《Cazadores de Silicio (Español/Spanish) [¡Finalizado!]》 Prè´¸logo (Autor invitado) Mi mano izquierda escupi¨® una bola de fuego (?desde cu¨¢ndo pod¨ªa hacer eso?) y la peque?a sombra que me acechaba explot¨® en mil pedazos. Sin que me diera cuenta, mis labios se arquearon con una mueca de satisfacci¨®n. Has vencido al Umbro. Inspir¨¦ con fuerza y envain¨¦ la espada. Las llanuras se extend¨ªan m¨¢s all¨¢ del horizonte, dejando una estampa tan simple como efectiva en la que la protagonista absoluta era esa extra?a hierba a?il. S¨ª, alg¨²n surco plateado la cruzaba de vez en cuando, pero no hab¨ªa una sola atracci¨®n para la vista m¨¢s all¨¢ del ocasional monstruo deseoso de destruir al primer rival que se le cruzara. Sigue adelante. Esa era mi vida. Desde que tom¨¦ conciencia de m¨ª mismo (no sabr¨ªa decir cu¨¢ndo, era incapaz de percibir el paso del tiempo), no hac¨ªa m¨¢s que vagar por un mundo en el que nadie era capaz de dedicarme m¨¢s que unos rugidos guturales antes de abalanzarse contra m¨ª. Tu destino se halla allende los campos. Guiado por las palabras que aparec¨ªan en mi mente, no cej¨¦ en mi empe?o de explorar ese extra?o mundo. Bueno, era dif¨ªcil calificarlo como ?extra?o? cuando era lo ¨²nico que jam¨¢s hab¨ªa conocido, pero hab¨ªa algo en mi interior que dec¨ªa que no era el lugar en el que deb¨ªa estar. Tambi¨¦n me ense?aba, poco a poco, a luchar contra las diversas criaturas que me encontraba por el camino. Gradualmente, fui convenci¨¦ndome de que ese infinito a?il no era el lugar al que realmente pertenec¨ªa, aunque no tuviera indicio alguno de ello. ?Ves, chico? Incluso aqu¨ª, has de superar estos retos. De repente, la explanada acab¨®. No sab¨ªa por qu¨¦, pero la palabra ?castillo? vino a mi cabeza al ver c¨®mo esos bloques rojizos se alzaban buscando el cielo de forma irregular, buscando la luna blanca de un cielo hu¨¦rfano de estrellas. The narrative has been taken without permission. Report any sightings. Eres un h¨¦roe. Ese es tu ¨²nico prop¨®sito. ¨D?Qu¨¦ significa ser un h¨¦roe? ¨DPor primera vez, unas palabras brotaron de mis labios. El tono era totalmente opuesto al timbre grave que daba voz a mis pensamientos. Has de aprenderlo por ti mismo. Ese es tu sino. Mas vas bien encaminado, joven. Explor¨¦ ese edificio que el eco de mi mente hab¨ªa llamado castillo. Las formas estaban poco definidas. Sin embargo, poco a poco, empezaban a tener sentido, formando habitaciones, trazando dise?os en las paredes y gui¨¢ndome a lo que ese narrador de mi cabeza describ¨ªa como ?sala del trono?. ¨DUna visita. ¨DUn torrente vetusto retumb¨® en las paredes¨D. Hac¨ªa eones que nadie se personaba en mis dominios. Est¨¢s en el lugar que buscabas. ?Alguien que pronunciaba palabras! ?Palabras de verdad! ?No ?groar? ni ?iiih?! ?Palabras constantes y sonantes! Me dio igual lo ominoso del tono, corr¨ª hacia la fuente de la primera voz que no sal¨ªa de mi cabeza. ¨D?Hola! ¨Dgrit¨¦ con todo el aire de mis pulmones¨D. Soy¡ Esto¡ ?Ten¨ªa nombre acaso? Solo sab¨ªa que ten¨ªa que seguir adelante y convertirme en un¡ ?Est¨¢s seguro de que quieres aceptar ese nombre? ¨D?H¨¦roe! ?Me llamo H¨¦roe! Unos pesados pasos precedieron a una figura. Comparada con las sombras informes y las criaturas asilvestradas que me hab¨ªa encontrado en mi periplo, esta ten¨ªa m¨¢s entidad. Estaba claramente formada y, a pesar de que me doblaba en altura y triplicaba en hechuras, pod¨ªan reconocerse ciertos rasgos humanos en ella. Algunos, no todos. Aunque no sab¨ªa c¨®mo deb¨ªa ser un humano (mi reflejo en las aguas era la ¨²nica referencia que ten¨ªa de eso), algo me dec¨ªa que un pico largo y arqueado y una cola larga y puntiaguda no eran rasgos de humanidad. Vest¨ªa poco m¨¢s que unos ra¨ªdos pantalones y una capa y llevaba un enorme tridente atado a su espalda con un cinto de cuero. ERYMATH SE?OR DE LOS CERN¨ªCALOS ¨DAs¨ª que H¨¦roe¡ ¨Dponder¨® unos instantes¨D. Me gusta. ¨D?Eso es! ¨Dgrit¨¦ con energ¨ªa. Sin costumbre, costaba controlar la voz¨D. ?Quiero aprender qu¨¦ significa! El enorme ser solt¨® una estruendosa carcajada. Tanto, que algo de polvo rojizo cay¨® de los bloques del techo al agitarse. Algo me dec¨ªa que deb¨ª haber escuchado a mi instinto de supervivencia antes que a mi deseo de hablar con alguien. ¨DLa pr¨®xima grieta ser¨¢ mi billete de salida de esta prisi¨®n ¨Dadvirti¨®, se?al¨¢ndome con su arma¨D. Y t¨² no puedes hacer nada para impedirlo. Septiembre, 2003 - Cazadores de Silicio #232 ?Este mes, CD con demos de regalo! An¨¢lisis: Naked Hero IV (PlayStation 2 y PC). F-Zero GX (Nintendo GameCube). Crimson Skies (Xbox). ?Y seis juegos m¨¢s! Love this story? Find the genuine version on the author''s preferred platform and support their work! Art¨ªculos: Yaroze-kai: el nuevo juego de monstruos que lo est¨¢ petando en Jap¨®n. ?Tiembla, Pok¨¦mon! Tokyo Game Show 2003. ?Hemos estado all¨ª y os lo contamos! Especial Tomb Raider: ?Os contamos m¨¢s del juego que inspir¨® la pel¨ªcula de moda! RetroGaming: Eiyuusha, la leyenda de MSX. Noticias: Sonic Heroes, la primera aventura del erizo fuera de las consolas de SEGA. Una PlayStation 2 plateada, ?solo para coleccionistas! Like a Kabaajin, la nueva apuesta de FILE. ?Y mucho m¨¢s! Gu¨ªas: Final Fantasy Tactics Advance (primera parte). Fire of the Teinekell V (tercera parte). Especial Trampas y Trucos 2003. Y, como siempre, nuestra secci¨®n estrella... ?Leyendas de Silicio! Cap铆tulo 01, por El铆as Delf铆n ¨DEl autob¨²s con procedencia Atecina del Bosque est¨¢ a punto de realizar su llegada al and¨¦n n¨²mero siete ¨Danunci¨® el sistema de megafon¨ªa. A pesar del aviso, me qued¨¦ en el sitio. Sab¨ªa que el bus a¨²n tardar¨ªa unos minutos y estaba lo suficientemente cerca de superar mi r¨¦cord en el Snake como para dar prioridad a ser de esos que se amontonan contra el cristal de la d¨¢rsena. ¨D?Eh, t¨²! ¨Dprotest¨® un hombre malhumorado¨D. Deja de hacer el tonto con el m¨®vil y qu¨ªtate de en medio. Joder, las maquinitas os van a fre¨ªr el cerebro. Me limit¨¦ a chasquear la lengua. Hab¨ªa sitio de sobra para que el tipo pudiera pasar. Suspir¨¦ y, por ahorrarme m¨¢s tonter¨ªas, me puse de perfil y segu¨ª a lo m¨ªo. Al parecer, no fue suficiente gesto para ¨¦l, pues decidi¨® salirse de su camino para arremeter contra m¨ª con su hombro, haci¨¦ndome perder un giro cr¨ªtico para mi partida. ¨DEn fin. Game Over. Gilipollas ¨Dsolt¨¦ entre dientes antes de guardar el tel¨¦fono en el bolsillo. Me coloqu¨¦ bien el asa de la mochila (s¨ª, yo era de esos que llevaban la mochila colgada ¨²nicamente por un lado) y me dirig¨ª al s¨¦ptimo and¨¦n. Para cuando llegu¨¦, el autocar a¨²n no hab¨ªa abierto sus puertas, pero los viajeros se agolpaban con intenciones de ser el primero en salir. Recorr¨ª con los ojos las caras que se atisbaban, pero ninguna de ellas era la de Vero. De hecho, se hizo de rogar tanto (y el que hiciera tan poco bulto volv¨ªa f¨¢cil cortarle el paso) que la puerta que separaba la estaci¨®n de la zona de carga y descarga ya se hab¨ªa abierto. Como era de esperar, yo hab¨ªa deso¨ªdo la ?recomendaci¨®n? de no cruzarla para recibir a los viajeros. ¨DPor fin bajas ¨Dsalud¨¦ con un gesto desenfadado a la muchacha mientras descend¨ªa las escaleras¨D. Que sepas que casi no te reconozco con esas pintas, chica. Menudo cambio. En circunstancias normales, habr¨ªa podido justificar confundir a mi amiga de la infancia. Hac¨ªa varios a?os que no la ve¨ªa en persona y, por muchas fotos que se intercambien por el Messenger y mucha webcam pixelada que se comparta, segu¨ªa siendo f¨¢cil disociar el aspecto de alguien que no hab¨ªas tenido cara a cara desde que antes que la pubertad hiciera de las suyas. No era f¨¢cil, pero al menos podr¨ªa haberla distinguido si no hubiera te?ido su larga melena rubia del negro m¨¢s g¨®tico que pudieras encontrarte en el supermercado. O si no se hubiera ocultado tras una sutil capa de maquillaje. O, yo qu¨¦ s¨¦, si no se hubiera vuelto pr¨¢cticamente irreconocible a la hora de vestir. Por fortuna, era complicado olvidarse de unos ojos aguamarina tan curiosos y la sonrisa tan en¨¦rgicamente contagiosa que hab¨ªa llevado toda su infancia. ¨D?Sorpresa! ?Soy la nueva Ver¨®nica Garza! ¨Dchill¨®, aunque intent¨® recomponerse r¨¢pidamente¨D. Lista para volver a la ciudad. Como si no hubieran pasado los a?os, aprovech¨¦ la diferencia en nuestras alturas para revolverle el pelo con cari?o. Ella se limit¨® a agachar la cabeza y esconder el moh¨ªn que estaba dibujando, como si se estuviera obligando a nublar su felicidad. ¨D?No me das un abrazo? ¨Ddijo tras una peque?a espera¨D. Hace cinco a?os del ¨²ltimo. La muchacha no se molest¨® en esperar a que reaccionara y enrosc¨® sus brazos en torno a m¨ª. Tard¨¦ un poco en reaccionar, pero reciproqu¨¦ el gesto. El olor de su nuevo tinte de pelo, a¨²n fresco, invadi¨® mi nariz, pero, ?qu¨¦ demonios! Un reencuentro as¨ª lo merec¨ªa. Me aferr¨¦ a ella sin decir nada m¨¢s. ¨DTe he echado de menos, Eli. ¨DTras soltarse, golpe¨® mi pecho sin mucha fuerza. ¨DFuiste t¨² quien me pidi¨® que no fuera a ?ese pueblo perdido de la mano de Dios?. ¨DEnfatic¨¦ las comillas¨D. Ya sabes que no me faltaban ganas de estrenar el nuevo viejo coche de la familia en carretera. ¨DBueno. ¨DSe encogi¨®. Su enorme sudadera se resbal¨® de sus enjutos hombros¨D. He estado... liada. Preparando esto. El nuevo curso... La beca... Y, bueno, todo lo dem¨¢s... ya sabes. No ?sab¨ªa? sobre lo dem¨¢s, no. Tampoco es que me importara: al fin y al cabo, me alegraba mucho que la chica fuera tan aplicada como para saltarse un curso en el instituto para poder ingresar en la Escuela de Ingenier¨ªa Inform¨¢tica un a?o antes que el resto de su promoci¨®n. Adem¨¢s, como a¨²n quedaban unos d¨ªas para su cumplea?os, tendr¨ªa su primera clase con solo diecis¨¦is. La beca ten¨ªa menos m¨¦rito: tener un t¨ªo siendo el jefe de redacci¨®n de una de las publicaciones m¨¢s exitosas de Ediciones OTKo era una buena forma de ganarse un puesto. Aunque no me iba a quejar: su amigo estudiante de Periodismo tambi¨¦n iba en el pack nepotista y a cambio solo ten¨ªa que ofrecerle un techo bajo el que volver a vivir en el centro de Gailadr¨ªa, la ciudad en la que pasamos nuestras infancias. ¨DPor cierto, quiz¨¢ te resulte una pregunta extra?a, pero... ¨DLos ojos de la chica brillaron con ilusi¨®n¨D. ?He olido casta?as asadas al abrazarte? ¨D?Cre¨ªas que me iba a olvidar? ¨DSaqu¨¦ el cartucho a¨²n caliente de mi mochila y se lo entregu¨¦ cual ramo de flores en un alarde de payasada¨D. De todos modos, te veo tan cambiada que... ¨D?Jo! ¨Dprotest¨® con un resoplido que le hizo volar los pocos mechones libres de su flequillo¨D. Sigo siendo la misma a que la que acribillaste a zumbidos ayer. O eso creo. Es complicado. ¨DAlgo me dice que nos tenemos que poner al d¨ªa, sea como sea. ¨D?Claro! ¨Dbaj¨® de nuevo el tono, ahogando la exclamaci¨®n¨D. Claro, pero primero tienes que ayudarme con las maletas. La buena noticia es que esa burrada de bultos a los que llamaba equipaje entr¨® en el maletero del coche (no sin una sesuda sesi¨®n de Tetris). La mala, que los amortiguadores estaban tan desgastados que el peso hizo que conduj¨¦ramos uno de esos pimpmobile del Vice City. Y llevar eurobeat a todo trapo no ayudaba a nuestra imagen. Daba igual. No necesitaba m¨¢s que un vistazo al asiento del copiloto para sonre¨ªr. Volv¨ªamos a vernos, despu¨¦s de tanto tiempo. ¨DVamos directos a la oficina, ?verdad? ¨DCasi que mejor que s¨ª. Ya sabes que mi t¨ªo es muy estricto con la puntualidad y esas cosas. ¨DEch¨® un vistazo a su reloj de pulsera¨D. Ni un minuto antes, ni uno despu¨¦s. ¨DSigue result¨¢ndome imposible asociar a ?Ram¨®n Lourido, el t¨ªo serio y cuadriculado? con ?Ram¨®n Lourido, el de las respuestas jocosas de Cazadores de Silicio? ¨Dconfes¨¦. ¨DPero si ya coincidiste con ¨¦l. ¨DJuguete¨® con los pendientes de su oreja izquierda. La cadena de plata que los un¨ªa se agitaba de una forma casi hipn¨®tica¨D. Muchas veces, de ni?os. La ¨²ltima, cuando la mudanza. ¨DTen¨ªa como catorce o quince a?os por aquel entonces. ¨DPrepar¨¦ el coche para aparcar, pero dio un respingo por mi falta de experiencia. ¨DCatorce ¨Dasegur¨®, intentando tragarse una de las casta?as de un bocado¨D. Fue antes de junio, estoy segura. ¨DPues eso. ?C¨®mo crees que iba a reaccionar un chaval de esa edad al enterarse de que te ibas? ¨D?Haciendo el payaso como siempre? ¨Dsugiri¨®¨D. No recuerdo demasiado de eso, pero... Estoy convencida de que diste la nota. ¨DSupongo ¨Dbuf¨¦ con desgana¨D. No tuve tiempo a pensar que el se?or SiliMAX estaba ah¨ª. ¨DJuas, se?or SiliMAX. ¨DVero solt¨® una nada recatada carcajada. Intent¨® recomponerse, pero ya era demasiado tarde, as¨ª que se limit¨® a taparse media cara con la mano¨D. Hab¨ªa olvidado eso. Menos mal que volvieron a cambiarle el nombre a la revista despu¨¦s. ¨DLos noventa fueron tan radicales como rid¨ªculos. Los dos compartimos un momento c¨®mplice como si el tiempo no hubiera pasado. *** La guarda de seguridad del edificio donde se encontraba la redacci¨®n de Cazadores de Silicio se asegur¨® concienzudamente de que nuestros nombres figuraban en la lista de invitados. A rega?adientes, nos se?al¨® al ascensor con un escueto ?sexta planta?. La subida fue silenciosa, en parte porque intentaba pensar qu¨¦ decir en la entrevista, en parte porque no se me ocurr¨ªa ninguna payasada con la que destensar el ambiente. Toda la sexta planta estaba dedicada a la redacci¨®n, que anunciaba su nombre en cartel con el logotipo actual de la revista (una suerte de vuelta a las ra¨ªces con una fuente sobria, pero con peque?os detalles que enfatizaban el misterio) coronando la sala de espera. No tuve demasiado tiempo a fijarme en los detalles, ya que Vero ech¨® a correr hacia la persona que estaba sujet¨¢ndonos la puerta. If you encounter this story on Amazon, note that it''s taken without permission from the author. Report it. ¨DEy, Norma. La chica intent¨® quedar como alguien guay dejando su menuda mano en el antebrazo de la aludida, pero esta us¨® toda su fuerza en su contra en uno de esos abrazos que podr¨ªan romperte un par de costillas por accidente. Yo, en cambio, me limit¨¦ a actuar como el lector empedernido de la revista que siempre hab¨ªa sido. ¨D?Norma? ??Norma Guarnido!? ¨Dparpade¨¦ varias veces¨D. ?No me hab¨ªas dicho que la conoces! ¨DParece que tengo un fan. ¨DMe extendi¨® la mano. Sin cambiar su expresi¨®n, tambi¨¦n levant¨® la pierna hacia atr¨¢s para evitar que la puerta se cerrara¨D. Debes ser El¨ªas. Esta renacuaja me ha hablado mucho de ti. Contuve mis impulsos de desmayarme de la emoci¨®n y centr¨¦ mi vista en la persona que nos recib¨ªa. Editora jefa. La segunda de a mando de la tripulaci¨®n, por decirlo de alguna forma. La mente detr¨¢s de Leyendas de Silicio, el nuevo formato de la cl¨¢sica secci¨®n de la revista que exploraba las leyendas urbanas que rodeaban el mundo del videojuego para desmontarlas o contarnos sus mayores secretos. Y, en sus ratos libres, cosplayer. Premio a traje m¨¢s elaborado por su Alphonse de Full Metal Alchemist en las nacionales de 2002, de hecho. Pero ah¨ª estaba, con su pelo cobrizo recogido con lo que parec¨ªan ser palillos chinos en un mo?o (que, de alguna forma, funcionaba). Fijando unos intensos ojos verdes en un fan que no sab¨ªa c¨®mo articular tres palabras seguidas. ?Era m¨¢s alta en persona? Casi me alcanzaba. Y eso que usaba unas zapatillas planas. ¨DNo muerdo ¨Dintent¨® relajar el ambiente, pero ten¨ªa una de estas presencias intimidantes de luchadora de artes marciales mixtas que lo complicaba m¨¢s de la cuenta¨D. De verdad. ¨DHo-hola. ¨DMov¨ª la mano como un imb¨¦cil¨D. ?Soy un admirador de tu trabajo! ?Pocos llegan tan lejos para resolver misterios tan res... red... rec¨®nditos! ¨DTe dije que le iba a dar un patat¨²s ¨Dse burl¨® mi amiga con cierta discreci¨®n. La justa como para que pudiera enterarme yo, claro estaba. ¨DHa merecido la pena darle la sorpresa, s¨ª. ¨DMe estrech¨® la mano por fin, con fuerza¨D. Encantada. Vamos a trabajar juntos, as¨ª que espero que est¨¦s a la altura de todo lo que tengo que ense?arte. Me qued¨¦ congelado en el sitio, pero Vero tuvo el ?detalle? de empujarme hasta el interior de la redacci¨®n de un caderazo. Muchos de los trabajadores ni siquiera giraron la vista de sus ordenadores al vernos entrar, pero yo s¨ª que escudri?¨¦ a unos cuantos. Redactores, revisores, maquetadores... Un mont¨®n de caras conocidas para el que se hab¨ªa memorizado la p¨¢gina del equipo de Cazadores. El trabajo parec¨ªa m¨¢s fren¨¦tico de lo que imaginaba. Una mujer hablaba a gritos en japon¨¦s a trav¨¦s de su tel¨¦fono, pero los que la rodeaban no parec¨ªan siquiera inmutarse. Naturalmente, me par¨¦ en el trabajador que estaba sentado en el sof¨¢ sosteniendo un mando de Dreamcast. La consola ya no estaba en el mercado, as¨ª que asum¨ª que no estaba preparando un an¨¢lisis. ?Se trataba de ?trabajo de campo? para Leyendas? Intent¨¦ averiguar qu¨¦ juego estaba jugando desde el rabillo del ojo, pero no lo pude identificar antes de un nuevo empuj¨®n de mi amiga. ¨DNo hag¨¢is esperar a Ram¨®n ¨Dnos aconsej¨® Norma, golpeando la puerta con los nudillos por nosotros¨D. Aunque la entrevista sea pr¨¢cticamente un parip¨¦ a estas alturas, se la va a tomar en serio. Cerr¨® la puerta de un golpe seco. ¨DAdelante. Tomad asiento. La voz del jefe era imponente, sin duda. Obedecimos sin r¨¦plica. El silencio del despacho no tard¨® en acentuarse por encima de cualquier bullicio que pudiera haber habido fuera y jurar¨ªa que se me escuch¨® tragar saliva. Ram¨®n Lourido era un hombre que ya hab¨ªa pasado la treintena, pero los retratos que le mostraban en la revista hab¨ªan cambiado poco desde que debut¨® en los a?os ochenta. Sus ojos, grises, parec¨ªan m¨¢s cansados y ahora necesitaban unas gafas. Su barba hab¨ªa pasado de perfectamente cuidada a inexistente. Algunas arrugas m¨¢s poblaban su rostro, que poco a poco hab¨ªa perdido su moreno para mostrarse m¨¢s p¨¢lido. Pero poco m¨¢s. Su expresi¨®n seria segu¨ªa siendo la misma del primer d¨ªa, y la ¨²nica diferencia en su est¨¢tico y engominado peinado eran un pu?ado de canas. A pesar de que ya estaba algo fond¨®n, portaba un traje con el que parec¨ªa un pincel. Gemelos de oro, un pa?uelo en la solapa y todos los accesorios que esperar¨ªas de un gentleman de cuello vuelto. Nada de joyer¨ªa m¨¢s all¨¢ de un anillo de plata en su anular izquierdo, eso s¨ª. Si tuviera que definir el aspecto de Ram¨®n Lourido con una palabra, ser¨ªa simple y llanamente ?aburrido?. Aun as¨ª, era la persona que m¨¢s me hab¨ªa hecho re¨ªr en el mundo con sus respuestas en la secci¨®n del lector. Puesto que, a pesar de no cubrir a tiempo completo desde finales de los noventa, se hab¨ªa negado a abandonar a pesar de su ascenso a jefe de redacci¨®n. ¨DSe?or Delf¨ªn ¨Ddijo por fin. Acto seguido, comprob¨® los papeles de la mesa concienzudamente¨D. Se?orita Garza... Vaya, cu¨¢nto has crecido, Ver¨®nica. Me alegro de tenerte aqu¨ª de nuevo. Encorv¨® ligeramente los labios dibujando una sonrisa. No una capaz de romper el aura estoica, pero s¨ª una que dec¨ªa claramente ?esta ni?ita es mi debilidad?. Idea de la que me estaba dispuesto a aprovechar hasta sus ¨²ltimas consecuencias. ¨DBienvenidos a la redacci¨®n de Cazadores de Silicio. Antes de seguir, agradecer¨ªa que firmaran los contratos de confidencialidad. Nos extendi¨® sendas hojas e inst¨® a tomar un bol¨ªgrafo para firmarlas. Acced¨ª r¨¢pido y le devolv¨ª la hoja ante una mirada de desaprobaci¨®n. ¨DQuiero pensar, se?or Delf¨ªn, que es usted el lector m¨¢s r¨¢pido del Oeste. ¨DPleg¨® el folio con desidia y lo dej¨® sobre un mont¨®n¨D. No obstante, dudo que la voluntad sea suficiente. No supe qu¨¦ responder. ¨DToma, tito ¨Ddijo Vero tras esperar un tiempo prudencial¨D. Todo correcto. ¨DAs¨ª me gusta. ¨DDesliz¨® un caramelo desde su lado de la mesa. La muchacha tard¨® en decidir c¨®mo reaccionar, pero lo acept¨® de buen grado¨D. Bien hecho. ¨DComo bien iba diciendo, les he sugerido personalmente para formar parte del equipo de Cazadores de Silicio en calidad de becarios. ¨DSe ajust¨® los anteojos en una pausa¨D. Se?or Delf¨ªn, entiendo que quiere formar parte del equipo de redacci¨®n. ¨DS-s¨ª ¨Dcontest¨¦, poco seguro¨D. La revista ha sido una inspiraci¨®n desde que era peque?o para estudiar Periodismo y... ¨DS¨ª ¨Dme interrumpi¨®, agitando levemente un papel en el aire¨D. Lo veo en tu curr¨ªculo. Segundo curso, Facultad de Periodismo de Gailadr¨ªa. Sorprendentemente, una media de ocho coma cuarenta y siete. ¨D?Sorprendentemente? ¨DNo pude morderme la lengua. Por suerte, el jefe no reaccion¨®. ¨DVer¨®nica, me ha costado bastante convencer a los de arriba a pesar de tu porfolio, as¨ª que valora esta oportunidad ¨Dsu voz son¨® ligeramente m¨¢s suave¨D. Estar¨¢s a cargo de la nueva p¨¢gina web de la publicaci¨®n. Por ahora, solo de eso. Espero que lo comprendas. La chica asinti¨® con la cabeza. Sent¨ª que se me escapaba algo, pero no le di mayor importancia. ¨DQuiero dejarlo claro desde el primer momento: su trato especial se acaba en el momento en el que he sacado sus nombres de la chistera. ¨DSe fij¨® especialmente en m¨ª¨D. Por ende, les proporcionar¨¦ la misma bater¨ªa de preguntas que a los dem¨¢s para formular mi informe inicial y, en funci¨®n de ello, asignar¨¦ ma?ana sus primeras tareas para que se familiaricen con el d¨ªa a d¨ªa de Cazadores. Recorr¨ª con la vista el documento que nos hab¨ªa proporcionado. En ¨¦l, realizaba preguntas que pretend¨ªan encasillar mi personalidad (?psicoanalistas a m¨ª!), as¨ª que me esforc¨¦ en responder de la forma m¨¢s ambigua posible. En la segunda hoja hab¨ªa algunas cuestiones que quer¨ªa definir nuestra carrera como jugones y un pu?ado de cuestiones espec¨ªficas sobre la revista donde trabaj¨¢bamos. Decid¨ª ser un chaval aplicado y us¨¦ mi conocimiento de a?os de fan ¨¢vido de la revista en demostrar que sab¨ªa todo lo que necesitaba sobre ella. Fundada en 1984 bajo el nombre Revista Silicio, pas¨® sus primeros a?os desapercibida como una m¨¢s de las revistas de un sector que en la ¨¦poca se consideraba de nicho. Por aquel entonces, se especializaba en microordenadores en lugar de videoconsolas (lo que ten¨ªa ser un medio para jugones europeo en los ochenta) e incluso ten¨ªa secciones dedicadas a la programaci¨®n. Con la cuarta generaci¨®n de consolas (la de la famosa guerra entre la Super Nintendo y la Mega Drive), el mercado se asent¨® un poco m¨¢s y empez¨® a desplazar el foco original de la publicaci¨®n. Por aquel entonces tambi¨¦n empez¨® a trabajar un jovenc¨ªsimo (eh, quiz¨¢ haci¨¦ndole la pelota se suavizara conmigo) Ram¨®n Lourido contestando cartas de los lectores. Su poca paciencia a la hora de responder a los lectores m¨¢s impertinentes y sus finas y documentadas r¨¦plicas a las cartas m¨¢s interesantes hicieron que su nombre empezase a ganar un espacio de honor en la revista. Pero fue otra cosa la que hizo que Revista Silicio despegara. Las leyendas urbanas sobre el videojuego. ?Errores de software, bulos o realidades? Tras un par de tentativas, la revista encontr¨® un formato atractivo tanto para los fans de los relatos de investigaci¨®n como para los curiosos del medio... Y el resto fue historia. Quiz¨¢ alguno los acusaba de ser simples creepypastas (o como se les llamara antes de acu?ar el t¨¦rmino), pero el nivel de producci¨®n y documentaci¨®n de las historias me hac¨ªa imposible estar en ese barco. No despu¨¦s del especial sobre el Efecto Pirita a finales de los noventa. La primera pieza firmada por Norma Guarnido. El momento en el que decid¨ª que quer¨ªa dedicarme a esto. Un punto de inflexi¨®n, un ¨ªmpetu lo suficientemente grande como para que meses despu¨¦s el nombre extra?amente noventero SiliMAX pasase a uno que se centraba m¨¢s en la columna vertebral de la revista, la caza de mitos, y retornara al sobrio ?silicio? de su nombre original. Cuando me di cuenta, pr¨¢cticamente hab¨ªa escrito una redacci¨®n de dos folios para resolver esa pregunta. En ese tiempo, Vero ya hab¨ªa entregado las suyas y Ram¨®n hab¨ªa evaluado su cuestionario y empezado a redactar un esbozo de informe en su ordenador. ¨DAqu¨ª tienes ¨Dintent¨¦ suavizar el ambiente con un tono meloso¨D. Espero un trato ligeramente mejor que el que le das a los lectores. Interpret¨¦ su falta de respuesta como un ?ya lo juzgar¨¦ yo? y comenz¨® a leer las respuestas con una cara de p¨®ker digna del campeonato de Las Vegas durante unos minutos que se me hicieron eternos. Como mis manos no dejaban de moverse como con vida propia, Vero me ofreci¨® la suya, pero estaba tan distra¨ªdo con mis cavilaciones que no me di cuenta hasta que fue demasiado tarde. ¨DDe acuerdo ¨Dsus palabras me alertaron m¨¢s de lo que cabr¨ªa esperar¨D. Buena pluma, Delf¨ªn. Una caligraf¨ªa nefasta, pero no es una queja que pueda formular en la era de los procesadores de texto y las impresoras. S¨ª que tengo que expresar un poco de desaz¨®n ante la falta de seriedad con la que ha abordado las preguntas relativas a la psicolog¨ªa. Huelga decir que no quiero bufones en mi equipo. M¨¢xime, bufones tan brillantes. Agach¨¦ un poco la cabeza, pero mi fuero interno brill¨® con orgullo. Hab¨ªa arrancado justo la reacci¨®n que buscaba del jefe que tanto idolatraba. ¨DY, aunque el test no lo requer¨ªa, su redacci¨®n libre sobre la trayectoria de esta casa es encomiable. ¨DSus ojos se mostraron algo m¨¢s gentiles¨D. No obstante, espero que para la pr¨®xima ocasi¨®n se atenga al enunciado. Lo dejar¨¦ pasar por esta vez. ¨DTen¨ªa que ense?ar lo mucho que molo. ¨DMe apunt¨¦ con los pulgares¨D. Buena entrada, ?eh? ¨DEnse?e ?lo mucho que mola? ¨Daunque no gesticul¨®, las comillas iban impl¨ªcitas en el ambiente¨D en su puesto de trabajo a partir de ma?ana. Nosotros haremos lo propio al mostrarle el lado que no conoce de la redacci¨®n. Mas, como se suele decir, tiempo al tiempo. Les dejar¨¦ marchar por hoy, no sin un contrato que firmar. Ruego, se?or Delf¨ªn, que esta vez lo revise concienzudamente. Dej¨® algo de espacio vac¨ªo en el que acab¨¦, por despiste, haciendo un amago de levantarme de la silla. Por suerte, Vero supo tirar de mi manga antes de que su t¨ªo se percatara de la jugada. ¨DAhora s¨ª, puedo darles la bienvenida a la revista Cazadores de Silicio. Cap铆tulo 02, por Verè´¸nica Garza Cuando acabamos en la redacci¨®n, ya hab¨ªa oscurecido. Ten¨ªa algo de hambre, as¨ª que insist¨ª a Eli para hacer una parada en nuestra pasteler¨ªa favorita antes de llegar a casa. Menos mal que segu¨ªa abierta despu¨¦s de todos estos a?os; por nada del mundo me iba a perder una de esas nost¨¢lgicas napolitanas de crema. El periodista dej¨® el coche en paralelo (si la L que llevaba pegada en la parte de atr¨¢s no era signo suficiente, lo torcido que qued¨® dej¨® claro que eso de aparcar no se le daba muy bien) y descarg¨® todo el equipaje del maletero. No por innecesaria caballerosidad, sino porque se percat¨® de que me hab¨ªa distra¨ªdo demasiado rememorando el vecindario. ¨DEl barrio de tu abuela sigue exactamente igual que cuando me fui. ¨DEstir¨¦ los hombros y tom¨¦ aire¨D. Por cierto, ?qu¨¦ tal est¨¢? Respondi¨® balanceando la mano. ?Pich¨ª, pich¨¢?, supuse. Aunque no estaba muy lejos de la casa de sus padres, la abuela de Eli no estaba en condiciones de vivir sola. Como la casa de mi amigo no contaba con suficientes dormitorios como para que vivieran todos juntos, decidieron que lo mejor para ¨¦l ser¨ªa instalarse en un lugar que, en otras circunstancias, se habr¨ªa quedado cerrado a cal y canto. Todo a pedir de boca: ¨¦l sal¨ªa ganando ?su experiencia universitaria? y yo iba a tener una habitaci¨®n entera para m¨ª sola. La est¨¦tica ?casa de abuela convertida en piso de estudiantes? era, sin duda, algo curioso de ver. Aunque hab¨ªa retirado la mayor¨ªa de elementos decorativos del sal¨®n (algo le dijo que era gracioso mantener una bailaora de flamenco encima de la tele), no hab¨ªa encontrado espacio para todo en el trastero. As¨ª que las escenas de ?Jesucristo contra Sefirot? y las figuras de porcelana rodeadas de naves espaciales de LEGO daban un toque ?distinguido? al sal¨®n. No pude ocultar la mueca de alegr¨ªa al ver que el extra?o sentido del humor de mi amigo segu¨ªa intacto. Eso, y que el anacr¨®nico papel pintado de la pared estaba cubierto de posters y fotos de una forma que espantar¨ªa a cualquier decorador de interiores que se preciara. Aun as¨ª, a m¨ª me resultaba encantador eso de tapar rasgones con un cartel extremadamente noventero de Crash Bandicoot bailando hip-hop o ver una mancha de humedad convertida en la nueva casa de Spider-man. ¨DY a¨²n no has visto tu cuarto ¨Dchance¨® al verme analizar cada rinc¨®n con detenimiento¨D. A juzgar por las pintas con las que me has sorprendido, te alegrar¨¢ saber que hay un mont¨®n de crucifijos a los que darle la vuelta. ¨DTonto. ¨DLe di un cari?oso pu?etazo en el pecho y dej¨¦ que mi cabeza descansara sobre ¨¦l¨D. ?Es que no te gusta la nueva Vero? ¨DMe gustan todas las Veros ¨Dme asegur¨®. Yo escond¨ª la cabeza para que no se notara la cara de imb¨¦cil que estaba poniendo¨D, pero a¨²n tengo que acostumbrarme a esta, enti¨¦ndelo. Aunque grata, ha sido una sorpresa verte con tanto cinto, tanta hebilla y tanta rasgadura. Adem¨¢s, tampoco puedo hablar demasiado: supongo que yo tambi¨¦n he cambiado en este tiempo. Me separ¨¦ de ¨¦l y me tom¨¦ mi tiempo en echarle un vistazo, recorri¨¦ndole inquisitivamente con mi dedo ¨ªndice. Aparte del estir¨®n que hab¨ªa dado y de que ahora parec¨ªa algo m¨¢s fuerte, segu¨ªa siendo pr¨¢cticamente el mismo que la ¨²ltima vez que le hab¨ªa visto. Un pelo casta?o que grita ?es hora de pasar por la peluquer¨ªa? capaz de tener su encanto enmara?ado. Unos ojos que, seg¨²n les diera la luz, pod¨ªan parecer marrones o verdes (y que, cuando se distra¨ªan, sab¨ªan desarmar sin que ¨¦l lo supiera) y unas facciones que, aunque empezaban a volverse un poco m¨¢s cuadradas, no perd¨ªan su inocencia. Como acababa de terminar el verano, el moreno que tan f¨¢cil le resultaba coger escond¨ªa un poco las pecas de su cara. De todos modos, desde cerca era f¨¢cil contarlas, tanto que me sent¨ª tentada a hacerlo, como cuando no ¨¦ramos m¨¢s que unos cr¨ªos. Y, por mucho que se esforzara en dejarse una barba, tambi¨¦n pod¨ªa calcular f¨¢cilmente los t¨ªmidos pelillos que la compon¨ªan. ¨DS¨ª, el mismo Eli de siempre. ¨DDej¨¦ escapar el aire en un suspiro. La que hab¨ªa cambiado era yo. Como cuando me desped¨ª de ¨¦l solo era una ni?a que a¨²n ten¨ªa que sufrir la pubertad, no me hab¨ªa dado cuenta de lo irritantemente atractivo que me iba a acabar pareciendo el ni?o con el que hab¨ªa compartido mi infancia despu¨¦s de un par de estirones m¨¢s. Y si eso hab¨ªa pasado por mi cabeza con solo un vistazo... ?pensar¨ªa ¨¦l lo mismo de m¨ª? Juguete¨¦ con esa idea, pero la desech¨¦ r¨¢pidamente. ¨DBienvenida de nuevo. ¨DMe revolvi¨® el pelo con una sonrisa¨D. Ponte c¨®moda si quieres. A mi amigo no le faltaba raz¨®n con que la habitaci¨®n libre no iba a ser muy de mi gusto. Anot¨¦ mentalmente algunas compras que tendr¨ªa que hacer para volverla m¨¢s acogedora (como alg¨²n ambientador que eliminara el olor a cerrado que segu¨ªa ah¨ª a pesar de que las ventanas llevaran abiertas dos d¨ªas) y deshice una de las maletas. No mucho, lo justo para poder ponerme el pijama y las pantuflas. Tambi¨¦n me recog¨ª el pelo y lo dej¨¦ caer en una coleta por encima del hombro. ¨D?Todav¨ªa no me hab¨ªas dado tiempo a acostumbrarme a Dark Vero y ya me presentas a Cinnamoroll Vero? ¨DEl¨ªas solt¨® una carcajada que le hizo desperezarse en el sof¨¢. Vale, s¨ª, el contraste entre la ropa g¨®tica y un pijama abotonado de franela de personajes de Sanrio era grande. Pero tambi¨¦n sab¨ªa que pod¨ªa ser yo misma si mi mejor amigo era el ¨²nico que me ve¨ªa. Adem¨¢s, era muy calentito. E iba a juego con mis zapatillas mullidas. Hinch¨¦ las mejillas en protesta, pero eso solo hizo que el anfitri¨®n se riera a¨²n m¨¢s. ¨DAs¨ª s¨ª que est¨¢s adorable ¨Ddijo cuando pudo dejar de re¨ªrse¨D. Dan ganas de achucharte. ¨DPermiso concedido. Me arrepent¨ª de esas palabras nada m¨¢s decirlas, pero intent¨¦ que no se notara. Me hab¨ªa entrenado para ser estoica, ?verdad? Era un momento perfecto para ponerlo en pr¨¢ctica. Huelga decir que fracas¨¦. Al menos, no se dio cuenta de lo mucho que me ard¨ªa la cara. *** La tarde vol¨® con poco m¨¢s que una manta calentita y un paquete de pipas cuya mera menci¨®n de la marca disparaba como un resorte una rima tan poco ocurrente como graciosa por parte de mi amigo de la infancia. Con cinco a?os acumulados de los que hablar, era f¨¢cil ponerse al d¨ªa y la conversaci¨®n flu¨ªa entre bromas internas, recuerdos, reposiciones de Los Simpson y muchas, muchas preguntas. S¨ª, por mucho que nos hubi¨¦ramos contado esas mismas cosas por el Messenger, escucharlas en persona ten¨ªa un significado fresco y nuevo para los dos. Podr¨ªa decir que hab¨ªa sido como si el tiempo no hubiera pasado, pero nunca me hab¨ªa gustado esa frase. S¨ª, las cosas hab¨ªan cambiado. La vida nos ten¨ªa en lugares mucho m¨¢s interesantes y nos hab¨ªa reunido bajo un mismo techo. No. No era lo mismo, era a¨²n mejor. O lo ser¨ªa cuando encontrara la forma de deshacerme de un par de secretos que no quer¨ªa ocultar m¨¢s. ?Tiempo al tiempo, Vero?. Primero, tocaba disfrutar del reencuentro. A case of theft: this story is not rightfully on Amazon; if you spot it, report the violation. ¨DJoder, se ha hecho tarde. ¨DSe dio cuenta, de repente¨D. Toca cenar. ?Pedimos una pizza o algo? ¨DNi lo dudes. ¨DLe di un efusivo codazo antes de recordar con verg¨¹enza alguna an¨¦cdota indecorosa relacionada con la salsa de tomate¨D. Dime que sigue abierto el Velocidad Pizz¨®nica. El muchacho asinti¨® con una enorme sonrisa que borr¨® al darse cuenta de que su m¨®vil no estaba al alcance de su mano. Como solo Eli har¨ªa, en lugar de levantarse a por ¨¦l, se retorci¨® y desliz¨® de formas imposibles para intentar alcanzarlo. ¨DDeber¨ªas levantarte como la gente normal ¨Dafirm¨¦¨D. No lo vas a conseguir. ¨DNo con esa actitud, Vero. ¨DSe impuls¨® ligeramente con la pierna¨D. No con esa actitud. El contorsionista toc¨® el tel¨¦fono con la punta de sus dedos. Convencido de que ya lo hab¨ªa logrado, destens¨® un poco los hombros para tomar aire de nuevo. Craso error: las leyes de la f¨ªsica se vengaron de su arrogancia y cay¨® de bruces al suelo. Siendo ¨¦l, ni el impacto ni mis burlas fueron capaces de fracturar su orgullo. Solo mir¨® la pantalla para buscar el n¨²mero de la pizzer¨ªa y, desde la incomodidad del suelo, pidi¨® una raci¨®n de pan de ajo, una cuatro quesos (mi favorita, todav¨ªa se acordaba) y una botella de refresco de dos litros. Despu¨¦s, extendi¨® el brazo para que le ayudara a reincorporarse y, a completas sabiendas de que me gastar¨ªa alguna perrer¨ªa y que una adolescente que no llega al metro sesenta era blanco f¨¢cil para ello, le tend¨ª la mano. Para sorpresa de nadie, yo acab¨¦ tambi¨¦n en el suelo. Pero el abrazo que me dio a cambio fue suficiente compensaci¨®n. El ?debo ser estoica? que actuaba como mantra en el fondo de mi mente se ahogaba en el ambiente familiar. Estar con El¨ªas despu¨¦s de todo estos a?os hab¨ªa quitado un peso de mis hombros, aunque solo fuera por un rato. ¨DCuarenta y cinco minutos ¨Ddijo, de repente¨D. ?Qu¨¦ te apetece hacer? ?Quedarme un rato m¨¢s as¨ª? no era una respuesta v¨¢lida, as¨ª que, con la cabeza escondida en el cuello del pijama, respond¨ª lo segundo mejor que me vino a la mente: ¨D?Jugamos a algo? Me he tra¨ªdo un par de copias de prensa que ya no necesitaban en la redacci¨®n. ¨D?Cu¨¢ndo ocurri¨® eso? ¨DMe mir¨®, confundido¨D. No me di cuenta. ¨DCuando mirabas a Norma como si tuvieras trece a?os y estuvieras en primera fila de un concierto de los Backstreet Boys. ¨DFij¨¦ mis ojos en ¨¦l, buscando una reacci¨®n. ¨DEh... Esto... ¨DPor una vez, no sab¨ªa qu¨¦ responder¨D. ?Soy un gran admirador de su trabajo! Era el momento de chinchar a¨²n m¨¢s. La Vero seria que me hab¨ªa prometido ser estando en Gailadr¨ªa se hab¨ªa ganado un d¨ªa de vacaciones. Ya fruncir¨ªa un poco m¨¢s el ce?o en mi primer d¨ªa de universidad. ¨DY muy guapa, ?eh? ¨Dle clav¨¦ un dedo entre las costillas¨D. Adm¨ªtelo: se te ca¨ªa la baba. No iba a decirlo en voz alta, pero no culpaba a mi amigo: pod¨ªa ser (era, sin duda) que fueran los entrenamientos con Norma los que me hicieran darme cuenta de que tambi¨¦n me gustaban las chicas. Cosas que pasan a los doce a?os cuando tienes a una t¨ªa as¨ª encima. Menos mal que, poco a poco, nuestra relaci¨®n fue evolucionando y una vez pas¨¦ a considerarla la hermana mayor que nunca tuve, dej¨¦ de verla as¨ª. Menudo cuelgue m¨¢s tonto de prep¨²ber. El¨ªas se toc¨® las orejas como si le quemaran. Una de las pocas constantes en ¨¦l era lo poco dispuesto que estaba a hablar de esas cosas. Sin embargo, ahora le ten¨ªa delante y estaba dispuesta a sonsacarle todo lo que quisiera sin que fingiera que sus padres le hab¨ªan llamado para ayudar con la cena o que por fin hab¨ªa aparecido el jefe en ese MMORPG que estaba jugando. No hab¨ªa excusas para que no respondiera a mis provocaciones... Y me iba a divertir mucho con eso. ¨DLa vas a tener de jefa y mentora ¨Dexager¨¦ el tono para hacerlo m¨¢s divertido¨D. ?Uh! ?C¨®mo vas a vivir con tu amor plat¨®nico as¨ª? Porque... has visto sus cosplays, ?eh? S¨ª, seguro que los has visto. Menudos abdominales, ?eh? Pues que sepas que de cerca impresionan m¨¢s. Se separ¨® un poco de m¨ª y gir¨® la cabeza para evitar mi mirada. Con una timidez inusual, dijo con un tenue hilo de voz. ¨D?A qu¨¦ quieres que juguemos? ¨DEl que calla otorga. ¨DMe levant¨¦ de un salto y fui a por el bolso¨D. A ver qu¨¦ me han dado... El nuevo de Yu-Gi-Oh... ¨DSoy m¨¢s de Magic, pero... ¨DMomoolin Mania... ¨DNo me sonaba mucho, y el disco blanco y rojo de prensa no ten¨ªa mucho m¨¢s que el t¨ªtulo y la informaci¨®n legal¨D. Primera vez que oigo de este. Parece que es de FILE. ¨DAh, es un plataformas bastante simp¨¢tico ¨Drespondi¨®. Qu¨¦ r¨¢pido se hab¨ªa recompuesto de la verg¨¹enza¨D. Rollo Kirby, pero con una especie de topos adorables como protagonistas. ¨D?Sabes si tiene multijugador? ¨DEn efecto ¨Dfue encendiendo la PlayStation 2¨D, pero te vas a tener que quedar con el mando cutre de las visitas. ¨DTenemos que comprar uno en condiciones con nuestro primer sueldo de la revista ¨DMe dej¨¦ caer sobre el sof¨¢ y acept¨¦ el desgastado mando semitransparente¨D. S¨ª, pagan poco, pero es un art¨ªculo de primera necesidad. ¨DConcuerdo. Momoolin Mania era simple en su premisa: encarnabas a un par de topos capaces de controlar la tierra para abrirse camino y herir a sus enemigos. Era raro ver un juego con est¨¦tica pixel-art en la era del 3D, pero su presentaci¨®n era tan limpia y adorable que sal¨ªa ganando con la valent¨ªa de sus creadores. ¨D?Ah! ?Me he quedado atascada en la pared! ¨Dprotest¨¦¨D. ?Qu¨¦ hago, Eli? ¨DTambi¨¦n es la primera vez que juego a esto, ?eh? ¨DIntent¨® acercar a su personaje a donde estaba¨D. Prueba a pulsar todos los botones o algo. No s¨¦ qu¨¦ combinaci¨®n introduje, pero la pantalla parpade¨® un par de veces y mi personaje explot¨® en un mont¨®n de esquirlas de tierra. De alguna forma, segu¨ªa siendo adorable. ¨DAh, ya veo. ¨DDedujo El¨ªas tras completar los dos primeros niveles¨D. Hay determinados puntos en los que puedes colarte por las paredes si empujas las piedras al sitio correcto. Y en algunas hay gemas, que dan cinco mil puntos. ¨D?C¨®mo eres tan absurdamente observador? ¨Dquise saber¨D. Llevamos solo diez minutos jugando y ya est¨¢s encontrando secretos. ¨DA?os de pr¨¢ctica, nena. ¨DChasque¨® la lengua¨D. Y tambi¨¦n me he dado cuenta de que... Intent¨® que su personaje bailara en el mismo punto en el que estaba la roca que ten¨ªa que pasar hacia la pared. Sab¨ªa perfectamente qu¨¦ estaba intentando hacer: abusar de las colisiones para ocupar el mismo espacio que la piedra y poder llevarla a sitios que el juego no esperaba. A El¨ªas le encantaba romper los juegos en busca de comportamientos no intencionados, errores y secretos forzados. No ten¨ªa el coraz¨®n para decirle por qu¨¦ era tan mala idea juguetear con eso antes de que... O, mejor dicho, estaba deseando que lo hiciera y no encontraba las palabras para describir qu¨¦ era lo que podr¨ªa estar provocando sin saberlo. Especialmente, conmigo delante. Contuve la respiraci¨®n y, por si acaso, extend¨ª mi brazo izquierdo en anticipaci¨®n. Daba igual, yo estaba all¨ª para protegerle. Quer¨ªa protegerle. Si ve¨ªa en lo que me hab¨ªa convertido, ser¨ªa m¨¢s f¨¢cil. Pero, esa vez, no pas¨® nada. Alguien hab¨ªa tenido la misma idea que El¨ªas y el glitch no fue m¨¢s que eso: un error en el c¨®digo. El software gestion¨® la excepci¨®n colgando la partida y envi¨¢ndonos de nuevo a la pantalla de t¨ªtulo. ¨DJo, no ha pasado nada ¨Dprotest¨® el chico¨D. Ni un mensaje divertido en la pantalla, ni una forma de romper la secuencia, ni una bombilla parpadeando en casa. Qu¨¦ muermo. Me llam¨® la atenci¨®n lo ¨²ltimo que hab¨ªa dicho. De alguna forma, aunque sutil, ten¨ªa una idea de qu¨¦ pod¨ªa ocurrir con las brechas del c¨®digo... Y las segu¨ªa buscando. No le culpaba: llevaba toda la vida fascinado con una revista que se encargaba de investigar a fondo las leyendas urbanas detr¨¢s de los videojuegos, pero... ?Hab¨ªa logrado atraer a alg¨²n glitch alguna vez, aunque fuera uno menor? Si era capaz de hacerlo, todo ser¨ªa m¨¢s f¨¢cil. Al menos, me ahorrar¨ªa explicaciones. Un pitido sali¨® de mi bolsillo derecho. El¨ªas se alert¨® (estaba tan concentrado en el juego que el bote que dio fue especialmente gracioso), pero para m¨ª era una ocurrencia com¨²n. Me limit¨¦ a pulsar el bot¨®n de pausa. ¨DHora de dar de cenar y poner a dormir a Mako ¨Dme justifiqu¨¦. Cuando mi amigo descubri¨® qu¨¦ estaba haciendo, intent¨® meter la cabeza delante para cotillear. Era el ¨²ltimo d¨ªa del mes y sab¨ªa que el drag¨®n LCD estaba a punto de volver a convertirse en un huevo, pero eso no impidi¨® que le diera un buen solomillo virtual y las buenas noches. ¨D?Sigues teniendo una V-Pet? ¨Dse sorprendi¨®¨D. Guau. Los noventa nunca murieron contigo. Aunque no reconozco el modelo. No es un Tamagotchi y, aunque me recuerda a los de Digimon, es demasiado recargado como para serlo. ¨DImportaci¨®n japonesa, chico. Un regalo de alguien que echo de menos ¨Dno quise entrar en muchos detalles¨D. As¨ª que s¨ª, seguir¨¦ cuid¨¢ndolo hasta que vuelvan a estar de moda. ¨DLe has puesto nombre y todo. ¨DLejos de juzgarme, me dedic¨® una sonrisa dulce capaz de derretir a cualquiera¨D. Mako. Tiene que ser energ¨ªa pura. ¨DPillaste la referencia. ¨DLe di un toquecito en la frente¨D. Bien hecho. No esperaba menos de ti. Se hizo uno de estos silencios que, aunque c¨®modos y c¨®mplices, no daban lugar a que ninguno de los dos dijera nada, por lo que se qued¨® as¨ª. C¨¢lidos y calmados, unos elongados segundos en los que la m¨²sica del men¨² de pausa del juego nos dejaba una relajada banda sonora. Por m¨ª, podr¨ªan haberse alargado todo lo que quisieran, pero el timbre decidi¨® sonar, puntual, a los cuarenta y cinco minutos prometidos. ?Por fin, pizza! Octubre, 1986 - Revista Silicio #29 Incluye suplemento: ?Aprende a programar en BASIC? n¨²mero 3 An¨¢lisis: Metroid (NES). Out Run (Arcade). Space Quest: The Sarien Encounter (Apple II, Amiga). The author''s narrative has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. Art¨ªculos: Dragon Quest: un nuevo paradigma en el rol virtual ?Consolas de sobremesa o microordenadores? ?Qu¨¦ te viene mejor? Todo sobre FILE, el estudio de moda. ?C¨®mo mejorar el sonido de tu equipo? Rinc¨®n Cin¨¦filo: Dentro del Laberinto (Jim Henson) Noticias: Metal Gear, guerra y espionaje en MSX. Legend of Ka''rosh, el nuevo yo contra el barrio de FILE. Imagic cierra sus puertas. Gu¨ªas y soluciones: Jack the Nipper: claves, pokes y planos. La secci¨®n del lector Y, adem¨¢s, ?sorteamos unequipo de alta fidelidad! Cap铆tulo 03, por Jaime Llagaria (parte 1) Tom¨¦ asiento en uno de los bancos de la plaza. Aquel d¨ªa no hab¨ªa mucho tr¨¢fico y el autob¨²s hab¨ªa pasado por la parada al poco tiempo de salir de casa. As¨ª que, junto a mi man¨ªa de salir con mucho m¨¢s tiempo del que necesitaba para llegar a los sitios ser¨ªan... ¨DLas cinco y cuarto ¨Dle¨ª en voz alta los n¨²meros de la pantalla LCD¨D. Pues todav¨ªa me queda un rato. Saqu¨¦ unos cascos de diadema de la bandolera, los conect¨¦ al aparatoso walkman y... Claro. La cinta estaba al final de su recorrido, como no pod¨ªa ser de otra forma. Ten¨ªa que elegir entre escuchar la cara B, que estaba compuesta de temas mal grabados de la radio local o parecer un idiota con un bol¨ªgrafo en medio de la calle. ¨DDefinitivamente, estas navidades cae uno nuevo ¨Dpens¨¦ para mis adentros, con un largo suspiro¨D. De los que pueden rebobinar. Me resign¨¦, y puls¨¦ el bot¨®n play para que un locutor gritara lo magn¨ªfica que iba a ser la secuela de K¨¢rate Kid y lo mucho que estaba triunfando al otro lado del oc¨¦ano. No le culpaba: ya la hab¨ªa podido ver (la grabaci¨®n de la cinta ten¨ªa meses) y era una aut¨¦ntica pasada. *** Entre los temas de rock m¨¢s populares, alg¨²n que otro anuncio y un par de tramos en los que la se?al de radio era m¨¢s d¨¦bil que el ruido herciano, no tardaron en dar las seis de la tarde. Fiel a mi personalidad, me distraje lo suficiente como para que fuera mi cita quien me tuviera que recordar su presencia con un golpecito en el hombro. Me puse en pie de un salto y dej¨¦ que los cascos reposaran sobre mi cuello. Probablemente, el cable se hubiera desconectado con tanto movimiento, pero no me import¨®. ¨DDisculpa el retraso, Jaime. ¨DSe recoloc¨® la corbata¨D. He tenido un peque?o percance con... ¨DRam¨®n... No me hagas repetirme. Has tardado literalmente cinco minutos. ¨DHice brillar la pantalla de mi reloj de un toque¨D. No tienes por qu¨¦ disculparte. ¨D... la m¨¢quina de fichar ¨Dconcluy¨®, impasible. ¨D?Cu¨¦ntame! ?Cu¨¦ntame! ¨DDibuj¨¦ una enorme sonrisa en mis labios¨D. ?Qu¨¦ tal tu primer d¨ªa en la revista? ?Quiero saberlo todo! ?Qu¨¦ llevas en esa bolsa? ?Cu¨¦ntame! ?D¨ªmelo! Ah¨ª donde lo ve¨ªa, Ram¨®n Lourido hab¨ªa logrado un puesto como redactor en la Revista Silicio. Aunque no era su primera elecci¨®n (sab¨ªa de buena tinta que alguien como ¨¦l prefer¨ªa trabajar en un peri¨®dico m¨¢s tradicional, de esos que hablan de pol¨ªtica y tragedias), parec¨ªa bastante satisfecho con la idea de escribir sobre microordenadores y programaci¨®n. Adem¨¢s, y por qu¨¦ no decirlo: un m¨²sico pobre como yo valoraba cualquier oportunidad de echarle el guante a alg¨²n que otro videojuego reci¨¦n salido al mercado sin tener que pagar por ¨¦l. ¨DBastante correcto ¨Dasinti¨® con cortes¨ªa¨D. Es un buen entorno. Los compa?eros son agradables. Saben perfectamente de lo que hablan y han asegurado reiteradamente su intenci¨®n de formarme para suplir mis carencias. ¨D?Y qu¨¦ has hecho? ?Qu¨¦ te toca? ¨Dcanturre¨¦, intentando rodearle para ver el contenido de la bolsa. ¨DResponder al correo de los lectores ¨Dreplic¨®, con seriedad¨D. Y, antes de que pongas esa mirada tuya... No le dej¨¦ acabar. Claro que iba a poner esa mirada m¨ªa. Ram¨®n podr¨ªa ser el redactor m¨¢s competente y eficaz, pero era alguien con poca tolerancia a las tonter¨ªas. Alguien tan cuadriculado que era capaz incluso de reprender a su novio cada vez que intentaba darle alguna muestra de afecto en p¨²blico. Los lectores se lo iban a comer vivo... O le iban a acabar echando por pasarse de mordaz. Lo que llegara antes. No, una mirada m¨ªa no iba a bastar para zanjarlo. As¨ª que, para terminar de azuzar el avispero, le di un beso en la mejilla. No protest¨®, pero s¨ª que empez¨® a caminar sin decir nada. ¨DMe han asignado a ello a prop¨®sito ¨Ddijo finalmente, medio kil¨®metro m¨¢s cerca de casa¨D. Ya han visto lo que puedo hacer bien, ahora quieren ver qu¨¦ tal me manejo con lo que peor se me da. Por lo que me han contado, ese ?bautismo de fuego? es parte del humor retorcido del jefe. Solt¨¦ una sonora carcajada. ¨DNo te preocupes. ¨DAceler¨¦ el paso para ponerme junto a ¨¦l¨D. Te puedo echar un cable, se me dan bien estas cosas. ¨DDe acuerdo, Jaime ¨Dsuaviz¨® el tono lo justo para que, si le conoc¨ªas un poco, supieras que te hablaba con cierto cari?o¨D. Compartir¨¦ contigo mi zurr¨®n de la desesperaci¨®n. *** Como ambos sab¨ªamos que ser¨ªa capaz de implosionar en la entrop¨ªa del piso de estudiantes al que llamaba hogar, Ram¨®n decidi¨® pasar los primeros d¨ªas de vuelta en la ciudad en casa de su hermana. Eso s¨ª, era sorprendente la entereza con la que llevaba eso de tener que dormir rodeado de unos muros empapelados con ositos y tener que colgar su ropa, tan elegante como apagada y aburrida, entre diminutas prendas de color rosa pastel. The story has been illicitly taken; should you find it on Amazon, report the infringement. ¨D?Hola, Maite! ¨DAbrac¨¦ a mi cu?ada con cuidado de no apretar demasiado¨D. ?Pero cu¨¢nto tiempo ha pasado desde la ¨²ltima vez que te vi? ?Si solo han sido unas semanas! ?Est¨¢s inmensa! Me respondi¨® con una mueca a medio camino entre la frustraci¨®n y la felicidad absoluta. Sin que siquiera se lo pidiera, llev¨® mi mano a su vientre y not¨¦ un golpe desde su interior. ¨DHoy Vero est¨¢ revoltosa ¨Dintent¨® mantener la calma¨D. S¨ª, nena, ese es el tito Jaime. Y t¨², tito Ram¨®n, ?quieres decirle algo a tu sobrina? El aludido dej¨® la mano en el hombro de su hermana y le dedic¨® un vistazo fugaz pero claramente expresivo. O, al menos, asum¨ª que lo ser¨ªa, porque parec¨ªa que el mensaje hab¨ªa sido transmitido. Yo chasque¨¦ la lengua y me record¨¦ a m¨ª mismo que a¨²n ten¨ªa que sacarme el m¨¢ster en comunicaci¨®n no verbal de la familia Lourido. ¨D?Ha llegado ya Juli¨¢n de trabajar? ¨DPor fin us¨® palabras para comunicarse¨D. Si no, puedo prepararte algo. Tienes cara de querer comer por dos. ¨DPuedo valerme por m¨ª misma, ?sabes? ¨DA m¨ª me parece que ya est¨¢s haciendo un esfuerzo por mantenerte en pie ¨Dle acus¨®¨D. Jaime, por favor, acompa?a a esta mujer tan terca al sof¨¢. Ced¨ª mi hombro a la mujer y la guie hacia el sal¨®n. No obstante, quer¨ªa tener la ¨²ltima palabra. Era una din¨¢mica habitual entre los hermanos. Normalmente, me negaba a meterme en medio, pero era incapaz de negar ese lujo a una embarazada. ¨DCroissant a la plancha con mantequilla y mermelada. Dos. Y un vaso de leche con miel. Su hermano suspir¨® y dej¨® la gabardina perfectamente colgada en el perchero de la entrada. Yo, por mi parte, no pude contener la curiosidad y me hice con el zurr¨®n del periodista para hacer lo que mejor se me daba: ser curioso. En ¨¦l hab¨ªa un mont¨®n de cartas (perfectamente sujetas con unas gomas el¨¢sticas, como no pod¨ªa ser de otra forma), un par de casetes de la MSX que advert¨ªan ser copias de prensa, uno sin marcar y un disco de tres pulgadas y media con una etiqueta garabateada de tal forma que resultaba ilegible. ¨DSiempre tray¨¦ndose trabajo a casa ¨DMaite bostez¨®. Estaba claramente cansada¨D, como cuando ¨¦ramos ni?os. El ¨²nico que hac¨ªa todos los deberes en el colegio. ¨DPero al menos estos deberes se pueden jugar. ¨DLe dediqu¨¦ una sonrisa c¨®mplice¨D. ?Hostias, el Penguin Adventure! ?Pero si cre¨ªa que no lo ¨ªbamos a oler en Europa hasta el a?o que viene! ?Puedo...? ¨DTienes el ordenador donde siempre. ¨DLevant¨® el brazo con mucho esfuerzo para se?alar¨D. Pero Ram¨®n se va a enfadar si te pones a jugar antes de... ¨D?Bah! Con lo que tardan en cargar estas cosas, me agradecer¨¢ que le haya adelantado trabajo. Ram¨®n no tard¨® en llegar con la merienda. Por atractivo que me pareciera un hombre encorbatado con mandil, m¨¢s me llamaba la atenci¨®n el croissant untado en nocilla que ten¨ªa mi nombre. Rebosante, como a m¨ª me gustaba. Y un cola-cao calentito. ¨D?Le has echado az¨²car? ¨DPesta?e¨¦¨D. Ya sabes que me gusta con az¨²car. ¨D?Pero es que no tienes suficiente dulce ya? ¨Dme amonest¨®. Pero, aprovechando que su hermana cabeceaba, me revolvi¨® el pelo con cari?o. Guau, una muestra de afecto con alguien mirando. No me pod¨ªa quejar¨D. Maite, aqu¨ª tienes. Con mucha calma, se tom¨® su taza de caf¨¦ mientras nos contaba las an¨¦cdotas m¨¢s destacadas (y, visto lo visto, lac¨®nicas) de su primer d¨ªa en la revista. Presentaciones r¨¢pidas de sus nuevos compa?eros, quejas sobre la m¨¢quina de escribir que le hab¨ªa tocado sufrir, las promesas de un nuevo ordenador... y una metralla de datos de la que era dif¨ªcil sacar algo en claro, m¨¢s all¨¢ de que el caf¨¦ de la m¨¢quina era bueno y solo costaba dos duros. De repente, los altavoces del ordenador empezaron a sonar. Como la anfitriona ya hab¨ªa ca¨ªdo rendida al sue?o, me di una carrera hasta el escritorio para bajar su volumen, pero trastabill¨¦ y acab¨¦ d¨¢ndome un cabezazo contra el escritorio. ¨DMe cago en la... ¨DMe acarici¨¦ la frente¨D. Al menos no la he despertado. Ram¨®n no tard¨® en componer una expresi¨®n con la que, si bien fuera de su estoicismo habitual, era capaz de juzgarme de una forma casi paternalista. Sin mediar muchas m¨¢s palabras (casi nunca las necesitaba), se march¨® a fregar los platos. El videojuego me distrajo lo suficiente como para que fuera incapaz de reaccionar a su vuelta. Armado con un afilado abrecartas en su mano derecha y un mont¨®n de sobres en la izquierda, forz¨® la pausa del microordenador. ¨DBueno, hora de trabajar. ¨D?Cinco minutos m¨¢s! ¨Dprotest¨¦¨D. ?No puedes quitarme un juguete nuevo as¨ª como as¨ª! Me ignor¨® y dej¨® caer el fajo de cartas sobre la mesa. No pesaba demasiado, as¨ª que no hizo demasiado ruido. Despu¨¦s, extrajo una de entre las gomas y la abri¨®. En su interior solo hab¨ªa una hoja de papel, que ley¨® r¨¢pidamente, hizo una bola y encest¨® en la papelera m¨¢s cercana. No fue hasta mi mirada at¨®nita que reaccion¨®: ¨DYa me hab¨ªan advertido de esto: correos sobre c¨®mo desnudar a la protagonista de un juego ¨Dresopl¨®¨D. Con un dibujo un tanto fuera de lugar, para m¨¢s se?as. En fin, voy a ser bueno por esta vez. Este chaval agradecer¨¢ en un futuro que me negase a responder su cuesti¨®n en p¨²blico. Me inclin¨¦ hacia la papelera, lleno de curiosidad. Algo en mi interior me dec¨ªa que no me pod¨ªa perder a un tipo mandando bocetos guarros a una revista. Tras deshacer el gurru?o en el que se hab¨ªa convertido el folio, no pude evitar soltar una de esas risotadas con las que se te saltan las l¨¢grimas. ¨DEn fin, segunda carta, algo m¨¢s normal. Una pregunta sobre programaci¨®n BASIC... Que escapa a mis conocimientos. Me temo que tendr¨¦ que consultar ma?ana en redacci¨®n. ¨DLa dej¨® de lado y abri¨® otra m¨¢s¨D. Este pide ayuda en el Splork II. ?Se cree que somos un servicio de gu¨ªas? ¨DBueno, generalmente las revistas resuelven ese tipo de dudas. ¨DMe encog¨ª de hombros¨D. Es normal que... ¨DPero yo no he jugado ese juego ¨Drespondi¨®, tajante. ¨DTrae aqu¨ª, yo s¨ª. ¨DRevis¨¦ el texto. Su caligraf¨ªa no lo hac¨ªa muy f¨¢cil de leer¨D. ?Ah! ?Claro! Aqu¨ª me qued¨¦ yo tambi¨¦n atascado. Dile que tiene que usar la enciclopedia gal¨¢ctica en el astrallo. Ya de paso, que si se la lleva al guardia del puesto fronterizo hay unos di¨¢logos muy graciosos. Y si... Con diligencia, tom¨® nota de todo lo que le contaba. No tard¨¦ en ver que su estilo era demasiado artificial, pero no quer¨ªa decirle c¨®mo deb¨ªa hacer su trabajo. Conoci¨¦ndole, era probable que estuviera simplemente tomando notas con demasiada elegancia para componer su propia respuesta m¨¢s adelante. Era as¨ª de concienzudo. ¨D?De acuerdo! ¨DChasque¨¦ los dedos¨D. ?Siguiente carta! Cap铆tulo 03, por Jaime Llagaria (parte 2) El sobre era algo m¨¢s pesado y r¨ªgido de lo habitual, y eso me llam¨® la atenci¨®n. Al abrirlo, vi que contaba con un par de fotograf¨ªas adjuntas. No eran muy claras, porque apuntar la c¨¢mara a un televisor no daba muy buenos resultados, pero pude reconocer entre los borrones a uno de los juegos que m¨¢s ¨¦xito estaba teniendo en todo el mundo: Super Mario Bros. Incluso en Espa?a, donde no se hab¨ªa publicado a¨²n de forma oficial. ?C¨®mo estaba ese juego en boca de todos, entonces? Definitivamente, los ochenta fueron una ¨¦poca rara para los fans de los videojuegos. Europa era el feudo de los microordenadores, donde era raro ver una de esas consolas que se enchufaban directamente al televisor del sal¨®n... Al menos, legalmente. Poco a poco, los famiclones (as¨ª se hac¨ªan llamar las copias ilegales de la Famicom, nombre original de la NES) empezaron a llegar a los salones de nuestras casas, con la promesa de ser compatibles con los cartuchos oficiales y otros tantos que eran tan baratos como il¨ªcitos. ¨DSer¨¢ una copia pirata que no funciona como es debido. ¨DSe inclin¨® hacia el siguiente sobre, sin demasiado inter¨¦s¨D. No ser¨ªa la primera. ¨D?Espera! ¨Dclam¨¦ con un grito que se vio ahogado al reparar en los ronquidos¨D. Me pica demasiado la curiosidad. ?Vamos a echarle un vistazo! ?Porfa! Tuve que insistir un poco m¨¢s a Ram¨®n para que leyera la carta en voz alta: ?Hola, amigos de la Revista Silicio! Me llamo Marty McFly (?mi mam¨¢ dice que es mejor que no ponga mi nombre real en la carta!) y creo que os traigo una exclusiva, jeje. ?He encontrado un nivel secreto en el Super Mario Bros! Estaba jugando despu¨¦s del insti y, no s¨¦ c¨®mo, atraves¨¦ los muros del segundo nivel. Al entrar por la tuber¨ªa, ?el n¨²mero de nivel hab¨ªa desaparecido! Mi tele se puso a parpadear y la consola se apag¨®. Pens¨¦ que se trataba de un error del juego, pero al intentar repetirlo descubr¨ª que, si te agachas y miras a la izquierda en la tuber¨ªa del final del segundo nivel, ?puedes atravesar los ladrillos al saltar hacia la derecha! Y si luego bajas por la tuber¨ªa, llegas a un nivel secreto. La primera vez fall¨®, pero despu¨¦s he entrado muchas veces, y... eso s¨ª, ?no s¨¦ c¨®mo pas¨¢rmelo! ?No hay bander¨ªn al final y siempre se me acaba el tiempo! ?Pod¨¦is ayudarme? O, al menos... ?pod¨¦is compartir el secreto? Os adjunto unas fotos para demostrar que no es una trola. Marty McFly ¨DTu cu?ado ten¨ªa una de esas cl¨®nicas, ?verdad? ¨DSe me iluminaron los ojos¨D. Estoy deseando probarlo por m¨ª mismo. ¨DTengo que seguir trabajando ¨Dbuf¨®¨D. No estar¨¢s dando cr¨¦dito a este pu?ado de sandeces, ?no? ¨D?Venga, va! ¨DFrot¨¦ mi hombro contra ¨¦l, lo que le hizo perder ligeramente la compostura¨D. Adem¨¢s, ?puede ser un gran hallazgo! ?Un nivel secreto en el juego del momento! Me cost¨® varias peticiones y alg¨²n que otro mimo m¨¢s, pero le convenc¨ª. Su hermana segu¨ªa roque en el sof¨¢ con una manta echada por encima, as¨ª que nos sentamos cerca de la tele, con sendas sillas, como si fu¨¦ramos ni?os que quer¨ªan deso¨ªr las indicaciones de los dibujos matutinos. Sorprendentemente, fue Ram¨®n quien se hizo con el mando. Aseguraba que, ya que iba a hacer un trabajo de verificaci¨®n, deb¨ªa hacerlo con sus propias manos, pero algo me dec¨ªa que hab¨ªa logrado despertar la curiosidad del periodista. Se notaba que no estaba muy acostumbrado a jugar con un mando (los pocos juegos a los que le hab¨ªa logrado aficionar se disfrutaban mejor con teclado), pero cualquiera pod¨ªa enfrentarse a los primeros niveles del juego, aunque fuera perdiendo una o dos vidas. No obstante, termin¨® rindi¨¦ndose con la maniobra que describ¨ªa ese tal McFly en su carta. O, mejor dicho, acab¨¦ arranc¨¢ndole el mando de las manos en un arrebato de frustraci¨®n al ver que la m¨²sica se aceleraba presagiando el final del tiempo. Sin ¨¢nimo de presumir, acab¨¦ atravesando el muro como mostraba la borrosa fotograf¨ªa a mi segundo intento. ¨DHostias, pues s¨ª que era cierto ¨Ddije, antes de pulsar el bot¨®n que me har¨ªa descender la tuber¨ªa. WORLD - 1 ¨DTenemos una exclusiva ¨Dsentenci¨® el periodista. *** Seguimos comprobando las cartas. Ram¨®n hab¨ªa tra¨ªdo una veintena de la redacci¨®n (para entrar en calor, dec¨ªa), as¨ª que decidimos darnos un atrac¨®n epistolar. Atrac¨®n que se volvi¨® empacho tras ver tantas cuestiones cl¨®nicas sobre recomendaciones, pr¨®ximos lanzamientos o mejores configuraciones. ¨D?Puedo responder yo esta? ¨DTom¨¦ un bol¨ªgrafo¨D. Te prometo que solo ser¨¦ un poco ¨¢cido. ¨DDate el gusto. ¨DMe alcanz¨® un folio. Aunque sab¨ªa que era bastante probable que reescribiera mi r¨¦plica de cabo a rabo, me qued¨¦ m¨¢s tranquilo con la border¨ªa que hab¨ªa puesto sobre el papel¨D. Vamos, Jaime, que solo quedan un par. Y luego te dejar¨¦ jugar con los ping¨¹inos esos. Desplegu¨¦ la pen¨²ltima de las misivas y, con solo leer un par de frases, puse los ojos en blanco. Esta vez fui yo quien jug¨® (mal, para no variar) al baloncesto con el mensaje. ¨DLas tetas no funcionan as¨ª ¨Dgru?¨ª. ¨DTrae. ¨DRam¨®n recuper¨® la bola de papel del suelo¨D. Voy a probar eso que dices de ser sarc¨¢stico. Le¨ª varias veces el borrador de respuesta que hab¨ªa sugerido, me pregunt¨¦ m¨¢s veces de la que deber¨ªa si una revista publicar¨ªa un ataque tan poco velado a uno de sus lectores y, una vez hab¨ªa expulsadas mis preocupaciones, solt¨¦ una carcajada que retumb¨® en los cuatro muros. Por suerte, Maite necesitaba un terremoto para despertarse. ¨D¨²ltima carta. ¨DLa sujet¨¦ con firmeza¨D. Y habremos acabado por hoy. Definitivamente, este trabajo no est¨¢ pagado. Stolen story; please report. ¨DMuy alentador que hables as¨ª sobre lo que har¨¦ ocho horas al d¨ªa durante los pr¨®ximos meses, Jaime ¨Dsus ojos se ensombrecieron un poco¨D. Muy alentador. ¨DSoy un sol, ?a que s¨ª? ¨Dexager¨¦ la mueca de mi cara y le forc¨¦ una a juego con mis manos¨D. ?A sonre¨ªr! En fin, a ver qu¨¦ quiere este tipo. ?Konnichiwa, amigos de la Revista Keiso! Os escribe otra vez Moroboshi, vuestro otaku de confianza, para preguntaros sobre los pr¨®ximos juegos que est¨¢n por salir en el pa¨ªs del sol naciente ^_^. ?He le¨ªdo en una revista de importaci¨®n que por fin The Legend of Zelda tendr¨¢ una secuela! ?No entiendo nada de lo que pone, pero por las fotos es muy diferente a la primera entrega! ?Me pod¨¦is contar algo vosotros? ?Lo hab¨¦is probado? ?Adem¨¢s, parece que vamos a tener dos juegos de rol muy grandes! ?Phantasy Star de SEGA y uno llamado Final Fantasy! Pero no s¨¦, yo sigo esperando que Tokujin Historia II salga en alg¨²n idioma que entienda. ?Hay noticias sobre eso? ?Tambi¨¦n quer¨ªa preguntaros por los juegos de anime, que nunca habl¨¢is de ellos en la revista! ?Me he tenido que enterar de que hab¨ªa uno de Hokuto no Ken en la tienda! ?Cu¨¢les quer¨¦is vosotros que hagan? ?Yo estoy deseando una adaptaci¨®n de Genesis 84! ?Necesitamos m¨¢s juegos de mechas! Pero el motivo real por el que os escrib¨ªa era porque s¨¦ que est¨¢ al caer vuestra rese?a de Eiyuusha. ?Dicen que la historia va a ser incre¨ªble y superprofunda! ?He visto algunas escenas en un VHS y es incre¨ªble! ?C¨®mo demonios mueve eso un ordenador sin explotar? ?Y tan emotivo todo, casi lloro con un v¨ªdeo mal grabado! Como comprender¨¦is, no puedo esperar a la entrega de diciembre (o la de enero, que s¨¦ que a veces Mar¨ªa se retrasa con estos juegos tan largos) para que me deis vuestras impresiones. As¨ª que vuestro amigo os escribe para que le deis unas poquitas migajas en la revista de noviembre, que nunca hab¨ªa tenido tanto mono por un juego. ?Porfa, amigos del silicio, porfa! Moroboshi ¨DEl muchacho est¨¢ de suerte. Por partida doble. ¨DRam¨®n dej¨® el folio en la mesa¨D. Mar¨ªa se ha terminado el juego. De hecho, no hablaba de otra cosa en el descanso del almuerzo. Parece que es as¨ª de bueno. Eso s¨ª, no creo que la rese?a vaya a entrar en el n¨²mero de noviembre. Pero s¨ª que es posible darle ese anticipo. Ech¨® la mano al zurr¨®n y sac¨® de ¨¦l la cinta que parec¨ªa vac¨ªa. Al parecer, la analista hab¨ªa insistido tanto sobre las virtudes del juego que uno de los compa?eros decidi¨® ser un poco pirata y sacar un pu?ado de copias para ver de qu¨¦ iba la cosa. No necesitaba un espejo para saber que los ojos me estaban haciendo chiribitas. Ni para saber que se me iba a hacer imposible aguantar los aproximadamente quince minutos que el ordenador se tomar¨ªa para salir de la pantalla de carga tras escribir el m¨ªtico RUN?CAS: en el f¨®sforo verde. Perseveramos. Ram¨®n con paciencia, yo subi¨¦ndome por las paredes. Desde el primer momento, esa pantalla de t¨ªtulo minimalista me enamor¨®. Una espada clavada en el suelo y el paso del d¨ªa en ocho bits. Una instrucci¨®n que nos instaba a pulsar la tecla intro. ?Qu¨¦ clase de magia hab¨ªa hecho el ingeniero de sonido con la m¨²sica para que sonara tan bien? Como compositor, no me ve¨ªa capaz de continuar hasta que la primera iteraci¨®n del bucle acabara. De alg¨²n modo, sent¨ªa que era una falta de respeto. Me anim¨¦ a seguir adelante. En un pesta?eo, ya hab¨ªamos pasado una hora vagando por un mundo pixelado que no parec¨ªa tener fin y dej¨¢ndonos llevar por la sensaci¨®n de descubrimiento, divirti¨¦ndonos con un combate tan fren¨¦tico que, en ocasiones, ten¨ªamos que agradecer los momentos en los que la m¨¢quina se saturaba y ralentizaba la acci¨®n. Hab¨ªa de admitir que al lector no le faltaba raz¨®n: la historia era capaz, a pesar de su sencilla premisa en la que un ni?o que se ve forzado a aprender qu¨¦ significa realmente ser un h¨¦roe, de capturarte con sus peque?os giros y sus sutilezas. Eiyuusha era as¨ª de bueno. ¨D?Joder, Ram¨®n! ?Mira d¨®nde est¨¢! ?T¨ªrale una bola de fuego! ¨DA pesar de todo, intent¨¦ no levantar demasiado la voz¨D. Si dejas que se acerque vas a... S¨ª, justo eso. El protagonista cay¨® al suelo, parpade¨® unos instantes y mostr¨® las palabras GAME OVER en pantalla. ¨DInt¨¦ntalo t¨² ¨Dresopl¨®¨D. No es tan f¨¢cil como parece. Me hice a los mandos del juego y logr¨¦ superar, no sin dificultad, la habitaci¨®n en la que el protagonista hab¨ªa perecido antes. En realidad, tuve que hacer algo de trampa y fundirme con los muros para evitar alg¨²n que otro golpe, pero gracias a mi triqui?uela, pude llegar a la sala del jefe sin problemas y con la vida al m¨¢ximo. Sin embargo, al contrario que otras estancias de jefe, esa habitaci¨®n estaba completamente vac¨ªa. ?Se trataba de una de esas escenas autom¨¢ticas? ?Era otro de esos giros en los que el juego cuestionaba su propia premisa? Deb¨ªa serlo, porque el protagonista empez¨® a moverse sin que yo se lo pidiera. Paso a paso, acompa?ado por la m¨²sica de la mazmorra, hasta el centro de la habitaci¨®n. El h¨¦roe alz¨® su arma y, poco a poco, las casillas del suelo empezaron a disolverse. Algunas, en lugar de pasar a negro, mostraban un pu?ado de sprites inconsistentes, como le¨ªdos de forma aleatoria de la memoria del juego. La interfaz que mostraba las distintas habilidades y estado del protagonista fue lo siguiente en desaparecer. Pero el ni?o segu¨ªa impasible, con su capa ondeando en el extra?o vac¨ªo. Una caja de texto apareci¨®, descuadrada, en la pantalla: I WILL BE A HERO FOR YOU, TOO Un escalofr¨ªo me recorri¨® la espalda. Ese ?yo tambi¨¦n ser¨¦ un h¨¦roe para vosotros? reson¨® fuerte conmigo por alg¨²n motivo. Dej¨¦ escapar el aire que estaba conteniendo por la emoci¨®n. ¨DNo ment¨ªan con lo de la historia. ¨DEstir¨¦ un poco la espalda¨D. Sorprendente es, como poco. La pantalla parpade¨® un par de veces con una est¨¢tica fingida. Cada vez que lo hac¨ªa, el enfoque se acercaba m¨¢s al protagonista, definiendo m¨¢s los p¨ªxeles de sus facciones y apagando, poco a poco, los restos de la m¨²sica, que empezaba a reproducir un caracter¨ªstico eco. Cuando no hab¨ªa nada m¨¢s que o¨ªr, un efecto de sonido cort¨® el aire. Un simple tajo, como el que el juego hac¨ªa al pulsar el bot¨®n de atacar. Sin embargo, por alg¨²n motivo, resultaba mucho m¨¢s inquietante sin que la animada m¨²sica de combate lo acompa?ara. Seco. Penetrante. Con ¨¦l, la espada del personaje traz¨® un arco perfectamente cuidado, mirando a la c¨¢mara, que retumb¨® de la misma forma que lo har¨ªa al sufrir un golpe contundente. El sprite del h¨¦roe se movi¨®, como tomando un poco de aire. Un brillo de satisfacci¨®n llen¨® sus ojos y se limit¨® a clavar la espada en el suelo, tal y como mostraba la pantalla de t¨ªtulo del juego. Lejos de mostrar el precioso ciclo del d¨ªa y la noche que ya hab¨ªamos visto, solo nos present¨® negrura... Hasta que una ¨²ltima caja de texto proporcion¨® un mensaje final. A HERO Di un salto en la silla. No porque el mensaje me hubiera resultado ominoso, sino porque lo acompa?¨® uno de estos fallos en la corriente el¨¦ctrica que hac¨ªan que las luces tintinearan. ¨²ltimamente se estaban haciendo bastante comunes en mi vida, pero eso no los hac¨ªa menos molestos. Las bombillas luchaban por seguir iluminando el sal¨®n, pero solo pod¨ªan parpadear con timidez. El televisor, que hab¨ªamos dejado apagado, empez¨® a mostrar el noticiario del d¨ªa con tal estruendo que logr¨® que la anfitriona durmiente protestara por ello entre balbuceos. Ram¨®n decidi¨® ser cauto y apagar apresuradamente el ordenador para evitar que algo se fundiera con la sobrecarga. Al hacerlo, el monitor tard¨® unos segundos en descargarse del todo, lleno de est¨¢tica, sin acabar de borrar el ¨²ltimo mensaje del juego de la pantalla. Un ¨²ltimo fogonazo de luz nos ceg¨®. Una de las bombillas hab¨ªa decidido explotar en mil pedazos por la subida de tensi¨®n y llenar el suelo de cristales. Eso s¨ª que fue suficiente como para despertar a la futura madre. O a la futura hija, ya que Maite se despert¨® abrazada a su vientre y con unas quejas que rozaban lo gutural. Tanto, que llegu¨¦ a temer que tuvi¨¦ramos que salir corriendo al hospital por un parto adelantado. Por suerte, todo volvi¨® a la normalidad en poco tiempo. El sal¨®n volvi¨® a estar perfectamente iluminado (salvo por la bombilla que hab¨ªa explotado, claro), el televisor se apag¨® tal y como se hab¨ªa encendido y la imagen est¨¢tica hab¨ªa desaparecido del monitor del ordenador. Dej¨¦ que la embarazada apretara mi mano con fuerza y, aunque probablemente no pudiera usarla para jugar el resto del d¨ªa, me agradeci¨® el gesto con una mirada fugaz. En pocos minutos, los dolores de la mujer se hab¨ªan disipado y, casi olvidando el episodio, pidi¨® a su hermano una bolsa de anacardos. Que ten¨ªa un antojo, aduc¨ªa. Yo, por mi parte, barr¨ª los cristales del suelo y comprob¨¦ que nada m¨¢s se hubiera roto. ¨DGenial, toca otra vez pasar por la pantalla de carga ¨Dapreci¨¦ al ver el caracter¨ªstico men¨² azul del microordenador. Octubre, 2003 - Cazadores de Silicio #233 ?Este mes, seis posters con los mapas de Pok¨¦mon Rub¨ª y Zafiro! An¨¢lisis: Momoolin Mania (PlayStation 2). FIFA 2004 (Multiplataforma). Halo (Xbox). ?Y siete juegos m¨¢s! Art¨ªculos: A case of literary theft: this tale is not rightfully on Amazon; if you see it, report the violation. Golden Sun: ?un juego al precio de dos? El Se?or de los Anillos: todo sobre los nuevos juegos. Especial MMORPG: World of Warcraft, Ragnarok Online, Lineage 2, Mythic Quest, Dragon Empires... RetroGaming: La Satellaview de Nintendo. Noticias: Primeras capturas de Jade Empire, la apuesta de Xbox por el RPG. Yaroze-kai llegar¨¢ por fin a Occidente... ?este mismo noviembre! Dragon Ball Budokai, Goku como nunca. Red Dead Revolver, ?un GTA de vaqueros? Like a Kabaajin, tendr¨¢ adaptaci¨®n a anime... ?Antes de lanzar el juego! ?Y mucho m¨¢s! Gu¨ªas: Final Fantasy Tactics Advance (segunda parte) . Fire of the Teinekell V (cuarta parte). C¨®mo ser el mejor espadach¨ªn en Soul Calibur II Y, como siempre, nuestra secci¨®n estrella... ?Leyendas de Silicio! Cap铆tulo 04, por El铆as Delf铆n Mi primer d¨ªa de trabajo en la revista vino precedido por cuatro horas de clases no muy rese?ables. Bueno, en realidad fueron solo tres. El profesor de Documentaci¨®n era uno de esos carcas que se limitaban a leer en voz alta un pu?ado de transparencias mal proyectadas, por lo que esa hora estaba mucho mejor aprovechada con un zumo de naranja, media tostada de roquefort y unas pachangas de Magic: The Gathering en la cafeter¨ªa. Aunque llegu¨¦ m¨¢s o menos puntual (la excusa fue que hab¨ªa tr¨¢fico) a la redacci¨®n, Ram¨®n me reprendi¨®. Que hab¨ªa perdido cinco minutos esper¨¢ndome que le habr¨ªan venido de lujo para un caf¨¦ o algo as¨ª. No obstante, inspir¨® con fuerza, hizo un esfuerzo por relajarse y me hizo pasar a su despacho. ¨DSe?or Delf¨ªn ¨Dpara un silencio artificial s¨ª que tuvo tiempo¨D, conf¨ªo en que haya tra¨ªdo su contrato debidamente cumplimentado. ¨DAs¨ª es ¨Dchasque¨¦ los dedos y lo saqu¨¦ de la mochila¨D. Aqu¨ª tienes, Ram¨®n. No s¨¦ si gru?¨® por seguir trat¨¢ndole de ?t¨²?, por mi uso liberal de su nombre de pila o porque los papeles se hab¨ªan arrugado un poco en la mochila. Su tic en el ojo me confirm¨® que se trataba, en efecto, de las tres cosas a la vez. Solt¨® un profuso suspiro. Fing¨ª que no me importaba. ¨DLa se?orita Guarnido le dar¨¢ sus primeras tareas para aclimatarse y le comunicar¨¢ sus datos de acceso a la red corporativa ¨Dsu tono no se movi¨® un ¨¢pice de la neutralidad que hab¨ªa tomado como bandera¨D. En otro orden de cosas, agradecer¨ªa que se reservase el espacio entre las cuatro y las cinco de la tarde para una reuni¨®n de iniciaci¨®n. ¨DRecibido, mi comandante. ¨DImit¨¦ un saludo militar y, acto seguido, me pregunt¨¦ por qu¨¦ demonios hab¨ªa hecho eso. La que ser¨ªa mi mentora me esperaba al otro lado de la puerta con esa pose de ?apoyada contra la pared como una t¨ªa dura? que no hac¨ªa sino ganarse puntos de mi admiraci¨®n. Esta vez se hab¨ªa recogido el pelo con lo que parec¨ªa un bol¨ªgrafo BIC naranja, del que escribe fino. Eso me hizo preguntarme si los mo?os improvisados eran una de sus se?as de identidad. ¨DBien, El¨ªas ¨Dme salud¨® de forma totalmente despreocupada¨D. Normalmente, no atiendo personalmente a los nuevos en su primer d¨ªa... pero no pod¨ªa decirle que no a Vero. No sab¨ªa si carg¨¢rmela o darle un beso cuando la viera entrar por la puerta. Probablemente, acabar¨ªa haciendo las dos cosas. ¨DMe ha dicho que eres un gran admirador de mi trabajo. ¨DHizo una se?a para que la siguiera¨D. Y que ser¨ªa un desperdicio ponerte a trabajar en cualquier secci¨®n que no fuera la que dirijo personalmente. ¨DA-as¨ª es ¨Del grito inicial se fue apagando a lo largo de las s¨ªlabas¨D. Qui-quiero decir... No me he perdido uno solo de tus art¨ªculos de Leyendas y llevo media vida prepar¨¢ndome para estar a la altura de... Ya sabes, tu visto bueno. Norma tuvo que ponerse de puntillas para darme una palmada en la cabeza, aunque aprovech¨® ese instante para mirarme m¨¢s de cerca. A esa distancia tan corta, impresionaba a¨²n m¨¢s. ¨DTranquilo, El¨ªas. ¨DCompuso una media sonrisa¨D. En serio, no muerdo. Me encantar¨ªa ver de lo que eres capaz. Me f¨ªo de Vero como si fuera mi propia hermana, y con todo lo que me ha contado, no veo por qu¨¦ no deber¨ªas estar bajo mi ala. Pero... Siempre hab¨ªa un pero. ¨DEn teor¨ªa, eres un becario. ¨DEstir¨® hacia atr¨¢s sus hombros, como prepar¨¢ndose para soltar un latigazo verbal¨D. Si abrimos la vacante de tu puesto es porque necesit¨¢bamos uno, ya sabes. Lo que quiere decir que te va a tocar hacer alg¨²n que otro trabajo algo menos que agradecido. ¨DD¨¦jame adivinar... ¨DMi capacidad para soltar r¨¦plicas mordaces autom¨¢ticas invalid¨® mi timidez por un instante¨D. ?Tengo que traerte el caf¨¦? Traz¨® una mueca divertida y me mir¨® con tal intensidad que convirti¨® mis piernas en gelatina. En parte porque mi mente hab¨ªa recordado convenientemente de que trataba con mi superior, en parte porque... bueno, porque era Norma Guarnido. Pero me mantuve firme en la broma. Quer¨ªa caer bien a mi ¨ªdolo. ¨D?Expreso doble? Tras uno de los momentos m¨¢s largos de mi vida, la mujer empez¨® a re¨ªr y me dio tal palmada en la espalda que hizo que mis in¨²tiles piernas no dieran m¨¢s de s¨ª. Definitivamente, esos m¨²sculos no estaban de adorno. ¨DMe gustas, chico. ¨D?Pretend¨ªa hacer que todas las funciones de mi cuerpo se inhabilitaran a la vez?¨D. A ver, todo lo que me puede gustar un yogur¨ªn como t¨², no te hagas ideas equivocadas. ?Mi cara de imb¨¦cil es por fanatismo, no por atracci¨®n? fueron palabras que no me anim¨¦ a decir en voz alta. No ten¨ªa por qu¨¦ atacarme as¨ª con la diferencia entre nuestras edades, pero con esta expresi¨®n idiota dibujada en todo el rostro quiz¨¢ s¨ª que me lo merec¨ªa. Solo por si acaso. ¨DEn realidad, no ¨Dsigui¨® hablando, como si nada¨D. Quer¨ªa pedirte que transcribieras y tradujeras unas entrevistas antes de que llegue Vero. Espero que se te d¨¦ bien el engrish. Algunos desarrolladores japoneses se empe?an en hablar ingl¨¦s a pesar de tener traductores perfectamente formados delante. No tuve mucho tiempo para pensar en ello mientras la periodista me aupaba de mi vergonzosa ca¨ªda. Simplemente, rec¨¦ a todas las deidades que conoc¨ªa para que mi moreno me protegiese lo que buenamente pudiese del rubor aparente. Ya estaba quedando demasiado mal y la periodista estaba mostrando demasiada entereza con un fan que le obligaban a tragar como para volver a hacer el imb¨¦cil. ¨DToma, un pen-drive con los audios y una tarjeta con tus credenciales. ¨DCasi me los meti¨® a la fuerza en el pu?o¨D. Este ser¨¢ tu puesto. Te tocar¨¢ ser paciente: ese ordenador lleva m¨¢s tiempo en la redacci¨®n que yo. Creo que es el que anunciaban en el lanzamiento de Windows 95. ¨DG-gracias, se?orita Guarnido ¨Dfue lo ¨²nico que alcanc¨¦ a decir¨D. Lo har¨¦ lo mejor que pueda. ¨DDiablos, ll¨¢mame Norma. ¨DChasque¨® la lengua¨D. Vamos a trabajar mucho juntos. ¨DD-de acuerdo, Norma. ¨DAgach¨¦ la cabeza y busqu¨¦ instintivamente los cascos en mi cuello¨D. U-un placer. Los pasos se alejaron lo suficiente como para saber que era seguro poner la banda sonora de Crazy Taxi a todo trapo en mis o¨ªdos, pero un tir¨®n me hizo saber que me equivocaba. ¨DPor cierto, El¨ªas ¨Dla voz de Norma son¨® cortante en uno de mis o¨ªdos mientras el otro estaba distra¨ªdo con The Offspring¨D. Latte con avellana. ¨D?Qu¨¦? ¨DNada de expresos dobles ¨Dcontest¨® con total seguridad¨D. Mi bebida favorita es el latte con avellana. Si te parece, podr¨ªas invitarme en alguno de los descansos, jovencito. Me gusta charlar con los compa?eros mientras tomo el caf¨¦ y estoy deseosa de conocer a la persona de la que tanto me habla mi hermanita. Si sigui¨® hablando, no escuch¨¦ nada con los gritos de fan hist¨¦rico de dentro de mi cabeza, que chillaba muy alto por la idea de tener un cara a cara casual con alguien que hab¨ªa influido tanto en mi vida. Vale, en cierto modo tambi¨¦n era lo m¨¢s parecido que hab¨ªa tenido a una cita desde que mi ¨²ltimo ex y yo rompimos. Algo ten¨ªa que estar haciendo mi subconsciente con esa idea est¨²pida. Eso s¨ª, fue una pena que me quedara tan descolocado que me costara reaccionar: ten¨ªa demasiadas cuestiones que hacer sobre la relaci¨®n que Vero y ella compart¨ªan. ?Hermanita? ?De qu¨¦ iba eso? Me resign¨¦ a apunt¨¢rmelo en el fondo de la cabeza para pregunt¨¢rselo a mi compa?era de piso durante la cena. *** Hab¨ªa algo sombr¨ªo en el ambiente. Puede que fueran las cortinas totalmente plegadas del despacho de Ram¨®n Lourido, que solo hab¨ªa encendido un peque?o flexo que tuvo d¨ªas mejores... O algo realmente oscuro, de esas cosas imposibles de describir con palabras. Vero y yo est¨¢bamos sentados, en silencio, frente a la silla del jefe. Norma, por su parte, segu¨ªa empecinada en parecerme guay cruzada de brazos contra una de las estanter¨ªas. If you stumble upon this narrative on Amazon, be aware that it has been stolen from Royal Road. Please report it. Nadie se atrev¨ªa a decir una palabra durante minutos. Reprim¨ª mi deseo de matar el tiempo buscando un nuevo r¨¦cord en alguno de los juegos de mi m¨®vil, aduciendo que eso era est¨²pido hasta para mi carism¨¢tica desfachatez. ¨DPerfecto, ahora s¨ª: las cuatro en punto. ¨DRam¨®n dej¨® el reloj de bolsillo junto a la taza de caf¨¦ que acababa de terminarse¨D. Podemos comenzar con la reuni¨®n. ¨DLlevamos todos diez minutos aqu¨ª encerrados ¨Despet¨¦, incapaz de seguir mordi¨¦ndome la lengua¨D. No hab¨ªa que esperar a la hora exacta. ¨DLa reuni¨®n estaba convocada para las cuatro en punto, se?or Delf¨ªn ¨Dasever¨® sin mutar su expresi¨®n¨D. Comprender¨¢ que no quiera faltar a mi palabra. Sea como fuere, es la hora. Se?orita Guarnido, ?est¨¢ segura de que las sospechas de Ver¨®nica no carec¨ªan de tino? ¨DJoder, Ram¨®n, por en¨¦sima vez: s¨ª. ¨DArque¨® la espalda para delante todo lo que le dejaba su chaqueta de cuero roja y gru?¨®. Me sorprendi¨® mucho que su superior no replicara en absoluto, dada su personalidad¨D. Lo he visto con mis propios ojos esta misma ma?ana. T¨² tambi¨¦n podr¨ªas hacerlo si quisieras. ¨DNo desconf¨ªo de su palabra ¨Dasegur¨® tras unos segundos¨D. Solo quer¨ªa que constase en acta. ¨DTito ¨Dcon solo una palabra de Vero, el jefe de redacci¨®n suaviz¨® su ce?o¨D, estoy totalmente convencida de que El¨ªas ha invocado a un glitch anteriormente. Probablemente, a uno pac¨ªfico. Tiene potencial espiritual. Como dice Norma, ser¨ªas capaz de verlo si no te negases a usar tu Vista. Algo me dec¨ªa que no era momento para aligerar el ambiente con chanzas. ¨DNo tengo necesidad alguna de hacerlo. ¨DEch¨® un brev¨ªsimo vistazo a una de las fotos de su escritorio. Entre la penumbra y el ¨¢ngulo, no pude identificarla¨D. Se?orita Guarnido, creo que no es necesario darle instrucci¨®n alguna. ¨DLo har¨¦ yo ¨Dsentenci¨® Vero, quit¨¢ndose uno de sus guantes¨D. Acto seguido, se acerc¨® a mi o¨ªdo y susurr¨®¨D. Te lo explicaremos pronto. Ahora, ?conf¨ªas en m¨ª? Asent¨ª y cerr¨¦ los ojos. Por un momento, not¨¦ el perfume de mi amiga de la infancia. A¨²n no me hab¨ªa dado tiempo a reconocerlo como suyo, pero la sensaci¨®n de cercan¨ªa que me proporcionaba borr¨® por unos segundos todas mis preguntas, incluyendo el ?qu¨¦ diantres tiene que ver el potencial espiritual con escribir sobre videojuegos?, el ?en qu¨¦ demonios se hab¨ªa metido Vero durante todo este tiempo? y, en general, el ?qu¨¦ cojones est¨¢ pasando?. Solo confi¨¦ en mi mejor amiga. No tard¨¦ mucho en sentir que era el momento de abrir los p¨¢rpados. La mano desnuda de Vero estaba sobre mi pecho y, aunque el coraz¨®n me lat¨ªa descontrolado, sus enormes ojos azulados me invitaban a relajarme. Norma hab¨ªa alzado el pulgar sin moverse mucho e incluso Ram¨®n miraba la escena con satisfacci¨®n. ¨DY la prueba de fuego es... La muchacha descolg¨® su mascota virtual de su cintur¨®n y toc¨® con levedad su pantalla con el pulgar. Su dedo brill¨® durante unos instantes y un fogonazo de luz quem¨® la penumbra. Para cuando mis ojos se ajustaron, una criatura hab¨ªa aparecido sobre el hombro de la chica. Se trataba de una peque?a bolita con ojos de bot¨®n, expresi¨®n adorable, cola de gato y tres cuernos de distintos tama?os. Por mi mirada at¨®nita y el balbuceo que no acababa de salir de mi garganta, los presentes supieron que lo que quiera que hubiera sido ese ritual hab¨ªa funcionado. ¨DYa conociste a Mako ayer ¨Ddijo. La criatura ronrone¨® y roz¨® su mejilla contra su due?a¨D. Perdona su aspecto. Es d¨ªa uno, as¨ª que acaba de salir del huevo. Esta vez s¨ª que verbalic¨¦ mis pensamientos con un torrente claro, conciso y cristalino: ¨D?Qu¨¦ cojones? ¨DEnerg¨ªa pura ¨Dreplic¨® mis palabras con firmeza y seriedad¨D. T¨² lo dijiste, pero no sab¨ªas c¨®mo de literal estabas siendo. Mako es... un caso especial ¨Dse corrigi¨® autom¨¢ticamente con una sonrisa. ¨DMako es un demonio de silicio ¨Dasegur¨® Ram¨®n Lourido¨D. Siempre leal a mi sobrina y, en cinco a?os, no ha hecho m¨¢s que asistirnos, mas sigue siendo un demonio de silicio. ¨DQuiz¨¢ prefieras usar el t¨¦rmino glitch ¨Dapreci¨® Norma como si fuese lo m¨¢s normal del mundo¨D. Suena menos agresivo. Y a algo que puedes decir en p¨²blico sin pensar que est¨¢s para el psiqui¨¢trico. A¨²n no conocemos todos los detalles de la naturaleza de estos seres, pero hay algo claro: aprovechan los errores inform¨¢ticos para materializarse. ¨D?Eso no puede ser! ¨DChasque¨¦ la lengua con fuerza¨D. Soy un seguidor de la revista bastante insistente: me harto de jugar, me paso horas buscando errores en el c¨®digo y nunca he visto un demonio de esos. ¨DNo los has visto porque eras f¨ªsicamente incapaz ¨Dasegur¨® la editora¨D. Pero Vero me ha contado que alguna vez has hecho que un fallo de un videojuego hiciera que las luces de tu casa empezasen a fallar, ?me equivoco? ¨DEsto... ¨DMe llev¨¦ la mano al ment¨®n¨D. S¨ª, bueno, a ver. S¨ª. Alguna vez ha pasado eso. ?Pero...! ¨DSimplemente eras incapaz de apreciar al demonio que lo acompa?aba. ¨DEl jefe sac¨® algunas revistas antiguas del caj¨®n¨D. Pero ahora deber¨ªas poder hacerlo. Abri¨® uno de los n¨²meros por la mitad. En ¨¦l, hab¨ªa un art¨ªculo de Leyendas de Silicio en el que explicaban uno de los errores m¨¢s conocidos del mundo del videojuego: c¨®mo capturar a MissingNo en Pok¨¦mon Rojo y Azul. Hasta ah¨ª, bien: los cl¨¢sicos pasos de ver la explicaci¨®n del borracho (s¨ª, era un borracho por mucho que lo censuraran al traducirlo), volar a Isla Canela y surfear por unas casillas espec¨ªficas. Lo hab¨ªa hecho cientos de veces de ni?o sin que pasara nada raro. De hecho, ten¨ªa sus fotos grabadas a fuego en la retina. En ellas, Ram¨®n y un compa?ero de la redacci¨®n sal¨ªan frente a frente con sus Game Boy Pocket y se miraban intensamente mientras intentaban lograr las distintas versiones del monstruo. La puesta en escena del art¨ªculo era tan chula que era capaz de atraer los ojos de cualquier lector. Aun as¨ª, no recordaba que la fotograf¨ªa tuviese una representaci¨®n tan clara del perturbador fantasma de los juegos en el aire. Al verlo, sent¨ª un extra?o escalofr¨ªo y la tentaci¨®n de tocar la fotograf¨ªa, que chispe¨® con mi dedo. Al hacerlo, sent¨ª una extra?a energ¨ªa que me ayud¨® r¨¢pidamente a creer un poco m¨¢s la historia. ¨DJoder ¨Dmaldije¨D. Vuelvo a preguntarlo, ?qu¨¦ cojones? ¨D?Nos cree ya, se?or Delf¨ªn? ¨DRam¨®n se coloc¨® de nuevo las solapas de su chaqueta y mostr¨® un par de reportajes m¨¢s, que ahora ven¨ªan acompa?adas de sus respectivos glitches con forma f¨ªsica¨D. No es sino esa la raz¨®n de ser de ?Leyendas de Silicio?, la raison d''¨ºtre del ?Cazadores? que da nombre de nuestra publicaci¨®n. El hombre de mediana edad tom¨® aire con fuerza y lo exhal¨® en un ¨²nico suspiro, listo para dejar caer una frase lapidaria: ¨DCazamos demonios de silicio. Mi mente no sab¨ªa qu¨¦ responder a una situaci¨®n como esa. Ech¨¦ una mirada furtiva a Vero, pero solo arque¨® un poco las comisuras de la boca. Al menos, eso fue suficiente para saber que estaba de mi parte y que todas las locuras molonas que estaba escuchando ten¨ªan sentido. ¨DEl motivo por el que he venido a Gailadr¨ªa y mi t¨ªo ha decidido contratarme sin hacer pregunta alguna ¨Drespondi¨® con una voz sorprendentemente fr¨ªa y llena de calma¨D es que por fin he acabado mi entrenamiento como exorcista. Mi maestra ha dado por fin el visto bueno a mis habilidades. Norma se acerc¨® a la que r¨¢pidamente entend¨ª que era su pupila y dej¨® una mano sobre su hombro con cari?o y satisfacci¨®n. ¨DVale, vale. ¨DEch¨¦ las palmas de las manos hacia delante¨D. As¨ª que esto va de... ?Invocar fantasmas a trav¨¦s de errores de videojuegos y carg¨¢rselos? Mira, la idea es chula. Tanto, que me tengo que poner a buscar motivos para no saltar inmediatamente al tren. Pero... ?qu¨¦ hay de las leyendas urbanas? ?He le¨ªdo suficientes revistas como para saber que no todas son errores! ¨DOh. ¨DNorma decidi¨® pararme ah¨ª¨D. Para responder esa pregunta, d¨¦jame explicarte nuestras teor¨ªas actuales sobre los glitches. Para invocar uno, deben darse tres condiciones. En primer lugar, solo aparecen ante el reclamo de la energ¨ªa espiritual. A m¨¢s energ¨ªa, m¨¢s probable ser¨¢ que acabes llamando a uno de los m¨¢s fuertes. ¨DPor eso sab¨ªamos que hab¨ªa algo en tu interior ¨Daclar¨® Vero¨D. Por eso me qued¨¦ blanca como la leche cuando se te ocurri¨® abusar de las f¨ªsicas del Momoolin Mania: yo estaba cerca. Tengo problemas para ocultar mi energ¨ªa. Podr¨ªa haber aparecido uno en cualquier momento. Pero no pod¨ªa cont¨¢rtelo. No ah¨ª, no en nuestro reencuentro. Solo pod¨ªa prepararme para deshacerme de lo que saliera de la pantalla y esperar a la iniciaci¨®n formal. Siento haberte hecho esperar. ¨DFue la decisi¨®n correcta ¨Dsentenci¨® su t¨ªo¨D. Bien hecho, Ver¨®nica. La aludida baj¨® ligeramente su cabeza, con una mezcla de verg¨¹enza y orgullo. No se recompuso r¨¢pidamente. ¨DLa segunda conclusi¨®n a la que hemos llegado es que existe una relaci¨®n inequ¨ªvoca entre un error y su glitch. ¨DSac¨® un caramelo de su bolsillo, le quit¨® el envoltorio y lo dej¨® sobre la mesa¨D. Una vez sale del lugar que lo ha creado, es incapaz de replicarse. Por tanto, es nuestra prioridad llegar al misterio antes que nadie para evitar que estos errores hagan estragos en el hogar de un pobre ni?o al que le han regalado un juego de Barrio S¨¦samo. Ya sabes, en los juegos licenciados no es raro que el desarrollador se ha dejado un fallo o dos antes de enviarlo a producci¨®n. ¨DAun as¨ª, no todos los errores producen un demonio ¨Dexplic¨® Ram¨®n¨D. O, al menos, uno abiertamente malintencionado. Lo que nos lleva a la tercera condici¨®n: cuanto m¨¢s rec¨®ndito y mayor sea el halo de misterio sobre el comportamiento an¨®malo del software, m¨¢s poderosa ser¨¢ la criatura que se esconda dentro. ¨DEn otras palabras, chico ¨Dtradujo Norma¨D: si existe una leyenda detr¨¢s del error, el glitch que produce ser¨¢ m¨¢s fuerte. No es una regla de oro y no es estrictamente necesario que corran las habladur¨ªas, pero ciertamente hemos visto una correlaci¨®n. Me dej¨¦ caer hacia atr¨¢s y me presion¨¦ los pu?os contra las sienes, intentando pensar en todo lo que estaba escuchando, pero el ruido en mi cabeza era tan grande que me imped¨ªa concentrarme. ¨DPor eso una parte tan grande de nuestro trabajo es investigar los tablones online, la rumorolog¨ªa que rodea a los videojuegos y, ante todo, las pistas que nos llegan de los lectores. Al fin y al cabo, no fue sino por una misiva de un seguidor como descubrimos el primero de los demonios de silicio. Vero se llev¨® la mano al pecho y liber¨® algo de la energ¨ªa que ahora hab¨ªa aprendido a ver solo unos minutos antes. El aire a su alrededor se agit¨® un poco y unas palabras llegaron a lo que parec¨ªan ser ¨²nicamente mis o¨ªdos. ¨DSiento no hab¨¦rtelo dicho antes, Eli. ¨DDe no ser porque ve¨ªa los rojos labios de la chica moverse al ritmo de las palabras, hubiera pensado que tambi¨¦n era tel¨¦pata por lo claramente que estaba escuchando su voz en mi cabeza¨D. Perm¨ªteme compensarte. Estar¨¦ contigo en este viaje. Te proteger¨¦. D¨¦jame ser tu hero¨ªna. Cap铆tulo 05, por Norma Guarnido Di un ¨²ltimo derechazo al saco de boxeo. A pesar de haber usado todas mis fuerzas, este no se movi¨® un ¨¢pice. Me sent¨ª como si le hubiera pegado un pu?etazo a una columna de piedra. Bueno, en realidad, la piedra no habr¨ªa soportado el impacto. ¨DEl t¨ªo que me lo vendi¨® no ment¨ªa. ¨DMe sequ¨¦ el sudor de la frente con una toalla¨D. Este trasto es de los buenos. Todav¨ªa quedaba una prueba m¨¢s, tanto para el saco de entrenamiento como para m¨ª. Chasque¨¦ los dedos de la mano izquierda y envolv¨ª mi antebrazo de energ¨ªa espiritual. Toda la que pod¨ªa controlar, naciendo de mi pu?o y extendi¨¦ndose en forma de llamas azules hacia detr¨¢s. Siempre me hab¨ªa frustrado que el ojo no entrenado no pudiera verlo (cu¨¢nto me habr¨ªa ahorrado en materiales de cosplay con eso), aunque realmente su funci¨®n era m¨¢s pr¨¢ctica que est¨¦tica: si no lo hac¨ªa, podr¨ªa partirme varios huesos con el retroceso de la fuerza. ¨D?Vamos! ¨DExhal¨¦ todo el aire de golpe¨D. ?Iah! Con todas mis energ¨ªas, atest¨¦ un golpe seco al resistente saco. Sent¨ª un tir¨®n del hombro, pero pude controlar las llamas en el ¨²ltimo instante para que tambi¨¦n lo envolvieran con su protecci¨®n. Doli¨®, eso s¨ª. Lo importante era que esa mole incapaz de reaccionar a mis m¨²sculos desnudos hab¨ªa oscilado unos veinte cent¨ªmetros con el derechazo. No ten¨ªa muy claro de qu¨¦ estaba hecha, pero iba a servir para seguir entrenando. Y para antes de que acabara el a?o, ten¨ªa que poderla mover hasta arriba del todo sin que mi cuerpo me pidiera tener que pasarme tres minutos recuperando el aliento. Me alert¨® el timbre. ?A qui¨¦n no le har¨ªa sobresaltarse un zumbido as¨ª a las seis de la ma?ana? S¨ª, recordaba que hab¨ªa invitado a mi pupila a entrenar aquel d¨ªa, pero segu¨ªa siendo una rasgadura importante en el silencio de mi rutina matinal. ¨DMenos mal, he dado con la casa correcta ¨DVero se abrazaba, tiritando. Era obvio que un fino ch¨¢ndal no era suficiente abrigo para ella, y menos a¨²n con los hombros al aire¨D. ?Por qu¨¦ no me hab¨ªas dicho que viv¨ªas en Siberia? Solt¨¦ una carcajada con regusto fraternal y puls¨¦ el bot¨®n que desbloqueaba la verja exterior. Cuando la chica subi¨® las escaleras, le puse encima una suerte de poncho que le quedaba varias tallas m¨¢s grande de lo que deber¨ªa. ¨DHoy viene aire de la sierra ¨Dle expliqu¨¦, se?alando los picos nevados que se ve¨ªan desde la puerta¨D, y aqu¨ª en lo alto hay poca cosa que lo pare. ¨DBrrr, s¨ª. ¨DSe enroll¨® cual burrito en la lanuda prenda¨D. Te pedir¨ªa algo de desayunar, pero lo primero que quiero es entrar en calor. Me negu¨¦ a empezar el entrenamiento sin que tuviera algo entre pecho y espalda, as¨ª que le hice tomarse un batido caliente de chocolate y pl¨¢tano. Ya con el est¨®mago calentito, ella misma se sirvi¨® unas galletas proteicas que encontr¨® sobre la mesa de la cocina. Yo me puse un caf¨¦ con leche. ¨DLlevamos sin entrenar juntas unos meses ¨Dle record¨¦¨D, pero no creas que te voy a dar un poco de tregua por eso. Ese aprobado fue terriblemente raspado. ¨DEs f¨¢cil que sea raspado cuando exig¨ªas noventa y cinco puntos para superarlo ¨Drezong¨®, mordisqueando con desgana una de las galletas¨D. Pero lo hice. Y he seguido entrenando mientras preparaba todo este viaje y el ingreso en la universidad. Dame un respiro, t¨ªa. ¨DS¨ª, lo s¨¦: eres una chica aplicada. ¨DSuavic¨¦ mi expresi¨®n para te?irla con cari?o¨D. Pero ya sabes que esto es peligroso. Sobre todo, si quieres ir de hero¨ªna por ah¨ª. Vero hundi¨® la cabeza en el cuello del ch¨¢ndal e hizo que el negro de su pelo se fundiera con la tela para parecer un peque?o monstruo de ojos azules. ¨D?Cre¨ªas que no iba a ech¨¢rtelo en cara, hermanita? ¨DLe acus¨¦ con el dedo ¨ªndice¨D. Ya hace mucho que nos conocemos. La lanuda criatura a?adi¨® el rojo a sus colores. ¨DYa sabes que... ¨DEvadi¨® la mirada¨D. A veces esta cosa habla por m¨ª. Ya sabes, toda la charla del hero¨ªsmo y de... ¨DEsas palabras fueron cien por cien Vero ¨DDi un trago a mi taza¨D. Las dos sabemos que tienes el glitch perfectamente controlado a estas alturas. Si no, no te habr¨ªa dejado venir a trabajar con nosotros. Un trozo de galleta se col¨® por la ranura del ch¨¢ndal de Vero y su mand¨ªbula pareci¨® moverse, pero no salieron palabras algunas de sus labios. ¨DNo ser¨¢ que... ¨DNi se te ocurra decirlo, Norma ¨Dgru?