《Sagas del Nuevo Mundo: La Era de los Cultivadores [Spanish]》
1.- El Evento
La Tierra, a?o 3855
En el a?o 3855, la humanidad hab¨ªa alcanzado un nivel de desarrollo tecnol¨®gico que solo pod¨ªa haber existido en los sue?os m¨¢s audaces de sus ancestros. El avance en tecnolog¨ªa no solo hab¨ªa revolucionado la vida cotidiana, sino que tambi¨¦n hab¨ªa remodelado completamente el paisaje social y econ¨®mico. La tasa de empleo, impulsada por la innovaci¨®n y la automatizaci¨®n, hab¨ªa erradicado la era de hambruna que una vez asol¨® el planeta. La preocupaci¨®n constante por la supervivencia b¨¢sica hab¨ªa sido reemplazada por una era de prosperidad y abundancia sin precedentes, en la que los recursos eran abundantes y la calidad de vida era excepcionalmente alta.
Las naciones, que en tiempos pasados hab¨ªan estado divididas por conflictos y rivalidades, hab¨ªan aprendido a coexistir de manera armoniosa. Las tensiones internacionales se hab¨ªan disipado, dando paso a una paz relativa que se hab¨ªa convertido en la norma global. Los tratados y alianzas entre pa¨ªses se hab¨ªan transformado en s¨ªmbolos de unidad y progreso, creando un mundo en el que la guerra y el conflicto eran considerados recuerdos distantes de un pasado turbulento.
Este mundo, que muchos consideraban un para¨ªso terrenal, parec¨ªa ser el culmen de los sue?os de generaciones anteriores. Las ciudades, con sus imponentes rascacielos que se elevaban hacia el cielo y sistemas de transporte ultrarr¨¢pidos que conectaban cada rinc¨®n del planeta, representaban un basti¨®n de modernidad y confort. La vida era envidiable, y los avances cient¨ªficos y tecnol¨®gicos hab¨ªan elevado la calidad de vida a niveles inconmensurables.
Sin embargo, como ocurre a menudo en las historias de advertencia y en los relatos post-apocal¨ªpticos, la utop¨ªa estaba a punto de enfrentar un cambio abrupto e inesperado. Un d¨ªa, sin previo aviso, ocurri¨® lo que se conocer¨ªa como "El Evento". Este evento marc¨® el inicio de una transformaci¨®n radical que llev¨® al mundo a un estado que parec¨ªa sacado directamente de las p¨¢ginas de una novela post-apocal¨ªptica.
Por razones que permanecen envueltas en el misterio, el tiempo se retrocedi¨®, arrastrando al planeta a una ¨¦poca muy anterior a su estado actual, justo despu¨¦s de que la historia humana hubiera registrado sus primeros pasos. En un instante, el progreso y la modernidad se desvanecieron, y la humanidad se encontr¨® enfrentando un mundo que hab¨ªa retrocedido varios milenios en el tiempo.
Durante este proceso de retroceso temporal, la humanidad sufri¨® p¨¦rdidas invaluables. Los continentes se reorganizaron de manera dr¨¢stica, y el paisaje natural se transform¨® por completo. Nuevos ecosistemas emergieron, y la fauna y la flora experimentaron alteraciones profundas. Extra?amente, el mundo comenz¨® a poblarse con criaturas que anteriormente solo exist¨ªan en mitolog¨ªas y leyendas. Seres fant¨¢sticos y animales que se cre¨ªan imaginarios comenzaron a formar parte del nuevo paisaje, desafiando las leyes de la biolog¨ªa y la l¨®gica conocidas hasta entonces.
Lo que caus¨® la mayor controversia y desconcierto fue el hecho de que, a pesar de este cambio radical en el ambiente y la geograf¨ªa, la humanidad en s¨ª misma permaneci¨® intacta. Las personas que una vez disfrutaron de un mundo de tecnolog¨ªa avanzada y paz global continuaron existiendo en su totalidad, y de manera desconcertante, se encontraron en el mismo lugar f¨ªsico en el que hab¨ªan estado antes del evento. La brecha entre la era dorada que conoc¨ªan y la nueva realidad primitiva en la que se encontraban ahora se convirti¨® en un enigma y un desaf¨ªo monumental para la humanidad.
El mundo, que una vez fue un lugar de perfecci¨®n y progreso, se hab¨ªa transformado en un escenario de caos y confusi¨®n. La humanidad se vio obligada a enfrentar una realidad en la que lo conocido y lo desconocido coexist¨ªan en un equilibrio precario.
Instintivamente, los humanos comenzaron a agruparse con sus semejantes m¨¢s cercanos, formando peque?as aldeas para lograr sobrevivir. El sentido de comunidad se volvi¨® esencial en un mundo que hab¨ªa cambiado dr¨¢sticamente. La cooperaci¨®n y la adaptaci¨®n se convirtieron en elementos cruciales para la supervivencia.
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Al d¨ªa siguiente, una voz reson¨® en los cielos, sorprendiendo a todos los habitantes.
¡ªHumanos, les daremos un mes para aclimatarse a su nueva realidad. Hasta entonces mantendremos a raya las hostilidades de las criaturas de su entorno. Pero despu¨¦s de esto estar¨¢n solos. Esperamos que nos den un espect¨¢culo digno y que sobreviva el m¨¢s fuerte.
La voz, clara y penetrante, parec¨ªa estar hablando directamente al o¨ªdo de cada persona. Estas palabras sembraron un miedo espantoso en los corazones de los seres humanos. No sab¨ªan de d¨®nde proven¨ªa esa voz ni qu¨¦ o qui¨¦n estaba detr¨¢s de ella, pero al menos les dar¨ªa tiempo para prepararse para una dura prueba de supervivencia que estaba por venir.
Ese d¨ªa, conocido como el D¨ªa 1, marc¨® el comienzo de una nueva era para la humanidad. En medio del caos y la desesperaci¨®n, algunas personas comenzaron a experimentar algo extraordinario: parec¨ªa que adquir¨ªan habilidades sobrehumanas, similares a los poderes de los h¨¦roes de los c¨®mics. Solo un peque?o porcentaje de la poblaci¨®n logr¨® sentir estas habilidades, y ellos se convirtieron en la nueva esperanza para la supervivencia de la raza humana. Las personas se agruparon alrededor de estos individuos excepcionales, formando un nuevo orden en el planeta.
La preparaci¨®n para la inminente crisis continu¨® con fervor. Los humanos forjaron armas primitivas utilizando piedra y madera: lanzas, cuchillos rudimentarios y toda clase de armas improvisadas se convirtieron en su seguro de vida. Sin embargo, cuando lleg¨® el final del mes asignado, todos esperaban que podr¨ªan superar la crisis, pero la realidad demostr¨® ser mucho m¨¢s dura.
A la hora cero del nuevo mes, hordas de criaturas que habitaban cerca de los asentamientos humanos comenzaron a atacar. Estas criaturas, con piel tan dura como el hierro, resultaron ser implacables contra los humanos armados con palos y piedras. La humanidad, que una vez se encontraba en la cima de la cadena alimenticia, ahora estaba siendo cazada como ganado. La mayor¨ªa de los asentamientos fueron convertidos en banquetes para las criaturas salvajes. Sin importar su tama?o, todos los asentamientos fueron destruidos, y la poblaci¨®n fue reducida a la mitad en las primeras horas del segundo mes.
Las esperanzas depositadas en los humanos con habilidades resultaron in¨²tiles. A pesar de sus poderes, estos individuos tambi¨¦n fueron masacrados sin piedad, con excepci¨®n de un peque?o grupo que logr¨® sobrevivir. Ante esta calamidad, los rezagados se ocultaron tanto como pudieron para seguir con vida.
Durante este tiempo de crisis, surgi¨® una nueva generaci¨®n de humanos con habilidades. A diferencia de la primera generaci¨®n, que estaba formada por j¨®venes de entre 15 y 20 a?os, la segunda generaci¨®n naci¨® entre los ancianos de 60 a 80 a?os. Esta segunda generaci¨®n, que se dedic¨® al cultivo de sus habilidades, se adapt¨® r¨¢pidamente a la nueva realidad. En particular, la regi¨®n que anteriormente correspond¨ªa a China experiment¨® un r¨¢pido desarrollo de lo que se conoc¨ªa como cultivadores. Las historias de cultivadores y sus habilidades surgieron en el antiguo continente asi¨¢tico, y este conocimiento, inicialmente ficticio, les permiti¨® entender m¨¢s r¨¢pidamente sus propias capacidades y adaptarse de manera efectiva a la nueva realidad.
Los primeros cultivadores, que surgieron principalmente en China, extendieron su dominio por esa regi¨®n del mundo, arraigando su cultura en su paso. La poblaci¨®n comenz¨® a adoptar la cultura china como propia, y el mundo se llen¨® de cultivadores. Los primeros ancianos crearon sectas a lo largo del mundo, estableciendo las primeras y m¨¢s poderosas sectas inmortales.
La humanidad comenz¨® a florecer nuevamente en su nuevo entorno. Las sectas y sus disc¨ªpulos mantuvieron la seguridad de la poblaci¨®n, y alrededor de estas sectas surgieron nuevos imperios. Los peque?os imperios lograron prosperar a la sombra de las sectas, que se convirtieron en los pilares del mundo.
Sin embargo, temiendo perder su poder, las sectas llevaron a cabo una cacer¨ªa contra los pocos supervivientes de la primera generaci¨®n. Dado que la habilidad era hereditaria, un genocidio devastador asol¨® el planeta. Los cultivadores se enfrentaron a los cazadores, y lamentablemente, los cazadores fueron superados tanto en n¨²mero como en poder, llevando a su extinci¨®n.
Las ciudades y pueblos se organizaron de manera que reflejaban el equilibrio entre el poder cultivador y las necesidades de la poblaci¨®n general. La tecnolog¨ªa antigua, una vez una maravilla de la civilizaci¨®n, fue en su mayor parte olvidada, mientras que el conocimiento de los cultivos se convirti¨® en la base de la vida cotidiana. Los antiguos conocimientos cient¨ªficos se integraron con la pr¨¢ctica del cultivo, creando una sinergia ¨²nica que impuls¨® nuevas formas de desarrollo y mejora.
La paz y la estabilidad prevalecieron en la superficie, aunque bajo ella persist¨ªa una tensi¨®n subyacente entre los diferentes imperios y sectas.
En esta nueva realidad, los humanos aprendieron a coexistir con las criaturas fant¨¢sticas y los desaf¨ªos de su entorno, forjando un equilibrio precario entre la supervivencia y el poder. As¨ª, la humanidad continu¨® su existencia, marcada por un legado de transformaci¨®n y adaptaci¨®n, enfrentando el futuro con la esperanza de una estabilidad duradera en un mundo que hab¨ªa cambiado de manera irreversible.
2.- Viaje Forzado
La tierra, antes del evento. En alg¨²n lugar de M¨¦xico.
¡ª?Hijo, recuerda volver antes de que anochezca!
La voz de una mujer de 45 a?os resonaba en el aire c¨¢lido del atardecer. Su piel bronceada y sus ojos color caf¨¦ reflejaban a?os de vida al sol, mientras las arrugas en su rostro contaban historias de d¨ªas pasados. Desde la puerta de su modesta casa, miraba con cari?o a su hijo, quien estaba listo para salir.
¡ªClaro, mam¨¢.
Respondi¨® el joven de 17 a?os. Su piel ten¨ªa el mismo tono bronceado que la de su madre, y sus ojos eran de un caf¨¦ claro, casi dorado bajo la luz del sol. Su cabello casta?o ca¨ªa desordenado sobre su frente mientras esbozaba una sonrisa.
Con un ¨²ltimo vistazo hacia su madre, sali¨® de la casa para reunirse con sus amigos, quienes esperaban en la calle. Las burlas no tardaron en llegar.
¡ª?Ya le diste beso a mami? ¡ªse burl¨® uno de ellos.
¡ª?Ya ll¨¢mame!
Era un d¨ªa como cualquier otro. Los vecinos de al lado se preparaban para una fiesta que tendr¨ªan al d¨ªa siguiente, mientras los dos vecinos del frente discut¨ªan a gritos. Otros curiosos se asomaban para ver si la pelea llegar¨ªa a los golpes. Todo era parte del cotidiano bullicio del barrio.
¡ªOye, Andy. ?S¨ª compraste todo, no es as¨ª?
Andr¨¦s Reyes, el joven de ojos caf¨¦s, avanzando con confianza.
¡ª?Con qui¨¦n crees que hablas? Ya lo tengo todo listo.
El grupo de amigos, amantes de lo paranormal, se dirigi¨® a un parque abandonado en las afueras del pueblo. Durante las clases, hab¨ªan escuchado rumores sobre avistamientos de fantasmas en ese lugar y decidieron investigar por s¨ª mismos.
El cielo se oscurec¨ªa, creando el ambiente perfecto para sus exploraciones. El m¨¢s gordo del grupo sac¨® su c¨¢mara y comenz¨® a grabar. Narraban lo que suced¨ªa mientras caminaban por el parque, creando contenido para sus seguidores, quienes disfrutaban de sus visitas a lugares tenebrosos.
Caminaron durante varios minutos sin que nada ocurriera. Frustrados, le hicieron una se?a a uno de los chicos, quien comenz¨® a mover cosas desde el lado ciego de la c¨¢mara. Con sus celulares reproduc¨ªan sonidos extra?os para hacer a sus seguidores que el lugar estaba encantado. Todo iba bien hasta que, en medio de la oscuridad, perdi¨® de vista a su amigo encargado de mover las cosas. La tensi¨®n aument¨® cuando vio una figura vestida de blanco a lo lejos.
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¡ªQu¨¦ buen disfraz, ?no crees? ¡ªsusurr¨® uno de ellos.
¡ªHazle se?as para que se acerque ¡ªindic¨® Andr¨¦s.
El m¨¢s gordo, detr¨¢s de la c¨¢mara, llamaba a la figura, emocionado por el incremento en su audiencia.
¡ª ?Qui¨¦n es ese? ¡ªpregunt¨® el m¨¢s bajo del grupo, encargado de mover las cosas.
¡ªEs el Goliat... ?Qu¨¦ haces aqu¨ª? ¡ªpregunt¨® el m¨¢s gordo.
¡ª?C¨®mo que qu¨¦? Pues estaba moviendo cosas por all¨¢, pero me dio miedo y mejor me acerqu¨¦.
¡ªYa, pero si t¨² est¨¢s aqu¨ª, ?qui¨¦n es ese? ¡ªse?al¨® hacia la figura de blanco.
¡ªYo no s¨¦, es m¨¢s, desde aqu¨ª ni siquiera distingo.
¡ªA-Andy ¡ªtartamude¨® el m¨¢s gordo.
¡ªNo hagas ruido, estoy narrando.
¡ªE-el Goliat est¨¢ aqu¨ª atr¨¢s ¡ªempez¨® a temblar.
¡ª ?Eh? ¡ªAndy se gir¨® hacia sus amigos¡ª. Entonces, ?qui¨¦n...?
Los cuatro se miraron por un momento antes de salir corriendo como si su vida dependiera de ello. Corrieron sin mirar atr¨¢s hasta llegar a donde hab¨ªa iluminaci¨®n.
All¨ª, todos trataban de recuperar el aliento. Sus rostros estaban p¨¢lidos y dos de ellos temblaban sin control. Compartieron miradas y comenzaron a re¨ªr, burl¨¢ndose entre ellos de qui¨¦n hab¨ªa gritado m¨¢s fuerte, imitando sus propias voces hasta que el miedo se desvaneci¨®.
Durante la noche, intercambiaron mensajes. A pesar del susto, el v¨ªdeo se volvi¨® tendencia. Planearon sus siguientes aventuras y hablaron de diferentes temas. Para ellos, la vida segu¨ªa siendo normal, hasta cierto punto.
En la madrugada ocurri¨® "El Evento". Mientras el entorno cambiaba, algunas personas comenzaron a desaparecer. Sus cuerpos se envolvieron en una luz cegadora y desaparecieron al instante. Entre ellas, Andr¨¦s.
El desconcierto y el caos hicieron imposible determinar el n¨²mero exacto de desaparecidos, pero se estima que hab¨ªa alrededor de 10,000 personas en todo el mundo. Para una poblaci¨®n tan vasta, ese n¨²mero parec¨ªa peque?o, pero los familiares de los desaparecidos los buscaron desesperadamente, sin ¨¦xito.
En medio de un espeso y oscuro bosque.
¡ª ?D¨®nde estoy? ¡ªAndr¨¦s se pregunt¨® a s¨ª mismo despu¨¦s de despertar desorientado.
Se sent¨® sobre el suelo y mir¨® su entorno. Un bosque extremadamente denso lo rodeaba y por la luz parec¨ªa ser alrededor del mediod¨ªa.
Se levant¨® un poco aturdido y comenz¨® a caminar entre la maleza. No sab¨ªa si se adentraba o sal¨ªa del bosque, sin importar c¨®mo lo mirara, todo parec¨ªa igual.
Camin¨® sin rumbo hasta llegar a un peque?o lago en medio del bosque. El ambiente era tranquilo y solo se escuchaba el suave sonido del agua.
Al acercarse m¨¢s, observar¨¢ una sombra espesa en el fondo del lago. Sus ojos se enfocaron en ese lugar tratando de descubrir qu¨¦ era esa extra?a sombra, pero unos ojos de un rojo profundo le devolvieron la mirada.
¡ª ?D¨®nde demonios estoy?...
3.- Infierno
Aquella entidad bajo el agua lo observaba fijamente sin realizar ning¨²n movimiento.
Andr¨¦s no lo pens¨® mucho y comenz¨® a retirarse lentamente hasta volver a entrar al bosque. Se ocult¨® tras un ¨¢rbol y observ¨® para verificar que la criatura no lo siguiera.
Al parecer, su presencia era insignificante e indigna de que aquel ser realizara un movimiento.
Suspir¨® aliviado al ver que no lo segu¨ªa, pero al girarse, un animal parecido a un tigre lo miraba fijamente.
Aquel tigre era dos veces m¨¢s grande que uno normal. Su piel ten¨ªa marcas de zarpazos, evidencia de las peleas que hab¨ªa tenido. Al observarlo m¨¢s de cerca, parec¨ªa que le faltaba un ojo.
El tigre se acercaba lentamente hacia Andr¨¦s. Su mirada estaba fija en ¨¦l y sus dientes se asomaban mientras rug¨ªa.
Andr¨¦s, instintivamente, camin¨® hacia atr¨¢s, paso a paso, mientras el tigre lo segu¨ªa de cerca. Sin darse cuenta, estaba nuevamente a la orilla del lago. Pero esta vez, la criatura sali¨® del agua.
Era una especie de serpiente de alrededor de cien metros de largo. Su piel estaba adornada con bellas plumas que mezclaban tonalidades de verde. Alrededor del cuello ten¨ªa plumas m¨¢s largas que parec¨ªan formar una especie de collar.
La criatura los observ¨® fijamente a ambos. Tanto Andr¨¦s como el tigre temblaban de miedo ante la presi¨®n que emanaba.
Sin que Andr¨¦s pudiera seguir sus movimientos, la serpiente devor¨® al tigre y se enrosc¨® alrededor de Andr¨¦s mientras lo analizaba.
Andr¨¦s temblaba de miedo; estaba tan p¨¢lido que su piel estaba a punto de perder su color moreno.
?Maldici¨®n, ahora s¨ª estoy muerto!, pens¨® mientras sus ojos se cerraban sin saber qu¨¦ hacer.
Una intensa ansiedad lo invadi¨®; en su mente estaba claro que iba a morir, pero estaba equivocado.
¡ªPuedo oler mi esencia en ti ¡ªdijo la serpiente. Su boca no se mov¨ªa, pero claramente produc¨ªa sonido.
Andr¨¦s estaba mudo por el miedo; no sab¨ªa c¨®mo responder y su mente no logr¨® procesar una respuesta para esas palabras.
¡ªPor esa d¨¦bil esencia que sent¨ª en ti es que a¨²n est¨¢s vivo, pero... No te quiero aqu¨ª. Debes irte y, si regresas de nuevo, te matar¨¦ ¡ªdijo firmemente la criatura.
¡ªE-entiendo.
Sin pensarlo dos veces, Andr¨¦s sali¨® corriendo del lugar sin mirar atr¨¢s.
?D¨®nde demonios es este lugar?, pens¨® mientras corr¨ªa sin rumbo fijo.
Cuando su resistencia se agot¨®, cay¨® al suelo. Su respiraci¨®n estaba muy agitada y estaba totalmente desorientado. ?D¨®nde estaba? ?C¨®mo lleg¨® aqu¨ª? ?Qu¨¦ deb¨ªa hacer? Muchas preguntas llenaron su mente, pero despu¨¦s de ver a esas dos criaturas, sab¨ªa que morir¨ªa all¨ª.
Record¨® los programas de supervivencia y pens¨® que tal vez ten¨ªa una oportunidad. De un ¨¢rbol quebr¨® una rama de aproximadamente un metro; esta ser¨ªa su arma por el momento. Camin¨® por el bosque con mucha cautela mientras buscaba alg¨²n cuerpo de agua.
A lo lejos escuch¨® el sonido del agua cayendo, camin¨® hacia esa direcci¨®n y se encontr¨® con una cascada no muy grande. Mir¨® desde detr¨¢s de un arbusto y, al confirmar que no hab¨ªa nada, pens¨® en acercarse. Sin embargo, en su mente surgi¨® la imagen de la serpiente gigantesca y, desde la seguridad de estar escondido, arroj¨® una piedra al agua. Nada sali¨®, lo que reafirm¨® que era seguro.
Revis¨® el lugar y encontr¨® una peque?a cueva detr¨¢s de la cascada. Agua y refugio; con eso sobrevivir¨ªa por el momento. Para entonces, comenzaba a oscurecer.
Esa noche no durmi¨®. A¨²n con el sonido del agua cayendo, se escuchaban los animales mat¨¢ndose entre ellos. Gru?idos, rugidos, ladridos y toda clase de sonidos espeluznantes fueron lo que escuch¨® durante esa primera noche.
Su miedo era inmenso y solo pod¨ªa ocultarse en esa peque?a cueva mientras se cubr¨ªa la boca para que no escucharan su respiraci¨®n.
Los d¨ªas siguientes no fueron mejores. Aguant¨® dos d¨ªas sin comer, pero ya estaba en su l¨ªmite. No pod¨ªa comer cosas al azar ya que podr¨ªan ser venenosas. Para colmo, no hab¨ªa nada parecido a una fruta cerca y, con sus escasas habilidades, no pod¨ªa cazar ning¨²n animal.
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Un animal parecido a un venado lleg¨® al peque?o lago que formaba la cascada para tomar agua. Andr¨¦s ya estaba en las ¨²ltimas y observaba, oculto, alguna manera de matarlo para poder comer algo. Pero desde el otro lado del bosque, un peque?o lobo atac¨® al venado, asesin¨¢ndolo en el acto.
Aquel lobo empez¨® a desgarrar la carne del venado. Andr¨¦s, casi al borde del desmayo, agarr¨® la rama que cort¨® al principio y se acerc¨® corriendo para pelear con el lobo por la comida.
El lobo le gru?¨® y ambos empezaron a caminar en c¨ªrculos, esperando la menor oportunidad para atacar. Ansioso, Andr¨¦s atac¨® al lobo, pero su ataque no acert¨®, d¨¢ndole la oportunidad al lobo de morderle el brazo.
¡ª?Aaaaaa! ¡ªgrit¨® de dolor mientras sent¨ªa c¨®mo los colmillos del lobo se clavaban en su cuerpo.
El lobo tir¨® de Andr¨¦s, haci¨¦ndolo caer al suelo. Solt¨® su brazo y se lanz¨® para morderle el cuello. Andr¨¦s apenas pudo reaccionar; logr¨® detener la mordida con la rama, pero el lobo le arrebat¨® esa rama con sus dientes.
Estoy muerto, pens¨®. Pero del espeso bosque se escuch¨® un fuerte rugido; el olor de la sangre hab¨ªa atra¨ªdo a otros animales. El lobo se descuid¨® por un momento y Andr¨¦s aprovech¨® para escapar, se arrastr¨® por el suelo; la fuerza de sus pies se hab¨ªa ido y solo pod¨ªa arrastrarse como un gusano.
Del bosque emergi¨® un oso de pelaje negro y ojos rojos como brazas; su altura superaba los tres metros, d¨¢ndole un aspecto imponente.
El lobo avanz¨® para atacar al oso; deb¨ªa de alguna manera defender su presa. Pero el oso lo derrib¨® con facilidad, clavando sus garras en el est¨®mago del lobo. Mostrando una sonrisa arrogante, el oso parti¨® en dos al lobo.
El oso avanz¨® lentamente hacia el cad¨¢ver del venado, ignorando completamente a Andr¨¦s. Comenz¨® a devorar la presa con voracidad, desgarrando la carne y masticando los huesos con facilidad. Andr¨¦s, consciente de que cualquier movimiento podr¨ªa atraer la atenci¨®n del oso, se mantuvo inm¨®vil, apenas respirando.
Los minutos pasaron como una eternidad, pero eventualmente el oso pareci¨® saciarse y se alej¨® del lugar, desapareciendo nuevamente en la espesura del bosque. Andr¨¦s, exhausto y adolorido, se arrastr¨® hacia el cuerpo del venado, ahora parcialmente devorado.
Andr¨¦s clav¨® sus dientes en la carne; el sabor met¨¢lico y crudo era repulsivo, pero su hambre superaba cualquier asco. Comi¨® lo suficiente para recuperar algo de energ¨ªa y rasg¨® lo poco que quedaba de su ropa para improvisar vendas.
Con el agua del lago lav¨® la sangre; si no lo hac¨ªa, por mucho que se ocultara, los animales lo encontrar¨ªan. As¨ª sobrevivi¨® el segundo d¨ªa.
Con el paso de los d¨ªas, Andr¨¦s se adapt¨® y comenz¨® a sobrevivir de manera m¨¢s ¡°f¨¢cil¡±. Le cost¨® mucho adquirir estas habilidades y cada d¨ªa era una lucha fren¨¦tica para evitar morir. A medida que pasaba el tiempo, Andr¨¦s dejaba atr¨¢s su ¡°humanidad¡± y empezaba a vivir m¨¢s como un animal. Dej¨® de importarle el tiempo; al principio contaba los d¨ªas, pero lleg¨® a la conclusi¨®n de que solo se atormentaba mentalmente con esto. Seg¨²n su ¨²ltimo registro, llevaba all¨ª poco m¨¢s de dos a?os.
No abandon¨® el lugar junto a la cascada, ya que anteriormente hab¨ªa viajado un poco m¨¢s lejos y descubri¨®, por las malas, que ese lugar era el m¨¢s pac¨ªfico de la zona. Cuanto m¨¢s se alejaba, criaturas a¨²n m¨¢s monstruosas llenaban el paisaje.
Una noche, mientras dorm¨ªa, la serpiente que encontr¨® en su primer d¨ªa lo visit¨® en sus sue?os.
¡ªMe has decepcionado ¡ªdijo la serpiente mientras lo miraba fijamente¡ª. En tu interior tienes el poder para salir adelante, pero t¨² decidiste vivir como basura. Me arrepiento de no haberte asesinado aquel d¨ªa¡
Al d¨ªa siguiente, intent¨® descifrar su sue?o. No descart¨® la posibilidad de que su mente le estuviera jugando una mala pasada, pero decidi¨® aferrarse a ese hilo de esperanza.
En su mente, vagas im¨¢genes de historias que ley¨® le vinieron de repente. Comenz¨® a gritar cosas como "Transformaci¨®n", "Sistema" y toda clase de ridiculeces hasta que sinti¨® verg¨¹enza de s¨ª mismo.
Pens¨® que, si estuviera atrapado en un mundo alternativo como en las historias que ley¨®, deber¨ªa encontrarse con alg¨²n ser supremo que le ense?ara, alg¨²n pergamino antiguo, un arma con poderes rid¨ªculos, ruinas o algo que le otorgara una habilidad.
¡ªMaldici¨®n¡ creo que ahora s¨ª estoy loco ¡ªse burl¨® de s¨ª mismo¡ª. Pensar que soy el protagonista de una historia significa que mi poca cordura me ha abandonado¡ ja¡ jajajajajajaja ¡ªri¨® a todo pulm¨®n como un desquiciado.
Pero despu¨¦s comenz¨® a llorar; quer¨ªa escapar de aquel infierno, incluso si eso significaba vender su alma a alg¨²n ser oscuro.
Sus ruidos atrajeron a una especie de hiena. Aquel animal lo atac¨® pensando que era una presa f¨¢cil. Andr¨¦s tom¨® un cuchillo rudimentario de piedra y se defendi¨®. Durante su tiempo all¨ª, hab¨ªa aprendido a defenderse de varios tipos de animales, y cada pizca de ese conocimiento casi le hab¨ªa costado la vida.
Conociendo los patrones con los que las hienas atacaban, le clav¨® el cuchillo en el est¨®mago sin mucho problema, y la hiena cay¨® al suelo.
¡ª?Maldici¨®n! ?Maldici¨®n! ?Maldici¨®n! ¡ªgritaba y lloraba mientras apu?alaba una y otra vez a la hiena¡ª. ?Quiero irme... ?Maldici¨®n! ?Maldici¨®n! ?Aaaaaaaa! ¡ªgritaba desconsolado.
El tiempo que llevaba all¨ª lo estaba llevando cada vez m¨¢s al borde de la locura.
¡ªOye... Por qu¨¦ no solo tomas ese cuchillo y cortas tu garganta ¡ªsusurraba una voz.
¡ªNo ¡ªrespondio Andr¨¦s llorando.
¡ªHazlo, as¨ª todo terminar¨¢ ¡ªseguia susurrando.
¡ª?C¨¢llate! ¡ªgrito Andr¨¦s.
¡ªVamos... No es necesario que sufras as¨ª. No es tu culpa, solo hazlo ¡ªinsistia esa voz.
¡ª?Que te calles! ¡ªvolvio a gritar.
¡ªJajaja, eres un cobarde que no puede acabar con su vida ?Cobarde! ¡ªse burlaba la voz.
¡ª?Dejame! ¡ªgrito de nuevo.
Una lucha interna empezaba a suceder en la cabeza de Andr¨¦s. Era raro al principio pero estos ataques de locura se volv¨ªan cada vez m¨¢s frecuentes.
Se mantuvo peleando consigo mismo durante un buen rato. Cuando al fin se calmo, regreso de nuevo a la cueva.
Con su mente estable de nuevo, pens¨® en un mont¨®n de ideas hasta que record¨® las historias de cultivadores.
No tengo nada que perder, pens¨®.
Imit¨® burdamente las posiciones que ve¨ªa en los c¨®mics y empez¨® a meditar, o algo as¨ª, poco a poco su mente se fue aclarando. Al fin sinti¨®, por un momento, una paz que no ten¨ªa desde hace tiempo. Por primera vez desde que lleg¨®, logro dormir tranquilo.
Sigui¨® intentando lo mismo durante un tiempo, pero no sab¨ªa exactamente que hacer. Imit¨® cada "forma" de las que hab¨ªa en los c¨®mics, nada funcion¨®. Al final y despu¨¦s de mucho tiempo logro sentir una peque?a energ¨ªa en su abdomen inferior.
Pero eso era todo, no sab¨ªa que era lo siguiente por hacer. Pero mientras se le ocurr¨ªa algo, sigui¨® est¨¢ pr¨¢ctica durante dos a?os m¨¢s. En ese tiempo su cuerpo sufri¨® cambios, de alguna manera era m¨¢s ¨¢gil y fuerte, no mucho pero si un poco m¨¢s.
Pero al igual que su cuerpo, su mente se romp¨ªa con cada d¨ªa que pasaba. La soledad y la constante amenaza de muerte no lo dejaban tranquilo. Sin saberlo, hab¨ªa desarrollado una pr¨¢ctica cruel cada que mataba a un animal, su mirada era aterradora, sus ojos miraban con locura mientras sus labios se curvavan en una macabra sonrisa.
Su pelo hab¨ªa crecido mucho al igual que el bello de su rostro. La ropa con la que lleg¨®, se hab¨ªa roto hace ya demasiado tiempo. Torpemente hizo prendas con la piel de los animales que evitaban que anduviera desnudo y su cuerpo se hab¨ªa vuelto muy delgado, incluso su rostro mostraba claros signos de desnutrici¨®n.
El entorno se manten¨ªa m¨¢s o menos igual, aunque en los ¨²ltimos meses, criatura m¨¢s poderosas hab¨ªan invadido esa ¨¢rea. Con cada d¨ªa que pasaba, el peligro solo aumentaba exponencialmente.
Durante esos cuatro a?os, aproximadamente, Andr¨¦s hab¨ªa soportado un infierno en vida, uno que le repercutir¨ªa durante todo el resto de su existencia.
4.- Encuentro Predestinado
En un moderno apartamento en Se¨²l, ubicado en un edificio alto con vistas panor¨¢micas de la ciudad, la cocina era espaciosa y luminosa, con electrodom¨¦sticos de acero inoxidable y gabinetes blancos que daban un aspecto limpio y elegante. Una gran ventana detr¨¢s del mostrador de la cocina permit¨ªa la entrada de luz natural y ofrec¨ªa una vista impresionante del horizonte de Se¨²l.
La c¨¢mara estaba enfocada en una joven, quien estaba de pie detr¨¢s del mostrador de la cocina. Ella vest¨ªa un delantal elegante y ten¨ªa una sonrisa radiante en su rostro.
