《Cinco Sentidos [Spanish]》 Prè´¸logo: M de funeral Era la ma?ana del s¨¢bado, el d¨ªa de la despedida de Ella. Los chicos se reunieron para prepararle una fiesta. Lo que realmente hicieron fue perder el tiempo en su cuarto. En realidad esto entusiasmaba m¨¢s a Ella que pasar su ¨²ltimo d¨ªa en el pa¨ªs decorando una casa vac¨ªa para su est¨²pida fiesta de despedida. Sus Hermanos estaban sentados en su cama o acostados en el suelo, acompa?¨¢ndola como cualquier otro d¨ªa ¡ªo noche, haciendo bobadas y sacando sonrisas. Esto era lo ¨²nico que val¨ªa la pena. Ese era el ¨²nico regalo que le importaba llevarse. ¡°Necesito algo, pero no s¨¦ que es¡±, dijo Rique, quien lanz¨® su tel¨¦fono al otro lado de la cama, chocando este con Ella. ¡°Dormir, comer¡­¡±, propuso Ella. ¡°No¡­ no es eso¡±. ¡°?Ir al ba?o?¡±, dijo Ted en burla, desde el otro lado de la habitaci¨®n. ¡°No¡±. Respondi¨® Rique con serenidad. ¡°Tal vez s¨ª¡±, insisti¨® Ted. ¡°No. No es mi cuerpo el que desea, es mi alma que¡ª¡±. ¡°Jes¨²s, Mar¨ªa y Jos¨¦. Est¨¢ demasiado temprano para comenzar con las frases de Tumblr¡±, interrumpi¨® Mia. ¡°Y nuestras ¨²ltimas conversaciones con Ella no deber¨ªan ser sobre falsos vac¨ªos existenciales, Enrique¡±. Support the creativity of authors by visiting the original site for this novel and more. ¡°No estaba¡ª¡± ¡°?Ella, te est¨¢s muriendo o qu¨¦?¡±, dijo Ted cortando de nuevo a Rique. ¡°?Qu¨¦ significa ¡®¨²ltimas conversaciones¡¯? Pens¨¦ que hoy era M de mudanza no M de funeral.¡± ¡°Todo el mundo sabe que las relaciones a larga distancia no funcionan¡±, replic¨® Mia. Ted y Ella sonrieron. ¡°Tienes raz¨®n¡±, dijo Ella. ¡°El primer mes haremos llamada todos los d¨ªas y tres meses m¨¢s tarde, me tocar¨¢ salir del chat grupal de la incomodidad¡±. Ted a?adi¨®: ¡°Tal vez deber¨ªas salirte del grupo ya. As¨ª nos ahorramos la incomodidad¡±. ¡°Bueno, Hermanos con coraz¨®n de hielo¡±, dijo Rique levant¨¢ndose de la cama. ¡°?Qu¨¦ vamos a hacer antes de mandar a Ella a la M de funeral?¡± Mia gui¨® la mirada a su lado, ri¨® y se dirigi¨® a la sala. Los dem¨¢s entendieron su comando y la siguieron fuera de la habitaci¨®n. Todos hicieron su mayor esfuerzo por no hacer mucho ruido o tropezar con el Hermano que ser¨ªa v¨ªctima de la broma del d¨ªa: el se?or de los ronquidos, Johan. Llegando al umbral de la puerta, Ella gir¨®. Lanz¨® una ¨²ltima risilla a su mejor amigo que estaba acurrucado en el suelo de la habitaci¨®n. Luego pos¨® su mirada en el resto del cuarto: las paredes llenas de cintas, marcas y rayones que guardaban las memorias de toda su vida, su cama un poco hundida y arrugada donde Rique y ella se hab¨ªan sentado hace un momento, la ventana que daba vista a toda la cuadra, y las cajas que guardaban su pasado y su presente, listas para transportarla a otro lado. ¡°Toda mi vida en una caja¡­ funeral¡±, dijo entre susurros. Ella recorri¨® de nuevo la habitaci¨®n y despej¨® el aire de sus pulmones con fuerza, quiz¨¢ demasiada fuerza, ya que Johan comenz¨® a incorporarse en ese mismo instante. ¡°Hermano¡±, salud¨® Johan, estir¨¢ndose. ¡°So?¨¦ contigo¡±. ¡°?Qu¨¦ so?aste?