《Wither With Me (Español)》 CAPíTULO 1 – MALAS DECISIONES Aquella hab¨ªa sido una mala decisi¨®n, despu¨¦s de todo. No deber¨ªan haberse ido por su cuenta. No deber¨ªan haber deambulado a ciegas hasta la ciudad, siguiendo un atisbo de esperanza en el que ni siquiera sab¨ªan si pod¨ªan confiar. ?Pero acaso hab¨ªan tenido alguna otra elecci¨®n? Ya no importaba, era el fin. Los fuertes golpes contra las ventanas del coche persistieron a lo largo de varios minutos, junto a una cacofon¨ªa de gru?idos y gorgoteos que se filtraba al interior del veh¨ªculo desde todas las direcciones. La infinita multitud de caminantes se amontonaba alrededor y por encima del coche, excesivamente interesados en los tentadores aperitivos que se escond¨ªan en su interior. ¡°?Maldita sea¡­!¡± Nora apret¨® el volante en frustraci¨®n, antes de girarse hacia las otras dos chicas en los asientos de atr¨¢s. ¡°?Por favor, Claire, tienes que parar de llorar! ?A este paso nunca nos dejar¨¢n en paz!¡± Claire ni siquiera la estaba escuchando. Se aferraba a Lilian con ambas manos, mirando a su alrededor fren¨¦ticamente con l¨¢grimas en los ojos, aullando y gritando con cada golpe en las ventanas. Lilian se hizo bola en su asiento todav¨ªa m¨¢s, murmullando para s¨ª misma con la mirada perdida. Nora devolvi¨® su atenci¨®n al parabrisas. Por mucho que rega?ase a Claire por su estado de p¨¢nico, sab¨ªa que era in¨²til. Les estaban observando a trav¨¦s del cristal resquebrajado. Sab¨ªan que estaban all¨ª dentro, y no se detendr¨ªan hasta obtener su raci¨®n. Cada nuevo golpe quebraba el cristal un poco m¨¢s, lo hac¨ªa curvarse hacia dentro un poco m¨¢s. Era un milagro que todav¨ªa aguantase. Volvi¨® a agarrar torpemente las llaves del coche, sus manos resbaladizas debido al sudor fr¨ªo. Volver a arrancar el coche, y de alguna forma abrirse paso a trav¨¦s de la multitud, ese era su ¨²nico ticket de salida. ¡°Vamos, vamos, vamos¡­¡± El motor emiti¨® un sonido traqueteante durante algunos segundos. Nada. ?En serio no quedaba ni una sola gota de combustible? ?Realmente se tuvo que quedar seco en ese preciso lugar? ?Cuando estaban tan cerca de alcanzar su objetivo? Parec¨ªa que el destino se estuviese riendo de su infortunio. Otra vez. ¡­ Nada. Nora se desplom¨® en su asiento. Llegados a este punto, ni los gru?idos, ni los golpes, ni los llantos desconsolados de Claire parec¨ªan molestarla. ¡®Lleg¨® la hora, pues¡­ No es la forma en la que esperaba morir¡­¡¯ Alz¨® la mirada, cuando el parabrisas finalmente se rindi¨®. Sus manos reptaron al interior del veh¨ªculo, junto a un olor absolutamente repulsivo. ¡®Lo siento¡­¡¯ las l¨¢grimas corrieron por su rostro. *Riiiiiiiiiiiiiiiiiing!* Un fuerte timbre se oy¨® repentinamente sobre los gritos y los gru?idos. Los ojos de Nora se abrieron en incredulidad, mientras la horda de caminantes, igualmente confusos, tornaba su atenci¨®n hacia el origen del sonido. Como obra de un milagro, la multitud se arrastr¨® lentamente lejos del coche, tambale¨¢ndose y tropezando hacia el otro lado de la calle y al interior de un edificio. Mientras todav¨ªa trataba de comprender qu¨¦ estaba ocurriendo, una de las puertas traseras se abri¨®, y Claire se apresur¨® al exterior. ¡°?Espera, Claire¡­! ?No es seguro ah¨ª fuera, vuelve al¡ª!¡± ¡°?Nora, mira!¡± Claire estaba de pie justo al lado del coche, se?alando a algo situado frente a ellas. Nora mir¨® al frente, entrecerrando los ojos debido a la luz del sol. A unos cien metros de distancia se encontraba el edificio al que pretend¨ªan llegar antes de que las rodearan: lo que parec¨ªa ser un enorme edificio de apartamentos, con claros signos de fortificaciones improvisadas. A nivel de calle, una gran puerta met¨¢lica se estaba elevando, revelando una ominosa oscuridad en el interior. De una de las ventanas en los pisos superiores colgaba una s¨¢bana blanca, en la cual alguien hab¨ªa escrito una sola palabra con letra descuidada. [ENTRAD] No iba a desperdiciar aquella oportunidad. O lo hac¨ªan, o mor¨ªan. Sin dudar ni un momento, Nora salt¨® fuera del veh¨ªculo, y se apresur¨® a sacar a Lilian tambi¨¦n. ¡°?Vamos, Lilian, todo va a salir bien ahora!¡± El timbre se hab¨ªa detenido momentos antes, los gru?idos sonaban m¨¢s cercanos a cada instante. ¡°?Corred! ?Al edificio! ??Deprisa!!¡± ****** El hombre esper¨® a que sus voces se oyesen claramente desde la habitaci¨®n de abajo. ¡°??Hola!? ?Estamos dentro! ?Ayuda! ?Por favor!¡± ¡°?Se est¨¢n acercando! ?Deprisa!¡± Unauthorized usage: this narrative is on Amazon without the author''s consent. Report any sightings. No hab¨ªa tenido tiempo de observar en detalle cu¨¢ntas personas hab¨ªa dentro de aquel coche arruinado. Tampoco ten¨ªa forma de saber si todos ellos hab¨ªan conseguido entrar y ponerse a salvo. Pero de una forma u otra, ten¨ªa que cerrar la puerta para mantener fuera a los caminantes. Con la activaci¨®n de un interruptor, el mecanismo de poleas se liber¨®, y la gran puerta descendi¨®, encerrando a los reci¨¦n llegados en la sala de entrada. Ahora mismo estar¨ªan en casi total oscuridad, y probablemente confusos, pero eso era de esperar. Se tom¨® su tiempo para asegurarse de que la escopeta estaba cargada y lista para usar, y procedi¨® hacia las escaleras. Seg¨²n se acercaba a la puerta al fondo de las escaleras, la abri¨®, pero no entr¨® a la habitaci¨®n. ¡°?Pod¨¦is o¨ªrme?¡± ¡°?G-Gracias por salvarnos, r-realmente ¨ªbamos a morir ah¨ª fuera!¡± la voz ven¨ªa acompa?ada de sollozos, y tartamudeaba ligeramente. ¡°Espera, Claire.¡± esa segunda voz era muy diferente, m¨¢s madura. ¡°Escucha, agradecemos la ayuda, pero ?por qu¨¦ salvar¨ªas a alguien para luego encerrarles en una celda?¡± Aparte de aquellas dos voces, solo pod¨ªa o¨ªr una tercera voz, un murmullo distante. Eran al menos tres personas, aunque podr¨ªa haber alguien m¨¢s, en silencio por el motivo que fuese. Deber¨ªa ser una situaci¨®n manejable, pero tendr¨ªa que garantizar su propia seguridad de todas formas. ¡°Escuchad atentamente, solo dir¨¦ esto una vez. Estoy armado. Si no os comport¨¢is sois carne muerta. Tambi¨¦n he instalado una trampa de sonido en alguna parte de este edificio, similar a la que hab¨¦is o¨ªdo antes. Si me ocurriese algo, pronto tendr¨¦is un par de miles de caminantes trepando por las paredes y entrando por las ventanas. Si sab¨¦is lo que os conviene, no har¨¦is nada raro. ?Entendido?¡± ¡°?Vale, no buscamos problemas¡­! ?Solo estamos tratando de sobrevivir!¡± Con el arma al frente, se adentr¨® en la habitaci¨®n y encendi¨® la luz. Sin mediar palabra, analiz¨® a las tres mujeres que le estaban mirando fijamente, visiblemente nerviosas. Una de ellas era obviamente m¨¢s adulta que las dem¨¢s, probablemente cerca de los treinta. Estaba al frente del grupo, cubriendo a las otras dos. Una de las chicas se revolv¨ªa sin parar, con una mirada cargada de miedo; la otra parec¨ªa descentrada y ten¨ªa la vista fija en el suelo por alg¨²n motivo, pero se manten¨ªa sorprendentemente calmada. Se encontraban tras una verja de hierro oxidada que separaba la entrada del resto de la habitaci¨®n. La verja contaba con una peque?a puertecilla improvisada, que apenas llegaba a la altura de la cintura; no parec¨ªa dise?ada para el tr¨¢nsito de personas. En una de las paredes laterales hab¨ªa una robusta puerta que parec¨ªa llevar a otra habitaci¨®n. No ten¨ªa manilla, pero s¨ª una cerradura. ¡°Ser¨¦ directo: ni conf¨ªo en vosotras ni me gust¨¢is. Nadie en su sano juicio conducir¨ªa un veh¨ªculo de forma tan imprudente en estos tiempos, y mucho menos en pleno centro de la ciudad. ?Qui¨¦n sois, y por qu¨¦ est¨¢is aqu¨ª?¡± Se acerc¨® un poco m¨¢s a la verja, apuntando la escopeta directamente a sus caras. La chica de apariencia perdida empez¨® a quejarse y a agitarse. ¡°?P-Para! ?La est¨¢s poniendo nerviosa!¡± dijo la otra chica, mir¨¢ndole con desd¨¦n. ¡°No pasa nada, Lilian¡­ No te va a hacer da?o, no pasa nada¡­¡± acarici¨® su cabeza y continu¨® susurr¨¢ndole cosas con una voz dulce, lo cual aparentemente consigui¨® calmarla un poco. ¡®Vaya panda de molestias¡­ Ya veo venir que van a ser una carga. Genial.¡¯ Observ¨® fijamente a la mujer adulta, como si estuviese inst¨¢ndola a empezar a hablar. ¡°Vimos¡­ una se?al de humo. Humo rojo, emanando de este edificio, hace varios d¨ªas. Est¨¢bamos huyendo de nuestro anterior refugio debido a una infestaci¨®n, y pensamos que encontrar¨ªamos m¨¢s supervivientes aqu¨ª.¡± Verdaderamente, no necesitaba que nadie le recordara la puta se?al de humo. De todas las cosas que quer¨ªa olvidar y dejar atr¨¢s, esa estaba al principio de la lista. Sujet¨® la escopeta firmemente, mientras frunc¨ªa el ce?o a¨²n m¨¢s. ¡°Sois realmente molestas. Quiz¨¢ deber¨ªa librarme de todas vosotras aqu¨ª mismo, y ahorrarme los problemas.¡± el dedo del gatillo se sent¨ªa nervioso. ¡°?E-Espera, por favor! ??Por qu¨¦!? ?No hemos hecho nada! ?Ni siquiera llevamos nada de valor!¡± ¡­ Efectivamente, aquel derramamiento de sangre ser¨ªa un sinsentido. Baj¨® la escopeta, y procedi¨® a arrastrar un par de cestas hacia la peque?a puerta en la verja. Tras soltar el pasador y abrirla, las pate¨® al interior de la celda. ¡°Desnudaos. Las tres. Por completo. Poned todo lo que llev¨¢is encima en la cesta vac¨ªa. La otra contiene ropa limpia, deber¨ªais encontrar algo que os sirva. A sus viejos due?os no les importar¨¢ que lo coj¨¢is.¡± ¡°??N-Ni de co?a!! ??Nora, no puede decir esto en serio, verdad!?¡± dijo Claire, pr¨¢cticamente dando botes. ¡°Uh¡­ ?No hay otra manera de hacer esto? ?Puedes al menos mirar a otro lado¡­?¡± ¡°No hay otra manera, y s¨ª, voy a mirar. He dicho que no me f¨ªo de vosotras, y me voy a asegurar de que no ten¨¦is nada que pueda comprometer mi seguridad una vez os deje entrar. Si a vosotras no os gusta, estoy seguro de que a los caminantes de ah¨ª fuera s¨ª les gustar¨¢.¡± El sutil golpeteo en la puerta exterior no hizo sino reafirmar su amenaza. Las chicas no estaban en absoluto en posici¨®n de negociar. ¡®Que les den, ya he tenido suficiente confiando en la gente. Jugar¨¦ con mis propias reglas. O lo toman o lo dejan, es su elecci¨®n.¡¯ ¡­ Aquella gente no eran supervivientes ordinarios, eso desde luego. Ropa en buen estado, sin romper o desgastar. Su piel casi limpia, como si hubiesen tenido el lujo de mantener una higiene en condiciones hasta hac¨ªa poco. Ausencia de buena forma f¨ªsica. Ninguna herida o cicatriz visible. ?Tras seis meses de pandemia? Algo as¨ª no era posible ni de broma. Sigui¨® observando, c¨®mo se desvest¨ªan, c¨®mo doblaban su ropa y la colocaban en la cesta vac¨ªa, c¨®mo volv¨ªan a vestirse¡­ La chica t¨ªmida, de nombre Lilian, parec¨ªa necesitar ayuda y ¨¢nimos para hacer este tipo de cosas. ¡®Esa parece tener algunos problemas¡­¡¯ No importaba, indagar¨ªa m¨¢s tarde si fuese necesario. En aquel momento, lo ¨²nico que quer¨ªa era perderlas de vista. Por alg¨²n motivo, le irritaban m¨¢s y m¨¢s a cada segundo que pasaba. Tras recuperar las cestas, se gir¨® y cogi¨® una llave de un armario cercano. ¡°Abrid esa puerta y tirad la llave de vuelta.¡± les arroj¨® la llave a trav¨¦s de la verja. ¡°No os molest¨¦is en intentar qued¨¢rosla, la puerta volver¨¢ a bloquearse en cuanto la cerr¨¦is, y no hay cerradura por el otro lado.¡± ¨¦l estaba armado y ellas no, as¨ª que las chicas siguieron las instrucciones y entraron a la siguiente habitaci¨®n sin quejas adicionales. Observ¨® c¨®mo la puerta se cerraba a sus espaldas, con un sonido que se hizo m¨¢s molesto que de costumbre. ¡®Desde luego que tendr¨¦ que cavilar sobre esto¡­ Lo ¨²ltimo que necesito son lastres.¡¯ CAPíTULO 2 – OPORTUNIDAD ¡°?No deber¨ªamos haber venido aqu¨ª! ?Quiz¨¢ habr¨ªa sido mejor echar a correr hacia cualquiera de las otras calles vac¨ªas¡­! ?Esto es terrible, me pone los pelos de punta! Y ni siquiera sabemos qu¨¦ es lo que pretende hacer con nosotras¡­¡± ¡°Mant¨¦n la calma, por favor. A m¨ª tampoco me gusta esto, pero ahora mismo no tenemos otra elecci¨®n. Adem¨¢s, nos ha salvado la vida a pesar de todo. Tratemos de cooperar por ahora, ?de acuerdo?¡± Claire asinti¨®, aunque Nora pudo leer signos evidentes de duda en sus ojos. No era demasiado sorprendente, toda la situaci¨®n era un shock. Hab¨ªan estado viviendo en relativo confort y seguridad hasta hac¨ªa unos d¨ªas. Y de repente, se encontraban enterradas bajo una ola de caminantes, corriendo por sus vidas, y luego amenazadas y forzadas a desnudarse a punta de pistola. No era exactamente la rutina de todos los d¨ªas. ¡®Si este hombre nos quisiera muertas, no nos habr¨ªa ayudado en primer lugar, ?no¡­? Por supuesto, podr¨ªa tener otras intenciones siniestras en mente, pero por ahora deber¨ªamos estar a salvo. Al menos, m¨¢s a salvo que ah¨ª fuera.¡¯ Nora se gir¨® hacia Lilian, agach¨¢ndose ligeramente para ponerse a la altura de sus ojos, y le dio unas palmaditas en la cabeza. ¡°Hermanita, ?todo bien?¡± ¡°Mhm¡­¡± Lilian mascull¨® a modo de afirmaci¨®n. La chica arrastr¨® los ojos por la habitaci¨®n, antes de hacer un t¨ªmido contacto visual con Nora de nuevo. ¡°No¡­ no me gusta este sitio¡­¡± Pellizc¨® la blusa de Nora, como si esto le proporcionase un extra de seguridad. ¡°¡­Pero me gusta m¨¢s que los se?ores malos de ah¨ª fuera.¡± Una c¨¢lida sonrisa se form¨® en la cara de Nora, seguida de un abrazo. ¡°Claro que s¨ª, ?los malos no pueden pillarnos aqu¨ª! Vamos, ?vale?¡± La habitaci¨®n en la que se encontraban era bastante inusual. Era una simple sala cuadrada, completamente vac¨ªa excepto por una escalera de mano en el centro, que llevaba a una abertura rudimentaria en el techo. Parec¨ªa como si el agujero se hubiese creado reventando el techo desde arriba. Hab¨ªa otra puerta en la habitaci¨®n, pero hab¨ªa sido sellada con tablones de madera y trozos de chatarra. No hab¨ªa ning¨²n otro camino, por lo que el grupo se dirigi¨® a la escalera. ¡°Yo ir¨¦ primero.¡± dijo Nora. ¡°Lilian ir¨¢ justo detr¨¢s de m¨ª. Claire, ?puedes vigilarla desde abajo y asegurarte de que sube de forma segura?¡± ¡°S¨ª, claro.¡± La escalera no paraba en la primera planta. Hab¨ªa sido encapsulada en todas las direcciones con muros de ladrillo. Lo mismo ocurr¨ªa a lo largo de varios pisos, la ¨²nica salida posible se encontraba arriba del todo. En el techo de la tercera planta les aguardaba una gran trampilla de metal, abierta. Nora se percat¨® de que parec¨ªa especialmente pesada, dud¨® que ninguna de ellas hubiese podido abrirla. Subieron a lo que parec¨ªa el dormitorio de un apartamento ordinario. La cama no estaba, probablemente para dejar espacio para el agujero de la escalera. Mientras ayudaba a las chicas a subir, no pod¨ªa evitar pensar en lo elaboradas e intrincadas que eran las modificaciones de aquel edificio. No parec¨ªa algo que una sola persona hubiese podido hacer. ¡®?Y ahora qu¨¦¡­? Obviamente nos ha guiado hasta aqu¨ª, pero dudo que nos vaya a dejar vagar con libertad por el edificio¡­¡¯ ¡°Chicas, manteneos cerca de m¨ª.¡± Claire y Lilian la siguieron a trav¨¦s de la puerta del dormitorio, al resto del apartamento. El lugar era peque?o y estrecho, consistiendo ¨²nicamente de una zona de cocina con el mobiliario esencial, y un ¨²nico ba?o en estado de deterioro. La puerta de entrada hab¨ªa sido extra¨ªda, y reemplazada por una puerta de barras de metal, similar a las que habr¨ªa en las celdas de una c¨¢rcel. Nora trat¨® de abrirla, pero para sorpresa de nadie, ni se movi¨®. Dej¨® escapar un suspiro. ¡°Todas las alacenas y cajones est¨¢n vac¨ªos, no hay nada en ninguna parte¡­¡± dijo Claire. Su est¨®mago emiti¨® un gru?ido a modo de queja. Se hab¨ªan visto forzadas a huir y robar el coche en un estado de p¨¢nico, sin ninguna posibilidad de coger los suministros apropiados. Los lugares que hab¨ªan decidido intentar saquear en busca de comida ya hab¨ªan sido desvalijados. Estaban sedientas, y ninguna de ellas hab¨ªa comido nada desde hac¨ªa d¨ªas. ¡®Aguantad un poco m¨¢s. Nos sacar¨¦ de esto de alguna manera.¡¯ Nora se sent¨® contra la pared y descans¨® la vista durante un rato. ¡­ El ruido de unas pisadas rompi¨® el silencio, haciendo eco en los pasillos, y provocando que Nora se pusiera de pie de inmediato. ****** Entre sus pertenencias, las ¨²nicas cosas ¨²tiles que encontr¨® fueron un espejo de bolsillo, un mechero y un par de tel¨¦fonos m¨®viles. Todos estos recursos podr¨ªan ser de utilidad en las situaciones adecuadas. El resto era basura arbitraria. Incluso encontr¨® dinero. El motivo por el cual esta gente todav¨ªa llevaba dinero encima se escapaba a su entendimiento, ahora los billetes no eran m¨¢s que yesca glorificada. Cuando se aproxim¨® a la puerta del apartamento, se encontr¨® con una mirada desafiante. Nora era la ¨²nica a la vista. Se apoy¨® contra la puerta de metal, y se apunt¨® a s¨ª mismo con el pulgar derecho. You could be reading stolen content. Head to Royal Road for the genuine story. ¡°Mi nombre es William.¡± Cargaba una mochila sobre su hombro izquierdo, que procedi¨® a soltar en el suelo. ¡°Estas son las cosas que os quit¨¦ antes. Tendr¨¦is casi todo de vuelta, excepto algunos objetos selectos que me han interesado especialmente. Pero tenemos que hablar de un par de cosas antes.¡± Nora se limitaba a mirarle y escuchar. Parec¨ªa como si quisiera decir algo, pero estuviese manteni¨¦ndose en silencio por precauci¨®n. William se apoy¨® de espaldas a la pared del pasillo, sac¨® un mechero y un ¨²nico cigarrillo, y empez¨® a fumar. ¡°A ver, ?qu¨¦ sabes hacer?¡± ¡°?Q-Qu¨¦ quieres decir¡­?¡± ¡°?Alguna habilidad? ?Habilidades ¨²tiles? La solidaridad no es exactamente mi punto fuerte. ?A qu¨¦ te dedicabas antes de todo se fuera al infierno?¡± ¡°Um¡­ Era una contable. Trabajo de oficina la mayor parte del tiempo¡­¡± Nora evit¨® sus ojos y se mordi¨® los labios, consciente de lo poco impresionante que aquello sonaba, dada la situaci¨®n. ¡°Ya veo¡­ ?Y las otras dos?¡± ¡°Claire era universitaria, y Lilian¡­ es mi hermana peque?a y¡­ tiene problemas de salud mental. Necesita cuidados especiales.¡± ¡°Vale, ya me hago una idea¡­¡± William dio una calada especialmente larga. ¡°En otras palabras, sois mayormente peso muerto.¡± ¡°?E-Espera! ?Eso no es cierto! ?Estamos dispuestas a ayudar si eso es lo que quieres!¡± Nora se acerc¨® a la puerta, alterada. ¡°?Pero pod¨¦is? ?Sois conscientes de lo que hace falta para sobrevivir ah¨ª fuera?¡± ¡°?Uh¡­! H-He visto lo que hay ah¨ª fuera, ?vale? Hemos venido desde¨C¡° ¡°Ver no es suficiente.¡± William volvi¨® a acercarse a la puerta y la mir¨® fijamente a los ojos. Si las miradas pudiesen matar, estar¨ªa muerta y enterrada. ¡°La gente como vosotras no sobrevive por mucho tiempo aqu¨ª fuera. No os hab¨¦is expuesto a los peligros de ah¨ª fuera a diario, ?a que no? Puedo adivinarlo solo con miraros a vosotras y las cosas que hab¨¦is hecho hasta ahora. La forma en la que hab¨¦is llegado aqu¨ª, vuestra apariencia, vuestra actitud¡­¡± Mientras algunas l¨¢grimas se acumulaban en sus ojos, Nora se desplom¨® al lado de la puerta. ¡°Soy incapaz de comprenderos, se me escapa. ?Est¨¢s pretendiendo ser fuerte por esas dos, supongo? Sin embargo, las has arrastrado a esto. ?Esperabais encontrar m¨¢s supervivientes? ?En medio de la ciudad? Esa l¨®gica es una puta locura; ninguna cantidad de supervivientes podr¨ªa hacer que semejante viaje mereciese la pena, dando tumbos a ciegas en el lugar m¨¢s peligroso imaginable. Cuanto m¨¢s te miro, m¨¢s irremediablemente inconsciente pareces. Aqu¨ª tiene que haber algo m¨¢s en juego, alg¨²n otro motivo.¡± Nora empez¨® a farfullar, con palabras apenas audibles. ¡°Lo s¨¦¡­ Maldita sea, lo s¨¦¡­¡± Sus murmullos r¨¢pidamente se convirtieron en un sollozo amargo, la atm¨®sfera volvi¨¦ndose m¨¢s y m¨¢s inc¨®moda a cada segundo que pasaba. ¡°?Necesitamos ayuda¡­! Estamos hambrientas, sedientas, no tenemos a d¨®nde ir¡­ ?No podemos sobrevivir a esto solas¡­! Las he tra¨ªdo aqu¨ª, he cometido errores, ?s¨¦ que he sido una incompetente! ?Pero no s¨¦ c¨®mo arreglarlo¡­!¡± ¡®Al fin un poco de honestidad, ?eh? Ha estado manteni¨¦ndose fuerte para proteger a esas dos, pero todo el mundo tiene un l¨ªmite.¡¯ ¡°??Nora, est¨¢s bien¡­!?¡± La voz de Claire son¨® distante, emergiendo del ba?o. ¡°?O-Oye, Lilian, estate quieta, no puedes ir¡­!¡± ¡°?Quedaos ah¨ª, las dos! Dejadme esto a¨C¡° ¡°Oye, mocosa, sal aqu¨ª fuera.¡± orden¨® William. La cabeza de Claire se asom¨® desde la puerta del ba?o, a la altura de la cintura. ¡°?Y-Yo¡­?¡± William asinti¨® y le hizo un gesto con la mano izquierda, incit¨¢ndola a acercarse, mientras daba otra calada al cigarrillo. Cuando se acerc¨®, empez¨® a hurgar en la bolsa que hab¨ªa dejado caer antes. Nora, todav¨ªa desplomada, observaba y escuchaba con ojos llorosos. ¡°Entonces, ?qu¨¦ has estado estudiando?¡± ¡°Um¡­ Biolog¨ªa, se?or.¡± ¡°Hm, biolog¨ªa... Tal vez esto sea lo tuyo despu¨¦s de todo, deber¨ªa hacer las cosas m¨¢s f¨¢ciles.¡± Sac¨® un bolso m¨¢s peque?o del interior de la mochila, de apariencia bastante pesada para su tama?o. Tras arrojar el cigarrillo todav¨ªa sin acabar, tom¨® una llave de su bolsillo y abri¨® la puerta, haciendo que Nora se levantase y se apartase. ¡°Toma.¡± William le entreg¨® el bolso a Claire, la cual lo acept¨® tras un momento de duda. ¡°Cuanto antes empieces, mejor.¡± ¡°Uh¡­ esto son¡­ ?libros?¡± El bolso conten¨ªa varios libros, que trataban temas como bot¨¢nica, jardiner¨ªa, y habilidades de supervivencia b¨¢sicas. ¡°En realidad mis estudios no cubr¨ªan todos estos temas¡­¡± ¡°Poco me importa. Familiar¨ªzate con todo esto, entonces podr¨¢s ser de ayuda.¡± Mientras empujaba la mochila con las pertenencias de las chicas al interior del apartamento, se?al¨® a Nora. ¡°T¨² sales, las otras dos chicas se quedan aqu¨ª. Estoy dispuesto a daros una oportunidad, pero de ti depende que sobreviv¨¢is a este l¨ªo en el que os hab¨¦is metido, o que acab¨¦is como comida de un caminante.¡± Nora asinti¨®, limpiando las l¨¢grimas de su cara. ¡°Gracias. Lo har¨¦ lo mejor que pueda.¡± ****** Nora dio unos golpecitos en la puerta del apartamento. Claire se asom¨® a mirar desde una esquina, e inmediatamente se apresur¨® hasta la puerta para reunirse con su amiga. ¡°??Nora!! ??Est¨¢s bien!? ??No ha hecho nada raro, verdad¡­!?¡± Casi tartamudeaba, incapaz de contener los nervios. ¡°?Has estado fuera varias horas!¡± Nora dej¨® escapar una risita. ¡°No te preocupes, estoy bien.¡± Le entreg¨® a Claire un par de peque?as latas de comida a trav¨¦s de la puerta, adem¨¢s de una botella de agua. ¡°Ten, es todo lo que puedo conseguiros por ahora. ?Est¨¢is bien? ?Como est¨¢ Lilian?¡± ¡°?Comida¡­!¡± sus ojos se encendieron, parec¨ªa deseosa de devorar la comida, envases incluidos. ¡°Por favor, trata de racionarlo. Puede que no tengamos nada m¨¢s por un tiempo.¡± ¡°Lo s¨¦, lo s¨¦¡­ Lilian est¨¢ bien, consigui¨® quedarse dormida hace un rato. ?Le har¨¦ saber que hay algo para comer en cuanto se despierte!¡± Mientras cog¨ªa las latas y la botella, Nora la alcanz¨® a trav¨¦s de la puerta y la sujet¨® por los hombros. ¡°Escucha, Claire. De verdad que necesito que te encargues de Lilian por un tiempo, ?vale?¡± Su semblante era muy serio, y Claire se dio cuenta. ¡°Ma?ana por la ma?ana¡­ voy a salir con William, vamos a buscar algunos suministros.¡± Claire se qued¨® boquiabierta y abri¨® los ojos de par en par. ¡°Espera, ??qu¨¦!? ?No, no, no, no puedes salir ah¨ª fuera¡­! ?Has visto a esas cosas! ?Vas a conseguir que te maten¡­!¡± ¡°?Tengo que hacerlo¡­!¡± El tono de Nora era inusualmente alto. ¡°Claire, hemos sobrevivido los ¨²ltimo seis meses gracias al trabajo duro de los dem¨¢s¡­ Pero yo sab¨ªa que esa realidad no durar¨ªa para siempre, especialmente con todo lo que hay en juego aqu¨ª. No podemos quedarnos sentadas y esperar a que nuestros problemas desaparezcan, ya no. Tenemos que acelerar el ritmo y ponernos a la altura si queremos salir de esta.¡± Los ojos de Claire la evitaron. Miraba al suelo, mientras jugueteaba con los dedos. ¡°Ya lo s¨¦¡­ Lo s¨¦, ?vale? Pero por favor¡­ ?ten cuidado!¡± Nora sonri¨®. ¡°Lo har¨¦, no te preocupes. Dejo a Lilian en tus manos, ?de acuerdo?¡± CAPíTULO 3 – CONTRATIEMPOS Se movieron de azotea en azotea, tan r¨¢pidamente como se pod¨ªan permitir sin hacer ruido. William hab¨ªa elegido una ruta muy cuidadosamente planeada, sab¨ªa con exactitud a d¨®nde les estaba dirigiendo y qu¨¦ esperaba encontrar a lo largo del camino. Estaban atravesando la ciudad a trav¨¦s de los bloques de edificios; donde todo estaba tan apretado que los callejones eran lo bastante estrechos como para saltarlos, y las calles se pod¨ªan cruzar mediante puentes rudimentarios, como tablones, escaleras de mano o cuerdas. Las l¨ªneas el¨¦ctricas hab¨ªan muerto hac¨ªa tiempo, y ahora se pod¨ªan usar como tirolinas o agarres. Evitaban las calles grandes en la medida de lo posible. Si una de ellas deb¨ªa ser atravesada, descend¨ªan por un lateral del edificio, t¨ªpicamente usando una escalera de incendios, y luego ascend¨ªan inmediatamente en el otro lado mediante medios similares. Cualquier tipo de entorno interior era evitado a menos que fuese necesario. Arriba, luego abajo, luego trepar sobre alg¨²n obst¨¢culo, luego otra vez abajo, luego otra vez arriba¡­ La fatiga no tard¨® en aparecer y pasar factura. La cara de Nora empez¨® a brillar con el sudor, su respiraci¨®n volvi¨¦ndose m¨¢s pesada a medida que pasaba el tiempo. Pero no pod¨ªa permitirse bajar el ritmo ni un instante, o se convertir¨ªa en una carga. Mientras segu¨ªa a William a la vuelta de una esquina, estaba tan concentrada en sus pensamientos que no se percat¨® de su compa?ero indic¨¢ndole con la mano que se detuviese, hasta el punto de estremecerse del susto cuando le vio. ¡°Descansaremos aqu¨ª por un rato.¡± dijo. Durante los siguientes minutos, Nora tom¨® un r¨¢pido trago de agua de una botella de pl¨¢stico, y mordisque¨® lentamente la comida que hab¨ªan preparado para el viaje, que no era mucha. Estaba hambrienta, pero sab¨ªa que ten¨ªan que usar sus recursos con moderaci¨®n. No pod¨ªa evitar percatarse de c¨®mo William la miraba fijamente todo el tiempo. La incomodaba sobremanera. ¡°Pareces funcionar bien bajo este tipo de estr¨¦s. M¨¢s all¨¢ de tu evidente falta de forma f¨ªsica y de tu ignorancia, no pareces demasiado perturbada por este entorno. Me desconciertas.¡± Tom¨® un sorbo de agua antes de continuar. ¡°Soy consciente de lo fuerte que puede ser el deseo de proteger a alguien, pero me pregunto si eso es todo lo que est¨¢ en juego aqu¨ª.¡± Por mucho que odiaba admitirlo, William hab¨ªa dado justo en el clavo. Apart¨® su mirada de ¨¦l por un momento, antes de formular una respuesta. Realmente no ten¨ªa ganas de compartir cosas con ¨¦l, pero ten¨ªa que decir algo. ¡°He visto muchas cosas en nuestro refugio original. Claire y Lilian se manten¨ªan alejadas de esta realidad en la medida de lo posible, pero yo sol¨ªa ayudar a los grupos de exploraci¨®n cuando volv¨ªan de sus b¨²squedas. Ya fuese atendiendo a los heridos, ayudando con la gesti¨®n y organizaci¨®n de los suministros¡­¡± Suspir¨®, a¨²n evitando el contacto visual con ¨¦l. ¡°Siento que he podido ver lo peor de ambos lados. He visto discusiones, peleas est¨²pidas que acababan en tragedias innecesarias, robo y oportunismo, ego¨ªsmo¡­ y tambi¨¦n he visto el estado en el que volv¨ªan algunos. Heridas horribles, a veces convirti¨¦ndose en el acto¡­¡± Nora se detuvo un momento, y a pesar de que parec¨ªa que todav¨ªa ten¨ªa m¨¢s cosas que decir, William se levant¨® y la interrumpi¨®. No parec¨ªa demasiado complacido. ¡°No pretendo faltar al respeto, pero dudo mucho que hayas visto lo peor. De ning¨²n lado.¡± Empez¨® a revolver en sus pertenencias y a empacar lo que hab¨ªa sobrado de su comida. ¡°Por supuesto, tampoco pretendo desacreditar tus propias experiencias. Soy muy consciente de que no se puede juzgar un libro por la portada. Y francamente, esa es la ¨²nica raz¨®n por la que sigues viva. No hagas que me arrepienta. Prepara tus cosas, sigamos movi¨¦ndonos.¡± Nora no dijo nada, aunque quer¨ªa hacerlo. Lo que William hab¨ªa dicho le sonaba insensible, pero aun as¨ª estaba de acuerdo. Incluso en el antiguo mundo era arriesgado confiar en la gente bas¨¢ndose ¨²nicamente en las palabras. El nuevo mundo lo hab¨ªa empeorado a¨²n m¨¢s. Siendo honestos, la desconfianza era mutua. Claire y Lilian se hab¨ªan quedado encerradas en el edificio de apartamentos, y tras alejarse tanto de ¨¦l, Nora dudaba que fuese capaz de volver por su cuenta. Estaban las tres pr¨¢cticamente secuestradas y a merced de William. A pesar de ello, nadie mostraba indicios de tener malas intenciones. Al menos, eso parec¨ªa. Deber¨ªa ser solo cuesti¨®n de ganarse la confianza mutua. M¨¢s f¨¢cil decirlo que hacerlo, por supuesto. Nora recogi¨® todas sus cosas y se prepar¨® para continuar. William estaba ya esper¨¢ndola al otro lado de la azotea, de brazos cruzados. Se apresur¨®, lo ¨²ltimo que quer¨ªa conseguir era irritarle a¨²n m¨¢s. ¡°Al menos has visto cosas. Ya es un buen comienzo.¡± a?adi¨® William, mientras descend¨ªa por una escalerilla cercana. Nora dej¨® escapar un suspiro de alivio mientras lo segu¨ªa por la escalera. Alivio por tener al menos una oportunidad. Dado el estado actual del mundo, tal cosa era probablemente un privilegio. Siguieron avanzando a lo largo de algunos edificios m¨¢s, hasta que se detuvieron abruptamente. Nora se aproxim¨® al borde del tejado, al lado de William. Se encontraban frente a un gran espacio abierto. ¡°Hemos llegado al r¨ªo. Nuestro destino est¨¢ al otro lado. Este puente ser¨ªa nuestra mejor opci¨®n, pero¡­¡± anunci¨® William. La ciudad entera se divid¨ªa en dos por un gran canal, de aproximadamente cincuenta metros de ancho, con un puente que conectaba ambas orillas. Aquel paisaje era un buen y deprimente resumen del estado deteriorado de la ciudad. M¨¢s all¨¢ de la l¨ªnea de edificios ruinosos y deshabitados, cientos de coches se apilaban sobre el puente y sus alrededores. El puente en s¨ª estaba repleto de restos de barricadas militares y policiales, invadidas y destruidas hac¨ªa mucho tiempo. Algunas ¨¢reas todav¨ªa parec¨ªan conservar un ligero tinte oscurecido de sangre seca. Un obvio punto caliente durante el comienzo de la epidemia, muy probablemente una trampa mortal mientras la gente trataba de evacuar y ponerse a salvo; ahora permanec¨ªa en silencio como un recuerdo del pasado. En silencio, siempre y cuando no fuese perturbado. Nora mir¨® hacia abajo, y le entraron escalofr¨ªos. Era dif¨ªcil juzgar el n¨²mero, pero con toda seguridad eran cientos. Completamente quietos, observando el cielo, por todo el puente. ¡°Ag¨¢chate.¡± William la agarr¨® del hombro y tir¨® de ella hacia abajo hasta ponerla de rodillas. ¡°No dejes que te vean, su vista es sorprendentemente buena.¡± ¡°Me preguntaba por qu¨¦ las calles han estado casi vac¨ªas hasta ahora¡­ P-Pero esto¡­¡± This content has been unlawfully taken from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. ¡°?Realmente no sabes nada acerca de ellos? Dijiste que sol¨ªas ayudar a los grupos de b¨²squeda. Les ayudabas, pero, ?nadie te dijo nada?¡± ¡°No¡­ No nos dec¨ªan muchas cosas.¡± William la mir¨® fijamente de nuevo, y suspir¨®. ¡°De acuerdo, escucha. Siempre se mueven en hordas. De hecho, en base a lo que he observado hasta ahora, dir¨ªa que se parece m¨¢s a una corriente. Parece que toman rutas espec¨ªficas a lo largo de la ciudad, y fluyen a trav¨¦s de esas rutas. Pero solo lo hacen de noche. Durante el d¨ªa, todos se detienen y observan el cielo. Ni idea de por qu¨¦.¡± ¡°?Qu¨¦¡­? ??No es eso¡­ demasiado organizado!? Quiero decir, ?no se supone que son zombis descerebrados?¡± ¡°Felicidades, acabas de hacerte la pregunta del mill¨®n.¡± William parec¨ªa serio, pero aquel comentario hab¨ªa sonado casi como una burla. Sac¨® un mapa de la zona, y se rasc¨® la barba, pensativo. ¡°Maldita sea¡­ M¨¢s o menos hab¨ªa predicho que esta horda se habr¨ªa detenido en esta ¨¢rea, pero no esperaba que estuviesen ocupando el puente directamente. Y no creo que podamos distraerles a todos con una trampa de sonido, no hay garant¨ªas de que el sonido alcance el otro lado del puente y aleje a toda la horda. Implica demasiados riesgos¡­¡± ¡°Hmm¡­ ?Tenemos que usar el puente s¨ª o s¨ª? ?No hay otra forma de cruzar?¡± ¡°Si est¨¢s pensando en nadar, eso ser¨ªa una idea terrible. La corriente es fuerte, mucho m¨¢s fuerte de lo que parece.¡± Desvi¨® la mirada a una zona distinta del mapa, r¨ªo abajo. ¡°Sin embargo¡­ hay otro puente. Tardaremos m¨¢s en llegar a nuestro destino, pero podr¨ªa ser nuestra ¨²nica forma de cruzar.¡± A todas luces, aquello deber¨ªan ser buenas noticias, pero Nora not¨® c¨®mo William frunc¨ªa el ce?o y miraba al cielo, visiblemente preocupado. ¡°?Hay alg¨²n problema¡­?¡± ¡°No me gusta este cambio de planes. Pero no podemos permitirnos volver con las manos vac¨ªas. La cantidad de suministros en los apartamentos es peligrosamente baja, y casi todo en este lado del r¨ªo ha sido ya saqueado.¡± Procedi¨® a guardar el mapa en su bolsillo, e indic¨® a Nora que le siguiera en silencio. ¡°Si nos movemos r¨¢pido, deber¨ªamos tener suficiente tiempo para estar de vuelta antes del anochecer. Vamos.¡± ¡°?Es realmente tan peligrosa la noche?¡± William se detuvo de repente y se gir¨® hacia ella. ¡°No te lo cuestiones ni por un momento. No solo se mueven durante la noche, sus sentidos se agudizan. No puedes huir de ellos, no puedes esconderte, ni siquiera puedes defenderte. Recemos para estar de vuelta a tiempo.¡± Nora trag¨® saliva. La noche. Hab¨ªa o¨ªdo algunas cosas antes, pero nada demasiado espec¨ªfico. En su antiguo refugio, se hab¨ªa dado cuenta de que los grupos de saqueo siempre trabajaban durante el d¨ªa, y solo durante el d¨ªa. El edificio se sellaba a cal y canto en cuanto el sol empezaba a ponerse. Aparentemente, hab¨ªa una buena raz¨®n de ser para ese protocolo. ****** Si la noche ca¨ªa sobre ellos, no habr¨ªa forma de que pudieran garantizar su propia seguridad. Los apartamentos eran relativamente seguros, dado que eran lo bastante grandes como para mantenerles lejos de sus agudos sentidos nocturnos. Pero cualquier otro lugar supon¨ªa una sentencia de muerte. William sab¨ªa muy bien lo que ocurrir¨ªa si provocaban una horda rampante durante la noche. Llamarlo desastre ser¨ªa quedarse corto. Se movieron de un edificio a otro, siguiendo el curso del r¨ªo. Casi toda la orilla estaba libre de hordas estacionarias, y solo habitada por un pu?ado de caminantes dispersos. Aunque la inmensa mayor¨ªa de ellos tend¨ªa a fluir como una corriente a lo largo de rutas por la ciudad, en ocasiones algunos se apartaban del grupo y vagaban sin rumbo fijo. Por suerte, incluso si alguno de estos solitarios les descubr¨ªa, no representaban un problema, dado que carec¨ªan de la fuerza en n¨²meros de las hordas. William estaba sumido en sus pensamientos, como de costumbre. Teniendo que decidir el mejor camino a seguir, contar el paso del tiempo y mantenerse en guardia en todo momento, el tener que vigilar tambi¨¦n a Nora estaba demostrando ser un obst¨¢culo adicional en la lista. Le estaba siguiendo bastante bien a pesar de su obvia falta de entrenamiento f¨ªsico y ejercicio, pero con toda seguridad su ritmo ser¨ªa m¨¢s r¨¢pido si ella no estuviese all¨ª. Aproximadamente a mitad de camino, alcanzaron un lugar bastante seguro en una azotea bien oculta entre edificios m¨¢s altos. A juzgar por la posici¨®n del sol, era m¨¢s o menos mediod¨ªa. ¡°Descansa aqu¨ª un rato, recupera el aliento.¡± ¡°?Est¨¢s seguro¡­? Puedo continuar.¡± respondi¨® ella. ¡°Tu sudor y tus jadeos dicen lo contrario. Todav¨ªa tenemos que volver. Si te agotas por completo ahora, vamos a tener un problema m¨¢s tarde. Tenemos que racionar la energ¨ªa adecuadamente, como cualquier otro recurso.¡± ¡°De acuerdo¡­ Gracias.¡± ¡­ William termin¨® de echar un vistazo a las calles circundantes, las cuales solo conten¨ªan unos pocos caminantes. Memoriz¨® la ruta exacta que tomar¨ªan durante el resto del camino hasta el puente, y guard¨® el mapa. Volvi¨® en direcci¨®n a donde se encontraba Nora, justo a tiempo para verla observar un peque?o trozo de papel, el cual escondi¨® de vuelta en su bolsillo en cuanto le vio venir de vuelta. Sospechoso. ¡°Te he visto. ?Qu¨¦ es?¡± Nora se sobrecogi¨® y evit¨® su mirada. ¡°Uh¡­ No, esto es¡­ Um¡­¡± Divagaciones nerviosas, pero sin una respuesta clara. ¡°No me hagas quit¨¢rtelo.¡± Se qued¨® en silencio por un momento, antes de dejar escapar un profundo suspiro. ¡°Es¡­ una receta m¨¦dica. Lilian necesita una cierta medicaci¨®n. Tiene que tomarla todos los meses, o se arriesga a tener serios problemas de salud¡­ Se nos ha acabado, y necesitar¨¢ una nueva dosis pronto¡­¡± ¡°??Est¨¢s de co?a!? ??Y ahora me lo dices!?¡± ¡°?Yo¡­ No pretend¨ªa-!¡± ¡°Dices que necesita una nueva dosis pronto. ??C¨®mo de pronto!?¡± ¡°¡­m¨¢s de un par de d¨ªas ya ser¨ªa ponerla en riesgo.¡± ¡°?Esto es para flipar¡­!¡± William camin¨® en c¨ªrculos por unos momentos. Sac¨® un cigarrillo y un mechero de su mochila, lo encendi¨®, y dio una calada. Se encar¨® de vuelta hacia Nora. Estaba cabreado, no pod¨ªan permitirse contratiempos en aquel momento. Adem¨¢s, ?medicaci¨®n? ?Con el estado en el que se encontraba el mundo? Aquello era una puta sentencia de muerte, una bomba de relojer¨ªa a punto de estallar. Si quer¨ªa lastres, los acababa de encontrar. ¡°?Por qu¨¦? ?Por qu¨¦ no me lo dijiste antes?¡± ¡°?Y realmente esperabas que lo hiciera¡­? S¨¦ que no conf¨ªas en m¨ª; no conf¨ªas en ninguna de nosotras. ?Y esperas que te pida por las buenas que vayamos a investigar una farmacia, o un hospital? ?Estamos acaso en posici¨®n de hacer peticiones?¡± Le estaba taladrando con la mirada, pero sus ojos no eran ni desafiantes ni temerosos, como lo hab¨ªan sido hasta entonces. En todo caso, parec¨ªa cohibida. ¡°Simplemente iba a mantenerme atenta por si pas¨¢bamos cerca de una¡­ Y luego preguntar, si surg¨ªa la posibilidad. Nada m¨¢s¡­¡± Tom¨® otra calada del cigarrillo, y luego respir¨® profundamente. Cerr¨® los ojos por un instante. Nora ten¨ªa raz¨®n, aunque aquello no mejoraba mucho la situaci¨®n. Aun as¨ª, discutir no llevar¨ªa a ninguna parte. En efecto, si ella hubiera hecho alguna petici¨®n, era probable que ¨¦l no hubiese reaccionado bien. Aquello era tan solo un giro desafortunado de los eventos. ¡°?No tuvisteis ninguna oportunidad de obtener estas medicinas antes de llegar a los apartamentos?¡± ¡°?Por qu¨¦ crees que est¨¢bamos completamente secas de combustible cuando llegamos? Lo intent¨¦¡­ Prob¨¦ en varios sitios, pero todos estaban o infestados de caminantes o saqueados por completo.¡± ¡®Ya veo¡­ Entonces, ella sab¨ªa a d¨®nde ten¨ªan que llegar, pero lo pospuso todo lo posible para poder buscar las medicinas de su hermana¡­ Y al final, calcul¨® de forma muy ajustada el combustible restante, y acab¨® dej¨¢ndolas a todas atrapadas en medio de una horda¡­¡¯ Asumiendo que su historia fuera cierta y que no le estuviera mintiendo, no ten¨ªa motivos para enfadarse con ella. En todo caso, tendr¨ªa que sentir pena. De todas formas, necesitaba mantenerse anal¨ªtico. En aquel mundo ya no hab¨ªa lugar para la compasi¨®n, siempre que implicase riesgos innecesarios. ¡°Escucha, voy a ser muy claro. No me desviar¨¦ de mi camino para conseguir tus medicinas. Si nos topamos con ellas por casualidad, consid¨¦rate afortunada. Pero si quieres ir a saquear por tu cuenta, entonces est¨¢s enteramente por tu cuenta. Y las otras chicas tambi¨¦n. ?Entendido?¡± Nora asinti¨®. Su expresi¨®n era amarga, pero William esper¨® que fuese comprensiva. Por duro que fuera, no hab¨ªa otra opci¨®n. No iba a arriesgarse a que lo mataran por alguien en quien no confiaba. Su seguridad estaba primero, le gustase o no. ¡°Levanta, continuemos.¡± CAPíTULO 4 – SUPERVIVENCIA Al llegar al segundo puente, Nora sinti¨® que se le encog¨ªa el coraz¨®n. ¡°Oh dios¡­¡± El puente estaba en condiciones similares al anterior. Igualmente desolado, igualmente lleno de ruinas y coches accidentados, e igualmente poblado de caminantes. De hecho, era incluso peor, pues la secci¨®n intermedia del puente estaba completamente bloqueada por varios camiones siniestrados, con coches apilados por todas partes a su alrededor. Adem¨¢s, las calles cercanas estaban tambi¨¦n infestadas de zombis. ¡°Podemos cruzar por este. Mira debajo.¡± dijo William, apuntando a las secciones inferiores del puente. Tras una inspecci¨®n m¨¢s detallada, Nora se percat¨® de a qu¨¦ se estaba refiriendo. ¡°?Oh¡­! ?Ya veo, podemos usar eso¡­!¡± A lo largo de toda la secci¨®n inferior del puente se extend¨ªa una estructura de vigas met¨¢licas y pasarelas, probablemente destinada a tareas de mantenimiento. Estaba vac¨ªa; una puerta de metal parec¨ªa haber mantenido fuera a los caminantes. ¡°El anterior puente tambi¨¦n ten¨ªa una estructura similar debajo, pero esa estaba destruida. Probablemente alg¨²n tipo de sabotaje para tratar de mantener la cuarentena, qui¨¦n sabe.¡± Tras localizar una escalera de incendios cercana, William coloc¨® su mochila en el suelo y empez¨® a hurgar en sus suministros. ¡°Prep¨¢rate para moverte. Despejaremos la calle, pero no creo que podamos despejar completamente la zona cercana al puente. A mi se?al, descendemos y corremos hacia esa pasarela de mantenimiento como alma que lleva el diablo.¡± Nora trag¨® saliva. La idea de correr entre los caminantes no era precisamente atractiva. Pero no ten¨ªan otra opci¨®n. Observ¨® c¨®mo William sacaba un viejo tel¨¦fono m¨®vil. Era un modelo cl¨¢sico, del tipo que ten¨ªa teclado y tapa. ¡°Cualquier tel¨¦fono sirve para esto, pero prefiero usar los antiguos. Compactos, m¨¢s resistentes, m¨¢s propensos a sobrevivir al proceso. Es una mierda ir a recuperarlos luego y encontrarlos en pedazos.¡± a?adi¨®, mientras terminaba de configurar la alarma del m¨®vil. Cerr¨® la tapa, sac¨® de la mochila varias tiras de espuma y un rollo de cinta adhesiva, y procedi¨® a proteger y empaquetar el tel¨¦fono con varias capas. Luego, se levant¨® y lo arroj¨® calle abajo, lejos del puente. ¡°Deber¨ªa sonar en un par de minutos.¡± Nora lo sigui¨® escalera de incendios abajo, piso tras piso, hasta que alcanzaron la ¨²ltima plataforma antes del nivel de suelo. Varios caminantes les avistaron, y empezaron a arrastrarse hacia el edificio. ¡°?William¡­! ?Nos han visto!¡± dijo, con tono temeroso. ¡°Es inevitable. No te preocupes, no pueden alcanzarnos aqu¨ª, siempre y cuando no soltemos la escalera.¡± La plataforma inferior contaba con una escalera que deb¨ªa desplegarse hacia abajo para poder alcanzar el suelo. ¡°No hacemos nada hasta que suene la alarma.¡± ¡°?Pero no podremos bajar de todos modos si est¨¢n bajo nosotros!¡± ¡°?Recuerdas c¨®mo dejaron vuestro coche cuando escucharon la alarma? Son m¨¢s sensibles al sonido que a su propia visi¨®n. Los ruidos agudos pueden cambiar su foco de atenci¨®n con facilidad. Mant¨¦n la calma, y espera.¡± ¡­ Puede que hubieran sido tan solo un par de minutos, pero parecieron una eternidad. Nora pod¨ªa sentir el sudor fr¨ªo deslizarse por su cara. Los gru?idos y chillidos de los caminantes debajo suyo sonaban m¨¢s perturbadores a medida que pasaba el tiempo. A cada segundo que transcurr¨ªa, se encontraba m¨¢s y m¨¢s concentrada en ellos. Sent¨ªa escalofr¨ªos. La mayor¨ªa todav¨ªa vest¨ªan prendas de ropa harapientas y empapadas en sangre seca, que apenas pod¨ªan ocultar sus cuerpos desfigurados. Piel gris¨¢cea, heridas terribles y marcas de mordiscos que no sanaban pero tampoco se infectaban ni se pudr¨ªan, ojos blancos y vac¨ªos que la miraban con un hambre primigenia. Todo ello era una sombra, un resquicio de lo que una vez fueron. Gente normal seis meses atr¨¢s, monstruos can¨ªbales y descerebrados ahora. ?Y ten¨ªa que bajar ah¨ª abajo y correr entre ellos? ?Ahora? ¡®Oh dios, oh dios, oh dios¡­ Vamos, Nora, tienes que calmarte¡­¡¯ No pod¨ªa evitar pensar en Claire y Lilian. La necesitaban. Hab¨ªa demasiadas cosas en juego, no pod¨ªa permitirse dejarlas solas. As¨ª no. Su respiraci¨®n empez¨® a acelerarse m¨¢s y m¨¢s. De repente, algo la agarr¨® del brazo y la hizo apartar la mirada de los caminantes y volver en s¨ª, hasta el punto que incluso dej¨® escapar un sutil aullido. ¡°No pierdas la cabeza. Respira hondo, y por el amor de dios no los mires fijamente. Especialmente si no est¨¢s acostumbrada.¡± El tono de William era un tanto abrasivo, pero no parec¨ªa molesto. De hecho, parec¨ªa como si ya hubiese pasado por aquella misma situaci¨®n muchas veces antes. ¡°Ah¡­ S¨ª¡­ Gracias¡­¡± Nora cerr¨® los ojos y respir¨® profundamente varias veces. ¡°Es extra?o¡­ Cuando nos rodearon en el coche, la sensaci¨®n no era tan aterradora¡­¡± ¡°La adrenalina puede hacerte ese tipo de cosas. Pero esta es una situaci¨®n calculada y premeditada; las cosas funcionan de forma diferente cuando no vienen por sorpresa. Y cr¨¦eme, es mejor as¨ª. Ahora conc¨¦ntrate, ya casi es la hora.¡± Nora hizo todo lo posible por ignorar los gru?idos de debajo, y en su lugar se centr¨® en contar el tiempo. Casi pod¨ªa o¨ªr el tictac del reloj en su cabeza. Tic, tac, tic, tac¡­ Todos los dem¨¢s sonidos parecieron ensordecerse y apagarse, y un leve zumbido ocup¨® su lugar en sus o¨ªdos. Hasta que son¨® el verdadero zumbido. Calle abajo, la alarma del tel¨¦fono empez¨® a sonar a todo volumen. Como una ola sincronizada, atra¨ªdas por sonido, las cabezas empezaron a girarse por toda la calle, los cuerpos tambale¨¢ndose unos sobre otros en direcci¨®n al origen del ruido. Sin pens¨¢rselo dos veces, William liber¨® el pestillo de la escalera, que r¨¢pidamente descendi¨® hasta el ahora despejado nivel de suelo. ¡°?Ahora, mu¨¦vete!¡± grit¨®, casi volando escalera abajo. Nora le sigui¨® y empez¨® a correr tras ¨¦l en direcci¨®n al puente. A medida que acortaban la distancia con la estructura, pod¨ªa o¨ªr gru?idos y gorgoteos a su alrededor, pod¨ªa sentir sus miradas provenientes de todas las direcciones. Sin embargo, centr¨® sus ojos ¨²nicamente en William, prefer¨ªa ni siquiera mirar atr¨¢s. Emergiendo de la acera en direcci¨®n al r¨ªo, un tramo de escaleras de hormig¨®n descend¨ªa hacia los cimientos del puente, y conectaba con el corredor de mantenimiento de debajo. William lo alcanz¨® primero y descendi¨® con prisas, tras echar un vistazo r¨¢pido a Nora. Cuando ella hizo lo mismo momentos despu¨¦s, mir¨® atr¨¢s. Y lo que vio no eran buenas noticias. This story originates from a different website. Ensure the author gets the support they deserve by reading it there. ¡°?William, vienen hacia aqu¨ª!¡± ¡°?Lo s¨¦! ?El sonido no se oye tan alto tan cerca del puente, no les est¨¢ alejando de forma efectiva!¡± grit¨®, mientras buscaba algo fren¨¦ticamente en su mochila, justo frente a la puerta que les separaba de las pasarelas. ¡°?Ni siquiera estoy seguro de que la alarma est¨¦ todav¨ªa sonando!¡± Algunos segundos despu¨¦s sac¨® una cizalla, con la cual cort¨® con facilidad el candado de la puerta. Los dos se apresuraron a subir a la plataforma, mientras una ola de caminantes bordaba por las escaleras de hormig¨®n tras ellos. ¡°?Deprisa! ?Al otro lado!¡± Jadeando, sin un momento para recuperar el aliento, Nora corri¨®. Pod¨ªa sentir como la horda que les persegu¨ªa hac¨ªa que la pasarela se sacudiese peligrosamente. Pod¨ªa o¨ªr las fuertes salpicaduras provenientes del r¨ªo, a medida que incontables cuerpos tropezaban y se precipitaban desde la plataforma. Les estaban sacando mucha distancia a los caminantes, pero tras un r¨¢pido vistazo hacia atr¨¢s, no tuvo esa impresi¨®n. Todo lo que pudo ver fueron sus caras hambrientas reptando hacia ellos. ¡°?All¨ª, una puerta delante!¡± exclam¨® William. A mitad de puente hab¨ªa una peque?a estructura con forma de caja, con una puerta cerrada que conectaba con la pasarela en la que se encontraban. ¡°?La abriremos a la fuerza si es necesario! ?R¨¢pido!¡± Por poco se estrellaron contra la puerta. La habitaci¨®n no ten¨ªa ventanas, por lo que no hab¨ªa forma de saber qu¨¦ hab¨ªa dentro, pero casi seguro que era mejor que lo que les ven¨ªa detr¨¢s. William forceje¨® con el pomo de la puerta, y para su sorpresa, estaba abierto. Sin embargo, la puerta no cedi¨®, como si algo pesado la estuviera bloqueando desde dentro. ¡°?Empuja! ?Con todas tus fuerzas!¡± Nora apoy¨® el hombro contra la puerta y empuj¨® tanto como pudo, poniendo todo su peso sobre ella. Apret¨® los dientes mientras la puerta se empezaba a abrir, cent¨ªmetro a cent¨ªmetro. De repente, la puerta cedi¨® en su resistencia. Lo que fuera que la bloqueaba se hab¨ªa quitado de en medio, lo cual provoc¨® que ambos entraran a trompicones al interior de la estructura. William se abalanz¨® hacia delante y cay¨® de costado, pero Nora cay¨® de bruces contra el suelo, casi golpe¨¢ndose la cabeza en el proceso. Mientras trataba de ajustar sus ojos a la oscuridad y mirar alrededor, palp¨® a su alrededor, y toc¨® algo blando. Algo que se mov¨ªa. ¡°??No te quedes ah¨ª parada!! ??Mu¨¦vete, idiota!!¡± Cuando pudo reaccionar, ya era demasiado tarde. Hab¨ªa ca¨ªdo justo al lado de un caminante, y ese mismo caminante estaba ahora encima de ella. Nora grit¨® y forceje¨® con todas sus fuerzas. Agarr¨® la cabeza del zombi con ambas manos y trat¨® de apartarla, pero no funcionaba. Pod¨ªa sentir su inmensa fuerza, casi inhumana. No era de extra?ar que la puerta hubiera sido tan dif¨ªcil de abrir. La cosa le gru?¨ªa directamente a la cara, sus ojos mir¨¢ndola con furia animal, casi brillando en anticipaci¨®n de la fat¨ªdica mordedura. Estaba agarrado a su hombro y su torso, por lo que no pod¨ªa escapar. Se encontraba encima de ella, demasiado pesado como para que ella pudiera apartarlo. Su rostro se le acercaba m¨¢s y m¨¢s, con una fuerza tan abrumadora que no pod¨ªa luchar contra ella. El olor era repugnante, hasta el punto de sentir que estaba al borde de desmayarse. No pudo evitar gritar y chillar mientras forcejeaba. ¡®?No, no, no¡­! ??Oh dios, por favor¡­!! ??Socorro, quien sea¡­!!¡¯ Entonces, el caminante fue arrojado a un lado. William lo hab¨ªa pateado tan fuerte como pudo, provocando que soltara a Nora, y que saliera volando contra el mobiliario cercano. Sin embargo, el zombi consigui¨® agarrar la pierna de William, haci¨¦ndole perder el equilibrio y caer al suelo de nuevo. Mientras se esforzaban por levantarse, Nora mir¨® a un lado y avist¨® varias herramientas esparcidas por el suelo. No pens¨® demasiado en lo que estaba a punto de ocurrir. En sus ojos, todo hab¨ªa sido borroso. En su mente, no era m¨¢s que un pensamiento fugaz. El instinto se apoder¨® de su cuerpo y de sus sentidos. El instinto de sobrevivir a toda costa. Apenas pod¨ªa o¨ªrse a s¨ª misma gemir y gritar con cada golpe que daba. No ten¨ªa ni idea de cu¨¢nto hab¨ªa durado aquel momento de rabia, solo sab¨ªa que ten¨ªa que hacerlo. ¡°¡­ra! ¡­ora! ¡­basta, ya¡­suficiente! ??Nora!!¡± Los gritos de William al fin pudieron sacarla del trance, y se detuvo en seco. Mir¨® hacia abajo, y al instante estuvo a punto de vomitar. Estaba sentada sobre el caminante que la hab¨ªa atacado, pero su cabeza hab¨ªa sido destrozada, destruida, como si la hubieran pasado por una picadora de carne. Gotas de sangre coagulada cubr¨ªan el suelo a su alrededor y empapaban su ropa y el martillo que estaba sosteniendo. Se apart¨® del cad¨¢ver a toda prisa y empez¨® sufrir fuertes arcadas. ¡°?Controla esos nervios y lev¨¢ntate, r¨¢pido!¡± William hab¨ªa vuelto a cerrar la puerta, y estaba arrastrando hacia ella una estanter¨ªa de aspecto pesado. Luchando contra la fatiga y la urgencia por vomitar, Nora se levant¨® a tropezones y empez¨® a empujar contra la estanter¨ªa, que se encontraba ya frente a la puerta. No pod¨ªa saberlo a ciencia cierta, pero por la forma en que William la miraba, no deb¨ªa de tener buena cara. ¡°Escucha, tienes que concentrarte en lo que est¨¢ ocurriendo ahora mismo, c¨¦ntrate en lo que tienes que hacer para sobrevivir, ?entendido? Tan solo empuja. Empuja todo lo que puedas, como si te fuera la vida en ello. No hagas ni un ruido, y no pares de empujar, ??me oyes!?¡± Asinti¨®. Momentos despu¨¦s, una mir¨ªada de golpes y ruidos vinieron desde el exterior, y toda la pared de la habitaci¨®n comenz¨® a temblar y sacudirse. Pod¨ªan sentir la incre¨ªble fuerza de la horda arroj¨¢ndose contra el costado de la estructura. Cada golpe les sacud¨ªa hasta la m¨¦dula, amenazando con reventar aquella puerta y destruir todo lo que se interpusiera en su camino, hasta darse un preciado fest¨ªn. El coro de gru?idos cabreados era interminable. Nora cerr¨® los ojos y se limit¨® a dejar que su cuerpo hiciera el trabajo. No pens¨® en la situaci¨®n, no quer¨ªa pensar. Todav¨ªa estaba conmocionada, cubierta en sudor fr¨ªo y manchas de sangre. Pod¨ªa sentir sus piernas temblar. Ignor¨® el sonido de la multitud, ignor¨® los implacables golpes, simplemente sigui¨® empujando. Hasta que no hubo m¨¢s golpes, no hubo m¨¢s gru?idos, tan solo un silencio ominoso. William se recost¨® contra la pared y respir¨® hondo, mientras Nora se dej¨® caer y se sent¨® en el suelo. ¡°Primer contacto, ?me equivoco?¡± pregunt¨® William. ?Primer contacto? No, eso no era lo ¨²nico que rondaba en su cabeza. Por supuesto, mirar a la muerte a los ojos tan de cerca hab¨ªa sido una experiencia terror¨ªfica. Pero hab¨ªa algo m¨¢s en su subconsciente. ¡°Lo he matado. As¨ª de f¨¢cil, se ha ido.¡± ¡°Y fue lo correcto.¡± Resultaba f¨¢cil pensar en ello desde la seguridad de un refugio. No eran m¨¢s que zombis, monstruos descerebrados. En ficci¨®n se ve¨ªan cosas similares todo el rato. Siempre lo hab¨ªan hecho parecer muy f¨¢cil. Pero, ?hacerlo de verdad? Ver un cuerpo humano quedarse fl¨¢cido tras un trauma severo, o¨ªr crujir los huesos mientras el hedor de la sangre y la muerte llena la habitaci¨®n¡­ Mir¨® a William a los ojos, como buscando reconocimiento y aceptaci¨®n por sus actos. ¡°?Lo fue¡­? Esto era una persona normal no hace mucho¡­¡± ¡°Exacto, lo era. Ya no puedes considerarles personas. Desde luego, ellos no lo van a hacer por ti. Si dudas, est¨¢s pidiendo que te devoren, como hace un momento.¡± Nora mir¨® hacia abajo. Todav¨ªa estaba sujetando el martillo empapado de sangre. Incluso mientras empujaba aquella estanter¨ªa, no lo hab¨ªa soltado. Algunas l¨¢grimas se deslizaron por sus mejillas. ¡°La primera vez siempre es la m¨¢s dif¨ªcil. Despu¨¦s se vuelve f¨¢cil. Y s¨¦ lo que probablemente est¨¢s pensando, todo el mundo piensa as¨ª en alg¨²n momento. Pero esto ya no se trata de moral. Se trata de supervivencia. Cuanto antes lo asimiles, mejor.¡± ?Que despu¨¦s se vuelve f¨¢cil? De momento no lo parec¨ªa. Agarr¨® la herramienta con a¨²n m¨¢s fuerza, casi se estaba haciendo da?o por apretar tanto. ¡®Esto es dif¨ªcil, joder¡­ Lo siento, Lilian¡­ Tu hermana mayor finge ser fuerte¡­ Pero no soy m¨¢s que una farsante¡­¡¯ ****** William observ¨® a Nora mientras ¨¦sta lloraba casi en silencio. Sab¨ªa que no pod¨ªan permitirse darse el lujo de holgazanear o perder el tiempo, pero por una vez, no la apresur¨®. La dej¨® recomponerse, y se fum¨® un cigarrillo entero mientras esperaba. Hac¨ªa tiempo que no ten¨ªa la oportunidad de fumar un cigarro entero de una sola vez. Tir¨® la colilla y mir¨® a su compa?era. Hab¨ªa dejado de llorar, y estaba con la mirada perdida, inmersa en sus pensamientos. Sin embargo, hab¨ªa algo que llam¨® su atenci¨®n. La piel de sus dedos estaba p¨¢lida por la presi¨®n que ejerc¨ªa sobre el mango del martillo. No hab¨ªa aflojado su agarre ni por un instante. ¡®Est¨¢s cagada de miedo¡­ y m¨ªrate. En serio, ?qu¨¦ pasa contigo¡­?¡¯ CAPíTULO 5 – AMENAZA ¡°Nada¡­ Es todo inservible, otra vez.¡± William refunfu?¨® por lo bajo. ¡°?Algo por ah¨ª?¡± Cerr¨® la alacena que estaba inspeccionando y mir¨® hacia el otro lado de la cocina, donde estaba Nora. ¡°No¡­ Todo lo que queda aqu¨ª ya est¨¢ estropeado¡­¡± Todas las alacenas estaban repletas de basura y restos podridos desde tiempo atr¨¢s. Abri¨® brevemente la puerta de la nevera, pero volvi¨® a cerrarla tan pronto como oli¨® el p¨²trido aroma que emanaba de su interior. ¡°Ugh¡­ Oh dios¡­¡± ¡°Esto no puede ser una coincidencia.¡± ¡°?Quiz¨¢ quienquiera que haya vivido aqu¨ª consumi¨® todas sus reservas de comida?¡± William mir¨® alrededor. No hab¨ªa se?ales de que nadie hubiese vivido all¨ª desde hac¨ªa tiempo. Las puertas estaban destruidas, las ventanas rotas y sin obstruir, porquer¨ªa y sangre seca por todas partes¡­ ¡°?Recuerdas c¨®mo comenz¨® la epidemia? Fue r¨¢pida. Demasiado r¨¢pida como para que cualquiera pudiese reaccionar. Cuando las autoridades se dieron realmente cuenta de la gravedad de la situaci¨®n, ya era demasiado tarde. Toda la ciudad fue aniquilada y sumida en el caos en cuesti¨®n de d¨ªas. La gran mayor¨ªa de los edificios fueron invadidos por los infectados mucho antes de que se pudiesen tomar las medidas adecuadas. Es por esto que es com¨²n encontrar conservas y alimentos no perecederos; sus propietarios ni siquiera tuvieron la oportunidad de usarlos.¡± Nora pareci¨® cavilar sobre aquello durante un segundo, y luego asinti¨®. ¡°Entonces, ?por qu¨¦¡­?¡± Era extra?o. Desde que dejaron atr¨¢s el puente y volvieron a la relativa seguridad de las azoteas, se hab¨ªan detenido en varios puntos para tratar de saquear suministros. Pero en todos los lugares en los que lo hab¨ªan intentado, no encontraron nada de utilidad. ¡°Seguiremos movi¨¦ndonos. Nuestro destino principal deber¨ªa estar cerca. Quiero que mantengas los ojos abiertos ah¨ª fuera, ?entendido?¡± ¡°C-Claro¡­¡± Nora asinti¨®, aunque su mirada indicaba preocupaci¨®n. Mientras regresaban a las escaleras y se dirig¨ªan de vuelta a la azotea, William no par¨® de ojear a Nora. Estaba sudorosa, temblorosa, y sus movimientos se hab¨ªan vuelto torpes y lentos. Las ojeras denotaban su falta de descanso y sue?o. Y por supuesto, todav¨ªa estaba conmocionada por el incidente en el puente. Cuando comenzaron su viaje esa ma?ana, hab¨ªa tratado de mantener su ropa limpia y de arreglarse el pelo siempre que ten¨ªa la oportunidad de hacerlo. Ahora, su ropa luc¨ªa sucia y su pelo despeinado, pero ella ya no parec¨ªa notarlo o molestarse por ello. William supuso que aquella falta de cuidado personal pod¨ªa atribuirse al shock emocional, y que probablemente ten¨ªa cosas m¨¢s importantes en mente en aquellos momentos. ¡®Ahora estoy pr¨¢cticamente cuidando de ella¡­¡¯ Siendo justos, ¨¦l comprend¨ªa la situaci¨®n de Nora. Y no pod¨ªa decir que no se preocupase en absoluto por ella, ya no. No le gustaba precisamente, pero tampoco le importaba su presencia, incluso si su condici¨®n psicol¨®gica no era la ideal. Tambi¨¦n era consciente de que no quer¨ªa abandonarla a su suerte, a menos que le diese motivos para hacerlo. Sin embargo, no hab¨ªa que ser un genio para darse cuenta de que Nora necesitaba un descanso en condiciones. Y no podr¨ªan atender a ese tipo de necesidades hasta que estuviesen de vuelta en el refugio. ¡°Vamos a salir afuera de nuevo, mantente cerca de m¨ª, y mantente alerta.¡± ****** [?Eres tan f¨¢cil de quebrar? ?Es eso todo lo que puedes ofrecer?] ¡®D¨¦jame en paz¡­ C¨¢llate, estoy haciendo todo lo que puedo¡­ Para sobrevivir, por m¨ª, por ellas¡­¡¯ [?Haciendo todo lo que puedes? No lo digas como si pudieses hacer algo. Todo lo que puedes hacer es dejarte llevar por tus instintos. Pero t¨² no tienes voz propia. Si no fuese por ellas, no valdr¨ªas para nada.] ¡®?Y qu¨¦..? Si protegerlas me permite seguir adelante, ?cu¨¢l es el problema¡­?¡¯ [?Qui¨¦n te va a proteger a ti? ?Vas a depender de los dem¨¢s? ?Otra vez?] ¡®C¨¢llate¡­ D¨¦jame en paz¡­¡¯ [Claro que lo vas a hacer. Por ti sola, solo sabes acurrucarte y rezar. Rezar para poder vivir otro d¨ªa m¨¢s. Rezar para que no te hagan da?o otra vez.] ¡®Por favor¡­ Ya basta¡­ Fuera, vete, ?fuera¡­!¡¯ [Algunas cosas nunca cambian.] ¡­ Un impacto repentino devolvi¨® a Nora a la realidad. Ahogada profundamente en sus pensamientos, hab¨ªa chocado con William, quien hab¨ªa parado de caminar justo al borde del tejado. ¡°??Qu¨¦ demonios est¨¢s haciendo!? ?Te dije que te mantuvieras alerta¡­!¡± se quej¨®. ¡°?A-Ah¡­! ?Lo siento¡­!¡± ¡°En serio, c¨¦ntrate¡­ Hemos llegado.¡± ¡°?Ah? Pero, no veo nada especial por aqu¨ª¡­¡± dijo, mientras echaba un vistazo a los alrededores. ¡°Mira abajo.¡± William apunt¨® hacia abajo con el dedo, hacia la calle. Nora se acerc¨® al borde, se inclin¨® hacia delante, y mir¨® hacia abajo, sin saber demasiado bien qu¨¦ esperarse. Sin embargo, en cuanto pos¨® la vista sobre los balcones debajo suyo, se dio cuenta de inmediato. El edificio parec¨ªa ser otro complejo de apartamentos, similar al suyo. Un peculiar destello de luz solar se reflejaba en el objeto, delatando su posici¨®n. Estaba un par de pisos por debajo de la azotea, en la tercera planta. El bac¨®n conten¨ªa una elegante mesa de cristal con lo que parec¨ªa un ordenador port¨¢til sobre ella, junto a otros electr¨®nicos variados. Y all¨ª, con suerte intacto, hab¨ªa un panel solar port¨¢til. Record¨® la conversaci¨®n que hab¨ªa tenido con William durante la ma?ana, antes de salir del refugio. ###### ¡°Entonces¡­ ?Vamos a buscar un panel solar?¡± William la estaba guiando por varios pasillos, hasta una habitaci¨®n en el ¨²ltimo piso. El lugar parec¨ªa un apartamento ordinario que hab¨ªa sido reformado y transformado en una especie de oficina de gesti¨®n. Aunque estaba oscuro, Nora pod¨ªa distinguir que la habitaci¨®n estaba llena de taquillas y estantes cubiertos de libros y documentos, junto a un mont¨®n de herramientas y utensilios varios. Tambi¨¦n hab¨ªa reservas de comida, apiladas de forma ordenada en cajas en una esquina. No eran abundantes. ¡°Exacto. La puerta que usasteis para entrar al edificio, los m¨®viles que uso para distraer a las hordas y moverme por la ciudad, trampas alrededor del edificio, iluminaci¨®n, electrodom¨¦sticos¡­ El refugio entero depende de esa cosa para funcionar.¡± explic¨® William, al tiempo que encend¨ªa el bot¨®n de la luz. ¡°Ya veo¡­ Tiene sentido. ?Entiendo que has estado usando uno de esos todo este tiempo? ?Qu¨¦ ocurri¨®? ?Dej¨® de funcionar?¡± William mantuvo un momento de silencio. La mir¨® fijamente, como si estuviese midiendo sus palabras. Nora no supo qu¨¦ pensar, pero tampoco hizo ning¨²n comentario al respecto. ¡°Se rompi¨®, ni idea de c¨®mo. Por suerte, hay varias bater¨ªas de coche conectadas como almacenamiento de energ¨ªa de emergencia, pero tarde o temprano se agotar¨¢n. Necesitamos un reemplazo para el panel, de lo contrario este edificio podr¨ªa dejar de ser seguro.¡± Hab¨ªa una mesa en el centro de lo que anta?o habr¨ªa sido el dormitorio. Un mapa de la ciudad se extend¨ªa encima, lleno de marcas y garabatos. William se?al¨® un bloque de edificios en particular, al otro lado de un r¨ªo cercano. ¡°Aqu¨ª. Pas¨¦ por esta zona hace varias semanas mientras me encargaba de otros asuntos, y pude ver un reemplazo plausible en un balc¨®n. Sinceramente, es bastante raro encontrarse un aparato de estos, pero en aquel momento no pod¨ªa permitirme tomar un desv¨ªo para recogerlo.¡± No estaba demasiado lejos, pero de alguna forma Nora sab¨ªa que no iba a ser f¨¢cil llegar hasta all¨ª. Si lo fuese, el propio William ya lo habr¨ªa hecho. ¡°No hay garant¨ªas de que el panel todav¨ªa est¨¦ en el mismo lugar donde lo vi.¡± a?adi¨®, mientras se acercaba a un armario cercano y empezaba a reunir algunos suministros en una mochila. ¡°No frecuento demasiado el otro lado del r¨ªo, principalmente debido a los peligros de cruzar el r¨ªo en s¨ª. Es probable que encontremos edificios sin saquear en la zona. Incluso si no logramos obtener el panel solar, no deber¨ªamos volver con las manos vac¨ªas.¡± ###### ¡®Y despu¨¦s de todo, seguimos con las manos vac¨ªas¡­¡¯ En un ir¨®nico giro del destino, el elemento dudoso estaba justo all¨ª, a plena vista y en el lugar exacto en el que esperaban que estuviese. ¡°Vamos a entrar. Prep¨¢rate, ahora m¨¢s que nunca.¡± dijo William, mientras sacaba un arma de su mochila. Nora prepar¨® su martillo. Se lo hab¨ªa quedado desde el momento en que lo hab¨ªa usado en el puente. Demostr¨® ser m¨¢s que capaz de deshacerse de un caminante, y deber¨ªa ser suficientemente duradero. Adem¨¢s, era f¨¢cil de manejar y blandir, y no la cansaba de la misma forma en que lo har¨ªa un arma m¨¢s pesada. Sin embargo, el arma que William sosten¨ªa no era lo que ella esperaba ver. ¡°?Espera un momento¡­! ??Una pistola...!?¡± exclam¨®. ¡°?No es demasiado peligroso usar eso? ??No atraer¨¢ a m¨¢s caminantes hacia nosotros!?¡± ¡°Esto no es para los caminantes.¡± En cuanto escuch¨® aquella frase, Nora se percat¨®. Todo este tiempo, se hab¨ªa mantenido ajena a otra amenaza muy obvia en aquel nuevo mundo. Se acerc¨® m¨¢s a William, casi toc¨¢ndolo, y empez¨® a sentir escalofr¨ªos, como si alguien estuviese observ¨¢ndola. If you stumble upon this tale on Amazon, it''s taken without the author''s consent. Report it. ¡°Todos los edificios que hemos revisado en este lado del r¨ªo estaban ya saqueados. Pero que yo sepa, no deber¨ªan estarlo. Lo que quiere decir que otro grupo de supervivientes debe de estar operando en esta zona.¡± ¡°?Crees que ser¨¢n hostiles¡­?¡± Nora mir¨® a las azoteas de los alrededores. Cada forma y sombra extra?a que ve¨ªa empezaba a parecerse m¨¢s y m¨¢s a una amenaza potencial, un acosador observ¨¢ndoles desde la distancia, esperando al momento perfecto. ¡°Estoy convencido de que lo ser¨¢n. Es muy probable que no nos consideren m¨¢s que bocas extra comiendo su comida. No puedes dudar. Dispara primero, pregunta despu¨¦s, ?me oyes?¡± ¡°D-De acuerdo¡­ Ugh¡­¡± Nora se dio cuenta de la mirada que William le dirigi¨®. Probablemente sab¨ªa que no estaba demasiado dispuesta a atacar a otro ser humano sin provocaci¨®n previa. No quer¨ªa convertirse en una carga, pero cuestion¨® su capacidad para no hacerlo. Tal vez ya lo era. Mientras entraban por la puerta del hueco de la escalera, William le dio una se?al con el dedo ¨ªndice sobre los labios, record¨¢ndole que se mantuviese en silencio antes de adentrarse en la oscuridad del edificio. La repentina transici¨®n de la luz del d¨ªa al tenue ambiente del interior hizo que se quedara ciega durante un par de segundos, hasta que sus ojos empezaron a adaptarse a la falta de luz. El interior estaba h¨²medo y polvoriento, la inquietante atm¨®sfera de abandono y decadencia permeaba cada poro de la piel de Nora, y sent¨ªa que podr¨ªa estremecerse y saltar del susto en cualquier momento. Los anteriores edificios que hab¨ªan tratado de saquear ten¨ªan las mismas caracter¨ªsticas, pero por alg¨²n motivo este se sent¨ªa diferente. El peligro potencial de un encuentro con otros supervivientes, junto con los caminantes, hac¨ªa que cualquier sonido aleatorio en la distancia pareciese una amenaza inminente. Crujidos lejanos, peque?os golpes y rasgu?os provenientes de las paredes¡­ Lo que parec¨ªa sonar como leves gorgoteos y murmullos haciendo eco por los pasillos adyacentes¡­ A medida que descend¨ªan las escaleras, escal¨®n a escal¨®n, un sinf¨ªn de sonidos extra?os parec¨ªan darles la bienvenida. Nora supuso que la mayor¨ªa de ellos proven¨ªan o bien de su propia imaginaci¨®n, o de todos los insectos y peque?os roedores que ahora proliferaban en la ciudad despu¨¦s que la humanidad la hubiese dejado vacante. No era el sonido lo que la preocupaba, sino la posibilidad de que el origen del sonido fuese motivo de preocupaci¨®n. Al llegar al rellano sobre el cuarto piso, William se detuvo en seco, y le dijo con un gesto que se acercase. Hizo lo indicado, y ech¨® un vistazo al siguiente rellano, a donde William estaba ahora apuntando. Escudri?¨® la zona, tratando de distinguir algo en la oscuridad, hasta que finalmente consigui¨® identificar un extra?o mont¨ªculo tirado en el suelo, justo en frente de una puerta. Era un caminante. Un caminante muerto. Sus ojos se abrieron de par en par en cuanto se dio cuenta de lo que aquello significaba. ¡°Lo entiendes, ?verdad?¡± susurr¨® William. Nora asinti¨®. Los caminantes no mueren por s¨ª solos. ¡°Mant¨¦n los ojos abiertos, y no hagas ruido. Este lugar es peligroso. Cogemos el panel solar, y salimos. Sin excepciones.¡± Puertas abiertas, pasillos oscuros, esquinas¡­ El peligro pod¨ªa acechar en cualquier sitio. Ser visto antes de verlos a ellos, eso era todo lo que har¨ªa falta. Pasaron con cuidado junto al cad¨¢ver del caminante y bajaron las escaleras, cada paso tan lento y calculado como les era posible. Nora sinti¨® que cada uno de sus pasos estaba a punto de hacer que el suelo crujiese en agon¨ªa, incluso siendo un suelo de hormig¨®n s¨®lido. Una vez m¨¢s, sudor fr¨ªo empez¨® a fluir por su rostro. Pod¨ªa notar su coraz¨®n latiendo como loco, mientras sus cinco sentidos se concentraban en lo que ocurr¨ªa a su alrededor. Ten¨ªan que coger ese panel y salir del edificio cuanto antes, antes de que los nervios le jugasen una mala pasada. Paso tras paso, rellano tras rellano, llegaron hasta el tercer piso, donde se encontraba su objetivo. Un pasillo se extend¨ªa desde el hueco de la escalera, con muchas puertas a ambos lados que llevaban a los apartamentos. En base a lo que hab¨ªan visto antes, el balc¨®n donde estaba el panel solar deber¨ªa pertenecer a alguna de las viviendas en el ala derecha, pero Nora no estaba segura de cu¨¢l. Mir¨® a William, como si esperase que ¨¦l pudiese resolver aquella duda. Y de hecho, lo hizo. Se percat¨® de su mirada, y procedi¨® a se?alar al lado derecho del pasillo, antes de alzar cuatro dedos. ¡®Entendido¡­ La cuarta puerta.¡¯ Se adentraron en el corredor. Varias de las puertas estaban completamente abiertas, otras hab¨ªan sido derribadas o destruidas, como si algo con una inmensa fuerza las hubiese hecho pedazos. A medida que se acercaban a la primera puerta del lado izquierdo, William se agach¨® justo a la vuelta de la esquina de la puerta, la cual estaba abierta, y rebusc¨® en su bolsillo. Sac¨® el espejo de bolsillo que les hab¨ªa confiscado a las chicas cuando revis¨® sus pertenencias el d¨ªa anterior. Asom¨® el espejo m¨¢s all¨¢ del umbral de la puerta, y ech¨® un vistazo al interior a trav¨¦s del reflejo. Tras un par de segundos, devolvi¨® el espejo al bolsillo, y le indic¨® a Nora que avanzase. ¡®Ya veo, por eso se qued¨® el espejo. Ingenioso¡­¡¯ Repitieron el mismo proceso en otros dos apartamentos abiertos, hasta que llegaron a su objetivo. La puerta estaba cerrada. William ech¨® la mano al pomo de la puerta, y muy lentamente empez¨® a girarlo. Cedi¨® sin resistencia. Abri¨® la puerta y prepar¨® su arma. Nora apret¨® con fuerza el mango del martillo e intent¨® mentalizarse para lo peor, pero aun as¨ª se congel¨® en el sitio una vez pudieron ver lo que hab¨ªa en el interior. Los tenues rayos de sol que entraban por las ventanas revelaron una figura, de pie, a un par de metros de la puerta de entrada, mir¨¢ndolos directamente. Era un caminante. Pero parec¨ªa distinto. Sus ojos estaban muy abiertos, y en lugar del mon¨®tono color blanco lechoso de los que Nora hab¨ªa visto antes, aquellos ojos parec¨ªan brillar en un tenue tono azulado. Leves rastros de aquella misma luz azul enfermiza parec¨ªan emanar de los vasos sangu¨ªneos de la criatura, apenas visibles bajo su piel en decadencia, como una especie de bioluminiscencia sobrenatural. Solo les observ¨® por una fracci¨®n de segundo. Nora apenas tuvo tiempo a reaccionar, la cosa ya se hab¨ªa abalanzado en su direcci¨®n. ¡°?Mierda! ?Cuidado¨C!¡± William reaccion¨® sin dudarlo. Empuj¨® a Nora a un lado y apenas evadi¨® ¨¦l mismo al caminante, el cual se precipit¨® contra la pared tras ellos. Nora observ¨® horrorizada mientras William pisoteaba la cabeza del caminante, sin darle la oportunidad de volver a levantarse. Una y otra vez, hasta que su cr¨¢neo se hundi¨® y dej¨® de moverse. ¡°??Q-Qu¨¦¡­ qu¨¦ era eso¡­!? Oh dios¡­¡± su voz son¨® temblorosa e insegura. ¡°Hay un motivo por el cual la oscuridad se considera peligrosa. Ahora lev¨¢ntate y¨C¡° William par¨® de hablar de repente. ¡®?Eh¡­?¡¯ ?Por qu¨¦ se hab¨ªa parado de repente? ?Por qu¨¦ estaba alzando la pistola y apuntando en su direcci¨®n? Realmente no tuvo la oportunidad de hacerse m¨¢s preguntas. Sinti¨® como una gran fuerza la agarraba por detr¨¢s y la alzaba del suelo, junto a la fr¨ªa sensaci¨®n del acero contra su cuello. ¡°No te muevas, cari?o. O pinto las paredes con tus entra?as.¡± la voz de un hombre desconocido son¨® directamente al lado de su oreja derecha. Nora sent¨ªa que podr¨ªa mearse encima en aquel momento. Sin darse cuenta, solt¨® el martillo, el cual hizo un fuerte ruido al golpear contra el suelo. Los latidos de su coraz¨®n se dispararon, lo ¨²nico que pod¨ªa hacer era quedarse quieta, paralizada por el miedo. ¡°D¨¦jala ir. Ya.¡± William les estaba apuntando directamente. Nora no se sinti¨® segura. No sab¨ªa si William estar¨ªa dispuesto a disparar y arriesgarse a herirla a ella por error. No sab¨ªa hasta qu¨¦ punto confiaba en ella, hasta qu¨¦ punto ella le importaba en absoluto. ¡°Ooooh, una pistola, qu¨¦ miedo¡­ Creo que me hago una idea de qui¨¦n eres¡­¡± dijo el hombre. ¡°Definitivamente es el bastardo que ha estado merodeando por la zona y robando nuestra comida. Ya le he visto antes.¡± una segunda voz emergi¨® desde atr¨¢s. Nora no pod¨ªa ver a ninguno de ellos, pero hab¨ªa al menos dos hombres detr¨¢s de ella. ¡°No me hag¨¢is repetirlo, soltadla e iros a tomar por culo.¡± William apuntaba alternativamente a ambos individuos. El dedo del gatillo parec¨ªa temblar. ?Dudoso, o ansioso? Nora era incapaz de distinguirlo. ¡°?Vaya jeta que tienes, entrando en nuestro territorio, y encima pidiendo cosas! ??Qui¨¦n co?o te crees que eres!? ??Solo porque tengas todas esas armas ya puedes hacer lo que te venga en gana!? ?No me extra?a que el jefe est¨¦ cabreado contigo!¡± ¡°?C¨®mo sab¨¦is acerca de las¡­? ?Joder, deb¨ª haberlo imaginado! ?Pedazos de mierda, vosotros sois¨C?¡± La frase de William se cort¨® abruptamente debido a un golpe contundente en la parte posterior de su cabeza. ¡°C¨¢llate ya.¡± un tercer hombre se hab¨ªa acercado a ¨¦l por el otro lado del pasillo. Sosten¨ªa una tuber¨ªa de aspecto pesado en su mano derecha. ¡°Bueno, ?qui¨¦n lo iba a decir? Nos hemos librado de este capullo, y adem¨¢s hemos conseguido un premio jugoso. Vaya d¨ªa de suerte.¡± Mientras el primer individuo apretaba el cuchillo contra su cuello, los otros dos se le acercaron para observarla mejor. Estaban cubiertos de suciedad y manchas de sangre; su ropa estaba b¨¢sicamente en pedazos y arruinada por todas partes. La expresi¨®n en sus rostros no mostraba nada m¨¢s que depravaci¨®n, como depredadores que acababan de capturar la presa m¨¢s deliciosa de su vida. ¡°Comp¨®rtate, ?quieres? Y quiz¨¢ tengas suerte.¡± dijo uno de ellos, mientras agarraba su cara, como si estuviese inspeccion¨¢ndola en detalle. ¡®Voy a morir.¡¯, pens¨® Nora. Pero morir no era la peor parte. Quiz¨¢ morir ser¨ªa una bendici¨®n. ?Qui¨¦n sabe qu¨¦ tipo de cosas ten¨ªan planeadas para ella aquellos hombres? Era como una rata aterrorizada y acorralada frente a una manada de gatos hambrientos. Colaps¨® bajo la presi¨®n. No pod¨ªa soportarlo m¨¢s. Si aquel cuchillo en su cuello iba a matarla, que as¨ª fuese. Su repentino arrebato de fuerza tom¨® a los hombres por sorpresa. Empuj¨® y pate¨® con todas sus fuerzas, de alguna manera liber¨¢ndose del cuchillo que amenazaba su garganta. Mientras tropezaba de vuelta hacia las escaleras, trat¨® de correr, pero el cad¨¢ver del caminante que hab¨ªan matado antes la hizo tropezar y caer. Uno de los hombres cay¨® sobre ella, intentando inmovilizarla. ¡°??Qu¨¦date quieta, perra!!¡± Nora grit¨® y chill¨® mientras le ara?aba la cara y trataba de meterle los dedos en los ojos. El hombre se quej¨® y gru?¨® de dolor, pero r¨¢pidamente logr¨® dominarla y le ech¨® las manos al cuello, tratando de estrangularla en un ataque de ira. ¡°?Eh, eh¡­! ??Oye, c¨¢llala ya!!¡± Los otros dos individuos se acercaron apresuradamente para ayudar a sujetarla. Nora empezaba a marearse, su visi¨®n se tornaba borrosa debido a la presi¨®n en su cuello, y no tard¨® en empezar a perder fuerza en sus brazos. Cuando los otros dos hombres sujetaron sus brazos y los inmovilizaron contra el suelo, el que estaba encima de ella solt¨® su cuello, provocando que empezase a toser violentamente. ¡°Oye, espera un momento¡­ ??O¨ªs eso¡­!?¡± ¡°Oh mierda¡­ ??Eh, eh, tenemos que irnos, ya!!¡± ¡°?Estas de co?a, t¨ªo¡­? ?No he tocado a una mujer en dios sabe cu¨¢nto tiempo, tienes que estar de broma!¡± ¡°??Eres gilipollas!? ??Quieres morir por un saco de carne!?¡± Nora no sab¨ªa demasiado bien qu¨¦ estaba pasando. Todo lo que pod¨ªa o¨ªr era ruido. Pod¨ªa distinguir a los hombres discutiendo entre ellos, pero no estaba segura de por qu¨¦. Lo que agarraba sus manos contra el suelo las hab¨ªa liberado, el gran peso encima de ella hab¨ªa desaparecido, por lo que se gir¨® hacia un lado y sigui¨® tosiendo durante algunos segundos. ¡®?Estoy¡­ a salvo¡­?¡¯ R¨¢pidamente se dio cuenta de que no lo estaba. Los gru?idos distantes, que sonaban m¨¢s y m¨¢s fuertes a cada segundo que pasaba, eran una se?al evidente de peligro. ¡°??Maldita sea!! ??Esta escalera no sirve, tenemos que ir al otro lado!!¡± ¡°??Est¨¢s de co?a!? ??Ve por la ventana!! ??Est¨¢n viniendo por ese lado tambi¨¦n!!¡± ¡°??Ah, mierda¨C!!" Gritos. Fuertes gritos que helaban la sangre llenaron los pasillos. Nora mir¨® hacia arriba, y a pesar de sus mareos, distingui¨® muchas figuras. Pasaban corriendo junto a ella, chocando con ella y tropezando con sus piernas mientras daban tumbos por el pasillo, entrando en masa en uno de los apartamentos cercanos. Como guiados por un hambre bestial, ignoraban todo excepto el origen de los gritos. Sonaba como si muchas voces estuviesen chillando en agon¨ªa, pidiendo ayuda, pero no le importaba demasiado. Mir¨® a un lado, y vio un gran bulto oscuro en el suelo a su lado. Un bulto que conoc¨ªa bien. ¡®William¡­¡¯ Se acerc¨® a ¨¦l, arrastr¨¢ndose a s¨ª misma por el suelo. Apenas ten¨ªa fuerza en las extremidades. ¡®No puedo¡­ Aqu¨ª no¡­ Venga, mu¨¦vete¡­ Por favor¡­¡¯ Los gritos hab¨ªan parado ya, pero el horroroso sonido de los caminantes en su fren¨¦tico fest¨ªn segu¨ªa atrayendo m¨¢s y m¨¢s a aquel apartamento en particular, hasta tal punto que ya apenas cab¨ªan m¨¢s en su interior. Haciendo uso de todas las fuerzas que le quedaban, Nora tir¨® de William. Y sigui¨® tirando. Todav¨ªa pod¨ªa sentir a los caminantes arrastrando los pies a su lado, literalmente toc¨¢ndola, pero el sonido de la multitud parec¨ªa interesarles m¨¢s. Se limit¨® a tirar. A aquellas alturas, sab¨ªa que no pod¨ªa hacer ninguna otra cosa. Seg¨²n mir¨® a la izquierda, vio una puerta abierta. No parec¨ªa rota. Con mucho esfuerzo, arrastr¨® a William a su interior. Not¨® que ten¨ªa sangre en su brazo derecho. ?Cu¨¢ndo se hab¨ªa hecho aquel corte? En realidad no importaba, no le dol¨ªa. Tras asegurarse de que el cuerpo de William estaba completamente dentro de la habitaci¨®n, empuj¨® la puerta hasta cerrarla, y se apoy¨® contra ella. No se molest¨® en echar el pestillo, carec¨ªa de la fuerza emocional para hacerlo. ¡­ Solloz¨® tan silenciosamente como pudo. CAPíTULO 6 – ERROR Dolor. Mucho dolor. No sab¨ªa qu¨¦ estaba pasando. Trat¨® de abrir los ojos, pero no percibi¨® nada m¨¢s que un galimat¨ªas borroso y oscuro. El terrible dolor de cabeza estaba afectando severamente a su capacidad de pensar o dar sentido a cualquier cosa. ?D¨®nde diablos estaba? ?Qu¨¦ estaba haciendo? Su memoria era borrosa. William se quej¨®, inc¨®modo. Mientras recuperaba poco a poco la conciencia, trat¨® de frotarse los ojos, pero le faltaba fuerza en los brazos. Con mucho esfuerzo, consigui¨® alcanzarse la cara. Estaba fr¨ªa al tacto. Parec¨ªa estar tirado en el suelo, pero la aparente oscuridad hac¨ªa imposible distinguir nada a su alrededor. Mientras intentaba, sin ¨¦xito, erguirse, una tenue luz se manifest¨® a su izquierda. Probablemente no era demasiado brillante, pero dado su estado de confusi¨®n, parec¨ªa deslumbrante. Tambi¨¦n oy¨® una especie de murmullo distante. Era un sonido suave, casi como una voz intentando comunicarse con ¨¦l. ¡°¡­am¡­ Will¡­ ¡­pierto¡­? ¡­des o¡­ ¡­rme?¡± El sonido continu¨® por algunos segundos, y sinti¨® ligeros tirones en su cuerpo, como si alguien estuviese tratando de despertarle sin molestarle demasiado. Los meneos parecieron funcionar, pues la voz se volvi¨® m¨¢s y m¨¢s clara de forma gradual. ¡°William¡­ puedes o¨ªrme¡­? William¡­?¡± Una vez recuper¨® la vista, pudo identificar finalmente el origen de la voz. Nora estaba arrodillada a su lado, levemente iluminada por la luz de una vela. Parec¨ªa cansada, muy cansada. No estaba seguro de las circunstancias, pero se percat¨® de su ropa sucia y desgarrada, y de la sangre en su brazo derecho. ¡°Nora¡­ Ugh, mierda¨C¡° el mero hecho de hablar le provocaba un dolor punzante en la parte posterior de su cabeza. ¡°?Qu¨¦ ha ocurrido¡­?¡± ¡°Te noquearon, te atacaron por la espalda¡­¡± Al escuchar aquello, William record¨®. Su llegada a la orilla opuesta del r¨ªo en busca del panel solar, la emboscada de aquellos hombres en los oscuros pasillos, y luego¡­ nada. Le dio la impresi¨®n de que estaba olvidando informaci¨®n importante. ?Qui¨¦nes eran, y por qu¨¦ ten¨ªa la sensaci¨®n de que los conoc¨ªa? ¡°Ya veo¡­ Maldita sea, duele, joder¡­¡± sigui¨® quej¨¢ndose, mientras intentaba, una vez m¨¢s, incorporarse. ¡°Cuidado, creo que te golpearon bastante fuerte¡­¡± Nora trat¨® de ayudarlo a levantarse tan cuidadosamente como pudo, hasta que estuvo sentado y descansando contra la pared a su espalda. Pasaron un par de minutos. William mantuvo los ojos cerrados durante un rato, mientras su agudo dolor de cabeza amainaba. ¡°Um¡­¡± Nora mascull¨® por lo bajo. William abri¨® los ojos y mir¨® en su direcci¨®n. Estaba cabizbaja, lanzando miradas breves a algo en la oscuridad, m¨¢s all¨¢ del alcance de la luz de la vela. ¡°?Qu¨¦ pasa¡­? Esc¨²pelo ya¡­¡± aunque apreciaba que Nora estuviese all¨ª con ¨¦l, estaba cabreado. No con ella, sino con la mala suerte que hab¨ªan tenido. Era algo de sentido com¨²n, el tratar de mantener las expediciones de saqueo tranquilas y sin incidentes. Y aquel d¨ªa hab¨ªa tenido incidentes a base de bien. No estaba de buen humor. ¡°He¡­ He recogido algunas cosas mientras estabas inconsciente¡­¡± ¡°?Qu¨¦¡­?¡± Nora se estir¨® y agarr¨® su mochila en la oscuridad. William se dio cuenta de que tuvo que hacer un cierto esfuerzo para tirar de ella, parec¨ªa pesada. Abri¨® la cremallera de la parte superior, y acerc¨® la mochila muy cerca de William, para que pudiese ver bien lo que hab¨ªa dentro. Sus ojos se abrieron de par en par. La mochila conten¨ªa varias latas de comida, junto a algunos paquetes de alubias deshidratadas y pasta, entre otras cosas diversas. Al fin, buenas noticias. La revelaci¨®n pareci¨® ayudarle a recuperar la fuerza que le faltaba en los brazos, anim¨¢ndolo a encorvarse sobre la bolsa y hurgar un poco en su contenido. ¡°Pero¡­ ?c¨®mo? ?Has encontrado todo esto por tu cuenta¡­?¡± ¡°Tambi¨¦n he cogido esto¡­¡± Nora volvi¨® a estirarse hacia la oscuridad, esta vez agarrando la mochila de William. Entonces, procedi¨® a abrirla y sacar un objeto de su interior. Sus ojos estaban llenos de inseguridad, pero sosten¨ªa el valioso panel solar en sus manos como un cazador mostrar¨ªa con orgullo sus trofeos de caza. ¡°Despu¨¦s de arrastrarnos a ambos a este apartamento, los caminantes de fuera se alejaron por alg¨²n motivo¡­ As¨ª que sal¨ª, y ech¨¦ un vistazo¡­¡± explic¨®. ¡°Espera, espera¡­ ?Caminantes? ??Pero qu¨¦ ha pasado¡­!?¡± ¡°P-Pues, despu¨¦s de que te dejaron inconsciente, esos hombres intentaron¡­ a-abusar de m¨ª. Y despu¨¦s, el ruido atrajo a los caminantes, y-y todo se fue al infierno¡­¡± la voz de Nora empez¨® a tartamudear y a volverse temblorosa a medida que recordaba los eventos. ¡®?Qu¨¦ demonios¡­? ??C¨®mo ha sobrevivido!? Incluso se atrevi¨® a volver a salir despu¨¦s¡­¡¯ William alz¨® un brazo y sujet¨® el hombro de Nora, quien se estremeci¨® y le mir¨®, temerosa. ¡°Escucha¡­ No s¨¦ c¨®mo has conseguido sobrevivir a todo eso por tu cuenta, pero de verdad que no deber¨ªas haber vuelto a salir ah¨ª fuera. ?Eres siquiera consciente del peligro al que te has expuesto¡­?¡± ¡°¡­N-No puedo.¡± ¡°?Eh¡­?¡± ¡°No puedo quedarme quieta y no hacer nada. Soy d¨¦bil, no s¨¦ qu¨¦ hacer cuando no te estoy siguiendo, estoy muy asustada¡­¡± sus ojos se llenaron de l¨¢grimas. ¡°P-Pero no puedo limitarme a encogerme de miedo¡­ Es adictivo, lloras y lloras, esperando a que las cosas malas se vayan, pero nunca lo hacen. Regodearte en tu propio miedo puede llegar a sentirse cat¨¢rtico en cierto modo. Pero nunca arregla nada. N-No puedo volver a eso, yo¨C¡° Nora ya no sonaba como si estuviese hablando con ¨¦l, parec¨ªa como si estuviese d¨¢ndole vueltas a algo en su cabeza, hablando consigo misma. William sacudi¨® suavemente su hombro, haciendo que se estremeciese de nuevo e interrumpiendo su di¨¢logo. ¡°Est¨¢ bien. Has hecho un buen trabajo recogiendo todo esto. Venga, c¨¢lmate.¡± Los ojos de Nora se llenaron a¨²n m¨¢s de l¨¢grimas. Tras una breve pausa, asinti¨® y trat¨® de limpiarse la cara con torpeza. William la observ¨®, con una mezcla de tristeza y compasi¨®n. ?Estaba acaso preocup¨¢ndose por ella? Probablemente no estar¨ªa vivo en aquel momento si ella no le hubiera puesto a salvo antes, pero Nora lo hab¨ªa hecho mientras lidiaba con lo que sea que fuese el trauma psicol¨®gico que acarreaba en su mente. ?Lo hac¨ªa por su hermana y por su amiga? ?Por ¨¦l, quiz¨¢? ?Por ella misma? Amor, supervivencia, miedo¡­ la respuesta no estaba clara, ¨¦l no era precisamente un psic¨®logo. Por un instante, record¨® algunas palabras que le hab¨ªa dicho ese mismo d¨ªa. [No pretendo faltar al respeto, pero dudo mucho que hayas visto lo peor.] ¡®Entiendo c¨®mo eso ha podido doler m¨¢s de lo que pretend¨ªa que doliese¡­ ?Qu¨¦ rayos te ha pasado, Nora¡­?¡¯ Pasaron algunos minutos m¨¢s. Ambos se mantuvieron en silencio. ¡­ Did you know this story is from Royal Road? Read the official version for free and support the author. ?Qu¨¦ era aquella sensaci¨®n tan escalofriante? La cabeza le segu¨ªa doliendo como el demonio, pero de alguna manera William sent¨ªa que algo no iba bien. No era solo el dolor, le daba la sensaci¨®n de que hab¨ªa alguna circunstancia cr¨ªtica de la cual deber¨ªa ser consciente, algo importante de lo que no se estaba dando cuenta. ¡°No podemos quedarnos aqu¨ª mucho m¨¢s tiempo¡­ Aunque no estemos en plena forma, tenemos que movernos. ?Puedes hacerlo?¡± pregunt¨®. ¡°C-Claro¡­ Creo que s¨ª. Coger¨¦ mis cosas.¡± Cuando finalmente se puso de pie y cogi¨® su mochila, todav¨ªa luchando con los mareos, le pareci¨® o¨ªr algo. ?Era un retumbar? Sonaba como un temblor distante, como algo grande y pesado que se estuviese arrastrando. Y se estaba acercando. Entonces se dio cuenta. Hab¨ªa cometido un error, y se le hel¨® la sangre cuando se percat¨®, mientras se giraba hacia la ventana cercana, horrorizado. ¡°?Maldita sea¡­! ??Qu¨¦ hora es!?¡± ¡°?Eh¡­? ?Ah! ??Oh, no¡­!! ?H-Hab¨ªa perdido la cuenta del tiempo¡­!¡± Apenas quedaba luz solar en el exterior. El sol hab¨ªa empezado a ponerse hac¨ªa un rato, y solo los ¨²ltimos y t¨ªmidos rayos de sol barr¨ªan las ruinas de la ciudad, a punto de desaparecer. La noche hab¨ªa ca¨ªdo sobre ellos. ?Cu¨¢nto tiempo hab¨ªa estado inconsciente? ?C¨®mo pod¨ªa haber olvidado algo tan crucial como el tiempo? ¡°?No deber¨ªas haberte quedado aqu¨ª conmigo! ?Deber¨ªas haberte ido de vuelta en cuanto te hiciste con esos suministros!¡± ¡°?P-Por qu¨¦? ?Qu¨¦ est¨¢ pasando? ??No estamos a salvo si nos quedamos aqu¨ª y no hacemos ruido!?¡± Nora trataba de bajar la voz, pero William no, ¨¦l estaba literalmente gritando. Sab¨ªa lo in¨²til que era mantener el silencio durante la noche si no se tomaban las medidas necesarias. Se apresur¨® hacia la puerta y empez¨® a apartar el mobiliario que Nora hab¨ªa apilado frente a ella. Vaya momento m¨¢s inoportuno. ¡°?Ay¨²dame con esto, r¨¢pido!¡± ¡°?D-De acuerdo¡­!¡± El retumbar de fuera se volvi¨® m¨¢s y m¨¢s fuerte, hasta que su verdadera naturaleza se hizo evidente. Sonaba como una agresiva cacofon¨ªa de gru?idos y chillidos, junto al constante martilleo de cientos de pisadas. A medida que se acercaban, sonaban m¨¢s rabiosos y ansiosos. Casi parec¨ªa que lo sab¨ªan. Sab¨ªan que les aguardaba un fest¨ªn. Nora not¨® la muchedumbre de gritos del exterior, que ahora sonaban como si estuviesen en la calla justo afuera del edificio. Y el ruido segu¨ªa haci¨¦ndose m¨¢s fuerte. Acerc¨¢ndose. Debi¨® haberse dado cuenta de la gravedad de la situaci¨®n, pues comenz¨® a entrar en p¨¢nico y a tirar m¨¢s fuerte de los muebles que bloqueaban la puerta. ¡°?Ah¡­! ?Aaah¡­! ??William, qu¨¦ est¨¢ pasando!? ??C¨®mo han¡­!?¡± ¡°?Lo saben! ??Se han dado cuenta!!¡± tras apartar a un lado el ¨²ltimo armario que obstru¨ªa la puerta, William la abri¨® del tir¨®n sin dudar y sali¨® al pasillo. Cogi¨® un viejo tel¨¦fono m¨®vil de su bolsillo, abri¨® la tapa y presion¨® un par de teclas. ¡®?Venga, c¨®mpranos algo de tiempo¡­!¡¯ Un tono de llamada estall¨® a todo volumen desde el tel¨¦fono. William lo tir¨® de vuelta a la habitaci¨®n de la que acababan de salir, justo cuando el sonido de cristales rompi¨¦ndose empez¨® a llenar el edificio, viniendo aparentemente de todas las direcciones a la vez. ¡°?Ve a las escaleras! ??Corre!!¡± grit¨® a todo pulm¨®n. Ambos corrieron hacia las escaleras. A medida que acortaban la distancia con el hueco de la escalera, todo lo que pod¨ªan escuchar era cristales rotos, puertas derrib¨¢ndose en los pisos inferiores, rugidos y chillidos haciendo eco en los pasillos. Si los caminantes llegaban a las escaleras antes que ellos, ser¨ªa el fin. Con cada zancada que daban, William lanzaba de forma inconsciente una plegaria a los cielos. Y no era creyente. ¡®?Vamos, vamos, vamos¡­!¡¯ Salieron del pasillo al oscuro hueco de las escaleras. Apenas pod¨ªan ver nada, solo quedaba el d¨¦bil resplandor de la luz de la luna, que descend¨ªa desde la puerta de la azotea. El disonante ruido de la horda de caminantes emerg¨ªa desde las profundidades del edificio y del pasillo a sus espaldas. Con un breve vistazo al corredor, William discerni¨® varias figuras iluminadas por un enfermizo resplandor azul, movi¨¦ndose hacia ellos r¨¢pidamente. ¡°??Arriba!!¡± Nora ya no respond¨ªa ni articulaba nada coherente. Jadeaba de forma pesada y ruidosa, casi resollando mientras le segu¨ªa por las escaleras tan r¨¢pido como pod¨ªa. Segu¨ªan oyendo cosas romperse en la distancia. Los gritos se acercaban, cientos de pasos y sonidos ca¨®ticos resonaban justo detr¨¢s de ellos. William sali¨® pr¨¢cticamente volando a la azotea, con Nora casi resbalando y tambale¨¢ndose tras ¨¦l. Tan pronto como ella se apart¨® de la puerta, William la cerr¨® de un portazo. ¡°?Tenemos que llegar al r¨ªo! ??Es nuestra ¨²nica alternativa!!¡± ¡°??Qu¨¦¡­!? ?Pero¡­!¡± No la dej¨® recuperar el aliento. No hab¨ªa tiempo para ello. Agarr¨® su mano y tir¨® de ella a la fuerza para que siguiese corriendo tras ¨¦l. Se apresuraron al borde del tejado. ¡°?No pienses, salta!¡± William solt¨® la mano de Nora y salt¨® sobre el callej¨®n, aterrizando en la azotea del edificio vecino. Se dio la vuelta, esperando que Nora hiciese lo mismo. Pero ella hab¨ªa tenido un momento de duda. De repente, un fuerte estallido tras ella la sobresalt¨®, mientras la puerta de la azotea sal¨ªa disparada, empujada por una enorme fuerza. Los caminantes brotaron del hueco de la escalera como una ola ininterrumpida. Tropezaban y ca¨ªan unos sobre otros como de costumbre, pero se levantaban r¨¢pidamente con una agilidad sin precedentes. Sus ojos y venas brillaban en aquel ominoso color azul, casi iridiscente bajo la luz de la luna. Sus miradas, incluso mientras ca¨ªan a trompicones, se manten¨ªan fijas sobre William y Nora. Actuando como si fuesen una sola entidad, corrigieron su rumbo de inmediato y empezaron a esprintar en su direcci¨®n. Al mismo tiempo, acompa?ados de a¨²n m¨¢s chillidos, m¨¢s hordas de caminantes comenzaron a verterse sobre la azotea desde los laterales del edificio, tras haber trepado por el exterior. ¡°??Deprisa!!¡± Nora solt¨® un grito de terror y se lanz¨® sobre el hueco, aterrizando torpemente al otro lado. William la agarr¨® y la puso de pie a toda prisa, y siguieron corriendo. En cuesti¨®n de segundos, estaban entrando al nuevo edificio, al tiempo que la horda de caminantes cubr¨ªa el anterior tejado y desbordaba al siguiente, persigui¨¦ndoles. William cerr¨® la puerta de la azotea tras ellos, y esta recibi¨® una andanada de golpes casi de inmediato. Sab¨ªa que no iba a durar mucho, apenas algunos segundos, pero incluso unos segundos podr¨ªan salvarles la vida. ¡®Joder, me duele la cabeza. Me duele mucho.¡¯ No pod¨ªa dejar que el dolor cegase su raciocinio, no en aquel momento. Un tramo de escaleras. Dos tramos de escaleras. Oyeron en la distancia como la puerta que manten¨ªa fuera a los caminantes se hac¨ªa pedazos. M¨¢s escaleras, giraron una esquina, dos esquinas, otro hueco de escaleras. ?Qu¨¦ era aquel edificio? No importaba, ten¨ªan que bajar, y r¨¢pido. Cristal estallando, el sonido de muebles arrollados¡­ La multitud de gritos cabreados les segu¨ªa por los pasillos implacablemente, como un sabueso rastreando a su presa. Bajaron m¨¢s escaleras. De repente, una puerta apareci¨® ante ellos, y luego las calles. Todo hab¨ªa ocurrido muy r¨¢pido, casi como un pensamiento borroso. Antes de que se hubieran dado cuenta, ya estaban a nivel de suelo. Los resoplidos de Nora eran ensordecedores, William jurar¨ªa que estaba casi llorando por el esfuerzo. ¨¦l estaba cubierto de sudor, jadeando pesadamente. Su cabeza dol¨ªa como el diablo, y apenas pod¨ªa sentir las piernas. Pero no pod¨ªan parar. Si lo hac¨ªan, estar¨ªan acabados. ¡°??Vamos¡­!! ?Por aqu¨ª, deprisa!¡± ¡°?Aah¡­! ??No¡­ puedo¡­!!¡± gimi¨® Nora. Sin embargo, segu¨ªa corriendo tras ¨¦l con todas sus fuerzas, gracias al subid¨®n de adrenalina. Mientras corr¨ªan por la calle y daban la vuelta a la esquina, las ventanas explotaban sobre sus cabezas. Los caminantes se despe?aban desde los pisos superiores, estamp¨¢ndose contra el suelo, rompiendo sus huesos por el impacto. Era una lluvia de cad¨¢veres literal, cad¨¢veres que segu¨ªan tratando de levantarse a pesar de haber quebrado sus extremidades en la ca¨ªda. Incluso en su estado desfigurado, bultos de carne deca¨ªda en la carretera y en la acera, segu¨ªan manteniendo sus miradas fijas en los tentadores aperitivos humanos, chillando, agitando salvajemente sus brazos y piernas lisiados en un intento de alcanzarles. Hicieron todo lo posible por ignorar la multitud que acortaba distancia con ellos desde todas las direcciones. Ignoraron los cuerpos que ca¨ªan sobre ellos desde las alturas. Centraron su atenci¨®n en la orilla del r¨ªo m¨¢s adelante. Estaba tan cerca, el murmullo del agua fluyendo por el canal pod¨ªa o¨ªrse ya. ¡°??Salta¡­ al agua¡­!! No te rindas¡­ ??me oyes¡­!? ??Ve¡­ al puente¡­!!¡± William grit¨® con la esperanza de que Nora le oyese, a pesar de todos los caminantes que rug¨ªan mientras se acercaban. A¨²n pod¨ªa o¨ªrla jadeando tras ¨¦l. No estaba seguro de que ella le hubiese o¨ªdo a ¨¦l, pero no iba a parar de correr. Tampoco iba a mirar atr¨¢s. Ya sab¨ªa lo que iba a ver. Pod¨ªa o¨ªrlos, los gritos a su alrededor. Sonaban muy cerca, como si estuviesen respir¨¢ndole en la nuca. ?De hecho, estaba Nora bien? La horda sonaba m¨¢s cercana que sus jadeos. ¡®??M¨¢s te vale que sobrevivas, idiota¡­!! ?Que no se te ocurra morir ahora¡­!¡¯ Tan pronto como oy¨® el agua frente a ¨¦l, salt¨®. Cuando lo hizo, se gir¨® ligeramente hacia un lado. ?Lo hab¨ªa logrado Nora? El tiempo pareci¨® ralentizarse por un momento. Tras echar un vistazo, la vio caer hacia el r¨ªo a su lado. ¡®Bien, al menos lo ha logrado¡­¡¯ Entonces, una punzada de dolor. Pero no era su dolor de cabeza. Su cabeza dol¨ªa tanto que ya se hab¨ªa acostumbrado a ello algunos minutos atr¨¢s, la adrenalina hab¨ªa bloqueado el dolor. No, aquello era diferente. Aquel dolor proven¨ªa de su brazo izquierdo. Lo mir¨®, y observ¨® un par de ojos brillantes que lo perforaban fijamente. ¡®Ah, mierda¡­ Tienes que estar de puta co?a¡­¡¯ Rompi¨® la superficie del agua con un fuerte impacto. El caminante liber¨® de su mordida y fue arrastrado, dejando a William a la deriva r¨ªo abajo. CAPíTULO 7 – DIVISIóN Nora sent¨ªa que el coraz¨®n iba a sal¨ªrsele del pecho en cualquier momento. Apenas pod¨ªa respirar, no sent¨ªa las piernas, cre¨ªa que se ir¨ªa de cabeza al suelo si paraba de correr por un instante. La voz de William resonaba en sus o¨ªdos, acompa?ada de un mont¨®n de ruido. ?Le estaba dando ¨¢nimos? Era dif¨ªcil saberlo, no pod¨ªa percibirlo a ciencia cierta. Lo que s¨ª estaba claro era que algo estaba a punto de ocurrir. De repente, dej¨® de notar el suelo bajo sus pies. Trat¨® de gritar, pero su boca no emiti¨® ning¨²n sonido. Entonces, antes de que tuviese la oportunidad de pensar en nada m¨¢s, sinti¨® el fr¨ªo abrazo del agua. Una vez m¨¢s, trat¨® de gritar, lo que provoc¨® que tragase una gran cantidad de agua g¨¦lida. Dio vueltas y se retorci¨®, incapaz de distinguir arriba o abajo, izquierda o derecha. No hab¨ªa forma de saber d¨®nde terminaba la superficie del agua o donde empezaba el fondo. Sin embargo, logr¨® vislumbrar brevemente la luz de la luna, proveniente de alg¨²n punto debajo de ella. Hizo todo lo posible por nadar en esa direcci¨®n con todas sus fuerzas, luchando contra la corriente. Sus huesos y m¨²sculos se estaban quedando r¨ªgidos debido al agua fr¨ªa. Finalmente, su rostro rompi¨® la superficie del agua. En p¨¢nico, Nora respir¨® profundamente. Su pesada mochila se sent¨ªa como una losa de piedra gigante a su espalda. La corriente segu¨ªa arrastr¨¢ndola r¨ªo abajo, y la turbulencia del agua tiraba de ella y la sumerg¨ªa intermitentemente antes de dejarla respirar de nuevo. Durante esos breves momentos de respiro, empez¨® a discernir una gran sombra acerc¨¢ndose a ella en la oscuridad. O m¨¢s bien, ella se acercaba a la sombra. Se estamp¨® contra algo duro. Instintivamente, se aferr¨® a ello por su vida, haciendo todo lo posible por mantener sus manos sujetas a la rugosa superficie. Parec¨ªa cemento. ¡­ ¡®?E-Estoy¡­ viva¡­?¡¯ Desplomada a gatas, Nora continu¨® escupiendo agua mientras trataba de recuperar el aliento. Los constantes ataques de tos le provocaban una sensaci¨®n de ardor en el pecho. ¡®?Uggh¡­!¡¯ De alguna manera, hab¨ªa conseguido arrastrarse fuera del r¨ªo, a lo que parec¨ªa ser una rampa de hormig¨®n. El cuerpo le empez¨® a doler en su totalidad. Entonces, oy¨® una voz masculina quej¨¢ndose en las cercan¨ªas. Mir¨® a su alrededor, pero lo cierto era que no pod¨ªa ver nada en la oscuridad. Aquella zona en particular parec¨ªa m¨¢s oscura de lo normal, como si algo grande estuviese bloqueando la luz de la luna desde arriba. Con mucho esfuerzo, se levant¨®, tambale¨¢ndose un poco en el proceso, y trat¨® de seguir el sonido hasta su origen. Camin¨® con precauci¨®n. Con su visi¨®n incapacitada, ser¨ªa f¨¢cil dar un paso en falso y caer al agua de nuevo. La rampa la llev¨® hasta alg¨²n tipo de superficie plana. La voz quejumbrosa sonaba m¨¢s y m¨¢s cerca, pero el ruido de la corriente de agua hac¨ªa dif¨ªcil identificar qui¨¦n o qu¨¦ la produc¨ªa. ¡°?W-William¡­? ?E-Eres t¨²¡­?¡± pregunt¨® a la oscuridad. Hubo un tenso momento de silencio. ¡®Por favor, que no sea una de esas c-cosas¡­ Por favor, Dios, te lo ruego¡­¡¯ Entonces, un repentino destello de luz la ilumin¨® directamente a la cara. Al menos no se trataba de un caminante, eso seguro. A no ser que de alguna manera supiesen c¨®mo utilizar una linterna. Nora dio un grito ahogado y se cubri¨® los ojos para evitar la luz cegadora. *cof* *cof* ¡°??Nora¡­!?¡± *cof* ¡°Lo has¡­ logrado¡­¡± conoc¨ªa esa voz. ¡°?William¡­!¡± Para variar, sus plegarias parec¨ªan haber funcionado. No pudo evitar sonre¨ªr, aunque era una sonrisa amarga. Sab¨ªa que a¨²n no estaban sanos y salvos. ¡°?Ay¨²dame con esto, r¨¢pido¡­! Coge esta linterna y al¨²mbrame.¡± pidi¨® William. Pregunt¨¢ndose qu¨¦ estaba pasando, Nora obedeci¨®. Cogi¨® la linterna y la apunt¨® hacia William. Como era de esperar, estaba completamente empapado de la cabeza a los pies, y su ropa estaba da?ada y rasgada en varios sitios. Su cara estaba p¨¢lida y ten¨ªa un aspecto cansado, probablemente similar a la cara de la propia Nora. Se subi¨® la manga del brazo izquierdo. Nora not¨® que hab¨ªa un desgarr¨®n bastante severo en ese lugar en particular. Los ojos de Nora se abrieron de par en par en cuanto tuvieron una vista clara del brazo desnudo de William. ¡°?O-Oh no¡­! ?Eso es¡­?¡± pregunt¨®, con voz temblorosa. Una marca de mordedura. Los dientes estaban claramente alineados en perfecta formaci¨®n en el lado exterior de su antebrazo izquierdo. Pero en realidad no hab¨ªa herida ni sangre. La piel ten¨ªa una fuerte coloraci¨®n rojiza, pero no hab¨ªa sido penetrada. Apurado, William cogi¨® su mochila y empez¨® a revisar su contenido de forma fren¨¦tica, sacando suministros de primeros auxilios. Nora trag¨® saliva y observ¨® nerviosa c¨®mo desinfectaba y vendaba la zona mordida. ¡°?E-Estar¨¢s bien¡­?¡± pregunt¨®. ¡°Ni idea¡­ Pero ser¨ªa una putada si no lo estuviese.¡± Tras empacar de nuevo los suministros, se levant¨®, se puso la mochila a la espalda, y le quit¨® la linterna de las manos a Nora. Apunt¨® la luz a los alrededores durante un rato, inspeccion¨¢ndolos. Se encontraban en una plataforma de hormig¨®n con un enorme pilar alz¨¢ndose en su centro. Una escalera met¨¢lica rodeada por una jaula de seguridad sub¨ªa por un costado del pilar. ¡°Estamos en los cimientos del puente que cruzamos antes.¡± Las piernas Nora empezaron a temblar en cuanto pos¨® los ojos sobre la escalera. Antes de que pudiese decir nada, William le devolvi¨® la linterna. ¡°Escucha¡­ Voy a subir. No me sigas, pase lo que pase.¡± ¡°?Qu¨¦¡­? P-Pero¡­¡± ¡°El s¨ªntoma m¨¢s obvio de la infecci¨®n es el mareo, seguido de una p¨¦rdida temporal del conocimiento. Puede pasar desapercibido si sucede mientras duermes. No es seguro que me quede aqu¨ª abajo contigo. Si las cosas se tuercen¡­ Bueno, digamos que no ser¨¦ capaz de hacerte demasiado da?o tras una ca¨ªda as¨ª.¡± dijo, mirando hacia el puente sobre ellos. ¡°Ma?ana por la ma?ana sabremos a ciencia cierta si estoy jodido¡­¡± A Nora no le gustaba la situaci¨®n, pero no dijo nada. Simplemente mir¨® al suelo y asinti¨®. Sab¨ªa de qu¨¦ estaba hablando William, entend¨ªa las implicaciones, y sab¨ªa que no hab¨ªa otra forma de afrontarlo. ¡°Tienes que quitarte esa ropa. Deber¨ªa haber una peque?a manta seca en tu mochila, c¨²brete con eso. Permanece mojada y la hipotermia podr¨ªa matarte antes de que se alce el sol.¡± le ech¨® una mirada a la mochila de Nora. ¡°Y tambi¨¦n¡­ trata de comer algo.¡± William se gir¨® y se dirigi¨® a la escalera. ¡°?E-Espera¡­!¡± Nora ten¨ªa ahora tantos escalofr¨ªos que le costaba hablar. ¡°T-Tu tambi¨¦n deber¨ªas llevarte algo para c-comer¡­!¡± ¡°Ya me buscar¨¦ la vida. No te preocupes por m¨ª ahora mismo. Puede que no merezca la pena. C¨¦ntrate en cuidarte t¨² y en descansar, lo necesitas m¨¢s que yo¡­¡± Entonces, comenz¨® a trepar. El sonido de sus pasos en los pelda?os de la escalera se volvi¨® m¨¢s d¨¦bil a medida que ascend¨ªa, hasta que se convirti¨® en un eco en la distancia, y luego silencio. Nora se qued¨® quieta por un momento, todav¨ªa tratando de procesar lo que acababa de pasar. Su cuerpo entero temblaba. ¡­ Nora termin¨® de escurrir el agua de sus pantalones y los extendi¨® en el suelo, junto al resto de su ropa. Cada movimiento era una lucha. Aunque el clima no era particularmente fr¨ªo o ventoso, incluso la brisa m¨¢s ligera contra su piel desnuda se sent¨ªa como dagas punzantes. Se sent¨® justo al lado de la escalera de metal, acurruc¨¢ndose todo lo que pod¨ªa para hacerse lo m¨¢s peque?a posible. La manta no era demasiado grande, y estaba parcialmente h¨²meda por haberla usado para secarse momentos antes, pero era mejor que nada, y desde luego era mejor que su ropa empapada. Los escalofr¨ªos no paraban, pero al menos la manta le daba un cierto grado de confort y de protecci¨®n. De repente empez¨® a sentirse cansada. Muy, muy cansada, como si todos los esfuerzos del d¨ªa entero estuviesen pasando factura al mismo tiempo. En el fondo, se alegraba de que William hubiese decidido subir la escalera y dejarla atr¨¢s, porque estaba absolutamente segura de que ella no ser¨ªa capaz de subirla. Le faltaba fuerza en las extremidades. Lo ¨²nico que sent¨ªa era dolor. Cada m¨²sculo de su cuerpo dol¨ªa. Le pesaba la cabeza. ¡®Oh dios¡­ Por favor, perm¨ªteme sobrevivir a esto¡­¡¯ Unauthorized duplication: this tale has been taken without consent. Report sightings. ¡­ ¡®Lilian, Claire, espero que est¨¦is bien¡­¡¯ ****** *Grrrroooooooowwwwllll* Claire fue despertada de forma involuntaria por su propio est¨®mago medio vac¨ªo. Abri¨® los ojos, pero no vio nada de todas formas, el apartamento estaba oscuro como la boca de un lobo. Ya era suficientemente dif¨ªcil dormir bajo las circunstancias en las que se encontraba, hacerlo hambrienta era un h¨¢ndicap a mayores. ¡®Ah, maldita sea¡­ ??No deber¨ªan haber vuelto ya Nora y ese hombre¡­!? Espero que no haya ocurrido nada malo¡­¡¯ Not¨® un tir¨®n t¨ªmido en su brazo izquierdo. ¡°Clairy¡­¡± la voz, incre¨ªblemente baja y suave, sali¨® de alg¨²n lugar indeterminado a su izquierda. ¡°Tienes que comer, Clairy¡­ Toma¡­¡± Claire pod¨ªa o¨ªr a Lilian agarrando con torpeza una lata medio llena de alubias. ¡°?Para, Lilian, esa es tu porci¨®n¡­! ?En serio, t¨² tambi¨¦n tienes que comer¡­!¡± ¡°No hay hambre¡­ Pero tu barriga s¨ª que tiene hambre.¡± ¡°Oh, venga ya¡­ ?Me niego, qu¨¦datela!¡± Lilian murmur¨® alg¨²n tipo de queja, pero al cabo de un rato dej¨® de tratar de darle de comer las alubias. ?Qu¨¦ pasaba con ella? No hab¨ªa comido nada en mucho tiempo, ?y no ten¨ªa hambre? Claire no se lo cre¨ªa. Dej¨® escapar un suspiro tanto de resignaci¨®n como de frustraci¨®n, y trat¨® de volver a dormirse. ¡°Mmh¡­ Espero que ellos no se lo coman, no quiero d¨¢rselo¡­¡± ¡°Ya, claro¡­ Simplemente c¨®metelo t¨²¡­¡± respondi¨® Claire, tratando de ignorar las excentricidades de Lilian. Pero algo le llam¨® la atenci¨®n. ¡°Espera un momento, ?de qui¨¦n est¨¢s hablando¡­?¡± pregunt¨®. ¡°Ellos¡­ Hay ruidos¡­ No quiero darles de comer a ellos, solo quiero darte de comer a ti¡­¡± ¡°Lilian, ??est¨¢s segura de que has o¨ªdo ruidos...!?¡± los ojos de Claire se abrieron de repente. Ya no ten¨ªa sue?o. ¡°Mhm¡­¡± ?Deber¨ªa ignorarlo? ?Quiz¨¢ hab¨ªa estado so?ando con algo, y lo confundi¨® con la realidad? No estaba segura. Si Nora y William hab¨ªan vuelto, con toda seguridad habr¨ªan venido a decir algo, pero nadie hab¨ªa pasado por all¨ª. Entonces, si no eran ellos, ?qui¨¦n era? Las piernas de Claire hab¨ªan empezado a temblar con los nervios. Nunca hab¨ªa sido demasiado valiente, pero esta vez ten¨ªa que hacer algo. Le hab¨ªa hecho una promesa a Nora, y no era una promesa que estuviese dispuesta a romper. ¡°Lilian, no te muevas de aqu¨ª, ?vale?¡± Se levant¨® y tante¨® por la habitaci¨®n. Se encontraban en el cuarto de ba?o, y se hab¨ªa hecho una buena idea de la distribuci¨®n del apartamento, as¨ª que camin¨® a ciegas a lo largo de la pared hasta que alcanz¨® a la puerta que conduc¨ªa a la sala principal, la cual conectaba con la puerta de entrada. La oscuridad era casi absoluta. Algunos tenues rayos de luz de luna se filtraban a trav¨¦s de las ventanas tapiadas, pero era apenas suficiente para distinguir nada aparte de sombras y formas borrosas. Claire se acerc¨® a la entrada, midiendo sus pasos con cautela. Tante¨® a su alrededor, y sus dedos se aferraron a las fr¨ªas barras de metal de la puerta. Pero inmediatamente se dio cuenta de que algo no iba bien. La puerta estaba abierta por completo. Se congel¨® en el sitio. ?Qui¨¦n hab¨ªa sido? ?Qui¨¦n hab¨ªa abierto la puerta? ?Por qu¨¦? Si hab¨ªa sido Nora, ?por qu¨¦ no dijo nada? No, de ninguna manera habr¨ªa sido Nora. ?Qu¨¦ estaba ocurriendo? ¡®Oh dios, ?qu¨¦ est¨¢ pasando¡­? Mierda, ??es en serio¡­!? ??Q-Qu¨¦ hago ahora¡­!?¡¯ Not¨® c¨®mo su respiraci¨®n se volv¨ªa m¨¢s pesada y su coraz¨®n lat¨ªa como loco en su pecho. Ten¨ªa que proteger a Lilian. Ten¨ªa que sacarla de all¨ª, llevarla a alg¨²n otro sitio. Aquel apartamento ya no se sent¨ªa seguro. Claire se gir¨® y empez¨® a volver sobre sus pasos de vuelta hacia el ba?o. Cada paso parec¨ªa tomarle una cantidad de tiempo anormalmente larga, como si el m¨¢s m¨ªnimo sonido que provocase pudiese alertar a algo de su presencia, algo que acechaba en la oscuridad del edificio. *ba-dum, ba-dum* *ba-dum, ba-dum* *ba-dum, ba-dum* ¡®??Por qu¨¦ ha ocurrido esto¡­!? ??Qui¨¦n podr¨ªa haber¨C!?¡¯ Sus pensamientos se interrumpieron de forma abrupta. Algo agarr¨® su cintura desde atr¨¢s, y su boca y nariz fueron cubiertos por alg¨²n tipo de material blando. ?Tela? No pod¨ªa distinguirlo con claridad. Pero estaba h¨²medo, y emit¨ªa un fuerte olor qu¨ªmico. ¡°???Hmmmmmm!!! ??Hmmmphhmhhhp!!¡± trat¨® de chillar, pero sus gritos se ahogaban. Se resisti¨® y trat¨® de liberarse, pero la diferencia de fuerza era abismal. ¡°Calla, ?quieres? Has tenido que ir y complicar las cosas¡­¡± una voz masculina susurr¨® tras ella. Claire escuch¨®, aterrada, mientras segu¨ªa tratando de luchar. ¡°??Hmphghfghh!!¡± ¡°Nos llevamos una sorpresa cuando nos dimos cuenta de que hab¨ªa alguien en esta habitaci¨®n, no esper¨¢bamos encontrar a nadie en casa¡­ Y esto es precisamente el foll¨®n que quer¨ªamos evitar. Qu¨¦ se le va a hacer¡­ Venga, de vuelta a dormir, no podemos hacer ruido ahora, ?sabes?¡± ¡°?Hmmmgh¡­!¡± Claire sinti¨® c¨®mo sus fuerzas disminu¨ªan poco a poco. L¨¢grimas de puro terror se derramaron por su cara mientras trataba en vano de liberarse de su atacante. Un par de minutos de lucha despu¨¦s, le qued¨® muy claro que no ten¨ªa ninguna oportunidad. Sus brazos cayeron cual peso muerto, las piernas empezaron a fallarle; y a pesar de la oscuridad, not¨® c¨®mo su vista se nublaba. ¡°?Clairy¡­?¡± la voz de Lilian emergi¨® del ba?o, alertada por el ruido de fuera. ¡®?Oh, Lilian¡­! ?Por favor, huye¡­!¡¯ ¡°Oye, coge a la otra tambi¨¦n.¡± dijo el hombre, dirigi¨¦ndose a una persona desconocida. ¡®?N-No¡­! ??No¡­!!¡¯ ¡­ ****** [?Te sientes sola?] ¡®No¡­ D¨¦jame en paz¡­¡¯ [Oh, s¨¦ que te sientes sola. Ahora no tienes a nadie a quien aferrarte. Cre¨ªste que el hecho de salvarle le vincular¨ªa a ti, ?verdad? En el fondo, eso es lo ¨²nico que te importa. Porque no puedes continuar por ti misma.] ¡®C¨¢llate¡­ ?Por favor, c¨¢llate¡­! Puedo hacerlo¡­ Ya no soy as¨ª, ?ahora puedo hacerlo! Seguir¨¦ adelante, por ellas¡­¡¯ [?Y si les ocurriese algo a ellas? ?Podr¨ªas seguir diciendo lo mismo? ?Puedes seguir adelante sin aferrarte a alguien de una forma u otra?] ¡®??D¨¦jame en paz¡­!!¡¯ ¡°??D¨¦jame en paz¡­!!¡± Nora se despert¨® gritando como una man¨ªaca, sudando y con fr¨ªo al mismo tiempo. ?Hab¨ªa sido aquello un sue?o, o tan solo su propio di¨¢logo interno? No estaba claro. La brisa ma?anera le helaba las partes expuestas de la piel, y no estaba segura de poder sentir las manos o los pies. Al menos pod¨ªa moverlos todav¨ªa, eso ten¨ªa que ser una buena se?al, ?no? Luch¨® contra el dolor muscular que invad¨ªa su cuerpo, y se levant¨®. La brisa se intensific¨®, como si se estuviese burlando de sus esfuerzos. ¡°J-Joder, qu¨¦ f-fr¨ªo¡­¡± farfull¨®, casi traqueteando los dientes. Sin embargo, no era de extra?ar que tuviera fr¨ªo, dado que estaba casi completamente desnuda, vistiendo nada m¨¢s que una manta peque?a. En el suelo, su ropa todav¨ªa no estaba seca del todo, a¨²n estaba algo h¨²meda. Pens¨® que ser¨ªa m¨¢s inteligente vestirse de todos modos. Mientras lo hac¨ªa, no pod¨ªa alejar su mente de sus propios pensamientos internos. ¡®Si realmente nos separ¨¢semos¡­ Entonces, ?qu¨¦¡­? ?Tengo un prop¨®sito propio? Lo tengo¡­ ?verdad¡­?¡¯ ¡®El prop¨®sito de seguir viviendo, claro. No quiero morir¡­¡¯ [?Por qu¨¦?] Nora sacudi¨® la cabeza. De verdad que no quer¨ªa seguir pensando en nada en aquel momento. Se concentr¨® en la sensaci¨®n fr¨ªa de la ropa contra su piel. Con un poco de suerte su propio calor corporal ayudar¨ªa a que acabase de secarse pronto. Mientras acababa de vestirse, mir¨® hacia arriba. ?Se encontraba bien William? ?Deber¨ªa subir la escalera y ver qu¨¦ tal estaba? ¡®Ahora que lo pienso, en cierto modo me he separado de ¨¦l anoche¡­ Por mucho que odie admitirlo, no s¨¦ qu¨¦ es lo que voy a hacer si ¨¦l no est¨¢ conmigo¡­ ?Soy siquiera capaz de regresar al refugio por mi cuenta¡­?¡¯ Trag¨® saliva, nerviosa, recordando las palabras de William la noche anterior. [Ma?ana por la ma?ana sabremos a ciencia cierta si estoy jodido.] Comenz¨® a guardar sus cosas en la mochila y a prepararse para trepar hacia el puente. No importaba lo que hubiera ocurrido, ten¨ªa que subir de una u otra forma. Ten¨ªa que afrontar la verdad que le aguardaba all¨ª arriba, fuera lo que fuera. La escalera parec¨ªa sorprendentemente resistente, como si fuese inmune a los ¨²ltimos seis meses de abandono. Hab¨ªa permitido a William subir con seguridad, y ¨¦l era mucho m¨¢s pesado que ella, as¨ª que deber¨ªa ser seguro para ella tambi¨¦n. Tom¨® un profundo respiro y empez¨® a trepar. Paso tras paso, se aproxim¨® a las pasarelas. El viento soplaba m¨¢s fuerte a medida que ganaba altitud, como tratando de derribarla de vuelta al punto de partida, y sinti¨® un dolor agudo en sus brazos y piernas debido al agotamiento del d¨ªa anterior. Se agarr¨® a la escalera con tanta fuerza como pudo y continu¨® ascendiendo, apretando los dientes por el malestar. ¡°?W-William¡­? ?Est¨¢s ah¨ª¡­?¡± pregunt¨® una vez estaba a unos metros de distancia de la plataforma met¨¢lica. No alz¨® la voz demasiado, pero estaba convencida de que hab¨ªa sido lo bastante fuerte como para que se la pudiera o¨ªr desde la plataforma. No hubo respuesta. La pasarela en s¨ª ten¨ªa un suelo de rejilla, y por lo tanto se pod¨ªa ver a trav¨¦s de ella, pero algunas zonas estaban ocultas debido al ¨¢ngulo de visi¨®n. Desde su posici¨®n era dif¨ªcil saber si hab¨ªa alguien all¨ª arriba, especialmente si estaba acostado en el suelo o agachado. Asom¨® la cabeza m¨¢s all¨¢ del nivel de suelo y ech¨® un vistazo alrededor. Toda la plataforma estaba vac¨ªa, de lado a lado. A algo de distancia observ¨® la estructura donde se hab¨ªan refugiado de una horda de caminantes cuando entraron al puente el d¨ªa anterior. Probablemente tendr¨ªan que pasar de nuevo por all¨ª para regresar. ¡®No creo que haya vuelto a la ciudad, eso no tendr¨ªa sentido¡­ ?Quiz¨¢ se ha refugiado del fr¨ªo en esa habitaci¨®n?¡¯ Se acerc¨® a la puerta, la cual estaba cerrada. Ten¨ªa un mal presentimiento acerca de toda aquella situaci¨®n. Cuando estaba a punto de alcanzar el pomo de la puerta, not¨® algo fijado a la puerta en s¨ª, con cinta adhesiva. Era un trozo de papel, con algunas palabras escritas en rotulador negro. [ESPERA AQU¨ª VETE SI NO ESTOY DE VUELTA PASADO EL MEDIOD¨ªA W.] ¡°William¡­ Entonces, ?esto quiere decir¡­ que est¨¢s bien¡­?¡± No se habr¨ªa ido si no estuviese en condiciones de hacerlo, ?no? ?O quiz¨¢ lo hizo porque supuso que Nora subir¨ªa tarde o temprano, para no ponerla en peligro innecesario? Si ya no estaba en peligro de convertirse, ?por qu¨¦ se hab¨ªa ido? Nora no ten¨ªa respuestas para ninguna de aquellas preguntas. Esperaba que tener noticias de William la hubiese calmado, pero esto solo hab¨ªa agravado a¨²n m¨¢s sus preocupaciones. Abri¨® la puerta. No llegaba demasiada luz solar a las zonas inferiores del puente, pero era la suficiente para iluminar el interior. Nora conoc¨ªa aquella habitaci¨®n demasiado bien. Las manchas de sangre todav¨ªa estaban en el suelo, pero el cad¨¢ver del caminante ya no estaba all¨ª. ?Lo habr¨ªa tirado William al r¨ªo? Esperaba que as¨ª fuese. La idea de un caminante sobreviviendo b¨¢sicamente sin cabeza y deambulando por ah¨ª era aterradora. Trat¨® de no pensar mucho en lo que hab¨ªa ocurrido all¨ª, y dej¨® su mochila en el suelo. Se sent¨® a su lado, la abri¨®, y sac¨® una lata de comida al azar. Su est¨®mago hab¨ªa estado quej¨¢ndose toda la ma?ana, hasta el punto que le dol¨ªa f¨ªsicamente. Estaba fam¨¦lica. Resultaron ser alb¨®ndigas enlatadas. Eran asquerosas, tal y como las recordaba, pero en aquel momento sab¨ªan deliciosas. No duraron demasiado. Despu¨¦s, esper¨®. CAPíTULO 8 – CONFIANZA ?Cu¨¢ntas horas hab¨ªan pasado? Nora no llevaba encima un reloj o un tel¨¦fono que funcionase, as¨ª que no ten¨ªa forma de medir el tiempo de forma precisa. Pero en base a lo que pod¨ªa ver desde las plataformas, ya hab¨ªa pasado el mediod¨ªa. Su ropa ya se hab¨ªa secado. Su est¨®mago estaba haciendo ruido otra vez. El tiempo volaba. Y William segu¨ªa sin aparecer. Su preocupaci¨®n era innegable. Sin embargo, viendo el lado positivo, tuvo algo de tiempo para reflexionar sobre todo lo que hab¨ªa pasado el d¨ªa anterior. Especialmente en relaci¨®n con los caminantes. Que el mundo estuviese lleno de mala gente era algo que ya ve¨ªa venir, pero los usualmente torpes zombis convirti¨¦ndose en monstruos rabiosos sin previo aviso la superaba. No era de extra?ar que todo el mundo temiese a la noche, ahora ten¨ªa sentido. En serio, ?qu¨¦ pasaba con ellos? Y pensar que ya la asustaban durante el d¨ªa¡­ No se esperaba aquel retorcido giro de los acontecimientos. No obstante, William definitivamente los conoc¨ªa en detalle. Conoc¨ªa los peligros de la noche, sab¨ªa c¨®mo reaccionar, sab¨ªa qu¨¦ esperarse. Se preguntaba por qu¨¦ no la hab¨ªa avisado con antelaci¨®n. Quiz¨¢ era una cuesti¨®n de confianza, como de costumbre. Despu¨¦s de todo, eran a todas luces desconocidos; desconocidos que se hab¨ªan topado el uno con el otro bajo circunstancias muy sospechosas. Y ambos ten¨ªan secretos que ocultar y problemas personales, Nora no dudaba de ello ni por un instante. Pero, para empezar, ?qu¨¦ es la confianza? ?Poner tu vida en manos de otros? ?Compartir tus secretos con ellos? ?Compartir emociones, experiencias¡­? Una palabra tan simple, pero con un significado tan abstracto¡­ ?Y hasta qu¨¦ punto era la confianza un concepto v¨¢lido en aquel nuevo mundo? ?Realmente pod¨ªa uno permitirse el lujo de confiar en otros en un entorno tan duro? Fuese como fuese, nada de aquello importaba si William nunca volv¨ªa. Y la espera estaba poniendo a Nora nerviosa. Estaba asustada. ?Depend¨ªa tanto de ¨¦l? Aparentemente, s¨ª. ¡­ Nora se qued¨® mirando la puerta al otro lado de la habitaci¨®n. La estanter¨ªa met¨¢lica que hab¨ªan arrastrado frente a ella segu¨ªa all¨ª, bloque¨¢ndola. La pared entera estaba ligeramente hundida hacia dentro debido a la fuerza que la horda hab¨ªa aplicado sobre ella desde el exterior. Ya hab¨ªa pasado el mediod¨ªa con creces, al menos un par de horas a mayores. No pod¨ªa esperar m¨¢s. Era consciente de que si la noche ca¨ªa sobre ella otra vez, ser¨ªa su fin. De ninguna manera podr¨ªa sobrevivir de nuevo por su cuenta. Ten¨ªa que moverse, incluso si caminaba hacia una muerte prematura. Supuso que apartar arrastras la estanter¨ªa entera har¨ªa ruido innecesario, por lo que pas¨® varios minutos descargando con cuidado las cajas y herramientas azarosas que llenaban los estantes, coloc¨¢ndolas en el suelo o en el mobiliario cercano, hasta que la estanter¨ªa estaba casi vac¨ªa. Entonces, agarr¨® una esquina, y tir¨® lentamente de ella. Se movi¨®. Cent¨ªmetro a cent¨ªmetro, el mueble se hab¨ªa apartado del medio. La puerta estaba libre. ?Se abrir¨ªa siquiera? Estaba literalmente doblada, pero el marco ten¨ªa buen aspecto. Trag¨® saliva. Por alg¨²n motivo, sinti¨® un escalofr¨ªo que le baj¨® por la espalda. Ech¨® la mano al pomo. ¡°Para.¡± una voz a su espalda la sobresalt¨®. Nora se estremeci¨® y dej¨® escapar un chillido. Se dio la vuelta de forma apresurada. Una figura sombr¨ªa se encontraba de pie en el marco de la puerta de entrada, observ¨¢ndola. Era un hombre, eso era seguro. Le pareci¨® familiar, pero el hecho de que estaba de espaldas a la luz hac¨ªa dif¨ªcil el poder saber qui¨¦n era. Antes de que pudiese decir o hacer nada, la figura se abalanz¨® sobre ella y le puso una mano en la boca. La emboscada repentina la tom¨® por sorpresa de tal manera que no pudo reaccionar a tiempo. Agarr¨® su brazo y trat¨® de resistirse. ¡°?Calla¡­!¡± conoc¨ªa esa voz. Sus ojos se abrieron de par en par, y ces¨® toda resistencia en cuanto pudo finalmente identificar a la persona que la sujetaba. ¡®?William¡­!¡¯ l¨¢grimas de alivio se acumularon en sus ojos. Burl¨¢ndose de su reencuentro, varios golpes suaves resonaron contra la puerta que Nora hab¨ªa estado a punto de abrir momentos antes. Insistieron durante varios segundos hasta que al rato se rindieron. Entonces, William le quit¨® la mano de la boca. ¡°Tienes agallas, lo admito. Bueno¡­ o bien agallas, o bien estupidez. Si hubieras abierto esa puerta, estar¨ªas muerta.¡± susurr¨®. Su voz sonaba ¨¢spera y enfermiza, como si hubiese cogido un catarro. ¡°No deber¨ªamos hablar aqu¨ª. Salgamos.¡± Nora estaba ansiosa de o¨ªr lo que ten¨ªa que decir. Su cara mostraba una sonrisa t¨ªmida, aunque era imposible saber si ¨¦l la hab¨ªa notado en la relativa oscuridad de la habitaci¨®n. No le importaba, estaba aliviada. Inmensamente aliviada. Le sigui¨® al exterior, tras recoger su mochila del suelo. ¡°E-Entonces, ??est¨¢s bien¡­!?¡± ¡°Eso parece. Nunca he o¨ªdo de nadie que haya tardado tanto en convertirse, suele ocurrir en un periodo de algunas horas. Depende mucho del lugar de la mordedura. El tiempo puede variar, desde casi instant¨¢neo hasta varias horas. Pero nunca lo he visto tardar medio d¨ªa. Y no me siento mareado¡­ as¨ª que yo dir¨ªa que me he librado.¡± se detuvo por un momento, se apoy¨® en la barandilla de la pasarela y observ¨® al r¨ªo durante un rato largo. ¡°Supongo que ya eres consciente de ello, pero es un puto milagro que estemos vivos ahora mismo.¡± Nora asinti¨® mientras se limpiaba las l¨¢grimas de los ojos. ¡°Um¡­ Entonces¡­ ?A d¨®nde fuiste¡­?¡± pregunt¨®. William la mir¨® directo a la cara, luego cerr¨® los ojos y suspir¨® profundamente. Se quit¨® la mochila, la abri¨®, y sac¨® algo de su interior. ¡°Toma. Es para ti.¡± dijo, ofreci¨¦ndole una peque?a caja. ¡°?Eh¡­?¡± Nora acept¨® la caja, y al principio no sab¨ªa qu¨¦ era lo que ten¨ªa en las manos. Hasta que se percat¨® de las etiquetas y r¨®tulos que la cubr¨ªan. ¡°?Ah¡­! ??Imposible¡­!! William, ??es esto¡­!?¡± Nora no pod¨ªa creer lo que estaba viendo. Era una caja de una medicina muy concreta. ¡°Escucha¡­ No importa la suerte que hayamos tenido, lo arriesgado que haya sido, o las malas decisiones que se hayan tomado¡­ En el fondo, realmente no importa. Estamos ambos vivos, eso es lo que importa. Y si t¨² no hubieras salvado mi vida arriesgando la tuya propia, poni¨¦ndome a salvo, qued¨¢ndote conmigo hasta el final¡­¡± se detuvo por un momento. Probablemente no quer¨ªa pensar en todas las cosas que podr¨ªan haber salido mal, y Nora tampoco. ¡°Creo que es justo que ahora te devuelva el favor salvando la vida de tu hermana.¡± Nora abraz¨® la medicina entre l¨¢grimas, y r¨¢pidamente procedi¨® a ponerla a salvo dentro de su mochila. ¡°?Gracias¡­! ??Gracias¡­!! Busqu¨¦ esto con tanto ah¨ªnco, ?c¨®mo has conseguido¡­?¡± ¡°No preguntes. Te dije que me buscar¨ªa la vida. Ahora pong¨¢monos en marcha. Los caminantes parecen haberse quedado atascados en el otro lado de las pasarelas, pero la parte superior del puente est¨¢ despejada. Los que estaban ah¨ª arriba eran probablemente la horda que nos encontramos anoche. Deber¨ªamos apresurarnos y tomar esta oportunidad.¡± ?Cu¨¢nto tiempo hab¨ªa pasado desde que Nora hab¨ªa sonre¨ªdo aut¨¦nticamente, desde el fondo de su coraz¨®n? ?Seis meses, quiz¨¢? De ninguna manera, ni de cerca. Con total seguridad, hab¨ªan pasado m¨¢s de seis meses. ****** En comparaci¨®n con las adversidades del d¨ªa anterior, la suerte parec¨ªa haberse tornado en su favor. El puente y las calles que lo rodeaban estaban desiertas, con excepci¨®n de alg¨²n que otro caminante rezagado, y no hab¨ªan tenido ning¨²n problema notable a la hora de regresar a los tejados en su orilla original del r¨ªo. Que Dios bendiga las mochilas impermeables. William se hab¨ªa tomado la molestia de conseguirlas varios meses atr¨¢s, y funcionaban de maravilla. Incluso tras sumergirse durante periodos considerables de tiempo, su interior se manten¨ªa seco e inafectado por la humedad. Su ca¨ªda en el r¨ªo hab¨ªa arruinado algunos de los objetos m¨¢s vulnerables que llevaban en los bolsillos, pero los contenidos de las mochilas se hab¨ªan mantenido en perfecta condici¨®n. Y aquello era particularmente positivo con respecto al panel solar que tanto les hab¨ªa costado conseguir. Adem¨¢s, cuando volvi¨® a la ciudad a buscar la medicina para Lilian en una farmacia cercana, no solo hab¨ªa recogido suministros m¨¦dicos adicionales, sino que tambi¨¦n hab¨ªa conseguido encontrar m¨¢s alimentos por el camino. Comida, medicinas, y una pieza cr¨ªtica de equipamiento. Tanto Nora como ¨¦l se hab¨ªan llevado una paliza, pero estaban vivos. El camino de vuelta transcurr¨ªa sin incidentes. ?Estaba al fin mejorando su suerte despu¨¦s de una racha de infortunios? No, al parecer. ¡°Joder, maldita sea¡­ Ya me hab¨ªa olvidado de esto¡­¡± William observ¨®, molesto, el paquete de cigarrillos que el r¨ªo hab¨ªa arruinado la noche anterior. ¡°Bah¡­¡± procedi¨® a tirarlo y a enfurru?arse. Nora le miraba mientras beb¨ªa a sorbos de la poca agua que le quedaba. William no ten¨ªa claro si su mirada era sentenciosa, burlona, o si simplemente le daba igual. Se hab¨ªan detenido a comer algo y a descansar antes de continuar el resto del camino hacia el refugio. Esta vez les sobraba el tiempo, William estaba seguro de que llegar¨ªan sin problemas, a menos que surgiese alg¨²n nuevo contratiempo. Mir¨® al horizonte. La ciudad se extend¨ªa hasta donde alcanzaba la vista, fila tras fila de edificios. Tiempo atr¨¢s, el cielo estaba oscurecido por la poluci¨®n, casi se pod¨ªan percibir las nubes de humo y de basura qu¨ªmica que emanaban de la ciudad y se dilu¨ªan en la atm¨®sfera. Pero ahora, el cielo se manten¨ªa brillante y despejado. Reading on this site? This novel is published elsewhere. Support the author by seeking out the original. ¡®¡­¡­¡¯ cavil¨® por algunos segundos. ¡°Gracias.¡± dijo. ¡°?Eh¡­?¡± Nora lo mir¨® desconcertada, aquella palabra la hab¨ªa tomado por sorpresa. ¡°Todav¨ªa no te he dado las gracias de forma apropiada¡­ Por salvarme el culo.¡± ¡°Ah, eso¡­ Pero, ?qu¨¦ otra cosa podr¨ªa haber hecho¡­?¡± ¡°Lo s¨¦. Dependes de m¨ª, ?me equivoco?¡± Pod¨ªa percatarse de c¨®mo aquellas palabras hab¨ªan dado justo en el clavo. Los ojos Nora se abrieron mucho por un momento, y luego evit¨® el contacto visual por completo, decidi¨® mirar al suelo en su lugar. ¡°Tal y como dije el otro d¨ªa cuando nos conocimos, supe que no ten¨ªas ni idea desde el momento en que te vi por primera vez. Y no creas que no te he estado observando durante este viaje. Eres propensa a arrebatos emocionales, te apegaste y te volviste dependiente de un completo extra?o como yo¡­ Y yo me aprovech¨¦ de eso.¡± explic¨®. Nora se limit¨® a escuchar. William no sab¨ªa si hab¨ªa decidido no decir nada, o si en realidad no ten¨ªa nada que decir. ¡°Te dije lo que necesitabas saber, cuando necesitabas saberlo. Cuanto menos supieras, m¨¢s depender¨ªas de m¨ª. Cuanto m¨¢s dependieses de m¨ª, menos probable ser¨ªa que me clavaras un pu?al en la espalda. Y seamos realistas, has tenido todos los motivos para hacerlo, teniendo en cuenta la forma en la que te trat¨¦ cuando nos encontramos por primera vez.¡± William se irgui¨® del bordillo en el que estaba sentado, y camin¨® hacia la barandilla que rodeaba el tejado, justo frente a ¨¦l. ¡°Y, aun as¨ª, elegiste salvarme la vida. As¨ª que, dime¡­ ?Lo hiciste por buena voluntad, o porque de lo contrario morir¨ªas sin m¨ª?¡± se gir¨® y se apoy¨® de espaldas contra la barandilla, encar¨¢ndose hacia Nora. ¡°Yo¡­ U-Um¡­¡± Nora mascull¨®, pero le cost¨® articular palabras coherentes. ¡°Ambas opciones son ciertas¡­ Supongo que lo hice por ambos motivos.