¡ª?Hola a todos! Bienvenidos a mi primera transmisi¨®n en vivo cocinando. Estoy muy emocionada de compartir este momento con ustedes. Hoy vamos a hacer uno de mis platos favoritos, kimchi jjigae. ?Est¨¢n listos? ¡ªhabl¨® hacia la c¨¢mara mientras sonre¨ªa.
Los comentarios comenzaron a fluir en el chat, llenos de entusiasmo y amor de los fans.
¡ª?Veo que todos est¨¢n muy emocionados! ¡ªdijo mientras le¨ªa los comentarios¡ª. Gracias por el apoyo. Vamos a empezar. Primero, necesitamos estos ingredientes: kimchi, cerdo, tofu, cebolla y cebolletas ¡ªmostr¨® cada ingrediente a la c¨¢mara mientras los mencionaba.
¡ªPrimero, cortamos la cebolla y las cebolletas. Aseg¨²rense de tener cuidado con los cuchillos, chicos ¡ªdijo mientras estaba concentrada cortando las verduras.
Mientras segu¨ªa cocinando, de repente, la c¨¢mara y la pantalla empezaron a temblar ligeramente.
¡ª?Eh? ?Qu¨¦ est¨¢ pasando? ¡ªdijo nerviosa mientras miraba hacia los lados.
El temblor se intensific¨®, y los objetos en la cocina comenzaron a caer de las estanter¨ªas. El chat se llen¨® de mensajes de preocupaci¨®n y miedo de los fans.
¡ªParece que est¨¢ ocurriendo un terremoto. Todos, mant¨¦nganse a salvo ¡ªdijo con voz temblorosa.
Ella intent¨® calmarse y se agach¨® debajo del mostrador de la cocina, cubri¨¦ndose la cabeza con las manos. El temblor se volvi¨® m¨¢s violento, y se escuch¨® el sonido de cristales rompi¨¦ndose.
¡ª?Por favor, todos, cu¨ªdense! ¡ªgrit¨® desde debajo de la mesa.
La c¨¢mara se cay¨® al suelo, mostrando una vista inclinada de la cocina mientras el temblor continuaba. De repente, una l¨¢mpara cay¨® del techo y la golpe¨® en la cabeza.
¡ªAhh... ¡ªdijo d¨¦bilmente.
Ella perdi¨® el conocimiento y la transmisi¨®n se cort¨® abruptamente, dejando a sus fans en estado de shock y preocupaci¨®n.
Esa ma?ana en medio del bosque apareci¨® una joven tirada en el suelo.
?Qu¨¦ es esta sensaci¨®n de frio?, pens¨®. Mientras estaba inconsciente, el aire h¨²medo del bosque golpeaba su cuerpo y lentamente lo enfri¨®.
¡ª?Qu¨¦ pas¨®...? ¡ªdijo d¨¦bilmente mientras se sentaba poco a poco.
Pero a diferencia de la alfombra que hab¨ªa en su casa, sent¨ªa en sus manos la sensaci¨®n de hierba.
¡ª?Qu¨¦...?
Mir¨® a los lados y estaba tirada en medio del bosque. Altos y robustos ¨¢rboles eran lo ¨²nico que pod¨ªa observar. La vegetaci¨®n era tan espesa que apenas entraban rayos de sol hasta donde estaba.
Se levant¨® asustada y confundida, hace apenas unos momentos estaba en su casa y ahora se encontraba en medio del bosque, r¨¢pidamente entr¨® en p¨¢nico.
Lo primero que hizo fue revisar sus pertenencias, pero solo encontr¨® un encendedor en una de las bolsas del delantal y el cuchillo con el que estaba cortando los vegetales.
Busc¨® desesperadamente su celular, pero no lo encontr¨®.
Temerosa y con todo su cuerpo temblando, se levant¨® y empez¨® a caminar.
Debe haber un camino o carretera cerca, pens¨®.
Pero por m¨¢s que caminaba no encontr¨® nada. Mientras segu¨ªa caminando asustada y con mucha hambre, escuch¨® el chillido de un animal.
R¨¢pidamente se gir¨® y se ocult¨® entre los arbustos, pero el sonido segu¨ªa. Era como si alguien estuviera torturando a un animal. Los chillidos que se escuchaban eran espantosos y ella, por miedo, se mantuvo ah¨ª sin hacer ruido.
Los chillidos incrementaron y se escuch¨® una risa que proven¨ªa de una persona.
Ella se acerc¨® sigilosamente y observ¨® desde detr¨¢s de un ¨¢rbol.
La escena era atroz, hab¨ªa un hombre semidesnudo con una mirada de loco apu?alando una y otra vez a un animal que parec¨ªa un cachorro de tigre.
Aquel hombre re¨ªa y mov¨ªa, dentro del cuerpo del animal, una especie de cuchillo. El animal chillaba agonizante por el sufrimiento. Pero el hombre sonre¨ªa m¨¢s, como si disfrutara de esto.
Ella se asust¨® y retrocedi¨® un paso, pero sus pies pisaron hojas que hicieron mucho ruido. Aquel hombre levant¨® inmediatamente la cabeza y mir¨® en esa direcci¨®n.
Con una mirada desquiciada, el hombre corri¨® fren¨¦ticamente hacia ese lugar. Ella se congel¨® de miedo, paralizada, no logr¨® moverse ni un cent¨ªmetro de ese lugar, d¨¢ndole tiempo a ese hombre de llegar hasta ah¨ª.
De detr¨¢s del ¨¢rbol, aquel hombre asom¨® solo la mitad superior de su rostro. Su mirada indicaba que no ten¨ªa ni la m¨¢s m¨ªnima gota de cordura en ¨¦l.
El hombre la analiz¨® y asom¨® el resto de su rostro. En su cara se form¨® una siniestra sonrisa que hizo que la mujer se pusiera p¨¢lida del miedo.
El hombre asom¨® su mano llena de sangre y salud¨® a la mujer.
¡ª?Koni...chiwa? ¡ªpronunci¨® mientras mostraba esa horrible mirada.
¡ª?Hick! ¡ªsolt¨® la mujer mientras estaba a nada de desmayarse.
¡ª?Mmm?... ¡ªse acerc¨® poco a poco aquel hombre.
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¡ª?No, al¨¦jate! (coreano) ¡ªgrit¨® la mujer.
La comunicaci¨®n entre ambos era muy poco efectiva. La mujer hablaba en coreano y el hombre en espa?ol, lo que dificultaba la comprensi¨®n mutua.
¡ªNo te har¨¦ da?o ¡ªsusurr¨® aquel hombre mientras segu¨ªa sonriendo para demostrar que no ten¨ªa malas intenciones.
El problema era que su sonrisa daba demasiado miedo y termin¨® por tener el efecto contrario.
¡ªN-no... Por favor, no me hagas da?o ¡ªimploraba la mujer mientras lloraba.
¡ªTranquila ¡ªdijo mientras dej¨® de sonre¨ªr y levant¨® las manos se?alando que no le har¨ªa nada.
La mujer pareci¨® entender, m¨¢s o menos, las intenciones de aquel hombre y se calm¨® un poco, aunque no baj¨® la guardia.
¡ªS¨ªgueme ¡ªdijo aquel hombre mientras caminaba de regreso al lago.
La mujer lo mir¨® con desconfianza. Como el hombre not¨® que no lo segu¨ªa, le hizo se?as a la mujer para que lo siguiera.
No convencida del todo, la mujer lo sigui¨®.
El hombre la llev¨® a la cueva detr¨¢s de la cascada. Sab¨ªa por experiencia que era peligroso quedarse en espacios abiertos.
Cuando la mujer entr¨® a la peque?a cueva, palideci¨® de nuevo. La cueva era clara, siendo peque?a, la luz del sol entraba sin problemas. Lo aterrador era que en las paredes y el suelo hab¨ªa marcas de sangre como si hubieran golpeado algo.
El hombre sac¨® algo del fondo de la cueva. R¨¢pidamente, la mujer not¨® que era carne seca.
¡ªCome ¡ªle dijo el hombre.
La mujer tom¨® la carne, pero cuando la iba a comer, un horrible olor a podrido alcanz¨® su nariz. Un olor tan desagradable que casi hizo que vomitara.
¡ª?De qu¨¦ es esto? ¡ªpregunt¨® la mujer.
El hombre la miraba confundido, no le entend¨ªa nada.
¡ªEs comida... C-A-R-N-E ¡ªle respondi¨® intuyendo que eso era m¨¢s o menos lo que le preguntaba.
El est¨®mago de la mujer gru?¨® y, soportando sus ganas de vomitar, trag¨® esa carne. Extra?amente, no sab¨ªa tan mal, pero ol¨ªa horrible.
¡ªAndr¨¦s ¡ªdijo el hombre se?al¨¢ndose a s¨ª mismo.
La mujer entendi¨® que ese era su nombre, as¨ª que tambi¨¦n se se?al¨® a s¨ª misma y respondi¨®:
¡ªKang Eun-Ji
¡ª?Can Ungi? ¡ªrespondi¨® Andr¨¦s para confirmar.
¡ªE-U-N J-I ¡ªdijo un tanto molesta.
Se miraron en silencio y suspiraron al mismo tiempo. La comunicaci¨®n era un dif¨ªcil.
Pero a Eun-Ji se le ocurri¨® que tal vez con su nombre art¨ªstico podr¨ªa funcionar.
¡ªEuni ¡ªrepiti¨®.
Andr¨¦s pareci¨® entenderlo mejor. A Eun-Ji se le ocurri¨® una idea. Por algunas palabras, supuso que el idioma era espa?ol, as¨ª que esta persona podr¨ªa saber ingl¨¦s.
¡ª?Entiendes el ingl¨¦s? (ingles) ¡ªpregunt¨®.
Andr¨¦s sonri¨®. R¨¢pidamente supo que ahora Eun-Ji hablaba en ingl¨¦s.
¡ªPerfecto ¡ªsonri¨® Andr¨¦s, pero r¨¢pidamente apag¨® esa sonrisa¡ª. ?Maldici¨®n! ¡ªGolpe¨® el suelo y despu¨¦s mir¨® a Eun-Ji¡ª. ... No... Inglish ¡ªdijo mientras agachaba la mirada.
Andr¨¦s jam¨¢s hab¨ªa estado tan arrepentido de algo hasta hoy. Eun-Ji era la primera persona que ve¨ªa en a?os y no pod¨ªa comunicarse con ella. Deb¨ª prestar atenci¨®n a las clases de ingl¨¦s, pens¨®.
Otro largo suspiro sali¨® de ambos. Para entonces, el sol empezaba a ocultarse.
Eun-Ji durmi¨® al fondo de la cueva. Andr¨¦s, por su parte, estaba m¨¢s cerca de la entrada por si acaso entraba alg¨²n animal.
Todo estaba tranquilo, hasta que en medio de la noche se escucharon voces.
¡ª?Por qu¨¦ la ayudaste? Est¨¢s mejor solo, anda, m¨¢tala ¡ªsusurr¨® Andr¨¦s con una voz m¨¢s aguda.
¡ª?No! Es la primera persona que veo en a?os, no... Quiero estar solo ¡ªse respondi¨® a s¨ª mismo.
¡ª?In¨²til!... Te entiendo, Andr¨¦s, Andr¨¦s, quien dir¨ªa que buscabas su cuerpo. Debo admitir que es muy hermosa, estoy seguro que nos vamos a divertir ¡ªsusurr¨® Andr¨¦s de nuevo.
¡ªNo... C¨¢llate, ya no te necesito ¡ªsonri¨® Andr¨¦s con locura.
¡ªClaro que me necesitas, soy tu mejor amigo ¡ªse susurr¨® de nuevo.
Eun-Ji estaba aterrada mientras miraba hacia la pared. Fingi¨® estar dormida, aunque no entend¨ªa lo que Andr¨¦s estaba diciendo, present¨ªa que si volteaba iba a morir.
¡ªYa no estoy solo... Largo... ?Largo! ¡ªgrit¨®.
¡ªJajajajaja, nunca podr¨¢s apartarme, yo... Soy t¨² ¡ªse burl¨® con una gran sonrisa.
¡ªClaro que puedo, ya no te necesito, m¨ªrala ¡ªse gir¨® hacia donde estaba durmiendo Eun-Ji¡ª. La proteger¨¦ de todo, se volver¨¢ mi prioridad y as¨ª jam¨¢s volver¨¦ a estar solo... ¡ªmiraba a Eun-Ji como un desquiciado, como si fuera la posesi¨®n m¨¢s valiosa.
¡ªElla te abandonar¨¢, de verdad crees que necesita a un demente como t¨². Eres muy inocente, en cambio, yo siempre he estado contigo y siempre lo estar¨¦, hasta el d¨ªa que ambos fallezcamos siempre estar¨¦ a tu lado.
¡ªNo te quiero junto a m¨ª... ?Largo!
¡ª?No! Eres demasiado cruel, Andr¨¦s. Pensar que dejar¨ªas a tu amigo en cuanto encontraste una belleza, jam¨¢s esper¨¦ eso de ti. Mereces un castigo.
Andr¨¦s comenz¨® a golpearse la cabeza contra la pared, una y otra vez. Esto dur¨® casi hasta el amanecer, aquella noche Eun-Ji supo de qu¨¦ eran esas marcas de sangre en la pared.
Curiosamente, esto no se repiti¨® y los siguientes d¨ªas Andr¨¦s dejo atr¨¢s esa extra?a mirada y se comportaba como una persona totalmente cuerda. Esto llevo a pensar a Eun-Ji que tal vez solo imagino aquello, pero las marcas de sangre le demostraban que eso fue real.
Al d¨ªa siguiente de que discuti¨® consigo mismo, Andr¨¦s despert¨® a Eun-Ji. Igual que el d¨ªa anterior, le ofreci¨® un poco de aquella extra?a carne y, despu¨¦s de que desayunaran, Andr¨¦s se qued¨® en el interior de la cueva meditando.
A pesar de que desconoc¨ªa si lo estaba haciendo bien, estaba seguro de que si insist¨ªa lograr¨ªa algo en el futuro. A Eun-Ji le pareci¨® curioso lo que hac¨ªa y quiso preguntarle, pero sab¨ªa que era in¨²til, no le entender¨ªa de todas maneras.
En alg¨²n momento tendr¨ªan que resolver esto y Eun-Ji, que se consideraba a s¨ª misma bastante inteligente, pens¨® en pedirle que le ense?ara el idioma espa?ol. Pens¨® que, si se iba, dejando a Andr¨¦s, era seguro que morir¨ªa, para poder sobrevivir no le quedaba de otra que permanecer a su lado, pero dado su estado mental no estaba del todo segura. Su decisi¨®n final fue quedarse hasta que pudiera sobrevivir por su cuenta.
Entr¨® a la cueva y, con se?as y dibujos en la tierra, logr¨® transmitir sus intenciones. Por el tiempo siguiente, Andr¨¦s le ense?¨® el idioma espa?ol. Aunque fue extremadamente dif¨ªcil debido a que no le pod¨ªa explicar claramente, lo logr¨® de alguna manera. De eso han pasado aproximadamente dos a?os.
Eun-Ji, durante este tiempo, enfrent¨® las dificultades de sobrevivir aqu¨ª y tambi¨¦n comprendi¨® el porqu¨¦ del estado mental de Andr¨¦s. En cuanto lograron comunicarse, Andr¨¦s le cont¨® su historia y el tiempo aproximado que hab¨ªa estado ah¨ª. Eun-Ji lo admir¨®. Si hubiese sido yo, hace tiempo que me habr¨ªa suicidado, pens¨®.
¡ªAndr¨¦s ?Podr¨ªa preguntarte exactamente que te paso para terminar as¨ª? ¡ªpregunto t¨ªmidamente Eun-Ji.
¡ªYo tampoco estoy del todo seguro, pero fue al poco tiempo de que llegue aqu¨ª. Como has visto es muy dif¨ªcil sobrevivir, es relativamente m¨¢s f¨¢cil por el conocimiento que he adquirido con el paso del tiempo. Pero sin ¨¦l, muchas veces estuve al borde de la muerte. No soy un experto, pero tal vez esto me dejo alguna clase de trauma. No te mentir¨¦, muchas veces pens¨¦ en acabar con mi vida¡ ¡ªla mirada de Andr¨¦s se torn¨® melanc¨®lica¡ª. Pero internamente dude si era la mejor opci¨®n, una parte de mi quer¨ªa acabar con mi sufrimiento, pero la otra parte quer¨ªa sobrevivir a toda costa. Entonces comenz¨®, a partir de entonces escucho una voz en mi cabeza que me da ¨®rdenes. Al principio la ignore, pero la soledad me llevo a escuchar a esa voz, a conversar con ella. En medio de mi soledad era mi ¨²nico consuelo, pero empeoro con cada d¨ªa que pasaba, lentamente subi¨® su tono de peticiones o consejos a ordenarme, pelee con ella durante muchos a?os, aunque siempre me superaba, pero¡ ¡ªmiro a Eun-Ji¡ª. Desde que apareciste empec¨¦ a ignorar esa voz, ya no la necesitaba para conversar y aunque vuelve de vez en cuando, es m¨¢s f¨¢cil de suprimir. Todo gracias a ti, Euni ¡ªsonri¨® con total sinceridad hacia Eun-Ji.
¡ªYo tambi¨¦n debo agradecerte, si no fuera por ti hace tiempo que hubiera muerto. Aunque me dist¨¦ un susto de muerte cuando te conoc¨ª, descubr¨ª que no eres una mala persona. El culpable es el destino que nos arroj¨® a este infierno ?No lo crees?
¡ªTienes toda la raz¨®n, pero, aunque hoy es imposible, te juro que alg¨²n d¨ªa nos sacare de aqu¨ª y volveremos a casa ¡ªdijo con gran determinaci¨®n mientras apuntaba con su mano al cielo.
La convivencia mutua le hab¨ªa devuelto algo de paz mental a Andr¨¦s y, aunque a veces volv¨ªan sus ataques mentales, Eun-Ji siempre lo calmaba. Durante el tiempo juntos, desarrollaron una amistad muy profunda hasta el punto de que Eun-Ji sab¨ªa c¨®mo tranquilizarlo. Inclusive se hab¨ªa acostumbrado a esas miradas de lun¨¢tico que Andr¨¦s mostraba cuando estaba cazando.
Andr¨¦s le cont¨® sobre su idea de cultivar como en los c¨®mics y Eun-Ji le hab¨ªa aportado tambi¨¦n sus ideas. Juntos desarrollaron una especie de t¨¦cnica para cultivar y, aunque estaban igual al no saber si estaba funcionando o no, creyeron en s¨ª mismos y continuaron.
Eun-Ji propuso crear un mapa de la zona y juntos sal¨ªan a explorar cada d¨ªa. Ella era muy h¨¢bil en algunos aspectos y, con lo que ten¨ªa a su alcance, hab¨ªa desarrollado una especie de papel y tinta. El conocimiento que Andr¨¦s hab¨ªa adquirido al paso de los a?os era muy vasto y juntos plasmaron todo en un libro. Mapearon una gran zona y, mediante la constante observaci¨®n, descubrieron que todo estaba dividido en zonas y que cada zona ten¨ªa un guardi¨¢n.
La zona donde habitaban correspond¨ªa a la serpiente verde que Andr¨¦s conoci¨® en su primer d¨ªa. Al norte, era una zona volc¨¢nica, su guardi¨¢n parec¨ªa ser un le¨®n imponente de pelaje negro. El este consist¨ªa de una vasta llanura. Al ser tan grande, no conoc¨ªan qui¨¦n era el guardi¨¢n. El oeste era un extenso mar, al cual no estaban tan locos como para entrar. El sur, por su parte, era una zona monta?osa, grandes cadenas de monta?as se ve¨ªan a lo lejos. Un d¨ªa, mientras mapeaban, observaron a lo lejos una especie de ave de plumas azules. Al ser el animal m¨¢s grande que vieron, lo reconocieron el guardi¨¢n de ah¨ª.
El ambiente era muy extenso y no pod¨ªan ir muy lejos de la parte centro. Los peligros eran enormes y, aunque Andr¨¦s pod¨ªa protegerlos hasta el momento, no estaban tan desesperados por morir y decidieron quedarse en la zona centro.
Al inicio del nuevo a?o, o lo que ellos marcaron as¨ª, su ¡°tranquilidad¡± se vio arruinada.
¡ª?Ayuda! ¡ªgrit¨® una voz masculina¡ª. ?Por favor, auxilio!
¡ª?Nooo! ¡ªse escuch¨® la voz de una mujer que desapareci¨® momentos despu¨¦s.
5.- Refugiados
Mientras Andr¨¦s y Eun-Ji desayunaban en la cueva, un grito los interrumpi¨®.
¡ª?Escuchaste eso? ¡ªpregunt¨® Eun-Ji, con la voz temblando ligeramente.
¡ªParece que son gritos de personas ¡ªrespondi¨® Andr¨¦s con calma, sin mostrar el m¨¢s m¨ªnimo inter¨¦s.
¡ª?Crees que deber¨ªamos ayudarles?
¡ª?Est¨¢n pidiendo ayuda? No entiendo lo que dicen.
¡ªEso parece. ?Pero qu¨¦ piensas?
¡ªNo lo s¨¦. ?Por qu¨¦ me preguntas a m¨ª? Si quieres salvarlos, vamos.
Eun-Ji miraba nerviosa, simpatizando con la situaci¨®n en la que se encontraban. Sus manos se mov¨ªan de forma nerviosa mientras sus ojos suplicaban que los ayudaran.
¡ªMmm... Vamos a ver y decidimos despu¨¦s.
¡ª?S¨ª!
Aunque Andr¨¦s no ten¨ªa intenci¨®n de ayudar, parec¨ªa que Eun-Ji s¨ª quer¨ªa hacerlo, y eso era suficiente para que ¨¦l se moviera.
Ambos salieron de la cueva y se movieron ocult¨¢ndose entre la maleza. No muy lejos, un grupo de varias personas estaba rodeado por una manada de leones azules, y justo al fondo, hab¨ªa un le¨®n m¨¢s grande e imponente que los dem¨¢s parec¨ªa ser el l¨ªder.
El le¨®n, dos veces m¨¢s grande que los otros, carec¨ªa de un ojo y ten¨ªa m¨²ltiples cicatrices. En sus patas delanteras, solo ten¨ªa un dedo, con los dem¨¢s cortados.
¡ª?Es in¨²til, verdad? ¡ªpregunt¨® en voz baja Eun-Ji.
Andr¨¦s sigui¨® mirando mientras analizaba y calculaba sus posibilidades de ganar.
¡ªMe temo que s¨ª. Lo siento.
¡ªNo importa. Lo importante es mantener nuestras vidas. No tiene caso ponernos en peligro por nada. Regresemos.
¡ªEspera... ¡ªAndr¨¦s detuvo del brazo a Eun-Ji¡ª. Creo que podemos salvarlos.
Con una sonrisa torcida, Andr¨¦s sali¨® de su escondite.
¡ªCu¨¢nto tiempo, se?or Bigotes ¡ªdijo en voz alta.
El grupo de personas se gir¨® al escucharlo, sin entender sus palabras. Eun-Ji se ri¨®, nerviosa.
¡ª?Qui¨¦n es el se?or Bigotes? ¡ªpregunt¨® Eun-Ji.
¡ªEse grandote del fondo ¡ªse?al¨® al l¨ªder de la manada.
El imponente le¨®n camin¨® directo hacia Andr¨¦s, con la mirada fija en ¨¦l. Se mov¨ªa con cuidado, mostrando sus colmillos mientras analizaba el peligro que podr¨ªa suponer Andr¨¦s.
El le¨®n se par¨® justo frente a Andr¨¦s y rugi¨®, demostrando su poder.
Andr¨¦s se mantuvo en calma, y su rostro cambi¨® a una expresi¨®n de lun¨¢tico. Sonre¨ªa de oreja a oreja mientras susurraba al le¨®n.
¡ª?Acaso me olvidaste? ¡ªdijo Andr¨¦s mientras mov¨ªa un cuchillo de hueso en su mano.
El imponente le¨®n empez¨® a temblar, agach¨® la cola y lentamente baj¨® la cabeza hasta quedar en el suelo.
¡ªJajaja, sab¨ªa que a¨²n me recordabas, se?or Bigotes ¡ªdijo Andr¨¦s, poniendo su mano sobre la cabeza del le¨®n mientras manten¨ªa esa expresi¨®n de lun¨¢tico¡ª. C¨®mo podr¨ªas olvidarme despu¨¦s de nuestro tiempo juntos. Lo siento, pero debo llev¨¢rmelos. ?No te importa, verdad? No, eso estar¨ªa mal... Euni ¡ªse gir¨® hacia Eun-Ji.
¡ª?Qu¨¦ ocurre? ¡ªpregunt¨® tranquila. Aunque Andr¨¦s manten¨ªa esa aterradora mirada, ella estaba acostumbrada a ¨¦l, as¨ª que lo trataba con naturalidad.
¡ª?Es necesario salvarlos a todos?
Eun-Ji lo pens¨® por un momento; salvar a uno o dos ya era suficiente para agradecer a Andr¨¦s.
¡ªSupongo que no...
¡ª?Esperad, salvadme por favor! ¡ªrog¨® una mujer. Por su apariencia y acento, era espa?ola. Ella, que entendi¨® lo que dec¨ªan, rog¨® por ayuda.
¡ª?Hablas espa?ol? ¡ªpregunt¨® Andr¨¦s.
¡ª?S¨ª, s¨ª! ?Por favor, ay¨²dame! ¡ªse arrodill¨® mientras lloraba.
Los dem¨¢s, aunque no entend¨ªan las palabras, por la reacci¨®n de esta mujer pudieron entender m¨¢s o menos su situaci¨®n. En cuanto vieron la desesperaci¨®n de la mujer, intuyeron que la situaci¨®n no era buena.
Todos empezaron a gritar por ayuda en sus respectivos idiomas. Aunque Andr¨¦s no entend¨ªa, era obvio lo que quer¨ªan. Sin embargo, ellos eran la presa del se?or Bigotes y Andr¨¦s no planeaba dejarlo sin comida.
¡ªEsto es un problema... Esos dos parecen asi¨¢ticos, ?verdad? ¡ªse?al¨® a dos hombres.
¡ªParece que son un chino y un japon¨¦s ¡ªrespondi¨® Eun-Ji.
¡ª?Puedes distinguirlos? Para m¨ª se ven igual... Lo que sea... ¡ªAndr¨¦s se?al¨® personas al azar del grupo. Por su apariencia, se estimaba que eran un chino, un japon¨¦s, una inglesa, la espa?ola, un sudamericano, una australiana y un africano¡ª. Mu¨¦vanse all¨ª ¡ªse?al¨® cerca de Eun-Ji.
La espa?ola se movi¨® como Andr¨¦s dijo y los dem¨¢s la imitaron. Pero a¨²n as¨ª, hab¨ªa otras 10 personas que se hab¨ªan quedado, con el rostro reflejando el miedo que sent¨ªan. No era muy dif¨ªcil saber qu¨¦ estaba pasando y el destino que les esperaba a los que no fueron elegidos.
¡ªAndy, ?puedes incluirla a ella? ¡ªEun-Ji se?al¨® a una mujer que parec¨ªa rusa.
¡ªSeguro ¡ªrespondi¨® sin el menor inter¨¦s y le indic¨® que se moviera tambi¨¦n.
Los dem¨¢s se empezaron a poner de rodillas mientras gritaban y lloraban para que les ayudaran, pero Andr¨¦s los ignor¨®.
¡ªTodos tuyos, se?or Bigotes. V¨¢monos, Euni ¡ªdijo mientras se alejaban del lugar con las personas elegidas detr¨¢s de ellos.
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Mientras regresaban, Eun-Ji sonre¨ªa, feliz.
¡ªGracias por salvarlos ¡ªdijo Eun-Ji mientras apretaba el brazo de Andr¨¦s, mostr¨¢ndole una genuina sonrisa.
¡ªNo es la gran cosa. Esta vez la tuvimos f¨¢cil, pero no podemos saber c¨®mo ser¨¢ la siguiente. Debes saber que jam¨¢s te pondr¨ªa en peligro por la vida de desconocidos.
¡ªLo s¨¦ ¡ªsonri¨® mientras pon¨ªa su cabeza en el hombro de Andr¨¦s¡ª. Pero hay algo que no entiendo.
El comportamiento del le¨®n con Andr¨¦s era muy extra?o. Tembl¨® de miedo tan pronto como lo reconoci¨®, as¨ª que no debe ser por algo bueno.
¡ª?De d¨®nde conoces a ese le¨®n y por qu¨¦ parec¨ªa tenerte miedo?
¡ª?Ten¨ªas curiosidad? Antes de que llegaras, encontr¨¦ a un cachorro de le¨®n y... ¡ªse detuvo¡ª. Creo que es mejor que no lo sepas.
¡ªDime, no seas as¨ª.
¡ªEs parte de mi oscuro pasado. En uno de mis ataques, lo tortur¨¦. No recuerdo el tiempo exacto, pero s¨¦ que fue por mucho. Las cicatrices que ten¨ªa, as¨ª como su ojo y los dedos de sus patas, todo fue mi culpa. Pero cuando me aburr¨ª, lo solt¨¦ en el bosque de nuevo. La verdad, pens¨¦ que hab¨ªa muerto hace tiempo, pero parece que se hizo l¨ªder de una manada. ?Qui¨¦n lo dir¨ªa?
Eun-Ji, que pens¨® que conoc¨ªa bien a Andr¨¦s, fue tomada por sorpresa con esta declaraci¨®n. Tal vez su locura sea m¨¢s profunda de lo que cre¨ª, pens¨®.
¡ª?Por qu¨¦ los elegiste a ellos de entre los dem¨¢s? ¡ªpregunt¨® Eun-Ji.
¡ªSolo se?al¨¦ personas al azar ¡ªrespondi¨® como si fuera algo trivial.
Aunque Eun-Ji acepto est¨¢ respuesta, no le crey¨® del todo. De entre todos parec¨ªan los m¨¢s fuertes, el resto eran ancianos, un inv¨¢lido y varios con sobrepeso. Tal vez sea su forma de no llevar una carga con nosotros, pens¨®.
Ambos llevaron al grupo de personas directo a la cueva. Durante su tiempo aqu¨ª, hab¨ªan cambiado un poco el entorno. En sus viajes hab¨ªan encontrado frutas de diferentes tipos e intentaron plantarlas aqu¨ª. Tras muchos fracasos, lograron sembrar 10 ¨¢rboles que estaban cargados de fruta. El interior de la cueva tambi¨¦n cambi¨®; algunos animales ten¨ªan huesos particularmente m¨¢s duros con los que improvisaron varias herramientas. Con la ayuda de esas herramientas, cavaron un poco dentro de la cueva. Ahora se pod¨ªan encontrar tres espacios diferentes. En uno guardaban la comida, otro serv¨ªa como entrada y el otro era donde dorm¨ªan. Tambi¨¦n improvisaron una puerta s¨®lida para evitar que los animales entraran.
¡ª?Debemos alimentarlos? ¡ªpregunt¨® Eun-Ji.
Andr¨¦s se ri¨®.
¡ªPareces pensar en ellos como mascotas. Haz lo que gustes, al fin y al cabo, lo que hay lo hicimos entre los dos. Pero aseg¨²rate de no confiar demasiado en ellos, no sabemos sus intenciones.
¡ªDe acuerdo ¡ªle sonri¨® mientras le daba un golpecito en el brazo.
Andr¨¦s se fue directo al espacio que ocupaban como dormitorio, dejando a los sobrevivientes con Eun-Ji.
¡ªAhora... ¡ªse gir¨® hacia ellos¡ª. ?Entienden ingl¨¦s? ¡ªpregunt¨®.
Eun-Ji supuso que era dif¨ªcil que entendieran coreano y del espa?ol no estaba segura, pero pens¨® que tal vez sab¨ªan ingl¨¦s. De no ser as¨ª, ella pod¨ªa comunicarse con el chino y japon¨¦s ya que hablaba esos idiomas.
Todos asintieron a su pregunta. Eun-Ji suspir¨®; la comunicaci¨®n no ser¨ªa tan dif¨ªcil como en su momento lo fue con Andr¨¦s.
¡ªEscuchen, los ayudamos ya que estuvimos en su situaci¨®n antes. Pero deber¨¢n ayudarnos con los deberes y, sobre todo, esto lo digo por su propia seguridad, no causen problemas o mi compa?ero los abandonar¨¢. Tambi¨¦n, traten de no ponerlo de nervios o no podr¨¦ ayudarlos, ?entienden? ¡ªDespu¨¦s de confirmar que entend¨ªan, les mostr¨® una sonrisa amable¡ª. Soy Kang Eun-Ji, antes sol¨ªa ser una cantante y actriz de Corea. ?Puedo escuchar sus nombres?
¡ª?Euni? ¡ªdijo el chino, era un hombre joven con el cabello corto, su cuerpo era esbelto y un poco musculoso¡ª. No me reconoces, soy Li Wei.
¡ª?Eh? ?Hermano Li? ¡ªdijo Eun-Ji sin poder creer que rescat¨® a un conocido. Ante toda esa tensi¨®n, ni siquiera lo hab¨ªa notado¡ª. Disculpa, pero no te hab¨ªa reconocido. Bienvenido, y espero que no me causes problemas ¡ªdijo con una sonrisa.
¡ªPara nada. ?Pero c¨®mo fue que conociste a ese hombre? ¡ªpregunt¨® Li.
¡ªAl igual que a ustedes, ¨¦l me salv¨® ¡ªcoment¨® con melancol¨ªa¡ª. Es un experto en este ambiente, as¨ª que tr¨¢talo bien.