¡± ¡°Entrando a un velatorio v¨ª a Rique. Hablaban de M, as¨ª que pens¨¦ en¡­¡±, su voz se quebr¨®, ¡°pero cuando me acerqu¨¦ ol¨ªa a canela. Como t¨².¡± Con una sonrisa triste, Ella respondi¨®: ¡°Es que hoy es M¡­ M de Mi funeral¡±. 1.1. El helado mè°©s innecesario Despu¨¦s del entierro, es decir, despu¨¦s de despedir a Ella en el aeropuerto; Ted y sus Hermanos fueron a comer. ¡°Deber¨ªamos ahogar nuestras penas en helado¡±, Johan propuso. Y, como siempre, nadie se opuso. Era imposible oponerse a los planes de Jojo. Todas sus ideas ten¨ªan que ver con comida o recibir un poco del amor de la madre tierra: ir a la playa o cerro, explorar restaurantes, visitar parques naturales, inventar nuevas recetas, descubrir miradores¡­ Johan era ¡ªjunto con Ella¡ª, el Hermano m¨¢s activo del grupo. Tal vez muy activo. Sin embargo, sus planes eran siempre tentadores, y Ted nunca se arrepent¨ªa de ellos. Incluso cuando los hac¨ªa recorrer largas distancias, la recompensa val¨ªa la pena. Eso era mucho que decir, ya que, para Ted, la mejor oferta que alguien le podr¨ªa hacer es nada. Ted solo esperar¨ªa que lo dejen ser, en otras palabras, dormir. Colch¨®n y almohada, eso es todo lo que necesitaba. Ojal¨¢ Jojo hubiera propuesto dormir. En la helader¨ªa, los Hermanos pidieron un postre llamado ¡°m¨¢s innecesario que pel¨ªcula de hwood de tres horas¡± y cinco cucharillas. ¡°Solo cuatro¡± dijo Mia sin sonido, pero Ted alcanz¨® a leerle los labios y rostro en ese momento. Luego pas¨® la mirada por sus otros Hermanos y ley¨® en ellos la misma expresi¨®n de Mia: ahora son solo cuatro. Ted di¨® un suspiro y tom¨® a Rique y Mia de la mano. Les di¨® un apret¨®n y una peque?a sonrisa. ¨¦l sab¨ªa que ellos necesitar¨ªan m¨¢s que un helado para subir sus ¨¢nimos. Mia le devolvi¨® la sonrisa. Rique apret¨® de vuelta su mano. This story is posted elsewhere by the author. Help them out by reading the authentic version. Mientras esperaban por el helado m¨¢s innecesario que pel¨ªcula de hwood de tres horas los Hermanos se sentaron en silencio. Cualquiera que los viera, indudablemente les creer¨ªa que regresan de un entierro. Las exhalaciones de Johan eran pesadas y entrecortadas, a su lado, Mia no paraba de parpadear. Frente a ella estaba Rique, que no paraba de tronar los dedos. Y en seguida estaba Ted, que no dejaba de tambalear su pierna. Al igual que sus dem¨¢s Hermanos, ¨¦l no pod¨ªa dejar de pensar, que la persona perfecta para confortarlos en esta situaci¨®n, es quien la hab¨ªa causado. Cada suspiro, trueno, parpadeo y tambaleo gritaba el mismo nombre: Ella. 1.2. Siempre Ella, solo Ella Mia deseaba tener sus gotas oculares en ese momento. Pero m¨¢s que nada, deseaba que Ella entrara por la puerta de la helader¨ªa y dijera algo. Cualquier cosa. Era Ella, as¨ª que seguramente cualquier palabra que saliera de su boca los har¨ªa sentir mejor. Los Hermanos no le tem¨ªan al silencio o la calma, pero esto era diferente, hab¨ªa un ruido en la quietud. Mia pod¨ªa ver a cada uno de sus hermanos gritando. Ted posiblemente iba a hacer que la helader¨ªa entera se