¨®. ¨D?La peque?a Vero est¨¢...? ¨D?Norma, no! Form¨¦ un arco con mi energ¨ªa espiritual y dispar¨¦ a la pared con ¨¦l. Como lo hab¨ªa cargado poco, solo unos v¨®xeles rosas se escaparon del lugar del impacto. Lo justo para trasladar el mensaje. ¨DEres imb¨¦cil ¨Dprotest¨®, pero la fuerza se le fue por la boca¨D. Solo... Bueno, ya sabes. Han pasado cinco a?os y... est¨¢ cambiado. Ya sabes, ese... Eso. Ya me entiendes. Le echaba de menos y... Las casta?as asadas y... Ya sabes... Los recuerdos... Eso. Es normal sentir cosas por eso, ?no? Adem¨¢s, no eres la m¨¢s indicada para hablar de... Par¨® sus balbuceos en seco. Dej¨¦ que el silencio macerara su verg¨¹enza y, cuando hab¨ªa pasado un minuto, decid¨ª hacer que dejara de esconderse deslizando la cremallera bajo sus rosadas mejillas y le dediqu¨¦ una sonrisa p¨ªcara. ¨DOh, no, he''s hot now! ¨Dexager¨¦ todas y cada una de las palabras. La chica se termin¨® el batido de un trago y ech¨® a correr hacia el s¨®tano alegando que era hora de entrenar, pero no hab¨ªa que ser un lince para saber que solo buscaba desesperadamente una forma de evadir la conversaci¨®n. De tan desesperada, fue torpe y se resbal¨® en uno de los escalones. Supo camuflarlo bien. Al menos, lo justo para evitar hacerse da?o. Decid¨ª darle algo de tregua y no delatarla, fuera como fuere. Simplemente, la segu¨ª con la esperanza de que no rodara escaleras abajo con un segundo traspi¨¦. Me deshice de la bata de boxeo que me hab¨ªa tenido que poner por encima (me negaba a salir del dojo en pantalones cortos, no quer¨ªa helarme) y dibuj¨¦ varias formas de energ¨ªa en el aire con un hilillo de energ¨ªa tenue. ¨DDos, siete, equis ¨Dcomenz¨® a leer mis mensajes sin que siquiera le diera la instrucci¨®n¨D. Y lo que pone al lado de ese coraz¨®n no pienso leerlo en voz alta. La muchacha dej¨® tambi¨¦n su chaqueta en el borde del tatami y despleg¨® una espada de energ¨ªa desde su mano izquierda. Los ojos le brillaron con un chispazo azul, pero parec¨ªa que su pelo se mantendr¨ªa de ese color negro tan artificial en lugar de volverse fosforescente como en otras ocasiones. No obstante, ondeaba por voluntad propia, como impulsado por una brisa inexistente. ¨DAs¨ª que por eso ahora vas de g¨®tica por la vida ¨Dme burl¨¦, sac¨¢ndole un poco la lengua¨D. Yo que cre¨ªa que eran cosas de la edad. ?Ah, la rebeld¨ªa adolescente! ?Oscuridad y dolor! Da igual, mola bastante. Quiz¨¢ pueda arreglarte uno de mis trajes de lolita. The narrative has been taken without authorization; if you see it on Amazon, report the incident. ¨DMe pega con la ?Vero seria? que me hab¨¦is pedido... exigido... que sea aqu¨ª ¨Ddio un tajo en mi direcci¨®n, pero cargu¨¦ algo de energ¨ªa en mis piernas para saltar por encima de ella¨D, ?no crees? Ocho. Tres. ¨D?Bien hecho, hermanita! No recordaba que pudieras ver energ¨ªa tan d¨¦bil en movimiento. ¨DLa felicit¨¦ con un aplauso de solo un par de palmadas¨D. Lo cierto es que no soy muy amiga de eso de que ocultes tus emociones, ya sabes. Por mucho estilazo que gastes ahora, me gustas tal y como eres. Adem¨¢s, insisto, tu glitch est¨¢ completamente controlado. ¨DLa sacerdotisa no est¨¢ de acuerdo. ¨DVio que me acercaba con un pu?etazo e hizo que el escudo de su mano derecha se materializara para pararlo. Los surcos luminosos en su brazo estaban ah¨ª, como siempre¨D. Es ella la que manda con estas cosas. Zeta. El kanji de persona. Nueve. ¨D?Qu¨¦ sabr¨¢ ella? ¨DEntrechoqu¨¦ los pu?os¨D. Yo te conozco mejor, hermanita. Y era el de fuego, no el de persona. Par¨¦ en el sitio y recorr¨ª un c¨ªrculo perfecto con mi brazo derecho ante la confusi¨®n de la muchacha. Seg¨²n dibujaba la circunferencia con mis dedos, varias llamas et¨¦reas de color morado se trazaron en el aire y, cuando hab¨ªa cerrado la figura, todas se lanzaron a por mi oponente. Quer¨ªa darle una oportunidad de bloquearlas, as¨ª que las regul¨¦ para que no fueran muy r¨¢pido. ¨DPero, ?qu¨¦? ¨Dse sorprendi¨® la adolescente. Su ¨²nica reacci¨®n fue poner su escudo entre las bolas de fuego y ella misma y concentrar su fuerza en ¨¦l¨D. ?Cu¨¢ndo has aprendido a hacer eso? ¨DNo se lo digas a la estirada del pueblo, pero decid¨ª absorber otro glitch ¨Dpar¨¦ unos instantes para dejar que la explosi¨®n p¨ªrica retumbara en las paredes¨D. Un fantasma bastante t¨¦trico con un candil del Fire of the Teinekell V. Lo encontr¨® Kat haciendo la gu¨ªa hace un par de meses y me mol¨® demasiado como para no unirlo a mi repertorio. Ayud¨¦ a la chica a levantarse y, aunque me lanz¨® una mirada de reprobaci¨®n, pude intuir que en el fondo estaba tambi¨¦n emocionada por mis nuevos poderes. ¨DTen cuidado, Norma ¨Dme advirti¨®¨D. ?Cu¨¢ntos van ya? ¨DSeis. ¨DDesestim¨¦ sus preocupaciones con una carcajada¨D. Uno m¨¢s, y tendr¨¦ que decidir cu¨¢l le mando al Profesor Oak. ¨DSabes que es peligroso. ¨DSus ojos se tornaron sombr¨ªos y sus armas se disiparon en el aire¨D. Yo tengo solo uno y me ha costado mucho... ¨DT¨² naciste con uno, Vero. ¨DLanc¨¦ una botella de agua a la chica. La cogi¨® al vuelo, no sin cierta torpeza¨D. Yo los he domado. Consumido. No convivo con ellos. Su fuerza est¨¢ a mi servicio. ¨DPero ya sabes que mi t¨ªo... ¨D¨¦l no estar¨ªa vivo si no lo hubiera hecho, as¨ª que no tiene derecho alguno a opinar ¨Dle record¨¦ con una frialdad afilada¨D. Adem¨¢s, nunca sabes qu¨¦ te vas a encontrar en este negocio. T¨² querr¨¢s ser una hero¨ªna, pero el trabajo de proteger a los m¨ªos tambi¨¦n recae sobre mis hombros. Tengo que hacer todo lo posible porque lo puedan soportar. ¨DSiete. ¨DBien visto, chica ¨Dsolt¨¦ una risotada seca para relajar el ambiente¨D. ?Vamos a por la segunda ronda? Pienso subir el nivel. *** Aunque no llegu¨¦ puntual a la redacci¨®n aquel d¨ªa (quise asegurarme de dejar a Vero en clase despu¨¦s de que se duchara), Ram¨®n no estaba all¨ª para quejarse de ello. De todas formas, truqu¨¦ el cachivache que dejaba el registro en mi ficha; no quer¨ªa perder el tiempo discuti¨¦ndolo cuando me viera. ¨DBuenos d¨ªas, equipo ¨Dproyect¨¦ la voz en toda la redacci¨®n. Me di cuenta de que, en alg¨²n momento, se me hab¨ªa ca¨ªdo la pinza con la que sujetaba mi coleta, as¨ª que la reemplac¨¦ con lo primero que encontr¨¦ en la mesa de recepci¨®n. ¨DMe cago en la hostia, Norma. ¨DLa recepcionista tap¨® el micr¨®fono del tel¨¦fono con la mano¨D. Si quieres un coletero o algo no tienes m¨¢s que pedirlo, pero no uses un pu?etero cable USB para atarte el pelo, que luego no hay quien los encuentre. Sin dedicarle demasiada importancia, me retir¨¦ sin muchas palabras y me sent¨¦ en mi escritorio. Mientras el ordenador se molestaba en arrancar entre pitidos y zumbidos, saqu¨¦ un latte con avellana de la m¨¢quina y comenc¨¦ a revisar las cartas que hab¨ªan dejado en mi bandeja. ¨D?No se supone que ten¨ªamos un becario ahora para esto? ¨Drechist¨¦ para mis adentros. Cre¨¦ una diminuta hoja espiritual sobre una de mis u?as y empec¨¦ a abrir, sobre por sobre, todas las misivas. Con una lectura en diagonal, hice los cl¨¢sicos dos montones: el de la secci¨®n de Ram¨®n y el de ?quiz¨¢ merezca la pena investigar esto?. Como de costumbre, el primero era tan grande que alguien tendr¨ªa que asistirle con tanta sandez, pero ten¨ªa claro que, ese mes, esa persona no ser¨ªa yo. Introduje por segunda vez la contrase?a (el ordenador se hab¨ªa bloqueado por inactividad mientras revisaba la correspondencia) y, tras unos segundos demasiado dilatados, me salud¨® el fondo corporativo de la empresa, semioculto entre recortes de las ideas que estaba sacando para mi pr¨®ximo cosplay. Reenvi¨¦ mi correo semanal de ?Por favor, actualizad nuestros ordenadores de una maldita vez? a la editorial y comenc¨¦ a comprobar qu¨¦ hab¨ªa recibido yo. Sorprendentemente, El¨ªas hab¨ªa sido diligente en su trabajo y me adjuntaba las transcripciones traducidas de las entrevistas que le hab¨ªa asignado. Y tan diligente: en el recuadro de la hora de env¨ªo hac¨ªa referencia a las 3:14 de la madrugada. Se percat¨® de se?alarlo: aunque no me hubiera dado cuenta por m¨ª misma, el elocuente ?hora pi? de la posdata me lo habr¨ªa dejado claro. Me rasqu¨¦ la cabeza y aprovech¨¦ para recolocarme el improvisado mo?o digital. Solo esperaba que las revelaciones del d¨ªa anterior no hubieran sido la causa de su insomnio. Decid¨ª lanzarle un hueso con un mensaje amable... O todo lo amable que pudiera llegar a ser. A veces me costaba encontrar el punto adecuado como jefa. Gracias, El¨ªas. ?Ten¨ªas tiempo de sobra para hacer eso! Entiendo que puedas estar un tanto agitado con la reuni¨®n de ayer, pero no te sobreexcedas. No vas a ganar puntos con Ram¨®n por ser hiperactivo en el trabajo. Probablemente, incluso se sienta insultado (y, con eso quiero decir que me caer¨¢ a m¨ª la bronca) al ver que he asignado mal la carga en funci¨®n de su maldito informe. No ser¨ªa la primera vez que pasa, cr¨¦eme. Es importante que mantengas un equilibrio sano entre la revista, los estudios y tu vida personal. S¨¦ que todo lo que has descubierto acerca de nuestra ?naturaleza? puede trastocar un poco, pero t¨®matelo con calma y, si tienes alguna duda, Ver¨®nica estar¨¢ encantada de ser tu hero¨ªna. Borr¨¦ esa ¨²ltima frase y contuve la risa. El compa?ero de la mesa de al lado me mir¨® con cara extra?ada. No le culpaba, siempre hab¨ªa dado una imagen de tipa dura y verme con un par de lagrimones incipientes al enviar un correo era una imagen at¨ªpica, cuanto menos. Vero estar¨¢ encantada de guiarte con lo que necesites. Ah¨ª donde la ves, es una verdadera experta en temas del esp¨ªritu. Pero tambi¨¦n entiendo que tendr¨¢s preguntas que requieran un poco m¨¢s de veteran¨ªa, tanto en lo period¨ªstico como en lo esot¨¦rico, as¨ª que, si te parece bien, puedo cobrarme ese caf¨¦ que me prometiste. Y as¨ª vemos qu¨¦ tal vamos congeniando. ?Estaba siendo demasiado cercana? ?Me estaba imponiendo demasiado? El intercambio que hab¨ªa tenido con Vero esa ma?ana me estaba volviendo algo m¨¢s curiosa de lo que deber¨ªa. Volv¨ª a borrar un trozo del correo. En otro orden de cosas, y aunque me sabe mal postergarlo tanto, me gustar¨ªa aprovechar el d¨ªa del patr¨®n de Gailadr¨ªa (o sea, el jueves que viene) para iniciar tu formaci¨®n espiritual b¨¢sica sin tener que hacerte saltar las clases. Vero tambi¨¦n asistir¨¢. No tiene por qu¨¦ (ya sabe mucho m¨¢s que lo b¨¢sico), pero ha insistido ¨Deso era, a todas luces, una mentira. Mis planes iban m¨¢s en la direcci¨®n de ?hacerle una encerrona?, pero no lo admitir¨ªa delante de un juez¨D en que quer¨ªa estar all¨ª para darte todo su apoyo. De nuevo: jueves nueve de octubre, a las cinco de la tarde. He enviado una convocatoria a tu calendario con los detalles. Vero conoce la direcci¨®n. Dicho esto, veo que tu turno hoy empieza a las tres de la tarde y yo estar¨¦ fuera de la oficina para entonces (sin entrar en detalles, trabajo de campo). As¨ª que te dejo tarea: he conectado el buz¨®n digital del lector a tu cuenta de correo electr¨®nico. Si por alg¨²n motivo no funcionara, pregunta a Guille, que es el chico de las gafas cuadradas que se sienta a tu lado. Es un poco hura?o, pero en el fondo es majo. Tu misi¨®n ser¨¢ recorrer el mont¨®n de mensajes pendientes (perd¨®n por el n¨²mero tan alto, no he podido pasar un primer filtro) y enviar a Ram¨®n los que consideres que deber¨ªa responder en su consultorio, a m¨ª los que tengan pinta jugosa y marcar con la banderita los que te hagan levantar un poco la ceja. Esos, los miramos juntos cuando tengamos un rato. Creo que eso es todo. Saludos cordiales, Norma Guarnido Editora jefa ¨C Cazadores de Silicio La firma autom¨¢tica siempre se me hac¨ªa rara. ?Saludos cordiales? era demasiado serio para un pipiolo de universidad, pero tampoco iba a ir mand¨¢ndole besitos ni abrazos. Encog¨ª los hombros y segu¨ª mirando el correo electr¨®nico. La confirmaci¨®n de una entrevista, la acreditaci¨®n para la Jump Festa, y un correo de un compa?ero proponiendo organizar un listado de los mejores juegos del a?o. Reenvi¨¦ el primero a la encargada de redactar las preguntas, respond¨ª al tercero con un ?Joder, estamos a dos de octubre, es muy pronto para eso? y me qued¨¦ pensando si aquel a?o quedaba dinero para otro viaje en el presupuesto. Como no ten¨ªa ni idea, remit¨ª la cuesti¨®n a contabilidad. ¨DGenial, solo son las diez y media de la ma?ana y ya puedo empezar a trabajar ¨Dmi sarcasmo fue audible en la mitad de la planta. Abr¨ª el editor de textos y mord¨ª el capuch¨®n de un bol¨ªgrafo. El documento a¨²n solo ten¨ªa un titular. Provisional, encima. ?Qu¨¦ es ?La Catedral?? Tocaba revisar las notas de mi fiel cuaderno. Cap铆tulo 06, por El铆as Delf铆n Los lunes, am¨¦n de tener las s¨¢banas m¨¢s pesadas que el resto de d¨ªas, acumulaban seis horas de clase. Por suerte, el periodo entre las diez y las doce de la ma?ana estaba dominado por el turras de Documentaci¨®n. Eso significaba que iba a ser, otra vez m¨¢s, la hora del desayuno. As¨ª que ped¨ª mi ya rutinario caf¨¦ con su media tostada y comprob¨¦ si hab¨ªa alg¨²n Planeswalker (o sea, un jugador de Magic) dispuesto a aceptar mi reto como de costumbre. No hubo suerte. Parec¨ªa que toda la Facultad de Periodismo estaba tom¨¢ndose en serio los estudios o hab¨ªa decidido cogerse el puente del Patr¨®n en versi¨®n extendida. Sabiendo que la mayor¨ªa de los alumnos con los que me codeaba prefer¨ªan jugar a las cartas que entrar en un aula, asum¨ª que la teor¨ªa m¨¢s acertada iba a ser la segunda. Eso no significaba que la cafeter¨ªa estuviera vac¨ªa, claro. En ella pod¨ªas encontrar algunos alumnos que sufr¨ªan las consecuencias de haberse dejado alguna asignatura para el a?o siguiente con un horario lleno de agujeros, varios profesores aprovechando su hora de descanso (aunque los m¨¢s experimentados se iban a la cafeter¨ªa de la calle de al lado, que aparte de no tener estudiantes fisgones contaba con unas preciosas vistas al mar y unas tostadas ib¨¦ricas de a¨²pa) y a un pu?ado de chavales desorientados que probablemente estuviesen esperando que alg¨²n allegado terminara sus clases. Pero ninguno de los parroquianos habituales. Excepto yo, que decid¨ª que iba a rellenar esas dos horas con un par de partiditas a la Game Boy Advance. Ech¨¦ un vistazo al portacartuchos, que ten¨ªa una copia de Advance Wars en la que hab¨ªa roto el contador de horas de tantas partidas, uno de Seldoria Chronicles y un Pok¨¦mon Rub¨ª perfectamente envuelto en un post-it de color amarillo. No pude contener la curiosidad por el papel doblado, as¨ª que le¨ª la nota a pesar de no tener mucho inter¨¦s por jugar con los monstruos de bolsillo. Ey, El¨ªas: La buena noticia es que encontr¨¦ el glitch que est¨¢bamos buscando el otro d¨ªa y lo exorcic¨¦. ?Siento haberte dejado fuera! La mala, que te ha borrado la partida. Si te sirve de compensaci¨®n, te dejar¨¦ las notas sobre mi haza?a para que escribas algo. Jo, lo siento. Vero. Arrugu¨¦ el papel con algo de furia y comprob¨¦ que el juego, al menos, funcionaba como es debido. Ah¨ª estaba: una pantalla que solo te instaba a empezar una nueva aventura o ajustar las opciones. ¨DAl menos, tengo dos horas para recuperar la partida. ¨DSolt¨¦ un bufido de caf¨¦ y roquefort. Cual speedrunner, desactiv¨¦ todas las animaciones, pas¨¦ todos los textos lo m¨¢s r¨¢pido que pude y avanc¨¦ por los combates como si me conociera todos los mapas del juego de memoria. En diez minutos (?solo uno por encima de la marca de los profesionales!), llegu¨¦ al cl¨¢sico tutorial sobre la captura de monstruos de bolsillo que tantas veces hab¨ªa sufrido en mi vida. En ¨¦l, un personaje describ¨ªa que, para hacerse con el monstruo, hab¨ªa que lanzar la pok¨¦ball cuando sus puntos de vida hab¨ªan bajado, y para ello, el juego lleva a cabo una serie de ataques predeterminados. Hasta ah¨ª, todo normal y rutinario. Sin embargo, el monstruo cay¨® derrotado al segundo ataque en lugar de quedarse a punto de caramelo para su captura como siempre. Al investigarlo despu¨¦s, descubrimos que exist¨ªa una serie de condiciones que, al cumplirse, hac¨ªan que las estad¨ªsticas de ataque del instructor superaran la defensa del enemigo. Un caso que, conociendo los generadores de n¨²meros aleatorios que alimentaban el juego, pod¨ªa darse tan solo una de cada diez mil veces. Me hab¨ªa tocado a m¨ª. A alguien que acababa de despertar su poder espiritual. Vale, a¨²n era un tanto esc¨¦ptico a toda esa charla a pesar de haber visto uno de esos demonios digitales con mis ojos, pero eso no imped¨ªa que fuera pasto de cualquier cosa que se le ocurriera salir de la pantalla. O de donde quiera que salieran. No sab¨ªa si estar emocionado, nervioso o si ten¨ªa que pasar miedo. Ni siquiera ten¨ªa idea de lo que se supon¨ªa que ten¨ªa que hacer de ser un encuentro real, as¨ª que me limit¨¦ a contener la respiraci¨®n. Hasta que pasara algo. O, mejor a¨²n, hasta que no pasara nada. Quiz¨¢ alguien se hubiera chocado antes con esa anomal¨ªa y el glitch hab¨ªa aparecido en el hogar de un japon¨¦s despreocupado. De ser as¨ª, simplemente hubiera quedado como un exc¨¦ntrico de cantina y hubiera seguido mi ma?ana. Por desgracia, ya hab¨ªa tenido suerte con eso demasiadas veces y esa vez hubo de ser la excepci¨®n. La pantalla de la consola se qued¨® tintada de color negro tras el combate y el LED de la bater¨ªa comenz¨® a parpadear. Despu¨¦s, un mont¨®n de texto cay¨® por la pantalla a toda velocidad. Como el famoso c¨®digo de The Matrix, pero de color blanco. Conoci¨¦ndome, habr¨ªa dedicado unos segundos m¨¢s a apreciar lo que molaba ese efecto si no me hubiera olvidado de que ten¨ªa que volver a respirar en alg¨²n momento. Las luces de la cafeter¨ªa se apagaron en exactamente dos segundos. Ya sabiendo que el glitch era inevitable, hinch¨¦ los pulmones de aire y activ¨¦ la Vista o como quisiera que se llamara esa habilidad de ver lo sobrenatural. Seg¨²n Vero, me terminar¨ªa acostumbrando a ver a los demonios de forma normal, pero hasta que adecuara mis ojos a ello ese empujoncito no vendr¨ªa mal, por mucho que me cansase. Efectivamente, sal¨ªan a trav¨¦s de la pantalla. Y lo descubr¨ª de la forma m¨¢s inelegante que se me pudiera ocurrir: lanzando la consola a lo largo de la mesa sin pensar en las consecuencias. Por fortuna, la superficie era lo suficientemente rugosa para que se frenara antes de llegar al borde. ¨DQue sea de los buenos, que sea de los buenos ¨Dmurmur¨¦ para mis adentros. Sent¨ª alguna mirada de la cafeter¨ªa fijada en m¨ª, pero no me import¨® un ¨¢pice. Con los gritos que d¨¢bamos jugando a las cartas, la gente hab¨ªa aprendido a ignorar las escenitas¨D. L¨¢rgate sin m¨¢s, porfi. No. Mi buena estrella segu¨ªa sin hacer acto de presencia. Una sombra de ojos amarillos escap¨® de la consola y empez¨® a definirse mientras chirriaba (?aullaba?) hacia el techo. Poco a poco, su forma empez¨® a hacerse reconocible: se hab¨ªa tornado una especie de mapache de un metro de largo, fauces sobrenaturales y garras que parec¨ªan hechas de acero. Incluso se tom¨® unos instantes para hacer que el humo sombr¨ªo que le daba forma empezara a generar unas texturas que le hicieran parecer m¨¢s real. Se pod¨ªa intuir perfectamente en qu¨¦ criatura del juego se inspiraba, pero esa imagen mental hab¨ªa quedado completamente distorsionada. Como esas ilustraciones que pod¨ªas encontrar en deviantArt bajo la etiqueta de ?combustible de pesadilla?. S¨ª, exactamente as¨ª. No ten¨ªa cara de buenos amigos. Nunca la ten¨ªan. ¨DTranquilo, amigo. ¨DExtend¨ª los brazos hacia los lados. No me importaba quedar como un loco ante un par de desconocidos¨D. No voy a hacerte da?o. El monstruo rugi¨® y algo de baba espumosa cay¨® sobre la mesa. No tuve mucho tiempo de preocuparme por ella, ya que desapareci¨® en d¨¦cimas de segundo convertida en un humo blanco que me hizo tiritar de un escalofr¨ªo. Ten¨ªa que hacer algo, pero no sab¨ªa qu¨¦. Lo ¨²nico que se me ocurr¨ªa era... pedir ayuda. Tom¨¦ un par de pasos de distancia y saqu¨¦ el m¨®vil del bolsillo. Ten¨ªa que llamar a alguien de la revista. Era una emergencia para la que a¨²n no me hab¨ªa preparado. Pero... This novel is published on a different platform. Support the original author by finding the official source. ¨DPuto s¨®tano de los cojones ¨Dmusit¨¦ con el mayor de los desprecios¨D. Hab¨ªa olvidado que este b¨²nker no tiene una m¨ªsera raya de cobertura. Las piernas me temblaron cuando intent¨¦ hacer que se pusieran pies en polvorosa. Por un lado, por indefensi¨®n. Por otro, porque no sab¨ªa qu¨¦ demonios pod¨ªa hacer una criatura as¨ª suelta de la que yo mismo era responsable. Necesitaba hacer algo con ella y ten¨ªa que ser en ese preciso instante. Desesperado, intent¨¦ sentir esa energ¨ªa en mis brazos y hacer algo con ella. ¨DVenga, El¨ªas, este es el momento de huida o lucha de todos los manga que has le¨ªdo ¨Dme dije a m¨ª mismo, sin vocalizar en voz alta¨D. El h¨¦roe despierta sus poderes. ?Vamos! Pero no pas¨® absolutamente nada. Ni invoqu¨¦ una espada chula como la de Vero, ni una r¨¢faga de aire, ni una chispa entre mis dedos. Solo un universitario mirando asustado una consola que ¨¦l mismo hab¨ªa tirado en un aspaviento. El extra?o mapache se acerc¨®, amenazante. De alguna forma, sab¨ªa que le estaba viendo con claridad. Y yo sent¨ªa su oscura presencia crecer, sus intenciones envilecerse con cada paso. ¨DAs¨ª que esto era con lo que hab¨ªa estado jugando todos estos a?os. ¨DTragu¨¦ saliva¨D. Visto de cerca, acojona. Una peque?a explosi¨®n retumb¨® en mis o¨ªdos. Una parecida a la que un avi¨®n cruzando la barrera del sonido causar¨ªa. Cerr¨¦ los ojos del sobresalto, aunque pude ver una estela plateada dibujada en mis p¨¢rpados. El rastro de energ¨ªa cruzando la luz fr¨ªa y aterradora del monstruo. No fue hasta que sent¨ª una mano c¨¢lida en mi hombro cuando me atrev¨ª a abrirlos de nuevo. Un halc¨®n con plumas de fuego hab¨ªa clavado sus garras en las orejas del c¨¢nido y lo controlaba como si fuera un vaquero sobre un caballo desbocado. Adem¨¢s, el costado del demonio ten¨ªa una marca de impacto que humeaba v¨®xeles rojos. Estaban... ?luchando? ¨DPerdona, chico. ¨DLa mano sobre mi hombro se apret¨®, pero la voz imprim¨ªa tanta dulzura que logr¨® tranquilizarme¨D. No esperaba que mi presencia aqu¨ª hubiera sido capaz de atraer una criatura como esa. Ap¨¢rtate un poco, por favor. Obedec¨ª, sin ser capaz de quitar la mirada de un mapache sombr¨ªo que llevaba las de perder. Cuando parec¨ªa que el ave iba a destruirlo, un chasquido de dedos le hizo emprender el vuelo y volver a la misteriosa persona que lo comandaba. Sin pens¨¢rselo mucho, el domador lanz¨® una suerte de soga espiritual al mapache, que se vio sometido en cuesti¨®n de instantes. Su cuerpo se convirti¨® poco a poco en luz y recorri¨® el hilo brillante de vuelta a la extra?a mu?equera de la que hab¨ªa salido. Tuve que tomarme un minuto en silencio para asimilar lo que acababa de presenciar, pero al fracasar estrepitosamente en poner mis pensamientos en orden, formul¨¦ la ¨²nica pregunta posible ante una situaci¨®n as¨ª: ¨D?Pero qu¨¦ co?o? ¨DPuedes verlos, ?verdad? ¨Dquiso saber el muchacho¨D. Quiero decir... lo doy por hecho. Siento algo de energ¨ªa en ti y estabas obviamente aterrado de esa cosa. As¨ª que tienes que poder verlo. Ha sido una pregunta est¨²pida, perdona. ¨DS¨ª. ¨DFui incapaz de dar una explicaci¨®n m¨¢s larga. Ech¨¦ un vistazo al desconocido. Nunca le hab¨ªa visto por la universidad, as¨ª que era probable que solo estuviera de visita. No, si le hubiera visto, definitivamente podr¨ªa recordarle. A pesar de todas las modas que hab¨ªan arrancado a principio de los dos mil, no era com¨²n ver a alguien con el pelo completamente decolorado. Lo llevaba recogido en una coleta baja, aunque algunos mechones se escapaban de ella y refulg¨ªan en plateado. Tambi¨¦n y, aunque dir¨ªa que aparentaba mi edad, sus facciones eran suaves y su rostro, barbilampi?o y delicado. Sus ojos tambi¨¦n se grabaron r¨¢pido en mi memoria: ?cu¨¢ndo hab¨ªa visto unos que fueran iridiscentes? Seguro que eran lentillas que hab¨ªa empezado a llevar alguna tribu urbana demasiado reciente como para que la conociera. Pero que me asparan si no era f¨¢cil perderme en sus reflejos. Me vi obligado a recomponerme y le extend¨ª la mano con la esperanza de estrech¨¢rsela. ¨DPerdona, sigo un poco en shock. ¨DNo era del todo una mentira¨D. Gracias por lo de antes. Vi que el muchacho se hab¨ªa puesto de puntillas para examinarme, ignorando mi propuesta de apret¨®n de manos. Era ciertamente bajito (quiz¨¢ solo unos cent¨ªmetros por encima de Vero) y no muy voluminoso. Adem¨¢s, llevaba una sudadera varias tallas por encima de la suya y me miraba con una sonrisa inocente. Visto as¨ª, resultaba tan poca cosa que me costaba creer que me hubiera salvado de ese demonio de silicio. ¨DE-esto... ¨D?Por qu¨¦ se me trababa la lengua?¨D. ?Puedo invitarte a un caf¨¦ o algo para agradec¨¦rtelo? ¨D?Claro! ¨DMe gui?¨® el ojo¨D. Un t¨¦ verde con miel, si no te importa. No tard¨¦ en completar la comanda, que tambi¨¦n llevaba un cola-cao calentito para acolchar un poco el disgusto. El muchacho miraba con atenci¨®n el dispositivo de su mu?eca mientras esperaba. ¨DLo he capturado ¨Dexplic¨® sin que le preguntara¨D. Tendr¨¦ que darle algo de cari?o, pero he domado a ese glitch. Cuando est¨¦ purificado, podr¨¢ asistirme en combate. Deslic¨¦ la taza en su direcci¨®n. Aunque ard¨ªa, se la llev¨® cuidadosamente a los labios y dio un sorbo delicado. Me fij¨¦ en que llevaba las u?as pintadas en tonos pastel. ¨DPerdona, soy extremadamente nuevo en esto. ¨DSuspir¨¦, dej¨¢ndome caer un poco¨D. A¨²n no he pasado por el... entrenamiento ese, o como se llame. Una amiga me puso la mano en el pecho y empec¨¦ a ver estas cosas. Hasta ah¨ª mis conocimientos sobre estos bichos. ¨DNo te culpes. ¨DHizo un desaire con la mano¨D. Ha sido cosa m¨ªa. Ten¨ªa que haber prestado m¨¢s atenci¨®n. Podr¨ªa haberlo parado antes de que ocurriera, pero estaba demasiado ocupado mirando lo de... Bueno, cosas m¨ªas. Sea como sea, siento que mi energ¨ªa espiritual te haya hecho pasar por tan mal trago. ¨DMe llamo El¨ªas, por cierto ¨DPor timidez, fij¨¦ mis ojos en mi taza en lugar de en su rostro. ¨DYo soy Zack ¨Dcontest¨® con una sonrisa llena de luz¨D. Y antes de que lo preguntes, no, no es un mote. Es mi nombre real. ¨DNo iba a... ¨DTe sorprender¨ªa la cantidad de veces que me han dicho que me hago llamar as¨ª por nosequ¨¦ personaje secundario de un Final Fantasy. ¨DSolt¨® una carcajada¨D. No, eleg¨ª este nombre por el bueno de mi abuelo Zacar¨ªas, que en paz descanse. Pero sonaba un poco a viejo, as¨ª que lo reduje a Zack. Zac, sin la ca, sonaba demasiado raro. ?No crees? Sonre¨ª un poco, enternecido por la historia que me contaba. Sin darme cuenta, empec¨¦ a juguetear con el asa de la taza vac¨ªa, esperando que siguiera con su mon¨®logo. ¨DPerdona, en serio ¨Dinsisti¨®. ¨DDe verdad, me has salvado la vida. ¨DMe rasqu¨¦ un poco la barba¨D. Bueno, no s¨¦ si una cosa de estas te puede matar. Quiz¨¢ deber¨ªa estudiarme un poco lo b¨¢sico. ¨DEst¨¢s en lo cierto. A ver, c¨®mo te lo explico... T¨¦cnicamente, no pueden matarte. ¨DA pesar del tema que hab¨ªamos elegido, sigui¨® hablando con una alegr¨ªa hipn¨®tica¨D. Pero eso no implica que no puedan hacerte da?o, ?eh? Solo que no a tu cuerpo. ?Ay, soy un profesor horrible, perdona! En fin, ya ir¨¢s aprendiendo. ¨DDa igual que lo seas, yo soy a¨²n peor. Deber¨ªas darme alguna clase. ¨DAunque lo dije casi en un susurro, lo escuch¨®. ¨D?Estar¨ªa guay! ¨Dexclam¨®. No hab¨ªa forma de que el resto de la cafeter¨ªa no le hubiera escuchado¨D. ?Venga, va, lo har¨¦! ?Trae tu GLMP y te ense?ar¨¦ algunos trucos! Su entusiasmo era contagioso. Tanto, que se me olvid¨® preguntar qu¨¦ demonios era un GLMP. Hablaba de forma fren¨¦tica y, de alguna forma, lograba que por poco que lo entendiera, la ansiedad del encontronazo se hubiera convertido en una sonrisa tontorrona en mis labios. ¨D?Qu¨¦ haces aqu¨ª, por cierto? ¨Dquise saber al tener, por fin, el turno de palabra¨D. Nunca te he visto en la facultad antes. Bueno, podr¨ªas ser alguien de primero que encuentra la cafeter¨ªa por primera vez, pero algo me dice que me equivocar¨ªa si apostara por ello. ¨D?Ah! ¨DDio un salto sobre el sitio que me pareci¨® incluso c¨®mico¨D. ?Vengo a por unos amigos! Vamos a organizar una fiesta en casa. Quiz¨¢ juguemos al Smash Bros Melee. O alquilemos unas pelis en el videoclub. ?Seguro que hay pizza, eso s¨ª! ?Te interesa el plan? Bueno, quiz¨¢ sea raro que te invite si te acabo de conocer, pero pareces un buen chico. Me has dado buenas vibras. ¨DSuena bien ¨Drespond¨ª casi sin pensarlo¨D. Tengo que trabajar esta tarde, pero puedo pasarme despu¨¦s. ¨D?Porfa, vente! ?Porfa! ¨Dcasi lo canturre¨®¨D. ?As¨ª te los presento! ?Ellos son de los nuestros! La campana de final de hora reson¨® en la cantina. Bueno, no fue la campana, ya que lo que nos llegaba era su retransmisi¨®n a trav¨¦s del sistema de megafon¨ªa, pero como si lo fuera. Alertado, el chico dio un salto, mir¨® su reloj y casi ech¨® a correr. Despu¨¦s, se par¨® en seco, dio un giro de ciento ochenta grados y volvi¨® a donde estaba, ya en pie. ¨D?Oh, soy un idiota! ?Casi olvidaba despedirme! De un salto (a falta de una forma m¨¢s sencilla de definir la pirueta que hab¨ªa hecho), Zack se apoy¨® en el asiento de la mesa y me dio un beso en la mejilla. No uno de esos choques de cara inc¨®modos con un amago de sonido para simular el contacto, no. Dej¨® sus labios en mi mejilla. Como no pod¨ªa ser de otra forma, su calor se extendi¨® por toda mi cara, probablemente ti?¨¦ndola de rojo. Por suerte, el muchacho ya hab¨ªa salido gritando con todo el aire de sus pulmones que nos ver¨ªamos m¨¢s tarde. Aunque, si tuviera que juzgar el volumen con el que lo chill¨®, dir¨ªa que hab¨ªa invitado a toda la cafeter¨ªa. S¨ª, ten¨ªa que ir a clase, pero mi cerebro se qued¨® congelado unos instantes. Como el icono del reloj de arena mientras el viejo ordenador del trabajo decid¨ªa funcionar, los engranajes de mi mente estaban comprobando qu¨¦ era lo que fallaba mientras apagaban el incendio de mis mejillas. ¨DEl¨ªas, imb¨¦cil ¨Ddije mucho m¨¢s alto de lo que deber¨ªa. No me import¨® que la gente pudiera o¨ªrme¨D. No le has pedido el n¨²mero a ese chico. Cap铆tulo 07, por Verè´¸nica Garza ¨DAqu¨ª tienes. ¨DCont¨¦ las monedas de nuevo antes de pon¨¦rselas en la mano¨D. Cinco euros por el juego... Y uno m¨¢s por la bolsa de chuches. ¨D?Muchas gracias, mi alma! La encargada del tenderete me entreg¨® unas gominolas y un cartucho de Game Boy Color semitransparente. Absolutamente todo lo que pod¨ªa ver en ¨¦l gritaba ?falso? por los cuatro costados: el hecho de que nunca se hab¨ªa lanzado oficialmente un juego de color verde transl¨²cido para la consola, la pegatina desgastada con una sierpe alada azul rodeada de lo que parec¨ªan ser las Esmeraldas del Caos de Sonic the Hedgehog, la advertencia de que solo funcionar¨ªa en una ?Gaem? Boy Color... Y, bueno, el peque?o detalle de que no existir¨ªa un juego llamado Pok¨¦mon Diamante hasta casi tres a?os m¨¢s tarde. Al menos, el regaliz de cereza que sobresal¨ªa de la bolsa (al que di un bocado con no mucha discreci¨®n) s¨ª que era de los buenos. S¨ª, las chucher¨ªas de la feria de Gailadr¨ªa eran algo que hab¨ªa echado de menos esos cinco a?os. Ech¨¦ un vistazo al reloj. Me hubiera gustado quedarme disfrutando del ambiente o buscando alguna camiseta chula entre los puestos ambulantes, pero ten¨ªa que llegar hasta el fondo del rumor que hab¨ªa o¨ªdo en la universidad. Adem¨¢s, ten¨ªa pendiente la formaci¨®n espiritual de un novato desorientado que iba a necesitar toda la ayuda que le pudiera proporcionar. S¨ª, tocaba volver directa a casa. ¨D?Ey, Eli! ¨Dgrit¨¦ al entrar por la puerta¨D. ?Est¨¢s por ah¨ª? No hubo respuesta. Estaba sola en casa. La primera idea que cruz¨® mi cabeza hab¨ªa sido una de des¨¢nimo; me habr¨ªa encantado investigar ese misterio junto a ¨¦l. Mostrarle, paso a paso, c¨®mo se hac¨ªan las cosas entre los cazadores. Tener la oportunidad de guiar su mano y ense?arle a... Sacud¨ª la idea de mi cabeza. No. Era mejor que no estuviera. Ser¨ªa m¨¢s r¨¢pido. Adem¨¢s, as¨ª podr¨ªa tener algo m¨¢s de base antes de aventurarse en todo esto. Ya hab¨ªa estado en peligro por culpa de los glitches y, por muy bien que hubiera salido la cosa, era mejor que entrase en este mundo poco a poco y con el apoyo de todo el grupo. Por muchas ganas que tuviera de protegerle, todo ir¨ªa mejor si aprend¨ªa c¨®mo defenderse por s¨ª mismo a su ritmo. Aunque, si tuviera que ser sincera, me mor¨ªa de ganas de cubrirle con mi escudo y que hablara de m¨ª como lo hac¨ªa de ese chico que hab¨ªa conocido en la cafeter¨ªa. Ese h¨¦roe an¨®nimo (vale, s¨ª, ten¨ªa nombre), tan competente, de m¨¦todos tan at¨ªpicos, tan sospechoso y, en palabras de mi compa?ero de piso, ?tan mono?. ?Lo peor? Que no pod¨ªa quejarme de eso en voz alta. Especialmente, de lo ¨²ltimo. Solo pod¨ªa seguir busc¨¢ndolo, ya fuera por hacerle un favor a un amigo o por quedarme tranquila con sus intenciones. Al llegar a casa, dej¨¦ las pesadas botas en la entrada, me enfund¨¦ mis mullidas zapatillas de andar por casa (El¨ªas ya hab¨ªa se?alado lo divertido de la discordancia que ten¨ªan con mis medias de tela de ara?a y mis cadenas de plata) y me dej¨¦ caer sobre el sof¨¢ como si de repente mi cuerpo se hubiera vuelto de granito. Saqu¨¦ la bolsa de dulces y mi Game Boy Advance SP recubierta de pegatinas que hab¨ªa tra¨ªdo mi t¨ªo de su ¨²ltimo viaje a Jap¨®n. Primero, rebusqu¨¦ un par de estas gominolas rellenas de gelatina que parec¨ªan una calavera sangrienta (eh, ten¨ªa que mantener la imagen de tipa dura, ?no?) y luego puse el cartucho del que tanto se hablaba entre clases de programaci¨®n. Si la pegatina no lo dejaba lo suficientemente claro, se trataba de un bootleg. O sea, de un juego sin licencia que alguien se hab¨ªa molestado en grabar en un cartucho compatible con la consola. Una pr¨¢ctica bastante com¨²n en la ¨¦poca; no era raro encontrarse hileras e hileras de cartuchos que promet¨ªan incluir un buen pu?ado de juegos en su interior. Ocho en uno, treinta y dos en uno, doscientos cincuenta y seis en uno... Una perita en dulce para cualquier padre que quisiera que tu hijo dejara de darle la brasa pidiendo nuevos juegos, por muy ilegal que fuera. Aunque, al final, solo pod¨ªas jugar a tres o cuatro; de todos los que pod¨ªas reproducir, la mitad eran adaptaciones cutres de Mahjong o copias de los anteriores con cuatro gr¨¢ficos mal editados. Pero bendito era el Motocross Maniacs que algunos inclu¨ªan. Los juegos empezaron a hacerse demasiado grandes como para poder acumularlos de una forma tan atractiva para los compradores incautos, pero la explosi¨®n medi¨¢tica de Pok¨¦mon a finales de los noventa hizo despegar un nuevo mercado: copias editadas de los t¨ªtulos originales con nuevos monstruos, cambios en la historia, traducciones chapuceras o la posibilidad de hacer que tu protagonista, en lugar del chico de la gorra que todos conoc¨ªamos fuese alguien como Mortadelo o Son Goku. La imaginaci¨®n de los hackers era inversamente proporcional a sus ganas de hacer un videojuego propio, y eso era maravilloso. Aun as¨ª, este supuesto Pok¨¦mon Diamante era distinto al hackrom habitual. Despu¨¦s de una pantalla de t¨ªtulo que dar¨ªa un ataque card¨ªaco a cualquier dise?ador gr¨¢fico que se preciara, estaba claro que lo que hab¨ªa debajo no era sino una copia de Keitai Denj¨± Telefang: Power Edition, otro juego basado en la captura de monstruos que sali¨® al mercado nip¨®n all¨¢ por el a?o 2000, pero no cruz¨® el charco. Para poder venderlo en nuestro pa¨ªs, lo hab¨ªan pasado por un filtro de traducci¨®n autom¨¢tica que presentaba frases tan graciosas como ?has comido arroz cari? o empleaba localizaciones tan cuestionables como ?enfermedad grave? en lugar de ?golpe cr¨ªtico?. Generalmente, este tipo de cartuchos no ten¨ªa potencial para generar glitches dada su relativa oscuridad frente a las copias genuinas, pero la rumorolog¨ªa que se hab¨ªa generado en torno a este juego en particular me hab¨ªa hecho levantar la ceja. M¨¢s all¨¢ de que ambos juegos se basaran en la captura de monstruos, ambas franquicias no ten¨ªan mucho que ver entre ellas, pero cualquier chaval nacido en los noventa estar¨ªa dando palmas con las orejas por un nuevo t¨ªtulo en el que capturar monstruos. Claro: era mi trabajo evitar que una explosi¨®n de popularidad hiciera que las consolas de toda una generaci¨®n de curiosos por el nuevo bootleg de moda liberasen a una legi¨®n de glitches. Ten¨ªa que atacar antes de que el misticismo les hiciera m¨¢s fuertes, y a eso iba a dedicar la ma?ana. Encend¨ª mis ojos y les ped¨ª que disiparan parte de mi energ¨ªa por la habitaci¨®n para que actuara como el ?cebo? de esos demonios digitales. No lo necesitaba, ya que el glitch que viv¨ªa en mi interior era incapaz de esconderse de su propio mundo, pero proporcionar un poco m¨¢s de mi propia cosecha siempre daba buenos resultados. Tambi¨¦n aprovech¨¦ para liberar a Mako de la V-Pet para que me echara un cable si fuera necesario. Le dej¨¦ olfatear un par de gominolas de la bolsa, acarici¨¦ su hocico (ese mes hab¨ªa tomado la forma de un dientes de sable de melena llameante) y, cuando ronrone¨® satisfecho, comenc¨¦ a romper el juego de todas las formas imaginables. Por suerte o por desgracia, el desastre de implementaci¨®n de la traducci¨®n dejaba las puertas abiertas para atraer a todos los glitches habidos y por haber. Stolen novel; please report. ?Una palabra demasiado larga que rompe la caja de texto? ?Bum! Una especie de armadillo con pinchos y ganas de gresca que Mako hizo desaparecer de un bocado. ?Abrir el inventario una vez hab¨ªas consumido todos los objetos? Sorprendentemente, nadie lo prob¨® antes de grabar el cartucho. Eso hizo que una suerte de escorpi¨®n de agua saliera despedido de la pantalla a la hoja de mi espada et¨¦rica. ?Llegar a un game over y pulsar alg¨²n bot¨®n? Un minotauro con caparaz¨®n. Y ese s¨ª que se hab¨ªa materializado listo para pelear. Muchos m¨¢s le sucedieron, y me asegur¨¦ de narrar cada una de las acciones en voz alta ante la grabadora de bolsillo. Cuando ya me hab¨ªa quedado sin ideas que probar y, al quedarme atascada en un error que no pareci¨® invocar ninguna criatura, me di cuenta de que la combinaci¨®n de botones que reiniciaba el juego, en lugar de funcionar, produc¨ªa un error. Y uno gordo; uno que hizo que la sierpe voladora de la pegatina desgastada del cartucho (que no hac¨ªa acto de aparici¨®n alguna en el propio juego, todo sea dicho) escapara de la peque?a pantalla de la consola con un estallido de luz que recordaba a un rel¨¢mpago. ¨DEsto es absurdo... Definitivamente, nadie se ha molestado en probar esta cosa ¨DChasque¨¦ la lengua como protesta¨D. Mako, ay¨²dame con este. Sab¨ªa perfectamente que esa criatura iba a ser m¨¢s fuerte que las dem¨¢s con las que me hab¨ªa cruzado. Generalmente, los elementos con mayor impronta en el imaginario colectivo eran los que m¨¢s fuerza obten¨ªan al aparecer. ?Y qu¨¦ hab¨ªa con m¨¢s huella que la criatura que todos ve¨ªan en la pegatina del cartucho? Al fin y al cabo, todos los rumores empezaban por un ?eh, encontr¨¦ en el mercadillo un juego de Pok¨¦mon con una serpiente y unas piedras en la pegatina?. ¨DOh... Las piedras... ¨DTragu¨¦ saliva al darme cuenta¨D. Tambi¨¦n eran parte del monstruo. Si hubiera tardado medio segundo m¨¢s en reaccionar, una picuda esmeralda me hubiera dado en el hombro. Por suerte, supe pararla con mi fiel escudo de energ¨ªa para devolv¨¦rsela a su due?o. Al sufrir el impacto, solt¨® un feroz rugido. Menos mal que los vecinos no pod¨ªan escuchar nada. Y, si alguno era capaz de hacerlo, tampoco despreciar¨ªa su ayuda. Mako lanz¨® una bola de fuego contra la sierpe, pero la esquiv¨® con gracia. Menos mal que los ataques espirituales eran incapaces de da?ar lo material, porque Eli se cabrear¨ªa al ver su p¨®ster retro de Battletoads calcinado. S¨ª que me hubiera sido m¨¢s complicado explicar por qu¨¦ hab¨ªa tirado la mesa al suelo al usarla como plataforma de salto, pero el que su taza de Naruto se hubiera quedado ah¨ª despu¨¦s de desayunar con unos posos de caf¨¦ resecos era ¨ªntegramente culpa suya y yo no pod¨ªa preocuparme por esas minucias. No mientras combat¨ªa contra un reptil de cinco metros en un espacio tan limitado como era el piso de la abuela de El¨ªas. Desde el aire, pude sesgar una de las alas de la serpiente en un solo tajo vertical. Sin ella, la criatura vol¨® desequilibrada en espiral hasta precipitarse contra el suelo con estruendo. Hab¨ªa reaccionado r¨¢pido a los nuevos rumores y, gracias a ello, el combate hab¨ªa sido m¨¢s f¨¢cil que si hubiera ido por los cauces habituales. Ah¨ª estaba yo, con mis pintas de hero¨ªna g¨®tica. Apuntando con la punta de una espada que refulg¨ªa con las llamas azules de mi fuero interno a la mascota de una copia pirata de Pok¨¦mon. Junto a un glitch dientes de sable aliado que se agazapaba cual cazador, listo para cerrar su mand¨ªbula sobre ella en cuanto me despistase. Una estampa ¨¦pica. De las que podr¨ªan ser portada de un disco de heavy metal. Es posible que las zapatillas de peluche enturbiaran un poco el mensaje, pero era f¨¢cil cambiar los detalles al narrar la historia. Por supuesto, era el mejor momento para que El¨ªas volviese a casa y se la encontrara. Perd¨ª un par de instantes ech¨¢ndole un vistazo y, en mi distracci¨®n, la bestia aprovech¨® para lanzarme una de las piedras preciosas que orbitaban en torno a ella. Aunque Mako no tard¨® en deshacerse de la sierpe desgarr¨¢ndola son sus colmillos de forma violenta, fui incapaz de evadir el golpe a tiempo. Cuando uno de esos glitches te atacaba, era tu alma (a falta de una palabra mejor para definirlo) la que sent¨ªa el da?o. Como una bombilla en mal estado, tu energ¨ªa tintineaba y protegerte de la influencia del monstruo se hac¨ªa cada vez m¨¢s dif¨ªcil. Poco a poco, tu voluntad se apagaba y el demonio era capaz de permear en tu mente, dej¨¢ndote presa de sus designios. Si lo que mi t¨ªo hab¨ªa investigado estaba en lo cierto, una vez que hab¨ªa alcanzado ese punto, solo hab¨ªa dos opciones para el anfitri¨®n: domarlo, como hab¨ªa aprendido a hacer Norma a base de pura fuerza de voluntad, o perder la pugna. Someterse a ¨¦l. En el mejor de los casos, una mente contra las cuerdas podr¨ªa preparar un rinc¨®n con la esperanza de contenerlo en ¨¦l hasta que pudiera ser exorcizado o, por atrici¨®n, te hiciera perder el control sobre el resto de tu ser. Y, una vez que lo hubiera hecho, era casi imposible volver. El modus operandi m¨¢s habitual era abandonar a su suerte al cuerpo que controlaban una vez hubieran dejado de necesitarlo, pero algunos glitches eran tan sanguinarios que... Sent¨ª un escalofr¨ªo solo de pensar en las posibilidades. ¨DAlgo me dice que ser¨¢ mejor que no haga muchas preguntas ¨Ddijo el muchacho, a¨²n en el umbral de la puerta¨D. Pero no hacer muchas no quiere decir que no pueda hacer la m¨¢s importante: ?est¨¢s bien, Vero? He visto c¨®mo esa piedra te... Me dej¨¦ caer sobre la alfombra. Mako restreg¨® su cabeza contra mi brazo para intentar animarme, pero yo me limit¨¦ a acariciarle levemente y devolverlo a su V-Pet para que descansara. ¨¦l protest¨® con un leve gru?ido, pero no pudo hacer nada frente al haz de luz. ¨DEstoy bien ¨Despet¨¦¨D. Solo ha sido un rasgu?o. ¨DPocas cosas buenas empezaron con esas palabras. ¨DAlz¨® un poco mi espalda para incorporarme y se arrodill¨® junto a m¨ª para examinarme. ¨DNo vas a ver ninguna herida, si es lo que est¨¢s buscando. ¨DIntent¨¦ mantener la frialdad, pero me estremec¨ª al notar una de sus manos sobre mi cintura¨D. Era un rasgu?o metaf¨®rico. Luego te lo explico. ¨DYo qu¨¦ s¨¦, pareces hecha polvo ¨Dimpregn¨® su voz con alegr¨ªa, pero segu¨ªa pareci¨¦ndome preocupado¨D. Y te acabo de recoger del suelo. ¨DHa sido una larga ma?ana de trabajo. ¨DMe encog¨ª de hombros, rest¨¢ndole importancia¨D. Te lo vas a pasar pipa cuando te toque estudiar las dos horas y media de la grabadora para sacar tus conclusiones de cara al art¨ªculo. Y si no te gusta, no haber desaparecido esta ma?ana. ?Venga, vamos! ?Levanta! ?Que estoy bien! Aunque patale¨¦ un poco, no me solt¨®. De hecho, decidi¨® que lo ¨²nico que pod¨ªa hacer para ayudarme era darme un abrazo. Para lo payaso que era, siempre hab¨ªa sabido leer este tipo de situaciones. Estaba ah¨ª para cuidarme cuando lo necesitaba. Desde que era un cr¨ªo. ?C¨®mo no iba a querer tenerle cerca? Su calor era capaz de sanar en un instante la magulladura que ese demonio me hab¨ªa hecho en el alma. Cu¨¢nto le hab¨ªa echado de menos en mi vida. Orden¨¦ a mi cuerpo que dejara de agitarse y me aferr¨¦ a su brazo. En ese momento era yo la que no quer¨ªa que me soltara. No hasta que mi pecho se calmara. No hasta que fuera f¨¢cil mantenerme estoica. O hasta que tuviera claro qu¨¦ demonios me estaba pasando por la mente. ¨DEst¨¢s temblando, Vero. ?Tanto miedo te daba ese bicho? Negu¨¦ con la cabeza. No quer¨ªa deshacerme de mi imagen de luchadora valiente. No quer¨ªa dejar de ser la protectora. Con cierta confianza en mis ojos, caus¨¦ una peque?a explosi¨®n azul en mi brazo libre. El¨ªas no se asust¨®, pero fingi¨® un adem¨¢n que me arranc¨® media sonrisa. Tampoco me atrev¨ªa a confesarle que era ¨¦l quien ten¨ªa la culpa de que mi aliento se hubiera cortado. Aunque, para ser justos, no me atrev¨ªa ni a dec¨ªrmelo a m¨ª misma. Cap铆tulo 08, por El铆as Delf铆n ¨DLleg¨¢is pronto, hab¨ªamos quedado a las cinco ¨Dnos acus¨® Norma al otro lado del telefonillo¨D. Pero venga, pasad. La puerta de la entrada zumb¨® un poco antes de que Vero la abriera con un golpe de cadera. El patio era algo aburrido: a pesar de todos los maceteros que ten¨ªa, las pocas plantas que restaban parec¨ªan haber muerto congeladas entre el fr¨ªo de la monta?a y la humedad del mar. ¨D?Vamos, lentorro! ¨Dprotest¨® Vero mientras sub¨ªa las escaleras de dos en dos. Era incre¨ªble que pudiera hacerlo con unas botas de tanta plataforma sin trastabillar¨D. Te dije que guardaras las fuerzas para el entrenamiento, pero no esperaba que te lo tomaras tan al pie de la letra. ¨DVa, va ¨Drezongu¨¦. Solo por hacerla rabiar, me par¨¦ unos instantes para estirar los hombros¨D. Ya voy. Vero tir¨® del llamador de la puerta para dejarlo caer, pero fue arrastrada hacia ella cuando Norma la abri¨® de un tir¨®n. Ella pudo recomponerse, pero yo fui incapaz de contener una carcajada al ver c¨®mo reconstru¨ªa su facha seria como si nada. ¨DPerdonad, me hab¨¦is pillado a medias ¨DLa mujer se se?al¨® a la peluca anaranjada que estaba preparando. No estaba terminada, pero por los clips rojos ya intu¨ªa cu¨¢l iba a ser su pr¨®ximo cosplay¨D. Pod¨¦is poneros c¨®modos, acabo un par de cosas y... ¨DDe hecho ¨DVero dej¨® su chaquet¨®n en la percha de la entrada sin dejar a su mentora terminar de hablar¨D, si hemos venido antes es porque quer¨ªamos contarte algo. ¨D?Lo de los bootlegs de Pok¨¦mon? ¨DAunque Norma pretend¨ªa infundir un tono amenazante, la peluca chillona a medio terminar restaba mucha seriedad de su aura¨D. Ya me ha avisado tu t¨ªo, pero... Mira, Vero... Me alegro de que hayas salido ilesa y lograras frenar una leyenda urbana con tanta inercia t¨² sola, pero como se te ocurra hacer una cosa as¨ª sin avisarme antes, me encargar¨¦ personalmente de que vuelvas a Atecina en el primer autob¨²s que salga. La chica agach¨® la cabeza, exhalando toda su confianza en s¨ª misma en un solo bufido. ¨DPens¨¦ que podr¨ªa tener que ver con lo que estabas... ¨DEso no lo arregla ¨Dcasi gru?¨®¨D. De hecho, lo empeora. Te lo he dicho mil veces: no quiero que te inmiscuyas en los asuntos de la Catedral. Es un tema serio y, hasta que no averig¨¹e lo que quiero, ni siquiera deber¨ªas pronunciar esa palabra en voz alta, ?vale? S¨¦ que yo tambi¨¦n soy una bocazas, pero soy la responsable de que est¨¦s aqu¨ª cazando glitches y, si doy un paso en falso, tu t¨ªo me mata. ¨DNo podr¨ªa ni aunque lo intentara. ¨DIntent¨® recuperar algo de su imagen oscura y desafiante, pero la voz le tembl¨® m¨¢s de la cuenta¨D. Las dos sabemos que mi t¨ªo es un cobarde. ¨DRam¨®n es una persona prudente. ¨DNorma alz¨® la mano y la espalda de Vero se tens¨® unos instantes, antes de darse cuenta de que solo quer¨ªa acariciarle el pelo¨D. Yo soy la temeraria. Y t¨² tienes que aprender lo mejor de los dos. Ese era el trato. De verdad, hermanita. Quiero ense?arte todo lo que s¨¦. Quiero ayudarte... No me lo pongas tan dif¨ªcil, ?va? A pesar del tono fraternal con el que la redactora hablaba, hab¨ªa algo fr¨ªo en el ambiente. Mi mente, por supuesto, recurri¨® a la cl¨¢sica salida en estas situaciones: sacar el buf¨®n que vive en m¨ª. As¨ª que, ni corto ni perezoso, me puse a agitar los brazos para atraer la atenci¨®n sobre m¨ª y, en el m¨¢s jocoso de mis tonos, chill¨¦: ¨D?Eh! ?Hola! ?Estoy aqu¨ª! ?Y no me estoy enterando de nada! Anda, ?tengamos un feliz jueves de nuestro Patr¨®n! Las dos echaron a re¨ªr al un¨ªsono y, de repente, toda la tensi¨®n desapareci¨®. ¨DEres un payaso, Eli. ¨DVer la t¨ªmida sonrisa de Vero era suficiente compensaci¨®n para el apelativo¨D. ?Ves, Norma? Cuando no es un fan paralizado por tus encantos, hasta tiene su encanto. ¨DYa veo. ¨DImit¨® mis aspavientos de brazos¨D. ?Feliz jueves de nuestro Patr¨®n! Me gusta, me gusta... Vale, hermanita... ?Me has tra¨ªdo a un buen chico! ¨DSolt¨® una carcajada y me dio uno de esos golpes en la espalda que podr¨ªan hacer que se me saliera el h¨ªgado por la boca¨D. En fin, dadme unos diez minutos. Serv¨ªos un caf¨¦ mientras, o algo. Ya sabes d¨®nde est¨¢n las c¨¢psulas, Vero. La anfitriona se dirigi¨® al sal¨®n, donde ten¨ªa un mont¨®n de utensilios de peluquer¨ªa desperdigados, pero mi amiga me arrastr¨® hacia la cocina y me orden¨® que me sentara. Por su lenguaje corporal, parec¨ªa tan frustrada como en¨¦rgica y no se decid¨ªa entre usar la m¨¢scara oscura que mostraba en p¨²blico o la verdadera que guardaba para los momentos m¨¢s tranquilos en confianza. C¨®mo me costaba leerla en esos momentos. ¨DCon leche ¨Dle record¨¦. ¨DY un par de cucharadas de miel ¨DIntent¨® esbozar una sonrisa que se perdi¨® a la mitad, diluida entre sus pensamientos. ¨D?Est¨¢s bien, Vero? ¨Dsuspir¨¦¨D. Siento si he... destrozado el momento o algo. Cre¨ªa que... ¨DNo, no te preocupes. De hecho, me has salvado de una buena bronca... ¨DDej¨® caer su peso sobre el bot¨®n de encendido¨D. Seguro que Norma se ha cortado porque estabas delante. ¨D?Hay algo que no me hayas contado? ¨Dinquir¨ª¨D. Eso de la... ?catedral? parece bastante importante. ¨DEs una pista. ¨DVas a tener que ser un poco m¨¢s clara si quieres que me entere de algo, Vero. ¨DSer¨¢ mejor que te lo cuente ella. ¨DLade¨® la cabeza para rehuir mi mirada¨D. A m¨ª me toca callarme. Ya ves, a pesar de haber venido aqu¨ª para ayudar, no me deja investigar siquiera. ¨DLos dos tenemos o¨ªdos ¨Despet¨¦¨D. No ha dicho eso, y lo sabes. ¨D?Es que vas a ponerte t¨² tambi¨¦n de su parte? ¨Dpuso los ojos en blanco y enfri¨® su tono hasta convertirlo en glacial¨D. S¨ª, aqu¨ª est¨¢ el El¨ªas serio. Hac¨ªa tiempo que no lo ve¨ªa. Venga, va, ac¨²same tambi¨¦n. Dej¨® la taza sobre la pesa con tanta violencia que algunas gotas se cayeron por sus laterales. Cog¨ª una servilleta, las enjugu¨¦, y segu¨ª hablando. ¨DA ver, recapitulemos... Llevas unos d¨ªas un poco rara. Hoy te encuentro d¨¢ndote de hostias con una serpiente con alas en el sal¨®n del piso. T¨² lo tratas como normal, pero tu hermanita te echa la bronca. ¨DDi un sorbo al caf¨¦. Estaba demasiado caliente como para seguir¨D. Y ahora escucho que eso es ?menos preocupante? que lo que quiera que sea que est¨¢ investigando Norma. No s¨¦, Vero, he le¨ªdo suficientes art¨ªculos de la revista como para saber que... ¨DNo soy una ni?a ¨Ddijo con la misma voz apagada que usaba con los desconocidos¨D. Deja de verme como una ni?a. En dos d¨ªas cumplo diecisiete a?os. S¨¦ cuidar de m¨ª misma. Me han dejado venir precisamente porque s¨¦ hacerlo. Adem¨¢s, estoy d¨¢ndolo todo para cuidar de ti. El¨ªas, por mucho que lo necesitara me he asegurado de no volver a tu vida hasta que me he sentido capaz de estar a la puta altura. ?Por qu¨¦ no confi¨¢is en m¨ª? Claro que ya no era una ni?a. Era evidente con solo mirarla. En todo caso, si aqu¨ª alguien se hab¨ªa quedado atr¨¢s, era yo. Pero esa nueva Vero me confund¨ªa y era muy f¨¢cil dar pasos en falso. ¨DA¨²n tengo mucho que aprender de todo esto. ¨DExtend¨ª la mano a mi amiga, pero no la tom¨®. De hecho, siquiera me dirig¨ªa la mirada¨D. El susto del otro d¨ªa me ense?¨® a las malas que a¨²n no s¨¦ medir el peligro real de estos glitches. As¨ª que tengo que confiar en vosotras... y si incluso a Norma le preocupa esa Catedral, por algo ser¨¢. Me tom¨¦ un instante para organizar las ideas en completo silencio. ¨DDame un respiro, Vero. Tenemos que ir poco a poco, ?no crees? Has vuelto, s¨ª. No sabes lo contento que estoy por eso. ¨DVolv¨ª a ofrecerle la mano. Esta vez, al menos le ech¨® un vistazo fugaz¨D. Sin embargo, tambi¨¦n tienes que tener en cuenta que todo esto... Bueno, ya sabes. Has puesto mi vida patas arriba en unos d¨ªas. Enti¨¦ndeme un poco. De todas formas... La chica se aferr¨® a mi mano con fuerza, pero escondi¨® media cabeza en su sudadera. ¨DDeja de verme como una ni?a ¨Drepiti¨® a trav¨¦s del cuello de la prenda. Unauthorized content usage: if you discover this narrative on Amazon, report the violation. ¨D... si ese es el precio que tengo que pagar por tenerte de vuelta, me tocar¨¢ aprender a luchar contra demonios de silicio, brujas de esta?o o monstruos de tungsteno. No tengo ni puta idea de qu¨¦ est¨¢ ocurriendo, de qu¨¦ es esa cosa o de por qu¨¦ es suficiente peligro como para mandarte de vuelta a casa. Lo que tengo claro es que a¨²n tenemos mucho con lo que ponernos al d¨ªa y no voy a dejar que un error nos separe de nuevo. Sopl¨¦ la taza, que a¨²n ard¨ªa, intentando dejarle espacio a la muchacha para que me diera esas respuestas. Eso s¨ª, no dej¨¦ de fijar la mirada en el poco rostro que sobresal¨ªa de su ropa hasta que se hubo iluminado un poco. ¨DBah, ese mapache seguro que no era nada. ¨DIntent¨® recuperar un poco de autoestima en su tono¨D. El primer pringao que se te cruz¨® pudo con ¨¦l. M¨ªrame a m¨ª. ?La conquistadora de sierpes! ¨DPues m¨ª esa Catedral de la que habl¨¢is suena cien veces m¨¢s peligroso, Vero. ¨DPor fin pude beberme el caf¨¦ sin temor a calcinarme el paladar¨D. De verdad, quiero aprender de todo esto. Te lo prometo. S¨ª, prot¨¦geme, pero no pienso dejarte sola. Eso s¨ª, vayamos paso a paso. Juntos. ?Te parece? ¨DQue sepas... que el El¨ªas serio es un imb¨¦cil ¨Dprotest¨® con algo a medio camino entre el sollozo y la carcajada¨D. ?Por qu¨¦ los imb¨¦ciles siempre tienen raz¨®n? Rode¨¦ a la chica con mi brazo y compartimos un silencio c¨®mplice durante unos instantes. ¨DTranquila, ya vuelvo a mi programaci¨®n habitual de buf¨®n, si te hace sentir m¨¢s tranquila. ¨DTrac¨¦ una mueca est¨²pida en mi cara¨D. ?Mira! ?Choy un payacho! La exorcista sac¨® la cabeza de la sudadera y se ajust¨® el pelo. Mientras se pasaba un mech¨®n rebelde por detr¨¢s de la oreja, no pude evitar en fijarme en que, en efecto, por muy grandes e inocentes que fueran sus ojos, ya no pertenec¨ªan a quien dej¨® Gailadr¨ªa cinco a?os atr¨¢s. Pod¨ªa confiar en ella. ¨DLo que sois es una pareja adorable. ¨DLa anfitriona sali¨® de las sombras. Sent¨ª c¨®mo Vero se deslizaba por la mesa y se escapaba de mi brazo¨D. Respondiendo a tu pregunta, El¨ªas... ¨D?S¨ª? ¨DMe ergu¨ª con anticipaci¨®n. ¨DTodo esto que te digo es extraoficial, pero si Vero lo sabe, no tiene sentido ocult¨¢rtelo. ¨DSe sent¨® frente a m¨ª y me mir¨® con una intensidad magn¨¦tica¨D. ?Recuerdas el Efecto Pirita? Bueno, claro que lo recuerdas, escribiste una redacci¨®n eterna sobre ¨¦l en el test de Ram¨®n. Ni yo lo hubiera explicado mejor, y eso que estuve all¨ª. ¨DS-s¨ª ¨Dme cost¨® convocar la s¨ªlaba. Por alg¨²n motivo, daba corte que ella hubiera le¨ªdo c¨®mo ensalzaba su art¨ªculo¨D. F-fue un punto de inflexi¨®n en... Y algo especialmente duro que... ¨DPues esto de la Catedral parece igual de chungo... Y no dudo que haya actores dispuestos a repetir ¨DAprovech¨® para atarse el pelo con la goma que hab¨ªa estado manteniendo cerrado el paquete de cereales¨D. Pero eso ser¨¢ charla para otro d¨ªa. Quiz¨¢ la guarde para ese caf¨¦ al que me ten¨ªas que invitar. Venga, ?a entrenar! *** Vero solt¨® una risilla al ?darse cuenta? de que no me hab¨ªa aconsejado traer ropa deportiva al dojo de Norma. As¨ª que ah¨ª estaba, cual pasmarote en vaqueros y una camiseta de Iron Maiden ante la mirada juiciosa de dos artistas marciales listas para el entrenamiento. Al menos, el felino ¨ªgneo que nos acompa?aba no parec¨ªa interesado en mi atuendo. ¨DEmpecemos con la teor¨ªa. ¨DLa mentora comenz¨® a estirar. No supe si imitar sus movimientos o no, as¨ª que me qued¨¦ petrificado¨D. Mi hermanita ya me ha dicho que te ha contado lo m¨¢s b¨¢sico, pero quiero o¨ªrlo de tus labios. Venga, examen sorpresa, ?todo lo que sepas! Obedec¨ª r¨¢pido y hablando como una locomotora. La naturaleza de los glitches, las tres condiciones para que se materialicen, el da?o que pod¨ªan hacer a tu alma (aunque me sent¨ªa inc¨®modo usando esa palabra, la dio por buena) si te atacaban, su habilidad para meterse en tu mente, las dos formas que conoc¨ªa de dominar a uno. Y ya que estaba, un par de chanzas que acabaron pasando desapercibidas entre tanto dato. ¨DEso del l¨¢tigo me cuadra. Tendr¨¦ que... ¨DSe dio cuenta de que ese murmullo no era tan imperceptible como esperaba y se call¨® del todo¨D. En fin, buena respuesta, pero mi pregunta no era sobre los glitches en s¨ª, sino sobre el poder espiritual. ¨DSiete ¨Ddijo Vero, de repente. La mir¨¦ con extra?eza¨D. Cuatro. Zeta. Y deja de ponerme kanjis tan complicados, que no me los s¨¦. ¨DNo puedes verlo, ?verdad? ¨DDibuj¨® una sonrisa desafiante. Chasque¨® los dedos y estos se iluminaron de un tenue azul. De repente, una figura et¨¦rea se empez¨® a dibujar desde sus puntas, mostrando el s¨ªmbolo del infinito. ¨D?Que si puedo ver qu¨¦? ¨DEntrecerr¨¦ los ojos¨D. Ah. Vale, vale. ¨DS¨ª, he subido la cantidad de energ¨ªa para que cualquier persona capaz de sentir la energ¨ªa espiritual pueda verlo. Ya te explicar¨¦ c¨®mo percibirlo a bajas intensidades. ¨DZarande¨® ligeramente la figura en el aire. Sus bordes se difuminaron un poco¨D. Como dec¨ªa, hay gente que nace con su don despierto, gente que lo oculta en lo m¨¢s profundo de su ser y gente que... simplemente no lo tiene. Aunque, si se lo propone, siempre lo puede desarrollar con esfuerzo y disciplina. Yo soy de las primeras, t¨² de los segundos y Vero... Dejar¨¦ los detalles para luego, ya que ella se trata de un caso algo particular. ¨DEs f¨¢cil despertar el potencial latente de una persona ¨Dasegur¨® la pupila, iluminando la palma de su mano¨D. La mayor¨ªa de las veces es el escepticismo de sus mentes el que lo esconde, as¨ª que solo hay que darles una prueba firme de que se equivoca para romper sus bloqueos. Ya pasamos por eso en la oficina, as¨ª que te ahorrar¨¦ los detalles. Apag¨® de nuevo su mano y dej¨® que Norma siguiera hablando. ¨DTus poderes espirituales, ahora mismo, no son demasiado impresionantes ¨Dprosigui¨®¨D. De hecho, me preocupar¨ªa si as¨ª fuera. Los podr¨¢s entrenar con esfuerzo y tes¨®n. Sin embargo, para hacerlo, tendr¨¢s que entender con claridad su naturaleza y c¨®mo pueden interactuar contigo y con los glitches. En primer lugar... Norma extendi¨® un brazo y de ¨¦l brot¨® un arco hecho de luz s¨®lida. Tens¨® una cuerda et¨¦rea y en ¨¦l se materializ¨® una flecha que dispar¨® a la pared. Un mont¨®n de part¨ªculas salieron desperdigadas del lugar del impacto. Sin siquiera esperar a una indicaci¨®n de su mentora, Vero salt¨® hacia delante y despleg¨® su escudo para parar la segunda saeta, que qued¨® hendida en la energ¨ªa que disipaba su brazo derecho. ¨DConstrucci¨®n ¨Ddijo por fin la profesora¨D. Energ¨ªa pura. Solo puede interactuar con otras formas de energ¨ªa. Es la faceta m¨¢s b¨¢sica del control espiritual. Y la primera que aprender¨¢s una vez hayas interiorizado lo m¨¢s b¨¢sico. ¨DYo tengo una espada y un escudo, como ya sabes ¨Dme record¨® Vero con una demostraci¨®n visual¨D. Aunque, a decir verdad, puedo usar mi propia energ¨ªa para... Se gir¨® para crear una esfera de energ¨ªa en su mano izquierda y, tras un silbido, se la lanz¨® a Mako. El dientes de sable la control¨® de un cabezazo y la atrap¨® entre sus fauces, juguet¨®n. Eso s¨ª, con tanta fuerza para ello que explot¨® en mil pedazos. Aunque, a pesar del estallido, la mascota parec¨ªa m¨¢s decepcionada por haber perdido su juguete que afectada por la onda expansiva. ¨DCon esa energ¨ªa, puedes levantar muros con los que proteger tu alma del ataque de los glitches ¨Dasegur¨® la pelirroja¨D. Se trata de una t¨¦cnica b¨¢sica que, si bien no es demasiado potente, te salvar¨¢ en un brete. Sin decir m¨¢s, la mujer asent¨® ambos pies con firmeza en el tatami y apret¨® los pu?os. Con un control casi hipn¨®tico de su respiraci¨®n, hizo que poco a poco unas l¨ªneas de energ¨ªa empezaran a brillar en ellos. ¨DPotenciaci¨®n ¨Dcontinu¨®¨D. Su nombre deber¨ªa ser bastante autoexplicativo, pero... Dio un pu?etazo hacia delante. El aire se movi¨® con tanta fuerza que hizo que me tambaleara. Al verme desorientado, aprovech¨® para descargar la fuerza del otro brazo y hacerme caer de culo al suelo. ¨DEsta t¨¦cnica se sirve de mis propias facultades f¨ªsicas y las amplifica hasta l¨ªmites sobrehumanos. ¨DMe tendi¨® la mano para ayudarme a recobrar la postura adecuada¨D. Piensa en ello como una multiplicaci¨®n. Como entender¨¢s, siendo mi principal medio para enfrentarme a estos demonios, tengo que mantenerme f¨ªsicamente en forma si quiero aprovechar la t¨¦cnica al m¨¢ximo. ¨DAntes de que lo preguntes, s¨ª ¨Dinterrumpi¨® Vero¨D. Una vez que imbuyes tu cuerpo de energ¨ªa, puedes atacar a los glitches con ¨¦l. Solo... ten cuidado, el golpe afectar¨¢ al plano f¨ªsico tambi¨¦n. ¨DHe tenido que reconstruir ese muro demasiadas veces para aprender la lecci¨®n, s¨ª. ¨DSe?al¨® al fondo de la habitaci¨®n. ¨DVale, lo voy pillando ¨Dasent¨ª con insistencia¨D. La t¨ªpica cosa de ?entrena cuerpo y mente?. El nivel uno parece sencillo, pero el dos... Norma solt¨® una de esas carcajadas que hacen retumbar la habitaci¨®n. ¨DPor ahora, c¨¦ntrate en la mente. No, no hay niveles. Son... tipos de canalizaci¨®n. Existen varios m¨¢s, pero son m¨¢s complicados de describir y no puedo darte ejemplos pr¨¢cticos. ¨DAdem¨¢s ¨DVero asom¨® la cabeza tras mi hombro¨D, tampoco es que puedas dominarlos. De hecho, algunos no ser¨ªas capaz ni de percibirlos con tus capacidades actuales. Como ya te hemos dicho, con un poco de suerte podr¨¢s levantar un muro y... ¨DLas dos t¨¦cnicas que te he ense?ado son fruto de domar un glitch y usar su fuerza en mi beneficio. Por mucho que un humano entrene su propio poder espiritual, es dif¨ªcil darle m¨¢s salida que la que puede generar un bicho hecho puramente de ella. ¨DCre¨® un cuchillo de combate en su mano izquierda¨D. Mira, este es el l¨ªmite de mis propias fuerzas, entrenadas d¨ªa a d¨ªa durante cinco a?os... Quiz¨¢, por m¨ª misma, podr¨ªa hacer que mis pu?os pudieran infligir algo de da?o a los demonios en un combate cuerpo a cuerpo. Pero ya has visto lo que puedo hacer con unos cuantos glitches de mi parte. Deshizo el arma en un estallido de luz. ¨DEs por eso que las facultades b¨¢sicas son importantes. Hoy te ense?ar¨¦ c¨®mo ver lo oculto. C¨®mo sentir el flujo de tu propia fuerza. C¨®mo controlar la energ¨ªa que tu cuerpo disipa e invita a los glitches a materializarse cuando un error se lo permite. Y, ante todo... C¨®mo lograr que tu mente pueda dominar a una de esas criaturas para que te ceda su fuerza. *** En alg¨²n punto del entrenamiento, mis ¨²ltimas fuerzas abandonaron mi cuerpo. Al menos, alguien hab¨ªa tenido el detalle de dejarme una manta encima y una almohada para que descansara. Me dol¨ªa todo y, por mullido que fuera el suelo, un tatami no era el mejor lugar para quedarse dormido. Al echar un vistazo al reloj de mi mu?eca vi la hora: las seis de la ma?ana. ¨DBuenos d¨ªas, joven. ¨DEra incre¨ªble que no me hubiera despertado con el esc¨¢ndalo de la entrenadora dando pu?etazos a un saco de boxeo¨D. Supongo que querr¨¢s desayunar algo. ?Eh! ?Nada mal! ?Un desayuno con tu ¨ªdolo favorita! ¨DLo que quiero es morirme ¨Dprotest¨¦ entre balbuceos, incapaz de prestar atenci¨®n a la provocaci¨®n¨D. Yo vine a Cazadores por los juegos gratis. Los contactos en el mundillo... Un sueldo, quiz¨¢. Y m¨ªrame ahora. Hablando de darle pu?etazos a demonios despu¨¦s de hacer que mi chakra me haga los brazos m¨¢s fuertes. Menuda experiencia. ¨DAnda, no te pongas quejica, Naruto ¨Dbrome¨®. Su tono me confundi¨® un poco, pero me lo tom¨¦ como una invitaci¨®n a charlar de t¨² a t¨²¨D. S¨¦ perfectamente lo que est¨¢s dispuesto a hacer por Vero. Me reincorpor¨¦ con torpeza. Con m¨¢s de la que sol¨ªa hacer gala. ¨DEscuchaste todo lo que dijimos, ?verdad? ¨Dsin darme cuenta, estaba sonriendo¨D. Entonces, ya sabes c¨®mo me siento. Asinti¨® con la cabeza. ¨DChico, creo que lo s¨¦ a¨²n mejor que t¨². Cap铆tulo 09, por Norma Guarnido (parte 1) Vert¨ª mi yogur de prote¨ªnas en el bol de chococrispis ante un cansado El¨ªas que luchaba por untar algo de mantequilla en su tostada mientras se le cerraban los ojos. ¨DPor cierto ¨Dle record¨¦¨D. Si no quieres pillar un mal catarro, deber¨ªas darte una ducha. Puedes usar la de abajo, si quieres. Tard¨® unos instantes en reaccionar. ¨DEh... No-no me he tra¨ªdo ropa ¨Drespondi¨® con un aspaviento¨D. Ser¨¢ mejor que vuelva a casa y... ¨DNo, no. ¨DCompuse media sonrisa¨D. El entrenamiento a¨²n no ha acabado, joven padawan. Seguro que tengo algo que te sirva por aqu¨ª. Aunque seas un poco m¨¢s alto, con lo enclenque que eres, debes tener m¨¢s o menos mi misma talla de... El¨ªas resopl¨®. No me qued¨® muy claro si era de cansancio, por mis provocaciones constantes (?me estaba pasando con ¨¦l?) o por la idea de ponerse una prenda de mujer. Preventivamente, infer¨ª lo ¨²ltimo. ¨D?Te gusta Irate Alleys? ¨DDi un tono burl¨®n a la idea¨D. Creo que te quedar¨ªa genial mi viejo cosplay de Shin Ember. Al fin y al cabo, no deja de ser un ch¨¢ndal de hombre con un par de retoques. ¨D?Qu¨¦? ¨Dabri¨® los ojos de par en par¨D. ?N-no me atrever¨ªa a llevar algo as¨ª! ¨DEh, es de la ropa m¨¢s masculina que tengo en el armario ¨Dme encog¨ª de hombros¨D. Adem¨¢s, es c¨®modo y f¨¢cil de llevar. ¨D?N-no es eso! ¨DCruz¨® los brazos frente a su cara¨D. ?N-no me atrever¨ªa a llevar algo tuyo! ?Y menos algo a lo que le has dedicado tanto esfuerzo! Seguro que tienes algo un poco menos... ya sabes. ¨D?Lo siento, chaval! ¨DLe puse la mano en el hombro¨D. Ll¨¢malo ?gentileza de la anfitriona?. ?Eh! ?Pocos pueden decir que la tricampeona del concurso del Sal¨®n del Manga le deja llevar una de sus obras! ?Deber¨ªas sentirte honrado! ¨DVale, pero me niego a ponerme la peluca ¨Ddej¨® caer sus hombros en se?al de rendici¨®n¨D. Te prometo que no s¨¦ c¨®mo pod¨ªas andar sin pisarte esa trenza. No me atrev¨ª a admitir que me ca¨ª media docena de veces por su culpa, pero le conced¨ª esa victoria. Solo lament¨¦ que Vero se lo estuviera perdiendo: al fin y al cabo, la encerrona hab¨ªa sido ¨ªntegramente idea suya. *** ¨D?Ves como no era para tanto? ¨Dsolt¨¦ una carcajada. En realidad, el dise?o de Shin Ember era bastante comedido. Quiz¨¢ por eso lo guardaba con la ropa normal y no con los trajes m¨¢s elaborados. Unos pantalones el¨¢sticos con unas cuantas tiras de colores que sobresal¨ªan en varias direcciones y una sudadera tres tallas m¨¢s grande que el portador. O, al menos, lo ser¨ªa si no pareciese que media comunidad de grafiteros hab¨ªa pasado por encima de la prenda con sus espr¨¢is de ne¨®n. Para ser uno de mis primeros trabajos, estaba bastante logrado eso de que las llamas de las mangas brillaran en la oscuridad. Pero m¨¢s brillaba la cara de su portador. En color bermell¨®n. ¨DAhora me arrepiento de no haberme comprado uno de esos nuevos m¨®viles con c¨¢mara ¨Dmusit¨¦ para mis adentros. ¨DV-vale. ¨DAgach¨® la cabeza con timidez¨D. ?Q-qu¨¦ tal me queda? N-no quiero... Desaprovecharlo. Alc¨¦ el dedo pulgar y palme¨¦ el sof¨¢ en el que estaba sentada. Escuch¨¦ el suspiro de desasosiego del becario a varios metros de distancia. ¨DBuen chico, El¨ªas. ¨DInsist¨ª en mi gesto de ?si¨¦ntate?¨D. Siento si solo parece que quiero burlarme de ti con estas cosas. T¨®matelo como un ejercicio de confianza, para afianzar nuestra din¨¢mica de equipo. En realidad, segu¨ªa preocupada sobre c¨®mo abordar la distancia entre nosotros. Quer¨ªa dejar claro mi rol como jefa dentro de la redacci¨®n y mentora en lo espiritual. Pero tambi¨¦n quer¨ªa dar un mazazo a esa percepci¨®n que ten¨ªa de m¨ª como un ¨ªdolo inalcanzable. ?Por qu¨¦ me costaba tanto medir mi actitud con la gente? Sab¨ªa perfectamente la respuesta a esa pregunta, pero agit¨¦ la cabeza para disipar la imagen de la persona responsable de todas esas inseguridades. En su lugar, pens¨¦ inmediatamente en Vero: con ella hab¨ªa tenido qu¨ªmica instant¨¢nea desde el primer d¨ªa. S¨ª, hab¨ªamos tenido nuestros momentos m¨¢s tensos y a veces lidiar con una ni?a que pasaba la pubertad era algo dif¨ªcil, aunque no me cost¨® forjar ese v¨ªnculo. Ojal¨¢ fuera tan f¨¢cil con su amigo. Ten¨ªa que serlo, despu¨¦s de llevar a?os escuchando historias sobre ¨¦l, ?no? If you spot this tale on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. Inspir¨¦ y decid¨ª tirarle un hueso al bueno del cosplayer improvisado. ¨DVale, Shin. ¨DComo no acababa de decidirse, tir¨¦ de su brazo para que se sentara por fin. Me costaba mantener contacto visual, as¨ª que fing¨ª que prestaba atenci¨®n a la reposici¨®n de La Banda del Patio que pon¨ªan por la tele¨D. Hoy, voy a guiarte en un enfrentamiento con un glitch. Ya sabes, tal y como practicamos ayer con Mako. T¨¦cnicas de liberaci¨®n de energ¨ªa y redirecci¨®n. Quiero ver si tienes las herramientas para salir ileso si vuelve a aparecer uno mientras est¨¢s solo. Asinti¨® con la cabeza, aunque no parec¨ªa muy seguro con mi explicaci¨®n. De hecho, estaba tan tenso que siquiera parec¨ªa capaz de soltar uno de sus habituales choteos. ¨DA¨²n no est¨¢s listo para domar a uno. ¨DAunque lo estuviera, no deber¨ªa hacerlo sin la supervisi¨®n de la sacerdotisa¨D. Solo quiero ver c¨®mo te defiendes de ¨¦l, yo me encargar¨¦ de lo dem¨¢s. El muchacho dej¨® su mano, algo temblorosa, en mi hombro. A¨²n parec¨ªa tenso por estar compartiendo ese rato a solas, pero intent¨® buscar la determinaci¨®n para dirigirse directamente a m¨ª. ¨DNorma, ?puedo hacerte una pregunta? ¨DCreo que despu¨¦s de todo lo que te he hecho pasar a lo largo del ¨²ltimo d¨ªa, est¨¢s en tu derecho. ¨DSolt¨¦ una carcajada y le di una palmada en la espalda. Por su quejido, dir¨ªa que me hab¨ªa pasado de fuerzas¨D. Dispara, chaval. Tard¨® un rato en formular lo que iba a decir. Sus ojos viajaban de un lado a otro y paladeaba palabras inaudibles mientras mov¨ªa los labios. ¨DEs sobre Vero ¨Dvocaliz¨® por fin¨D. ?La ves... normal? Me tiene algo confuso ¨²ltimamente y no s¨¦ si... ¨D?A qu¨¦ te refieres? ¨DIntent¨¦ suavizar el ambiente¨D. Es una adolescente, claro que no est¨¢ normal. Las hormonas, que hacen estragos. S¨ª, echo un poco de menos a la ni?a tierna que era cuando la conoc¨ª, pero... ?Eh, se est¨¢ haciendo toda una mujer! El muchacho se qued¨® congelado unos instantes. Era f¨¢cil imaginar el reloj de arena de Windows sobre su cabeza a la espera de que volviera a procesar de nuevo. Cuando se dio cuenta de las implicaciones de lo que le hab¨ªa dicho, ahog¨® un peque?o grito. ¨D?N-no hablo de eso! ¨Dse puso la enorme capucha del traje y escondi¨® las mejillas en ella. ¨DOh, ?no quieres consejos rom¨¢nticos de la hermana mayor? El silencio me hizo temer que hubiera cruzado alguna l¨ªnea que no debiera, pero el becario se achant¨® tanto que volvi¨® a resultar divertido. ¨D?Hablo de los glitches! ¨Dgrit¨® de repente soltando un gallo por el camino¨D. No quiero que... la consuman. ¨DVero naci¨® con un glitch, El¨ªas. ¨DTir¨¦ para atr¨¢s del pincho de su capucha¨D. Y lleva entrenando para tenerlo bajo control desde que se manifest¨®... Desde que ten¨ªa diez a?os. Esa chica es la persona m¨¢s fuerte que conozco y dudo mucho que su glitch haya empezado a afectarle ahora. ¨DMe est¨¢ ocultando cosas. ¨DVir¨® la cabeza¨D. Lo s¨¦. Llevo hablando con ella todos los d¨ªas desde que era un cr¨ªo. S¨¦ perfectamente que... tiene algo en la cabeza. Algo de lo que no se atreve a hablar. No s¨¦ si tiene que ver con esa dichosa Catedral, si son los glitches o qu¨¦ es, pero... Respir¨¦ con calma. Varias veces. Ten¨ªa que hacerlo si quer¨ªa reprimir las ganas de gritarle un ?lo que est¨¢ ocultando son sus ganas de explorarte la tr¨¢quea con la lengua, pedazo de imb¨¦cil?, pero decid¨ª que era m¨¢s sabio cambiar de tema. Sobre todo, porque si no lo hac¨ªa, iba a destrozar esta confianza que por fin estaba volcando en m¨ª. ¨DA todo esto, yo tambi¨¦n ten¨ªa una pregunta que hacerte. ¨DEl aludido inclin¨® levemente la cabeza, como un perrito curioso¨D. Sobre el incidente del otro d¨ªa en la cafeter¨ªa. ¨DYa os envi¨¦ todo lo que recuerdo. El error que dio el juego, la forma glitch, el sorprendente pasotismo de los cuatro que quedaban en la cafeter¨ªa, lo de ese chico, Zack... Siento haber sido tan imb¨¦cil, dej¨¦ que se fuera sin pedirle el n¨²mero. Si no hubiera estado tan embobado, todo ser¨ªa mucho m¨¢s f¨¢cil. ¨DZack ¨Dpalade¨¦ el nombre, buscando la inspiraci¨®n¨D. Dices que domaba a los glitches. Los hace aparecer de una especie de mu?equera y atienden a las ¨®rdenes. No era la primera vez que escuchaba algo as¨ª. ¨D?Por qu¨¦ es tan raro? Es m¨¢s o menos lo que hace Mako. No pod¨ªa explicarle cu¨¢nto se equivocaba sin revelar uno de los secretos que hab¨ªa prometido a Ram¨®n llevarme a la tumba, as¨ª que emit¨ª un ruidillo de insatisfacci¨®n con su respuesta y busqu¨¦ otra pregunta que hacer. ¨DTe propongo algo: ?qu¨¦ tal si me dejas hacer algo de trabajo de investigaci¨®n? ¨DLe gui?¨¦ un ojo¨D. Si queremos llegar al fondo de esto, tendremos que encontrarle. Solo con un nombre no creo que lleguemos muy lejos. ?Te dijo su apellido? Neg¨® con la cabeza. ¨DNo, solo s¨¦ que se llama Zack por su abuelo Zacar¨ªas. ¨DSe llev¨® la mano al ment¨®n y se acarici¨® los cuatro pelos maltrechos de su barba¨D. Que vino a buscar a unos amigos para irse a una comer pizza a casa y... que tiene unos ojos preciosos. ¨DDe repente, se recompuso¨D. O que lleva unas lentillas muy molonas, mejor dicho. Bueno, olvida eso. Es una tonter¨ªa. Algo levant¨® una alerta en m¨ª, tan repentina como la que aparece cuando te detectan en el Metal Gear Solid. En un parpadeo, cre¨ª entender bastantes cosas, pero a¨²n ten¨ªa que ordenar mis ideas. Seguro que mi cara se hab¨ªa vuelto un libro abierto, pero intent¨¦ mantener la compostura. ¨DD¨¦jame adivinar... ¨DNo sab¨ªa si quer¨ªa tener o no algo de raz¨®n¨D. Gris met¨¢lico. Reflejan los colores del arco¨ªris. Probablemente tambi¨¦n tuviera el pelo blanco... O te?ido de alg¨²n color extravagante. ¨DS-s¨ª. ¨DPareci¨® genuinamente sorprendido ante mi tentativa¨D. ?Eso es! ?C¨®mo lo has sabido? ¨DDigamos que estoy familiarizada con esa tribu urbana. ¨DEsper¨¦ poder ocultar c¨®mo mi labio temblaba¨D. S¨ª, creo que encontrar a ese tal Zack va a ser pan comido. Conf¨ªa en m¨ª. La cara del chaval se ilumin¨® como si un rayo de sol hu¨¦rfano le estuviera calentando en un d¨ªa de invierno. Algo en mis entra?as me dec¨ªa que a Vero no le iba a hacer ilusi¨®n el descubrimiento, pero la agente del caos que viv¨ªa en m¨ª se estaba frotando las manos. ¨D??S¨ª!? ¨Ddio una palmada al aire de la emoci¨®n¨D. ?Cu¨¦ntame, cu¨¦ntame! Una maga nunca revela sus secretos. Y, mucho menos, si ese ?secreto? ten¨ªa que ver con el ¨²nico caso que segu¨ªa teniendo abierto tras cinco a?os de carrera como cazadora de demonios. Cap铆tulo 09, por Norma Guarnido (parte 2) ¨DBuen trabajo, Shin. ¨DDestru¨ª el peque?o glitch con una flecha certera al pecho¨D. ?Has aprobado el examen! Vale, era una prueba f¨¢cil y... El aludido se dio cuenta, repentinamente, de que todav¨ªa vest¨ªa como el protagonista de Irate Alleys y convirti¨® su postura amenazante y profesional en la de un flan tembloroso. Aun as¨ª, termin¨® por soltar una de esas carcajadas capaces de destensar el ambiente. ¨D?Te sobra tiempo hoy? ¨DTiempo, s¨ª ¨Dasinti¨® el muchacho¨D. ?Energ¨ªas? No muchas. No s¨¦ c¨®mo demonios me estoy manteniendo en pie despu¨¦s de una hora de combate. Todo para que t¨² acabaras con el bicho de un tiro. ¨DVenga, va, ?te invito a comer! Hay un sitio que quiero ense?arte. ¨DLe hice perder ligeramente el equilibrio con el hombro¨D. As¨ª podr¨¦ cobrarme el caf¨¦ que me debes, ya que estamos. ¨DLatte con avellana, ?verdad? Que sepas que no me olvido. ¨DMe dedic¨® un gui?o bondadoso¨D. De acuerdo, pero cuando acabe, voy directo a casa, me meto al sobre y no abro los ojos hasta el lunes. ¨D?Y perderte el cumplea?os de Vero? ¨DChasque¨¦ la lengua¨D. Se va a enfadar. Si la L que el coche de El¨ªas no era suficiente indicio de torpeza al volante, seguro que los ara?azos de sus puertas terminaron de convencerme de que lo suyo no era aparcar. Tras dejar algo de la pintura del autom¨®vil en una farola, nos apeamos frente al edificio de la redacci¨®n. ¨DA¨²n no has estado en el Thardisia, ?no? ¨DSe?al¨¦ la discreta puerta azul tres n¨²meros a la derecha del imponente edificio de OTKo. ¨DHe o¨ªdo hablar de ¨¦l, pero no. ¨DSe rasc¨® la nuca¨D. Las veces que he comido aqu¨ª he acabado con tanta prisa que como mucho pod¨ªa pillar una ensalada o un bocata en la cafeter¨ªa. ¨DPues hoy te acompa?a una clienta VIP. ¨DMe apunt¨¦ con ambos pulgares y empuj¨¦ la puerta como si fuera la de mi casa. ¨DIrasshai ¨Dsalud¨® el due?o al escuchar el estruendo. Aunque el due?o era japon¨¦s, hab¨ªa pasado casi toda su vida en Gailadr¨ªa y no guardaba pr¨¢cticamente nada de su acento original. No obstante, le gustaba recibir a los clientes tal y como se har¨ªa en su pa¨ªs. ¨D?Hola, Sanae! ¨Danunci¨¦ mi presencia¨D. ?Mesa para dos! ¨DVuestro sitio de siempre est¨¢ libre ¨Dfarfull¨® sin siquiera salir a saludar¨D. Hoy tenemos pincho de tortilla de entrante. De primero, sopa de jengibre con fideos de arroz, que hace un fr¨ªo del carajo... Y de segundo... ¨D?Haznos unas costillas! ¨Dle interrump¨ª¨D. Te gustan, ?verdad, El¨ªas? ¨DPara qu¨¦ cojones tengo el men¨² si vas a pedirme fuera de carta cada vez que vienes. ¨DAunque ¨¢spera, su voz fue ligeramente benevolente¨D. En fin, tengo los ingredientes en la nevera. El muchacho asinti¨® con timidez y me sigui¨® a la mesa habitual. Las paredes de ladrillo oscuro hac¨ªan parecer el local m¨¢s angosto de lo que realmente era, pero el lugar admit¨ªa media docena de mesas sin ning¨²n tipo de sacrificio. Aun as¨ª, una de ellas era ?la de Cazadores?. El sitio reservado para los parroquianos m¨¢s habituales. ¨DMenudo rinc¨®n os hab¨¦is montado ¨Dapreci¨® el aprendiz¨D. ?Son esas fotos de...? ¨DTienes buena vista, El¨ªas. Es justo lo que quer¨ªa ense?arte ¨Dsuavic¨¦ la voz¨D. La historia m¨¢s mundana de la redacci¨®n. El otro lado oculto de nuestra historia, el que no va de glitches. Pero, por lo que m¨¢s quieras, qu¨ªtate el chaquet¨®n, que me estoy asando solo de verte. ¨D?No tengo tanta confianza en m¨ª mismo como para ir de Shin por la vida! ¨DCon trajes m¨¢s raros me he presentado yo por aqu¨ª. ?Verdad, Sanae? ¨DDefinitivamente. Recorr¨ª varias de las fotograf¨ªas con mi dedo ¨ªndice y par¨¦ en una que rezaba ?17 de noviembre de 1986?. La primera cara conocida de todo el tabl¨®n, un jovenc¨ªsimo Ram¨®n Lourido que sosten¨ªa, con una mueca entre una sonrisa orgullosa y la mayor de las verg¨¹enzas, un diploma que jocosamente lo denominaba empleado del mes. ¨DGr¨¢bate esta imagen en la retina porque va a ser la ¨²nica vez que veas a Ram¨®n sonriendo en mucho tiempo ¨Dle asegur¨¦¨D. De hecho, hay quien teoriza que est¨¢ as¨ª porque inmortalizaron el momento anterior a un estornudo. Segu¨ª la estela. Poco a poco, el hombre empezaba a tomar prominencia y, sorprendentemente, no abandonaba la costumbre de aparecer en las instant¨¢neas. La etiquetada ?8 de febrero de 1994? celebraba su ascenso a jefe de redacci¨®n ense?ando una copa de vino a c¨¢mara. En la que aseguraba haber sido tomada el ?3 de septiembre de 1998?, yo aparec¨ªa por primera vez entre el resto del equipo. Resultaba raro verme tan menuda en las fotograf¨ªas (no solo por los cinco a?os que me distanciaban de ese d¨ªa, sino porque me costaba reconocerme con el cuerpo que ten¨ªa antes de empezar a entrenar). Pero ah¨ª estaba, orgullosa, en mi tercer d¨ªa en el equipo de Cazadores. ¨D?Eh! ?Ah¨ª faltamos Vero y yo! ¨Dclam¨® El¨ªas. Por su tono, por fin ten¨ªa ganas de bromear de nuevo¨D. ?Para cu¨¢ndo un retrato con toda la familia? ¨DVero no ¨Dse?al¨¦ una fotograf¨ªa de 1989¨D. M¨ªrala, ah¨ª en brazos. Ni tres a?itos ten¨ªa. ?No es una ricura? Si las historias son ciertas, su t¨ªo insisti¨® en que el equipo la conociera. ¨DPor mucho que sepa que esa ni?ita es su debilidad, me cuesta imaginarle como el t¨ªo orgulloso que quiere llev¨¢rsela al curro ¨Dponder¨®¨D. No s¨¦ por qu¨¦, pero no me encaja. No ese t¨ªo, El¨ªas. ¨DBueno, eran otros tiempos ¨Dsolt¨¦ una carcajada¨D. O eso he o¨ªdo. Yo por aquel entonces no era m¨¢s que una adolescente que mandaba cartas para trolear al t¨ªo que se cabreaba respondi¨¦ndolas. Sigo sin explicarme c¨®mo estuvo a?os public¨¢ndolas. ¨DNo jodas, ?t¨² eras...? ¨DLa Princesa Aran en persona, efectivamente. ¨DFing¨ª una reverencia real¨D. La ¨²nica persona capaz de darle tal dolor de cabeza al maese Lourido que acabaron invitando a la redacci¨®n. Ni tan mal, me dieron trabajo por tocar las narices. ¨DJoder, eres mi hero¨ªna. ¨DAgach¨® la cabeza y se llev¨® la mano al pecho en se?al de respeto¨D. M¨¢s todav¨ªa, quiero decir. No s¨¦ cu¨¢ntas horas me pas¨¦ en la biblioteca buscando los n¨²meros viejos para ver vuestros duelos epistolares. Ensure your favorite authors get the support they deserve. Read this novel on the original website. ¨DPincho de tortilla ¨Dinterrumpi¨® el barista¨D. Eh, ya dec¨ªa yo que la voz no me sonaba... Este es el chaval nuevo, ?no? El due?o le extendi¨® su callosa mano al becario y, sin decir mucho m¨¢s, volvi¨® a la cocina. ¨DEs un poco raro, pero ya te har¨¢s a este hombre. ¨DClav¨¦ el tenedor en la tortilla. Le hab¨ªa quedado poco cuajada, como a m¨ª me gustaba¨D. Eso s¨ª, sabe lo que hace en la cocina. Una de dos: o El¨ªas se hab¨ªa tomado al pie de la letra mis alabanzas al cocinero, o estaba muerto de hambre. Nunca hab¨ªa visto a alguien devorar un plato con tanta ansia; y eso que hab¨ªa compartido mesa con Vero tras un entrenamiento de ocho horas. ¨D?Mu fico! ¨Dse empuj¨® el ¨²ltimo trozo con una rodaja de pan. Cuando hubo acabado, volvi¨® a echar un vistazo a las im¨¢genes de la pared. Parec¨ªa tan interesado que le hice un gesto para permitirle ponerse en pie. ¨DHay algo que me llama la atenci¨®n. ¨DSe acarici¨® las pecas que recorr¨ªan su rostro en una moci¨®n relajante¨D. Esta cara. Me suena de algo, pero estoy convencido de que no es un trabajador de la revista... No, nunca lo he visto en la p¨¢gina del equipo. Ech¨¦ un vistazo atr¨¢s y vi d¨®nde ten¨ªa posado el dedo. Suspir¨¦ aliviada: Ram¨®n me hab¨ªa prohibido sacar el tema de forma expl¨ªcita, pero si El¨ªas era tan buen periodista como para averiguar lo que le pretend¨ªa contar... Bueno, yo se lo hab¨ªa puesto justo en la cara precisamente para que preguntara. Fuera como fuere, entraba en los t¨¦rminos. ¨DBueno, si has pasado tanto tiempo en casa de Vero siendo ni?o, es probable que te hayas cruzado alguna vez con Jaime Llagaria. El chico se llev¨® los dedos a las sienes y se masaje¨® la cabeza, como intentando recordar algo. Tras un silencioso minuto, chasque¨® los dedos con fuerza. Solo le falt¨® vociferar un ?eureka?. ¨D?Hostias, s¨ª, el m¨²sico! ¨DSubi¨® demasiado la voz, pero por suerte no hab¨ªa nadie m¨¢s cerca¨D. ?Me encantaba cantar con ¨¦l! ?Qu¨¦ ha sido de ese buen hombre? Se?al¨¦ el tabl¨®n de fotos. No tard¨® en darse cuenta de que en la ¨²ltima imagen en la que aparec¨ªa la leyenda apuntaba ?10 de octubre de 1998?. Justo hac¨ªa cinco a?os. ¨D?Recuerdas que ayer dec¨ªas no enterarte de nada de lo que habl¨¢bamos Vero y yo? ¨DLe gui?¨¦ el ojo¨D. Pregunta lo que quieras, que yo estirar¨¦ mis promesas hasta sus l¨ªmites l¨®gicos. Puedes fiarte de m¨ª. Te parar¨¦ cuando lleguemos a algo de lo que no pueda hablar. ¨DVale. ¨DEscudri?¨® las fotos con atenci¨®n¨D. Supongo que la primera pregunta es obvia: ?qu¨¦ relaci¨®n tiene con vosotros? Recuerdo que era alguien cercano a Vero, pero... ¨DEsa es f¨¢cil: es el novio de Ram¨®n. ¨DTermin¨¦ con mi plato y me levant¨¦ para contemplar las im¨¢genes con ¨¦l¨D. Lo que supongo que le convierte tambi¨¦n en t¨ªo de Vero. Intent¨® hacer un esfuerzo por recordar. Casi pod¨ªa escuchar los engranajes de su cerebro intentando llegar a alguna conclusi¨®n. ¨D?Es? ¨DA falta de una palabra mejor, digamos que s¨ª. ¨DEstir¨¦ los hombros hacia atr¨¢s¨D. Pero de eso s¨ª que no puedo hablarte. ¨DEs raro... ¨DAcept¨® mi cambio de tema¨D. Aunque ya hace mucho, le recuerdo. Recuerdo las canciones. Recuerdo que siempre jugaba con nosotros... Pero nunca me hubiera imaginado que Ram¨®n y ¨¦l fueran... ¨DLo de ?nada de muestras de afecto en p¨²blico? es algo que siempre se ha tomado a rajatabla. Bueno, Jaime no. Era bastante divertido ver c¨®mo le gustaba llevar las normas de Ram¨®n al l¨ªmite. En eso siempre ha sido como nosotros. Me se?al¨¦ con el pulgar, orgullosa. Cada uno ten¨ªa su forma de retorcer el sentido del humor para enfrentarse al cuadriculado Se?or SiliMAX, pero era lo que nos un¨ªa. Quiz¨¢ por eso el muchacho me hab¨ªa ca¨ªdo tan bien desde el primer momento. Al fin y al cabo, se las hab¨ªa apa?ado para llenar el hueco que hab¨ªa dejado la desaparici¨®n de Jaime sin siquiera pretenderlo. Pero tambi¨¦n hac¨ªa que lo echase m¨¢s de menos. Quiz¨¢ por eso me hab¨ªa autoconvencido para estirar los l¨ªmites de mi promesa y darle una o dos pistas de m¨¢s para que empezara a trabajar por su cuenta. Con un poco de suerte (y si confirmaba mis sospechas sobre la Catedral), podr¨ªa convencer a Ram¨®n para que me dejase contar con su ayuda. ¨DNunca trabaj¨® para la revista, pero siempre estaba pase¨¢ndose por la oficina ¨Dle cont¨¦, con cierta nostalgia¨D. Nunca dec¨ªa que no a un misterio... Ni a una copia de prensa que ya no necesitaran. ¨DSolo sal¨ªs juntos en tres fotos ¨Dse?al¨®¨D. Si tengo que juzgar por las fechas viendo aqu¨ª, solo coincidisteis un mes. Pero hablas con bastante m¨¢s cari?o de ¨¦l del que cabr¨ªa esperar para una relaci¨®n tan corta. ¨DSuspicaz, mi querido Shin. ¨DMe sent¨¦ para probar la sopa que el cocinero hab¨ªa dejado con sigilo¨D. En efecto, fue Jaime quien me descubri¨®, por decirlo de alg¨²n modo. El que convenci¨® a Ram¨®n de que la Princesa Aran era un buen activo para el equipo. ¨D?Por los duelos? ¨DMir¨® hacia el techo con una sonrisa¨D. Pero si acabaron cuando la revista volvi¨® a cambiar su nombre a finales de ese a?o. Menuda decepci¨®n, Princesa. ¨DNo, no. ¨DPar¨¦ para probar la primera cucharada, pero no tard¨¦ en darme cuenta de que eso hab¨ªa sido un error¨D. Ya te dije ayer que siempre he podido ver los glitches, ?verdad? ¨DEso creo. ¨DPues ¨¦l tambi¨¦n se dio cuenta. ¨DSopl¨¦ la sopa, que por alg¨²n motivo a¨²n parec¨ªa salida del averno¨D. Nunca intentes abusar de errores para clonar pok¨¦mon en p¨²blico. Y menos con una de esas copias piratas de importaci¨®n. Aunque, para ser justos, la culpa fue de Ram¨®n. Pr¨¢cticamente me ret¨® a hacerlo. ¨DVale, esa historia me interesa. ¨DEl muchacho se cruji¨® los nudillos y se inclin¨® hacia delante. ¨DYa sabes, SiliMAX siempre ha estado trayendo mucho contenido directamente desde Jap¨®n y para una joven impresionable, el juego de monstruos del momento era un caramelito muy jugoso. As¨ª que busqu¨¦ una tienda que tuviera un copi¨®n y convenc¨ª al due?o para que se trajera una o dos copias. Me cost¨® justificarle que iba a poder sacar pasta de un juego de rol en japon¨¦s, pero tambi¨¦n dijo lo mismo de Live a Live y los chavales del videoclub no estuvieron hablando de otra cosa en semanas. ¨DMenuda paciencia ¨Dsuspir¨® el chaval¨D. Lo prob¨¦ en un emulador con una gu¨ªa de traducci¨®n hace unos meses y no fui capaz de pasarme el nivel del ninja. ¨DEn fin, lo que te dec¨ªa: decid¨ª vacilar a Ram¨®n en una de mis cartas y acab¨® dej¨¢ndome caer que ?hab¨ªa o¨ªdo? cosas sobre ese misterioso MissingNo. Que los rumores en ese precario internet de cincuenta y seis kilobytes eran ciertos. ¨DPero, si ¨¦l lo sab¨ªa... ya no deber¨ªa haber un glitch ah¨ª, ?no? ¨DS¨ª, vaya. De hecho, vimos el art¨ªculo que escribi¨® a ra¨ªz de todo eso el d¨ªa que te incorporaste, ?no te acuerdas? Pero solo mostraba la foto de la forma del fantasma. ¨DS¨ª. ¨DSe inclin¨® hacia atr¨¢s en la silla¨D. Ya te sigo: encontraste una variaci¨®n del error que invoc¨® a otro glitch por accidente. No se descubri¨® hasta bastante m¨¢s tarde que el nombre de tu personaje era clave para encontrarte a esa criatura y muchas de ellas no ten¨ªan tanto bombo detr¨¢s. Asumo que tu elecci¨®n de apodo te proporcion¨® la clave exacta para llegar a uno de los resultados que m¨¢s se especulaban en los foros de la ¨¦poca. ¨DExacto. Y Jaime estuvo all¨ª en el momento justo. Para ¨¦l fue f¨¢cil darse cuenta de que la mujer que estaba intentando enfrentarse a un f¨®sil en medio del parque era la misma que hab¨ªa asegurado a su novio que estaba jugando a un juego en un idioma que la mayor¨ªa de los de por aqu¨ª no entender¨ªa. Que s¨ª, podr¨ªa haber sido cualquier otra: pero era lo suficientemente adulta como para llevar casi una d¨¦cada tocando las narices por correo postal y tan malhablada como para ser identificable solo por sus tacos. ¨DJuas ¨Dreplic¨® el muchacho, divertido por la situaci¨®n¨D. ?Y qu¨¦ hiciste? ¨DAtravesar a ese bicho por la mitad y aceptar la invitaci¨®n del hombre que me hab¨ªa reconocido a m¨ª y a mi arco de luz a un caf¨¦, claro est¨¢. ¨DCruc¨¦ los brazos con algo de soberbia¨D. Tener la oportunidad de decirle a Ram¨®n Lourido a la cara que se equivocaba era demasiado tentador. *** Tras despedirme de El¨ªas, que de alguna forma se las apa?¨® para golpear de nuevo la misma farola de antes con el coche, ech¨¦ la mano al bolsillo para coger el m¨®vil y marcar el n¨²mero de Ram¨®n. ¨D?Qu¨¦ haces en la oficina? ¨DFui directa al ataque¨D. Estoy viendo las luces encendidas desde aqu¨ª. Pasa tiempo con tus seres queridos o algo. ¨DMaldita sea, Guarnido ¨Dprotest¨® a trav¨¦s de la est¨¢tica de la llamada¨D. Para su informaci¨®n, estoy preparando el viaje de la pr¨®xima semana. No quer¨ªa dejarla sin las directrices y el material adecuado para mi ausencia. ¨DHostias, s¨ª. ¨DCasi lo hab¨ªa olvidado¨D. Era lo de los Yaroze-kai estos, ?no? ¨DUn concepto tan prometedor como ca¨®tico, ?no cree? ¨Dsu voz volvi¨® al su tono habitual¨D. Monstruos personalizables y combates a trav¨¦s de internet. ¨DYo misma escrib¨ª el reportaje, Ram¨®n ¨Dbuf¨¦¨D. No tienes por qu¨¦ cont¨¢rmelo. Ya me jode lo suficiente quedarme fuera de la presentaci¨®n por la mierda esta de la Catedral. Pero no te llamaba por eso. ¨D?Le apetece subir a plantear el tema con una buena taza de caf¨¦, se?orita Guarnido? ¨DNo sab¨ªa si el tono era simplemente cordial o quer¨ªa imprimir algo de cari?o¨D. Me apetece ver con qu¨¦ me sorprende hoy el bueno de Sanae. ¨DVale, Ram¨®n ¨Dsuspir¨¦ con fuerza para que me pudiera o¨ªr¨D. Ir¨¦ a por el caf¨¦, pero hazme un favor. ¨DPor supuesto. ¨D?Puedes prepararme las fichas de las v¨ªctimas del Efecto Pirita? Por fin tengo una pista real sobre la Catedral. Cap铆tulo 10, por Verè´¸nica Garza (parte 1) La casa de El¨ªas estaba tal y como la recordaba. Quiz¨¢ los columpios del patio hab¨ªan visto d¨ªas mejores y la imagen mental que ten¨ªa del peque?o huerto que cuidaban sus padres correspond¨ªa m¨¢s con lo que pod¨ªas encontrar en ¨¦l en verano, pero ver c¨®mo el naranjo en el que tanto hab¨ªamos jugado de ni?os estaba empezando a dar fruto me hizo sacar una sonrisilla nost¨¢lgica. ¨D?M¨¢! ?Pare! ¨DFrustrado ante un timbre que no parec¨ªa querer hacer su trabajo, Eli decidi¨® gritar¨D. ?Abridme, que soy yo! Tard¨® un rato, pero la puerta empez¨® a moverse lentamente hacia dentro. ¨D?Hola, abuela! ¨DEl chico le dio un abrazo. Yo hice un amago, pero al ver que no me reconoc¨ªa, me apart¨¦¨D. ?D¨®nde demonios est¨¢ mi madre? ¨DCon el ruido de la cocina, como siempre. ¨DSe asi¨® con fuerza del bast¨®n¨D. ?Ay! ?Te has tra¨ªdo a tu novia? ?Qu¨¦ ni?a m¨¢s mona! ?Mejor que el punki ese de la ¨²ltima vez! Pero a m¨ª me gustaba m¨¢s la rubita. Tard¨¦ un poco en reaccionar. ?De qui¨¦n estaba hablando? Ese ?punki? deber¨ªa ser su ex, pero... ¨DAbuela, esta es ?la rubita?. ¨DMe se?al¨® de arriba abajo. Dej¨¦ escapar un poco de aire entre los labios¨D. ?No te acuerdas de Vero? ?¨¦ramos inseparables de ni?os! ?Y hoy es su cumplea?os! ?Diecisiete a?os ya! La se?ora sopes¨® el comentario durante unos instantes, pero no pareci¨® convencerse. ¨DLa rubita era m¨¢s mona ¨Dconcluy¨®, a su bola. Mi amigo comparti¨® un gesto c¨®mplice conmigo y pas¨® el brazo por encima de su abuela para guiarla al comedor. Me invadi¨® una mezcla de ternura por ver c¨®mo la cuidaba y de pena por c¨®mo le hab¨ªa ca¨ªdo el peso de los a?os: Matilde siempre hab¨ªa sido una persona muy avispada y verla tan torpe me hizo sentir extra?a. En cambio, la madre de El¨ªas se manten¨ªa exactamente igual que la ¨²ltima vez que la vi. Quiz¨¢ con alguna que otra arruga m¨¢s en la cara, pero las pecas y esos ojos color caramelo tan inocentes que su hijo hab¨ªa heredado le daban un aire juvenil que no pasaba de moda. ¨DVaya, pues s¨ª que era cierto que casi no te iba a reconocer. ¨DLa mujer me dio un abrazo, manoplas de cocina y todo¨D. ?Est¨¢s hecha toda una mujercita! ?Qu¨¦ tal est¨¢n tus padres? Bueno, hablo con Maite bastante a menudo, pero pens¨¦ que era mejor idea preguntarte directamente. Seguro que hay cotilleos que no me cuenta. ?Y tu t¨ªo? A¨²n no le he dado las gracias por darle la beca al zote de mi hijo. Bueno, tampoco es tan zote. ?Has visto qu¨¦ notazas en primero? Pensaba que se iba a quedar tonto con tanta revista de maquinitas, pero ah¨ª lo tienes: un curso limpio el primer a?o. ?Ay, lo grande que est¨¢ mi Eli! S¨ª, Laura segu¨ªa con la verborrea de siempre. Me limit¨¦ a esbozar una sonrisa t¨ªmida, pero eso no la par¨®. ¨D?Felicidades, Vero! ¨DSe quit¨® el guante para revolverme el pelo. A todos les encantaba hacerlo alegando que ten¨ªa la altura perfecta. Al parecer, las plataformas no ayudaban¨D. Espero que tu plato favorito siga siendo la lasa?a. ?Ay, c¨®mo me alegro de que hayas podido venir a casa! Que despu¨¦s de un par de semanas aqu¨ª al cuidado de Eli, ten¨ªa que asegurarme de que te tratara bien. Y, bueno, un poco de ?comida de madre? nunca viene mal, ?no? Que este chaval es un desastre y si se distrae acaba cenando pirsas de esas una semana sin parar. Nada, nada... ?No te preocupes, os he hecho unos t¨¢pers de lentejas! ¨DLa familia, bien ¨Drespond¨ª mientras tomaba aire. Costaba seguirle el ritmo¨D. A mi t¨ªo le hubiera gustado pasarse, pero ten¨ªa un viaje a Londres. Me dijo que lo compensar¨ªa la pr¨®xima vez. Tras aproximadamente veinte minutos de mon¨®logo y un poco de ayuda con la ensalada (porque necesit¨¢bamos comer m¨¢s verduras o algo as¨ª), la mujer me liber¨® y me hizo sentarme a ver ?Los Simpson esos?. No me atrev¨ª a corregirle y decir que en realidad se trataba de Futurama. Pero disfrut¨¦ del momento, acurrucada junto a El¨ªas con las piernas bajo la mesa camilla de su sal¨®n como si el tiempo nunca hubiera pasado. La velada se sucedi¨® sin percances. La lasa?a estaba tan rica que sorprend¨ª a los anfitriones repitiendo dos veces y me llev¨¦ alg¨²n que otro ?comentario de madre?, pero la abuela de la familia re¨ªa y aseguraba que un buen apetito era importante para estar bien lozana. Sin duda, ella lo estaba, pues era capaz de llevarnos a todos la delantera en el n¨²mero de raciones. Fue dif¨ªcil guardarse espacio para la tarta de cumplea?os que acompa?ar¨ªa al caf¨¦, pero todos lo acabamos logrando (era imposible decir que no a una de tres chocolates). Eso s¨ª: con tal c¨®ctel en el est¨®mago fue imposible para los anfitriones vencer a la modorra. Ni quince minutos de documental sobrevivieron en vigilia. Mi amigo y yo nos levantamos a estirarnos para evitar caer en redondo tambi¨¦n. This content has been misappropriated from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. ¨D?La siesta? Un cl¨¢sico en esta casa. ¨DEl¨ªas rebusc¨® algo en su chaqueta¨D. Por cierto, casi me olvidaba de darte tu regalo. ¨DOh. ¨DMe inclin¨¦ hacia delante, con los ojos bien abiertos¨D. ?Qu¨¦ es, qu¨¦ es? ¨DBueno, quiz¨¢ sea una tonter¨ªa, pero... ¨DMe entreg¨® un peque?o sobre¨D. Aprovech¨¦ que la feria segu¨ªa en la ciudad para pasar por los puestos de los artesanos y... Agit¨¦ el sobre y escuch¨¦ un choque met¨¢lico. Intent¨¦ adivinar de qu¨¦ se pod¨ªa tratar, as¨ª que lo mov¨ª poco a poco para o¨ªr c¨®mo algo que parec¨ªa una cadena se deslizaba por su interior. ¨D?Es un colgante? ¨D¨¢brelo ya. ¨DMe dio un golpecito cari?oso en la frente¨D. Es que estuve pensando en lo que dijiste y... Fren¨¦ en seco antes de rasgar el sobre por la mitad. Necesitaba saber a qu¨¦ se refer¨ªa. Dentro hab¨ªa un colgante con cuatro engranajes de plata con piedras de distintos colores en su centro. ¨DSeldoria Chronicles... ¨Ddije en voz baja¨D. Joder, El¨ªas, est¨¢ muy bien hecho... Tiene que haberte costado una pasta. ¨DEste a?o pod¨ªa permitirme algo especial. Recuerda que me has enchufado en una beca con un sueldo superior a ?te pagamos en superaci¨®n personal? ¨Dse excus¨® con una carcajada¨D. Una pena que no se muevan como en el juego, pero... Enhorabuena, ya has completado tu rito de paso. Tienes raz¨®n: no eres una ni?a. No es justo que te trate as¨ª. Y, desde luego, no tienes la apariencia de una, si se te pasaba la idea por la cabeza. Tengo ojos en la cara, ?vale? Me qued¨¦ bloqueada en el sitio con las implicaciones de algo como lo que hab¨ªa dicho. Durante un minuto, me limit¨¦ a apretar el regalo contra mi pecho, y contar las pulsaciones de mi coraz¨®n una a una, que a¨²n hac¨ªa latir la sangre que me calentaba la cara. ¨DMe... encanta ¨Dcontest¨¦ con un hilillo de voz¨D. Es precioso. Gracias, Eli. Lo guardar¨¦ con cari?o. ¨DA¨²n no s¨¦ mucho sobre esp¨ªritus, as¨ª que ya me dir¨¢s si lo puedo sobrecargar de poderes o algo. ¨DEstir¨® los brazos por encima de la cabeza¨D. De ese modo, siempre sabr¨¢s encontrarme. Ya sabes, como la princesa Eruma a Rapsodia, m¨¢s all¨¢ del velo de cristal. ?Pod¨ªa El¨ªas Delf¨ªn ser m¨¢s adorable cit¨¢ndome uno de mis juegos favoritos? Me costaba imaginarlo. Empezaba a pensar que Norma ten¨ªa raz¨®n y que me conoc¨ªa mejor que yo misma... Maldita sea. Negar seg¨²n qu¨¦ cosas se estaba volviendo casi imposible. No. Ten¨ªa que centrarme. Ten¨ªa una misi¨®n, al fin y al cabo. ?De qu¨¦ serv¨ªa validar mis ideas de adolescente si...? ¨DBueno, ha pasado un tiempo desde la ¨²ltima vez, pero tenemos un rato muerto en casa antes de que la familia despierte. ¨DSu voz me sac¨® del trance¨D. ?Hacemos lo de siempre? ¨D?Sigue la Play en la salita? ¨Drespond¨ª como un resorte¨D. Cu¨¢ntos domingos hemos pasado pegados a esa tele evitando los ronquidos y el Cine de Barrio. ?Me encantar¨ªa! ¨DClaro ¨Dasegur¨® gui¨¢ndome de la mano¨D. Como la nueva es retrocompatible, era tonter¨ªa llevarme las dos al piso. Aunque s¨ª que me llev¨¦ casi todos los juegos. Pero bueno, habr¨¢ que contentarse con los restos. Aunque la falta de cuidados la hab¨ªa dejado algo polvorienta, la consola segu¨ªa enchufada a la corriente y al televisor, as¨ª que solo necesit¨® un botonazo para arrancarla. A decir verdad, habr¨ªa agradecido un poco m¨¢s de tiempo para cavilar en mis pensamientos, pero reaccion¨¦ r¨¢pido. ¨DO con los CD de demos. ¨DSe?al¨¦ el mont¨®n de sobres de cart¨®n que hab¨ªa en el caj¨®n de siempre¨D. ?Elige uno! Sin siquiera mirar cu¨¢l, puso uno de los discos en la consola y baj¨® la tapa. Una pantalla de carga precedi¨® a una pantalla de selecci¨®n de t¨ªtulo con un midi rockero y unos efectos gr¨¢ficos que ya eran anacr¨®nicos en la ¨¦poca. Presentaba t¨ªtulos tan variopintos como Spyro the Dragon, Compact Creatures, Fire of the Teinekell IV o Cool Boarders 3. Tambi¨¦n inclu¨ªa un mont¨®n de peque?os juegos programados por los seguidores de la revista que se hab¨ªan podido hacer con un kit de desarrollo Net Yaroze, que permit¨ªa a los programadores hacer sus pinitos en la consola. Sobre el papel, la idea era magn¨ªfica y fomentaba la creatividad mucho antes de que la palabra indie significara algo para los jugones. Hab¨ªa perdido la cuenta de las horas que hab¨ªa pasado jugando a Rocks''n''Gems o a A Magnificent Contraption en uno de esos discos. En la pr¨¢ctica, y sobre todo para una chica con poderes espirituales que no era capaz de controlar a¨²n, acab¨® siendo mi primer contacto formal con el mundo de los glitches. S¨ª, el control de calidad de estas aplicaciones brillaba por su ausencia, as¨ª que era f¨¢cil romper las costuras del juego sin proponerlo. Por otro lado, el haber compartido espacio en disco con versiones de prueba de t¨ªtulos mucho m¨¢s populares ayud¨® a que las criaturas que surg¨ªan de los Net Yaroze no fueran demasiado amenazantes, por lo que pas¨¦ muchas horas con Norma buceando entre los t¨ªtulos m¨¢s extra?os que pudieran salir del s¨®tano de cualquier aspirante a progamador. ¨D?Buscamos alguno en especial? ¨DEl¨ªas alz¨® las cejas repetidas veces de forma c¨®mica¨D. Ahora que mis padres est¨¢n durmiendo la mona, quiero ense?arte lo que s¨¦ hacer despu¨¦s del entrenamiento de ayer. Solt¨¦ una carcajada tonta. Solo a El¨ªas se le ocurrir¨ªa aprovechar un momento ¨ªntimo para probar videojuegos cutres hechos por estudiantes con el objetivo de sacar monstruos de ellos... Y yo que lo agradec¨ª. Me estaba costando demasiado alejarme de esos pensamientos tan propios de la edad... y de las bromas de Norma al respecto. ¨DEres un payaso. ¨DDej¨¦ caer mi cabeza sobre su hombro, a¨²n jugueteando con el collar entre los dedos¨D. Venga, va, pero es dif¨ªcil que encuentres algo en un disco tan viejo que todos los ni?os han quemado hasta la saciedad. ¨DA ver, s¨ª. ¨DMe devolvi¨® el choque de cabezas con algo de ternura¨D. Yo tambi¨¦n he sido de los que ha tenido que subsistir a base del disco de demos esperando el pr¨®ximo regalo de navidad. ?Pero antes no sab¨ªa c¨®mo hacer esto! Cap铆tulo 10, por Verè´¸nica Garza (parte 2) Se ech¨® hacia delante con fuerza, pero no se percat¨® de que mi cabeza se hab¨ªa deslizado por su espalda. Estaba demasiado concentrado estirando los brazos al frente como un superguerrero dispuesto a lanzar una onda vital. Tras unos instantes (demasiado largos, pero nada mal para un novato), unas chispas empezaron a surgir de entre las yemas de sus dedos. En poco tiempo, todo su cuerpo estaba cubierto de una fina capa de energ¨ªa. Le costaba mantener la forma y la capa que disipaba contaba con muchos puntos de fuga por los que escapaban regueros de energ¨ªa, pero ver a mi amigo brillar en tenues tonos glaucos era capaz de poner una sonrisa en mi cara. ¨DEli... ¨Ddej¨¦ escapar entre los dientes. ¨DImpresionante, ?eh? ¨DMe regal¨® una sonrisa con aires de superioridad¨D. He estado esforz¨¢ndome. La mueca se me contagi¨® de inmediato. Ning¨²n entrenamiento, ninguna estoicidad forzada iba a ser capaz de ofuscar una sonrisa tan genuina. Me puse en pie y tir¨¦ de sus brazos para que me siguiera. Me tom¨¦ unos instantes, ante su mirada confusa, para decidir qu¨¦ era lo que estaba haciendo en ese momento. ?Por qu¨¦ era tan dif¨ªcil? Estaba frente a ¨¦l, sintiendo el calor de su energ¨ªa, deseando que me diera las fuerzas para atreverme a dar un paso hacia delante y ser totalmente sincera. Eso s¨ª que pod¨ªa hacerlo, ?no? Adem¨¢s, me sacar¨ªa de la cabeza esas otras ideas. Al fin y al cabo, ?no merec¨ªa saber para qu¨¦ hab¨ªa vuelto a la ciudad con tanta prisa? Todo ser¨ªa m¨¢s f¨¢cil cuando no hubiera secretos entre nosotros. Necesitaba hablarle del H¨¦roe que a¨²n me hablaba en sue?os. De mis sospechas sobre la Catedral. De que el caso del Efecto Pirita a¨²n coleaba cinco a?os despu¨¦s. De Jaime. Seguro que pod¨ªa hablarle de una de esas cosas... Aunque sus ojos eran dulces, me sent¨ª juzgada por la mirada de confusi¨®n del chico. Para eludirla, hund¨ª la cabeza en su pecho e inspir¨¦ su aura de serenidad. Solo quer¨ªa dejar de guardarle secretos. No se lo merec¨ªa. Yo tampoco me lo merec¨ªa. Mientras buscaba la forma de pronunciar unas palabras que se me complicaban, me record¨¦ que mi amigo a¨²n estaba esperando mi reacci¨®n a sus nuevos trucos de magia. Ten¨ªa que decirle algo. ¨DBah, ?eso es todo? ¨Dde alguna forma, logr¨¦ poner un tono de burla sin que sonara demasiado falso¨D. Mira y aprende. Di un paso hacia atr¨¢s, cerr¨¦ los ojos e inspir¨¦ por la nariz. Sab¨ªa que su sensibilidad espiritual no era tan alta como la m¨ªa, as¨ª que deb¨ªa disipar m¨¢s fuerza que ¨¦l si quer¨ªa que fuera capaz de percibirla con claridad. Deb¨ªa mantenerla real, cercana. No del tipo de descarga que alguien usar¨ªa como cebo para demonios, sino... La que compartir¨ªas con alguien a quien quieres. Un toque cari?oso. Quiz¨¢ incluso alguien tan obtuso como ¨¦l ser¨ªa capaz de entenderme si no hab¨ªa palabras de por medio. Abr¨ª los ojos y me puse de puntillas. Aun as¨ª, la distancia de altura entre nosotros lo pon¨ªa dif¨ªcil para llegar a sus mejillas. Por suerte, su cuerpo entendi¨® que lo buscaba y se encorv¨® un poco hacia m¨ª. En silencio, recorr¨ª las pecas de sus mejillas con mis pulgares y empec¨¦ a dejar escapar parte de mis fuerzas a trav¨¦s de ellos. ¨DTe brillan los ojos ¨Dapreci¨®, sin dejar de fijarse en ellos con cari?o¨D. Nunca me hab¨ªa dado cuenta... Siempre apartas la cara de m¨ª cuando vas a usar tus poderes. Y ni a m¨ª ni a Norma nos pasa... ?Por qu¨¦ los tuyos...? Sise¨¦. No quer¨ªa palabras. No las necesitaba. Segu¨ª recorriendo el rostro del muchacho. Recre¨¢ndome en los puntos donde su energ¨ªa intentaba escaparse. ¨¦l sonri¨®. Estaba sonriendo. Solo para m¨ª. No pude evitar perder ligeramente el control de mis poderes cuando mi mente adolescente empez¨® a divagar. El¨ªas se entumeci¨® un poco por el picotazo s¨²bito, pero no se separ¨®. Ninguno de los dos quer¨ªa separarse en ese instante. ¨DTambi¨¦n me brilla el pelo al usarlos ¨Ddije, por fin¨D. Por eso el cambio: este es el ¨²nico tinte capaz de ocultarlo. F¨ªjate en las ra¨ªces, f¨ªjate. Hice un esfuerzo en iluminarlas, aunque mi amigo no dejaba de mirarme a los ojos a pesar de mis instrucciones. No parec¨ªa perdido en ellos, sino sumido en sus propios pensamientos. Era f¨¢cil reconocer esa mirada distante a pesar de todo el tiempo que hab¨ªa pasado... Y lo de lo que era preludio. Me atrev¨ª a darle pie: ¨DQu¨¦ poderes m¨¢s raros, ?eh? ¨DNorma me dijo que naciste con un glitch. Unauthorized reproduction: this story has been taken without approval. Report sightings. Suspir¨¦ con una reci¨¦n encontrada calma. Si ya lo sab¨ªa, iba a ser mucho m¨¢s f¨¢cil hablarle del H¨¦roe. ¨DSiento hab¨¦rtelo ocultado ¨Dsuspir¨¦, a pocos cent¨ªmetros de su cara¨D. Llevo queriendo arrastrarte a este mundo, a mi mundo, desde que lo s¨¦. Luchando d¨ªa a d¨ªa porque me permitieran volver aqu¨ª. Necesitaba tu ayuda. O tu presencia. O, simplemente, a ti. Pero... Me da miedo que, si me voy de la lengua, mi t¨ªo me d¨¦ una patada de vuelta a casa y este sue?o se acabe. ¨DQue lo intente. El joven periodista se tom¨® un instante antes de continuar. Cuando lo hizo, su tono hab¨ªa cambiado de vagamente agresivo a dulce y lleno de cari?o. Volv¨ª a acariciarle la mejilla, disfrutando de la intimidad del momento. ¨DTiene que haber sido duro tener que call¨¢rtelo. ¨DRetir¨® uno de los mechones que tapaban mi cara y me lo puso detr¨¢s de la oreja. ?Estaba ocurriendo de verdad? No eran imaginaciones m¨ªas, ?estaba ocurriendo!¨D. Ya es suficiente carga como para no poder compartirla con tu mejor amigo, ?no? Y yo aburri¨¦ndote con mis chorradas mientras tanto. Quiz¨¢ mis deseos y mi misi¨®n no se contradec¨ªan tanto. Al fin y al cabo, ten¨ªa la bendici¨®n de mi maestra, ?no? ¨DSon tus chorradas las que han hecho estos a?os m¨¢s llevaderos, imb¨¦cil. ¨DNot¨¦ c¨®mo los ojos se me empa?aban un poco¨D. Ese peque?o rato de Messenger era lo que me manten¨ªa con ganas de seguir adelante entre tanto estudio y entrenamiento. En Atecina solo hay viejos y gatos, as¨ª que tampoco es que pudiera hacer nuevos amigos all¨ª. Contaba los d¨ªas para las visitas de Norma y lo que me quedaba para poder volver aqu¨ª si todo sal¨ªa bien. ¨DPues yo te imagino liderando un ej¨¦rcito de gatetes usando raspas de sardinas f¨¢cilmente. Se me salt¨® un lagrim¨®n de la risa. Las payasadas de El¨ªas no siempre daban en el blanco, pero cuando lo hac¨ªan, eran casi terap¨¦uticas. Por suerte, hab¨ªan estado llegando igual de bien por tel¨¦fono. C¨®mo no iba a sentirme yo misma con ¨¦l. ¨DEl no poder contarte que estaba ?domando un demonio? era una mierda. Que me prohibieran venir a verte por si acababa flotando en el aire con el pelo iluminado era una mierda. Saber que podr¨ªa estar ayudando a mi t¨ªo y a Norma, pero tener que quedarme en casa porque el maldito glitch me dominaba a las primeras de cambio era una mierda. Hablar contigo era lo ¨²nico que me salvaba el d¨ªa. Gracias, Eli. No lo habr¨ªa hecho sin ti. Claro que le quer¨ªa. ?C¨®mo no iba a hacerlo? ¨DNo me jodas, haberte visto flotando en el aire con tu espada y tu escudo tan molones hubiera sido la hostia. ¨DAprovech¨® la risilla para atraerme poco a poco hacia ¨¦l y dej¨® su frente sobre la m¨ªa. La distancia que nos separaba podr¨ªa calificarse como ?peligrosa? y mi pecho lo sab¨ªa¨D. Siento no haber podido apoyarte en esos momentos. Pero ya est¨¢s conmigo. Ya soy parte de ese mundo tuyo, como t¨² dices. Estoy aqu¨ª, Vero. Ahora, no tienes por qu¨¦ esconder nada. Me estir¨¦ un poco m¨¢s hacia arriba. Quer¨ªa estar a¨²n m¨¢s cerca de ¨¦l. Decirle todo lo que le estaba ocultando. Algunas cosas que incluso yo misma me quer¨ªa ocultar. ¨DQuiero ayudarte, Vero ¨Dsuspir¨®. Sent¨ª su aliento directamente sobre mis labios, lo que hizo que me temblaran las piernas¨D. Pero para ello necesito que conf¨ªes en m¨ª. Joder, estoy tirando kames para tener la oportunidad de combatir demonios junto a ti. ?Qu¨¦ m¨¢s necesitas? Se mordi¨® el labio inferior unos instantes. Aunque lo hiciera con torpeza y por indecisi¨®n, me pareci¨® tremendamente atractivo. Quer¨ªa culpar a Norma por sugestionarme tanto, pero por una vez admit¨ª que todo eso sal¨ªa de m¨ª. Y me sent¨ª bien por haberlo hecho. ¨DVale, quiz¨¢ me hubiera gustado aprenderlo aunque no estuvieras involucrada. Tirar ca?onazos desde las manos siempre ha sido mi sue?o. Pero... ?Crees que un vago como yo se matar¨ªa en un entrenamiento as¨ª como as¨ª? Ya s¨¦ que a veces soy poco m¨¢s que un payaso, pero lo dar¨ªa todo por verte sonre¨ªr como ahora mismo. ¨DCalla ¨Davergonzada, sise¨¦ con tal fuerza que se vio obligado a obedecer¨D. Y m¨ªrame. M¨ªrame sonre¨ªr. Esta curva en mis labios es cosa tuya. Y siempre lo ha sido, pedazo de idiota. Cerr¨¦ de nuevo los ojos. Eli segu¨ªa dejando escapar su c¨¢lida y motivadora energ¨ªa y yo me sent¨ªa capaz de dar el salto. Solo hab¨ªa unos pocos cent¨ªmetros entre sus labios y los m¨ªos. Despu¨¦s de lo que me hab¨ªa dicho, era imposible negar lo que sent¨ªa. Y ten¨ªa la sensaci¨®n de que ¨¦l tambi¨¦n lo compart¨ªa. Mi coraz¨®n me estaba pidiendo a gritos que redujera esa distancia a cero y mi cuerpo quer¨ªa obedecer. Pero el universo no parec¨ªa estar muy de acuerdo. El tel¨¦fono de El¨ªas vibr¨® tan fuerte que fui capaz de notarlo a trav¨¦s de los escasos puntos de contacto de nuestros cuerpos. Intent¨¦ dejarlo pasar. Fingir que la sacudida no hab¨ªa roto el encantamiento al que me ten¨ªa sometida su c¨¢lida aura. Sin embargo, el estridente tono de mensaje que lo acompa?¨® termin¨® por asesinar el momento. Cuatro notas que iba a odiar el resto de mi vida. Pod¨ªa recuperarme. Pod¨ªa haber seguido adelante, al fin y al cabo. Pero me asust¨¦. Di un peque?o salto para atr¨¢s, tom¨¦ en una inspiraci¨®n el aire que el temblor de mi pecho me hab¨ªa estado arrebatando esos ¨²ltimos instantes y permit¨ª a mi amigo, a¨²n congelado en el momento, que revisara su correspondencia. ¨DEs Norma ¨Dexplic¨®, ense?¨¢ndome la pantalla. Su expresi¨®n parec¨ªa algo descolocada¨D. Parece que ha dado con Zack. Joder, s¨ª que es buena investigando. Ni veinticuatro horas le ha tomado. Dice que puedo llamarle si quiero. ?Qu¨¦ hago? ?Rebobinar el tiempo unos segundos e ignorar el mensaje, imb¨¦cil?. ¨DBueno... ¨DMe encog¨ª de hombros con la rigidez que hubieran tenido si el jarro de agua fr¨ªa que hab¨ªa ca¨ªdo sobre m¨ª fuera literal y no metaf¨®rico¨D. Por lo que me dijiste, te debe una pizza. As¨ª que, ?por qu¨¦ no? Mientras el estudiante se qued¨® mirando el SMS buscando una forma adecuada de abordarlo, yo empec¨¦ a componer uno en mi propio terminal: ?Norma, voy a matarte. Luego te llamo para contarte por qu¨¦, pero que sepas que pienso matarte?. Cap铆tulo 11, por El铆as Delf铆n (parte 1) Despu¨¦s de una buena consulta con la almohada y al menos media hora frente al teclado num¨¦rico pensando c¨®mo abordar el mensaje sin parecer un acosador que se saca datos personales de la chistera decid¨ª que no hab¨ªa una forma sencilla de dar explicaciones, as¨ª que solt¨¦ todo el aire de mis pulmones de una vez y puls¨¦ el bot¨®n de ?enviar?. ¨DEy, Zack! Soy Elias, perdona x tardar tanto en escribir. T fuiste rapido kmo para pedirte el num. Pude cnseguirlo por otros medios jeje :) ¨DEliii <3! ¨DLa respuesta tard¨® tan poco en llegar que a¨²n sosten¨ªa el tel¨¦fono entre mis manos¨D. Jeje perdona, soy 1 desastre xd. M alegro un mnton de saber d ti. El mensaje lleg¨® dividido en partes, por lo que mientras lo le¨ªa, la notificaci¨®n se replic¨® varias veces. Vero, que estaba tirada en el sof¨¢ jugando a Kingdom Hearts con su pijama de Stitch y cara de necesitar un segundo caf¨¦, gru?¨® con desgana ante el pitido incesante. Silenci¨¦ el tel¨¦fono, pero la vibraci¨®n tambi¨¦n parec¨ªa molestarle. ¨DD verdad q lo siento! D echo, pense en ir a la facul a buscarte esta semana x si acaso pero con los d¨ªas de fiesta... ¨DOtro mensaje m¨¢s¨D. N fin! Bien sta lo q bien acaba, no? Ya m tienes n tu lista :F. Ns vemos pronto? ¨DM suena k me sigues debiendo una pizza :D. ¨DDecid¨ª responder¨D. T viene bn pasar al msger? M keda poco saldo xd. ¨DVnga ^_^. ¨DSolo eran tres caracteres, pero ese emoticono sonriente me contagi¨® la alegr¨ªa¨D. Voy al pc... *zumbido* *zumbido* El tel¨¦fono tard¨® un minuto en vibrar de nuevo. ¨DJoder soy imbecil xdddd. ¨DSe le¨ªa en el mensaje¨D. Mi cuenta nueva es zakinator_85. Tngo otra mas vieja pero mejor esta :<. ¨DAnda, del ochenta y cinco ¨Dapreci¨¦ en voz alta¨D. Solo un a?o menor que yo, entonces. ¨D?Ya has terminado con los pitidos del demonio? ¨DVero no parec¨ªa muy contenta, pero se desquitaba que daba gusto atizando a la oscuridad con una llave gigante¨D. Menos mal. ¨D?Est¨¢s bien, Vero? Puls¨® el bot¨®n de pausa y me ech¨® una mirada de arriba abajo, escudri?