. ¡ª ?Claro que s¨ª, porque s¨¦ que al menos me debes algo! ¡ªExclama Francis en vociferos, y el eco se escucha en toda el ¨¢rea. Algunos ni?os se detienen para observar la discusi¨®n, y los adultos solo miran de reojo para re¨ªrse entre dientes¡ª. No es por sacarte en cara las cosas, y cr¨¦eme que no me pesa; pero esto me afecta, y mucho. Que mi novio no conf¨ªe en m¨ª, sabiendo lo mucho que yo confi¨¦ en ¨¦l. ?Te revel¨¦ todo! ?Incluso te mostr¨¦ el tatuaje de mi pecho izquierdo! ??Puedes creerlo!? ?NI SIQUIERA MI EX NOVIO SAB¨ªA DE ESO! Pero Marcos no puede responder a todo eso. Puede imaginarse as¨ª mismo explic¨¢ndole ¡°Yo siento el futuro y lo que pasar¨¢. El problema es que tengo sospechas de que el destino no quiere que cambie el futuro, y por eso mi pap¨¢ muri¨®. Nos conocimos gracias al mism¨ªsimo destino, y sospecho que tambi¨¦n quiso deshacerse de ti¡±. Cree que el resultado ser¨ªa el mismo: ella falleciendo, y ¨¦l aprendiendo por las malas la lecci¨®n de no involucrarse con nadie. ¡ª Estoy consciente ¡ªResponde Marcos, y aparta la mirada por verg¨¹enza. Est¨¢ por decir las palabras m¨¢s hirientes jam¨¢s dichas¡ª: despu¨¦s de todo, soy el peor hombre que has conocido en toda tu vida. Terminamos. Esto ¨²ltimo hace que el rostro de Francis permanezca inexpresivo, absorto en la consternaci¨®n que siente desde dentro. El viento no sopla, y los ni?os chismosos se retiran del sitio. ¡ª Entonces jugaste conmigo ¡ªDice Francis, con una sonrisa incr¨¦dula. Su voz se asemeja a un sollozo¡ª. No importa. Cualquiera puede decir algo as¨ª, estando desesperado. ?Vamos a casa! Conozco una divertida serie que podemos ver... ¡ª ?No te dije que terminamos? ?Lo ¨²nico que quiero ahora mismo, es que te alejes de m¨ª! ¡ªEspeta Marcos, sabiendo el peligro al que se est¨¢ sometiendo. Francis es una chica impredecible y demasiado emocional, al grado de que hace a Marcos decirse as¨ª mismo: ¡°?NO LO HAGAS! ?DEJA DE HABLAR, EST¨²PIDO¡± ¡ª. Eres fastidiosa, solo piensas en ti misma y tienes el maldito atrevimiento de hablar con chicos como yo. ??Por qu¨¦!? ??Por l¨¢stima!? ¡ª No es por l¨¢stima ¡ªLa voz de Francis es apenas un murmullo, y se escucha ausente¡ª. Nunca lo fue¡­ Los pensamientos de Marcos vuelven a activarse. (?C¨¢LLATE, MARCOS! ?EST¨¢S HACIENDO ALGO EST¨²PIDO!). ¡ª ?S¨ª, nunca lo fue! ?Ahora eres t¨² la que miente! ¡ªLe reclama Marcos y se acerca a ella, sintiendo un placer oculto por descargarle todo lo que siente. Siente que se est¨¢ liberando de una culpa importante¡ª. Porque no nos conocimos porque t¨² me quer¨ªas. ?Nos conocimos porque solo quer¨ªas salvarle el pellejo a tu pap¨¢, y sab¨ªas que yo era el ¨²nico testigo del momento en el que ustedes nos chocaron, y provocaron su muerte! Pero luego, Marcos considera que acaba de ser demasiado duro con sus palabras. ¨¦l se acerca a Francis para abrazarla y disculparse, pero sufre las consecuencias de sus actos: Un pu?o se aproxima hacia ¨¦l y asesta en su mand¨ªbula, haci¨¦ndole sentir c¨®mo todos sus sentidos enloquec¨ªan y una r¨¢faga de viento rodeaba su rostro. Francis acaba de asestarle un pu?etazo. El Chico Bronceado retrocede dos pasos y observa la escena desconcertado. Stolen from its rightful author, this tale is not meant to be on Amazon; report any sightings. ¡ª ?Espera! ¡ªFarfulla Marcos, e intenta interponer sus manos entre ¨¦l y ella. No obstante, Francis le asesta otro pu?etazo, le toma del cabello y lo empuja hasta hacerlo caer de espaldas al suelo. La chica se monta encima de ¨¦l y le da uno, dos y luego tres pu?etazos que nublan la consciencia del chico. Luego, Francis toma una roca y la sube mientras pega un alarido ensordecedor, con intenciones de golpear la cabeza de Marcos con ella. Pero el Chico Bronceado se libra del estupor y se engancha a Francis por detr¨¢s de sus hombros. ¡ª ?No te metas! ?Esto es entre ¨¦l y yo! ¡ªReclama Francis, pero el Chico bronceado no permite que ella siga golpeando a Marcos. La roca cae hacia un lado y ¨¦l la jala con mayor fuerza, oblig¨¢ndola a retroceder con ¨¦l. Francis observa el rostro herido de Marcos, y luego la roca con la que estaba a punto de darle el golpe final. Las l¨¢grimas llenan sus ojos, y solloza con su nariz h¨²meda, mientras la culpa la invade. El Chico Bronceado la suelta, y ella cae de rodillas. Marcos alcanza a observarla de reojo, y Francis se da cuenta; despu¨¦s de esto, ella se levanta y sale corriendo a trav¨¦s de La Cascada, con las l¨¢grimas a¨²n asom¨¢ndosele. ¡ª ?Est¨¢s bien? ¡ªPregunta el Chico Bronceado, quien se acerca y luego se pone de cuchillas. ¨¦l extiende su mano a Marcos para ayudarlo a levantarse. ¡ªNunca lo estuve ¡ªSentencia Marcos, sintiendo sus mejillas quem¨¢ndose y sus p¨®mulos con rasgu?os. Est¨¢ haciendo lo posible para no llorar por lo que acaba de suceder; se siente tan lastimado por el simple hecho de ver c¨®mo acaba de herir a alguien m¨¢s. Marcos se levanta, ignorando la ayuda del Chico Bronceado, y mira a su alrededor para fingir que est¨¢ bien. Cae en cuenta de que lo que ¨¦l dice, se aleja mucho de lo que ¨¦l intenta demostrar. ¡ª Lamento lo que acaba de pasar ¡ªResponde el chico¡ª. Realmente, lo siento mucho. No quer¨ªa que esto sucediera. Quer¨ªa enfrentarme a ese mismo espantap¨¢jaros que quiso llevarse a tu ex novia, pero ustedes estaban ah¨ª por casualidad. ¡ª ?El Espantajo? S¨ª, yo tengo una historia con ¨¦l ¡ªResponde Marcos, y luego mira al cielo¡ª. Ya lo sabes de antemano. ¡ª Me llamo David Jorge Mendez, pero puedes llamarme Deivid ¡ªEl Chico Bronceado, quien se apoda Deivid, se limpia el pantal¨®n y extiende su mano en b¨²squeda de estrechar la de Marcos¡ª. Soy de quinto a?o y estudio en la San Thomas Dahlie. Puedes contar conmigo para cualquier cosa. Pero Marcos mira su mano, y se niega a estrechar manos. ¡ªPues no me interesa ¡ªResponde¡ª. Ahora mismo, quiero hacer algo. ?Me lo podr¨ªas permitir sin pensar raro, por favor? En el mismo instante que el reci¨¦n llamado David asiente, Marcos sumerge su rostro en el hombro del otro. Pega un grito y sus l¨¢grimas salen como chorros hasta humedecer la camisa del otro. Son las l¨¢grimas de alguien que acaba de ser destrozado emocionalmente, y no se siente mejor tras romper con su ex. ¡ª Me imagino que no debo preguntar lo que pasaba entre ustedes dos ¡ªDice David, rompiendo la seriedad del momento. Marcos se despega de su hombro y se frota los ojos. ¡ª Es mi culpa. Por esta respuesta, David solo se limita a mirarlo de hito en hito. Marcos comienza a caminar a trav¨¦s de La Cascada y David lo sigue a un metro de distancia. Pasan a trav¨¦s de los edificios, y Marcos llega a ver al Se?or H¨¦ctor saludarle desde las cercan¨ªas de un auto parecido al ¡°Kia¡± blanco que ten¨ªa su padre. ¡ª Estas cosas, suelen pasar muy a menudo. ?Te lo digo por experiencia! ¡ªComenta David¡ª. Estuve con una chica en el pasado, y la relaci¨®n se fue en picado en el instante. Yo ¡°descubr¨ª¡± ¡ªlo dice apretando los dedos, enfatizando las comillas¡ª: que ella, estaba con otro chico. ¡ª?Por qu¨¦ el ¨¦nfasis en ¡®descubrir¡¯? ¡ªMurmura Marcos, y lo mira de reojo¡ª. ?Acaso eres un detective? ¡ª Lo supe sin necesidad de analizarlo, Marcos. ¡ªResponde David, y le da la impresi¨®n al otro de que est¨¢ insinuando algo m¨¢s: Un k¨®bisto, una habilidad oculta que ¨¦l tiene¡ª. Y cr¨¦eme que por el mismo motivo por el cual lo descubr¨ª, es que vine para ac¨¢. Marcos se detiene y mira a David de hito en hito. Sea cual sea la cosa que le acaba de decir, tiene un misterio tan grande como el hecho de que lo estuviera siguiendo en el pasado. ¡ª?Qu¨¦ pasa? ¡ªPregunta Marcos, y se detiene. El otro hace lo mismo. David lo mira en silencio, y luego aparta la mirada. ¡ª Es fascinante c¨®mo el destino nos cruza en momentos como estos, ?verdad? Ahora est¨¢n frente al edificio donde vive Marcos, y debe entrar a su casa. Lo que acaba de decir David, le hace sentir indeciso si subir a su departamento para llorar, o preguntar a David el porqu¨¦ de su respuesta. David hace un suspiro hondo, y hace una mirada reflexiva para pensar las cosas con mayor claridad. ¡ª No puedo dec¨ªrtelo directamente; alguien tomar¨ªa represalias y no quiero que algo estropee el momento. ?Tampoco me preguntes el porqu¨¦! ¡ªExclama David, y hace sentir a Marcos m¨¢s confundido¡ª. Solo quiero que hagas esto: Ve ma?ana a la escuela. Habr¨¢ misa sorpresa, as¨ª que deber¨¢s esconderte detr¨¢s de la puerta. Luego sal del sal¨®n cuando todos se hayan ido, y espera con paciencia a que nadie te descubra. Por favor, hazlo por m¨ª. ?De acuerdo? David le sonr¨ªe al final, y deja un billete de cinco unidades sobre su mano. Luego, se da media vuelta, y se aleja caminando hasta perderse de vista. Marcos se queda ah¨ª parado, mirando al punto en que David desapareci¨®, reflexionando sobre la extra?a conversaci¨®n que acaban de tener. (?Qu¨¦ diablos est¨¢ pasando?). Marcos sube las escaleras y entra a su casa. Al llegar a la mesa, nota una nota de