sacudiera, Johan iba a robar todo el ox¨ªgeno del local, y Rique no iba solo a quebrarse los dedos, sino tambi¨¦n dejar a todos a su alrededor con el sonido fantasma de sus truenos. Mia no era la excepci¨®n, entre m¨¢s pensaba en dejar de parpadear, m¨¢s lo hac¨ªa. Probablemente hab¨ªa aleteado esos p¨¢rpados m¨¢s de lo que una mariposa aletea sus alas en toda una vida. Ella sabr¨ªa que hacer. Ella sabr¨ªa que decir. Todos los Hermanos eran buenos percibiendo cosas, pero quien realmente sab¨ªa c¨®mo reaccionar a lo que recib¨ªa, era Ella. Siempre Ella. Solo Ella. Mia pod¨ªa ver la agon¨ªa en cada uno de sus amigos, pero no sab¨ªa cu¨¢l era la combinaci¨®n m¨¢gica de letras que la desvanecer¨ªa. Mia abri¨® los ojos con fuerza y par¨® el parpadeo. Sac¨® cuaderno y l¨¢piz de la mochila y comenz¨® a dibujar. Mia deb¨ªa intentar algo para hacer que sus Hermanos recordaran este d¨ªa de manera positiva. Algo. Lo que fuera. Did you know this story is from Royal Road? Read the official version for free and support the author. Mia dibuj¨® y dibuj¨® hasta que sus o¨ªdos se cerraron, sus ojos se enfocaron y sus labios se curvaron. Frente a ella ya no estaban tres chicos perdidos en s¨ª mismos, frente a ella estaba Johan hecho bola en el suelo de la habitaci¨®n de Ella. Estaba Rique diciendo frases cursis, y estaba Ted insistiendo en una broma tonta. Tambi¨¦n estaba Mia harta de verlos a ambos diciendo estupideces a las siete de la ma?ana, y finalmente estaba Ella que los admiraba a todos con una sonrisa y les segu¨ªa el juego con toda sinceridad. ¡°Hermanos¡­¡±, dijo Mia posando el dibujo al final de la mesa donde todos lo pudieran ver. ¡°Hoy fue un d¨ªa muy largo. Elijamos un solo momento para recordarlo¡±. 1.3. Lo prometimos Johan se estremeci¨® al ver la escena en el dibujo de Mia. Record¨® el olor a canela en su sue?o, el olor a Ella. El velorio de Ella. "Por lo menos ella puede regresar", dijo para sus adentros, "Ella s¨ª quiere regresar". En ese segundo, el mesero lleg¨® con el helado que tiene el nombre m¨¢s innecesariamente largo del mundo, y cinco cucharas. "Pueden ser cinco", se dijo, "siempre seremos cinco. Lo prometimos". Johan agarr¨® una cuchara y tom¨® el primer bocado, y el segundo, y el tercero. Reading on this site? This novel is published elsewhere. Support the author by seeking out the original. El cuarto y el quinto tambi¨¦n. Levant¨® la vista y vio la expresi¨®n en el rostro de sus Hermanos. Cualquier otro d¨ªa, Jojo tomando las primeras cinco cucharadas de una comida o postre, hubiese sido un acto de traici¨®n. Recibir¨ªa miradas de odio, quejas, y, dependiendo de la comida, tal vez algunos cuantos manotazos. Pero en este d¨ªa, en este momento, todos lo miraban con una sonrisa. Johan les devolvi¨® una mueca llena de helado, frutas, salsas, galletas, chispas, ponqu¨¦, y otros acompa?amientos innecesarios. Todos explotaron en carcajadas. Y en ese instante, Johan supo que estar¨ªan bien. Todo estar¨¢ bien. 1.4. En defensa de... Rique estaba convencido que no hab¨ªa un sonido m¨¢s hermoso en el mundo que las risas de sus Hermanos. As¨ª