¨¢ndome. En alg¨²n momento, se rindi¨® y dibuj¨® media sonrisa tristona en sus labios. ¨DEse chico te tiene que estar esperando. ¨DDej¨® su cabeza caer sobre mi pecho y solt¨® una exhalada larga¨D. Venga, corre al ordenador, que te esperan. ¨DPero, ?c¨®mo...? ¨DEstabas leyendo los mensajes en voz alta, idiota. ¨DTir¨® del cuello de mi bata, pero no tard¨® en destensar su agarre¨D. Anda, venga, que quiero seguir jugando. Estoy a punto de llegar a la parte del ?Kairi, open your eyes? y no quiero tener que escucharla cinco veces porque me distraigas. Suspir¨¦. Las cosas segu¨ªan algo tensas tras el momento ¨ªntimo del d¨ªa anterior, por mucho que hici¨¦ramos el esfuerzo de mantenernos como si nada, echando el domingo tirados con una manta. Saber c¨®mo reaccionar a algo as¨ª no era una de mis habilidades personales y ten¨ªa la sensaci¨®n de que cualquier cosa que hiciera al respecto iba a empeorar la situaci¨®n. ¨DDime algo, anda ¨Dsusurr¨¦, aunque mis palabras no llegaron¨D. Por favor. No todos los d¨ªas te dabas cuenta de que una din¨¢mica de toda la vida hab¨ªa cambiado de forma irremediable. Haber pasado de encerrarte d¨ªa s¨ª, d¨ªa tambi¨¦n en la salita de tu casa para jugar a Worms 2 a estar a un par de segundos de besarla en ese mismo lugar era algo que te hac¨ªa cuestionarte el sentido de la vida, el universo, y todo lo dem¨¢s. ¨DTienes raz¨®n, deber¨ªa contestarle ¨Dme atrev¨ª a decir en voz alta. Sin darme cuenta, a mis manos se le escaparon una caricia furtiva que hizo que la muchacha se estremeciera¨D. Adem¨¢s... Eso tambi¨¦n os va a ayudar con la investigaci¨®n, ?no? *** Pocas veces hab¨ªa ca¨ªdo con m¨¢s fuerza la Ley de Murphy como aquella semana. Aunque los trabajos que hab¨ªan empezado a pedir todos los profesores a la vez eran pan comido, Norma se hab¨ªa pasado casi todo el d¨ªa respir¨¢ndome en la nuca para ayudarme a ?dar forma a esa birria de art¨ªculos que hab¨ªa escrito?. Adem¨¢s, su opini¨®n sobre mi control de la energ¨ªa era a¨²n peor que el de ?birria?, claro. Cuando pensaba que empez¨¢bamos a congeniar. Al llegar a casa me quedaban pocas ganas para arriesgarme a encontrar un glitch jugando. As¨ª que, por sorprendente que pudiera parecer, me pas¨¦ cinco d¨ªas seguidos sin tocar ni un videojuego y mis noches se limitaban a entrar en modo ahorro de bater¨ªa, echarme una manta, ver algo de anime, chatear con Zack y esperar a Vero. Aunque llegaba cada vez m¨¢s tarde, no me quedaba tranquilo si me iba a dormir antes de darle las buenas noches. This book is hosted on another platform. Read the official version and support the author''s work. Por suerte, el s¨¢bado fue m¨¢s benevolente y pude cobrarme la pizza pendiente que me deb¨ªa el domador de glitches. Dos en punto, en la puerta del Velocidad Pizz¨®nica. Estaba claramente nervioso: quiz¨¢ por los asuntos sin resolver con Vero, quiz¨¢ por lo r¨¢pido que hab¨ªamos encajado en unas pocas charlas nocturnas... O quiz¨¢ porque sus palabras de esa misma ma?ana lo hicieron parecer demasiado como una cita. Y cuando lo estaba, llegaba mucho antes a los sitios. ¨DBueno, seguro que es tan payaso como yo ¨Dsuspir¨¦ con fuerza, echando un vistazo a la mascota de la pizzer¨ªa: un p¨¢jaro verde con patines que sujetaba una caja con una mano mientras pon¨ªa los dedos de la otra en forma de pistola¨D. Si no lo fuera, seguro que no me habr¨ªa tra¨ªdo aqu¨ª. Mis dedos bailaron por el teclado del tel¨¦fono, intentando esbozar un mensaje, pero no ten¨ªa claro qu¨¦ decir ni a qui¨¦n. Quiz¨¢ solo quer¨ªa parecer ocupado frente los transe¨²ntes. O mantener ociosa mi mente. Aunque quiz¨¢ para eso ser¨ªa mejor una partidita al Snake, ?no? ¨D?Ey! ¨DUna voz familiar hizo que la serpiente se chocase contra un muro¨D. ?Eli! ?Perdona el retraso! Marina necesitaba el coche esta tarde, as¨ª que me ha tenido que traer y cuando me ha visto con esta facha ha dicho que ni de co?a me presentaba a una cita as¨ª. Dej¨¦ caer el m¨®vil del sobresalto. Por suerte, los Nokia 3310 siempre hab¨ªan sido famosos por su resistencia. Despu¨¦s de recogerlo, ech¨¦ la mirada hacia arriba para encontrarme con dos ojos tan enormes como llamativos que me miraban con mucha curiosidad. Zack no parec¨ªa de esas personas que respetaran el espacio personal, pero poder verle tan de cerca hac¨ªa que no me importara. Ven¨ªa sorprendentemente guapo como para tomar una pizza a un local con recreativas y ni?os gritones. Eso s¨ª, manten¨ªa el mismo estilo holgado de la ¨²ltima vez, solo que algo m¨¢s recargado: en lugar de una sudadera enorme, ahora llevaba un bonito jersey lleno de relieves. Era tan grande que le costaba sacar las manos de ¨¦l, pero tambi¨¦n le ayudaba a llevar el cuello lo suficientemente amplio como para que dejara algo de espacio para que se viera su gargantilla. Tambi¨¦n me fij¨¦ en que una ri?onera a juego cruzaba su pecho y... Eh, ?hab¨ªa vuelto a pronunciar la palabra cita? Al verme desorientado, toc¨® mi nariz como si de un timbre se tratara. Lo acompa?¨® con un ?ding, dong? lleno de musicalidad. ¨DPerdona, t¨ªo. ¨DMe recompuse, aunque no pod¨ªa dejar de fijarme en c¨®mo sus iris brillaban en siete colores¨D. Me has dejado un poco loco con eso de... ¨D?Ah, s¨ª! ¨DSe rasc¨® la cabeza. Su ment¨®n escap¨® del jersey para mostrarme una sonrisa que me pill¨® totalmente desarmado¨D. Pero p¨¢rame mientras hablo si no entiendes algo, ?va? A ver, por d¨®nde empiezo... ?Ah! Marina. ?No te hab¨ªa hablado de mi hermana gemela? ?Ah, claro que no! Menudo despistado, una semana de ch¨¢chara y se me olvida mencionarte a mi hermanita. Le tengo mucho cari?o, pero a veces es un poco... No s¨¦. ?Y t¨²? ?Tienes hermanos? ¨DN-no. ¨DAcompa?¨¦ la negaci¨®n con un vaiv¨¦n de mi cabeza, intentando volver en m¨ª¨D. Soy hijo ¨²nico. Aunque bueno, ya sabes... Vero siempre ha sido como una hermana para m¨ª... Mala elecci¨®n de palabras. ¨D?Tu compa?era de piso? ¨DBalance¨® sus hombros hacia sus lados. No parec¨ªa capaz de quedarse quieto¨D. ?Ay! Con todo lo que me has hablado de ella, estoy deseando conocerla. ?A ver si quedamos los tres pronto! Algo me dec¨ªa que eso era una idea horrible, pero me lo call¨¦. ¨DNos conocemos desde muy peque?os, s¨ª. ¨DDej¨¦ caer un suspiro¨D. Aunque est¨¢n las cosas un poco raras ¨²ltimamente. Ya sabes. No le hab¨ªa dado demasiados detalles de lo que pas¨® (o no pas¨®) durante su cumplea?os a nadie, pero necesitaba soltar algo de la presi¨®n por alg¨²n lado y cualquier persona que nos conociera sabr¨ªa unir las flechas. As¨ª que las opciones se reduc¨ªan a un pu?ado de jugadores de Magic de la universidad o a alguien capaz de inspirarme un mont¨®n de confianza desde el d¨ªa uno. La elecci¨®n era obvia, pero aun as¨ª me ahorr¨¦ m¨¢s de la mitad de los detalles. ¨DAy, s¨ª. ¨DAgach¨® la cabeza un instante, pero no se permiti¨® dejar caer sus ¨¢nimos ante la idea¨D. ?No has podido hablar con ella? Jo. Sea lo que sea lo que ten¨¦is pendiente, ?la gente se entiende hablando! ¨D?Con esa cara de zombi que trae todas las noches? ¨DY, a¨²n m¨¢s importante, ?con la naturaleza de la conversaci¨®n que ten¨ªamos a medias?¨D. No me he atrevido. ¨D?En fin! ?Listo para la cita? ¨DMe tendi¨® la mano y pareci¨® divertirse con c¨®mo me hab¨ªan subido los colores¨D. ?Allons-y! ¨D?E-espera! ¨DCruc¨¦ los brazos por delante de mi cara de una forma exageradamente c¨®mica¨D. Cre¨ªa que estabas de broma con eso. Que hab¨ªamos quedado para... Bueno, hablar de cosas. De juegos, de glitches, de... Todo eso. ¨D?Por qu¨¦ iba a bromear sobre eso? ¨DJuguete¨® con uno de los mechones que se escapaban de su coleta¨D. Y, bueno, ni que fuera incompatible una cosa con la otra, yo qu¨¦ s¨¦. ?Ay! ?Perdona! Si no te gustan los chicos y solo esperabas quedar con un colega lo entiendo, ?eh? Joder, si es que voy asumiendo y corriendo tanto que... ¨DNo, no. ¨DAlgo me empuj¨® a aceptar su mano¨D. Est¨¢ bien, Zack. Quiero decir, en ese aspecto. No tengo ning¨²n problema en tener una cita con un chico, si es lo que preguntabas. Aunque grata, es una sorpresa. Su mano estaba algo fr¨ªa al tacto, pero sent¨ª algo de su energ¨ªa fluir por ella, como ya me hab¨ªa pasado con Vero. Evidentemente, algo as¨ª iba a hacer a?icos la poca templanza que me quedaba y a dejarme como un tomate, pero intent¨¦ con la mayor entereza posible mantener mi cara de p¨®ker. Como no lo consegu¨ª, intent¨¦ recurrir a mi plan por omisi¨®n: ser un payaso. Sorprendentemente, ni siquiera logr¨¦ tener la oportunidad de salvarme con una chanza, pues el chico decidi¨® interrumpirme a mitad de mi primera s¨ªlaba. ¨DGenial, eso quiere decir que tengo alguna oportunidad contigo. Me gusta. ¨DEsboz¨® una sonrisa p¨ªcara¨D. ?Jo, perdona si te intimido! Poco a poco, Zack. Poco a poco. ?Entramos a comer? Le mir¨¦ en silencio. Solo le respond¨ª con una sonrisa. No porque quisiera parecer un t¨ªo guay y fr¨ªo, no. No hab¨ªa m¨¢s que verme la cara para darse cuenta de que eso era pr¨¢cticamente imposible. No, fue porque ten¨ªa la cabeza hecha una mara?a de dimensiones antol¨®gicas y a¨²n ten¨ªa el momento del casi beso muy v¨ªvido en mis recuerdos como para que el ?Here comes a new challenger? de Street Fighter resonara con tanta fuerza en mi cabeza por culpa de esa endiablada sonrisa. ¨D?Venga, va! ¨DTir¨® de mi brazo. Se hab¨ªa cansado de esperar en menos de medio minuto¨D. ?Tengo un agujero enorme en las tripas! ?Una hawaiana? Cap铆tulo 11, por El铆as Delf铆n (parte 2) No tardamos en pillar una mesa. Al lado de una recreativa de Time Crisis y una de Sonic the Fighters, al menos tendr¨ªa una salida r¨¢pida para charlar si la conversaci¨®n se estancaba, aunque el muchacho no me daba la sensaci¨®n de que eso fuera una posibilidad. Definitivamente, a Zack no parec¨ªa que se le acabaran los temas de los que hablar. En lo que tardaron en servirnos la pizza, ya hab¨ªa aprendido m¨¢s de ¨¦l que en una semana de mensajes, emoticonos animados y zumbidos, pero era incapaz de cansarme de todo lo que ten¨ªa que decir. Al parecer, era estudiante de qu¨ªmica (y no perdi¨® el tiempo para insinuar que, con todo lo que sab¨ªa del tema, pod¨ªa certificar que de eso no nos faltaba). Viv¨ªa a las afueras de la ciudad con su familia y, aunque le gustaba el ambiente hogare?o, siempre hab¨ªa tenido curiosidad por c¨®mo ser¨ªa independizarse. Aseguraba que no tendr¨ªa problema alguno en la cocina y, que cuando quisiera, me lo demostraba. Tambi¨¦n me habl¨® un poco de su infancia, pero algo me dec¨ªa que ah¨ª estaba omitiendo detalles a prop¨®sito. ¨D?Y c¨®mo te metiste en esto de cazar demonios? ¨DDe repente, hizo que la conversaci¨®n diera un salto mortal triple¨D. Quiero decir, cuando te conoc¨ª hab¨ªas invocado uno. Vale, s¨ª, fue con mi energ¨ªa, pero pod¨ªas verlo. ?Jo, eso mola mucho! ?No todos los d¨ªas encuentro a alguien que pueda! ¨DSobre eso... ¨DMe acab¨¦ el refresco de un trago. Di la vuelta al servilletero para que lo rellenaran¨D. ?Por qu¨¦ no ocultas tu aura en p¨²blico? Alg¨²n ni?o se va a llevar el susto de su vida. Cr¨¦eme, s¨¦ lo que es eso. ¨D?Puedes hacer eso? Primera noticia. ¨DAlz¨® los brazos para mir¨¢rselos¨D. Espera, ?est¨¢s vi¨¦ndola ahora mismo? No pod¨ªa verla, solo pod¨ªa sentirla, pero esa distinci¨®n daba igual. Fuera como fuera, la descarga era tenue y mis ojos a¨²n no estaban tan entrenados como deber¨ªan, por lo que necesitaba usar la Vista. ¨DTe va a juego con las u?as ¨Dse?al¨¦. De repente, el hasta entonces compuesto y vivaracho chaval solt¨® un resuello de sorpresa. ¨D?C¨®mo has hecho eso? ¨DEch¨® el cuerpo hacia delante¨D. ?T¨ªo! ?Qu¨¦ mirada m¨¢s intensa! ?Se me ha congelado la sangre! No estaba dispuesto a admitir que la mirada no ten¨ªa nada que ver con la definici¨®n de los poderes: simplemente era fruto de la concentraci¨®n que necesitaba para activarlos. Llevar la delantera me hizo dibujar media sonrisa en mis labios. ¨D?No es una habilidad b¨¢sica? ¨DPara m¨ª, no. ¨DSe encogi¨® de hombros y ense?¨® el dispositivo que llevaba en el brazo¨D. A m¨ª solo me han ense?ado a utilizar este cacharro y a cuidar a los demonios. Pero si tus formas son distintas, ?estar¨¦ encantado de aprender! ¨DYa te dije que no ser¨ªa muy buen profesor ¨Dsolt¨¦ una risotada¨D. Llevo poco m¨¢s de una semana con esto. Aunque bueno, quiz¨¢ pueda presentarte a mi mentora un d¨ªa de estos. ¨D?Vale! ¨Dsonri¨® de oreja a oreja¨D. Oh, aqu¨ª est¨¢ la pizza. Fant¨¢stico. Atac¨® la primera de las porciones con una sorprendente elegancia. Pocas veces ve¨ªas a alguien en un sitio as¨ª usar cuchillo y tenedor, pero por alg¨²n motivo, el que lo hiciera me empujaba a imitarle. ¨¦l se dio cuenta y me inst¨® a hacerlo de la forma habitual. Tal fue mi suerte que acab¨¦ manch¨¢ndome la manga con salsa de tomate por culpa de un jugador cercano que bland¨ªa ambias pistolas del arcade cercano de una forma excesivamente entusiasta. No estaba yendo tan mal, ?verdad? ¨DEntonces, por asegurarme... ¨DVolvi¨® a se?alarse a la mu?eca¨D. No sabes qu¨¦ es esto, ?verdad? El GLMP. Glitch Computer, no se calentaron mucho la cabeza al ponerle nombre. Permite ¨Dpar¨® para buscar las palabras m¨¢s claras¨D devolver los glitches a una forma original, supongo. Una vez hecho, se puede purificar su corrupci¨®n y usar a nuestro favor. De hecho, si encuentras alguno ben¨¦volo, te¨®ricamente podr¨ªas hacerlo sin m¨¢s. ¨DEh, espera. ¨DExtend¨ª la mano hacia delante. Me vi tentado a examinar el dispositivo de su antebrazo, pero la verg¨¹enza me invadi¨®¨D. ?Qu¨¦ quieres decir con eso de ?devolverlos a su forma original?? Ni que fuera una carta de Clow. ¨DNo es tan raro. ¨DAl ver que me hab¨ªa achantado, se inclin¨® un poco m¨¢s hacia m¨ª, pero me cost¨® aceptar la invitaci¨®n impl¨ªcita¨D. Vienen de un entorno digital, as¨ª que solo hay que devolverlos a ceros y unos. Alimentas el ordenador con tu propia energ¨ªa espiritual para que todo funcione y ya, me parece bastante l¨®gico. Luego les haces debug y est¨¢n listos para soltarlos o usarlos en combate. ¨D?Y de d¨®nde salen esos ordenadores? ¨DRoc¨¦ la m¨¢quina con el dedo ¨ªndice. Los botones se iluminaron ligeramente durante un instante¨D. Me refiero, a m¨ª me han presentado todo esto como algo espiritual, unos demonios, fuerzas de la naturaleza a las que combatir con nuestro esp¨ªritu y nuestra mente. Como algo que puede destruirnos si nos despistamos. ¨DNo es incompatible. ¨DSe apart¨® otra porci¨®n m¨¢s. Parec¨ªa sorprendentemente acostumbrado a esto¨D. Que vengan del c¨®digo no quiere decir que todo ese tema espiritual no tenga sentido. Vaya. Sea como sea, respondiendo a tu pregunta... los ha hecho un amigo. Es bueno con las m¨¢quinas. Podr¨ªa pedirle que te hiciera uno si eso. Seguro que est¨¢ encantado de conocer a un domador m¨¢s. No sab¨ªa qu¨¦ responder. S¨ª, Norma me hab¨ªa dado permiso para hablar con Zack, incluso para vernos cara a cara y preguntarle por su poco ortodoxa forma de controlar glitches. Pero todo lo que me estaba contando me ol¨ªa un poco a chamusquina. Como dec¨ªan en mi gremio, ?olfato period¨ªstico?. ?Ten¨ªa que tomar un poco de distancia y dejar a los veteranos hacer su trabajo antes de aceptar una oferta as¨ª? Taken from Royal Road, this narrative should be reported if found on Amazon. Por otro lado, los ojos arco¨ªris del chico y su sonrisa sempiterna me inspiraban confianza. Alguien como ¨¦l no pod¨ªa estar metido en algo malo. Y, si lo estuviera, mi coraz¨®n me instaba a no dejarle solo. Le di la mano (aunque, para ser justos, quiz¨¢ deber¨ªa haberme quitado los restos de harina primero) e hice acopio de fuerza para aceptar su propuesta: ¨D?De acuerdo! ¨DQuiz¨¢ el tono se hubiera pasado de en¨¦rgico, pero no levant¨¦ demasiado la voz para no alertar al resto de comensales¨D. ?Me interesa aprender m¨¢s sobre vuestras formas! ?Y har¨¦ lo que pueda porque t¨² aprendas sobre las nuestras! Al fin y al cabo, llevar el grifo espiritual abierto puede ser un problema bien gordo. Zack se qued¨® mir¨¢ndome durante unos instantes. Era raro dejarle sin respuesta. ?Hab¨ªa sido demasiado entusiasta? Eso era imposible. Al menos, en comparaci¨®n. Ten¨ªa que aligerar el ambiente y ten¨ªa que hacerlo r¨¢pido, pero cuando me di cuenta de la forma en la que mis manos envolv¨ªan a la suya, mis procesos mentales se vieron sustituidos por los chirridos que pod¨ªan emitir un m¨®dem de 56k. Por suerte, no tard¨® mucho m¨¢s en reaccionar. ¨DEli. ¨DMe dedic¨® una mirada que no fui capaz de entender. Tampoco me import¨®¨D. Tienes tomate en las comisuras de los labios. Liber¨® sus manos sin decir una palabra m¨¢s, cogi¨® una servilleta, se tom¨® la libertad de limpiarla con una toallita h¨²meda y entonces, y solo entonces, empez¨® a re¨ªr como un descosido. No ayudaba que me hubiera quedado congelado en el sitio con un color en la cara que podr¨ªa disimular perfectamente la mancha que hab¨ªa limpiado. ¨DVenga, va. ¨DDecidi¨® quitarle hierro al asunto, todav¨ªa con un lagrim¨®n de la risa¨D. Se lo dir¨¦, qu¨¦ menos. ?Echamos unas partidas a algo? ¨D?Y arriesgarnos a romper alg¨²n juego y tener invitados sorpresa? ¨D?Estas maquinitas viejas que tienen miles de partidas al d¨ªa en todo el mundo? ¨DEncogi¨® los labios hacia el lado¨D. Ya hay que tener mala suerte para encontrar un error desconocido. A ver si traen de una vez el nuevo Out Run. Por ese, no me molestar¨ªa tener que enfrentarme a uno o dos bichos. ¨DVisto as¨ª, tienes raz¨®n ¨Dle conced¨ª¨D. ?Va! ?Qu¨¦ te apetece? ¨D?Un Irate Alleys! ¨Dexclam¨®, se?alando la m¨¢quina¨D. Un ?yo contra el barrio? de toda la vida siempre entra bien. ?Te han dicho alguna vez que te das un aire al prota? ¨DAlguna vez ¨Dsolt¨¦ una carcajada y le pas¨¦ un brazo por encima del hombro¨D. Alguna vez. *** La cita fue tan bien que logr¨¦ olvidarme de que era una. M¨¢quinas recreativas, una vuelta por el centro comercial, un caf¨¦ que hizo que las tornas cambiaran y tuviera la oportunidad de extenderle algo de nata por la nariz. Estaba bien eso de equilibrar la balanza y verle sonrojado por una vez. Despu¨¦s volvimos por el camino del parque y nos sentamos en el portal de mi casa con una bolsa de pipas. ¨DPuedo llevarte a casa si tu hermana est¨¢ liada ¨Dle suger¨ª¨D. Est¨¢ empezando a hacer fr¨ªo. O, al menos, d¨¦jame subir a por una chaqueta o algo para ti. ¨D?No puedes usar la energ¨ªa esa para mantenernos calentitos? ¨DResopl¨®. Unos mechones revolotearon brillando en plata a la luz de la farola¨D. Antes me lo pareci¨®. Directo. Me gustaba. ¨D?Te lo pareci¨® de verdad o es una t¨¦cnica barata para ligar conmigo? ¨DLe dediqu¨¦ una fugaz mirada de reojo¨D. Porque est¨¢ funcionando. Probemos. En efecto, cruzar auras era una sensaci¨®n tan c¨¢lida como me hab¨ªa resultado con Vero. De alg¨²n modo, pod¨ªa intuir los sentimientos que flu¨ªan con su energ¨ªa. Aunque era curioso: era mucho m¨¢s sencillo entender los de mi amiga de la infancia. Los de Zack parec¨ªan como enmara?ados, llenos de impurezas. Por suerte, la franqueza de sus palabras era capaz de llegarme en todo momento. ¨DEs que soy encantador. ¨DPesta?e¨® varias veces, mir¨¢ndome directamente a los ojos¨D. Gracias, Eli. Me he divertido mucho contigo hoy. Hac¨ªa tiempo que no conoc¨ªa a alguien tan... Como yo, supongo. Ya s¨¦ que soy un poco echado para delante, pero bueno, es bastante dif¨ªcil conocerse a uno mismo como para pon¨¦rselo complicado a los dem¨¢s, ?no crees? Como no sab¨ªa qu¨¦ responder a una reflexi¨®n tan profunda sobre la humanidad y ten¨ªa al muchacho demasiado cerca como para poder o¨ªr c¨®mo le lat¨ªa el coraz¨®n, salt¨¦ a la chanza f¨¢cil. ¨DCuidado, chico. Se te van a caer las lentillas si sigues as¨ª ¨Dle asegur¨¦¨D. Me ha pasado alguna vez. ¨D?Qu¨¦? ?Lentillas? ¨DAlz¨® la barbilla para mirarme, de nuevo, frente a frente. Me distraje por un momento con sus brillos¨D. No llevo de eso. ¨DS¨ª, claro ¨Dsolt¨¦ aire entre los dientes¨D. Me vas a decir que has nacido con esos ojos tan bonitos. ¨DGracias por el cumplido. ¨DJuguete¨® con uno de sus mechones sueltos¨D, pero s¨ª: son m¨ªos. Puedes perderte en ellos todo lo que quieras, te doy permiso. ¨DVenga ya. ¨DLos examin¨¦ mucho m¨¢s de cerca, intentando distinguir el punto en el que empezaba la lente¨D. Es imposible. ?Cu¨¢l es el truco? El muchacho asever¨® su expresi¨®n durante unos instantes. Una curva delicada le acompa?¨® en sus labios para que tuviera claro que no quer¨ªa aleccionarme, sino jugar conmigo. No obstante, la cara de pazguato que se me qued¨® debi¨® ser antol¨®gica, porque no pod¨ªa guardarse la risilla. ¨DTe voy a decir dos cosas, Eli. ¨DRoz¨® ligeramente mi labio inferior, pero segu¨ªa tan sumido en mis pensamientos que ni me di cuenta¨D. La primera es que, si me miras as¨ª, desde tan cerca, me va a costar mucho no saltar a darte un pico. Sus palabras rompieron el trance como un mazo pod¨ªa hacer a?icos una plancha de cristal. Aunque ten¨ªa claro que no pod¨ªa corresponderle antes de aclarar las cosas con mi amiga, solt¨¦ una risilla. ¨DGuau, directo hasta las ¨²ltimas consecuencias ¨Dsilb¨¦¨D. Me gusta. M¨¢s gente as¨ª en la vida me habr¨ªa ahorrado mucho drama. O, mejor dicho, ?si yo fuera un poco m¨¢s como t¨², no estar¨ªa haciendo da?o a Vero con mi silencio?. ¨DY, en segundo lugar... ¨DSe acerc¨® a mi o¨ªdo para susurrarme. Si lo estaba haciendo para bajarme la guardia, lo hab¨ªa conseguido: me hab¨ªa estremecido de forma totalmente visible¨D. Para ser un especialista en leyendas del videojuego, me decepcionas un poco. ?Nunca has o¨ªdo hablar del G¨®lem de Pirita? Antes de que pudiera preguntar a qu¨¦ se refer¨ªa, la puerta sobre la que est¨¢bamos apoyados se abri¨® de par en par con un zumbido. ¨DEy, El¨ªas. ¨DEra Vero quien saludaba. Esa vez el tono de g¨®tica sombr¨ªa le hab¨ªa salido perfecto¨D. Y t¨² debes ser Zack. S¨ª, eres exactamente como te imaginaba. Un placer. ¨DE-eso es. Me cost¨® reaccionar desde el suelo del portal. Por suerte, mi nuevo amigo se levant¨® de un salto y se present¨® con su entusiasmo habitual. La tensi¨®n, aunque unidireccional, se pod¨ªa cortar con un cuchillo de mantequilla, pero mi compa?era de piso fue capaz de mantener las (oscuras y artificiales) apariencias y dedicar un tiempo a Zack antes de excusarse con un recado trivial. Cuando se hubo alejado unos cuantos metros, la justifiqu¨¦: ¨DYa la ir¨¢s conociendo. ¨DGuard¨¦ el cartucho de pipas en el bolsillo de la sudadera¨D. Normalmente no es tan fr¨ªa. ¨DPero, ?qu¨¦ dices? ¨DAl muchacho le brillaban los ojos de emoci¨®n¨D. Mira que me hab¨ªas dicho cosas bonitas de ella, pero la realidad supera las palabras. ?Es guap¨ªsima! ?Y has visto qu¨¦ estilazo gasta? Bueno, claro que lo has visto, vives con ella. Ya est¨¢, decidido. ?Voy a ayudarte a arreglar las cosas con ella! Y luego, quedamos todos juntos. Cu¨¦ntame, ?qu¨¦ es lo que pas¨® exactamente? Los faros de un coche me salvaron de tener que dar explicaciones. Y menos mal, porque a saber c¨®mo demonios iba a ser capaz de hacerlo cuando ni siquiera yo sab¨ªa qu¨¦ era lo que estaba pensando. Cap铆tulo 12, por Norma Guarnido El glitch era peque?o, pero escurridizo. No parec¨ªa demasiado inteligente, pero su instinto estaba lo suficientemente afilado como para evadir cualquier arremetida. Y, habi¨¦ndolo invocado dentro del despacho, no pod¨ªa usar t¨¦cnicas de potenciaci¨®n sin el riesgo de cargarme algo y llevarme una buena bronca de Ram¨®n. ¨DVenga, bicho, colabora t¨² tambi¨¦n un poco. Invoqu¨¦ varias llamas espectrales, que empezaron a seguir a la criatura a paso de tortuga. Pero, como eran muchas y distantes, volvieron el espacio por el que revoloteaba con los propulsores de su espalda un verdadero campo de minas m¨®viles. Tras esquivar una de mis flechas de luz, el monitor que ten¨ªa por rostro el demonio se ilumin¨®. Primero, un par de im¨¢genes de Yaroze-kai, el juego del que hab¨ªa escapado. Luego, un rostro mal dibujado que reconoc¨ª como mi propia obra de arte. Vuelta contra m¨ª como burla. ¨DDibuja t¨² mejor con un rat¨®n, glitch de los cojones. Joder, ya nos pod¨ªan haber dado la copia de prensa con tableta. El mayor atractivo de Yaroze-kai era la oportunidad de crear tus propios monstruos. Desde el primer momento, Ram¨®n y yo temblamos con la idea: ya hab¨ªamos sufrido el que las criaturas virtuales se materializaran en nuestro mundo. Definitivamente, dar alas a la creatividad de los adolescentes m¨¢s descontrolados (o de adultos directamente perturbados) para crear sus propios glitches era potencialmente una locura. Adem¨¢s, la programaci¨®n inconsistente del juego hac¨ªa terriblemente f¨¢cil traer uno a la realidad una vez hubieras volcado tu imaginaci¨®n en ¨¦l y tu energ¨ªa espiritual en la sala como cebo. Sin embargo, era bastante raro que algo tan personal fuera capaz de generar un demonio tan fuerte... Y eso me preocupaba. El demonio sac¨® sendas pistolas con forma de c¨¢mara de sus cartucheras y dispar¨®. En realidad, solo se encendi¨® un piloto rojo en cada una de ellas, pero la imagen de los tubos cat¨®dicos de su rostro se reemplaz¨® por las im¨¢genes que estaba capturando. En ¨¦l, empezaron a aparecer n¨²meros que identificaban, presumiblemente, mis estad¨ªsticas de combate. ¨DPerfecto. ¨DMe relam¨ª los labios¨D. Funciona justo como esperaba. Hab¨ªa creado a ese Yaroze-kai como unidad de apoyo, as¨ª que no ten¨ªa casi ning¨²n tipo de capacidad ofensiva. El glitch que hab¨ªa nacido de ¨¦l estaba algo distorsionado respecto a mi idea original, por lo que no pod¨ªa bajar la guardia, pero ver su forma de actuar estaba confirmando todas y cada una de mis teor¨ªas del potencial del nuevo videojuego de moda. Desplegu¨¦ un par de espadas cortas en mis manos. Normalmente, no me gustaba usar armas blancas en combate (eso era cosa de Vero), pero si quer¨ªa tomar el control, necesitaba hacer uso del glitch de los ?mil cortes e¨®licos?. Con un ¨²nico movimiento de cada brazo, la punta de las hojas traz¨® una curva de energ¨ªa verdosa en el aire. El monstruo sigui¨® bailando en los cielos, sin dejar de apuntar con el ca?¨®n de su c¨¢mara en mi direcci¨®n. Cuando el lento ataque hubo cargado, cientos de copias de cada uno de los tajos de energ¨ªa empezaron a dibujarse en la sala y, con un chasquido, se lanzaron en todas direcciones. Eran tajos d¨¦biles. De hecho, en el juego en el que nacieron, eran incapaces de hacer m¨¢s que un ¨²nico punto de da?o con una probabilidad extremadamente baja de impactar. Pero su aplicaci¨®n en la vida real era similar a la que ten¨ªa en ese videojuego: esperar que al menos una docena acabara impactando para eliminar a los monstruos raros y escurridizos con poca vitalidad. En mi caso, uno de los proyectiles hizo que sus propulsores viraran el ¨¢ngulo justo como para estampar al monstruo contra el fuego fatuo m¨¢s cercano. Y, con una quemadura espectral en su cuerpo, fue incapaz de mantener el vuelo presto que le caracterizaba. Golpe a golpe, cay¨® al suelo como si se tratara de una mosca. Pero a¨²n ten¨ªa alg¨²n que otro as bajo la manga. Ten¨ªa que saberlo, se lo hab¨ªa asignado yo: si me despistaba, empezar¨ªa a teletransportarse como loco por toda la habitaci¨®n hasta que su energ¨ªa se agotara, por lo que ten¨ªa que acabar r¨¢pido con ¨¦l. Activ¨¦ otro de mis poderes, una cobertura de energ¨ªa que en su historia de origen hab¨ªa sido el brazo de un demonio y, con el impulso extra que me daba la potenciaci¨®n en las piernas, di un salto para capturarlo. ¨DHola, peque?¨ªn. ¨DMe alegr¨¦ de que nadie estuviera cerca para ver el sadismo de mi sonrisa¨D. Bienvenido a mi equipo. Devorar un glitch no era algo que se pudiera describir de forma agradable. Por muy descompensada que estuviera, era una pugna por el control dentro de tu mente, desgarrando conceptos a un nivel metaf¨ªsico que ni siquiera alguien que lo hab¨ªa hecho ya siete veces como yo llegaba a entender con claridad. As¨ª que, cuando hablaba de ello a mis pupilos, siempre les ped¨ªa que imaginaran un inmenso campo de flores y que su cabeza hiciera todo el trabajo por ellos. Exhal¨¦ con satisfacci¨®n y, cuando mi cuerpo se hab¨ªa acostumbrado a su nuevo inquilino energ¨¦tico, di un chasquido de dedos que despleg¨® una pantalla en el aire. ¨DPerfecto. *** Vero llam¨® a la puerta, pero no me dio tiempo a contestar antes de presentarse frente a mi escritorio. Sac¨® una libreta de su zurr¨®n, la tir¨® con desgana sobre la mesa y espet¨®: ¨DAqu¨ª tienes el maldito informe. ¨DDe repente, su lenguaje corporal violento se volvi¨® completamente vulnerable¨D. Nunca me vuelvas a pedir que esp¨ªe a Eli. Nunca, ?vale? No quiero volver a hacerlo en mi vida. Cambi¨¦ la sorpresa de mi cara por una calidez fraternal y me levant¨¦ a abrazar a mi hermanita, que a¨²n temblaba tras haberse enfrentado a m¨ª. ¨DLo siento, nena. ¨DLe acarici¨¦ el pelo con cari?o. A pesar de todo, no protest¨®¨D. Ya sabes c¨®mo es este trabajo. Cada uno tiene un rol y no todos son agradables. Pero no te preocupes, ya he conseguido algo para que no tengas que volver a pasar por ese mal trago. ¨DAunque no me ve¨ªa, le gui?¨¦ el ojo¨D. Pero no se lo digas a la sacerdotisa, ?vale? ¨DTe agradezco que hayas hecho lo posible por... tenerle liado. ¨DSuspir¨® antes de hundir la cabeza en mi pecho¨D. Pero, joder, ?hab¨ªa un momento peor? Dos semanas evit¨¢ndole. Dos semanas enteras sin poder hablar con ¨¦l, despu¨¦s de lo que pas¨®. ¨DSent¨ª c¨®mo se alcanzaba el collar que llevaba puesto y lo apretaba con fuerza¨D. Joder, Norma. Y teniendo que ver c¨®mo ese t¨ªo le tiraba los trastos, adem¨¢s. Si no llego a haber salido a pararlo, igual le acababa comiendo los morros delante de m¨ª. ¨DBueno, todav¨ªa est¨¢s a tiempo. ¨DMec¨ª a la muchacha en mis brazos¨D. No creo que se vayan a poder ver esta semana. El¨ªas va a odiarme por ello, pero ah¨ª tienes tu oportunidad. ¨DTe est¨¢s divirtiendo con esto, ?verdad? ¨DSin soltarse de m¨ª, me dio un pu?etazo en el pecho¨D. Ahora entiendo por qu¨¦ te llamaban ?Agente del Caos?. Si tantas ganas tienes de drama, llama de una vez a Rosa. No dign¨¦ ese comentario con una respuesta, pero s¨ª que dej¨¦ que el silencio se llevara esas ¨²ltimas palabras en el aire. ¨DEn fin, leamos tu informe. ¨DLe di una palmadita en el pelo antes de separarme¨D. ?Algo que a?adir antes de...? ¨DQue me da pena odiar a ese t¨ªo ¨Devit¨® mi mirada¨D. A pesar de todo, parece un buen chico. Tom¨¦ asiento, ofrec¨ª unos caramelos a mi pupila y empec¨¦ a leer con calma las notas de la libreta. Como ve¨ªa que el silencio la empezaba a enervar, empec¨¦ a se?alar algunos de sus pasajes en voz alta para que viera su trabajo bien valorado. ¨DLa relaci¨®n del patr¨®n ocular con el Efecto Pirita ha sido confirmada por el sujeto. A juzgar por alguno de sus comentarios, la falta de pigmentaci¨®n de su pelo podr¨ªa tambi¨¦n estar derivado de ¨¦l. ¨DLe o¨ª mencionar al G¨®lem de Pirita, s¨ª. ¨DDesliz¨® parte de su cuerpo por el escritorio¨D. Es totalmente consciente de que sus poderes vienen de ah¨ª. ¨DTiene una hermana gemela que tambi¨¦n parece involucrada en el caso. Marina Hern¨¢ndez ¨Dapreci¨¦¨D. S¨ª, puedo dar fe de que esto es cierto. Ensure your favorite authors get the support they deserve. Read this novel on the original website. ¨DAl parecer, fueron sus poderes latentes los que invocaron al G¨®lem a su hogar, no los de Zack ¨Dexplic¨®, aunque ya viniera en el texto¨D. No parece tan interesada en el tema como su hermano, ir¨®nicamente. ¨DCanaliza sus poderes a trav¨¦s de un dispositivo denominado Glitch Computer. ¨DS¨ª, El¨ªas me lo hab¨ªa mencionado¨D. No conoce los fundamentos espiritistas b¨¢sicos, pero el dispositivo requiere del uso energ¨¦tico para funcionar debidamente. Estos dispositivos son fabricados por un individuo llamado Seven. ¨DSeg¨²n dijo, conseguir¨ªa uno a Eli ¨Dsuspir¨® con desgana¨D. Suena peligroso, pero me las apa?ar¨¦ para estar all¨ª para protegerle. Sea como sea. ¨DSi entendemos c¨®mo funcionan, quiz¨¢ nuestro trabajo se haga m¨¢s f¨¢cil ¨Ddije, a¨²n inmersa en las l¨ªneas¨D. Aunque todos los de la redacci¨®n est¨¦n obligados a conocer lo m¨¢s b¨¢sico sobre los glitches y el esp¨ªritu, es complicado encontrar a alguien con suficiente experiencia y voluntad como para dedicarse al exorcismo... Automatizarlo es una idea muy atractiva. ¨DCuando Eli termine su entrenamiento seremos... ¨Dcont¨® con los dedos¨D. Cuatro, ?verdad? ¨DCinco, si contamos la colaboraci¨®n espont¨¢nea del bueno de Sanae. ¨DNo pude evitar soltar una carcajada al recordar c¨®mo se deshac¨ªa de los glitches potenciando cuchillos carniceros¨D. Pero s¨ª, nunca viene de m¨¢s algo de ayuda con todo esto. Y estos cacharros podr¨ªan hacerlo todo mucho m¨¢s f¨¢cil. Segu¨ª leyendo. Muchas de las cosas que comentaba solo confirmaban mis sospechas, pero algunos detalles que mencionaba Vero se me hab¨ªan escapado todo este tiempo. No obstante, fue la ¨²ltima frase la que m¨¢s pes¨® en todo el documento: ¨DPosible relaci¨®n directa con la Catedral ¨Dle¨ª en voz alta¨D. Vas a tener que explic¨¢rmelo. Aunque yo lo ten¨ªa claro, quer¨ªa saber qu¨¦ era lo que la hab¨ªa acercado a esa conclusi¨®n a ella. ¨DLlevo pens¨¢ndolo desde que os escuch¨¦ hablar sobre ese sitio ¨Dse justific¨®¨D. Como la informaci¨®n que me dais sobre el tema es a cuentagotas, he tenido que investigar por mi cuenta. S¨ª, gu¨¢rdate la bronca. Si le dices algo a mi t¨ªo le contar¨¦ qu¨¦ es lo que me has pedido que haga estos d¨ªas y lo que has estado tramando a sus espaldas. Por mucho que para ti sea estirar los l¨ªmites t¨¦cnicos de una promesa, estoy segura de que se enfadar¨¢. ¨DNo juegues con fuego, hermanita ¨Damenac¨¦¨D. Esto llega mucho m¨¢s profundo de lo que te imaginas y es dif¨ªcil protegerte de lo que entra?a si sabes m¨¢s de la cuenta. Dio un golpe en la mesa. Sus ojos le brillaron, henchidos de poder espiritual, como en aquellos momentos en los que era incapaz de controlar al glitch con el que compart¨ªa cuerpo. Las l¨ªneas luminosas que se dibujaban en sus brazos cuando invocaba sus armas se trazaron a trav¨¦s de la tela transl¨²cida de su camisa y la expresi¨®n de su rostro se torn¨® severa. ¨DLos dos sabemos que yo soy la clave, Guarnido. ¨DSu voz retumb¨® con algo de eco¨D. Si quer¨¦is salvar a ese hombre, si quer¨¦is parar la nueva invasi¨®n de Algodaoth, no pod¨¦is dejar a la chica fuera de todo esto. Tiene que conocer los eventos que acaecieron cinco a?os ha. ¨DHola, H¨¦roe. Qu¨¦ de tiempo ¨DSonre¨ª, entretenida por el giro de los acontecimientos¨D. ?Qu¨¦ tal te va la vida, macho? ¨DNo hay tiempo para trivialidades. Mi permanencia en este plano es cada vez m¨¢s extenuante. No es sino mi rol protegeros, humana. ¨DEra divertido escuchar eso de la voz y labios de Ver¨®nica¨D. El entrenamiento de mi recept¨¢culo me satisface, mas es el momento de hacerla part¨ªcipe sin cortapisas. Siento que ese lacayo sombr¨ªo est¨¢ preparando algo. El tiempo apremia. En un abrir y cerrar de ojos, la chica volvi¨® a la normalidad. Su cara denotaba cansancio y, sin mediar palabra, tom¨® uno de los caramelos que le hab¨ªa ofrecido antes y se lo meti¨® en la boca. ¨DHa vuelto a pasar, ?verdad? ¨Dse limit¨® a responder¨D. Ha venido a hablar con vosotros. Me dijo en un sue?o que lo har¨ªa m¨¢s pronto que tarde, que hay algo que necesit¨¢is saber. ¨D?A qu¨¦ te refer¨ªas con lo de la Catedral, Vero? ¨DSuavic¨¦ mucho el tono y dej¨¦ pasar algo de mi energ¨ªa a su brazo. No era buena curandera, pero al menos me dar¨ªa para unos primeros auxilios espirituales¨D. Tranquila, en ning¨²n momento pensaba en chivarme. Pero no vuelvas a amenazarme, no te pega. Se tom¨® unos instantes para reorientarse. En silencio, ve¨ªa c¨®mo el dulce bailaba por la boca de la muchacha, hinchando de tanto en cuando uno de sus p¨®mulos. Cuando hubo pasado el suficiente tiempo, se hart¨® de darle vueltas y lo termin¨® de un crujiente mordisco. ¨DLa Catedral no es un glitch. La Catedral no es un lugar. Mi teor¨ªa es que ese Zack es la Catedral ¨Ddijo, por fin¨D. Bueno, no solo ¨¦l. Todas las v¨ªctimas del G¨®lem. Y algunos chavales con potencial espiritual que se han visto arrastrados. Se han reunido y est¨¢n jugando con sus nuevos poderes. ¨DEso son palabras mayores. ¨DA?ad¨ª un par de notas a la libreta¨D. ?Sabes? No acaba de descuadrarme mis cavilaciones. Ver¨¢s, yo tambi¨¦n sospecho que la Catedral y el G¨®lem tienen una estrecha relaci¨®n. De hecho, me atrever¨ªa a aventurar que esas l¨ªneas se trazan hasta mucho m¨¢s lejos. ¨DSaqu¨¦ algunas de mis anotaciones al respecto y las le¨ª con detenimiento para asegurarme¨D. Eso s¨ª, te equivocas en algo: la Catedral tambi¨¦n es un lugar. Todo lo que me has contado no hace m¨¢s que afilar mis sospechas. Deslic¨¦ el cuaderno de octavillas por la mesa y dej¨¦ que Ver¨®nica leyera lo que hab¨ªa anotado en ¨¦l a ra¨ªz de sus averiguaciones. Era evidente que, si la Catedral estaba en alg¨²n lugar, era en el pub en el que el domador se reun¨ªa con sus ?amigos afines?. ¨DY, bueno, sobre Zack... ¨DPens¨¦ si deb¨ªa continuar hablando¨D. Recuerda que ¨¦l tambi¨¦n es una v¨ªctima, ?vale? ¨DComo dije al principio, no creo que sea un mal chico ¨Dsuspir¨®¨D. Tengo que ser profesional. No quiero que mis sentimientos interfieran. De hecho, me gustar¨ªa que hici¨¦ramos algo por ayudarle. Despu¨¦s de lo que les he hecho a Eli y a ¨¦l, se lo merece. Y, bueno... Jaime nunca me lo perdonar¨ªa si se entera de que malgasto su ¨²ltimo regalo as¨ª. ¨DTienes un coraz¨®n de oro, Vero ¨Drecorr¨ª su brazo con cari?o¨D. Eso s¨ª que es de ser una hero¨ªna. ¨DEh, no te enga?es ¨Dreplic¨® con una inusitada confianza¨D. Me lo pienso cargar igual. Pero ser¨¢ en mi terreno. ¨D?En tu terreno? ¨Ddej¨¦ escapar una carcajada¨D. No me des ideas, Ver¨®nica. No me des ideas. *** Ya era tarde en la redacci¨®n, pero la luz del despacho de Ram¨®n Lourido segu¨ªa encendida. Golpe¨¦ tres veces la puerta (que se hab¨ªa asegurado de cerrar con llave, ya nos conoc¨ªa lo suficiente) y vi c¨®mo la persiana abr¨ªa un poco sus l¨¢minas para escudri?arme con sus cansados ojos grises. ¨DBuenas noches, se?orita Guarnido. ¨DInclin¨® ligeramente la cabeza hacia delante¨D. Por favor, tome asiento. ¨DHola, Ram¨®n. El hombre sigui¨® durante un instante tecleando como si nada en su escritorio antes de volver a dirigirse a m¨ª. ¨DDisculpe. Necesitaba enviar ese emilio. ¨DS¨ª, Ram¨®n Lourido era de las personas que usaban ese vocablo para referirse a los correos electr¨®nicos¨D. ?Qu¨¦ le trae por aqu¨ª, compa?era? ¨DNueva informaci¨®n sobre la Catedral, un par de advertencias e incluso alguna petici¨®n por mi parte. ¨DBalance¨¦ la silla hacia adelante y atr¨¢s. El hombre parec¨ªa nervioso por mi gesto, pero no se quej¨®¨D. ?Por d¨®nde empiezo? ¨DPor donde considere oportuno, claro est¨¢. ¨DJoder, Ram¨®n ¨Dsolt¨¦ una risotada¨D. Contigo, es imposible darle algo de emoci¨®n al asunto. ¨DDe acuerdo, aprovechar¨¦ para hacerle una pregunta de mi propia cosecha. ¨DGir¨® el anillo de su anular mientras hablaba¨D. Mas disculpe si le resulta una cuesti¨®n extra?a. ¨DDispara, colega. ¨DImit¨¦ unas pistolas con las manos¨D. ?De qu¨¦ se trata? ¨D?Cu¨¢l es el aspecto actual de la mascota electr¨®nica de mi sobrina? ¨Dcomprob¨® el calendario¨D. A estas alturas del mes, debe estar acerc¨¢ndose a su forma definitiva. Describ¨ª, con todo lujo de detalles, al le¨®n ¨ªgneo robotizado en el que se hab¨ªa convertido la V-Pet ese mes. La verdad es que era bastante impresionante. ¨DVaya. ¨DMe pareci¨® notar algo de decepci¨®n en su tono, pero con ¨¦l siempre era dif¨ªcil estar segura¨D. D¨ªgame, ?cree que ser¨¢ ¨²til en alguna de las investigaciones sobre las que me ven¨ªa a hablar? ¨DLo dudo. ¨DSaqu¨¦ el cuadernillo del bolsillo de la chaqueta y se lo lanc¨¦. Lo cogi¨® al vuelo, pero no pareci¨® divertirle la jugada¨D. Tengo pistas, pero dudo que en una semana podamos organizarlo todo. Ya lo sabes, tambi¨¦n toca terminar el n¨²mero del mes y a¨²n nos faltan p¨¢ginas que redactar. ¨DSoy consciente de ello. ¨DPas¨® las hojas con detenimiento¨D. Aunque esto es, ciertamente, prometedor. ?Considera usted que podemos preparar una operaci¨®n a lo largo del pr¨®ximo mes? Una mueca algo mal¨¦vola pobl¨® mi rostro. Para mi superior, era f¨¢cil reconocerla a estas alturas, aunque sigui¨® impasible. Probablemente, el cansancio le pesara m¨¢s que una extra?eza hacia mis acciones que ya hab¨ªa aprendido a acolchar con los a?os. ¨DJusto para eso hab¨ªa venido, mi buen amigo Ram¨®n. ¨DEstir¨¦ los hombros y saqu¨¦ pecho¨D. Hoy nuestro amigo el H¨¦roe me ha hecho una visita. ¨DEse demonio de silicio no nos deja sosiego ¨Dbuf¨®¨D. Cre¨ªa que ya hab¨ªa sido completamente suprimido por la fuerza de Ver¨®nica. ¨DY lo ha sido ¨Dment¨ª. A medias¨D. Ha sido ella quien lo ha dejado salir unos instantes, a su petici¨®n, para darnos alguna advertencia. ¨DAj¨¢ ¨Dse limit¨® a decir. ¨DComo no pod¨ªa ser de otra forma, nos advierte sobre Algodaoth. Est¨¢ empezando a movilizarse. Y... ¨DEst¨¢ ejerciendo su influencia a trav¨¦s de la Catedral ¨Dcerr¨® la libreta y me la devolvi¨®¨D. Si sus notas son correctas, eso es. ¨D?Alguna vez has dudado de ellas, se?or SiliMAX? ¨DNunca, Princesa Aran. Si la probabilidad de encontrarte un pok¨¦mon variocolor era una entre ocho mil ciento noventa y dos, la de ver a Ram¨®n Lourido dedicar algo remotamente similar a una sonrisa deb¨ªa ser a¨²n menor. Ojo, similar. No estaba segura de que sus m¨²sculos fueran capaces de dibujar una. Aun as¨ª, ocurri¨®. ¨DAs¨ª que est¨¢ llevando a cabo un nuevo movimiento ¨Dse acarici¨® el ment¨®n¨D. Todo converge en un ¨²nico punto, como a m¨ª me gusta. Odiar¨¦ a ese demonio con toda mi alma, pero al menos es bien organizado. ¨DCorrecto. Ech¨® un vistazo fugaz a la fotograf¨ªa de su escritorio. ¨DEspera, Jaime ¨Drellen¨® el aire con un elocuente silencio¨D. Vamos por buen camino. ¨DLo que me lleva a mis peticiones ¨Daprovech¨¦ la inercia positiva para congraciarme con mi jefe¨D. Tengo un informe bastante positivo para El¨ªas Delf¨ªn y una corazonada muy prometedora. S¨¦ que tenemos un n¨²mero que cerrar, pero... Una vez que hayamos cerrado la pr¨®xima revista, ?puedo llevarme a los chicos al Santuario de Atecina? ¨DDe acuerdo. ¨DDio un par de clics en su ordenador¨D. Aunque asumo que no es lo ¨²nico que quiere de m¨ª, a juzgar por la expresi¨®n de su rostro. Guarnido, quiz¨¢ deber¨ªa aprender a jugar al p¨®ker un d¨ªa de estos. ?Media sonrisa y un chiste? Ram¨®n ten¨ªa que estar ciertamente emocionado ese d¨ªa. ¨DCreo que ya ha llegado la hora de contar a El¨ªas y a Ver¨®nica lo que realmente ocurri¨® en octubre del 98. Octubre, 1998 - SiliMAX! #173 ?Este mes, VHS con dos cap¨ªtulos de Neon Genesis Evangelion! An¨¢lisis: Wario Land 2 (Game Boy). Fallout 2 (PC). Compact Creatures (PlayStation). ?Y muchos m¨¢s! Art¨ªculos: ECTS''98: ?Hemos probado un mont¨®n de juegos! The tale has been illicitly lifted; should you spot it on Amazon, report the violation. Las franquicias que se la han pegado contra el techo 3D. Digimon, el Tamagotchi de peleas que est¨¢ arrasando. Noticias: Las ediciones Rojo y Azul de Pok¨¦mon tardar¨¢n un poco m¨¢s en llegar a Europa de lo previsto. ?Los americanos ya las tienen en sus manos! Fire of the Teinekell Gaiden: el cl¨¢sico RPG visto como juego de acci¨®n. ?Un videojuego de South Park de disparos? Menuda locura. Carmageddon 2: la pol¨¦mica est¨¢ servida. FILE confirma que est¨¢ trabajando en Seldoria Chronicles y nos muestra una ilustraci¨®n de su protagonista. ?Y mucho m¨¢s! Zona Otaku: Yu-Gi-Oh, ?es la hora del du-du-duelo! El mejor cosplay del Sal¨®n del Manga: ?env¨ªa tus votos! Recomendaci¨®n del experto: Great Teacher Onizuka. ?Y Vuelve el reto del Se?or SiliMAX! ?El premio del mes ser¨¢una Game Boy Color! Cap铆tulo 13, por Ramè´¸n Lourido (parte 1) El primer d¨ªa tras el cierre de un nuevo n¨²mero de la revista tend¨ªa a ser bastante tranquilo. S¨ª, no faltaba trabajo de gesti¨®n que llevar a cabo, pero el haber dejado atr¨¢s todas las fechas l¨ªmite nos permit¨ªa respirar tranquilos. Ya solo faltaba que las copias del n¨²mero ciento setenta y tres empezasen a llegar a los quioscos y que los lectores empezaran a disfrutar de su contenido. ?La satisfacci¨®n del trabajo bien hecho?, como dec¨ªa Jaime. Siempre lo gritaba bien alto, ya que ese d¨ªa se daba el lujo de ignorar su propio trabajo para pasearse por la oficina como si se tratara de su casa. Siempre con una caja de berlinas para el disfrute de la redacci¨®n, una sonrisa de par en par y mucha conversaci¨®n con el resto del equipo. Como siempre, abri¨® la puerta del despacho sin siquiera llamar. Por supuesto, llevaba el pelo alborotado y hac¨ªa gala de un conjunto exc¨¦ntrico que habr¨ªa vetado a cualquier miembro formal de la redacci¨®n. ?Qui¨¦n, aparte de ¨¦l, era capaz de llevar una camisa hawaiana de flores en pleno invierno? Por muy incapaz que fuera de entender la moda contempor¨¢nea, no cre¨ªa que una prenda tan extravagante encajara con la gabardina que me hab¨ªa afanado del armario. No obstante, ¨¦l se escudaba en que mis ?normas arbitrarias? solo aplicaban a los que hab¨ªan firmado un contrato conmigo y que, por mucho anillo que comparti¨¦ramos, a¨²n no hab¨ªa papeles de por medio. Sin embargo, ambos sab¨ªamos que eso solo era una de sus excusas extremadamente t¨¦cnicas para sacarme de mis casillas y no una promesa real. ¨D?Buenos d¨ªas, cari?o! ¨Dgrit¨® tanto que no pude evitar sisear para que bajara el tono. Tambi¨¦n, como era habitual, result¨® impasible a mi mirada de amonestaci¨®n por presentarse como un tornado y desordenar las sillas del despacho para colocarse a mi lado. ¨DBuenas tardes, querr¨¢s decir. ¨DSe?al¨¦ al reloj digital del escritorio, que indicaba que ya hab¨ªan pasado unos minutos desde el mediod¨ªa¨D. ?Qu¨¦ tal, Jaime? ¨DGuau, se te ve de celebraci¨®n. ¨DSin contestar mi pregunta, comprob¨® mi taza de cart¨®n¨D. Latte con avellana en lugar del expreso amargo de siempre. ?Un bocadito a un d¨®nut? Salt¨¦ como un resorte hacia atr¨¢s cuando me acerc¨® el dulce a la cara. Le costaba enterarse de que ese tipo de cosas me alertaban demasiado. Cuando me di cuenta de lo que me ofrec¨ªa, acced¨ª con un mordisco peque?o. Uno inversamente proporcional a la verg¨¹enza que me hac¨ªa sentir el acto. ¨DLa nueva... ¨Dexhal¨¦ hacia el techo¨D. Parece que lo hace a prop¨®sito. Cada dos por tres se ofrece a traernos un caf¨¦ y no hay ni una vez que haya atinado con el m¨ªo. ¨DNo es que lo parezca. ¨DEstir¨® la espalda tan fuerte que pude o¨ªrla crujir¨D. Lo est¨¢ haciendo a posta. Me lo dijo el otro d¨ªa, quiere ver cu¨¢nto tardar¨¢s en explotar con eso. ¨DBueno, ya sabes que a estoicidad no me va a ganar nadie. ¨DTrac¨¦ media sonrisa en mi rostro. Me costaba mucho ser chulesco fuera de las l¨ªneas del consultorio¨D. Int¨¦ntalo, Princesa Aran. La mueca que compuso el m¨²sico ante mi intento de parecer usando sus propias palabras, ?un t¨ªo mol¨®n? se ubic¨® entre un genuino desconcierto y un esfuerzo palpable por contener una de esas carcajadas que retumbar¨ªan a lo largo de varias salas. ¨DVale, eso no me lo esperaba ¨Dadmiti¨®¨D. En fin, ?qu¨¦ tal llevas eso de trabajar con tu archienemiga epistolar? ¨DEs una experiencia, cuanto menos, extra?a. Tras tanto tiempo, ya sab¨ªa de buena tinta que su pluma es tan buena como sus habilidades en esto del entretenimiento electr¨®nico. ¨DDi un trago a la bebida. Por poco que me gustara esa extra?a pugna de poder, no estaba nada mal¨D. Tambi¨¦n ha sido un gran aporte a la hora de localizar demonios de silicio con sus chivatazos a lo largo de estos a?os. S¨ª, sin duda alguna la se?orita Guarnido es un gran fichaje para el equipo, pero... Aunque todo el mundo destacaba mi cara de p¨®ker como una de mis encantadoras (t¨¦rmino que siempre iba acompa?ado de un m¨¢s que palpable sarcasmo, viniera de quien viniese) cualidades, ¨¦l era capaz de ver a trav¨¦s de ella con la mayor de las precisiones con esos ojos azules tan penetrantes. ¨DNo es un secreto que te ponga de los nervios. ¨DAcerc¨® su silla un poco m¨¢s al escritorio y se dej¨® caer sobre ¨¦l¨D. Lo hac¨ªa con sus cartas, el d¨ªa que te la present¨¦, cuando intentaste medir su potencial espiritual... Y, por supuesto, lo hizo tambi¨¦n con ese test tan est¨²pido al que sometes a todos los nuevos empleados. Pero ah¨ª la culpa es ¨ªntegramente tuya, cielo. Lo siento, cari?o, es est¨²pido. A ver cu¨¢ndo lo retiras de una maldita vez. ¨DNunca. ¨DFui tajante¨D. Es sorprendentemente ¨²til... Siempre y cuando la gente se lo tome en serio. ¨DY lo seguir¨¢ haciendo de todas las formas que se le ocurran. ¨DPar¨® unos instantes para encararse en mi direcci¨®n¨D. De todos modos, dir¨ªa que te aprecia. ?C¨®mo no va a hacerlo despu¨¦s de tanto tiempo compartiendo correspondencia? ¨DTiene un talento particular para sacarme de mis casillas ¨Dbuf¨¦, desoyendo la ¨²ltima parte¨D. Mal prop¨®sito en lo que invertir su genio. ¨DEs que es tremendamente divertido hacerte rabiar. A m¨ª tambi¨¦n me cuesta contenerme... ¨DSin levantar la cabeza del escritorio, se llev¨® un trozo de boller¨ªa a la boca¨D. Dicho esto, es muy buena chica. Y la mejor exorcista de todo Gailadr¨ªa. Adi¨®s a mi soberan¨ªa en los duelos espirituales. Si mis cuentas no fallan, vamos doce a tres. ¨DLo s¨¦. ¨DMe asegur¨¦ de que las persianas estuvieran bajadas antes de acariciar su pelo ligeramente¨D. S¨¦ reconocer el talento cuando lo veo. Si no fuera por eso, probablemente no le habr¨ªa dado una oportunidad aquel d¨ªa. Mas lo cort¨¦s no quita lo valiente: no le vendr¨ªa nada mal trabajar en sus actitudes sociales. ¨DLe dijo la sart¨¦n al cazo ¨Dbalbuce¨®, aunque fueron sus palabras tuvieron la claridad necesaria para que se las entendiera¨D. Manda huevos, Ram¨®n. ¨D?Qu¨¦? ¨DMe ajust¨¦ la corbata, impasible¨D. Quiz¨¢ yo mismo peque de hipercorrecci¨®n, pero... ¨D?Hipercorrecci¨®n? ¨Dus¨® el m¨¢s jocoso de sus tonos¨D. Eres la persona m¨¢s cuadriculada que he tenido el gusto de conocer en toda mi vida, amor. ¨DNo entiendo por qu¨¦ se?alas eso como un defecto. Aunque esa chica... Bueno, es f¨¢cil ver c¨®mo le cuesta. Todas esas payasadas no dejan de ser mecanismos de defensa. Lo sabr¨ªas si hubieras estudiado sus respuestas a ese test que tanto odias. Unauthorized duplication: this tale has been taken without consent. Report sightings. ¨DRam¨®n, por el amor de Dios, los dos sabemos que respondi¨® de forma que los cuadrados de las respuestas dibujaran una minga sin preocuparse por lo que realmente preguntabas. ¨DFue por eso mismo por lo que la obligu¨¦ a repetirlo. ¨DMe alc¨¦ las gafas con el ¨ªndice¨D. De viva voz. Con mi ?mirada acusadora?, como t¨² la llamas, encima. No sabes lo cortada que se qued¨®. Es lo que te pasa cuando te burlas del test. Nadie se burla de mi test. ¨DSi no te conociera desde hace tanto, dir¨ªa que hasta tu ¨²ltima fibra es del material del que est¨¢n hechos los villanos. ¨DSe levant¨® para dejar su cabeza sobre mi hombro. Si bien hab¨ªa aligerado un poco mi pol¨ªtica sobre las muestras de afecto en p¨²blico, mis ojos volvieron a asegurarse instintivamente de que las persianas estuvieran correctamente cerradas¨D. Aun as¨ª, he que admitir que eso me encanta. Me dio un beso en la mejilla. ¨DSer el se?or SiliMAX me ha ense?ado unos cuantos trucos ¨Dadmit¨ª con cierto orgullo, aunque me cost¨® mantener la compostura. ¨DEn todo caso, vale, tienes algo de raz¨®n. No voy a negar que a veces Norma es un poco dif¨ªcil de tratar. ?Hasta se las apa?¨® para que la sacerdotisa le gritara enfadada! ?Parec¨ªa que la vena de la sien le iba a explotar! Algo me dec¨ªa que no quer¨ªa conocer los detalles de esa historia. Concretamente, porque acabar¨ªa igual que la pobre protectora del santuario al escucharla. De todos modos, Jaime decidi¨® que necesitaba contarme c¨®mo la muchacha, sin entrenamiento alguno, decidi¨® domar a un segundo glitch simplemente para averiguar si era capaz de hacerlo. A decir verdad, no sab¨ªa si deb¨ªa asombrarme por la fuerza de su mente o escandalizarme por su imprudencia. Sabiendo lo que sab¨ªamos sobre los demonios de silicio en ese momento, decantarme por lo segundo parec¨ªa la opci¨®n m¨¢s sensata. ¨DPero bueno, en el fondo es un cacho de pan ¨Dcanturre¨® con su caracter¨ªstica alegr¨ªa¨D. Seguro que os acab¨¢is llevando bien con el tiempo. ¨DMe basta con una relaci¨®n estrictamente profesional, Jaime. ¨DNo te vendr¨ªa mal tener una que no lo fuera. ¨DIntent¨® acariciarme el antebrazo, pero me apart¨¦ instintivamente¨D. No me hace demasiada gracia ser tu ¨²nico punto de apoyo. No repliqu¨¦. En su lugar, acab¨¦ el caf¨¦ de un ¨²ltimo trago y di el descanso por finalizado. Seg¨²n mi apretada agenda, a¨²n ten¨ªa un rato para ?tareas varias? antes de empezar a asignar trabajo a los compa?eros, por lo que ech¨¦ el brazo al mont¨®n de cartas que esperaban respuesta del se?or SiliMAX. Aunque hubiera empezado como una retorcida broma del antiguo jefe de redacci¨®n, le hab¨ªa terminado cogiendo bastante cari?o a esa parte de mi trabajo. No solo se trataba de una valiosa fuente de informaci¨®n, sino que tambi¨¦n me permit¨ªa sacar mi lado m¨¢s sarc¨¢stico a la luz usando al personaje de se?or SiliMAX como justificaci¨®n. Con la cantidad de tonter¨ªas que acababa leyendo cada d¨ªa, que me asparan si no lo necesitaba. *** ¨D?Y Jaime Llagaria encesta otro triple desde la l¨ªnea de escritorio! ?El p¨²blico enloquece! ¨DEmpez¨® a aplaudirse a s¨ª mismo¨D. Dime, amor, ?por qu¨¦ ha ido esta a la basura sin pasar por la casilla de salida? ¨DPorque ya se me han agotado las formas graciosas de decir que no hay nada debajo del pu?etero cami¨®n de Ciudad Carm¨ªn ¨Dsuspir¨¦ mientras abr¨ªa el siguiente sobre¨D. Desde que el juego est¨¢ disponible en ingl¨¦s no dejan de mandar cartas sobre supuestos hallazgos de Pok¨¦mon. ¨DPara ser justos, est¨¢n usando un sprite ¨²nico en una zona que no deber¨ªa ni siquiera verse. Es normal que despierte tantas elucubraciones. Y, bueno... ya sabes c¨®mo afecta el imaginario colectivo a todo esto. Rasgu¨¦ otro sobre con el abrecartas. Un corte limpio, perfecto. De los que a m¨ª me gustaban. Otra parte del trabajo de consultorio que me encantaba llevar a cabo. ¨DYa escribimos un art¨ªculo desminti¨¦ndolo. ¨DDej¨¦ escapar un peque?o gru?ido¨D. Vaya, aqu¨ª tenemos otro lector que se cree la monda. Al menos este cita un rumor que asegura que hay que vencer al enemigo final quince veces sin usar objetos ni guardar la partida para desbloquear un jard¨ªn secreto con monstruos exclusivos. ¨DEso es absurdo, la partida se guarda autom¨¢ticamente al derrotarlo... ¨DSe acarici¨® el ment¨®n¨D. Y, aunque no lo hiciera... Menuda estupidez, ?no? ¨DEn fin, al menos este ha sido original ¨Dadmit¨ª, releyendo las l¨ªneas al trasluz¨D. Le dedicar¨¦ una respuesta mordaz. ?Qu¨¦ te parece un ?He probado a quitarle la pila al cartucho para evitar que guardara al superar la liga, pero cuando el juego se reinicia despu¨¦s me dice que no hay datos guardados... Y ahora echo de menos a mi Charizard de nivel 100. Su p¨¦rdida estar¨ªa justificada por la ciencia, pero fue la falta de previsi¨®n de uno de mis lectores quien lo mat¨®. RIP Silizard, 1996-1998?? ¨D?Falta de previsi¨®n? ¨Dchance¨® el m¨²sico¨D. ?D¨®nde se ha quedado lo de ?la carencia de conexiones neuronales? al estilo Se?or SiliMAX? ¨DNo s¨¦ qu¨¦ har¨ªa sin ti, Jaime. Tecle¨¦ su sugerencia en el procesador de textos con una sonrisa tonta en la cara y pas¨¦ al siguiente sobre del mont¨®n. ?Eyholaqu¨¦pasa! ?Soy vuestro amigo el se?or Chincheta! Hac¨ªa tiempo que no os escrib¨ªa, pero por fin tengo una an¨¦cdota de la que quiero hablar. Pero primero, ?hay alguna novedad sobre lo de ?L is Real 2401?? Sigo con mucha curiosidad al respecto y creo que sois los ¨²nicos que pod¨¦is desentra?ar ese misterio. Pero bueno, a lo que iba: ?qu¨¦ guap¨ªsimo est¨¢ el Compact Creatures! Imagino que ya estar¨¦is trabajando en la gu¨ªa del juego, pero me gustar¨ªa saber si os ha pasado lo mismo que a m¨ª. Estaba invocando un nuevo monstruo con el disco Smash de The Offspring y por alg¨²n motivo el juego se qued¨® congelado, el audio empez¨® a chirriar... Y tras un rato, me llev¨® a la pantalla de t¨ªtulo. ?No hice nada raro! ?Y antes de que pregunt¨¦is, no era una copia pirata! De hecho, prob¨¦ con el disco de un amigo y funcion¨® perfectamente. Solo me dio un Saltimbojo azul, que a la altura del juego a la que estoy solo sirve como material de fusi¨®n para subir el ataque de otros monstruos, pero... A ver, sabiendo lo que s¨¦: si el juego funciona como creo, lo que deber¨ªa hacer es calcular estad¨ªsticas al azar a trav¨¦s de la informaci¨®n del disco, como ya hac¨ªa Monster Rancher cuando sali¨®. Pero he comparado los dos CD en ese juego y ambos discos dan el mismo resultado. Ning¨²n error, mismo monstruo, mismas estad¨ªsticas, mismo todo. ?Alguna pista sobre lo que puede estar ocurriendo? ?Conf¨ªo en vosotros para llegar hasta el fondo del misterio! ?Hastalueguito! Se?or Chincheta ¨DMira, algo a lo que s¨ª que merece la pena echarle un ojo. ¨DLe pas¨¦ la hoja a mi compa?ero¨D. ?Alguna pista? Jaime se mordi¨® el labio inferior mientras le¨ªa la carta. Aunque lo hac¨ªa de forma inconsciente, a m¨ª me resultaba un tic tan enternecedor como magn¨¦tico. Cuando lo hac¨ªa, no pod¨ªa despegar la mirada. ¨DNo s¨¦ c¨®mo funciona este juego nuevo ¨Ddijo por fin, tras leer el mensaje un par de veces¨D, pero el otro no ten¨ªa nada que ver con la m¨²sica. S¨ª, se promocionaba como tal, pero lo ¨²nico que le¨ªa era la tabla de contenidos del disco. Para que me entiendas, una suerte de cabeceras, un fichero de texto que generar¨ªa al monstruo. Una vez adivinamos el algoritmo, nos result¨® muy f¨¢cil crear tablas de valores que forzasen las mejores criaturas. Si quieres, puedo echarle un vistazo en el estudio para ver c¨®mo funciona. Grabo unos cuantos princos con datos de prueba de mis composiciones e investigo c¨®mo se generan los monstruos y por qu¨¦ puede estar fallando. ¨DBueno, la se?orita Montoya est¨¢ haciendo la gu¨ªa de los discos populares que generan a los mejores monstruos ¨Dle record¨¦¨D. Quiz¨¢ ella sepa algo que se nos escape sobre su mitolog¨ªa urbana. Luego le preguntar¨¦. ¨DVale, pero que sepas que me voy a llevar una de las copias de prensa a casa. ¨DTir¨® de su p¨¢rpado izquierdo hacia abajo y sac¨® la lengua¨D. Ni de co?a me quedo sin echarle un ojo. ¨DQu¨¦ pueril eres ¨Dsuspir¨¦ de forma exagerada, no sin cierto cari?o¨D. Aunque si quieres poner tu nuevo equipo a prueba, tengo otro misterio musical para ti. Llevo unos d¨ªas leyendo en los foros unas historias terror¨ªficas de esas que te gustan tanto. Y me gustar¨ªa saber qu¨¦ tienen de certeras. ¨D?Terror¨ªfico y musical? ¨DLos ojos le brillaban tanto de la emoci¨®n que asustaba¨D. Eso solo tiene dos nombres posibles, el de Jack Skellington o el m¨ªo. Cu¨¦ntame, cu¨¦ntame... Puls¨¦ sobre uno de los marcadores del navegador de internet y, tras unos exasperantes dos minutos de carga que Jaime decidi¨® llenar tatareando tonadillas de Pesadilla antes de Navidad, el foro termin¨® de cargar el hilo. Cap铆tulo 13, por Ramè´¸n Lourido (parte 2) Tema: S¨ªndrome Lavanda. [xXSifilOXx] Ey paisanos, ?qu¨¦ tal van esos poquemon ahora que est¨¢n en un idioma que se entienda? Abro hilo porque he visto un tema curioso sobre el Pueblo Lavanda leyendo en otros foros y quer¨ªa ver si soy el ¨²nico que tiene esa paranoia. Vengo a hablaros de un fen¨®meno turbio de jap¨®n, uno que puede hacerte enfermar: el S¨ªndrome Lavanda. [EstoyAdvirtiendo] Lo de la mano blanca es un fake, lo le¨ª en la revista esta. Ya tanto bulo cansa, illo. [xXSifilOXx] ?No, t¨ªo! Y que sepas que lo de la mano es un di¨¢logo real, lo dice un personaje al lado de la cueva. [MonecoTails] Que s¨ª, que existe esa frase, lo que no existe es el monstruo que pusiste hace unos meses. Era Photoshop desde el principio, lo supe por los p¨ªxeles, pero vaya, no te cansas de hacer el rid¨ªculo. [Dukoburgo] Bueno, al menos el error ese del legendario era de verdad, vamos a ver qu¨¦ dice. Ey, Sif, ?qu¨¦ ocurre con Lavanda? [xXSifilOXx] La m¨²sica. ?No os da muy como mal rollo? He estado mirando por ah¨ª y resulta que le han metido mensajes subliminales para volver a la gente enferma. Parece que afecta sobre todo a los ni?os por unos tonos de alta frecuencia que no podemos o¨ªr los adultos. Eso explica que nos deje una sensaci¨®n tan rara al escucharlo. Mirad, os dejo un enlace con m¨¢s informaci¨®n. Est¨¢ en japon¨¦s, pero con el traductor algo se saca. [Dukoburgo] Hostias, eso est¨¢ guapo. Aunque he le¨ªdo que los tonos los quitaron en la edici¨®n en ingl¨¦s. ?Alguien tiene una rom original para escucharlos? [Moderador] El enlace ha sido borrado por PIRATER¨ªA. Segundo aviso. A la pr¨®xima te comes un baneo. [xXSifilOXx] Putos mods, es legal si lo borras en 48h. [EstoyAdvirtiendo] Eso no es cierto, S¨ªfilo. [Dukoburgo] Da igual, ya la tengo. ?En unas horas os digo! [MonecoTails] Jaja, han pasado unas horas y a¨²n no hay respuesta. Igual es que hab¨¦is quedado de mentirosos. [Soniquese] ?Es de verdad! A ver, no puedo escuchar los tonos porque con treinta a?os o¨ªdo no tengo para eso. Pero he visto m¨¢s noticias del tema. Mirad, una de un ni?o que cuando lleg¨® a la ciudad tuvo que apagar la consola, meterse en la cama y desde entonces no ha querido salir por su propio pie. ¨DBueno, esto sigue as¨ª durante veinte p¨¢ginas, pero ya te haces a la idea. Un mont¨®n de gente discutiendo sobre si la m¨²sica de una versi¨®n concreta del juego puede causar o no da?os a los chavales. ¨DEs una chorrada como un piano de grande. ¨DPas¨® un par de p¨¢ginas m¨¢s, ri¨¦ndose con la mitad de los comentarios¨D. ?Subtonos? Menuda sandez. Esto tiene que ser cosa de los... ¨DEn circunstancias normales no le dar¨ªa importancia alguna ¨Dasegur¨¦ con un leve adem¨¢n¨D. Sin embargo, resulta que conozco a un interesante chico capaz de imbuir su m¨²sica de poder espiritual para que cure a los dem¨¢s. Ser¨¦ un esc¨¦ptico, pero no veo motivos para pensar que justo lo opuesto pueda ocurrir tambi¨¦n. ¨DPues claro que de haber algo detr¨¢s de esto ser¨ªa un glitch. Bueno, a ver, tiene algo de sentido. M¨¢s sentido que esa chorrada de la que hablan. ¨DSi lo analizas concienzudamente, ?podr¨ªas detectar variaciones en la m¨²sica? ?Algo fuera de lo normal que nos d¨¦ una pista de si son bulos o si realmente hay uno de estos demonios de silicio haciendo de las suyas? ¨DEntre mis poderes molones y mi nueva y flamante mesa, no lo dudes. ¨DMe dedic¨® una sonrisa de las que podr¨ªan haber aparecido en un anuncio de dent¨ªfrico¨D. Lo que me falta es una copia de esa versi¨®n concreta del juego. ¨DLa m¨ªa me la he dejado en casa, pero Norma tambi¨¦n deber¨ªa tener una. Dile que vaya contigo y as¨ª le ech¨¢is un vistazo entre los dos, para que se vaya curtiendo. En el mejor de los casos, tendremos un art¨ªculo divertido para llenar el n¨²mero de este mes. En el peor... Bueno, a juzgar por la descripci¨®n, supongo que no deber¨ªa daros problemas un demonio as¨ª. Love this story? Find the genuine version on the author''s preferred platform and support their work! ¨DO¨ªdo. Intent¨® imitar un saludo militar, pero lo hizo con poco acierto. El brazo incorrecto, la mano a la altura que le pareci¨® pertinente y el codo por encima de la cabeza. Generalmente, las payasadas me volv¨ªan irascible, pero las de Jaime eran ciertamente refrescantes. Tanto, que sonre¨ª cuando ya no me miraba. Me estaba ablandando con la edad. *** Tres golpes resonaron sobre la puerta de mi despacho, equidistantes en el tiempo. Justo como a m¨ª me gustaba. Acostumbrado a trabajar con j¨®venes revoltosos, era refrescante tener a alguien tan formal como Katrina Montoya en el equipo. Desde los tiempos de Revista Silicio se hab¨ªa encargado de las cuestiones que m¨¢s esfuerzo de investigaci¨®n requer¨ªan y, en general, sol¨ªa ser un activo de fiar para el equipo. Por desgracia, carec¨ªa de la voluntad necesaria como para enfrentarse cara a cara con los demonios de silicio. Una l¨¢stima, ya que hab¨ªa sido el nuevo fichaje con mejores prospectos en el entrenamiento inicial. ¨D?Me hab¨ªa convocado, se?or Lourido? ¨DSi¨¦ntese. ¨DLe indiqu¨¦ con un leve gesto de mano¨D. ?Puedo ofrecerle una berlina? ¨DOh, ?ya ha estado Jaime por aqu¨ª? ¨DTraz¨® una sonrisa c¨¢lida en sus labios¨D. ¨²ltimamente no hay quien lo vea. Ten¨ªa que compartir un par de cosas con ¨¦l. En fin, sea como fuere, la aceptar¨¦ con gusto. Reserv¨® el dulce con una servilleta y esper¨® pacientemente a lo que tuviera que decir. ¨DEra usted quien se estaba dedicando a compilar la gu¨ªa de Compact Creatures, ?estoy en lo cierto? Asinti¨® con la cabeza. No tard¨¦ en deslizar la carta que hab¨ªa le¨ªdo media hora antes por encima de la mesa. Dej¨¦ un tiempo prudencial para que asimilara la informaci¨®n y formul¨¦ la primera pregunta, una de cortes¨ªa: ¨D?Qu¨¦ puede contarme al respecto? ¨DSuavic¨¦ un poco la voz¨D. ?Hay algo en la rumorolog¨ªa que considere relevante a nuestros intereses? ¨DMe temo que no estoy muy familiarizada con el sistema de generaci¨®n de monstruos. Pero s¨ª que puedo contarle algo que podr¨ªa preocuparnos. ¨DSe ajust¨® el cuello de la camisa¨D. Seg¨²n el propio bestiario del juego, existen ciento veintiocho monstruos reclutables. De ellos, aproximadamente tres cuartos pueden ser obtenidos jugando con normalidad. De los treinta y dos restantes, la mitad est¨¢ compuesta por criaturas promocionales. Ocho se obtendr¨¢n con contrase?as que FILE distribuir¨¢ en su p¨¢gina web. Otros ocho ser¨¢n repartidos, seg¨²n he podido corroborar con los desarrolladores, por medios diversos. Prensa, boller¨ªa, patatas fritas o espacios televisivos, por ejemplo. ¨DS¨ª, he tenido el gusto de charlar con el relaciones p¨²blicas de la compa?¨ªa para ofrecer uno de ellos en exclusiva nacional en el n¨²mero de diciembre. ¨DPerfecto. Eso hace que resten diecis¨¦is criaturas. Estas solo pueden ser obtenidas a trav¨¦s de los discos de m¨²sica. Tiene sentido, no deja de ser el atractivo principal del juego. Como es de esperar, este m¨¦todo tambi¨¦n puede proporcionar monstruos comunes, as¨ª que el objetivo de mi gu¨ªa es compilar un listado de discos capaces de obtener tanto a esos diecis¨¦is coleccionables elusivos como una selecci¨®n de los m¨¢s fuertes del primer segmento. La mujer sac¨® una libreta de octavillas de su chaqueta y pas¨® varias de las hojas hacia delante a toda velocidad. Cuando decidi¨® qu¨¦ ense?ar, lo puso sobre la mesa y me instruy¨® para que pasara yo mismo las p¨¢ginas a partir de ah¨ª. Sus anotaciones eran completamente minuciosas y contaban incluso con bocetos de los monstruos coleccionables. ¨DNo ha sido f¨¢cil, pero he logrado obtener varias copias de los diez primeros. ¨DLa inflexi¨®n de su voz la hizo sonar algo m¨¢s orgullosa¨D. Un peque?o ataque por fuerza bruta, si me lo permites. Incluso consegu¨ª generar una copia del decimotercer monstruo, por pura suerte, de un disco del Fary que hab¨ªa por aqu¨ª tirado. Nunca pens¨¦ que el Torito guapo con el que nuestro antiguo jefe nos daba los buenos d¨ªas ante nuestras hastiadas miradas de ?esto perdi¨® la gracia hace un lustro? fuera a servirnos para algo despu¨¦s de que se jubilara, pero no me iba a quejar. ¨DTuve que investigar algo m¨¢s para los ¨²ltimos cinco ¨Dsigui¨® explicando mientras jugueteaba con el bot¨®n de su bol¨ªgrafo¨D. Ah¨ª fue cuando tuve que empezar a tirar del hilo, buscar comunidades de internet centradas en un t¨ªtulo que acababa de salir al mercado y localizar los discos que suger¨ªan. Ahora que lo pienso, s¨ª que hab¨ªa alguna menci¨®n de casos en los que un error les devolv¨ªa a la pantalla de t¨ªtulo, pero fueron pocos y nadie les dio mayor importancia. ¨DFalta uno en el cuaderno ¨Dobserv¨¦¨D. El n¨²mero doce, para ser exactos. Solo una peque?a nota, ?A.G.P.?. ¨DNadie ha confirmado la existencia de ese monstruo, al menos en las redes. Hay usuarios que afirman haberlo visto, pero nadie sabe decir qu¨¦ CD hay que usar para invocarlo. No me estaba gustando nada lo que estaba escuchando. Una criatura misteriosa que, si bien deb¨ªa existir en el c¨®digo del juego, nadie hab¨ªa podido ver a¨²n era el mejor combustible para crear una poderosa leyenda urbana. Lo ¨²ltimo que deb¨ªa juntarse con el reporte de un glitch a la hora de invocar a las bestias. ¨DHe de insistir al respecto de la nota de su cuaderno, se?orita Montoya. ¨DDej¨¦ la libreta sobre la mesa y golpe¨¦ el dedo r¨ªtmicamente contra las marcas de bol¨ªgrafo¨D. S¨¦ de buena tinta que usted es incapaz de dar puntada sin hilo. ¨DEncontr¨¦ un mensaje que hac¨ªa referencia al monstruo final. No le di demasiada importancia, porque ya hab¨ªa encontrado demasiados indicios antes que no iban a ninguna parte. Pero mi instinto afilado de reportera me dijo que el post de alguien llamado Usagi85 ten¨ªa algo de verdad, as¨ª que dej¨¦ esa anotaci¨®n por si necesitaba volver a ¨¦l. ¨DDel ochenta y cinco... trece a?os... ¨DMe llev¨¦ la mano al ment¨®n¨D. Algo debe haberle hecho confiar en su testimonio. ¨DAl fin y al cabo, hab¨ªa llegado a la misma conclusi¨®n que yo estudiando la mitolog¨ªa del juego. La muchacha cruz¨® los brazos y dibuj¨® una mueca de superioridad en sus labios. Por un momento, la sent¨ª fuera de su profesionalidad habitual, pero tambi¨¦n consider¨¦ que la expresi¨®n era genuina. Katrina Montoya siempre entraba en profundidad en sus piezas de investigaci¨®n y, si ella abogaba por una respuesta a un misterio sin resolver, no iba a ser yo quien la cuestionara. ¨D?Algodaoth, el G¨®lem de Pirita? ¨DSent¨ª que me faltaba algo m¨¢s de informaci¨®n para entender qu¨¦ estaba diciendo, pero la dej¨¦ continuar¨D. Como no pod¨ªa ser de otra forma. Cap铆tulo 14, por Norma Guarnido (parte 1) Era impresionante ver en acci¨®n el trabajo de un m¨²sico exorcista. El aura glauca del compositor era capaz de dar una forma visible a unas ondas que se replicaban en el aire tal y como hab¨ªan aparecido en la pantalla del ordenador y, por muy inquietante que resultase el tema que est¨¢bamos investigando, la energ¨ªa que desprend¨ªa me manten¨ªa tranquila y con ganas de sonre¨ªr. ¨DMira, Norma. ¨DSe?al¨® un mont¨®n de n¨²meros que aparec¨ªan en el monitor¨D. La modulaci¨®n es la misma. La forma de onda es id¨¦ntica, exacta al menos a tres posiciones decimales. Y... Pas¨® la mano por los picos que se trazaban frente a ¨¦l y dej¨® salir algo de su energ¨ªa en una r¨¢faga que agit¨® la imagen et¨¦rica. Tras unos instantes, retom¨® su forma como si de un muelle se tratara. ¨DNada ¨Dconfirm¨®¨D. Ni una evidencia de interferencia espiritual. ?Qu¨¦ opinas t¨²? ¨DSi estuviera tan extendido como citan los art¨ªculos, lo estar¨ªamos viendo. ¨DMe humedec¨ª ligeramente los labios¨D. De haber un glitch detr¨¢s de todo esto, no habr¨ªa tantos reportes al respecto. Mi apuesta es que es un bulo. ¨DOjo, eso no tiene por qu¨¦ ser cierto. A¨²n no sabemos a ciencia cierta c¨®mo funcionan estos diablillos digitales. ¨DDio varios clics que cambiaron la representaci¨®n de la pista de audio. A simple vista, parec¨ªa un mapa de colores¨D. Vale, el espectrograma tampoco tiene nada fuera de lo normal. Uno de los del foro aseguraba que la pieza sonaba tan extra?a porque hab¨ªan introducido un huevo de pascua que trazaba el retrato de un fantasma al realizar esta transformaci¨®n. Era un gusto escuchar lo que me contaba Jaime. Ten¨ªa la capacidad de mantener una serenidad palpable en su huella espiritual, pero aun as¨ª la chispa de su entusiasmo era completamente contagiosa. Ya fuera sobre m¨²sica, videojuegos o sobre la vida en general, el hombre que me hab¨ªa encontrado luchando contra un demonio en mitad de la calle siempre sab¨ªa de lo que hablaba. ¨D?Eso se puede hacer? ¨DAbr¨ª los ojos como platos. ¨DEl eje equis representa el tiempo. ¨DMovi¨® el puntero para enfatizarlo¨D. El y, la frecuencia de la onda. Y el mapa de colores, la amplitud de onda. Si mantienes el control de esas tres variables, es relativamente sencillo. Bueno, relativamente. Hay muchas matem¨¢ticas detr¨¢s, y me toca admitir que no soy un experto en eso. Tom¨¦ nota mentalmente de todo lo que dec¨ªa. ¨DEn fin, sea como sea, se va a quedar en culturilla general ¨Dinclin¨® la silla hacia atr¨¢s¨D, porque aqu¨ª no hay nada que nos sirva. Avisar¨¦ a Ram¨®n de que no es m¨¢s que una de las tonter¨ªas de las que tanto se habla en Internet y a otra cosa, mariposa. ?Le echamos un vistazo a esto del Compact Creatures? ¨DCre¨ªa que no me lo ibas a preguntar nunca. Hab¨ªa le¨ªdo en el coche la carta que aseguraba que exist¨ªa un error a la hora de generar a las titulares criaturas y algunas de las teor¨ªas del exorcista sobre lo que podr¨ªa estar ocurriendo, pero hasta que no lo vi¨¦ramos de primera mano, era imposible sacar conclusiones razonables. ¨DVe arrancando el juego. ¨DSac¨® la copia de prensa del zurr¨®n¨D. Ya sabes d¨®nde tengo la consola. Yo voy a grabar unos cuantos discos. Puedes ir probando con estos de aqu¨ª mientras tanto. Me dio una bobina de diez discos, pero por lo holgada que se sent¨ªa al agitarla, no tendr¨ªa m¨¢s de siete en su interior. El pl¨¢stico exterior rezaba ?Lanzamiento WIP? y cada una de las galletas estaba rotulada con una caligraf¨ªa cursiva magn¨ªfica que no correspond¨ªa para nada con la letra de Jaime. Cuando le lanc¨¦ una mirada inquisitiva, respondi¨®: ¨DQu¨¦ bonito escribe mi Ram¨®n, ?eh? Compartimos una risilla c¨®mplice, arranqu¨¦ la consola y me sent¨¦ en el sof¨¢. Tuve que pasar una introducci¨®n en la que me resum¨ªan las mec¨¢nicas b¨¢sicas del juego. Ya sab¨ªa por los adelantos de la revista y por todo lo que me hab¨ªa contado Kat al respecto que Compact Creatures era una estresante experiencia en la que el jugador ten¨ªa que paralelizar la crianza de diversos monstruos, cada uno con su ciclo y esperanza de vida, con su entrenamiento, los torneos y la exploraci¨®n. Necesitabas contar con criaturas fuertes para superar los torneos, que te premiaban con licencias para explorar nuevas zonas del mundo y capturar en ellas monstruos diversos con los que ampliar tus posibilidades. Claro est¨¢, tener algo de suerte con la generaci¨®n a trav¨¦s de la m¨²sica pod¨ªa hacerte el esfuerzo m¨¢s f¨¢cil y proporcionarte un monstruo capaz de arrollar los torneos b¨¢sicos, pero si era demasiado fuerte podr¨ªa desobedecerte, enfermar a prop¨®sito o incluso morir antes de tiempo. Por mucho que molara el concepto, no hab¨ªa arrancado el t¨ªtulo como jugona, sino como investigadora. As¨ª que escuch¨¦ todo lo que el anciano ten¨ªa que contarme antes de que me permitiera acceder a la c¨¢mara de invocaci¨®n y comenc¨¦, uno por uno, a hacer aparecer los monstruos inspirados por la m¨²sica de Jaime en mi partida. Preventivamente, ambos ocultamos hasta nuestro ¨²ltimo rastro de energ¨ªa espiritual. El objetivo era averiguar cu¨¢l era el algoritmo tras la generaci¨®n de las criaturas, no combatir contra los demonios que escond¨ªa el juego. Eso vendr¨ªa despu¨¦s. La secuencia de invocaci¨®n era espectacular: al cerrar la tapa tras cambiar el disco, un fragmento de la primera pista de audio del CD se reproduc¨ªa mientras ve¨ªas en la pantalla c¨®mo el icono giraba a toda velocidad y refulg¨ªa en distintos colores. Cada vez que pulsaba, una chispa de luz viajaba hasta el centro de la pantalla para construir un enorme huevo con runas grabadas en ¨¦l. Despu¨¦s, hab¨ªa que esperar unos segundos para que eclosionara (y, en funci¨®n de lo que hubiera dentro, lo hac¨ªa de una u otra forma) antes de presentar formalmente a la criatura. Unauthorized use: this story is on Amazon without permission from the author. Report any sightings. Tuve tiempo a generar cuatro monstruos antes de que Jaime se presentara con una sonrisa llena de satisfacci¨®n y un mont¨®n de discos reci¨¦n salidos del horno, listos para investigar. ¨D?C¨®mo va la cosa? ¨Dquiso saber¨D. He hecho alg¨²n que otro experimento. Todos estos princos son esencialmente el mismo tema, pero con variaciones menores de distinto tipo. ¨DPor ahora, todo reconocible. ¨DAlc¨¦ el pulgar, sin dejar de mirar la pantalla¨D. El conejo y el pato de la portada, una nutria bastante mona y una especie de lagarto de dos cabezas que muy bonito no era, pero que al menos contaba con buenas estad¨ªsticas. El quinto disco comenz¨® a generar a la criatura tal y como era habitual. Dibuj¨® un huevo de tonos verdes y anaranjados con una espiral en el centro, que se agit¨® con fuerza tres veces antes de que un pu?o atravesara la c¨¢scara. En pocos instantes, sali¨® un demonio forzudo que empez¨® a hacer estiramientos en su secuencia de presentaci¨®n. Todo normal hasta que la m¨²sica empez¨® a repetir en bucle las ¨²ltimas notas de la m¨²sica y el mando decidi¨® no responder. Pasaron unos diez segundos hasta que un mensaje de error devolvi¨® el juego a su pantalla de t¨ªtulo. ¨D?Bingo! ¨DEl m¨²sico dio una palmada al aire¨D. ?Hemos replicado el error! ?Puedes probar de nuevo? Creo que tengo otra copia de este tema. Dame un minuto. Al volver a intentarlo, ocurri¨® exactamente lo mismo. Si la carta que hab¨ªamos recibido en la redacci¨®n estaba en lo correcto, otro disco con el mismo contenido deber¨ªa haber funcionado perfectamente. ¨DPues no ¨Dsuspir¨¦, finalmente¨D. Falla exactamente igual. Aqu¨ª hay algo raro. ¨D?Y todo esto no te suena a un magn¨ªfico misterio? ¨DJaime no perdi¨® la alegr¨ªa de su cara¨D. S¨ª, los resultados ser¨¢n inconsistentes con lo que sabemos, pero cuanto m¨¢s investiguemos, m¨¢s cerraremos el cerco. ¨DA veces me pregunto por qu¨¦ no te decides a trabajar directamente en la redacci¨®n con nosotros. ¨DLe puse la mano en el hombro y compartimos una mirada de confianza¨D. Al menos, cobrar¨ªas por todo lo que haces. ¨D?Y tener de jefe a Ram¨®n? ¨DPuso los brazos en cruz¨D. Oh, no, nena. Nunca. ¨DTouch¨¦. ¨DPor cierto, ya que tenemos dos CD que reproducen exactamente el mismo error, qu¨¦date t¨² este. ¨DGir¨® la copia err¨®nea en la punta de su dedo¨D. Quiz¨¢ te sirva para algo. Y ahora, ?a seguir investigando! No tuvimos mucho tiempo para hacerlo antes de que el aparatoso tel¨¦fono m¨®vil del m¨²sico nos alertara. Y, por la capacidad de hacer que Jaime desdibujara su sempiterna sonrisa de su rostro, parec¨ªa que las nuevas no eran muy halag¨¹e?as. *** El trayecto fue silencioso. Jaime intent¨® acompa?arlo de m¨²sica para aligerar el ambiente, pero la mirada que Ram¨®n le devolvi¨® fue tan fr¨ªa que ni siquiera ¨¦l se atrevi¨® a intentarlo de nuevo. Tras unos minutos que me parecieron mucho m¨¢s largos de lo que realmente deber¨ªan haber sido, aparc¨® el coche con un violento tir¨®n del freno de mano en mitad de un barrio residencial en el que nunca hab¨ªa estado. Mi jefe sac¨® un manojo de llaves de su bolsillo y las recorri¨®, con las manos inquietas, hasta encontrar la del portal, que abri¨® en¨¦rgicamente. Nunca hab¨ªa visto a Ram¨®n tan alterado por un informe de un glitch. Consider¨® abrir la puerta del piso con sus propias llaves, pero despu¨¦s de que Jaime pusiera la mano en su hombro y dejase fluir algo de su energ¨ªa hacia el jefe de redacci¨®n, se compuso y decidi¨® llamar a la puerta con sus nudillos. Odiaba no saber lo que estaba pasando. Jaime hab¨ªa sido extremadamente lac¨®nico en su descripci¨®n de la incidencia y Ram¨®n no hab¨ªa abierto la boca desde que nos recogi¨® en la puerta de casa, as¨ª que toda la informaci¨®n que ten¨ªa se resum¨ªa en ?necesitan un par de exorcistas? y ?hoy es el ¨²nico d¨ªa en el que no tienes que hacerte la jocosa con ¨¦l?. ¨DHab¨¦is llegado r¨¢pido. Un hombre rubio de mediana edad abri¨® la puerta con nerviosismo. Parec¨ªa tan desorientado como cansado, y sus ojeras destacaban los rasgos afilados de su rostro. Le costaba componer las palabras y mov¨ªa las manos err¨¢ticamente, pero Ram¨®n ni siquiera se inmut¨® por ello. ¨DBuenas tardes, Juli¨¢n. ¨DNo esper¨® a su permiso para entrar, algo totalmente impropio del cuadriculado jefe¨D. ?C¨®mo est¨¢ Ver¨®nica? ¨DEn su cuarto ¨Dfue presto al responder¨D. M¨¢s estable. Durmiendo, m¨¢s o menos. Maite est¨¢ con ella. Ram¨®n ech¨® a andar sin siquiera esperarnos. Jaime se justific¨® y decidi¨® presentarme formalmente, si bien de forma breve: ¨DNorma, te presento a mi cu?ado. Bueno, t¨¦cnicamente es el cu?ado de Ram¨®n, pero ya me entiendes. Juli, esta es la nueva exorcista. Norma Guarnido. ¨DMe hizo un gesto para que no perdiera el tiempo extendi¨¦ndole la mano y le siguiera¨D. Quiz¨¢ entre los dos podamos averiguar qu¨¦ pasa con Vero esta vez. ¨DVosotros sois los expertos ¨Dsuspir¨®¨D. Ay, me siento in¨²til en todo esto. Por favor, ayudadla. ¨DEse es mi trabajo. ¨DHinch¨¦ el pecho para conferir seguridad a mis palabras, aunque quiz¨¢ hubiera dilatado un poco la verdad con ellas. Seguimos a Ram¨®n a la habitaci¨®n de la ni?a y poco a poco empec¨¦ a conectar la informaci¨®n que rondaba mi cabeza. Hab¨ªa o¨ªdo alguna vez hablar a Jaime de su sobrina y del cari?o que todo el mundo le ten¨ªa, as¨ª que ver a la ?ni?a de sus ojos? siendo v¨ªctima de algo que hab¨ªa consagrado su vida a investigar no iba a ser plato de buen gusto. El c¨®mo el siempre serio y cuadriculado redactor sosten¨ªa con tanto cari?o a una chica tan menuda entre sus brazos resultaba enternecedor y me confer¨ªa a m¨ª tambi¨¦n el deseo de protegerla. Ninguna ni?a se merec¨ªa tener que enfrentarse a unos demonios desconocidos sin previo aviso. Sin embargo, el que la peque?a hubiera hecho aparecer a un glitch lo suficientemente mal¨¦volo como para atacar su mente solo pod¨ªa significar... que contaba con poderes espirituales desde su m¨¢s tierna infancia. Y yo que me cre¨ªa precoz por haber descubierto ese mundillo a los quince. ¨DParece estar bien. ¨DRam¨®n le estaba pasando una mano recubierta de energ¨ªa blanquecina por la frente¨D. Su mente est¨¢ un poco cansada. Ha estado luchando. Por fortuna, no tiene da?o alguno. Ver¨®nica, eres una ni?a muy fuerte. Si me oyes, quiero que sepas que todo va a salir bien. Jaime, ?puedes hacer los honores? Los padres suspiraron con calma tras o¨ªr las reconfortantes palabras del t¨ªo, pero no se alejaron un cent¨ªmetro de la peque?a. El aludido intent¨® tomar a la joven en brazos, pero cuando se dio cuenta de que quiz¨¢ sus brazos escu¨¢lidos no tuvieran suficiente fuerza como para eso, decidi¨® dejarla sobre la cama. Tatare¨® una de sus canciones mientras concentraba la energ¨ªa en sus manos. Con un toquecito en la frente, el aura de la muchacha se despleg¨® en un muy t¨ªmido color celeste. Aunque su forma era irregular, era f¨¢cil ver que hab¨ªa mucha m¨¢s fuerza en ella de la que cabr¨ªa esperar de una ni?a de once a?os. ¨DNo te preocupes. ¨DEl m¨²sico abraz¨® a la ni?a, sin dejar de entonar su melod¨ªa¨D. Todo ir¨¢ bien. Con un peque?o chasquido espiritual, toda su superficie empez¨® a tintarse ligeramente de verde, limando cualquier tipo de aspereza que pudiera haber tenido en primer lugar. Aunque sus padres observaran el proceso con una confusi¨®n clara, tambi¨¦n sent¨ªan la tranquilidad que las notas del extra?o curandero eran capaces de infundir. ¨DSigue habiendo algo ¨Ddije en voz baja¨D. Siento... una presencia. Pero... La chiquilla despert¨® de un respingo que interrumpi¨® mi frase. Tard¨® en darse cuenta de la situaci¨®n en la que estaba, pero cuando aspir¨® con fuerza el caracter¨ªstico perfume de Jaime lo reconoci¨® al instante. ¨D?Tito Jaime! ?Tito Ram¨®n! ¨DEnrosc¨® sus brazos en torno a ¨¦l en cuanto los reconoci¨®¨D. ?Qu¨¦ hac¨¦is todos aqu¨ª? Cap铆tulo 14, por Norma Guarnido (parte 2) Ram¨®n se limit¨® a revolver un poco su media melena dorada. Por primera vez desde que sub¨ª al coche, hab¨ªa relajado un poco su expresi¨®n. No demasiado, pero s¨ª lo justo como para volver a su estirado habitual. ¨DHa... vuelto a pasar ¨Dexhal¨® la ni?a, sin soltarse de su t¨ªo¨D. ?Verdad? Jo, siempre me lo pierdo. Eso de que el pelo me brille es algo que quiero ver alguna vez por m¨ª misma. Hab¨ªa algo de comunicaci¨®n no verbal entre los presentes que pod¨ªa resumirse en un ?S¨ª, ha vuelto a pasar. Y con m¨¢s fuerza?, pero nadie iba a tener el coraz¨®n para dec¨ªrselo a la peque?a. ¨DHe llamado a tus t¨ªos lo m¨¢s r¨¢pido posible ¨Dconfes¨® la madre. No parec¨ªa muy contenta con que eso fuera lo ¨²nico que pudiera hacer¨D. Para cuando llegaron, ya estabas mejor, pero... ¨DHa vuelto a ocurrir, Maite. No hay peros posibles. ¨DRam¨®n fue severo con sus palabras, aunque tuvo el detalle de tapar las orejas de su sobrina para que no se enterara¨D. Si hoy no somos capaces de desterrar a ese demonio, habr¨¢ que lograr que pueda domarlo. La sacerdotisa est¨¢ dispuesta a aceptarla. ¨D?No quiero irme de casa! ¨DVer¨®nica se quit¨® las manos de su t¨ªo de sus orejas a la fuerza. Evidentemente, no iba a acolchar el sonido lo suficiente¨D. ?No quiero separarme de Eli! No es justo. ¨DHija m¨ªa. ¨DSu padre le cogi¨® la mano para tranquilizarla¨D. Esa ser¨¢ la ¨²ltima opci¨®n. Siempre. Mira, tus t¨ªos han tra¨ªdo a una amiga que quiz¨¢ pueda ayudarte. Sent¨ª demasiados pares de ojos fijados en m¨ª. Demasiada presi¨®n. ?Esperaban que resolviera un misterio recurrente, as¨ª como as¨ª? ?Con tan poca informaci¨®n? ?Algo contra lo que tanto Ram¨®n Lourido como Jaime Llagaria se hab¨ªan enfrentado sin demasiado ¨¦xito? Era una petici¨®n que no ten¨ªa sentido. Si fracasaba... ?arruinar¨ªa la infancia a la pobre muchacha? S¨ª, sab¨ªa que sacar demonios de las cabezas de ni?os que a¨²n resist¨ªan por mantener el control de su cuerpo iba a ser algo que tuviera que hacer alg¨²n d¨ªa, pero que la primera vez que tuviera que enfrentarme a ello fuese un caso tan cercano y personal me dej¨® en una situaci¨®n en la que no sab¨ªa ni qu¨¦ responder. Por suerte, o porque probablemente el estr¨¦s de hacerme tantas preguntas de repente descontrol¨® mi esp¨ªritu tanto como para hacerlo perfectamente legible, Jaime supo interpretar mis sentimientos e intercedi¨® por m¨ª. ¨DLos expertos necesitamos espacio para trabajar. ¨DDio varias palmadas en el aire¨D. Ram¨®n, haz honor a tus viejos tiempos de inquilino y pon un caf¨¦ a estos padres tan preocupados. Nosotros dos nos encargaremos a partir de aqu¨ª. ¨DPero... ¨Dprotest¨®. Jaime no perdi¨® un instante para sisearle y, pr¨¢cticamente, sacarle del cuarto de un empuj¨®n. Su novio hab¨ªa quedado tan descolocado que intent¨® zanjar alg¨²n ¨²ltimo asunto antes de dejarnos en intimidad, pero lo ¨²nico que se llev¨® fue un portazo en la cara. ¨DEres genial, tito. ¨DLa ni?a solt¨® una carcajada alegre como si las ¨²ltimas horas no hubieran pasado¨D. Y t¨² tambi¨¦n molas mucho. Tienes un pelo muy bonito. ?C¨®mo te llamas? Fue uno de esos momentos de conexi¨®n. Al sentir esos ojos aguamarina tan inocentes fijarse en m¨ª y escuchar una voz tan juguetona hablar de lo mucho que molaba, toda la preocupaci¨®n que llevaba encima se desvaneci¨® de un plumazo. Toda la redacci¨®n ten¨ªa raz¨®n: esa ni?a conquistaba tu coraz¨®n nada m¨¢s verla. ¨DHola, Vero. ¨DMe sent¨¦ al borde de la cama y le extend¨ª la mano. Para ser tan poca cosa, apret¨® que daba gusto¨D. Me llamo Norma. Soy algo nueva en esto, pero tu t¨ªo dice que no se me da nada mal. ¨D?As¨ª me gusta! ¨Dgrit¨®, sin controlar mucho el torrente¨D. ?Una chica fuerte en la revista! ¨DLa que m¨¢s, de hecho ¨Dconcedi¨® Jaime¨D. Norma, ens¨¦?ale tu arco de luz. Seguro que le encanta. ¨D??Un arco de luz!? ?Como el de la princesa Zelda? Hice una breve demostraci¨®n. Me pareci¨® o¨ªr farfullar algo a Ram¨®n al otro lado de la puerta, pero la sonrisa de la peque?a me oblig¨® a ignorarlo para lanzar otro flechazo hacia la pared. ¨D?Jo! ?Como mola! ?Puedes ense?arme a hacer eso? Ech¨¦ un vistazo de reojo a Jaime, que me devolvi¨® una sonrisa calmada, de las de dar luz verde. ¨DQuiz¨¢. ¨DPas¨¦ el brazo sobre su hombro y la abrac¨¦ con ligereza¨D. Si te portas bien, te ense?ar¨¦ todo lo que s¨¦. ¨D?Me lo prometes? ¨DSe acurruc¨® contra mi pecho¨D. Mi t¨ªo quiere mantenerme alejada de todo esto, pero s¨¦ que quiero aprovechar mi fuerza para proteger a la gente que me importa. Para ser una hero¨ªna. The author''s content has been appropriated; report any instances of this story on Amazon. ¨DA m¨ª no me mires. ¨DJaime se encogi¨® de hombros¨D. El t¨ªo que manda es el otro. Yo no le tengo miedo a estos poderes. Esto de poder curar solo con mi fuerza de voluntad est¨¢ francamente bien. Vero solt¨® una carcajada casi musical. ¨DVenga, va: hagamos un trato. T¨² nos ayudas a ver qu¨¦ podemos hacer por ti y yo me comprometo a ser tu mentora. Y si lo haces muy bien, hasta te dejar¨¦ ver alguno de mis disfraces. ¨D?Disfraces? ¨D?Claro! No te lo he dicho, pero tambi¨¦n soy cosplayer. ?A que mola? Fui incapaz de imaginar lo que suced¨ªa por la cabeza de la ni?a con todas las extra?as muecas que pon¨ªa, pero sus ojos brillaban con luz propia y su rostro parec¨ªa extremadamente feliz por el ofrecimiento. Yo tambi¨¦n sonre¨ª: su energ¨ªa era contagiosa. ¨DVale, sobri. ¨DEl m¨²sico se sent¨® a su otro lado y le puso los dedos en las sienes¨D. Esto quiz¨¢ te duela o te canse un poco. Pero ya has dicho que eres una chica fuerte, as¨ª que estoy seguro de que aguantar¨¢s lo que te eche. ¨D?Ch¨ª! ¨DNorma, sabes tan bien como yo qu¨¦ hay ah¨ª dentro ¨Dsu tono sigui¨® siendo calmado para no alertar a la ni?a, pero su mirada se torn¨® m¨¢s seria de lo normal¨D. Voy a despertarlo a prop¨®sito. T¨² decides qu¨¦ hay que hacer con ¨¦l. Sus ¨ªndices descargaron directamente la energ¨ªa a la cabeza de la chica. A simple vista, parec¨ªa que su cuerpecito no podr¨ªa aguantarlo, pero tras un quejido inicial, resisti¨® con entereza. Poco a poco, unos surcos azulados empezaron a trazarse por los brazos de la ni?a. Su patr¨®n no era aleatorio, parec¨ªa cuidadosamente dise?ado. Estaba convencida de haberlo visto en alg¨²n lugar antes, pero era incapaz de identificarlo. Cuando las l¨ªneas terminaron de poblarse, fue su pelo el que empez¨® a ondear con una luminiscencia et¨¦rea. Acto seguido, fueron sus ojos los que centellearon. Casi instintivamente, invoqu¨¦ mi segundo poder: una garra de energ¨ªa dem¨®nica tan afilada que podr¨ªa atravesar las protecciones del demonio con un solo tajo. La ni?a alz¨® su brazo derecho y sus l¨ªneas refulgieron con fuerza antes de invocar un escudo de luz s¨®lida. Esta vez s¨ª que reconoc¨ª instant¨¢neamente el emblema que ten¨ªa dibujado: ¨DEiyuusha ¨Dmurmur¨¦¨D. Un poco retro para una ni?a de once a?os, ?no, Jaime? El rostro del m¨²sico se descompuso poco a poco, como si estuviera conteniendo su conclusi¨®n hasta el ¨²ltimo momento. Quit¨® sus manos de la ni?a al verse repelido por la fuerza del glitch y dio un pu?etazo al suelo al entender las implicaciones de mi observaci¨®n. ¨DMierda .¨DEscuchar una malsonancia de los labios de ese hombre era bastante infrecuente¨D. Mierda. ?MIERDA! Esto es... culpa m¨ªa. ¨DEso de fustigarse est¨¢ bien, pero un resumen para la gente como yo estar¨ªa mejor, t¨ªo. ¨DYo soy el responsable de que esta ni?a est¨¦ pose¨ªda. ¨DLa voz le temblaba, pero me costaba saber cu¨¢l era el sentimiento que lo propiciaba¨D. Fui yo quien trajo el primer glitch a este mundo. El que posey¨® a mi sobrina incluso antes de que naciera. Es... mi culpa. Los labios de la ni?a empezaron a moverse por s¨ª mismos. Su cuerpo levitaba unos cent¨ªmetros por encima de la cama, casi descompasado de lo que intentaba decir. Aunque la voz que nos hablaba segu¨ªa siendo la de una chiquilla de diez a?os, el eco que la acompa?aba la hac¨ªa mucho m¨¢s sombr¨ªa de lo que deber¨ªa. ¨DSaludos, moradores de este lado. Descuidad, no deseo haceros ning¨²n da?o, ni a vosotros dos ni a mi recept¨¢culo. No cuento con un nombre real, mas pod¨¦is llamarme H¨¦roe. ¨DQu¨¦ subidito te lo llevas, ?no? ¨DEstir¨¦ el brazo demoniaco para preparar un potencial ataque. ¨DNo deseo iniciar una reyerta. ¨DEl cuerpo de Vero danz¨® por el aire como una marioneta de gr¨¢cil titiritero¨D. De hecho, mi rol en este plano, desde mi llegada, no ha sido sino acompa?ar a esta joven en su crecimiento y asegurarme de que mi mundo no puede haceros da?o. Claro est¨¢, ha supuesto una tarea harto dif¨ªcil. Nunca consider¨¦ que los vuestros fueran tan endebles al ser tra¨ªdos al mundo. ¨DEst¨¢s haciendo da?o a mi sobrina ¨DJaime apret¨® los pu?os. ¨DY me disculpo por ello, Jaime Llagaria. ¨DHizo que la cabeza de la peque?a se agachara en se?al de disculpa¨D. Si bien el potencial innato de este recept¨¢culo es vasto, su manejo sobre el esp¨ªritu es a¨²n deficiente. No es sino mi objetivo aqu¨ª ayudar a Ver¨®nica a alcanzar su potencial. Es de necesidad acuciante que lo haga. ¨D?Por qu¨¦ ahora? ¨DNo disip¨¦ el poder que rodeaba mi brazo¨D. ?Por qu¨¦ no permites a una chiquilla tener su infancia en paz? ¨DHe intentado postergarlo, Norma Guarnido. Por las Diosas que lo he hecho, mas el peligro es inminente y me estoy viendo obligado a intervenir. El nacimiento de un monstruo digno de la guardia de Erymath ha puesto en jaque el fr¨¢gil equilibrio entre nuestros reinos. Una criatura con poderes capaces de alterar las reglas de esta inestable convivencia. Un demonio que debe ser parado a toda costa, ya que su victoria abrir¨ªa la puerta a, en vuestros t¨¦rminos, el mismo diablo. ¨DSi lo que dices es cierto, esa es una lucha que queda un poco grande a una ni?a de once a?os. ¨DLas palabras de Jaime fueron afiladas como cuchillos. ¨DQuiz¨¢ lo sea ahora ¨Dconcedi¨® el H¨¦roe¨D. Incluso es posible que la fuerza que sum¨¢is sea suficiente para aletargar lo inevitable. Mas eso no exime a mi recept¨¢culo de su responsabilidad para con este mundo. ¨D?Y qu¨¦ pretendes hacer? ¨Dle pregunt¨¦¨D. Nos est¨¢s advirtiendo de un s¨²bdito, pero eso implica un mal mayor. Ese tal Erymath. ¨DNo es sino por eso por lo que Ver¨®nica Garza ha de abrazar mis poderes. Debe entrar en sinton¨ªa conmigo. Lograr que convivamos en su cuerpo. Volverse la hero¨ªna que desea ser. Desconozco lo que nos depara el futuro. Mas est¨¢ escrito en el firmamento que ha de ser mi espada quien ponga fin al Se?or de los Cern¨ªcalos. El cuerpo de la joven descendi¨® del aire con suavidad y, con algo de torpeza, tom¨® mi mano. Aunque brillasen con un furioso fulgor, a¨²n era capaz de reconocer esos ojos aguamarina detr¨¢s. ¨DNo puedo mantener el control mucho m¨¢s tiempo ¨Dconfes¨®¨D. S¨¦ que har¨¦is lo correcto, humanos. Un H¨¦roe sabe reconocer a quienes est¨¢n cortados por su mismo patr¨®n. A los faros de la moral, gente que dar¨ªa todo por proteger a los suyos. Soy consciente de que mi petici¨®n, m¨¢xime conociendo mi naturaleza, es at¨ªpica. Mas, por ahora, nuestra prioridad es poner fin a los planes de Algodaoth y mantener este mundo a salvo. Cap铆tulo 15, por Jaime Llagaria (parte 1) Golpe¨¦ el escritorio del despacho de Ram¨®n con tanta fuerza que me hice da?o en el canto de la mano. Por suerte, el glitch que hab¨ªa domado logr¨® que el dolor y la inflamaci¨®n solo supusieran un problema durante unos segundos. ¨D?Qu¨¦ m¨¢s pruebas necesitas para simplemente considerar que ese glitch estuviese diciendo la verdad? ¨Despet¨¦, no sin cierta agresividad¨D. Todo encaja con lo que t¨² mismo has investigado. ¨DNo pienso creer las palabras de un demonio. ¨DCree entonces en las m¨ªas, amor. ¨DEvad¨ª la mirada¨D. Yo lo vi aquel d¨ªa con mis propios ojos. Sabes perfectamente que ese incidente fue lo que motiv¨® todo esto. Ese monstruo, como lo llamas, no ha querido hacernos da?o en m¨¢s de una d¨¦cada. No creo que haya aparecido ahora con malas intenciones. El jefe se levant¨® de su silla giratoria para echar un vistazo al resto de la redacci¨®n entre las l¨¢minas de la persiana. Siempre hac¨ªa eso cuando necesitaba reflexionar sobre algo. Seg¨²n ¨¦l, era relajante ver a los dem¨¢s trabajar. ¨D?En qu¨¦ situaci¨®n nos pone esto? ¨Dsolt¨® un exageradamente elongado suspiro¨D. Ya sabes cu¨¢les son las condiciones de la sacerdotisa ante un caso as¨ª. ¨DSoy el primero que no quiere que Vero desperdicie su infancia en un pueblo perdido de la mano de Dios. Pero la otra opci¨®n es dejar que un poder que no entiende la consuma por dentro. Y eso es algo que me niego a permitir. ¨D?Hay alguna forma de extraer al demonio de su alma? ¨Dpregunt¨®. Por su tono, parec¨ªa ser honesto en su desconocimiento¨D. Si se terciara, me ofrezco a ser el recept¨¢culo de ese tal H¨¦roe yo mismo. ¨D?T¨²? ?El exorcista que se empe?a en luchar ¨²nicamente con su propio poder por no tener tratos con demonios? Solt¨¦ una carcajada, intentando destensar el ambiente, pero el helado vistazo que me ech¨® dej¨® bien claro que no contaba con intenci¨®n alguna de gastar bromas al respecto. ¨DNunca he dejado de creer en tu historia. Ni cuando expusiste tus teor¨ªas locas, ni cuando te pasaste un mes en Atecina intentando buscar explicaciones, ni cuando forzaste un ritual espiritual sobre m¨ª. ¨DMe pas¨® el anverso de la mano por la mejilla, con cari?o¨D. Sin embargo, si tengo que dar validez a tus palabras, eso significa que yo he sido tan responsable como t¨² en traer al primer demonio a este mundo. Quien no ten¨ªa un ¨¢pice de culpa fue Ver¨®nica. Si puedo sacrificar mis convicciones por alguien, que sea por ella. Le dediqu¨¦ una sonrisa c¨®mplice antes de envolverle con mis brazos. El abrazo fue corto, pero aun as¨ª me sorprendi¨® que no se quejara. Quiz¨¢ era porque hab¨ªa logrado una peque?a victoria en eso de hacerle admitir seg¨²n qu¨¦ cosas y le hab¨ªa quitado las ganas de ser testarudo por un rato. ¨DSea como sea, eso no es una posibilidad. ¨DMe encog¨ª de hombros¨D. Norma se te ha adelantado en el ofrecimiento. Ya sabes c¨®mo es. No, ese demonio ya es indivisible de tu sobrina. A estas alturas, el ¨²nico plan que nos queda es obligar a la chica a pasar unos cuantos a?os malos... por su bien y el de todos. ¨DNo me gusta esa idea, Jaime. ¨DEl jefe abri¨® la puerta de su despacho para sorprender a la periodista intentando escuchar la conversaci¨®n al otro lado del cristal¨D. Se?orita Guarnido, si quiere participar en esta conversaci¨®n no tiene m¨¢s que pedirlo. Ya deber¨ªa saber que las t¨¢cticas de comedia situacional televisiva no son especialmente de mi agrado. ¨DBah. ¨DLa chica se ajust¨® la chaqueta y tom¨® asiento¨D. Parec¨ªa divertido. Respondiendo a tu pregunta, Ram¨®n... ¨DSe?or Lourido ¨Dle corrigi¨®. ¨DSe?or SiliMAX. ¨DCompuso un moh¨ªn perverso en sus labios¨D. Tal y como dice Jaime, ya es tarde para separar a Vero del H¨¦roe. Es probable que nunca hubiera sido una posibilidad real, pero tal y como est¨¢n las cosas es imposible saber d¨®nde empieza la energ¨ªa de uno y acaba la del otro. Literalmente, no hay donde cortar. Y, huelga decir, realizar un exorcismo causar¨ªa da?os irreversibles. Pero... Dej¨® la palabra en el aire, probablemente para exasperar un poco a su jefe, que tamborile¨® con el pie impaciente. ¨DYa est¨¢ decidido: yo misma la entrenar¨¦. ¨DAlz¨® el pulgar en el aire para se?alarse¨D. Se lo he prometido. No tiene por qu¨¦ irse de aqu¨ª si tiene a una gu¨ªa espiritual, ?no? ¨DLo siento, Norma ¨Drepliqu¨¦, no sin pesadumbre en el pecho¨D. Me temo que es... demasiado peligroso. La sacerdotisa... ¨DLa vieja esa puede decir misa. ¨DEntrechoc¨® sus pu?os, divertida¨D. ?Pero qui¨¦n es la mejor cazando demonios aqu¨ª? Una menda. Aunque eso fuera verdad, la sacerdotisa era terror¨ªfica. Una vez yo tambi¨¦n me pas¨¦ de frenada con ella y me acab¨¦ comiendo una bocanada de tierra fresca y repleta de gusanos en menos de medio segundo. Aun as¨ª, me call¨¦. No porque no fuera algo que quisiera rememorar, sino porque no merec¨ªa una advertencia por mi parte. Al fin y al cabo, lo terror¨ªfico de la sacerdotisa era una lecci¨®n que cada uno deb¨ªa aprender por su cuenta y riesgo. The genuine version of this novel can be found on another site. Support the author by reading it there. ¨DSi todas las hip¨®tesis de las que partimos son acertadas... ¨Dreformul¨® Ram¨®n, mirando de nuevo por los huecos que dejaba la persiana¨D. S¨ª, he de admitir que Atecina es la mejor opci¨®n para mi sobrina. No solo ser¨¢ el mejor entorno para su entrenamiento; se trata tambi¨¦n de un lugar seguro. Uno en el que la sacerdotisa podr¨¢ tratarla tras cualquier brote de descontrol. Uno en el que nadie la vilipendiar¨¢ tras verla iluminarse por accidente. ¨DEso es cierto ¨Dterci¨¦¨D. Sus padres no deber¨ªan haber percibido el brillo de sus ojos o el de su pelo, pero lo se?alaron claramente. Su pelo flotaba ignorante de la gravedad. Muchas de nuestras preconcepciones sobre la energ¨ªa espiritual han dejado de tener sentido con su caso. Es mejor ser previsores. ¨DS¨ª, Atecina es un lugar en el que estar¨¢ mejor protegida de ese demonio que citaba el susodicho H¨¦roe. ¨DSe encar¨® hacia nosotros de nuevo¨D. Al menos, hasta que tenga el visto bueno de la sacerdotisa para cumplir con su sino. El redactor se acerc¨® a su mesa y comprob¨® el calendario que ten¨ªa sobre ella. Recorri¨® el mes de octubre con calma y cont¨® en un susurro los d¨ªas. ¨DDe acuerdo, hablar¨¦ con mi hermana y Juli¨¢n. Eso s¨ª, d¨¦mosle unos d¨ªas. Al menos, que tenga su cumplea?os en paz. En el fondo, era el que m¨¢s se preocupaba por ella. ¨DAh, eso me recuerda que ya me ha llegado su regalo. ?Mira! Saqu¨¦ del bolsillo de la gabardina un sobre acolchado y se lo lanc¨¦ a Ram¨®n. Lo pudo coger al vuelo. Comprob¨® su contenido, me lanz¨® una mirada de confusi¨®n y me devolvi¨® el paquete por transferencia a¨¦rea. Norma lo intercept¨® con curiosidad. ¨DA la chica le flipan las V-Pet. As¨ª que... ¨D?Menudo nivel! ¨Dse sorprendi¨®. ¨DNo los colecciono, pero he le¨ªdo que esta edici¨®n es muy limitada y no se iba a lanzar aqu¨ª, as¨ª que pens¨¦ en darle una sorpresilla despu¨¦s de tanto disgusto. ¨DJoder, Jaime, ?qu¨¦ hay que hacer para tenerte de t¨ªo? ¨Drestreg¨® su hombro contra mi pecho como si fuera un gato. A pesar del tono burl¨®n, a Ram¨®n no pareci¨® hacerle mucha gracia¨D. Ad¨®ptame. Yo firmo los papeles que hagan falta, de verdad. *** Pas¨¦ un par de d¨ªas haciendo mis propias averiguaciones. Me preocupaba la advertencia del H¨¦roe y todo parec¨ªa apuntar a que nuestros intereses converg¨ªan. Si el monstruo que le faltaba por encontrar a Kat ten¨ªa relaci¨®n con ese poderoso demonio que pod¨ªa poner nuestro mundo patas arriba, lo mejor que pod¨ªa hacer era buscar toda la informaci¨®n que pudiera al respecto. La redactora me facilit¨® todas sus notas sobre el trasfondo de la bestia. Al parecer, el G¨®lem de Pirita era uno de los miembros de la familia de monstruos de metal. En orden de poder creciente, los g¨®lems que pod¨ªas obtener en el juego estaban hechos de n¨ªquel, zinc, plata y oro, pero los documentos de una biblioteca abandonada apuntaban a la existencia de un quinto miembro. Un monstruo elusivo del que solo se sab¨ªa que reflejaba la luz en diversos colores y era capaz de injertar sus fragmentos en otros monstruos para controlarlos. Investigando a lo largo y ancho de los foros de la ¨¦poca se pod¨ªan encontrar distintos conceptos de c¨®mo ser¨ªa ese monstruo tan elusivo y miles de teor¨ªas sobre c¨®mo los desarrolladores nunca llegaron a tiempo para implementarlo. Otros sosten¨ªan que ser¨ªa uno de los diecis¨¦is monstruos de evento ya que, tras tant¨ªsimas pruebas, alguien lo habr¨ªa acabado invocando de manera natural al probar con sus discos de m¨²sica. Fuera como fuese, las peque?as referencias al monstruo hab¨ªan hecho bola de nieve y se convirtieron en una leyenda urbana que dejaba en rid¨ªculo incluso a toda la charla de recreativa de c¨®mo conseguir personajes extra en Street Fighter II. Lo que s¨ª que era algo menos conocido entre los jugadores era que un texto cr¨ªptico localizado en una de las mazmorras opcionales revelaba su nombre como Algodaoth, pero los requisitos para alcanzarla eran tan extremos y el m¨¦todo para descifrarlo tan retorcido que solo dos personas hab¨ªan afirmado conocer ese nombre en toda mi investigaci¨®n: Katrina y alguien que usaba el nombre Usagi85 en un foro de videojuegos. Por fortuna, no parec¨ªa vivir muy lejos de Gailadr¨ªa. ¨D?Sabes el mal rollo que me da escribir un mensaje privado a alguien de trece a?os para hablar en persona, Norma? ¨DMe deslic¨¦ sobre la mesa¨D. Anda, hazlo t¨², que no solo eres m¨¢s joven sino que tienes una mejor excusa trabajando en una revista. Le dices que es la ¨²nica persona capaz de haber encontrado a un personaje secreto, que la revista quiere celebrar su logro en el pr¨®ximo n¨²mero con una entrevista, pides autorizaci¨®n a sus padres y ya est¨¢. ¨DJoder, te las sabes todas. ¨DMe dio un golpetazo en la espalda que, desprevenido, me hizo toser con fuerza¨D. Eso s¨ª, ?por qu¨¦ siempre me arrastras a estas cosas? Eres un puto liante. En lugar de darle una respuesta que no ten¨ªa, pesta?e¨¦ varias veces hasta que rompi¨® a re¨ªr. La t¨¢ctica nunca fallaba. ¨DVenga, va ¨Drezong¨® con un peque?o quejido¨D. Pero que conste que lo hago por la investigaci¨®n. Y por un caf¨¦. Y un gofre con crema de avellanas. ¨DMe parece justo. La joven fue eficiente: en menos de quince minutos ya hab¨ªa entrado en su cuenta, comprobado el historial de Usagi y compuesto un primer borrador del mensaje. ¨DA ver, creo que esto tiene m¨¢s o menos lo que me ped¨ªas. He insistido en el tema de la presencia y autorizaci¨®n paterna y he a?adido un par de preguntas sobre el juego, para asegurarnos de que hemos dado con la persona correcta. ?Algo que a?adir? No ten¨ªa ni una coma fuera de sitio. A pesar de no sumar un par de meses de experiencia, la nueva redactora era buena en su trabajo. Me tom¨¦ el lujo de pulsar el bot¨®n de env¨ªo, minimic¨¦ la ventana y decid¨ª desconectar por unos minutos revisando mis ¨²ltimas composiciones. Antes de que hubiera acabado de escucharlas, el navegador me respondi¨® con una notificaci¨®n. [RE] Entrevista para SiliMAX! Espera, espera... ?los rumores son ciertos? :O ?Han terminado fichando a la Princesa Aran en plantilla? S¨¦ que esta es tu cuenta del foro de verdad, vi que subiste tus fotos al hilo de cosplay en su d¨ªa. Mi hermana dec¨ªa que estaba segura de que te iban a terminar pillando por ah¨ª, jaja. ?Necesito saber si es verdad! Respecto a tu propuesta... ?Me encantar¨ªa! Pero tengo que hablarlo con mis abuelos primero. No creo que tengan problemas si pueden estar presentes, pero no quiero confirmarte nada antes. S¨ª que puedo decirte que, efectivamente, hemos visto al monstruo. ?M¨¢s detalles en la entrevista! Jaja, siempre hab¨ªa querido decir esto. Jo, menudas ganas de salir en el art¨ªculo. Usagi85 ¨DHa sido sorprendentemente f¨¢cil. ¨DCerr¨¦ el pu?o y lo alc¨¦ en se?al de victoria¨D. Aunque los abuelos no nos permitan una reuni¨®n en persona, seguro que nos acaba contando m¨¢s. Cap铆tulo 15, por Jaime Llagaria (parte 2) La entrevista se hizo de rogar hasta el fin de semana. El trato era sencillo: nos dar¨ªa la informaci¨®n y nosotros invitar¨ªamos a Usagi y a su familia a almorzar en el Velocidad Pizz¨®nica, uno de esos restaurantes llenos de consolas y m¨¢quinas recreativas tan popular entre los chavales que hab¨ªa abierto el a?o anterior. Tambi¨¦n decidimos regalarles algo de merchandising de la revista y unos cuantos juegos que ten¨ªamos tirados en el caj¨®n de copias de prensa sin reclamar. En la puerta nos esperaba un se?or que, a pesar de mostrar la edad en las manchas de su piel y en las arrugas de su rostro, hac¨ªa gala de una energ¨ªa encomiable. Lo acompa?aban dos adolescentes que, si bien compart¨ªan un gran parecido f¨ªsico, eran capaces de distinguirse de un simple vistazo solo con su actitud y lenguaje corporal. Por un lado, una t¨ªmida cabecilla se escond¨ªa con verg¨¹enza tras el anciano, mientras que su hermana correteaba por el escaparate cotilleando todos los juegos que ofrec¨ªan ese mes. ¨DZacar¨ªas Hern¨¢ndez, ?verdad? ¨DMi compa?era le extendi¨® la mano¨D. Soy Norma Guarnido, de la revista SiliMAX. De nuevo, muchas gracias por darnos su consentimiento para esta entrevista. Deber¨ªa estar orgulloso, tiene delante a una personita capaz de encontrar un secreto que ni los jugones m¨¢s empedernidos han logrado. ¨D?Ves, abu? ¨Ddijo la t¨ªmida figura, tirando de la manga de su camisa¨D. Las maquinitas no nos van a dejar tarumbas, nos han hecho ganar una pizza. Me inclin¨¦ para ponerme a su altura, aunque no fue muy f¨¢cil hacerme una idea de sus facciones. Escond¨ªa media cara entre los mechones de su melena oscura y la otra mitad bajo el cuello de su jersey. Cuando me acerqu¨¦ m¨¢s, se tap¨® lo poco que se pod¨ªa ver de su rostro enrojecido. ¨DPrin... princesa Aran ¨Dse gir¨® hacia ella. ¨DPuedes llamarme Norma. Y mi compa?ero es Jaime. T¨² debes de ser Usagi. ¨DLe tendi¨® la mano, pero no la acept¨® por verg¨¹enza. ¨D?Usagi? ¨DEl abuelo solt¨® una carcajada¨D. No s¨¦ lo que significa, pero es un nombre bonito. ¨D?E-es mi mote de internet! ¨Dse revolvi¨® cual gelatina¨D. Adem¨¢s, ya sabes que... ¨DS¨ª, s¨ª ¨Dcon una sorprendente facilidad, alz¨® su cuerpo al aire y lo cogi¨® en brazos. Aunque no fuera muy grande para su edad, estaba convencido de que yo no podr¨ªa replicar la proeza¨D. ?Qu¨¦ se dice? ¨DU-un placer. ¨DLe tom¨® por fin la mano, pero con poca firmeza. Lo poco que dejaba ver de sus mejillas se ilumin¨®. ¨D?Vamos, vamos! ¨Dinterrumpi¨® la vivaracha adolescente, se?alando al interior del local¨D. ?Si hace falta, yo os lo cuento todo! ?Pero no os qued¨¦is en la puerta! ¨DPerdonadla ¨Ddijo el anciano¨D. Es un verdadero hurac¨¢n cuando se lo propone. Venga, nena, ?te apetece que juguemos al baloncesto mientras estos se?ores hacen su trabajo, Marina? ¨D?Vale! ?Pero primero la pizza! Usagi, a pesar de lo mucho que le costaban cosas tan simples como establecer contacto visual, se empe?