¡± ¡°Como imaginaba¡­¡± ¡°No quiero hacer da?o a nadie. No tengo motivos para apu?alar a nadie a traici¨®n, a menos que me hagan da?o a m¨ª o a la gente que me importa¡­ Y tampoco quiero que nadie muera, a menos que me den un motivo para odiarles. Pero tambi¨¦n s¨¦ que no puedo sobrevivir a esto por mi cuenta. Y tambi¨¦n est¨¢n Lilian y Claire, yo¡­¡± ¡°Ya, ya¡­ Entiendo.¡± Indecisi¨®n. No querer ensuciarte las manos, esperando que todo salga bien, esperando que nadie tenga que morir. Esa ilusi¨®n apenas ten¨ªa cabida en aquel mundo, pero William comprend¨ªa que algunas personas eran as¨ª. No todo el mundo pod¨ªa endurecerse y hacerse fuerte frente a la adversidad. Mir¨® arriba, hacia el cielo, y reflexion¨® durante un rato. ¡°Escucha, yo sol¨ªa confiar mucho m¨¢s en la gente, ?sabes?¡± ¡°?Mhm¡­?¡± ¡°Supongo que te habr¨¢s dado cuenta, pero ese refugio sol¨ªa albergar a muchas m¨¢s personas¡­ Ten¨ªamos una comunidad entera ah¨ª.¡± ¡°?¡­Puedo preguntar qu¨¦ ocurri¨®¡­?¡± ¡°Est¨¢n todos o muertos o desaparecidos. Y todo por la traici¨®n de una ¨²nica persona. Hab¨ªamos sobrevivido juntos casi desde el inicio de la pandemia, y todo se fue al infierno en una sola noche.¡± ¡°?Fue¡­ el d¨ªa que vimos la se?al de humo rojo¡­?¡± ¡°Exacto¡­¡± Transcurri¨® un largo periodo de silencio. ¡°Lamento o¨ªr eso¡­ Creo¡­ Creo que ahora entiendo mejor la situaci¨®n.¡± dijo Nora. ¡°Me dije a mi mismo que no volver¨ªa a confiar en los desconocidos. Si no puedo confiar en alguien que he considerado un compa?ero desde el principio, ?c¨®mo diablos se supone que debo confiar ciegamente en alguien que no conozco de nada?¡± William estaba pr¨¢cticamente gritando en aquel momento. Nora simplemente asinti¨® y escuch¨®. ¡°Por mucho que me disguste, es la ¨²nica forma en que puedo evitar que alguien vuelva a joderme. Pero aun as¨ª¡­ quiero confiar en ti. Supongo que es una mera corazonada. Que me aspen si me sale el tiro por la culata, pero no quiero seguir manteni¨¦ndote a ciegas.¡± Los ojos de Nora parecieron iluminarse al o¨ªr aquello. Levant¨® la cabeza y le mir¨® directamente de nuevo. ¡°Ah¡­ ?E-En serio¡­?¡± Siendo sinceros, realmente no era m¨¢s que una corazonada. Nora ten¨ªa algo que la hac¨ªa parecer una persona honesta. En cualquier caso, el momento en el que le hizo entrega de la medicina para Lilian fue un punto de inflexi¨®n para ¨¦l. Aquellas l¨¢grimas eran dif¨ªciles de fingir. La condici¨®n m¨¦dica de la chica parec¨ªa ser leg¨ªtima, y una persona ego¨ªsta no llevar¨ªa arrastras a alguien as¨ª. Al menos, eso era lo que William quer¨ªa creer. ¡®O es de fiar, o es una puta psic¨®pata¡­¡¯ ¡°Pero no me malinterpretes. Voy a seguir vigil¨¢ndoos a las tres.¡± ¡°?D-De acuerdo¡­! Est¨¢ bien. ?Haremos todo lo que podamos para ayudar si nos das la oportunidad!¡± ¡°No espero menos. Hasta Lilian tendr¨¢ que encontrar algo que pueda hacer, incluso si es algo simple. No nos podemos permitir el cuidar de nadie.¡± William suspir¨®. El concepto de varias personas trabajando juntas para sobrevivir ya parec¨ªa nada m¨¢s que un recuerdo lejano. Verdaderamente no hab¨ªa pasado mucho tiempo, alrededor de una semana, pero se le hab¨ªa hecho una eternidad. Ten¨ªa que ser cuidadoso alrededor de Nora y las otras chicas. Por muy ¡°buena gente¡± que pareciesen, no pod¨ªa dejarlas hacer lo que les viniese en gana. No quer¨ªa volver a pasar por algo como aquello nunca m¨¢s. ###### ¡°?Oye! ?El grupo de Richard acaba de regresar! ?Baja la escalera!¡± El sonido de la escalera de la salida de incendios desliz¨¢ndose hacia la acera era chirriante, pero por suerte no hab¨ªa caminantes por ninguna parte en las manzanas circundantes aquel d¨ªa. ¡°Me voy a asegurar de lubricar esa cosa hoy mismo. No soporto ese maldito ruido, y lleva as¨ª desde siempre.¡± dijo William desde la parte de atr¨¢s del grupo, mientras ve¨ªa a la gente enfrente suyo trepar y ponerse a salvo. ¡°?Jaja, ya! De hecho, hemos encontrado una peque?a botella hoy, ?no? Podr¨ªamos usarla.¡± sugiri¨® uno de los hombres al frente del grupo. ¡°?Venga, dejad la ch¨¢chara para luego, subid de una vez!¡± dijo el hombre en lo alto de la escalera. La noche caer¨ªa en apenas algunas horas m¨¢s, las salidas de saqueo se volv¨ªan m¨¢s y m¨¢s peligrosas cuanto m¨¢s lejos se ve¨ªan forzados a desplazarse. Qui¨¦n sabe, quiz¨¢ pronto tendr¨ªan que ir y asegurar un nuevo refugio en un ¨¢rea diferente de la ciudad. William empez¨® a subir la escalera en cuanto le lleg¨® su turno, aceptando con gusto la ayuda del hombre que le esperaba en la cima. La mochila a su espalda era pesada. ¡°?Todo bien? No falta nadie, ?no?¡± ¡°No te preocupes, todo correcto. Nos encontramos con un par de grupos de caminantes, pero no hubo enfrentamientos directos.¡± respondi¨® William. ¡°Ah, perfecto. Venga, entrad, veamos qu¨¦ hab¨¦is conseguido.¡± Entre los cuatro, hab¨ªan encontrado comida, herramientas, suministros de mantenimiento y reparaciones, uno de ellos hasta hab¨ªa cogido un peque?o juguete para uno de los ni?os. Un poco de todo. Un viaje similar al d¨ªa era t¨ªpicamente suficiente para mantener el refugio abastecido, aunque en casos de particular necesidad se enviaba a m¨¢s gente. Hab¨ªa diecisiete supervivientes en total, entre los cuales dos eran ancianos y dos eran ni?os. Un peque?o grupo de personas se eleg¨ªa cada d¨ªa para salir y saquear la zona en busca de suministros. Nunca menos de cuatro integrantes. Todos los dem¨¢s, en los apartamentos, se encargaban de gestionar su stock actual de suministros, reparar las barricadas exteriores, hacer guardia, o cualquier otra tarea que surgiese. Aparte de eso, la gente pasaba el tiempo como pod¨ªa. O, mejor dicho, de la mejor forma en que se lo pod¨ªan permitir en un escenario apocal¨ªptico. Se favorec¨ªan las actividades sedentarias, como leer, dado que moverse y malgastar energ¨ªa era una muy mala idea. A veces se recog¨ªan libros interesantes o apetecibles durante las salidas de saqueo, por este preciso motivo. Los ni?os lo detestaban, pero no hab¨ªa otra opci¨®n. William dej¨® su mochila con suministros en el apartamento que usaban como unidad de almacenamiento en la cuarta planta. ¡°?Ah! ?Eso es del bot¨ªn de hoy? ?Solo hab¨ªa visto tres bolsas, ya pensaba que se hab¨ªa extraviado una de ellas!¡± dijo Emma, la mujer encargada de pasar inventario de sus recursos aquel d¨ªa. ¡°Ah, bueno, s¨ª. Me detuve un rato a hacer un mantenimiento r¨¢pido en la escalera de salida, me estaba volviendo majara cada vez que pasaba por all¨ª.¡± respondi¨®. ¡°Ooh, ya veo. No hay problema, no voy con prisas. D¨¦jalo todo ah¨ª, ya me encargo de ello.¡± ¡°De acuerdo, gracias.¡± ¡­ El edificio de apartamentos ten¨ªa un espacioso patio interior. Originalmente estaba cubierto casi por completo con baldosas, pero la mayor parte hab¨ªan sido extra¨ªdas para revelar la tierra de debajo, en la cual se hab¨ªa plantado un jard¨ªn de hortalizas de tama?o decente. A William no le llev¨® demasiado tiempo avistar a una mujer de pelo amarronado merodeando por el lugar. ¡°Cari?o, estoy de vuelta.¡± dijo mientras se acercaba a ella. La mujer se gir¨® hacia ¨¦l, sus ojos verdes llen¨¢ndose de luz, una sonrisa dibujada en su cara tan ponto le vio. ¡°?Cari?o¡­!¡± no se demor¨® en recibirle con un fuerte abrazo, seguido de un beso en la mejilla. ¡°Me alegro de verte a salvo.¡± ¡°?Todo bien por aqu¨ª?¡± ¡°Mhm.¡± En verdad, no necesitaba intercambiar demasiadas palabras con su esposa, Amanda. Su conexi¨®n era m¨¢s profunda que eso. William sent¨ªa que ella le comprend¨ªa mejor que ¨¦l a s¨ª mismo. En la mayor¨ªa de los casos, sus acciones y la forma en la que interactuaban f¨ªsicamente el uno con el otro ten¨ªan m¨¢s significado de lo que las palabras pod¨ªan llegar a tener jam¨¢s. Sent¨ªa seguridad emocional cuando estaba cerca de ella, y eso no era algo que pudiese encontrar con facilidad en ning¨²n otro sitio. Amanda era pr¨¢cticamente la ¨²nica persona en todo el edificio que sab¨ªa c¨®mo trabajar un campo y sacar algo comestible de ¨¦l. Aparte de los ancianos, eso s¨ª, pero su condici¨®n f¨ªsica ya no estaba para aquellos trotes. En cierto modo, encontraba un cierto grado de paz espiritual en aquel lugar. La comida fresca era un completo lujo en aquellos tiempos, por lo que un lugar que la produc¨ªa se sent¨ªa como un regalo de Dios, casi m¨ªstico, en cierto sentido. Al menos, as¨ª era como ella lo describ¨ªa. ¡°?Est¨¢s libre ahora?¡± pregunt¨® Amanda. ¡°Lo siento, hoy me toca turno de guardia hasta medianoche.¡± ¡°Ooh, de acuerdo. Ten cuidado, ?vale?¡± ¡­ El viento soplaba extra?amente fuerte aquella tarde, y el cielo empezaba a tornarse oscuro. Era casi la hora de la reuni¨®n de racionamiento diaria, la cual sol¨ªa llevarse a cabo todos los d¨ªas justo antes de que el sol se pusiese. Bastante simple: todos los inquilinos del edificio se reun¨ªan en una misma habitaci¨®n, la gente responsable de mantener el inventario del d¨ªa les hac¨ªa entrega de sus provisiones de comida y agua para el d¨ªa siguiente, y luego todos se iban a dormir, en silencio. Pens¨® que podr¨ªa darle a un cigarrillo antes de la reuni¨®n. Amanda probablemente le echar¨ªa la bronca por ello, pero en realidad no volver¨ªa a estar cerca de ella hasta el fin de su turno de guardia algunas horas m¨¢s tarde, por lo que no deber¨ªa acabar tan mal el asunto. Desde el tejado del edificio ten¨ªa una vista clara de los alrededores. La ciudad parec¨ªa tranquila aquel d¨ªa. Mientras daba calada tras calada, tratando de proteger el cigarro del viento lo mejor que pod¨ªa, se percat¨® de que alguien se le acercaba. ¡°Oh, hola Desmond. ?C¨®mo va todo? ?Tambi¨¦n de guardia?¡± pregunt¨®, saludando al reci¨¦n llegado. ¡°Hola Will¡­ No, hoy no, solo estaba estirando las piernas¡­¡± Pens¨® que era un tanto extra?o, pero quiz¨¢ le apetec¨ªa tomar algo de aire fresco desde el tejado, as¨ª que no le dio importancia. Conoc¨ªa a Desmond desde hac¨ªa bastante tiempo, era uno de los primeros supervivientes que se unieron al grupo original de William en el edificio, apenas un mes tras el comienzo de la pandemia. Era un buen tipo. Bastante peque?o en lo que a tama?o f¨ªsico se refer¨ªa, un tanto cobarde, y sin mucha tendencia a hablar demasiado. Sin embargo, el propio William tampoco era una persona muy sociable, por lo que un tipo callado y t¨ªmido como Desmond era un compa?ero perfecto para ¨¦l. Dado que no hab¨ªa nada en lo que fuese particularmente bueno, a menudo acababa encarg¨¢ndose de hacer guardia, o de otras tareas dom¨¦sticas, y terminaba de ch¨¢chara ocasional con William con relativa frecuencia. Hubo un largo momento de silencio. En cualquier otra situaci¨®n, aquello era bastante normal entre ellos. Pero William sent¨ªa que algo no iba bien, ?por qu¨¦? Desmond parec¨ªa m¨¢s nervioso y afligido de lo normal, no paraba de mover las manos con inquietud, y le temblaban los pies, como si estuviese ansioso por algo. ¡°Eh, t¨ªo, ?te encuentras bien?¡± pregunt¨® William. ¡°A-Ah¡­ Bueno, ver¨¢s¡­¡± William se le qued¨® mirando, como anim¨¢ndolo a que continuase hablando. Claramente ten¨ªa algo que decir. ?Por qu¨¦ estaba tan nervioso? ¡°Um¡­ ?A-Alguna vez has hecho algo de lo que te has arrepentido profundamente¡­?¡± CAPíTULO 9 – AGITACIóN ?Algo de lo que se arrepintiese profundamente? ?Qu¨¦ clase de pregunta era aquella? William se qued¨® algunos segundos mirando perplejo a Desmond, quien estaba ahora temblando y revolvi¨¦ndose todav¨ªa m¨¢s que antes. ¡°Espera, ?qu¨¦ quieres decir con eso¡­? ?Ha ocurrido algo? ??Seguro que est¨¢s bien¡­!?¡± ¡°B-Bueno¡­ A-Ah¡­ ¨²ltimamente he tenido algo rond¨¢ndome la c-cabeza, y hab¨ªa pensado que¡­ U-Um¡­¡± Desmond no estaba realmente transmitiendo ninguna informaci¨®n relevante a trav¨¦s de sus balbuceos. Este tipo de comportamiento no era en absoluto caracter¨ªstico de Desmond. Sol¨ªa ser t¨ªmido y reservado, as¨ª como indeciso. Pero aquello parec¨ªa un ataque de p¨¢nico en toda regla, algo que nunca antes hab¨ªa sufrido, al menos no que William supiese. De hecho, le hab¨ªa visto aquel mismo d¨ªa antes de partir en su expedici¨®n de saqueo, y no hab¨ªa notado nada raro en ¨¦l; era tan solo el bueno de Desmond, como siempre. Algo no iba bien. ¡°Eh, necesito que te calmes.¡± William le sujet¨® del hombro y le mir¨® fijamente a la cara. Desmond evit¨® el contacto visual a toda costa. ¡°Si no te calmas y hablas en condiciones, no voy a poder entender nada. ?Qu¨¦ te pasa, t¨ªo?¡± Desmond continu¨® gimiendo y balbuceando palabras incoherentes. Un rato despu¨¦s, sus nerviosos ojos finalmente se posaron sobre los de William. Su rostro se contorsionaba en una bizarra mezcla de miedo y desasosiego. ¡®Maldita sea, este tipo est¨¢ cagado de miedo. ??Qu¨¦ est¨¢ pasando!?¡¯ ¡°He¡­ He recibido algunas noticias s-sobre un cierto asunto h-hoy¡­ Pero, um¡­ Creo que necesito r-reflexionar un poco¡­¡± dijo. Era un manojo de nervios. ¡°Aj¨¢¡­ Ya veo¡­¡± ¡°Bajar¨¦ y-y descansar¨¦ por un rato¡­ Te ver¨¦ l-luego, Will¡­¡± Desmond se gir¨® y empez¨® a alejarse. ¡°Oye, cu¨ªdate, ?quieres¡­? ?Seguro que no quieres que baje contigo?¡± Desmond se detuvo durante un breve instante y parec¨ªa querer dar la vuelta, pero simplemente sigui¨® caminando. ¡°E-Estoy bien¡­ Perdona por haberte m-molestado¡­¡± William le observ¨® hasta que finalmente desapareci¨® a trav¨¦s de la puerta del hueco de la escalera cercano. Estaba anonadado, no sab¨ªa c¨®mo interpretar lo que acababa de ocurrir. ¡®Me asegurar¨¦ de mantenerle vigilado despu¨¦s. Tambi¨¦n tendr¨¦ que hac¨¦rselo saber a los dem¨¢s. Algo no va bien.¡¯ Sinceramente, estaba tentado de bajar y encargarse del asunto de inmediato, pero la reuni¨®n de racionamiento estaba a punto de empezar. Supuso que tendr¨ªa una oportunidad perfecta para sacar el tema despu¨¦s de que terminase la reuni¨®n. ¡­ William apoy¨® la espalda contra la pared y esper¨®. El ¡°sal¨®n¡± de reuniones era en realidad el apartamento situado justo en frente de la unidad de almacenaje de la cuarta planta. Las paredes del dormitorio y del ba?o hab¨ªan sido destruidas para convertirlo en una ¨²nica habitaci¨®n m¨¢s espaciosa. Solo una puerta permit¨ªa el acceso al interior, y William la observaba de cerca mientras llegaban el resto de habitantes del edificio. Emma estaba ya dentro, comprobando las raciones. Llegaron Richard y Wattson¡­ Luego Amanda, quien le tir¨® una c¨¢lida sonrisa tan pronto le vio. La reciproc¨®, y continu¨® observando la puerta. La pareja de ancianos lleg¨® a su propio ritmo. Luego Elijah, luego Daniels¡­ Al cabo de un rato los ni?os aparecieron por all¨ª tambi¨¦n. Todos fueron llegando para la reuni¨®n, uno tras otro. Bueno, casi todos. Desmond no aparec¨ªa. William estaba nervioso. No pod¨ªa dejar de pensar en la conversaci¨®n que hab¨ªa tenido con ¨¦l un rato atr¨¢s, por alg¨²n motivo. ?Por qu¨¦ diablos ten¨ªa aquel mal presentimiento al respecto? No quer¨ªa seguir esperando. ¡°?Alguien ha visto a Desmond¡­?¡± pregunt¨®. ¡°?Desmond? Le vi hace un rato subiendo al tejado. ?Creo que iba a hablar contigo sobre algo?¡± respondi¨® Emma. ¡°S¨ª, eso hizo¡­ Pero algo raro pasaba con ¨¦l. Algo lo ten¨ªa de los nervios.¡± ¡°Ahora que lo mencionas, el tipo estuvo haciendo cosas raras hoy¡­¡± dijo uno de los hombres en la habitaci¨®n. ¡°No paraba de merodear por todo el edificio. Me pregunto en qu¨¦ demonios andar¨ªa metido¡­¡± ¡°?Bah, ese jovenzuelo es un in¨²til, le cuesta hasta levantar un dedo! Seguro que andaba tramando algo.¡± gru?¨® el anciano. ¡°Oh, venga ya, querido, no seas as¨ª.¡± su esposa no parec¨ªa muy contenta por aquel comentario. ¡°Ya te lo he dicho; deber¨ªas ser m¨¢s tolerante con los j¨®venes. A ti tambi¨¦n te cuesta levantar tu propio trasero.¡± ¡°?Pero yo ya soy una uva pasa, no puedes compararlos conmigo!¡± protest¨®. Ch¨¢chara arbitraria surgi¨® en la habitaci¨®n, mezclada con un par de risas por aqu¨ª y por all¨¢. Todo el mundo parec¨ªa no darle importancia al comportamiento de Desmond. Probablemente por lo desapercibido e inofensivo que era. ?Qu¨¦ era lo peor que podr¨ªa hacer? Bueno, desde el punto de vista de William, no hac¨ªa falta mucho esfuerzo para llevar las cosas por mal camino. M¨¢s all¨¢ del ruido provocado por la conversaci¨®n en la habitaci¨®n, William escuch¨® algo, un sonido intermitente que proven¨ªa del pasillo. Sonaba como pasos. Pasos corriendo. De repente, un hombre apareci¨® en el umbral de la puerta, y la golpe¨® con fuerza para llamar la atenci¨®n de todos. Hubo un momento de silencio, mientras todo el mundo se giraba en su direcci¨®n. Parec¨ªa preocupado. ¡°?Eh, eh¡­! ??Qu¨¦ pasa con el tejado!?¡± pregunt¨®, jadeando ligeramente. ¡°?Qu¨¦ quieres decir? ?Hay algo raro en el tejado?¡± William respondi¨® con otra pregunta al instante, casi rebotando de la pared y dando un paso al frente. ¡°??Hay un montonazo de humo rojo saliendo del tejado¡­!! ?Tambi¨¦n emite luz, es la hostia de brillante ah¨ª arriba!¡± ¡°??Qu¨¦¡­!?¡± Los ocupantes de la sala empezaron a mirarse unos a otros con caras de desasosiego. ¡°Qu¨¦ raro¡­ No recuero que tuvi¨¦ramos nada as¨ª de llamativo en el almac¨¦n¡­¡± a?adi¨® Emma. Y ella probablemente lo sab¨ªa mejor que nadie, al menos aquel d¨ªa en particular. ¡°Voy a echarle un vistazo. Richard, Elijah, conmigo. Los dem¨¢s quedaos aqu¨ª, apagad las luces y cerrad la puerta. Lo que sea que est¨¦ pasando, podr¨ªa ser peligroso.¡± sugiri¨® William. Nadie estuvo en desacuerdo. Mientras el resto de la gente se encerraba en el apartamento entre murmullos preocupados, William y su peque?o equipo se dirigieron hacia la azotea. No ten¨ªan ni idea de qu¨¦ estaba pasando, pero William se hab¨ªa visto apoderado por una sensaci¨®n de urgencia. Esprint¨® a toda velocidad por el pasillo y hacia las escaleras, y comenz¨® a subirlas apresurado. Richard y Elijah ten¨ªan problemas para mantenerse a su ritmo. Justo all¨ª, en el ¨²ltimo descansillo frente a la puerta de acceso al tejado, estaba Desmond, en cuclillas en una esquina. La puerta de la azotea estaba abierta, y las luces rojas intermitentes que surg¨ªan de lo que fuera que hab¨ªa en el tejado lo iluminaban. Estaba sudoroso, temblando como loco, y llorando a gritos. William se agach¨® a su lado y le agarr¨® por ambos hombros. Esta vez no fue cuidadoso, lo sacudi¨® y lo gir¨® hacia ¨¦l a la fuerza. ¡°??Desmond¡­!? ??Qu¨¦ est¨¢ pasando, Desmond!?¡± ¡°??L-Lo siento¡­!! ???Lo s-s-siento¡­!!!¡± ¡°??Sientes el qu¨¦!? ??Qu¨¦ ocurre!?¡± Antes de que pudieran seguir hablando, un sonido hizo eco en la distancia, interrumpiendo su conversaci¨®n. Parec¨ªa una sirena. Un sonido incre¨ªblemente fuerte, su retorcido timbre retumbando por las calles, perme¨¢ndolo todo. Sonaba como si proviniese desde una distancia realmente considerable. ¡°??Oh, Dios¡­!! ??Oh, Dios m¨ªo, perd¨®name¡­!! ???Aaaah¡­!!!¡± la cara de Desmond estaba cubierta de l¨¢grimas. ¡°??Lo siento, Will¡­!! ???Por favor, perd¨®name, no quer¨ªa hacerlo¡­!!!¡± ¡°??Qu¨¦ co?o est¨¢ pasando, Desmond!? ???Qu¨¦ es lo que has hecho!!?¡± ###### ¡°Uuh¡­ ?est¨¢s bien?¡± La voz de Nora sac¨® abruptamente a William de sus profundos pensamientos. Pr¨¢cticamente se sobresalt¨®, no era caracter¨ªstico de ¨¦l, hundirse en sus propios pensamientos de aquella manera. Incluso hab¨ªa perdido la noci¨®n del tiempo durante un rato. Taken from Royal Road, this narrative should be reported if found on Amazon. ¡°Si, todo bien¡­ Tan solo estaba pensando.¡± respondi¨®. ¡°De acuerdo, deber¨ªamos movernos. A¨²n tenemos mucho tiempo, pero igualmente no deber¨ªamos estar holgazaneando.¡± ¡°Ok.¡± Mientras se preparaban para irse, trat¨® de concentrarse en las tareas que ten¨ªan entre manos, y dejar los recuerdos para otro momento. No ser¨ªa nada bueno para ¨¦l dejar que flotasen por su cabeza. Era dif¨ªcil pasar p¨¢gina en determinadas situaciones, pero dejar que las emociones se estancasen no era sino un desastre anunciado. A veces ocurren cosas malas en la vida, y es mejor buscar un nuevo camino a seguir lo antes posible. Algo que permita dejar esos obst¨¢culos atr¨¢s y al mismo tiempo mantenerse fiel a uno mismo. Pero cuando esos obst¨¢culos permanecen presentes, es en ese momento cuando pasar p¨¢gina se convierte en un verdadero desaf¨ªo. William era demasiado consciente de ello. ¡®Amanda¡­¡¯ ****** No pod¨ªa o¨ªr nada. Tampoco pod¨ªa ver. ?Estaban sus ojos abiertos? No lo sab¨ªa. Probablemente lo estaban, cre¨ªa percibir algo, pero no constaba de mucho significado. O m¨¢s bien, ella misma no pod¨ªa darle un significado. Intent¨® moverse. O quiz¨¢ no. De nuevo, no estaba segura de si lo hab¨ªa hecho. Su cabeza no dol¨ªa, tan solo se sent¨ªa entumecida. ?Qu¨¦ estaba pasando? ?Le importaba siquiera? Pod¨ªa o¨ªr algo. ?Voces? Quiz¨¢. Hab¨ªa varias. Parec¨ªan estar discutiendo unas con otras. No ten¨ªa ni idea de por qu¨¦. ¡®Callaos¡­ ya¡­¡¯ ¡®Dejadme sola¡­¡¯ Estaba tan incre¨ªblemente cansada. ¡­ Era cuesti¨®n de tiempo que los efectos de la droga empezasen a desaparecer. Claire empez¨® a recuperar lentamente su visi¨®n y su conciencia a medida que pasaba el tiempo. Una vez m¨¢s, intent¨® moverse, pero no funcion¨®. Algo restring¨ªa sus movimientos. Tampoco pod¨ªa hablar, lo ¨²nico que sal¨ªa de su boca eran balbuceos incoherentes. De repente, algo le abofete¨® la cara. Repetidamente. ¡°¡­ye! ¡­pierta! ¡­a era h¡­ ¡­ra.¡± Los repetidos cachetes parecieron despertar de golpe a su cerebro, y sus alrededores pudieron cobrar sentido en cuanto el abofeteo se detuvo. Ya no se encontraba en su apartamento, aunque le daba la impresi¨®n de que a¨²n segu¨ªa en el mismo edificio. Era una sala m¨¢s grande, cuyas paredes hab¨ªan sido derribadas por alg¨²n motivo. Mir¨® arriba, y vio sus mu?ecas atadas con cuerda a las barras de metal que sellaban la ventana. Sus tobillos tambi¨¦n estaban atados con cinta adhesiva. El p¨¢nico comenz¨® a apoderarse de ella. ¡°?Ah¡­! ??Aua¡­!!¡± no le salieron palabras coherentes, mientras trataba en vano de luchar contra sus ataduras. Un hombre estaba de pie frente a ella. Vistiendo ropa vieja y sucia, medio calvo, con barba de s¨®lo Dios sab¨ªa cu¨¢ntos meses¡­ Su apariencia era terrible, pero Claire estaba particularmente aterrada por su rostro. Mostraba una expresi¨®n completamente seria, pero sus ojos denotaban una profunda y retorcida malicia. Y esos mismos ojos la estaban taladrando hasta la m¨¦dula. Empez¨® a derramar algunas l¨¢grimas por el miedo. ¡°Voy a ir directo al grano, mocosa.¡± dijo. Entonces, se agach¨® y se acerc¨® mucho a su cara antes de seguir hablando. ¡°?D¨®nde est¨¢ el alijo?¡± ?Alijo? ?De qu¨¦ estaba hablando? Claire no sab¨ªa nada de ning¨²n alijo. ¡°?Oaa¡­! ??Aah¡­!!¡± de nuevo, no salieron palabras de su boca. No estaba enteramente segura de si no pod¨ªa hablar por los efectos de la droga, o si era porque su cerebro se estaba cagando encima. ¡°Oh, venga ya¡­¡± el hombre se levant¨®, se gir¨® y empez¨® a caminar en c¨ªrculos por la habitaci¨®n. Sac¨® una navaja autom¨¢tica de su bolsillo y empez¨® a juguetear con ella. ¡°De verdad que no quiero que esto se ponga feo¡­¡± ¡®?Por qu¨¦¡­? ??Por qu¨¦¡­!? ?Yo no s¨¦ nada¡­! ??Por qu¨¦ est¨¢ pasando esto¡­!?¡¯ ¡°Me estoy cansando de esperar, t¨ªo. Si esos dos acaban apareciendo podr¨ªamos tener problemas.¡± dijo otra voz. ¡°Y esta de aqu¨ª no puede hablar una mierda incluso completamente despierta.¡± Fue entonces cuando Claire se dio cuenta de que hab¨ªa m¨¢s gente en la habitaci¨®n. Otro hombre, de apariencia tan desarreglada como el primero, estaba sentado sobre unas cajas en una esquina de la habitaci¨®n, enfurru?ado. A sus pies, un cuerpo mucho m¨¢s peque?o se manten¨ªa inm¨®vil en el suelo. Claire conoc¨ªa ese cuerpo. A pesar de que no pod¨ªa verla demasiado bien, reconoci¨® a Lilian casi al instante. ¡°?Ah¡­! ??Lilln¡­!! ???Linn¡­!!!¡± intent¨® llamar su atenci¨®n. Lilian pareci¨® moverse un poco, pero nada m¨¢s. Sus manos y piernas tambi¨¦n estaban inmovilizadas. Conoci¨¦ndola, era probable que tanto las ataduras como la situaci¨®n en la que se encontraban fuesen lo bastante abrumadoras como para incapacitarla emocionalmente. El mat¨®n frente a ella rebot¨® sus ojos entre Claire y Lilian durante un rato. ¡°Oye, ten¨ªas ganas de pasar un buen rato con la chica, ?no? Puede que eso haga que esta de aqu¨ª tenga m¨¢s ganas de cooperar.¡± sugiri¨®. ¡°Joder, ?en serio puedo hacerlo?¡± ¡°Hazlo.¡± ¡°Hostia, vale.¡± para el horror de Claire, el tipo de la esquina se levant¨® e inmediatamente cay¨® sobre Lilian. No pod¨ªa ver lo que estaba intentando hacer, pero no tuvo que pensar mucho para adivinarlo. ¡°?Cu¨¢ntos a?os debe de tener esta? ?Crees que es una adolescente? Sus reacciones son fl¨¢cidas como un pescado muerto, pero da igual. ?Esto no se puede mejorar mucho!¡± ¡°?Aaaoo¡­ Uaaauaaaa¡­!¡± Lilian empez¨® a emitir quejidos indescifrables en voz baja. Claire pod¨ªa ver c¨®mo sus piernas trataban de moverse y liberarse, pero era obvio que no iba a funcionar. ¡°?Ah¡­! ?Nn-o¡­! ??Pah-ra¡­!!¡± la voz de Claire parec¨ªa recomponerse frente a la horrorosa escena que estaba teniendo lugar delante de sus ojos. ¡°?Oh? ?Te sientes con ganas de hablar¡­?¡± pregunt¨® el mat¨®n frente a ella. ¡°?Po-r fav-or¡­! ??Pu-to¡­ mns-truo¡­!! ???Par-a¡­!!!¡± El hombre se arrodill¨® a su lado y le propin¨® una bofetada mucho m¨¢s fuerte que las anteriores en la cara, arranc¨¢ndole del tir¨®n las gafas de la cabeza. Milagrosamente, no parecieron romperse. ¡°???Ponte las putas pilas y dime lo que quiero o¨ªr de una maldita vez, ni?ata!!! ??D¨®nde est¨¢ el puto alijo de armas!?¡± le grit¨® directamente a la cara. ¡°?Acaso quieres tambi¨¦n un poco de acci¨®n?¡± sin pens¨¢rselo dos veces, le agarr¨® el pecho y empez¨® a manosearlo bruscamente. Le hac¨ªa da?o. ¡°??Ah¡­!! ??No¡­!! ???Cer-do¡­!!!¡± Claire chill¨® y se resisti¨® todo lo que pudo. ¡°??N-No¡­ m-e¡­ to-ques¡­!!¡± De alguna manera, Claire consigui¨® escurrir las piernas cerca de su torso y luego ponerlas en el est¨®mago del hombre. Empuj¨® con todas sus fuerzas, que no eran muchas, pero s¨ª las suficientes como para hacerle perder el equilibrio y caer de espaldas. ¡°?Argh!¡± Por supuesto, aquello solo iba a cabrearlo m¨¢s. ?Pero qu¨¦ otra cosa se supon¨ªa que pod¨ªa hacer? No sab¨ªa qu¨¦ era lo que quer¨ªan de ellas. De ninguna manera iba a poder escapar por su cuenta. Lo ¨²nico que pod¨ªa hacer era rezar para que William y Nora volviesen antes de que fuese demasiado tarde. ¡°?Ouch¡­! ??Ay, ay, aaay!! ???Aaargh¡­!!!¡± El otro individuo, quien estaba abusando de Lilian, solt¨® de repente un grito de p¨¢nico. Se levant¨® r¨¢pidamente, sujet¨¢ndose la mano. ¡°Oye, ?qu¨¦ pasa?¡± pregunt¨® el que estaba en el suelo. ¡°??Esta perra¡­!! Pens¨¦ que estaba empezando a resistirse un poco, y le agarr¨¦ la cara para mantenerla quieta, ??pero ha ido y me ha mordido!! ??Joder, est¨¢ sangrando mucho!! ??Mierda!!¡± ¡°Por el amor de Dios¡­ Ve con los otros dos, que te traten esa mierda¡­¡± El hombre herido abandon¨® la habitaci¨®n a toda prisa, dejando a Lilian visiblemente angustiada en el suelo. Su ropa estaba hecha un desastre, y hab¨ªa sido deslizada en varios puntos, exponiendo la mayor parte de su barriga y de sus muslos. Sin embargo, no parec¨ªa estar herida. A Claire le empez¨® a hervir la sangre en las venas, y le lanz¨® una mirada asesina al mat¨®n que quedaba en la sala. Con toda sinceridad, estaba absolutamente aterrorizada, pero eso no cambiaba el hecho de que se encontraba furiosa. Apret¨® los dientes en frustraci¨®n. ¡°?Vosotros¡­! ??Putos¡­ cerdos asquerosos¡­!! ??Que os den¡­!! ???Trozos de mierda, maldita sea¡­!!!¡± las l¨¢grimas siguieron acumul¨¢ndose en sus ojos, pero aquellas no eran de miedo. Aquello era rabia. El hombre se levant¨® y mir¨® al techo, pensando. Suspir¨®, molesto. ¡°Bueno, al menos parece que ahora puedes hablar apropiadamente.¡± ¡°??Vete al infierno!!¡± La mir¨® fijamente durante varios segundos. Entonces, en un r¨¢pido arrebato de ira, sujet¨® su navaja y la hundi¨® directamente en el muslo izquierdo de Claire, hasta la empu?adura. La retorci¨® muy lentamente. Claire nunca hab¨ªa gritado de semejante manera. Un grito de agon¨ªa que helaba la sangre, a todo pulm¨®n. Los gritos prosiguieron durante un rato, hasta que se qued¨® sin aire y comenz¨® a rechinar los dientes en su lugar. ¡°Escucha, mocosa¡­ Al jefe no le gusta cuando la gente le toca los cojones, ?sabes? Si no vamos de vuelta con resultados que mostrarle, somos fiambre. Y te juro por cual sea el maldito dios en el que creas¡­ que t¨² vas a ser carne muerta mucho antes de que yo lo sea. ?Nos entendemos?¡± estaba apenas a un par de cent¨ªmetros de su cara. La ira y la bravuconer¨ªa de Claire se hab¨ªan ido por el desag¨¹e en un instante. Todo lo que le quedaba era puro terror. Cegada por el dolor, asinti¨®. Asinti¨® como si le fuese la vida en ello. Porque probablemente as¨ª era. ¡°P-Por favor¡­ ?N-No me hagas m-m¨¢s da?o¡­!¡± rog¨®. ¡°Entonces empieza a hablar. Simple y sencillo.¡± ¡°?Yo¡­ Yo no s¨¦ n-nada¡­!¡± ¡°No me hagas apu?alarte otra vez¡­ Te juro que la segunda va a doler mucho m¨¢s que la primera.¡± ¡°?Aah¡­! ??E-Estoy diciendo la verdad¡­!! ?Nos encerraron tan pronto como llegamos aqu¨ª¡­! ?Ese hombre no nos ha dicho nada¡­!¡± ¡°?Os encerraron¡­? Entonces, ?sois nuevas aqu¨ª? ?Es eso lo que intentas decir?¡± ¡°?A-As¨ª es¡­!¡± El mat¨®n mantuvo el silencio por algunos instantes, y luego llev¨® el cuchillo hasta su cara y comenz¨® a acariciar su piel con ¨¦l. Aplicaba niveles peligrosamente altos de presi¨®n, pero sin llegar a provocar heridas. ¡°Ya, y yo he nacido ayer. ?En serio pretendes que me crea eso?¡± ¡°??Aaaah¡­!!¡± Claire estaba temblando tanto que tem¨ªa que sus propias sacudidas causar¨ªan que la hoja del cuchillo penetrase su piel. ¡°Sabemos que este edificio oculta mucha potencia de fuego. El equivalente a una comisar¨ªa de polic¨ªa entera, para ser precisos. Lo hemos sabido desde hace mucho tiempo. Hemos mirado en todas partes, incluso en la c¨¢mara reforzada que hay en el s¨®tano, donde se supon¨ªa que estar¨ªa. Nada. Y nos estamos quedando sin tiempo. Nadie nos toca los huevos. Tienes agallas, ni?ata, eso est¨¢ claro. Pero est¨¢s a punto de arrepentirte de tenerlas.¡± ¡®?Aaah¡­! ?Por favor¡­! ??Que alguien me ayude, quien sea¡­!! ??Nora¡­!!¡¯ ****** El viaje de vuelta estaba agotando a Nora de forma notable. Sin embargo, ya pod¨ªan ver el edificio de apartamentos en la distancia. Al d¨ªa todav¨ªa le quedaban varias horas de luz hasta la puesta del sol, por lo que la gesti¨®n del tiempo hab¨ªa sido un gran ¨¦xito aquel d¨ªa. William ten¨ªa una pinta m¨¢s melanc¨®lica de lo usual desde su charla de hace un rato, pero para ser sinceros, ten¨ªa una buena cantidad de motivos. Algo llam¨® repentinamente su atenci¨®n. Un grito espantoso en la lejan¨ªa. Y ven¨ªa de la direcci¨®n de su edificio. ¡°??Eh!? Espera, ??ha sido eso¡­!?¡± Nora mir¨® a William, pero ¨¦l ya hab¨ªa echado a correr. ¡°Eso definitivamente ha venido de nuestro refugio¡­ ?Mierda!¡± ¡°No, no puede ser¡­ ??Claire!! ???Lilian!!!¡± CAPíTULO 10 – CEBO William corri¨® tan r¨¢pido como sus piernas se lo permit¨ªan, saltando sobre obst¨¢culos y girando esquinas mientras se aproximaba r¨¢pidamente a la calle que les separaba del edificio de apartamentos, con Nora sigui¨¦ndole de cerca. Ella gritaba algo, pero ¨¦l no la escuchaba, ten¨ªa la cabeza en otro sitio. Sab¨ªa que se hab¨ªa estado olvidando de algo desde el d¨ªa anterior, y ahora era tan obvio que se sinti¨® como un imb¨¦cil por no haberse dado cuenta antes. Los hombres que les hab¨ªan emboscado, los conoc¨ªa. Para ser exactos, conoc¨ªa a qu¨¦ grupo pertenec¨ªan. Y ten¨ªa un fuerte presentimiento de que lo que fuera que estuviese pasando en el refugio estaba directamente relacionado con aquel encuentro. Cuando tuvo la calle justo enfrente, se detuvo tras una esquina. Decidi¨® no ponerse al descubierto. Incluso si el tiempo era crucial, apresurarse probablemente ser¨ªa una mala idea. Adem¨¢s, si sus sospechas eran ciertas, Claire y Lilian deber¨ªan seguir con vida. Nora ven¨ªa descontroladamente en su direcci¨®n, tuvo que agarrarla para impedirle que revelase su posici¨®n. ¡°?Para¡­!¡± dijo, sujet¨¢ndola con ambas manos. ¡°??Qu¨¦ est¨¢s haciendo!? ??Su¨¦ltame¡­!! ??Podr¨ªan estar en peligro!! ???Su¨¦ltame!!!¡± estaba gritando y tratando ferozmente de librarse de ¨¦l. ¡°??No pierdas la cabeza, c¨¢lmate!! ?Tenemos que actuar muy cuidadosamente, o acabaremos poni¨¦ndolas en m¨¢s peligro todav¨ªa!¡± Nora dej¨® escapar un fuerte resoplido. William entend¨ªa su preocupaci¨®n, pero no pod¨ªan perder el tiempo hablando. Le hizo una se?al con la mano para que se quedase d¨®nde estaba, y luego se asom¨® por la esquina y ech¨® un vistazo a la calle. Una gran horda de caminantes se apilaba contra el lateral del edificio de apartamentos. Probablemente se hab¨ªan visto atra¨ªdos por el grito de antes. Los salientes que ¨¦l y sus viejos compa?eros hab¨ªan construido alrededor de toda la estructura imped¨ªan que los caminantes treparan hasta las ventanas de los pisos superiores. Cubr¨ªan la mayor parte de la calle en su esfuerzo por llegar al origen del sonido. Todos los caminantes estaban amontonados en ese punto en particular, lo que solo pod¨ªa significar que las chicas estaban en alg¨²n lugar en ese lado del edificio. El primer, segundo y tercer piso hab¨ªan sido completamente sellados con paredes de ladrillo y chatarra soldada, esos apartamentos no eran accesibles. Por lo tanto, era muy probable que estuviesen o bien en el cuarto piso, o bien en el ¨²ltimo piso. ¡®?D¨®nde est¨¢n¡­?¡¯ entorn¨® los ojos mientras observaba las ventanas, con la esperanza de detectar alg¨²n signo de movimiento a trav¨¦s de los huecos entre los tablones que las bloqueaban. Sin embargo, estaba demasiado lejos, y el interior era demasiado oscuro. ¡®Maldita sea¡­¡¯ ¡°??Qu¨¦ tal¡­!? ??Ves algo!?¡± pregunt¨® Nora, impaciente. ¡°Escucha¡­ Tengo una ligera idea de d¨®nde podr¨ªan estar, y creo que s¨¦ a qu¨¦ nos enfrentamos¡­ Pero no hay forma de saber cu¨¢ntos son. Y est¨¢n armados, estoy seguro de ello.¡± ¡°??Est¨¢s seguro de que son gente¡­!?¡± ¡°S¨ª, estoy seguro. Si esas cosas hubieran conseguido encontrar una forma de entrar, no estar¨ªan arrastrando los pies ah¨ª abajo¡­¡± ¡°Oh dios, oh dios¡­¡± ¡°Tengo un plan. Pero no es en absoluto seguro, vamos a tener que tomar muchos riesgos. Puede que muramos todos.¡± ¡°?D¨ªmelo ya¡­! ?No puedo dejarlas ah¨ª a su suerte¡­! ?Estoy dispuesta a afrontar los riesgos¡­!¡± La cara de Nora se contra¨ªa con el miedo y la preocupaci¨®n, pero hab¨ªa algo que ard¨ªa en sus ojos, algo que parec¨ªa tanto rabia como pura fuerza de voluntad. William supuso que verdaderamente no iba a tener dudas esta vez, no importaba lo asustada que estuviese. Lo cual eran buenas noticias. No pod¨ªan permitirse dudar si quer¨ªan retomar su refugio. ****** Nora esper¨® impacientemente. El sudor le goteaba de la cara. Pod¨ªa sentir sus brazos y piernas temblar de los nervios. Mir¨® hacia abajo. Los caminantes estaban ahora directamente debajo de ella, ara?ando al aire, tratando de alcanzarla. Hab¨ªa hecho aquello antes, en una escalera de incendios similar, justo el d¨ªa anterior. Y aquella vez hab¨ªa perdido los nervios, pero eso no iba a volver a ocurrir de nuevo. Estaba concentrada en lo que ten¨ªa que hacer. Ten¨ªa que centrarse, por el bien de Claire y de Lilian. *?Riiiiiiiiiiiiiiiiiing!* La alarma del tel¨¦fono estall¨® a todo volumen, y la horda de caminantes se arrastr¨® lentamente en direcci¨®n al sonido. Tal y como William le hab¨ªa dicho, liber¨® la escalera tan pronto el suelo a sus pies estuvo despejado, descendi¨®, y ech¨® a correr hacia los apartamentos. Seg¨²n William, el m¨¦todo de entrada que sol¨ªan usar era la salida de incendios del propio refugio, pero era engorroso utilizarla en solitario, por lo que se dirigi¨® hacia la ¨²nica otra opci¨®n que ten¨ªa disponible. En cuanto gir¨® la esquina del edificio, avist¨® una puerta un poco m¨¢s all¨¢. Era una gran puerta de metal, que parec¨ªa haber sido reforzada soldando capas de metal adicionales sobre la puerta original. Nora sinti¨® que la observaban. Era imposible que quien fuera que estuviese dentro del edificio no hubiese o¨ªdo el sonido de la alarma del tel¨¦fono. Y tras haberles alertado, era muy probable que hubiesen puesto sus ojos sobre ella tambi¨¦n. Despu¨¦s de todo, un humano corriendo por una calle vac¨ªa era bastante f¨¢cil de ver. Gir¨® la manilla de la puerta y empuj¨®. Estaba abierta, pero la puerta apenas se movi¨®. Descans¨® su hombro sobre ella y empuj¨® m¨¢s fuerte, con todo su peso. Aquella cosa era incre¨ªblemente pesada. Con algo de esfuerzo, consigui¨® escurrirse dentro y cerrar la puerta de nuevo con m¨¢s empujones. [En cuanto est¨¦s dentro, cierra la puerta y bloqu¨¦ala. Yo entrar¨¦ por otro sitio.] La puerta contaba con dos soportes met¨¢licos en forma de U a ambos lados. Nora localiz¨® una barra de hierro apoyada contra una pared cercana. Sigui¨® el consejo de William y desliz¨® la barra sobre los soportes. Luego, se gir¨®. La habitaci¨®n estaba muy poco iluminada, pero aun as¨ª pudo percibir una escalera similar a la que William le hab¨ªa hecho trepar cuando lleg¨® al edificio dos d¨ªas antes. Atravesaba el techo y varios de los pisos superiores. Trag¨® saliva y empez¨® a ascender. Sus temblores no paraban, sab¨ªa lo que seguramente estar¨ªa esperando por ella all¨ª arriba. Se pregunt¨® si William estar¨ªa ya dentro del edificio. Mientras sus pasos hac¨ªan eco arriba y abajo en el hueco de la escalera, rez¨® por la seguridad de los dem¨¢s. A aquellas alturas ya no le importaba demasiado su propio bienestar, siempre y cuando lo que estaba haciendo pudiese ayudar a salvar a Lilian y a Claire de una u otra forma. ¡®Espero que esto funcione¡­ Dios, por favor¡­¡¯ Cuando alcanz¨® la parte superior de la escalera, asom¨® la cabeza durante un rato. Era una sala vac¨ªa, con una ¨²nica puerta que iba a dar a un pasillo. Si hab¨ªa contado correctamente los pisos, aquello deber¨ªa ser el ¨²ltimo piso del edificio. Era el piso donde hab¨ªan dejado a Claire y a Lilian, pero no pod¨ªa o¨ªr ning¨²n sonido, a excepci¨®n de su pesada respiraci¨®n. Sali¨® del agujero. Mirando al umbral de la puerta, vac¨ªo y oscuro, se le hizo un nudo en el est¨®mago. Dej¨® escapar un profundo suspiro, y sali¨® al corredor. Casi de inmediato, fue recibida por algo fr¨ªo en su cuello. Se congel¨®. Por el rabillo del ojo, a su derecha, vio una figura sombr¨ªa, la cual sosten¨ªa un cuchillo contra su garganta. Desde las sombras a la izquierda emergieron otras dos figuras. ¡°?D¨®nde est¨¢ ¨¦l?¡± pregunt¨® el hombre a su derecha. ¡°No te andes con gilipolleces y responde con claridad.¡± La inseguridad de Nora le hizo morderse los labios por un instante, con tanta fuerza que probablemente estuviese a punto de sangrar. Ten¨ªa que decir algo. Si no lo hac¨ªa, las cosas no iban a acabar muy bien para ella. Record¨® de nuevo las instrucciones de William. [Si preguntan por m¨ª, diles esto¡­] ¡°Est¨¢ muerto. Le mordieron.¡± Los hombres se miraron entre s¨ª por un rato, y luego la miraron a ella de vuelta. Not¨® como se fijaban en su atuendo. Llevaba puesta una chaqueta hecha jirones de una talla mucho m¨¢s grande que la suya, junto a dos mochilas, una en la espalda y otra al frente. This content has been misappropriated from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. ¡°Ven conmigo, y no hagas ninguna tonter¨ªa. Vosotros deber¨ªais seguir vigilando esta entrada, por si acaso.¡± dijo, antes de empezar a empujar a Nora para que caminara por el pasillo, con el cuchillo todav¨ªa al cuello. Mientras estaban a medio camino de las escaleras, Nora escuch¨® un grito proveniente del piso inferior. La voz parec¨ªa la de Claire. ¡°?Ah¡­! ??Claire¡­!!¡± El cuchillo presion¨® con fuerza contra su piel, amenazando con penetrarla en cualquier momento. ¡°Que ni se te ocurra, o te desuello viva.¡± No pudo evitar que las l¨¢grimas fluyeran por sus mejillas, casi hiperventilando debido al repentino estallido de ansiedad. ¡®Vamos, William¡­ ?Por favor, dime que lo has logrado¡­! ?Por favor¡­! ??Deprisa¡­!!¡¯ ****** Un acercamiento frontal por la puerta delantera habr¨ªa acabado en desastre. Si quer¨ªan vencer a aquellos bastardos, tendr¨ªan que jugar con cabeza. Mientras William navegaba por el oscuro pasaje subterr¨¢neo, esperaba que Nora hubiese conseguido llegar a salvo al edificio. El plan era bastante simple: hacer que pareciese que solo Nora hab¨ªa conseguido regresar. Le hab¨ªa dado su propia chaqueta de cuero y su mochila. Ambas mochilas habr¨ªan sido demasiado pesadas para que las hubiese cargado por s¨ª misma, por lo que hab¨ªan ocultado la mayor parte de los contenidos en un lugar cercano; para hacer el farol m¨¢s cre¨ªble, y para asegurar que pudiesen recuperarlos m¨¢s tarde. Si mord¨ªan el anzuelo, era factible que hubiesen bajado la guardia. Como m¨ªnimo, centrar¨ªan su atenci¨®n en la reci¨¦n llegada. Cualquier posibilidad de llevar a cabo una emboscada merec¨ªa la pena. El t¨²nel de alcantarillado era estrecho como el demonio. Despu¨¦s de que toda la infraestructura se hubiera ca¨ªdo a pedazos desde el inicio de la pandemia, muchas alcantarillas se hab¨ªan sobrecargado y taponado, mientras que otras se hab¨ªan secado por completo. Aquella en particular era una de las que se hab¨ªa secado. Aun as¨ª, la humedad era muy elevada, y el lugar era claustrof¨®bico, ol¨ªa a mierda, y estaba infestado de ratas y otras alima?as. Guiado ¨²nicamente por su linterna, se apresur¨® por el t¨²nel, siguiendo un camino que conoc¨ªa muy bien. Derecha, izquierda, al frente, izquierda, derecha¡­ Ya hab¨ªa hecho aquello muchas veces, especialmente cuando las hordas de caminantes acababan ocupando por completo las calles circundantes al edificio de apartamentos, volviendo imposible el acceso a las mismas. Al cabo de un rato, se detuvo en una escalera en particular, que ascend¨ªa hasta una tapa de alcantarilla. Sujet¨® la linterna con la boca y empez¨® a trepar. Con mucho esfuerzo, consigui¨® abrir la tapa a empujones. La desliz¨® a un lado, y subi¨® al aparcamiento subterr¨¢neo del edificio. Aquella zona del edificio hab¨ªa sido sellada casi por completo, pero ¨¦l sab¨ªa que se trataba de un punto de acceso v¨¢lido, usado solo durante emergencias. El acceso habitual desde la calle era una puerta autom¨¢tica que hab¨ªa sido inutilizada mediante un cord¨®n de soldadura. El hueco de la escalera tambi¨¦n estaba bloqueado, la mayor¨ªa de las escaleras solo ten¨ªan acceso a los pisos superiores. La ¨²nica ruta disponible era el hueco del ascensor. El ascensor en s¨ª hab¨ªa sido extra¨ªdo y desmantelado hac¨ªa mucho tiempo para obtener materiales, dejando el hueco vac¨ªo como el ¨²nico recuerdo de su existencia. William se asegur¨® de no apuntar al hueco con la luz, apag¨® la linterna, y se acerc¨® a ¨¦l. Tenues rayos de luz llov¨ªan desde arriba, pero en general estaba muy oscuro. Una escalera de cuerda improvisada sub¨ªa por la pared del hueco, hasta el cuarto piso. Aquello ser¨ªa su punto de acceso. Sujet¨® su cuchillo con la boca, se asegur¨® de que su pistola estuviese segura en la funda en su cintura, y empez¨® a trepar, tratando de no hacer ruidos innecesarios. ¡­ Cuando se acerc¨® al cuarto piso, pudo o¨ªr a alguien gimoteando, junto a otra voz gritando obscenidades. El ascensor se encontraba en el mismo lado del edificio contra el que la horda de caminantes se hab¨ªa apilado en el exterior, por lo que de momento sus deducciones hab¨ªan sido correctas. Las chicas estaban probablemente cerca. Se acerc¨® lo suficiente al suelo del cuarto piso como para asomar la cabeza sobre el bordillo y echar un vistazo al pasillo. Las entradas al hueco del ascensor en cada piso estaban en un peque?o nicho en el pasillo, imposibles de ver a menos que el observador se encontrase justo delante. Siempre y cuando no hubiese nadie en las cercan¨ªas inmediatas, deber¨ªa ser capaz de subir a suelo s¨®lido de forma segura. Verdaderamente depend¨ªa de Nora en ese sentido. Si hab¨ªa conseguido distraer a los invasores con ¨¦xito, deber¨ªa ser menos probable que alguien estuviese merodeando sin rumbo por los pasillos, a no ser que conociesen la existencia de la entrada subterr¨¢nea. Pero si lo hiciesen, ya la habr¨ªan estado vigilando. William sali¨® del conducto, y se prepar¨®. Cuchillo en la mano izquierda, arma de fuego en la derecha. Casi pod¨ªa o¨ªr su propio coraz¨®n latiendo como loco dentro de su cabeza. Agarr¨® las armas con m¨¢s fuerza, el sudor le provocaba la impresi¨®n de que se le podr¨ªan escurrir de las manos en cualquier momento. El ruido proven¨ªa de alg¨²n lugar en el corredor izquierdo. Sonaba como si estuviese a varios apartamentos de distancia. Mantuvo su espalda contra la pared izquierda, y se acerc¨® a la esquina del pasillo, manteniendo sus ojos fijos en el lateral derecho. Parec¨ªa despejado. El pasillo derecho no era demasiado largo, pod¨ªa ver la pared del fondo. No hab¨ªa nadie. Volvi¨® a sujetar el cuchillo con la boca, y ech¨® la mano a un bolsillo para sacar el espejo. Se agach¨® y lo asom¨® m¨¢s all¨¢ de la esquina, tan cerca del suelo como pudo. Despejado. Todo el pasillo parec¨ªa estar vac¨ªo. Devolvi¨® el cuchillo a la mano. Sin perder ni un instante, borde¨® la esquina sigilosamente, pistola al frente. Al mirarlo directamente, se percat¨® de algo que no hab¨ªa visto en el espejo. Un par de puertas m¨¢s adelante, se fij¨® en la puerta abierta que daba al sal¨®n de reuniones. De hecho, casi todas las puertas en aquel pasillo estaban abiertas, pero el sal¨®n de reuniones llam¨® su atenci¨®n por una raz¨®n muy espec¨ªfica. A pesar de que la iluminaci¨®n era en general muy d¨¦bil, pudo distinguir sombras movi¨¦ndose. Hab¨ªa alguien en aquella habitaci¨®n. ¡®Bingo¡­ Vale¡­¡¯ Consciente de lo f¨¢cil que ser¨ªa que alguien le tomara por sorpresa all¨ª en mitad del pasillo, sigui¨® avanzando. El ruido que proven¨ªa del sal¨®n enmascaraba el sonido de sus pasos. Los llantos y quejidos continuaron, al igual que los dem¨¢s gritos, pero a¨²n estaban demasiado lejos como para entender bien lo que estaba ocurriendo. Pero no era nada bueno, de eso estaba seguro. Avanz¨® con precauci¨®n por el pasillo, comprobando las habitaciones a ambos lados cautelosamente, aprovech¨¢ndose del espejo tanto como pudo. En aquella situaci¨®n, los puntos ciegos eran inevitables, tendr¨ªa que arriesgarse. Por alg¨²n milagro, alcanz¨® el apartamento contiguo al sal¨®n sin incidentes. Se apresur¨® al interior y escuch¨®. Al fin pudo escuchar lo que suced¨ªa. ¡°Por¡­ favor¡­ Para¡­¡± una d¨¦bil voz rogaba clemencia. ¡®Esa voz¡­ Es la amiga de Nora¡­ ?Claire, se llamaba? Maldici¨®n¡­¡¯ ¡°Puedo seguir haciendo esto todo el d¨ªa, mocosa. Me importa una mierda si te mueres.¡± Ah, William conoc¨ªa aquella voz. Por supuesto que la conoc¨ªa. Le tra¨ªa demasiados recuerdos dolorosos. ¡®Maldita sea¡­ Ten¨ªa que ser ese hijo de puta¡­¡¯ Pod¨ªa sentir el dedo del gatillo poni¨¦ndose nervioso. Estaba deseoso de entrar en acci¨®n. Sab¨ªa que disparar un arma atraer¨ªa mucha atenci¨®n, pero los apartamentos no estar¨ªan en demasiado peligro durante el d¨ªa. No, aquel ser¨ªa el momento perfecto para un muy necesario ajuste de cuentas. Entonces, oy¨® pasos. Alguien se acercaba. Estuvo cerca, hab¨ªa estado a punto de salir de la habitaci¨®n a toda prisa, arma en mano. Esper¨® un poco m¨¢s mientras los pasos se aproximaban. ¡°?Camina, perra! Oye, Jacobs, ??est¨¢s ah¨ª!? ?Traigo algo para ti!¡± William oy¨® una voz vociferando en el pasillo. Decidi¨® no sacar el espejo, temiendo que alguno de los reci¨¦n llegados se diese cuenta si lo hiciese. Cualquier reacci¨®n podr¨ªa delatar su posici¨®n. Sigui¨® escuchando, hasta que los pasos llegaron al sal¨®n de reuniones. ¡°??Aaah¡­!! ???Claire¡­!!? ???Lilian!!! ??Oh dios, Claire¡­!! ???Qu¨¦ te han hecho¡­!!?¡± La voz de Nora sonaba terriblemente angustiada. ¡°??Soltadme!! ??Putos¡­ monstruos¡­!!¡± Las quejas de Nora se detuvieron de repente. ¡°No s¨¦ cu¨¢l es tu relaci¨®n con estas dos, pero parece que te importan. Y eso es todo lo que necesito saber.¡± Jacobs sonaba tan ladino y tan insoportablemente molesto como William recordaba. ¡°Ver¨¢s, esta de aqu¨ª a¨²n est¨¢ relativamente intacta. Y puedo arreglarlo muy, muy r¨¢pido. ?Ves por d¨®nde van los tiros?¡± Hubo una corta pausa. ¡°Buena chica.¡± ¡®Nora debe de estar cagando ladrillos ahora mismo¡­ Tengo que hacer algo, y r¨¢pido, maldita sea¡­ Pero si no encuentro el momento oportuno para hacerlo, las pondr¨¦ a¨²n m¨¢s en peligro¡­¡¯ ¡°Ha dicho que William est¨¢ muerto.¡± dijo el hombre que hab¨ªa tra¨ªdo a Nora. ¡°?Muerto, dices¡­?¡± Otra pausa corta. ¡°Habla. Y m¨¢s te vale que suenes convincente.¡± ¡°L-Le mordieron¡­ T-Tras apenas sobrevivir la n-noche, una de esas c-cosas le m-mordi¨®, y se t-tir¨® ¨¦l mismo a-al r-r¨ªo¡­¡± Nora pr¨¢cticamente susurraba, era dif¨ªcil entender lo que dec¨ªa. ¡°Me cuesta creerme algo as¨ª. Ese tipo era duro como el demonio, hasta yo lo admito. Pero el ¨²nico superviviente que vino de vuelta dijo que le hab¨ªan dejado inconsciente¡­¡± ¡®??Ayer sobrevivi¨® uno de ellos¡­!? Joder, tal y como sospechaba¡­ Por eso se precipitaron a por el edificio antes de que tuvi¨¦ramos la oportunidad de regresar¡­¡¯ ¡°Entonces, ?me est¨¢s diciendo que ese cabronazo est¨¢ muerto de verdad¡­? Y yo que esperaba poder sacarle alguna informaci¨®n jugosa¡­ Bueno, qu¨¦ se le va a hacer.¡± Otro momento de silencio. ¡°Nos vamos. Volveremos m¨¢s adelante a encargarnos de sus suministros.¡± ¡°?Por qu¨¦ no encargarnos de ellos ahora? A¨²n tenemos tiempo para jod¨¦rselos hoy.¡± pregunt¨® el otro mat¨®n, confuso. ¡°??Eres imb¨¦cil!? Cuando robas un banco, no te meas en el dinero. Nos llevaremos todo lo que tienen, poco a poco. En este lugar ya no queda nadie a quien joder.¡± ¡°Ah, claro¡­¡± ¡°Bueno, solo queda una cosa de la que encargarse entonces.¡± ¡°??Espera¡­!! ??No¡­!! ????Qu¨¦ est¨¢s haciendo¡­!!!?¡± Nora empez¨® a gritar de nuevo. ¡°Voy a matar a estas dos. ?Es tan dif¨ªcil de entender? El ¨²nico motivo por el que t¨² vas a sobrevivir es porque quiz¨¢ podamos sacarte algo ¨²til. Y si no podemos¡­ Bueno, ya encontraremos la forma de darte una utilidad.¡± ¡®?Ese psic¨®pata¡­!¡¯ ¡°??Para!! ???Nooo, para!!! ???Te lo suplico!!!¡± ¡°Esta no puede ni hablar, y esa de ah¨ª est¨¢ tan hecha polvo que estoy convencido de que no sabe una mierda. De hecho, ya supuse hace un rato que no sab¨ªa nada, continu¨¦ por diversi¨®n, ?para qu¨¦ te voy a mentir? Y ahora estoy un tanto cansado, as¨ª que preferir¨ªa zanjar las cosas r¨¢pido.¡± ¡°??Aaaah¡­!! ???Aaaaargh!!! ???Noooooo!!!¡± ¡®?Mierda¡­!¡¯ William deber¨ªa haber sabido que Jacobs era capaz de llevar cualquier situaci¨®n a extremos innecesarios en cuesti¨®n de segundos. Rez¨® para que no fuese demasiado tarde. Solo necesitaba unos segundos. Como una exhalaci¨®n, vol¨® por el pasillo e irrumpi¨® en el sal¨®n de reuniones. CAPíTULO 11 – RESCATE Cuando William atraves¨® el umbral de la puerta, casi le dio la impresi¨®n de que el tiempo se ralentizaba. Sab¨ªa que no tendr¨ªa una segunda oportunidad si se equivocaba. Ten¨ªa que actuar con rapidez y decisi¨®n. Sus ojos recorrieron la escena. Un hombre desconocido inmovilizaba a Nora, sujetando sus brazos tras su espalda, mientras ella trataba desesperadamente de liberarse. Estaban justo frente a la puerta. William no perdi¨® el tiempo pensando, no pod¨ªa permitirse tal lujo. El cuchillo se hundi¨® en el cuello del hombre, atraves¨¢ndolo por completo. El maldito bastardo no pudo ni procesar lo que acababa de pasar, gorgote¨® y se derrumb¨® en el acto. La habitaci¨®n entera pareci¨® congelarse moment¨¢neamente. Pod¨ªa sentir las miradas de todos cayendo sobre ¨¦l. Aquella era su oportunidad de oro; un instante era suficiente. En aquella fracci¨®n de segundo, su cerebro no se molest¨® en distinguir caras. No era necesario, sab¨ªa lo que estaba buscando. Su pistola tan solo ten¨ªa que apuntar a la persona m¨¢s grande en la habitaci¨®n. El que estaba agachado en una esquina, cuchillo en mano, a punto de abrir a una chica en canal. Dispar¨®. Un grito de dolor lo sucedi¨®. ¡­ Hab¨ªa fallado; aquel hijo de puta no hab¨ªa muerto. Jacobs carg¨® hacia ¨¦l de cabeza, aullando como un animal rabioso. Su brazo estaba ensangrentado. La bala hab¨ªa infligido da?os, suficiente para hacer que su brazo se sacudiera de dolor y soltara el cuchillo, pero no lo suficiente como para incapacitarle. Se estrell¨® contra William y se agarr¨® a su cintura, antes de que tuviese la oportunidad de disparar su arma de nuevo. La fuerza del impacto arranc¨® la pistola de las manos de William, y los arroj¨® a ambos fuera de la habitaci¨®n. ****** La angustia de Nora se convirti¨® en shock, que luego se convirti¨® en p¨¢nico. ?Qu¨¦ estaba pasando? Necesit¨® un par de segundos para comprender la situaci¨®n, todo hab¨ªa ocurrido muy r¨¢pido. Los gemidos de Claire la sacaron de su trance, y la impulsaron a entrar en acci¨®n. ¡°?Ah¡­! ??Claire, aguanta¡­!!¡± exclam¨®. Busc¨® por el suelo en un frenes¨ª y localiz¨® el cuchillo de Jacobs. Se apresur¨® a donde estaba Claire y comenz¨® a cortar sus ataduras. No pod¨ªa creer lo mucho que la hab¨ªan maltratado. Varios moratones en la cara y en el cuerpo, peque?os cortes superficiales en brazos y piernas, un tajo particularmente desagradable en el muslo izquierdo¡­ ¡°Oh dios¡­ Claire, ??puedes hablar¡­!?¡± pregunt¨® Nora, mientras terminaba de liberar los brazos de Claire, que cayeron cual peso muerto. ¡°Nora¡­¡± su voz era d¨¦bil. ¡°Me¡­ alegra que est¨¦s¡­ bien¡­¡± ¡°?S¨ª, estoy bien¡­! ?Todo va a salir bien¡­!¡± sus ojos se llenaron de l¨¢grimas. ¡°?Aguanta, te vamos a sacar de aqu¨ª¡­!¡± R¨¢pidamente se gir¨® y se apresur¨® a donde estaba Lilian. ¡°?Lilian¡­! ??Lilian, hermanita, estoy aqu¨ª¡­!!¡± La cabeza de Lilian se movi¨® despacio, aturdida, mientras Nora liberaba sus manos y sus pies. ¡°Cielos, ??qu¨¦ le ha pasado a tu ropa¡­!?¡± ¡°?Nory¡­?¡± susurr¨® la chica, aun visiblemente confundida. ¡°?S¨ª, estoy aqu¨ª, tu hermana est¨¢ aqu¨ª!¡± ¡°Mmhm.¡± aquel tipo de murmullo era una buena se?al, Nora conoc¨ªa bien a su hermana. No parec¨ªa estar herida. La agarr¨® con suavidad y tir¨® de ella, ayud¨¢ndola a levantarse. Sus peque?os pies tocaron suelo, y Nora la solt¨® poco a poco. Se mantuvo en pie por s¨ª sola. ¡°Vale, Lilian, ?necesito que te quedes muy, muy cerca de m¨ª! ??Puedes hacerlo¡­!?¡± pregunt¨®, dando palmaditas en la cabeza a Lilian. ¡°Mhm.¡± a modo de respuesta, Lilian pellizc¨® la chaqueta de Nora y se acurruc¨® a su lado. ¡°?Buena chica!¡± Volvi¨® junto a Claire, con Lilian sigui¨¦ndola muy de cerca. ¡°?Venga, Claire¡­! ??Tenemos que sacarte de aqu¨ª, llevarte a alg¨²n sitio seguro¡­!!¡± Se agach¨® junto a su amiga y le dio apoyo para pudiera levantarse. Claire ten¨ªa un aspecto incre¨ªblemente fr¨¢gil y d¨¦bil. Cuando trat¨® de erguirse, el mero hecho de mover su pierna herida le hizo dejar escapar un alarido de dolor. Sonaba af¨®nica, y la poca voz que le quedaba se notaba ¨¢spera. ¡°??Kuuuughh¡­!!¡± Tras un gran esfuerzo, Claire se encontr¨® al fin de pie, descansando contra la pared. ¡°?C¨®mo te encuentras¡­? ?Crees que puedes caminar¡­?¡± pregunt¨® Nora. ¡°Uh¡­ No¡­ creo¡­¡± parec¨ªa que los ojos de Claire estuviesen luchando con fiereza por no cerrarse por s¨ª solos. ¡°Mi¡­ pierna¡­ No puedo sentir las piernas¡­ Tampoco los brazos¡­ Me duele¡­ todo¡­¡± ¡°?Nory¡­?¡± pregunt¨® Lilian, t¨ªmidamente. ¡°?Por qu¨¦ se est¨¢n gru?endo unos a otros ah¨ª fuera?¡± Nora se dio cuenta de repente de que William todav¨ªa estaba peleando. Dando un grito ahogado, corri¨® hacia la puerta. ?C¨®mo pod¨ªa haberse desconectado tanto de la situaci¨®n? Su conciencia se hab¨ªa centrado por completo en Claire y Lilian, su mente hab¨ªa bloqueado literalmente lo que le estaba ocurriendo a William. En su carrera hacia el pasillo, pis¨® algo en el suelo, cayendo de costado en consecuencia. ¡°?Kyah¡­!¡± Inmediatamente trat¨® de levantarse de nuevo, pero fue entonces cuando vio qu¨¦ era lo que la hab¨ªa hecho tropezar. La pistola de William. ¡°?Ah¡­! ?Esto es¡­!¡± Afuera, a¨²n se pod¨ªa o¨ªr el ruido de la refriega, aunque parec¨ªan haberse alejado de aquel apartamento. Se incorpor¨® y sali¨® a toda prisa, con la pistola preparada. Al menos, pens¨® que estaba preparada. Nunca antes hab¨ªa disparado un arma. Tan solo esperaba que su primera vez no acabase siendo un fracaso. Mir¨® a la derecha, de donde proven¨ªan los ruidos. William y Jacobs estaban a unos metros de distancia. Se agarraban el uno al otro en el suelo, tratando de inmovilizar a su oponente, intercambiando golpes, pate¨¢ndose¡­ ?C¨®mo se supon¨ªa que iba a apuntar? ¡°?D-Detente¡­! ??Ap¨¢rtate de William, ya¡­!! ??Disparar¨¦!!¡± Antes de que tuviese la oportunidad de asesorar por completo la situaci¨®n, el pasillo se llen¨® con m¨¢s pasos, provenientes del lado opuesto, tras ella. Cuando se dio la vuelta, avist¨® a los dos matones restantes acerc¨¢ndose r¨¢pidamente, cuchillos en mano. ¡°Mierda, ??qu¨¦ ha pasado aqu¨ª!? ???Jacobs!!?¡± grit¨® uno de ellos. ¡°??A-Alto ah¨ª¡­!!¡± Nora apunt¨® la pistola en su direcci¨®n, lo cual pareci¨® funcionar, ya que se detuvieron de inmediato. ¡°Guau, vale, tranquilita¡­ Te vas a hacer da?o con ese juguete¡­¡± ¡°??Vete a la mierda!!¡± Nora estaba muy irritada. ?Qu¨¦ deb¨ªa hacer? Estaban a una distancia considerable. ?Cu¨¢ntas balas quedaban en el cargador? ?Y si fallaba? Fallar y quedarse sin munici¨®n ser¨ªa una sentencia de muerte, aquella pistola era la ¨²nica cosa que le daba una ventaja. Si se giraba y ayudaba a William, cargar¨ªan contra ella. Acercarse tambi¨¦n podr¨ªa ser peligroso, podr¨ªan tener m¨¢s trucos bajo la manga aparte de aquellos cuchillos. Trag¨® saliva. Su respiraci¨®n se volvi¨® m¨¢s r¨¢pida y pesada a medida que el p¨¢nico la atacaba de nuevo. ¡®?Mierda, mierda, mierda¡­! ??Qu¨¦ hago¡­!? ??Y ahora qu¨¦¡­!? ?Disparo¡­? ?Pruebo suerte¡­?¡¯ Meditaba con cautela sus opciones, cuando alguien emergi¨® por el rabillo del ojo, agarr¨® la pistola, y se la arranc¨® ferozmente de las manos. ****** El dolor era cegador, como una corriente el¨¦ctrica, sacudiendo su cerebro con cada paso. Pero no le importaba. Sab¨ªa lo que estaba pasando, y hab¨ªa visto una oportunidad. Puede que fuese una posibilidad remota, pero era todo lo que necesitaba. Tras aquel r¨¢pido momento de respiro, la rabia empez¨® a apoderarse de ella otra vez. Su amiga estaba sufriendo por ella, luchando por ella. Incluso aquel hombre, aquel extra?o, estaba arriesgando su vida para salvarla. ?Y qu¨¦ estaba haciendo ella? ?Estar ah¨ª de pie, encorvada como un trapo? Support the author by searching for the original publication of this novel. No pod¨ªa soportarlo. Claire sujet¨® la pistola y tir¨® de ella, quit¨¢ndosela de las manos a Nora. Se sent¨ªa d¨¦bil, pero su ira parec¨ªa revitalizar sus m¨²sculos. Mientras sal¨ªa a tumbos al pasillo, su pierna izquierda amenazaba con fallar, dobl¨¢ndose peligrosamente cerca del suelo y forz¨¢ndola a apoyarse con su mano izquierda en la pared. ¡°?Esos¡­ cabrones¡­!¡± Uno de los hombres que estaban all¨ª en mitad del pasillo ten¨ªa una mano vendada. Ah, all¨ª estaba. Aquel era el bastardo al que ten¨ªa m¨¢s ganas de matar. Quiz¨¢ era una mala idea disparar a lo loco. ?Hab¨ªa suficiente munici¨®n? Puede que no. ?Hab¨ªa usado un arma antes? Bueno, siempre hay una primera vez. Ya todo aquello le importaba un bledo. *??Bang!!* *??Bang!!* *??Bang!!* Las balas llovieron sobre el pasillo, una tras otra. Hubo un par de impactos. Uno de los hombres recibi¨® dos balazos, uno en una pierna y otro en el abdomen. Todo lo dem¨¢s fall¨®. ¡®Te est¨¢ bien empleado¡­ Capullo¡­¡¯ ¡°?J-Joder, que le den a esto¡­! ??Aaah, me largo de aqu¨ª¡­!!¡± el mat¨®n con la mano vendada no perdi¨® el tiempo y se escabull¨®, r¨¢pidamente girando la esquina y desapareciendo de la vista. ¡®Ah, mierda, no atin¨¦ en el blanco que quer¨ªa¡­ ?Vuelve¡­! ?Cobarde¡­!¡¯ ¡°?Oh, dios m¨ªo! ??Claire¡­!? Espera, ??qu¨¦ est¨¢s haciendo!?¡± exclam¨® Nora, at¨®nita. ¡°Para, ??tienes que descansar!!¡± ¡°?Calla, Nora¡­! ??No¡­ me importa¡­!! ??Lilian¡­ han osado¡­!! ??Hice¡­ una promesa¡­!!¡± ¡°??De qu¨¦ est¨¢s hablando¡­!? ??Para, te est¨¢s haciendo da?o¡­!!¡± Nora trat¨® de agarrarla, pero Claire se neg¨®, apart¨¢ndola. ****** El hombre herido grit¨® de dolor, arrastr¨¢ndose a s¨ª mismo boca abajo por el suelo, en un intento de retirarse de la escena. *click* *click* Aquel sonido¡­ ?Qu¨¦ era? Sonaba muy similar a esos ruidos que hacen las pistolas cuando tienen un cargador vac¨ªo, ?no? Y sonaba muy cerca de su cabeza. De repente, algo pesado cay¨® sobre ¨¦l. No pod¨ªa ver qu¨¦ era, pero sinti¨® un par de manos atrapando su cuello y aplicando presi¨®n sobre su garganta. ****** ¡®?A¨²n est¨¢ vivo¡­! ?Le har¨¢n da?o a Lilian otra vez¡­! ?Le har¨¢n da?o a Nora¡­! ?No puedo permit¨ªrselo¡­! ?No lo har¨¦¡­!¡¯ Todo lo que le quedaba, lo dej¨® ir en aquel apret¨®n. Fuera como fuese, al hombre probablemente no le quedase mucha fuerza en el cuerpo, tras recibir aquellas heridas de bala. Fue solo cuesti¨®n de tiempo hasta que dej¨® de retorcerse. Sent¨ªa c¨®mo sus dedos se hund¨ªan muy hondo en aquel cuello, pero no lo solt¨®. Incluso cuando toda resistencia ces¨®, no lo solt¨®. Pasos apresurados se le acercaron por la espalda. ¡°??Claire¡­!? Oh dios, ?Claire¡­!¡± ¡°Calla¡­ Est¨¢ bien, Nora¡­ Este ya no podr¨¢ haceros da?o a ti o a Lilian¡­¡± ¡°Claire, eso no es lo que¡­¡± ¡°Tan solo es escoria, ?no? ?Qu¨¦ diferencia hace uno m¨¢s¡­?¡± ¡°?Eh¡­?¡± ¡®As¨ª es, ?qu¨¦ diferencia hace uno m¨¢s? Tan solo estoy haciendo lo que considero correcto¡­ No me juzgues¡­ ?No he hecho nada malo¡­! ?Se lo merecen¡­!¡¯ ****** William lanz¨® su codo hacia atr¨¢s, hundi¨¦ndolo en el lateral de Jacobs y haci¨¦ndolo liberar su agarre sobre su cuello y caer a un lado. William se levant¨® deprisa y se encar¨® a Jacobs de nuevo, con los pu?os en alto. Maldita sea, pelear cansaba. Notaba todos los m¨²sculos de su cuerpo doliendo, cada pu?etazo y patada que hab¨ªa recibido hab¨ªa dejado una sensaci¨®n de ardor. Pero su adrenalina sigui¨® d¨¢ndole energ¨ªas, urgi¨¦ndolo a continuar, a propinarle una soberana paliza a su oponente. Fijaron la vista el uno en el otro. Ambos daban pasos adelante y atr¨¢s en una extra?a danza, midiendo los movimientos del otro, buscando una oportunidad. Vio venir el pu?o. Brazo izquierdo arriba, desviarlo, golpear de vuelta. En una secuencia fren¨¦tica, plant¨® su propio pu?o derecho en la cara de Jacobs. Aquella mand¨ªbula era dura como el diablo. Crey¨® escuchar algo, como un diminuto objeto rebotando por el suelo. ?Era un diente suelto? Esper¨® que as¨ª fuese. Jacobs gru?¨® y trastabill¨® hacia atr¨¢s por el impacto. Toda su cara estaba hinchada, y su nariz sangraba profusamente. Escupi¨® algo de sangre. William se percat¨® de que hab¨ªa empezado a lanzar miradas a algo a su espalda. Parec¨ªa nervioso. ?Estaban bien Nora y las dem¨¢s? Se hab¨ªan o¨ªdo disparos hac¨ªa menos de un minuto, y sus voces hac¨ªan eco en el pasillo, pero William no se arriesg¨® a mirar en su direcci¨®n. No pod¨ªa permitirse apartar sus ojos de Jacobs ni por un instante. ¡°??Nora!? ???Qu¨¦ est¨¢ pasando ah¨ª atr¨¢s!!?¡± grit¨® a todo pulm¨®n, esperando que le oyese. ¡°Ah, mierda¡­¡± Jacobs dej¨® escapar un reproche descontento antes de girarse y salir disparado hacia las escaleras. ?Estaba huyendo? Por un momento, William no supo reaccionar. No se esperaba que aquel asesino sediento de sangre se retirase sin previo aviso. ¡®?Mierda¡­! ??A d¨®nde co?o va¡­!? ?Si le dejo escapar, volver¨¢ a por m¨¢s, tarde o temprano¡­! ?Le dejo ir y vuelvo con Nora¡­? ?Le persigo¡­?¡¯ ¡­ ¡°?Nora! ??Qu¨¦ ha ocurrido!?¡± ¡°?Ah¡­! Bueno¡­ ?Uno de ellos ha huido¡­! ?Estamos bien¡­!¡± respondi¨®. William vio a Lilian escondi¨¦ndose de ¨¦l tras Nora. La chica no parec¨ªa herida, menos mal. Claire, en cambio¡­ Estaba sentada en el suelo al lado del cad¨¢ver de uno de los bandidos. Su aspecto era terrible. ¡°?No, no est¨¢is bien¡­! ?Escucha, ll¨¦vala al almac¨¦n, est¨¢ justo frente al apartamento donde las encontramos! Encerraos ah¨ª. Deber¨ªa haber suministros m¨¦dicos en stock. ?Limpia sus heridas y desinf¨¦ctalas! ?Necesita ayuda! ?Busca en la segunda estanter¨ªa del lado izquierdo, en el estante de abajo!¡± ¡°?A-Ah¡­! ?De acuerdo¡­!¡± Nora apenas tuvo tiempo de asentir antes de que William echase a correr hacia las escaleras. ¡°Por favor, ?ten cuidado¡­! ?Vamos, Claire! ?Tenemos que tratar tus heridas¡­!¡± Cuando se acerc¨® a las escaleras, vio el rastro de gotas de sangre esparcido sobre los pelda?os. Iba hacia arriba. ¡­ Rencoroso y frustrado, William retir¨® el gancho del pasamanos de la azotea. El pesado gancho de metal, junto con sus varios metros de cuerda, se estamp¨® contra la acera cinco pisos m¨¢s abajo. Los dos bandidos supervivientes hab¨ªan huido, incluido Jacobs. Apret¨® con fuerza el pasamanos, como intentando hundir sus u?as en ¨¦l. ¡®Deber¨ªa haberme esperado esto¡­ Maldita sea¡­¡¯ El sol hab¨ªa empezado a descender en el cielo. De alguna forma, parec¨ªa haber adquirido un misterioso tono rojizo. ?Se estaba burlando de sus esfuerzos, regocij¨¢ndose en la sangre que se hab¨ªa vertido aquel d¨ªa? ?O era quiz¨¢ un mal augurio para eventos futuros? ****** Nora sujet¨® la mano de Claire con tanta suavidad como pod¨ªa. Su amiga jadeaba con pesadez, agitada por el agotamiento y el dolor. Aquel apartamento no era el sitio m¨¢s c¨®modo para tener a un paciente, pero era el m¨¢s cercano al almac¨¦n; no pod¨ªan seguir arrastr¨¢ndola por ah¨ª en su estado. ¡°Aguanta, Claire¡­ ?Saldr¨¢s de ¨¦sta¡­!¡± dijo, tratando de animarla como pod¨ªa. Sin embargo, era incapaz de ocultar sus propias l¨¢grimas. ¡°Vale, esto deber¨ªa ser todo¡­ Antis¨¦pticos¡­ Gasa¡­ Calmantes para el dolor¡­ Tambi¨¦n deber¨ªamos tener a mano algunos antibi¨®ticos, por si acaso. No soy m¨¦dico, as¨ª que no tengo ni idea de si todo esto acabar¨¢ jodi¨¦ndola a¨²n m¨¢s¡­ pero cualquier cosa es mejor que morir por una infecci¨®n.¡± William hab¨ªa pasado la ¨²ltima hora tratando las heridas de Claire. Nora las hab¨ªa limpiado con agua destilada y hab¨ªa tratado de aplicar un poco de desinfectante, pero aquellas heridas no iban a sanar tan f¨¢cilmente. ¡°Ten¨ªamos a alguien aqu¨ª que sab¨ªa mucho acerca de primeros auxilios. Es una pena que yo no vaya a ser tan de fiar.¡± ¡°Est¨¢ bien, no te preocupes por eso¡­¡± Nora sigui¨® tratando de consolar a Claire. Se fij¨® en que ten¨ªa los ojos entrecerrados. A pesar de su evidente mareo, miraba directamente a William, escudri?¨¢ndolo y siguiendo sus movimientos y sus acciones cuando no estaba ocupada rechinando los dientes para soportar el dolor. ¡°Oye¡­ Me oyes, ?verdad?¡± pregunt¨® William. Claire asinti¨® despacio. ¡°Esto va a doler. Esta herida es profunda, tenemos que cos¨¦rtela. Tengo un kit de sutura¡­ pero no se me dan demasiado bien estas cosas. S¨¦ lo que tengo que hacer, pero no va a ser bonito.¡± ¡°¡­hazlo¡­¡± un hilo de voz sali¨® de la boca de Claire. ¡°¡­lo¡­ aguantar¨¦¡­¡± William asinti¨® en respuesta. ¡°De acuerdo.¡± le entreg¨® un trapo a Nora. ¡°Toma, dale esto para que lo muerda.¡± La boca de Claire se cerr¨® sobre el pedazo de tela. ?De verdad que iba a salir bien aquello? No parec¨ªa que tuviese siquiera fuerza en absoluto para morder. Sin embargo, cuando la golpe¨® el dolor agudo de la aguja, mordi¨® tan fuerte que amenazaba con hacer pedazos la tela. ¡°????Kuuuggghhhhhhh!!!!¡± l¨¢grimas de dolor fluyeron en oleadas de sus ojos. ¡°?Aguanta, lo est¨¢s haciendo genial¡­!¡± Nora sujet¨® con firmeza la mano de Claire. ¡°??Hhhhmmmmmggghhhh¡­!!¡± ¡­ ****** ¡°Muy bien, esto deber¨ªa ser suficiente¡­ La venda de compresi¨®n deber¨ªa ayudar a detener la hemorragia. Tendremos que cambiar las vendas por otras nuevas con regularidad.¡± William hab¨ªa terminado de tratar las heridas de la chica. ¡°Creo que me puedo encargar de eso.¡± respondi¨® Nora. ¡°Bien. Lo dejo en tus manos.¡± ¡°?Qu¨¦ hay de ti? Tambi¨¦n est¨¢s herido, est¨¢s lleno de moratones¡­¡± ¡°Me cuidar¨¦ despu¨¦s. Ven aqu¨ª.¡± ¡°?Eh¡­? ?Y-Yo¡­?¡± ¡°Si, t¨². A¨²n no hemos tratado apropiadamente ese corte en tu brazo derecho, m¨¢s all¨¢ de una limpieza b¨¢sica.¡± ¡°Ah, ya¡­¡± ¡­ Sinceramente, su experiencia m¨¦dica dejaba mucho que desear. Tan solo esperaba que fuese lo bastante buena para mantenerles a todos con vida. Aquel mundo no les iba a dar una segunda oportunidad. Lo que s¨ª podr¨ªa darles era un respiro. Especialmente a ellas. Dado todo por lo que hab¨ªan pasado en solo un par de d¨ªas, era un milagro que Nora y las chicas hubiesen sobrevivido. ¡®Ahora que lo pienso¡­ Hmm¡­¡¯ ¡°Oye, chica.¡± La mirada de Claire estaba perdida en las formas del techo. Con total seguridad estaba insondablemente cansada. Sin embargo, respondi¨® a su llamada, arrastrando los ojos hacia ¨¦l con lentitud. ¡°Buen trabajo. Lo has hecho bien.¡± Los ojos de Claire se abrieron mucho. William se levant¨® de su asiento y empez¨® a caminar hacia la puerta. De camino, se detuvo al lado de Nora y descans¨® una mano sobre su hombro. ¡°T¨² tambi¨¦n. Ahora descansad, las dos. Os traer¨¦ luego vuestras raciones para esta noche. Deber¨ªamos poder recuperar el aliento por ahora.¡± Antes de que dejase ir el hombro de Nora, not¨® como hab¨ªa comenzado a temblar ligeramente. Supuso que conoc¨ªa el motivo. Estaba bien. Alcanz¨® la puerta, pero se par¨® un momento en el umbral de la misma. ¡°Bienvenidas a casa.¡± Mientras caminaba por el pasillo, pudo o¨ªr c¨®mo Claire empezaba a sollozar. Nora pronto se uni¨® a ella. Sus sollozos pronto se convirtieron en llantos. Las emociones reprimidas brotaron con toda su fuerza, un lamento tan amargo, pero tan aliviado al mismo tiempo; que hasta los caminantes del exterior parecieron detener sus gorgoteos, y escuchar. CAPíTULO 12 – FALSA SEGURIDAD Las vistas desde la azotea eran extra?amente pintorescas. Dado que todos los edificios de los alrededores ten¨ªan como mucho tres o cuatro plantas, los apartamentos se elevaban por encima de todos ellos, ofreciendo una vista panor¨¢mica de toda la zona. El anterior refugio de Nora era un rascacielos en el centro de la ciudad, pero por aquel entonces no hab¨ªa tenido muchas oportunidades de admirar las vistas. Ten¨ªa otras cosas en mente. Durante los ¨²ltimos seis meses, no se sinti¨® segura ni una sola vez. Sin embargo, a pesar de la alocada sucesi¨®n de eventos que hab¨ªa tenido lugar algunos d¨ªas antes, ahora sent¨ªa un atisbo de paz. ?En serio iba a ir todo bien de all¨ª en adelante? Sab¨ªa que no iba a ser tan sencillo. Todo sea dicho, no mucho hab¨ªa cambiado desde que huyeron del centro de la ciudad y llegaron a los apartamentos. Puede que hubiesen encontrado un nuevo aliado, que tuviesen un nuevo refugio; pero lo que hab¨ªa en juego se hab¨ªa mantenido tal cual estaba en el punto de partida. Quiz¨¢ los riesgos fuesen incluso m¨¢s altos ahora. No estaban a salvo. En todo caso, sent¨ªa que el mundo les estaba dando una sensaci¨®n de falsa seguridad. Estaba al acecho, esperando su oportunidad de venirse abajo. Era solo cuesti¨®n de tiempo. Nora no pod¨ªa permitirse bajar la guardia. Mir¨® al horizonte. La ciudad entera se manten¨ªa inm¨®vil, como congelada en el tiempo. Ning¨²n movimiento osaba romper la quietud, ning¨²n sonido romp¨ªa el silencio. ¡®Desde que comenz¨® todo este l¨ªo, nunca me hab¨ªa parado a pensarlo¡­ La ciudad parece tan¡­ triste. ?Ha sido siempre as¨ª¡­?¡¯ A Nora no le gustaba el antiguo mundo, pero el nuevo era deprimente en un sentido completamente distinto. Dej¨® escapar un profundo suspiro, y se alej¨® de la barandilla. ¡­ William hab¨ªa tratado de mantener el refugio tan funcional como lo era antes de que la comunidad original se disolviese, aunque la falta de personal era evidente. Aun as¨ª, menos gente ten¨ªa menos necesidades. La supervivencia deber¨ªa seguir siendo posible con una correcta gesti¨®n de las tareas. ¨¦l se encargaba de mantener el edificio en buena forma, realizando mantenimiento tal y como sol¨ªa hacerlo antes. Nora no entendi¨® realmente por qu¨¦ el mantenimiento era tan importante hasta la noche anterior. William mencion¨® que no era una ocurrencia com¨²n en aquel distrito, pero una horda rampante pas¨® por la zona aquella noche. A William le cost¨® mucho tranquilizarla lo suficiente como para que mantuviese la calma, y lo mismo se pudo decir acerca de Claire, quien para aquel entonces hab¨ªa sido trasladada al ¨²ltimo piso. Ella nunca antes se hab¨ªa encontrado con una de aquellas hordas, por lo que era natural que se asustase. Ir¨®nicamente, Lilian era la ¨²nica que hab¨ªa permanecido tranquila a lo largo de todo el evento. Los salientes del edificio hab¨ªan prevenido que los caminantes trepasen a los pisos superiores, pero las barricadas que rodeaban la planta baja hab¨ªan sufrido da?os notables. La madera se desprendi¨®, el metal se dobl¨®; la horda se hab¨ªa estrellado contra la estructura, y habr¨ªa inundado los niveles inferiores si hubiesen conseguido entrar. Y aparentemente, si se acercan demasiado a ti, se acab¨®. Nora lo sab¨ªa muy bien. Las barricadas defensivas eran el ¨²nico obst¨¢culo que hac¨ªa que las hordas nocturnas divergiesen del interior del edificio, y su reparaci¨®n era algo en lo que solo William ten¨ªa experiencia. Por otra parte, William quer¨ªa que Claire ayudase con los cultivos del patio interior en cuanto se recuperase de sus heridas. Su condici¨®n hab¨ªa mejorado enormemente, pero su pierna izquierda todav¨ªa parec¨ªa necesitar cuidado y reposo. Y finalmente, all¨ª estaba ella. Varada en la azotea, dando vueltas todo el d¨ªa, vigilante. Y no era de extra?ar que William quisiera que se quedase all¨ª arriba. Ten¨ªan todos los motivos posibles para estar paranoicos ante el peligro inminente. Nora record¨® la conversaci¨®n que hab¨ªan tenido el d¨ªa anterior, cuando todos se reunieron en la habitaci¨®n de Claire para repartir comida y agua. ###### ¡°Esto es todo lo que podemos escatimar por ahora.¡± dijo William, tras colocar tres latas de comida y dos botellas de agua en la peque?a mesa junto a la entrada al dormitorio. ¡°Ma?ana vamos a pasar un poco de hambre, pero tenemos que aferrarnos a lo que tenemos en la medida de lo posible. Deber¨ªamos minimizar las salidas de saqueo tanto como podamos.¡± Nora estaba sentada en silencio al lado de la cama de Claire, con Lilian de pie a su lado y aferrada a ella como de costumbre. ¡°S¨ª, tiene sentido. Lo soportaremos.¡± respondi¨®. ¡°?C¨®mo se encuentra?¡± Nora volvi¨® su atenci¨®n hacia Claire, quien le devolvi¨® la mirada y luego dirigi¨® los ojos hacia William. ¡°Estoy¡­ mejor, supongo. Mi pierna todav¨ªa duele, pero creo que estar¨¦ bien¡­¡± Claire frunci¨® el ce?o por un momento. ¡°Gracias, por cierto¡­ Por cuidar de mi¡­¡± se mordi¨® los labios y apart¨® la mirada. Era obvio que quer¨ªa decir algo m¨¢s, pero por alg¨²n motivo dud¨®. Para Nora, no era una sorpresa. Claire nunca hab¨ªa confiado f¨¢cilmente en la gente, y el fin del mundo solo lo hab¨ªa agravado m¨¢s. Para ella, la amabilidad era una rareza, provoc¨¢ndole nada m¨¢s que emociones que eleg¨ªa reprimir, en vez de dejarlas ir. ¡°No pasa nada. C¨¦ntrate en descansar por ahora.¡± William pos¨® los ojos en la mesita de noche, la cual ten¨ªa una peque?a pila de libros encima. ¡°Pero trata tambi¨¦n de aprovechar este tiempo si puedes. Tendr¨¢s que ser capaz de ayudar en cuanto est¨¦s mejor, necesitamos tantas manos como nos sea posible conseguir.¡± ¡°?C-Claro¡­!¡± Se gir¨® y abandon¨® la habitaci¨®n, solo para venir de vuelta un par de segundos m¨¢s tarde. ¡°De hecho¡­ Hay algo que os deber¨ªa contar. Especialmente a ti, Nora, dado que eres la que est¨¢ vigilando.¡± ¡°?A m¨ª¡­?¡± Nora ten¨ªa la impresi¨®n de que ya sab¨ªa de qu¨¦ estaba a punto de hablarles. ¡°No quiero que est¨¦s atenta a los caminantes, quiero que vigiles actividad humana. No importa si parecen hostiles o amistosos, todo el mundo es enemigo. ?Entendido?¡± ¡°?Tiene esto que ver con la gente que nos atac¨® el otro d¨ªa¡­?¡± se sinti¨® imb¨¦cil por hacer aquella pregunta. Por supuesto que estaba relacionado con ellos. Pero quer¨ªa o¨ªr m¨¢s detalles. ¡°S¨ª. Esos tipos¡­ Los que nos encontramos al otro lado del r¨ªo, y los que invadieron el refugio, son todos parte del mismo grupo de supervivientes. Nuestra relaci¨®n con ellos es mala desde hace mucho tiempo, mucho antes de que vosotras llegaseis al edificio.¡± ¡°Ya veo¡­ Pero, ?por qu¨¦? ?Qu¨¦ es lo que quieren exactamente?¡± ¡°Cuando me t-torturaron¡­ no paraban de preguntar acerca de un alijo de armas, o algo as¨ª¡­¡± a?adi¨® Claire con voz temblorosa. ¡°Hay una comisar¨ªa de polic¨ªa en la zona, no muy lejos de aqu¨ª. Bueno, la hab¨ªa; ahora es apenas un edificio en ruinas. Tanto su grupo como el nuestro llegamos all¨ª casi al mismo tiempo, nosotros fuimos ligeramente m¨¢s r¨¢pidos. Se desat¨® una pelea, muri¨® gente¡­ Hicimos enemigos.¡± explic¨®. No parec¨ªa muy contento de recordar aquellos eventos, sus ojos entrecerrados y su semblante fruncido eran claros signos de ello. ¡°Hab¨ªan estado operando en los distritos cercanos por un tiempo, probablemente desde el inicio de la pandemia. No s¨¦ de d¨®nde salieron o qu¨¦ tipo de gente son en realidad, pero de momento han estado actuando como animales. Robando lo que pueden, matando a quien les da la gana¡­¡± ¡°Eso es horrible¡­ ?Por qu¨¦ est¨¢n haciendo esto¡­?¡± pregunt¨® Nora. ¡°?No es acaso posible sobrevivir sin recurrir a tales cosas? ?Este lugar deber¨ªa ser la prueba de ello¡­!¡± ¡°Ya, y mira c¨®mo ha acabado.¡± Un silencio inc¨®modo llen¨® la habitaci¨®n. ¡°?Posible? S¨ª, sin duda. Hace falta tolerancia, trabajo en equipo, cooperaci¨®n y entendimiento mutuo. Todos tienen que trabajar juntos y buscar una meta com¨²n. Deber¨ªa ser, y probablemente es, la soluci¨®n m¨¢s eficiente para esta crisis. Pero requiere la creaci¨®n de una nueva ley, en un mundo sin ley. Entiendes por d¨®nde van los tiros, ?no?¡± ¡°Hmm¡­¡± ¡°No todo el mundo est¨¢ dispuesto a hacer el esfuerzo. Creo que ya te he dicho esto antes, pero la moral ya no importa una mierda. Si te cargas a alguien, te comes su parte tambi¨¦n. B¨¢sicamente, as¨ª es como funcionan.¡± William se pas¨® la mano por el pelo, cerr¨® los ojos, y respir¨® profundamente. ¡°Es f¨¢cil adivinar por qu¨¦ quieren las armas.¡± ¡°?No podemos simplemente¡­ entreg¨¢rselas¡­?¡± sugiri¨® Claire. ¡°Eso ser¨ªa sin¨®nimo de apuntarnos a nuestra propia ejecuci¨®n. Si consiguen esas armas, estamos acabados, dudo mucho que vayan a perdonar a nadie. Y si no las consiguen, volver¨¢n una y otra vez hasta que las consigan. Es un callej¨®n sin salida.¡± Nora baj¨® la vista. En el fondo, hab¨ªa sabido desde el principio que algo no iba bien. Las piezas estaban encajando poco a poco, pero el resultado final no mejoraba. En todo caso, aquel puzle era desalentador, ten¨ªa mejor aspecto cuando estaba revuelto y sin resolver. ¡°Nuestra ¨²nica posibilidad de salir de ¨¦sta es vivir m¨¢s que ellos, de alguna manera. Rezar para que el karma les pille donde duele, antes de que nos pille a nosotros. Y si queremos conseguirlo siendo tan pocos, no podemos permitirnos ninguna sorpresa desagradable. ?Lo entiendes, Nora?¡± ¡°S-S¨ª, entiendo¡­¡± ###### Nora sacudi¨® la cabeza. Ten¨ªa que concentrarse. Sigui¨® caminando por la azotea, dando vueltas por el per¨ªmetro, esperando ver movimiento en cualquier momento. Seg¨²n William, este otro grupo de supervivientes era considerablemente m¨¢s numeroso que ellos. ?Estaban aguardando a que bajaran la guardia? ?Estaban lami¨¦ndose las heridas, amedrentados tras perder a varios de los suyos? Cuanto m¨¢s la observaba, m¨¢s ominosa se volv¨ªa la quietud de la ciudad. William le hab¨ªa dicho varias veces que los caminantes no eran realmente una amenaza en aquel mundo. Al fin hab¨ªa comprendido por qu¨¦. Por mucho que infestasen las calles y corriesen salvajes durante la noche, por muy refinados que fuesen sus sentidos¡­ No eran m¨¢s que una fuerza de la naturaleza, una lo bastante poderosa como para llevar a la humanidad al borde de la extinci¨®n. Y al igual que la mayor¨ªa de las fuerzas de la naturaleza, eran predecibles. Los humanos no lo son. ****** Claire mir¨® m¨¢s all¨¢ de las puertas dobles, al patio. Tras varios d¨ªas de reposo, al fin era capaz de caminar, aunque se ayudaba de una muleta improvisada. Sus piernas todav¨ªa se sent¨ªan d¨¦biles, y ten¨ªa una cojera bastante notable. This story originates from a different website. Ensure the author gets the support they deserve by reading it there. Pens¨® que tendr¨ªa una oportunidad de acceder al patio e inspeccionarlo en detalle a petici¨®n de William, pero la repentina y fuerte lluvia le impidi¨® hacerlo. ¡°?Ya puedes caminar?¡± pregunt¨® William, saliendo de la nada. El estruendo de la lluvia hab¨ªa ahogado el sonido de sus pasos, por lo que no le oy¨® acercarse. Claire se gir¨® abruptamente, sobresaltada. ¡°?Ah¡­! ?Por Dios, n-no me asustes as¨ª¡­!¡± se quej¨®, alej¨¢ndose de ¨¦l un par de pasos t¨ªmidos, de forma inconsciente. ¡°S¨ª, ya puedo caminar. Pronto deber¨ªa poder volver a funcionar como de costumbre¡­¡± ¡°Ya veo. Me alegro de o¨ªrlo.¡± William camin¨® hasta el l¨ªmite de la puerta de salida, al punto en que la lluvia ca¨ªa apenas un par de cent¨ªmetros m¨¢s all¨¢ de sus pies. Observ¨® a las plantas de fuera. Un inc¨®modo momento de silencio prosigui¨®, interrumpido solo por el ruido del chaparr¨®n. ¡°E-Entonces¡­ ?Qu¨¦ hay plantado ah¨ª fuera exactamente? A¨²n no he tenido la oportunidad de echarle un ojo¡­¡± Claire dijo la primera cosa que se le ocurri¨®. Estar sola y en silencio con William le produc¨ªa ansiedad. ¡°Patatas, zanahorias¡­ La mayor parte de los cultivos son tub¨¦rculos, pero hay un par de zonas con legumbres, y tambi¨¦n algunas alubias. Aparentemente, muchas de estas cosas pueden crecer con cantidades limitadas de luz solar. Adem¨¢s, aunque algunas de ellas necesitan fertilizantes, la mayor parte deber¨ªan poder salir adelante en suelos pobres.¡± ¡°Ya veo¡­ No est¨¢ mal pensado, dadas las circunstancias.¡± William sac¨® un cigarrillo y un mechero de su bolsillo, y empez¨® a fumar antes de seguir hablando. ¡°Mi mujer los eligi¨®¡­ De hecho, ella fue la que tuvo en primer lugar la idea de plantar cultivos. Y ciertamente hemos conseguido hacer un par de cosechas en los ¨²ltimos seis meses, as¨ª que supongo que no ha sido una mala idea, a fin de cuentas. No han sido muy abundantes, pero igualmente han merecido la pena.¡± William no hab¨ªa hablado demasiado sobre s¨ª mismo. Seg¨²n Nora, hab¨ªa estado viviendo con m¨¢s gente en aquellos apartamentos, hasta que un cierto incidente le dej¨® a ¨¦l como ¨²nico superviviente. Lo cual probablemente implicaba que su mujer se hab¨ªa ido. Claire se dio cuenta de que ser¨ªa una muy mala idea sacar el tema, a menos que ¨¦l lo hiciese primero. Pero, ?qu¨¦ clase de persona era ¨¦l en realidad? Claire no lo ten¨ªa claro. Hasta aquel momento, casi todo el mundo a su alrededor hab¨ªan sido unos ego¨ªstas de mierda, haciendo todo lo posible por aprovecharse de los dem¨¢s, asegurando una posici¨®n de poder y dejando a los d¨¦biles a su suerte. En cierto modo, era de esperar. En un mundo donde todo vestigio de orden hab¨ªa colapsado, la ley del m¨¢s fuerte era a menudo lo ¨²nico que quedaba. Estaba acostumbrada a no confiar en nadie. Pero este hombre la confund¨ªa. Se hab¨ªa bajado de su propia posici¨®n de poder, arriesgando su vida para salvar las de Claire y compa?¨ªa. Pero sus intenciones no estaban del todo claras. Claire no estaba segura de que sus acciones estuviesen motivadas por buena fe. Al menos, no solo por buena fe. ¡°Realmente espero que podamos sacar al menos una cosecha m¨¢s de estas plantas. La habr¨ªa hecho muy feliz si lo logr¨¢semos¡­ ?Puedo contar contigo?¡± pregunt¨®. ¡®?Es esto¡­ su proceso de luto¡­? Hmm¡­ Bueno, supongo que la cosecha nos beneficia a todos de una u otra forma¡­¡¯ ¡°C-Claro, por supuesto. Har¨¦ todo lo que pueda.¡± ¡°Gracias.¡± Aquella ¨²ltima palabra son¨® m¨¢s c¨¢lida y m¨¢s honesta que todas las que la precedieron. La cabeza de Claire estaba repleta de sentimientos encontrados. No quer¨ªa confiar en ¨¦l, pero sent¨ªa que de momento se hab¨ªa ganado su confianza. Parec¨ªa haber una fr¨ªa barrera emocional que los separaba, pero de alguna manera entend¨ªa el dolor por el que deb¨ªa de estar pasando. Se qued¨® inm¨®vil, sumida en sus pensamientos. Al rato, William termin¨® su cigarrillo, y empez¨® a rebuscar algo en su cintura, bajo su chaqueta. Claire no pod¨ªa ver de qu¨¦ se trataba. Algunos segundos despu¨¦s, se gir¨® hacia ella, y sujetaba una pistola. Claire se congel¨®. Aunque no le estaba apuntando con ella, sent¨ªa una extra?a aura emanando del arma. ?Era aquella la misma pistola que hab¨ªa usado d¨ªas atr¨¢s? No estaba segura. Trag¨® saliva. ¡°He o¨ªdo acerca de lo ocurrido.¡± dijo William. ¡°?Q-Qu¨¦ quieres decir¡­? ?N-No s¨¦ de qu¨¦ me hablas¡­!¡± ¡°No te hagas la tonta. Nora me lo ha dicho.¡± ¡®Maldita sea, Nora¡­ ??Por qu¨¦¡­!?¡¯ Claire se mordi¨® los labios y evit¨® el contacto visual. Claro que sab¨ªa de qu¨¦ estaba hablando. ¡°?Y-Y qu¨¦¡­? ?Qu¨¦ pasa¡­?¡± Incluso sin mirarle directamente, pod¨ªa percibir c¨®mo ¨¦l la taladraba con los ojos. ¡°Quieres ser capaz de protegerlas, ?verdad?¡± ¡°?Eh¡­?¡± Claire reanud¨® el contacto visual. El brazo de William se extend¨ªa hacia ella, ofreci¨¦ndole la empu?adura de la pistola. ¡°?Quieres que te ense?e c¨®mo usarla adecuadamente?¡± Estaba asustada. ¡°?S-Seguro¡­? ?E-Estar¨ªa bien¡­?¡± William asinti¨®. El prop¨®sito de una pistola es, o bien intimidar, o bien matar. Y ninguna de esas cosas deber¨ªa estar bien. Una parte de ella estaba dispuesta a llegar a aquellos extremos y m¨¢s all¨¢ para proteger a la gente que le importaba, pero a la otra parte le aterrorizaba el concepto. Era una decisi¨®n dif¨ªcil de tomar. As¨ª que, ?por qu¨¦? ?Por qu¨¦ sujetaba con tanto entusiasmo el arma que le acababan de ofrecer? ¡­ ¡°Eso es, ahora, alinea las miras como te he ense?ado; y aprieta el gatillo.¡± dijo William. Era f¨¢cil atinar en el blanco, un trozo de cart¨®n con una cruz garabateada, colgando de la pared opuesta de la habitaci¨®n. De momento, todos los pasos hab¨ªan sido sencillos. Comprobar el seguro, recargar, descargar¡­ William le hab¨ªa dicho c¨®mo encontrar la mejor postura para disparar, le explic¨® c¨®mo sujetar correctamente el arma para mejorar la precisi¨®n y reducir el retroceso¡­ Hasta all¨ª, todo bien. ?Por qu¨¦ era tan complicado el ¨²ltimo paso? Solo ten¨ªa que apretar el gatillo. Era tan solo un trozo de cart¨®n. No hab¨ªa dudado cuando se hab¨ªa enfrentado a un grupo de potenciales asesinos, pero ?ten¨ªa dudas frente a un objetivo de pr¨¢ctica? Sus manos empezaron a temblar violentamente. Apart¨® el dedo del gatillo, temiendo que disparar¨ªa por accidente. La mano de William descans¨® sobre sus propias manos temblorosas. ¡°Est¨¢ bien. C¨¢lmate, respira.¡± ¡°?L-Lo est¨¢¡­? ?En serio est¨¢ bien¡­? ?C¨®mo lo sabes¡­? ?C¨®mo sabes que est¨¢ bien¡­?¡± ****** Claire no parec¨ªa haberse dado cuenta, pero cuando William pos¨® su mano sobre el arma, hab¨ªa activado el seguro manual. Claire empez¨® a sollozar, y su respiraci¨®n se volvi¨® r¨¢pida y atacada. De ninguna manera quer¨ªa que disparase un arma en aquel estado. Se hab¨ªa hecho un manojo de nervios en cuesti¨®n de segundos. William se sinti¨® un tanto desconcertado. Sab¨ªa que la chica hab¨ªa matado a uno de los invasores, dispar¨¢ndole y luego estrangul¨¢ndolo hasta la muerte. ?Era aquella experiencia el origen de aquel ataque de p¨¢nico? Ten¨ªa el presentimiento de que hab¨ªa algo m¨¢s. No escap¨® a la percepci¨®n de William: lo que Nora hab¨ªa descrito como un puntual ataque de rabia era probablemente una fachada, una consecuencia emergente de alguna circunstancia m¨¢s compleja de la cual no ten¨ªa conocimiento. ¡°?Est¨¢s pensando en lo que hiciste el otro d¨ªa¡­?¡± pregunt¨®. Esper¨® por una respuesta, pero Claire no dijo nada. Simplemente sigui¨® derramando l¨¢grimas y centrando su mirada en la pistola, como si estuviese hipnotizada. ¡°Escucha¡­ Ya le he dicho esto antes a Nora, pero la primera vez siempre es la m¨¢s dif¨ªcil. Luego se vuelve m¨¢s f¨¢cil, y¡ª¡± ¡°Mentira.¡± le interrumpi¨® Claire. ¡°?Qu¨¦¡­?¡± ¡°No es m¨¢s f¨¢cil, en absoluto¡­ ?Joder¡­! ?No¡­ lo es¡­! ?Maldita sea¡­!¡± sus rodillas le fallaron, haciendo que se desplomase al suelo. Con dificultades para hablar entre llantos, solt¨® el arma. William observ¨® por un rato. Recogi¨® la pistola y la volvi¨® a guardar en su funda. ¡°Mira, no s¨¦ qu¨¦ es lo que has hecho en el pasado. Pero fuera lo que fuera, tuviste una raz¨®n para hacerlo, ?no?¡± Los llantos de Claire se intensificaron. S¨ª, la tuve. Esas eran las palabras que parec¨ªa querer gritar a todo pulm¨®n. William suspir¨®. ¡°Mantente fiel a esa raz¨®n, y no te dejes llevar por tus emociones. C¨¦ntrate en el camino que tienes por delante. Vamos a necesitarte, ?de acuerdo? Eso es todo el consejo que te puedo dar ahora mismo.¡± Ech¨® a andar, dejando a Claire sola para que se tranquilizase en paz. ¡°Si ma?ana te sientes mejor, continuaremos esta lecci¨®n donde la dejamos.¡± ¡®En serio, ?qu¨¦ diablos os ha pasado¡­?¡¯ Si dijese que no ten¨ªa curiosidad, ser¨ªa un sucio mentiroso. Aunque ¨¦l hab¨ªa compartido algunos detalles dispares sobre sus problemas pasados, apenas sab¨ªa nada sobre aquellas tres, aparte del hecho de que ven¨ªan de otro refugio y que hab¨ªan escapado despu¨¦s de que los caminantes lo invadiesen. Era muy obvio que hab¨ªa algo serio en sus cabezas. Tanto Nora como Claire evitaban revelar nada al respecto. Por supuesto, no les iba a preguntar directamente. Al menos, no por el momento. No ten¨ªa derecho a meter las narices en sus vidas personales. Aunque, si sus arrebatos emocionales empezaban a convertirse en un obst¨¢culo serio para la supervivencia, tendr¨ªa que tener una conversaci¨®n seria con ellas. De momento, hab¨ªan superado todas las adversidades, pero William no estaba contento con los riesgos que se hab¨ªan tomado. De una forma u otra, estaban ocultando algo. Incluso ellas mismas deber¨ªan ser perfectamente conscientes de lo obvio que era. William no ten¨ªa ni idea de si el secreto que guardaban, fuese lo que fuese, acabar¨ªa siendo un problema para ¨¦l. Tendr¨ªa que seguir siendo cauteloso con ellas, por si acaso. ¡­¡­ Los d¨ªas pasaron sin problemas. Bueno, sin problemas inusuales; eso ser¨ªa una forma m¨¢s precisa de describirlo. Y William no se lo tragaba. Nora no inform¨® de ning¨²n indicio de actividad, m¨¢s all¨¢ de caminantes por aqu¨ª y por all¨¢ o abraz¨¢ndose a las paredes del edificio. ¨¦l tampoco percibi¨® nada extra?o. Sin lugar a dudas, se esperar¨ªa que el grupo de Jacobs volviese a tomar represalias en un corto intervalo de tiempo. ?Hab¨ªa ocurrido algo? ?Quiz¨¢ alguna reyerta interna que todav¨ªa no hab¨ªan resuelto? No ten¨ªa ni idea, pero la espera le estaba poniendo de los nervios. Hab¨ªa hecho una breve visita al alijo de armas, y llevaba consigo no solo una pistola, sino tambi¨¦n un fusil de combate colgando a su espalda; a todas horas. Claire finalmente se hab¨ªa acostumbrado a una pistola tras algunas lecciones adicionales, y la llevaba con ella para su defensa personal. Nora se hab¨ªa negado a llevar armas de fuego por el momento, y se limitaba a aferrarse al martillo que de alguna forma hab¨ªa conseguido traer de vuelta de su expedici¨®n inicial. William supuso que seguir¨ªa insistiendo a lo largo del tiempo, y tarde o temprano ceder¨ªa. La ¨²nica que no hab¨ªa sido capaz de armar en absoluto era Lilian. De hecho, ni siquiera pod¨ªa hablar con ella, cualquier interacci¨®n era similar a tratar de hablar con una piedra. La chica le evitaba como a la peste, frunciendo el ce?o y haciendo pucheros siempre que le ve¨ªa venir, y apag¨¢ndose por completo si se le acercaba m¨¢s de la cuenta. Al menos pod¨ªa ser de utilidad cuando andaba siguiendo a Nora o a Claire. Nora le asegur¨® que Lilian pod¨ªa asistir en la vigilancia. Aparentemente, aunque sus habilidades de comunicaci¨®n estaban un tanto limitadas, sus sentidos eran perfectamente normales, y le avisaba si detectaba algo fuera de lo ordinario. Claire afirm¨® que la ayudaba cuando ten¨ªa que transportar cosas, colocar recipientes para recoger el agua de la lluvia, hacer limpieza, etc. Por extra?o que pareciese, William apenas era capaz de ver nada de aquello. Siempre que la ve¨ªa, o bien era extremadamente consciente de su presencia y se centraba solo en evitarle, o hac¨ªa cosas extra?as, como mirar a la distancia o al cielo. De todas formas, no se preocupaba demasiado al respecto. Si pod¨ªa ser ¨²til cuando estaba con las dem¨¢s, eso ya era m¨¢s de lo que inicialmente hab¨ªa apostado por ella. A pesar de que todos estaban tensos, la vida en el refugio parec¨ªa seguir adelante. Lo encontr¨® casi nost¨¢lgico, ver gente merodeando por el edificio una vez m¨¢s. Esperaba que las cosas se mantuviesen tal y como estaban en aquel momento, aunque en el fondo, estaba seguro de que m¨¢s dificultades les esperaban a la vuelta de la esquina. ****** Era temprano por la ma?ana. Nora camin¨® m¨¢s r¨¢pido por el pasillo. Dos apartamentos m¨¢s all¨¢ del suyo, all¨ª era donde se alojaba Claire. Supuso que probablemente no pasaba nada, pero algo acerca de aquella situaci¨®n no cuadraba. Durante la ¨²ltima semana, ni una sola vez hab¨ªa ocurrido algo as¨ª. Llam¨® a la puerta, provocando que una voz temblorosa y aturdida respondiese desde el interior. Oy¨® ruidos extra?os provenientes del apartamento, como si alguien estuviese tropezando con cosas en su camino, y entonces la puerta se abri¨®. Claire manipulaba sus gafas con torpeza, tratando de pon¨¦rselas. Sus p¨¢rpados se esforzaban por mantenerse abiertos. Su cara denotaba falta de orientaci¨®n, y su pelo estaba hecho un desastre. Era obvio que acababa de despertarse. ¡°?S-S¨ª¡­? Ah, ?Nora¡­? ?Qu¨¦ pasa¡­?¡± ¡°Um, hola Claire. Perdona que te haya despertado tan temprano, pero¡­ ?Has visto a Lilian?¡± pregunt¨® Nora. No pudo evitar el tono preocupado y nervioso de su voz. ¡°?Eh¡­? ?Lilian? ?No estaba durmiendo contigo?¡± ¡°No¡­ No est¨¢ en mi habitaci¨®n.¡± ¡°Qu¨¦ raro¡­ Qu¨¦ habr¨¢¡ª¡± Claire par¨® de hablar en cuanto oy¨® pasos apresurados que proven¨ªan del hueco de la escalera cercano. De repente, William emergi¨® de la oscuridad. No parec¨ªa contento. Ojos muy abiertos, sudoroso, ce?o fruncido¡­ Parec¨ªa muy agitado. ¡°?W-William¡­? ??Ha ocurrido algo...!?¡± pregunt¨® Nora en cuanto William se detuvo justo a su lado. ¡°??Tenemos un puto problema¡­!! ?La entrada a nivel de suelo estaba abierta! ?Y joder, estoy seguro de que la dej¨¦ cerrada anoche!¡± ¡°??Eh¡­!?¡± CAPíTULO 13 – RASTRO ¡°??Has perdido la puta cabeza!? ?Nora, no podemos ir a buscarla! ??Pero a d¨®nde pretendes ir!? ?Podr¨ªa estar en cualquier parte!¡± grit¨® William. Hab¨ªan buscado por todo el edificio, de arriba abajo. William hab¨ªa ido incluso a las ¨¢reas restringidas en los niveles inferiores, en vano. Lilian se hab¨ªa ido. Era eso, o alguien se la hab¨ªa llevado. Pero si alguien ten¨ªa semejantes intenciones, ?por qu¨¦ no hicieron nada m¨¢s? Si hab¨ªan sido capaces de acceder a las habitaciones del edificio desapercibidos, tambi¨¦n podr¨ªan haberles matado o incapacitado a todos. Si la chica hab¨ªa sido realmente secuestrada, ?ten¨ªa ese hecho alg¨²n tipo de prop¨®sito desconocido? Si se hab¨ªa ido por su propia cuenta¡­ ?por qu¨¦? Nadie conoc¨ªa las respuestas, y todos estaban perdiendo los nervios. Especialmente Nora. ¡°??William, no me hagas repetirlo, me voy!!¡± dijo. Ya hab¨ªa cogido una mochila y empacado a toda prisa algunos suministros. ¡°?No voy a dejarla a su suerte ah¨ª fuera¡­! ??Voy a ir, contigo o sin ti!!¡± ¡°?Solo vas a conseguir que te maten! Seguro que esto es lo que han planeado¡­ ?Secuestrarla, y hacernos salir para poder reclamar el lugar de nuevo!¡± ¡°?Ya te lo he dicho, no la han secuestrado, ha tenido que irse por su cuenta! ?Estaba justo a mi lado! Claire, t¨² me crees, ??no!?¡± ¡°Y-Yo¡­ ?Um¡­!¡± ninguna palabra sali¨® de la boca de Claire. Retrocedi¨® contra la pared, mir¨¢ndolos a ambos con una expresi¨®n horrorizada en su rostro. ¡°?D¨¦jate de gilipolleces!¡± William hac¨ªa aspavientos mientras trataba de razonar con Nora. ¡°?Me niego a dejarte salir ah¨ª fuera sin un plan en condiciones! ?Lo ¨²nico que conseguiremos apresur¨¢ndonos es convertirnos en blancos m¨¢s f¨¢ciles para quien sea que est¨¦ detr¨¢s de esto!¡± ¡°??Que me deje de gilipolleces!? Es muy f¨¢cil para ti decirlo, ??verdad!? ?No es tu hermana, a fin de cuentas!¡± Los ojos de Nora ard¨ªan con algo que William no era capaz de identificar. ?Era rabia? ?Desesperaci¨®n? Nunca hab¨ªa visto esa mirada antes. Pero eso no cambiaba el hecho de que no le gustaba lo que Nora acababa de insinuar. No le gustaba ni un pelo. ¡°Cuidado con lo que dices, Nora. S¨¦ lo doloroso que es perder a un ser querido. Y cr¨¦eme, estoy muy seguro de saberlo mejor que t¨².¡± ¡°?Kuh¡­! ??Maldita sea¡­!! ??C¨¢llate¡­!!¡± Nora jadeaba, exasperada. ¡°?No lo entiendes¡­! ??De acuerdo, si no quieres ayudarme, puedes irte al infierno¡­!!¡± sin decir una palabra m¨¢s, y con l¨¢grimas en los ojos, Nora corri¨® hacia las escaleras. ¡°???E-Espera, Nora¡­!!! ???No crees que est¨¢s yendo d-demasiado lejos¡­!!?¡± Claire chill¨®, pero no sirvi¨® de nada. ¡°??Nora¡­!!¡± William estuvo a punto de correr tras ella. Pero, ?deber¨ªa hacerlo? ?Qu¨¦ iba a conseguir? ?Discutir m¨¢s? ?Provocarla a¨²n m¨¢s? Puede que fuese capaz de detenerla a la fuerza, pero, ?ayudar¨ªa? Desde su punto de vista, aquel tipo de toma de decisiones, apresurada y en p¨¢nico, era de todo menos sabia. Si Lilian se hab¨ªa ido durante la noche, con casi total seguridad se habr¨ªa cruzado con algunos caminantes nocturnos. Nadie sobrevive la noche en las calles. Sin embargo, entend¨ªa que Nora quisiera ir cuanto antes. ?Qu¨¦ le imped¨ªa imped¨ªrselo? ¡®Amanda¡­ Si fueses t¨²¡­¡¯ Su lado racional le dec¨ªa que deb¨ªa detenerla. Su lado emocional le dec¨ªa que deb¨ªa ir con ella. Pero ¨¦l no hizo nada. Claire cay¨® de rodillas, mientras los pasos de Nora sonaban m¨¢s y m¨¢s lejanos, hasta que solo qued¨® el silencio. ¡­ ¡°?Y t¨² qu¨¦ vas a hacer¡­?¡± le pregunt¨® a Claire. ¡°¡­¡­¡± ella miraba al suelo, sin responder. Al no recibir respuesta por un rato, William se alej¨®, dubitativo. Dudar no era propio de ¨¦l, ten¨ªa que recomponerse cuanto antes. Era innegable, en aquel preciso momento tanto Nora como Lilian estaban en peligro. Hab¨ªa que hacer algo. Seg¨²n se acercaba a las escaleras, la voz de Claire le detuvo en seco. ¡°?Puedes¡­ Puedes confiar en nosotras, aunque sea solo esta vez¡­?¡± ¡°?C¨®mo¡­?¡± se gir¨® hacia ella. La joven le miraba, pero la expresi¨®n de su rostro era muy diferente al horror que se hab¨ªa apoderado de ella un minuto antes. Su nueva expresi¨®n no denotaba m¨¢s que tristeza. ¡°No han secuestrado a Lilian¡­. Y creo que Nora sabe exactamente c¨®mo encontrarla¡­¡± ¡°?Qu¨¦ quieres decir? ?Ha hecho esto antes¡­?¡± Claire apart¨® la mirada durante una fracci¨®n de segundo, como si estuviese midiendo sus palabras. ¡°A-As¨ª es¡­ Creo que s¨¦ a d¨®nde se dirigen. Por favor, tienes que creerme¡­¡± ¡°Escucha, cada d¨ªa que pasa me resulta m¨¢s y m¨¢s dif¨ªcil confiar en vosotras. No dec¨ªs nada. Me dej¨¢is en la sombra mientras algo os carcome por dentro¡­ Ahora la mocosa desaparece, ?y vosotras sab¨ªais que algo as¨ª pod¨ªa pasar¡­? Y Nora, despotricando sin pararse ni a pensar. Maldita sea¡­ ??De qu¨¦ vais!? ?Si no afectase directamente a nuestras posibilidades de salir vivos de este l¨ªo, me importar¨ªa una puta mierda! ?Pero ya empiezo a estar hasta las narices de secretos¡­!¡± ¡°Lo s¨¦¡­ ?Maldici¨®n, lo se¡­! ?Ambas lo sabemos¡­!¡± la cara de Claire se contrajo mientras se acurrucaba contra la pared, temblorosa. ¡°?Ojal¨¢ pudi¨¦ramos dec¨ªrtelo¡­! Pero¡­ ??No es tan simple, maldita sea¡­!!¡± ¡®?Ojal¨¢ pudierais dec¨ªrmelo¡­? ?Por qu¨¦ demonios suena eso tan ominoso¡­?¡¯ ¡°P-Por favor, no te cabrees con Nora¡­ Estoy convencida de que no ten¨ªa intenci¨®n de discutir y enfadarse contigo. Sus emociones se est¨¢n apoderando de ella¡­ Te lo explicaremos todo, te lo prometo. ?Hablar¨¦ con Nora al respecto¡­! ??Pero ahora mismo, de verdad que tenemos que ir a buscarla¡­!!¡± ¡°Hmmm¡­¡± ¡®Ah, maldita sea¡­¡¯ ****** [Tic, tac, tic, tac¡­ El reloj no se detiene. Lo sabes, ?no?] ¡®C¨¢llate¡­ No quiero escucharte m¨¢s.¡¯ [?Oh? Pero t¨² siempre necesitas alguien a quien escuchar, alguien a quien seguir. ?Qu¨¦ vas a hacer si no? Est¨¢s aqu¨ª fuera, en mitad de la nada, corriendo como un pollo sin cabeza. Sola.] Royal Road is the home of this novel. Visit there to read the original and support the author. ¡®?Ya no estoy sola¡­!¡¯ No importaba cu¨¢nto tratase de convencerse de lo contrario, era un hecho que Nora estaba completamente sola en aquel momento. Pero no pod¨ªa dar marcha atr¨¢s. Encontrar a Lilian era m¨¢s importante. Su hermanita era el principal pilar que manten¨ªa su vida de una pieza, la ¨²nica cosa en cuya protecci¨®n se hab¨ªa volcado por completo. ?Y si¡­? Nora sacudi¨® la cabeza y sigui¨® adelante. El peor de los casos era algo que prefer¨ªa no contemplar para nada. Trat¨® de recordar su viaje con William lo mejor que pudo. C¨®mo subir y descender edificios, c¨®mo usar el entorno para cruzar callejones desde la seguridad de los tejados¡­ Atraves¨® los bloques de edificios, con los ojos puestos en las calles de debajo. Era muy improbable que Lilian hubiese tenido la audacia de trepar para evitar a los caminantes. Si todav¨ªa segu¨ªa con vida, era probable que estuviese all¨ª abajo, en alguna parte. A medida que avanzaba, las calles se llenaron gradualmente de caminantes, hasta que Nora avist¨® una gran multitud inm¨®vil en mitad de una intersecci¨®n. Su atenci¨®n estaba demasiado centrada en recorrer con la vista cada cent¨ªmetro de aquella zona. Ni siquiera vio venir el suelo cuando tropez¨® y se estamp¨® de cara contra ¨¦l. ¡°?Kyaah¡­!¡± Se detuvo por un segundo, aunque no quer¨ªa hacerlo. Su ropa estaba empapada de sudor. Jadeaba tanto que le costaba respirar y recuperar el aliento. Sus piernas dol¨ªan como el demonio. No hab¨ªa llevado la cuenta de la distancia que hab¨ªa recorrido, pero ten¨ªa que ser considerable. Hab¨ªa abandonado el refugio hac¨ªa aproximadamente media hora. ¡®Vamos¡­ Mu¨¦vete¡­ ?Mu¨¦vete¡­!¡¯ Con algo de esfuerzo, se levant¨® y sigui¨® corriendo. Pero, ?para qu¨¦? A fin de cuentas, el rastro que estaba siguiendo no era m¨¢s que una corazonada, y precisamente se desvanec¨ªa justo en aquel punto. No ten¨ªa m¨¢s pistas. ¡®?Y ahora qu¨¦¡­? Lilian, ??d¨®nde est¨¢s!?¡¯ Nora empez¨® a merodear por el bloque de edificios, manteniendo los ojos en las calles de los alrededores, buscando algo que mantuviese vivas sus esperanzas. Afortunadamente, era muy evidente que el grupo de William hab¨ªa explorado toda aquella zona antes. Cuerdas que permit¨ªan el acceso entre tejados a desnivel, tablones de madera o escaleras aseguradas sobre huecos¡­ Nora no sabr¨ªa moverse por el lugar por su cuenta, por lo que la infraestructura improvisada era m¨¢s que bienvenida. ¡­ Corri¨® hacia el pasamanos y se asom¨® m¨¢s all¨¢. Su cabeza se balance¨® de lado a lado, sus ojos peinando las aceras y los edificios circundantes. Frente a ella se encontraba la calle paralela a la que hab¨ªa estado siguiendo durante casi toda la ¨²ltima media hora. Vio lo que quedaba de lo que en su momento era un bullicioso distrito comercial. Supermercados, tiendas de ropa, lo que parec¨ªa una librer¨ªa¡­ Todos ellos estaban oscuros y aparentemente vac¨ªos. Los restos destrozados de los escaparates se esparc¨ªan por el suelo, coches abandonados por toda la carretera, basura tirada de forma aleatoria¡­ Ser¨ªa f¨¢cil esconderse en un lugar as¨ª. ¡®?Maldici¨®n, podr¨ªa estar oculta en cualquier sitio¡­!¡¯ Todo lo que har¨ªa falta ser¨ªa que Lilian se hubiera adentrado en un edificio arbitrario. As¨ª de simple, una decisi¨®n tan sencilla, y Nora nunca la encontrar¨ªa. Pero ella cre¨ªa en sus instintos, confiaba en conocer a su hermana peque?a lo suficientemente bien como para poder localizarla. ¡°?Eh¡­? ?Qu¨¦ es¡­ eso¡­?¡± sus ojos se detuvieron en algo que se encontraba a unos cincuenta metros a la izquierda de su posici¨®n, en la acera del lado opuesto de la calle. Era una gran estructura. No conoc¨ªa muy bien aquella zona de la ciudad, pero reconoc¨ªa el lugar. Una estaci¨®n de metro. Hab¨ªa algo justo frente a la entrada. ¡®??No puede ser¡­!!¡¯ ?La enga?aban sus ojos¡­? Parec¨ªa un humano de estatura peque?a, que vest¨ªa una sudadera negra y unos pantalones oscuros. Desde aquella distancia era dif¨ªcil estar segura, pero no hab¨ªa mucha gente que coincidiese con aquella descripci¨®n. Y daba la casualidad de que era justo lo que Nora estaba buscando. ¡°??Lilian¡­!? Lilian, ???eres t¨²!!? ???Lilian¡­!!!¡± grit¨® en direcci¨®n a la figura, ahuecando las manos alrededor de la boca. La figura pareci¨® girarse, muy despacio. ****** ?Estaba su hermanita mayor llam¨¢ndola? Se gir¨®, tratando de identificar el origen de la voz. Era dif¨ªcil o¨ªrla por encima de todas las dem¨¢s voces. El d¨ªa pintaba genial. Ni una sola nube podr¨ªa bloquear la gran y brillante esfera de luz en el cielo. Su resplandor permeaba todo a su alrededor, c¨¢lido y mullido. Le daban ganas de quedarse mir¨¢ndolo y disfrutar de la sensaci¨®n. Las casas que la rodeaban eran tan grises y mon¨®tonas como siempre. En todo caso, parec¨ªan ser un poco m¨¢s mon¨®tonas de lo que recordaba. Sin embargo, a nadie m¨¢s parec¨ªa molestarle. Aunque todo el mundo estaba bastante lejos, sus voces sonaban altas y claras en sus o¨ªdos. Todos se ocupaban de sus asuntos y rutinas diarias, la ciudad bullendo de actividad, como siempre lo hab¨ªa hecho. Pero hac¨ªan mucho ruido. Dificultaba mucho el encontrar a su hermanita mayor. Mir¨® alrededor, entrecerrando los ojos mientras los arrastraba por las calles y edificios cercanos. Finalmente la vio. La estaba saludando desde un tejado, pero estaba muy lejos como para poder saber qu¨¦ estaba diciendo. ¡®?Nory!¡¯ al fin estaba all¨ª. La hab¨ªa visto. Todo iba a estar bien. Quer¨ªa ir y reunirse con ella, pero alguien m¨¢s estaba pidiendo ayuda. Se gir¨® y se encar¨® a la oscura entrada frente a ella. Unas anchas escaleras descend¨ªan hasta las entra?as del edificio. Estaba oscuro. Muy oscuro. Tan oscuro que le daban ganas de salir corriendo. Odiaba la oscuridad. La hac¨ªa sentir insegura, vulnerable. Siempre que su hermanita mayor y Clairy se iban a dormir por la noche, las envidiaba. No pod¨ªa dormir bien. Sent¨ªa que algo malo ocurrir¨ªa si lo hac¨ªa. Se manten¨ªa en vilo, con los ojos bien abiertos, pendiente de peligros al acecho. A veces sent¨ªa una urgencia por levantarse e irse. Pero no pod¨ªa alejarse de su hermanita. Se sent¨ªa segura con ella, incluso en la oscuridad. *Buaaaaah! Buaaaaah! Buaaaaah!* El beb¨¦ segu¨ªa llorando con amargura. Proven¨ªa de alg¨²n lugar all¨ª abajo, en la oscuridad. Hab¨ªa seguido sus lloros desde muy lejos. Necesitaba ayuda, y nadie se estaba dando cuenta. ?Por qu¨¦ iba alguien a ignorar un beb¨¦ llorando? ?Qu¨¦ mala gente! ¡°No pasa nada¡­ Te ayudar¨¦ pronto, ?vale¡­?¡± murmur¨® para s¨ª misma, todav¨ªa mirando a la siniestra entrada. Nunca se atrever¨ªa a bajar all¨ª por su cuenta, pero ahora que su hermanita estaba de camino, estar¨ªa bien. Con Nory cerca, no le ten¨ªa miedo a la oscuridad. Muy lentamente, empez¨® a descender los escalones, adentr¨¢ndose en las sombras. ****** El tobillo de Nora hizo un giro extra?o cuando baj¨® casi volando la escalera y aterriz¨® en la acera. ¡°??Ugggh¡­!!¡± ?Era un esguince? No lo parec¨ªa, todav¨ªa pod¨ªa caminar, pero dol¨ªa como el infierno. No pod¨ªa permitirse perder el tiempo, ten¨ªa que darse prisa antes de que fuese demasiado tarde. Cruz¨® la calle y ech¨® a correr a toda velocidad hacia la entrada del metro. Puede que estuviese atrayendo atenci¨®n indeseada. Puede que hubiese caminantes ocultos en los alrededores, acechando en los edificios, observando todos sus movimientos. No le importaba. ¡®?Por qu¨¦¡­? ?Por qu¨¦? ??Por qu¨¦!? Lilian, ??por qu¨¦ est¨¢s bajando ah¨ª abajo¡­!? ??Vuelve!! ??Por favor¡­!!¡¯ Si por casualidad su hermana se topaba con un caminante errante en el interior de aquel edificio, ser¨ªa el fin. William le hab¨ªa hablado del tema en detalle. La oscuridad los volv¨ªa m¨¢s r¨¢pidos, m¨¢s feroces. Sus sentidos se agudizaban cuanto m¨¢s tiempo pasasen en la oscuridad, su comportamiento se tornaba cada vez m¨¢s violento. La transici¨®n del d¨ªa a la noche era lo que provocaba que gradualmente formasen aquellas enormes hordas nocturnas. Sus niveles de actividad disminu¨ªan durante el d¨ªa, pero los que se quedaban atrapados en interiores permanec¨ªan en aquel estado de agresividad de forma indefinida. Not¨® c¨®mo el latido de su coraz¨®n se aceleraba r¨¢pidamente a medida que se acercaba a la estaci¨®n de metro. Su agotamiento parec¨ªa desvanecerse tras cada aliento apresurado que tomaba. Una sensaci¨®n de urgencia extrema se hab¨ªa apoderado de ella, sus piernas se mov¨ªan casi por s¨ª mismas. Lo ¨²nico que quer¨ªa era alcanzar a Lilian cuanto antes. ¡­ Nora trag¨® saliva. La estaci¨®n estaba sumida en absoluta penumbra. Era como las fauces de una bestia hambrienta, esperando a que se moviese antes de abalanzarse sobre ella con intenci¨®n de matar. Pero Lilian estaba all¨ª abajo. Definitivamente la hab¨ªa visto bajar aquellas escaleras. ¡®V-Vale¡­ Um¡­ ?He cogido la¡­?¡¯ agarr¨® su mochila y rebusc¨® en su interior. Al cabo de un rato, le qued¨® claro. La linterna brillaba por su ausencia. Cuando William le hab¨ªa dicho que era mejor prepararse en condiciones en lugar de salir a toda prisa, probablemente hab¨ªa tratado de evitar problemas as¨ª. ¡°?Ah, maldici¨®n¡­!¡± Tras mirar fijamente a la oscura entrada por unos segundos, Nora empez¨® a descender poco a poco. Sus pasos comenzaron a hacer eco a medida que descend¨ªa, hasta que desapareci¨® en las entra?as del edificio. CAPíTULO 14 – METRO ?Qu¨¦ era aquella sensaci¨®n de pavor? Nora sent¨ªa c¨®mo las piernas le temblaban m¨¢s y m¨¢s con cada paso que daba en la oscuridad. Sab¨ªa que podr¨ªa estar jodida si algo sal¨ªa mal, era muy arriesgado, pero tard¨® un rato en ser consciente de la verdadera magnitud de dicho riesgo. No importaba cu¨¢nto tratase de convencerse de lo contrario, deber¨ªa haber escuchado a William. Aunque en ocasiones resultaba grosero y severo, su razonamiento calculado y su experiencia le daban un cierto grado de seguridad y confianza. [?Ves? Ya te has aferrado a alguien, como siempre. No puedes ni mantenerte en pie por ti misma sin apoyarte en otra persona.] Nora quer¨ªa disipar sus propios pensamientos, pero no se le ocurr¨ªa c¨®mo. Su mente estaba demasiado ocupada como para hacerlo. [Ese hombre era como un muro para ti. Un muro tras el cual te pod¨ªas esconder. Pero una vez ese muro desaparece, ?qu¨¦ es lo que queda¡­?] La oscuridad del edificio la invitaba a avanzar m¨¢s. Tratando de no hacer ruido innecesario, se limpi¨® el sudor fr¨ªo de la frente y dio un paso al frente. Sus ojos se manten¨ªan muy abiertos, tratando adaptarse a la oscuridad y vigilando cualquier amenaza potencial. ¡­ D¨¦biles rayos de luz entraban por la puerta principal y llov¨ªan desde los tragaluces del techo. La luz parec¨ªa dispersarse r¨¢pidamente, dotando al vest¨ªbulo de la estaci¨®n de un aura apagada e inquietante. Todo el edificio estaba desolado. Tiendas, restaurantes¡­ Todos ellos sumidos en una profunda penumbra, todos ellos en silencio. Mesas y sillas tumbadas, equipaje y pertenencias personales abandonados por todas partes, como si todo el mundo hubiese dejado de repente lo que estuviesen haciendo y salieran corriendo, presas del p¨¢nico. Pero no hab¨ªa signos de vida o actividad. Todo lo que quedaba eran manchas de sangre seca y alg¨²n que otro cad¨¢ver disecado. ?Ad¨®nde se supon¨ªa que deb¨ªa ir? Lilian ten¨ªa que estar por all¨ª en alguna parte, pero no se atrevi¨® a llamarla. Era como si la estaci¨®n en s¨ª fuese una bestia en letargo. Estaba hambrienta, y la devorar¨ªa si se le ocurr¨ªa despertarla. Nora se adentr¨® m¨¢s en la zona abierta del vest¨ªbulo, sus ojos saltando nerviosamente de lado a lado, su coraz¨®n latiendo de forma v¨ªvida en el pecho. Cuando se acerc¨® al punto de acceso al metro, la oscuridad de all¨ª abajo la hizo congelarse donde estaba. Varias escaleras mec¨¢nicas conectaban el vest¨ªbulo con los pasillos subterr¨¢neos de la estaci¨®n. Se hab¨ªan silenciado hac¨ªa mucho tiempo, pero Nora dese¨® poder o¨ªr todav¨ªa su incansable traqueteo. Habr¨ªa sido mucho m¨¢s reconfortante que el enloquecedor silencio que la rodeaba. ¡®?Eh¡­?¡¯ Al fondo de las escaleras hab¨ªa una figura humana de peque?o tama?o, inm¨®vil. Incluso en la ausencia de luz, la reconocer¨ªa en cualquier sitio. Lilian estaba justo all¨ª, vigilando la parte superior de las escaleras sin hacer ni un ruido. En cuanto se dio cuenta de la presencia de Nora, la chica mir¨® al suelo por un breve instante, y procedi¨® a seguir caminando hacia las profundidades de la estaci¨®n. ¡°???Lili¡ª!!!¡± Nora se cubri¨® la boca con las manos, antes de tener la oportunidad de alzar la voz. Mir¨® alrededor, esper¨¢ndose lo peor. Todo segu¨ªa inm¨®vil. Nada salt¨® de detr¨¢s de ninguna esquina, ning¨²n ruido amenazador, nada. Devolvi¨® la mirada al fondo de las escaleras. Lilian ya no estaba all¨ª. ¡®??Mierda¡­!!¡¯ comenz¨® a descender. Cada paso que daba parec¨ªa hacer m¨¢s eco del que deber¨ªa, las desgastadas escaleras sacudi¨¦ndose ligeramente bajo su peso. ¡®??Por qu¨¦¡­!? ???Lilian, vuelve¡­!!!¡¯ Nora no estaba segura de si hab¨ªa tardado mucho en bajar las escaleras o si Lilian hab¨ªa echado a correr en cuanto apart¨® los ojos de ella, pero para cuando lleg¨® abajo, no hab¨ªa ni rastro de la chica. Ten¨ªa un muy mal presentimiento. No pod¨ªa tener menos ganas de adentrarse m¨¢s en aquel lugar. A partir de aquel punto, era negrura absoluta. La luz del sol no llegaba all¨ª abajo. El t¨²nel subterr¨¢neo daba un giro brusco a la derecha. M¨¢s all¨¢, un velo negro. Pod¨ªa sentir c¨®mo su cuerpo entero temblaba, c¨®mo las l¨¢grimas se acumulaban en sus ojos por puro estr¨¦s. [?Est¨¢s segura de que esto es lo que quieres hacer?] ¡®?Me¡­ necesita¡­!¡¯ [Necesita a alguien mejor que t¨². No puedes ayudarla. T¨² eres la que necesita ayuda.] ¡­ ¡®Al menos tengo que intentarlo.¡¯ Ignorando las l¨¢grimas que se deslizaban lentamente por sus mejillas, Nora puso una mano en la pared a su derecha, y empez¨® a seguirla t¨²nel adentro. ¡­ En cualquier momento podr¨ªa perder la noci¨®n del tiempo. Sus pies se arrastraban a lo largo de la pared del pasillo. Un giro a la derecha, luego a la izquierda. Casi tropez¨® escaleras abajo. Luego otro giro a la derecha. ?Hab¨ªan sido siempre tan largos los pasillos del metro? Aquellos corredores parec¨ªan soplarle a la cara ligeras corrientes de aire, las cuales acarreaban sonidos y ecos que parec¨ªan de otro mundo. Susurros espeluznantes, sutiles gemidos y gru?idos¡­ Nora era incapaz de discernir si aquellos sonidos eran reales, o si no eran m¨¢s que alucinaciones. ¡®Tenemos que salir de aqu¨ª¡­ Salir¡­ ?Salir¡­! ??D¨®nde est¨¢s, hermanita¡­!? ??La habr¨¦ pasado de largo!? ?No veo nada¡­!¡¯ Y de repente, como si el destino quisiera concederle un breve momento de respiro, vio algo. Luz. Una luz anaranjada, c¨¢lida, que emerg¨ªa de alg¨²n punto m¨¢s all¨¢ de la siguiente esquina. ?Era aquello una buena se?al? ?Un mal presagio? No lo sab¨ªa, por lo que se dirigi¨® hacia la esquina con precauci¨®n, y se asom¨® para echar un vistazo. El t¨²nel se divid¨ªa en dos pasillos diferentes, cada uno dirigi¨¦ndose a su propia plataforma de metro. La luz proven¨ªa de un barril met¨¢lico, justo en el centro de la intersecci¨®n. Varios agujeros hab¨ªan sido perforados en sus paredes, y se pod¨ªa ver algo ardiendo en su interior. Tambi¨¦n hab¨ªa una mesa de madera, algunos estantes y cajas, un colch¨®n, y mucha porquer¨ªa esparcida por ah¨ª. Parec¨ªa que alguien hab¨ªa estado viviendo all¨ª no hac¨ªa mucho. Pero la atenci¨®n de Nora estaba centrada en otra cosa. Lilian estaba de pie justo al lado del barril en llamas. Sus ojos la miraban fijamente, como si supiese que la estaba siguiendo de cerca, como si estuviese esperando que se asomase por la esquina en aquel preciso momento. La luz parec¨ªa reflejarse intensamente en aquellos ojos, casi dot¨¢ndolos de un resplandor propio. ¡°Nory.¡± Lilian la llam¨® con tranquilidad. Nora no se lo pens¨® demasiado. Sali¨® a toda prisa de detr¨¢s de la esquina y corri¨® hacia su hermana. Lo ¨²nico que quer¨ªa hacer en aquel momento era abrazarse a ella, pero su lado racional sab¨ªa que no ten¨ªan tiempo para tal cosa. Ten¨ªan que moverse. ¡°?Lilian¡­! ??Lilian¡­!!¡± Nora trat¨® de no alzar mucho la voz mientras se acercaba a la chica. ¡°?Vamos, Lilian¡­! ?Tenemos que volver¡­!¡± Agarr¨® el brazo de la joven y tir¨® con suavidad de ¨¦l, pero Lilian ni se movi¨®. Fue entonces cuando Nora se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Con su mano derecha, apuntaba directamente a uno de los pasillos que emerg¨ªan de la intersecci¨®n. Al contrario que el otro pasillo, el cual estaba vac¨ªo, aquel estaba bloqueado por una gran barricada. Ten¨ªa un aspecto chapucero, como si hubiese sido construida a toda prisa. Planchas de metal, tablones, muebles arbitrarios, todo ello sujetado con cuerdas y clavos. En cierto modo parec¨ªa resistente, pero tambi¨¦n fr¨¢gil y poco fiable. ¡°Nory, hay beb¨¦s ah¨ª. Tenemos que ayudar a los beb¨¦s.¡± dijo Lilian. Sonaba extra?amente triste, y Nora se dio cuenta. No era caracter¨ªstico de Lilian expresar emociones. ¡°Est¨¢n llorando, no les gusta estar ah¨ª.¡± ¡°??Qu¨¦¡­!? ??De qu¨¦ est¨¢s hablando!? Tenemos que¡ª¡± algo hizo que Nora se callase. M¨¢s all¨¢ de la barricada, vio algo. Los huecos entre los tablones apenas dejaban pasar la luz, pero era suficiente para distinguir lo que hab¨ªa al otro lado. Formas, muchas formas. Nora tard¨® un par de segundos en darse cuenta de lo que eran. Caminantes. Probablemente varias docenas. Se estremeci¨®. ¡®Ah¡­ ?C-C¨®mo¡­? ?Q-Qu¨¦¡­?¡¯ Se percat¨® de sus ojos. La estaban observando a trav¨¦s de los huecos. Lo sab¨ªan. ¡®Tengo que correr¡­ Corre¡­ ?Mu¨¦vete¡­!¡¯ The narrative has been taken without authorization; if you see it on Amazon, report the incident. Pero, ?por qu¨¦ estaban quietos? Desde luego, eran conscientes de su presencia. Estaba a plena vista, en medio del pasillo. Estaba hablando hac¨ªa apenas un par de segundos. De ninguna manera hab¨ªa pasado desapercibida, no estando tan cerca. Pero no se mov¨ªan. De alg¨²n modo, parec¨ªa que quer¨ªan moverse, pero algo les estaba impidiendo hacerlo. Algunos de ellos se sacud¨ªan y sufr¨ªan espasmos, resollando y emitiendo gemidos apenas audibles, pero nada m¨¢s. Nora estaba confusa, pero no tuvo la oportunidad de pensar por mucho tiempo. Un nuevo sonido rompi¨® el silencio. Pasos. Varios pasos, que reverberaban por los pasillos, provenientes de la direcci¨®n de la que hab¨ªa venido. ¡®?Oh no¡­! ??Q-Qui¨¦n es¡­!?¡¯ ?Quiz¨¢ eran Claire y William? Se imaginaba que era probable que hubiesen acabado saliendo tras ella. O quiz¨¢ no, qui¨¦n sabe. ?Estar¨ªa William dispuesto a salir a buscarla? ?Despu¨¦s de haberse marchado de forma tan apresurada? ?Despu¨¦s de la discusi¨®n que hab¨ªan tenido? ?Tendr¨ªa Claire el coraje para hacer lo mismo? No importaba cu¨¢l fuese la respuesta, no tendr¨ªa sentido. Era imposible que pudiesen encontrar aquel lugar por pura suerte. Nora sab¨ªa d¨®nde buscar, porque por alg¨²n milagro hab¨ªa visto a Lilian entrando en el edificio. Pero ellos no ten¨ªan forma de adivinar semejante cosa. Lilian se acurruc¨® junto a Nora y se agarr¨® a su ropa. Emiti¨® un gru?ido de incomodidad, y observ¨® la oscuridad del t¨²nel de entrada, frunciendo el ce?o. Los pasos sonaban m¨¢s y m¨¢s cerca. ¡°Lilian, ven. Mantente cerca de m¨ª, ?vale? ?Deprisa!¡± Cogi¨® la mano de Lilian y se aventur¨® a ciegas hacia la plataforma del metro. ****** ¡°?Por ah¨ª no!¡± William avis¨® a Claire. ¡°Eso es un callej¨®n sin salida. En vez de eso, deber¨ªamos bajar a ese balc¨®n y tomar un desv¨ªo alrededor del edificio.¡± ¡°?Ah¡­! ?De acuerdo¡­!¡± ¡°Y frena un poco, ?quieres? Un ritmo cuidadoso pero constante nos llevar¨¢ m¨¢s lejos que apresurarnos a lo loco.¡± ¡®Ah, maldita sea¡­ ?Qu¨¦ estoy haciendo¡­?¡¯ El refugio se hab¨ªa quedado vac¨ªo y desprotegido, estaban siguiendo un rastro sobre el que Claire se hab¨ªa negado a dar detalles, Lilian podr¨ªa estar ya muerta¡­ Todas y cada una de aquellas circunstancias estaban mal. Era todo innecesario. Hab¨ªa mejores formas de hacer las cosas, mejores cosas por las que arriesgar su vida. Hasta aquel entonces, pensamiento l¨®gico y evaluaci¨®n cuidadosa hab¨ªan sido las ¨²nicas cosas que le hab¨ªan mantenido con vida, junto a un poco de suerte. Y, aun as¨ª, all¨ª estaba, persiguiendo algo que desafiaba todos aquellos principios. Dej¨® escapar un profundo suspiro mientras segu¨ªa a Claire. Al menos, su forma f¨ªsica era sorprendentemente buena. Se alegr¨® de que su impresi¨®n inicial hubiese sido equivocada. Ninguna de las chicas parec¨ªa estar en buena forma, pero las apariencias pueden enga?ar, desde luego. Los movimientos de Claire eran veloces y ¨¢giles. Y en aquel momento, algo as¨ª era una bendici¨®n. En una situaci¨®n tan precaria, era conveniente poder mantener un buen ritmo. Su personalidad tambi¨¦n parec¨ªa diferente. ?M¨¢s valiente, quiz¨¢? A simple vista, Claire parec¨ªa cobarde, asustadiza. Pero aparentemente, no le costaba mucho reunir coraje durante una emergencia. O, para ser m¨¢s precisos, cuando Nora o Lilian ten¨ªan una emergencia. William se preguntaba qu¨¦ clase de v¨ªnculo compart¨ªan aquellas tres. Esperaba poder obtener algunas respuestas una vez consiguieran regresar al refugio. Si a¨²n segu¨ªan vivos para aquel entonces. ¡­ Tras caminar un buen trecho, Claire se detuvo. Se encontraban en una azotea con vistas a una intersecci¨®n. Las calles cercanas estaban infestadas, ocupadas por una horda estacionaria de caminantes. ¡°?Qu¨¦ pasa? ?Por qu¨¦ nos detenemos?¡± pregunt¨® William. Claire aparentaba estar confusa. Su expresi¨®n, previamente impulsada por pura determinaci¨®n, denotaba ahora preocupaci¨®n. Mir¨® a las calles, escaneando la intersecci¨®n y el ¨¢rea circundante con los ojos, buscando algo. ¡°B-Bueno¡­ Um¡­ Nora d-deber¨ªa estar por esta zona, creo¡­¡± dijo. ¡°?Est¨¢s segura¡­?¡± ¡°S¨ª¡­ Deber¨ªamos echar un vistazo por aqu¨ª. No puede haber ido muy lejos.¡± ¡°Hmmm¡­¡± algo no iba bien. Su voz temblorosa era evidencia de que algo no cuadraba. ¡°Mira, no quiero m¨¢s rodeos, no quiero m¨¢s secretos ni respuestas confusas. ?Qu¨¦ pasa?¡± ¡°A-Ah¡­¡± Claire suspir¨® y le observ¨® por unos segundos. ¡°De acuerdo¡­ Um, estoy segura de que Nora ha estado aqu¨ª. Pero mis pistas acaban aqu¨ª. De aqu¨ª en adelante, ya no lo tengo claro¡­ Si fuese ella, probablemente echar¨ªa un vistazo por la zona.¡± ¡°Maldita sea¡­¡± William cavil¨® por unos momentos. ¡°Muy bien¡­ Solo espero que sepas lo que est¨¢s haciendo. Estamos siguiendo una pista muy difusa, y no me gusta ni un pelo.¡± ****** Nora se abraz¨® a Lilian y se mantuvo completamente quieta, sin hacer ni un ruido, casi manteniendo la respiraci¨®n. No ten¨ªan ad¨®nde ir, estaban acorraladas como ratas. Ni siquiera estaba segura de qu¨¦ era aquella sala. ?Un puesto de seguridad? ?Una sala de personal? ?Una taquilla de venta de tiques? Qui¨¦n sabe; como si importase. Ambas se encontraban agachadas entre un par de escritorios, tras una larga pared con ventanas que las separaba del resto de la plataforma subterr¨¢nea de metro. Aquel lugar estaba definitivamente habitado. La plataforma estaba iluminada por una luz tenue, proveniente de m¨¢s barriles en llamas y de antorchas improvisadas. Hab¨ªa m¨¢s mobiliario por la zona, latas de comida vac¨ªas, botellas¡­ Las v¨ªas del metro desaparec¨ªan en enormes aberturas oscuras, de las cuales emerg¨ªa un leve pero inquietante zumbido. Sin embargo, Nora pod¨ªa o¨ªr algo m¨¢s, algo que no hab¨ªa o¨ªdo desde hac¨ªa mucho tiempo: voces. Voces humanas, reales, en la distancia. ?Estaba imaginando cosas? Aquella peque?a habitaci¨®n en la que se encontraban era el ¨²nico lugar verdaderamente oscuro en toda la plataforma, inalcanzada por la d¨¦bil luz que llenaba la zona. Siempre y cuando no se levantasen, deber¨ªan permanecer ocultas. Nora rez¨® para que nadie entrase por casualidad en aquella sala. Temblaba, sus dientes casi casta?eteando, mientras el grupo de pasos se acercaban. Lilian se percat¨®, y sujet¨® con suavidad el brazo de Nora, como tratando de consolarla. Los reci¨¦n llegados trajeron consigo nuevas voces, murmullos indescifrables, que finalmente se volvieron claros como el agua cuando entraron a la plataforma de metro. ¡°Estoy sediento de narices. ?Crees que queda algo de alcohol?¡± ¡°Si lo hay, no es para ti, gilipollas. Casi nos matas a todos.¡± ¡°?Oye, al menos la mayor¨ªa hemos vuelto sanos y salvos! Adem¨¢s, solo se han comido a Jim. Una puta boca menos que alimentar. A nadie le gustaba ese capullo de todos modos.¡± ¡°Pedazo de mierda¡­¡± Parec¨ªan estar discutiendo sobre algo. ?Era aquello su refugio? ?Hab¨ªan irrumpido Nora y Lilian en un refugio ajeno? Tras unos segundos m¨¢s de disputa, Nora escuch¨® el crujido de una puerta abri¨¦ndose en la distancia, junto a m¨¢s pasos. ¡°Al fin de vuelta, ?eh? ?Hab¨¦is conseguido algo bueno?¡± ¡°Comida, bebida, herramientas, y un idiota muerto. ?Te vale?¡± ¡°?Eso fue tu puta culpa, saco de mierda! ?Vaya jeta que tienes! Consid¨¦rate afortunado si Marcus no ordena que te corten un brazo. ?Y si ¨¦l no lo hace, Jacobs lo har¨¢!¡± ¡®??Jacobs¡­!? E-Espera, ??ese no era¡­!? ??A-Ah, no puede ser¡­!!¡¯ Nora trat¨® de mantener la calma, mientras le echaba miradas a Lilian. ¡®Oh dios¡­ ??Por qu¨¦ has tenido que venir precisamente aqu¨ª¡­!?¡¯ La joven no paraba de revolverse y mirar a la puerta abierta. De vez en cuando, hac¨ªa adem¨¢n de levantarse y marcharse, como si todo el cuerpo le picase por el hecho de estar all¨ª sentada. Aun as¨ª, se aferraba a Nora y se manten¨ªa donde estaba. ¡°No creo que Jacobs tenga pelotas para hacer nada por su cuenta, despu¨¦s de lo que pas¨® la ¨²ltima vez¡­¡± ¡°Claro, como si un par de dedos menos fuesen a hacer que a ese puto loco le importe nada una mierda.¡± Entonces, un nuevo par de pasos se unieron al grupo. ¡°Las cosas parecen animadas por aqu¨ª. ?Qu¨¦ se cuece?¡± A Nora le dio un vuelco el coraz¨®n. ¡°Je, uno de los nuevos¡­ No has tardado en ponerte c¨®modo, canalla.¡± ¡°Venga ya, no hay necesidad de ser hostil.¡± Aquella voz. Los hombres que estaban fuera de la habitaci¨®n siguieron hablando, pero Nora par¨® de percibir sus voces completamente. Un fuerte timbre las reemplaz¨®, junto con los ecos de aquella voz, martilleando dentro de su cabeza, desgarr¨¢ndola. ¡®?Por qu¨¦? ?Por qu¨¦ est¨¢ ¨¦l aqu¨ª? ?Por qu¨¦? ?Por qu¨¦? No quiero esto. ?Por qu¨¦? ?Por qu¨¦ tengo que encontrarme con ¨¦l otra vez? ?Por qu¨¦? ?Porqu¨¦porqu¨¦porqu¨¦porqu¨¦porqu¨¦por¡ª¡¯ [Es as¨ª de f¨¢cil, ?eh? No importa cu¨¢nto trates de huir de tu pasado, no importa cu¨¢nto trates de fingir que tienes el control. No puedes cambiar qui¨¦n eres.] ¡®Para. Para. No quiero pasar por esto. D¨¦jame, quiero irme.¡¯ La mente de Nora estaba nublada, ya no pod¨ªa mantener sus pensamientos en orden. Se hizo bola, temblando descontroladamente. Sus ojos se abrieron de par en par, pero hab¨ªan perdido todo enfoque. Quer¨ªa llorar, pero no le sal¨ªan l¨¢grimas. Sent¨ªa c¨®mo se le revolv¨ªa el est¨®mago. Su coraz¨®n lat¨ªa de forma atronadora y sin descanso, como si estuviese a punto de explotar en su pecho. Pronto se le hizo dif¨ªcil respirar, y empez¨® a hiperventilar. M¨¢s fuerte de lo que deber¨ªa. ¡°Oye, ?o¨ªs eso¡­? ?Qu¨¦ co?o es ese sonido¡­? ?De d¨®nde viene¡­?