fueran carcajadas a sus expensas, ¨¦l las aceptar¨ªa. Ese era el sonido que alegraba su d¨ªa. Hoy no era la excepci¨®n. Rique era muy consciente de lo que la mudanza de Ella significaba para sus Hermanos y para ¨¦l. Hoy era un d¨ªa que tra¨ªa memorias de dolores pasados, al igual que amplificaba los temores del futuro. Rique no quer¨ªa repetir lo que hab¨ªa sucedido hace dos a?os. No pod¨ªa. A pesar de que la situaci¨®n era diferente, el sentimiento no cambiaba. El temor solo aumentaba. "?Vas a dejar que Jojo se lo coma todo?", pregunt¨® Ted mientras le ofrec¨ªa un pedazo de ponqu¨¦. Rique regres¨® a la realidad. "Claro que no", respondi¨® risue?o, y comi¨® el trozo de pastel. Ted intent¨® dar de comer a los dem¨¢s, lo cu¨¢l despert¨® quejas en Mia. Quejas que Rique podr¨ªa recitar en sue?os. Uno de los miles de h¨¢bitos raros que ten¨ªa Ted, era que ¨¦l amaba alimentar a sus seres queridos. Para desgracia de Mia ¡ªy de los o¨ªdos de Rique, Johan y Ella¡ª, Ted quer¨ªa a sus Hermanos demasiado, y pasaba la mayor parte del tiempo con ellos... Y comiendo ¡ªaunque esto ¨²ltimo ser¨ªa culpa de Jojo. Stolen from its original source, this story is not meant to be on Amazon; report any sightings. Por un lado, Mia detestaba todo lo que tocara o se acercara a su rostro, Ted, por otro lado, ten¨ªa las manos m¨¢s inquietas e inclusivas del mundo. Ninguna parte del cuerpo era discriminada. Si Ted ve¨ªa piel, era para acariciarla. En opini¨®n de Rique, brindar comida era el gesto menos extra?o de todo lo que hac¨ªa Ted para demostrar afecto. Y Johan, en lo personal, adoraba este h¨¢bito. ?Comiendo de a cinco bocados, m¨¢s lo que Ted le ofrec¨ªa? Si no fuera por la despedida de Ella, este probablemente ser¨ªa el mejor d¨ªa de su vida. Sin embargo, este gesto de cari?o era uno de los actos principales que Mia odiaba, y no se cansaba de repetirlo. En defensa de ella, Ted tampoco se cansaba de repetirlo. En defensa de ¨¦l, Mia tiene maneras de expresar amor igual de perturbadoras. ?En defensa de Rique y sus orejas? ... Usualmente, los Hermanos restantes se consideran las mayores v¨ªctimas de esta escena, puesto que ellos presencian exactamente la misma situaci¨®n todos los d¨ªas, infinitas veces al d¨ªa. Cabe resaltar que ellos se han considerado Hermanos por casi toda su vida. No obstante, por hoy, Rique estaba feliz de escuchar el mismo guion. Por primera vez, frente a esta discusi¨®n, Rique cerr¨® los ojos en lugar de los o¨ªdos. Y dej¨® entrar el ruido, como nunca antes lo hab¨ªa recibido. 1.5. Huele a... "Huele a canela..." dijo Jojo. Y por un largo segundo, rein¨® el silencio. Todos sab¨ªan lo que significaba cuando Johan dec¨ªa que ol¨ªa a canela, alcohol, tinta y papel, queso rancio, o... Significaba que ol¨ªa a sus Hermanos. La madre de Ted trabaj¨® en un hospital durante muchos a?os, lo cual termin¨® en una peque?a obsesi¨®n de Ted con cualquier agente desinfectante. Pero su elecci¨®n de preferencia es el alcohol, y Johan lo recuerda cada d¨ªa. Por su parte, Rique tiene una relaci¨®n amor-odio con los bol¨ªgrafos. ¨¦l es quiz¨¢s el ¨²nico adolescente