¡ªSeguro, para los dem¨¢s soy Li Wei. Antes de venir aqu¨ª era un actor y un practicante de artes marciales.
Los dem¨¢s lo miraban.
¡ªMi nombre es Hiroshi Takeda ¡ªdijo el japon¨¦s. Era un hombre mayor, delgado y usaba anteojos¡ª. Antes era carpintero, estoy a su cuidado ¡ªtermin¨® haciendo una reverencia.
¡ªYo soy Victoria Blackwood ¡ªse present¨® la mujer inglesa¡ª. Antes era esgrimista, mucho gusto.
¡ªMi nombre es Isabel Navarro ¡ªdijo la espa?ola. Era una mujer de cabello muy largo y con pecas en las mejillas. No era muy alta y ten¨ªa un cuerpo atl¨¦tico¡ª. Antes trabajaba como maestra de geograf¨ªa, as¨ª que s¨¦ c¨®mo hacer y leer mapas muy bien.
¡ªUn gusto, me llamo Luis Fern¨¢ndez ¡ªempez¨® el colombiano. Era un hombre joven, de piel morena, bajito y con brazos fuertes¡ª. Antes me dediqu¨¦ al campo, conozco bien c¨®mo cultivar, cosechar y almacenar los alimentos.
¡ªSoy Anastasia Volkov ¡ªse present¨® la rusa. Era alta, su cuerpo era atl¨¦tico y no parec¨ªa muy mayor, su cabello era corto y ten¨ªa una mirada afilada¡ª. Soy parte del ej¨¦rcito ruso, s¨¦ c¨®mo pelear mano a mano, con armas de fuego y con armas blancas. Tambi¨¦n puedo hacer reconocimiento... Quiero agradecerte, se?orita, por dejarme venir con ustedes. Alg¨²n d¨ªa le pagar¨¦ este favor.
¡ªNi lo menciones ¡ªrespondi¨® Eun-Ji¡ª. ?Y ustedes?
¡ªMe llamo Sophie Mitchell ¡ªrespondi¨® la australiana. Era de estatura promedio, de piel blanca y ojos verdes, su cuerpo ten¨ªa suficientes curvas para llamar la atenci¨®n, adem¨¢s parec¨ªa t¨ªmida¡ª. Esto... A¡ªantes era solo una estudiante de ingenier¨ªa civil... Pero les prometo que no estorbar¨¦ y ayudar¨¦ en lo que pueda.
¡ªMucho gusto, me llamo Kwame Adom ¡ªtermin¨® el africano. Era alto, de piel oscura y cabello muy corto. Su cuerpo mostraba m¨²sculos muy desarrollados y le faltaba un dedo de la mano izquierda¡ª. Soy un h¨¢bil cazador y s¨¦ c¨®mo curtir el cuero y hacer herramientas con los huesos de animales. Tambi¨¦n soy h¨¢bil como rastreador y conozco de frutas salvajes.
¡ªMucho gusto en conocerlos a todos. Ahora estamos en un ambiente muy hostil y debemos apoyarnos mutuamente. S¨¦ que no es necesario decirlo, pero no se alejen de aqu¨ª. Por el momento, todos tendr¨¢n que dormir aqu¨ª ¡ªse?al¨® el primer espacio de la cueva, que era el m¨¢s cercano a la puerta¡ª. Descansen por hoy y ma?ana nos pondremos al d¨ªa. Con sus diferentes habilidades ser¨¢ m¨¢s f¨¢cil sobrevivir, espero contar con ustedes ¡ªrealiz¨® una reverencia caracter¨ªstica de su cultura.
Eun-Ji les dio un poco de carne y les cont¨® sus experiencias desde que lleg¨®. Tambi¨¦n les dijo que su compa?ero se llamaba Andr¨¦s y que ella har¨ªa de int¨¦rprete porque ¨¦l no sab¨ªa ingl¨¦s. Les dio algunas recomendaciones y, cuando el sol se ocult¨®, se fue a dormir al espacio donde estaba Andr¨¦s.
En privado, Eun-Ji le cont¨® a Andr¨¦s sobre los nombres y habilidades de cada uno. Le dijo que buscar¨ªa una manera de hacerlos ¨²tiles y que ella los mantendr¨ªa vigilados.
¡ªConf¨ªo en ti, pero no en ellos. Si hacen algo est¨²pido, los dejar¨¦ fuera.
¡ªLo s¨¦ ¡ªcomenz¨® a masajear los hombros de Andr¨¦s¡ª. Pero por favor, ten un poco de paciencia con ellos.
¡ª... Bien, lo intentar¨¦.
Esa noche, el grupo de personas no logr¨® dormir. En sus mentes buscaban una manera de regresar a casa, algunos lloraban por la incertidumbre y otros planeaban sus siguientes movimientos. El tiempo de relativa paz hab¨ªa quedado atr¨¢s y ahora tiempos de desarrollo estaban por venir.
Al d¨ªa siguiente, despu¨¦s de desayunar, empezaron a discutir sus siguientes acciones. Dividieron las tareas y, con la ayuda de Takeda y Sophie, comenzaron a construir peque?as casas. Andr¨¦s, que sab¨ªa un poco de agricultura, ten¨ªa un peque?o huerto al lado sur de la cascada. Llev¨® a Luis y juntos compartieron ideas sobre c¨®mo ser autosuficientes. Los dem¨¢s ayudaban a Takeda con la construcci¨®n de viviendas; las herramientas que Adom desarroll¨® fueron muy ¨²tiles para lograr estas tareas.
Lentamente todos se acostumbraron a sus vidas ah¨ª. Andr¨¦s se encarg¨® de que no les faltar¨¢ comida mientras ellos permanec¨ªan en la seguridad de su "hogar". De eso ha pasado casi un mes.
Todo iba bien hasta que, un d¨ªa, Eun-Ji los dej¨® solos.
A Li se le ocurri¨® la grandiosa idea de hacer una fogata para cocinar la carne que le sab¨ªa desagradable.
Pero, en cuanto el humo empez¨® a levantarse, Andr¨¦s lleg¨® corriendo desesperado.
¡ª?Imb¨¦cil, ?Qu¨¦ hiciste?! ¡ªle grit¨® mientras lo pateaba en el rostro, alej¨¢ndolo de la fogata. Fren¨¦ticamente comenz¨® a tapar el fuego con tierra.
¡ª??Qu¨¦ te pasa?! ¡ªle grit¨® Li.
No se entend¨ªan, pero era claro que ambos estaban molestos.
¡ª?Todos a la cueva! ¡ªles orden¨® Andr¨¦s.
Como no le entend¨ªan, Isabel tradujo lo que dijo y todos corrieron al interior de la cueva.
¡ª??Qu¨¦ pas¨®, Andy?! ¡ªpregunt¨® Eun-Ji.
¡ªEste idiota hizo una fogata ¡ªestaba muy molesto, tom¨® la lanza m¨¢s larga que hab¨ªa y se mantuvo vigilante a la puerta.
¡ª?C¨®mo es posible que hicieran eso! ¡ªse gir¨® a Li¡ª. Pens¨¦ que eras m¨¢s inteligente, ?por qu¨¦ lo hiciste?
¡ª?Cu¨¢l es el problema? ¡ªdijo nervioso Li.
¡ª?No lo sabes? Estamos ocultos aqu¨ª. ?De verdad crees que nunca se nos ocurri¨® hacer una fogata para cocinar los alimentos? Es simple: les has avisado a todos los animales que nos estamos quedando aqu¨ª. No es diferente de invitarlos a matarnos ¡ªse gir¨® hacia Andr¨¦s¡ª. ?C¨®mo est¨¢ la situaci¨®n?
Andr¨¦s, que miraba a trav¨¦s de las ranuras de la puerta, respondi¨®.
¡ªNo parece que vengan a¨²n... ¡ªsus ojos se abrieron de repente¡ª. No hagan ruido ¡ªles indic¨®.
Eun-Ji les transmiti¨® a los dem¨¢s las ¨®rdenes de Andr¨¦s y les cont¨® tambi¨¦n su situaci¨®n.
Todos se aterrorizaron al enterarse de lo que estaba pasando.
No mucho despu¨¦s, la cueva empez¨® a temblar. Del bosque sali¨® una criatura que parec¨ªa la mezcla de un tigre con un ave. El tigre era de color p¨²rpura y ten¨ªa dos grandes alas en el lomo. Sus patas delanteras eran las de un ave y sus ojos eran de un color blanco. Su tama?o era rid¨ªculo, se pod¨ªa estimar que med¨ªa alrededor de ocho metros de alto.
Aquel tigre caminaba lentamente, rodeando el lago, miraba a los lados y olfateaba constantemente. Lleg¨® hasta el peque?o huerto y lo destruy¨® a su paso.
¡ªSalgan, d¨¦biles criaturas. S¨¦ que est¨¢n ah¨ª ¡ªpronunci¨® el tigre.
¡ªNo es posible, ?esa cosa est¨¢ hablando? ¡ªmencion¨® Takeda.
¡ªNo se sorprendan, la mayor¨ªa de los animales m¨¢s fuertes tienen la misma inteligencia que una persona ¡ªrespondi¨® Eun-Ji.
¡ªVengan a jugar ¡ªsigui¨® el tigre.
¡ªEste maldito no se ir¨¢ ¡ªpronunci¨® Andr¨¦s, luego dio un gran suspiro y tom¨® un par de cuchillos y la lanza¡ª. Si ves que estoy perdiendo, busca la oportunidad y escapa ¡ªle dijo a Eun-Ji.
¡ªPor favor, ten cuidado ¡ªdijo Eun-Ji, muy nerviosa. Sus manos temblaban y sus ojos se llenaron de l¨¢grimas.
Andr¨¦s acarici¨® suavemente la mejilla de Eun-Ji, le mostr¨® una amarga sonrisa y sali¨® de la cueva.
6.- Tigre Pç…¤rpura
Andr¨¦s abri¨® la improvisada puerta muy despacio, cuidando de no alertar al tigre. Se desliz¨® hasta el agua, nadando profundamente en el lago, y emergi¨® en el lado opuesto de la cueva. Sujet¨® firmemente la lanza y se enfrent¨® al tigre p¨²rpura.
¡ª?Aqu¨ª estoy! ¡ªgrit¨® para llamar la atenci¨®n del tigre.
¡ªAl fin saliste ¡ªrespondi¨® el tigre, sus ojos lo miraban con malicia¡ª¡ ?El demonio de dos patas?
¡ªJo, ?me conoces? ¡ªse burl¨® Andr¨¦s.
¡ª?Qui¨¦n no reconocer¨ªa esa mirada?
Sin darse cuenta, Andr¨¦s ya mostraba su caracter¨ªstica mirada de lun¨¢tico.
Durante el tiempo que Andr¨¦s llevaba all¨ª, se hab¨ªa ganado un nombre entre las bestias inteligentes. Despu¨¦s de asesinar y torturar a un buen n¨²mero de animales, las bestias lo empezaron a llamar "El demonio de dos patas" y lo reconoc¨ªan f¨¢cilmente por su curiosa mirada.
¡ª?Estar¨¢ bien? ¡ªpregunt¨® Takeda a Eun-Ji.
¡ªNo lo s¨¦. Conf¨ªo en ¨¦l, pero esta vez el enemigo es peligroso ¡ªrespondi¨® nerviosa Eun-Ji.
Era la verdad; aunque Andr¨¦s hab¨ªa combatido a varias bestias, esta era la m¨¢s grande de todas. Eun-Ji solo pod¨ªa confiar en que Andr¨¦s saliera victorioso, aunque ni siquiera Andr¨¦s estaba seguro. No mueras, pens¨®.
La bestia rodeaba a Andr¨¦s, y ¨¦l la segu¨ªa, ambos midiendo la fuerza del otro. El tigre mostraba sus colmillos, y Andr¨¦s apuntaba con su lanza. El primero que cometiera el m¨¢s m¨ªnimo error ser¨ªa la presa del otro.
La energ¨ªa que Andr¨¦s hab¨ªa estado reuniendo en su imitaci¨®n de cultivo le hab¨ªa dado una fuerza y agilidad mayor a la de un hombre com¨²n. Aunque no pod¨ªa lanzar habilidades como los protagonistas de los c¨®mics, s¨ª pod¨ªa, de alguna manera, pelear a la par de las bestias, al menos las m¨¢s d¨¦biles.
¡ªTe lo dije, ella solo traer¨ªa problemas ¡ªsusurr¨® la voz interior de Andr¨¦s.
¡ª?C¨¢llate! Ahora no es buen momento ¡ªrespondi¨®.
¡ªNo puedes ganarle y lo sabes. Pero si puedes escapar t¨² solo, deja que esos lastres sirvan de carnada y huye ¡ªinsisti¨® la voz.
¡ª?Maldici¨®n, quieres callarte! Ya tengo muchos problemas con esa cosa. Si no quieres que nos coman, dame ideas de qu¨¦ hacer.
¡ªSi t¨² no lo sabes, ?Qu¨¦ te hace pensar que yo s¨ª? Somos la misma persona, ?recuerdas?
¡ªTch ¡ªchasque¨® la lengua Andr¨¦s.
En medio de su pelea mental, el tigre atac¨® primero. Rugi¨® mientras su pata delantera izquierda lanzaba un zarpazo hacia el pecho de Andr¨¦s. ¨¦l esquiv¨® por poco y lanz¨® una estocada con la lanza. El golpe no fue efectivo.
Con un rugido ensordecedor, el tigre se par¨® en sus dos patas traseras y lanz¨® zarpazos con las delanteras. Andr¨¦s utiliz¨® su lanza para detener el ataque, pero el peso abrumador lo hizo caer al suelo. Aprovechando, el tigre lanz¨® un zarpazo m¨¢s en direcci¨®n al rostro de Andr¨¦s.
Andr¨¦s, con la respiraci¨®n agitada, movi¨® su cabeza hacia un lado, esquivando por muy poco, aunque el golpe cort¨® parte de su mejilla. Intent¨® empujar con la lanza, pero era in¨²til; el peso del tigre era demasiado para moverlo.
El tigre, sintiendo que ten¨ªa a Andr¨¦s acorralado, lanz¨® una mordida a su cuello. Aunque esquiv¨® un golpe mortal, el tigre mordi¨® su hombro. Andr¨¦s sinti¨® un dolor inmenso que recorri¨® su cuerpo; los dientes del tigre hab¨ªan llegado hasta su hueso.
El tigre levant¨® a Andr¨¦s y lo arroj¨® varios metros hacia la derecha. Andr¨¦s rod¨® por el suelo hasta impactar con una roca. La fuerza con la que fue arrojado hizo que recibiera un duro impacto en el brazo izquierdo, el mismo que el tigre hab¨ªa mordido.
¡ª?Andr¨¦s! ¡ªgrit¨® Eun-Ji mientras lloraba. Su coraz¨®n se romp¨ªa al ver c¨®mo estaban destrozando a Andr¨¦s. Quer¨ªa ayudar, pero si interven¨ªa solo se volver¨ªa un estorbo.
El grupo de personas miraba aterrorizado. Sab¨ªan que una vez que Andr¨¦s muriera, ser¨ªan los siguientes.
Li Wei, quien fue el causante de todo, miraba de forma natural, como si esto le fuera de ayuda.
Mientras el miedo y la desesperaci¨®n inundaban la cueva, Andr¨¦s estaba al borde de la muerte.
Con pura fuerza mental, se puso de pie. Su brazo izquierdo ya no serv¨ªa; solo pod¨ªa confiar en su derecha.
Tom¨® un cuchillo y volvi¨® a encarar al tigre.
¡ªJajaja, eres muy divertido. No puedes ganarme y lo sabes, pero aun as¨ª lo sigues intentando. D¨¦jame mostrarte la verdadera desesperaci¨®n ¡ªse burl¨® el tigre.
¡ªInt¨¦ntalo, pero si me das la m¨¢s peque?a oportunidad, te comer¨¦ vivo. ?Ven, imb¨¦cil, vu¨¦lvete mi cena! ¡ªgrit¨® Andr¨¦s, su mirada m¨¢s sombr¨ªa y sus labios sonre¨ªan de manera macabra.
El tigre se lanz¨® de nuevo, pero esta vez Andr¨¦s no se movi¨® como si eso buscara, el tigre atrap¨® a Andr¨¦s entre sus dientes y lo elev¨® del suelo.
¡ª?Aaaaaaa! ¡ªgrit¨® de dolor Andr¨¦s mientras de su boca escurr¨ªa sangre.
¡ª?No! ¡ªgrit¨® Eun-Ji mientras lloraba desconsolada. En el tiempo que llevaban juntos, esta era la primera vez que sent¨ªa que pod¨ªa perder a Andr¨¦s. Maldijo mentalmente a Li Wei, el causante de todo.
Los dem¨¢s tambi¨¦n estaban nerviosos y asustados, admirando a Andr¨¦s por pelear contra algo as¨ª a pesar de estar sufriendo demasiado.
En el momento en que el tigre pens¨® que su victoria era segura, Andr¨¦s apu?al¨® su ojo con el cuchillo.
El tigre rugi¨® y abri¨® su hocico para dejar libre a Andr¨¦s. Medio muerto, Andr¨¦s liber¨® el cuchillo y, en un movimiento r¨¢pido, lo clav¨® en el otro ojo del tigre.
El imponente tigre rug¨ªa de dolor mientras se mov¨ªa por el lugar. Andr¨¦s estaba aferrado al cuchillo y era sacudido violentamente cada vez que el tigre mov¨ªa la cabeza.
En un movimiento, Andr¨¦s cay¨® sobre el lomo del tigre y, antes de ser arrojado al suelo, clav¨® varias veces su cuchillo en la nuca del tigre. Aunque no lo mat¨®, lo dej¨® muy herido, y ambos cayeron al suelo.
El tigre rug¨ªa de dolor mientras agonizaba en el suelo. Andr¨¦s se arrastr¨® por el suelo hasta estar cerca del tigre.
¡ªJa... Jajajaja ¡ªse burl¨® Andr¨¦s¡ª. Maldito hijo de perra, te tragar¨¦ vivo ¡ªdijo antes de clavar sus dientes en la piel del tigre.
Como una bestia salvaje, Andr¨¦s, cubierto de sangre y con la mirada de un lun¨¢tico, mord¨ªa una y otra vez al tigre mientras re¨ªa.
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La escena era traum¨¢tica; todos los que estaban en la cueva desviaban la mirada, y algunos vomitaron al ver tan cruel espect¨¢culo.
Eun-Ji lloraba de tristeza. ?Cu¨¢nto dolor deb¨ªa estar sufriendo Andr¨¦s para comportarse de esa manera? Sabiendo que el peligro hab¨ªa pasado, sali¨® de la cueva cubierta en l¨¢grimas y corri¨® hasta donde estaba Andr¨¦s.
¡ª?Andr¨¦s! ¡ªgrit¨® sollozando¡ª. Detente, por favor.
Andr¨¦s gir¨® y, al ver la mirada triste de Eun-Ji, se detuvo. Tom¨® el cuchillo que le quedaba y lo clav¨® en la garganta del tigre, acabando con su vida.
¡ªEuni ¡ªle mostr¨® una dulce sonrisa¡ª. Gane... ¡ªdijo antes de caer desmayado.
¡ª?Andr¨¦s! ¡ªgrito Eun-Ji mientras lo sujetaba entre sus brazos¡ª. ?Resiste, no me dejes!
Eso fue lo ¨²ltimo que Andr¨¦s escucho vagamente.
En medio de la cueva, Andr¨¦s estaba despertando.
¡ª¡ ?Qu¨¦ pas¨®? ¡ªdijo d¨¦bilmente mientras abr¨ªa los ojos.
Tan pronto como su conciencia volvi¨®, un dolor inimaginable recorri¨® todo su cuerpo. Andr¨¦s casi qued¨® inconsciente de nuevo, pero resisti¨®.
En ese momento, Eun-Ji entraba con un poco de agua. En cuanto not¨® que Andr¨¦s estaba despierto, sus ojos se humedecieron y una gran sonrisa se dibuj¨® en sus labios.
¡ª?Andy! ¡ªgrit¨® mientras corr¨ªa al lado de Andr¨¦s¡ª. Por fin despiertas, estaba muy preocupada ¡ªdijo d¨¦bilmente mientras lo abrazaba y pegaba su rostro al pecho de Andr¨¦s.
¡ªLo siento ¡ªdijo Andr¨¦s con una mezcla de alegr¨ªa y arrepentimiento.
¡ªEs mi culpa, si tan solo no hubiera insistido en ayudarlos, nada de esto habr¨ªa pasado ¡ªdijo entre l¨¢grimas.
¡ªNo es tu culpa ¡ªla consol¨® mientras acariciaba suavemente la cabeza de Eun-Ji¡ª. Pero estoy feliz de seguir con vida ¡ªsusurr¨® mientras la abrazaba.
Aunque su relaci¨®n era m¨¢s parecida a la de amigos, sent¨ªan un profundo cari?o el uno por el otro. Las grandes dificultades que hab¨ªan pasado los hab¨ªan llevado a volverse muy cercanos.
¡ª?Pero c¨®mo fue que sobreviv¨ª? Estoy seguro de que mis heridas eran bastante profundas ¡ªpregunt¨® Andr¨¦s.
Eun-Ji se sent¨® a su lado y empez¨® a acariciar su mejilla.
¡ªDebemos agradecer a Adom. ¨¦l te trat¨® con ayuda de Anastasia ¡ªdijo tranquilamente.
¡ª?Podr¨ªas llamarlos? ¡ªpidi¨® Andr¨¦s.
¡ªEso har¨¦ ¡ªdijo Eun-Ji antes de salir de ese espacio de la cueva.
Al cabo de unos minutos, regres¨® con ambos.
¡ªQuiero agradecerles a ambos. Soy alguien que siempre recuerda sus deudas y jam¨¢s olvida una ofensa. Les pagar¨¦ esta deuda en el futuro, lo prometo ¡ªdijo con profundo agradecimiento.
Ellos no entendieron, pero Eun-Ji tradujo lo que dijo Andr¨¦s palabra por palabra. Aunque no hab¨ªan tenido el tiempo de conversar mucho antes del incidente, las pocas veces que charlaron, Eun-Ji sirvi¨® de int¨¦rprete para que la informaci¨®n se transmitiera correctamente.
¡ªNo tienes por qu¨¦, nosotros somos los que deber¨ªamos agradecer. Arriesgaste tu vida para salvarnos, de nuevo, eso solo aumenta nuestra deuda contigo ¡ªrespondi¨® Anastasia.
¡ªNo lo tomes en cuenta, gracias a ti logramos superar esa dificultad, hermano Andr¨¦s ¡ªcoment¨® Adom.
Despu¨¦s de conversar un poco m¨¢s, ambos dejaron solos a Eun-Ji y Andr¨¦s.
¡ªMe sorprende que sepan curar heridas de esa magnitud ¡ªcoment¨® Andr¨¦s.
¡ªSeg¨²n me dijo Adom, ellos viv¨ªan lejos de la ciudad y era com¨²n que se lastimaran. Al igual que nosotros, aprendi¨® algunas cosas ya que no le qued¨® otra opci¨®n.
¡ªMe siento fatal... ¡ªdijo mientras sonre¨ªa.
¡ªLo imagino. Pero que sigas con vida es algo por lo que debemos estar agradecidos, ?no crees? ¡ªle dijo mientras le sonre¨ªa de igual manera.
¡ª?Cu¨¢nto estuve inconsciente?
¡ªCuatro d¨ªas ¡ªrespondi¨® Eun-Ji.
¡ª??Tanto?! ¡ªse sorprendi¨® Andr¨¦s.
¡ªS¨ª... Estaba muy preocupada de que no despertaras. No vuelvas a hacer algo tan imprudente de nuevo.
¡ª?C¨®mo me pides eso cuando cada d¨ªa aqu¨ª estamos cerca de la muerte? Pero est¨¢ bien, no lo har¨¦ de nuevo a menos que sea muy necesario.
Eun-Ji le coment¨® lo sucedido durante el tiempo que estuvo inconsciente. Como conoc¨ªa a Li Wei de antes, le cont¨® sobre la habilidad de cultivar que ganaron cuando llegaron a este lugar. Al ser un artista marcial de una familia antigua, conoc¨ªa de esto aunque siempre pens¨® en ello como un cuento.
Con la informaci¨®n que intercambiaron, lograron hacer un avance y descubrir c¨®mo cultivar de manera efectiva. Seg¨²n sus palabras, Li Wei, Adom, Luis y Sophie eran bastante h¨¢biles en esto. En los pocos d¨ªas en que Andr¨¦s estuvo inconsciente, hab¨ªan logrado subir un nivel.
Como no estaban seguros de los verdaderos nombres, acordaron medir los niveles en "Estrellas" y subir¨ªan una con cada nivel adquirido. Con esto en mente, Li Wei, Adom, Luis y Sophie eran cultivadores de una estrella.
¡ª?Cu¨¢nto subi¨® su nivel de pelea? ¡ªpregunt¨® Andr¨¦s.
¡ªBastante, con su ayuda, especialmente la de Li Wei y Luis, hemos sobrevivido de manera m¨¢s sencilla.
Aunque Eun-Ji y Andr¨¦s ten¨ªan bastante energ¨ªa interna, no sab¨ªan c¨®mo utilizarla de manera efectiva. Esto los llev¨® a subir su fuerza y agilidad solo un poco m¨¢s de la media.
Pero seg¨²n Eun-Ji, la fuerza de estos cuatro ya superaba la de Andr¨¦s.
¡ªOtra cosa, tenemos m¨¢s refugiados ¡ªmencion¨® Eun-Ji, un tanto nerviosa por la reacci¨®n de Andr¨¦s.
¡ª?Cu¨¢ntos?
¡ª¡ Veinte personas... ¡ªdijo bajando la mirada.
Andr¨¦s la mir¨® y dio un largo suspiro. Esto no es un refugio, pens¨®.
¡ªEspero que no nos den problemas, o no sobrevivir¨¦ por mucho.
¡ªNo digas eso ¡ªle dijo en tono juguet¨®n mientras golpeaba las costillas de Andr¨¦s.
¡ª?Aaa! Eso duele ¡ªse miraron en silencio y empezaron a re¨ªrse.
Andr¨¦s descans¨® el resto de ese d¨ªa, aunque Eun-Ji lo acompa?¨® para que no estuviera solo. Curiosamente, fuera de Adom y Anastasia, ninguno de los dem¨¢s se preocup¨® por la salud de Andr¨¦s.
Al siguiente d¨ªa Andr¨¦s quer¨ªa salir, pero Eun-Ji, preocupada por que le pudieran quedar secuelas, se neg¨® a eso y lo mantuvo descansando por otro d¨ªa m¨¢s. Aunque le cont¨® sobre el m¨¦todo de cultivaci¨®n que pensaron con Li Wei y tambi¨¦n comenz¨® con su pr¨¢ctica de cultivo.
Mientras Andr¨¦s meditaba, entr¨® en un trance. Se observ¨® a s¨ª mismo en un bosque junto a un profundo lago cristalino.
¡ªVeo que ahora est¨¢s viviendo mejor ¡ªpronunci¨® una voz que ven¨ªa directo del agua; Andr¨¦s supo de inmediato que se trataba de la serpiente de plumaje verde.
¡ªAlgo as¨ª ¡ªrespondi¨® indiferente.
A diferencia de la primera vez, ya no le asustaba tanto y, despu¨¦s de todo, tampoco era que esa cosa estuviera presente.
¡ª¡ Incluso adquiriste valor, aunque no me gusta la forma en que me hablas ¡ªrespondi¨® furiosa la serpiente¡ª. Veo que est¨¢s por hacer un avance en tu pr¨¢ctica.
¡ªNo estoy seguro, segu¨ª el m¨¦todo que me dijo Euni pero desconozco los resultados. M¨¢s importante, pareces saber mucho de esto.
¡ªAl igual que los humanos, nosotros tambi¨¦n debemos cultivar nuestro cuerpo para alcanzar la inmortalidad. Aunque el m¨¦todo es distinto. ?Acaso esperas que te ense?e? ¡ªse burl¨® la serpiente.
¡ªNo, no quiero eso. Pero podr¨ªas decirme si existe alguna manera de salir de este lugar.
¡ªLa hay, aunque es imposible para ti en este momento.
Andr¨¦s se arrodill¨® y peg¨® su cabeza al suelo.
¡ªGran ser, ?podr¨ªas iluminar mi in¨²til existencia y decirme c¨®mo salir de aqu¨ª?
¡ªJajajaja ¡ªse burl¨® la serpiente¡ª. Me gusta tu actitud. Escucha, existen dos maneras: la primera es que alcances el Reino del Sabio Inmortal ¡ªdijo.
¡ª?Sabio Inmortal? ¡ªpregunt¨® Andr¨¦s.
¡ªEscuch¨¦ que esos ni?os de afuera dividieron en Estrellas los niveles, ?no es as¨ª? Siguiendo esa clasificaci¨®n, necesitar¨ªas volverte un cultivador de 19 estrellas. Cuando alcances ese nivel podr¨¢s viajar entre dimensiones ¡ªexplic¨®.
¡ª?Cu¨¢nto me tomar¨ªa?
¡ªSi eres constante en tu pr¨¢ctica, estimo que varios cientos de miles de a?os, dado que la energ¨ªa aqu¨ª es muy escasa.
¡ª?Qu¨¦? ¡ªrespondi¨® con incredulidad Andr¨¦s¡ª. Eso es imposible.
¡ªNo es as¨ª. Siguiendo su clasificaci¨®n, cada estrella que subas a?adir¨¢ cierto tiempo de vida a tu cuerpo. Aunque alguien con talento no tardar¨¢ en superar las 3 estrellas, a partir de las cuatro estrellas todo ser¨¢ diferente. El Reino de la Fundaci¨®n, que es el segundo, separa la basura de las gemas y mostrar¨¢ a quienes de verdad puedan alcanzar la inmortalidad. Cuando llegues a cierto nivel, el tiempo ser¨¢ algo de lo que no debas preocuparte.
¡ªMencionaste dos maneras. ?Cu¨¢l es la otra?
¡ªLa segunda manera es m¨¢s dif¨ªcil. Si vas al oeste de aqu¨ª, encontrar¨¢s un extenso mar. D¨¦jame advertirte que es la zona m¨¢s peligrosa de esta dimensi¨®n. En el abismo marino habita el rey, su apariencia no es diferente de la m¨ªa. Es una raza de serpiente, debe ser m¨¢s o menos de mi tama?o pero sus escamas son negras. Ese mocoso tiene entre sus tesoros una t¨¦cnica de espada, la "T¨¦cnica del Vac¨ªo Celestial". Si la dominas, podr¨¢s cortar el espacio y abrir una grieta hacia tu dimensi¨®n.
¡ª?Cu¨¢l es el nivel de esa criatura?
¡ªCreo que acaba de entrar al Reino del Emperador Celestial, su equivalente ser¨ªa un cultivador de 16 estrellas.
Esa informaci¨®n le demostr¨® a Andr¨¦s que era casi imposible salir de all¨ª. Si apenas unos cuantos a?os ya era dif¨ªcil, no pod¨ªa imaginar lo que supondr¨ªa cientos de miles de a?os, incluso era esc¨¦ptico de que lograra vivir tanto.
Quer¨ªa conversar m¨¢s con este ser pero escuchaba vagamente que alguien lo llamaba.
¡ªAndy... ?Andy! ¡ªgrit¨® Eun-Ji mientras lo mov¨ªa.
¡ª?Qu¨¦ ocurre? ¡ªpregunt¨® Andr¨¦s mientras abr¨ªa lentamente los ojos.
¡ªNo te mov¨ªas, me asustaste ¡ªdijo Eun-Ji soltando un suspiro.
Sin darse cuenta ya hab¨ªa amanecido. Con la aprobaci¨®n de Eun-Ji, Andr¨¦s dej¨® la cueva.
Era el momento de encontrarse con todos. Tal como dijo, hab¨ªa alrededor de 20 personas de diferentes nacionalidades y constituciones.
Eun-Ji present¨® a Andr¨¦s a los dem¨¢s, pero a nadie le import¨®. Durante el tiempo que ella hab¨ªa cuidado de Andr¨¦s, Li Wei se hab¨ªa convertido en el l¨ªder de los dem¨¢s sobrevivientes. Tambi¨¦n se asegur¨® de decirles c¨®mo Andr¨¦s hab¨ªa abandonado a muchos antes y que no estaba bien de la cabeza.
La mayor¨ªa lo mir¨® con desprecio, pero a Andr¨¦s no le import¨®. Eun-Ji, molesta, iba a rega?arlos, pero Andr¨¦s la detuvo. Ese fue el comienzo de los problemas.
7.- Marginado
Han pasado varios meses desde entonces y el n¨²mero de personas no ha hecho m¨¢s que crecer. Li Wei, quien pregonaba la justicia, no abandon¨® a ninguna persona que encontr¨®.
La gran diversidad de profesiones y oficios les hab¨ªa facilitado mucho la vida. Poco a poco, el peque?o lugar cerca de la cascada se llen¨® de casas de madera. Con la integraci¨®n de varios militares como Anastasia, propusieron construir una cerca para defenderse.
Con la ayuda de los expertos, construyeron estrat¨¦gicamente varios edificios para aumentar la seguridad.
Aunque esencialmente segu¨ªan las instrucciones que les hab¨ªa dado Andr¨¦s en su tiempo y gracias a ellas segu¨ªan vivos, todos, a excepci¨®n de Eun-Ji, hab¨ªan aislado a Andr¨¦s.
