《Bajo la primera nevada (Español).》 2005. -Pasaron varios a?os desde que llegu¨¦ al Sur ¨CCont¨®, mirando algo m¨¢s all¨¢ de la figura masculina que reposaba frente a ella, sin moverse¨C. Llegu¨¦ perdida, pero perdida de una manera espiritual. Estaba cansada y lo primero que vieron mis ojos fueron aquellas flores naranjas bordeando el r¨ªo. Eran como peque?as llamas, ardiendo con una intensidad silenciosa que las hac¨ªa sentir vivas. Hab¨ªa perdido muchas cosas antes de llegar a este lugar. A?o 2005. -Encender¨¦ la radio -murmur¨® tarareando alguna melod¨ªa desconocida y probablemente inventada. "Como podemos ver, el invierno lleg¨® oficialmente tras la primera nevada del a?o". La voz femenina invadi¨® el interior del auto. -Parece que la tormenta a¨²n no llega a este lado -coment¨® el hombre sonriente. -El clima nos acompa?ar¨¢ esta noche -declar¨®. -Si nieva lo suficiente, ?haremos un mu?eco? El hombre observ¨® hacia la parte trasera del auto y asinti¨®. "La temperatura es baja, recuerden salir abrigados y tener mucha precauci¨®n al circular en las autopistas. Nos vemos en la pr¨®xima transmisi¨®n. Esto ha sido todo por hoy". La joven mir¨® atenta el reflejo de su padre en el espejo retrovisor del auto. Su mirada luc¨ªa tranquila, descomunal. Frunci¨® el ce?o y dirigi¨® la mirada a su madre, buscando algo diferente. Se sent¨ªa extra?o, inexplicable. La mujer acomodaba su cabello y sonriente cambiaba la sinton¨ªa de la radio. Su mirada Iba y ven¨ªa en la distancia que se formaba entre ambas personas, cuando de pronto, not¨® algo inusual en el parabrisa del auto. -Est¨¢ nevando -susurr¨®, cuando el primer copo de nieve cay¨® sobre el cristal. "La tranquilidad de la nevada fue interrumpida por un tr¨¢gico accidente en la Ruta 5. Un autom¨®vil derrap¨® en el hielo y qued¨® atrapado debajo de un cami¨®n que ven¨ªa de frente, dejando una escena ca¨®tica y devastadora". La radio del auto segu¨ªa funcionando, aun cuando parec¨ªa imposible. Las sirenas de los bomberos, ambulancias y patrullas de polic¨ªa resonaban en el aire, mezcl¨¢ndose con el sonido del viento y el silencio de la nieve. Las luces intermitentes de los veh¨ªculos de emergencia iluminaban el cielo nocturno. Fragmentos de vidrio y metal estaban esparcidos por la carretera. El autom¨®vil, completamente destrozado por el impacto, se encontraba encajado debajo del cami¨®n. El conductor muri¨® instant¨¢neamente al recibir el impacto, mientras que la mujer en el asiento del copiloto fue expulsada varios metros por el parabrisa a falta del cintur¨®n de seguridad. Falleci¨® horas despu¨¦s de ser trasladada al hospital m¨¢s cercano. La ¨²nica sobreviviente fue una joven de 14 a?os, hija del matrimonio fallecido, que se encontraba ubicada en la parte trasera del auto. Seg¨²n reportes policiales y m¨¦dicos, era un milagro que estuviera con vida. El conductor del cami¨®n sali¨® ileso. La joven, extra?amente consciente, miraba un punto fijo entre la sangre derramada en la ruta. Se preguntaba c¨®mo era posible que a¨²n saliera sangre del interior del auto. Hab¨ªa muchas cosas que no entend¨ªa de la vida, a decir verdad, no entend¨ªa absolutamente nada. Y no se deb¨ªa a su ira hacia dios. Se deb¨ªa a algo m¨¢s profundo. Algo que no supo explicar en aquel momento. Mientras el fr¨ªo se filtraba a trav¨¦s de su abrigo, sent¨ªa que su mundo se desmoronaba a su alrededor. Como si alg¨²n ser superior se estuviera burlando de ella. Sab¨ªa que la vida nunca volver¨ªa a ser la misma. La nieve segu¨ªa cayendo, fortuita, inesperada. Stolen from Royal Road, this story should be reported if encountered on Amazon. Un hombre vestido de negro, con una c¨¢mara y el micr¨®fono en mano, narraba la escena para las noticias locales. -Estamos aqu¨ª en la Ruta 5, donde un tr¨¢gico accidente ha sacudido ¨¦sta tranquila noche invernal. Un autom¨®vil