¡± ¡°?Mierda! ??Se ha colado un caminante¡­!? ?Suenan como resoplidos! ??Deber¨ªa ir a avisar a los dem¨¢s¡­!?¡± ¡°Espera, ir¨¦ a comprobarlo¡­¡± Toda conversaci¨®n se detuvo, y unas pisadas solitarias empezaron a aproximarse m¨¢s y m¨¢s a la habitaci¨®n. Eran pasos cautelosos, pero era probable que no fuesen a detenerse. Ese hombre iba a entrar en la sala. Iba a encontrarlas. Ten¨ªan que correr. Ten¨ªan que hacer algo. As¨ª que, ?por qu¨¦? ?Por qu¨¦ no hac¨ªa nada? ¡®?Por qu¨¦?¡¯ [?Por qu¨¦?] [Sabes la respuesta. Porque merec¡ª] Una mano cubri¨® con gentileza la boca de Nora. Su respiraci¨®n se estabiliz¨®. Era un tacto suave, m¨¢s suave que cualquier otra cosa que hubiese sentido antes. No pretend¨ªa silenciarla, sino reconocer su dolor, aligerarlo, remediarlo de cualquier forma posible. Nora arrastr¨® los ojos lentamente hacia Lilian, quien se encontraba ahora taladr¨¢ndola con la mirada. Una vez m¨¢s, la d¨¦bil iluminaci¨®n de la sala parec¨ªa brillar con especial fuerza en aquellos ojos, que parec¨ªan mirar hasta lo m¨¢s profundo de su alma. Pero no eran amenazadores. ?Qu¨¦ era aquella sensaci¨®n? No era capaz de describirla con palabras. Lilian se acerc¨® a la oreja de Nora. ¡°Entiendo.¡± Susurr¨®, de forma casi inaudible. ¡°Qu¨¦date.¡± ¡®?Q-Qu¨¦¡­? ?Lilian¡­?¡¯ ¡­ ?Por qu¨¦ no la detuvo cuando se levant¨®? Quer¨ªa alcanzarla, tirar de ella hacia abajo. O al menos, agarrarla y correr. Pero se limit¨® a observar. Su coraz¨®n parec¨ªa haber parado de latir, mientras aquellos eventos se suced¨ªan frente a sus ojos. ¡°??Joder, hay algo ah¨ª!!¡± ¡°???Es un caminante¡­!!?¡± ¡°??Creo que es una persona normal!!¡± ¡°??Todo el mundo quieto!! Ni de co?a¡­¡± ¡°?Qu¨¦ pasa? ?Conoces a esta t¨ªa?¡± ¡°Oye, t¨²¡­ Lilian, ?verdad¡­? Ven aqu¨ª¡­¡± Nora observ¨® horrorizada mientras Lilian cumpl¨ªa aquella petici¨®n, saliendo lentamente de la habitaci¨®n, a plena vista. ¡°Maldita sea, ??c¨®mo¡­!? Ir¨¦ a avisar a Marcus y al Sr. Julien. Vigiladla, y pase lo que pase, no le hag¨¢is da?o. Es muy valiosa.¡± CAPíTULO 15 – CLAVE Claire trat¨® de mantener los ojos bien abiertos, pendiente de cualquier se?al de movimiento a su alrededor. Sin embargo, caminar por las calles era bastante m¨¢s inquietante de lo que hab¨ªa imaginado. Era surrealista cu¨¢nto hab¨ªa cambiado el mundo en cuesti¨®n de unos meses. Incluso estando completamente vac¨ªas, las calles no se sent¨ªan seguras. Ir¨®nicamente, estaba teniendo dudas, a pesar de haber sido ella quien hab¨ªa sugerido e insistido en la idea. Para empezar, no estaba segura de por qu¨¦ William estuvo de acuerdo, no esperaba que lo estuviese. A excepci¨®n de aquella horda con la que se hab¨ªan cruzado hac¨ªa un rato, las calles circundantes estaban despejadas de caminantes. Eso no significaba que fuesen seguras, pero William pareci¨® usar aquello como justificaci¨®n para hacer algo que de otro modo le hubiese resultado escandaloso hacer. [Al m¨¢s m¨ªnimo signo de peligro, dejamos esto y volvemos a subir, ?queda claro?] Esas hab¨ªan sido sus palabras antes de bajar a la calle. Pero, ?qu¨¦ era exactamente un ¡°signo de peligro¡±? Los edificios cercanos ten¨ªan un aura mucho m¨¢s siniestra desde la calle que desde los tejados. Ventanas. Puertas. Entradas. Todos ellos eran pozos negros de incertidumbre, todos ellos podr¨ªan estar ocultando la siguiente amenaza con la que tendr¨ªan que lidiar. Claire sacudi¨® la cabeza y trat¨® de concentrarse en lo que ten¨ªan que hacer: encontrar a Nora y a Lilian. Desde el momento en que tocaron suelo, William hab¨ªa tomado la delantera. Claire le sigui¨® a buen ritmo por la calle, mientras hac¨ªan lo que pod¨ªan por mantener un perfil bajo y mezclarse con las sombras que proyectaban los edificios. Su cabeza no paraba de girar de lado a lado. Cada tienda, cada callej¨®n, cada esquina, ofrec¨ªan una nueva oportunidad de avistar a Nora o a Lilian. Todos los espacios interiores estaban rebosantes de oscuridad, pero aun as¨ª, la luz del sol penetraba lo suficiente como para brindar una idea decente de lo que hab¨ªa dentro. Aquella zona era casi exclusivamente un distrito comercial. Todo estaba hecho pedazos, o bien destruido o bien saqueado tantas veces que ya era irreconocible. Era poco realista que pudiesen encontrar a alguien en aquel lugar en una cantidad sensible de tiempo, a menos que estuviesen paradas a simple vista. ¡®Nora¡­ Lilian¡­ ?A d¨®nde hab¨¦is ido¡­?¡¯ Algo interrumpi¨® sus pensamientos. Sin previo aviso, William agarr¨® su brazo, la arrastr¨® bruscamente detr¨¢s de un coche cercano, y le puso una mano en la boca para impedir que gritara en respuesta. ¡°?Silencio¡­!¡± susurr¨®. ?Qu¨¦ estaba pasando? ?Caminantes? Era obvio que William hab¨ªa percibido algo, pero Claire no pudo ver qu¨¦ era, y no se atrev¨ªa a levantar la voz para preguntar. Le asinti¨®, y ¨¦l la solt¨® en respuesta. Se percat¨® c¨®mo procedi¨® de inmediato a sacar su pistola de la funda en su cintura. ¡®No usar¨ªas pistolas contra caminantes¡­ ?Verdad¡­?¡¯ Sus sospechas se confirmaron cuando oy¨® varios pasos que se acercaban a su posici¨®n. Pasos coordinados y r¨ªtmicos, no los tropezones y arrastramientos caracter¨ªsticos de los caminantes. Era gente. Trag¨® saliva, y observ¨® a William. ¨¦l no le prestaba atenci¨®n alguna, estaba completamente concentrado en el peligro inminente, y casi seguro que dispuesto a apretar el gatillo si fuese necesario. Estaban hablando. El murmullo distante se aclaraba poco a poco a medida que se acercaban, a un ritmo sorprendentemente r¨¢pido. ¡°¡ªsin creerme que esto sea una buena idea, t¨ªo. ??En qu¨¦ co?o est¨¢ pensando Marcus!?¡± ¡°Calla, nosotros no tomamos las decisiones, ?o s¨ª? Adem¨¢s, solo tenemos que echar un vistazo. No deber¨ªamos meternos en problemas siempre y cuando no metamos las narices donde no nos llaman.¡± ¡°Bah¡­¡± Sonaban como si estuviesen casi al otro lado del veh¨ªculo. ¡®Por favor, pasad de largo, pasad de largo¡­¡¯ ¡°Pero, en serio, no me importa qui¨¦n sea esa t¨ªa, deber¨ªamos habernos deshecho de ella. ?La has mirado a los ojos? ?Me da muy mal rollo!¡± ¡°Sigue hablando as¨ª y le dar¨¢n tu lengua de comer a los caminantes. Vamos, menos ch¨¢chara y m¨¢s caminar, ?tenemos que estar de vuelta antes de que caiga la noche!¡± ¡°Si, ya, como si no¡ª¡± Sus voces se perdieron de nuevo en la distancia. Claire y William se mantuvieron quietos y en silencio por un buen par de minutos. ****** ¡°No me gusta ni un pelo c¨®mo ha sonado eso¡­¡± fue William qui¨¦n rompi¨® el silencio. ¡°?Qu¨¦ opinas¡­?¡± ¡°Ah¡­ A ver¡­¡± ¡°No te andes por las ramas. ?Crees que hablaban de alguna de ellas?¡± ¡°Hmm¡­ Es cierto que Lilian tiende a mirar a la gente de forma extra?a, especialmente si no est¨¢ c¨®moda. Pero, ??c¨®mo podemos estar seguros¡­!?¡± En efecto, no hab¨ªa forma de saber si se refer¨ªan a Nora o a Lilian. Por lo que sab¨ªan, era plausible que estuviesen hablando de alguna otra alma desafortunada que hab¨ªan conseguido capturar. Pero, por alg¨²n motivo, algo as¨ª le resultaba improbable. ¡®?Deber¨ªan haberse deshecho de ella¡­?¡¯ Aquella gente no era precisamente aficionada a perdonar la vida a nadie sin un buen motivo. ¡°Esos tipos pertenecen al mismo grupo que nos atac¨®.¡± dijo William. ¡°??E-Eh¡­!? ??Est¨¢s seguro¡­!?¡± ¡°Marcus¡­ Ese es su cabecilla, estoy seguro de haber o¨ªdo su nombre antes.¡± ¡°E-Entonces¡­ Si han atrapado a Nora y a Lilian¡­ Oh no¡­¡± ¡°Espera, pensemos un momento. Si han capturado a alguna de ellas, es posible que pretendan usarlas como rehenes, como una herramienta de chantaje para conseguir lo que quieren de nosotros. Y supongo que toparse con alguna de ellas aqu¨ª en mitad de la nada debe de ser bastante inesperado. Puede que hayan enviado a esos dos a echar un vistazo a nuestro refugio, para averiguar si ha ocurrido algo¡­¡± Medit¨® por un rato. Claire se revolv¨ªa y se mord¨ªa las u?as, incapaz de mantenerse en calma. ¡°??Q-Qu¨¦ hacemos entones¡­!?¡± pregunt¨®. William lanz¨® una mirada calle abajo, hacia una gran estaci¨®n de metro. ¡®Los vi salir del metro¡­ Sab¨ªa que estaban estacionados en alg¨²n lugar cercano. Deb¨ª imaginar que estar¨ªan usando los t¨²neles subterr¨¢neos¡­¡¯ La situaci¨®n hab¨ªa dado un giro a peor, y ten¨ªan que hacer algo al respecto. Eran presas f¨¢ciles, justo en el centro del territorio enemigo. La ¨²nica pista que ten¨ªan era incierta en el mejor de los casos, y los llevar¨ªa a¨²n m¨¢s adentro, directamente a la boca del lobo. ?Deber¨ªan ignorarla y largarse de all¨ª? ?Seguirla a donde fuera que les condujese? Los pensamientos de William estaban divididos, en fuerte oposici¨®n unos con otros. ?Raciocinio, o impulso? De una u otra forma, ten¨ªan que tomar una decisi¨®n, y r¨¢pido. ¡­ [?No es tu hermana, a fin de cuentas!] [S¨¦ lo doloroso que es perder a un ser querido.] ¡®Nora¡­ Lo entiendo¡­¡¯ ****** ¡°??Uggggh¡­!! ?Es in¨²til, no puedo¡­! ?Pesa demasiado¡­!¡± ¡°No pasa nada, lo har¨¦ yo, baja. Cuidado con d¨®nde pisas, es un poco resbaladizo.¡± dijo William. ¡°E-Est¨¢ bien.¡± Claire dio una respuesta temblorosa mientras descend¨ªa a la alcantarilla. ¡°?Est¨¢s seguro de que esto es una buena idea¡­?¡± ¡°?Y qu¨¦ sugieres, irrumpir por la puerta delantera? Al menos las alcantarillas nos deber¨ªan permitir acercarnos al metro sin ser detectados.¡± De hecho, Claire comprend¨ªa el razonamiento tras aquella decisi¨®n. Sencillamente, le asustaba el hecho de merodear por aquellos pasillos oscuros y claustrof¨®bicos. Alcanz¨® el fondo de hormig¨®n s¨®lido y se apart¨® de la escalerilla. William procedi¨® a subir hasta la tapa de alcantarilla y arrastrarla de nuevo a su sitio, encerr¨¢ndoles en una oscuridad total. Luego, Claire le escuch¨® bajar de nuevo y revolver en sus bolsillos. Un destello de luz ilumin¨® de repente todo el pasillo, emergiendo de una linterna en manos de William. ¡°Toma, esta es para ti.¡± dijo, mientas le entregaba otra a ella. Cogi¨® un trozo de tiza y marc¨® la pared detr¨¢s de ¨¦l, dibujando una flecha que apuntaba a la escalera. ¡°Bien¡­ No vayamos a perdernos. Marcaremos la pared izquierda a medida que avancemos, apuntando a la salida. Creo que me hago una idea de la estructura de los t¨²neles del metro. Trataremos de encontrar un camino hasta uno de ellos, luego nos dirigimos a la estaci¨®n. ?Entendido?¡± ¡°S-S¨ª¡­¡± ¡°Bien, en marcha. Y mantente en silencio.¡± ¡­ El tiempo parec¨ªa haberse detenido all¨ª abajo. Claire sigui¨® a William por los sinuosos pasillos, pero no es como si tuviera otra opci¨®n, muchos de ellos eran tan estrechos que no habr¨ªan cabido los dos uno al lado del otro. La forma de la alcantarilla no paraba de cambiar. Algunas secciones eran tan apretadas que sent¨ªa que las paredes colapsar¨ªan sobre ella en cualquier momento, otras eran tan anchas que no alcanzaba ambos lados con los brazos extendidos. Algunas eran tan altas que no pod¨ªa tocar el techo, y en otras ten¨ªa que agacharse para poder pasar. Lo detestaba. Aquellas paredes parec¨ªan un ata¨²d, le daban la sensaci¨®n de estar enterrada viva. Sent¨ªa un hormigueo en sus extremidades, como si fuesen a qued¨¢rsele dormidas si segu¨ªa caminando hacia la reptante oscuridad. Las ¨²nicas cosas que le permit¨ªan mantener la concentraci¨®n eran el sonido de sus pasos y los garabatos de William en las paredes. El pasillo se abri¨® a una secci¨®n de t¨²nel m¨¢s grande. William sali¨® y mir¨® alrededor por un momento. This story has been unlawfully obtained without the author''s consent. Report any appearances on Amazon. ¡°?Est¨¢s bien ah¨ª atr¨¢s?¡± susurr¨®. ¡°C-Claro¡­ Solo¡­ un poco nerviosa¡­¡± ¡°Eso es probablemente normal. A ver, ven en silencio. Pase lo que pase, no alces la voz cuando veas esto.¡± ¡®?Cuando vea¡­ qu¨¦¡­?¡¯ Sali¨® al t¨²nel y mir¨® hacia lo que fuese que William estaba iluminando con su linterna. No pudo evitar soltar un grito ahogado, pero se cubri¨® la boca con su mano libre para prevenir cualquier otro sonido. Varios caminantes. Tan solo a unos metros de distancia. Mir¨¢ndolos fijamente. ¡°No hagas ruidos innecesarios. Estos no ser¨¢n un problema, pero no sabemos qu¨¦ puede haber m¨¢s all¨¢.¡± ¡°A-Ah¡­ ?Q-Qu¨¦¡­?¡± la voz de Claire temblaba, no pod¨ªa articular de forma apropiada. Era la primera vez que ten¨ªa la oportunidad de observarles tan de cerca y con tanta claridad. Pero hab¨ªa algo raro. Los miraban con ojos hambrientos, pero su comportamiento err¨¢tico y salvaje se hab¨ªa reducido a nada m¨¢s que espasmos ocasionales, junto a leves resoplidos y gemidos. Casi parec¨ªan tristes. ¡°Se quedan as¨ª cuando pasan demasiado tiempo a oscuras.¡± explic¨® William. ¡°?D-Demasiado tiempo¡­?¡± ¡°La oscuridad parece acelerar sus movimientos y agudizar sus instintos, pero si se quedan atascados en la oscuridad durante algunos d¨ªas, empiezan a ralentizarse hasta que se frenan casi por completo¡­ No me preguntes por qu¨¦, no tengo ni idea de c¨®mo funcionan.¡± ¡®Parecen¡­ ?hambrientos¡­?¡¯ ¡°No te acerques mucho a ellos. Apenas pueden moverse, pero intentar¨¢n agarrarte.¡± ¡°Oh dios¡­ ?E-Est¨¢s seguro de que podemos hacer esto¡­?¡± ¡°Si no fuese seguro ya les tendr¨ªamos encima. Vamos, s¨ªgueme de cerca. Y no te les quedes mirando demasiado¡­¡± Claire no dijo nada m¨¢s, se limit¨® a escurrirse tras William y a seguir cada uno de sus pasos. A medida que avanzaban por el pasillo, zigzagueando entre cad¨¢veres en pie, Claire no pudo evitar hacer exactamente lo que William le hab¨ªa dicho que no hiciese. Mand¨ªbulas colganderas tratando de dislocarse a s¨ª mismas al intentar morder. Manos que lentamente intentaban agarrar el aire, con dedos inquietos. Articulaciones que cruj¨ªan mientras se esforzaban en girar sus cuerpos en su direcci¨®n. Ojos frustrados que segu¨ªan todos sus movimientos. En realidad, no estaban haciendo ning¨²n movimiento significativo, pero Claire pod¨ªa sentir la let¨¢rgica sensaci¨®n de inquietud a su alrededor, como un animal que se despertaba gradualmente de su sue?o. La mir¨ªada de gemidos angustiados tampoco ayudaba. ¡®Vamos, Claire, c¨¦ntrate¡­ Est¨¢ bien¡­ Vas a estar bien¡­¡¯ Trag¨® saliva e intent¨® despejar la mente por un momento. Si segu¨ªa a William, deber¨ªa ir todo bien. ¨¦l ten¨ªa mucha m¨¢s experiencia que ella, o eso quer¨ªa creer. Y fuese lo que fuese por lo que estuviesen pasando Nora y Lilian, seguro que era peor que unos caminantes decr¨¦pitos. ¡®Nora¡­ Lilian¡­ Por favor, manteneos a salvo. ?Ya vamos¡­!¡¯ ****** El gran espacio abierto del t¨²nel de metro se sinti¨® m¨¢s acogedor de lo que William esperaba. Al fin, hab¨ªan emergido de los t¨²neles de alcantarillado a un apretado corredor de mantenimiento que conectaba directamente con las v¨ªas de metro. Aparte del encuentro con aquellos caminantes l¨¢nguidos, su paseo por las alcantarillas hab¨ªa transcurrido sin incidentes, lo cual consideraba un milagro. Sin embargo, hab¨ªa perdido la noci¨®n del tiempo; no estaba seguro de por cu¨¢nto tiempo hab¨ªan estado dando vueltas por aquellos pasillos. La inmensidad de los t¨²neles principales era intimidante. Eran tan grandes que, incluso con la linterna, resultaba dif¨ªcil ver la pared al otro lado del t¨²nel. Alg¨²n tipo de neblina blanca parec¨ªa permear el lugar, y ruidos misteriosos emanaban de las profundidades. ¡°Vale, la estaci¨®n deber¨ªa estar en esa direcci¨®n¡­ Vamos, y no apuntes tu linterna al frente, mantenla abajo.¡± dijo. ¡°?Abajo¡­?¡± Claire parec¨ªa un tanto perpleja. ¡°Si la apuntas al frente, el rayo de luz podr¨ªa delatar nuestra posici¨®n¡­ Nadie merodear¨ªa en esta oscuridad sin una fuente de luz, y tambi¨¦n dudo que vivan a oscuras. Si podemos verlos a ellos antes de que nos vean a nosotros, nos ahorraremos muchos problemas. Tan solo mant¨¦n la luz abajo, lo suficiente para ver d¨®nde pisas.¡± ¡°De acuerdo, creo que entiendo¡­¡± ¡°Bien. Venga, vamos. Y como siempre, no hagas ruido.¡± Comenzaron a caminar en silencio, acompa?ados del sonido de sus propios pasos y del vaiv¨¦n de las linternas. ¡­ Despu¨¦s de lo que pareci¨® una eternidad, William se detuvo. Hab¨ªa algo delante, pod¨ªa o¨ªrlo. ¡°?Luces fuera¡­!¡± susurr¨®, mientras apagaba su linterna. Claire hizo lo mismo segundos despu¨¦s. Se ech¨® las manos a la espalda y cogi¨® el fusil de combate que hab¨ªa estado cargando todo el tiempo. No hab¨ªa forma de saber qu¨¦ les esperaba m¨¢s adelante. M¨¢s le val¨ªa estar preparado para apretar el gatillo en caso de necesidad. ¡°Oye, esa pistola que llevas¡­ Mantenla a mano, ?quieres?¡± No recibi¨® respuesta de la chica, pero asumi¨® que hab¨ªa captado el mensaje. Le resultaba dif¨ªcil manejar armas, y ¨¦l lo sab¨ªa. ¡®Algo me dice que esto no va salir bien¡­¡¯ Avanzaron con cautela hacia el origen del sonido. Al cabo de un rato, una c¨¢lida luz anaranjada comenz¨® a llenar el fondo del t¨²nel. ¡®?Es eso la estaci¨®n¡­?¡¯ Se pegaron a la pared y siguieron acerc¨¢ndose. Hab¨ªa gente hablando sobre algo, pero no estaba claro sobre qu¨¦. ¡°¡­ya no¡­ ¡­sentido¡­ ¡­cuanto¡­ ¡­mejor.¡± ¡°¡­ver, no hay¡­ ¡­prisas.¡± Se acercaron a¨²n m¨¢s, y se detuvieron. Al fin pod¨ªan ver la estaci¨®n, y hab¨ªa varias personas a la vista. El eco de sus voces era suficiente como para entender de qu¨¦ iba la conversaci¨®n. ¡°T¨ªo, creo que no est¨¢s entendiendo nada.¡± ¡°S¨ª entiendo, pero solo est¨¢is pensando en vosotros mismos. Simplemente, no puedo dejar a mi gente atr¨¢s, y mover a todo el mundo llevar¨¢ tiempo. Usted deber¨ªa ser consciente de esto, Sr. Julien.¡± ¡°Por favor, Sr. Marcus, considere mi consejo¡­ Ahora que tenemos a la chica, se nos han abierto nuevas puertas. Y no puede alimentar a toda esta gente para siempre. Aqu¨ª no.¡± ¡®??Marcus est¨¢ aqu¨ª¡­!? ??Ese Marcus¡­!?¡¯ William estaba tan concentrado en escuchar aquella conversaci¨®n, que no se hab¨ªa percatado de la respiraci¨®n de Claire volvi¨¦ndose m¨¢s pesada y acelerada a cada segundo que pasaba. Tambi¨¦n pod¨ªa o¨ªr su pistola traqueteando en sus manos. Se gir¨® en su direcci¨®n, pero no pod¨ªa verla en la oscuridad. ¡®?Mierda¡­! ??Por qu¨¦¡­!? ?Por el amor de Dios, no hagas ruido¡­!¡¯ quer¨ªa dec¨ªrselo verbalmente, pero no se atrev¨ªa a levantar la voz, ni siquiera a susurrar. Tante¨® a ciegas hasta que consigui¨® sujetar su brazo, con la esperanza de calmarla. ?Qu¨¦ estaba pasando? ?Por qu¨¦ se estaba poniendo de los nervios de aquella manera? Entonces, de la nada, se oy¨® un leve murmullo proveniente de la estaci¨®n. ?Otra voz? Sonaba como un galimat¨ªas ininteligible. ¡°???Qui¨¦n est¨¢ ah¨ª!!?¡± una voz atronadora reson¨® por todo el t¨²nel. William se gir¨® hacia la estaci¨®n. Los hombres hab¨ªan parado de hablar, y uno de ellos hab¨ªa dado un paso al frente en su direcci¨®n, y trataba de distinguir algo en la negrura. Sujetaba a alguien frente a ¨¦l, apuntando a su cabeza con una pistola. Alguien mucho m¨¢s peque?a que ¨¦l. ¡®??Es¡­!! ?Esa chica¡­!¡¯ Los ojos de Lilian les miraban fijamente, como si pudiese verles a la perfecci¨®n a pesar de la ausencia de luz. Pero William se percat¨® de que no le miraba a ¨¦l, estaba observando directamente a Claire. ¡°?Seguro que no te est¨¢s imaginando cosas?¡± pregunt¨® otro individuo. ¡°Estoy muy familiarizado con las costumbres de esta peque?a. No reaccionar¨ªa de esta forma sin motivo alguno. ?Quien sea que est¨¦ ah¨ª, sal!¡± ¡°¡­pedazos de mierda¡­¡± farfull¨® Claire, apretando los dientes. Antes de que William pudiese detenerla, Claire sali¨® corriendo del t¨²nel y se puso a plena vista, apuntando su pistola a los hombres en la plataforma de la estaci¨®n. Lejos de su comportamiento normalmente reservado, parec¨ªa furiosa. Muy furiosa. ¡°??Malditos bastardos¡­!! ???Por qu¨¦!!? ???Por qu¨¦ est¨¢is vivos!!? ???Maldita sea, joder¡­!!!¡± su pistola saltaba de manera fren¨¦tica de un objetivo a otro. ¡®??Tienes que estar de puta co?a¡­!! ???Idiota!!!¡¯ William sigui¨® a Claire, rifle al frente. Al acercarse a la plataforma, pudo observar mejor a aquella gente. El hombre que ten¨ªa a Lilian cautiva ten¨ªa un aspecto sorprendentemente limpio. Vest¨ªa un traje de negocios gris¨¢ceo, pelo corto bien peinado, ni una mota de suciedad en su piel¡­ Toda su apariencia exudaba arrogancia. ?Era el cabecilla? No, no era ¨¦l. Sab¨ªa a ciencia cierta que Marcus, quien se encontraba a sus espaldas, era quien lideraba aquel grupo. El atuendo de Marcus era mucho m¨¢s apropiado en comparaci¨®n, la misma ropa deteriorada que llevaban todos los dem¨¢s esbirros que William hab¨ªa visto hasta entonces. Su modesta melena marr¨®n le daba un aspecto un tanto provocador; pero sus ojos eran misteriosos, dif¨ªciles de leer. Observaba la situaci¨®n con calma, sin inmutarse por el descarado despliegue de armas apunt¨¢ndole a la cara. Hab¨ªa otro hombre de pie muy cerca de ellos, con una expresi¨®n engre¨ªda en el rostro, pero William no le reconoci¨®. ¡°Ah, se?orita Bauman¡­ Me lo hab¨ªa imaginado, si Lilian estaba aqu¨ª, era de esperar que usted estar¨ªa cerca tambi¨¦n.¡± dijo el hombre trajeado. ¡°Me pregunto si Nora tambi¨¦n anda cerca¡­ Joder, la echo de menos¡­¡± el hombre desconocido a su espalda solt¨® un comentario con evidente sarcasmo, antes de re¨ªrse por lo bajo. ¡°??T¨²!! ??No te atrevas a pronunciar su nombre, puto degenerado¡­!! ???Es¡­ Es por tu culpa que Nora¡­!!!¡± la cara de Claire se contorsion¨® mientras rechinaba los dientes, y l¨¢grimas empezaron a formarse bajo sus ojos. ¡°??Claire!! ???Ya es suficiente, c¨¢lmate¡­!!!¡± William grit¨® en un intento de mantenerla bajo control. Era evidente que aquella gente estaba relacionada con las chicas de alguna manera, pero no pod¨ªa dejar que sus emociones se apoderasen de ella. Especialmente cuando sujetaba una pistola. ¡°Sr. William, ?no? Marcus me ha dicho algunas cosas sobre usted¡­ Parece tener m¨¢s talento que el resto de la cala?a¡ª¡± el hombre trajeado continu¨® hablando, antes de ser interrumpido. ¡°Me importa una mierda. La ¨²nica cosa que vas a sacar de m¨ª es un tiro en la frente.¡± contest¨®. No estaba exactamente dispuesto a escuchar ninguna de sus estupideces. Todas y cada una de las personas que viv¨ªan en aquella estaci¨®n de metro eran un enemigo, y punto. ¡°Con los pies en la tierra, ya veo. Conveniente. Supongo que entiende que una bala perdida es todo lo que hace falta, ?verdad?¡± apret¨® su pistola contra la cabeza de Lilian, caus¨¢ndole un severo malestar y haci¨¦ndola revolverse un poco. ¡°Sugiero que ambos suelten las armas.¡± ¡°??No le escuches, William!! ??No es m¨¢s que un capullo manipulador!! ??No le har¨¢n da?o!! ??La necesitan viva!!¡± chill¨® Claire. ¡°?C¨®mo que la necesitan¡­? ??Por qu¨¦ la necesitan¡­!?¡± Por unos segundos, no hubo respuesta. William mir¨® de un lado a otro, a Claire y luego al hombre que sujetaba a Lilian, confuso. ?La necesitaban? ¡°Ahhh¡­ Claire, Claire¡­ Una v¨ªbora astuta, como siempre. ?No fue suficiente con lo que nos ha hecho a nosotros? ?Ten¨ªa que ir y aprovecharse de este hombre tambi¨¦n?¡± ¡°??A-Ah¡­!!¡± la expresi¨®n de Claire pas¨® de la ira a la frustraci¨®n, y luego al miedo. Muy, muy r¨¢pidamente. ¡°No le ha dicho nada en absoluto, ?me equivoco?¡± ¡°Claro que no lo ha hecho. ?M¨ªrales las caras, pffff!¡± dijo el individuo del fondo. William no quer¨ªa escucharles. Pero la reacci¨®n de Claire no era algo que pudiese ignorar. Arrastr¨® los ojos hacia el hombre trajeado. El rifle segu¨ªa apunt¨¢ndole directamente a la cara. ¡°Ir¨¦ directo al grano, Sr. William.¡± pareci¨® detenerse a tomar una bocanada de aire antes de continuar. ¡°La chica est¨¢ infectada.¡± ¡°??Qu¨¦¡­!?¡± ¡°Interesante, ?no? Pi¨¦nselo por un segundo. Infectada, pero se resiste al proceso de conversi¨®n. ?No lo ve? Ella es la clave. Nuestro tique de salida.¡± ¡°Un momento¡­ ?Un momento¡­! ??Claire¡­!? ??Es eso cierto¡­!? ???Ha estado infectada desde el principio!!?¡± William no sab¨ªa c¨®mo procesar aquella nueva afluencia de informaci¨®n. Pero de repente, muchas cosas empezaron a cobrar sentido. ¡°?Y t¨²¡­! ??Un tique de salida¡­!? ??A qu¨¦ te refieres¡­!?¡± ¡°Es evidente, ?no? Los militares la quieren. Y nosotros queremos salir de este infierno. Es un intercambio tan obvio¡­ Y todo lo que estas j¨®venes han hecho ha sido huir de forma ego¨ªsta con un recurso tan importante, conden¨¢ndonos a todos a morir aqu¨ª.¡± volte¨® los ojos hacia arriba mientras hablaba. ¡°??Militares¡­!? ???Pretendes que me crea que el Ej¨¦rcito todav¨ªa sigue activo ah¨ª fuera!!?¡± Los ojos de William estaban abiertos de par en par en incredulidad. Estaba cabreado. En cierto modo, asum¨ªa que lo ¨²nico que Nora y Claire quer¨ªan era proteger a Lilian, pero no pod¨ªa evitar sentir ira frente a aquel giro de los acontecimientos. Se sinti¨® traicionado. ?Utilizado, quiz¨¢? ?Para qu¨¦ hab¨ªa arriesgado su vida? ?Para que lo hubiesen mantenido en la sombra de aquella manera? Aquello iba m¨¢s all¨¢ de experiencias personales o traumas emocionales. Era mucho, mucho m¨¢s grande que todo eso. ?Y lo sab¨ªan desde el principio? ¡°?Claire¡­! ??Confi¨¦ en ti, Claire¡­!! ??Joder, confi¨¦ en las tres!!¡± se gir¨® hacia ella. ¡°??Por qu¨¦ no dices nada!?¡± Claire se limitaba a mirar al suelo. Las l¨¢grimas se escurr¨ªan por su rostro, pero se negaba a mirarle a los ojos. Se mordi¨® los labios, neg¨¢ndose tambi¨¦n a hablar. William estaba a punto de seguir gritando, pero una sensaci¨®n amenazadora en la parte de atr¨¢s de su cabeza le detuvo. ¡°No deber¨ªas apartar la vista de tus enemigos, imb¨¦cil.¡± alguien presion¨® una pistola contra su nuca. ¡®Esta voz¡­ Jacobs¡­ ?Maldita sea¡­!¡¯ ¡°Soltad las armas. Os hab¨¦is quedado sin opciones. No me hag¨¢is partiros los brazos.¡± dijo Jacobs. Su tono era calmado pero frustrado al mismo tiempo, como si estuviese deseoso de llevar su amenaza a otro nivel. Las manos de Claire temblaron por un rato, antes de que lanzase su pistola a un lado. Sus temblores se desvanecieron. ?Hab¨ªa tirado la toalla? Rendirse era casi con total seguridad una sentencia de muerte, pero¡­ ?hab¨ªa alguna otra cosa que pudiesen hacer, dada la situaci¨®n? Maldiciendo el momento en que decidi¨® adentrarse en aquel lugar, William dej¨® caer el fusil. Un par de hombres saltaron a las v¨ªas y se les acercaron. ¡°No les hag¨¢is da?o.¡± Marcus dio un paso al frente y dio la orden antes de que Jacobs o cualquiera de los dem¨¢s lacayos pudieran ponerles la mano encima. Taladraba a William y a Claire con una penetrante mirada. ¡°?Est¨¢s seguro¡­? ?Despu¨¦s de toda la guerra que nos han dado¡­?¡± pregunt¨® Jacobs. ¡°Me resultan¡­ interesantes. Me gustar¨ªa tener una charla con ellos m¨¢s tarde.¡± ¡°?Tch¡­! Bicho raro¡­¡± Jacobs mascull¨® por lo bajo. ¡°?Vamos, empieza a caminar, basura!¡± ¡°¡­lo siento¡­¡± la voz de Claire era apenas un susurro. ¡®Lamentarte no va a arreglar nada, ?sabes¡­?¡¯ CAPíTULO 16 – AUGURIO Un par de hombres corpulentos escoltaron a William a trav¨¦s de los oscuros pasillos, con Claire sigui¨¦ndole de cerca en circunstancias similares. Sus manos estaban atadas; sus armas confiscadas. Hab¨ªan hecho todo lo que hab¨ªan podido. Y el esfuerzo no parec¨ªa haber valido la pena. Todo lo que ¨¦l quer¨ªa era vivir una vida normal. En cuanto dicha vida normal se desmoron¨®, se concentr¨® en sobrevivir. Cuando sobrevivir demostr¨® ser in¨²til, tan solo quiso seguir adelante hasta perder las ganas de seguir luchando contra el destino. Y si as¨ª era como iba a morir, que as¨ª fuese. Nueva gente se adentr¨® en su vida, gente que le hizo pensar que quiz¨¢ podr¨ªa haber merecido la pena intentar sobrevivir un poco m¨¢s. Y entonces¡­ [No han secuestrado a Lilian¡­ Y creo que Nora sabe exactamente c¨®mo encontrarla¡­] [?Qu¨¦ quieres decir? ?Ha hecho esto antes¡­?] [A-As¨ª es¡­] Lo sab¨ªan, por supuesto que lo sab¨ªan. Eran fugitivas, y le hab¨ªan arrastrado a aquella situaci¨®n, fuese lo que fuese. Y no estaba seguro de tener la energ¨ªa para lidiar con ello. ¡®Estoy¡­ cansado.¡¯ ¡­ A medida que le llevaban hacia una plataforma de metro distinta, ech¨® un vistazo al lugar. En realidad, no le importaba mucho, pero ten¨ªa algunas peculiaridades que le llamaron la atenci¨®n. La mayor parte del complejo subterr¨¢neo estaba pobremente iluminado con algunas luces rudimentarias esparcidas por ah¨ª, dejando la gran mayor¨ªa de los t¨²neles sumidos en las sombras; a excepci¨®n de unos pocos claros de luz alrededor de los cuales se apelotonaba toda la actividad. Hab¨ªa al menos un par de docenas de personas viviendo en la zona, y muchos de ellos eran ni?os y ancianos. William se hab¨ªa imaginado a aquel grupo como nada m¨¢s que una pandilla de matones, pero lo que vio en aquellos pasillos era una historia muy diferente. Las condiciones de vida eran nefastas en el mejor de los casos. Aquella gente estaba viviendo en poco m¨¢s que unos colchones tirados en el suelo. La ¨²nica cosa a la vista que parec¨ªa remotamente mobiliario eran cajas de cart¨®n. Sin orden o estructura alguna, todo daba la impresi¨®n de haber sido montado a las prisas. La mayor¨ªa de los habitantes ni siquiera reaccionaron cuando el grupo de William pas¨® a su lado. Los que s¨ª reaccionaron se limitaron a mirarlos de reojo, tratando de no mantener contacto visual por mucho tiempo. Incluso los ni?os parec¨ªan estar sin energ¨ªas. Val¨ªa la pena se?alar que, dejando de lado la falta de ¨¢nimos, los ni?os ten¨ªan buen aspecto. Al contrario que la mayor parte de los adultos. Muchos de ellos parec¨ªan malnutridos, la forma de los huesos empezando a asomar bajo su piel, sus labios secos anhelando un sorbo de agua. Aquella gente ten¨ªa prioridades en mente. Y nunca era buena se?al cuando tales prioridades se convert¨ªan en necesidades. William les observ¨® con indiferencia. Por m¨¢s necesitada que estuviese aquella gente, no era su problema, y quer¨ªa que siguiese siendo as¨ª. Despu¨¦s de todo, aquel grupo era responsable, de una u otra forma, del desmoronamiento de todo aquello por lo que hab¨ªa luchado desde el inicio de la pandemia. Por lo que a ¨¦l le importaba, pod¨ªan pudrirse todos en el infierno. ****** Al igual que William, Claire no ofreci¨® resistencia mientras el hombre le ataba las manos tras la espalda y las aseguraba a una resistente tuber¨ªa en la pared. Se ve¨ªa forzada a sentarse en el suelo, y no consegu¨ªa encontrar una posici¨®n c¨®moda que no le provocase tensi¨®n en las piernas, pero en realidad le daba igual. Al menos el dolor le daba algo en lo que concentrarse, algo para apartar la atenci¨®n de sus pensamientos. En aquel mismo ba?o oscuro, a un par de metros de distancia, William hab¨ªa sido inmovilizado de forma similar. Evit¨® conscientemente el contacto visual con ¨¦l. De ninguna manera podr¨ªa mirarle a la cara. Siendo sinceros, ten¨ªa la intenci¨®n de hablar con ¨¦l sobre todo lo que hab¨ªa ocurrido. Pero tal y como hab¨ªan salido las cosas, ?c¨®mo se supon¨ªa que iba a hacerlo? ¡®As¨ª no¡­ Esto no tendr¨ªa que haber pasado¡­¡¯ las l¨¢grimas no paraban de acumularse bajo sus ojos, afectando a su visi¨®n, pero con las manos atadas no pod¨ªa limpi¨¢rselas. Los dos hombres terminaron de asegurar sus ataduras y luego salieron de los ba?os sin mediar palabra. Sin embargo, Claire not¨® sus miradas cargadas de resentimiento cerni¨¦ndose sobre ellos. Se le hizo un nudo en el est¨®mago. Probablemente no habr¨ªan ni llegado a aquel ba?o de una pieza, si aquel tal Marcus no hubiese solicitado su seguridad. Hablando del rey de Roma. Marcus entr¨® a la habitaci¨®n con una l¨¢mpara de camping encendida, la cual dej¨® en el suelo al lado de la entrada, llenando el lugar con la luz que tanto necesitaba. Cerr¨® la puerta tras ¨¦l y mir¨® a Claire y a William por un rato, con ojos astutos. Parec¨ªa tan tranquilo e impasible como lo estaba cuando lo vieron en la plataforma de metro. ¡°Qu¨¦ desafortunado. Julien me hab¨ªa hablado sobre la chica resistente que se hab¨ªa dado a la fuga, pero no mencion¨® que tuviese familia o amigos¡­¡± dijo Marcus, observando directamente a Claire. ¡°No me importa lo que digas¡­ Sois todos iguales¡­ Ve al grano¡­¡± respondi¨® ella. Estaba demasiado cansada como para entablar una conversaci¨®n en condiciones, pero su mente conten¨ªa una persistente ira que le imped¨ªa mantenerse en silencio. ¡°Claire, ?no? Escucha, Claire¡­ No me malentiendas. Entiendo por lo que debes de estar pasando. Todos los obst¨¢culos que debes haber tenido que superar para llegar tan lejos, para que luego vayan y te arrebaten a tu amiga de esta manera¡­ Debe ser duro. Pero por dura que sea, esta p¨¦rdida es inevitable. Es algo que¡ª¡± su discurso fue repentinamente interrumpido por una leve risotada que proven¨ªa del otro lado de la habitaci¨®n. ?Hab¨ªa sido William? Claire nunca le hab¨ªa o¨ªdo re¨ªr antes. Y desde luego, aquello no hab¨ªa sido una risa aut¨¦ntica, exudaba sarcasmo de todas las formas posibles. Marcus se gir¨® para encararse a ¨¦l, casi ladeando la cabeza en lo que parec¨ªa ser confusi¨®n. ¡°Creo que no comprendo qu¨¦ es tan divertido, William. Ah, espero estar acord¨¢ndome bien de vuestros nombres¡­¡± ¡°Bocazas de mierda.¡± dijo William, dirigi¨¦ndole una mirada desde?osa. ¡°O¨ªrte hablar sobre p¨¦rdidas me da ganas de vomitar.¡± ¡°Es natural que est¨¦s resentido conmigo.¡± Marcus se acerc¨® un par de pasos a William. ¡°Soy consciente de lo que Jacobs os hizo a ti y a tu gente.¡± ¡°Ah, ?s¨ª? Apuesto a que te llevaste una buena alegr¨ªa cuando te enteraste.¡± ¡°Te equivocas. Eso fue enteramente su decisi¨®n, no la m¨ªa. Has visto el tipo de hombre que es. No puedes controlar a alguien as¨ª. Es como tratar de domesticar un perro rabioso; morder¨¢ la mano que le da de comer.¡± Marcus comenz¨® a andar en c¨ªrculos por la estancia. ¡°Fund¨¦ esta comunidad porque quer¨ªa ayudar a la gente, no hacerle da?o. Pero frente a individuos como ¨¦l, no basta con liderazgo y carisma. Le doy la libertad que desea, a cambio de su apoyo. Pero es un balance de poder muy fr¨¢gil, y es casi garantizado que ocurran accidentes. Y cuanto m¨¢s tiempo nos quedemos aqu¨ª, m¨¢s probable ser¨¢ que ocurran.¡± Dej¨® de merodear y observ¨® a Claire de nuevo. This book''s true home is on another platform. Check it out there for the real experience. ¡°Lo cual nos lleva de vuelta a ti. O, m¨¢s espec¨ªficamente, a la otra chica, Lilian.¡± Claire sinti¨® un escalofr¨ªo. Sab¨ªa lo que estaba a punto de decir. Y no quer¨ªa o¨ªrlo. Pero no ten¨ªa elecci¨®n. ¡°Estoy seguro de que eres consciente del panorama completo, ?no es as¨ª? Es extremadamente arriesgado para el ej¨¦rcito el adentrarse en esta zona. No arriesgar¨¢n sus vidas para salvarnos, no somos nada para ellos bajo estas circunstancias. Todos carecemos de valor, excepto esa chica. Est¨¢n dispuestos a hacer lo que sea para hacerse con ella.¡± se agach¨® a su lado, tratando de ponerse al nivel de sus ojos. De alguna manera, su discurso no sonaba opresivo y arrogante como los de Julien. Aun as¨ª, no se fiaba de ¨¦l ni un pelo. ¡°Continuar¨¢ atrayendo a m¨¢s gente, intereses en conflicto se enfrentar¨¢n por su custodia, y las calamidades vendr¨¢n detr¨¢s.¡± Tras cavilar por un momento, Marcus se irgui¨® y respir¨® hondo antes de continuar. ¡°Cuando Jacobs regres¨® de vuestro refugio, otro hombre consigui¨® regresar con ¨¦l. Su mano ten¨ªa una herida de mordedura. Ignorante respecto a la naturaleza de la chica, no le dio demasiadas vueltas. Algo de desinfectante, un par de vendas, y estar¨ªa bien¡­ Se convirti¨®, en mitad de la noche. Mucha gente inocente muri¨® antes de que consigui¨¦ramos contener la ola de caminantes resultante.¡± Claire record¨® el incidente en los apartamentos. Cuando abri¨® fuego, el ¨²nico tipo que no logr¨® alcanzar era probablemente el que Marcus acababa de mencionar. Si hubiese apuntado mejor, ?se podr¨ªan haber prevenido aquellas muertes inocentes? Aquel pensamiento se mantuvo flotando en su subconsciente. ¡®?Soy¡­ de alguna manera, responsable de esto¡­? ?Tambi¨¦n de esto¡­?¡¯ ¡°Julien tambi¨¦n me habl¨® sobre lo ocurrido en vuestro refugio original. No entr¨® en detalles, pero no hace falta ser muy audaz para adivinar que la chica estuvo involucrada de alguna forma. ?Entiendes a d¨®nde quiero llegar, Claire?¡± Claire alz¨® la vista y cruz¨® sus ojos con los de Marcus. ¡°Es un elemento de discordia, un potencial desastre con patas mientras se quede aqu¨ª fuera sin la supervisi¨®n apropiada. Volver¨¢ a ocurrir. La gente luchar¨¢ por ella. Si otros grupos de supervivientes se enteran de su situaci¨®n, lo poco que queda de la civilizaci¨®n degradar¨¢ en una guerra tribal. Vaya a donde vaya, ser¨¢ un mal augurio. Esperar que todo vaya bien no es m¨¢s que una ilusi¨®n.¡± Camin¨® de vuelta a la puerta de entrada y recogi¨® la linterna del suelo. ¡°De verdad que no quiero alejar a tu amiga de ti, pero esto es algo necesario para el bien com¨²n. Y puede que sea la ¨²nica posibilidad de salvaci¨®n que nos queda.¡± Abri¨® la puerta y les ech¨® a ambos una ¨²ltima mirada antes de salir. ¡°?Por qu¨¦¡­?¡± pregunt¨® Claire. Marcus se detuvo en el umbral de la puerta y se gir¨®. ¡°?De qu¨¦ ha servido¡­? ?Por qu¨¦ has venido aqu¨ª¡­? Vais a hacer lo que os d¨¦ la puta gana igualmente. ?Por qu¨¦ molestarte con el discurso santurr¨®n¡­?¡± ¡°El hecho de que ambos segu¨ªs vivos significa que sois capaces de apa?aros bien. Y necesitamos gente as¨ª. Tan solo espero alcanzar alg¨²n tipo de entendimiento mutuo. Es innegable que tenemos nuestras diferencias, pero debemos hacer todo lo posible por superarlas.¡± ¡°M¨¦tete la ch¨¢chara por el culo. Se te va la olla.¡± respondi¨® William. Su voz sonaba ¨¢spera. ¡°Ve y cu¨¦ntales a mis amigos muertos sobre nuestras diferencias, ver¨¢s qu¨¦ risas se echan. Reza para que nunca me libere de estas ataduras.¡± Marcus no dijo nada m¨¢s, tan solo suspir¨® y cerr¨® la puerta, dej¨¢ndoles una vez m¨¢s en total oscuridad. La situaci¨®n r¨¢pidamente se torn¨® inc¨®moda. Claire pod¨ªa o¨ªr la respiraci¨®n de William al otro lado de la estancia, pero ninguno de ellos dec¨ªa nada. No se atrev¨ªa a hablarle; no tras lo que hab¨ªa ocurrido. Y era probable que a ¨¦l tampoco le apeteciese hablar con ella. Se sinti¨® sucia. Sucia, y desesperanzada. Pero no hab¨ªa nada que pudiese hacer para arreglarlo. Sus piernas se hab¨ªan entumecido. Con la completa falta de est¨ªmulos externos, no hab¨ªa nada que usar para mantenerse ocupada, excepto sus propios pensamientos. Pensamientos culpables, que martilleaban contra su cordura, incesantemente. ****** Estaba hecho un manojo de nervios, mientras se escurr¨ªa por los pasillos, tratando de mantenerse en la oscuridad todo lo posible. No quer¨ªa llamar la atenci¨®n de nadie, a poder ser. Por lo general, la gente no se preocupaba mucho por ¨¦l, pero aun as¨ª se mantuvo alerta. Sab¨ªa que aquellos tipos no se andaban con tonter¨ªas. Si alguien sospechaba que andaba metido en alg¨²n asunto turbio, se iba a meter en un l¨ªo. ?Por qu¨¦ se sent¨ªa tan perturbado por lo que hab¨ªa presenciado? Parec¨ªa una adolescente normal y corriente, pero hab¨ªa algo en ella que le provocaba ansiedad. ?Y por qu¨¦ ¨¦l? De toda la gente, ?por qu¨¦ ella parec¨ªa haberlo elegido a ¨¦l en particular? ###### Algo hab¨ªa pasado, aquel tipo de conmoci¨®n no era habitual. Los hombres de Marcus hab¨ªan tra¨ªdo a algunas personas a la estaci¨®n hac¨ªa algunos minutos, pero no pudo ver de qui¨¦n se trataba. Nadie le dijo nada a ¨¦l espec¨ªficamente, y desde luego no iba a meter las narices sin invitaci¨®n. Se tendr¨ªa que quedar con las ganas de saber m¨¢s. Pero pocas cosas eran tan infrecuentes como ver al propio Marcus escoltando en persona a alguien a aquel vertedero que llamaban refugio. Y una adolescente, para m¨¢s colmo. Observ¨® en silencio desde su esquina, mientras el grupo de personas marchaba por el pasillo. Todos parec¨ªan asustados de la joven por alg¨²n motivo. La mayor¨ªa de los matones de Marcus eran maleducados y brutos con cualquiera que no fuese Marcus, pero caminaban a un metro de distancia de ella, como si tuviesen miedo a tocarla. Solo el propio Marcus, junto a un extra?o tipo trajeado, se manten¨ªan a una distancia razonable. El grupo se detuvo repentinamente, y los hombres comenzaron a hablar sobre algo. Los asustadizos lacayos empezaron a dispersarse, atendiendo a nuevas ¨®rdenes. Estaban a bastante distancia, lo que complicaba el saber de qu¨¦ hablaban. La escena era un tanto perturbadora. La chica estaba visiblemente inc¨®moda, revolvi¨¦ndose y mirando alrededor con tristeza en sus ojos. Pero, ?era tristeza de verdad? Su expresi¨®n facial era amarga, pero vac¨ªa de emoci¨®n al mismo tiempo. Su comportamiento era raro. Empez¨® a mirar fijamente a la gente a su alrededor, la mayor¨ªa de los cuales no prestaban atenci¨®n alguna. Parec¨ªa ladear la cabeza por un momento, lanzaba la mirada a otra persona, y repet¨ªa. ?Estaba buscando a alguien? Sigui¨® observando, pero trat¨® de no darle mucha importancia. A fin de cuentas, no era asunto suyo. ¡­ ¡®Ah, ahora me est¨¢ mirando a m¨ª¡­¡¯ ¡­ ¡®O-Oh Dios, ??por qu¨¦ sigue mir¨¢ndome¡­!?¡¯ Podr¨ªa sentir aquellos ojos penetr¨¢ndolo desde un kil¨®metro de distancia. Ojos muy oscuros, casi negro azabache; pero ten¨ªan una iluminaci¨®n propia, un misterioso destello azul, que parpadeaba t¨ªmidamente. Se sinti¨® fascinado. Le cost¨® bastante esfuerzo apartar su atenci¨®n de ella. Fue entonces cuando se percat¨® de por qu¨¦ le miraba con tantas ganas. La chica apuntaba con la mano hacia atr¨¢s, hacia el pasillo del que hab¨ªa venido, en direcci¨®n a la plataforma del metro. La balanceaba ligeramente adelante y atr¨¢s, como si tratase de a?adir ¨¦nfasis adicional. Adem¨¢s, sus labios se mov¨ªan. Era un movimiento muy sutil, pero parec¨ªa que estaba tratando de deletrearle algo. Los hombres concluyeron su conversaci¨®n y continuaron caminando, arrastrando a la chica por el pasillo adelante. Se le acercaron m¨¢s y m¨¢s, pasaron justo por delante de su rinc¨®n, y luego desaparecieron en la oscuridad. Fue all¨ª, cuando la chica se encontr¨® justo frente a ¨¦l, casi al alcance de la mano, que pudo distinguir lo que trataba de deletrear. ¡®?¡­porfi¡­?¡¯ ###### Los hombres que vigilaban la plataforma se hab¨ªan ido junto a los dem¨¢s, probablemente para beber algo. Tan imprudente y est¨²pido como podr¨ªa ser el dejar la zona sin vigilancia, estaba agradecido por ello. Ten¨ªa que aprovechar aquella oportunidad. Si alguien le pillaba por all¨ª y le interrogaba, no ten¨ªa excusas que ofrecer sin parecer sospechoso. Su mente se sent¨ªa pesada, borrosa. La plataforma estaba en silencio, a excepci¨®n de los t¨ªpicos sonidos espeluznantes que proven¨ªan de los t¨²neles de las v¨ªas. Dio un paso al frente y empez¨® a merodear, sin saber muy bien qu¨¦ estaba buscando. ****** Amargos sollozos rompieron el silencio en la total oscuridad de los ba?os. William gir¨® la cabeza ligeramente en direcci¨®n al ruido. ¡°No puedo¡­ Es siempre lo mismo¡­¡± dijo Claire, apenas capaz de hablar mientras lloraba. ¡°Tenemos que hacer las cosas por el bien com¨²n, y a nadie le importamos una mierda¡­¡± William no dijo nada. ¡°Si tienen que separarnos, hacernos pedazos¡­ lo har¨¢n¡­ ?Qu¨¦ podemos hacer, sino correr¡­? ?C¨®mo podemos decir nada, expresar nuestras preocupaciones, pedir ayuda, cuando cualquiera estar¨ªa dispuesto a aprovecharse de nuestras circunstancias¡­?¡± Estar dispuesto a hacer todo lo posible por salvar a un amigo, por proteger a un ser querido¡­ Sab¨ªa c¨®mo se sent¨ªa. Y tambi¨¦n conoc¨ªa el sabor de no conseguirlo. Era una amargura que el tiempo jam¨¢s podr¨ªa curar. Huyendo, desconfiando de todo y de todos, con el mundo entero pis¨¢ndoles los talones¡­ Se hac¨ªa una idea. Estaba cabreado, pero entend¨ªa. Al menos, un poco. ¡°Escucha¡­ Quiero o¨ªrla. Ahora mismo.¡± dijo. ¡°?E-Eh¡­?¡± ¡°La historia completa.¡± a?adi¨®, antes de una breve pausa. ¡°Estoy cansado, Claire. Agotado. Me siento como un idiota. Y en cierto modo, os odio a todas.¡± ¡°Lo¡­ siento¡­¡± ¡°Una parte de m¨ª quiere rendirse, siente que ya no merece la pena. Pero la otra parte quiere seguir luchando hasta el final. Dame una sola raz¨®n para seguir adelante, Claire; una sola raz¨®n para que me importe. Por favor.¡± Claire hizo lo que pudo para recuperar la compostura y detener sus l¨¢grimas. Tras unos segundos inusualmente largos, sus sollozos se desvanecieron. ¡°De acuerdo¡­¡± Entonces, empez¨® a hablar. CAPíTULO 17 – DIARIO [19 de abril, 20XX] Esto es una locura. Ya no s¨¦ qu¨¦ est¨¢ pasando, el mundo se ha ido al infierno. Todos est¨¢n entrando en p¨¢nico, y temo por mi seguridad. Ni siquiera estoy segura de c¨®mo se supone que debo expresar mis pensamientos aqu¨ª. Nunca antes he escrito un diario, pero siento que necesito hacerlo. Tengo que dejar salir estas cosas de alguna manera. Supongo que tratar¨¦ de llevar un registro de lo ocurrido. Quiz¨¢ eso me ayude a poner las cosas en perspectiva, al menos. Empez¨® hace un par de d¨ªas. Lo que sea que fuese. Estaba caminando de vuelta a casa, cuando o¨ª¡­ algo. Era como una conmoci¨®n en la distancia. Muchos coches de polic¨ªa dando vueltas a toda prisa, como si hubiese tenido lugar alg¨²n incidente grave; gente caminando m¨¢s r¨¢pido de lo normal con expresiones preocupadas, gritando a sus tel¨¦fonos¡­ Por aquel entonces no supe qu¨¦ pensar, pero ahora tiene un poco m¨¢s de sentido. Recib¨ª un mensaje en mi tel¨¦fono, las transmisiones de emergencia empezaron a aparecer por todas partes, coches con meg¨¢fonos barriendo las calles¡­ Nos dec¨ªan que nos encerr¨¢semos donde pudi¨¦semos, que evit¨¢semos estar fuera, y que mantuvi¨¦semos la calma. Ya, como si tal cosa fuera posible. Corr¨ª al edificio m¨¢s cercano que encontr¨¦. Todav¨ªa sigo aqu¨ª. Es un edificio muy alto, por dentro es todo oficinas. Parece que m¨¢s gente se ha refugiado aqu¨ª dentro, igual que yo. No estoy segura de a qu¨¦ altura estamos, pero no puedo ver el suelo sin asomarme por la ventana. Justo despu¨¦s de entrar, llam¨¦ a mis padres. Viven a dos horas de aqu¨ª, y aparentemente, han o¨ªdo acerca de este ¡°incidente¡± en las noticias. Pero nadie sabe realmente qu¨¦ est¨¢ pasando, las autoridades no dicen nada. Tambi¨¦n les han dicho que se queden en casa y que se encierren. Espero que consigan mantenerse a salvo¡­ _________________ Se oyen gritos ah¨ª abajo. Fuera suena un caos total. Sirenas de polic¨ªa, accidentes de coche, disparos¡­ M¨¢s gente entr¨® en el edificio ayer, pero en cierto momento un peque?o grupo baj¨® y bloque¨® las escaleras en los niveles inferiores, para impedir que nadie m¨¢s entrase. Vieron algo. No nos quieren decir qu¨¦ fue, pero era malo. Sin embargo, creo que me hago una idea de lo que es. Algunas personas han estado posteando cosas perturbadoras en Internet. V¨ªdeos. Son eliminados, y al poco rato alguien los vuelve a postear en alg¨²n otro sitio. Se ve¡­ gente atacando a otras personas. Parecen rabiosos. Son como zombis, como algo salido de una pel¨ªcula o de un videojuego. Pero¡­ Incluso si es dif¨ªcil de creer, no puedo ignorarlo, no con todo lo que est¨¢ pasando. El resto de gente de por aqu¨ª tambi¨¦n ha visto esos v¨ªdeos sospechosos, y se les est¨¢ yendo la cabeza. Est¨¢n discutiendo unos con otros. Adem¨¢s, todos los n¨²meros de emergencias parecen estar saturados. Mis padres no cogieron el tel¨¦fono hoy. Me tiemblan las manos, es dif¨ªcil escribir. Necesito descansar un rato. Espero que esto sea solo una crisis temporal. Tengo miedo. [26 de abril] Hoy se ha ido la cobertura m¨®vil. No hay acceso a Internet, no hay llamadas, no hay nada. Tan solo¡­ silencio. Estaba a punto de escribir que estoy asustada, pero¡­ Algo me dice que voy a estar asustada por un rato, as¨ª que me abstendr¨¦ de hacerlo. Esperaba¡­ recibir alguna buena noticia, tarde o temprano. Una se?al de que la ayuda est¨¢ en camino, algo que nos hiciese saber que las cosas vuelven a estar bajo control. Pero que la se?al m¨®vil se haya esfumado, desde luego, no es una buena se?al. ?Recuerdas que mencion¨¦ el sonido de las sirenas, accidentes, disparos¡­? Ya no se oye nada de eso. La situaci¨®n parece haberse calmado ah¨ª fuera. El ¨²nico problema es¡­ que no lo ha hecho. No seguir¨ªas oyendo los gritos si fuese as¨ª. No suenan tan a menudo ahora, cada d¨ªa se vuelven menos frecuentes. La luz y el agua siguen funcionando, pero algo me dice que no durar¨¢n mucho. La tele todav¨ªa funciona, pero todos los canales tienen el mensaje de emergencia en bucle. Creo que no va a venir nadie a rescatarnos. Lo que sea que haya ocurrido, es serio. _________________ Lo siento, diario. S¨¦ que estas l¨¢grimas te est¨¢n estropeando, pero no puedo hacer que dejen de salir. No he sido capaz de contactar con nadie. Mi familia, mis amigos¡­ No s¨¦ qu¨¦ voy a hacer. Probablemente deber¨ªa estar tratando de cooperar con esta gente, pero tampoco parecen muy prometedores. Todo el mundo est¨¢ hasta arriba de nervios. El edificio es enorme, y mucha gente ha acabado atascada aqu¨ª, seguramente cientos. Algunos quieren salir y ver qu¨¦ est¨¢ pasando, otros quieren quedarse y esperar a que llegue la ayuda¡­ Por ahora hay suficiente agua para todo el mundo, pero la comida escasea. Las cafeter¨ªas y las m¨¢quinas expendedoras se han agotado por completo, y la gente empieza a estar hambrienta y desesperada. Consegu¨ª hacerme con algunos snacks, b¨¢sicamente chocolatinas y galletas, pero no es suficiente. Mientras escribo esto, puedo o¨ªr c¨®mo se pelean. Est¨¢ a punto de ponerse el sol, lo dejar¨¦ aqu¨ª por ahora. Quiero pasar desapercibida, y ver¨¦ si puedo descansar un poco, lo necesito. Aunque no estoy segura de poder hacerlo. Se oyen ruidos muy extra?os ah¨ª fuera durante la noche¡­ [12 de mayo] Las cosas han cambiado. La mayor¨ªa de la gente del edificio se ha ido. Muchos han muerto de hambre. Otros trataron de abandonar el edificio, y nunca m¨¢s supimos de ellos. A veces pod¨ªas o¨ªr gritos en la distancia, poco despu¨¦s que se fuesen¡­ El resto de la gente ha estado saliendo a por suministros, pero siempre faltaba alguien cuando ven¨ªan de vuelta. Parece que las zonas circundantes son extremadamente peligrosas, este edificio es uno de los pocos lugares seguros que quedan. Es ir¨®nico, estoy escribiendo sobre los peligros que pululan por ah¨ª fuera, cuando en realidad casi nadie sabe qu¨¦ est¨¢ pasando. Nos hemos movido a los pisos superiores. Los que est¨¢n al mando no quieren que estemos cerca de la planta baja. Solo aquellos acostumbrados a salir tienen permitido estar en los niveles inferiores. Sin embargo, por la noche, todo el mundo sube; sin excepciones. No s¨¦ por qu¨¦. Da la impresi¨®n de que nos est¨¢n colocando en distintos grupos en base a lo que podemos hacer. La gente como yo solo puede hacer tareas triviales por el edificio, o apoyar a los grupos de saqueo cuando est¨¢n de vuelta; y parece que nos consideran una baja prioridad a la hora de repartir comida, bebida y comodidades. Aunque supongo que tiene sentido. Tambi¨¦n hay¡­ No s¨¦ c¨®mo describirlo, pero algunos individuos con ideales opuestos parecen haber estado ganando popularidad y notoriedad en el refugio. Siempre es lo mismo: irse, o quedarse. Creo que es est¨²pido. ?No tiene sentido que estemos pele¨¢ndonos en esta situaci¨®n! Ni siquiera somos tantos los que quedamos, no creo que seamos m¨¢s de 50. Deber¨ªamos estar cooperando, no luchando entre nosotros. Los principales culpables son dos tipos llamados Liam y Julien. Han estado tir¨¢ndose pu?aladas desde el minuto uno. Liam cree que deber¨ªamos asegurar refugios en el exterior, de modo que podamos empezar a trasladar a todo el mundo de forma gradual. Su plan es abandonar enteramente la ciudad, y asentarnos en alg¨²n lugar en el campo, donde la supervivencia a largo plazo podr¨ªa ser m¨¢s asequible. Julien se opone a la idea. Todav¨ªa cree que la ayuda est¨¢ de camino. De alguna manera, me resulta dif¨ªcil de creer, pero mucha gente parece aferrarse tambi¨¦n a esa idea. Supongo que es dif¨ªcil abandonar la esperanza, pero tarde o temprano tendr¨¢n que aceptar la realidad. Este tal Julien me parece especialmente inquietante¡­ Siempre camina por ah¨ª trajeado, mirando a todo y a todos por encima del hombro¡­ Creo que era alg¨²n tipo de pez gordo de una empresa, algo de la industria farmac¨¦utica. No paraba de ladrar sobre el tema, sobre todo durante los primeros d¨ªas. Como si importase. Did you know this text is from a different site? Read the official version to support the creator. [13 de mayo] ?Ya sab¨ªa yo que me hab¨ªa olvidado de decirte algo ayer! Hice una amiga. Su nombre es Nora. Al menos, creo que es lo m¨¢s cercano a una amiga que he tenido desde que empez¨® todo este l¨ªo. La conoc¨ª de forma muy casual, mientras recog¨ªamos agua de lluvia en el tejado. Cierto, creo que tampoco he mencionado esto, pero la luz y el agua se esfumaron hace un par de d¨ªas. Es una mierda. Pero s¨ª, la conoc¨ª ah¨ª. Y no estoy segura de por qu¨¦, pero parec¨ªa buena gente, as¨ª que simplemente la salud¨¦¡­ Hemos estado hablando de vez en cuando desde entonces. No puedo reunirme con ella muy a menudo, pero cuando s¨ª puedo, est¨¢ genial. Echaba de menos tener a alguien con quien hablar. Hay algo misterioso acerca de ella, y no s¨¦ muy bien de qu¨¦ se trata. Parece tan triste todo el rato¡­ Pero cuando te habla, ?su sonrisa es tan c¨¢lida¡­! Para serte sincera, aunque es mayor que yo, me gusta mucho. Es dulce y amable, ?como una hermana mayor! Ahora que lo pienso, mencion¨® tener una hermana menor, y tambi¨¦n est¨¢ en el edificio, aunque se queda todo el rato junto a la gente de Julien. Ella est¨¢ con el grupo de Liam, pero, ?su hermana menor est¨¢ con el de Julien? No me queda claro c¨®mo va eso. No quiso dar m¨¢s detalles, tan solo dijo que ten¨ªan una ¡°raz¨®n¡± para estar donde estaban. De hecho, parec¨ªa bastante inc¨®moda hablando de este tema, as¨ª que no la presion¨¦ m¨¢s. Aunque me dej¨® pensando¡­ De todas formas, ?me alegro de haber hecho una amiga! Me he sentido muy sola ¨²ltimamente. El hecho de escribir estas palabras ha sido mi ¨²nica forma de salir adelante. Por suerte, ahora tengo alguien con quien compartirlas. [15 de junio] Hoy, Julien y sus matones nos han dado raciones de comida extra. Raro. La separaci¨®n entre Liam y Julien ha crecido. Ambos grupos se mantienen el uno lejos del otro en todo momento, excepto cuando se distribuye el bot¨ªn de las salidas de saqueo, o cuando tenemos una reuni¨®n para hablar sobre cosas. Bueno, m¨¢s bien, para discutir sobre cosas. Los grupos tienen su propio almac¨¦n de suministros, los cuales se reparten equitativamente dependiendo de cu¨¢nta gente haya en cada lado. Si hay suministros extra, se van a un almac¨¦n de emergencia que solo usamos en caso de necesidad. El sistema parece funcionar tal y como est¨¢. ?Por qu¨¦ har¨ªan el esfuerzo adicional de regalarnos comida? Da la impresi¨®n de que est¨¢n tratando de sobornar a la gente. A estas alturas, es bastante obvio que Julien tiene un resentimiento personal en contra de Liam, y est¨¢ deseoso por sacarlo del escenario a toda costa. Temo que las cosas puedan dar un giro desagradable llegado el momento. Un giro muy, muy desagradable. Y ese hombre parece tan satisfecho con los resultados¡­ Siempre tan arrogante¡­ Odio a Julien. [27 de junio] Algo no va bien. Varios suministros desaparecieron del almac¨¦n de emergencia hace algunos d¨ªas. Ayer, los encontraron en el almac¨¦n de Liam. Nadie reconoce haberlo hecho. ?Por qu¨¦ har¨ªa alguien algo as¨ª? Por lo que s¨¦, estamos recibiendo suficientes cosas para sobrevivir, aunque sea un poco dif¨ªcil. Recurrir al robo no va a mejorar la situaci¨®n. Al menos, podr¨ªan haber preguntado primero, ?no? Pero nadie lo hizo. No cuadra. Liam tambi¨¦n cree que es sospechoso. Pero nadie est¨¢ razonando, est¨¢n todos pele¨¢ndose. Otra vez. Incluso llegaron a culparme a m¨ª en cierto momento. ??Te lo puedes creer!? ??Qu¨¦ co?o importa si soy callada y trato de no involucrarme en sus tonter¨ªas!? Creo que tambi¨¦n trataron de culpar a Nora. Sinceramente, creo que todos se han llevado la culpa de una u otra forma. Las cosas han estado tensas desde entonces. Cre¨ªa que tarde o temprano podr¨ªamos unirnos todos como un ¨²nico grupo y trabajar juntos. Pero ahora mismo todo el mundo se mantiene lejos de todo el mundo, solo conf¨ªan en s¨ª mismos. No me gusta. [20 de septiembre] Ha pasado un tiempo desde que escrib¨ª la ¨²ltima entrada, ?verdad? Menudo ¡°diario¡±. En fin, esto es gordo. Julien solicit¨® una reuni¨®n hoy. Y no te vas a creer la bomba que ha dejado caer. Resulta que ahora tienen una radio funcional. ?Sabes? ?Esas radios tradicionales que aparentemente funcionan incluso cuando todo lo dem¨¢s deja de funcionar? No tengo ni idea de c¨®mo va todo eso, pero tienen a un tipo que sabe. Lo que importa es que han contactado con alguien. El Ej¨¦rcito. S¨ª, has o¨ªdo bien, el puto Ej¨¦rcito. Liam les hizo una visita, y confirm¨® que dec¨ªa la verdad. Los militares han estado activos todo este tiempo, ?y est¨¢n buscando la forma de salvarnos! Parece ser que tienen sus propios problemas ah¨ª fuera, no es tan simple como venir y recogernos. Muchos de nosotros todav¨ªa no sabemos qu¨¦ est¨¢ pasando en el mundo, no nos dejan salir ni nos dicen nada, ¡°por nuestra seguridad¡±. Vaya gilipollez. Aun as¨ª, a pesar de lo inc¨®modo que ha sido todo, esto tiene que ser buena se?al, ?no? ?Al fin! [21 de septiembre] Retiro lo dicho. Hay algo sospechoso en todo esto. Nora me visit¨® hoy. Estaba hecha pedazos. Nunca la hab¨ªa visto as¨ª, me pill¨® desprevenida. Ahora que tenemos nuevas esperanzas de ser rescatados, la moral ha mejorado mucho, todo el mundo deber¨ªa estar lleno de fuerzas renovadas. Pero¡­ es como si hubiese tenido el efecto completamente opuesto sobre ella. Simplemente¡­ llor¨®. Trat¨¦ de preguntarle qu¨¦ estaba pasando, pero no pudo dec¨ªrmelo. O m¨¢s bien, no quiso hacerlo. Dijo que necesitaba dejar salir aquellas l¨¢grimas, y que yo era la ¨²nica persona en la que pod¨ªa confiar para tal cosa. Maldita sea, se me vuelven a escapar las l¨¢grimas¡­ Acab¨¦ llorando con ella tambi¨¦n, fue horrible verla as¨ª. No s¨¦ qu¨¦ le ocurre¡­ Ver¨¦ si puedo averiguarlo, de alguna manera. Tras conectar con ella durante los ¨²ltimos meses, no puedo soportar verla as¨ª. Tan solo quiero ayudar a mi amiga. T¨² querr¨ªas lo mismo, ?no? ****** Claire solt¨® el bol¨ªgrafo y se estir¨® en su asiento. Mir¨® por la ventana. La vasta ciudad se extend¨ªa hasta el horizonte, con los ¨²ltimos y t¨ªmidos rayos de luz ba?ando el mar de edificios. Casi era de noche, y probablemente deber¨ªa estar prepar¨¢ndose para dormir, pero se sent¨ªa inquieta. No pod¨ªa quitarse a Nora de la cabeza. Aunque siempre hab¨ªa tenido un cierto matiz melanc¨®lico, semejante crisis emocional no era caracter¨ªstica de ella. Era raro. Claire se levant¨® y se dirigi¨® hacia la puerta de la oficina, esquivando cajas y pilas de libros por el camino. No estaba segura de lo que le iba a decir, pero quer¨ªa verla una ¨²ltima vez antes de irse a la cama. En todo caso, quer¨ªa asegurarse de que se encontraba bien, y brindarle algo m¨¢s de apoyo a ser posible. La zona principal de oficinas estaba tan oscura como desierta. Dado que casi todo el mundo ten¨ªa una habitaci¨®n propia, las ¨¢reas comunes sol¨ªan estar vac¨ªas a aquellas horas del d¨ªa. Camin¨® por el pasillo, m¨¢s all¨¢ del oc¨¦ano de cub¨ªculos, hacia el ala opuesta de la planta. ¡­ Apenas pod¨ªa ver nada, pero conoc¨ªa el lugar lo suficiente como para no necesitar ver. Dando tumbos en la oscuridad, se acerc¨® a la puerta de Nora. Estaba a punto de llamar, cuando algo la detuvo. Algo que no esperaba. Pod¨ªa o¨ªr ruido proveniente del interior. Un sutil pero afligido llanto, acompa?ado de sollozos y resoplidos. Y una voz. Una voz de hombre, que no conoc¨ªa. Se le hizo un nudo en el est¨®mago. Quer¨ªa hacer algo al respecto, pero de alg¨²n modo supuso que no ser¨ªa una buena idea. Peg¨® la oreja a la puerta, esperando hacerse una idea de lo que estaba ocurriendo dentro. Leves murmullos, indescifrables. Claire se mantuvo inm¨®vil por un rato, tratando de entender algo, apretando los pu?os con cada lloro que alcanzaba sus o¨ªdos. No necesita asomarse al interior de la habitaci¨®n para sentir las l¨¢grimas y el desasosiego de Nora. Estaba tan desconcertada por la situaci¨®n que apenas se percat¨® del repentino silencio, y de los pasos que se acercaban a la puerta. Se escurri¨® r¨¢pidamente y se ocult¨® tras una esquina cercana. Desde la cobertura de la oscuridad, oy¨® el chirrido de la puerta al abrirse, y unos pesados pasos saliendo al pasillo. La puerta volvi¨® a cerrarse. Las pisadas hicieron eco en su direcci¨®n. *ba-dum, ba-dum* *ba-dum, ba-dum* *ba-dum, ba-dum* A Claire le pareci¨® que los latidos de su coraz¨®n iban a revelar su posici¨®n. Apret¨® las manos contra la boca y contuvo la respiraci¨®n. Sab¨ªa que estar¨ªa en serios problemas si la ve¨ªan, sinti¨® que una espantosa sensaci¨®n de peligro la invad¨ªa. El individuo desconocido pas¨® de largo, ignorante de su presencia. Sin embargo, la falta de luz hizo imposible identificarle a ¨¦l. Por un instante, Claire pens¨® en apresurarse a ayudar a Nora. Pero antes de hacer ning¨²n movimiento, se detuvo a pensar. Su coraz¨®n la urg¨ªa a acudir junto a su amiga, a aliviar su sufrimiento de cualquier forma posible. Pero su instinto se concentraba en el misterioso hombre que se alejaba de la escena paso tras paso. ¡®Esto podr¨ªa ser una mala idea¡­ ?Qu¨¦ hago¡­? Nora¡­¡¯ Cavil¨® por un momento, y tom¨® una decisi¨®n. Ten¨ªa que hacerlo, antes de perder la ¨²nica pista que ten¨ªa. Se descalz¨® para evitar hacer ning¨²n ruido al caminar, y sigui¨® los siniestros pasos en direcci¨®n al hueco de las escaleras. ¡®?Te prometo que vendr¨¦ a verte luego, Nora¡­!¡¯ ¡­ ?Por qu¨¦ aquella planta? Era un piso sin nada especial. Ni el grupo de Liam ni el de Julien viv¨ªan en aquella ¨¢rea. Las salas de almacenaje estaban varios pisos por encima, y los grupos de saqueo operaban muy por debajo. All¨ª solo hab¨ªa salas vac¨ªas. La ¨²nica cosa notable que hab¨ªa era el hombre que caminaba a unos metros de distancia de Claire. No caminaba sin rumbo. Tampoco era particularmente cauteloso. Sab¨ªa a d¨®nde iba, y ella quer¨ªa saberlo tambi¨¦n. Siendo justos, no era asunto suyo, estaba metiendo las narices donde no le llamaban. Pero incluso con todos los riesgos que hab¨ªa, necesitaba saber m¨¢s. Su amiga estaba sufriendo, aquel hombre era sospechoso, y no le gustaban las implicaciones. El hombre par¨® de caminar, justo tras girar una esquina. Claire ya no pod¨ªa o¨ªr sus pasos. ¡°?Qu¨¦ tal ha ido?¡± una voz masculina rompi¨® el silencio. ¡®?Julien¡­!¡¯ ¡°No muy bien. Se lo huele.¡± respondi¨® el hombre al que hab¨ªa estado siguiendo. ¡°?Ah, s¨ª?¡± ¡°S¨ª. No lo tiene claro, pero sospecha sobre lo que pretendemos hacer con Lilian.¡± ¡°Ya veo, lo ha pillado r¨¢pido¡­ Bueno, si lo piensa bien no es de extra?ar. ?Por qu¨¦ iban a molestarse con nosotros los militares? De verdad, toda esta gente es idiota¡­ Deles un poco de esperanza y se iluminan como un ¨¢rbol de Navidad. Pero claro, a los militares s¨®lo les interesa la chica infectada. La posibilidad de una cura es un cebo que no pueden ignorar.¡± ¡°Pero, ?en serio que esto ser¨¢ una buena idea? Nos vamos a deshacer de la mayor¨ªa de todas formas, ?no? ?Por qu¨¦ esperar?¡± ¡°Cuanto m¨¢s nos ganemos su confianza, m¨¢s f¨¢cil ser¨¢ todo m¨¢s adelante. Adem¨¢s, necesitaremos su ayuda para llegar tan lejos. ?O quiere ir usted y arriesgar su vida recogiendo suministros ah¨ª fuera?¡± ¡°No¡­¡± ¡°Entonces ya sabe qu¨¦ hacer. Y aseg¨²rese de mantener a Nora bajo control. Si se viene abajo y le dice algo a alguien antes de que est¨¦ todo listo, podr¨ªamos estar en problemas. Amen¨¢cela, dele una paliza, lo que sea, me da igual. Tan s¨®lo¡­ que no se note demasiado.¡± ¡°Ya. No te preocupes, s¨¦ c¨®mo tratar con ella. No ser¨ªa la primera vez.¡± ¡°Aj¨¢¡­ ?Qu¨¦ es ella para usted, de todos modos? ?Un juguete? Menudo novio. Es usted despreciable, Sr. Logan.¡± ¡°Mira qui¨¦n ha ido a hablar¡­¡± ¡°Lo s¨¦.¡± CAPíTULO 18 – COOPERACIóN [2 de octubre] Estamos todos en peligro. Deber¨ªa haber escrito esto antes, por si acaso me hubiese ocurrido algo, pero he tenido la cabeza ocupada ¨²ltimamente. Julien y su gente est¨¢n planeando algo terrible. Estoy demasiado asustada como para decirle esto a nadie. No s¨¦ qui¨¦n est¨¢ con ¨¦l y qui¨¦n no lo est¨¢. Ya no estoy segura de poder confiar en nadie. Si alguien se da cuenta de que conozco la verdad, podr¨ªa meterme en serios problemas. En este edificio no tengo a d¨®nde huir. He¡­ hablado con Nora. Es la ¨²nica persona que s¨¦ con certeza que tambi¨¦n es una v¨ªctima. Al principio, actu¨® como si no supiese de qu¨¦ estaba hablando, pero finalmente cedi¨® cuando le dije las cosas que hab¨ªa o¨ªdo. Se derrumb¨® en l¨¢grimas mientras habl¨¢bamos. Es mucho peor de lo que imaginaba. Su hermana peque?a, Lilian¡­ est¨¢ infectada. Es una caminante. Pero parece resistir la enfermedad. Julien planea usarla como tique para salir de la ciudad, gracias a los militares; ellos la quieren. Y planea deshacerse de casi todos los dem¨¢s, para asegurar que le rescatan a ¨¦l en lugar de a otra persona. _________________ Nora ha estado bajo abuso durante mucho tiempo. Este tipo, su nombre es Logan¡­ Nora lleva varios a?os en una relaci¨®n abusiva con ¨¦l, y no puede salir de ella debido a su hermana. La amenaza con hacerle da?o a su hermana peque?a si se le ocurre hacer algo. Adem¨¢s, Lilian tiene otra condici¨®n m¨¦dica por la cual necesita tomar medicaci¨®n. Le han quitado las pastillas a Nora, y las est¨¢n usando tambi¨¦n como herramienta de chantaje. Julien y Logan est¨¢n trabajando juntos, bas¨¢ndose en todo este abuso para controlar tanto a Nora como a Lilian. Y dado que Nora est¨¢ en el lado de Liam, la han estado forzando a hacer trabajos sucios. ?Recuerdas cuando te habl¨¦ sobre unos suministros robados que encontraron en el almac¨¦n de Liam? Bueno, supongo que ya te puedes imaginar qui¨¦n fue la culpable. No tuvo otra elecci¨®n. Y esa no fue la ¨²nica cosa que tuvo que hacer, es horrible. Estoy tanto aterrorizada como cabreada. Tengo que hacer algo. Le he prometido a Nora que encontrar¨ªa la forma de ayudarla, ayudarlas tanto a ella como a su hermana. Ella no cree que haya mucho que hacer, siento que simplemente se est¨¢ resignando a su destino. Empiezo a comprenderla un poco mejor, tan solo desear¨ªa haberme dado cuenta antes de su sufrimiento. Creo que tengo una idea sobre qu¨¦ hacer. Solo tengo que esperar a la oportunidad adecuada¡­ [13 de octubre] Esta gente est¨¢ loca. Todos han perdido la cabeza. Creo que el Ej¨¦rcito est¨¢ a punto de actuar. Julien nos ha asegurado que el rescate es inminente. Todo el mundo est¨¢ acudiendo a ¨¦l, incluso Liam. Las hostilidades han parado casi por completo; se est¨¢ aprovechando de la situaci¨®n para pintarse a s¨ª mismo como alguna clase de salvador. Y est¨¢ funcionando, no lo entiendo. Todo el mundo empieza a elogiar su liderazgo, y cada vez que veo esa expresi¨®n engre¨ªda en su cara, es que me dan ganas de¡­ Me he arriesgado y he hablado con Liam sobre lo que s¨¦, sobre las verdaderas intenciones de Julien. No me crey¨®. Dijo que debo de estar imagin¨¢ndome cosas por culpa de la presi¨®n, que deber¨ªa descansar y tomarme las cosas con calma. ??Que me lo tome con calma!? ??Est¨¢s de co?a!? Lo siento, Nora. Lo m¨¢s probable es que estemos solas en esto. Pero no te preocupes¡­ Har¨¦ que funcione. Te lo prometo. [15 de octubre] Vi un humo rojo saliendo de la ciudad, bastante lejos, al atardecer. Creo que todo el mundo lo vio. Tambi¨¦n se pod¨ªa o¨ªr el sonido fuert¨ªsimo de lo que parec¨ªa una sirena, proveniente de esa misma direcci¨®n. Julien no le dio importancia, dijo que no tiene nada que ver con nuestro ¡°rescate¡±. No creo que fuese a mentir sobre algo as¨ª. Ser¨ªa una oportunidad perdida de hacer que todo el mundo le adorase todav¨ªa m¨¢s. ?M¨¢s gente, quiz¨¢? Puede que haya otras personas ah¨ª fuera despu¨¦s de todo. Lo tendr¨¦ en cuenta. [16 de octubre] Esta ser¨¢ mi ¨²ltima entrada. Gracias, diario, por dejarme compartir cosas contigo todo este tiempo. Nos vamos de este lugar endemoniado. Nora, Lilian y yo. Nos dirigiremos al sur, hacia el lugar del que emergi¨® el humo rojo. Desde aqu¨ª parece alg¨²n tipo de edificio grande de varios pisos. Dejar¨¦ este diario en alg¨²n sitio fuera del edificio. Si por el motivo que fuese lo encuentras, seas quien seas, no entres. Probablemente est¨¢ infestado de caminantes. Ten cuidado con Julien y su gente. Buena suerte. ###### Claire trag¨® saliva. Ten¨ªa la boca seca, y su voz estaba ronca. No hab¨ªa desglosado todos y cada uno de los detalles, hab¨ªa tratado de dejar sus propias emociones fuera de la historia, pero estaba segura de haber cubierto todo aquello que consideraba relevante. William no la hab¨ªa interrumpido ni una sola vez, la dej¨® hablar. ¡°Creo que conoces el resto¡­¡± No pod¨ªa ver nada en la total oscuridad, pero de alguna manera, sinti¨® los ojos de William taladr¨¢ndola desde el otro lado de la habitaci¨®n. ¡°Ya veo¡­¡± respondi¨®. Al relato sigui¨® un inc¨®modo per¨ªodo de silencio. No estaba segura de cu¨¢nto dur¨®, pero pareci¨® una eternidad. Percib¨ªa un leve pitido en los o¨ªdos, no pod¨ªa concentrarse en nada. ¡°?Y bien¡­?¡± ¡°Quiz¨¢¡­ debamos cooperar con ellos por ahora.¡± dijo ¨¦l. ¡°??Qu¨¦¡­!?¡± la voz de Claire sonaba casi chillona. ¡°??Has perdido la cabeza t¨² tambi¨¦n!? Despu¨¦s de todo lo que he contado, ??eso es lo que sugieres¡­!?¡± ¡°?Tienes una idea mejor?¡± ¡°B-Bueno¡­¡± ¡°Mientras nos tengan aqu¨ª encerrados, no podremos encontrar una oportunidad de darle la vuelta a este fregado.¡± ¡°Cierto, pero¡­¡± William suspir¨®. Sin embargo, no dijo nada m¨¢s. No pod¨ªa verle la cara, pero por el tono de su voz, parec¨ªa cansado. Cansado, y distante. Como si su mente estuviese ocupada con alguna cosa en particular. Otro per¨ªodo de silencio. ¡°?Puedo hacerte una pregunta¡­?¡± dijo Claire. ¡°?S¨ª¡­?¡± ¡°Lo que te he contado¡­ ?ha ayudado¡­? ?Algo¡­?¡± ¡°¡­Quiz¨¢¡­¡± ?Qu¨¦ clase de respuesta era aquella? Claire no supo c¨®mo interpretarla. William era dif¨ªcil de leer. Pero al menos, no era una negativa directa. Y si aquello significaba que estaba dispuesto a seguir adelante un poco m¨¢s, aunque fuese muy poco, habr¨ªa merecido la pena desde su punto de vista. Stolen content warning: this tale belongs on Royal Road. Report any occurrences elsewhere. ****** ?Compasi¨®n? Quiz¨¢. Su historia ten¨ªa sentido. William lo entend¨ªa, un trasfondo de abusos y amenazas constantes pod¨ªa justificar sus comportamientos. Las circunstancias que rodeaban a Lilian eran una raz¨®n de peso para su discreci¨®n. A fin de cuentas, ten¨ªa sentido. Sin embargo, ello no lo hac¨ªa m¨¢s aceptable para ¨¦l. Independientemente de cu¨¢les fuesen sus motivos, segu¨ªa teniendo la sensaci¨®n de que lo estaban arrastrando a sus propios problemas. Problemas que no ten¨ªan nada que ver con ¨¦l. Estaba cansado. Y aun as¨ª¡­ vio algo en la historia de Claire. Era un detalle peque?o, algo a lo que la chica probablemente no le daba demasiada importancia o consideraci¨®n. Pero ¨¦l s¨ª. ?Esperanza, tal vez? No sab¨ªa c¨®mo describirlo. Ni siquiera sab¨ªa si era una posibilidad tangible o l¨®gica. Lo que s¨ª sab¨ªa a ciencia cierta, era que no ten¨ªa tiempo para pensar sobre ello. Ten¨ªan otros asuntos entre manos. Observ¨® las puertas dobles cerradas frente a ¨¦l, aseguradas con una barra de metal. Las ventanas de cristal les permit¨ªan ver al otro lado, pero lo ¨²nico que hab¨ªa era un vac¨ªo oscuro. Estaba de pie al lado de Claire y de otros dos hombres del grupo de Marcus. Les hab¨ªan dicho sus nombres, pero no se hab¨ªa molestado en recordarlos. ¨¦l y uno de los hombres sujetaban palos largos de madera con una cabeza met¨¢lica en forma de U en un extremo. Claire y el otro hombre sosten¨ªan bates de metal. Los matones que vigilaban la puerta se prepararon para levantar la barra de seguridad y abrirla. Podr¨ªa haber sido una buena oportunidad para planear una huida, si no fuese por los guardias armados a una distancia segura, con las armas que les hab¨ªan confiscado un rato atr¨¢s. ¡®Tch¡­ Maldita sea¡­¡¯ William record¨® la conversaci¨®n que hab¨ªan tenido con Marcus algunos minutos antes. ###### ¡°Entonces, ?hab¨¦is decidido cooperar? ?As¨ª de f¨¢cil? Dir¨ªa que es un cambio de opini¨®n bastante repentino.¡± William no respondi¨®. ¡°Bueno, est¨¢ bien. Os pondr¨¦ a trabajar.¡± Marcus se dio la vuelta y se encar¨® a los hombres a su espalda. ¡°Aseguraos de mantenerlos bajo vigilancia. No hace falta ser un genio para darse cuenta de que no les caemos bien.¡± mir¨® a William y a Claire otra vez. ¡°Como he dicho antes, espero que de alguna forma podamos llegar a un entendimiento mutuo. Ahora, seguidme.¡± Una vez estuvieron deshechas sus ataduras, salieron de los ba?os, con guardias armados sigui¨¦ndoles un par de metros por detr¨¢s. Se estaban arriesgando al dejarles caminar por ah¨ª sin restricciones f¨ªsicas, pero desde luego que ser¨ªa una mala idea intentar algo cuando estaban tan fuertemente rodeados. Los ojos de William volaban de lado a lado, de esquina a esquina. No hizo nada. Continu¨®. Marcus parec¨ªa inflexible en su decisi¨®n de ganarse su confianza. William estaba confuso, aquel hombre le desconcertaba y molestaba a partes iguales. ¡°Como os he dicho antes, un brote destruy¨® una buena parte de nuestra comunidad hace cosa de una semana antes de que pudi¨¦ramos contenerlo. Esa secci¨®n del metro ha sido bloqueada, y los caminantes sellados en su interior. A estas alturas deber¨ªan estar bastante hambrientos y mansos. Quiero que entr¨¦is ah¨ª y recuper¨¦is algunos suministros esenciales que tuvimos que dejar atr¨¢s.¡± ¡°??Qu¨¦¡­!? ??Nos vas a mandar a un nido de caminantes!?¡± respondi¨® William. No estaba precisamente contento con esta propuesta. ¡°?Un n-nido¡­?¡± pregunt¨® Claire. ¡°Siempre que un grupo grande de caminantes se quedaba atascado en el interior de un edificio, lo marc¨¢bamos como un nido¡­ ?Es b¨¢sicamente una trampa mortal¡­! Cabronazo¡­ ?Si quieres matarnos, hazlo aqu¨ª mismo!¡± ¡°Todas las entradas a esa secci¨®n est¨¢n cerradas, no hay forma de entrar ni de salir.¡± Marcus no parec¨ªa perturbado por los comentarios enojados de William. ¡°Es casi una garant¨ªa que todos ellos estar¨¢n desnutridos y agotados. Adem¨¢s, no ir¨¦is solos. Sois dos, por lo que tambi¨¦n enviar¨¦ a dos de mis hombres. Creo que es justo.¡± ¡°?Tch¡­!¡± William baj¨® la mirada y la apart¨® de Marcus. No quer¨ªa mirarle a la cara. Le entraban ganas de darle pu?etazos cada vez que lo hac¨ªa. ¡°Buscar¨¦is cualquier cosa que pueda ser de utilidad, especialmente comida y agua. Pero la ¨²nica cosa que deb¨¦is traer de vuelta¡­ es un cierto malet¨ªn.¡± ¡°??Eh¡­!?¡± ¡°No entrar¨¦ en detalles. Pero el malet¨ªn es importante. Por supuesto, mi gente necesita otros recursos m¨¢s inmediatos. Es por ello que tambi¨¦n quiero que recuper¨¦is comida y bebida. Tan solo¡­ aseguraos de que encontr¨¢is el malet¨ªn.¡± Sospechoso. ?Por qu¨¦ iba a ser importante un malet¨ªn en aquella situaci¨®n? ?Qu¨¦ deb¨ªa de contener, para que fuese el objetivo principal? William observ¨® a los hombres que rodeaban a Marcus. Parec¨ªan tan confusos como ¨¦l. Labios apretados, cejas levantadas, miradas nerviosas. Ten¨ªa la impresi¨®n de que el malet¨ªn era importante para Marcus, y s¨®lo para Marcus. Aun as¨ª, no estaban en posici¨®n de negociar. Las armas que les apuntaban eran una forma de diplomacia bastante convincente. Y ninguno de los hombres parec¨ªa estar en contra, siempre y cuando hubiese comida y bebida involucradas. ###### La puerta emiti¨® un leve chirrido mientras se abr¨ªa, revelando una profunda oscuridad en el interior. Las linternas se encendieron, ba?ando en luz el pasillo vac¨ªo. ¡°Bien, recordad lo que hemos hablado. No os enfrent¨¦is a ellos si nos los cruzamos. Les empujamos a un lado y seguimos adelante.¡± dijo uno de los hombres que los acompa?aban. ¡°Um¡­ D-Disculpe¡­ ?Por qu¨¦ no podemos simplemente matarlos¡­? ?No se supone que son muy d¨¦biles y lentos ahora mismo?¡± pregunt¨® Claire. ¡°Matarlos ser¨ªa una muy mala idea, chica. A menos que busques atenci¨®n innecesaria.¡± ¡°?Qu¨¦¡­?¡± ¡°De hecho, puede que tenga raz¨®n¡­¡± a?adi¨® William. ¡°No parece gustarles que otros caminantes mueran¡­¡± ¡°Exacto. Ahora centraos y mov¨¢monos. Tenemos trabajo que hacer.¡± Aquellos dos hombres eran grandes y fuertes. Aun as¨ª, la ocasional gota de sudor precipit¨¢ndose desde sus rostros, las miradas inquietas, el fuerte agarre sobre sus armas y herramientas¡­ Todas ellas se?ales de estr¨¦s. Todo el mundo estaba nervioso. Y las oscuras fauces que se abr¨ªan frente a ellos parec¨ªan alimentarse de aquella tensi¨®n. William se mantuvo al loro de sus alrededores. Un nido sellado de caminantes por delante, ninguna ruta de escape, gente armada vigilando la entrada¡­ Aquel tampoco ser¨ªa un buen momento para intentar ninguna jugarreta. No les quedar¨ªa m¨¢s remedio que seguirles la corriente y hacer todo lo posible por mantenerse con vida. Quien sabe, si tra¨ªan de vuelta suficiente comida, quiz¨¢ incluso se llevar¨ªan una raci¨®n. Aunque de alguna manera, lo dudaba. El grupo se adentr¨® en las profundidades del metro, y pronto gir¨® una esquina, dejando atr¨¢s la aparente seguridad del refugio. William despreciaba a Marcus y a su gente, pero prefer¨ªa su compa?¨ªa en lugar de merodear hacia una infestaci¨®n de caminantes. ¡°Joder¡­¡± susurr¨®. Uno de los hombres le lanz¨® una mirada fugaz. ¡°Que quede entre nosotros¡­ Hay mejores opciones para encontrar comida, y m¨¢s seguras. Lo que sea que haya en ese malet¨ªn, Marcus lo quiere. Es lo ¨²nico que quiere conseguir con esto.¡± ¡°C-Cre¨ªa que su intenci¨®n era la de ayudar¡­ ?No le importa si mor¨ªs¡­?¡± pregunt¨® Claire con un tono de voz apenas audible. ¡°Cuando lleg¨® aqu¨ª y fund¨® esta comunidad, era alg¨²n tipo de doctor. Creo que estaba investigando algo. Y ya ten¨ªa ese malet¨ªn por aquel entonces. Escuchad, su liderazgo ha sido brillante por ahora, y creo que realmente quiere ayudar a la gente¡­ Pero lo que sea que haya en ese malet¨ªn, debe de ser importante.¡± ¡°Oye, ?seguro que est¨¢ bien que les cuentes estas cosas¡­?¡± pregunt¨® el otro hombre. ¡°Estoy cansado de esta mierda, t¨ªo. No quiero ser el enemigo de nadie. Todo lo que s¨¦ es que Marcus valora mucho ese malet¨ªn, y que nosotros puede que recibamos una raci¨®n extra o dos si lo traemos de vuelta. Por eso nos ofrecimos voluntarios para este trabajo, ?no? Venga, Owen. Tengo una familia que alimentar ah¨ª atr¨¢s, y t¨² tambi¨¦n. Deber¨ªas saberlo bien, t¨ªo. Tenemos que dejar nuestras diferencias de lado y trabajar juntos, al menos hasta que salgamos de este antro de mala muerte.¡± Owen no dijo nada en respuesta. Tampoco William o Claire. Para ser sinceros, William no hab¨ªa pedido un pu?etero serm¨®n, pero toda informaci¨®n que pudiese obtener sobre Marcus era bienvenida. De hecho, aquel peque?o detalle era particularmente bienvenido. ¡®Un doctor, ?eh¡­?¡¯ ¡­ Avanzaron m¨¢s en el metro, con la vista puesta en todas las direcciones, sus linternas balance¨¢ndose con cada paso que daban. Entonces, oyeron algo, a la vez que varias siluetas se resaltaban frente a la luz. ¡°Ojo¡­ Tenemos compa?¨ªa¡­¡± dijo uno de los hombres. Tres caminantes, completamente quietos, observando al grupo de intrusos. Como los que hab¨ªan visto en las alcantarillas, sus huesos crujieron y sus dientes parecieron casta?ear mientras trataban de arrastrarse en su direcci¨®n. William se dio cuenta de que parec¨ªan mucho m¨¢s ¡°frescos¡± que los que estaba acostumbrado a ver en el exterior. El color de su piel parec¨ªa m¨¢s c¨¢lido bajo la luz, sus m¨²sculos todav¨ªa se aferraban a sus huesos. La sangre que goteaba de sus heridas y que empapaba sus cuerpos brillaba de forma inquietante, todav¨ªa sin coagularse o secarse por completo. Sin embargo, al contrario que los de las alcantarillas, estos avanzaban poco a poco en su direcci¨®n, aunque a un ritmo casi rid¨ªculo. Aun as¨ª, era suficiente para hacer que el grupo fuese consciente de la amenaza. ¡°Vale¡­ Hag¨¢moslo¡­¡± dijo el hombre al frente, apuntando la herramienta en forma de U hacia el cuerpo del caminante m¨¢s cercano. Con un empuj¨®n fuerte y decisivo, el caminante perdi¨® el equilibrio y call¨® hacia atr¨¢s. Se revolvi¨® y luch¨® en el suelo, pero a juzgar por la debilidad de sus movimientos, era poco probable que fuese a poder levantarse. ¡°Esa es la forma de hacerlo. Vamos, nuestro objetivo est¨¢ m¨¢s adentro. Y vigilad d¨®nde pis¨¢is, no os acerqu¨¦is a ellos.¡± Tras empujar a los dos caminantes que quedaban, William continu¨® tras los dos hombres, con Claire temblando y peg¨¢ndose a su espalda m¨¢s de lo usual. ****** [Comida. Comida. Comida. ?Comida? Comida. ???Comida???] [No.] [Dolor. Dolor. Dolor. Duele. ?Dolor? Dolor. Peligro.] [Peligro.] [Ayuda. Ayuda. Ayudaayudaayudaayudaayuda¡ª] El caminante se contorsion¨® en el suelo, un hilo de sangre emergiendo de su boca mientras trataba de alzarse de nuevo. De repente, sus ojos se iluminaron en la oscuridad con una siniestra bioluminiscencia azul. Y ah¨ª, tendido en el suelo, su mand¨ªbula se abri¨® de par en par. Ning¨²n sonido sali¨® de su garganta. Ah¨ª, en completo silencio, el caminante grit¨®. CAPíTULO 19 – NIDO ¡°Parec¨¦is bastante acostumbrados a este tipo de cosas¡­¡± dijo William. ¡°Nosotros nunca meter¨ªamos las narices en un nido de esta manera¡­¡± ¡°Suelen estar a reventar de suministros. Sobrevivir es una loter¨ªa, pero a veces hace falta tomar riesgos. Aun as¨ª¡­ Este es demasiado reciente. Creo que deber¨ªamos haber esperado un par de d¨ªas m¨¢s antes de entrar. Marcus ha estado inquieto desde que ocurri¨® el brote¡­¡± respondi¨® el hombre que lideraba el grupo. ¡°Um¡­ ?No deber¨ªamos mantener el silencio¡­?¡± pregunt¨® Claire, sus ojos volando de lado a lado, como si esperase que un caminante se abalanzase sobre ellos desde las sombras. ¡°Ser¨ªa un sinsentido. Mientras est¨¦n a oscuras, pueden sentir nuestra presencia en todo momento, incluso estando debilitados. Sus sentidos son raros, no le des muchas vueltas.¡± el hombre le lanz¨® una mirada fugaz mientras hablaba. Claire asinti¨® y sigui¨® caminando tras el grupo. No se sent¨ªa segura en la retaguardia. No paraba de echar vistazos hacia el pasillo oscuro a su espalda. Los oscilantes rayos de luz de las linternas rebotaban hacia atr¨¢s en patrones irregulares, haciendo parecer que formas espeluznantes estuviesen desliz¨¢ndose tras ellos a cada paso. Por supuesto, no hab¨ªa tal cosa, pero ella estaba lo bastante estresada como para cre¨¦rselo. Aquel lugar ten¨ªa algo distinto. Claire ya hab¨ªa visto algunos sitios inquietantes antes, pero aquellos t¨²neles eran el peor de todos hasta la fecha. En retrospectiva, los recuerdos de su antiguo refugio en el rascacielos no le tra¨ªan nada m¨¢s que frustraci¨®n y depresi¨®n. Los apartamentos de William eran silenciosos a un nivel perturbador, y llenos de una extra?a sensaci¨®n de p¨¦rdida, como si faltase algo. Las alcantarillas daban miedo y ol¨ªan asquerosas. Cada lugar ten¨ªa su propia identidad retorcida. Pero aquel metro¡­ era algo nuevo para ella. Ol¨ªa a muerte. Muerte fresca. A medida que se adentraban m¨¢s en los pasillos, ten¨ªan que esquivar toda clase de cosas tiradas por el suelo. Basura, cajas llenas de objetos varios, ropa¡­ Todo esparcido por todas partes. Y no era dif¨ªcil adivinar por qu¨¦. Los charcos y las manchas de sangre, todav¨ªa sin secar del todo, eran testimonio del p¨¢nico que probablemente se apoder¨® del lugar en cuanto empez¨® el brote; y de sus letales consecuencias. Claire se cubri¨® la boca y la nariz con la mano. El olor de la sangre le resultaba nauseabundo. En lo profundo de su mente, ten¨ªa la impresi¨®n de estar observando las consecuencias de sus actos. Pens¨¢ndolo bien, no se esperaba que la mordedura de Lilian pudiese transmitir la enfermedad. Pero siendo sinceros, deber¨ªa haberlo hecho. Despu¨¦s de todo, aunque fuese resistente, segu¨ªa estando infectada, y por lo tanto era una portadora, un vector biol¨®gico m¨¢s. Sin embargo, todas aquellas muertes hab¨ªan sido provocadas por un ¨²nico infectado, y ella tuvo la oportunidad de detenerlo, una oportunidad que dej¨® escapar. ?Y si¡­? ¡®Vamos, Claire¡­ Para¡­ No puedes cargar con la culpa de todo lo que pasa¡­ Esto es una tonter¨ªa, y lo sabes¡­ C¨¦ntrate¡­¡¯ Se dio a s¨ª misma un par de cachetes en las mejillas, ahuyentando a sus pensamientos intrusivos. No necesitaba cargar con m¨¢s culpabilidad sobre sus hombros. Ya ten¨ªa suficiente. El sonido de un impacto sordo y pesado trajo su atenci¨®n de vuelta a sus alrededores. Otro par de caminantes, que trataban de agitar los brazos mientras ca¨ªan. ¡°Nuestros suministros est¨¢n en una peque?a zona de empleados m¨¢s adelante. Mantened los ojos abiertos.¡± ****** Owen se estremeci¨®. Ya hab¨ªan asaltado edificios poblados de caminantes con anterioridad, sab¨ªan c¨®mo lidiar con ellos. Y sab¨ªan lo arriesgado que era. Ya hab¨ªan tenido suficientes escapadas por los pelos, suficientes p¨¦rdidas. Hab¨ªan aprendido a mantenerse al loro y conscientes del entorno en todo momento. El metro no era seguro. Los caminantes todav¨ªa pod¨ªan moverse. Movimientos d¨¦biles y dolorosos, pero era suficiente para que su cerebro emitiese se?ales de peligro. Sus ojos, t¨ªpicamente apagados y sin vida, se iluminaban de forma gradual con un tono azul enfermizo a medida que sus cuerpos eran derribados. Owen le lanz¨® una mirada furtiva y nerviosa a Jonah. Su amigo la correspondi¨®. ¨¦l tambi¨¦n lo hab¨ªa notado. Y siendo sinceros, era probable que Marcus fuese consciente tambi¨¦n. No era caracter¨ªstico de ¨¦l, el tomar tales riesgos. Algo pasaba. Se hab¨ªan sucedido multitud de eventos en un per¨ªodo muy corto de tiempo. Un brote en el refugio, la llegada de aquel sospechoso hombre trajeado y sus lacayos, aquella chica extra?a apareciendo de la nada¡­ Ech¨® un vistazo a William y a Claire. Otro evento inesperado, saliendo de los t¨²neles cargados de armas, despotricando contra ellos, y luego de repente decidi¨¦ndose a comportarse y cooperar. Owen ten¨ªa el presentimiento de que todos aquellos eventos estaban relacionados entre s¨ª, y no le gustaba. ?Se estaba precipitando Marcus? ?Esperaba que ocurriesen m¨¢s locuras? El tiempo lo dir¨ªa. Jonah le hizo una se?al con la mano. La zona de empleados estaba a unos metros de distancia, tras una puerta cerrada en la pared del t¨²nel. ****** Una sala de estar sencilla con algunas m¨¢quinas expendedoras rotas, un cuarto de taquillas, un par de oficinas, ba?os¡­ El lugar era peque?o y moderadamente apretado, pero desde luego parec¨ªa concurrido. Al menos, sol¨ªa ser concurrido, a juzgar por todo el caos que cubr¨ªa el suelo. Claire ech¨® un vistazo alrededor a las m¨²ltiples puertas abiertas, desconfiada. ¡°El lugar deber¨ªa estar despejado, la mayor¨ªa de los caminantes persiguieron a los supervivientes cuando sal¨ªan. Aun as¨ª¡­ no baj¨¦is la guardia.¡± dijo Owen. ¡°?No nos los deber¨ªamos de haber cruzado por el camino? Solo hab¨ªa un peque?o pu?ado de ellos¡­ ?Eso eran todos?¡± William sonaba confuso. ¡°No¡­ Hay otra salida cerca del vest¨ªbulo de la estaci¨®n, atrajimos a la mayor¨ªa en esa direcci¨®n. Est¨¢ bastante lejos, no deber¨ªan ser un problema¡­¡± Hab¨ªa un ligero toque de preocupaci¨®n en su voz, era temblorosa, lo cual no pas¨® desapercibido para Claire. ?De verdad que iban a estar bien? La sensaci¨®n de pavor le daba escalofr¨ªos. ¡°Esa oficina, ah¨ª es donde Marcus pasaba la mayor parte del tiempo. Su malet¨ªn debe de estar ah¨ª dentro, en alguna parte.¡± Jonah empez¨® a se?alar las puertas abiertas mientras hablaba. ¡°Esa otra habitaci¨®n de ah¨ª era nuestro almac¨¦n. Veamos qu¨¦ podemos recuperar. Venga, pong¨¢monos manos a la obra.¡± ¡­ La oficina estaba fr¨ªa, mucho m¨¢s fr¨ªa que el resto del metro. Claire supuso que aquella sensaci¨®n de fr¨ªo no era m¨¢s que sus propios nervios manteni¨¦ndola alerta al encararse a la oscuridad por su cuenta, pero no pudo evitar temblar por unos segundos. Apunt¨® la linterna de lado a lado. A simple vista, la sala estaba despejada. Suspir¨®, trag¨® saliva y dio un paso al frente. Nada de lo que all¨ª hab¨ªa llamaba demasiado la atenci¨®n. Un escritorio, armarios, cajas¡­ Casi todas las superficies concebibles estaban cubiertas con toda clase de papeles, documentos, carpetas y libros. Claire se acerc¨® al escritorio central, apoy¨® su bate contra un costado del mueble, y ech¨® un ojo a los documentos. ¡®Esto es¡­ Vaya¡­ ?Microbiolog¨ªa¡­? Es cierto que dijeron que este t¨ªo estaba investigando algo, pero¡­ Todo esto est¨¢ relacionado con enfermedades, pat¨®genos¡­ Es investigaci¨®n m¨¦dica.¡¯ A Claire se le vinieron a la mente los caminantes. ?Estaba la investigaci¨®n de Marcus relacionada con ellos¡­? No lo ten¨ªa claro. Ni ella ni nadie, aparentemente. Y sin confirmaci¨®n del propio Marcus, era dif¨ªcil saberlo a ciencia cierta. Pero no ten¨ªa tiempo que perder leyendo documentos. Procedi¨® a hurgar por los cajones, desenterrando m¨¢s y m¨¢s pilas de papeles. Entrecerr¨® los ojos mientras trataba de ver algo entre las herramientas y el equipamiento b¨¢sico de laboratorio que plagaban los estantes. Nada. ¡°Ufff¡­¡± Se agach¨® al lado de la estanter¨ªa con la intenci¨®n de inspeccionar una caja cercana, cuando sus ojos se posaron sobre las densas sombras que asomaban por debajo de los estantes. Siguiendo una corazonada, se puso a cuatro patas, meti¨® el brazo bajo el mueble y palp¨® a tientas. Su mano toc¨® algo fr¨ªo. Algo met¨¢lico. A case of literary theft: this tale is not rightfully on Amazon; if you see it, report the violation. ¡°?Ah¡­!¡± Sus dedos consiguieron agarrar un asa en el extra?o objeto, y lo sac¨® a tirones. Era pesado, mucho m¨¢s pesado de lo que su tama?o aparentaba. Al observarlo bajo la luz de la linterna, parec¨ªa incluso m¨¢s pesado. El malet¨ªn era bastante peque?o, del tama?o de un libro. La carcasa exterior mostraba un fuerte brillo met¨¢lico y apenas ten¨ªa un par de rasgu?os, probablemente era acero inoxidable. Permanec¨ªa sellado con un dispositivo de cierre electr¨®nico, con una estrecha ranura para alg¨²n tipo de tarjeta. No era un malet¨ªn normal y corriente, eso estaba claro. ¡®Vaya, esto parece muy seguro¡­ Me pregunto qu¨¦ debe de haber dentro¡­ S¨ª que debe de ser importante¡­¡¯ Claire lo sujet¨® por el asa y se levant¨®, teniendo que hacer un esfuerzo considerable para elevarlo. Colg¨® su linterna en un bolsillo de la chaqueta, y se dirigi¨® a coger su bate, cuando se percat¨® de algo sobre el escritorio. Estaba a plena vista, pero por alg¨²n motivo no le llam¨® la atenci¨®n hasta aquel momento. Parec¨ªa un peque?o objeto plegable, de color marr¨®n. ?Una cartera? Lo cogi¨®, y lo abri¨® para echar un vistazo, por pura curiosidad. Dej¨® escapar un grito ahogado. ¡®?Esto es¡­! ?No puede ser¡­! ?Este tipo es¡ª!¡¯ ¡°??Oh, mierda!! ??Eh, tenemos problemas¡­!! ??Tenemos que irnos ya!!¡± una voz masculina grit¨® fuera de la oficina. Claire bot¨® en el sitio y se le escap¨® un leve chillido. Meti¨® a toda prisa la cartera misteriosa en un bolsillo, cogi¨® el bate y se apresur¨® a salir de la oficina. ****** William cerr¨® la cremallera de su mochila, cargada con varios suministros, con un enfoque particular en comida y agua embotellada. Incluso mientras registraba los armarios y las cajas, no le hab¨ªa quitado el ojo de encima a Owain en ning¨²n momento. ?Era Owain? ?Owen? Todav¨ªa no se hab¨ªa molestado en hacer el esfuerzo de preocuparse por aquellos tipos o por sus nombres. A sus ojos, eran todos iguales: gente en la que no pod¨ªa confiar, independientemente de que pareciesen unos capullos o no. Solo le interesaban un n¨²mero selecto de personas en aquel refugio, y ninguno de ellos estaba presente. Pensar demasiado en las cosas no iba a llevar a nada, no hasta que saliesen de aquel nido. Se puso la mochila y se levant¨®. ¡°?Es todo?¡± pregunt¨®. ¡°S¨ª, esto deber¨ªa ser suficiente por ahora¡­¡± respondi¨® Ow-loquesea. ¡°Vamos junto a la chica, veamos si encontr¨® el malet¨ªn, y¡ª¡° ¡°??Oh, mierda!! ??Eh, tenemos problemas¡­!! ??Tenemos que irnos ya!!¡± una voz masculina grit¨® fuera de la oficina. ¡°??Eh!? ??Jonah!? ??Qu¨¦ pasa ah¨ª fuera!?¡± Owen corri¨® hacia la puerta y apunt¨® su linterna hacia el exterior. Jonah, quien se hab¨ªa quedado vigilando la entrada a la zona de personal, corr¨ªa a trompicones por el pasillo en su direcci¨®n, con una expresi¨®n de preocupaci¨®n en el rostro. ¡°??Vienen!! ??Caminantes!!¡± ¡°?Mierda! ??Cu¨¢ntos!?¡± ¡°??Creo que todos!!¡± ¡°?Tch¡­! ?Idiotas¡­! ?El nido sigue activo, lo sab¨ªa! ?Sab¨ªa que esta idea era una locura¡­!¡± se quej¨® William. Abandon¨® el almac¨¦n de suministros, pr¨¢cticamente empujando a Jonah a un lado en el proceso. ¡°??Claire!! ??Tenemos que irnos!!¡± Claire sali¨® de una puerta cercana, casi tropezando con la basura cercana. Sujetaba un malet¨ªn met¨¢lico de aspecto pesado. ¡°?A-Aah¡­! ??Q-Qu¨¦ pasa¡­!?¡± pregunt¨®. ¡°?Caminantes, eso es lo que pasa!¡± ¡®??Por qu¨¦ acept¨¦ ayudar a estos psic¨®patas¡­!? ?Ya me imaginaba que acabar¨ªa arrepinti¨¦ndome¡­! ?Esto es una estupidez, y vamos a morir todos por ello¡­!¡¯ Antes de que pudieran intercambiar m¨¢s palabras, los otros dos hombres echaron a correr por el pasillo de entrada. ¡°???Moveos!!!¡± William les sigui¨®, con Claire detr¨¢s. Not¨® c¨®mo los latidos de su coraz¨®n aumentaban en magnitud con cada paso que daban, mientras se acercaban a la puerta que los llevar¨ªa de vuelta al corredor principal del metro. El grupo se estrell¨® contra la puerta sin pens¨¢rselo dos veces, abri¨¦ndola de golpe, solo para ser recibidos por un tenue resplandor azul que proven¨ªa del corredor a su derecha. Arrastr¨¢ndose desde las sombras, una masa de caminantes ocupaba todo el ancho del t¨²nel y reptaba hacia ellos. Sus movimientos segu¨ªan siendo d¨¦biles, pero una fuerza invisible parec¨ªa impulsar sus m¨²sculos, aviv¨¢ndolos en un ¨²ltimo esfuerzo por atrapar presas frescas. Sus ojos hambrientos, apagados y vidriosos cuando entraron a los t¨²neles, ahora brillaban en color azul, pose¨ªdos por una malicia voraz. ¡®?Est¨¢n desesperados¡­!¡¯ ¡°?Por ah¨ª es por donde hemos venido¡­! ??En serio no hay ninguna otra salida¡­!?¡± pregunt¨® William. ¡°?Mierda¡­! ?Este t¨²nel conduce a otra plataforma de metro, pero est¨¢ bloqueado!¡± respondi¨® Owen. ¡°??Entonces vamos!!¡± ¡°?Pero he dicho que est¨¢ bloqueado, no hay forma de salir¡­!¡± ¡°??Tendremos que buscarnos la vida, maldita sea!!¡± William us¨® su herramienta con forma de U para empujar a un caminante que se hab¨ªa acercado demasiado. Apenas sirvi¨® de nada, dado que el resto de la masa continu¨® empuj¨¢ndolo hacia delante, impidiendo que cayese. ¡°??Moveos, joder!!¡± Corrieron. Una carrera enloquecida que apenas dur¨® un minuto, pero se hizo eterna. Todo lo que William oy¨® fue la respiraci¨®n acalorada de sus compa?eros, sus pasos alborotados haciendo eco por los pasillos y el coro de gemidos que les segu¨ªa el rastro. Bajaron algunas escaleras, giraron una esquina, y entonces vio una luz al final de t¨²nel. Luz que se filtraba por las grietas de un revoltijo de tablones y muebles. ¡°???Eeeeeey!!! ???Hay alguien ah¨ª!!? ????Eeeeeeey!!!!¡± Jonah grit¨® en cuanto avist¨® la barricada. Murmullos sorprendidos pod¨ªan o¨ªrse desde el otro lado. Tanto Owen como Jonah se dirigieron al bloqueo a toda prisa y empezaron a hablar a gritos con los guardias al otro lado. William se gir¨® hacia Claire, quien jadeaba y trataba de recuperar el aliento mientras observaba horrorizada al t¨²nel oscuro tras ellos. ¡°?Oye¡­! ?Mete eso en mi mochila!¡± dijo. ¡°?Si tenemos que luchar, necesitar¨¢s ambas manos!¡± ¡°?A-Ah¡­! ?Vale¡­!¡± William se dio la vuelta y dej¨® que Claire abriese su mochila y guardase el malet¨ªn en su interior. Por suerte, cab¨ªa. Sinti¨® su peso al instante. ¡®??De qu¨¦ rayos est¨¢ hecha esta cosa¡­!? ?M¨¢s vale que merezca la pena, maldita sea¡­!¡± ¡°???D¨¦jate de gilipolleces, capullo!!!¡± Owen empez¨® a gritar a todo pulm¨®n, atrayendo la atenci¨®n de William de vuelta a la barricada. ¡°?Esto no es ninguna broma! ??Ten¨¦is que ayudarnos!! ??Incluso tenemos lo que Marcus quer¨ªa que recuper¨¢semos!!¡± ¡°?P-Pero¡­! ?Los caminantes¡­!¡± una voz confusa emergi¨® del otro lado. ¡°O-Oye¡­ No podemos simplemente¡­ ?esperar¡­? ?Al menos ahora sabemos d¨®nde est¨¢ todo lo importante¡­!¡± otra voz, apenas audible sobre la cacofon¨ªa de la inminente horda de caminantes. ¡°??No me jodas¡­!!¡± Owen sigui¨® gritando. ¡°??T¨ªos¡­!! ?No pod¨¦is dejarnos as¨ª¡­!¡± Jonah suplic¨® a la gente del otro lado, quienes se mantuvieron en silencio. ¡°??A ti te parece que tengan intenci¨®n de ayudar!? ?Putos retrasados¡­!¡± William sujet¨® con firmeza su herramienta. ¡°?Que uno de vosotros empiece a desmontar esa barricada como pueda! ?El resto, coged los bates y preparaos! ?Y quitaos las mochilas, nos estorbar¨¢n!¡± ¡°?T¨ªo, esto es una locura!¡± dijo Jonah. Mostr¨® dudas, pero sigui¨® el consejo de William y solt¨® su mochila cerca de la barricada. ¡°??Tienes alguna otra idea!? ??Quieres morir para nada!?¡± No, no pod¨ªa permitirse morir, a¨²n no. Tras encontrar un nuevo rayo de esperanza, algo a lo que pod¨ªa aferrarse, ten¨ªa que llegar hasta el final, por improbable que fuera. O al menos, quer¨ªa intentarlo. Tras deshacerse de su propia mochila, carg¨® hacia los caminantes que se acercaban. Ten¨ªan que detener su avance en la medida de lo posible. Sin pens¨¢rselo dos veces, dio un empuj¨®n con todas sus fuerzas a las piernas del caminante m¨¢s cercano. El impacto lo hizo trastabillar hacia delante, provocando que cayese de bruces contra el suelo. R¨¢pidamente retir¨® su herramienta, que casi se qued¨® atrapada bajo el cad¨¢ver ca¨ªdo. ¡®?Ser¨¢n m¨¢s lentos si tienen que arrastrarse¡­!¡¯ Claire y Jonah se le acercaron por la espalda, armados con los bates de metal. Claire estaba tan aterrorizada como Jonah estaba cabreado. Las temblorosas manos de la chica amenazaban con dejar caer el arma en cualquier momento. ¡°??No dud¨¦is, golpead sus cabezas!!¡± grit¨® William mientras derribaba a otro caminante. ¡°??Me oyes, Claire!? ??No pienses, tan solo hazlo!! ??Y cuidado con sus manos!!¡± ¡°?A-Ah¡­! ??J-Joder¡­!!¡± tras un par de segundos de duda, Claire apret¨® los dientes, sujet¨® el bate tan fuerte como pudo, y lo dej¨® caer con toda su fuerza sobre la cabeza m¨¢s cercana. ****** Las tablas estaban flojas. Toda aquella barricada se hab¨ªa construido sin una sola pizca de cuidado o de t¨¦cnica. Hab¨ªan atascado todo lo que pudieron, tan r¨¢pido como pudieron, con el objetivo de contener la amenaza. Pero ello no lo hac¨ªa m¨¢s f¨¢cil de desmontar. Todo estaba encajado, bloqueado. Owen tir¨® y sacudi¨® con todas sus fuerzas, la madera traqueteaba en respuesta. ¡°??Joder¡­!! ??Vamos¡­!! ???Vamos¡­!!!¡± La tabla empezaba a desprenderse, pero varias sillas y mesas entrelazadas entre s¨ª imped¨ªan que se desencajase del todo. Trat¨® de agarrar alguna otra cosa. No le importaba el qu¨¦, solo rezaba para que algo se desprendiese. No quer¨ªa morir. Su mujer le esperaba all¨ª fuera, contaba con ¨¦l. No pod¨ªa morir as¨ª. ¡°??Mierda¡­!! ???Mu¨¦vete¡­!!! ???Jodeeeeer!!!¡± Tras ¨¦l, pod¨ªa o¨ªr los esfuerzos del resto del grupo. O¨ªa los lamentos de los caminantes al caer al suelo, o¨ªa el sonido de los bates golpeando sus cr¨¢neos, o¨ªa a sus compa?eros jadeando y gritando mientras luchaban por sus vidas. Tir¨® con m¨¢s fuerza, colocando un pie en la propia barricada para poder ejercer toda la fuerza posible sobre el pedazo de madera. ¡°?A la mierda¡­! ?Voy a hacerlo, t¨ªo¡­!¡± una voz vino desde el otro lado. ¡°?No puedo¡­! ??No puedo con esto, no puedo abandonarlos as¨ª, t¨ªo¡­!!¡± ¡°?Ah¡­! ??En serio¡­!? ?P-Pero¡­!¡± la otra voz parec¨ªa dudosa. ¡°?C¨¢llate de una puta vez y ve a buscar ayuda¡­!¡± ¡°?J-Joder¡­!¡± La barricada empez¨® a temblar y traquetear, alguien hab¨ªa empezado a tirar de ella desde el otro lado. ¡°??Aguantad!! ??Os sacaremos de ah¨ª¡­!!¡± CAPíTULO 20 – MáRTIR ?Cu¨¢nta gente viv¨ªa en aquel refugio? ?Acaso hab¨ªa ido Marcus por ah¨ª tomando bajo su protecci¨®n a todos y cada uno de los supervivientes que encontr¨®? Daba la impresi¨®n de que toda la maldita ciudad estaba all¨ª abajo, atascando el t¨²nel y acerc¨¢ndose a ellos lenta pero constantemente. Los que estaban al fondo parec¨ªan dar empujones a los que ten¨ªan delante, haci¨¦ndolos avanzar poco a poco. Y cada cent¨ªmetro de t¨²nel que perd¨ªan acorralaba al grupo m¨¢s y m¨¢s. William derrib¨® a otro caminante y ech¨® un vistazo r¨¢pido tras de s¨ª. La barricada segu¨ªa en pie. ¡®?Maldita sea¡­!¡¯ Volvi¨® a encararse a la horda y procedi¨® a patear y pisotear a uno de los zombis, que hab¨ªa conseguido arrastrarse demasiado cerca de ¨¦l. El sudor corr¨ªa por su frente. Ni uno solo de aquellos caminantes habr¨ªa sido una amenaza por s¨ª solo, no con su falta de energ¨ªa. Pero la fuerza en n¨²meros compensaba su debilidad. Claire y Jonah gritaban y gru?¨ªan mientras continuaban aplastando y golpeando a todo lo que se les acercaba. Cad¨¢veres cubr¨ªan el suelo, pegotes de sangre se esparc¨ªan por las paredes, su ropa se ensuciaba y arruinaba con Dios sabe qu¨¦¡­ Era ah¨ª, frente a la adversidad, donde los prejuicios y la amargura de William verdaderamente se desvanec¨ªan. Ya no hab¨ªa tiempo para esas cosas. Su mente, impulsada por la adrenalina, se concentraba ¨²nicamente en sobrevivir. Otro empuj¨®n. Otro pisot¨®n. Y otra patada. Y otro empuj¨®n. No pod¨ªa parar, no pod¨ªa permitir que el agotamiento se apoderase de sus extremidades hasta que estuviesen o a salvo, o muertos. Los cuerpos que se apilaban en el suelo provocaron que varios caminantes tropezasen, una oportunidad que aprovecharon para lanzarse hacia delante, extendiendo los brazos con la esperanza de agarrar algo. Y lo hicieron. Uno de ellos consigui¨® sujetar la herramienta que William bland¨ªa, la cual qued¨® atrapada bajo el peso de su cuerpo. Otro se aferr¨® a su pierna izquierda. ¡°??Mierda¡­!!¡± grit¨®, tratando de librarse de su agarre. Pate¨® su cabeza con la pierna derecha, no con intenci¨®n de matarlo, sino de mantener su boca a una distancia prudencial. ¡°??W-William¡­!!¡± Claire dej¨® escapar un chillido, y acto seguido su bate se cerni¨® sobre el brazo del caminante. Un fuerte crujido lleg¨® a sus o¨ªdos, y William sinti¨® que la presi¨®n alrededor de su tobillo desaparec¨ªa. ¡°?Cuidado!¡± Jonah se les acerc¨® y tir¨® de ellos, al tiempo que otro grupo de caminantes trepaba sobre los que estaban en el suelo y luego tropezaba hacia delante de forma similar a los anteriores. El grupo cay¨® hacia atr¨¢s, esquivando por un pelo la aletargada pero incansable marea de zombis. Entonces, un grito. Jonah emiti¨® un aullido de dolor. William se levant¨®, y vio un caminante abrazado a la pierna de Jonah. Sus dientes se hund¨ªan profundamente en su carne, sangre fresca brotaba de la herida y se acumulaba en el suelo. ¡°??Aaaaaaaaghh¡­!! ???Jodeeeer¡­!!!¡± grit¨® Jonah. Una r¨¢pida patada en la cabeza, y William consigui¨® liberar su pierna, dejando al caminante, todav¨ªa vivo, con ganas de m¨¢s. ¡°??O-Oh dios¡­!! ??No¡­!!¡± Claire estaba todav¨ªa sentada en el suelo, anonadada y observando a Jonah con una expresi¨®n aterrorizada en su rostro. ¡°??Claire!! ??Dame ese bate y ve a ayudar con la barricada!! ??Ahora!!¡± William dio la orden con una voz atronadora. La chica no protest¨®, no perdi¨® el tiempo e hizo lo que se le hab¨ªa ordenado. ¡°?Y t¨²¡­! ???Puedes caminar¡­!!?¡± ¡°?Vaya si puedo¡­!¡± contest¨® Jonah mientras se levantaba y preparaba su arma, aunque apretando los dientes. Ya no necesitaban derribar a los caminantes. Ellos mismo ca¨ªan en olas en su direcci¨®n, trepando sobre la cada vez m¨¢s grande pila de cad¨¢veres, tanto vivos como muertos. Sin embargo, en el proceso la horda avanzaba m¨¢s r¨¢pido que antes. Ambos golpearon con sus bates con toda la fuerza que les quedaba. Dar una paliza a aquellos caminantes era la ¨²nica cosa que les quedaba por hacer. ¡­ ¡°?Oye¡­ tipo duro¡­!¡± Jonah gru?¨® entre golpes. ¡°??Podr¨ªas¡­ hacerme¡­ un favor¡­!?¡± ¡°??S¨ª¡­!?¡± respondi¨® William. ¡°?Mi familia¡­ ah¨ª fuera¡­! ?Tan solo diles¡­ que lo siento¡­!¡± ¡°??Eso es todo¡­!?¡± ¡°?S¨ª¡­! ?Una disculpa¡­ es suficiente¡­!¡± ¡­ ¡°?Est¨¢ bien¡­!¡± William dio su respuesta mientras bateaba a otro caminante m¨¢s. Mir¨® a Jonah, e incluso en la oscuridad, le pareci¨® verle sonre¨ªr durante un breve instante. ?Asumiendo su propio fin, as¨ª de f¨¢cil? Muchos pensamientos empezaron a hacer ruido en la mente de William, pero sacudi¨® la cabeza para espantarlos. No hab¨ªa tiempo para pensar. En lugar de eso, sigui¨® blandiendo el bate. ****** ¡°?Mierda¡­! ??Mierda¡­!! ??Jonah¡­!! ??Joder, t¨ªo¡­!!¡± Owen mascullaba para s¨ª mismo mientras tiraba de los tablones. Claire trat¨® de tirar de algo, de cualquier cosa, pero no parec¨ªa que sus esfuerzos estuviesen sirviendo de nada. La enrevesada mara?a de chatarra y mobiliario temblaba, pero no colapsaba. ¡®?Oh dios¡­! ?Vamos a morir aqu¨ª¡­! ?No quiero¡­! ?No quiero morir¡­!¡¯ El traqueteo hab¨ªa aumentado de forma exponencial en el ¨²ltimo par de minutos: m¨¢s gente hab¨ªa llegado por el otro lado. Se o¨ªa una fuerte discusi¨®n, los habitantes del refugio trataban de llegar a un acuerdo sobre qu¨¦ hacer. ¡°???Cuidado con la cabeza!!!¡± una voz se escurri¨® entre las grietas de la barricada. Claire y Owen miraron arriba, y vieron un objeto de metal largo y estrecho deslizarse a trav¨¦s de un agujero en el bloqueo. Se apartaron. Cay¨® r¨¢pido, rompiendo las baldosas del suelo. Una palanca. ¡°???Usad eso!!! ??Centraos en la esquina inferior izquierda!! ??Con que pod¨¢is pasar a rastras es suficiente!!¡± ¡°??D-De acuerdo¡­!! ??Gracias¡­!!¡± Claire estaba a punto de coger la palanca, pero Owen se le adelant¨®. ¡°?Yo har¨¦ palanca en las tablas y paneles, t¨² sigue tirando y qu¨ªtalas del medio!¡± dijo. ¡°?V-Vale¡­!¡± Golpes. Un traqueteo interminable. Los gorgoteos y quejidos de los caminantes que se acercaban, apenas a unos metros de la barricada. Los gritos de William y de Jonah. Huesos rompi¨¦ndose y sangre derram¨¢ndose. La macabra orquesta de ruidos taladraba los o¨ªdos de Claire, mientras la madera se astillaba, mientras el metal se doblaba peligrosamente cerca de su cara, mientras sus u?as amenazaban con fracturarse al ara?ar la pila de tablones. De repente, una luz penetr¨® la oscuridad del t¨²nel, brotando de un agujero de tama?o humano al fondo de la barricada. Una mano alcanz¨® al interior. ¡°???Deprisa!!! ??Salid!!¡± ¡°???Aaah¡­!!! ???William!!! ???Est¨¢ abierto!!!¡± grit¨® Claire. ¡°??Ya era hora, joder!! ??Ve!! ??Iremos detr¨¢s!!¡± respondi¨®. ¡°?Vale¡­!¡± Se gir¨® hacia Owen. ¨¦l la agarr¨® y la lanz¨® hacia el agujero. ¡°?Vamos, vamos¡­!¡± la urgi¨® a que saliese primero. No se quej¨®. Quer¨ªa que todo el mundo consiguiera salir y ponerse a salvo, pero de verdad que le alegraba poder salir primero. Se lanz¨® hacia la abertura. Los brazos le dol¨ªan como el demonio, pero ello no impidi¨® que se aferrase a los m¨²ltiples brazos que la alcanzaban desde el exterior. Se sujet¨® a ellos por su vida, y dej¨® que la arrastrasen a salvo. Todav¨ªa en el suelo, mir¨® atr¨¢s, y vio a Owen pateando algunas mochilas a trav¨¦s del agujero, y luego arrastrarse a trav¨¦s del mismo por su cuenta. William segu¨ªa dentro. The narrative has been taken without permission. Report any sightings. ****** ¡°??Oye¡­!! ??Tenemos¡­ que irnos¡­!!¡± dijo William, tras propinar un par de golpes m¨¢s a los caminantes que se aproximaban. ¡°?Nah¡­! ??Vete t¨²¡­!!¡± ¡°??Seguro¡­!?¡± ¡°?S¨ª¡­! ??No podr¨¦¡­ lastimar¡­ a nadie aqu¨ª¡­!!¡± ¡°?Tch¡­!¡± ¡°??Vete¡­!!¡± Un nuevo grupo de caminantes comenz¨® a trepar sobre los ca¨ªdos. La barricada estaba casi al alcance de la mano. William sab¨ªa que se les hab¨ªa acabado el tiempo. En un ¨²ltimo subid¨®n de adrenalina, se gir¨® y se zambull¨® hacia el agujero. ¡°Gracias¡­¡± William gru?¨® una ¨²ltima frase antes de arrastrarse al exterior. Por un instante, le pareci¨® o¨ªr a Jonah decir algo en voz baja. ?¡±Haz que valga la pena¡­¡±, quiz¨¢? Qui¨¦n sabe. Perfectamente podr¨ªa haber sido un gemido arbitrario de un caminante hambriento. Un ¨²ltimo coro de gru?idos cuando la horda cay¨® contra la barricada. El sonido de una multitud de cuerpos estrell¨¢ndose contra la pila de muebles. Gritos ahogados. El caos se detuvo de repente, y el silencio se cerni¨® sobre el metro una vez m¨¢s. Cabezas y brazos de caminantes trataban de asomar por el agujero en la barricada. ¡°??Tapad ese agujero!! ??R¨¢pido!!¡± dijo alguien. Varias personas acudieron en tropel a la abertura, cargando herramientas y trozos desgastados de mobiliario. ¡­ ¡°Jonah, se ha ido¡­ Joder, t¨ªo¡­¡± Hubo un inc¨®modo momento de silencio. Una de las mujeres del grupo gir¨® los ojos hacia William. ¡°?Hab¨¦is conseguido al menos sacar algo de ah¨ª¡­?¡± ¡°S¨ª¡­ Las mochilas est¨¢n llenas de comida, bebidas¡­ y tambi¨¦n lo que Marcus quer¨ªa, sea lo sea¡­¡± respondi¨®. Muchos suspiraron de alivio. Sin embargo, ni una sola persona en aquel grupo estaba libre de preocupaci¨®n, frustraci¨®n o angustia. Era casi ir¨®nico. Por mucho que William odiase a aquella gente al principio, una vez a su lado en la refriega, una vez involucrado en sus batallas, el deseo colectivo de sobrevivir y superar las adversidades parec¨ªa imponerse; desaf¨ªo tras desaf¨ªo. ?Quiz¨¢ su odio hab¨ªa sido desplazado por nuevas esperanzas? Aquella luz al final de t¨²nel era extra?amente reconfortante. Pero bien podr¨ªa ser tambi¨¦n una insensatez. No pod¨ªa saberlo, hasta que tuviese la oportunidad de tener una charla con Marcus de nuevo. Y esta vez, ser¨ªa ¨¦l el que har¨ªa las preguntas. Observ¨® a Claire, quien le devolvi¨® la mirada. Parec¨ªa asustada, y sus brazos y piernas temblaban. Esfuerzo excesivo, seguramente. Para no haberse enfrentado nunca antes con los caminantes, lo hab¨ªa hecho bien. Segu¨ªa teniendo sentimientos encontrados hacia ella. Sin embargo, ten¨ªa que pasar p¨¢gina tarde o temprano. Al final, todos eran iguales. Ella luchaba para proteger a Nora y a Lilian. Antes de que el desastre cayese sobre ¨¦l, ¨¦l mismo luchaba para proteger su propia comunidad. La gente en aquel refugio luchaba para proteger a sus familias y amigos. Incluso gente como Jacobs o aquel tal Julien luchaban por algo: por ellos mismos. Todos luchaban por un motivo, y desconfiaban de todo aquello que pareciese una amenaza. Las circunstancias eran amargas y desafortunadas, pero lo comprend¨ªa. Asinti¨® a Claire. Ella apart¨® los ojos de ¨¦l, dirigi¨¦ndolos al suelo, y respir¨® hondo. ?Alivio? Quiz¨¢. Le ser¨ªa dif¨ªcil encontrar alivio en aquella situaci¨®n, dado que Lilian estaba cautiva y Nora desaparecida. William pens¨® en Nora. No la hab¨ªan visto ni una sola vez desde que abandon¨® el edificio de apartamentos aquella ma?ana. Con todo lo que hab¨ªa estado ocurriendo, no se hab¨ªa parado a pensar en ella. ?Estar¨ªa bien¡­? ¡°Vale, informar¨¦ a Marcus de lo ocurrido¡­ Encerradles por ahora, y llevad esas mochilas al almac¨¦n, tenemos que revisar sus contenidos.¡± Algunos miembros del refugio sujetaron a William y a Claire y empezaron a llev¨¢rselos. ¡°Oye, una cosa m¨¢s¡­¡± dijo William, haciendo que los hombres dejaran de empujarles y escuchasen. ¡°La familia de Jonah¡­ Les debe una disculpa¡­¡± Todos se quedaron callados por un rato. ¡°?Eso fue¡­ lo que dijo¡­?¡± William asinti¨®. ¡°¡­muy bien. Me asegurar¨¦ de entregar el mensaje¡­ Gracias¡­¡± ****** El cigarrillo se consumi¨® a un ritmo acelerado debido a la profunda calada que le dio. Le dej¨® un sabor de boca amargo y desagradable. ¡°?Bah¡­!¡± procedi¨® a escupirlo. ¡°Vaya mierda de marca¡­ No puedo ni disfrutar un triste cigarro en este tugurio¡­¡± Farfull¨® un par de profanidades m¨¢s mientras se acercaba a la tenue luz al fondo del pasillo. Un guardia vigilaba en silencio, justo al lado de una doble puerta cerrada. Su cara estaba sudorosa, sus ojos se abrieron de par en par y sus piernas parecieron temblar en cuanto le vio acercarse. ¡°?Alto¡­! ?Qui¨¦n va¡­?¡± pregunt¨®. ¡°Calma¡­¡± ¡°Ah, eres uno de los reci¨¦n llegados¡­ Logan, ?no¡­?¡± ¡°S¨ª, he estado haciendo recados por aqu¨ª y por all¨¢. Me acaban de decir que te releve. Puedes ir a descansar.¡± ¡°?Oh, gracias a dios¡­! ?T¨ªo, esto me est¨¢ poniendo de los nervios¡­!¡± El guardia se limpi¨® el sudor de la frente y ech¨® a caminar, pasando junto a Logan. ¡°Informar¨¦ a los dem¨¢s cuando me re¨²na con ellos. Ten cuidado con¡ª¡± su frase se vio repentinamente interrumpida por un r¨¢pido golpe en la nuca. Las extremidades del hombre se quedaron fl¨¢cidas, y cay¨® como un trapo. ¡°Vaya, qu¨¦ f¨¢cil.¡± murmur¨® Logan. Volvi¨® su atenci¨®n hacia la puerta. Una barra de metal la manten¨ªa sellada. A trav¨¦s de las ventanas de cristal reforzado, una silueta de forma humana golpeaba y ara?aba la puerta. Un caminante. Sus ojos inyectados en sangre brillaban con un intenso centelleo azul, el cual se ramificaba bajo su piel, siguiendo las venas por todo el cuerpo. Le sal¨ªa espuma de la boca; y sus gorgoteos furiosos y ahogados exig¨ªan que le dieran de comer. ¡°T¨² debes de ser el tipo que muri¨® antes¡­ Qu¨¦ aspecto m¨¢s triste.¡± Se agach¨® junto al guardia ca¨ªdo. Hurg¨® en sus bolsillos, robando un par de snacks, un cuchillo y otros objetos utilitarios. En cuanto estuvo satisfecho, volvi¨® a erguirse, levantando el cuerpo del guardia. ¡°Vale, hag¨¢moslo¡­¡± ****** ¡°Oye¡­¡± William habl¨® a la oscuridad. ¡°?S¨ª¡­?¡± la voz de Claire respondi¨®. Sonaba muy cansada. ¡°¡­hiciste un buen trabajo antes¡­¡± ¡­ ¡°Gracias¡­¡± se mantuvo en silencio durante lo que parecieron uno o dos minutos enteros. ¡°Me siento horrible.¡± ¡°¡­¡± ¡°No puedo sac¨¢rmelo de la cabeza¡­ Siento que debimos haber hablado contigo antes, que debimos haber sido m¨¢s transparentes con ciertas cosas¡­ Especialmente despu¨¦s de todo lo que hiciste, incluso arriesgando tu propia vida, para ayudarnos¡­¡± ¡°¡­¡± ¡°Lo siento¡­¡± ¡°Deja de castigarte por ello. No ayudar¨¢ a nadie¡­ Escucha¡­ Todav¨ªa no s¨¦ cu¨¢l es mi posici¨®n en todo este asunto. No s¨¦ si quiero seguir ayud¨¢ndoos, o si quiero ir por mi cuenta y seguir luchando yo solo¡­ Lo ¨²nico que s¨¦ es que no soy realmente capaz de odiaros.¡± ¡°Ya veo¡­¡± Hubo m¨¢s silencio. William no pod¨ªa ver nada, solo pod¨ªa escuchar sus propias respiraciones. Le pareci¨® o¨ªr algunos ruidos raros en la distancia, probablemente provenientes del resto del refugio fuera de los ba?os. ¡°Oye, ?puedo hacerte una pregunta¡­?¡± dijo Claire. ¡°?S¨ª?¡± ¡°Cuando te cont¨¦ lo que nos hab¨ªa pasado, ya sabes, antes de que nos conoci¨¦ramos¡­ Bueno, dijiste que fue de ayuda. ?Puedo preguntar en qu¨¦ sentido¡­?¡± ¡°¡­no lo entender¨ªas. Y probablemente sea un idiota por aferrarme a algo as¨ª. Tan solo necesito confirmar algo con ese Marcus primero.¡± ¡°Hmmm¡­¡± William no quer¨ªa tocar el tema. Ni con Claire, ni con nadie, a menos que fuese necesario. Y en aquellos momentos, no era necesario. ¡°?A-Ah, cierto¡­!¡± antes de que pudiese decir nada m¨¢s, Claire chill¨® por su cuenta. ¡°?Hay algo que deber¨ªas saber! ?Encontr¨¦ algo, algo sobre Marcus¡­!¡± ¡°?Eh¡­?¡± ¡°?Creo que es¡ª!¡± *Bang* *Bang* Aquellos sonidos, aunque distantes, sonaban familiares. Demasiado familiares como para no reconocerlos. Disparos. Ambos los oyeron, y ambos se callaron, agudizando los o¨ªdos. ¡°Algo ocurre.¡± dijo William. ¡°Oh dios, ?crees que se est¨¢n peleando entre ellos¡­?¡± El ruido lejano se volvi¨® m¨¢s y m¨¢s fuerte. M¨¢s disparos. Gritos ahogados. Por puro instinto, William empez¨® a luchar con sus ataduras, tratando de liberarse. Claire le oy¨® revolverse y, presa del p¨¢nico, trat¨® de liberarse tambi¨¦n. Pasos fren¨¦ticos se oyeron fuera de la puerta, acerc¨¢ndose a mucha velocidad. ¡°?Mierda¡­! ?Viene alguien!¡± grit¨® William. La puerta se abri¨® de golpe, y la luz de una linterna se filtr¨® al interior de los ba?os. El destello repentino ceg¨® a William, quien gru?¨® y apart¨® los ojos de su origen. Los ruidos del exterior siguieron aumentando de volumen. Algunos de ellos no sonaban humanos. ¡°?U-Um¡­ Oh¡­!¡± la persona frente a la puerta tartamudeaba. Era un hombre. William conoc¨ªa aquella voz. Hizo resurgir recuerdos en su subconsciente, recuerdos que deseaba que se hubieran mantenido enterrados. Observ¨® a trav¨¦s de la luz, entrecerrando los ojos en un intento de averiguar qui¨¦n era realmente el intruso. ¡°Ah¡­ ?W-Will¡­?¡± ¡°?Ni de co?a¡­! ???Desmond¡­!!?¡± El hombre solt¨® un chillido asustado y se apresur¨® junto a Claire. Empez¨® a cortar sus ataduras con una navaja de bolsillo. ¡°???Eres t¨², Desmond!!? ??No me lo creo!! ???Da la cara, pedazo de mierda¡­!!!¡± ¡°?N-No¡­! ?Y-Yo¡­ Oh, dios¡­!¡± sigui¨® farfullando palabras incoherentes. ¡°??Q-Qui¨¦n eres¡­!? ??Qu¨¦ est¨¢ pasando¡­!?¡± pregunt¨® Claire al reci¨¦n llegado, desconocedora de las circunstancias. ¡°?H-Hay caminantes en el refugio¡­! ?Ten¨¦is que salir¡­! ?U-Um¡­! Chica, a ¨¦l des¨¢talo t¨², ??vale¡­!?¡± la liber¨® y le entreg¨® la navaja. ¡°Tu amiga¡­ tu amiga me dijo sobre vosotros¡­¡± ¡°??A-Amiga¡­!? ??Lilian!?¡± ¡°N-No, esa no¡­ Es una m-mujer adulta¡­ Su nombre es N-Nora¡­¡± ¡°???Nora se encuentra bien!!?¡± ¡°??Calla de una vez y des¨¢tame!! ???No tienes verg¨¹enza, puto cobarde!!?¡± William gritaba a Desmond desde su esquina. M¨¢s disparos y gritos emergieron de los pasillos de fuera. ¡°?Aaah¡­! ??No hay tiempo, tengo que i-irme¡­!! ?El v-vest¨ªbulo deber¨ªa ser s-seguro¡­!¡± Desmond se gir¨® y sali¨® a toda prisa hacia la puerta. ¡°??E-Espera, por favor¡­!! ???D¨®nde est¨¢ Nora¡­!!!?¡± Claire se tambale¨® mientras trataba de levantarse. ¡°???Est¨¢ bien!!? ???Te lo suplico, cuida de ella¡­!!!¡± Desmond le dio un ¨²ltimo vistazo en p¨¢nico, asinti¨®, y desapareci¨® por los pasillos, hacia el coro de ruidos. William no pod¨ªa creer lo que ve¨ªa. La sangre le herv¨ªa en las venas. Si Claire le hubiese seguido, probablemente habr¨ªa podido reunirse con Nora, pero era obvio que no quer¨ªa dejarle tirado de aquella manera. Desmond podr¨ªa haberle desatado con facilidad tambi¨¦n a ¨¦l, pero era probable que no tuviese las agallas para acerc¨¢rsele, y con motivos. Claire hab¨ªa confiado a Nora a aquel maldito traidor, de todas las personas posibles. Vaya una mala decisi¨®n. ¡°??Deprisa, Claire!! ??Lib¨¦rame, tenemos que movernos!! ???Ahora!!!¡± CAPíTULO 21 – BROTE Desmond quer¨ªa esprintar hacia la seguridad de la luz diurna tan r¨¢pido como sus piernas se lo permit¨ªan, pero la mujer de la que tiraba no paraba de resistirse. ¡°??D-D¨¦jame¡­!! ???Qu¨¦ quieres decir¡­!!? ??No podemos dejarles atr¨¢s¡­!!¡± grit¨® Nora. No pudo evitar percatarse de cu¨¢nto hab¨ªa cambiado su comportamiento desde que la hab¨ªa encontrado algunas horas atr¨¢s. Por pura casualidad, acorralada en una sala oscura, hecha un desastre de nervios y ansiedad. Incluso cuando le ofreci¨® su ayuda, le llev¨® un buen rato siquiera atreverse a murmurar su propio nombre. Y all¨ª estaba, dispuesta a cargar de frente contra un brote en curso sin ning¨²n tipo de cuidado. Fuera lo que fuera lo que la hab¨ªa reducido a un manojo de llantos, desde luego no eran los caminantes. ¡°??Dijiste que ibas a ayudarles¡­!! ??Por qu¨¦ estamos corriendo!? ??Por qu¨¦ no vienen contigo!?¡± sigui¨® haciendo preguntas. ¡°?N-No¡­ p-pude alcanzarlos¡­! ?Hab¨ªa c-caminantes en medio¡­!¡± una mentira evidente, pero ni de broma iba a decirle que casi se hab¨ªa cagado encima y que hab¨ªa salido pitando en cuanto se encar¨® con William. ¡°?Est¨¢n cooperando con el resto de mi gente ah¨ª abajo! ?E-Encontrar¨¢n una salida alternativa! ?T-Tenemos que irnos!¡± respondi¨®. En realidad, que hubiese ¡°caminantes en medio¡± era una mentira por aquel entonces, pero ya no. Solo hab¨ªa dos pasillos que conduc¨ªan al and¨¦n de metro donde estaba todo el mundo. Uno de ellos conectaba con la secci¨®n donde hab¨ªa ocurrido el anterior brote y, en consecuencia, hab¨ªa sido bloqueado. El otro llevaba a una gran intersecci¨®n que conectaba todos los andenes con el vest¨ªbulo en la superficie. Era muy probable que ya hubiesen alcanzado los pasillos principales, aislando a todo el mundo en las profundidades de la estaci¨®n. Hab¨ªa otras formas de alcanzar la superficie all¨¢ abajo, pero no ser¨ªa sencillo. Sin embargo, ellos dos ten¨ªan una v¨ªa directa hacia el vest¨ªbulo. Ten¨ªan que aprovechar aquella oportunidad lo antes posible. Los caminantes les seguir¨ªan el rastro tarde o temprano. ¡°??Espera!! ??Mi hermana peque?a tambi¨¦n est¨¢ ah¨ª dentro¡­!!¡± ¡°?S-Se est¨¢n haciendo cargo de ella¡­!¡± otra mentira, la primera que se le vino a la cabeza. Al menos quer¨ªa ayudar a Nora, pero de ninguna manera estaba dispuesto a meterse en medio de una horda desembocada para salvar a nadie m¨¢s. Tendr¨ªa que arrastrarla afuera como pudiese. Y si segu¨ªa insistiendo, tendr¨ªa que dejarla atr¨¢s, por mucho que le consternase la idea. Los gru?idos que emanaban de las profundidades aumentaron de volumen muy r¨¢pidamente. Se les acababa el tiempo. Cogi¨® la mano de Nora y empez¨® a correr hacia la salida. Ella mostr¨® un cierto grado de resistencia, pero se movi¨®. ¡°??M-Maldita sea¡­!!¡± ****** Nora sent¨ªa que su subconsciente todav¨ªa estaba desgarrado. Hab¨ªa hecho lo de siempre: enga?arse a s¨ª misma como una idiota. Sacar a relucir su fachada de falsa fortaleza, enterrar sus emociones, y seguir adelante. Lilian la tranquilizaba, y se hab¨ªa ido. Claire la comprend¨ªa, y se hab¨ªa ido. William le brindaba seguridad, y se hab¨ªa ido. Y, sin embargo, no estaba sola. Aquel hombre de aspecto extra?o hab¨ªa aparecido de la nada y le hab¨ªa ofrecido ayuda. Por lo que sab¨ªa, bien podr¨ªa haber firmado su propia sentencia de muerte en cuanto acept¨® su oferta, pero, ?qu¨¦ otra cosa pod¨ªa hacer? ¨¢rmate de valor. Tr¨¢gate las l¨¢grimas. ?Esos pensamientos oscuros en tu cabeza? Ap¨¢rtalos. Lev¨¢ntate. Mu¨¦vete. Tienes que hacerlo. Mientras haya esperanza, debes hacerlo. Nora grab¨® esas palabras en su mente, por encima de todas las emociones e inseguridades acumuladas. Solo quer¨ªa seguir escondi¨¦ndose en alg¨²n sitio, dejar que siguiesen apoder¨¢ndose de ella, que bordasen sin control. Pero no era ni el lugar ni el momento de hacerlo. Sus piernas se movieron por cuenta propia, siguiendo a Desmond de cerca. Guiados por los balanceos descuidados de su linterna, volvieron sobre los pasos que ella inicialmente hab¨ªa dado para acceder a la estaci¨®n, ascendiendo por los t¨²neles hacia el vest¨ªbulo. Girando esquinas, subiendo escaleras, girando m¨¢s esquinas¡­ y finalmente, avistaron d¨¦biles gotas de luz solar cayendo sobre las escaleras mec¨¢nicas de la entrada. Podr¨ªan haber salido por all¨ª mismo, si hubiesen estado vac¨ªas. Tambale¨¢ndose escal¨®n tras escal¨®n hacia los pasillos subterr¨¢neos, una multitud de caminantes bordaba de la planta baja del vest¨ªbulo. Con su atenci¨®n aparentemente centrada en algo en las profundidades, se arrastraban hacia la oscuridad. A medida que avanzaban, sus movimientos se aceleraban. Sus cuerpos comenzaban a iluminarse, sus venas a palpitar bajo la piel. Sus ojos se mov¨ªan de forma err¨¢tica en muchas direcciones, como tratando de hacer caso a informaci¨®n proveniente de todas partes a un tiempo. Nora y Desmond se congelaron in situ. Estaban atrapados. Caminantes frente a ellos, caminantes en alg¨²n sitio a sus espaldas, todos ellos acerc¨¢ndoseles cada vez m¨¢s r¨¢pido. Nora empez¨® a sudar y a temblar en cuanto se dio cuenta de lo nefastas que eran las circunstancias. ¡®??A-Ahora qu¨¦¡­!? ?Oh, dios¡­!¡¯ Desmond la agarr¨® del brazo y tir¨® de ella con brusquedad, arrastr¨¢ndola de vuelta al interior. ¡°?R-R¨¢pido¡­! ?Por aqu¨ª¡­!¡± dijo. Ni se le ocurri¨® cuestionarle; fuera cual fuera el plan, seguro que era mejor que dejar que los caminantes se diesen un fest¨ªn con ellos. Chillaban y gritaban tras ellos, cabreados por la huida de sus potenciales presas. La oscuridad de los t¨²neles parec¨ªa incluso m¨¢s opresiva que antes. A¨²n pod¨ªan correr m¨¢s r¨¢pido que los zombis, pero pronto perder¨ªan esa ventaja. De todas formas, ?importaba? ?Hab¨ªa algo que pudiesen hacer siquiera? De repente, Desmond par¨® de correr. Nora no se esperaba que fuese a pararse, provocando que estuviese a punto de embestirlo por accidente. ¡°?Au¡­! ?O-Oye¡­!¡± se quej¨®. ¡°?Aqu¨ª¡­! ?Deprisa¡­!¡± Manipul¨® con torpeza el pomo de una puerta, sorprendentemente escondida en la pared del t¨²nel. No estar¨ªa oculta si el t¨²nel estuviese iluminado en condiciones; pero en la oscuridad, era imposible de ver a menos que la linterna le apuntase de forma directa. ¡°Ah¡­ Est¨¢ abierta. N-No deber¨ªa estarlo, tengo una llave¡­ Da igual, ?entra!¡± murmur¨®, mientras abr¨ªa la puerta. Nora le sigui¨® al interior sin dudarlo ni un segundo. Con excepcional facilidad a pesar de estar en un entorno oscuro y tener una mano ocupada con la linterna, Desmond sac¨® un llavero, identific¨® la llave correcta a la primera, y cerr¨® la puerta por dentro. Se escurri¨® lejos de la puerta, observ¨¢ndola con una mezcla de miedo y duda. Su cara estaba cubierta de sudor, sus ojos botaban por toda la pared como esperando que algo la tirase abajo en cualquier momento. Nora se prepar¨® para lo peor, a medida que el leve retumbar se acercaba m¨¢s y m¨¢s, junto a la sinfon¨ªa de gru?idos y rugidos que tan bien conoc¨ªa ya. La puerta no aguantar¨ªa. Si toda la horda cargaba contra ella, la har¨ªan trizas. ?Por qu¨¦ estaban esperando? Quer¨ªa seguir corriendo hacia lo desconocido a su espalda, pero la quietud de Desmond la incit¨® a quedarse. Algunos segundos m¨¢s tarde, pod¨ªan o¨ªr el inquietante ruido justo tras la puerta. Caminaban hasta ella, la golpeaban, y pasaban de largo hacia las profundidades de la estaci¨®n. No insist¨ªan. Nora observ¨® en shock, ni siquiera se dio cuenta de que se hab¨ªa quedado con la boca abierta. Desmond se gir¨®, le hizo una se?al para que lo siguiese, y empez¨® a caminar en cuclillas por el pasillo. Ninguno de los dos dijo una sola palabra hasta que estuvieron a una buena distancia de la puerta. ¡°?P-Por qu¨¦ nos ignoran¡­? Deber¨ªan ser conscientes de nuestra presencia¡­¡± susurr¨® Nora. ¡°Lo son¡­ C-Creo que est¨¢n m¨¢s interesados en lo que est¨¢ ocurriendo ah¨ª a-abajo¡­¡± Nora trag¨® saliva y apret¨® los pu?os. ¡®Por favor¡­ Por favor¡­ Lilian, Claire¡­ William¡­ ?Manteneos a salvo¡­!¡¯ ?Una ilusi¨®n? Quiz¨¢. Pero, ?qu¨¦ otra opci¨®n ten¨ªa, sino rezar? Rezar nunca le hab¨ªa funcionado demasiado bien, pero se apoy¨® en el concepto, aunque no fuese m¨¢s que un placebo temporal. ¡®No pares¡­ No puedes venirte abajo a¨²n¡­¡¯ [S¨ª puedes.] ¡®Silencio.¡¯ Se pellizc¨® el brazo izquierdo con fuerza. Sinti¨® un c¨¢lido hilo de sangre entre las puntas de sus dedos. Se neg¨® a escuchar a sus pensamientos internos. ¡°Oye¡­ ?Qu¨¦ es este lugar¡­?¡± pregunt¨® a Desmond. No ten¨ªa tanta curiosidad, tan solo buscaba algo en lo que concentrarse. ¡°La estaci¨®n est¨¢ llena de pasadizos ocultos para el personal¡­ Van a todas partes, arriba y abajo por todo el edificio. Deber¨ªamos poder llegar al vest¨ªbulo por aqu¨ª.¡± ¡°Pero¡­ ??no est¨¢ ese lugar lleno de caminantes ahora mismo¡­!?¡± ¡°Se dirigen todos bajo tierra¡­ Deber¨ªa ser seguro, tarde o temprano. Adem¨¢s, hay una sala segura ah¨ª arriba, en el piso superior¡­¡± paus¨® por un momento. ¡°Les¡­ dije a tus amigos que nos dirigir¨ªamos all¨ª.¡± This tale has been pilfered from Royal Road. If found on Amazon, kindly file a report. ¡°?Ah¡­! Muy bien¡­ Te sigo, entonces. Por favor, ll¨¦vame all¨ª.