Li Wei, por alguna raz¨®n, no soportaba a Andr¨¦s y lentamente se encarg¨® de contarles solo lo malo de ¨¦l. Se atribuy¨® a s¨ª mismo todos los logros de Andr¨¦s y solo enfoc¨® en sus malos h¨¢bitos.
La vida cambi¨® gradualmente. Con todos concentrados en su cultivaci¨®n, las bestias eran cada vez m¨¢s f¨¢ciles de manejar. Eun-Ji, al notar la actitud que todos manten¨ªan hacia Andr¨¦s, no les dijo la informaci¨®n m¨¢s importante que solo ellos sab¨ªan.
Todos se sent¨ªan superiores por solo pelear contra bestias de bajo nivel. Eun-Ji se asegur¨® de no decirles la verdad de esta dimensi¨®n. Sab¨ªa que tarde o temprano rogar¨ªan por ayuda.
Ante el aislamiento, Andr¨¦s no disfrut¨® de los privilegios que gozaban los dem¨¢s. Aunque los salv¨® y aliment¨® para que no murieran, ellos se negaron a darle alimento y, aunque ya todos pose¨ªan una casa, a ¨¦l se lo negaron tambi¨¦n.
Lentamente, Andr¨¦s se alej¨® de ellos. Hab¨ªa sobrevivido antes y no necesitaba de su ayuda. Aunque se sent¨ªa un poco mal por Eun-Ji, quien nunca lo abandon¨®, cort¨® su convivencia con todos los dem¨¢s.
Segu¨ªa habitando la cueva y diariamente sal¨ªa a cazar. La mayor¨ªa del tiempo se dedic¨® a cultivar, dejando lo dem¨¢s a un lado. Aunque marginado, Andr¨¦s manten¨ªa una vida tranquila. La constante compa?¨ªa de Eun-Ji le ayud¨® a manejar su locura y, poco a poco, ella se convirti¨® en alguien que manten¨ªa el lado s¨¢dico de Andr¨¦s bajo control. Se podr¨ªa pensar en ellos como: Andr¨¦s como una granada lista para estallar y Eun-Ji como el seguro que evitaba que eso pasara.
Hasta ah¨ª, todo iba relativamente bien. Pero, no conformes con aislar a Andr¨¦s, una noche todos se reunieron con antorchas y lanzas alrededor de la cueva de Andr¨¦s.
¡ª??Qu¨¦ significa esto, Li Wei?! ¡ªgrit¨® Eun-Ji.
¡ªHermana, realmente no entiendes el peligro que representa Andr¨¦s, ?verdad? No es solo que sea impredecible; es una amenaza constante para todos nosotros.
¡ª?No puedo creer lo que est¨¢s diciendo! ¨¦l nos ha salvado y ha hecho m¨¢s por nosotros de lo que te atrever¨ªas a hacer. ?C¨®mo puedes ser tan ciego?
¡ªCiego o no, la realidad es que todos aqu¨ª estamos en peligro ¡ªdijo enojado¡ª. ¨¦l podr¨ªa volverse contra nosotros en cualquier momento. No podemos seguir viviendo con esa incertidumbre.
¡ª?No entiendes nada! ¡ªgrit¨® Eun-Ji desesperada¡ª. ?Est¨¢s arruinando todo! Andr¨¦s nunca nos har¨ªa da?o. Est¨¢s tan obsesionado con tu idea de control que no ves la verdad.
¡ªLo que veo es una bomba de tiempo ¡ªdijo en tono fr¨ªo¡ª. Prefiero ser cauteloso y asegurar la seguridad del grupo antes que arriesgarlo todo por un hombre que ni siquiera sabes si ma?ana ser¨¢ una amenaza.
¡ª?Est¨¢s equivocado! ¡ªdijo llorando¡ª. ?Y te vas a arrepentir por esto! Si sigues as¨ª, vas a destruir todo lo que hemos construido aqu¨ª. ?No permitas que tu ego arruine nuestra ¨²nica esperanza!
¡ª?Largo!
¡ª?S¨ª, que se largue!
Gritaba la turba.
Eun-Ji no sab¨ªa qu¨¦ hacer. No quer¨ªa que echaran a Andr¨¦s, pero si esto continuaba, terminar¨ªa en un ba?o de sangre. Pero, contrario a ella, Andr¨¦s manten¨ªa la calma. Consciente de su actitud hacia ¨¦l, sab¨ªa que este momento llegar¨ªa.
¡ª?Eso es lo que realmente quieren? ¡ªpregunt¨® finalmente Andr¨¦s.
Como no pod¨ªa depender siempre de Eun-Ji, Andr¨¦s termin¨® por aprender ingl¨¦s, aunque no muy bien.
¡ª?Largo de aqu¨ª, Andr¨¦s! No podemos permitirnos tenerte cerca. Necesitamos asegurar el bienestar de todos, y t¨² eres un peligro inminente.
Aunque parec¨ªa que estaba siendo amable, la sonrisa triunfante de Li Wei era bastante visible. Este era su plan desde el principio. Antes de venir aqu¨ª, trabaj¨® en una serie junto a Eun-Ji, y desde entonces qued¨® enamorado de ella. Pero cuando al fin la encontr¨® de nuevo, ella era bastante cari?osa con otro hombre. Pens¨® que en este ambiente hostil podr¨ªa demostrarle a Eun-Ji que era un hombre de confianza y as¨ª ganarse su coraz¨®n. Pero siempre estaba a la sombra de Andr¨¦s. Desde entonces lo odiaba, pero no pod¨ªa atacarlo. Sab¨ªa que era m¨¢s d¨¦bil que ¨¦l y, aunque era superior en cuanto a nivel de cultivo, no pod¨ªa ignorar su vasta experiencia en combate. Pero en cuanto obtuvo influencia, vio su oportunidad para deshacerse de Andr¨¦s. En conclusi¨®n, era un hombre que solo hablaba de justicia superficialmente y siempre buscaba conseguir lo que quer¨ªa.
Hoy al fin estaba por deshacerse de Andr¨¦s, pero no estaba seguro de su reacci¨®n. La falta de cordura lo hac¨ªa alguien muy impredecible.
¡ª?No los escuches! Esta es tu casa y no pueden echarte ¡ªdijo Eun-Ji tomando con fuerza la mano de Andr¨¦s.
¡ª... Est¨¢ bien, me ir¨¦ ¡ªproclam¨® Andr¨¦s.
Eun-Ji se gir¨® estupefacta. No pod¨ªa creer las palabras de Andr¨¦s.
¡ª?No puedes hacer eso! ?Esto!-
¡ªEst¨¢ bien ¡ªdijo tranquilamente mientras acariciaba la mejilla de Eun-Ji¡ª. No debes preocuparte, s¨¦ perfectamente c¨®mo cuidarme.
¡ª?No! ?Ellos son los que deben irse! ¡ªlloraba Eun-Ji¡ª. Puedes echarlos f¨¢cilmente si quisieras, yo te ayudar¨¦ ¡ªdijo Eun-Ji mientras agarraba un cuchillo.
¡ªDeja eso, puedes lastimarte ¡ªsusurr¨® Andr¨¦s mientras bajaba el cuchillo de Eun-Ji¡ª. Tienes raz¨®n y ellos tambi¨¦n lo saben. Mira c¨®mo no han bajado la guardia ni un poco ¡ªse?al¨® a los presentes, quienes ciertamente lo miraban con la guardia alta y sus armas bien sujetadas.
¡ª?Entonces, por qu¨¦ te vas! ¡ªdijo Eun-Ji mientras segu¨ªa llorando.
¡ªNo quiero que nuestro hogar se convierta en un cementerio. Lo mejor ser¨¢ que me vaya ¡ªAndr¨¦s le mostr¨® una amarga sonrisa a Eun-Ji, despu¨¦s le dio un abrazo y empez¨® a caminar hacia las puertas del cercado.
¡ª?Yo ir¨¦ contigo! ¡ªgrit¨® Eun-Ji mientras tomaba sus cosas.
¡ª?Hermana, qu¨¦date! Tenemos todo aqu¨ª, adem¨¢s estar¨¢s segura. No comprendes que ese hombre podr¨ªa hacerte da?o. ¡ªargument¨® Li Wei.
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¡ª?¨¦l jam¨¢s me da?ar¨ªa! ¡ªinsisti¨® Eun-Ji mientras corr¨ªa al lado de Andr¨¦s.
Andr¨¦s sab¨ªa que Eun-Ji estar¨ªa mejor aqu¨ª. Pero la conoc¨ªa bien y era seguro que insistir¨ªa en seguirlo. Es por tu bien, pens¨®.
¡ª?Jajajaja! ¡ªse ri¨® Andr¨¦s¡ª. Te lo dije, debiste haberlos matado hace mucho.
¡ªC¨¢llate, no estoy de humor.
¡ªLa mujer tiene raz¨®n, podemos matarlos a todos sin problema. No tenemos que irnos ¡ªdeclar¨® la otra voz.
¡ªNo quiero eso, c¨¢llate
¡ªEres d¨¦bil, por eso te pasa esto. Si no fuera por ti-
¡ª?C¨¢llate!
¡ªJajaja, esto es incre¨ªble. D¨¦jame hacerme cargo, no me agradan de todos modos.
¡ªNo, no lo hagas- ?Cough! ¡ªtosi¨® Andr¨¦s mientras se sosten¨ªa la cabeza. Despu¨¦s se gir¨® ante la muchedumbre que lo miraba aterrada y sonri¨® de forma siniestra¡ª. Qu¨¦ tal si nos divertimos antes de que el in¨²til regrese ¡ªel tono en que lo dijo hizo a todos temblar de miedo.
Pero antes de que lograran reaccionar, Andr¨¦s se lanz¨® hacia la turba y reban¨® el cuello de dos personas. A pesar de ser m¨¢s, en lugar de enfrentarlo empezaron a retroceder con los rostros p¨¢lidos del miedo.
¡ª?Andy, detente! ¡ªgrit¨® Eun-Ji.
Andr¨¦s se gir¨® sin dejar esa oscura mirada.
¡ªDebo deshacerme de ti y al fin podremos volver a nuestra antigua gloria, jajajajaja ¡ªse ri¨® mientras lanz¨® una pu?alada a Eun-Ji, pu?alada que acert¨® en su hombro izquierdo.
¡ª?Aaaa! ¡ªgrit¨® Eun-Ji. Su mente no pod¨ªa creer que Andr¨¦s de verdad se atreviera a da?arla.
¡ª?S¨ª, jajajaja! Deb¨ª hacer esto hace mucho ¡ªse burl¨®, pero en vez de seguir contra ella, corri¨® hacia el bosque, aunque a su paso seis personas m¨¢s terminaron muertas.
Todos miraban asustados c¨®mo Andr¨¦s se perd¨ªa entre la maleza. El ambiente tranquilo hab¨ªa hecho que todas estas personas nunca conocieran el miedo a la muerte. Desde que llegaron, no hab¨ªan tenido que enfrentar nada; esto los volvi¨® ganado ante un verdadero depredador.
Eun-Ji estaba sangrando en el suelo y, despu¨¦s de pensarlo un poco, al fin entendi¨®. Esta era la ¨²nica manera de que no siguiera a Andr¨¦s y se pudiera quedar en este ambiente tranquilo. Estaba segura, aunque era de noche, que en cuanto Andr¨¦s volte¨®, mir¨® claramente c¨®mo una l¨¢grima ca¨ªa de sus ojos. Esperar¨¦ tu regreso, pens¨® mientras sent¨ªa un nudo en la garganta.
Un a?o pas¨® r¨¢pido. Eun-Ji nunca dej¨® de pensar en Andr¨¦s. ?Estar¨¢ bien? ?Ya comi¨®? ?C¨®mo estar¨¢n sus ataques nocturnos? Todas esas preguntas ven¨ªan a su cabeza, pero la m¨¢s importante: ?Me ha olvidado? Esa pregunta era la que la atormentaba.
Aunque sigui¨® viviendo con todos, gradualmente se alej¨® por lo que le hicieron a Andr¨¦s. Raramente sal¨ªa de su casa y cuando lo hac¨ªa era para limpiar la cueva que sirvi¨® durante mucho tiempo como su hogar.
Hoy era el d¨ªa en que tocaba limpiar la cueva, pero Eun-Ji encontr¨® algo ah¨ª que disip¨® todas sus dudas. En el espacio que ocupaban para dormir, justo al centro, hab¨ªa un peque?o n¨²mero de frutas violetas amontonadas. Al verlas, Eun-Ji sonri¨® con profundo cari?o.
¡ªLo recordaste ¡ªsuspir¨® mientras tomaba una fruta del suelo.
En su tiempo juntos, ellos hab¨ªan ideado una peque?a costumbre. La idea fue de Eun-Ji. Ella record¨® el d¨ªa en que se conocieron y al siguiente a?o prepar¨® una comida para celebrar su "aniversario". Andr¨¦s dej¨® hace mucho de tomar en cuenta el tiempo, por lo que siempre lo olvidaba. Pero durante sus viajes de exploraci¨®n, en la zona norte encontraron una fruta violenta, redonda y del tama?o de una manzana. Desde el primer momento en que la prob¨®, Eun-Ji qued¨® fascinada.
Aunque llevaron semillas, nunca lograron sembrar uno de esos ¨¢rboles cerca de la cascada. Cada cierto tiempo regresaban por estos frutos, pero desde hace algunos a?os, era m¨¢s dif¨ªcil llegar hasta ah¨ª. Un puma de pelaje rojo se hab¨ªa asentado cerca de los ¨¢rboles de estas frutas, haciendo dif¨ªcil su recolecci¨®n.
Como le gustaban tanto a Eun-Ji, Andr¨¦s iba cada que se acercaba su aniversario por ellas y se las daba como obsequios. Aunque pod¨ªan ir m¨¢s seguido por estas frutas, Eun-Ji prefer¨ªa esperar hasta ese d¨ªa. Las volv¨ªa de alguna manera especiales.
Hoy era el d¨ªa del aniversario en que se conocieron y, como todos los a?os, Andr¨¦s le hab¨ªa tra¨ªdo su obsequio. Esto hizo feliz a Eun-Ji, pero tambi¨¦n la llen¨® de tristeza. Pens¨® que se separar¨ªan hasta que regresaran a casa y, aun as¨ª, no estaba segura de querer dejarlo. Tonto, pens¨®.
Eun-Ji pas¨® el resto del d¨ªa en ese espacio, disfrutando de la fruta mientras recordaba los momentos que hab¨ªa pasado con Andr¨¦s. Con cada d¨ªa que pasaba, lo extra?aba m¨¢s. Jam¨¢s imagin¨® que extra?ar¨ªa tanto sus locuras y su mirada macabra.
Mientras estaba perdida en sus recuerdos, afuera se escuchaba un gran alboroto.
¡ª?Ataque enemigo! ¡ªgritaron los centinelas.
Para mejorar la seguridad, hab¨ªan construido dos muros de madera. El muro exterior rodeaba una gran ¨¢rea, donde se encontraban los sembrad¨ªos y algunos ¨¢rboles frutales. Y el muro interior que abarcaba un ¨¢rea m¨¢s peque?a, donde estaban las casas de los sobrevivientes.
Como no sab¨ªan cu¨¢ndo podr¨ªan ser atacados por las bestias, construyeron varias torres de vigilancia. La mayor¨ªa estaban en el muro exterior y solo hab¨ªa dos en el muro interior. Las personas que no pudieron ayudar de otra manera fueron puestas como centinelas para avisar en caso de peligro.
Extra?amente, desde que construyeron todo esto, nunca hab¨ªan sido atacados. Los centinelas se hab¨ªan vuelto descuidados y muchos quer¨ªan este trabajo debido a su facilidad.
Hoy, despu¨¦s de m¨¢s de un a?o de la construcci¨®n de los muros, estaban siendo atacados.
Nadie supo c¨®mo reaccionar, a excepci¨®n del grupo de caza, que era una docena de personas. Los dem¨¢s entraron en p¨¢nico con mucha facilidad.
¡ª?Ay¨²danos, hermano mayor! ¡ªgritaba la muchedumbre.
Todos depositaron sus esperanzas en su salvador, Li Wei. Tratando de responder a sus expectativas, se coloco al frente esperando el ataque. Los gritos de desesperaci¨®n se escuchaban desde fuera del muro exterior. Todos los centinelas, sin excepci¨®n, fueron devorados por las bestias.
Ante los gritos provenientes desde fuera, la muchedumbre del muro interior estaba temblando de miedo. Sus rostros estaban p¨¢lidos y no sab¨ªan c¨®mo reaccionar. La paz que hab¨ªan sentido hasta hace poco les jug¨® en contra, manteni¨¦ndolos d¨¦biles.
Pero, a pesar de todo, manten¨ªan sus esperanzas en alto. Li Wei, quien hab¨ªa asesinado al tigre p¨²rpura, estaba presente.
¡ª?T¨² puedes, hermano mayor! ¡ªanimaban¡ª. ?No podr¨¢n derrotar al cazador de tigres! ¡ªgritaban.
Ahora, la presi¨®n estaba sobre Li Wei. "Mientras no vengan bestias como el tigre p¨²rpura, estar¨¦ bien", pens¨®.
?Tud!
El muro interior fue destruido como si nada. De entre el polvo emergi¨® la figura de un gorila gris de diez metros de alto. Su sola presencia fue suficiente para poner a todos ansiosos.
¡ªHab¨ªa m¨¢s de los que pens¨¦ ¡ªdijo el gorila¡ª. Mis peque?os, esta noche tendremos un gran fest¨ªn ¡ªa?adi¨® antes de rugir.
El rugido sembr¨® a¨²n m¨¢s miedo. Lentamente, todos retroced¨ªan paso a paso mientras las bestias los segu¨ªan muy despacio.
El muro interior hab¨ªa sido construido estrat¨¦gicamente para defender solo un lado. Al lado contrario de la puerta que llevaba al muro exterior, se encontraba la cascada donde ten¨ªa su cueva Andr¨¦s.
¡ª?Vamos, hermano mayor! ?Estas bestias no son nada para ti! ¡ªrug¨ªa la muchedumbre.
De entre la multitud sali¨® Eun-Ji y se coloc¨® detr¨¢s del grupo de caza.
¡ªS¨ª, hermano mayor ¡ªdijo sarc¨¢sticamente Eun-Ji¡ª. M¨¢talos igual que hiciste con el tigre p¨²rpura ¡ªinsisti¨®.
Li Wei trag¨® saliva. Desde que reuni¨® a todos, no hab¨ªa hecho m¨¢s que presumir sobre sus "logros". Siempre exager¨® los hechos, quedando casi como una deidad ante los presentes.
Ahora que era el momento de la verdad, sus pies no respond¨ªan. Aunque las bestias peque?as no representaban un problema, el gorila era otro asunto.
Sus pensamientos eran un caos y en este momento no pudo evitar echar de menos la presencia de Andr¨¦s. Cuando ¨¦l estaba, no ten¨ªa que preocuparse de que esto sucediera, pero ahora...
¡ª?Ser¨¢ f¨¢cil para ti, hermano mayor! ¡ªanim¨® Eun-Ji con exceso de sarcasmo.
Esta mujer, pens¨® Li Wei.
La multitud aument¨® a¨²n m¨¢s sus expectativas. Si Eun-Ji, que estaba aqu¨ª desde antes que ellos, pensaba que ser¨ªa f¨¢cil para Li Wei, no hab¨ªa raz¨®n para estar nerviosos.
¡ª?Vamos, hermano mayor! ?Destruye a esas bestias! ¡ªgrit¨® con emoci¨®n la multitud.
Li Wei estaba seguro de que no saldr¨ªa vivo si peleaba contra eso, pero hab¨ªa algo extra?o aqu¨ª. Aunque ya hab¨ªan destruido el muro y pod¨ªan masacrarlos si quisieran, el gorila parec¨ªa estar cauteloso de algo, miraba a los lados como si buscara a alguien.
¡ªEl ave ten¨ªa raz¨®n, no est¨¢ ¡ªdijo con una amplia sonrisa¡ª. M¨¢telos ¡ªorden¨® a las bestias m¨¢s peque?as.
Hab¨ªa varios tipos: hienas, simios, una especie de peque?o oso, entre otros. Ante la orden del simio, todos atacaron.
Li Wei y el grupo de caza enfrentaron a las bestias peque?as. Se defendieron sin mucha dificultad y, seg¨²n lo que presumi¨® Li Wei, ya hab¨ªa alcanzado las tres estrellas y nueve de los once restantes ya eran cultivadores de dos estrellas. En resumen, su fuerza, a pesar de ser pocos, no era baja.
Como eran pocas personas, no lograron detener el ataque de todas las bestias. Mientras ellos peleaban de frente, las bestias se colaron por los lados y comenzaron a masacrar al resto.
Fuera del equipo de caza, solo Eun-Ji, Sophie, Luis e Isabel pod¨ªan defenderse. Ellos sobrevivieron sin problema, pero los dem¨¢s estaban siendo eliminados poco a poco. Sus n¨²meros estaban disminuyendo significativamente, y eso que el gorila gris a¨²n no se mov¨ªa.
La batalla del grupo de caza estaba pareja hasta que eliminaron al m¨¢s d¨¦bil de ellos, seguido de uno de dos estrellas. Esto redujo mucho su fuerza y empezaron a ser presionados.
A pesar de sus palabras, Li Wei no era la gran cosa. F¨¢cilmente se ve¨ªa superado y no pod¨ªa hacer m¨¢s que defenderse. En contraste, Eun-Ji se estaba defendiendo bastante bien. Aunque no lo dijo a nadie, ella tambi¨¦n era una cultivadora de tres estrellas.
No tard¨® mucho en destacarse en la pelea. La multitud comenz¨® a reunirse cerca de ella para sobrevivir y ella los defendi¨® sin problema.
¡ªAs¨ª que hab¨ªa alguien h¨¢bil entre ellos ¡ªdijo otra voz masculina.
Esto era algo que nunca hubieran esperado. De la monta?a de la cual descend¨ªa la cascada, se desliz¨® una serpiente de 20 metros de largo. Sus escamas eran de una tonalidad p¨²rpura y en su cabeza, donde deber¨ªa tener dos cuernos, solo hab¨ªa uno.
Ahora estaban rodeados: de un lado, la serpiente y, del otro, el gorila. El peor escenario estaba sucediendo.
Pero, como si siempre hubiera estado ah¨ª, de la cueva que se ocultaba tras la cascada emergi¨® la figura de un hombre.
¡ª?Qu¨¦ es todo ese ruido?
8.- Demonio de dos patas
Eun-Ji se gir¨® al escuchar esa voz.
¡ª?Volviste! ¡ªgrit¨® Eun-Ji con l¨¢grimas en los ojos.
Andr¨¦s, con una sonrisa tierna en su rostro, respondi¨®:
¡ªHe vuelto a casa, Euni.
Los pocos sobrevivientes presentes no prestaron mucha atenci¨®n, pero el primer grupo rescatado suspir¨® aliviado, como si su salvador finalmente hubiera llegado.
Sin embargo, el semblante amable de Andr¨¦s se torci¨® en una macabra sonrisa. Su mirada estaba llena de locura mientras se dirig¨ªa a las bestias que los rodeaban.
La jerarqu¨ªa de las bestias era bien conocida por Eun-Ji, quien hab¨ªa investigado junto a Andr¨¦s. Las bestias se clasificaban en diferentes niveles de poder e inteligencia, desde las criaturas salvajes m¨¢s primitivas hasta las m¨¢s temidas. La jerarqu¨ªa iba desde las bestias grises, que apenas ten¨ªan inteligencia, pasando por niveles como el azul, verde, p¨²rpura, naranja, rojo, negro y blanco. Exist¨ªan excepciones como el guardi¨¢n de la zona centro que era de color verde y el guardi¨¢n de la zona sur que era de color azul.
Con eso en mente, se podr¨ªa decir que la serpiente era el jefe.
¡ªTch, tch ¡ªchasque¨® la lengua, observando con desprecio a las bestias, en particular a la serpiente y al gorila¡ª. Parece que les crecieron las pelotas mientras no estuve ¡ªdijo Andr¨¦s con un tono cargado de sarcasmo.
La serpiente se puso en guardia de inmediato, y el gorila agach¨® la cabeza, temblando levemente.
¡ªCre¨ª que te hab¨ªas marchado, demonio de dos patas ¡ªpronunci¨® la serpiente con una mezcla de temor.
Las bestias peque?as dejaron de atacar y comenzaron a retroceder, sintiendo el peligro inminente que emanaba de Andr¨¦s.
¡ª?Y por eso invades mi territorio? ¡ªpregunt¨® Andr¨¦s tranquilamente, sin quitar esa expresi¨®n aterradora de su rostro.
¡ªEscuch¨¦ que te hab¨ªas ido al este, dejando libre este territorio ¡ªrespondi¨® la serpiente con voz tensa.
Durante su conversaci¨®n, el gorila permaneci¨® est¨¢tico, con la cabeza baja, como si su vida estuviera en peligro.
¡ªPens¨¦ que eras m¨¢s inteligente. Si eso fuera cierto, los dem¨¢s p¨²rpura y naranja ya habr¨ªan invadido desde antes... D¨¦jame adivinar ¡ªhabl¨® Andr¨¦s con sarcasmo¡ª. Te envi¨® un rojo, ?verdad?
Nadie entend¨ªa de qu¨¦ estaban hablando, ni siquiera Li Wei. La jerarqu¨ªa de las bestias, que Eun-Ji conoc¨ªa bien, era un detalle clave que no hab¨ªa compartido con los dem¨¢s.
¡ªDejemos este asunto en paz ¡ªsugiri¨® la serpiente, intentando mantener la calma¡ª. Nos retiraremos y jam¨¢s volveremos por aqu¨ª.
¡ª?Claro que no! ¡ªgrit¨® Andr¨¦s¡ª. Ustedes invadieron mi territorio y ahora van a morir ¡ªdijo mientras sosten¨ªa su antiguo cuchillo de piedra.
Las bestias temblaron ante la sed de sangre que emanaba de Andr¨¦s. El gorila se paraliz¨®, y la serpiente se prepar¨® para la batalla.
Los sobrevivientes no entend¨ªan qu¨¦ estaba pasando. Hubiera sido comprensible si hubiera sido Li Wei, quien mato al tigre p¨²rpura, pero Andr¨¦s parec¨ªa ser solo un loco cualquiera para ellos.
¡ªJa... Jajajajaja ¡ªse burl¨® Andr¨¦s a carcajadas¡ª. ?Verdad que los asust¨¦? Pero no quiero sus miserables vidas ¡ªse gir¨® hacia Eun-Ji¡ª. Sube, Euni.
Eun-Ji camin¨® entre las bestias hasta donde estaba Andr¨¦s. A pesar de su escasa inteligencia, las bestias se apartaron, abriendo un camino para que ella pasara sin problema.
Tan pronto como lleg¨®, Eun-Ji abraz¨® a Andr¨¦s con mucha fuerza mientras lloraba.
¡ªNo me vuelvas a dejar ¡ªdijo Eun-Ji, refugiando su rostro en el pecho de Andr¨¦s.
¡ªNo lo har¨¦ ¡ªrespondi¨® Andr¨¦s, acariciando la cabeza de Eun-Ji con ternura.
A pesar del caos que los rodeaba, Andr¨¦s y Eun-Ji conversaban tranquilamente como si nada estuviera pasando. Las bestias no se movieron; sab¨ªan que cualquier movimiento en falso podr¨ªa resultar en su muerte a manos de Andr¨¦s.
El temor hacia Andr¨¦s era comprensible. Antes de su partida, hab¨ªa estado cazando continuamente para evitar que las bestias se acercaran demasiado.
Andr¨¦s, quien hab¨ªa estado reuniendo energ¨ªa interna desde antes que los dem¨¢s, avanz¨® sin problema hasta alcanzar las cinco estrellas, un hecho que ni siquiera Eun-Ji conoc¨ªa.
Como cultivador de 5 estrellas con vasta experiencia en combate, Andr¨¦s se hab¨ªa convertido en un enemigo aterrador para las bestias. Hab¨ªa matado a bestias de color naranja sin dificultad, y su reputaci¨®n hab¨ªa crecido al punto de ser temido por todas las criaturas de los alrededores. Las historias de su crueldad se hab¨ªan difundido, y la frase "Jam¨¢s caigas en las garras del demonio de dos patas" era un recordatorio frecuente entre las bestias m¨¢s inteligentes.
¡ªNo me importa ¡ªdeclar¨® Andr¨¦s ante las bestias¡ª. Ellos no est¨¢n conmigo ¡ªproclam¨® con una sonrisa macabra.
Eun-Ji sab¨ªa que esto iba a pasar. De por s¨ª, Andr¨¦s no quer¨ªa ayudar a nadie, y menos despu¨¦s de que lo que hicieron. Eun-Ji, a¨²n resentida, no habl¨® por ellos esta vez.
Esa declaraci¨®n elimin¨® cualquier rastro de esperanza que pudieran tener. Despu¨¦s de ese espect¨¢culo, pensaron que estaban a salvo; su hipocres¨ªa les hizo olvidar c¨®mo hab¨ªan tratado a Andr¨¦s. Ahora cre¨ªan que era su obligaci¨®n salvarlos.
¡ª?Maldito demente, ?c¨®mo puedes decir eso?! ¡ªgrit¨® ofendido un hombre de los pocos sobrevivientes.
¡ª?S¨ª, debes salvarnos! ?C¨®mo puedes ser tan cruel? ¡ªgrit¨® molesto otro.
Al igual que ellos, en vez de pedir ayuda, todos empezaron a exigir ser salvados. Ante esto, el primer grupo al que pertenec¨ªa Li Wei miraba nervioso. Tal vez los dem¨¢s no lo sab¨ªan, pero esa persona era fuerte y todos lo reconoc¨ªan. El problema es que era bastante vol¨¢til. Todos sintieron que esos gritos lo har¨ªan enfurecer, y si eso pasaba, su menor problema ser¨ªa que las bestias los atacaran.
Mientras la muchedumbre gritaba, Andr¨¦s los miraba desde la cima como si fueran cualquier insecto. La multitud exig¨ªa con palabras cada vez m¨¢s fuertes que los salvara. No hay como ayudarlos, pens¨® Eun-Ji.
La serpiente entendi¨® que Andr¨¦s no se mover¨ªa para salvar a estas personas. Con una se?a, las bestias comenzaron a rodear a la multitud, listas para su fest¨ªn.
¡ªEspera ¡ªhabl¨® casualmente Andr¨¦s, y como si tuviera un dominio absoluto, las bestias se detuvieron. Se gir¨® hacia la multitud y habl¨®¡ª. Anastasia y Adom, suban.
Los refugiados del primer grupo se sorprendieron. Siguiendo sus palabras, ambos subieron a la cueva donde estaba de pie Andr¨¦s.
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¡ªLes dije que les pagar¨ªa alg¨²n d¨ªa ¡ªdijo Andr¨¦s en direcci¨®n a Anastasia y Adom¡ª. Pero... ¡ªhabl¨® con seriedad¡ª. Aqu¨ª se termina, he pagado mi deuda y a partir de hoy cada uno deber¨¢ seguir su camino.
Esa advertencia fue suficiente para que ambos entendieran su situaci¨®n. Los dem¨¢s estaban arrepentidos; sin querer hab¨ªan ahuyentado a su ¨¢ngel guardi¨¢n.
¡ª?Andr¨¦s! ¡ªgrit¨® desesperada Victoria¡ª. ?S¨¦ que estuvo mal, pero por favor ay¨²dame! Har¨¦ lo que quieras, ser¨¦ tu juguete, pero por piedad, ?s¨¢lvame!
Andr¨¦s la mir¨® por un momento como si lo estuviera considerando. Eun-Ji not¨® esto y lo golpe¨® en las costillas.
¡ª?De verdad lo est¨¢s pensando! ¡ªle grit¨® mientras hac¨ªa pucheros.
¡ª?Aaa! ?Espera, no lo estaba pensando! ¡ªgritaba Andr¨¦s mientras dejaba que Eun-Ji lo golpeara.
Esta reacci¨®n entre ambos demostr¨® cu¨¢n profundo era su v¨ªnculo para los dem¨¢s. Pero, aun as¨ª, todas las mujeres lloraban y se ofrec¨ªan con tal de ser salvadas. Eun-Ji dej¨® de golpear a Andr¨¦s, y este volvi¨® a su figura imponente.
¡ªCreo que han malentendido algo ¡ªpronunci¨® Andr¨¦s con tono serio hacia la multitud¡ª. Solo regres¨¦ por Eun-Ji, los dem¨¢s no me interesan. Hace tiempo le dije estas palabras a Anastasia y Adom; hoy se las digo a ustedes. Soy alguien que siempre recuerda sus deudas y jam¨¢s olvida una ofensa.
Con eso dijo todo. Aunque no lo parec¨ªa, Andr¨¦s era una persona que valoraba mucho la lealtad. Con los eventos pasados, no era dif¨ªcil saber en qu¨¦ grupo se encontraban.
Eso mat¨® sus ¨²ltimas esperanzas. Andr¨¦s tom¨® de la mano a Eun-Ji y entraron en la cueva. Anastasia y Adom se quedaron afuera de la cueva, pero apartados del resto. Lo siguiente que ocurri¨® fue una masacre; sin la protecci¨®n de Andr¨¦s, las bestias los asesinaron sin piedad, comiendo hasta saciarse.