de esta generaci¨®n que utiliza pluma y papel m¨¢s que su celular, pero a¨²n as¨ª nunca falla en llenarse la mano de tinta luego de unas cuantas l¨ªneas. Johan lo recuerda cada d¨ªa. Mia... Mia ama los l¨¢cteos. Solo digamos que huelen mejor cuando entran a ella, que cuando salen de ella. Aunque Mia argumenta que "solo pas¨® una vez", Johan lo recuerda cada d¨ªa. Enjoying this book? Seek out the original to ensure the author gets credit. La canela es para Ella. Cualquier cosa puede faltar en la mesa del padre de Ella, pero nunca un rollo de canela. Johan no lo olvida un solo d¨ªa. 1.6. Recuerdo fantasma Era entendible que Ella estuviera ocupada. Un nuevo a?o escolar en una nueva escuela. El proceso de adaptaci¨®n no puede ser f¨¢cil. Ted sab¨ªa eso muy bien, solo... Era dif¨ªcil aceptarlo cuando Ella est¨¢ al otro lado del mundo durmiendo, mientras Ted y todos sus otros Hermanos est¨¢n vagueando en su habitaci¨®n. Para Ted y sus grandiosos Hermanos que a¨²n lo hab¨ªan abandonado, todav¨ªa quedaba una semana antes de comenzar clases. El ¨²ltimo a?o de clases. Y tal vez el ¨²ltimo a?o de Hermanos. If you spot this story on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. "Huele a canela...", dijo Jojo. "...Yo no huelo nada", respondi¨® Rique. "?Nariz de perro o alucinaci¨®n olfativa?" pregunt¨® Ted. "Nariz de perro", vot¨® Mia. "Me parece m¨¢s probable que sea un olor fantasma", replic¨® Rique. "Es posible que si Jo nos extra?a, nuestros olores lo persigan como un fantasma. Como un recuerdo". "Tal vez es por eso que en ocasiones huelo crema dental", confirm¨® Johan. Ted, que hab¨ªa estado acostado en el suelo hasta ese momento, se levant¨® de golpe y sali¨® de la habitaci¨®n. "Tengo sed", dijo al salir. 1.7. No mè°©s reportes olor铆ficos Mia no entend¨ªa c¨®mo era posible que Johan fuera tan idiota. Decir una estupidez est¨¢ bien, Ted es experto cubriendo esos momentos. Decir otra estupidez es posible, y entendible, ya que somos humanos. Repetir la misma estupidez dos segundos despu¨¦s, ya es demasiado. Nadie en esa habitaci¨®n sabe c¨®mo lidiar con eso. Nadie le pidi¨® a Johan un reporte olor¨ªfico. A nadie le importa si huele a canela o... ?Por qu¨¦ ten¨ªa que mencionar la crema dental? "Jojo", dijo Mia al ver a Ted bajar las escaleras. "No quiero saber qu¨¦ hueles". Stolen content warning: this content belongs on Royal Road. Report any occurrences. "Quieres decir ''a qui¨¦n'' huele ?no?" "Quiere decir que Johan deber¨ªa dejar que tus fantasmas lo acechen solito", respondi¨® Mia con mayor enojo debido a la aleatoria aclaraci¨®n de Rique. "Mia...", comenz¨® a decir Enrique. "Y t¨² no deber¨ªas ir por ah¨ª ech¨¢ndole m¨¢s le?a al fuego", termin¨® Mia. Los tres quedaron en silencio. Mia di¨® un pesado respiro y se levant¨® del escritorio. Se asom¨® por la puerta sin ver ning¨²n rastro de Ted. Luego se par¨® frente a Rique y Johan que estaban sentados en la cama. Mir¨® los ojos fr¨¢giles de Jojo. ¨¦l no es un idiota, se dijo a s¨ª misma. Mia sab¨ªa que Johan no dir¨ªa algo con malicia. Por lo menos, ¨¦l no lo har¨ªa sabiendo que eso los da?ar¨ªa. Quiz¨¢s ¨¦l pens¨® que estaba bien mencionarlo. Llevaban meses intentando mencionarlo. Normaliz¨¢ndolo. El problema era que la ida de Ella hab¨ªa reseteado a Ted. Los hab¨ªa reseteado a todos. "Hermanos...", dijo Mia rompi¨® en llanto. "Lo siento", fue lo ¨²nico que logr¨® decir entre sollozos. Rique y Johan se levantaron y la cubrieron en un abrazo. 