¡± Una vez m¨¢s, confiar a ciegas en aquel hombre podr¨ªa ser una mala idea. Pero era todo lo que ten¨ªa. No era muy distinto al momento en que conoci¨® a William. Bueno, Desmond era bastante m¨¢s siniestro, pero eso no era lo importante. Tendr¨ªa que tener cuidado con ¨¦l. Con sus ojos observando todos sus movimientos, Nora le sigui¨® a lo largo de los corredores claustrof¨®bicos, serpenteando alrededor de las instalaciones principales, hacia la superficie. ****** A pesar de la aplastante sensaci¨®n de urgencia, la mirada de Claire estaba clavada en los eventos que se suced¨ªan frente a ella. El caminante cay¨® sobre el aterrorizado hombre como un depredador, lanz¨¢ndose a por ¨¦l desde varios metros de distancia, agarrando su torso y sus hombros con una precisi¨®n letal. Grit¨® y se revolvi¨®, pero al caminante no le import¨®. Solo hab¨ªa una cosa que le importaba. Sus dientes se hundieron profundamente en el cuello del hombre, quien dej¨® escapar un aullido que helaba la sangre, pronto reprimido y ahogado por la sangre que bordaba a borbotones de su boca. La cosa mordi¨® y desgarr¨® el cuello de su v¨ªctima como un animal rabioso, haci¨¦ndolo pedazos r¨¢pidamente, antes de dejarlo ir y cargar hacia el frente, en busca de otra presa. Casi al instante, el cuerpo ca¨ªdo comenz¨® a convulsionarse. Las extremidades se agitaron en direcciones aleatorias; las articulaciones girando en ¨¢ngulos repentinos y extra?os, algunos de los cuales deber¨ªan ser imposibles sin partir huesos en el proceso. Algo comenz¨® a burbujear bajo la piel, la cual obtuvo gradualmente aquel caracter¨ªstico brillo azulado, concentrado en las venas y en los ojos. La criatura emiti¨® un gemido de ultratumba. ¡®??E-Es una broma¡­!? ???As¨ª de r¨¢pido¡­!!?¡¯ ¡°???Qu¨¦ diablos, Claire¡­!!? ???Mu¨¦vete!!!¡± William le grit¨®, sac¨¢ndola de su trance. ¡°??M-Mierda¡­!!¡± corri¨® hacia ¨¦l, alej¨¢ndose de los caminantes que se acercaban. Aquellos no se parec¨ªan en absoluto a los que se hab¨ªan encontrado en la secci¨®n sellada. ?De d¨®nde hab¨ªan salido? A¨²n quedaba gente detr¨¢s con la que se pod¨ªan atiborrar, esa era la ¨²nica raz¨®n por la cual segu¨ªan vivos. La horda de caminantes frescos avanzaba por los t¨²neles a toda velocidad, arrollando a todo el que encontraban, haci¨¦ndolos trizas y reanim¨¢ndolos como nuevos integrantes de la horda. Un proceso imparable de crecimiento exponencial. ?Era esto lo que el refugio hab¨ªa conseguido contener una semana atr¨¢s? Desafortunadamente, lo que quedaba del refugio estaba sumido en un caos total. Los supervivientes sal¨ªan al and¨¦n del metro y bajaban a las v¨ªas, buscando alg¨²n lugar para esconderse, conscientes de que nada har¨ªa que los caminantes les perdiesen la pista. Gritos humanos e inhumanos, mezclados en un coro enloquecedor. Algunas personas trataban de luchar, pero si la diferencia en velocidad y fuerza no les abrumaba, el miedo lo har¨ªa. Algunos abrieron fuego sobre los zombis, pero sus movimientos fren¨¦ticos hac¨ªan casi imposible un tiro significativo. Otros cesaban toda resistencia al encontrarse con lo que quedaba de sus seres queridos, abrazando la muerte en un ¨²ltimo acto de aceptaci¨®n. ¡°??Eh!! ??Aqu¨ª!!¡± una voz masculina llam¨® la atenci¨®n de Claire y William, proveniente de las v¨ªas del tren, al final de la plataforma. ¡°?Marcus¡­!¡± ambos respondieron al un¨ªsono, tanto alegres como molestos por verle. Estaba quieto en mitad de las v¨ªas, liderando a un grupo de supervivientes hacia los t¨²neles. Les hac¨ªa se?as con la mano, urgi¨¦ndolos a ir en su direcci¨®n. ¡°???Hay otra salida por aqu¨ª, deprisa!!!¡± Bajaron a las v¨ªas y echaron a correr por sus vidas. Claire mir¨® atr¨¢s durante un instante. Los caminantes bordaban al and¨¦n y a las v¨ªas desde los pasillos de la estaci¨®n, inundando la zona en persecuci¨®n de los supervivientes restantes. ¡°??Aaaaah¡­!!¡± Las piernas de Claire estaban entumecidas debido a las ataduras de hac¨ªa un rato, y todav¨ªa estaba cansada debido a su incursi¨®n en el nido, pero sigui¨® corriendo. Los rugidos se acercaban. Prefer¨ªa no pensar en lo que pasar¨ªa si se deten¨ªa por un segundo. Marcus ech¨® a correr junto al resto del grupo tan pronto lo alcanzaron. Una o dos linternas asustadizas les permit¨ªan ver a duras penas el contorno de los t¨²neles. ¡°??D¨®nde est¨¢ la salida¡­!? ???Cu¨¢l es el plan!!?¡± grit¨® William. ¡°??Justo ah¨ª, ese pasillo¡­!!¡± respondi¨® Marcus, apuntando a alg¨²n sitio frente a ellos. Las luces convergieron en una abertura en la pared del t¨²nel. Parec¨ªa otro corredor de personal, como el que hab¨ªan usado para colarse en el metro aquella ma?ana. Ya hab¨ªa alguien all¨ª, haciendo aspavientos con las manos. ¡°??Deprisa¡­!! ??Aqu¨ª!!¡± Alguien m¨¢s emergi¨® del pasillo, sac¨® una pistola, y empez¨® a disparar contra los caminantes que persegu¨ªan al grupo. Era poco probable que fuese a servir de algo, pero cualquier esfuerzo por ralentizar a la horda era bienvenido. Los fuertes disparos eran apenas distinguibles por encima de los rugidos de la multitud de cad¨¢veres hambrientos. ¡°??Este pasillo lleva al exterior!! ??Vamos, entrad, r¨¢pido!!¡± Marcus apremi¨® a todo el mundo a apretujarse al interior del pasillo. Claire sigui¨® a William de cerca, luchando con todos los dem¨¢s por ganarse un hueco en el apretado corredor. ¡°??Qu¨ªtate del medio, joder!!¡± ¡°??Para de empujar!!¡± ¡°??Moveos!! ??Moveos, joder, est¨¢n llegando¡­!!¡± A aquellas alturas, todo el mundo parec¨ªa preocuparse exclusivamente por su propia supervivencia. Claire centr¨® la vista en la espalda de William, no quer¨ªa separarse de ¨¦l. Sus o¨ªdos solo percib¨ªan gritos, jadeos, pasos y gru?idos. Llegado cierto punto, cruzaron el umbral de una puerta. Apenas pudo pasar al otro lado antes de que alguien tratase de cerrarla. ¡°Eh, ????qu¨¦ cojones est¨¢s haciendo!!!? ???Abrid la puerta!!!¡± grit¨® alguien, con la gran puerta met¨¢lica cerr¨¢ndose de repente en sus narices. La empujaron y le dieron de golpes. Un lado luchaba para cerrarla mientras el otro lado se esforzaba por abrirla de nuevo. ¡°???Qu¨¦ est¨¢ pasando!!? ??No nos dej¨¦is aqu¨ª!!¡± ¡°?Eh, a¨²n queda gente ah¨ª atr¨¢s! ??Abrid la puerta!!¡± Gritos espantosos inundaron el pasillo. ¡°???Oh, dios, est¨¢n aqu¨ª¡­!!! ??Por favor, por el amor de dios¡­!! ???Abrid la puerta¡­!!!¡± ¡°???Aaaaaarrghhh!!!¡± M¨¢s gritos se unieron a sus desesperadas voces, junto a los sonidos burbujeantes de lo que probablemente eran carne y huesos siendo despedazados. Un brazo asom¨® por detr¨¢s de la puerta a medio cerrar. Sus venas brillaban intensamente con un aura azul, y se balanceaba de forma salvaje, tratando de agarrar algo. ¡°??Cerradla, r¨¢pido!!¡± ¡°??A¨²n hay gente ah¨ª fuera!! ???No podemos¡­!!!¡± ¡°??Ya est¨¢n muertos, joder!! ??Acaso quer¨¦is morir todos!?¡± ¡°?????Cerradla!!!!!¡± Alguien golpe¨® el brazo repetidamente con alg¨²n tipo de arma de filo, una y otra vez, hasta que la piel y los m¨²sculos empezaron a desprenderse y los huesos a reventar. El grupo se lanz¨® contra la puerta, empuj¨¢ndola hasta cerrarla del todo antes de que los caminantes terminasen de lidiar con los rezagados y cambiaran por completo su foco de atenci¨®n. La puerta fue cerrada con llave, y los golpes comenzaron casi inmediatamente, con varios puntos mostrando curvatura y deformaciones en cuesti¨®n de segundos. ¡°?Oh, cielo santo¡­! ?Oh, no¡­!¡± murmullos ahogados llenaron el pasillo. ¡°?Esta puerta no aguantar¨¢! ?Tenemos que irnos! ?Ahora!¡± La voz de Marcus retom¨® el liderazgo una vez m¨¢s, provocando que todo el grupo se moviera a un tiempo. Claire sigui¨® al grupo. Su conciencia ya no estaba tomando decisiones racionales. Acababan de abandonar a varias personas a que afrontasen una muerte segura en el instante en que les cerraron la puerta en la cara. Les hab¨ªa ayudado a empujar, no se lo hab¨ªa cuestionado ni por un momento. ?Se hab¨ªa apoderado el p¨¢nico de ella? Quer¨ªa vivir. Ten¨ªa tantas ganas de vivir que aparentemente estaba dispuesta a condenar a otros en su lugar. Ten¨ªa un gran sentimiento de culpa por ser una carga para los dem¨¢s, por causar muertes inocentes, por lo ocurrido en el refugio del rascacielos¡­ Y, sin embargo, en aquel momento de frenes¨ª, ?le parec¨ªa bien el o¨ªr las agon¨ªas de muerte de otra persona, siempre y cuando ella pudiese salir sana y salva? Vaya un chiste de mal gusto. ****** William no hab¨ªa tocado la puerta. En cuanto hab¨ªa comenzado a cerrarse, sab¨ªa que los que se hab¨ªan quedado atr¨¢s estaban acabados. Siendo sinceros, si la hubiesen vuelto a abrir, habr¨ªan muerto todos. Probablemente era lo correcto, por muy cruel que fuese. Pero ¨¦l no ayud¨®. O m¨¢s bien, no pudo hacerlo. Aquel recuerdo doloroso otra vez. Tras una puerta cerrada, sabiendo que no puedes abrirla, oyendo los gritos y llantos provenientes del otro lado¡­ Y con alguien urgi¨¦ndote que la mantengas cerrada, pase lo que pase. Sacudi¨® la cabeza y sigui¨® corriendo. No era el momento de recordar cosas. Ten¨ªan que salir, y ten¨ªan que hacerlo r¨¢pido. El sonido chirriante del metal dobl¨¢ndose y las bisagras volando en pedazos no tard¨® en inundar los pasillos. ****** Nora sigui¨® a Desmond a trav¨¦s del umbral de la puerta, y sali¨® al vest¨ªbulo principal de la estaci¨®n de metro. Hab¨ªa estado all¨ª, algunas horas atr¨¢s. El cambio de posici¨®n del sol en el cielo hab¨ªa provocado que la luz se moviese, generando sombras en direcciones diferentes, pero la apariencia general del lugar era pr¨¢cticamente la misma. Muebles y objetos arbitrarios estaban esparcidos por todo el lugar, como si una gran ola hubiera pasado por la zona y arrastrado todo hacia dentro, hacia las escaleras que llevaban al subsuelo. Por suerte, parec¨ªa que todos los caminantes cercanos hab¨ªan desaparecido en la oscuridad del metro. No quedaba ninguno en el edificio principal, al menos no a plena vista. Los dos salieron de las sombras, acerc¨¢ndose a la zona central desde el lateral derecho. A ambos lados de la abertura que llevaba al subterr¨¢neo, varios pares de escaleras conectaban el nivel de suelo con el piso superior. ¡°A-Ah¨ª¡­ Ahora tenemos que subir. La sala segura deber¨ªa estar en el piso de arriba.¡± susurr¨® Desmond. ¡°Si los dem¨¢s consiguen salir, deber¨ªan poder e-encontrarnos ah¨ª¡­¡± Con pasos cuidadosos, el d¨²o se acerc¨® a la base de las escaleras. Algo acerca del ambiente de la zona no estaba bien. Por supuesto, la amenaza de que todav¨ªa quedasen caminantes cerca era un hecho. Quiz¨¢ hubiese m¨¢s hordas en camino, atra¨ªdas por lo que fuera que estaba pasando all¨ª abajo. Pero el instinto de Nora le avisaba de algo m¨¢s. Una extra?a combinaci¨®n de ansiedad e incomodidad, manteni¨¦ndola de los nervios y haciendo que sus ojos botaran por todas partes, tratando de identificar algo entre las sombras. Deber¨ªa haber aprendido a confiar m¨¢s en sus instintos. ¡°Alto.¡± se le congel¨® la sangre en las venas. Al principio no supo de d¨®nde proven¨ªa aquella voz, pero su mente no necesit¨® aquella informaci¨®n para casi entrar en estado de shock. ¡°Vaya, vaya¡­ Ya me imaginaba que estar¨ªas escabull¨¦ndote por aqu¨ª, en alguna parte.¡± Nora se aferr¨® de forma inconsciente a Desmond, enterrando su cabeza en su espalda, temblorosa una vez m¨¢s. A ¨¦l no pareci¨® importarle. ¡®No¡­ Otra vez esto no¡­ Por favor, ?vete¡­! ?Por favor¡­!¡¯ ¡°A-All¨ª arriba¡­ La b-barandilla, en el piso de a-arriba¡­¡± murmur¨® Desmond. Aunque estaba aterrorizada, ech¨® un vistazo. Incluso a una cierta distancia y sumido en la penumbra, le reconocer¨ªa en cualquier sitio. El hombre que hab¨ªa convertido su vida en una pesadilla. Una pesadilla de la que no consegu¨ªa despertar, incluso con el mundo patas arriba. Logan se apoyaba en la barandilla de cristal con una postura relajada, sujetando una pistola con su mano derecha, apunt¨¢ndoles directamente. Desmond, quien manten¨ªa la calma contra todo pron¨®stico, ech¨® la mano bajo su chaqueta y sac¨® su propia pistola, con la que procedi¨® a enca?onar a Logan. ¡°Guau¡­ ?Acaso todo el mundo tiene una pistola aqu¨ª? Cre¨ªa que estos t¨ªos estaban faltos de armas¡­ ?Eh, chicos! ?Tenemos compa?¨ªa aqu¨ª!¡± grit¨®, hablando con alguien a quien no pod¨ªan ver a¨²n. ¡°¡­p-por fa¡­vor¡­¡± la voz de Nora sali¨® en hilos. ¡°?E-Eh¡­?¡± Desmond no pudo o¨ªrla. ¡°¡­por favor¡­ a-ay¨²dame¡­¡± Antes de que pudiera seguir rog¨¢ndole, m¨¢s gente se uni¨® a Logan en el piso de arriba, la mayor¨ªa de ellos armados. Uno de ellos vest¨ªa un traje. ¡°Ah, se?orita Lamb, vaya un encuentro desafortunado.¡± la voz de Julien reson¨® en sus o¨ªdos, m¨¢s parecida a ruido que a una voz de verdad. ¡°Una pena que ya no necesitemos sus servicios, ?verdad?¡± ¡°?Lo hacemos?¡± pregunt¨® Logan. ¡°S¨ª. Ser¨¢ un problema menos del que preocuparse. Desh¨¢ganse de ellos.¡± CAPíTULO 22 – REBELDíA Los rayos de sol que cayeron sobre el grupo de supervivientes eran como una bendici¨®n salida del cielo. William entrecerr¨® los ojos y se cubri¨® la cara con las manos. No estaba acostumbrado a semejante brillo tras pasar tanto tiempo bajo tierra. Se encontraban en alguna clase de paso inferior, bajo una calle principal. Finos haces de luz se colaban a su interior y lo iluminaban desde ambas entradas. Se estaba haciendo tarde y, por ende, estaba empezando a oscurecer; pero casi todo el mundo tuvo que protegerse los ojos. No hab¨ªa ni un solo caminante a la vista. Las calles cercanas que conectaban con el paso inferior estaban desiertas. El ¨²nico sonido perceptible era el silbido de una ligera brisa, junto a los jadeos agitados de los supervivientes. Tanto silencio y tranquilidad¡­ Casi parec¨ªa seguro. ¡°?No podemos detenernos aqu¨ª¡­! ?Tenemos que seguir!¡± dijo Marcus. William se gir¨® hacia ¨¦l y se le qued¨® mirando. Probablemente ten¨ªa raz¨®n. Los caminantes todav¨ªa les segu¨ªan el rastro, y no tardar¨ªan en alcanzarles. ?Cu¨¢ntas puertas hab¨ªan cerrado tras de s¨ª al salir? Ni se hab¨ªa molestado en contarlas. Pero, ?cu¨¢ntas de ellas segu¨ªan en pie? No muchas, eso seguro. Se percat¨® de que Marcus estaba cargando con su malet¨ªn. ?Hab¨ªa estado corriendo con ¨¦l todo el tiempo? Daba la impresi¨®n de que, incluso durante una emergencia extrema, el malet¨ªn era lo bastante importante como para que el peso adicional mereciese la pena. ¡°?N-No estamos acaso seguros aqu¨ª¡­? Son lentos al aire libre, ??no¡­!?¡± pregunt¨® Claire. Parec¨ªa desesperada por encontrar un momento para recuperar el aliento. ¡°No, estos no¡­ Estos acaban de convertirse. ?No se van a calmar, ni siquiera bajo la luz!¡± Marcus dio un paso al aire libre, abandonando la cobertura del paso inferior, y ech¨® un vistazo a los alrededores. ¡°Vamos a ver¡­ Vale, deber¨ªa haber un lugar seguro cerca, aquel ¨¢tico¡­ Deber¨ªamos poder refugiarnos all¨ª¡­¡± ¡°?Un momento¡­!¡± Claire estall¨®, dirigi¨¦ndose a William, e interrumpiendo las divagaciones de Marcus. ¡°??Qu¨¦ ha pasado con Nora y Lilian¡­!? Oh dios, ?crees que han¡­?¡± Cierto, Desmond. El brote repentino le hab¨ªa pillado tan por sorpresa que se hab¨ªa olvidado por completo de Desmond. ¡°Oye.¡± William capt¨® la atenci¨®n de Marcus. ¡°Uno de tus hombres, Desmond, mencion¨® algo sobre retirarse al vest¨ªbulo¡­¡± ¡°?Qui¨¦n¡­? ?El vest¨ªbulo, dices¡­? Hmm¡­¡± se agarr¨® la barbilla, pensativo. ¡°Tambi¨¦n hay una sala segura en el vest¨ªbulo¡­ Hemos estado estableciendo salas seguras en los alrededores, para situaciones como esta. Si han conseguido llegar hasta all¨ª¡­¡± se gir¨® y se encar¨® hacia el grupo de supervivientes, que se contaban en menos de una decena. ¡°?Pod¨¦is llegar hasta el ¨¢tico? ?El apartamento del viejo Elliot, encima de la librer¨ªa? No est¨¢ muy lejos de aqu¨ª.¡± ¡°??Y por qu¨¦ rayos deber¨ªamos seguir escuch¨¢ndote!?¡± un hombre le ladr¨®, cabreado, mientras abrazaba a una mujer asustada. ¡°?Mira a d¨®nde nos ha llevado!¡± ¡°?S¨ª, a este paso solo vas a conseguir que nos maten a todos!¡± dijo otra persona. ¡°No ten¨¦is por qu¨¦ hacerlo.¡± la respuesta de Marcus provoc¨® miradas de frustraci¨®n y malestar. ¡°?Lo har¨ªais mejor por vuestra cuenta? Si as¨ª lo cre¨¦is, sois libres de hacer lo que os plazca. Tan solo sugiero que deber¨ªamos tratar de permanecer como un grupo. Pero, a fin de cuentas, la decisi¨®n es vuestra.¡± ¡°?Bah¡­! Tonter¨ªas¡­¡± Los supervivientes se miraron los unos a los otros durante unos inc¨®modos y largos segundos. ¡°¡­Al menos no se nos comer¨¢n esta noche si nos quedamos en el ¨¢tico, ?no¡­?¡± ¡°Supongo¡­¡± ¡°?Tenemos alg¨²n otro sitio donde refugiarnos¡­?¡± ¡°Vale¡­¡± Con perezosa desgana, el grupo accedi¨® poco a poco, un integrante tras otro. Nadie ten¨ªa demasiados ¨¢nimos para hacer nada, y no era de extra?ar. Tras la abrupta p¨¦rdida del refugio del metro, la moral de los supervivientes restantes era lamentable. Muchos de ellos miraban al suelo o se tapaban la cara, en un vano intento por ocultar sus l¨¢grimas. Brazos y hombros ca¨ªdos, miradas perdidas, murmullos incoherentes¡­ En aquel breve momento de respiro, cuanto m¨¢s diger¨ªan lo ocurrido, m¨¢s obvias se volv¨ªan las consecuencias. P¨¦rdida, p¨¦rdida y m¨¢s p¨¦rdida. William desvi¨® la mirada hacia otro lugar, apretando los pu?os. Aquel tipo de dolor le resultaba familiar. ¡®?C¨®mo se siente, Marcus¡­?¡¯ Como alertado por sus pensamientos, Marcus se gir¨® hacia William y Claire. Los otros supervivientes hab¨ªan comenzado finalmente a moverse, deambulando en direcci¨®n al refugio temporal. ¡°Voy a ir a comprobar el vest¨ªbulo de la estaci¨®n. ?Os parecer¨ªa bien acompa?arme?¡± pregunt¨®. ¡°Me parece sorprendente que est¨¦s dispuesto a ir en persona.¡± las intenciones de Marcus confund¨ªan a William. ¡°Pong¨¢monos en camino primero, os lo explicar¨¦ sobre la marcha.¡± golpes y gru?idos, provenientes del t¨²nel de acceso al metro, se volv¨ªan m¨¢s perceptibles a un ritmo peligroso. ¡°Est¨¢n llegando.¡± Se apresur¨® hacia la acera, y procedi¨® a echar el malet¨ªn al interior de un arbusto cercano, ocult¨¢ndolo de la vista. ¡°En marcha.¡± ¡­ William mantuvo su atenci¨®n sobre Marcus durante todo el trayecto, quien lideraba al tr¨ªo hacia el edificio del metro. Su resistencia era admirable, mostrando apenas signos de fatiga incluso tras correr una distancia considerable. Sin sudor, sin respiraci¨®n pesada¡­ Para ser alguien que supuestamente pasaba la mayor parte del tiempo en una oficina, s¨ª que estaba saludable y en forma. ¡°Lo ocurrido en el refugio no fue un accidente.¡± dijo, mirando hacia atr¨¢s un momento. ¡°??Qu¨¦ quieres decir¡­!?¡± ¡°Ciertas personas desaparecieron poco antes de que comenzara el brote. No pude quedarme a investigar m¨¢s en detalle, pero el se?or Julien y su gente no estaban por ninguna parte¡­ Y tampoco la chica infectada.¡± ¡°?Julien¡­!¡± La voz de Claire estaba repleta de desd¨¦n y resentimiento. William pod¨ªa sentir c¨®mo su ira crec¨ªa a su espalda. ¡°?Crees que ellos son los responsables¡­?¡± pregunt¨® William. ¡°S¨ª, eso creo¡­ Estaban ansiosos por irse tan pronto apareci¨® la chica, sin importar cu¨¢nto tratase de razonar con ellos. Ahora que lo pienso, creo que nunca tuvieron intenciones de cooperar con nosotros en primer lugar. Deb¨ª mantenerlos bajo supervisi¨®n, al igual que hice con vosotros dos¡­¡± mientras hablaba, pas¨® de trotar a caminar r¨¢pido. ¡°No salieron por la misma v¨ªa que tomamos nosotros. Puede que hayan usado un t¨²nel diferente¡­ o puede que hayan usado la puerta delantera.¡± ¡°Ya veo¡­ Hay una posibilidad de que Lilian est¨¦ all¨ª. Eso es lo ¨²nico que te interesa, ?me equivoco?¡± ¡°Tengo mis motivos para creer que estar¨¢ m¨¢s segura bajo nuestra custodia por ahora.¡± Marcus no dio m¨¢s detalles. William ech¨® un resoplido de decepci¨®n, y decidi¨® no hacer m¨¢s preguntas. Ten¨ªa algunas cosas que aclarar con aquel hombre, pero lidiar¨ªa con ¨¦l tras encontrar a Nora y a Lilian¡­ y tras tener una o dos palabras con Desmond, si le encontraban tambi¨¦n. Help support creative writers by finding and reading their stories on the original site. ****** Claire escuch¨® las palabras de Marcus con gran inquietud. ?Qu¨¦ Lilian estar¨ªa m¨¢s segura bajo su custodia? S¨ª, por supuesto que dir¨ªa tal cosa. Por supuesto que ten¨ªa sus motivos para pensar algo as¨ª. Hac¨ªa un buen rato que ten¨ªa ganas de sacar el tema. Pero, ?deber¨ªa? Era casi garantizado que ser¨ªa una mala idea. Podr¨ªa provocar m¨¢s discusiones, retrasos, peleas entre ellos mismos¡­ En aquellos momentos, la prioridad m¨¢s importante era asegurarse de que Nora y Lilian estuviesen a salvo. Sigui¨® caminando, y no dijo nada. ****** En general, no le disgustaba la gente. Pero, ?aquellos? Oh, a aquellos los odiaba. Los tipos que la rodeaban eran feos. Ol¨ªan mal. Le daban malas vibraciones. Sus murmullos estaban llenos de odio, y ella los odiaba en igual medida. Aun as¨ª, hasta cierto punto, lo toleraba. Pero acababan de pasarse de la raya. Una raya que no deber¨ªan haber cruzado. Mir¨® fijamente al se?or malo que se apoyaba en la barandilla frente a ella. Sujetaba algo peligroso. No ten¨ªa muy claro c¨®mo funcionaba, pero sab¨ªa que era peligroso. Cosas malas y ruidosas sal¨ªan del extremo puntiagudo, y le hac¨ªan da?o a quien fuera que estuviese delante. Y estaba apuntando a su hermanita con ello. Algo malo estaba a punto de pasarle. Eso no pod¨ªa permitirlo. ¡°No.¡± susurr¨®. Fue tan solo eso, un susurro, pero las cabezas empezaron a girarse en su direcci¨®n, pues todos lo hab¨ªan o¨ªdo alto y claro. No estaba segura de por qu¨¦, pero su voz sali¨® con un tono raro. Sonaba como una advertencia. Aquella no era realmente su intenci¨®n, pero tiraba de su subconsciente, incit¨¢ndola a mantener a los tipos malos lejos de Nory a toda costa. ¡°Oye, oye¡­¡± el se?or feo se alej¨® un pasito de la barandilla, bajando un poco la mano con el chisme peligroso. ¡°?Desde cu¨¢ndo tiene agallas esta mocosa?¡± Sigui¨® mir¨¢ndole a los ojos. De verdad que era feo, el m¨¢s feo de todos. ¡°No se ande por las ramas, se?or Logan. Asumir¨ªa que estar¨ªa interesado en encargarse de este asunto usted mismo, pero si va a dudar, alguien m¨¢s lo har¨¢. No podemos seguir perdiendo el tiempo aqu¨ª.¡± otro se?or hablaba detr¨¢s de ella, uno que vest¨ªa un traje de mago muy extra?o. Tambi¨¦n odiaba a los magos. Te enga?an todo el tiempo. No le gustaba ni un pelo. ¡°Vale, si t¨² lo dices¡­¡± el se?or feo centr¨® su atenci¨®n en el piso de abajo una vez m¨¢s, agarrando el chisme peligroso con ambas manos. ¡®Oh, no.¡¯ Algo estaba a punto de pasar. Algo malo. Ten¨ªa que detenerle. En una ola de emociones compulsivas que repentinamente secuestraron su cerebro, carg¨® de frente, antes de que nadie pudiese reaccionar. ****** Nora no pod¨ªa apartar los ojos ¨¦l. Su cuerpo ya no le respond¨ªa; sus extremidades temblaban sin control, sus dientes casi casta?eaban, los latidos de su coraz¨®n le martilleaban el pecho. Pero su conciencia se hab¨ªa vuelto ajena a todo aquello, solo ten¨ªa ojos para el ca?¨®n de la pistola que le apuntaba directamente. ?As¨ª de f¨¢cil? ?Hab¨ªa llegado la hora? Sab¨ªa que ten¨ªa que correr, esconderse en alg¨²n sitio, apartarse del medio. Cualquier cosa menos quedarse quieta. En circunstancias diferentes, la muerte podr¨ªa haber sido considerada un regalo. Habr¨ªa sido un bienvenido alivio, siempre y cuando Lilian estuviese segura y en buenas manos. En manos mejores y m¨¢s capacitadas que las suyas. Pero no lo estaba. Probablemente estaba all¨ª arriba en alguna parte, con aquellos canallas. De hecho, definitivamente estaba all¨ª arriba, no cab¨ªa duda. Justo all¨ª. Detr¨¢s de Logan. Abalanz¨¢ndose sobre ¨¦l. Gru?¨¦ndole como un perro rabioso. ¡®?Eh¡­? ?Q-Qu¨¦¡­?¡¯ Su mente no proces¨® lo que estaba ocurriendo, hasta que la conmoci¨®n resultante lo hizo evidente. ¡°?Eh! ???Que cojones¡­!!? ??Mierda, quit¨¢dmela de encima!!¡± ¡°??Qu¨¦ co?o est¨¢s haciendo!?¡± ¡°??Que alguien la pare!!¡± ¡°??Intenta morderme, joder¡­!! ??Maldita sea, es fuerte!!¡± ¡°Aguanta, le sujetar¨¦ la¡ª ????Aaaaaaarrrgh!!!!¡± *??Bang!!* El sonido reverber¨® por todo el vest¨ªbulo, y un cuerpo humano se estrell¨® contra la barandilla de cristal del piso superior, revent¨¢ndola y cayendo de cabeza contra el suelo de debajo. Sangraba profusamente por una evidente herida de bala en la cabeza, y por una desagradable laceraci¨®n en el brazo izquierdo. ¡°?Caballeros, no tenemos tiempo para esto! ?Sujetadle los brazos, y ponedle un trapo en la boca!¡± la voz de Julien sonaba frustrada y exasperada. ¡°??Lilian!!¡± Nora reaccion¨®, a gritos. ¡°??Nooooo!! ???No le hag¨¢is da?o!!! ???Ya basta!!!¡± ¡°Ah, s¨ª, que alguien mate a esos dos. Me da igual qui¨¦n lo haga, ?pero hacedlo de una vez!¡± orden¨® Julien. Antes de que Nora pudiese tratar de cargar escaleras arriba de forma imprudente, alguien agarr¨® su brazo derecho y tir¨® de ella. Pronto se encontr¨® aterrizando bruscamente en el suelo, detr¨¢s de un murete cercano. Algunos tiros ensordecedores m¨¢s, y varias balas pasaron volando, fallando por poco. Un par de ellas alcanzaron el bordillo del muro sobre sus cabezas, roci¨¢ndolos con astillas cer¨¢micas y polvo de cemento. ¡°???D¨¦jame ir!!! ???Tengo que salvar a Lilian!!!¡± Nora sigui¨® resisti¨¦ndose, tratando de liberarse del agarre de Desmond, con l¨¢grimas en los ojos. ¡°??N-No seas est¨²pida!! ??Te matar¨¢n¡­!! ??N-No lo conseguir¨¢s¡­!!¡± Nora asom¨® la cabeza sobre el bordillo por una fracci¨®n de segundo. *??Bang!!* Una aguda punzada de dolor la hizo agacharse de nuevo, sobresaltada. ¡°??Kyaaah¡­!!¡± Se llev¨® la mano izquierda a la cara. Estaba moderadamente c¨¢lida, y ard¨ªa al tocarla. Percibi¨® el olor de la sangre. La bala hab¨ªa raspado su mejilla izquierda. Incluso si no era m¨¢s que una herida superficial, fue suficiente para sacudirla hasta la m¨¦dula. En el piso de arriba, Lilian segu¨ªa luchando con sus captores. ¡°??Tengo su brazo¡­!! ??Mierda, no puedo¡ª?! ???C¨®mo diablos puede ser tan fuerte¡­!!?¡± ¡°??Sujetadla!! ??Le meter¨¦ esto en la boca!!¡± ¡®Por favor, Dios¡­ Si me oyes, por favor, por favor¡­ ?No dejes que sigan haci¨¦ndole da?o¡­!¡¯ Nora se acurruc¨® y apret¨® los dientes. Las l¨¢grimas brotaban sin parar de sus ojos, y no hab¨ªa mucho que pudiese hacer al respecto. Todo lo que pod¨ªa hacer era controlarse para no llorar a gritos. ¡°??Bien, est¨¢ asegurada!!¡± *??Bang!!* Otro disparo. Pero no impact¨® en ning¨²n sitio a su alrededor. En respuesta, Nora escuch¨® un gemido de dolor que proven¨ªa del piso superior. ?Hab¨ªa Lilian conseguido morder a alguien m¨¢s? El primero hab¨ªa sido ejecutado al instante, no ser¨ªa de extra?ar que hubiese ocurrido una segunda vez. ¡°??Mierda!! ??Alguien nos dispara!!¡± ¡°???A cubierto!!!¡± ¡®?Eh¡­?¡¯ A pesar de la ardiente advertencia en su mejilla izquierda, Nora ech¨® otro vistazo. Algo estaba pasando. Los hombres del piso de arriba se hab¨ªan retirado de la barandilla de cristal, y se ocultaban tras pilares, bancos y otros obst¨¢culos. Eran apenas visibles, pero pod¨ªa percibir signos de movimiento en la zona. Lilian no estaba a la vista. En el piso de abajo, avist¨® varias figuras, en el lado opuesto del vest¨ªbulo. A cubierto tras los grandes pilares de soporte, bien escondidos en las sombras. Uno de ellos apuntaba una pistola hacia el piso superior. Los otros dos, aunque dif¨ªciles de identificar en la oscuridad, parec¨ªan familiares. ****** Marcus hab¨ªa sacado un arma de debajo de su ropa sin previo aviso. ?La llevaba encima todo el tiempo? Podr¨ªa haberla usado para su propio beneficio en muchas ocasiones, William pens¨® que era raro que no lo hubiese hecho. Sin embargo, lo que era realmente impresionante, era su punter¨ªa. Manos firmes, postura impecable, y un tiro limpio. William no era un experto, pero estaba bastante seguro de que no hab¨ªa sido un golpe de suerte. Aquel hombre no era un aficionado. ¡°?Ah¡­! ?All¨ª¡­!¡± Claire se?al¨® al otro lado del edificio. A cuatro patas, tras un peque?o muro. La persona en s¨ª era indescriptible desde aquella distancia, a excepci¨®n del pelo. Aquel pelo rojo llamar¨ªa la atenci¨®n en cualquier sitio. ¡®?Nora¡­!¡¯ Alg¨²n tipo de bulto se manten¨ªa agachado a su lado, seguramente otra persona. No pod¨ªa distinguir qui¨¦n era, pero en el fondo lo sab¨ªa. Claire parec¨ªa demasiado ansiosa de ir junto a Nora. Su mirada bailaba entre su posici¨®n y el piso superior del edificio, como si buscase una posibilidad de abandonar su cobertura. ¡°Claire, no lo hagas¡­¡± susurr¨® William. ¡°A¨²n no. ?Es peligroso¡­!¡± Marcus todav¨ªa no hab¨ªa apartado los ojos del enemigo. Era ir¨®nico que les llamase ¡°enemigos¡±. Una hora atr¨¢s, estaba supuestamente dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de ayudar a su gente, ?y ahora no ten¨ªa reparos en coserlos a tiros? Por supuesto, eran presuntos traidores que hab¨ªan echado a perder todo el refugio, pero el cambio de actitud segu¨ªa siendo dram¨¢tico, como poco. Un profundo silencio se hab¨ªa apoderado del vest¨ªbulo. Nadie se mov¨ªa, nadie disparaba. Se o¨ªan susurros y otros ruidos raros provenientes de arriba, pero nada m¨¢s. William rastre¨® la zona con los ojos, hasta que estos se detuvieron en un cad¨¢ver tirado en el suelo, justo frente a las escaleras que bajaban al subsuelo, a plena vista. Parec¨ªa haber ca¨ªdo desde arriba. Una de sus manos todav¨ªa sujetaba una pistola. ¡®Marcus es el ¨²nico que tiene un arma¡­ Si pudiera llegar hasta all¨ª, podr¨ªamos equilibrar la balanza un poco¡­¡¯ Ese Julien y sus hombres estaban all¨ª arriba, probablemente con Lilian¡­ Todos los jugadores y las piezas estaban en el tablero. Tan solo ten¨ªan que hacer los movimientos adecuados. ¡°Oye¡­ Marcus¡­¡± dijo. ¡°?S¨ª¡­?¡± ¡°?Puedes cubrirme?¡± CAPíTULO 23 – TIROTEO Logan arrambl¨® con todo el estante de suministros hacia el saco, antes de continuar con el siguiente. A su lado, un par de matones hac¨ªan lo propio con los armarios cercanos, tomando todos los recursos posibles antes de que fuese demasiado tarde. ¡°?Eh, eh¡­! ??Llega la furgoneta o qu¨¦!?¡± pregunt¨® alguien. ¡°A¨²n no¡­ ?Los chicos han ido a buscarla hace un rato, deber¨ªan estar llegando!¡± respondi¨® otro hombre, de pie en el umbral de la puerta trasera, la cual llevaba a un tramo de escaleras que conectaba con la calle. ¡°?C¨®mo est¨¢ la cosa ah¨ª atr¨¢s¡­?¡± Logan se?al¨® hacia la puerta frontal del almac¨¦n, hacia el vest¨ªbulo. ¡°No oigo nada¡­ Esos dos recibieron refuerzos hace un momento, ??no!?¡± Una figura corpulenta se les acerc¨® desde una esquina de la habitaci¨®n. ¡°Creo que tienen a un tirador de narices ah¨ª abajo¡­ Vi c¨®mo se cargaban a ese bastardo de un solo disparo.¡± Jacobs procedi¨® a toser y escupir en el suelo antes de continuar. ¡°Probablemente vayan a morir.¡± ¡°No creo que eso sea un problema, ?o s¨ª?¡± Julien se meti¨® en la conversaci¨®n, sujetando fuertemente las manos atadas de Lilian a su espalda. ¡°No cabemos todos en la furgoneta.¡± ¡°Ja¡­ Les est¨¢s reemplazando por sacos de comida, ?a que s¨ª? Y yo que pensaba que el pirado aqu¨ª era yo¡­¡± ¡°Por favor, se?or Jacobs, no hable como si usted no hubiese hecho lo mismo.¡± ¡°No, yo les hubiese molido a palos personalmente.¡± ¡°?Quiz¨¢ deber¨ªamos dejarnos de ch¨¢chara?¡± dijo Logan. ¡°Si esos idiotas de ah¨ª fuera mueren, puede que tengamos que aguantar aqu¨ª hasta que llegue la furgoneta.¡± Oy¨¦ndolos hablar sin miramientos sobre las muertes de sus camaradas, el resto del grupo comparti¨® miradas inc¨®modas. Nadie quer¨ªa dejar atr¨¢s a sus amigos, pero tampoco nadie quer¨ªa oponerse a aquel tr¨ªo. Especialmente a Jacobs. Su brillante historial criminal era prueba de que tratar de joderle era una muy mala idea. Si agachar la cabeza y obedecer era suficiente para garantizar su supervivencia, lo har¨ªan. Lilian, sin embargo, no parec¨ªa prestar atenci¨®n a nadie a su alrededor. Su berrinche de rabia se hab¨ªa sosegado poco despu¨¦s de que la hubiesen contenido. Sus ojos estaban perdidos, fijados en nada en absoluto. O quiz¨¢ s¨ª que estaba, de hecho, concentrada en algo. Algo que solo ella pod¨ªa ver. Sus pupilas titilaban sin parar, como un motor estropeado que traqueteaba en su esfuerzo por arrancar una vez m¨¢s. ****** En lo profundo de la oscuridad del metro, escondida donde nadie podr¨ªa interferir con ella, una gran silueta se mov¨ªa y se retorc¨ªa en r¨¢fagas de movimiento cortas y calculadas, casi como espasmos. Era un mont¨ªculo de tejido org¨¢nico duro, cuyo exterior parec¨ªa alg¨²n tipo de caparaz¨®n calcificado. Varios caminantes se abrazaban a la cosa, aferr¨¢ndose a ella. A pesar de que se hab¨ªan convertido hac¨ªa apenas un rato, ya hab¨ªan perdido todo resquicio de vitalidad. Sus cuerpos se hab¨ªan fusionado parcialmente con la vibrante masa, demacrados, drenados. Lo que quedaba de sus vagas conciencias pronto se disipar¨ªa por completo, dejando atr¨¢s nada m¨¢s que c¨¢scaras vac¨ªas. El mont¨ªculo lati¨® y tembl¨® violentamente una ¨²ltima vez, segundos antes de que una enorme grieta vertical lo partiese en dos de arriba abajo. Hab¨ªa algo dentro. Un ap¨¦ndice cubierto de baba surgi¨® del interior, separando ambas mitades. Nubes de un vapor misterioso bordaban de la oscura cavidad, disip¨¢ndose en cuanto llegaban al suelo. A medida que el capullo se desmoronaba en varios pedazos, una forma humanoide se alz¨® de sus restos. Pis¨® los cad¨¢veres deteriorados de los caminantes cuando sal¨ªa, aplastando sus huesos bajo su peso. La oscuridad del t¨²nel pronto se dispers¨® debido a la bioluminiscencia de la cosa, que emanaba gradualmente de su cuerpo con la fuerza reci¨¦n nacida que circulaba por sus venas. Estaba confuso. Su limitada cognici¨®n no pod¨ªa comprender d¨®nde estaba, qu¨¦ se supon¨ªa que deb¨ªa hacer, por qu¨¦ estaba vivo. Dio algunos pasos m¨¢s, balance¨® los brazos, tratando de acostumbrarse a la locomoci¨®n b¨¢sica. Entonces oy¨® los susurros. Una voz enloquecedora, comand¨¢ndolo desde alg¨²n sitio, solicitando su presencia a toda costa. Una voz que no pod¨ªa resistir, una existencia tan poderosa que sobrescribi¨® su propia identidad. Pose¨ªdo por una fuerza m¨¢s all¨¢ de su entendimiento, comenz¨® a esprintar a toda velocidad, hacia la superficie. ****** Claire no quer¨ªa esperar m¨¢s, pero no ten¨ªa elecci¨®n. Nerviosa, trag¨® saliva, esperando a que William y Marcus hiciesen algo. El silencio en el sal¨®n la ten¨ªa acojonada. El enemigo no les estaba atacando, pero tampoco se retiraban. Pod¨ªa verlos asomar la cabeza tras las columnas del piso de arriba de vez en cuando. ?A qu¨¦ esperaban? *??Bang!!* *??Bang!!* *??Bang!!* Marcus dio la se?al de salida. Tres disparos, espaciados aproximadamente un segundo entre s¨ª, apuntando a tres coberturas diferentes en el piso superior. Casi al mismo tiempo, William sali¨® a toda prisa de detr¨¢s de su propia cobertura y se abalanz¨® en direcci¨®n al cad¨¢ver frente al acceso subterr¨¢neo. El fuego de cobertura de Marcus fue efectivo, mantuvo abajo las cabezas del enemigo el tiempo suficiente para que William pudiese alcanzar su objetivo, pero no fue perfecto. Una bala perdida consigui¨® volar hacia abajo en direcci¨®n a William, fallando por un pelo. Marcus devolvi¨® el fuego al tirador, fallando tambi¨¦n. La ¨²nica opci¨®n que William ten¨ªa para protegerse eran las escaleras de subida, a ambos lados de la entrada subterr¨¢nea. En cuanto se refugi¨® bajo ellas, pistola en mano, todo se detuvo una vez m¨¢s. ¡­ Claire hab¨ªa tenido all¨ª una valiosa oportunidad, y la hab¨ªa aprovechado. El enemigo, con su atenci¨®n centrada en el intercambio de disparos, no pareci¨® percatarse de c¨®mo se deslizaba hacia las paredes externas del vest¨ªbulo y se dirig¨ªa hacia la parte de atr¨¢s. Hab¨ªa conseguido ocultarse fuera de la vista, justo debajo de las posiciones enemigas. ?Cu¨¢l era el plan? Quer¨ªa alcanzar a Nora, asegurarse de que estaba bien; pero su escondite estaba a plena vista en mitad del sal¨®n. Acercarse a ellos directamente ser¨ªa una forma r¨¢pida de llevarse un balazo. Aun as¨ª, ten¨ªa que hacer ago. Al menos, podr¨ªa tratar de acercarse a su posici¨®n. Camin¨® en cuclillas por la penumbra. Una zona de fuego cruzado a su derecha, tiendas y pasillos abandonados a su izquierda, el enemigo en alg¨²n sitio sobre su cabeza, oscuridad delante¡­ Ning¨²n lugar parec¨ªa seguro. Jadeando de miedo y estr¨¦s, avanz¨® hacia la posici¨®n de William, justo detr¨¢s de las escaleras. Su presencia lo sobresalt¨®. Tuvo mucha suerte de que la reconociese antes de apretar el gatillo. ¡°??Claire¡­!? ??Qu¨¦ haces aqu¨ª¡­!?¡± susurr¨®. ¡°Da igual¡­ Escucha, tengo una idea¡­¡± ¡°V-Vale¡­¡± respondi¨® ella, asintiendo. ¡°Creo que hay otra forma de subir por ah¨ª¡­¡± dijo, se?alando hacia la oscuridad, hacia las profundidades del edificio. ¡°Deber¨ªa haber un hueco de escaleras que va desde el aparcamiento subterr¨¢neo hasta el piso de arriba. Subir¨¦ y tratar¨¦ de crear una distracci¨®n. Si funciona¡­ pon a salvo a Nora y a su compa?ero.¡± ¡°??Seguro que es buena idea que nos separemos¡­!?¡± ¡°Tienen ventaja ah¨ª arriba¡­ No veo otra soluci¨®n. Haz lo que te digo, ?y no seas imprudente! Espera hasta estar segura de que les tenemos ocupados. ??Entendido!?¡± ¡°?Muy bien¡­!¡± tan pronto le dio su confirmaci¨®n, William se gir¨® y ech¨® a correr hacia el pasillo m¨¢s cercano. ¡°?T-Ten cuidado¡­!¡± Enjoying this book? Seek out the original to ensure the author gets credit. No estaba segura de que aquellas ¨²ltimas palabras le hubiesen alcanzado, dado que hac¨ªa todo lo posible por no alzar la voz m¨¢s de lo necesario. No hab¨ªa pasado ni un segundo, y ya no pod¨ªa verle, la oscuridad lo hab¨ªa engullido entero. Sab¨ªa que no pod¨ªa perder el tiempo. Sigui¨® peg¨¢ndose a las paredes, arrastr¨¢ndose lo m¨¢s cerca posible a la posici¨®n de Nora. Se detuvo tras una columna, y esper¨®. Estaban justo all¨ª, a unos cinco metros de distancia. Claire pod¨ªa ver a Nora agazapada tras una pared, junto a otra persona desconocida. ?Quiz¨¢ el hombre que les hab¨ªa salvado, en el metro? No parec¨ªan haberse percatado de su presencia, y no se atrevi¨® a hacer ni un ruido para hac¨¦rselo saber. El vest¨ªbulo entero estaba en silencio. Todo el mundo observaba, esperando a una se?al para entrar en acci¨®n. Se mordi¨® las u?as, le costaba hasta contar los segundos en su cabeza. Entonces, oy¨® los disparos. ****** Lo primero que hab¨ªa hecho William tan pronto se puso a salvo hab¨ªa sido comprobar el cargador. A¨²n ten¨ªa balas. Si se hubiese parado a investigar el cad¨¢ver en busca de munici¨®n extra, habr¨ªa sido un blanco perfecto. Tendr¨ªa que zanjar el encuentro con lo que llevaba encima. Mientras sub¨ªa por las escaleras, a tientas en la casi completa ausencia de luz, no par¨® de recordarse a s¨ª mismo por qu¨¦ se estaba molestando con tanto esfuerzo, tomando tantos riesgos. En cierto modo, estaba perplejo. ?D¨®nde estaba el calculador, cuidadoso y anal¨ªtico William? Aquel d¨ªa, en su totalidad, hab¨ªa sido una monta?a rusa de emociones, las cuales hab¨ªan desenterrado un peque?o atisbo de esperanza que hab¨ªa acabado retorciendo su propio punto de vista de formas que nunca habr¨ªa imaginado. Ten¨ªa preguntas, y anhelaba respuestas. ¡®Pronto¡­ Acabemos con esto, y entonces¡­¡¯ Pero necesitaba a la chica. Estaba casi seguro. Lilian era fundamental. Era imposible que no lo fuese. Y ellos la ten¨ªan. Cerca, en alguna parte. Respir¨® profundamente para calmar sus nervios, y se asom¨® por la esquina. Estaba bajo la cobertura de la oscuridad; estaba bastante seguro de que no pod¨ªan verle. Desde su nueva posici¨®n, estaban expuestos. Eran al menos cinco personas. Los hombres hac¨ªan aspavientos y se revolv¨ªan en el sitio tras sus coberturas, susurr¨¢ndose unos a otros y usando cantidades excesivas de lenguaje corporal en sus intentos de comunicaci¨®n. Parec¨ªan confusos, e inquietos. ?Quiz¨¢ se estaban impacientando? William no comprend¨ªa realmente por qu¨¦ segu¨ªan all¨ª. Daba la sensaci¨®n de que estaban haciendo tiempo, pero, ?por qu¨¦? La chica no estaba por ning¨²n sitio. ¡®Marcus mencion¨® algo sobre una sala segura en el piso de arriba¡­ Est¨¢ probablemente ah¨ª delante, ?a que s¨ª¡­?¡¯ Volvi¨® a respirar hondo, antes de apuntar con la pistola. En el fondo, sab¨ªa que ten¨ªan otro problema. Comerse un balazo no era la ¨²nica amenaza a la que deb¨ªan atender. Los ruidos fuertes eran una mala idea por un buen motivo, y m¨¢s a¨²n tan cerca de semejante punto caliente, el punto de origen de un brote. Hiciese lo que hiciese, ten¨ªa que funcionar, y ten¨ªa que hacerlo deprisa. ¡­ *??Bang!!* Ni se molest¨® en apuntar a la cabeza. La bala desapareci¨® en el interior de la caja tor¨¢cica del objetivo m¨¢s cercano, quien inmediatamente emiti¨® un aullido y cay¨® al suelo. ¡°???Aaaargh!!!¡± ¡°???Qu¨¦ ocurre!!?¡± el caos y los gritos no tardaron en llenar el aire. ¡°??Hay alguien aqu¨ª arriba!! ???Cuidado!!!¡± William no les dio tiempo a reagruparse o reposicionarse. Uno de los hombres se apresur¨® al lado del ca¨ªdo, tratando de socorrerlo. Volvi¨® a apuntar. *??Bang!!* *??Bang!!* Un fallo, un acierto. Sangre fresca salpic¨® el suelo, proveniente de la pierna izquierda, causando que el hombre gritara de dolor y se tirase hacia atr¨¢s. Se arrastr¨® por el suelo hasta refugiarse tras un banco cercano, dejando atr¨¢s a su compa?ero. Al otro tipo no le iba mucho mejor. Sus respiraciones cortas, b¨¢sicamente resuellos, se o¨ªan altos y claros, s¨ªntomas t¨ªpicos de un pulm¨®n perforado. ¡°???All¨ª!!!¡± Una bala vol¨® cerca de la cara de William, al punto que jurar¨ªa haber podido sentir una intensa sensaci¨®n de calor en la trayectoria del disparo. Retrocedi¨® y se ocult¨® tras la esquina a toda prisa. ¡®?Mierda¡­! ?Esa estuvo cerca¡­!¡¯ Pod¨ªa o¨ªr a los hombres corriendo por ah¨ª y discutiendo entre ellos. Algunos disparos m¨¢s resonaron por los pasillos. ¡®Espero que ese sea Marcus¡­¡¯ Pens¨® en Claire. ?Hab¨ªa conseguido llegar hasta Nora? No importaba cu¨¢l fuera la respuesta, ten¨ªa que seguir presion¨¢ndoles. Ech¨® otro vistazo cuidadoso, y apunt¨® una vez m¨¢s. ****** Las armas eran ruidosas. Demasiado ruidosas. Nora hab¨ªa sido testigo de cosas as¨ª antes, varias veces. Pero justo all¨ª, las paredes de aquel enorme sal¨®n hac¨ªan que los atronadores sonidos del tiroteo rebotasen e hiciesen eco por todo el lugar, martilleando en sus o¨ªdos y haciendo que quisiese enterrar la cabeza directamente en la tierra. ¡®Oh, dios¡­ ?Qu¨¦ est¨¢ pasando¡­? ?Que alguien me ayude¡­!¡¯ [Ya est¨¢s otra vez, suplicando ayuda, a pesar de que es evidente que nadie va¡ª] ¡°??Nora¡­!!¡± una voz femenina la sobresalt¨®, interrumpiendo sus pensamientos. Desenterr¨® la cabeza del suelo y mir¨® arriba, a una figura familiar que se arrodillaba sobre ella. La persona desconocida pos¨® una mano con suavidad en su hombro izquierdo, reconfort¨¢ndola. En cuanto le vio la cara, sus ojos se vieron r¨¢pidamente abrumados por las l¨¢grimas. ¡°?C-Claire¡­? Aaah¡­ ?Claire¡­!¡± su voz sonaba desconectada de la realidad, como divagaciones que apenas consegu¨ªan convertirse en palabras. Quer¨ªa seguir hablando, pero llor¨® en vez de eso. ¡°?N-No pasa nada¡­! ?Estamos aqu¨ª, no pasa nada! ?Hemos venido a ayudar!¡± Claire le ech¨® una mirada a Desmond. No parec¨ªa muy contenta con lo que vio. ¡°?Eres t¨²¡­! Oye, ??es una pistola eso que llevas en la mano¡­!? ??Por qu¨¦ no ayudas!?¡± le pregunt¨®. ¡°?A-Ah¡­! ?No, yo no¡­ Um¡­!¡± como de costumbre, Desmond no consigui¨® articular palabras en condiciones. Desde que hab¨ªa arrastrado a Nora detr¨¢s de la cobertura, no hab¨ªa hecho nada m¨¢s que agacharse y esperar. Nora se ve¨ªa reflejada en su comportamiento. Acobardarse y rezar para que los problemas se desvaneciesen por volici¨®n propia. ¡°?Dame esa pistola!¡± exigi¨® Claire. ¡°?N-No puedo¡­!¡± ¡°?Tenemos que ayudarles!¡± Desmond dud¨®, pero finalmente acept¨®. Nora, aun sollozando, mir¨® a Claire con una mezcla de desconcierto y asombro. Claire, aquella chica t¨ªmida y reservada, estaba tomando la iniciativa. Record¨® su arrebato de ira en los apartamentos, y tambi¨¦n en el refugio del rascacielos¡­ No por ella misma, sino por el bien de Nora, siempre. Las l¨¢grimas se apoderaron de ella otra vez. ¡°?G-Gracias¡­!¡± farfull¨® Nora. ¡°?Ahora no hay tiempo de hablar¡­! ?Tenemos que salir de aqu¨ª! ?Estamos expuestos! ?William y Marcus les est¨¢n entreteniendo! ?Vamos!¡± ****** Sus pasos resonaron por los pasillos del metro como un terremoto. La superficie estaba cerca, pod¨ªa sentirlo. Ten¨ªa algunos problemas con el tama?o de los t¨²neles, ten¨ªa que agachar la cabeza para no chocar con el techo, pero igualmente avanzaba a un ritmo muy acelerado. Hab¨ªa algo delante. Una pared endeble, hecha de madera, metal, cuerdas¡­ Alg¨²n tipo de barricada. Emanaba luz del otro lado, naranja y c¨¢lida. ?Estaba aquel muro destinado a detenerlo? No ser¨ªa suficiente. Algo tan d¨¦bil no iba a impedir que acudiese a la llamada. Prepar¨® su hombro derecho y embisti¨® el bloqueo. La entidad ni siquiera redujo la velocidad mientras cargaba directamente a trav¨¦s de la barricada, haci¨¦ndola explotar hacia fuera como golpeada por un cami¨®n. ****** Un sonido fuerte y distante retumb¨® por el vest¨ªbulo. ?Sonaba como una explosi¨®n? Claire se paraliz¨® in situ, nerviosa. ¡°E-Ey¡­. ?Hab¨¦is o¨ªdo eso¡­?¡± pregunt¨®. Nora y Desmond, de rodillas a su lado tras un pilar, parec¨ªan igual de estupefactos que ella. ¡°N-No s¨¦¡­ ?Creo que vino de abajo¡­?¡± respondi¨® Nora. Claire ten¨ªa un mal presentimiento al respecto. A juzgar por las palabras de Marcus, el brote no iba a calmarse por un buen rato. ?Les estaban alcanzando al fin los caminantes? Todo aquel tiempo, era bastante consciente de que podr¨ªan verse rodeados por cad¨¢veres hambrientos, en cualquier momento y sin previo aviso. Ten¨ªan que rescatar a Lilian e irse lo antes posible. Pero, de alguna manera, aquel sonido estaba¡­ mal. Observ¨® la entrada a los t¨²neles subterr¨¢neos, con el sudor fr¨ªo chorre¨¢ndole por la cara. ****** Los peque?os tambi¨¦n sub¨ªan. ?Les atra¨ªan los ruidos ininteligibles que proven¨ªan de arriba? ?Segu¨ªan tambi¨¦n la llamada? No, no pod¨ªan. Tan solo segu¨ªan los restos que hab¨ªan quedado atr¨¢s. Caminaban por instinto, en trance, sin comprender realmente nada m¨¢s all¨¢ de las compulsiones m¨¢s b¨¢sicas. Pero la entidad era diferente. Su presencia era necesaria. M¨¢s que cualquier otra cosa. Se ve¨ªa obligada a ir, sin importar cu¨¢ntos obst¨¢culos hubiera en su camino. Los peque?os estaban en su camino. No eran tan necesarios. Ten¨ªa que quitarlos del medio, le ralentizar¨ªan. No le importaron los caminantes que se dirig¨ªan a la superficie a su lado. Los golpe¨® y apart¨® del camino a pu?etazos, salpic¨¢ndolos contra las paredes, lanz¨¢ndolos a volar pu?ado tras pu?ado. ****** Los ojos de Claire se abrieron de par en par, en incredulidad. En aquel momento, a pesar de lo horriblemente aterrada que estaba, su cuerpo se neg¨® a temblar, temeroso de sobresaltar a lo que estaba mirando, fuese lo que fuese. ¡®A-Ah¡­ ?Q-Q-Qu¨¦ es¡­ e-esa COSA¡­?¡¯ Record¨® aquella ic¨®nica escena de Jurassic Park, en la cual Alan Grant mencionaba que el Tiranosaurio no los ver¨ªa si no se mov¨ªan. Desafortunadamente, ella no era una protagonista de una pel¨ªcula, y aquella cosa no era un Tiranosaurio. Casi dese¨® que lo fuera. La imponente figura hab¨ªa emergido del t¨²nel subterr¨¢neo en un abrir y cerrar de ojos. Como alimentado por una fuerza sobrenatural, salt¨® desde la oscuridad, salvando las escaleras mec¨¢nicas en su totalidad, y aterrizando justo en medio del vest¨ªbulo. Las baldosas del suelo se rompieron bajo la fuerza del impacto. Durante algunos eternos segundos, no se movi¨®. Entonces, sus ojos brillantes comenzaron a escanear los alrededores. Pasaron por Claire, casi provocando que se mease encima, pero no pareci¨® importarles en absoluto. De repente, alertada por algo, la cosa se gir¨®. Mir¨® hacia arriba. CAPíTULO 24 – MONSTRUO ?Un caminante? No, m¨¢s bien un monstruo de una pel¨ªcula de terror. Con una estatura imponente, de m¨¢s de dos metros de altura, la criatura humanoide era m¨¢s alta que cualquier otra cosa que Marcus hubiese visto antes. Su cuerpo estaba cubierto de lo que solo pod¨ªa describirse como armadura org¨¢nica, con placas de apariencia ¨®sea que cubr¨ªan cada cent¨ªmetro de su piel. N¨®dulos luminosos y palpitantes crec¨ªan en lugares extra?os por todo su cuerpo. Su cara estaba adornada no por uno, sino dos pares de ojos, intensamente enfocados hacia algo en el piso superior del vest¨ªbulo. ¡®?Mierda¡­! ?Esta cosa¡­! ?Es tal y como se mencionaba en el informe¡­! ?Creo que mis sospechas eran ciertas, despu¨¦s de todo! ?Esto es un problema¡­!¡¯ Las personas armadas de all¨¢ arriba ya no parec¨ªan una amenaza tangible. No en presencia de aquella criatura. Marcus sab¨ªa que ten¨ªa que actuar deprisa. Si sus sospechas eran realmente correctas, las cosas pronto dar¨ªan un giro dr¨¢stico. Abandon¨® su cobertura, apresur¨¢ndose hacia el otro lado del vest¨ªbulo, donde se ocultaban Claire y los otros dos supervivientes. Sus pasos eran ruidosos y agitados, pero al monstruo no le import¨®. Su atenci¨®n segu¨ªa fijada en el espacio sobre sus cabezas. ¨¦l era insignificante, trivial. ¡°?M-Marcus¡­! ??Q-Qu¨¦ es¡­!?¡± farfull¨® Claire. Parec¨ªa asustada de narices. Hab¨ªa un hombre y una mujer a su lado, agachados tras un pilar. El hombre le parec¨ªa familiar, pero Marcus estaba casi seguro de que no conoc¨ªa a ninguno de los dos. Tambi¨¦n parec¨ªan aterrorizados, y le observaban como si esperasen que fuese a espantar al monstruo. Se detuvo por un momento y midi¨® sus palabras. Cre¨ªa que sab¨ªa lo que hab¨ªa que hacer. Ten¨ªa que detener a aquel monstruo, fuese como fuese. Y necesitar¨ªa toda la ayuda que pudiese permitirse. Pero los riesgos¡­ Aquellas personas le miraban en busca de ayuda, pero puede que solo fuesen a encontrar muerte. Una muerte muy, muy r¨¢pida. Una dulce y alegre voz reson¨® en su cabeza otra vez, un recuerdo instalado en los rincones m¨¢s profundos de su coraz¨®n. [?Eres como un superh¨¦roe! ??Verdad!?] [?Quiero ser capaz de salvar a mucha gente, igual que t¨²!] ¡®Salvar gente, ?eh¡­?¡¯ ¡­ ¡°?Marchaos¡­! ?Ten¨¦is que salir de aqu¨ª! ?Ahora! ?Es demasiado peligroso!¡± dijo. La mujer pelirroja se levant¨® de un brinco. ¡°?U-Un momento¡­! ??Lilian todav¨ªa est¨¢ ah¨ª arriba!! ?Y William¡­!¡± ¡°?Ir¨¦ a buscarlos! ?Me asegurar¨¦ de que salgan sanos y salvos, lo prometo!¡± ¡°?Pero¡ª!¡± Un repentino estallido de ruidos interrumpi¨® su conversaci¨®n. Todos se giraron hacia el centro del vest¨ªbulo, justo a tiempo para presenciar c¨®mo la enorme bestia corr¨ªa hacia las escaleras de subida, ascendiendo con grandes zancadas de varios escalones a la vez. Fuera lo que fuera lo que estaba buscando, lo hab¨ªa encontrado. ¡°???Moveos!!!¡± grit¨® Marcus, antes de dirigirse hacia las escaleras tras la criatura. ****** William los hab¨ªa o¨ªdo, fuertes ruidos que proven¨ªan de abajo, casi como explosiones. No sab¨ªa qu¨¦ pensar al respecto, y desde luego no iba a abandonar su cobertura para comprobar qu¨¦ eran. Le pareci¨® extra?o; esperaba que los dem¨¢s no se hubiesen encontrado con problemas inesperados. Sin embargo, que los ruidos subiesen al piso de arriba fue a¨²n m¨¢s extra?o. ?Y el origen de los ruidos? ¡°Extra?o¡± no ten¨ªa un superlativo lo bastante fuerte para describirlo. No era un caminante. Ning¨²n caminante era as¨ª de grande, ning¨²n caminante se mov¨ªa tan r¨¢pido, y ning¨²n caminante ten¨ªa una apariencia remotamente parecida a aquella cosa. La criatura era consciente de su presencia. De alguna forma, William lo sab¨ªa. Pero no pareci¨® hacerle caso. El monstruo se gir¨® inmediatamente hacia los pobres diablos que estaban entrando en p¨¢nico al otro lado del vest¨ªbulo, y carg¨® directo hacia ellos. ¡°??J-Joder¡­!! ????Qu¨¦ es esa cosa!!!?¡± ¡°???Disparadle¡­!!! ???Aaah, que viene!!! ????Disparaaaaad!!!!¡± Los eventos que tuvieron lugar a continuaci¨®n podr¨ªan haber sido sacados directamente de una pesadilla, sin ning¨²n problema. Una lluvia de balas cay¨® sobre el monstruo, el ensordecedor sonido de los disparos llenaba el aire y hac¨ªa vibrar los t¨ªmpanos como si estuviesen a punto de reventar. Los proyectiles que alcanzaban el cuerpo de la criatura eran tan efectivos como un tirachinas tratando de penetrar un muro de hormig¨®n. Desde la perspectiva de William, era un esfuerzo in¨²til; las balas sonaban como si estuviesen impactando contra roca en lugar de carne. Desde la perspectiva del enemigo, era una muerte inminente, que r¨¢pidamente se traduc¨ªa en terror. ¡°???Qu¨¦ cojones pasa!!?¡± ¡°???N-No funciona¡­!!!¡± ¡°??Oh, dios¡­!! ???Oh, dios!!! ????Aaaaaaarrrgh!!!!¡± William continu¨® observando la escena, hipnotizado y horrorizado a partes iguales. Ya no hab¨ªa peligro alguno de llevarse un balazo en la cara, dado que aquellos tipos ya se hab¨ªan quedado sin munici¨®n. Sus manos temblorosas insist¨ªan en apretar los gatillos de sus armas, a pesar de que estas ya no respond¨ªan. Con pasos agigantados, el enorme humanoide se acerc¨® a uno de los hombres y lo agarr¨® por el torso con una sola mano. El endeble humano fue alzado en el aire tal y como un ni?o alzar¨ªa un peluche. La criatura agarr¨® su pierna derecha con su mano libre, y tir¨® fuerte. Luego, agarr¨® el brazo derecho. Luego, la cabeza. Al principio, ninguno de los hombres supo reaccionar. Era un espect¨¢culo dantesco: su amigo descuartizado extremidad por extremidad, su sangre derram¨¢ndose sobre sus cabezas, su cuerpo sin vida volando a trav¨¦s del vest¨ªbulo entero¡­ Cuando el p¨¢nico se apoder¨® de ellos de verdad, intentaron correr, pero no les ayud¨® en absoluto. No hab¨ªa escapatoria. Sus cuerpos se doblaron como si estuvieran hechos de mantequilla, sus huesos se rompieron como ramitas, sus entra?as decoraron el suelo y las paredes. Aquella cosa no estaba tratando de morder, como har¨ªan otros caminantes. No, aquel monstruo iba a matar. Y era efectivo. Demasiado efectivo. Marcus emergi¨® de las escaleras, casi tropezando en el proceso. Mir¨® a la criatura mientras acababa de destripar lo poco que quedaba de los hombres de Julien, y luego se gir¨® y corri¨® hacia donde se encontraba William. ¡°??Marcus¡­!! ???Qu¨¦ pu?etas es esa cosa!!?¡± pregunt¨® William. ¡°?No hay tiempo para explicaciones¡­! ?Creo que va tras la chica infectada! ??Tengo que detenerlo de alguna manera!! ?Vete!¡± ¡°???Qu¨¦!!? ???Est¨¢s de la olla!!? ??No tienes ninguna oportunidad!! ??Ambos tenemos que irnos!!¡± ¡°??No puedo¡­!!¡± ¡°??Marcus, esa cosa es a prueba de balas¡­!! ??Los he visto intentarlo, y ahora est¨¢n en pedazos!!¡± Emitiendo un leve gru?ido, casi un murmullo incomprensible, la criatura gir¨® su cabeza hacia una tienda en particular del piso superior. Parec¨ªa interesarle mucho. ¡®?Es ah¨ª donde est¨¢ la sala segura¡­?¡¯ ¡°?William, no lo entiendes¡­! ?La chica debe vivir, a toda costa¡­! ??Lo siento¡­!!¡± La voz de Marcus era hist¨¦rica. Era la primera vez que William ve¨ªa a aquel hombre perder los nervios. Le vio levantar la pistola por el rabillo del ojo. Trat¨® de agarrar su brazo, de impedir que disparase, que les condenase a los dos. Pero no fue lo bastante r¨¢pido. La pistola abri¨® fuego, iluminando el pasillo entero durante un instante. La bala viaj¨® a trav¨¦s del edificio en una ruta limpia y directa hacia la cabeza del monstruo. If you come across this story on Amazon, it''s taken without permission from the author. Report it. ¡°???Me cago en la hostia¡­!!! ???Puto psic¨®pata!!! ???No me has o¨ªdo cuando¡ª!!?¡± Quer¨ªa lanzarle m¨¢s improperios, pero un repentino aluvi¨®n de ruidos cada vez m¨¢s fuertes lo detuvo en seco. Ambos hombres reaccionaron por puro instinto. La amenaza inminente, clara como el agua, les hizo olvidarse el uno del otro y centrarse en su lugar en su propia supervivencia. Marcus salt¨® hacia atr¨¢s y se retir¨® al interior de una tienda oscura y abandonada en el lateral izquierdo del pasillo. William se ech¨® tambi¨¦n hacia atr¨¢s, y cay¨® a trav¨¦s de una puerta en el lateral derecho. Una fracci¨®n de segundo despu¨¦s, la criatura carg¨® m¨¢s all¨¢ del punto en el que estaban ambos de pie hac¨ªa un instante, con sus pies hundi¨¦ndose en el suelo a medida que luchaba por reducir la velocidad. Para lo grande que era, uno se esperar¨ªa que fuese m¨¢s lento. Mucho m¨¢s lento. ¡®?Maldito seas, Marcus¡­! ?Te voy a matar si salimos de esta¡­!¡¯ William estaba a¨²n a medio levantarse, cuando una enorme garra acorazada apareci¨® de detr¨¢s de la esquina y se cerr¨® alrededor del marco de la puerta por la que acababa de entrar. ¡®??Mierda¡­!!¡¯ Sus piernas se movieron m¨¢s r¨¢pido que sus pensamientos, y para cuando se dio cuenta ya se hab¨ªa adentrado m¨¢s en la oscuridad, girando una esquina y llegando a un callej¨®n sin salida. A pesar de que la ausencia de luz era casi absoluta, pod¨ªa distinguir muy a duras penas los contornos y las formas de un ba?o para hombres. ¡­ Ni se molest¨® en cerrar la puerta de la cabina. Har¨ªa ruido innecesario. Daba igual, ni que una fr¨¢gil puerta de madera fuese suficiente para protegerle de aquel monstruo. Se sinti¨® indefenso en todos los aspectos. Pod¨ªa o¨ªr las placas de armadura de la criatura raspando las paredes, dado que probablemente era demasiado grande para caber por el estrecho corredor que iba a dar al ba?o. Aun as¨ª, el sonido de los escombros esparci¨¦ndose por el suelo dejaba claro que la entidad no estaba dispuesta a parar. Oy¨® sus pesadas respiraciones, profundas y cavernosas, a medida que se abr¨ªa camino a lo bestia hasta la zona con las cabinas, usando nada m¨¢s que fuerza f¨ªsica. Hubo un momento de silencio, y entonces su cabina se sacudi¨® como si la hubiese alcanzado un terremoto. Las vibraciones se propagaban r¨¢pido, los paneles de madera y las puertas eran arrancados y hechos trizas como si fuesen de papel. No le quedaban alternativas. Ning¨²n humano pod¨ªa luchar contra aquella cosa y evitar ser hecho pedazos en el proceso. Esperar a que el monstruo estuviese ocupado destruyendo su cabina, y de alguna manera escabullirse; esa era la ¨²nica escapatoria que se le ocurr¨ªa. William se agach¨®. Todo su cuerpo estaba cubierto de suciedad y sudor. El ruido de la madera astill¨¢ndose y el metal dobl¨¢ndose era ensordecedor. No hac¨ªa falta autoenga?arse, ?verdad? Estaba asustado. Esper¨® al momento cr¨ªtico. Solo tendr¨ªa una oportunidad. Si fallaba, estaba muerto. ¡­ Pero el momento cr¨ªtico no llegaba. Le llev¨® un rato percatarse del silencio que de repente inundaba el ba?o. Incluso la respiraci¨®n de la criatura se hab¨ªa ido. Pero segu¨ªa all¨ª, William todav¨ªa pod¨ªa percibir extra?os sonidos corporales, que le recordaban a latidos del coraz¨®n y gru?idos del est¨®mago. Pero no pasaba nada. ?A qu¨¦ esperaba? Estaba justo all¨ª, al alcance de la mano. ?Por qu¨¦ no hac¨ªa nada? ****** ¡°??No¡­!! ???Nooo¡­!!! ???Atr¨¢s!!!¡± Claire abri¨® fuego, presa del p¨¢nico. Sorprendentemente, fue un tiro limpio, y el caminante cay¨® como un trapo, con un agujero fresco en el cr¨¢neo. Como si un caminante menos fuese a suponer una diferencia considerable. Se hab¨ªa envalentonado mucho durante los ¨²ltimos minutos, estaba lista para entrar en acci¨®n, pero, ?a d¨®nde hab¨ªa ido a parar toda aquella determinaci¨®n? ¡°?Salvar¨¦ a Lilian!¡±, ¡°?No les voy a dejar atr¨¢s!¡±, aquellas eran el tipo de cosas que se dec¨ªa a s¨ª misma. Era una pena que las hordas de caminantes fuesen tan eficientes a la hora de desmontar la bravuconer¨ªa. Comenzaron a subir en tropel desde los t¨²neles subterr¨¢neos. Ya no les interesaba el brote de all¨ª abajo, sino los eventos que ten¨ªan lugar en la superficie. Docenas y docenas de ellos, en la fina barrera entre caminar y correr, tan hambrientos y cabreados como siempre. Claire, Nora y Desmond no ten¨ªan forma de contenerlos. Hab¨ªan bloqueado el acceso a las escaleras. Ten¨ªan que irse. Ten¨ªan que dejar atr¨¢s a William y a Lilian. ¡°???Por qu¨¦ est¨¢ pasando esto¡­!!? ??Lilian¡­!! ???Solo quiero recuperar a mi hermana¡­!!! ???Liliaaan¡­!!!¡± Nora estaba ya perdiendo la cabeza. Sin opciones disponibles, el grupo sali¨® a toda prisa por la entrada principal del vest¨ªbulo. Los tempranos rayos de luz del atardecer les dieron la bienvenida al exterior, pero estaban demasiado ocupados corriendo escaleras arriba hacia la calle. ¡°Espera¡­ ?Q-Qu¨¦¡­? ?Por qu¨¦¡­?¡± Claire hizo adem¨¢n de alzar su pistola una vez m¨¢s, pero se rindi¨® a medio camino. No merec¨ªa la pena. M¨¢s caminantes se acercaban a la zona. Ambos lados de la calle estaban llenos de ellos. Los callejones que conduc¨ªan a la calle estaban repletos tambi¨¦n. Se arrastraban sobre los coches, ca¨ªan de las ventanas de los edificios cercanos, surg¨ªan de todas las esquinas posibles. Era una pared uniforme de cad¨¢veres caminantes, aproxim¨¢ndose a la estaci¨®n de metro desde todas las direcciones. Realmente le dieron ganas de rendirse por completo. ¡°?Por qu¨¦¡­?¡± ¡®?Qu¨¦ hemos hecho para merecer esto¡­?¡¯ ****** Nora no pod¨ªa concentrarse en nada. Hab¨ªa visto el mar de caminantes que se acercaba, pero de repente sus sentidos estaban confusos. ?Qu¨¦ estaba ocurriendo? Sus rodillas le fallaron. Cay¨®, sujet¨¢ndose la cabeza con ambas manos. Aquel dolor de cabeza se hab¨ªa manifestado hac¨ªa un rato, pero a lo largo del ¨²ltimo minuto se hab¨ªa intensificado a una magnitud sin precedentes. Hab¨ªa pasado de un leve malestar a parecer que le fuese a explotar la cabeza. Su visi¨®n estaba borrosa. Ol¨ªa cosas raras, que no deber¨ªa estar oliendo. Sus manos hab¨ªan perdido el sentido del tacto. Su o¨ªdo parec¨ªa estropeado; sab¨ªa que Claire estaba diciendo algo a su lado, pero no pod¨ªa entender qu¨¦ era. ¡®??Q-Qu¨¦¡­ me est¨¢ pasando¡­!?¡¯ Entonces, su visi¨®n se volvi¨® blanca por un instante, un fuerte zumbido taladr¨® su cerebro, y oy¨® una voz. Distante, suave, y familiar. ****** William se estremeci¨® y dio un salto cuando la criatura pas¨® del completo silencio a un fren¨¦tico estallido de rabia en cuesti¨®n de segundos. Pero no estaba dirigido hacia ¨¦l. Todo lo que escuch¨® fue un grave rugido y un sonido extremadamente fuerte de algo que se romp¨ªa, seguido de grandes pisadas que se alejaban a buen ritmo. Ech¨® un vistazo fuera de la cabina. T¨ªmidos rayos de luz centelleaban a trav¨¦s de una gran nube de polvo que llenaba la habitaci¨®n. Sus ojos cayeron sobre el enorme agujero en la pared, que llevaba de vuelta al pasillo. Una bola de demolici¨®n habr¨ªa hecho menos da?o. ****** ¡°???Deprisa, joder!!! ??Deja esa mierda atr¨¢s, no tenemos tiempo!!¡± ¡°???Qu¨¦ rayos era eso!!?¡± ¡°??Moveos!! ???R¨¢pido!!!¡± Logan oy¨® mucho ruido en la parte de atr¨¢s de la furgoneta. Estaban discutiendo entre ellos en lugar de hacer lo que ten¨ªan que hacer, como siempre. Ech¨® un vistazo a los espejos. Julien estaba sentado en la parte de atr¨¢s, sujetando a Lilian a su lado. Parec¨ªa tranquilo, pero las nerviosas gotas de sudor en su frente hac¨ªan que su preocupaci¨®n resultase evidente. Aquel tipo, Jacobs¡­ estaba sentado con toda su calma en el asiento de delante, no parec¨ªa que la situaci¨®n le importase demasiado. Era dif¨ªcil de leer, pero al menos era competente y ten¨ªa sangre fr¨ªa, lo cual lo hac¨ªa ¨²til. Todos los dem¨¢s eran miedicas que tan solo segu¨ªan ¨®rdenes con la esperanza de que no les dejasen atr¨¢s. No pod¨ªan importarle menos. Sab¨ªa que necesitaban a tanta gente como pudiesen conseguir, pero no les iban a echar en falta si perdiesen uno o dos m¨¢s. Mantuvo el pie en el pedal. Un fuerte estruendo sobresalt¨® a todos en la furgoneta, a excepci¨®n de Jacobs. Logan le ech¨® una mirada al espejo lateral, justo a tiempo de ver un gigantesco humanoide atravesando la pared de la estaci¨®n de metro y saltando a la calle. ¡°?Se?or Logan¡­!¡± la voz de Julien era un orden en s¨ª misma. Ni se molest¨® en responder. Tampoco se molest¨® en esperar por la gente que a¨²n estaba en el suelo, cargando sacos de suministros en la furgoneta. No ten¨ªan tiempo para eso. Pis¨® el acelerador. ****** La cabeza de Nora se gir¨® como si la estuviese moviendo una fuerza invisible. Por un rato, no estuvo bajo control de sus acciones, parec¨ªa haberse convertido en una espectadora de su propio cuerpo. Se vio a s¨ª misma en tercera persona, como quien observa a un personaje de una pel¨ªcula o un videojuego. Se gir¨® hacia la derecha, y mir¨® calle abajo, m¨¢s all¨¢ de los caminantes, hacia la intersecci¨®n cercana. Un veh¨ªculo emergi¨® de detr¨¢s del edificio de la estaci¨®n de metro. ?Estaba huyendo? Eso parec¨ªa. Hu¨ªa del extra?o monstruo de antes. Pero eso no era lo importante. Parec¨ªa que el tiempo se hubiese ralentizado. En ese per¨ªodo de conciencia casi et¨¦rea, su visi¨®n viajo a trav¨¦s del espacio vac¨ªo, hasta el veh¨ªculo en movimiento; y luego m¨¢s all¨¢ de su carrocer¨ªa exterior, al compartimento de atr¨¢s. Aquellos ojos otra vez. Oscuros como un vac¨ªo absoluto, pero al mismo tiempo llenos de luz. Una luz relajante y reconfortante. Una luz que abarcaba todos sus conflictos internos, disip¨¢ndolos. [¡­qu¡­] [¡­qu¨ª¡­] [¡­po¡­aq¡­] [¡­or¡­ qu¨ª¡­] Al principio, su voz no era m¨¢s que un murmullo distante, pero no par¨® de repetirse, en bucle una y otra vez. Era cada vez m¨¢s f¨¢cil de o¨ªr, hasta que se volvi¨® alta y clara. [Por aqu¨ª.] ¡®?L-Lilian¡­? ?E-Eres¡­ t¨²¡­?¡¯ La visi¨®n de Nora se retrajo de vuelta a su cuerpo f¨ªsico una vez m¨¢s, y el tiempo pareci¨® volver a retomar su flujo normal. Ya no le dol¨ªa la cabeza. Sus sentidos regresaron. Se qued¨® en completa confusi¨®n. Hab¨ªa o¨ªdo antes acerca de personas que ten¨ªan experiencias extracorp¨®reas, pero no acababa de trag¨¢rselo. Pero aquella experiencia¡­ Parec¨ªa una conexi¨®n, una conexi¨®n directa. Una conexi¨®n con su hermana peque?a, algo que solo ella pod¨ªa comprender. ¡°?E-Eh¡­?¡± Claire sonaba confusa. ?Hab¨ªa visto algo tambi¨¦n? Nora la observ¨®, pero ella no miraba en direcci¨®n a la furgoneta. En su lugar, miraba alrededor, incr¨¦dula. Los ojos de Nora peinaron los alrededores. El mar de caminantes ya no se les acercaba. Les pasaban de largo. Peligrosamente cerca, casi chocando con ellos, pero ignor¨¢ndoles. Se dirig¨ªan a otro sitio. Se dirig¨ªan en la direcci¨®n por la que se hab¨ªa ido la furgoneta. ¡®?Qu¨¦¡­ qu¨¦ est¨¢¡­ ocurriendo¡­?¡¯ Nora ni siquiera se dio cuenta de c¨®mo sus ojos se cerraban por s¨ª solos, y su conciencia se desvanec¨ªa en la nada. CAPíTULO 25 – RESENTIMIENTO Le pesaban los p¨¢rpados. Estaba cansada, tanto f¨ªsica como emocionalmente. Lo ¨²nico que quer¨ªa era descansar y dejarse llevar, pero alg¨²n tipo de alboroto en su entorno inmediato estimulaba sus sentidos lo suficiente como para impedirle regresar a la inconsciencia. ¡°??¡­a bast¡­!!¡± ¡°?¡­zo de mier¡­!¡± ¡°??¡­iam, pa¡­ ya!!¡± Le dol¨ªa la cabeza. Sab¨ªa que acababan de salir recientemente de una situaci¨®n complicada, pero ten¨ªa problemas para recordar los detalles exactos. Se forz¨® a s¨ª misma a mantener los ojos abiertos, y esper¨® a que la borrosidad desapareciese. Nora se vio descansando en lo que parec¨ªa ser un sof¨¢, en una sala de estar. Un cielo de un color naranja oscuro era visible a trav¨¦s de las ventanas del lado opuesto. Estaba a punto de oscurecer. La idea hizo que su yo interior se estremeciese, pero su cuerpo no mostr¨® ninguna reacci¨®n f¨ªsica. Hab¨ªa m¨¢s gente en la habitaci¨®n con ella. Claire estaba a su izquierda, sentada en el sof¨¢ a su lado y sujetando su mano. Parec¨ªa asustada por algo. Nora arrastr¨® los ojos por la sala, hasta que avist¨® a William. Desmond estaba justo frente a ¨¦l, en el suelo, con la nariz ensangrentada. William le apuntaba a la cabeza con una pistola. Parec¨ªa cabreado. Tambi¨¦n hab¨ªa otro hombre en la estancia, a quien apenas reconoci¨®. Pelo marr¨®n largo, ojos astutos, de brazos cruzados y observando la escena desde una esquina. Ella hizo lo mismo, observ¨®. No ten¨ªa fuerzas para hacer mucho m¨¢s. La discusi¨®n en curso se volvi¨® coherente y descifrable a medida que su conciencia se recompon¨ªa gradualmente. ¡°Dame una raz¨®n, hijo de puta. Una sola raz¨®n para no esparcir tus putos sesos por la pared ahora mismo.¡± dijo William, con tono amenazante. ¡°?A¨²n hay caminantes por la zona! ?Nos pondr¨¢s a todos en peligro si disparas ahora!¡± Claire trat¨® de razonar con ¨¦l. ¡°La chica tiene raz¨®n, ?sabes?¡± a?adi¨® el hombre de la esquina. ¡°Silencio¡­ ?Especialmente t¨², Marcus! ?No me digas lo que tengo que hacer! Ni siquiera he empezado contigo todav¨ªa¡­¡± ¡°¡­p-por favor¡­ Te lo explicar¨¦ todo, Will¡­ Por favor¡­ Ya no p-puedo m¨¢s con esto¡­¡± Desmond se hizo bola en el suelo y empez¨® a sollozar. A William no le impresion¨® demasiado su reacci¨®n. La pistola se acerc¨® a¨²n m¨¢s a su frente. ¡°?Por qu¨¦? Joder¡­ ??Por qu¨¦!?¡± ¡°Antes de unirme a vosotros hace meses, estaba con otra persona¡­ J-Jacobs¡­¡± ¡°??Jacobs¡­!? ?Qu¨¦ co?o¡­?¡± William mir¨® a Marcus con una expresi¨®n inquisitiva en su cara. ¡°No¡­ s¨¦ nada de esto¡­ Hace meses¡­ Esto puede haber ocurrido antes de que yo mismo llegase al refugio¡­¡± respondi¨®. William se encar¨® a Desmond de nuevo. ¡°Contin¨²a¡­¡± ###### ¡°Esos capullos est¨¢n creciendo r¨¢pido, ?eh¡­?¡± Jacobs jugueteaba con una navaja de bolsillo, sentado en una butaca destartalada en un rinc¨®n de la habitaci¨®n. Todos le observaban en silencio. Sab¨ªan que abrir la boca no ser¨ªa una buena idea, a menos que tuviesen una buena raz¨®n para hacerlo. Desmond no estaba del todo seguro de por qu¨¦ le hab¨ªan llamado a aquella ¡°reuni¨®n¡±. Nunca antes hab¨ªan organizado una reuni¨®n. Nadie met¨ªa las narices en asuntos ajenos, tan s¨®lo se limitaban a coger las migajas de comida y bebida que Jacobs y sus gorilas dejaban atr¨¢s, tratando de no meterse en problemas. ?Por qu¨¦ ¨¦l precisamente? Analiz¨® al resto de la gente que estaba con ¨¦l en la sala. Ninguno de ellos era de fiar. La mayor¨ªa eran matones y delincuentes, reunidos bajo la bandera de Jacobs. Y el propio Jacobs era el peor de todos. Por lo que Desmond sab¨ªa, era un convicto que de alguna forma hab¨ªa conseguido escapar tras el inicio de la pandemia. Desmond no encajaba en aquel grupo, llamaba demasiado la atenci¨®n. ¡°Me toca los huevos, ?sab¨¦is¡­? Nosotros tenemos que arrastrarnos bajo tierra como ratas, ?y ellos pueden vivir ah¨ª arriba en su propia fortaleza personal? Adem¨¢s, cuanta m¨¢s gente tengan, m¨¢s comida comer¨¢n. Y tengo hambre, joder.¡± tosi¨® y se aclar¨® la garganta. ¡°?Alguno de vosotros tiene idea de por qu¨¦ os he llamado?¡± Esper¨® por un rato, peinando la sala con los ojos. Mir¨® con intensidad a Desmond por un periodo de tiempo particularmente largo. ¡°?Nadie¡­? Da igual, tampoco esperaba una respuesta.¡± su navaja dio un par de vueltas m¨¢s alrededor de los dedos de su mano derecha, antes de apuntar directamente a la cara de Desmond. ¡°T¨²¡­ No me voy a andar por las ramas. Vas a ir y unirte a su comunidad. Hazte amigo suyo. Familiar¨ªzate con la estructura del lugar, sus rutinas, sus costumbres. Te mantendr¨¢s en contacto con nosotros, y nos informar¨¢s de cualquier acontecimiento significativo. Ni¨¦gate, y tu mujer e hija pagar¨¢n las consecuencias.¡± ¡°?E-Eh¡­? U-Un momento, ?qu¨¦¡­?¡± la mente de Desmond tard¨® un buen rato en procesar lo que acababa de o¨ªr. ¡°N-No, no puedes¡­ ??Eh¡­!? ??Q-Qu¨¦ quieres d-decir¡­!?¡± ¡°?Acaso no he hablado claro? No vales una mierda, y esas dos mujeres tampoco. Pues bien, yo te voy a dar un buen uso. Eres el tipo perfecto para este trabajo: eres flacucho, no destacas, eres f¨¢cil de olvidar en todos los aspectos¡­ Y tienes dos hermosos h¨¢ndicaps colg¨¢ndote del culo.¡± ¡°A-Ah¡­ ?Aaahh¡­! ?P-Por favor¡­! ?No les hagas d-da?o¡­! ?A ellas no¡­!¡± ¡°Por supuesto que no lo har¨¦, siempre que hagas lo que se te pide. De lo contrario, tendr¨¦ que ponerme¡­ creativo con ellas.¡± La respiraci¨®n de Desmond se aceler¨®, sus ojos se abrieron de par en par como si fuesen a sal¨ªrsele de las cuencas. ¡°¡­d-de acuerdo¡­¡± ¡°Buen chico.¡± Jacobs mir¨® a los dem¨¢s. ¡°Todos vosotros saldr¨¦is en la pr¨®xima excursi¨®n de saqueo. Llevadlo con vosotros y dejadlo en alg¨²n sitio cerca de ese edificio de apartamentos. No dej¨¦is que os vean.¡± Le dio a la navaja un par de vueltas m¨¢s alrededor de sus dedos antes de plegarla y meterla de vuelta en un bolsillo. Se levant¨® y ech¨® a andar hacia la puerta. ¡°Se lo comieron los zombis. Eso es todo lo que sab¨¦is. Mantened el resto fuera de la historia. En caso de que teng¨¢is dudas al respecto, pensad en ese dulce bot¨ªn extra llenando vuestros bolsillos. Podr¨ªamos acabar ganando el premio gordo con esos t¨ªos.¡± ###### ¡°Tu mujer y tu hija¡­ ?C¨®mo se llaman?¡± pregunt¨® Marcus. ¡°A-Alice¡­ y Eleanor¡­¡± ¡°Ya¡­ No estaban aqu¨ª hoy. Han sido trasladadas al refugio del hospital en el oeste hace algunas semanas¡­¡± Marcus se rasc¨® la barbilla mientras hablaba. ¡°?Hospital¡­? ?De qu¨¦ hablas?¡± dijo William. ¡°Tal y como dije antes, hemos estado preparando salas y refugios seguros por la zona. Este est¨¢ situado en el piso superior del Hospital Saint Marie, al oeste de aqu¨ª. Est¨¢ bastante lejos, pero es espacioso, y la zona est¨¢ repleta de recursos y suministros m¨¦dicos. Hemos estado moviendo a la gente hacia ese refugio en concreto, y plane¨¢bamos mudarnos enteramente cuando¡­ bueno, te haces una idea. Puedo confirmar que su familia ha sido enviada al oeste.¡± Marcus frunci¨® el ce?o. ¡°Si tuviera que adivinar¡­ dir¨ªa que Jacobs sab¨ªa que Desmond se mantendr¨ªa obediente siempre y cuando no tuviese la oportunidad de reunirse con su familia y planear una huida.¡± This tale has been unlawfully obtained from Royal Road. If you discover it on Amazon, kindly report it. La habitaci¨®n se mantuvo en silencio por un rato, el cual solo se ve¨ªa interrumpido por los sollozos de Desmond y la respiraci¨®n de William, que se volv¨ªa m¨¢s y m¨¢s pesada a cada momento que pasaba. ¡°??Eso¡­ es todo!? ??Eso es todo!? ???Ese fue el motivo!!? ???Por eso nos vendiste!!? ???Vas y nos dejas a que nos den por culo!!? ???A morir!!?¡± ¡°?¡­y t¨² q-qu¨¦ habr¨ªas hecho¡­?¡± Desmond parec¨ªa verdaderamente aterrorizado de alzar la voz. ¡°??Eh¡­!?¡± ¡°?¡­y si A-Amanda hubiese estado en circunstancias similares, Will¡­? ¡­entonces, ?qu¨¦¡­?¡± ¡°?No¡­ menciones su nombre¡­! ?Tan solo¡­ Ugh¡­!¡± La mano de William temblaba con una ira agonizante; el dedo del gatillo anhelaba descargar el arma entera sobre su objetivo. Tras un corto, tenso periodo de tiempo, su expresi¨®n facial se distorsion¨® por la rabia, y se gir¨®, desahog¨¢ndose con una mesa cercana. ¡°???Aaaaarrgh!!!¡± Su brazo barri¨® la superficie de la mesa al completo, volcando un sinf¨ªn de objetos al suelo y estrell¨¢ndolos contra la pared. ¡°?Joder! ?Joder! ??Joder!! ???Joder!!!¡± cada grito vino acompa?ado de un fuerte golpe contra la mesa; con su pu?o provocando que olas de polvo y suciedad se elevasen y flotasen a lo largo de la habitaci¨®n. ¡°??Maldita sea!!¡± agarr¨® el mueble entero y lo volc¨®, tras lo cual descans¨® la cabeza contra la pared. Claire se acurruc¨® al lado de Nora y cerr¨® los ojos, apret¨¢ndolos con fuerza, como si tratase de evitar el contacto visual con William a toda costa. No dijo nada. Nadie dijo nada. Nadie se atrevi¨®. ¡°?Se supone que tengo que odiarte¡­? ?Se supone que tengo que sentir l¨¢stima por ti¡­? ?Se supone que debo perdonarte¡­? ??Qu¨¦ co?o se supone que tengo que hacer¡­!? Puta mierda¡­ Amanda¡­¡± el tono de William sonaba distorsionado, retorcido por todas las emociones que le herv¨ªan en la cabeza. Se gir¨® hacia Marcus. ¡°T¨²¡­¡± dijo, dando un par de pasos en su direcci¨®n y amenaz¨¢ndole con la pistola. ¡°Eres doctor, ?no¡­?¡± ¡°S¨ª¡­¡± respondi¨® Marcus. ¡°Ir¨¦ al grano. Con la ayuda de Lilian, ?puedes curar esta¡­ enfermedad, sea lo que sea? ?Puede alguien hacerlo?¡± El cuerpo de Nora se estremeci¨® al o¨ªr aquellas palabras. Sab¨ªa lo que implicaban, y no le tra¨ªa nada m¨¢s que angustia. Quer¨ªa moverse, hablar, pero no pod¨ªa; estaba todav¨ªa al borde de la inconsciencia. ¡°Esa¡­ no es una pregunta sencilla, ?sabes¡­?¡± ¡°?Sencilla o no, piensa en una respuesta¡­! ??Puede curarse o no!?¡± ¡°Puede que sea un doctor, pero esto no es exactamente mi especialidad, no puedo saber si¡ª¡± ¡°Miente.¡± la voz de Claire interrumpi¨® la conversaci¨®n. Tanto William como Marcus giraron la cabeza en su direcci¨®n. Observaba a Marcus intensamente, con la cara coloreada de arriba abajo de desconfianza. Se llev¨® la mano a uno de sus bolsillos, sac¨® un peque?o objeto marr¨®n, y se lo ofreci¨® a William. ¡°Encontr¨¦ esto en el nido. He estado esperando por una buena ocasi¨®n para ense?¨¢rtelo¡­¡± William dud¨® por un instante. Se acerc¨® a ella y cogi¨® el objeto, el cual desdobl¨® para echar un vistazo al interior. Inclinaba la cabeza y entrecerraba los ojos mientras le¨ªa el contenido, su boca torci¨¦ndose por la incredulidad. ¡°?Espera¡­! ??Qu¨¦ diablos¡­!? ???No es esto una insignia militar¡­!!?¡± ¡°No es de extra?ar que quiera mantener a Lilian a buen recaudo. Es uno de ellos.¡± William dej¨® caer la insignia y se gir¨® de vuelta hacia Marcus, esta vez apunt¨¢ndole con claras intenciones de matar. ¡°Vale, se acab¨® el cuento. Ya estoy hasta los huevos de secretos. ??M¨¢s te vale que empieces a hablar¡­!!¡± ¡°Vale, escucha¡­ No soy tu enemigo.¡± Marcus hab¨ªa empezado a sudar, y dio un paso atr¨¢s, colocando su espalda contra la pared. ¡°Eso no es lo que he preguntado. No esperar¨¢s que me crea que no sabes qu¨¦ est¨¢ ocurriendo, ?no? No me gustas. Me resultaste molesto desde que te conoc¨ª. Y ahora, ?esto? ?Ahora resulta que eres un soldado? ?Qu¨¦ es lo siguiente a lo que me van a arrastrar? Mi vida no para de convertirse en una retorcida pel¨ªcula de acci¨®n, y ya he tenido suficiente. Dame una respuesta clara, o me deshago de ti. Aqu¨ª mismo, ahora mismo.¡± William parec¨ªa frustrado. Y angustiado, y nervioso, y estresado, y cabreado¡­ Su cara era un cuadro, repleto de toda clase de emociones negativas. ¡°?No¡­ No puedo decirte nada¡­! ?No lo entiendes, no puedo difundir informaci¨®n confidencial as¨ª como as¨ª¡­! ?Ojal¨¢ pudiese, mi propio juicio me dice que te ayude, pero tengo un deber que cumplir¡­!¡± ¡°Vale. De acuerdo, lo pillo¡­¡± William sujet¨® la pistola con ambas manos, con el ca?¨®n apuntando firmemente a la frente de Marcus. ¡°Que te jodan, pues¡ª¡± ¡°?Espera¡­! ??Espera!! Quieres una cura, ??no!?¡± William se detuvo. Su dedo ya estaba ejerciendo presi¨®n sobre el gatillo. ¡°¡­¡± ¡°Podr¨ªa ser posible. Pero no podemos saberlo hasta que tengamos una oportunidad de echarle un ojo a la chica. Tenemos¡­ una base de operaciones en la ciudad. Cuenta con un peque?o laboratorio con equipamiento m¨¦dico. Se d¨®nde est¨¢. Si podemos llevar a la chica all¨ª¡­ tendr¨¢s las respuestas que buscas.¡± ¡°¡­¡± ¡°Esto es todo lo que puedo decirte.¡± Tras cavilar durante lo que pareci¨® ser una eternidad, William baj¨® el arma. Entonces, sin previo aviso, estamp¨® su pu?o directamente contra la cara de Marcus, derrib¨¢ndolo y haci¨¦ndolo sangrar en abundancia por la nariz. ¡°?Aggh¡­!¡± William no dijo nada m¨¢s. Se dio la vuelta y abandon¨® la habitaci¨®n, dejando a Desmond y a Marcus en el suelo, con caras sanguinolentas, sumidos en sus pensamientos. ****** Claire no tuvo el coraje para hacer nada excepto mirar c¨®mo se desarrollaba la conversaci¨®n. La actitud de William la hab¨ªa sembrado de inquietud. Daba la impresi¨®n de que ahora estaba decidido a encontrar a Lilian para ponerla bajo la custodia de los militares. ?No estaba acaso persiguiendo exactamente la misma meta que Julien y Logan? [Continuar¨¢ atrayendo a m¨¢s gente, intereses en conflicto se enfrentar¨¢n por su custodia, y las calamidades vendr¨¢n detr¨¢s.] La voz de Marcus dio vueltas en sus recuerdos. ?Era esto a lo que se refer¨ªa? Quiz¨¢ ¨¦l ya lo sab¨ªa desde un principio, se esperaba que surgiesen conflictos internos tarde o temprano. Pero, ?por qu¨¦? ?Por qu¨¦ William? ?Qu¨¦ era lo que impulsaba sus acciones? No ten¨ªa pinta de querer usarla como un m¨¦todo para escapar de la ciudad. Quer¨ªa¡­ ?una cura? Los pensamientos de Claire se vieron interrumpidos. Algo apret¨® su mano. Algo c¨¢lido. ¡°?Ah¡­!¡± Los ojos de Nora trataban de establecer contacto visual con ella, pero parec¨ªan temblorosos, como si no fueran capaces de mantenerse quietos. El resto de su cuerpo permanec¨ªa inm¨®vil. Su mano izquierda apretaba la mano derecha de Claire con toda su fuerza, que no era mucha. ¡°?Nora¡­! ??Est¨¢s despierta!? ?Oye, Nora¡­! ???Puedes o¨ªrme¡­!!?¡± ¡°Mmmh¡­ Nnngh¡­¡± ¡°?Q-Qu¨¦ pasa¡­? ??Puedes o¨ªrme¡­!?¡± ¡°?Puedo echarle un ojo¡­?¡± pregunt¨® Marcus. Claire gir¨® la cabeza en su direcci¨®n, taladr¨¢ndolo con ojos rencorosos. ¡®No conf¨ªo en este hombre, me da igual lo que diga¡­ Pero¡­ e-es un doctor¡­ ?no¡­?¡¯ ¡°Muy bien¡­ ?Pero te estoy vigilando¡­!¡± No ten¨ªa ning¨²n arma en aquel momento. No se sent¨ªa segura. Tan solo esperaba que no fuese a intentar hacer nada malicioso. ¡°No te preocupes¡­ No tengo motivos para hacerle da?o a nadie aqu¨ª.¡± dijo, mientras se acercaba lentamente al sof¨¢. Se arrodill¨® al lado de Nora, y empez¨® a examinarla. Inspeccion¨® sus ojos con una peque?a linterna que sac¨® de un bolsillo, le tom¨® el pulso, comprob¨® sus articulaciones, sus reacciones y reflejos¡­ Claire le observ¨® en silencio. ¡°Articulaciones r¨ªgidas, ritmo card¨ªaco anormalmente elevado, nistagmo leve, piel p¨¢lida, incapacidad de comunicaci¨®n verbal¡­ Su sistema nervioso tambi¨¦n parece estar mostrando ciertos comportamientos err¨¢ticos que no puedo identificar del todo. Me temo que no puedo ofrecer un diagn¨®stico adecuado con una examinaci¨®n b¨¢sica. ?Sabes si sufre de alguna enfermedad en particular?¡± ¡°?Eh¡­? N-No¡­ No que yo sepa¡­¡± respondi¨® Claire. ¡°Ya veo¡­ Dej¨¦mosla descansar. Quiz¨¢ solo est¨¦ alterada por todo lo que ha pasado hoy. Todos estamos cansados.¡± ¡°Y-Ya¡­¡± Aquella declaraci¨®n no era sincera ni de broma. Marcus se rasc¨® la barbilla otra vez. Parec¨ªa tener algo en mente, algo que no era capaz de descifrar del todo. Claire abraz¨® a Nora. Su amiga la miraba como si le estuviese pidiendo ayuda, pero no hab¨ªa nada que ella pudiese hacer. ¡­ Minutos despu¨¦s, las dos chicas se hab¨ªan quedado solas en la sala de estar. Claire no dej¨® a Nora sola ni por un segundo. ¡°No te preocupes, Nora. Estoy aqu¨ª. No voy a ir a ninguna parte, ?vale? Vamos a superar esto. Te lo prometo.¡± Descans¨® la cabeza sobre el hombro de Nora, apret¨¢ndole la mano con suavidad. No pudo ver las l¨¢grimas que se deslizaban por sus mejillas, fluyendo de sus cansados pero inquietos ojos. L¨¢grimas que cargaban con todas las emociones conflictivas que se acumulaban en su cuerpo, sin ninguna otra v¨ªa por la que salir. ****** Nora se despert¨® de nuevo. Hab¨ªa estado despert¨¢ndose y cayendo otra vez dormida incontables veces a lo largo de la noche. Sin embargo, esta vez era por la ma?ana. A¨²n no se hab¨ªa movido del sof¨¢. Todo su cuerpo estaba dolorido. Con mucho esfuerzo, se llev¨® la mano a la cara y se frot¨® los ojos. ¡®Uggh¡­ Dios, me encuentro fatal¡­¡¯ Se par¨® a pensar por un momento. ¡®Espera¡­ Puedo moverme.¡¯ Algo voluminoso se movi¨® y se revolvi¨® a su lado, antes de erguirse en el sof¨¢ de un salto y dejar escapar un ligero chillido. ¡°?A-Ah¡­! ??Nora¡­!? ?Nora! ??Est¨¢s bien!?¡± Claire estaba pr¨¢cticamente gorjeando, Nora no ten¨ªa claro si estaba sorprendida, emocionada, agitada, o todo a la vez. ¡°??Claire¡­!? Bueno¡­ ?s¨ª? ?Eso creo? Solo estoy¡­ entumecida. Me duele todo el cuerpo¡­¡± ¡°?Dios m¨ªo, menos mal! Cre¨ªa que¡ª¡± Una de las puertas que llevaban a la sala de estar se abri¨®, cort¨¢ndoles el di¨¢logo. William entr¨®. Mir¨® a Nora de arriba abajo. ¡°?Te encuentras mejor?¡± pregunt¨®. ¡°S-Si¡­ Creo que s¨ª.¡± ¡°Bien. Nos vamos pronto. Por ahora volveremos a los apartamentos, estaremos m¨¢s seguros all¨ª. Una vez estemos de vuelta¡­ tenemos que hablar. Hablar en serio.¡± ¡°?Eh¡­?¡± ¡°Y¡­ Hay algo que deber¨ªais ver. Las dos.¡± CAPíTULO 26 – DETERIORO ¡°Nora, ??seguro que est¨¢s bien!?¡± ?No est¨¢s mareada, ni nada por el estilo?¡± Claire era incapaz de ocultar su preocupaci¨®n por su amiga. ¡°Estoy bien, de verdad. Tan solo me siento cansada, pero creo que ya me voy mejorando.¡± dijo Nora. Le dio a Claire una peque?a sonrisita. ¡°Gracias por preocuparte. Te lo agradezco.¡± ¡°Muy bien¡­ Pero aseg¨²rate de avisarme si vuelves a sentirte rara otra vez. Ayer me ten¨ªas muy nerviosa¡­¡± Claire devolvi¨® su atenci¨®n al enorme veh¨ªculo en mitad del aparcamiento. Oculto bajo tierra, con todas las entradas cerradas y aseguradas, Marcus hab¨ªa mantenido un gran cami¨®n militar a la espera. Por lo que sab¨ªan los dem¨¢s supervivientes, lo hab¨ªa encontrado abandonado, y se hab¨ªa apropiado de ¨¦l. Por supuesto, aquello era una mentira descarada. El cami¨®n era suyo desde un principio. Placas acorazadas en todas las direcciones, cristal a prueba de balas, y con un espacioso contenedor de carga en la parte trasera que le permit¨ªa transportar tanto suministros como personas. Ser¨ªa m¨¢s seguro que cualquier veh¨ªculo ordinario, incluso en mitad de una horda de caminantes. ¡°Entonces¡­ Vamos a ir de vuelta a los apartamentos en esta cosa¡­ Me pregunto si¡ª¡± ¡°¡­Lo siento.¡± Nora se le acurruc¨® por detr¨¢s, hundiendo la cabeza en su espalda. ¡°??Eh¡­!?¡± ¡°A¨²n no he tenido la oportunidad de disculparme¡­ Por marcharme de la forma en que lo hice, por poner a todos en peligro¡­ Deb¨ª haber pensado mejor las cosas, m¨¢s racionalmente¡­¡± ¡°Oye, oye¡­¡± Claire se gir¨® hacia Nora, sujet¨¢ndola por los hombros. Se estaba mordiendo el labio inferior, con el ce?o fruncido, decepcionada consigo misma. Sus ojos se hab¨ªan humedecido. ¡°No has hecho nada malo. Estabas preocupada por Lilian, y estabas desesperada por ayudarla, eso es todo. Cualquiera habr¨ªa perdido el norte en una situaci¨®n as¨ª¡­¡± ¡°Oh dios, Lilian¡­ ?Tan solo quiero recuperarla¡­!¡± empez¨® a sollozar. ¡°S¨¦ lo que me vas a decir¡­ No le har¨¢n da?o, la necesitan¡­ Estar¨¢ bien¡­ ?Verdad¡­? Lo estar¨¢, ?n-no¡­?¡± sus llantos se intensificaron, dificult¨¢ndole el habla. ¡°Por favor¡­ Por favor, dime que estar¨¢ bien¡­¡± ¡°Culparte y llorar no va a ayudarla, ?o s¨ª?¡± la voz de William emergi¨® de debajo del cami¨®n. Claire se encar¨® al veh¨ªculo. No pod¨ªa verlo, pero sab¨ªa que estaba arrastr¨¢ndose por alg¨²n sitio all¨ª debajo. Dado que hab¨ªa sido el propietario de un taller de coches bastante concurrido, no fue demasiado sorprendente que se hubiese ofrecido voluntario a echarle un vistazo al cami¨®n y asegurarse de que estaba en condiciones de funcionar. ¡°Nos prepararemos, y de alg¨²n modo la encontraremos. Eso es todo en lo que tienes que centrarte ahora mismo. Mant¨¦n tu mente en el objetivo, lo har¨¢ todo m¨¢s f¨¢cil.¡± dijo, medio gru?endo mientras trasteaba con alguna clase de herramienta bajo el cami¨®n. ¡°Um¡­ William, ?puedo preguntarte algo¡­?¡± dijo Claire. ¡°?S¨ª¡­?¡± ¡°Ayer, cuando Lilian desapareci¨®¡­ Ten¨ªas muchas dudas a la hora de seguir a Nora, a la hora de ir tras ella¡­ Pero ahora, pareces estar muy de acuerdo con todo esto. ?A qu¨¦ se debe¡­?¡± No hab¨ªa sacado el tema antes, pero desde luego que hab¨ªa notado un cambio en el comportamiento de William. Algo en ¨¦l era diferente, habr¨ªa que ser un necio para no darse cuenta. El d¨ªa anterior, su conversaci¨®n con Marcus hab¨ªa denotado una obsesi¨®n agresiva hacia Lilian, hacia la posibilidad de una ¡°cura¡±. Si ese comportamiento compulsivo se tornaba predatorio¡­ Curar la enfermedad era lo que los militares buscaban conseguir. El concepto del bien com¨²n, a cuenta de unas pocas personas desafortunadas. Pero William no sonaba como si le importase salvar el mundo. Y si no era eso, ?qu¨¦ era, entonces? William sigui¨® cacharreando con la parte inferior del cami¨®n por un largo periodo de tiempo antes de dar una respuesta a aquella pregunta. ¡°Dije que quer¨ªa tener una charla con vosotras, ?no? He tomado una decisi¨®n respecto a algo. Pero ahora no es el momento. Adem¨¢s, no s¨¦ si hablar servir¨ªa de mucho¡­ Creo que mejor os lo ense?o.¡± ¡®?Eh¡­? ?Mejor nos lo ense?a¡­?¡¯ ¡°Primero pongamos esta cosa en marcha, ?vale?¡± ****** El zumbido del motor del cami¨®n era en cierto modo reconfortante en o¨ªdos de Nora. ¨²ltimamente, si no era un silencio ominoso, eran gru?idos, gritos o disparos. El ronroneo mon¨®tono de la maquinaria, feo y molesto para otros, era una melod¨ªa purificadora para ella. No solt¨® el brazo de Claire durante todo el viaje. Su calor corporal la ayudaba a calmar la turbulencia en lo profundo de su mente. La cabeza le dol¨ªa como el diablo. Luego ya no le dol¨ªa. Luego le dol¨ªa otra vez. Algo no iba bien. Ir¨®nicamente, estaba agradecida, porque le imped¨ªa concentrarse demasiado en sus pensamientos. Prefer¨ªa sufrir dolores de cabeza antes que regodearse en su propio pesimismo. Aun as¨ª, le recordaba a la extra?a experiencia que hab¨ªa vivido el d¨ªa anterior, justo antes de perder el conocimiento. ?Estaba aquel fen¨®meno relacionado? No ten¨ªa una explicaci¨®n l¨®gica que darle, m¨¢s all¨¢ de una retorcida alucinaci¨®n causada por el estr¨¦s. Pero¡­ no pod¨ªa quitarse de la cabeza la voz de Lilian. [Por aqu¨ª.] [Por aqu¨ª.] [Por aqu¨ª.] ¡®?Oww¡­! Duele¡­ ?Seguro que estoy bien¡­?¡¯ [Por aqu¨ª.] ¡®Lilian¡­¡¯ The author''s narrative has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. ****** Hab¨ªa encerrado a Desmond y a Marcus en el ¨²ltimo piso, junto al resto de los supervivientes. William no se fiaba de ninguno de ellos, y no quer¨ªa dejarles merodear a sus anchas por el edificio. Al menos, todav¨ªa no. Ten¨ªan cosas que hacer. Ten¨ªan que equiparse apropiadamente antes de intentar localizar a Lilian, decidir qui¨¦n iba a ir con ellos, qui¨¦n se iba a quedar¡­ Pero antes de preocuparse por ninguna de aquellas cosas, hab¨ªa un peso en particular que necesitaba quitarse de encima. Nora y Claire le siguieron en silencio por los pasillos de alcantarillado. Claire parec¨ªa tan inc¨®moda y asustada como la ¨²ltima vez. Nora, en cambio, parec¨ªa estar perdida en sus pensamientos, sin importarle la oscuridad, la humedad o el limitado espacio disponible en el t¨²nel. Las guio esquina tras esquina, intersecci¨®n tras intersecci¨®n. Era una ruta que conoc¨ªa muy bien. Una ruta que se hab¨ªa asegurado de memorizar, por varias buenas razones. Unos diez minutos de caminata despu¨¦s, su linterna ilumin¨® algo al final del pasillo. Un tramo de escaleras de hormig¨®n, que llevaban a una puerta. Muy oxidada, parec¨ªa que hab¨ªa sufrido much¨ªsimo desgaste y degradaci¨®n a lo largo de los a?os, probablemente causados por la exposici¨®n directa a las propias alcantarillas. William subi¨® los pelda?os, sac¨® una peque?a llave de un bolsillo, y la meti¨® en la cerradura. Las bisagras emitieron un crujido tosco mientras la puerta se abr¨ªa. Les hizo a las chicas una se?al con la mano, invit¨¢ndolas a seguirle al interior. ¡°Um¡­ ?D¨®nde estamos¡­?¡± pregunt¨® Claire. Sonaba temerosa de alzar mucho la voz. ¡°M¨ªralo t¨² misma.¡± dijo William. Apunt¨® su linterna a un peque?o objeto con forma de caja en el suelo. Una bater¨ªa de coche, conectada a algunos dispositivos y cables el¨¦ctricos. Tras la activaci¨®n de un interruptor, las luces de la habitaci¨®n se encendieron. Las chicas tuvieron que taparse los ojos por un instante. ¡°??Ah¡­!! ?L-Luz¡­!¡± Sus ce?os fruncidos r¨¢pidamente se pintaron de asombro cuando posaron los ojos sobre los contenidos de la habitaci¨®n. El lugar en s¨ª era el s¨®tano de un edificio destruido. Toda la estructura en la parte superior hab¨ªa colapsado algunos meses atr¨¢s por motivos desconocidos, dejando el s¨®tano completamente inaccesible desde la superficie. En su interior, estanter¨ªas, mesas y cajas estaban organizadas a lo largo de las paredes y en el centro de la habitaci¨®n, creando una disposici¨®n destinada a prop¨®sitos de almacenamiento. La mayor¨ªa de las superficies disponibles estaban cubiertas de armas. Pistolas, rifles de combate, escopetas¡­ Cajas de munici¨®n y cargadores llenaban los estantes. Una mesa en concreto exhib¨ªa multitud de porras de distintos tama?os, adem¨¢s de otras herramientas y objetos utilitarios. Aquel lugar era b¨¢sicamente una armer¨ªa. ¡°Dios m¨ªo¡­ As¨ª que lo del alijo de armas iba en serio¡­¡± Claire dio algunos pasos por el lugar, con los ojos salt¨¢ndole de estante a estante. Parec¨ªa tanto asustada como fascinada. ¡°?Es esto lo que nos quer¨ªas ense?ar?¡± ¡°No. Est¨¢ tras esa puerta.¡± William se?al¨® a una puerta al fondo del s¨®tano. ¡°Pero antes, necesito confirmar algo. A ver¡­ ?Nora?¡± Nora le mir¨® a los ojos, aunque parec¨ªa titubeante. ¡°?S¨ª¡­?¡± ¡°No s¨¦ si ya te ha informado al respecto, pero hemos hablado de algunas cosas. Me ha dicho lo que ha ocurrido. Conozco tu situaci¨®n.¡± ¡°¡­s¨ª, lo s¨¦.¡± se estremeci¨® a medida que aquellas palabras sal¨ªan de su boca. ¡°Um, yo¡­ ¡­ ¡­da igual. ?De qu¨¦ quieres hablar?¡± William se percat¨® del aspecto ap¨¢tico que ten¨ªa. Una expresi¨®n vac¨ªa, ojos cansados que le miraban como suplicando liberaci¨®n, anhelando un m¨ªsero instante de descanso. ¡°Es sobre la enfermedad de Lilian¡­ ?Est¨¢ empeorando?¡± ¡°?Ah¡­! B-Bueno¡­ Um¡­¡± se vio conmocionada por la pregunta. ¡°He hablado con Marcus. El muy capullo se niega a decir nada sobre s¨ª mismo, pero al menos pude convencerlo de hablar sobre ella. Hablamos sobre su comportamiento. Le dije las cosas que hab¨ªa visto a lo largo de esta ¨²ltima semana, y en cierto punto de la conversaci¨®n, mencion¨® algo que me hizo pensar¡­¡± Nora jugueteaba con las manos y evitaba el contacto visual mientras escuchaba. ¡°Resistencia no es lo mismo que inmunidad. Eso fue lo que dijo.¡± Claire sujet¨® el brazo de Nora con ambas manos, acarici¨¢ndolo con suavidad. ¡°Nora¡­¡± murmur¨®, mir¨¢ndola con ojos preocupados. ¡°Por el amor de dios, s¨¦ sincera. Deber¨ªas saber de sobra que mentir solo traer¨¢ m¨¢s problemas.¡± dijo William. ¡°¡­al principio¡­ parec¨ªa que estaba bien¡­¡± ¡®Lo sab¨ªa.¡¯ ¡°Est¨¢ empeorando, s¨ª¡­ Lo est¨¢¡­¡± l¨¢grimas comenzaron a derramarse por su cara y a gotear al suelo, junto a sus pies. ¡°?No para de agravarse¡­! Mierda¡­ ?E-Estaba¡­ t-tan llena de vida¡­! ?E-Era¡­ una chica tan d-dulce¡­!¡± sus piernas temblaban, y finalmente le fallaron las rodillas, haci¨¦ndola caer en el sitio. ¡°?Nora¡­! Oh, Nora¡­¡± Claire se agach¨® a su lado, con ojos llorosos. ¡°?M-Me dec¨ªa a m¨ª misma¡­ que estar¨ªa b-bien despu¨¦s de todo¡­! Pero¡­ ?Pero¡­! ?Aaahh¡­!¡± sus sollozos intermitentes se convirtieron en llantos de dolor. William se le acerc¨® y se arrodill¨® frente a ella. ¡°?Y bien? ?En serio quieres que siga yendo a peor? ?En lugar de buscar una soluci¨®n? ?Es eso? ?Ese es tu plan?¡± ¡°?No¡­! ??C¨¢llate¡­!! ??Se la llevar¨¢n l-lejos de m¨ª¡­!! ??Dios sabe qu¨¦ clase de pruebas le har¨¢n!! ??Podr¨ªan hacerle d-da?o¡­!! ??Matarla¡­!! ??N-No s¨¦ qu¨¦ le va a pasar¡­!! ??Y sea lo que sea, una vez ocurra, ser¨¢ demasiado tarde para echarse atr¨¢s¡­!!¡± ¡°Te he hecho una pregunta, ??cu¨¢l es el plan!? ?Por dios, Nora! ?Esta mierda es degenerativa, se la est¨¢ comiendo por dentro! ?Est¨¢ literalmente marchit¨¢ndose mientras hablamos! ??Y prefieres no hacer nada!? ?Cre¨ªa que significaba algo para ti!¡± ¡°??Ya basta¡­!!¡± Nora se abalanz¨® hacia delante y empuj¨® a William, haci¨¦ndole caer hacia atr¨¢s. Se acuclill¨® a cuatro patas y enterr¨® la cara en el suelo. ¡°??Lo es todo para m¨ª!! ??La quiero con todas mis fuerzas!! ??N-No quiero vivir en un mundo en el que ella no est¨¦¡­!! ??Si tomar el riesgo significa que podr¨ªan quit¨¢rmela para siempre, prefiero dejar que se marchite junto a m¨ª!!¡± ¡­ ¡°Y una mierda.¡± ¡°??Q-Qu¨¦¡­!?¡± ¡°No tienes ni puta idea de lo que dices.¡± William se levant¨®. Su expresi¨®n facial ya no mostraba rabia o frustraci¨®n; estaba contorsionada por el dolor. Se dio la vuelta y ech¨® a andar hacia la puerta del fondo. Por el camino, cogi¨® una silla cercana, que luego coloc¨® justo delante de la puerta. Entonces, tras dejar escapar un profundo suspiro, gir¨® el pomo. ****** William tard¨® varios segundos en sentarse frente a la puerta abierta, encorvado hacia delante, con los codos apoyados en los muslos. Claire solt¨® a Nora y se levant¨®. Su vista estaba posada sobre algo en el interior de aquella peque?a habitaci¨®n. Nora tambi¨¦n lo miraba, confundida, pero eligi¨® permanecer en el suelo. ?Qu¨¦ era? Hab¨ªa algo all¨ª, una figura sombr¨ªa, pr¨¢cticamente inm¨®vil. Claire se acerc¨® un poco m¨¢s, para verlo mejor. Dej¨® salir un grito ahogado cuando se dio cuenta de lo que era. Un caminante. Una mujer. Sus tobillos estaban atados. Ten¨ªa los brazos inmovilizados a su espalda y encadenados a una tuber¨ªa en la pared. Vest¨ªa un su¨¦ter y una falda larga, ambos de color incierto, sucios y descompuestos. Su largo pelo marr¨®n, que en su momento deb¨ªa de haber lucido suave y vibrante, estaba ahora completamente desordenado, todo enredado y desali?ado. Su rostro huesudo estaba demacrado, con una expresi¨®n inexistente oscurecida por el color gris¨¢ceo de su piel. Se encontraba en condiciones similares a los caminantes que Claire hab¨ªa visto hibernando en las alcantarillas. Hambrienta, let¨¢rgica. La imagen le dio escalofr¨ªos, sacudi¨¦ndola hasta la m¨¦dula. ¡°N-Ni de broma¡­ William¡­ No me digas que¡­ ?E-Esa es¡­?¡± farfull¨®. Durante un largo minuto, no ocurri¨® nada. Entonces, William mir¨® a un lado. No estaba haciendo contacto visual con Nora, pero su atenci¨®n estaba claramente dirigida a ella. ¡°?Prefieres dejar que se deteriore? D¨¦jame decirte una cosa: te equivocas.¡± Observ¨® a la caminante otra vez. ¡°Hola, cari?o.¡± CAPíTULO 27 – AMANDA ¡°Ha pasado un tiempo desde la ¨²ltima visita, ?no?¡± ¡­ ¡°Esta vez he tra¨ªdo conmigo a alguien m¨¢s, espero que no te molesten.¡± ¡­ ¡°?Has estado bien? Lo s¨¦, lo s¨¦, tienes hambre¡­ Ojal¨¢ pudiera darte algo, pero no ser¨ªa muy seguro para m¨ª, ?verdad?¡± ¡­ ¡°Todos hemos estado pasando por momentos dif¨ªciles ¨²ltimamente, pero vamos saliendo adelante, no tienes que preocuparte por nada.¡± ¡­ ¡°Ojal¨¢ pudiese hablar contigo de nuevo, cari?o¡­¡± ¡­ El s¨®tano estaba en completo silencio, interrumpido solo por el mon¨®logo intermitente de William. Su voz sal¨ªa en hilos. No esperaba una respuesta. Sab¨ªa que no hab¨ªa respuesta posible. En cierto modo, lo ¨²nico que estaba haciendo era enga?arse a s¨ª mismo. Aferr¨¢ndose desesperadamente a un fantasma del pasado, fingiendo conversar con los restos de algo que ya no estaba ah¨ª. Sab¨ªa que no ten¨ªa sentido. Pero, ?de qu¨¦ otro modo se supon¨ªa que iba a mantener su cordura bajo control? Los ojos vidriosos de Amanda sufr¨ªan contracciones nerviosas en la relativa oscuridad de la habitaci¨®n, mir¨¢ndolo fijamente y penetr¨¢ndole el alma. ?Quedaba algo de su identidad original tras aquella mirada sin vida? ?Pod¨ªa seguir llamando Amanda a aquella cosa? Su mand¨ªbula hac¨ªa d¨¦biles intentos de abrirse, emitiendo leves resuellos en el proceso, casi imposibles de percibir. William mir¨® la prenda de ropa deshilachada que le colgaba del cuello. Inicialmente, hab¨ªa planeado amordazarla como medida adicional de seguridad, pero se rindi¨® a medio camino. No pod¨ªa soportar la idea de silenciarla. No a ella. Una ¨²nica l¨¢grima se desprendi¨® de los ojos de William. Vaya sorpresa. Pensaba que ya no le quedaban de esas. Aunque, sinceramente, no deber¨ªa sorprenderse. A pesar de que era un hombre fr¨ªo y sereno, siempre guard¨¢ndose sus emociones para s¨ª mismo, Amanda era capaz de ver m¨¢s all¨¢ de sus muros interiores; siempre hab¨ªa tenido una forma especial de abrirle como un libro, leyendo sus contenidos p¨¢gina tras p¨¢gina, y apreciando todas y cada una de las palabras que conten¨ªa. Incluso en la ultratumba, parec¨ªa no haber cambiado en absoluto. Tras observarla por un periodo prolongado de tiempo, recuerdos del pasado reciente comenzaron a hacer ruido dentro de su cabeza. Recuerdos dolorosos que preferir¨ªa haber mantenido enterrados. ###### La bengala emit¨ªa una luz cegadora, envuelta en humo rojo. La sirena en la lejan¨ªa resonaba sin cesar, cargando con una premonitoria sensaci¨®n de perdici¨®n. Desmond lloraba a gritos, derrumbado en el suelo. Los sentidos de William se ve¨ªan abrumados, sobrecargados por aquel repentino afluente de informaci¨®n. Sin darle una oportunidad para poner sus pensamientos en orden, una serie de disparos sonaron desde los pisos de abajo, seguidos de multitud de gritos. Ni siquiera trat¨® de aplicar pensamiento racional. Sus piernas se movieron por cuenta propia, precipit¨¢ndolo escaleras abajo, a medida que asimilaba lo que probablemente estaba ocurriendo. ¡®?Mierda¡­! ??Mierda¡­!!¡¯ Sus compa?eros, Richard y Elijah, igualmente alterados, corrieron tras ¨¦l. ¡°??Qu¨¦ est¨¢ pasando!? ???De d¨®nde han venido esos tiros!!?¡± pregunt¨® Elijah. ¡°??Preparad las armas!! ??La sala de reuniones¡­!!¡± dijo William, desenfundando su pistola. El acalorado tr¨ªo baj¨® al quinto piso, luego al cuarto piso, luego salieron al pasillo. M¨¢s y m¨¢s gritos y chillidos llenaban el edificio, provenientes de la direcci¨®n en la que estaba el sal¨®n de reuniones. Los tres giraron la esquina. Se paralizaron in situ, con las armas listas. El pasillo estaba lleno de gente. Caras desconocidas. La mayor¨ªa armados con pistolas o armas blancas, frente la puerta que daba al sal¨®n. A juzgar por el ruido que proven¨ªa del interior, tambi¨¦n estaban dentro. William estaba seguro de que muchos de sus compa?eros en el sal¨®n estaban armados, igual que ¨¦l. ?Por qu¨¦ no se hab¨ªan defendido? Se calm¨® los nervios y se prepar¨® para abrir fuego. Fue entonces cuando se percat¨® de que uno de los invasores sujetaba a alguien a punta de pistola. En aquel instante de duda, su grupo fue avistado. ¡°??All¨ª!! ??Hay m¨¢s all¨ª!!¡± Los forasteros se giraron en su direcci¨®n. William pudo ver con claridad al reh¨¦n. ¡®??Ese es¡­ Benjamin¡­!?¡¯ Benjamin, un cincuent¨®n fuerte y trabajador, presentaba una severa fiebre desde hac¨ªa algunos d¨ªas, y estaba encamado desde entonces. El hombre que lo sujetaba era inusual, y eso era quedarse corto. Bastante corpulento, medio calvo, con barba desordenada y ropa sucia que lo hac¨ªa parecer un vagabundo. Su cara no exudaba nada m¨¢s que malas intenciones. ?C¨®mo? ?C¨®mo lo hab¨ªan logrado? Parec¨ªa que supiesen exactamente qu¨¦ hacer, cu¨¢ndo hacerlo, a por qui¨¦n ir, a d¨®nde ir. [?A-Alguna vez has hecho algo de lo que te has arrepentido profundamente¡­?] ¡®?Desmond¡­! ??Has hecho t¨² esto¡­!? ??Qu¨¦ co?o est¨¢ pasando!?¡¯ ¡°Soltad las armas, chicos; o le vuelo la tapa de los sesos. Vosotros eleg¨ªs.¡± orden¨® el hombre que reten¨ªa a Benjamin. La cara de Benjamin era de un color rojo intenso, y no era por la fiebre. Parec¨ªa que trataba de resistirse, pero su captor ejerc¨ªa demasiada presi¨®n sobre su cuello, casi la suficiente para asfixiarlo. ¡°?Mierda¡­! ??W-William¡­!? ??Qu¨¦ hacemos¡­!?¡± Richard empezaba a entrar en p¨¢nico. ¡°?Maldita sea¡­! Vale¡­ ?Suelto el arma¡­!¡± Elijah se agach¨® lentamente, y coloc¨® su pistola en el suelo. ¡®Vamos, piensa, piensa¡­ ?C¨®mo diablos salimos de esta¡­?¡¯ La mente de William lo estaba pasando mal para analizar la situaci¨®n. Abrir fuego no era una opci¨®n, no con las vidas de sus compa?eros en juego. Los llantos que sal¨ªan del sal¨®n de reuniones lo desconcertaban. Hab¨ªa una alta probabilidad de que alguien estuviese ya herido, pero prefer¨ªa no pensar en ello todav¨ªa. ?Era rendirse su ¨²nica alternativa? ¡°Muy lentos, joder. Acabad ya con esto.¡± dijo el mat¨®n que agarraba a Benjamin. En cuanto termin¨® de hablar, una lluvia de balas cay¨® sobre William y sus compa?eros. Una sensaci¨®n punzante le recorri¨® el brazo, como una descarga el¨¦ctrica que le sub¨ªa hasta la cabeza y le sacud¨ªa el cerebro. Sus manos sufrieron un espasmo, haci¨¦ndole soltar el arma. Grit¨® de dolor. Richard aull¨® tambi¨¦n, sujet¨¢ndose la pierna derecha y perdiendo el equilibrio. Su ropa empez¨® a te?irse de un color rojo oscuro en la zona abdominal, y tosi¨® un chorro de sangre. Su pierna no era lo ¨²nico que hab¨ªan alcanzado. Elijah ni siquiera grit¨®; simplemente cay¨®, fl¨¢cido, como un mu?eco de trapo. This story is posted elsewhere by the author. Help them out by reading the authentic version. ¡°??Han ca¨ªdo!! ??A por ellos!!¡± ¡°??Aargh¡­!!¡± la mano de Richard se aferr¨® con torpeza a su arma, devolviendo el fuego con p¨¦sima precisi¨®n. ¡°??William¡­!! ??Corre¡­!!¡± Y corri¨®. No porque estuviese asustado, no porque fuese un cobarde, sino porque incluso sus instintos m¨¢s primitivos eran conscientes de que quedarse solo llevar¨ªa a una muerte in¨²til. A aquella gente no les preocupaban los supervivientes, no les preocupaban los rehenes. Era la guerra, y solo ten¨ªan ojos para el bot¨ªn. En el infinit¨¦simo periodo de tiempo que tuvo antes de que el enemigo le acorralase de forma inevitable en su propio hogar, asesor¨® la situaci¨®n. El cuarto piso estaba comprometido, incluyendo la salida de incendios. Las salidas del quinto piso estaban cubiertas por grandes trampillas de metal que probablemente no tendr¨ªa tiempo de abrir; e incluso si lo tuviese, ser¨ªa un blanco f¨¢cil mientras bajaba por las escalerillas. La azotea era un callej¨®n sin salida. Lo ¨²nico que pod¨ªa hacer era bajar. ¡­ Apoy¨® la espalda contra la pesada puerta de metal. El sonido de los disparos todav¨ªa resonaba en sus o¨ªdos, exponencialmente m¨¢s ensordecedor debido al eco confinado en el aparcamiento. No ten¨ªa m¨¢s opci¨®n que refugiarse en la armer¨ªa. Al menos la puerta era lo bastante resistente y gruesa como para detener una bala. No pod¨ªa ver lo que ocurr¨ªa fuera, pero pod¨ªa o¨ªrlo. Muchos pasos, acerc¨¢ndose a la puerta y merodeando por el aparcamiento. Varias voces se hablaban entre s¨ª. Alguien empez¨® a dar golpes en la puerta desde el otro lado. ¡°?Abre la puerta, capullo! ?Tus amigos van a sufrir si no lo haces!¡± William observ¨® las estanter¨ªas y armarios en la habitaci¨®n. Todos llenos de armas y munici¨®n. No era de extra?ar que quisieran entrar. Era probable que aquel lugar fuese su objetivo m¨¢s prioritario desde un principio. La verdad es que daba igual cu¨¢nta potencia de fuego hubiese en aquella sala. No ser¨ªa capaz de enfrentarse a todos ellos por s¨ª solo, y menos a¨²n sin herir a sus compa?eros en el proceso. Mantuvo sus manos lejos de la cerradura. ¡°No pasa nada. D¨¦mosle lo que quiere.¡± otra voz que ven¨ªa del exterior, una voz que ya hab¨ªa o¨ªdo antes. Era el hombre de aspecto desquiciado que hab¨ªa retenido a Benjamin como reh¨¦n momentos atr¨¢s. ¡°Veamos¡­ S¨ª, t¨² me vales. Traedlo aqu¨ª.¡± m¨¢s pasos se acercaron a la puerta. ¡°Vale, ?tienes algo que decir?¡± ¡°??Que te follen, eso te digo!! ??William, no abras la puerta!! ??Te matar¨¢n si lo haces!! ??Qu¨¦date ah¨ª y¡ª!! ?Agh¡­! ?Guuh¡ª!¡± Daniels le habl¨® desde el exterior, pero no por mucho tiempo. El silbido de un cuchillo cort¨® su di¨¢logo, seguido del sonido de algo siendo rebanado, y luego gorgoteos. ¡°Vaya, qu¨¦ poco ha tardado en ponerse a dar malos consejos, ?eh? Da igual, a¨²n quedan unos cuantos.¡± William apret¨® los pu?os, los dientes, el coraz¨®n, el alma. Estaban asesinando a sus amigos a sangre fr¨ªa, pero, ?qu¨¦ se supon¨ªa que deb¨ªa hacer? Si no hac¨ªa nada, morir¨ªan todos. Si abr¨ªa la puerta, igualmente morir¨ªan todos, pero incluy¨¦ndole a ¨¦l. La agonizante impotencia le mantuvo congelado contra la puerta, escuchando. ¡°Oye, Jacobs. ?Por qu¨¦ no pruebas con uno de los cr¨ªos? ?No crees que eso le afectar¨¢ un poco m¨¢s?¡± otro hombre dio una retorcida sugerencia. ¡°Ja, puto enfermo¡­ De acuerdo, ac¨¦rcame al mocoso.¡± ¡®No te atrevas¡­ ?No te atrevas¡­! ??Pedazos de mierda¡­!!¡¯ William siempre hab¨ªa cre¨ªdo que hacerse ilusiones y esperar que las cosas saliesen bien era una p¨¦rdida de tiempo. Ir¨®nicamente, aquella situaci¨®n le estaba haciendo quedar como un imb¨¦cil bajo sus propios ideales. ¡°??Parad!! ???Monstruos¡­!!! ???Ya basta¡­!!!¡± Emma se puso a gritar. Sonaba bastante distante, como si la estuvieran sujetando a una distancia prudencial. ¡°??Es solo un ni?o!! ????Al menos dejad en paz a los ni?os¡­!!!! ??N-Noo¡­!!¡± Una voz llorosa, balbuceando de forma ininteligible entre ataques de hipo, se acerc¨® a la puerta. Era un chico, ten¨ªa que ser el peque?o Alex. ¡®?Por qu¨¦¡­? ?Por qu¨¦¡­? ??Por qu¨¦ llegar a esto¡­!?¡¯ ¡°?A¨²n no la abres? Mira, me encantar¨ªa pasar la noche entera jugando al escondite contigo, pero andamos un tanto apurados.¡± dijo Jacobs. Pasaron algunos segundos de silencio. ¡°Vale¡­ No s¨¦ si me est¨¢s entendiendo bien. Joder, voy a matar a este cr¨ªo, ?sabes?¡± ¡­ ¡°Como quieras.¡± Para cuando escuch¨® el cuchillo pasando limpiamente a trav¨¦s de la carne, William estaba llorando en silencio. Se sent¨ªa incapaz de hacer nada. Impulsos salvajes abrumaban su cuerpo, el impulso de coger el arma m¨¢s grande de la habitaci¨®n y embarcarse en un desenfreno suicida, con la esperanza de llevarse al menos a uno de aquellos psic¨®patas homicidas al infierno con ¨¦l. ¡°????Nooooo!!!! ???Dejadme!!! ???Alex necesita ayuda!!! ???Oh, dios m¨ªo¡­!!! ????C¨®mo pod¨¦is hacer esto!!!? ???Aaaaah!!!! ???Aaaaaaahhh!!!¡± Emma sigui¨® gritando, sobrecogida por un dolor enloquecedor. M¨¢s gente en la habitaci¨®n se uni¨® a ella, llorando y rogando a sus captores. ¡°Vale, trae aqu¨ª a la gritona.¡± ¡°???N-No¡­!!! ????Noooooo!!!! ??Aaaah!! ???Yo no¡­!!! ???A-Ayuda¡­!!! ???Soltadme!!! ???Que alguien me ayude¡­!!!¡± ¡°William, ?no? A ver, te voy a contar exactamente lo que est¨¢ pasando. Estoy abriendo una botella de pl¨¢stico que contiene un pringue rojo asqueroso. ?Te apetece adivinar qu¨¦ es?¡± Jacobs esper¨® un rato antes de continuar. William no dijo ni una palabra. Se neg¨® a que aquel lun¨¢tico le coaccionara a hablar, no estaba dispuesto a darle aquel placer. ¡°S¨ª, s¨ª, lo has adivinado, enhorabuena. Es sangre de caminante. Y ahora, estoy empapando el cuchillo con ella. ?Sabes lo que inevitablemente pasar¨¢ cuando esta porquer¨ªa penetre su preciosa piel?¡± Se oy¨® una pu?alada ahogada, y un desesperado grito de dolor inund¨® el s¨®tano del edificio. La imagen que William se hac¨ªa en su cabeza conten¨ªa nada m¨¢s que agon¨ªa insoportable. ¡°???Aaaa-aaaghhhh¡­!!! ???N-Nooo¡­!!!¡± ¡°Llevadla arriba y tiradla fuera.¡± Los lamentos de Emma se alejaron m¨¢s y m¨¢s, a medida que la arrastraban a su macabro destino. Jacobs dej¨® salir un suspiro. ¡°Vaya hijo de puta, s¨ª que tienes sangre f¨ªa, te lo concedo. Pero, ?sabes qu¨¦? Yo tambi¨¦n. Siguiente, esa t¨ªa de ah¨ª.¡± William hab¨ªa tenido suficiente. Ya no pod¨ªa contener la rabia. Se gir¨®, con su mano ech¨¢ndose en frenes¨ª sobre el mecanismo de cierre. ¡°?Cari?o¡­?¡± una voz muy familiar le habl¨® desde fuera, deteni¨¦ndolo en seco. Su coraz¨®n dio un vuelco. ¡°?Amanda¡­?¡± finalmente, habl¨®. ¡°Amanda, ??eres t¨²¡­!? No¡­ ?No, t¨² no¡­!¡± ¡°Ooh¡­ ?Esta es tu mujer? Joder, esta va a ser buena.¡± dijo Jacobs, casi cacareando. ¡°?Amanda¡­!¡± ¡°Shhh¡­ Est¨¢s haciendo lo que tienes que hacer, cari?o. Como siempre lo has hecho.¡± ¡®?Detente¡­! ?Por favor¡­!¡¯ ¡°Vas a sobrevivir, ?verdad? ?Vas a s-seguir adelante! ?Tal y como hab¨ªas p-prometido!¡± las palabras de Amanda se entrecortaban de forma irregular con sus sollozos. ¡®?Nunca promet¨ª que yo sobrevivir¨ªa! ?Promet¨ª que ¡°nosotros¡± sobrevivir¨ªamos! Que superar¨ªamos esto juntos¡­ Los dos¡­ ?Los dos¡­!¡¯ ¡°?C-Cari?o¡­? Te quiero. Por favor¡­ no abras la puerta.¡± ¡­ Despu¨¦s de aquello, la memoria de William estaba borrosa. Recordaba el sonido del cuchillo hundi¨¦ndose en la carne de su amada. Recordaba sus quejidos de dolor. Se recordaba a s¨ª mismo gritando, con la mano puesta en el cierre de la puerta, pero incapaz de ir m¨¢s all¨¢. Y luego hubo m¨¢s gritos. Y m¨¢s lloros. Y m¨¢s gritos. Hasta que los gritos desaparecieron. Hasta que todo lo que qued¨® fue silencio, junto al olor de la sangre y la muerte. ###### ¡°Estuve a punto de tirar la toalla, ?sab¨¦is? Estuve cerca. Muy cerca.¡± William ya hab¨ªa tenido suficiente, no quer¨ªa seguir mortific¨¢ndose con sus recuerdos. En vez de eso, se puso a hablar. ¡°Cada d¨ªa, me dirig¨ªa a esa habitaci¨®n¡­ nuestra habitaci¨®n. Todav¨ªa conservaba su olor¡­ Todav¨ªa pod¨ªa o¨ªr su voz¡­ Todav¨ªa pod¨ªa ver su cara en el espejo¡­ Me preguntaba a m¨ª mismo: ?de qu¨¦ sirve continuar? Reflexionaba con la escopeta en las manos, m¨¢s veces de las que pod¨ªa contar. Me pon¨ªa el ca?¨®n bajo la barbilla, pero nunca consegu¨ªa apretar el gatillo¡­ Supongo que tan solo quer¨ªa cumplir su ¨²ltimo deseo. Ella quer¨ªa que sobreviviese, que siguiese adelante. Pero¡­ ?Quer¨ªa yo sobrevivir? ?Ten¨ªa acaso un prop¨®sito?¡± William se levant¨® de la silla, y se gir¨® hacia Nora y Claire. Estaban ambas mir¨¢ndolos, tanto a ¨¦l como a Amanda, con expresiones conmocionadas en sus rostros. ¡°Cuando aparecisteis de la nada, pens¨¦ en darle otra oportunidad a la vida. Quiz¨¢ me llevar¨ªais a algo por lo que mereciese la pena vivir. Pero nunca dej¨¦ de hacerme la misma pregunta, una y otra vez: ?de qu¨¦ sirve?¡± Mir¨® a Amanda por encima del hombro. Sus ojos se entrecerraron, casi cerr¨¢ndose por completo. ¡°Esta cosa no es Amanda. Lo s¨¦ muy bien. Y s¨¦ que nunca volver¨¢ a ser Amanda. Me aferro a la posibilidad de una cura, incluso aunque soy consciente de que es una insensatez. Pero si hay algo ah¨ª dentro, alg¨²n resto de lo que ella sol¨ªa ser¡­ Quiero luchar para recuperarlo. No me importa lo que cueste.¡± Se acerc¨® a Nora, la cual escuchaba sentada en el suelo. Se arrodill¨® frente a ella y la mir¨® fijamente a los ojos. Ella abri¨® la boca, dudosa, como si quisiera decir algo, pero no le salieron las palabras. ¡°Escucha¡­ Puede que ahora mismo Lilian sea Lilian, pero lo que te espera al final del camino no es Lilian. Dijiste que no quieres vivir en un mundo en el que ella no est¨¦, ?no es as¨ª? Perm¨ªteme que te diga algo, navegas en un barco de lo m¨¢s precario¡­ y lo que tienes delante es una cascada sin fondo.¡± CAPíTULO 28 – DECISIóN De repente, el s¨®tano se hab¨ªa vuelto m¨¢s fr¨ªo de lo normal. El aire se sent¨ªa pesado, estancado. Todos los sonidos parec¨ªan ahogados. Era como si el propio tiempo se hubiese detenido por un instante. Por puro raciocinio, Claire estaba convencida de que no era sino una ilusi¨®n dentro de su cabeza, pero ello no le impidi¨® tener escalofr¨ªos. Nora miraba al suelo, con los ojos perdidos en el vac¨ªo. Estaban secos. No parec¨ªa que le quedasen m¨¢s l¨¢grimas, daba igual lo mucho que quisiera seguir ahog¨¢ndose en ellas. Claire quer¨ªa seguir reconfort¨¢ndola, pero se abstuvo de hacerlo. Entend¨ªa lo que William quer¨ªa decir. Ten¨ªa raz¨®n. No quer¨ªa aceptarlo, deseaba con todas sus fuerzas que las cosas pudiesen tomar una direcci¨®n diferente, pero la realidad era innegable. Si segu¨ªan huyendo y escondi¨¦ndose de la verdad, Lilian estar¨ªa perdida. Y si Lilian se iba, Nora ir¨ªa detr¨¢s. No dijo nada, no hizo nada. Era una conclusi¨®n que Nora deb¨ªa alcanzar por s¨ª misma. De lo contrario, no podr¨ªa seguir adelante. Contuvo sus propias l¨¢grimas, y observ¨®. ¡°No te voy a obligar a hacerlo.¡± dijo William. ¡°Incluso si mi propia cordura se tambalea sobre tu decisi¨®n final, esa decisi¨®n la tienes que tomar t¨². Pero, por tu bien, y por el bien de Lilian¡­ pi¨¦nsalo. No hagas algo de lo que vayas a arrepentirte toda tu vida.¡± Nora no respondi¨®. William apart¨® su silla, y se acerc¨® a la habitaci¨®n de Amanda. ¡°Tengo cosas que hacer, cari?o¡­ Tengo que irme. Pero volver¨¦, lo prometo. Esp¨¦rame.¡± dijo, antes de cerrar la puerta. Tras un momento de pausa y reflexi¨®n, ech¨® el cerrojo y se alej¨®, hacia la entrada del s¨®tano, pasando al lado de Nora. ¡°V¨¢monos. Sea cual sea tu decisi¨®n, tenemos que encontrar a Lilian. Independientemente de lo grave que sea su condici¨®n, estar¨¢ m¨¢s segura con nosotros que con esos miserables.¡± ¡°William¡­ ?Crees¡­ Crees que es posible salvar a Lilian¡­?¡± pregunt¨® Nora. ¡°¡­los militares son humanos. ?Puedes razonar con una enfermedad? No puedes. Pero puedes intentar razonar con humanos. Me gustar¨ªa creer que a¨²n podemos tener algo de fe en la humanidad. Aunque se nos haya demostrado lo contrario una y otra vez.¡± respir¨® profundamente. ¡°As¨ª que, respondiendo a tu pregunta¡­ S¨ª.¡± William abandon¨® la habitaci¨®n, dejando a Nora sumida en llantos amargos. Claire se le acerc¨® a toda prisa y la abraz¨®, en un intento de ayudarla a cargar con el dolor. ****** William por fin hab¨ªa dejado a los supervivientes salir de su confinamiento. Manten¨ªa a Marcus vigilado tan a menudo como pod¨ªa, asegur¨¢ndose de que nunca estuviese solo durante mucho tiempo. El ¨²nico a quien dej¨® en aislamiento fue a Desmond. Su mente se llenaba de emociones turbulentas cada vez que lo confrontaba, ni siquiera sab¨ªa qu¨¦ hacer con ¨¦l. Prefer¨ªa no lidiar con ello por el momento. Dado que muchos de los supervivientes tendr¨ªan que quedarse en el edificio, dedic¨® alg¨²n tiempo a ense?arles la estructura del lugar, as¨ª como el estado actual del ¨¢rea circundante, incluyendo los pocos lugares en los que todav¨ªa podr¨ªan encontrar recursos. Aquella gente iba a pasarlo mal sobreviviendo en aquel edificio por un periodo largo de tiempo, pero si iban a rescatar a Lilian, no pod¨ªan llevar a todo el mundo. Quien fuera que los acompa?ase, tendr¨ªa que estar listo para meterse en un conflicto, y la mayor¨ªa de ellos no lo estaban. ¡®Ahora que lo pienso¡­ Rescatar a Lilian, ?eh¡­? M¨¢s f¨¢cil decirlo que hacerlo. ?C¨®mo?¡¯ ¡­ William se aproxim¨® a Marcus, quien observaba las calles desde el borde de la azotea. ¨¦l le vio acercarse, pero no apart¨® la atenci¨®n de los alrededores. Cuando los ojos de William se asomaron por encima de la barandilla, avist¨® a multitud de caminantes parados por all¨ª abajo. ¡°?De qu¨¦ te sirve mirarlos?¡± pregunt¨® William. ¡°A estas alturas, ya no tiene sentido ocultar que mi investigaci¨®n est¨¢ relacionada con ellos, ?no? Podemos aprender muchas cosas simplemente observando, cr¨¦eme.¡± ¡°Ya, claro¡­ Escucha, acerca de la chica¡­ ?C¨®mo sabemos siquiera que est¨¢ viva? No te habr¨¢s olvidado, ?no? Ese¡­ monstruo, fuese lo que fuese, ech¨® a correr tras ellos. Me costar¨ªa creer que hubiesen sido capaces de acabar con ¨¦l.¡± ¡°¡­correcto, esa criatura sigue ah¨ª fuera en alguna parte, no cabe duda. No es algo con lo que un grupo de civiles sin entrenamiento puedan lidiar.¡± ¡®Astuto bastardo¡­ Las cosas no ser¨ªan tan dif¨ªciles si no te guardases todos los detalles. Como, por ejemplo, qu¨¦ diablos es esa cosa. ?Bah¡­!¡¯ ¡°Pero la chica est¨¢ viva. Eso lo puedo confirmar.¡± a?adi¨® Marcus. William frunci¨® el ce?o en respuesta. No estaba muy convencido. ¡°Si la chica estuviese muerta, lo sabr¨ªa. Tal y como te he dicho antes, hay muchas cosas que se pueden comprender con tan solo observar.¡± ¡°Si t¨² lo dices¡­ Ni idea de c¨®mo rayos puedes estar tan seguro¡­ Pero todo esto sigue sin decirnos c¨®mo encontrarla. No sabemos a d¨®nde se la han llevado, ?no?¡± ¡°Estoy¡­ trabajando en eso. ?Has conseguido convencer a sus amigas¡­? Dijiste que hablar¨ªas con ellas.¡± William pens¨® durante un momento antes de responderle. ¡®?Convencer? No, esto no va sobre ¡°convencer¡±, no es tan sencillo¡­ Esto es una conclusi¨®n a la que deben llegar ellas mismas¡­¡¯ ¡°S¨ª, eso espero.¡± ¡°Ya veo. Muy bien, necesitar¨¦ m¨¢s tiempo para investigar. En cuanto descubra algo, te lo har¨¦ saber.¡± ****** Los resquicios de luz se filtraban a trav¨¦s de las ventanas tapiadas y ca¨ªan sobre Nora y Claire, rode¨¢ndolas en el ambiente sombr¨ªo del apartamento. Sentadas en el suelo contra la pared, rodeadas de sombras suaves, el fr¨ªo de la habitaci¨®n les resultaba extra?amente c¨®modo. ¡°He sido ego¨ªsta, ?verdad¡­?¡± ¡°?Por qu¨¦ dices eso¡­?¡± Claire mir¨® a Nora con preocupaci¨®n. ¡°No he pensado en nadie excepto en m¨ª misma¡­ Me desconcierta, c¨®mo nunca he pensado realmente en Lilian. Siempre en negaci¨®n, manteni¨¦ndola a mi lado para no perderme a m¨ª misma¡­ Pero, ?qu¨¦ hay de ella?¡± ¡°Nora, estoy segura de que ella tambi¨¦n quiere estar a tu lado. ?Cualquiera se dar¨ªa cuenta de lo segura que se siente cuando est¨¢ cerca de ti!¡± ¡°?Y acaso eso no hace parecer que la haya estado utilizando? Ni siquiera estoy segura de que sepa lo que le est¨¢ pasando a su cuerpo¡­ Pero yo s¨ª lo s¨¦. Y a pesar de que lo s¨¦, ella parece estar conforme, y por lo tanto no hago nada. Sigo huyendo. Sigo arrastr¨¢ndola conmigo¡­¡± Nora hizo una pausa larga. ¡°Soy¡­ Soy una mala persona.¡± This narrative has been unlawfully taken from Royal Road. If you see it on Amazon, please report it. ¡°?No digas eso¡­! ?No lo digas ni de broma!¡± Claire se acerc¨® m¨¢s a Nora y la cogi¨® de la mano. ¡°Por favor, no lo hagas. No es cierto, y lo sabes.¡± ¡°Est¨¢ bien, Claire. Tengo que¡­ reconocer las cosas. Tarde o temprano tengo que aceptar qui¨¦n soy, y las cosas que he hecho. Lo que me hecho a m¨ª misma, lo que le he hecho a ella¡­¡± ¡°Nora...¡± ¡°Te he hablado antes sobre el tipo de vida que llevaba antes de la pandemia, ?no? Todo lo que hac¨ªa era trabajar. Trabajar, trabajar, trabajar. Ten¨ªa que mantenerla, ten¨ªa que hacer todo lo posible para asegurarme de que tuviese un futuro brillante por delante. No ten¨ªamos contacto con nuestros padres, o con el resto de nuestros familiares¡­ Todo depend¨ªa de m¨ª. Y quer¨ªa asegurarme de que ella pudiese seguir adelante, a pesar de estar atorada conmigo.¡± Sujet¨® con fuerza la mano de Claire, y se llev¨® su otra mano al pecho, apret¨¢ndola, como si una profunda angustia estuviera carcomiendo sus entra?as. ¡°Es bizarro siquiera pensarlo¡­ pero mientras siga por este camino, no tendr¨¢ futuro, ?verdad¡­?¡± la voz de Nora empez¨® a temblar. Claire la mir¨® a la cara, y era muy obvio que estaba haciendo todo lo posible por no romper a llorar otra vez. ¡°Voy¡­ Voy a ir.¡± ¡°?Qu¨¦¡­?¡± ¡°Lo har¨¦. La llevar¨¦ con ellos. Tengo que hacerlo¡­ ?Tengo que hacer esto¡­!¡± ¡°??Est¨¢s segura¡­!?¡± ¡°Por favor, Claire¡­ Lo que he estado haciendo hasta ahora no ha sido m¨¢s que una ilusi¨®n¡­ No¡­ la alimentes m¨¢s. Si me hace da?o¡­ deja que me haga da?o. Debo hacerlo. Tras ver a la mujer de William, creo que he abierto los ojos un poco. Por el bien de Lilian, tengo que buscar ayuda. S¨¦ que lo comprendes¡­¡± ¡°Mhm¡­¡± Claire asinti¨®. No hac¨ªan falta m¨¢s palabras. Apoy¨® la cabeza en el hombro de Nora. ¡°?Podemos quedarnos as¨ª un rato m¨¢s¡­? Estoy¡­ cansada.¡± ¡°Claro.¡± ¡­ ¡°Oye¡­ ?Claire? ?Por qu¨¦ te preocupas tanto por m¨ª?¡± ¡°?Qu¨¦ quieres decir?¡± ¡°?Qu¨¦ es lo que ves en m¨ª¡­? ?No es¡­ agotador estar mi alrededor¡­?¡± ¡°?En absoluto! No me importa por lo que est¨¦s pasando, ?me gustas y punto!¡± para variar, la voz de Claire sonaba alegre. Nora le ech¨® una sonrisa de agradecimiento. ¡°Creo que todos hemos perdido algo desde que todo esto comenz¨®. No s¨¦ qu¨¦ le ha pasado a mi familia, o a mis amigos¡­ Probablemente est¨¦n todos muertos. Estaba¡­ muy sola.¡± ¡°?Es mi compa?¨ªa tan valiosa para ti¡­?¡± ¡°A veces la compa?¨ªa de una amiga es todo lo que necesitas para estar bien. Solo s¨¦ que me alegro de haberte conocido. Y te apoyar¨¦ hasta el final. ?Lo prometo!¡± ¡°Pfff¡­¡± Nora no pudo impedir que se le escapara una risita entre dientes, seguida de una suave pero honesta carcajada. ¡°?Oye! ??D¨®nde est¨¢ la gracia!? ?Lo dec¨ªa en serio!¡± ¡°?Nada, nada¡­! Es solo que eso casi ha sonado como una de esas frases clich¨¦ que ver¨ªas en una pel¨ªcula.¡± ¡°Oh, venga ya¡­ Si nos vamos a poner as¨ª, dir¨ªa que todo lo que ha pasado en la ¨²ltima semana parece haber sido sacado de una pel¨ªcula.¡± ¡°Bueno, eso no lo puedo negar¡­¡± Las dos chicas compartieron una risa sincera por primera vez en mucho tiempo. Era su propio momento de paz. Una paz breve, pero necesaria. ¡­ ¡°Gracias, Claire.¡± ****** Hab¨ªa pasado un d¨ªa entero, y Marcus todav¨ªa no les hab¨ªa ofrecido ninguna pista acerca del paradero de Lilian. Cargaba papeles y documentos con ¨¦l a todas partes, pero no daba respuestas. ¡°Me acabas de preguntar esto mismo hace un par de horas, ?no? A¨²n no tengo nada. No creo que haga falta ser tan insistente¡­¡± A Marcus no parec¨ªa hacerle muy feliz que lo acosaran en su propia habitaci¨®n. Era una l¨¢stima que eso a William le diese igual. Dado que ahora el edificio estaba lleno de extra?os, dedicaba la mayor parte de su tiempo a patrullar los pasillos y asegurarse de que nadie se tra¨ªa asuntos raros entre manos. De forma deliberada, paseaba cerca del apartamento de Marcus m¨¢s a menudo de lo normal. ¡°Te sigo porque no me fio de ti.¡± dijo William. No vio la necesidad de ocultarle su falta de confianza. ¡°Y ya que tengo la oportunidad, no hace da?o preguntar.¡± ¡°Ya¡­¡± Pasos ligeros se acercaron a la habitaci¨®n. Alguien caminaba por el pasillo en su direcci¨®n. Antes de que William pudiese alcanzar la puerta para echar un vistazo al exterior, Nora apareci¨® en el marco de la puerta. ¡°?Nora? ?Ha pasado algo¡­?¡± ¡°Bueno, um¡­ Me he decidido.¡± evit¨® su mirada mientras hablaba. ¡°Lo har¨¦.¡± dirigi¨® sus ojos hacia Marcus, quien la miraba con curiosidad. ¡°Te ayudar¨¦ a encontrar a Lilian.¡± Marcus suspir¨®, como si una gran presi¨®n en su pecho se hubiese liberado. ¡°?Segura? Ayer no parec¨ªas muy convencida durante nuestra charla¡­¡± pregunt¨® William. ¡°Estoy segura. No puedo seguir as¨ª¡­ Por su bien, no puedo.¡± ¡®As¨ª que realmente se ha decidido, ?eh¡­? Para haberse desmoronado hace nada, ha vuelto a ponerse de pie sorprendentemente r¨¢pido. Bien.¡¯ ¡°Bueno, entonces lo ¨²nico que nos falta es saber c¨®mo encontrarla¡­¡± ¡°Um¡­ R-Respecto a eso¡­ Creo que s¨¦ c¨®mo¡­¡± a?adi¨® Nora, con un tono t¨ªmido. ¡°Ya veo¡­ Espera, ??qu¨¦¡­!?¡± ¡­ Nora los llev¨® a los dos a la azotea del edificio. William no estaba demasiado seguro de qu¨¦ rayos pretend¨ªa, pero la cara de Marcus estaba coloreada de curiosidad y emoci¨®n. La anticipaci¨®n parec¨ªa tenerlo loco. Nora se dirigi¨® al lado oeste de la azotea, ech¨® un ojo alrededor, y luego apunt¨® en una direcci¨®n en particular. ¡°P-Por ah¨ª¡­¡± ¡°?¡­eh? ?Te est¨¢s quedando conmigo? ??C¨®mo!? ??Por qu¨¦!? Nora, esto no tiene ning¨²n sentido. Pero si parece que est¨¦s eligiendo una direcci¨®n al azar. ?Fue tambi¨¦n as¨ª como le seguiste el rastro cuando se escap¨® la ¨²ltima vez?¡± ¡°No, eso¡ª¡± Marcus se acerc¨® a Nora a toda prisa y estuvo a punto de agarrarla por los hombros, pero se detuvo en el ¨²ltimo momento, eligiendo simplemente detenerse a su lado. ¡°?C¨®mo lo sabes? Necesito que me cuentes los detalles. Es muy importante.¡± ¡°?Ah¡­! Bueno, yo¡­ Es como si¡­ ?No, no, vais a pensar que estoy mal de la cabeza¡­! ?Maldita sea, no deb¨ª haber dicho nada¡­!¡± ¡°Por favor, habla.¡± ¡°D-De acuerdo¡­ Puedo¡­ o¨ªr su voz. En mi cabeza. Es como si no parase de o¨ªr su voz, llam¨¢ndome¡­ Y presiento que viene¡­ de esa direcci¨®n¡­¡± La mirada de Nora saltaba entre William y Marcus, nerviosa a un nivel sin precedentes. Su cara estaba ligeramente sonrojada. William no la tomaba en serio. Pero Marcus no compart¨ªa la misma opini¨®n. ¡°S¨ª, s¨ª¡­ ?Pues claro¡­! ?Podemos confiar en ella! ?Podemos encontrar a la chica!¡± exclam¨®. ¡°??Me vacilas!? ??Me est¨¢s diciendo que las voces en su cabeza nos dir¨¢n d¨®nde encontrar a Lilian!? ??Pero t¨² oyes lo que dices!?¡± William no se lo tragaba, y cualquier otra persona racional ser¨ªa igual de esc¨¦ptica. ¡°Vas a tener que fiarte de ella, William. No tengo forma de darte pruebas s¨®lidas. ?Pero estoy seguro de que dice la verdad!¡± Marcus mir¨® a Nora, y en esta ocasi¨®n s¨ª que la sujet¨® por los hombros. ¡°?E-Eh¡­?¡± ¡°Tu nombre era Nora Lamb, ?no? Esto es un acontecimiento extraordinario. Pero sin lugar a dudas, tiene sentido. ?Si seguimos tus indicaciones, podemos encontrar a Lilian!¡± ¡°?Supongo que te vas a negar a darnos una explicaci¨®n en condiciones?¡± pregunt¨® William, en la l¨ªnea entre molesto y cabreado. ¡°Tendr¨¢s tus respuestas en cuanto acabemos con esto. Ahora mismo, tenemos que empezar a prepararnos para salir. ?Cada segundo importa!¡± ¡®Ya, claro¡­ Prepar¨¦monos para salir, ?sigamos las voces en su cabeza! Ahora s¨ª que lo he visto todo. Esto no es una pel¨ªcula de acci¨®n, es una jodida comedia.