Anastasia y Adom estaban realmente orgullosos de s¨ª mismos por haber ayudado a Andr¨¦s hace tiempo. Ese d¨ªa lo hicieron sin ninguna otra intenci¨®n, solo por buena voluntad, y esa misma gracia les fue devuelta hoy.
Aunque la multitud intent¨® defenderse, fueron presa f¨¢cil para las bestias. Internamente, todos maldijeron a Li Wei por haberlo convertido en enemigo de Andr¨¦s. Todos esperaban que Li Wei muriera de forma lenta y dolorosa.
Despu¨¦s de que no quedara nadie con vida, las bestias se fueron, y se corri¨® la voz de que el demonio de dos patas hab¨ªa regresado.
Andr¨¦s se puso al d¨ªa con Eun-Ji. Dentro de la cueva, conversaron y rieron, no sin que Eun-Ji lo maldijera un rato por haberla dejado. Esa noche, todo volvi¨® a ser como cuando solo eran dos.
Al d¨ªa siguiente, cuando salieron de la cueva, Anastasia y Adom estaban de pie frente a ellos.
Andr¨¦s no le tom¨® importancia, de cierto modo lo esperaba.
¡ª?Qu¨¦ hacen aqu¨ª? ¡ªpregunt¨® Andr¨¦s¡ª. Cre¨ª haber dejado en claro que cada uno seguir¨ªa su camino.
Ambos agacharon la cabeza, inc¨®modos y sin saber qu¨¦ decir. Quer¨ªan quedarse, pero no sab¨ªan c¨®mo empezar. Adem¨¢s, Andr¨¦s los miraba de manera imponente, lo que hac¨ªa a¨²n m¨¢s dif¨ªcil pedirlo.
Hablar con Andr¨¦s y pedirle eso era extremadamente dif¨ªcil, pero conoc¨ªan su debilidad. No ten¨ªan que dec¨ªrselo a ¨¦l; si pod¨ªan convencer a Eun-Ji, habr¨ªan logrado su objetivo.
¡ªEuni ¡ªcomenz¨® Anastasia¡ª. Nos conocemos desde hace tiempo y quer¨ªa saber si... ¡ªse detuvo, especialmente con esa mirada vac¨ªa de Andr¨¦s¡ª. N-nos permitir¨ªan quedarnos. No tenemos la confianza de sobrevivir por nuestra cuenta ¡ªdijo con el rostro rojo de verg¨¹enza. A diferencia de las personas de anoche, ellos no ten¨ªan cara para pedir esto, pero si dejaban este lugar, las bestias se los comer¨ªan.
Eun-Ji mir¨® molesta ante la pregunta. Pero la verdad es que ambos hab¨ªan hablado con Li Wei despu¨¦s del incidente.
¡ªLi Wei, ?no fuiste muy duro con ¨¦l? ¡ªpregunt¨® Adom.
¡ªConoces su estado mental; es peligroso ¡ªargument¨® Li Wei.
¡ªPuedes manipular a los dem¨¢s, pero eso no funcionar¨¢ con nosotros ¡ªdijo Anastasia¡ª. Hemos vivido mucho tiempo con ¨¦l y jam¨¢s ha hecho algo. Sabemos que no te agrada, pero esto fue demasiado.
¡ªPueden irse si no les gusta mi decisi¨®n ¡ªrespondi¨® enojado Li Wei.
¡ª?Tratas de echarnos? Int¨¦ntalo y derrumbaremos tu teatro ¡ªrespondi¨® molesta Anastasia.
Li Wei se mantuvo en silencio y se fue enojado. Aunque Anastasia y Adom no lo sab¨ªan, Eun-Ji estaba escuchando su conversaci¨®n desde lejos. Aunque no era tan profunda como ella, ambos se preocupaban a su manera por Andr¨¦s.
Eun-Ji estaba en un dilema. ?Dejar que se quedaran o no? Tem¨ªa que traicionaran a Andr¨¦s de nuevo, pero despu¨¦s de pensarlo un rato, apost¨® por ellos, esperando que no la defraudar¨¢n.
¡ª?Crees que sea posible que se queden? ¡ªpregunt¨® Eun-Ji a Andr¨¦s mientras sosten¨ªa su brazo y se pegaba a ¨¦l.
Andr¨¦s la mir¨® seriamente. Sab¨ªa que estaba tan pegajosa para lograr su objetivo. Pero despu¨¦s de ver su mirada, Andr¨¦s suspir¨® y asinti¨®.
¡ªPueden quedarse, pero si hacen lo mismo de nuevo, yo mismo me encargar¨¦ de ustedes ¡ªadvirti¨® Andr¨¦s a Anastasia y Adom.
Ellos asintieron, entendiendo el significado de esas palabras. Estaban profundamente agradecidos con Andr¨¦s por darles una segunda oportunidad. Ambos se prometieron a s¨ª mismos que jam¨¢s traicionar¨ªan la confianza de Andr¨¦s.
¡ªEuni, trae comida para ellos ¡ªdijo amablemente Andr¨¦s.
¡ª?S¨ª! ¡ªrespondi¨® Eun-Ji con una sonrisa en su rostro.
¡ªGracias, Andr¨¦s. Y me disculpo una vez m¨¢s por lo sucedido ¡ªrespondi¨® avergonzado Adom.
Andr¨¦s no tom¨® en cuenta las palabras de Adom. Tanto ¨¦l como Anastasia sab¨ªan lo poco que le importaban a Andr¨¦s. Si los dej¨® quedarse, fue en su mayor¨ªa por la petici¨®n de Eun-Ji.
Los cuatro desayunaron juntos. El ambiente era inc¨®modo; Adom y Anastasia se manten¨ªan comiendo en silencio con la cabeza baja. No fue hasta que Eun-Ji, con su carisma, los hizo sentir tranquilos. Poco a poco, la tensi¨®n disminuy¨® y ellos se sintieron parte del grupo.
Justo despu¨¦s del desayuno, Andr¨¦s orden¨® a los dos que limpiaran el desastre. Aunque era bastante trabajo, ambos obedecieron sin queja alguna.
¡ªGracias por aceptarlos ¡ªdijo Eun-Ji mientras dejaba caer su cabeza en el hombro de Andr¨¦s.
¡ªNo es nada; desde mi punto de vista, es lo mismo que si te encontraras un gato en la calle y me pidieras que lo qued¨¢ramos ¡ªrespondi¨® de manera indiferente Andr¨¦s.
¡ª?Te puedo decir algo? ¡ªpregunt¨® cautelosa Eun-Ji.
Andr¨¦s asinti¨® en respuesta.
¡ªCreo que deber¨ªas ser m¨¢s amable con las personas. Desde que los trajimos la primera vez, siempre los trataste de manera distante. ?Por qu¨¦ los tratas tan diferente de c¨®mo lo hiciste conmigo en su momento?
Aunque Andr¨¦s no le respondi¨®, en su mente sab¨ªa la respuesta. Eun-Ji lleg¨® en un momento de absoluta necesidad. Con su carisma y devoci¨®n, se convirti¨® en alguien indispensable r¨¢pidamente. Pero ahora que esa necesidad estaba cubierta, Andr¨¦s no ten¨ªa ning¨²n uso para ellos. A sus ojos, eran peones desechables. Los dej¨® quedarse con una idea: pronto se tendr¨ªan que enfrentar a bestias m¨¢s poderosas y, si estaban en un peligro abrumador, podr¨ªa sacrificar a los dem¨¢s para mantener a Eun-Ji a salvo.
¡ª?Podr¨ªas hacerlo por m¨ª? ¡ªpregunt¨® sonriendo Eun-Ji mientras sosten¨ªa la mano de Andr¨¦s.
Andr¨¦s solt¨® un suspiro de resignaci¨®n.
¡ªEst¨¢ bien, lo intentar¨¦ ¡ªrespondi¨® de mala gana.
¡ª?Gracias! ¡ªsonri¨® y se lanz¨® a abrazarlo.
Anastasia los mir¨® desde lejos. Ahora que conoc¨ªa el valor de Andr¨¦s en este ambiente hostil, envidiaba la relaci¨®n que ten¨ªa con Eun-Ji. Si pudiera gan¨¢rselo, su seguridad estar¨ªa garantizada, pero eso era muy dif¨ªcil. Bastaba con darles una mirada para saber que jam¨¢s lograr¨ªa ocupar el lugar de Eun-Ji. Por el contrario, si se atreviera a hacerle algo y Andr¨¦s la descubriera, se encontrar¨ªa con un destino peor que la muerte. Por ahora, si quer¨ªa mantenerse con vida, deber¨ªa aferrarse todo lo posible a Eun-Ji. No le importaba ser su mascota si eso la manten¨ªa feliz. Si Eun-Ji estaba feliz con ella, Andr¨¦s se har¨ªa cargo de su seguridad. Hasta que se le ocurriera un mejor plan, esa ser¨ªa su meta.
Adom, por su parte, dej¨® atr¨¢s cualquier mala idea. Si quer¨ªa mantenerse con vida, deb¨ªa convertirse en alguien ¨²til para Andr¨¦s. Pens¨® que, si Andr¨¦s encontraba alguna utilidad en ¨¦l, lo mantendr¨ªa vivo hasta que cumpliera su papel. Le mostrar¨¦ una lealtad ciega que demuestre que soy ¨²til, pens¨®.
Al verlos tan motivados cumpliendo las ¨®rdenes de Andr¨¦s, Eun-Ji, que era bastante inteligente, intuy¨® lo que har¨ªan. Lo m¨¢s probable era que trataran de ganarse el favor de Andr¨¦s y, si eso no funcionaba, intentar¨ªan ganarse el favor de ella. Estaba segura de que Adom no tendr¨ªa malas intenciones, pero por alguna raz¨®n, se sent¨ªa inc¨®moda hacia Anastasia. ?Qu¨¦ pasar¨ªa si intentara ofrecerle su cuerpo a Andr¨¦s como lo hicieron otras mujeres? Andr¨¦s era un hombre, y aunque le doliera admitirlo, Anastasia era muy hermosa, su rostro era perfecto y ten¨ªa las curvas suficientes para atraer a cualquiera.
Mientras estaba en eso, otro pensamiento lleg¨® a su mente. ?Por qu¨¦ me importa eso? Pens¨® mientras se sonrojaba. Andr¨¦s es libre de divertirse con quien quiera, y no es como si fuera su due?a. Ambos somos amigos y hemos compartido mucho, pero eso es todo. No creo que Andr¨¦s piense en m¨ª de otra forma y yo... ?Y yo? ?Qu¨¦ pienso realmente de ¨¦l? Antes pas¨¢bamos todo el tiempo juntos y no me parec¨ªa extra?o, pero durante el tiempo que se fue, lo extra?¨¦ demasiado. Ansiaba poder estar a su lado, me preocup¨¦ por ¨¦l y me mataba la idea de que se olvidara de m¨ª. Pero es dif¨ªcil saberlo; aunque siempre me ha tratado bien, nunca ha demostrado algo m¨¢s all¨¢ de eso. ?Qu¨¦ soy realmente para Andr¨¦s y qu¨¦ es realmente ¨¦l para m¨ª?
Mientras estaba absorta en sus pensamientos, Andr¨¦s toc¨® su hombro.
¡ª?Aaa! ¡ªgrit¨® sorprendida. Estaba tan concentrada que no se dio cuenta de que Andr¨¦s se acercaba.
¨¦l se ri¨® en respuesta a su reacci¨®n.
¡ªPareces m¨¢s pensativa de lo normal ¡ªmencion¨® mientras se sentaba a su lado.
¡ª?Me asustaste! ¡ªgrit¨® enojada y comenz¨® a golpear el brazo de Andr¨¦s.
Aunque Andr¨¦s sonre¨ªa ante sus "golpecitos" como si fuera un juego, pero la verdad era que Eun-Ji no se estaba conteniendo, y Andr¨¦s s¨ª sent¨ªa dolor.
¡ªPerd¨®n, perd¨®n ¡ªdec¨ªa Andr¨¦s mientras trataba de escapar.
Eun-Ji se gir¨® molesta hacia el frente. Andr¨¦s intent¨® hablarle, pero ella estaba, m¨¢s bien fing¨ªa estar molesta.
Andr¨¦s le picaba las costillas a Eun-Ji para hacerla re¨ªr. Muy al contrario de su actitud despiadada y distante, Andr¨¦s era muy amable y sonre¨ªa bastante cuando interactuaba con Eun-Ji, pero solo con ella.
Al final, Eun-Ji cedi¨® y termin¨® sonriendo. Ella se gir¨® hacia Andr¨¦s, pero esta vez fue diferente para ella. Sus ojos ya no miraban igual a Andr¨¦s; en su mente trataba de descubrir qu¨¦ era lo que realmente significaba para ella. Aunque Andr¨¦s parec¨ªa ignorar esto.
Lleg¨® la noche, y con todas las casas destruidas, los cuatro se quedaron en la cueva. Pero ocurri¨® algo que no hab¨ªa pasado antes: aunque Andr¨¦s y Eun-Ji dorm¨ªan en el mismo espacio, no dorm¨ªan juntos. Esa noche, Eun-Ji se sent¨ªa nerviosa y no pod¨ªa dormir; ante esto, decidi¨® salir a tomar aire. Total, con Andr¨¦s aqu¨ª, las bestias no se acercar¨ªan.
Esa fue una noche dif¨ªcil para Eun-Ji; segu¨ªa pensando en sus sentimientos y en c¨®mo resolverlos.
Al d¨ªa siguiente, todo transcurri¨® con normalidad. Despu¨¦s de desayunar, Anastasia y Adom continuaron con su trabajo de limpiar todo el desorden que qued¨® despu¨¦s de la invasi¨®n. Pero mientras lo hac¨ªan, un grupo de personas emergi¨® de entre los ¨¢rboles.
¡ª?Capit¨¢n, aqu¨ª hay sobrevivientes!
9.- Viaje a la Fortaleza
Despu¨¦s del desayuno, Andr¨¦s y Eun-Ji pasaron el tiempo cultivando en la cueva. Cada uno ten¨ªa sus propios objetivos: Andr¨¦s quer¨ªa volverse m¨¢s fuerte para cumplir su promesa de sacar a Eun-Ji de all¨ª, mientras que ella deseaba ser lo suficientemente fuerte para no quedarse atr¨¢s de nuevo.
Todo estaba tranquilo hasta que Anastasia habl¨® desde fuera de la cueva.
¡ªAndr¨¦s, hay personas que te buscan.
Andr¨¦s, que manten¨ªa los ojos cerrados, los abri¨® y se puso de pie. Eun-Ji estaba tan concentrada que no escuch¨®, y Andr¨¦s prefiri¨® no interrumpir la.
Al salir de la cueva, un pensamiento cruz¨® su mente: ?Personas? ?No est¨¢bamos en medio del bosque?
Desconociendo las intenciones de estos visitantes, tom¨® su vieja lanza y sali¨®, manteni¨¦ndose cauteloso.
Al pie del lago hab¨ªa 15 personas, todas con uniformes militares. Su piel blanca y el color de su cabello le hicieron suponer que eran estadounidenses. Dos llevaban armas M4 Carbine y el resto portaba lanzas primitivas, aunque no tan elaboradas como la suya.
Andr¨¦s, con su experiencia, los observ¨® sin levantar sospechas mientras evaluaba su poder. Su postura y el hecho de que disimulaban tener la guardia baja confirmaban que no eran d¨¦biles, especialmente el l¨ªder del grupo.
¡ªAndr¨¦s, dicen que son militares que est¨¢n ayudando a los enviados a este lugar ¡ªsusurr¨® Anastasia.
?Ayudar? Pens¨® Andr¨¦s con escepticismo.
Descendi¨® de la cueva y se acerc¨® al l¨ªder de los soldados. Cuando los soldados de la retaguardia vieron a Andr¨¦s, se burlaron de su color de piel, pero el hombre al mando los reprendi¨® de inmediato.
¡ª ?T¨² eres el que est¨¢ al mando? ¡ªpregunt¨® el hombre alto, de cuerpo musculoso y cabello canoso.
¡ªS¨ª ¡ªrespondi¨® Andr¨¦s sin m¨¢s pre¨¢mbulos.
¡ªSoy el Capit¨¢n James Parker, comandante de la Compa?¨ªa B del 3er Batall¨®n en la 7ma Brigada de Infanter¨ªa del ej¨¦rcito de los Estados Unidos ¡ªdijo el Capit¨¢n con firmeza, haciendo un saludo militar que reflejaba su experiencia.
Andr¨¦s, sin saber exactamente c¨®mo responder, se limit¨® a decir su nombre.
¡ªAndr¨¦s Reyes ¡ªrespondi¨®, tratando de sonar neutral.
El Capit¨¢n Parker le dio una firme presi¨®n de manos.
¡ª?Qu¨¦ te trae por aqu¨ª, Capit¨¢n? ¡ªpregunt¨® Andr¨¦s, buscando entender la situaci¨®n.
¡ªComo le dec¨ªa a la se?orita, tambi¨¦n fuimos transportados aqu¨ª, igual que ustedes. Varios de nuestros hombres est¨¢n en el fuerte, pero enviamos grupos para buscar m¨¢s sobrevivientes. Tenemos provisiones y algo de armamento, y queremos invitarles a acompa?arnos. Les garantizamos seguridad. Pero antes, ?puedes contarme qu¨¦ ocurri¨® aqu¨ª? Parece que hubo un enfrentamiento.
¡ªAs¨ª es, hab¨ªa alrededor de 100 personas aqu¨ª ¡ªdijo Andr¨¦s, manteniendo un tono neutral¡ª. Pero hace dos d¨ªas fuimos atacados por un grupo de bestias y solo quedamos cuatro sobrevivientes.
El Capit¨¢n Parker mir¨® alrededor, observando a Andr¨¦s, Anastasia y Adom.
¡ª?Cuatro personas? ¡ªpregunt¨® con inter¨¦s, notando que hab¨ªa algo que no cuadraba. Hab¨ªa una presencia adicional que no lograba identificar; supusieron que los vigilaban desde la distancia, preparados para cualquier eventualidad o estaban mintiendo por si ten¨ªan malas intenciones. Pero a¨²n no entend¨ªa c¨®mo hab¨ªan sobrevivido esas cuatro personas, pens¨® que no le responder¨ªan aunque preguntar¨ªa y omiti¨® esa parte.
Se hizo un peque?o silencio mientras el Capit¨¢n analizaba la situaci¨®n. Andr¨¦s, que no estaba acostumbrado a interactuar tanto con otros, se preguntaba sobre la verdadera situaci¨®n.
¡ª ?D¨®nde est¨¢ su fuerte? ¡ªpregunt¨® Andr¨¦s para romper el silencio, tambi¨¦n interesado.
¡ªAl este de aqu¨ª ¡ªrespondi¨® el Capit¨¢n¡ª. Lo construimos en una zona llana para evitar emboscadas.
Andr¨¦s comprendi¨® que, si todav¨ªa ten¨ªan armamento, el terreno llano les permitir¨ªa detectar a las bestias desde lejos, lo que les dar¨ªa ventaja.
¡ª?Hay m¨¢s sobrevivientes aparte de los militares? ¡ªpregunt¨® de nuevo Andr¨¦s.
El Capit¨¢n entendi¨® que Andr¨¦s era m¨¢s perceptivo de lo que parec¨ªa. Si llevaba tiempo aqu¨ª, podr¨ªa ya haber evaluado el terreno y al preguntar por la ubicaci¨®n estaba verificando qu¨¦ tan factible era el fuerte. Aunque eran preguntas casuales, estaba obteniendo bastante informaci¨®n.
¡ªS¨ª, hay unos 70 civiles adem¨¢s de los militares ¡ªrespondi¨® el Capit¨¢n.
¡ª ?Qui¨¦nes son ellos? ¡ªpregunt¨® Eun-Ji bajando de la cueva. Pero tan pronto vio a m¨¢s personas, agarr¨® una lanza del suelo y se acerc¨® con la guardia alta.
No solo ella; Cuando Andr¨¦s sali¨®, Adom tambi¨¦n manten¨ªa un cuchillo en su mano, al igual que Anastasia, todos con los m¨²sculos tensados, preparados para cualquier eventualidad.
Andr¨¦s sab¨ªa que no pod¨ªa hacer mucho contra rifles de asalto, pero la presencia de solo dos armas de fuego suger¨ªa que no ten¨ªan suficientes para todos o que la munici¨®n era limitada.
Explic¨® la situaci¨®n a Eun-Ji en espa?ol, para que los militares no pudieran entender.
¡ªSuena bastante sospechoso ¡ªdijo Eun-Ji, dudando de los militares.
¡ªNo creo que el Capit¨¢n sea una mala persona, pero eso se aplica solo a ¨¦l.
¡ªConf¨ªo en tu juicio. Nunca te has equivocado antes. Adem¨¢s, dudo que puedan hacernos da?o ¡ªrespondi¨® Eun-Ji con confianza.
¡ªNo te confies demasiado. El l¨ªder parece un cultivador de 3 o 4 estrellas, mientras que los dem¨¢s parecen estar en la primera estrella. Adem¨¢s, hay dos m¨¢s ocultos entre los ¨¢rboles.
¡ªAun as¨ª, confi¨® en ti ¡ªdijo Eun-Ji con una sonrisa.
Para Andr¨¦s, la opini¨®n de Eun-Ji era suficiente. Aunque su decisi¨®n afectar¨ªa a Adom y Anastasia, no los tuvo en cuenta al tomarla.
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¡ªEst¨¢ bien, iremos con ustedes ¡ªdijo Andr¨¦s al Capit¨¢n.
¡ªTomen sus cosas y saldremos cuando est¨¦n listos ¡ªcoment¨® el Capit¨¢n, complacido con la decisi¨®n.
Todos entraron a la cueva, tomaron algo de carne y reconocieron algunas lanzas y cuchillos antes de reunirse con el grupo de militares.
Aunque Anastasia estaba inconforme, sigui¨® a Andr¨¦s. Adom tambi¨¦n ayud¨® sin cuestionar.
Cuando se reunieron con el Capit¨¢n, el grupo sali¨® escoltado por los militares, movi¨¦ndose en formaci¨®n con los cuatro en el centro y los dos con armas al frente del grupo.
Caminaron varios metros dentro del bosque en direcci¨®n al este. Pero cuando iban a entrar a un prado, Andr¨¦s los detuvo.
¡ªEsperen ¡ªdijo Andr¨¦s en tono bajo, pero no tanto como para que no lo escucharan.
El Capit¨¢n hizo una se?a y todos se detuvieron sin romper la formaci¨®n.
¡ª?Qu¨¦ pasa? ¡ªpregunt¨® el Capit¨¢n.
¡ªHay un nido m¨¢s adelante. Si entran al prado, los rodear¨¢n los tigres ¡ªexplic¨® Andr¨¦s.
Los soldados lo miraron esc¨¦pticos, pero el Capit¨¢n crey¨® en sus palabras. No parec¨ªa estar mintiendo y ellos desconoc¨ªan el territorio. Debe conocer m¨¢s el bosque, pens¨® el Capit¨¢n.
¡ª?Conoces alguna ruta segura al este? ¡ªpregunt¨® el Capit¨¢n.
¡ªS¨ªganme ¡ªdijo Andr¨¦s mientras se posicionaba al frente del grupo.
¡ªSe?or, esto es una mala idea ¡ªinform¨® un soldado.
¡ªS¨ªganlo ¡ªorden¨® el Capit¨¢n.
A rega?adientes, los soldados siguieron los pasos de Andr¨¦s.
El camino se desvi¨® un poco al norte hasta una zona espesa de ¨¢rboles. De ah¨ª sigui¨® al este por la orilla de un r¨ªo.
¡ªNo toquen el agua. Estaremos bien si no lo hacen ¡ªexplic¨® Andr¨¦s.
Los militares miraban a Andr¨¦s desconfiados; ellos no hab¨ªan pasado por all¨ª cuando ven¨ªan. Todo era desconocido, pero los soldados ocultos los segu¨ªan desde la distancia, d¨¢ndoles un sentido de seguridad ante las eventualidades.
El Capit¨¢n repet¨ªa las palabras de Andr¨¦s como una orden a sus hombres. Por la forma en que se mov¨ªa, Andr¨¦s parec¨ªa estar acostumbrado al ambiente. Si logra llevarnos al fuerte por un camino seguro, habremos encontrado una joya, pens¨® el Capit¨¢n.
Andr¨¦s los llev¨® hasta una parte donde el r¨ªo era m¨¢s angosto y menos profundo. Andr¨¦s les hizo una se?a para que se detuvieran.
¡ª?Qu¨¦ pasa, Andr¨¦s? ¡ªpregunt¨® el Capit¨¢n, curioso por su reacci¨®n.
¡ªEscuchen bien, pisen exactamente donde pise ¡ªadvirti¨® a los soldados¡ª. Eun-Ji, sube a mi espalda ¡ªdijo a Eun-Ji, quien obedeci¨® sin preguntar.
Con Eun-Ji en su espalda, Andr¨¦s camin¨® a paso lento para que pudieran seguirlo. Aunque el r¨ªo era m¨¢s angosto, a¨²n ten¨ªa alrededor de seis metros de ancho y una profundidad de 40 cent¨ªmetros.
Se form¨® una l¨ªnea detr¨¢s de Andr¨¦s, que iba seguido por el Capit¨¢n, siete soldados, Anastasia, Adom y al final otros siete soldados.
Todos caminaron pisando exactamente donde lo hac¨ªa el de enfrente. Paso a paso, muy lentamente lograron atravesar el r¨ªo sin problemas.
Al otro lado del r¨ªo hab¨ªa una peque?a colina, y Andr¨¦s condujo al grupo hasta all¨ª sin que Eun-Ji bajara de su espalda. Todos lo segu¨ªan de cerca, pisando exactamente donde ¨¦l hab¨ªa pisado para evitar el peligro.
Cuando llegaron a la cima, Andr¨¦s se detuvo y baj¨® a Eun-Ji.
¡ªPronto anochecer¨¢, descansemos aqu¨ª ¡ªindic¨® Andr¨¦s.
Sus tres acompa?antes siguieron sus ¨®rdenes sin objeciones. Durante el d¨ªa, Andr¨¦s los hab¨ªa guiado de manera impecable, y, a pesar de haber recorrido una larga distancia, no hab¨ªan encontrado ninguna bestia. Ellos entendieron que estaban en una ruta segura y que no habr¨ªa problemas.
¡ªEstamos a plena vista, capit¨¢n. Debemos buscar otro lugar ¡ªsugiri¨® un soldado.
Era comprensible que pensaran as¨ª; estaban en la cima de una colina desde donde pod¨ªan ser vistos desde lejos en cualquier direcci¨®n.
¡ª?Est¨¢s seguro de este lugar? ¡ªpregunt¨® el capit¨¢n a Andr¨¦s.
¡ªAqu¨ª estaremos bien, solo no bajen de este peque?o espacio ¡ªexplic¨® Andr¨¦s con calma.
El capit¨¢n acept¨® sus palabras, pues durante el d¨ªa Andr¨¦s hab¨ªa demostrado ser un gu¨ªa confiable, y no hab¨ªa motivo para dudar de ¨¦l ahora.
¡ª?Qu¨¦ est¨¢s haciendo? ¡ªpregunt¨® Andr¨¦s al ver a los soldados buscando le?a para una fogata.
¡ªEstamos buscando le?a para encender una fogata ¡ªrespondi¨® uno con irritaci¨®n.
¡ª?Una fogata? ¡ªse burl¨® Andr¨¦s¡ª. No entiendo c¨®mo han sobrevivido hasta ahora.
¡ª?Suficiente! ¡ªintervino uno de ellos, furioso¡ª. ?Qu¨¦ sabes t¨² de supervivencia? Solo eres un mexicano arrogante.
¡ª?T¨² eres? ¡ªpregunt¨® Andr¨¦s.
¡ªSargento Mayor Robert J. Thompson ¡ªrespondi¨® Robert con orgullo.
¡ªSignifica que es el segundo al mando aqu¨ª, despu¨¦s del capit¨¢n ¡ªexplic¨® tranquilamente Anastasia desde donde estaba descansando.
¡ª?Arrogante? ¡ªdijo Andr¨¦s con una sonrisa desafiante¡ª. Te reto a que bajes de aqu¨ª.
Robert, enojado, acept¨® el reto y camin¨® hacia el borde de la colina. Apenas dio un paso, un chillido ensordecedor reson¨® y un tent¨¢culo emergi¨® del agua, intentando arrastrarlo.
Andr¨¦s reaccion¨® r¨¢pidamente, tirando de Robert hacia atr¨¢s y salv¨¢ndolo de ser atrapado.
¡ªDices que soy arrogante ¡ªdijo Andr¨¦s¡ª. Pero tengo las habilidades para respaldarlo, no un simple t¨ªtulo vac¨ªo que de nada sirve aqu¨ª.
Robert, temblando, se dio cuenta de que Andr¨¦s sab¨ªa exactamente lo que estaba haciendo.
¡ª?Qu¨¦ es esa cosa? ¡ªpregunt¨® el capit¨¢n, conmocionado por lo sucedido.
¡ªNo estoy seguro ¡ªrespondi¨® Andr¨¦s¡ª. Pero si pisas fuera de d¨®nde pasamos, algo chilla como si fuera una alarma y esa cosa sale del agua.
Para demostrarlo, Andr¨¦s tom¨® una peque?a piedra y la arroj¨®; tan pronto la piedra toc¨® el suelo, se escuch¨® el chillido de nuevo y sali¨® otro tent¨¢culo.
¡ªDespu¨¦s de mucha investigaci¨®n encontr¨¦ que solo ese peque?o sendero no alerta a esa cosa ¡ªexplic¨®¡ª. Entiendo que no est¨¦n de acuerdo conmigo, pero si no quieren que muramos todos por su culpa, solo acaten ¨®rdenes. No creo que sea dif¨ªcil para un militar.
Despu¨¦s de lo sucedido, el grupo entendi¨® que seguir las indicaciones de Andr¨¦s era la mejor opci¨®n para garantizar su seguridad. Para ellos, Andr¨¦s parec¨ªa un experto en el terreno, como un Sargento de Operaciones Especiales o incluso un Operador de Fuerzas Especiales.
¡ª?C¨®mo lograste obtener la informaci¨®n? ¡ªpregunt¨® el capit¨¢n, sabiendo que no hab¨ªa caminado aleatoriamente para encontrar el sendero.
¡ªSobre eso...
¡ªNo tienes que decir m¨¢s ¡ªinterrumpi¨® Eun-Ji.
Ella conoc¨ªa bien los m¨¦todos de Andr¨¦s. Durante su tiempo juntos, ¨¦l sol¨ªa atrapar peque?os animales y utilizarlos como conejillos de indias. Los lanzaba primero, y si mor¨ªan, buscaba otra ruta. Aunque era un m¨¦todo cruel, era efectivo. No quer¨ªa que los dem¨¢s conocieran ese lado suyo, y Andr¨¦s, siempre atento a sus deseos, no dijo m¨¢s.
El capit¨¢n malinterpret¨® la situaci¨®n, pensando que no confiaban en ¨¦l y que ocultar¨ªan informaci¨®n valiosa. Sin embargo, su percepci¨®n del valor de Andr¨¦s solo aument¨®.
Al d¨ªa siguiente, continuaron su camino. Al otro lado de la colina estaba la ¨²ltima franja de bosque y, m¨¢s all¨¢, la pradera.
No avanzaron mucho cuando se escuch¨® de nuevo el chillido y luego el grito de dos hombres.
El capit¨¢n se puso p¨¢lido. Los dos hombres que los segu¨ªan estaban demasiado lejos para escuchar las instrucciones de Andr¨¦s y no conoc¨ªan el peligro del lugar. Desde la salida del fuerte, el grupo se hab¨ªa reducido significativamente: originalmente eran 30 soldados en el grupo de exploraci¨®n, pero hab¨ªan perdido a 10 al cruzar la pradera, a 3 m¨¢s en el bosque y ahora 2 m¨¢s. El capit¨¢n sab¨ªa que, si Andr¨¦s no los hubiera guiado, quiz¨¢s solo habr¨ªan regresado entre 5 o 6.
Tristes por perder a m¨¢s compa?eros, el grupo continu¨® su camino.
Ahora que todos escuchaban a Andr¨¦s, avanzaron m¨¢s r¨¢pido. Cruzaron el resto del bosque sin problemas y entraron a la pradera. Andr¨¦s pregunt¨® por la ubicaci¨®n exacta del fuerte al capit¨¢n, quien le mostr¨® las coordenadas. Como Andr¨¦s no entend¨ªa de coordenadas, los militares solo le dieron la direcci¨®n.
Ese deb¨ªa ser todo su conocimiento, pens¨® el capit¨¢n.
Era imposible que una sola persona conociera todo el terreno. El hecho de conocer bien el bosque le daba a Andr¨¦s un valor incalculable en esta situaci¨®n.
Pero, en lugar de seguir la direcci¨®n indicada, Andr¨¦s los llev¨® un poco al sur. All¨ª hab¨ªa un ¨¢rbol enorme, de tama?o exagerado para ser un simple ¨¢rbol. No entend¨ªan por qu¨¦ los llevaba all¨ª, pero entre sus ra¨ªces hab¨ªa una peque?a cueva.
Andr¨¦s les dijo que bajaran. En el espacio bajo las ra¨ªces hab¨ªa tres senderos, y ¨¦l los gui¨® por uno de ellos. Los militares quedaron at¨®nitos al descubrir una peque?a grieta que, seg¨²n Andr¨¦s, cruzaba m¨¢s de la mitad de la pradera.