¨® (entre un mont¨®n de balbuceos, eso s¨ª) en sentarse en una mesa apartada con nosotros. Su abuelo y su hermana se colocaron relativamente cerca, lo suficiente como para poder echar un vistazo si lo necesitaban, pero dejando un espacio a la intimidad de la entrevista. ¨DVale, ?te importa si uso esta grabadora? ¨DRealic¨¦ un gesto despreocupado, para que nos sintiera cercanos¨D. As¨ª podemos comer tranquilamente sin manchar nuestras notas y nos ser¨¢ m¨¢s f¨¢cil charlar de forma distendida. Como si estuvieras con unos amigos, ?vale? ¨DB-bueno, vale. ¨DSe desliz¨® por la silla y empez¨® a murmurar¨D. Va. No suena mal. Eso... He venido a hablar de videojuegos con la Princesa Aran. Es mi gente... Es mi mundo... Deber¨ªa... Consider¨¦ usar mis poderes para calmar sus nervios, pero dadas las circunstancias pod¨ªa no ser la mejor de las ideas. En su lugar, decid¨ª usar mis propios encantos, dibujar una sonrisa enorme en mi rostro y formular la primera pregunta. ¨DNorma me ha dicho que eres muy fan de Compact Creatures. ?Cu¨¢l es tu monstruo favorito? Quiz¨¢ aligerar el ambiente fuera uno de mis talentos, pero qu¨¦ mal se me daba improvisar en momentos as¨ª. Seguro que a Norma se le habr¨ªan ocurrido veinte cuestiones mejores para abordar la conversaci¨®n. Por fortuna, pareci¨® funcionar. ¨DE-el verbatorrinco marino. ¨DAlz¨® por primera vez la barbilla y se apart¨® un mech¨®n de pelo de sus ojos grises¨D. No hace gran cosa, pero es muy mono. C¨®mo una barra de pan de molde azul con pico, cola y estrabismo pod¨ªa parecerle adorable a alguien era algo que en lo que no iba a ahondar, pero al menos las respuestas empezaban a fluir. ¨DCu¨¦ntame, Usagi. ¨DFue Norma quien sigui¨® el cuestionario, entre sorbos de refresco¨D. De los ciento veintiocho monstruos del juego, ?cu¨¢ntos has conseguido? ¨DCi-ciento veintid¨®s ¨Ddistrajo su vista con la pizza familiar que hab¨ªan puesto en nuestra mesa¨D. S¨ª, ya he encontrado alguno de los c¨®digos secretos por ah¨ª, pero algunos se me resisten. ¨DEnhorabuena, has superado a Kat, nuestra experta local. ?Ella solo tiene unos ciento quince ahora mismo! ?Y eso que tiene informaci¨®n privilegiada! ¨D?Norma, no puedes hablar de eso! ¨Dsolt¨¦ una carcajada tonta. ¨DSabemos que hay algunos monstruos que incluso FILE est¨¢ manteniendo en secreto, pero existe uno muy especial. Uno que, por mucha informaci¨®n que hayamos buscado en la red, solo nos lleva a un ¨²nico mensaje tuyo. ¨DS¨ª... Algodaoth. ¨DExhal¨® un largo suspiro, de esos que se eternizan y que te hacen sorprenderte de cu¨¢nto aire puede almacenar en sus pulmones un ser humano¨D. Lo he podido ver, pero a¨²n no he logrado capturarlo. Es la ¨²ltima criatura elusiva que me falta. ¨DSolo conocer ese nombre tiene un mont¨®n de m¨¦rito, Usagi. ¨DGuau, Norma parec¨ªa hecha para el periodismo. Menudo carisma destilaba¨D. Al menos, antes de que hablemos de ¨¦l en nuestro pr¨®ximo n¨²mero. ?Y ser¨¢ todo gracias a ti! ¨DNo s¨¦. ¨DCort¨® un trozo de pizza con su cuchillo, con la mirada distra¨ªda¨D. Quiz¨¢ solo haya sido suerte. ¨D?Suerte? ?A qu¨¦ te refieres? ¨DMi hermana, Marina. ¨DApunt¨® con su ¨ªndice a la muchacha que estaba devorando una cuatro quesos junto a su abuelo¨D. Gan¨® un concurso en el que los premiados recibir¨ªan una copia adelantada de un disco de m¨²sica que sale este mes. ¨D?As¨ª que el monstruo no hab¨ªa aparecido porque el disco del que sale a¨²n no estaba a la venta? ¨DNorma dirigi¨® su voz a la grabadora¨D. Qu¨¦ curioso. ¨DEso... no tiene sentido ¨Ddije en voz baja a mi compa?era¨D. La combinatoria deber¨ªa haber dado el resultado antes. Tiene que haber algo raro en... ¨DMirad. ¨DSac¨® una caja de CD de su zurr¨®n. Su portada era de color morado y en ella aparec¨ªan un par de hombres cruzando un paso de peatones¨D. Es este disco. ¨D?Estopa? ¨Dley¨® la periodista en voz alta¨D. Nunca hab¨ªa o¨ªdo hablar de ellos. The story has been illicitly taken; should you find it on Amazon, report the infringement. ¨D?Debajo de qu¨¦ piedra te has escondido, Norma? ¨DJuguete¨¦ con el vaso de refresco. Era un momento perfecto para aligerar la conversaci¨®n¨D. ?Es que no pones la radio? ¨DMi hermana se ha vuelto bastante fan. ¨DA pesar de la interrupci¨®n, continu¨® con timidez¨D. A mis abuelos les ha encantado, no tararean otra cosa por casa. Yo... bueno, no es lo que escucho habitualmente, pero tengo que reconocer que no est¨¢ nada mal. Sea como sea, he hecho una copia. ¨DNos entreg¨® un disco con el t¨ªtulo escrito a mano. Para ?no ser lo suyo?, hac¨ªa un buen esfuerzo a la hora de imitar la tipograf¨ªa de la portada, eso s¨ª¨D. Supuse que os interesar¨ªa. Aunque segu¨ªa sorprendido por el absurdo giro de los acontecimientos, estaba contento de haber logrado por fin la clave que nos faltaba para resolver la leyenda urbana. ¨DCu¨¦ntame, Usagi... ¨Dsegu¨ª mientras le¨ªa la contraportada¨D. ?Por qu¨¦ no pudiste capturarlo? ¨DSupongo que lo habr¨¦is visto en los foros, pero no es demasiado raro recibir un error a la hora de leer un disco. He visto algunos que se quedan formando el huevo, otros que se cuelgan cuando te tienen que entregar el monstruo... Este, en concreto, para a la mitad. Se puede leer su nombre, se puede ver alguno de sus rasgos, pero... Se me encendi¨® la bombilla de repente: est¨¢bamos tan centrados en localizar la llave para alcanzar el G¨®lem que hab¨ªamos ignorado la posibilidad de que el glitch ya estuviera suelto. Al fin y al cabo, alguien hab¨ªa disparado ese error antes de que lleg¨¢ramos nosotros. Ten¨ªa que averiguar si hab¨ªa sido el caso. ¨D?Pas¨® algo extra?o al intentarlo? ¨Dinterrump¨ª¨D. Quiz¨¢ sea una pregunta rara, pero necesitamos saber si pas¨® algo raro en casa mientras tanto. Ya sabes, fallos en las luces, ruidos fuera de lo normal, el motor de la consola aceler¨¢ndose... Cualquier cosa. Se acarici¨® la mejilla. Era f¨¢cil intuir la curiosidad en sus ojos. Se esforz¨® en paladear varias veces una posible respuesta, pero tard¨® unos instantes en llegar a formularla. ¨DNo siempre ¨Dsentenci¨®, finalmente¨D. He probado media docena de veces. Ya sab¨¦is, limpiando el disco, d¨¢ndole con un bastoncillo a la lente, cosas as¨ª. Siempre el mismo error. Pero, ?cosas as¨ª de raras? Solo en las dos ocasiones en las que mi hermana estaba mirando. Le encantan las historias de terror, as¨ª que no descarto que estuviera gast¨¢ndome una broma. Activ¨¦ la Vista y escudri?¨¦ a Usagi de arriba abajo. No sent¨ªa energ¨ªa espiritual, ya fuera potencial o en la superficie, pero s¨ª que hab¨ªa algo inquietante en el ambiente que nos rodeaba. Gir¨¦ la cabeza lentamente hacia sus familiares y... tal y como me hab¨ªa figurado, era su hermana quien dejaba escapar su aura sin control en cada uno de sus movimientos. ¨DNorma... ¨DMe acerqu¨¦ a su o¨ªdo para cuchichear, pero me fren¨®. ¨DNo necesito siquiera mirar para saber en lo que est¨¢s pensando. Si un par de adolescentes hab¨ªan invocado accidentalmente a Algodaoth a nuestro mundo y estaban aqu¨ª para contarlo, eso solo pod¨ªa significar dos cosas: que la criatura no era tan mal¨¦vola como promet¨ªa el H¨¦roe o que hab¨ªamos infraestimado su inteligencia y ten¨ªa sus propios motivos para estar suelto por nuestro mundo. Y algo me dec¨ªa que no iba a ser lo primero. Me acerqu¨¦ al o¨ªdo de mi compa?era para susurrar a su o¨ªdo. Usagi nos mir¨® con esa expresi¨®n de frustraci¨®n que le sale a uno cuando le ocultan cosas estando t¨² delante, pero no se atrevi¨® a preguntar nada. ¨DPero hay algo que no me cuadra. El mismo glitch... ?dos veces? ¨DLa grieta deber¨ªa haberse cerrado la primera vez ¨Dreplic¨®¨D. No conozco ning¨²n caso en el que... No ten¨ªa ning¨²n sentido. Como el de Vero, ese caso tambi¨¦n estaba rompiendo todas las normas que hab¨ªamos considerado reales hasta ese momento. Quiz¨¢ fuera por eso por lo que el H¨¦roe tuvo que intervenir antes de tiempo. Quiz¨¢ una de sus irregularidades fuera la que iba a poner el mundo patas arriba. ¨DUsagi. ¨DNorma chasque¨® los dedos de repente, sac¨¢ndome a la fuerza de mi hilo de pensamiento¨D. Dir¨ªas que conoces todo lo que hay que saber de Compact Creatures, ?verdad? Quiz¨¢ puedas ayudarnos con una duda. ¨DE-eso es ¨Dreplic¨® con encogimiento¨D. Bueno, eso de todo... Ya sab¨¦is, lo que buenamente he podido aprender con la informaci¨®n del propio juego y lo que he le¨ªdo en Internet. Estoy deseando que salga el libro de arte para leer las entrevistas. ¨DEntonces, ?puedes contarnos todo lo que sabes del G¨®lem de Pirita? La informaci¨®n que tenemos es escasa, pero seguro que la puedes ampliar. No me gustaba a d¨®nde estaba yendo esa conversaci¨®n. Si ten¨ªamos que hacer caso a lo que se supon¨ªa que era ese monstruo dentro del mundo del juego... ¨DBueno, ya sab¨¦is que en Compact Creatures existen cuatro g¨®lems met¨¢licos. ¨DEra gracioso ver c¨®mo alternaba su timidez al hablar con su pasi¨®n por hablar del videojuego¨D. Pero algunos grupos de enemigos tienen un miembro secreto. ¨DPor lo que nos ha contado Kat, se referencia un quinto g¨®lem en la biblioteca, s¨ª. Y puedes averiguar su nombre si descifras los acertijos en una mazmorra que se desbloquea tras acabar la historia. ¨D?Eso es! ¨DDej¨® que una sonrisa orgullosa atravesara su verg¨¹enza¨D. Poca gente sabe eso ¨²ltimo. Pero ya est¨¢. No hay m¨¢s informaci¨®n sobre ¨¦l dentro del propio juego. Y mira que he investigado por mi cuenta. ¨DHay una cosa sobre la que tengo especial curiosidad. Kat ha anotado que ese monstruo es capaz de controlar a otros lanzando fragmentos de pirita. ?No es muy raro que tenga una mec¨¢nica tan ¨²nica una criatura que casi ning¨²n jugador puede encontrar? ¨D?Ay, no! ¨Dsolt¨® una sonora carcajada. Tanto, que se avergonz¨® de ella y acab¨® tap¨¢ndose el rostro con las manos¨D. Esas cosas son solo flavor text. Concentr¨¦ de nuevo la Vista. Estaba empezando a unir los cabos sobre la presencia extra?a que hab¨ªa visto unos minutos antes. Al fin y al cabo, lo que hab¨ªa dicho no cambiaba nada: que no pudiera pasar en el juego no significaba que las leyendas urbanas sobre su identidad no fueran capaces de conferir esa caracter¨ªstica al demonio que acabaran formando. Necesitaba probar algo, por arriesgado que pudiera parecer. Trac¨¦ una figura en el aire con mi energ¨ªa espiritual. Una que cualquier persona con un m¨ªnimo de control sobre su esp¨ªritu ser¨ªa capaz de reconocer. Y, aunque no debiera, Usagi gir¨® sus ojos hacia ella, con sorpresa. Norma no tard¨® ni un instante en entender qu¨¦ era lo que estaba probando. Por c¨®mo evolucion¨® la expresi¨®n de su rostro, estaba convencido de que hab¨ªa llegado a la misma conclusi¨®n que yo. ¨D?Ja, ja! ?Dejemos de hacer el tonto! ¨DAunque los labios de Usagi se mov¨ªan, la voz parec¨ªa llegar directamente a mi cerebro, vetusta y acompa?ada de un inc¨®modo chirrido¨D. Cre¨ªa que estaba bien escondido, pero es hora de quitarse la careta... Sus ojos cambiaron en un chasquido. El gris de sus iris adquiri¨® un brillo met¨¢lico y empez¨® a reflejar los componentes de la luz, como si de la parte trasera de un CD se tratara. Mi primera reacci¨®n fue alzar un muro de energ¨ªa que rodeara la mesa, por poco sutil que pudiera resultar a alguien con sensibilidad espiritual. S¨ª, cab¨ªa la posibilidad de que su hermana pudiera darse cuenta de que hab¨ªa algo fuera de lugar, pero confiaba en que el duelo de baloncesto la distrajera lo necesario como para no mirar hacia la mesa m¨¢s tiempo de la cuenta. ¨DQuietos, cazadores ¨Dadvirti¨®, con el cuchillo de cortar la pizza en la mano¨D. No tengo reparos en da?ar uno de mis recept¨¢culos si eso os ense?a una lecci¨®n. Cuento con reservas, pero s¨¦ de buena tinta que las leyes de vuestro mundo os har¨¢n dif¨ªcil explicar por qu¨¦ la persona con la que almorzabais yace en un charco de sangre. ¨DHijo de puta. Norma despleg¨® su brazo demoniaco sin pens¨¢rselo dos veces. No era de las que confiaban en la diplomacia en un caso as¨ª y tampoco le importaba demasiado que alguien pudiera verlo. ¨D?Est¨¢is eligiendo la violencia? ¨Dla voz espectral se encogi¨® en una carcajada retorcida¨D. Que as¨ª sea. Antes de que pudiera hacerle da?o, lanc¨¦ una r¨¢pida onda que desarm¨® al demonio y llegu¨¦ r¨¢pidamente a la conclusi¨®n de que, por muy t¨ªtere que fuera, su control obedec¨ªa a las leyes y limitaciones del cuerpo humano. Eso nos daba algo de ventaja, pero no la suficiente. ¨DEstamos llamando la atenci¨®n ¨Dadvert¨ª a Norma¨D. Lo que hagamos tiene que ser r¨¢pido, met¨®dico, y quir¨²rgico. ¨DMi estilo de combate no tiene espacio para palabras como ?sutileza?. ¨DDefinitivamente, su brazo llameante era demasiado llamativo para cualquier persona con el potencial de verlo¨D. ?Qu¨¦ sugieres? Escucho tus ideas. ¨DEl demonio no est¨¢ poseyendo su cuerpo, lo est¨¢ controlando ¨Despecul¨¦ sin levantar demasiado la voz. Por suerte, Norma ten¨ªa buen o¨ªdo¨D. Es un titiritero, y las marionetas se controlan a trav¨¦s de hilos. ¨DAs¨ª que solo tengo que cortar la conexi¨®n y ser¨¢ libre. ¨DEstir¨® la mano llameante hacia delante¨D. Parece sencillo. Eso s¨ª, no me hace mucha gracia que un trozo del alma de un demonio se quede dentro de alguien tan vulnerable. ¨DEso ser¨¢ un problema para el Jaime de ma?ana. ¨DCon un movimiento ¨¢gil, sujet¨¦ las mu?ecas de Usagi sobre la mesa para evitar que el demonio tomase represalias y rec¨¦ a todas las deidades que conoc¨ªa para que nadie se alertara por la estampa¨D. Ahora, corta. ¨D?Y qu¨¦ cojones tengo que cortar? ¨DConcentr¨® la energ¨ªa espiritual en sus garras ¨ªgneas¨D. Esto no es un caso de ?cable rojo, cable azul?. No es como si pudiera ver algo aqu¨ª. ¨DT¨² corta. Justo por encima de la cabeza, unos tres cent¨ªmetros ¨Dle dije¨D. Conf¨ªa en mi Vista. Norma dio lo que a cualquier extra?o pod¨ªa parecerle un zarpazo al aire. Desde fuera, cualquier persona podr¨ªa haber pensado que estaba espantando un par de moscas, pero los que ten¨ªamos la capacidad de ver lo que estaba ocurriendo pudimos observar c¨®mo una hebra plateada que sal¨ªa de la cabeza del t¨ªtere se cortaba por la mitad. Acto seguido, sus m¨²sculos se relajaron. Sus ojos, incapaces de volver a su estado original, me miraron con algo de confusi¨®n de que la agarrara por la mu?eca. ¨D?Qu¨¦... ha pasado? ¨Dpregunt¨® con la voz entrecortada. ¨DYa est¨¢s bien, Usagi. ¨DSolt¨¦ sus mu?ecas y trac¨¦ una sonrisa tranquilizadora en mi rostro. Por desgracia, no pareci¨® tener efecto. ¨DTengo que estar alucinando o algo. ¨DDej¨® que su cabeza recorriera un c¨ªrculo perfecto¨D. ?Por qu¨¦ la Princesa Aran tiene su brazo en llamas? Cap铆tulo 16, por Norma Guarnido (parte 1) El H¨¦roe ten¨ªa raz¨®n. Algodaoth era un tipo de peligro al que nunca nos hab¨ªamos enfrentado antes. En lugar de usar los errores para materializarse en este mundo, hab¨ªa aprendido a mantener la puerta abierta para enviar trozos de su propia alma que implantar en los jugadores que tuvieran la ocasi¨®n de invocarle para tomar control de sus cuerpos. Sus medios ten¨ªan ciertas limitaciones, como hab¨ªamos descubierto a lo largo de esos ¨²ltimos d¨ªas: aunque la semilla demoniaca fuese capaz de dotar de potencial espiritual a sus recipientes, el control que ten¨ªan sobre ¨¦l no era distinto que el que pudiera tener alguien que acabara de descubrirlos. Eso nos daba cierta ventaja: si localiz¨¢bamos a las v¨ªctimas, podr¨ªamos salvarlas antes de que supusieran un peligro real. Y por suerte, el extra?o patr¨®n de los ojos no era el ¨²nico rasgo que estaban heredando del enemigo: tambi¨¦n su pelo empezaba a perder su color poco a poco, seg¨²n pudimos averiguar. Nos hab¨ªamos percatado de que, si alguien ya contaba con potencial en su esp¨ªritu, pod¨ªa resistir los primeros esfuerzos del demonio en la pugna por su cuerpo. Un ejemplo de ello fue la otra gemela, que tambi¨¦n parec¨ªa haber sufrido el ataque del G¨®lem de Silicio, pero que no mostraba signo alguno de haber recibido su maldici¨®n m¨¢s all¨¢ de los cambios f¨ªsicos. No tardamos en denominar al fen¨®meno ?Efecto Pirita?, si bien ese t¨¦rmino acabar¨ªa conociendo un significado ficticio para los lectores de la revista en su siguiente n¨²mero. ¨D?Prioridades? ¨Dquiso saber Ram¨®n. ¨DPor un lado, deber¨ªamos localizar m¨¢s v¨ªctimas potenciales ¨DJaime fue r¨¢pido en responder¨D. Al parecer, el sorteo de los discos que generan a esa criatura lo realiz¨® una revista de cultura pop adolescente de OTKo, as¨ª que quiz¨¢ podamos lograr una lista de ganadores con la que empezar a investigar gracias a tus contactos. ¨DHar¨¦ unas llamadas ¨Drespondi¨®, buscando su agenda en uno de los cajones¨D. Espero que puedan facilitarme esa informaci¨®n. ¨DDe todos modos, hay dos cosas que me preocupan. ¨DLas puntu¨¦ levantando los dedos de la mano izquierda¨D. Primero, las copias pirata. Todo el mundo tiene una grabadora de CD ahora mismo y este grupo est¨¢ ganando mucha popularidad en la radio. Es natural que la gente quiera escuchar las canciones en sus casas si tienen la oportunidad. Al menos, no he visto ninguno en el top manta todav¨ªa. Y segundo, que en unos d¨ªas se vender¨¢ en todas las tiendas del pa¨ªs. ¨DHay que cortar el mal de ra¨ªz. ¨DEl jefe fue tan conciso como amenazante¨D. Y andamos cortos de personal. La idea de dejar alguna que otra pista para la gente con potencial en las fotograf¨ªas no est¨¢ funcionando y el ¨²nico otro exorcista de la redacci¨®n ha elegido el peor momento posible para cambiar de vocaci¨®n. ¨DEstamos bien con los que somos. ¨DJaime intent¨® tranquilizarle¨D. Ya sabes que tampoco conviene airear demasiado este asunto. Lo invocamos, le damos una somanta de palos y mantenemos vigiladas a las v¨ªctimas por si hubiera un as debajo de su manga. Y, si no era posible, ya hab¨ªa articulado un plan de reserva. ¨DAdmiro tu entusiasmo ¨Drezong¨®¨D. De acuerdo, ser¨¢ mejor que comience con mis averiguaciones. Nos veremos aqu¨ª mismo cuando acabe con ellas. Se?orita Guarnido, t¨®mese la tarde para afinar sus poderes. Qui¨¦n sabe si un peque?o entrenamiento de ¨²ltima hora puede marcar una diferencia. ?No, Ram¨®n, estudiar a ¨²ltima hora para un examen no es una estrategia ¨²til?, pens¨¦. En su lugar, decid¨ª hacer lo mismo que cuando era estudiante: dedicar la tarde a descansar. Con la investigaci¨®n y tantas emociones fuertes, me deb¨ªa un mont¨®n de horas de sue?o. Y sab¨ªa que las iba a necesitar. *** Una llamada de Jaime me despert¨® bien entrada la noche. Todo estaba listo por su parte. Ram¨®n tambi¨¦n hab¨ªa aprovechado la tarde logrando un listado bastante exhaustivo de potenciales v¨ªctimas. Y yo estaba como nueva. Solo ten¨ªa que cenar algo r¨¢pido y estar¨ªa lista para el mayor exorcismo de mi vida. ¨DEste es el punto de no retorno, si necesitas hacer algo antes, ?ahora es el momento! ¨Dbrome¨® Jaime al abrirme la puerta de su piso¨D. ?Seguro que quieres continuar? ?No quieres llamar a tus seres queridos para decirle que los quieres, por si pasa algo? ¨DSeguro. ¨DLe di la mano con tanta fuerza que reson¨® por todo el pasillo¨D. Muy bien, all¨¦voy. ¨DDe acuerdo, pero antes... ?Mis averiguaciones! Acabo de obtener la ¨²ltima pieza para confirmar lo que he estado descubriendo estos ¨²ltimos d¨ªas. No creo que cambien mucho a lo que nos vamos a enfrentar, pero estoy orgulloso de ellas. El m¨²sico nos guio a su ordenador con una sonrisa de satisfacci¨®n en su rostro y encendi¨® el monitor. En ¨¦l se mostraban varios de esos espectrogramas que me describi¨® cuando estuvimos investigando el supuesto S¨ªndrome Lavanda. Para unos ojos sin entrenar, no era m¨¢s que un batiburrillo de colores, pero Ram¨®n observaba la explicaci¨®n con atenci¨®n, pr¨¢cticamente embelesado. ¨DA la izquierda, el disco del musculitos que te dio error ¨Dexplic¨® el compositor con m¨¢s calma de la que parec¨ªa requerir la situaci¨®n¨D. A la derecha, una versi¨®n corregida. ?Ves alguna diferencia? Acerqu¨¦ la cabeza al monitor, esperando encontrar algo que no pudiera ver desde lejos. Entrecerr¨¦ los ojos, gir¨¦ la cabeza y, tras rendirme, mir¨¦ con confusi¨®n al compositor y al jefe de redacci¨®n. ¨DYo tampoco lo vi ¨Dadmiti¨®¨D. Al menos a primera vista. Pero entonces record¨¦ que hablamos de que hab¨ªa mucha matem¨¢tica detr¨¢s y envi¨¦ el fichero original a un amigo de la universidad. No estoy muy seguro de los detalles, pero lo proces¨® con un programa llamado MATLAB y vio que, a ciertas resoluciones, la transformada que poblaba la imagen produc¨ªa resultados err¨®neos. Al parecer, el fichero que genera mi software de composici¨®n al convertir de anal¨®gico a digital tiene un error de precisi¨®n que hace que la herramienta falle. Dio zoom a las im¨¢genes. Mucho zoom. Entonces, empec¨¦ a ver peque?os p¨ªxeles negros en la parte izquierda de la pantalla, escondidos entre el colorido mapa. ¨DExacto. El procedimiento m¨¢s habitual para tratar la informaci¨®n espectral de una onda de audio ten¨ªa un fallo que se disparaba al usar el programa m¨¢s popular entre los de mi gremio. Pero no os preocup¨¦is, nadie va a resultar herido por ¨¦l: como veis, en este lector solo se sustituye la informaci¨®n err¨®nea por un cuadrado negro. Una protecci¨®n b¨¢sica contra errores. En palabras de mi amigo, una forma de dibujar preventivamente un ?n¨²mero no num¨¦rico?. ¨DPero cuando el juego se lo encuentra al analizar los datos para generar el monstruo, falla ¨Dcomprend¨ª finalmente¨D. Ese valor confunde al algoritmo y... adi¨®s, muy buenas. This story has been stolen from Royal Road. If you read it on Amazon, please report it ¨DS¨ª. Al parecer, calcula una especie de hash por cuadrantes. El primero determina el monstruo con un valor comprendido entre cero y dos elevado a... No recuerdo el n¨²mero. Bueno, eran unos cuatro millones y pico, si he hecho bien las cuentas ¨Ddej¨® escapar una carcajada justo en ese punto y ense?¨® un cuaderno lleno de garabatos¨D. Qui¨¦n sabe cu¨¢ntos de esos valores pueden esconder al G¨®lem. Pero claro, una vez generado el monstruo, hay tres cuadrantes m¨¢s. Uno genera las habilidades, otro variaciones en estad¨ªsticas y el ¨²ltimo, una comprobaci¨®n de seguridad. Nuestro musculitos presenta el error cuarto y, por lo que s¨¦, Algodaoth lo hace en el segundo. ¨DEs impresionante, Jaime. ¨DRam¨®n le puso la mano en el hombro¨D. ?Y qu¨¦ podemos hacer con esta informaci¨®n? ¨DIdealmente, pedir a los tres responsables que arreglen su c¨®digo, pero eso no arreglar¨¢ los errores que ya hay en la calle. ¨DSe desperez¨® sobre el escritorio con un bufido¨D. ?De forma realista? Empieza a hacer combinatoria, porque hay mucho monstruo, mucha mitolog¨ªa y varios puntos de fuga en estos setecientos megas de compact disc. ¨DJoder. ¨DChasque¨¦ la lengua¨D. Ni Pok¨¦mon ha dado tanta guerra. Y mira que hay formas de MissingNo. Jaime introdujo el juego en la consola y carg¨® la partida. Su personaje estaba justo delante del monstruo que te dejaba acceder a las invocaciones desde disco, as¨ª que no habr¨ªa que esperar mucho para enfrentarse al G¨®lem de Pirita. ¨D?Tenemos alg¨²n plan? ¨Dpregunt¨® el m¨²sico. ¨DSi nuestras teor¨ªas tienen tino, el error atraer¨¢ un trozo de su alma a este mundo. ¨DContraje los hombros sin tener muy claro por qu¨¦¨D. Un hilo deber¨ªa conectar al propio centro del demonio, as¨ª que solo hay que tirar con fuerza y atraerlo hacia nuestro lado. ¨DAunque la premisa de tirar de un hilo suene algo absurda ¨DRam¨®n se alz¨® las gafas con el dedo ¨ªndice¨D, si es ¨¦l quien cruza... ?Dejar¨¢ de mantener la puerta abierta? ¨DEn teor¨ªa ¨Drespondi¨® Jaime¨D. Este glitch no deja de darnos sorpresas. No cabr¨ªa el descartar una m¨¢s. El m¨²sico hizo una se?al con la mano. Estaba listo para confirmar la invocaci¨®n. La secuencia en la que las luces empezaban a componer el huevo del monstruo supuso uno de los minutos m¨¢s largos de mi vida. Esperar un combate contra un demonio que podr¨ªa salvar la vida de muchos mientras un d¨²o rumbero cantaba sobre un accidente de coche provocado por una falda demasiado peligrosa era, cuanto menos, disonante. As¨ª que cuando la m¨²sica se par¨® con un chirrido no pude evitar sentir algo de calma. No dur¨®, claro. Un trozo de pirita arco¨ªris vol¨® con violencia a trav¨¦s de la pantalla en direcci¨®n a Ram¨®n, pero su novio se interpuso al golpe de uno de esos saltos dignos de guardaespaldas. El et¨¦reo metal se aloj¨® en un constructo de energ¨ªa que us¨® a forma de escudo improvisado, pero la velocidad que llevaba hizo que penetrara en ¨¦l m¨¢s de la cuenta. Al menos, el hilo plateado era perfectamente visible incluso en ese estado. ¨DAhora, ?tirad! No nos hizo falta mucho esfuerzo hasta que un brazo enorme cubri¨® gran parte de la sala. Desde una grieta en el aire se pod¨ªa atisbar un cubo lleno de motas de colores y un ¨²nico c¨ªrculo que hac¨ªa las veces de ojo, movi¨¦ndose por la habitaci¨®n a toda velocidad. La forma de la cabeza del demonio no era especialmente regular. De hecho, ten¨ªa varios peque?os c¨²mulos met¨¢licos repartidos por aqu¨ª y por all¨¢ para que su aspecto no pareciese demasiado mon¨®tono. Eso s¨ª: ten¨ªa toda la pinta de haber sido dise?ado por un humano. Pensar que el imaginario colectivo no hab¨ªa distorsionado a¨²n su aspecto a trav¨¦s de la mitolog¨ªa que lo rodeaba me tranquiliz¨®, pero lo mucho que enturbiaba el ambiente su mera presencia me hac¨ªa mantenerme en guardia. A priori, la rasgadura del aire no parec¨ªa lo suficientemente grande como para dejarle escapar, pero no descartaba la posibilidad de que se estuviese conteniendo al otro lado a prop¨®sito. Fuera como fuere, eso nos iba a dar un poco de ventaja en el combate que se avecinaba. ¨DAs¨ª que sois vosotros de nuevo. ¨DNo hab¨ªa boca alguna en la bestia, pero el mensaje lleg¨® alto y claro¨D. Vaya, he de admitirlo: me hab¨¦is ahorrado un gran esfuerzo al traerme personalmente a vuestra casa. As¨ª podr¨¦ mataros yo mismo. Pens¨¦ r¨¢pido en qu¨¦ pod¨ªa hacer. Sab¨ªa que nuestro rival nos podr¨ªa superar en tama?o, pero no hab¨ªa considerado la posibilidad de que lo hiciera por tant¨ªsimo. Como si fuera la soluci¨®n natural a este tipo de situaciones, lanc¨¦ una flecha de luz al fren¨¦tico ojo. A pesar de lo r¨¢pido que se mov¨ªa, atin¨¦. Pero, por una vez en este negocio, usar la l¨®gica del videojuego me fall¨®. No solo rebot¨® sin m¨¢s, sino que pareci¨® hacer que el glitch se enfureciera un poco m¨¢s de la cuenta. ¨DOs enfrent¨¢is a uno de los miembros de la Guardia de Erymath. ¨DBarri¨® la habitaci¨®n con su brazo¨D. ?Cre¨¦is que esos trucos baratos van a ser suficiente? Tras lanzar una r¨¢faga de flecha que no hizo m¨¢s que rasgu?os en el metal de la cabeza del glitch, cambi¨¦ de estrategia. Quiz¨¢ un flechazo no fuera suficiente, pero pocos monstruos hab¨ªan resistido a¨²n el brazo demoniaco. Plant¨¦ los pies en el suelo y empec¨¦ a caldear el ambiente con la energ¨ªa que desprend¨ªan las llamas. Mi ataque m¨¢s fuerte necesitaba algo de tiempo de carga, as¨ª que ped¨ª a Ram¨®n que ganara unos instantes por m¨ª. Carg¨® r¨¢pidamente su fuerza en los pu?os y dio un par de golpes al brazo que sobresal¨ªa. Sin un glitch de su lado, estaba convencida de que no le har¨ªa ni cosquillas, pero no tard¨® en demostrarme que su plan no era da?ar al rival, sino extender su aura de una forma en la que pudiera empujar el brazo suelto a un lugar en el que no pudiera golpearme. Aun as¨ª, no estaba muy convencida de que solo con su fuerza pudiera aguantarlo lo suficiente. No, Ram¨®n Lourido no parec¨ªa precisamente un asiduo del gimnasio. ¨D?Ahora, Guarnido! ¨Dbram¨®. El esfuerzo en su voz era evidente¨D. ?No s¨¦ cu¨¢nto m¨¢s lo voy a poder aguantar! Me lanc¨¦ a por ¨¦l. Si clavaba mis garras con la fuerza suficiente en la junta del brazo, podr¨ªa seccion¨¢rselo. De un salto, hinqu¨¦ la afilada punta espiritual en el lugar exacto en el que se un¨ªan las piezas y me dej¨¦ caer. Sab¨ªa que mi fuerza no era suficiente para unirla a la inercia, por lo que ten¨ªa que confiar en la gravedad para terminar de hacer todo el trabajo. ¨D?Eso es todo lo que pod¨¦is hacer? ¨Dsolt¨® una risotada que intentaba enmascarar algo de dolor¨D. Mi se?or sobrevalor¨® este mundo. ?D¨®nde est¨¢ ese H¨¦roe capaz de encerrarle al otro lado? ?D¨®nde est¨¢n esos exorcistas que han diezmado a nuestras tropas? Lo que encuentro no es m¨¢s que un chiste. A pesar de la intensidad del momento, necesitaba cumplir uno de mis sue?os. En concreto, el de soltar una frase ocurrente a una entidad que tuviera fijaci¨®n en dominar el mundo. ¨DNorma Guarnido. ¨DRetorc¨ª las garras en las juntas y sonre¨ª ante su alarido¨D. Jugona. Redactora. Reina del cosplay. Exorcista. ¨DRam¨®n Lourido. ¨DSe recoloc¨® las gafas¨D. No voy a listar todos mis t¨ªtulos, pero tambi¨¦n he desterrado a muchos de los tuyos. Pod¨ªa esperar muchas cosas de este combate, pero el que el estirado de mi jefe pretendiera hacerse el chulo no era una de ellas. Aunque, a decir verdad, lo hubiera disfrutado m¨¢s de no estar tan amedrentada por nuestro enemigo. ¨DJaime Llagaria. ¨DEl compositor tambi¨¦n quiso unirse¨D. Tambi¨¦n puedes llamarme exorcista si quieres, pero lo m¨ªo es la m¨²sica. Con la mano libre, explot¨® una esfera de energ¨ªa y uno de estos chirridos ensordecedores que se producen con el acoplamiento de equipos de sonido llen¨® la estancia. Sab¨ªa que lo hab¨ªa cargado con sus propios poderes, pues mientras se escuchaba sent¨ª que hasta el ¨²ltimo de mis ¨¢nimos se desvanec¨ªa. La fracci¨®n de segundo antes del chasquido que nos aisl¨® del fuego amigo fue espiritualmente dolorosa, pero pude recomponerme r¨¢pidamente y acabar de seccionar el brazo, que qued¨® tirado en medio del sal¨®n. ¨DEl corte ha seccionado tambi¨¦n el hilo de conexi¨®n con su alma ¨Dapreci¨® el jefe de un breve vistazo. Yo segu¨ªa siendo incapaz de verlo, ?me estaba quedando atr¨¢s?¨D. Ya puedes soltarlo. El G¨®lem de Pirita respondi¨® con un bramido a medio camino entre un quejido de dolor y la furia m¨¢s gutural. No nos dedic¨® ninguna palabra. Probablemente, el ataque de Jaime le hubiera dejado sin ellas. En su lugar, sac¨® el otro brazo por la grieta y lanz¨® su pu?o directo a por m¨ª tan r¨¢pido que mi ¨²nica reacci¨®n posible fue poner los brazos en cruz delante de mi pecho. Como si eso fuera a servir ante un ataque a mi psique. El pu?o me atraves¨®, pero yo ca¨ª de rodillas con las piernas como un flan. Debilitada. Mi mente retumbaba sin dejarme procesar lo que ocurr¨ªa y solo mi fuerza de voluntad me estaba separando de la influencia del demonio en ese momento. Me hab¨ªa confiado. No era lo suficientemente fuerte. La sacerdotisa ten¨ªa raz¨®n. Mi arrogancia me hab¨ªa hecho sobrestimar mis poderes. Si fuera un poco m¨¢s fuerte, si tuviera otra arma con la que proteger a los dem¨¢s... Quiz¨¢ habr¨ªa sido suficiente. ¨D?Norma! ¨Dgrit¨® Jaime¨D. ?Norma! Cap铆tulo 16, por Norma Guarnido (parte 2) Abr¨ª los ojos. Los dos hombres a¨²n luchaban como buenamente pod¨ªan contra la criatura. Y yo, incapaz de mantenerme en pie... no pod¨ªa quedarme ah¨ª parada. Se supon¨ªa que era yo quien ten¨ªa que protegerles. La exorcista aventajada. Depend¨ªan de m¨ª. Ten¨ªa que hacer algo. Lo que fuera. Necesitaban mi fuerza. As¨ª que tragu¨¦ saliva, reun¨ª mis energ¨ªas y, poco a poco, arrastr¨¦ mis pies por el suelo hasta la consola. ¨D?Ja, ja, ja! ¨DAlgodaoth volvi¨® a usar su voz en lugar de sus habituales gritos desgarradores. Aunque su brazo segu¨ªa intentando aplastar a mis compa?eros, su ojo se fijaba completamente en m¨ª¨D. ?Cerrar la grieta? No. No va a funcionar, humana. Pero tener tres recept¨¢culos bien versados en estas t¨¦cnicas... S¨ª, puede servirme. Quiz¨¢ no sea tan mala idea manteneros con vida. Por suerte, el glitch no hab¨ªa entendido mi plan. Extend¨ª la mano hacia mi bolso y saqu¨¦ de ¨¦l un disco. En ¨¦l, brillaba la caligraf¨ªa de Ram¨®n Lourido y se escond¨ªa la m¨²sica de Jaime Llagaria. Un ¨²ltimo regalo de esas dos personas ser¨ªa lo que me permitir¨ªa protegerlas. Me costase lo que me costase, necesitaba esa fuerza. ¨D?Qu¨¦ estoy haciendo? ¨Dme pregunt¨¦ en voz baja mientras cerraba la tapa de la consola¨D. Esto es apagar un puto incendio con gasolina. En fin, espero que salga bien. Puls¨¦ el bot¨®n del mando. La composici¨®n de Jaime empez¨® a llenar la habitaci¨®n y, aunque su pareja se extra?¨® mucho por ello, ¨¦l me lanz¨® una mirada de ?Est¨¢s loca, pero te quiero igual? cuando se dio cuenta de qu¨¦ era lo que se me estaba pasando por la cabeza. Aunque no tuviera la fuerza necesaria para equilibrar la balanza por m¨ª misma, sab¨ªa de una criatura del juego que me ayudar¨ªa a hacerlo. El musculitos que vimos tras probar la canci¨®n de Jaime se materializ¨® en el sal¨®n, confuso. Reun¨ª la poca fuerza de voluntad que me quedaba y extend¨ª mi brazo para atacarle. Antes de que se percatara de lo que estaba ocurriendo lo devor¨¦ ante la mirada at¨®nita de los anfitriones y el hu¨¦sped de pirita. Me dol¨ªa la cabeza. Una tercera bestia fundi¨¦ndose entre mi energ¨ªa era algo que no era f¨¢cil de asimilar de primeras. Adem¨¢s, ten¨ªa que acostumbrarme r¨¢pido a su habilidad. No hab¨ªa momento para la curva de aprendizaje. Desplac¨¦ toda la energ¨ªa de mi cuerpo a las piernas para ponerme en pie. Fue... sorprendentemente f¨¢cil. Aunque mi mente no acabara de entenderlo por su cansancio y el golpe previo, ese poder parec¨ªa hecho para m¨ª. Solo ten¨ªa que aprovecharlo bien. A pesar de que mi cuerpo estaba cansado, dej¨¦ que la energ¨ªa lo desplazase por m¨ª. No era la forma m¨¢s ortodoxa de combatir y la sacerdotisa me dar¨ªa una enorme reprimenda cuando se enterara, pero dej¨¦ que un glitch reci¨¦n domado moviese los hilos de mi cuerpo. ¨DEstoy... ¨Djade¨¦. Unas cuantas gotas de sudor volaron por la habitaci¨®n al cabecear¨D. Estoy lista. Hag¨¢moslo. Sigamos luchando. ¨D?No! ¨Dgrit¨® Ram¨®n¨D. ?Esta no es la forma! ¨D?Cu¨¢l es la forma, entonces? ¨Drespondi¨® Jaime en un tono muy alejado a la calma¨D. Esta chica est¨¢ rompiendo los l¨ªmites para salvarnos. Deber¨ªa inspirarte, no cabrearte. El periodista dio un pu?etazo de frustraci¨®n al brazo que se dirig¨ªa a ¨¦l. Sin siquiera prestarle atenci¨®n, lo hab¨ªa parado con su propia fuerza. Eso era impresionante. Pero m¨¢s me impresionaron mis nuevos poderes, capaces de hacer a?icos la extremidad que tantos problemas nos estaba dando de un ¨²nico golpe, si bien me estaban drenando mucho m¨¢s de lo que esperaba. ¨DEstoy cansado de esto. ¨DEl ojo amarillo del g¨®lem danz¨® en todas las direcciones¨D. De acuerdo, s¨ª. Quiz¨¢ no se¨¢is tan legos en combate como hab¨ªa supuesto, as¨ª que os ganar¨¦ en vuestro propio terreno: como ya sab¨¦is, mis hilos llegan lejos. M¨¢s de una docena de los vuestros han recibido mi bendici¨®n. Es f¨¢cil: vosotros pon¨¦is vuestros cuerpos a mi disposici¨®n y yo dejar¨¦ que mis marionetas vivan otro d¨ªa m¨¢s. Intentad enfrentaros a m¨ª y lo que contar¨¢n las portadas de vuestra editorial ser¨¢ una historia sobre la misteriosa muerte de todos esos... t¨ªteres. Par¨¦ en el sitio. Ya hab¨ªa visto al demonio intentar da?ar a alguien antes. Sin nadie capaz de impedirlo, era f¨¢cil para ese ser retorcido poner fin a varias vidas. Ram¨®n tambi¨¦n se qued¨® congelado ante la amenaza. Estaba claro que no iba a ceder su cuerpo a una bestia, pero tambi¨¦n sab¨ªa que ten¨ªa que proceder con cuidado si quer¨ªa salvar a los rehenes. ¨DTus hilos de plata. ¨DLa respiraci¨®n de Jaime se entrecortaba¨D. Son parte de tu poder... ?Verdad, Algodaoth? El glitch no respondi¨®. Solo fren¨® su mirada en el m¨²sico, algo confuso por sus palabras. ¨DAs¨ª que. ¨DExtrajo la semilla met¨¢lica que se hab¨ªa alojado en el escudo¨D, si tuviera tus poderes, podr¨ªa luchar por el control de esos cuerpos mientras esta chica tan fuerte te parte la cara. Aunque agradec¨ª el cumplido, mi cuerpo cada vez se acercaba m¨¢s a sus l¨ªmites f¨ªsicos. Los m¨²sculos de la espalda empezaban a pesarme y mi cuerpo empez¨® a desplomarse hacia delante. Intent¨¦ hacer acopio de fuerza, pero cada vez me costaba m¨¢s. ¨DNo... ¨DEl redactor dej¨® escapar un suspiro demasiado largo¨D. No hagas eso. Por favor. Seguro que hay otra forma. ¨DYa sabes c¨®mo soy, cari?o. ¨DCompuso una sonrisa triste en sus labios¨D. Tenaz hasta las ¨²ltimas consecuencias. ?No fue eso lo que te enamor¨® de m¨ª? Sin cuestion¨¢rselo, devor¨® el trozo de alma de demonio que ten¨ªa en su mano. No le pareci¨® suficiente, as¨ª que hizo lo propio con varios de los fragmentos de pirita que hab¨ªan llenado el suelo. Nosotros tuvimos que limitarnos a mirar con una expresi¨®n entre at¨®nita y disgustada. ?Esa pinta ten¨ªa yo al devorar a otros glitches? No, esto era distinto. Era asqueroso. Parec¨ªa... sediento de m¨¢s. Tanto, que el propietario original de todos esos fragmentos de alma se escandaliz¨® lo suficiente como para mantenerse helado en el sitio. Tanto, que la reacci¨®n de mi cuerpo hasta tal estampa fue vomitar hasta la primera papilla. This book''s true home is on another platform. Check it out there for the real experience. ¨D?Es suficiente, Jaime! ¨Dgrit¨® mi jefe¨D. ?Deja de hacerle eso a tu alma! Joder, amor m¨ªo, ?para de una puta vez! El periodista se lanz¨® a parar la gula espiritual de Jaime a la fuerza con, seg¨²n lo vieras, un abrazo o una llave. Yo ya no pod¨ªa seguir mirando. Mi fuerza mental hab¨ªa llegado a sus l¨ªmites y la sensaci¨®n que ver al m¨²sico fuera de control seguir sorbiendo esas hebras met¨¢licas hacia su cabeza era demasiado para mi entereza. Pero Ram¨®n todav¨ªa le manten¨ªa apresado entre sus brazos, luchando contra sus propios vaivenes. Le costara lo que le costara. ¨DEs suficiente ¨Dle susurr¨® al o¨ªdo¨D. Ya tienes suficiente de ¨¦l como para vencerle... Pero, por lo que m¨¢s quieras, deja de hacerte da?o. Vuelve en ti. Puedes controlar a ese demonio. El devorador volvi¨® en s¨ª y tom¨® una bocanada de aire. Tembl¨® durante unos instantes, pero logr¨® recomponerse. Acto seguido, alz¨® un poco la barbilla y se encar¨® al demonio, mir¨¢ndolo claramente al orbe que ten¨ªa por ojo. Aunque le costaba respirar, segu¨ªa firme ante ¨¦l. ¨DLos veo. ¨DAunque la voz del hombre se resquebrajaba, segu¨ªa not¨¢ndose su seguridad¨D. Siento c¨®mo est¨¢s luchando por arrebatarme el control, pero mi deseo de protegerlos es m¨¢s grande. Mi humanidad ha sido tu derrota, Algodaoth. Aunque mi cuerpo no daba para mucho m¨¢s, dej¨¦ escapar algo de aire que pretend¨ªa formar una risilla. Jaime ten¨ªa que ser un payaso dram¨¢tico hasta el ¨²ltimo momento. ¨DNecio. Esta victoria no te llevar¨¢ a ninguna parte. Yo me regenerar¨¦. Volver¨¦ m¨¢s fuerte y podr¨¦ usar mi influencia en ti para traer de vuelta el caos a este mundo desde la comodidad del Castillo. ¨DAh¨ª es donde te equivocas. ¨DDio un chasquido con su mano. El aire retumb¨® hasta el punto de desestabilizar la poca planta que pudiera tener. ?Ese era el poder del G¨®lem?¨D. Hab¨ªa contemplado esa posibilidad desde el primer momento. La posibilidad de que estuvieras por encima de nuestras fuerzas. La posibilidad de que usases tus poderes ¨²nicos para amenazarnos cuando te cansaras de juguetear. La posibilidad de que nuestros cuerpos entrenados fueran recept¨¢culos atractivos para tus simientes. Aunque no quer¨ªa, hab¨ªa pensado en todo desde el principio. Era evidente por su lenguaje corporal que Jaime ten¨ªa un plan. O, en todo caso, que se estaba marcando el mayor farol de la historia, pero ya hab¨ªa comprobado que no era especialmente bueno jugando al p¨®ker. ¨DTen¨ªas raz¨®n. ¨DCamin¨® de lado a lado de la habitaci¨®n¨D. No somos los ¨²nicos exorcistas a este lado de la grieta. Como supon¨ªas, est¨¢ aqu¨ª el recept¨¢culo del H¨¦roe. ¨DAun as¨ª, luch¨¢is sin su poder contra m¨ª ¨Dsolt¨® una carcajada¨D. Os consume la soberbia y esta ser¨¢ el motivo de vuestra derrota. ¨DDespu¨¦s de hablar con ¨¦l y aprender lo que eres capaz de hacer, solo necesit¨¦ de ¨¦l un dato ¨Dalz¨® el dedo ¨ªndice¨D: c¨®mo hab¨ªa sido sellado el Se?or de los Cern¨ªcalos. Si no hab¨ªa venido personalmente a atacar este mundo a estas alturas de la pel¨ªcula, estaba seguro de que tendr¨ªa alguna raz¨®n. La respuesta fue sencilla y sin ambages: alguien sell¨® la grieta que estaba preparada para ¨¦l con parte de su alma. Aunque no era capaz de entender a qu¨¦ se refer¨ªa, parec¨ªa que el demonio se hac¨ªa una idea. Hab¨ªa podido leer cientos de intenciones en solo unas pocas palabras y una mirada de determinaci¨®n. Por su forma de mover su ¨²nico ojo, parec¨ªa estar en ese ¨²ltimo momento de ruptura antes de aceptar la derrota. ¨DEs curioso, est¨¢s atascado a mitad de una y en mi cuerpo reside una peque?a parte de ti. ¨D?No puedes hacer eso! ¨Dgrit¨® con desesperaci¨®n¨D. ?Convertir¨¢s tu victoria en una prisi¨®n de silicio! ?Todos perderemos! ¨DDe nuevo, hab¨ªa contado con esa posibilidad ¨Dafirm¨® el hombre¨D. Vencer a uno de los miembros de la Guardia, seg¨²n el H¨¦roe, era una tarea imposible para nosotros... Pero quer¨ªa intentarlo de todos modos. Ahora que soy capaz de sentir una peque?a fracci¨®n de tus poderes, s¨¦ que solo has estado jugando con nosotros. Si te atrevieras a sacar esa cabeza por la grieta, nos aplastar¨ªas con poco m¨¢s que medio chasquido... Pero vuestro plan se ir¨ªa al traste y su se?or quedar¨ªa preso para siempre al otro lado. No, Algodaoth, solo es una derrota para los tuyos. Nosotros seguiremos protegiendo este mundo. ¨D?De qu¨¦ cojones habl¨¢is? ¨DIntent¨¦ ponerme en pie y acercarme al m¨²sico, por mucho que tuviera que cojear¨D. Jaime, ?qu¨¦ est¨¢s planeando? ¨DNorma, gracias. ¨DMe rode¨® con uno de sus brazos para que pudiera seguir manteni¨¦ndome en pie¨D. Por favor, sigue luchando por m¨ª. Cuida a Ram¨®n. Ya sabes c¨®mo es, vas a tener que dejarle un poco de cancha. Dale esto de mi parte a Vero, anda. Y cuida muy bien de ella. ¨D?Por qu¨¦ haces esto? Me entreg¨® el sobre con la V-Pet que hab¨ªa comprado como regalo de cumplea?os a su sobrina. Fue entonces cuando entend¨ª que esa iba a ser mi ¨²ltima conversaci¨®n con Jaime. No. No. Esto no pod¨ªa ser una despedida. No estaba lista para decir adi¨®s. Y mucho si el motivo era que mi fuerza no hubiese estado a la altura de las circunstancias. No tendr¨ªa que irse si fuera tan d¨¦bil. Dej¨¦ caer mi cabeza en su hombro unos instantes y me tom¨¦ mi momento para llorar. Me acarici¨® la espalda durante un rato, cedi¨¦ndome un poco de su reconfortante energ¨ªa glauca para que pudiera recobrar, al menos, mi capacidad de caminar por m¨ª misma. Pero algo me dec¨ªa que no dejaba de fijar su vista en el ser de pirita que nos vigilaba. Acto seguido, ech¨® a andar hacia su pareja. ¨DRam¨®n. ¨DDej¨® su frente sobre la de ¨¦l¨D. Te quiero. Eres la ¨²nica persona capaz de arreglar mis cagadas. Y esta es una de las m¨¢s gordas que he hecho en mi vida. As¨ª que haz tu magia como siempre y te ver¨¦ pronto. Aseg¨²rate de que Vero crece sana y fuerte. S¨¦ que le esperan unos a?os duros, pero cuando regrese... D¨¦jala ser feliz. D¨¦jala equivocarse. D¨¦jala ayudarte. D¨¦jala ser ¨²til. Conf¨ªa en ella y en su enorme coraz¨®n. El periodista no fue capaz de articular palabra alguna. Era incapaz de saber qu¨¦ decir, incluso despu¨¦s de un silencioso beso de despedida. La escena fue capaz de encogerme el coraz¨®n, incluso como observadora. No quer¨ªa imaginar c¨®mo deb¨ªa estar siendo para sus protagonistas. ¨DBla, bla, bla. ¨DAlgodaoth no parec¨ªa enternecido por el discurso, por mucho que a m¨ª se me cayeran las l¨¢grimas como de un grifo abierto¨D. Si vas a hacerlo, hazlo ya. Tanta sensibler¨ªa me est¨¢ haciendo desear sellar yo mismo esta grieta y arruinar nuestro plan B solo por tener la oportunidad de mataros con mis propias manos. El m¨²sico chasque¨® sus dedos tres veces en represalia, usando el poder del G¨®lem contra ¨¦l. ¨DSilencio. ¨DTiene que haber otra opci¨®n... ¨DRam¨®n por fin habl¨®, pero fue en un suspiro¨D. No podemos seguir adelante sin ti. Yo no. ¨DTendr¨¢s que aprender a hacerlo. ¨DLe dio la espalda. Escuch¨¦ claramente un sollozo¨D. Te prometo que me tendr¨¢s siempre a tu lado. Pero necesitas seguir adelante con tu propia fuerza. Jaime ech¨® a correr hacia la grieta. No le import¨® gritar con toda la fuerza de sus pulmones y la rabia de su coraz¨®n de camino a la rasgadura en el aire. En un visto y no visto, donde hasta unos instantes antes hab¨ªa una peque?a panor¨¢mica del lugar de residencia del demonio, ahora solo estaba un televisor con la pantalla de t¨ªtulo de Compact Creatures, como si nada hubiera pasado. Nada, excepto las dos esquirlas de luz que sobrevolaban nuestras cabezas y el sentimiento de vac¨ªo que hab¨ªa quedado en mi pecho. Noviembre, 2003 - Cazadores de Silicio #234 Este mes, set de postales de nuestros juegos favoritos! An¨¢lisis: The return of Ka''rosh (PlayStation 2). Prince of Persia: las arenas del tiempo (PlayStation 2). Yaroze-kai (versiones de Game Boy Advance y Nintendo GameCube) Mario Kart: Double Dash (Nintendo GameCube). ?Y tres juegos m¨¢s! Unauthorized duplication: this tale has been taken without consent. Report sightings. Art¨ªculos: Recopilamos todos los anuncios para el pr¨®ximo a?o. FILE cumple 25 a?os: una retrospectiva de su trayectoria. Fire Emblem: ?qui¨¦n es ese Marth de Super Smash Bros. Melee? ?Probamos Final Fantasy XI durante 50 horas! Noticias: Rebaja al canto para la GameCube: ahora por solo cien euros. XIII: Balas y vi?etas. ?Una secuela para Seldoria Chronicles? El productor da algunas pistas. Data East declara su bancarrota. Una nueva colecci¨®n de V-Pets de Digimon podr¨ªa estar en camino. ?Y mucho m¨¢s! Gu¨ªas: Final Fantasy Tactics Advance (tercera parte) . Advance Wars 2 (primera parte) Nos adelantamos y os damos consejos sobre c¨®mo crear los mejores Yaroze-kai antes de que pod¨¢is jugarlo. ?Id preparados! Y, como siempre, nuestra secci¨®n estrella... ?Leyendas de Silicio! Cap铆tulo 17, por El铆as Delf铆n (parte 1) El vaiv¨¦n del autob¨²s me despert¨® de golpe. Definitivamente, el desconfiar de mis habilidades como conductor para cruzar el puerto de monta?a que un¨ªa Gailadr¨ªa y Atecina del Bosque hab¨ªa sido un acierto. No hab¨ªa visto tanta curva puesta a mala leche junta en toda mi vida. Adem¨¢s, lo de poder echarme una cabezada extra me hab¨ªa venido francamente bien. Hab¨ªa sido una semana de las que no dejaban hueco para respirar: la universidad amenazaba con unos primeros parciales para los que no iba tan preparado como deber¨ªa, ya me hab¨ªa empezado a salpicar el estr¨¦s generalizado que se respiraba en la oficina para cerrar el n¨²mero que saldr¨ªa a primeros de noviembre. Tampoco ten¨ªa un respiro f¨ªsico, ya que Norma me presionaba cada d¨ªa m¨¢s para que no desatendiera el entrenamiento en cuanto encontraba una oportunidad. Claro est¨¢, tras conocer la verdad sobre los hechos que tuvieron lugar en octubre de 1998 y la nueva ?profec¨ªa? del glitch que compart¨ªa cuerpo con mi amiga, pude empezar a entender la urgencia de mi mentora. No sab¨ªa cu¨¢nto tiempo hab¨ªa estado roque, pero el cuerpo me ped¨ªa a gritos desperezarme. Vero, que parec¨ªa tener un sue?o m¨¢s profundo que el m¨ªo, dej¨® caer su cabeza sobre mi hombro sin darse cuenta. No pude evitar trazar una sonrisa bobalicona sobre mi rostro al sentir su calor. ¨DNo me olvido ¨Ddije para mis adentros¨D. S¨¦ que tenemos una conversaci¨®n pendiente. Quiz¨¢ este viaje fuera el momento de hablar sobre lo que ocurri¨® el d¨ªa de su cumplea?os. O, mejor dicho, de lo que estuvo a punto de pasar en la vieja salita de la casa de mis padres. Por mucho que fingiera que toda esta entrop¨ªa que nos rodeaba era una excusa, se lo deb¨ªa. De hecho, no hab¨ªa caso sobrenatural o estudio espiritista que pudiera alejar mis pensamientos del momento de no retorno, de ese instante en el que me percat¨¦ de que las cosas hab¨ªan cambiado. No pod¨ªa dejar de lado la idea de que, de no ser por ese SMS a destiempo, habr¨ªa acabado besando a mi amiga de la infancia. ?En qu¨¦ posici¨®n nos dejaba eso? Al fin y al cabo, ah¨ª la ten¨ªa, como hac¨ªa a?os, babe¨¢ndome el hombro mientras se aferraba a mi sudadera entre sue?os. Verla as¨ª hac¨ªa que sincerarse pareciera la opci¨®n f¨¢cil y acogedora, por mucho ruido (y por mucho albino) que nublara mis ideas. El autocar dio otro volantazo. Los pocos pasajeros que nos acompa?aban lo ignoraron como si fuera lo m¨¢s normal del mundo, pero yo pude evitar dar un brinco en el sitio y proferir un par de malsonancias que no pasaron desapercibidas entre el resto del pasaje. Alertada por mi aspaviento, la muchacha balbuce¨®, a¨²n a caballo entre el sue?o y la vigilia. Se incorpor¨® con los ojos todav¨ªa pegados y protest¨® dejando caer su cabeza contra el respaldo con una mezcla de resignaci¨®n y violencia. ¨DTienes el pelo aplastado. ¨DSe lo ahuequ¨¦ un poco. Ella a¨²n segu¨ªa demasiado obnubilada como para reaccionar¨D. Buenos d¨ªas, por cierto. La programadora entreabri¨® los p¨¢rpados para comprobar su reloj de pulsera y solt¨® un gru?ido desganado, de esos de ?ya no me merece la pena volverme a dormir?, pero dej¨® caer la barbilla con desaz¨®n. ¨DOye, Vero... ¨DIntent¨¦ reunir la confianza en m¨ª mismo que necesitaba para sacar el tema¨D. S¨¦ que quiz¨¢ no sea el mejor momento, pero... ?Podemos hablar de... ya sabes qu¨¦? La exorcista sac¨® un cart¨®n de zumo de su bolso casi a tientas y clav¨® la pajita de pl¨¢stico en ¨¦l con una punter¨ªa sorprendente para alguien que a¨²n no hab¨ªa abierto los ojos del todo. Dio un sorbo largo y entonces abri¨® los p¨¢rpados para fijar sus cansados iris en m¨ª. This story has been taken without authorization. Report any sightings. ¨DNo s¨¦ el qu¨¦. ¨DSigui¨® bebiendo el zumo¨D. Deber¨ªas ser un poco m¨¢s claro, Eli. Tengo demasiadas cosas en las que pensar para saber qu¨¦ es un ?ya sabes qu¨¦?. ?Del ritual que has venido a hacer como parte de tu entrenamiento? ?De la revista que sacamos el lunes? ?De que de repente existe un mundo digital que nos han estado ocultando todo este tiempo en el que est¨¢ encerrado mi t¨ªo? ?De ese nuevo amigo tuyo? ?Del Efecto Pirita? ?De la Catedral? Su enumeraci¨®n pareci¨® tintada de ese tono ligeramente amargo del que estaba haciendo gala un poco m¨¢s de la cuenta durante las ¨²ltimas semanas, pero no me acobard¨¦. ¨DDe tu cumplea?os. ¨DAl escucharme, se llev¨® de forma instintiva la mano al colgante que le hab¨ªa regalado y su expresi¨®n cambi¨® radicalmente, pero su lenguaje corporal a¨²n se mostraba defensivo¨D. Creo que nos debemos una conversaci¨®n despu¨¦s de estas dos semanas tan... No s¨¦. ¨DOh... ¨Dmusit¨®, rozando el silencio. Cualquier escudo que estuviera intentando interponer entre nosotros se hizo a?icos¨D. De... eso. ¨DYa sabes. De lo que... Ya me entiendes. No s¨¦ c¨®mo decirlo. No s¨¦ por qu¨¦ no lo he hecho antes. O yo qu¨¦ s¨¦. S¨¦ que han sido unas semanas un poco... Pero tampoco creo que sea una excusa. ¨DTampoco te he dado mucha oportunidad, supongo. ¨DJuguete¨® con varios mechones de su pelo. Por muy torpe que fuera para entender las se?ales, esa era una, ?verdad?¨D. Pero s¨ª que estaba esperando que me... dijeras algo. Eres un tard¨®n, Eli. Siempre lo has sido. ¨DBueno. Ya sabes... No nos hemos visto mucho... ¨DGesticul¨¦ de forma exagerada, fuera de mi control¨D. Y no s¨¦ cu¨¢l de los dos llegaba m¨¢s muerto a casa. Yo qu¨¦ s¨¦, quiz¨¢ intentaba ganar tiempo buscando el momento perfecto. Ja. El momento perfecto. Ya ves, qu¨¦ chorrada. O-o yo qu¨¦ s¨¦. Joder, para querer ganarme la vida hilando palabras, esto se me est¨¢ dando de puta pena. ¨DNo est¨¢ siendo tu mejor trabajo, no ¨Dbrome¨®. La media sonrisa que me dedic¨® tuvo efecto doble: por un lado, fue capaz de serenar mi verborrea. Por otro, hizo que mi coraz¨®n se saltase un par de pulsos y perdiera del todo el hilo de lo que pretend¨ªa decir. Algo avergonzado, ech¨¦ la vista por la ventana intentando recomponerme. El autob¨²s ya hab¨ªa cruzado el puerto de monta?a y se adentraba entre la espesura del bosque en el que se escond¨ªa Atecina. Esta ¨²ltima parte del camino no parec¨ªa especialmente moderna y la carretera por la que iba el autob¨²s llevaba unos cuantos a?os de retraso en su mantenimiento, as¨ª que el traqueteo de las ruedas era tan constante que distra¨ªa mis pensamientos. Aun as¨ª, por una vez, supe que lo que ten¨ªa que hacer era disfrutar del silencio y aferrarme a su mano mientras las palabras encontraban su cauce. ¨D?Sabes? ¨DA¨²n sujetaba mi regalo con su otra mano¨D. Yo tambi¨¦n quer¨ªa... hablar. No necesariamente de eso, sino... No s¨¦, de todo lo que ha pasado ¨²ltimamente. S¨¦ que he entrado como un hurac¨¢n en tu vida y lo he puesto todo patas arriba. Te he metido en mil follones y... esto no ayuda, supongo. ?Vale! S¨¦ que no es precisamente algo que podamos controlar. Pero... no s¨¦. No ten¨ªa derecho alguno de ponerme as¨ª... O quiz¨¢ un poco s¨ª. Si es que soy de lo que no hay. Menuda forma de cumplir mis promesas, ?eh? Lade¨¦ la cabeza en se?al de confusi¨®n ante su incoherente mon¨®logo. Sab¨ªa que eso siempre divert¨ªa a mi amiga porque le recordaba a un cachorrito. Esa peque?a carcajada que solt¨® fue como m¨²sica para mis o¨ªdos. Un momento c¨®mplice en un mar de sentimientos por el que nos costaba navegar. ¨DHablemos, Eli. No aqu¨ª ni ahora, pero... nos merecemos esa conversaci¨®n. ¨DDej¨® su cabeza de nuevo sobre mi hombro y cruz¨® su brazo sobre mi pecho¨D. ?Sabes? A pesar de lo mucho que me he quejado de ¨¦l estos a?os, Atecina es un lugar precioso. ?Qu¨¦ te parece si te lo ense?o despu¨¦s de la ceremonia? Tras un rato intentando forzar mi faceta m¨¢s seria, mi cerebro fue incapaz de resistir el impulso de hacer lo que mejor se le daba: ser un verdadero payaso. ¨D?Me est¨¢s... pidiendo una cita? Esperaba que la chica se retirara, enrojeciera o, simplemente, se echase un par de risas m¨¢s a mi costa. En cambio, respondi¨® con clara determinaci¨®n: ¨DSi es lo que tengo que hacer, adelante. Yo tambi¨¦n me merezco una, ?no crees? Cap铆tulo 17, por El铆as Delf铆n (parte 2) Pocos minutos antes de que el autob¨²s llegara a su destino, Vero recibi¨® un mensaje de sus padres avis¨¢ndola de que no podr¨ªan ir a recogerla por unos ?asuntos de ¨²ltima hora?. En su lugar, quien nos iba a esperar en la estaci¨®n ser¨ªa una cara que, si las advertencias de Norma eran lo suficientemente certeras, tendr¨ªa que aprender a temer: la de la sacerdotisa del Santuario. No ten¨ªa claro cu¨¢les eran mis expectativas preconcebidas sobre su aspecto, pero estaba convencido de que ninguna de ellas inclu¨ªa, ni remotamente, una melena color rosa chicle, gafas de sol en forma de coraz¨®n o, en general, un vestuario tan juvenil. S¨ª que hab¨ªa algo extra?amente tranquilizador en que su camisa fuera de color blanco y sus vaqueros fueran rojos, por alg¨²n motivo. Eso s¨ª, teniendo en cuenta que mi mentora ya la llamaba ?vieja? cuando la conoci¨®, definitivamente esperaba una anciana arrugada y no a alguien que, como mucho, parec¨ªa estar m¨¢s cerca de la cuarentena que de la senectud. ¨DT¨² debes de ser El¨ªas Delf¨ªn. ¨DEn lo que no hab¨ªan exagerado un ¨¢pice fue el tono glacial de su voz, eso s¨ª¨D. Puedes y debes llamarme por mi t¨ªtulo, ?sacerdotisa?. Extend¨ª la mano, pero no correspondi¨® mi gesto. Vero inclin¨® la cabeza en se?al de respeto y me dio un codazo en las costillas sin demasiado cuidado para que imitara su gesto. ¨DVeo que tu energ¨ªa ha crecido desde la ¨²ltima vez que nos vimos, Ver¨®nica. ¨DPos¨® la mano en su hombro¨D. Tambi¨¦n observo que el esp¨ªritu que reside en ti sigue bajo tu f¨¦rreo control. Parece que esa bala perdida est¨¢ haciendo un buen trabajo form¨¢ndote en mi ausencia. Qui¨¦n lo iba a decir. La exorcista no respondi¨®, pero no hab¨ªa que ser un genio para ver que estaba intentando ahogar unos chillidos de emoci¨®n por el halago de alguien que no acostumbra a darlos. Bien hecho, Dark Vero. ¨DRespecto a ti... ¨DPas¨® su mano por encima de mi cabeza¨D. Dir¨ªa que tienes un aura muy interesante. Al menos, es lo que dice mi lectura de intuici¨®n. Mi veredicto tendr¨¢ que esperar a la ceremonia. Sin decir nada m¨¢s, se dio la vuelta y ech¨® a andar hacia un coche no muy moderno que esperaba junto al apeadero. Intent¨¦ formular un par de preguntas, pero la forma de sisear de Vero me dej¨® claro que era una idea horrible dirigirme a ella sin que me cediese el turno de palabra, as¨ª que me limit¨¦ a dejar nuestros macutos en el maletero y abr¨ª la puerta trasera con intenci¨®n de sentarme junto a mi amiga. ¨DOh, no, no. ¨DChasque¨® varias veces con la lengua¨D. Ser¨¦ muchas cosas en este pueblo, pero no un taxista. Por favor, toma el asiento del copiloto, El¨ªas. Me gustar¨ªa hacer a tu alma unas ¨²ltimas preguntas antes de la ceremonia, si me lo permites. A pesar de lo que dijo, no tuvo que verbalizar nada m¨¢s. A la sacerdotisa no le gustaba usar m¨¢s palabras de las estrictamente necesarias, al parecer. En su lugar, observ¨¦ c¨®mo su aura se dibujaba en color dorado y punzaba sobre mi propia energ¨ªa en busca de la informaci¨®n que requer¨ªa. Aunque no ten¨ªa claro la naturaleza de su b¨²squeda, s¨ª que sab¨ªa qu¨¦ era lo que iba indagando. Cientos de preguntas sobre mi vida, mi experiencia con los glitches, mi entrenamiento espiritual... Todo lo que se le ocurriera, y a un ritmo de v¨¦rtigo. Pero lo m¨¢s impresionante no era su control de la energ¨ªa, sino el hecho de que al mismo tiempo estuviera conduciendo a una velocidad bastante superior a lo que recomendaba el destartalado camino de tierra. Tras los diez minutos m¨¢s silenciosos y extra?amente inquisitivos de mi vida, par¨® el coche bajo un techo de madera. Por las marcas de los neum¨¢ticos en la hierba, parec¨ªa tratarse del lugar habitual de descanso del veh¨ªculo. ¨DA todo esto ¨Ddijo por fin¨D, me veo obligada a pediros disculpas por alterar la agenda establecida para hoy; otra de mis pupilas ha requerido de mi gu¨ªa de forma urgente para esta noche y los astros me han hecho incapaz de negarme a su petici¨®n. ¨DNo pasa nada. ¨DBalance¨¦ la mano, rest¨¢ndole importancia al cambio de planes¨D. Al fin y al cabo, eso de que sea el D¨ªa de Todos los Santos llena la agenda de cualquier espiritista, vaya que s¨ª. Si tuviera que juzgar por los pu?ales que me clav¨® con la mirada, dir¨ªa que la sacerdotisa no pareci¨® disfrutar de mi chiste. Y yo que cre¨ªa que Ram¨®n Lourido era una audiencia dif¨ªcil. En su lugar, abri¨® la puerta del veh¨ªculo y ech¨® a andar con presteza hacia la espesura sin m¨¢s despedida que un chasquido de dedos. Con ¨¦l, todas las advertencias y pullas que hab¨ªa construido Norma en contra de su maestra empezaron a tomar forma en mi cabeza. ¨DDe acuerdo. ¨DVero entrecerr¨® los ojos, como intentando leer algo del aire¨D. Parece que me toca a m¨ª guiarte al lugar de comienzo de la prueba. Seg¨²n ha escrito la sacerdotisa en el aire, me toca hacer de mentora. ¨D?Y eso te hace sentir halagada o...? This narrative has been purloined without the author''s approval. Report any appearances on Amazon. ¨DDepende de lo bueno que sea mi alumno. ¨DMe gui?¨® el ojo sin dejar de terminar mi chanza. La muchacha despleg¨® sus poderes con la libertad que le proporcionaba la quietud del bosque. A pesar de que a¨²n no hab¨ªa anochecido, las copas de los ¨¢rboles imped¨ªan que gran parte de los rayos del sol se filtraran, as¨ª que casi toda la luz que nos iluminaba eran las extra?as marcas que se dibujaban en sus brazos y el hipn¨®tico brillo espectral de sus ojos. Tambi¨¦n se empezaba a ver una peque?a raya en su cabeza sobre las ra¨ªces rubias de su cabello, pero era tan sutil que segu¨ªa pasando desapercibida para el ojo desentrenado. ¨DSigo sin entender por qu¨¦ alguien pensar¨ªa que esto podr¨ªa asustarme. ¨DEvad¨ª un poco la mirada¨D. Molas mucho, hero¨ªna. Otra vez ese sutil tembleque con el que aguantaba la emoci¨®n. Cuando sus nervios se calmaron, par¨® un instante en el sitio para recomponer su m¨¢scara de chica dura. Huelga decir que el que perdi¨® el temple con la estampa que ten¨ªa delante en ese momento fui yo. Al menos, era mejor disimul¨¢ndolo. Cuanto m¨¢s nos adentr¨¢bamos en el bosque, m¨¢s bonito me parec¨ªa. Tras unos minutos de senderismo la vegetaci¨®n empez¨® a parecer salida de las historias de ficci¨®n: ¨¢rboles que crec¨ªan en espiral y dejaban el suelo a rebosar de hojas a?iles, unos coloridos hongos tan grandes que te podr¨ªas sentar en ellos (tuve que hacer un esfuerzo mayor del que podr¨ªa admitir en evitar comprobar si eran tan el¨¢sticos como los de los videojuegos), flores que si bien no brillaban con luz propia eran capaces de acrecentar el reflejo del aura de mi amiga o cualquier rayo hu¨¦rfano de sol... Me costaba pensar que solo unos minutos antes estuviera rodeado de poco m¨¢s que los t¨ªpicos chaparros y florecillas silvestres aut¨®ctonas. ?C¨®mo pod¨ªa ocultarse un paraje tan alien¨ªgena en el coraz¨®n del bosque de un pueblo de la serran¨ªa sin convertirse en una atracci¨®n tur¨ªstica? Ten¨ªa muchas teor¨ªas en la cabeza, pero mis pensamientos estaban tan dispersos que no fui capaz de pronunciarlos en voz alta. ¨DEst¨¢s extra?amente callada ¨Dtrat¨¦ de salir de mi propio bucle de pensamientos llamando la atenci¨®n de mi amiga¨D. ?Pasa algo, Vero? ¨DSolo estaba pensando. ¨DPar¨® en seco¨D. He pasado mi adolescencia en un bosque m¨¢gico, tocado por los esp¨ªritus. Seg¨²n me han contado, solo existen un par de docenas as¨ª en todo el mundo. Uno por cada sacerdote, que act¨²an como faro para los demonios perdidos. ?Te hab¨ªas preguntado alguna vez d¨®nde acababan los glitches de buena voluntad? Pues es aqu¨ª. La naturaleza les calma y ellos se ponen a su servicio. ¨DEs incre¨ªble. ¨DEch¨¦ un vistazo a mi alrededor¨D. Pero estoy seguro de que no es lo ¨²nico que te ronda por la cabeza. ¨DTienes raz¨®n. ¨DTraz¨® una suerte de runa en el aire, probablemente para orientase¨D.Si te soy sincera, pensaba en que me da pena no poder haberte tra¨ªdo antes para ense?¨¢rtelo con la calma que se merece. Ahora tenemos que ir con prisas y... Bueno, este momento no es precisamente como me lo hab¨ªa imaginado tantos a?os. Solo es eso. ¨DHabr¨¢ tiempo. ¨DMe encog¨ª de hombros¨D. Como si fuera a perderme la oportunidad de preparar una cesta de picnic y venir aqu¨ª de nuevo contigo en cuanto las cosas se relajen un poco. La programadora solt¨® una risilla tonta. Probablemente estaba evocando la misma imagen en su mente que yo, porque ya se la hab¨ªa descrito cientos de veces en nuestros chats, hasta el ¨²ltimo detalle del mantel de cuadros y de la malvada ardilla que nos intentar¨ªa robar las nueces. ?O quiz¨¢ ahora ser¨ªa un esp¨ªritu juguet¨®n en lugar de un roedor de dibujo animado? ¨DYo qu¨¦ s¨¦... Quer¨ªa que te llevaras una primera impresi¨®n perfecta. ¨DHizo que su cuerpo se encendiera un poco m¨¢s. Me cost¨® quitarle los ojos de encima¨D. En fin, al menos este pueblo tiene muchas cosas con las que te puedo dar una buena sorpresa todav¨ªa. Te lo promet¨ª, ?verdad? ¨DTe tomo la palabra, reina de los gatos. Finalmente, llegamos a un claro en el que a¨²n se dejaban caer los ¨²ltimos rayos dorados del atardecer. En su centro, hab¨ªa una construcci¨®n que, si bien parec¨ªa de factura humana, llevaba ah¨ª varios cientos de a?os. Su ¨²nico cometido parec¨ªa ser extraer agua del subsuelo a un peque?o lago en la superficie a trav¨¦s de una cascada de aproximadamente un par de metros de alto. Unos coloridos y orondos p¨¢jaros se revolcaban para ba?arse en la parte m¨¢s alta mientras que otras criaturas del bosque saciaban su sed a nivel del suelo. Ninguna de ellas se alert¨® por nuestra presencia. ¨DAhora es cuando me dices que me tengo que poner a meditar debajo. ¨DSe?al¨¦ el torrente de agua. ¨DHoy no. ¨D?Hoy? ?Quieres decir que...? ¨DHe pasado no pocas horas bajo ese chorro, s¨ª ¨Dafirm¨® con un leve cabeceo. Yo no pude evitar soltar una risilla maliciosa al imagin¨¢rmelo¨D. Lo s¨¦, lo s¨¦, suena a clich¨¦. Sea como sea, no es eso a lo que hemos venido aqu¨ª hoy; tu misi¨®n en el claro hoy es encontrar a tu esp¨ªritu af¨ªn. ¨DVas a tener que explicarme c¨®mo. ¨DParpade¨¦ varias veces¨D. Estoy forzando la Vista desde que hemos llegado y no he visto ni uno por el camino. ¨DLos esp¨ªritus de este bosque no se dejan ver as¨ª como as¨ª. ¨DAlz¨® el dedo ¨ªndice¨D. La mayor¨ªa llevan tanto tiempo en comuni¨®n con la naturaleza que se han vuelto parte de ella. Si tienes dudas sobre los detalles, ser¨¢ mejor que se las preguntes a la sacerdotisa. Para lo callada que suele mostrarse, es un tema del que le apasiona hablar. Pero, respondiendo a tu pregunta, la mejor forma de atraerlo es... pescando. ¨DSabes que odio los minijuegos de pesca con toda mi alma, Ver¨®nica. ¨DTranquilo. ¨DMe pas¨® la mano por el pelo. Sentir el calor de su energ¨ªa hizo que mi coraz¨®n se acelerara¨D. Es f¨¢cil, solo tienes que dejar salir tu energ¨ªa espiritual como cebo. Exactamente igual que cuando quieres facilitar a un glitch que se materialice en nuestro mundo. Si todo va bien, resonar¨¢ con la energ¨ªa de alguna de las criaturas que se esconden entre los ¨¢rboles y har¨¦is buenas migas. ¨DVale, no suena demasiado horrible. ¨DLe gui?¨¦ el ojo¨D. ?Alg¨²n consejo m¨¢s, sensei? ¨DMe temo que no. Eso es todo lo que puedo decirte antes de marcharme, Eli. Pero no te preocupes, el resto se te ir¨¢ haciendo obvio seg¨²n vaya pasando. ¨D?Obvio? Nada de esto parece serlo, ni de forma remota. ¨DAgach¨¦ la cabeza de con un falso dramatismo exagerado¨D. Pero conf¨ªo en ti. M¨¢s que en nadie. Nos vemos en un rato, Vero. Cap铆tulo 17, por El铆as Delf铆n (parte 3) Ah¨ª estaba yo, sentado en una roca, esperando el paso del tiempo como un monigote. Con poco que hacer y mucho que pensar. Aun as¨ª, no quer¨ªa que mi cabeza divagara; ten¨ªa demasiadas cosas rond¨¢ndome y a saber d¨®nde pod¨ªa acabar con tantos est¨ªmulos extra?os como los que hab¨ªa tenido ¨²ltimamente. Solo quer¨ªa que apareciese delante de m¨ª ese esp¨ªritu que, al parecer, me dejar¨ªa las cosas claras. La quietud era tan pronunciada que sent¨ªa la aguja del reloj girar con su tic-tac, paso a paso. Incluso me daba la sensaci¨®n de que los engranajes se estaban moviendo m¨¢s lentamente de lo que deber¨ªan. Cerraba los ojos para centrarme en el sonido de la cascada y, cuando los abr¨ªa convencido de que pasar¨ªa algo interesante, no hab¨ªa cambiado nada. Era aburrido. El peor tipo de aburrimiento posible, de hecho. Los ¨²ltimos rayos de sol estaban demasiado bajos como para iluminarme, pero tintaban el retal de cielo que se pod¨ªa atisbar de un naranja intenso. Al juntarlo con las hojas a?iles que copaban el bosque y mi recubrimiento espiritual verdoso, termin¨¦ imaginando que me encontraba en un planeta remoto. Al menos, eso era una distracci¨®n mental que no inclu¨ªa cosas tan aterradoras como luchar con demonios o enfrentarte a una cita en la que no sab¨ªa c¨®mo sentirme o qu¨¦ demonios decir. Guau, dos citas en un mes. Estaba de racha. O lo estar¨ªa si tuviera las cosas m¨¢s o menos claras en alguno de los casos, quiz¨¢. ¨DMaldita sea, se me ha vuelto a ir la cabeza ¨Ddije en voz alta. Me di un tortazo a cada lado de la cara. De esos que probablemente me terminar¨ªan dejando marca y tendr¨ªa que explicar de la forma m¨¢s inc¨®moda posible. Y cuando volv¨ª a abrir los ojos, ah¨ª estaba. Una criatura espectral. Un orbe acuoso y transl¨²cido que se estiraba lo justo como para simular una cola picuda. Ah¨ª plantada, mir¨¢ndome con unos enormes y redondos ojos grises. No ten¨ªa boca, pero s¨ª un par de orejas redondas que, al zarandearse, parec¨ªan soltar gotitas que se evaporaban al poco tiempo de desprenderse de su cuerpo. Agitaba con fuerza unos bracitos que no eran m¨¢s grandes que un guisante, como intentando llamar mi atenci¨®n. ¨DHola, ricura. ¨DLe extend¨ª mi aura a trav¨¦s de mi mano y acarici¨® lo que supuse que ser¨ªa su cabeza contra ella¨D. ?Eres quien he venido a buscar? Solt¨® una risilla y cogi¨® algo de carrerilla. Con algo de torpeza, recorri¨® el camino que formaba la energ¨ªa que desprend¨ªa mi cuerpo y toc¨® con su redondeada extremidad mi mejilla. De repente, el tortazo que me hab¨ªa dado dej¨® de doler. ¨DEso no deber¨ªa ser posible ¨Ddije con un suspiro¨D. Un demonio no puede afectar al plano f¨ªsico. La criatura chirri¨®, molesta por mi comentario. ¨DVale, vale. ¨DEch¨¦ la cabeza al lado¨D. Tienes raz¨®n, no lo s¨¦ todo de vosotros. Probablemente, no sepa ni un diez por ciento de lo que deber¨ªa. Pero s¨ª que tengo claro que eres una verdadera monada. El interior de la esfera de agua se ilumin¨® del mismo celeste que Vero, haciendo que su n¨²cleo fuera capaz de iluminar el claro una vez el cielo se hab¨ªa tintado de la negrura noctura. Tras ver mi cara de sorpresa, dio varias vueltas sobre s¨ª mismo y vol¨® lentamente hacia el otro lado del lago. ¨D?Ya te vas? ¨Dle pregunt¨¦¨D. As¨ª que... ?no eras t¨² a quien esperaba? El color de su luz se volvi¨® rojo por unos instantes y, si eso no hubiera sido lo suficientemente claro, gru?¨® con disconformidad. ¨D?Quieres que... te siga? ¨DEsa vez la luz fue verde¨D. Oh, ?genial! Supongo que esta era la parte obvia de la que me habl¨® Vero. Anduve con el esp¨ªritu durante un par de minutos, sin saber qu¨¦ decirle. No sab¨ªa si era por curiosidad o porque haber estado sentado en ese claro me hab¨ªa hecho bajar el indicador de interacci¨®n social de mi sim hasta la zona roja, pero necesitaba darle algo de conversaci¨®n, aunque solo fuese a base de respuestas de s¨ª o no. ¨D?Es la primera vez que gu¨ªas a un humano? ¨DBrill¨® en verde¨D. ?Y sabes lo que tienes que hacer? ¨DRepiti¨® la respuesta, esta vez con un chirrido que me vi obligado a interpretar como un ??Y t¨² qu¨¦ crees??¨D. Vale, vale. Tienes personalidad, chico. Volvi¨® a iluminarse de color rojo. ¨D?Chica? ¨DEn esa ocasi¨®n, el destello fue verde¨D. Vale, va. Perdona. No s¨¦ mucho de la biolog¨ªa de los tuyos. ?C¨®mo es que has sido capaz de curarme? El n¨²cleo esta vez se torn¨® amarillo. Supuse que era una pregunta muy dif¨ªcil como para responderla con tan pocas herramientas de comunicaci¨®n. No obstante, hizo su mayor esfuerzo por cruzar los brazos en una se?al inequ¨ªvoca de superioridad. ¨DEso es un lenguaje muy humano. ?Llevas mucho tiempo por aqu¨ª? ?Es as¨ª como has aprendido a comunicarte? ¨DDos respuestas afirmativas seguidas¨D. Seguro que ha pasado mucha gente por este bosque antes que yo... ?Por qu¨¦ yo? Esperaba que volviese a dar una respuesta de confusi¨®n, pero se acerc¨® a la capa de energ¨ªa que me rodeaba y restreg¨® sus peque?as orejas sobre ella. ¨DAfinidad, claro. Tiene cierto sentido. ¨DMe estaba quedando sin preguntas que hacerle a la criatura¨D. Supongo que conoces el lugar al que vamos, pero... ?sabes lo que vamos a hacer all¨ª? Se ilumin¨® de color verde tres veces seguidas y, por si acaso, solt¨® un chillido alegre con mucha seguridad de s¨ª misma. Acto seguido, traz¨® varios c¨ªrculos en el cielo para indicarme (o eso me pareci¨® entender) que est¨¢bamos lo suficientemente cerca. ¨DAs¨ª que no queda mucho. ¨DLa esfera se torn¨® roja de nuevo¨D. ?No a que queda mucho o a que no queda mucho? La respuesta volvi¨® a ser negativa. Dediqu¨¦ a la criatura una mirada de frustraci¨®n y, tras soltar una risilla, se?al¨® justo detr¨¢s de m¨ª. ¨DQue s¨ª, que est¨¢s cerca, Eli. The story has been stolen; if detected on Amazon, report the violation. Fue Vero quien lo dijo, escap¨¢ndose de entre las sombras del oscuro bosque. Al verla salir de repente me alert¨¦, pero al reparar en que iba ataviada con unos ropajes ceremoniales que no habr¨ªan estado fuera de lugar en uno de esos templos japoneses que tanto hab¨ªa visto en series de animaci¨®n, el que se acab¨® iluminando en color bermell¨®n fui yo. Solo esperaba que el santuario no tuviese tantas escaleras como los del pa¨ªs del Sol Naciente. *** ¨DVeo que has podido traer un familiar con ¨¦xito, El¨ªas ¨Dapreci¨® la sacerdotisa al verme llegar¨D. Oh, menuda ricura de esp¨ªritu. ?Qui¨¦n es una monada? S¨ª, claro que eres una monada. Que esa se?ora tan aterradoramente seria se pusiera a hablar a las criaturas espectrales como si se trataran de cachorritos s¨ª que fue una sorpresa, pero la energ¨ªa opresiva que dejaba escapar por todos los poros de su alma me dej¨® muy claro que no deb¨ªa soltar ni la m¨¢s m¨ªnima risilla. ¨DDir¨ªa que es curioso, pero ya hab¨ªa asumido que tu sino ser¨ªa este desde que nos conocimos. ¨DTras darle una ¨²ltima caranto?a, me mir¨® directamente a los ojos¨D. Hace mucho tiempo que ning¨²n aprendiz vuelve con una criatura de sanaci¨®n al santuario. ¨DDesde que lo hizo Jaime, s¨ª. ¨DLa tristeza en la voz de la aprendiza fue clara, pero solo dur¨® un instante antes de tornarse en¨¦rgica¨D. Supongo que a los de mi familia nos gusta rodearnos de gente muy especial. ¨DSin duda, Ver¨®nica ¨Dapreci¨® la mujer¨D. Dime, ni?a, ?ser¨ªas tan amable de preparar la purificaci¨®n mientras respondo las dudas que seguramente vaya a cuestionarme nuestro curioso invitado? La aludida no tuvo m¨¢s que dedicar una reverencia a su mentora antes de marcharse. Lo hizo en silencio, aunque tuve que admitir que me cost¨® despegar la vista de ella hasta que desapareci¨® tras el umbral. ¨DDime, El¨ªas. No sab¨ªa si su invitaci¨®n a la charla era o no una trampa, as¨ª que anduve con pies de plomo y decid¨ª que mi primera cuesti¨®n abordar¨ªa un tema que seg¨²n mi amiga ser¨ªa de su inter¨¦s. ¨DEste bosque es ciertamente m¨¢gico. ¨DMe llev¨¦ la mano al cogote para poner una postura relajada¨D. Vero me ha contado que es por la presencia de los esp¨ªritus. ¨DEso es. ¨DSe sent¨® en uno de los cojines del suelo y me inst¨® a hacer lo mismo. Intent¨¦ imitar su postura, pero tras sufrir un tir¨®n del gemelo, desist¨ª¨D. Este bosque, y un peque?o pu?ado de otros lugares de este vasto mundo son el lugar de descanso de los esp¨ªritus pac¨ªficos que llegan desde el otro lado. ¨D?Del mundo del que vienen los glitches? ¨DMe sorprend¨ª¨D. Pero si el primero fue... ?Tanto ha cambiado esto en poco m¨¢s de una d¨¦cada y media? ¨DNo. ¨DSu respuesta fue tajante¨D. Ya llevo m¨¢s de tres siglos lidiando con criaturas de diversa ¨ªndole. S¨ª que es cierto que esos demonios de silicio de los que hablas han supuesto un desequilibrio en las energ¨ªas, m¨¢s este mundo ha sido un lugar de referencia para toda clase de criaturas a lo largo del tiempo. ¨D?Tres siglos? ?Toda clase? ?Qu¨¦? ¨DTen¨ªa que recomponer mi cara de pazguato de alguna forma¨D. Cre¨ªa que... ?De d¨®nde...? ¨DEl universo funciona de formas sorprendentes, si bien hay interrogantes que no requieren de una respuesta. ¨DMenuda forma de no decir nada ¨Ddije para mis adentros. Seg¨²n acab¨¦ de subvocalizar la frase, sent¨ª c¨®mo la energ¨ªa de la mujer ca¨ªa con toda su fuerza sobre mi mente, como si de una maldici¨®n se tratase. El peso era tanto que me postr¨¦ sin desearlo. ¨DLo que quiero decir, El¨ªas, es que la naturaleza de mi trabajo aqu¨ª ser¨ªa la misma fuese cual fuese la respuesta a tu pregunta. Atraer a toda clase de esp¨ªritus a un lugar seguro y hacer lo posible porque las almas confusas que busquen refugio en mi bosque se vuelvan puras. El sacerdocio tiene tan prohibido inmiscuirse en los asuntos del universo como en el de los humanos. ¨DPero nos entrenas ¨Drepliqu¨¦, cabizbajo. El esp¨ªritu que me acompa?aba se dej¨® caer sobre mi hombro¨D. No entiendo nada. Cada d¨ªa menos. Llevo m¨¢s de un mes y¨¦ndome a la cama con m¨¢s preguntas que respuestas y... es dif¨ªcil. ¨DEs lo que el universo ha decidido. ¨DExtendi¨® su mano hacia delante¨D. Mi rol no es sino garantizar que todos los planos viven en armon¨ªa escuchando a un poder superior. En otros tiempos, esa necesidad era que nos mantuvi¨¦ramos en secreto. Ahora, la voluntad del cosmos es que os proporcione mi gu¨ªa. ¨DNo entiendo nada ¨Drepet¨ª¨D. ?Qu¨¦ eres, exactamente? ¨DEsa no es una pregunta muy educada que formular a una dama, ?no crees? Vaya, ahora s¨ª que le hab¨ªa aflorado el sentido del humor. Incluso ten¨ªa ese jocoso brillo en los ojos de estar conteni¨¦ndose una sonrisilla p¨ªcara. ¨DMe temo que no cuento con m¨¢s tiempo para tus cuestiones, mas te prometo que acceder¨¦ encantada a atenderte si logras dar con las cuestiones adecuadas. Es la hora de proseguir con tu ceremonia. ¨DSe puso en pie¨D. Mas, sabiendo los problemas que profesas gestionando la incertidumbre, te describir¨¦ los pasos. Primero, ser¨¢s purificado. Como ya has o¨ªdo, Ver¨®nica se est¨¢ encargando de esa parte del ritual. Luego, esta peque?a que ha elegido acompa?arte, fundir¨¢ sus energ¨ªas con las tuyas. Al ser una criatura d¨®cil y pura, no supondr¨¢ riesgo alguno para tu psique, si bien tendr¨¢s que encontrar la forma de tomar sus riendas. No ser¨¢ un proceso f¨¢cil mas tu alma cuenta con el potencial para lograrlo. Cuando entend¨ª las implicaciones de lo que hab¨ªa dicho la cl¨¦rigo, me gir¨¦ al esp¨ªritu y acarici¨¦ un poco su cabeza con mi energ¨ªa. Con una calma inusitada, cerr¨® sus ojos y solt¨® un breve ronroneo. ¨D?Te voy a tener que devorar, verdad? ¨DNot¨¦ el reflejo glauco que me daba la raz¨®n¨D. ?Por qu¨¦? Necesito tu poder, pero... ?por qu¨¦ tengo que hacerte da?o? ¨DTe ha elegido ¨Dasegur¨® la sacerdotisa¨D. Conoce el ritual y, aunque eso ponga fin a su existencia pac¨ªfica en este mundo, quiere prestarte su fuerza para ayudarte en tu misi¨®n. Ella te ha aceptado. Por favor, no deshonres su elecci¨®n con tus propias dudas. Despu¨¦s de las descripciones que hab¨ªa o¨ªdo sobre el proceso no pod¨ªa negar que sent¨ª un agujero en el pecho de la pena que me daba tener que hacerle algo as¨ª a la pobre criatura. Me limit¨¦ a apretar los pu?os y asentir con una mayoritariamente fingida seguridad. ¨DDe acuerdo, dime qu¨¦ tengo que hacer. ¨DAguarda, por favor. ¨DAlz¨® el ¨ªndice al aire. Exactamente diez segundos m¨¢s tarde escuch¨¦ un golpe seco sobre la puerta del santuario. La maestra se levant¨® con mucha m¨¢s calma de la que cabr¨ªa esperar y camin¨® lentamente hacia la puerta. ¨D?Joder! ¨Duna voz muy familiar se escuch¨® al otro lado¨D. Lo est¨¢s haciendo otra vez a prop¨®sito, ?verdad? La pr¨®xima vez voy a tirar el puto muro abajo de un pu?etazo. ¨DSi lo que quieres es lanzarme una invitaci¨®n a un duelo, adelante. ¨DLa mujer se par¨® en seco¨D. Mas no creo que tengas cuerpo para eso despu¨¦s de la ¨²ltima vez, Norma. ¨DAlg¨²n d¨ªa ¨Dgru?¨® con tanta fuerza que lo pude escuchar desde mi sitio¨D. Alg¨²n d¨ªa te pondr¨¦ en tu sitio. Sin moverse de la mitad de la habitaci¨®n, la sacerdotisa no tuvo m¨¢s que dar un chasquido para que la puerta se abriera de par en par. Cuando lo hizo, la periodista sali¨® corriendo a una velocidad supers¨®nica para intentar propinar un pu?etazo a su mentora, pero esta pudo parar toda su inercia en mitad del aire sin esfuerzo alguno. La muchacha grit¨® con pujanza, intentando hacer que su mera fuerza de voluntad volviera a permitirle tomar el control de su cuerpo. Por desgracia para ella, la sonrisa de la maestra dejaba entrever que el esfuerzo que ten¨ªa que hacer para contenerla era pr¨¢cticamente nulo. ¨DEse d¨ªa sigue sin ser hoy ¨DSe dej¨® caer al suelo con violencia. ¨DNi llegar¨¢ en toda tu esperanza de vida, mi ni?a ¨DLe tendi¨® la mano para que se levantara y le dio un fuerte abrazo¨D. Tengo que admitir que es un avance, eso s¨ª. ¨DEn fin... ¨DEstir¨® los brazos para atr¨¢s entre quejidos¨D. Ya sabes para qu¨¦ vengo. ¨DSoy consciente del motivo de tu visita, mas tu alma me dice que no has elegido el momento con las mejores intenciones posibles. ¨DAlarg¨® su energ¨ªa cual l¨¢tigo hacia ella¨D. Exacto... Si puedo leer que tu s¨²plica es honesta, ?a qu¨¦ viene tal entrop¨ªa en tu aura? ¨D?Qu¨¦? Si yo soy un cacho de pan ¨DSe gir¨® hacia la entrada¨D. Anda, no te quedes ah¨ª parado y entra de una maldita vez, Zack. Cap铆tulo 18, por Norma Guarnido (parte 1) Ir a la redacci¨®n un s¨¢bado por la ma?ana no era plato de buen gusto para nadie, pero si Ram¨®n dec¨ªa que necesitaba algo de ayuda, era porque realmente se ve¨ªa incapaz de dar abasto por s¨ª mismo. ¨D?Ha hablado con la sacerdotisa? ¨Dpregunt¨®, de repente¨D. Del cambio de planes. Sigo sin apoyar esa idea al cien por cien, pero ya que la pista es suya, permitir¨¦ que la gestione de la forma que vea m¨¢s conveniente. Al fin y al cabo, es usted lo suficientemente competente como para que conf¨ªe en su olfato period¨ªstico, se?orita Guarnido. ¨DAj¨¢. ¨DCog¨ª un clip de papel de la mesa para recogerme un mech¨®n de pelo que empezaba a molestarme demasiado¨D. Llam¨¦ a nuestro contacto de la Catedral y parec¨ªa bastante ilusionado por la idea. Ocult¨¦ a Ram¨®n que, aunque el muchacho me deb¨ªa un favor desde hac¨ªa un lustro, el motivo que le hizo inclinarse a acceder a mi petici¨®n quiz¨¢ tuviera que ver m¨¢s con uno de mis pupilos que conmigo. Tampoco le dije cu¨¢nto me iba a divertir con la situaci¨®n que ten¨ªa por delante, si bien quiz¨¢ mi sonrisilla mal¨¦vola me hubiera podido delatar con eso. ¨DEntonces, recapitulando ¨Dgir¨® la palma con un adem¨¢n ¨¢gil¨D: el ritual de El¨ªas Delf¨ªn tendr¨¢ lugar esta misma noche. Algo precipitado, si permites mi opini¨®n, si bien comprendo los motivos de la premura. ¨DEso es. ¨DPar¨¦ unos instantes para leer un correo electr¨®nico con atenci¨®n¨D. Para ser justos, le ofrec¨ª la opci¨®n de ?seguir tu senda?, si quieres llamarlo as¨ª. Pero no. Fue muy tajante: ten¨ªa que ponerse al d¨ªa lo antes posible dadas las circunstancias. El chaval parec¨ªa motivado. ¨DPerfecto. ¨DNo sab¨ªa si se refer¨ªa a lo que estaba diciendo o al fichero de la pantalla, cuyo nombre ten¨ªa demasiadas coletillas detr¨¢s del ?final? que deb¨ªa preceder la extensi¨®n¨D. Por otro lado, la sacerdotisa nos asistir¨¢ con el estudio de una de las v¨ªctimas del Efecto Pirita. Asent¨ª con la cabeza. ¨DConoci¨¦ndola, me sorprende que haya accedido a una petici¨®n as¨ª. ¨DYo tambi¨¦n esperaba una bronca m¨¢s que un pulgar arriba. ¨DS¨ª, la maestra del santuario de Atecina se hab¨ªa aficionado a responder los mensajes con emoticonos¨D. Supongo que a veces hay que apostar fuerte si quieres ganar. ¨DLa maestra nunca dejar¨¢ de sorprenderme ¨Dmascull¨®, a¨²n escudri?ando la pantalla del ordenador¨D. Pero, como suele decirse, bien est¨¢ lo que bien acaba. ¨DEspero que sea capaz de arrojarnos algo de luz sobre... Bueno, todo el tema de la Catedral, supongo. Me sigue perturbando la posibilidad de que alguien sin capacidad espiritual alguna haya podido tomarla prestada de una fuente as¨ª... Y que todos los efectos secundarios desaparezcan, sin m¨¢s, cortando un mero hilo. ¨DPor fin, envi¨¦ el ¨²ltimo correo pendiente y solt¨¦ un suspiro de satisfacci¨®n¨D. Ea, listo por mi parte. Si no te queda nada que hacer, podemos continuar esta conversaci¨®n en el Thardisia. Invitas t¨². ¨DEs lo menos que puedo hacer tras pedirle parte de su ma?ana libre, se?orita Guarnido. ¨DInclin¨® ligeramente la cabeza hacia delante en se?al de respeto¨D. S¨¦ de buena tinta lo mucho que le habr¨ªa gustado estar asistiendo a sus pupilos un d¨ªa como hoy. Bajamos juntos en el ascensor (no sab¨ªa si Ram¨®n no supo apreciar mi recreaci¨®n del m¨ªtico momento de Evangelion o si simplemente ten¨ªa tantos problemas para rellenar el inc¨®modo silencio como yo) y tomamos nuestro asiento habitual en el Thardisia. Como siempre, un latte con avellana y un expreso doble llegaron frente a nosotros con el cl¨¢sico sigilo del due?o del local, que parec¨ªa demasiado encerrado en sus pensamientos como para intentar darnos algo de charla aquel d¨ªa. Juguete¨¦ un poco con la espuma de mi caf¨¦ antes de decidirme a retomar la conversaci¨®n que hab¨ªamos dejado a medias en la oficina. ¨DTambi¨¦n sigo d¨¢ndole vueltas al ¨²ltimo mensaje del H¨¦roe. ¨DHice bailar la taza un poco, con cuidado de que el contenido no se cayera¨D. Especialmente en lo de que... podemos salvar a Jaime. No puedo quitarme esas palabras de la cabeza. Aunque solo sea una posibilidad... es una. Fue mi culpa que tuviera que... No pude acabar la frase. Era raro ver esa compasi¨®n en los ojos de mi jefe. Un brillo indescriptible que atravesaba m¨¢s all¨¢ del gris de sus iris y, por una vez, hac¨ªa que mi mirada dejara de gravitar hasta sus pronunciadas ojeras. Support the author by searching for the original publication of this novel. ¨DNorma ¨Daunque fuera del trabajo fuera m¨¢s dado a tratarme de t¨² tras tanto tiempo, me sorprendi¨® que usara mi nombre de pila¨D, ?cu¨¢ndo vas a dejar de culparte? Jaime fue consciente desde el primer momento de que ese combate podr¨ªa ser el ¨²ltimo que librara... Y soy yo a quien encomend¨® la tarea de ?arreglar su desaguisado?. Bueno, vale. No utiliz¨® esa palabra, pero ya entiendes a qu¨¦ me refiero. Si alguno de los dos ha fracasado, ese ser¨ªa yo. Pero estoy convencido de que no lo he hecho. A¨²n no. ¨DH¨¦roe cree que sigue a salvo. ¨DEch¨¦ un vistazo a una de las fotograf¨ªas de la pared, siguiendo la mirada de mi jefe. Estaba claro que ver la sonrisa de Jaime era motivaci¨®n m¨¢s que suficiente para ¨¦l¨D. Al otro lado, pero a salvo. Se quit¨® un momento el anillo de plata que siempre llevaba en su anular izquierdo y lo apret¨® con fuerza. Algo de energ¨ªa blanquecina se escap¨® de entre sus dedos, como en un suspiro nost¨¢lgico. ¨DYo tambi¨¦n lo creo. ¨DMe regal¨® una de sus elusivas sonrisas, aunque la realidad luciera algo triste¨D. Es por eso por lo que no dejo de luchar. Si hay una forma de que Algodaoth regrese, estoy seguro de que ¨¦l se las apa?ar¨¢ para volver por la misma puerta que esa bestia. ¨D?Quieres... dejar que su plan siga adelante? ¨Drepliqu¨¦, desairada¨D. ?Despu¨¦s de lo de la ¨²ltima vez? ¨DNo, claro que no. ¨DTom¨® un sorbo de caf¨¦ con calma¨D. Sin embargo, hay algo que me dice que es inevitable. ?No es lo que dijo ese demonio? Deber¨ªas ser t¨² quien conf¨ªe en sus palabras, no un esc¨¦ptico como yo. Ese comentario me desarm¨®. ¨D?Si quer¨¦is parar la nueva invasi¨®n de Algodaoth, no pod¨¦is dejar a la chica fuera de todo esto? ¨Drepet¨ª las palabras del H¨¦roe¨D. Es la cita textual. ?Ese lacayo sombr¨ªo est¨¢ preparando algo?. Eso, y que este enfrentamiento no es m¨¢s que un preludio a lo que est¨¢ por venir. ¨DLl¨¢mame pesimista, pero despu¨¦s de lo que hemos vivido... Tengo que tomarme esas palabras de la forma m¨¢s amenazante posible. ¨DEso... es un peso muy grande sobre los hombros de Vero. ¨DRetir¨¦ la mirada de las fotograf¨ªas del muro. Las im¨¢genes se estaban acumulando en mi cabeza demasiado r¨¢pido¨D. Si podemos... retrasarlo... ¨DLo es. ¨DSe alz¨® las gafas con dos dedos¨D. Sigue siendo una ni?a, al fin y al cabo. No se merece estar envuelta en todo esto. ¨DVero se enfadar¨ªa si te escuchara decir eso, ?lo sabes? ¨DAlc¨¦ el ¨ªndice de forma c¨®micamente amenazante¨D. Tu sobrina ya est¨¢ bien crecidita. No hay d¨ªa en el que deje de sorprenderme. Como exorcista, como persona y como adulta. Bueno, quiz¨¢ un hervor en eso de la gesti¨®n de los sentimientos y en el respeto a la autoridad s¨ª que le faltara de vez en cuando, pero no iba a dispararme en el pie de una forma tan obvia. ¨DLo que quiero decir es que conf¨ªo en ti para protegerla y guiarla hacia la victoria. ¨DContrajo los hombros, algo quejumbroso¨D. Tienes raz¨®n: no podemos postergarlo m¨¢s, pero s¨ª que hemos de tomar todas las precauciones posibles. Conf¨ªo en ti, Norma. S¨¦ que no dejar¨ªas que le pasara algo malo. S¨¦ que llevas entrenando duro desde lo que ocurri¨® aquel d¨ªa, aun al precio de... Me anticip¨¦ a lo que iba a decir con una mirada g¨¦lida. ¨DNo voy a aleccionarte sobre eso. Si bien tus formas no fueron las adecuadas y la se?orita Molina merece una explicaci¨®n real de tus labios, no soy qui¨¦n para inmiscuirme, no. Sin embargo, s¨ª que puedo pedirte una cosa. ¨DFabric¨® un silencio inerte, casi buscando que me tomara mi tiempo para reflexionar sobre lo que hab¨ªa dicho¨D. C¨¦ntrate en hacer tu trabajo como mentora. Yo me encargar¨¦ de cumplir con lo que promet¨ª a Jaime. ¨DDe acuerdo ¨Dsuspir¨¦ con fuerza¨D. Esta vez tenemos que estar totalmente preparados. No quiero dar un solo paso en falso. ¨DMe alegra ver algo de responsabilidad en la alocada cabeza de la Princesa Aran. ¨DEstir¨® los hombros hacia atr¨¢s¨D. Estoy genuinamente asombrado. ¨DLa edad, que es lo que tiene ¨Dsolt¨¦ una carcajada¨D. Ya no soy la alocada quincea?era que empez¨® a escribir a la revista para tocar las narices a un redactor marisabidillo. Tengo demasiada gente a la que proteger como para permitirme cometer errores. No otra vez. Asinti¨® con orgullo. ¨DPor cierto ¨Ddej¨¦ un pen-drive sobre la mesa y lo deslic¨¦ en su direcci¨®n¨D, necesito que me releves unos d¨ªas en la investigaci¨®n sobre la Catedral. Algo me dice que mi visita a Atecina va a tener que extenderse unos d¨ªas m¨¢s de lo previsto y... el rastro a¨²n est¨¢ caliente. Eres la ¨²nica persona en la que puedo confiar para esto, Ram¨®n. ¨DCuenta con ello ¨DSe guard¨® la memoria en el bolsillo del pecho de su camisa¨D. ?Algo que destacar de viva voz? ¨DHay algo raro en ese tal Seven. ¨DDeduje de su expresi¨®n que no estaba al d¨ªa con los detalles¨D. Ya sabes, el que hace esos ordenadores capaces de controlar a los glitches. A¨²n no tengo muy claro el qu¨¦, pero me da mala espina. ¨DRecibido. ¨DSe llev¨® las yemas a la sien¨D. Leer¨¦ el informe completo de todos modos, como es menester. Estaba segura de que no iba a apreciar que mi informe fuera poco m¨¢s que un mont¨®n de anotaciones no muy organizadas, pero al menos me hab¨ªa tomado el esfuerzo de compilar un ¨ªndice para ¨¦l. ¨DAh, por cierto ¨Dle advert¨ª¨D. Me han avisado esta ma?ana de que algunas tiendas est¨¢n empezando a vender antes de tiempo el Yaroze-kai. Entender¨¢s por qu¨¦ eso me preocupa. ¨DNo es el mejor momento para tener a casi todos nuestros exorcistas de viaje, no. ¨DSe acarici¨® el ment¨®n con cuidado¨D. Dar¨¦ un chivatazo a nuestro contacto de FILE para que cierren el grifo lo antes posible. Creo que se puede controlar. Y si me toca volver a pelear ahora a la vejez... Bueno, ser¨¢ un agradable entrenamiento para lo que se nos cierne. ¨DGracias, Ram¨®n. Cap铆tulo 18, por Norma Guarnido (parte 2) Que Zack me pidiera recogerlo en la puerta de Velocidad Pizz¨®nica me divirti¨®. A ambos nos ven¨ªa mejor cualquier otro sitio, pero el chaval quer¨ªa ser po¨¦tico y recordarnos nuestro primer encuentro para demostrarme cu¨¢nto hab¨ªa cambiado desde entonces. ¨DEy, Princesa Aran. ¨DCorri¨® a abrazarme¨D. ?Soy yo, Usagi! Definitivamente, no lo recordaba con tanta energ¨ªa. El Zack de unos a?os atr¨¢s, como mucho, habr¨ªa temblado un poco y me habr¨ªa extendido una mano tr¨¦mula. Pero no, ah¨ª estaba, casi intentando levantarme en brazos de la emoci¨®n. ¨DJoder, chico, s¨ª que est¨¢s distinto. ¨DLe devolv¨ª el gesto, aunque un quejido me indic¨® que me estaba pasando con el apret¨®n¨D. Lo que hacen cinco a?os en la adolescencia, ?eh? ¨DJo, t¨² tambi¨¦n has cambiado un mont¨®n. ?Menudos hombros, nena! ¨DSe separ¨® un par de pasos hacia atr¨¢s y me escudri?¨® con esos ojos antinaturales que tantos escalofr¨ªos me daba recordar¨D. Aunque bueno, me impacta un poco menos, que yo he seguido tu trayectoria. ?Ay, c¨®mo me gust¨® tu disfraz de Winry de Full Metal Alchemist! ?Di que s¨ª, reina del cosplay, esos m¨²sculos est¨¢n para ense?arlos! ¨D?A que s¨ª? ¨DFlexion¨¦ el brazo¨D. ?Gracias! Ir vestida de armadura molar¨¢ mucho, pero no iba a aguantar ese calor dos d¨ªas seguidos, as¨ª que prepar¨¦ algo fresquito para compensar una vez tuviera el premio bajo el brazo. ¨DNo esperaba que me llamaras de nuevo a estas alturas ¨Dconfes¨®, sin un ¨¢pice de verg¨¹enza¨D. ?Qu¨¦ ilusi¨®n, t¨ªa! Cre¨ªa que despu¨¦s de ese par de veces que nos vimos para lo del caso ya no ten¨ªa nada que hacer en la vida de alguien que mola tanto como t¨². ¨DTen¨ªas mi n¨²mero. ¨DDesbloque¨¦ el coche con el mando a distancia, pero Zack segu¨ªa fijado en m¨ª con chiribitas en los ojos¨D. Te dije que pod¨ªas llamarme cuando quisieras. Si llego a saber que hab¨ªas seguido metido en el mundillo espiritual, incluso te habr¨ªamos fichado para la revista. No es que nos sobre personal, precisamente. ¨D?Cre¨ªa que era solo para emergencias de glitches! ¨Dprotest¨® con un adem¨¢s en¨¦rgico¨D. Bueno, adem¨¢s, he estado liado... Imagino que salta a la vista en qu¨¦, pero... ¨D?Ligoteando con mis pupilos? ¨DBuscaba encenderlo como un tomate, pero solo me devolvi¨® una sonrisa confiada¨D. Algo de eso he o¨ªdo, s¨ª. ¨D?Eh, fuiste t¨² quien me ense?¨® que ten¨ªa que poner toda la carne en el asador para acercarme a lo que quiero conseguir en mi vida! ¨DDe un salto, pas¨® su brazo por encima de mi hombro. Tras darse cuenta de que no llegaba al suelo, decidi¨® dejar de colgarse de m¨ª¨D. Gracias por eso, por cierto. Fue un buen consejo. Pero no me refer¨ªa a eso. Ya sabes... ¨DCu¨¦ntamelo mejor en el coche. ¨DSi no dejaba de darle cuerda, anochecer¨ªa en la puerta de la pizzer¨ªa¨D. Nos est¨¢n esperando y el trayecto no es precisamente corto. ¨D?Ay, s¨ª! ?Quiero conocer a esa sacerdotisa tan terror¨ªfica! ¨DDio varias palmadas en el aire¨D. ?Y tambi¨¦n quiero ver a Vero! Creo que la primera vez no empezamos con muy buen pie, pero he o¨ªdo tant¨ªsimas cosas interesantes de ella que la curiosidad me puede. ?Y qu¨¦ estilazo tiene la t¨ªa! Claro que me puede, Norma. Ahogu¨¦ una carcajada tan fuerte que se me salt¨® un lagrim¨®n. Por suerte, segu¨ªa hablando mientras and¨¢bamos, as¨ª que no le prest¨® mucha atenci¨®n. ¨DPor supuesto, ?tengo much¨ªsimas ganas de ver a Eli tambi¨¦n! ¨DDej¨® su macuto en la parte de atr¨¢s y se sent¨® en el asiento del copiloto¨D. Que ¨²ltimamente est¨¢ tan liado que no hay quien lo pille. S¨ª, eso era culpa m¨ªa. Menos mal que lo hab¨ªa hecho, porque si no hubiera puesto de mi parte, Vero no habr¨ªa tenido oportunidad alguna ante los magn¨¦ticos encantos del domador con su indecisi¨®n y su b¨²squeda del ?momento perfecto?. ¨DHoy la cosa va de SEGA. ¨DAbr¨ª una funda de discos de par en par¨D, pero te dejo elegir: ?Jet Set Radio o Sonic Adventure 2? ¨DJo, ?no has pillado el nuevo de Estopa a¨²n? ¨DIntent¨® mantener la mirada fija, esperando una reacci¨®n, pero gan¨¦ el duelo y fue ¨¦l quien rompi¨® a re¨ªr¨D. ?Venga, dale! Live and learn! Hanging on the edge of tomorrow! ¨DLive and learn! From the works of yesterday! ¨DIntroduje el CD en el lector y arranqu¨¦ el coche¨D. Buena elecci¨®n, Zack. Aunque, a decir verdad, te hubiera dicho exactamente lo mismo si hubieras elegido el otro. ¨DPor cierto... ¨DJuguete¨® con varios de los mechones de su pelo. El chico no pod¨ªa pararse quieto¨D. No te he dado las gracias. Bueno, s¨ª, te las di por salvarme la vida de un cuchillo de pizza demasiado afilado. Y por lograr que algo hiciera clic en mi cabeza para decidir cambiar a mejor, conocerme de verdad, ser yo mismo y todo eso. Pero no, ahora quer¨ªa agradecerte que le dieras mi n¨²mero a Eli. T¨ªa, eres mi ¨¢ngel de la guarda. Una cosa es ir acelerado, pero otra muy distinta es conocer a un chico con el que me saltan las chispas desde el primer momento y cometer un error tan tonto por los putos nervios. Cre¨ªa que nunca volver¨ªa a saber de ¨¦l. ¨DAs¨ª que sabes que fui yo. ¨D?Me equivoco? ¨DSonri¨® con dulzura. Yo me limit¨¦ a negar con la cabeza¨D. Aunque siento hab¨¦rtelo puesto tan dif¨ªcil. Supongo que no habr¨¢ sido sencillo localizarme con una descripci¨®n tan... poco acorde a la actualidad, por decirlo de alguna forma. ¨DNo te preocupes por eso. ¨DPuse el intermitente para tomar la salida de la ciudad¨D. Al fin y al cabo, solo tuve que actualizar el nombre que ten¨ªa en la agenda, Zack. M¨¢s dif¨ªcil lo hubiera tenido si te tintaras el pelo o te pusieras lentillas para esconder los s¨ªntomas. Pero, ?sin eso? Es f¨¢cil encontrar a alguien que encaje en esta ciudad. ¨DS¨ª, claro, me iba a te?ir yo con lo de moda que est¨¢n los albinos ahora ¨Dse jact¨®¨D. Dante, Riku, Chaud... Quita, quita... Te aseguro que as¨ª se liga mucho m¨¢s. Y tener los ojos as¨ª me encanta. No solo son preciosos, sino que tambi¨¦n suponen un recuerdo del momento que lo cambi¨® todo. Segu¨ªa preocupada por las implicaciones del extra?o patr¨®n en los iris de los afectados, pero decid¨ª que era mejor idea no ahondar en el tema. Hab¨ªa noche por delante para que mi maestra lo investigase. En su lugar, decid¨ª aprovechar el viaje para indagar un poco m¨¢s en esa Catedral. Aun as¨ª, ten¨ªa otras curiosidades que saciar primero. Support the creativity of authors by visiting Royal Road for this novel and more. ¨DEntonces, Eli... ¨DNo ten¨ªa muy claro c¨®mo formular la pregunta, as¨ª que rellen¨¦ algo de tiempo tatareando la m¨²sica que sonaba por los altavoces¨D. ?Qu¨¦ tal? ¨D?Ay! ?S¨ª! ¨DSe recoloc¨® en el asiento. Parec¨ªa emocionado por el tema de conversaci¨®n¨D. A ver, conocer a m¨¢s gente con poderes siempre mola, pero... No s¨¦, ¨¦l es distinto a los de la Catedral. No solo por su relaci¨®n con los glitches, sino... No s¨¦, me dio unas buenas vibras desde el primer momento. Fue todo muy fortuito, pero yo qu¨¦ s¨¦. Menudo flechazo, Norma. Mira que no creo en esas cosas, pero fue uno de esos momentos en los que ten¨ªa sentido ser lanzado. Y voy yo, me pongo nervioso y me largo sin m¨¢s. Tard¨¦ un rato en darme cuenta y para cuando volv¨ª a la cafeter¨ªa ya no estaba. ?Pero tuve que dejarle marca, eso estaba claro! Movi¨® los hilos para arreglar mi error. Menudo vuelco al coraz¨®n cuando vi su SMS. ?C¨®mo de maleducado ser¨ªa intentar saltarme la parte que ya conoc¨ªa y llegar a la parte m¨¢s jugosa? ¨DAs¨ª que, bueno, hablamos durante unos d¨ªas por el Messenger y me fui autoconvenciendo de que mis impresiones eran correctas. As¨ª que le ped¨ª una cita ¨Dcontinu¨® con su mon¨®logo¨D. Bueno, ¨¦l no tuvo muy claro que lo era hasta que nos vimos. Llegu¨¦ a pensar que la hab¨ªa cagado siendo demasiado bromista al respecto, pero cuando se lo dej¨¦ claro, no se achant¨®. Intent¨¦ meter algo de baza, pero no se dej¨®. Se hab¨ªa vuelto una verdadera locomotora al hablar, pero la ilusi¨®n con la que narraba todo me trajo recuerdos del joven que se enorgullec¨ªa de sus logros en Compact Creatures cinco a?os atr¨¢s. Ese Zack siempre hab¨ªa estado ah¨ª enterrado y ahora brillaba con luz propia. No pude evitar dedicarle un vistazo de orgullo. ¨DAunque, si te soy sincero, no ten¨ªa muy claro cu¨¢l es el rollo que se trae con su compa?era de piso. Por su forma de hablar sobre ella ten¨ªa claro que compart¨ªan mucha historia juntos, pero no sab¨ªa si me estaba interponiendo en algo o yo qu¨¦ s¨¦. Y ah¨ª estaba la parte jugosa que buscaba. Pero se call¨®. Solo la letra de Escape from the City llenaba el coche y, por mucho que me gustara ese tema en particular, me estaba frustrando m¨¢s de la cuenta. ¨DSi no se nota, estoy esperando que me des tu opini¨®n al respecto ¨Ddijo por fin el muchacho¨D. Que, vaya, viendo lo que veo en nuestros chats tampoco es que importe mucho, pero estoy segur¨ªsimo de que t¨² tienes algo que decir al respecto, Norma. ¨DNo sabe, no contesta. ¨D?Oh, venga ya! ¨DRealiz¨® un aspaviento exagerado¨D. En el lenguaje de los de tu gremio, te est¨¢s reservando informaci¨®n privilegiada. ?No me merezco un poco por acceder a ser una rata de laboratorio en ese templo? ¨DSantuario ¨Dle correg¨ª¨D. Pero ya sabes c¨®mo funciona esto del periodismo: hay que guardarse la exclusiva. Aunque te dar¨¦ una ¨²ltima pista antes de zanjar el tema: Vero va a matarme cuando me vea aparecer contigo por all¨ª. Hasta ah¨ª puedo leer. Se llev¨® el dedo a los labios para procesar la informaci¨®n, pero no a?adi¨® nada sobre eso. En su lugar, ech¨® la mirada hacia el sinuoso puerto de monta?a que se ve¨ªa por la ventanilla. Permit¨ª al chaval disfrutar un rato de la guitarra de Jun Senoue para limpiarse el paladar, pero ya satisfecha con mi raci¨®n de cotilleo vespertino, era hora de hacer mi trabajo. ¨DAs¨ª que... la Catedral. ¨D?A que mola? ¨DSonri¨® de oreja a oreja¨D. Conoc¨ª a Seven unos meses despu¨¦s de toda esa movida con el G¨®lem de Pirita y... bueno, supongo que buscaba a un sitio al que pertenecer y su propuesta sonaba atractiva, as¨ª que acced¨ª r¨¢pidamente. ¨DTen¨ªas que haberme avisado, chico ¨Daunque sin maldad en la voz, le reprend¨ª¨D. Nos habr¨ªas... Decid¨ª acabar el ?ahorrado bastante trabajo? en silencio. Aunque me inspiraba confianza, cualquier acusaci¨®n temprana hacia el grupo que le hab¨ªa acogido en sus momentos m¨¢s vulnerables podr¨ªa poner en peligro toda esta improvisada entrevista. En su lugar, aprovech¨¦ para convertirlo en el piloto de pruebas de mi nuevo glitch esp¨ªa, solo por si acaso. Como esperaba, su Vista no estaba lo suficientemente entrenada como para percatarse de mi triqui?uela. ¨DSon buenos chicos, Norma ¨Dpareci¨® entender mis intenciones¨D. Ya te lo dije antes: si me hubiera cruzado con algo que considerara una emergencia, os habr¨ªa llamado. ¨DDe acuerdo. ¨DAlc¨¦ un poco las palmas, sin dejar de agarrar el volante con los pulgares¨D. Comprende que nos haya llamado la atenci¨®n descubrir a otro grupo de exorcistas en Gailadr¨ªa de un d¨ªa para otro. Intent¨¦ hilar fino. Al fin y al cabo, hasta donde sab¨ªa, la historia que hab¨ªa escuchado Zack sobre el demonio acababa con su derrota. Quiz¨¢, si eleg¨ªa las palabras adecuadas, dar¨ªa con algo de informaci¨®n relevante. ¨D?Exorcistas? ¨Dinterrumpi¨® mis pensamientos con una carcajada¨D. No, Norma. Ya me gustar¨ªa ser como vosotros. Vale, s¨ª, controlamos glitches, pero por diversi¨®n. ?C¨®mo iba a rechazar la posibilidad de llevar mis juegos favoritos a la realidad? S¨ª, si alguien se encuentra uno de esos monstruos sueltos tiene el deber moral de domarlo, pero... Nos las apa?amos, ?no? Quiero decir, si realmente di¨¦ramos problemas, os habr¨ªais pispado antes. Algo se retorci¨® en mi interior al escuchar esas palabras. Claro que los casos de glitches sueltos no hac¨ªan m¨¢s que aumentar si hab¨ªa un mont¨®n de gente jugando a soltar su poder espiritual por ah¨ª para atraerlos. ¨DNo, no os las apa?