1.8. Guardiè°©n de la guarida Rique no entend¨ªa ¨¦l c¨®mo hab¨ªa podido ser tan idiota. Durante el ¨²ltimo mes, sus Hermanos han estado bien. Ellos tomaron la partida de Ella mucho mejor de lo que Rique esperaba. Eso es un hecho. Pero eso no significa que ellos est¨¢n listos para hablar en detalle al respecto. Recuerdos fantasmas, ?Jes¨²s! ?que idiota! Si ¨¦l no hubiera mencionado eso, Jojo no hubiese mencionado a Tom¨¢s, Ted no tendr¨ªa que haber hu¨ªdo de su propia habitaci¨®n, y Mia no hubiera explotado en llanto. Cenutrio. Zopenco. "?Por qu¨¦ nos abrazamos?". Ted hab¨ªa regresado. Se ve¨ªa tranquilo. Que alivio. Reading on Amazon or a pirate site? This novel is from Royal Road. Support the author by reading it there. Desde ahora Rique decidi¨® tener cuidado con lo que dec¨ªa. Sin Ella, ¨¦l era quien deb¨ªa tomar las riendas del grupo. As¨ª como ella los hab¨ªa mantenido unidos hace dos a?os, ¨¦l deb¨ªa hacerlo en este momento. Rique siempre hab¨ªa envidiado la facilidad con la que Ella encontraba las palabras perfectas. Sin duda era debido a que era tan atenta. Escuchar. Recuerda siempre escuchar. "?C¨®mo pueden abrazarse y no invitarme?", dijo Ted corriendo hacia ellos con los brazos extendidos. "?No nos trajiste algo?", pregunt¨® Mia. "Uhm..." "Eres el peor guardi¨¢n de la guarida que hemos tenido hasta el momento". "Corro", comenz¨® Jojo. "Boro", termin¨® Rique. "Entonces alguien m¨¢s deber¨ªa ser el guardi¨¢n". Todos evitaron contacto visual. 1.9. Rogado Nadie quer¨ªa ser el guardi¨¢n de la guarida. Johan odiaba que pasaran los ratos en su casa, pues sus padres no lo dejaban comer todo lo que se le antojara. Al pobre Jojo "solo" cinco comidas al d¨ªa le parece una injusticia. Ted estaba seguro que la raz¨®n por la que Johan nunca se enojaba, era debido a que se com¨ªa toda su ira. Tal vez, en el fondo, ¨¦l los odiaba a todos y trataba de esconderlo bajo un mar gastron¨®mico. Mia odia invitar a sus Hermanos a su cuarto. Seg¨²n ella, ninguno tiene l¨ªmites o respeto por propiedad ajena. Su colecci¨®n de espejos rotos corrobora esta afirmaci¨®n, pero Ted piensa que ella es demasiado dram¨¢tica. Todos han tenido el cuarto destruidos por los Hermanos un par de veces en su vida, ?por qu¨¦ el cuarto de ella deber¨ªa ser especial? Por su parte, Rique ya ten¨ªa demasiados invitados en su hogar, pues, esa era la guarida de los pap¨¢s y los otros hermanos. Lo cual significaba que los chicos terminaban haciendo mandados, cuidando a los menores, o a¨²n peor, siendo arrinconados por los hermanos mayores. Oh, y tambi¨¦n siendo culpados de cualquier desastre. Ellos eran los desafortunados Hermanos del medio. Los f¨¢ciles. Eso hac¨ªa la casa de Ella tan perfecta. Pap¨¢ alcahueta, cuarto a prueba