Cruzar la pradera era peligroso, ya que las bestias los detectaban desde lejos. Pero siguiendo ese camino pod¨ªan pasar sin ser notados.
Andr¨¦s explic¨® que las bestias no se acercaban a esa grieta por lo que hab¨ªa debajo. Si hubieran tomado cualquiera de los otros dos caminos, se habr¨ªan encontrado con un ciempi¨¦s de varios metros de largo, ya que est¨¦ era su campo de caza.
Andr¨¦s hab¨ªa encontrado este camino por casualidad cuando fue expulsado por Li Wei. Al no saber qu¨¦ camino tomar, rob¨® cr¨ªas de una variante de ciervos y las arroj¨® all¨ª. Descubri¨® la grieta despu¨¦s de observar durante unos d¨ªas y descubri¨® que el ciempi¨¦s no atacaba a menos que se entrara en su cueva. As¨ª, si segu¨ªan el camino contrario, no tendr¨ªan problemas.
Caminaron el resto de ese d¨ªa y dos m¨¢s. Durante este tiempo, las provisiones que Andr¨¦s hab¨ªa tomado de la cueva fueron suficientes para que el grupo de cuatro no pasara hambre, aunque no compartida con los militares, quienes estaban pas¨¢ndola mal.
Al final del cuarto d¨ªa llegaron al final de la grieta y era momento de subir a la superficie.
¡ªEsperan hasta que vuelva ¡ªorden¨® Andr¨¦s.
Los militares no estaban conformes, pero obedecieron. Andr¨¦s sali¨® de la grieta y no regres¨® hasta varias horas despu¨¦s.
¡ªVamos ¡ªdijo desde afuera de la grieta.
Andr¨¦s ayud¨® a subir a Eun-Ji mientras los dem¨¢s sal¨ªan. Aunque le preguntaron d¨®nde fue, se abstuvo de responder. Sin embargo, tras regresar, camin¨® m¨¢s tranquilo a pesar de estar en campo abierto, y lo m¨¢s extra?o fue que ninguna bestia se acerc¨® a ellos.
Siguiendo las indicaciones del capit¨¢n, llegaron sin problemas al fuerte. Tal como hab¨ªan dicho, era bastante amplio, con paredes de troncos de madera, algo m¨¢s resistente que lo que ellos ten¨ªan. Arriba de la puerta principal hab¨ªa un total de 15 soldados, pero no eran americanos.
Por sus rasgos, parec¨ªan asi¨¢ticos, aunque no estaba seguro de su origen espec¨ªfico. Todos parec¨ªan experimentados y estaban equipados con fusiles K2, pero no mostraban hostilidad. Al contrario, parec¨ªan aliviados de que m¨¢s personas llegaran al refugio.
El interior del fuerte estaba dividido en secciones. La parte m¨¢s cercana a la puerta estaba libre, al fondo hab¨ªa una zona donde los militares caminaban como si cuidaran algo, ya los laterales hab¨ªa pocas personas, todos con rostros deca¨ªdos.
El capit¨¢n amablemente los llev¨® a una peque?a tienda en el ala derecha del interior. La tienda no era muy grande, pero lo suficientemente espaciosa para albergar a seis personas.
Tras explicar algunas cosas, el capit¨¢n agradeci¨® la gu¨ªa de Andr¨¦s y se fue.
Una nueva etapa estaba comenzando, y el d¨ªa en que una de las sectas m¨¢s poderosas fuera formada no estaba muy lejos.
10.- Nuevo objetivo
Esa noche, mientras todos estaban en la tienda.
¡ªPuedes contarme la raz¨®n por la que nos trajiste aqu¨ª ¡ªpregunt¨® Eun-ji.
Andr¨¦s la mir¨® por un momento antes de sonre¨ªr.
¡ªDurante los ¨²ltimos d¨ªas que estuve solo, not¨¦ algo. Por alguna raz¨®n, las bestias negras comenzaron a movilizar a los rojos, y estos a sus subordinados. No s¨¦ por qu¨¦, pero todas las bestias est¨¢n en movimiento. Al parecer, algo grande est¨¢ por ocurrir ¡ªmencion¨® Andr¨¦s en un tono muy serio.
¡ª?Por eso nos trajiste? ¡ªpregunt¨® Anastasia.
¡ªS¨ª, lo he pensado, y ser¨¢ peligroso seguir solos mientras ocurre este cambio ¡ªargument¨® Andr¨¦s.
¡ªClaro, mientras m¨¢s seamos, m¨¢s fuertes seremos ¡ªmencion¨® Adom.
Andr¨¦s se ri¨® como si fuera algo gracioso. ¨¦l no ve¨ªa a las personas de aqu¨ª como aliados. Si algo pasaba, ten¨ªa suficiente carne de ca?¨®n para proteger a Eun-ji.
¡ªPor ahora, veremos qu¨¦ tan factible es quedarnos aqu¨ª. Si no funciona, siempre podemos irnos ¡ªmencion¨® finalmente Andr¨¦s.
Al d¨ªa siguiente, el capit¨¢n lleg¨® temprano con unas hojas de papel. Eran formularios con informaci¨®n personal, en los que se ped¨ªa nombre, lugar de origen, ocupaci¨®n, nombre de alg¨²n familiar cercano, entre otras cosas. Seg¨²n inform¨® el capit¨¢n, esto les ayudar¨ªa a reunirse con alg¨²n posible familiar o conocido, si es que estos estuvieran aqu¨ª.
Fueron algo reacios al principio, pero Andr¨¦s no detect¨® malas intenciones en el capit¨¢n y les dijo a todos que los completaran. Pero eso no era todo. El capit¨¢n, habiendo observado las habilidades de Andr¨¦s, lo ten¨ªa en alta estima y lo recomend¨® a su superior, el coronel William H. Sterling.
Una vez llenado el formulario, el capit¨¢n pidi¨® a Andr¨¦s que lo acompa?ara a la tienda de su superior. Eun-ji, temiendo que Andr¨¦s les hiciera algo, pidi¨® acompa?arlos. Durante el trayecto desde el bosque hasta la fortaleza, el capit¨¢n hab¨ªa notado el v¨ªnculo entre ellos dos y sab¨ªa que uno no se mover¨ªa sin el otro. Aunque le hubiera gustado declinar, termin¨® aceptando su petici¨®n.
Contrario a lo que reflejaba el capit¨¢n, el coronel no le dio buena espina a Andr¨¦s. Su actuar, y especialmente sus ojos, demostraban que no era una persona de fiar. De aspecto algo viejo, su cuerpo estaba bastante en forma, y ten¨ªa cicatrices en el rostro que reflejaban su estilo de vida. Aunque se mostr¨® amable en todo momento, siempre habl¨® con un tono condescendiente y con una pizca de superioridad, especialmente cuando observ¨® el tono de piel de Andr¨¦s y los rasgos asi¨¢ticos de Eun-ji.
Este coronel no habl¨® de inmediato sobre el asunto importante. No fue hasta que llegaron varios militares m¨¢s. Andr¨¦s ya hab¨ªa notado soldados asi¨¢ticos en las puertas, y ahora el oficial al mando de estos hab¨ªa entrado a la tienda. No solo ¨¦l; soldados de varios ej¨¦rcitos entraron tambi¨¦n junto a los asi¨¢ticos.
Fueron presentados como el teniente coronel Kim Joon-hyuk, representante del ej¨¦rcito coreano; el mayor Chen Ming, representante del ej¨¦rcito chino; el teniente coronel Dmitri Iv¨¢novich Volkov, representante del ej¨¦rcito ruso; y el capit¨¢n Maximilian Falkenstein, del ej¨¦rcito alem¨¢n.
Aunque obviamente no lo dijo, a Andr¨¦s le pareci¨® gracioso que todas estas personas estuvieran juntas, especialmente los rusos y estadounidenses. Pero lo fue a¨²n m¨¢s cuando le dijeron que este lugar estaba a cargo de los estadounidenses.
Aunque cada uno comandaba a sus propios hombres, el mando general, por as¨ª decirlo, estaba a cargo del coronel William, supuestamente por tener el rango m¨¢s alto entre los presentes.
Lentamente, el capit¨¢n James le cont¨® a Andr¨¦s c¨®mo hab¨ªan sucedido las cosas hasta el momento. Poco despu¨¦s de que Andr¨¦s y Eun-ji fueran transportados aqu¨ª, ocurrieron cambios en la Tierra.
Lo que el capit¨¢n contaba podr¨ªa parecer los delirios de alguien si no estuvieran en esta situaci¨®n.
Seg¨²n el capit¨¢n, monstruos aparecieron de la nada. Bestias de color marr¨®n, parecidas a simios sin rostro, invadieron el norte de Alaska, arrasando todo a su paso.
La ONU pidi¨® a los diferentes pa¨ªses que se unieran para superar este percance, y aunque algunos no estaban del todo conformes, ej¨¦rcitos de todo el mundo arribaron al norte de Estados Unidos para comenzar la campa?a.
Pero antes de poder hacer algo, un buen n¨²mero de tropas fue envuelto en una luz naranja y transportado aqu¨ª.
Descubrieron que todos llegaron con lo que sea que estuviesen tocando en ese momento. Algunos tra¨ªan armas, quienes estaban en la retaguardia trajeron municiones y comida, e incluso algunos que estaban sobre tanques los trajeron tambi¨¦n. Pero quienes estaban descansando no trajeron nada.
Esta teor¨ªa ya la hab¨ªan considerado Andr¨¦s y Eun-ji. Al igual que ellos, Eun-ji hab¨ªa tra¨ªdo un peque?o cuchillo de cocina y un encendedor. Pero Andr¨¦s, que no sosten¨ªa nada en ese momento, lleg¨® con las manos vac¨ªas.
La historia del capit¨¢n continu¨®. Las tropas aparecieron en la zona norte de este lugar. Aunque confundidos, se adaptaron r¨¢pidamente a su nuevo entorno.
Pero tras avanzar pocas horas, fueron atacados por una horda de bestias. Al principio fue f¨¢cil; las bestias ten¨ªan una dureza mayor que los animales normales, pero no tanto como para hacer frente a sus armas.
La lucha parec¨ªa favorable para su bando cuando un reptil negro, parecido a un drag¨®n de c¨®modo, apareci¨®. Esa criatura los derrot¨® sin problemas. A pesar de tener varios tanques, no lograron hacerle ni el m¨¢s m¨ªnimo rasgu?o.
Lentamente, fueron presionados hasta que se vieron obligados a retirarse. Fueron perseguidos durante varios d¨ªas, hasta que, una vez en la pradera, la criatura dej¨® de seguirlos.
Lamentablemente, sus bajas fueron del 50% de sus efectivos, incluyendo los altos mandos de los diferentes ej¨¦rcitos.
Avanzaron por dos d¨ªas m¨¢s, combatiendo diferentes bestias que los atacaban de vez en cuando, hasta llegar a este lugar. Tras analizar el terreno, pensaron que era una buena idea establecer aqu¨ª una base.
Pasaron varios d¨ªas hasta que civiles llegaron corriendo desde el este, perseguidos por una jaur¨ªa de bestias. Ellos los rescataron y entendieron que no hab¨ªan llegado solos. El ej¨¦rcito mexicano, que era la mayor¨ªa en ese momento, decidi¨® que deb¨ªan buscar en los alrededores, ya que podr¨ªa haber m¨¢s personas en peligro.
Ciertamente, as¨ª fue. Enviaron varios grupos de b¨²squeda y rescataron a muchas personas en diferentes ¨¢reas. Lastimosamente, a diferencia de ellos, solo los ej¨¦rcitos coreano y franc¨¦s apoyaban estas incursiones.
Lentamente, sus n¨²meros fueron disminuyendo. El ej¨¦rcito franc¨¦s fue aniquilado durante una incursi¨®n en la zona norte, y m¨¢s de la mitad del ej¨¦rcito mexicano muri¨® en las monta?as. Seg¨²n el capit¨¢n, el resto del ej¨¦rcito mexicano muri¨® durante la ¨²ltima invasi¨®n al fuerte. Incluso del ej¨¦rcito coreano solo quedaba una tercera parte de sus efectivos originales.
La ca¨ªda de los ej¨¦rcitos mexicano y franc¨¦s redujo considerablemente su fuerza, y durante las ¨²ltimas invasiones gran parte del ej¨¦rcito ruso y alem¨¢n tambi¨¦n hab¨ªa muerto.
Eun-ji entendi¨® que, debido a sus diferencias de opini¨®n, hab¨ªan sido presa f¨¢cil para las bestias, y seg¨²n el capit¨¢n, este lugar deb¨ªa tener poco menos de la mitad de su fuerza original. Esto no le daba mucha confianza. Se supon¨ªa que ven¨ªan aqu¨ª en busca de refugio, pero al parecer no eran capaces de protegerse ni siquiera a s¨ª mismos. Terminada la historia del capit¨¢n, este present¨® a Andr¨¦s a los dem¨¢s y habl¨® sobre sus amplios conocimientos del lugar y su notable experiencia en reconocimiento.
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Los diferentes l¨ªderes ve¨ªan en Andr¨¦s un activo valioso, siempre que sus habilidades fueran tan grandes como presum¨ªa el capit¨¢n.
Ahora era el turno de Andr¨¦s. Coment¨® sin problema cu¨¢nto tiempo llevaba all¨ª. Los militares estaban asombrados; ellos, que llevaban alrededor de un a?o en este lugar, no pod¨ªan evitar admirar a Andr¨¦s por haber sobrevivido tanto tiempo.
Andr¨¦s les cont¨® lo que sab¨ªa, evitando revelar la informaci¨®n m¨¢s valiosa. Aun as¨ª, su conocimiento era tan extenso que dej¨® a los militares sin palabras.
Cuando estaba por revelar algo, siempre lanzaba una mirada a Eun-ji para obtener su aprobaci¨®n. Esto fue notado por los militares, quienes comprendieron que no les estaban contando todo, aunque era comprensible.
Sin embargo, eso solo sembr¨® discordia. Ahora, todos quer¨ªan ganarse la confianza de Andr¨¦s para obtener acceso a la informaci¨®n restante. Aunque no lo pareciera, cada ej¨¦rcito quer¨ªa ser superior a los dem¨¢s, y ahora ve¨ªan en Andr¨¦s la clave que pod¨ªa inclinar la balanza a favor de alguno de los bandos.
Tras pedirle a Andr¨¦s que participara en las pr¨®ximas expediciones, y con su aceptaci¨®n, todos se retiraron.
Al regresar a la tienda, se encontraron con un grupo de militares rusos y uno coreano. Tal como hab¨ªa dicho el capit¨¢n, compa?eros de Anastasia hab¨ªan llegado para verificar si realmente era ella. Tras la llegada de Andr¨¦s, Anastasia les dijo que ir¨ªa unos momentos con su unidad y se march¨®.
El militar coreano miraba con l¨¢grimas en los ojos a Eun-ji, quien, tan pronto entr¨®, fue recibida por un fuerte abrazo de este hombre. Ambos se miraban con alegr¨ªa, y el militar la revisaba para asegurarse de que no tuviera ninguna lesi¨®n.
Pasaron unos minutos hasta que Eun-ji finalmente present¨® a esta persona a Andr¨¦s y Adom.
¡ª¨¦l es Kang Min-ho, mi primo ¡ªdijo se?alando a ese hombre¡ª. Ellos son Andr¨¦s y Adom ¡ªtermin¨® se?al¨¢ndolos.
Todos se presentaron y hablaron durante algunas horas. Pero en medio de la conversaci¨®n, surgi¨® algo que nadie hab¨ªa notado hasta ese momento.
¡ª?Est¨¢s diciendo que llevan 3 a?os aqu¨ª? ¡ªpregunt¨® sorprendido Min-ho.
¡ªYo s¨ª ¡ªrespondi¨® Eun-ji¡ª. Pero Andy lleva aqu¨ª cerca de 7 a?os, hasta donde recuerda.
Al comprobar los tiempos y el d¨ªa de sus desapariciones, descubrieron que tanto Andr¨¦s, Eun-ji y Adom desaparecieron el mismo d¨ªa, y que, al parecer, Min-ho desapareci¨® solo un d¨ªa despu¨¦s.
Entonces surgi¨® una pregunta: ?por qu¨¦ llegaron aqu¨ª con tanta diferencia de tiempo?
Lo cierto es que hasta ahora nunca hab¨ªan hablado de esto; inconscientemente, todos pensaron que hab¨ªan dejado la Tierra en momentos distintos.
Por m¨¢s teor¨ªas que crearon, era dif¨ªcil saber la verdad.
La reuni¨®n fue bastante larga. Todos contaron an¨¦cdotas y compartieron conocimientos, pero m¨¢s que nada, Min-ho parec¨ªa feliz de ver a Eun-ji y saber que estaba bien.
La noche lleg¨® y era hora de que Min-ho se retirara. Pero justo antes de irse, record¨® algo.
¡ªLo olvidaba, Ji-won-ssi tambi¨¦n est¨¢ aqu¨ª. Deber¨ªas ir a verla ¡ªdijo Min-ho en tono neutro.
¡ª?Qu¨¦? ?Unni est¨¢ aqu¨ª? ¡ªpregunt¨® alegre Eun-ji.
¡ªS¨ª, si quieres, vamos a verla ¡ªsugiri¨® Min-ho.
¡ª?Claro! ¡ªEun-ji se gir¨® hacia Andr¨¦s¡ª. Vamos, aprovechemos que est¨¢ aqu¨ª para verificar algo.
¡ª?Verificar? ¡ªpregunt¨® Andr¨¦s.
¡ªS¨ª ¡ªlo tir¨® del brazo¡ª. Es importante, vamos.
Andr¨¦s sigui¨® de mala gana a Eun-ji hasta la tienda donde estaba esta mujer.
Su tienda estaba en la parte del ej¨¦rcito coreano, al fondo de todas las tiendas, casi junto a la del teniente coronel Kim Joon-hyuk. Min-ho los llev¨® hasta la tienda, pero no entr¨® con ellos.
Ambos entraron y, al igual que con Min-ho, Eun-ji estuvo un buen rato hablando con esta mujer. Lee Ji-won, una mujer de estatura promedio, ten¨ªa el pelo te?ido de azul y varias perforaciones en las orejas. Era de complexi¨®n algo robusta y vest¨ªa con una bata que parec¨ªa de doctor.
Despu¨¦s de un largo reencuentro con Ji-won, Eun-ji al fin present¨® a Andr¨¦s. Sin embargo, la raz¨®n por la que lo llev¨® all¨ª era para que esta persona pudiera diagnosticar el estado de Andr¨¦s.
Eun-ji present¨® a Ji-won como una psiquiatra bastante popular en Corea. Dentro del pa¨ªs, Ji-won era considerada una de las mejores en el campo de la salud mental.
Andr¨¦s no estaba convencido de aceptar ser diagnosticado, ya que no ve¨ªa nada raro en su comportamiento, pero cedi¨® ante la insistencia de Eun-ji.
Ella los dej¨® solos para que pudieran hablar, mientras tanto esper¨® afuera de la tienda, a una distancia donde no pudiera escuchar.
Al principio, Eun-ji pens¨® que su conversaci¨®n durar¨ªa poco, pero la sesi¨®n se extendi¨® durante varias horas, hasta que finalmente Ji-won la llam¨®.
Ahora, el proceso fue al rev¨¦s; Ji-won le pidi¨® a Andr¨¦s que las esperara afuera mientras hablaban.
¡ª?Qu¨¦ tan grave est¨¢? ¡ªpregunt¨® nerviosa Eun-ji.
Ji-won la mir¨® en silencio por un momento, hasta que finalmente habl¨®.
¡ªMuy mal ¡ªdijo en tono serio.
Eun-ji se puso m¨¢s ansiosa al escuchar esto.
¡ªAndr¨¦s tiene una condici¨®n llamada comorbilidad ¡ªcontinu¨®.
¡ª?Comorbilidad? ¡ªpregunt¨® Eun-ji.
¡ªS¨ª, esta condici¨®n se da cuando una persona sufre de dos o m¨¢s trastornos mentales al mismo tiempo. ¡ªJi-won tom¨® un respiro y continu¨®¡ª. Andr¨¦s sufre Trastorno de Estr¨¦s Postraum¨¢tico (TEPT). Este trastorno se desarrolla despu¨¦s de vivir experiencias traum¨¢ticas y puede causar s¨ªntomas como recuerdos intrusivos, pesadillas y una constante sensaci¨®n de peligro. Su constante lucha por sobrevivir y los eventos que casi lo llevaron a la muerte han dejado una huella profunda en su mente, haci¨¦ndole revivir constantemente esos momentos de peligro ¡ªJi-won dio vuelta a unas hojas y continu¨®¡ª. Adem¨¢s, los a?os que ha estado solo y sin ning¨²n apoyo emocional han hecho que presente un Trastorno Antisocial de la Personalidad (TAP). Esto significa que tiene dificultades para entender o empatizar con los sentimientos de los dem¨¢s y, en algunos casos, puede actuar de manera cruel o manipuladora sin sentir culpa o remordimiento.
Eun-ji finalmente entendi¨® por qu¨¦ Andr¨¦s siempre parec¨ªa distante de las personas. Al principio no le dio importancia, pero despu¨¦s del incidente con Li Wei, se dio cuenta de que Andr¨¦s no sent¨ªa el m¨¢s m¨ªnimo remordimiento por sus acciones.
Ji-won continu¨®.
¡ªEstos dos trastornos interact¨²an de una manera que lo hace m¨¢s propenso a comportamientos impulsivos y peligrosos, especialmente en situaciones de estr¨¦s. Lo que quiero destacar es que, debido a la combinaci¨®n de estos trastornos, Andr¨¦s est¨¢ en un estado mental muy vulnerable. Si no recibe el cuidado y el apoyo adecuados, existe un riesgo real de que desarrolle un tercer trastorno mental.
¡ª?Hay alguna forma de ayudarlo? ¡ªpregunt¨® Eun-ji.
Ji-won la mir¨® con una mezcla de preocupaci¨®n e impotencia.
¡ªSiendo sincera, es muy dif¨ªcil. Si estuvi¨¦ramos en Corea, podr¨ªamos tratar el TEPT con una combinaci¨®n de terapias como la terapia cognitivo-conductual (TCC), terapia de exposici¨®n y, tal vez, medicaci¨®n. Aunque el proceso es largo y requiere una gran inversi¨®n emocional por parte del paciente. En cuanto al TAP, este es notoriamente dif¨ªcil de tratar.
¡ª?Y eso por qu¨¦? ¡ªpregunt¨® Eun-ji.
¡ªLas personas con TAP a menudo no ven nada malo en su comportamiento, lo que hace que sean reacias a buscar o aceptar tratamiento. La terapia se enfoca m¨¢s en manejar y modificar conductas peligrosas que en "curar" el trastorno.
¡ª?Entonces no se puede hacer nada?
¡ªEl problema es que tener ambos trastornos a la vez puede complicar enormemente el tratamiento. El TEPT puede hacer que la persona sea m¨¢s propensa a la ira, a reacciones emocionales intensas y a la paranoia, lo que puede agravar los s¨ªntomas del TAP, como la impulsividad y la crueldad. En el mejor de los casos, se podr¨ªa ayudar a reducir los s¨ªntomas y mejorar el control de los impulsos, pero es poco probable que se cure por completo.
¡ª?C¨®mo podr¨ªamos hacer eso?
¡ªAh¨ª radica el problema: normalmente ser¨ªa importante que su entorno sea lo m¨¢s estable posible. Las rutinas regulares, la falta de sorpresas o crisis y un ambiente seguro pueden ayudar a reducir su estr¨¦s diario. Algo que es imposible en esta situaci¨®n. Seg¨²n mi diagn¨®stico, t¨² juegas un papel importante. Tu apoyo y comprensi¨®n son fundamentales para su bienestar. Y, por ¨²ltimo, es crucial que no se a¨ªsle completamente. El aislamiento puede aumentar el riesgo de desarrollar nuevos trastornos. Debemos incentivar conexiones sociales positivas, aunque sean limitadas; pueden ser de gran ayuda.
Eun-ji baj¨® la cabeza, preocupada. Cuando escuch¨® que Ji-won estaba all¨ª, pens¨® que ella podr¨ªa encontrar una manera de ayudar a Andr¨¦s, pero ese no parec¨ªa ser el caso.
Eun-ji apret¨® sus manos, sinti¨¦ndose impotente ante la situaci¨®n. Aunque Andr¨¦s parec¨ªa estable, era solo cuesti¨®n de tiempo antes de que explotara. ¨¦l hab¨ªa hecho mucho por ella y pens¨® que al fin pod¨ªa devolverle algo, pero no fue as¨ª.
Ji-won, al notar la frustraci¨®n en el rostro de Eun-ji, se levant¨® y puso su mano en su hombro.
¡ªEuni, quiero que sepas que, aunque su situaci¨®n es complicada, no es imposible de manejar. Con el enfoque adecuado, podemos ayudarlo a mantener el control sobre su vida y su bienestar mental. No tienes que llevar esta carga sola. Estoy aqu¨ª para apoyarlos a ambos en cada paso del camino.
¡ªGracias, Unni.
Unni tiene raz¨®n, pens¨® Eun-ji. Aunque no podemos curar su condici¨®n, al menos ahora sabemos exactamente qu¨¦ tiene y c¨®mo podemos ayudarlo. No ser¨¢ f¨¢cil, y espero que su condici¨®n no empeore en el futuro, pero aunque as¨ª sea, siempre estar¨¦ a su lado.
11.- Enemigo
Los d¨ªas han pasado, lentamente todos se han ido acostumbrando a su nuevo estilo de vida. Aunque antes no lo parec¨ªa, las habilidades individuales de cada uno eran de la m¨¢s alta calidad, especialmente las de Andr¨¦s y Adom.
Adom fue puesto al mando de los fabricantes de ¡°armas¡±. Comparti¨® sin problema sus habilidades con los dem¨¢s, haciendo que la producci¨®n fuera m¨¢s r¨¢pida y con armas de muy alta calidad. Claro que esto depend¨ªa de los materiales que se proveyeran, pero en general eran muy buenas.
En cuanto a Andr¨¦s, como hab¨ªa dicho en la reuni¨®n, sali¨® con los grupos de exploraci¨®n en busca de supervivientes. Con su experiencia y conocimiento del terreno, se convirti¨® r¨¢pidamente en un recurso invaluable.
Las primeras incursiones que lider¨® fueron un ¨¦xito rotundo. Con un ojo agudo para identificar los puntos d¨¦biles del enemigo, se?alaba las rutas m¨¢s seguras y alertaba sobre posibles emboscadas. Su capacidad para anticipar los movimientos del enemigo hizo que los asaltos fueran m¨¢s efectivos y las p¨¦rdidas en su grupo disminuyeran dr¨¢sticamente. Cada victoria alimentaba la moral de sus compa?eros, y pronto comenzaron a referirse a ¨¦l como "el l¨ªder de las sombras", un apodo que lo segu¨ªa como un halo de respeto.
Sin embargo, a pesar del ¨¦xito, Andr¨¦s manten¨ªa su distancia emocional. Aunque Eun-ji le hab¨ªa pedido que se llevara mejor con los dem¨¢s, simplemente no pod¨ªa hacerlo. No entend¨ªa por qu¨¦ se lo hab¨ªa pedido; ¨¦l no ve¨ªa nada raro en su actitud, y aunque lo intentaba, resultaba bastante dif¨ªcil.
Sus compa?eros, aunque admiraban su liderazgo, no lograban acercarse a ¨¦l. Rechaz¨® las ofertas de los diferentes ej¨¦rcitos para unirse a uno espec¨ªfico, lo que gener¨® murmullos entre las filas.
Simplemente no quer¨ªa estar atado a nadie. Aunque se estaba acostumbrando lentamente al ambiente del fuerte, segu¨ªa sin confiar en las personas. Pero esto no hac¨ªa felices a todos.
El coronel William, un hombre de car¨¢cter imponente y ambici¨®n desmedida, se sinti¨® irritado por la negativa de Andr¨¦s a alinearse con los estadounidenses. Ve¨ªa c¨®mo la influencia de Andr¨¦s crec¨ªa entre los soldados, y su ego no toleraba la idea de que alguien ajeno a su gente tuviera tanto poder. Si no pod¨ªan ganarse su favor, tendr¨ªan que encontrar una manera de controlarlo.
Un d¨ªa, mientras Andr¨¦s y su grupo realizaban una exploraci¨®n en las colinas cercanas, el coronel William dio la orden de atacar. Con la excusa de una maniobra de entrenamiento, comenz¨® a posicionar a sus hombres para un asalto. Aprovechando que Andr¨¦s no estaba presente y que muchos soldados estaban en el exterior, los estadounidenses lanzaron un ataque sorpresivo, desatando el caos en la base.
Eun-ji, que hab¨ªa decidido permanecer en la base para ayudar a organizar el refugio de los civiles, se encontraba en medio del descontrol.
Los estadounidenses comenzaron a disparar a todos los soldados extranjeros, sin excepci¨®n. Los hombres estacionados, solo pendientes del exterior, no pudieron reaccionar al ataque interno.
Uno a uno, todos los soldados fueron asesinados, mientras que los civiles fueron tomados como rehenes. Este evento mostr¨® el verdadero rostro de los estadounidenses, quienes, vali¨¦ndose del caos, aprovecharon para cometer toda clase de atrocidades. Los pocos soldados estadounidenses que se negaron a dar el golpe fueron asesinados en el acto por traici¨®n.
Gritos, sollozos, maldiciones y el sonido de las armas; eso fue todo lo que se escuch¨® por varias horas en el fuerte.
Los l¨ªderes de los diferentes ej¨¦rcitos fueron r¨¢pidamente puestos bajo arresto y los alemanes que pusieron m¨¢s resistencia, masacrados sin piedad.
Anastasia se encontraba en una tienda al fondo, a¨²n lejos de la conmoci¨®n. Pero al escuchar el sonido de disparos, sali¨® r¨¢pidamente. Lo que observ¨® fue una escena cruel: militares matando y violando personas. Antes de que pudiera reaccionar, Adom lleg¨® corriendo, la tom¨® del brazo y la llev¨® lejos de all¨ª.
¡ª?Qu¨¦ est¨¢ pasando?
Adom le hizo una se?al para que hablara bajo y le respondi¨®.
¡ªLos estadounidenses tomaron el fuerte y est¨¢n asesinando a todos los militares ajenos a ellos. ?Sabes d¨®nde est¨¢ Eun-ji? Debemos ir por ella y salir de aqu¨ª.
¡ªNo lo s¨¦, estaba ayudando en las tiendas centrales con el acomodo de civiles.
¡ªEso es malo; ah¨ª est¨¢ el mayor caos ¡ªmir¨® a Anastasia¡ª. Escucha, yo ir¨¦ por ella y t¨² sal de aqu¨ª. Los equipos de exploraci¨®n no tardar¨¢n en regresar; debes avisarlos o de otra manera morir¨¢n igual que los soldados de aqu¨ª.
¡ª?Est¨¢s seguro? Mejor voy contigo.
¡ªDe acuerdo, vamos.
Ambos se colaron entre las tiendas, tratando de evitar en lo posible los enfrentamientos. Pero era dif¨ªcil; los soldados se posicionaron de forma que pudieran evitar fugas y, aunque se ocultaban lo mejor que pod¨ªan, siempre terminaron en enfrentamientos con los soldados.
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Ellos eran m¨¢s diestros en peleas y lograron suprimir a sus enemigos antes de que alertaran a los dem¨¢s.
Llegaron hasta la parte asignada a los estadounidenses y vieron c¨®mo Eun-ji era cargada inconsciente por el coronel William.
Adom pens¨® en rescatarla, pero el lugar estaba lleno de soldados y la mayor¨ªa ten¨ªa armas. Tal vez hubiera podido con dos o tres, pero eran demasiados.
¡ªRetir¨¦monos; hay que avisarle a Andr¨¦s.
¡ªEntiendo. Ve¨¢monos.
Pero cuando se iban a retirar, fueron rodeados por los soldados y tuvieron que entrar en combate.
Sus capacidades eran mayores a las de los soldados. Eran cultivadores de 2 estrellas y ellos solo personas normales; si no fuera por las armas, la situaci¨®n ser¨ªa diferente.
Adom y Anastasia lucharon con todas sus fuerzas, esquivando balas y respondiendo con movimientos precisos y fluidos. A pesar de su ventaja en habilidades, el n¨²mero de soldados estadounidenses era abrumador. Con cada golpe que daban, sent¨ªan la presi¨®n del tiempo y el riesgo de ser descubiertos.
¡ª?Sigue movi¨¦ndote! ¡ªgrit¨® Adom mientras bloqueaba un ataque con su antebrazo, lanzando un golpe certero al soldado que intentaba acercarse.
La adrenalina corr¨ªa por sus venas. A cada paso que daban, m¨¢s soldados se sumaban al enfrentamiento. El sonido de disparos resonaba en el aire, y los gritos de p¨¢nico de los civiles aumentaban su urgencia.
¡ªNo podemos seguir as¨ª mucho tiempo ¡ªdijo Anastasia, respirando con dificultad¡ª. Necesitamos un plan.
Adom asinti¨®, sus ojos fijos en la salida. El lugar era un laberinto de carpas y barricadas, y el caos se apoderaba de la base. Sab¨ªa que ten¨ªan que encontrar a Eun-ji r¨¢pidamente antes de que la situaci¨®n se volviera a¨²n m¨¢s peligrosa.
¡ªVoy a intentar crear una distracci¨®n ¡ªdijo Adom, mirando a su alrededor en busca de una soluci¨®n. Su mente se ilumin¨® con una idea¡ª. Hay un barril de combustible cerca. Si lo prendo, puede causar el caos que necesitamos para salir.