¨¢is ¨Dbuf¨¦¨D. Est¨¢is jugando con fuego, Zack. Desconoces mucho del... ¨D?Est¨¢s ante el mejor domador de la Catedral! ¨DNo pareci¨® inmutarse por mi tomo agresivo¨D. ?El n¨²mero uno de todas las ligas, ganador de casi todos los torneos! Que no me dedique al exorcismo no quiere decir que no est¨¦ entrenando duro para ser de ayuda cuando me necesit¨¦is. Dej¨¦ que la fuerza se me escapara en un resoplido, pero no le reprend¨ª. Si hubiera sido m¨¢s responsable, no habr¨ªa desatendido al chico tras un par de revisiones y... ¨DNecesitaba rodearme de m¨¢s... gente como yo, supongo. ¨DEch¨® la mirada hacia arriba¨D. Me sent¨ªa comprendido entre otras v¨ªctimas del G¨®lem. ?Sabes? Casi todos los domadores originales lo somos. S¨ª, despu¨¦s crecimos y... bueno, alg¨²n espiritista termin¨¢bamos atrayendo al sacar nuestras criaturas en p¨²blico. Pero la idea original de Seven era tener un sitio donde nos sinti¨¦ramos como en casa y aprovech¨¢ramos todo lo bueno de esa maldici¨®n. Convertir el trauma en un regalo que cambie nuestras vidas. ¨D?Y qu¨¦ hac¨¦is por all¨ª? Aparte de jugar con vuestros monstruos, quiero decir. ¨DPues... no s¨¦, al final somos un grupo de amigos con intereses similares. ¨DSe encogi¨® de hombros¨D. Lo t¨ªpico, hacemos alg¨²n que otro torneo de Magic, intentamos pasarnos beat''em''ups con solo un cr¨¦dito, montamos discotakus... Nos mantenemos al d¨ªa con las noticias del mundo del videojuego... ?Este a?o incluso hicimos una fiesta para ver algunas de las conferencias de la E3 en directo y todo! Bueno, se nos cay¨® la conexi¨®n cuando estaban ense?ando el Gran Turismo 4, pero... ¨DYo estuve all¨ª ¨Dme tom¨¦ un momento para presumir¨D. En Los ¨¢ngeles, digo. ¨DMe matas de envidia, que lo sepas. ¨DFingi¨® darme un codazo¨D. Pero s¨ª, somos una comunidad bastante unida. No me arrepiento de haberme unido, si es lo que preguntas. La Catedral es una parte importante de mi vida, al fin y al cabo. S¨ª, s¨¦ que me queda mucho por aprender de este mundo. S¨¦ que tu intuici¨®n es afilada y que si algo te preocupa, es por un buen motivo. Se tom¨® unos instantes para pensar en sus pr¨®ximas palabras. ¨DNo soy tonto, tambi¨¦n s¨¦ que estamos jugando con fuerzas que no alcanzamos a comprender. Conocer a Eli me hizo darme cuenta de todo lo que ignoraba sobre el espiritismo. Sumando dos y dos, me hago a la idea de la raz¨®n por la que me traes aqu¨ª. Y, aun as¨ª, accedo de buen grado. Conf¨ªo en vosotros. ¨DGracias, Zack. ¨DVolante¨¦ ligeramente para tomar la salida de la carretera¨D. No sabes cu¨¢nto nos va a ayudar tenerte a nuestro lado. ¨DSolo... eso. Recuerda que, a pesar de todo, hay buena gente all¨ª. Gente a la que quiero. Si decid¨ªs que nuestro grupo no supone un problema, me quedar¨¦ con vosotros para aprender c¨®mo hacer las cosas bien y protegerlos en un futuro. Si hay algo que os preocupe... bueno, quiero ser lo suficientemente fuerte para ayudarlos. Es lo menos que puedo hacer. ¨DMe alegra o¨ªr eso. ¨DLe dediqu¨¦ una sonrisa con dulzura¨D. Aunque hayas cambiado tanto, sigues teniendo el mismo coraz¨®n que cuando te conoc¨ª hace cinco a?os. ¨DY hablando de coraz¨®n... ?Cu¨¦ntame, cu¨¦ntame! ?Qu¨¦ pas¨® con...? Sub¨ª el volumen de la m¨²sica para cantar a todo pulm¨®n el estribillo. Cap铆tulo 19, por Verè´¸nica Garza (parte 1) ¨D?C¨®mo lo ves, Mako? ¨DAcarici¨¦ ligeramente la naricilla del glitch que reposaba en mi hombro¨D. ?Crees que le gustar¨¢? La respuesta del reci¨¦n nacido fue un largo y en¨¦rgico chillido con el que estir¨® sus emplumadas orejas. Cuando cerr¨® la boca, salt¨® con una torpe pirueta y recorri¨® con su orondo cuerpecillo blanco todo el circuito espiritual como si se tratara de una pista de Scalextric, vibrando por el camino. Por suerte, su imagen et¨¦rea era incapaz de salpicar el agua que deber¨ªa estar desplazando. ¨DVale, s¨ª, quiz¨¢ me he pasado. ¨DMe llev¨¦ la mano al colgante¨D. Estoy nerviosa. No s¨¦ de d¨®nde he sacado la voluntad de hacer todo lo que he hecho hoy. Y lo que me queda luego. ?Podemos echarle la culpa a Norma? La criaturilla volvi¨® a saltar hacia m¨ª y se dej¨® caer en mi cabeza. Se trataba de una sensaci¨®n a la que no me acababa de acostumbrar: aunque no pesara un solo gramo, estaba ah¨ª y lo notaba. Eso s¨ª, era incre¨ªble c¨®mo un peque?¨ªn de poco m¨¢s de un palmo de alto pod¨ªa ascender tanto de un bote. Acto seguido, volvi¨® a gru?ir con impaciencia. ¨DVale, va ¨Dsuspir¨¦¨D. Volvamos con los dem¨¢s. El demonio intent¨® aletear para mantenerse en el aire junto a m¨ª, pero las leyes de la aerodin¨¢mica hicieron que fracasara estrepitosamente. Algo frustrado porque las peque?as alas de su cabeza no sirvieran para revolotear a mi lado, se limit¨® a dar botes a mi alrededor. ¨DListo ¨Danunci¨¦ con una palmada al cruzar el umbral de la puerta¨D. Cuando quieras, Eli. Era dif¨ªcil racionalizar c¨®mo la situaci¨®n que hab¨ªa dejado antes de ir a preparar el ritual difer¨ªa tanto de la que me hab¨ªa encontrado a la vuelta, pero as¨ª era. No esperaba la visita de Norma, pero verla retorcerse para superar la energ¨ªa con la que su maestra la reten¨ªa era algo que hab¨ªa presenciado tantas veces a lo largo de mi vida que no me extra?¨® un ¨¢pice. En todo caso, ten¨ªa que felicitarla; cada vez que ven¨ªa, lograba aguantar el pulso con su mentora un poco m¨¢s. Eso s¨ª, ver a un muchacho albino literalmente colg¨¢ndose del cuello de El¨ªas en un abrazo que transgred¨ªa la barrera de la camarader¨ªa incendi¨® mi pecho con furia. ?Por qu¨¦ en ese momento? Inspir¨¦ con calma para relajarme. Me sab¨ªa las t¨¦cnicas. Solo ten¨ªa que aplicarlas. Si hab¨ªa un lugar en el que pudiera perder el control de mis poderes, no era frente a la sacerdotisa. Pero una cosa era que mi esp¨ªritu no fuera a explotar y otra muy distinta que mi hermana no se mereciera un poco de venganza. ¨DAh. ¨DTorc¨ª un poco el gesto¨D. ?Ya se ha enterado la maestra de que has devorado otro glitch m¨¢s? Te dije que no le iba a hacer ninguna gracia, Norma. Por lo r¨¢pido que ese pulso espiritual se convirti¨® en una derrota aplastante para la aspirante, asum¨ª que mi comentario era la primera noticia que ten¨ªa al respecto. Ignorando el resto de la situaci¨®n, la experta traz¨® su aura dorada en el aire y escudri?¨® a mi hermana mayor con sus p¨²as. ¨DChivata ¨Dreplic¨® en un gru?ido entre sus chillidos de dolor¨D. ?Era importante para la misi¨®n, maestra! ?No ten¨ªa tiempo de tanta burocracia! ?Te lo prometo! El esc¨¢ndalo hizo que los dos novatos repararan en mi presencia. Aunque El¨ªas tardase un poco m¨¢s en reaccionar, su compa?ero sali¨® corriendo de un salto y elimin¨® la distancia que nos separaba de un plumazo. Mi amigo solo se encogi¨® levemente de hombros y me dedic¨® una sonrisa t¨ªmida, como sin saber d¨®nde esconderse ¨¦l tampoco. ¨D?Ay, Vero! ¨DOnde¨® las manos con mucha energ¨ªa¨D. ?Eli me ha hablado much¨ªsimo de ti! ?Qu¨¦ ganas ten¨ªa de conocerte! Bueno, formalmente, quiero decir. Ya nos cruzamos hace unas semanas en tu portal, claro. ?Jo! ?C¨®mo mola esa ropa que llevas! ?Pareces toda una miko! Uy, d¨®nde me dejo mis modales. ¨DAgach¨® toda la espalda de forma exagerada¨D. Soy Zack... Bueno, eso ya lo sabes. Supongo. ?Encantado! El chico abri¨® los brazos con la esperanza de que me presentara con un abrazo, pero mi cuerpo solo supo responder con un gesto que resultaba fr¨ªo hasta para mi impostada personalidad de chica oscura. En su lugar, intent¨¦ respirar para controlar esos est¨²pidos celos. Tuve que espirar un par de veces en silencio para extinguir el fuego de mi pecho y poder echarle un nuevo vistazo al muchacho. Demonios, Eli no ment¨ªa cuando dec¨ªa que era bastante mono. Y su sonrisa, genuina, me hac¨ªa sentirme culpable por tratarle as¨ª. Pero no lo suficiente como para dejar de hacerlo. Gestionar tus sentimientos en una situaci¨®n as¨ª no era f¨¢cil, hubiera o no esp¨ªritus de por medio. ¨DZacar¨ªas ha accedido a nuestra invitaci¨®n para investigar el fragmento de Algodaoth que reside en su cuerpo ¨Dnos record¨® la sacerdotisa¨D. Debemos agradecerle su colaboraci¨®n en este asunto. As¨ª que, por favor, tr¨¢tale como a un invitado de honor, Ver¨®nica. ¨DPor favor, ll¨¢mame Zack ¨Ddijo con esa maldita sonrisa magn¨¦tica¨D. Zacar¨ªas era mi abuelo. ¨DDe acuerdo, Zack entonces. ¨DVer a la protectora del santuario ceder tan r¨¢pido con algo as¨ª era, como poco, sorprendente¨D. Muchas gracias por tu cooperaci¨®n, de nuevo. El aludido replic¨® con una reverencia teatral. Sin duda, parec¨ªa divertirse con la situaci¨®n mucho m¨¢s que nadie. The narrative has been stolen; if detected on Amazon, report the infringement. ¨DVale, hagamos las cosas por orden ¨Dintervino Norma, a¨²n quejumbrosa por la paliza espiritual que hab¨ªa recibido¨D. Primero toca acabar con el ritual de El¨ªas y luego empezaremos con las pruebas de nuestro invitado, ?no, maestra? ¨DAs¨ª es ¨Dasinti¨® con un ligero vaiv¨¦n¨D. No estoy muy segura de cu¨¢nto nos tomar¨¢ el an¨¢lisis espiritual de nuestro invitado, as¨ª que actuemos con presteza. ?Est¨¢s listo, El¨ªas? El aludido tard¨® unos instantes en reaccionar. Cuando lo hizo, fue echando un vistazo al esp¨ªritu que le acompa?aba. Acarici¨® su cabeza. Le dedic¨® un gesto tierno. Susurr¨® al lugar donde imaginaba que tendr¨ªa los o¨ªdos. Despu¨¦s, me mir¨® con un moh¨ªn que resultaba nuevo adornando su rostro. Nuevo, pero claro como el agua: segu¨ªa apenado por la idea de devorar al demonio, por mucho que se hubiera ofrecido a ello. Acto seguido, dio un par de pasos hacia nosotros. Lo que m¨¢s me sorprendi¨® fue que, para lo indeciso que sol¨ªa ser con estas cosas, su lenguaje corporal parec¨ªa lleno de determinaci¨®n. ¨DNo me voy a achantar ahora. ¨DMe dedic¨® una de esas miradas que parec¨ªan hechas solo para m¨ª¨D. Te lo promet¨ª, Vero. Si tengo que hacer esto para poder luchar a tu lado, que as¨ª sea. Es posible que el tono de sus palabras tuviera la culpa de ese latido que se salt¨® mi coraz¨®n. O quiz¨¢ fuera porque mi mente hab¨ªa alcanzado un nivel de saturaci¨®n que me imped¨ªa procesar correctamente los pocos pensamientos que le llegaban. El caso es que cuando me llev¨¦ la mano a la cara, estaba ardiendo... y que no me import¨® que los dem¨¢s se fueran a dar cuenta. ¨DVale, vamos. ¨DLa maestra chasque¨® los dedos con fuerza y nos dio la espalda sin m¨¢s explicaci¨®n¨D. T¨² tambi¨¦n me acompa?as, Guarnido. A¨²n tengo una bronca que echarte. O tres. Adem¨¢s, las energ¨ªas del ambiente me dicen que el que no est¨¦s presente es, sin duda alguna, el mejor curso de acci¨®n. ¨D?Pero yo quiero quedarme aqu¨ª! ¨DPor mucho que se opusiera a la fuerza de la sacerdotisa, la pelirroja acab¨® siendo arrastrada¨D. ?No puedes hacerme esto! Siempre era hilarante ver c¨®mo un referente de madurez como Norma era reducida al nivel de una ni?a llorica cuando la sacerdotisa pon¨ªa un poco de su parte. ¨DOh, vaya que si puedo. ?Y t¨² tambi¨¦n quieres venir con nosotros, peque?¨ªn? ¨DMako se hab¨ªa subido a su hombro y se restregaba contra su mejilla¨D. ?Est¨¢s seguro? Quiz¨¢ lo que veas pueda asustar a un chiquit¨ªn como t¨²... El demonio no necesit¨® un solo gesto para hacerse entender. Yo lo intu¨ª por haber pasado tanto tiempo con sus diversas versiones, pero la maestra solo ten¨ªa que leer su energ¨ªa como si de un libro abierto se tratara. ¨DVale, vale... Fallo m¨ªo ¨Dsuspir¨® la protectora del santuario¨D. Es que te veo as¨ª de lindo, redondito y achuchable y... Eres el esp¨ªritu m¨¢s confuso que he conocido en mi vida, ?lo sabes? La bolita emplumada chill¨® con orgullo. *** *** ¨DBueno ¨Ddijo Zack tras un par de minutos de quietud inc¨®moda¨D. Este silencio me est¨¢ matando. ?Te apetece hablar de algo? ?Ya s¨¦! ?Dime cosas sobre ti! Que he o¨ªdo cosas muy chulas, pero me encantar¨ªa que fueras t¨² quien me las contara. ¨DEli... ¨DEl nudo de mi garganta me imped¨ªa hablar. Tanto, que lo acab¨¦ musitando¨D. ?Te ha... hablado mucho sobre m¨ª? ¨D?Y tanto! ¨DSonri¨® de oreja a oreja¨D. Tienes que ser muy, pero que muy importante para ¨¦l. S¨¦ que hab¨¦is pasado un bache, pero desconozco los detalles. Mira que lo he intentado, pero el t¨ªo no suelta prenda. ?Ni Norma tampoco! ?Jo! ?Bueno, sea como sea, estoy aqu¨ª para ayudar! Dese¨¦ espetarle un ?lo ¨²ltimo que haces es ayudar?, pero el muchacho parec¨ªa tan sincero que no acab¨® de salirme. En su lugar, solo me apeteci¨® esconder la cabeza entre mi ropa. Ropa que, por desgracia, no se prestaba a ello tan bien como mi indumentaria habitual, as¨ª que tuve que improvisar y hacerme un ovillo, esperando que las anchas mangas de mi traje pudieran ocultarme. ¨D?Sabes qu¨¦? ¨DSigui¨® hablando como si nada¨D. Olv¨ªdalo. No es el sitio por el que ten¨ªa que empezar esta conversaci¨®n. Soy demasiado echado para delante y me acelero. Imagino que lo m¨¢s adecuado ser¨ªa empezar hablando sobre m¨ª mismo. O podemos irnos a terreno m¨¢s neutral, ?hablemos de videojuegos! No respond¨ª. Ten¨ªa demasiadas l¨ªneas de pensamiento cruzando mi cabeza. Al fin y al cabo, no dejaba de verle como un rival rom¨¢ntico, por mucho potencial que pudiera tener como amigo. ?Y si acababa perdiendo? Terminar¨ªa formando parte de mi vida lo quisiera o no. Una parte de m¨ª deseaba que no fuera tan majo. Ser¨ªa mucho m¨¢s f¨¢cil que tuviera motivos reales para mi hostilidad m¨¢s all¨¢ de un mont¨®n de celos. Por mucho que Norma disfrutara siendo una agente del caos, hab¨ªa tra¨ªdo al chico aqu¨ª por un buen motivo, ?no? S¨ª, era una pieza clave si quer¨ªamos rescatar a Jaime, salvar el mundo y todo eso que se supon¨ªa que era mi misi¨®n. Tragu¨¦ saliva. S¨ª, si no intentaba hacer buenas migas con ¨¦l por Eli, lo har¨ªa por mi t¨ªo. O porque era lo que se esperaba de m¨ª como hero¨ªna. Las hero¨ªnas de ficci¨®n no odian a sus aliados por simples celos, ?verdad? ¨DEres p¨²blico del duro ¨Dsigui¨® a pesar de mi reticencia¨D. Hablarle a una bola de tela es menos divertido de lo que parece, pero supongo que seguir¨¦ intent¨¢ndolo hasta que pueda sacar alguna reacci¨®n de ti. ?Por qu¨¦ si mi mente hab¨ªa dejado claro que aceptar a Zack en mi vida era lo que ten¨ªa que hacer, mi coraz¨®n me imped¨ªa hablar con ¨¦l? ¨DAhora lo entiendo ¨Ddej¨¦ caer en un susurro, sin preocuparme demasiado que me escuchara¨D. Por qu¨¦ el muy imb¨¦cil estaba tan risue?o hablando contigo. Por qu¨¦ no se achant¨® ante una cita, a pesar de todo lo que hab¨ªa en su cabeza en ese momento. Era as¨ª de encantador. Ten¨ªa esa energ¨ªa capaz de arrancarme una sonrisa cuando no quer¨ªa d¨¢rsela. Ese desparpajo, esa capacidad de dejar ver sus sentimientos con la mayor transparencia del mundo, mientras yo me obligaba a esconderlos bajo una capa de tinte de pelo y una actitud glacial. Mientras me sent¨ªa culpable con cada sonrisa, por cada gesto fuera del molde que hab¨ªa construido para el H¨¦roe. Me pon¨ªa de los nervios. No solo me hac¨ªa sentir inferior. Me hac¨ªa sentir que ya hab¨ªa perdido. Que una persona as¨ª era exactamente lo que alguien tan despistado como Eli necesitaba en su vida y que yo... ¨D?Qu¨¦? ¨DMe puso la mano en la espalda¨D. No te entiendo si hablas tan flojito a trav¨¦s de la tela, que pareces Kenny de South Park. Tienes aqu¨ª un amigo. Anda, m¨ªrame a los ojos y dime lo que necesites. Que, tambi¨¦n te digo, eres demasiado mona como para esconderte tanto. Los ojos se me humedecieron, probablemente de rabia. Estaba siendo demasiado amable conmigo. Incapaz de controlarme, me ech¨¦ para atr¨¢s de un aspaviento y segu¨ª su recomendaci¨®n de mirarle cara a cara. Solo hab¨ªa una cosa que, por mucho que mi cabeza dijera que era est¨²pida, mi pecho quer¨ªa decirle. Lo ¨²nico que pod¨ªa hacerme sentir mejor en ese momento, de hecho. ¨DZack Hern¨¢ndez ¨Dmi voz se calde¨® m¨¢s de lo que cabr¨ªa esperar¨D. Seg¨²n las reglas del santuario, te reto a un duelo espiritual. ¨DNo s¨¦ de qu¨¦ me hablas ¨Dvolvi¨® a dibujar en sus labios esa mueca feliz y despreocupada que tanto estaba agitando las aguas de mi ser¨D, ?pero suena divertido! Venga, va, ?hagamos algo juntos! Cap铆tulo 19, por Verè´¸nica Garza (parte 2) Si quer¨ªa que la sacerdotisa no me diera un rapapolvo que dejase la medida disciplinar de Norma como un tir¨®n de orejas, ten¨ªa que tener cuidado en todos los detalles del duelo. En primer lugar, habr¨ªa de celebrarse en la zona habilitada para ello, un peque?o claro a un par de minutos a pie del propio santuario. A ese respecto, el verdadero reto fue convencer a mi contrincante de que las preguntas las responder¨ªa una vez hubi¨¦ramos llegado. Efectivamente, ten¨ªa una necesidad muy seria de llenar el silencio con charla. El segundo paso era cargar los cuatro cristales que delimitaban el ¨¢rea que en otra ¨¦poca hab¨ªa sido una cancha de balonmano al aire libre. Si las historias de la anciana eran ciertas, el templo hab¨ªa doblado como refugio para hu¨¦rfanos en los a?os cuarenta y ?los pobres chavales necesitaban algo con lo que divertirse?. Eso tambi¨¦n fue f¨¢cil, ya que no necesitaban m¨¢s que un toque para iluminarse y hacer que las l¨ªneas del suelo tomasen su color habitual, protegiendo al exterior de la batalla. Y el tercero, y quiz¨¢ el m¨¢s dif¨ªcil de todos, refrescar la normativa al luchador aspirante. A pesar de sus intentos de entrometerse alzando la mano cada par de palabras, lo recit¨¦ de carrerilla, casi vomitando las palabras para acabar lo antes posible y poder atacarle de forma leg¨ªtima. ¨DEsto es, a todos los efectos, un duelo bajo las reglas oficiales del santuario de Atecina del Bosque. Las reglas permiten el uso de energ¨ªa espiritual propia o de la proporcionada por agentes espirituales asociados al combatiente. Eso incluye, pero no se limita, a poderes asimilados mediante ritual o control, expl¨ªcito o colaborativo, de demonios y otras criaturas. No se permite el uso de armas mundanas que puedan da?ar la carne y sangre, y el uso de habilidades de potenciaci¨®n habr¨¢ de emplearse con mesura y discreci¨®n. Una lesi¨®n, sea o no deliberada, supondr¨¢ la derrota del responsable de esta. Tom¨¦ una bocanada de aire y extend¨ª la mano, invitando a Zack a exponer sus dudas. ¨DEntiendo de todo esto que el GLMP es v¨¢lido. ¨DSe remang¨® la sudadera para ense?ar su ordenador de mu?eca¨D. Es mi ¨²nico medio de combate. ¨DEfectivamente. ¨DOnde¨¦ la manga de mi ropaje. Hacerlo era extra?amente relajante¨D. No deber¨ªa ser distinto de la V-Pet que contiene a Mako, al fin y al cabo. ¨D?Alguna limitaci¨®n? ¨Dquiso saber, a¨²n con la mano levantada hacia el cielo¨D. No es justo que tu criatura no est¨¦ en condiciones de luchar. En la Catedral, los duelos son entre... Resopl¨¦ tan fuerte que se dio por interrumpido. No. No quer¨ªa hacer concesi¨®n alguna. Ya que estaba luchando por el ego¨ªsta motivo de demostrarme algo a m¨ª misma, no pod¨ªa pon¨¦rmelo m¨¢s f¨¢cil. Ten¨ªa que ir adelante con todo. ¨DDa igual ¨Dapart¨¦ la mirada¨D. S¨¦ luchar sin Mako. He tenido un entrenamiento m¨¢s formal que t¨². Me las sabr¨¦ apa?ar sola. Dej¨¦ escapar mis poderes en un fogonazo. Aunque las mangas de las ropas ceremoniales contuvieran la luz de mis brazos, el brillo de mis ojos y el pelo ondeante sorprendieron a mi rival. ¨D?Estaba deseando ver esto por m¨ª mismo! ¨DDio varios saltitos en el sitio¨D. As¨ª que ese es el poder que te da haber nacido con un glitch. ?C¨®mo mola! ?Norma ten¨ªa raz¨®n! ¨DPerder¨¢ el que se rinda primero o sea incapaz de moverse. ¨DMis poderes hicieron que la voz reverberara un poco m¨¢s de la cuenta¨D. Adelante. ¨D?Un momento! ¨Dexclam¨® de repente¨D. D¨¦jame estirar un poco y esas cosas. Y ponerme c¨®modo. Tal y como hab¨ªa anunciado, primero moviliz¨® sus piernas y brazos. Se tom¨® su tiempo, as¨ª que aprovech¨¦ para materializar la espada en mi mano izquierda y calent¨¦ con una de las series de formas que me hab¨ªa ense?ado Norma en su d¨ªa. Despu¨¦s, se quit¨® la sudadera y la dej¨® pulcramente plegada sobre una roca. La camiseta que llevaba debajo, que reun¨ªa un pu?ado de criaturas adorables de Ragnarok Online, me hizo soltar una sonrisilla. Por su reacci¨®n, dir¨ªa que se dio cuenta. ¨DPodemos empezar cuando quieras. ¨DTraz¨® una mueca de satisfacci¨®n en su rostro¨D. ?Hopper, te elijo a ti! El muchacho estir¨® su brazo dominante y convoc¨® un l¨¢tigo de energ¨ªa del que sali¨® un saltamontes b¨ªpedo gigante. Con dos de sus brazos sosten¨ªa una guitarra el¨¦ctrica que hac¨ªa sonar sus notas a pesar de que su cable se desdibujara en el aire y con otro sosten¨ªa un parasol negro. Con el que quedaba libre, parec¨ªa controlar el tempo. Aunque hubiera sido invocado con una expresi¨®n despreocupada, cuando se dio cuenta de que ten¨ªa a una chica con una espada espectral delante, cambi¨® su postura por una mucho m¨¢s defensiva. ¨DHopper, prot¨¦geme. ¨DSe asegur¨® de que su voz se proyectara¨D. Esto no es un duelo normal, mi rival va a venir a por m¨ª. La criatura obedeci¨® y extendi¨® su guitarra hacia delante, preparado para usarla como un arma contundente. Tambi¨¦n pleg¨® el parasol, listo para usarlo como un estoque si se terciara. Tom¨¦ la iniciativa con una acometida capaz de hacer que la sombrilla saliese volando. Quiz¨¢ no fuera la apertura m¨¢s id¨®nea, pero necesitaba confirmar c¨®mo funcionaban esas criaturas invocadas. Di un salto hacia atr¨¢s para evitar llevarme un guitarrazo y vi c¨®mo la sombrilla empezaba a deshacerse en una nube de v¨®xeles, validando mi teor¨ªa. No descartaba que mi contrincante estuviese tambi¨¦n midiendo sus fuerzas como term¨®metro, as¨ª que consider¨¦ tomar algo m¨¢s de distancia para estudiar la situaci¨®n al detalle. No tuve mucho tiempo para pensar. Un halc¨®n de fuego apareci¨® en el aire, mucho m¨¢s r¨¢pido que su compa?ero ort¨®ptero, y se lanz¨® a por m¨ª en picado. Por suerte, pude reaccionar lo suficientemente r¨¢pido como para frenarlo con el escudo, pero no tanto como para contraatacar. Mientras tanto, el domador segu¨ªa en pie, impasible ante el combate que estaba librando contra m¨ª. ¨DEres m¨¢s r¨¢pida de lo que cre¨ªa. ¨DLlam¨® a sus criaturas a su lado de nuevo con un gesto¨D. Me gustas, Vero. Ten¨ªas raz¨®n: este duelo est¨¢ siendo una idea magn¨ªfica para conocerte mejor. Yo tambi¨¦n ten¨ªa trucos bajo la manga. Algunos m¨¢s pulidos, otros... no tanto. Si quer¨ªa pillar a mi rival desprevenido, tendr¨ªa que usar uno de los que me hab¨ªa preparado menos. Desconvoqu¨¦ el escudo y adopt¨¦ una posici¨®n de bloqueo con la misma espada. Despu¨¦s, comenc¨¦ a dar pasos rodeando a mi rival y su guardia demon¨ªaca. ¨¦l miraba con la ilusi¨®n de un ni?o todos mis movimientos. Sus monstruos solo observaban el momento perfecto para lanzarse. Una m¨ªnima debilidad en mi guardia, quiz¨¢. Y yo estaba dispuesta a fingir que se la iba a dar. If you come across this story on Amazon, be aware that it has been stolen from Royal Road. Please report it. Fue el halc¨®n el que quiso usar su presteza para atacarme con un envite. Uno calculado justo al punto que hab¨ªa dejado, deliberadamente, abierto. No calcul¨¦ bien del todo su velocidad, ni lo que las llamas del p¨¢jaro podr¨ªan ahogar mi propia aura, pero s¨ª que pude atraerlo justo al sitio que buscaba y frenar su avance con la hoja et¨¦rea. Instintivamente, tom¨® un par de palmos de distancia. ¨DYa sabes lo que hacer, Zaza ¨Ddijo en voz alta el domador. El p¨¢jaro enganch¨® sus garras a la espada. Sus u?as de obsidiana parec¨ªan resistentes. Tanto como para aguantar el halo de energ¨ªa que emanaba. Ech¨® el cuello hacia atr¨¢s y despleg¨® las alas. ¨D?Ahora! ¨Dgrit¨®¨D. ?Oleada p¨ªrica! Las llamas de su plumaje crecieron en tama?o y volvieron su naranja un intenso azul. Y, aunque el aire mantuviera su frescura y humedad nocturnas, la sobrecarga espiritual me hac¨ªa complicado devolverle el golpe. Pero mi fuerza de voluntad venci¨® y la energ¨ªa que estaba concentrando en mi mano derecha tom¨® por fin la forma de una daga que pude clavar en el coraz¨®n de la bestia, que solt¨® un alarido de dolor antes de desplomarse al suelo. ¨DLo has hecho bien. ¨DZack tir¨® su l¨¢tigo para recuperar a la criatura da?ada del suelo¨D. Has derrotado a uno de mis ases de un solo golpe. Eres fuerte y eso me gusta, Vero. ¨DLo ha hecho bien ¨Drepet¨ª, entre jadeos. Aunque la energ¨ªa hubiera vuelto a su equilibrio habitual, a mi cuerpo le cost¨® enterarse. Una inmensa mole de gelatina rosada con una de esas caras kawaii tan populares en el dise?o minimalista sustituy¨® al veloz rapaz. El saltamontes comenz¨® a danzar a su alrededor, contento de ver de nuevo a su compa?ero. Me pregunt¨¦ cu¨¢ntas criaturas habr¨ªa en ese dispositivo de mu?eca. Enfrentarlas no parec¨ªa mucho m¨¢s duro que vencer contra algunos de los glitches m¨¢s duros que me hab¨ªa podido cruzar antes, pero era consciente de que mis energ¨ªas ten¨ªan un l¨ªmite... Y que ¨¦l parec¨ªa fresco como una rosa. El tanteo hab¨ªa estado bien, pero estaba claro que lo que ten¨ªa que hacer si quer¨ªa vencer era atacar directamente al usuario. Algo que sonaba mucho m¨¢s simple en la teor¨ªa que en la pr¨¢ctica. Ten¨ªa que atajar a trav¨¦s de dos monstruos hasta llegar al domador, algo que habr¨ªa sido mucho m¨¢s f¨¢cil si pudiera haberme repartido el trabajo con Mako. Por un momento, maldije mi soberbia, pero luego record¨¦ que el objetivo de este duelo no era otro que superar al chaval con mis propias fuerzas, as¨ª que me lanc¨¦ sin miedo. El saltamontes intent¨® atizarme con la guitarra, pero no necesit¨¦ m¨¢s que un paso lateral para evadirlo. Al fin y al cabo, por muy entrenado que estuviera, no dejaba de ser un glitch con sus propias limitaciones. Y la suya era que una guitarra el¨¦ctrica, por muy chula que pudiera parecer como arma, era algo complicado de blandir. ¨D?Vamos, Hopper! ¨Dgrit¨® en voz alta¨D. ?Saeta centenaria! No sab¨ªa si gritar los nombres de los ataques era necesario para comandar a las bestias o simplemente era Zack siendo m¨¢s intenso de lo que deber¨ªa, pero el reconocer el nombre del ataque me dio algo de ventaja. Si funcionaba de una forma remotamente parecida a lo que hac¨ªa en su Fire of the Teinekell original, el monstruo invocar¨ªa cien flechas que me atosigar¨ªan. En entregas posteriores corrigieron el error de traducci¨®n y lo llamaron con un mucho m¨¢s comprensible ?Centenar de Saetas?. Mi estrategia fue sencilla: forzar el fuego amigo. Por muchos proyectiles que me mandara la criatura al tocar su instrumento (me permit¨ª el lujo de pensar en el irrelevante dato de que en su videojuego de origen era un la¨²d y no una guitarra el¨¦ctrica, pero la forma en la que se distorsionan los glitches es inescrutable), si interpon¨ªa a la gelatina gigante entre ambos ella se llevar¨ªa la mayor¨ªa de los golpes. ¨DOh, lo siento, lo siento, Vero. ¨DZack volvi¨® a sonre¨ªr¨D. Por mucho que me gustes, no puedo dejarte hacer eso. Descubr¨ª que el l¨¢tigo que sal¨ªa de su ordenador no era solo un instrumento de doma de la peor forma posible: retrasando mi huida el tiempo necesario como para que al menos una docena de flechas llegasen hasta mi posici¨®n. Por fortuna, mis capacidades espirituales eran bastante superiores a las suyas y pude zafarme del cepo a tiempo y parapetarme detr¨¢s de la mole gelatinesca antes de que las flechas impactaran contra su objetivo. El recuento de da?os termin¨® yendo a mi favor. Seis flechas bloqueadas por un escudo de emergencia, cinco erradas, una rozando el hombro y otra en el est¨®mago. La criatura aliada no acab¨® tan bien. Y con ?no tan bien?, la imagen mental que se pod¨ªa evocar era la de un queso gruyere. Aunque el dolor de mi alma empezaba a pesarme, aprovech¨¦ la confusi¨®n para rematarla y, ya que estaba, aprovechar el cansancio del saltamontes tras su habilidad definitiva para acabar con ¨¦l de un tajo bien tra¨ªdo. ¨DGuau. ¨DAplaudi¨® el muchacho¨D. Poca gente es capaz de vencer a tres monstruos de mi equipo principal. Y definitivamente, nadie lo hab¨ªa hecho con sus propias fuerzas antes. ?Voy a tener que poner a¨²n m¨¢s le?a en el fuego! El domador invoc¨® tres monstruos m¨¢s, pero al hacerlo vi que varias gotas de sudor empezaron a deslizarse por su frente. Si hab¨ªa alg¨²n l¨ªmite a la hora de comandar demonios, estaba empezando a acercarme. ¨DEs complicado tener fuera a m¨¢s de uno. ¨D?Por qu¨¦ me estaba confesando eso?¨D. Incluso alguien con tanta experiencia como yo sufre un poco al transmitir dos ¨®rdenes simult¨¢neas. Es por eso que los combates en la Catedral son, como mucho, de dos contra dos. Ya has visto, podr¨ªa haber hecho que Pudin hiciera algo antes... Pero sab¨ªa que retenerte iba a sorprenderte m¨¢s. Una l¨¢stima que me hayas podido ah¨ª. ¨DEres un rival terror¨ªfico, Zack. ¨DEstaba empezando a sentir un respeto genuino por ¨¦l¨D. Me gusta. ¨DOigo eso m¨¢s a menudo de lo que crees ¨Dse jact¨®¨D. Pero eres t¨² la primera que me est¨¢ obligando a intentar superar mis barreras si quiero tener una oportunidad. Mis kudos. Efectivamente, su postura relajada se hab¨ªa tornado tensa y su cuerpo temblaba al intentar trasladar las ¨®rdenes como el de una persona que se pon¨ªa m¨¢s peso del que estaba acostumbrado a levantar en el gimnasio. Aun as¨ª, mi cuerpo y mi alma tambi¨¦n estaban empezando a resentirse. Ten¨ªa que acabar el combate pronto, con un ¨²ltimo ataque. Qu¨¦ m¨¢s daba que una mujer de magma de dos metros, algo que en alg¨²n momento hab¨ªa sido uno de esos enemigos con forma de escarabajo de los juegos de Kirby y un patito de goma gigante con unas cejas rectangulares que le hac¨ªan aparentar estar muy enfadado estuvieran en mi contra. Ten¨ªa que cortar la voluntad de Zack por la mitad y hacer que se rindiera. Solo as¨ª ese agujero en mi autoestima desaparecer¨ªa. Afortunadamente, era ¨¢gil a pesar del dolor. Lo suficiente como para parar piedras candentes con el escudo, escaparme del agarre de las pinzas desproporcionadas y contraatacar con un tajo diagonal que le hizo no querer volver a por m¨¢s. No sab¨ªa qu¨¦ era lo que ten¨ªa que esperar del pato, pero definitivamente una explosi¨®n de energ¨ªa capaz de drenar parte de mi energ¨ªa y entumecer todos mis sentidos no estaba entre mis apuestas. Nunca hab¨ªa experimentado un golpe tan contundente a mi alma. Ni siquiera sab¨ªa que hubiera glitches capaces de hacer eso. Persever¨¦. Aunque me costara ver y o¨ªr durante unos instantes, la distancia con el domador que no pod¨ªa ni mantenerse en pie se hab¨ªa reducido. Solo necesitaba un ¨²ltimo ataque, ?verdad? ¨DSiempre puedes rendirte. ¨DMe estaba costando mover el brazo que sosten¨ªa la espada y mis pies se arrastraban por la tierra¨D. Veo c¨®mo te cuesta controlar la respiraci¨®n. No tienes fuerza alguna como para que tus lacayos te obedezcan. He ganado, Zack. ¨DPero tengo ¨Dtosi¨® un par de veces¨D un ¨²ltimo as bajo la manga. Dale las gracias a Eli. Los glitches heridos del campo se desvanecieron y en su lugar apareci¨® un demonio que asoci¨¦ r¨¢pidamente a las descripciones que me hab¨ªa dado El¨ªas el d¨ªa del accidente de la cafeter¨ªa. Aunque ten¨ªa raz¨®n en eso de que parec¨ªa haberse escapado de las pesadillas m¨¢s sombr¨ªas de un ni?o peque?o, no deber¨ªa haber sido un reto para m¨ª. Al menos, en condiciones ¨®ptimas. ¨DA¨²n no lo he domado del todo. ¨DSe dej¨® caer de culo sobre el campo¨D. As¨ª que mantiene un poco de energ¨ªa salvaje. Eso s¨ª, me ha cogido el suficiente cari?o como para hacer caso a instrucciones simples. Adelante, Nuki. Rem¨¢tala. Las garras del mapache atravesaron mi cuerpo y desgarraron el ¨²ltimo retazo de energ¨ªa que lo manten¨ªa funcionando. De repente, mis piernas dejaron de obedecerme y termin¨¦ cayendo de bruces al suelo, donde la t¨¦trica criatura jugueteaba con su domador con una sonrisa en la cara que la parec¨ªa hacer hasta mona. ¨DMe... rindo. ¨DDej¨¦ caer un par de l¨¢grimas sobre el descuidado pavimento¨D. He perdido. Cap铆tulo 19, por Verè´¸nica Garza (parte 3) Necesitamos unos diez minutos para recomponer nuestras energ¨ªas, incluso con la influencia de la amarga medicina espiritual que ten¨ªa la sacerdotisa para estos casos. Diez minutos que incluso Zack supo que era mejor pasar en silencio, aunque siguiera sentado a mi lado. La luna brillaba con fuerza en el claro. Estaba convencida de que el ritual ya habr¨ªa acabado a esas alturas y nos estaban esperando para las pruebas que quisieran hacer con Zack en el santuario, pero mi cuerpo fue incapaz de decidirse a levantarse y seguir con su vida. No, solo quer¨ªa llorar. Pod¨ªa permitirme, por una vez en mucho tiempo, dejar fluir mis l¨¢grimas. ¨DHa sido divertido. ¨DZack se recost¨® contra mi hombro y ya no sab¨ªa qu¨¦ sentir al respecto¨D. Adem¨¢s, me ha ayudado a conocerte un poco mejor. ¨DSi me conocieras un poco mejor, te habr¨ªas alejado de m¨ª despu¨¦s del combate. Solo recib¨ª de vuelta una mirada tan tierna como perpleja. Intent¨® enjugarme las l¨¢grimas, pero me apart¨¦ casi instintivamente. ¨DHas ganado, Zack ¨Dcoron¨¦ con un suspiro que se volvi¨® un sollozo¨D. Has vuelto a ganar. Est¨¢ claro que no tengo nada que hacer contra ti. Ni siquiera en mi terreno. ¨DVenga. ¨DAunque parec¨ªa cansado, su tono son¨® tan alegre como siempre¨D. Ibas en desventaja sin tu Mako. ?Mira todo lo que has conseguido con tu propia fuerza! A m¨ª me quitas el GMLP y... ¨DMe da igual el est¨²pido duelo. ¨DMe abrac¨¦ las piernas. Sent¨ª como la tela de los pantalones se humedec¨ªa¨D. Lo que importa es que eres mejor que yo. En todo. Y lo peor es que no puedo ni siquiera odiarte. Eres incluso demasiado majo para eso. Est¨²pidamente majo. ¨D?Por qu¨¦ querr¨ªas odiarme? ¨DAcarici¨® mi pelo con cuidado. ¨DNo te hagas el tonto. ¨DExtend¨ª el brazo para apartarle, pero no se dej¨®. En cambio, me mir¨® con compasi¨®n y cari?o¨D. Los dos sabemos por d¨®nde va esto. No es solo por el duelo. Es... por todo. Siempre me quedo atr¨¢s. Ya que lo hab¨ªa perdido todo, solo me quedaba abrirme. Sin embargo, hab¨ªa algo que ten¨ªa que hacer si quer¨ªa sentirme c¨®moda con esta conversaci¨®n. Con una reacci¨®n instintiva, dej¨¦ que mis ojos se iluminaran y di un pu?etazo al aire. Uno muy preciso, directo a una peque?a luz que solo yo pod¨ªa ver. Probablemente fuera mi imaginaci¨®n, pero me pareci¨® escuchar un grito desgarrar el silencioso cielo estrellado del bosque. ¨DLo siento, Norma. ¨DAunque mov¨ª los labios, no dej¨¦ escapar ni una de esas palabras¨D. Ni de co?a voy a dejarte ver esto. Zack me mir¨® con la expresi¨®n facial de un cachorro incapaz de entender lo que ocurr¨ªa alrededor, pero no indag¨®. ¨DUn mosquito ¨Dintent¨¦ justificarme¨D. Lo bueno de tener estos poderes es que puedes matarlos con una sola mano. Eso, sin duda alguna, iba a entrar de cabeza en el top tres de las peores excusas que jam¨¢s hab¨ªan salido de mis labios, pero fue capaz de sacarme la risa tonta que necesitaba antes de abordar mis sentimientos. ¨DTe envidio, Zack. ¨DMir¨¦ en direcci¨®n contraria. No pod¨ªa sincerarme con esos ojos acusadores fijados sobre m¨ª¨D. Puedes permitirte ser abierto y claro... Y eso me encanta. Ojal¨¢ yo no tuviera que encerrarme en lo que se supone que tengo que ser y en lo que este glitch me ha convertido. ¨DNo ha sido f¨¢cil para m¨ª tampoco. ¨DIntent¨® volverse a acercar. Esta vez s¨ª que se lo permit¨ª, ya fuera por desgana o porque realmente agradec¨ªa su compa?¨ªa¨D. No tengo esa carga sobre mis hombros, pero yo tambi¨¦n he tenido que aprender a cambiar a la fuerza, aunque sea de otras formas. Aprend¨ª a convertir la maldici¨®n de ese demonio en algo bueno. Hice que esa experiencia me dejara ser yo mismo y... bueno. ?Aqu¨ª me tienes! Supongo que Norma nunca te ha contado c¨®mo era cuando me conoci¨®, ?verdad? ¨DVivo bajo unas expectativas muy estrictas. No dejo de ser la hero¨ªna que va a salvar el mundo de un rey demonio. Obligada a hacer las cosas de una forma muy espec¨ªfica. A enterrar partes de mi identidad para preservar el est¨²pido orden del universo. Ya sabes. A case of literary theft: this tale is not rightfully on Amazon; if you see it, report the violation. ¨DEnterrar partes de tu identidad es est¨²pido. ¨DPor primera vez, escuch¨¦ un tono desagradable en su voz, como si hubiera tocado una fibra sensible por accidente¨D. Me he pasado quince a?os haci¨¦ndolo y, cr¨¦eme, es liberador cuando te das cuenta de que, si quieres ser algo... solo tienes que extender la mano y hacerte con ello con tus propias fuerzas. ¨DReplic¨® el gesto que hab¨ªa descrito para ilustrarlo¨D. Me cost¨® mucho aprender esa lecci¨®n, pero ahora soy mucho m¨¢s feliz que ese cr¨ªo que no ten¨ªa m¨¢s en su vida que una cuenta en un foro de videojuegos y mucho tiempo para coleccionar criaturas virtuales. ¨DLo haces sonar f¨¢cil. ¨DAunque lo que dec¨ªa me hizo sonre¨ªr, no pude evitar que una l¨¢grima recorriera mi mejilla¨D. A m¨ª la anciana no me dej¨® salir del pueblo sin la promesa de que mantendr¨ªa mis sentimientos bajo control y que, esencialmente, me esconder¨ªa detr¨¢s de una capa emo-g¨®tica. ¨DQue sepas que tienes un estilazo que ya querr¨ªan muchos ¨Dcon un gesto algo exagerado, me ense?¨® las u?as. Era curioso contrastar sus tonos suaves con mi elegante aunque limitado negro¨D. Incluso con el maquillaje as¨ª de corrido. Sea como sea, tener uno u otro aspecto no deber¨ªa limitar qui¨¦n eres, Vero. Deber¨ªas aprovechar todo lo bueno que hay en ti y ofrec¨¦rselo al mundo, le guste o no. Estoy convencido de que puedes vivir con ese glitch sin tener que enga?arte a ti misma. Seguro que tu hermanita tambi¨¦n te lo ha dicho a ti m¨¢s de una y de dos veces. ¨DMe he condicionado tanto con todo lo que est¨¢ suponiendo mi vida que solo puedo ser yo misma al lado de una persona ¨Dsuspir¨¦¨D. Ni eso. Con todo lo que ha pasado ¨²ltimamente, ni siquiera s¨¦ qu¨¦ se supone que implica serlo en una situaci¨®n as¨ª. Siento como si me diluyera en todas esas expectativas y... ?Qui¨¦n soy ahora? Sac¨® un pa?uelo de su bolsillo e intent¨® arreglar el desastre que las l¨¢grimas estaban haciendo en mi cara. Acab¨® d¨¢ndose por vencido y pidi¨¦ndome que me lavara la cara yo misma, pero al menos logr¨® que el goteo cesara. ¨DClaro que est¨¢s pillada por Eli. ¨DSolt¨® una risilla calmada pero musical¨D. No te culpo, con todo lo que hab¨¦is pasado juntos. Si ya a m¨ª me entr¨® por los ojos desde el primer momento, toda una vida tiene que dar fuerte. ¨DLl¨¢mame tonta rom¨¢ntica, pero no ha sido siempre as¨ª. Vale, siempre hemos sido ¨ªntimos, hubiera o no distancia de por medio. Pero verle despu¨¦s de tanto tiempo... Algo hizo clic en m¨ª. No sab¨ªa el qu¨¦. Algo hab¨ªa cambiado. Estaba ah¨ª, siendo el mismo de siempre, pero... Yo qu¨¦ s¨¦. Tonta de m¨ª, me negu¨¦ a admitirlo... Y luego apareciste t¨². Tragu¨¦ saliva. Definitivamente, Zack no era la persona con la que pretend¨ªa sincerarme esa noche, pero ya que hab¨ªa reunido las energ¨ªas, iba a llegar hasta el final. ¨DDesde el primer momento me di cuenta de que no pod¨ªa competir contigo. ¨DLe di un golpe cari?oso en el hombro¨D. Un d¨ªa estoy a punto de besarle en el momento m¨¢s perfecto que jam¨¢s podr¨ªa haber existido, recibe ese maldito mensaje y al siguiente todo acaba volvi¨¦ndose un est¨²pido tri¨¢ngulo amoroso en la que tengo las de perder. ?Y voy yo y te lo cuento a la cara! Soy idiota, ?verdad? ¨DNo es exactamente lo que me imaginaba que hab¨ªa ocurrido, pero ahora me explico muchas cosas. ¨DEch¨® la cabeza hacia atr¨¢s, reflexivo¨D. Eso s¨ª, d¨¦jame decirte algo: hay algo bastante err¨®neo en tu l¨®gica. Me pas¨® uno de sus brazos por encima del hombro y dibuj¨® una figura con energ¨ªa en el aire. Su control era torpe y probablemente cualquier criatura capaz de percibir la energ¨ªa espiritual podr¨ªa verlo brillar, pero no me import¨®. ¨DComo bien sabes, un tri¨¢ngulo es un pol¨ªgono de tres lados y tres v¨¦rtices. ¨DTraz¨® las l¨ªneas y los puntos que hab¨ªa descrito en el aire. Cuando acab¨®, se acarici¨® la mejilla, esperando alguna respuesta. ¨DEso es. Tambi¨¦n s¨¦ que, si multiplicas la base por la altura y entre dos, tienes al ¨¢rea de la superficie... ?A qu¨¦ viene esto ahora? ¨DPara ser tan lista, a veces eres un poco espesa ¨Dbrome¨®, se?alando el punto superior¨D. Quiero decir que es est¨²pido llamarlo tri¨¢ngulo si quieres poner a alguien en su centro. ¨DDe hecho, los tri¨¢ngulos poseen varios centros. ¨DIntent¨¦ ilustrarlo en el aire, pero ¨¦l me par¨®¨D. No s¨¦, Zack. Sigo sin pillarlo. ¨DTe falta un lado, experta en trigonometr¨ªa. ¨DMe dio un golpecito en la sien¨D. Tienes raz¨®n, no hay que considerar un centro. No tiene sentido competir. ?No piensas lo mismo? ¨D?Que no compitamos? ¨DTens¨¦ los hombros. ¨¦l suaviz¨® un poco su tacto en respuesta, pero no me solt¨®¨D. Ya es un poco tarde para eso, ?no crees? Hemos estado, literalmente, pele¨¢ndonos ahora mismo. ¨DBueno, solo hay que resolver la figura ¨DDisip¨® la energ¨ªa del aire con un adem¨¢n¨D. Seremos la arista que falta. Quiz¨¢ tuviera la mente demasiado cansada como para dilucidar lo que esas palabras quer¨ªan decir, pero sus acciones fueron claras e inequ¨ªvocas. Y es que, con los labios de la persona con la que me hab¨ªa estado enfrentando unos minutos antes sobre los m¨ªos, todas las cuestiones que ocupaban mi cabeza hab¨ªan salido volando por la ventana. ?Que un mont¨®n a¨²n m¨¢s gordo iba a tomar su lugar en cuanto me separara de ¨¦l? S¨ª, pero en ese entonces solo necesitaba disfrutar del momento. Mi coraz¨®n y mi cabeza estaban de acuerdo en que, aunque este no fuera el giro que esperaba para la noche, tambi¨¦n me lo hab¨ªa ganado. Cap铆tulo 20, por Ramè´¸n Lourido (parte 1) Comprob¨¦ concienzudamente el mapa de la ciudad que hab¨ªa impreso esa misma ma?ana. Aunque la calidad de la imagen no fuera la mejor, las anotaciones de Norma eran genuinamente claras: ten¨ªa ante m¨ª la Catedral. O, al menos, su emplazamiento f¨ªsico. Si bien sab¨ªa que el mejor lugar para esconder una aguja no era un pajar, sino una f¨¢brica de agujas, la pinta tan discreta del pub Judgment 1999 me acab¨® resultando un poco decepcionante. Un antro como cualquier otro en medio de la calle m¨¢s universitaria de la ciudad. Se trataba de un lugar en el que nadie reparar¨ªa dos veces, entre una tienda de reparaci¨®n de ordenadores con un cartel destartalado y una hamburgueser¨ªa que los de Sanidad ya hab¨ªan cerrado tres veces en el ¨²ltimo lustro. El letrero que anunciaba el nombre del local ya estaba demasiado desgastado como para leerlo desde lejos y la pizarra con los c¨®cteles del d¨ªa se hab¨ªa borrado parcialmente por la lluvia. El ambiente en el interior del bar era sorprendentemente tranquilo. Lejos de la estruendosa m¨²sica rock que era habitual en este tipo de locales, una sombr¨ªa melod¨ªa de piano y bajo vestida con la voz de una soprano llenaba el hilo musical a un volumen que incluso era capaz de permitir la conversaci¨®n. Tampoco se trataba de un establecimiento demasiado grande; no contaba m¨¢s de cuatro mesas y unos cuantos asientos junto a la barra, por lo que era f¨¢cil controlar a todos los parroquianos de un solo vistazo. De hecho, en ese momento solo hab¨ªa un par de chicas de ch¨¢chara en la mesa esquinera. ¨DBuenos d¨ªas ¨Dme salud¨® el barista¨D. No es usted uno de nuestros clientes habituales, ?me equivoco? Me retir¨¦ el sombrero y ech¨¦ un vistazo r¨¢pido al camarero. Aunque parec¨ªa un hombre bastante entrado en a?os, vest¨ªa con un estilo similar al que la maestra hab¨ªa elegido para Ver¨®nica. Su sombr¨ªo maquillaje y la tenue luz azul del lugar me hac¨ªan complicado apreciar sus facciones m¨¢s all¨¢ de su ment¨®n, perfectamente cuadrado, y una prominente nariz aguile?a. Aun as¨ª, hab¨ªa algo que me hab¨ªa quedado claro desde el principio: ese hombre hab¨ªa sido v¨ªctima del Efecto Pirita. Quiz¨¢ su pelo blanco fuera una decisi¨®n est¨¦tica, pero el patr¨®n de sus ojos, iridiscentes incluso a trav¨¦s de la penumbra, era muestra inequ¨ªvoca de ello. ¨DNo yerra. ¨DMe retir¨¦ el sombrero y tom¨¦ asiento en uno de los taburetes¨D. Espero que eso no le resulte inconveniente. Se tom¨® un segundo de silencio antes de continuar. ¨D?En absoluto! ¨DDej¨® descansar la cabeza sobre el anverso de su mano¨D. Solo d¨ªgame qu¨¦ desea tomar y p¨®ngase c¨®modo. Algo me dice que espera a alguien. ?Puedo ofrecerle un piscolabis cortes¨ªa de la casa? ¨DTomar¨¦ un escoc¨¦s. ¨DApunt¨¦ con el dedo ¨ªndice a la botella de la estanter¨ªa de arriba¨D. Doble. Pagu¨¦ la consumici¨®n y obedec¨ª al barman. De las dos mesas libres que quedaban, me sent¨¦ en la que estaba situada en el centro, preparado para afinar el o¨ªdo. A pesar del ambiente tranquilo, no pod¨ªa escuchar sus voces con claridad, as¨ª que us¨¦ la t¨¦cnica espiritual que me hab¨ªa ense?ado la maestra del santuario para concentrar mis sentidos. Mi bebida no tard¨® en llegar, acompa?ada de un plato de frutos secos que tambi¨¦n llevaba alguna que otra gominola. Me permit¨ª un momento para sorprenderme de que una de las excentricidades que tanto me gustaban de Jaime se hubiera vuelto popular entre los chavales. ¨D?Fuiste a la Master al final? ¨Dpregunt¨® una voz juvenil¨D. Yo no pude pasarme, se nos alarg¨® demasiado la clase y... ¨DS¨ª, t¨ªa ¨Drespondi¨® su acompa?ante¨D. Pero nada del Yaroze. Estuve charlando con David, el dependiente. Dice que hasta dentro de dos semanas no vende ni uno, que los de FILE les mandan a los ninjas como se enteren. ¨DPues he le¨ªdo en el foro que algunos ya lo han comprado all¨ª. Uno subi¨® la foto del ticket y todo, para que prob¨¢ramos suerte. No s¨¦ por qu¨¦ hacen eso. Adem¨¢s de meter en problemas a las tiendas peque?as, no sirve de mucho. ¨DSi alguien ha pillado uno, o es por enchufe o han estado all¨ª antes de que alguien les cerrara el grifo. Me llev¨¦ el vaso a los labios con satisfacci¨®n. El chivatazo que di hizo que los hilos se movieran r¨¢pido. Eso nos evitar¨ªa alg¨²n que otro disgusto, especialmente despu¨¦s de las observaciones de Norma al respecto. ¨DJo ¨Dla segunda voz protest¨® de una forma bastante audible¨D. Ir a la fiesta de lanzamiento con un glitch del juego ya domado hubiera sido un puntazo. Igual, hasta podr¨ªa ganar a Zack en un torneo por una vez. This story has been unlawfully obtained without the author''s consent. Report any appearances on Amazon. ¨DYo una vez estuve a punto ¨Dse jact¨®¨D. Hace un par de a?os, cuando el Digimon World. Cre¨ªa que le ten¨ªa contra las cuerdas... Pero nada, este t¨ªo es el puto amo con los juegos de monstruos, ?c¨®mo no lo va a ser peleando con glitches? ¨DBueno, Seven me ha dicho que lo de Yaroze-kai va a ser grande. Que no hab¨ªa visto ese potencial de invocaci¨®n desde la ¨¦poca del Compact Creatures. ¨DUf, menudas ganas. ¨DDio una palmada en¨¦rgica al aire¨D. Me est¨¢n entrando ganas de pelear, ?te hace un entrenamiento? ?Venga! ?Un dos contra dos, hoy me siento con fuerzas! ¨DJoder, t¨ªa, siempre me haces lo mismo ¨Dgru?¨®¨D. El plan era charlar un poco y jugar al Melee hoy. Est¨¢s obsesionada con los glitches. ¨DSi me ganas un duelo, jugamos a lo que quieras. ¨DMe pareci¨® que la voz se pon¨ªa m¨¢s tontorrona de la cuenta¨D. A lo que quieras. ¨DTe voy a reventar ¨Dchasque¨® los dedos con fuerza¨D. Vaya que si te voy a reventar. ¨DS¨ª, pero primero, un duelo. Las dos muchachas se levantaron del asiento y lanzaron una mirada al barista, que inclin¨® levemente la cabeza en respuesta. Ech¨¦ un vistazo a mi reloj de pulsera y, cuando cre¨ª que hab¨ªa pasado un tiempo prudencial, me volv¨ª a dirigir a la barra. ¨DParece que finalmente me han dejado plantado. ¨DMent¨ª con total fe en mi cara de p¨®ker¨D. Ha sido un rato agradable, aun as¨ª. ?Ser¨ªa tan amable de indicarme d¨®nde est¨¢ el ba?o? ¨D?Por supuesto! ¨DEl hombre se?al¨® a puerta que hab¨ªan cruzado las universitarias¨D. Cruce esa puerta y gire a la derecha. No tiene p¨¦rdida alguna. Agradec¨ª el gesto y cruc¨¦ el umbral, pero en lugar de seguir las indicaciones del barista, decid¨ª desempolvar otra de mis viejas habilidades, una que a Jaime le gustaba llamar la ?descarga Chaff?. Seg¨²n ¨¦l, mi apariencia era tan anodina que solo necesitaba un empuj¨®n espiritual para que la gente dejara de prestarme la poca atenci¨®n que le pod¨ªa suscitar, as¨ª que pregunt¨® a nuestra mentora si hab¨ªa alguna forma de hacerlo. Por suerte, result¨® tener raz¨®n. Recorr¨ª el pasillo con el sosiego que me proporcionaban mis propias habilidades. A la derecha, tal y como me hab¨ªan descrito antes, estaba el ba?o. A la izquierda hab¨ªa una puerta cerrada con llave que promet¨ªa ser el almac¨¦n. Por su situaci¨®n (y por las cajas que se ve¨ªan a trav¨¦s de la peque?a ventana) no tuve problemas en creer que el r¨®tulo fuera correcto. La tercera ruta del tridente la copaban unas escaleras que me guiaron a un s¨®tano con unos cuantos sof¨¢s que rodeaban a un par de televisores. Uno de ellos estaba libre, mientras que el otro ten¨ªa a cuatro jugones compitiendo en una carrera de Mario Kart mientras gritaban obscenidades a la pantalla. Ni rastro de las chicas que hab¨ªan prometido batirse en duelo. En ese s¨®tano solo restaban un pu?ado de m¨¢quinas expendedoras y una puerta entreabierta hacia una estancia peque?a. Aseguraba estar reservada al personal, pero no pod¨ªa perder la oportunidad de colarme en el despacho a indagar, especialmente tras escuchar el leve murmullo que proven¨ªa de ¨¦l. Las luces de la estancia estaban completamente apagadas, pero el brillo de un monitor dejaba entrever una tenue silueta entre la penumbra de la habitaci¨®n. El hecho de que llevase un gorro de lana dentro de una habitaci¨®n con la calefacci¨®n a m¨¢s de veinte grados me hizo identificarle r¨¢pidamente como Seven, el cabecilla del grupo. Le apuntaba una c¨¢mara web, as¨ª que decid¨ª no acercarme mucho. Ir¨®nicamente, esa habilidad no se llevaba demasiado bien con la tecnolog¨ªa: si estaba en el cuadro, su interlocutor me ver¨ªa. ¨DLo que me lleva al ¨²ltimo punto del d¨ªa: ya he recibido el paquete ¨Ddijo el hombre en un perfecto ingl¨¦s¨D. Dicho esto, solo hay una copia del software. Me prometiste tres. ¨DEres bastante listo, Seven. ¨DEl acento de su interlocutora era marcadamente canadiense, con alguna que otra peculiaridad propia del franc¨¦s¨D. Seguro que puedes piratearlo sin mucho esfuerzo. Yo me meto en menos problemas, y t¨² tienes m¨¢s de tres copias listas para el despliegue. ¨DNo es tan f¨¢cil ¨Dprotest¨®¨D. No solo habr¨ªa que crackear la versi¨®n de port¨¢til, sino tambi¨¦n la de sobremesa. Tus compa?eros cada vez me lo ponen m¨¢s dif¨ªcil con la protecci¨®n anticopia y yo no tengo esos recursos. Por no hablar de que me seguir¨ªan faltando cables de transferencia. ¨DEstoy convencida de que algo apa?ar¨¢s. ¨DSolt¨® una peque?a risilla¨D. Ya me he puesto en suficiente peligro por redirigir una copia de prensa a tu casa. ¨DEl servicio postal de este pa¨ªs es de risa. ¨DEl hombre parec¨ªa divertido por su propia chanza¨D. Nadie va a levantar las alarmas si se pierden uno o dos paquetes de vez en cuando. ¨DMejor ¨Dafirm¨® con rotundidad¨D. Tambi¨¦n te he remitido por correo electr¨®nico la gu¨ªa de explotaci¨®n. La clave de cifrado esta vez es ?Jill Sandwich?. ¨D?Hay fecha para la ¨Ddud¨® por unos instantes antes de continuar¨D ?puesta en producci¨®n?? ¨DUno de diciembre. ¨DLa voz al otro lado de la red fue rotunda e inmediata, como si hubiera repetido el d¨ªa cientos de veces¨D. Recuerda, entramos en beta el d¨ªa veintiuno. Ten listo a tu adalid para entonces. ¨DEntregas menos de lo prometido, me recortas las fechas y ahora... ¨DSe tir¨® visiblemente del cuello de la sudadera¨D. Me est¨¢s ahogando, Aileen. ?De d¨®nde me sonaba ese nombre? No se trataba de uno que escucharas todos los d¨ªas y, aun as¨ª, estaba convencido de que lo hab¨ªa hecho hace poco. ¨DTodo seg¨²n los t¨¦rminos de nuestro contrato ¨Dreplic¨® con musicalidad¨D. ?He de recordarte todo lo que a¨²n me debes? Porque yo tengo una lista bien documentada. ¨DNo, se?ora. ¨DYa me parec¨ªa. ¨DDej¨® que se hiciera el silencio durante unos instantes¨D. Como es habitual, ha sido una reuni¨®n fruct¨ªfera, v¨¢stago de Algodaoth. Nos vemos en tres d¨ªas. Hora y lugar de siempre. Aunque la pantalla se puso en negro, la est¨¢tica perdur¨® en el aire hasta que el hombre cort¨® la videollamada tambi¨¦n desde su lado. Tras un largo suspiro, abri¨® su correo y descarg¨® el fichero al que hab¨ªa hecho referencia su interlocutora. Despu¨¦s, estir¨® los hombros con fuerza y consider¨® si seguir tecleando. Cap铆tulo 20, por Ramè´¸n Lourido (parte 2) ¨DEs descort¨¦s ser part¨ªcipe de conversaciones ajenas. ¨DNi siquiera se gir¨® hacia m¨ª, pero el mero tono fue suficiente como para desestabilizarme¨D. No, no se preocupe. Al fin y al cabo, he sido yo quien lo ha permitido. De hecho, podr¨ªa decirse que me he tomado el lujo de abrirle la puerta yo mismo. Es una buena t¨¦cnica la suya, aunque deber¨ªa haber estado ojo avizor de las c¨¢maras de vigilancia. A las m¨¢quinas no se les escapa nada. Por alg¨²n motivo, la irritante voz de El¨ªas Delf¨ªn me suger¨ªa una tonta chanza como ?vaya, as¨ª que por aqu¨ª no se iba al ba?o?, pero decid¨ª mantener mis labios sellados y todas las cartas en mi mano. ¨DLe hac¨ªa yo por alguien m¨¢s vivaracho leyendo su columna, se?or SiliMAX. ?En serio, si¨¦ntese! ?P¨®ngase c¨®modo! Al fin y al cabo, es mi pol¨ªtica que todos los practicantes de las artes demon¨ªacas sean bienvenidos a la Catedral. Encendi¨® las luces del techo con un par de palmadas. Despu¨¦s de un fogonazo inicial capaz de despertar la fotofobia del m¨¢s resiliente, tuve que volver a ajustar la vista para ver a qui¨¦n me enfrentaba, aunque no tard¨¦ en descubrir que la descripci¨®n que me proporcion¨® Norma fue bastante certera. A pesar de su expresi¨®n amable, su delgadez hac¨ªa que su rostro se viera huesudo y sus ojeras provocaban que su mirada arco¨ªris destacara mucho m¨¢s de la cuenta. ¨DPero d¨¦jeme advertirle. ¨DAgit¨® los mechones blancos que ca¨ªan desde su gorro de lana con nerviosismo¨D. Que sus Cazadores est¨¦n invitados a nuestra peque?a comunidad no cambia nada. Simplemente, quiero darles la oportunidad de tomar el bando correcto cuando el paradigma cambie. Seguro que nuestro se?or Erymath ser¨¢ magn¨¢nimo con quien muestre su arrepentimiento. No dign¨¦ al demacrado hombre con una respuesta. No por no querer, sino porque no se me ocurr¨ªa ninguna que fuera adecuada para la ocasi¨®n. ¨DM¨ªrelo as¨ª, se?or Lourido. Bueno... ?puedo llamarle Ram¨®n? Aunque no lo crea, soy un gran admirador de su trabajo. ?Retru¨¦canos! ?No estar¨ªa aqu¨ª de no ser por lo que me inspir¨® su secci¨®n! Tanto usted como yo somos expertos en demonolog¨ªa. ¨DSe puso en pie y alz¨® los brazos al aire. A mi parecer, pecaba de dram¨¢tico¨D. Ambos conocemos que es f¨²til enfrentarse a Su guardia. Vaya, dir¨ªa que usted incluso lo sabe de primera mano. De todas formas, y como ejercicio de imaginaci¨®n, supongamos que sus chicos con capaces de vencer a Algodaoth en un duelo justo... Se tom¨® un instante para ilustrarlo. Cogi¨® uno de los papeles que hab¨ªa desperdigados en la mesa, lo arrug¨® lentamente, disfrutando con su crepitar y, cuando se cans¨®, lo tir¨® hacia atr¨¢s. ¨DAunque eso fuera posible, nunca habr¨ªa oportunidad contra ¨¦l. Solo podemos asistirle en su sino y esperar una buena recompensa a cambio. Es esa la naturaleza de nuestra relaci¨®n con el otro lado. Todo lo que podemos aspirar. Quid pro quo. S¨¦ de buena tinta que usted es un hombre pragm¨¢tico, se?or Lourido. Sabr¨¢ entendernos. ¨DMe temo que no puedo compartir ese sentimiento. ¨D?Es que no hay nada que quiera pedirle a cambio? ¨DHizo gala de una dentuda sonrisa¨D. ?Nada que est¨¦ en Su poder? ?Ning¨²n anhelo que pueda proporcionarle? ¨DNo. Lo ¨²nico que anhelaba era cobrarme mi venganza. Algo dentro de m¨ª sab¨ªa que era imperativo destruirle para volver a ver al Jaime que tanto echaba de menos. S¨ª, tenerle de vuelta podr¨ªa estar entre los deseos que el demonio podr¨ªa cumplir, pero si no me mataba la criatura por ingenuo, ser¨ªa ¨¦l quien lo har¨ªa por traicionar todo en lo que cre¨ªa. ¨DHagamos una cosa. ¨DVolvi¨® a unir sus sudorosas manos¨D. Nuestro campe¨®n ha solicitado un GLMP para uno de sus Cazadores. Era mi plan proporcion¨¢rselo. Deje que experimente de primera mano las ventajas de nuestro peque?o colectivo y que sea su palabra la que le convenza. ¨DSupongamos que el se?or Delf¨ªn accede, ya que esa decisi¨®n no est¨¢ en mi mano, sino en su libre albedr¨ªo. Mas, ?qu¨¦ har¨¢ si lo que tienen que ofrecerle es incapaz de convencerlo? Stolen content warning: this content belongs on Royal Road. Report any occurrences. ¨DSer¨¢ libre de marcharse, claro est¨¢ ¨Dsentenci¨®. Sus tics se acrecentaban m¨¢s seg¨²n hablaba¨D. Nuestra adoraci¨®n est¨¢ en un demonio, pero no somos una secta. Oh, no somos as¨ª, ?se lo prometo! Le ofrezco una oportunidad de oro para que conozca m¨¢s sobre esta nuestra casa. Sobre nuestros m¨¦todos. De ense?arles c¨®mo Su bendici¨®n, latente en nuestras almas, nos ha hecho trascender. Tuve que morderme la lengua para no decir lo que estaba pensando de esa sarta de sandeces. Tanto, que empec¨¦ a notar el sabor met¨¢lico de la sangre en mi boca. ¨DLo considerar¨¦ ¨Drezongu¨¦. ¨DMe alegro de o¨ªrlo. ¨DAbri¨® los brazos, casi danzar¨ªn¨D. Es usted un hombre m¨¢s razonable en el cara a cara que en nuestros intercambios postales. *** Aunque hab¨ªa llegado en autob¨²s (el aparcamiento en la zona no era precisamente el mejor), decid¨ª volver a casa andando. En parte, porque no me apetec¨ªa compartir transporte con unos cuantos adolescentes que ya se hab¨ªan puesto a tono antes de irse de fiesta. En realidad, porque necesitaba despejar las ideas. El tel¨¦fono m¨®vil que llevaba en el bolsillo de la gabardina empez¨® a vibrar. ?Maite (Casa)?, rezaba la pantalla. ¨D?Hola, hermanito! ¨Dsalud¨® con energ¨ªa¨D. ?Qu¨¦ tal todo? ¨D?Quieres la respuesta educada o la real? ¨DTe conozco lo suficiente como para saber que me vale con la primera. Pero gracias por la elecci¨®n. ¨DEntonces, te dir¨¦ que todo bien. ¨DMe tom¨¦ una breve pausa¨D. ?A qu¨¦ se debe la llamada? ¨DA que la cobertura en este pueblo es una mierda, como siempre. ¨DLa voz de Norma domin¨® la conversaci¨®n¨D. He recibido tu mensaje. Buen chico. ?Qu¨¦ tal ha ido la cosa? ¨DSeg¨²n lo mires, tan bien o tan mal como esper¨¢bamos ¨Dresopl¨¦ con fuerza, para que se escuchara al otro lado de la l¨ªnea¨D. Tal y como nos tem¨ªamos, nos enfrentamos a un pu?ado de locos que quieren traer de vuelta al G¨®lem de Pirita y pedirle que cumpla sus deseos como si se tratase del genio de la l¨¢mpara. Y ese desequilibrado de Seven se cree su mes¨ªas, o algo as¨ª. ?Qu¨¦ tal por tu lado? ¨DLa jefa me ha mandado a casa. Ya la conoces, dec¨ªa que molestaba m¨¢s que ayudar. El¨ªas ha superado el ritual sin percance alguno... Y respecto a Zack, como sospechaba, la ¨²nica fuente de energ¨ªa espiritual del muchacho procede del trozo de alma de demonio que tiene incrustada... La vieja sostiene que, a estas alturas, es imposible extirp¨¢rselo. Seg¨²n ella, ser¨ªa m¨¢s f¨¢cil destruir el n¨²cleo de Algodaoth para que el fragmento se deshiciera por s¨ª mismo que extraerlo. Tambi¨¦n asegura que esos poderes nos ayudar¨¢n en un futuro, si bien puede ser un peligro. ¨DPerm¨ªteme desconfiar. ¨D?De la maestra? No le va a hacer ninguna gracia escuchar eso de su alumno estrella. ¨DDel demonio. Despu¨¦s de pasarme el d¨ªa rodeado de chalados, no tengo el cuerpo como para escuchar nada remotamente bueno de ese G¨®lem. ¨DPues a¨²n me debes una narraci¨®n completa y extendida. ¨DMaldita sea, Guarnido. Me tom¨¦ mi tiempo en darle todos los detalles que hab¨ªa recabado en el local. Lo de los duelos de domadores no pareci¨® sorprenderle mucho, aunque el que todos trataran a su invitado como el campe¨®n indiscutible pareci¨® agradarle. No quiso decir por qu¨¦, eso s¨ª. Tambi¨¦n le di los detalles sobre la conversaci¨®n que me hab¨ªan permitido espiar, pero mi orgullo hizo que omitiera la parte del permiso. ¨D?Aileen? ¨DPar¨® justo en ese detalle¨D. ?Canadiense? ¨DEso es. Al menos, lo parec¨ªa por su acento. Y dir¨ªa que est¨¢ relacionada con Yaroze-kai, a juzgar por la conversaci¨®n. S¨ª, definitivamente era una empleada de FILE. Se tom¨® su tiempo para darme una respuesta. Casi pod¨ªa o¨ªr c¨®mo los engranajes de su cerebro se mov¨ªan a toda velocidad a trav¨¦s de la l¨ªnea de tel¨¦fono. Sab¨ªa que, en esos momentos, lo mejor era dejarla tranquila. ¨D?No era Aileen el nombre de pila de Lady Cameron? ¨Ddijo por fin¨D. Ya sabes, la desarrolladora fantasma. ¨DAileen Cameron, la desarrolladora fantasma. ¨DMe llev¨¦ la mano a la frente, d¨¢ndome cuenta de las implicaciones¨D. Por supuesto, no podemos dar un paso hacia delante sin encontrarnos otra leyenda que resolver. Poco se sab¨ªa de Cameron m¨¢s all¨¢ de que su rol en los juegos en los que hab¨ªa trabajado era el de dise?adora t¨¦cnica y que, las pocas veces que conced¨ªa una entrevista (nuestra revista nunca lo hab¨ªa logrado), lo hac¨ªa detr¨¢s de una c¨¢mara web y con un disfraz de uno de los mu?ecos cabezones del cl¨¢sico Legend of Ka''rosh para ocultar su rostro. No tard¨® en volverse una se?a de su identidad por lo mucho que parec¨ªa divertir a los fans que ve¨ªan los v¨ªdeos en GameTrailers, hasta el punto de que era imposible encontrar im¨¢genes de su rostro. Algunos de sus compa?eros aseguraban que lo hab¨ªan llegado a ver en alguna que otra reuni¨®n, aunque fuera a trav¨¦s de su c¨¢mara, pero nadie se atrev¨ªa a describirlo. Tambi¨¦n se hab¨ªa vuelto un mito entre la comunidad por su ingenio, sus respuestas sin filtro a los periodistas y su originalidad a la hora de dise?ar mec¨¢nicas novedosas para los juegos en los que trabajaba. De toda esa lista, lo ¨²nico que me hac¨ªa respetarla un ¨¢pice era lo ¨²ltimo. No obstante, no importaba tanto qui¨¦n fuera, sino la implicaci¨®n de que las redes de la Catedral llegaban hasta el coraz¨®n de uno de los estudios de videojuegos m¨¢s importantes. Qui¨¦n sab¨ªa hasta d¨®nde m¨¢s. ¨DY hablando de leyendas... Cap铆tulo 21, por El铆as Delf铆n (parte 1) Cuando despert¨¦, no se me hab¨ªan ido del todo las n¨¢useas que me hab¨ªa dejado ese ?ritual?. Lo que tuve que hacer a esa peque?a criatura era algo a lo que sin duda no estaba dispuesto a enfrentarme de nuevo. Por fortuna, delante de m¨ª ten¨ªa a alguien que hab¨ªa pasado por eso siete veces jugando animadamente a la que probablemente fuera mi Game Boy Advance (mi mochila estaba abierta de par en par sobre el suelo) sin una sola preocupaci¨®n, as¨ª que supuse que lo superar¨ªa en alg¨²n momento. ¨DBuenos d¨ªas, Crono. ¨DA pesar de su tatareo, mi cabeza estaba demasiado nublada para tanta referencia¨D. Ya era hora de que te levantaras. ¨D?Buenos d¨ªas? ¨DIntent¨¦ despegar los p¨¢rpados, aunque a¨²n me pesaban¨D. No me digas que... ¨D?Has estado durmiendo siete a?os, El¨ªas! ¨DLlev¨® la mano a su pecho para acompa?ar su tono melodram¨¢tico¨D. ?El malvado Ganondorf ha conquistado este mundo y es en este templo donde se guarda el ¨²ltimo retazo de luz capaz de despejar las tinieblas! Ah, y te has perdido tu cita. Aunque sab¨ªa que estaba completamente de broma con lo primero, el coraz¨®n me dio un vuelco por la posibilidad de que lo ¨²ltimo no fuera parte de la chanza. Al ver que mi reloj a¨²n marcaba las ocho y media de la noche, respir¨¦ tranquilo. ¨DSolo has estado roque media hora ¨Dme explic¨®, sin dejar de fijar su vista en la pantalla¨D. La sacerdotisa me pidi¨® que te vigilara, por si acaso. Ahora est¨¢ con Zack. ¨DImb¨¦cil ¨Despet¨¦, a¨²n con pocas energ¨ªas¨D. De todas formas, ?c¨®mo sab¨ªas lo de...? ¨DUna hermana mayor tiene medios de sobra para averiguarlo, deber¨ªas saberlo a estas alturas. ¨DSonri¨® maliciosamente¨D. Anda, corre. Te est¨¢ esperando fuera. Me debes una por no dejarle que te viera con esas pintas de zombi, por cierto. Me cost¨® ponerme en pie. Mi cuerpo a¨²n no respond¨ªa tan bien como deber¨ªa y sent¨ªa c¨®mo mi aura se desbordaba por momentos, pero mantener el equilibrio segu¨ªa siendo un reto. Mi mentora supo dejar la consola de lado (maldiciones mediante) y asistirme un poco. ¨DTienes los poderes de un glitch capaz de curarte, El¨ªas. ¨DPas¨® mi brazo por encima de su hombro y me asi¨® con fuerza¨D. Quiz¨¢ sea un buen momento para explicarte c¨®mo usarlos. ¨D?Me quitar¨¢ las ganas de vomitar? ¨DEso espero. ¨DSolt¨® una risotada y me alz¨® de un tir¨®n para arriba, haci¨¦ndome sentir como un peso muerto¨D. A ver, no soy una experta... Pero deja escapar tu aura. Ya sabes, como siempre. Fue f¨¢cil hacerlo. De hecho, lo complicado era contenerla en un ¨²nico punto. La energ¨ªa quer¨ªa escapar y entre lo p¨¢lido que me hab¨ªa quedado y el tono de la pel¨ªcula trasl¨²cida que me recubr¨ªa, estaba convencido de que deb¨ªa parecer un hombrecillo radioactivo. Poco a poco, la esclusa que se hab¨ªa dibujado en mi mente se cerraba para dejar que solo lo necesario saliera. ¨DEs normal que est¨¦s as¨ª ¨Dapreci¨®, sin dejar de sujetarme¨D. No es por presumir, pero te he entrenado bien. Adem¨¢s, el esp¨ªritu que te has zampado era ciertamente vivaz, as¨ª que estar¨¢s sobrecargado. Vale, si mal no recuerdo lo que te tocar¨ªa hacer ahora es... concentrarte en el flujo. En c¨®mo esa energ¨ªa recorre tu piel. Tus poros, tus m¨²sculos, tus venas. Es tan tuya como la que hab¨ªas logrado por tu propia cuenta. Solo tienes que sentir lo que puede hacer. Visualiza. Los ojos saltones de la criatura me vinieron a la cabeza. Poco a poco, el resto del ser se termin¨® de materializar en mi imaginaci¨®n. Danzaba alegre, sin culparme por lo que me hab¨ªa permitido hacerle. Se iluminaba en varios colores. Tard¨® unos instantes en notar que la observaba, pero cuando lo hizo, hizo que su brillo se tornara glauco y se acerc¨® girando sobre s¨ª misma. ¨DSolo tienes que pedirle que te preste su fuerza. ¨DDesliz¨® su mano por mi brazo hasta llegar a la m¨ªa¨D. No deja de ser tu esp¨ªritu af¨ªn. Si se lo pides amablemente, ella te ense?ar¨¢. Pronunci¨¦ las palabras en mi mente. Termin¨¦ con un ?por favor?. Ten¨ªa que ser educado con la criatura que hab¨ªa dado su vida por m¨ª, al fin y al cabo. El peque?o esp¨ªritu, sin mediar palabra alguna (o su equivalente conversacional) me transmiti¨® una calidez que no tard¨® en empezar a filtrarse por mis poros. En un abrir y cerrar de ojos, la fatiga hab¨ªa desaparecido y mi cuerpo se sinti¨® liviano. La bola de remordimientos que sent¨ªa en el est¨®mago no se aliger¨® un ¨¢pice, pero mi ¨¢nimo se hab¨ªa vuelto capaz de enfrentarse a ella con solo una peque?a descarga de mis nuevos poderes. Agradec¨ª la extra?a lecci¨®n a la criatura de mi mente. Fuera real o no, le dediqu¨¦ una sonrisa de despedida. ¨DExacto. Ten¨ªa que ser as¨ª. ¨DNorma se separ¨® de m¨ª y ech¨® un vistazo al techo, con nostalgia¨D. Esa energ¨ªa. Es como la de... ¨DJaime, lo s¨¦. ¨DObserv¨¦ c¨®mo mi aura se arremolinaba en los irregulares picos de su superficie¨D. Espero poder estar a su altura. Did you know this text is from a different site? Read the official version to support the creator. Norma ocult¨® sus ojos tras su antebrazo. No quiso decir nada m¨¢s en unos segundos, pero su sonrisa anclada en otros tiempos la delataba. Vaya que si la delataba. ¨DPerdona, un ataque tonto de nostalgia. ¨DAgit¨® la cabeza como un perro despu¨¦s de salir de un charco y volvi¨® a su en¨¦rgico tono habitual¨D. Estoy orgullosa de ti, El¨ªas. ?Eh! ?Y t¨² deber¨ªas estarlo! ¨DGracias. ¨DMe rasqu¨¦ la mejilla, sin saber muy bien qu¨¦ decir¨D. Significa mucho viniendo de alguien a quien admiro tanto. ¨DVenga, suficiente momento emotivo por hoy, muchacho. ¨DPuso los brazos en jarras y sac¨® pecho¨D. Corre, que ya te han esperado mucho. Y... suerte, supongo. ¨DDir¨ªa que no la necesito para quedar bien, pero soy un desastre, as¨ª que lo agradezco. ¨DAlc¨¦ el pulgar izquierdo¨D. Lo har¨¦ lo mejor que pueda. Gracias, Norma. Recuper¨¦ mi mochila (aunque la partida de Advance Wars de Norma estaba siendo demasiado interesante como para que me permitiera que la consola volviera conmigo), me puse el anorak, dej¨¦ caer una bufanda sobre mi hombro y sal¨ª por la puerta del dormitorio en menos tiempo del que le tom¨® a la periodista maldecir al ej¨¦rcito de Black Hole. A veces, los videojuegos tienen unos pasillos excesivamente largos en los que no hay nada que hacer para que la consola vaya cargando el pr¨®ximo escenario en lugar de mostrarte una pantalla de carga. Una efectiva triqui?uela que lograba aumentar la expectaci¨®n en los momentos de m¨¢s carga emocional, que te manten¨ªa pulsando el stick hacia delante mientras esperabas que algo pasara. En ese momento, no pod¨ªa pensar en otra cosa; era un s¨ªmil perfecto para definir esa sensaci¨®n en la que sab¨ªa perfectamente qu¨¦ me iba a encontrar, aunque el tiempo se dilatase de una forma est¨²pida. ¨DBueno, ha acabado oficialmente el ritual ¨Danunci¨¦ al ver a mi amiga de la infancia¨D. ?Y qu¨¦ significa eso? Te dejo cont¨¢rmelo. Al fin y al cabo, la idea ha sido tuya. Si hab¨ªa un motivo por el que me hab¨ªa acostumbrado a decir tantas payasadas a lo largo de mi vida, era por lo mucho que me gustaba hacer sonre¨ªr a la gente. Vale, ten¨ªa que admitir que en alg¨²n punto de mi adolescencia hab¨ªa perdido el control sobre esa habilidad tan m¨ªa, pero merec¨ªa la pena hacer felices a los que me rodeaban. Especialmente, a ella. Pasara lo que pasara. De ni?os. Despu¨¦s de separarnos. Tras haberme reencontrado con esa versi¨®n de ella tan sombr¨ªa que segu¨ªa irradiando luz solo para m¨ª. As¨ª que, por muy guapa que se hubiera puesto para la ocasi¨®n (y, definitivamente, lo hab¨ªa hecho), solo pod¨ªa fijarme en la curva de sus rojos labios, que no acabaron de alzarse del todo ante mi tono juguet¨®n. Me abraz¨® en un silencio helado que me vi obligado a respetar. No porque no tuviera qu¨¦ decir, sino porque la notaba temblar y algo en el fondo de mi cabeza me dec¨ªa que lo que necesitaba era que recorriera su pelo en lugar de mediar m¨¢s palabras. A veces, hasta sab¨ªa atinar con esas cosas, y todo. No estaba seguro de si se trataba de las energ¨ªas que a¨²n me envolv¨ªan o si el estar ah¨ª con ella era suficiente como para calmar sus miedos, pero poco a poco dej¨® de agitarse. Cuando se tranquiliz¨®, ninguno de los dos dijo nada. Yo me limit¨¦ a disfrutar del momento y, por la forma de agarrarse a m¨ª, dir¨ªa que ella compart¨ªa esa necesidad. ¨D?Qu¨¦ tal ha ido? ¨DNo me solt¨®, pero s¨ª que inclin¨® un poco la cabeza para mirarme a los ojos¨D. El ritual, quiero decir. La sacerdotisa me ha dicho que tuvo ¨¦xito, pero que... ¨DNo s¨¦ cu¨¢nto te habr¨¢ contado, pero cuantos menos detalles me hagas recordar, mejor. Cero de diez, no lo recomiendo. Eso s¨ª, ?la purificaci¨®n? Una maravilla. No sab¨ªa que tuvieras tanto talento para preparar cosas as¨ª. Bueno, ?y t¨² qu¨¦ tal en mi ausencia? No respondi¨®. En su lugar, tom¨® algo de distancia y meti¨® la barbilla en el cuello de su rasgado jersey negro. O en el de la camisa blanca que llevaba por debajo, era dif¨ªcil saberlo. El caso es que volv¨ªa a esconderse con timidez y juguetear con las cadenas que colgaban de su oreja. Balbuce¨® un poco, pero no fue capaz de construir ninguna afirmaci¨®n que tuviera un ¨¢pice de sentido. Al menos, a m¨ª no me lo pareci¨®. Vero estaba m¨¢s rara de lo normal. Podr¨ªa achacarlo a la susodicha cita, pero solo unas horas antes estaba sonri¨¦ndome y buscando mis reacciones m¨¢s vergonzosas al respecto. No, no era eso. Intent¨¦ hallar una pista en sus ojos, pero me rehuyeron mientras su mente segu¨ªa en bucle tras mi ¨²ltima pregunta. Decid¨ª en su lugar preguntar a mi instinto, que me dec¨ªa a gritos que ahora s¨ª que era el momento de aligerar el ambiente con una de mis tonter¨ªas. ¨DEs una pena que no te haya podido ver m¨¢s con las ropas ceremoniales, eso s¨ª. ¨DChasque¨¦ la lengua¨D. Supongo que no se puede tener todo en esta vida. ¨DQuiz¨¢... m¨¢s adelante. ¨DSus ojos vagaron nerviosos por la habitaci¨®n¨D. He de admitir que me dio corte. Norma insisti¨® y... bueno, verte la cara cuando sal¨ª de las sombras vestida as¨ª mereci¨® completamente la pena... Pero... Dios m¨ªo, ?c¨®mo he sido capaz de hacer eso? Ah¨ª estaba. Una sonrisa que, aunque t¨ªmida, iluminaba mi coraz¨®n con los cien mil voltios del proverbial rayo. Capaz de borrar de un plumazo el peso emocional que hab¨ªa dejado atr¨¢s el ritual. Tanto, que tard¨¦ en darme cuenta de lo f¨¢cil que lo hac¨ªa. De hecho, casi dir¨ªa que mis orejas, de un tono rojo delator, se dieron cuenta antes que mi cerebro. ¨DEn fin, ?cu¨¢l es el plan? La muchacha dio un paso adelante. Uno que quiz¨¢ debiera ser de decisi¨®n, pero que no acab¨® de parecerlo del todo. Al darse cuenta de que no hab¨ªa proyectado la fuerza necesaria en sus gestos, gir¨® la cabeza hacia el lado. ¨DVa a ser la cita m¨¢s aburrida de la historia: daremos un paseo hasta casa y luego cenaremos con mis padres. Me han escrito para decirme que han preparado ?algo?. ¨DExager¨® las comillas en el aire¨D. Ya sabes... para unos d¨ªas que paso de nuevo con ellos, tampoco les voy a dar plant¨®n. ¨D?Fiesta sorpresa? ¨DSolt¨¦ una carcajada¨D. Bueno, subo la apuesta: tu padre se ha ido de la lengua. Es algo que har¨ªa. ¨DEso es ¨Dbuf¨® con desgana¨D. Si quieres dejarlo para otro d¨ªa, lo entender¨¦. Tambi¨¦n tienes que estar cansado, y... ¨DEh, eso de presentarme a tus padres en la primera cita es bastante atrevido. ¨DLe di un codazo cari?oso con el que le arranqu¨¦ un quejido tonto y una risotada que lo pareci¨® a¨²n m¨¢s¨D. Adem¨¢s, me dijiste que este pueblo es muy bonito. ?Y lleno de gatos! No lo dejar¨ªa para otro d¨ªa, no. Necesito esta excusa para que hablemos de una vez por todas. La muchacha suspir¨® e hizo recorrer sus dedos por las cuatro piedras del colgante que le hab¨ªa regalado, reflexiva. El instante que tard¨® en reaccionar no fue muy largo, pero se me hizo eterno. ¨DAdelante. ¨DLanz¨® su pu?o hacia el frente, esta vez con una convicci¨®n que parec¨ªa real¨D. ?Tengamos esa cita! Cap铆tulo 21, por El铆as Delf铆n (parte 2) Quiz¨¢ no hubi¨¦ramos calculado bien lo f¨¢cil que pod¨ªa ser el mantener una conversaci¨®n mientras pase¨¢bamos por un bosque m¨¢gico en mitad de la noche. Siempre hab¨ªa un detalle bonito que se?alar, una an¨¦cdota que contar o un rumor entre las hojas que asociar a los esp¨ªritus que vagaban ocultos en la naturaleza o un susto que terminaba distrayendo de cualquier tentativa de abordar un di¨¢logo m¨¢s profundo. Y, cuando no hab¨ªa nada que decir, tambi¨¦n quedaba el silencio, c¨®mplice del momento. ¨DT¨² que dec¨ªas que era un plan aburrido. ¨DSonre¨ª como un p¨¢nfilo ante un hongo gigante con espirales que recordaban a galaxias en miniatura¨D. Ya te vale. ¨DAhora no, pero cuando los ¨¢rboles vuelvan a ser verdes, las flores dejen de brillar y solo quede un camino de tierra aburrido hasta la entrada del pueblo... Se habr¨¢ acabado la magia, supongo. ¨DNo te creas. ¨DTir¨¦ del cuello de su jersey para que no se acelerara¨D. Seguir¨¢s estando t¨². Ah¨ª, eclipsando todo lo que el mundo me tenga que ofrecer. Por alg¨²n motivo, probablemente porque el cumplido sali¨® en un tono mucho m¨¢s tontorr¨®n de lo que hab¨ªa esperado inicialmente, esa zalamer¨ªa pill¨® a la exorcista m¨¢s desarmada de la cuenta. ¨DMenudas cosas tienes, Eli. ¨DDecidi¨® empujarme de forma juguetona, pero como el suelo era irregular, acab¨¦ trastabillando y cayendo de culo¨D. ?Ay! ?Perdona! ?No quer¨ªa! Le extend¨ª el brazo, alegando que lo menos que pod¨ªa hacer era ayudarme a levantar de nuevo. A juzgar por esa expresi¨®n de desconfianza que hab¨ªa aprendido a reconocer, sab¨ªa perfectamente que mis planes eran tirarla junto a m¨ª, pero se dej¨®. Con gracia, aterriz¨® de rodillas a pocos cent¨ªmetros de donde estaba. Solo esper¨¦ que, con todo lo que hab¨ªa en el suelo, las medias que llevaba no se hubieran rasgado. ?Pero por qu¨¦ estaba pensando en eso? ?Para distraerme de que, de nuevo, nuestros rostros estaban a poco menos de dos palmos? Los poderes de la muchacha que nos iluminaban parpadearon un par de veces y se apagaron como una linterna que se quedaba sin pilas, dej¨¢ndonos casi a solas con las pocas fuentes de luz del bosque. Era uno de esos momentos de pel¨ªcula en los que habr¨ªa sido f¨¢cil tomar la iniciativa y cobrarme ese beso que tanto tiempo llevaba en el aire. Sin embargo, y en un alarde de responsabilidad, us¨¦ mis labios para formular las palabras que ten¨ªa pendientes. ¨D?En qu¨¦ nos convierte todo esto, Vero? ¨DMir¨¦ hacia un lado en un intento no muy bien disimulado de evadir la acusaci¨®n de sus ojos¨D. Es justo que nos hagamos esa pregunta, ?no crees? ¨DNo lo s¨¦. ¨DAlz¨® la barbilla. Parec¨ªa que ella tampoco quer¨ªa mirarme directamente en ese instante, por mucha penumbra que nos difuminara¨D. Si me hubieras hecho esa pregunta esta misma ma?ana, quiz¨¢ la respuesta hubiera sido m¨¢s clara. ¨DSolt¨® un suspiro. Sent¨ª c¨®mo su aliento me agitaba el pelo¨D. M¨¢s humilde, s¨ª, pero m¨¢s clara. Ahora... No lo s¨¦. ¨D?Qu¨¦ me habr¨ªas dicho? Extend¨ª ligeramente la mano hacia la suya. No sab¨ªa si sostenerla, acariciarla o qu¨¦ hacer exactamente, y ella tampoco parec¨ªa decidirse, por lo que nuestros dedos acabaron jugueteando fuera de nuestro control, como una peque?a distracci¨®n a las palabras que llenaban la quietud del bosque a?il. ¨DQue desde el momento en el que nos reencontramos en la estaci¨®n supe que todo iba a ser distinto. Que cuando baj¨¦ de ese autob¨²s no esperaba que volverte a tener cerca causara tal impresi¨®n en m¨ª. Que ese abrazo con aroma a casta?as asadas hab¨ªa cambiado algo en mi interior de forma irremediable, aunque no supiera exactamente el qu¨¦. ¨DEran unas buenas casta?as, sin duda. ¨DReprim¨ª el impulso de echarme hacia delante¨D. Si te soy sincero, a m¨ª tambi¨¦n me encant¨® ese abrazo. Lo llevaba necesitando a?os. ¨DMe sent¨ªa como en casa. Te echaba mucho de menos. Pero no de esa forma, quer¨ªa decirme. Era feliz estando contigo, volviendo a ser nosotros. Aunque el motivo real de volver a Gailadr¨ªa era algo tan abstracto como el ?destino?, lo que necesitaba era estar al lado de mi mejor amigo. Y, sobre todo, protegerlo de ese mundo al que le iba a terminar arrastrando tarde o temprano. ¨DAdmito que todo eso me sorprendi¨®. Pero tambi¨¦n es cierto que desde peque?a me has hecho part¨ªcipe de tus locuras. ¨DReun¨ª algo de determinaci¨®n para tomar su mano con firmeza¨D. ?Qu¨¦ m¨¢s daba una m¨¢s? Te seguir¨ªa hasta el fin de este mundo y todo lo que pudiera del siguiente, Vero. La chica me dio un beso en la mejilla. La mejor respuesta que podr¨ªa haber esperado. Tras unos segundos en los que ninguno de los dos hizo un esfuerzo por apartarse, se percat¨® de que su pintalabios me hab¨ªa dejado marca e intent¨® borrarla con timidez, pero sostuve su mano y dej¨¦ mi frente sobre la suya. ¨DTranquila ¨Dsusurr¨¦¨D. Te escucho. Vero tom¨® una bocanada de aire para armarse con determinaci¨®n. ¨DMe costaba entender lo que estaba pasando por mi cabeza. No dejaba de repetirme que me ve¨ªas como una cr¨ªa. Que nunca ser¨ªa m¨¢s que la ni?a con la que pasaste la infancia... Al fin y al cabo, es lo que tiene sentido. Que algo cambiara en m¨ª no quiere decir que t¨²... Yo qu¨¦ s¨¦. Dol¨ªa. No sab¨ªa por qu¨¦. Quer¨ªa creer que simplemente era porque no me tomabas en serio. ¨DPero lo hac¨ªa. ¨DVolv¨ª a girar la mirada a su rostro, que parec¨ªa brillar con luz propia¨D. ?C¨®mo no iba a hacerlo? No solo hab¨ªas puesto toda la carne en el asador para volver aqu¨ª. Tambi¨¦n tienes una puta espada espectral. Eso no es algo que tomarse a la ligera. ¨DBueno, ya sabes qu¨¦ era lo que quer¨ªas que vieras en m¨ª. ¨DSe retir¨® un mech¨®n de pelo y se lo pas¨® tras la oreja. Aprovech¨® para juguetear con uno de los pendientes¨D. Que yo tambi¨¦n hab¨ªa crecido. ¨DClaro que me di cuenta. ¨DMe incorpor¨¦ un poco m¨¢s¨D. Como si no tuviera ojos en la cara. Pero, por mucho que quiera ganarme la vida escribiendo, parece que soy malo con las palabras, as¨ª que recurr¨ª a otro lenguaje... Y te regal¨¦ el colgante. Pens¨¦ que lo entender¨ªas a la primera. ¨DLo hice. ¨DSe enjug¨® uno de los ojos, intentando evitar que se le humedecieran¨D. Cr¨¦eme, lo hice. ¨DCuando te vi con ¨¦l puesto todo hizo clic. Todos esos sentimientos desperdigados encontraron su lugar de repente. Para ti fue ese abrazo, para m¨ª fue ver unos engranajes colgando de tu cuello. Suena absurdo, s¨ª, pero... Perd¨®name por llegar tarde a la epifan¨ªa. Siempre has sido la que mejor nos ha entendido de los dos. De repente, Vero se puso en pie y ech¨® un vistazo hacia los pocos retazos de cielo estrellado que se ve¨ªan tras las copas de los ¨¢rboles. No entend¨ª gran cosa, pero la acompa?¨¦ en su esfuerzo. ¨DY aun as¨ª, fue una se?al ¨Ddijo con algo de tristeza¨D. El mensaje de Norma, quiero decir. Sigo sin saber si me ten¨ªa que haber retirado o seguido adelante, pero cuando te vi esa cara de felicidad por la noticia, quise que la tierra me tragara. Borrar esos ¨²ltimos minutos. Dejarlo de nuevo en una situaci¨®n en la que pudiera esconderme en la amistad. Pero ya era tarde. ¨DYo no lo hab¨ªa borrado ¨Dasegur¨¦¨D. Es imposible saber qu¨¦ habr¨ªa ocurrido si el tel¨¦fono no hubiera sonado en ese momento, pero me diste mucho en lo que pensar. Al fin y al cabo, es uno de esos momentos de los que no hay vuelta atr¨¢s posible. Nunca m¨¢s iba a poder verte simplemente como mi amiga de la infancia. ¨DEsa es la conversaci¨®n que habr¨ªamos tenido esta ma?ana, s¨ª. ¨DMe dio la espalda. Me vi tentado a rodearla con mis brazos, pero mi cuerpo se bloque¨® con ese tono tan tintado de azul¨D. La conversaci¨®n f¨¢cil, honesta y humilde de la que hablaba. ¨D?Qu¨¦ ha cambiado, entonces? Sab¨ªa perfectamente qu¨¦ era lo que ese escenario ficticio estaba ignorando, pero quer¨ªa o¨ªrlo de su propia voz. ¨DZack ¨Dafirm¨®. Alto, pero no muy claro¨D. Cr¨¦eme, no has sido nada sutil al hablar de ¨¦l. Aun as¨ª, me convenc¨ª de que yo tambi¨¦n pod¨ªa hacerte sentir as¨ª. Pero... ?despu¨¦s de ese mensaje? ?C¨®mo esperabas que reaccionara? Joder, El¨ªas, accediste a una cita con ¨¦l. ¨DEn mi defensa, no me percat¨¦ de que era una hasta que ya estaba all¨ª. ¨DSer¨ªa cierto, pero la muchacha se lo tom¨® como una chanza errada que no ayudaba al ambiente¨D. S¨ª, s¨¦ que es una mierda de defensa. En el fondo, era lo que quer¨ªa desde el principio. Me hubiera gustado justificarme diciendo que realmente lo que buscaba era una distracci¨®n de todo lo que hab¨ªa estado a punto de pasar. Que ten¨ªa tanto caos en la cabeza que dejarme llevar era una soluci¨®n f¨¢cil, pero eso ser¨ªa mentir a alguien que me importaba. No, no pod¨ªa negar que ese primer encuentro hab¨ªa dejado huella en m¨ª. En su lugar, dej¨¦ que hablara. Support the creativity of authors by visiting Royal Road for this novel and more. ¨DNo lo entend¨ªa. ¨DJuguete¨® con una voluta de energ¨ªa brillante entre sus dedos, intentando relajarse¨D. No ten¨ªa claro c¨®mo encajaba esa nueva pieza en tu vida, y sent¨ª celos. Os vi en el portal y me debat¨ªa entre un ?pienso matar a ese t¨ªo con mis propias manos por celos? y un ?joder, qu¨¦ monos son juntos, est¨¢ claro que soy yo quien sobra aqu¨ª?. Necesitaba tiempo para pensar. O, mejor a¨²n, un motivo para tenerte solo para m¨ª. Entonces, podr¨ªamos volver a ese momento y hacer las cosas de forma distinta. Control¨® la respiraci¨®n. Aunque su voz imprimiera el tono calmado de la Dark Vero que hab¨ªa aprendido a ser (con unas cuantas notas de la chica que pod¨ªa permitirse ser a mi lado), parec¨ªa que sacarla de su pecho le hiciera da?o a un nivel complicado de describir. Se tom¨® unos instantes para continuar. No sab¨ªa si aprovecharlos para buscar una respuesta m¨¢s acertada o si sentirme acusado por ellos, as¨ª que me limit¨¦ a esperar en silencio. ¨DTen¨ªa claro que las cosas iban a cambiar cuando tuviera la oportunidad de conocer a Zack. ¨DJunt¨® las manos y las estir¨® hacia delante mientras exhalaba aire, uno de sus ejercicios de relajaci¨®n¨D. Conocerle de verdad, quiero decir. No sab¨ªa si para bien o para mal, sab¨ªa que un rato con ¨¦l era exactamente la pieza que me faltaba. ¨DVero. ¨DPos¨¦ mi mano sobre su espalda, pero esta me repeli¨®. Pude notar c¨®mo su energ¨ªa se descontrolaba ¨D. Si necesitas parar, hazlo. S¨¦ que es una conversaci¨®n importante, pero... La exorcista se gir¨® hacia m¨ª. Sus ojos, algo h¨²medos y sin ninguna pretensi¨®n de ocultarlo, parpadearon lentamente un par de veces. Sus labios compon¨ªan un puchero de esos que pod¨ªa hacer alguien cuando estaba a punto de romperse. Mi acto reflejo fue abrazarla de nuevo, pero el peque?o glitch de mi cabeza hizo que liberara algo de energ¨ªa calmante sin siquiera ped¨ªrselo. Probablemente, de no hacerlo, me habr¨ªa visto superado por el aura escarpada de mi compa?era. ¨DMe mor¨ªa de envidia ¨Dsolloz¨® en mi hombro¨D. Claro que no pod¨ªa competir contra ¨¦l. No pod¨ªa ni intentarlo. Joder, Zack es exactamente el tipo de persona que necesitas en tu vida. Alguien que te har¨ªa feliz sin complicaciones. As¨ª que quise demostrarme que al menos yo era m¨¢s fuerte, que al menos, si no pod¨ªa ser tu... ¨Dno decidi¨® una palabra para terminar esa frase¨D. Que al menos, te proteger¨ªa. Que podr¨ªa ganarle en un duelo espiritual. ¨DNo hacen falta duelos para saber que los dos sois fuertes a vuestra manera. ¨DPos¨¦ mis labios sobre su pelo¨D. Conozco de primera mano tu determinaci¨®n por lograr todo lo que te propones y es terror¨ªfica. A pocas personas confiar¨ªa mi seguridad antes que a ti. Solt¨® una risa nerviosa, rota. Tem¨ª haber tocado la fibra equivocada con ese comentario. ¨DPerd¨ª ¨Dme confes¨® entre l¨¢grimas¨D. Pero eso no fue lo peor. Lo peor fue que, por muy hostil que me hubiera mostrado con ¨¦l, estaba dispuesto a ayudar, a apoyarme con una sonrisa. Lo peor fue que me sent¨ª como una imb¨¦cil por tomar por enemigo a alguien que en cualquier otra circunstancia habr¨ªa querido tener cerca. ¨DBueno, no s¨¦ exactamente en qu¨¦ situaci¨®n me pone esto, pero... ¨DCalla ¨Despet¨® con un poco de violencia y un mucho de sollozo¨D. Todav¨ªa queda una parte. La que hace todo esto mucho m¨¢s dif¨ªcil. ?Sabes? Despu¨¦s de que me derrotara, fui lo suficientemente idiota como para sincerarme con ¨¦l. S¨ª, fue la primera persona a la que le dije algo que solo deber¨ªa haberte dicho a ti. Total. ?Qu¨¦ m¨¢s iba a perder? ¨DEn sitios m¨¢s raros he encontrado yo confidentes ¨Dme limit¨¦ a responder, aunque no parec¨ªa ayudar mucho. Ahora no era solo su aura la que estaba descontrol¨¢ndose. Su cuerpo tambi¨¦n empezaba a agitarse. Not¨¦ c¨®mo su pecho lat¨ªa con fuerza. Estaba volviendo a respirar de forma entrecortada y la peque?a l¨ªnea rubia de su cabeza volv¨ªa a iluminarse a rachas. Pero no se call¨®. ¨DMe dijo que ¨¦l tambi¨¦n ¨Dse le rompi¨® la voz a la mitad de la frase. Intent¨¦ hacer algo por ella, pero parec¨ªa que el control que ten¨ªa sobre mis nuevos poderes no era suficiente como para calmarla, as¨ª que solo pude abrazarla con m¨¢s fuerza¨D. As¨ª. Directamente, a la cara. A pesar de las implicaciones que pudiera tener una afirmaci¨®n as¨ª sobre m¨ª mismo, decid¨ª que ese momento solo pod¨ªa escuchar lo que mi amiga ten¨ªa que decir. Darle la mano. Ofrecerle mi hombro si lo necesitaba. Volver a intentar calmarla con unos poderes que no hab¨ªa dominado tanto como deb¨ªa a¨²n. Pero ella tom¨® un poco de distancia para realizar sus ejercicios de respiraci¨®n. ¨DVale, ya casi he llegado al final. ¨DDej¨® caer los hombros como si le pesaran un quintal¨D. Dijo cosas bonitas sobre m¨ª. Despu¨¦s, asegur¨® que eso no ten¨ªa por qu¨¦ significar competir. Que hacerlo era una tonter¨ªa y, yo qu¨¦ s¨¦, se puso a hablar de trigonometr¨ªa o algo as¨ª. Que no ten¨ªa sentido hablar de un tri¨¢ngulo que no tenga tres lados. Y, bueno, una cosa llev¨® a la otra y... Entend¨ª de repente por qu¨¦ le estaba costando tanto contar esa historia, sobre todo si hab¨ªa tenido lugar tan solo un par de horas atr¨¢s. O quiz¨¢, ni eso. ?Qu¨¦ hora era? Me sent¨ª tentado a mirar el reloj. En parte para asegurarme, en parte para distraerme de lo que me hab¨ªa dado a entender y no acababa de asimilar. No. No pod¨ªa arruinar el momento. Esa vez no. Ya me enfrentar¨ªa a mis pensamientos m¨¢s adelante. En ese momento, ten¨ªa que estar ah¨ª. Por ella. ¨DVolver¨¦ a mi premisa inicial, entonces. ¨DVale, ese dato surcando mi mente hac¨ªa que fuese m¨¢s dif¨ªcil formular esa pregunta¨D. ?En qu¨¦ nos convierte todo esto? Intent¨¦ ser todo lo dulce que pude. ¨DEso es algo que deber¨ªas decidir t¨². ¨DLa chica se abraz¨® a s¨ª misma, temblorosa¨D. Yo... ya te he dado toda la informaci¨®n. T¨®mate tu tiempo para asimilarla. Para decidir qu¨¦ es lo que nos toca hacer. Estoy confusa, Eli. No sabes cu¨¢nto. ¨DNo, Vero. No me has dicho todo. ¨DLe tend¨ª la mano de nuevo, pero ni siquiera estaba mirando en mi direcci¨®n, as¨ª que se qued¨® colgando en el aire¨D. Dime, ?qu¨¦ es lo que t¨² quieres? ¨DYo... Eli... La exorcista se agit¨® con un grito. Su respiraci¨®n era pesada, y sus movimientos fueron tan toscos como violentos. Intent¨¦ recortar la distancia que nos separaba, pero dio uno de esos instintivos saltos hacia atr¨¢s que a m¨ª probablemente me hubieran acabado causando una contusi¨®n bastante mala en la cabeza. Necesitaba que mis poderes funcionaran. Necesitaba que supiera que, pasara lo que pasara, iba a estar a su lado y que lo dem¨¢s lo ir¨ªamos resolviendo juntos. Necesitaba decirle que la quer¨ªa. Me lanc¨¦, envuelto en mi c¨¢lida aura, esperando que el glitch que hab¨ªa devorado me diera las fuerzas para que la muchacha pudiera volver a la normalidad y escuchar las palabras que le ten¨ªa que decir. Por rom¨¢ntico que sonara, quer¨ªa salvarla abriendo mi coraz¨®n y mi esp¨ªritu. As¨ª que, con esa idea tan clara en la cabeza, lo ¨²ltimo que pod¨ªa esperar es que me diera un pu?etazo en la cara. Uno de esos que, de no ser por mis nuevos poderes, estaba seguro de que me dejar¨ªa un morat¨®n bien oscuro en el ojo durante un par de semanas. Y eso que no me dio con el anillo. Vero, por su parte, brillaba con m¨¢s fuerza de la que hab¨ªa visto nunca. Flotaba en el aire, tintando hasta el ¨²ltimo recoveco del bosque de sus tonos azulados. Y estaba seguro de que no hab¨ªa despertado sus poderes solo para evitar una conversaci¨®n inc¨®moda. ¨DEl¨ªas Delf¨ªn. ¨DLa voz de la programadora son¨® distinta, reverberante¨D. Por fin nos conocemos. Ruego disculpes mi agresi¨®n. Ha sido producto de una invocaci¨®n poco ortodoxa. Puedes llamarme H¨¦roe. ¨DPrefiero llamarte Impertinente. ¨DLlev¨¦ mi mano al punto de impacto y el dolor remiti¨® en cuesti¨®n de segundos¨D. Te has metido en la conversaci¨®n equivocada, glitch. ¨DMas ha sido mi recept¨¢culo quien ha perdido el control sobre su forma corp¨®rea. ¨DHizo que el cuerpo de Vero llevara a cabo una reverencia antinatural¨D. Ha hecho un buen trabajo por poner en jaque a sus emociones, mas... ¨DTengo que llegar hasta ella ¨Dbram¨¦, agitado¨D. Hay algo muy importante que tengo que decirle. ¨DLa doncella es m¨¢s que consciente de tus pasiones, El¨ªas Delf¨ªn. ¨DAlz¨® el vuelo unos cuantos cent¨ªmetros sobre el suelo¨D. Mas gustar¨ªa de o¨ªrlo de tus labios, como bien asumes. ¨DPues ya sabes qu¨¦ hacer ¨Dcasi ladr¨¦¨D. Largo. ¨DSi es lo que deseas, eso har¨¦ ¨Ddijo en tono cort¨¦s, pero no acababa de inspirarme la confianza necesaria¨D. Me gustar¨ªa aprovechar mi presencia en este mundo para ser el heraldo de una nueva advertencia, empero. Aunque no ten¨ªa la cabeza para algo as¨ª, sab¨ªa que no pod¨ªa deso¨ªr uno de los vaticinios de la criatura. Con desgana, desconvoqu¨¦ mi fuerza espiritual y me dej¨¦ caer al suelo. Controlar la respiraci¨®n me ayud¨® a eliminar esa neblina de rabia, pero mis gestos no fueron pacientes y azuzaron al H¨¦roe a hablar lo antes posible. ¨DComo ya presagi¨¦, se cierne la segunda venida de Algodaoth, mas no arribar¨¢ solo. ¨DAsever¨® la mirada¨D. Ha llegado a mi conocimiento que el tercer miembro de la guardia de Erymath ya ha tomado existencia en el mundo del que provengo. Los ceros y unos me susurran que dicho nacimiento, crucial en los planes del Se?or de los Cern¨ªcalos, es lo que facilitar¨¢ la tentativa de invasi¨®n de nuestros enemigos jurados. Mas desconozco la naturaleza exacta de sus poderes, por lo que os ruego, Cazadores, que me asist¨¢is en investigaci¨®n. ¨D?Tercero? ¨DNo me sal¨ªan las cuentas. ¨DSon tres las bestias que custodian a Erymath, s¨ª. ¨DAfirm¨® sin dudarlo un instante¨D. Ya conoc¨¦is a Algodaoth, al que tambi¨¦n denomin¨¢is G¨®lem de Pirita. Por otro lado, existe Gazereth, el Hada de Mercurio. ?No tem¨¢is por ella, pues la guerra que se est¨¢ librando en su mundo de origen ha cercenado sus alas! La tercera, en cambio, es una amenaza desconocida, a¨²n sin nombre ni ep¨ªteto. Con poderes que rivalizan los de sus dos hermanos, habremos de estar ojo avizor. ¨DEh... ?ya conocemos? ¨DMi tono se volvi¨® inquisitivo en exceso, pero no pod¨ªa mantener la calma¨D. ?Soy el primero al que hablas de esto? ¨DAs¨ª es ¨Dasegur¨®¨D. Conf¨ªo en que lo traslades al resto de tus aliados. Dicho esto, es hora de que cumpla con mi promesa. Tal y como anunci¨¦, os permitir¨¦ proseguir con vuestra mundana conversaci¨®n. ¨D?Espera! ¨Dbram¨¦ con toda la fuerza de mis pulmones¨D. Ya que est¨¢s aqu¨ª, quiero respuestas. ?Exijo respuestas, H¨¦roe! Se hab¨ªa acabado el tiempo. El cuerpo de la exorcista descendi¨® lentamente. Con dificultad, pude atraparla antes de que cayera del todo. Pero, por agitada que fuese su respiraci¨®n, la chica no volv¨ªa en s¨ª. Y yo era demasiado d¨¦bil como para llevarla de vuelta a casa. ¨D?R¨¢pido, El¨ªas! ¨Dgrit¨® una voz conocida¨D. ?Hazle el RCP! Casi solt¨¦ a la muchacha del sobresalto, pero la carcajada que sucedi¨® a la broma me dej¨® m¨¢s que claro que Norma volv¨ªa a hacer de las suyas. No parec¨ªa excesivamente preocupada por la situaci¨®n. Ni por mi mirada asesina. ¨DNo es mi culpa que chill¨¦is tanto en un bosque tan silencioso. ¨D?Cu¨¢nto has o¨ªdo? Bueno, qu¨¦ m¨¢s da. Ay¨²dame con ella. Seguro que sabes lo que hacer. Mi mentora se puso a la chica de mochila sin que pareciera esfuerzo alguno y ech¨® a andar hacia delante a un ritmo que yo no pod¨ªa seguir ni en mis plenas facultades. ¨DParece un buen momento para probar tu nueva t¨¦cnica. ¨DApunt¨® a su espalda¨D. Si lo haces m¨¢s o menos bien, estar¨¢ como nueva antes de llegar a su casa. ¨DVale ¨DFui seco y cortante, pero no estaba para chanzas. ¨DSiento lo de H¨¦roe. ¨DDio un salto por encima de unas piedras que parec¨ªan molestarle¨D. Siempre tan inoportuno, ?eh? Y tan revelador. Me va a tocar pasarme la noche en vela investigando. Cap铆tulo 22, por Verè´¸nica Garza (parte 1) Hab¨ªa vuelto a pasar. Y, por primera vez en mucho tiempo, hab¨ªa sido ¨ªntegramente culpa m¨ªa. Se suele decir que dejar salir todos los sentimientos de una vez es terap¨¦utico, pero seguro que quien lo afirma no tiene un demonio conviviendo en su cuerpo preparado para tomar el control en un momento de debilidad. Menos mal que H¨¦roe hac¨ªa honor a su nombre. Fuera como fuere, la fatiga de la experiencia hac¨ªa que mis p¨¢rpados me pesaran demasiado y la verg¨¹enza que sent¨ªa por la conversaci¨®n que me llev¨® al descontrol no ayudaba a darme fuerzas para alzarlos de nuevo. Al fin y al cabo, abrir los ojos supondr¨ªa volver a una inc¨®moda realidad en la que seguramente se me exigieran m¨¢s explicaciones de las que estaba dispuesta a dar. Y, por primera vez en mucho tiempo, me sent¨ªa demasiado c¨®moda en mi vac¨ªo mental como para eso. Cuando empec¨¦ a ser consciente de m¨ª misma, sent¨ª dos cosas. Primero, c¨®mo me mec¨ªa en el aire. Por la vivacidad con la que me mov¨ªa, casi dando saltos, di por hecho que la espalda sobre la que estaba apoyada no era la de El¨ªas. No, ¨¦l estar¨ªa echando los pulmones por la boca si me tuviese que llevar tanto tiempo por un bosque tan desigual, no dando botes con energ¨ªa. Sin embargo, lo percib¨ªa. Sent¨ªa su energ¨ªa, reconfortante, fluir a trav¨¦s de m¨ª. Desde la punta de mis dedos hasta mi cabeza, hasta mi coraz¨®n, disipando las ¨²ltimas sombras de la ansiedad que a¨²n hac¨ªa mi respiraci¨®n entrecortada. Dici¨¦ndome sin palabras que todo lo que hab¨ªamos hablado ser¨ªa problema de otro d¨ªa. Que ahora solo necesit¨¢bamos cuidarnos el uno al otro. De alguna forma, supe que hab¨ªa estado sosteniendo mi mano durante todo el camino, esforz¨¢ndose al m¨¢ximo por hacer que sus nuevos poderes me revigorizaran. No pude evitar encender una sonrisa de bobalicona que ocult¨¦ con lo que deb¨ªa ser el hombro de mi mentora. ¨DVaya, ya est¨¢s despierta ¨Dsin saber c¨®mo se hab¨ªa dado cuenta de que ya hab¨ªa vuelto en m¨ª, me acus¨® con un tono afilado¨D. Ea, hermanita, ya puedes andar por tu cuenta. Y no, no me vengas con milongas, ya s¨¦ c¨®mo funciona. ¨DCinco minutos m¨¢s, mam¨¢ ¨Dbalbuce¨¦. Por alg¨²n motivo, me apetec¨ªa decir tonter¨ªas¨D. Venga, cinco minutos m¨¢s. El¨ªas solt¨® levemente mi mano, pero yo me aferr¨¦ a ella con fuerza. No quer¨ªa dejarlo ir. No en ese momento. ¨¦l se dio cuenta y me ayud¨® a bajar de mi hermana de transporte con mucho (pero insuficiente, visto lo visto) cuidado. ¨D?Necesitas que... te siga curando? ¨DMir¨® con algo de verg¨¹enza a su mano, que a¨²n intentaba sostener la m¨ªa¨D. No s¨¦ c¨®mo va esto, es mi primerito d¨ªa. ¨DNo lo necesito ¨Dle mir¨¦ directamente a los ojos, que parecieron perdonarme todas las palabras que ten¨ªamos pendientes por un rato m¨¢s¨D, pero me encantar¨ªa. Caminamos un par de minutos en silencio. A pesar de que mi cabeza a¨²n le daba vueltas a todo lo que hab¨ªa sido capaz de decir en voz alta (y a las cosas que a¨²n me callaba), disfrut¨¦ hasta el ¨²ltimo segundo del paseo a la luz de la luna. De c¨®mo nuestras auras se comunicaban en secreto a un nivel que no pod¨ªamos entender de una forma racional, disfrutando la una de la otra en silencio. Sin embargo, Norma no parec¨ªa demasiado entretenida con la situaci¨®n, as¨ª que recorri¨® todos sus estadios del aburrimiento. Tras pasar por el pateo de todas las piedras que nos cruz¨¢bamos por el camino, toc¨® el ponerse a cantar introducciones de anime. Primero la de Hunter x Hunter, luego la de Great Teacher Onizuka y... Bueno, con la de Digimon Adventure no pudimos evitar unirnos al karaoke. Maldita canci¨®n pegadiza. ¨DHe tenido que sacar la artiller¨ªa pesada para haceros reaccionar. ¨DMe dio un codazo, burlona¨D. ?Qu¨¦? ?Hay noticia? ?En qu¨¦ ha quedado la cosa, tortolitos? ?Venga, un adelanto a tu hermanita! Tard¨¦ aproximadamente siete femtoseguntos en fulminarla con la mirada. A¨²n ten¨ªa demasiadas cosas en la cabeza como para siquiera plantearme que esa pregunta tuviera alg¨²n tipo de respuesta. ¨DVale, vale, ya me callo. ¨DVolvi¨® a la fase de dar patadas a los cantos que se encontraba por el camino, esta vez con coros en vivo tras cada golpe¨D. Al menos, supongo que querr¨¢s saber lo que nos cont¨® H¨¦roe mientras no estabas. Bueno, ser¨¢ mejor que nos lo cuente El¨ªas, que fue quien se enfrent¨® a ¨¦l. As¨ª, yo te ahorro los detalles m¨¢s vergonzosos y ¨¦l puede engalanarlo todo lo que quiera mientras le juzgo silenciosamente. Aunque le cost¨® arrancar, no escatim¨® en detalles sobre el encuentro. Incluso hizo su mejor esfuerzo por intentar replicar el tono reverberado de la voz del glitch y unos ademanes teatreros que rec¨¦ porque fueran poco m¨¢s que una licencia po¨¦tica y no algo que mi cuerpo hab¨ªa hecho sin mi consentimiento. ¨DY despu¨¦s, esta sali¨® de detr¨¢s de los arbustos. Me prometi¨® de verdad de la buena que solo nos encontr¨® porque el H¨¦roe y yo est¨¢bamos desgarr¨¢ndonos los pulmones en nuestra acalorada discusi¨®n. ¨DAunque su forma de decirlo me dio a entender que sospechaba que hab¨ªa escuchado tambi¨¦n parte de nuestra conversaci¨®n m¨¢s personal¨D. Eso es todo. Aqu¨ª estamos. ?Queda mucho para llegar a casa? ¨DPor la densidad de gatos por metro cuadrado, yo dir¨ªa que no. ¨DNorma sise¨® a un par de mininos, pero la ignoraron vilmente¨D. Ya deber¨ªamos estar a la entrada de la ciudad. Ensure your favorite authors get the support they deserve. Read this novel on the original website. ¨DNo deber¨ªan quedar m¨¢s de diez minutos ¨Dasegur¨¦. *** Hogar, dulce hogar. No hab¨ªa estado mucho m¨¢s de un mes fuera, pero eso me hab¨ªa bastado para echar de menos la casa donde hab¨ªa pasado mi adolescencia. A pesar de mi deseo de volver a Gailadr¨ªa lo antes posible, me hab¨ªa terminado encari?ando con esa finca. Pens¨¦ en correr directamente a aporrear el timbre, pero hab¨ªa cosas que ten¨ªa que hacer antes. Primero, me asegur¨¦ de que mi padre segu¨ªa cuidando bien las plantas del jard¨ªn. No es que desconfiara de ¨¦l (al fin y al cabo, casi toda la decoraci¨®n era cosa suya), pero los geranios hiedra que hab¨ªa plantado estaban a punto de florecer antes de irme y quer¨ªa que Eli los viera. Despu¨¦s, me acerqu¨¦ al comedero que dej¨¢bamos para el orondo gato pelirrojo que sol¨ªa venir a cenar a nuestra casa (y a la de medio vecindario, no estaba tan regordete en vano), pero el que estuviera vac¨ªo era muestra m¨¢s que de sobra de que hab¨ªamos llegado tarde. Al fin y al cabo, ya eran m¨¢s de las diez y media de la noche. ¨DTe veo sorprendentemente relajada ¨Dapreci¨® mi amigo, con una de esas miradas suyas que te hacen derretirte por dentro¨D. ?Es lo que tiene estar en casa sin las presiones de ser Dark Vero? ¨DSolo un poquito. ¨DLe propin¨¦ un codazo cari?oso¨D. No s¨¦, por mucho que tenga ahora en la cabeza... Por mucho que tengamos que decidir qu¨¦ significa todo esto... Me siento mejor contigo. Por poco Dark Vero que suene esto, me tranquiliza saber que puedo tenerte a mi lado cuando te necesito. Voy a engancharme a esos poderes tuyos, que lo sepas. Llam¨¦ al timbre con mi patr¨®n habitual, por si hubiera duda alguna de que fuera yo. Al otro lado de la puerta se escuch¨® con claridad un cuchicheo, pero me vi obligada a ignorarlo y a fingir sorpresa cuando un par de ca?ones de confeti nos explotaron en la cara y el cl¨¢sico Cumplea?os Feliz de Parch¨ªs empez¨® a sonar a todo trapo. S¨ª, ese disfrute ir¨®nico por ese tipo de temas musicales lo saqu¨¦ de mi madre. Lo de buscar excusas para festejar despu¨¦s de tiempo, en cambio, era cien por cien de mi padre, pero no iba a negar que, en el fondo, agradec¨ªa la segunda oportunidad ante las velas. ¨D?Ay, mi ni?a! ¨DMi padre fue el primero en darme un abrazo¨D. ?Qu¨¦ tal est¨¢s? ?Te est¨¢n cuidando bien? ¨DEch¨® una mirada justo detr¨¢s de m¨ª¨D. Bueno, para qu¨¦ pregunto. No espero otra cosa de nuestro Eli. Ni del bueno de Ramonazo. Anda, ven aqu¨ª, que ahora al abrazarte me va a tocar mirar para arriba. No parec¨ªa que hubieran pasado cinco a?os. Aunque no los hubiera visto desde que despidi¨® al cami¨®n de la mudanza, El¨ªas segu¨ªa siendo como de la familia. Pero sin el como. No pude evitar tomarme ese momento para disfrutar de la entra?able estampa. Tanto, que mi madre pudo apreciar un momento de distracci¨®n en mi generalmente alta guardia y aprovech¨® para coordinarse casi sin palabras con mi mentora para llevar a cabo la centenaria t¨¦cnica del abrazo en pinza. ¨DPor cierto, Maite ¨Dla periodista interrumpi¨® el efusivo encuentro¨D. ?Os importa si uso vuestro tel¨¦fono? Tengo un par de asuntos que tratar con tu hermano. Y la cobertura en el monte es... Bueno, no estoy para pensar muchos eufemismos. ¨D?Claro! Cuando termines, d¨¦jame calentarle la oreja un poco, que hace demasiado que no se pasa por aqu¨ª. ¨DFlexion¨® el brazo¨D. Este Ram¨®n... ¨DPor cierto, mira mi truco nuevo ¨Dpresumi¨® mi padre haciendo levitar el gorro de cumplea?os que se hab¨ªa puesto en la cabeza¨D. A¨²n no me da para hacer malabares, pero oye, puede volar. Le mir¨¦ con orgullo y le di un segundo abrazo, esta vez todav¨ªa m¨¢s fuerte. Tanto ¨¦l como mi madre se vieron arrastrados al mundo espiritual despu¨¦s de que nos mud¨¢ramos a Atecina del Bosque. Ten¨ªan miedo de que uno de esos momentos en los que mi cuerpo era incapaz de hacer las paces con el glitch que llevaba dentro no les diese tiempo a pedir ayuda, as¨ª que rogaron a la sacerdotisa una instrucci¨®n b¨¢sica. Mi madre tuvo suerte. Despertar sus capacidades latentes solo le cost¨® a la guardiana del templo una descarga tan nimia como certera en el centro de su pecho. Incluso podr¨ªa haberlo hecho yo misma, si me lo hubiera propuesto. En menos de una semana ya hab¨ªa aprendido todo lo b¨¢sico y pod¨ªa manejar las t¨¦cnicas elementales con cierta soltura, aunque no tuviese las capacidades sanadoras de Jaime o la sabidur¨ªa de la maestra. En cambio, Juli¨¢n Garza era una de esas personas nacidas sin potencial alguno. La sacerdotisa le envi¨® de vuelta a casa, alegando que con una artista espiritual vigil¨¢ndome y las espor¨¢dicas visitas de Norma y mis t¨ªos tendr¨ªa suficientes cuidados como para que mereciera la pena educar a un cuerpo desde cero. Pero si mi padre era algo, era obstinado. No acept¨® un no por respuesta y, aunque le tom¨® meses de un entrenamiento que posteriormente no definir¨ªa con una palabra m¨¢s bonita que ?infierno?, logr¨® ponerse a la altura de las circunstancias. Incluso tuve el honor de preparar su ritual personalmente. ¨DEspera, eso no es de tu esp¨ªritu af¨ªn ¨Drepar¨¦ tras m¨¢s tiempo que el que me gustar¨ªa admitir¨D. Y la telequinesis es una de las formas m¨¢s complicadas de usar tu propia energ¨ªa. ?Yo nunca lo he logrado! ¨D?Hostias, Juli! ?Qu¨¦ crack! ¨DA El¨ªas le cost¨® unir todos los puntos, especialmente porque le faltaba informaci¨®n, pero le aplaudi¨® igual¨D. ?Vas a tener que ense?arme! ¨DNo ser¨¦ un luchador nato, pero este perro viejo es capaz de aprender trucos nuevos cuando se lo propone. ¨DSe llev¨® las manos al pecho con orgullo¨D. Y, bueno, no es precisamente un truco nuevo, pero seguro que est¨¢is deseando hincarle el diente a lo que os he preparado de cena. As¨ª que ese era el aroma familiar que invad¨ªa la casa. ¨D?Estoy oliendo tu famosa tortilla de patatas? ¨DUn puntito por debajo del cuajado, como a ti te gusta. ¨DMe revolvi¨® el pelo con ¨ªmpetu¨D. Solo me falta meter el pan en el horno y... El¨ªas olfate¨® varias veces el aire, intentando buscar los matices. O quiz¨¢, solo siendo un payaso como de costumbre. Solo le faltaba erizar las orejas como a un perro para terminar de dibujar la caricatura completa. C¨®mo quer¨ªa a ese idiota. ¨DVale, ya pensaba que me iba a ir sin probar tus berenjenas rellenas. ¨DSe frot¨® las manos¨D. Hace a?os que no las cato y te prometo que no quieres saber c¨®mo acabaron mis intentos de prepararlas por mi cuenta. ¨DAlg¨²n d¨ªa heredar¨¢s la receta, joven. ¨DAunque eso implicara tener que ponerse de puntillas, me dio una palmada en la cabeza¨D. Pero a¨²n te falta entrenamiento. Cap铆tulo 22, por Verè´¸nica Garza (parte 2) Las apariciones del H¨¦roe me daban un hambre atroz, pero me contuve por devorar lo que hab¨ªa en la mesa. Mis padres me conoc¨ªan tanto como para intuir que hab¨ªa ocurrido algo y no ten¨ªa ganas de dar m¨¢s explicaciones de la cuenta y no quer¨ªa darles alguna pista que pudiera preocuparles. En su lugar, recurr¨ª a los cl¨¢sicos t¨®picos de la conversaci¨®n de mesa. ¨DEl mes que viene estrenamos la nueva web de la revista ¨Dsolt¨¦ casualmente¨D. Al final lo que me han pedido es bastante simple, pero servir¨¢ para justificar mi sueldo, supongo. Al menos he podido meter un par de huevos de pascua bien chulos. ¨DD¨¦jame adivinar: ?el c¨®digo Konami? ¨DEl¨ªas me lanz¨® una mirada c¨®mplice¨D. Escuch¨¦ hablar del tema a Kat. ¨DUno de ellos. ¨DPar¨¦ un instante. Qu¨¦ bien sentaba la comida casera¨D. He de admitir que no ha sido completamente mi idea... Uno de ellos es especialmente rebuscado. Igual hacemos un concurso con premio para el primero que lo encuentre. ¨D?Suena genial! ¨DMi madre sirvi¨® m¨¢s comida al ya sobrecargado plato. Se ol¨ªa algo¨D. ?Y t¨², Eli? ?Qu¨¦ tal la experiencia en la revista? Imagino que toda una sorpresa. ¨DEh... esto... ¨DMe busc¨® con la mirada para ver qu¨¦ clase de respuesta pod¨ªa dar. Yo simplemente le asent¨ª suavemente con la cabeza¨D. Estoy aprendiendo un mont¨®n con Norma y los dem¨¢s. En el pr¨®ximo n¨²mero saldr¨¢ el primer art¨ªculo firmado con mi nombre. Hablar¨¦ sobre los bootlegs y un juego poco conocido que se llama Keitai Denj¨± Telefang. ¨D?Ah, s¨ª! ¨Dratific¨® Norma tras bajar media berenjena con un vaso de refresco¨D. Muy buena caza la de vuestra ni?a. Una buena prueba de que est¨¢ lista para la gran ciudad. As¨ª era mi hermana. Pod¨ªa haberme echado una bronca de tres pares al enterarse de lo que hab¨ªa hecho, pero nunca iba a perder la oportunidad de dejarme bien delante de mis padres, especialmente cuando a lo espiritual se refer¨ªa. Aunque a estas alturas, ese incidente me result¨® incluso lejano. ¨DAunque un pajarito me dice que ahora ten¨¦is objetivos m¨¢s grandes en mente. ¨DMi madre a?adi¨® otro trozo de tortilla m¨¢s a mi plato¨D. Anda, Vero, come. S¨¦ que tienes hambre, s¨¦ por qu¨¦ y t¨² deber¨ªas tener claro a estas alturas que ocultarlo es una soberana tonter¨ªa. No vamos a retenerte en casa solo porque haya pasado otra vez. No tendr¨ªa sentido. Solo... Ten cuidado. Y cuenta con nosotros para lo que necesites. ¨DEh, lo sabes mejor que yo. Es imposible ocultarles algo. ¨DMi mentora se llen¨® el vaso, despreocupada del peque?o tir¨®n de orejas¨D. Qu¨¦ quieres que te diga, casi que lo prefiero as¨ª. As¨ª, si desaparecemos de un d¨ªa para otro, sabr¨¢n perfectamente de qui¨¦n se tienen que vengar. Escuch¨¦ la patada por debajo de la mesa con claridad, pero la pelirroja la aguant¨® con entereza. O, conoci¨¦ndola, la par¨® silenciosamente con sus poderes. El caso fue que todos nos dimos por avisados de que esa idea no hac¨ªa ning¨²n tipo de gracia a los comensales. ¨DPor cierto, Norma. ¨DMi padre termin¨® con su plato y alz¨® las manos en direcci¨®n a la estanter¨ªa¨D. Creo que ya s¨¦ lo que me resultaba familiar en nuestra conversaci¨®n de antes. Intent¨® hacer volar uno de los libros, pero su control sobre la materia f¨ªsica no fue tan bueno como para que llegara hasta la mesa. En su lugar, se desplom¨® sobre el suelo levantando con violencia una nube de polvo. Al recogerlo, me percat¨¦ de que en realidad era un ¨®mnibus de un manga. De un vistazo, y a pesar de que el t¨ªtulo estaba en ingl¨¦s, supe que la edici¨®n no hab¨ªa sido traducida. Aunque los materiales parec¨ªan nuevos, el estilo de dibujo lo databa, a ojo, de antes de que yo naciera. En la portada aparec¨ªa un robot gigante de color negro que bland¨ªa una espada llameante en mitad del espacio. ¨DExponential Entropy: AREX ¨Dle¨ª en voz alta¨D. ?De qu¨¦ deber¨ªa sonarme esto? ¨DMe lo trajo tu t¨ªo de uno de sus viajes ¨Dme explic¨®¨D. Sab¨ªa que de cr¨ªo era bastante fan de estos c¨®mics, pero nunca nos lleg¨® el final, as¨ª que me regal¨® la edici¨®n integral hace unos a?os. Y... bueno, aunque no entiendo ni papa de japon¨¦s, al menos pude cerrar un episodio de la adolescencia. ¨DPodr¨ªas haberme pedido que te lo tradujera, Juli. ¨DNorma le ech¨® un vistazo r¨¢pido al tomo¨D. O al menos que te explicara el final, o algo. No me vengas con eso de no querer molestar, t¨ªo. Todo pago es poco por lo bien que me cocinas. ¨DTe tomo la palabra, joven. ¨DInclin¨® la cabeza hacia delante¨D. De hecho, te voy a pedir que nos interpretes algo que puede ser de vuestro inter¨¦s. ?Podr¨ªas revisar la secci¨®n de personajes e indicar si hay algo que te sorprenda? Recorri¨® las hojas finales con la mirada a toda velocidad. Yo me hubiera quedado embobada con todas las ilustraciones detalladas de los robots, pero ella se limit¨® a recorrer el texto en busca de la nueva que promet¨ªa mi padre. De vez en cuando, incluso recordaba lo profesional que era cuando dejaba de intentar maximizar el caos que la rodeaba. ¨DSuisei no Y¨sei: Gazeresu. ¨DPar¨® sobre una armadura de combate plateada pilotada por una chica con gafas redondas¨D. O, en nuestro idioma... El Hada de Mercurio, Gazereth. ¨DAs¨ª que lo recordaba bien. ¨DSe alz¨® las gafas con una chuler¨ªa que no le pegaba¨D. Hac¨ªa siglos que no le¨ªa este c¨®mic en espa?ol, as¨ª que no estaba muy seguro de si me estaba inventando o no ese nombre. Por otro lado... pocas hadas de mercurio he visto en mi vida como para olvidarme de una. The author''s tale has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. No cab¨ªa duda. Que coincidiera su nombre pod¨ªa ser una casualidad, pero que tambi¨¦n compartiera ep¨ªteto con el demonio del que H¨¦roe nos hab¨ªa hablado no era algo que pudi¨¦ramos pasar por alto. Sin embargo, hab¨ªa algo inquietante en el descubrimiento que hab¨ªa hecho mi padre. Una de estas cosas que tienes en la punta de la lengua y no eres capaz de verbalizar. Por suerte, El¨ªas era bastante avispado con esos detalles. ¨D?Existe alg¨²n juego de Exponential Entropy: AREX? Soy bastante aficionado a los videojuegos de mechas y es la primera vez que oigo hablar de la franquicia. Si no hay juego, no hay error. Y sin error, no deber¨ªa haber glitch. ¨DNo que yo sepa ¨Ddijo la periodista, ahora s¨ª, hojeando el tomo¨D. Pero parece un buen hilo del que empezar a tirar. ?Gracias, Juli! ?Te debo otra m¨¢s! ¨DBueno, y ahora la pregunta importante. ¨DDio una palmada al aire con energ¨ªa¨D. ?Qui¨¦n quiere tarta? ?Hay unas velas que soplar, aunque sea con retraso! *** ¨DBueno, yo estoy molida. ¨DNorma estir¨® la espalda¨D. Me voy al sobre. ?Est¨¢ lista la cama de la habitaci¨®n de invitados? ?Por qu¨¦ sent¨ªa que esas palabras estaban cargadas de malicia sin que su inflexi¨®n indicara nada raro? Conoc¨ªa a Norma Guarnido lo suficientemente bien como para preocuparme. ¨D?Ah! ?Claro! ¨DMi madre parec¨ªa contenta de tener la casa llena¨D. Y las dos camas de tu cuarto tambi¨¦n est¨¢n reci¨¦n hechas y limpitas, Vero. Ah¨ª estaba. El brillo mal¨¦volo en los ojos de mi mentora. Le le¨ª las intenciones como si fuera un libro abierto. Pero, por si no me hubiera quedado claro, me susurr¨® al o¨ªdo. ¨DZack duerme en el santuario y t¨² compartes cuarto con El¨ªas ¨Ddefinitivamente, se estaba divirtiendo mucho con la situaci¨®n¨D. Si no lo logras con esto, chica, no s¨¦ c¨®mo m¨¢s ayudarte. ¨DIdiota ¨DChasque¨¦ la lengua, pero mis mejillas se encendieron con una clara se?al de mi derrota¨D. Que sepas que te la voy a devolver. No s¨¦ c¨®mo, no s¨¦ cu¨¢ndo, pero te la voy a devolver. ¨D?Todo bien, hija m¨ªa? ¨DNo te preocupes, Maite. ¨DLa editora le pas¨® el brazo por encima¨D. Solo est¨¢ con sus cosas de adolescente en la cabeza. Ser¨¢ mejor que no nos metamos y dejemos a los chicos dormir, que han tenido un d¨ªa demasiado largo. No me atrev¨ª a justificar por qu¨¦ no acababa de ser buena idea que precisamente ese d¨ªa comparti¨¦ramos cuarto si lo hab¨ªamos hecho cientos de veces antes. Cualquier explicaci¨®n me avergonzar¨ªa a m¨ª, a El¨ªas... o a todos los presentes. Mi hermana me ten¨ªa contra las cuerdas y parec¨ªa especialmente satisfecha de ello. El¨ªas se duch¨® primero, lo que me dio tiempo a reflexionar sobre el que hab¨ªa sido uno de los d¨ªas m¨¢s raros de mi vida. Yo fui despu¨¦s, nerviosa, repitiendo mil veces en mi cabeza un escenario en el que el muchacho ya habr¨ªa sucumbido al sue?o antes de que llegara con ¨¦l y me har¨ªa perder mi ¨²ltima oportunidad. Pero no fue as¨ª. En realidad, me lo encontr¨¦ echando un vistazo curioso a las estanter¨ªas. ¨DEh, nada de juzgar. ¨DLe advert¨ª en un tono jocoso¨D. Que he visto la tuya y las comparaciones son odiosas. ¨DAs¨ª que la Dark Vero se vuelve suave y la Cinnamoroll Vero viene combativa, ?eh? ¨DDecidi¨® provocarme¨D. Luego dices que soy yo el que te confunde. ¨DNo eres precisamente t¨² quien me confunde. ¨DBaj¨¦ la guardia por unos instantes, acusada por unos ojos irisados que me miraban cuando cerraba los m¨ªos¨D. ?Qu¨¦? ?Ves algo que te guste? ¨DHab¨ªa olvidado estas fotos. C¨®mo ha pasado el tiempo, ?eh? Se?al¨® una polaroid del d¨ªa en el que cumpl¨ª siete a?os. Con una boca mellada, un flequillo mal cortado tras un incidente con las tijeras y un pijama que probablemente ya fuera hortera hasta en la ¨¦poca. Menudo cuadro de ni?a. Pero a mi lado estaba Eli, arranc¨¢ndome una sonrisa como siempre, con sus pecas inocentes y sus tontorrones ojos de color caramelo. Ahora estaba m¨¢s crecido, m¨¢s guapo y, si cab¨ªa, a¨²n m¨¢s payaso. Pero segu¨ªa siendo ¨¦l. En cambio, a m¨ª me costaba reconocerme en ella. En el fondo, quer¨ªa volver a ser as¨ª. Ese terremoto alegre y despreocupado que no ten¨ªa que ocultarse detr¨¢s de una capa de sombras por miedo a perder el control de sus demonios. La chica relajada y en¨¦rgica que no necesitaba fingir frialdad para construir su fachada. Zack ten¨ªa raz¨®n: quer¨ªa volver a vestir esa sonrisa, a pesar de todo. Me lo merec¨ªa. Solo ten¨ªa que alcanzarlo. ¨D?Sabes? ¨DDi un par de saltos hacia ¨¦l¨D. Al final se ha cumplido mi deseo. Vuelve a ser mi cumplea?os. ¨DEso es... t¨¦cnicamente cierto. ¨DRecorri¨® mi mejilla con cari?o. Solo esper¨¦ que no se notara ese estremecimiento tan tonto que me hab¨ªa dado de repente¨D. Supongo que eso significa que nos han dado una segunda oportunidad. Esta vez, he silenciado el m¨®vil y todo. Aunque nuestras palabras fueran distintas, nuestros cuerpos empezaron a imitar ese momento que desperdiciamos. ¨¦l se inclin¨®, yo me puse de puntillas... Volv¨ªamos estar a escasos cent¨ªmetros, sintiendo la respiraci¨®n del otro. ¨D?Y qu¨¦ hacemos con...? No termin¨® la frase, pero ambos sab¨ªamos cu¨¢l era la palabra que faltaba en ella. Ninguno se atrev¨ªa a decir ese nombre en voz alta, pero quiz¨¢ fuera la mejor idea. ¨D?Sabes qu¨¦? Dejemos ese problema para ma?ana. ¨DPas¨¦ la mano por detr¨¢s de su pelo y tir¨¦ ligeramente de su cabeza hacia m¨ª¨D. Ahora lo ¨²nico que quiero es besarte de una maldita vez y acabar con esta tortura. ¨DGuau. Qu¨¦ atrevida. ¨DQueremos algo, ?no? ¨D?C¨®mo estaba logrando ser tan confiada mientras sent¨ªa hasta mi ¨²ltima fibra arder?