color amarillo con una caligraf¨ªa elegante que llama su atenci¨®n. ¡ª ¡°Hijo, me fui con mi ex cu?ado. Debo hablar sobre algunas cuestiones importantes relacionadas contigo, ?comprendes? Necesito tomar una decisi¨®n reflexiva sobre todo lo que est¨¢ ocurriendo. El almuerzo est¨¢ en el horno, y el refresco est¨¢ en la nevera. Tambi¨¦n dej¨¦ algo para Francis y descargu¨¦ una serie que a ambos les gusta. ?Por favor, no hagan nada extra?o! Te quiero mucho, nunca olvides eso¡± ¡ªLa nota de su madre, Bepsi, concluye con estas palabras. A Marcos le trae sin cuidado. Va hacia la cocina y abre el horno; espagueti con carne molida y salsa de tomate, que sigue emanando calor. Por lo tanto, su madre debi¨® de haberse ido mientras Marcos persegu¨ªa a Francis, como tambi¨¦n pudo hab¨¦rselas arreglado para cocinar estando en silla de ruedas. Se la sirve junto con el refresco, en un vaso pl¨¢stico del tama?o de una mano adulta. (Qu¨¦ cruel es el destino). (Rechazas a la chica m¨¢s bonita que se esforz¨® por cuidarte en estos tres a?os, Marcos; muy impresionante de tu parte). (Siempre la cagas, Marcos. Ahora preg¨²ntate, ?qu¨¦ pasar¨¢ con tu madre y familiares? ?Claro! ?Morir¨¢n mientras t¨² est¨¦s ah¨ª!) ¡ªBasta, por favor. De m¨¢s de intrusivos, como si fuesen voces esquizofr¨¦nicas que le hablaran en forma de emociones y no voces; la depresi¨®n y la ansiedad, hermanas gemelas que le susurran en el o¨ªdo. La imagen del cad¨¢ver de Carl, que debe de haberle crecido hongos y moho donde sea que se encuentre. Si habr¨¢ crecido una flor o una planta de mal aspecto¡­ mierda. ¡ª(?Marcos?) ¡ªLa voz de su pap¨¢, alert¨¢ndolo mientras coloca el plato en la mesa junto con el vaso. Marcos teme volverse loco como su pap¨¢, y escuchar voces siempre fue lo que temi¨®. Por favor, no hoy. Quiero vivir tranquilo, s¨¦ que ustedes (depresi¨®n y ansiedad) me dicen cosas que no son verdad. (?Y si ese tal David, es solo un pe¨®n m¨¢s del destino queriendo acabar contigo? ?Vaya, como muchas cosas ocurridas!) ¡ª ?NO PIENSES EN ESO, MARCOS! ?NO! Pero su voz solo es un eco que rebota en la sala hasta llegar a la cocina, con las ventanas cerradas sin dejar pasar el aire y el ventilador encendido, enfri¨¢ndole la comida. Est¨¢ solo, desamparado. La mente es el ¨²nico lugar donde viajar¨ªa acompa?ado; sus mares de sangre y tinieblas no te los encontrar¨¢s en el mismo infierno. (Vamos Marcos, s¨¦ que quieres hacerlo). S¨ª, quiere hacerlo¡­ porque ese deseo lleva desde que era ni?o. Tomar el hacha de su madre, que se ubica dentro de una caja en el cuarto de dep¨®sito, ir al Bosque Central y destruirlo. Pero eso llevar¨ªa a otra cosa. Morir. Ver el origen de esos extra?os sue?os que tuvo hace un a?o. Ver en la cara a aquel hombre del cabello largo, y descubrir qu¨¦ clase de trato hizo con Carl. Esto tambi¨¦n significar¨ªa otra cosa: toparse con lo desconocido, que podr¨ªa torturarlo por el resto de su eternidad. ¡­ Marcos deja su comida en la mesa y se dirige hacia el cuarto de su madre, revuelve entre las gavetas y encuentra un frasco lleno de pastillas, con una nota diciendo ¡®CLONAZEPAN¡¯. El ansiol¨ªtico de su madre. Sin saber qu¨¦ est¨¢ haciendo realmente, Marcos lo lleva a la mesa y lo destapa. Echa varios en su mano, junto al refresco. Una vez ve el mont¨®n de pastillas en su mano y la bebida, les hace el visto bueno. Su boca deja ver una sonrisa y su entrecejo se arruga, mientras su cuerpo se siente activo. Vivo, decidido a placer. ¡ªYa ver¨¢s de qu¨¦ soy capaz ¡ªMurmura en voz alta. Antes de llevar las pastillas a su boca y, la otra mano en el refresco, alguien toca la puerta. Maldici¨®n, no lo dejan hacer nada, piensa Marcos. Se dirige a la puerta y la abre, descubriendo al se?or H¨¦ctor con su vaso cervecero vac¨ªo. ¡ª ?Hola, Marcos! ¡ªLe dice con avidez, con una sonrisa simp¨¢tica de un anciano. ¡ªQu¨¦ tal, se?or Hector. ¡ª ?No tendr¨¢n agua que me regalen? Donde duermo, no hay agua potable y tu mam¨¢ suele darme con regularidad ¡ªResponde¡ª. ?Tienen? ¡ªNo. Antes de darse cuenta que en realidad s¨ª tienen agua, Marcos le cierra la puerta. Ahora en la soledad, vuelve a tomar las pastillas y el refresco, listos para zamp¨¢rselos todos en la boca. Un gesto de valent¨ªa, piensa. Nunca se hab¨ªa sentido tan vivo tomando una decisi¨®n tan importante. ?Cu¨¢l decisi¨®n? Tampoco es que supiera las consecuencias. Marcos acerca las pastillas a su boca¡­ ¡ª (?Pero dios, Marcos! ?Qu¨¦ mierda crees que est¨¢s haciendo?) ¡ªVuelve a sonar la voz de su padre, pero esta vez desde detr¨¢s de Marcos. Gira sobre sus talones para ver el origen de la voz, con el cuerpo paralizado en conturbaci¨®n. Los ojos de Marcos est¨¢n como platos; su padre en serio est¨¢ en la sala, observ¨¢ndolo con decepci¨®n. Tiene puesto su traje que ten¨ªa antes de su muerte y un rostro m¨¢s vivo, y no apagado como antes. ¡ªNo, t¨² no eres real¡­ ¡ªSolo logra musitar esto, porque no puede creer que su padre est¨¦ ah¨ª, en carne y hueso. Debe de ser un chiste, ?no? ¡ª (?Estuviste a punto de hacer algo est¨²pido, Marcos! ?Puedes creerlo?). Marcos pega una risa desesperada. ¡ª ?JAJAJA! ??Y T¨² QU¨¦ POTESTAD TIENES, MUERTO!? ¡ªLe vocifera a todo volumen, con su rostro crispado y ojos desorbitados. Solo puede pensar en lo reciente, y no en qu¨¦ adem¨¢n est¨¦ teniendo¡ª. ??ESO NO HAC¨ªAS T¨², ACASO!? ¡ª (Hijo, eso¡­) ¡ª ?No, los muertos no hablan! ¡ªLe vocifera, con mayor fuerza. Como si lo solucionara, Marcos cierra los ojos con la mayor fuerza que sus cuencas permiten cerrarse¡ª. ?T¨² no eres real y no me estoy volviendo loco! ?Esto es solo otra¡­ cosa del destino, s¨ª! Vete al infierno donde estuviste o¡­ ¡ªquiere romper a llorar¡ª el hospital donde debiste despertar¡­ Una vez abre sus ojos, su padre ya no est¨¢. Nunca estuvo ah¨ª. (Maldita sea). No, no se est¨¢ volviendo loco. La esquizofrenia no afecta a gente tan joven y no de la forma que est¨¢ ahora. Una voz intentando impedir que haga algo est¨²pido; qu¨¦ original, porque a su padre le ocurri¨® lo mismo. ?D¨®nde estuvo en estos tres a?os? Si es ahora, entonces solo significa que es cosa de su mente. Marcos luego se vuelve hacia la mesa y acerca las pastillas a su boca, m¨¢s despacio. La parte interna de sus labios sienten la amargura de una de las pastillas, y el refresco pierde gas. (Dios m¨ªo, ?qu¨¦ estado haciendo?). Sintiendo como si el mundo quisiera caerse hacia ¨¦l, Marcos devuelve las pastillas al frasco y tira el refresco, derramando un gaseoso l¨ªquido que se esparce en el suelo. ?Qu¨¦ estuvo a punto de hacer? Luego el terror se cierra sobre ¨¦l, ante la certidumbre de la nueva amenaza que amenaza contra su vida: ¨¦l mismo. Teme por su vida y c¨®mo ¨¦l mismo pueda quit¨¢rsela. Teme por esos episodios depresivos que pueden jugarle malas bromas. ¨¦l investiga en su tel¨¦fono la funci¨®n del ¡®CLONAZEPAN¡¯ y descubre que alivia la ansiedad, pero no se la toma por ahora. Se termina su comida y recoge el vaso, sin trapear el contenido derramado en el suelo. A las 7:30, vuelven esos pensamientos. Se toma un clonazepan y lo devuelve al gaveta con tal que su madre no se d¨¦ cuenta. A la media hora, su cuerpo se hunde en la cama y su mente se apaga; duerme como un oso hibernando. Esto no es m¨¢s que una serie de trucos emprendidos por ese ser para joderme la vida, piensa Marcos. La representaci¨®n del injusto destino que lo persigue. Es probable que lo quiera muerto, para compensar el hecho de haber prevenido el fallecimiento de su madre. Sentado en su cama y con la luz encendida sin raz¨®n, ve a su hermano en la pantalla de su tel¨¦fono. Observ¨¢ndolo con recelo, culpa. Un aire de decepci¨®n marcado en la manera en que le da la espalda, record¨¢ndole la vez en que sali¨® a buscar al Espantajo. Los rayos del sol se tornan color verdoso y oscurecido (?no era de noche?) y una sombra se asoma por debajo de la puerta. Ese ser detr¨¢s, hace un roce de garras con la puerta, haciendo un sonido chirriante. El cuarto se hace m¨¢s oscuro hasta hacerle sentir una presi¨®n en el pecho. (S¨¦ lo que hiciste y s¨¦ lo que har¨¢s). Algo le toca el hombro, liber¨¢ndolo del estupor. Marcos voltea, descubriendo a Francis encima de su cama. Acurruc¨¢ndose con su rojiza falda de cuadros y una negra camisa, como la misma muerte. Mir¨¢ndolo con lascivia, deseo; esa persona acerca su rostro hacia ¨¦l. (Los deseos reprimidos). Pero Marcos no siente ning¨²n deseo hacia ella, como si amarla no fuese algo que ¨¦l quisiera en realidad. Como si toda su energ¨ªa siempre estuviese en una sola cosa, a la que su cerebro intenta reprimir con medidas extremas. Ya comprende: Ese arranque, todo impulsivo y casi inconsciente, solo fue su cerebro reprimir ese deseo. ?Cu¨¢l deseo? Siente el fr¨ªo de sus piernas y su cuerpo se mueve m¨¢s ligero; ahora est¨¢ en su cuerpo de ni?o de ocho a?os. En calzoncillos, como sol¨ªa hacerlo en aquellos tiempos¡­, hasta que comenz¨® a pensar en Carl m¨¢s seguido. Est¨¢ obsesionado con ¨¦l, y no cree que