¡¯ ****** Aquello era la clave. Aquella era la pieza que le faltaba. De todos los posibles resultados, ?qui¨¦n habr¨ªa imaginado que as¨ª era como habr¨ªan acabado la cosas? Marcus estaba euf¨®rico, sinti¨® que su investigaci¨®n por fin estaba alcanzando un resultado l¨®gico. En su habitaci¨®n, termin¨® de reunir las pocas pertenencias que ten¨ªa. El malet¨ªn era lo m¨¢s importante. Las hermanas Lamb, y los contenidos del malet¨ªn; aquellos eran todos los factores ocultos de la ecuaci¨®n. La ecuaci¨®n que resolver¨ªa los misterios de aquel lugar. La celda an¨®mala hab¨ªa dejado de ser una aberraci¨®n. Un evento at¨ªpico e inexplicable ahora ten¨ªa una resoluci¨®n apropiada al alcance. Pero deb¨ªan ser r¨¢pidos. Ahora que su teor¨ªa estaba tan cerca de demostrarse cierta, la potencial muerte de Lilian ser¨ªa catastr¨®fica. Y si fuese a ser sacada de la ciudad sin el resto de las piezas¡­ nunca se llegar¨ªa a establecer una respuesta. El tiempo era esencial. Mientras caminaba deprisa por el pasillo, pens¨® en c¨®mo informar de la situaci¨®n a sus superiores. En circunstancias normales, habr¨ªa usado la radio del cami¨®n, pero hab¨ªa sido saboteada. Probablemente obra de Julien. Sab¨ªan lo que hac¨ªan, eso estaba claro. Aquellos tipos eran peligrosos, y tendr¨ªa que tomar las medidas pertinentes si quer¨ªan recuperar a Lilian de sus garras con ¨¦xito. ¡®Sin radio, no hay mucho que pueda hacer. En cuanto logremos llegar al Hospital Saint Marie, podr¨¦ usar la radio que tienen all¨ª¡­ Por ahora, empezar¨¦ a preparar un informe escrito. ?Ah, esto es al mismo tiempo frustrante y emocionante!¡¯ ¡­ ¡®Ahora que lo pienso, el informe original ya no es preciso, ?no¡­? Pero en lugar de cambiarlo, lo complementar¨¦ con un documento secundario. Creo que lo etiquetar¨¦ como: ¡°Reina¡±.¡¯ CAPíTULO 29 – CALLEJóN SIN SALIDA Las part¨ªculas blancas, casi brillantes, se esparc¨ªan aleatoriamente sobre la tierra con cada balanceo delicado de su mano, d¨¢ndole una apariencia que le recordaba a un glaseado de az¨²car en polvo. Cogi¨® el rastrillo de mano y procedi¨® a mezclarlo con la tierra de manera uniforme. En cuanto termin¨®, avanz¨® un poco a gatas, y volvi¨® a repetir todo el proceso en una nueva secci¨®n de tierra. Claire hab¨ªa pasado el ¨²ltimo par de horas trabajando en los cultivos que cubr¨ªan el patio interior del edificio. Su mente se hab¨ªa abstra¨ªdo tanto en la tarea que apenas oy¨® a William acerc¨¢rsele por la espalda. ¡°Hemos acabado de cargar el cami¨®n con suministros y armas. Nos iremos pronto.¡± dijo. ¡°Ya veo. Tratar¨¦ de apresurarme. Me unir¨¦ a vosotros tan pronto pueda.¡± Claire continu¨® trabajando la tierra en silencio por un rato. ¡°Dije que podr¨ªas contar conmigo para esto, pero al final no creo que vaya a poder hacer gran cosa, ?no¡­?¡± ¡°?Qu¨¦ quieres decir?¡± ¡°Bueno, tengo la sensaci¨®n de que no estaremos de vuelta por un tiempo¡­ No creo que pueda cuidar de estas plantas apropiadamente hasta su pr¨®xima cosecha. Les puedo dar una ¨²ltima comida antes de irme, pero¡­¡± ¡°No pasa nada. Hiciste lo que pudiste.¡± William le ech¨® un ¨²ltimo vistazo al patio antes de girarse y echar a andar hacia la puerta por la que hab¨ªa venido. ¡°T¨®mate tu tiempo.¡± Claire le vio desaparecer en la oscuridad del edificio. ¡®Este lugar todav¨ªa le recuerda a ella, ?eh¡­?¡¯ ¡°Vale, venga¡­ ?Ten¨¦is que comer bien¡­!¡± dijo, mientras aplicaba otro pu?ado de fertilizante. Las hojas brillaban bajo la luz matutina, agradecidas por recibir amor y cari?o en un mundo al que ya no le quedaba ninguno de los dos. ****** ¡°Gira a la derecha¡­¡± ¡­ ¡°Vale, um¡­ Ahora a la izquierda.¡± ¡­ ¡°?Es eso una rotonda? Vale, vete¡­ ?por la segunda salida, creo?¡± ¡­ Las direcciones de Nora ven¨ªan en intervalos irregulares, llenas de reticencia y escepticismo hacia s¨ª misma. Sin embargo, en ning¨²n momento dudaba una vez se decid¨ªa por una direcci¨®n en particular. En la mayor¨ªa de las ocasiones, indicaba el camino correcto al instante. Otras veces, ten¨ªan que detener moment¨¢neamente el cami¨®n, dado que parec¨ªa sufrir leves dolores de cabeza cuando trataba de concentrarse mucho en sus pensamientos. O visiones. O voces, o lo que sea. William la observ¨® quejarse mientras se frotaba la frente en el asiento del copiloto. Suspir¨®. Ten¨ªa muchas cosas en mente, pero decidi¨® reserv¨¢rselas y no molestarla. Mantuvo la mano en el volante, y el pie en el pedal, a la espera de su se?al. ¡°Nora¡­ ?Te encuentras bien¡­?¡± pregunt¨® Claire, asom¨¢ndose desde el compartimento de carga a trav¨¦s de la ventana trasera de la cabina. ¡°S¨ª, estoy bien¡­ Es s¨®lo que¡­ duele.¡± respondi¨® Nora, descansando la cabeza contra el cabezal del asiento. Algunos momentos despu¨¦s, con los ojos cerrados, alz¨® su brazo derecho, apuntando hacia una calle cercana. ¡°¡­por ah¨ª.¡± William se aguant¨® y sigui¨® sus instrucciones con diligencia. Y no era porque creyese en lo que estuviera pasando dentro de su cabeza. No, el motivo era mucho m¨¢s tangible. De vez en cuando, se cruzaban con pistas sutiles pero evidentes a lo largo de la carretera. Coches volcados. Cad¨¢veres de caminantes tirados por ah¨ª, aplastados por algo grande y pesado. Marcas de derrape en el asfalto. Si se conectaban los puntos, el resultado era claro como el agua: estaban siguiendo un rastro. ¡®Bueno, algo de raz¨®n tiene. Eso no se lo puedo negar.¡¯ ¡­ El cami¨®n se pas¨® varias horas siguiendo las indicaciones de Nora por la ciudad, hasta el mediod¨ªa. Condujeron una buena distancia a lo largo de la orilla del r¨ªo, hasta que pudieron cruzarlo mediante un puente todav¨ªa intacto. Luego, se embarcaron en una ruta hacia el oeste, sinuosa pero bien definida. No era en absoluto un viaje sencillo. La poblaci¨®n de caminantes en los distritos al oeste era, por desgracia, bastante abundante. Los grupos m¨¢s peque?os eran incapaces de detener el cami¨®n, y pod¨ªan pasarles por encima o empujarlos con facilidad. Cuando se cruzaban con hordas especialmente grandes, se ve¨ªan obligados a tomar desv¨ªos considerables para evitar ser rodeados o enterrados bajo las multitudes. El estr¨¦s de William se estaba yendo por las nubes, y r¨¢pido. Aquel medio de transporte era peligroso. Se le ocurr¨ªan muchas, muchas formas en las que su seguridad pod¨ªa verse comprometida. En comparaci¨®n con sus pr¨¢cticas habituales usando los tejados, conducir era temerario. Sin embargo, si quer¨ªan transportar una cantidad razonable de personas a lo largo de grandes distancias, junto a todos los suministros necesarios, era la ¨²nica opci¨®n. Era bastante obvio que Nora y Claire no querr¨ªan quedarse atr¨¢s, William hab¨ªa asumido desde el principio que se unir¨ªan a la operaci¨®n de rescate de Lilian. Sin embargo, las intenciones de Marcus eran ambiguas. Parec¨ªa demasiado involucrado con todo como para plantearse siquiera el quedarse atr¨¢s, pero su implicaci¨®n era en s¨ª un misterio. Sab¨ªa demasiadas cosas, y apenas compart¨ªa nada. William lo detestaba, pero no pod¨ªa hacer nada al respecto. Amenazarlo a punta de pistola o darle una paliza no servir¨ªa de nada, excepto disuadirlo de ayudarles. Y necesitaban su ayuda. Luego estaba Desmond. Ni un solo superviviente del refugio del metro se ofreci¨® voluntario a ir con ellos, pero Desmond estaba deseoso. No era de extra?ar, dado que se dirig¨ªan al oeste, a donde su mujer y su hija hab¨ªan sido enviadas. No hab¨ªa garant¨ªas de que su viaje fuese a llevarlos al hospital, pero William ten¨ªa la impresi¨®n de que todas aquellas coincidencias eran un augurio de cosas por llegar. William todav¨ªa no le hab¨ªa dirigido la palabra desde su conversaci¨®n tras el incidente del metro. Segu¨ªa sin saber qu¨¦ decirle, o como tratar con ¨¦l. Hab¨ªa sido Claire quien hab¨ªa hablado con ¨¦l. Estaba agradecido por ello; de ese modo pod¨ªa mantenerlo fuera de su cabeza y concentrarse en asuntos m¨¢s inmediatos e importantes. Como, por ejemplo, mantener el cami¨®n a salvo en la carretera. Gir¨® el volante, zigzagueando alrededor de veh¨ªculos siniestrados, siguiendo el dedo Nora a donde fuera que apuntase. ****** This story originates from a different website. Ensure the author gets the support they deserve by reading it there. ¡°?Est¨¢ interesante la lectura?¡± la voz de Marcus sobresalt¨® a Claire y la sac¨® de su trance. ?Un descuido? Tal vez. No hab¨ªa nada que Marcus pudiese hacer para ganarse su confianza, y aun as¨ª hab¨ªa bajado la guardia al sumergirse en aquel libro. La inquietaba, especialmente debido a la cantidad de armas disponibles en la parte trasera del cami¨®n. ¡°?S-S¨ª¡­? ?Qu¨¦ te importa¡­?¡± respondi¨®. Marcus le ech¨® un vistazo a la portada del libro, entrecerrando los ojos un poco desde la esquina opuesta del compartimento. ¡°Eso es un libro de entomolog¨ªa¡­ Nada, tan s¨®lo ten¨ªa curiosidad.¡± ¡°?Hmpf¡­!¡± Manteni¨¦ndolo vigilado por el rabillo del ojo, regres¨® a las p¨¢ginas. Cuando no estaba con sus amigos, estudiando o haciendo ejercicio, Claire siempre hab¨ªa sido una empollona. Sol¨ªa encantarle leer, y estaba constantemente buscando m¨¢s libros interesantes que consumir. A pesar de lo tranquilas que hab¨ªan sido las ¨²ltimas horas, sab¨ªa que la situaci¨®n pod¨ªa tomar un giro dr¨¢stico en cualquier momento. Aun as¨ª, prefer¨ªa leer en lugar de mirar a las paredes. Hab¨ªa elegido aquel libro en concreto siguiendo una corazonada est¨²pida; no le gustaban demasiado los insectos, pero le resultaba relajante de todos modos. Hac¨ªa tiempo que no profundizaba en la intrincada delicadeza de las palabras escritas. ¡­ El cami¨®n se detuvo por completo, como tantas otras veces. Pero no era debido a uno de los dolores de cabeza de Nora. Si as¨ª fuese, William no habr¨ªa apagado el motor. ¡°Eh¡­¡± la voz de William lleg¨® desde la parte delantera del cami¨®n. ¡°Algo no va bien. Deber¨ªamos echarle un ojo a esto.¡± Claire dej¨® el libro y se acerc¨® deprisa a la ventanilla de la cabina. ¡°?Qu¨¦ pasa? ??Es sobre Lilian!?¡± pregunt¨®. William no le respondi¨®. Le hizo a Claire una se?al con la mano, apuntando a Nora, quien ten¨ªa una expresi¨®n angustiada en la cara. ¡°?No¡­ No puedo o¨ªr su voz¡­! ??Ya no puedo o¨ªrla¡­!!¡± ¡°??Qu¨¦¡­!?¡± ¡®?Y si¡­? ?No, no, eso no puede ser¡­! ?Por favor, Lilian, dime que est¨¢s bien¡­!¡¯ ¡°Adem¨¢s, mira eso.¡± William gui¨® su atenci¨®n hacia el parabrisas. ¡°Joder¡­¡± Justo frente al cami¨®n, Claire vio una escena perturbadora. Coches destruidos apilados unos encima de otros y esparcidos por toda la calle, grietas en el asfalto, se?ales de da?o estructural en los edificios cercanos¡­ Pero si tuviese que destacar algo, ser¨ªa la sangre. La sangre, y los restos de carne diseminados por la zona, junto a los cad¨¢veres de varios caminantes. ¡°Oh, santo dios, ?es eso¡­? Oh¡­ Ugh¡­¡± lo que ve¨ªa le revolvi¨® el est¨®mago. En mitad de la carretera, volcada de lado, hab¨ªa una furgoneta azul. ¡°?E-Esa furgoneta¡­!¡± dijo Nora, empezando a ponerse nerviosa de verdad. ¡°??Huyeron en esa furgoneta¡­!!¡± ¡°?Est¨¢s segura de eso?¡± pregunt¨® William. ¡°?La reconocer¨ªa en cualquier sitio, lo prometo¡­! ?Es su furgoneta¡­! ?No¡­ Lilian¡­!¡± ¡°Vale... Vosotras dos, quedaos aqu¨ª.¡± William se gir¨® en el asiento y se encar¨® directamente hacia el compartimento de atr¨¢s. ¡°?Marcus, te vienes conmigo! Tenemos que echar un ojo por aqu¨ª¡­¡± ****** Tal y como William sospechaba, intentar huir de aquella criatura era un error, incluso con un veh¨ªculo. Le sorprend¨ªa que hubiesen conseguido llegar tan lejos. Y, por supuesto, aquel escenario significaba malas noticias para todos. Si no pod¨ªan escapar con un coche, tratar de hacerlo a pie ser¨ªa una locura. ¡®Entre estos restos, quiz¨¢¡­ Espero que no sea el caso, pero¡­¡¯ El lugar entero estaba plagado de sangre y cuerpos troceados. En la carretera, rociados sobre los coches cercanos¡­ William se fij¨® concretamente en el tama?o de los restos. Ninguno de aquellos brazos o piernas parec¨ªan lo bastante peque?os como para pertenecer a Lilian. Aquellos pobres diablos hab¨ªan sido hechos trizas con una ferocidad insondable, pero la chica no parec¨ªa estar entre ellos. Era eso, o hab¨ªa sido obliterada en pedazos por completo. ¡®Nora dice que ya no puede o¨ªrla¡­ Maldita sea, esto tiene mala pinta¡­¡¯ Los pasos de Marcus se le acercaron por detr¨¢s, justo cuando se percat¨® de algo peculiar entre los cuerpos. Armas. Algunos de los cad¨¢veres todav¨ªa sosten¨ªan sus rifles, y sus ropas ten¨ªan inconfundibles patrones de camuflaje. Aquellos cuyos cuerpos todav¨ªa ten¨ªan aspecto humano vest¨ªan chalecos antibalas, adem¨¢s de toda clase de equipamiento de grado militar. ¡°Estos tipos son¡­¡± ¡°Soldados.¡± dijo Marcus. ¡°Hab¨ªa un equipo estacionado aqu¨ª¡­¡± ¡°?Y¡­? ?Qu¨¦ nos dice eso?¡± ¡°Nada, me temo¡­ No tenemos radio. No puedo contactar con ellos. No estoy al tanto de su situaci¨®n actual¡­¡± ¡°Mierda¡­ Bueno, la chica no parece estar aqu¨ª. De alguna forma, se ha escabullido. ?Y ahora qu¨¦?¡± ¡°El Hospital Saint Marie est¨¢ cerca. ?Quiz¨¢ sea una buena idea echarle un vistazo? Hemos enviado all¨ª a suficiente gente como para formar una comunidad. Peque?a, pero activa. ?Quiz¨¢ alguien oy¨® o vio algo?¡± ¡°Muy bien¡­ Cojamos todo lo que a¨²n podamos utilizar, y pong¨¢monos en marcha. Este sitio me est¨¢ dando escalofr¨ªos.¡± ¡®As¨ª que al final s¨ª que vamos a ir a ese hospital. A estas alturas ya ni me sorprende¡­¡¯ Mir¨® a Nora, quien le observaba desde el cami¨®n, mordi¨¦ndose las u?as con ansiedad. Pein¨® la zona con los ojos una ¨²ltima vez, luego la mir¨® de nuevo y le dio una negativa con la cabeza. Ella capt¨® el mensaje. Dej¨® en paz las u?as, cerr¨® los ojos y se hizo bola en el asiento del copiloto. ¡®Joder, espero que la chica est¨¦ bien¡­¡¯ ****** Aquellos tipos no eran soldados, Marcus estaba completamente seguro de ello. Incluso si sus uniformes eran similares a los del Ej¨¦rcito, su equipamiento no cumpl¨ªa ning¨²n reglamento est¨¢ndar. No eran soldados ordinarios, sino fuerzas especiales. No oficiales. Y ten¨ªa una buena idea de cu¨¢l era su identidad. Mientras William se manten¨ªa ocupado recogiendo armas y equipo de los ca¨ªdos, Marcus llev¨® a cabo una observaci¨®n m¨¢s detallada del entorno. En el suelo, escondido entre unos escombros, vio un peque?o objeto met¨¢lico. Ten¨ªa forma de contenedor, no tard¨® en identificarlo como alg¨²n tipo de granada de humo. Lo recogi¨® y lo inspeccion¨®. Estaba gastada. Analiz¨® los cuerpos que hab¨ªan quedado relativamente intactos tras la matanza. Uno de ellos le llam¨® la atenci¨®n. Mutilado y arrojado contra uno de los coches, el impacto probablemente lo hab¨ªa matado en el acto. Algo asomaba desde uno de los bolsillos de su chaleco. Un objeto peque?o de forma rectangular. Marcus lo cogi¨®, y procedi¨® a abrirlo. Era un peque?o contenedor, con un interior blando y acolchonado que albergaba una jeringa. El tubo estaba vac¨ªo. ¡®Vale¡­ Creo que me hago una idea de lo que ha pasado aqu¨ª¡­¡¯ Aquellos hallazgos no hicieron sino agravar sus sospechas. Aquella gente se hab¨ªa puesto en marcha. Se les estaba acabando el tiempo, y Lilian estaba en el ojo de la tormenta. Ten¨ªa que ponerse en contacto con el Ej¨¦rcito lo antes posible. Necesitaba una radio. Y el Hospital Saint Marie ten¨ªa la m¨¢s cercana de la que ten¨ªa constancia. ****** ¡°Central, ?me recib¨ªs? Aqu¨ª Prometheus-01, nos acercamos a la posici¨®n de la ¨²ltima transmisi¨®n conocida de Hephaestus. Cambio.¡± ¡°Te recibimos, Prometheus. Proceded con cautela. La situaci¨®n en ese sector sigue siendo una inc¨®gnita. Vais a ciegas.¡± ¡°Recibido.¡± Los ojos del soldado escanearon los alrededores a trav¨¦s del visor con precisi¨®n milim¨¦trica mientras avanzaba hacia el objetivo, un cuidadoso paso tras otro. Su rifle segu¨ªa el rastro de su mirada, listo para abrir fuego al m¨ªnimo signo de peligro. Tras ¨¦l, otros cuatro soldados le segu¨ªan los pasos. ¡°El objetivo est¨¢ a unos veinte metros al frente. Preparaos para el contacto. PT-02 y PT-03, mantened los ojos en los edificios. PT-04 y PT-05, vigilad nuestras seis. Vamos.¡± ¡°Entendido.¡± Cuatro voces distintas dieron su confirmaci¨®n una tras otra, y el equipo entero camin¨® como una sola entidad. A medida que avanzaban, sus botas pronto empezaron a dejar tras de s¨ª una hilera de huellas ensangrentadas. El escenario reflejaba una espantosa masacre. Una furgoneta azul yac¨ªa de lado en mitad de la calle, rodeada de escombros y restos de cad¨¢veres. ¡°Central, aqu¨ª Prometheus-01. Hemos alcanzado el objetivo. Hephaestus parece haber establecido combate con enemigos no identificados. Cambio.¡± ¡°?Cu¨¢l es su estado?¡± ¡°En pedazos.¡± ¡°Entendido.¡± ¡°Considerando el estado de los cuerpos y del entorno, es poco probable que haya sido obra de entidades de clase inferior. Es factible asumir la presencia de un pretoriano en la ciudad.¡± ¡°Informe recibido, Prometheus.¡± ¡°?Procedemos con la operaci¨®n de acuerdo al plan original?¡± ¡°Afirmativo. Si se confirma que la identidad del agresor es efectivamente un pretoriano, evitad el contacto a toda costa hasta que podamos proporcionaros m¨¢s apoyo. De lo contrario, proceded seg¨²n lo planeado.¡± ¡°Entendido.¡± CAPíTULO 30 – CONTACTO No importaba cu¨¢nto se esforzase en descansar, Logan no hab¨ªa hecho m¨¢s que dar vueltas toda la noche. La cama era inc¨®moda, la habitaci¨®n ol¨ªa mal, y los analg¨¦sicos que hab¨ªa tomado no hab¨ªan conseguido aliviar el dolor en su espalda y su brazo derecho. Se levant¨® de la cama. Si no iba a poder descansar hiciese lo que hiciese, bien podr¨ªa aprovechar el tiempo que ten¨ªa disponible. Abandon¨® la habitaci¨®n y ech¨® a caminar por el pasillo, vac¨ªo y espeluznante. Las vendas limitaban en cierta medida sus movimientos y le tiraban de la piel, haciendo arder las heridas de debajo, como si le estuviesen dando de pu?aladas. ¡°?Ay¡­!¡± ¡®Vaya puta mierda¡­ Aunque podr¨ªa haber salido peor, supongo. Al menos sigo vivo¡­ En serio, ?de qu¨¦ rayos iba todo aquello¡­?¡¯ ###### ¡°?Frena, capullo¡­! ?Ni de co?a pienso morir en un accidente de coche!¡± Jacobs alz¨® la voz desde el asiento del copiloto. ¡°??Y prefieres dejar que te mate esa cosa!?¡± respondi¨® Logan. ¡°?Ambos lo hemos visto estrellarse contra un edificio como una bala de ca?¨®n hace unos minutos! No lo hemos visto desde entonces, yo digo que lo hemos dejado atr¨¢s.¡± ¡°?Ya, claro! ?Y una mierda! ?No me creo que se haya rendido as¨ª como as¨ª!¡± Tir¨® del volante, provocando que la furgoneta girase abruptamente, casi al punto de volcar. Consigui¨® mantenerse estable, justo a tiempo para tomar otra calle a toda velocidad. Varias voces se quejaron desde la parte de atr¨¢s de la furgoneta, pero las ignor¨®. Mantener el veh¨ªculo en movimiento mientras esquivaba obst¨¢culos era suficiente fuente de estr¨¦s. Dio otro giro repentino. Lo que fuera con tal de hacer que aquel monstruo les perdiera la pista por completo. No prestaba atenci¨®n al veloc¨ªmetro, y no le hac¨ªa falta. Sab¨ªa que estaban yendo a velocidades peligrosas. En el fondo de su mente, se le escap¨® una risita. Conducir a velocidades excesivas en mitad de la ciudad era una de esas cosas que nunca se hab¨ªa esperado que acabar¨ªa haciendo. ¡®?A qui¨¦n le importa la velocidad? ?A m¨ª no, siempre que me mantenga con vida! ??Qui¨¦n me va a parar!? ??La polic¨ªa!?¡¯ Maniobr¨® alrededor de los coches que se le cruzaban en el camino, con una habilidad sorprendente dada la velocidad del veh¨ªculo. Entonces, como burl¨¢ndose de sus pensamientos internos, un polic¨ªa emergi¨® de detr¨¢s de un sed¨¢n siniestrado, tropezando justo en mitad de la carretera. En el breve per¨ªodo de tiempo antes de la inevitable colisi¨®n, fue capaz de arrastrar sus ojos hacia Logan, vac¨ªos y sin vida. ¡°??Mierda¡­!! ???Est¨¢s de co?a¡ª!!!¡± Al tratar de evitar al caminante, Logan perdi¨® el control del veh¨ªculo. Las ruedas traseras comenzaron a derrapar en el asfalto, incapaces de agarrarse a nada. La furgoneta dio vueltas, atropell¨® al caminante, choc¨® contra otros veh¨ªculos, y se desliz¨® por la carretera tras volcar sobre un costado. Deber¨ªan haberse puesto el cintur¨®n. ¡­ Entumecimiento por todo el cuerpo. Zumbido en los o¨ªdos. Visi¨®n borrosa. Falta de equilibrio. Se encontraba en el fondo de la furgoneta, con el cielo visible a trav¨¦s de la puerta del copiloto, abierta sobre su cabeza. Jacobs ya se hab¨ªa ido. Con gran esfuerzo, Logan fue apenas capaz de levantarse y salir fuera del veh¨ªculo. Antes de bajar a suelo firme, ech¨® un ojo a los alrededores. A unos metros de distancia, Julien se arrastraba a cuatro patas hacia Lilian, con una evidente cojera en la pierna izquierda. La chica no se mov¨ªa; estaba recogida en posici¨®n fetal, completamente quieta en el suelo. Los otros dos hombres que los hab¨ªan acompa?ado estaban tirados por la acera. Uno de ellos se quejaba de dolor, el otro guardaba silencio. *??Bang!!* *??Bang!!* Jacobs, de pie junto a la furgoneta, hab¨ªa abierto fuego. El tipo que se quejaba en la acera fue r¨¢pidamente silenciado en cuanto la bala perfor¨® un agujero en su cabeza. Un segundo despu¨¦s, un caminante se dej¨® caer sobre su cuerpo, con intenci¨®n de darse un fest¨ªn con su presa, ya muerta. M¨¢s caminantes entraron en escena desde varias direcciones, atra¨ªdos por el ruido. ¡°?Oye, coge a la puta mocosa y v¨¢monos ya¡­!¡± grit¨® Jacobs, mientras apuntaba su pistola al zombi m¨¢s cercano. ¡°?Se?or Logan¡­! ?Baje de una vez y ay¨²deme a levantarla¡­!¡± Julien pidi¨® ayuda, parec¨ªa tener problemas para hacer que Lilian se moviese. ¡®??Para qu¨¦ narices necesitas mi ayuda¡­!? Venga ya, ?no pesa tanto!¡¯ Con sus sentidos poni¨¦ndose al fin en marcha tras el shock del accidente, Logan baj¨® de la furgoneta de un salto y se acerc¨® a Julien a toda prisa. Agarr¨® el brazo de Lilian y tir¨®, pero ella se neg¨® a desenroscarse. Era como tratar de hacer que una estatua cambiase de postura: no iba a ocurrir. ¡°??Qu¨¦ co?o¡­!? ?Oh, venga ya¡­! ??Mu¨¦vete¡­!!¡± Se agach¨®, con intenci¨®n de levantarla del suelo y llevarla en brazos. Sin embargo, tuvo un momento de duda. ¡®Espera¡­ Espera, espera¡­ ?Merece esto la pena¡­? Le he estado siguiendo el rollo, pero¡­¡¯ *??Bang!!* *??Bang!!* *?Click!* Jacobs descarg¨® su arma sobre los caminantes cercanos hasta que no le quedaron m¨¢s balas en el cargador. ¡°Vale, ?que le den a esta mierda! ?Me largo! ?Ni de co?a voy a morir as¨ª!¡± Escane¨® los edificios circundantes con la mirada, y avist¨® un callej¨®n libre de caminantes. Sin siquiera mirar atr¨¢s hacia sus ¡°compa?eros¡±, Jacobs ech¨® a correr hacia ¨¦l. Entonces, m¨¢s disparos. ?Eran realmente disparos? Sonaban raros, ahogados. Uno tras otro, los caminantes en la zona cayeron, inertes, neutralizados con una precisi¨®n letal. Jacobs dej¨® de correr. En su lugar, dio algunos pasos atr¨¢s, mientras una figura humanoide emerg¨ªa de las sombras del callej¨®n frente a ¨¦l. Ropa de camuflaje. Armado hasta los dientes. Su cara cubierta por un casco y un visor de aspecto sofisticado. Logan no estaba seguro de si pod¨ªa creer lo que ve¨ªan sus ojos, pero aquel hombre ten¨ªa a todas luces la apariencia de un soldado. ¡°Joder¡­ Qu¨¦ va, ?en serio¡­?¡± murmur¨®. Por el rabillo del ojo, vio otros cuatro soldados que sal¨ªan a plena vista de distintas direcciones, todos ellos tan fuertemente armados como el primero. No quedaba ning¨²n caminante en pie. ¡°?Estamos¡­ a salvo?¡± Logan continu¨® mascullando entre dientes. Los soldados se movieron como una sola unidad, convergiendo en la posici¨®n de la furgoneta siniestrada desde todos los ¨¢ngulos. El silencio se apoder¨® de la calle; pero aquellos hombres, de alguna manera, no estaban callados. Incluso en ausencia de comunicaci¨®n verbal, transmit¨ªan un mensaje muy claro. Un mensaje amenazador. ¡°?Ah¡­! ?Es el Ej¨¦rcito¡­!¡± Julien consigui¨® levantarse del suelo, sosteni¨¦ndose de pie de forma aparatosa. ¡°?Gracias a dios! ?Escuchen, hemos hablado por radio hace un tiempo¡­! ?Tenemos a la chica resistente! ?Est¨¢ justo aqu¨ª!¡± dijo, apuntando a Lilian en el suelo. Dos de los soldados se miraron mutuamente. Tras un breve instante, uno de ellos les dio a los dem¨¢s una se?al con la cabeza. Todos entraron en acci¨®n con movimientos r¨¢pidos y precisi¨®n sin parang¨®n. En un abrir y cerrar de ojos, Logan se encontr¨® aprisionado contra el suelo, con su brazo derecho retorcido a su espalda y la cara besando el asfalto. Love what you''re reading? Discover and support the author on the platform they originally published on. ¡°E-Eh, ??qu¨¦ cojones¡­!? ?Aagh¡­!¡± Cualquier tipo de resistencia o intento de liberarse provocaba dolorosos calambres que le recorr¨ªan el brazo y el torso. No pod¨ªa girar el cuello para mirar alrededor, pero a juzgar por los improperios, todos sus compa?eros se encontraban en circunstancias similares. ¡°?Qu¨ªtame las manos de encima, cerdo¡­!¡± ¡°?No¡­! ??Qu¨¦ significa esto!?¡± Lilian estaba a plena vista, justo frente a ¨¦l. Uno de los soldados se acerc¨® a ella, se arrodill¨® a su lado, y sac¨® un peque?o contenedor rectangular de su chaleco. Lo abri¨®, y sac¨® una jeringa de su interior. El tubo estaba lleno de un misterioso l¨ªquido transparente. Sin apenas esfuerzo, la aguja penetr¨® la piel del cuello de Lilian. Al principio, no mostr¨® reacci¨®n alguna a la sustancia extra?a que acababa de entrar en su cuerpo. Sin embargo, unos diez segundos despu¨¦s de la inyecci¨®n, empez¨® a balbucear. ¡°Ah¡­ ?Aaah¡­! ?Auh¡­! ?Auaua¡­!¡± Era imposible saber si estaba realmente tratando de expresar algo. Por lo que Logan sab¨ªa, bien podr¨ªan ser nada m¨¢s que sonidos aleatorios, fruto de la angustia. Sus divagaciones no duraron mucho. Sus extremidades se volvieron repentinamente fl¨¢cidas; y sus ojos se quedaron vac¨ªos y sin luz, como si algo les hubiese arrebatado toda traza de vida. Todav¨ªa respiraba. El soldado se levant¨® y llev¨® la mano a los auriculares t¨¢cticos de su casco. ¡°Objetivo confirmado. Eliminad al resto.¡± dijo. Uno no ten¨ªa que ser un genio para entender lo que significaban aquellas palabras. ¡®Mierda¡­ ?En serio¡­?¡¯ Una vez m¨¢s, Logan trat¨® de librarse de su captor, pero el dolor de la torsi¨®n en su brazo y cuello era lo bastante abrumador como para invalidar cualquier intento de moverse. Sinti¨® el fr¨ªo toque del acero en un lateral de su cabeza. ?C¨®mo de r¨¢pido iba a ser? Ser¨ªa un instante, ?no? La bala penetrar¨ªa su cr¨¢neo y se hundir¨ªa en su cerebro en una fracci¨®n de segundo, no sentir¨ªa ning¨²n dolor. Vaya forma retorcida de reconfortarse, momentos antes de su propia muerte. ¡­ Un sonido repentino lo sobresalt¨®. No era un disparo. Era mucho m¨¢s fuerte que un disparo. Sonaba como una colisi¨®n, seguida por el ruido de un aluvi¨®n de escombros. El agarre sobre su brazo se afloj¨® un poco, pero no se liber¨® del todo. ¡°?Qu¨¦ ha sido ese ruido? ?Lo hab¨¦is o¨ªdo tambi¨¦n?¡± ¡°Afirmativo, 03. HP, vigilad vuestros alrededores.¡± m¨¢s ruidos inundaron la zona, acerc¨¢ndose gradualmente. ¡°Preparaos para el combate. ?Algo se acerca¡­!¡± Un impacto particularmente fuerte sacudi¨® los t¨ªmpanos de Logan, y sinti¨® c¨®mo polvo y gravilla ca¨ªan sobre su cuerpo y llov¨ªan sobre la calle a su alrededor. ¡°??Contacto!! ??Edificio norte, segundo piso!!¡± Los rifles del equipo entero rugieron al un¨ªsono, casi enmascarando el sonido de algo pesado bajando a la carretera, haciendo que el pavimento temblase y se resquebrajase. ¡°???Central, tenemos un problema!!! Central, ???me recib¨ªs!!? ??Aqu¨ª Hephaestus!! ??Hemos establecido contacto con un¡ª!!¡± La voz del soldado fue bruscamente interrumpida por el sonido de un impacto contundente, seguido de un choque contra un veh¨ªculo cercano. ¡°???Desplegad el gas!!!¡± Algunos clics met¨¢licos, objetos peque?os rebotando por el suelo, y luego una niebla blanca y espesa que comenz¨® a invadir la zona y permear el aire. Todo hab¨ªa ocurrido tan r¨¢pido que Logan necesit¨® un momento para darse cuenta de que ya no hab¨ªa nadie inmoviliz¨¢ndole. Se volte¨®, observ¨® la calle, y no vio nada m¨¢s que sombras movi¨¦ndose a trav¨¦s de la neblina. Por puro instinto, se cubri¨® la boca y la nariz con la mano, desconocedor de la naturaleza de aquel gas. Una de las sombras era mucho m¨¢s grande que un humano, y se mov¨ªa mucho m¨¢s r¨¢pido. No era muy dif¨ªcil adivinar qu¨¦ era. La orquesta de tiros emit¨ªa destellos a trav¨¦s de la niebla, mezclada con voces confusas, gritos, y otros ruidos ca¨®ticos. La calle se hab¨ªa convertido en un campo de batalla en cuesti¨®n de segundos. Detect¨® m¨¢s movimiento en la acera cercana. Encaminado hacia el callej¨®n que Jacobs hab¨ªa tratado de utilizar antes, Julien llevaba a Lilian en brazos. ¡®?Rata escurridiza¡­!¡¯ Quedarse donde estaba no le iba a ayudar en absoluto. Se levant¨®, rez¨® para esquivar la percepci¨®n del monstruo, y ech¨® a correr hacia el callej¨®n. ###### Tanto Jacobs como Marcus les hab¨ªan soltado el serm¨®n acerca de lo grande que era el refugio del hospital, todos los recursos que ten¨ªa en reserva, lo bien localizado que estaba¡­ Pero lo que ninguno de ellos hab¨ªa mencionado era la cantidad desproporcionada de capullos que lo poblaban. No ser¨ªa de extra?ar que Jacobs hubiese hecho trapicheos para que sus peores matones se arraigasen en el hospital, con la intenci¨®n de quedarse con el edificio entero a posteriori. Desde el momento en que llegaron al lugar, les hab¨ªan tratado fatal. A los que estaban al mando no les importaban una mierda los dem¨¢s, como de costumbre. Dejaban que cualquiera merodease por el edificio sin preocupaci¨®n alguna, pero manten¨ªan el almac¨¦n de suministros bajo fuerte vigilancia. Se tomaban toda clase de libertades a la hora de darse un fest¨ªn con la comida y la bebida, pero los dem¨¢s solo recib¨ªan lo m¨ªnimo necesario para no morir. Y nadie se atrev¨ªa a enfrentarse a ellos; el hospital solo contaba con dos o tres pistolas, y estaban todas colgando de sus cinturones. No hab¨ªa ninguna clase de organizaci¨®n, no hab¨ªa salidas de saqueo planeadas, no hab¨ªa roles, no hab¨ªa nada. Era un sistema inestable, que se derrumbar¨ªa de forma inevitable en cuanto empezasen a flaquear los suministros. M¨¢s seguro que el exterior, eso estaba claro. Pero, ?por cu¨¢nto tiempo? Logan era incapaz de mantenerse tranquilo, no con una bomba de relojer¨ªa dentro del edificio con ellos. Lilian era un problema. Aceler¨® el ritmo. Julien se hab¨ªa asentado en el lado opuesto de aquella ala, junto a la chica. Desde el principio, le cost¨® un gran esfuerzo evitar que aquellos psic¨®patas se la llevasen. Uno solo pod¨ªa imaginar cu¨¢les eran sus intenciones. Julien insisti¨® en ser su padre, imponi¨¦ndose a s¨ª mismo como su figura protectora. De alguna manera funcion¨®, aunque hab¨ªa empezado a evitar a todo el mundo desde entonces, incluyendo a Logan. A ojos de Logan, la utilidad de Julien segu¨ªa desvaneci¨¦ndose. Cada adversidad con la que se encontraban no hac¨ªa m¨¢s que debilitarla m¨¢s. ¡®?Sigue siendo necesaria la chica¡­? Venga ya, t¨ªo¡­ Ya estoy cansado de esta mierda.¡¯ ¡­ Llam¨® a la puerta. Se o¨ªan pasos apresurados y fren¨¦ticos desde el interior de la habitaci¨®n. Algunos segundos m¨¢s tarde, alguien manipul¨® con torpeza el pomo. La puerta se abri¨® un poco, lo justo para que una persona se asomase desde el interior. La cara de Julien estaba cubierta de sudor. Ya no ten¨ªa esa expresi¨®n engre¨ªda y orgullosa que llevaba a todas partes. En su lugar, ten¨ªa cara de lun¨¢tico. Frunci¨® el ce?o. Sus ojos, casi abultados fuera de las cuencas, recorrieron el cuerpo de Logan de arriba abajo, como si estuviese tratando de cerciorarse por completo de que sab¨ªa a qui¨¦n ten¨ªa delante. ¡°?A-Ah¡­! ?Se?or Logan¡­!¡± dijo. Logan le vio encorvarse mientras hablaba. ¡°?Y a ti que rayos te pasa¡­?¡± ¡°Oh, ?se refiere a¡­? Hmm¡­¡± mir¨® a un lado, sin siquiera pesta?ear. Parec¨ªa como si estuviese cavilando muy seriamente sobre algo. ¡°S¨ª, s¨ª¡­ Podr¨ªa estar bien¡­ Entre.¡± La puerta se abri¨® del todo, permitiendo que Logan entrase a la habitaci¨®n. Oy¨® c¨®mo se cerraba a su espalda. ¡®De verdad que necesito empezar a marcar un l¨ªmite. A este t¨ªo se le est¨¢ yendo la cabeza.¡¯ Tratando de recomponerse y recuperar su postura arrogante habitual, Julien se acerc¨® a la desastrosa cama de hospital que hab¨ªa estado utilizando, y cogi¨® algo de debajo de su almohada. Entretanto, Logan ech¨® un ojo a algo en una esquina de la habitaci¨®n. Lilian estaba sentada en el suelo, hecha una bola y todav¨ªa indiferente. ¡®¡­¡¯ ¡°?Mire¡­! ?Mire esto¡­!¡± dijo Julien. Sin venir a cuento, sus ojos estaban llenos de luz, como si se hubiese topado con algo incre¨ªble. ¡°?Esto podr¨ªa ser justo lo que necesitamos!¡± Le ofrec¨ªa un sobre. A rega?adientes, Logan lo cogi¨®, y sac¨® un papel de su interior. Parec¨ªa una carta. ¡°?Qu¨¦ diablos¡­?¡± ****** [Somos conscientes de vuestras circunstancias. No deb¨¦is confiar en ellos. Se llevar¨¢n a la chica, y a nadie m¨¢s. No deb¨¦is dejar que os enga?en. Estamos dispuestos a ayudaros. Nuestros intereses comparten los mismos principios. Nosotros queremos sacar a la chica de la ciudad. Vosotros quer¨¦is salir con vida de la ciudad. Ambos queremos sacar algo de este lugar. Al principio no confiar¨¦is en nosotros. Es de esperar. Para demostraros nuestras intenciones, id a la direcci¨®n escrita en la parte de atr¨¢s de esta nota. Est¨¢ cerca de vuestra posici¨®n. Ma?ana, cuando el sol alcance su punto ¨¢lgido. Encontrar¨¦is las pruebas que necesit¨¢is. Reunid a vuestra gente. Preparaos. Volveremos a contactar con vosotros.] ****** ¡°Central, ?me recib¨ªs? Aqu¨ª el equipo Bravo. Tenemos contacto visual con el objetivo. Cambio.¡± ¡°Te recibimos, Bravo. ?Cu¨¢l es la situaci¨®n?¡± ¡°Parece una estaci¨®n de metro. Hay muchos signos de actividad en la zona. Algo ha ocurrido aqu¨ª recientemente. Coincide con el informe que recibimos hace dos d¨ªas.¡± ¡°Recibido. Los equipos Charlie y Delta est¨¢n en posici¨®n y a la espera. No hay enemigos en vuestros alrededores. Pod¨¦is continuar.¡± ¡°Entendido. Nos dirigimos al metro.¡± ¡­ ¡°Central, aqu¨ª Bravo. Los t¨²neles subterr¨¢neos muestran signos que coinciden de forma consistente con los de un brote reciente. No hay enemigos a la vista. Seguimos avanzando. Cambio.¡± ¡°Recibido.¡± ¡­ ¡°Uh¡­ Central, aqu¨ª Bravo. Creo que tenemos un problema. Cambio.¡± ¡°Te recibimos, Bravo. Necesitamos m¨¢s detalles.¡± ¡°Hemos encontrado un capullo abierto. Pero no se parece a ning¨²n otro capullo que hayamos visto en la ciudad hasta ahora.¡± ¡°?En qu¨¦ difiere?¡± ¡°Es¡­ m¨¢s grande. Mucho m¨¢s grande. Lo que sea que haya salido de esta cosa debe de medir al menos tres metros de alto. Casi parece¡­ uno de esos capullos de pretoriano que hemos visto en los informes.¡± ¡°¡­¡± ¡°?Central? ?Me recib¨ªs?¡± ¡°Si, hemos recibido el mensaje.¡± la voz al otro lado de la radio disminuy¨® en volumen, como si la persona al otro lado hubiese tornado su atenci¨®n hacia alguien m¨¢s. ¡°Informe al comandante de este descubrimiento inmediatamente, es importante. Y h¨¢gaselo saber tambi¨¦n a la Doctora Elizabeth. Este giro de los acontecimientos podr¨ªa cambiarlo todo para nosotros.¡± CAPíTULO 31 – HOSPITALIDAD ¡°Genial¡­ ?Y ahora qu¨¦?¡± William dej¨® escapar un gru?ido, observando el gran espacio abierto frente al cami¨®n. Desde su perspectiva, los edificios parec¨ªan abrirse en todas las direcciones, dejando hueco para una enorme plaza donde converg¨ªan y se combinaban muchas calles. En su centro, la estatua de una mujer a caballo vigilaba la ciudad, una espectadora silenciosa de su tr¨¢gico pasado. Su atuendo era de evidente ¨ªndole religiosa. Sujetaba las riendas con la mano derecha y una cruz con la mano izquierda. M¨¢s all¨¢ de la plaza se alzaba un gigantesco edificio, que eclipsaba a todo lo dem¨¢s a su alrededor. Un edificio de siete plantas, coloreado con bonitos patrones de gradientes azul claro que recordaban a nubes. En su fachada frontal, justo al lado de un inconfundible s¨ªmbolo de una cruz, hab¨ªa un gran letrero: [HOSPITAL SAINT MARIE] Al fin hab¨ªan llegado al refugio, lo cual era bueno. El ej¨¦rcito de caminantes que llenaba la plaza y rodeaba el hospital no lo era tanto. Ni se mov¨ªan ni armaban jaleo. Simplemente estaban ah¨ª. Todos ellos encarados hacia el hospital, pero con sus cabezas enfocadas hacia el cielo. ¡°Oh, dios¡­ ?As¨ª no podemos entrar al hospital¡­!¡± dijo Nora, acobardada en su asiento. ¡°No me digas¡­ ?Marcus? ?Alguna idea?¡± La cara de Marcus se asom¨® a la cabina desde el compartimento trasero. ¡°Hmm¡­¡± entrecerr¨® los ojos y se rasc¨® la barbilla, como si tratase de encontrarle un sentido a la multitud de zombis en la plaza. ¡°?Y bien¡­?¡± ¡°Bueno, debo decir que nunca antes los hab¨ªa visto rodeando de esa manera un edificio en concreto¡­ De todas formas, me temo que no hay mucho que podamos hacer hasta que se aparten. Hay demasiados¡­¡± ¡®Genial¡­ En circunstancias normales, solo se mueven por la noche. Y no creo que haya ning¨²n otro refugio cerca donde podamos esperar¡­ ?Podr¨ªamos alejarlos¡­? Una alarma no funcionar¨ªa, no contra algo as¨ª de grande¡­ ?Quiz¨¢ un disparo¡­? No, no, eso ser¨ªa una mala idea¡­ Podr¨ªamos acabar atrayendo a la zona a multitudes a¨²n m¨¢s grandes desde las calles circundantes¡­¡¯ Suspir¨®, frustrado. ¡°Maldita sea, no podemos quedarnos aqu¨ª parados todo el d¨ªa. Tenemos que¡ª¡± ¡°??Salid del cami¨®n!!¡± una voz femenina se dirigi¨® a ellos desde el exterior. De todas las cosas que William se esperaba o¨ªr all¨ª fuera, otras personas eran algo que estaba muy al fondo de la lista. Actuando por reflejos, cogi¨® su rifle de encima del salpicadero. Baj¨® la ventanilla del conductor, y apunt¨® el arma a la persona que hab¨ªa fuera. Era una mujer de constituci¨®n fuerte y altura promedio, de piel morena y con pelo negro y largo atado en una coleta. Su atuendo carec¨ªa de todo tipo de color, como si hubiese elegido de forma intencionada tonos oscuros para evitar llamar la atenci¨®n. Le amenazaba con una pistola. Sus manos no mostraban signos de duda, sus ojos le taladraban con ardiente determinaci¨®n. De un vistazo r¨¢pido al espejo lateral, William avist¨® algunas personas m¨¢s escabull¨¦ndose por detr¨¢s del cami¨®n. Ninguno parec¨ªa llevar armas de fuego. ¡°?No baj¨¦is la guardia¡­! ?Nos est¨¢n rodeando!¡± dijo William, haciendo que Nora dejara salir un grito ahogado y se revolviese en su asiento, gir¨¢ndose hacia su propia ventanilla. ¡°?He dicho que salg¨¢is del veh¨ªculo! ?No queremos mataros! ?Solo queremos vuestros suministros!¡± dijo la mujer de fuera, con tono amenazador. ¡°No deber¨ªas amenazar a alguien con un arma que no tienes intenci¨®n de usar¡­¡± respondi¨® William. ¡°?Crees que no soy capaz de pegarte un tiro?¡± ¡°Exacto, no tendr¨¢s agallas para hacerlo. No con esa multitud tan cerca. Nadie es tan imb¨¦cil.¡± ¡°Apl¨ªcate el cuento.¡± durante un instante, la mujer rompi¨® contacto visual con William, mir¨® su rifle, y luego volvi¨® a chocar miradas con ¨¦l. El aire era pesado, y estaba lleno de tensi¨®n. Durante lo que pareci¨® una eternidad, nadie movi¨® un m¨²sculo. A juzgar por el silencio que proven¨ªa del resto del cami¨®n, todos se encontraban en encrucijadas similares. Era probable que m¨¢s gente se hubiese acercado al cami¨®n desde varias direcciones, y estaban ahora a la espera de una se?al para entrar en acci¨®n. Gotas de sudor se formaron en la cara de William. Su dedo acarici¨® el gatillo del arma. Pens¨¢ndolo bien, no deber¨ªa haber bajado la ventanilla siquiera. Una bala no penetrar¨ªa aquel cristal antibalas tan f¨¢cilmente. En verdad, aquella gente no ten¨ªa los medios necesarios para detener aquel cami¨®n. Pero con la ventanilla bajada, hab¨ªa una vulnerabilidad clara. Se arrepinti¨® de su decisi¨®n de enfrentarse a ellos. ¡®Mierda¡­ Deber¨ªa haberlo pensado dos veces¡­¡¯ ¡°?Un momento¡­! ?Conozco a esta gente¡­!¡± la voz de Marcus rompi¨® el silencio desde el compartimento trasero. ¡°Stella, ??eres t¨²¡­!?¡± ¡°Esa voz¡­ ??Marcus!?¡± William oy¨® c¨®mo se abr¨ªa la puerta de atr¨¢s del cami¨®n. ¡®???Qu¨¦ co?o est¨¢ haciendo ese idiota!!?¡¯ ¡°?Claire! ??Qu¨¦ pasa ah¨ª atr¨¢s!?¡± ¡°?M-Marcus acaba de bajar del cami¨®n¡­!¡± el tono de Claire era tembloroso. Su tartamudeo era un claro indicio de estr¨¦s. ¡°?T¨²¡­! ??Para, n-no te muevas!! ??Disparar¨¦¡­!!¡± amenazaba a alguien, probablemente a los hombres que hab¨ªan reptado tras el veh¨ªculo, fuera del ¨¢ngulo de visi¨®n de William. ¡°??Desmond, coge un arma, maldita sea!!¡± ¡°?Por favor, parad todos!¡± William vio a Marcus entrar en escena por el espejo lateral, grit¨¢ndole a los presentes. La mujer le dirigi¨® una mirada confusa, y baj¨® ligeramente el arma. ¡°Marcus¡­ ?Eres t¨² de verdad¡­! ??Qu¨¦ diablos haces aqu¨ª¡­!?¡± ¡°Eso me gustar¨ªa preguntarte a ti tambi¨¦n. Si no recuerdo mal, eres una de las primeras personas a quien confi¨¦ la tarea de asegurar y ocupar el hospital¡­¡± ¡°?S¨ª? ?Pues los tipos que enviaste despu¨¦s no fueron precisamente de mucha ayuda! ?En serio? ?Nos env¨ªas a la banda de Jacobs? ??En qu¨¦ momento te pareci¨® eso una buena idea, capullo!?¡± ¡°?Qu¨¦? ??Jacobs¡­!? Yo no¡ª¡± ¡°??Qui¨¦n est¨¢ dentro de ese cami¨®n!? ??Est¨¢ ¨¦l ah¨ª!? ??Viene a coger su parte!?¡± ¡°?Por favor, Stella¡­! ?Te est¨¢s confundiendo¡­! ?Yo nunca envi¨¦ aqu¨ª a ninguno de sus hombres! No podr¨ªa haberlo hecho, muchos de ellos murieron durante salidas de saqueo rutinarias¡­ A no ser¡­¡± William observ¨® la discusi¨®n, sin apartar su rifle. ¡®Joder, Marcus, deber¨ªas haberte dado cuenta de esto¡­ Ese bastardo te la ha jugado a base de bien.¡¯ ¡°?Eres idiota! ?Deber¨ªamos habernos deshecho de esos degenerados hace tiempo!¡± Stella no parec¨ªa tener intenci¨®n de dejar de rega?arle. ¡°Bueno, ?a¨²n no me has respondido! ?Qu¨¦ haces aqu¨ª? ??C¨®mo es que no est¨¢s escondido en tu despacho del metro!?¡± ¡°Ya no hay metro.¡± Stella le observ¨® por un largo rato, sin decir nada. ¡°?¡­qu¨¦?¡± ¡°Lo que acabas de o¨ªr. Hubo un brote. El metro ha quedado infestado. Conseguimos escapar, y el hospital era nuestra mejor opci¨®n para¡ª¡± Stella agarr¨® a Marcus por el cuello de la chaqueta y lo estamp¨® contra el cami¨®n. This tale has been pilfered from Royal Road. If found on Amazon, kindly file a report. ¡°???Qu¨¦ co?o quieres decir¡­!!? ??Si esto es una broma, no tiene ni puta gracia!!¡± ¡°?Tengo cara de estar bromeando¡­?¡± ¡°???Mierda¡­!!! ???Ten¨ªa amigos all¨ª¡­!!! ???Qu¨¦ le ha pasado a todo el mundo!!?¡± ¡°¡­s¨®lo unos pocos sobrevivieron. Est¨¢n en un lugar seguro, les dejamos atr¨¢s mientras comprob¨¢bamos el hospital¡­¡± Era obvio que estaba dejando fuera las partes m¨¢s importantes de la historia, probablemente para no confundir a¨²n m¨¢s a Stella. Qu¨¦ t¨ªpico de Marcus, ocultando todo excepto lo m¨ªnimo necesario. William ya empezaba a acostumbrarse, ya ni siquiera le resultaba molesto. ****** ¡°???Unos pocos!!? ???C¨®mo puedes tener las agallas para decirlo as¨ª sin m¨¢s!!? ??Mierda¡­!!¡± Stella solt¨® a Marcus, retrocedi¨® varios pasos, y se cubri¨® la boca con la mano, luchando por evitar que se le escaparan las l¨¢grimas. ¡°??Maldita sea¡­!! ??Maldita sea, joder¡­!!¡± Marcus no hizo esfuerzo por defenderse o justificar sus acciones. A fin de cuentas, era muy consciente de que estaba directamente involucrado en muchos de los factores que hab¨ªan llevado al brote del metro. ¡°?No te entiendo¡­! ?No tendr¨ªa que haber ocurrido as¨ª¡­! ?Me enviaste aqu¨ª porque quer¨ªas que todos tuvi¨¦semos m¨¢s oportunidades de sobrevivir! ?Te cre¨ª! ?Quer¨ªa ayudar a esta gente; a estas alturas me importan como si fuesen mi propia familia! Y t¨²¡­ ?Nos jodes, trayendo a esos¡­ criminales¡­! ??Y ahora me dices que has pedido el metro, y que casi todos est¨¢n muertos¡­!?¡± ¡°?Crees que yo quer¨ªa que esto ocurriese¡­?¡± pregunt¨® Marcus. ¡°?No s¨¦ qu¨¦ creer¡­! Necesito¡­ Necesito un momento¡­ Mierda¡­¡± ¡®Lo creas o no, yo tambi¨¦n quer¨ªa ayudar a esta gente, Stella¡­ Quer¨ªa ayudar a todo el mundo.¡¯ Stella se acerc¨® a una farola cercana, descans¨® la frente contra ella, y cerr¨® sus ojos llorosos. Respir¨® profundamente varias veces. ¡°Um¡­ ?Qu¨¦ hacemos entonces¡­?¡± uno de los hombres de Stella se asom¨® desde la parte de atr¨¢s del cami¨®n, mirando preocupado en su direcci¨®n. ¡°E-Est¨¢n mucho mejor armados que nosotros¡­¡± Ella levant¨® la mano izquierda, indic¨¢ndole que se estuviese quieto y esperase. ¡­ ¡°?D-Disculpa¡­?¡± una voz suave emergi¨® de la cabina del cami¨®n. Era Nora. ¡°P-Perd¨®n por interrumpir¡­ pero, ?por alg¨²n acaso sabes si una chica joven ha llegado recientemente al hospital¡­? Es bajita; de pelo corto, negro¡­¡± Stella se gir¨® y mir¨® a Nora, quien observaba la escena por encima del hombro de William. ¡°Hemos abandonado el hospital hace semanas. Tuvimos que largarnos. Esos hijos de puta nos habr¨ªan hecho la vida imposible si nos hubi¨¦semos quedado. Me temo que no puedo ayudarte¡­¡± respondi¨®. ¡°Espera¡­ ??Os hab¨¦is ido¡­!?¡± aquel hecho pill¨® a Marcus por sorpresa. ¡°??Y esperas que hici¨¦semos!? ?Tienen a todo el mundo muri¨¦ndose de hambre ah¨ª dentro, y ellos se hinchan hasta el culo a comer! Y ni hablemos de las desapariciones¡­ Tienen algo sospechoso entre manos. Tuvimos suficiente. Reun¨ª a todos los que no se cagaban de miedo con la idea de aventurarse al exterior, y nos fuimos. Muchos se quedaron atr¨¢s. A¨²n me arrepiento de dejarles all¨ª¡­¡± mir¨® hacia el hospital, con dolor en el rostro. Aquel gran edificio, anta?o un s¨ªmbolo de curaci¨®n y esperanza, ya no parec¨ªa tan hospitalario y acogedor. ¡®Y pensar que las cosas han acabado as¨ª¡­ Supongo que Jacobs trabaj¨® a mis espaldas para asegurarse de tener un sitio al que huir si el metro se ve¨ªa comprometido. Estaba tan preocupado por mantener el barco a flote que me desentend¨ª de la tripulaci¨®n, ?eh? Me desentend¨ª precisamente de aquello que mantiene el barco sobre el agua¡­¡¯ A pesar de lo mucho que Marcus quer¨ªa ayudar a la gente, cuanto m¨¢s lo intentaba, m¨¢s claro lo ve¨ªa. Ayudar a la gente no era f¨¢cil. Sus recuerdos retumbaron en el fondo de su mente, haciendo una vez m¨¢s ruidos que no necesitaba o¨ªr. ¡®Me pregunto¡­ ?Cu¨¢ntas veces he roto ya esa promesa¡­?¡¯ Se escucharon unos pasos, y alguien sali¨® de detr¨¢s del cami¨®n y a plena vista. Desmond actuaba de forma extra?a. Caminaba encorvado, como si no quisiera que lo viesen demasiado. Sin embargo, sus ojos brillaban con una luz inusual. ¡°?Est¨¢¡­ Est¨¢ Alice all¨ª¡­? ?Y E-Eleanor¡­?¡± pregunt¨®, mirando directamente a Stella. ¡°?Alice¡­? ?Eleanor¡­? ?Qui¨¦n eres y qu¨¦ te importa?¡± ¡°Soy el marido de Alice¡­¡± ¡°¡­¡± Stella no le respondi¨® inmediatamente. En su lugar, lo analiz¨® de arriba abajo. Abri¨® la boca como si fuera a decir algo, pero la cerr¨® de vuelta y sigui¨® pensando por un rato. ¡°¡­s¨ª, estaban en el hospital. Pero no vinieron con nosotros. Todav¨ªa deber¨ªan estar all¨ª¡­¡± ¡°Ah¡­ Y-Ya veo¡­¡± ¡°Lo siento.¡± ¡­ ¡°Escuchad, ?y si decidimos qu¨¦ hacer en otro sitio?¡± dijo William, con tono impaciente. Sus ojos ya no estaban fijos en Stella, sino en la multitud de caminantes que rodeaban el hospital en la distancia. ¡°¡­tenemos un sitio donde os pod¨¦is quedar. Pero que quede claro: no esper¨¦is que conf¨ªe en vosotros as¨ª como as¨ª. Ya no. Os estar¨¦ vigilando.¡± Stella apunt¨® a Marcus con el dedo. ¡°Entiendo. Est¨¢ bien, supongo que me he ganado esa falta de confianza.¡± ¡°Pong¨¢monos en marcha. Seguidnos, es un edificio cercano.¡± Mientras sub¨ªa de nuevo al cami¨®n, Marcus pens¨® en su pr¨®ximo movimiento. Inicialmente, quer¨ªa llegar al hospital para usar su equipo de radio, pero tal opci¨®n podr¨ªa haber dejado de ser factible. Podr¨ªa ser demasiado peligroso. Teniendo en cuenta c¨®mo hab¨ªa descrito Stella su estado actual, un enfrentamiento podr¨ªa ser inevitable. Por supuesto, hab¨ªa mucho que ganar en t¨¦rminos de comodidades y recursos. Y desde luego, estaban mejor armados que un pu?ado de maleantes. ?Posible? S¨ª. Pero, ?era buena idea arriesgarse? ¡®Mejor lo pienso m¨¢s tarde¡­ Ahora mismo, tenemos que centrarnos en ponernos a salvo y descansar. No hay mucho que podamos hacer hasta que esos caminantes se muevan.¡¯ ****** Julien no hab¨ªa dormido en toda la noche. No hab¨ªa conseguido conciliar el sue?o. No pod¨ªa quitarse el mensaje de la cabeza. ?Qu¨¦ significaba? ?Qui¨¦n lo hab¨ªa enviado? ?C¨®mo hab¨ªan logrado colarlo en sus pertenencias personales? ?Por qu¨¦ llegar a tales extremos? Se sinti¨® acorralado, paranoico. Justo cuando hab¨ªa llegado a la conclusi¨®n de que Lilian era peso muerto, aparece algo nuevo y reaviva la llama. Era perfecto. Demasiado perfecto para ser cierto. Sab¨ªa que de ninguna manera estaban los responsables de aquella nota dispuestos a echarle una mano. No, aquella cadena de eventos hab¨ªa sido fabricada, manufacturada cuidadosamente para un prop¨®sito muy espec¨ªfico. ¡®La chica¡­ Atrae a los monstruos, atrae al Ej¨¦rcito, parece atraer al peligro en s¨ª¡­ ?Est¨¢n haciendo esto para no tener que lidiar ellos con los problemas¡­? Puede que yo no sea m¨¢s que un chivo expiatorio en todo este l¨ªo¡­ S¨ª, debe de ser eso¡­¡¯ Se detuvo frente a una puerta en particular. No era un edificio ordinario. Pero era la direcci¨®n exacta que estaba especificada en la nota. ¡°?Est¨¢s seguro de que es aqu¨ª¡­?¡± pregunt¨® Logan. Miraba a la calle a su alrededor, sospechoso de que alguien les estuviese siguiendo u observando. Sujetaba las manos de Lilian tras su espalda, aunque la chica todav¨ªa no parec¨ªa reaccionar a nada. ¡°S¨ª, es aqu¨ª. Entremos¡­¡± Julien se mantuvo en calma. Sur nervios estaban a punto de explotar, pero no pod¨ªa permitir que Logan lo supiese. Si iba a hacer un movimiento significativo, tendr¨ªa que mantener en pie una fachada significativa. Abri¨® la puerta, y dio un paso al interior. Su linterna dispers¨® la oscuridad, revelando lo que parec¨ªa ser una oficina en ruinas. Aquel lugar llevaba abandonado mucho tiempo, probablemente desde el comienzo de la pandemia. Justo frente a la entrada, en la pared opuesta, hab¨ªa otra puerta. Una cruz grande estaba pintada sobre ella, con pintura clara y fluorescente. ¡®Como quien marca un tesoro, ?eh¡­?¡¯ El d¨²o camin¨® hacia la puerta marcada, con Logan dando empujones inc¨®modos a Lilian para forzarla a moverse. Julien tom¨® una bocanada de aire, y abri¨® la puerta misteriosa. La habitaci¨®n frente a ellos era inmensa. No era una sorpresa, dado que aquel edificio era un almac¨¦n. El techo estaba plagado de tragaluces, que permit¨ªan a los rayos de sol caer desde las alturas, iluminando todo el lugar con una luz c¨¢lida y uniforme. En el centro del almac¨¦n, una gran pila de objetos destacaba en medio de las filas de estantes vac¨ªos. Era extra?o que los estantes estuviesen vac¨ªos. Parec¨ªa que el lugar hubiese sido despejado a prop¨®sito, con el fin de asegurar su atenci¨®n sobre la pila del centro. Al acercarse, los ojos de Julien empezaron a abrirse m¨¢s y m¨¢s. Cajas, sobre cajas, sobre cajas. Algunas de ellas peque?as y verdes. Otras estaban coloreadas en diferentes tonos de gris. Algunas eran enormes, eran m¨¢s bien arcones. Se trataba de una enorme pila de cajas de suministro reforzadas, como las que sol¨ªan cargar los militares. Casi aturdido, Julien comenz¨® a comprobar sus contenidos. Comida enlatada de todo tipo y marca, raciones militares, cereales¡­ Algunas cajas conten¨ªan agua embotellada, bebidas energ¨¦ticas, alcohol¡­ Otras estaban llenas de suministros m¨¦dicos, incluyendo grandes cantidades de necesidades b¨¢sicas, como vendas, analg¨¦sicos, desinfectantes¡­ Cuando abri¨® los arcones de gran tama?o, sus ojos disfrutaron de la brillante gloria de armas nuevas a estrenar, de varios calibres, junto a un generoso suministro de munici¨®n. ¡°?Eh, eh, eh¡­! ??Est¨¢s de co?a¡­!? ??Qui¨¦n demonios iba a dejar esto aqu¨ª e irse sin m¨¢s¡­!?¡± Logan estaba at¨®nito, con los ojos escarbando por los suministros en incredulidad. Julien encontr¨® una ¨²ltima caja. O m¨¢s bien, un malet¨ªn. Lo abri¨®. En su interior hab¨ªa una peque?a reserva de jeringuillas. ¡°?Espera, esas las conozco¡­! ?Aquellos soldados inyectaron a la mocosa con una id¨¦ntica el otro d¨ªa¡­!¡± dijo Logan, apunt¨¢ndoles con el dedo. Julien entrecerr¨® los ojos. Algo no cuadraba. Ten¨ªa la sensaci¨®n de que algo no ten¨ªa sentido, pero no acababa de discernir el qu¨¦. Junto a las jeringas, hab¨ªa otra peque?a nota. [Una dosis cada 3 d¨ªas. Empezad ma?ana. Al mediod¨ªa.] ¡­ ¡°Se?or Logan, escuche muy bien lo que voy a decir. Vamos a volver al hospital, y vamos a encargarnos de ese par de idiotas que est¨¢n al mando. Los mataremos. A todos y cada uno de ellos. Despu¨¦s, no deber¨ªa ser demasiado dif¨ªcil ganarnos la confianza de todos. No con estos recursos a nuestra disposici¨®n¡­¡± ¡°Espera, espera¡­ ??En serio vas a seguirle el rollo a todo esto!? ??Est¨¢s de la olla!? ??Es imposible que la gente detr¨¢s de esto tenga buenas intenciones!!¡± ¡°Quiz¨¢¡­ Pero sigo creyendo que esto puede ser justo la oportunidad que necesitamos.¡± ¡°Esto es una mala idea, t¨ªo. Yo digo que mandemos todo esto a la mierda y nos larguemos, lejos de aqu¨ª. Oye, ?me est¨¢s escuchando¡­?¡± ¡®No hay forma de que el Ej¨¦rcito est¨¦ detr¨¢s de esto¡­ Ellos quieren a la chica. Somos un pu?ado insignificante, con un par de pistolas como mucho. No tenemos forma de combatirles. Si el Ej¨¦rcito estuviese detr¨¢s de esto, ?por qu¨¦ molestarse en ayudarnos? Podr¨ªan simplemente coger lo que quieren y marcharse. No, es alguien m¨¢s¡­ Y desde luego, tienen recursos. Si tambi¨¦n quieren a la chica, ?por qu¨¦ no nos la quitan¡­? Algo debe de imped¨ªrselo, y por eso nos necesitan. Incluso si no somos m¨¢s que un par de peones en su juego, seguimos siendo peones necesarios¡­ Tengo que jugar mis cartas con mucho cuidado.¡¯ CAPíTULO 32 – SOLIDARIDAD El joven agarr¨® la visera de la gorra y la inclin¨® hacia delante, esperando que ocultase su cara todo lo posible. Mantuvo los ojos sobre la doble puerta abierta al otro lado de la habitaci¨®n. El pasillo estaba vac¨ªo, a excepci¨®n de alguna que otra persona que pasaba de vez en cuando. Y sab¨ªa que, tarde o temprano, la persona que quer¨ªa ver aparecer¨ªa por all¨ª. A nadie parec¨ªa importarle su presencia. Con la cara medio escondida en las sombras, vestido de negro y apoyado de forma sospechosa contra un pilar, se esperaba atraer a m¨¢s de un par de ojos curiosos. En solitario o en grupos peque?os, algunos merodeando por el lugar y otros sentados en sus rincones personales; el hospital estaba ajetreado. Hab¨ªa mucha actividad; actividad que aquel sitio llevaba un mont¨®n de tiempo sin ver. Aun as¨ª, ni una sola alma se preocupaba por ¨¦l. Siendo sinceros, era probable que estuviesen agradecidos de estar donde estaban. Demasiado agradecidos como para cuestionarse nada. La mayor¨ªa de aquella gente hab¨ªa pasado meses viviendo bajo condiciones horribles o llevando a cabo atrocidades inhumanas para sobrevivir. Y, de repente y sin venir a cuento, el hospital abr¨ªa sus puertas a todos los necesitados. Comida. Agua. Refugio. Seguridad. La ayuda humanitaria que todos necesitaban. Incluso si llegaba m¨¢s de seis meses tarde, se hab¨ªa convertido en un nuevo rayo de esperanza para todos aquellos que se encontraban ya rascando el fondo del barril. Y ¨¦l no era una excepci¨®n. Pens¨® con detenimiento sobre lo que estaba a punto de hacer. Hac¨ªa tan solo unos d¨ªas, habr¨ªa sido inconcebible para ¨¦l hacer algo que no implicase una cucharada de alubias o un sorbo de agua. Era casi gracioso, c¨®mo hab¨ªan cambiado las tornas. ¡®?Qu¨¦ diablos estoy haciendo¡­?¡¯ ¡­ Un hombre pas¨® por delante de la puerta. ¡®??¡­!!¡¯ Aquel era el que estaba esperando. Al fin. Manteniendo la calma como pod¨ªa, camin¨® hacia la puerta. Se asom¨® hacia la derecha. El hombre se alej¨® m¨¢s y m¨¢s, hasta que finalmente desapareci¨® tras una esquina. Todos tienen que orinar en alg¨²n momento. Mir¨® al lado izquierdo, centrando su atenci¨®n en una puerta concreta en el pasillo. Ahora no la vigilaba nadie. Camin¨® todo lo r¨¢pido que le permitieron las piernas, pero haciendo un esfuerzo consciente por atenuar sus pasos en la medida de lo posible. Ser¨ªa problem¨¢tico que le pillasen, o incluso peligroso. En cuanto el pomo estuvo a su alcance, lo gir¨®, abri¨® la puerta y se escurri¨® al interior. Se asegur¨® de cerrarla a su espalda. No quer¨ªa que ning¨²n potencial transe¨²nte metiese las narices en aquella habitaci¨®n. Tras revolver en los bolsillos de su abrigo en total oscuridad, sac¨® una linterna y la encendi¨®. Los latidos de su coraz¨®n se volvieron m¨¢s fuertes y r¨¢pidos, y sus nervios se subieron por las nubes mientras sus ojos reptaban sobre la multitud de cajas y estantes repletos de suministros. ¡®?Vamos, Ethan¡­! ?Tienes que hacerlo r¨¢pido¡­!¡¯ No le llev¨® mucho rato identificar una caja de comida enlatada a medio vaciar. Un par de latas faltantes en una caja a estrenar ser¨ªan muy evidentes, pero podr¨ªan pasar desapercibidas en aquella, lo cual la convert¨ªa en un objetivo ideal. Sus bolsillos no eran muy grandes, pero eran lo bastante profundos como para ocultar las latas m¨¢s peque?as. ¡®?Bien¡­! ?Ahora, a salir de aqu¨ª¡­!¡¯ Mientras se giraba de vuelta hacia la entrada, varios pasos se acercaron a la puerta desde el otro lado, junto a murmullos vagos e ininteligibles. ¡®?Ah, mierda¡­! ??Ha vuelto ya¡­!?¡¯ ¡­ ¡°¡ªdiablos est¨¢ Carson!? ?No se supon¨ªa que deb¨ªa estar de guardia aqu¨ª? ?Ha ido a echar una meada, o qu¨¦¡­?¡± una voz masculina hizo eco en la sala tan pronto se abri¨® la puerta, seguida de un par de figuras que entraban al interior. ¡°Ah, da igual. Ya le comentar¨¦ esto luego.¡± ¡°De verdad que lo siento¡­¡± ¡°Vaya, hombre¡­ ?Ten¨¦is que ser puntuales cuando repartimos las raciones para el d¨ªa! ?Ya bastante dif¨ªcil es llevar la cuenta de todo! Dios, s¨ª que han pasado cosas r¨¢pido ¨²ltimamente¡­¡± el hombre sigui¨® hablando, al tiempo que abr¨ªa cajas y sacaba objetos de su interior. ¡°Ten.¡± ¡°?Gracias¡­!¡± ¡°No pasa nada. Venga, todos tenemos cosas que hacer.¡± ¡°?S¨ª, claro¡­! ?De nuevo, gracias¡­!¡± ¡°Vale, ahora a ver si puedo encontrar a Carson. ?Por qu¨¦ tarda tanto¡­? ?Ha ido a¡ª?¡± el di¨¢logo se cort¨® y se convirti¨® de vuelta en ruido indescifrable tan pronto la puerta se cerr¨®. Ethan par¨® de aguantar la respiraci¨®n y jade¨®, falto de aire. Se asom¨® despacio tras las cajas al fondo de la habitaci¨®n, antes de volver a encender la linterna. Todos parec¨ªan haberse ido. Respir¨® profundamente. ¡®?Maldita sea, eso estuvo demasiado cerca¡­! ?Tengo que irme, ya! Pero, ?qu¨¦ es esto de aqu¨ª¡­?¡¯ Apunt¨® la linterna hacia abajo. Al ocultarse tras la pila de cajas, hab¨ªa tropezado con algo met¨¢lico y peque?o, algo no que fue capaz de identificar con el tacto. A sus pies hab¨ªa un peque?o malet¨ªn. Le pareci¨® raro. Era como si la persona que lo hab¨ªa colocado all¨ª lo hubiese hecho con la intenci¨®n de mantenerlo escondido a prop¨®sito. Lo abri¨®. Hab¨ªa varios huecos para jeringas. Faltaban tres. ¡®?Hostia¡­! ??Esto son¡­ drogas!? ?U-Un momento, me voy a meter en problemas de verdad si alguien me pilla con esto en las manos¡­! ?Suficiente, me voy¡­!¡¯ ¡­ Ethan alcanz¨® la parte de arriba de las escaleras, y se acerc¨® a la puerta. Hab¨ªa un peque?o cartel en ella, que dec¨ªa ¡°SOLO PERSONAL AUTORIZADO¡±; palabras que hab¨ªan perdido su significado hac¨ªa mucho tiempo. Dentro, la oscuridad era casi absoluta. Encendi¨® la linterna. La luz parpade¨® durante algunos segundos, pero al final se estabiliz¨®. If you stumble upon this tale on Amazon, it''s taken without the author''s consent. Report it. ¡®Me pregunto cu¨¢nto m¨¢s durar¨¢n estas pilas¡­ Supongo que tendr¨¦ que pedirles que las recarguen otra vez. Qu¨¦ pereza.¡¯ Frente a ¨¦l, el piso superior del hospital se extender¨ªa hasta donde le llegase la vista, si no fuese por las filas de maquinaria que le obstru¨ªan la visi¨®n. Moles de metal con forma de caja, plagadas de tuber¨ªas, rejas, paneles con botones y otros dispositivos el¨¦ctricos. No estaba muy seguro de qu¨¦ eran aquellas m¨¢quinas, pero parec¨ªan aires acondicionados gigantes. No tuvo que adentrarse mucho en aquel lugar. Sigui¨® un pasadizo cercano entre las m¨¢quinas, se agach¨® bajo algunas tuber¨ªas, gir¨® una esquina y avanz¨® un poco m¨¢s hasta que lleg¨® a una zona bien escondida, peque?a y confinada desde casi todas las direcciones. Coloc¨® la linterna en el suelo y se sent¨®. A pesar de lo oscuro que estaba, le gustaba estar all¨ª. Estaba tranquilo, en silencio. No hab¨ªa nadie que le molestase, ten¨ªa toda la planta para ¨¦l solo. Bueno, casi. ¡°?¡­est¨¢s ah¨ª¡­?¡± pregunt¨®, sin alzar mucho la voz. ¡°?Hola¡­?¡± Leves crujidos salieron de las sombras. A su derecha, bajo un grupo de tuber¨ªas, algo se mov¨ªa lentamente en la negrura. Ethan sac¨® las latas de comida robadas de sus bolsillos y las coloc¨® en el suelo, cerca de donde proven¨ªa el ruido. Luego, cogi¨® la linterna y la apunt¨® hacia la oscuridad. Un par de ojos le miraban, llenos de miedo e inseguridad. La chica apenas se hab¨ªa movido desde la ¨²ltima vez que la hab¨ªa visto aquella ma?ana. Cogi¨® un abrelatas, abri¨® las latas de comida, y las empuj¨® en su direcci¨®n. ¡°¡­venga, tienes que comer.¡± dijo. La chica tard¨® mucho en reaccionar, pero finalmente se decidi¨® y cogi¨® las latas, tras lo cual se desenfren¨®, comenzando a devorar sus contenidos con un vigor agresivo. ¡®Madre m¨ªa¡­ A¨²n tiene mucha hambre, ?eh¡­?¡¯ La escena le record¨® al momento en que la vio por primera vez, hac¨ªa tres d¨ªas. Pens¨® en ello, mientras abr¨ªa su propia lata de comida. ###### A simple vista, casi la confundi¨® con una caminante. Algo en su subconsciente debi¨® ser capaz de ver m¨¢s all¨¢ de aquella primera impresi¨®n, impidi¨¦ndole gritar por el shock. Tras una inspecci¨®n m¨¢s cuidadosa, sus rasgos humanos, aunque demacrados, se volvieron m¨¢s evidentes. No tendr¨ªa m¨¢s de ocho o nueve a?os. Su pelo marr¨®n claro estaba sucio y desordenado, enroll¨¢ndose en nudos que no parec¨ªan intencionados. Llevaba un vestido azul, harapiento pero todav¨ªa bonito; un triste intento de embellecer su debilitado cuerpo. La peque?a estaba en los huesos, y sus labios parec¨ªan resecos, como si llevase d¨ªas hambrienta y sedienta. Lo que m¨¢s le chocaba a Ethan eran sus ojos. Abiertos de par en par, vigilando todos sus movimientos, sumidos en lo que solo pod¨ªa describirse como un horror apabullante. ¡°??Q-Q-Qu¨¦¡­!? ??Q-Qui¨¦n eres¡­!?¡± retrocedi¨® y se escurri¨® hacia la pared del fondo. No se esperaba cruzarse con nadie en un rinc¨®n tan remoto del hospital, y mucho menos una ni?a peque?a. La chica no dijo nada, simplemente sigui¨® mir¨¢ndole. Ethan no estaba seguro de qu¨¦ hacer. Ya hab¨ªa empezado a comer, sin darse cuenta de que le que estaban observando. Los ojos de la ni?a se arrastraron desde su cara hasta la lata que sujetaba. ¡°??Quieres¡­ quieres comida¡­!? ?E-Esto es m¨ªo¡­!¡± El est¨®mago de la peque?a procedi¨® a emitir el gru?ido m¨¢s cavernoso que Ethan hab¨ªa o¨ªdo en toda su vida. ¡°?H-He dicho que no¡­! ?Yo tambi¨¦n tengo hambre¡­!¡± Ella sigui¨® mirando fijamente a la comida. ¡­ ¡°?¡­p-por qu¨¦ no vas abajo a por comida¡­? Te la dar¨¢n¡­¡± pregunt¨®. ¡°¡­¡­¡± ella apart¨® los ojos de la lata y le mir¨® a ¨¦l. Ni siquiera pesta?eaba, a pesar de que la linterna le estaba dando justo en la cara. ¡°¡­no quiero.¡± Ethan se sorprendi¨® al o¨ªr su voz. En verdad, no esperaba una respuesta. Era una voz ronca, que no hab¨ªa sido usada desde hac¨ªa bastante, pero toda aquella rugosidad enmascaraba un tono dulce y suave. ¡°?¡­por qu¨¦ est¨¢s sola¡­? ?Tienes padres¡­?¡± ¡°¡­no tengo¡­ mami se fue a alg¨²n sitio¡­¡± ¡°¡­¡± Se negaba a parpadear, su cuerpo se negaba a moverse, y su est¨®mago se negaba a parar de hacer ruidos, arrancado de su letargo por la presencia de deliciosa, preciada comida. ¡°?¡­ugh¡­! ?Ya vale¡­! ?D-De acuerdo¡­! ?Para de mirarme as¨ª¡­!¡± Ethan coloc¨® su lata en suelo al alcance de la chica, ofreci¨¦ndosela. Como un animal salvaje, ella la cogi¨® y empez¨® a consumirla a toda prisa. ¡®??Q-Qu¨¦ le ha pasado a esta ni?a¡­!?¡¯ ¡°?C¨®mo te llamas¡­?¡± ¡°¡­¡­¡± al principio no le respondi¨®, centrada por completo en los contenidos de la lata. Tras varios segundos masticando, mascull¨® una sola palabra entre dientes. ¡°¡­Eleanor¡­¡± ###### ¡°Escucha, intentar¨¦ ver si puedo conseguirte algo m¨¢s para comer, ?vale?¡± Ethan termin¨® su raci¨®n y se levant¨®, listo para volver abajo. ¡°Puedes seguir escondi¨¦ndote ah¨ª, volver¨¦.¡± ¡°?¡­volver¨¢ tambi¨¦n mami?¡± ¡°U-Uh¡­ N-No lo s¨¦¡­¡± ¡°¡­echo de menos a mami.¡± ****** Logan se sent¨® frente al escritorio, totalmente ocupado con un mont¨®n de equipo de radio antiguo, el cual encendi¨®. Cogi¨® unos auriculares cercanos. Eran un tanto peque?os para su cabeza, pero le serv¨ªan de todas formas. La rueda giraba con facilidad, pase¨¢ndose por las distintas frecuencias. En su mayor¨ªa, era todo silencio de radio. Hab¨ªa conseguido ponerse en contacto con algunas personas a lo largo de los ¨²ltimos d¨ªas, pero no era exactamente una ocurrencia frecuente. Suficiente para atraer peque?os grupos de supervivientes al hospital, pero no lo suficiente para juntar la multitud que Julien buscaba. Al fin, se asent¨® en una frecuencia en particular, y se prepar¨® para emitir su mensaje. ¡°Esto es el Hospital Saint Marie. Tenemos comida, agua, refugio y armas. Tenemos una comunidad estable, y estamos a salvo de las hordas de muertos vivientes. Ay¨²danos, y te ayudaremos. Podemos superar esto juntos. Repito¡­¡± A medida que recitaba el mensaje una y otra vez, a Logan lo carcom¨ªa la ansiedad. Algo lo urg¨ªa a abandonar aquel lugar lo antes posible, y no mirar atr¨¢s. Estaban todos jodidos, hiciesen lo que hiciesen. Quedarse cerca de aquella chica solo acelerar¨ªa lo inevitable. Ten¨ªa pinta de que Jacobs se hab¨ªa dado cuenta, y por eso se hab¨ªa ido. Ahora, Logan empezaba a verlo tambi¨¦n. Aquella enorme criatura iba tras ella, y matar¨ªa a todo lo que se cruzase en su camino. Al Ej¨¦rcito le importaban una mierda sus vidas, y los matar¨ªan tan pronto la asegurasen. Si era malo, ven¨ªa a por Lilian, y todos los dem¨¢s estaban en medio. ?Y sus benefactores misteriosos? Si tuviese que adivinar, dir¨ªa que no eran m¨¢s que titiriteros, aprovech¨¢ndose de su situaci¨®n para conseguir sus prop¨®sitos, fuesen cuales fuesen. Julien estaba cegado por su propio dogmatismo, y hab¨ªa empezado a aferrarse a falacias delirantes. A aquellas alturas, parec¨ªa que cualquier esperanza, por muy sospechosa que fuese, era suficiente para alterar las creencias de aquel hombre. ¡®Creo que tengo que empezar a buscar mis propios interesas, a fin de cuentas¡­ Lo mires como lo mires, nada de esto merece la pena¡­ Todo este mont¨®n de mierda se nos va venir encima, tarde o temprano.¡¯ ****** El sonido de la lluvia rug¨ªa sin cesar a lo largo de la ciudad. Tras d¨ªas sin una sola gota de agua, aquel repentino chaparr¨®n era una ocurrencia muy bienvenida. Adem¨¢s, el ruido incesante y la falta de visibilidad creaban las condiciones perfectas para moverse sin llamar la atenci¨®n. Dos figuras humanoides siguieron la acera, pegados a los edificios bajo la cobertura de la lluvia. Ambos vest¨ªan chubasqueros negros, con capuchas. Uno de los individuos era notablemente m¨¢s alto que el otro. Al llegar a una intersecci¨®n, avistaron la parte de atr¨¢s del Hospital Saint Marie. El m¨¢s alto de los dos alz¨® la mano derecha. Unos cincuenta metros a su espalda, el cami¨®n militar reconoci¨® la se?al, y apag¨® el motor. ¡°Vale¡­ ?Recuerdas todo lo que hemos hablado?¡± pregunt¨® William. ¡°Esto probablemente vaya a ser peligroso. No hagas ninguna tonter¨ªa, y c¨ª?ete al plan.¡± ¡°Lo s¨¦. Estoy lista.¡± respondi¨® Claire. ¡°Bien¡­ No veo a nadie vigilando por aqu¨ª. En marcha.¡± CAPíTULO 33 – INFILTRACIóN ¡°?Est¨¢s segura¡­?¡± Claire pos¨® su mano sobre el hombro de Nora, frot¨¢ndolo con suavidad. ¡°?Es igual que antes¡­?¡± ¡°S¨ª, estoy segura¡­ Puedo o¨ªr su voz otra vez¡­ Es muy distante, d¨¦bil. Ni siquiera puedo entender lo que intenta decirme. Pero, ?est¨¢ ah¨ª¡­! ?Y ya puedo sentir c¨®mo se desvanece¡­! No s¨¦ qu¨¦ est¨¢ pasando¡­¡± dijo Nora, con la cara retorcida de dolor. William ya hab¨ªa adivinado lo que estaba ocurriendo antes siquiera de poner un pie en la habitaci¨®n. Nora todav¨ªa no hab¨ªa salido de la cama. Hab¨ªa enviado a Claire, quien dorm¨ªa con ella en la misma habitaci¨®n, para que reuniese a todos los dem¨¢s. Su dolor de cabeza hab¨ªa regresado por un instante, junto a la presencia de Lilian en su mente, para luego empezar a desvanecerse al cabo de un rato. La primera vez que ocurri¨®, fue una sorpresa. Una sorpresa confusa. ?Pod¨ªan fiarse de una pista tan ef¨ªmera? Su ¡°habilidad¡± para sentir a Lilian era rara a base de bien, y que se manifestase de aquella manera para luego desaparecer generaba m¨¢s preguntas de las que respond¨ªa. Podr¨ªa haber sido, simplemente, una consecuencia impredecible del estr¨¦s. Todos, Marcus incluido, se mostraban esc¨¦pticos. Pero, ?tres veces seguidas? ?A intervalos regulares? ?Apuntando siempre en direcci¨®n al Hospital Saint Marie? Demasiado sospechoso para ser una coincidencia. Adicionalmente, la gente de Stella hab¨ªa mantenido los alrededores del hospital bajo vigilancia. La multitud de caminantes se hab¨ªa ido. El edificio ya no era inalcanzable. ¡°Vale¡­ ?Vamos a hacer algo, entonces? Podr¨ªa ser cierto que est¨¦ en el hospital, ?no?¡± pregunt¨® William. ¡°?Marcus?¡± ¡°S¨ª¡­ S¨ª, hay una alta probabilidad de que este all¨ª. Aunque algo le debe de estar pasando, eso est¨¢ claro. Esta¡­ intermitencia¡­ Es antinatural.¡± las palabras de Marcus sal¨ªan despacio de sus labios, calculadas con meticulosidad. Como muchas otras veces antes, parec¨ªa saber m¨¢s de lo que contaba. Algo hab¨ªa cambiado en ¨¦l desde que hab¨ªan encontrado la furgoneta siniestrada y hab¨ªan perdido el rastro de Lilian. Era m¨¢s cauteloso. M¨¢s nervioso que de costumbre. ¡°Si¡­ si ella est¨¢ ah¨ª, entonces¡­ ?Quiere eso decir que Julien y su gente tambi¨¦n han llegado al hospital¡­?¡± la cara de Claire palideci¨® mientras hablaba. ¡°Y, ?no dijo Stella que ese lugar es b¨¢sicamente la guarida de Jacobs a estas alturas? Oh, dios¡­ ?Tenemos que hacer algo¡­! ?Qui¨¦n sabe lo que¡ª!¡± Marcus alz¨® la mano derecha, solicitando un momento de silencio. No pas¨® desapercibido para nadie. Le miraron, y esperaron un rato. ¡­ ¡°Creo que voy a hablar con Stella sobre lo que est¨¢ ocurriendo. Se lo voy a contar. Acerca de Lilian, acerca de sus captores, todo.¡± ¡°?En serio? No esperaba que fueses t¨² el que sugerir¨ªa revelar secretos a los dem¨¢s.¡± dijo William. ¡°El hospital es una fortaleza. Incluso si tenemos una potencia de fuego superior, ellos tienen una enorme ventaja estrat¨¦gica, nos superan en n¨²mero, y tienen un reh¨¦n crucial. Un reh¨¦n que, por lo que sabemos, podr¨ªa estar pasando por algo desconocido e impredecible. ?Hace falta que os recuerde lo que ocurri¨® en el metro? Llegados a este punto, creo que todos os habr¨¦is dado cuenta de que Lilian puede influenciar el comportamiento de los caminantes a su alrededor. Un solo paso en falso, y podr¨ªa ser el fin.¡± suspir¨®. ¡°Seamos sinceros, necesitamos ayuda.¡± ¡°Hmm¡­ ?Y crees que nos ayudar¨¢? Estaba bastante cabreada con todos nosotros cuando la encontramos. Y no creo que nos haya cogido mucho cari?o estos ¨²ltimos d¨ªas.¡± ¡°Stella tiene un gran coraz¨®n. Su aparente hostilidad es tan solo un mecanismo de defensa. Est¨¢ decidida a ayudar a la gente que la rodea, tal y como ayudar¨ªa a su propia familia. Supongo que, por su bien, ha tenido que endurecerse, no le ha quedado elecci¨®n. Pero os prometo que no es el tipo de persona que ignorar¨ªa algo como esto. No se trata de salvar a unas pocas personas. Lilian podr¨ªa salvar a todo el mundo. S¨¦ que me escuchar¨¢.¡± William mir¨® a Nora. Se cubr¨ªa la frente con el brazo izquierdo, tratando de aliviar el dolor. Ella le mir¨® de vuelta, y asinti¨®. Claire asinti¨® de igual forma. ¡°Muy bien¡­ Tendremos que contar contigo, pues.¡± dijo William, d¨¢ndole a Marcus su aprobaci¨®n. ¡°Volver¨¦ en un rato.¡± ###### La lluvia era despiadada, y William no lo querr¨ªa de ninguna otra manera. Estaban a punto de hacer algo de ruido, y el constante martilleo del agua ser¨ªa la encubierta perfecta. Claire le sigui¨® al otro lado de la calle, por encima de una valla, escaleras abajo, y alrededor de varios edificios peque?os en el per¨ªmetro trasero del hospital. Un minuto despu¨¦s, llegaron al lugar en particular que estaban buscando, una gran estructura conectada directamente a la parte trasera del edificio principal del hospital. Ten¨ªa una ¨²nica puerta, la cual estaba sellada con un cord¨®n de soldadura. Uno de sus laterales ten¨ªa ventanas, muy peque?as y estrechas, cerca del techo, y protegidas por gruesas barras de metal atornilladas a la pared. En general, muy seguro, y muy robusto. Pero ten¨ªa un importante punto d¨¦bil. [Cuando llegu¨¦is all¨ª, fijaos atentamente en la pared este.] No le cost¨® demasiado verlas. Una en la parte inferior, y otra en la parte superior de la pared. Rejas de ventilaci¨®n. La inferior era demasiado estrecha, pero la superior parec¨ªa lo bastante grande como para que un humano adulto pudiese atravesarla. William ech¨® la mano bajo el chubasquero, y cogi¨® la larga y pesada palanca que hab¨ªa amarrado a su cintur¨®n. Meti¨® el extremo plano en la reja, cerca de una las esquinas, y empuj¨® el otro extremo con todas sus fuerzas. ¡°Mant¨¦n los ojos en las ventanas del hospital. No podemos dejar que nos vean aqu¨ª.¡± dijo. ¡°?Entendido¡­!¡± Claire centr¨® su atenci¨®n en el imponente edificio, a la espera de cualquier se?al de movimiento. Tras un poco de esfuerzo, la reja comenz¨® a doblarse y deformarse. Finalmente, la esquina se retorci¨® lo suficiente como para permitirle encajar la palanca justo debajo, donde estaba el tornillo. Empuj¨®. *??Clang!!* Con un fuerte estallido, el tornillo se parti¨®, y la reja cedi¨®. La lluvia hizo un gran trabajo ocultando el ruido. El resto de la reja no tard¨® en caer. Algunos ruidos fuertes m¨¢s, y el camino estaba despejado. ¡°Buf¡­ Vale¡­ ?Puedes trepar al interior?¡± pregunt¨® William. ¡°Lo intentar¨¦.¡± Claire se quit¨® la mochila y se la entreg¨® a William. Salt¨® y se colg¨® del bordillo del agujero de ventilaci¨®n. Sus zapatos patinaron un poco sobre la pared h¨²meda, pero consigui¨® agarrarse y accedi¨® al interior. ¡°??Todo bien¡­!?¡± ¡°?A-Ah¡­! ?S¨ª, sin problema¡­! ?Es solo que¡­ est¨¢ muy oscuro¡­!¡± su voz tartamudeaba en ecos a trav¨¦s de la abertura. ¡°Vale. Cuidado, voy a tirar las mochilas.¡± William lanz¨® ambas mochilas por el agujero, y luego trep¨® al interior. Estaba apretado, quiz¨¢ demasiado apretado para ¨¦l, pero consigui¨® escurrirse a trav¨¦s del hueco. Sus botas hicieron m¨¢s ruido del que le hubiera gustado en cuanto volvieron a hacer contacto con el suelo. This narrative has been purloined without the author''s approval. Report any appearances on Amazon. Se gir¨® y sac¨® la linterna, acci¨®n que Claire imit¨® un instante despu¨¦s. A medida que las mov¨ªan de lado a lado, la luz revelaba una gran habitaci¨®n llena de enormes m¨¢quinas cil¨ªndricas. [Estar¨¦is dentro de la sala de calderas del hospital. Est¨¢ en el s¨®tano. Nadie baja ah¨ª abajo, est¨¢ completamente sellado. Hasta las escaleras est¨¢n bloqueadas.] El bosque de maquinaria y tuber¨ªas obstru¨ªan la visi¨®n y proyectaban sombras sobre las paredes, dando a la habitaci¨®n una agobiante sensaci¨®n de claustrofobia. Incluso William se sinti¨® inc¨®modo en aquel lugar. Claire se hab¨ªa acurrucado a su lado, y manten¨ªa los ojos puestos en las sombras con una expresi¨®n de preocupaci¨®n en su rostro. ¡°Oye, s¨¦ que no te gustan ni la oscuridad ni los espacios apretados¡­ Pero esto solo va a ir a peor. Tenemos que aguantarnos y continuar, ?vale?¡± en verdad, no estaba tratando de reconfortarla, sino de animarla a armarse de valor. ¡°Lo s¨¦, lo s¨¦¡­ Estar¨¦ bien.¡± ¡°De acuerdo. A ver, antes de seguir, tratemos de encontrar algo que podamos colocar debajo de esa abertura, para poder alcanzarla m¨¢s f¨¢cilmente al salir. No debemos meternos en problemas sin una v¨ªa de escape r¨¢pido¡­¡± ****** Los pasillos de hormig¨®n del s¨®tano estaban vac¨ªos y libres de amenazas. Sonidos ominosos en la oscuridad distante, el d¨¦bil zumbido del silencio, y sombras juguetonas eran los ¨²nicos habitantes de aquel lugar. Claire apret¨® con fuerza la linterna, suprimiendo sus inquietantes pensamientos. Le recordaba al nido del metro. Sin embargo, esta vez no era la presencia de los caminantes lo que la preocupaba, sino la potencial amenaza de algo mucho peor. Arrastr¨® los pies tras William, girando esquinas y merodeando hacia las profundidades del edificio, siguiendo las se?ales en las paredes. Su objetivo era una habitaci¨®n muy espec¨ªfica. A medida que avanzaban, Claire reconoci¨® algunas de las instalaciones con las que se cruzaron. No era en absoluto una experta, pero ten¨ªa una leve idea de d¨®nde se encontraban. Una peque?a planta de energ¨ªa conectada a la sala de calderas, una instalaci¨®n de tratamiento de agua, unidades de almacenamiento¡­ Hab¨ªan entrado a trav¨¦s de las instalaciones auxiliares del hospital, que probablemente se extend¨ªan a lo largo de casi todo el subsuelo del edificio. Algunas esquinas despu¨¦s, avistaron su objetivo, tal y como Stella hab¨ªa indicado. [Llegar¨¦is a un ¨¢rea con los restos de los robots de reparto del hospital. Lo sabr¨¦is cuando lo ve¨¢is.] Hab¨ªa una gran abertura en la pared del pasillo, que llevaba a una habitaci¨®n peculiar. Desordenadas entre estantes y dispositivos el¨¦ctricos, el lugar estaba plagado de extra?as m¨¢quinas. Parec¨ªan Roombas gigantes, y muchas de ellas hab¨ªan sido despiezadas y hechas a?icos para obtener componentes y bater¨ªas, dejando atr¨¢s los chasis vac¨ªos. ¡®Ten¨ªan a su disposici¨®n todas estas bater¨ªas¡­ Y, si no me equivoco, este hospital tiene su propio set de paneles solares en la azotea. No era broma, este sitio realmente tiene todo lo necesario para sustentar una gran comunidad, ?eh¡­?¡¯ Una de las paredes de la habitaci¨®n albergaba un ascensor. A diferencia de la mayor¨ªa de ascensores de un hospital, anchos y lo suficientemente espaciosos como para acomodar una camilla y varias personas, aquel era muy peque?o, casi como si hubiera sido dise?ado para una ¨²nica persona. ¡°Vale, probablemente tengas que ayudarme con esto.¡± dijo William, mientras encajaba la palanca entre las puertas del ascensor. ¡°Claro.¡± Estaban considerablemente atascadas tras meses de desuso. William tir¨® de la palanca desde un lado, Claire empuj¨® desde el lado opuesto. ¡°?Hhnnnggh¡­!¡± Con un molesto chirrido, las puertas se deslizaron. No se abrieron del todo, pero era suficiente para escurrirse al interior del ascensor, el cual se encontraba inm¨®vil al fondo del hueco, frente a ellos. Apuntaron las linternas hacia arriba, hacia el techo, y avistaron una trampilla de emergencia, la cual estaba ya abierta. ¡°Vale, ap¨®yate en mis hombros y sube ah¨ª.¡± Claire alcanz¨® la abertura con facilidad y trep¨® encima del ascensor. Le ofreci¨® una mano a William, y lo ayud¨® a trepar tras ella. ¡®?Ugh¡­! ?Pesa¡­!¡¯ Recuper¨® el aliento por un instante, y mir¨® a su derecha, hacia el lateral del hueco del ascensor. [En cuanto est¨¦is dentro del hueco del ascensor, deber¨ªais ver una escalerilla. Este es el ¨²nico ascensor que la tiene.] Incrustada en un nicho que llegaba hasta la cima del edificio, hab¨ªa una muy conveniente escalerilla de metal, protegida por una jaula de barras de seguridad. ¡°De momento bien. M¨¢s nos vale que no hayamos alertado a nadie todav¨ªa. El sonido de la lluvia de ah¨ª fuera deber¨ªa ser lo bastante fuerte¡­ En marcha, esto es alto de narices.¡± ¡­ Completamente ocupada por unidades de aire acondicionado, el piso superior del hospital no ten¨ªa ventanas, y por lo tanto era igual de oscuro que el s¨®tano del que acababan de salir. Sin embargo, entre los huecos de la maquinaria, Claire vio alg¨²n tipo de luz emanando de una esquina lejana, seguramente una puerta. ¡°Vale¡­¡± susurr¨® William. ¡°Ahora estamos en terreno peligroso. Mant¨¦n los ojos abiertos, y no hagas ni un ruido. Tenemos que averiguar qu¨¦ est¨¢ pasando aqu¨ª¡­¡± Claire asinti¨®. Seg¨²n Stella, nadie usaba el piso superior, dado que no ten¨ªa luz natural. No deber¨ªan toparse con nadie all¨ª arriba. Sin embargo, era incapaz de ignorar la sensaci¨®n de pavor que le carcom¨ªa el subconsciente. Aquellos matones podr¨ªan estar cerca. Jacobs podr¨ªa estar cerca. Julien y Logan podr¨ªan estar cerca. Lilian podr¨ªa estar cerca. Trag¨® saliva, y camin¨® tras William, zigzagueando entre las m¨¢quinas y por los pasillos, en direcci¨®n a la luz. ¡­ El coraz¨®n de Claire dio un vuelco. Se congel¨®. William tambi¨¦n se detuvo, probablemente igual de sorprendido que ella. La figura en el marco de la puerta pareci¨® congelarse en el sitio al mismo tiempo que ellos. Con la luz a su espalda, era imposible distinguir sus rasgos. Era, sin embargo, bastante baja. William espabil¨® y entr¨® en acci¨®n. En un abrir y cerrar de ojos, agarr¨® a la persona misteriosa, tir¨® de ella hacia la oscuridad, y la aprision¨® contra la pared. De debajo del chubasquero, hab¨ªa sacado un cuchillo de combate, que procedi¨® a presionar contra el abdomen del extra?o. Su otro brazo le tap¨® la boca, impidiendo que gritase o pidiese ayuda. Por un instante se oy¨® un ahogado chillido de p¨¢nico, pero se call¨® en cuanto sinti¨® la presi¨®n de la hoja de acero. ¡°No hagas ni un ruido. O te destripo vivo.¡± dijo William. Mantuvo la voz baja, pero la amenaza fue alta y clara. ¡°?Mmmhh¡­! ??Hhhhmpf¡­!!¡± el extra?o farfull¨® algo ininteligible. ¡°?E-Espera¡­! ?William, espera¡­! ?Esta persona es¡­!¡± Claire se les acerc¨®, y apunt¨® la linterna directamente a la cara del extra?o. La luz revel¨® a un adolescente, el cual llevaba una gorra negra. Sus ojos lloriqueaban, y la situaci¨®n lo ten¨ªa claramente aterrorizado. ¡°?No es m¨¢s que un chaval¡­!¡± El chico sujetaba con firmeza una lata de comida, pero sus manos temblaban tanto que parec¨ªa que fuese a dejarla caer en cualquier momento. Evitaba el contacto visual con ellos, como si temiese las consecuencias. ¡°?Entiendes tu situaci¨®n? Te lo juro, si levantas la voz, no te va a gustar el resultado.¡± amenaz¨® William. ¡°Oye¡­ No queremos hacerte da?o, ?lo prometo!¡± Claire trat¨® de calmarlo. Aquellos temerosos ojos se cruzaron con los suyos. ¡°Solo queremos hacer algunas preguntas.¡± Asinti¨®. William par¨® de presionar el brazo contra la cara del chico, y retrocedi¨® despacio. El chaval jade¨®, y respir¨® fren¨¦ticamente durante varios segundos. ¡°¡­q-qui¨¦n¡­!?¡± murmur¨®. No ten¨ªa pinta de que fuese capaz de formar una frase completa. ¡°Nos env¨ªa Stella.¡± respondi¨® William. ¡°?¡­e-eh¡­?¡± el chico le mir¨®, confuso, y gir¨® la cabeza. ¡°N-No s¨¦ de qui¨¦n est¨¢ hablando, se?or¡­¡± Claire y William compartieron una mirada de preocupaci¨®n. Tem¨ªan que algo extra?o estuviese pasando en el hospital. A lo largo de los d¨ªas previos, la gente de Stella hab¨ªa informado de varios grupos de personas dirigi¨¦ndose al hospital por alg¨²n motivo. ¡®?Quiz¨¢ este chico es uno de los reci¨¦n llegados¡­?¡¯ ¡°Oye, ?c¨®mo te llamas?¡± pregunt¨® Claire. ¡°Um¡­ Ethan.¡± ¡°Vale, Ethan¡­ ?Puedes contarnos qu¨¦ ha estado pasando aqu¨ª ¨²ltimamente?¡± ¡°Uh¡­ A ver¡­¡± ¡­ ¡°Vale, esto es completamente diferente a lo que nos dijo Stella. Algo no va bien.¡± William pase¨® en c¨ªrculos mientras divagaba. ¡°?Comida y bebida abundantes? ?Pretendes que me crea que la banda de ese lun¨¢tico se ha convertido en un pu?ado de samaritanos, as¨ª como as¨ª? Ni de puta co?a. No me trago esa gilipollez.¡± ¡°?Quiz¨¢ otra persona ha tomado el control¡­?¡± sugiri¨® Claire. ¡°Ethan, ?sabes qui¨¦n est¨¢ ahora al mando?¡± ¡°No s¨¦. No me preocupo mucho por la gente, solo s¨¦ que nos dan las cosas que necesitamos¡­¡± ¡®Esta situaci¨®n¡­ Me est¨¢ dando muy malas vibraciones¡­ ?Ya he visto esto antes¡­!¡¯ Claire pens¨® inmediatamente en Julien. Ya hab¨ªa usado falsa benevolencia y carisma rebosante para ganarse el favor de la gente antes. ?Qu¨¦ le imped¨ªa volver a hacerlo, siempre que tuviese los recursos necesarios? Era una posibilidad que deb¨ªan considerar. Tendr¨ªa a Lilian, tendr¨ªa su propia fortaleza personal para protegerla, y tendr¨ªa su propio ej¨¦rcito para asegurarla. Se estremeci¨®. ?Estar¨ªa d¨¢ndole demasiadas vueltas¡­? ¡°Voy a volver con los dem¨¢s. Tienen que enterarse de todo esto. Pensaremos c¨®mo proceder.¡± dijo William. ¡°T¨², mocoso. ?Es seguro este piso? ?Sube alguien m¨¢s aqu¨ª, quien sea?¡± ¡°N-No, se?or¡­ Nunca he visto a nadie m¨¢s subir esas escaleras¡­¡± ¡°Vale¡­ Claire, t¨² qu¨¦date aqu¨ª y aseg¨²rate de que no haga nada raro. No le quites los ojos de encima. Y si puedes averiguar algo m¨¢s sobre lo que est¨¢ pasando, hazlo. Pero¡­ por lo que m¨¢s quieras, no tomes riesgos innecesarios, y no dejes que te vea nadie. ??Entendido!?¡± ¡°?C-Claro¡­!¡± ¡°Bien¡­ Volver¨¦ pronto.¡± CAPíTULO 34 – BICHOS A Claire se le escap¨® un grito ahogado. ¡°?Oh, cielo santo¡­! ?N-No tiene buen aspecto¡­!¡± dijo, encorv¨¢ndose hacia delante para verla mejor. La ni?a estaba sentada en una esquina, acurrucada contra la maquinaria, mirando a Claire con ojos apenados. ¡°Le he estado dando de comer durante los ¨²ltimos d¨ªas. Ella se niega a bajar y coger sus propias cosas¡­¡± Ethan se le acerc¨®, y deposit¨® una lata de ma¨ªz dulce a su lado. ¡°Toma, esto es para ti.¡± Claire se arrodill¨® para ponerse a la altura de la joven. ¡°Eh, cielo¡­ ?Es eso cierto?¡± pregunt¨®, con voz suave. La chica pareci¨® relajarse un poco. Su rigidez se atenu¨®, y dej¨® de abrazarse las piernas y enterrar la mayor de parte de la cara entre los brazos. Claire pudo ver sus rasgos con m¨¢s nitidez. De alguna manera, parec¨ªa familiar, como si le recordara a alguien. Lo ten¨ªa en la punta de la lengua, pero no acababa de verlo claro. Ella asinti¨®, en respuesta a la pregunta de Claire. ¡®Esta chica¡­ es mucho m¨¢s joven que Lilian. Pero, ??c¨®mo ha conseguido sobrevivir por su cuenta!? Pobrecita¡­¡¯ ¡°?Sois familia?¡± pregunt¨® Claire. ¡°?Eh¡­? N-No¡­ Me la encontr¨¦ aqu¨ª arriba de casualidad. Lo ¨²nico que me ha dicho es que su mam¨¢ se ha ido a alg¨²n sitio¡­¡± ¡°Ya veo¡­¡± ¡®?Y ¨¦l ha decidido cuidar de una extra?a? Ese tipo de bondad no se ve muy a menudo¡­ ?Puedo confiar en ¨¦l¡­?¡¯ Claire no ten¨ªa intenciones de bajar la guardia. Desconfiada por naturaleza, sab¨ªa que las apariencias pod¨ªan ser enga?osas. Sin embargo, su instinto le dec¨ªa que pod¨ªa relajarse. Aquellos dos j¨®venes deb¨ªan de ser los primeros extra?os con los que se topaba desde el inicio de la pandemia que no le daban malas vibraciones. ¡°?Qu¨¦ sueles hacer por aqu¨ª? ?Te limitas a hacerle compa?¨ªa¡­?¡± ¡°Bueno, uh¡­ ?Supongo? No me gusta estar ah¨ª abajo con los dem¨¢s. Demasiado ruido¡­ Paso el rato por aqu¨ª, o exploro los otros pisos.¡± ¡°?Exploras? ?Qu¨¦ quieres decir?¡± ¡°Oh, hay muchos sitios guais all¨¢ abajo. No puedes bajar usando las escaleras, las mantienen bloqueadas todo el tiempo. Pero hay otras formas de bajar, como el ascensor del que salisteis vosotros.¡± ¡°Sitios guais, ya¡­ ?Por ejemplo?¡± cualquier ¨¢pice de informaci¨®n que pudiese obtener acerca del hospital podr¨ªa ser ¨²til en un futuro. Le anim¨® a hablar, y escuch¨®. ¡°La mayor parte son salas de espera y oficinas, pero hay sitios llenos de m¨¢quinas raras y ordenadores. Encontr¨¦ algo que parec¨ªa una cama, pero estaba dentro de alg¨²n tipo de m¨¢quina cil¨ªndrica, como un t¨²nel. Raro. Tambi¨¦n hay una sala con un mont¨®n de estanter¨ªas llenas de medicinas y botellas con l¨ªquidos. Algunos ol¨ªan muy raro.¡± ¡®Ay, dios¡­ No deber¨ªas ir por ah¨ª metiendo la nariz en botellas con productos qu¨ªmicos desconocidos¡­ Pero un alijo de medicinas suena ¨²til. ?No han saqueado todo el lugar? ?Quiz¨¢ no han tenido tiempo de hacerlo? Este hospital es enorme, a fin de cuentas¡­¡¯ ¡°Tambi¨¦n hay otra habitaci¨®n con, uh¡­ muchos bichos brillantes en jarras. No s¨¦ de qu¨¦ iba aquello, me dio mal rollo. Oh, tambi¨¦n encontr¨¦¡­¡± ¡­ ¡°Espera, ?has dicho bichos brillantes¡­?¡± Claire interrumpi¨® el mon¨®logo de Ethan. Su cerebro hab¨ªa parado de prestarle atenci¨®n a sus palabras, en su lugar trataba de encontrarle sentido a lo que acababa de o¨ªr. ¡°?Eh¡­? ?S-S¨ª¡­?¡± Ten¨ªa algo en mente. No era nada m¨¢s que una idea, una hip¨®tesis remota que hab¨ªa estado botando por su cabeza desde hac¨ªa alg¨²n tiempo. Y lo que Ethan hab¨ªa mencionado hac¨ªa que aquella idea resonase con m¨¢s intensidad que nunca. ?Dec¨ªa el chico la verdad? ?Por qu¨¦ iba a haber tal cosa all¨ª? ?Era relevante? Muchas preguntas, y muchas coincidencias. [Si puedes averiguar algo m¨¢s sobre lo que est¨¢ pasando, hazlo.] ¡®Eso fue lo que William dijo, pero¡­¡¯ [No tomes riesgos innecesarios.] Su raciocinio le dej¨® claro que no iba a sacar ninguna informaci¨®n crucial de un pu?ado de bichos. Sin embargo, ten¨ªa una corazonada que le dec¨ªa lo contrario. Adem¨¢s, ten¨ªa curiosidad. ¡°Um¡­ ?Es peligroso ah¨ª abajo?¡± pregunt¨®. ¡°No, no creo. Todav¨ªa no encontr¨¦ nada peligroso. Tan solo pone los pelos de punta.¡± ¡°Ya veo¡­ Uh, ?p-podr¨ªas llevarme hasta ese lugar?¡± ¡®Bien podr¨ªa echarle un ojo. Si no es nada, al menos s¨¦ que no es nada. Y si resulta ser algo importante, me alegrar¨¦ de haber decidido invertir tiempo en comprobarlo. En cualquier caso, podr¨ªa localizar algunos suministros m¨¦dicos adicionales, ?eso siempre viene bien!¡¯ ¡­ Claire supuso que era muy improbable que un gran trozo de papel pegado con cinta aislante a la escalerilla pasase desapercibido para William, especialmente si le aparec¨ªa de repente en la cara. [Ethan me ha contado algo interesante. Lo estoy comprobando. <======] Se asegur¨® de que estuviese bien fijado al pelda?o de la escalerilla, y se gir¨® hacia las puertas abiertas a su izquierda, que llevaban al segundo piso del hospital. Ethan le ofreci¨® una mano de apoyo, que no dud¨® en aceptar. Aquellos pasillos eran incluso m¨¢s siniestros que el s¨®tano del edificio. No era debido a la total oscuridad, o a los murmullos tras las paredes. Era una sensaci¨®n de abandono. Melancol¨ªa, muerte, ruina. Antiguas manchas de sangre en el suelo, en las paredes y en las puertas. Camillas esparcidas en posiciones err¨¢ticas, algunas de ellas todav¨ªa cargando con restos humanos disecados. Mochilas que hab¨ªan sido dejadas atr¨¢s, ropa tirada por ah¨ª, papeles y documentos esparcidos por todas partes¡­ A cada paso que daba, Claire se sent¨ªa profana, irrespetuosa; como si estuviese arrastrando los pies sobre una fosa com¨²n, interrumpiendo el descanso de almas que en verdad eran incapaces descansar. ¡®Joder¡­ Vale, vale¡­ C¨¢lmate¡­ Compruebo lo que he venido a comprobar, y nos largamos de aqu¨ª¡­ ?Maldita sea, deb¨ª quedarme quietecita y esperar a que volviese William¡­!¡¯ Los t¨¦tricos decorados no parec¨ªan molestar a Ethan en absoluto. En lugar de eso, daba la impresi¨®n de que le interesaban. Deambulaba por los corredores con t¨ªmida curiosidad, parando a cada minuto para apuntar a algo con su linterna, y luego continuando hacia su objetivo. Claire se percat¨® de que estaban andando en c¨ªrculos. Se ve¨ªan constantemente forzados a dar quiebros, dado que la mayor¨ªa de los pasillos acababan conduci¨¦ndoles a un callej¨®n sin salida, en forma de puertas selladas o barricadas muy elaboradas. El hospital aparentaba tener un n¨²cleo ¡°hueco¡± en el que pod¨ªan estar, aislado de las zonas perimetrales. ¡®Supongo que no quieren que nadie est¨¦ cerca de las calles. Pero, ?por qu¨¦ aqu¨ª? Cre¨ªa que nadie usaba estos pisos. Me pregunto si todo el hospital es as¨ª.¡¯ ¡­ ¡°Es aqu¨ª.¡± susurr¨® Ethan. Estaba de pie frente a una puerta de cristal, en un estrecho corredor perpendicular al pasillo principal. Dio un paso al lado para dejar que Claire echase un vistazo al interior. Por alguna raz¨®n, el chico no ten¨ªa mucha ilusi¨®n por entrar en aquella habitaci¨®n. Claire trag¨® saliva y abri¨® la puerta. Las bisagras no hicieron ning¨²n ruido perceptible. El interior parec¨ªa ser alg¨²n tipo de laboratorio. El lugar estaba extra?amente bien conservado, con signos de desgaste menos notorios que el resto del edificio. De hecho, daba la impresi¨®n de que aquellas instalaciones hab¨ªan estado operativas hasta hac¨ªa poco. Unauthorized use of content: if you find this story on Amazon, report the violation. Largas filas de mesas y armarios llenaban la sala, la mayor¨ªa cubiertos con documentos y con todo tipo de material de laboratorio: tubos de ensayo, matraces, herramientas y dispositivos de medici¨®n, microscopios¡­ Sin embargo, Claire not¨® inmediatamente algo que destacaba entre todo aquel l¨ªo. Era tal y como Ethan hab¨ªa descrito. En el escritorio frente a ella vio una extra?a jarra. Cuando la ilumin¨® con la linterna, not¨® muchos agujeros en la tapa, que permit¨ªan la entrada de ox¨ªgeno para algo contenido en su interior. Las tapas en s¨ª eran inusuales, ten¨ªan sujeciones y ranuras por la parte exterior, como si estuviesen dise?adas para poder conectarles algo. Hab¨ªa un insecto en el interior, inm¨®vil. ?Una abeja? Era bastante grande, con franjas negras y amarillas a lo largo del abdomen. La mayor parte de su cuerpo estaba cubierto por un exoesqueleto puntiagudo. Quiz¨¢ su caracter¨ªstica m¨¢s notable fuese la extra?a forma en que reaccionaba al halo de luz de la linterna. A ser alcanzadas por la luz, las placas del exoesqueleto absorb¨ªan parte de ella, y empezaban a emitir un leve brillo. Era un color azulado, uno que le resultaba extra?amente familiar. Y no era solo una jarra. Las otras mesas en la habitaci¨®n contaban con jarras similares, todas ellas albergando insectos de la misma especie. Claire apunt¨® la linterna hacia la fila de armarios de las paredes, y algunos de ellos estaban llenos hasta arriba con los mismos insectos embotellados. ¡®V-Vale¡­ Esto es¡­ raro. ?Qu¨¦ hace todo esto aqu¨ª? No es algo que uno se esperar¨ªa ver en un hospital¡­¡¯ ¡°Oye¡­¡± susurr¨® Ethan. Estaba cerca de ella, observando las jarras con aprensi¨®n. ¡°Creo que estos bichos salieron en las noticias, ?no? Ya sabes, cuando todo era normal¡­ Pero, ni idea de por qu¨¦ los tienen aqu¨ª.¡± ¡°?Las noticias¡­? Espera, ahora que lo mencionas¡­¡± ¡®Podr¨ªa tener raz¨®n¡­ ?Pero no fue eso hace varios a?os?¡¯ Record¨® o¨ªr algo respecto a una nueva especie invasiva de abejas, con una agresividad sin precedentes, que se esparc¨ªa sin control y que supon¨ªa un peligro para el ecosistema. Pero, si mal no recordaba, se hab¨ªa llevado a cabo una gran campa?a de exterminaci¨®n de aquellas plagas. Nadie les hab¨ªa dado mucha importancia. ?No hab¨ªan lidiado con ellas por aquel entonces? ?Por qu¨¦ iban a ser relevantes ahora? ?Por qu¨¦ all¨ª, en aquel hospital? Algo no estaba bien, todo aquello parec¨ªa estar fuera de lugar. Su cerebro daba botes. Ideas incoherentes bailaban en su cabeza, como piezas de un puzle que buscaban su sitio en la mesa, listas para ser colocadas. Sus ojos volaron sobre los documentos en el escritorio. Microbiolog¨ªa, patolog¨ªa, gen¨¦tica, qu¨ªmica compleja que no pod¨ªa ni empezar a comprender¡­ Un documento en particular le llam¨® la atenci¨®n, principalmente por su atractivo visual. Hab¨ªa una detallada imagen del insecto de las jarras, junto a una descripci¨®n de su anatom¨ªa y sistemas biol¨®gicos, adem¨¢s de otra informaci¨®n de inter¨¦s. Lo ley¨® por encima. [Apis heliotropha. Una especie reci¨¦n descubierta dentro de la familia Apidae, la Apis heliotropha es un insecto social, que vive en colonias de entre miles y decenas de miles de individuos. ¡­ Exhiben un notorio comportamiento agresivo. Son altamente territoriales, y defienden los alrededores de sus colmenas con ferocidad extrema. ¡­ Sus cuerpos muestran cualidades ¨²nicas y sin precedentes. Su genoma contiene trazas de ADN perteneciente a una especie todav¨ªa no identificada de la familia Formicidae. En un entorno natural, tales casos de hibridaci¨®n interfamiliar son extremadamente raros. La investigaci¨®n sobre los or¨ªgenes de la Apis heliotropha sigue en curso.] ¡®??H¨ªbridos¡­!? Abejas y hormigas¡­ Ya, no es de extra?ar que sean tan raros¡­ Vale, ?qu¨¦ m¨¢s¡­?¡¯ [La Apis heliotropha posee varios m¨¦todos de interacci¨®n social que le permiten establecer comunicaci¨®n bidireccional compleja con otros miembros de su especie. ¡­ Como muchas otras especies de la familia Apidae, la Apis heliotropha puede producir una amplia variedad de feromonas para transmitir informaci¨®n sobre eventos en curso, estado, salud, peligro, y m¨¢s. Tambi¨¦n pueden intercambiar informaci¨®n con otros miembros de la colonia mediante est¨ªmulos visuales, en forma de patrones bioluminiscentes que se forman sobre su exoesqueleto. ¡­ Se sospecha que la complejidad de sus rastros de feromonas y de la estructuraci¨®n de sus colonias se haya visto fuertemente incrementada gracias a la presencia de genes de hormiga en sus cuerpos.] ¡®Feromonas¡­ Bioluminiscencia¡­ No me gusta por d¨®nde van los tiros. No lo entiendo, ?qu¨¦ tiene que ver todo esto¡­?¡¯ [Quiz¨¢ la propiedad m¨¢s fascinante de la Apis heliotropha es su habilidad para metabolizar la luz solar, de forma similar a c¨®mo las plantas, algas y cianobacterias (entre otros) llevan a cabo la fotos¨ªntesis. La luz solar se absorbe a trav¨¦s de la capa exterior de su exoesqueleto, para luego ser metabolizada y transformada en un gran abanico de nutrientes y qu¨ªmicos. El organismo parece ser ¨²nicamente dependiente de la luz solar, sin tener ninguna necesidad aparente de recursos adicionales a la hora de sobrevivir y realizar sus actividades ordinarias. Los procesos tras este mecanismo de alimentaci¨®n carecen a¨²n de explicaci¨®n.] ¡®??Luz solar¡­!?¡¯ Cuanto m¨¢s le¨ªa, m¨¢s forma tomaban las sospechas de Claire. No pod¨ªa evitar ver las similitudes. Pero, ?por qu¨¦? ?Por qu¨¦ era tan estremecedor el parecido entre aquellos insectos y los caminantes? ?D¨®nde estaba la conexi¨®n? Las piezas encajaban. Eran insectos sociales¡­ y los caminantes actuaban en hordas. Pose¨ªan bioluminiscencia¡­ y los caminantes se iluminaban en la oscuridad. Usaban feromonas¡­ y los caminantes se mov¨ªan por rutas organizadas, como si siguiesen un rastro preestablecido. Se alimentaban de la luz solar¡­ y los caminantes se pasaban el d¨ªa entero mirando al sol. Ten¨ªa todas aquellas piezas, pero eran precarias, inconexas. ¡®?Son solo coincidencias¡­? Venga, cu¨¦ntame m¨¢s¡­¡¯ [La picadura de la Apis heliotropha inyecta un veneno que provoca hinchaz¨®n del ¨¢rea afectada, picaz¨®n, ca¨ªda de la presi¨®n sangu¨ªnea, y dolor severo que dura a lo largo de varias horas antes de desaparecer. Este veneno, aunque letal para otros organismos de tama?o similar, es incapaz de provocar da?o significativo a un ser humano, con ciertas excepciones (como reacciones al¨¦rgicas). ¡­ Al contrario de la creencia popular, la Apis heliotropha podr¨ªa no ser enteramente inofensiva para los humanos. Estos organismos son portadores de un pat¨®geno desconocido de naturaleza viral, que parece coexistir en una relaci¨®n simbi¨®tica con su hu¨¦sped. Este virus, denominado provisionalmente como ¡°Sting¡±, se alberga en el sistema nervioso de un hu¨¦sped humano, pero no provoca s¨ªntomas perceptibles. Se recomienda m¨¢s observaci¨®n para asesorar la amenaza potencial de este pat¨®geno.] ¡°A-Ah¡­ Joder, ?es una broma¡­? No puede ser, ?no? ?Es esto? No, no puede ser¡­ ?Cu¨¢ndo se escribi¨® este documento¡­?¡± Claire volvi¨® atr¨¢s, al principio del documento, y r¨¢pidamente vio lo que estaba buscando. ¡°Maldita sea, esto lo escribieron hace m¨¢s de un a?o¡­¡± ¡°Oye, ?est¨¢s bien¡­? Has estado leyendo un buen rato, ?tan interesante es?¡± pregunt¨® Ethan. ¡°?N-No puedo hablar ahora mismo¡­! ?Ethan, creo que has encontrado algo incre¨ªble! Esto podr¨ªa ser¡ª¡° *Bzzt* ¡°?¡­eh?¡± Era un ruido leve, apenas una vibraci¨®n. Incluso se podr¨ªa haber confundido con ruido ambiental. Pero Claire sab¨ªa lo que hab¨ªa o¨ªdo. Era tangible, y hab¨ªa sonado muy cerca. *Bzzt* *Bzzt* ¡°Ah¡­ ?M-Mira¡­!¡± dijo Ethan, apuntando a la jarra frente a Claire. ¡°?El bicho¡­!¡± El brillo del insecto se hab¨ªa intensificado. Y se mov¨ªa. *Bzzt* *Bzzt* *Bzzt* *Bzzt* El aleteo de sus alas se volvi¨® acalorado, y empez¨® a agitarse dentro de la botella, golpeteando las paredes con suficiente fuerza como para tambalearla en varias direcciones. Despertados por algo, los insectos en las otras jarras empezaron a recuperar lentamente la vitalidad, llenando toda la habitaci¨®n con aleteos y golpeteos violentos. La jarra empez¨® a quebrarse. ¡°??Ethan, tenemos que salir de aqu¨ª!! ???Ahora!!!¡± grit¨® Claire. *?Bzzt!* *?Bzzt!* *?Bzzt!* *?Bzzt!* *?Bzzt!* *?Bzzt!* *??Crack!!* Los insectos se estaban liberando de sus prisiones de cristal, repletos de ira renovada tras un largo periodo de letargo. Claire no ten¨ªa pruebas decisivas, pero no las necesitaba. Deb¨ªa evitar que le picaran a toda costa. Ech¨® a correr hacia la puerta, la cual estaba a dos o tres metros de distancia. Ethan fue m¨¢s r¨¢pido que ella. Alcanz¨® la salida en un instante y se escurri¨® al exterior. Su mano sujet¨® la puerta, esperando con ansias el momento de cerrarla de un empuj¨®n. Sus ojos se cruzaron con los de Claire. ¡°???R¨¢pido!!!¡± grit¨®. Claire se lanz¨® a trav¨¦s de la puerta, aterrizando en el suelo y casi golpe¨¢ndose la cabeza contra la pared opuesta del pasillo. Escuch¨® c¨®mo la puerta se cerraba, y un sinf¨ªn de insectos golpeteando y aleteando contra ella menos de un segundo despu¨¦s. Cuando ech¨® un vistazo, lo ¨²nico que vio fueron puntos brillantes que llenaban la habitaci¨®n y rebotaban contra el cristal. La puerta parec¨ªa ser bastante gruesa y resistente, suficiente como para contener al enjambre dentro de la sala. Su respiraci¨®n se hab¨ªa vuelto pesada. ¡°G-Gracias¡­¡± murmull¨®. ¡°Por no dejarme atr¨¢s¡­ Habr¨ªa¡ª¡± ¡°???Claire!!?¡± una voz masculina emergi¨® de la oscuridad del pasillo principal a su espalda, junto a un brillante haz de luz que envolvi¨® todo su cuerpo. Casi le da un infarto. La voz repentina, sumada a la tensi¨®n de los ¨²ltimos minutos, hizo que sus nervios perdiesen el control. ¡°???Aaah!!!¡± dej¨® salir un fuerte chillido de terror y se cubri¨® la cabeza con los brazos en un reflejo de autodefensa. ¡°??Shhh¡­!! ??No grites, idiota¡­!! ?Soy yo, William!¡± Alz¨® la mirada hacia el origen de la voz. William estaba de pie a su lado, con una expresi¨®n de preocupaci¨®n en la cara. ¡°Ah¡­ ??W-William¡­!?¡± ¡°Vimos tu nota en el hueco del ascensor. Vinimos a buscarte, y entonces o¨ªmos la conmoci¨®n¡­ ??Qu¨¦ est¨¢ pasando aqu¨ª!?¡± pregunt¨®. ¡®?Plural¡­?¡¯ Detr¨¢s de William, avist¨® a Marcus. Estaba concentrado exclusivamente en los insectos brillantes al otro lado de la puerta del laboratorio. Un instante despu¨¦s, sus constantes golpecitos en el cristal llamaron tambi¨¦n la atenci¨®n de William. Cuando los vio, frunci¨® el ce?o y se qued¨® ligeramente boquiabierto. Lo m¨¢s seguro era que estuviese confuso, y con raz¨®n. ¡°?Qu¨¦ diablos¡­?¡± murmur¨® para s¨ª mismo. Claire abri¨® la boca, con la intenci¨®n de explicar lo que hab¨ªa descubierto, pero una nueva fuente de ruido interrumpi¨® sus pensamientos. Proven¨ªa del final del pasillo. Hab¨ªa una puerta sellada, cubierta de arriba abajo con tablas de madera, l¨¢minas de metal y trozos de mobiliario. Temblaba. Leves golpes y extra?os sonidos ven¨ªan del otro lado. ¡­ ¡°Quedaos todos donde est¨¢is, y no hag¨¢is ni un ruido¡­¡± dijo William. ¡°Voy a echar un ojo.¡± CAPíTULO 35 – ENFERMEDAD Las sacudidas de la puerta continuaron a intervalos regulares a medida que William se acercaba de puntillas. Traqueteaba en el sitio, incapaz de moverse gracias al enredo de obst¨¢culos que la manten¨ªa cerrada. Los ruidos eran repetitivos, pero no violentos. Ni siquiera parec¨ªan intencionales, como si lo que los provocaba desde el otro lado, fuese lo que fuese, estuviese chocando de forma accidental contra la puerta, una y otra vez. William trag¨® saliva. En el fondo de su mente, sab¨ªa qu¨¦ esperarse, pero no consegu¨ªa encontrarle el sentido. Tras una inspecci¨®n m¨¢s de cerca, vio que el cristal de la puerta estaba completamente bloqueado por tablones de madera. No importaba c¨®mo lo intentase, no consegu¨ªa ver lo que hab¨ªa al otro lado. ¡®Esto est¨¢ hecho a prop¨®sito¡­ Quer¨ªan bloquear espec¨ªficamente la visi¨®n, ?a que s¨ª¡­?¡¯ A pesar de lo densa que era la barricada, William se percat¨® de algunos huecos peque?os entre las tablas. La mayor¨ªa estaban superpuestas una encima de otra, pero algunas ten¨ªan holgura. No lo suficiente como para mirar a trav¨¦s, pero s¨ª para introducir algo estrecho. Se llev¨® la mano al bolsillo y sac¨® un tel¨¦fono m¨®vil. Se alegr¨® de haber cargado la bater¨ªa antes de salir del edificio de apartamentos. El tel¨¦fono se desliz¨® con facilidad bajo las tablas. Se asegur¨® de que el flash de la c¨¢mara estuviese activo, y sac¨® una foto del otro lado de la barricada. ¡­ ¡®Joder, lo sab¨ªa¡­ ??Qu¨¦ diablos¡­!?¡¯ Cuando volvi¨® con el grupo, se encontr¨® con miradas ansiosas. Una de ellas inquieta, otra curiosa, y la ¨²ltima, nerviosa. ¡°?Y-Y bien¡­?¡± pregunt¨® Claire. ¡°T¨², mocoso.¡± dijo, mirando a Ethan. ¡°Vuelve al ascensor. Encontrar¨¢s a alguien all¨ª. Ahora.¡± ¡°?S-S¨ª, se?or¡­!¡± respondi¨® Ethan antes de marcharse, deprisa y sin protestar. Una vez el chico se hab¨ªa ido, William alz¨® el m¨®vil en direcci¨®n al resto, exponiendo la foto que hab¨ªa sacado. Nadie dijo nada, pero sus caras se pintaron de horror. ¡°Creo que tienes algunas cosas que explicar, Marcus. Cre¨ªa que este lugar era seguro, nos dijiste que era seguro¡­ pero a m¨ª un nido de caminantes no me suena muy seguro.¡± ¡°¡­¡± la cara de Marcus rebosaba culpabilidad. Se negaba a mirar a William a los ojos, y su boca se contorsionaba en una mueca retorcida. ¡°?Te vas a quedar callado? ??Otra vez!? Maldita sea, deber¨ªas ser perfectamente consciente de todas las cosas que pueden salir mal aqu¨ª. Porque ya ha pasado antes, joder.¡± ¡®Este sitio es enorme, y alberga una comunidad igualmente grande. Si nuevos integrantes han estado acudiendo en manada al hospital, es probable que a estas alturas albergue muchos m¨¢s supervivientes de los que hab¨ªa en el metro¡­ Mierda, si hay un brote y este nido se alborota, ?toda esa gente estar¨¢ acorralada como ratas! ?No habr¨¢ escapatoria! ?Ser¨¢ ese mismo incidente otra vez, pero peor¡­!¡¯ ¡°Marcus¡­ Dijiste que quer¨ªas ayudar a la gente, ?verdad¡­?¡± dijo Claire. Se levant¨® del suelo y se sacudi¨® la suciedad y el polvo de la ropa. ¡°Creo que toda informaci¨®n que tengamos nos ayudar¨¢ a tomar mejores decisiones. Ahora mismo, ?no ser¨ªa esa la mejor manera de ayudar a todos¡­?¡± Marcus mantuvo el silencio durante un momento, y luego suspir¨®. ¡°Muy bien¡­¡± dijo. ?Estaba al fin dispuesto a abrir la boca? William ten¨ªa esperanzas en que as¨ª fuese. ¡°Nosotros¡­ El Ej¨¦rcito ya ha estado antes en este hospital.¡± ¡°??El Ej¨¦rcito¡­!?¡± William guard¨® su tel¨¦fono y escuch¨®. ¡°S¨ª. Era nuestro principal centro de mando en la ciudad, hasta que nos trasladamos a otro sitio. Ten¨ªa un gran laboratorio, pod¨ªa albergar una gran cantidad de recursos y personal, era f¨¢cil de defender¡­ Y, por extra?o que suene, ese nido de caminantes es la mejor defensa de este edificio.¡± ¡°?Qu¨¦¡­? Vale, ahora s¨ª que est¨¢s diciendo chorradas.¡± ¡°No es solo este piso. Los tres primeros pisos del hospital tienen un gran nido a lo largo de su per¨ªmetro, sellado y aislado del resto del edificio. Ver¨¢s, las hordas de caminantes evitan los nidos. Incluso las nocturnas. A menos que detecten la presencia de humanos en la zona, no se adentrar¨¢n en nidos activos.¡± William se par¨® a pensar por un instante. ¡®Eso¡­ no me lo esperaba. Pero en cierto modo, tiene sentido. Por eso era seguro el metro¡­ ?Las alcantarillas que lo rodeaban estaban infestadas! Disuad¨ªan a las hordas de bajar al subsuelo. Astuto¡­¡¯ ¡°Claire, has visto lo que contiene esa habitaci¨®n, ?no?¡± pregunt¨® Marcus. ¡°?Quieres decir¡­ esos bichos? S-S¨ª¡­¡± respondi¨®. ¡°Acabar¨¢s cont¨¢ndoselo a alguien tarde o temprano. Bien podr¨ªas hacerlo ahora.¡± William mir¨® a la puerta del laboratorio. Los insectos brillantes todav¨ªa revoloteaban por la habitaci¨®n, aunque sus fren¨¦ticos intentos de escapar hab¨ªan cesado. ¡°A-A ver¡­¡± ****** Marcus escuch¨® mientras Claire hablaba sobre lo que hab¨ªa descubierto, sobre aquellas abejas y sus caracter¨ªsticas. Detestaba aquel resultado. No deber¨ªa haber ocurrido. De ser posible, preferir¨ªa haber mantenido los detalles bajo discreci¨®n. Pero muchas de las cosas que la chica hab¨ªa averiguado eran objeto de gran preocupaci¨®n y sospecha. Si se manten¨ªa callado, podr¨ªa acabar creando a¨²n m¨¢s desconfianza y divisi¨®n entre ellos. Adem¨¢s, las palabras de Claire le hab¨ªan dejado huella. [Dijiste que quer¨ªas ayudar a la gente¡­] ¡®Tanta obsesi¨®n por seguir protocolos, ?para qu¨¦¡­? A estas alturas, me pregunto si tal cosa sigue teniendo la m¨¢s m¨ªnima relevancia.¡¯ Hablando de protocolos, el hecho de que Claire fuese capaz de acceder al laboratorio era una muy mala se?al. Por protocolo, la puerta deber¨ªa haber estado cerrada electr¨®nicamente, y la bater¨ªa del mecanismo deber¨ªa haber durado por mucho tiempo. Toda la habitaci¨®n, puerta incluida, estaba fuertemente reforzada; imposible de penetrar sin equipo especializado. Alguien m¨¢s hab¨ªa estado all¨ª en alg¨²n momento despu¨¦s de que el lugar fuese abandonado. Alguien con las credenciales necesarias para acceder. ¡®Esto no me gusta¡­¡¯ Se centr¨® de nuevo en la conversaci¨®n. ¡°Vale, vale¡­ D¨¦jame pensar un momento¡­¡± dijo William. ¡°No lo entiendo, ?qu¨¦ tienen que ver estas cosas h¨ªbridas con nada¡­? Me est¨¢s diciendo que ese virus Sting que llevan es¡­ ??esto!?¡± abri¨® los brazos, refiri¨¦ndose a todo a su alrededor. ¡°?No esperar¨¢s que me crea algo as¨ª! ??Marcus!?¡± ¡°Lo creas o no¡­ es correcto. El Sting es lo que ha causado este desastre.¡± ¡°P-Pero, ??c¨®mo¡­!?¡± pregunt¨® Claire. ¡°Un largo periodo de incubaci¨®n. Varios a?os. Al principio no hay s¨ªntomas, hasta que empiezan de repente. Tras varias iteraciones de infecci¨®n, el virus muta y se adapta a sus nuevos hu¨¦spedes, la incubaci¨®n se vuelve gradualmente m¨¢s r¨¢pida, y la velocidad de contagio crece exponencialmente. El resultado es¡­ esto.¡± ¡°A-Ah¡­ Oh, d-dios¡­ Pero, ??por qu¨¦ crea¡­ esas cosas¡­!? ??Por qu¨¦ unos bichos raros tienen un virus zombi!?¡± The narrative has been illicitly obtained; should you discover it on Amazon, report the violation. ¡°Est¨¢s equivocada. Es la prevalencia de ese tipo de cosas en la ficci¨®n popular lo que te hace pensar as¨ª. Pero no son zombis. De hecho, ni siquiera est¨¢n muertos. Est¨¢n perfectamente vivos.¡± Los ojos de William se abrieron por completo. ¡°?Est¨¢n¡­ vivos¡­? Entonces, ella¡­¡± murmur¨®. ¡°El Sting parece ser capaz de mezclar el ADN del portador con el ADN del nuevo hu¨¦sped. Cuando un ser humano es infectado, se convierte en s¨ª en una especie de h¨ªbrido humano-insecto. El cuerpo muta y trata de adaptarse a sus nuevas caracter¨ªsticas, pero los cambios necesarios no se pueden forzar adecuadamente en un organismo ya formado, y por lo tanto el resultado final es¡­ una chapuza, por as¨ª decirlo. Eso es lo que es un caminante, en esencia: un organismo h¨ªbrido defectuoso.¡± ¡°Entonces, todas las similitudes en su comportamiento, en relaci¨®n al comportamiento de los insectos, ?son¡­?¡± Claire sigui¨® haciendo preguntas, tan horrorizada como llena de curiosidad. ¡°Son de esperar, s¨ª. Han heredado muchas de esas caracter¨ªsticas de conducta de los anteriores portadores del pat¨®geno. Se comportan como una colonia de insectos sociales. Pero no lo son. No exactamente.¡± ¡°Ya veo¡­¡± Claire baj¨® la mirada hacia el suelo, descorazonada. Tras pensar por unos segundos, dej¨® salir un grito ahogado, como si se hubiera dado cuenta de algo. ¡°?Espera¡­! Entonces, ??eso significa que¡­!?¡± ¡°Apuesto a que s¨¦ lo que est¨¢s pensando. Escucha, creo que los dos deb¨¦is de haber llegado ya a la misma conclusi¨®n. Si no lo hab¨¦is hecho, lo har¨¦is pronto. Pero lo mencionar¨¦ de todas formas, para estar seguros¡­ Del mismo modo que han desarrollado nuevos comportamientos, tambi¨¦n han desarrollado una nueva jerarqu¨ªa social. Su colonia tiene una reina. Y, tal y como estar¨¢s sospechando¡­ Lilian es la reina.¡± ¡°Joder¡­ Vale¡­ Lo hab¨ªa pensado, pero¡­ O¨ªrlo as¨ª, de forma tan directa¡­¡± Claire retrocedi¨® un par de pasos, y dej¨® caer los brazos ligeramente. ¡°M-Me pregunto si deber¨ªamos siquiera decirle esto a Nora¡­ William, ?qu¨¦ crees que¡ª?¡± ¡°Lo sab¨ªais.¡± dijo, dirigi¨¦ndose a Marcus. ¡°Sab¨ªais lo que ocurrir¨ªa, ?me equivoco? Esos documentos eran de hace m¨¢s de un a?o¡­ ?No hab¨ªa s¨ªntomas por aquel entonces¡­? Y una mierda. Esto no os pill¨® por sorpresa, ni de puta co?a.¡± ¡°?A d¨®nde quieres llegar¡­?¡± pregunt¨® Marcus. ¡°??Qu¨¦ ad¨®nde quiero llegar!? ??En serio!? ?Erais los ¨²nicos que lo sab¨ªais, ah¨ª quiero llegar, capullo! ?Podr¨ªais haber hecho algo! ?Podr¨ªais habernos avisado! ?Podr¨ªais haber hecho las cosas mucho mejor¡­! ??Podr¨ªais haber salvado a gente, maldita sea¡­!!¡± la mano de William se acercaba de forma peligrosa a la funda de su pistola. ¡°Cuando descubrimos esta enfermedad, ya hab¨ªa avistamientos de esas abejas por casi todo el globo. ?Qu¨¦ crees que habr¨ªa pasado si de repente le hubi¨¦semos dicho al mundo que hab¨ªa un insecto portador de una enfermedad potencialmente letal, literalmente en todas partes? Una sociedad que no tiene idea de nada es mucho m¨¢s f¨¢cil de manejar. Apostamos por ser capaces de descifrar esta cosa antes de que fuera demasiado tarde. Y perdimos esa apuesta. Pero la otra alternativa podr¨ªa haber acabado en un desastre similar.¡± ¡®?Crees que quer¨ªamos que las cosas acabasen as¨ª¡­? Lo pillo, William. Entiendo c¨®mo te sientes, entiendo esa frustraci¨®n. Pero nunca es as¨ª de f¨¢cil.¡¯ ¡°??Joder¡­!!¡± William se alej¨® del grupo, en direcci¨®n al pasillo principal. ¡°Vamos... Hay cosas m¨¢s importantes que hacer que discutir ahora mismo. Pero acu¨¦rdate de mis palabras, Marcus: cuando todo esto acabe te voy a dar una buena paliza.¡± Por alguna extra?a raz¨®n, Marcus lo esperaba con ansias. Si ambos sobreviv¨ªan lo suficiente como para que esa amenaza se volviese realidad, ser¨ªa una victoria para ¨¦l. Una paliza era un precio justo. ****** Desde que hab¨ªa entrado en el hospital, su subconsciente se hab¨ªa llenado de murmullos. Una voz que no era suya, pero tampoco de Lilian. Una sombra de la voz de su hermana, susurrando incansablemente, sin coherencia o significado. Ten¨ªa todas las intenciones de comunicar un mensaje, pero sin ¨¦xito. En su lugar, comunicaba emociones. Estoy sola. Estoy triste. Estoy perdida. A veces, Nora se preguntaba si Lilian era tambi¨¦n capaz de ¡°sentirla¡± a ella. ?Pod¨ªa o¨ªr sus pensamientos? ?Pod¨ªa percatarse de si estaba cerca? Sin posibilidad de una respuesta concisa, Nora se aferraba a la hip¨®tesis que ella misma hab¨ªa fabricado. Si sus pensamientos pod¨ªan de alguna manera alcanzar a Lilian, deb¨ªa asegurarse de que su mentalidad fuese lo m¨¢s positiva posible. ¡®Aguanta, cielo¡­ Tu hermanita est¨¢ de camino. Todo va a salir bien¡­ Todo va a salir bien¡­¡¯ ¡­ Cuando se aproxim¨® al lugar donde los dem¨¢s hab¨ªan estado apilando los suministros, vio a un hombre ordenando los objetos y haciendo inventario. No sab¨ªa ni su nombre, la mayor parte del grupo de Stella segu¨ªan siendo extra?os. ¡°?Dejo la mochila aqu¨ª¡­?¡± pregunt¨®. ¡°?Eh¡­? Oh, ?claro! D¨¦jala ah¨ª en la pila, ya me encargar¨¦ de ella.¡± dijo ¨¦l. Nora asinti¨® y deposit¨® la mochila en el suelo. Se alej¨® de la pila y sali¨® al pasillo. Estaban en alg¨²n lugar en el s¨®tano del hospital. El mero hecho de desandar lo andado hasta la salida se le hac¨ªa imposible, aquel lugar era como una red entrelazada de corredores serpenteantes. Estaba extremadamente oscuro, oblig¨¢ndoles a depender de fuentes de luz port¨¢tiles, como linternas, faroles o velas; pero ya empezaba a acostumbrarse a ese tipo de cosas. Ah¨ª estaba, pensando en qu¨¦ hacer a continuaci¨®n, cuando vio a alguien que sal¨ªa de las sombras al final del pasillo y se le acercaba. ¡°Tienes mala pinta. ?Sigues con esos dolores de cabeza?¡± pregunt¨® Stella, quien cargaba una gran bolsa de deporte a reventar con herramientas y diversos materiales. ¡°Ah, bueno¡­ S¨ª, un poco. Pero est¨¢ bien, me voy mejorando.¡± Segu¨ªa diciendo que iba a mejor, pero era mentira. Los dolores de cabeza no amainaban en absoluto, tan solo llevaban ah¨ª tanto tiempo que los notaba cada vez menos. Stella la mir¨® fijamente por un rato sin decir nada. Nora apart¨® la mirada, sin saber c¨®mo reaccionar. ¡°Oye, esta persona que est¨¢is intentando rescatar¡­ Es tu hermana peque?a, ?no?¡± ¡°?Eh¡­? A-As¨ª es¡­¡± Stella dej¨® de mirar a Nora, y en su lugar observ¨® alrededor, a la gente que gestionaba los suministros y merodeaba por la zona. ¡°Mira, nunca he tenido hermanos o hermanas, pero me preocupo por estos tipos con todo mi coraz¨®n. He sobrevivido a su lado por mucho tiempo, he compartido mi vida con ellos, he puesto mi seguridad en sus manos muchas veces¡­ Para m¨ª, son familia. Y del mismo modo, para ti, ella es tu familia, ?verdad? Creo que te entiendo. Quiero sacar al resto de mis amigos de este lugar, pero no voy a dejar a nadie atr¨¢s.¡± pos¨® su mano sobre el hombro de Nora, y le ofreci¨® una sonrisa. ¡°La recuperaremos.¡± Nora sinti¨® un conflicto interno. Estaba bastante segura de que Stella les estaba ayudando a salvar a Lilian porque podr¨ªa ser la clave para salvar a todo el mundo. El bien com¨²n, como siempre. Pero ese no era el mensaje que Stella le estaba transmitiendo. ¡°?Por qu¨¦¡­ te molestas conmigo? Apenas nos conocemos¡­¡± ¡°¡­ya lo hemos perdido todo, ?no es as¨ª? Todo, excepto nuestra humanidad. La empat¨ªa es una de las muchas cosas que nos hacen humanos. Si perdemos todo eso, no nos quedar¨¢ nada. Pienso vivir el resto de mis d¨ªas con orgullo, atesorando esos valores, puedes tenerlo claro. Prefiero morir humana antes que vivir como un animal. Y eso quiere decir que estamos en el mismo barco, nos conozcamos o no. ?Est¨¢ claro?¡± ¡°¡­gracias¡­¡± los ojos de Nora se humedecieron ligeramente, y su voz sali¨® en hilos. ¡°?Oh, venga! ?Alegra esa cara! Cierto, los dem¨¢s me esperan, vamos a preparar algo para facilitar el acceso a los pisos superiores. ?Puedo solicitar un par de manos adicionales?¡± ¡°?C-Claro¡­!¡± ****** ¡°??Qui¨¦n es usted¡­!? ??C¨®mo osa¡­!?¡± grit¨® Julien. Estaba enfurecido. Lo ¨²ltimo que esperaba al retirarse a la tranquilidad de su habitaci¨®n personal era encontrarse a alguien m¨¢s dentro. Hab¨ªa cerrado la puerta y se hab¨ªa acercado a su escritorio, sin darse cuenta de que hab¨ªa un hombre esper¨¢ndole pacientemente en una esquina de la habitaci¨®n. El extra?o se interpon¨ªa entre Julien y la salida. Vest¨ªa un ch¨¢ndal blanco con tiras rojas, muy desgastado y con agujeros en las rodillas y codos. Parec¨ªa un superviviente m¨¢s, como tantos otros. Pero hab¨ªa algo inusual en su cara. Facciones fuertes, varias cicatrices y marcas de quemaduras en sus mejillas y mand¨ªbula, y ojos profundos repletos de astucia. ¡°Ll¨¢meme Donovan. Lo ha hecho bien, de momento.¡± dijo. Julien tuvo un escalofr¨ªo. ¡°No me diga¡­ ?Es usted¡­?¡± ¡°S¨ª. Hemos pensado en acercarnos un poco m¨¢s a usted. La comunicaci¨®n ser¨¢ m¨¢s sencilla as¨ª.¡± ¡®As¨ª que han decidido dejarse ver¡­ ?Ha estado este hombre en el edificio desde el principio¡­? Puede ser, no creo haber prestado atenci¨®n a todo el mundo. ?Qu¨¦ significa esto¡­? ?Es una se?al de confianza¡­? No, eso es probablemente lo que quieren que crea¡­¡¯ ¡°?Q-Qu¨¦ es lo que quiere¡­?¡± ¡°Mover¨¢n ficha pronto. M¨¢s pronto de lo que cree.¡± ¡®??Qui¨¦n¡­!? ??Los militares¡­!?¡¯ ¡°Necesitar¨¢ que toda esta gente est¨¦ realmente de su lado cuando llegue la hora, pero no tiene los m¨¦todos para conseguirlo¡­ a¨²n.¡± ¡°?Y-Y bien¡­? ?Cu¨¢l es el plan¡­?¡± Donovan le mir¨® por un largo periodo de tiempo. No dijo nada. Su expresi¨®n, inexpresiva, no cambi¨®. No ocurri¨® nada durante un rato, y ello pon¨ªa a Julien de los nervios. Entonces, sac¨® algo del bolsillo. Un tel¨¦fono m¨®vil. Reprodujo un v¨ªdeo en el mismo, y se lo ense?¨®. ¡­ ¡°??Q-Qu¨¦ es esto¡­!? ??C¨®mo¡­!?¡± ¡°Encontrar¨¢ este v¨ªdeo en una unidad USB oculta en la sala de suministros, junto al equipamiento necesario para utilizarla. Creemos que le ser¨¢ de ayuda.¡± ¡°¡­¡± ¡°Prep¨¢rese.¡± Sin mediar m¨¢s palabra, Donovan se gir¨® y abandon¨® la habitaci¨®n. El repentino silencio dej¨® a Julien estupefacto, temblando de nervios, y cubierto en sudor fr¨ªo. ****** En cuanto se asegur¨® de que estaba en una zona del hospital lo suficientemente aislada, alejada de ojos curiosos, sac¨® una peque?a radio port¨¢til. ¡°[Donovan] al habla. El objetivo ha picado el anzuelo.¡± ¡­ ¡°S¨ª, tan ingenuo como se hab¨ªa predicho.¡± ¡­ ¡°Entendido. Monitorizar¨¦ sus movimientos de acorde a la situaci¨®n. Ser¨¢ m¨¢s cuidadoso ahora que sabe que estamos en el edificio con ¨¦l, pero nuestra presencia podr¨ªa hacerle m¨¢s f¨¢cil de manejar.¡± ¡­ ¡°S¨ª. Si el plan falla, seguiremos el protocolo seg¨²n lo acordado. Cambio.¡± CAPíTULO 36 – ANOMALíA El hombre abri¨® la puerta, entr¨® al interior y encendi¨® la luz. Era una habitaci¨®n un tanto vac¨ªa, solo conten¨ªa una mesa con algunas sillas de aspecto inc¨®modo, una pizarra blanca en la pared, y varios archivadores de oficina llenos de documentos e informes. Tom¨® asiento, coloc¨® la carpeta que llevaba sobre la mesa, y esper¨® pacientemente. ¡­ Al fin, oy¨® voces y pasos que proven¨ªan del pasillo. Dirigi¨® los ojos hacia la puerta, hacia los reci¨¦n llegados. ¡°Dra. Elizabeth.¡± dijo. En el umbral de la puerta hab¨ªa una mujer alta, con gafas y una bata de laboratorio blanca, y de pelo rubio largo recogido en un mo?o. Su apariencia ten¨ªa un distintivo aire de elegancia, a pesar de las oscuras ojeras bajo sus ojos. ¡°Me alegro de verte, Rowan. Es raro cruzarse contigo ¨²ltimamente, con todo lo que ha estado pasando.¡± ¡°Creo recordar haberle pedido que no se dirija a m¨ª de esa forma¡­¡± ¡°Ya, ya¡­ Entendido, coronel.¡± dijo, casi haciendo caso omiso de sus palabras. Un hombre corpulento con vestimenta militar completa la segu¨ªa de cerca. ¡°Coronel.¡± dijo, realizando un saludo militar. ¡°Capit¨¢n del equipo Alpha, Isaac Stone, a sus ¨®rdenes.¡± Rowan devolvi¨® el saludo, y observ¨® c¨®mo Isaac tomaba asiento frente a ¨¦l. Solo faltaba una persona. Apareci¨® unos treinta segundos despu¨¦s, un hombre de constituci¨®n m¨¢s delgada y con atuendo similar. ¡°Oficial de Inteligencia, Ronald Mason, presente, se?or.¡± anunci¨®, salud¨¢ndole tambi¨¦n. Cerr¨® la puerta, y tom¨® el ¨²ltimo asiento que quedaba. ¡°Vayamos directamente a los puntos cruciales.¡± dijo Rowan. ¡°Respecto a los descubrimientos en el subsuelo del metro¡­ Dra. Elizabeth, por favor.¡± ¡°Veamos¡­ Tras analizar los metrajes y las muestras que el equipo Bravo trajo de vuelta de los t¨²neles, hemos confirmado que la masa de tejido org¨¢nico no identificado es, en efecto, el cascar¨®n de un capullo de pretoriano stinger. Es bastante reciente, un par de semanas como mucho.¡± explic¨®, mientras revisaba los informes del laboratorio. Las palabras de Elizabeth estaban provocando que muchas preocupaciones se amontonasen en la cabeza de Rowan, pero decidi¨® no interrumpirla. ¡°Hasta la fecha, esta celda ha mostrado una r¨¢pida proliferaci¨®n de nuevas reinas, que son inmediatamente devoradas por su propia colonia. Dado que ninguna reina ha conseguido sobrevivir m¨¢s de algunas horas, la colonia no ha podido establecer correctamente una colmena, lo cual es, por normal general, un prerrequisito para la generaci¨®n de pretorianos. Dado que ahora hemos confirmado la presencia de uno de ellos, esto solo puede significar que una reina estable ha aparecido.¡± ¡°Hmmm¡­¡± Rowan mascull¨® para s¨ª mismo. Su voz hizo que Elizabeth guardase silencio por un momento. ¡°Si aparece una colmena, podr¨ªa ser catastr¨®fico para nuestra seguridad. Nos hemos arriesgado mucho viniendo aqu¨ª para llevar a cabo esta investigaci¨®n, pero no arrojar¨¦ a mis hombres a una trampa mortal.¡± ¡°El surgimiento de una colmena no est¨¢ garantizado. Ver¨¢, ese pretoriano en s¨ª es considerablemente an¨®malo. Las muestras indican que fue formado a trav¨¦s de la amalgamaci¨®n de varios z¨¢nganos stinger imperfectos. Esto no deber¨ªa ser posible. En base a nuestras observaciones, los pretorianos solo son engendrados a partir de huevos especiales puestos por la reina. Este tipo de procedimiento no tiene precedentes¡­ Adem¨¢s, por lo pronto no hay se?ales de ninguna colmena. Si hay una reina estable suelta por ah¨ª, claramente no est¨¢ haciendo su trabajo.¡± ¡°?Deber¨ªa asumir que no saben lo que est¨¢ pasando?¡± ¡°Bueno, tengo una teor¨ªa¡­ Dado que las feromonas de la reina est¨¢n fuertemente ligadas a su estado emocional, es posible que esta nueva reina haya pasado serio peligro, algo que haya hecho que sus instintos de autopreservaci¨®n se apoderasen de ella con la suficiente fuerza como para inducir este antinatural proceso de engendrado. Despu¨¦s de todo, los pretorianos son la guardia real de la reina¡­ Sin embargo, algo no cuadra en esta teor¨ªa. La reina no est¨¢ haciendo lo que la colonia necesita que haga, de modo que el pretoriano intentar¨ªa matarla, no protegerla¡­¡± Rowan dirigi¨® los ojos hacia el Capit¨¢n Isaac. ¡°Capit¨¢n. Su informe, por favor.¡± ¡°?S¨ª, se?or!¡± respondi¨®. ¡°A mi equipo se le asign¨® la labor de investigar una escena sospechosa en las cercan¨ªas del Hospital Saint Marie. Encontramos un gran n¨²mero de veh¨ªculos destruidos, y las ¨¢reas circundantes hab¨ªan sufrido serios da?os estructurales. Ning¨²n ser humano ser¨ªa capaz de infligir tales da?os sin la ayuda de dispositivos explosivos. Sin embargo, ser¨ªan perfectamente razonables de haber estado involucrado un pretoriano.¡± Sac¨® un pu?ado de fotograf¨ªas y las esparci¨® sobre la mesa para que todos pudiesen verlas. Representaban los da?os que acababa de describir un momento atr¨¢s, pero tambi¨¦n hab¨ªa varias que mostraban manchas de sangre en la carretera. ¡°La escena era sangrienta, pero no se encontraron restos humanos. Tambi¨¦n localizamos agujeros de bala en la zona, pero ni rastro de las armas que los provocaron, ni rastro de los casquillos¡­ Incluso las propias balas hab¨ªan sido extra¨ªdas de los agujeros. Todo el lugar hab¨ªa sido limpiado a conciencia, por motivos desconocidos.¡± ¡®Creo que puedo imaginarme los eventos¡­ Una reina en peligro¡­ Un pretoriano¡­ La criatura intenta matarla¡­ ?Huy¨® hasta que finalmente la alcanz¨®? ?Por qu¨¦ otro motivo iba a estar un pretoriano en esta otra localizaci¨®n tan remota, teniendo una reina que eliminar? Y entonces¡­ alguien intervino.¡¯ ¡°Oficial Ronald.¡± ¡°S¨ª, se?or.¡± Ronald tom¨® su propia pila de documentos e informes, y los hoje¨®. ¡°Tenemos motivos para creer que hay alg¨²n otro grupo organizado operando dentro de la celda. El informe del Capit¨¢n Isaac es uno de ellos. Es poco probable que la limpieza de la escena haya sido llevada a cabo por civiles ordinarios. Tambi¨¦n se han avistado entregas de suministros por paraca¨ªdas desde aeronaves no identificadas, pero todas ellas han sido retiradas, y todo rastro borrado, antes de que pudi¨¦semos llegar a su localizaci¨®n.¡± This narrative has been purloined without the author''s approval. Report any appearances on Amazon. ¡°?D¨®nde han ca¨ªdo esos suministros?¡± ¡°Todos ellos en los alrededores del Hospital Saint Marie, se?or. La cronolog¨ªa de estos eventos coincide con una repentina convergencia de supervivientes en el hospital. Hemos interceptado una emisi¨®n de radio que afirma ofrecer seguridad y necesidades b¨¢sicas a todo aquel que se dirija al edificio.