¨D. Pues a por ello. Eso fue lo que hice. Recortar lo poco que nos separaba y dejar que nuestros labios se juntaran. Quiz¨¢ de una forma mucho m¨¢s torpe que la que hab¨ªa idealizado en mi cabeza, s¨ª, pero no pod¨ªa siquiera fingir que eso me importara un ¨¢pice. En mi defensa, la primera vez solo hab¨ªa tenido que dejarme llevar y ahora la iniciativa era m¨ªa. No ten¨ªa claro del todo qu¨¦ era lo que se esperaba de m¨ª, si la diferencia de nuestras alturas me estaba jugando una mala pasada o era cosa m¨ªa o si estaba haciendo las cosas estrepitosamente mal. Por suerte, El¨ªas solo necesit¨® de dos palabras para quitarme cualquier preocupaci¨®n que pudiera tener encima en ese momento. ¨DTe quiero ¨Dsusurr¨® sobre mis labios antes de lanzarse a por m¨¢s, casi con ansias¨D. Ya lo sabes, pero ten¨ªa que dec¨ªrtelo. Entre besos, caricias y risas, perd¨ª la noci¨®n del tiempo. Pero no me culp¨¦. Llevaba tanto esperando este momento que todo lo que invirtiera en ¨¦l iba a parecer poco. Sent¨ªa que el ma?ana amenazaba con llamar a mi cabeza con sus pensamientos intrusivos, as¨ª que solo buscaba la forma de alargar este momento hasta el infinito. Aun as¨ª, mi cuerpo ten¨ªa demasiado claro que ese d¨ªa hab¨ªa sido largo y empezaba a apagarse contra mi voluntad. La cama empezaba a parecer cada vez m¨¢s mullida y yo solo me resbalaba hacia ella sin darme cuenta. ¨DEli ¨Dpregunt¨¦ en uno de estos tontos suspiros, insegura de si segu¨ªa o no en vigilia¨D, ?puedes abrazarme esta noche? Necesito... descansar. Que esta vez seas t¨² quien me proteja. ¨DY todas las que quieras ¨Dme rode¨® con sus brazos y dej¨® sus labios sobre mi frente. ¨D?Qu¨¦ pasar¨¢ ma?ana? ¨Dbalbuce¨¦. Ya me costaba incluso juntar las s¨ªlabas. ¨DQue te seguir¨¦ queriendo ¨Dasegur¨® con un gesto tierno¨D. Ya tendremos tiempo para resolver lo que se nos venga encima. Cap铆tulo 23, por El铆as Delf铆n (parte 1) El ma?ana temido se tom¨® una pr¨®rroga hasta la vuelta a casa. En parte, porque nos hab¨ªamos ganado el derecho a disfrutar de la compa?¨ªa del otro (si bien el que Norma tuviera los sentidos tan aguzados hizo pr¨¢cticamente imposible guardar el secreto m¨¢s all¨¢ de la hora del desayuno), en parte porque tambi¨¦n nos merec¨ªamos unas vacaciones con la familia. El cl¨¢sico peregrinaje a la churrer¨ªa de los domingos en casa de los Garza, un par de partidas de Scrabble con victoria arrolladora y una tarde de sof¨¢, manta, y una pel¨ªcula que pretend¨ªa ser poco m¨¢s que una excusa para comer esas palomitas picantes que tanto gustaban a Maite. ?C¨®mo iba a atreverme a arruinar ese d¨ªa intentando resolver lo de ese v¨¦rtice albino que estaba entrenando a no muchos kil¨®metros de nosotros? ¨DEh, parejita ¨Dnos fren¨® nuestra mentora antes de dejarnos en la estaci¨®n de autobuses. Pareci¨® enfatizar much¨ªsimo esa ¨²ltima palabra¨D. Llevad esto a Ram¨®n de mi parte. Nos entreg¨® un pen-drive de color rojo. La etiqueta estaba parcialmente borrada, pero aseguraba almacenar la friolera de treinta y dos megabytes en su interior. Tecnolog¨ªa punta del a?o 2000, amigos. ¨DTambi¨¦n podr¨ªas enviarle un correo electr¨®nico ¨Dbrome¨¦ antes de guardar la memoria en mi mochila¨D. La tecnolog¨ªa ya existe. La mujer me revolvi¨® el pelo con una sonrisa en los labios y bastante m¨¢s fuerza de la que cabr¨ªa esperar de un gesto meramente cari?oso. ¨DMe decepcionas. Eres m¨¢s avispado que eso, Delf¨ªn. ¨DDespu¨¦s, me dio un golpecito en el hombro. Por fortuna, ese s¨ª que lo midi¨® correctamente¨D. Si os doy algo as¨ª, es porque no me molestar¨ªa que casualmente decidierais echarle un vistazo no autorizado por el camino. Alc¨¦ el pulgar, algo avergonzado. Busqu¨¦ el apoyo de Vero, pero ella solo se limit¨® a taparse la boca para soltar una risilla demasiado tontorrona. ¨D?Cu¨¢ndo vuelves a Gailadr¨ªa? ¨Dpregunt¨® por fin¨D. Necesitamos a nuestra mentora del caos. ¨DYo tambi¨¦n necesito algo de entrenamiento ¨Dbuf¨®, resignada¨D. Y tu t¨ªo ya me est¨¢ presionando para que vuelva a investigar. Muchos frentes abiertos, ya sabes. ¨DNo te pases, ?vale? ¨Dle ped¨ª¨D. Recuerda descansar un poco. ¨DSigo sin ser lo suficientemente fuerte. Necesito otro curso intensivo de la vieja si Algodaoth va a volver. ¨DIntent¨® restarle importancia boxeando con el aire¨D. Esa cosa me da verdadero pavor. Tengo que hacer todo lo que est¨¦ en mi mano para que no tenga que repetirse lo de Jaime. ¨DNorma... ¨Dsu hermana ahog¨® la voz¨D. Eres la persona m¨¢s fuerte que conozco. En lo f¨ªsico, no hay m¨¢s que mirarte; en lo espiritual tus actos hablan por s¨ª mismo: has devorado siete glitches y est¨¢s ah¨ª para contarlo. ¨DYo todav¨ªa tengo n¨¢useas del primero ¨DMe llev¨¦ la mano al est¨®mago, pero ninguna de las dos me hizo caso alguno. ¨DY en todo lo dem¨¢s. Eres voluntad pura y un modelo a seguir, pero... ¨DOtra Lourido ech¨¢ndome el serm¨®n, lo pillo ¨DLe tir¨® de uno de los mofletes¨D. He hecho pleno esta semana, parece. Tu t¨ªo, tu madre y ahora t¨². Y estoy segura de que Jaime tambi¨¦n me dar¨ªa una hostia con la mano abierta si me escuchara ahora mismo. Aun as¨ª, no puedo parar ahora. Lo entend¨¦is, ?verdad? ¨DVuelve pronto. ¨DExtend¨ª mi pu?o hacia la periodista¨D. Yo no me voy a quejar de tener unos cuantos d¨ªas de vacaciones de la mayor fuente de entrop¨ªa que haya conocido jam¨¢s. ¨DEs lo m¨¢s bonito que me han dicho nunca. ¨DFingi¨® un sollozo que se enjug¨® con la manga y se puso a canturrear¨D. Tranquilo, todav¨ªa me queda una tarde con cierto albino para jalear las olas. No os vais a salvar tan f¨¢cilmente de m¨ª. Vero y yo nos miramos fijamente, como intentando forzar esa telepat¨ªa de las parejas de televisi¨®n... aunque estaba claro que ese era un poder que a¨²n ten¨ªamos que dominar. Pens¨¢ndolo bien, ?no hab¨ªa una habilidad espiritual para que tus palabras llegaran en secreto a otra persona? Ten¨ªa que aprenderla, aunque algo me dec¨ªa que nuestra mentora ser¨ªa capaz de interceptarla sin mucho esfuerzo. S¨ª, quiz¨¢ la telepat¨ªa de sitcom fuera una forma de comunicaci¨®n m¨¢s segura. Por suerte, fuimos literalmente salvados por la campana y aprovechamos la ¨²ltima llamada al autocar para huir sin m¨¢s explicaciones. Y ah¨ª fue cuando me di cuenta de que aquella noche hab¨ªa sido incapaz de pegar ojo (?qui¨¦n podr¨ªa en una situaci¨®n y as¨ª!) y todo el cansancio cay¨® sobre mis hombros para dejarme KO en menos de lo que los cascos que compart¨ªamos acabasen la segunda estrofa de la canci¨®n Bring me to Life de Evanescence. *** ?Martes, 4 de noviembre. 17:30?, rezaba la convocatoria de Ram¨®n que nos lleg¨® el d¨ªa anterior. Menos mal que tuvo a bien enviarla con tanta antelaci¨®n, porque la vuelta a la realidad y la universidad hab¨ªan vuelto de mi lunes un agujero negro. Unauthorized duplication: this narrative has been taken without consent. Report sightings. Bueno, no tanto. Por mucho que tuviera que hacer, el torneo de Magic: The Gathering de la cafeter¨ªa no se iba a jugar solo (?otra vez segundo! No hab¨ªa mucho que hacer contra el flipado de las gafas redondas) y los huecos entre clases y pr¨¢cticas parec¨ªan un campo de minas. En esos ratos, lo mejor que pod¨ªa hacer era acercarme al aula de ordenadores a investigar un poco por mi cuenta. As¨ª que, cuando llegu¨¦ a la redacci¨®n el martes despu¨¦s de comer lo que probablemente hab¨ªa sido la interpretaci¨®n m¨¢s libre de un arroz a la cubana que pod¨ªa haber hecho la cantina de la facultad, ten¨ªa monta?as de trabajo pendiente. Mucho correo del consultorio que organizar, alg¨²n que otro mail a mi atenci¨®n y una extensa lista de exigencias que Norma hab¨ªa dejado antes de irse de vacaciones al santuario. Suspir¨¦ y ech¨¦ un vistazo por encima de las paredes del cub¨ªculo, buscando a una Vero que a¨²n no hab¨ªa llegado. Al comprobar el reloj, me di cuenta de que a¨²n era demasiado pronto, as¨ª que me dediqu¨¦ a ir preparando la bandeja para la secci¨®n de mi jefe. Ya le iba pillando el truco a esa tarea, e incluso me tom¨¦ el lujo de dejar alguna que otra anotaci¨®n sobre las cosas que sab¨ªa de buena tinta. Por ejemplo, un tal Ashitai se quejaba de que, tras el final de Digimon World 2003 no pod¨ªa acceder a los retos de los gimnasios porque le faltaban unos objetos que no pod¨ªa encontrar, as¨ª que ahorr¨¦ trabajo de documentaci¨®n a Ram¨®n explic¨¢ndole que hab¨ªa un fallo de dise?o en el juego que te imped¨ªa acceder a los lugares donde se hallaban los ¨ªtem clave si guardabas la partida tras la secuencia de cr¨¦ditos. S¨ª, yo tambi¨¦n lo hab¨ªa descubierto a las malas. Otra de las misivas, firmada por alguien que se hac¨ªa llamar Nogal¨ªn, pon¨ªa en entredicho mi experiencia con el error que hizo que conociera a mi primer glitch, asegurando que lo hab¨ªa probado al menos cien veces y era incapaz de replicarlo, as¨ª que nos consideraba unos ?troleros amarillistas?. Aunque la columna la hubiera escrito Norma, me cre¨ª con capacidad suficiente como para rebatir su insulto f¨¢cil y redact¨¦ una sugerencia tan mordaz como hiriente para una potencial respuesta. Aunque estuviera seguro de que el rapapolvo que pudiera darle Ram¨®n con su prosa iba a ser mucho mejor que el m¨ªo, me sirvi¨® para comprender lo terap¨¦utico que pod¨ªa ser. Me dio tiempo a revisar un pu?ado m¨¢s de preguntas, pero casi todas eran de la anodina categor¨ªa ?pedir informaci¨®n sobre pr¨®ximos lanzamientos que ya aparece en la secci¨®n de noticias? o ?Kat, responde esta duda sobre c¨®mo pasarte el juego, que t¨² has hecho la gu¨ªa?, as¨ª que no les hice mucho caso. S¨ª que hab¨ªa una ¨²ltima persona, una firmada con nombre y apellido en lugar de un seud¨®nimo, Mario Segarra, que me llamaba la atenci¨®n: alguien que aseguraba haber localizado uno de esos ?errores fantasma? en Yaroze-Kai que hac¨ªa que la sala que preparaba la conexi¨®n entre la versi¨®n de sobremesa y la de port¨¢til se alargara hasta el infinito, lo que imped¨ªa que nunca pudieras entregar las criaturas al supuesto mostrador donde de ?codificaban? en sus versiones pixeladas. No sab¨ªa si extra?arme por el que tuviera una copia del juego antes de que saliera al mercado o por la descripci¨®n del error, pero mi intuici¨®n me indic¨® que ten¨ªa que ponerle el indicativo de urgencia antes de reenvi¨¢rselo a mi jefe. Estaba tan centrado en desbrozar la bandeja de entrada del consultorio y tan metido en la m¨²sica que sal¨ªa de los casos que no repar¨¦ en la alerta que me indicaba que era hora de reunirse hasta que un malhumorado correveidile tuvo que venir a avisarme personalmente, quit¨¢ndome todos los puntos con el editor que podr¨ªa haberme dado mi diligente trabajo. ¨DBuenas tardes, se?or Delf¨ªn. ¨DPor su tono no parec¨ªa muy enfadado, pero era dif¨ªcil saberlo a ciencia cierta¨D. Por favor, cierre la puerta. Hoy seremos solo nosotros tres. Obedec¨ª la orden sin rechistar. ¨DHe recibido un informe favorable de su entrenamiento tanto de manos de la se?orita Guarnido como de la guardiana del santuario. ¨DSe alz¨® las gafas con el dedo coraz¨®n. Si viniera de cualquier otra persona, pensar¨ªa que pretend¨ªa hacerme una peineta de forma disimulada, pero en ¨¦l parec¨ªa tan natural que era imposible protestarlo¨D. Mi m¨¢s sincera felicitaci¨®n. Mas no desatienda su formaci¨®n espiritista, a¨²n le resta trabajo por delante. ¨DLo s¨¦. ¨DMi respuesta fue un poco m¨¢s seca de lo que cabr¨ªa haber esperado, as¨ª que intent¨¦ compensarla¨D. Ha sido toda una experiencia, tambi¨¦n te digo. El tictac del reloj del jefe ahog¨® el poco barullo que proven¨ªa del exterior del despacho, incomod¨¢ndonos a ambos. Como de costumbre, tard¨® en retomar la conversaci¨®n. ¨DSuficiente ch¨¢chara de cortes¨ªa. ¨DNos recorri¨® con una mirada desganada¨D. Como rezaba la convocatoria que les envi¨¦, nos hemos reunido aqu¨ª para poner nuestras investigaciones en com¨²n, consolidar un punto de situaci¨®n sobre la amenaza que se nos cierne y compartir nuestras teor¨ªas sobre la profec¨ªa del demonio de Ver¨®nica. ¨DLa advertencia del H¨¦roe fue demasiado vaga ¨Dasegur¨® la programadora¨D. No hay nombre, no hay ep¨ªteto, no hay caracter¨ªstica alguna para identificar al tercer miembro de la guardia. No hay, siquiera, lugar por el que empezar a investigar. ¨DComprendo eso perfectamente, Ver¨®nica. Mis indagaciones a ese respecto no han cosechado mayores ¨¦xitos. No obstante, la sacerdotisa vuelve a insinuarnos que conoce m¨¢s de lo que est¨¢ dispuesta a admitir. Citando sus palabras textuales, ?el universo no quiere que revele sus secretos?. As¨ª que permanecemos, hasta nuevo aviso, en la casilla de salida. Saqu¨¦ la memoria flash del bolsillo de mi chaqueta y la arrastr¨¦ con un dedo a lo largo de la mesa. Siempre hab¨ªa querido hacer eso, me daba aires de interesante. Ram¨®n no pareci¨® apreciar el gesto, pero acept¨® el dispositivo con sus caracter¨ªsticos modales. ¨DYo he estado tirando del hilo de Gazereth. ¨DTras haber le¨ªdo las notas al respecto de mi mentora, decid¨ª que era el mejor lugar por el que empezar¨D. He a?adido mis apreciaciones junto a las de Norma en este pen. Pero, en resumen... Exponential Entropy: AREX. Lectura de culto en su Jap¨®n natal y, como toda obra de culto que se precie, se trataba de una con unos n¨²meros de ventas tan parcos como apasionados eran sus seguidores. Tanto, que a mediados de los noventa se lanz¨® una edici¨®n conmemorativa con la esperanza de que su ¨¦xito diera una segunda oportunidad a la historia. Huelga decir que no ocurri¨®. En Occidente, en cambio, fue cancelada unos cap¨ªtulos antes de entrar en su arco final, pero o bien el mundo preinternet no registr¨® el descontento de los seguidores, o directamente fue incapaz de suscitar el inter¨¦s de los espectadores: nadie se quej¨® de la desaparici¨®n silenciosa. Sin embargo, y como sospechaba, exist¨ªa una peque?a leyenda al respecto. Una que, de hecho, encontr¨¦ revisando en la hemeroteca de cuando la publicaci¨®n para la que trabajaba a¨²n vest¨ªa el nombre Revista Silicio. N¨²mero ochenta y siete, el de agosto del 91. Cap铆tulo 23, por El铆as Delf铆n (parte 2) Me dio por comprobar las publicaciones de ese a?o porque fue el del lanzamiento de los dos primeros Super Robot Wars, una franquicia obligada para cualquier fan¨¢tico de las gigantescas bestias mec¨¢nicas antropom¨®rficas que hab¨ªan logrado afianzar un g¨¦nero de animaci¨®n. En ellos, un mont¨®n de mechas ic¨®nicos como Mazinger Z, algunos Gundam, las armaduras a¨¦reas que m¨¢s adelante tendr¨ªan protagonismo en Seldoria Chronicles y otros de los que nunca hab¨ªa o¨ªdo hablar antes compart¨ªan escenario en un t¨ªtulo de rol t¨¢ctico. Por desgracia, el caos de licencias que conllevaba algo as¨ª hizo que fuera imposible localizarlos fuera del pa¨ªs del sol naciente (al menos, hasta que bastante despu¨¦s decidieron desarrollar Original Generation, un par de t¨ªtulos que solo contaban con personajes originales), as¨ª que la saga no trascendi¨® mucho m¨¢s all¨¢ de las barreras del lugar que la vio nacer... Salvo por un pu?ado de otakus que o bien sab¨ªan leer el idioma o estaban tan locos como para aprenderse de memoria cada uno de los men¨²s para disfrutar del espect¨¢culo. Yo era de los segundos, si bien no abandonaba la esperanza de pasar al primer grupo. Aun as¨ª, estaba m¨¢s familiarizado con entregas m¨¢s recientes (ya era un reto navegar por los men¨²s sin entenderlos siendo adolescente, no quer¨ªa imaginarme intent¨¢ndolo de ni?o), as¨ª que el primer paso de mi investigaci¨®n fue ver qu¨¦ pod¨ªa averiguar del ambiente que exist¨ªa en su concepci¨®n. Por desgracia, no pude encontrar mucha m¨¢s informaci¨®n m¨¢s all¨¢ del nombre, la premisa y un par de capturas del juego. No obstante, se presentaba como curiosidad a pie de p¨¢gina, asegurando, con mucho tino, que no iba a llegar a nuestras estanter¨ªas. Indagando, encontr¨¦ una pista. Una que ven¨ªa firmada por el mismo hombre que estaba escuchando mi historia. En el consultorio de la revista, la carta de un tal Moroboshi (un asiduo a escribir a la redacci¨®n, al parecer), adem¨¢s de hablar demasiado sobre lo convencido que estaba de algunos errores de la localizaci¨®n de sus mangas favoritos, anticipaba la salida de 2nd Super Robot Wars, la secuela del original. Parec¨ªa encantado por poder jugarlo en su nueva y flamante Famicom de importaci¨®n, ahora aseguraba haber aprendido algo del idioma. Solo leyendo el mensaje, plagado innecesariamente de frases transcritas al alfabeto latino, era bastante claro que esa afirmaci¨®n no se acercaba demasiado a la realidad como a ¨¦l le gustar¨ªa. Lo importante era que aseguraba haber le¨ªdo en alguna parte que varias de las unidades nuevas sal¨ªan de Exponential Entropy: AREX. Por supuesto, sin ofrecer fuente alguna y faltando a lo que m¨¢s adelante se confirm¨® con realidad, aunque con toda la ilusi¨®n del mundo porque una de sus historias favoritas fuera vindicada dos d¨¦cadas despu¨¦s. Al parecer, el estreno del juego coincid¨ªa con el lanzamiento de esa versi¨®n integral que hab¨ªamos podido ver en casa de Vero y eso era prueba suficiente de la realidad para el comentarista. ¨DMoroboshi afirmaba que en el juego aparecer¨ªan dos de las unidades m¨¢s populares: el titular AREX, y Gazereth, el Hada de Mercurio. ¨DSe?al¨¦ la pregunta en cuesti¨®n con el dedo ¨ªndice¨D. Seg¨²n t¨², no se trataba m¨¢s de habladur¨ªas de los tabloides nipones que la desarrolladora hab¨ªa negado por activa y por pasiva en entrevistas. ¨DRecuerdo vagamente esa carta. ¨DEl hombre se acarici¨® su incipiente barba y ech¨® un vistazo breve a la fotograf¨ªa de su escritorio¨D. Aunque, en realidad, fue Jaime quien la respondi¨®. Y solo los dioses saben d¨®nde dejar¨ªa un atolondrado como ¨¦l la documentaci¨®n. ¨DTanto mensaje en los foros japoneses suena al nacimiento de una leyenda urbana ¨Dobserv¨® Vero, que hab¨ªa estado callada todo este tiempo¨D. Creo que, aunque no llegara a materializarse, merece la pena echarle un vistazo. ¨DEso es. ¨DSu t¨ªo la premi¨® con una mirada de orgullo¨D. Ver¨¦ qu¨¦ puedo encontrar al respecto. Aunque debo decir, como periodista, que no extra?o el mundo antes de Internet. Tom¨® nota de todo lo que hab¨ªa dicho en su cuaderno y pas¨® al siguiente punto de la reuni¨®n. ¨DAsumo que Guarnido les ha hablado de mis hallazgos respecto a la Catedral. ¨DJuguete¨® con la pluma que a¨²n sujetaba¨D. As¨ª que me ahorrar¨¦ los detalles. ¨DCorrecto ¨Dasent¨ª con la cabeza¨D. Entiendo que tenemos luz verde para irnos de copas al Judgment 1999, ?no, Ram¨®n? Su respuesta fue una mirada a medio camino entre el desconcierto y la amonestaci¨®n, pero se mantuvo callado. Quise pensar que eso era un avance expl¨ªcito en nuestra relaci¨®n. ¨DEra broma, era broma. ¨DMe abaniqu¨¦ con la mano¨D. No bebo en el trabajo. Y menos cuando hay demonios de por medio. ¨DTodos los miembros de la redacci¨®n contamos con invitaci¨®n expresa de su l¨ªder ¨Dsigui¨® la conversaci¨®n como si nada¨D. No obstante, d¨¦jeme advertirle: mis impresiones sobre ese hombre no han sido muy positivas. Y no en mi sentido habitual del juicio: ese tal Seven es ciertamente peligroso. If you stumble upon this narrative on Amazon, be aware that it has been stolen from Royal Road. Please report it. ¨DIr¨¦ bien protegido. ¨DEch¨¦ un vistazo c¨®mplice a Vero, que despleg¨® su escudo orgullosa¨D. Tambi¨¦n conf¨ªo lo suficiente en nuestro ?agente infiltrado? como para saber que todo saldr¨¢ bien. ¨DDe acuerdo, Delf¨ªn ¨Dconcedi¨® con un lev¨ªsimo suspiro¨D. Ha demostrado buen hacer en sus investigaciones, as¨ª que confiar¨¦ en su instinto period¨ªstico por esta vez. Dicho esto, no les robar¨¦ m¨¢s tiempo. Pueden seguir con su trabajo. *** Bajamos a por un caf¨¦ al Thardisia. En parte, porque no ten¨ªa ni punto de comparaci¨®n con el de la m¨¢quina de la oficina. Por otro lado, sab¨ªa que el barista iba a ser mucho m¨¢s discreto si ve¨ªa algo fuera de lugar que los compa?eros de la redacci¨®n y me mor¨ªa por darle un beso a Vero. La etapa de luna de miel estaba sacando toda esa ?o?er¨ªa que guardaba dentro. ¨DBueno. ¨DGir¨¦ mi tel¨¦fono sobre la mesa y lo segu¨ª con la mirada, buscando una excusa para no seguir hablando. Cuando se par¨®, segu¨ª¨D. Si tenemos que llamar a Zack para colarnos en la Catedral, quiz¨¢ deber¨ªamos dejar las cosas claras antes. ¨DNo me he olvidado ¨DRetir¨® la mirada con la excusa de desenredar un mech¨®n de la cadena de su oreja¨D. Demasiado lo hemos alargado, ?verdad? ¨DEra f¨¢cil buscar excusas. ¨DDi un sorbo a mi caf¨¦. A¨²n quemaba como lava volc¨¢nica, pero mantuve la entereza para que mis palabras no perdieran fuerza¨D. La familia, la universidad, los robots gigantes... Ya sabes. S¨ª, ?los robots gigantes? se hab¨ªan vuelto parte de una lista de excusas para ignorar unos sentimientos no atendidos en un tri¨¢ngulo amoroso. Una muestra fidedigna de lo loca que se hab¨ªa vuelto mi vida en un par de meses. ¨DPero, aunque hablemos... ¨Ddijo en un susurro¨D. ?Qu¨¦ quieres que te diga? No hay una soluci¨®n directa. ?Qu¨¦ hacemos, llegar y decir ?eh, Zack, gracias por los ¨¢nimos, ahora estamos juntos, hora de darle una tremenda golpiza a los demonios?? Yo qu¨¦ s¨¦. Nos miramos, inc¨®modos y perdidos en nuestros propios pensamientos. Acarici¨¦ el anverso de su mano y busqu¨¦ una payasada que decir, pero el pozo del que las sacaba se hab¨ªa secado de forma preventiva, como si me pidiera ser brutalmente honesto. ¨DVoy a parecerte un disco rayado, pero... ¨DNo son¨®, ni remotamente, como una chanza. Meritorio para m¨ª¨D. Hay algo que necesito saber. ?En qu¨¦ nos convierte esto? ?Somos...? ¨DDos idiotas que se han enamorado a pesar, o gracias, a todo lo que han pasado juntos. ¨DPor una vez, fue ella quien me arranc¨® una sonrisa¨D. Hasta ah¨ª, lo tengo claro. Te quiero, Eli. Supongo que, a estas alturas, la etiqueta es obvia. Y, por obvia que sea, ans¨ªo escucharla de tus labios. ¨DNovios, entonces ¨Dme sent¨ª extremadamente raro al pronunciar esa palabra en voz alta¨D. Relationship upgrade! ¨DMenudos novios. ¨DSe rio, pero parec¨ªa haberlo hecho m¨¢s por no saber qu¨¦ hacer que por otro motivo¨D. Yo me beso con otro horas antes de declararme y no puedo olvidarme de ello. ¨¦l me dice a la cara que eso no es un impedimento para seguir busc¨¢ndote. Y t¨²... Pocas veces me hab¨ªa avergonzado tanto de verbalizar algo como en ese momento, pero esos ojos tan penetrantes no se merec¨ªan escuchar otra cosa que no fuera la verdad. Cerr¨¦ los ojos por un instante, me agarr¨¦ la cara como si me fuera a caer sobre la mesa e inspir¨¦ con fuerza antes de hablar. ¨DYo... te tengo algo de envidia, s¨ª. ¨DAgach¨¦ la cabeza y me rasqu¨¦ la mejilla con nerviosismo. Tuve que obligarme a parar antes de hacerme da?o¨D. Bueno, a estas alturas... quiz¨¢ suene un poco a tonter¨ªa, pero sigo pregunt¨¢ndome c¨®mo habr¨ªa sido. Bueno, ya me entiendes. No tengo las cosas claras. Por eso estamos hablando ahora, ?no? ¨DAs¨ª que... Si ¨¦l te busca, yo no puedo olvidar ese beso y t¨² sigues pregunt¨¢ndote c¨®mo ser¨ªa... El maldito ten¨ªa raz¨®n: tres v¨¦rtices y tres aristas. Un tri¨¢ngulo no podr¨ªa ser de otra forma, no. Acab¨® su taza de un trago y exhal¨® con fuerza. A pesar de que la conversaci¨®n cada vez me hiciera m¨¢s complicado entender la situaci¨®n, la bocanada de vainilla me hizo componer una sonrisa tonta en mis labios. ¨DTodo era m¨¢s f¨¢cil antes de que convirtiera toda mi animadversi¨®n en un est¨²pido cuelgue. Pero tambi¨¦n es cierto que estoy m¨¢s acostumbrada a competir que a cooperar. Maldita seas, Norma. Mientras tanto, t¨²... Aunque la rabieta fue fingida, me result¨® adorable. La Vero fr¨ªa y oscura de estos ¨²ltimos d¨ªas no se habr¨ªa permitido un gesto tan pueril en p¨²blico. Y, por mucho que me esforzara, era incapaz de ignorar qui¨¦n hab¨ªa tenido la culpa de que las cosas estuvieran torn¨¢ndose en esa direcci¨®n, por mucho que tambi¨¦n se dedicara a enmara?ar nuestros pensamientos. ¨DC¨®mo no voy a querer a alguien as¨ª en nuestras vidas. ¨DSuspir¨¦, sin dar m¨¢s explicaci¨®n¨D. Ser¨ªa injusto. Para ¨¦l y para nosotros. ¨DHe de admitir que la primera impresi¨®n que dej¨® en m¨ª fue fuerte. ¨DMe agarr¨® de la mano¨D. Un par de horas juntos y ya me siento incapaz de renunciar a ¨¦l. Ni me imagino lo que tienes que estar pensando t¨², si casi te ten¨ªa en sus garras. ¨DMe dio un codazo acusador, pero acaramelado¨D. Menudo par de idiotas. ¨DSi quieres saber la verdad... ¨DPas¨¦ mi brazo por encima de su hombro y me acerqu¨¦ lo suficiente como para poder susurrar en su o¨ªdo¨D. Estaba a una cita y un par de zalamer¨ªas de lograrlo. Eso lo habr¨ªa cambiado todo. ¨DUna mala soluci¨®n trigonom¨¦trica ¨DSe torn¨® como si fuera a besarme, pero se par¨® a solo un par de cent¨ªmetros de m¨ª. Su boca todav¨ªa guardaba el aroma a caf¨¦, y eso era demasiado irresistible¨D. Supongo que las cosas han ocurrido de la mejor forma posible. A¨²n tenemos tiempo para despejar la inc¨®gnita, ?no? ¨DEntonces, ?estamos de acuerdo? ¨Dacarici¨¦ su mejilla con cari?o. ¨DLo estamos. No estoy muy segura de en qu¨¦, pero s¨ª que siento mi aura en sinton¨ªa con la tuya. Eso me basta para estar dispuesta a averiguar d¨®nde nos lleva esta locura aritm¨¦tica. Se tom¨® unos segundos para recorrer las pecas de mi cara antes de darme ese beso que llevaba un rato esperando. Probablemente estar¨ªamos matando al resto de los asistentes a la cafeter¨ªa de un inesperado subid¨®n de az¨²car, pero no pod¨ªa decir que me importara. ¨DAdelante. Cog¨ª el m¨®vil de la mesa y sent¨ª c¨®mo mi cuerpo se tensaba con cada tono que emit¨ªa mientras esperaba que el albino respondiera. Cap铆tulo 24, por Norma Guarnido ¨DHace tiempo que una mortal no me exige usar tanta fuerza. ¨DA pesar de sus palabras, la mujer de las lentes con forma de coraz¨®n no parec¨ªa estar en tensi¨®n alguna¨D. Aun as¨ª, hay algo que me preocupa. Aunque la maestra estaba tan relajada que pod¨ªa comprobarse los detalles de su manicura mientras me presionaba, yo estaba llevando al l¨ªmite mis capacidades. No hab¨ªa lugar de mi cuerpo (ni de mi esp¨ªritu) del que pudiera sacar m¨¢s energ¨ªas para enfrentarme al monstruoso yugo de la sacerdotisa. Si ese l¨ªmite al que todos dec¨ªan que me acercaba era una realidad, ten¨ªa que romperlo. Aunque solo fuera por pura fuerza de voluntad. La seguridad de la gente a la que quer¨ªa depend¨ªa de ello. ¨DSiento inestabilidad en tu aura ¨Dsentenci¨®, m¨¢s preocupada de su pelo que de mis esfuerzos¨D. No has cambiado tanto como crees, Norma. Tu fuerza, f¨ªsica y espiritual sigue creciendo, s¨ª. Tu mente aloja cada vez m¨¢s hu¨¦spedes, y a¨²n sigo sorprendida por la entereza con la que lo logra. Pero t¨², en el sentido m¨¢s humano posible... Sigues exactamente igual que la primera vez que viniste aqu¨ª. Quise protestar, pero no me vi f¨ªsicamente capaz de hacerlo. Mi boca se negaba a abrirse, mis pulmones no quer¨ªan espirar el aire necesario y mi garganta no parec¨ªa dispuesta a hacerlo vibrar. Solo pod¨ªa mirar hacia arriba a la despreocupada guardiana, que alz¨® dos dedos de su mano izquierda y los hizo descender como si de un hacha se tratara. La fuerza invisible me lanz¨® hacia la tarima del suelo con violencia y, desprovista de la energ¨ªa del demonio que me potenciaba, mi ¨²ltimo esfuerzo por aferrarme a la consciencia fue empe?arme en recobrar el aire que me faltaba. Intent¨¦ ponerme de nuevo en pie, pero mi cuerpo no se ofrec¨ªa a cooperar. Parec¨ªa uno de esos beb¨¦s torpes que a¨²n no hab¨ªan aprendido a mantenerse erguidos, pero lo intentaban una y otra vez a base de cabezoner¨ªa. ¨DBasta, Norma ¨Ddijo la guardiana del templo con un tono helado¨D. Es importante reconocer cu¨¢ndo hay que parar. Sabes perfectamente que tanto el cuerpo como el esp¨ªritu pueden volverse fr¨¢giles si los llevas al extremo. ¨D?He... superado la prueba? ¨Dpregunt¨¦ entre jadeos. La sacerdotisa deshizo su presa espectral, pero yo segu¨ªa sin ser capaz de ponerme en pie. Sab¨ªa que podr¨ªa haberme sanado en unos instantes con sus poderes, pero en su lugar me lanz¨® una toalla para que me secase el sudor y se sent¨® junto a m¨ª. ¨DLo has hecho, en efecto. ¨DEstir¨® los hombros y exhal¨® con serenidad¨D. He de insistir, eso s¨ª, en que tu aura sigue m¨¢s embravecida de lo que cabr¨ªa esperar. Y, como te adelantaba, esas olas no surgen de los hu¨¦spedes que alojas, sino de la entrop¨ªa emocional que sigues intentando ocultar. A duras penas, me reincorpor¨¦. Incluso el esfuerzo de usar la toalla hac¨ªa que el cuerpo me doliese como si mil agujas se clavaran en cada una de las articulaciones. Aun as¨ª, segu¨ªa neg¨¢ndome a escuchar sus preocupaciones: solo ten¨ªa o¨ªdos para el aprobado que la sacerdotisa me hab¨ªa otorgado en el resto de ¨¢reas. Porque la proverbial estrella de oro con la que me regalaba no era el verdadero premio, sino la informaci¨®n que acceder¨ªa a darme si la lograba. Informaci¨®n, el arma de cualquier periodista que se precie. ¨DEres incorregible, mi ni?a. En aras de mantener mi parte del trato... ¨DSonri¨®, dejando que sus hoyuelos se marcaran de forma visible. Eso no sol¨ªa ser el preludio de nada bueno¨D. Perm¨ªteme invitarte a un t¨¦. En un visto y no visto, la mesa estaba desplegada con su colorido mantel y toda su cuberter¨ªa. Solo quedaba que el agua ebullera gracias a las llamas espirituales de la anfitriona. Generalmente bromeaba pidiendo un caf¨¦, pero en esa ocasi¨®n decid¨ª dejarlo pasar. Suficiente rapapolvo de la maestra por un d¨ªa. ¨DAntes de comenzar, d¨¦jame contarte algo m¨¢s, Norma ¨Ddijo con suavidad, cuidando que la distribuci¨®n del calor de sus manos fuera regular¨D. Estos d¨ªas, he visto lo que tu aura so?aba. La mente es poderosa, y en el mundo on¨ªrico m¨¢s a¨²n. Deber¨ªas tomar las lecciones de ¨¦l para obtener gu¨ªa en la vida. Sab¨ªa perfectamente de qu¨¦ hablaba, pero... ¨DEstoy cumpliendo con mi misi¨®n ¨Despet¨¦ con la boca llena de pastas, sin esperar a que hubiera algo con lo que bajarlas¨D. La que t¨² misma me asignaste. Formar y proteger al recept¨¢culo del H¨¦roe para que pueda, alg¨²n d¨ªa, enfrentarse a su n¨¦mesis. Soy consciente de mi papel de escudera en todo esto, y tengo que hacerlo lo mejor que pueda. Bueno, ya hab¨ªa decidido que lo har¨ªa me lo ordenaras o no, pero... Eso. Estoy haciendo lo que esper¨¢is de m¨ª. No puedes tener quejas. ¨DS¨ª. El universo est¨¢ satisfecho con tu rol. Estoy orgullosa del lugar donde te est¨¢ llevando tu esfuerzo ¨DInspir¨® con fuerza el aroma del t¨¦ que estaba preparando¨D. Lo estar¨ªa m¨¢s si dejaras de deso¨ªr mis advertencias, pero siempre te las apa?as para demostrarme que puedes con esa carga y mucho m¨¢s. Chasque¨® la lengua de una forma claramente evidente, como buscando mi reacci¨®n. ¨DSiempre hay un pero, ?verdad? ¨D?Qu¨¦? Es evidente, ?no crees? ¨DMe sirvi¨® por fin una taza de t¨¦. La suya fue despu¨¦s, pero no habl¨® hasta que le dio el primer sorbo¨D. Est¨¢s usando toda tu lucha para parapetarte de tus temores y distanciarte de la dimensi¨®n m¨¢s mundana de tu vida. Est¨¢s entrenando el cuerpo y la mente, pero desatendiendo el coraz¨®n. Un elemento de la triada tan importante como los otros dos y, en esencia, tu mayor debilidad. ¨DTengo una vida mundana ¨Dprotest¨¦¨D. Sigo disfraz¨¢ndome por diversi¨®n. Sigo y¨¦ndome de ca?as con los compa?eros de la redacci¨®n. He aceptado a gente nueva en mi vida despu¨¦s de... Bueno, vale, todos son exorcistas, pero es de lo que me rodeo, ?no? No necesit¨® m¨¢s que una mirada para que me diera cuenta de d¨®nde me arrastraban mis argumentos. ¨D?Vale! Quiz¨¢ he desatendido un poco mis cosas. Que conste que me lo paso bien, no soy una amargada que solo vive por el trabajo y la caza de demonios... Me mir¨® de arriba abajo con una clara mueca de desaprobaci¨®n en sus labios. Sab¨ªa perfectamente que estaba escudri?ando hasta la ¨²ltima mol¨¦cula de mi alma, viendo algo que ni siquiera yo pod¨ªa imaginar en ese momento. Pero no me import¨®. Yo ten¨ªa que terminar mi peque?o mon¨®logo. ¨DTienes raz¨®n, todo esto me ha cambiado. Ya te lo dije: no volver¨¦ a ser la misma hasta que Jaime vuelva. ¨DAcab¨¦ mi t¨¦ de un trago y dej¨¦ la taza con toda la furia de la que pod¨ªa hacer gala mi cansado cuerpo¨D. Y, ?sabes qu¨¦? Tampoco s¨¦ si lo ser¨¦ entonces. Solo espero que eso sea un buen cierre y me pueda permitir relajarme por una vez en un lustro. ¨DLlevo siglos en esta posici¨®n y si algo he aprendido es que el universo nunca tendr¨¢ eso que vosotros llam¨¢is ?verdadero equilibrio?. No, no es as¨ª como funciona el cosmos, ni lo har¨¢ nunca. Pero s¨ª que pueden tenerlo los mundos que contiene. O, quiz¨¢ de forma m¨¢s cr¨ªtica, las personas que los pueblan. ¨DSe retir¨® las lentes tintadas para dejarme ver unos ojos a juego con su pelo¨D. Sea como fuere, esta no es una de las respuestas que te debo, solo una apreciaci¨®n como amiga. Si me permites llamarte as¨ª, dada la distancia entre nuestras naturalezas. A pesar de los agujeros que hab¨ªa hecho esa declaraci¨®n en mis defensas, intent¨¦ reencauzar la conversaci¨®n a v¨ªas mucho m¨¢s productivas. Tocaba dejar salir a la Norma periodista durante un rato. ¨DVale, vale ¨Dsuspir¨¦¨D. Sigo escuch¨¢ndote. ¨DHas cumplido con tu parte del trato y me toca hacer lo propio, si bien ya sabes que mi pacto con el universo es m¨¢s fuerte que cualquier promesa que pueda formalizar en este plano. As¨ª que empezar¨¦ se?alando algo que quiz¨¢ a estas alturas debiera ser evidente. Lo har¨¦ de forma expresa, dado que mis pistas no dejan de caer en saco roto: no es sino en los recuerdos que tu mente proyecta mientras duerme donde encontrar¨¢s alguna de las claves que el universo me permite se?alar en voz alta. Asum¨ª que se refer¨ªa a todas las veces que hab¨ªa rememorado los momentos posteriores al combate contra el G¨®lem. Esas dos esquirlas de luz se hab¨ªan grabado a fuego en mi mente por mucho que desfalleciera antes de averiguar qu¨¦ fue de ellas. ?Eran simplemente un espect¨¢culo de despedida de un m¨²sico exc¨¦ntrico o escond¨ªan algo m¨¢s? La sonrisa fingida con la que tuve que animar a todas las v¨ªctimas de Algodaoth que encontramos tambi¨¦n segu¨ªa doliendo. Al menos, haber vuelto a encontrarme con Zack y ver c¨®mo mis palabras hab¨ªan cambiado su vida me dio una prueba tangible de que mis discursos motivacionales hab¨ªan servido de algo. S¨ª, esa parte del sue?o ya no era tan amarga. If you discover this narrative on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the violation. S¨ª que lo era esa despedida en la que por mucho que gritara no era capaz de dar con las palabras adecuadas. Por mucho que, con el paso del tiempo, las explicaciones intentasen encontrar su cauce natural y las heridas fueran olvid¨¢ndose poco a poco con los a?os, solo sent¨ªa un pinchazo en el coraz¨®n al rememorar. Por fortuna ese sue?o siempre acababa con una peque?a Vero record¨¢ndome que le hab¨ªa prometido estar en su cumplea?os y que, por mucho que hubieran cambiado las cosas, seguir¨ªa siendo su mentora. Sin ese prop¨®sito, no ser¨ªa yo misma. ¨DEl cosmos necesita que todas las piezas caigan en el lugar correcto, suponga o no lo que para vosotros podr¨ªa ser entrop¨ªa ¨Ddijo la mujer por fin, m¨¢s preocupada por servirse otro t¨¦ que por buscar mi atenci¨®n¨D. El mundo de silicio necesita a su H¨¦roe. O a su hero¨ªna, si nuestra peque?a Ver¨®nica sigue en la senda correcta y termina por asumir el rol que el universo desea para ella. ¨DLo har¨¢. Creo en ella. ¨DElla, a cambio, necesitar¨¢ su propia guardia para hacer frente a la del Se?or de los Cern¨ªcalos. ¨DSin siquiera preguntarme, ech¨® m¨¢s t¨¦ en mi taza y la calent¨® con sus manos. No me iba a quejar, la infusi¨®n me estaba dando la vida¨D. Es curioso c¨®mo los bloques comienzan a encajar. Est¨¢s t¨², mentora, escudera y figura de referencia. El¨ªas Delf¨ªn, su destinado caballero de v¨ªnculo inquebrantable. Mas me hallo sorprendida: si bien el universo no especific¨® que la joven tuviese que contar con un segundo leal, un invitado fortuito ha aparecido en nuestros planes y me congratula que el viento me cuente que todos los mundos lo reciben en gratitud. ¨DZack ¨Dsusurr¨¦, orgullosa de que mis ca¨®ticos tejemanejes estuvieran llegando a buen puerto¨D. As¨ª que mi intuici¨®n no iba tan desencaminada... ¨DEs pronto para saberlo. ¨DLa mujer juguete¨® con elegancia con su pelo de chicle, casi part¨ªcipe del marujeo¨D. Los asuntos de los mortales tienden a ser m¨¢s complejos de lo que parecen y los augurios no son m¨¢s que eso, pron¨®sticos. Sin embargo, el universo ha decidido incluirlo en la ecuaci¨®n y asignarme mi rol de gu¨ªa. Sea como fuere, no es de esa variable de quien quiero hablarte, sino de una constante que tambi¨¦n rodea a la hero¨ªna desde tiempo ha. Mir¨¦ a la sacerdotisa con confusi¨®n. Ella no hizo su expresi¨®n menos severa, pero algo en su aura me acarici¨® como si no fuera m¨¢s que un cachorro inexperto. ¨DEl esp¨ªritu guardi¨¢n. ¨DTraz¨® un c¨ªrculo en el aire¨D. Una pieza tan clave como las dem¨¢s, ?no crees? ¨D?Mako? ¨DUna criatura ¨²nica, creada solo para nuestra hero¨ªna. ¨DParti¨® una pasta por la mitad con sus poderes y cogi¨® uno de los trozos¨D. Morador del silicio y de este reino a partes iguales, acumulador de innumerables vidas. Acechando en espera del d¨ªa en el que su ciclo se rompa y pueda mostrar su verdadero yo. Otra de las piedras angulares del plan para restaurar el flujo natural de los reinos, si bien la m¨¢s ignorada. ¨DVero atesora a ese bicho ¨Dle record¨¦¨D. Ram¨®n, a pesar de su reticencia a los de su especie, lo considera para cualquier gran movimiento. Puedo poner la mano en el fuego y decirte, con claridad, que no est¨¢ siendo ignorado. La guardiana volvi¨® a colocarse sus lentes con forma de coraz¨®n. A pesar de su expresi¨®n inmutable, algo me dec¨ªa que no estaba especialmente satisfecha con mi respuesta. Algo me dec¨ªa, tambi¨¦n, que no era la ¨²nica a la que hab¨ªa intentado dar un sutil empuj¨®n en esa direcci¨®n. ¨DSi no quieres hablarme m¨¢s de nuestro bando... ?Qu¨¦ puedes contarme de la guardia de Erymath? ¨DViendo el silencio que imperaba en la sala, me vi forzada a cambiar de tema¨D. Recientemente hemos aprendido que el G¨®lem ya no est¨¢ solo en su cometido. Una tal Gazereth hab¨ªa estado all¨ª desde a saber cu¨¢ndo, pero ni H¨¦roe ni t¨² visteis a bien informarnos al respecto. Y ahora ha aparecido una tercera criatura capaz de poner en jaque el equilibrio entre los mundos. Hemos de conocer al enemigo si la lucha es inminente. ¨DDe acuerdo. ¨DAsinti¨® con la cabeza. Antes de continuar, se sirvi¨® m¨¢s t¨¦. Hab¨ªa perdido la cuenta de cu¨¢ntas tazas llevaba¨D. Perm¨ªteme citar textualmente las palabras que el cosmos tiene para ti... Torn¨® su voz un par de octavas m¨¢s grave. En cualquier persona, eso habr¨ªa resultado un mero esfuerzo teatrero con el que echarse unas risas, pero su postura regia y su aura intensa al trasladar el mensaje me dejaron claro que no hab¨ªa un ¨¢pice de chanza en lo que dec¨ªa. No, nunca desconfiar¨ªa de la sacerdotisa para algo as¨ª. ¨DSi bien los esfuerzos conjuntos de las tres entidades que protegen al Se?or de los Cern¨ªcalos son instrumentales para este nuevo ataque, es a vuestro viejo rival, y solo a ¨¦l, al que tendr¨¦is que enfrentar en esta ocasi¨®n si dese¨¢is dar el primer paso en traer de vuelta el equilibrio entre vuestros mundos. Algodaoth debe ser erradicado por la hoja del H¨¦roe, que blandida por su recept¨¢culo cortar¨¢ m¨¢s all¨¢ de donde vuestros mortales ojos pueden ver. ¨DPar¨® para dar un largo sorbo. Aunque el t¨¦ ya llevaba tiempo servido, su taza a¨²n humeaba gracias a sus poderes¨D. En lo que a sus hermanos respecta, consideramos que ya rompemos una de las directivas fundamentales del orden al advertirte de que tanto el Hada de Mercurio como el demonio cuyo ep¨ªteto a¨²n desconoc¨¦is son de una naturaleza que dista, en variable medida, de todos los v¨¢stagos del silicio a los que hab¨¦is tenido que combatir hasta ahora. No obstante, creemos que esa peque?a pista puede marcar la diferencia a largo plazo, garantizando as¨ª la excepci¨®n. ¨DInteresante ¨Dponder¨¦, acarici¨¢ndome el ment¨®n. Necesitaba algo de tiempo para interiorizar todo lo que estaba escuchando¨D. ?Hay algo m¨¢s que puedas contarme, maestra? ¨DMe temo que no ¨Drespondi¨® con su voz habitual. Su tono, aunque glacial, parec¨ªa suave y maternal en comparaci¨®n¨D. Con esa ¨²ltima advertencia hemos dilatado mucho m¨¢s la frontera entre lo que es permisible y lo que no, por muy justificado que lo viera el universo. ¨D?Hay alguna pista m¨¢s que puedas darme? ¨DMe esforc¨¦ por endulzar mi tono lo m¨¢ximo posible, aunque supiera que no iba a servir de nada¨D. Ya sabes, como amiga. El eco ir¨®nico la hizo torcer sus labios en una media sonrisa, pero neg¨® con la cabeza un par de veces. No obstante, hizo descender ligeramente las gafas por el puente de su nariz, me gui?¨® el ojo (algo que nunca me hubiera esperado de ella, a decir verdad) y a?adi¨®: ¨DSi te contara m¨¢s, podr¨ªais descubrir la verdadera naturaleza de los esp¨ªritus antes del momento indicado. *** Despu¨¦s de un madrug¨®n de los que te permiten despedirte de sus anfitriones porque a¨²n est¨¢n adormilados en el sof¨¢ prometiendo que de verdad estaban atentos a la pel¨ªcula de la sesi¨®n golfa (y no en el s¨¦ptimo sue?o) y un viaje por la sinuosa y solitaria carretera cantando a gritos The Concept of Love y otros temas del disco que Zack no hab¨ªa elegido para el camino de ida, llegu¨¦ a la redacci¨®n con unas ojeras que habr¨ªan asustado a un mapache, un par de caf¨¦s para llevar y ninguna intenci¨®n de ceder el de repuesto a alg¨²n compa?ero. ¨DNo la esperaba tan temprano por aqu¨ª, se?orita Guarnido. ¨DComo de costumbre, fue Ram¨®n uno de los primeros en llegar a la redacci¨®n¨D. Espero que haya disfrutado de sus d¨ªas libres. ¨DSabes que ni han sido libres ni he disfrutado de ellos ¨Dprotest¨¦, si bien no con mucha energ¨ªa¨D. De todas formas, no tengo energ¨ªas para rebatirte. ¨DCuando las tenga, p¨¢sese por mi despacho. Estar¨¦ encantado en compartir con usted los ¨²ltimos avances en nuestras investigaciones. ¨DPar¨® para recolocarse los pu?os de su americana. Siempre cuidando los detalles de su aspecto¨D. Lo que me recuerda, de forma tangencial... ¨DS¨ª, mi secci¨®n de este mes a¨²n no tiene nada ¨Dle interrump¨ª¨D. Me pondr¨¦ con ella en cuanto acabe de organizar este mont¨®n de correo acumulado. ¨DEn absoluto. Lo que quer¨ªa decirle es que el se?or Delf¨ªn se ha tomado la licencia de proponer un art¨ªculo para ahorrarle trabajo. ¨¦chele un vistazo. Me entreg¨® una copia impresa del borrador de mi pupilo. ?No es una leyenda urbana, solo eres un pirata?, rezaba el t¨ªtulo. Ingenioso, Eli. Muy ingenioso. Aunque casi todos los ejemplos que inclu¨ªa estuviesen m¨¢s que documentados en foros de internet, como el asalto de numerosos monstruos en Earthbound, las gemas que desaparec¨ªan dejando tu partida incompleta y los cambios aleatorios del idioma en Spyro: Year of the Dragon o las armaduras a¨¦reas que dejaban de responder en mitad del combate en Seldoria Chronicles, la recopilaci¨®n era s¨®lida y divertida de leer. Tanto como para no necesitar mucho m¨¢s que un par de aportaciones por mi parte. ¨DEste chaval no es malo ¨Dasent¨ª tras terminar de leerlo¨D. Aunque quiz¨¢ deber¨ªa advertirle de que el que sean errores deliberados no hace a sus glitches menos peligrosos. ¨DNo solo nos ha proporcionado un pu?ado de pistas ¨²tiles, sino que ha estado trabajando duro para facilitarnos la investigaci¨®n ¨Dafirm¨®. Not¨¦ cierto orgullo en su voz¨D. Una pena que tenga esa man¨ªa tan suya de ser un buf¨®n insufrible. Parece que esta redacci¨®n es un im¨¢n circense. ¨DNos portamos. ¨DAprovech¨¦ que se hab¨ªa girado para sacarle la lengua¨D. A veces. Con una palmada en la espalda tan torpe como capaz de infundirme confusi¨®n, el jefe se retir¨® a su despacho. Tocaba volver al trabajo y tomarse de un trago el segundo caf¨¦ para ver si hac¨ªa algo por mi capacidad de atenci¨®n. En primer lugar, revis¨¦ por encima el buen pu?ado de correos que segu¨ªan pendientes de respuesta. Era incre¨ªble c¨®mo se pod¨ªa acumular tanto en una ¨²nica semana de ausencia. Desgraciadamente, nada de lo que hab¨ªa en el buz¨®n parec¨ªa ser realmente relevante. As¨ª que hice mi jugada de todos los lunes (reenviar el mismo correo de siempre en el que exig¨ªa ordenadores que hubieran sido fabricados en el siglo en el que viv¨ªamos) y recopil¨¦ los nuevos datos que hab¨ªa recabado durante mi entrenamiento en sus directorios pertinentes. Revis¨¦ el lugar en el que guardaba todos los misterios que a¨²n segu¨ªan abiertos y empezaban a acumularse. ?G¨®lem de Pirita?. ?Zack Hern¨¢ndez?. ?Hada de Mercurio?. ?Catedral?. ?H¨¦roe?. ?Yaroze-kai?. ?El tercer demonio?. ?Mako?. ?Jaime Llagaria?. ?Lady Cameron?. Hice doble clic en el ¨²ltimo y abr¨ª una pista con la que no quer¨ªa enfrentarme: un art¨ªculo de un magac¨ªn online de moda en el que se la entrevistaba a ra¨ªz de que su exc¨¦ntrico estilo hab¨ªa calado entre los j¨®venes de todo el mundo. Una de las pocas referencias que hab¨ªa podido encontrar en la que la mujer aparec¨ªa en fotograf¨ªas que no pareciesen haber salido de una webcam con resoluci¨®n VGA. De todas formas, no es que me importara mucho su cuerpo o ver con m¨¢s claridad ese cabez¨®n tan caracter¨ªstico y hortera. Tampoco me fij¨¦ demasiado en el texto de la entrevista que acompa?aba a las im¨¢genes, no parec¨ªan m¨¢s que las t¨ªpicas preguntas pactadas de la revista. No, lo que hac¨ªa ese art¨ªculo una pista tan valiosa era el nombre la redactora que lo firmaba. Rosa Molina, la ¨²ltima persona a la que quer¨ªa tener que pedirle un favor. ¨DEn fin, Norma... Eres una profesional. ¨DMe di un tortazo a ambos lados de la cara para terminar de espabilarme¨D. Hora de escribir ese puto correo. Cap铆tulo 25, por Verè´¸nica Garza (parte 1) ¨DBueno... ¨DApret¨¦ la mano de Eli con fuerza¨D. Joder, ?por qu¨¦ estoy tan nerviosa? Esto sigue siendo confuso. ?Y si entras t¨² y yo me uno m¨¢s tarde? As¨ª romp¨¦is el hielo, vais adelantando y... ¨DVero, solo es un caf¨¦ ¨Dme record¨®¨D. En territorio neutral, y todo. ¨DEs la primera vez que lo veo cara a cara despu¨¦s de... ¨DHundi¨® la barbilla en su sudadera¨D. Ya sabes, lo de Atecina. S¨¦ que hemos estado hablando, pero... Bueno, no eran m¨¢s que trivialidades. Tonter¨ªas para conocernos un poco mejor. T¨² no le has dicho nada a¨²n de... ya sabes qu¨¦, ?verdad? Neg¨® con la cabeza sin desdibujar la sonrisa de sus labios. Acto seguido, me dio un beso en la mejilla y tir¨® de mi mano hacia delante. ¨DAcordamos ir descubri¨¦ndolo poco a poco. ¨DSu tono son¨® tranquilizador, pero sab¨ªa que en cualquier momento iba a intentar hacerme re¨ªr con una de sus payasadas¨D. Aunque si quieres que le salude con mucho cari?o, algo me dice que no se va a quejar. Le di un codazo de los nervios. Directo a las costillas. Sin filtro. Con un alarido como recompensa. Para cuando me agach¨¦ a comprobar si le hab¨ªa hecho algo, su forma de re¨ªrse me dio a entender que el da?o hab¨ªa sido solo a su orgullo como c¨®mico. Como siempre, la universidad, la revista y la investigaci¨®n hicieron dif¨ªcil encontrar un momento en com¨²n para reunirnos con nuestro amigo. Tampoco ayudaba el que me sintiera m¨¢s c¨®moda intentando saciar mi curiosidad por el chico mediante conversaciones por mensajer¨ªa instant¨¢nea. Eso de tener todo el tiempo del mundo para decidir c¨®mo responder a un mensaje pod¨ªa hacerme parecer m¨¢s interesante o tener todo bajo control cuando al otro lado de la pantalla estaba en p¨¢nico. ?Esos ojos arco¨ªris fijados en m¨ª, esperando que dijera algo? No tanto. Por desgracia, ese peque?o periodo de gracia hab¨ªa acabado y me tocaba enfrentarme a ellos. ¨D?Hola, parejita! ¨DNo sab¨ªa qu¨¦ otro saludo pod¨ªa esperar al ir abrazada cual koala al brazo de El¨ªas, pero no hab¨ªa anticipado que el muchacho saliera con tanto ¨ªmpetu de detr¨¢s de una esquina¨D. ?Si es que est¨¢is tan lindos juntos! ?Ay! De nuevo, disculpadme por no haber podido quedar antes. Entre las clases, tener que echar un cable en la reforma de la Catedral y los ejercicios que me sugiri¨® esa se?ora del templo para seguir averiguando cosas no he tenido tiempo para veros cara a cara. ?Venga, va! ?Yo invito, para compensar! Entramos a la cafeter¨ªa. Yo no ten¨ªa muy claro qu¨¦ decir, pero los chicos tuvieron una de esas ?conversaciones parkour? de las que, en cuanto te despistabas, hab¨ªan cambiado cuatro veces de tema. En menos de cinco minutos, me pareci¨® o¨ªr diecisiete nombres de videojuegos distintos y un par de citas de series de televisi¨®n. Yo, por mi parte, intentaba aclararme un poco m¨¢s las ideas y decidir cu¨¢l de los batidos de la carta pedir. ¨D?Contadme, contadme! ¨DZack tir¨® del lazo de mi manga¨D. ?Es obvio que han pasado cosas en mi ausencia! ?Por qu¨¦ no me lo hab¨¦is contado? ?Que somos amigos, caray! Probablemente roja como un tomate, echando humo por las orejas y hecha una caricatura de m¨ª misma, us¨¦ mi energ¨ªa para dibujar un torp¨ªsimo tri¨¢ngulo en el aire. En su centro, trac¨¦ una enorme interrogaci¨®n. ¨D?As¨ª me gusta, directa al grano! ¨Drio el chico¨D. Mirad, no s¨¦ en qu¨¦ posici¨®n me deja esto, pero lo que s¨ª que s¨¦ es que voy a pedirme uno de fresa y nata. Y que voy a ser todo o¨ªdos. Sobre eso y... bueno, ya he o¨ªdo que no ten¨¦is buenas noticias sobre mis amigos, precisamente. ¨DYo quiero un latte con avellana. ¨DEl¨ªas dej¨® la carta sobre la mesa, intentando restar peso a lo ¨²ltimo que hab¨ªa dicho¨D. Culpad a Norma, ella me ha enganchado. ¨DPues yo... ¨DRecorr¨ª de nuevo la carta con mi dedo¨D. Creo que tomar¨¦ el de chocolate y menta. ¨D?Ay! ?Ese tambi¨¦n me gusta! ¨Dexclam¨® el domador¨D. ?Me vas a dejar probarlo? ?Va! ?Un poquito! ¨D?Yo tambi¨¦n quiero! ¨Dterci¨® el periodista¨D. Tengo curiosidad, hay gente que dice que es pr¨¢cticamente como comer pasta de dientes y gente a la que le encanta. Y... bueno, hay que probar cosas nuevas, ?no? Los tres compartimos una mirada que, si bien se sinti¨® c¨®mplice, no dej¨® de notarse extra?a a varios niveles. Menuda elecci¨®n de palabras, El¨ªas. ¨DPor cierto ¨Dintent¨¦ reencauzar la conversaci¨®n por otro lado¨D, ?has dicho que la Catedral est¨¢ de reformas? ?Y que t¨² has estado ayudando? ¨D?Eso es! Al parecer, Seven quer¨ªa preparar la arena del s¨®tano para un evento especial por el lanzamiento de Yaroze-kai. Al final se nos ha ido de las manos y en lugar de hoy va a celebrarse el viernes que viene. Supongo que as¨ª nos da un poco de tiempo de preparaci¨®n, o algo as¨ª. ?Vosotros est¨¢is invitados, claro! Lo que me recuerda... ¨DCogi¨® la mochila de debajo de la mesa y sac¨® de ella dos cajas de cart¨®n. Marrones, sin marca alguna¨D. Vuestros GLMP. S¨ª, tambi¨¦n he conseguido uno para ti, Vero. Despu¨¦s de verte luchar el otro d¨ªa, pens¨¦ en que tambi¨¦n te merec¨ªas uno. Supuse que as¨ª estar¨ªamos mejor preparados para... lo que sea que se nos venga encima. The narrative has been illicitly obtained; should you discover it on Amazon, report the violation. Extend¨ª la mano a una de las cajas, pero el muchacho me par¨® en seco poniendo la suya encima. El¨ªas no perdi¨® la oportunidad de unirse a la torre y hacer una broma al respecto, inconsciente de que eso har¨ªa que me pusiera a¨²n m¨¢s nerviosa de lo que ya estaba. ¨DEh, me lo he currado mucho para que pod¨¢is tenerlos. ¨DClav¨® sus ojos en m¨ª, pero no pudo mantener la expresi¨®n seria mucho tiempo antes de torcerla a una media sonrisa¨D. Como poco, me deb¨¦is una historia a cambio. ?Pero esperad! ?Voy a pedir primero! Cuando volvi¨® con la merienda, le contamos todo lo que ocurri¨® despu¨¦s del beso. Con algunos hechos omitidos y otros vastamente exagerados, como es de esperar en una historia memorable, pero con la suficiente cantidad de detalles delicados como para que quisiera que la tierra se abriera por la mitad y me tragara. ¨DSois preciosos, hostias. ¨DFingi¨® enjugarse los ojos con la manga de su jersey. ¨DY, respondiendo a tu pregunta de antes... ¨DMe moj¨¦ los labios con el batido, a¨²n indecisa¨D. La de en qu¨¦ lugar te deja, quiero decir. ¨DLa iremos resolviendo con el tiempo, supongo ¨Dcontinu¨® El¨ªas, m¨¢s absorto en remover el caf¨¦ con la cucharilla que en otra cosa¨D. Ya habr¨¢s sacado tus propias conclusiones de nuestra historia, pero nuestro acuerdo es que... estamos dispuestos a averiguar c¨®mo acaba todo. No tuvimos tiempo a agachar la cabeza con timidez antes de que respondiera. ¨DYo tambi¨¦n, si os sirve de algo que lo diga en voz alta. ¨DEl muchacho se desperez¨® hacia delante, cruzando la mesa. El truco m¨¢s viejo del libro para intentar forzar un poco de contacto f¨ªsico (que no hubi¨¦ramos rechazado si hubiera venido de frente, para qu¨¦ enga?arnos), pero algo que lo hac¨ªa alg¨²n m¨¢s adorable¨D. No es ning¨²n secreto que me gust¨¢is mucho. Los dos. S¨ª que es cierto que llev¨¢is mucho bagaje y este tri¨¢ngulo no es precisamente equil¨¢tero. Pero bueno, eso no va a amedrentarme. ?De acuerdo, probemos! ¨D?Eso s¨ª, poco a poco! Sin besos repentinos en momentos de debilidad ¨Dcon un hilillo de voz vergonzoso, a?ad¨ª¨D, por incre¨ªbles que sean. ¨DTomo nota, tomo nota ¨Ddijo Zack, con una sonrisa de completa seguridad en s¨ª mismo¨D. Me va a costar no acelerarme con gente como vosotros, pero har¨¦ lo que pueda. Sea como sea, la historia que me hab¨¦is contado me ha convencido. Es satisfactoria. Pod¨¦is abrir las cajas. Los GLMP que nos hab¨ªan proporcionado no eran exactamente como el que ten¨ªa Zack. Los elementos b¨¢sicos estaban ah¨ª, esa suerte de teclado con pantalla, el micr¨®fono y un bloque que, a priori, parec¨ªa almacenar la circuiter¨ªa y disipar el calor. No obstante, el dise?o era bastante distinto: m¨¢s que un teclado de ordenador retro como el suyo, los nuestros ten¨ªan m¨¢s pinta de m¨®vil recargado. El¨ªas, de hecho, brome¨® con que ese era el lugar al que hab¨ªan ido las N-Gage que aparec¨ªan en las cifras de ventas, pero no en los bolsillos de los usuarios. Seg¨²n el domador, la diferencia est¨¦tica se atribu¨ªa a que, de tanto en cuando, los dise?os de Seven iban cambiando y su terminal era de los primeros que se produjeron. Le gustaba la pinta que ten¨ªa y solo actualiz¨® los componentes y no la carcasa. El periodista opt¨® por el m¨¦todo emp¨ªrico y se lo coloc¨® en el brazo izquierdo, pero el haber nacido con un glitch dentro tend¨ªa a hacerme incompatible tanto con cierta tecnolog¨ªa como con algunas t¨¦cnicas espirituales, por lo que me decid¨ª a analizarlo concienzudamente antes de probarlo. ¨DP¨¢same la caja naranja del bolso, Eli. ¨DExtend¨ª el brazo hacia donde estaba, sin siquiera dejar de mirar la base del ordenador. ¨DVienes preparada, ?eh? ¨DNinguna chica que se precie se deja el juego de herramientas en casa cuando sale de juerga. ¨DCog¨ª un destornillador peque?o, de punta plana y volv¨ª a cerrar la tapa¨D. Nunca sabes cu¨¢ndo te va a tocar desmontar algo. ¨DC¨®mo molas ¨Descuch¨¦ a los dos chicos decir casi a la vez, casi en est¨¦reo. No pude evitar ruborizarme. La construcci¨®n del GLMP parec¨ªa lo demasiado firme como para que la hubiera hecho un simple aficionado a la electr¨®nica, pero Zack aseguraba que el l¨ªder de la Catedral ten¨ªa a?os de experiencia en ello y que hab¨ªa visto de primera mano al hombre ensamblando algunas de las piezas. ¨DVenga, va, Eli, ?pru¨¦balo! ¨DAl ver que no respond¨ªa a la mitad de las cosas que dec¨ªan y que solo interrump¨ªa para hacer preguntas espec¨ªficas, los chicos decidieron pasar a la acci¨®n por s¨ª mismos¨D. Para encenderlo, descarga un poco de energ¨ªa espiritual por tu brazo. No tiene por qu¨¦ ser mucha, ya ves que hay muchos domadores que no han entrenado en su vida y pueden hacer uso de ¨¦l. De hecho, casi que ser¨¢ mejor que sueltes poca, no se vaya a acabar friendo o algo. Luego, pulsa el bot¨®n rojo del lateral y... ¨DHecho ¨Drespondi¨® Eli¨D. ?Qu¨¦ toca ahora? ¨DD¨¦jame ver, hace mucho que no ayudo a un reci¨¦n iniciado. ¨DEl muchacho se cambi¨® de lado de la mesa. No era inc¨®modo que estuvi¨¦ramos los tres en el mismo lado, pero yo necesitaba espacio para hacer mi trabajo. Desoyeron mi gru?ido, eso s¨ª¨D. Ah, s¨ª, lo primero era lo de sincronizarlo con tu huella espiritual. As¨ª solo t¨² podr¨¢s usarlo y ser¨¢ capaz de leer tu aura. Vale, dale otra descarga. ?Listo! ?A que no duele? ¨DEs... una sensaci¨®n rara. ¨DSe llev¨® una de las manos a la cabeza¨D. ?Es normal que me maree? ¨DAlgunos lo hacen. No deber¨ªas preocuparte. ¨DAmbos callaron por unos segundos¨D. D¨¦jame mirar... S¨ª, la onda espiritual parece correcta. Pero... ?por qu¨¦ dice que este equipo ya cuenta con un glitch? ?Acabamos de arrancarlo! El peor escenario posible me cruz¨® la cabeza como en un fogonazo. ?Y si el regalo de Seven ven¨ªa con sorpresa? Eso levant¨® todas mis alarmas. Tanto, que rompi¨® mi capacidad de concentraci¨®n a mitad del desmontaje. Me gir¨¦ hacia ¨¦l y le sujet¨¦ el brazo. Esperaba notarlo tenso por la revelaci¨®n, pero parec¨ªa totalmente en calma, como si esperara que algo as¨ª pudiera ocurrir. ¨DMe lo imaginaba ¨Dsuspir¨®, con una adorable sonrisa en la cara, de esas de las que hacen que te apetezca plantarle un beso sin m¨¢s cuesti¨®n. Si no lo hice, fue por el corte que me daba hacerlo ante la mirada de nuestro amigo¨D. Bueno, no me lo imaginaba, pero lo deseaba. Supongo que, en este caso, es lo mismo. ?Puedes decirme c¨®mo sacar a tus compa?eros de la m¨¢quina? ¨DUm... S¨ª, claro. Solo tienes que recorrer los men¨²s y buscarlo. ¨DNo parec¨ªa muy seguro de lo que estaba diciendo¨D. Cuando te acostumbres a operar el GLMP con tu voz o con tu aura, podr¨¢s hacerlo directamente, pero... ¨D?Pero? ¨DEst¨¢s demasiado tranquilo ¨Dintervine. Por la reacci¨®n del domador, hab¨ªamos sentido exactamente lo mismo¨D. ?No te preocupa que todo esto sea una trampa? ¨DNo lo es ¨Dasegur¨®, toqueteando el teclado¨D. Me fio de lo que me dijo... O, mejor dicho, de lo que se neg¨® a decirme la sacerdotisa aquel d¨ªa. Imagino que es donde pone ?demonio sin nombre?. En fin, luego se lo cambio. Primero quiero probar que mi teor¨ªa funcione. Cap铆tulo 25, por Verè´¸nica Garza (parte 2) No sab¨ªa si ese era uno de esos momentos en los que el periodista pecaba de inocente o su estrategia iba cuatro pasos por delante del punto en el que pod¨ªa imaginar, pero mi instinto de hero¨ªna protectora me hizo anticiparme a lo peor en una postura que, si bien no era muy c¨®moda para un banco compartido por tres personas, me permitir¨ªa contraatacar si pasaba algo. El albino, por su parte, puso cara de estar disfrutando de la estampa que le est¨¢bamos ofreciendo y me gui?¨® el ojo. El¨ªas extendi¨® el pu?o hacia delante y dej¨® que el l¨¢tigo de energ¨ªa escapara de su mu?eca. Este dio vueltas en el aire durante unos instantes, pensando en qu¨¦ deb¨ªa hacer. Si recordaba bien de mi combate contra Zack, el trazado empezar¨ªa a dibujar un mont¨®n de v¨®xeles que dar¨ªan forma a una bestia de silicio. Hab¨ªa sido as¨ª con las seis criaturas que hab¨ªa enviado a luchar contra m¨ª, as¨ª que me extra?¨® ver que, si bien la forma fue la misma, el efecto que la acompa?aba no ten¨ªa nada que ver. Manchas de tinta negra llenaron el aire, concentr¨¢ndose en dibujar un contorno que empezaba a tomar entidad propia. ¨DParece que s¨ª, que estaba en lo cierto. ¨DEl muchacho extendi¨® la mano hacia la et¨¦rea criatura¨D. Bienvenida de nuevo, amiga. ¨DEs... ?tu esp¨ªritu af¨ªn! ¨Dme sorprend¨ª¨D. Pero... ?C¨®mo lo has hecho? Deber¨ªa haber sido... ¨D?Devorada? ¨Dpregunt¨®, divertido por nuestras reacciones¨D. S¨ª, pero... Segu¨ªa estando en alg¨²n sitio de mi cabeza. Pod¨ªa verla con claridad. Hablar con ella. Entonces record¨¦ una pregunta que le hab¨ªa hecho a la maestra. Una peque?a sospecha que ten¨ªa sobre el v¨ªnculo que nos iba a unir, sobre qu¨¦ quedar¨ªa de ella. Me dio un rodeo demasiado largo para una pregunta tan simple, pero sum¨¦ dos y dos y di por hecho que seguir¨ªa en mi mente de alguna forma. Algo me dice que no es exactamente la misma que antes de lo que pas¨®, pero... ?Hola, Nixie! Prob¨® a llevarse el dedo ¨ªndice a la sien. Sab¨ªa perfectamente lo que pretend¨ªa probar. Le hab¨ªa visto muchas veces darse un peque?o latigazo con la energ¨ªa del glitch que hab¨ªa consumido para motivarse. Por el brillo de sus ojos, estaba claro que hab¨ªa funcionado. S¨ª, pod¨ªa seguir usando sus poderes a pesar de tener a la criatura delante de todos. La respuesta m¨¢s l¨®gica era que no pod¨ªa sino ser una copia, ?verdad? Un demonio no pod¨ªa estar al mismo tiempo disuelto en el alma de alguien y ah¨ª, danzando y brillando. Pero ah¨ª estaba. Zack no pareci¨® entender todas las implicaciones de lo que acababa de ocurrir. En lugar de recorrer todas las cuestiones que estaba considerando, sac¨® una de sus bestias de su ordenador. Por muy sumida que estuviera en mi pensamiento, no pude evitar que se me fuera la mirada al adorable bichito que flotaba, juguet¨®n, con una de esas s¨¢banas con agujeros que los ni?os se pon¨ªan para disfrazarse de fantasmas, esos ojos ovalados y las mejillas rosadas a trav¨¦s de la tela. Ambos se pusieron a juguetear como ni?os peque?os. Algo demasiado mono como para ignorarlo y tan distrayente como para que no tuviera sentido seguir cuestion¨¢ndome tantas cosas mientras los dos disfrutaban de un momento tan tierno con chiribitas en los ojos. ¨D?Saca al tuyo, Vero! ¨Dme anim¨® el albino. ¨DVamos a dar mucho la nota. ¨D?Por qu¨¦ ten¨ªa que ser yo, la m¨¢s joven, la responsable de los tres? A pesar de que me hab¨ªa decidido a suavizar mi faceta de chica fr¨ªa, no llegaba al nivel de hacer el ganso de esos dos¨D. ?Y si hay alguien capaz de ver a los glitches? Se escandalizar¨ªan con la fiesta que hab¨¦is montado. ¨DVenga, Dark Vero. Sabes que lo est¨¢s deseando ¨Ddijo El¨ªas, con m¨¢s raz¨®n que un santo¨D. Estamos pr¨¢cticamente solos en la cafeter¨ªa y si alguno de los presentes tiene poder espiritual, se merece verlo. ¨DQuiz¨¢, hasta podamos reclutarlo ¨Dbrome¨® Zack¨D. ?Adem¨¢s, quiero ver c¨®mo ha crecido esa bolita emplumada! Suspir¨¦ con resignaci¨®n, cog¨ª la V-Pet que llevaba colgando del cintur¨®n y puls¨¦ el bot¨®n central. En un instante, la criatura se dibuj¨® en el aire. Ese mes le estaba costando alcanzar sus formas m¨¢s avanzadas (generalmente lo hac¨ªa el d¨¦cimo d¨ªa, aunque, a veces, no alcanzaba su cuarto estadio evolutivo hasta el d¨ªa quince), pero el aspecto que hab¨ªa tomado en esa ocasi¨®n era totalmente nuevo. Aunque la criatura del dispositivo llevara a?os desvi¨¢ndose de lo que en teor¨ªa deb¨ªa contener sus circuitos, estaba acostumbrada a otro tipo de bestias como serpientes marinas, lobos, dragones, llamas vivientes, m¨¢quinas, seres de oscuridad. Sin embargo, en esta ocasi¨®n el huevo hab¨ªa tomado una ruta distinta de lo normal: en su tercera forma (la primera que pod¨ªa permitirse entrar en combate sin que fuera m¨¢s que una carga) hab¨ªa tomado un aspecto antropom¨®rfico. Todo lo antropom¨®rfico que pod¨ªa ser un ni?o cabez¨®n de cincuenta cent¨ªmetros, claro. No acababa de parecer un ser humano del todo. Sus dientes eran picudos y dejaban entrever uno de sus colmillos cuando ten¨ªa la boca cerrada, y la mitad de su cabeza estaba oculta por un casco demasiado grande del que, en lugar de cuernos, brotaban unas alas. Pero, si ignorabas eso, sus garras y las extra?as runas de su cuerpo, pod¨ªa pasar por una personita algo caricaturesca. You could be reading stolen content. Head to Royal Road for the genuine story. Eli estaba convencido (y si no lo estaba, su broma era de lo m¨¢s convincente) de que sus sentimientos de amor verdadero hab¨ªan despertado el potencial oculto de la m¨¢quina. Yo me permit¨ª dudarlo: aunque la criatura reaccionase a mi estado de ¨¢nimo y a mi expresi¨®n general, algo me dec¨ªa que hab¨ªa algo m¨¢s detr¨¢s de un cambio tan notorio. ¨DMola mucho ¨Dapreci¨® Zack, echando un vistazo m¨¢s de cerca a todos los detalles¨D. Aunque sea tan peque?o, parece mucho m¨¢s fuerte que mis glitches m¨¢s j¨®venes. Mako sonri¨® con ilusi¨®n por el halago y tir¨® de mi mano. Deb¨ªa tener hambre, as¨ª que hice aparecer tambi¨¦n un muslo gigante en el aire. Intent¨® compartirlo con sus cong¨¦neres, pero ambos lo rechazaron, as¨ª que se lo comi¨® de tres bocados. Hueso y todo. Al ver que los tres parec¨ªan contentos juntos, segu¨ª con mi peque?o proyecto de ingenier¨ªa. ¨D?Los glitches del GLMP necesitan comer? ¨Dquiso saber El¨ªas¨D. Mako, en cuanto te despistas, se ha calzado siete solomillos en una tarde. ¨DNo lo necesitan, no ¨Dexplic¨®¨D. Aunque algunos lo disfrutan. Supongo que depende de d¨®nde hayan salido. Por ejemplo, a mi Zaza le encantan las galletas saladas de su juego, as¨ª que ped¨ª a un amigo que las programara en mi terminal. Es una suerte que la V-Pet venga con todo de serie. Aunque, bueno, mantenerlo en buena forma durante tanto tiempo es un verdadero reto. Eres muy paciente, Vero. ¨DEs importante para m¨ª. ¨DNi siquiera desvi¨¦ la mirada de los tornillos que estaba quitando¨D. Es lo ¨²ltimo que me queda de mi t¨ªo. Con Mako, es como si una parte de ¨¦l siguiera aqu¨ª, protegi¨¦ndome. Adem¨¢s, cuando vuelva quiero que vea todas las vidas que ha tenido su ¨²ltimo regalo. Las he documentado desde el primer huevo. Al principio fue porque me lo pidi¨® Norma, pero... No s¨¦, me termin¨¦ encari?ando y ya no podr¨ªa hacer lo contrario. Desmont¨¦ la ¨²ltima pieza del ordenador de mu?eca y dej¨¦ la carcasa al otro lado de la mesa, junto a los tres vasos vac¨ªos. Frente a nosotros estaba el esqueleto del GLMP. Por un lado, los dispositivos de entrada, con su circuiter¨ªa, su organizaci¨®n de cables perfectamente cuidada, ni una de sus soldaduras fuera de lugar. Esa parte era totalmente de identificar. Todo se conectaba de forma directa a una cajita negra de la que ¨²nicamente sal¨ªa un grabado plateado que se extend¨ªa en dos patrones que, si bien eran bellos al ojo desnudo, no se repart¨ªan con un patr¨®n l¨®gico. ¨DEsto no es tecnolog¨ªa humana ¨Dconclu¨ª, recorriendo el dibujo con mi dedo desnudo¨D. No tiene sentido ni concierto. Y si no es humana... ¨D?Puedo? ¨Dse ofreci¨® Eli¨D. Te dejar¨ªa hacerlo a ti, adulta responsable, pero seguro que no quieres ponerte a brillar en medio de la cafeter¨ªa. ¨D?No voy a volverme una l¨¢mpara por un toquecito de nada! ¨Dprotest¨¦¨D. Pero si tan dispuesto est¨¢s... Le dediqu¨¦ el gesto m¨¢s opuesto a ?adulta responsable? que podr¨ªa haber compuesto con mi cara y deslic¨¦ ligeramente el ordenador en su direcci¨®n. Con tanto demonio y tanta charla, no me hab¨ªa dado cuenta de que hab¨ªamos acabado los tres muy pegados en una mesa que parec¨ªa tan amplia. Si a nadie parec¨ªa importarle, no iba a ser yo la que se quejara. El periodista encendi¨® su dedo del glauco de su aura y lo peg¨® al extra?o circuito. En un instante, las l¨ªneas se empezaron a llenar del color de su energ¨ªa, correteando en busca de la ruta ¨®ptima, como cuando intentas sobrecargar de electricidad una tabla de madera. ¨D?Tengo que ver algo? ¨Dinterrumpi¨® Zack¨D. Por vuestras caras, ah¨ª hay algo. ¨DDeber¨ªas entrenar tu Vista, jovencito ¨Dle acus¨® El¨ªas¨D. Soy el peor profesor del mundo, pero quiz¨¢ pueda ense?arte un par de trucos si tienes una tarde libre. ¨DSuena bien. ¨DSent¨ª que el codazo nos desplaz¨® a todos hacia la derecha¨D. As¨ª puedo prepararte para el evento de la semana que viene. Tu espiritismo por mi manejo del GLMP, ?hace? ¨DNo voy a ser yo la que se oponga al veros flirtear ¨Dni siquiera sab¨ªa c¨®mo hab¨ªa sacado el coraje para decir eso en voz alta¨D, pero creo que tenemos un tema m¨¢s acuciante delante. ¨DPens¨¢bamos invitarte ¨Dasegur¨® el domador¨D. Venga, va, dec¨ªdmelo, que estoy en ascuas, ?qu¨¦ est¨¢is viendo? Un escalofr¨ªo me recorri¨® la columna vertebral al reconocer las figuras. Sab¨ªa perfectamente qu¨¦ escond¨ªan esos c¨ªrculos, qu¨¦ supon¨ªan esos extra?os dibujos. Los conoc¨ªa de algunos libros antiguos, de los apuntes que hab¨ªan pasado por mis manos al estudiar. Pero nunca los hab¨ªa visto en la vida real. Hasta ese d¨ªa, no eran m¨¢s que teor¨ªa para m¨ª. Incluso definirlos en voz alta era algo que me hac¨ªa sentir inc¨®moda. ¨DGlifolog¨ªa dem¨®nica. ¨DCon la mano temblorosa, trac¨¦ una copia bastante rudimentaria de algunos de los dibujos en el aire. Me daba algo de miedo replicarlos con certeza, pero ten¨ªa que hacer algo suficientemente cre¨ªble para que Zack pudiera hacerse a la idea de qu¨¦ est¨¢bamos viendo¨D. A simple vista, parece muy avanzada. Muy por encima de todos los que hab¨ªa visto antes. De todas formas, ser¨¢ mejor que se lo lleve lo antes posible a mi t¨ªo. ¨¦l es el que m¨¢s sabe del tema. ¨D?Damos entonces este encuentro por finalizado? Menuda pena ¨Dresopl¨® el domador, echando un vistazo a su reloj¨D. Aunque, bueno, tengo que acercarme a la Master. Hace un rato me escribi¨® el due?o para decir que ya pod¨ªa recoger mi reserva de la edici¨®n coleccionista. Supongo que si no tardo mucho en llegar la pillo abierta. Cap铆tulo 26, por El铆as Delf铆n (parte 1) ¨D?Est¨¢is seguros de que os la vais a apa?ar sin m¨ª? ¨Dnos pregunt¨® Norma¨D. No me f¨ªo de ese tal Seven. Zack dibuj¨® una mueca confiada en su rostro y cerr¨® el pu?o con cierta chuler¨ªa, dejando que su GLMP se dejara entrever tras la manga de su jersey. La pose ser¨ªa tremendamente artificial, pero c¨®mo molaba el t¨ªo cuando se lo propon¨ªa. ¨DHe hecho esto docenas de veces. Cada vez que sale un nuevo juego de coleccionar monstruos, Seven organiza un evento as¨ª. Que yo recuerde, no he perdido ni uno. Ya s¨¦ que hay motivos para preocuparse. Si lo que dec¨ªs es cierto, y no dudo en vuestra palabra ni un ¨¢pice... Hay incluso razones para tener miedo de lo que pueda ocurrir. ¨DSuspir¨®, alica¨ªdo. Necesitaba unos segundos para convencerse¨D. Pero la gente de la Catedral sigue siendo importante para m¨ª. Si esta vez va a ser distinto, quiero estar all¨ª para ayudar. ¨DEstamos en estado de alerta ¨Dnos record¨® con una seriedad casi impropia de ella¨D. Las advertencias ominosas de H¨¦roe sobre la vuelta de Algodaoth, los extra?os presagios de la sacerdotisa... y la corazonada de Ram¨®n sobre ese t¨ªo. Especialmente, eso ¨²ltimo. Llevo suficiente tiempo trabajando con ¨¦l como para fiarme de su instinto con estos asuntos. ¨DBueno ¨Dintent¨¦ tranquilizar a Norma, pero segu¨ªa mostr¨¢ndose inusualmente tensa¨D. Tengo a mi lado al mejor domador de la zona y a una guerrera con tu sello de aprobaci¨®n. Yo... vaya, soy bastante apa?ado, supongo. La periodista resopl¨® y nos lanz¨® uno de esos esp¨ªritus esp¨ªa a cada uno, asegur¨¢ndonos que si hac¨ªamos alg¨²n tipo de trastada se iba a enterar. Al hacerlo, su expresi¨®n se torn¨® algo m¨¢s amigable. Solo un poco, pero lo justo como para transmitir ese mensaje de que, en el fondo, se fiaba de nuestras capacidades. ¨DTengo una tarde muy larga por delante, pero me mantendr¨¦ todo lo atenta que pueda. Si ocurre algo... ¨Ddijo, pensativa¨D. Bueno, no estar¨¦ demasiado lejos de aqu¨ª. ¨DMe preocupas m¨¢s t¨² que la Catedral, t¨ªa. Solo te falta ponerte a temblar ¨Dterci¨® Vero, que hab¨ªa estado extra?amente callada durante todo ese tiempo¨D. ?Cu¨¢ndo fue la ¨²ltima vez que viste a Rosa? ¨DNo creo que eso importe ¨Dsolt¨® en un bufido poco agradable¨D. Le escrib¨ª, le pareci¨® bien lo que le ped¨ªa y me pidi¨® un favor a cambio. Acced¨ª, aunque eso suponga tener que estar en la misma habitaci¨®n que ella. Es un trato justo. ¨DVale, estoy totalmente fuera de onda. ¨DEstir¨¦ los brazos, inseguro de qu¨¦ deb¨ªa hacer con ellos entre Zack y Vero. La mirada del primero, pilla, me dej¨® congelado en el sitio¨D. ?Qui¨¦n en esa chica y por qu¨¦ le dedicamos unas palabras tan sombr¨ªas? Esto suena a... ¨DEs una larga historia ¨Dme interrumpi¨® la pelirroja, aprovechando su distracci¨®n para encauzar de nuevo la conversaci¨®n a puertos m¨¢s interesantes¨D. Vosotros concentraos en vuestra misi¨®n, yo har¨¦ lo propio. Fin del chacoteo. La mujer se cruz¨® de brazos con una postura mucho m¨¢s defensiva de lo que cabr¨ªa esperar de una conversaci¨®n informal. Fue su hermanita quien tuvo que reprobarla con una mirada afilada para que siguiera con el orden del d¨ªa. ¨DPor cierto, Ram¨®n me ha dado esto para vosotros. Norma sac¨® tres pines redondos del bolsillo de su chaqueta de cuero. Eran algo m¨¢s grandes de lo normal y cada uno ten¨ªa un dibujo distinto, pero todos parec¨ªan haber sido dise?ados por ella. Al coger el m¨ªo, que ten¨ªa un simp¨¢tico pato de goma con un parche en el ojo, sent¨ª que algo se erizaba en mi aura. ¨DMe he tomado un par de licencias para hacerlos m¨¢s discretos ¨Dexplic¨®, se?alando a la parte trasera del c¨ªrculo¨D, pero en su interior son talismanes que os proteger¨¢n de ciertas influencias de esos glifos que llev¨¢is tan alegremente en vuestras mu?ecas. ¨D?Qu¨¦ clase de influencias? ¨Dquise saber. Si estaba a punto de meterme en la boca del lobo, ten¨ªa que ir con la mayor de las precauciones. Love what you''re reading? Discover and support the author on the platform they originally published on. ¨DNo estamos seguros. El trazado es mucho m¨¢s complejo de lo que Ram¨®n ha llegado a presenciar antes, y aunque siga indagando al respecto mientras hablamos, sab¨ªamos que los resultados no iban a llegar a tiempo. As¨ª que ha decidido ir por la v¨ªa de en medio y os ha preparado lo que podr¨ªa llamarse... una protecci¨®n de amplio espectro. Me asegur¨¦ de que llevar el pin en la solapa no interfiriera en el funcionamiento del ordenador de mu?eca. Al fin y al cabo, lo iba a necesitar si quer¨ªa tener alguna oportunidad en el campo de batalla. Tras unas breves comprobaciones, pude compartir las buenas noticias: todo iba como la seda. Si quedaran dudas, la aparici¨®n de Nixie hizo que los restos de la actitud combativa de Norma se terminaran por deshacer. ¨DYo no lo voy a necesitar ¨Dapreci¨® Vero¨D. El H¨¦roe no se lleva bien con ese cacharro, pero no puedo presentarme de manos vac¨ªas. He hecho un peque?o apa?o para que no me eliminen de la competici¨®n enchufando a Mako a la carcasa mientras mi t¨ªo estudia los circuitos que hab¨ªa antes ah¨ª. Pero... qu¨¦ demonios, no voy a negarme a llevar una chapa tan mona. Especialmente si la has hecho t¨², hermanita. ¨DVa un poco contra la imagen de Dark Vero que quieres proyectar, pero no lo voy a negar: me gusta ¨Dbrome¨¦ antes de darle un beso en la mejilla¨D. Abraza las cucadas, abraza las cucadas. ¨DDark Vero est¨¢ un poco oscuroflexible ¨²ltimamente. ¨DAcarici¨® la chapa son la punta de su u?a, reflexiva¨D. Se lo ha ganado. ¨DPues para m¨ª el que queda, entonces. ?Muchas gracias! ¨Ddijo Zack con una sonrisa¨D. En fin, deber¨ªamos ir empezando, ?suerte con esa cosa sobre la que definitivamente no vamos a interrogar a Vero seg¨²n te subas al coche, Princesa Aran! La aludida intent¨® encontrar una r¨¦plica mordaz durante los segundos que pas¨® congelada en el sitio, pero no tard¨® en agachar la cabeza asumiendo su derrota. Despu¨¦s de tanto tiempo enredando los hilos para urdir ese caos del que tanto gustaba, nuestro amigo hab¨ªa sabido perfectamente por d¨®nde atacar. De hecho, en cuanto el ruido del motor del coche pudo ahogar nuestras voces, dispar¨® una bater¨ªa de preguntas al respecto con la que probablemente pudiera postular a r¨¦cord Guiness de rapidez de habla. ¨DTampoco es que sepa mucho m¨¢s que vosotros ¨Drespondi¨® con algo que, por los tics de su cara, era una verdad muy a medias¨D. Alguien que conoci¨® en la universidad y de quien no quiere hablar por mucho que le pregunte. En fin, vamos tirando, ?no? Zack no parec¨ªa muy convencido de que hubiera contado todo lo que sab¨ªa y ten¨ªa esa cara de querer vengarse. Me lanz¨® una mirada c¨®mplice y, aunque no supiera qu¨¦ pretend¨ªa con ella, asent¨ª con la cabeza. Con su sonrisa pillina y orgullosa, rode¨® por delante a Vero, se enfrent¨® a m¨ª, me tom¨® de las manos y decidi¨® que la puerta del Judgment 1999 era el lugar perfecto para pedirme ?un pico para darle buena suerte en el torneo? en voz alta y clara. Me cost¨® asumir el significado de esa petici¨®n. Las palabras volaban sin concierto por mi cabeza y no era capaz de ordenarlas de una forma que tuviera sentido. ?Realmente me estaba pidiendo eso? ?As¨ª, sin m¨¢s? Al fin y al cabo, sab¨ªa que este momento ten¨ªa que llegar... pero esperaba que fuese en un momento especial, no como una suerte de broma vengativa. Mir¨¦ hacia todas las direcciones posibles como si fuese la ¨²nica persona esperando para cruzar el cruce de Shibuya. Para mi sorpresa, Vero parec¨ªa estar a bordo con la idea. Solo le faltaba animarnos a chillidos. Magn¨ªfico, Zack, menuda forma de hacer que la venganza acabara explotando en mi cara. ¨DPuedo esperar si quieres. ¨DSe llev¨® el ¨ªndice a los labios y lo puso sobre los m¨ªos. Definitivamente, el que no podr¨ªa esperar despu¨¦s de eso era yo¨D. Aunque, ya sabes, un poco de suerte puede marcar la diferencia entre la victoria y la derrota, ya sabes. ¨D?E-en serio? ¨D?Por qu¨¦ iba a bromear con algo as¨ª? ¨DSe puso de puntillas. Instintivamente, baj¨¦ la cabeza, encantado por esos ojos arco¨ªris¨D. Es un momento tan v¨¢lido como cualquier otro para zanjar esa deuda pendiente, ?no? Fue ¨¦l quien se lanz¨®, pero yo quien no permiti¨® que se quedara en un contacto corto. No supe si la reacci¨®n de Vero que le sucedi¨® fue de emoci¨®n, de verg¨¹enza o de las dos cosas, pero el albino ten¨ªa raz¨®n: hizo que me sintiera con suerte. Con suerte de que las piezas que nos aparecieran tuvieran la forma correcta para llenar los huecos, cual partida de Tetris. Con suerte de sentirme protegido por dos luchadores expertos cuando lo m¨¢s que pod¨ªa hacer era invocar a una criatura curativa y usar mis poderes para calmarme ante un mundo que se me hac¨ªa demasiado grande, por mucho que hubiera prometido amoldarme a ¨¦l. Con suerte de que las cosas se hubieran retorcido de la forma en la que lo hicieron y acabar as¨ª. Con suerte de haberme reencontrado con Vero y que me arrastrara una vez m¨¢s a su locura. Con suerte de haberme topado con ese chico tan despistado que olvidar¨ªa darme su n¨²mero. Estaba listo para entrar en la Catedral. ¨DY-yo tambi¨¦n quiero uno ¨Dbalbuce¨® la exorcista, como buscando las fuerzas en el interior de su alma para formular la frase. Sus mejillas se hab¨ªan sonrojado lo justo como para destacar por encima del maquillaje de una forma adorable¨D. Si-sigo sin estar se-segura del todo de en qu¨¦ direcci¨®n va esto, pero yo tambi¨¦n quiero formar parte de este momento. Dadme buena suerte a m¨ª tambi¨¦n. Cap铆tulo 26, por El铆as Delf铆n (parte 2) Aunque Zack hab¨ªa descrito el Judgment 1999 como un lugar tranquilo donde tomar un algo, echar unas partidas o librar combates espirituales (s¨ª, eso ya hab¨ªa empezado a entrar en la categor¨ªa de ?tranquilo? para m¨ª), la anticipaci¨®n por el esperado evento de lanzamiento era tanta que no cab¨ªa un alfiler en la planta superior. Un mont¨®n de chavales (y no tan chavales), la mayor¨ªa con claros signos de haber sido v¨ªctimas del Efecto Pirita, llenaban los pocos asientos de las mesas y los taburetes de la barra mientras mostraban sus logros en sus consolas port¨¢tiles. Despu¨¦s de una ronda de saludos y presentaciones (definitivamente, nuestro compa?ero era bien considerado en el local), bajamos a la planta inferior. Todos los sillones estaban a rebosar de gente que quer¨ªa pulir sus partidas en la versi¨®n de sobremesa del t¨ªtulo y curiosos que buscaban la forma de ganar algo de ventaja en el evento venidero. La hilera de m¨¢quinas recreativas tambi¨¦n estaba a rebosar de gente que, impaciente, mataba el tiempo rompiendo burbujas en el Pang o se enfrentaba a Despedazador en el Turtles in Time. Ni siquiera hab¨ªa hueco en las mesas que, seg¨²n nuestro gu¨ªa, normalmente estaban dedicadas a las campa?as de rol o de cartas. ¨DNo ve¨ªa un lanzamiento con tanta gente desde el ¨²ltimo Pok¨¦mon. Y creo que ni eso llen¨® tanto el local ¨Dapreci¨® el muchacho¨D. Me pregunto qu¨¦ habr¨¢ organizado Seven para esto. En fin, si no hay sitio por aqu¨ª, vayamos al dojo. El albino se acerc¨® a una de las m¨¢quinas expendedoras e introdujo una combinaci¨®n que no correspond¨ªa con ninguno de los productos. La pantalla parpade¨® seis veces y un pasillo secreto se abri¨® detr¨¢s de la m¨¢quina. ¨DNo sabes la de explicaciones que nos ahorra tener la sala de combate escondida ¨Ddijo con una sonrisa p¨ªcara ante nuestra mirada llena de interrogantes¨D. Est¨¢bamos entre eso o un bot¨®n detr¨¢s de un p¨®ster, pero alguien dijo que eso no parar¨ªa ni a un cr¨ªo de diez a?os. ¨DNo le faltaba raz¨®n, hubiera sido lo primero que hubiera buscado ah¨ª ¨Dconced¨ª en tono jocoso¨D. As¨ª que esta es la famosa sala que hab¨¦is estado reformando. Cual m¨¢quina del tiempo brit¨¢nica, la habitaci¨®n parec¨ªa m¨¢s grande por dentro. Mucho m¨¢s grande. ?Para cu¨¢nto daba el subsuelo de esta ciudad? Si yo llam¨¦ la atenci¨®n a su tama?o, Vero lo hizo a la est¨¦tica, que justificaba en un ¨²nico vistazo por qu¨¦ se hac¨ªan llamar ?la Catedral?. Piedra sombr¨ªa, madera oscura, cristaleras que dejaban pasar una luz que sin duda alguna deb¨ªa ser artificial (al fin y al cabo, nos encontr¨¢bamos bajo tierra), inscripciones en las paredes, candelabros en el techo, estatuas de conocidos demonios de ficci¨®n... y una m¨²sica muy acorde a lo que nuestros ojos ve¨ªan. Un lugar inquietante para tratarse de una arena de combate para domadores de monstruos, pero un hogar perfecto para que un mont¨®n de amantes de los demonios se reunieran con t¨²nicas con capucha y pusieran discos de vinilo al rev¨¦s. ¨DLa hostia, Seven se ha pasado un huevo con la nueva decoraci¨®n ¨Dse sorprendi¨® el veterano¨D. Esto antes era m¨¢s peque?o y m¨¢s... No s¨¦, m¨¢s ?aula de taekwondo?, si eso tiene alg¨²n tipo de sentido. Pero lo de los grabados brillando al ritmo de la m¨²sica es una put¨ªsima pasada. Vero se acerc¨® a mirar los inscriptos de la pared, algo inquieta. No era habitual en ella que se desmarcara sin excusarse, as¨ª que la segu¨ª con unas cuantas zancadas largas y puse mi mano sobre su hombro, listo para usar mis poderes. ¨DEsos glifos... son solo dibujos sin sentido. De hecho, dir¨ªa que son obra de alguien que tiene una vaga idea de lo que deber¨ªa ser el dem¨®nico pero nunca se ha molestado en estudiarlo ¨Dsuspir¨® Vero, tranquilizada. Aun as¨ª, descargu¨¦ un poquito de mis poderes en su hombro para calmar su tensi¨®n¨D. De todas formas, andaos con cuatro ojos. Hay algo raro en el ambiente. Una perturbaci¨®n peque?a. Sutil, pero est¨¢ ah¨ª. No tuvimos tiempo a debatirlo. Un hombre que vest¨ªa un cosplay no muy bien acabado del rival principal de Yaroze-kai clam¨® el nombre de Zack desde lejos en un tono a caballo entre lo amigable y el ?te desaf¨ªo a un duelo?. Entre tantos afectados por el Efecto Pirita, el pelo blanco bajo ese pa?uelo a cuadros y sus ojos irisados no destacaban demasiado, pero sus p¨®mulos huesudos y sus ojeras de mapache me dejaron claro r¨¢pidamente que se trataba del famoso Seven. ¨D?Oh! ?Estos dos encantadores chavales deben ser El¨ªas Delf¨ªn y Ver¨®nica Garza! ¨Dclam¨® con lo que parec¨ªa genuina ilusi¨®n¨D. Es un placer veros en este evento, Cazadores. Conf¨ªo en que os hay¨¢is hecho al uso del GLMP. Bueno, ?c¨®mo no ibais a hacerlo? Sois de lo mejor de este mundillo. Vero se present¨® con un gesto de mu?eca que sali¨® de su sien. Lo suficientemente guay como para mantener su fachada oscura, pero no tan fr¨ªo como para que nuestro anfitri¨®n se sintiese poco respetado. Le estaba pillando el truco. Yo, por mi parte, le extend¨ª la mano para darle un apret¨®n firme. ¨D?Todo listo? ¨Dpregunt¨® Zack, tan lleno de energ¨ªa que empez¨® a boxear con el aire¨D. Estoy deseando escuchar las normas. A saber qu¨¦ se te ocurre hacer con estas nuevas instalaciones. ¨DQuince minutos para la presentaci¨®n ¨Ddijo con un tono tan entusiasta como quebrado¨D. Ser¨¢ mejor que avise ya a Iker para que vaya cerrando. Pod¨¦is esperar por aqu¨ª. Ay, tendr¨ªa que haber puesto sillones. O al menos, alg¨²n que otro banco. El hombre susurr¨® directamente a su mu?eca, casi inaudible. Un glitch esquel¨¦tico con un pergamino en la mano sali¨® volando de su GLMP y atraves¨® la puerta que se hab¨ªa cerrado tras nosotros. Acto seguido, se esfum¨® sin mediar mucha m¨¢s palabra. Entonces, Zack aprovech¨® para presentarnos a muchos m¨¢s de sus compa?eros, pero mentir¨ªa si me dijera capaz de aprenderme tanto nombre en una sentada. Algunos de los m¨¢s nuevos nos preguntaron si ¨¦ramos ?de la quinta original? y us¨¢bamos tinte y lentillas o si hab¨ªamos entrado en esto de los glitches por casualidad. En respuesta, nuestro amigo se?alaba una y otra vez lo maleducado que era preguntar algo as¨ª y que un miembro de la Catedral no deber¨ªa siquiera cuestionarse esas cosas. The genuine version of this novel can be found on another site. Support the author by reading it there. ¨D?Pero cu¨¢nta gente hay aqu¨ª? ¨Dme pregunt¨¦ en voz alta. ¨DSeg¨²n el ¨²ltimo censo, 102 miembros contando a los que trabajan aqu¨ª. Con vosotros como invitados de honor ¨Dse recre¨® mucho en esas palabras¨D, 104. Pero no creo que hayan venido todos. ¨DPues lo parece. ¨DMir¨¦, intranquilo, en todas las direcciones posibles¨D. Menos mal que dices que han ampliado esto, me agobiar¨ªa bastante si tuviera que compartir un espacio m¨¢s peque?o con tanta gente. La voz de Seven se proyect¨® en toda la instancia a trav¨¦s de uno de los demonios de su espalda. Por su pinta tan ?artesanal?, a falta de encontrar una palabra mejor para ello, cabr¨ªa decir que era un monstruo que hab¨ªa salido del t¨ªtulo de moda. No obstante, fue suficiente como para que todas las miradas se fijasen en ¨¦l. ¨D?Gracias por esperar y bienvenidos al evento de lanzamiento de Yaroze-kai! ¨Daunque se le pudiera escuchar con claridad, gritaba con un entusiasmo ensordecedor¨D. FILE no deja de sorprendernos con sus apuestas por los monstruos coleccionables y este es un juego que marcar¨¢ un antes y un despu¨¦s en el g¨¦nero, como ya lo hicieron Pok¨¦mon, Digimon y Compact Creatures antes de ¨¦l. Como ya sab¨¦is, este juego nos permite crear nuestras propias criaturas a trav¨¦s de nuestra imaginaci¨®n y las piezas que vayamos desbloqueando al avanzar en su aventura. Esto tiene, claro est¨¢, un efecto secundario bastante interesante para una comunidad como la nuestra: ?glitches ilimitados! ¨DEso no tiene ning¨²n sentido ¨Despet¨® Vero por lo bajini¨D. Por mucho que se puedan crear nuevos monstruos, y suponiendo que la creencia de una persona sea combustible suficiente como para su existencia al otro lado, el error que lo hace aparecer en este mundo deber¨ªa ser ¨²nico. Solo recordamos una excepci¨®n y esa era... ¨DAlgodaoth, s¨ª ¨Drespond¨ª, tirando del hombro de Zack para que nos escuchara¨D. ?Cre¨¦is que tiene algo que ver esta vez? ¨DNo lo descartar¨ªa ¨Dterci¨® el albino¨D. Pero necesitamos m¨¢s pistas si queremos tener una idea clara de lo que est¨¢ ocurriendo. ¨D?FILE nos ha dado lo que llev¨¢bamos tanto tiempo buscando! ¨Dcontinu¨® vociferando Seven¨D. Gracias a esta peculiaridad, podemos organizar un evento tan multitudinario como especial... ?Un Battle Royale! Por aquel entonces, el t¨¦rmino no era tan omnipresente como lo ser¨ªa a?os despu¨¦s. En esa ¨¦poca, si dec¨ªas Battle Royale, pensabas en la novela de Koushun Takami. O, con mayor probabilidad, en la adaptaci¨®n a cine que tuvo. Algunos, en su lugar, tendr¨ªan en mente los eventos de lucha libre que inspiraron ese nombre. Lo definieras como lo definieras, la finalidad de un evento as¨ª estaba clara: ser el que sobreviviera en un todos contra todos. ¨DSeg¨²n el registro, este evento ha reunido a la friolera de sesenta y seis jugadores. No es un n¨²mero muy redondo ¨Dvaya, sin nuestra presencia quiz¨¢ habr¨ªa quedado en un perfecto sesenta y cuatro¨D, pero eso lo hace perfectamente divisible en equipos de tres. ?Qu¨¦ os parece? ¨DEsto parece sospechosamente calculado para nosotros ¨Dadvirti¨® Vero¨D. ?No cre¨¦is? ¨DMe encanta ver los n¨²meros ordenados. ¨DEl hombre pase¨®, con las manos en la espalda, por el c¨ªrculo que los seguidores hab¨ªan dejado libre¨D. Equipos de tres, un m¨¢ximo de dos demonios en el campo por participante... ?y solo puede quedar una triade en pie! Una ovaci¨®n llen¨® la sala y todos empezaron a intentar llenar sus equipos. Naturalmente, el campe¨®n invicto recibi¨® docenas de invitaciones, pero fue r¨¢pido en encaramarse a nosotros y asegurarnos su lealtad. El l¨ªder no tard¨® en aliarse con el hombre de la barra y una mujer mayor que, por su aspecto, parec¨ªa haber venido al pub justo despu¨¦s de acabar su jornada de oficina. Poco a poco, los grupos de tres empezaban a dejar espacio entre s¨ª y el cacareo se disipaba en el aire. ¨D?Vale, vale! ¨Davis¨® de nuevo con esa voz tan amplificada¨D. La mayor¨ªa ya conoc¨¦is el procedimiento habitual. En primer lugar, tendr¨¦is una hora para obtener vuestra nueva criatura. Dada la naturaleza de este evento, permitiremos usar una criatura previamente registrada y una obtenida en el momento. Si, por alg¨²n motivo, no contarais con ninguna que quisierais usar, las cesiones temporales est¨¢n permitidas. Naturalmente, siempre pod¨¦is capturar dos ex profeso para el evento. Una vez finalizado ese periodo, entrar¨¦is a la nueva arena que hemos preparado para la ocasi¨®n. ¨DEspera, ?hay a¨²n m¨¢s que esto? ¨Dpregunt¨¦¨D. ?Qu¨¦ clase de obra ha hecho este hombre? ¨DNinguna que cumpla con las leyes de la f¨ªsica ¨Drespondi¨® Vero, desplegando su energ¨ªa en el aire como si de un s¨®nar se tratara¨D. He averiguado qu¨¦ era lo que sent¨ªa fuera de lugar antes. Estamos... en las entra?as de un demonio. ¨DEso sube las apuestas. ¨DZack parec¨ªa m¨¢s emocionado que asustado con esa informaci¨®n¨D. Sea como sea, los tres podremos con esto juntos. A ver con qu¨¦ nos sorprenden. *** Zack se pudo permitir crear media docena de glitches en la hora de ventaja. De alguna forma, parec¨ªan hasta bien dise?ados, a pesar de las prisas con las que recorr¨ªa la tableta con el l¨¢piz t¨¢ctil. Yo, un zote con la pluma, me encargaba de imaginar sus trasfondos y dise?ar sus habilidades, probando distintas configuraciones que ya sab¨ªamos que hab¨ªan funcionado en nuestras sesiones de prueba, y Vero supervis¨® con atenci¨®n que los par¨¢metros estuvieran debidamente optimizados. Cuando estuvimos listos, hicimos uso del error que los traer¨ªa a nuestro mundo, uno a uno. ¨DSigo preocupado por la facilidad que tiene este juego para generar criaturas pr¨¢cticamente de la nada. ¨DTres para m¨ª y tres para ti ¨Ddijo Zack, recorriendo los comandos de su guantelete a toda velocidad¨D. Nada mal, por si se vuelven demasiado rebeldes o no acaban de cuajar en nuestro estilo de combate. Eso s¨ª, ve sacando a Nixie de antemano. Creo que alguien se oler¨¢ algo raro con un efecto de invocaci¨®n tan llamativo. Yo ir¨¦ con Zaza pegado al hombro para disimular. ?Y t¨², Vero? Mako sali¨® tambi¨¦n en un estallido de luz. Hab¨ªa dado un estir¨®n desde su ¨²ltima forma, pero era bastante consistente con el resto de criaturas que hab¨ªa dibujado el domador. De hecho, ahora parec¨ªa incluso m¨¢s humano que antes. Con unas proporciones menos caricaturescas y la altura de su maestra, hab¨ªa pocas cosas que pudieran distinguirlo de un adolescente corriente y moliente. Pocas, pero notorias, claro: a pesar de haber perdido el casco para dejar ver una media melena rubia desarrapada y unos ojos de un poco natural azul cielo, segu¨ªa manteniendo las alas que sobresal¨ªan de su cabeza. Tampoco hab¨ªa dejado de lado sus prominentes colmillos ni los dibujos de su cuerpo que, cada vez menos ocultos por una toga que no hab¨ªa crecido con la criatura, llenaban a¨²n m¨¢s su cuerpo de una forma poco natural. ¨DDeber¨ªas comer ahora ¨Ddijo Vero, extendi¨¦ndole varias piezas de carne digital¨D. Va a ser dif¨ªcil justificarlo m¨¢s adelante. Era raro que una criatura claramente humanoide solo pudiera comunicarse a base de chillidos y ruidos animales, pero cosas m¨¢s raras hab¨ªamos presenciado en este trabajo. Cuando el glitch acab¨® de alimentarse, Vero acarici¨® con un poco de su energ¨ªa las alas de su cabeza y ¨¦l trin¨® cual pajarillo. ¨DVamos all¨¢. Cap铆tulo 26, por El铆as Delf铆n (parte 3) Nuestro equipo fue el s¨¦ptimo en pasar a la laber¨ªntica zona de combate. Si tuviera que definirla de alguna forma, ser¨ªa como en uno de esos juegos de mesa en los que el que dirige monta el mapa con las piezas que antes ten¨ªa, sin preocuparse de que un desierto abrasador lindara con una zona helada, solo que la forma de esas piezas tambi¨¦n parec¨ªa irregular y correspond¨ªan m¨¢s con distintas localizaciones del juego que homenaje¨¢bamos. De repente, Mako reaccion¨® por su cuenta, conjurando una lanza de luz que clav¨® en el ojo de un poco original c¨ªclope con porra. El p¨¢jaro de Zack no tard¨® en rematar a la criatura con una ola abrasadora. ¨D?Vale, vale! ¨DSali¨® una chica de detr¨¢s de la esquina, recogiendo al monstruo con su l¨¢tigo¨D. ?Os prometo que venimos en son de paz! ?Quer¨ªamos pedir una alianza! Nuestro compa?ero no se tom¨® esa afirmaci¨®n como cierta, pero extendi¨® su brazo para que el ave se posara sobre ¨¦l. Los compa?eros de equipo de la domadora del c¨ªclope se unieron a ella y agacharon la cabeza, avergonzados. ¨D?No sab¨ªamos que ibas a ser t¨² el pr¨®ximo, Zack! ¨Ddijo uno de los compa?eros de la atacante¨D. ?De verdad! ?Qu¨¦ te parece si nos aliamos? ?As¨ª tendremos m¨¢s posibilidades! ¨DOs dar¨¦ un consejo: estoy seguro de que no vais a ser los ¨²nicos con esa estrategia tan cutre de emboscar a la gente en la puerta ¨Dladr¨®, prest¨¢ndole m¨¢s atenci¨®n a su criatura que al otro grupo¨D. De todos modos, ya deber¨ªais saber que no me al¨ªo con cobardes a estas alturas. ?Adelante, Zaza! Antes de que los domadores pudieran actuar, el p¨¢jaro de fuego acometi¨® contra el tr¨ªo. Aunque los tres invocaron al resto del equipo para defenderse, sus miradas dejaban claro que hab¨ªan asumido la derrota. No obstante, estaba claro que quer¨ªan hacer mella en el expediente del campe¨®n. ¨D?Concentrad vuestros ataques! ¨Dclam¨® la l¨ªder, que nos atacaba con el segundo glitch de su equipo¨D. ?Estoy hasta las narices de perder contra ese pollo una y otra vez! ¨DLo siento, Irene ¨DZack invoc¨® a su segunda criatura, un gato ninja con una cola de demonio ambarina¨D. A?ade esta tambi¨¦n a tu lista de derrotas. No estaba seguro de si los dos demonios del equipo de Zack habr¨ªan podido por s¨ª mismos contra los cinco rivales, pero la presencia de Mako hizo que no tuviera que formularme esa pregunta. En cuesti¨®n de segundos, todos los glitches cayeron como moscas y sus ordenadores anunciaron su derrota. Ni siquiera hab¨ªa tenido ocasi¨®n de dar una simple orden. ¨DMe gusta m¨¢s estar en tu equipo ¨Dle dijo el albino a la exorcista¨D. Estoy seguro de que con un demonio asisti¨¦ndote, no hubiera tenido oportunidad alguna en ese duelo. ¨DAs¨ª es. ¨DLa muchacha ech¨® a andar sin preocuparse por los tres ca¨ªdos en combate¨D. Cuando quieras, te concedo la revancha. ¨DMe parece perfecto, pero concentr¨¦monos ahora ¨Dprotest¨¦, algo desanimado por jugar varias ligas por debajo¨D. Sab¨ªa que eras bueno en esto, pero no que tus amigos te la tuvieran jurada. Eso no se lleva especialmente bien con el esp¨ªritu de un Battle Royale. ¨DEs una rivalidad sana ¨Dse justific¨®¨D. Seguro que le hubiera dicho exactamente lo mismo a cualquier otro que no dejara de ganarle. Avanzamos por la ciudad y decidimos montar nuestra base en un parque infantil. Era el lugar perfecto: despejado, para que cualquiera que se acercara pudiera ser visto desde lejos, pero con una estructura central en la que el domador y la exorcista pod¨ªan colarse sin que nadie se diera cuenta. Yo era demasiado alto como para esconderme y un objetivo tan atractivo como solitario. A pesar de todo, no estaba precisamente desentrenado. Cuando la primera oleada de curiosos se acerc¨® (y me reconocieron como ?ese t¨ªo que va con Zack?), pude hacer algo por m¨ª mismo. De entre los glitches que hab¨ªamos dise?ado, me qued¨¦ con una peque?a diablilla capaz de lanzar hechizos elementales a su antojo. Nixie, por su parte, era tan buena erigiendo escudos como curando y mi entrenamiento como exorcista hac¨ªa que tomar control no verbal de ellos a trav¨¦s de mi aura fuera intuitivo para m¨ª. Adem¨¢s, sab¨ªa que ten¨ªa mis propios poderes como ¨²ltima opci¨®n en un brete. Aun as¨ª, no hizo falta. Cada monstruo que se acercaba a por m¨ª acababa atravesado por el pico de Zaza y estallando en llamas o derribado por una jabalina luminosa que parec¨ªa salir de la nada. No obstante, los m¨¢s duros aguantaban m¨¢s de un asalto y me hac¨ªan dif¨ªcil pensar que mi aportaci¨®n al combate era de algo m¨¢s que la de ser un se?uelo de metro noventa. El estar en primera l¨ªnea de combate me hizo tambi¨¦n percibir con mayor claridad el aura inquietante que emanaba de los atacantes, que se negaban a responder a mis chascarrillos. ?Ignorar mis cuidados chistes? Eso s¨ª que me cabre¨®. Para una cosa que estaba haciendo bien, ten¨ªan que ser valorados. ¨DDe acuerdo ¨Davis¨¦ a mis aliados cuando hubieron pasado quince minutos sin que nadie se atreviese a atacar¨D. Parece que ya hemos desbrozado a los que son tan tontos como para caer en una trampa obvia por una oportunidad de marcarse una victoria contra ti. ?Qu¨¦ hacemos ahora? ¨DTengo una lista de nombres en la cabeza ¨Drespondi¨® el albino¨D. Todav¨ªa no he tachado ni uno solo de ellos. ¨DAdem¨¢s, est¨¢n Seven y esos dos t¨ªos ¨Dnos record¨® Vero¨D. Dudo que est¨¦n participando sin intenciones de ganar. ¨DIker y Marga ¨Dcomplet¨® el domador¨D. Los padres fundadores, los que dirigen el cotarro con Seven. Es raro que se apunten a algo as¨ª, pero si lo han hecho... Temed la que puedan liar. ¨DEspecialmente con tanto presagio poco halag¨¹e?o que tenemos encima ¨Dterci¨¦, extendiendo el brazo a Zack para que saliera del tubo en el que estaba escondido¨D. Mi sentido ar¨¢cnido me dice que est¨¢n tramando algo. ¨D?Cu¨¢l es el plan, entonces? ¨DVero clav¨® sus ojos en m¨ª, buscando respuestas. Una tonta sensaci¨®n de ¨¢nimo me recorri¨®¨D. Adelante, estratega. Me sub¨ª a la parte superior de la estructura. Ya ni siquiera me sorprend¨ªa cu¨¢nto distaba de lo que deber¨ªa ser el techo. Solo quer¨ªa ver si se pod¨ªa avistar algo a lo lejos, pero estaba empezando a formarse una niebla cargada de una extra?a energ¨ªa espiritual en la lontananza. Si mi experiencia como jug¨®n era buena profesora, no tra¨ªa buenas noticias. Como en la historia en la que este evento se inspiraba, el terreno se iba reduciendo poco a poco para concentrar a los supervivientes en un lugar en el que no pudieran eludir la responsabilidad de la lucha. ¨DTenemos dos opciones ¨Dse?al¨¦, alzando primero el dedo ¨ªndice, y luego puntualizando la segunda¨D: podemos seguir luchando contra los que nos crucemos mientras bordeamos el out of bounds... o podemos ir directos al centro, que algo me dice que es esa extra?a torre que se extiende hasta el techo. Conf¨ªo ciegamente en vuestra fuerza como para elegir la segunda. Si mi intuici¨®n est¨¢ lo suficientemente afilada, ser¨¢ un lugar disputado. Imagino que solo los m¨¢s fuertes sobrevivir¨¢n en ¨¦l, pero justo eso es lo que nos mantendr¨¢ alejados de los que solo podr¨ªan vencernos con un ataque traicionero. ¨DPretendes... ?atacar de frente? ¨DZack solt¨® una carcajada¨D. ?Esa es tu estrategia maestra? Asent¨ª con la cabeza, sin necesitar m¨¢s justificaciones. ¨DMe gustas, t¨ªo. ¨DLo s¨¦ ¨Dafirm¨¦, intentando parecer chulo. Por desgracia, la voz se me distorsion¨® un poco en la ¨²ltima s¨ªlaba¨D. Pero no lo sugerir¨ªa si no confiara en vosotros... y en tus est¨²pidos rituales en busca de la buena suerte. The narrative has been taken without permission. Report any sightings. Baj¨¦ de un torpe salto y echamos a caminar, a paso seguro, hacia la torre. Si estuvi¨¦ramos en una pel¨ªcula, ser¨ªa una escena perfecta para poner a c¨¢mara lenta en su tr¨¢iler. El payaso del grupo cayendo de forma inelegante y luego el poderoso paseo hacia los villanos, una f¨®rmula m¨¢s que probada. Aunque en la arena imperaba el silencio, pod¨ªa escuchar en mi cabeza una banda sonora triunfal acompa?