cumplir su deseo de vengar su muerte lo revierta. Solo San Thomas Dahlie reviv¨ªa a los muertos, y har¨¢n falta 2000 a?os para que nazca otro resucitador. Sus ojos se recuperan de la niebla, d¨¢ndose cuenta que est¨¢ en las cercan¨ªas de Raki. Las gotas de agua flotan y las ondas permanecen sin cambios; el tiempo est¨¢ detenido, como tambi¨¦n la lluvia. Sus ojos se posicionan sobre Raki, y su madre en el fondo. Sin su silla de ruedas como sol¨ªa ser, antes de ¨¦L mismo provocarle esa discapacidad. Marcos camina hacia Raki, por curiosidad infantil, hasta que un chirrido de motor se oye desde lejos. ¡ª?Hey, Marcos! ¡ªLe grita la voz desde el fondo de la asolada calle. Esa voz ¨¢spera que hab¨ªa o¨ªdo hace a?os, est¨¢ aqu¨ª. Un auto de marca ¡°Ford¡± conduce hacia Marcos con la velocidad de 200km/h, que no logra verse bien entre las gotas de lluvia. Aguzando la vista para ver al chofer, su coraz¨®n late con m¨¢s fuerza. (Maldito). El rostro putrefacto del Espantajo, con sus manos puestas al volante. Junto a eso, el cad¨¢ver solidificado de su hermano, sonriente en regocijo. El auto da la impresi¨®n de hacerse m¨¢s grande hasta acercarse, con la luz cegando la vista de Marcos. El chico camina hacia el auto en movimiento, pero luego siente c¨®mo se le acalambra todo el cuerpo. El auto lo atropella. Capítulo 14 - La Caja de los Deseos Reprimidos Marcos despierta de su pesadilla con un grito y un terror tan abrumador que involuntariamente le da una bofetada a la persona que tiene frente a ¨¦l. Por un instante, tiene la impresi¨®n de que el Espantajo est¨¢ justo delante de ¨¦l. ¡ª ?Hijo! ??Qu¨¦ te pasa!? ¡ªLe pregunta Bepsi, quien est¨¢ en su silla de ruedas. Marcos ve la puerta abierta y luego la ventana que refleja la luz de la ma?ana. ¡ª ?Qu¨¦ ha pasado? ¡ªResponde Marcos, a¨²n recuperando sus sentidos. Su voz apenas es un susurro. ¡ª ?Te he o¨ªdo gritar desde mi habitaci¨®n y pens¨¦ que algo te pasaba! ¡ªResponde Bepsi, frot¨¢ndose la mejilla¡ª. Dios m¨ªo, me duele. ?Qu¨¦ has so?ado? ?Qu¨¦ ha pasado? Marcos se siente demasiado confundido como para sentirse culpable por haber abofeteado a su madre, aunque haya sido accidental. ¡ª Solo ha sido una pesadilla simple ¡ªresponde Marcos¡ª. ?Qu¨¦ hora es, mam¨¢? Su madre lo agarra por los hombros y lo sacude ligeramente. ¡ªHijo, primero resp¨®ndeme... ?qu¨¦ pesadilla has tenido? ¡ªLa mirada de Bepsi refleja preocupaci¨®n y frunce el ce?o, como cualquier madre preocupada por la salud mental de su hijo. Pero Marcos aparta sus manos. ¡ª ?No puedes dejar de ser tan pesada, mam¨¢? Y como resultado de su ¨²ltima frase, recibe otra bofetada; Bepsi lo abofetea tan fuerte que suena como un golpe de piel que resuena por toda la habitaci¨®n. Marcos siente el ardor en la mejilla y mira a su madre, at¨®nito. ¡ª Justo por esto, acabar¨¢s mat¨¢ndome alg¨²n d¨ªa, Marcos ¡ªdice la mujer con una expresi¨®n afligida, sinti¨¦ndose culpable por haber golpeado a su hijo¡ª. Luego dices que soy mala, que soy una mala madre y una molestia. ?Me odias, Marcos? Si me odias, d¨ªmelo. Marcos frunce el ce?o, sinti¨¦ndose abrumado. Es consciente de que est¨¢ proyectando su odio hacia s¨ª mismo y que Bepsi no tiene la culpa de todo lo que ha ocurrido. ¡ª No, mam¨¢. Pero la madre de Marcos lo mira con consternaci¨®n; puede percibir la falsedad en las palabras de su hijo, y Marcos mismo es consciente de ello. Por un momento, teme que su madre lo azote con una correa, pero solo deja escapar unas l¨¢grimas. Ella se dirige hacia la puerta y sale de la habitaci¨®n. Marcos escucha los sollozos de su madre desde la otra habitaci¨®n. (Me da igual). Marcos se levanta y se dirige al ba?o. Siente la urgencia de llorar mientras se mira en el espejo, viendo a un ser atormentado que no puede mejorar su situaci¨®n. No sabe exactamente por qu¨¦ no se quit¨® la vida ayer, a pesar de creer que lo necesitaba desesperadamente en ese momento. (Hay otra opci¨®n). Una sensaci¨®n cruza su mente como una intuici¨®n: no quiere morir porque, en el fondo, sabe que existe otra manera de mejorar las cosas. Existe una forma de recuperar la felicidad o la inocencia que ten¨ªa en su infancia, sin importar los maltratos de Carl o la ausencia de su padre. Se frustra por no poder identificar esa forma y golpea el espejo. Por un momento, considera ducharse, pero luego se niega. Siente que no vale la pena asearse si eso no resolver¨¢ sus problemas. Luego, toma la caja de ansiol¨ªticos y la guarda en su bolso. Se prepara, toma el dinero que su madre probablemente dej¨® en la mesa como de costumbre, y se dirige hacia la salida de La Cascada. Est¨¢ preocupado por Francis, ya que no la encuentra en ninguna parte. (No tienes ning¨²n compromiso con ella, idiota. Puedes conseguir otra sin mucho esfuerzo). Toma el autob¨²s y se baja en Onda Vista. Entra a su instituci¨®n y ve a David riendo y bromeando con un grupo de amigos, pareciendo el alma de la fiesta a pesar de sus circunstancias. A pesar de todo, Marcos pasa por su lado y choca con alguien. ¡ªHola, Marcos ¡ªlo saluda un chico alto y corpulento. ¡ª?Qui¨¦n eres t¨²? ¡ªresponde Marcos bruscamente. ¡ª?No te acuerdas de m¨ª? Soy Rostie, pero los dem¨¢s me llaman Juan," declara el chico, lo que despierta una oleada de malos recuerdos en Marcos. A Rostie "Juan" se le ve nervioso; sus p¨¢rpados tiemblan y juega con sus dedos. ¡ªNo te recuerdo. Voy a clases ¡ªfarfulla Marcos, quien en el fondo siente ganas de golpearlo. Intenta seguir de largo, pero Rostie se interpone. ¡ªOye, lo he pensado ¡ªdice el chico, haciendo que Marcos sienta un pico de estr¨¦s¡ª. ?Lo siento por mostrarte la caja del miedo! Fue culpa m¨ªa. ¡ªPues disculpado ¡ªdice Marcos con brevedad¡ª. Ahora me voy¡­ Marcos cambia de direcci¨®n, pero Rostie interpone su brazo. ¡ª?En esos tiempos yo era un maldito acomplejado! ¡ªexclama el chico con apuro. Esto llama la atenci¨®n de Marcos, y se detiene a escuchar¡ª. No s¨¦ qu¨¦ quiere la gente aqu¨ª. Yo solo quer¨ªa re¨ªrme contigo, ?bien? Pero no lo expres¨¦ bien. Al final, no solo termin¨¦ haciendo que te atropellen, sino que tambi¨¦n termin¨¦¡­ dios m¨ªo. ¡ª ?Qu¨¦ pas¨®, Juan? ¡ªMarcos arquea las cejas¡ª. ?Algo grave, o¡­? Marcos intuye que Juan oculta un trauma. ¡ªHab¨ªa un estudiante de tercer a?o ¡ªresponde Juan¡ª. Encantador, de habla jovial y estaba emparejado con una chica de segundo. Era el ex novio de la chica con quien t¨² hab¨ªas discutido ayer. Antes de usar la caja contigo, us¨¦ la caja con ¨¦l cuando est¨¢bamos de vacaciones hace tres a?os. Poco despu¨¦s de ese d¨ªa, cambi¨® de forma dr¨¢stica. ?Poco despu¨¦s, se quit¨® la vida! Pens¨¦ que era un accidente, hasta que me enter¨¦ de tu caso. Seg¨²n Francis, su padre amenaz¨® a su ex novio para que la dejara de acosar, y dej¨® de verla. Este nuevo descubrimiento lo hace preguntarse qu¨¦ pudo haber pasado en ese tiempo. ¡ªEso es interesante¡ªresponde Marcos, distante¡ª: considerando que todo ocurre por causa y efecto. ¡ª ?Qu¨¦ quer¨ªas hacer ese d¨ªa con tu padre, Marcos? ¡ªPregunta Juan, y esto le sube el pulso al otro chico¡ª. Porque s¨¦ que ¨¦l no pudo haberte obligado a estar ah¨ª. Marcos se pregunta qu¨¦ debe hacer al respecto. Tiene la opci¨®n decirle que quiso salvar a su madre. ?Entonces debe decirle la versi¨®n de los medios? Lo har¨ªa quedar genial frente a sus compa?eros, pero ser¨ªa una cruda mentira que tendr¨ªa que mantener por el resto de su vida. Marcos no le responde, pues solo quiere ir a sus clases. Marcos solo quiere¡­ (El Espantajo casi llev¨¢ndose a Francis) ¡­ estar en paz consigo mismo. Pero antes de que Marcos pueda proseguir, Juan le interpone su caja. De la misma apariencia de la ¡°Caja del Miedo¡±. Solo que esta vez, se siente fr¨ªa como el aluminio, y se ve un reflejo trasl¨²cido. ¡ª ?Puedes dejar de fastidiar, Juan? ¡ªLe masculla Marcos y aparta la caja. ¡ª?Pues disculpado, era tu frase? Yo no creo en esas cosas, Marcos. ?Recuerdas? Las disculpas son como dientes de le¨®n; son bellas, pero se esparcen r¨¢pido ¡ªresponde Rostie¡ª. Lo pens¨¦ muy bien y no puedo solo lamentarme. ?Egoc¨¦ntrico? Ya no quiero serlo. Esto es una disculpa verdadera, amigo; no deb¨ª tratarte as¨ª. ¡ªTen¨ªamos doce a?os, Juan ¡ªresponde Marcos de labios afuera, porque sigue guard¨¢ndole resentimiento aunque intente decirse lo contrario¡ª. Tranquilo. ¡ªMira, solo abre la caja. Esto es una s¨²plica, no una manipulaci¨®n. Mi don no funciona cuando alguien sabe lo que ver¨¢, y debe estar fuera de suposiciones; por lo tanto, no te puedo decir qu¨¦ ver¨¢s. ¡ªJuan acerca m¨¢s la caja al rostro de otro, con intenci¨®n de tentar a Marcos¡ª. Toma. Hazlo por un hombre arrepentido, vamos. Marcos se lo piensa dos veces. La ¨²ltima vez lo pas¨® muy mal, pero en ese tiempo no conoc¨ªa a Juan. ?Qu¨¦ ser¨ªa mejor? ?Aceptarlo y arriesgarse a ver una CAJA DEL DOLOR, o mucho peor? ?O rechazarlo? Si acepta, se arriesga. Si rechaza, puede que su resentimiento aumente. Esa superaci¨®n personal de Juan le llama