Anastasia lo mir¨® con preocupaci¨®n.
¡ª?Est¨¢s seguro? Eso podr¨ªa atraer a¨²n m¨¢s atenci¨®n.
¡ªEs nuestra ¨²nica opci¨®n ¡ªrespondi¨® ¨¦l, con determinaci¨®n¡ª. T¨² ve buscando a Eun-ji. Nos reuniremos en la entrada principal.
Antes de que ella pudiera objetar, Adom se desliz¨® hacia el barril. Con una r¨¢pida mirada, se asegur¨® de que nadie lo estuviera observando. Encendi¨® un peque?o explosivo que hab¨ªa llevado consigo y lo arroj¨® al barril. En cuesti¨®n de segundos, una gran explosi¨®n ilumin¨® la noche, enviando llamas y humo por todas partes.
El caos se desat¨® instant¨¢neamente. Los soldados estadounidenses comenzaron a gritar y a correr en diferentes direcciones, tratando de controlar el fuego que se propagaba r¨¢pidamente. Aprovechando la confusi¨®n, Adom se lanz¨® hacia la salida, buscando reunirse con Anastasia.
Mientras tanto, ella se mov¨ªa entre las sombras, concentr¨¢ndose en encontrar a Eun-ji. Record¨® que la ¨²ltima vez que la vio, estaba ayudando a organizar a los civiles. La imagen de su rostro amable la impuls¨® a seguir adelante, ignorando el peligro que la rodeaba.
Al llegar a la tienda donde los civiles estaban refugiados, el horror que encontr¨® la detuvo en seco. Algunos soldados estaban gritando, y otros arrastraban a los prisioneros. Sin perder tiempo, Anastasia se uni¨® a un grupo de civiles que intentaban escapar por una salida trasera.
¡ª?Afuera! ¡ªgrit¨® Anastasia, motivando a los dem¨¢s a seguirla¡ª. ?Debemos salir de aqu¨ª!
A medida que avanzaban, sinti¨® el aire enrarecido por el humo y el miedo. Sab¨ªa que no pod¨ªa permitir que eso la detuviera. En un momento de desesperaci¨®n, gir¨® en una esquina y se encontr¨® frente a una escena desgarradora: varios soldados rodeaban a Eun-ji, quien estaba de pie, con las manos atadas y la boca amordazada.
Calcul¨® sus posibilidades de victoria y se adentr¨® con valent¨ªa, derrotando sin problema a los soldados.
¡ªTe sacar¨¦ de aqu¨ª ¡ªsusurr¨® mientras trataba de desatar las sogas.
Pero Eun-ji negaba con la cabeza, como si tratase de decir que se fuera.
¡ªVaya, vaya. ?Qu¨¦ tenemos aqu¨ª?
Anastasia se gir¨® para ver que estaba rodeada, de la puerta entro un gran n¨²mero de soldados con armas liderados por William.
Anastasia no supo c¨®mo reaccionar.
¡ª?Qu¨¦ estas tratando se hacer? ¡ªgrit¨® Anastasia estirando ambos brazos como si tratase de proteger a Eun-ji.
William se acerc¨® con una sonrisa burlona, su postura erguida irradiando una confianza desmedida.
¡ª?Qu¨¦ tienes aqu¨ª, Anastasia? ¡ªdijo, su voz profunda resonando en el espacio reducido¡ª. Un intento desesperado de salvar a tu amiga, supongo. Pero no te preocupes, esto ya estaba todo planeado. Este fuerte es nuestro, y tu no cambiar¨¢s eso.
Los soldados se agruparon a su alrededor, formando un c¨ªrculo amenazante.
¡ªCre¨ª que podr¨ªas ser ¨²til, pero parece que solo eres un estorbo ¡ªcontinu¨®, disfrutando de su poder en ese momento¡ª. ?Realmente cre¨ªas que pod¨ªas enfrentarme?
Anastasia sinti¨® una mezcla de ira y miedo. Sab¨ªa que deb¨ªa actuar con rapidez.
¡ªNo tienes idea de con qui¨¦n te est¨¢s metiendo ¡ªreplic¨®, aunque su voz temblaba un poco¡ª. No te dejar¨¦ hacerle da?o.
William solt¨® una risa burlona, como si su respuesta fuera la cosa m¨¢s c¨®mica que hab¨ªa escuchado.
¡ª?Y qu¨¦ piensas hacer? ?Con esta escasa fuerza que te queda? ¡ªse?al¨® a los soldados que la rodeaban, quienes se prepararon para actuar.
Justo cuando la situaci¨®n parec¨ªa estar al borde del colapso, un ruido ensordecedor retumb¨® en el aire. Adom apareci¨® de la nada, su figura emergiendo del caos, con la determinaci¨®n reflejada en su rostro.
El caos estall¨® en ese instante. Adom se lanz¨® hacia los soldados, su rapidez y habilidades superando a los hombres armados. Con movimientos precisos, derrib¨® a varios, abriendo un camino para que Anastasia y Eun-ji escaparan.
¡ª?V¨¢yanse! ¡ªles grit¨®¡ª. ?Ahora!
Anastasia, sorprendida pero agradecida, no dud¨®. Quer¨ªa llevarse a Eun-ji, pero era dif¨ªcil. Sin otra opci¨®n sali¨® corriendo, aunque antes de salir de la tienda recibi¨® un balazo en su brazo izquierdo. Aunque el dolor era extremo no dudo en seguir corriendo.
William, enojado y frustrado, comenz¨® a gritar ¨®rdenes para que sus hombres atacaran, pero el ambiente ca¨®tico jugaba en contra de su control.
¡ª?Detengan a esos traidores! ¡ªrugi¨®, pero la confusi¨®n reinante dificultaba que sus hombres respondieran de inmediato.
Adom continu¨® combatiendo con agilidad, asegur¨¢ndose de cubrir su retirada.
Anastasia corri¨® sin parar, herida y cansada por varias horas. Cuando se alej¨® lo suficiente, por suerte encontr¨® un grupo donde venia Andr¨¦s.
Los soldados inmediatamente ayudaron a Anastasia d¨¢ndole agua y vendando la herida.
¡ª?Qu¨¦ sucedi¨®? ¡ªpregunto Andr¨¦s acerc¨¢ndose lentamente.
¡ªHan tomado el fuerte ¡ªjadeo¡ª. ¡Eun-ji esta con ellos. ?La han secuestrado!
12.- Enemigo, parte II
Andr¨¦s y el grupo de reconocimiento regresaban a la base seg¨²n lo acordado. Previamente, hab¨ªan designado un punto donde todos los grupos se reunir¨ªan antes de volver, una estrategia que hab¨ªan seguido desde que Andr¨¦s lideraba las incursiones.
Durante ese tiempo, los soldados se hab¨ªan preguntado por qu¨¦ hab¨ªan dejado de ser atacados al entrar en la pradera.
A pesar de ser un espacio abierto, con el cual en muchas ocasiones hab¨ªan tenido problemas, desde hac¨ªa algunos d¨ªas las bestias hab¨ªan dejado de atacar. Aunque el grupo regres¨® con huecos en sus filas, pudo regresar sin mayores contratiempos a la base.
Cuando Min-ho le pregunt¨® a Andr¨¦s al respecto, este solo respondi¨® que era una coincidencia.
Caminaban en formaci¨®n como de costumbre; ese d¨ªa no hab¨ªan encontrado sobrevivientes, por lo que volv¨ªan m¨¢s confiados que antes.
Todo fue as¨ª hasta que, a lo lejos, divisaron a Anastasia. Caminaba de manera torpe, sujet¨¢ndose el brazo. El grupo not¨® de inmediato que estaba herida.
Se acercaron y comenzaron a tratar sus heridas. Al principio, pensaron que hab¨ªa sido atacada por una bestia, pero al revisarla qued¨® claro que hab¨ªa sido obra de otra persona.
¡ª?Qu¨¦ pas¨®? ¡ªpregunt¨® Andr¨¦s con su cl¨¢sica mirada vac¨ªa.
¡ªHan tomado el fuerte ¡ªjade¨®¡ª. ...Eun-ji est¨¢ con ellos. ?La han secuestrado!
¡ª?A qu¨¦ te refieres? ¡ªpregunt¨® Min-ho, visiblemente asustado.
¡ªLos estadounidenses tomaron la base, mataron a todos los soldados, y los civiles se convirtieron en rehenes.
¡ª?Y Adom? ¡ªinquiri¨® Andr¨¦s.
¡ªSe lanz¨® contra los soldados para que yo pudiera escapar¡ desconozco si sigue con vida...
¡ª?Debemos ir r¨¢pido! ¡ªgrit¨® Min-ho.
Los soldados se tensaron. El hecho de que los estadounidenses hubieran tomado el fuerte significaba que ten¨ªan acceso a las armas y los suministros. Mientras tanto, ellos solo contaban con lo que llevaban encima. Las balas y la comida ahora eran historia; estaban desamparados.
Pero lo que m¨¢s los inquietaba era Andr¨¦s. El hombre que hasta entonces parec¨ªa una m¨¢quina sin emociones ahora emanaba una enorme presi¨®n. Junto a ¨¦l, se sent¨ªan como presas ante un depredador.
¡ªNo podemos ir ¡ªrespondi¨® Andr¨¦s, mirando a lo lejos¡ª. Ellos tienen armas y rehenes. Si vamos, estaremos en desventaja.
¡ª?Qu¨¦ hacemos entonces? ?Tienen a Eun-ji! ¡ªinsisti¨® Min-ho.
¡ªS¨¦ que eres su pariente y entiendo tu preocupaci¨®n. Pero no podemos ir... a¨²n...
Todos miraron a Andr¨¦s, desconcertados, al escuchar ese "a¨²n". Claramente, ten¨ªa un plan.
¡ªEscuchen, hay algo que puedo hacer, pero¡ no ser¨¢ agradable... ¡ªlos mir¨® en silencio por un momento¡ª. Aunque, la verdad, tampoco me importa lo que piensen. Esa escoria ha tocado algo que no deb¨ªan, y lo pagar¨¢n caro... Tengo que ir a un lugar ¡ªAndr¨¦s carg¨® a Anastasia sobre sus hombros¡ª. Pueden venir si quieren; lo tomar¨¦ como se?al de que estamos del mismo lado y les dar¨¦ protecci¨®n. O pueden seguir su propio camino, ustedes eligen.
¡ª?Lo que har¨¢s ayudar¨¢ a rescatar a Eun-ji? ¡ªpregunt¨® Min-ho, decidido.
¡ªLo har¨¦ por ella, aunque es seguro que se enfadar¨¢ despu¨¦s.
¡ªEntonces, voy contigo.
Los soldados, aunque confundidos, sab¨ªan que no ten¨ªan otra opci¨®n viable. Conoc¨ªan las capacidades de Andr¨¦s y decidieron seguirlo.
Andr¨¦s condujo al grupo por una ruta nueva. Desde que hab¨ªan comenzado las incursiones, nunca hab¨ªan pasado por ah¨ª. El paisaje se ve¨ªa curiosamente m¨¢s bello. Los enormes ¨¢rboles formaban un sendero que parec¨ªa sacado de un cuento de hadas. Mientras caminaban, ve¨ªan flores de diversos colores que le daban al lugar un aire m¨¢gico.
Caminaron hasta llegar a una peque?a laguna en medio de una llanura. A los lados hab¨ªa enormes rocas que formaban una especie de tri¨¢ngulo. Tan pronto como salieron del sendero, un puma de pelaje negro los intercept¨®.
¡ª?Qu¨¦ quieren aqu¨ª? ¡ªrugi¨®.
El puma reconoci¨® de inmediato a Andr¨¦s.
¡ªPero si es el demonio de dos patas. Al ver a tu grupo, pensar¨ªa que est¨¢s por romper tu palabra ¡ªhabl¨® el puma en un tono seductor, con voz femenina.
¡ªNo soy tan est¨²pido como para hacer eso. ?Est¨¢ tu jefe? Tengo un negocio que proponerle.
El puma se mantuvo en silencio, observando al grupo.
¡ªVaya, son muy precavidos, como si esos juguetes pudieran hacerles da?o ¡ªAndr¨¦s se burl¨® y luego mir¨® al grupo¡ª. Bajen las armas ¡ªorden¨®. Siguiendo sus palabras, aunque sin entender lo que suced¨ªa, todos bajaron sus armas¡ª. ?Feliz?
El puma sonri¨®.
¡ªAs¨ª est¨¢ mejor.
El cuerpo del puma comenz¨® a brillar intensamente, su forma se distorsion¨®, y ante los ojos del grupo, los m¨²sculos y huesos del animal se reconfiguraron hasta que, en su lugar, apareci¨® una mujer, una muy hermosa mujer de largo cabello negro. La transformaci¨®n fue tan fluida como irreal, dejando al grupo perplejo.
Despu¨¦s de transformarse, la mujer se par¨® en medio del tri¨¢ngulo de rocas y desapareci¨®.
¡ª?Qui¨¦n es ella? ¡ªsusurr¨® Anastasia, a¨²n sobre los hombros de Andr¨¦s.
¡ªElla es la segunda, despu¨¦s del gobernante de la pradera. Y antes de que pregunten c¨®mo se transform¨® en persona, d¨¦jenme decirles que tampoco lo s¨¦. Ellos son seres antiguos, y es in¨²til tratar de descubrir sus secretos.
¡ª?C¨®mo la conoces? ¡ªpregunt¨® Min-ho, nervioso.
¡ªLa encontr¨¦ herida hace tiempo, en su forma humana, y pens¨¦ en ayudarla. Estaba inconsciente, as¨ª que la cuid¨¦ por algunos d¨ªas hasta que despert¨®. Despu¨¦s de hablar, descubrimos que ten¨ªamos intereses similares, y nos volvimos "aliados". Le ped¨ª como favor que dejaran de atacar el fuerte, y como no interfer¨ªa con sus planes, aceptaron. Contrario a lo que uno esperar¨ªa de una bestia, ella y el gobernante de la pradera est¨¢n bastante abiertos al di¨¢logo.
¡ª?Entonces estamos a salvo? ¡ªMin-ho miraba desconfiado¡ª. ?No nos atacar¨¢n, verdad?
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¡ªLo dudo, a menos que ustedes hagan algo primero.
Mientras hablaban, el tri¨¢ngulo de rocas volvi¨® a brillar.
De ¨¦l emergi¨® nuevamente el puma, pero esta vez, a su lado apareci¨® una mujer de cabello blanco. Su piel blanca como la nieve, y sus ojos, con pupilas de reptil, analizaban al grupo mientras avanzaba con movimientos cautivadores, casi hipn¨®ticos.
¡ªHa pasado un tiempo, Demonio ¡ªdijo la mujer de cabello blanco.
El grupo observ¨® algo que pensaban imposible: Andr¨¦s estaba haciendo una reverencia, mostrando respeto a esta mujer. Inconscientemente, todos lo imitaron.
¡ª?Y? ¡ªpregunt¨® la mujer, sin decir m¨¢s.
¡ªTengo un negocio que proponerte ¡ªrespondi¨® Andr¨¦s con calma.
¡ª?De qu¨¦ se trata? ¡ªpregunt¨® la mujer, sent¨¢ndose de manera elegante sobre una roca.
¡ª?Recuerdas la base que ped¨ª que no atacaran? ¡ªla mujer asinti¨®¡ª. Planeo destruirla, pero necesito tu apoyo.
La mujer sonri¨® con malicia.
¡ª?Qu¨¦ gano al ayudarte?
¡ªExcepto por tres personas, los dem¨¢s son tuyos ¡ªrespondi¨® Andr¨¦s con total serenidad, como si fuera algo trivial.
¡ªSupongo que sabes lo que suceder¨¢ si me mientes.
¡ªLo s¨¦.
¡ª?Cu¨¢ndo atacar¨¢s?
¡ªMa?ana al amanecer.
La mujer supo que hablaba en serio. Bastaba con ver su rostro lleno de intenci¨®n asesina. Aunque no ten¨ªa motivos para entrar en este conflicto, sab¨ªa que no era un mal negocio. Aun as¨ª, le resultaba demasiado tedioso participar personalmente.
¡ªNefertari ¡ªdijo la mujer, en voz suave.
¡ªSe?ora ¡ªrespondi¨® el puma de inmediato.
¡ªLleva a Tiaa y Tiye contigo, acompa?a al Demonio y trae el bot¨ªn de regreso.
¡ªComo ordene, se?ora ¡ªrespondi¨® Nefertari con firmeza.
¡ªPueden quedarse aqu¨ª a pasar la noche ¡ªindic¨® la mujer de cabello blanco, antes de desaparecer en el tri¨¢ngulo de rocas, seguida por Nefertari.
El grupo se qued¨® en silencio, a¨²n sin poder procesar lo que estaban presenciando.
¡ª?Est¨¢s seguro de esto? ¡ªpregunt¨® Anastasia.
¡ªNo ¡ªsuspir¨® Andr¨¦s con voz baja.
¡ª?Qu¨¦¡ qu¨¦ quieres decir con que no¡? ¡ªtartamude¨® Min-ho.
¡ªEso mismo, no estoy seguro ¡ªrespondi¨® directamente Andr¨¦s¡ª. Min-ho ¡ªsuspir¨®¡ª. ?Conoces la jerarqu¨ªa de las bestias?
¡ªNo, no la conozco ¡ªdijo mientras negaba con la cabeza.
¡ªLas bestias miden su fuerza seg¨²n el color de su pelaje. El rango comienza con gris, seguido por azul, verde, p¨²rpura, naranja, rojo, negro y finalmente blanco. Como pudieron ver, Nefertari es una bestia de pelaje negro, mientras que su l¨ªder, Wadjet, es de pelaje blanco ¡ªdijo Andr¨¦s, dirigi¨¦ndose a Min-ho, quien asinti¨® en se?al de entendimiento¡ª. Nos clasifican seg¨²n esa misma escala. Si peleara con todas mis fuerzas, tendr¨ªa un cincuenta por ciento de posibilidades contra una bestia de pelaje naranja. Por eso, para ellas, soy el equivalente a una bestia de pelaje naranja. En cuanto a Eun-ji, ella podr¨ªa enfrentarse a una de pelaje p¨²rpura.
Los dem¨¢s se quedaron sorprendidos al escuchar esto. Nunca imaginaron que Eun-ji fuera tan fuerte, lo que les dej¨® una inquietud en el aire.
¡ªNo sab¨ªa que Eun-ji era tan poderosa ¡ªcoment¨® Min-ho¡ª. Pero entonces, ?c¨®mo pudieron capturarla?
¡ªEs su personalidad ¡ªrespondi¨® Andr¨¦s, cruz¨¢ndose de brazos¡ª. Es fuerte, s¨ª, pero duda en lastimar a otros. Si no fuera por eso, ni siquiera las armas ser¨ªan un problema para ella.
¡ª?Y para ti? ¡ªpregunt¨® Min-ho con curiosidad.
¡ªSi peleara en serio, tampoco ser¨ªan oponentes.
¡ªEntonces, ?por qu¨¦ pides ayuda a las bestias si no conf¨ªas en ellas?
¡ªSi lo hiciera yo mismo, tendr¨ªa que matarlos r¨¢pidamente, y no quiero eso. Pagaran lo que hicieron sintiendo el verdadero terror¡
El grupo trag¨® saliva. Estaba claro que no quer¨ªan convertirse en enemigos de Andr¨¦s. Aunque manten¨ªa su habitual expresi¨®n vac¨ªa, hab¨ªa algo m¨¢s oscuro en sus ojos, una furia contenida que pocas veces dejaba ver. Sus palabras hab¨ªan cargado el ambiente de tensi¨®n, y todos entendieron que el plan de Andr¨¦s era mucho m¨¢s profundo de lo que mostraba.
Esa noche, acamparon cerca de una laguna. Aunque los soldados estaban cerca de Andr¨¦s, ninguno se atrevi¨® a hacer m¨¢s preguntas. Anastasia, herida, intentaba comprender lo que ocurr¨ªa, pero sab¨ªa que Andr¨¦s siempre ten¨ªa una raz¨®n para todo. Vivir junto a ¨¦l le hab¨ªa ense?ado que su mente funcionaba en niveles que otros no pod¨ªan alcanzar.
Min-ho, por otro lado, continuaba procesando la informaci¨®n sobre la jerarqu¨ªa de las bestias. La escala de poder, la relaci¨®n con los humanos... Sab¨ªa que, a pesar de la abrumadora fuerza de Eun-ji y Andr¨¦s, hab¨ªa m¨¢s en juego que la simple fuerza f¨ªsica. Pero a¨²n no lograba descifrar el verdadero plan de Andr¨¦s.
Al caer la noche, Nefertari regres¨®, acompa?ada de dos figuras m¨¢s. Ambas mujeres compart¨ªan el aire salvaje de Nefertari, pero mientras ella emanaba una seducci¨®n peligrosa, las otras dos irradiaban pura letalidad, como depredadoras en la oscuridad.
¡ªEstamos listas ¡ªdijo Nefertari sin rodeos.
Andr¨¦s asinti¨®, sabiendo que ese peque?o grupo ser¨ªa suficiente. Las bestias no eran numerosas, pero su precisi¨®n y ferocidad superaban cualquier expectativa que los estadounidenses pudieran tener. Para su plan, la cantidad no importaba.
Al amanecer, el grupo comenz¨® su marcha hacia el fuerte. El silencio era opresivo, roto solo por el crujido de las hojas bajo sus pies.
Finalmente, llegaron a una colina desde donde pod¨ªan ver el fuerte. Estaba completamente tomado. Soldados estadounidenses patrullaban los alrededores, y varios civiles estaban retenidos en el centro del campamento.
Nefertari avist¨® a Eun-ji a la distancia, atada junto a los dem¨¢s.
¡ªTu hembra parece estar bien ¡ªcoment¨® con indiferencia mientras evaluaba el ¨¢rea¡ª. ?C¨®mo quieres proceder?
¡ªNo hay mucho que pensar, solo ataquen, nosotros iremos detr¨¢s. Pero recuerden dejar vivo a esa persona ¡ªSe?alo desde donde estaban al coronel William.
Las tres bestias sonrieron, anticipando el destino que le esperaba a ese hombre.
Nefertari y sus acompa?antes avanzaron hacia el fuerte. A unos metros de la muralla, Tiaa se transform¨® en una enorme leona de pelaje negro. Los soldados estadounidenses, aterrorizados, no entend¨ªan lo que estaba ocurriendo. Dispararon fren¨¦ticamente, pero las balas no le hicieron ni un rasgu?o a la bestia.
La leona avanzaba lentamente, disfrutando del miedo de sus presas. Mientras tanto, Tiye, la segunda acompa?ante, se transform¨® en una tigresa de pelaje negro, a¨²n m¨¢s imponente que Tiaa. Los ojos de la tigresa miraban a los soldados como si fueran presas listas para ser devoradas. Entonces, algo inesperado ocurri¨®. De las fauces de Tiye surgi¨® una esfera carmes¨ª de varios metros de di¨¢metro que se dispar¨® hacia el muro, destruy¨¦ndolo por completo.
El estruendo reson¨® en todo el fuerte, y entre el humo y el polvo se pudieron ver los cuerpos destrozados de los soldados. Aquellos que sobrevivieron a la explosi¨®n estaban desorientados, algunos intentaron huir, pero pronto fueron rodeados por bestias de pelaje verde que emergieron de la tierra.
El asalto termin¨® tan r¨¢pido como hab¨ªa comenzado.
¡ªListo ¡ªdijo Nefertari, de pie sobre los escombros.
Andr¨¦s avanzando y, junto a Min-ho y Anastasia, entraron en busca de Eun-ji. Aunque el fuerte hab¨ªa sido devastado, la explosi¨®n no da?¨® la zona donde estaban los civiles. Buscaron entre ellos, pero Eun-ji y Adom no estaban all¨ª.
Avanzaron hacia la tienda del coronel estadounidense. Dentro, William, con el rostro ensangrentado, sujetaba un cuchillo cerca del cuello de Eun-ji.
¡ª?Malditos traidores! ?Se aliaron con bestias! ?Los matar¨¦ a todos! ¡ªgrit¨® William con furia.
¡ª?Qu¨¦ haces? ¡ªpregunt¨® Andr¨¦s con una calma perturbadora.
¡ª?Si te mueves, la mato! ¡ªamenaz¨® William.
¡ªEuni, deja de jugar y v¨¢monos ¡ªdijo Andr¨¦s, ignorando por completa la gravedad de la situaci¨®n.
Eun-ji estaba visiblemente molesta, pero se manten¨ªa en su papel de reh¨¦n por capricho. Andr¨¦s susspir¨® antes de lanzar un cuchillo que se incrust¨® en el hombro de William, haciendo caer de espaldas. Min-ho corri¨® para liberar a Eun-ji, quien, furiosa, mir¨® a Andr¨¦s.
¡ª?Por qu¨¦? ¡ªFue lo ¨²nico que dijo.
Andr¨¦s la miro en silencio por unos segundos y como si nunca hubiera dicho nada, paso de largo, pateo el rostro del adolorido William noque¨¢ndolo y se agacho para atarlo con una soga.
¡ª??De verdad no piensas responder!?
¡ª ?Qu¨¦ quieres que diga? ¡ªdijo mientras continuaba atando a William sin levantar la mirada¡ª. ?Perd¨®n por venir a rescatarte? ?Lamento haber sacrificado tanta gente? ¡ªAndr¨¦s comenz¨® a sonar irritado¡ª. Esto no hubiera pasado si dejaras de jugar y actuaras por primera vez¡ ?Quieres culpar a alguien? ¡ªse gir¨® hacia Eun-ji¡ª. C¨²lpate a ti ¡ªdijo con una mirada vac¨ªa.
¡ª?Andr¨¦s! ¡ªgrit¨® Min-ho para evitar que dijeran cosas de las cuales podr¨ªan arrepentirse despu¨¦s.
Una vez que Andr¨¦s termin¨® de atar a William, se levant¨® y sali¨® de la tienda para buscar a Adom. Entro en la tienda de al lado y ah¨ª lo encontr¨¦, recostado sobre una mesa improvisada, inconsciente y con claros rastros de tortura. Al mirar m¨¢s de cerca noto como no ten¨ªa el ojo derecho, hab¨ªan cortado su lengua y extirpado las u?as de sus manos. Ten¨ªa rastros de m¨²ltiples cortes en sus piernas y faltaba el dedo anular de su mano derecha.
Al mirarlo no puedo evitar pensar ?C¨®mo sigue vivo? Sonri¨®, aunque su estado estaba en muy malas condiciones, al menos segu¨ªa vivo. Lo cubr¨® con una s¨¢bana que estaba tirada ah¨ª y lo carga en sus hombros. Sali¨® de la tienda y regreso a donde estaba Eun-ji y los dem¨¢s.
¡ªMin-ho, lleva a William. A¨²n tengo asuntos pendientes con ¨¦l.
Mientras regresaban al centro del campamento, fueron rodeados por las bestias.
Min-ho obedeci¨® y carga al inconsciente William. Todos regresaron a la parte central donde estaban los civiles. Nefertari y las bestias ya ten¨ªan controlado la situaci¨®n y estaban hablando sobre c¨®mo llevarse su bot¨®n de regreso.
Pero en cuanto Andr¨¦s y su grupo salieron fueron rodeados por las bestias.
13.- Preludio de guerra
Despu¨¦s de rescatar a Eun-Ji, Andr¨¦s y su grupo se preparaban para marcharse.
¡ªMin-ho, ?la doctora sigue con vida? ¡ªpregunt¨® Andr¨¦s.
Min-ho neg¨® con la cabeza.
¡ªNo lo s¨¦. Con todo este caos, no he podido buscarla.
¡ªBusquen entre los sobrevivientes. Si la encuentran, tambi¨¦n la llevaremos con nosotros.
¡ªEntendido.
Siguiendo las instrucciones de Andr¨¦s, Min-ho y Anastasia se pusieron a buscar a Ji-won entre los civiles. Finalmente, la encontraron inconsciente, atada en una esquina. Min-ho la desat¨® y la carg¨® sobre sus hombros, dirigi¨¦ndose de nuevo hacia el grupo.
¡ª?La encontr¨¦! ¡ªanunci¨® Min-ho.
Andr¨¦s asinti¨® y continu¨® avanzando, cargando a Adom en sus propios hombros. Aunque Eun-ji segu¨ªa molesta, se acerc¨® a Min-ho para revisar el estado de la doctora.
El grupo se alej¨® del campamento, llevando a tres personas inconscientes: Adom, William y Ji-won. Parec¨ªa que todo estaba bajo control, pero pronto se dieron cuenta de que estaban siendo rodeados por las bestias, lideradas por Nefertari.
¡ª?Qu¨¦ significa esto? ¡ªAndr¨¦s clav¨® su mirada en Nefertari.
¡ªHas roto el acuerdo, Demonio ¡ªse burl¨® ella.
¡ª?De qu¨¦ est¨¢s hablando?
¡ªTres personas. Ese fue nuestro trato.
Nefertari ten¨ªa raz¨®n. Al contar, se dieron cuenta de que llevaban cuatro.
¡ªEs solo una m¨¢s. Puedes hacer la vista gorda mientras nos vamos ¡ªsugiri¨® Andr¨¦s, evaluando a qui¨¦n podr¨ªa dejar atr¨¢s.
¡ªSabes perfectamente que a mi se?ora no le gusta eso. Debes entender cu¨¢n importante es nuestra palabra para mi gente.
Durante su breve tiempo juntos, Andr¨¦s hab¨ªa aprendido que Wadjet, la l¨ªder de las bestias, valoraba profundamente el cumplimiento de las promesas. Para las criaturas de la pradera, su palabra era m¨¢s importante que sus propias vidas.
Andr¨¦s, en su momento, se aprovech¨® de esto cuando logr¨® que prometieran no atacar el fuerte, sabiendo con certeza que cumplir¨ªan. Sin embargo, as¨ª como eran fieles a su palabra, exig¨ªan lo mismo de la otra parte. Romper el acuerdo con ellos significaba ser perseguido sin descanso, hasta la muerte.
¡ª?Hay alguna forma de que pueda llevarme a todos? ¡ªpregunt¨® Andr¨¦s.
¡ªYa sabes c¨®mo funciona esto. Vida por vida...
Andr¨¦s lo medit¨® por un instante. Ten¨ªa soldados refugiados con ¨¦l, y bien podr¨ªa entregar a uno de ellos. Pero no quer¨ªa hacerlo. Al igual que las bestias, Andr¨¦s era leal, y si sacrificaba a uno de los suyos, perder¨ªa la confianza del resto. ?Qui¨¦n confiar¨ªa en alguien capaz de abandonarlos en cualquier momento?
¡ªHagamos esto ¡ªdijo finalmente Andr¨¦s¡ª. Te deber¨¦ un favor...
Nefertari sonri¨® con malicia.
¡ªHay algo que podr¨ªas hacer. El gobernante de la monta?a est¨¢ por morir, y ahora todas las bestias se disputan su lugar. Si reclamas su lugar, podr¨¢s llevarte a cuantas personas quieras...
¡ª?Es una broma? ¡ªAndr¨¦s la mir¨® incr¨¦dulo¡ª. Tanto blancos como negros est¨¢n luchando por ese puesto. ?C¨®mo esperas que yo gane?
¡ªNaturalmente, mi se?ora te dar¨¢ su apoyo. Solo necesitamos que, cuando seas el nuevo gobernante, mantengas una alianza con ella.
Andr¨¦s lo pens¨®. Era una oferta tentadora. Si lograba convertirse en el gobernante de una regi¨®n, ya no tendr¨ªan que preocuparse por la seguridad de Eun-ji y los dem¨¢s. El problema era que, incluso con el apoyo de Wadjet, la tarea ser¨ªa extremadamente dif¨ªcil.
Eun-ji, por su parte, estaba nerviosa. Aunque su enojo no hab¨ªa desaparecido, no pod¨ªa apoyar esa idea. Pelear por convertirse en gobernante ser¨ªa extremadamente peligroso.
¡ªNo lo hagas ¡ªdijo Eun-ji, tomando el brazo de Andr¨¦s.
¡ª?Por qu¨¦ no? Es una buena oportunidad.
¡ªSer¨¢ muy peligroso, y lo sabes mejor que nadie.
¡ªAs¨ª es ¡ªadmiti¨® Andr¨¦s¡ª. Pero tambi¨¦n los beneficios son enormes.
Andr¨¦s sostuvo la mirada de Eun-ji, sabiendo que ten¨ªa raz¨®n sobre los riesgos, pero tambi¨¦n sintiendo el peso de la responsabilidad. Si lograba convertirse en gobernante, podr¨ªa ofrecerles protecci¨®n a todos. Aun as¨ª, su mente calculaba las posibilidades de ¨¦xito. La lucha por el poder en la monta?a no ser¨ªa una simple batalla, sino una guerra de supervivencia entre bestias de gran poder, y los aliados que Wadjet pudiera proporcionarle tal vez no ser¨ªan suficientes.
¡ª?Y si no lo logramos? ¡ªpregunt¨® Eun-ji, su voz baja, pero cargada de preocupaci¨®n¡ª. Si fracasas, todo esto habr¨¢ sido en vano. No puedo verte arriesgarte as¨ª.
Andr¨¦s suspir¨®, apartando la vista. No hab¨ªa una respuesta f¨¢cil para eso.
¡ªLo s¨¦ ¡ªdijo finalmente¡ª, pero si no hacemos algo, nos van a cazar uno por uno. Es solo cuesti¨®n de tiempo antes de que nuestras defensas no sean suficientes. Al menos, esto nos da una oportunidad de ganar algo m¨¢s que tiempo.