¨¢ndonos a los tres combatientes y sus cinco bestias. Se me hizo f¨¢cil entender por qu¨¦ el albino hab¨ªa abrazado el lado divertido de lo que para muchos no pod¨ªa haber sido m¨¢s que un trauma en el que hab¨ªa demonios de por medio. C¨®mo la capacidad de traer tus conocimientos extra?amente espec¨ªficos de los mandos de una consola a la vida real pod¨ªa cambiarte la vida. Le ech¨¦ un vistazo mientras canturreaba moviendo los brazos con energ¨ªa. Ten¨ªa claro que necesitaba proteger esa sonrisa tanto como la de Vero. Fuera lo que fuera lo que Seven estuviera tramando, ten¨ªa que esforzarme al m¨¢ximo y no quedarme atr¨¢s. Di un aceler¨®n hacia mis compa?eros y los reun¨ª pas¨¢ndoles un brazo por encima del hombro a cada uno. *** La base de la torre ya estaba siendo flanqueada por tres equipos que parec¨ªan estar confabulando. Zack reconoci¨® alguna de las caras que ten¨ªa en su lista al mirarlos, pero se cuestion¨® r¨¢pidamente el porqu¨¦ de esa alianza. ¨D?Ey! ¨DAdi¨®s al sigilo. Zack se hab¨ªa tomado de una forma muy literal eso de luchar de frente¨D. ?Os hace un duelo? Venga, va. Yo os gano como de costumbre y vosotros me dej¨¢is pasar a la torre. La voz que le respondi¨® me result¨® inquietante. Ajada, reverberante y ciertamente inc¨®moda en los o¨ªdos. Si no fuera porque los labios de esa t¨ªa se mov¨ªan con ella, hubiera pensado que estaba reproduciendo una grabaci¨®n con todos los filtros de sonido posible. ¨DEl campe¨®n ha llegado. ¨DVenga, va, agradezco que ya est¨¦is llam¨¢ndome campe¨®n, pero ese tono me da mal rollo. ¨DEl campe¨®n ha llegado ¨Drepiti¨®. ¨DDejad la bromita, anda ¨Dresopl¨® con fuerza, casi intentando hacer volar su pelo para llamar la atenci¨®n. ¨DEl campe¨®n ha llegado ¨Drepiti¨® una segunda voz, tan extra?a como la anterior. ¨DQue s¨ª, que vengo a daros de hostias ¨Drefunfu?¨®, sacando a pasear a su halc¨®n¨D. Os dejo elegir si por las buenas o por las malas. ¨DEl campe¨®n... No est¨¢ con nuestro se?or. Otro escalofr¨ªo me recorri¨® la espalda. Ech¨¦ una mirada a Vero, esperando que esta vez mi mensaje llegase claro y conciso a trav¨¦s de la preocupaci¨®n de mi rostro. Ella, en respuesta, se limit¨® a levantar la barbilla en direcci¨®n a los defensores, como d¨¢ndome una instrucci¨®n. No tard¨¦ en entenderla. Eh, ?est¨¢bamos activando nuestros poderes de sitcom? Sab¨ªa que quer¨ªa que activara mi Vista. ¨DMe cago en... ¨Dfarfull¨¦, al darme cuenta de que los ojos irisados de nuestros enemigos hab¨ªan pasado a brillar en un intenso y asfixiante carmes¨ª. Un mont¨®n de hilos nac¨ªan de sus mu?ecas, retorci¨¦ndose por sus alrededores y cayendo justo en sus cabezas. Solo hab¨ªa o¨ªdo hablar de ellos en las historias, todo eso gritaba claramente el nombre de Algodaoth. ¨DNo lo entiendo ¨Dsusurr¨® casi en mi o¨ªdo¨D. ?Por qu¨¦ los vuestros no...? Toc¨® la parte de la carcasa que escond¨ªa los circuitos dem¨®nicos y, sin mediar una palabra m¨¢s, se ech¨® un vistazo a las yemas de sus dedos. Por su reacci¨®n, similar a la que har¨ªa alguien al tocar accidentalmente una llama, ten¨ªa claro que hab¨ªa algo fuera de lugar. Cuando entendi¨® qu¨¦ hab¨ªa ocurrido, suspir¨® con fuerza, llev¨® sus dedos al pin que llevaba sobre mi solapa y me abraz¨® con lo que parec¨ªa un sollozo incipiente en sus labios. ¨DGracias, tito. Cuando se recompuso, abandon¨® el susurro y se dirigi¨® al albino. Su cuerpo a¨²n temblaba, pero la determinaci¨®n de su llameante aura era visible para todos los presentes: para Ver¨®nica Garza, esa misi¨®n ya no era un juego. ¨DDeja de intentar hablar con ellos. ?Recuerdas eso que te dije de que te avisar¨ªa si las cosas se torc¨ªan? Aqu¨ª tienes la se?al. ¨DTom¨® algo de altura para dar las ¨®rdenes con claridad¨D. Mako, ya sabes lo que hacer. Eli, c¨²brenos las espaldas. Nixie y t¨² ten¨¦is que mantenernos a punto. No creas que lo hago por mandarte a un lugar seguro; tu rol es importante. Si no pones toda la carne en el asador, Zack no podr¨¢ combatir al m¨¢ximo de sus capacidades. Sin tu apoyo, no podr¨¦ luchar sin cuartel. Necesitamos tambi¨¦n tu juicio: si me dices que d¨¦ una voltereta, lo har¨¦. Si me dices que me lance con la espada al cuello de uno de esos t¨ªos, lo har¨¦. ¨D?Y si te pido un beso antes? ¨Deleg¨ª un mal momento para hacer una broma, pero era lo que me ped¨ªa el cuerpo. ¨DTe llamar¨¦ imb¨¦cil, te dir¨¦ que en menudo momento se te ocurre ped¨ªrmelo... ¨DSe apart¨® el pelo de la cara y desvi¨® la mirada a otro lado¨D. Te dir¨¦ que claro, que te lo dar¨¦. No cre¨ªa que fuera a honrar mi broma, pero ese beso trajo consigo un subid¨®n que logr¨® cargarme las pilas y poner a punto mis propios poderes. Aunque eso de usar habilidades ajenas al GLMP vulneraba el esp¨ªritu de este evento, ver que nuestros enemigos tambi¨¦n hab¨ªan roto la norma expl¨ªcita de ?solo dos glitches por participante? sacando un jodido ej¨¦rcito de demonios al que enfrentarnos de sus mu?equeras, las objeciones morales saltaron por la ventana sin paraca¨ªdas. Ah¨ª estaba: con mi mano derecha sobre el pelo de Zack, descargando mis propias fuerzas espirituales y premiando sus esfuerzos en un solo gesto. La izquierda, controlando con su l¨¢tigo espiritual a una Nixie que revoloteaba alrededor de Vero. Mi cabeza, analizando todo el campo de combate. Zack, gracias a mi ayuda, pudo atreverse a poner toda la carne en el asador. Aunque la m¨¢quina chillaba con pitidos estridentes para recordarle que romp¨ªa las normas del evento, empez¨® a invocar su propio ej¨¦rcito. Seg¨²n me hab¨ªa contado, ya controlar tres al mismo tiempo drenaba demasiado sus energ¨ªas como para mantenerlo, pero con alguna que otra ense?anza espiritual de la sacerdotisa y el apoyo de mi propia fuerza, hab¨ªa conseguido superar esa barrera. Lo que no esperaba es que sacara un equipo de diez monstruos y manejase sus hilos combinando las ¨®rdenes a trav¨¦s de su voz, el control a trav¨¦s del aura y ese componente de ?conf¨ªo en tu buen hacer? de los esp¨ªritus que hab¨ªa capturado horas antes. La exorcista hizo lo que mejor sab¨ªa: dejar ondear su pelo al viento et¨¦reo, iluminar su ojo con el brillo de lo m¨¢s profundo de su alma y sacar la espada y el escudo del H¨¦roe. Se compenetraba a la perfecci¨®n con su mascota virtual hasta el punto de no necesitar apoyo en el ataque, pero envi¨¦ tambi¨¦n a mi peque?a diablilla para que la asistiera con lo que buenamente pod¨ªa hacer. Por desgracia, no tard¨¦ mucho en darme cuenta cu¨¢n agotador estaba resultando para mis energ¨ªas, por lo que cuando la espada de Vero logr¨® su tercera baja, me vi obligado a recuperar al segundo glitch para tener un mejor control de la situaci¨®n y poder concentrar mi mente en proporcionar instrucciones m¨¢s certeras. El combate de Zack me exig¨ªa mucho. Me faltaba entrenamiento y, sin duda, no estaba acostumbrado a usar mis poderes de una forma tan continua. No pod¨ªa hacer que el monstruo que hab¨ªa invocado se encargara de ¨¦l, porque los enemigos a los que se enfrentaba Vero tampoco eran pocos y necesitaba hasta la ¨²ltima gota de energ¨ªa que el diablillo pudiera proporcionarle para reparar los da?os que sufr¨ªa. Solo pod¨ªa estar con un brazo extendido en cada direcci¨®n y los ojos en el combate, viendo c¨®mo mi energ¨ªa se agotaba sin poder hacer nada. No. No era ?nada?. Era una bater¨ªa glorificada. Algo que sonaba negativo en mi cabeza, s¨ª, pero una piedra angular en la estrategia. Si me apagaba antes de tiempo, no solo su potencial de da?o caer¨ªa en picado, sino que estar¨ªamos en verdadero peligro. De alguna forma retorcida, sent¨ªa que la victoria depend¨ªa de m¨ª. No pod¨ªa parar. No cuando nos est¨¢bamos acercando al final del combate. De los nueve rivales, solo quedaban tres en pie. A pesar del control demon¨ªaco, el trozo del G¨®lem de Pirita incrustado en sus almas no les dotaba de una habilidad espiritual excepcional. Sus reservas de energ¨ªa no deb¨ªan ser mucho mayores que las de mi compa?ero y el demonio que manejaba sus hilos no ten¨ªa preocupaci¨®n alguna por ello. Un pensamiento me sacudi¨® la cabeza de repente. ?Y si no fuese ese el caso para todos? No pod¨ªa dar por hecho que todos los luchadores hab¨ªan obtenido sus poderes del fragmento del demonio. Por ejemplo, la hermana de Zack fue v¨ªctima del Efecto, pero ya contaba con potencial antes de ello. Y, al fin y al cabo, para convocar a Algodaoth, un glitch... Hab¨ªa que atraerlo un cebo. ¨DEsos tres... ¨Djade¨¦. El coraz¨®n se me iba a salir por la boca¨D. No van a caer tan r¨¢pido por su propia cuenta. Tienen mucho m¨¢s poder espiritual del que consume ese ordenador. Si tienen tantas criaturas en ese GLMP como t¨²... No van a acabarse nunca. ¨D?Nueva t¨¢ctica? ¨DQuiso saber el domador¨D. Tus deseos son ¨®rdenes, comandante. ¨DComo dir¨ªan en JoJo''s, ?si no puedes vencer al stand, vence a su usuario?. ¨D?Entendido! ¨Dgrit¨® con todas sus fuerzas, que no parec¨ªan ser demasiadas¨D. Vero, el estratega dice que nos liemos a hostias con los domadores. No quer¨ªa tener que llegar a esto, pero... A veces lo mejor que puedes hacer por un amigo es darle un pu?etazo en la cara. No estaba seguro de poder presenciar con mis propios ojos la resoluci¨®n del combate. Hab¨ªa o¨ªdo hablar largo y tendido de la fuerza de la voluntad para mantenerme en pie en momentos as¨ª, tanto de Norma como de m¨²ltiples fuentes de ficci¨®n. Sin embargo, y aunque la tenacidad no era algo que me faltase, mi agotado cuerpo no quer¨ªa responder a mis deseos. Solo esper¨¦ que mi ¨²ltima descarga de energ¨ªa fuera suficiente como para que el combate se saldara a nuestro favor. Despu¨¦s de dejar escapar lo poco que restaba de mi esp¨ªritu, sent¨ª mi cuerpo desplomarse contra el suelo. Probablemente, con una sonrisa de satisfacci¨®n por haber hecho algo. No tuve tiempo de asegurarme. Mi mente se vio invadida por esa niebla que te hace incapaz de discernir qu¨¦ est¨¢ ocurriendo ah¨ª fuera y mis p¨¢rpados empezaron a bajar por s¨ª mismos. En el ¨²ltimo momento, una figura se present¨® frente a m¨ª. Incapaz de distinguir la vigilia del sue?o forzado, solo pude cuestionarme a qui¨¦n podr¨ªa pertenecer esa armadura de cuero llena de viales y esa larga trenza de color lavanda. ¨D?Ra... Rapsodia? ¨Dmusit¨¦ con mi ¨²ltimo aliento. Definitivamente, estaba delirando. Era imposible que la protagonista de Seldoria Chronicles hubiera venido a salvarme. Cap铆tulo 27, por Norma Guarnido (parte 1) ¨D?De acuerdo, chicas! ¨Dgrit¨® el fot¨®grafo¨D. ?Dadme una pose heroica! Alc¨¦ el guantelete del traje hacia el cielo, pregunt¨¢ndome c¨®mo demonios hab¨ªa acabado en una sesi¨®n de fotograf¨ªa de cosplay ?por el bien de la investigaci¨®n?. Estaba claro, nunca pod¨ªa escribir a Rosa sin que terminara meti¨¦ndome en un embrollo. Ella, divertida por la situaci¨®n, tom¨® una de las piezas de atrezo de su zurr¨®n (unos viales llenos de un l¨ªquido en el que flotaban copos de purpurina en forma de estrella) y puso su espalda contra la m¨ªa. ¨D?No lo echabas de menos? ¨Dpregunt¨®. Al aviso de su compa?ero, se gir¨® y se puso justo de frente a m¨ª¨D. Ya sabes, como cuando est¨¢bamos en la uni... pero ahora con un equipo mucho m¨¢s profesional. Al parecer, mi correo hab¨ªa llegado en el momento perfecto. Seg¨²n contaba en su r¨¦plica, necesitaba a un cosplayer profesional para una sesi¨®n que le hab¨ªa encargado, de entre todos los contactos de su agenda, la empresa FILE. Al parecer, quer¨ªan conmemorar el aniversario de Seldoria Chronicles por todo lo alto (los rumores que nos hab¨ªan llegado a la redacci¨®n Cazadores se?alaban el inminente anuncio de una secuela) y romper las barreras de la prensa generalista. Los motores de las armaduras a¨¦reas ser¨ªan analizados en publicaciones dedicadas a la conducci¨®n, comparados con los de los coches m¨¢s punteros. Algunas revistas de cocina replicar¨ªan sus platos m¨¢s populares, mientras que la secci¨®n en la que trabajaba Rosa Molina publicar¨ªa un reportaje fotogr¨¢fico que tra¨ªa a sus protagonistas a la vida real. ¨DNo todos los d¨ªas te escribe la ?reina del cosplay? para pedirte un favor ¨Dsusurr¨®, sin perder la sonrisa¨D. Que lo haga cuando est¨¢s buscando a una modelo alta, musculosa y con suficiente pr¨¢ctica con el atrezo steampunk es pura poes¨ªa, eso s¨ª. Seg¨²n ella, ninguno de los modelos que acostumbraban a pasar por el estudio ten¨ªa idea de c¨®mo llevar con tanto estilo una armadura o dar autenticidad a un personaje salido de un videojuego como lo podr¨ªa hacer yo. Pura zalamer¨ªa, pero si quer¨ªa algo a cambio, me tocaba pasar por el aro... Adem¨¢s, no pod¨ªa negar que, en efecto, echaba de menos compartir escenario con ella. Hab¨ªa ca¨ªdo de lleno en sus redes... y lo estaba disfrutando. ¨DTe est¨¢s divirtiendo con esto, ?verdad? ¨DFij¨¦ mi mirada en las lentillas ¨¢mbar de su disfraz de la princesa Eruma¨D. Estoy segura de que cualquier otra de nuestras amigas en com¨²n podr¨ªa haberte acompa?ado en una sesi¨®n as¨ª. ¨DTienes raz¨®n, tengo suficientes contactos en este mundillo... pero t¨² me lo has hecho mucho m¨¢s f¨¢cil. ¨DMe sac¨® la lengua, juguetona. Una de las c¨¢maras captur¨® el instante¨D. Tu correo lleg¨® en el momento ideal. Me preguntabas por alguien de FILE justo cuando estaba preparando algo para ellos. Adem¨¢s, ?una sesi¨®n de fotos de cosplay! ?Contigo! Joder, Norma, era el puto destino. ¨DEs... un asunto serio. ¨DSab¨ªa la pose que me tocaba: una en la que la alt¨ªsima Rapsodia se encog¨ªa ante los avances indiscretos de la princesa Eruma. Qu¨¦ apropiado¨D. Si no... ¨D?Nunca habr¨ªa acudido a ti?. ¨DOnde¨® su peluca plateada con garbo¨D. Lo s¨¦. S¨¦ que siempre soy tu ¨²ltima opci¨®n, Norma. Quieres evitar verme porque... no quieres ?meterme en ese mundo? tuyo, por ego¨ªsta que suene. ?Sabes? Estoy dispuesta a cambiar eso. Antes de que te vayas, te lo voy a demostrar. La modelo aprovech¨® el descanso para beber agua. Me lanz¨® una botella y sac¨® una chocolatina de debajo de la intrincada bata de laboratorio que llevaba. Me ofreci¨® un mordisco (que no pude rechazar) y se puso a roerla con cuidado de no arruinar el elaborado maquillaje del personaje. ¨DHazme caso... Es mejor para las dos que no te... ¨D?Hasta cu¨¢ndo vas a seguir as¨ª? ¨DNi siquiera me miraba. Estaba asegur¨¢ndose de que las luces de la armadura a¨¦rea funcionaran correctamente¨D. Han pasado cinco a?os y sigues... ¨DLo hago por protegerte ¨Dle record¨¦. ¨D?Sabes que nunca te has dignado a darme un significado para esas palabras? ¨Drefunfu?¨® con un moh¨ªn adorable que me hizo bajar un poco la guardia. Estaba tan dentro de personaje que eran Rosa y la princesa al mismo tiempo las que me reprend¨ªan¨D. Dime, Norma. Supongamos que vuelvo a dejarte ir. Las dos sabemos que ser¨ªa un error, pero digamos que lo cometo como otras tantas veces. Te doy lo que buscas, sales por la puerta y... ?cu¨¢nto m¨¢s voy a tardar en verte esta vez? No puedo permitir eso. No cuando estoy tan cerca de descubrir... ?Segu¨ªa tras mi pista? ?Despu¨¦s de todo este tiempo? Ten¨ªa que admitirlo: era tenaz. ¨D?Se acab¨® el descanso! ¨Dgrit¨® la persona que dirig¨ªa la sesi¨®n, salv¨¢ndome de una respuesta inc¨®moda¨D. Toca la escena del velo de cristal. ?Est¨¢n listos los efectos pr¨¢cticos, jefa? Fue complicado seguir conversando con tanto jaleo y pieza de falso cristal, as¨ª que aprovech¨¦ para echar un vistazo a mis pupilos mientras nadie se fijaba en m¨ª. Como era de esperar, esos tres ten¨ªan bien cogida la sart¨¦n por el mango y parec¨ªan, incluso, divertirse en el evento de ese tal Seven. Eso me quitaba un peso de encima y me permit¨ªa concentrarme en qu¨¦ preguntas ten¨ªa que formular para llegar a buen puerto... O en las que ten¨ªa que evitar para no caer en la trampa de mis propios sentimientos. ¨DSobre Cameron... ¨DSigues soltera, ?verdad? ¨Dme interrumpi¨®, sin ambages¨D. Yo he tenido mis m¨¢s y mis menos. Ya sabes, yo tambi¨¦n tuve esa ¨¦poca de ?centrarme en el trabajo? y todo eso. Parece que la tuya est¨¢ durando bastante m¨¢s, eso s¨ª. ¨DAs¨ª que dirigiste una sesi¨®n de fotos con ella ¨Dcontinu¨¦, ignorando su pregunta¨D. Dime una cosa, ?la llegaste a ver sin el casco? Era lo primero que ten¨ªa que saber. Los pocos testimonios que hab¨ªa al respecto pod¨ªan haber sido totalmente fabricados y, a estas alturas, no descartaba que debajo se escondiera un demonio. Eso. Ten¨ªa que centrarme en mi trabajo y no dejarme distraer por con su jugueteo... Demasiado se filtraban esas supuestas l¨ªneas temporales en las que las cosas hab¨ªan sido distintas en mis sue?os como para darles una v¨ªa en plena vigilia. ¨DEra una t¨ªa rara. ¨DMe agarr¨® de los hombros para colocarme en la marca de la siguiente foto¨D. No sabes lo jodido que es dirigir una sesi¨®n en Montreal desde aqu¨ª, y ella no lo pon¨ªa nada f¨¢cil con sus excentricidades y exigencias. Y ahora, ch¨¦rie, volviendo a mi pregunta... ¨DS¨ª ¨Drepliqu¨¦, intentando ser lo m¨¢s tajante posible¨D. Sigo ?centr¨¢ndome en el trabajo?, como t¨² dices. Te recuerdo que eso es por lo que he venido. Necesito averiguar cosas para... Ya sabes, mi secci¨®n. ¨D?No ten¨ªas ganas de verme? ¨Dpesta?e¨® un mont¨®n de veces, demasiado cerca de m¨ª. ¨DSiempre ¨Dse me escap¨® desde el fondo del coraz¨®n. No obstante, decid¨ª llevar la respuesta hasta el final¨D. Ya sabes que es precisamente por eso por lo que lo estaba evitando, Rosa. No es ning¨²n secreto lo que acaba ocurriendo cada vez que compartimos un espacio. Y cada vez que pasa se vuelve m¨¢s dif¨ªcil. ¨DSi eso es lo que sientes, quiz¨¢ deber¨ªas invitarme a un caf¨¦. Contarme la historia completa. Ser¨¦ comprensiva. ¨DMe rode¨® con sus brazos. Por un momento, olvid¨¦ que era por exigencias del guion¨D. S¨¦ que piensas que Jaime Llagaria muri¨® por tu culpa, pero... No deber¨ªas culparte. Me faltan muchas piezas en este rompecabezas, pero nada cuadra. ?Apareces de la nada haciendo preguntas raras sobre una de las creadoras del juego que investigabais juntos? J¨¢. Esa ¨²ltima s¨ªlaba sali¨® de lo privado de la conversaci¨®n y reson¨® en todas las esquinas del estudio. ?C¨®mo demonios era tan buena trasladando el papel de unos sprites de 16 bits a la vida real? You could be reading stolen content. Head to the original site for the genuine story. ¨DVale, tengo una pista. ¨DEl flash de la c¨¢mara me ceg¨® por unos instantes¨D. Puede que gracias a esto pueda cerrar el caso, pasar p¨¢gina y... Quiz¨¢, solo quiz¨¢... ¨D?Vale! ¨Dgrit¨® el de la c¨¢mara¨D. ?Ahora quiero ver algo m¨¢s de pasi¨®n! ?Nuestro cliente quiere vender una historia de amor y, qu¨¦ quer¨¦is que os diga, la c¨¢mara no os ve lo suficientemente enamoradas! ?Que salten las chispas! Si esa lente supiera todo lo que me estaba esforzando por contener... ¨D?Sabes, Norma? Hay algo que parece que se te ha olvidado. ¨DSin siquiera prepararme para ello, plant¨® sus labios sobre los m¨ªos. Cuando par¨® para tomar algo de aire entre fotograf¨ªas, sigui¨® hablando¨D. Soy muy buena periodista. S¨ª, me ha tomado a?os darle sentido al rastro de esas migajas que tus amigos y t¨² dejabais por el camino, pero... creo que ya tengo un buen borrador en la cabeza de todo lo que est¨¢ pasando. ?Quieres cont¨¢rmelo t¨² o prefieres escuchar mis averiguaciones? Era un farol, ?verdad? No era la primera que intentaba ponerme contra la pared con uno. Seguro que esperaba que, con el coraz¨®n acelerado despu¨¦s de un morreo con m¨¢s lengua de la que ped¨ªa la sesi¨®n (aunque quiz¨¢ tuviera que aceptar mi parte de la culpa en eso), su mano acariciando mi cadera y tantos focos iluminando su sonrisa perfecta, acabara hablando de m¨¢s. Y aun as¨ª, esa mirada tan intensa y confiada me hac¨ªa creer que no hab¨ªa m¨¢s que verdad en sus palabras. Que se las hab¨ªa apa?ado para descubrir las cosas que le hab¨ªa estado ocultando todos estos a?os. O, al menos, lo deseaba desde el fondo de mi coraz¨®n. ¨DNo... sabes de lo que hablas ¨Ddije con un hilo de voz tembloroso. En parte, porque repar¨¦ en que nos rodeaban un par de fot¨®grafos y no pocos asistentes y mi cerebro record¨® el concepto de la verg¨¹enza. En otra, porque estaba viendo c¨®mo la princesa Eruma hac¨ªa sus mayores esfuerzos por seducirme y, tras tanto tiempo de celibato, una no era de piedra¨D. Tienes que... seguir fuera de esto. Por tu bien, Rosa. ¨DPodemos luchar juntas... ¨Dsusurr¨®, dejando su aliento sobre mi boca. Hasta el ¨²ltimo vello de mi cuerpo se eriz¨®. Insatisfecha con la forma en la que me hab¨ªa hecho estremecer, no par¨® ah¨ª. Sigui¨® recorri¨¦ndome con lujuria los brazos, sin preocuparse de que las cicatrices dibujadas con maquillaje se emborronaran¨D. No habr¨¢ esp¨ªritu que se nos resista. O, como lo llam¨¢is en vuestro peque?o club de exorcistas, glitch. Por supuesto que hab¨ªa un poco de verdad en esos art¨ªculos tan tuyos, por mucho que su prop¨®sito no fuera sino enmascarar la verdad. Me gui?¨® el ojo, dio un peque?o mordisco a mi labio inferior (iba a necesitar una copia de esa foto s¨ª o s¨ª, aunque fuera para ver la cara de imb¨¦cil que se me hab¨ªa quedado), se alej¨® un par de pasos y conjur¨® una espera de energ¨ªa espiritual en su mano izquierda. Nada especialmente destacable, pero s¨ª lo suficiente como para dejarme claro que no hab¨ªa farol alguno en lo que dec¨ªa. ¨DJoder, Rosa. ¨DMe llev¨¦ la mano al colgante de Rapsodia y me arrepent¨ª por haberme divertido tanto con todas las veces que hab¨ªa visto a una Vero confusa hacer exactamente lo mismo¨D. ?Desde cu¨¢ndo sabes esto? ¨D?Cu¨¢ndo fue la primera vez que nos vimos despu¨¦s de que me abandonaras? ¨DSe llev¨® dos dedos a los labios y se puso a caminar. Era incre¨ªble c¨®mo integraba la conversaci¨®n en lo que se esperaba de la sesi¨®n de fotos¨D. Ah, s¨ª, en el dos mil. A?o nuevo. Recuerdo las gafas del cotill¨®n con todos esos ceros. Y si no voy errada... Dijiste que arreglar las cosas conmigo era tu prop¨®sito de a?o nuevo. Bueno, al menos tuve alg¨²n tipo de explicaci¨®n y... ¨DMenos mal que segu¨ªas viviendo en nuestro antiguo piso. ¨DEstaba tan nerviosa que improvis¨¦ una pose con la pistola de ¨¦ter que el traje llevaba en su cintur¨®n para disimular¨D. Pas¨¦ la noche en Atecina con los Garza y no tuve mejor idea que coger el coche para buscarte porque cre¨ªa que hab¨ªa encontrado las palabras m¨¢gicas. ¨DTus palabras no me convencieron ¨Ddijo. Se uni¨® a otra pose ?chula? para que nadie lo cuestionara¨D. Bueno, tus palabras s¨ª. Fueron tus actos los que no. Tus caras. Siempre has sido mala jugando al p¨®ker, ch¨¦rie. As¨ª que empec¨¦ a tirar del hilo. Cada vez que me llamabas para pedirme un favor, hab¨ªa algo casualmente fuera de lugar. As¨ª que fui indagando, poquito a poco. ¨DAs¨ª que me has estado siguiendo ¨Dsolt¨¦ una carcajada que hizo retumbar el aire¨D. Todos esos favores que me ped¨ªas a cambio estaban perfectamente planeados. No me esperaba otra cosa de ti. ¨DYa me conoces, a m¨ª tampoco me gusta dejar una interrogante sin respuesta ¨Dme susurr¨® directamente a la cara¨D. Era tentador borrar para siempre tu n¨²mero y convertirte en el problema de otro, pero... ?Sabes qu¨¦? No. Eso ser¨ªa una derrota. No quer¨ªa que t¨² fueses mi ¨²nico misterio sin resolver. No si volviste de la nada a recordarme que te segu¨ªa queriendo. No si cada vez que nos ve¨ªamos me dejabas claro que no me hab¨ªas olvidado. No cuando empezaba a entender lo que pretend¨ªas ocultarme nuestros ¨²ltimos d¨ªas juntas. Por seguir manteniendo el s¨ªmil con Seldoria: es incre¨ªble lo que se puede encontrar al otro lado del velo. Eso s¨ª, he de admitir que esa amiga tuya del pelo rosa es rara de cojones. ¨DNo s¨¦ qu¨¦ decir... Eh, espera... ?Amiga? ?Pelo rosa? ??Cu¨¢ndo has conocido a la sacerdotisa!? ¨D?Sorpresa! ¨DPuntualiz¨® cada una de las s¨ªlabas con un adem¨¢n teatrero¨D. En fin, creo que deber¨ªas empezar por darme las gracias por la informaci¨®n que te he conseguido de esa t¨ªa que buscas. ¨DCurv¨® sus labios. No sab¨ªa si eran exigencias de la sesi¨®n o no, pero tambi¨¦n se me encaram¨® al cuello. Tuve que luchar contra mis piernas de mantequilla para mantenerme en pie¨D. Todo lo de esta sesi¨®n de fotos para promocionar Seldoria Chronicles ha sido una excusa perfecta para ponerme en contacto con FILE y conseguir otra entrevista con esa tal Cameron. Creo que s¨¦ lo que buscabas y... puede que lo haya encontrado por ti. ¨DEstoy segura de que esa informaci¨®n no va a ser gratis ¨Drepliqu¨¦¨D. Te conozco. Lo que buscas es una victoria absoluta. Querr¨¢s saber m¨¢s de en lo que estoy metida, y acabar¨¦ meti¨¦ndote en peligro me guste o no. ¨DYa me he cobrado suficiente por este favor, nena. ¨DVolvi¨® a meterme boca. Por las protestas del c¨¢mara, sab¨ªa que esta vez lo hac¨ªa por voluntad propia¨D. De hecho, ya he enviado un correo a ese Se?or SiliMAX tuyo para que vaya adelantando el trabajo mientras estamos aqu¨ª disfrutando de la sesi¨®n. Solo te pido, ch¨¦rie, que pienses en todo lo que te he dicho. Creo que he jugado conforme a tus reglas. ¨DSe llen¨® de s¨ª misma y, por un ¨²nico instante, escap¨® del personaje para hacerme ver a la Rosa que se escond¨ªa detr¨¢s del traje¨D. He roto el misterio que nos separa, Norma. Soy parte de tu mundo, no puedes arrastrarme a ¨¦l. Soy tan idiota como tozuda y me he ganado un hueco en esa vida nueva tuya. ?Peligro? Ya soy mayorcita, creo que puedo protegerme sola. Lo que s¨ª que no puedo es seguir ech¨¢ndote de menos solo porque te sientas culpable de algo que ocurri¨® hace cinco a?os. Nos merecemos una segunda oportunidad. La cabeza me daba vueltas, y por una vez no era por lo mucho que me encandilaba su colonia. Si entr¨¦ con alg¨²n tipo de expectativa a ese estudio, distaba mucho de lo que hab¨ªa ocurrido entre esos cuatro muros. Todas ramas de di¨¢logo posibles volv¨ªan a cruzar mi cabeza de forma alocada. Algunas ideas brillaban m¨¢s que otras, pero ninguna estaba a la altura de las circunstancias. Muchos ?y si?. Cientos de escenarios alternativos en los que no quer¨ªa pensar. No sab¨ªa qu¨¦ responder a todas esas revelaciones. Abrumada, decid¨ª poner en marcha el piloto autom¨¢tico y dejar que mi cuerpo se moviera por su propia cuenta esperando las ¨²ltimas fotos de la sesi¨®n y, cuando el resto de los compa?eros se hab¨ªan marchado, yo segu¨ªa sin una respuesta clara para todo lo que me propon¨ªa Rosa. En lo que probablemente fuera el mayor ejemplo de la historia de venganza k¨¢rmica, mi m¨®vil emiti¨® ese sonido tan penetrante como desagradable que anunciaba la llegada de un SMS. De Vero, por supuesto. Ver su nombre en la pantalla LCD me despert¨® del embrujo del momento en un chasquido. No tuve que leer el mensaje de texto para intuir que, de alguna forma, estaban en peligro. Aunque supiera que ahora mi exnovia pod¨ªa ver lo mismo que yo, levant¨¦ las pantallas que vigilaban a mis pupilos para encontrarme de bruces con un recordatorio de lo que pod¨ªa pasar si me permit¨ªa bajar la guardia, aunque fuera por una tarde. Demasiada gente me necesitaba, al fin y al cabo. ¨DSiento tener que irme as¨ª, Rosa. ¨DCog¨ª mi bolso de forma apresurada y no di m¨¢s explicaciones¨D. Tienes raz¨®n, te debo una conversaci¨®n. ?Quiz¨¢ con un caf¨¦? ¨D?Vaya! ¨DSe quit¨® la peluca. Aunque estaba un poco chafado, llevar su pelo oscuro al estilo pixie le quedaba genial¨D. Yo que pensaba invitarte a una copa y ponernos al d¨ªa. Quiz¨¢ ponernos al d¨ªa unas cuantas veces, incluso. ¨DMis chicos est¨¢n en peligro. ¨DPara cuando acab¨¦ la frase, ya estaba saliendo por la puerta¨D. De todas formas... Ha estado bien verte. Quiero decir, siempre lo est¨¢... Ya me entiendes. De vez en cuando es un gusto que derroten a una. Espera, no quer¨ªa decir eso... Ten¨ªa tanta prisa que no era capaz de organizar las palabras. Por suerte, la modelo tuvo la paciencia suficiente como para esperar que mis pensamientos se organizaran con su p¨ªcara sonrisa de satisfacci¨®n. ¨D?Sea como sea! ¨DMe di un tortazo en cada lado de la cara de una forma c¨®micamente exagerada¨D. S¨¦ que me voy sin darte muchas de las respuestas que quieres o¨ªr. A decir verdad, tampoco es que pueda d¨¢rtelas ahora mismo porque mi cabeza ahora mismo est¨¢ en modo sobrecarga y no atiende a razones. Joder, y yo aqu¨ª perdiendo tiempo en la puerta cuando deber¨ªa estar corriendo. Ella me plant¨® un beso en los labios y una palmada en lo que a todas luces era mi culo. Menuda t¨ªa, no pod¨ªa dar puntada sin hilo ni en un momento as¨ª. No necesit¨® muchas palabras para despedirse, pero fue capaz de toparse con las necesarias para que me fuera con la cara tan roja como la de mi hermanita despu¨¦s de una de mis ocurrencias m¨¢s inapropiadas. Otra de esas venganzas k¨¢rmicas, supuse. ¨D?Mucha suerte en tu combate, Rapsodia! S¨ª. A¨²n llevaba puesto el cosplay. Cap铆tulo 27, por Norma Guarnido (parte 2) Calcul¨¦ mentalmente con rapidez. Si corr¨ªa lo suficientemente r¨¢pido, estar¨ªa en el Judgment 1999 en algo menos de diez minutos. Solo el sacar el coche del aparcamiento y dar todo el rodeo que exig¨ªa esa calle acabar¨ªa tom¨¢ndome ese tiempo, as¨ª que decid¨ª apresurarme con todo lo que me permit¨ªan las piernas y las miradas de un mont¨®n de curiosos que se maravillaban por ver a una se?ora con una armadura de cuero llena de viales m¨¢gicos, un brazalete capaz de invocar un mecha y una pistola de ¨¦ter colgada del cinto correr por la calle. Tampoco ayudaba que estuviera con el tel¨¦fono pegado a la oreja comunic¨¢ndome a gritos con mi jefe. ¨DDe acuerdo, Norma. ¨DEl cabr¨®n de Ram¨®n sonaba calmado a pesar de todo lo que le hab¨ªa dicho¨D. Buen trabajo, por cierto. Estoy leyendo el interesante emilio que nos ha enviado tu amiga. Un incre¨ªble trabajo de investigaci¨®n que, en cuanto verifique, eliminar¨¢ de un plumazo decenas de dudas acumuladas. ?Est¨¢s segura de que no podr¨ªamos contar con ella en la redacci¨®n? Ser¨ªa un gran activo. ¨DDej¨¦moslo para luego ¨Despet¨¦¨D. Necesito ?gu¨ªa espiritual? para esto. Ya sabes, ?tengo permiso para cargarme la puerta de un pu?etazo? Bueno, qu¨¦ cojones, Vero est¨¢ en peligro y eso es un ?s¨ª? autom¨¢tico. De todas formas, fuiste t¨² quien habl¨® con ese tal Seven y el ¨²ltimo en contactar con la sacerdotisa, as¨ª que dime cu¨¢l es la misi¨®n. ¨DComo bien recuerdas, ese tal Seven mencion¨® que hoy ser¨ªa la beta de lo que sea que esa tal Cameron ten¨ªa preparado. Su ?puesta en producci¨®n? ser¨¢ la pr¨®xima semana. No hay mucho que descifrar ah¨ª. Si lo hubiera, este emilio me ha despejado todas las dudas: es el d¨ªa en el que traer¨¢n a Algodaoth de vuelta a este mundo. Considera lo de hoy como una prueba. Una fase uno, en palabras de nuestra maestra, ?ineludible?. ¨DEstos sectarios est¨¢n locos ¨Ddescrib¨ª brevemente lo que pod¨ªa ver con mi esp¨ªritu esp¨ªa¨D. Los chicos lo est¨¢n haciendo lo mejor que pueden, pero me preocupa lo que... Bah, da igual. Voy a reventarle la cara a ese Seven. Derrib¨¦ esa puerta azul con el cartel de ?Cerrado por evento privado? de un solo golpe. Algunos muchachos con pinta de haber sido derrotados estaban sentados en las mesas, pero m¨¢s all¨¢ de la sorpresa inicial, nadie supo reaccionar a que una musculosa hero¨ªna de videojuego hubiera derribado su puerta con algo que no fuera miedo. ¨DTu prioridad es poner a los chicos a salvo ¨Dorden¨® con su caracter¨ªstica calma¨D. Si puedes obtener algo m¨¢s de informaci¨®n sobre sus planes, adelante. Nunca va de m¨¢s, al fin y al cabo. Sin embargo, recuerda que la batalla que hemos de ganar no es la de hoy. De hecho, si lo que la sacerdotisa me ha dicho tiene algo de sentido, es probable que hay¨¢is de renunciar a algo para que el plan salga adelante. ?El veneno m¨¢s letal ataca lento y desde dentro?, dec¨ªa. ¨DConf¨ªo en tu corazonada como si viniera de mi mismo pecho, Ram¨®n ¨Drespond¨ª¨D. Te lo prometo. Pero tengo que repartir algo de estopa o no me quedar¨¦ tranquila. ¨DJe, estopa ¨Dse?al¨® la iron¨ªa en mi elecci¨®n de palabras, pero me costaba imaginar que ese ?je? fuera acompa?ado por una sonrisa genuina¨D. S¨¦ prudente, Norma. ¨DMe toca colgar. Des¨¦anos suerte. Coloqu¨¦ el m¨®vil apresuradamente en uno de los bolsillos del traje (por suerte, hab¨ªa muchos para elegir) y baj¨¦ las escaleras a saltos. No tuve problema en levantar a uno de los que esperaban al final del evento cinco palmos hacia el techo para que me dijera c¨®mo entrar a la sala donde se estaba celebrando el combate, pero despu¨¦s me sent¨ª mal por haber logrado que un adulto hecho y derecho llorara a moco tendido. Al cruzar la puerta oculta por la m¨¢quina de refrescos, sent¨ª lo que solo pod¨ªa calificar como fr¨ªa oscuridad. Ese ?es m¨¢s grande por dentro? me agit¨® con la desagradable energ¨ªa que solo un demonio era capaz de exudar, pero se sent¨ªa tan d¨¦bil que ni siquiera tuve tiempo a preocuparme por ella. Cruc¨¦ el velo del fondo de la sala y, aunque al lugar al que hab¨ªa llegado era a¨²n m¨¢s confuso para el ojo desnudo que el anterior, el glitch me ayud¨® a llegar r¨¢pidamente a mi destino. Stolen story; please report. ?Justo a tiempo?, pens¨¦ para mis adentros al presentarme frente a la estampa que hab¨ªan dejado mis pupilos. El¨ªas hab¨ªa agotado sus energ¨ªas y, con las piernas a¨²n r¨ªgidas, se desplom¨® contra el suelo. ¨DEres... ?Rapsodia? ¨Dso?¨® en su ¨²ltimo aliento. ¨DLleg¨® la caballer¨ªa. ¨DMe puse en posici¨®n de combate en el hueco que hab¨ªa dejado el curandero¨D. Ponedme en situaci¨®n. ¨DYa te podr¨ªas haber tra¨ªdo la armadura a¨¦rea ¨Dbrome¨® Zack, pero no tard¨® en retornar su tono a la seriedad que le permit¨ªan sus jadeos¨D. Quedan esos tres. Arriba est¨¢n los jefazos, probablemente organizando algo especial. Por su sonrisa confiada, ese ?algo especial? difer¨ªa mucho de lo que pod¨ªa simular en mi cabeza. Sin embargo, con una docena de glitches preparando sus ataques no estaba en posici¨®n de cuestionar su optimismo. No parec¨ªan demasiado fuertes m¨¢s all¨¢ de su n¨²mero, visto que un flechazo de luz en el pecho desintegr¨® a uno en un instante y Mako parec¨ªa estar disolvi¨¦ndolos en v¨®xeles de dos en dos sin que su maestra tuviera que darle orden alguna. El problema radicaba en que eran f¨¢cil y continuamente sustituidos por nuevas criaturas. Por las acciones de Vero, parec¨ªa que el plan era dejar KO a los usuarios en lugar de enfrentarse al ej¨¦rcito que nos abrumaba. Fue f¨¢cil en cuanto se pudo escurrir entre el grueso de sus criaturas; por habilidosos que fueran con la energ¨ªa espiritual, el estilo de combate de la Catedral no daba mucho lugar a desarrollar el combate cuerpo a cuerpo ni una forma certera de evitar que una espada espiritual cortara tu alma por la mitad. C¨®mo molaba mi hermanita. ¨DYa era hora ¨Dreplic¨® con cierta chuler¨ªa. Eso se lo hab¨ªa ense?ado yo¨D. Te hago un resumen r¨¢pido: cre¨ªamos que todo el mundo ven¨ªa a por nosotros porque quer¨ªan superar por una vez a Zack, pero resulta que el t¨ªo solo tiene un par de archirrivales. Al parecer, la obsesi¨®n por ¨¦l es fruto de esos circuitos dem¨®nicos de los ordenadores que est¨¢n controlando a sus amigos. Gracias por los talismanes, por cierto. Por la expresi¨®n del aludido eso tambi¨¦n era una noticia completamente nueva para ¨¦l. Al darse cuenta de las implicaciones (o, mejor dicho, por la forma clara y fr¨ªa de la exorcista de explicar que el campe¨®n al que buscaban era a ¨¦l y las implicaciones que ese t¨¦rmino pod¨ªa tener), el optimismo del muchacho empez¨® a resquebrajarse y mostrar algo de miedo, genuino, a trav¨¦s de sus primeras grietas. No obstante, se recompuso y tom¨® su rol de veterano en poco tiempo. ¨DSubamos. ¨DSe?al¨® a la torre¨D. Ya que hemos llegado tan lejos, quiero ver lo que ha preparado Seven. Ll¨¢malo curiosidad cient¨ªfica, que para algo es lo que estudio. ¨DNo me puedo creer que sea yo la que diga esto ¨Dsuspir¨¦, algo desilusionada de tener que hacerme cargo de la voz de la raz¨®n¨D, pero deber¨ªamos volver a casa. No est¨¢is en vuestra mejor forma y... ?hab¨¦is visto al pobre Eli? ¨DQuiero respuestas ¨Dsentenci¨® Vero¨D. Aunque se las tenga que arrancar a ese tal Seven. Ese t¨ªo sabe cosas de las que somos ignorantes. Sabe de puta dem¨®nica hasta el punto de invocar los hilos de Algodaoth cuando su grieta est¨¢ sellada. Sabes qu¨¦ significa eso, ?verdad, Norma? Seven es la clave para traer de vuelta a Jaime. Esas palabras me agitaron como si de una r¨¢faga de viento se tratara. ¨DAlgo me lo dice. ¨DSe llev¨® la mano al pecho¨D. No s¨¦ si es el H¨¦roe o si es mi propia intuici¨®n, pero... Llevo desde que hemos llegado a este bar con la sensaci¨®n de que hoy ocurrir¨¢ algo grande. Soy consciente de c¨®mo est¨¢n las cosas, pero... no es momento para acobardarse. No ahora. ¨DOs promet¨ª que os llevar¨ªa hasta el final ¨Dterci¨® un Zack que, por muy extenuado que pareciese, no borraba su sonrisa¨D. Qu¨¦ menos que lograros una o dos respuestas, especialmente con este giro de guion tan emocionante. Adem¨¢s, no puedo dejar a mis amigos ah¨ª, cuales t¨ªteres abandonados. Yo no soy as¨ª. Rezongu¨¦. Hab¨ªan sabido minar la veta correcta para que accediera. Eso s¨ª, les promet¨ª que a la m¨¢s m¨ªnima nos dar¨ªamos media vuelta dejando todo atr¨¢s, sin peros que valieran. Decid¨ª echarme al inconsciente El¨ªas a la espalda. Como adulta responsable de la expedici¨®n, no pod¨ªa dejarle durmiendo la mona en las tripas de un demonio. La puerta de la torre se abri¨® nada m¨¢s ponernos delante, con mucho esc¨¢ndalo y una energ¨ªa m¨¢s que teatral. En el centro de la habitaci¨®n, sombr¨ªa y rodeada de una bruma pegajosa, se encontraban esperando tres personas sentadas en un banco, pr¨¢cticamente pidiendo a gritos que fotografiaran la escena para ponerla de portada en un disco de m¨²sica emo. Cap铆tulo 27, por Norma Guarnido (parte 3) ¨D?Bienvenidos! ¨DEl que asum¨ª que era Seven, el hombre alto del disfraz cutre, se puso en pie y dio un par de palmadas al aire¨D. Aqu¨ª es cuando me toca deciros que estoy contento de encontrarme al equipo ganador para premiarle por sus esfuerzos y retarle al combate final. Sin embargo, hab¨¦is visto a trav¨¦s de mi peque?o ardid y eso os ha hecho pensar que pod¨ªais distorsionar las normas de este enfrentamiento a vuestro antojo. Eso, amigos, no es bueno. Movi¨® el dedo ¨ªndice de un lado a otro para negar. Si hab¨ªa un momento inadecuado para imitar la pantalla de t¨ªtulo de Sonic the Hedgehog, era ese. Chasque¨® un poco la lengua cuando nuestro silencio le pareci¨® una respuesta insuficiente. ¨DEs la voluntad de Algodaoth que le ofrezca el cuerpo de Su campe¨®n. Rechaz¨® la posibilidad de habitar mi carne, demasiado consumida por a?os de tratos con demonios de diversa ¨ªndole. No, quer¨ªa a ese chico. El primero que conoci¨®. ¨DCamin¨® calmadamente de un lado a otro de la habitaci¨®n¨D. Premiarle por sus logros, concedi¨¦ndole el mayor de los honores: Albergarle a ¨¦l. Yo, a cambio, cumplir¨ªa Su deseo. A cambio de ese cuerpo, ¨¦l me recompensar¨ªa con poder y conocimiento, como ya hicieron sus hermanos otrora. Zack extendi¨® su brazo para invocar a una de sus criaturas, pero el mero gesto pareci¨® drenarle m¨¢s de la cuenta. Vero, de un salto, se puso frente a ¨¦l, con su escudo a m¨¢xima potencia. El hombre no se molest¨® en contraatacar, pero hizo aparecer sobre su espalda un borr¨®n de tinta que poco a poco empezaba a tomar forma. Metal oscuro. Luz blanquecina que crec¨ªa en torno a sus surcos, poco a poco, hasta formar unas alas que en otros tiempos hab¨ªan sido parte de una m¨¢quina. ¨DNo me lo ibais a dejar f¨¢cil, ?verdad? ¨DSolt¨® una carcajada¨D. Tuve que haber imaginado que un experto en demonolog¨ªa como Ram¨®n Lourido habr¨ªa hecho algo para frustrar mis planes. ?Ah! ?Curiosos talismanes! Tan b¨¢sicos, tan simples como la obra de un p¨¢rvulo si el estudio de las artes dem¨®nicas se impartiera en los colegios... Si bien lo suficiente s¨®lidos como para impedir que ¨¦l tomara control de los que pretend¨ªan venir a darle caza. ?Magn¨ªfico desarrollo! Solt¨¦ a El¨ªas usando algo de energ¨ªa de colch¨®n y lanc¨¦ uno de mis ataques contra el l¨ªder. No ten¨ªa ganas de aguantar a charlatanes, pero sab¨ªa que, si ese pu?etazo sobrecargado no me daba la victoria, al menos le har¨ªa hablar m¨¢s de la cuenta como represalia. Esa gente era as¨ª de bocachanclas. Estaba claro que no iba a ser tan f¨¢cil; tal y como esperaba, algo bloque¨® mi pu?o. Un denso muro de energ¨ªa, conjurado por la mujer que segu¨ªa en el banco. Mi golpe lo rompi¨® en mil luces de color aunque, a juzgar por la sonrisa confiada de nuestro rival, parec¨ªa contar con ello. ¨DPrincesa Aran. ¨DEstir¨® las alas y las encendi¨® para levitar en el aire¨D. Es un verdadero placer conocerte. Desde tu primera carta a la Revista Silicio fuiste una motivaci¨®n para m¨ª. ?Gracias, de veras! ?Sab¨ªas que fue gracias a uno de tus comentarios que conoc¨ª a mi primer demonio? Un encuentro fortuito que me cambi¨® la vida. ?Ah, el amor por la demonolog¨ªa! ?Ese invitado original a los confines de mi mente, siempre dispuesto a ense?arme! ?Gracias, otra vez! Soy un verdadero fan de tu trabajo, Norma Guarnido. ¨D?Qui¨¦n eres? Mejor dicho... ?qu¨¦ eres? Aunque no fuera mi especialidad, intent¨¦ leer el aura de Seven como lo hubiera hecho mi maestra. Era, con diferencia, la m¨¢s desequilibrada que hab¨ªa notado en cualquier persona af¨ªn a la espiritualidad. Sent¨ªa demasiados picos y v¨®rtices en ella, como si un mont¨®n de fuerzas lucharan por su propio espacio en la energ¨ªa. Varias docenas de particiones en su mente, cada una de ellas albergando demonios latentes. Numerosas energ¨ªas de demonio en un ¨²nico recipiente. Eso solo pod¨ªa significar una cosa: no los hab¨ªa devorado... conviv¨ªa con ellos en simbiosis. En su alma solo restaba la humanidad justa para mantener su noci¨®n de la identidad, pero su fuerza de voluntad era tan f¨¦rrea como para mantener el control de sus acciones... y el resto de demonios la segu¨ªan. Eso s¨ª, no hab¨ªa rastro de Algodaoth ah¨ª. ¨DVaya, vaya... Est¨¢s escarbando en mi mente, ?eh? ¨DSe quit¨® el gorro del traje, dejando ver que su melena blanca ten¨ªa sus ra¨ªces coloreadas¨D. Eso es, amiga m¨ªa. ?Quieres saber qu¨¦ soy? Un farsante. Algodaoth no me bendijo en su primera venida. Tampoco a mis aliados. Pero mi fe por ¨¦l es verdadera y estoy listo para cambiar mi triste condici¨®n. Zack vibraba, literalmente, de la rabia. Un r¨ªo de l¨¢grimas rod¨® por sus mejillas. No sab¨ªa si lo que hab¨ªa en ¨¦l era furia o tristeza, pero no se achant¨®. En su lugar, dio unos cuantos pasos hacia delante y se posicion¨® frente al escudo que le estaba protegiendo. ¨DAs¨ª que todo era una mentira ¨Dsu tono son¨® apagado, vac¨ªo, lleno de oscuridad. A¨²n no acababa de creerse lo que estaba viendo, pero su instinto hablaba por ¨¦l¨D. Todo eso de apoyarnos, lo de tomar las riendas de nuestras vidas... Era falso. Cre¨ªa en ti, t¨ªo. Cre¨ªa que lo hac¨ªas por ayudar a un pu?ado de chavales que no sab¨ªa hacia d¨®nde encaminar sus vidas. ¨D?Es por eso mismo por lo que lucho! ¨Dsolt¨® un gallo algo desagradable a mitad de frase¨D. Mi sue?o no es sino construir un mundo mejor... Un mundo en el que convivir con los demonios. Las barreras entre los mundos son artificiales. Mira lo que he logrado con mi trabajo. Mira en qu¨¦ te he convertido: eres el h¨¦roe de videojuego que siempre hab¨ªas so?ado con ser. Zack solt¨® una carcajada desencajada como r¨¦plica. Cerr¨® uno de sus pu?os, conteniendo su deseo por estamp¨¢rselo en la cara a la persona en la que hab¨ªa confiado. Aunque esperara alg¨²n tipo de triqui?uela por su parte eso deb¨ªa superar, por mucho, el peor de sus supuestos. ¨DS¨ª, has cambiado mi vida. Ser¨ªa un necio si no lo viera. ¨DTrag¨® saliva de forma audible¨D. No de la forma en la que crees, claro. Mentir¨ªa al negar que pelear con monstruos digitales en la vida real es la hostia. No puedo decir que el que me dieras una forma de aprovechar los poderes con los que me maldijo el G¨®lem de Pirita no me haya ayudado a ser quien soy ahora, pero... ??A qu¨¦ puto precio!? ¨DDej¨® caer sus hombros y solt¨® el pu?o, con sus ¨¢nimos derrotados¨D. Hace no mucho quiz¨¢ te habr¨ªa dado la raz¨®n. Lo oculto es bonito. Estos riesgos hacen que la vida tenga sentido. Todo eso, quiz¨¢. Arriesgarme y luchar eran mis formas de acercarme a mis objetivos, al fin y al cabo. Por suerte... he tenido tiempo a ver mundo. A conocer la otra cara de los esp¨ªritus. Los que viven pac¨ªficamente en el bosque. Los que no desean mal alguno y aparecen, confusos, a nuestro lado. Los que nacen de la fuerza de los nuestros... Y los que tendr¨ªamos que temer a toda costa. Est¨¢s jugando con cosas que no puedes entender, Seven. ¨D?Al contrario! ?Las entiendo mejor que nadie! ?Tengo todo ese conocimiento en mi mente! ¨DToc¨® varias veces su sien con su dedo ¨ªndice¨D. ?Soy la ¨²nica persona de este mundo capaz de hablar de t¨² a t¨² con el otro lado! ?Soy el que pudo recobrar el contacto con Algodaoth tras su injusto exilio! Y lo hice solo por un art¨ªculo lleno de mentiras e inexactitudes que pretend¨ªa enterrar a nuestro se?or como una falsa leyenda. Gracias de nuevo, por cierto. No ser¨ªa m¨¢s que un cuento de la Princesa Aran, pero me otorg¨® una forma de contactar con ¨¦l y recibir Su mensaje. Una conversaci¨®n entre mundos. Todo gracias a vosotros, amigos de la Revista Keiso. This book''s true home is on another platform. Check it out there for the real experience. No pod¨ªa ser. Solo una persona saludaba as¨ª, carta tras carta, incluso tras dos cambios de nombre del magac¨ªn. Vaya, hab¨ªamos tenido al enemigo en casa, respuesta tras respuesta, mientras preparaba en silencio su plan para deshacer nuestra mayor y m¨¢s dolorosa victoria. ¨DAs¨ª que Seven era el pesado de Moroboshi todo este tiempo. ¨DSolt¨¦ una carcajada enorme¨D. Mira, no es que importe c¨®mo te llamaras antes o c¨®mo te llames ahora, pero este giro de los acontecimientos solo hace que tenga m¨¢s ganas todav¨ªa de meterte los dientes para dentro. Me lanc¨¦ con violencia hacia ¨¦l. Un pu?ado de poderes desconocidos me arrojaron hacia atr¨¢s, pero supe recomponerme y seguir atacando a distancia. Sus dos compa?eros solo observaban, calmados, cuales lacayos de apoyo. Un muro por aqu¨ª, un estallido de luz por all¨¢... No parec¨ªan m¨¢s que marionetas de carne como las que tanto les gustaban a Algodaoth, aunque la realidad que se le¨ªa en sus auras era mucho m¨¢s fr¨ªa: hab¨ªan probado a albergar tantas bestias en su cabeza como su jefe y sus mentes hab¨ªan consumido su parte humana. Eran, en esencia, incapaces de funcionar por su propia cuenta si no hab¨ªa un glitch al mando. ¨DEs un peque?o precio que han tenido que pagar a cambio del poder. ¨DAdivin¨® en lo que estaba pensando¨D. La Madre nos ha prove¨ªdo a trav¨¦s de su Puerta de cientos de glitches con los que fortalecernos y allanar el camino de nuestro Se?or. Pod¨¦is compararlos con zombis, si gust¨¢is. Los zombis m¨¢s fuertes con los que un amante de los demonios puede contar. Ambos se levantaron a la orden del l¨ªder y empezaron a descargar un amplio abanico de habilidades. No era dif¨ªcil para m¨ª enfrentarme a ellos, pero Vero acumulaba cansancio y el domador estaba tan aturdido por la situaci¨®n como cansado. Por mucho que tanto Mako como yo a¨²n tuvi¨¦ramos energ¨ªas para enfrentarnos a ese peque?o ej¨¦rcito de demonios escondidos en las mentes de esos tres adultos, el curso de acci¨®n m¨¢s razonable era poner pies en polvorosa cuanto antes. Vero entendi¨® con claridad que ese era el momento de ?a la m¨ªnima nos daremos media vuelta? que hab¨ªa insinuado antes y cubri¨® la primera fase de la retirada. Intent¨¦ ganar algo de tiempo lanzando mis fuegos fatuos para poder recoger el cuerpo inconsciente de El¨ªas del suelo. Zack, en cambio, se qued¨® clavado en su posici¨®n, pensativo. Helado, con esa mirada perdida que hab¨ªa aprendido a temer tras haberla visto en los ojos de un buen amigo antes de un desastre. ¨DEse glitch quiere a su campe¨®n. Por alg¨²n motivo, es imperativo para ¨¦l que sea hoy mismo ¨Ddijo, por fin¨D. Va a venir a por m¨ª, incansable, sea como sea. Solo me quiere a m¨ª. Vosotros... Pod¨¦is volver a casa y luchar otro d¨ªa, ?verdad? ¨DZack, ?qu¨¦ cojones? Vero se interpuso entre un ataque y el albino. Su mascota virtual se uni¨® a ella, cubriendo sus espaldas ante cualquier ataque. Impresionaba verla sujetando el escudo con un brazo y la barbilla del chico confuso con la otra. De no ser por la situaci¨®n tan cr¨ªtica que nos rodeaba, incluso me hubiera parado a se?alar lo monos que parec¨ªan as¨ª. ¨DEstoy preparado. ¨DLevant¨® la mirada hacia la exorcista¨D. S¨¦ que no tiene mucho sentido, pero... Creo que el domador n¨²mero uno de la Catedral es el ¨²nico que puede tomar las riendas de ese demonio. Yo me aprovechar¨¦ de ese cabr¨®n y vosotros tres volver¨¦is a salvo. ¨D??Qu¨¦ clase de estupidez est¨¢s diciendo!? ¨Dgrit¨® la adolescente con todo el aire de sus pulmones a pesar de que la distancia entre ellos fuera pr¨¢cticamente nula¨D. Vas a... sucumbir. Quiz¨¢ ganes el primer asalto y nos puedas ayudar. Quiz¨¢ puedas incluso salvar a algunos de tus amigos con esta idea absurda... Pero terminar¨¢s cayendo. ¨DQuiz¨¢ ¨Dse limit¨® a replicar, jugueteando con el pin entre sus dedos¨D. Pero no se me ocurre un plan mejor. ¨DNo voy a dejar a nadie atr¨¢s ¨Dsuspir¨¦ hacia el aire, aunque no ten¨ªa el ¨¢nimo necesario para proyectar la voz. Los ataques de tres humanos-ej¨¦rcito, si es que quedaba algo de humanidad en ellos, eran abrumadores y yo estaba siendo la ¨²nica barrera entre los adolescentes y ellos¨D. Otra vez no. Otra vez contra ese G¨®lem no. El hombre que se estaba enfrentando a m¨ª sonri¨® con una inusitada seguridad al escuchar nuestros comentarios. Definitivamente, confiaba tanto en que la influencia de Algodaoth sobre el chico ser¨ªa absoluta que no tuvo la necesidad de escupir ninguno de sus comentarios sectarios para desmoralizarnos. Se estaba tomando esa decisi¨®n como una victoria moral. Y eso me enfurec¨ªa. ¨DConfiad en m¨ª, voy a destrozar esto desde dentro ¨Ddijo Zack, tirando del cuerpo de su protectora en busca de un beso de despedida¨D. Me las apa?ar¨¦. Siempre lo hago. Y si no es as¨ª... S¨¦ que puedo confiar en vosotros. Diez d¨ªas hasta la invocaci¨®n del G¨®lem, ?verdad? Ten¨¦is tiempo para idear un plan. Yo har¨¦ lo que pueda por pon¨¦roslo lo m¨¢s f¨¢cil posible. ?El veneno m¨¢s letal ataca lento y desde dentro?. De repente, comprend¨ª las palabras de la sacerdotisa. Eso me hizo incapaz de protestar m¨¢s ante la situaci¨®n. ¨DSeguro que hay otra forma ¨Dsolloz¨® Vero en su hombro¨D. Tenemos a Mako. Estamos con Norma, ellos solo son tres. Norma puede con todo. Norma... puede con todo. Conf¨ªo en ella. ¨DNorma quer¨ªa volver. Norma sab¨ªa que no era el mejor momento. ¨DMe ech¨® una mirada. Aunque estaba en medio de un combate tres contra uno, le devolv¨ª un asentimiento¨D. Y nosotros hemos insistido en que pod¨ªamos con lo que nos echaran. Esta vez, hemos sido nosotros los arrogantes. Y nos toca pagar. No te preocupes, Vero. Est¨¢ todo controlado. Regresad. En cuanto te des cuenta estaremos comiendo pizza mientras jugamos al Mario Kart. Yo pondr¨¦ de mi parte. S¨¦ que t¨² tambi¨¦n. No tuve el est¨®mago para responder a eso. Por muy razonable que sonara su plan (y por mucho que encajara con las palabras de la sacerdotisa), era desolador pensar en otro sacrificio de un amigo. Solo me apetec¨ªa gritarle lo est¨²pido que estaba siendo, tirar de ¨¦l con toda mi fuerza y echar a correr hacia un lugar seguro. Aun as¨ª, ambos sab¨ªamos que, en el mejor de los casos, descarrilar¨ªamos los planes del cosmos. No quer¨ªa pensar en qu¨¦ pod¨ªa ocurrir en el peor. Me invadi¨® con fuerza el pensamiento de que, si lo hac¨ªa, ser¨ªa por mi reticencia a enfrentarme a los sentimientos que me llevaban acosando desde la desaparici¨®n de Jaime, lo que me pondr¨ªa de nuevo en duelo con ellos y me acabar¨ªa bloqueando. Al fin y al cabo, ese est¨²pido plan era en lo ¨²nico que pod¨ªa confiar. ¨DOs quiero. ¨DTir¨® con fuerza del pin que llevaba en el jersey. Le desgarr¨® unos cuantos hilos, pero ten¨ªa algo m¨¢s acuciante de lo que preocuparse¨D. Recu¨¦rdaselo a Eli cuando se despierte, que es algo olvidadizo. Su voz se agrav¨® instant¨¢neamente unas cuantas octavas. De repente, su aura se acrecent¨®, pero parec¨ªa seguir siendo ¨¦l... Al menos, al principio. No necesit¨® m¨¢s que un pu?etazo certero para enviar a Seven contra la pared m¨¢s cercana. Pude sentir c¨®mo su propio esp¨ªritu tintineaba como una bombilla a punto de apagarse. Los otros dos combatientes se negaron a seguir luchando. En su lugar, se postraron para presentar sus respetos al nuevo recept¨¢culo de Algodaoth. En un instante, todo estaba controlado. De la forma m¨¢s retorcida que cabr¨ªa esperar, pero... Controlado, al fin y al cabo. Nos ech¨® una ¨²ltima mirada, con esos ojos irisados tintados de una imponente energ¨ªa carmes¨ª. Sin mirar atr¨¢s, tom¨¦ a Vero bajo mi brazo y corr¨ª todo lo que mis piernas me permitieron, sin parar hasta que abandon¨¦ los l¨ªmites del demonio que hac¨ªa el espacio a¨²n m¨¢s grande. Junto a esas recreativas y ese pu?ado de adolescentes confusos, me sent¨ª segura. Ya no pod¨ªa sentirlo. La influencia del G¨®lem de Pirita no llegaba m¨¢s all¨¢ de esa puerta. Cada vez estaba m¨¢s convencida de que ese era el objetivo de la ?beta? de la que hablaban con Lady Cameron: que el demonio encontrase un cuerpo con el que cruzar de vuelta a nuestro mundo. Traer con ese trozo de alma el resto de su existencia y, entonces, controlar a todos sus t¨ªteres como hab¨ªa intentado la primera vez. Nos hab¨ªamos dejado caer en la trampa. Sin embargo, ten¨ªa sentido. Parec¨ªa alinearse con las palabras de la sacerdotisa. Con los mensajes cr¨ªpticos que escuch¨® Ram¨®n. Con sus propias corazonadas. Con mi intuici¨®n. Y es que, como hab¨ªamos aprendido de tantas historias de ficci¨®n, ?es imposible evitar la fase uno del plan?. ?Cu¨¢l ser¨ªa la fase dos? Ah¨ª era donde est¨¢bamos. En ese peque?o remanso de calma amarga que serv¨ªa como el preludio al combate final. Las apuestas no hac¨ªan m¨¢s que subir y, por una vez, me permit¨ª desgarrar el cielo con un alarido de furia. Cap铆tulo 28, por Ramè´¸n Lourido (parte 1) Recorr¨ª la cafeter¨ªa con la mirada. Por suerte o por desgracia, el Thardisia no estaba tan bullente ese d¨ªa como para que cerrar la puerta unas horas supusiese un problema al due?o. ¨DPodemos comenzar con esta reuni¨®n extraordinaria de Cazadores de Silicio. Extraordinaria e informal, por descontado. ¨DMe ajust¨¦ el cuello de la americana para imponer algo de respeto¨D. Gracias, Sanae, por tu inestimable colaboraci¨®n. El barista tom¨® asiento junto a nosotros y dio un largo sorbo a su taza de caf¨¦. Conoci¨¦ndole, era probable que escuchase hasta la ¨²ltima de nuestras palabras, pero no aportase un solo comentario hasta el final de la reuni¨®n, si es que lo hac¨ªa. No obstante, la situaci¨®n requer¨ªa de la ayuda de todos los exorcistas disponibles. ¨DVer¨®nica, por favor... ¨DPar¨¦ un instante, intentando decidir si era o no una buena idea pedirle algo as¨ª¨D. ?Podr¨ªas invitar a Mako a esta reuni¨®n? ¨DVaya, ?te has encari?ado con mi peque?o demonio? ¨Dreplic¨® con un tono tan juguet¨®n como ¨¢cido. ?Se le estaban contagiando las malas costumbres de El¨ªas Delf¨ªn?¨D. ?D¨®nde se ha quedado eso de no confiar en ¨¦l? Tito, te haces mayor. No dign¨¦ esa provocaci¨®n con una respuesta. Estaba seguro de que la exorcista intu¨ªa, de una u otra forma, por qu¨¦ intentaba no mostrar apego alguno a la criatura durante todo este tiempo. Aun as¨ª, accedi¨® con poco m¨¢s que un intercambio de miradas. El demonio se materializ¨® directamente sentado en una de las sillas libres. Desde la ¨²ltima vez que lo hab¨ªa visto, el glitch hab¨ªa dado otro estir¨®n. Segu¨ªa sin ser claramente humano, pero en ese momento era f¨¢cil interpretar en su forma a un seraf¨ªn adulto. Uno incapaz de comunicarse mediante el don de la palabra, si bien sab¨ªa que eso pod¨ªa arreglarle. Despu¨¦s de todo este tiempo con formas tan oscuras y bestiales, por fin ten¨ªa un rostro humano al que mirar. Justo a tiempo para la batalla final. Tan bromista como siempre, ?verdad? ¨DDe acuerdo. ¨DEvad¨ª la mirada de los presentes¨D. Tenemos muchos asuntos sin zanjar sobre la mesa, ?alguien gustar¨ªa de elegir uno con el que comenzar? ¨DZack. Fue El¨ªas quien respondi¨®. Solo una palabra seca, afilada como un cuchillo. Ver¨®nica acarici¨® su antebrazo en un claro intento de calmarle, pero sigui¨® tenso al respecto. ¨DUn chico valiente, sin duda. ¨DIntent¨¦ llevarlo con diplomacia¨D. Sab¨ªa mejor que cualquiera que nosotros el rol que el universo le hab¨ªa otorgado y lo abraz¨® con gallard¨ªa. Huelga decir que se lo agradeceremos como es debido tray¨¦ndole de vuelta. Esta vez, nadie se va a quedar atr¨¢s. ¨D?Cu¨¢l es el plan? ¨Despet¨® el joven¨D. Porque tiene que haber alguno, digo yo. Me hab¨¦is pedido que me concentrara en lo m¨ªo esta semana, que buscara todas las pistas... ?C¨®mo? ?Ja! ?Como si fuera a poder concentrarme despu¨¦s de...! Joder, si ni siquiera pude despedirme de... ¨DHemos cumplido con nuestra parte del trato, El¨ªas ¨Dasever¨¦¨D. Por descontado. La guardiana del santuario ha sido lo bastante gentil como para proveernos de las herramientas para salvar su alma, mas asegura que su mente es lo suficientemente fuerte como para vencer en su empresa por su cuenta. Solo nos pidi¨® esperar al momento oportuno para arremeter, y eso es lo que haremos. ¨DPuedes contar con nosotros, Eli. ¨DNorma apoy¨® su mano el hombro del muchacho¨D. Aunque en quien m¨¢s deber¨ªas confiar es en ¨¦l. De no ser por lo que hizo, posiblemente nada de esto ser¨ªa posible. As¨ª que aseg¨²rate de agradec¨¦rselo cuando le veas. ¨DComo ya sabes, hemos ajustado los circuitos dem¨®nicos de esos ordenadores para evitar ese tipo de influencias ¨Dasegur¨¦, intentando imprimir tranquilidad en las palabras¨D. El tuyo ya est¨¢ listo; el de vuestro amigo ir¨¢ despu¨¦s. Aprovecharemos la tecnolog¨ªa de esa Catedral en su contra y hag¨¢monos fuertes con ella. Lo que me lleva al siguiente punto... Di un poco de aire a las palabras, esperando que el muchacho protestara, pero no lo hizo. Cuando hubo pasado un tiempo prudencial, levant¨¦ el ment¨®n para se?alar a mi compa?era, d¨¢ndole paso a la conversaci¨®n. ¨DLa procedencia de ese saber ¨Dintervino¨D. Es curioso, Seven nos ense?¨® un tercer modo de relacionarnos con los demonios. Nosotros, los devoramos. Los domadores los controlan mediante tecnolog¨ªa de fuera de este mundo. ¨¦l y sus seguidores... Simplemente conviven con ellos. Compartiendo ideas, conocimiento... E invocando criaturas de otros mundos al nuestro para obtener su poder y sus secretos. ¨D?Otros mundos? ¨Dpregunt¨¦¨D. ?A qu¨¦ se debe ese plural? ¨DQuiz¨¢ el bueno de Eli pueda responderte a eso. ¨DSe?al¨® al aludido¨D. La teor¨ªa es suya y solo suya, al fin y al cabo. ¨DBueno, supongo que esto es algo que no sorprender¨¢ a nadie ¨Dexplic¨®. Su tono serio y dolido a¨²n no se hab¨ªa ido del todo, pero exponer sus ideas en voz alta parec¨ªa darle algo de claridad¨D, pero no todos los esp¨ªritus vienen del silicio. La sacerdotisa lleva vigil¨¢ndolos desde siglos antes de que Willian Higinbotham y Robert V. Dvorak creasen ese m¨ªtico Tennis for Two all¨¢ por 1958. Bueno, vale, ya s¨¦ que cu¨¢l fue el primer videojuego de la historia es algo que se ha debatido hasta la saciedad y probablemente haya tantas opiniones al respecto como personas sentadas en esta mesa. Da igual, estamos hablando de siglos de diferencia. ¨DAs¨ª es. ¨DAsent¨ª con educaci¨®n¨D. Nadie pone en duda que el espiritismo sea m¨¢s antiguo que los videojuegos. Creo que puedo intuir a d¨®nde pretendes llegar con esto. ¨DA la mera raz¨®n de ser de los glitches ¨Dcarraspe¨® para corregirse¨D. Bueno, de los demonios y esp¨ªritus en general, independientemente de su medio de origen. Aunque podemos seguir llam¨¢ndolos as¨ª si quer¨¦is. Glitch sigue siendo un t¨¦rmino claro y conciso. Hubo algo que la sacerdotisa me dijo que me hizo pensar en que, al fin y al cabo, muchas de las criaturas m¨ªsticas de ese bosque no eran nativas de este mundo. Simplemente, encontraban su paz y su camino aqu¨ª. Stolen content alert: this content belongs on Royal Road. Report any occurrences. ¨DA m¨ª me dijo algo sobre que deber¨ªamos descubrir ?la verdadera naturaleza de los esp¨ªritus? ¨Da?adi¨® Norma¨D. Es una pieza que encaja. ¨DMi teor¨ªa estaba llena de huecos. ?Cu¨¢les son esos otros mundos? ?C¨®mo pod¨ªan llegar hasta aqu¨ª? Nada acababa de tener sentido. Por un momento, consider¨¦ que no eran m¨¢s que extra?as fuerzas y designios del universo. Que los humanos somos demasiado peque?os como para poder entenderlo. La demonolog¨ªa ha existido desde que el mundo es mundo y algunos sinverg¨¹enzas han decidido aprovecharla para atraer a criaturas del m¨¢s all¨¢ desde tiempos inmemoriales, as¨ª que descubrir seg¨²n qu¨¦ cosas sobre esos extra?os circuitos no me sorprendi¨® demasiado. Sin embargo, un peque?o detalle de lo que ocurri¨® en esa torre me dio el chispazo que necesitaba para seguir. Inclin¨¦ la espalda hacia ¨¦l, deseoso de ver c¨®mo segu¨ªa esa l¨ªnea de pensamiento. Si no era la demonolog¨ªa ni la forma de nuestros enemigos de obtener su conocimiento, solo pod¨ªa tratarse de... ¨DMoroboshi ¨Ddijo con contundencia¨D. Si ¨¦l y Seven son la misma persona, el cronograma empieza a cuadrar. Por aquel entonces, no deb¨ªa saber mucho de demonios. Dijo que una de las cartas de Norma fue el detonante de su primer encuentro. Eso fue... ?a finales de los ochenta? La pelirroja asinti¨®. ¨DSupongamos que un demonio pobl¨® entonces parte de su mente. Que empez¨® a susurrarle al o¨ªdo cosas. Cosas como c¨®mo obtener m¨¢s poder trayendo a criaturas desde su mundo o los secretos de la demonolog¨ªa que ni los mejores investigadores ¨Dme dedic¨® una mirada desafiante¨D pod¨ªan esclarecer. Mientras la humanidad jugaba con las migajas, ¨¦l llevaba unos cuantos pasos por delante. Pero hab¨ªa un problema: los videojuegos a¨²n estaban en su m¨¢s tierna infancia. Los ocho bits de la NES y la Master System no estaban muy preparados para hacernos imaginar, salvo casos muy notables. Para la mayor¨ªa de la poblaci¨®n, las consolas no eran m¨¢s que juguetes; y los ordenadores, material de oficina. ¨DLo que significa que la mitolog¨ªa detr¨¢s de ellos no era lo tan grande como para que sus leyendas permearan lo suficiente. S¨ª, hab¨ªa errores de c¨®digo por aqu¨ª, rumores que nos llegaban a la revista por all¨¢. Sin embargo, tienes raz¨®n: no pod¨ªa haber demonios de silicio lo suficientemente fuertes si el mero imaginario colectivo no los ten¨ªa en tal estima. ¨DMe acarici¨¦ el ment¨®n¨D. Lo que dices tiene sentido, mas me gustar¨ªa se?alarte las dos obvias excepciones. ¨DEl H¨¦roe y Erymath, s¨ª. Las he tenido en consideraci¨®n, descuida. Aunque tengan su origen en Eiyuusha, hay algo que destaca sobre todo lo dem¨¢s: no son sino el ideal del hero¨ªsmo y la villan¨ªa. Podr¨ªan haber sido otros personajes cualesquiera: Mario y Bowser, Link y Ganon, el Guerrero de la Luz y Garland... Con haber estado ah¨ª en la ¨¦poca y haber suscitado una respuesta as¨ª del p¨²blico, habr¨ªan ca¨ªdo en esos roles. Ver¨®nica se llev¨® la mano a su colgante y suspir¨®. Seguramente, como el recept¨¢culo del H¨¦roe, se sintiera m¨¢s cercana a esta conversaci¨®n que ning¨²n otro. No obstante, permiti¨® seguir hablando a El¨ªas. ¨DA donde quiero llegar es a una de las m¨¢ximas que me inculcasteis en mi primer d¨ªa de la redacci¨®n: un glitch, por lo general, solo es tan poderoso como su huella en el imaginario colectivo. Y si los videojuegos a¨²n no lograban marcar esa impresi¨®n, ?por qu¨¦ no buscar leyendas m¨¢s sedimentadas en otros medios? Por ejemplo, en la televisi¨®n o la literatura. Claro est¨¢, hab¨ªa un problema: puedes encontrar errores inform¨¢ticos en un videojuego, pero ning¨²n demonio se va a escapar por una p¨¢gina mal maquetada o un cel mal dibujado. De hecho, lo que ocurri¨® en el 98 me dej¨® claro que ni siquiera pod¨ªa ocurrir con un disco de m¨²sica en mal estado. Solt¨¦ una d¨¦bil carcajada en anticipaci¨®n a su discurso. ¨DLo que nos lleva al siguiente punto del d¨ªa: Gazereth ¨Dme adelant¨¦. ¨DEso es, se?or SiliMAX. ¨DHizo ese gesto en el que los dedos fing¨ªan ser pistolas¨D. Hay mucho que no sabemos de dem¨®nica. C¨®mo invocar directamente a una de esas criaturas a nuestro lado, c¨®mo comunicarnos a trav¨¦s del velo entre mundos, c¨®mo conocer esos lugares con los que no podemos interactuar con un mando... pero s¨ª que sabemos dos cosas con certeza. Invoc¨® a su esp¨ªritu af¨ªn a la mesa. A¨²n me sorprend¨ªa que esa m¨¢quina hubiera podido sacar una copia a trav¨¦s de la informaci¨®n que exist¨ªa en su aura. Porque no era m¨¢s que eso: una copia de lo que ese orbe caricaturesco hab¨ªa sido originalmente, tra¨ªda de nuevo a la realidad ¨²nicamente a trav¨¦s de la creencia del muchacho. No hab¨ªa nada de ?colectivo? en ese imaginario... y eso era una pregunta cuya respuesta a¨²n era un interrogante. ¨DPrimero, que hay criaturas que han llegado desde esos reinos que se escapan de nuestra especialidad. Nixie es una de ellas. No es un demonio de silicio... Indagando, descubr¨ª que es una criatura de un cuento infantil neerland¨¦s. Su t¨ªtulo en castellano ser¨ªa algo as¨ª como La Gotita Valiente. Me voy a tomar la licencia de llamar al equivalente glitch de la literatura ?demonios de tinta?. S¨ª, quiz¨¢ deber¨ªa decir ?celulosa? si quiero mantener la nomenclatura, pero reconocer¨¦is que no queda tan mol¨®n. ¨DY esas alas mec¨¢nicas que vimos... ¨DVer¨®nica abri¨® la boca con sorpresa. Parec¨ªa que el becario se hab¨ªa dejado las conclusiones para epatarnos en la reuni¨®n¨D. Son las de Gazereth. Ya lo dijo el H¨¦roe: las alas del Hada de Mercurio fueron cercenadas en combate. ¨DUna recompensa que, a su vez, tambi¨¦n ser¨ªa una buena forma de endeudar a Seven ¨Drespondi¨® Norma¨D. No estoy muy segura de c¨®mo cuadra esto en la cronolog¨ªa, pero s¨ª que estoy convencida de qu¨¦ es lo que hizo por ella. Extendiendo el rumor de que el Hada ser¨ªa uno de los personajes de 2nd Super Robot Wars, esa idea resonar¨ªa. Haciendo que la gente tuviera curiosidad, investigara. Para el reino de silicio, que esa Gazereth existiese empezar¨ªa a tener sentido, fuera o no real. Quiero imaginarlo como un punto en el que ambos mundos coexistieron y el Hada de Mercurio us¨®. Una vez all¨ª, le resultar¨ªa mucho m¨¢s f¨¢cil afectar a nuestro mundo a trav¨¦s de las grietas que los errores generaban. No tendr¨ªa que ser invocado, ni trascender por accidente las fronteras entre reinos. ¨DSab¨ªa perfectamente que mucha gente iba a creer en esa leyenda... ¨DAl fin y al cabo, era consciente del alcance de las palabras que publiqu¨¦ en la revista¨D. Pero, ?por qu¨¦ elegir un juego que no iba a ver la luz a este lado del charco? Podr¨ªa haber elegido cualquier adaptaci¨®n o... ¨DSe lo susurraron los demonios ¨Dsupuso Vero en algo que no fue m¨¢s que un suspiro¨D. Adem¨¢s, estoy convencida de que en la ¨¦poca el ?en Jap¨®n dicen? era suficiente raz¨®n para que cualquier despistado se lo creyera, ya fuera en el patio del colegio o en una conversaci¨®n casual junto a la cafetera de la oficina. Al fin y al cabo, no hab¨ªa tanto lugar en Internet donde desmentirlo. Ten¨ªa los ingredientes perfectos y se los dimos en bandeja. ¨DAs¨ª que, si todo lo que postul¨¢is es cierto, uno de los tres miembros de la Guardia de Erymath es algo que no corresponde a lo que conocemos como un demonio de silicio. Algo que cambia radicalmente las reglas del juego. ¨Dafirm¨¦¨D. Tal y como dec¨ªa la sacerdotisa. Desconozco si realmente esto supone una diferencia palpable en el combate que se nos cierne, pero... Es algo que agita mi forma de entender el mundo. Enhorabuena, El¨ªas. Al final, has sido un estupendo fichaje para la revista. Nos tomamos un momento para rellenar nuestras tazas e interiorizar un poco la informaci¨®n que hab¨ªa sido capaz de recabar nuestro compa?ero. La charla comenzaba a volverse algo m¨¢s animada, hasta el punto en el que me sent¨ª mal por tener que cortarla de ra¨ªz con uno de mis carraspeos para invitar a hablar a la siguiente ponente de la tarde, Norma Guarnido. Cap铆tulo 28, por Ramè´¸n Lourido (parte 2) ¨DHablando de gente a la que Seven debe un favor ¨Dten¨ªa que admitir que su forma de hilar los temas no estaba nada mal¨D, tambi¨¦n tenemos que hablar del asunto de Lady Cameron. Ya visteis el correo con toda la informaci¨®n que uno de mis contactos pudo recabar al respecto, pero resumamos los detalles m¨¢s importantes. En primer lugar, esa mujer tan popular es... poco m¨¢s que un fantasma. A pesar de que su nombre figure en varios de los registros de las redes gubernamentales canadienses, no existe ninguna prueba fehaciente de su existencia hasta mediados del a?o 1993. Veinte a?os de vida de los que es imposible encontrar prueba o testimonio alguno. Su primera aparici¨®n en los registros no fue hasta que la contrataron en un estudio peque?o de videojuegos. Solo sacaron un RPG de viajes en el tiempo llamado Dive into the Future para la Mega Drive en el a?o 94 y quebraron. Se dio una hostia tremenda en ventas y cr¨ªtica, pero se volvi¨® pr¨¢cticamente de culto... Especialmente por los bugs. Supongo que ya sabr¨¦is por d¨®nde va esto. ¨DGlitches a tutipl¨¦n ¨Dintent¨® adivinar Ver¨®nica. ¨DRecuerdo ese t¨ªtulo. Fue una semana tumultuosa en redacci¨®n. ¨DAprovech¨¦ para recolocarme las mangas de la americana¨D. No dur¨®, eso s¨ª. ¨DUn completo fracaso, fuera ese su objetivo. ¨DEn alg¨²n momento del discurso hab¨ªa decidido que estaba harta de llevar el pelo suelto y se lo hab¨ªa enganchado con una de sus pulseras, aunque todo el mundo estaba tan acostumbrado a esas cosas que nadie lo cuestion¨®¨D. No obstante, todo el ruido que logr¨® hacer en una ¨¦poca en la que Internet a¨²n no se hab¨ªa popularizado le logr¨® un hueco en FILE. Uno peque?ito, si bien no tard¨® en ascender puestos con los a?os hasta llegar a un rol de responsabilidad en Compact Creatures. Me ahorrar¨¦ esa historia, ya la conocemos demasiado bien. Me figuro que empez¨¢is a comprender la tendencia, especialmente si os se?alo que su siguiente gran juego no fue otro que Yaroze-kai, que la ha tenido en el sill¨®n de directora. ¨DEn otras palabras ¨Dsintetiz¨® la otra exorcista¨D, todo lo que sabemos de esa t¨ªa es que se dedica a crear, de una forma u otra, glitches con los que atacar nuestro mundo y alimentar a la Catedral. Aprovecho para recordaros que es una de las mayores interesadas en el retorno de Algodaoth, al fin y al cabo. ¨DJusto a eso quer¨ªa llegar. ¨DLa pelirroja revolvi¨® el pelo a su hermana peque?a con energ¨ªa, por mucho que protestara¨D. Se me ocurren un pu?ado de razones para ello, pero solo dos tienen sentido: o es una algo menos que inocente amante de la demonolog¨ªa como nuestro buen amigo Moroboshi... O no es m¨¢s que un demonio advenedizo que se disfraza de una se?ora cabezona. Y qu¨¦ quer¨¦is que os diga, todo apunta a lo segundo. Solo aparece a trav¨¦s de c¨¢maras. Pocos afirman conocer su rostro verdadero... suponiendo dichos testimonios ciertos. Si quer¨¦is mi opini¨®n, hiede a lo oculto. ¨DHay algo que se me est¨¢ pasando por alto. ¨DEl¨ªas se masaje¨® las sienes varias veces¨D. S¨¦ que estoy ignorando una pieza clave en todo esto. Una que probablemente confirme todo. Joder, es frustrante. ¨DNo te preocupes, Eli ¨Ddijo Vero. En el fondo, era bastante tierno ver c¨®mo se lo com¨ªa con la mirada¨D. Has hecho m¨¢s que suficiente, especialmente con todo lo que tenemos en la cabeza. ¨D?Y si se trata del tercer demonio? ¨Dpostul¨® el becario¨D. No, nada. Eso es est¨²pido. El H¨¦roe dijo que es un reci¨¦n nacido. Esta t¨ªa, si se le puede llamar as¨ª, debe tener al menos diez a?os. ¨DSobre eso... ¨Drespond¨ª¨D. Seguimos sin saber absolutamente nada, m¨¢s all¨¢ de que tampoco tiene la misma relaci¨®n con el silicio que los dem¨¢s. Si Gazereth es realmente un demonio de tinta... No quiero imaginar cu¨¢l podr¨ªa ser la naturaleza de este. Se hizo uno de estos silencios pesados. Sab¨ªa que era mi responsabilidad deshacerlo, lograr que la conversaci¨®n fluyera de nuevo, pero no sab¨ªa qu¨¦ responder. No hab¨ªa mucho m¨¢s que decir sobre el plan m¨¢s all¨¢ de que supon¨ªa luchar con todas nuestras fuerzas contra Algodaoth y aprovechar la victoria para ganar un poco de terreno (y a ser posible, informaci¨®n) sobre Erymath. El tercer demonio iba a seguir siendo una inc¨®gnita por mucho que iter¨¢ramos sobre ¨¦l y sobre los dem¨¢s ya hab¨ªamos hablado largo y tendido. Al final, lo ¨²nico que quedaba por sacar de mi mente no eran m¨¢s que secretos que a¨²n no quer¨ªa desvelar. Enjoying this book? Seek out the original to ensure the author gets credit. Por sorprendente que sonara a esas alturas, necesitaba que El¨ªas Delf¨ªn animara el ambiente con una de sus payasadas fuera de tono. Sin embargo, no lo hizo. Tenso, dej¨® que algo de su energ¨ªa se filtrara de su aura. A pesar de su diligencia para traernos las noticias, necesitaba tranquilizarse. No le culpaba. Est¨¢bamos a punto de enfrentarnos al que iba a ser el combate de nuestras vidas y, como el anciano profesor de los juegos de Pok¨¦mon sol¨ªa decir, ?existe un momento y lugar para todo?. Ese era su momento para tranquilizarse, al fin y al cabo. ¨DLo que me recuerda ¨Dfue Norma quien levant¨® la voz¨D, ?es la primera vez que reunimos al equipo de exorcistas en el Thardisia! ?Esto merece una foto conmemorativa! Intent¨¦ sonre¨ªr por una vez para la instant¨¢nea. No se me daba bien, pero quer¨ªa mostrar algo de confianza en nuestro equipo y lo que la jornada que se nos cern¨ªa iba a suponer para nosotros. La periodista se burl¨® de la extra?a mueca mientras escrib¨ªa a bol¨ªgrafo la fecha de ese d¨ªa en el borde blanco de la polaroid y, como un efecto en cadena, todos empezaron a bromear y compartir su optimismo. Solo hac¨ªa falta un peque?o gesto para incendiarlo. *** Norma fue la primera en marcharse. Neg¨® categ¨®ricamente cualquiera de las numerosas preguntas hermanita, que parec¨ªa convencida de que sus planes para esa noche inclu¨ªan a alguien especial. Si la conoc¨ªa lo suficientemente bien, su noche no tendr¨ªa m¨¢s plan que una parca cena, entrenamiento hasta desfallecer y alguna que otra hora de sue?o de m¨¢s por la ma?ana para estar a punto para el combate. El¨ªas fue el siguiente. Al parecer, hab¨ªa dejado el coche lejos de la cafeter¨ªa y quer¨ªa ahorrarle el paseo bajo la lluvia a Ver¨®nica. Al final iba a resultar que era un muchacho considerado y todo. ¨DEspera, sobrina. ¨DLevant¨¦ la mano cuando abri¨® la puerta de la cafeter¨ªa. Me respondi¨® abriendo sus enormes ojos como platos, como cuando no era m¨¢s que una ni?a confusa por todo el mundo esot¨¦rico¨D. ?Podr¨ªas dejarme a Mako? Me gustar¨ªa... revisar un par de cosas, si no te importa. Al fin y al cabo, si vamos a combatir ma?ana, no te interesa que sea poco m¨¢s que un beb¨¦. Congelar¨¦ su ciclo vital y te lo devolver¨¦ cuando te vea. ¨D?T¨²? ?Preocup¨¢ndote por Mako por segunda vez en un d¨ªa? Hay algo raro ah¨ª. ¨DSe acerc¨® a la silla en la que estaba sentado y me dio un abrazo¨D. Pero gracias. Necesitaremos toda la ayuda del mundo. Un claxon retumb¨® en la noche. ¨D?Vaya, Eli ya est¨¢ aqu¨ª! ¨Dexclam¨®¨D. ?Nos vemos ma?ana, tito! ¨DDescansa bien, jovencita. ¨DSabes que lo har¨¦. ¨DMe alegr¨¦ al ver que la chiquilla hab¨ªa recuperado su sonrisa, refulgente a trav¨¦s de los peores momentos. Cuando la puerta se cerr¨® tras la muchacha, solo qued¨¢bamos en la cafeter¨ªa un chef poco hablador, una mascota virtual con alas en la cabeza y un viejo jefe de redacci¨®n que segu¨ªa dudando de que lo que iba a hacer fuese una buena idea. Inspir¨¦ fuerte y me quit¨¦ el anillo del dedo anular. Hab¨ªa dejado marca, como siempre, pero no me import¨®. Descargu¨¦ algo de mi energ¨ªa en ¨¦l y respondi¨® con un fogonazo de luz blanquecina. Tranquilizadora. Un faro en los tiempos dif¨ªciles. Ese pedazo del alma de Jaime que dej¨® atr¨¢s tras cruzar la grieta siempre hab¨ªa sido as¨ª. ¨D?Est¨¢s seguro de que va a funcionar, Sanae? ¨DLos fragmentos han de retornar a la unidad, Ram¨®n ¨Dabri¨® por fin la boca en toda la noche¨D. No hay m¨¢s que ver su cara al reconocer esa pieza de ¨¦l mismo. Mako trin¨® cual pajarillo. Segu¨ªa siendo disonante, pero confiaba en poder arreglarlo tarde o temprano. Y necesitaba que fuera temprano. Volv¨ª a colocarme la sortija en mi dedo anular y tom¨¦ la V-Pet con la otra mano. Aunque hab¨ªa simulado ese momento decenas de veces en mi cabeza, todo mi cuerpo temblaba. Sab¨ªa el truco para congelar los circuitos de la m¨¢quina en el tiempo, pero no sab¨ªa c¨®mo iba a reaccionar el esp¨ªritu que la poblaba. No quer¨ªa que mi ¨²nica oportunidad desapareciera. Mi viejo amigo me tranquiliz¨® silbando la popular tonadilla de cierto d¨²o rumbero. No fue capaz de alcanzar ni una de las notas, pero fue precisamente ese destrozo de la partitura lo que me distrajo de mis dudas. Puls¨¦ la combinaci¨®n de botones y... Recib¨ª un pitido de confirmaci¨®n en respuesta. Al escucharlo, la criatura me mir¨® con confusi¨®n. ?Hab¨ªa servido de algo? ¨DJaime... ¨Dsuspir¨¦, extendiendo mi mano hacia su cabeza. Ilumin¨¦ mi anillo de nuevo. Not¨¦ c¨®mo, poco a poco, la energ¨ªa que conservaba de aquella voluta de luz empezaba a viajar por el aire, buscando cobijo en la criatura. Su ¨²ltima voluntad conmigo, su deseo de que nunca estuviese solo, la luz que me dec¨ªa que de alguna forma segu¨ªa al otro lado, accedi¨® a fusionarse con la criatura digital legada. La otra esquirla luminosa. La parte de ¨¦l que se qued¨® atr¨¢s para proteger a toda costa a la chiquilla que alg¨²n d¨ªa ser¨ªa la Hero¨ªna. Creciendo en innumerables ciclos como mascota electr¨®nica y vigilando, d¨ªa a d¨ªa, que nuestra sobrina prosperara. No hab¨ªa vuelta atr¨¢s. Ahora, ambas de tornaron una. Una pieza m¨¢s grande de una alma a¨²n fragmentada, como en su d¨ªa lo fue la de nuestro enemigo. ¨D?Ra... m¨®n? Diciembre, 2003 - Cazadores de Silicio #235 ?Este mes, calendario de 2004! An¨¢lisis: Ratchet & Clank: totalmente a tope (PlayStation 2). Los Simpson: Hit and Run (Multiplataforma). Superb Pleader II (GameBoy Advance). ?Y un especial de minirrese?as de muchos juegos que nos hemos dejado en el tintero a lo largo del a?o! If you come across this story on Amazon, be aware that it has been stolen from Royal Road. Please report it. Art¨ªculos: Los juegos del a?o para los miembros de nuestra redacci¨®n. Revisamos el cat¨¢logo de la N-Gage de Nokia. Especial conducci¨®n: coches echando leches y d¨¢ndose pi?azos RetroGaming: Terranigma (SNES) Noticias: Grand Theft Auto: San Andreas: ?por fin vemos algo! ?Un juego de Pesadilla antes de Navidad de los creadores de Devil May Cry? Tal y como suena. ?Primeras im¨¢genes de la port¨¢til de Sony! ?Y mucho m¨¢s! Gu¨ªas: Advance Wars 2 (segunda parte). D¨®nde usar el ?c¨®digo Konami?: ?arriba, arriba, abajo, abajo, izquierda, derecha, izquierda, derecha, B, A, START! ?M¨¢s consejos para Yaroze-kai! Y, como siempre, nuestra secci¨®n estrella... ?Leyendas de Silicio! Cap铆tulo 29, por Norma Guarnido (parte 1) Tras lo ocurrido en el evento de lanzamiento de Yaroze-kai no quedaron muchos adeptos que quisieran pasarse por el Judgment 1999. Al fin y al cabo, quien no sali¨® escaldado del Battle Royale tuvo peor suerte a¨²n. Los pocos que se perdieron el torneo se encontraron a su vuelta un pub por el que parec¨ªa haber pasado un hurac¨¢n (cortes¨ªa de una servidora) y no necesitaron m¨¢s que un par de llamadas para descubrir la suerte que hab¨ªan tenido. Naturalmente, despu¨¦s de enterarse de que al due?o del local se le hab¨ªa ido la olla del todo haciendo pactos con demonios, pasaron un tiempo prudencial alejados del bar. Haciendo cuentas, los n¨²meros no acababan de cuadrar. No pudimos dar cuenta de todos los asistentes del evento: adem¨¢s de Zack, media docena de participantes hab¨ªan desaparecido. Todo apuntaba a que a¨²n segu¨ªan encerrados en las tripas de ese poderoso demonio capaz de hacer resonar los designios del G¨®lem de Pirita m¨¢s all¨¢ de su mundo, esperando su oportunidad de ser rescatados, como si sobre sus cabezas descansara uno de esos iconos de ?misi¨®n secundaria?. Una misi¨®n que, por mucho que distara de nuestro verdadero objetivo, no pod¨ªamos ignorar. ¨¦ramos lo suficientemente viejos (y, como dice el refr¨¢n, diablos) como para saber que no iban a estar precisamente escondidos en un rinc¨®n remoto de la extra?a mazmorra que hab¨ªa dise?ado el loco l¨ªder de la agrupaci¨®n. No, esper¨¢bamos desde un principio que esos ¨²ltimos rezagados, y los demonios que hab¨ªan domado, fueran nuestro ?comit¨¦ de bienvenida? particular. Una barrera dise?ada para hacer mella, por poca que fuera, en nuestras fuerzas y nuestra psique. Poco m¨¢s que herramientas para granjearse una victoria por atrici¨®n. Cobardes hasta las ¨²ltimas consecuencias. Por suerte, nuestro bando tampoco iba precisamente desnutrido: tres veteranos del exorcismo, la chica que cargaba en su sino el ser recept¨¢culo de un h¨¦roe de leyenda, una mascota virtual en el c¨¦nit de su poder y un prometedor aprendiz pionero en aunar la doma con las ense?anzas tradicionales. Si sumabas todas esas fuerzas, no era dif¨ªcil adivinar que la reyerta inicial acabar¨ªa r¨¢pido. Los glitches que proteg¨ªan a los muchachos no parec¨ªan especialmente capaces y su control sobre ellos comenzaba a flaquear tras un par de derrotas, por lo que acercarse en l¨ªnea recta a sus ordenadores y hacerlos pedazos para liberarlos de la influencia del demonio mayor era el camino de menor resistencia. Especialmente si alguien como El¨ªas (que quiz¨¢ no tuviera el entrenamiento necesario, pero era capaz de compensarlo con creces con sus hechuras) o yo los sosten¨ªamos a varios palmos sobre el suelo, esperando que el brillo rojizo de sus ojos se apagara mientras el titiritero los revolv¨ªa en un ¨²ltimo y desesperado intento de hacernos da?o. ¨D?Veis c¨®mo pelear contra ?masillas? no es tan aburrido? ¨Dbrome¨¦ con una sonora risotada¨D. No s¨¦ qu¨¦ pens¨¢is vosotros, pero yo dir¨ªa que se trata de un calentamiento hecho a medida. El barista protest¨® con pocas palabras, pero el mensaje de contrariedad era claro. Ram¨®n prefiri¨® centrarse en asistir a los derrotados en lugar de darme una respuesta. Vero parec¨ªa tener demasiadas cosas en la cabeza como para siquiera honrarme con una risotada vac¨ªa. El¨ªas, por su parte, empuj¨® al desorientado muchacho que sosten¨ªa en el aire contra la pared. Sin pens¨¢rselo dos veces, clav¨® sobre ¨¦l su antebrazo. El pobre solt¨® un grito como respuesta. No pareci¨® amedrentarle, ya que el redactor lo apret¨® con algo m¨¢s de fuerza e hizo que su voz tomara un tono agresivo. ¨D?D¨®nde est¨¢ Zack? ¨DN-no lo s¨¦. ¨DParec¨ªa que le costaba respirar al decirlo, as¨ª que me acerqu¨¦ hacia mi compa?ero e intent¨¦ calmarle con un gesto. No funcion¨®¨D. ?Q-qu¨¦ ha pasado? Eres... el amigo que trajo esta tarde, ?verdad? Cuando se percat¨® de que esos d¨ªas hab¨ªan sido en su memoria poco m¨¢s que una laguna ¨¢rida en la que le costaba siquiera pensar, el becario deshizo su agarre sobre el muchacho y lo dej¨® caer al suelo por su propio peso. Inspir¨® varias veces, activ¨® sus poderes y los dej¨® recorrer sus sienes para calmar su palpable ansiedad. El adolescente al que hab¨ªa amenazado, menudo y aterrorizado, intent¨® huir gateando hacia atr¨¢s, pero me interpuse en su trayectoria. ¨DParece que eres el que ha salido mejor parado de este grupo, as¨ª que te toca encargarte de sacar de aqu¨ª a tus amigos ¨Ddije, intentando mantener la calma¨D. Tambi¨¦n deber¨ªas llamar a tus padres en cuanto tengas ocasi¨®n. Tienen que estar preocupados. ¨D?Q-qu¨¦ ha pasado aqu¨ª? ¨Dpregunt¨® con poco m¨¢s que un hilillo de voz¨D. Est¨¢bamos jugando tranquilamente al Wipeout 64 despu¨¦s de que nos eliminaran. Escuchamos un estruendo. Alguien se hab¨ªa cargado la m¨¢quina expendedora, as¨ª que entramos a buscar a Seven y lo siguiente que recuerdo es encontrarme en el aire, en brazos de este bruto. Tragu¨¦ algo de saliva cuando varias de las miradas se clavaron en m¨ª, culp¨¢ndome de haber atra¨ªdo al grupo a una trampa que podr¨ªan haber eludido si hubiera optado por un acercamiento m¨¢s sigiloso. Mi expresi¨®n no cedi¨® un mil¨ªmetro: cuando tu hermana peque?a te llama alert¨¢ndote del peligro, no puedes pararte a pensar en si el dar una patada giratoria a una dispensadora de refrescos iba a tener consecuencias a largo plazo. ¨DLo siento ¨Drezong¨® el aludido, mascando la disculpa como si fuera un chicle enorme¨D. Han pasado un par de cosas desde entonces. Te dar¨¦ un resumen muy breve: a Seven se le ha ido la olla, ha construido esta arena en el interior de un demonio y, de alguna forma, os ha controlado a trav¨¦s de vuestro GLMP. Por eso hemos ido por la ruta f¨¢cil, la de carg¨¢rnoslos. ¨DPero t¨²... tienes uno, ?no? ¨DLe mir¨® de reojo, poco convencido¨D. ?Por qu¨¦ puedes usarlo sin...? ?Y est¨¢s buscando a...? ¨DEs una larga historia ¨Dbuf¨®, aunque su tono se iba volviendo poco a poco m¨¢s c¨¢lido, m¨¢s de ¨¦l mismo¨D. T¨² lo ¨²nico que tienes que saber es que este lugar ya no es seguro. Probablemente no vuelva a serlo nunca m¨¢s, de hecho. Anda, enc¨¢rgate de poner a los dem¨¢s a salvo conforme se vayan recuperando. Nosotros iremos a rescatar a Zack. Aunque intentaba ponerse en pie, estaba claro que no se hab¨ªa recompuesto del todo. Fue entonces cuando El¨ªas dej¨® salir su verdadera personalidad entre la rabia que le consum¨ªa y le extendi¨® la mano para que se levantara. Incluso us¨® una peque?a parte de su energ¨ªa para que el adolescente recuperara sus fuerzas. Una vez incorporado, ech¨® un vistazo al m¨®vil que guardaba en el bolsillo. Sin bater¨ªa despu¨¦s de tanto tiempo, claro. El GLMP de su brazo se hab¨ªa vuelto poco m¨¢s que un amasijo de hierros, cortes¨ªa de un golpe contundente contra un muro. Por suerte, su reloj, aunque con la esfera agrietada, mostraba claramente la fecha: uno de diciembre. ¨DSigo sin entender muy bien lo que pasa ¨Dsuspir¨®. Su rostro a¨²n hac¨ªa gala de un claro cansancio¨D, pero si los demonios la han liado tanto como para que hayan desaparecido diez d¨ªas de mi vida y Zack, que es el puto campe¨®n de este sitio, est¨¦ en peligro... Tiene que ser algo chungo. Mensaje captado, me las piro. This tale has been unlawfully lifted from Royal Road. If you spot it on Amazon, please report it. *** No necesitamos explorar mucho m¨¢s lo que antes hab¨ªa sido una arena de combate: nuestros enemigos se seguir¨ªan escondiendo en esa torre negra que desprend¨ªa un aura tan ominosa. Cuando est¨¢bamos a pocos metros de su puerta, tres conocidas figuras nos cortaron el paso, siguiendo punto por punto ese clich¨¦ tan desgastado en el que el segundo de a mando del jefe final te interrumpe cuando crees que tienes su combate a solo un par de pasos de distancia. Definitivamente, hay gente a la que no puedes dejar guionizar las cosas. M¨¢xime cuando se trata de un megal¨®mano que hace pactos con demonios y pone vidas en peligro. ¨DSi vais a hacer esta sandez, dadle un poco m¨¢s de teatralidad. ¨DEl¨ªas se encontraba en un estado inestable, a medio camino entre sus habituales ganas de bromear y el querer plantarle el pu?o entre los dientes a ese t¨ªo y yo no pod¨ªa aguantarme la risa por la situaci¨®n¨D. Venga, que es 2003, estamos hartos de ver entradas din¨¢micas chulas. Os lo podr¨ªais haber currado un poquito m¨¢s. Los tres veteranos de la Catedral parec¨ªan, al mismo tiempo, demacrados y terriblemente poderosos. Sus auras, llenas del poder de decenas de variopintos demonios, despuntaban coloridas, incapaces de controlar su sed de combate. A cambio, sus cuerpos luc¨ªan tan poco nutridos como provistos de descanso. Marcas moradas bajo los ojos que el desgastado maquillaje no era capaz de ocultar, miradas faltas de cualquier clase de brillo que pudieran haber tenido en otro tiempo y en el caso del l¨ªder, que a¨²n hac¨ªa gala de parte de ese maltrecho cosplay, un huesudo torso lleno de heridas y moratones. ¨DVaya, vaya... por fin est¨¢n aqu¨ª nuestros invitados de honor ¨Ddijo Seven. El volumen de su voz daba saltos a cada una de las s¨ªlabas que soltaba por su boca¨D. Si lo que busc¨¢is es un espect¨¢culo, nada me gustar¨ªa m¨¢s que proporcionaros unos asientos en primera fila para la vuelta de nuestro Se?or, mas su campe¨®n ha exigido quietud absoluta. No obstante, si tantas ganas de combatir ten¨¦is, ?por qu¨¦ no ofrecernos como aperitivo? ¨DMenudo mon¨®logo de villano de mierda. ¨DEsa vez fue Vero quien lanz¨® un ataque verbal. No era momento para admitirlo en voz alta, pero estaba orgullosa de mis pupilos¨D. ?Lo has escrito t¨² solito o te lo ha dictado tu musa demonio? El hombrecillo solt¨® una carcajada desencajada que llen¨® el aire. Mientras el eco a¨²n retumbaba por la sala, aprovech¨® para desplegar las alas de Gazereth. Sus dos compa?eros se limitaron a tomar algo m¨¢s de distancia para evitar que las llamas et¨¦reas que escapaban de sus reactores cayeran sobre ellos, pero sin dejar de fijar su vista en nosotros en ning¨²n momento. La hero¨ªna, en anticipaci¨®n al combate, intent¨® invocar sus poderes. Sin embargo, su t¨ªo decidi¨® pararla con uno de esos ejercicios de lenguaje no verbal que tan bien se le daba a los de su familia. Antes de disipar la energ¨ªa de esa espada espectral que estaba empezando a solidificarse, tom¨® la mano de El¨ªas, quiz¨¢ con la esperanza de relajarse un poco. ¨DSi he hecho bien las cuentas, y dir¨ªa que no es una operaci¨®n muy dif¨ªcil... Somos tres. ¨DEl jefe de redacci¨®n traz¨® una l¨ªnea invisible entre los novatos y los veteranos¨D. Ellos tambi¨¦n. No creo que haga falta dar m¨¢s explicaciones, equipo. Protest¨¦ con un encogimiento de hombros. Aunque supiera que ten¨ªa raz¨®n con su premisa, no quer¨ªa caer en algo tan trillado como el ?cubrir las espaldas a los verdaderos h¨¦roes haciendo frente a los lacayos?. Siempre hab¨ªa odiado cuando los videojuegos me obligaban a hacer eso. ?No era m¨¢s f¨¢cil que todo el equipo hiciera frente a sus enemigos gracias a la superioridad num¨¦rica y llegasen m¨¢s adelante, juntos, al villano final? Joder, esperaba ese tipo de ideas del loco que hab¨ªa redise?ado el s¨®tano de un bar para crear su videojuego personal, pero que Ram¨®n, una persona incapaz de pillar dos chistes seguidos le siguiera el juego... Ten¨ªa que tratarse o bien de un plan perfectamente hilado o de un lapsus en su juicio que no le iba a perdonar el resto de su vida. Por mucho que el tiempo corriera en nuestra contra, Vero a¨²n necesitaba a su escudera si quer¨ªa enfrentarse mano a mano al G¨®lem de Pirita, ?verdad? Me necesitaba a su lado en el combate... O quiz¨¢ era yo quien necesitaba estar all¨ª. Quien se hab¨ªa tomado la revancha contra el demonio que le derrot¨® cinco a?os atr¨¢s como algo personal. Quien se negaba a perderse la oportunidad de enfrentarse a Algodaoth por estar en un combate que percib¨ªa menor, por muy necesario que fuese. Aun as¨ª, el jefe fij¨® de nuevo su mirada en m¨ª, imprimiendo en ella un claro ?conf¨ªa en m¨ª? que me hizo tragarme mis dudas con el orgullo que pudiera mantener como guarnici¨®n. ¨DVale ¨Dconced¨ª finalmente, gir¨¢ndome de nuevo a un Seven que parec¨ªa ansioso por meter baza en nuestra conversaci¨®n¨D, pero como me pidas tambi¨¦n que hagamos la mierda esta que se ha puesto de moda en el manga de asignarnos a un rival en un uno contra uno y mandarnos a cada uno a una punta, os mandar¨¦ personalmente a la mierda a tu plan y a ti. ¨DOh, descuida, amiga m¨ªa. Odiar¨ªa desaprovechar la que podr¨ªa ser mi ¨²ltima oportunidad de luchar codo con codo junto a vosotros ¨Drespondi¨® con voz firme y clara que se proyectaba en todas las direcciones¨D. ?Adelante, cazadores! ¨D?La ¨²ltima? ¨Dinquiri¨® el barista del Thardisia, abriendo la boca por primera vez en toda la tarde¨D. Tan agorero como siempre, Ram¨®n. ¨D?Por fin! ?Por fin! ¨Dexclam¨® el l¨ªder de la Catedral, danzando en el aire¨D. ?Me estaba empezando a aburrir! Venga, vamos... ?Sorprendedme! ?Quiero ver de qu¨¦ pasta est¨¢is hechos! No todos los d¨ªas tiene uno la oportunidad de enfrentarse a su ¨ªdolo en un combate limpio y justo. Bueno, mejor dej¨¦moslo en un combate. No ser¨ªa la primera vez que decid¨ªs cambiar las reglas del juego. Ni tampoco ser¨ªa raro que yo decidiera distorsionarlas a¨²n m¨¢s en represalia, claro est¨¢. ?Vamos, mis compa?eros! ?Hora de darlo todo por nuestro se?or! A pesar de parecer poco m¨¢s que un cascar¨®n que se mov¨ªa con un intrincado sistema de palancas y poleas (dem¨®nicas, eso s¨ª), la mujer que acompa?aba a Seven no quitaba el ojo de encima a Vero y El¨ªas mientras que el resto de su cuerpo paraba las cuchilladas de nuestro barista de confianza de forma despreocupada. Los monstruos que la controlaban parec¨ªan intuir, de alguna forma, que su objetivo era salir corriendo lo m¨¢s lejos posible del combate en cuanto les diera la ocasi¨®n. Si quer¨ªa cubrirles el paso, iba a necesitar una buena cortina de humo. O algo que necesitara de toda su capacidad de reacci¨®n. O quiz¨¢ algo que cumpliera ambas funciones al mismo tiempo, ya que est¨¢bamos. Gui?