la atenci¨®n. ?Por qu¨¦ Marcos no lo perdonar¨ªa? Solo lo asust¨® una vez y sin saber nada de ¨¦l. Tampoco cree que su caja haya causado los acontecimientos de hace tres a?os. Tal vez, le tiene resentimiento a causa de su rompimiento con Francis; o, el hecho de que su madre le dijo lo que realmente sent¨ªa por ¨¦l. Tal vez la combinaci¨®n de un c¨²mulo de factores, partiendo del principio hasta el d¨ªa de hoy. Se da cuenta de que su ira se est¨¢ dirigiendo hacia la persona equivocada, y que no deber¨ªa ser as¨ª. No puede desquitarse con alguien que no ten¨ªa la culpa. Support creative writers by reading their stories on Royal Road, not stolen versions. ¡ª?Est¨¢ bien! ¡ªasiente Marcos, fingiendo una sonrisa¡ª. Espero que no sea una caja del dolor o algo as¨ª. ¡ªComo te hab¨ªa dicho, no puedo decirte. Marcos mueve cada una de las solapas de la caja, hasta ver la misma esfera negra parecida a una metra gigante. Siente el miedo, y esto lo hace titubear; no obstante, lucha contra ¨¦l. El miedo solo modifica su manera de ver el mundo, y no le deja ver el verdadero problema. Por lo que acerca su cabeza a la esfera, y ve el reflejo de su rostro. Cada vez trasl¨²cido; una sensaci¨®n fr¨ªa se siente en sus piernas y nuca. Sus manos sienten el dolor de varias hormigas pic¨¢ndole. Visualiza unas astillas clavadas en sus dedos. En torno a ¨¦l, est¨¢ el Bosque Central. Delante de ¨¦l, hay trozos de madera a los que, con ira en sus venas, deja caer el hacha hasta hacerlos a?icos. Dos personas apoyan sus manos en sus hombros, a las que Marcos reconoce como su hermano y su padre. ¡ªEsa era tu mejor opci¨®n, Marcos ¡ªcomenta Carl, quien le ofrece a Marcos un peque?o diamante anaranjado¡ª. Toma esto. Desint¨¦gralo. ¡ª ?Hacer qu¨¦? ¡ªresponde Marcos, pero sus palabras no quieren salir. Siente como si su voz estuviera encerrada en su garganta¡ª. Carl, no entiendo. ?Qu¨¦ debo hacer con eso? ¡ª ?L¨¢nzaselo! ¡ªexclama Carl, con una maquiav¨¦lica sonrisa que Marcos no recuerda haber visto antes. Un Carl diferente¡ª. ??Qu¨¦ no quer¨ªas redimirte!? ?Sabes a la perfecci¨®n cu¨¢nto deseas destruirlo, Marcos! ?Hazlo y no tengas miedo! ?El miedo injustificado es para los d¨¦biles, y tu miedo no tiene justificaci¨®n! ¡ª ?No morir¨ªamos los tres? ¡ª ?Los tres? Solo t¨², hermanito ¡ªCarl se desternilla en risas¡ª. T¨² quieres hacer algo, aunque te cueste la vida. No tienes nada que hacer en este maldito mundo; solo te queda hacer el bien mayor. Enfrentarte a, quiz¨¢s, el posible ajedrecista que controla el destino para sabotearte la vida. ¡ª ?El Espantajo controla el destino? ?De d¨®nde sac¨® eso? ¡ª Carl. Lo que dices no tiene sentido¡­ ¡ª Pi¨¦nsalo por un momento: tu encuentro con David, c¨®mo salva a la chica de ser absorbida por el Espantajo y c¨®mo las cosas ocurrieron de manera que pap¨¢ tuviera que morir. ?Determinismo, hermanito! Ahora Marcos lo comprende. Su verdadero enemigo es el Espantajo, y siempre lo fue. Si hay una manera de salir de todos sus problemas, es elimin¨¢ndolo del mapa. ¡ª S¨ª, tienes raz¨®n. Debo hacer esto. ?Simplemente no puedo aceptar que esa bestia contin¨²e viva, sabiendo que se llev¨® a mi hermano! ¡ªMarcos arrebata el diamante y mira al horizonte. Luego, aprieta el diamante con sus dedos hasta agrietar sus lados. Ahora su voz sale de su garganta, liberada y lista para expresar determinaci¨®n¡ª. ?Voy a vengarte, pap¨¢! ?Te sentir¨¢s orgulloso cuando me enfrente al malnacido que se llev¨® a mi hermano! Pero cuando mira a su padre, ve que este no suelta ninguna palabra. El hombre lleva una expresi¨®n de preocupaci¨®n en sus ojos, y sus ojos tienen m¨¢s energ¨ªa que los de Carl. El hermano mayor parece una marioneta sin vida ni voluntad. El padre observa a sus hijos, su entorno y luego los trozos de madera. Para finalizar, comprende algo fuera del entendimiento de su hijo; tanto que empuja a Carl y hace el adem¨¢n de quitarle el diamante anaranjado a Marcos. ¡ª ?Hijo, no lo hagas! Pero antes de que Marcos pueda responder o darse cuenta de su antinatural cambio de opini¨®n, siente una mano dando palmadas en su hombro. Fr¨ªa y pesada, lo hace reaccionar y girarse hacia el sujeto que tiene delante. ¡ª ?Y bien? ¡ªPregunta Rostie, quien lo mira expectante. Tiene su cabeza gacha y su boca deja escapar tics; nerviosismo, ansiedad, de un chico que espera la respuesta de Marcos. Marcos vuelve a la normalidad, y concluye que sus ideas nunca han estado tan claras. ¡ªVeo algo¡­ ¡ªResponde Marcos, pero luego se retracta en el momento. Prefiere mantener sus intenciones privadas¡ª. No, primero resp¨®ndeme¡­ ?qu¨¦ es esto? ¡ªDescubro que mi don es m¨¢s que una caja del miedo; manifiesta impulsos inconscientes de la mente. En este caso, uso "La Caja de los Deseos Reprimidos". Te satisface, aparte de¡­ ¡ªse lleva una mano al ment¨®n¡ª. ?C¨®mo se dice? Ah, s¨ª. Ayudarte a descubrir tus motivaciones. ¡ª ?Motivaciones reprimidas? Pero Juan aparta la mirada; sigue carcomi¨¦ndole la culpa. ¡ªS¨ª, y espero haber compensado los da?os de antes. Esto no funciona conmigo, ojo; yo s¨¦ mis propias motivaciones y miedos, y esto hace que la misma limitaci¨®n me afecte ¡ªJuan reduce su voz hasta un murmullo, d¨¢ndose cuenta de c¨®mo los dem¨¢s lo observan¡ª. Si no quieres decirme qu¨¦ viste, est¨¢ bien. ?Igual no es que sea una mente cerrada! Rasgos turbios de tu personalidad son normales, pero siguen siendo un tab¨². ¡ªBueno, est¨¢ bien. Me ayudaste mucho ¡ªResponde Marcos, sonri¨¦ndole, aunque no siente un ¨¢pice de simpat¨ªa por el otro. Aun as¨ª, lo comprende, pues conoce mejor que nadie el significado de ''culpa''¡ª. De todos modos, no fue culpa tuya el accidente pasado. ¡ª ?Entonces qu¨¦ pas¨® hace tres a?os? ¡ªCon los ojos entornados, Juan lo observa en silencio. Inter¨¦s en su mirada y dudas en su rostro; mirada de hito en hito¡ª. ?Quer¨ªas atentar contra tu integridad? (Ya fastidias, ?no?). Marcos pone los ojos en blanco y suspira. ¡ªMi pap¨¢ era un enfermo psiqui¨¢trico; el resto es personal ¡ªResponde, pero luego siente el impulso de decir lo siguiente. Un veneno, corrosivo como el ¨¢cido sulf¨²rico y latente como el ricino reci¨¦n inoculado. Parte racional de su ser hace su trato con su parte irracional¡ª. Pero oye, tambi¨¦n tengo otra pregunta¡­ de tanto que odio que me respondan con otra maldita pregunta. ?Puedes dejar de preguntar? ¡ªMarcos hace una sonrisa forzada. El rostro de Rostie ¡°Juan¡± adquiere preocupaci¨®n; se le est¨¢ borrando ese tono neutral del rostro¡ª. S¨ª, Juanito. ?Del mismo modo que tambi¨¦n podr¨ªas dejar de autocastigarte por cosas est¨²pidas! ?Del mismo modo que tambi¨¦n podr¨ªas dejar de recordarles sus traumas a todos! ?Del mismo modo que podr¨ªas¡­ tomar una decisi¨®n dr¨¢stica para resolver todo esto! ?No? Luego de decir estas palabras, Marcos deja a un Juan at¨®nito. Luego, se dirige a su liceo y desea que nadie m¨¢s lo moleste con lo mismo. No importa, porque de todos modos ¨¦l tiene sus ideas claras. Siente tanta satisfacci¨®n que concluye algo importante, que le hace bajar la cabeza y sonre¨ªr como un psic¨®pata. ?Por qu¨¦ la gente sonr¨ªe as¨ª en las pel¨ªculas? As¨ª lo descubre: la enorme satisfacci¨®n de ejecutar (o haber ejecutado) un plan que va con sus intereses. No dejar que sus miedos lo consuman; no dejar que sus impulsos lo dominen. No dejar que el Espantajo se salga con la suya. Marcos hace el aburrido acto c¨ªvico, donde observa a su alrededor; busca una se?al de la presencia de Francis, pero no la ve en ning¨²n lado. ?Por qu¨¦? Prefiere no pensar en ello. (Nunca me import¨®). En lo que respecta al horario del martes, Marcos recibe la presentaci¨®n de ''el profesorado'' de Orientaci¨®n y Convivencia. Los dem¨¢s se preguntan entre ellos: ?D¨®nde est¨¢ el profesor de religi¨®n? Dice alguien que lo han despedido por no encajar en las normas del liceo. Otros dicen que, en realidad, renunci¨®. De todos modos, llevar tres a?os sin verlo hizo que se le olvidara su rostro. ¡ªPlanteo la primera clase: Sigmund Freud; la tricotom¨ªa de entidades ¡ªSentencia. Su sexo es extra?o a la vista, y tambi¨¦n confuso. Los hombres quedan deslumbrados por su apariencia femenina y las mujeres ''lo'' miran con ojos vueltos platos, por su aire masculino. El mundo es extra?o, piensa Marcos. Alguien que parece femenino y tambi¨¦n atractivo para los hombres, pero un alfa radiante de deseo para las mujeres. El c¨®mo ser¨¢ su c¨¦dula de identidad, es otra cosa; Marcos no quiere pensar en eso. La clase termina, y el ''profesorado sin g¨¦nero'' abre la puerta. ¡ªVamos a misa. F¨®rmense ¡ªOrdena, al tiempo que los dem¨¢s hacen filas. (Esto se me hace familiar). David se lo hab¨ªa dicho ayer, y vaya que tuvo raz¨®n. Por supuesto, tambi¨¦n debe aprovechar la oportunidad: investigar sobre el Espantajo, a solas. Aunque todos se van, Marcos logra tener la suficiente astucia para ocultarse detr¨¢s de la puerta. Tambi¨¦n afortunado, porque Rostie capta su mano sobresaliendo de la puerta. Su