de balas ya que Ella era la m¨¢s da?ina del grupo, y el resto de la familia no se asomaba ni a la esquina. If you discover this tale on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the violation. Ted era hijo ¨²nico y su madre pasaba la mayor parte del d¨ªa trabajando en la farmacia. ¨¦l sab¨ªa que eso les daba la ventaja de que nunca ser¨ªan interrumpidos. Pero si sus amigos quer¨ªan hacerse los dif¨ªciles, entonces Ted tendr¨ªa que hacerse el rogado. "Ustedes tienen raz¨®n, soy muy mal anfitri¨®n", empez¨® Ted intentando sonar ofendido. "Alguien m¨¢s deber¨ªa ser el guardi¨¢n". Mia se cruz¨® de brazos y concluy¨®, "sos lo peor". "Corro" "Boro" Ted cay¨® en cuenta de que estaba jodido. Cada broma, pataleta, o estupidez que Ted comenzaba era respaldada por Ella. Ambos formaban el d¨²o ca¨®tico del grupo. Ella amaba seguirle el juego a Ted. Ella era quien lo motivaba a ser m¨¢s creativo y osado. Todo lo que Ted comenzaba, Ella lo terminaba. Ahora el d¨²o predominante del grupo era el de Mia y Jojo, que, desde la perspectiva de Ted, era escalofriante. Mia se cre¨ªa demasiado lista, demasiado madura, demasiado aburrida. Ted estaba seguro que Mia iba a invalidar 9 de cada 10 bromas que ¨¦l hiciera. Y Jojo, nunca iba a ponerse a s¨ª mismo en desventaja. Si ¨¦l sab¨ªa que apoyar a Mia le convendr¨ªa, iba a decir "corro", hasta que se le cayera la lengua. Adem¨¢s, Rique adoraba ver a Ted nervioso. Ted estaba seguro que era venganza. Enrique hab¨ªa sido el protagonista de, m¨ªnimo, el sesenta por ciento de los juegos de Ted y Ella. Tres contra uno. 1.10. Corroboro Mia nunca hab¨ªa sentido tanta satisfacci¨®n en su vida. Ted siempre estaba en el equipo ganador. Todo lo que hac¨ªa era justificado y avalado. Era hora de que ¨¦l supiera lo que se sent¨ªa ser el chiste y no quien se r¨ªe. Parece que va a llorar. ?Y as¨ª tiene el descaro de llamarme a m¨ª dram¨¢tica? Ted, si Rique llorara cada vez que lo dejas mal, vivir¨ªamos inundados. The author''s tale has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. Mia movi¨® su mirada a Rique. ¨¦l le estaba dando sus ojitos de l¨¢stima a Ted, como si se sintiera mal por no dejar a su hijo jugar. Seguramente se arrepent¨ªa de haber ''corroborado''. Una corroboraci¨®n entre Rique, Jojo y Mia era una sensaci¨®n muy diferente a cuando lo hac¨ªan Ella, Ted y... cualquier otro Hermano. Que Ella y Ted declararan algo y lo confirmaran, se recib¨ªa como un juego. Que otros Hermanos lo hicieran se sent¨ªa... como un ataque. Especialmente si ven¨ªa de parte de Mia. No es como si ella no supiera cu¨¢n arrogante todos cre¨ªan que Mia era... Regres¨® la mirada a Ted. Ojos derrotados y labios sellados. Ese no era su Hermano. Tal vez deber¨ªa haber jugado... 