¨¦ el ojo a mi hermana y comenc¨¦ a invocar fuegos fatuos por doquier. Calcul¨¦ que con un par de docenas persiguiendo a los tres objetivos por aqu¨ª y por all¨¢ bastar¨ªa. Como de costumbre, las llamas eran demasiado lentas como para impactar contra unos enemigos duchos, y estos eran capaces de despejar a sus dos atacantes sin dejar de esquivar con garbo el fuego morado. Dediqu¨¦ una sonrisa c¨®mplice a Vero, lista para la segunda fase del improvisado plan. Desplegu¨¦ las hojas glaucas de mis manos y cargu¨¦ la t¨¦cnica de los ?mil cortes e¨®licos? que hab¨ªa aprendido de uno de los glitches cuya energ¨ªa hab¨ªa asimilado como m¨ªa. La muchacha tom¨® a su compa?ero de la mu?eca, despleg¨® su escudo a m¨¢xima potencia y empez¨® a correr hacia la puerta que custodiaban los tres guerreros, seguida de su mascota. Cuando el domador pudo reaccionar, invoc¨® a su criatura para que complementara el escudo de la muchacha. Lo malo de los ?mil cortes e¨®licos?, aparte de todo el tiempo que requer¨ªa para cargar el ataque, era que apuntar cada una de las hojas que surcaban el aire era pr¨¢cticamente imposible. Eso, de forma normal, supon¨ªa una clara ventaja abrumando al enemigo, pero con varios aliados en el campo de batalla, la probabilidad de fuego amigo era demasiado alta. Para paliarlo, lanc¨¦ un alarido de advertencia para que volvieran a mi vera, por mucho que eso eliminara de cuajo el factor sorpresa. Pens¨¢ndolo bien, ?qu¨¦ m¨¢s daba? En cuanto la energ¨ªa cortante atravesara las lentas llamas, pasar¨ªan dos cosas: por un lado, la energ¨ªa de ambas se combinar¨ªa en una hoja flam¨ªgera que crecer¨ªa en tama?o, haciendo que cada golpe tuviera mucho m¨¢s f¨¢cil el impactar contra uno de los tres rivales. Que adem¨¢s resultara m¨¢s doloroso era un buen bonus, claro est¨¢. Por otro, los fuegos detonar¨ªan con la misma fuerza con la que lo har¨ªan al impactar contra sus objetivos originales, llenando toda la zona de una sobrecarga energ¨¦tica tan capaz de distraer como de da?ar. Un combo dif¨ªcil de preparar, s¨ª, pero uno con mucha sinergia. Y lo m¨¢s importante, uno que hab¨ªa permitido a los chavales escabullirse delante de la vig¨ªa de la Catedral. ?Qui¨¦n era la irresponsable por acumular armas en su cabeza ahora, vieja? ¨D?Y ahora c¨®mo nos enfrentamos a estos tres? ¨DDi un salto al centro de la pista y entrechoqu¨¦ los pu?os¨D. ?Alg¨²n plan? Cap铆tulo 29, por Norma Guarnido (parte 2) El l¨ªder de la Catedral gir¨® en el aire sobre s¨ª mismo, casi sin evidencia alguna de que la reacci¨®n en cadena hubiera hecho mella en ¨¦l. Parte de la energ¨ªa que lo rodeaba se desplaz¨® en un remolino, revelando a sus dos compa?eros. ¨DOs ten¨ªa en mejor estima... ¨DAunque no parec¨ªa muy afectado por el ataque, se llev¨® la mano a la cabeza¨D. ?Reducir vuestro n¨²mero a prop¨®sito? Me entristece ver esto. Por un lado, porque esos dos jovencitos no tendr¨¢n oportunidad alguna contra nuestro campe¨®n. Pero vosotros... ?tanto me infravalor¨¢is? ?Ah, craso error, amigos de la revista Keiso! Recordad una cosa: somos legi¨®n. Se lanz¨® con toda la propulsi¨®n que sus piezas mec¨¢nicas pod¨ªan ofrecerle, directo contra m¨ª. No sab¨ªa si la decisi¨®n que me convert¨ªa en su objetivo sal¨ªa del combate sin zanjar de mi ¨²ltima visita a este s¨®tano, de que me acabara de incorporar a la gresca despu¨¦s de una jugarreta o de simple machismo rancio, pero ten¨ªa claro que la idea distaba mucho de ser la mejor que pod¨ªa haber tenido. Al fin y al cabo, era la ¨²nica de los tres que pod¨ªa resistir una acometida as¨ª con poco esfuerzo. El uso del glitch de las botas de hierro que hab¨ªa capturado jugando al Ocarina of Time pod¨ªa parecer extremadamente situacional, pero a veces todo lo que necesitaba una luchadora como yo era quedarse clavada al suelo para evitar que cualquiera de mis t¨¦cnicas me lanzara hacia atr¨¢s con el retroceso. Adem¨¢s, la sacerdotisa, aunque reticente, me hab¨ªa ense?ado a trasladar sus propiedades al resto de mi cuerpo, por lo que era capaz de negar el da?o que pudiera hacerme en el brazo al intentar saludar a un pirado decidido a lanzarse a toda velocidad con poco m¨¢s que un pu?o bien colocado hacia el frente. Anticip¨¢ndose a mi treta (o quiz¨¢ fuera su plan desde el principio, con alguien as¨ª era imposible saberlo a ciencia cierta), puso los brazos en cruz justo antes del impacto y los carg¨® de una afilada energ¨ªa. Sent¨ª c¨®mo el demonio que la disipaba luchaba por agrietar la superficie de mi alma con miles de sierras diminutas, buscando un hueco en mi defensa por el que da?ar mi mente. No obstante, persever¨¦ ante las fuerzas de esa criatura. Persever¨¦ frente al aceler¨®n que los reactores de las alas del sectario causaron para desestabilizarme. Persever¨¦ por mucho que pusiera en mi contra, por muchos poderes simult¨¢neos que liberara contra m¨ª. Solo ten¨ªa que hacer uso de mi fuerza de voluntad, de la entereza de mi alma. Si no pod¨ªa contra un desequilibrado fetichista de los demonios... ?Qu¨¦ pod¨ªa esperar al cruzar pu?os contra la Guardia de Erymath? Fue un crujido lo que dibuj¨® una sonrisa en mi rostro. Las decenas de demonios que albergaba la fracturada mente del hombre pod¨ªan ser resistentes, pero su cuerpo maltrecho no era rival alguno para una artista marcial con a?os de entrenamiento y conocimiento detallado de sus propios poderes espirituales. Efectivamente, sus brazos, por muy protegidos que estuvieran por las fuerzas dem¨®nicas, no dejaban de ser de carne y hueso. Huesos que se pod¨ªan fracturar si forzaba demasiado la maquinaria. La parte racional de nuestro enemigo reprimi¨®, con poco ¨¦xito, un alarido de dolor. Aun as¨ª, no cej¨® en su presi¨®n. Mientras tanto, mis dos compa?eros hac¨ªan todo lo posible por enfrentarse a un pu?ado de variopintos poderes, cada cual m¨¢s sorprendente que el anterior. Ram¨®n, consciente de que sus habilidades sobrenaturales eran mucho m¨¢s limitadas que los del resto de los combatientes, tom¨® algo de espacio para replantearse el combate, aunque era sorprendentemente bueno proporcionando algo de apoyo log¨ªstico al chef, que cortaba el aire con presteza lanzando r¨¢fagas de energ¨ªa. ¨DMe estoy empezando a aburrir ¨Ddijo Seven con la voz rota y un reguero de l¨¢grimas de dolor saliendo de sus ojos. Aunque tuviera alg¨²n aliado capaz de volverle a soldar los huesos, el sufrimiento f¨ªsico segu¨ªa siendo real¨D. Estoy seguro de que tienes mucho m¨¢s que dar en este combate. ¨DTengo peces m¨¢s gordos que fre¨ªr ¨Drespond¨ª con sorna¨D. No querr¨¢s agotarme antes de eso, ?verdad? Las llamas espectrales de su espalda pararon repentinamente tras la provocaci¨®n y sendas espadas luminosas brotaron de sus manos. Estaba claro que no iba a poder blandir con mucho ¨¦xito la de la derecha por mucho que la voluntad de la criatura que los pose¨ªa fuera esa. Su brazo era f¨ªsicamente incapaz en ese momento. Como respuesta, activ¨¦ mi brazo espectral y lo present¨¦ con un par de zarpazos de advertencia. ¨D?Alguna idea, jefe? ¨Dgrit¨¦ a Ram¨®n. Tras la ¨²ltima s¨ªlaba, ya estaba bloqueando la energ¨ªa que pretend¨ªa impactar con mi cara. El aludido se par¨®, de repente, en su sitio. El vistazo que le ech¨¦ fue fugaz, pero pude reconocer f¨¢cilmente esa arruga que se le formaba en el ce?o cuando estaba escudri?ando una posible respuesta a un dilema. Por su postura, algo m¨¢s abierta de la que cabr¨ªa esperar de un combatiente, confiaba plenamente en que su amigo frenara cualquier acometida dirigida contra ¨¦l, pero yo tambi¨¦n reduje un poco las distancias para protegerlo si fuera necesario. Unauthorized usage: this tale is on Amazon without the author''s consent. Report any sightings. Cubr¨ª ciento ochenta grados con un zarpazo tan ¨¢gil que dej¨® unas peque?as ascuas de energ¨ªa flotando en el aire por un instante. La mujer pareci¨® reaccionar con una mueca durante un instante, pero los hilos de los demonios la segu¨ªan empujando a atacar con todo lo que ten¨ªa, ya fueran rayos, centellas o afiladas esquirlas de hielo. Su compa?ero se aproximaba haciendo piruetas dignas de un speedrunner, pero sus ataques terminaban siendo tan d¨¦biles como predecibles. Solo hac¨ªa falta dar con sus patrones para bloquearlo y, a ser posible, inmovilizarlo. ¨DSon legi¨®n ¨Dmusit¨® Ram¨®n, repitiendo las palabras del hombre¨D. No luchamos contra tres, sino... contra cientos. Cientos de demonios encerrados en una parte de sus mentes. Son ellos a los que hemos de derrotar. Estamos acostumbrados a eso, ?no crees? ¨DMe est¨¢s diciendo que la soluci¨®n... ?es hacer nuestro puto trabajo? ¨DEsboc¨¦ una media sonrisa en mis labios¨D. Nunca lo hubiera imaginado. ¨DEl mayor exorcismo de nuestra vida, s¨ª. No iba a ser trivial. Cada una de esas imperfecciones en las auras de nuestros rivales era obra de un glitch escondido en alguna parte de sus cerebros. No era tan f¨¢cil como agarrar sus cabezas y dejar fluir hacia ella la energ¨ªa pura. Tampoco hab¨ªa un n¨²cleo espiritual al que atacar. Solo una peque?a secci¨®n en la que el demonio se esconde, listo para tirar de los hilos en el momento exacto, regal¨¢ndole su energ¨ªa. Si los elimin¨¢bamos tal y como hab¨ªamos hecho siempre, habr¨ªamos ganado. ¨DEspera... ¨DMe mord¨ª el labio, pensando en las implicaciones de una operaci¨®n as¨ª¨D. Eso significa que... Hab¨ªa que seguir esas hebras hasta su origen y dar un tajo en el punto exacto en el que se alojaba la criatura. O eso es lo que la sacerdotisa me sugerir¨ªa hacer en circunstancias normales. Sin embargo, las circunstancias a las que nos enfrent¨¢bamos distaban de serlo. En sus cr¨¢neos no hab¨ªa m¨¢s que cerebros hechos fosfatina, sin un rastro de humanidad en ellos. Mentes fragmentadas hasta los ¨²ltimos ¨¢tomos. Por mucho cuidado que tuvi¨¦ramos al tratarlo, lo m¨¢s probable ser¨ªa que el da?o fuera irreparable. ¨DPero... ¨Dmascull¨¦ un inicio de frase que se ahog¨® entre los golpes. Ram¨®n se limit¨® a asentir con la cabeza de una forma sorprendentemente fr¨ªa para alguien que estaba intercambiando pu?etazos con una persona capaz de ignorar las leyes de la f¨ªsica para volar en zigzag por el aire. Por mucho que le diera vueltas, un ?est¨¢s luchando contra zombis funcionales? no era justificaci¨®n suficiente para lo que estaba a punto de hacer. El ?si queda una chispa de esencia humana en ellos, perseverar¨¢n? simplemente se presentaba como una teor¨ªa en los recovecos de mi cabeza. Mil ideas me recorrieron la mente, de mil formas distintas, simulando todos los escenarios posibles, mientras mi cuerpo se mov¨ªa por s¨ª solo para proteger a mis amigos. Sab¨ªa que estaba mal. Mi promesa era proteger a los m¨ªos... y esas tres maltrechas personas en su d¨ªa fueron ?de los m¨ªos? por mucho que se desviaran del camino. Si les hac¨ªa un da?o irreversible, los traicionar¨ªa, pero si no lo hac¨ªa, ser¨ªa peor. Fue Ram¨®n quien me sac¨® de ese desagradable bucle con una respuesta que probablemente habr¨ªa encajado en su columna de la revista. Tanto, que resultaba f¨¢cil imaginarla como respuesta a uno de los est¨²pidos correos que podr¨ªa haber mandado a lo largo de mi adolescencia. Ah¨ª, con la firma del se?or SiliMAX abajo del todo. ¨DS¨¦ en lo que est¨¢s pensando, Norma. ??Qu¨¦ es un hombre??. ¨DSe alz¨® las gafas con la almohadilla de la mano¨D. ?Un miserable mont¨®n de secretos?. Ya sabes que otro de nuestros roles como Cazadores de Silicio es desentra?arlos. No siempre nos gusta lo que encontramos debajo. Por descontado, la respuesta nunca hab¨ªa sido tan dura. Pero jugar con la demonolog¨ªa de forma tan alegre es lo que tiene. Es exactamente as¨ª, no hay forma de separar el sino de estos rivales del de los demonios a los que hemos de parar los pies. No hay otra opci¨®n para preservar el flujo del universo, como dir¨ªa nuestra sacerdotisa. ?Mas suficiente ch¨¢chara, ?defi¨¦ndete!?. Ah¨ª lo ten¨ªa: tres de los cuatro puntos cl¨¢sicos del estilo epistolar de Lourido. El primer rasgo de su pluma era la clara franqueza con la que respond¨ªa. El segundo, esa sensaci¨®n de ?la soluci¨®n es tan obvia que el haber pensado tanto en ella es est¨²pido?, en este caso en forma de ?como si hubiera otra opci¨®n posible, hija m¨ªa?. Y, para acabar, una cita de un videojuego famoso para encapsular el mensaje. Esta vez le hab¨ªa tocado al Castlevania: Symphony of the Night, al parecer. Eso s¨ª, la parte en la que intenta ridiculizarme de forma jocosa se la hab¨ªa dejado fuera. Puede que a prop¨®sito por una vez, y todo. Cruj¨ª mis nudillos para motivarme y cerr¨¦ los ojos para concentrar mi energ¨ªa. Cuando los abr¨ª de nuevo sent¨ª crepitar el fuego en mis ojos. Uno metaf¨®rico, claro est¨¢. Aunque no pod¨ªa descartar la idea de capturar un glitch que hiciera eso. Como idea, molaba bastante. El barista del Thardisia, por su parte, solo inclin¨® ligeramente su barbilla al o¨ªr su mensaje (que se traduc¨ªa f¨¢cilmente como un ?recibido, jefe?) y empez¨® a cortar a diestro y siniestro, como si le fuera la vida en ello. De hecho, esa misma oraci¨®n sin el ?como? tambi¨¦n ten¨ªa todos los visos de ser real. Sanae era un hombre de pocas palabras, pero sus actos lo dec¨ªan todo sin esfuerzo alguno, especialmente cuando esas acciones consist¨ªan en apuntar un cuchillo afilado al pescuezo de un portador de demonios. ?C¨®mo diablos hab¨ªa logrado subyugarlo con tan poco? Cap铆tulo 29, por Norma Guarnido (parte 3) ¨DAtreveos. ¨DEl filo de la hoja creci¨® unos cent¨ªmetros, clav¨¢ndose en el aura del hombre, que empez¨® a alborotarse por la amenaza¨D. As¨ª me gusta, demonios. Colaborando. Como tiene que ser. Ten¨¦is una oportunidad para decirme qu¨¦ hago con vosotros... ?Alguno quiere mover esos labios? Por c¨®mo se agitaban los colores que rodeaban al hombre, quise imaginar que los glitches de su interior intentaban comunicarse de alguna forma. Intent¨¦ leer los cambios en el estado de su energ¨ªa, pero su compa?era se revolvi¨® para lanzar una bola de fuego. Si bien Ram¨®n la parti¨® en dos mitades que se disiparon con el canto de la mano, le ofreci¨® tiempo suficiente como para acercarse a ¨¦l y escupirle una llamarada. No dur¨®. En parte, porque la hab¨ªa alzado del cuello y eso bloqueaba su salida, logrando que el calor comenzara a contenerse en su pecho antes de que cancelara la t¨¦cnica. De todos modos, el motivo real por el que la mujer no aguant¨® un solo asalto fue el que mis garras espirituales a¨²n estaban desplegadas y se hab¨ªan llevado por delante a varios de los glitches de un solo tajo accidental. As¨ª fue cuando me di cuenta de la mayor debilidad de esos esp¨ªritus parasitarios: su inestabilidad. Eran muchos, s¨ª, pero tambi¨¦n d¨¦biles: probablemente, el vivir en una peque?a partici¨®n de la cabeza de alguien y tomar control de ella a cambio de alg¨²n don extra?o ten¨ªa sus l¨ªmites, y uno de ellos era que la mayor¨ªa de las criaturas deb¨ªan ser peque?as, humildes. Los demonios m¨¢s poderosos necesitan m¨¢s energ¨ªa para alimentarse, y probablemente acabaran canibalizando a los otros. La marabunta crom¨¢tica de su alma se homogeneiz¨® un poco, pero eso solo puso sobre alerta al resto de cong¨¦neres. Aunque no lo sab¨ªan con certeza, pod¨ªan intuir que sus d¨ªas se acabar¨ªan pronto si no hac¨ªan algo por luchar. Un equilibrio tan fr¨¢gil ten¨ªa complicado sobrevivir una guerra interna as¨ª. Sus inquilinos luchaban por absorber la energ¨ªa de sus hermanos, hacerse m¨¢s fuertes. En un momento as¨ª, era la ¨²nica posibilidad que ten¨ªan. La mujer estaba perdiendo sus poderes. No hab¨ªa nada que pudiera hacer: su cuerpo se retorc¨ªa en el aire mientras los titiriteros tiraban de los hilos con violencia en su pugna por el poder. Solo hab¨ªa necesitado un peque?o empuj¨®n para que ese enjambre dem¨®nico se empezara a consumir por s¨ª mismo. Tampoco pod¨ªa distraerme. No sab¨ªa si la guerra interna acabar¨ªa estabiliz¨¢ndose, si ese mont¨®n de bichos podr¨ªa atacarme cuando me confiara. Adem¨¢s, Seven segu¨ªa revoloteando como si de un abejorro se tratara a nuestro alrededor, armado con una mueca que se encontraba a medio camino entre el fr¨ªo c¨¢lculo y el ¨¦xtasis de la entrop¨ªa que ahora le rodeaba. Sanae aprovech¨® esa insistencia suya para lanzar su segundo cuchillo hacia ¨¦l, aun intentando amenazar a su reh¨¦n con la visi¨®n de la mujer que hab¨ªa visto su derrota a manos de su desbocada fauna espiritual. Guardaba la esperanza de que alguna de las criaturas de esa mente tomase la voz del enemigo, pero result¨® que el barista del Judgment 1999 era de a¨²n menos palabras que el del Thardisia. Adem¨¢s, esa llave que lo reten¨ªa acababa siendo una limitaci¨®n de movilidad de alguien que se enfrentaba a un hechicero volador, por lo que despu¨¦s de la tercera vez que el jefe de redacci¨®n sufriera por protegerle, sesg¨® el aura de su rival con una docena de tajos calculados y lanz¨® el cuerpo al suelo con cierta decepci¨®n. En cuesti¨®n de segundos, se volvi¨® en un campo de batalla a¨²n m¨¢s cruento que el de su compa?era. ¨DVaya. ¨DSeven se dirigi¨® directamente a Ram¨®n. Estir¨® un poco la mano del brazo herido, casi sorprendido de que pudiera volver a mover su extremidad sin problemas en tan poco tiempo¨D. Parece que ese truco ten¨ªa sus l¨ªmites. Ya les dije que necesitaban un aliado fuerte, uno capaz de tener a raya esa nube de bestias. Un demonio af¨ªn que protegiera su identidad de la horda que pretend¨ªan almacenar en sus cabezas. Pero no. Confiaban demasiado en su capacidad de ser especiales. Ja. ¨DDej¨® que la s¨ªlaba retumbara unos instantes en el aire. No sab¨ªa si su objetivo era enervarme y hacer que saltara para reordenarle los dientes, pero si era as¨ª, lo estaba consiguiendo¨D. Especiales, este par de juguetes rotos. Al menos, fueron buenos conejillos de indias, eso se lo concedo. Oh, mi se?ora Gazereth, te los ofrezco como sacrificios. Por favor, ?acepta su fuerza para alimentar la tuya y otorgarme una vez m¨¢s el don de tus alas! Las alas mecanizadas dispararon una salva de misiles en todas las direcciones. Mi instinto de autopreservaci¨®n me hizo correr con mis compa?eros a un lugar seguro y dar a los lacayos por derrotados. Por suerte para ellos, las explosiones segu¨ªan a rajatabla las leyes del combate espiritual que hab¨ªamos asimilado a lo largo de estos, a?os, por lo que sus cuerpos siguieron intactos a pesar de todo. De hecho, la mujer tosi¨® con fuerza varias veces, asegur¨¢ndonos de que, aunque la persona que era hubiera sido consumida, a¨²n hab¨ªa algo en sus instintos que la hac¨ªa aferrarse a la vida. ¨D?Ah! ?As¨ª me gusta! ¨Dclam¨® al cielo, con ademanes excesivamente teatreros¨D. Venid a m¨ª, Cazadores. Ah, qu¨¦ sensaci¨®n tan maravillosa la de poneros contra las cuerdas. ?No es esto una prueba fehaciente de que, en esencia, mis m¨¦todos son la verdadera forma de tratar con el resto de mundos? ?Menuda demostraci¨®n! Es una pena que no vay¨¢is a sobrevivir a esto. Me hubiera encantado ver c¨®mo distorsionabais esta historia en uno de vuestros... Una flecha de luz impact¨® en su cr¨¢neo antes de que pudiera acabar la frase. Estaba harta de los mon¨®logos de villano flipado. El poder hacer algo que no fuera machacar el bot¨®n de la equis hasta que se callara era algo que llevaba deseando toda mi vida. El clonc m¨¢s satisfactorio que hab¨ªa escuchado jam¨¢s. Y los efectos visuales en los que un par de demonios explotaban cuales fuegos de artificio no eran m¨¢s que la guinda en el pastel. Reading on this site? This novel is published elsewhere. Support the author by seeking out the original. ¨DQue te calles ¨Despet¨¦, preparando un segundo proyectil¨D. S¨ª, eres muy malvado y te llevas bien con los peces gordos del mal. Ya lo sabemos. Enfadado, me atac¨® con todas sus fuerzas. O con algo que cualquier villano habr¨ªa nombrado su t¨¦cnica definitiva. Un mont¨®n de poderes que brotaban al un¨ªsono de cada uno de los puntos irregulares de su alma. Al ver que sus energ¨ªas cubr¨ªan casi todo el espacio en el que combat¨ªamos, decidimos que lo mejor ser¨ªa adoptar una formaci¨®n defensiva, buscando llevarnos a todos los glitches que los originaban mientras tanto. Sin embargo, e imitando la estrategia con la que hab¨ªa logrado la huida de mis pupilos, solo se trataba de una cortina de humo ante una nueva acometida a todo motor. No, esa explosi¨®n crom¨¢tica solo ten¨ªa el rol de telonero, cubriendo un ataque perfectamente medido que me volv¨ªa a tener como objetivo central. Mi reacci¨®n tuvo que ser ingeniada sobre la marcha; no ten¨ªa tiempo suficiente a resistirla de la misma forma que antes, as¨ª que cargu¨¦ toda mi energ¨ªa en mis piernas y, oyendo ¨²nicamente a mis instintos, di un salto hacia arriba, sin pensar demasiado en la trayectoria o la distancia que pudiera alcanzar. En esa ocasi¨®n, no hab¨ªa plan al que atenerse, solo la necesidad de esquivar el asalto a toda costa. Ya se me ocurrir¨ªa algo para que siguiera fij¨¢ndose en m¨ª en lugar de devolver el ataque a mis compa?eros. Algo como... ¨DEh, t¨² ¨Dapel¨¦ a su ego imitando al erizo azul m¨¢s famoso de todos los tiempos mientras segu¨ªa ascendiendo¨D. You''re too slow. C''mon, step it up! El l¨ªder de la secta era tan tonto (o tan orgulloso, qu¨¦ m¨¢s daba) como para que eso funcionara y ajust¨® su ruta para encararse a m¨ª, pero el salto ya hab¨ªa llegado a su c¨¦nit y solo restaba una ca¨ªda para la que no ten¨ªa plan alguno. Puede que tampoco lo necesitara, eso s¨ª. Quiz¨¢ la soluci¨®n era ceder ante mis deseos y darle a ese imb¨¦cil el pu?etazo en la cara que llevaba diez d¨ªas guard¨¢ndome. ¨D?Ya he tenido suficiente! ?Estoy harto de ti! ¨Dbram¨®, tornando el vuelo hacia mi direcci¨®n¨D. ?Vas a morir aqu¨ª mismo, Princesa Aran! La ca¨ªda empez¨® a acelerar. Tambi¨¦n lo hizo el hombre volador, buscando un golpe cuerpo a cuerpo que zanjara el enfrentamiento. Era incre¨ªble cu¨¢nto hab¨ªa subido de un salto y lo lejos que segu¨ªa el techo de las tripas de ese demonio. Gir¨¦ un poco en el aire, lista para que la gravedad acompa?ara mi golpe, y concentr¨¦ todas las energ¨ªas que ten¨ªa en el pu?o. Si erraba, estar¨ªa vendida, pero confiaba ciegamente en ese c¨®ctel que supon¨ªa la estupidez del hombre antes conocido como Moroboshi y mi ansia de hacer que callara de una vez por todas. Si me preguntaran c¨®mo logr¨¦ atinar el golpe a una velocidad as¨ª, no sabr¨ªa dar una respuesta m¨¢s all¨¢ del cl¨¢sico ?cre¨ª en m¨ª misma? o el ?esto de la adrenalina en momentos clave es algo magn¨ªfico?. Si bien mi rival interpuso toda la resistencia al golpe que pudo gracias a sus habilidades dem¨®nicas, pude coronarme vencedora del asalto en un espect¨¢culo de glitches explotando en el aire. Puede que lo acompa?ara un borbot¨®n de sangre humana y alg¨²n que otro diente fracturado, pero es lo que tiene un pu?etazo en el ¨¢ngulo de la mand¨ªbula. Lo sorprendente, en todo caso, fue que lo resistiera con tanta entereza. Las alas de su espalda parpadearon antes de deshacerse en una nube de v¨®xeles plateados y, una vez el retroceso del golpe hab¨ªa hecho de las suyas, ambos nos precipitamos hacia el suelo. Por fortuna, yo contaba con aliados dispuestos a parar mi ca¨ªda en picado, por mucho que protestaran despu¨¦s de lo temerario que hab¨ªa sido mi golpe final. ¨DMe... has vencido ¨Dadmiti¨® el hombre por fin, escupiendo tanta sangre que me empezaba a cuestionar si sobrevivir¨ªa a su p¨¦rdida¨D. Lo que significa que he traicionado las expectativas de la Guardia y... Que quedan poco m¨¢s que minutos antes de que la due?a de estas alas ponga fin a mi vida. ¨D?Por qu¨¦ har¨ªa eso? ¨Dinquiri¨® Ram¨®n¨D. O, mejor dicho, ?c¨®mo? ¨DYa me ves. ¨DTosi¨® con fuerza¨D. Cobrarse la venganza a quien le arrebat¨® ese trozo de alma era mi parte del trato, al fin y al cabo. Era mi ¨²ltima oportunidad de contentarla antes de que decidiera que pod¨ªa desecharme. Al fin y al cabo, ya estaba en tiempo de descuento, j¨¢. Respir¨® con fuerza, intentando acabar la frase a toda costa. Por c¨®mo bailaban sus ojos, parec¨ªa que la pugna por su vida ya hab¨ªa empezado. Definitivamente, fuerza de voluntad no le faltaba. ¨DNuestro pacto hizo que ese pedazo exiliado de su ser se acoplara a la humanidad que me quedaba. Tendr¨ªa la m¨¢s efectiva de sus armas. Un enlace a trav¨¦s de los reinos para seguir recibiendo su conocimiento. Yo, a cambio solo ten¨ªa que declararme su siervo y darle la oportunidad de cobrarse su venganza. ¨DPar¨® de nuevo para tomar aire¨D. De hacer a¨²n m¨¢s da?o a su n¨¦mesis. Pero ya es tarde para todo eso. Me ten¨¦is a vuestra merced y el Hada no descarta que teng¨¢is vuestros propios medios de extraer toda la informaci¨®n que necesit¨¢is de mi mente, est¨¦ ese pedazo suyo ah¨ª para evitarlo o no. As¨ª que est¨¢ abusando de los hilos que nos unen para apagar mi forma terrenal y hacer que me lleve los secretos a la tumba. ?Sabes qu¨¦, Hada de los cojones? Todav¨ªa puedo joderte los planes. ¨D?Una redenci¨®n antes de morir? ¨DLe alc¨¦ tirando de la poca tela que quedaba en el cuello de su disfraz¨D. S¨ª que te gustan los t¨®picos. ¨D?Redenci¨®n? Me reir¨ªa si eso no fuera a hacerme sangrar como un cerdo. No, Cazadores. Solo quiero seguir haciendo da?o, y ahora le toca a la que quiere robarme la vida. Ten¨¦is toda la informaci¨®n en mi ordenador. ¨DSu voz se iba apagando cada vez m¨¢s¨D. Ram¨®n, ya sabes d¨®nde encontrarlo, no deja de ser el lugar en el que nos conocimos. La clave del equipo es ?pepperoni and cheese?. Espero que sepas entender a lo que me refiero. Bueno, qu¨¦ carajos, eres Ram¨®n Lourido, seguro que sabes hacerlo. ¨DSuficiente, ni?o ¨Drespondi¨® el barista en un tono cortante¨D. Ya puedes dejar de luchar. Nosotros nos encargaremos del resto. ¨DQue te jodan... ¨Dsuspir¨® una larga exhalaci¨®n¨D. Hada traidora. Con un ¨²ltimo chispazo, sus ojos se apagaron y los restos de su aura se disiparon en el aire. No tard¨® mucho m¨¢s en dejar de respirar y, entonces, su pulso se par¨® del todo. Falt¨® ese pitido tan t¨ªpico de los procedurales m¨¦dicos televisivos, pero el hombre no estaba enchufado a ninguna m¨¢quina. Solo estaba ah¨ª, escu¨¢lido, magullado y lleno de sangre. Probablemente arrepentido de las decisiones que hab¨ªa tomado en su vida, pero con una sonrisa de satisfacci¨®n en los labios por haber podido hacer algo con ella. Cap铆tulo 30, por Verè´¸nica Garza (parte 1) Las cristaleras de la torre oscura dejaban pasar poca luz hacia la estancia. De hecho, si tuviera que hacer uso de la l¨®gica, no deber¨ªa entrar un solo rayo de sol, pero las tripas de este demonio no se aten¨ªan demasiado a las leyes de la ¨®ptica, sino a los arbitrarios designios del mundo de silicio. El ambiente era tan pesado como l¨²gubre, y el aire parec¨ªa haberse vuelto a¨²n m¨¢s fr¨ªo que la ¨²ltima vez que hab¨ªa estado ah¨ª. Aun as¨ª, no dej¨¦ de caminar, paso a paso. Una de mis manos buscaba la de El¨ªas y la otra jugaba con los engranajes de mi colgante en un vano intento de tranquilizarme. No me decid¨ªa a activar mis poderes: me har¨ªan un blanco demasiado visible en medio de la penumbra. Por el mismo motivo, Mako estaba escondido en su V-Pet. Los halos de ¨¢ngel refulgentes no se llevan muy bien con el sigilo, al fin y al cabo. ¨D?Est¨¢s lista, Vero? ¨DEl¨ªas apret¨® su agarre. ¨DNo lo estoy ¨Drespond¨ª con toda la sinceridad que pude sacar del pecho¨D, pero eso no quiere decir que no sea el momento de hacerlo. ¨DOh, es mi destino como la hero¨ªna de la leyenda. ¨DAunque no levant¨® mucho la voz, el tono que puso fue lo suficientemente tonto como para pillarme desprevenida¨D. ?Hora de blandir mis poderes para destruir el mal! Solo ¨¦l pod¨ªa hacerme re¨ªr de esa forma en un momento as¨ª. Le lanc¨¦ una mirada fugaz, de reojo, y de repente supe que nada pod¨ªa ir mal si lo ten¨ªa a mi lado. Abrac¨¦ todo su brazo para esconder la verg¨¹enza que me hab¨ªa subido a la cara al pensar en lo afortunada que era. ¨DNada de leyendas ni heroicidades ¨Drespond¨ª una vez me recompuse¨D. Bueno, s¨ª. Te promet¨ª protegerte. Ser tu hero¨ªna, y todo eso. No voy a romper la promesa. Pero... Ya sabes. Si hay un motivo por el que estoy aqu¨ª, un solo motivo... Es porque te lo debo a ti. Y a Zack. No a mi misi¨®n. Ni siquiera al universo. Sois vosotros dos los que me dais las fuerzas para hacer esto. Inspir¨¦ un par de veces para mentalizarme y sal¨ª del pasillo de la entrada. Convenientemente, un tenuemente coloreado rayo de sol divid¨ªa la estancia en dos mitades. A un lado, nosotros. El payaso de Eli se hab¨ªa tomado incluso la licencia de marcarse una pose al ver la estampa en la que se encontraba. Al otro, una figura sentada en el trono. Una figura en la que me costaba reconocer a Zack. Acostumbrada a sus conjuntos de un colorido tan dulce, verle portando unas botas de cuero, unos anchos pantalones de color negro con lo que definitivamente era un n¨²mero excesivo de bolsillos era raro, aunque a¨²n m¨¢s llamativa era esa gabardina de cuero rojo que, semiabierta, no hac¨ªa esfuerzo alguno en ocultar el compresor de su pecho. El demonio que habitaba en ¨¦l nos lanz¨® una mirada helada con esos falsos ojos de rub¨ª antes de encenderlos como si de un faro dem¨®nico se tratara. La impresi¨®n me dur¨® poco y respond¨ª con un gesto completamente sim¨¦trico. De repente, la poca luz de la que hac¨ªa gala naturalmente la torre se hab¨ªa rendido ante ese choque entre auras que tintaba el ambiente de rojo y azul con sendas energ¨ªas. ¨DH¨¦roe ¨Dgru?¨® la voz distorsionada de Zack¨D, por fin nos encontramos. No dign¨¦ ese comentario con una respuesta. En su lugar, me lanc¨¦, levitando a toda velocidad, hacia el chico. A¨²n no sab¨ªa c¨®mo lo iba a liberar de su influencia, pero todo me dec¨ªa que no hab¨ªa forma de hacerlo que no considerase el uso de la espada del glitch con el que nac¨ª. El t¨ªtere liber¨® a sus criaturas. Seis, al mismo tiempo, sin una reacci¨®n m¨¢s que un resoplido que no le levant¨® del trono en el que posaba. El poder que le otorgaba el demonio que mov¨ªa los hilos espirituales a su alrededor era lo suficientemente grande como para que eso no fuera un problema. Sin embargo, yo tambi¨¦n hab¨ªa aprendido un par de trucos nuevos. Hab¨ªa mejorado desde nuestro ¨²ltimo duelo. Y lo m¨¢s importante: no estaba sola. Tras parar las r¨¢fagas de viento cortante del gato ninja que hab¨ªa obtenido en el evento de Yaroze-kai, me llev¨¦ los dedos a los labios para silbar con fuerza. La se?al que hab¨ªa pactado con Mako para que se uniera a la refriega. Con un planeo majestuoso que ni siquiera el p¨¢jaro ¨ªgneo que siempre lideraba el equipo del domador pudo interceptar, surgi¨® presto de su pantalla LCD a cubrirme las espaldas. Sin orden alguna, invoc¨® una lanza de luz en cada una de sus manos y las gir¨® con la t¨¦cnica de una majorette bien entrenada. Por cada vuelta que daba en el aire, un pu?ado de rayos sal¨ªan volando en todas direcciones, sobrecargando el ambiente con una nube el¨¦ctrica de interior. Mientras tanto, tuve la ocasi¨®n de cobrarme mi revancha contra el glitch que me hab¨ªa causado la derrota en la ocasi¨®n anterior, que cay¨® en combate con poco m¨¢s que un tajo certero. En la misma pirueta, tambi¨¦n pude deshacerme del dichoso gato, devolvi¨¦ndole uno de sus shuriken justo al entrecejo. ¨D?Ves, Eli? ¨Dme dije para mis adentros¨D. Ese mapache no era para tanto. Los monstruos fueron reemplazados r¨¢pidamente por dos criaturas m¨¢s, que tambi¨¦n me resultaron familiares: la mole de gelatina y el saltamontes roquero. Por suerte, ya conoc¨ªa sus trucos, pero si ten¨ªa que enfrentarme a todo el repertorio de monstruos coleccionables de mi amigo, era probable que no acabase nunca. Al menos, si no sub¨ªa el ritmo. Con un chasquido de dedos, di la instrucci¨®n a Mako de que acelerase la ofensiva. Asinti¨® levemente con la cabeza y lanz¨® las dos lanzas que llevaba en sus manos y, ya que estaba, dos m¨¢s que gener¨® en un instante los enemigos que nos acosaban. Una de ellas atraves¨® su objetivo golpeando el n¨²cleo, haciendo que la criatura explotase en mil pedazos c¨²bicos. Otro se incrust¨® en el interior del postre viviente y la tercera desarm¨® al saltamontes, pero decidi¨® enarbolar el arma para s¨ª mismo. La cuarta err¨®, por desgracia. You might be reading a stolen copy. Visit Royal Road for the authentic version. El domador no reaccion¨® negativamente. Solo se qued¨® observando, impasible, hasta que Mako chasque¨® los dedos con una mueca de satisfacci¨®n en sus casi humanos labios. Eso hizo que la electricidad que sobrecargaba el techo cayera con violencia hasta las lanzas que har¨ªan las veces de pararrayos, descargando su furia sobre las dos criaturas que se resist¨ªan. De nuevo, fueron reemplazadas por un par de sustitutos. A priori, luc¨ªan m¨¢s d¨¦biles. ?Ya me hab¨ªa deshecho de sus ases? Solo ten¨ªa que volver a fre¨ªr al dichoso pollo y... Un car¨¢mbano impact¨® contra su ala. La diablilla de El¨ªas hac¨ªa lo que buenamente pod¨ªa por ayudar, pero no pareci¨® hacer mella en las fuerzas del p¨¢jaro, que solo parec¨ªa ligeramente enfurecido por haberse mojado las plumas. De todos modos, eso me dio la oportunidad perfecta para acometer contra el dichoso halc¨®n sin que parase la hoja con esas garras de obsidiana. No tanto como para ganarme la victoria, pero s¨ª para que graznara de dolor antes de cambiar su objetivo al glitch de mi compa?ero para encontr¨¢rselo indefenso. El ave, en un ataque enfurecido, se lanz¨® envuelto en llamas, pero Nixie supo desplegar el campo de fuerza en el momento exacto para dejarlo con un palmo de narices, vendido a un ataque letal por mi parte. Aun as¨ª, El¨ªas sigui¨® avanzando a zancadas, recortando la distancia r¨¢pidamente. El asistirme en el combate no era m¨¢s que una parada y lo demostr¨® con un grito que dej¨® bastante claras sus intenciones. ¨D?Qu¨¦ cojones est¨¢s haciendo, Zack? ¨DUn rayo de energ¨ªa rebot¨® en el escudo de la criatura acu¨¢tica¨D. ?Por qu¨¦ diablos vas disfrazado as¨ª? Por qu¨¦... ?por qu¨¦ me has hecho esto? ¨DAs¨ª que t¨² eres el otro caballero ¨Drespondi¨® la estruendosa voz del demonio, sin siquiera tomarle en serio¨D. Aunque portes el don, no eres m¨¢s que un torpe novato. Con un aura demasiado bondadosa. Un car¨¢cter d¨¦bil. Un poder mundano. Veo que he elegido al campe¨®n correcto. El¨ªas estir¨® la mano con todas sus fuerzas y le cruz¨® la cara al demonio. O a Zack. Quiz¨¢, a los dos. Aunque el demonio hab¨ªa acertado en algo: el tortazo fue mundano. Humano. Salido directamente del coraz¨®n. In¨²til en una batalla contra uno de los cuatro demonios m¨¢s poderosos que puedan escapar del mundo de silicio. Y, aun as¨ª, justo lo que el muchacho necesitaba hacer para que su cuerpo dejara de temblar ante la situaci¨®n. ¨DDale otra de mi parte, cari ¨Dratifiqu¨¦ su acci¨®n con un tono sorprendentemente dulce como para haberlo dicho entre espadazo y espadazo¨D. Por hacerme pasar por eso por segunda vez. ¨DNo vuelvas a ponerte en peligro mientras no estoy ah¨ª para apoyarte. ¨DEl despecho se torn¨® un sollozo en sus labios¨D. No quiero volver a despertarme y descubrir que has desaparecido. Nunca m¨¢s. No lo soportar¨ªa, imb¨¦cil. Te quiero demasiado como para eso. Los l¨¢tigos de energ¨ªa que ataban a las bestias del ordenador de Zack empezaron a parpadear, perdiendo la fuerza por momentos. El muchacho compuso un moh¨ªn de circunstancia y se tap¨® la mitad de la cara que hab¨ªa recibido el golpe, pero la marca rojiza era mucho mayor de lo que pod¨ªa ocultar su mano. A¨²n sin tener muy claro el desequilibrio que hab¨ªa causado ese gesto en la mente que pose¨ªa, el demonio apret¨® los dientes y orden¨® a todas las criaturas, de viva voz, que atacasen a su agresor a una misma vez. Una t¨¦cnica desesperada. ?Hab¨ªa sido un tortazo lo suficiente como para perder el control de su t¨ªtere? Eso daba igual, ten¨ªa que hacer algo por salvarle de un golpe que ni siquiera su criatura podr¨ªa demediar. Mako hizo todo lo que pudo aplastando a uno de los miembros del equipo dem¨®nico con sus propias garras, pero segu¨ªan siendo cinco descargas concentradas en un solo punto. Vol¨¦ todo lo r¨¢pido que pude, ya con el escudo desplegado. Nixie intent¨® hacerme ganar algo de tiempo, pero sus fuerzas no daban m¨¢s de s¨ª. La criatura se disipaba en el aire usando sus ¨²ltimas energ¨ªas para proteger a su humano af¨ªn y, aunque carec¨ªa de boca con la que sonre¨ªr, el gesto de satisfacci¨®n por haber hecho su trabajo antes de ser desconvocada estaba dibujado, de alguna forma, en su rostro casi esf¨¦rico. ¨DNo te preocupes, amiga. Mi escudo har¨¢ el resto ¨Ddije en voz alta y clara a la nube de tinta que se evaporaba en el aire¨D. Recup¨¦rate y nos veremos pronto. Zack cerr¨® y abri¨® los ojos muchas veces, con lentitud. Las rojas ascuas de Algodaoth a¨²n se resist¨ªan a dejar sus iris, intentando retomar el control de su cuerpo mientras El¨ªas y yo no pod¨ªamos hacer m¨¢s que mirar mientras sosten¨ªamos sus manos, esperando que su fuerza mental le diera unos momentos de lucidez que me permitieran encontrar el eslab¨®n d¨¦bil en el control del G¨®lem. ¨DEli... Vero... ¨DSus ojos, a¨²n a medio camino entre ese carmes¨ª tan poco natural y ese irisado tan caracter¨ªstico, se humedecieron¨D. Lo siento. He hecho lo que he podido. Lo he contenido. Le he hecho da?o. Pero no ha sido suficiente... Ahora nos toca acabar con ¨¦l... juntos. ¨DSomos un equipo. ¨DMe aferr¨¦ con m¨¢s fuerza a su mano¨D. El equipo Delta. Tres lados y tres v¨¦rtices, ?no? Sin mediar m¨¢s palabras, El¨ªas lo abraz¨®, contento de poder volver a o¨ªr su voz sin ese retumbante eco. Aunque fuera por un instante, volv¨ªa a ser ¨¦l y eso le llenaba el coraz¨®n de alegr¨ªa. Con ese tono tan juguet¨®n incluso cuando no intenta serlo. Con esos ojos tan capaces de enamorar de un vistazo. Bueno, estaba segura de que era lo que estaba pensando... Porque yo sent¨ªa exactamente lo mismo. El domador nos abraz¨® con fuerza y solt¨® un alarido gutural. El demonio estaba volviendo a ganar terreno en la pugna por su cuerpo y yo no ten¨ªa m¨¢s posibles soluciones que explorar. Solo pod¨ªa darle un poco de mi energ¨ªa, una pizca de mis fuerzas para asistir la lucha que estaba librando. Abrazarle hasta que lo peor pasara. O hasta que a El¨ªas se le ocurriera algo. Ahogu¨¦ un ?Venga, Eli, t¨² eres el chico de las ideas? en mi pecho. No pod¨ªa hacerle asumir esa carga. De repente, vi la luz. Ese chispazo de idea feliz que llega en el ¨²ltimo momento, cuando no hay nada m¨¢s en tu cansada cabeza. Solo que aquella vez ese rayo inspirador no era precisamente m¨ªo. ¨DAlgodaoth, eres un cobarde ¨Dmis labios se movieron por s¨ª solos¨D. ?Estoy harto de tus triqui?uelas! Cap铆tulo 30, por Verè´¸nica Garza (parte 2) Mi brazo se movi¨® por s¨ª mismo, apresando la espalda de Zack mientras descargaba todas las fuerzas que pod¨ªa encontrar en el fondo de mi alma. La necesaria para sobrecargar el ordenador de la mu?eca del albino. Un mont¨®n de chispas de colores salieron de ¨¦l, permaneciendo en el aire como si de est¨¢tica se tratara. Eso s¨ª, la m¨¢quina de su mu?eca no dej¨® de funcionar, si bien las costuras del titiritero empezaron a ser m¨¢s visibles. ¨D?H¨¦roe? ¨Dbalbuce¨¦, esta vez por voluntad propia. ¨DVeo que llego justo a tiempo, Ver¨®nica ¨Ddije. Mejor dicho, fue el glitch quien us¨® mi voz¨D. Veo que, por una vez, te mantienes en vigilia con mi presencia. Fig¨²rome que no es sino la se?al. La primera ocasi¨®n en la que ambos somos conscientes de forma concurrente en tu cuerpo... Mas profetizada para ser la ¨²ltima. ¨D?Qu¨¦? ¨DNos recibi¨® la mirada de cachorro confuso de El¨ªas, que tom¨® algo de espacio, alertado por la explosi¨®n de poder. Aun as¨ª, no solt¨® mi brazo¨D. Joder, esto sigue super¨¢ndome, pero... ¨DParece que ha llegado la ocasi¨®n, ni?a, de hacer todos mis poderes tuyos, como est¨¢ escrito en las estrellas. ¨DDej¨® un hueco para mi respuesta, pero no le di ninguna¨D. Quiz¨¢ no vivamos el momento m¨¢s propicio, mas s¨ª el ¨²nico en el que hacerlo te permitir¨¢ salvaguardar el balance entre los mundos. Zack solo respondi¨® con m¨¢s chillidos y un esfuerzo vano de aferrarse a nosotros, pero el mensaje fue claro: ten¨ªamos que darnos prisa. ¨D?Est¨¢s seguro, H¨¦roe? Estoy dispuesta a cederte mi cuerpo para que luches una vez m¨¢s, si fuera necesario. ¨DEl tiempo de eso ya ha pasado ¨Del eco de la voz hab¨ªa vuelto¨D. Tu control sobre m¨ª es f¨¦rreo y la cuenta atr¨¢s para mi disoluci¨®n ya est¨¢ en marcha. No, Ver¨®nica. Ahora, esta es tu historia. O si me permites cederte mi nombre... Hero¨ªna. Miles de im¨¢genes pasaron por delante de mis ojos en un ¨²nico segundo que pareci¨® dilatarse hasta el infinito. Montones de informaci¨®n que era incapaz de dilucidar pero que inundaban mi mente, mi alma y, en raras ocasiones, mis propios recuerdos, que el demonio se hab¨ªa encargado de sellar en los rincones m¨¢s rec¨®nditos de mi ser. Todo, a la vez. Mientras luchaba por hacer frente a esa saturaci¨®n. Grit¨¦ hasta que mis pulmones parecieron desgarrarse. Hasta que mi garganta no pod¨ªa m¨¢s. Grit¨¦ para vaciar mi cuerpo de aire, mi mente de dolor. Pero Eli no me solt¨®, aun a riesgo de que ese desgarrador alarido fuera lo ¨²ltimo que escuchase en su vida. En su lugar, pos¨® sus labios sobre mi pelo y los curv¨® sutilmente. ¨DHora del exorcismo. ¨DSolt¨¦ el cuerpo de Zack y tir¨¦ hacia atr¨¢s de mi compa?ero para llevarlo a un lugar seguro¨D. Luchemos. Entonces, descubr¨ª lo que supon¨ªa contar con los poderes completos del H¨¦roe. Una fuerza que, a pesar de acumular m¨¢s de cinco a?os de entrenamiento, era imposible manejar con precisi¨®n. Un mont¨®n de llamaradas espirituales escapaban de todos los picos de mi aura, intentando encontrar el equilibrio en su forma. Los surcos de mis brazos centelleaban con tanta fuerza que la oscuridad se disip¨® de un plumazo, solo enfrentada por la contraparte rojiza del demonio. La espada espiritual que portaba creci¨® en tama?o, y el escudo de mi brazo derecho se volvi¨® m¨¢s robusto, aunque era casi incapaz de sentir el peso que antes parec¨ªa tener. Estir¨¦ los hombros y exhal¨¦ uno de esos suspiros que pretenden enfriar tus entra?as y calmar tus nervios. Fue entonces cuando todo ese exceso de energ¨ªa encontr¨® la forma que hab¨ªa estado buscando desde el principio: una llameante capa de energ¨ªa que me superaba en altura, ondeando por s¨ª misma con la misma fuerza espectral que antes agitaba mi pelo. El demonio que controlaba al albino salt¨® hacia m¨ª, pu?o hacia delante. No obstante, sus movimientos eran torpes, como si Zack tirase tambi¨¦n de los hilos del cuerpo para evitar que pudiera hacerme da?o. El impacto retumb¨® en mi guardia con una explosi¨®n s¨®nica, pero sonre¨ª, satisfecha con la fuerza de la que me dotaba mi reci¨¦n descubierto poder. ¨D?Mako! ¨Dgrit¨¦¨D. ?Ded¨ªcate a proteger a Eli! ?Esta lucha es m¨ªa! Di un tajo hacia delante. El demonio no se molest¨® en evadirlo, aunque no ten¨ªa claro si se trataba de un exceso de confianza en su entereza o por la despreocupaci¨®n absoluta por la salud de su recept¨¢culo. Apret¨¦ los labios, esperando en secreto que hubiera sido el propio Zack quien hubiera frenado la esquiva esperando que mi golpe impactara directamente sobre ¨¦l. This book is hosted on another platform. Read the official version and support the author''s work. ¨DNo lo entiendes ¨Dbram¨® el demonio, lanz¨¢ndose a por otro golpe¨D. Este chico es solo una herramienta... Un lacayo fuerte al que deseo someter. El primero de muchos, la prueba de mi regreso. Intercambiamos un par de golpes m¨¢s en el aire, pero parec¨ªa un combate sin sentido. Yo conten¨ªa mis fuerzas para no da?ar de m¨¢s el ya cansado cuerpo de Zack mientras buscaba una respuesta en la memoria del glitch que me acompa?aba desde el nacimiento y ¨¦l constre?¨ªa los movimientos del G¨®lem para que no resultara un peligro. ¨D?Daravuth! ¨Dbram¨® al aire¨D. ?Es el momento! La est¨¢tica del aire chisporrote¨® un par de veces, aunque hab¨ªa que fijar un poco m¨¢s de lo normal la vista como para darse cuenta en esa guerra crom¨¢tica. Aun as¨ª, algo en mi interior se retorci¨® al escuchar ese nombre. Daravuth... El tercer demonio de la guardia de Erymath, entend¨ª en el momento. Aunque no entend¨ªa a qu¨¦ se refer¨ªa, dos palabras se grabaron a fuego en mi aura, como si de un ¨²ltimo aviso del h¨¦roe se tratara. ?Puerta?. ?Madre?. Como respuesta firm¨¦ un ?podr¨ªas haberme explicado todo esto antes de desaparecer, maldito glitch? en mis pensamientos. Sin saber si lo que me lo ordenaba era mi instinto o el eco del demonio que habitaba en m¨ª, salt¨¦ hacia mi rival, abandonando la espada, sin m¨¢s objetivo que retenerlo en el aire. Fue entonces cuando lo vi claro. De esas chispas de est¨¢tica que hab¨ªan quedado en el aire sal¨ªan los hilos que pretend¨ªan controlar a Zack. S¨ª, se un¨ªan a los que emit¨ªa su ordenador de mu?eca y a los que nac¨ªan del trozo de alma que ten¨ªa incrustado en su ser, pero... Aferrada al demonio en una suerte de abrazo violento, sobrecargu¨¦ las hebras que conectaban al chico a Algodaoth. Sab¨ªa que no iba a lograr nada por m¨ª misma, pero confiaba en que el poder del H¨¦roe fuera suficiente para hacer mella en la conexi¨®n que los un¨ªa. Sent¨ª que el tono de mi aura comenzaba a inundar los hilos, que surg¨ªan de la cabeza del muchacho, de su color. Poco a poco, con timidez; al fin y al cabo, por mucho que hubiera entrenado, sab¨ªa que mi dominio sobre la fuerza que hab¨ªa heredado era a¨²n prematuro. ¨DLo compensar¨¦ con mi propia voluntad, Zack ¨Dsusurr¨¦¨D. Promet¨ª salvarte, tonto. D¨¦jame salvarte. Junto a mi azul, unos segmentos blanquecinos empezaron a llenar las conexiones espirituales. Era la forma que ten¨ªa de se?alar que, a pesar de la presi¨®n que el demonio ejerc¨ªa sobre su ser, estaba ayudando. No tard¨® en unirse el caracter¨ªstico verde de El¨ªas, que sostuvo mi hombro mientras se aferraba a las hebras. Mako tambi¨¦n aport¨® su amarillo el¨¦ctrico. Entre los cuatro, el rojo de Algodaoth se apagaba como ese restillo de refresco que olvidabas beberte antes de llenar un vaso de agua, dejando solo un extra?o regusto como recordatorio de que una vez estuvo ah¨ª. ¨DDara... vuth... ¨Dreplic¨® el demonio¨D. ?Llegas tarde, hermana! Las chispas del aire explotaron, sobrecargadas por la energ¨ªa. ?Hab¨ªan abierto una grieta en el aire? La m¨¢s grande que hab¨ªa visto en mi carrera como exorcista, de hecho. Tanto, que el casi ilimitado espacio del vientre del demonio en el que combat¨ªamos empez¨® a sentirse angosto. Por fortuna, la explosi¨®n espiritual quebr¨® todos los hilos que sal¨ªan del lugar en el que ahora estaba, permitiendo a Zack recuperar el control sobre su cuerpo. Aun as¨ª, era f¨¢cil ver que su cuerpo estaba demasiado agotado como para poder unirse a la reyerta. ¨D?Est¨¢s bien? ¨Dpregunt¨® Eli al ver que sus ojos hab¨ªan retornado a su color habitual¨D. Dime que est¨¢s bien, por favor... ¨DLo estar¨¦ ¨Dreplic¨® con su chuler¨ªa habitual, pero sin la energ¨ªa que sol¨ªa acompa?arla¨D. Ahora tenemos que... cargarnos a ese bicho. Sea como sea. He visto su alma. Estaba rota en cientos de pedazos. Yo me he aprovechado de eso para emponzo?arla, pero segu¨ªa siendo demasiado fuerte para... ¨DD¨¦janos a nosotros ¨Dle par¨¦ en seco. ¨DNo lo entiendes, Vero ¨Dsigui¨® hablando a pesar de que le siseara¨D. Volver aqu¨ª era su objetivo. Este demonio en el que estamos no es sino un conductor. Sus poderes no llegan m¨¢s all¨¢ de la m¨¢quina de refrescos. ¨DTom¨® aire un par de veces para poder continuar¨D. Sin embargo, si Daravuth le abre la puerta a nuestro mundo, tendr¨¢ rienda suelta para hacer lo que le plazca. Un mont¨®n de miembros de la Catedral que controlar. Soldados perfectos con sus propios ej¨¦rcitos de monstruos. Y el resto de v¨ªctimas del Efecto Pirita a su disposici¨®n. Gente ajena a esto, como mi hermana. No puedo permitirlo. Hay que pararle aqu¨ª y ahora. ¨DEn otras palabras ¨Dsintetiz¨® El¨ªas¨D. Si cruza esa grieta, la conquista ser¨¢ inminente y Erymath habr¨¢ ganado. O al menos, nos habr¨¢ puesto contra las cuerdas. ¨DPor eso la hemos roto ¨Ddije, sin saber de d¨®nde hab¨ªa sacado esa conclusi¨®n. Gracias, H¨¦roe¨D. Sin saberlo, hemos ganado algo de tiempo. Ahora mismo, el demonio est¨¢ encerrado entre los mundos. Bueno, quiz¨¢ ?encerrado? no sea la mejor palabra. Es suficientemente poderoso como para resistir la influencia del vac¨ªo con su propia fuerza y estoy convencida de que sus aliados no se quedar¨¢n de brazos cruzados durante mucho tiempo. ¨D?Y qu¨¦ sugieres hacer? Una voz familiar se uni¨® a la conversaci¨®n. Si no la conociera, dir¨ªa que hab¨ªa estado esperando el momento perfecto para soltar su frase. Aunque, a decir verdad, tambi¨¦n era la conclusi¨®n m¨¢s l¨®gica a la que llegar conoci¨¦ndola. ¨DCobrarme de una puta vez esa venganza, ¨DNorma parec¨ªa algo perjudicada de su ¨²ltimo combate, pero sab¨ªa que si le negaba esa oportunidad el pr¨®ximo pu?etazo me lo iba a llevar yo¨D. Ponedme al d¨ªa, chicos. ?Por qu¨¦ Vero ahora tiene una capa molona? ?Por qu¨¦ Zack est¨¢ disfrazado de Dante? ?Por qu¨¦ por una vez el ¨²nico que no me est¨¢ sorprendiendo es El¨ªas? Me tom¨¦ la licencia de soltar una breve carcajada. Una capaz de destensar el ambiente y de unirnos hasta en los momentos dif¨ªciles. ¨DAcabemos con esto ¨Dme cruj¨ª los nudillos, encaminada a la prisi¨®n temporal del G¨®lem de Pirita. Cap铆tulo 30, por Verè´¸nica Garza (parte 3) El monstruo respond¨ªa a la descripci¨®n que me hab¨ªa dado Norma: tit¨¢nico, recubierto de una superficie met¨¢lica que reflejaba en los colores del arco¨ªris la poca luz que recib¨ªa, formado por cubos irregulares y con un solo ojo que no parec¨ªa dejar de vigilarnos. O lo habr¨ªa hecho en otro tiempo, ya que en nuestro encuentro era patente que a la criatura le faltaban bastantes de sus trozos, que probablemente hab¨ªa desplazado a otras partes de su ser para recomponer el brazo que hab¨ªa perdido en el combate de 1998 o que, simplemente, yac¨ªan alojados en las almas de sus v¨ªctimas. Algunos de los fragmentos que su cuerpo manten¨ªa hab¨ªan perdido su lustre. Zack parec¨ªa especialmente orgulloso de eso, apunt¨¢ndose a su cansada sonrisa con los pulgares. A pesar de lo mucho que impon¨ªa, esa versi¨®n de Algodaoth parec¨ªa d¨¦bil, constre?ida y un objetivo de exorcismo tan f¨¢cil que resultaba incluso decepcionante, por mucho que supiera que no pod¨ªa confiarme en las apariencias. ¨DT¨² otra vez ¨Dse dirigi¨® directamente a Norma¨D. Los humanos sois ciertamente tozudos. ¨DT¨² lo has dicho. ¨DAdopt¨® una postura de combate¨D. Pero no tengo ganas de ponerme al d¨ªa, ya he escuchado a tus lacayos decir demasiadas tonter¨ªas. Vamos a por la segunda ronda. Solt¨® una breve risotada e hizo que su ojo acusador lanzara un rayo l¨¢ser, directo a mi mentora. Me interpuse para pararlo con mi nuevo escudo, aunque no pude evitar la ocasi¨®n para presumir de ¨¦l frente a mi hermana. Cuando los restos del ataque se disiparon, lo puse a su servicio, a modo de trampol¨ªn. No hicieron falta palabras para que comprendiera la t¨¢ctica y que, en pocos segundos, ya estuviera surcando el aire, lista para propinarle un pu?etazo que desperdig¨® muchos de sus fragmentos por el suelo. ¨DTe recordaba m¨¢s amenazante ¨Dvacil¨® Norma mientras invocaba un pu?ado de esas llamaradas explosivas¨D. Qu¨¦ da?o hace la vejez. Por mucho que presumiera de fuerza, estaba claro que Norma tampoco estaba en la mejor de sus formas. El combate contra Seven no debi¨® haber sido trivial, pero quer¨ªa concederle esa victoria a toda costa. Sab¨ªa que la necesitaba. Lanc¨¦ una mirada breve a Mako, que vol¨® por el lugar para carbonizarlos con sus rayos antes de que volvieran a unirse al n¨²cleo. El¨ªas, por su parte, intent¨® llamar de nuevo a Nixie. Por desgracia, la criatura no se hab¨ªa recuperado del combate anterior. Sin dejarse amedrentar por eso, decidi¨® salir a la gresca a cuerpo descubierto, haciendo lo que pod¨ªa por sanar las heridas espirituales de Zack con una de sus manos mientras nos potenciaba con la energ¨ªa que le sobrara. No obstante, eso era algo que sonaba mucho m¨¢s sencillo en un plano te¨®rico, ya que exig¨ªa muchas m¨¢s fuerzas de las que le restaban. Hacer explotar esas luces y liberar a nuestro amigo hab¨ªa sido agotador para todos. Vol¨¦ hacia Norma y me puse espalda contra espalda con ella. Aunque la diferencia de altura fuera notoria, el poder levitar lo compensaba. ¨D?Necios! ¨Dbram¨® el demonio¨D. Aunque par¨¦is este plan, no es la ¨²ltima carta del Se?or de los Cern¨ªcalos. Mi vida podr¨¢ acabar, pero solo retrasar¨¦is lo inevitable. ¨DMe vale con eso ¨Dcontest¨® Norma con convicci¨®n¨D. Si hace cinco a?os la ¨²nica forma de pararte los pies fue con un sacrificio y ahora somos capaces de frenarte con poco m¨¢s que nuestros pu?os y espadas... ?qui¨¦n sabe d¨®nde nos pondr¨¢ ese tiempo extra? No respondi¨®. En su lugar, dio un par de pasos hacia delante, haciendo que todo retumbara. Los temblores desprendieron un mont¨®n de los cubos de su cuerpo, que emple¨® como arma arrojadiza. Aunque, a estas alturas, dominarnos con su habilidad de titiritero fuese una empresa complicada, la lluvia de metralla de pirita cargada con su propio poder no distaba mucho de una candente lluvia mete¨®rica que hizo explotar todas las trampas que hab¨ªa desplegado mi mentora. Mi reacci¨®n m¨¢s inmediata fue parapetar a mi mentora con mis poderes, insegura de que mi potenciada energ¨ªa fuera suficiente para resistir el ataque. La lluvia no se sald¨® sin da?os. Aunque mi guarda fuera capaz de resistir las distintas oleadas, las explosiones hab¨ªan empezado a hacer mellas en nuestras auras. Mako, por su parte, tuvo que encajar unos cuantos golpes si quer¨ªa evitar que las piezas regresaran ¨ªntegras a su due?o. El¨ªas no ten¨ªa lugar donde guarecerse y confi¨® en sus propias habilidades para conjurar un escudo que los protegiera a ¨¦l y al cansado domador. Afortunadamente, distaba tanto del epicentro de la t¨¦cnica que su protecci¨®n improvisada fue suficiente, aunque acab¨® drenando los ¨²ltimos restos de su fuerza. A pesar del cansancio que acumulaba tras una incursi¨®n as¨ª, no pod¨ªa bajar la guardia. Las fuerzas del G¨®lem estar¨ªan mermadas, pero segu¨ªan sinti¨¦ndose como un muro infranqueable. Una bestia sin domar ante la que la ¨²nica opci¨®n era perseverar. Sacar fuerzas de donde no las hab¨ªa. Alzarme en el aire, espada en mano y bloquear el torpe, pero contundente pu?etazo que intentar¨ªa propinarme. Concentrar mis fuerzas para que mi inercia superara a la suya en el aire y cortara parte de su brazo. Aunque el H¨¦roe me hab¨ªa dado una fuerza dif¨ªcil de igualar, no era infalible. Especialmente si mi falta de dominio sobre ella era tan limitante. If you stumble upon this narrative on Amazon, be aware that it has been stolen from Royal Road. Please report it. Pod¨ªa suplirlo con mi voluntad. Ten¨ªamos que hacerlo. A pesar de que era casi incapaz de mantenerse en pie, El¨ªas sac¨® del fondo de su esp¨ªritu algo de impulso como para invocar a algunas de sus criaturas. D¨¦biles, y poco entrenadas, pero una prueba irrefutable de que estaba dispuesto a poner toda la carne en el asador. Yo no pod¨ªa ser menos. Norma tampoco. ¨DHay que acabar con ¨¦l ¨Dsentenci¨¦¨D. Aqu¨ª y ahora. Cueste lo que cueste. ¨DPor Jaime ¨Drespondi¨® Norma¨D. Es lo menos que podemos hacer por ¨¦l. Lo menos. Lo m¨¢s ser¨¢ traerle de vuelta cuando todo esto acabe, claro. Ascend¨ª varios metros hacia el cielo de esta dimensi¨®n de bolsillo, lanzando una mirada de superioridad al esqueleto de pirita al que cada vez le faltaban m¨¢s piezas. Los diminutos ataques de las criaturas de El¨ªas rebotaban sin hacer un rasgu?o en ¨¦l, aunque serv¨ªan para agitar el aura dem¨®nica de un G¨®lem que cada vez era m¨¢s inestable. Norma hab¨ªa desplegado su brazo espectral y una r¨¢faga de energ¨ªa recorr¨ªa sus maltrechas piernas, lista para saltar. Acrecent¨¦ el tama?o de mi espada, volcando toda la energ¨ªa que me restaba en ella. No era una de esas hojas c¨®micamente largas que triplicaban el tama?o de su portador. Solo hab¨ªa crecido unos cuantos cent¨ªmetros en su largo y unos pocos m¨¢s de ancho. En realidad, lo que hab¨ªa aumentado era el esp¨ªritu que acarreaba en cada uno de sus vaivenes. M¨¢s s¨®lido, m¨¢s afilado, capaz de sesgar a su rival con la precisi¨®n de una punta de diamante. Satisfecha por su aspecto, vi c¨®mo el aguamarina de mis ojos se reflejaba en la pulida hoja y me decid¨ª a dar el golpe. Un tajo en zigzag preciso que cruzar¨ªa su pecho, dejando entrever el hasta entonces demasiado fortificado n¨²cleo de pirita. Cuando el monstruo se hubo partido en dos, me dej¨¦ caer al suelo, apagando el brillo que no hab¨ªa dejado de iluminarme en la ¨²ltima hora y suspir¨¦ el nombre de Norma, que se hab¨ªa ganado la oportunidad de hacer a?icos el coraz¨®n del enemigo en su propio pu?o. ¨DHemos... ganado ¨Djade¨¦, viendo que el resto del G¨®lem se desmoronaba¨D. Algodaoth ha muerto. La prisi¨®n empez¨® a sacudirse antes de que pudi¨¦ramos celebrar la victoria. Las l¨ªneas glaucas del vac¨ªo negro empezaron a vibrar, y la grieta por la que hab¨ªamos entrado, a sacudirse. O bien ese espacio no ten¨ªa sentido sin su recluso o el resto de la guardia estaba haciendo algo por castigarnos. Fuera como fuese, ten¨ªamos que huir. Sent¨ª c¨®mo mi mentora me cog¨ªa en brazos y pon¨ªa todo su esfuerzo en escapar del lugar. El¨ªas no me solt¨® la mano, aunque tambi¨¦n llevara a Zack de bulto en la espalda. Sin ser capaz siquiera de abrir los ojos, sent¨ª c¨®mo mi cuerpo se arrastraba a trav¨¦s de la luz. ¨DVale, hagamos recuento. ¨DNorma dio una palmada en¨¦rgica. Parec¨ªa animada, a pesar de estar al borde del desmayo tras combatir contra Seven y destruir a uno de los demonios m¨¢s poderosos. No pod¨ªa hacer otra cosa que no fuera admirarla¨D. Vero, ?est¨¢s bien? Has ido demasiado al l¨ªmite con eso. No deber¨ªas hacer algo as¨ª con poderes que no eres capaz de controlar. ¨DConfiaba en ti ¨Drepliqu¨¦, aunque mi respiraci¨®n segu¨ªa entrecortada¨D. Al fin y al cabo, eres mi escudera. La aludida sonri¨® con ternura. ¨D?El¨ªas? ¨Dcontinu¨®. ¨DVivo, de alguna forma. ¨DDej¨® a Zack con cuidado sobre el suelo y le apart¨® un mech¨®n de pelo de la cara con cari?o¨D. Aunque... El albino no respondi¨®. Respiraba. Su coraz¨®n lat¨ªa. Nos aseguramos varias veces. Aun as¨ª, le costaba volver con nosotros. El¨ªas le incorpor¨® un poco e intent¨® descargar algo de su energ¨ªa para estabilizar el aura del domador. Una vez. Otra. Y otra. Y otra m¨¢s, sin resultado. No me atrev¨ª a decirle que era incapaz de sentir energ¨ªa espiritual emanando de ¨¦l. Ten¨ªa que ser un error. Que el combate me hab¨ªa consumido tanto que no pod¨ªa verla. Pero no, ah¨ª estaba esa corriente glauca intentando llegar a alguna parte. Ah¨ª estaba lo poco que restaban de las fuerzas de Norma. Ah¨ª brillaba Mako, en su glorioso dorado. No entend¨ªa qu¨¦ pasaba con Zack. O no lo entend¨ª hasta que abri¨® de nuevo los ojos. Una mirada vac¨ªa, carente de ese brillo multicolor que tanto lo hac¨ªa destacar. Sus iris ahora solo mostraban un p¨¢lido gris que no parec¨ªa anhelar su identidad. Desilusionado. D¨¦bil. Triste. Algodaoth hab¨ªa muerto, y con ¨¦l, el trozo que guardaba su alma. La pieza que le cambi¨® la vida. Una parte importante de su ser. ¨D?Zack? ¨DEl¨ªas lo abraz¨® con fuerza, ignorante de las conclusiones a las que hab¨ªa llegado ¨D. Joder, qu¨¦ susto me has dado, t¨ªo. No respondi¨®. Al menos, no con palabras. Solo lo hizo con un reguero de l¨¢grimas que humedecieron el hombro de un periodista tan denso como para darse cuenta de cu¨¢l era el problema al que se enfrentaba. ¨D?Zack? ¨Dle apret¨® de nuevo entre sus brazos, buscando sentir la respiraci¨®n de su pecho¨D. Dime algo, joder. ?Zack! ?Hemos ganado! ?Tienes que gritar de alegr¨ªa! ?No quedarte helado en el sitio! Te hemos rescatado. Estamos contigo. Por favor... dime algo. Me arrodill¨¦ junto a los dos, sin saber qu¨¦ decir. En su lugar, recorr¨ª uno de los mechones de su pelo, enjugu¨¦ sus l¨¢grimas como buenamente pude y me qued¨¦ en silencio, pensando que un ?todo ir¨¢ bien? no era m¨¢s que una promesa tan vac¨ªa como esos ojos desprovistos de su color. Cap铆tulo 31, por Ramè´¸n Lourido La bombilla del despacho tintine¨® varias veces antes de decidirse por encenderse del todo. Aunque la ¨²ltima vez que hab¨ªa estado all¨ª la sala parec¨ªa ordenada, en esa ocasi¨®n estaba claro que su due?o no hab¨ªa tenido tiempo de devolver los libros a sus estanter¨ªas, tirar las bebidas energ¨¦ticas a la basura... o de borrar los glifos dem¨®nicos que hab¨ªa dibujado con tiza en el suelo. ¨DCuidado, no lo pises ¨Dadvert¨ª a Sanae. Me asegur¨¦ de desdibujar el borde con un pie para romper el circuito¨D. Qui¨¦n sabe lo que puede hacer esto. Me agach¨¦ para recoger el mont¨®n de papeles que hab¨ªa desperdigados sobre el suelo. Las hojas no estaban debidamente numeradas y solo estaban impresas por una de las caras, pero por las im¨¢genes que conten¨ªan era obvio que se trataba de un manuscrito sobre demonolog¨ªa. Uno lleno de diagramas, explicaciones y alguna que otra anotaci¨®n a bol¨ªgrafo rojo del pu?o y letra de Seven. Aunque hab¨ªa sido generado directamente desde el correo electr¨®nico, el nombre del remitente estaba semioculto por uno de esos rect¨¢ngulos negros tan propios del cine de esp¨ªas. No obstante, el trabajo a la hora de taparlo hab¨ªa sido deficiente y, reuniendo los trozos disponibles de uno y de otro, era evidente que la autora del manual no era otra que Aileen Cameron. Desde el correo corporativo de FILE, nada m¨¢s y nada menos. Por cifrado que fuera el archivo bajo la guisa de un ?agradecimiento a la comunidad?, eso pod¨ªa acabar siendo una diana en el centro de su espalda... o una provocaci¨®n directa para los ojos curiosos. Evidentemente, me inclinaba por la segunda opci¨®n. ¨DNo es ninguna sorpresa. ¨DEl japon¨¦s se encogi¨® de hombros. ¨DYa lo dijo Norma, s¨ª ¨Dasent¨ª con la cabeza¨D. De todos modos, siempre viene bien tener evidencias m¨¢s o menos s¨®lidas de nuestras teor¨ªas. Asociar a una de las mayores empresas de videojuegos con una conspiraci¨®n de demonios invasores no es algo que haya que hacer muy a la ligera. ¨D... o algo que haya que hacer, as¨ª en general ¨Dprotest¨® por lo bajini. Sin embargo, lo m¨¢s importante del documento no era su remitente, sino lo que describ¨ªan esas hojas desperdigadas. Se trataba solo de una secci¨®n dentro del mensaje, as¨ª que restaba parte del contexto, pero se hac¨ªa alusi¨®n a que la existencia de una ?Madre?, un glitch extremadamente poderoso nacido ¨²nicamente de su inventiva. Un demonio que no depend¨ªa de las reglas que un¨ªan nuestros mundos. Una bestia experimental que permitir¨ªa, dadas las circunstancias (postulaba su relaci¨®n con los fragmentos de alma), que las fuerzas de Algodaoth resonaran m¨¢s all¨¢ de su cautiverio y, con el v¨ªnculo suficiente, ser¨ªa capaz de abrir una puerta. Rele¨ª esa p¨¢gina un par de veces, intentando asentar las implicaciones. ?Ese glitch experimental no era sino la bestia que habitaba el s¨®tano del Judgment 1999 mientras hac¨ªa a?icos todos y cada uno de los preceptos que segu¨ªamos sobre lo que deb¨ªa entra?ar un demonio de silicio? El plan que suger¨ªa se alineaba perfectamente con lo que hab¨ªamos podido dilucidar, la ?beta? de la que hablaron en su reuni¨®n no ser¨ªa sino el periodo de sincron¨ªa entre el G¨®lem de Pirita y su campe¨®n, Zack Hern¨¢ndez, mientras esa ?Madre? se preparaba para esa ?puesta en producci¨®n?. Una primera fase que, de acuerdo con los consejos de mi mentora, no pod¨ªa evitarse si quer¨ªamos atraer al miembro de la guardia para poner fin a su existencia. Una apuesta arriesgada. Una que me exig¨ªa una confianza m¨¢xima en todo lo que me rodeaba. En las palabras de la sacerdotisa. En que Norma hubiera aprendido a encauzar su sentimiento de culpa y su sed de venganza de forma positiva. En que el entrenamiento de El¨ªas hubiera sido suficiente. Se trataba de un buen aprendiz y ten¨ªa una mente tan despierta como brillante, pero a¨²n hab¨ªa demasiadas cosas que no entend¨ªa, demasiadas pruebas que no estaba preparado para superar. En que el chico de la Catedral tuviese el coraz¨®n en el lugar correcto y perseverara ante la influencia de un rival que, probablemente, acabara super¨¢ndole. Y, sobre todo, en mi sobrina. Aun despu¨¦s de todo por lo que hab¨ªa pasado, me costaba imaginarla como la hero¨ªna de leyenda en la que el universo la hab¨ªa convertido, pero ten¨ªa que creer en que esa peque?aja rubita se hab¨ªa convertido en una exorcista capaz de salvaguardar el equilibrio entre los mundos. Yo, maltrecho de un solo combate en el que siquiera pude hacer tanto como me hubiera gustado, solo pod¨ªa echarles un cable acerc¨¢ndoles a las respuestas que tanto buscaba... y la que ansiaba yo. Una que ya hab¨ªa encontrado entre ese mont¨®n de papeles. ¨DNo esperaba que fuera de este modo, pero ellos nos han dado la puerta... Y nosotros tenemos la llave ¨Dsentenci¨¦, con media sonrisa en mis labios¨D. El tiempo apremia, amigo m¨ªo. *** Descargamos el ordenador de Seven y todos los libros de demonolog¨ªa que pod¨ªamos llevar encima en el maletero de mi coche. A cambio, saqu¨¦ de ¨¦l una mochila llena hasta los topes. Siempre hab¨ªa sido m¨¢s de malet¨ªn, as¨ª que las ¨²nicas maletas que ten¨ªa por casa eran regalos que nos hab¨ªan sobrado de sorteos o de eventos de prensa. Por fortuna, no hab¨ªa demasiada gente en la calle como para sorprenderse de lo disonante que era mezclar un traje del marr¨®n m¨¢s neutro que pudiera encontrar en la tienda con un macuto rosa adornado con un pu?ado de cerdos con t¨²nica. ¨DAs¨ª que vas a hacerlo. ¨DEl hombre se cruz¨® de brazos y solt¨® una carcajada capaz de alertar a los pocos viandantes¨D. Espero que tengas un buen plan, Ram¨®n. Aunque conoci¨¦ndote, llevar¨¢s urdi¨¦ndolo durante a?os en secreto. Apret¨¦ la cinta de la mochila sobre mi hombro y, tras asegurarme de que todo estaba en su sitio, cerr¨¦ el coche con el control remoto. Las luces parpadearon un par de veces para asegurarme que ya pod¨ªa marcharme, pero me tom¨¦ un breve instante para ahondar en mis pensamientos. ¨DSabes tanto como yo, Sanae. ¨DEso era tan solo una verdad a medias, y ambos ¨¦ramos conscientes¨D. A veces, sospecho que incluso m¨¢s. ¨DMe sobrevaloras, amigo. Yo solo me dedico a hacer buen caf¨¦ y a cortar demonios. T¨² eres el hombre de las ideas. Resopl¨¦ ligeramente por la nariz en se?al de complicidad. ¨DLe promet¨ª que ?arreglar¨ªa sus cagadas?, como ¨¦l dice. Pero... Ahogu¨¦ la frase. En realidad, me hab¨ªa quedado sin palabras. El susodicho plan no llegaba mucho m¨¢s all¨¢ del lograr una forma de encontrarle, pero no ten¨ªa l¨ªneas escritas sobre c¨®mo traerle de vuelta. De todos modos, el tiempo me hab¨ªa hecho m¨¢s viejo y m¨¢s sabio, hasta el punto en el que el objetivo se acabara distorsionando. ?Volver? no iba a servir de nada por s¨ª mismo. Ya ten¨ªa gente capaz de defender el equilibrio a este lado. No. Antes de saber qu¨¦ era lo que necesit¨¢bamos hacer, ten¨ªa que encontrarlo. Jaime era un hombre listo, a pesar de su fachada despreocupada. Si las palabras del H¨¦roe estaban en lo cierto, segu¨ªa bien. Segu¨ªa luchando. Ten¨ªa un prop¨®sito al otro lado que le imped¨ªa cruzar la puerta que yo mismo hab¨ªa encontrado. Puede que no necesitara ser rescatado. Enjoying this book? Seek out the original to ensure the author gets credit. Quiz¨¢ solo me necesitaba a m¨ª. Luchando a su lado. *** Cuando llegu¨¦ al lugar en el que hab¨ªa dejado al resto del equipo, el combate ya hab¨ªa acabado. Norma estaba intentando luchar por mantener los p¨¢rpados abiertos, recostada contra una columna, aunque fue la primera en reaccionar al vernos entrar. Incluso se permiti¨® el lujo de hacer un chiste sobre la mochila que llevaba al hombro. ¨DAlgodaoth ha ca¨ªdo. ¨DIntent¨® ponerse en pie, pero decidi¨® que el esfuerzo no merec¨ªa la pena¨D. Hemos ganado, Ram¨®n. Hemos ganado. Despu¨¦s de cinco a?os... Ha merecido la pena. Los adolescentes no reaccionaron. El¨ªas abrazaba con todas sus fuerzas al chico albino y Ver¨®nica se limitaba a mirarlos en silencio, ignota de lo que les rodeaba. Decid¨ª que no preguntar ser¨ªa lo m¨¢s sensato, al menos por el momento. ¨D?Has encontrado algo? ¨DExtendi¨® el brazo para que le ayudara a ponerse en pie¨D. Venga, dame las buenas noticias. ¨DTenemos su ordenador ¨Dafirm¨¦ con una mueca de satisfacci¨®n¨D. Y un pu?ado de libros de demonolog¨ªa avanzada que nos van a servir para prepararnos ante lo que viene. Tambi¨¦n he encontrado algunas pruebas que lo relacionan con Cameron, aunque estoy convencido de que cuando analic¨¦is su equipo no os faltar¨¢n de esas. Hemos dejado todo en el maletero de mi coche. A pocos cent¨ªmetros de mi cara, me escudri?¨® con la mirada. Una y otra vez, de arriba abajo. Ten¨ªa la sensaci¨®n de que mi capacidad para poner una buena cara de p¨®ker empezaba a traicionarme. ¨DHas encontrado algo m¨¢s. ¨DMuy perspicaz, Princesa Aran. ¨DMe asegur¨¦ de que pudiera caminar por su cuenta antes de soltarla¨D. Imagino que ya sabr¨¢s lo que significa eso. ¨DSi no he visto a un Jaime en esta habitaci¨®n, y puedo asegurar que de todas las cosas raras que he visto, esa no ha sido una de ellas... ¨D... significa que he encontrado una puerta. Te quedas a cargo, Norma. ¨DLa se?al¨¦ con el dedo ¨ªndice¨D. De la revista, de los chicos, de todo. No hay otra persona en quien conf¨ªe para esto, as¨ª que siento mi ego¨ªsmo. Se balance¨® para intentar coger fuerzas y darme un golpe en el pecho, pero sus m¨²sculos le fallaron. ¨DAunque esto sea una victoria para ti... Sabes que... Suspir¨®. No hac¨ªa falta ser un genio para entender que su final iba a mantenerse en las l¨ªneas de ?Para m¨ª, esto es solo perder a alguien m¨¢s en ese mundo?, as¨ª que solo pude darle un abrazo tranquilizador. Uno torpe (tampoco es que estuviera muy acostumbrado al contacto f¨ªsico en esos ¨²ltimos a?os), pero que nac¨ªa del fondo del coraz¨®n. Por la tensi¨®n de sus m¨²sculos, no parec¨ªa muy convencida con el gesto. ¨DHemos aprendido mucho desde entonces ¨Ddije con voz alta y clara¨D. No es una derrota, es un paso hacia adelante. Recibir¨¢s noticias m¨ªas en cuanto me re¨²na con ¨¦l. O quiz¨¢ antes. Te lo prometo. Compartimos uno de esos silencios elocuentes durante unos instantes que se hicieron demasiado largos. Mir¨¦ de reojo a un Sanae que se limit¨® a asentir, como si seguir su costumbre de decir lo m¨ªnimo posible fuera, en efecto, la mejor decisi¨®n en un momento as¨ª. Tras su larga reflexi¨®n, tan fr¨ªa como silenciosa, pudo encontrar las palabras con las que despedirse de m¨ª. ¨DMe largo. ¨DDefinitivamente, no era una buena forma de empezar¨D. S¨¦ lo que pretendes hacer. Incluso apoyo tu decisi¨®n, pero me niego a ver con mis propios ojos a otra persona m¨¢s cruzar esa puerta sin certeza alguna de que vaya a regresar. Fue demasiado duro la primera vez, pero ahora tengo la opci¨®n de ignorar esa despedida y creer que ma?ana me despertar¨¦ con un correo tuyo que me pida ponerme en contacto con alg¨²n PR o algo as¨ª. Ya ser¨¢ mi problema cuando no lo reciba y me toque buscarme la vida sin ti. ¨DNorma... ¨Ddej¨¦ escapar el aire, vagabundo. No ten¨ªa nada m¨¢s que decir mientras se alejaba cojeando¨D. Gracias. Cuando hubo llegado a la puerta de la torre, se gir¨® hacia m¨ª con una de sus muecas tontas. No ten¨ªa claro si en esta ocasi¨®n era genuina o solo la trazaba por intentar que me marchara sin tanta carga, pero lo apreci¨¦ de igual forma. ¨DAh, una cosa m¨¢s: dile a ese cabr¨®n que me debe un gofre. Nos quedamos en silencio unos minutos m¨¢s. El barista, porque disfrutaba de la quietud en momentos as¨ª. Yo, porque no sab¨ªa c¨®mo abordar la confusa estampa adolescente que estaba presenciando al otro lado de la estancia. Aun as¨ª, me arm¨¦ del suficiente valor y me arrodill¨¦ junto a mi sobrina. Ella tard¨® en ser consciente de mi presencia, pero cuando lo hizo gir¨® sus ojos hacia m¨ª lentamente, como si estuviese regresando de un viaje que hab¨ªa tomado su mente en solitario. ¨DAs¨ª que vas a por Jaime ¨Ddijo finalmente la muchacha en un tono que no lograba encontrar su identidad¨D. Al mundo de silicio. Es... gracias a este demonio, ?verdad? Creo que s¨¦ c¨®mo funciona. ¨DSe llev¨® la mano a la sien¨D. O lo intuyo. Es raro. Lo he visto en los recuerdos del H¨¦roe... Bueno, no s¨¦ si son sus recuerdos. Todo es demasiado confuso, tito... ¨DTranquila, Ver¨®nica ¨Dla interrump¨ª¨D. Debes estar cansada y sea lo que sea que est¨¢ pasando con esos dos, parece afectarte. T¨®mate las cosas con calma. Te lo has ganado. ¨DNo, tito. Ahora que tengo todo esto en la cabeza, la calma ya no es una opci¨®n. ¨DSe aferr¨® a mis hombros para ponerse en pie¨D. Lo que quiero decir es que no podr¨¢ ser tu camino de vuelta. Si quieres abrir la puerta, necesitar¨¢s un ancla al otro lado. Algodaoth intent¨® usar el fragmento de alma que estaba alojado en Zack. Y creo que s¨¦ cu¨¢l es el tuyo. ¨DRetir¨® su V-Pet del cintur¨®n y me la puso en la mano, con una sonrisa algo triste en su cara¨D. Para lo bueno que eres con los secretos, no has sido muy bueno ocultando este. Me di cuenta con trece a?os y... bueno. Sea cual sea el truco que hiciste ayer, si ten¨ªa alguna sospecha ya ha quedado despejada. Aunque he de admitir que lo echar¨¦ de menos. Bah, merecer¨¢ la pena si me traes el de verdad a cambio. ¨DTambi¨¦n dej¨® una parte de ¨¦l protegi¨¦ndome ¨Dconfes¨¦, dejando en un suspiro todo el peso que supon¨ªa ese secreto que no lo result¨® ser tanto¨D. Ahora, las dos est¨¢n juntas. Es... un poco m¨¢s Jaime que antes. Solo un poco, pero... La criatura sali¨®, sin aviso alguno, de su jaula de cristal l¨ªquido. ¨DVe... ro... ¨DEl glitch le tendi¨® la mano, preparado para despedirse. Ella se sorprendi¨® de que pudiera hablar, por dif¨ªcil que fuera para ¨¦l¨D. Has... ta... lue... go. Y gra... cias por la... car... ne. ¨DGracias a ti, Mako ¨DLe acarici¨® la cabeza, aunque para ello casi tuvo que llegar a saltos hasta que la criatura se dio cuenta de sus intenciones y se agach¨®¨D. Gracias por hacerme compa?¨ªa, gracias por salvarme el pellejo tantas veces. Ahora tienes una misi¨®n a¨²n mayor. Ten cuidado ah¨ª fuera, amigo. ¨DNos las apa?aremos sin vosotros ¨Dterci¨® por fin un El¨ªas que parec¨ªa haber escapado de un trance. Hac¨ªa todos sus esfuerzos por llevar al otro muchacho en brazos y la tensi¨®n en su rostro no dejaba de acrecentarse¨D. No s¨¦ c¨®mo, pero algo se nos ocurrir¨¢. Protegeremos el fuerte en tu ausencia. Yo puedo... joder, he estado a punto de sugerir contestar las cartas por ti. Tampoco quiero fliparme. ¨D?Sabes, El¨ªas? ¨DLe dediqu¨¦ una mirada de orgullo¨D. ?Por qu¨¦ no? Alguien tendr¨¢ que hacerlo, y tu humor parece que encaja con los nuevos lectores. Y... qu¨¦ quieres que te diga. Adelante. Tambi¨¦n conf¨ªo en ti para que cuides de Ver¨®nica. Mejor dicho, cuidad el uno del otro, que es como mejor funciona todo. ¨DGracias, t¨ªo. ¨DBueno, no era la forma en la que quer¨ªa darte la bienvenida a la familia, pero... ¨DEsper¨¦ el tiempo justo para disfrutar de la confusi¨®n en su rostro¨D. De nada, sobrino. Solt¨® una carcajada y me felicit¨® el chiste. Que no era uno gracioso, pero que por alg¨²n lado se empezaba. No fui capaz de decirle que mi reconocimiento no era simplemente una chanza, sino que genuinamente hab¨ªa conseguido, de alguna forma, que le cogiera cari?o. En fin, ya se dar¨ªa cuenta ¨¦l solito. ¨DSabes que este demonio es solo un billete de ida, ?verdad? ¨Dinsisti¨® mi sobrina¨D. No solo porque necesites un nuevo ancla a este mundo para regresar, sino porque es demasiado peligroso como para mantenerlo vivo en este s¨®tano hasta que arregles tus asuntos al otro lado. Mi coraz¨®n me pide que lo exorcice si quiero pegar ojo esta noche. ¨DNo contaba con menos. ¨DLe revolv¨ª el pelo, aunque me respondiera con una mirada de ?por favor, t¨®mame en serio?¨D. Por otro lado, no hay nada que Jaime y yo no podamos resolver juntos, ?no crees? Volveremos. El¨ªas solt¨® una carcajada. Algo quebrada, pero una carcajada, al fin y al cabo. Sin poder aguantar m¨¢s ¨¦l solo el peso de su amigo, lo intent¨® poner en pie y engancharlo bajo su hombro, pero el albino no parec¨ªa colaborar demasiado. Sus ojos vagaban por la estancia, intentando buscar sentido a la situaci¨®n, aunque su cuerpo se negaba a reaccionar. ¨DSiento ser quien corte las despedidas, pero es la hora, Ram¨®n ¨Dapreci¨® Sanae, que hab¨ªa pasado todo ese tiempo trazando las figuras necesarias en el suelo¨D. No tienes m¨¢s que abrir la puerta. El v¨ªnculo entre almas har¨¢ el resto. Cap铆tulo 32, por El铆as Delf铆n (parte 1) Esos d¨ªas hab¨ªan sido, cuanto poco, extra?os. Un remanso de calma en una vor¨¢gine de guerras con glitches (aunque no estuvo exento de exorcismos y leyendas, todo parec¨ªa resolverse demasiado r¨¢pido) en el que nadie se atrev¨ªa a se?alar que la carpeta de los misterios relacionados con Erymath a¨²n ten¨ªa demasiados expedientes sin resolver. No, de alguna forma todos compart¨ªamos un acuerdo no escrito que llevaba impl¨ªcito que nos hab¨ªamos ganado un descanso. La redacci¨®n, aunque nuestras mentes no dejasen de buscar respuestas por su cuenta, no se reun¨ªa formalmente para hablar del Se?or de los Cern¨ªcalos, del demonio sin ep¨ªteto o del Hada de Mercurio. Tampoco se mencionaba la Catedral o las consecuencias de su ca¨ªda. El cuerpo inerte de Seven fue sepultado entre los escombros que caus¨® la desaparici¨®n del demonio del s¨®tano y sus dos aliados compart¨ªan habitaci¨®n en un hospital donde demasiados m¨¦dicos hab¨ªan tratado de dilucidar los motivos de su at¨ªpica actividad cerebral sin mucho ¨¦xito. Todo el material incautado segu¨ªa bajo llave y nadie se atrev¨ªa a investigarlo. ?El motivo? Cada uno ten¨ªa el suyo, pero nadie se atrev¨ªa a compartirlo en voz alta. Lo m¨¢s parecido a una excusa real fue un ?tengamos las fiestas en paz? que espet¨® Norma durante uno de los entrenamientos. Al menos, los madrugones para fortalecer cuerpo y esp¨ªritu no eran algo de lo que descansar. Al fin y al cabo, la vida segu¨ªa. Intent¨¦ convencerme de que todo necesitaba un tiempo de ajuste para reencauzarse. De que necesit¨¢bamos un descanso si quer¨ªamos que el equipo volviera a estar en plena forma, listo para afrontar los nuevos retos que el universo hab¨ªa puesto sobre nosotros, aunque Vero no dejaba de buscar la aventura en cada uno de los rincones y protestaba cada vez que ten¨ªa que acallar su coraz¨®n de hero¨ªna. Una noche, despert¨¦ en mitad de la madrugada y me la encontr¨¦ en el escritorio, escribiendo un diario. Al menos, lo parec¨ªa, por su encuadernado y florituras. Al preguntarle qu¨¦ hac¨ªa ah¨ª, culp¨® al insomnio, a la necesidad de ordenar sus ideas despu¨¦s de todo lo que hab¨ªa ocurrido. Decid¨ª sentarme junto a ella para hablar, ayudarle a organizar sus pensamientos o, simplemente hacerle compa?¨ªa. No me importaba echarme unas partidas a algo mientras se dedicaba a tomar notas si mi voz le resultaba cargante. Simplemente, algo me dec¨ªa que no quer¨ªa quedarse sola. Fue entonces cuando me explic¨® los efectos secundarios de que el H¨¦roe se hubiera disuelto en ella. S¨ª, era un power-up muy chulo (?con capa y todo!) pero tambi¨¦n trajo consigo sus recuerdos, sus pensamientos. Su conocimiento del mundo de silicio, de Erymath y su Guardia... Y las preocupaciones de lo que estaba por venir. En realidad, lo que pretend¨ªa hacer esa noche no era un ejercicio literario: estaba haci¨¦ndose periodismo a s¨ª misma. Por un d¨ªa, desobedec¨ª las ¨®rdenes de la jefa y llev¨¦ a cabo la primera entrevista de mi carrera. Cientos de preguntas a la Hero¨ªna, intentando llegar a lo m¨¢s profundo de esos recuerdos compartidos. Empezamos por ah¨ª y hablamos de todo lo que nos cruzaba por la cabeza hasta que el sol se alz¨® por la ventana. Maldije la clase que ten¨ªa a primera hora, pero sab¨ªa que hab¨ªa merecido la pena. *** ¨DOye, Eli. ¨DKat pos¨® su mano sobre mi hombro¨D. La jefa os est¨¢ buscando. A ti y a Ver¨®nica. ?Puedes pasarte por su despacho? ¨DDame un minuto. ¨DDi un sorbo a la taza de cart¨®n, maldije haberme olvidado del az¨²car y respond¨ª¨D. Acabo este correo y voy. Ensure your favorite authors get the support they deserve. Read this novel on the original website. ¨DPor cierto, veo que a¨²n no te has apuntado a la cena de navidad ¨Dme acus¨®¨D. S¨¦ que no vamos a estar todos, pero... Es momento de estar unidos, ?no? ¨DEra pasado ma?ana, ?verdad? ¨DViernes 19, s¨ª. ¨DSe alz¨® las gafas con el me?ique¨D. Diez de la noche. ?Apunto tu nombre? ?Y el de Vero? ¨DDe acuerdo, cuenta conmigo. Aunque Norma ahora era la jefa de redacci¨®n (en funciones, la creencia generalizada era que Ram¨®n no tardar¨ªa en volver de su ?excedencia? repentina) de Cazadores de Silicio, eso no hab¨ªa cambiado la din¨¢mica de grupo... ni su extra?a man¨ªa de recogerse el pelo con lo primero que encontrara con la oficina. ¨DAs¨ª que ah¨ª estaba la pulsera que hab¨ªa dejado en mi escritorio. ¨DMe dej¨¦ caer sobre la silla y di un golpecito en el hombro a Vero en forma de saludo cari?oso. Ella me devolvi¨® una de sus encantadoras sonrisas¨D. En fin, qu¨¦datela por ahora. Ya me la devolver¨¢s. Te escucho, jefa. ¨DTengo dos noticias que daros, ?por cu¨¢l empiezo? ?Placer o trabajo? ¨DPor la que consideres m¨¢s importante. ¨DInclin¨¦ la silla hacia atr¨¢s¨D. Aunque por tu nada sutil inflexi¨®n a la hora de hablar, quieres que mi respuesta sea ?placer?. ¨DMenos mal que has respondido eso, porque si no, hilar los temas hubiera sido un suplicio ¨Dse chance¨®, aunque no tard¨® en mostrarse inusualmente t¨ªmida¨D. Supongo que ya sab¨¦is que he empezado un poco a... bueno, hacer esfuerzos por reconectar con alguien de mi pasado. ¨D?Oh! ?Oh! ¨DVero se ech¨® hacia delante¨D. ?Has vuelto con Rosa! ?Has vuelto con Rosa! ?Ten¨ªa raz¨®n! Eli, me debes cinco pavos. ¨DNunca acced¨ª a esa apuesta, eh ¨Daunque, ante la mirada de ilusi¨®n de la chica, a?ad¨ª¨D: pero vale, hoy te invito a desayunar para celebrarlo. ¨DA lo que quer¨ªa llegar es a... ¨DSe acarici¨® los antebrazos, algo nerviosa¨D. Me gustar¨ªa que la conocierais. Despu¨¦s de tantos a?os reg¨¢ndote con las piezas del puzle en mis desvar¨ªos, es lo m¨ªnimo que te mereces, Vero. As¨ª que me gustar¨ªa proponeros, con el mayor esp¨ªritu navide?o... una cita doble. ¨DAnte nuestra mirada, que m¨¢s tarde defini¨® como ?un cuadro?, se justific¨®¨D. ?Cita textual! Me tom¨¦ mi tiempo para disfrutar con el hecho de que Norma Guarnido, la agente del caos y la entrop¨ªa rom¨¢ntica por excelencia, estuviese midiendo tant¨ªsimo sus palabras para defenderse de nuestras posibles r¨¦plicas mordaces. Qu¨¦ bien me lo iba a pasar. ¨DDe todas formas, ya s¨¦ que las cosas en vuestro lado no est¨¢n muy... ?claras? ¨Dintent¨® explicarse de la forma m¨¢s torpe que cupiera esperar, pero no me cost¨® intuir a qu¨¦ se refer¨ªa¨D. Quiero decir... ?os estar¨ªa invitando a vosotros dos? ?Estar¨ªa dejando a alguien fuera as¨ª? Venga, chavales, esta chica necesita una confirmaci¨®n. Norma Guarnido, la periodista con la sutileza de un yunque que te cae en el cr¨¢neo. ¨DZack sigue sin estar en condiciones de... Salir de casa, as¨ª en general, ¨DMe aferr¨¦ a la mano de Vero y me encontr¨¦ con sus ojos¨D. Creo que los dos estamos de acuerdo en que le echar¨ªamos de menos en algo as¨ª, si es esa la confirmaci¨®n que buscas. Los ojos jade de la periodista brillaron con una mezcla de ilusi¨®n por mi respuesta y orgullo por ser la principal culpable de que acab¨¢ramos d¨¢ndosela. ¨DMe encantar¨ªa conocerla, de todos modos ¨Dterci¨® Vero¨D. Estoy orgullosa de ti, hermanita. Hemos tenido que exorcizar a un demonio arcano para ello, pero por fin te has decidido a tener vida fuera de la revista y los glitches. ?Adem¨¢s, para todo lo que hablas de llevar las cosas con calma, no tienes tiempo para m¨ª! ?Claro que tengo ganas de algo de charla de chicas! ¨DNi me lo mentes ¨Dbuf¨®¨D. ?C¨®mo diablos hac¨ªa Ram¨®n tanto trabajo sin que lo supi¨¦ramos? Y yo pensaba que delegaba en m¨ª. Bendita sea Kat. Si no fuera por ella, habr¨ªa acabado poni¨¦ndome una cama plegable en el despacho. Compartimos una de esas risas de final de cap¨ªtulo de sitcom antigua, pero el ambiente no se fundi¨® a negro y volvimos el d¨ªa siguiente. A¨²n quedaba conversaci¨®n por delante. ¨DLo que me lleva al segundo punto del d¨ªa ¨Dcontinu¨®¨D. Lo de Zack, quiero decir, pero el tema se ha desviado ligeramente antes de que pudiera meter baza... He estado hablando con la sacerdotisa esta ma?ana. Buenas noticias, Hero¨ªna. Tu sugerencia tiene por fin su manita para arriba. S¨ª, yo me he currado un muro de texto y ella me ha contestado con un emoticono. Cap铆tulo 32, por El铆as Delf铆n (parte 2) Aparqu¨¦ el coche con cuidado. Vero se asegur¨® de se?alar que por una vez lo hab¨ªa hecho sin percance alguno, pero la estad¨ªstica me avalaba. ?Solo terminaba choc¨¢ndome una de cada diez veces! Aun as¨ª, compartimos una sonrisa c¨®mplice tras el comentario. No pude evitar inclinarme a darle un beso antes de bajar del coche, pero a mitad del camino, acab¨¦ sobresalt¨¢ndome. ¨D?Ves? Ten¨ªa raz¨®n, se te ha olvidado poner el freno de mano. ¨DA pesar de su sonrisa p¨ªcara, acab¨® d¨¢ndome el cari?o que el sobresalto me hab¨ªa robado. ¨DSi te hab¨ªas dado cuenta, ?por qu¨¦ no me lo has dicho antes de que hiciera el rid¨ªculo? ¨DPorque adoro cuando te pones as¨ª, idiota. Bajamos del coche y, maldiciendo el mal juicio de dejar los abrigos en el asiento trasero porque ?solo ser¨ªa un minuto?, llamamos al timbre. Con un zumbido, la puerta se desbloque¨® y subimos las escaleras a zancadas, evitando que la sangre se nos helara. ¨DHola, Marina. ¨DMis dientes casta?earon mientras saludaba¨D. Por favor, dime que ten¨¦is la chimenea puesta. Estoy hecho un jodido t¨¦mpano. Los ojos de la chica tambi¨¦n hab¨ªan perdido su abanico de colores. Incluso hab¨ªa aprovechado la oportunidad que le hab¨ªa dejado perder su trozo de alma demoniaca para te?irse el pelo con los colores m¨¢s fantas¨ªa que tuvieran en su peluquer¨ªa al darse cuenta de que las ra¨ªces ya se le empezaban a marcar en su moreno original. Para ella, la muerte de Algodaoth hab¨ªa sido algo que solo hab¨ªa sentido durante un parpadeo. Quiz¨¢ menos. De hecho, no se dio cuenta del cambio hasta que una de sus amigas le pregunt¨® si hab¨ªa cambiado de lentillas o algo as¨ª. En cambio, Zack... ¨D?Qu¨¦ tal est¨¢ hoy tu hermano? ¨DVero se frot¨® las manos para entrar en calor¨D. Le he tra¨ªdo unas milhojas de crema, a ver si se anima un poco. ¨DNo parece que tenga un buen d¨ªa. Quiero decir, hoy hemos logrado tener una conversaci¨®n de m¨¢s de diez minutos ¨Dresopl¨®¨D. Ni siquiera mi madre logr¨® sacarle tanto en uno de sus d¨ªas buenos, y eso que llevaba varios sin pasarse por casa antes. Aun as¨ª, pasar de absolutamente nada a algo que incluso parece una conversaci¨®n y llamarlo ?un d¨ªa malo? tiene que ser un avance. De todas formas, seguro que le gusta veros de nuevo. Con vosotros siempre est¨¢ dispuesto a charlar. ¨DA veces, ni eso ¨Dsuspir¨¦¨D. Habr¨¢ que ir poco a poco. A Vero no le gust¨® escuchar eso, pero intent¨¦ encontrar la comprensi¨®n en su mirada. Cuando me la neg¨®, dej¨¦ la mano en el hombro de Marina con cari?o, pero ella busc¨® un abrazo en su lugar. No pude neg¨¢rselo. Era sorprendente c¨®mo nos hab¨ªan aceptado en la familia tan r¨¢pido, a pesar de habernos presentado en unas circunstancias tan dif¨ªciles de explicar y un chico casi catat¨®nico en brazos. Por suerte, no hab¨ªa demasiado secreto entre los hermanos, y la chica ten¨ªa suficiente control sobre su energ¨ªa espiritual como para que la historia fuera f¨¢cil de encajar para ella. Convencer a los padres fue un poco m¨¢s dif¨ªcil, pero al ver que Zack volvi¨® a sonre¨ªr con nosotros, aunque fuera de forma fugaz, y que aceptaba nuestra insistencia en que comiera algo les hizo apagar todas sus dudas. ¨DEst¨¢ en su cuarto ¨Ddijo la chica en un tono que llevaba impl¨ªcito el ?como ya deber¨ªais haber asumido?¨D. En fin, os preparar¨¦ un caf¨¦ antes de unirme. As¨ª os dejo algo de intimidad. Nos gui?¨® el ojo y desapareci¨® dentro de la cocina. El cuarto de Zack estaba casi impecable. Todo en su sitio, salvo porque la cama estaba deshecha y ¨¦l estaba en una de sus esquinas, hecho una bola mientras jugaba con su vieja Game Boy Pocket sin mucho entusiasmo. A juzgar por la m¨²sica, deb¨ªa tratarse del Motocross Maniacs. Pero, por lo dem¨¢s, dir¨ªa que no se hab¨ªa levantado en lo que iba de tarde. ¨DEy, Zack. ¨DMe acerqu¨¦ hacia su cama¨D. ?Podemos sentarnos contigo? El muchacho asinti¨® levemente, con un esbozo de sonrisa en la cara, pero no nos dedic¨® siquiera una mirada. Solo miraba aquella pantalla, que reproduc¨ªa una y otra vez el efecto de sonido de la motocicleta chocando. ¨DSi llego a saber que hoy tocaba ir a lo retro me hubiera tra¨ªdo la m¨ªa. ¨DLe agarr¨¦ del hombro con fuerza. No se quej¨®, pero paus¨® el juego¨D. ?Quieres hablar un rato? ?Prefieres que juguemos a algo? ?Te apetece un abrazo? El abanico de planes no sol¨ªa ser muy variado, pero normalmente agradec¨ªa nuestra compa?¨ªa, aunque fuera con gestos dif¨ªciles de percibir. Aquel d¨ªa, en su lugar, le apeteci¨® abrir un poco m¨¢s su coraz¨®n. ¨DLo que quiero... es volver a ser yo. ¨DEstir¨® la mano hacia el escritorio donde reposaba su GLMP¨D. Lo s¨¦... las cosas han cambiado. Me falta una parte de m¨ª. Y lo peor es que yo mismo me lo he buscado. Por confiar mi identidad a un trozo de alma prestada. Soy imb¨¦cil. No me merezco que veng¨¢is a verme todos los d¨ªas. Ni siquiera entiendo que me sig¨¢is queriendo. Me decid¨ª a zarandearle de forma amistosa. Busqu¨¦ su mirada, pero esos ojos grises me rehuyeron durante todo el camino. Por suerte, Vero se uni¨® y sus d¨¦biles esfuerzos no pudieron con ambos. ¨DEres tont¨ªsimo, ?lo sabes? ¨DSe acerc¨® a¨²n m¨¢s a darle un beso en la mejilla¨D. No puedes conquistarme as¨ª y pedirme que te olvide. Eso s¨ª que no te lo perdonar¨ªa jam¨¢s. ¨DTen¨¦is lucha por delante. ¨DSe mordi¨® el labio, frustrado¨D. Yo no voy a poder ayudaros. Solo ser¨¦ una carga. Para vosotros y para todo el mundo. Ni siquiera puedo salir a la calle. Me siento desnudo sin mi aura. Vuelvo a tener doce a?os. Vuelvo a sentirme... encerrado. No espero que lo entend¨¢is. ¨DJoder, Zack ¨Despet¨¦¨D. T¨² no eres as¨ª. Eres alguien que lanza una mirada decidida a sus deseos y los agarra con sus propias manos. Si ya no puedes hacerlo solo, tambi¨¦n tienes las m¨ªas. Y las de vero. Hab¨ªamos tenido esta conversaci¨®n casi todos los d¨ªas, pero no iba a cansarme de dec¨ªrselo una y otra vez. Pero en esa ocasi¨®n, no lo dejamos ah¨ª. ¨D?Quieres recuperar tu fuerza? ¨Dla exorcista no esper¨® a una repuesta¨D. O, mejor dicho, ?quieres obtener la tuya propia y no depender de alguien que ha intentado eliminarte de la ecuaci¨®n al menos tres veces? Pues te lo vas a tener que currar. Te lo vas a tener que currar como lo hizo mi padre. S¨ª, vas a tener que empezar desde cero, pero si la ¨²nica forma de traerte de vuelta de donde quiera que se ha ido tu mente es esa, nos vamos al santuario ahora mismo. If you encounter this tale on Amazon, note that it''s taken without the author''s consent. Report it. ¨DVero... ¨DIntent¨¦ sujetar su brazo para que se calmara, pero se neg¨®¨D. Poco a poco. Tiene que salir de ¨¦l. ¨D?Estoy harta de que todos actu¨¦is como si nos sobrara el tiempo! ¨DNo puso filtro alguno a sus pulmones¨D. Vosotros dos, Norma... Igual es la Hero¨ªna la que habla, pero hay que encontrar soluciones. No, Eli. Estoy harta de esperar. Si la ¨²nica forma que tienes de recuperarte es traerte de nuevo al bando espiritual, nos vamos ahora mismo a Atecina para empezar tu entrenamiento. La sacerdotisa ha dado su aprobaci¨®n. No necesito m¨¢s. Vosotros no deber¨ªais necesitar m¨¢s. Joder, ya. ¨DNo es tan sencillo. ¨DVolvi¨® a abrazarse las rodillas¨D. No es tan sencillo... No es tan... ¨DEst¨¢s en lo cierto, Zack ¨Dinterced¨ª¨D. No lo es. Sin embargo, Vero tiene raz¨®n: es duro estar de brazos cruzados mientras Ram¨®n y Jaime siguen ah¨ª fuera. ?Que necesitamos desconectar de Erymath y sus lacayos una temporada? ?Y que Norma hace bien centr¨¢ndose en reconstruir su vida y quiere darnos la misma oportunidad a nosotros? Quiz¨¢. Pero si no hemos dejado de entrenar un solo d¨ªa es porque todav¨ªa tenemos mucho trabajo que hacer, y el m¨¢s importante de todos es recuperar la maldita sonrisa con la que me enamoraste. Estoy seguro de que lo lograremos. Porque, hostias, somos tres. Somos un equipo. ?C¨®mo era eso, Vero? ¨DE-equipo Delta. ¨DMi en¨¦rgico mon¨®logo la hab¨ªa pillado desprevenida. ¨D?Equipo qu¨¦? ¨Drepliqu¨¦ con un gesto desencajado en la carga¨D. Me cago en la hostia, es horrible. Definitivamente, necesitamos un nombre nuevo. Zack rio por primera vez en mucho tiempo. Una risotada clara, de cristal, que agit¨® el aire. Un peque?o retazo de ¨¦l mismo, uno que echaba de menos. Incluso se me salt¨® una peque?a l¨¢grima al volverlo a sentir ah¨ª. ¨DSupongo que tendr¨ªa m¨¢s sentido si hubieras estado ah¨ª. ¨DAunque a¨²n le costaba moverse con energ¨ªa, tendi¨® los brazos para abrazarnos¨D. Pero s¨ª, quiz¨¢ sea mejor buscar algo que nos encaje a los tres. ¨D?La fant¨¢stica Hero¨ªna y sus caballeros? ¨Dpropuse de forma ir¨®nica¨D. No, demasiado pomposo. ?Leyendas de Silicio? Oh, mierda, esa es la secci¨®n de Norma. Me matar¨ªa. ¨DDefinitivamente... Algo se nos ocurrir¨¢. ¨DTom¨® algo de distancia y alz¨® un poco el pu?o¨D. Gracias, chicos. S¨¦ que no puedo prometer nada, pero... dar¨¦ lo mejor de m¨ª mismo. ¨D?Lo mejor de ti mismo? Pues ve visti¨¦ndote, que nos vamos ¨Dsentenci¨® la exorcista¨D. Ahora. No pasar¨¢ nada por perdernos el ¨²ltimo d¨ªa de clase y seguro que puedo hacer algo para que Norma nos perdone la falta ma?ana. ¨DNi de co?a ¨Drepliqu¨¦, con un moh¨ªn duro en la mitad del rostro¨D. Hemos tra¨ªdo milhojas y milhojas comeremos. Adem¨¢s, me gustar¨ªa hablar con Marina en privado. *** No s¨¦ qu¨¦ fue m¨¢s impactante para los padres de Vero, si el que nos present¨¢ramos los tres en casa en mitad de la noche sin avisar, el que su hija les describiera sin tapujos la relaci¨®n que ten¨ªamos con nuestro invitado (hab¨ªa de admitir que la cara de su madre al escucharlo de una forma tan casual fue digna de antolog¨ªa) o que me hubiera atrevido a traer el coche por esa carretera sin m¨¢s luz que la de los tristes faros que llevaba equipados, pero nos recibieron con la ilusi¨®n de siempre. Aunque, de alguna forma, fui yo el que se llev¨® el cap¨®n por haberles asustado a esa hora. Aunque Zack a¨²n no las ten¨ªa todas consigo, escuchar el relato (y la demostraci¨®n pr¨¢ctica de sus poderes, que no dejaba de sorprenderme a m¨ª tampoco) de Juli¨¢n hizo que ganara algo de confianza en que esta pod¨ªa ser la soluci¨®n definitiva. No obstante, tuve que apartarlo de la familia durante un par de minutos para recordarle que, por muy idealista que sonara, recuperar el control sobre sus poderes no era el ¨²nico paso adelante que ten¨ªa que dar. Que iba a estar ah¨ª para escucharle, que pod¨ªa compartir sus sentimientos conmigo y que, en el fondo, pod¨ªa ver clara esa cicatriz en su psique, se manifestara en su aura o no. ¨DEn fin, lo que quiero decir es que la mejora no es lineal. ¨DMe rasqu¨¦ el pelo. Despu¨¦s de haber reunido tantas palabras correctas, me costaba seguir¨D. Tendr¨¢s d¨ªas malos. Tendr¨¢s subidones. Tendr¨¢s de todo. Un discurso m¨¢gico no lo va a arreglar. La sacerdotisa tampoco. Pero hay que intentarlo. S¨¦ que es una medida muy desesperada, pero... Te echamos de menos, t¨ªo. ¨DGracias, Eli. ¨DAgach¨® un poco la cabeza¨D. No es lo que buscaba, pero s¨ª lo que necesitaba escuchar. Supongo que el que ese fragmento llegase a mi vida como por arte de magia me hizo ignorar el esfuerzo que yo mismo tuve que poner para convertirme en la persona que he llegado a ser. ¨DO sea, supones que ten¨ªa raz¨®n. Me gusta escuchar eso. ¨DDej¨¦ un peque?o espacio entre las palabras y le alc¨¦ la barbilla¨D. Por cierto, ?quieres dejar de esconderme esos nuevos ojos tuyos? Siguen siendo preciosos. ¨DTe quiero, idiota. ¨DSe puso de puntillas para besarme¨D. Gracias por tirar de m¨ª cuando m¨¢s lo necesito. ¨DAgrad¨¦ceselo a Vero. Es su impaciencia y sus gritos los que han acelerado el proceso, al fin y al cabo. ¨DLo har¨¦. ¨DJuguete¨® con mi pelo. Quiz¨¢ necesitaba pasar por la peluquer¨ªa, pero no quer¨ªa perderme esa sensaci¨®n¨D. Hac¨¦is buen equipo en esto de ayudarme... Espero poder estar a la altura. *** ¨DO¨ªdme. ¨DMe dej¨¦ caer sobre la silla del cuarto de Vero, que rot¨® un poco por la inercia¨D. Lo de venirnos los tres de viaje as¨ª en plan calent¨®n ha estado bien, pero quiz¨¢ el entrenamiento tenga que empezar ma?ana. Lo digo porque son las tres de la madrugada y no estoy muy seguro de que sea buena idea eso de interrumpir el sue?o a una mujer capaz de arrastrar a alguien como Norma por el suelo con solo un chasquido de sus dedos. ¨DTiene sentido ¨Ddijo Vero, sin dejar de soltar a Zack. Estaba demasiado contenta de que su explosi¨®n nos hubiera llevado a alguna parte, si bien me preocupaba que diera por hechas seg¨²n qu¨¦ cosas¨D. Aunque, con tanto meneo, no tengo demasiado sue?o. ?Os apetece hacer algo? ¨D?Podemos... tumbarnos los tres juntos? ¨Dpidi¨® el albino. Su tono segu¨ªa sin ser el mismo de siempre, pero segu¨ªa yendo a mejor¨D. Siempre he querido... no s¨¦, charlar en la misma cama hasta que nos quedemos dormidos. S¨¦ que es una tonter¨ªa, pero... ¨DEspero que se te d¨¦ bien el Tetris, porque la cama es de noventa cent¨ªmetros de ancho ¨Dbrome¨® la exorcista¨D. Aunque admito que me encantar¨ªa. Buena idea, Zack. ¨DId empezando sin m¨ª. ¨DGir¨¦ la silla hacia el ordenador¨D. Como adulto responsable, deber¨ªa escribir un correo a Norma para explicarle la situaci¨®n. ¨D?A estas horas de la noche? ¨DVero alz¨® el ¨ªndice en el aire¨D. De hecho... ?desde cu¨¢ndo eres el adulto responsable? ¨DDesde que soy el ¨²nico con carnet y he sobrevivido a las curvas del demonio. ¨DChasque¨¦ la lengua¨D. Respecto a tu otra pregunta... Hora pi, nena. Ya es casi una broma interna esto de levantarnos con un mail del otro a horas intempestivas. Redact¨¦ el correo electr¨®nico. Fue un poco m¨¢s lac¨®nico que mis muros de texto habituales, pero inclu¨ª un ?Intentaremos llamarte de todos modos. Ya sabes. Intentaremos. El santuario y la cobertura no son precisamente los mejores amigos?, pero ten¨ªa la informaci¨®n necesaria para que no se preocupara. Puls¨¦ el bot¨®n de enviar y pens¨¦ en dar el d¨ªa por zanjado, pero me di cuenta de que el messenger de Vero hab¨ªa iniciado sesi¨®n autom¨¢ticamente y una notificaci¨®n apareci¨® en la esquina inferior derecha de la pantalla. Una videollamada. Naturalmente, no iba a aceptarla sin el permiso de la due?a de la cuenta, as¨ª que la avis¨¦. No reconoc¨ªa el usuario que la hab¨ªa iniciado como ninguno de sus contactos, pero tras intercambiar una de esas miradas capaces de decirlo todo (?eh, poco a poco lo est¨¢bamos logrando!), nos sent¨ªamos aventureros. Nuestro lado de la conferencia se mostraba opacado. El obturador de la c¨¢mara web estaba cerrado y tampoco ten¨ªamos demasiadas ganas de que un desconocido nos viera en pijama. Y menos a m¨ª, que hab¨ªa tenido que improvisar uno con un ch¨¢ndal viejo del padre de Vero un par de tallas m¨¢s peque?o de lo que deber¨ªa. El de la persona que nos llamaba, en cambio, mostraba una habitaci¨®n completamente iluminada. Tanto, que la figura central no era m¨¢s que una silueta. Una silueta que, aunque se mov¨ªa de forma entrecortada, era claramente reconocible para cualquier fan del Legend of Ka''rosh. De todos modos, si quedara duda alguna de su identidad, el que nos saludara en ingl¨¦s de marcado acento franc¨¦s dejaba clara la identidad de nuestra interlocutora. ¨DBuenas noches, Cazadores. Enero, 1999 - Cazadores de Silicio #176 ?SiliMAX cambia su nombre y dise?o para terminar el milenio! Noticias: Im¨¢genes exclusivas de Smash Bros., el ambicioso crossover de Nintendo. Seldoria Chronicles abandona la Sega Saturn para irse... ?a una consola a¨²n sin anunciar? ?Final Fantasy VIII ya tiene fecha en Occidente! Rumor: una nueva PlayStation podr¨ªa ser anunciada este mismo a?o para competir con la Dreamcast de SEGA. If you spot this narrative on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. ?Leyendas de Silicio! ?Lo llevabais a?os pidiendo! ?Por fin tenemos una secci¨®n fija dedicada a las mejores leyendas urbanas del videojuego, dirigida por nuestra redactora Norma Guarnido! En este n¨²mero, hablaremos del misterioso G¨®lem de Pirita de Compact Creatures, os demostraremos de una vez que no hay nada debajo del dichoso cami¨®n de Pok¨¦mon Ediciones Roja y Azul y perseguiremos de nuevo el cl¨¢sico mito de ?L is Real 2401? en Super Mario 64. Pero, por supuesto, el Se?or SiliMAX (que, con eso del cambio del nombre de la revista dice que mejor le llam¨¦is Ram¨®n Lourido), sigue atendiendo vuestras propuestas y curiosidades a la direcci¨®n de siempre, ?faltar¨ªa m¨¢s! Y, para celebrar la nueva identidad de la revista: ?MEGASORTEO! Diez consolas, cien juegos y mil sorpresas m¨¢s. Ep铆logo - Autor Invitado ¨D?Anciano! ?Anciano! El vig¨ªa hab¨ªa descendido corriendo de la torre. Tanto, que casi termin¨® bajando las escaleras rodando. Por suerte, algo as¨ª no es especialmente doloroso cuando eres una canica gigante con ojos y piernas, pero un guardia mareado incapaz de contar su historia siempre era un problema. ¨D?Un hombre en la playa sur! ¨Dexclam¨®. ¨DY con hombre, quieres decir... ¨DMe temo que no estoy seguro ¨Dreplic¨®¨D. Por descontado, se trata de un ser antropom¨®rfico, aunque requiere una inspecci¨®n m¨¢s cercana. Ha sido tra¨ªdo por las olas. Sal¨ª del edificio y ech¨¦ un vistazo al cielo. Como no hab¨ªa una sola nube, todas las constelaciones se dibujaban en un brillante dorado sobre ese lienzo ¨¢mbar. Recorr¨ª varias de las formas con mi dedo ¨ªndice y le¨ª sus designios: si el firmamento era sincero conmigo, el d¨ªa hab¨ªa llegado. ¨DLo investigar¨¦ personalmente. ¨DVolv¨ª a por mi b¨¢culo y ech¨¦ a andar, sin prisa ni pausa¨D. Convoca un comit¨¦ de bienvenida. Nuestro invitado lo necesitar¨¢. El sendero a la playa era lo suficientemente llano como para que un viejo con achaques como los m¨ªos lo pudiera recorrer sin problemas. La arena negra, en cambio, era demasiado molesta. No porque se me hundieran los pies en ella, no. Simplemente odiaba encontrarme esos granos tan molestos en cada uno de los pliegues de mi cuerpo en cuanto me despejaba. Por suerte, la magia estaba de mi lado. No ten¨ªa m¨¢s que blandir el bast¨®n para que un puente de madera cruzara el aire. ¨DEn efecto, es ¨¦l ¨Dratifiqu¨¦ al aire, esperando que me escuchara quien necesitara esa informaci¨®n. Stolen from Royal Road, this story should be reported if encountered on Amazon. El hombre respiraba, aunque me asegur¨¦ de que escupiera toda el agua que encharcaba su... ?sistema respiratorio, era el t¨¦rmino? Un vistazo r¨¢pido a su aura dec¨ªa que solo descansaba y que su vida no hab¨ªa corrido peligro alguno, a pesar de cruzar el mar del sur sin equipamiento adecuado. Anot¨¦ mentalmente que deb¨ªa preguntarle c¨®mo logr¨® llevar a cabo tama?a proeza. Dej¨¦ que reposara en mi propia casa. Por desgracia, la cama con la que contaba era demasiado peque?a como para que pudiera entrar ese cuerpo larguirucho, pero uno de los vecinos pudo proporcionarnos una suerte de colch¨®n plegable. ¨DNo le desvistas ¨Dorden¨¦ a la curandera, que estaba retirando los botones de esa prenda con palmeras dibujadas¨D. Al menos, no de cintura para abajo. Los humanos consideran mostrar su cuerpo desnudo algo tab¨². No queremos ofender a nuestro invitado, al fin y al cabo. Asinti¨® con la cabeza, pero eso no hizo que dejara de examinarle con todo el detalle que sus pantalones le permit¨ªan. Cuando consider¨® satisfecha, comparti¨® mi diagn¨®stico: ese hombre solo necesitaba descansar un rato m¨¢s. Como la vida de un anciano como yo era tan aburrida, no ten¨ªa nada mejor que quedarme haci¨¦ndole compa?¨ªa hasta que abri¨® los ojos de nuevo. ¨D?Qu¨¦ coj...? ¨Dmascull¨®. No ten¨ªa claro si lo que le impidi¨® acabar su frase fue la reticencia a emplear vocablos malsonantes o la genuina sensaci¨®n de estar desorientado¨D. ?C¨®mo he acabado aqu¨ª? Se incorpor¨® de un salto, lo que me hizo descartar mi segunda hip¨®tesis. Que maldijera al darse un cabezazo contra el techo al hacerlo tambi¨¦n elimin¨® de un plumazo la primera. Qu¨¦ raros eran los humanos. ¨D?Hola! ¨DExtend¨ª mi mano hacia delante. Se qued¨® mir¨¢ndola, probablemente pregunt¨¢ndose por qu¨¦ era casi tan alta como el resto de mi cuerpo¨D. Mi nombre es Kainen, pero todos por aqu¨ª me llaman Anciano. Elige el nombre que m¨¢s gustes para referirte a m¨ª. El hombre se llev¨® la mano al lugar en el que se hab¨ªa golpeado y volvi¨® a agacharse hasta ponerse a mi altura. ¨DAs¨ª que he escapado de esa isla ¨Dsuspir¨®, aliviado¨D. ?Puedes decirme d¨®nde estoy? Sigo estando en el mundo del silicio, ?no? Al menos aqu¨ª he encontrado a gente civilizada y no a bestias sedientas de sangre. Algo es algo. ¨D?Efectivamente! ¨DInclin¨¦ la cabeza hacia delante¨D. Ahora mismo te encuentras en la Villa de Todo Comienzo. ?Bienvenido, Jaime Llagaria! Nota del Autor A¨²n cuando Cazadores de Silicio no ten¨ªa otro nombre que Proyecto Glitch y no era m¨¢s que un mont¨®n de notas en un fichero de texto, ten¨ªa clara una cosa: no solo quer¨ªa referenciar el mundo del videojuego (y resto de cultura pop, en mayor o menor medida), sino que quer¨ªa incluir en ella tambi¨¦n un homenaje a su historia. Por fortuna, que el videojuego tal y como lo conocemos hoy en d¨ªa no cuente con m¨¢s de medio siglo de historia la vuelve especialmente interesante. En primer lugar, porque incluso las an¨¦cdotas m¨¢s ?prehist¨®ricas?, como la del Tennis for Two y su debate por ser el ?primer videojuego de la Historia? que cito en esta misma novela han tenido la suerte de ser recopiladas, ya sea por sus fuentes originales o por historiadores que han logrado recabar toda la informaci¨®n necesaria como para que ese conocimiento llene libros, ensayos, wikis y documentales. En segundo, porque ese delta de tiempo nos permite (a¨²n, en su mayor¨ªa) la oportunidad de contar con los actores originales de esos relatos para arrojarnos a¨²n m¨¢s luz al respecto. Estudiar este campo me maravilla y espero que esta historia os haya acercado algunos retazos de ese mundo que tanto me fascina. Algunos de ellos, incluso, me tocan muy cerca. Como treinta?ero que lleva con un mando entre las manos desde que abandon¨® la cuna, muchos de los eventos, a pesar de que en el periodo en el que transcurre la historia acabara de empezar la adolescencia, son parte de mi vida y mi experiencia. Algunas, descubiertas en un a¨²n jovenc¨ªsimo Internet. Creo que a pocos lectores de mi quinta que hayan disfrutado del mundillo les sonar¨¢ lejano el ?S¨ªndrome Lavanda?. Otras, vividas de primera mano, como el descubrimiento de que ese Pok¨¦mon Diamante que ten¨ªa entre mis manos era realmente un t¨ªtulo pirata llamado Telefang. Por eso creo que he de, en cierto modo, disculparme. Una de las dudas que m¨¢s me carcom¨ªan la cabeza al empezar el primer borrador era cu¨¢nto me deb¨ªa alejar del ?mundo real?. S¨ª, en esta historia hay criaturas nacidas del silicio, espadas de energ¨ªa espiritual y una secta que colecciona demonios como si de pok¨¦mon se tratara. Sin embargo, fue dif¨ªcil decidir si este libro deb¨ªa situarse en un mundo ajeno a nuestra cultura y representar la Historia de una forma paralela o si deb¨ªa atenerme a lo que realmente ocurri¨®. Finalmente, y aqu¨ª es donde tengo que pedir perd¨®n por mi licencia art¨ªstica. Evidentemente, muchas de las obras que se mencionan en esta novela han sido imaginadas para este mundo que he creado y s¨¦ de coraz¨®n que eso empa?a el af¨¢n divulgativo que este proyecto puede arrastrar. A case of theft: this story is not rightfully on Amazon; if you spot it, report the violation. Conf¨ªo en que si una persona ha llegado hasta aqu¨ª y cuenta con una curiosidad real sobre los hechos hist¨®ricos que relato, sabr¨¢ discernir que, en efecto, Compact Creatures nunca existi¨®, Seldoria Chronicles no es m¨¢s que una velada referencia a otra de mis novelas y que si bien Net Yaroze fue un proyecto real del que muchos guardamos un mont¨®n de nostalgia, Yaroze-kai solo es algo que me hubiera encantado encontrarme en mis a?os mozos. Aun as¨ª, siento la necesidad de dibujar esta l¨ªnea que separa la realidad de la ficci¨®n, lo que he incluido por hacer del relato una experiencia m¨¢s real o tocar las cuerdas de la nostalgia de lo que aparece aqu¨ª para ofreceros una historia mucho m¨¢s interesante. Lo importante de esta nota es que, de coraz¨®n, espero haberos dejado con ganas de conocer m¨¢s sobre la historia de este medio. Podr¨ªa ponerme la medalla a m¨ª mismo y denominarme experto y se?alaros la direcci¨®n de mi p¨¢gina web, pero en su lugar, si busc¨¢is una recomendaci¨®n de por d¨®nde empezar para el lector curioso, me encantar¨ªa se?alaros a las dos personas que m¨¢s han hecho por despertar mi pasi¨®n por el pasado de una industria que tantas cosas buenas me ha dado: Marc Roll¨¢n y Toni Piedrabuena, dos titanes de la radio que ten¨¦is a un clic de distancia y cuyo trabajo os recomiendo de todo coraz¨®n. De hecho, podr¨ªa llenar esta nota con cientos de sugerencias, como los libros de Florent Gorges, Steven L. Kent, o muchos m¨¢s, pero algo me dice que este no es el espacio para hacerlo. En su lugar, os sugerir¨¦ que si encontr¨¢is alg¨²n tema que os suscite curiosidad (ya sea de los que menciono en esta novela o cualquier otro), a d¨ªa de hoy es extremadamente f¨¢cil ?tirar del hilo?. O, por qu¨¦ no, ?escribidme! Os animo a hacerlo y a compartirlo con gente que pueda estar interesada, tal y como he hecho con la historia de Vero, Eli, Zack y los dem¨¢s. Pocas cosas me har¨ªan m¨¢s ilusi¨®n que despertar ese inter¨¦s que otros ya suscitaron en m¨ª en el pasado gracias a mis palabras. ?Nos vemos! ?Abrimos otro Ask Me Anything para celebrar el final del libro! Ask me anything!