pulso aumenta y el sudor corre por sus sienes, mientras la ansiedad busca esparcirse por su cabeza. Rostie ¡°Juan¡± se acerca con lentitud y curiosidad, y en ese momento, Marcos se arrepiente de haberle dicho esas cosas. ?Qu¨¦ har¨ªa, sino? ?Delatarlo! O como m¨ªnimo, hacer que los profesores revisen y lo descubran. Pero un profesor se?ala a Rostie y le ordena que haga fila mediante gestos. Marcos siente alivio y se queda en su lugar, esperando impaciente. El espacio que antes rebosaba de una marea de conversaciones y voces rebotando en los salones, ahora est¨¢ desierto. Solo falta el cl¨¢sico arbusto rodante de las pel¨ªculas del Medio Oeste. A decir verdad, se siente m¨¢s c¨®modo que estar rodeado de personas. Podr¨ªa caminar y desinhibirse con bailes y mon¨®logos en voz alta, sin que nadie le... (La sangre de Cristo tiene poder). Oye un sonido en el techo, de un objeto arrastr¨¢ndose en metal. A Marcos se le crispa la piel. La l¨¢mina del techo reluce, mientras el silencio azota la zona. Si no hay nadie, solo puede significar una cosa: un fantasma. ?Ser¨¢ el tipo de cabello largo? ?Acaso Marcos estar¨¢ predestinado a encontrarse con ¨¦l, y est¨¢ en el techo espi¨¢ndolo? No diferencia entre las suposiciones y paranoias. Solo le sobreviene ese sentimiento, mientras retrocede y se alista para meterse en el sal¨®n m¨¢s cercano. Llamar a la polic¨ªa¡­ y que los dem¨¢s descubran que ¨¦l se escondi¨® de la misa. Pero no se oye m¨¢s. Supone que es un animal y se sienta en uno de los bordillos, cercano a un pilar pintado de marr¨®n. Saca su tel¨¦fono del bolsillo y su cargador del bolso. Lo conecta y enciende la pantalla. Abre el navegador y busca t¨¦rminos por internet. Palabras clave como ¡°Espantap¨¢jaros aterrador¡± y la palabra ¡°Errante¡± juntos, junto a posibles sin¨®nimos. Redirecciona al traductor donde traduce en otros idiomas, si puede hallar alg¨²n significado ¡®oculto¡¯. No se arrepiente de no haberlo buscado antes; en serio, ten¨ªa miedo. Los recientes sucesos no hab¨ªan hecho m¨¢s que liberarlo. Sin resultados salvo videos irrisorios y art¨ªculos basura. Blogs del jur¨¢sico 2015, antes de la llamada Gran Censura Creativa, como le llaman los intelectuales al momento donde la censura gan¨® mayor poder, hasta llegar a prohibir mostrar a personas usando los k¨®bistos. Marcos busca ¡°Sue?os premonitorios¡±, pero el resultado es nulo. Luego busca ¡°Espantap¨¢jaros en Ronzoati¡±: NADA. (?Diablos!). As¨ª que se atreve a buscar el caso de Carl, y a su lado aparecen portadas de otros art¨ªculos de prensa. Desapariciones y testimonios dudosos; la mayor¨ªa de ancianos con demencia, o ni?os. En Ronzoati no est¨¢ claro; no obstante, s¨ª en otras ciudades que llevan Bosques en el centro o al lado. Tres casos en ¨¢frica y ocho en Norteam¨¦rica. Ambos conjuntos llevan veinte a?os de diferencia. Si no hay ninguno en Ronzoati, entonces Marcos supone que su hermano pudo ser la primera v¨ªctima. Luego, mira los nombres de las desapariciones en Norteam¨¦rica. 21 DE DICIEMBRE DEL 1975 JAVIER CROHN. 56 A?OS. 1975. AMANDA ULLMAN (ESPOSA). 48 A?OS. 1975. THANIUSKA CROHN (HIJA). 20 A?OS. RAMONA DE CROHN (22 A?OS). ¨²NICOS SOBREVIVIENTES: PADRE Y SU HIJO, AN¨®NIMOS. Todos en el mismo d¨ªa, hora y ubicaci¨®n. Ahora Marcos sabe que Carl, en lo que cabe de posibilidad, no es la ¨²nica v¨ªctima. (Ahora, ?c¨®mo me servir¨¢ esta informaci¨®n?). De pronto, oye algo arrastrarse en el techo, y le viene a la mente lo dicho por David. Que ocurrir¨¢ algo cuando todos vayan a misa. Luego un gemido ¨¢spero y ahogado que reverbera a trav¨¦s del espacio donde se encuentra. Marcos corre hacia el origen del ruido, donde algo pesado golpea el techo para luego arrastrarse; alguien se acaba de caer. ¡ª?Mierda! ¡ªExclama el hombre en el techo, con un tono grave de aspereza senil. En ese momento, la persona tapa los rayos del sol, dejando ver una gran sombra desde el suelo del piso inferior, Marcos se da cuenta de su tama?o enorme. (Esto me va a romper la columna). Antes de que el hombre caiga al suelo y posiblemente se rompa la crisma, Marcos se acerca con paso r¨¢pido. La cabeza y el cuerpo que apenas son una silueta se sueltan del techo mientras sus brazos extendidos se mueven por el p¨¢nico. El chico siente que va a atrapar algo m¨¢s pesado que un gigantesco colch¨®n, pero ?qu¨¦ pasa si no lo atrapa? ?Qu¨¦ pasa si lo atrapa y termina ¨¦L mismo rompi¨¦ndose la cabeza, por lo atrofiados que est¨¢n sus m¨²sculos? Es el escenario perfecto para que uno de los dos muera. Luego un peso, grande que lo sobresalta hacia atr¨¢s, cae sobre ¨¦l; sus brazos sienten el ¨¢cido l¨¢ctico recorrer las fibras musculares y su espalda pega un fuerte golpe en el suelo. Por suerte, aterriza de om¨®platos y no de nuca; de lo contrario, ser¨ªa su fin (del que tampoco estar¨ªa enojado). El hombre encima es un anciano cubierto de arrugas. Aparenta tener setenta a?os, pero tiene los brazos tan gruesos y tonificados que le hacen saber que en alg¨²n momento entren¨®. El anciano se levanta y se limpia. su traje de rayas, junto con pantal¨®n el¨¢stico de cintura color gris¨¢ceo. Luego mira por encima del hombro, cayendo en cuenta de que acaba de caer encima de un chico bajito y flacuchento. El anciano le tiende la mano, y Marcos titubea del shock antes de corresponder. ¡ªS¨ª, gracias ¡ªSentencia el anciano, con una voz adusta. Sus ojos son verdosos y lleva una tez blanca, pero se le nota la ausencia de cabello en la coronilla¡ª. ?Quieres criticar, o no? Porque se te nota que no entiendes que sufro epilepsia. ¡ª Se?or Xavier ¡ªResponde Marcos con algo que parece m¨¢s una pregunta. Entorna sus ojos, observando al gru?¨®n cuya actitud hace a uno preguntarse c¨®mo lleg¨® a los setenta y siete. Recuerda haber visto su rostro en alguna parte, y vaya que se arrepiente de recordarlo: el viejo que casi lo atropella cuando Marcos hu¨ªa despavorido del espantap¨¢jaros a sus ocho a?os, y el mismo que lo atropell¨® con su ¡°Ford¡± cuatro a?os despu¨¦s¡ª. ?Est¨¢ bien? ¡ªS¨ª, excepto que perd¨ª mis lentes¡­ ?qu¨¦ haces aqu¨ª? ¡ªLe pregunta y luego le masculla¡ª. ?Ve a misa, o le digo a la directora! ¡ª ?No puedo, estoy investigando algo! El se?or Xavier lo mira con recelo. ¡ª ?Investigando qu¨¦ mierda? ¡ªPregunta con hosquedad, y luego se?ala hacia la salida¡ª. Estuviste t¨² aqu¨ª, como si supieras que yo tambi¨¦n estaba aqu¨ª. ?Me lo puedes explicar? Ahora Marcos entiende su punto. ¡ª ?Yo¡­ dios m¨ªo! ?Estaba viendo contenido para adultos, y de pronto te vi ah¨ª! ?Eso es todo! El se?or Xavier se acerca m¨¢s, y su intimidante altura da la ilusi¨®n de estar frente a un tit¨¢n. ¡ªEsa no es la cara de alguien que estuvo viendo cosas sucias. Yo a tu edad asist¨ªa a burdeles y cr¨¦eme que, ni con el mejor servicio del mundo, duraba solamente ocho minutos. ?O crees que el hombre solo dura tres minutos como cuando lo hace a solas? Alguien que pudo haber tardado lo mismo, apenas desabroch¨¢ndose su pantal¨®n. ?O mejor! Hacerlo en el sal¨®n en vez de un espacio abierto como este¡ªLa manera en que Xavier interpela, su mirada y la agresividad de su voz, hacen a Marcos sentirse tan inquieto como aterrado¡ª. D¨ªmelo de una puta vez, idiota. Marcos entra en p¨¢nico. ¡ª ?Investigaba sobre un espantap¨¢jaros! ?S¨ª? ¡ªFarfulla¡ª. ?Uno feo que mata gente, y no hay nada qu¨¦ decir! ?Eso es todo! Xavier suspira; m¨¢s decepcionado no puede parecer. ¡ª ?Espantap¨¢jaros? No te referir¨¢s al bosque central, ?verdad? ¡ªS¨ª, algo as¨ª ¡ªResponde Marcos, asintiendo. ¡ªNo s¨¦ si te lo habr¨¢ dicho a alguien m¨¢s, pero te recomiendo no entrar a ese lugar ¡ªLe advierte el se?or Xavier, quien luego le da la espalda y se encamina en direcci¨®n a la entrada. Mientras saca una llave de su bolsillo¡ª Ese espantap¨¢jaros no es de fiar; nunca lo fue. (?Eh? ?Qu¨¦ carajos?) Capítulo 12 - Dividido. Esto hace que Marcos se pregunte: ?Entonces ¨¦l no es el ¨²nico que lo sabe? Lo motiva saber que no es el ¨²nico "loco" al tanto de que hay un monstruo all¨¢ afuera. El chico se acerca a Xavier y lo detiene con una leve sacudida de su brazo. ¡ª ?Ahora qu¨¦ quieres? ¡ªpregunta Xavier, hosco¡ª. Voy a abrir la puerta para que te vayas. ¡ª ?Qu¨¦ sabes de esa cosa en el bosque? ¡ªle pregunta Marcos en susurros, emocionado¡ª. Puedo suponer que es responsable de muchas desapariciones. Xavier resopla. ¡ªY t¨² deber¨ªas prestar atenci¨®n a lo que digo... ?O quieres estar muerto? ¡ª ?Pero por qu¨¦? ?Por qu¨¦ sabes t¨² de eso? Xavier fuerza una sonrisa nada amigable. ¡ª ?Por qu¨¦ no me respondes t¨² esa maldita pregunta? ¡ªresponde con un tono y gestos contradictorios, junto con una jovialidad enga?osa que solo lo hace parecer m¨¢s agresivo. Su adem¨¢n parece alegre y feliz, pero sus palabras pasivo-agresivas dan m¨¢s miedo; su paciencia se quiebra¡ª. S¨ª, el ni?o. ?Me acabas de salvar la vida y ya quieres aprovecharte de mi paciencia! No me hagas perder los estribos. Eso recuerda al chico c¨®mo hab¨ªa actuado con Rostie, y lo hace pensar en disculparse. Le parece desagradable la actitud de Xavier y le hace temer que termine como ¨¦l en un futuro. Desde luego, debe dec¨ªrselo. Soltar todo el veneno que lleva y desahogarse de las desgracias que lo persiguen. ¡ªYo presenci¨¦ el momento en que mi hermano fue asesinado ¡ªdice Marcos. Est¨¢ consciente de que no es algo que dir¨ªa de esa forma; sus palabras adquieren un tono de fr¨ªa intelectualizaci¨®n¡ª. Su cad¨¢ver era de madera s¨®lida; y en ese momento no lo comprend¨ª. Yo era un ni?o peque?o cuando vi esos ojos. En ese momento cuando me gritaste ¡°?Que alguien ponga control a ese ni?o!