1.11. Lo siento, Ella Ella extra?aba a sus Hermanos. La facilidad con la que se estaba adaptando a su nueva vida la hac¨ªa sentir inc¨®moda. Con cada minuto que pasaba, ella se adapta un poco mejor a la diferente rutina, la complicada escuela y a sus nuevos amigos. Ella sabe que ha dejado de encontrar el tiempo para hablar con sus Hermanos, y Ella tambi¨¦n sabe que ellos la resienten por eso. ?Por qu¨¦ no duele m¨¢s? A Ella la han llamado muchas cosas, en su mayor¨ªa, positivas. Sin embargo, ella no est¨¢ segura de merecer varios de esos t¨ªtulos. Fuerte. A Ella siempre la han llamado fuerte, pero ella nunca supo qu¨¦ era lo que estaba cargando. "Lo siento, Ella". Hace dos a?os, luego de que Ella detuviera una pelea entre Mia y Ted, Rique repentinamente se disculp¨® con ella. "Lo siento, Ella". "J¨¢", respondi¨® Ella con ligereza. "?Por qu¨¦?" La voz de Rique sonaba m¨¢s tenue con cada respiro: "T¨² tambi¨¦n debes querer gritarle a alguien, pero no te dejamos hacerlo". "Si todos gritamos, no hay quien escuche". "Pero t¨² eres siempre la que escucha. Nunca te llega el tiempo de gritar...", Rique titube¨®. ¨¦l comenz¨® a morderse el interior de su labio inferior, como hac¨ªa siempre que dudaba de sus palabras. If you spot this tale on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. "?Entonces qu¨¦ deber¨ªamos hacer?", Ella le motiv¨® a continuar. "El problema es que nunca pareciera que quisieras gritar... Por eso nunca estamos preparados para escucharte". Tiene raz¨®n. Hace dos a?os Ella no le dio la suficiente importancia a aquella conversaci¨®n. No obstante, ese era el recuerdo predominante que reinaba en su cerebro en las ¨²ltimas semanas. Cada instante que a?oraba a sus Hermanos, la voz de Rique le zumbaba como una abeja "?por qu¨¦ no quieres gritar?". Ella se hab¨ªa convencido a s¨ª misma, y a todos a su alrededor, que hace dos a?os ella hab¨ªa controlado sus emociones con el fin de mantener a sus Hermanos unidos. Ahora no estaba tan segura de esto. Hace dos a?os todos hablaban de c¨®mo ella era "la roca del grupo", la l¨ªder, la fuerte. Pobrecilla Ella que no llora, porque est¨¢ demasiado ocupada limpiando las l¨¢grimas de los dem¨¢s. ?Pero cu¨¢l es mi excusa ahora? Incluso su pap¨¢ lloraba en ocasiones. ¨¦l llamaba a los padres de sus Hermanos, se quejaba, presum¨ªa, hablaba de lo cansado que estaba, y luego lloraba. Sinceramente, eso solo pas¨® en dos ocasiones, pero son dos ocasiones m¨¢s de lo que Ella ha llorado en todas las interacciones que ha tenido con sus Hermanos. Ella no hab¨ªa querido llorar hace dos a?os, y Ella no quer¨ªa llorar ahora. Cuando Ella ve¨ªa a sus Hermanos, ella solo... sab¨ªa que los quer¨ªa. Estaba segura de que los amaba. Pero no dol¨ªa. Nada dol¨ªa. Por su parte, ellos siempre ten¨ªan caritas de mu?ecas mutiladas. Ella sab¨ªa cu¨¢l era el miedo que los invad¨ªa. El mismo de hace dos a?os, el mismo del pr¨®ximo a?o. Pero era un miedo que ella no compart¨ªa, y eso era lo que le dol¨ªa. Ella no sab¨ªa si realmente era fuerte, ella nunca tuvo que cargar con ese peso. En cambio su familia le estaba aumentando unos cuantos kilos cada d¨ªa. Si le contara esto a los chicos, Rique dir¨ªa que me entiende aunque no lo hiciera, Jojo me ofrecer¨ªa de su comida, Mia asegurar¨ªa que ella ya lo sab¨ªa, y Ted dir¨ªa algo como "en momentos as¨ª se necesita un ''?eres un psic¨®pata?'' test". Ella se sonri¨® con tristeza. Quiero extra?arlos sin sentirme culpable por ello.