¡± ¡°Muy bien¡­ ?Alguna idea subjetiva que ofrecer?¡± ¡°?Disculpe¡­?¡± ¡°Deje esos papeles e informes.¡± el coronel coloc¨® su mano sobre los documentos de Ronald, provocando que los soltase. ¡°?Qu¨¦ piensa usted, personalmente?¡± ¡°Uh¡­ El hecho de que estas operaciones clandestinas hayan sido imposibles de detectar y rastrear durante tanto tiempo me lleva a sospechar que podr¨ªamos tener un topo, se?or¡­ Creo que es una posibilidad que debemos considerar.¡± ¡°Gracias, oficial. Detesto tener que sospechar de mis propios hombres, pero aprecio su sinceridad.¡± ¡°?Tenemos alguna noticia del Dr. Marcus?¡± pregunt¨® Elizabeth, observando a Roland con una mirada inquisitiva. ¡°A¨²n no.¡± ¡°Qu¨¦ l¨¢stima¡­¡± Rowan alz¨® la mano, solicitando un momento de silencio. ¡­ ¡°Capit¨¢n Isaac, usted se encargar¨¢ de comunicar las noticias al resto de equipos. Todo el mundo deber¨¢ llevar armamento pesado, adecuado para lidiar con un pretoriano. Si esa cosa anda desembocada por la ciudad, debemos ser capaces de responder a tal amenaza. Adicionalmente, los equipos Alpha y Bravo se acercar¨¢n al hospital en misi¨®n de reconocimiento. Les informar¨¦ de los detalles exactos de la operaci¨®n esta misma tarde.¡± ¡°?Entendido, se?or!¡± ¡°No creo que eso sea una buena idea...¡± a?adi¨® Elizabeth. ¡°Despu¨¦s de todo, dir¨ªa que la situaci¨®n en el hospital parece una trampa. Seguro que entiende a qu¨¦ me refiero, ?no es as¨ª, coronel? Es como si hubiesen dejado el rastro de migajas para captar nuestra atenci¨®n.¡± ¡°Entiendo su preocupaci¨®n. Pero si es cierto que hay un grupo organizado operando de forma ilegal en la celda y posiblemente interfiriendo con nuestro deber, con qui¨¦n sabe qu¨¦ intenciones¡­ Es el tipo de emergencia que no podemos ignorar. Lo cual es a¨²n m¨¢s motivo para que todos los implicados extremen la precauci¨®n.¡± ¡°Ya, entiendo¡­¡± No pod¨ªan quedarse de brazos cruzados. Aquella celda era el ¨²nico lugar en todo el mundo donde la humanidad pod¨ªa a¨²n acercarse a la esencia del Sting. Aquella anomal¨ªa podr¨ªa albergar la clave para descubrir sus secretos. La clave para recuperar el mundo de sus garras. Si hab¨ªa interferencia exterior, tendr¨ªan que lidiar con ella, r¨¢pida y decisivamente. ¡­ ¡°Pasemos al siguiente tema.¡± ****** ¡°Vale, este es el plan por ahora: nos quedaremos en este s¨®tano. No parece que nadie baje aqu¨ª abajo, nunca, por lo que es nuestra mejor opci¨®n. Adem¨¢s, si ese nido en los pisos superiores mantiene a las hordas a raya¡­ es un problema menos por el que preocuparse.¡± explic¨® William. ¡°Stella, junto a algunos de sus compa?eros de confianza, ha entrado al hospital por la entrada principal, como lo har¨ªa cualquier otro superviviente. Nadie sabe que est¨¢ relacionada con nosotros, por lo que nadie sospechar¨¢ de ella. Ser¨¢ nuestros ojos y nuestros o¨ªdos ah¨ª dentro. Y dado que saben que Ethan suele merodear por el piso superior, ¨¦l ser¨¢ nuestro intermediario.¡± ¡®Parece lo suficientemente de confianza, aunque tendr¨¦ que mantenerlo vigilado por si acaso¡­ Y Stella opina lo mismo. En serio, espero que no nos cause problemas¡­¡¯ ¡°Entonces¡­ ?nos limitamos a esperar¡­?¡± la voz de Claire sonaba desanimada. ¡°As¨ª es. Hasta que estemos seguros de lo que pasa ah¨ª arriba, deber¨ªamos mantener un perfil bajo.¡± Claire suspir¨® y se apoy¨® contra la pared a su espalda, con una postura deca¨ªda. A su lado, Nora escuchaba en silencio. Pens¨¢ndolo bien, era conveniente que hubiese tenido la audacia de devolverle a Nora su tel¨¦fono m¨®vil en los apartamentos. Todav¨ªa ten¨ªa algunas fotos de Logan, de antes de la pandemia. Si Stella confirmaba su presencia en el edificio, al fin tendr¨ªan pruebas s¨®lidas del paradero de Lilian. ¡®S¨¦ que est¨¢ ¡°sintiendo¡± su presencia otra vez¡­ Pero preferir¨ªa tener evidencia m¨¢s tangible.¡¯ Sin embargo, sus principales objetivos eran aprender sobre el estado actual del hospital, reunirse con sus compa?eros, y de ser posible, averiguar donde ten¨ªan a la chica. Hasta entonces, no pod¨ªan hacer gran cosa sin levantar sospechas. Si era capaz de llegar a un acuerdo con sus compa?eros all¨ª arriba, habr¨ªa oportunidades para salir y entrar del hospital sin ser detectados, cuando cualquiera de ellos estuviese estacionado haciendo guardia. Pero, por el momento, tendr¨ªan que sobrevivir con los recursos que hab¨ªan podido cargar al entrar. Siendo sinceros, el s¨®tano no estaba tan mal una vez ordenado un poco. No ten¨ªan lujos como habitaciones personales, o siquiera camas, pero al menos era seguro y espacioso. ¡°Pillad sitio por aqu¨ª, y asentaos. Ayudad a los dem¨¢s si pod¨¦is. Y aseguraos de descansar si lo necesit¨¢is. Ir¨¦ al piso de arriba y tendr¨¦ una peque?a charla con ese chaval, Ethan. Me asegurar¨¦ de que realmente comprende lo que hemos acordado¡­¡± ****** Claire observ¨® c¨®mo William desaparec¨ªa tras una esquina. Momentos despu¨¦s, Nora se sent¨® en el suelo. Parec¨ªa preocupada. ¡°?Est¨¢s bien¡­?¡± pregunt¨® Claire. ¡°Puedo¡­ Puedo sentir su miedo. Est¨¢ tan asustada¡­ Tener que sentarme y esperar es¡­ frustrante.¡± Claire se sent¨® a su lado y la abraz¨®, tratando de reconfortarla como de costumbre. A¨²n no le hab¨ªa dicho nada sobre la naturaleza de Lilian. Una caminante reina. Pens¨® en dec¨ªrselo cuando finalmente se hubiesen reunido. Cuando todo hubiese acabado. Cuando ya no tuviese m¨¢s motivos para preocuparse por la seguridad de su hermana. Al menos, no tanto. ¡®Pero, me pregunto¡­ De acuerdo con Marcus y con esos documentos, los caminantes se comunican mediante feromonas¡­ ?La conexi¨®n de Nora con Lilian tambi¨¦n est¨¢ basada en feromonas? Pero, ?Nora no es una caminante¡­! Creo que podr¨ªa estar relacionado, pero falta algo¡­ Seguro que Marcus lo sabe¡­¡¯ Al final, no importaba cu¨¢l fuese el motivo. No cambiaba nada. Lilian segu¨ªa siendo parte de su familia. Estaba all¨ª arriba en alg¨²n lugar, sola, asustada y confusa. E iban a recuperarla. ¡°Lo conseguiremos, Nora. Ya ver¨¢s.¡± ¡°Mhm¡­¡± ****** Oscuro. Fr¨ªo. Odiaba la cosa puntiaguda. La cosa puntiaguda dol¨ªa. Babas. No hay control. Oscuro. ¡­ Le hac¨ªa olvidar las cosas. Le hac¨ªa olvidarse de su hermanita. La voz de su hermanita se callaba. Silencio. ¡­ Tampoco pod¨ªa o¨ªr la voz de su hermano. No entend¨ªa a su hermano. Su hermano la odiaba. Su hermano tampoco deb¨ªa de entenderla a ella. Estaba asustada. Miedo. ¡­ Su hermano la odiaba. Pero su hermano tambi¨¦n estaba asustado. Su hermano estaba ah¨ª fuera. Cerca pero lejos. ?Por qu¨¦ estaba asustado su hermano? ?Estaba asustado de ella? No. ¡­ La cabeza duele. Nory. Ayuda. CAPíTULO 37 – CARISMA El proyector se encendi¨® con un sutil zumbido. La gran habitaci¨®n estaba ocupada por una multitud de personas. Se hab¨ªan apropiado de todos los asientos disponibles, y no eran suficientes. El ambiente se saturaba con murmullos y susurros ininteligibles. Algo importante deb¨ªa de haber ocurrido para que el cabeza del hospital les hubiese reunido a todos de aquella manera. Esperanza, escepticismo, curiosidad¡­ Con una gran variedad de expectativas, todos los ojos se centraron en la pantalla en blanco. Un video comenz¨® a reproducirse. ****** La c¨¢mara parece estar en manos de una mujer no identificada, mientras corre por la calle y zigzaguea entre veh¨ªculos parados. La imagen se balancea fuertemente de lado a lado, como si la c¨¢mara colgase del cuello de su propietaria. Un hombre corre delante de ella, agarr¨¢ndola de la mano y tirando de ella en estado de p¨¢nico. ¡°??Deprisa!! ???Deprisa!!!¡± dice. ¡°??E-Espera¡­!! ??Cari?o¡­!! ???Q-Qu¨¦ hay de¡­!!?¡± ¡°??Audrey y Carter estar¨¢n bien, olv¨ªdate de ellos!! ??Vamos!!¡± Puede o¨ªrse el sonido de sirenas, gritos y disparos en la distancia. La pareja sale del atasco de tr¨¢fico y se apresura a trav¨¦s de una puerta en un muro de verja. Hay m¨¢s gente delante de ellos, tambi¨¦n corriendo a toda prisa. El suelo est¨¢ cubierto de cad¨¢veres, muchos de los cuales presentan evidentes heridas de bala. El grupo pasa junto a un cartel: [CONTROL DE CUARENTENA] Al otro lado del muro hay un puente. En mitad del puente se alza un segundo muro, fuertemente reforzado y rodeado por alambre de espino. Hay veh¨ªculos y equipamiento militar en la zona. Se pueden ver figuras humanas sobre la fortificaci¨®n, pero est¨¢n demasiado lejos como para ser identificadas. ¡°???Ah¨ª est¨¢!!! ???El puesto de control!!!¡± ¡°??P-Pero¡­!! ??Cari?o, esto no me gusta¡­!!¡± El grupo pasa sobre m¨¢s cad¨¢veres. Cuando los primeros llegan aproximadamente a medio camino del muro exterior, se oyen varios disparos, y caen al suelo. ¡°???Est¨¢n disparando¡­!!!¡± ¡°???Esperad, no estamos infectados!!!¡± ¡°??Por favor, no¡ª!!¡± Los soldados del muro abren fuego indiscriminadamente. Entre gritos, el resto de supervivientes empiezan a caer uno tras otro. La mujer que sujeta la c¨¢mara se libera de su acompa?ante, y trata de girarse para huir. La imagen se sacude y se voltea antes de estrellarse contra el asfalto de la carretera. Puede o¨ªrse a la mujer quej¨¢ndose de dolor. El v¨ªdeo pasa ahora a c¨¢mara r¨¢pida, sin mostrar ninguna se?al de movimiento durante el transcurso de una hora, hasta que la bater¨ªa del dispositivo se agota. ¡­ El v¨ªdeo muestra ahora una escena diferente. Parece haber sido grabada con un tel¨¦fono m¨®vil. El c¨¢mara se oculta en un callej¨®n estrecho. Apenas hay ruido. La ciudad parece estar en un severo estado de abandono, lo que significa que estos eventos son muchos m¨¢s recientes. A plena vista, en la calle principal, hay un peque?o pelot¨®n de media docena de soldados. Varios cad¨¢veres ensangrentados yacen en el suelo a su alrededor. Hay un hombre de rodillas frente a uno de los soldados. Est¨¢n demasiado lejos como para entender lo que dicen, pero est¨¢ llorando y parece estar rog¨¢ndole al soldado. El soldado lo ignora y le corta la garganta con un arma de filo. El hombre cae, inm¨®vil. El soldado se acerca a uno de los cad¨¢veres. Parece que esta persona todav¨ªa sigue viva, y alza los brazos como si tratase de cubrir y proteger su cara. El soldado acaba con el individuo. El v¨ªdeo se corta. ****** Todas las miradas se centraban ahora en Julien. Confusos, nerviosos y agitados por lo que acababan de ver, los murmullos de la multitud se intensificaron. Julien se aclar¨® la garganta antes de hablar. ¡°Damas, caballeros¡­ ?Qu¨¦ opinan de esto?¡± pregunt¨®. M¨¢s susurros. ¡°?No era eso¡­ nuestro Ej¨¦rcito?¡± pregunt¨® un hombre desde la multitud. ¡°??Estaban¡­ matando gente¡­!?¡± ¡°Me temo que el Ej¨¦rcito no tiene intenci¨®n de salvar a nadie. Lo ¨²nico que har¨¢n ser¨¢ purgar a los supervivientes restantes. Y¡­ es muy probable que sean conscientes de nuestra presencia aqu¨ª, en el Hospital Saint Marie.¡± explic¨® Julien. La multitud pronto comenz¨® a hacer preguntas. ¡°??Qu¨¦!? Entonces, ???vendr¨¢n a acabar con nosotros tambi¨¦n!!?¡± ¡®Probablemente, s¨ª. Estamos en medio.¡¯ ¡°??Ese v¨ªdeo tiene que ser falso¡­!! ???C¨®mo sabemos que es real!!?¡± ¡®?Falso? No es una posibilidad descabellada¡­ Pero necesito que cre¨¢is que es real.¡¯ ¡°??Podemos siquiera confiar en ti!? ?Es literalmente la primera vez que te vemos, y nos vienes con esta gilipollez!¡± ¡®Astuto.¡¯ ¡°??De d¨®nde ha salido este v¨ªdeo!? ??C¨®mo sabes todo esto!? ??Qui¨¦n eres!?¡± ¡®Demasiadas preguntas molestas.¡¯ ¡­ En cuesti¨®n de minutos, la multitud entera hab¨ªa perdido la compostura. Gritos, discusiones¡­ Algunos cre¨ªan que el metraje era real, otros cre¨ªan que era falso. La mayor¨ªa estaban asustados, con el miedo pintado en sus rostros, inseguros de qu¨¦ hacer con esta nueva informaci¨®n que se les hab¨ªa presentado. Julien estaba seguro de que el ¨²nico motivo por el cual no le estaban cuestionando mediante m¨¦todos menos civilizados eran los hombres armados que lo custodiaban en todo momento. E incluso esos hombres compart¨ªan entre ellos miradas nerviosas. This content has been unlawfully taken from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. ¡®Bien¡­ Se ha sembrado el caos. Hagamos la amenaza m¨¢s tangible¡­ Vamos, tienes que hablar con convicci¨®n. ?Confianza! ?Carisma!¡¯ ¡°?Por qu¨¦ no ha venido el Ej¨¦rcito a rescatarnos a¨²n? ?Por qu¨¦ no han usado su poder y sus recursos para mantener la pandemia bajo control? ?Conocen ustedes la respuesta? Yo creo que es bastante evidente: poner toda la ciudad bajo cuarentena es mucho m¨¢s f¨¢cil que lidiar directamente con el brote.¡± ¡®Me lo acabo de inventar. Sinceramente, no tengo ni idea de lo que est¨¢ pasando en realidad¡­ Pero deber¨ªa sonar bastante convincente.¡¯ ¡°Ponen en cuarentena la ciudad y encierran a todo el mundo dentro, dejan que la tormenta se calme por s¨ª sola, y luego lo limpian todo lenta y sistem¨¢ticamente. No se ensucian las manos, no ponen en peligro las vidas de sus hombres, y el problema se soluciona. Unos pocos sacrificios por el bien com¨²n. ?No suena acaso l¨®gico?¡± ¡°??P-Pero, entonces¡­ todos los que se quedan dentro mueren¡­!! ??No deber¨ªan estar haciendo todo lo posible por salvar a todo el mundo¡­!?¡± ¡°As¨ª es. Pero, deje de pensar sobre deber o no deber. Abra los ojos y mire a su alrededor. ?Qu¨¦ es lo que ve?¡± ¡­ Hubo un largo periodo de silencio. Julien pod¨ªa ver la duda en sus ojos. No todos se lo cre¨ªan, un cierto grado de disidencia era inevitable, pero no ser¨ªa un problema. Lo ¨²nico que necesitaba era atraer a la mayor¨ªa. ¡°?Por qu¨¦ han estado luchando? ?Familia? ?Amigos? ?Ustedes mismos? Si han llegado hasta aqu¨ª, deben de tener un prop¨®sito, ?no es as¨ª? Algo que les permite seguir adelante, sin rendirse, adversidad tras adversidad. ?En serio est¨¢n dispuestos a sentarse de brazos cruzados y dejar que aplasten sus ¨²ltimas trazas de humanidad? ?Sus esperanzas?¡± Los murmullos reanudaron. ¡°Piensen en esto como un ¨²ltimo desaf¨ªo. Podemos quedarnos quietos y morir una muerte sin sentido, o luchar para vivir otro d¨ªa m¨¢s. No somos animales que se deban exterminar. No somos zombis que se deban purgar. ?Somos seres humanos! ?Tenemos una oportunidad de salir de esta, pero tenemos que trabajar juntos para conseguirlo!¡± Sinceramente, en lo que se refiere a discursos inspiradores, todo aquello era bastante gen¨¦rico. Si ¨¦l hubiese sido la audiencia objetivo, incluso habr¨ªa volteado los ojos. Un poco clich¨¦, s¨ª. Pero, ?frente a una amenaza tan inminente e intimidatoria? No necesitar¨ªa mucho m¨¢s. Sin embargo, segu¨ªa teniendo que vigilar a sus ¡°benefactores¡±. Cuanto m¨¢s lo pensaba, m¨¢s se daba cuenta de que se estaba arrastrando m¨¢s y m¨¢s hacia una trampa. Y el objetivo no era ¨¦l, sino Lilian. Avist¨® a Donovan entre la muchedumbre. El aura amenazadora que ten¨ªa durante su primer encuentro se hab¨ªa ido, reemplazada por la misma estupefacci¨®n que se hab¨ªa apoderado del resto de la habitaci¨®n. ¡®Tal cual, peones en un tablero¡­ Si no puedo predecir lo que van a hacer, tengo que asegurarme de que mi plan pone en jaque toda su operaci¨®n. Y para acabar con su operaci¨®n¡­ debo tener el control de la peque?a. Solo entonces podr¨¦ dejar de ser un pe¨®n, y convertirme en un jugador m¨¢s.¡¯ ****** Tras esperar durante dos d¨ªas, ocultos en el s¨®tano del Saint Marie, no hab¨ªan descubierto gran cosa. Stella hab¨ªa podido confirmar la presencia de Logan en los pisos superiores, as¨ª como la de un hombre que coincid¨ªa con la descripci¨®n de Julien. Sin embargo, no hab¨ªa podido descubrir nada sobre Lilian. Jacobs tambi¨¦n parec¨ªa estar desaparecido. Con un poco de suerte, muerto; aunque era poco probable. Mala hierba nunca muere. Adem¨¢s, el hospital hab¨ªa dejado de enviar mensajes atrayendo a nuevos supervivientes, y los reci¨¦n llegados estaban siendo rechazados en la puerta, bajo ¨®rdenes de Julien. Todo se hab¨ªa estancado. Sin embargo, en cuento vio a la propia Stella emerger del hueco del ascensor, William intuy¨® que aquel sentimiento de decepci¨®n estaba a punto de terminar. Las cosas tomar¨ªan una direcci¨®n peligrosa, pero era mejor que nada en absoluto. ¡°Ha ocurrido algo. Tenemos que hablar. Re¨²ne al resto.¡± ¡­ ¡°??Qu¨¦¡­!? ?Sucio hip¨®crita¡­!¡± Claire estaba enfurecida tras o¨ªr acerca del discurso de Julien. ¡°?Lo sab¨ªa! ?Sab¨ªa que recurrir¨ªa a este tipo de artima?as otra vez¡­!¡± ¡°Si te soy sincera, sus argumentos fueron bastante s¨®lidos¡­ Si no hubiese o¨ªdo vuestra historia primero, puede que le hubiese cre¨ªdo.¡± dijo Stella. ¡°?Los otros le creyeron?¡± pregunt¨® William. ¡°No, no todos¡­ He tenido una charla con el resto de mi gente ah¨ª arriba. Est¨¢n con nosotros. Respecto a los dem¨¢s¡­ Algunos le creen, otros no. Los que le creen se han armado, y est¨¢n esperando a que los militares nos¡­ ataquen, o algo as¨ª. Todos est¨¢n paranoicos, joder¡­ Marcus, t¨²¡­ T¨² estabas con los militares, ?no? ??Qu¨¦ est¨¢ pasando!?¡± ¡°Ese v¨ªdeo del que hablas¡­ Es falso, sin duda alguna.¡± respondi¨®. ¡°Y m¨¢s o menos confirma mis sospechas acerca de la situaci¨®n de Julien. No trabaja solo. Alguien m¨¢s le est¨¢ apoyando.¡± ¡°?Qui¨¦n?¡± William fue directo al grano. ¡°No estoy seguro, pero no son gente ordinaria, eso est¨¢ claro. ?C¨®mo si no iba a tener acceso a recursos tan abundantes, archivos de v¨ªdeo falsificados, e inteligencia acerca de las operaciones que est¨¢n llevando a cabo los militares?¡± ¡°Pero, ?va a venir el Ej¨¦rcito o no? Deber¨ªas saberlo, ?no? Si el v¨ªdeo es falso, ?significa eso que no van a venir? ?Es todo una farsa?¡± Stella empezaba a impacientarse. ¡°¡­no tiene por qu¨¦ ser una farsa. Podr¨ªan estar de camino, s¨ª. Pero el contexto de su operaci¨®n podr¨ªa no ser lo que creemos. Si tan solo pudiese acceder a la radio y ponerme en contacto con ellos¡­¡± ¡®Podr¨ªa esto, podr¨ªa aquello¡­ ?Siempre lo mismo, preguntas y m¨¢s preguntas, pero ni una puta respuesta clara, joder!¡¯ ¡°Deber¨ªamos prepararnos. Si el Ej¨¦rcito realmente aparece, las cosas pueden ponerse feas muy r¨¢pido¡­¡± dijo Marcus. ****** ¡°Aqu¨ª [Fox]. Alpha, ?me recibes? Cambio.¡± ¡°Te recibimos, [Fox]. ?Cu¨¢l es la situaci¨®n?¡± ¡°Puedo confirmar que hay actividades sospechosas teniendo lugar en el Hospital Saint Marie. El hombre a cargo del hospital, un individuo de nombre Julien, nos ha mostrado un metraje que asocia al Ej¨¦rcito con actividades inhumanas, con la intenci¨®n de reunir una fuerza armada en nuestra contra. Los contenidos del v¨ªdeo eran los siguientes¡­¡± ¡­ ¡°[Fox], ?todo el hospital ha presenciado este metraje?¡± ¡°Afirmativo. Ser¨ªa prudente esperar resistencia.¡± ¡°Entendido. Informaremos a la Central.¡± ¡°Hay algo m¨¢s de lo que debo informar. Tengo pruebas que demuestran que podr¨ªa haber una persona resistente al Sting aqu¨ª, en el hospital.¡± ¡°¡­[Fox], creo que no te he entendido correctamente. ?Has dicho que podr¨ªa haber una persona resistente en el hospital?¡± ¡°Afirmativo. He conseguido colocar un micr¨®fono oculto en la ropa de uno de los guardaespaldas de Julien, y he capturado una conversaci¨®n en la cual se menciona este dato en particular. Tambi¨¦n se refiri¨® constantemente a un grupo de terceros, de identidad desconocida, expresando preocupaci¨®n. Enviar¨¦ la grabaci¨®n a la Central para su revisi¨®n y an¨¢lisis.¡± ¡°Entendido, [Fox]. Buen trabajo. Mantennos informados de cualquier acontecimiento adicional.¡± ¡°S¨ª, se?or.¡± ¡­ El hombre cambi¨® a una frecuencia diferente. ¡°Central, aqu¨ª el equipo Alpha, ?me recib¨ªs? Cambio.¡± ¡°Te recibimos, Alpha. ?Cu¨¢l es la situaci¨®n?¡± ¡°Tenemos noticias de nuestro oficial encubierto. Tenemos confirmaci¨®n sobre la presencia de un grupo de terceros moviendo los hilos en el hospital. Tambi¨¦n tenemos confirmaci¨®n acerca de un presunto sujeto en el hospital que muestra resistencia al Sting.¡± ¡°¡­entendido. Mantened la posici¨®n, Alpha. Recibir¨¦is nuevas ¨®rdenes pronto.¡± ****** Un d¨ªa entero hab¨ªa transcurrido desde que hab¨ªa mostrado el v¨ªdeo a los habitantes del hospital. Julien mir¨® a trav¨¦s de la ventana, mientras los rayos de sol ma?aneros le rozaban la cara, torcida por el cansancio. Tantas noches sin poder dormir, y, ?para qu¨¦? ?Para ser un t¨ªtere de otra persona? No, ya no. Hab¨ªa hecho su apuesta. Hab¨ªa mucho en juego. Y la ruleta giraba, r¨¢pida e impredecible. Se percat¨® de un alboroto fuera de su habitaci¨®n. Parec¨ªa una discusi¨®n. Se acerc¨® deprisa a la puerta con la intenci¨®n de abrirla y echar un vistazo fuera. Sin embargo, alguien lo hizo antes de que ¨¦l tuviese la oportunidad. Sobresaltado, dio un paso atr¨¢s cuando un hombre muy alterado irrumpi¨® en su habitaci¨®n. ¡°??Jefe!! ??E-Est¨¢n aqu¨ª!!¡± dijo. ¡°??Qu¨¦¡­!? ??Q-Qui¨¦n¡­!?¡± ¡°??Soldados!! ???Ah¨ª fuera!!!¡± CAPíTULO 38 – INTERVENCIóN Un gran grupo de personas se hab¨ªa amontonado alrededor de las ventanas del lado norte del hospital, atra¨ªdos por algo que se encontraba fuera, en la plaza. Sin embargo, solo unos pocos valientes se quedaron a plena vista, armados. Los dem¨¢s, o bien se manten¨ªan a cubierto, o guardaban varios metros de distancia con las aberturas en la pared. Susurraban entre ellos, sin atreverse a alzar la voz. Julien hizo un esfuerzo deliberado por mantenerse en calma, y se acerc¨® al balc¨®n que ten¨ªa delante. Inmediatamente avist¨® el motivo de la conmoci¨®n. Dos camiones militares, aparcados a ambos lados de la estatua de Saint Marie. Las cabinas de los camiones contaban con largos postes met¨¢licos que se alzaban hacia el cielo, adornados con banderas blancas, las cuales ondeaban ocasionalmente en la brisa ma?anera. ¡®?Banderas blancas¡­? Normalmente, eso es un s¨ªmbolo de paz y negociaci¨®n. Muy precavidos, ?no¡­?¡¯ Sospechoso. ?Por qu¨¦ iban los militares a mantener la distancia y ondear banderas blancas de forma preventiva? ¡®Lo saben. Saben que no confiamos en ellos. Maldita sea¡­ ??Habr¨¢ uno de ellos aqu¨ª dentro con nosotros¡­!?¡¯ ¡°?J-Jefe? ?Qu¨¦ hacemos¡­?¡± ¡°¡­¡± ****** ¡°Capit¨¢n Isaac, hay alguien saliendo a un balc¨®n en la sexta planta.¡± dijo Connor desde el asiento del acompa?ante. ¡°Le veo. Mant¨¦n los ojos abiertos.¡± respondi¨® Isaac. Centr¨® los prism¨¢ticos en el objetivo. Hombre, atuendo civil ordinario, ning¨²n arma visible. Su cara expresaba nerviosismo e inseguridad. No parec¨ªa una amenaza. El hombre llevaba una gran l¨¢mina de cart¨®n, la cual alz¨® en el aire, exponiendo un mensaje escrito sobre ella: [NO SOIS BIENVENIDOS AQU¨ª MARCHAOS] ¡°Parece que la informaci¨®n que obtuvimos de [Fox] es ver¨ªdica. Cualquiera se esperar¨ªa que la gente se alegrase de vernos en los tiempos que corren. Pero ellos no, ?eh¡­?¡± ¡°?C¨®mo procedemos, capit¨¢n?¡± ¡°Erik, ata un pa?uelo blanco alrededor de tu brazo y sal ah¨ª fuera, les mandaremos un mensaje de vuelta. No alces el arma y no muestres ninguna hostilidad. Tenemos que evitar una reacci¨®n violenta.¡± ¡°?S¨ª, se?or!¡± respondi¨® una voz desde el compartimento trasero del cami¨®n. Seg¨²n lo que [Fox] hab¨ªa descubierto, alguien estaba tratando de sembrar odio y desconfianza hacia el Ej¨¦rcito en aquella gente, posiblemente para tratar de iniciar un conflicto armado. Sin embargo, hostiles o no, segu¨ªan siendo civiles. Isaac sab¨ªa lo que ten¨ªa que hacer; todo era cuesti¨®n de tomar las decisiones correctas. Todo lo que ve¨ªan sus ojos eran personas que deb¨ªan rescatar, y un misterio que deb¨ªan resolver. Nada m¨¢s. Vio a Erik en el espejo lateral, saliendo de detr¨¢s del cami¨®n, cargando una l¨¢mina de papel y un rotulador. No hab¨ªa se?ales de represalia por parte del hospital. ¡®?Significa esto que est¨¢n dispuestos a negociar, entonces¡­? Conveniente.¡¯ ¡°Vale¡­ Erik, escribe esto¡­¡± ****** ¡°[Donovan], aqu¨ª PT-01, ?me recibes? Cambio.¡± ¡°Afirmativo, Prometheus. Te recibo.¡± ¡°Ambas partes han entablado comunicaci¨®n pac¨ªfica. Existe la posibilidad de que lleguen a un resultado desfavorable para nosotros. Arr¨¦glalo.¡± ¡°En ello.¡± [Donovan] volvi¨® a ocultar la radio bajo su ch¨¢ndal, y abandon¨® la habitaci¨®n. A decir verdad, aquel resultado era predecible. El Ej¨¦rcito no cargar¨ªa precipitadamente hacia lo desconocido sin estudiar primero las potenciales amenazas. Y Julien tampoco era est¨²pido. No hac¨ªa falta ser un genio para darse cuenta de que estos eventos no estaban ocurriendo por pura casualidad. Ambos bandos estaban tanteando el terreno. Y una ligera turbulencia podr¨ªa ser suficiente para romper aquel fr¨¢gil equilibrio. Pas¨® por delante de una puerta abierta, y oy¨® un sonido. Por el rabillo del ojo, distingui¨® algo que se mov¨ªa en las sombras, pero no tuvo la oportunidad de apartarse. Un brazo le aprision¨® el cuello desde atr¨¢s. ¡°???Qu¨¦¡ª!!?¡± ¡°??Qui¨¦n co?o eres!?¡± pregunt¨® una voz masculina, casi grit¨¢ndole en los o¨ªdos. ¡®???Qui¨¦n es este t¨ªo¡­!!?¡¯ ¡°???Es que no me has o¨ªdo!!? ???Para qui¨¦n trabajas!!?¡± el brazo alrededor de su cuello apret¨® con m¨¢s fuerza, estrangul¨¢ndole. ¡®??Un esp¨ªa¡­!?¡¯ Lanz¨® el codo hacia atr¨¢s, enterr¨¢ndolo en el est¨®mago de su atacante, y haciendo que aflojase su agarre. Sin perder ni un instante, [Donovan] se tir¨® hacia delante, tratando de alejarse todo lo posible de aquel desconocido mientras jadeaba para recuperar el aliento. Volvi¨® a sacar la radio. ¡°??PT¡­!! ??Tenemos un problema¡­!! ??Hay¡ª!!¡± If you discover this tale on Amazon, be aware that it has been unlawfully taken from Royal Road. Please report it. Un cuchillo emergi¨® de la nada, hundi¨¦ndose en la radio y haci¨¦ndola pedazos. ¡®???Mierda¡­!!!¡¯ Alej¨® a su oponente de una patada, y se arm¨® con su propio cuchillo de combate. Ambos hombres, separados por un par de metros, se observaron el uno al otro en un tenso silencio. [Donovan] sab¨ªa que no podr¨ªa salir de aquel encontronazo sin luchar. A juzgar por su postura y comportamiento, el hombre que ten¨ªa delante no era un principiante. Hab¨ªa cometido un error cr¨ªtico al tratar de utilizar la radio. Un ¨²nico instante de distracci¨®n podr¨ªa haberle costado la vida. Una trampa en la que su oponente no hab¨ªa ca¨ªdo. ¡®Dispara primero, haz preguntas despu¨¦s, ?eh¡­?¡¯ ¡­ Con los cinco sentidos puestos en el enemigo, ambos entraron en acci¨®n. Los cuchillos chocaban entre s¨ª. Los pu?os se bloqueaban, desviaban o esquivaban. Se agarraban el uno al otro, para luego liberarse r¨¢pidamente; algunas veces mediante fuerza bruta, otras mediante t¨¦cnica. Algunos golpes lograban acertar, pero el subid¨®n de adrenalina evitaba que sintiesen dolor. Las armas de filo rozaban a sus objetivos, rasgando la ropa y cortando la piel. Con un aluvi¨®n de golpes, los dos combatientes veteranos se enzarzaron en una lucha a muerte. ****** ¡°??PT¡­!! ??Tenemos un problema¡­!! ??Hay¡ª!!¡± * Bzzzzzzzzzzzzt* El alarmado informe de [Donovan] se cort¨® de golpe, dejando tras de s¨ª nada m¨¢s que est¨¢tica. ¡­ ¡°Prometheus, aqu¨ª PT-01. PT-03 podr¨ªa estar comprometido, y deber¨¢ considerarse como muerto en combate hasta que se demuestre lo contrario. Procederemos con el plan auxiliar. PT-04 y 05, mantened la posici¨®n e informad de cualquier anomal¨ªa por vuestra parte.¡± ¡°S¨ª, se?or.¡± respondieron dos voces distintas a trav¨¦s de la radio. A tres bloques de distancia, el enorme hospital estaba a plena vista. Desde su punto de observaci¨®n en aquella azotea, pod¨ªan ver al negociador en el balc¨®n. No ten¨ªan l¨ªnea de visi¨®n con las fuerzas militares en la calle, pero no la necesitaban. Sentado en el suelo a su lado, PT-02 sosten¨ªa un rifle de francotirador con un voluminoso silenciador al final del ca?¨®n. ¡°Ponte en posici¨®n.¡± dijo 01. ¡°Tenemos que arreglar esto antes de que quien sea que haya eliminado a 03 torne el curso de la situaci¨®n en nuestra contra.¡± ¡°S¨ª, se?or.¡± PT-02 se tumb¨® en el suelo, prepar¨® el arma, y centr¨® la mira en el objetivo. ¡°A su se?al, se?or.¡± dijo. ¡­ ¡°Fuego.¡± Con un ruido ¨ªnfimo, similar al de una pistola de aire comprimido, el rifle entreg¨® su fat¨ªdico mensaje. ¡­ ¡°Objetivo neutralizado.¡± ¡°Muy bien, prep¨¢rate para moverte. Tenemos que abandonar la zona.¡± dijo PT-01 La mecha estaba prendida. Lo ¨²nico que ten¨ªan que hacer a continuaci¨®n era esperar. Todos los resultados jugar¨ªan en su favor, de una forma u otra. Su mayor obst¨¢culo desaparecer¨ªa de la escena, y su m¨¢s preciada recompensa se les presentar¨ªa en bandeja de plata. ****** ¡°Dicen que quieren reunirse con nosotros y hablar, jefe¡­¡± anunci¨® el hombre con los prism¨¢ticos. Julien se impacientaba m¨¢s y m¨¢s. ?Reunirse y hablar? La comunicaci¨®n verbal ser¨ªa m¨¢s sencilla, y podr¨ªa ser conveniente a la hora de llegar a un acuerdo en condiciones; pero tambi¨¦n abrir¨ªa otra potencial v¨ªa de enga?o. Ya ten¨ªa bastante con las sospechas de un esp¨ªa en el hospital. No le agradaba la idea de establecer contacto cercano con ellos. Lo ¨²nico que quer¨ªa era que se fuesen. ¡®Son persistentes¡­¡¯ Se encar¨® al negociador, que le miraba con ansiedad. ¡°Veamos, escribe esto¡ª¡± Se oy¨® un sonido apagado y amortiguado. ¡­ Al principio, nadie entendi¨® realmente lo que hab¨ªa ocurrido. El hombre del balc¨®n ya no estaba de pie. En lugar de eso, hab¨ªa ca¨ªdo a un lado, hecho un gui?apo. Hab¨ªa un agujero de lado a lado en su cabeza, del tama?o de una pelota de tenis. La sangre se acumulaba en el suelo debajo de ¨¦l. La sala se llen¨® de gritos. ¡°???E-Est¨¢n disparando¡­!!!¡± ¡°???Joder, se lo han cargado!!!¡± ¡°???Oh, dios, nooo¡­!!! ???Cari?o, no¡­!!!¡± una mujer ech¨® a correr hacia el balc¨®n. Varios trataron de detenerla, pero los apart¨® y se acerc¨® al cuerpo ca¨ªdo. ¡°??A-Aaaah¡­!! ????Aaaaaahh¡­!!!!¡± ¡°??Bastardos¡­!!¡± uno de los hombres armados se cubri¨® al lado de una de las ventanas, apunt¨® su arma hacia el soldado en la plaza, y abri¨® fuego. ¡°???Q-Qu¨¦ est¨¢s haciendo!!?¡± ¡°???Que qu¨¦ hago!!? ???Era cierto lo de que ven¨ªan a matarnos, joder¡­!!! ??No voy a quedarme de brazos cruzados mientras un perro del gobierno me vuela la cabeza!! ??Y una mierda!!¡± dispar¨® de nuevo en direcci¨®n a los camiones. ¡°??Acribillad a esos hijos de puta!!¡± ****** ¡°??Vuelve al cami¨®n, Erik!! ???Ahora!!!¡± orden¨® Isaac. ¡°??Qu¨¦ diablos ha ocurrido!?¡± ¡°???Han disparado al negociador, se?or!!!¡± respondi¨® Connor, que segu¨ªa observando a trav¨¦s de los prism¨¢ticos. ¡°??El disparo vino del este, sin duda!! ??Un francotirador¡­!!¡± Una lluvia de balas cay¨® sobre los camiones. La mayor¨ªa de los disparos fallaron, agrietando el pavimento. Los que dieron en el blanco apenas tuvieron efecto alguno, rebotando en el blindaje o en el cristal antibalas del veh¨ªculo. ¡°?Bravo, aqu¨ª Alpha! ?Informad de vuestra situaci¨®n! ?Cambio!¡± dijo Isaac, mirando al otro cami¨®n en la plaza. ¡°?Aqu¨ª Bravo! ?Hemos visto lo que ha ocurrido! ?Hemos redirigido el dron en la direcci¨®n de la que provino el disparo, estamos registrando la zona!¡± respondi¨® Bravo. ¡°Central, ??me recib¨ªs!? ?Aqu¨ª el Capit¨¢n Isaac del equipo Alpha! ?Tenemos una situaci¨®n imprevista, cambio!¡± ¡°Aqu¨ª Central. Hemos o¨ªdo lo ocurrido, Alpha. Mantened la posici¨®n.¡± ¡­ ¡°?Central, aqu¨ª Bravo! ?El dron ha avistado a dos individuos desconocidos en una azotea a tres bloques de nuestra posici¨®n! ?Acaban de retirarse al interior del edificio!¡± ¡°Recibido, Bravo. Estas son vuestras nuevas ¨®rdenes: el equipo Alpha se infiltrar¨¢ de inmediato en el hospital y asegurar¨¢ al sujeto resistente al Sting en su interior. Evitad los enfrentamientos en la medida de lo posible. Si ten¨¦is que recurrir a la violencia, disparad a incapacitar, no a matar; a menos que no teng¨¢is otra alternativa. Sin embargo, la seguridad del sujeto objetivo es de m¨¢xima importancia. Haced todo lo que sea necesario para sacarlo de ah¨ª con vida. El equipo Bravo seguir¨¢ el rastro de los francotiradores enemigos. Capturadlos vivos de ser posible, y extraedlos para su interrogaci¨®n. No podemos permitir que¡ª¡± ¡°??Aqu¨ª Delta, informando a todas las unidades!! ?Hemos detectado un gran n¨²mero de stingers movi¨¦ndose en direcci¨®n al Hospital Saint Marie, siguiendo el sonido de disparos! ??Qu¨¦ demonios est¨¢ pasando ah¨ª!?¡± ¡°Aqu¨ª Central. Equipos Charlie y Delta, mantened vuestra posici¨®n e informad de cualquier acontecimiento adicional en vuestros sectores. Equipo Alpha, deb¨¦is daros prisa. No solo habr¨¢ stingers rodeando el hospital en breves, sino que tambi¨¦n es muy probable que el nido del hospital se despierte a causa del ruido. Esperad resistencia stinger.¡± ¡°?Entendido¡­! ??Joder¡­!!¡± Isaac observ¨® rugir el motor del otro cami¨®n, que arrancaba a toda prisa en persecuci¨®n del enemigo. ¡°?Muy bien, chicos! ?Comprobad vuestro equipamiento, y aseguraos de llevar c¨¢psulas inhibidoras! ?En marcha!¡± ****** ¡°??Qu¨¦ es ese ruido¡­!?¡± dijo William. ¡°??Disparos¡­!?¡± Ven¨ªa de arriba. Disparos. Muchos disparos. Los dem¨¢s a su alrededor estaban igualmente confusos. ¡°?Tenemos que subir!¡± grit¨® Marcus, acerc¨¢ndose a toda prisa por el pasillo. ¡°?Esto es muy mala se?al!¡± ¡°??Subir!?¡± ¡°?Ese ruido atraer¨¢ caminantes a la zona! ?Adem¨¢s, el nido¡­!¡± ¡°?Maldita sea, Marcus¡­! ??Sabes al menos qu¨¦ est¨¢ pasando!?¡± ¡°?No hay tiempo¡­! ?Tenemos que reunir a todo el mundo y subir!¡± CAPíTULO 39 – VOLATILIDAD Sobre su cabeza, William y Claire lideraban el ascenso. Los disparos que proven¨ªan de arriba se hab¨ªan ido, reemplazados por un tumultuoso retumbar de voces humanas, que sonaban amortiguadas a medida que bajaban por el hueco del ascensor. All¨ª arriba hab¨ªa una gran discusi¨®n. Y Lilian estaba en medio de todo aquello. Nora se imaginaba por lo que deb¨ªa de estar pasando su hermana. Sola, rodeada por gente desconocida con la que no se sent¨ªa a salvo. El rugido de las armas, gritos violentos¡­ Era un mundo de hostilidad, un mundo al que ella no pertenec¨ªa. Quiz¨¢ su mente no era siquiera capaz de procesar nada de lo que estaba pasando. La voz que Nora escuchaba en su cabeza no paraba de aparecer y desaparecer, incoherente y mareada. Se arm¨® de determinaci¨®n, y sigui¨® trepando, un pelda?o tras otro. Algunos segundos despu¨¦s, su frente se choc¨® contra algo. Claire se hab¨ªa detenido. ¡°?Au!¡± ¡°?Q-Qu¨¦ es ese sonido¡­?¡± pregunt¨® Claire, mirando hacia las puertas del ascensor a su lado. ¡°Yo tambi¨¦n lo oigo.¡± dijo William, desde m¨¢s arriba. Nora se percat¨® del sonido del que hablaban. Golpes, provenientes de la profunda oscuridad del hospital, junto a gemidos afligidos y let¨¢rgicos. ¡°?Es el nido!¡± la voz de Marcus vino de alg¨²n sitio debajo de ellos. ¡°?N-Nido¡­?¡± pregunt¨® Nora, confusa. ¡°?De qu¨¦ est¨¢ hablando?¡± ¡°?Seguid subiendo, r¨¢pido! ?El s¨®tano pronto dejar¨¢ de ser seguro!¡± ¡°?Lo sab¨ªa, joder!¡± William sonaba cabreado. ¡°?Sab¨ªa que esto iba a ocurrir!¡± Continuaron ascendiendo, a un ritmo acelerado. ?Un nido? ?Hab¨ªa un nido dentro del hospital? Nora no hab¨ªa o¨ªdo nada al respecto, y por alg¨²n motivo le daba la sensaci¨®n de que era la ¨²nica que no sab¨ªa nada. Sinti¨® c¨®mo el pavor le hund¨ªa el coraz¨®n, el cual lat¨ªa m¨¢s y m¨¢s r¨¢pido con cada pelda?o que trepaba. Sin embargo, no iba a acobardarse en una esquina y esperar. Ya no. Hab¨ªa llegado a una conclusi¨®n, ten¨ªa una meta en mente. Era demasiado tarde para dar media vuelta. ¡®?Lilian, estoy aqu¨ª¡­! Ya llego. No hagas caso al ruido. Esc¨²chame a m¨ª. C¨¦ntrate en mi voz. Ya llego. Todo va a salir bien.¡¯ ¡­ Cuando el grupo alcanz¨® los pisos superiores, el altercado en curso se volvi¨® m¨¢s alto y claro. Siguieron el origen de las voces a trav¨¦s de los pasillos, hasta que llegaron a una de las muchas salas de espera del hospital. William levant¨® la mano, haciendo que el grupo se detuviese justo antes de llegar a la puerta. Nora observ¨® c¨®mo sacaba su espejo de bolsillo y lo usaba para echar un vistazo al interior. Mientras tanto, la querella continuaba. ¡°??Quer¨¦is bajar las armas de una vez, por favor!?¡± ¡°??Y una mierda!! ??Sigue metiendo las narices y te llevar¨¢s un tiro tambi¨¦n!!¡± ¡°??Ya basta!! ?E-Esta disputa no nos llevar¨¢ a ninguna parte!¡± ¡°???La cabeza de Matthew est¨¢ hecha putos pedazos ah¨ª fuera!!! ??Y estos gilipollas quieren quedarse quietecitos!?¡± ¡°???Ya te lo he dicho, esto tiene que ser un malentendido!!!¡± Nora reconoci¨® la voz de Stella en la discusi¨®n. ¡°??E-El cami¨®n¡­!! ???Uno de los camiones militares se dirige hacia nosotros!!!¡± otra voz, que sonaba m¨¢s distante que las dem¨¢s. ¡°??Est¨¢n viniendo!!¡± Gritos de p¨¢nico llenaron la habitaci¨®n, seguidos de m¨¢s disparos. ¡°??Apuntad a las ruedas!! ??No dej¨¦is que se acerquen!!¡± William repleg¨® el espejo y se gir¨® hacia el resto del grupo, preocupado. ¡°Podr¨ªa describiros la escena, pero creo que os pod¨¦is hacer una idea¡­¡± susurr¨®. El sonido de las armas enmascaraba su voz. ¡°?Qu¨¦ hacemos ahora?¡± ¡°??Ya he tenido suficiente!! ??Para!! ??Nos est¨¢is poniendo a todos en peligro!!¡±, grit¨® Stella. ¡°??No te atrevas a apuntarme con eso, zorra!!¡± ¡°?Basta¡­!¡± ¡°??He dicho que no me apuntes!!¡± ¡°?No me hagas dispararte! ??Te juro que lo har¨¦, capullo!!¡± *??Bang!!* ¡°??Aaagh¡­!!¡± Stella dej¨® escapar un chillido de dolor. ¡­ ¡°???Qu¨¦ co?o haces!!? ??Le has disparado!!¡± ¡°?Apuesto a que est¨¢ con ellos! ??Que le den!!¡± ¡°??Hijo de¡ª!!¡± En cuesti¨®n de segundos, todo se fue al infierno. Con su espalda apoyada en la pared, Nora pod¨ªa sentir las vibraciones provocadas por los impactos de bala. La gente huy¨® de la zona en tropel, tratando de ponerse a salvo. Los compa?eros de Stella abandonaron toda sutileza e irrumpieron en la sala de espera, armas en mano, impulsados por una lealtad feroz. ¡°?Chicos¡­! ??Qu¨¦¡­!?¡± la voz de Stella apena era audible debido al ruido. Marcus ech¨® a correr, abandonando la cobertura y qued¨¢ndose expuesto. Tras una r¨¢pida inspecci¨®n visual, vio algo que le hizo entrar en la habitaci¨®n a toda prisa. William hizo contacto visual con Claire y Nora, y les hizo una se?a para que se quedasen donde estaban. ¡°??Stella!! ??Est¨¢s bien!?¡± exclam¨® Marcus. Nora sigui¨® escuchando. ¡°?Marcus¡­! Maldita sea¡­ Estar¨¦ bien. Escucha, ?el Ej¨¦rcito est¨¢ aqu¨ª! ?Uno de los nuestros muri¨® y se produjo un enfrentamiento, pero algo no termina de encajar¡­! ?Ugh¡­!¡± ¡°?Calla, tenemos que parar esta hemorragia!¡± ¡°D¨¦jame, ?no necesito ayuda!¡± ¡°?Ni de broma! ?Espera aqu¨ª un momento!¡± Marcus sali¨® de la habitaci¨®n, evitando por poco una bala perdida. ?No lo entiendo¡­! ??Por qu¨¦ se est¨¢n disparando entre ellos!?¡± pregunt¨® Claire, agachada detr¨¢s de Nora. ¡°?Son presa del p¨¢nico!¡± dijo Marcus. ¡°Escuchad, me quedar¨¦ aqu¨ª para tratar de controlar la situaci¨®n. Vosotros seguid adelante, Lilian deber¨ªa estar en esta planta, en alguna parte. Nora¡­ ?Puedes encontrarla?¡± Nora asinti¨®. ¡°Entonces, ve. Probablemente te necesite, ?no?¡± ¡°S¨ª¡­¡± ¡°?Deprisa!¡± dijo, antes de regresar al interior de la sala a toda prisa. Claire y William la miraron fijamente. Ninguno dijo nada, pero estaba claro que ambos esperaban sus indicaciones. ¡­ ¡®Vale, respira, c¨¦ntrate¡­ Lilian, ?puedes o¨ªrme? Por favor, dime algo¡­¡¯ If you spot this narrative on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. [*murmullos*] ¡®¡­por ah¨ª.¡¯ ****** ¡°???Graaaah!!!¡± con una patada decisiva en el pecho, [Donovan] apart¨® a su oponente. El hombre sali¨® volando por la fuerza del impacto, hacia las puertas del ascensor a su espalda. No dise?adas para soportar tales fuerzas, cedieron. Observ¨® c¨®mo el hombre desaparec¨ªa en la oscuridad del hueco del ascensor, con un grito consternado que se atenu¨® hasta desparecer en menos de un segundo. Hubo algunos ruidos resonantes a medida que su cuerpo se precipitaba hacia el abismo, acabando en un impacto fuerte y distante. [Donovan] jadeaba. Terminada la pelea, la adrenalina se convert¨ªa r¨¢pidamente en agotamiento. Se sujet¨® el brazo izquierdo, el cual estaba herido y sangraba por un profundo corte. Estaba lleno de magulladuras, pero su brazo se hab¨ªa llevado la peor parte. ¡®Mierda¡­ Tengo que aplicar primeros auxilios¡­¡¯ Tom¨® asiento en una habitaci¨®n cercana, y sac¨® unas vendas de uno de sus bolsillos. Mientras trataba la herida, se puso a pensar. Hab¨ªa o¨ªdo los disparos provenientes del otro lado del hospital. PT-01 hab¨ªa dado la orden, lo que significaba que a ¨¦l ya lo daban por muerto. Su lealtad a la misi¨®n era inquebrantable. Como mercenarios, ten¨ªan un trabajo que hacer, y les hab¨ªan pagado una cantidad absurda de dinero por ello. En ese sentido, sus vidas significaban m¨¢s bien poco. Sin embargo, eso no quer¨ªa decir que estuviese dispuesto a tirar la toalla sin motivo alguno. ¡®Completar¨¦ mi parte del plan, y luego me reunir¨¦ con PT-04 y 05. Todav¨ªa deber¨ªan estar a la espera en las cercan¨ªas¡­¡¯ Termin¨® de tratar sus heridas, se puso de pie a trompicones, y se apresur¨® en direcci¨®n a la habitaci¨®n personal de Julien. ¡­ Abri¨® la puerta de un empuj¨®n. No hab¨ªa nadie dentro, al menos no a simple vista. Julien deb¨ªa de haber ido a alguna parte, lo cual era bueno. Su ausencia facilitar¨ªa las cosas. Camin¨® al interior de la habitaci¨®n, y pronto avist¨® lo que estaba buscando. Tumbada en la cama, visiblemente aturdida, cubri¨¦ndose las orejas con las manos. ¡®Parece estar abrumada y estresada, y no es de extra?ar. Debe de estar oyendo a las multitudes acerc¨¢ndose a ella desde todas las direcciones. Cosas que nosotros no podemos siquiera comprender o percibir¡­¡¯ ¡°No me gustar¨ªa estar en tu lugar¡­¡± dijo, sent¨¢ndose en una silla cercana. ¡­ Al poco rato, la puerta se abri¨® de nuevo, y un muy angustiado Julien irrumpi¨® al interior. ¡°?Usted¡­!¡± dijo tan pronto le vio. ¡°Parece estar pas¨¢ndolo mal.¡± respondi¨® [Donovan], lo cual era ir¨®nico, dado que ¨¦l mismo estaba cubierto de moretones. ¡°Le advertimos de que esto ocurrir¨ªa, ?no es as¨ª?¡± ¡°?¡­qu¨¦ hace usted aqu¨ª?¡± ¡°Mi trabajo, ni m¨¢s ni menos. La chica debe permanecer segura a toda costa. Cre¨ªa que a estas alturas ya se habr¨ªa dado cuenta de eso.¡± ¡°S¨ª¡­ pero me temo que esa responsabilidad no le pertenece.¡± ¡°?¡­c¨®mo ha dicho?¡± Julien recuper¨® la compostura, y mostr¨® niveles de arrogancia y confianza casi perturbadores cuando extrajo algo del bolsillo de su chaqueta. Un tel¨¦fono m¨®vil, a la cual hab¨ªa sujeto algunos componentes el¨¦ctricos con cinta aislante. ¡®??¡­!?¡¯ Los ojos de [Donovan] se abrieron de par en par, y se abalanz¨® hacia la chica. Le levant¨® la sudadera, revelando un cintur¨®n de recipientes tubulares amarrado alrededor de su abdomen. Los tubos estaban toscamente interconectados mediante cables. ¡®Esto es¡­ ??un explosivo improvisado¡­!? ??Se ha vuelto loco!?¡¯ ¡°Le recomendar¨ªa apartarse de ella. Entr¨¦guemela.¡± orden¨® Julien. ¡°?Qu¨¦ cree que est¨¢ haciendo?¡± ¡°Ten¨ªan raz¨®n, ?sabe? Compartimos metas similares. Yo quiero salir de este l¨ªo con vida, y ustedes quieren sacar a la chica con vida. Tan solo estoy asegur¨¢ndome de que cumplen su parte del trato. Espero que sea capaz de comprender la situaci¨®n. Ser¨ªa una l¨¢stima si algo me sobresaltase y encendiese este m¨®vil por error¡­¡± Sin romper contacto visual, [Donovan] retrocedi¨®, alej¨¢ndose de Lilian y permitiendo que Julien se le acercase. La chica se dej¨® sacar de la cama, y luego de la habitaci¨®n, sin ofrecer resistencia. Les sigui¨® al exterior, manteniendo una distancia cautelosa. ¡®Mierda¡­ Esto es un problema. Tengo que encontrar una oportunidad para neutralizarlo¡­¡¯ ¡°Espero que sea consciente de que no tiene a d¨®nde ir. Est¨¢ atrapado aqu¨ª, como todos los dem¨¢s.¡± dijo [Donovan]. ¡°Tonter¨ªas. Es evidente que ustedes tienen una forma de sacar a la chica de la ciudad. Y si pueden sacarla a ella, pueden sacarme a m¨ª tambi¨¦n. Saldremos de este hospital, y luego me indicar¨¢ el camino.¡± Se equivocaba. No ten¨ªan ninguna posibilidad de escapar del hospital sin que el Ej¨¦rcito se diese cuenta. Toda la operaci¨®n se basaba en reducir sus fuerzas en la medida de lo posible y luego dejar que la chica cayese en sus manos, junto al resto de supervivientes. De ah¨ª en adelante, todo ir¨ªa como la seda. Julien no ten¨ªa ning¨²n papel en el resultado final. Ni siquiera se supon¨ªa que fuese a sobrevivir al incidente. Desafortunadamente, hab¨ªa tomado medidas preventivas. Julien camin¨® hacia atr¨¢s en direcci¨®n a un vest¨ªbulo cercano, hacia la entrada del hospital. No le quit¨® los ojos de encima a [Donovan] ni un solo instante. Hab¨ªa algunas personas m¨¢s por la zona, pero nadie intervino. Con miradas asustadas, manteniendo un perfil bajo para mantenerse ajenos a la ola de violencia que se avecinaba. No eran una amenaza, lo cual era conveniente. Cuando Julien estaba a medio camino de atravesar el vest¨ªbulo, un nuevo grupo de personas emergi¨® de una de las puertas. ¡°???T¨²¡­!!! ??Alto ah¨ª!!¡± grit¨® una voz masculina. Pelo negro corto, barba, constituci¨®n decente. Vest¨ªa ropa civil, pero [Donovan] pudo distinguir un chaleco protector bajo su chaqueta. Llevaba un rifle de asalto. Le segu¨ªan dos mujeres, una de las cuales tambi¨¦n iba armada. ¡®Estos s¨ª son una amenaza.¡¯ Julien emiti¨® un grito ahogado cuando los vio, y alz¨® el tel¨¦fono m¨®vil. Al mismo tiempo, levant¨® la sudadera de Lilian, mostrando su cintur¨®n explosivo. ¡°??Qu¨¦¡ª!?¡± los reci¨¦n llegados parecieron captarlo. ¡°Aaah¡­ Sr. William, ?no? Y por supuesto, las se?oritas¡­ De alg¨²n modo, me imaginaba que seguir¨ªan por aqu¨ª. Era demasiado bueno para ser cierto. Pero no importa. Me largo de aqu¨ª.¡± dijo Julien. ¡°???C-Cobarde¡­!!! ??D¨¦jala ir, puto enfermo!!¡± una de las mujeres, la m¨¢s peque?a de las dos, le apunt¨® con una pistola. Sus extremidades temblorosas denotaban un fuerte titubeo. No parec¨ªa dispuesta a abrir fuego. ¡°??Lilian!! ???Hermanita, estoy aqu¨ª¡­!!! ???Puedes o¨ªrme!!? ???Por favor, d¨¦jala en paz¡­!!!¡± dijo la otra mujer. Julien solt¨® moment¨¢neamente a Lilian, y ech¨® la mano bajo su ropa, sacando su propia pistola. Con la otra mano todav¨ªa amenazando con detonar los explosivos, abri¨® fuego contra el grupo. Su punter¨ªa era desastrosa. ¡°???Cuidado!!!¡± El grupo se cubri¨® tras mobiliario cercano. ¡°Me temo que no me podr¨ªan importar menos sus peticiones, llegados a este punto. Como he dicho, me voy de este lugar.¡± ¡°Pero, ??t¨² entiendes lo que est¨¢ pasando!? ?Hay caminantes convergiendo en este edificio desde todas partes! ??Y planeas salir ah¨ª fuera t¨² solo!?¡± grit¨® el hombre desde su cobertura. ¡°?Adem¨¢s, si los caminantes no te atrapan, los soldados lo har¨¢n! ?No tienes forma de salir de ¨¦sta, Julien! ?Y si la matas a ella, t¨² te mueres tambi¨¦n! ?Hagas lo que hagas, est¨¢s jodido! ?Para ya con esta gilipollez! ??Qu¨¦ esperas conseguir!?¡± ¡°?Razonar con ¨¦l es una p¨¦rdida de tiempo!¡± una de las mujeres intent¨® asomar la cabeza, solo para recibir m¨¢s disparos en respuesta. Julien segu¨ªa manteniendo a [Donovan] vigilado, pero ahora su atenci¨®n se centraba m¨¢s en aquellos desconocidos. No hay mal que por bien no venga. En alg¨²n momento, aquella pistola se quedar¨ªa sin balas. Ese instante podr¨ªa ser todo lo que necesitaba para hacerse con el detonador. ¡°¡­nnnnhng¡­¡± se oy¨® un leve gemido mezclado entre el vocer¨ªo. Lilian hab¨ªa empezado a gru?ir, como si le doliese algo. Miraba al suelo con cara de asustada. ¡°?¡­mmmngh¡­! ?¡­mmnnmmh¡­!¡± ¡°?Y ahora qu¨¦ le pasa¡­?¡± Julien estaba confundido. Sin soltar la pistola, puso su mano sobre el hombro de la chica y le dio una ligera sacudida. Con movimientos l¨¢nguidos, Lilian se gir¨® hacia ¨¦l, y fue directamente a por su mano. ¡°???Ah!!!¡± Julien reaccion¨® r¨¢pido, evitando por poco el mordisco. Su represalia fue inmediata. Golpe¨® la cabeza de Lilian con el reverso de la mano, con inercia adicional gracias al peso de la pistola, derrib¨¢ndola. Se qued¨® inm¨®vil en el suelo, sollozando con amargura. ¡°??Pedazo de mierda!!¡± despotric¨® Julien. ¡°???P-Para!!! ???D¨¦jala en paz!!!¡± ¡°??Lilian, no¡­!! ???Por favor, no le hagas da?o¡­!!!¡± ¡°??Silencio!!¡± abri¨® fuego de nuevo. ¡®Mal asunto...¡¯ No era agresi¨®n, sino defensa propia. Era probable que la reacci¨®n negativa de la chica hubiese sido causada por la situaci¨®n estresante a la que se estaba exponiendo. Sin embargo, daba igual lo mal que reaccionase, hab¨ªa ciertas l¨ªneas que no deb¨ªan cruzarse. De todas las instrucciones que Prometheus hab¨ªa recibido, hab¨ªa una regla que se antepon¨ªa a todas las dem¨¢s: no hacer da?o a la reina. ****** La voz de la reina era alta y clara. Por lo que parec¨ªa haber sido una eternidad, anhelaban su atenci¨®n. Anhelaban su tutela. Anhelaban su amor. Pero lo que hab¨ªan o¨ªdo no era ninguna de esas cosas. Era dolor. Miedo. Angustia. [Ayuda. Duele. Ayuda. Duele. Ayuda. Duele.] La colonia se ve¨ªa atra¨ªda hacia el origen de la perturbaci¨®n, arrastr¨¢ndose lentamente en su direcci¨®n. Las perturbaciones en el orden de la colmena no pod¨ªan tolerarse. Sin embargo, esto ya no era una perturbaci¨®n. La amenaza era ahora tangible, m¨¢s real que nunca. El sol brillaba con fuerza sobre la colonia, pero no les import¨®. La alimentaci¨®n pod¨ªa esperar. La reina estaba en peligro. La reina estaba sufriendo. La colonia grit¨® en silencio, mientras sus venas se iluminaban en un ominoso color azul. ****** ¡°??Prometheus, aqu¨ª PT-04!! ??Esto es una emergencia!! ???Me recib¨ªs!!?¡± ¡°Aqu¨ª PT-01, ?qu¨¦ ocurre?¡± ¡°??El pretoriano est¨¢ actuando de forma extra?a!! ???Qu¨¦ est¨¢ pasando ah¨ª!!?¡± ¡°Tenemos al enemigo sigui¨¦ndonos la pista, y la situaci¨®n en el hospital es desconocida. PT-04 y 05, se supon¨ªa que deb¨ªais mantener al pretoriano en posici¨®n, bajo sedantes e inhibidores.¡± ¡°?L-Lo hicimos! Pero, ?han dejado de funcionar!¡± ¡°?C¨®mo que han dejado de funcionar¡­?¡± ¡°???Oh, joder!!! ???Se est¨¢ soltando!!! ??05, r-retrocede!! ???Mierda!!! ???Aaaaa¡ª!!!¡± Todo lo que qued¨® fue est¨¢tica. PT-01 suspir¨®. ¡°Central, aqu¨ª Prometheus. Tenemos un problema.¡± CAPíTULO 40 – AFICIONADOS ¡°?Se?or, no puedo contactar con [Fox]¡­!¡± dijo Connor. ¡°Podr¨ªa haberle ocurrido algo¡­ ?Tenemos que subir, deprisa!¡± respondi¨® el Capit¨¢n Isaac, mientras cog¨ªa la radio. ¡°Central, aqu¨ª el equipo Alpha. Hemos perdido el contacto con [Fox]. Hemos conseguido entrar al hospital a trav¨¦s del s¨®tano. Todas las escaleras est¨¢n bloqueadas, pero hemos encontrado un hueco de ascensor que parece haber sido utilizado para acceder a los niveles superiores. La zona tiene signos de actividad reciente.¡± ¡°Recibido, Alpha. Los equipos Charlie y Delta informan de hordas de stingers acerc¨¢ndose al hospital, esperad contacto en cuesti¨®n de minutos. Lo prepararemos todo para vuestra extracci¨®n, ten¨¦is que terminar la misi¨®n lo antes posible.¡± ¡°Entendido.¡± Isaac escuch¨® gorjeos provenientes del hueco del ascensor. ¡°Mierda, el nido de stingers debe de haber superado las barricadas¡­ ?Inhibidores fuera!¡± dijo, haciendo que todos los miembros del equipo echasen las manos a sus cinturones. Todos ellos levaban un cintur¨®n con una ringlera de peque?os contenedores met¨¢licos, aproximadamente del tama?o de una granada de mano. Tan pronto extrajeron la anilla en la parte superior, una fina neblina blanca comenz¨® a emanar del contenedor y a esparcirse por el aire. ¡°?Vale, venga, venga! ?Todo el mundo arriba!¡± orden¨® Isaac. ¡°?Atentos a hostiles! ?En esta escalera somos blancos f¨¢ciles!¡± El equipo entero ascendi¨® a toda prisa, con su presencia enmascarada por la nube de gas. A medida que sub¨ªa, Isaac se fij¨® en las puertas del ascensor. Algunas estaban abiertas de par en par. Los oscuros pasillos estaban despejados de stingers, pero pod¨ªa o¨ªrlos merodeando por las cercan¨ªas. Probablemente estuviesen siguiendo el camino m¨¢s directo y sencillo hacia la parte de arriba, los huecos de las escaleras. No hab¨ªa tiempo que perder. Stingers en hibernaci¨®n solo se despertar¨ªan de su letargo bajo influencias muy potentes. Una perturbaci¨®n que les empuje a tomar represalias, un brote reciente que les haga entrar en frenes¨ª¡­ Independientemente del motivo, una vez despiertos, gastar¨ªan hasta el ¨²ltimo ¨¢pice de vitalidad que les quedase en el cuerpo tratando de eliminar la amenaza; sin ning¨²n tipo de autopreservaci¨®n, hasta que se marchitasen por completo. ¡®Los bloqueos de las escaleras los mantendr¨¢n a raya por un rato, pero tarde o temprano los atravesar¨¢n. ?Tenemos que apresurarnos, maldita sea¡­!¡¯ ¡­ El equipo se hall¨® en el piso superior del hospital. Estaba tranquilo. Casi demasiado tranquilo. No hab¨ªa disparos, ni gritos. Todo lo que Isaac percib¨ªa eran tenues gru?idos y voces, provenientes de alg¨²n sitio bajo sus pies. ¡°??A-Aqu¨ª Delta, informando a todas las unidades!! ?Los stingers acaban de encenderse! ?Repito, los stingers se han encendido! ??Est¨¢n esprintando a toda velocidad!!¡± ¡°??Aqu¨ª Charlie!! ?Nuestro sector est¨¢ desbordado! ?Vienen de todas las direcciones! Central, ???qu¨¦ co?o est¨¢ pasando!!?¡± ¡°Aqu¨ª Central. Equipos Charlie y Delta, desplegad gas inhibidor y retiraos a una posici¨®n segura. Ignorad vuestras anteriores tareas. Equipos Alpha y Bravo, ten¨¦is que completar vuestras ¨®rdenes y evacuar la zona inmediatamente.¡± ¡°?Aqu¨ª Alpha!¡± dijo Isaac. ¡°?Estamos en lo alto del hospital, deber¨ªamos establecer contacto con el objetivo pronto, cambio!¡± se encar¨® al resto del equipo. ¡°?En marcha, chicos!¡± ¡°?S¨ª, se?or!¡± ¡°Sed precavidos, Alpha.¡± La Central continu¨® hablando mientras atravesaban el bosque de maquinaria que ocupaba el piso superior. ¡°Est¨¦ fen¨®meno refuerza nuestras sospechas sobre la presencia de una potencial reina stinger en el hospital. Si logr¨¢is confirmar esta hip¨®tesis, su seguridad debe ser de primordial importancia.¡± ¡°?Entendido¡­!¡± No era dif¨ªcil adivinar por qu¨¦ sospechar¨ªan tal cosa. Previamente, el surgimiento de una reina estable no era m¨¢s que una teor¨ªa. Ten¨ªa sentido, se consideraba necesario para que el resto de las piezas encajasen, pero no ten¨ªan pruebas. Esto lo cambiaba todo. La ¨²nica cosa que podr¨ªa hacer que stingers imperfectos se encendiesen a plena luz del d¨ªa era la influencia de feromonas de reina. Y algo as¨ª nunca era buena se?al. Isaac lo sab¨ªa muy bien. ¡®?Es esto¡­ un evento de Convergencia¡­? No, no puede ser. Si lo fuese, estar¨ªamos recibiendo noticias del exterior. Debo de estar d¨¢ndole demasiadas vueltas¡­¡¯ El equipo se apresur¨® hacia la puerta de salida y se dirigi¨® escaleras abajo, con las armas listas. ****** ¡°??Contacto!! ??Stingers delante!!¡± Antes de que tuviesen la oportunidad de refugiarse en interiores, un grupo de stingers los avist¨®. Corrieron de forma fren¨¦tica en su direcci¨®n, chillando, trepando o saltando sobre los veh¨ªculos y obst¨¢culos que se interpon¨ªan en su camino. No importaba cu¨¢nto gas inhibidor usasen, ser¨ªa in¨²til si aquellas cosas establec¨ªan contacto visual con ellos. ¡°??Fuego!!¡± Sus rifles, equipados con silenciadores, cantaron al un¨ªsono. Solo unas pocas balas fallaron. Los zombis fueron derribados, con disparos en la cabeza r¨¢pidos y precisos. ¡°?Deprisa, entrad! ?Vendr¨¢n a investigar!¡± El equipo irrumpi¨® en el edificio, localiz¨® la escalera m¨¢s cercana, y ascendi¨® al segundo piso. Hicieron una peque?a parada para desplegar otro contenedor de inhibidor. ¡°?Aqu¨ª Bravo! ?Hemos seguido al enemigo hasta un bloque de edificios a unos quinientos metros al este del avistamiento inicial! ?Las calles est¨¢n infestadas! ?Estamos atrapados aqu¨ª, pero ellos tambi¨¦n! ?Iniciamos silencio de radio! ?Cambio!¡± ¡°Aqu¨ª Central. Entendido, Bravo. Proceded con extrema precauci¨®n.¡± El Capit¨¢n Evans estaba nervioso. Era perfectamente consciente de lo peliaguda que era la situaci¨®n. Un solo error y se convertir¨ªan en comida de stinger. Si quer¨ªan tener alguna posibilidad de salir de all¨ª con vida, ten¨ªan que neutralizar al enemigo, tomar refugio en el piso superior, y esperar a que las hordas se calmasen. Mientras estuviesen cerca del suelo, ten¨ªan las horas contadas. El equipo activ¨® sus gafas de visi¨®n nocturna. A la se?al de Evans, procedieron a adentrarse en el edificio. Una tienda de ropa, sorprendentemente bien conservada. Fila tras fila de estantes y exhibidores, la mayor¨ªa todav¨ªa llenos de prendas de todo tipo y tama?o, desgastadas tras meses de abandono. Los posibles escondites eran abundantes. Si quer¨ªan encontrar a los objetivos, tendr¨ªan que peinar la zona r¨¢pida y met¨®dicamente. El enemigo no ser¨ªa tan est¨²pido como para exponer su posici¨®n o hacer ruido innecesario. Se o¨ªan rugidos y gritos salvajes tras las paredes que les rodeaban. Con las calles circundantes plagadas de stingers enloquecidos, las armas de fuego sentenciar¨ªan a todos los involucrados. No hab¨ªa potencia de fuego alguna que pudiese detener a una horda rampante en un entorno cerrado. A la orden de Evans, cambiaron los rifles por pistolas silenciadas y cuchillos de combate. Sin hacer ni un ruido, el equipo se dispers¨®, cada miembro aventur¨¢ndose por un pasillo distinto. Casi conten¨ªan la respiraci¨®n, con todos los sentidos puestos en rastrear los alrededores, buscando cualquier indicio de movimiento. Nada. Llegaron al fondo de la tienda, y se dieron unos a otros una se?al indicando que el ¨¢rea estaba despejada. El equipo se reorganiz¨® de nuevo. Evans y otros dos miembros procedieron hacia la parte de atr¨¢s del local; los dos miembros restantes se dirigieron a los probadores. ****** This story has been taken without authorization. Report any sightings. Gir¨® a la izquierda, hacia los cub¨ªculos de los probadores. No ten¨ªan puertas, sino cortinas. La mayor¨ªa estaban cerradas. Inmediatamente se fij¨® en el tercero en el lado derecho del pasillo. Una fina niebla emerg¨ªa del cub¨ªculo, filtr¨¢ndose por debajo de la cortina. ¡®?Ah¨ª hay alguien¡­! ?Es solo uno de ellos¡­?¡¯ No importaba qui¨¦n fuese el enemigo, ten¨ªan que estar usando tambi¨¦n gas inhibidor. De lo contrario, los stingers estar¨ªan entrando a borbotones en el edificio. Se comunic¨® con su compa?ero mediante gestos. Se posicionaron a ambos lados de la cortina del cub¨ªculo. Ten¨ªan que actuar como una exhalaci¨®n, sin darle ninguna oportunidad para reaccionar. Su respiraci¨®n era pesada, y sus prendas de ropa y su equipo hac¨ªan ruidos inevitables, pero se camuflaban con facilidad bajo los rugidos de las multitudes de fuera. 3¡­ 2¡­ 1¡­ 0. Su compa?ero tir¨® de la cortina, y ¨¦l se apresur¨® al interior, listo para someter al objetivo. ¡®??¡­!!¡¯ No hab¨ªa nada dentro, excepto un ¨²nico contenedor de gas inhibidor sujeto a un colgador en la pared. Se gir¨® a tiempo de ver c¨®mo se abr¨ªa la cortina del cub¨ªculo en el lado opuesto del pasillo. Una figura emergi¨® de la oscuridad y agarr¨® a su compa?ero desde atr¨¢s. Una mano tap¨® su boca, mientras la otra hund¨ªa algo en su espalda. Se oy¨® un grito de dolor amortiguado. Prepar¨® su cuchillo y respondi¨®, rajando el brazo del atacante en un intento de liberar a su compa?ero. ¡°?Gah¡­!¡± el corte hizo que el enemigo dejase escapar un leve gru?ido. Si perder el tiempo, comenz¨® a intercambiar golpes con ¨¦l, mientras su compa?ero ca¨ªa al suelo, claramente herido. Su oponente consigui¨® asestarle un golpe contundente en un costado, seguido de un rodillazo directamente al est¨®mago. Aunque su armadura corporal mitig¨® el impacto, no pudo evitar doblarse y toser. Entonces, sinti¨® una torsi¨®n en su brazo, y se vio en el suelo boca arriba. Por el rabillo del ojo, vio el siniestro relucir de una hoja de acero, lista para hundirse en su cuerpo. Reaccionando por puro instinto de supervivencia, us¨® su mano libre para coger la pistola, presionarla con fuerza contra la pierna de su oponente, y disparar. ¡°?Agh¡­!¡± su enemigo gru?¨® de nuevo, perdiendo el equilibrio y cayendo de rodillas. Lo derrib¨® a patadas, y aprovech¨® la oportunidad para incorporarse y someterlo. Jadeaba, pero se encontraba encima de su objetivo, sujetando una pistola contra un lateral de su cabeza. ¡°Te tengo, capullo¡­¡± susurr¨®. ****** Evans entr¨® a toda prisa en la zona de probadores, seguido de sus dos compa?eros. Hab¨ªa o¨ªdo el ruido, sutil y a la vez feroz. Algo hab¨ªa ocurrido. Lleg¨® a tiempo para ver la escena de una pelea. Uno de sus hombres en el suelo; el otro todav¨ªa en pie, inmovilizando a un soldado no identificado. *Click* Evans se congel¨® por un instante. Aquel chasquido. Sonaba tan familiar. ¡°Que os jodan.¡± dijo el hombre aprisionado contra el suelo, antes de extender un brazo y abrir la mano, revelando una anilla met¨¢lica en el dedo ¨ªndice. Todo lo que Evans pudo hacer fue agarrar a los dos hombres a su lado y tirar de ellos, zambull¨¦ndose hacia la zona principal de la tienda. Apenas uno o dos segundos despu¨¦s, escuch¨® un fuerte estallido, seguido de un zumbido en sus o¨ªdos. Su visi¨®n se hab¨ªa cegado por un destello de luz, y luego oscurecido por una nube de humo y polvo. Las formas de sus hombres se volvieron confusas, borrosas. La cabeza le daba vueltas. ¡°???Arriba!!! ???Todo el mundo arriba!!!¡± grit¨®. Al menos, crey¨® haber gritado, pero no pudo o¨ªr su propia voz. Se?al¨® hacia arriba con la mano, mientras sacud¨ªa los cuerpos de sus hombres, que luchaban por volverse a ponerse de pie. Uno de ellos ten¨ªa mal aspecto, pero parec¨ªa estar a¨²n en buena forma. Al otro le faltaba un brazo. No sobrevivir¨ªa a menos que recibiese primeros auxilios urgentemente, pero no pod¨ªan permitirse tal lujo en aquellos momentos. En cierto modo, no poder o¨ªr nada era una bendici¨®n. Evans prefer¨ªa no o¨ªr el infierno que se avecinaba, atra¨ªdo por la explosi¨®n. Corrieron escaleras arriba sin pens¨¢rselo dos veces, subiendo a trompicones hacia la remota posibilidad de dar con un lugar seguro. Varios muebles bloqueaban las escaleras que llevaban al cuarto piso. Ten¨ªan que buscar otra forma de subir. Todav¨ªa con zumbido en los o¨ªdos, Evans corri¨® a la tienda del tercer piso. Ni siquiera prest¨® atenci¨®n a su entorno. Empezaba a entrar en p¨¢nico. Era consciente de ello, sent¨ªa c¨®mo se le iba de las manos. Ninguno de los tres hombres oy¨® el nuevo chasquido. En un instante, una nube de gas se liber¨® a su alrededor. ¡®??Q-Qu¨¦¡­!? ??Qu¨¦ es esto¡­!? ??Gas inhibidor¡­!?¡¯ *?Cof!* *?Cof!* No era gas inhibidor. El inhibidor no ten¨ªa efectos notables sobre el cuerpo humano. No induc¨ªa el lloro. No causaba irritaci¨®n en la piel y en los pulmones. No te hac¨ªa toser incontroladamente. Si tuviese que adivinar, lo identificar¨ªa como alg¨²n tipo de gas lacrim¨®geno, pero peor. Perdiendo la fuerza en las piernas, tosi¨®. Una vez m¨¢s, el pitido en los o¨ªdos era una bendici¨®n. Le impidi¨® o¨ªr a sus hombres toser a su espalda. Le impidi¨® o¨ªr la avalancha de muerte que trepaba por las escaleras en busca de presa. Le impidi¨® o¨ªr los gritos cuando dientes voraces penetraron la carne. ****** Les sinti¨® correr y saltar por todas partes a su alrededor mientras destrozaban la tienda. Escuch¨® los gritos de agon¨ªa de los soldados a medida que sus vidas se extingu¨ªan. Sin embargo, no escuch¨® el caracter¨ªstico desgarro de la carne, o el burbujeo provocado por la mutaci¨®n del Sting. Quiz¨¢ sus cuerpos hab¨ªan sufrido demasiados da?os antes de que el virus pudiese apoderarse de ellos. Lo cual solo pod¨ªa significar una cosa: aquellos stingers no estaban tratando de esparcir la enfermedad. Ten¨ªan intenci¨®n de matar. Y no les hab¨ªa llegado con masacrar a los soldados. Hab¨ªan registrado todo el edificio de arriba abajo, asegur¨¢ndose de que no quedaba ni un rinc¨®n sin revisar, antes de marcharse tan r¨¢pido como hab¨ªan llegado. ¡®Alguien ha estado incordiando a la reina, ?eh¡­?¡¯ Mucho despu¨¦s de que la escena se hubiese sumido en el silencio, PT-01 solt¨® el cordel del que hab¨ªa tirado para detonar la trampa de gas, y se levant¨®. Su cuerpo atraves¨® la fina capa de gas inhibidor que flotaba sobre ¨¦l. Procedi¨® a estirar las extremidades, doloridas a causa de estar quieto por un periodo prolongado de tiempo. Tras asegurarse de que su m¨¢scara de gas segu¨ªa fijada adecuadamente a su cara, se acerc¨® al lugar donde los soldados hab¨ªan muerto. Tal y como sospechaba, los hab¨ªan hecho pedazos. Lo que quedaba era un horripilante espect¨¢culo de carne y sangre. PT-01 se agach¨® y recogi¨® algo de los restos. Una cartera marr¨®n ensangrentada, que abri¨® para revelar una identificaci¨®n. Capit¨¢n Evans Ridley. 27 a?os. ¡®Joven. Demasiado joven para estar haciendo esta mierda. Una pena¡­¡¯ Para alguien como ¨¦l, daba igual. Literalmente, le importaba un bledo en qu¨¦ l¨ªo acabase metido, siempre que el dinero estuviese a la altura. Quiz¨¢ todas las cosas que hab¨ªa hecho en el pasado le hab¨ªan insensibilizado. Sin embargo, aquellos hombres no eran m¨¢s que aficionados, jovenzuelos que el Ej¨¦rcito hab¨ªa reclutado y enviado a morir. ¡°Supongo que el mundo nunca cambia. Tan cruel como siempre¡­¡± Solt¨® la identificaci¨®n y se dirigi¨® a las escaleras, de camino a la azotea. Una vez estuvo a una distancia segura del nivel de suelo, cogi¨® la radio. ¡°Central, aqu¨ª PT-01. ?Me recib¨ªs? Cambio.¡± ¡°Aqu¨ª [ZEUS]. Te recibimos, Prometheus.¡± PT-01 mantuvo el silencio por un momento. Si le estaban contactando directamente, solo pod¨ªa implicar una cosa: la misi¨®n se acercaba a su final. Para bien o para mal. ¡°Informe de situaci¨®n.¡± dijeron. ¡°Prometheus ha sido eliminado. Soy el ¨²nico superviviente. La situaci¨®n en el hospital es desconocida. La reina ha sufrido da?os, provocando una estampida de stingers. Tambi¨¦n ha causado que el pretoriano se liberase de su confinamiento, y que presuntamente se dirija al hospital tambi¨¦n. Sabemos que el Ej¨¦rcito est¨¢ en escena, pero es dif¨ªcil predecir un resultado.¡± ¡°Recibido. Esta cadena de eventos sigue estando dentro de las posibilidades previstas. Mant¨¦n la posici¨®n y observa. Aseg¨²rate de que la fase final de la operaci¨®n en Saint Marie se resuelve satisfactoriamente. Despu¨¦s, recibir¨¢s nuevas ¨®rdenes. Cuenta con recibir apoyo de un nuevo equipo.¡± ¡°S¨ª, se?or.¡± ****** Por s¨ª solo, cualquier piso del hospital era enorme. Si quer¨ªan encontrar al sujeto resistente al Sting, tendr¨ªan que dividirse para cubrir m¨¢s terreno. ¡°?Connor y Paxton, conmigo en el pasillo norte!¡± Isaac comenz¨® a gritar ¨®rdenes. ¡°?Erik y Jameson, vosotros tomad el pasillo sur! ?Barreremos la zona de lado a lado! ?Vigilad vuestras espaldas, informad de cualquier cosa que encontr¨¦is, y recordad las instrucciones!¡± ¡°?Si, se?or!¡± respondi¨® el resto del equipo. Los soldados se reorganizaron en dos grupos y se dirigieron en distintas direcciones. Isaac lider¨® a su grupo por la ruta acordada, atento a posibles enemigos. Tras girar una esquina, se toparon de frente con un hombre y una mujer. Estaban desarmados. Cuando vieron a los soldados que se acercaban, sus expresiones se horrorizaron. ¡°??Aaah¡­!! ???N-No os acerqu¨¦is!!!¡± El hombre comenz¨® a tirar de la mujer, que se hab¨ªa quedado completamente inm¨®vil. ¡°??Al suelo!! ??Ahora!!¡± orden¨® Isaac, con voz atronadora. ¡°?No les haremos da?o si cooperan! ??Al suelo!!¡± Dudaron. ¡°???He dicho al suelo!!!¡± Isaac les apunt¨® con el rifle. Abrumados, colapsaron bajo la presi¨®n. Lentamente, se pusieron de rodillas con las manos arriba. No era exactamente lo que hab¨ªa ordenado, pero le serv¨ªa. ¡®Dudo mucho que alguno de ellos sea el sujeto resistente. Mantendr¨ªan un recurso tan valioso bajo vigilancia, especialmente si son conscientes de su naturaleza.¡¯ ¡°??Qu¨¦ ha ocurrido aqu¨ª!? ?Expliquen la situaci¨®n!¡± ¡°?N-N-No sabemos nada¡­! ?Todos empezaron a pelearse entre ellos, y nos fuimos corriendo! ?P-Por favor, no tenemos nada que ver con esto¡­!¡± el hombre estaba hecho un manojo de nervios mientras trataba de soltar una explicaci¨®n. ¡°?D¨®nde se est¨¢n peleando?¡± ¡°?Empez¨® en una de las s-salas de espera m¨¢s adelante¡­!¡± ¡°?Ustedes esc¨®ndanse en alguna parte, y no se entrometan!¡± dijo, antes de girarse hacia sus compa?eros. ¡°Preparaos para potenciales humanos hostiles. Paxton, vigila nuestras seis. ?En marcha!¡± ¡°?S¨ª, se?or!¡± CAPíTULO 41 – REFUERZOS La conmoci¨®n en la sala de espera hab¨ªa amainado. Hab¨ªan parado de disparar. Ya no estaban peg¨¢ndose entre ellos, discutiendo, o lanz¨¢ndose insultos y amenazas. Algunos estaban heridos, gimiendo de dolor. Otros no hab¨ªan tenido tanta suerte, y sus cuerpos, todav¨ªa calientes, yac¨ªan sin vida en el suelo. Sin embargo, nadie les prestaba atenci¨®n. En lugar de eso, se miraban unos a otros, desconcertados. ¡°?A-Alguien m¨¢s oye eso¡­?¡± ¡°??De d¨®nde viene!?¡± Un retumbar en la distancia. Al principio era irreconocible, pero no tard¨® en escalofriar a todos los presentes tan pronto se percataron de lo que ocurr¨ªa. No era sino un recordatorio del duro mundo en el que viv¨ªan. ¡°Son¡­ Son gritos, ??no!?¡± ¡°??Suenan a caminantes!!¡± ¡°?Viene de fuera¡­?¡± un hombre se acerc¨® a una de las ventanas. ¡°?Alto!¡± Marcus le grit¨® al hombre. ¡°??Que todo el mundo se aleje de las ventanas!!¡± ¡°?Qu¨¦¡­ pasa¡­?¡± murmur¨® Stella. Segu¨ªa descansando en brazos de Marcus, respirando con pesadez. La herida de bala en su abdomen era desagradable a base de bien. No hab¨ªa alcanzado ning¨²n ¨®rgano vital, pero la p¨¦rdida de sangre hab¨ªa sido significativa. Ella insist¨ªa en hacerse la fuerte, pero no le servir¨ªa de mucho. No sobrevivir¨ªa sin el tratamiento apropiado. Marcus hab¨ªa hecho todo lo que hab¨ªa podido para estabilizar la herida y detener la hemorragia, pero no era suficiente. Sus conocimientos m¨¦dicos eran in¨²tiles sin las herramientas necesarias. ¡°Por favor, no hables.¡± dijo Marcus. ¡®Maldita sea, ??las hordas ya han llegado al hospital¡­!? Deben de estar amonton¨¢ndose en las calles. ?No tardar¨¢n en trepar hasta aqu¨ª arriba¡­! Normalmente, el nido impedir¨ªa que ocurriese algo as¨ª. Pero, ?si el nido tambi¨¦n est¨¢ alterado, no sirve de nada!¡¯ ¡°?Atenci¨®n, todos! ??Tenemos que marcharnos de aqu¨ª cuanto antes!! ?Tenemos que ir m¨¢s adentro, lejos de las paredes exteriores!¡± ¡°??Qui¨¦n co?o eres t¨² para darnos ¨®rdenes!?¡± casi al instante, alguien se le opuso. ¡°??Y q-qu¨¦ hay de los soldados¡­!?¡± ¡°?Escuchad esos sonidos, por el amor de dios!¡± dijo Marcus, ech¨¢ndoles una mirada frustrada. ¡°?En serio cre¨¦is que es momento de discutir?¡± Nadie estuvo en desacuerdo. ¡°?Ayudad a los heridos! ?Venga!¡± orden¨®, mientras ayudaba a Stella a levantarse. Parecieron escucharle, arremolin¨¢ndose alrededor de los ca¨ªdos. Marcus no pod¨ªa decir que no le sorprendiese. La amenaza de los caminantes deb¨ªa de haber desenterrado algunos ¨¢pices de sentido com¨²n. ¡°?Ugh¡­!¡± Stella dej¨® escapar un gru?ido de dolor. ¡°Joder¡­ Y yo era la que pretend¨ªa mantener las cosas bajo control¡­ Una pedazo imb¨¦cil, eso es lo que soy¡­¡± ¡°En serio, calla.¡± Prest¨¢ndole su hombro como apoyo, Marcus sali¨® de la habitaci¨®n y sigui¨® los pasillos hacia las zonas internas del hospital, con todos los dem¨¢s sigui¨¦ndole. El grupo se top¨® con una nueva fuente de ruido, esta vez proveniente del interior del edificio. Un ruido que se volv¨ªa m¨¢s y m¨¢s fuerte a medida que se acercaban a las escaleras que ten¨ªan delante. La gran barricada que bloqueaba el hueco de la escalera parec¨ªa respirar. Se hinchaba y abultaba, agit¨¢ndose como si algo la estuviese empujando r¨ªtmicamente desde el otro lado. Una sinfon¨ªa de golpes y raspaduras se colaba por las grietas del bloqueo, junto a lloros y quejidos familiares. Un aura azul lo envolv¨ªa. ¡°?Mierda! ?Atr¨¢s todo el mundo! ??Por aqu¨ª hay¡ª!!¡± las palabras de Marcus se vieron interrumpidas por el crujido de la barricada al caerse a trozos, con fragmentos de madera y metal esparci¨¦ndose por el suelo a medida que docenas de caminantes entraban a la fuerza a los pasillos. ¡®??Ya¡­!? Sab¨ªa que en alg¨²n momento alcanzar¨ªan los pisos superiores, pero, ??no es esto demasiado r¨¢pido¡­!? ???Maldici¨®n!!!¡¯ Mientras la multitud que le segu¨ªa entraba en p¨¢nico, Marcus se percat¨® de algo. Las venas de los caminantes brillaban con furia, como si estuviesen a punto de estallar en llamas en cualquier momento. Sus movimientos eran m¨¢s r¨¢pidos y fluidos de lo que cabr¨ªa esperar tras varios meses de confinamiento. ¡®Esta reacci¨®n¡­ No me digas¡­ ???Le ha pasado algo a Lilian!!?¡¯ Si la reina hab¨ªa sufrido alg¨²n tipo de da?o, el hospital no ser¨ªa un simple punto caliente de caminantes. No, se convertir¨ªa en el objetivo de una ola cabreada de z¨¢nganos, y podr¨ªa llegar a atraer a la poblaci¨®n de toda la celda. Necesitaba tiempo para pensar, pero no pod¨ªa permitirse tal cosa. No con una muchedumbre de caminantes a punto de darse un fest¨ªn con ¨¦l. Ten¨ªan que luchar ahora que todav¨ªa pod¨ªan, pero ser¨ªa dif¨ªcil hacerlo mientras proteg¨ªan a los heridos. La mayor¨ªa de los supervivientes sal¨ªan despavoridos sin mirar atr¨¢s, abandonando a sus compa?eros a su suerte. Los que todav¨ªa llevaban armas dudaban a la hora de abrir fuego. Con su mano libre, cogi¨® la pistola. Sin embargo, antes de que pudiese apretar el gatillo, un sonido met¨¢lico le llam¨® la atenci¨®n. Un peque?o objeto entr¨® volando en su campo de visi¨®n. Vino de uno de los corredores que sal¨ªan del pasillo principal. Rebot¨® en el suelo varias veces, antes de detenerse delante de Marcus y Stella. Con un estallido suave, una nube de niebla blanca brot¨® del objeto, inundando r¨¢pidamente el pasillo. Todos los todav¨ªa presentes se taparon los ojos y la boca, sorprendidos por el humo. ¡®??Qu¨¦¡­!? ??Humo!? No, espera¡­ ?Conozco este gas, este olor¡­!¡¯ Inhibidor de feromonas. Un grupo de tres figuras sombr¨ªas emergieron de la niebla. Marcus escuch¨® el tan conocido sonido del fuego silenciado, ininterrumpido a lo largo de un minuto entero. A medida que el humo empez¨® a disiparse, tres soldados quedaron a la vista. Frente a ellos, la multitud de caminantes hab¨ªa ca¨ªdo, neutralizados con eficiencia letal. Reconoci¨® a uno de ellos. Su coraz¨®n dio un vuelco. ¨¦sta era su oportunidad. Una jugada arriesgada, pero necesaria. ¡°??Capit¨¢n Isaac!?¡± pregunt¨®. Los soldados se giraron. Uno de ellos abri¨® mucho los ojos en cuanto vio su cara. ¡°???Dr. Marcus¡­!!?¡± dijo Isaac. Inmediatamente le apunt¨® con el rifle. ¡°??Qu¨¦ significa esto!?¡± ¡°?Central! ??Me recib¨ªs!?¡± dijo otro soldado, hablando por la radio. ¡°?Hemos encontrado al Dr. Marcus! ?Cambio!¡± ¡°?Esperad! ?No dispar¨¦is!¡± rog¨® Marcus. ¡°?Deb¨¦is o¨ªr lo que tengo que decir!¡± ¡°??Espera que me quede quietecito y escuche lo que sea que un traidor como usted tiene que decir!? ?Suelte el arma! ?Ya haremos preguntas despu¨¦s!¡± ¡°?Esc¨²chame, maldita sea! ?Hay una reina aqu¨ª!¡± ¡°?¡­qu¨¦ acaba de decir¡­?¡± ¡°?No s¨¦ qu¨¦ es lo hab¨¦is venido a hacer aqu¨ª, pero es imperativo que prest¨¦is atenci¨®n a esto! Es una chica peque?a, de pelo negro corto, muy t¨ªmida y reservada. ?Y no solo es una reina stinger, ella misma es resistente al Sting! Entiendes lo que significa esto, ?no, Isaac¡­?¡± Tras varios segundos de duda, Isaac cogi¨® su radio. ¡°Central, aqu¨ª Alpha. Tenemos una pista sobre la reina. Podr¨ªa estar aqu¨ª, y podr¨ªa ser el objetivo resistente que buscamos.¡± ¡­ ¡°S¨ª, as¨ª es.¡± ¡­ ¡°S¨ª.¡± ¡­ ¡°Entendido.¡± dej¨® la radio, y centr¨® su atenci¨®n de nuevo en Marcus. ¡°?D¨®nde est¨¢?¡± ¡°En alguna parte del ala este de esta planta. Algunos de mis compa?eros se dirigen ya hacia all¨ª, deber¨ªan estar manteni¨¦ndola a salvo.¡± ¡°?Erik, Jameson, aqu¨ª el Capit¨¢n Isaac!¡± cogi¨® de nuevo la radio. ¡°?Dirig¨ªos al ala este tan r¨¢pido como pod¨¢is, ah¨ª es donde se encuentra el objetivo! Una chica peque?a, pelo negro corto, deber¨ªa ser f¨¢cil de identificar. ?Daos prisa!¡± Otra oleada de caminantes brot¨® del hueco de la escalera. Los soldados abrieron fuego sobre la horda, abati¨¦ndolos uno tras otro. ¡°?Connor! ?Qu¨¦date con esta gente y prot¨¦gelos! ?Re¨²ne a todo el mundo y prep¨¢ralos para la evacuaci¨®n en la salida!¡± orden¨® Isaac. A case of theft: this story is not rightfully on Amazon; if you spot it, report the violation. ¡°?S¨ª, se?or!¡± Marcus ech¨® un vistazo r¨¢pido por encima del hombro de Stella. Aunque al principio eran esc¨¦pticos y estaban asustados de los soldados, los supervivientes se hab¨ªan tranquilizado. Una sensaci¨®n de alivio flotaba en el aire, tras presenciar c¨®mo los soldados acribillaban a toda una multitud de caminantes sin demasiado esfuerzo. Por supuesto, Marcus sab¨ªa que no siempre ser¨ªa tan sencillo. La munici¨®n no era infinita, y lo peor estaba a¨²n por llegar. Aun as¨ª, era suficiente para inspirar a aquella gente a mantenerse firmes y pensar con cabeza. ¡°Dr. Marcus¡­ No me f¨ªo una mierda de usted, pero aparentemente el Coronel Rowan s¨ª. Si puede ayudar a todo el mundo a salir de aqu¨ª, h¨¢galo. D¨¦jenos el resto a nosotros.¡± dijo Isaac. ¡°?Paxton, conmigo! ?Tenemos que reunirnos con los dem¨¢s!¡± ¡°?Espera¡­! ??Ten¨¦is por alg¨²n acaso una inyecci¨®n inhibidora¡­!?¡± pregunt¨® Marcus. Isaac, quien estaba a punto de salir corriendo, se par¨® un momento. ¡°¡­no.¡± ¡°?El nivel de agresi¨®n que muestran estos stingers no es normal! ?Algo debe de estar afligiendo a la reina! ?Sin una inyecci¨®n de inhibidores para ocultar su presencia, no parar¨¢n de venir hasta que estemos todos muertos!¡± ¡®A no ser que¡­ No, no, ?no podemos depender de algo as¨ª! ?La inyecci¨®n es la ¨²nica forma segura de salir de este l¨ªo!¡¯ ¡°Deben de tener un suministro de ellas por aqu¨ª, en alguna parte. ?De lo contrario, el hospital no ser¨ªa seguro!¡± ¡°No tenemos tiempo de registrar todo el edificio en busca de algo tan peque?o.¡± Isaac le entreg¨® una peque?a radio. ¡°Tome esto, estaremos en contacto. Por ahora, nuestra prioridad es asegurar a la reina. Trazaremos un plan despu¨¦s. ?Dese prisa, ya hemos desperdiciado suficiente tiempo!¡± Sin intenci¨®n de perder ni un solo segundo m¨¢s, Isaac y su compa?ero de equipo se giraron y abandonaron la zona a toda prisa. ¡°?Vale, atento todo el mundo!¡± Connor comenz¨® a dar ¨®rdenes a los supervivientes. ¡°?Nos dirigiremos a la salida! ?Tenemos que alejarnos de escaleras y ventanas! ?S¨ªganme y mantengan la calma! ?Los que est¨¦n capacitados para usar un arma, prep¨¢rense por si nos encontr¨¢semos con m¨¢s de esas cosas! ?Nos vamos! ?Venga, venga!¡± Con ¨¢nimos renovados, los supervivientes empezaron a moverse en grupo. ¡°Parece que tus amigos no eran tan malvados y crueles como ese Julien los hab¨ªa descrito¡­ Tus corazonadas eran ciertas, como de costumbre, ?eh¡­?¡± resopl¨® Stella. Marcus la ignor¨®, pues darle una respuesta solo la impulsar¨ªa a seguir hablando. Mientras segu¨ªa al resto del grupo, observ¨® una persona de peque?o tama?o que se le acercaba. Le reconoci¨®. ?Ethan, se llamaba? A Marcus le pareci¨® impresionante que no hubiese salido pitando ante la primera se?al de peligro. ¡°Um¡­ ?Disculpe, se?or¡­?¡± dijo el chico. ¡°?S¨ª?¡± ¡°Bueno, h-he escuchado un poco su conversaci¨®n con ese soldado, se?or.¡± ¡°?¡­y?¡± ¡°S¨¦ que hay un malet¨ªn peque?ito con jeringas en la sala de suministros. Me lo encontr¨¦ por casualidad mientras robaba comida. Era raro, y estaba un tanto escondido.¡± miraba al suelo, probablemente tratando de ocultar la verg¨¹enza y la culpa que se hab¨ªan dibujado en su rostro. ¡°No entiendo muy bien, pero creo que podr¨ªa ser, pues¡­ ?importante?¡± Marcus se qued¨® un tanto boquiabierto. ¡°Escucha, ?est¨¢s seguro de lo que viste? ?Qu¨¦ aspecto ten¨ªan? ?Recuerdas si ten¨ªan alguna etiqueta? ??Algo, lo que sea!?¡± ¡°N-No. No les prest¨¦ mucha atenci¨®n.¡± ¡°Creo que comprendo de qu¨¦ va todo esto¡­¡± dijo Stella. ¡°Encontrar¨¦ otro hombro en el que apoyarme¡­ ?Ve!¡± Sab¨ªa lo que ten¨ªa que hacer. No importaba cu¨¢nto se esforzase el equipo Alpha, o cu¨¢nto apoyo recibiesen de la Central. No ten¨ªan los recursos para detener la llamada de una reina stinger en apuros. ¡°?Puedes llevarme a esa sala de suministros?¡± pregunt¨®. ****** ¡°??Qu¨¦ es ese sonido!?¡± pregunt¨® Claire. William llevaba un rato oy¨¦ndolo. Para ser precisos, desde que hab¨ªan salido del s¨®tano. Un tenue retumbar, proveniente de todas partes y de ninguna parte al mismo tiempo. Pero ahora se acercaba y se intensificaba. Era el sonido de docenas de pasos, el sonido de una multitud quejumbrosa, de mobiliario siendo derribado, de cristal resquebraj¨¢ndose y estallando. Le record¨® a una horda nocturna, pero sin su violencia y brutalidad. El brillo azul que emanaba de una puerta al otro lado del vest¨ªbulo anunci¨® su llegada. Lenta pero inexorablemente, el pasillo comenz¨® a escupir caminantes al interior de la estancia. Sus cuerpos estaban cubiertos de ardientes venas azules, y sus caras se retorc¨ªan en una mezcla de horror y dolor. ¡°??Ah!! ??No¡­!! ???Atr¨¢s!!!¡± grit¨® Julien. Agarr¨® a Lilian y la levant¨® del suelo a tirones, para luego alejarla arrastras de los caminantes. Segu¨ªa sujetando el detonador en su mano izquierda. En cuanto estuvo casi de espaldas a la pared, cogi¨® su pistola y empez¨® a descargarla sobre los zombis. Algunos segundos despu¨¦s, el arma dej¨® de responder. Sigui¨® apretando el gatillo en incredulidad. Tras malgastar o fallar la mayor¨ªa de los disparos, se hab¨ªa quedado sin nada con lo que defenderse. Sin embargo, su arrebato de p¨¢nico hab¨ªa sido muy efectivo a la hora de llamar la atenci¨®n de la multitud. ¡°???Claire!!!¡± William alz¨® la voz y apunt¨® su rifle. Ella lo mir¨®, y pareci¨® comprender sin necesidad de explicaciones. Cogi¨® su pistola y le imit¨®. William centr¨® la mira con tanta precisi¨®n como pudo sobre la cabeza del caminante m¨¢s cercano, y apret¨® el gatillo. Estaba tentado de disparar a discreci¨®n, pero era consciente de lo in¨²til que ser¨ªa algo as¨ª contra unos zombis. En su lugar, realiz¨® disparos individuales en r¨¢pida sucesi¨®n. Oy¨® a Claire disparando su pistola, a su lado. Esperaba que recordase algo acerca de las lecciones de tiro que le hab¨ªa dado. Al menos parec¨ªa haber superado su reticencia a utilizar un arma. A pesar de sufrir bajas, la mayor¨ªa de los caminantes insistieron en arrastrarse hacia Julien y Lilian. William grit¨® a todo pulm¨®n en un intento de llamar su atenci¨®n. En cierta medida, funcion¨®, y una gran porci¨®n de la horda mir¨® en su direcci¨®n, encontr¨¢ndoles repentinamente m¨¢s apetecibles. ¡°??Est¨¢n con nosotros!! ??Retrocede!!¡± dijo William. ¡°??V-Vale¡­!! ??Nora, sal de ah¨ª!!¡± respondi¨® Claire. ¡°?Pero¡­! ???Lilian!!¡± Nora les sigui¨® mientras retroced¨ªan a un pasillo cercano, con sus preocupados ojos centrados en su hermana. ¡°?Ese capullo a¨²n tiene el detonador! ?Todo lo que podemos hacer ahora mismo es impedir que los maten a ambos!¡± Siguieron disparando, con la horda acerc¨¢ndose m¨¢s y m¨¢s. ¡°?Ah! ??No me quedan balas¡­!!¡± grit¨® Claire. ¡°?Recarga! ??Yo los mantengo a raya!!¡± Claire comenz¨® a trastear con la pistola, y sus temblorosas manos consiguieron expulsar el cargador. Sac¨® uno nuevo del bolsillo de la chaqueta, y casi se le escurre de las manos mientras luchaba por insertarlo en el arma. Intent¨® disparar de nuevo, pero lo ¨²nico que se oy¨® fue un inc¨®modo chasquido. ¡°??Eh¡­!? ??No funciona!?¡± ¡®Mierda, ??se le ha atascado!? ?Este es el puto peor momento para un atasco!¡¯ El arma de William dej¨® tambi¨¦n de responder, habi¨¦ndose vaciado el cargador. El suelo frente a ellos estaba lleno de cad¨¢veres, pero segu¨ªan saliendo m¨¢s del vest¨ªbulo. Desde alg¨²n sitio en la distancia, oy¨® la voz llorosa de Julien. ¡®No entres en p¨¢nico. Sigue los pasos. Extrae el cargador. Inserta uno nuevo. Apunta. Dispara.¡¯ Un solo hombre no pod¨ªa vencer a una muchedumbre as¨ª, sab¨ªa que no era posible. Pero, ?qu¨¦ otra cosa pod¨ªa hacer? Sigui¨® gritando y apretando el gatillo. Un sonido met¨¢lico repic¨® en sus o¨ªdos cuando un objeto peque?o rod¨® por el suelo al lado de sus pies, proveniente de alg¨²n punto a su espalda. Entones, una nube de humo blanco llen¨® el pasillo. Los tres empezaron a toser. ¡°??Ap¨¢rtense!! ??Ap¨¢rtense todos!!¡± Mir¨® atr¨¢s, y vio dos figuras avanzando en su direcci¨®n. De forma instintiva, se peg¨® a la pared. ¡°?Claire, Nora! ??Haceos a un lado!!¡± grit¨®. El sonido amortiguado de fuego autom¨¢tico inund¨® el aire, mientras los desconocidos reci¨¦n llegados se abr¨ªan paso a trav¨¦s de la horda con sorprendente facilidad. ¡°?Recargando! ?C¨²breme!¡± ¡°?Vigila tus nueve! ?Stingers por el pasillo norte!¡± ¡°?Este flanco est¨¢ despejado!¡± Cuando el humo se dispers¨®, William avist¨® un par de soldados, con las armas todav¨ªa en ristre, rodeados de caminantes muertos. ¡®?En serio¡­?¡¯ Se apresur¨® de vuelta al vest¨ªbulo, seguido por las chicas. Tan pronto como lo hicieron, uno de los soldados los enca?on¨®. En shock, se detuvieron. ¡°?Alto! ?Qu¨¦dense donde est¨¢n con las manos arriba!¡± orden¨® el soldado. ¡°?Estamos buscando a alguien! ?Una chica peque?a, con pelo corto de color negro! ?Si tienen informaci¨®n sobre su paradero, hablen!¡± ¡°??Qu¨¦¡­!? ?Estaba aqu¨ª hace un momento!¡± dijo William. Ech¨® un vistazo por la estancia. No hab¨ªa nadie a la vista. ¡°?Es una reh¨¦n! ?Le han adosado un cintur¨®n explosivo!¡± trat¨® de ofrecerles la informaci¨®n m¨¢s crucial lo antes posible. A decir verdad, no confiaba demasiado en aquellos soldados. Desde su punto de vista, no eran diferentes a cualquier otro extra?o. Pero hac¨ªa ya un rato que se hab¨ªa jurado a s¨ª mismo que cooperar¨ªa con ellos. ¡°??Qu¨¦ acaba de decir!? ??Explosivos¡­!?¡± ¡°As¨ª es. ?Su captor tratar¨¢ de sacarla del hospital! ?No pueden haber ido muy lejos!¡± ¡°?Muy bien¡­! ?Capit¨¢n Isaac, aqu¨ª Erik! ?Tenemos informaci¨®n sobre el objetivo!¡± ****** Tan cerca. Estaba tan cerca. Ya pod¨ªa ver la salida. Tan solo ten¨ªa que salir al exterior y dejar atr¨¢s aquel endiablado hospital. Aquella gente quer¨ªa a la chica a toda costa, no se rendir¨ªan. Enviar¨ªan a alguien m¨¢s. Le encontrar¨ªan. Y ¨¦l se asegurar¨ªa de que le salvasen tambi¨¦n. Tan cerca, y a la vez tan lejos. Sentado en el suelo, Julien apret¨® los dientes y trat¨® de sujetarse el brazo izquierdo. Una insoportable punzada de dolor le sacudi¨® hasta la m¨¦dula. Estaba roto. O, al menos, dislocado. Donovan estaba de pie a su lado, con el detonador en las manos. Lilian se hallaba a unos metros de distancia, en cuclillas y cubri¨¦ndose las orejas. ¡®?Por qu¨¦¡­? ??Por qu¨¦!? ??C¨®mo he acabado as¨ª!?¡¯ ¡°??All¨ª!! ???Los veo!!!¡± una voz lleg¨® desde el final del pasillo. Los dos soldados, seguidos por aquel tr¨ªo de idiotas, emergieron al pasillo exterior y comenzaron a correr en su direcci¨®n. Donovan ten¨ªa ahora el detonador, por lo que no les quedar¨ªa m¨¢s remedio que seguir sus ¨®rdenes. Sin embargo, Julien ya no desempe?aba ning¨²n papel. Donovan le mir¨® fijamente por un momento, y su expresi¨®n se torci¨® con desprecio. Sac¨® un cuchillo, y se le acerc¨®. ¡®?As¨ª de f¨¢cil? Jaja¡­ ??Ni siquiera vas a decir nada, pedazo de capullo!?¡¯ Cuando Donovan estaba a punto de abalanzarse sobre ¨¦l, ¨¦ste alzo la mirada y observ¨® algo en el exterior, a trav¨¦s de la ventana. Julien tambi¨¦n se percat¨®. Un peculiar ruido sordo, r¨ªtmico, que aumentaba gradualmente de volumen. Hubo un momento de silencio. Un segundo despu¨¦s, el mundo entero pareci¨® dar vueltas y venirse abajo. Sus t¨ªmpanos amenazaron con reventar debido a un potente estallido. Julien observ¨® c¨®mo Donovan era engullido por una avalancha de escombros y polvo, un instante antes de que un fragmento de roca le atinase de pleno en la cabeza. Cay¨® como un trapo. Su mirada se hab¨ªa vuelto borrosa; se sent¨ªa mareado. Apenas pod¨ªa reconocer nada de lo que ten¨ªa delante. Lo ¨²nico que percib¨ªa era la nube de polvo, que se mov¨ªa en patrones sinuosos. Momentos antes de quedarse sin conocimiento, crey¨® percatarse de algo extra?o dentro de su campo de visi¨®n. Algo grande. CAPíTULO 42 – VíNCULO Las piernas de Nora temblaban sin parar. Incapaz de mantenerse en pie, cay¨® de rodillas, sujet¨¢ndose la cabeza con ambas manos. Apret¨® los dientes y cerr¨® con fuerza los ojos, tratando de soportar el dolor. Su incansable jaqueca, a la cual hab¨ªa empezado a acostumbrarse, se hab¨ªa intensificado repentinamente de forma desmedida. [Miedo. Ayuda. Miedo. Ayuda. Miedo. Ayuda.] Palpitando desde lo m¨¢s profundo de su mente, cada palabra percibida provocaba una sensaci¨®n de ardor; como una se?al paras¨ªtica que le fre¨ªa el cerebro. ¡°?Aaah¡­! ??Aaaah!!¡± no pod¨ªa evitar levantar la voz. ¡®?Basta¡­! ??Por favor, ya basta¡­!!¡¯ Abri¨® un ojo a duras penas, en un intento de mantenerse consciente de su entorno. Por mucho que le costase seguir el ritmo de los eventos en curso, sab¨ªa que estaban en problemas. El estruendo. Escombros volando en todas las direcciones. Un fulgor azul brillante que sal¨ªa de algo dentro de la nube de polvo. La respiraci¨®n de aquella cosa. Alguien se le acerc¨® a toda prisa y la sujet¨® por los hombros. ¡°?Nora! Nora, ???qu¨¦ ocurre!!?¡± dijo Claire. ¡°??Atr¨¢s, las dos!! ???Deprisa!!!¡± William las agarr¨® a las dos y tir¨® de ellas, alej¨¢ndolas de la nube. ¡°??Contacto!! ?Capit¨¢n Isaac, aqu¨ª Erik! ?Hemos encontrado al objetivo! ??El pretoriano tambi¨¦n est¨¢ aqu¨ª!! ?En la salida, en el pasillo exterior sur! ?Cambiando a munici¨®n perforante! ?Solicito refuerzos inmediatamente! ?Cambio!¡± Lilian se acurrucaba contra una pared, a unos tres metros de distancia. Nora sinti¨® su llamada de socorro, en bucle, una y otra vez; pero su hermana no parec¨ªa darse cuenta de lo cerca de ella que estaba. Ni siquiera intent¨® mirar en su direcci¨®n. ¡®?Estoy aqu¨ª! ??Justo aqu¨ª!! ??Lilian!!¡¯ Detr¨¢s de la chica, el polvo empez¨® a asentarse, revelando a la criatura que se ocultaba en su interior. Era demasiado grande como para erguirse en el pasillo. Los ojos del monstruo se concentraban en Lilian. Los quistes brillantes que ten¨ªa por el cuerpo vibraban con fuertes espasmos, dando una apariencia de corazones palpitantes, y emitiendo suficiente luz como para iluminar todo el pasillo. [Viene. Ayuda. Viene. Ayuda. Viene. Ayuda.] Tras emitir un grave gru?ido, comenz¨® a mover su enorme cuerpo hacia ella, ignorando a todos los dem¨¢s en la escena. El ruido de los disparos interrumpi¨® el avance del monstruo. Los soldados, tras desplegar otro recipiente de gas blanco, abrieron fuego de forma indiscriminada. Contra todo pron¨®stico, hubo una reacci¨®n significativa. Cada bala levantaba astillas de piel y hueso del cuerpo de la criatura. Varios de los n¨®dulos brillantes fueron alcanzados y reventaron, supurando una desagradable sustancia marr¨®n. En lugar de cargar contra sus oponentes, la cosa se encogi¨® y gru?¨®, aparentemente dolorida. En el lado opuesto del pasillo, en alg¨²n lugar detr¨¢s del monstruo, Nora vio un destello de luz. ?Una linterna? Oy¨® a alguien hablar en la radio de uno de los soldados. ¡°?Aqu¨ª el Capit¨¢n Isaac! ?Tenemos contacto visual con el objetivo! ?Alto el fuego, Erik, Jameson! ??Llamaremos su atenci¨®n; vosotros proteged a la reina!!¡± Los soldados pararon de disparar. Al mismo tiempo, una lluvia de balas cay¨® sobre la espalda del monstruo. Ahora enfurecido, se gir¨® entre aullidos. Hall¨¢ndose acorralado, rugi¨® y carg¨® contra los reci¨¦n llegados. Su cuerpo raspaba las paredes y el techo en el proceso, dejando un rastro de polvo y escombros tras de s¨ª. Los soldados trataron de acercarse a Lilian, pero se detuvieron en seco, alertados por algo en el exterior. ¡°??C-Contacto!! ???Stingers!!!¡± dijo uno de ellos, alzando su rifle y abriendo fuego. Un caminante hab¨ªa trepado hasta el sexto piso desde el exterior, antes de ser abatido. En la distancia, Nora oy¨® el sonido de ventanas estallando, proveniente de muchas direcciones a un tiempo. ¡°?Mierda, tenemos que salir de aqu¨ª! ??Ahora!!¡± grit¨® William. ¡°??Nora!! ???Mu¨¦vete!!!¡± ¡°?Tenemos que llevarnos a Lilian tambi¨¦n!¡± dijo Claire. ¡°?Ese monstruo se ha ido, y soldados estar¨¢n ocupados! ?C¨®gela y v¨¢monos! ??No podemos quedarnos aqu¨ª sin hacer nada!!¡± ¡°?Joder¡­!¡± Claire dej¨® a Nora y corri¨® hacia Lilian. William cogi¨® su rifle y apunt¨® a un caminante que se arrastraba a trav¨¦s de una ventana cercana. Los soldados tomaron posici¨®n en el agujero que el monstruo hab¨ªa creado en la pared, luchando para impedir que las hordas entrasen. ¡°??Central, aqu¨ª Alpha!! ?Esto est¨¢ infestado! ?As¨ª no podemos asegurar al objetivo! ???D¨®nde est¨¢n los refuerzos!!?¡± ¡®?Qu¨¦ estoy haciendo¡­? ?Por qu¨¦ sigo de rodillas? Se supon¨ªa que iba a recuperarla. Se supon¨ªa que iba a ayudarla. ?Por qu¨¦¡­?¡¯ El dolor, arraigado muy al fondo de su cabeza, le dificultaba el formar pensamientos coherentes. Sus extremidades estaban adormecidas, no respond¨ªan. La llamada de Lilian ya no conten¨ªa palabras. Lloriqueaba, como un cachorro herido, suplicando protecci¨®n, suplicando auxilio. Y cada uno de aquellos lloros agravaba todav¨ªa m¨¢s el sufrimiento de Nora. El flujo del tiempo pareci¨® ralentizarse. Mareada, vio cosas que no deber¨ªa estar viendo. Se vio a s¨ª misma retorci¨¦ndose de rodillas. Vio a Claire tratando de conseguir que Lilian se moviese, sin ¨¦xito. Vio a William disparando a los caminantes que se zambull¨ªan por las ventanas. Vio a los dos soldados qued¨¢ndose sin munici¨®n frente a las hordas, recurriendo a sus pistolas. Vio a las propias hordas, reptando por la fachada del hospital desde todos los flancos. Vio a aquella enorme criatura atravesando el torso de un soldado con el brazo. Empezaron a pitarle los o¨ªdos. ¡®Se ha acabado, ?verdad¡­? Hasta aqu¨ª¡­¡¯ Se imaginaba lo que iba a pasar en cuesti¨®n de segundos. Hab¨ªa ocurrido antes, por lo que no hab¨ªa motivos para creer que no fuese a suceder de nuevo. Perder¨ªa el conocimiento, y esta vez no volver¨ªa a despertarse. Al menos, la har¨ªan pedazos mientras dorm¨ªa. No ser¨ªa doloroso, ?verdad? ¡®No quiero. No quiero acabar as¨ª. A¨²n no. Quer¨ªa reunirme contigo. Quer¨ªa abrazarte una vez m¨¢s. Quer¨ªa al menos decirte adi¨®s. Estar ah¨ª para ti. Morir contigo.¡¯ Estaba justo all¨ª. Casi al alcance de la mano. ?Acaso ped¨ªa tanto? ¡®Mu¨¦vete. Venga. Por favor. ?Por favor! ?Mu¨¦vete!¡¯ El cerebro de Nora dej¨® de registrar el dolor. De lo contrario, sus extremidades doler¨ªan como si se las estuviesen arrancando. Apenas manteni¨¦ndose consciente en un ¨²ltimo arrebato de fuerza, se lanz¨® hacia su hermana. Claire se sorprendi¨® al verla aterrizar sobre Lilian. ¡°???N-Nora!!?¡± Nora la ignor¨®. No pod¨ªa hacer nada m¨¢s. Su conciencia se desvanec¨ªa. Se desmay¨®, con los brazos alrededor de Lilian. ¡®Por favor, vay¨¢monos juntas.¡¯ Hubo un foso de eterna oscuridad, y entonces apareci¨® una luz al fondo. Una luz que gradualmente se intensific¨®, hasta que las sombras se desintegraron, dejando solo blancura a su alrededor. ¡­ Se encontr¨® sentada de rodillas, en una superficie blanca que ni siquiera pod¨ªa distinguir del espacio surrealista que la rodeaba. Intent¨® levantarse, pero no ocurri¨® nada. Su cuerpo no parec¨ªa reconocer la voluntad de moverse. Una chica descansaba la cabeza en el regazo de Nora. ¡°?L-Lilian?¡± Su hermana abri¨® los ojos y la mir¨®. Sonri¨®. ¡°Me alegro de verte de nuevo, hermanita.¡± dijo. ¡°No paraba de llamarte, una vez, y otra, y otra¡­ Me asustaba tanto pensar que quiz¨¢ nunca podr¨ªa volver a hablar contigo.¡± ¡°?Un momento, Lilian¡­! ??Qu¨¦¡­!?¡± Hab¨ªa algo raro. ?De d¨®nde sal¨ªa aquella capacidad de expresi¨®n? Nora no la hab¨ªa o¨ªdo hablar as¨ª desde hac¨ªa mucho tiempo. Desde el nefasto d¨ªa en el que todo empez¨®. Desde que la mordieron antes de que pudiesen ponerse a salvo. ¡°?Qu¨¦ quieres decir?¡± dijo Lilian, como si le leyese los pensamientos. ¡°Siempre he hablado as¨ª. Es s¨®lo que¡­ nunca has estado lo bastante cerca como para o¨ªr mi voz. ?Pero ahora s¨ª lo est¨¢s, menos mal!¡± Nora se percat¨® de que sus dolores de cabeza se hab¨ªan ido. Completamente ausentes, como si nunca hubiesen estado ah¨ª. En su lugar, su cerebro se llenaba con una sensaci¨®n de paz y confort, tan buena que era casi adictiva. Se le llenaron los ojos de l¨¢grimas. No pod¨ªa discernir si eran l¨¢grimas de pena, alivio o alegr¨ªa. ¡°?Lo siento¡­! ?Lilian, lo siento! ?Lo¡­ Lo intent¨¦! ?Te juro que lo intent¨¦, pero¡­!¡± comenz¨® a darle un ataque de hipo. ¡°?Ten¨ªa tanto af¨¢n por protegerte, por evitar que te hiciesen da?o, por asegurar de que salieses de aqu¨ª con vida y tuvieses un futuro por delante; pero mira lo que consegu¨ª¡­! ?Se ha acabado! ??Te he fallado, me he fallado a m¨ª misma, le he fallado a Claire, y a William, y¡ª!!¡± ¡°Shhhh.¡± Cuando estaba a punto de empezar a hiperventilar debido al arrebato emocional, la respiraci¨®n de Nora se relaj¨®. El tumulto que se acumulaba en su coraz¨®n desapareci¨® de golpe. Las l¨¢grimas que se deslizaban por sus mejillas se secaron y evaporaron. ¡°No pasa nada, Nora. No es culpa tuya. Lo sabes, ?no? Insistes en cargar tus hombros con toda la responsabilidad, pero puedes dejar que los dem¨¢s tomen parte de esa carga. Yo incluida.¡± la sonrisa de Lilian se ensanch¨®, m¨¢s brillante de lo que Nora hab¨ªa visto en a?os. ¡°Por favor, no seas tan dura contigo misma.¡± The tale has been taken without authorization; if you see it on Amazon, report the incident. Si pudiera moverse, estar¨ªa abrazando a Lilian con todas sus fuerzas. Sin embargo, no era necesario. La presencia de su hermana la acog¨ªa con tanta intensidad que sent¨ªa que pod¨ªa dejarse llevar y disfrutar de su calidez. ¡­ ¡°?Es esto siquiera real? Ya no estoy segura de entender lo que est¨¢ pasando.¡± pregunt¨® Nora. ¡°?Claro que lo es! ?Qu¨¦ va a ser si no?¡± ¡°No lo s¨¦, llevamos un rato aqu¨ª, ?no? Si esto es real, me pregunto qu¨¦ est¨¢ pasando ah¨ª fuera ahora mismo¡­ Podr¨ªa ponerse oscuro en cualquier momento. Y entonces, ya no podr¨¦ estar m¨¢s contigo. No podr¨¦ hablar contigo, o escuchar tu voz¡­¡± Lilian apart¨® los ojos de Nora y mir¨® al espacio vac¨ªo y blanco sobre sus cabezas. ¡°Por favor, no te enfades con mi hermano. No le gusto, pero s¨¦ que no es malo. Ninguno de ellos lo es. Solo hacen lo que se supone que tienen que hacer. Se preocupan demasiado por m¨ª, igual que t¨².¡± ¡°??Qu¨¦¡­!? Pero, Lilian, t¨² no tienes un hermano¡­ ?De qu¨¦ est¨¢s hablando?¡± ¡°A ver, no lo entiendo muy bien, pero en cierto modo se siente como un hermano.¡± Nora tuvo una idea. ¡°Um¡­ ?Puedes hablar con ellos?¡± ¡°No estoy segura. Hasta ahora, estaba asustada. Desde que me separ¨¦ de ti, todo en lo que pod¨ªa pensar era, bueno¡­ en ti. Quer¨ªa estar cerca de ti otra vez, Nora. No pod¨ªa razonar sobre nada m¨¢s. Pero ahora¡­ Quiz¨¢ pueda escuchar sus voces un poco m¨¢s de cerca. ?Por qu¨¦ lo preguntas?¡± ¡°?Puedes decirles¡­ que paren? ?Puedes decirles que est¨¢s bien?¡± ¡°¡­puedo intentarlo.¡± ****** No importaba cu¨¢ntas puertas, paredes u obst¨¢culos pusiese en su camino. El pretoriano era incansable en su persecuci¨®n. Isaac rod¨® a un lado y se tir¨® a trav¨¦s de la puerta m¨¢s cercana, esquivando por los pelos al monstruo. Salt¨® por encima de un escritorio y se acerc¨® a la puerta al otro lado de la habitaci¨®n. Oy¨® a la criatura forcejeando para introducir su cuerpo por el marco de la puerta, haciendo a?icos la pared en el proceso. Cambi¨® el cargador vaci¨® de su rifle por uno nuevo mientras la cosa se manten¨ªa ocupada. Era su ¨²ltimo cargador de munici¨®n perforante. Como si aquello fuese a marcar la diferencia. Se gir¨® y apunt¨® al pretoriano. Su caparaz¨®n estaba acribillado a balazos, pero ninguna de aquellas heridas era profunda. Con un poco de suerte, habr¨ªa sufrido alg¨²n da?o interno, pero claramente no bastaba para detener a la bestia. Abri¨® fuego. Cabre¨¢ndose a¨²n m¨¢s en consecuencia, el pretoriano termin¨® de estrujarse a trav¨¦s de la puerta, esparciendo una nube de polvo y cascotes por toda la estancia. Se precipit¨® hacia Isaac, obliterando el mobiliario que se interpon¨ªa en su camino. ¡®?Vamos¡­! ??Vamos, hijo de puta!!¡¯ Isaac se prepar¨® para saltar a un lado, cuando el monstruo se detuvo. Las venas y quistes que cubr¨ªan su cuerpo perdieron su feroz luminiscencia y comenzaron a parpadear en un patr¨®n irregular. La criatura alz¨® la cabeza y mir¨® alrededor, aparentemente confusa. ¡®??Qu¨¦ ocurre!? ??Por qu¨¦ hace eso!? ?Da igual, esta es mi oportunidad!¡¯ Cogi¨® una granada de una funda en su chaleco. Estaba a punto de hacer mucho ruido, pero las cosas no pod¨ªan ir muy a peor. Tir¨® de la anilla, y lanz¨® el explosivo entre las piernas de la criatura. Corri¨® a trav¨¦s de la puerta a su espalda y se cubri¨® las orejas. Momentos despu¨¦s, hubo una ensordecedora explosi¨®n, seguida de un gru?ido de dolor. Oy¨® fuertes pisadas y otra pared derrumb¨¢ndose. Con un su rifle en ristre, Isaac abandon¨® su cobertura y regres¨® a la habitaci¨®n. Hab¨ªa un nuevo agujero en la pared exterior, que llevaba directamente a la calle. Entre el manto de escombros tirados por el suelo, vio una cantidad copiosa de sangre, carne, y otras sustancias inidentificables. ¡®Eso le ha hecho da?o, ?eh? Al fin, algo ha hecho una mella decente en ese bastardo. Aun as¨ª, ?ha huido¡­!¡¯ Sin perder el tiempo retrocedi¨® a toda prisa por donde hab¨ªa venido. Atraves¨® pasillos y gir¨® esquinas, deteni¨¦ndose al lado de unos restos en el suelo. Se agach¨® a su lado, y sac¨® una identificaci¨®n de un bolsillo. ¡°?Maldita sea, Paxton¡­!¡± mascull¨®. Apretando los dientes, dej¨® a un lado el dolor, y regres¨® a la salida del hospital, siguiendo el sonido de los disparos. Tan pronto tuvo una visual de la salida, se percat¨® de que hab¨ªa mucha m¨¢s gente de la que esperaba ver. El resto de su equipo hab¨ªa tomado posiciones en las ventanas exteriores, y tiroteaban a los stingers que sub¨ªan por las paredes. Connor tambi¨¦n estaba all¨ª, y hab¨ªa tra¨ªdo con ¨¦l a un grupo considerable de supervivientes. Algunos estaban armados, y tambi¨¦n disparaban a los stingers que se asomaban por las ventanas o emerg¨ªan de los pasillos cercanos. Erik le vio. ¡°??Capit¨¢n Isaac¡­!! ??D¨®nde esta Paxton!?¡± pregunt¨®. Isaac neg¨® con la cabeza. ¡°?¡­mierda!¡± ¡°?Cu¨¢l es la situaci¨®n?¡± dijo Isaac. ¡°?Algo le pasa a la reina, se?or¡­! ?Tan pronto esa mujer pelirroja la toc¨®, los stingers cesaron su agresividad y regresaron a su comportamiento diurno habitual! ?Adicionalmente, hemos recibido apoyo de los dem¨¢s supervivientes! Ahora deber¨ªamos ser capaces de mantener esta posici¨®n, pero no podemos irnos. ?Esas cosas no paran de venir! ?Solo hay que mirar c¨®mo est¨¢n las calles ah¨ª fuera!¡± Isaac observ¨® a la reina y a la mujer pelirroja que la abrazaba. ¡®?Qu¨¦ diablos¡­? ?Est¨¢ esto relacionado con el comportamiento del pretoriano hace un momento?¡¯ ¡°?Central, aqu¨ª el Capit¨¢n Isaac!¡± cogi¨® la radio. ¡°Hemos asegurado al objetivo, pero no podemos abandonar el hospital. ??Cu¨¢les son nuestras ¨®rdenes!? ?Cambio!¡± ¡°Aqu¨ª Central. El equipo Charlie se ha reunido con vuestros refuerzos, y est¨¢n liderando un convoy en direcci¨®n a Saint Marie. Sin embargo, todav¨ªa estamos trazando un plan para dispersar a la multitud. Mantened la posici¨®n, y continuad protegiendo al objetivo.¡± ¡°??Siguen trazando un plan!? Tienes que estar de broma¡­ ?Connor!¡± ¡°?S¨ª, se?or?¡± ¡°El Dr. Marcus estaba contigo. He recibido una comunicaci¨®n suya hace unos minutos, anunciando que podr¨ªa conseguirnos una inyecci¨®n inhibidora para suprimir a la reina. ?Pero no he podido establecer contacto con ¨¦l desde entonces! ?Sabes algo?¡± ¡°?Negativo, se?or!¡± ¡°?Maldici¨®n¡­! Esa inyecci¨®n podr¨ªa ser nuestra ¨²nica opci¨®n para calmar a esas hordas. ??D¨®nde rayos est¨¢!?¡± Una mujer joven con gafas, que hab¨ªa permanecido sentada al lado de la reina todo aquel rato, se levant¨® y se le acerc¨®. ¡°U-Um¡­ ?Disculpe?¡± dijo. ¡°??Qu¨¦ quiere, se?orita!? ?A menos que est¨¦ dispuesta a ayudarnos a luchar, qu¨¦dese donde estaba!¡± ¡°?Creo que podr¨ªa haber una manera de hacer que los caminantes huyan del hospital!¡± ¡°?Qu¨¦¡­?¡± paus¨® por un momento. ¡°Le escucho.¡± Sin lugar a dudas, era una civil normal y corriente. Isaac era muy esc¨¦ptico respecto a lo que fuese que estuviese a punto de sugerir. ¡°T¨¦cnicamente, los caminantes se comportan como una colonia de abejas¡­ Humo. Por lo general, cuando las abejas detectan humo, ?entran en p¨¢nico, porque asumen que su colmena est¨¢ en llamas! ?Si pudi¨¦ramos llenar el hospital de humo, podr¨ªa hacer que los caminantes sigan sus instintos y huyan de la zona!¡± ¡°?Est¨¢ sugiriendo que prendamos fuego al hospital?¡± ¡°B-Bueno, no exactamente, pero¡­¡± ¡®Pero, sinceramente, ?qu¨¦ otra cosa podemos hacer¡­? Incluso si el Dr. Marcus aparece, y desactivamos a la reina, esos stingers de ah¨ª fuera se ver¨¢n atra¨ªdos por la conmoci¨®n que hemos provocado. Si los matamos, sus muertes seguir¨¢n atrayendo a m¨¢s. Matarlos solo sirve para ganar tiempo, pero nunca seremos capaces de abrir un camino. El equipo Charlie llegar¨¢ con el convoy, y se ver¨¢n obligados a combatirlos por todos los flancos mientras subimos a los supervivientes a bordo. Demasiado arriesgado¡­ Humo, ?eh?¡¯ ¡°?Muy bien, Erik! ?Quiero que vayas y re¨²nas cualquier textil que puedas encontrar, deber¨ªa haber muchos por aqu¨ª! ?Pr¨¦ndeles fuego y arr¨®jalos por el hueco de un ascensor! ?Deber¨ªa actuar como una chimenea, inundando todos los pisos con humo y ceniza! ?Esperemos que funcione, y que nos abra una ruta de escape!¡± se gir¨® hacia el grupo de supervivientes en el pasillo. ¡°?Si hay alg¨²n voluntario dispuesto a echarle una mano, que d¨¦ un paso al frente!¡± ¡°?Y-Yo voy!¡± dijo la chica de gafas. ¡°Oye, ?est¨¢s segura¡­?¡± un hombre de pelo negro y barba la cuestion¨®. ¡°Ser¨¢ mejor que vaya yo.¡± ¡°Estar¨¦ bien, William. Puedo con esto.¡± Varias personas m¨¢s de entre la multitud se acercaron a los soldados, ofreciendo su ayuda. ¡°Bien. ?Poneos en marcha!¡± orden¨® Isaac. ¡°Yo ir¨¦ a ver si puedo localizar al Dr. Marcus, creo que tengo una idea de d¨®nde est¨¢ el almac¨¦n al que se dirig¨ªa. Los dem¨¢s, ?quedaos aqu¨ª y mantened la salida asegurada! ?Es nuestra ¨²nica v¨ªa de escape!¡± ****** La jeringa era liviana, mucho m¨¢s de lo que esperaba. ¡®Vaya, ha sido f¨¢cil. Siempre tienes que vigilar la retaguardia, t¨ªo. No puedes pretender que alguien lo haga por ti. Nunca sale bien.¡¯ Marcus gru?¨® de dolor en el suelo. ?Segu¨ªa consciente? Quiz¨¢ no le hab¨ªa dado con suficiente fuerza. Logan sab¨ªa que deb¨ªa acabar el trabajo antes de irse. Aquella jeringa podr¨ªa ser lo ¨²nico que le permitiese abandonar aquel lugar. Todos los dem¨¢s morir¨ªan, el hospital ya era una causa perdida. Era perfecto. No quedar¨ªa nadie que le siguiese el rastro, nadie sabr¨ªa nada de ¨¦l, y nadie asociar¨ªa aquellos eventos con ¨¦l. Estar¨ªa fuera, sano y salvo, listo para marcharse a otra parte y empezar de nuevo. ¡°??P-Por qu¨¦ est¨¢ h-haciendo esto!? ??Qui¨¦n¡­!?¡± dijo el chico. El chaval ten¨ªa pinta de estar a punto de mearse encima, le temblaban las piernas. Logan le apunt¨® con la pistola. ¡°Bang.¡± dijo, fingiendo con sarcasmo el retroceso del arma. Por supuesto, no iba a dispararle. No pod¨ªa permitirse el atraer atenci¨®n innecesaria al lugar. Y el chico probablemente lo sab¨ªa. Daba igual, no necesitaba la pistola para esto. ¡°Vale, mierdecilla¡­ No es nada personal.¡± dijo, acerc¨¢ndosele. ¡°???A-Al¨¦jese de m¨ª!!!¡± ¡°?O qu¨¦? ??Eh!? Venga, ?qu¨¦ vas a¡ª?¡± una punzada de dolor atraves¨® su pierna izquierda, causada por un objeto cortante que se hund¨ªa en ella. ¡°???Aaaaaagh!!!¡± Su pierna perdi¨® fuerza y se dobl¨®, haci¨¦ndolo caer de rodillas. Por el rabillo del ojo, vio a un apenas consciente Marcus soltando la empu?adura del cuchillo. Sin darle la oportunidad de recomponerse, el chico le propin¨® una fuerte patada en la barbilla, sacudi¨¦ndole el cerebro y expuls¨¢ndolo de la sala de suministros, de vuelta al pasillo. ¡°??Gah¡­!! ???M-Mierda¡­!!!¡± A ambos lados del corredor, vio formas en movimiento. Formas hambrientas, atra¨ªdas por el delicioso sonido de su reciente grito. El chico cerr¨® la puerta, privando a Logan de todo refugio. ¡°?Joder¡­! ??Ni de co?a¡­!! ???Ni de puta co?a¡­!!!¡± La jeringa segu¨ªa en su mano. Hab¨ªa o¨ªdo la conversaci¨®n de Marcus. Lilian era una reina caminante, y era la que atra¨ªa a todos aquellos caminantes. La inyecci¨®n la volver¨ªa invisible. Las probabilidades de que algo as¨ª funcionase en un humano normal eran ¨ªnfimas. Y seguramente era tambi¨¦n peligroso. No ten¨ªa ni idea de qu¨¦ era aquel l¨ªquido. Se supon¨ªa que era un ¨²ltimo recurso, solo en caso de que no encontrase ninguna otra forma de escapar por sus propios medios. ?Era este el momento? ?Ya? ¡°?Ah, maldici¨®n¡­! ???Maldita sea¡­!!!¡± Se llev¨® la jeringa al cuello, y presion¨® el ¨¦mbolo. ****** William apart¨® los ojos de las ventanas, y ech¨® una mirada a Nora y Lilian: acurrucadas en un abrazo mutuo, con los ojos cerrados, ignorantes de lo que pasaba a su alrededor. Tarde o temprano tendr¨ªan que moverse. Sin embargo, William no ten¨ªa prisa por sacarlas de su trance. Fuese lo que fuese lo que Nora le hab¨ªa hecho a la chica, hab¨ªa funcionado. Ninguno de ellos seguir¨ªa vivo de lo contrario. Mientras pensaba, observ¨® algo que le llam¨® la atenci¨®n. Un hombre merodeaba entre el grupo de supervivientes, haciendo preguntas nerviosas. ¡°??Alguien las ha visto¡­!? ??Nadie¡­!? O-Oiga, disculpe, estoy buscando a mi mujer e hija, ??sabe algo!? ??Ha visto alguien a Alice o a Eleanor!?¡± ¡®Desmond¡­¡¯ ¡°No¡­ las encontrar¨¢s¡­ aqu¨ª¡­¡± Stella le respondi¨®. Estaba tirada en el suelo, donde una mujer la cuidaba. Su voz era d¨¦bil, y estaba sin aliento. ¡°??S-Sabes algo!? ?Por favor, dime algo!¡± ¡°Si esa ni?a¡­ sigue viva¡­ probablemente est¨¦ escondida¡­ en alg¨²n lugar en el piso de arriba¡­¡± ¡°???Q-Qu¨¦!!? ???P-Por qu¨¦ no d-dijiste nada antes!!?¡± Desmond se aproxim¨® a ella con una postura agresiva, poco caracter¨ªstica en ¨¦l. ¡°Lo¡­ siento. Mi cabeza ha estado¡­ dando vueltas¡­¡± ¡°?N-No¡­! ??Eleanor, c-cielo¡­!!¡± Desmond farfull¨® para s¨ª mismo, momentos antes de salir corriendo por el pasillo. ¡°?Espera, Desmond!¡± grit¨® William. ¡°??No te precipites, vas a conseguir que te maten!!¡± ?Estaba preocupado por ¨¦l? ?Sent¨ªa l¨¢stima? ?Arrepentimiento? ?Empat¨ªa? Qui¨¦n sabe. ¡°?Amigo¡­ tuyo¡­?¡± pregunt¨® Stella. ¡°No, no realmente¡­¡± ¡°Su mujer, Alice¡­ Ella sab¨ªa algo¡­ acerca de Jacobs¡­ ?Ese pedazo de mierda hizo que sus hombres¡­ se libraran de ella¡­ para silenciarla¡­!¡± ¡°??Qu¨¦!?¡± ¡°Prefiero no saber¡­ qu¨¦ le hicieron a Alice¡­¡± ¡°Mierda¡­ ?Mierda!¡± Corri¨®. Dejando atr¨¢s a todos los dem¨¢s, William corri¨® tras Desmond. ?Estaba dispuesto a poner en riesgo su vida por ¨¦l? ?Por la peque?a, quiz¨¢? ?O lo hac¨ªa por s¨ª mismo? Si hab¨ªa una respuesta a esas preguntas, la buscar¨ªa despu¨¦s. Lo ¨²nico que sab¨ªa era que deb¨ªa apresurarse. Presa del p¨¢nico, era probable que Desmond se dirigiese a las escaleras. No era exactamente la idea m¨¢s segura en aquellos momentos. ¡®?Maldita sea, Desmond!¡¯ CAPíTULO 43 – HUMO ¡°?Es este! ?Vamos, ay¨²denme a abrirlo!¡± dijo Connor. ¡°?Los dem¨¢s, traigan algo para quemar! ?Si puede arder y no est¨¢ clavado al suelo, tr¨¢iganlo aqu¨ª! ?Y no hagan ruido innecesario!¡± Claire observ¨® c¨®mo activaba el que parec¨ªa ser su ¨²ltimo contenedor de gas blanco, y luego buscaba algo que encajar entre las puertas del ascensor. Si la imagen mental que ten¨ªa del hospital era correcta, aquel era el mismo hueco de ascensor que hab¨ªan usado para moverse arriba y abajo por el edificio. Dos hombres se quedaron para ayudar a Connor con las puertas, mientras los otros tres voluntarios se adentraron por los pasillos cercanos. ¡®?Vale¡­! ?Manos a la obra!¡¯ El eco de sus pasos era la ¨²nica compa?¨ªa que ten¨ªa en aquellos corredores. Se pregunt¨® en qu¨¦ momento hab¨ªa conseguido superar sus miedos. En cualquier instante, podr¨ªa girar una esquina y dar de lleno con una multitud errante de caminantes, los cuales ocupaban ahora varias zonas de la planta actual, principalmente en las cercan¨ªas de las escaleras. Aun as¨ª, estaba dispuesta a enfrentarse al peligro por su cuenta. La imagen de Nora y Lilian abraz¨¢ndose mutuamente se le vino a la mente. Ambas sonre¨ªan. Rodeada de conflicto y agitaci¨®n, era una imagen de paz. Un momento de respiro tras a?os de abuso y tormento. ¡®No voy a quedarme de brazos cruzados mientras t¨² luchas. Me niego. Nora, has hecho que me d¨¦ cuenta de algo. He perdido mi familia, mis amigos, todo¡­ Pero gracias a ti, creo que puedo seguir adelante. Has llenado ese vac¨ªo, aunque sea solo un poco. Ya me da igual si tengo que ponerme en peligro. ?Has llegado hasta aqu¨ª, y me voy a asegurar de que llegues a¨²n m¨¢s lejos!¡¯ Alcanz¨® el ala de las habitaciones de pacientes, un largo pasillo lleno de puertas. Tras echar un vistazo r¨¢pido a algunas de ellas, al fin vio algo que le llam¨® la atenci¨®n. Una de las habitaciones estaba llena a reventar de cajas, colchones rotos, y basura arbitraria. Entre toda la porquer¨ªa, hab¨ªa un carrito de la colada cargado con s¨¢banas muy sucias. ¡°?Ah! ?Esto ir¨¢ de lujo!¡± Abri¨® camino al carrito entre la basura a base de patadas y tir¨® de ¨¦l hasta sacarlo de la habitaci¨®n. Las ruedas, oxidadas y atascadas tras tanto tiempo sin moverse, se arrastraron por el suelo haciendo un sonido chirriante hasta que finalmente comenzaron a girar. Tras desandar lo andado, Claire vio las puertas del ascensor abiertas de par en par. Empuj¨® el carrito de colada hacia la abertura, donde un hombre usaba un mechero para prender fuego a una pila de prendas de ropa, antes de patearlas a las profundidades. ¡°?He tra¨ªdo algo!¡± dijo Claire. ¡°??Oooh, buen trabajo, muchacha!! ?D¨¦jalo ah¨ª, ve a buscar m¨¢s!¡± dijo el hombre tan pronto vio su bot¨ªn. Connor lleg¨® a toda prisa por una esquina, cargando una voluminosa torre de documentos y carpetas, que inmediatamente lanz¨® al interior del hueco. ¡°?Alguien tiene que ir a buscar algo de madera! ?Cualquier mobiliario de madera servir¨¢! ?Necesitamos que el fuego sea duradero!¡± orden¨®. ¡°??No ser¨ªa tambi¨¦n conveniente algo de pl¨¢stico!?¡± dijo Claire. ¡°?Deber¨ªa producir muchos gases¡­!¡± ¡°?Cierto! El pl¨¢stico es m¨¢s ligero que la madera, ??puede encargarse, se?orita!?¡± ¡°?S-S¨ª, se?or!¡± Antes de girarse e ir en busca de m¨¢s materiales, Claire se fij¨® en la tenue luz anaranjada que reptaba desde lo m¨¢s profundo del agujero. ¡®?Venga, venga¡­! ?Tiene buena pinta!¡¯ Durante los siguientes minutos, no hizo nada m¨¢s que correr de un lado a otro. Sillas de oficina. Papeleras. Bolsas de guantes, jeringas y otros suministros m¨¦dicos que encontr¨® en un armario. Una caja de mascarillas sin abrir. Una camilla que tuvo que llevar arrastras. Por suerte, hab¨ªa mucho pl¨¢stico disponible en un hospital. Con cada viaje que hac¨ªa, una creciente sensaci¨®n de calor emanaba del hueco del ascensor, acompa?ada por el acre olor del humo. ¡°??A-Ayuda¡­!!¡± un hombre sali¨® a trompicones de un pasillo, con el miedo pintado en el rostro. Un grupo de caminantes emergi¨® del corredor tras ¨¦l. ¡°?Cuidado!¡± dijo Connor mientras alzaba su pistola y abr¨ªa fuego sobre ellos. Mir¨® al suelo, al contenedor de gas que hab¨ªa activado antes. Ya no emit¨ªa aquella fina neblina blanca. ¡°?Maldici¨®n, no podemos quedarnos aqu¨ª! ?Lo hecho, hecho est¨¢! ?Atenci¨®n todos, volvemos a la salida!¡± otra multitud de caminantes se verti¨® al pasillo. ¡°?Este lado est¨¢ bloqueado! ?Vayan al otro!¡± mientras dirig¨ªa a los supervivientes, cogi¨® la radio. ¡°?Capit¨¢n Isaac! ?Aqu¨ª Connor! ?Hemos iniciado el fuego, pero nos hemos cruzado con stingers en los pasillos interiores! ?Regresamos! ?Cambio!¡± Uno de los hombres ech¨® a correr en la direcci¨®n opuesta y desapareci¨® tras una esquina. ¡°??N-No!! ???No no no atr¨¢s¡ª Aaaaahh!!!¡± Claire vio su cuerpo caer de espaldas de vuelta al pasillo, enterrado bajo m¨¢s caminantes. ¡°??Usted, tiene un arma!! ??Dispare!!¡± dijo Connor a otro de los supervivientes, quien cargaba un rifle. ¡°???No podemos dejar que nos acorralen!!!¡± Ambos comenzaron a descargar sus armas sobre la ola de caminantes que se acercaba. Los cuerpos cayeron, los cargadores se vaciaron, sin munici¨®n adicional disponible; pero el da?o infligido no fue suficiente. A pesar de sus esfuerzos, el muro de caminantes se aproximaba m¨¢s con cada trago de aire que tomaban. ¡°??Usad fuego!!¡± grit¨® Claire. ¡®??A¨²n no hay suficiente humo en el aire, p-pero quiz¨¢ el contacto directo con el fuego¡­!!¡¯ Una s¨¢bana en llamas cay¨® sobre la primera fila de caminantes. Balancearon los brazos y chillaron, visiblemente alterados bajo la tela ardiente. Sin embargo, a los de detr¨¢s no pareci¨® importarles. La horda no par¨® de empujar hacia delante, siguiendo el dulce olor de las presas humanas. ¡°???Qu¨¦ hacemos ahora!!?¡± ¡°??Aaaah, se acab¨®!! ???Vamos a morir!!!¡± ¡°??C-C¨¢lmense todos!! ??Sigan luchando con fuego!!¡± dijo Connor. El soldado trat¨® de mantener la situaci¨®n bajo control, pero incluso ¨¦l mismo empezaba a mostrar signos de p¨¢nico. Uno de los hombres emiti¨® un grito de horror y se dirigi¨® al ascensor, aferr¨¢ndose a la escalerilla y comenzando a trepar. Al ver esto, todos los dem¨¢s abandonaron todo y se amontonaron tambi¨¦n en el ascensor. Claire no era siquiera consciente de en qu¨¦ momento se les uni¨®. Su mente se quedaba atr¨¢s, dejando que los instintos de supervivencia tomaran el control de su cuerpo. Crey¨® o¨ªr a Connor intentando todav¨ªa poner a todo el mundo a salvo de forma ordenada, pero el resto de gritos eran mucho m¨¢s notorios. ¡°??Apartaos!!¡± ¡°???Yo llegu¨¦ primero, que te den!!!¡± ¡°?E-Ey¡­! ??Basta¡­!!¡± dijo Claire, luchando por evitar que la empujasen al foso. Un hombre ocupaba la escalerilla frente a ella. Hab¨ªa otro a medio camino del piso superior, pero hab¨ªa parado de trepar. Parec¨ªa gru?ir de dolor. El hombre de abajo le agarr¨® los pantalones y empez¨® a tirar, furioso. ¡°??Mu¨¦vete, joder!! ???Te tirar¨¦!!!¡± ¡°??C-C¨¢llate!! ??No¡­ puedo¡­!! ???Quema!!!¡± ¡°???Me importa una mierda!!!¡± Los dos empezaron a pelearse de forma irracional, intercambiando patadas y pu?etazos en la escalerilla. ¡°?Parad de pelear, los dos¡­! ??Subid!!¡± chill¨® Claire. ¡°??Qu¨¦ est¨¢is hacien¡ª!?¡± con un fuerte estallido, todo el segmento superior de la escalerilla se desencaj¨®, y se inclin¨® hacia el lado opuesto, llevando a uno de los hombres consigo. ¡°??Dios m¨ªo!!¡± Cuando el segmento de escalera hizo contacto con la pared del otro lado, se sacudi¨® con violencia y se qued¨® atascado, haciendo que el hombre se escurriese y cayese, aullando, a las ardientes profundidades. El otro hombre se detuvo durante un segundo entero antes de cambiar de direcci¨®n, descendiendo en lugar de ascender. Alguien empuj¨® a Claire hacia el hueco. ¡°???Mu¨¦vete, vamos, mu¨¦vete, mu¨¦vete!!!¡± grit¨® una voz a su espalda. ¡°??P-Para¡­!! ???Aaaah!!!¡± Salt¨® al interior y se agarr¨® a la escalera. Pr¨¢cticamente al instante, entendi¨® por qu¨¦ subir era una imposibilidad. Era el calor. Un calor insoportable, asfixiante y abrasador que se acumulaba en la parte superior de aquella chimenea. Mir¨® abajo. Al fondo del hueco del ascensor se hab¨ªa formado un infierno. Alimentado por la gran pila de ropa, madera, pl¨¢stico y papel, el mont¨ªculo de llamas ard¨ªa con una ferocidad aterradora, enviando corrientes de humo y ceniza hacia arriba como un g¨¦iser. Claire aguant¨® la respiraci¨®n y se peg¨® a la pared en la medida de lo posible, en un in¨²til intento de huir del calor. Una sensaci¨®n punzante se intensificaba por momentos en sus manos, en doloroso contacto con la escalerilla de metal, cuya temperatura sub¨ªa r¨¢pidamente. If you encounter this tale on Amazon, note that it''s taken without the author''s consent. Report it. ¡®No pienses. Hazlo. No pienses. Baja. Vas a morir. Venga, Claire, baja. ?Baja!¡¯ Su cuerpo se movi¨® por cuenta propia, siguiendo al hombre que ten¨ªa debajo. Tan pronto como este estuvo a punto de saltar a la seguridad del quinto piso, un pu?ado de brazos emergi¨® del pasillo, arrastr¨¢ndolo al interior. Sus gritos resonaron arriba y abajo por el hueco del ascensor. ¡°???Por qu¨¦ te paras!!? ??Sigue!!¡± el individuo sobre ella le pis¨® las manos. ¡°??Au!! ???P-Pero¡­!!!¡± Desde arriba se oyeron m¨¢s gritos espeluznantes, seguidos de varios caminantes precipit¨¢ndose al vac¨ªo, agitando los brazos y las piernas. Uno de ellos consigui¨® agarrar al hombre, arrastr¨¢ndolo hacia las llamas de debajo. ?Qu¨¦ pasar¨ªa si ca¨ªa otro? ?La coger¨ªa a ella tambi¨¦n? ?Iba a acabar tambi¨¦n as¨ª, cayendo hacia la muerte? ?Tendr¨ªa la suerte de golpearse con algo a media ca¨ªda, muriendo al instante? ?Conseguir¨ªa morderla una de esas cosas? ?Morir¨ªa quemada, agonizando hasta el final? ¡®Estoy muerta. Estoy muerta. Estoy muerta de verdad. Esto fue un error. ?Que no me importa ponerme en peligro? ?No, no, no, no¡­! ?S¨ª que me importa! ?Me equivocaba! ?No quiero morir!¡¯ El nauseabundo olor de la carne quemada llen¨® sus fosas nasales. Se percat¨® de que sus manos se sent¨ªan pegajosas, se volv¨ªa m¨¢s y m¨¢s dif¨ªcil sujetar los pelda?os de la escalera. Sus pulmones se estaban quedando sin aire, y tomar otro aliento parec¨ªa una sentencia de muerte. Sigui¨® bajando. ?Quiz¨¢ el cuarto piso era seguro? Cualquier otra opci¨®n m¨¢s abajo ser¨ªa imposible, se asar¨ªa viva. Se acerc¨® a la abertura del quinto piso. ¡®Por favor, no me coj¨¢is¡­ Por favor, no me coj¨¢is¡­ A¨²n segu¨ªs devorando a ese tipo, ??verdad!? ?Por favor, dime que as¨ª es! ?Oh, dios¡­ por favor!¡¯ Sobre su cabeza, otro pu?ado de caminantes se estruj¨® al interior del hueco del ascensor. Vio sus caras, sus ojos muertos escaneando su posici¨®n, sus dientes casta?eantes anhelando su carne. ¡®?No¡­!¡¯ Algo la cogi¨® del brazo. No vino de arriba, sino de la abertura a su lado. El tiempo se congel¨® por un instante, y jurar¨ªa que pudo sentir c¨®mo se le paraba el coraz¨®n. Claire fue arrastrada a la oscuridad justo a tiempo de evitar que la lluvia de caminantes se la llevase hacia la muerte all¨¢ abajo. Lo que la hab¨ªa agarrado, fuese lo que fuese, tir¨® de ella por encima de varios cuerpos antes de forzarla a tumbarse en el suelo. Algo grande y liviano la cubri¨®, sumiendo su visi¨®n en completa negrura. ?Una manta? Percibi¨® un extra?o olor en el aire, no ten¨ªa del todo claro qu¨¦ era. ¡°Si quieres vivir, no hagas ni un ruido. Vienen.¡± susurr¨® una voz a su lado. ¡®?Estoy¡­ viva¡­? ?Qu¨¦ ha pasado? ?Qui¨¦n es? ?Qui¨¦n est¨¢ aqu¨ª conmigo?¡¯ El cuerpo a su lado no era un caminante, su calor humano era inconfundible. Actuando por impulso, se acurruc¨® al lado del extra?o. No le importaba qui¨¦n fuese. A¨²n le ard¨ªan las manos. Su piel a¨²n estaba dolorida por la exposici¨®n al calor. Su respiraci¨®n era r¨¢pida e irregular. Se mantuvo callada, pero no pudo controlar las l¨¢grimas que se deslizaban por su cara. L¨¢grimas de miedo, dolor y alivio. A pesar del crepitar del fuego, Claire oy¨® pasos. Eran muchos, arrastrando los pies, caminando en patrones impredecibles. Tropezaban con los cuerpos tirados en el suelo y se chocaban con las paredes. Sinti¨® sus pies toc¨¢ndole la espalda. Oy¨® sus escalofriantes lamentos. Tap¨¢ndose la boca y la nariz con las manos, cerr¨® los ojos y rez¨®. ****** William abri¨® fuego y abati¨® al peque?o grupo de caminantes de all¨ª delante, cuyas manos estaban a escasos cent¨ªmetros de Desmond. Si hubiese decidido no disparar, ten¨ªa el presentimiento de que Desmond habr¨ªa tratado de cargar a trav¨¦s de ellos. ¡°??Desmond, espera!! ??Esc¨²chame!!¡± dijo. Ignor¨¢ndole, Desmond corri¨® escaleras arriba, tropezando y cayendo de rodillas tan pronto lleg¨® al descansillo. Se incorpor¨® de nuevo y se dirigi¨® al piso de arriba. Por un breve momento, William pudo ver su cara. No era para nada el Desmond que conoc¨ªa. Ojos saltones abiertos como platos, sus dientes mordiendo con fuerza el labio de abajo, sudor all¨¢ donde hab¨ªa piel¡­ Parec¨ªa demente, loco de ansiedad y angustia. ¡®???Est¨¢ siquiera usando la cabeza!!?¡¯ La barricada que bloqueaba las escaleras de bajada estaba hecha pedazos, y ruidos siniestros anunciaban la inminente llegada de m¨¢s caminantes, atra¨ªdos por sus disparos. Podr¨ªa irse. Podr¨ªa olvidarse de Desmond y su hija, y volver con los dem¨¢s. Podr¨ªa evitar ponerse en peligro como un imb¨¦cil. Y, aun as¨ª, corri¨® escaleras arriba. ?Lo hac¨ªa porque era ¡°lo correcto¡±? ?Desde cu¨¢ndo le hab¨ªan vuelto a importar esas gilipolleces? Vaya iron¨ªa, que entendiese mejor las acciones de Desmond que las suyas propias. ¡®??Qu¨¦ co?o estoy haciendo¡­!?¡¯ Desmond desapareci¨® por la puerta en la cima de las escaleras. William se percat¨® de que ya estaba abierta. ¡°?No te adelantes tanto!¡± corri¨® al umbral de la puerta y ech¨® un vistazo al interior. ¡°??Desmond, por el amor de dios!!¡± ¡°??A-Alice!? ???Cari?o!!? Eleanor, cielo, ??e-est¨¢s aqu¨ª!?¡± William oy¨® la voz de Desmond m¨¢s adentro, en la oscuridad, junto a sus agitados pasos. El ruido que hac¨ªa no le habr¨ªa molestado tanto si no fuese por la otra voz. Baja, ¨¢spera y afligida, en alg¨²n lugar en medio de la maquinaria. Inhumana. ¡®?No me digas que¡­! ?Hay un caminante aqu¨ª!¡¯ Sac¨® una linterna y se aventur¨® hacia las sombras, con el arma en ristre. ¡°??Desmond!! ???Desmond!!!¡± llam¨®. Desmond continu¨® gritando los nombres de su mujer e hija. William sigui¨® la voz lo mejor que pudo, pero los ecos hac¨ªan que fuese casi imposible entender o localizar el sonido. De repente, las llamadas de Desmond se convirtieron en alaridos. ¡°??Oye!! Desmond, ???qu¨¦ pasa!!? ??Responde!!¡± ?C¨®mo pod¨ªa haberse adelantado tanto en tan poco tiempo? Dobl¨® esquinas alrededor de las m¨¢quinas y salt¨® sobre tuber¨ªas, temiendo lo peor. Los gritos de Desmond hac¨ªan parecer que estuviese luchando contra algo. Gir¨® una ¨²ltima esquina, y finalmente le vio. Desmond dej¨® caer un tubo ensangrentado. Tirado en el suelo a su lado, William vio el cad¨¢ver de un caminante. Se le acerc¨®, con sudor fr¨ªo goteando de la frente. ¡°?Desmond¡­!¡± Ignor¨¢ndole, Desmond se puso de rodillas y le hizo gestos a algo que se acurrucaba bajo la maquinaria, como invit¨¢ndolo a un abrazo. ¡°?A-Aqu¨ª, cielo¡­! ?Soy yo, p-pap¨¢! ?Ven¡­!¡± dijo. Cuando William se acerc¨®, vio el terrible estado en el que se encontraba. Ara?azos, cortes, un mordisco con mal aspecto en el brazo derecho, y uno con a¨²n peor aspecto cerca del cuello, sangrando abundantemente. ¡®Joder.¡¯ Algo rept¨® de entre las sombras y se detuvo frente a Desmond. Era dif¨ªcil identificar a la ni?a como tal. Esquel¨¦tica y sucia de los pies a la cabeza, su expresi¨®n facial estaba bloqueada en una bizarra mueca de incredulidad, que al mismo tiempo carec¨ªa de toda emoci¨®n. Desmond acarici¨® su enmara?ado pelo y le dio un abrazo tembloroso, sollozando con amargura. ¡°Pap¨¢ est¨¢ aqu¨ª, pap¨¢ est¨¢ aqu¨ª¡­ N-No pasa nada, cielo¡­ No pasa nada¡­¡± sin dejarla ir ni un instante, mir¨® a los pies de William. Parec¨ªa temeroso de hacer contacto visual con ¨¦l. ¡°W-Will¡­ No¡­ No s¨¦¡­ Lo siento, y-yo¡­ Aaaah¡­¡± ¡®No creo que sea siquiera consciente de lo que pasa¡­¡¯ ¡°Escucha, Desmond, tu¡ª¡± ¡°Aaah, me duele la cabeza, Will¡­ Lo siento, lo siento, lo siento¡­ T-T¨²¡­ Yo¡­ Ah¡­ Eleanor, cielo¡­ Te quiero¡­ Estaremos bien¡­ Pap¨¢ te va a llevar fuera¡­ ?F-Fuera¡­? Fuera¡­ A-Alice¡­ Cari?o, ?d¨®nde¡­? ?Q-Qui¨¦n¡­? Aaah¡­¡± ¡°??Desmond¡­!?¡± Su cuerpo se qued¨® fl¨¢cido. Con los brazos todav¨ªa sujetando a la ni?a en un fuerte abrazo, todo el peso de su cuerpo se cerni¨® sobre ella. La chica cay¨® hacia atr¨¢s, enterrada bajo el cuerpo de su padre. William se le acerc¨® a toda prisa y lo sacudi¨®. ¡°?Eh¡­! ??Eh!! ??Me oyes!?¡± *Glug* *Glug* El cuerpo de Desmond se desfigur¨® entre espasmos. Los m¨²sculos se rompieron, los huesos se retorcieron y partieron, la piel se volvi¨® una manta de virulencia efervescente. Se irgui¨® por un momento, aullando a los cielos, con su cuerpo revivido por la luz azul de la ultratumba. ¡°?Mierda! ?Desmond! ??Detente!! ??No dejes que se te vaya la cabeza!! ??Maldita sea, ahora no!! ???Desmond!!!