¡± o algo as¨ª, yo estaba corriendo. Su aura y expresi¨®n estaban dotadas de deseo de matar; no lo supongo, solo lo s¨¦. ?Qu¨¦ se lo cont¨¦ a alguien m¨¢s? S¨ª, ?pero nadie me cree! Pero hay una pregunta que le azota, y es la del por qu¨¦ el Espantajo mat¨® a su hermano y no a ¨¦l. Xavier levanta una ceja y sus p¨¢rpados en una expresi¨®n de asombro, mientras observa a Marcos con esos ojos verdosos. Su ce?o se frunce mientras analiza al chico con la mirada, y luego extiende su mano hacia un costado. ¡ªEntiendo, de todos modos yo tambi¨¦n sufr¨ª lo mismo ¡ªresponde, mientras su voz y mirada adquieren un contrastante tono afable¡ª. En los 70, pas¨¦ las vacaciones en Estados Unidos. En uno de los bosques, est¨¢bamos caminando mi hijo y dem¨¢s miembros de mi familia. Mi hijo me dijo ¡°?Pap¨¢! ?Tengo miedo de estar aqu¨ª!¡± y, aunque en serio ten¨ªa la templanza de soportarlo, lleg¨® a un punto en que decid¨ª reprenderlo, como era de costumbre antes. Cuando lo saqu¨¦ del bosque y lo llev¨¦ a un lugar m¨¢s aislado, escuch¨¦ el grito de mi hermana desde lejos. Me asust¨¦ y corr¨ª, top¨¢ndome con¡­, eso ¡ªluego mira hacia adelante, apartando su mirada con la de Marcos. Con un dolor que oculta¡ª. No s¨¦ si ser¨¦ suertudo o si mi hijo tiene algo, pero mi hermana, mi madre, mi padre, t¨ªo y hasta mi esposa, fallecieron en ese mismo momento. Antes de correr a buscar ayuda, me top¨¦ con esos dos puntos brillantes que eran los ojos del que llamas ¡°El Espantajo¡±¡­ y desde ese d¨ªa, aquellos comenzaron a aparecerse en mis sue?os. Despu¨¦s de todo, puede o no ser un motivo para su temperamento err¨¢tico, piensa Marcos. Con eso comprende que hay personas que la pasaron peor y siguen adelante; no obstante, sigue sinti¨¦ndose mal consigo mismo. Algo en ¨¦l rechaza de forma inconsciente la informaci¨®n que acaba de obtener. ¡ª ?Y qu¨¦ hiciste al respecto? ¡ªresponde Marcos, quien acaba de copiar el tono de Xavier sin darse cuenta. Y de un parpadeo, algo aparece en la mano del se?or Xavier; un objeto que se materializa de un solo parpadeo, dejando un ligero destello que queda en el interior de sus ojos. Marcos queda tan sorprendido que retrocede dos pasos, observando c¨®mo un objeto tan peligroso aparece de la nada. ¡ª?Ves esto? ¡ªpregunta Xavier. Una pistola, con una elegante textura de metal con zonas porosas, teniendo un ligero tinte morado y una mira met¨¢lica. ¡ª ?Una pistola? ¡ªpregunta Marcos. ¡ªLos dones estaban marginados en ese entonces, pero yo segu¨ª desarroll¨¢ndolos. Fruto de constante entrenamiento, nutrientes y ejercicios para aprender a usar los componentes de mi cuerpo. ¡ªNo entend¨ª. El se?or Xavier pone los ojos en blanco. ¡ª ?Desarroll¨¦ mi don para enfrentarme a ¨¦l! Quer¨ªa hacerle pagar por todo y llev¨¦ a cabo muchos sacrificios para saber de ¨¦l; sin embargo, decid¨ª dejarlo. ¡ªPudiste haber salvado muchas vidas ¡ªespeta Marcos, frunciendo el ce?o. ¡ª ?Porque es un maldito asunto confidencial que no debes saber! ¡ªel se?or Xavier masculla, volviendo a su estado normal. La pistola se desmaterializa de otro parpadeo y se vuelve hacia la entrada¡ª. Es m¨¢s, ?por qu¨¦ contarte esto? Debes ir a misa r¨¢pido, antes que me rega?en¡­ Marcos da un zapatazo. ¨D ?Puedes al menos decirme algo, para saber? ¨Dmurmura el chico, mir¨¢ndolo con derrota¨D. Sabes que eso arruin¨® mi vida, y al menos¡­ algo, por favor. Algo quiero saber. Si no me lo dices, yo¡­! ¨D Pues preg¨²ntaselo a tu madre ¨Despeta Xavier, en forma de insulto¨D. Si a ella no le importa, imag¨ªnate a m¨ª. Dicho de la forma m¨¢s ir¨®nica que le atraviesa el coraz¨®n, Marcos cae de rodillas mientras pasan por su mente miles de formas de c¨®mo obligar a Xavier a hablar. Sus ojos est¨¢n inundados en l¨¢grimas de frustraci¨®n por lo reciente. El no ser el ¨²nico loco. Pero al mismo tiempo, ser el ¨²nico que no puede saber de su locura. Marcos se carga de furia hacia Xavier y se acerca a ¨¦l con paso violento. ¨DVaya manera de agradecer, pedazo de basura ¨DCon insultos y diatribas, Marcos se atreve a mirar la calva coronilla del otro. Est¨¢ a la espera del anciano voltear y mirar a sus ojos, para demostrarle que no dejar¨¢ de pregunt¨¢rselo¨D. ?De seguro no escuchas a nadie y te encierras en tu burbuja! ?Como el anciano err¨¢tico y decr¨¦pito que eres, que de seguro tambi¨¦n sufri¨® epilepsia antes de atropellarme hace tres a?os! ?De seguro te dijeron las cosas y no los escuchas! ?No? Porque por la maldita forma en que act¨²as, lo supongo muy bien. Su coraz¨®n late a miles; observa la vena latiendo en la sien del anciano, llev¨¢ndolo a volverse hacia Marcos y sus llorosos ojos. Su entrecejo arrugado que representa la neurosis de un anciano que carg¨® con un peso y se refugia en un inmaduro cinismo. Xavier est¨¢ at¨®nito; hace el adem¨¢n de responder con agresi¨®n, luego de volverse a la entrada. ¨D ?Tu nombre es Marcos? ¨DXavier rompe el silencio. ¨DS¨ª ¨Dresponde el otro, tragando saliva. ¨DTe dir¨¦ UNA SOLA cosa, con la condici¨®n de que me dejes de molestar ¨Dresponde, con una voz tr¨¦mula¨D. Yo no quise detenerlo, a pesar de que ¨¦l protege algo f¨¢cil de destruir. De ese algo, ¨¦l o ello depende para sobrevivir junto con lo dem¨¢s. Pero, aunque lo intentes, ello no dejar¨¢ que lo mates y solo te encaminar¨¢s a una muerte segura. ?Por qu¨¦? Porque ¨¦L, ELLO O CUAL SEA SU G¨¦NERO, CONTROLA EL DESTINO. ?Y AUNQUE T¨² PUEDAS ENFRENTARLO, TENDR¨ªAS QUE LIDIAR CON SU FUERZA BRUTA Y PODER! ?Entiendes? Marcos se queda sin palabras. ¨DBuenos d¨ªas ¨Dprosigue Xavier, con su frase de despedida, antes de darle la espalda¨D. Agradece que no le diga esto a nadie. Espero que la pr¨®xima vez que nos encontremos, sea para algo bueno y no para esto. (Entonces puede morir. Puede morir, y tiene algo que con facilidad se puede destruir. ?PUEDE MORIR! ?S¨ª!) Mientras presencia c¨®mo el se?or gru?¨®n (y neur¨®tico) se aleja, Marcos piensa lo reciente con m¨¢s profundidad. ?Alguien que controla el destino? No es como si¡­ (No toques mis cosas). ¡­significara que el verdadero responsable de todas sus desgracias sea el Espantajo. Si es as¨ª, entonces considera que tiene la batalla perdida. Aunque esta conclusi¨®n sea la m¨¢s acertada, eso significa que su sentido de vivir ya no es el mismo. Sin esperanzas, ni alguien a qui¨¦n aferrarse. Marcos camina desencantado hacia la entrada, hasta que el estridente sonido del timbrazo de las 11:30 a. m. lo hace pegar un respingo. No entiende si el tiempo se le fue hablando con Xavier, o investigando por internet tiempo atr¨¢s. As¨ª que contin¨²a caminando hasta que llegan los dem¨¢s alumnos, y se mezcla con los de su sal¨®n. Est¨¢ con la espalda encorvada, la cabeza gacha en melancol¨ªa y ce?udo en frustraci¨®n. No quiere hacer contacto visual con nadie, y as¨ª pasa hasta el resto de horarios de clases. Desde luego, llega la hora de las 12:50; la ¡®hora libre dentro del sal¨®n¡¯ y a la espera de las 1:20 para salir. Delibera poner fin a todo, al tiempo que saca el frasco de pastillas y las coloca en su bolsillo. ¨DProfe, tengo que ir al ba?o ¨Dreclama Marcos, fingiendo una mueca de estar rompi¨¦ndose la vejiga. ¨D ?Estando casi a hora de salida? ¨Dpregunta el profesor, mientras lee un libro de ¡®El Poder de la Mente Subconsciente¡¯. ¨D ?S¨ª! ?En serio, profe! ?Necesito ir r¨¢pido! ¨DLa voz del chico se transforma en un murmullo fingido y retuerce las piernas para reforzar su mentira. El profesor cierra su libro y lo coloca a un lado. Marcos puede percibir su mirada de decepci¨®n, mientras cruza sus brazos. Lo observa de hito en hito, analizando. Marcos ans¨ªa que no lo rechace, porque si no toma una decisi¨®n dr¨¢stica hoy, perder¨¢ el inter¨¦s en el futuro y solo se condenar¨ªa a sufrir. Al fin y al cabo, tuvo suficiente tiempo para vivir y ver las cosas buenas; la satisfacci¨®n por la vida, es nula. ¨DVe r¨¢pido ¨Dresponde el profesor, con juicio. (Gracias a Dios). Marcos abre la puerta de un tir¨®n y camina a trav¨¦s del espacio amplio, que, aunque da la misma apariencia de vac¨ªo, est¨¢ lleno de ruidos y voces provenientes de los salones. Pasa junto a las bancas y dos dicotom¨ªas se aparecen ante sus ojos: ba?o para mujeres y otro para hombres. Rosa y marr¨®n; un color que representa la inocencia (al tiempo que la inmadurez) y otro que comunica la protecci¨®n. Empuja la