Nefertari, impaciente, intervino.
¡ªDebes decidir pronto, Demonio. El caos en la monta?a no durar¨¢ mucho. Si aceptas, te llevaremos hasta la frontera y recibir¨¢s nuestro apoyo en la batalla. Si te niegas... bueno, ya sabes las consecuencias.
Eun-ji apret¨® el brazo de Andr¨¦s con m¨¢s fuerza.
¡ªPor favor, pi¨¦nsalo bien. No quiero perderte por una guerra que no nos corresponde.
Andr¨¦s la mir¨® a los ojos y vio la mezcla de miedo y confianza que ella a¨²n ten¨ªa en ¨¦l. Sab¨ªa que su decisi¨®n no solo afectar¨ªa su vida, sino la de todos los que lo segu¨ªan.
¡ªEst¨¢ bien ¡ªrespondi¨® finalmente, dirigi¨¦ndose a Nefertari¡ª. Acepto el desaf¨ªo. Pero recuerda, si cumplo mi parte, espero que Wadjet haga lo mismo.
Nefertari sonri¨®, complacida.
¡ªMi se?ora es fiel a su palabra. Cumple con tu parte y ser¨¢s recompensado.
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Eun-ji solt¨® un suspiro de frustraci¨®n, pero no insisti¨® m¨¢s. Sab¨ªa que Andr¨¦s ya hab¨ªa tomado una decisi¨®n y que, aunque peligrosa, era la ¨²nica opci¨®n que ¨¦l ve¨ªa viable. El grupo continu¨® avanzando, escoltado ahora por las bestias de Nefertari, mientras la tensi¨®n en el aire aumentaba. Todos sab¨ªan que los pr¨®ximos d¨ªas definir¨ªan su destino.
El grupo lleg¨® al peque?o lago donde anteriormente se hab¨ªan reunido con Wadjet. Era momento de planear los pr¨®ximos movimientos.
¡ªMe sorprende que hayas aceptado ¡ªse burl¨® Wadjet.
¡ªA m¨ª tambi¨¦n ¡ªri¨® Andr¨¦s¡ª. Pero la oferta es tentadora, y con tu apoyo ser¨¢ relativamente f¨¢cil.
¡ª?Eso crees? Si es as¨ª, quiz¨¢ me he equivocado de persona.
¡ªClaro que no. Hay demasiadas bestias interesadas en ese lugar, ser¨¢ un ba?o de sangre. Pero si est¨¢s tan interesada, ?por qu¨¦ no pediste a Nefertari o a alguien m¨¢s que tomara el puesto?
¡ªLo intent¨¦, pero todos se negaron. Quieren quedarse a mi lado, y no puedo obligarlos por su lealtad.
¡ªPero est¨¢ muriendo, ?no? Sab¨ªa que algo grande estaba ocurriendo al ver tanto movimiento de las bestias, pero no imagin¨¦ que fuera por eso.
¡ªEs el m¨¢s antiguo de todos. Podr¨ªa f¨¢cilmente ascender de nivel, pero es testarudo y se niega a escucharnos. Lo peor es que no ha nombrado a un sucesor, es una criatura realmente problem¨¢tica ¡ªsuspir¨® Wadjet.
¡ªParece que le tienes estima.
¡ªUn poco. Pero dejando eso de lado, hablemos de lo importante. Nefertari te ayudar¨¢, y dejar¨¦ algunos de mis negros y rojos como refuerzo.
Andr¨¦s hizo c¨¢lculos mentales antes de responder.
¡ªNo ser¨¢ suficiente, ?verdad? ¡ªdijo tras una breve pausa¡ª. Necesitaremos m¨¢s gente...
¡ªEs cierto. Esta ser¨¢ una batalla a gran escala y necesitaremos aumentar nuestros n¨²meros.
Andr¨¦s mir¨® el lago mientras reflexionaba sobre las palabras de Wadjet. Sab¨ªa que el apoyo ofrecido era valioso, pero tambi¨¦n entend¨ªa que no ser¨ªa suficiente para asegurar la victoria. La lucha por el control de la monta?a ser¨ªa brutal, y el n¨²mero de bestias involucradas har¨ªa de la pelea un caos descontrolado.
¡ªTienes raz¨®n ¡ªadmiti¨® finalmente, mirando a Wadjet¡ª. Necesitamos m¨¢s aliados. Esto no se resolver¨¢ solo con fuerza bruta. Necesitamos estrategia y m¨¢s combatientes para cuando las cosas se pongan dif¨ªciles.
Wadjet lo observ¨® con una expresi¨®n calculadora.
¡ª?Tienes a alguien en mente? ¡ªpregunt¨®.
Andr¨¦s esboz¨® una leve sonrisa. No le gustaba depender de otros, pero sab¨ªa que en este caso era necesario.
¡ªHay algunos grupos de n¨®madas en las tierras bajas. Son criaturas que no est¨¢n alineadas con ning¨²n l¨ªder. Si logramos convencerlos de que unirse a nosotros es su mejor opci¨®n de sobrevivir, podr¨ªamos sumar algunos guerreros m¨¢s. No ser¨¢n los m¨¢s fuertes, pero nos dar¨¢n ventaja num¨¦rica.
Wadjet asinti¨®, evaluando la propuesta.
¡ªEs una idea interesante. Si logras reclutar a esos n¨®madas, mejorar¨¢n tus probabilidades. Pero recuerda, muchos de ellos desconf¨ªan de los l¨ªderes y las promesas vac¨ªas. No ser¨¢ f¨¢cil convencerlos.
¡ªNo tiene que ser f¨¢cil, solo tiene que funcionar ¡ªrespondi¨® Andr¨¦s con determinaci¨®n.
Nefertari, que hab¨ªa estado en silencio hasta entonces, intervino.
¡ªPuedo acompa?arte para hablar con los n¨®madas. Mi presencia, junto con la de los otros negros y rojos, podr¨ªa hacer que vean nuestra oferta como algo serio.
Andr¨¦s la mir¨®, sorprendido por su disposici¨®n. Era raro que Nefertari se ofreciera a acompa?arlo personalmente, lo que indicaba que quiz¨¢s estaba m¨¢s interesada en el resultado de esta batalla de lo que mostraba.
¡ªDe acuerdo ¡ªacept¨® Andr¨¦s¡ª. Pero debemos movernos r¨¢pido. Si alguien m¨¢s se adelanta y consigue el apoyo de los n¨®madas, estaremos en desventaja antes de que la batalla siquiera comience.
Wadjet dio un paso adelante, mir¨¢ndolo con una seriedad que no hab¨ªa mostrado antes.
¡ªNo te equivoques, Andr¨¦s. Esta guerra no ser¨¢ solo cuesti¨®n de fuerza o n¨²meros. Ser¨¢ una prueba de astucia, de qui¨¦n puede manipular mejor las circunstancias. Si subestimas a tus oponentes, te destruir¨¢n antes de que tengas la oportunidad de luchar.
Andr¨¦s asinti¨®, consciente del consejo. Sab¨ªa que cada movimiento tendr¨ªa consecuencias, y estaba jugando un juego peligroso. No pod¨ªa permitirse errores.
¡ªLo s¨¦ ¡ªdijo en voz baja¡ª. Y har¨¦ lo necesario para ganar.
El grupo comenz¨® a prepararse para partir. Eun-Ji, que hab¨ªa permanecido en silencio durante la conversaci¨®n, se acerc¨® a Andr¨¦s.
¡ªNo me gusta esto ¡ªdijo en tono preocupado.
¡ªLo s¨¦ ¡ªrespondi¨® Andr¨¦s, sin mirarla directamente¡ª. Pero es lo que hay que hacer.
¡ªSolo prom¨¦teme una cosa ¡ªpidi¨® ella, tomando su brazo con firmeza¡ª. Si las cosas se complican demasiado, no arriesgues todo. No quiero que mueras por un t¨ªtulo que no necesitas.
Andr¨¦s la mir¨® a los ojos, viendo la preocupaci¨®n en su rostro. Era raro que Eun-Ji pidiera algo as¨ª, pero entend¨ªa sus miedos.
¡ªLo prometo ¡ªdijo, aunque en el fondo sab¨ªa que esa promesa ser¨ªa dif¨ªcil de cumplir.
Al d¨ªa siguiente, al amanecer, Andr¨¦s, Eun-Ji, Nefertari y algunas bestias de pelaje negro partieron hacia las tierras bajas en busca de los n¨®madas. Andr¨¦s pidi¨® al resto del grupo que se quedara cerca del lago, sabiendo que con Wadjet all¨ª, nadie se atrever¨ªa a acercarse.
El peque?o grupo avanz¨® r¨¢pidamente a trav¨¦s de la pradera. Ahora que Nefertari los acompa?aba, no ten¨ªan que preocuparse por ataques de bestias locales. Sin embargo, las tierras bajas siempre ten¨ªan un aire sombr¨ªo. El cielo, constantemente nublado, reflejaba la infertilidad de la tierra. Los n¨®madas viajaban por la zona, siguiendo a las pocas presas que encontraban.
Despu¨¦s de vagar sin rumbo durante todo el d¨ªa, al atardecer Andr¨¦s descubri¨® el rastro de unas huellas apenas visibles en el suelo duro. Siguiendo esas pistas, finalmente llegaron al campamento de los n¨®madas.
Los n¨®madas eran una uni¨®n de diferentes bestias exiliadas o huidas de sus tierras natales. Al ver a Andr¨¦s y Eun-Ji, muchos los miraron con hambre, pensando que eran comida. Sin embargo, cuando vieron a Nefertari, todos se pusieron en guardia, listos para el combate.
¡ª?Qu¨¦ quieren aqu¨ª? ¡ªpregunt¨® un hombre mayor que sali¨® del fondo. Ten¨ªa la piel oscura y dos peque?os cuernos en la cabeza.
Andr¨¦s era el encargado de negociar, as¨ª que Nefertari no interfiri¨®.
¡ª?Venimos en paz! ¡ªdijo Andr¨¦s, levantando las manos.
Las bestias dudaron, pero decidieron escucharlo.
¡ªSoy Anu, el l¨ªder de los n¨®madas ¡ªdijo el anciano, acerc¨¢ndose m¨¢s.
Andr¨¦s supo al instante que deb¨ªa ser una bestia negra, al menos, para poder tomar forma humana.
¡ªAndr¨¦s ¡ªrespondi¨® en consecuencia.
¡ª?Qu¨¦ quieren de exiliados como nosotros? ¡ªpregunt¨® Anu, se?al¨¢ndoles que entraran al campamento.
¡ª?Sabes lo que est¨¢ ocurriendo en la zona sur?
¡ªHablas de la lucha por el poder, ?verdad? ¡ªdijo Anu con cautela.
¡ªExacto ¡ªrespondi¨® Andr¨¦s con seriedad¡ª. Voy a participar en esa lucha, y quiero pedir el apoyo de tu gente. Les aseguro que, si gano, tendr¨¢n un lugar seguro donde ya no ser¨¢n exiliados.
Anu lo mir¨®, pensativo.
¡ªEs una buena oferta, pero no eres el primero en venir. Ya hemos recibido visitas de varias fuerzas que tambi¨¦n piden nuestro apoyo. Nadie ha ofrecido lo suficiente como para arriesgarnos en una guerra que no es nuestra. Sin embargo, te dar¨¦ la misma oportunidad que a ellos. Cena con nosotros esta noche, y si logras entender lo que realmente queremos, nos uniremos a ti.
¡ªTe agradezco la oportunidad ¡ªrespondi¨® Andr¨¦s con respeto, manteniendo una sonrisa.
Al igual que con las fuerzas anteriores, los n¨®madas organizaron un peque?o fest¨ªn con lo poco que ten¨ªan.
Durante la cena, el ambiente estaba cargado de tensi¨®n. Las miradas entre los n¨®madas y el grupo de Andr¨¦s eran cuidadosas, como si cada gesto fuera evaluado meticulosamente. Los n¨®madas ofrecieron lo poco que ten¨ªan: carne dura y verduras marchitas. Aunque la comida era escasa, el acto de compartir su raci¨®n, por peque?a que fuera, demostraba la importancia de los lazos entre ellos.
Andr¨¦s, Eun-Ji y Nefertari com¨ªan en silencio, pero cada uno estaba inmerso en sus propios pensamientos. Sab¨ªan que no ser¨ªa f¨¢cil ganar la confianza de estos exiliados.
Mientras la cena avanzaba, la hija de Anu, una peque?a criatura que se asemejaba a un ciervo con pelaje verde, sali¨® corriendo de una de las tiendas. Era apenas una ni?a, con cuernos a¨²n en crecimiento y ojos curiosos que brillaban con inocencia. Tropez¨® un poco al correr y se detuvo justo frente a Andr¨¦s, quien la observ¨® en silencio por un momento.
¡ªVen aqu¨ª, peque?a ¡ªdijo Andr¨¦s, con una sonrisa que intentaba parecer amistosa.
La criatura lo mir¨® con desconfianza, pero se acerc¨® lentamente. Andr¨¦s alarg¨® la mano hacia ella, como si quisiera jugar o acariciarla, pero, en un arranque impulsivo, su mano se cerr¨® alrededor de su cuello. El ambiente cambi¨® de inmediato. Los n¨®madas se levantaron bruscamente de sus asientos, sorprendidos por la acci¨®n. La peque?a cierva gimi¨® suavemente, y Anu, que hab¨ªa estado observando de lejos, frunci¨® el ce?o.
Eun-Ji y Nefertari lo miraron, desconcertadas, pero no intervinieron. Sab¨ªan que Andr¨¦s rara vez actuaba sin un prop¨®sito, aunque esta vez parec¨ªa haber ido demasiado lejos.
¡ªNo juegues conmigo ¡ªdijo Andr¨¦s en voz baja, mirando directamente a Anu, mientras apretaba un poco m¨¢s el cuello de la peque?a criatura¡ª. Si quieres medir mi determinaci¨®n, aqu¨ª la tienes. Har¨¦ lo que sea necesario para ganar, incluso si eso significa aplastar a quien se interponga en mi camino. Esta es tu hija, y no dudar¨ªa en usarla si es lo que se necesita para que me presten su fuerza.
Los n¨®madas se quedaron en silencio. Lo que hab¨ªa hecho parec¨ªa un sacrilegio. Atacar a uno de los suyos, a una ni?a, era un acto de traici¨®n y brutalidad¡ o al menos eso pensar¨ªa cualquier otro. Pero Anu, observando la escena con ojos calculadores, no mostr¨® miedo ni ira. Su mirada se torn¨® fr¨ªa, analizando cada palabra y movimiento de Andr¨¦s.
Finalmente, el l¨ªder de los n¨®madas sonri¨® ligeramente, una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Se levant¨® despacio, caminando hacia Andr¨¦s con una calma inquietante.
¡ªEso es exactamente lo que quer¨ªa ver ¡ªdijo Anu, con una voz profunda y grave¡ª. No nos interesan las palabras vac¨ªas ni las promesas de poder. Nos interesa alguien que haga lo necesario. Alguien que no tenga miedo de ir hasta el l¨ªmite. Nosotros valoramos los lazos, pero esos lazos son para con los nuestros. Los de afuera¡ no significan nada.
Andr¨¦s afloj¨® lentamente su agarre sobre el cuello de la peque?a cierva, dej¨¢ndola ir. La criatura corri¨® de vuelta a su padre, aparentemente ilesa. Pero la declaraci¨®n de poder que acababa de hacer resonaba en cada rinc¨®n del campamento. Los n¨®madas miraban a Andr¨¦s con una mezcla de respeto y cautela.
Anu se inclin¨® ligeramente hacia Andr¨¦s.
¡ªHas pasado la prueba. Nos uniremos a ti en tu lucha. ¡ªLuego, con una voz m¨¢s baja y peligrosa, a?adi¨®¡ª: Pero recuerda, nuestros lazos son fuertes, pero no somos leales a ciegas. Si alguna vez nos traicionas o nos haces da?o, no tendr¨¢s oportunidad de arrepentirte.
Andr¨¦s asinti¨®, comprendiendo la gravedad de esas palabras. Sab¨ªa que hab¨ªa jugado con fuego, pero tambi¨¦n que era lo que necesitaba para ganarse su lealtad.
¡ªNo los traicionar¨¦ ¡ªrespondi¨® con seriedad¡ª. Ustedes ser¨¢n los primeros en ver lo que significa estar bajo mi mando.
Con eso, la conversaci¨®n termin¨®, y la alianza estaba sellada. Los n¨®madas, bestias y exiliados, hab¨ªan encontrado en Andr¨¦s un l¨ªder dispuesto a todo. Y aunque su m¨¦todo hab¨ªa sido brutal e impulsivo, les hab¨ªa demostrado exactamente lo que buscaban: un l¨ªder decidido, capaz de sacrificar cualquier cosa por el poder.
14.- Guerra por la monta?a, parte I
La luna llena ba?aba la pradera con una luz p¨¢lida mientras Andr¨¦s, Eun-Ji, Nefertari, y los n¨®madas avanzaban hacia el campamento de los soldados. La noche era silenciosa, con apenas el sonido de las pisadas suaves sobre la hierba alta. Los n¨®madas caminaban en fila, disciplinados, pero hab¨ªa una nueva energ¨ªa entre ellos: la certeza de que ahora segu¨ªan a un l¨ªder decidido, alguien capaz de guiarlos a trav¨¦s de las adversidades.
Andr¨¦s iba al frente, sus pensamientos enfocados en lo que a¨²n deb¨ªa hacer. Sab¨ªa que, aunque hab¨ªa ganado el apoyo de los n¨®madas, sus n¨²meros no ser¨ªan suficientes para la batalla que se avecinaba. Los soldados de eran disciplinados, pero el enemigo al que se enfrentaban no era como los anteriores. Necesitaba m¨¢s aliados, aliados fuertes y brutales.
¡ªEsto no ser¨¢ suficiente ¡ªmurmur¨® Andr¨¦s, deteni¨¦ndose en seco.
Eun-Ji, que lo hab¨ªa seguido de cerca, lo observ¨® con preocupaci¨®n.
¡ª?Qu¨¦ sucede? ¡ªpregunt¨®.
¡ªNo tenemos los n¨²meros necesarios. Estos n¨®madas son fuertes, pero no resistir¨¢n una embestida de las bestias negras si vienen en manada. ¡ªAndr¨¦s mir¨® al horizonte, su mente calculando cada movimiento¡ª. Necesitamos m¨¢s poder.
Eun-Ji asinti¨®, sabiendo a qui¨¦n se refer¨ªa Andr¨¦s sin necesidad de que ¨¦l lo dijera.
¡ª?Vas a buscarlo? ¡ªpregunt¨® ella.
¡ªVoy a buscarlo ¡ªconfirm¨® Andr¨¦s¡ª. El Se?or Bigotes, su crecimiento era r¨¢pido, ya debe ser de pelaje negro o superior.
Eun-Ji asinti¨® lentamente, sus ojos mostr¨¢ndole su confianza en ¨¦l.
¡ªVolver¨¦ antes del amanecer ¡ªdijo Andr¨¦s, mirando al grupo de n¨®madas que lo segu¨ªa¡ª. Sigan adelante, gu¨ªen a los n¨®madas hasta los soldados. Pero yo ir¨¦ solo.
Nefertari, que hab¨ªa permanecido en silencio hasta ese momento, dio un paso adelante.
¡ª?Est¨¢s seguro de ir solo? ¡ªpregunt¨®, su voz suave, pero firme.
Andr¨¦s la mir¨® con una sonrisa torcida.
¡ªA veces es mejor moverse sin hacer ruido. Esto es algo que debo hacer yo mismo.
Con eso dicho, Andr¨¦s se dio la vuelta y desapareci¨® entre la hierba alta, dejando atr¨¢s a su grupo. Sab¨ªa exactamente a d¨®nde deb¨ªa ir: al coraz¨®n del bosque, donde las criaturas m¨¢s salvajes y peligrosas acechaban. Sab¨ªa que desde hace un tiempo, era el hogar del Se?or Bigotes.
El camino fue largo, pero Andr¨¦s se mov¨ªa con la destreza de un cazador. Cada sonido, cada sombra, era analizada mientras avanzaba. Recordaba la ¨²ltima vez que hab¨ªa visto al Se?or Bigotes, c¨®mo el le¨®n lo hab¨ªa mirado con esos ojos llenos de miedo, pero estaba seguro que lo seguir¨ªa. A pesar de ser mucho m¨¢s fuerte que Andr¨¦s, este le tenia un profundo temor, no ser¨ªa tan dif¨ªcil convencerlo.
Finalmente, despu¨¦s de lo que parecieron horas, Andr¨¦s lleg¨® a una enorme cueva rodeada de ¨¢rboles retorcidos. El aire all¨ª era pesado, cargado con el olor de la sangre y el sudor de las bestias. Dentro de la cueva, el sonido de una respiraci¨®n profunda y r¨ªtmica le indic¨® que el le¨®n a¨²n estaba all¨ª.
Andr¨¦s se adentr¨® en la cueva con pasos firmes. La oscuridad lo envolv¨ªa, pero no le importaba. Sab¨ªa que el le¨®n lo sentir¨ªa mucho antes de que pudiera verlo.
¡ªSe?or Bigotes ¡ªllam¨®, su voz resonando en la cueva¡ª. S¨¦ que est¨¢s ah¨ª.
Un rugido bajo sacudi¨® el aire y, de las sombras, emergi¨® el le¨®n blanco. Su pelaje era como la nieve sucia y sus ojos, uno de ellos perdido en su tiempo junto a Andr¨¦s.
¡ªDemonio¡ ¡ªgru?¨® el le¨®n, su voz profunda y amenazante¡ª. ?Por qu¨¦ has vuelto?
¡ªMe met¨ª en problemas y necesito tu ayuda ¡ªdijo sin mostrar miedo¡ª. Me debes tu vida. Y ahora necesito que me pagues.
El le¨®n gru?¨® nuevamente, pero no atac¨®. Sus ojos analizaron a Andr¨¦s por un largo momento, como si estuviera evaluando cu¨¢nto hab¨ªa cambiado desde su ¨²ltimo encuentro.
¡ª?Por qu¨¦ deber¨ªa unirme a ti? ¡ªpregunt¨®¡ª. Gracias a ti, ahora me encuentro de esta manera. Sabes que te odio, pero debo admitir tu valor al venir.
Andr¨¦s se acerc¨® m¨¢s, hasta que estuvo a pocos pasos del imponente le¨®n.
¡ªPorque juntos podemos aplastar a quienes nos amenazan. Y¡ no es una pregunta ¡ªlo miro con su rostro de lun¨¢tico y, el le¨®n tembl¨® inconscientemente.
Su respiraci¨®n se volvi¨® m¨¢s pesada, claramente aun recordaba lo que Andr¨¦s le hizo cuando era un cachorro. Esa mirada le tra¨ªa los recuerdos de Andr¨¦s mutilando su cuerpo sin sentir el menor remordimiento.
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Aunque f¨¢cilmente pod¨ªa asesinar a Andr¨¦s, su cuerpo le tenia miedo. Sin saber que m¨¢s hacer, asinti¨® con la cabeza.
¡ªAcepto tu propuesta¡ por ahora ¡ªgru?¨®¡ª. Pero recuerda, demonio, no soy tu mascota. Soy tu aliado, y solo luchar¨¦ esta vez.
Andr¨¦s asinti¨®, sabiendo que hab¨ªa logrado lo que buscaba.
¡ªEso es todo lo que pido.
De camino de regreso a la pradera, Andr¨¦s y el Se?or Bigotes se mov¨ªan con rapidez. Pero antes de llegar a su destino, fueron interceptados por un grupo de bestias. Era evidente que pertenec¨ªan a una facci¨®n enemiga. Sus ojos brillaban con hostilidad mientras rodeaban a Andr¨¦s y su aliado.
¡ªParece que tienes compa?¨ªa ¡ªgru?¨® el le¨®n.
¡ªNada que no podamos manejar ¡ªdijo sacando su cuchillo.
La batalla fue feroz. Aunque el grupo enemigo era numeroso, Andr¨¦s y el Se?or Bigotes lucharon con una brutalidad salvaje. El le¨®n se lanz¨® sobre las bestias, despedazando a sus oponentes con garras afiladas y dientes feroces. Andr¨¦s, por su parte, se mov¨ªa con rapidez, apu?alando y esquivando los ataques con una precisi¨®n letal.
Sin embargo, la lucha no fue f¨¢cil. A pesar de su ferocidad, sus enemigos eran fuertes y estaban bien organizados. En un momento cr¨ªtico, Andr¨¦s recibi¨® un corte profundo en el brazo, pero eso no lo detuvo. Con un ¨²ltimo esfuerzo, ¨¦l y el le¨®n lograron derribar a sus oponentes.
Cuando el ¨²ltimo enemigo cay¨®, Andr¨¦s se qued¨® de pie, respirando pesadamente mientras observaba el campo de batalla. El le¨®n, aunque herido, se levant¨® con un rugido triunfante.
¡ªLo logramos ¡ªdijo limpiando la sangre de su cuchillo.
¡ªApenas ¡ªgru?¨® el Se?or Bigotes¡ª. Pero sobrevivimos.
Andr¨¦s asinti¨®, sabiendo que la verdadera batalla a¨²n estaba por venir.
El campo de batalla qued¨® en silencio, apenas interrumpido por el leve susurro del viento que recorr¨ªa la pradera. Andr¨¦s respiraba con dificultad, el dolor del corte en su brazo comenzaba a punzar con m¨¢s fuerza. A su lado, el Se?or Bigotes lam¨ªa sus heridas, su pelaje blanco manchado de sangre, pero sus ojos segu¨ªan fijos en el horizonte, alertas a cualquier otro posible peligro.
¡ªDebemos regresar antes de que caiga la noche por completo.
El le¨®n lo observ¨®, asintiendo apenas. Aunque ambos estaban agotados, sab¨ªan que no pod¨ªan permitirse otro retraso. La batalla que les esperaba en el campamento ser¨ªa mucho m¨¢s dif¨ªcil que cualquier enfrentamiento en el que acababan de participar. Las bestias, la amenaza inminente, no se detendr¨ªan por algo tan trivial como la sangre derramada esta noche.
Andr¨¦s y el le¨®n retomaron su marcha, m¨¢s lentos esta vez, pero con la misma determinaci¨®n. La pradera, antes iluminada por la luna llena, parec¨ªa te?irse de un tono m¨¢s oscuro, como si presagiara el peligro que se avecinaba.
En el campamento, Eun-Ji observaba con ansiedad el horizonte. Sab¨ªa que Andr¨¦s volver¨ªa, lo conoc¨ªa mejor que nadie. Sin embargo, no pod¨ªa evitar sentir un nudo en el est¨®mago al pensar en lo que podr¨ªa haberle sucedido. Nefertari estaba a su lado, su expresi¨®n serena pero atenta.
¡ªVolver¨¢ ¡ªdijo Nefertari suavemente, como si pudiera leer los pensamientos de Eun-Ji¡ª. ¨¦l siempre lo hace.
Eun-Ji asinti¨®, aunque su preocupaci¨®n no disminuy¨®. Sab¨ªa que Andr¨¦s hab¨ªa ido en busca de algo m¨¢s que solo un aliado. Hab¨ªa un brillo en sus ojos antes de irse, una determinaci¨®n que solo aparec¨ªa cuando planeaba algo mucho m¨¢s grande.
Unos minutos despu¨¦s, la tensi¨®n en el campamento se disolvi¨® al ver la figura de Andr¨¦s emergiendo de entre la hierba alta, acompa?ado por el imponente le¨®n blanco. El Se?or Bigotes caminaba a su lado, su mirada fiera, y a pesar de las heridas, ambos proyectaban una fuerza inquebrantable.
¡ª?Lo conseguiste? ¡ªpregunt¨® Eun-Ji cuando Andr¨¦s lleg¨® a su lado.
¨¦l asinti¨®, sonriendo levemente mientras miraba al le¨®n.
¡ªEl Se?or Bigotes ha decidido ayudarnos ¡ªdijo con un toque de iron¨ªa en su voz¡ª. Solo por esta vez.
Nefertari observ¨® al le¨®n con una mezcla de respeto y cautela. No era com¨²n ver a una bestia de tal magnitud someterse a alguien, aunque fuera temporalmente. Al notar el ojo que le faltaba, reconoci¨® de inmediato de quien se trataba, era Ragnar, el segundo m¨¢s fuerte del bosque.
Era alguien que sali¨® de la nada, bastante conocido por su fiereza y su peculiar resistencia al da?o. Era uno de los principales depredadores de los semejantes de Andr¨¦s, hab¨ªa quienes especulaban que ellos le hicieron algo cuando era peque?o y por eso los resent¨ªa tanto.
Nadie sabia si tenia subordinados, pero seguramente era as¨ª. En alg¨²n momento se volvi¨® el ¡°gobernante¡± del bosque, esto a ra¨ªz de que el verdadero gobernante rara vez sal¨ªa.
¡ªTendremos que prepararnos r¨¢pido ¡ªdijo Andr¨¦s, su tono volvi¨¦ndose serio¡ª. Las bestias negras no tardar¨¢n en atacar la monta?a. Y cuando lo hagan, ser¨¢ una masacre si no estamos listos.
Eun-Ji y Nefertari intercambiaron una mirada antes de asentir. Sab¨ªan lo que estaba en juego. No hab¨ªa tiempo que perder.
¡ªVamos ¡ªdijo Eun-Ji, tomando las riendas¡ª. Informemos a los soldados y organicemos todo. No podemos permitirnos fallar.
Mientras se mov¨ªan hacia el campamento, la figura del Se?or Bigotes atrajo la atenci¨®n de los n¨®madas y soldados, quienes observaban con sorpresa y admiraci¨®n al imponente le¨®n blanco. Algunos susurraban, asombrados por el poder que irradiaba, mientras otros simplemente permanec¨ªan en silencio, sabiendo que este nuevo aliado podr¨ªa marcar la diferencia en la inminente batalla.
Andr¨¦s, por su parte, caminaba en silencio, sus pensamientos enfocados en lo que ven¨ªa. Hab¨ªa logrado obtener un aliado poderoso, pero sab¨ªa que eso no ser¨ªa suficiente. Las bestias eran numerosas, y el enemigo que enfrentaban era despiadado y estrat¨¦gico. Tendr¨ªan que luchar con todo lo que ten¨ªan, y aun as¨ª, no hab¨ªa garant¨ªas de victoria.
Sin embargo, como siempre, Andr¨¦s estaba preparado para lo peor. No luchaba por la gloria ni por el reconocimiento. Luchaba por sobrevivir, por aquellos que estaban a su lado, y por mantener a raya la oscuridad que lo acechaba desde su interior.
Y esta vez, no fallar¨ªa.
¡ªQue comience la preparaci¨®n ¡ªmurmur¨® para s¨ª mismo, mirando la luna que segu¨ªa iluminando la pradera, sabiendo que la batalla final estaba cada vez m¨¢s cerca.
Los preparativos en el campamento fueron r¨¢pidos y meticulosos. Wadjet hab¨ªa proporcionado armas finamente elaboradas sin que Andr¨¦s supiera de donde, cada soldado que no ten¨ªa un arma de fuego, sinti¨® el peso de las espadas en sus manos. Las hojas de estas armas brillaban con un fulgor casi sobrenatural bajo la luz de la luna, prometiendo poder atravesar la piel de las bestias m¨¢s feroces.
Eun-Ji coordinaba a los dem¨¢s los soldados, distribuyendo las armas y dando instrucciones precisas. A su lado, Nefertari aconsejaba a los n¨®madas. El ambiente estaba cargado de una mezcla de temor y anticipaci¨®n.
Andr¨¦s observaba en silencio desde una distancia, evaluando cada movimiento. Ten¨ªa un plan, y aunque no era perfecto, era lo mejor que pod¨ªan hacer bajo esas circunstancias. Su mirada se desvi¨® hacia el Se?or Bigotes, quien descansaba a un lado del campamento, aun lami¨¦ndose las heridas de la batalla reciente. El le¨®n blanco era un aliado temible, pero su participaci¨®n en la batalla a¨²n estaba envuelta en incertidumbre. Andr¨¦s sab¨ªa que el le¨®n luchar¨ªa tal como prometi¨®, pero ?luchar¨ªa con toda su fuerza o s¨®lo lo har¨ªa a medias?
Andr¨¦s se puso de pie.
¡ªEscuchen ¡ªse dirigi¨® a todos¡ª. Partiremos ma?ana al amanecer. Conozco muy bien las monta?as y se de un lugar que servir¨¢ de campamento provisional. No seremos los primeros en atacar, eso seria est¨²pido. Dejaremos que peleen entre ellos primero para disminuir sus fuerzas, cuando est¨¦n d¨¦biles atacaremos.
Todos asintieron, era un plan que pod¨ªa funcionar, pero sab¨ªan que otros pod¨ªan pensar lo mismo. De forma que tendr¨ªan que tener cuidado de que no aplicaran su estrategia en ellos.
Ya ca¨ªda la noche, todos se fueron a dormir. El d¨ªa siguiente ser¨¢ duro, y quien sabe cuantos de ellos sobrevivan, la batalla ser¨¢ ca¨®tica y un solo paso en falso los llevara a la tumba, pero si lo logran, Andr¨¦s y las personas dejar¨ªan de preocuparse por su seguridad, y los n¨®madas al fin tendr¨ªan un hogar. Todo depender¨¢ de como se desarrolle la batalla.