¡± William le grit¨® a la cosa en la que se hab¨ªa convertido Desmond, tratando de apartarlo a empujones de la chica, consciente de la futilidad de sus esfuerzos. El caminante ense?¨® los dientes y se dej¨® caer, anhelando la sangre fresca de su propia descendencia. ¡°???Hostia¡ª!!!¡± *??Bang!!* La chica no pesta?e¨® ni una sola vez. No mir¨® al cuerpo de su padre muerto ca¨ªdo a su lado, o al arma que lo hab¨ªa matado, o al hombre que sosten¨ªa dicha arma. No dijo nada. No llor¨®. No hizo nada m¨¢s que mirar fijamente al techo. ¡®Mierda¡­ Est¨¢s de co?a¡­ Tienes que estar de co?a¡­ ?As¨ª, sin m¨¢s¡­? Y justo delante de¡­¡¯ William sinti¨® n¨¢useas que le sub¨ªan desde el est¨®mago. Cerr¨® los ojos un momento y respir¨® hondo. Un segundo despu¨¦s tosi¨® violentamente, suspirando por un trago de aire fresco. Ni se hab¨ªa fijado antes, pero todo el piso superior apestaba a humo. ¡®?Cierto, Claire hab¨ªa sugerido usar fuego para llenar el lugar de humo¡­! ?Viene del hueco del ascensor?¡¯ Pronto ser¨ªa imposible respirar en aquel espacio cerrado. No era el momento de pararse a pensar en lo que acababa de hacer, por duro que fuese. ¡°?Lo siento, pero vas a tener que aguantarme por ahora¡­!¡± dijo, agach¨¢ndose para coger a la chica. Ella no respondi¨®. Sin oponer resistencia, William la levant¨® y ech¨® a correr, con ella en brazos. Tras volver sobre sus pasos, vio algo frente a la salida. Un humanoide de aspecto fr¨¢gil, tambale¨¢ndose de lado a lado, como un perro olisqueando los aromas que flotan en el aire. William coloc¨® a la ni?a en el suelo y carg¨® contra la entidad. Con una potente patada en el pecho, el caminante sali¨® rodando por la puerta y cay¨® escaleras abajo. ¡®??Es solo uno!?¡¯ Se acerc¨® a las escaleras y mir¨® hacia abajo. Para su horror, todo el hueco de la escalera estaba infestado de caminantes, arrastr¨¢ndose hacia arriba lenta pero incansablemente, siguiendo el rastro que Desmond y ¨¦l hab¨ªan dejado atr¨¢s. ¡°??Mierda!!¡± Disparar ser¨ªa in¨²til. No ten¨ªa suficiente munici¨®n para acabar con todos, incluso si tuviese la suerte de no fallar ni un solo tiro. Regres¨® al interior y cerr¨® de un portazo. Tras buscar con la linterna, avist¨® un peque?o armario de herramientas. No era lo bastante grande como para cubrir toda la puerta, pero s¨ª lo suficiente como para atascarlo bajo el pomo. Mientras lo mov¨ªa a empujones, contempl¨® sus opciones. Aquel piso no ten¨ªa m¨¢s salidas. No hab¨ªa ventanas, no hab¨ªa rutas de escape, no hab¨ªa nada. ?Podr¨ªa quiz¨¢ salir a trav¨¦s del hueco del ascensor? A juzgar por el humo cada vez m¨¢s denso que contaminaba el aire, a aquellas alturas el hueco era probablemente un horno, del tama?o de un edificio entero. No ten¨ªa muchas ganas de achicharrarse vivo. Una gran cantidad de golpes sacudieron la puerta. Su ¨²nica opci¨®n era luchar. Prepar¨® el rifle, apunt¨® a la puerta, y apret¨® los dientes. ¡®?Vamos¡­! ?Vamos, venid¡­!¡¯ *Cof* *Cof* El humo se espesaba a una velocidad alarmante. El armario que bloqueaba la puerta comenz¨® a traquetear y a deslizarse por el suelo. La puerta se entreabri¨® con un chirrido, e incontables brazos se escurrieron al interior. Una ranura de luz penetr¨® la oscuridad desde fuera, borrosa y obstruida por el humo. Ten¨ªa el dedo del gatillo preparado. Pero ning¨²n caminante se atrevi¨® a entrar. En su lugar, los brazos se retiraron. Oy¨® el sonido de un cristal rompi¨¦ndose, y el coro de gorjeos lentamente volvi¨¦ndose m¨¢s y m¨¢s distante. ¡°?Eh¡­?¡± Cauteloso, esper¨® varios segundos. Sin embargo, la falta de aire fresco ya le estaba provocando dolores de cabeza y nublando el pensamiento. Luchando por contener un nuevo ataque de tos, volvi¨® a coger a la ni?a y corri¨® hacia la salida. Tan pronto lleg¨® a la puerta, vio que no hab¨ªa caminantes fuera. Con esfuerzo, pate¨® el armario a un lado y se escurri¨® al hueco de la escalera. La ventana del descansillo se hab¨ªa roto desde dentro, como si algo hubiese pasado a la fuerza a trav¨¦s del cristal. Los bordes fragmentados estaban pintados de rojo con sangre y restos de carne. ¡®??Han¡­ saltado!? ??Es por el humo!? Joder, ??de veras funciona!?¡¯ Deber¨ªa acordarse de darle a Claire una palmadita en la espalda cuando volviese a verla. Corri¨® escaleras abajo, de camino a la salida. CAPíTULO 44 – EXTRACCIóN [Contenta. A salvo. Contenta. A salvo. Contenta. A salvo.] Nora abri¨® los ojos y mir¨® hacia abajo, a Lilian, quien descansaba la cabeza sobre su pecho. No estaba segura de cu¨¢ndo hab¨ªa salido de aquella experiencia de ensue?o; la l¨ªnea entre lo real y lo irreal era fina, casi imperceptible. Pod¨ªa recordar todas y cada una de las palabras, pero por alguna raz¨®n, no se manifestaban en forma de memorias, sino emociones, arraigadas en lo profundo de su coraz¨®n. ¡®Lilian¡­ No me estoy imaginando cosas, ?verdad?¡¯ Como si respondiese a sus pensamientos, Lilian abraz¨® con m¨¢s fuerza la cintura de Nora, creando una sensaci¨®n c¨¢lida y titilante en su cerebro. Nora sonri¨® y correspondi¨® el gesto. ¡®Entiendo.¡¯ Mientras acariciaba el pelo de su hermana, oje¨® el pasillo. La mayor parte del ruido se hab¨ªa ido a lo largo de los ¨²ltimos minutos. El constante martilleo de los disparos se hab¨ªa reducido a tiros ocasionales, separados por largos periodos de silencio. Tambi¨¦n not¨® un ligero olor a humo en el aire. Hab¨ªa varias caras conocidas por all¨ª, pero Claire y William estaban ausentes. Record¨® vagamente a Claire sentada a su lado, y luego diciendo algo y march¨¢ndose. La ausencia de William era un misterio. ¡®Ay, dios¡­ ??Cu¨¢nto tiempo he estado fuera de onda!? Espero que todos est¨¦n bien.¡¯ Algo se movi¨® dentro de su visi¨®n perif¨¦rica, llamando su atenci¨®n. Un grupo de personas se les acercaban. Entre varias caras desconocidas, reconoci¨® al joven Ethan. Con una expresi¨®n retorcida y avanzando a grandes zancadas en su direcci¨®n, parec¨ªa tanto asustado como aliviado al mismo tiempo. Tambi¨¦n reconoci¨® a Marcus y a otro de aquellos soldados. Ambos cargaban con una persona aparentemente inconsciente. El coraz¨®n de Nora se congel¨®, sobrecogido por el miedo tan pronto pos¨® los ojos sobre ¨¦l. Sinti¨® c¨®mo su ritmo card¨ªaco y su respiraci¨®n se aceleraban. ¡®No¡­ Otra vez no¡­ ?Por qu¨¦? ??Por qu¨¦!?¡¯ Algo c¨¢lido le toc¨® la cara. Mir¨® de nueva a Lilian. Su hermana la observaba ahora fijamente, taladr¨¢ndola con aquellos brillantes ojos negros. La imagen evoc¨® un complejo c¨²mulo de emociones en su mente, que se manifestaron en forma de palabras. [Ya no puede hacernos da?o.] Nora respir¨® hondo y apart¨® la mirada de Logan. Durante varios segundos, continu¨® respirando hondo repetidas veces, concentr¨¢ndose en la presencia de Lilian, aferr¨¢ndose a ella, dejando que ahuyentase los malos recuerdos. ****** ¡°?Atenci¨®n todo el mundo! ?Prep¨¢rense, nos iremos pronto!¡± ¡°?Capit¨¢n Isaac!¡± dijo Jameson. ¡°?Los stingers han dejado de intentar trepar el edificio, se?or!¡± ¡°?Me he dado cuenta! Los he visto saltar por las ventanas. La idea de esa joven ha funcionado; ?el humo los est¨¢ expulsando!¡± Isaac ayud¨® a Marcus a acostar al hombre inconsciente en el suelo y cogi¨® su radio. ¡°?Equipo Charlie, aqu¨ª el Capit¨¢n Isaac del equipo Alpha! ??Me recib¨ªs!? ?Cambio!¡± ¡°?Capit¨¢n Isaac, le o¨ªmos! ??Cu¨¢l es la situaci¨®n ah¨ª!?¡± ¡°Hemos conseguido iniciar un incendio, y el humo est¨¢ despejando a los stingers del edificio. Sin embargo, ?a¨²n no estamos a salvo! Si el fuego se apaga, comenzar¨¢n a invadir el edificio de nuevo. Si persiste, todo el hospital acabar¨¢ en llamas. ??D¨®nde est¨¢is!? ?Necesitamos una extracci¨®n ya!¡± ¡°?Tenemos contacto visual con Saint Marie, pero no podemos acercarnos m¨¢s! ?Todos esos stingers se est¨¢n amontonando en las calles, probablemente haya miles! ?Central, aqu¨ª Charlie! ??Entablamos combate con las hordas!? ?No tenemos forma de¡ª! ??Eh!?¡± La transmisi¨®n de Charlie se hab¨ªa interrumpido de forma antinatural, como si algo dentro de su percepci¨®n les hubiese sorprendido. ¡°??Charlie!? ??Qu¨¦ ocurre!? ?Responded!¡± ¡°?Algo pasa con el hospital! ?Mire la calle!¡± Isaac se acerc¨® deprisa a la ventana m¨¢s cercana y ech¨® un vistazo al exterior. Toda la calle estaba llena hasta los topes de stingers, no parec¨ªa siquiera posible encajar uno m¨¢s en ning¨²n sitio. Y estaban confusos. Chillaban al un¨ªsono, cayendo en un p¨¢nico colectivo cuando se vieron rodeados por lo que brotaba de los pisos inferiores del hospital. ?Humo? Poco probable. Demasiado oscuro, demasiado denso, y demasiado pesado. La enorme nube de gas negro erupcion¨® de las ventanas rotas de la planta baja, inundando la calle en cuesti¨®n de segundos, y derram¨¢ndose hacia todas las calles y callejones adyacentes. Se arremolinaba y serpenteaba en patrones hipnotizantes, como si fuese un amorfo organismo viviente. ¡°?Central, aqu¨ª el Capit¨¢n Isaac! ?Alg¨²n tipo de gas negro ha emergido del hospital y est¨¢ cubriendo las calles! ??Tenemos informaci¨®n al respecto!?¡± ¡°Aqu¨ª Central. Negativo, Alpha. Proceded con precauci¨®n.¡± ¡°?Aqu¨ª Charlie! ?El convoy ha sido alcanzado por el gas¡­! ?Huele¡­ acre, parecido al humo! ?Pero no es humo!¡± ¡®Si no es humo, ??qu¨¦ es, entonces¡­!? Y, ??de d¨®nde viene!?¡¯ ¡°?Capit¨¢n Isaac, mire! ?Tambi¨¦n est¨¢ aqu¨ª arriba!¡± dijo Erik, se?alando a ambos lados del pasillo. El oscuro efluvio ven¨ªa de los pasillos interiores, aunque carec¨ªa de la ferocidad y rapidez de la nube que cubr¨ªa la calle. Una brisa entr¨® por las ventanas, arrastrando el gas hacia el grupo. ¡°?Que todo el mundo se cubra la boca y la nariz! ?No respiren ese gas!¡± orden¨® Isaac. Si aquella cosa resultaba ser alg¨²n tipo de arma qu¨ªmica, taparse la boca o la nariz no iba a ser muy efectivo a la hora de impedir que hiciese su trabajo. Tal y como era de esperar, a pesar de estar apretando su mano con fuerza contra su cara, Isaac percibi¨® de inmediato un olor ¨¢spero y desagradable. Sin embargo, su cuerpo no pareci¨® mostrar ninguna reacci¨®n perceptible. Al menos, no por el momento. Devolvi¨® la mirada a la calle. El manto de stingers se estaba dispersando. Hu¨ªan de la zona, pisote¨¢ndose unos a otros en un intento de alejarse del gas. ¡°Charlie, ??est¨¢is bien!? ??Est¨¢is observando las calles!?¡± ¡°?Afirmativo, Alpha! ?La horda se est¨¢ alejando!¡± ¡°?Este lugar se va a poner mucho m¨¢s peligroso, y no sabemos si habr¨¢ consecuencias tras la exposici¨®n prolongada a este gas! ?Tenemos que aprovechar esta oportunidad! ?Comenzad la extracci¨®n, Charlie!¡± ¡°?Entendido!¡± ¡°?Vale, atenci¨®n! ?P¨®nganse en fila en la salida! ?Erik, Jameson, preparaos para contacto en el suelo! ?Estar¨¦is a cargo de abrir una v¨ªa segura hasta el convoy!¡± dijo Isaac, acerc¨¢ndose a la plataforma de salida. ¡°?S¨ª, se?or!¡± El elevador ten¨ªa un aspecto sorprendentemente s¨®lido, teniendo en cuenta que hab¨ªa sido construido con chatarra y materiales reciclados. Era una plataforma ancha, colgada por numerosos conjuntos de cuerdas y manejada mediante un sistema de poleas, el cual se sujetaba en varios puntos a la fachada exterior del edificio. Isaac se gir¨® y oje¨® al grupo de supervivientes. Estim¨® que eran aproximadamente unos veinte. ?Esos eran todos? Muchos deb¨ªan de haber muerto durante la reyerta inicial, o se hab¨ªan esparcido por el edificio y hab¨ªan ca¨ªdo presa del nido de stingers. Quiz¨¢ algunos de ellos segu¨ªan all¨ª dentro, escondidos, a la espera de un rescate que no llegar¨ªa. ¡®??Esto es todo lo que podemos hacer¡­!?¡¯ Enjoying the story? Show your support by reading it on the official site. Estaba tentado. Tentado de dar otra vuelta por el hospital, con la esperanza de salvar siquiera a una persona m¨¢s. Pero cualquier contratiempo adicional podr¨ªa ponerles a todos en todav¨ªa m¨¢s peligro. Era poco probable que tuviese lugar una segunda erupci¨®n de humo negro que dispersase a las multitudes de nuevo. ¡°?No podemos sobrecargar el elevador! Haremos esto en dos viajes. ?Esa chica y la mujer pelirroja tienen prioridad! ?Lo mismo va para esa mujer de ah¨ª, su condici¨®n es cr¨ªtica! Respecto a los dem¨¢s, los heridos bajar¨¢n en el primer grupo, todos los dem¨¢s lo har¨¢n en el segundo grupo. ?Erik, Jameson, vosotros ser¨¦is los primeros en tocar la calle, aseguraos de que todos suben a bordo, y de que lo hagan a salvo!¡± ****** [Olor. Raro.] Tan pronto el elevador penetr¨® la nube negra, Lilian volvi¨® a aferrarse con fuerza a la cintura de Nora. Nora se percat¨® de sus ojos desconcertados peinando la calle de debajo. ¡°?Est¨¢s bien¡­? ?Huele raro?¡± susurr¨®. [No se ve. No se oye. No gusta.] ¡®Entiendo¡­ ?Les pasa lo mismo a esos caminantes? ??Este humo negro les confunde los sentidos!?¡¯ Las masas se hab¨ªan retirado a otras calles y callejones, buscando refugio del misterioso gas que invad¨ªa sus cuerpos y aturd¨ªa sus sentidos; pero muchos individuos extraviados se hab¨ªan quedado atr¨¢s, merodeando sin rumbo. Los gemidos y gru?idos se entremezclaban entre ellos, creando un sonido de fondo que penetraba los o¨ªdos de los supervivientes, y hac¨ªa que el elevador se desbordase con murmullos nerviosos. Nora sinti¨® una creciente ansiedad, m¨¢s fuerte cuanto m¨¢s se acercaban a la acera. Cuando los caminantes empezaban a fijarse en la caja llena de humanos que descend¨ªa hasta la calle, un rugido distante disip¨® la cacofon¨ªa de gemidos y se volvi¨® m¨¢s y m¨¢s fuerte, como si lo que lo estaba emitiendo se estuviese acercando a una velocidad vertiginosa. ¡®?Ese sonido¡­! ??Es¡­ un motor!?¡¯ La visibilidad dentro del humo era muy limitada, pero el gas ya hab¨ªa comenzado a asentarse y dispersarse, permitiendo a Nora ver la carretera con cierta claridad. Tres camiones militares emergieron de la negrura de la nube. Atropellando a los caminantes que ten¨ªan en medio, se detuvieron directamente en frente del elevador. Una andanada de peque?os objetos cay¨® alrededor de los veh¨ªculos, liberando una cortina de niebla blanca que envolvi¨® al convoy entero. ¡°?Vamos, mu¨¦vanse! ?C¨¦ntrense solo en los veh¨ªculos, ignoren todo lo dem¨¢s! ??Vamos!!¡± grit¨® uno de los soldados tan pronto el elevador toc¨® el suelo. Ambos soldados salieron con las armas en ristre, y abrieron fuego sobre los caminantes que se acercaban. Atra¨ªdos por el ruido que proven¨ªa de los camiones, muchos caminantes extraviados mostraron tambi¨¦n sumo inter¨¦s, provocando una lluvia de fuego en respuesta. Nora sujet¨® la mano de Lilian y corri¨®, hacia los violentos y brillantes destellos. Sin embargo, a pesar de lo alentador que resultaba el finalmente caminar hacia un rayo de esperanza con Lilian a su lado, no pod¨ªa ignorar el hecho de Claire y William todav¨ªa no hab¨ªan aparecido. [Vivos.] ¡®??Eh!?¡¯ [Sordos. Mudos. Pero vivos.] ****** ¡°?Venga, vamos! ?Todo el mundo al elevador, vamos!¡± dijo Isaac. Cuando se preparaba para enviarlo de vuelta para abajo, oy¨® unos pasos agitados. ¡°??Eeeey!!¡± Vio a un hombre de pelo negro que esprintaba por el pasillo en su direcci¨®n. Llevaba una ni?a peque?a en brazos. Estaba sudoroso, y jadeaba mucho. ¡°?Deprisa, al elevador, nos vamos ya! ??Hay alguien m¨¢s!?¡± El hombre se detuvo por un momento. Sus ojos daban botes, como si no estuviese seguro de qu¨¦ decir. ¡°¡­no, solo estamos nosotros.¡± dijo, antes de unirse al resto de los supervivientes en la plataforma. ¡°?De acuerdo! ?Prep¨¢rense! ?Dir¨ªjanse al convoy tan pronto toquen el suelo! ?D¨¦jennos esos monstruos a nosotros!¡± Liber¨® el bloqueo de las poleas y observ¨® c¨®mo el elevador descend¨ªa lentamente, hundi¨¦ndose en la ya transl¨²cida nube de gas. Pod¨ªa ver a sus camaradas luchando en la calle. Parec¨ªa que el primer grupo de civiles hab¨ªa llegado al convoy con ¨¦xito. ¡°?Central, aqu¨ª el Capit¨¢n Isaac! ?Todos los supervivientes han abandonado el hospital, se encuentran ahora mismo subiendo a bordo del convoy, incluida la reina! ?Nos enfrentamos a fuerte resistencia stinger! ?Cambio!¡± ¡°Aqu¨ª Central. Entendido, Alpha.¡± En cuanto vio que el elevador llegaba a nivel de suelo, se agarr¨® a una de sus cuerdas de suspensi¨®n y procedi¨® a deslizarse hacia abajo. Fila tras fila de ventanas volaron frente a ¨¦l mientras sent¨ªa el calor acumul¨¢ndose en sus manos y muslos. Fren¨® cerca del suelo, salt¨® de la cuerda, y prepar¨® su arma. El humo negro se hab¨ªa reducido a una fina niebla. El convoy estaba completamente visible, tanto para humanos como para stingers. Aunque los stingers parec¨ªan confundidos por el humo, su vista y o¨ªdo segu¨ªan siendo funcionales. Las hordas regresaban poco a poco a la zona. Los compa?eros de Isaac disparaban sus armas sin descanso, comprando tiempo para que los civiles subiesen a bordo. Elimin¨® a los tres stingers que bloqueaban su paso hacia el convoy y corri¨® hacia la parte de atr¨¢s del cami¨®n del medio. ¡°?Capit¨¢n!¡± un soldado le vio venir. ¡°?Estamos listos para irnos! ?Suba!¡± ¡°?Esperen¡­! ??Por favor, esperen!!¡± la mujer pelirroja de antes, la cual se encontraba en aquel mismo cami¨®n, los oy¨®. ¡°?M-Mi amiga todav¨ªa est¨¢ ah¨ª, en alguna parte! ?S¨¦ que sigue viva! ??Por favor!!¡± ¡°?De veras que lo siento, se?orita, pero no podemos esperar m¨¢s!¡± respondi¨® el soldado. ¡°Incluso si su amiga sigue ah¨ª dentro, ese elevador es la ¨²nica forma de salir, ?y ya no queda nadie para manejarlo!¡± ¡°?Se lo suplico! ?S-Solo un minuto m¨¢s!¡± Varios de los dem¨¢s civiles la observaban en silencio. Algunos se mostraban entristecidos por sus s¨²plicas, empatizando con su preocupaci¨®n. Otros parec¨ªan molestos, apu?al¨¢ndola con ojos repletos de desd¨¦n. ?Quiz¨¢ consideraban que su petici¨®n era ego¨ªsta? Aquella mujer no ser¨ªa la ¨²nica que hab¨ªa tenido que dejar amigos atr¨¢s. ¡°Le estoy diciendo que no pode¡ª¡± ¡°?Capit¨¢n Isaac! ?Aqu¨ª Charlie!¡± el equipo Charlie vocifer¨® en la radio de Isaac. ¡°??Est¨¢ todav¨ªa en la calle!? ?Mire al hospital, segundo piso, la ventana detr¨¢s del elevador de salida!¡± Isaac sigui¨® las indicaciones con los ojos, y r¨¢pidamente avist¨® la anomal¨ªa. La ventana estaba rota al igual que todas las dem¨¢s, pero algo colgaba de ella. Una larga cuerda que llegaba hasta la acera, hecha con s¨¢banas entrelazadas. Alguien apareci¨® en la ventana. Un hombre, vestido con atuendo civil, y que parec¨ªa estar seriamente magullado. Aunque estaba a bastante distancia, Isaac reconoci¨® su cara. ¡®?Ese es¡­ [Fox]! ??Est¨¢ vivo!?¡¯ [Fox] comenz¨® a descender por la cuerda, y una segunda persona se acerc¨® a la ventana, siguiendo sus pasos. Una joven mujer con gafas, que Isaac tambi¨¦n reconoci¨®. A nivel de suelo, varios stingers les avistaron y se arremolinaron bajo sus pies. ¡°?Charlie, mantened el convoy a salvo un minuto m¨¢s!¡± ¡°??Deprisa!! ??Esto est¨¢ hasta arriba!!¡± su transmisi¨®n era apenas audible bajo el incesante fuego. Los cad¨¢veres de los stingers empezaban a formar mont¨ªculos alrededor de los camiones. Isaac esquiv¨® los cuerpos y esprint¨® a toda velocidad hacia el hospital. Abri¨® fuego sobre el grupo de stingers que sitiaban la cuerda. Una vez despej¨® la zona, [Fox] complet¨® su descenso. ¡°?Capit¨¢n Isaac¡­!¡± dijo. ¡°?Mi radio estaba da?ada! ?No pod¨ªa hablar con nadie, pero pod¨ªa escuchar vuestras transmisiones!¡± ¡°?Olv¨ªdate de explicaciones! ?Coge mi pistola, r¨¢pido! ??Es esa chica la ¨²nica que te acompa?a!?¡± ¡°?S¨ª, se?or!¡± ¡°?Bien, abriremos un camino de vuelta a los camiones! ?No dejes que estos capullos nos acorralen!¡± Isaac dispar¨® a m¨¢s stingers que se acercaban, y luego mir¨® hacia la mujer all¨¢ arriba, quien se encontraba a medio camino del suelo. ¡°Se?orita, ??puede o¨ªrme!? ?En cuanto toque el suelo, corra como el diablo! ??La cubriremos!!¡± ¡°??S-S¨ª, se?or¡­!!¡± respondi¨® ella. Casi de espaldas el uno al otro, Isaac y [Fox] consumieron la munici¨®n que les quedaba. Los stingers ca¨ªan uno tras otro, pero por cada uno que eliminaban, un pu?ado de siluetas emerg¨ªan de la niebla. La chica toc¨® suelo firme y ech¨® a correr como si la persiguiera el demonio. ¡°?[Fox]! ??Vamos!!¡± dijo Isaac. El convoy estaba pr¨¢cticamente rodeado. Cuando se acercaron a ¨¦l, sus armas se quedaron secas. El fuego del convoy les relev¨®, brind¨¢ndoles cobertura. Isaac se fij¨® en que se ve¨ªan muchos menos fogonazos que hac¨ªa un minuto. ¡°?Suba a bordo! ??R¨¢pido!!¡± salt¨® dentro del compartimento de atr¨¢s del cami¨®n y arrastr¨® a la chica con ¨¦l. La trat¨® m¨¢s violentamente de lo que le habr¨ªa gustado, casi arroj¨¢ndola al interior, pero no pod¨ªan malgastar ni un solo segundo. Aquellas armas podr¨ªan silenciarse en cualquier momento. [Fox] se detuvo al lado del cami¨®n. Observ¨® c¨®mo la chica sub¨ªa a bordo, con una expresi¨®n de alivio en su rostro, pero ¨¦l no mostr¨® intenciones de subir. ¡°[Fox], ??a qu¨¦ esperas!? ???Vamos!!!¡± grit¨® Isaac. ¡°Lo siento, se?or.¡± sac¨® su identificaci¨®n de un bolsillo y se la lanz¨® a Isaac. Levant¨® su pernera derecha, revelando una marca de mordedura. Luego, realiz¨® el saludo militar. Su mano derecha todav¨ªa sosten¨ªa la pistola de Isaac. ¡°?Ha sido un honor servir a su lado, se?or!¡± Durante un instante, Isaac cerr¨® los ojos con fuerza. ¡®Mierda. ?Mierda¡­! ??Mierda!!¡¯ ¡°?Aqu¨ª el Capit¨¢n Isaac transmitiendo a todas las unidades! ?Todo el mundo est¨¢ a bordo! ??Largu¨¦monos de aqu¨ª!! ??Vamos!! ???Moveos, moveos!!!¡± Un segundo despu¨¦s, los motores del convoy rugieron al un¨ªsono, el grito de guerra de presas acorraladas, luchando contra un enjambre de depredadores. Los camiones se abrieron paso a trav¨¦s de las hordas, cavando un t¨²nel en la niebla hasta que se encontraron de nuevo ba?ados por la luz del sol. *?Bang!* Se oy¨® un ¨²nico disparo, proveniente del hospital. Muchos stingers colgaban de los laterales de los veh¨ªculos, los cuales fueron eliminados con los ¨²ltimos restos de munici¨®n que quedaban. Por primera vez en un largo rato, todo el mundo pudo disfrutar otra vez de un trago de aire fresco. Sin embargo, para Isaac, cada aliento le dejaba un sabor amargo. Abri¨® la identificaci¨®n que sosten¨ªa. Oficial Andrew Miles. ¡®Entendido.¡¯ ?Cu¨¢ntos? ?Con el peso de cu¨¢ntos nombres cargaba ya? Y, ?cu¨¢ntos m¨¢s estaban de camino? La respuesta lo aterraba. CAPíTULO 45 – RESPUESTAS Nora ten¨ªa la mirada extraviada. Hab¨ªa perdido la cuenta del tiempo que llevaba sentada en aquella inc¨®moda silla. Frente a ella, una puerta de corredera conduc¨ªa a los laboratorios, al lado de la cual un soldado armado hac¨ªa guardia. En alg¨²n momento, aquella puerta se abrir¨ªa, y con un poco de suerte no traer¨ªa malas noticias. La espera se hac¨ªa eterna. Ya hab¨ªa memorizado todas las caracter¨ªsticas de aquella habitaci¨®n. Una fila de sillas que bordeaba la pared, cuadros abstractos, una m¨¢quina de caf¨¦ que todav¨ªa funcionaba, un dispensador de agua¡­ Todo limpio, impoluto. Las luces del techo se reflejaban en las baldosas del suelo como si fuesen espejos. Era evidente que el Ej¨¦rcito hab¨ªa cuidado y protegido aquel lugar. Hab¨ªa o¨ªdo que se trataba de un antiguo centro de investigaci¨®n. Activo durante gran parte del transcurso de la pandemia, hab¨ªa sido fuertemente custodiado por los militares, quienes hab¨ªan construido numerosas defensas y fortificaciones en la zona. Contaba con un suministro el¨¦ctrico independiente basado en energ¨ªa solar, ten¨ªa su propia estaci¨®n de potabilizaci¨®n de agua pluvial, y los soldados se encargaban de brindar seguridad y comida a los equipos de investigaci¨®n. Todo para alcanzar una soluci¨®n a la enfermedad. Una soluci¨®n para la cual Lilian era clave, algo que no hab¨ªan tardado en dejar claro. Tan pronto entraron al aparcamiento subterr¨¢neo, Nora y Lilian hab¨ªan sido las primeras en ser conducidas al interior de las instalaciones. No les concedieron ni un momento de descanso. Comenzaron realizando un examen f¨ªsico y tomando una muestra de sangre. A continuaci¨®n, todo se alej¨® de lo que podr¨ªa ser considerado un chequeo m¨¦dico ordinario. Colocaron un extra?o aparato en la cabeza de Lilian, y comenzaron a hacerle preguntas. La expusieron a est¨ªmulos luminosos y sonoros, la pellizcaron, anularon sus sentidos de forma selectiva¡­ Todo ello mientras sus m¨¢quinas emit¨ªan pitidos y tomaban datos sin descanso. Durante el proceso, Nora pod¨ªa sentir la ansiedad de Lilian creciendo de forma gradual. Sin embargo, no le permitieron reconfortarla. Hab¨ªa pasado un d¨ªa entero. A Nora le hab¨ªan permitido salir, y le hab¨ªan asignado un lugar para pasar la noche. Lilian se hab¨ªa quedado en el laboratorio. Pod¨ªa o¨ªr sus susurros. Estaba inquieta, nerviosa. No parec¨ªa asustada, pero tampoco estaba a gusto. ?Estar¨ªa bien? No le habr¨ªan hecho da?o, ?verdad? La reticencia inicial de Nora a poner a Lilian en manos de los militares giraba alrededor de aquel temor en particular: que le hiciesen da?o. ¡®Venga, Nora, tranquil¨ªzate¡­ Respira. Conf¨ªa. Saldr¨¢ bien. Estar¨¢ bien.¡¯ Deseosa de apartar su mente de aquellos malos augurios, mir¨® a su izquierda. William ten¨ªa la mirada incluso m¨¢s perdida que ella. Nora hab¨ªa acudido a la sala de espera hac¨ªa una hora, pero ¨¦l llevaba m¨¢s rato all¨ª. Le hab¨ªa saludado al llegar, pero no le respondi¨®. No parec¨ªa de buen humor. ¡­ La puerta de corredera del laboratorio vibr¨® y se desliz¨® con un suave zumbido, revelando a una mujer rubia de gafas con una larga bata blanca. Con ojos inquisitivos, estudi¨® a los presentes antes de atravesar la puerta. Sujetaba una carpeta llena de documentos. Se qued¨® mirando a William durante algunos segundos. Parec¨ªa extra?ada, como si no esperase su presencia. ¡°?Puedo ayudarle en algo, caballero?¡± pregunt¨®. William le devolvi¨® la mirada. ¡°Ahora ten¨¦is a la chica. ?Pod¨¦is curar esta cosa o no?¡± ¡°Vaya¡­ ?A qu¨¦ viene tanto inter¨¦s? Esa no es precisamente una pregunta que se oiga a menudo ¨²ltimamente.¡± William no respondi¨®. No parec¨ªa interesado en ponerse de ch¨¢chara con aquella mujer. ¡°?Es eso lo que le ha dicho el Dr. Marcus? Le ha mentido. El Sting es incurable. Durante el proceso de infecci¨®n, el organismo se transforma irreversiblemente. Este proceso es especialmente destructivo para el cerebro, dado que algunas de sus regiones quedan en un estado inutilizable. No s¨¦ por qu¨¦ busca esta informaci¨®n, pero un stinger no puede revertirse de vuelta a un ser humano.¡± Sin mediar palabra, William se levant¨® de la silla y se dirigi¨® hacia la salida. ¡°?Te encuentras bien¡­?¡± pregunt¨® Nora. Una pregunta est¨²pida. No deber¨ªa ni haber pensado en pronunciar aquellas palabras. ¡°Quiero estar solo.¡± respondi¨® William, momentos antes de desaparecer por una puerta. Nora no tuvo tiempo para lamentarse por ¨¦l. La mujer de la bata blanca se le acerc¨® y se sent¨® en una silla a su lado. ¡°Dr. Elizabeth.¡± se present¨®. ¡°He solicitado personalmente que acudiese, se?orita Nora. Dada su relaci¨®n con la chica y su importancia para este proyecto, he considerado apropiado informarle de lo que hemos podido averiguar.¡± ¡®?Mi¡­ importancia?¡¯ ¡°?C¨®mo est¨¢ Lilian¡­?¡± ¡°Est¨¢ bien, no se preocupe. Podr¨¢ verla de nuevo pronto.¡± Elizabeth hoje¨® sus documentos e informes, en los cuales Nora pudo vislumbrar infinidad de n¨²meros y diagramas extra?os. ¡°Veamos¡­ La chica posee los ¨®rganos necesarios para producir y recibir feromonas, su piel es capaz de absorber parcialmente la luz solar, cuenta con indicios de comunicaci¨®n por bioluminiscencia, mayormente presentes en los ojos¡­ Quiz¨¢, el dato m¨¢s importante es el hecho de que las feromonas que produce son feromonas de reina, lo cual confirma la teor¨ªa de que se trata, efectivamente, de una reina stinger.¡± Nora trag¨® saliva. A¨²n no hab¨ªa asimilado del todo el hecho de que Lilian fuese una reina para aquellos monstruos. ¡°Sinceramente, ya ten¨ªamos evidencia emp¨ªrica de casi todos estos datos. Sin embargo, lo que no sab¨ªamos era que produce dos tipos distintos de feromonas. La infecci¨®n del Sting no ha conseguido tomar el control completo de su cerebro, lo cual ha ocasionado¡­ una doble identidad, por as¨ª decirlo. Y ah¨ª es donde usted entra en juego, se?orita Nora.¡± ¡°?C-C¨®mo¡­? Creo que no entiendo¡­¡± ¡°Parte de la chica es humana, pero se ve influenciada por los instintos de insecto inducidos por el Sting. Esto ha provocado que su organismo sea capaz de producir y recibir un tipo especial de feromonas: feromonas humanas. ?Ha sentido algo extra?o ¨²ltimamente? ?Sensaciones que no sabr¨ªa describir? ?Voces, quiz¨¢?¡± Nora se estremeci¨®. ?De eso se trataba? ?Eso eran las voces en su cabeza? ?As¨ª era como Lilian se comunicaba con ella? ¡°Todav¨ªa no sabemos c¨®mo lo hace, pero creemos que la mayor¨ªa de las feromonas humanas que produce la chica est¨¢n dirigidas a usted.¡± ¡°B-Bueno, es cierto que puedo¡­ ?o¨ªr su voz? No sabr¨ªa describirlo con palabras, ni siquiera son voces¡­ M¨¢s bien parecen emociones.¡± ¡°Ya veo. ?Siente algo ahora mismo?¡± ¡°¡­est¨¢¡­ nerviosa. Apenada. Creo que mi presencia la tranquiliza, y la suya a m¨ª.¡± La Dr. Elizabeth se qued¨® pensativa un momento y escribi¨® un largo p¨¢rrafo en el informe que sosten¨ªa. ¡°Se?orita Nora, sospechamos que, como stinger, la chica emite feromonas de reina; pero como ser humano, emite lo que ser¨ªa equivalente a un z¨¢ngano. Dentro de su percepci¨®n subconsciente, ella no es la reina. La reina es usted.¡± se reajust¨® las gafas y continu¨® hojeando los papeles. ¡°Su influencia sobre la chica es mucho m¨¢s potente de lo que cree. Es como un interruptor, su proximidad enciende o apaga sus instintos de forma selectiva.¡± A case of theft: this story is not rightfully on Amazon; if you spot it, report the violation. ¡°E-Entiendo, pero¡­ ?qu¨¦ va a pasar ahora? ?A d¨®nde nos lleva todo esto?¡± ¡°Necesitamos sacarlas a las dos de este lugar. Usted podr¨ªa ser tanto, o incluso m¨¢s importante que la chica. El cuerpo de la joven es naturalmente resistente al Sting, su sistema inmunol¨®gico posee anticuerpos capaces de plantar cara al virus. Esto nos brinda un arma con la que luchar contra la enfermedad. Sin embargo, con usted en la ecuaci¨®n, lo que tenemos no es un arma, sino una int¨¦rprete. Es complejo y largo de explicar, pero¡­ enti¨¦ndalo de la siguiente manera: podr¨ªamos lograr comunicarnos con los stingers. Es por esto que vamos a necesitar su cooperaci¨®n hasta el final. ?Lo entiende?¡± Nora asinti¨®. No sab¨ªa qu¨¦ pensar. La situaci¨®n se le escapaba. Hab¨ªa pasado de mojarse un poco los pies a verse arrastrada por una corriente turbulenta. ?Por qu¨¦ ten¨ªa que ser todo tan complicado? La Dr. Elizabeth se levant¨® y se encamin¨® de vuelta a la puerta del laboratorio, pero se detuvo antes de entrar. ¡°Tambi¨¦n deber¨ªa informarle de que podr¨ªamos ser capaces de tratar la infecci¨®n de la chica una vez salgamos de aqu¨ª. En este lugar no tenemos los recursos ni el tiempo para sintetizar los medicamentos necesarios.¡± ¡°??Es grave su situaci¨®n!?¡± ¡°Sin intervenci¨®n, su cuerpo perder¨¢ la batalla tarde o temprano. La naturaleza mutag¨¦nica e inestable del Sting hace que una recuperaci¨®n sea altamente improbable. Sus instintos se intensificar¨¢n, y su humanidad se desvanecer¨¢ m¨¢s y m¨¢s. Seguramente haya podido observar estos cambios en tiempo real durante los ¨²ltimos meses, ?no es as¨ª?¡± El rostro de Nora se ensombreci¨®. ¡°No se preocupe. Pronto prepararemos una evacuaci¨®n a¨¦rea. Estar¨¢ bien.¡± ¡°Gracias¡­¡± La doctora acerc¨® una tarjeta a un lector electr¨®nico al lado de la puerta corredera. El dispositivo emiti¨® un pitido y la puerta se desliz¨®. Elizabeth abandon¨® la habitaci¨®n, dejando a Nora sola con sus pensamientos. ¡®?Lo has o¨ªdo, Lilian? ?Te vas a poner bien! Te vas a poner bien¡­ Te vas a poner bien¡­¡¯ La inquietud en la presencia de Lilian se desvaneci¨®. ****** ¡°?Te importa si te hago compa?¨ªa?¡± pregunt¨® Marcus. William no respondi¨®. Tampoco se molest¨® en mirarle. Le daba igual. Suspir¨®, y sus ojos continuaron perdi¨¦ndose en los descuidados jardines visibles desde el balc¨®n, en las calles vac¨ªas que rodeaban el centro de investigaci¨®n, en las filas de edificios que las delimitaban. Marcus se le acerc¨® y se apoy¨® sobre la barandilla a su lado, imitando su postura. Sac¨® una cajetilla de tabaco del bolsillo y le ofreci¨® un cigarro. William lo acept¨®. ¡°Hace mucho que dej¨¦ de fumar¡­ En fin, no pasa nada por hacerlo una ¨²ltima vez. No ser¨¢ el tabaco lo que me mate.¡± Encendi¨® el cigarrillo con un mechero y le ofreci¨® fuego a William tambi¨¦n. Durante un largo minuto de silencio, ninguno de ellos hizo otra cosa que dar caladas ocasionales. ¡°He hablado con uno de esos cient¨ªficos.¡± dijo William. ¡°Ya veo¡­¡± ¡°He sido un iluso. Sab¨ªa exactamente lo que iba a o¨ªr. Supongo que por eso mantuve la compostura.¡± dio otra calada al pitillo. ¡°Quer¨ªa traer a mi mujer de vuelta, ?sabes? Me aferraba a la esperanza de que fuese posible, aunque era consciente de que se trataba de una meta absurda¡­¡± ¡°¡­entiendo. ?Deber¨ªa haberte dicho la verdad en su momento?¡± ¡°No. Te habr¨ªa pegado un tiro si lo hubieras hecho.¡± Pas¨® otro minuto de silencio. ¡°No he hecho m¨¢s que dar vueltas sin rumbo. ?Para qu¨¦? ?Con qu¨¦ prop¨®sito? ?Salvarme? ?Ayudar a Nora y compa?¨ªa? ?De qu¨¦ sirve todo eso, si lo que m¨¢s me importa en este mundo se ha perdido? Ni siquiera tengo claro querer seguir viviendo. Me he metido de cabeza en este fregado esperando encontrar una respuesta, pero todo lo que encuentro son preguntas. Preguntas y m¨¢s putas preguntas.¡± ¡°En cierto modo, comparto tu dolor, William. Yo tambi¨¦n he perdido algo muy valioso desde que todo esto comenz¨®¡­¡± dijo Marcus, con un tono de voz apagado. ¡°Se llamaba Evelyn. Era la ni?a m¨¢s dulce y cari?osa que he conocido jam¨¢s. Y me admiraba. Mucho. A veces le contaba cosas sobre mi trabajo. Eran temas complejos, sobre patolog¨ªa y microbiolog¨ªa; pero en sus ojos, yo era como un h¨¦roe, que creaba pociones especiales para acabar con los monstruos.¡± se le escap¨® una leve carcajada antes de continuar. ¡°Ya por aquel entonces andaba involucrado en asuntos turbios¡­ Pero su sonrisa era lo ¨²nico que necesitaba para olvidarlo todo y seguir adelante.¡± ¡°?Qu¨¦ ocurri¨®¡­?¡± pregunt¨® William. ¡°Una picadura directa del insecto, el vector original de la enfermedad. Tras varios meses investigando el Sting, mi propia hija cay¨® en sus garras¡­¡± ¡°¡­entiendo. No necesito m¨¢s detalles.¡± ¡°He decidido vivir lo que me queda de vida honrando su memoria. Era su h¨¦roe. Sin embargo, hasta hace muy poco, mis acciones no han sido precisamente heroicas¡­ Lo m¨ªnimo que puedo hacer es redimirme. Ayudar a quien pueda, luchar para que esta locura llegue a su fin; ser el h¨¦roe que Evelyn siempre imagin¨®.¡± Marcus dio otra calada m¨¢s a su pitillo y se puso de espaldas a la barandilla, mirando a William de lado. ¡°?No es acaso una filosof¨ªa similar a la que t¨² mismo has seguido? He o¨ªdo que salvaste la vida de una ni?a en el hospital. Cuando te conoc¨ª, no parec¨ªas el tipo de persona que se jugar¨ªa la vida por algo as¨ª.¡± ¡°Supongo que tienes raz¨®n¡­¡± William suspir¨®. ¡°A Amanda le encantaban los ni?os. Estaba deseosa de formar una familia, y yo estaba dispuesto a embarcarme en ese viaje a su lado. Ella era est¨¦ril, y nos hab¨ªamos decidido por la adopci¨®n, aunque nunca llegamos a tener la oportunidad de hacerlo¡­¡± Mientras hablaba, William se preguntaba por qu¨¦ le estaba contando todo aquello. No era t¨ªpico de ¨¦l hablar con nadie sobre su vida personal. Amanda hab¨ªa sido la ¨²nica excepci¨®n a esa regla. Pero Amanda ya no estaba. Aquel recuerdo se hab¨ªa desgarrado de forma definitiva, dejando un vac¨ªo insondable en su coraz¨®n. Ya no quedaba nada a lo que aferrarse. Sus emociones segu¨ªan fluyendo sin control, pero ya no giraban alrededor de nada. Quiz¨¢ tan solo buscaban un prop¨®sito. Quiz¨¢ tan solo buscaban salir. ¡°Te ser¨¦ sincero: no espero sobrevivir a esta mierda. Has visto todo lo que ha pasado, ?no? Que siga vivo es un puto milagro. Volveremos a meternos en problemas, y volveremos a estar cara a cara con la muerte. Quiz¨¢ no tenga tanta suerte la pr¨®xima vez. Es m¨¢s, ya cuento con ello. Podr¨ªa morirme ahora mismo, que me dar¨ªa igual. Pero, pens¨¢ndolo bien¡­¡± William tard¨® un buen rato en acomodar sus pensamientos. Marcus no le interrumpi¨®. ¡°Si voy a morir, no quiero morir siendo un capullo. Si voy a morir¡­ me gustar¨ªa hacerlo siendo alguien de quien Amanda estar¨ªa orgullosa. Me gustar¨ªa morir siendo el mismo hombre del que ella se enamor¨®. Nunca he sido capaz de mentirle. Si voy a reunirme con ella all¨¢ arriba, lo ¨²ltimo que querr¨ªa ser¨ªa decepcionarla.¡± Marcus termin¨® su cigarrillo y se alej¨® algunos pasos de la barandilla, en direcci¨®n a la puerta del balc¨®n. ¡°Eres un buen hombre. La p¨¦rdida cambia a la gente, retuerce nuestra forma de ver las cosas. Y acarrea muchas preguntas, s¨ª¡­ Espero que puedas encontrar tus respuestas, William. Creo que te las mereces.¡± ¡°Ya¡­¡± William se gir¨® hacia la puerta, antes de que Marcus pudiese atravesarla. ¡°?Por qu¨¦ has venido aqu¨ª a hablar conmigo?¡± ¡°?Qui¨¦n sabe? Ni yo mismo sabr¨ªa dec¨ªrtelo. Supongo que solo buscaba un poco de compa?¨ªa. Puede que no tengamos otra oportunidad para tener una conversaci¨®n de esta manera.¡± ¡°?Sabes¡­? Sigues sin caerme bien, capullo.¡± Marcus se rio por lo bajo. ¡°Lo s¨¦.¡± William lo vio adentrarse en el edificio, cerrando la puerta de cristal tras de s¨ª, y desapareciendo por un pasillo. En soledad, termin¨® su pitillo. No pudo evitar pensar que aquel encuentro era premonitorio. ¡®Respuestas, ?eh¡­?¡¯ ****** ¡°?Qu¨¦ ocurre, Dr. Elizabeth?¡± pregunt¨® el Coronel Rowan en cuanto la vio entrar en la sala de reuniones. Ten¨ªa un mal presentimiento, y el Capit¨¢n Isaac tambi¨¦n parec¨ªa tenerlo. Ambos observaron a la doctora mientras tomaba asiento. Rowan no recordaba haber visto jam¨¢s a Elizabeth con aquella expresi¨®n de preocupaci¨®n en su rostro. Detr¨¢s de su apariencia despreocupada y sus malos modales se ocultaba una persona pragm¨¢tica y met¨®dica, que afrontaba su trabajo con excelente disciplina. Rara vez se hab¨ªa enfrentado a algo que se le hubiese ido de las manos. ?Qu¨¦ podr¨ªa haber ocurrido para que solicitase una reuni¨®n de emergencia? ?Qu¨¦ hab¨ªa descubierto? ¡°Capit¨¢n Isaac, si no me equivoco, durante la operaci¨®n en Saint Marie, barajaron la posibilidad de inyectar a la reina con una nueva dosis de suero inhibidor.¡± dijo Elizabeth. ¡°As¨ª es.¡± respondi¨® Isaac. ¡°La pseudo-reina, su propia hermana, acab¨® suprimiendo sus instintos y descartando la necesidad de la inyecci¨®n. Tenemos mucha suerte de que haya sido as¨ª. Una nueva dosis la habr¨ªa matado.¡± ¡°Expl¨ªquese, doctora¡­ Ten¨ªa entendido que el suero inhibidor no era peligroso¡­¡± dijo Rowan. ¡°No es peligroso para un stinger puro. Pero la chica no es pura. Gran parte de su fisiolog¨ªa es humana. Aunque el suero puede suprimir tambi¨¦n la producci¨®n de feromonas en los humanos, se convierte r¨¢pidamente en una toxina que el sistema inmunitario no es capaz de purgar. En resumen, el cuerpo de la reina no puede sobrevivir una exposici¨®n prolongada al suero. No podemos administrarle m¨¢s dosis. Y, en cuanto se disipen los efectos de la ¨²ltima dosis que ha recibido, se convertir¨¢ en un im¨¢n para todos los stingers de esta celda¡­ y para los de las fronteras con otras celdas.¡± ¡°Ha dicho que la pseudo-reina puede suprimir sus instintos, ?no es as¨ª?¡± ¡°Me temo que ya no. He tratado de situar a la pseudo-reina en un estado emocional estable para fortalecer su v¨ªnculo con la chica, pero¡­ ese v¨ªnculo tiene las horas contadas. El estado de la reina es cr¨ªtico. El Sting progresa a pasos agigantados en su organismo. Cuando el efecto del suero desaparezca, es muy probable que la influencia de su hermana no sea suficiente para apaciguarla.¡± ¡°Dios¡­¡± Isaac mascullaba entre dientes. ¡°?Qu¨¦ sugiere? Confiar¨¦ en su juicio, doctora.¡± ¡°Tenemos que irnos de esta celda. Ya. No tenemos otra opci¨®n.¡± ¡°?De cu¨¢nto tiempo disponemos?¡± ¡°Como mucho¡­ dos d¨ªas. Si para entonces no estamos en el aire, acabaremos sepultados bajo un oc¨¦ano de stingers.¡± CAPíTULO 46 – IDENTIDADES ENTERRADAS Marcus se recost¨® en la silla, pensativo. En el laboratorio nada parec¨ªa haber cambiado. No era la primera vez que combat¨ªan una enfermedad letal. No era la primera vez que el equipo trabajaba bajo presi¨®n. No era la primera vez que se ve¨ªan obligados a recoger las cosas y evacuar el edificio. Ni la asfixiante cuenta atr¨¢s que los oprim¨ªa, ni el hecho de tener a un potencial enemigo entre sus filas parec¨ªan perturbar demasiado la disciplina del equipo. Se gir¨® levemente su asiento y oje¨® el laboratorio. Inmersos en pantallas y documentos, sus compa?eros no ten¨ªan tiempo de preocuparse por nada ajeno a la tarea que ten¨ªan entre manos. Especialmente Elizabeth. Ni siquiera le hab¨ªa dirigido la mirada desde que hab¨ªa vuelto. ¡®Supongo que era de esperar¡­¡¯ Suspir¨®, y por en¨¦sima, vez repas¨® mentalmente su conversaci¨®n con el Coronel Rowan. ###### ¡°Sabe por qu¨¦ est¨¢ aqu¨ª, ?no es as¨ª, Dr. Marcus?¡± dijo Rowan. Segundos antes, el coronel hab¨ªa ordenado a los guardias armados que abandonasen la habitaci¨®n. No hab¨ªan pasado ni quince minutos desde que Marcus hab¨ªa puesto un pie en el centro de investigaci¨®n, y ya se hab¨ªa quedado solo con el cabeza de toda la operaci¨®n. ?Qu¨¦ llevaba al coronel a confiarse hasta tales extremos? Sus ojos de sabueso le escudri?aban, leyendo cada cent¨ªmetro de su expresi¨®n facial, cada movimiento muscular. ¡°S¨ª, lo s¨¦.¡± ¡°Estoy al tanto de lo ocurrido. Tras escapar de Saint Marie, solicit¨® que el convoy diese un rodeo para recoger cierto objeto, el cual supongo que habr¨ªa ocultado con anterioridad para protegerlo durante el incidente¡­ Un malet¨ªn.¡± el coronel se inclin¨® de lado y recogi¨® un malet¨ªn met¨¢lico del suelo, coloc¨¢ndolo sobre la mesa. ¡°Este, para ser exactos. Sabe lo que contiene, ?verdad?¡± Evidentemente, Marcus sab¨ªa lo que hab¨ªa en el malet¨ªn. Era sencillo entender la ret¨®rica en aquella pregunta. Rowan no buscaba informaci¨®n, sino concienciarlo a ¨¦l sobre dicha informaci¨®n. ¡°Sabe perfectamente cu¨¢nto hemos tenido que sacrificar para obtener estas muestras. ?Cree que tendremos otra oportunidad de hacernos con los restos de una reina stinger? La ¨²ltima vez que lo intentamos, provocamos una Convergencia. Esto solo ha sido posible gracias a la existencia de esa joven. ?Una reina con inmunidad parcial? ?Qu¨¦ probabilidades hay de que ocurra algo as¨ª? Adelante, corra a su laboratorio. Haga los c¨¢lculos. Pero qu¨¦deselos para usted. Yo no necesito verlos.¡± Apart¨® el malet¨ªn a un lado y cruz¨® los brazos sobre la mesa. Segu¨ªa mir¨¢ndole fijamente. ¡°Usted es la pieza que no encaja, doctor. Sabemos que tenemos un esp¨ªa entre nuestras filas. Sabemos que alguien trabaja a nuestras espaldas. Desconocemos sus intenciones, pero ?no cree que mantener un perfil bajo habr¨ªa sido una mejor elecci¨®n? ?Por qu¨¦ robar las muestras? ?Por qu¨¦ cooperar con nosotros ahora? Quiero respuestas, Doctor Marcus.¡± ¡°Ser¨¦ sincero con usted, coronel: no era mi intenci¨®n regresar, ni devolver las muestras. Pero el curso de los eventos ha hecho que la joven Lilian llegase hasta aqu¨ª. No me quedan muchas opciones. Hemos puesto varios objetivos valiosos al alcance de esa gente, y ahora est¨¢n nerviosos ante la noci¨®n de que se los podamos arrebatar para siempre.¡± ¡°?Esa gente¡­?¡± ¡°ZEUS. As¨ª es como se hacen llamar. Yo era uno de ellos. No hab¨ªa un esp¨ªa, coronel; hab¨ªa dos.¡± Lo hab¨ªa dicho. Hab¨ªa admitido abiertamente su traici¨®n. Ten¨ªa fe en que el coronel tuviese el suficiente sentido com¨²n como para no ejecutarlo all¨ª mismo. Al menos, Marcus esperaba que no lo hiciese hasta que oyese lo que ten¨ªa que decir. ¡°?Con qui¨¦n est¨¢ ahora mismo?¡± ¡°?Cree que estar¨ªa aqu¨ª si no estuviese con ustedes?¡± ¡°No tengo motivos para creerle, doctor. Cualquier informaci¨®n que pueda aportar ser¨¢ de inter¨¦s, pero no olvide que yo ser¨¦ quien juzgue su credibilidad.¡± ¡®Esc¨¦ptico hasta el final, ?eh? Muy propio de ¨¦l.¡¯ Tras un tenso momento de silencio, Marcus continu¨®. ¡°ZEUS¡­ Una organizaci¨®n que utilizaba diversas farmac¨¦uticas como fachada, con fuertes v¨ªnculos en el Ej¨¦rcito, y otros organismos gubernamentales. A espaldas del ojo p¨²blico, proliferaban gracias al mercado de armas y sustancias ilegales. Crimen organizado, a un paso del terrorismo.¡± ¡°?Trabajaba para ellos a sabiendas de todo esto?¡± ¡°No. Yo formaba parte de los equipos de investigaci¨®n de una de las farmac¨¦uticas que les respaldaban. NeuroSphere Dynamics, ?le suena?¡± Rowan asinti¨®. ¡°Nuestro trabajo all¨ª a menudo implicaba pr¨¢cticas¡­ poco ¨¦ticas. Pero todo cambi¨® a peor cuando apareci¨® el Sting. Empezaron siendo rumores, pero antes de que nos di¨¦semos cuenta, ZEUS hab¨ªa tomado abiertamente las riendas del negocio, y nadie pod¨ªa hacer nada al respecto. Conoc¨ªan a nuestras familias, y ten¨ªan el poder para extorsionarnos como les viniese en gana. Al principio nos limit¨¢bamos a experimentar con animales, pero no tardamos en trabajar con sujetos humanos. Nunca pregunt¨¢bamos de d¨®nde los sacaban¡­¡± ¡°?Qu¨¦ buscaban exactamente?¡± ¡°Comprender el Sting. Descubrimos su capacidad de transferir ADN y recombinar organismos mucho antes de que apareciesen los s¨ªntomas. Era algo innovador, extra?o, nunca antes visto. Sin embargo, una vez comenz¨® la pandemia, los objetivos de ZEUS cambiaron dr¨¢sticamente. Ya no quer¨ªan comprenderlo, sino utilizarlo.¡± ¡°Terrorismo biol¨®gico¡­¡± ¡°S¨ª¡­ Se han dado grandes pasos de cara a controlar el Sting. Gases inhibidores, sueros que suprimen la generaci¨®n de feromonas¡­ Pero las muestras de la reina les permitir¨ªan dar un paso m¨¢s all¨¢. Si descubren c¨®mo utilizar feromonas de reina, podr¨ªan dirigir a los enjambres de stingers. Imag¨ªnese un evento de Convergencia, dirigido a voluntad hacia cualquier objetivo designado. No pod¨ªa permitirlo.¡± ¡°Me cuesta creer que no cuidasen bien a los equipos de investigaci¨®n que manten¨ªan en pie toda la operaci¨®n. ?No garantizaban su seguridad? ?Por qu¨¦ rechazarles? ?Por qu¨¦ est¨¢ cont¨¢ndome todo esto, doctor?¡± ¡°Porque tengo principios, coronel. Y esos principios tienen un l¨ªmite. ?Combatir al Sting, incluso si hay que dejar a un lado la moralidad? Lo podr¨ªa entender. Pero¡­ ?esto? ?Lo que esta gente pretende hacer? No puedo.¡± ¡°Ya veo¡­¡± Rowan continu¨® analiz¨¢ndole con la mirada. Su expresi¨®n facial era ilegible. ¡°Las fuerzas armadas con las que se han enfrentado mis hombres¡­ ?Son de ZEUS?¡± ¡°No. Probablemente sean mercenarios. ZEUS jam¨¢s se ensuciar¨ªa las manos de esa forma. Puede que los hayan armado hasta los dientes y que hayan puesto en sus manos el ¨¦xito de la operaci¨®n; pero en el fondo no son m¨¢s que peones, herramientas prescindibles.¡± Rowan se acomod¨® en su silla y cerr¨® los ojos durante varios segundos, tras los cuales volvi¨® a dirigirle la mirada a Marcus. ¡°?C¨®mo s¨¦ que puedo fiarme de usted, doctor?¡± ¡°No puedo demostrar nada solo con palabras, pero puedo hacerlo con hechos. Tenemos todo lo que necesitamos para acabar con esta crisis.¡± Marcus pos¨® una mano sobre el malet¨ªn. ¡°Estas muestras, y la joven Lilian. El puzle est¨¢ completo. Pero cualquiera de estas piezas por separado ser¨ªa catastr¨®fica en manos de ZEUS. Tenemos que mantenerles ocupados, y creo saber c¨®mo conseguirlo. S¨¦ lo que tengo que hacer.¡± Stolen from its rightful author, this tale is not meant to be on Amazon; report any sightings. ¡°¡­est¨¢ bien. Puede irse.¡± ¡°?No hay nada m¨¢s que quiera saber¡­?¡± ¡°Volveremos a hablar pronto. Es imperativo que, por ahora, contactemos con la Central en el exterior y les pongamos al d¨ªa.¡± dijo el coronel mientras Marcus se levantaba de su asiento y se sacud¨ªa ligeramente el polvo de la bata. ¡°De todas formas, que sepa que le mantendremos vigilado. Aqu¨ª nadie se f¨ªa de usted.¡± ¡°Lo comprendo perfectamente.¡± dirigi¨® la mirada hacia el malet¨ªn sobre la mesa. ¡°?Ser¨ªa descabellado solicitar permiso para llevar las muestras de vuelta al laboratorio? Todav¨ªa hay mucho que estudiar¡­¡± Rowan asinti¨®. Marcus recogi¨® el malet¨ªn, salud¨® al coronel, y se dirigi¨® a la puerta. Antes de que pudiese girar el pomo, la voz de Rowan le detuvo. ¡°Doctor¡­ Dado que no ha mencionado nada al respecto, ?debo asumir que desconoce la identidad del otro esp¨ªa?¡± ¡°As¨ª es.¡± ¡°?Me ve cara de imb¨¦cil?¡± ¡°No me creer¨¢, le diga lo que le diga, ?me equivoco?¡± Tras un rato de contemplaci¨®n, el coronel le hizo un gesto con la mano, indic¨¢ndole que se marchase. ###### Marcus suspir¨® otra vez. No pod¨ªa afirmar que supiese a ciencia cierta qui¨¦n era el topo, pero era evidente que ten¨ªa muchas sospechas. Y le sorprender¨ªa bastante que dichas sospechas estuviesen equivocadas. Cuanto m¨¢s lo pensaba, m¨¢s motivos encontraba para actuar con cautela. Teniendo en cuenta de lo que ZEUS era capaz, resultaba inconcebible que no tuviesen ojos y o¨ªdos en todas partes. La habitaci¨®n donde se reuni¨® con el coronel carec¨ªa de c¨¢maras, pero era muy probable que hubiesen escuchado su conversaci¨®n de alguna manera. Durante la reuni¨®n, Marcus hab¨ªa proporcionado al coronel cierta informaci¨®n por escrito, algo de lo que ambos se aseguraron de no mencionar en absoluto. Una jugada arriesgada, pero no hab¨ªa ninguna jugada segura disponible. No con ZEUS involucrado. Todo aquello parec¨ªa una enorme ruleta rusa, con un tambor demasiado grande, y con m¨¢s de una bala a la espera. ¡®?Y bien¡­? ?Qu¨¦ vas a hacer ahora?¡¯ ****** {SUBIENDO ARCHIVO} {25%} {50%} {75%} {100%} {ARCHIVO ENVIADO} {INICIANDO COMUNICACI¨®N} Los dedos volaban sobre el teclado. Con cada suave secuencia de golpeteos, una conversaci¨®n tomaba forma en la pantalla. [El Dr. Marcus se ha ido de la lengua. No tardar¨¢n en rastrearnos.] [CONT¨¢BAMOS CON ELLO. EL DOCTOR SE CONVIRTI¨® EN UN OBST¨¢CULO HACE TIEMPO. LA OPERACI¨®N DEBE CONCLUIR. INMEDIATAMENTE.] [La operaci¨®n debi¨® concluir en Saint Marie.] [DEMASIADOS FACTORES EN JUEGO.] [Factores que hab¨¦is provocado vosotros mismos.] ?Demasiados factores en juego? ?Estaban de co?a? La reina ni siquiera deb¨ªa haber llegado a Saint Marie. Debieron haberles interceptado tan pronto recibieron la transmisi¨®n final de Hephaestus. Podr¨ªan haberlo hecho. Prometheus estaba listo para actuar. Pero no, intuyeron que Marcus estaba involucrado. Intuyeron que Marcus le segu¨ªa la pista. Y, por supuesto, los quer¨ªan a ambos. Su avaricia y arrogancia eran desconcertantes, casi rozaban la estupidez. [C¨¦NTRESE EN PREPARAR LA INTERVENCI¨®N FINAL. ASEGURE LAS MUESTRAS Y A LA REINA ANTES DE LA EVACUACI¨®N DE MA?ANA.] [?Cu¨¢l es el plan despu¨¦s?] [HADES SE ENCARGAR¨¢ DEL RESTO. ADICIONALMENTE, PT-01 SIGUE OPERATIVO. ELLOS SER¨¢N SUS REFUERZOS. CONTAMOS CON USTED. NO NOS DECEPCIONE.] {COMUNICACI¨®N FINALIZADA} ****** Sobre la mesa se extend¨ªa un gran mapa de la ciudad, cubri¨¦ndola casi en su totalidad. Arremolinados a su alrededor, los soldados escuchaban con atenci¨®n las instrucciones del Coronel Rowan. Isaac oje¨® al personal. Todas las caras presentes eran conocidas, pero no todas las caras conocidas estaban presentes. Saint Marie se hab¨ªa cobrado demasiadas v¨ªctimas. El equipo Bravo hab¨ªa ca¨ªdo en combate. El equipo Charlie hab¨ªa perdido la mitad de sus integrantes. De camino al centro de investigaci¨®n le hab¨ªan informado de la p¨¦rdida de todo el equipo Delta, presa de la ola de stingers provocada por la joven reina. Incluso la mitad de su propio equipo hab¨ªa muerto. Apret¨® los pu?os. Los guantes eran lo ¨²nico que imped¨ªa que las u?as se le hundiesen en la piel. Respir¨® hondo y volvi¨® a concentrarse en la voz del coronel. ¡°¡ªque las tareas de cada equipo est¨¢n claras, hablemos del plan de evacuaci¨®n. Ser¨¦ claro y conciso.¡± Rowan se?al¨® un punto en el mapa. ¡°Actualmente, estamos aqu¨ª. Dado que nos encontramos demasiado cerca del borde de la celda, este no es un lugar apropiado para llevar a cabo la evacuaci¨®n.¡± Alrededor de la ciudad hab¨ªa una forma hexagonal trazada con un rotulador. Adyacentes a este hex¨¢gono hab¨ªa otros, que se extend¨ªan en todas las direcciones, formando una ret¨ªcula similar a un panal de abejas. El punto que se?alaba el coronel estaba cerca del borde del hex¨¢gono. ¡°Como bien sabr¨¢n, cada celda individual alberga una colonia de stingers. Aunque estas colonias no interact¨²an demasiado entre ellas, decenas de miles de z¨¢nganos patrullan las fronteras e intercambian informaci¨®n. Tanto la influencia de la reina como la conmoci¨®n provocada por el helic¨®ptero llamar¨¢n la atenci¨®n de estos enjambres fronterizos. Acudir¨¢n a investigar. Creo que no hace falta que les recuerde que los stingers de las celdas colindantes han completado su ciclo evolutivo hace tiempo, y no tienen nada que ver con los que hemos visto en la celda actual. No tenemos los recursos para sobrevivir a un enfrentamiento con estas criaturas.¡± se detuvo un instante para aclararse la garganta. ¡°Adem¨¢s, no podemos llevar a cabo la evacuaci¨®n a nivel de carretera. El helic¨®ptero atraer¨¢ a distritos enteros. Necesitamos contar previamente con una posici¨®n elevada y protegida.¡± Desliz¨® el dedo sobre el mapa, hasta un punto en la zona central del hex¨¢gono. ¡°Lo haremos aqu¨ª. Hemos localizado un edificio asequible en el centro de la ciudad. Es alto, hay un helipuerto en la azotea, y un reconocimiento a¨¦reo indica la presencia de una comunidad en el lugar, aunque hace semanas que no muestran actividad alguna. Quiz¨¢ el lugar cuente con alg¨²n tipo de fortificaci¨®n previa. Lo aprovecharemos.¡± Rowan hizo contacto visual con los soldados, uno a uno. ¡°?Alguna pregunta?¡± Isaac pod¨ªa adivinar lo que pasaba por las mentes de sus compa?eros. Ten¨ªan preguntas, pero no el tipo de preguntas que el coronel pod¨ªa responder. Quiz¨¢ la palabra ¡°preguntas¡± no era la m¨¢s adecuada. ¡°Dudas¡± sonaba m¨¢s apropiado. Aquella misi¨®n parec¨ªa estar destinada a decidirlo todo. Sab¨ªan lo que estaba en juego. Sab¨ªan lo mucho que la humanidad pod¨ªa perder al d¨ªa siguiente. Sab¨ªan lo mucho que podr¨ªa llegar a ganar. Y sab¨ªan lo ef¨ªmera que ser¨ªa su propia existencia en mitad de la vor¨¢gine que se les ven¨ªa encima. Nadie dijo nada. ¡°Bien. A continuaci¨®n, discutiremos c¨®mo¡ª¡± ¡®?Tendr¨¦ que a?adir m¨¢s nombres a la lista¡­?¡¯ Isaac ten¨ªa el coraz¨®n en un pu?o. ****** Claire se acurruc¨® contra la pared en la litera, con los brazos alrededor de las piernas, y con un nudo en el est¨®mago. Se observ¨® las manos, cubiertas de vendas. Todav¨ªa escoc¨ªan. Al llegar, la hab¨ªan llevado sin demora a una zona habilitada para asistencia m¨¦dica, junto a otros heridos. Le hab¨ªan dicho que las quemaduras que hab¨ªa sufrido eran severas, pero sanar¨ªan sin problemas, aunque sus manos estar¨ªan lisiadas durante d¨ªas, si no semanas. Al menos su vida no corr¨ªa peligro. Muchos otros hab¨ªan sufrido consecuencias peores, especialmente Stella. Parec¨ªa recuperarse a buen ritmo, pero ten¨ªa mucha suerte de haber sobrevivido. Sin embargo, sus pensamientos no estaban con los que hab¨ªan sobrevivido, sino con los que se hab¨ªan quedado atr¨¢s. Con los que hab¨ªan entregado sus vidas para abrirles camino. Con los cuerpos que hab¨ªa tenido que pisar para llegar hasta all¨ª. Se sent¨ªa sola. ¡®Ni siquiera s¨¦ si me merezco estar aqu¨ª¡­ No es justo. Pero, ?a qui¨¦n quiero enga?ar? ?Qu¨¦ hago carcomi¨¦ndome por dentro, por el hecho de que hayan muerto otros y no yo?¡¯ Resopl¨®. Habr¨ªa estado muy agradecida de tener a alguien con quien compartir sus inquietudes, pero no era el caso. Manten¨ªan a Nora alojada en una zona diferente del edificio, William parec¨ªa estar enfurru?ado y sin ganas de hablar, y todos los dem¨¢s eran pr¨¢cticamente extra?os para ella. Se revolv¨ªa sobre las s¨¢banas, inc¨®moda, cuando un soldado entr¨® a la habitaci¨®n. Desde las otras literas, los dem¨¢s supervivientes detuvieron sus cuchicheos y se le quedaron mirando. ¡°?Que todo el mundo preste atenci¨®n! ?Ma?ana mismo nos dirigiremos al punto de evacuaci¨®n! Cuando llegue el momento, sigan las instrucciones que se les indiquen, y todo ir¨¢ bien. Nuestro destino ser¨¢ la Torre Kurtis, en el centro de la ciudad. Es un trayecto largo, ?aseg¨²rense de descansar bien!¡± A Claire se le hel¨® la sangre. Cuando se dio cuenta, el soldado se hab¨ªa ido ya. Su cuerpo comenz¨® a temblar. De todas las noticias que le podr¨ªan haber dado, aquella era de las que menos se esperar¨ªa o¨ªr. ¡®?La¡­ Torre Kurtis¡­? ?Es una broma¡­? ??Tenemos que¡­ volver all¨ª¡­!?¡¯ Casi todos los lugares por los que hab¨ªa pasado durante los ¨²ltimos meses le hab¨ªan dejado un mal sabor de boca. Todos albergaban muerte, todos estaban habitados por viejos fantasmas, recuerdos de aquellos que hab¨ªan sido dejados a un lado en favor los dem¨¢s. De todos ellos, el antiguo refugio donde conoci¨® a Nora era el que m¨¢s repudiaba. Ni en sus m¨¢s locas predicciones esperaba tener que visitarlo de nuevo. CAPíTULO 47 – VENENO Nora hab¨ªa pasado la noche sin pegar ojo. Le hab¨ªan dicho que deb¨ªa descansar, que el trayecto hasta el punto de evacuaci¨®n ser¨ªa largo y peligroso. Pero, ?c¨®mo se supon¨ªa que iba a dormir tranquila? Aquel lugar no le tra¨ªa m¨¢s que malos recuerdos. Era un mal augurio de manual. Y, en los dispares momentos en los que consegu¨ªa dejar a un lado aquellas preocupaciones, la presencia de Lilian la ofuscaba. Una presencia que perd¨ªa su calidez y su dulzura a un ritmo alarmante. Las palabras de Nora ya no la alcanzaban, parec¨ªan perderse por el camino, como si su hermana se encontrase al otro lado de una infinita pared de cristal, aislada. Los pensamientos que le llegaban eran inconexos, cr¨ªpticos. [Vienen.] [Familia viene.] [Quieren estar con nosotros.] Cuando dos soldados la trajeron ante Nora, parec¨ªa normal a simple vista, y no mostraba signos adicionales de deterioro f¨ªsico. Sin embargo, hab¨ªa algo en sus ojos. Un centelleo azul, que rozaba la iridiscencia. No ten¨ªa nada de humano. Nora se le acerc¨® y la abraz¨®. ¡°?Lilian, cielo¡­!¡± Su hermana le devolvi¨® el abrazo y la mir¨® a los ojos, pero su expresi¨®n rebosaba inexpresividad. ¡°Prep¨¢rese se?orita, tenemos ¨®rdenes de acompa?arlas hasta el convoy. Debemos irnos.¡± dijo uno de los soldados. ¡°Y-Ya, entiendo¡­ Denme un momento, por favor.¡± ¡°Trate de mantenerse optimista.¡± dijo el otro soldado. ¡°Han pasado por muchos percances, pero ahora est¨¢n en buenas manos. Hoy podr¨¢n al fin descansar a salvo, lejos de aqu¨ª.¡± Nora se sorprendi¨® ante aquella repentina muestra de empat¨ªa. ?Tan mala cara ten¨ªa? A decir verdad, aquel hombre no ten¨ªa mucho mejor aspecto. No pod¨ªa evitar pensar que se trataba de una fachada. Nadie estaba a salvo. A¨²n no. No respirar¨ªa tranquila hasta que viese cumplirse aquellas promesas de seguridad con sus propios ojos. E incluso entonces, tendr¨ªa dudas. Solt¨® a Lilian y recogi¨® sus escasas pertenencias, antes de abandonar la habitaci¨®n, siguiendo de cerca a los soldados. ****** ¡°?Todo bien?¡± pregunt¨® Claire, con voz dudosa. William esperaba pacientemente a que los militares diesen la orden de subir al convoy. Apreciaba cualquier cosa que le permitiese mantener la cabeza ocupada, cualquier cosa menos pensar. Se hab¨ªa entretenido viendo c¨®mo el personal militar cargaba suministros y armas en los veh¨ªculos, mientras los civiles iban llegando a cuentagotas. Sin embargo, no le apetec¨ªa entablar conversaci¨®n. ¡°He hablado con Nora esta ma?ana, me han dejado verla.¡± continu¨® Claire. ¡°Ya¡­¡± William apart¨® la vista de ella. Se imaginaba lo que iba a decir. ¡°Me habl¨® sobre lo que te dijeron en el laboratorio¡­¡± ¡°Mira, no quiero hablar del tema, ?vale?¡± respondi¨®. Su tono sonaba abrasivo, haciendo que Claire se estremeciera. Ella asinti¨®. ¡°L-Lo siento¡­ No pretend¨ªa molestar. Tan solo estoy algo preocupada, nada m¨¢s. Ya me callo.¡± ?Preocupada? ?Por ¨¦l? William supuso que hab¨ªan pasado el suficiente tiempo juntos como para formar un cierto v¨ªnculo. Era natural sentir preocupaci¨®n por amigos, familiares, o conocidos cercanos. Al menos, ella todav¨ªa pose¨ªa un v¨ªnculo tangible con alguien, uno que no resultaba autodestructivo. La envidiaba. ¡°No sabr¨ªa ni describir c¨®mo me siento ahora mismo. Ya tendremos tiempo de hablar m¨¢s tarde, cuando salgamos de aqu¨ª; si es que salimos.¡± Los ojos de Claire se mantuvieron fijos en ¨¦l por un rato, deca¨ªdos y melanc¨®licos. Dio un par de pasos a su alrededor y se fij¨® en algo que William ten¨ªa al lado. ¡°?Esa es¡­?¡± La peque?a Eleanor no se separaba de ¨¦l. Pellizcaba su chaqueta con la mano derecha, y se negaba a soltarla si pod¨ªa evitarlo. El equipo m¨¦dico hab¨ªa evaluado su estado de salud. Estaba desnutrida, pero no hab¨ªa sufrido da?os significativos. Se recuperar¨ªa. Al menos, f¨ªsicamente. Su mente era otro cantar. Ya no ten¨ªa aquella expresi¨®n de horror pintada en el rostro, pero casi hubiera sido preferible. Parec¨ªa una mu?eca de porcelana; inerte, sin vida. ?Por qu¨¦ se aferraba a ¨¦l? Hab¨ªa matado a su padre delante de sus ojos. Quiz¨¢ le asociaba con ¨¦l, de alguna forma. Quiz¨¢ ese lazo era lo ¨²nico que le quedaba. Un lazo que carec¨ªa de sentido, aunque ella no fuese realmente consciente de ello. ¡°?Qu¨¦ vas a hacer con ella?¡± dijo Claire. ¡°No lo s¨¦.¡± gru?¨®. Todo le llevaba de vuelta a Amanda; la pregunta de Claire hab¨ªa desenterrado su memoria otra vez. No pod¨ªa culparla, era poco probable que la chica pudiese atar aquellos cabos. Pero eso no evit¨® que le molestase. Mir¨® de reojo a Eleanor. Ahora que la hab¨ªa salvado, no pod¨ªa dejarla tirada. Se hab¨ªa convertido en su responsabilidad. Nadie m¨¢s ten¨ªa el tiempo ni los recursos para encargarse de ella en su lugar. El legado de Desmond parec¨ªa destinado a atormentarle hasta el final. Por su culpa hab¨ªa perdido a Amanda. Ahora, su hija se hab¨ªa convertido en apenas un remanente de aquellos dolorosos momentos. Por una parte, la peque?a le recordaba a la familia que Amanda habr¨ªa querido construir. Por otra parte, le recordaba que esa familia ya nunca existir¨ªa. Eleanor no necesitaba ese conflicto interno. Necesitaba a alguien en quien confiar, alguien que le brindase cari?o y protecci¨®n, alguien que la ayudase a recuperarse f¨ªsica y mentalmente. William no era esa persona. Cerr¨® los ojos y se maldijo a s¨ª mismo. ¡°?Atenci¨®n todo el mundo! ?Formen una fila y dir¨ªjanse al convoy, partiremos en breves!¡± la voz de un soldado le arranc¨® de sus pensamientos. Un grupo de militares se acercaba a los veh¨ªculos. Entre ellos reconoci¨® a aquel capit¨¢n, el tal Isaac. Tambi¨¦n reconoci¨® al que parec¨ªa ser el mandam¨¢s, con una vistosa insignia expuesta en su uniforme, la cual William no supo identificar. If you spot this tale on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. Los civiles se arremolinaron alrededor de los veh¨ªculos, y William avist¨® varias caras conocidas. Stella estaba casi en primera fila, con dos personas ofreci¨¦ndole apoyo para mantenerse en pie. Tambi¨¦n merodeaba por all¨ª el joven Ethan, as¨ª como la mayor¨ªa de los supervivientes que escaparon del hospital. Dos individuos llamaron especialmente su atenci¨®n. Julien estaba cubierto de magulladuras y suciedad. Lo ten¨ªan esposado, y un soldado lo sujetaba firmemente del brazo. Era evidente que hab¨ªan descubierto lo que hab¨ªa estado haciendo, y no les debi¨® de resultar muy agradable. Por otra parte, aquel mat¨®n que sol¨ªa acompa?arle, Logan¡­ Ten¨ªa mal aspecto. Tambi¨¦n iba acompa?ado, en este caso por un soldado y un miembro del personal de investigaci¨®n. Su cara se hab¨ªa hundido, como si repentinamente se hubiese quedado en los huesos, y estaba desorientado, ido. Era reconfortante saber que aquellos dos maleantes estaban ahora bajo custodia, pero, lejos de alegrarse por ello, William tuvo un mal presentimiento. Su intuici¨®n le dec¨ªa que a aquellos dos todav¨ªa les quedaba guerra por dar. Adem¨¢s, faltaba uno. Jacobs todav¨ªa andaba suelto ah¨ª fuera, haciendo sabe dios qu¨¦. La imagen del rostro de Jacobs se materializ¨® en su mente. Sacudi¨® la cabeza, tratando de no enervarse. ¡°Vamos.¡± dijo, echando a andar hacia los veh¨ªculos, con Eleanor y Claire detr¨¢s. ****** ¡°?Todo listo, capit¨¢n?¡± pregunt¨® Rowan. ¡°S¨ª, se?or. Los civiles est¨¢n a bordo en el convoy, distribuidos en los veh¨ªculos designados. Tambi¨¦n hemos cargado los suministros no prescindibles. Solo falta cargar el material del laboratorio.¡± respondi¨® Isaac. ¡°Excelente. ?Ha puesto a los dem¨¢s equipos al d¨ªa con la informaci¨®n que recibimos del Dr. Marcus esta ma?ana?¡± ¡°Afirmativo, se?or.¡± Rowan todav¨ªa ten¨ªa dudas acerca del doctor, pero si aquella informaci¨®n resultaba ser cierta, ser¨ªa un alivio para sus hombres. Estaban secos de suministros. Si pretend¨ªan defender el punto de evacuaci¨®n, necesitar¨ªan todos los recursos que pudiesen conseguir. Si Marcus hab¨ªa dicho la verdad, y realmente hab¨ªa cerca de Saint Marie un cami¨®n militar robado cargado de armas y municiones, podr¨ªa darles la holgura que tanto necesitaban. Adem¨¢s, les hab¨ªa informado sobre un edificio de apartamentos donde hab¨ªan dejado a varios supervivientes. El helic¨®ptero de transporte ten¨ªa un l¨ªmite, no pod¨ªan permitirse salvar a todo el mundo, pero al menos pod¨ªan intentar salvar a unos pocos m¨¢s. ¡°Saldremos de inmediato.¡± ¡°?Disculpe¡­? Se?or, no podemos irnos sin las muestras del laboratorio¡­¡± ¡®A estas alturas, el Dr. Marcus ya deber¨ªa estar aqu¨ª. Eso significa¡­¡¯ ¡°Soy consciente de lo que he dicho, Capit¨¢n Isaac. Saldremos de inmediato.¡± ¡°¡­s¨ª, se?or.¡± ****** La puerta del laboratorio emiti¨® tres pitidos r¨ªtmicos antes de deslizarse a un lado, cedi¨¦ndole el paso. Todos estaban ocupados con los preparativos de la evacuaci¨®n. La inmensa mayor¨ªa de los militares se encontraban reunidos en el aparcamiento subterr¨¢neo, dejando el resto del edificio sin vigilancia. Si hab¨ªa una oportunidad de oro, era aquella. Solo ten¨ªa que asegurar las muestras de la reina y ponerse en contacto con Hades. PT-01 se encargar¨ªa de su seguridad, mientras el equipo Hades aseguraba a la joven reina y neutralizaba a los hombres de Rowan, que no podr¨ªan responder adecuadamente debido a la falta de recursos y personal. La operaci¨®n estaba a un paso de concluir. Se abri¨® paso a trav¨¦s de las m¨²ltiples puertas de cristal del laboratorio, en direcci¨®n a la sala de pruebas donde Marcus hab¨ªa dejado el malet¨ªn. Solo quedaban dos personas en el laboratorio, los encargados de recoger los ¨²ltimos documentos y materiales relevantes. No supondr¨ªan un problema. Uno de ellos sali¨® del ala de an¨¢lisis. No llevaba el malet¨ªn, sino una peque?a caja con discos duros, papeles y otros objetos. ¡°?Eh? ?Qu¨¦ hace usted aq¡ª?¡± *Bang* La pistola silenciada apenas fue audible. Con un agujero en la frente, el hombre cay¨® como un fardo, esparciendo lo que llevaba en brazos por el suelo y provocando un ruidoso jaleo. Se oyeron pasos acalorados, y otro hombre emergi¨® por otra puerta, con cara de preocupaci¨®n. Tampoco llevaba el malet¨ªn. ¡°??Qu¨¦ ha sido eso!? ??R-Robert¡­!? ??Qu¨¦¡ª!?¡± *Bang* ¡®Marcus a¨²n no ha aparecido para recoger el malet¨ªn, todav¨ªa sigue en su despacho. Es realmente conveniente tener acceso a las c¨¢maras de seguridad. Me encargar¨¦ de ¨¦l m¨¢s tarde.¡¯ ¡­ La temperatura cay¨® dr¨¢sticamente en cuanto entr¨® al ambiente refrigerado de la sala de muestras. En una mesa rodeada por armarios con cientos de viales, avist¨® el preciado malet¨ªn. Tan pronto dio un paso al frente, un brazo se enrosc¨® alrededor de su cuello, y otro inmoviliz¨® la mano con la que sosten¨ªa la pistola. ¡®??Qu¨¦¡­!? ??Qui¨¦n es!?¡¯ Inmediatamente lanz¨® su codo izquierdo hacia atr¨¢s, hundi¨¦ndolo en el est¨®mago de su atacante, pero no consigui¨® librarse de ¨¦l. Se lanz¨® hacia la pared, estrellando la espalda de su oponente contra ella. El agarre alrededor de su cuello se debilit¨®. Se retorci¨® y consigui¨® liberarse, encar¨¢ndose al fin a su atacante. Era un hombre. Con una patada en la pierna derecha, lo hizo caer de rodillas. Vio c¨®mo se llevaba la mano al cintur¨®n y sacaba una pistola. Con su propia pistola, abri¨® fuego, acertando en la mano de su enemigo y provocando que soltase el arma. El hombre corri¨®, tratando de ponerse a cubierto fuera de la sala de muestras. *Bang* La bala penetr¨® en el costado izquierdo del extra?o desde atr¨¢s, provocando que trastabillase y se desplomase a unos metros de la puerta, en mitad del laboratorio, entre gemidos de dolor. Una vez su atacante estuvo indefenso en el suelo, pudo calmarse e identificarlo. Era Marcus. Algo no cuadraba. Marcus no deber¨ªa estar all¨ª. Presa del p¨¢nico, recogi¨® el malet¨ªn de la mesa, y se apresur¨® de vuelta hacia la entrada del laboratorio. Su intuici¨®n le dec¨ªa que deb¨ªa salir de all¨ª. Pero no sin antes terminar el trabajo. Apunt¨® al quejumbroso Marcus con la pistola, cuando este sac¨® algo de su bata y lo estrell¨® contra el techo. Era un peque?o vial de cristal, el cual se hizo pedazos a cent¨ªmetros de un detector de gases. La iluminaci¨®n del laboratorio se torn¨® de color rojo carmes¨ª, y una alarma de seguridad reson¨® por todo el lugar. [ATENCI¨®N: VERTIDO QU¨ªMICO DETECTADO. INICIANDO BLOQUEO DE CUARENTENA. POR FAVOR, SIGAN LOS PROTOCOLOS DE SEGURIDAD.] La voz femenina del sistema de emergencias se repet¨ªa en bucle, martilleando su cabeza sin cesar. Sin demora, se dirigi¨® a la puerta de salida, ignorando a Marcus. Sent¨ªa c¨®mo su ritmo card¨ªaco se aceleraba. El lector de tarjetas emiti¨® un pitido, y una luz roja parpade¨®, neg¨¢ndose a aceptar sus credenciales. La puerta no se movi¨®. ¡°?Maldici¨®n¡­!¡± ¡°No has cambiado en absoluto, eso est¨¢ claro¡­¡± mascull¨® Marcus a su espalda. ¡°Ya no puedes ir a ninguna parte... Creo que es el momento perfecto para que tengamos una charla, Elizabeth.¡± ****** ¡°?Marcus¡­! ??Qu¨¦ has hecho!?¡± dijo Elizabeth, enca?on¨¢ndole con el arma. Su cara se hab¨ªa torcido en un gesto iracundo. ¡°Cianuro de hidr¨®geno¡­ No te molestes en buscar los equipos de seguridad¡­ Me he asegurado de deshacerme de ellos.¡± mientras Marcus hablaba, Elizabeth se tap¨® la boca y la nariz, dej¨® el malet¨ªn en un escritorio cercano, y corri¨® a un armario donde guardaban equipos de protecci¨®n para el personal. Estaba vac¨ªo. ¡°Joder¡­ Esperaba no haber tenido que llegar a esto, pero no tengo otra elecci¨®n¡­ No puedo permitir que salgas de aqu¨ª.¡± ¡°?Las c¨¢maras¡­! ??C¨®mo has llegado aqu¨ª!?¡± ¡°El coronel me dio acceso al sistema CCTV. Inyectamos un metraje falso¡­¡± ¡°Pero, entonces¡­¡± Elizabeth regres¨® al escritorio donde se encontraba el malet¨ªn. Introdujo su tarjeta de identificaci¨®n en el cierre electr¨®nico, y este dej¨® escapar un silbido el¨¦ctrico, para despu¨¦s desbloquearse con una secuencia de chasquidos. Lo abri¨®, y su expresi¨®n de ira se reemplaz¨® por incredulidad. ¡°Siempre has confiado demasiado en tu pragmatismo y tu disciplina, siempre has contado con tener las cosas bajo control¡­ Y eso te ha hecho vulnerable, Elizabeth.¡± De un manotazo, Elizabeth arroj¨® el malet¨ªn al suelo, el cual aterriz¨® a unos pasos de Marcus. Tal y como estaba planeado, no hab¨ªa nada dentro. ¡°Lo supiste desde el principio, ?no?¡± ¡°No ten¨ªa forma de estar seguro. ?C¨®mo iba a estarlo? No todos est¨¢bamos involucrados con ZEUS, a fin de cuentas¡­ Pero, cuanto m¨¢s pienso en ti, m¨¢s evidente resulta. D¨¦jame adivinar, nuestro matrimonio fue un cebo. ZEUS conoc¨ªa mi reputaci¨®n, y me quer¨ªan a bordo. ?Me equivoco¡­?¡± Elizabeth apart¨® la mirada, y no respondi¨® a su pregunta. ¡°Es una l¨¢stima que me haya percatado de tu veneno demasiado tarde.¡± CAPíTULO 48 – LIMPIEZA Las alarmas del laboratorio se hab¨ªan silenciado al fin. Sin embargo, la habitaci¨®n continuaba sellada y ba?ada en luz carmes¨ª. Marcus se arrastr¨® como malamente pudo hasta la pared m¨¢s cercana y se apoy¨® de espaldas contra ella. Le pesaba la cabeza. Con los sistemas de ventilaci¨®n bloqueados, la estancia estaba aislada del exterior. El gas no ten¨ªa por d¨®nde salir. No tardar¨ªan en aparecer los primeros s¨ªntomas del envenenamiento. Elizabeth caminaba en c¨ªrculos. No era idiota. Probablemente hab¨ªa llegado a la misma conclusi¨®n que ¨¦l. Hab¨ªa dejado su pistola, pues matarle ya no servir¨ªa ning¨²n prop¨®sito. Suspir¨®, se acerc¨® a una silla de oficina, y tom¨® asiento. ¡°Te veo muy tranquila para estar a punto de morir¡­¡± dijo Marcus. ¡°Mira qui¨¦n ha ido a hablar.¡± ¡°Admito que no me ha costado mucho aceptarlo. He hecho cosas malas. Cosas que no deber¨ªa haber permitido¡­ Creo que merezco acabar as¨ª.¡± ¡°?¡­Evelyn, supongo?¡± Marcus asinti¨®. ¡°No s¨¦ ni c¨®mo se te pudo ocurrir. Tu departamento prob¨® de todo con ella, ?no? Incluso despu¨¦s de que el Sting la transformase de forma irreversible. Convertir a tu propia hija en un cobaya¡­ ?Y yo soy el monstruo? No me hagas re¨ªr, no me apetece.¡± ¡°Estaba desesperado. Cegado. No pod¨ªa dejarla ir. No lo entender¨ªas, Elizabeth¡­ A fin de cuentas, no era tu hija.¡± ¡°Lo entiendo, pero no lo comparto.¡± hizo una pausa prolongada. ¡°Es por esto mismo que nunca quise preocuparme por invertir en relaciones emocionales. ?Para qu¨¦? Quiz¨¢ puedan hacerte feliz, pero tambi¨¦n pueden corromperte hasta la m¨¦dula. Paso. Te dir¨¦ una cosa: yo lo ten¨ªa muy f¨¢cil en comparaci¨®n. Una vida equilibrada y estable, m¨¢s dinero del que me apetec¨ªa gastar, un trabajo que me permit¨ªa aportar algo por el beneficio de la humanidad¡­ y cero dramas familiares o sentimentales. ?Qu¨¦ m¨¢s podr¨ªa pedir?¡± ¡°?El beneficio de la humanidad¡­? Creo que el cianuro ya te debe de estar afectando al cerebro¡­¡± ¡°Simplemente vemos las cosas desde puntos de vista distintos, Marcus. T¨² solo est¨¢s considerando lo negativo. Controlar el Sting puede cambiarlo todo, y no necesariamente a peor. Podr¨ªamos doblegar a esas cosas para siempre. No har¨ªa falta erradicarlos; podr¨ªamos coexistir. Con todas las implicaciones que ello acarrea.¡± ¡°?Y conf¨ªas en que ZEUS se responsabilice de ello? Est¨¢s mal de la cabeza. Concede el poder a un ¨²nico grupo o individuo, y nos autodestruiremos como especie. Los stingers ser¨¢n el menor de nuestros problemas.¡± ¡°No he dicho que confiase en ZEUS. Pero, la ruta que han tomado va en la direcci¨®n correcta, aunque la meta final pueda diferir.¡± ¡®Cada uno es el h¨¦roe de su propia historia, ?eh¡­?¡¯ Elizabeth desliz¨® la mano al interior de su bata y extrajo un tel¨¦fono m¨®vil. Sus dedos comenzaron a toquetear la pantalla, y al cabo de un tiempo se detuvieron. Acerc¨® el dispositivo a su boca y comenz¨® a hablar. ¡°A quienquiera que est¨¦ a la escucha: estamos realizando una operaci¨®n de evacuaci¨®n en la Torre Kurtis, en el centro de la ciudad, esta misma tarde. Tenemos un helic¨®ptero, con plazas libres. Si buscas ayuda, esta podr¨ªa ser tu ¨²ltima oportunidad.¡± ¡°??Qu¨¦ est¨¢s haciendo¡­!?¡± ¡°Y¡­ listo.¡± realiz¨® algunas operaciones m¨¢s en el m¨®vil y lo deposit¨® sobre la mesa. ¡°Emitiendo en bucle, hasta que este trasto se quede sin bater¨ªa. Cualquier radio en la ciudad deber¨ªa poder recibir el mensaje.¡± ¡®Cuanta m¨¢s gente acuda al lugar, m¨¢s complicada ser¨¢ la evacuaci¨®n¡­ y m¨¢s f¨¢cil resultar¨¢ una infiltraci¨®n por parte de los mercenarios de ZEUS. ?En serio? ?No has tenido suficiente?¡¯ ¡°?Por qu¨¦ me miras con esa cara? ?Qu¨¦ esperabas, una redenci¨®n de ¨²ltima hora? Voy a ser consecuente con mis ideales. T¨² has apostado por tus compa?eros. Yo apostar¨¦ por los m¨ªos. As¨ª de simple.¡± Marcus apret¨® los dientes y presion¨® con fuerza sobre la herida de bala en su costado, mientras pu?aladas de dolor le recorr¨ªan el cuerpo. La cabeza le daba vueltas. No le quedaba mucho tiempo. ¡°Deb¨ª haber acabado con esto cuando tuve la oportunidad¡­¡± ¡°Sinceramente, me pregunto por qu¨¦ no lo hiciste. No me malentiendas, comprendo que no hay¨¢is hecho nada hasta el ¨²ltimo momento. Necesitabais comprar tiempo. Pero, ?ahora? ?Teniendo un arma, y con el factor sorpresa de tu parte? ?Eres idiota?¡± ¡°No pude hacerlo¡­ Supongo que en alg¨²n momento deb¨ª de sentir algo por ti, Elizabeth. Algo real, aunque resultase ser completamente unilateral. Y Evelyn¡­ a ella tambi¨¦n le gustabas, a pesar de tu rechazo. S¨ª, quiz¨¢ sea un idiota.¡± Elizabeth suspir¨® y se levant¨® de su asiento. Abri¨® un armario, rebusc¨® entre numerosas cajas y recipientes, y extrajo una botella de whisky, ya empezada. Estaba claro que, por muy diligente que fuese, nunca hab¨ªa abandonado sus malas costumbres. Marcus prefiri¨® no preguntarse c¨®mo se las hab¨ªa apa?ado para colarla a trav¨¦s de la seguridad del laboratorio. Se le acerc¨® y se sent¨® en el suelo a su lado. Tras echar un trago directamente de la botella, se la ofreci¨®. Marcus la acept¨®. El l¨ªquido ardi¨® por su garganta, provoc¨¢ndole un repentino ataque de tos. ¡°?Muy fuerte para ti?¡± ¡°Un poco, s¨ª¡­¡± Elizabeth dej¨® escapar una risita disimulada. Marcus no pudo evitar fijarse en sus manos, algo en ellas le llam¨® la atenci¨®n. Temblaban. ¡°?Sabes¡­? Es ir¨®nico que diga esto, pero me gusta tu sinceridad. Supongo que, al final, s¨ª que tienes algo que me resulta atractivo¡­¡± ¡°Gu¨¢rdate el sarcasmo¡­ No creo que sea necesario¡­¡± ¡°Sarcasmo, ?eh¡­? Anda, trae la botella¡­¡± Marcus se la entreg¨®. Sus propias extremidades hab¨ªan empezado a temblar tambi¨¦n. Sent¨ªa n¨¢useas, y comenzaba a faltarle el aliento. Stolen from its rightful place, this narrative is not meant to be on Amazon; report any sightings. El alcohol continu¨® cambiando de manos, una y otra vez, hasta que dichas manos ya no fueron capaces de sujetar la botella. ****** ¡°?Coronel! ??Est¨¢ autorizada esa transmisi¨®n!?¡± exclam¨® uno de los soldados que acompa?aban a Rowan. ¡°No, no lo est¨¢.¡± ¡°Se?or, esa voz¡­ Es la Dra. Elizabeth, ??no es as¨ª!?¡± pregunt¨® Isaac. ¡°??Ella era el topo!?¡± ¡°Eso parece, capit¨¢n. Y todo apunta a que nos va a obstaculizar hasta el final. ?Lo peor puede que est¨¦ a¨²n por venir! ?Conc¨¦ntrense, caballeros! ?Quiero ver a todo el mundo de una pieza cuando volvamos a casa!¡± ¡°??S¨ª, se?or!!¡± El preciado malet¨ªn vibraba en el regazo de Rowan con cada bache o curva que tomaba el cami¨®n. ¡®Marcus¡­¡¯ Algo hab¨ªa salido mal en el plan del doctor. De lo contrario, aquella transmisi¨®n no habr¨ªa visto la luz del d¨ªa. Sin embargo, todas las piezas cruciales hab¨ªan abandonado a salvo el centro de investigaci¨®n y se dirig¨ªan hacia el punto de evacuaci¨®n. La identidad del esp¨ªa hab¨ªa sido revelada. ZEUS hab¨ªa perdido valioso tiempo. El plan, de momento, funcionaba. ¡®No, no podemos bajar la guardia. No hasta que estemos en el aire. No mientras siga habiendo factores impredecibles en juego.¡¯ ¡°P¨¢seme la radio, soldado.¡± ¡°Aqu¨ª tiene, se?or.¡± respondi¨® el hombre, entreg¨¢ndole el aparato. ¡°Aqu¨ª el Coronel Rowan. Central, ?me reciben? Cambio.¡± ¡°Aqu¨ª Central. Le recibimos, coronel.¡± ¡°Nos encontramos de camino al punto de evacuaci¨®n, pero todo apunta a que ZEUS todav¨ªa tiene activos en la zona. Debemos esperar resistencia enemiga durante la operaci¨®n. ?Cu¨¢l es el estado de los transportes?¡± ¡°Entendido, coronel. El escuadr¨®n de transporte se encuentra ya de camino, alcanzar¨¢n la posici¨®n objetivo en aproximadamente cuatro horas. Tambi¨¦n hemos enviado unidades de combate para brindarles apoyo a¨¦reo, seg¨²n lo acordado.¡± ¡°Recibido.¡± Cuatro horas. Ese era el tiempo del que dispon¨ªan. Lo ¨²nico que ten¨ªan que hacer era llegar al helipuerto de la Torre Kurtis y esperar. A nivel conceptual, no era una tarea dif¨ªcil. Ten¨ªan la situaci¨®n bajo control, ?no? Algunas d¨¦cadas atr¨¢s, se habr¨ªa convencido a s¨ª mismo de ello. ****** El olor de la sangre fresca permeaba toda la habitaci¨®n a su alrededor e inundaba sus fosas nasales, hac¨ªa que su cerebro se estremeciese. La experiencia era liberadora, afrodis¨ªaca. ¡°Putos desgraciados¡­ ?No ten¨ªais otro agujero en el que esconderos? ?En serio? ?Es que no hab¨¦is aprendido nada en todo este tiempo? Mira que hab¨ªa sitios mejores, joder¡­ Deber¨ªais haber imaginado que el cachorrito que echasteis de casa, tarde o temprano, encontrar¨ªa el camino de vuelta¡­¡± Jacobs caminaba de forma err¨¢tica por la habitaci¨®n mientras monologaba. Los llantos de un hombre resonaban contra las paredes, mezcl¨¢ndose de forma intermitente con su propia voz. M¨²sica para sus o¨ªdos. ¡°Han debido de ser unos meses de lo m¨¢s movidito, ?eh? Arrastr¨¢ndoos como ratas igual que todos los dem¨¢s¡­ Aunque vosotros os hab¨¦is puesto hasta el culo de coca mientras lo hac¨ªais.¡± Mientras caminaba, tropez¨® con un cuerpo en el suelo. ¡®Ricky, viejo bastardo¡­ Deb¨ª haberte apu?alado m¨¢s, cuando a¨²n pod¨ªas gritar¡­¡¯ Con desd¨¦n, escupi¨® sobre el cad¨¢ver del que anta?o hab¨ªa sido su jefe, para luego encararse hacia el hombre que lloriqueaba sin descanso en el centro de la habitaci¨®n, amarrado a una silla de madera. Antes de acerc¨¢rsele, gir¨® la cabeza y mir¨® hacia la puerta de entrada. En la distancia se o¨ªan los quejumbrosos gemidos de los caminantes. ¡°Se ve que os ha gustado el espect¨¢culo.¡± murmur¨®, como si pudiesen o¨ªrle. ¡°No os preocup¨¦is, tengo m¨¢s. Pero a este no lo voy a coser a balazos¡­ No, a este lo har¨¦ cantar un rato.¡± ¡°P-Por favor¡­ P-Piedad¡­ Por favor¡­¡± suplic¨® el hombre. Jacobs lo mir¨®, frunci¨® el ce?o, y se agach¨® frente a ¨¦l. ¡°?Piedad? ?Est¨¢s de co?a, capullo? ?Tienes idea del asco que me dais? Me paso dios sabe cu¨¢ntos putos a?os trapicheando con drogas para vosotros, me la jug¨¢is meti¨¦ndome entre rejas, ?y pretendes que ahora tenga piedad?¡± Jacobs se dio unos toquecitos en la cabeza con el dedo ¨ªndice. ¡°Esta ni olvida ni perdona, t¨ªo. Hay ciertos cabos que no se pueden dejar sueltos.¡± Se meti¨® la mano bajo la chaqueta y sac¨® unas oxidadas tijeras de podar. ¡°Por ejemplo, yo.¡± Las tijeras se cerraron sobre la carne con un sonido sordo y h¨²medo; y el dedo cay¨® a los pies de Jacobs, acompa?ado de un salpic¨®n de sangre. ¡°???Aaaaaaaaargh!!!¡± ¡°No por gritar te va a doler menos. Yo de ti me ahorrar¨ªa los gritos para m¨¢s tarde. A¨²n te quedan otros diecinueve dedos.¡± ¡°??P-Por favor, no¡­!! ???Aaaagh¡­!!! ??Har¨¦ lo que sea¡­!!¡± Jacobs dese¨® haber podido disfrutar el momento un poco m¨¢s. Las s¨²plicas del hombre despertaban algo adictivo en su interior, una sensaci¨®n de control, de poder hacer lo que le viniese en gana sin que nadie pudiese imped¨ªrselo. Por desgracia, las tijeras no entend¨ªan de s¨²plicas. ¡­ Tras escabullirse del edificio, Jacobs se encamin¨® hacia su siguiente objetivo. Sab¨ªa que la banda almacenaba algunos suministros de inter¨¦s en un almac¨¦n de las cercan¨ªas. Dado que aquellos tipos se las hab¨ªan apa?ado para mantenerse vivos todo aquel tiempo, era probable que el almac¨¦n siguiese en pie y operativo. De ser as¨ª, ya no iban a necesitar sus contenidos. Hab¨ªa sido sorprendentemente f¨¢cil. Si no lo hab¨ªa hecho antes, era porque el viejo mundo nunca lo habr¨ªa permitido. Pero los tiempos hab¨ªan cambiado. Ya no exist¨ªa un sistema organizado que mantuviese a la gente controlada, ya no exist¨ªan leyes que estableciesen lo que se pod¨ªa o no se pod¨ªa hacer, ya no exist¨ªa una barrera que separase lo moral de lo inmoral. Aquel pasado opresivo hab¨ªa dejado una cicatriz en su mente, la sombra de un par¨¢sito jer¨¢rquico que lo manten¨ªa a raya como si de un grillete se tratase. Pero ahora se sent¨ªa libre, m¨¢s libre que nunca. Sin embargo, aquella libertad bien podr¨ªa ser ef¨ªmera. La puerta trasera del almac¨¦n estaba cerrada. La pate¨® varias veces, hasta que la cerradura cedi¨®, revelando una estancia oscura en el interior. En cuanto inspeccion¨® el lugar con el haz de la linterna, sus ojos se iluminaron con la ilusi¨®n. ¡®S¨ª¡­ Esto servir¨¢.¡¯ Todav¨ªa quedaban par¨¢sitos de los que librarse. Y si les dejaba campar a sus anchas, se reproducir¨ªan. Proliferar¨ªan. Devolver¨ªan el orden a un mundo que estaba mejor sin ¨¦l. ¡®Una evacuaci¨®n en la Torre Kurtis¡­ Deben de ser los militares. ?Qui¨¦n va a ser si no? Solo los militares tendr¨ªan los recursos necesarios para organizar una evacuaci¨®n a¨¦rea en este lugar. Y, si planean evacuar, solo puede significar dos cosas: o se marchan con el rabo entre las piernas, o han conseguido lo que buscaban y vuelven a casa triunfantes¡­ ?Qu¨¦ hago? ?Quedarme de brazos cruzados y mirar? ?Ir con ellos y acabar otra vez entre rejas? Y una mierda. Se me ocurre una opci¨®n mucho m¨¢s interesante.¡¯ ****** ¡°Aqu¨ª [ZEUS]. Cambio.¡± ¡°Aqu¨ª Hades. Les recibimos, [ZEUS].¡± ¡°Nyx ha fracasado. La transmisi¨®n que se emite desde el centro de investigaci¨®n es prueba de ello. Las muestras estar¨¢n ahora de camino al punto de evacuaci¨®n, y el enemigo estar¨¢ en guardia frente a nuevas operaciones. Inicien el protocolo de limpieza.¡± ¡°?Limpieza, se?or¡­? Todav¨ªa podr¨ªamos estar a tiempo de intentar una infiltraci¨®n en la Torre Kurtis.¡± ¡°Esa tarea pertenece a Prometheus.¡± ¡°Entonces, ?eso implica que¡­?¡± ¡°Ya conocen las instrucciones.¡± ¡°Entendido, se?or.¡± La radio se silenci¨®, y HA-01 se revolvi¨® ligeramente en su asiento. La orden de limpieza no era algo que pudiesen tomarse a la ligera. Hubiera preferido hacerlo de otra manera, pero no iba a morder el brazo que les daba de comer. ¡°Preparaos para entrar en acci¨®n, Hades.¡± ¡°S¨ª, se?or.¡± respondieron dos voces a su espalda. Manipul¨® una serie de interruptores y controles, y el motor del veh¨ªculo se encendi¨®, con un sonoro rugido que aument¨® en volumen hasta hacerse ensordecedor. ¡°En marcha.¡± CAPíTULO 49 – CARGA Durante la mayor parte del trayecto, el cami¨®n no hab¨ªa parado de zigzaguear y dar giros bruscos. En ocasiones, cuerpos pesados chocaban contra los laterales, seguidos de af¨®nicos lamentos, que se o¨ªan amortiguados y distantes desde el interior del veh¨ªculo. Aunque el compartimento trasero carec¨ªa de ventanas, no eran necesarias para hacerse una idea de lo que ocurr¨ªa. Las calles deb¨ªan de estar infestadas de caminantes. Nora sujetaba firmemente la mano de Lilian. Tan peque?a, tan fr¨¢gil¡­ Su hermana ten¨ªa la mirada fija en la pared del cami¨®n, y su cabeza se balanceaba de lado a lado con cada vaiv¨¦n del veh¨ªculo, sin hacer esfuerzos notables por mantenerse erguida. Nora la mir¨® a los ojos, a sabiendas de que no encontrar¨ªa nada agradable en aquellos pozos de oscuridad. El v¨ªnculo que las un¨ªa se desmoronaba. Lilian ya no parec¨ªa ser consciente de su presencia. Era como intentar conversar con una persona en coma. ?Qu¨¦ iba a conseguir? Quiz¨¢ lo ¨²nico que trataba de hacer era consolarse a s¨ª misma. Estaba justo donde quer¨ªa estar: de camino a casa, con Lilian a su lado, y rodeada de gente que luchar¨ªa por mantenerlas a salvo. Sin embargo, se sent¨ªa m¨¢s vulnerable que nunca. ¡®Lilian¡­ ?Me oyes? ?Est¨¢s ah¨ª?¡¯ [*susurros*] ¡®?Lilian, cielo?¡¯ [*susurros*] No fue f¨¢cil contener las l¨¢grimas, aunque su rostro debi¨® de haberse retorcido de forma extra?a, pues llam¨® la atenci¨®n del soldado que las acompa?aba. ¡°?Se encuentra bien, se?orita?¡± pregunt¨®, observ¨¢ndola desde el lado opuesto del compartimento. ¡°S¨ª, s¨ª¡­ Lo siento. Ser¨¢n los nervios.¡± respondi¨® Nora. ¡°Trate de calmarse. Pronto estar¨¢n a salvo. ?C¨®mo est¨¢ la chica? Si no me equivoco, usted la entiende mejor que nadie.¡± Nora neg¨® con la cabeza. ¡°Ya veo¡­ Venga, no se preocupe, le prometo que¡ª¡± ¡°Aqu¨ª el Capit¨¢n Isaac, del equipo Alpha, transmitiendo a todas las unidades.¡± una voz surgi¨® de la radio en la cabina del cami¨®n. ¡°Tenemos contacto visual con el punto de evacuaci¨®n. Equipo Charlie, iniciad la maniobra de distracci¨®n. El resto de unidades, mantened la formaci¨®n y preparaos para asegurar el per¨ªmetro. Cambio.¡± ¡°Aqu¨ª Charlie.¡± dijo el conductor del veh¨ªculo. ¡°Recibido, Alpha. Iniciando distracci¨®n.¡± Segundos m¨¢s tarde, el cami¨®n realiz¨® un gran giro hacia la izquierda, tras lo cual continu¨® en l¨ªnea recta. Hab¨ªan cambiado de direcci¨®n. ¡®?Qu¨¦ ocurre? ?Distracci¨®n¡­?¡¯ ¡°Disculpe, ?va todo bien?¡± pregunt¨® Nora. Algo no cuadraba, llevaba sin cuadrar desde que hab¨ªan partido del centro de investigaci¨®n. Los dem¨¢s camiones transportaban un gran n¨²mero de personal civil y militar. Sin embargo, en aquel cami¨®n solo estaban Nora, Lilian, y dos soldados, conductor incluido. No era una coincidencia, eso lo ten¨ªa claro. No pod¨ªa evitar pensar que aquellos soldados no ten¨ªan motivos para darle explicaciones. La comunicaci¨®n con aquella gente le resultaba inc¨®moda, como si estuviesen al otro lado de un muro. A pesar de ello, no perd¨ªa nada por preguntar. ¡°No se preocupe, todo va bien, mantenga la calma. Pronto llegaremos.¡± ¡°Puede explic¨¢rselo, Quinn.¡± dijo el conductor, desde la parte frontal del cami¨®n. ¡°?Est¨¢ seguro, capit¨¢n¡­?¡± ¡°S¨ª. ?Qu¨¦ m¨¢s da? Mejor que sepa lo que estamos haciendo. A fin de cuentas, est¨¢ directamente involucrada.¡± ¡°Muy bien¡­ Ver¨¢, se?orita, vamos a dar varias vueltas alrededor del per¨ªmetro de la Torre Kurtis. Seremos los ¨²ltimos en llegar.¡± ¡°?Qu¨¦? ?Por qu¨¦?¡± ¡°La chica atrae a esos monstruos. Si la llevamos directamente a la torre, nuestros compa?eros no tendr¨¢n tiempo de asegurar la zona antes de que las cosas se calienten. As¨ª pues, daremos varias vueltas por el per¨ªmetro, y dejaremos que nos sigan el rastro.¡± Se?al¨® a la puerta trasera del cami¨®n. Nora sigui¨® al dedo con la mirada y vio lo que parec¨ªa una rejilla de ventilaci¨®n, a lo largo de toda la parte superior de la puerta. ¡°Ah¡­ E-Entonces, somos un¡­ ?cebo¡­?¡± Mientras hablaba, el cami¨®n continuaba haciendo zigzag, sin perder velocidad, en ocasiones haci¨¦ndoles tambalearse en el asiento debido a la inercia. ¡°Eh, esc¨²cheme. No vamos a dejar que les pase nada, ?de acuerdo? Si hacemos esto, es para evitar que los dem¨¢s se pongan en peligro. Pero no olvide que ustedes dos son nuestra principal prioridad, y tampoco las vamos a poner el peligro. Todos vamos a salir de esta, ?me entiende?¡± Temblorosa, Nora asinti¨®. ¡°Bien. Ag¨¢rrese bien y cuide de la joven. No tardaremos en llegar, se lo aseguro.¡± Devolvi¨® su atenci¨®n a Lilian. Su mano, peque?a y delicada, estaba g¨¦lida al tacto. La apret¨® con fuerza, tratando de devolverle el calor. ¡®?Lilian¡­?¡¯ [*susurros*] ¡®¡­¡¯ ****** ¡°?Hab¨¦is o¨ªdo eso? Estamos cerca.¡± ¡°?Cu¨¢nto van a tardar en sacarnos? ?Viene un helic¨®ptero?¡± ¡°Cari?o, se acab¨®, se acab¨®¡­¡± El compartimento estaba apretado, hab¨ªa demasiada gente all¨ª dentro. Al menos, demasiada para el gusto de William, aunque a estas alturas ni se le pasar¨ªa por la cabeza protestar. Todos se hab¨ªan entusiasmado tras escuchar el mensaje del Capit¨¢n Isaac, lo cual era l¨®gico; la luz al final del t¨²nel era al fin visible. William, sin embargo, no se sent¨ªa aliviado. No se molest¨® en hacer cuenta de todo lo que a¨²n pod¨ªa salir mal, no merec¨ªa la pena. Lo que tuviese que pasar, pasar¨ªa, y ya se preocupar¨ªa entonces de lidiar con ello. Adem¨¢s de ¨¦l mismo, hab¨ªa otras dos personas en el cami¨®n que guardaban un silencio impasible. A su izquierda, permanentemente pegada a su chaqueta, Eleanor trazaba c¨ªrculos con el dedo en la superficie met¨¢lica del asiento. Segu¨ªa con la mirada perdida, pero al menos estaba haciendo algo, por trivial que fuese. A su derecha, Claire se acurrucaba contra la esquina del compartimento, mordi¨¦ndose las u?as. ¡®?Y a esta que le pasa? Lleva haciendo cosas raras desde ayer¡­¡¯ ¡°?Qu¨¦ te trae tan de los nervios?¡± susurr¨® William. Claire le mir¨® de reojo y dej¨® las u?as en paz. ¡°Cre¨ªa que no estabas de humor para hablar¡­¡± Reading on this site? This novel is published elsewhere. Support the author by seeking out the original. ¡°Ese nerviosismo tuyo es contagioso.¡± Claire evit¨® mirarle a la cara, e hizo una larga pausa. ¡°?¡­alguna vez has pensado que no mereces seguir vivo¡­?¡± ¡°?Qu¨¦¡­? ?Me lo est¨¢s preguntando en serio?¡± ¡°S¨ª, es en serio.¡± ¡°?A cuento de qu¨¦ viene esto ahora? Est¨¢s enfurru?ada desde que nos montamos en el cami¨®n. ?Qu¨¦ pasa?¡± ¡°Que me siento como una carga, William. Apenas puedo hacer nada ¨²til por los dem¨¢s. Es m¨¢s, causo problemas, pero de alguna manera consigo salir de todos los apuros. N-No me lo he ganado, no me lo merezco¡­¡± ¡°Espera, ?de qu¨¦ rayos habl¡ª?¡± ¡°S-Si no hubiese sugerido la idea del humo, quiz¨¢ la gente que me acompa?¨® no habr¨ªa muerto en aquel ascensor; y-y si lo hubiese hecho mejor cuando nos atacaron en los apartamentos quiz¨¢ podr¨ªa haber impedido que aquel capullo infectado volviese al metro, y no habr¨ªamos tenido que jugarnos la vida en aquel nido, y no habr¨ªa hecho falta abandonar a toda aquella gente a su suerte; y¡­ y s-si no hubiese hecho lo que hice en la torre¡ª¡± William puso su mano en el hombro de Claire y la sacudi¨® un poco. ¡°Eh¡­ ?Eh!¡± Como reci¨¦n salidos de un trance, sus ojos llorosos decidieron al fin volver a mirarle. Rebosaban de miedo, pero William no ten¨ªa claro a qu¨¦. Ella no se hab¨ªa dado cuenta, pero su tono de voz se hab¨ªa incrementado a medida que divagaba, atrayendo miradas curiosas y desconcertadas del resto de personas en el compartimento. Uno de los soldados se les acerc¨®, balance¨¢ndose de lado a lado debido a los temblores del veh¨ªculo. ¡°?Se encuentra bien?¡± ¡°S-S¨ª¡­ S¨ª, no hay problema.¡± dijo Claire. El soldado no ten¨ªa cara de estar muy convencido, pero acept¨® su respuesta y regres¨® a su puesto en la parte delantera del compartimento. ¡°Lo siento¡­¡± continu¨® ella, bajando de nuevo la voz. ¡°Tengo demasiadas cosas en la cabeza.¡± William suspir¨®. ¡°Mira, no se trata de merecer vivir o no, ?vale? La vida no es un premio que tengas que ganarte. Todos merecemos salir de esta. ?Que la has cagado una vez o dos? Pues la has cagado, ?qu¨¦ le vas a hacer? Todos cometemos errores, joder. Yo mejor ni te cuento todas las cosas de las que me arrepiento. Lo que no puedes hacer es venirte abajo por ello. Especialmente ahora, ?me entiendes?¡± ¡°Mhm¡­¡± ¡°C¨¦ntrate en lo que quieres conseguir. Tienes una meta en mente, ?no?¡± Claire asinti¨®. ¡°Claro que la tengo¡­ Volver a la normalidad. No quiero seguir y¨¦ndome a dormir cada noche temiendo no despertarme al d¨ªa siguiente. No quiero seguir viendo c¨®mo sufre la gente que me importa. No quiero quedarme sola otra vez¡­¡± ¡°Mant¨¦n la mirada fija en todo eso. Hasta que no nos hayamos largado de esta ciudad, no pienses en nada m¨¢s, ?vale?¡± William se recost¨® contra la pared e hizo una pausa. ¡°Al menos t¨² lo tienes claro. Aprovecha.¡± ¡°?Eh¡­?¡± ¡°Nada, d¨¦jalo.¡± ¡®Estar¨ªa genial si pudiese aplicarme a m¨ª mismo el serm¨®n que le acabo de soltar. Una meta¡­¡¯ Observ¨® a Eleanor a su lado. Cualquier ¨¢pice de afecci¨®n que pudiese sentir hacia ella era falso, hip¨®crita. Quiz¨¢ la peque?a pudiese ocupar de alguna forma el vac¨ªo en su coraz¨®n, convertirse en un prop¨®sito a perseguir; pero se estar¨ªa enga?ando a s¨ª mismo. Le impulsaba la autopreservaci¨®n, el deseo de proteger su propia cordura, y nada m¨¢s. Un inter¨¦s personal que nada ten¨ªa que ver con ella. Se maldijo a s¨ª mismo de nuevo. ****** En cuanto la puerta trasera del cami¨®n se abri¨®, Claire se arrepinti¨® de haberse arrinconado contra la parte de atr¨¢s. Deseaba con todas sus fuerzas no ser la primera en bajar del veh¨ªculo, pero no pod¨ªa desobedecer al soldado que la apremiaba a salir. De un peque?o salto, descendi¨® al asfalto. Se apart¨® a un lado para abrir paso a los dem¨¢s, y se encar¨® hacia el frente del veh¨ªculo. La Torre Kurtis se alzaba como un monolito en mitad de la ciudad. Fila tras fila de ventanales, demasiadas como para contarlas, perdi¨¦ndose en el cielo all¨¢ arriba. Claire se estremeci¨® ante la imponente construcci¨®n. ¡°Est¨¢s temblando otra vez.¡± dijo William, a su lado. ¡°Est¨¢ claro que no te gusta este sitio.¡± ¡°N-No¡­ E-Es solo que¡­ No, da igual¡­¡± ¡°?Venga, todo el mundo fuera!¡± el Capit¨¢n Isaac comenz¨® a vociferar, trotando entre los camiones. ¡°?Los civiles, re¨²nanse frente a la entrada principal del edificio! ?Los dem¨¢s, preparen un per¨ªmetro defensivo seg¨²n lo acordado! ?Todo debe estar listo antes de que el equipo Charlie llegue a la torre!¡± El soldado que les hab¨ªa abierto la puerta dio varios golpecitos al hombro de Claire mientras se?alaba a la entrada de la torre. ¡°?Ya han o¨ªdo al capit¨¢n! ?Vamos, vamos, no hay tiempo que perder!¡± Las piernas de Claire se movieron por s¨ª solas. Formando una desorganizada fila, todos los civiles caminaron en direcci¨®n a la torre, mientras los militares corr¨ªan de un lado para otro, cargando con cajas y equipamiento. Tras subir una rampa, Claire tuvo una mejor visual de la entrada. El camino hasta el edificio estaba bordeado por macetas y jardines consumidas por la maleza. A trav¨¦s de la hierba, la luz solar centelleaba al reflejarse en infinidad de fragmentos de cristal, procedentes de las cristaleras de la planta baja. Apenas quedaban ventanas sin romper en todo el per¨ªmetro, y las puertas de acceso no eran una excepci¨®n. Nada hab¨ªa cambiado. Un grupo de soldados se hab¨ªa adelantado a los dem¨¢s, y se encontraban frente a la oscura abertura de la entrada. Parec¨ªan estar observando algo, y debat¨ªan al respecto, pero estaban demasiado lejos como para saber de qu¨¦ se trataba. Uno de ellos se separ¨® del grupo y ech¨® a correr en la direcci¨®n de la que hab¨ªan venido. Alguien pas¨® al lado de Claire, subiendo la rampa a grandes zancadas. Era el Capit¨¢n Isaac. ¡°?Capit¨¢n!¡± dijo el soldado que se acercaba desde la entrada. ¡°?Problemas!¡± ¡°??Qu¨¦ ocurre!?¡± ¡°?Hemos encontrado esto, se?or! Parece un diario. Estaba colocado justo delante de la puerta de entrada, el responsable parece haberlo hecho a modo de advertencia.¡± A Claire se le hel¨® la sangre. ¡°?Qu¨¦ clase de advertencia¡­?¡± ¡°Mire aqu¨ª, se?or¡­ Y aqu¨ª¡­¡± ¡°No entres¡­ ??Infestado de caminantes!? ?Joder¡­! ??Es un nido!?¡± ¡°Los da?os al entorno son considerables, se?or. Es factible que una horda se haya adentrado en el edificio en alg¨²n momento.¡± ¡°Ya veo, ?por eso dejamos de detectar actividad humana aqu¨ª¡­! ?Maldita sea, esto lo complica todo! ?Reunir¨¦ un equipo adicional para despejar un camino hasta la azotea! ?Soldado, informe al Coronel Rowan de inmediato!¡± ¡°?S¨ª, se?or!¡± ¡°Lo que faltaba¡­¡± murmur¨® William, que tambi¨¦n hab¨ªa o¨ªdo la conversaci¨®n. ¡°Ya sab¨ªa yo que tendr¨ªamos m¨¢s problemas.¡± Claire lo sujet¨® del brazo. William la mir¨®, frunciendo el ce?o en confusi¨®n. ¡°?Qu¨¦ pasa?¡± ¡°¡­t-tengo miedo¡­¡± las palabras salieron en un hilillo de voz. ¡°W-William, tengo miedo¡­¡± William respir¨® hondo. ¡°Si no hablas claro, no voy a entender nada. ?Miedo de qu¨¦? ?Es por lo que hablamos antes? ?Lo de ser una carga?¡± ¡°¡­n-no puedo entrar ah¨ª¡­ ?No puedo¡­! Yo¡­ y-yo hice esto.¡± ¡°?Eh¡­?¡± ¡°El refugio¡­ E-Es culpa m¨ªa¡­¡± Claire comenz¨® a sollozar, lo cual le provoc¨® un ataque de hipo que le entrecortaba las palabras. ¡°Los c-caminantes¡­ ?Yo los dej¨¦ entrar¡­!¡± La gente que les rodeaba, ya bastante preocupados por la situaci¨®n actual, debieron de o¨ªr parcialmente lo que acababa de mascullar, pues le dirigieron miradas extra?adas y comenzaron a susurrar cosas entre ellos. William se percat¨®, y procedi¨® a tirar de ella y apartarla a un lado. ¡°?Eh¡­! ?Baja la voz!¡± dijo. ¡°??Qu¨¦ co?o dices¡­!? ??Es eso cierto!?¡± Incapaz de contener las l¨¢grimas que se derramaban por su rostro, Claire asinti¨®. ¡°?N-No s¨¦ que pensar¡­! Hab¨ªa m-muchos inocentes ah¨ª¡­ Est¨¢n todos m-muertos¡­ ?por mi culpa¡­! ?No q-quer¨ªa volver aqu¨ª¡­!¡± ¡°?Lo hiciste por Nora y Lilian, no¡­?¡± Asinti¨® de nuevo. ¡°?No se me ocurri¨® n-nada m¨¢s¡­!¡± sus lloros se intensificaron. ¡°?Atenci¨®n, todos los civiles! ?Por aqu¨ª! ?Tenemos que comenzar a subir!¡± grit¨® un soldado desde la entrada, haciendo aspavientos con el brazo. ¡°Mira, no es momento para esto. Ya pensar¨¢s sobre ello luego, ?ahora tenemos que movernos!¡± ¡°?N-No¡­! ?No puedo! ?No quiero entrar ah¨ª! ??Y si vuelve a pasar algo por mi culpa!? ??Y-Y si¡ª!?¡± William la sujet¨® por ambos hombros y la sacudi¨® vigorosamente, haci¨¦ndola soltar un grito ahogado. ¡°?C¨¦ntrate, maldita sea! No est¨¢s sola¡­ ??vale!? ?No eres la ¨²nica responsable de lo que ocurra! Si algo sale mal, todos seremos responsables¡­ Y todos trabajaremos juntos para solucionarlo. ?Entendido?¡± Sus ojos, abiertos de par en par, se hab¨ªan clavado en la cara de William. De alguna manera, hab¨ªa parado de llorar. ¡°??Lo has entendido o no!?¡± Asinti¨®. ¡°?Eh, ustedes dos! ??Deprisa, no hay tiempo!!¡± les grit¨® el soldado. William le hizo un gesto con la cabeza para que lo acompa?ase, y ech¨® a trotar hacia la entrada de la torre. Sin pensarlo dos veces, Claire lo sigui¨®. No tuvo que tomar la decisi¨®n de caminar; su cuerpo hab¨ªa entrado en piloto autom¨¢tico. A decir verdad, era mejor as¨ª, su mente no estaba en condiciones de tomar decisiones. No pod¨ªa quit¨¢rselo de la cabeza: era una asesina. Hab¨ªa matado a gente inocente. No de forma accidental, no de forma indirecta¡­ sino de forma intencionada y directa. ?Para salvar a Nora y Lilian? ?Para salvar su propio pellejo? ?Para detener a Julien y a sus matones? Daba igual. No ve¨ªa justificaci¨®n posible para lo que hab¨ªa hecho. Deseaba haber encontrado una soluci¨®n mejor. Una y otra vez hab¨ªa intentado olvidar lo ocurrido, patear aquel nefasto recuerdo debajo de la alfombra y nunca m¨¢s volver a destaparlo. Pero en el fondo, sab¨ªa que tarde o temprano tendr¨ªa que afrontar sus actos. Muy a su pesar, ese momento hab¨ªa llegado. CAPíTULO 50 – ANARQUíA ¡°Suj¨¦tela bien, cuidado con el escal¨®n.¡± ¡°No se preocupe, la tengo.¡± dijo Nora. ¡°Vamos, Lilian. Abajo.¡± Lilian dej¨® caer todo su peso sobre ella, haciendo que se tambalease hacia atr¨¢s. Con un leve resoplido, Nora la baj¨® del cami¨®n. Una densa neblina blanca inundaba las calles, ocultando casi por completo cualquier cosa que estuviese a m¨¢s de tres metros de distancia; era el mismo tipo de humo blanco que hab¨ªa visto en el hospital. M¨¢s all¨¢ de la cortina de niebla, la gigantesca silueta negra de la Torre Kurtis se resaltaba en el cielo. ¡°?Vamos, no tenemos tiempo que perder! ?Ya no hay vuelta atr¨¢s!¡± dijo el capit¨¢n, saliendo del veh¨ªculo. ¡°?Mucho ojo con d¨®nde pisa, se?orita! Nuestros compa?eros han colocado explosivos en las calles que conducen a la torre. Siga nuestros pasos, y al¨¦jese de cualquier objeto sospechoso que vea en el suelo.¡± ¡°E-Entendido¡­¡± Mientras hac¨ªa se?as a su compa?ero, el capit¨¢n cogi¨® la radio. ¡°?Aqu¨ª Charlie! ?Hemos llegado al l¨ªmite del campo de explosivos! ?Nos acercamos al punto de evacuaci¨®n a pie! ?Cambio!¡± Nora avanzaba casi a ciegas, dependiente de los soldados que le indicaban el camino. Su mano izquierda no dejaba ir a Lilian en ning¨²n momento, tirando de ella con suave determinaci¨®n, inst¨¢ndola a seguirla de cerca. Si la perd¨ªa de vista, podr¨ªa resultar imposible volver a encontrarla en la niebla. En ocasiones pasaban entre peque?os objetos de forma cuadrada fijados al asfalto de la carretera. Envoltorios marcados con c¨®digos num¨¦ricos, de los cuales sal¨ªan varios cables, que se extend¨ªan por el suelo y se perd¨ªan en direcci¨®n a la torre. Aunque Nora desconoc¨ªa la naturaleza exacta de aquellos objetos, sab¨ªa que cualquier chispa podr¨ªa causar un desastre all¨ª abajo. Los militares no hab¨ªan escatimado en recursos. Unos pasos sonaron en las cercan¨ªas. Suaves, t¨ªmidos. Ambos soldados alzaron sus armas y registraron los alrededores, avistando una sombra solitaria que se les acercaba. ¡°??H-Hola¡­!? ??Hay alguien!?¡± dijo una voz femenina desde la niebla. ¡°??Alto!! ??Identif¨ªquese o abriremos fuego!!¡± grit¨® el capit¨¢n. ¡°?N-No¡­! ??Un momento, no disparen!! ?O¨ª algo sobre una e-evacuaci¨®n¡­!¡± ¡°?Qu¨¦dese donde est¨¢!¡± el capit¨¢n volvi¨® a coger la radio. ¡°?Aqu¨ª Charlie! ?Hemos encontrado una superviviente en la zona, atra¨ªda por la transmisi¨®n de evacuaci¨®n! ?Cambio!¡± ¡°Aqu¨ª Alpha. D¨¦jenla pasar, Charlie.¡± dijo una voz al otro lado de la radio. ¡°No es la ¨²nica, han llegado m¨¢s. Les estamos agrupando en uno de los pisos intermedios, realizaremos una inspecci¨®n r¨¢pida antes de dejarles subir a la azotea.¡± ¡°??Podemos sacarles a todos de aqu¨ª!?¡± ¡°¨®rdenes del coronel.¡± ¡°Entendido, Alpha.¡± devolvi¨® su atenci¨®n a la silueta. ¡°Venga, vamos. ?Mant¨¦ngase cerca!¡± A paso ligero, la figura de una mujer se uni¨® al grupo. ¡°?G-Gracias!¡± Cuanto m¨¢s se acercaban al edificio, m¨¢s visible se volv¨ªa su fachada acristalada, pero Nora no pod¨ªa pararse a admirarla. Ten¨ªa otras cosas en mente, como los ruidos extra?os que percib¨ªa en la lejan¨ªa. Muchas voces al un¨ªsono, como si toda la ciudad se lamentase por la marcha de un ser querido. ¡®?Cu¨¢nto tiempo tenemos realmente¡­?¡¯ ****** ¡°?Contacto! ?Un grupo en el pasillo a nuestras nueve!¡± dijo Isaac, abriendo fuego sobre los stingers. ¡°?Recargando!¡± ¡°?M¨¢s por el frente, cuidado!¡± ¡°?Aqu¨ª Echo, piso cuarenta despejado! ?Lo sellaremos y ascenderemos hasta su posici¨®n, Alpha!¡± dijo otro soldado por la radio. ¡°?Recibido!¡± El ruido de los disparos retumbaba por los corredores, acompa?ado del traqueteo de las armas, el rechinar de los casquillos en el suelo, y el farfullar de los stingers. No hab¨ªa tiempo para limpiar el edificio entero. Hab¨ªan dejado a los civiles en una zona segura en la planta treinta y cuatro, y se hab¨ªan centrado en despejar exclusivamente los pisos superiores. Por desgracia, era donde se concentraban la mayor¨ªa de los stingers. La conmoci¨®n agitar¨ªa al nido, pero ser¨ªa un proceso gradual. Deb¨ªan aprovechar el factor sorpresa y barrerlo de un plumazo. Apret¨® el gatillo, y neutraliz¨® a los ¨²ltimos objetivos que quedaban en el pasillo. Se hizo el silencio. Con el ca?¨®n del arma todav¨ªa humeante, agudiz¨® el o¨ªdo. Ni se o¨ªan pasos, ni detectaba movimiento. Baj¨® el arma y regres¨® con el resto del equipo. ¡°Ese parec¨ªa ser el ¨²ltimo. ?Jameson, selle la puerta del hueco de la escalera, bloqu¨¦ela con lo que sea que encuentre! ?Erik, conmigo! ?Seguiremos ascendiendo!¡± ¡°?S¨ª, se?or!¡± respondieron. El equipo volvi¨® sobre sus pasos hasta las escaleras. ¡°?Aqu¨ª Alpha! ?Ascendemos al piso cuarenta y uno! ?Echo, contin¨²en hacia el cuarenta y dos!¡± ¡°?Recibido, Alpha!¡± Todav¨ªa quedaban diez plantas m¨¢s. Iban a buen ritmo, pero cualquier imprevisto podr¨ªa ponerles contra las cuerdas. Apenas faltaba una hora para la llegada de los helic¨®pteros de transporte. Deb¨ªan darse prisa. Isaac escuch¨® una voz en la radio. ¡°?Aqu¨ª el Capit¨¢n Ray, del equipo Foxtrot, transmitiendo a todas las unidades! ?Stingers aproxim¨¢ndose a la Torre Kurtis desde m¨²ltiples flancos! ?Repito, stingers aproxim¨¢ndose a la Torre Kurtis desde m¨²ltiples flancos!¡± ¡®?Mierda¡­! ??Ya!?¡¯ ****** Ya pod¨ªa verlos. M¨¢s all¨¢ de la nube de gas inhibidor, multitud de siluetas se acercaban a la torre arrastrando los pies. Contarlos era una tarea imposible. Docenas, cientos quiz¨¢. Diez minutos m¨¢s tarde ser¨ªan innumerables. ¡°Aqu¨ª el Coronel Rowan. Foxtrot, inicien los protocolos de defensa.¡± ¡°?Recibido, se?or!¡± respondi¨® Ray, antes de cambiar de frecuencia. ¡°?Atenci¨®n, Foxtrot! ?Todo el mundo a sus posiciones! ?Prep¨¢rense para entablar combate!¡± Se dirigi¨® a su puesto en el ventanal. Hab¨ªa un total de tres calles que converg¨ªan en la Torre Kurtis. Tres flancos a proteger, y cientos de objetivos acerc¨¢ndose por cada uno. Quiz¨¢ hubiesen podido mantener la posici¨®n si tuviesen m¨¢s personal y recursos a su disposici¨®n. Sin embargo, con tan solo tres soldados por flanco, lo ¨²nico que pod¨ªan hacer era comprar tiempo, retrasar lo inevitable. Fij¨® la mirada en la carretera. La marea de sombras comenzaba a llenarla, sin dejar ni un solo hueco libre. ¡°Listos para la detonaci¨®n¡­ Esperen¡­ ?Esperen¡­! ??Primera l¨ªnea, ahora!!¡± dijo, mientras se agachaba para ponerse a cubierto. Un segundo despu¨¦s de dar la orden, una secuencia de ensordecedores estallidos le sacudieron los t¨ªmpanos. La onda expansiva resultante empuj¨® una gran bocanada de gas inhibidor al interior del edificio, haciendo que todos los ventanales traqueteasen violentamente. Ray se levant¨® y observ¨® el resultado. La explosi¨®n hab¨ªa disipado parcialmente la niebla de la carretera. El asfalto se hab¨ªa desintegrado de lado a lado de la calle, creando un notable socav¨®n, y esparciendo cad¨¢veres por las cercan¨ªas. Los explosivos conten¨ªan material inflamable y, en consecuencia, feroces llamas devoraban el punto de la detonaci¨®n y emit¨ªan un espeso humo negro. Ray no tard¨® en captar su acre olor. Las primeras filas de stingers se negaban a penetrar las llamas, pero la horda que los preced¨ªa empujaba sin descanso, haci¨¦ndolos tropezar en el socav¨®n, cubri¨¦ndolo con sus cuerpos y mitigando las llamas. En cuesti¨®n de un par de minutos, los stingers reanudaron su avance. ¡°?Atenci¨®n¡­! ??Segunda l¨ªnea, ahora!!¡± Se agach¨®, y hubo otra tanda de explosiones, m¨¢s cercana que la anterior, seguida del sonido de cristales estallando en los pisos de abajo. If you come across this story on Amazon, be aware that it has been stolen from Royal Road. Please report it. Volvi¨® a reincorporarse. Hab¨ªa aparecido un nuevo socav¨®n de lado a lado, pero Ray not¨® c¨®mo este se cubr¨ªa de cuerpos m¨¢s deprisa que el primero. ¡®?Han acelerado el ritmo!¡¯ Alarmados por la muerte en masa de sus cong¨¦neres, los stingers comenzaban a irritarse, y sus gemidos let¨¢rgicos se reemplazaban por una pl¨¦tora de gru?idos y gorgoteos. Algunos de los que tropezaban reaccionaban a tiempo de evitar ser enterrados por los dem¨¢s, y volv¨ªan a alzarse para reanudar su marcha. ¡°??A todas las unidades, fuego a discreci¨®n!!¡± Con gotas de sudor fr¨ªo corri¨¦ndole por la frente, Ray se coloc¨® en su posici¨®n en el muro exterior, junto a los otros dos soldados. Ametralladoras de gran calibre hab¨ªan sido emplazadas en las ventanas. Dispon¨ªan de varias cajas de munici¨®n, y dudaba que tuviesen suficiente tiempo para gastarlas todas. Apunt¨®, y apret¨® el gatillo. Las ametralladoras rugieron a un tiempo, y su estrepitoso pero r¨ªtmico martilleo suprimi¨® todos los dem¨¢s sonidos. No era necesario apuntar a los stingers del frente. Cualquier baja ralentizar¨ªa a la horda. R¨¢faga tras r¨¢faga, una lluvia de fuego call¨® sobre la multitud. Extremidades se desprend¨ªan de sus cuerpos, cabezas estallaban, grupos enteros trastabillaban por la fuerza de los impactos y derribaban a otros en el proceso. ¡°??Capit¨¢n, se acercan al sector tres por el flanco sur!!¡± dijo uno de sus hombres por la radio. ¡°??Atenci¨®n, prep¨¢rense para detonaci¨®n de la tercera l¨ªnea¡­!!¡± orden¨® Ray. Localiz¨® en la carretera la ¨²ltima l¨ªnea de explosivos, a apenas unos metros de las rampas que sub¨ªan hacia el edificio. La horda la alcanzar¨ªa en segundos. ¡°?Esperen¡­! ??Esperen¡­!!¡± ¡°?S-Se?or!¡± grit¨® el soldado a su derecha. ¡°???Eso es¡­ un cami¨®n!!?¡± ¡®??Qu¨¦ dice!? ??Un cami¨®n!? ??De qu¨¦ habla!?¡¯ Alz¨® la vista. A toda velocidad por la calle, arrollando a los stingers a su paso, un gran veh¨ªculo se dirig¨ªa hacia la torre. Era un enorme cami¨®n cisterna. ?Qu¨¦ hac¨ªa un cami¨®n cisterna all¨ª? ?De d¨®nde hab¨ªa salido? A Ray le tom¨® un segundo reaccionar, y su est¨®mago dio un vuelco en cuanto agudiz¨® la vista entre el humo y la niebla. No hab¨ªa conductor en la cabina. ¡°??D-Detengan ese cami¨®n!!¡± El cami¨®n choc¨® contra la mara?a de cuerpos que tapizaban los socavones, zarande¨¢ndose de lado a lado y perdiendo el control. ¡°??S-Se?or, no podemos¡ª!!¡± Arroll¨® los muretes de piedra que bordeaban la Torre Kurtis, derrapando sobre la sangre y las v¨ªsceras, rampa arriba. Se lade¨® peligrosamente hacia un costado, volcando en direcci¨®n al edificio, pero sin perder velocidad. ¡°???Retirada!!! ???Todo el mundo atr¨¢s, retir¡ª!!!¡± ****** Se le escapaba la risa, estaba que no cab¨ªa en s¨ª de j¨²bilo. Jacobs aceler¨®, siguiendo de cerca el rastro de destrucci¨®n que hab¨ªa dejado atr¨¢s el cami¨®n de gas. Los caminantes estaban agitados, alzando los brazos en su direcci¨®n, tratando de agarrarle. Sin embargo, la moto era lo suficientemente peque?a y r¨¢pida como para maniobrar entre ellos. Muchos hab¨ªan ca¨ªdo debido a la onda expansiva de la explosi¨®n, y los que hab¨ªan quedado en pie parec¨ªan haberse quedado confusos, puede que incluso amedrentados. La bola de fuego todav¨ªa perduraba, iluminando la ciudad con una intensa luz amarilla. La fachada de aquel lado de la torre se ca¨ªa a pedazos, enormes cascotes se desprend¨ªan desde las alturas, derram¨¢ndose sobre la carretera como un corrimiento de tierra. Todos los cristales de la mitad inferior de la torre y de los edificios circundantes hab¨ªan estallado en pedazos. El espect¨¢culo era dantesco, sobrecogedor. No podr¨ªa haber pedido un resultado mejor. Una pena que no pudiese disfrutarlo en condiciones. Zigzague¨® entre cad¨¢veres y escombros, hacia la nube de combustible en llamas. El plan hab¨ªa salido a pedir de boca, pero a¨²n quedaban cosas por hacer. A¨²n no estaba satisfecho. ****** El edificio se hab¨ªa sacudido de arriba abajo, haciendo que el caos se apoderase de la sala en un abrir y cerrar de ojos. William cay¨® de rodillas, rodeado de gritos y llantos ininteligibles. Los dos soldados que les custodiaban se ve¨ªan desbordados. ¡°??Foxtrot, adelante!! ???Me recib¨ªs!!? ???Qu¨¦ co?o ha pasado ah¨ª abajo!!? ???Foxtrot!!!¡± grit¨® uno de ellos en la radio, sin recibir respuesta. ¡°??Vamos, tenemos que bajar!! ??Charlie a¨²n est¨¢ ah¨ª abajo!! ??La reina ven¨ªa con ellos!!¡± ¡®?Nora¡­! ?Lilian¡­!¡¯ ¡°??P-Pero, los civiles¡ª!!¡± Cesaron su discusi¨®n y prestaron atenci¨®n a la radio. Deb¨ªan de estar recibiendo una transmisi¨®n, pero William no fue capaz de o¨ªrla. ¡°??Atenci¨®n, calma!! ???Calma!!!¡± dijo el soldado, haciendo aspavientos para tratar de llamar la atenci¨®n de la asustada multitud. ¡°??Todo el mundo arriba!! ??Tenemos que subir, ya!! ???Vamos, vamos, vamos!!!¡± La gente se arremolin¨® alrededor de la puerta de salida que daba al hueco de las escaleras, casi luchando unos con otros por abrirse paso. Los temblores que continuaban sacudiendo la estructura no hac¨ªan sino agravar m¨¢s la situaci¨®n. Parec¨ªa que toda la torre estuviese a punto de venirse abajo. ¡®??Qu¨¦ demonios ha sido esa explosi¨®n!?¡¯ Mientras se ergu¨ªa, Claire se le acerc¨® a trompicones, boquiabierta y con los ojos abiertos como platos. ¡°?W-William! ??Nora est¨¢¡­ a-ah¨ª abajo!!¡± dijo. ¡°?Lo s¨¦! ??Ven!!¡± Se apresuraron hacia la puerta. La gente hab¨ªa formado una enorme aglomeraci¨®n, discutiendo entre ellos mientras los soldados trataban in¨²tilmente de mantener el orden. William y Claire se unieron al grupo, se abrieron paso a empujones, y salieron a las escaleras. Se dispon¨ªan a descender, cuando una sombra emergi¨® del piso inferior y se precipit¨® escaleras arriba. Durante un instante, estableci¨® contacto visual con ellos, antes de continuar su acalorado ascenso con una agilidad admirable. Eran aquellos inconfundibles ojos. Peque?os, oscuros, y pose¨ªdos por un brillo inhumano. ¡°???L-Lilian!!? ??Espera!! ???Lilian!!!¡± grit¨® Claire. Trat¨® de agarrar el brazo de Lilian, pero la chica se escabull¨® antes de que pudiese hacerlo. ¡®?Mierda! ??Qu¨¦ hace aqu¨ª arriba, y sola!?¡¯ ¡°?No, no, no, no¡­! ??N-Nora nunca dejar¨ªa a Lilian ir sola!! ??Tenemos que bajar!! ??P-Pero¡­ no podemos dejar a Lilian as¨ª!!¡± los ojos de Claire empezaban a inundarse de l¨¢grimas otra vez, y se frotaba la cabeza con una mano, a punto de tirarse de los pelos con los nervios. ¡°??C¨¢lmate!!¡± ¡°??C¨®mo quieres que me calme!?¡± ¡°?Ve tras Lilian, y ll¨¦vate a Eleanor contigo!¡± orden¨® William. La ni?a segu¨ªa aferrada a ¨¦l. Ni siquiera parec¨ªa haberle importado la explosi¨®n. ¡°?Yo bajar¨¦ y buscar¨¦ a Nora!¡± ¡°?P-Pero¡­!¡± ¡°??Esc¨²chame!! ??Qu¨¦ te he dicho antes!? ?Si algo sale mal, tenemos que cooperar para salir del apuro! ?Deja que yo busque a Nora! ?Adem¨¢s, t¨² puedes lidiar con Lilian mejor que yo!¡± Claire le miraba, hecha un flan. ¡°?Te prometo que la traer¨¦ sana y salva¡­! ??Me oyes!?¡± Tras unos segundos de duda, Claire asinti¨®. ¡°?Coge a Eleanor y sube! ?Cuento contigo!¡± Claire se agach¨® junto a la ni?a y la cogi¨® de la mano. ¡°?V-Vamos, cielo! ?Ahora no puedes ir con ¨¦l, ven! ?Estaremos mucho mejor arriba! ?Vamos!¡± Eleanor no se resisti¨®, y solt¨® la chaqueta de William. En cuanto lo hizo, William corri¨® escaleras abajo. Por suerte, ninguno de los soldados le vio bajar. Estar¨ªan demasiado ocupados tratando de mantener el p¨¢nico bajo control. Para su sorpresa, no hab¨ªa dudado a la hora de entrar en acci¨®n. Cre¨ªa no poder encontrar motivos para seguir adelante, pero su lado impulsivo no opinaba lo mismo. Sinceramente, se alegraba por ello. Aquel impulso era todo lo que necesitaba. Sacudi¨® la cabeza, se aclar¨® la mente, y se precipit¨® hacia los pisos inferiores, adentr¨¢ndose en la columna de humo que ascend¨ªa por el hueco de la escalera. ****** Nada consegu¨ªa apartar a Claire de su conflicto interno. Ni los temblores que recorr¨ªan el edificio, ni el peso de Eleanor en sus brazos, ni el aire seco y amargo que ven¨ªa desde abajo m¨¢s r¨¢pido de lo que ella pod¨ªa ascender. No quer¨ªa detenerse; sab¨ªa que, si lo hac¨ªa, quiz¨¢ no tuviese el valor para moverse otra vez. Tras cada escal¨®n, se le ven¨ªa un nuevo recuerdo a la cabeza. Record¨® c¨®mo coloc¨® las alarmas en los pisos inferiores para atraer a los caminantes. Record¨® el momento en que Liam se dio cuenta de lo que hab¨ªa hecho. Record¨® c¨®mo le empuj¨® escaleras abajo para que la dejase ir. Record¨® los gritos de fondo mientras intentaba convencer a una muy confundida Nora. Eleanor la miraba a la cara de forma inexpresiva, pero Claire era incapaz de devolverle la mirada. A pesar de que William hab¨ªa confiado en ella para poner a la peque?a a salvo, Claire carec¨ªa del m¨¢s m¨ªnimo ¨¢pice de autoconfianza. ?C¨®mo hab¨ªan acabado Eleanor y Lilian en sus manos? ?No hab¨ªa alguien mejor? Con aquellas preguntas rond¨¢ndole la cabeza, se vio frente a una puerta que daba al exterior. Estaba abierta de par en par, y la luz del sol creaba una cortina deslumbrante que imped¨ªa ver con claridad lo que hab¨ªa fuera. Sin apenas haberse dado cuenta, hab¨ªa llegado a la azotea. Un repentino dolor le recorri¨® las piernas, casi haci¨¦ndole perder el equilibrio, y todo el cansancio le vino del tir¨®n. Jadeando, sudorosa, y luchando por recuperar el aliento, sali¨® a la azotea. ¡°?Vamos, todo el mundo por aqu¨ª!¡± uno de los soldados vociferaba desde las escaleras met¨¢licas que sub¨ªan al helipuerto, un gran espacio elevado que ocupaba casi todo el tejado del edificio. ¡°?Al¨¦jense de los huecos de las escaleras y mantengan la calma!¡± Claire registr¨® la zona con la mirada. Avist¨® a la persona que buscaba, relativamente oculta tras una de las unidades de aire acondicionado del tejado. ¡°??L-Lilian!!¡± dijo, acerc¨¢ndosele a toda prisa. ¡°?Lilian! Lilian, ??qu¨¦ ha pasado!? ??Por qu¨¦ est¨¢s aqu¨ª!?¡± Lilian miraba al suelo, temblando, con ojos llorosos. Estaba aterrorizada. Claire baj¨® a Eleanor de sus brazos y, con precauci¨®n, se agach¨® al lado de Lilian. ¡°Lilian, cielo¡­ ?Todo bien? ??Y Nora!?¡± En respuesta, Lilian pellizc¨® la manga de su camisa. ¡®Mierda, creo que Nora es la ¨²nica que puede hablar con ella a estas alturas¡­¡¯ Se levant¨® y la abraz¨®. Lilian se acurruc¨® contra ella y enterr¨® la cara en su pecho. ¡®Dios, est¨¢ asustad¨ªsima¡­ ?Es por la explosi¨®n de antes?¡¯ Mientras le acariciaba el pelo, respir¨® hondo y oje¨® de nuevo la azotea. Los soldados no parec¨ªan haberse dado cuenta de su presencia, estaban demasiado ocupados gestionando a los civiles que se arremolinaban alrededor del helipuerto, gritando cosas por la radio, y corriendo de un lado para otro. ¡°Venga, Lilian, vamos para all¨¢. Deben saber que est¨¢s aqu¨ª.¡± dijo, d¨¢ndole empujoncitos para instarla a caminar. ¡°Eleanor, ven tambi¨¦n, no puedes qued¡ª¡± Vio algo por el rabillo del ojo que la desconcert¨®. Un nuevo grupo de personas hab¨ªa subido a la azotea. La mayor¨ªa corr¨ªan hacia el grupo del helipuerto, pero un hombre desconocido se hab¨ªa quedado quieto. Las estaba mirando. Hab¨ªa levantado el brazo en su direcci¨®n. Sujetaba algo. Un objeto peque?o, oscuro, y rebosante de malas vibraciones. Por una fracci¨®n de segundo, la percepci¨®n de Claire pareci¨® ralentizarse, y sinti¨® los latidos de su coraz¨®n martilleando dentro de su cabeza. Era una pistola. Aquel hombre les apuntaba con una pistola. ¡®?Eh? ?Qu¨¦ pasa? ?P-Por qu¨¦ est¨¢¡­?¡¯ Su cuerpo actu¨® por puro instinto. Sujetando a Lilian con todas sus fuerzas, se lanz¨® a un lado, con la esperanza de ponerse a cubierto tras la maquinaria. *?Bang!* Hac¨ªa tiempo que no o¨ªa la voz de Lilian. Aquella no era la forma en la que esperaba o¨ªrla de nuevo. CAPíTULO 51 – CHISPA Ten¨ªa que admitirlo, la reacci¨®n de aquella chica hab¨ªa sido excepcional. La reina estar¨ªa muerta de no haberlo sido. Una mancha roja se extend¨ªa r¨¢pidamente desde su hombro derecho, mientras todo su cuerpo sufr¨ªa convulsiones. Abr¨ªa la boca como si quisiera gritar, pero su organismo parec¨ªa apagarse en respuesta al dolor, limitando los movimientos de las extremidades y los m¨²sculos faciales. A su lado, la chica de gafas gritaba desconsolada. ¡°??All¨ª!!¡± Una lluvia de balas cay¨® sobre sus cercan¨ªas, forz¨¢ndole a refugiarse tras un equipo de ventilaci¨®n. Los militares hab¨ªan tomado posiciones alrededor del punto de acceso al helipuerto, y no ten¨ªa pinta de que fuesen a hacer preguntas hasta que estuviese muerto o incapacitado. Le superaban en n¨²mero. Equilibrar la balanza era una necesidad. Se quit¨® la sudadera, revelando un chaleco protector con varios bolsillos. Tras comprobar la direcci¨®n del viento, extrajo un peque?o objeto met¨¢lico de uno de ellos, tir¨® de la anilla, y lo arroj¨® por encima de su cabeza, hacia el lugar donde se aglomeraban los soldados. ¡°???Granada!!!¡± ¡°??A cubierto!!¡± Apenas un segundo despu¨¦s del impacto de la granada contra el suelo, un leve estallido sacudi¨® la azotea. Ech¨® un fugaz vistazo a la posici¨®n de los enemigos. Una nube de gas de un enfermizo color amarillento hab¨ªa envuelto la zona. El viento soplaba con fuerza en las alturas, esparci¨¦ndola r¨¢pidamente hacia el extremo opuesto de la azotea. Prepar¨® su pistola, se asom¨® desde su cobertura, y localiz¨® a los soldados. Al menos cuatro a la vista, de rodillas o tirados en el suelo, tosiendo. Uno de ellos se echaba las manos al cuello, con dificultades para respirar. Otro trataba de taparse la nariz y la boca, in¨²tilmente. *?Bang!* *?Bang!* *?Bang!* *?Bang!* No volvieron a moverse. Entre los cad¨¢veres, ajenos a los disparos, varios civiles corr¨ªan sin rumbo aparente. La mayor¨ªa hab¨ªan huido hacia el otro extremo de la azotea en cuanto comenz¨® el tiroteo, precisamente en la direcci¨®n en la que el viento hab¨ªa arrastrado el gas. Presa de fuertes ataques de tos, se tambaleaban de un lado a otro. Ni se molest¨® en abrir fuego contra ellos. Encendi¨® su radio. ¡°Aqu¨ª Prometheus. Protocolo de limpieza iniciado. Cambio.¡± ¡°Aqu¨ª [ZEUS]. Recibido, Prometheus.¡± respondi¨® una voz al otro lado. ¡°Hades est¨¢ de camino.¡± ¡®¡­¡¯ Podr¨ªa haber formulado la pregunta que ten¨ªa en mente, pero opt¨® por no hacerlo. La ausencia de nuevas ¨®rdenes resultaba inquietante, y PT-01 se imaginaba el motivo. Algo capt¨® su atenci¨®n. La reina se hab¨ªa puesto en pie y corr¨ªa en direcci¨®n al hueco de las escaleras. La chica de gafas la segu¨ªa de cerca, arrastrando a tirones a una ni?a peque?a. Alz¨® su arma, dispuesto a terminar el trabajo, cuando una nueva r¨¢faga de disparos le oblig¨® a ponerse a cubierto una vez m¨¢s. ¡®??De d¨®nde vienen!?¡¯ Alz¨® la vista. En la plataforma del helipuerto, dos figuras hab¨ªan tomado posiciones en el suelo. Uno de ellos era un soldado raso arbitrario. Al otro lo reconoci¨®: el Coronel Rowan. Volvi¨® a mirar la puerta de las escaleras. Las chicas hab¨ªan conseguido escabullirse. ¡®Con esa herida, la se?al de Convergencia debe de estar corriendo como la p¨®lvora. Aun as¨ª, preferir¨ªa acabar lo empezado¡­¡¯ Siguiendo los pasos de las chicas, otros supervivientes que hab¨ªan logrado escapar del gas corr¨ªan hacia las escaleras en busca de refugio. Entre ellos se hallaba un hombre esposado y ataviado con un traje harapiento. ¡®Julien¡­¡¯ Le hab¨ªan monitorizado tanto durante su estancia en Saint Marie que resultaba demasiado predecible. Ego¨ªsta, impulsivo, obsesivo. PT-01 no podr¨ªa alcanzar las escaleras sin llevarse un tiro o dos, pero quiz¨¢ no tuviese que hacerlo. Se ech¨® la mano izquierda al costado de su chaleco y extrajo una inusual pistola de su funda. Solo necesitaba un instante. Con su pistola ordinaria preparada, emergi¨® de la cobertura y abri¨® fuego de supresi¨®n sobre el helipuerto, forzando a los militares a agachar la cabeza. En aquel breve momento de respiro, apunt¨® con la otra arma, y apret¨® el gatillo. *?Tac!* Un segundo antes de que Julien desapareciese en la oscuridad del interior, un dardo se clav¨® profundamente en su espalda. PT-01 lo observ¨® doblarse de dolor y echarse las manos hacia atr¨¢s, aunque las esposas le imped¨ªan alcanzar el dardo. Volvi¨® a retirarse detr¨¢s de la maquinaria a tiempo de evitar una nueva lluvia de balas. ¡®Hecho.¡¯ Suero inhibidor concentrado, dise?ado para la supresi¨®n de pretorianos. Aunque era inofensivo para los stingers, las pruebas de ZEUS hab¨ªan demostrado su toxicidad para el ser humano. Degradaci¨®n cognitiva, que provocaba una falta de raciocinio y autocontrol, y la potenciaci¨®n de comportamientos impulsivos. Con una dosis tan elevada, los efectos ser¨ªan inmediatos. Si Julien no mataba a la reina, al menos sembrar¨ªa el caos. Observ¨® c¨®mo otros dos soldados sal¨ªan a la azotea a paso ligero y tomaban posiciones cerca de la puerta. ¡®Refuerzos, ?eh? Perro listo.¡¯ Aquellos soldados rasos no le preocupaban demasiado, pero Rowan s¨ª. La reputaci¨®n del coronel le preced¨ªa. Era sabido que ten¨ªa amplios a?os de experiencia a sus espaldas antes de ascender a su posici¨®n actual. No ser¨ªa un oponente f¨¢cil. PT-01 esper¨® pacientemente a que el enemigo realizase el primer movimiento. Aquella crisis se les quedaba grande. Estaban nerviosos, y m¨¢s acorralados que ¨¦l. A fin de cuentas, ten¨ªan mucho m¨¢s que perder. If you come across this story on Amazon, be aware that it has been stolen from Royal Road. Please report it. Hubo unos largos minutos de calma, pero no de silencio. El atronador retumbar que ven¨ªa de abajo era un permanente recordatorio de que la cuenta atr¨¢s se acercaba a su fin. La chispa se hab¨ªa encendido, y se propagaba m¨¢s r¨¢pido de lo que nadie podr¨ªa contener. ****** La mujer pelirroja se desplom¨® en brazos de Isaac en cuanto se cruz¨® con ¨¦l en el descansillo de la escalera. Estaba cubierta de mugre y le faltaba el aliento. La reconoci¨® al instante: Nora, la pseudo-reina. ¡°Eh! ??Se encuentra bien!? ??Qu¨¦ ha ocurrido!?¡± pregunt¨® Isaac. ¡°A-Ah¡­ N-No lo s¨¦¡­¡± *cof* *cof* ¡°Una explosi¨®n¡­ ?L-Lilian¡­!¡± ¡°??Y la reina!? ??D¨®nde est¨¢ la peque?a!?¡± la ausencia de la chica era alarmante. ¡°H-Ha subido¡­ Asustada¡­¡± *cof* ¡°A-Ayuda¡­¡± ¡°?Jameson!¡± ¡°??S¨ª, se?or!?¡± ¡°?Esc¨®ltala hasta la azotea, y busca a la peque?a! ?Si encuentras m¨¢s civiles por el camino, hazte cargo! ?Y ¨¢ndate con ojo, ya has o¨ªdo la transmisi¨®n del coronel! ?Tambi¨¦n hay problemas all¨¢ arriba!