puerta, pero est¨¢ cerrada. As¨ª que le pide al se?or Xavier que se la abra, descubri¨¦ndolo discutir con otra persona sobre qui¨¦n es el sujeto que le rob¨® el machete. Marcos concluye que Xavier tiene una labor curiosa, pero tambi¨¦n le trae sin cuidado. Xavier acude y abre el ba?o, con cierta renuencia y pregunt¨¢ndole qu¨¦ hace en estas horas en el ba?o. Marcos no le responde y entra al mugriento ba?o para hombres donde predomina el olor a orina, junto con una oscuridad que favorece la proliferaci¨®n de microorganismos. Dios m¨ªo, qu¨¦ horrible, piensa Marcos, mientras observa el tremendo caim¨¢n (o como le dicen heces fecales) en el inodoro. As¨ª que orina de verdad y luego saca el frasco de pastillas. Se los echa todos en la boca. Pero antes de volverse a la entrada para beber agua del lavamanos, se da cuenta de una presencia desde arriba. This text was taken from Royal Road. Help the author by reading the original version there. ¨D?Hey! ¨DLe gru?e Marcos, sinti¨¦ndose tan asustado que luego escupe las pastillas en el inodoro. Luego sale del ba?o para enfrentarse a esa persona. Aquella presencia tambi¨¦n abre la puerta contigua, sorprendiendo a Marcos por su familiaridad. Es David. Marcos siente c¨®mo quiere explotarle la vena de la sien y el furor le recorre los brazos hasta hacerle tensar los dedos. Por lo que se abalanza contra ¨¦l y aprieta sus delgadas manos a trav¨¦s de su camisa beige. A David se le rompen dos botones de su camisa, y su espalda impacta contra la pared. ¨D ??Suficiente con joderme la vida, maldita marioneta del destino!? ¡ªLe masculla Marcos, mir¨¢ndolo con sus ojos encarnizados. La expresi¨®n de David es indiferente¨D. ?Qu¨¦ problema tienes conmigo? ?Por qu¨¦ quieres verme sufrir? ¡ªLo sacude¡ª. ??POR QU¨¦!? David hace un silencio, hasta el punto de suspirar. La situaci¨®n le parece nimia, como si no tuviese importancia. ¨D Creo que la falta de relaciones sexuales te est¨¢ volviendo loco ¡ªReplica David, con voz actuada¡ª. ?Dios! Este ba?o huele hermoso. (?Y hace un chiste as¨ª, sabiendo lo que en realidad estaba haciendo?). ¨D ?Acaso eres homosexual y me quer¨ªas ver!? ¡ªLe espeta Marcos, pero la afirmaci¨®n se escucha tan fuera de lugar que luego siente verg¨¹enza. ¨D Marcos, acordamos encontrarnos el d¨ªa de ayer ¡ªRepone David, con esa tranquilidad contrastante. Marcos se siente peor por su acci¨®n impulsiva. Luego, David le toma del brazo y lo aleja con suavidad¡ª. Te dije que no pod¨ªa cont¨¢rtelo. Me viste m¨¢s de una vez en este liceo, y no me paraste bola. ¨D ?Entonces d¨ªmelo de una vez y d¨¦jame en paz en el resto del d¨ªa! ?No, de mi vida! A¨²n con este ¨²ltimo grito haciendo eco en todo el ba?o, David sigue sin inmutarse. En su lugar, ensombrece su expresi¨®n con interna preocupaci¨®n. Aparta la mirada para tener la cabeza baja, y piensa qu¨¦ decir. ¨DTengo el don de ver el futuro, y s¨¦ que ocurrir¨¢n cosas malas ¡ªSentencia David, con una voz queda¡ª. ?Sabes qu¨¦ pasar¨¢? Mi familia ser¨¢ asesinada. Llevo tres a?os as¨ª y no puedo detener estos pensamientos¡­ ?entiendes? Marcos pone los ojos en blanco. ?Solo eso? Cre¨ªa escuchar algo m¨¢s importante que otra tragedia, aunque sea futura. ¨DPues no me importa ¡ªMurmura Marcos, bajando la mirada. ¨D ?Hey, no! ¡ªLe exclama el otro, poniendo sus manos sobre el ment¨®n del chico y forz¨¢ndolo a mirarlo a los ojos¡ª. No fue por tu culpa; nada es culpa tuya. No s¨¦ c¨®mo me encontr¨¦ contigo, pero el destino no quer¨ªa que nos top¨¢ramos. ?Eso significa algo! Pero Marcos le aparta las manos y se aleja m¨¢s de ¨¦l. ¨D ?Ya, David! ?No, es no! ?No puedo pretender arriesgarme m¨¢s! ¨DYa veo ¡ªRepone David, subiendo el ment¨®n y contrayendo el labio inferior¡ª. As¨ª que el futuro est¨¢ m¨¢s predestinado que nunca: te lo pido y rechazas. Sigue as¨ª, entonces. T¨®mate todas las pastillas que quieras y muere como una MARIONETA. Contin¨²a viviendo como un marginado social si no es as¨ª. No hagas nada importante; contin¨²a como un cobarde que tuvo la suerte de estar con alguien que ve el futuro, y no la aprovech¨®. ¨DS¨ª, s¨ª. Est¨¢ bien. ¨DSi cambias de opini¨®n, ve por la Calle L¨¢zaro hasta pasar por la Urb. Los Procedimientos. Marcos asiente, se vuelve a la puerta y la abre, top¨¢ndose con el resplandor del exterior. Las clases se van r¨¢pido y se ven varios salones ¡®derramando¡¯ alumnos de camisa azul. De todos modos, est¨¢ absorto en el problema reciente. Su verdadera raz¨®n de existir, siempre fue proteger a sus seres queridos. Ahora, es la de destruir al Espantajo. Pero ?acaso es una decisi¨®n madura? Debe de haber otra soluci¨®n para sus problemas, m¨¢s all¨¢ de solo cobrar venganza. ?O no? ?Estar¨ªa Marcos dispuesto a perder la vida para cumplir ese capricho? Tiene una oportunidad a la vuelta de la esquina. Desarrollar su don y descubrir nuevas posibilidades con ¨¦l, como tener inmunidad al destino. Una gran aventura, tal vez. O una tragedia, que abarcar¨ªa el 90% de todas las posibilidades. La clase de hoy del ¡®profesorado¡¯ de Orientaci¨®n y Convivencia le hab¨ªa hecho saber que la necesidad de ocultar y encerrar a ese demonio interior provoca el mismo da?o que dejarlo salir. En alg¨²n momento, deber¨¢s calmar a la bestia de la jaula cada cierto tiempo. Con el tiempo sus ladridos y relinchos se volver¨¢n m¨¢s fuertes y te afectar¨¢n aunque lo reprimas. Tal vez lo haga, o tal vez no; Marcos lo reflexiona de camino a su casa. Qu¨¦ decepcionante, piensa David M¨¦ndez. Esa era su ¨²nica oportunidad para poder salvar a su familia, y la acaba de perder porque el chico es demasiado cobarde. Bueno, si no fue cobarde para salvar a su madre, entonces es m¨¢s probable que sea un maldito ego¨ªsta. Camina a trav¨¦s del mont¨®n de alumnos y esquivando a sus amigos a trav¨¦s de los autos que se interponen entre ellos; no quiere verlos, se siente p¨¦simo. Pasa a trav¨¦s de la salida, circulando el mont¨®n de autos buscando a sus alumnos hasta hallarse en la salida. Compra un helado de lim¨®n con unos billetes que le hab¨ªa dado su pap¨¢. (El helado de lim¨®n, blanco y transparente como tambi¨¦n la psicolog¨ªa del color blanco; la vida. Tambi¨¦n lo opuesto a la muerte; eso significa que morir¨¦ dentro de poco). ¡ª?No! ¡ªSe dice a s¨ª mismo en voz alta, y se da cuenta que los dem¨¢s lo observan extra?ados. ?De d¨®nde surgi¨® ese pensamiento?, se pregunta. Hace tiempo que se dio cuenta de que cada vez su cerebro le formula pensamientos a los que se resiste a aferrarse, y cada d¨ªa toman fuerza. En serio piensa que ese helado simboliza su futura muerte y cada vez m¨¢s se le hace dif¨ªcil creer lo contrario. (Estoy dividido). El espantap¨¢jaros asesino, observ¨¢ndolo desde la esquina. David siente el fr¨ªo cerrarse sobre ¨¦l y se voltea a verlo, pero se da cuenta de que no est¨¢. No existe, como muchas cosas que su cerebro intenta hacerle ver. No, otra vez no. David toma un taxi y se dirige a trav¨¦s de la Calle L¨¢zaro, observando a sus alrededores para asegurarse de que nadie lo amenace. ?Qui¨¦n podr¨ªa ser? Ese espantap¨¢jaros est¨¢ atrapado en el Bosque Central y no puede salir. No le puede hacer NADA. (Fuerza de voluntad, co?o). David se baja en la entrada de Los Procedimientos y empieza a caminar en direcci¨®n a su departamento. Los ni?os siguen jugando y las personas contin¨²an riendo, mientras un hombre se queja por el mal¨ªsimo corte que le acaba de hacer el peluquero. Ah¨ª es donde ve a su amigo, Emmanuel; su amigo de la infancia, quien se ve feliz cargando a su hermanito de tres a?os. David sabe que ese ni?o morir¨¢ en dos meses, asesinado por su mism¨ªsima madre. Emmanuel pasar¨¢ a?os de depresi¨®n despu¨¦s de eso, pero David no est¨¢ consciente de qu¨¦ pasar¨¢ despu¨¦s de eso. Su k¨®bisto, le hace saber lo mucho que vivir¨¢. Lo ¨²nico que no sabe, es cu¨¢ndo su familia fallecer¨¢. En qu¨¦ momento, circunstancia y d¨ªa. Pero las personas que est¨¢n en el fondo, caminando en direcci¨®n al Bosque Oeste, tienen una apariencia peculiar. Unos tienen el rostro y aire id¨¦nticos a sus hermanas Kelly, Clara y hermano Beto. Los m¨¢s altos se ven como su pap¨¢ y mam¨¢¡­ (Bendito sea el destino). ?Y si su familia son ellos? ?Y si el espantap¨¢jaros se habr¨¢ mudado al Bosque Oeste y viene a por ¨¦l? ?Y si todos son el espantap¨¢jaros? David se arma de valor y corre hacia ellos, con el fin de salvarlos. Vocifera sus nombres mientras pasa a trav¨¦s de la calle, los ¨¢rboles y por las inmediaciones del preescolar cercano a su casa. Pero cuando toca el hombro de Kelly, su hermana m¨¢s bajita, aquella voltea y posee un rostro distinto. No es su hermana, y los dem¨¢s no son su familia. Acaba de perseguir a las familias equivocadas. ¡ªLo siento, me equivoqu¨¦ de personas ¡ªLes dice David, pero sin verg¨¹enza alguna. De pronto siente c¨®mo una mano atraviesa su hombro hasta sentir la textura ¨¢spera, de madera seca y corro¨ªda. Se voltea de un respingo y hasta profiriendo un alarido, sintiendo c¨®mo alguien le acaba de pasar por detr¨¢s. Pero no era nadie. ¡ª ?Est¨¢s bien? ¡ªPregunta la chica a quien David hab¨ªa confundido con Kelly. ¡ªS¨ª. S¨ª, cada vez m¨¢s le viene la sensaci¨®n de que alguien est¨¢ jugando con su mente. Que le est¨¢ haciendo sentir cosas que no est¨¢n ah¨ª, am¨¦n de¡­ (El destino que nos unir¨¢). La voz, otra vez se acaba de o¨ªr. David siente como si todo su alrededor se tornara peligroso; su coraz¨®n late a miles, suda hasta pasarle por las mejillas y sus hombros no quieren moverse. Se siente perseguido, que alguien omnipresente lo observa desde los rincones Y HASTA EL VIENTO. As¨ª que corre lo m¨¢s r¨¢pido que puede, mientras la sensaci¨®n de tener a alguien detr¨¢s aumenta de forma exponencial. Que cada paso que ¨¦l da, hace que su perseguidor aumente su velocidad. Sus ojos dejan de percibir sus alrededores hasta nublarse su vista y siente que su pecho quiere salirse. Su perseguidor est¨¢ cada vez m¨¢s cerca; as¨ª lo siente. Tan pronto como se topa con la entrada de edificio, David se adentra y la cierra de un golpe. ¡ªEstoy a salvo ¡ªMusita. La sensaci¨®n se va; nadie le puede hacer da?o en ese edificio. As¨ª que sube por las escaleras hasta su puerta. David busca en su bolsillo, pero las llaves de su casa se caen; est¨¢ tan inquieto que sus extremidades siguen temblando. Las recoge y abre su departamento. Al lado, el televisor; tan pronto como su hermana Clara lo ve, se levanta de su denso sill¨®n y se acerca a ¨¦l. Una chica de unos diecisiete a?os cuya altura es incluso mayor que la de David (unos 1.83 cm), junto con su cabello recogido, una mirada severa y un cuerpo de poca redondez. ¡ª ?Qu¨¦ pas¨®? ¡ªLe pregunta Clara, mir¨¢ndolo con el entrecejo arrugado y sus p¨¢rpados muy abiertos. ¡ªNada, ?por qu¨¦ la pregunta? ¡ªLe responde David, sintiendo una ira surgir desde dentro. Sin raz¨®n aparente; solo porque Clara le acaba de preguntar su estado. ¡ªTe veo¡­ agitado ¡ªResponde ella, pero David supone otra cosa. Clara lee mentes cuando quiere, y solo le detiene su c¨®digo moral. Si llegase a decirle que est¨¢ volvi¨¦ndose loco¡­, no est¨¢ seguro de qu¨¦ respuesta darle¡ª. ?Qu¨¦ pas¨® ah¨ª? ¡ªNo pas¨® nada, ?qu¨¦ te parece si me das un abrazo? ¡ªRepone David, abriendo sus brazos. La chica se acerca y lo envuelve; nunca hab¨ªa sentido su abrazo tan indiferente. Recuerda en el pasado haberla abrazado a ella y a los dem¨¢s; sent¨ªa esa sensaci¨®n en el pecho de satisfacci¨®n. Tanto que ¨¦l sent¨ªa el impulso de abrazar con mayor fuerza. Ahora no; y eso que su vida social es la de un privilegiado. Tiene lo que le envidiar¨ªan personas como Marcos: oportunidades de tener pareja, amigos con los que conversar y una personalidad extrovertida. ?Qu¨¦ le est¨¢ pasando? Si nadie de su familia se le fue diagnosticado de un trastorno mental, no cree que ¨¦l tenga lo mismo. ¡ªHueles a menta ¡ªComenta David, oliendo el fr¨ªo de la menta a trav¨¦s del cabello de la chica y su blusa¡ª. ?Es un nuevo perfume? ¡ª ?Menta? Yo no me puse ning¨²n perfume ¡ªResponde Clara, con un tono sincero. ¡ª ?Era broma! ¡ªExclama mientras finge una risa, aunque sabe que es lo contrario. ¡ªPues no entiendo la broma. David siente la necesidad de ir hacia su cuarto y la suelta. No sin antes proseguir la conversaci¨®n para no generar ninguna sospecha; aunque ella le haya prometido que nunca le leer¨¢ la mente, nadie puede saber la realidad. ¡ª ?Kelly y los dem¨¢s, est¨¢n en la casa? ¡ªPregunta David, fingiendo su sonrisa. ¡ªEl par de flojos est¨¢n dormidos ¡ªResponde Clara¡ª. Pap¨¢ est¨¢ trabajando y mam¨¢ est¨¢ descansando. ?Este fue un d¨ªa aburrido! F¨ªjate que ni siquiera pasan nada bueno en la tele¡­ si es que las noticias no las consideras buenas. Escuchar c¨®mo tumban la propia Ant¨¢rtida y dem¨¢s hip¨¦rboles que se te pueden ocurrir en un mundo como este, aburre tanto como pensar que le estuviste huyendo a algo que no existe. ¡ª ?Bueno! ¡ªExclama David, volvi¨¦ndose al pasillo y haciendo el adem¨¢n de irse¡ª. Yo tambi¨¦n voy a dormir. La misa me dej¨® estresado. Mientras se dirige a su cuarto, su mente sigue centrada en lo reciente. ?Ahora qu¨¦ har¨¢? ?C¨®mo podr¨ªa evitar que su familia caiga en aquel tr¨¢gico destino? Estuvo demasiado cerca de convencer al chico, pero el (miserable, cobarde) Marcos se atrevi¨® a rechazar. Bueno, es entendible; debe de estar traumatizado por los acontecimientos pasados. Ser¨ªa ego¨ªsta obligarlo a hacer algo que no quiere. Pero una duda m¨¢s, le carcome su consciencia: ?qu¨¦ fue eso? ?C¨®mo se le formaron esas creencias tan irracionales junto a unas ilusiones todav¨ªa m¨¢s reales? Desde sus catorce a?os lleva creyendo que son cosas normales del cerebro, pero ahora se preocupa en mayor parte. Su hermana no suele echarse perfume en su propia casa, ?por qu¨¦ pregunt¨¢rselo? Tampoco ol¨ªa a menta. Pero s¨ª conoce a alguien que podr¨ªa hacerle saber qu¨¦ problema tiene: Emmanuel. Su mejor amigo, con un don para poder analizar la psique de una persona; en realidad ¨¦l solo interpreta las se?ales con sus conocimientos de psicoan¨¢lisis. Por supuesto, la idea de ser analizado y descubrir que se est¨¢ volviendo loco (LOCO, LOCO, ?LOCOTE) ser¨ªa peor que¡­ no ir. Y relacionado a sus pensamientos, le sobreviene otro mientras apoya su mano en el pomo de la puerta. ?C¨®mo ¨¦l morir¨¢? Est¨¢ seguro que estuvo a punto de morir, de no ser porque Francis y Marcos estaban ah¨ª. De la primera, no est¨¢ seguro; no obstante, de Marcos s¨ª puede sospechar su interferencia. ?Morir¨¢ a manos del espantap¨¢jaros? ?O morir¨¢ de otro modo? David abre su cuarto y se tumba en la cama. Suave y c¨®moda, recordando cuando su mam¨¢ lo despertaba a sus diez a?os. Tambi¨¦n ese momento donde so?¨® con el fallecimiento de ese tal ¡®Carl¡¯ y¡­ ?tambi¨¦n hab¨ªa otro recuerdo? S¨ª, est¨¢ seguro que tambi¨¦n hab¨ªa un suceso que todav¨ªa no ocurri¨®, pero s¨ª presenci¨® de peque?o. Era ¨²nico, y no como ahora que se manifiesta en tres visiones. Considerando que los dones se desarrollan con la edad, al igual que los m¨²sculos¡­ (Dios m¨ªo, me siento enfermo). Un sue?o inesperado, donde solo est¨¢ el negro absoluto. Hasta que resuena un timbre desde su sala, cuyo sonido llega hasta sus o¨ªdos hasta hacerle despertar. David se sienta de un sobresalto y escucha una peculiar voz, mientras alguien de la sala le abre la puerta. ¡ªHola, por casualidad ?aqu¨ª vive un tal David? ¡ªEs Marcos, con un temblor en la voz. La estridencia de su fobia social solo har¨¢ espantar a Clara, as¨ª que David se dirige a sala y lo encuentra¡­ (Oh, por dios). Est¨¢ vestido con su mono de deporte y una camiseta blanca, revelando sus fl¨¢cidos hombros. Sus brazos sostienen un objeto, un palo, cuyo mango no se percibe desde lejos. Cierto deseo se enciende en David, observando los ojos del chico cuya vulnerabilidad e inocencia le dan deseos de protegerlo. Sus verdosos ojos esmeralda pero tambi¨¦n ojerosos, lo observan con determinaci¨®n. ¡ª ?Qu¨¦ sostienes? ¡ªPregunta Clara. Quien CLARAmente le cerrar¨¢ la puerta en la cara cuando vea el hacha. Antes de ella asomarse por detr¨¢s de la puerta para verlo, David se interpone entre ellos. ¡ª ?Hola, Marcos! S¨ª, vivo aqu¨ª ¡ªExclama David mientras esboza su sonrisa de satisfacci¨®n. ¡ªRevis¨¦ en cada edificio y casa. De las tres hasta las cuatro en punto ¡ªEspeta Marcos, con suplicio en su voz. Clara le pone la mano en el hombro de su hermano. ¡ª ?Qui¨¦n es ese? ¡ªUn amigo ¡ªResponde David. Clara lo observa con recelo, y luego se devuelve a su cuarto. De las una en punto hasta las cuatro, ser¨ªan tres horas de sue?o que hab¨ªa dormido David. Le pide que espere y se devuelve a su cuarto. Se cambia su ropa del liceo por una de salir. Pantalones jeans y una chaqueta de cuero, acompa?ado de una camisa blanca por detr¨¢s; zapatos negros y deportivos. Si es hora de morir, que sea de manera agradable. Se devuelve hacia Marcos y ambos salen. David cierra la puerta y baja las escaleras con ¨¦l. Puede verlo nervioso; aunque sus ojos est¨¢n determinados y contin¨²a callado, en realidad parece querer desistir. Como quien busca hallar valor para enfrentarse al miedo, sabiendo su posible final. Ambos se enfrentar¨¢n al Espantajo. Pero aunque el nerviosismo los envuelva, David sabe una cosa: El destino no los controlar¨¢. Todo lo que har¨¢n est¨¢ fuera de predicci¨®n y eso significa que las sorpresas no tardar¨¢n en aparecer. Si la recelosa Clara no se atreve a seguirlos, eso significa que el destino la quiere en su casa. ¡ª ?C¨®mo est¨¢s? ¡ªPregunta Marcos, mientras se dirigen a la salida del edificio. ¡ª?Muy bien! ?Quiz¨¢s nervioso! Y sigo sin saber si en serio est¨¢s decidido a hacerlo ¡ªExclama David esbozando una sonrisa nerviosa. ?Qu¨¦ tantos nervios puede tener para hablar con Marcos? Es un simple chico¡­, quien ahora ensombrece su mirada sin devolv¨¦rsela al otro. ¡ªLo simple ¡ªResponde el otro, tan conciso que da miedo¡ª. Hacer que ese maldito caiga. (En serio, lo vamos a hacer).