¡± ¡°?Entendido, se?or!¡± Jameson se acerc¨® a Nora y le ofreci¨® su hombro como apoyo. ¡°?Vamos, se?orita! ?Tenemos que movernos!¡± ¡°?Dir¨ªgete a las escaleras al otro lado del edificio! ?No s¨¦ qu¨¦ ha pasado ah¨ª abajo, pero algo me dice que este lado est¨¢ comprometido¡­!¡± ¡°?S¨ª, se?or!¡± ¡®Maldita sea, Charlie, ??qu¨¦ ha sido de vosotros¡­!?¡¯ ¡°?Venga, todos los dem¨¢s conmigo! ?Manteneos alerta!¡± Isaac se precipit¨® escaleras abajo, con el resto del pelot¨®n sigui¨¦ndole los pasos. Tras cada tramo de escaleras que descend¨ªa, una nueva bocanada de humo le soplaba en la cara, y un nuevo mal augurio se le ven¨ªa a la cabeza. Un enemigo desconocido hab¨ªa iniciado una refriega en la azotea. Hab¨ªa muertos y heridos, pero nadie sab¨ªa con certeza qui¨¦n estaba bien y qui¨¦n no. Hab¨ªan perdido la pista de la reina. Charlie y Foxtrot no respond¨ªan. Algo hab¨ªa explotado en la calle y sacudido todo el edificio. Se o¨ªan los gritos de una multitud enfurecida all¨¢ abajo¡­ En minutos, la situaci¨®n se hab¨ªa descontrolado. El sofoco le subi¨® de golpe al cerebro y le hizo contener la respiraci¨®n cuando un abismo se abri¨® a sus pies. Frente a ¨¦l, la mitad de la escalera se hab¨ªa desplomado junto a parte de la fachada exterior, ofreciendo una inoportuna vista de la ciudad. La otra mitad estaba cubierta de escombros, entre los cuales asomaba un brazo. A juzgar por la ropa, era un militar. ¡°?Joder¡­! ??Eh, eh!! ??Aguanta!!¡± Isaac baj¨® hasta la pila de escombros y comenz¨® a desenterrar al soldado, arrojando fragmentos de hormig¨®n y acero al abismo. Logr¨® destapar parcialmente el cuerpo, aunque el torso y la cabeza estaban presionados bajo un voluminoso cascote. Por m¨¢s que empuj¨®, no se mov¨ªa ni un mil¨ªmetro. Sus compa?eros de equipo le observaban, compartiendo miradas inc¨®modas entre ellos. ¡°C-Capit¨¢n¡­¡± murmur¨® uno de ellos. ¡°Lo s¨¦. ?Lo s¨¦, joder! ?Maldita sea¡­!!¡± ¡®Charlie¡­ Foxtrot¡­¡¯ Hurg¨® en el bolsillo del cad¨¢ver, y sac¨® una placa de identificaci¨®n. Probablemente ser¨ªa la ¨²nica que podr¨ªa recuperar. ¡®Soldado Quinn Bennett¡­¡¯ Propin¨® un pu?etazo a la pared y dej¨® escapar un grito de frustraci¨®n. Un vistazo al exterior le permiti¨® evaluar el alcance de los da?os estructurales. Toda la fachada de aquel lateral del edificio se hab¨ªa desprendido, y un infierno de llamas consum¨ªa los pisos inferiores, generando una columna de humo y aire caliente que recorr¨ªa toda la estructura de abajo arriba. Bajo sus pies, el hueco de la escalera era inutilizable, se hab¨ªa derrumbado casi en su totalidad. Isaac se irgui¨®. Sab¨ªa que ten¨ªan que irse cuanto antes, cada segundo que pasaban all¨ª supon¨ªa un riesgo innecesario. Sin embargo, no pod¨ªa apartar los ojos de las calles all¨¢ abajo. Sab¨ªa lo que estaba presenciando. Lo hab¨ªa visto antes. Sinti¨® que se le ca¨ªa el alma al suelo. En contraste con la intensa luz anaranjada que emanaba de la torre, la ciudad palpitaba en aquel enfermizo tono azul que tanto conoc¨ªa. Miles y miles de puntos brillantes se desplazaban a toda velocidad por calles y callejones, trepando edificios y tir¨¢ndose desde tejados y ventanas, en una carrera desenfrenada en l¨ªnea recta hacia la Torre Kurtis. ¡°Cielo santo¡­¡± Acababa de descubrir a la multitud que emit¨ªa aquellos gritos. Pero no era una simple multitud: era la ciudad entera. ¡°?Mierda¡­! ?Mierda, mierda, mierda! ??Vamos, tenemos que impedir que suban!! ???A la otra escalera, moveos!!!¡± ****** ¡°Um¡­ Aqu¨ª Lucky-02. Observamos actividad inusual en tierra. ?Veis lo mismo que nosotros?¡± ¡°Aqu¨ª Lucky-03. Afirmativo, 02.¡± ¡°?Aqu¨ª Lucky-01! ?Lo vemos!¡± El piloto cambi¨® de frecuencia. ¡°Central, aqu¨ª Lucky-02. Tenemos visual del punto de evacuaci¨®n, contacto estimado en menos de cinco minutos, ?pero los stingers presentan un nivel de actividad muy inusual¡­! ?Tenemos informaci¨®n sobre el estado de nuestros compa?eros ah¨ª abajo?¡± ¡°Aqu¨ª Central. Se nos ha informado de un conflicto activo en la torre, pero desconocemos los detalles. Lucky, ?cu¨¢l es el alcance de la actividad stinger?¡± ¡°Toda la ciudad es de un color azul brillante, se?or¡­ ?Cree que¡­?¡± ¡°Recibido, Lucky. Trataremos de reestablecer contacto con el Coronel Rowan y sus hombres para obtener un informe de situaci¨®n. Todo apunta a que nos enfrentamos a un nuevo evento de Convergencia. Procederemos a movilizar todos nuestros activos a¨¦reos en la zona para ofrecerles apoyo adicional. Dense prisa, Lucky.¡± ¡°?R-Recibido, se?or!¡± ¡°?Aqu¨ª Jay-01!¡± dijo otra voz por la radio. El piloto dirigi¨® la mirada al helic¨®ptero de combate que les segu¨ªa por el flanco izquierdo. ¡°??He o¨ªdo bien!? ?Hostia¡­! ??Una puta Convergencia!? ??En serio!?¡± ¡°?Aqu¨ª Lucky-01! ??No es una oportunidad de oro!? ?Los chicos no se lo van a creer si sobrevivimos a esta mierda y adem¨¢s salvamos el mundo!¡± ¡°Aqu¨ª Lucky-03. Procura no cagarte encima de la emoci¨®n, 01.¡± ¡°Aqu¨ª Jay-02. D¨¦jense de gilipolleces y c¨¦ntrense en la misi¨®n. Contacto en tres minutos. Jay-01, mantened los ojos puestos en el suelo, esos putos monstruos estar¨¢n trepando por las paredes del edificio. Lucky, prep¨¢rense para¡ª¡± ¡°?Aqu¨ª Jay-01! ?Objetos no identificados aproxim¨¢ndose por el flanco este! ??Maniobras de evasi¨®n¡ª!!¡± El radar no hab¨ªa detectado nada. Guiado ¨²nicamente por sus sentidos, el piloto mir¨® al flanco izquierdo, a tiempo de ver varios objetos brillantes que se acercaban a gran velocidad. Jay-01 cay¨® en picado, liberando tras de s¨ª una nube de bengalas de distracci¨®n. El piloto les imit¨® con manos sudorosas, iniciando un descenso vertiginoso. Uno de los objetos realiz¨® un impacto directo con Lucky-01. A trav¨¦s del ventanal frontal, observ¨® c¨®mo el helic¨®ptero de transporte era devorado por una bola de fuego. Esquirlas y fragmentos de metal volaron en todas las direcciones, colisionando contra su propia aeronave Lucky-02 y desestabiliz¨¢ndola. ¡°??Aaaagh¡­!!¡± apret¨® los dientes mientras trataba de mantener el control del veh¨ªculo. ¡°??Aqu¨ª Lucky-03!! ??Nos han alcanzado!! ??Repito, nos han alcan¡ª!!¡± Mientras el helic¨®ptero daba vueltas sin control una y otra vez, el piloto avist¨® una nueva explosi¨®n sobre uno de los edificios cercanos. Las h¨¦lices del helic¨®ptero Lucky-03 se hab¨ªan esparcido como una bomba de metralla, aniquilando gran parte de la calle, y cascotes en llamas ca¨ªan sobre la marea de stingers que corr¨ªa incansable por la carretera. ¡°??Aqu¨ª Jay-01!! ??Central, nos atacan con misiles desde una aeronave no identificada!!¡± ¡°??Aqu¨ª Jay-02!! ??Lucky-02!! ???Est¨¢is bien!!?¡± ¡°??Aqu¨ª Lucky-02¡­!!¡± el helic¨®ptero comenzaba a estabilizarse, peligrosamente cerca de los edificios. ¡°?Estamos estables!¡± ¡°??Tomad cobertura entre los edificios y dirig¨ªos al punto de evacuaci¨®n!! ??Dad un desv¨ªo, manteneos fuera del alcance del enemigo!!¡± ¡°??Recibido, Jay!!¡± ****** ¡°Aqu¨ª Hades. Contacto enemigo, iniciando combate. Cambio.¡± CAPíTULO 52 – IMPULSOS Nora se meti¨® en el cub¨ªculo y se hizo bola debajo del escritorio, sujet¨¢ndose la cabeza con ambas manos. Era como si le apu?alasen el cerebro, sent¨ªa que podr¨ªa desmayarse en cualquier momento. Su visi¨®n se hab¨ªa vuelto borrosa, y ten¨ªa escalofr¨ªos por todo el cuerpo. Tras la explosi¨®n que casi la precipita al vac¨ªo minutos antes, se hab¨ªa visto consumida por un intenso pavor. Un miedo primitivo, salvaje y, sobre todo, ajeno. Las emociones de Lilian invad¨ªan su conciencia y le hac¨ªan sentir cosas que no deber¨ªa estar sintiendo. Ahora, el miedo se hab¨ªa convertido en un dolor insoportable. Segu¨ªa sintiendo terror, pero esta vez era el suyo propio. Algo terrible deb¨ªa de haberle ocurrido a Lilian. Quer¨ªa subir tras ella. Ten¨ªa que hacerlo. Era una l¨¢stima que no pudiese. El sonido de la trifulca amain¨® al fin, y con ¨¦l, los gritos. Lo ¨²nico que qued¨® atr¨¢s fue una ¨¢spera y grave voz jadeante. Una voz que no sonaba en absoluto amigable. Nora se tap¨® la nariz y la boca en cuanto percibi¨® el desagradable olor de la sangre reci¨¦n derramada. ?Qui¨¦n era? ?De d¨®nde hab¨ªa salido? Lo ¨²nico que recordaba era haber subido las escaleras junto a algunas personas m¨¢s, siguiendo a un soldado. Entonces, alguien abri¨® fuego contra ellos. Sus nublados sentidos solo distinguieron un repentino alboroto, y sus piernas corrieron por cuenta propia. ¡°Te he visto entrar¡­ Qu¨¦date donde est¨¢s, es mejor as¨ª¡­¡± dijo la voz del extra?o, seguida de una risita entre dientes. Crey¨® reconocer la voz de aquel hombre, aunque no necesitaba identificarle para comprender que no deb¨ªa dejar que le viese bajo ning¨²n concepto. Sus pasos, pesados y calculados, resonaban por la oficina, deteni¨¦ndose a cada rato en intervalos regulares. Nora sent¨ªa los latidos del coraz¨®n dentro de su cabeza. Casi sin respirar, esper¨®. ¡°???Aaaaah¡­!!! ??No, por favor!! ???Noooo¡ª!!!¡± los gritos de un hombre llenaron la habitaci¨®n. Hubo un ruido sordo que cort¨® los gritos de golpe, y el olor de la sangre se intensific¨®. Lo que fuese que acabase de pasar, hab¨ªa sido cerca. ¡°Hab¨ªa otro, ?eh? Da igual, s¨¦ que a¨²n est¨¢s por aqu¨ª¡­¡± dijo el extra?o. Sus pasos se acercaron a la posici¨®n de Nora, en alg¨²n punto a su espalda, y pasaron de largo hacia el otro lado de la oficina. ¡°S¨¦ qui¨¦n eres, perra. No me olvido de las caras. Eres la que iba con aquella mocosa. Tal y como imaginaba, est¨¢is aqu¨ª. Joder, no sabes t¨² bien c¨®mo me acabas de alegrar el d¨ªa.¡± ¡®No puedo quedarme aqu¨ª¡­ No puedo, no puedo, no puedo¡­ ?Tengo que salir de aqu¨ª¡­!¡¯ El edificio volvi¨® a sacudirse. La explosi¨®n en la calle deb¨ªa de haber debilitado significativamente la estructura. Adem¨¢s, un extra?o alboroto retumbaba sin cesar desde abajo. Podr¨ªa aprovechar aquel ruido de fondo para enmascararse a s¨ª misma. Con un nudo en el est¨®mago, y luchando por no desfallecer a causa del dolor, Nora sali¨® de debajo del escritorio y asom¨® la cabeza al exterior del cub¨ªculo. Ambos lados del pasillo estaban despejados. Trag¨® saliva, y comenz¨® a arrastrarse a cuatro patas en direcci¨®n opuesta a los pasos, que continuaban alej¨¢ndose de su posici¨®n. Sin pararse a pensar, sin pararse a dudar, gate¨®, dejando tras de s¨ª un fr¨ªo rastro de gotas de sudor. Los cub¨ªculos deber¨ªan mantenerla oculta siempre y cuando no se irguiese. Alcanz¨® la pared de la oficina y sali¨® del pasillo entre cub¨ªculos segundos antes de que aquellos ominosos pasos comenzasen a venir de vuelta en su direcci¨®n. ?Estaba a¨²n a salvo? ?La hab¨ªa visto? No ten¨ªa forma de saberlo. Mir¨® al frente, y avist¨® la puerta de salida de la oficina, abierta, a unos metros de distancia. Continu¨® gateando. ¡®Vamos, vamos, vamos¡­¡¯ Estaba cerca. Dos metros. Un metro. Al alcance de la mano. Los dedos de Nora se cerraron alrededor del marco de la puerta, y por un instante, tom¨® aire antes de continuar. Los pasos que la acechaban se aceleraron, aumentando r¨¢pidamente en volumen y proximidad. Actuando por instinto, Nora se irgui¨® y se lanz¨® a trav¨¦s de la puerta de salida, cerr¨¢ndola de un portazo tras de s¨ª. Un instante despu¨¦s, un brazo portando un arma de filo atraves¨® la ventanilla de cristal de la puerta, haci¨¦ndola estallar en pedazos, y pasando a mil¨ªmetros de su cara. Grit¨® y ech¨® a correr por el pasillo. A ambos lados, numerosos estantes llenos de libros y carpetas adornaban las paredes. Mientras derribaba uno de ellos, atasc¨¢ndolo en mitad del corredor, vio la puerta de la oficina abrirse de par en par, revelando a un hombre barbudo de aspecto desquiciado. ¡°?Eso es, joder! ?Lucha! ?Res¨ªstete!¡± dijo, caminando hacia ella. ¡°??Al¨¦jate de m¨ª¡­!! ??A-Aaah¡­!! ???Ayuda!!!¡± Le dol¨ªa todo el cuerpo, y las pu?aladas que le atosigaban el cerebro le hac¨ªan perder el equilibrio a cada paso. Trastabill¨® en direcci¨®n a las escaleras. Ten¨ªa que ponerse a salvo, ten¨ªa que encontrar a alguien. ?Iba en la direcci¨®n correcta? No ve¨ªa nada con claridad. Los pasos a su espalda se acercaban m¨¢s y m¨¢s. Atisb¨® lo que cre¨ªa que era el acceso a las escaleras, cuando un ardor se manifest¨® en su brazo izquierdo, seguido de un dolor agudo, y la sensaci¨®n de algo fr¨ªo y duro hundi¨¦ndose en su carne. Algo met¨¢lico. Su cuerpo se retorci¨® por acto reflejo, ocasi¨®n que el corpulento hombre aprovech¨® para embestirla y derribarla con facilidad. Nora chill¨® de dolor. Era lo ¨²nico que pod¨ªa hacer, no le sal¨ªan las palabras para suplicar por su vida. Como si fuesen a servir de algo. El hombre se agach¨® a su lado y extrajo el cuchillo, intensificando su agon¨ªa. ¡°No ha estado mal, para qu¨¦ te voy a enga?ar. Veamos, contigo voy a¡ª¡± Otra sucesi¨®n de pasos se acerc¨® a toda prisa a su posici¨®n. Nora entreabri¨® los ojos, a tiempo de ver una sombra oscura que se cern¨ªa sobre ellos. Algo impact¨® directamente contra la cara de su agresor, arroj¨¢ndolo a una buena distancia. ¡®??Q-Qui¨¦n¡­!?¡¯ Luchando contra el dolor, Nora se incorpor¨®. El reci¨¦n llegado se hab¨ªa lanzado sobre su atacante, y mientras con una mano trataba de hacerse con el cuchillo, con la otra le propinaba pu?etazo tras pu?etazo en la cara. ¡°??Nora!! ??Vete!! ??Lilian est¨¢ arriba, Claire est¨¢ con ella!!¡± dijo una voz muy familiar. ¡°??W-William¡­!?¡± El hombre del suelo gru?¨® y ech¨® su mano libre a la cara de William, como si tratase de meterle los dedos en los ojos. William atrap¨® la mano y continu¨® forcejeando. ¡°?Aaah¡­! ?E-Espera, puedo¡ª!¡± ¡°??Que te largues, joder!!¡± Repudiaba la idea de dejar a William solo, pero aun as¨ª corri¨®. Lilian la necesitaba. Support the author by searching for the original publication of this novel. ¡®?Lo siento¡­! ??Por dios, ten cuidado!!¡¯ El entorno pasaba por sus ojos como una neblina borrosa, pero consigui¨® alcanzar el hueco de las escaleras. Con pasos temblorosos, comenz¨® su ascenso. ?Hasta d¨®nde hab¨ªa llegado Lilian? ?Estaba en la azotea? ?Qu¨¦ le hab¨ªa ocurrido? Pensamientos cada vez m¨¢s negativos le cruzaban la mente mientras observaba ansiosa las placas con los n¨²meros de las plantas. Veintisiete. Veintiocho. Veintinueve. Treinta¡ª Una figura emergi¨® de las sombras de la planta treinta y se interpuso en su camino. ¡°Aaah, Nora¡­¡± Sinti¨® que aquella voz le agarraba el coraz¨®n y lo estrujaba con violencia, dren¨¢ndolo completamente de sangre. ¡®N-No¡­ No, por favor¡­¡¯ ¡°Joder, m-me duele la cabeza¡­ Ven, h-hay cosas que hacer¡­¡± El hombre la cogi¨® de la mano. Nora no reaccion¨® hasta que aquellos fr¨ªos dedos se cerraron con fuerza alrededor de su mu?eca. Le hac¨ªan da?o, como tantas otras veces antes. Cay¨® presa del p¨¢nico. ¡°??N-No¡­!! ??D¨¦jame!! ???D¨¦jame!!! ???Al¨¦jate de m¨ª!!!¡± El hombre le ech¨® su otra mano al cuello y se le acerc¨®, mir¨¢ndola fijamente a la cara. Le apestaba el aliento. Sus pupilas se hab¨ªan dilatado, y no parec¨ªan ser capaces de mantener la mirada fija en ning¨²n sitio, daban vueltas y hac¨ªan movimientos involuntarios. Sin embargo, Nora no lo encontr¨® m¨¢s desagradable que de costumbre. El aspecto de Logan era ahora tan monstruoso como su propia alma. La mano apretaba con fuerza su garganta, haci¨¦ndola resollar. ¡°Nora, perra¡­ ?Q-Qu¨¦ te he dicho de no protestar¡­? ?Eeeh¡­? V-Venga¡­. Ven¡­¡± La respiraci¨®n de Nora empezaba a fallar y volverse inestable una vez m¨¢s, mientras el claramente trastornado Logan la sacaba de las escaleras y la arrastraba hacia el interior de la planta. ****** Las paredes palpitaban y le susurraban cosas al o¨ªdo, cosas que no quer¨ªa o¨ªr, cosas en las que no quer¨ªa pensar. Los escalones vibraban bajo sus pies, haciendo amagos de contraerse y hundirse en la escalera para hacerle perder el equilibrio. Uno lo consigui¨®, y Julien se tambale¨® escaleras abajo, dando vueltas hasta detenerse en el descansillo, frente a una puerta abierta. Varias personas salieron a recibirle, farfullando palabras en un idioma poco familiar. Sus rostros se distorsionaban en muecas de disgusto, y parec¨ªan negar con la cabeza. Algunos gritaban. ?Por qu¨¦ gritaban? ?Qu¨¦ les daba derecho a gritar? No ten¨ªan ni idea. Le dol¨ªa pensar. Nadie pod¨ªa estar pasando por lo mismo que ¨¦l. No era posible. No ten¨ªan ni idea. ¡®Malditos¡­ Callad¡­ Callaos, callaos, callaos, callaos¡­¡¯ Le cogieron del suelo y le arrastraron a alg¨²n sitio. El entorno daba demasiadas vueltas como para verlo con claridad. Un punzante calambre le recorri¨® la espalda cuando una de aquellas personas arranc¨® algo que llevaba clavado. ?C¨®mo se atrev¨ªa? Daba igual que lo tuviese clavado, era suyo. ?Era envidia? Estaba harto, harto de que todos le envidiasen. Todos quer¨ªan arrebatarle lo que era suyo. Todos quer¨ªan aprovecharse de ¨¦l. Todos quer¨ªan beneficiarse de aquello que le pertenec¨ªa por derecho. ¡®Putos oportunistas¡­¡¯ Lo ayudaron a ponerse en pie. ?Estaba de pie? No lo ten¨ªa claro. Por un segundo, la pared pareci¨® ser el suelo, y el suelo el techo, y el techo la pared. Trag¨® saliva. Sab¨ªa a rayos. Mir¨® a la gente que lo rodeaba, tratando de encontrar sentido a sus caras. ¡®Espera¡­ A esas dos¡­ las conozco¡­¡¯ Eran las ¨²nicas caras que reconoc¨ªa en toda la habitaci¨®n. Peque?as, asustadas, y traicioneras. La de gafas le miraba fijamente, con los ojos inyectados en sangre. ?Por qu¨¦ se entromet¨ªa? ?Por qu¨¦ no le dejaba en paz? Todo era culpa suya. La peque?a era lo ¨²nico que necesitaba. No ped¨ªa tanto. ?Por qu¨¦ estaba all¨ª? ?Por qu¨¦ no estaba con ¨¦l? La necesitaba. Todo dol¨ªa. La necesitaba urgentemente. No parar¨ªa de doler mientras no fuese suya. Necesitaba a la chica. Necesitaba su sangre. Necesitaba sus entra?as. Necesitaba su piel. La necesitaba. La necesitaba. La necesitaba. La necesitaba¡ª ****** Horrorizada, Claire retrocedi¨® varios pasos tan pronto Julien comenz¨® a gritar. Aullaba como un animal rabioso, mientras manten¨ªa un agresivo contacto visual con ella, avanzando a grandes zancadas en su direcci¨®n. ¡°??E-Eh¡­!! ???Eh!!! ???Calma!!!¡± dijo uno de los supervivientes, interponi¨¦ndose en su camino y agarr¨¢ndolo del brazo. Julien se gir¨® hacia ¨¦l, y su rostro se colore¨® de un rojo intenso, como si se le hubiese subido la sangre repentinamente al cerebro. Sin mediar palabra, alz¨® ambas manos, todav¨ªa unidas entre s¨ª por las esposas, y machac¨® la cabeza del hombre. Rodeado por gritos de p¨¢nico, Julien vociferaba sin control mientras aporreaba a su v¨ªctima con las esposas, que no tardaron en te?irse del color de la sangre. El hombre hab¨ªa desfallecido. Otros dos individuos se acercaron a Julien por detr¨¢s y trataron de sujetar sus brazos, pero este sigui¨® agrediendo al ca¨ªdo como si no estuviesen ah¨ª. ¡°??Qu¨¦ est¨¢ haciendo!? ??Ya basta!!¡± ¡°??Pare!!¡± La boca de Julien se abalanz¨® sobre la cara de aquel pobre diablo, y sus dientes se cerraron sobre gran parte de su rostro. Los gritos se intensificaron, y los que intentaban sujetarlo le dejaron ir, aturdidos y confusos. ¡°??E-Es un caminante¡­!!¡± ¡°??Ayuda!! ???D-D¨®nde est¨¢n los soldados!!?¡± Claire estaba petrificada. Julien volvi¨® a incorporarse, observ¨¢ndola de nuevo. Estaba te?ido de rojo de arriba abajo. Sus manos ten¨ªan mal aspecto, varios dedos se hab¨ªan doblado en ¨¢ngulos que no deber¨ªan, uno de ellos ten¨ªa incluso una articulaci¨®n de m¨¢s. De su boca goteaba sangre sin cesar, y Claire vio c¨®mo se le ca¨ªa de entre los dientes un pedazo de carne inidentificable. Sin embargo, lo m¨¢s inquietante eran sus ojos. No eran los ojos de un caminante, sino los de un loco. Humanos, y a la vez no. Sus pupilas estaban dilatadas de forma antinatural, agujeros insondables de negrura que ocupaban casi la totalidad del globo ocular. ¡®A-Al¨¦jate de nosotras¡­ Puto lun¨¢tico, ?al¨¦jate de nosotras¡­! ?D¨¦janos en paz!¡¯ Claire habr¨ªa querido grit¨¢rselo a la cara, pero no le sal¨ªan las palabras. Su cuerpo hab¨ªa dejado de temblar, como si todas sus fuerzas estuviesen concentradas, pendientes del peligro. Echaron a correr casi al mismo tiempo. Claire tir¨® de Lilian con todas sus fuerzas, y esta la sigui¨® sin ofrecer resistencia, mientras Julien avanzaba a trompicones de lado a lado del pasillo, ense?ando los dientes y emitiendo gru?idos. ¡°S-Se?orita¡­ Claire¡­ ?Deje de¡­ correr¡­! ?E-Es m¨ªa¡­! ??La c-chica¡­ es m¨ªa¡­!!¡± Claire gir¨® una esquina tras otra, sin soltar en ning¨²n momento la mano de Lilian. No quer¨ªa mirar atr¨¢s. Sab¨ªa que les estaba pisando los talones; le o¨ªa respirar y casta?ear los dientes. ¡®?Vamos¡­! ?Tengo que librarme de ¨¦l¡­!¡¯ Gir¨® otra esquina y se encontr¨® de frente con una pared, con una ¨²nica puerta en un lateral del pasillo. ¡®?Mierda! ??No hay salida!?¡¯ Sin m¨¢s opciones, entr¨® a la sala, metiendo a Lilian a empujones. Ech¨® el cerrojo un instante antes de que Julien se estrellase contra la puerta, haci¨¦ndola temblar sobre las bisagras. Un vistazo r¨¢pido a la habitaci¨®n, iluminada ¨²nicamente por una diminuta ventana, revel¨® que se trataba de un almac¨¦n de material de oficina. Su desconocimiento de los pisos superiores de la torre hab¨ªa pasado factura. Se hab¨ªan acorralado. ¡°??M-Me pertenece¡­!! ???Se?orita C-Claire¡­!!!¡± grit¨® Julien mientras aporreaba la puerta. ¡°??Vete a la mierda!!¡± ¡°I-Ingrata¡­ entrometida¡­ ?S-Si no fuese por usted¡­!¡± Los golpes se volv¨ªan m¨¢s y m¨¢s salvajes con cada palabra que se le escurr¨ªa de los labios. Eran fuertes y contundentes, como si le estuviese propinando de cabezazos a la puerta. ¡°??S-S¨¦ lo que ha h-hecho¡­!!¡± Aquellas palabras le helaron la sangre. Sab¨ªa a lo que se refer¨ªa. No pod¨ªa referirse a otra cosa. ¡°??C¨¢llate!! ??D¨¦jame en paz!!¡± Claire empuj¨® con la espalda contra la puerta y afianz¨® los pies en el suelo, con la esperanza de impedir que las embestidas de Julien la arrancasen de los goznes. ¡°?Lo ha a-arruinado t-todo¡­! ?Echado a p-perder¡­! ?P-Por su culpa¡­! ??Desgraciada¡­!!¡± Un gran impacto sacudi¨® la puerta. La madera comenzaba a ceder, y numerosas astillas sobresal¨ªan de su superficie. Otro impacto. Una mano asom¨® entre las astillas por unos segundos, tratando desesperadamente de encontrar una forma de entrar. Claire se agach¨® a tiempo de evitar una tercera acometida. Los brazos esposados de Julien irrumpieron en la habitaci¨®n a trav¨¦s del agujero, arrancando un grito de los labios de Claire, y se balancearon en m¨²ltiples direcciones antes de retirarse de nuevo. ¡°Y-Ya casi est¨¢¡­ Ya est¨¢, ya est¨¢, ya est¨¢¡­ Ya v-ver¨¢¡­ Todo s-saldr¨¢ bien, c-coger¨¦ a la p-peque?a, y ya t-todo estar¨¢ bien¡­ B-Bien¡­ Bien¡­¡± los murmullos guturales de Julien se filtraban a trav¨¦s del agujero. ¡®?Oh, dios¡­! ??Qu¨¦ hago!? ?Necesito algo para defenderme! ??Q-Qu¨¦ puedo¡ª!?¡¯ Un impacto a¨²n m¨¢s fuerte zarande¨® la puerta, y Claire sali¨® despedida hacia el frente. Chill¨® y se cubri¨® la cara con los brazos, desplom¨¢ndose contra una estanter¨ªa. La puerta estaba abierta. La cerradura se hab¨ªa retorcido y hab¨ªa sido arrancada del marco a la fuerza. En el suelo, un magullado y ensangrentado Julien se esforzaba por recuperar el equilibrio y volver a ponerse en pie. No le quitaba ojo de encima. ¡°L-La tengo, s-se?orita¡­ ?L-La tengo¡­! ?No ose mirarme c-con esos ojos¡­! ??N-No me mire as¨ª!!¡± dijo, lanz¨¢ndose en su direcci¨®n. ¡°???No se atreva¡­!!!¡± CAPíTULO 53 – DETERMINACIóN ¡°T-Te odio¡­ Joder, te odio¡­¡± ¡°??Su¨¦ltame!! ??No quiero saber nada de ti!! ???Su¨¦ltame!!!¡± De un tir¨®n que casi le disloca el brazo, Logan arroj¨® a Nora al suelo y procedi¨® a encaramarse sobre su cintura. Inmoviliz¨® sus brazos contra el suelo con ambas manos. Nora se retorci¨® y zarande¨® las piernas, tratando sin ¨¦xito de quit¨¢rselo de encima. Estaba aterrorizada. Su cuerpo se resist¨ªa por volici¨®n propia, pero su raciocinio se hab¨ªa congelado. ?Qu¨¦ opciones le quedaban? ?Vendr¨ªa alguien a rescatarla otra vez? ?Sab¨ªa alguien que estaba all¨ª? ¡°?P-Por qu¨¦¡­?¡± murmur¨® Logan. ¡°?Por qu¨¦ he tenido que acabar as¨ª¡­?¡± Con una fuerza que rozaba lo inhumano, junt¨® los brazos de Nora sobre su cabeza y los sujet¨® con la mano izquierda, dejando la derecha libre. Le acarici¨® el pelo, luego la frente, y luego procedi¨® a toquetearle el rostro. Ella chill¨® y apart¨® la cara, provocando que Logan la cogiese por las mejillas y la forzase a mirarle. Apretaba mucho, sac¨¢ndole l¨¢grimas de dolor. ¡°C-Cre¨ªa que esto era todo lo que necesitaba¡­ Te ten¨ªa bien pillada, ?s-sabes¡­? Pasta f¨¢cil, sin preocupaciones; y gracias a esa hermanita tuya, eras d-d¨®cil como una cachorrita¡­¡± Su mano descendi¨® por el cuerpo de Nora, hacia su torso y cintura. ¡°??No me toques, asqueroso¡­!!¡± ¡°No, ahora lo veo¡­ Estaba ciego¡­ ?C-C¨®mo no me di cuenta antes¡­?¡± La mano comenz¨® a subir por el cuerpo de Nora, y se detuvo a la altura del cuello. Aquellos g¨¦lidos dedos se cerraron sobre su piel, y comenzaron a apretar gradualmente. ¡°S-Si nunca te hubiese conocido¡­¡± No pod¨ªa respirar. ¡®??Oh, dios¡­!! ???Ayuda¡­!!!¡¯ ¡°Si no te hubiese conocido, no me habr¨ªa involucrado con esa m-mocosa¡­ Y no me habr¨ªa metido en este fregado¡­ Joder, podr¨ªa haber estado en otro sitio, en otra ciudad, otro pa¨ªs¡­¡± Sus dedos apretaron con m¨¢s fuerza, hundi¨¦ndose profundamente en el cuello de Nora. ¡°¡­me das¡­ ?asco¡­!¡± Nora perdi¨® la fuerza en brazos y piernas. Sus forcejeos eran in¨²tiles. Logan se manten¨ªa firme como una losa sobre su cuerpo, con los ojos clavados en los suyos. No pesta?eaba, no respiraba, tan solo segu¨ªa apretando. Le daba vueltas la cabeza, y su visi¨®n se nubl¨®, mientras un creciente y doloroso ardor le inundaba los pulmones. ¡®¡­a¡­yu¡­da¡­¡¯ Un nuevo temblor estremeci¨® el edificio, y Logan comenz¨® a murmurar para s¨ª mismo, susurros que en segundos se multiplicaron en magnitud, hasta convertirse en gritos de angustia. ¡°¡­me duele¡­ ?Me duele! ?M-Me duele la cabeza¡­!¡± La presi¨®n que inmovilizaba los brazos de Nora se desvaneci¨®, y su garganta pudo tomar una bocana de aire, que la hizo toser violentamente. Logan se agarraba la cabeza con ambas manos, sacudi¨¦ndola de lado a lado. No tendr¨ªa otra oportunidad. Haciendo uso de todas las fuerzas que le quedaban, se quit¨® a Logan de encima de un empuj¨®n y lo pate¨® en el pecho, haci¨¦ndole caer de espaldas entre gru?idos. No pod¨ªa parar de toser. Sirvi¨¦ndose de una mesa como apoyo, se puso de pie. Sus temblorosas piernas carec¨ªan de fuerza, no estaba segura de poder sostenerse sin algo a lo que agarrarse. Logan daba vueltas en el suelo, todav¨ªa agarr¨¢ndose la cabeza. Por un instante, la mente de Nora se qued¨® en blanco. Aquel hombre, que tanto la hab¨ªa atormentado, que durante tanto tiempo la hab¨ªa hecho sufrir, estaba ahora indefenso, expuesto. Vulnerable. Arrastr¨® la mirada hacia los objetos sobre la mesa en la que se apoyaba. Hab¨ªa una l¨¢mpara de escritorio met¨¢lica. Parec¨ªa pesada. Respirando con dificultad, luchando contra los ataques de tos, empu?¨® la l¨¢mpara por el cuello y se encar¨® hacia Logan. ?Por qu¨¦ era tan dif¨ªcil? Le ten¨ªa a sus pies. Sent¨ªa el peso de la l¨¢mpara en sus manos. Solo ten¨ªa que realizar un simple movimiento. ¡®?P-Por qu¨¦¡­? ?Mierda¡­! ??Por qu¨¦!?¡¯ Toda su periferia se nubl¨®, solo ten¨ªa ojos para Logan. ¨¦l estaba ocupado retorci¨¦ndose en el suelo, pero, de alguna manera, su mera presencia la atrofiaba hasta la m¨¦dula. Sus extremidades temblaban, ten¨ªa escalofr¨ªos, se le humedec¨ªan otra vez los ojos. ¡®Vamos. ?Vamos! ??Hazlo, idiota!! ??Por favor!!¡¯ ¡°N-Nora¡­. ?Noraaa! ??P-Perra¡­!!¡± En un momento, Logan se hab¨ªa erguido y abalanzado contra ella. La derrib¨® sobre la mesa, con ambas manos en su cuello, y apret¨® como nunca antes lo hab¨ªa hecho. En cuesti¨®n de segundos, la conciencia de Nora comenz¨® a nublarse de nuevo. Agarr¨® los brazos de Logan y trat¨® de liberarse, pero eran inamovibles. ¡®Ah¡­ No merece la pena. No puedo hacer nada.¡¯ Le costaba seguir pensando. ¡®L-Lo siento¡­ Lilian¡­¡¯ ¡­ [Duele.] ¡®??Lilian!?¡¯ [Miedo. Duele.] Se supon¨ªa que deb¨ªa consolarla de alguna manera, ?no? Tal y como hab¨ªa hecho siempre. Pero, ?qu¨¦ pod¨ªa decirle? ?Qu¨¦ mentira iba a inventarse ahora? ?Que todo iba a salir bien? ?Que pronto estar¨ªa a su lado? ?Qui¨¦n iba a creerse eso? [S¨¦ que duele. Aguanta. Estoy aqu¨ª.] ¡®¡­Lilian, s¨¦ que est¨¢s sufriendo. ?Por qu¨¦ te preocupas por m¨ª?¡¯ [Nory tambi¨¦n importa.] ¡®?Yo tambi¨¦n importo¡­?¡¯ Quiz¨¢ tuviese raz¨®n. Se hab¨ªa desvivido luchando por los dem¨¢s, pero nunca por s¨ª misma. Quiz¨¢ mereciese la pena intentarlo, al menos una vez. Si no lo hac¨ªa, estar¨ªa ignorando la ¨²nica petici¨®n que Lilian le hab¨ªa hecho de forma directa en toda su vida. Imperdonable. S¨ª, deb¨ªa intentarlo. Solo ten¨ªa un obst¨¢culo, cuyo peso segu¨ªa encima de ella, aplast¨¢ndola. Sus garras todav¨ªa apretaban su cuello. ?C¨®mo se atrev¨ªa? ?Qui¨¦n era aquel tipo para interponerse entre ellas dos? ¡®D¨¦jame. Al¨¦jate. ?Sal de nuestra vida!¡¯ La conciencia de Nora se revitaliz¨® por un segundo, y volvi¨® a sentir el dolor intenso que le oprim¨ªa el pecho. En lugar de forcejear con Logan, tante¨® a su alrededor. Su mano se cerr¨® alrededor de algo s¨®lido. Lo estrell¨® contra su cabeza. Las teclas del teclado volaron en todas direcciones, y Logan gru?¨® en respuesta, mientras se le ca¨ªa la saliva. M¨¢s. Necesitaba algo m¨¢s. Lo golpe¨® con unas carpetas. Luego con un lapicero. Segu¨ªa sin dejarla ir. Cogi¨® uno de los bol¨ªgrafos que se hab¨ªan esparcido por la mesa y se lo meti¨® en un ojo. This narrative has been unlawfully taken from Royal Road. If you see it on Amazon, please report it. ¡°???Aaaaaagh!!!¡± Logan la solt¨® y se ech¨® las manos a la cara, cayendo contra un archivador y colapsando de rodillas. La percepci¨®n de Nora se volvi¨® dispersa, inconexa. Se vio a s¨ª misma pateando a Logan y derrib¨¢ndolo boca abajo. Se vio a s¨ª misma sujetando de nuevo la l¨¢mpara, y encaram¨¢ndose sobre ¨¦l. Vio algo rojo. La sensaci¨®n le result¨® familiar. Lo hab¨ªa hecho antes. Ya no recordaba el contexto, pero recordaba la fuerza de aquellos impactos, el sonido de los huesos rompi¨¦ndose, el hedor de la sangre. Sin embargo, esta vez no hab¨ªa nadie que fuese a sacarla de su trance. ****** Julien cay¨® sobre Claire como un animal rabioso, babeando una mezcla espumosa de saliva y sangre. Claire cogi¨® del suelo lo primero que encontr¨®, una bandeja de archivador de pl¨¢stico, y la interpuso entre su cara y la de Julien. Le propinaba patadas sin piedad en el est¨®mago con la esperanza de quit¨¢rselo de encima. Ignorando los golpes, Julien agarr¨® la bandeja y la quit¨® del medio con facilidad. Gru?¨ªa sin descanso, y cada gru?ido arrancaba un nuevo chillido de p¨¢nico de los labios de Claire. Le apoy¨® las manos esposadas en el torso y ense?¨® los dientes. Claire sab¨ªa lo que estaba a punto de ocurrir, y le sujet¨® la cara. Empuj¨® con fuerza, pero la cabeza de Julien se acercaba m¨¢s y m¨¢s, irrefrenable. Abr¨ªa la boca como con intenci¨®n de morder. ¡®Oh, dios. Me va a matar. Me va a matar. No quiero morir. No quiero morir, no quiero morir, no quiero morir, noquieromorirnoquieromorirnoquieromor¡ª¡¯ Un dolor ardiente interrumpi¨® sus pensamientos y le hizo soltar un alarido. Su mirada, ahora nublada por las l¨¢grimas, capt¨® un salpic¨®n de sangre. Los oscuros ojos de Julien la taladraban sin pesta?ear, y ten¨ªa algo en la boca. Eran dos cosas, sangrientas, inidentificables, y de aspecto carnoso. Claire se mir¨® la mano izquierda. El dedo coraz¨®n y el anular estaban incompletos. Grit¨®. Se retorci¨®, empuj¨®, pate¨®. Julien estaba quieto como una estatua, con la mirada fija en ella. Tras unos segundos, como habiendo perdido el inter¨¦s, gir¨® la cabeza y se puso de pie, momento que Claire aprovech¨® para escurrirse hacia atr¨¢s, llorando de dolor y sujet¨¢ndose con fuerza lo que quedaba de sus dedos. La atenci¨®n de Julien estaba ahora con Lilian, que se hab¨ªa acurrucado en el suelo en una esquina de la habitaci¨®n. ¡°S-S¨ª¡­ A u-usstedd es a quienn n-necessito¡­¡± Claire mir¨® a la puerta de salida. La v¨ªa estaba libre. Pod¨ªa irse. Pod¨ªa huir, salvarse. Era su oportunidad. En su estado, Julien era peligroso, demasiado peligroso. No ten¨ªa nada con lo que defenderse, nada con lo que luchar. ¡®S¨ª, eso es¡­ Ir¨¦ a buscar ayuda¡­ Luego volver¨¦, ?vale? ?Eso es! Eso es lo que tengo que hacer¡­¡¯ Se puso de pie, tratando de no llamar la atenci¨®n del cautivado Julien, quien arrastraba los pies poco a poco en direcci¨®n a Lilian. Si echaba a correr ahora, podr¨ªa ponerse a salvo. ¡®Venga. Vamos. Mu¨¦vete. Eres una puta cobarde, siempre lo has sido. Venga, mu¨¦vete. ?Mu¨¦vete!¡¯ las l¨¢grimas corr¨ªan como cataratas por sus mejillas. ¡®??Por qu¨¦ co?o no te mueves!? ?L¨¢rgate de una puta vez!¡¯ Cruz¨® miradas con Lilian. La chica no prestaba atenci¨®n a Julien, solo a Claire. Su expresi¨®n era insondable, ninguno de sus m¨²sculos faciales hac¨ªa el m¨¢s m¨ªnimo movimiento, y sus ojos eran tan misteriosos como siempre, pose¨ªdos por aquel titileo antinatural. Sin embargo, captaba una cierta humanidad en ellos, una humanidad que le hablaba directamente; sent¨ªa una conexi¨®n que no era capaz de describir. Le dol¨ªa la cabeza. ¡®Joder¡­ No puedo. No puedo. No puedo dejarla. ?No puedo!¡¯ No podr¨ªa perdonarse a s¨ª misma. Otra vez no. No pod¨ªa volver a sobrevivir a costa de los dem¨¢s. No a costa de Lilian. Jam¨¢s. Rastre¨® la habitaci¨®n con los ojos. Sobre un estante avist¨® una impresora de sobremesa. La levant¨® y la estrell¨® contra la nuca de Julien. ¡°??Al¨¦jate de ella!! ??Hijo de puta!! ??Cabr¨®n!!¡± Continu¨® golpeando su cabeza con la impresora, hasta que se le escurri¨® de las manos y cay¨® al suelo, haci¨¦ndose a?icos. Julien segu¨ªa ignor¨¢ndola. Le tir¨® carpetas y archivadores a la cabeza. Agarr¨® un monitor y lo dobl¨® contra su cara. Le propin¨® patadas en la entrepierna. Le daba igual lo que tuviese que hacer; estaba determinada a detener a aquel animal. ¡°¡­ssse?oritta C-Claiire¡­¡± farfull¨® Julien, volte¨¢ndose hacia ella. ¡°?¡­m-molestta¡­!¡± Con movimientos r¨ªgidos pero veloces, Julien la cogi¨® del brazo derecho y la arroj¨® contra la pared. Claire se estrell¨® de lado contra un estante met¨¢lico, y escuch¨® un fuerte crujido antes de desplomarse cerca de Lilian. Un ag¨®nico calambre le recorri¨® el brazo derecho y le taladr¨® el cerebro. Se lo mir¨®, y r¨¢pidamente se percat¨® de que se hab¨ªa doblado en una direcci¨®n equivocada. Aull¨® de dolor. ****** Ruido. Familia viene. Mucho ruido. Gritos. Pena. Duele. Herida duele. Cuando duele, cuesta pensar. A veces pienso bien, otras veces no. Nory necesit¨® ayuda. ?Ayud¨¦? Creo que s¨ª. La oigo, pero ella a mi no. Clairy tambi¨¦n necesita. No puedo ayudar. No s¨¦ ayudar. Sola. ?Sola? No. Sola no. Familia mala, pero t¨² no. ¡­ Gracias por venir. Aqu¨ª, hermano. Estoy aqu¨ª. ****** Claire se qued¨® de piedra. Dej¨® de gritar, dej¨® de llorar, dej¨® de retorcerse. Fuertes estruendos, cristales rompi¨¦ndose en alg¨²n lugar de las cercan¨ªas, enormes pisadas y, un instante despu¨¦s, algo se hab¨ªa detenido frente al umbral de la puerta, en el pasillo. Algo gigantesco y maloliente. La criatura emiti¨® un rugido que hizo temblar el suelo, y procedi¨® a destruir la pared, abri¨¦ndose paso a la fuerza al interior del almac¨¦n. Esquirlas de pladur, madera y pl¨¢stico cubrieron la habitaci¨®n, que se vio inundada por una fina nube de polvo. Sus cuatro ojos miraban fijamente a los humanos que ten¨ªa en frente, como analiz¨¢ndolos antes de actuar. Sus quistes bioluminiscentes brillaban con patrones acelerados, aunque algunos de ellos mostraban errores en el patr¨®n, cubiertos de heridas y cicatrices. Gran parte de la mitad inferior de su cuerpo estaba magullada y desfigurada, y parec¨ªa estar formada por tejido cicatricial. Julien se gir¨® hacia el monstruo, y por primera vez desde que hab¨ªa enloquecido, su cara pareci¨® afligirse por el miedo. ¡°?¡­v-viennes por la m-mmocossa¡­? ?N-Nni se te ocurrra¡­! ??L-La mmmatar¨¦ s-ssi te acercas¡­!! ??Me oyes!? ?La m-mat¡ª!¡± Claire se hab¨ªa lanzado sin pensar. Ten¨ªa que hacerlo. Se abraz¨® a la cintura de Julien con su brazo sano y carg¨® hacia la criatura. Ambos aterrizaron bruscamente a sus pies. ¡°??Q-Qu¨¦ haccce!? ?Sssu¨¦lteme, no p-puede hacer estto! ??Necessito, a la c-chicca, la nnecess¡ª!!¡± Julien no pudo terminar de quejarse. La garra de la criatura se cerr¨® alrededor de su cabeza. ?Era solo sangre? ?Eran sus sesos? Claire no supo diferenciarlo, ni le import¨®. La criatura no se content¨® con aplastar la cabeza de Julien, y procedi¨® a arrancarle un brazo. Luego el otro. Luego una pierna. Luego parti¨® el torso por la mitad. ?Hab¨ªa sido Lilian? ?Hab¨ªa llamado Lilian a aquel siniestro salvador? Durante un periodo de tiempo indefinido, continu¨® mutilando el cuerpo con una brutalidad inaudita. Extra?amente, el horripilante espect¨¢culo no molest¨® a Claire. No sinti¨® asco ante la lluvia de entra?as y casquer¨ªa. Al rev¨¦s, fue casi satisfactorio. Ahora era su turno. Los ojos del monstruo se centraron en ella. Su enorme silueta ocupaba casi toda su visi¨®n perif¨¦rica. Sus garras se movieron en su direcci¨®n, abiertas, dispuestas a hacerla pedazos tambi¨¦n. Intentar correr ser¨ªa in¨²til. Ni siquiera ten¨ªa fuerzas para ello. Daba igual. Probablemente se lo merec¨ªa. Estaba lista. Cerr¨® los ojos, y esper¨®. Esper¨®. Esper¨®. ?Por qu¨¦ tardaba tanto? No quer¨ªa volver a abrir los ojos. No quer¨ªa verlo. ¡®Vamos. Hazlo r¨¢pido. ?A qu¨¦ esperas?¡¯ No ocurr¨ªa nada. Capt¨® una serie de sonidos extra?os, que proven¨ªan con total seguridad de aquel monstruo. Chasquidos, latidos, burbujeos. No pod¨ªa soportar m¨¢s la curiosidad, mir¨®. Toda la superficie del cuerpo del monstruo se hab¨ªa iluminado, y sus patrones luminosos hab¨ªan entrado en un frenes¨ª. Frente a ¨¦l, Lilian se hab¨ªa puesto de pie. Manten¨ªa un fuerte contacto visual con la criatura, y sus ojos brillaban con m¨¢s intensidad que nunca, parpadeando y centelleando tambi¨¦n en un patr¨®n enloquecido. Tan raudo como hab¨ªa llegado, el gigante sali¨® al pasillo y desapareci¨®, seguido de una sucesi¨®n de estallidos y crujidos que se alejaron en la distancia. Lilian se le acerc¨®, con pasos t¨ªmidos pero serenos, y se puso de rodillas frente a ella. ¡°?L-Lilian¡­?¡± dijo Claire. ¡°Clairy.¡± Al poco rato de o¨ªr su voz, Claire sufri¨® intenso dolor de cabeza, lo bastante fuerte como para eclipsar su brazo roto o los dedos que le faltaban. [Clairy.] Acababa de o¨ªr la voz de Lilian dentro de su cabeza. ¡®?Eh¡­?¡¯ [Bien. Todo bien.] Todos sus dolores se desvanecieron de golpe, reemplazados por una sensaci¨®n de calidez. El mismo aire que respiraba la arropaba, le acariciaba la mente y aliviaba la angustia que la carcom¨ªa por dentro. [Gracias.] Actuando por impulso, se incorpor¨® y se abraz¨® a Lilian, sujet¨¢ndola con fuerza con su brazo sano. Las l¨¢grimas salieron a borbotones, y lo que empez¨® como una serie de sollozos pronto se convirti¨® en un llanto amargo. No lloraba por tristeza, ni por dolor, ni por estr¨¦s. No sab¨ªa por qu¨¦ lloraba. ?Aceptaci¨®n, consuelo, comprensi¨®n? Era la sensaci¨®n de haberse reunido de nuevo con una familia a la que hab¨ªa echado mucho de menos, a pesar de acabar de conocerla. Derrumbada en brazos de Lilian, Claire lo dej¨® salir todo, l¨¢grima por l¨¢grima. CAPíTULO 54 – CONVERGENCIA ¡°?Aqu¨ª Hawk-01 transmitiendo a todas las unidades! ?Tenemos visual de la ola principal de Convergencia! ?Contacto estimado con el punto de evacuaci¨®n en quince minutos! ?Cambio!¡± ¡°Aqu¨ª Central. Recibido, Hawk. A todos los escuadrones a¨¦reos, tomen posiciones en el per¨ªmetro de la celda seg¨²n lo acordado, e inicien la operaci¨®n de supresi¨®n. Caballeros, ?hagan todo lo posible por frenar esa ola!¡± ¡°?S¨ª, se?or!¡± L¨ªnea tras l¨ªnea de edificios pasaban como una imagen borrosa bajo el helic¨®ptero, y el ensordecedor ruido de las h¨¦lices amortiguaba el tumulto que proven¨ªa de las calles. Los dem¨¢s veh¨ªculos del escuadr¨®n se separaron de la formaci¨®n, extendi¨¦ndose en m¨²ltiples direcciones. Sinti¨® las gotas de sudor goteando desde su cara y ensuciando su uniforme. Ning¨²n ser humano en su sano juicio podr¨ªa presenciar aquel dantesco espect¨¢culo y mantener la calma. Atra¨ªdos por la reina desde las celdas colindantes, los stingers se hab¨ªan aglomerado en una masa org¨¢nica homog¨¦nea, en una carrera fren¨¦tica hacia el epicentro de la se?al. M¨¢s de dos metros de altura, piernas con m¨²ltiples articulaciones, un exoesqueleto ¨®seo que cubr¨ªa sus cuerpos, mand¨ªbulas en lugar de boca¡­ Aquellas criaturas eran abominaciones, que hab¨ªan abandonado todo vestigio de humanidad. El muro de monstruos, cuyos cuerpos emit¨ªan una luz azul brillante, avanzaba a una velocidad aterradora, atravesando edificios y arrollando cualquier obst¨¢culo en su camino. Todo aquello que no estuviese hecho de hormig¨®n armado o acero colapsaba bajo la fuerza de la horda, dejando solo devastaci¨®n a su paso. Mirase a donde mirase, el horizonte reluc¨ªa en un color azulado. Y un simple pu?ado de aquellos monstruos ser¨ªa una sentencia de muerte para sus compa?eros en la Torre Kurtis. ¡®Esto es una locura.¡¯ ¡°?Iniciando supresi¨®n!¡± grit¨® el piloto por la radio. ¡°?Fuego a discreci¨®n!¡± Las armas del helic¨®ptero comenzaron a rugir al un¨ªsono, junto a las del resto de helic¨®pteros de combate que se posicionaban a lo largo del per¨ªmetro. Una lluvia de misiles cay¨® sobre el muro de stingers, mientras los artilleros neutralizaban a aquellos que lograban sobrevivir a las explosiones. El piloto se ve¨ªa obligado a retroceder constantemente, siguiendo al frente de stingers que continuaba avanzando a trav¨¦s de la ofensiva. Algo pas¨® como una exhalaci¨®n por encima del escuadr¨®n de helic¨®pteros, dejando tras de s¨ª una estela de condensaci¨®n. Apenas unos segundos despu¨¦s, el sonido de una explosi¨®n lejana lleg¨® a o¨ªdos del piloto, y una densa y alargada nube de humo negro se materializ¨® en el horizonte. ¡°Aqu¨ª Silvergull, cord¨®n de fuego desplegado en sector 3, volviendo a base. Cambio.¡± dijo una voz en la radio. Despu¨¦s, una segunda aeronave sobrevol¨® la zona. Luego otra. Y otra. Tal y como les hab¨ªan informado, la flota de bombarderos se hab¨ªa puesto manos a la obra para cubrir el acceso por tierra a la Torre Kurtis con un cord¨®n de napalm. Una nueva andanada de misiles cay¨® sobre el muro de stingers. ?Servir¨ªan de algo todos aquellos esfuerzos? Quiz¨¢ podr¨ªan comprar un minuto o dos de tiempo para sus compa?eros. Quiz¨¢ no ser¨ªan m¨¢s que unos segundos. ¡°?Aqu¨ª Hawk-01, la ola ha cubierto casi todo el sector 5, retrocedemos al 12! ?Cambio!¡± Quiz¨¢ era una batalla perdida. Pero daba igual, el futuro de la humanidad estaba sobre la mesa. Enfrentarse a aquel destino no era ninguna locura. Rendirse ante ¨¦l s¨ª lo era. ****** Los brazos de Isaac estaban entumecidos a causa de la constante vibraci¨®n del fusil. A cada segundo que pasaba, la monta?a de cad¨¢veres al fondo de la escalera se multiplicaba en tama?o, y m¨¢s stingers desenfrenados trepaban y se arrastraban sobre los ca¨ªdos, con los ojos puestos en el grupo de soldados. ¡°??C¨®mo co?o es que siguen subiendo!? ?Ah¨ª abajo no hay m¨¢s que fuego y humo!¡± grit¨® Erik. ¡°?D¨¦jate de ch¨¢chara!¡± respondi¨® Isaac. ¡°?C¨¦ntrate!¡± El fuego no funcionar¨ªa esta vez. Muchos de los stingers que emerg¨ªan de las escaleras estaban en llamas, o mostraban serias quemaduras por todo el cuerpo. La pila de cad¨¢veres humeaba, y ten¨ªa pinta de estar a punto de estallar en una bola de fuego. Normalmente, la presencia de humo les instar¨ªa a evacuar el lugar. Sin embargo, la llamada de la reina era formidable, imposible de resistir. Aquellos cabrones solo ten¨ªan ojos para ella. ¡°?Aqu¨ª Isaac!¡± dijo, sujetando su arma con una sola mano mientras se llevaba la otra a la radio. ¡°???D¨®nde cojones est¨¢ la evacuaci¨®n!!?¡± ¡°?Aqu¨ª Lucky-02! ?Hemos encontrado resistencia enemiga en el espacio a¨¦reo de la torre, nos hemos visto obligados a realizar maniobras de evasi¨®n! ?Vamos de camino! ??Les sacaremos de ah¨ª!!¡± ¡®??Resistencia enemiga!? ??Qu¨¦ demonios est¨¢ pasando!?¡¯ La monta?a de cad¨¢veres ya cubr¨ªa la mitad del tramo de escaleras. La horda empujaba los cuerpos sin descanso, acerc¨¢ndose peligrosamente al descansillo. ¡°?No podemos aguantar aqu¨ª mucho m¨¢s! ?Erik!¡± dijo Isaac. ¡°?Est¨¢ listo, capit¨¢n!¡± ¡°?Venga, todo el mundo arriba! ??Vamos, vamos, vamos!!¡± Los soldados echaron a correr escaleras arriba, con los stingers pis¨¢ndoles los talones. ¡°?Ahora!¡± orden¨® Isaac, tan pronto el ¨²ltimo de ellos alcanz¨® la relativa seguridad del descansillo superior. La carga explosiva deton¨®, liberando un ensordecedor estallido que les sacudi¨® los t¨ªmpanos, incluso a trav¨¦s de los protectores auditivos. Sin detenerse a comprobar si el explosivo hab¨ªa sido efectivo, continuaron ascendiendo, hasta tomar posiciones en el descansillo de la siguiente planta. This tale has been unlawfully lifted from Royal Road. If you spot it on Amazon, please report it. ¡°?Preparaos!¡± dijo Isaac, segundos antes de que nuevos grupos de stingers surgiesen de la escalera. ¡°??Fuego!!¡± Las armas rugieron de nuevo, abatiendo a aquellos monstruos por docenas, y creando una nueva pila de cad¨¢veres que, igual que la anterior, avanzaba hacia arriba escal¨®n tras escal¨®n. ¡°?Atenci¨®n, contacto a nuestras nueve! ??Stingers por el pasillo!!¡± dijo uno de los soldados. Isaac oje¨® la puerta de las escaleras y avist¨® un peque?o grupo de stingers que corr¨ªan en su direcci¨®n. ¡®??De d¨®nde vienen!? ?Deben de haber subido por el otro hueco de escaleras! ??Han trepado hasta all¨ª!?¡¯ ¡°?Kenneth, Alan, cubrid el pasillo! ?El resto, mantened el fuego sobre la horda en este flanco!¡± orden¨®. Los soldados se reposicionaron siguiendo sus ¨®rdenes y siguieron luchando. La mente de Isaac se encontraba dividida. Una parte de ¨¦l estaba concentrada exclusivamente en la batalla. En el traqueteo de las armas, en contar los cargadores que le quedaban, en el sonido de los cuerpos cayendo inertes, en los salpicones de sangre que pintaban las paredes, en los escandalosos gritos y gru?idos que parec¨ªan venir de todas las direcciones a un tiempo, en el sudor que le ca¨ªa por la frente. Su otra mitad se hallaba pensativa. Ya hab¨ªa pasado por esto antes. Dicen que, cuando la mente percibe que est¨¢ a punto de morir, la vida entera pasa por delante de los ojos. En su caso, lo ¨²nico que se le pasaba por la cabeza era un recuerdo en concreto. Uno que no quer¨ªa volver a revivir bajo ning¨²n concepto. ###### Hac¨ªa fr¨ªo, y una densa niebla cubr¨ªa la ciudad hasta donde alcanzaba la vista. Con el olor azufrado del gas inhibidor subi¨¦ndole por las fosas nasales, Isaac continu¨® oteando el panorama con los prism¨¢ticos. Entre los edificios se erig¨ªan las ruinas de una f¨¢brica de coches. La mayor parte de la gran extensi¨®n de naves hab¨ªa colapsado, revelando un escenario alien¨ªgena en el interior. Lo que una vez fueron l¨ªneas de producci¨®n estaban ahora cubiertas por alg¨²n tipo de sustancia s¨®lida, de apariencia similar a la cera, formando una jungla de arcos, t¨²neles y c¨²pulas que se ramificaba hacia el exterior del edificio y cubr¨ªa todo el pol¨ªgono industrial. Era como una furiosa y turbulenta corriente de agua embarrada que se hab¨ªa congelado en el tiempo. El nivel de actividad era extremo. Correteando entre los pasillos y recovecos de aquel laberinto, los stingers se contaban por miles, sino decenas de miles. Entre ellos se pod¨ªan distinguir unas pocas, pero enormes criaturas. Los pretorianos, del tama?o de un elefante africano adulto, patrullaban los pasillos m¨¢s grandes de la colmena, convergiendo por turnos en el n¨²cleo para luego volver a alejarse hasta los per¨ªmetros exteriores. Hab¨ªa al menos uno de ellos en el coraz¨®n de la estructura en todo momento, vigilando a una entidad muy especial. Casi todo el tejado se hab¨ªa derrumbado, dejando expuesta a simple vista a la cabeza de la jerarqu¨ªa de la colmena. No pod¨ªa verla bien a trav¨¦s de la niebla, pero Isaac sab¨ªa qu¨¦ era lo que estaba viendo. Brazos alargados de apariencia fr¨¢gil, un cuerpo casi esquel¨¦tico en comparaci¨®n con el resto de stingers, y con dos protuberancias articuladas que sobresal¨ªan de su cabeza. ¡®Ah¨ª est¨¢¡­ La reina.¡¯ ¡°Nelson, informe de situaci¨®n.¡± dijo. ¡°Casi todos los equipos est¨¢n en posici¨®n, capit¨¢n.¡± respondi¨® una voz a su izquierda. ¡°Tenemos contacto visual con el objetivo desde m¨²ltiples flancos. Seguimos esperando la confirmaci¨®n de Delta.¡± ¡°Bien¡­¡± dijo, con tono apagado. Nelson hizo una breve pausa. ¡°?Todo bien, capit¨¢n?¡± ¡°S¨ª, c¨¦ntrese en la misi¨®n.¡± ¡°S¨ª, se?or.¡± No estaba bien. Aquella misi¨®n no pod¨ªa implicar nada bueno, y era probable que todos sus hombres fuesen conscientes de ello. ?Eliminar a la reina y observar la reacci¨®n de la colmena? ?En serio? ?En qu¨¦ demonios estaban pensando? Hab¨ªa sido una operaci¨®n larga y exhaustiva, con infinidad de recursos a su disposici¨®n. Los de arriba estaban deseosos de conocer mejor al enemigo, de saber a qu¨¦ se estaban enfrentando; y era evidente que los resultados eran lo ¨²nico que les importaba. Todo lo dem¨¢s era un pu?ado de herramientas. Vidas humanas incluidas. El trayecto a trav¨¦s de la urbe hab¨ªa sido lento, tedioso, y peligroso. A¨²n as¨ª, a pesar de todo lo que hab¨ªan puesto en juego para llegar hasta all¨ª, le aterrorizaba el momento de dar la orden. Ojal¨¢ no llegase nunca. ¡°Aqu¨ª Delta, estamos en posici¨®n y tenemos visual del objetivo. Cambio.¡± dijo una voz por la radio. ¡°Todos los tiradores est¨¢n listos, capit¨¢n.¡± dijo Nelson. ¡°?Sus ¨®rdenes?¡± Isaac apart¨® la vista de los prism¨¢ticos, y dej¨® que su mirada se perdiese en la nublada b¨®veda celeste por unos largos segundos. ¡°?Capit¨¢n?¡± ¡°¡­aqu¨ª el Capit¨¢n Isaac...¡± dijo, antes de devolver su atenci¨®n a los prism¨¢ticos. ¡°A todos los tiradores, prep¨¢rense para disparar. En tres¡­ dos¡­ uno¡­¡± ¡®Que Dios nos coja confesados.¡¯ ¡°?Fuego!¡± *?Bang!* ¡­ Nelson Brown. Aiden Lee. Carter Tremblay. Addison Clark. Samuel Stewart. James Mitchell¡­ Maldito sea el momento en que decidi¨® acatar las ¨®rdenes. El peso de aquella lista se lo recordar¨ªa por el resto de sus d¨ªas. ?Cu¨¢ntos? ?Cu¨¢ntos m¨¢s tendr¨ªa que a?adir? ###### ¡®Ni uno m¨¢s. Y una mierda voy a permitir que mis hombres mueran aqu¨ª. Otra vez no.¡¯ ¡°?Capit¨¢n, est¨¢n ganando terreno otra vez!¡± dijo uno de los soldados. ¡°??Erik!?¡± ¡°?Cargas preparadas, capit¨¢n!¡± ¡°?Venga, arriba! ??Vamos, deprisa!!¡± Repitieron el proceso una vez m¨¢s. La descarga retumb¨® por todo el hueco de la escalera e hizo reventar los ventanales cercanos, mientras el pelot¨®n se apresuraba en su ascenso hasta la siguiente planta. ¡°?No quedan m¨¢s explosivos, capit¨¢n!¡± exclam¨® Erik. ¡°??Tendremos que contenerles con la munici¨®n que nos queda!! ??Tomad posiciones y preparaos para¡ª!!¡± Un nuevo estallido hizo temblar las paredes, y una nube de polvo se propag¨® desde lo alto de las escaleras, haciendo que Isaac y compa?¨ªa se detuviesen a medio ascenso. Una lluvia de escombros y gravilla se derram¨® por los escalones, mientras algo grande y corpulento se mov¨ªa entre el polvo. ¡°???Cuidado!!!¡± ¡°?Contacto al frente! ???Qu¨¦ co?o es!!?¡± Isaac se petrific¨® por un instante. Sus instintos de supervivencia entraron en acci¨®n y tomaron el relevo en cuanto aquella silueta dio un paso al frente. ¡°??T-Todo el mundo a un lado!! ???A cubierto!!!¡± El pelot¨®n se peg¨® a las paredes, segundos antes de que la mole cargase escaleras abajo, estrell¨¢ndose contra el descansillo y agrietando el suelo en el proceso. La imagen del pretoriano irgui¨¦ndose sobre sus patas traseras hasta casi rozar el techo con la cabeza hizo que todas las terminaciones nerviosas de Isaac enviasen se?ales de peligro. La horda de stingers alcanz¨® la posici¨®n del pretoriano y comenz¨® a forcejear contra su imponente cuerpo, que bloqueaba el camino. Uno de ellos se escurri¨® entre las piernas del monstruo, y aull¨® mientras sub¨ªa a saltos hacia los desconcertados soldados. La enorme garra del pretoriano se hundi¨® en la espalda del stinger. La criatura entr¨® en c¨®lera y, entre estridentes rugidos, carg¨® contra la multitud que se apelotonaba a su alrededor. ¡®??Q-Qu¨¦ demonios!?¡¯ Isaac mir¨® al resto de sus hombres. Algunos ten¨ªan la mirada clavada en ¨¦l. Otros no pod¨ªan apartar la vista de la enloquecida criatura. Necesitaban ¨®rdenes. ¨®rdenes que no los llevasen a la ruina. ¡°??Nos vamos!!¡± ¡°??C-Capit¨¢n!?¡± Las paredes, el suelo, y el techo de las escaleras se cubr¨ªan a velocidad vertiginosa con sangre y entra?as. Con un demoledor impacto, el pretoriano abri¨® un agujero en la fachada exterior, expulsando a una docena de stingers al vac¨ªo. Sin parar de rugir, se precipit¨® escaleras abajo, arrastrando a la horda con ¨¦l. ¡°??Esa cosa los entretendr¨¢!! ??Reunamos al resto y dirij¨¢monos a la azotea!! ??Deprisa!!¡± ¡®?Tan solo espero que nos compre el tiempo suficiente! ?Lo suficiente como para reagruparnos y asegurar la azotea! ?Vamos, Lucky¡­! ??D¨®nde pu?etas est¨¢is!?¡¯ CAPíTULO 55 – PUGNA Sus papilas gustativas se ahogaban en el sabor de la sangre. ?Era suya? ?Era de su oponente? ?Importaba? No. Encajar otro golpe m¨¢s era lo ¨²nico que importaba. William expuls¨® un escupitajo de saliva y sangre al suelo, y lanz¨® el pu?o derecho hacia la cara de Jacobs. Este logr¨® cubrirse, pero el impacto fue lo bastante fuerte como para hacerle tambalear. Otra vez, ahora con la izquierda. Jacobs reaccion¨® antes, y su pu?etazo sacudi¨® la cabeza de William de arriba abajo. No pod¨ªa frenarse. Si se frenaba, sent¨ªa que podr¨ªa desplomarse en cualquier momento. Se agarraron el uno al otro, y la rodilla de Jacobs se hundi¨® en su est¨®mago, y su pu?o impact¨® contra el ment¨®n de Jacobs, y chocaron contra los muebles de la oficina, y trataron de estrangularse mutuamente; como animales, enzarzados en una refriega salvaje, golpe tras golpe. Un nuevo temblor recorri¨® la torre, m¨¢s intenso que los anteriores, haci¨¦ndoles dar un traspi¨¦ y perder el equilibrio. Cada uno rod¨® en una direcci¨®n diferente, interrumpiendo la pelea por un momento. A¨²n en el suelo, William tuvo una sensaci¨®n extra?a. ?Era una leve inclinaci¨®n, o estaba su mente jug¨¢ndole una mala pasada? Algunos peque?os objetos se deslizaron por las mesas y cayeron al suelo por toda la oficina. No era su imaginaci¨®n. El edificio se estaba ladeando. ¡°Me encanta, joder¡­¡± farfull¨® Jacobs, a unos metros de distancia, apoy¨¢ndose en una silla para volver a ponerse de pie. No pod¨ªa quedarse en el suelo. No pod¨ªa darle ni la m¨¢s m¨ªnima ventaja a aquel hijo de puta. William se puso de pie de un salto y observ¨® a su oponente. ¡°?Los oyes gritar all¨¢ abajo, t¨ªo? ?Sientes c¨®mo todo se desmorona? ?Sientes el sudor de tu frente, tus huesos doloridos? ?El sabor de la sangre en tu boca? ?Pura adrenalina! ?Sin ley, sin orden, sin ninguna soplapollez por el estilo!¡± a medida que hablaba, una sonrisa enfermiza se dibujaba en su rostro. ¡°Echaba de menos esta mierda.¡± ?De repente, le hab¨ªa dado por ponerse a dialogar? William continu¨® observando, y esperando. A pesar de su parloteo, Jacobs no estaba distra¨ªdo en absoluto. Manten¨ªa la postura, y sus ojos estaban clavados en William, y en cada movimiento que hac¨ªa. Casi se podr¨ªa decir que su mon¨®logo era hasta eficaz, pues le pon¨ªa de los nervios. ¡°?Te vas a quedar calladito?¡± a?adi¨®. ¡°Al menos cre¨ªa que ladrar¨ªas un poco m¡ª¡± ¡°Vete a tomar por culo. Est¨¢s loco.¡± ni las palabras ni el tono de William eran capaces de expresar el rencor que sent¨ªa hacia aquel hombre. ¡°?Loco? ??Loco!? ?Pues claro que lo estoy, joder!¡± se le escap¨® una risita. ¡®Cierra la puta boca.¡¯ ¡°?Sabes, William¡­? Has sido un jodido grano en el culo desde que te cruzaste en mi camino. No tienes ni idea de la mala hostia que te tengo.¡± ¡®?Por qu¨¦ no te callas¡­? ?No quiero o¨ªrte!¡¯ ¡°Y ahora que te tengo delante, voy a¡ª¡± Otro temblor. Libros, carpetas, y otros objetos cayeron de las estanter¨ªas y las mesas, y Jacobs se tambale¨® de nuevo. William se zambull¨® contra ¨¦l sin pensarlo dos veces. Entrelazados entre violentos agarres, continuaron dando trompicones y chocando contra los muebles de la habitaci¨®n, intercambiando golpe tras golpe. Jadeaban, gru?¨ªan, gritaban. ?Por qu¨¦ parec¨ªa que Jacobs lo estaba disfrutando? ¡°?Vamos¡­! ??Vamos¡­!!¡± gritaba, antes de recibir un pu?etazo en la mand¨ªbula y devolv¨¦rselo a William en la cara. ¡°??Sigue¡­!! ??No tienes nada m¨¢s!?¡± Una potente patada en el pecho de William lo hizo salir volando hacia atr¨¢s, por encima de unas mesas, hasta caer al suelo en el otro lado. Con la cabeza dando vueltas, vio luz a unos pasos de su cara. Hab¨ªa ca¨ªdo muy cerca del muro que daba al exterior, el cual se hab¨ªa desplomado por completo. Una columna de humo y ceniza ascend¨ªa hacia las alturas, tras la cual se intu¨ªa el panorama de la ciudad. Jacobs se acerc¨® apresuradamente a su posici¨®n y, antes de que pudiese levantarse, le propin¨® otra patada en el est¨®mago. William perdi¨® la respiraci¨®n por un instante. ¡°Joder, m¨ªrate. ?Sabes¡­? Ya me he cansado¡­¡± Jacobs se encaram¨® sobre ¨¦l y sac¨® un peque?o cuchillo de bolsillo. ¡°Y pensar que t¨² me diste problemas¡­ Cabronazo, no tiene gracia si no te vas a defender.¡± ¡°?No¡­ tiene¡­ gracia¡­?¡± mascull¨® William. ¡°??Esto es¡­ un puto juego¡­ para ti¡­!?¡± ¡°?Pues claro!¡± dijo, alzando el cuchillo y dej¨¢ndolo caer sobre la cara de William. Con todas las fuerzas que pod¨ªa reunir, este agarr¨® los brazos de Jacobs y se resisti¨®. ¡°Mira, ya me da igual vivir, o morir. Me importa una mierda. Pero pase lo que pase, ser¨¢ bajo mis propias reglas. ?Luchar por un futuro? ?Salvar al mundo? ?Proteger a los dem¨¢s? ?Tienes que estar de co?a¡­! ??A qui¨¦n le importa una mierda nada de eso!?¡± ¡®?Qu¨¦ sabr¨¢s t¨²? T¨² eres el ¨²ltimo a quien quiero o¨ªr hablar as¨ª. ??Qu¨¦ sabes t¨² sobre proteger a nadie!? Puto psic¨®pata, ??acaso tienes idea de lo que significa tener algo por lo que luchar!?¡¯ Sobre la hoja del cuchillo, apenas a unos cent¨ªmetros de su cara, se reflejaban las cenizas incandescentes del exterior, brind¨¢ndole un resplandor carmes¨ª. Mientras esta se acercaba mil¨ªmetro a mil¨ªmetro, la sonrisa de Jacobs se agrandaba m¨¢s y m¨¢s, como si estuviese gozando de cada segundo. ¡®?Por tu culpa¡­! ??Por tu puta culpa¡­!!¡¯ No lo iba a permitir. No iba a darle ese placer. No a ¨¦l. Con cada vistazo al trastornado brillo de sus ojos, recordaba aquel fat¨ªdico momento. Recordaba aquellas ¨²ltimas palabras. [Vas a sobrevivir, ?verdad? ?Vas a seguir adelante!] ?Aquel hijo de puta se re¨ªa? ?Se lo estaba pasando bien? William hab¨ªa tenido suficiente. Con su mano derecha, se palp¨® a toda prisa los bolsillos, dejando solo la izquierda para contener a su enemigo. El cuchillo casi rozaba su piel, justo entre los ojos. ?Ten¨ªa alg¨²n arma? Un mechero. Un tel¨¦fono m¨®vil. Basura. ?No hab¨ªa nada? Busc¨® en otro bolsillo en su chaqueta y not¨® algo duro y circular. El espejo de bolsillo. Lo extrajo, y lo estrell¨® contra el suelo a su lado, liberando multitud de esquirlas de cristal. Agarr¨® una de ellas con fuerza, y el calor de la sangre corri¨® por sus dedos. Apunt¨® directamente al cuello de Jacobs. If you encounter this tale on Amazon, note that it''s taken without the author''s consent. Report it. ¡®??Vete al infierno, cabr¨®n!!¡¯ El fragmento de espejo se hundi¨® en la carne, haciendo que Jacobs dejase escapar un aullido. Con expresi¨®n at¨®nita, dej¨® de ejercer fuerza con el cuchillo, y se llev¨® una mano al cuello, palpando la esquirla en incredulidad. William aprovech¨® la oportunidad y se lo quit¨® de encima de una patada. ¡°Joder¡­ ?En serio?¡± dijo Jacobs, entre risitas, sujet¨¢ndose la herida. William se puso en pie. Su oponente estaba ahora sentado en el suelo, con el ardiente abismo a sus espaldas, y la sangre ca¨ªa a chorros desde su cuello. ¡°?Y bien¡­? ?Qu¨¦ vas a hacer ahora, eh¡­? ?Vas a echarle huevos, h¨¦roe¡­? ??Eh¡­!? ??Tienes pelotas para acabar lo que has¡ª!?¡± ¡°S¨ª.¡± La patada, potente y decisiva, directamente en el pecho, lanz¨® a Jacobs hacia atr¨¢s, de cabeza a la columna de humo que ascend¨ªa desde el vac¨ªo. Tan solo hab¨ªa sido un segundo, y aquel hombre se hab¨ªa ido. Ni siquiera le hab¨ªa o¨ªdo gritar. Ni siquiera hab¨ªa podido verle la cara mientras ca¨ªa. ¡®Amanda¡­¡¯ ?Habr¨ªa ella aprobado aquel acto de venganza? En absoluto. Por primera, y quiz¨¢ ¨²ltima vez en la vida, le hab¨ªa llevado la contraria. Ya tendr¨ªa tiempo de pedirle disculpas. ¡®Lo siento, cari?o¡­ Creo que vas a tener que esperar por m¨ª un poco m¨¢s.¡¯ ****** El aire quemaba. Cuanto m¨¢s se acercaba al suelo, m¨¢s quemaba, calcinaba su ropa, le arrancaba la piel. Pero no sent¨ªa dolor. Tan solo sent¨ªa vac¨ªo. Era la ¨²ltima espinilla clavada que le quedaba por arrancar, y tendr¨ªa que morir con ella encima. ¡®Ser¨¢ cabronazo.¡¯ ?Estaba muy lejos la acera? Pod¨ªa ver casi toda la torre, cubriendo los cielos. Se ve¨ªa demasiado grande. ?Por qu¨¦? ¡®Ah, claro¡­ Est¨¢ inclinada. El incendio est¨¢ haciendo da?o. Me lo he currado, ?eh?¡¯ Un fuerte brillo azul reluc¨ªa a trav¨¦s del humo y la conflagraci¨®n. Los caminantes, seguramente. Numerosas columnas de ellos se aferraban a los laterales de la torre, trepando unos por encima de otros, envueltos en llamas. ?Hasta d¨®nde llegaban? ?La mitad? ?Un tercio? ¡®?Sabes qu¨¦¡­? Estoy satisfecho. Joder, ?qu¨¦ m¨¢s puedo pedir? Estos t¨ªos est¨¢n jodidos. ?Est¨¢is jodidos! ??Me o¨ªs!? ?A tomar por culo todo! ?William, la puta mocosa esa, los perros del Ej¨¦rcito, vuestra justicia de mierda, todo! ??Me encanta, joder!! ??Os saludar¨¦ en el infierno, hijos de puta!! ??Y os prometo que¡ª!!¡¯ ****** ¡°??Aqu¨ª hay alguien!!¡± William oy¨® una serie de pasos acalorados a su espalda, seguidos de una voz. Se gir¨® hacia la puerta de la oficina, y vio un soldado en el umbral. ¡°??Qu¨¦ hace aqu¨ª abajo!? ?Tenemos que subir, venga!¡± dijo. Como saliendo de un trance, William sacudi¨® la cabeza y asinti¨®. Quedarse quieto ensimismado en sus pensamientos en aquel momento no era la mejor de las ideas. Se aproxim¨® al soldado, pero este ten¨ªa la mirada clavada en el agujero de la pared que daba al exterior. Sus ojos se entrecerraban, intentando adivinar algo a trav¨¦s del muro de humo. ¡°?C-Capit¨¢n¡­!¡± grit¨®. M¨¢s pasos se acercaron por el pasillo, y un peque?o grupo de soldados se aglomeraron alrededor de la puerta. ¡°??Alan!? ??Qu¨¦ ocurre!?¡± William reconoci¨® al Capit¨¢n Isaac entre los soldados. ¡°??Qu¨¦ hace un civil aqu¨ª!? ?Deprisa, no hay tiempo que¡ª!¡± ¡°?Capit¨¢n, all¨ª! ??No es eso¡­!?¡± El soldado se?al¨® al agujero. ?Qu¨¦ era lo que se?alaba? A trav¨¦s de la columna de humo del exterior no se ve¨ªa m¨¢s que la extensi¨®n de la ciudad. El cielo sobre ella estaba despejado, no hab¨ªa ni una sola nube a la vista. William agudiz¨® m¨¢s la vista. No, no estaba completamente despejado. Hab¨ªa algo, un inusual punto oscuro. No hab¨ªa ca¨ªdo en la cuenta antes, pero el ambiente estaba repleto de ruido de fondo. Los gritos de la multitud de caminantes all¨¢ abajo, los disparos de los soldados, y el crepitar de las llamas, pero hab¨ªa algo m¨¢s. ?Explosiones en la distancia? Quiz¨¢. Y, ?qu¨¦ era aquel desagradable zumbido? Se volv¨ªa m¨¢s fuerte con el tiempo: se acercaba. ¡°??Un helic¨®ptero!!¡± los soldados llegaron a la conclusi¨®n antes que ¨¦l. ¡®??El rescate!?¡¯ ¡°?Aqu¨ª Alpha!¡± Isaac cogi¨® la radio. ¡°?Lucky-02, tenemos contacto visual con vosotros! ??Estamos de camino a la azotea, daos prisa!!¡± El capit¨¢n recibi¨® una respuesta por la radio, y su expresi¨®n r¨¢pidamente se retorci¨® en desconcierto. ¡°??Qu¨¦¡­!? ??Qu¨¦ significa eso¡­!? ??C¨®mo que a¨²n no os hab¨¦is podido acercar a la torre¡­!? Entonces, ?qui¨¦n¡­?¡± Una secuencia de devastadores estallidos agitaron los t¨ªmpanos de William, seguidos de un nuevo temblor. No hubo previo aviso. Como si de un terremoto se tratase, polvo y grava se desprendi¨® de las temblorosas paredes, el falso techo se cay¨® a pedazos, y todos los cristales de la zona reventaron. Los soldados se echaron inmediatamente al suelo. El que ten¨ªa m¨¢s cerca lo sujet¨® y lo derrib¨® tambi¨¦n. ¡°???Qu¨¦ co?o est¨¢ pasando!!?¡± ¡°??Una explosi¨®n!?¡± ¡°??Joder, el puto edificio se va a venir abajo!!¡± ¡®?Maldita sea¡­! ??Ahora qu¨¦!?¡¯ ****** En apenas un instante, el soldado cay¨® como un fardo, con el cuello roto. Una distracci¨®n era todo lo que hab¨ªa hecho falta para que perdiese la concentraci¨®n en la batalla. Aficionados hasta el final. PT-01 se puso en guardia y respondi¨® al inminente agarre del Coronel Rowan. El ataque de misiles no le hab¨ªa inmutado en absoluto. A pesar de ser el ¨²ltimo hombre en pie, no mostraba signos de fatiga o indecisi¨®n. Con movimientos precisos y calculados, inici¨® una fren¨¦tica coreograf¨ªa de golpes, bloqueos y agarres con PT-01. Iba espec¨ªficamente a por los puntos m¨¢s vulnerables del cuerpo. El cuello, el est¨®mago, la entrepierna, las rodillas. Quien cometiese el primer error ser¨ªa el primero en caer. Y no volver¨ªa a levantarse. El sonido de las h¨¦lices del helic¨®ptero se acercaba m¨¢s y m¨¢s, y en cuesti¨®n de un minuto, la oscura figura se alz¨® en el cielo, por encima de la azotea de la Torre Kurtis. PT-01 y Rowan se patearon mutuamente y se separaron por un momento, con la mirada puesta en el veh¨ªculo. Los misiles hab¨ªan sido la innecesaria confirmaci¨®n de algo que ya sab¨ªa. Desde el momento en que Nyx hab¨ªa sido expuesta, PT-01 sab¨ªa con total certeza que ZEUS iniciar¨ªa el protocolo de limpieza. No se arriesgar¨ªan a que la reina acabase en manos de los militares y que ello resultase en una cura. Har¨ªan borr¨®n y cuenta nueva, esperar¨ªan a una nueva oportunidad. ?Recogerle a ¨¦l? Otro riesgo que de ninguna manera estar¨ªan dispuestos a tomar. Para eso estaba la limpieza: para deshacerse de toda la basura que hab¨ªan dejado atr¨¢s. Prometheus hab¨ªa seguido ¨®rdenes como un pu?ado de perritos falderos, pero ZEUS no cumplir¨ªa su parte del trato. Y eso le tocaba las narices. Cogi¨® la radio. ¡°?Satisfechos, Hades?¡± ¡°No es personal, Prometheus, y lo sabes.¡± respondi¨® una voz al otro lado. PT-01 manten¨ªa la mirada fija en la oscura cabina del helic¨®ptero. Intu¨ªa que el piloto le devolv¨ªa la mirada. ¡°Solo hacemos nuestro trabajo, como hemos hecho siempre. Mala suerte, compa?ero.¡± ¡°Conspiraci¨®n, terrorismo biol¨®gico, sin garant¨ªas, con la traici¨®n a la vuelta de la esquina¡­¡± dijo Rowan. ¡°?Qu¨¦ co?o hace un zorro viejo como t¨² metido en semejante pozo de mierda?¡± El coronel, sin abandonar su firme posici¨®n de combate, le observaba con ojos inquisitivos. ¡°Ah¨®rrese las palabras. Estoy demasiado podrido como para apreciarlas.¡± ¡®M¨¢s importante a¨²n¡­ ?Hades¡­!¡¯ Sin mediar palabra, PT-01 se zambull¨® tras la maquinaria de la azotea y rod¨® hasta ponerse a cubierto. Un instante despu¨¦s, el helic¨®ptero de Hades escupi¨® una andanada de fuego de ametralladora sobre sus posiciones. Esquirlas de metal, grava, y polvo saltaron por todas partes, pasando a cent¨ªmetros de su cuerpo. El helic¨®ptero se movi¨® lateralmente; lo sab¨ªa por la direcci¨®n de la que proven¨ªa el rugir de las h¨¦lices. Era poco probable que sobreviviese a una segunda andanada. Necesitaba un momento de distracci¨®n, y lo necesitaba ya. Oy¨® una nueva tanda de disparos, pero no impactaban contra la azotea. ¡®?¡­?¡¯ Se incorpor¨® y ech¨® un vistazo r¨¢pido. ¡®Ah¨ª est¨¢. ?La oportunidad que necesito!¡¯ Un segundo helic¨®ptero se acercaba a la torre y hab¨ªa abierto fuego contra Hades. Vio caer al vac¨ªo a uno de sus artilleros, mientras trataban de usar el edificio como cobertura. No sab¨ªa a d¨®nde hab¨ªa ido a parar Rowan, no le ve¨ªa. Segu¨ªa vivo, eso seguro. Daba igual. El camino hacia el hueco de las escaleras estaba despejado. Sin pensarlo dos veces, PT-01 ech¨® a correr. Su trabajo a¨²n no hab¨ªa terminado. Ten¨ªa una ¨²ltima cuenta que saldar. CAPíTULO 56 – GUERREROS Con pasos apresurados pero tranquilos, PT-01 atraves¨® el pasillo entre cub¨ªculos y se acerc¨® a las taquillas en la pared del fondo. En el exterior, el combate a¨¦reo entre los dos helic¨®pteros continuaba sin tregua. El fragor de las h¨¦lices daba repetidas vueltas alrededor de la torre, y se mov¨ªa arriba y abajo por diferentes flancos, acompa?ado del fuego de las ametralladoras. Ocasionalmente, los proyectiles pasaban cerca de la oficina donde se encontraba, incluso llegando a hacer estallar algunos de los ventanales. Nada de ello le impidi¨® mantener la calma. Abri¨® una de las taquillas y extrajo una voluminosa maleta de su interior. Se agazap¨® entre los cub¨ªculos para estar lo m¨¢s a cubierto posible, y procedi¨® a extraer sus contenidos. Los militares se hab¨ªan metido en un buen foll¨®n, aquello se les quedaba grande desde un principio. Cualquier ¨¢pice de orden y seguridad se hab¨ªa desmoronado, lo cual resultaba muy conveniente. Nadie iba a permitirse el lujo de investigar aquel lugar e interrumpirle. Coloc¨® cuidadosamente los componentes del rifle en el suelo, y comenz¨® el proceso de ensamblaje. ¡®?Sabes, Nyx¡­? Deber¨ªa darte las gracias. Al menos, el soplo sobre la Torre Kurtis ha servido de algo.¡¯ ?A qui¨¦n quer¨ªan enga?ar? ZEUS ten¨ªa poder, recursos y contactos por todas partes, pero no dejaban de ser un pu?ado de gilipollas. Nyx era la ¨²ltima bala en su cargador, una bala que sab¨ªan que no alcanzar¨ªa su objetivo. No con el Dr. Marcus y el Coronel Rowan trabajando en su contra. ¡®Me pregunto hace cu¨¢nto tiempo decidieron realmente preparar a Hades para la limpieza. Bah, da igual¡­¡¯ Lo hab¨ªa preparado todo. Hab¨ªa aprovechado la informaci¨®n de Nyx para infiltrarse en la torre y preparar el arma antes de que los militares llegasen a la zona. Hab¨ªa seguido sus ¨®rdenes hasta el final, sembrando el caos, iniciando la Convergencia. Todo para que ZEUS continuase con la limpieza seg¨²n lo planeado, todo para que Hades hiciese acto de presencia. Todo para ajustar cuentas con aquellos cabrones. ¡®Hades¡­¡¯ ?Cu¨¢nto tiempo hab¨ªan pasado trabajando juntos? Sol¨ªan ser m¨¢s, los integrantes del grupo ca¨ªan como moscas, y todos sab¨ªan que les podr¨ªa llegar la hora en cualquier momento. Sab¨ªan en lo que se met¨ªan. Ares, Persephone, Hephaestus¡­ Y ahora, Prometheus colgaba de un hilo. Una manada de sucios perros moribundos, que Hades se dispon¨ªa a rematar por su propia conveniencia. ¡®Y una mierda.¡¯ El rifle estaba listo. Un Barrett M82 modificado, aquella bestia era capaz de perforar un pretoriano puro de lado a lado. Servir¨ªa. PT-01 se acerc¨® agachado a la pared exterior. La batalla que ten¨ªa lugar en el exterior hab¨ªa dejado un agujero debajo de una de las ventanas. Manteniendo una postura baja, emplaz¨® el rifle en la abertura, y esper¨®. El helic¨®ptero de los militares pas¨® como una exhalaci¨®n por delante de la torre. Una estela de humo brotaba del rotor trasero; hab¨ªan recibido da?os. Mantuvo la mirada fija en el panorama. Un par de segundos m¨¢s tarde, all¨ª estaba, el helic¨®ptero de Hades, sobrevolando la zona a unos metros por debajo de su posici¨®n. Un blanco en movimiento, fuertes vientos en las alturas, interferencias debido a la rotaci¨®n de las h¨¦lices¡­ No era un tiro f¨¢cil. Pero quiz¨¢ no volviese a tener otra oportunidad. Tom¨® aire, contuvo la respiraci¨®n, y hundi¨® todos sus sentidos en la mira del rifle. ¡­ *??Bang!!* No pod¨ªa ver al piloto a trav¨¦s del oscuro cristal para confirmar la baja, pero el repentino cambio de direcci¨®n de la aeronave fue toda la confirmaci¨®n que necesit¨®. El veh¨ªculo se desestabiliz¨® y comenz¨® a girar en c¨ªrculos, descendiendo a gran velocidad hacia el suelo. Antes de que alcanzase las azoteas de los edificios circundantes, pareci¨® estabilizarse. ?Hab¨ªa el copiloto recuperado el control? PT-01 se prepar¨® para realizar un segundo tiro. Era poco probable que Hades hubiese sido capaz de ubicar su posici¨®n exacta. Centr¨® la mira en la cabina del helic¨®ptero, cuando una r¨¢faga de balas cay¨® sobre el veh¨ªculo. Dej¨® a un lado la mira del rifle, y pudo ver con todo lujo de detalles c¨®mo el helic¨®ptero militar aprovechaba aquella oportunidad, acribillando al enemigo con todo lo que ten¨ªan a su disposici¨®n. Envueltos en humo e indicios de llamas, Hades se precipit¨® hacia el vac¨ªo. PT-01 se refugi¨® en el interior de la oficina, cerr¨® los ojos, y escuch¨® con calma el estruendo. Suspir¨®. ¡®Hasta aqu¨ª, pues.¡¯ En cierto modo, se pregunt¨® qu¨¦ era lo que lo hab¨ªa impulsado a tomar aquella decisi¨®n. ?Honor? ?A aquellas alturas? ?Rencor, quiz¨¢? Ni lo ten¨ªa claro, ni le importaba un bledo. El ajuste de cuentas hab¨ªa concluido. Se sent¨® contra la pared y esper¨®. Esper¨® a nada en particular. Simplemente esper¨®. ¡®Perro viejo y sarnoso hasta el final, ?eh? Quiz¨¢ ya vaya siendo hora de que los perros viejos dejen de mearse en el camino que otros tienen que transitar. Yo he terminado aqu¨ª. Ahora buscaos la vida.¡¯ Estaba cansado. ****** ¡°?Aqu¨ª Hawk-01! ?Estamos secos, repito, estamos secos! ??Regresamos a base!! ?Cambio!¡± ¡°?Aqu¨ª Sparrow-03! ?El sector 17 est¨¢ perdido!¡± ¡°Aqu¨ª Central. A todas las unidades, ?mantengan la l¨ªnea!¡± ?Mantener la l¨ªnea? ?C¨®mo? La ola avanzaba demasiado r¨¢pido. La Torre Kurtis ya estaba a la vista. Y con todas las unidades agotando su munici¨®n una tras otra, la resistencia que pod¨ªan ofrecer era m¨ªnima. El piloto puso el helic¨®ptero en rumbo hacia las celdas exteriores. No les quedaba nada que exprimir, y el combustible bajaba a un ritmo peligroso. Ten¨ªan que salir de all¨ª. Otros miembros del escuadr¨®n se unieron a ¨¦l. Cuanto m¨¢s se alejaban del epicentro de la Convergencia, m¨¢s densa parec¨ªa la ola. Ni siquiera pod¨ªan ver el asfalto de las carreteras all¨¢ abajo, y la bioluminiscencia azul era casi deslumbrante. This book is hosted on another platform. Read the official version and support the author''s work. ¡®Santo cielo¡­ ??De d¨®nde co?o salen!? ??Tantos hay!?¡¯ Pasaron varios largos segundos. Le pitaban los o¨ªdos, y el coraz¨®n le iba a mil. ¡°Aqu¨ª Sparrow-07. Detectamos actividad inusual ah¨ª abajo.¡± dijo alguien en la radio. El piloto mir¨® al frente. Algunos miembros de los otros escuadrones se les hab¨ªan adelantado y lideraban la formaci¨®n. Sparrow-07 era uno de ellos. ¡°Aqu¨ª Hawk-04. ?Os refer¨ªs a los patrones de luz¡­?¡± ¡°Afirmativo, Hawk.¡± Mir¨® hacia abajo. Esparcidos por la ola, hab¨ªa puntos cuyo brillo destacaba por encima del resto, y parpadeaban fren¨¦ticamente. ¡°Aqu¨ª Sparrow-07. Central, estamos presenciando un fen¨®meno desconocido. Solicitamos¡ª¡± El piloto detect¨® movimiento. Era r¨¢pido, excesivamente r¨¢pido. Algo surgi¨® del suelo y se lanz¨® en direcci¨®n al helic¨®ptero Sparrow-07, chocando contra ¨¦l con una fuerza demoledora. Volvi¨® a ocurrir; esta vez en direcci¨®n a otro de los helic¨®pteros. Algo brillante se aferraba a ellos. Brillante, voluminoso, y con alas similares a las de una cucaracha. ¡®?C-Cristo bendito¡­! ???Guerreros¡­!!?¡¯ ¡°??A-Aqu¨ª Sparrow-07!! ??Hostias¡­!! ??Nos atacan!! ??C-Casta guerrera!! ???Salen de la ola!!!¡± ¡°??Aqu¨ª Hawk-12!! ???E-Est¨¢ dentro¡­!!! ???Lo tenemos dentro!!! ???Solicitamos¡ªAaaaarghhhh¡ª!!!¡± Vio como uno de los helic¨®pteros se sacud¨ªa con violencia bajo el salvaje ataque del stinger guerrero y perd¨ªa altitud, hasta estrellarse contra los edificios. ¡°?Aqu¨ª Central! ??Qu¨¦ est¨¢ ocurriendo!? ?Sparrow! ??Nos reciben!? ??Hawk!?¡± ¡°?Aqu¨ª Hawk-01! ?La casta guerrera est¨¢ en la zona! ??Se est¨¢n ocultando entre la ola principal de Convergencia!!¡± ¡°?Recibido, Hawk! ?A todas las unidades! ?El enemigo est¨¢ empleando t¨¢cticas sin precedentes! ?Repli¨¦guense al punto de evacuaci¨®n! ?Repito, repli¨¦guense al¡ª!¡± El piloto dej¨® de prestar atenci¨®n a la radio. La ola de Convergencia se hab¨ªa alzado. Al menos, parte de ella. Un manto de luminosidad azul hab¨ªa levantado vuelo, cubriendo los cielos sobre los helic¨®pteros, eclipsando la luz del sol, tapando el horizonte en todas las direcciones. ?Cientos? ?Miles? Daba igual el n¨²mero exacto. Eran m¨¢s que suficientes. El escuadr¨®n no ten¨ªa munici¨®n con la que luchar, pero el resultado final no habr¨ªa sido diferente. El aluvi¨®n de stingers alados cay¨® sobre las indefensas moscas de metal, aferr¨¢ndose a ellas desde todos los flancos. El piloto ni siquiera trat¨® de realizar maniobras de evasi¨®n. Uno de los guerreros se agarr¨® al parabrisas de la cabina, y una de sus zarpas, cuyos dedos parec¨ªan m¨¢s bien cuchillos afilados, penetr¨® sin esfuerzo el cristal reforzado y arranc¨® al copiloto de su asiento. Cerr¨® los ojos, y rez¨® para que fuese r¨¢pido. ¡°??L-Los tenemos encima!! ??Solicitamos refuerzos¡­!!¡± ¡°???Estamos cayendo¡­!!! ??No podemos¡ªAaaagh!!¡± ¡°??P-Perdemos el control¡­!! ???Mayday, mayday¡ª!!!¡± ****** Sent¨ªa dolor. Dolor f¨ªsico, pero tambi¨¦n psicol¨®gico. ?Por qu¨¦ luchaba contra su propia carne, contra su propia sangre? Cada golpe los salpicaba por docenas, pero segu¨ªan viniendo m¨¢s. Ellos trataban de ignorarle, pero no dudaban en responder al encontrar resistencia. Poco a poco, sus dientes consegu¨ªan alcanzarle. Su armadura comenzaba a desprenderse, le faltaban trozos de carne, y los inevitables signos de fatiga entumec¨ªan sus extremidades. La palabra de la reina era absoluta. Si deb¨ªa combatir a su propia sangre, los aplastar¨ªa sin dudar. Si deb¨ªa protegerla, lo har¨ªa mientras tuviese fuerzas para tenerse en pie, mientras le quedase sangre en las venas, mientras sus m¨²sculos siguiesen unidos a los huesos, mientras sus huesos no se quebrasen. Sin embargo, estaba agotado. Confuso. Perdido. Asustado. Los peque?os no comprend¨ªan su confusi¨®n, no pod¨ªan. Ellos solo ten¨ªan o¨ªdos para la llamada primordial, que los sum¨ªa en una c¨®lera sin fin. Estaba agotado. Su sangre goteaba sin descanso, cubr¨ªa el suelo, ensuciaba sus pies. [Descansa.] ?Pod¨ªa? ?Ten¨ªa permiso para descansar? [Hiciste mucho ya. Duerme.] ¡­ Ante la compasiva voz de su benevolente reina, el pretoriano descans¨®. [Gracias, hermanito.] ****** ¡°?Aqu¨ª el Coronel Rowan! ?Lucky-02! ??Siguen en la zona!? ?La torre es segura! ?Repito, la torre es segura! ?Cambio!¡± Claire sujet¨® con fuerza la mano de Lilian mientras observaba la escena desde la base de las escaleras que sub¨ªan al helipuerto. Aquel hombre hab¨ªa reunido a los pocos supervivientes que quedaban dispersos por las plantas superiores, y ahora gritaba cosas por la radio. Su uniforme, antes impoluto y cubierto de condecoraciones, estaba rasgado y mugriento. Los cad¨¢veres decoraban toda la azotea. Solo unos pocos civiles segu¨ªan con vida. Milagrosamente, Stella y el joven Ethan se hab¨ªan salvado, junto a unas pocas caras desconocidas. Casi todos los soldados hab¨ªan muerto. Claire ya no sab¨ªa qu¨¦ pensar. ?Lo conseguir¨ªan? ?Ocurrir¨ªa alg¨²n nuevo inconveniente, cobr¨¢ndose a¨²n m¨¢s vidas? Mir¨® a la ciudad, m¨¢s all¨¢ del l¨ªmite de la azotea. El horizonte brillaba en aquel enfermizo tono azul. No sab¨ªa qu¨¦ significaba, pero el fen¨®meno le encog¨ªa el coraz¨®n, como si por puro instinto comprendiese que se trataba de un terrible augurio. Un ligero tumulto vino desde el hueco de las escaleras, segundos antes de que un grupo de soldados emergiese al exterior. ¡°?Coronel¡­! ?Se encuentra bien!¡± exclam¨® el que lideraba al grupo. ¡°?Capit¨¢n Isaac, me alegro de verle! ?El helic¨®ptero de rescate est¨¢ de camino! ?Que todo el mundo tome posiciones defensivas, tan solo necesitamos unos minutos m¨¢s! ?Bloqueen esa puerta!¡± ¡°?S¨ª se?or!¡± Isaac repar¨® en los cuerpos que decoraban el suelo. ¡°Un momento¡­ ??Qu¨¦ ha pasado aqu¨ª!? ??D¨®nde est¨¢n todos!?¡± comenz¨® a correr de lado a lado, buscando signos de vida. ¡°No, no, no, no¡­ ?Maldita sea, no¡­!¡± ¡°Capit¨¢n...¡± dijo Rowan. ¡°??Por qu¨¦ est¨¢n todos muertos, coronel!?¡± ¡°?Isaac! ??Conc¨¦ntrese, soldado!! ??Quiere salvar las vidas de los que a¨²n resisten, o quiere ponerles en mayor riesgo!?¡± ¡°?Joder¡­! ??Joder¡­!! ??Venga, todo el mundo a trabajar!! ??Subid a los dem¨¢s supervivientes!! ??Vamos, vamos, vamos!!¡± M¨¢s gente sali¨® de las escaleras, la mayor¨ªa militares, aunque tra¨ªan consigo a algunos supervivientes. Los ojos de Claire se abrieron de par en par y se humedecieron tan pronto avist¨® a Nora corriendo en su direcci¨®n. ¡°??N-Nora!!¡± Nora se lanz¨® de cabeza hacia Lilian y la abraz¨®. La chica se acurruc¨® en sus brazos y le pellizc¨® la ropa. ¡°?Lilian! ??Lilian, cielo¡­!!¡± Claire les dio unos segundos de respiro antes de abrir la boca. ¡°??Est¨¢s bien, Nora!?¡± Nora le asinti¨®, con ojos llorosos. Todo su cuerpo temblaba, aunque Claire no estaba segura de si era por la emoci¨®n, o por algo m¨¢s. Una gran marca de un color rojo oscuro decoraba su cuello, y estaba cubierta de sangre. ¡°E-Estoy bien. ?Claire¡­ est¨¢s herida!¡± Nora hab¨ªa reparado en el estado de Claire. El Coronel Rowan le hab¨ªa aplicado primeros auxilios, deteniendo la hemorragia y vendando sus dedos amputados, y entablillando su brazo roto. Dol¨ªa como el infierno, pero el dolor era soportable. ¡°N-No te preocupes por m¨ª, estar¨¦ bien.¡± William surgi¨® de entre los reci¨¦n llegados y se les acerc¨®, tambi¨¦n hecho polvo, lleno de magulladuras. No dijo nada, pero sus ojos parec¨ªan aliviados de verlas con vida. El alivio era mutuo. La torre volvi¨® a sacudirse, y Claire percibi¨® c¨®mo el suelo bajo sus pies se mov¨ªa. La inclinaci¨®n, inicialmente imperceptible, se agravaba por momentos. Un sinf¨ªn de chillidos y rugidos sub¨ªan desde las calles, y algunos sonaban cercanos. Demasiado cercanos. Un peque?o grupo de caminantes enloquecidos brotaron del hueco de las escaleras, tropezando y cayendo al suelo de forma aparatosa, antes de levantarse de un salto y echar a correr en direcci¨®n a los supervivientes. ¡°??Todo el mundo al helipuerto, deprisa!!¡± grit¨® Isaac, mientras los soldados abat¨ªan a los caminantes. ¡°??Alpha, tomad posiciones en las escaleras!! ???No les dej¨¦is subir!!!¡± Los temblores del edificio eran ahora constantes. Uno de los soldados se aproxim¨® al borde de la azotea, mir¨® hacia abaj¨®, y se gir¨® con una expresi¨®n horrorizada en su rostro. ¡°??C-Capit¨¢n!! ???La ola est¨¢ aqu¨ª!!! ??Han alcanzado la torre!!¡± ¡°?Que no cunda el p¨¢nico!¡± dijo el Coronel Rowan. ¡°?All¨ª!¡± El coronel se?alaba a un punto en el cielo. Una sombra oscura se resaltaba en el panorama, sobre el manto de luz brillante que cubr¨ªa el horizonte. El sonido de un helic¨®ptero zumbaba en la distancia, cada vez m¨¢s cercano. ¡°?El helic¨®ptero de rescate ya est¨¢ aqu¨ª! ??Mantengan la posici¨®n, caballeros!! ??Nos vamos a casa!!¡± CAPíTULO 57 – HéROE Las escaleras met¨¢licas del helipuerto traqueteaban con violencia bajo el peso de m¨²ltiples personas. Con las armas de los militares rugiendo a sus espaldas, Claire vol¨® escaleras arriba, siguiendo a Nora y a Lilian. Todos los civiles se apelotonaron cerca del borde de la plataforma, de unos quince metros de di¨¢metro y decorada con una gran letra H de color blanco. Como d¨¢ndoles la bienvenida, el helic¨®ptero de rescate, ahora claramente visible en el cielo, se acerc¨® a la torre. Era un veh¨ªculo gigantesco, mucho m¨¢s grande que los helic¨®pteros convencionales, propulsado por dos enormes rotores que emit¨ªan un ruido ensordecedor. ¡®??Va a caber esa cosa aqu¨ª arriba!?¡¯ En la parte de atr¨¢s del helic¨®ptero, la rampa de acceso estaba abierta, y dos soldados observaban la situaci¨®n desde all¨¢ arriba. El veh¨ªculo se posicion¨® sobre el helipuerto, y uno de los soldados sac¨® un meg¨¢fono. ¡°??Cuidado!! ??Al¨¦jense del centro de la plataforma!!¡± anunci¨®. Los fuertes vientos emitidos por los rotores hac¨ªan que el mero hecho de escuchar resultase dif¨ªcil. Claire vio c¨®mo empujaban entre varios lo que parec¨ªa ser un gran arc¨®n, hasta precipitarlo al vac¨ªo, hacia el helipuerto. La caja impact¨® contra el cemento con un ruido sordo, levantando una ligera neblina de polvo, y se desliz¨® unos metros en direcci¨®n a las escaleras. El Coronel Rowan corri¨® hacia el arc¨®n y lo abri¨®, revelando un alijo de armas y munici¨®n. ¡°?Atenci¨®n! ?El equipo de rescate necesita unos minutos para aterrizar el helic¨®ptero! ??Todos aquellos que puedan luchar, ¨¢rmense!! ??Deprisa!!¡± Solo unos pocos se atrevieron a tomar las armas, pero los que lo hicieron no dudaron en tomar posiciones en el borde del helipuerto y abrir fuego contra los caminantes que emerg¨ªan del hueco de las escaleras. Los soldados hab¨ªan perdido terreno, y se alejaban cada vez m¨¢s de las escaleras, mientras los cad¨¢veres comenzaban a apilarse por docenas. William se acerc¨® a Claire a toda prisa, y estuvo a punto de sujetarla por los hombros, aunque no lo hizo, quiz¨¢ al fijarse en sus heridas. ¡°?Claire¡­! ??Y Eleanor!?¡± pregunt¨®. El coraz¨®n de Claire se encogi¨®. La hab¨ªa olvidado por completo. La hab¨ªa perdido de vista desde que se vieron obligadas a evacuar la azotea por el ataque de gas. ¡°?A-Ah¡­! ??No lo s¨¦¡­!!¡± ¡°??C¨®mo que no sabes!? ??Est¨¢s de co?a!? ?Se supon¨ªa que¡ª!¡± ¡°?All¨ª abajo¡­!¡± dijo una voz femenina a su lado. Stella, armada con un fusil, se?alaba algo. Siguiendo su dedo, Claire la vio. Muy escondida entre las unidades de aire acondicionado de la azotea. Muy cerca del lugar de donde sal¨ªan los caminantes. ¡°?Mierda¡­!¡± mascull¨® William, echando a correr hacia las escaleras del helipuerto. ¡®?N-No, era mi responsabilidad¡­! ?Otra vez no!¡¯ Claire se abalanz¨® sobre el arc¨®n de armas. La mayor¨ªa eran fusiles de combate, los cuales no ten¨ªa ni idea de c¨®mo usar. Revolvi¨® entre los suministros, y sus ojos se posaron sobre una pistola. ¡®?Ah!¡¯ De forma inconsciente, se encontr¨® de vuelta en la parte inferior de la azotea, siguiendo los pasos de William. Daba igual que estuviese herida. Daba igual que estuviese cansada. Ten¨ªa que hacer aquel ¨²ltimo esfuerzo. ¡°??Qu¨¦ hacen aqu¨ª!? ??Vuelvan al helipuerto!!¡± grit¨® uno de los soldados en cuanto los vio. Apenas pod¨ªan contener la ola de caminantes. Los cuerpos se apilaban frente a la puerta de las escaleras, pero ello no les frenaba en absoluto. Sal¨ªan en tromba, empujando y trepando sobre los cad¨¢veres. William se escurri¨® entre la maquinaria donde se ocultaba Eleanor, con los caminantes cayendo muertos a apenas unos metros de distancia. Claire se detuvo y alz¨® su pistola, pero ni siquiera sab¨ªa qu¨¦ hacer con ella. Su mano derecha estaba inutilizada, y la izquierda mutilada. No pod¨ªa apuntar con normalidad, ni pod¨ªa sujetar el arma en condiciones. ¡®Oh dios, oh dios¡­ ??Qu¨¦ hago!?¡¯ Al cabo de unos segundos que parecieron una eternidad, vio c¨®mo William emerg¨ªa de detr¨¢s de la maquinaria, con Eleanor en brazos. A unos pasos de ellos, un nuevo grupo de caminantes se alz¨® sobre la pila de cad¨¢veres, en busca de presas. Las balas llovieron sobre ellos desde el helipuerto, haci¨¦ndolos colapsar entre espasmos y chillidos, pero uno de ellos se mantuvo en pie y se lanz¨® hacia William con la boca abierta de par en par. *?Bang!* El retroceso de la pistola hizo que se le escapase de la mano. El caminante cay¨® como un fardo sobre William y lo derrib¨®, emitiendo un ¨²ltimo gorjeo antes de quedarse inerte, con un agujero en la cabeza del que brotaba una sangre viscosa. ¡°??Dios¡­!! ?Claire!¡± William se revolv¨ªa bajo el cad¨¢ver del caminante mientras abrazaba a Eleanor, protegi¨¦ndola con su propio cuerpo. Claire se les acerc¨® a toda prisa, respirando pesadamente, y vio por el rabillo del ojo c¨®mo se acercaban m¨¢s caminantes a trompicones. No se detuvo, a pesar del miedo que le congelaba el alma, y les quit¨® el cad¨¢ver de encima a tirones. ¡°??V-Vamos!!¡± grit¨®, con voz temblorosa. ¡®?No quiero volver a dejar a nadie atr¨¢s! ?Saldremos de esta! ?Todos¡­!¡¯ Con William sigui¨¦ndola de cerca, regres¨® al helipuerto, mientras los soldados continuaban retrocediendo, paso a paso, agotando sus ¨²ltimos cargadores. ****** ¡°?El helic¨®ptero est¨¢ listo! ??Venga, todo el mundo arriba!!¡± grit¨® el Coronel Rowan desde el helipuerto. Isaac mir¨® atr¨¢s por un instante, y vio la enorme silueta del helic¨®ptero de rescate posada sobre la plataforma. ¡°?Vamos, atr¨¢s! ?Retroceded! ??Replegaos a las escaleras!!¡± dijo. Algunos de sus hombres ya hab¨ªan abandonado los fusiles por falta de munici¨®n, recurriendo en su lugar a pistolas. No pod¨ªan esperar ni un segundo m¨¢s. ¡°??Aqu¨ª Jay-02!!¡± dijo una voz por la radio. ¡°?La ola de Convergencia est¨¢ casi en la azotea! ??Ten¨¦is que salir de ah¨ª ya!!¡± Isaac defendi¨® la parte baja de las escaleras hasta que el ¨²ltimo de los soldados retrocedi¨® hasta el helipuerto, desde donde varios de los civiles disparaban contra la horda. Su avance era imparable, los cuerpos cubr¨ªan gran parte de la azotea, y una escandalosa cacofon¨ªa de chillidos y cristales rotos se acercaba desde abajo, acompa?ada de temblores cada vez m¨¢s violentos. This narrative has been purloined without the author''s approval. Report any appearances on Amazon. Corri¨® escaleras arriba hasta el helipuerto. Los civiles desarmados hab¨ªan subido ya a bordo del helic¨®ptero. El Coronel Rowan le recibi¨® junto a las escaleras, abriendo fuego contra los stingers. ¡°?Deprisa, capit¨¢n! ??Todos a bordo, vamos!!¡± Los soldados se rearmaron y retrocedieron hasta la rampa del helic¨®ptero. El repiqueteo de las botas sobre la superficie met¨¢lica era lo m¨¢s reconfortante que Isaac hab¨ªa o¨ªdo en mucho tiempo. Las armas humeaban, temblaban como si fueran a hacerse pedazos, escupiendo una constante lluvia de proyectiles sobre la enfurecida horda, que ahora trepaba las escaleras del helipuerto. ¡°?Estamos todos!¡± grit¨® el coronel, hacia la parte frontal del helic¨®ptero. ¡°??Vamos, arriba, arriba, arriba!!¡± El estruendo de la multitud parec¨ªa venir ya de todas partes, y sus inhumanos chillidos se o¨ªan con ca¨®tica claridad. ¡°???Salid de ah¨ª cagando hostias!!!¡± dijo la voz de la radio. La ola de Convergencia rept¨® sobre las barandillas de la azotea como si de un fluido se tratase. Isaac habr¨ªa deseado no tener que volver a enfrentarse a aquellas criaturas nunca m¨¢s. Qu¨¦ iluso. La barandilla met¨¢lica se comprimi¨® bajo el peso de sus exoesqueletos, el cemento del suelo se quebr¨® cuando sus garras se hundieron en ¨¦l, sus m¨²ltiples ojos de insecto se clavaron en el helic¨®ptero, sus mand¨ªbulas se abrieron en anticipaci¨®n. ¡°??Cerrad la puta compuerta!! ??R¨¢pido, cerradla!!¡± ¡°??Fuego, que no se acerquen!!¡± El veh¨ªculo comenz¨® a levantar vuelo, y las criaturas parecieron darse cuenta de ello. Se abalanzaron hacia el helipuerto como una exhalaci¨®n. Pu?ado tras pu?ado, docenas de aquellos monstruos treparon por las paredes de la torre e inundaron la azotea, aplastando a los stingers inferiores que se cruzaban en su camino. Las balas ca¨ªan incesantemente sobre ellos, pero lo ¨²nico que consegu¨ªan era cabrearlos m¨¢s. Desbordaron las escaleras del helipuerto, y luego el helipuerto en s¨ª. Extendieron los brazos en direcci¨®n al helic¨®ptero, pero ya estaba fuera de su alcance. ¡®?Joder, por los putos pelos¡­!¡¯ Los monstruos treparon unos sobre los otros a una velocidad vertiginosa, ascendiendo r¨¢pidamente en altura y alcance, y formando una torre viviente que en cuesti¨®n de segundos se aferr¨® a la rampa de carga del helic¨®ptero, la cual todav¨ªa no hab¨ªa podido cerrarse. Todo el veh¨ªculo se sacudi¨®, y los civiles que se aglomeraban hacia la parte frontal comenzaron a gritar y entrar en p¨¢nico. ¡°??Hostia puta¡­!! ??Nos han alcanzado!!¡± ¡°??A-Abrid fuego¡­!!¡± ¡°??Moved este puto trasto, vamos!!¡± Un enorme estruendo pareci¨® inundar la atm¨®sfera a su alrededor, eclipsando incluso el rugir de los rotores del helic¨®ptero. Luchando por mantener el equilibrio, Isaac mir¨® a trav¨¦s de una de las ventanas del compartimento. La Torre Kurtis se desmoronaba. La estructura se encontraba cubierta por un denso entramado de puntos azules brillantes, entre los cuales se colaba humo y polvo a borbotones. El imponente edificio se inclin¨® m¨¢s y m¨¢s a un lado, hasta que su integridad estructural se rindi¨® por completo. La torre colaps¨® sobre los edificios adyacentes, levantando una colosal nube de polvo que se alz¨® muy por encima del helic¨®ptero, y llev¨¢ndose a aquellas criaturas con ella. Sin embargo, uno de los monstruos continuaba aferrado a la rampa trasera del veh¨ªculo. No pod¨ªa cerrarse por completo, el cuerpo de la criatura lo imped¨ªa, atascado contra la parte superior del habit¨¢culo. Chillaba y gru?¨ªa, lanzando zarpazos en todas las direcciones, abollando el metal y creando m¨²ltiples grietas por las que se filtraban bocanadas de polvo. El helic¨®ptero daba vueltas, desestabilizado por las sacudidas de la criatura. ¡°??Fuego¡­!! ???Matad a ese cabr¨®n!!!¡± exclam¨® Isaac. Acribillado a tiros, el stinger se revolvi¨® m¨¢s, tratando de librarse de la rampa met¨¢lica que lo aprisionaba. Aquellas armas no estaban preparadas para combatir a un enemigo as¨ª. Su coraza ¨®sea se astillaba, pero no se romp¨ªa. Algunas balas alcanzaban las junturas entre placas, causando heridas de las que salpicaba un l¨ªquido oscuro amarronado. La red de l¨ªneas luminosas que circulaba por todo su cuerpo parpadeaba fren¨¦ticamente, como si cada impacto, cada bala, agravase todav¨ªa m¨¢s sus ansias de libertad. Durante varios segundos, el pelot¨®n mantuvo fuego autom¨¢tico ininterrumpido sobre el monstruo, deteni¨¦ndose solo para cambiar cargadores. La fuerza de la criatura sali¨® vencedora. El mecanismo de cierre de la rampa cedi¨® ante las repetidas convulsiones, reventando, y provocando que la rampa se abriese de nuevo por completo, liberando al monstruo. El helic¨®ptero se tambale¨® de arriba abajo, haciendo que muchos de los presentes perdiesen el equilibrio. ¡®?Mierda¡­!¡¯ Isaac sinti¨® que se quedaba sin respiraci¨®n. Todo pareci¨® transcurrir en c¨¢mara lenta frente a sus ojos. Por un ef¨ªmero instante, el stinger se detuvo. Sus ojos rastrearon el compartimento del helic¨®ptero. Se detuvieron en algo situado al fondo, hacia el frente del veh¨ªculo. All¨ª estaba, a la vista, vulnerable. La joven reina. El origen de la Convergencia. La ¨²nica cosa que les importaba a aquellos bastardos. La mujer pelirroja la abrazaba, con una expresi¨®n de puro terror en el rostro. ****** La reina sufr¨ªa. La reina necesitaba ayuda. La reina les llamaba. Aquellas endebles criaturas estaban en medio. Las odiaba. Odiaba sobre todo a una en concreto. ?Por qu¨¦ estaba tan cerca de la reina? Blasfemia. La reina les pertenec¨ªa. Imperdonable. Imperdonable. Imperdonable. ****** No iba a a?adir m¨¢s nombres a la lista. Daba igual que se tratase de una reina stinger. O de una pseudo-reina. Daba igual que fuesen la ¨²nica esperanza de salvaci¨®n de la humanidad. A aquellas alturas, ya le daba igual. Ten¨ªan un nombre. Una vida por delante. Unos sue?os, unas expectativas, una existencia con un valor incalculable. Una existencia con cuyo peso cargar¨ªa para siempre si les dejaba morir all¨ª. La losa sobre sus hombros pesaba ya demasiado. ¡®Ni uno m¨¢s.¡¯ No ten¨ªa un plan, no hab¨ªa tenido tiempo de formularlo, pero su cuerpo se movi¨® por cuenta propia, interponi¨¦ndose en el camino de la criatura. El stinger avanz¨® por el compartimento a gran velocidad, pasando por encima de los dem¨¢s soldados, que apenas ten¨ªan por donde escapar en aquel claustrof¨®bico espacio. Isaac sab¨ªa que no podr¨ªa frenarlo. La bestia lo embisti¨®, sujet¨¢ndolo con sus garras y empuj¨¢ndolo con facilidad. Sinti¨® algo punzante en el est¨®mago. La adrenalina bloqueaba cualquier sensaci¨®n de dolor, pero el repentino calor que le recorri¨® el abdomen era suficiente advertencia. No ten¨ªa mucho tiempo. El stinger abri¨® las mand¨ªbulas de par en par. Eran lo bastante grandes como para abarcar su cabeza entera. Isaac empu?¨® su rifle de asalto con ambas manos y se lo meti¨® hasta la garganta. ¡®?Atrag¨¢ntate con esto, hijo de puta!¡¯ Apret¨® el gatillo, y no lo solt¨® hasta que el arma dej¨® de disparar. Lo que ocurri¨® a continuaci¨®n se manifest¨® como una serie de im¨¢genes borrosas frente a sus ojos. Miraba al techo del helic¨®ptero. Se sent¨ªa pesado, algo grande yac¨ªa sobre su cuerpo. ?Era el stinger? ?Lo hab¨ªa conseguido? Ten¨ªa fr¨ªo. Segu¨ªa sin sentir dolor alguno, pero la sensaci¨®n c¨¢lida en su abdomen se hab¨ªa reemplazado por constantes escalofr¨ªos. ¡®Creo¡­ que me he hago una idea¡­ de lo que pasa¡­¡¯ Una figura se arrodill¨® a su lado. Conoc¨ªa aquella cara. ¡°C-Coronel¡­¡± mascull¨®. El Coronel Rowan le observaba con una de las expresiones m¨¢s serias e insondables que pod¨ªa recordar. ¡°L-La lista¡­ coronel¡­ ?H-Hay m¨¢s n-nombres que¡­ a?adir¡­?¡± Rowan neg¨® con la cabeza. ¡°A-Ah¡­ B-Bien¡­.¡± ¡°Descanse, soldado. Volvemos a casa.¡± ¡°S-S¨ª, casa¡­ M-Me vendr¨¢ bien¡­ un d-descanso¡­ Una c-cerveza, bien fr¨ªa¡­ Una c-cama mullida¡­ Y-Ya lo hecho en f-falta¡­¡± ¡°Shh¡­ Ahora necesita ahorrar fuerzas.¡± ¡°Ya¡­¡± ¡®V-Volver a casa, ?eh¡­? Se le da mal m-mentir, coronel¡­¡¯ Isaac cerr¨® los ojos. Le costaba seguir pensando. ¡°Isaac Stone, es usted un h¨¦roe.¡± ****** Rowan se puso en pie. Sus ojos peinaron el lugar. Las paredes estaban abolladas, agrietadas, y cubiertas de sangre. La mayor parte de aquella sangre era humana. Varios soldados yac¨ªan muertos cerca de la rampa, y los que quedaban con vida hac¨ªan esfuerzos por tenerse en pie. Era probable que muchos tuviesen huesos rotos, cortes profundos, y numerosas magulladuras. Muchos h¨¦roes hab¨ªan nacido, y muerto, aquel d¨ªa. ¡®Al menos los civiles est¨¢n a salvo¡­¡¯ Miro al cad¨¢ver del stinger, en mitad del compartimento. ¡°Que alguien me ayude a echar a esta cosa del helic¨®ptero.¡± dijo. Estaba furioso. A lo largo de los a?os, su coraz¨®n se hab¨ªa endurecido bajo una gruesa coraza, pero ning¨²n escudo era indestructible. ¡°??C-Coronel¡­!! ???Tenemos problemas!!!¡± dijo uno de los pilotos, desde el frente del helic¨®ptero. No era el momento de lamentarse. Todav¨ªa no. ¡°???El horizonte brilla!!!¡± CAPíTULO 58 – QUIETUD La marea de puntos brillantes parec¨ªa vibrar sobre el horizonte, haci¨¦ndose cada vez m¨¢s grandes e intensos. Estaban cerca. Pronto los tendr¨ªan encima. Rowan ech¨® un vistazo r¨¢pido a los pilotos del helic¨®ptero. Por debajo de sus visores, pod¨ªa ver c¨®mo goteaba sudor de sus rostros. Sus manos temblaban sobre los mandos del veh¨ªculo. ¡°Mantengan la posici¨®n.¡± dijo. ¡°?T-Tenemos un plan, coronel¡­?¡± pregunt¨® uno de ellos. ¡°?Hace falta que responda a esa pregunta, soldado?¡± El piloto no insisti¨®. Rowan se gir¨® hacia el compartimento trasero del helic¨®ptero, desde donde los civiles y los soldados heridos le observaban, expectantes. ¡°Damas y caballeros, nos encontramos en una situaci¨®n cr¨ªtica.¡± se aclar¨® la garganta antes de continuar. ¡°Ser¨¦ directo. Esa luz brillante que cubre el horizonte es un enjambre de criaturas monstruosas, similares a la que acabamos de matar hace un momento. Acorralar¨¢n el helic¨®ptero, y lo derribar¨¢n. Huir no es una opci¨®n. Luchar tampoco.¡± hizo una breve pausa. ¡°?Alguien tiene alguna sugerencia?¡± Se miraron unos a otros, asustados. Balbucearon. Una mujer perdi¨® los estribos y rompi¨® a llorar. Discutieron entre ellos. A aquellas alturas, daba igual que cundiese el p¨¢nico. Si pod¨ªa implicar la ocurrencia de una idea que les salvase la vida, merec¨ªa la pena. ¡°..er una¡­ nera¡­¡± Su atenci¨®n se volc¨® en una voz t¨ªmida entre el grupo. Era una mujer joven de gafas, la misma a quien minutos antes hab¨ªa aplicado primeros auxilios por un brazo roto. Se mord¨ªa las u?as de la mano sana, y mascullaba algo entre dientes, sentada en uno de los asientos del compartimento. Su voz apenas era audible por culpa del rugido de los rotores. ¡°¡­podr¨ªa¡­ haber una manera¡­¡± Rowan se apresur¨® a su lado y se agach¨® para ponerse a la altura de sus ojos. ¡°Se?orita, hable con claridad.¡± La mujer se sobresalt¨® y baj¨® la mirada al suelo. ¡°E-Esto¡­ Um¡­ En el hospital Saint Marie¡­ ?No ocurri¨® algo parecido en el hospital?¡± Rowan hizo memoria. El Capit¨¢n Isaac hab¨ªa mencionado algo en su informe. Las hordas de stingers que converg¨ªan en el hospital hab¨ªan abandonado repentinamente su estado de agresi¨®n, aunque no entend¨ªa por qu¨¦ hab¨ªa ocurrido. ?Acaso lo sab¨ªa aquella joven? ¡°Se?orita, si sabe algo, ?d¨ªgalo!¡± ****** ¡°?Nora!¡± exclam¨® Claire. Se levant¨® de su asiento y se lanz¨® hacia el frente del helic¨®ptero, pasando al lado del coronel, hasta Nora y Lilian, que se acurrucaban la una junto a la otra en el suelo. ¡°?S-S¨ª¡­?¡± susurr¨® Nora. ¡°Nora, ?puedes hablar con Lilian¡­? ??Puedes pedirle que pare a esas cosas!? ?Lo hicisteis en el hospital!¡± Nora neg¨® con la cabeza. ¡°No puedo.¡± ¡°??N-No!? ?Por favor, tienes que intentarlo! Esto es alg¨²n tipo de se?al de feromonas, ?tiene que haber algo que se pueda hacer!¡± ¡°No responde. ?Qu¨¦ crees que llevo haciendo todo este tiempo? Lo he intentado, una vez, y otra, y otra¡­ Pero no responde.¡± las l¨¢grimas se escapaban de los ojos de Nora. ¡®?Pero si habl¨® conmigo antes¡­!¡¯ Lilian ten¨ªa la mirada perdida, parec¨ªa una mu?eca de porcelana, inerte y sin vida. Cualquiera pensar¨ªa que estaba muerta si no fuese por el resplandor azul de sus ojos. ¡°Escucha, estoy segura de que Lilian sigue ah¨ª dentro, en alguna parte, ?vale?¡± sujet¨® la mano de Nora y la apret¨® con fuerza. ¡°Int¨¦ntalo una vez m¨¢s. Por favor.¡± Tras unos segundos de duda, Nora asinti¨®. ****** ¡®Lilian.¡¯ ¡®Lilian.¡¯ ¡®Lilian.¡¯ ¡­ No hab¨ªa respuesta. Nora cerr¨® los ojos y trat¨® de hacer caso omiso al estruendo del helic¨®ptero, y a las r¨¢fagas de viento que le soplaban en la cara, y al tumulto de la gente que discut¨ªa a su alrededor. ¡®Lilian.¡¯ ¡®Lilian.¡¯ ¡®Lilian.¡¯ ¡­ Por m¨¢s que llamaba su nombre, no ocurr¨ªa nada. ¡®Por favor, Lilian¡­ ?D¨®nde est¨¢s?¡¯ Echaba de menos su voz. No la voz aberrante y antinatural de la reina, sino su voz real, dulce, suave. Echaba de menos su radiante sonrisa. Su delicada pero energ¨¦tica personalidad. La calidez de su abrazo. Cualquier cosa que le recodase que su hermana segu¨ªa viva, que segu¨ªa siendo ella. [*susurros*] ¡®?¡­?¡¯ Un sonido distante lleg¨® a o¨ªdos de Nora; y todo el ruido en su entorno se silenci¨®, amortiguado como si alguien lo hubiese cubierto todo con una almohada, hasta que se desvaneci¨® por completo. No pod¨ªa abrir los ojos. No sab¨ªa si era por algo fuera de su control, o por miedo a perder la concentraci¨®n, a dejar escapar aquella pista remota. Su cuerpo se sent¨ªa liviano, flotando en el vac¨ªo del espacio. ¡®?Lilian¡­?¡¯ Los susurros se intensificaron. No eran susurros. Era un zumbido. El zumbido de un aleteo. Una extra?a sensaci¨®n de agobio le recorri¨® el cuerpo, y sinti¨® que se asfixiaba, como si estuviese bajo el agua. Nora solt¨® un grito ahogado y abri¨® los ojos. Una gran cantidad de un l¨ªquido fr¨ªo y amargo le baj¨® por la garganta. No pod¨ªa respirar. Sin embargo, sus pies y su trasero tocaban suelo s¨®lido. Estaba sentada. Por acto reflejo, se puso en pie y atraves¨® la superficie del l¨ªquido, tosiendo y jadeando. If you discover this tale on Amazon, be aware that it has been unlawfully taken from Royal Road. Please report it. No alcanzaba a encontrar sentido en lo que le ve¨ªa a su alrededor. El agua le llegaba por la cintura. ?Era agua realmente? De color verdoso, pero con reflejos azulados, ten¨ªa una consistencia espesa, y era lo bastante turbulenta como para no distinguir m¨¢s que negrura m¨¢s all¨¢ de su superficie. A lo largo de aquel p¨¢ramo empantanado se alzaban estructuras oscuras y puntiagudas de apariencia ¨®sea. La falta de iluminaci¨®n le imped¨ªa distinguirlas bien, pero parec¨ªan patas. Patas articuladas, como de insectos, gigantescas e inertes, entrelaz¨¢ndose unas con otras y formando arcos y entramados. En las alturas, el cielo no era m¨¢s que un pozo de oscuridad insondable. ¡°?H-Hola¡­?¡± dijo Nora. ¡°?Lilian?¡± Le temblaba todo el cuerpo. Hab¨ªa algo en aquel lugar que le oprim¨ªa la conciencia y le helaba la sangre. Una presencia. Hostil, violenta. ¡®Esto no es real. No puede serlo. Estamos en un helic¨®ptero. C¨¦ntrate, Nora, no es real. Es como aquella vez¡­¡¯ ¡°??Lilian!? ?S¨¦ que est¨¢s aqu¨ª! ?Responde, por favor! ?Lilian!¡± El entramado de patas que ten¨ªa delante tuvo espasmos durante un instante y se abri¨®, apart¨¢ndose hacia los lados y revelando algo m¨¢s all¨¢. Brillaba con un intenso color azul, y parec¨ªa palpitar, aunque Nora no pod¨ªa distinguir qu¨¦ era. Trag¨® saliva y comenz¨® a caminar en su direcci¨®n. Le supon¨ªa un esfuerzo inmenso mover las piernas, aquel l¨ªquido ofrec¨ªa mucha resistencia. Hab¨ªa algo all¨ª abajo, sus pies chocaban contra alg¨²n tipo de obst¨¢culo, perturbaban algo que se ocultaba bajo las aguas. Algo vivo. Not¨® muchas cosas que se aferraban a sus piernas y trepaban hacia arriba, y vio como m¨²ltiples insectos, del tama?o de un pu?o, escalaban su cuerpo, desgarr¨¢ndole la ropa en el proceso. Nora cerr¨® los ojos y grit¨®. ¡®?No es real¡­! ??No es real!!¡¯ Volvi¨® a abrir los ojos, y ahora se encontraba justo delante de la estructura brillante. Era un insecto. Alas atrofiadas, un cuerpo estriado con tonalidades negras y amarillas, un abdomen desproporcionalmente grande¡­ ?Era una abeja reina, quiz¨¢? Sus rasgos eran demasiado deformes como para tratarse de una abeja. Nora mir¨® a ambos lados, y sus brazos y piernas estaban apresados por numerosas extremidades articuladas, mientras incontables insectos se aferraban a su piel. Hilos de sangre brotaban en abundancia, pero no pod¨ªa ver las heridas. Tampoco sent¨ªa dolor. Lo ¨²nico que sent¨ªa era un terror apabullante. La gigantesca criatura la observaba desde lo alto, con las mand¨ªbulas abiertas, como un cazador admirando a su presa antes del fest¨ªn. Sin embargo, no se mov¨ªa. Mostraba signos de hostilidad, pero no de agresi¨®n. Proteg¨ªa algo. Un huevo, bien asegurado en el suelo frente a ella. La membrana que lo recubr¨ªa era transl¨²cida, revelando a una persona en su interior. ¡°??Lilian!!¡± exclam¨® Nora. ¡°?Lilian! ??Me oyes!? ?Estoy aqu¨ª! ??Lilian!!¡± Lilian no mostraba se?ales de poder o¨ªrla. ¡®Creo que ya lo entiendo¡­ No es real, est¨¢ dentro de mi cabeza, ?dentro de la cabeza de Lilian! Si esto es una manifestaci¨®n de su psique¡­ ??son estos sus instintos!? ??Lo que la consume por dentro!?¡¯ Hab¨ªa algo m¨¢s, algo que no hab¨ªa notado antes. En lo alto, en el cielo, la oscuridad no era absoluta. Estaba plagado de diminutos puntos brillantes, que se hac¨ªan m¨¢s y m¨¢s grandes a cada segundo que pasaba. Parec¨ªan estrellas, pero las estrellas no hablan. Las estrellas no comunican emociones. Las estrellas no acarrean una presencia sobrecogedora. [Familia.] [Uni¨®n.] [Familia.] [Uni¨®n.] No ten¨ªa tiempo que perder. Era muy consciente de que ten¨ªan los segundos contados. La adrenalina se le subi¨® a la cabeza. Luch¨®, ignorando el terror que le invad¨ªa la mente, resistiendo los espasmos y temblores que le sacud¨ªan el cuerpo. Las extremidades articuladas que la inmovilizaban se partieron con sorprendente facilidad, aunque aquellos salpicones de sangre no pod¨ªan ser buena se?al. Los insectos se aferraron con fuerza a su cuerpo, devor¨¢ndola con m¨¢s ansias. ¡®No te voy a dejar aqu¨ª. No acabar¨¢s as¨ª. ?No voy a dejar que te lleven!¡¯ Casi a gatas, chapoteando en la nebulosa ci¨¦naga, avanz¨® hacia el huevo. Los insectos surgieron del agua en oleadas, tratando de detenerla. La gigantesca criatura chill¨® y aull¨®, como si intentase espantarla. ¡®?No permitir¨¦ que hag¨¢is con ella lo que quer¨¢is! ?No es vuestra! ??No os pertenece!!¡¯ Estaba cubierta de sangre. Faltaban trozos de carne. En algunos puntos pod¨ªa ver el hueso, completamente expuesto. Desconoc¨ªa si todo aquello tendr¨ªa consecuencias; y aunque las tuviese, no importaban. Los puntos del cielo brillaban con intensidad, la rodeaban por todos los flancos. Sent¨ªa sus miradas clav¨¢ndosele en el cerebro. Sent¨ªa sus perversas palabras de odio y frustraci¨®n. ¡®??Devolvedme a Lilian!! ???Devolvedme a mi hermana!!!¡¯ Sus manos atravesaron la membrana del huevo, que cedi¨® sin resistencia. No se rompi¨®, simplemente le permiti¨® el paso. Nora se zambull¨® a trav¨¦s de su superficie, y por un instante, sus ojos se cruzaron con los de Lilian. La miraba fijamente. Hubo un destello de luz, y todo a su alrededor desapareci¨® bajo un manto de blancura. Era deslumbrante, pero no parec¨ªa da?ar su vista. Todos los ruidos se silenciaron. La atm¨®sfera era c¨¢lida, la arropaba. Conoc¨ªa aquel lugar. Ya hab¨ªa estado all¨ª. ¡°?Lilian¡­?¡± ¡°Te ech¨¦ de menos.¡± No pod¨ªa verla, pero la o¨ªa con claridad. Su voz ven¨ªa de todas partes, resonaba dentro de su propia cabeza. Lilian dej¨® escapar unos suaves sollozos. Sus emociones eran como un libro abierto para Nora. No eran l¨¢grimas de tristeza, sino de alivio. ¡°No pasa nada. Estoy aqu¨ª, ?vale? ?Lilian, cielo¡­!¡± Nora rompi¨® a sollozar tambi¨¦n. Durante varios segundos, ambas se regocijaron en un intercambio de emociones, las cuales hab¨ªan permanecido embotelladas durante demasiado tiempo. Se supon¨ªa que deb¨ªan darse prisa, pero de alguna manera, Nora sab¨ªa que daba igual. El tiempo parec¨ªa haberse congelado. ¡°Tengo miedo.¡± dijo Lilian. ¡°?A ellos?¡± ¡°Mhm¡­ Me dan miedo. ?Mucho! Vienen a m¨ª, me necesitan, ?quieren llevarme con ellos¡­! Sienten mi dolor, creen que no estoy bien aqu¨ª, creen que necesito ayuda¡­¡± ¡°?No puedes¡­ decirles que no?¡± ¡°Pero, ??c¨®mo!? No puedo ni dirigirles la palabra. No paran de gritar, se dejan llevar tan f¨¢cilmente por sus impulsos¡­ Cuando intento hablarles, no me salen las palabras. Y¡­ parte de m¨ª no quiere hablarles. Quiere irse con ellos. Tengo miedo. ?Nory, tengo mucho miedo¡­!¡± ¡°?Esc¨²chame! No te va a pasar nada, ?vale? Yo me encargar¨¦ de ello, te lo prometo. No voy a esconderme, ni a echarme atr¨¢s, ?nunca m¨¢s! Lilian, t¨² me trajiste de la mano hasta aqu¨ª, deja que haga lo mismo por ti esta vez. Creo que ya es hora.¡± ¡°?M-Me prometes que va a salir bien¡­?¡± ¡°?Te lo prometo! ?Por mucho miedo que den, no voy a dejar que te hagan nada! Haremos esto juntas, ?vale?¡± ¡°?V-Vale¡­!¡± ¡°?Conf¨ªa en m¨ª! ?A la de tres! ?Una, dos¡­!¡± ¡®Nos vamos a casa, Lilian. Tienes mi palabra.¡¯ ****** ¡°Firme, soldado.¡± dijo Rowan. ¡°Mantenga la direcci¨®n estable, sin movimientos bruscos. Trate de ganar altura gradualmente.¡± ¡°S-S¨ª, se?or.¡± Era un milagro que los rotores no los estuviesen alterando. El helic¨®ptero avanzaba entre los guerreros stinger, buscando huecos para atravesar el enjambre. Como quien apaga un interruptor, la luminiscencia de las criaturas se hab¨ªa ido, dejando ver con claridad el color sucio y amarronado de sus caparazones. Giraban la cabeza en direcci¨®n al veh¨ªculo, pero manten¨ªan la posici¨®n con precisi¨®n quir¨²rgica, como si se hubiesen congelado en pleno aire. El sonido de sus aleteos era ensordecedor, y Rowan pod¨ªa sentir el viento que levantaban, un vendaval que zarandeaba al helic¨®ptero de un lado a otro, dificultando el maniobrar con ¨¦l. ¡®La pseudo-reina¡­ Esa mujer lo ha conseguido. No s¨¦ qu¨¦ ha hecho, pero lo ha conseguido.¡¯ Durante muchos largos minutos, avanzaron a trav¨¦s del enjambre, hasta que finalmente la densidad del mismo comenz¨® a disminuir, hasta que pudieron apreciar el color del cielo, hasta que dejaron atr¨¢s sus endemoniados aleteos. Todos los que estaban a bordo del helic¨®ptero se mantuvieron tensos y en silencio, hasta que la oscura nube de stingers fue apenas un manch¨®n en el horizonte. Uno de los pilotos fue el primero en romper el silencio. Lo que al principio fue un cohibido jadeo se convirti¨® en una risita. ¡°?Estamos¡­ a salvo?¡± dijo. ¡°?Coronel¡­! ??Estamos a salvo!?¡± Rowan suspir¨®. ¡°Damas y caballeros, buen trabajo.¡± Aquellas palabras desataron una explosi¨®n de j¨²bilo que recorri¨® el helic¨®ptero de punta a punta. Ech¨® un vistazo r¨¢pido al compartimento trasero. Sus hombres se secaban el sudor de la frente. Se abrazaban unos a otros. Algunos re¨ªan, otros lloraban. Otros estaban demasiado ocupados tendiendo sus heridas, o las heridas de sus compa?eros. Los civiles compart¨ªan sentimientos similares. La mujer de gafas se hab¨ªa abalanzado sobre las dos reinas, y sollozaban juntas. Incluso la peque?a derramaba l¨¢grimas. Suspir¨® de nuevo, y cogi¨® la radio de la cabina. ¡°Aqu¨ª el Coronel Rowan. Central, ?me reciben?¡± ¡°Aqu¨ª Central. ?Nos alegramos de o¨ªrle, coronel! Hemos perdido el contacto con casi todas las unidades. ?Qu¨¦ est¨¢ ocurriendo?¡± ¡°La misi¨®n ha terminado. Regresamos a base.¡± Hubo una larga pausa. ¡°?¡­recibido, coronel!¡± Se escuchaban risas de fondo al otro lado de la radio. ¡°Preparen a los equipos de investigaci¨®n. Van a estar muy ocupados. Y aseg¨²rense de que hay comida, bebida, y comodidades abundantes para los supervivientes. Se lo han ganado.¡± CAPíTULO 59 – CAMINOS FUTUROS Los dedos de Claire hurgaron con delicadeza entre la maleza, revelando una seta rolliza de color amarronado. ¡®Comestible.¡¯ Con cuidado, sac¨® una navaja y cort¨® la base del tallo. A?adi¨® el hongo a la bolsa que colgaba de su brazo izquierdo, con cuidado de no aplastar el resto de sus contenidos, mayormente frutas silvestres y algunas hierbas culinarias. Se detuvo un momento, cerr¨® los ojos, y escuch¨®. El canturreo de los p¨¢jaros desde los ¨¢rboles, el sonido de las hojas en el viento, alguna clase de animal peque?o removiendo ramitas y hojarasca en la distancia¡­ Hab¨ªa llovido la noche anterior. Con cada aliento, sus fosas nasales se llenaban del fresco y h¨²medo aroma de la tierra mojada. Hac¨ªa un poco de fr¨ªo, pero nada que no se pudiese soportar. Todo parec¨ªa normal, rutinario, como si nada hubiera ocurrido. Era casi dif¨ªcil de creer. ?Cu¨¢nto tiempo hab¨ªa pasado? ?Dos a?os? Aquella nueva realidad estaba tan centrada en la supervivencia del d¨ªa a d¨ªa, que llevar la cuenta del tiempo hab¨ªa perdido gran parte de su relevancia. Tras la operaci¨®n de rescate, las autoridades finalmente dejaron salir a la luz la verdadera magnitud del problema. La humanidad hab¨ªa dejado de ser la especie dominante del planeta; los ¡°stingers¡±, como ellos los llamaban, les hab¨ªan robado el sitio. Los militares centraban todos sus esfuerzos en impedir la expansi¨®n de aquellos monstruos, pero era una guerra de desgaste que no pod¨ªan ganar. La luz solar es, a fin de cuentas, un recurso inagotable. No pod¨ªan competir contra algo as¨ª. Claire continu¨® abri¨¦ndose paso entre la maleza, con los ojos puestos en el suelo. Tras algunos hallazgos silvestres m¨¢s, alz¨® la mirada hacia el cielo y analiz¨® la posici¨®n del sol. ¡®Deber¨ªa ir volviendo.¡¯ ¡­ Oje¨® los prados mientras caminaba, as¨ª como las casas que decoraban el paisaje por aqu¨ª y por all¨¢, a ambos lados de la carretera. Era una zona rural, alejada de los grandes centros de poblaci¨®n. En comunidades aisladas como aquella, la gente que hab¨ªa sobrevivido a la pandemia hab¨ªa regresado a las viejas costumbres. Los militares les proporcionaban suministros de vez en cuando, pero gran parte de su sustento proven¨ªa de la propia naturaleza. Cultivo, ganader¨ªa, caza¡­ Una vida pac¨ªfica, para aquellos que pod¨ªan olvidar los horrores del pasado, e ignorar el peligro que acechaba desde el horizonte. Claire intercambi¨® saludos con las pocas personas con las que se cruz¨®, pero no estaba de humor para hablar con nadie. Se mantuvo hundida en sus pensamientos durante todo el camino de vuelta. En el centro del pueblo, gir¨® una esquina y atisb¨® un gran edificio de aspecto r¨²stico, frente a una plaza. Sol¨ªa ser el ayuntamiento, y tras muchas reformas para reparar el da?o causado por el abandono, hab¨ªa vuelto a sus funciones como centro comunitario. Los ojos de Claire se abrieron de par en par en cuanto repar¨® en algo grande y oscuro en la carretera, frente a la entrada del edificio. Un cami¨®n militar. Su ¨²ltima visita con suministros hab¨ªa sido reciente, deber¨ªan haber tardado semanas en volver. ¡®??Quiz¨¢¡­!?¡¯ Cruz¨® la carretera con grandes zancadas y corri¨® hacia la entrada. Un grupo de soldados discut¨ªan sobre algo frente a la puerta. Uno de ellos la vio llegar, y se le qued¨® mirando con cara de confusi¨®n. Casi sin aliento, trat¨® de decir algo, pero no le salieron las palabras. Entre los soldados, vio una cara conocida, que se le qued¨® mirando tambi¨¦n. ¡°?A-Ah¡­! ?Stella!¡± ¡°?Claire! ??De d¨®nde vienes con tanta prisa!?¡± dijo Stella, d¨¢ndole unas palmaditas en la espalda. ¡°Venga, respira.¡± Stella hab¨ªa resultado ser toda una bendici¨®n para la comunidad. La forma en la que hab¨ªa tomado liderazgo y establecido roles entre los supervivientes resultaba admirable. Al menos hab¨ªa sacado algo positivo de sus experiencias durante el incidente. ¡°No digas nada, entra.¡± a?adi¨®. ¡°Ha vuelto.¡± Claire se abalanz¨® a trav¨¦s de la puerta. Hab¨ªa un hombre en mitad del vest¨ªbulo del ayuntamiento, con varios pares de ojos curiosos y nerviosos posados sobre ¨¦l. ¡°?Todo bien?¡± dijo. Ten¨ªa frente a ¨¦l una ni?a de pelo marr¨®n claro. Llevaba un vestido azul con dibujos de flores, que lo miraba cabizbaja. ¨¦l se hab¨ªa arrodillado para ponerse a su altura. ¡°Mhm¡­¡± Eleanor dej¨® salir un murmullo de afirmaci¨®n, manteniendo una distancia prudencial con el hombre. Claire se les acerc¨®, hasta que estuvo a apenas unos pasos de distancia. El hombre se puso de pie y se gir¨® hacia ella, permiti¨¦ndole ver con claridad su rostro. Ella abri¨® la boca con intenci¨®n de decir algo, pero titube¨® en el ¨²ltimo segundo. ?Tanto hab¨ªa cambiado durante aquellos meses? Sus rasgos faciales eran los mismos, pero algo no cuadraba. Los ojos de William transmit¨ªan un mensaje muy diferente al que recordaba, y brillaban de forma inusual, irradiando una tenue luz azulada. ¡°Um¡­ W-William¡­ ?Qu¨¦ ha¡ª?¡± ¡°Est¨¢ hecho. Ha salido bien.¡± ¡°?Seguro? ?Y t¨² qu¨¦? ?T¨² est¨¢s bien?¡± William asinti¨®. Sin pensarlo dos veces, Claire se le abraz¨®, gesto que ¨¦l correspondi¨®. Una sensaci¨®n de alivio la recorri¨® de arriba abajo. ¡®Menos mal¡­ No tengo que perder a nadie m¨¢s.¡¯ ¡°Venga, no creo que haya tiempo para reuniones. Supongo que habr¨¢n pasado bastantes cosas mientras no estaba. Ponme al d¨ªa, ?quieres?¡± ¡°Vale, vale¡­¡± respondi¨® Claire. Solt¨® a William y se sec¨® las l¨¢grimas de los ojos, con una sonrisa en la cara. ¡°A ver, ?por d¨®nde empiezo?¡± ****** Mientras escuchaba a Claire, una parte de William se encontraba absorta en sus pensamientos. Mir¨® de reojo a Eleanor, que le segu¨ªa siempre de cerca. Se percat¨® de que ya no pellizcaba su ropa, sino que caminaba a unos cent¨ªmetros detr¨¢s de ¨¦l, sin quitarle ojo de encima. ?Una se?al de recuperaci¨®n, quiz¨¢? Unauthorized content usage: if you discover this narrative on Amazon, report the violation. A decir verdad, todos necesitaban recuperarse. Deb¨ªan dejar sanar las heridas, mirar al frente, y tomar la nueva oportunidad que la vida les hab¨ªa ofrecido. Lo hecho, hecho estaba. Ya no ten¨ªa sentido mirar atr¨¢s. ###### La primera vez que uno de aquellos monstruos camin¨® a su lado, fue una experiencia aterradora. La segunda vez se le hizo raro. Un par de docenas de veces m¨¢s tarde, empez¨® a acostumbrarse. Al cabo de una hora, dej¨® de darle importancia. Los caminantes que anta?o infestaban aquellas calles hab¨ªan desaparecido. En su lugar solo quedaban aquellas criaturas. ¡°Stingers¡±, como los llamaban. Por lo visto, alg¨²n tiempo despu¨¦s de que sacasen a Lilian de la ciudad, una nueva reina hab¨ªa surgido en su lugar, y los caminantes hab¨ªan sido desechados, dejando sitio para una nueva colonia. No paraban de moverse de un lado a otro, recorriendo las calles en todas las direcciones. La mayor¨ªa de los edificios hab¨ªan sufrido da?os catastr¨®ficos como resultado de la Convergencia, pero las carreteras estaban relativamente despejadas, pues el constante ajetreo hab¨ªa pulverizado los escombros y aplastado los veh¨ªculos. A decir verdad, ni siquiera parec¨ªan calles. Los stingers pasaban a su lado, girando la cabeza en su direcci¨®n, mir¨¢ndole a los ojos; pero le ignoraban. Nora y Lilian lo hab¨ªan logrado. Con su ayuda, hab¨ªan encontrado una posible soluci¨®n. Una nueva cepa del virus. William no entend¨ªa los detalles, pero la idea fundamental era que le permitir¨ªa camuflarse como un miembro m¨¢s de la colonia, algo sobre feromonas. Tambi¨¦n se supon¨ªa que esta nueva cepa apenas tendr¨ªa efectos secundarios sobre el cuerpo y la mente del hu¨¦sped, evitando as¨ª el violento proceso de degradaci¨®n que llevaba a la creaci¨®n de los caminantes. Los riesgos eran considerables, pero a William no le import¨® lo m¨¢s m¨ªnimo. Se hab¨ªa ofrecido como sujeto de pruebas en cuanto tuvo la oportunidad. Ten¨ªa claro lo que deb¨ªa hacer si quer¨ªa seguir adelante. Estaba dispuesto a afrontar cualquier riesgo. Tras horas de caminata, lleg¨® a su destino. Cuando saliese de all¨ª, tendr¨ªa que agradecer personalmente al tal Coronel Rowan, por permitir que las pruebas de campo se llevasen a cabo en aquel lugar. El antiguo de edificio de apartamentos se alzaba frente a ¨¦l. O m¨¢s bien, sus ruinas. La puerta de acceso al aparcamiento subterr¨¢neo hab¨ªa sido derribada, dejando ver el oscuro interior. ¡®Bueno, esto lo facilita todo.¡¯ Bajo la superficie, nada hab¨ªa cambiado demasiado. Sac¨® su linterna y se adentr¨® en las alcantarillas, recorriendo aquel camino que tantas otras veces hab¨ªa recorrido, hasta que lleg¨® a aquella puerta cerrada. A aquel s¨®tano bajo un edificio derruido. A aquel cuarto oscuro. Tom¨® asiento frente al umbral de la puerta abierta, y pos¨® los ojos sobre la figura que se manten¨ªa inm¨®vil en el otro lado. ¡°Hola, cari?o.¡± dijo. ¡°Han pasado muchas cosas. Quer¨ªa volver a verte una ¨²ltima vez.¡± ¡­ ¡°Hemos conseguido salir de este lugar, ?sabes? Todos est¨¢n ahora a salvo, lejos de aqu¨ª. Es un lugar muy bonito, rodeado de naturaleza, estoy seguro de que te habr¨ªa gustado.¡± ¡­ ¡°He adoptado a una ni?a. Se llama Eleanor. Lo ha¡­ pasado mal, en parte por mi culpa. La he estado llevando a terapia, tenemos una psic¨®loga en la comunidad. Tambi¨¦n han montado una especie de colegio, donde ha estado aprendiendo cosas junto a un par de cr¨ªos m¨¢s. Poco a poco, conf¨ªo en que sus heridas acaben por cicatrizar. No creo que pueda a llegar a ser la figura paterna que se merece, pero lo intentar¨¦.¡± ¡­ Estaba fr¨ªa. La carcasa que una vez fue Amanda ten¨ªa un tacto sobrecogedor, y su piel se ca¨ªa a pedazos, como si se estuviese desintegrando en polvo. Sin embargo, todav¨ªa quedaba un ¨¢pice de vida all¨ª dentro. Pod¨ªa sentirlo. Pod¨ªa o¨ªr un leve susurro ininteligible dentro de su cabeza, algo que nunca hab¨ªa o¨ªdo antes. Prefiri¨® no tratar de descifrarlo. ¡°Cari?o, esp¨¦rame. Te prometo que me reunir¨¦ contigo, cuando llegue el momento. Te quiero¡­¡± William abraz¨® a Amanda con fuerza, ahogando las l¨¢grimas. Sab¨ªa lo que estaba a punto de pasar. No quer¨ªa o¨ªrlo. Por ¨²ltima vez, dej¨® salir sus emociones acumuladas, permitiendo que sus propios llantos inundasen la habitaci¨®n. ¡®Perd¨®name.¡¯ ¡­ El cigarrillo sab¨ªa amargo, mucho m¨¢s que de costumbre. Dio unas ¨²ltimas caladas mientras se ba?aba en los rayos de sol que alcanzaban el patio interior. Los cultivos ya no exist¨ªan, pero en su lugar hab¨ªa surgido un macizo de flores de intensos colores, que se entremezclaban con las zarzas y arbustos que hab¨ªan comenzado a reclamar las ruinas. Termin¨® el cigarrillo, arroj¨® la colilla al suelo, y observ¨® el paquete. Todav¨ªa quedaban al menos una docena dentro. Suspir¨® y lo estruj¨®, dej¨¢ndolo caer a sus pies junto al mechero. ¡°Adi¨®s.¡± ****** Nora mir¨® a la puerta de la habitaci¨®n, y vio a un hombre con bata blanca asomarse al interior. Parec¨ªa dudoso a la hora de entrar, y la ojeaba con una mirada inquisitiva. [No pasa nada, Norie, estoy bien. Puede entrar.] Nora asinti¨® al doctor, inst¨¢ndolo a acercarse. Eran muy cautelosos, no tomaban riesgos innecesarios. Era de esperar, teniendo en cuenta el tipo de tratamientos experimentales a los que estaban sometiendo a Lilian. ¡°Doctor¡­¡± dijo Nora, levant¨¢ndose de su asiento para recibirlo. ¡°Buenos d¨ªas, se?orita Lamb. Traigo buenas noticias.¡± el rostro del hombre se ilumin¨® con una sonrisa. ¡°??S-S¨ª!?¡± ¡°Hemos confirmado que el Sting en su organismo se ha estabilizado, la nueva cepa es ahora dominante. Deber¨¢ seguir bajo observaci¨®n peri¨®dica, pero todo apunta a que el proceso degenerativo se ha detenido.¡± ¡°??Oh, gracias a dios¡­!! ??Has o¨ªdo, cielo!?¡± exclam¨® Nora. Lilian estaba sentada junto a la ventana, mir¨¢ndolos de forma inexpresiva. Su transformaci¨®n f¨ªsica se hab¨ªa agravado m¨¢s y m¨¢s a lo largo de los ¨²ltimos dos a?os, pero era un alivio saber que no ir¨ªa a peor. Su rostro hab¨ªa perdido todo ¨¢pice de emoci¨®n, era como una mu?eca de porcelana; el ¨²nico rastro de vida que le quedaba era la luz que irradiaban sus ojos. Aunque conservaba su apariencia suave y delicada, su piel se hab¨ªa tornado gris¨¢cea, y dos antenas duras y articuladas hab¨ªan brotado de su cr¨¢neo. Adem¨¢s, hab¨ªa perdido la capacidad de hablar. [?Lo he o¨ªdo! ?Ves? Me hab¨ªas dicho que todo saldr¨ªa bien. ?Sab¨ªa que no te equivocabas!] Nora le dedic¨® una c¨¢lida sonrisa. Sab¨ªa que Lilian no pod¨ªa devolv¨¦rsela f¨ªsicamente, pero not¨® una sensaci¨®n reconfortante en su interior. ¡°?Y ahora qu¨¦, doctor?¡± pregunt¨® Nora, centrando su atenci¨®n de nuevo en el m¨¦dico. ¡°De eso le iba a hablar. Vamos a reubicarlas.¡± ¡°?Eh? ?A d¨®nde?¡± ¡°La nueva variante del Sting ha producido resultados satisfactorios, por lo que ya no necesitamos que se queden aqu¨ª en el hospital. Tenemos las muestras que necesitamos; nuestros esfuerzos se centrar¨¢n ahora en la aplicaci¨®n de estos resultados. Las llevaremos a un puesto de control militar en una zona rural, lejos de las colonias de stingers, de cara a la integraci¨®n en una comunidad de civiles, donde podr¨¢n reunirse con sus compa?eros. En otras palabras, trataremos de que puedan hacer vida normal de nuevo, se?orita Lamb.¡± A Nora se le entrecortaba la respiraci¨®n, y una amplia sonrisa se dibuj¨® en su cara, acompa?ada de l¨¢grimas de emoci¨®n. ¡°?L-Lo dice en serio¡­? ?Podremos, al fin¡­?¡± ¡°Tenga en cuenta que deber¨¢n estar en todo momento acompa?adas por una escolta armada. Al fin y al cabo, Lilian sigue siendo una reina stinger. Tendremos que monitorizarla a ella, su influencia en el entorno, y su reacci¨®n hacia otras personas.¡± ¡°Ya, entiendo. ?No importa, no sabe c¨®mo me alegro de o¨ªr todo esto!¡± ¡°Le informaremos cuando est¨¦ todo listo para su reubicaci¨®n. Ahora, si me disculpa¡­¡± En cuanto el doctor abandon¨® la habitaci¨®n, Nora corri¨® al lado de Lilian y la cogi¨® de las manos. ¡®?Lilian, cielo¡­!¡¯ [Hace tiempo que no salgo afuera. Ya tengo ganas.] ¡®?Haremos eso y m¨¢s! ?Ya ver¨¢s!¡¯ [Algo no est¨¢ bien, Norie. ?Qu¨¦ pasa? Dime.] Sus corazones eran un libro abierto, el uno para el otro. ¡®¡­lo siento. Pude haberlo hecho mejor. Todas esas veces que puse en duda que fu¨¦semos a salir de esta, todas esas veces que dud¨¦ de m¨ª misma, o que dud¨¦ de los dem¨¢s¡­ Lo siento.¡¯ [Da igual. Se acab¨®, ?no? Ahora toca seguir caminando, pasito a pasito.] Nora dej¨® escapar una risita. ¡®Claro que s¨ª. En su momento, me habr¨ªa conformado con morir a tu lado, con que muri¨¦semos juntas¡­ Nunca m¨¢s. El camino que tenemos por delante es muy largo a¨²n. As¨ª que, por favor¡­ camina conmigo.¡¯