derrap¨® en el hielo y qued¨® atrapado debajo de un cami¨®n que ven¨ªa de frente. La escena es devastadora, con los servicios de emergencia trabajando arduamente para rescatar a las v¨ªctimas... Escuchaba el eco de aquella voz a lo lejos. Deseaba levantarse y arrebatarle la vida con sus propias manos. Deseaba en realidad, que todos a su alrededor murieran. Un oficial de la polic¨ªa se acerc¨® al hombre apresurado. -Necesito que se retire del ¨¢rea por su seguridad y para no obstruir el trabajo de los rescatistas. El reportero, sin dejar de grabar, pregunt¨®: -?Puede confirmar cu¨¢ntas v¨ªctimas hay? ?Alguna declaraci¨®n sobre el estado de los sobrevivientes? La joven miraba el cielo, muda. Contaba las nubes y los copos que se quedaban estancados sobre su cabello, notaba que algunos de ellos al caer, instant¨¢neamente se pintaban de un rojo fuerte debido a la sangre que se desparramaba sobre su piel. Miraba atenta y de reojo el auto destrozado debajo de la parte delantera del cami¨®n, y el arduo trabajo de aquellos hombres al intentar sacarlo. La ruta fue cortada. Una fila de autos esperaba el momento oportuno para cruzar. Frente a ella, una camilla cubierta de tela blanca llevaba un cuerpo. Rogaba que fuera otra persona... aunque se sent¨ªa mal por hacerlo. En realidad, rogaba que todo fuera producto de su imaginaci¨®n. Pronto supo que se trataba de su padre, o por lo menos, lo que quedaba de ¨¦l. No permitieron que lo vea a pesar de sus gritos, gritos que no se escuchaban por los ruidos inestables del caos a su alrededor... o quiz¨¢, porque no ten¨ªa suficiente aire para gritar como deseaba. Tras contracciones causadas por el llanto, comenz¨® a salir sangre de su boca y los param¨¦dicos se alarmaron. Sus ojos no dejaban de ver a su madre a lo lejos. La cargaron con urgencia en la ambulancia, no parec¨ªa estar bien. los hombres que la atend¨ªan estaban cubiertos de sangre y sus rostros anunciaban lo peor. Luego, no record¨® nada m¨¢s. -Est¨¢ nevando -susurr¨® mirando por la ventana. Abri¨® los ojos desesperada y tom¨® aire como si hubiese estado debajo del agua durante un largo tiempo. Aquella sensaci¨®n de vac¨ªo y de ahogamiento no la abandonaban. La gente a su alrededor luc¨ªa sorprendida, sin embargo, no dijeron nada. Al parecer pretend¨ªan no alarmarla demasiado. Sus ojos pronto recayeron sobre el diario que se encontraba en la mesa blanca a su izquierda. "A dos meses del accidente automovil¨ªstico en la ruta 5, a¨²n se investigan las causas..." el diario se encontraba doblado a la mitad y no pudo continuar leyendo el titular. Su cuerpo se estremeci¨®. Cinco a?os despu¨¦s de la muerte de mis padres, decid¨ª escapar de los recuerdos que me dejaba la ciudad, aunque parec¨ªa ser una tarea dif¨ªcil de superar. El agua del r¨ªo era calma, reflejaba el cielo, las nubes y en las noches pod¨ªas ver las constelaciones en la corriente. Daba una sensaci¨®n de tristeza, de soledad, como si el r¨ªo mismo estuviera anhelando algo que estaba m¨¢s all¨¢ de su alcance y yo, no pod¨ªa ver mucho m¨¢s all¨¢. Era de aguas profundas, azules, turquesas. Los colores cambiaban con la luz. Una hipnosis de tonos y matices. Sufr¨ªa y se derramaba. Mientras lo observaba, me di cuenta de que ya no era el mismo. Frunc¨ª el ce?o detenidamente. La corriente hab¨ªa cambiado. No arrastraba nada m¨¢s. Al igual que yo, estaba en constante cambio. El agua que ve¨ªa ahora no era la misma que hab¨ªa visto hace un momento. Pero, el r¨ªo segu¨ªa siendo el r¨ªo, y yo segu¨ªa siendo yo. En ese momento, me di cuenta de que ten¨ªa la capacidad de adaptarme, de cambiar y de fluir. Ese fue el segundo punto de inflexi¨®n en mi vida. Varios ¨¢rboles crecieron alrededor de aquella fuente de agua, con ramas rebeldes que se extend¨ªan hacia el cielo. Sus hojas eran de un verde claro, ligero. Reposaban en la tierra como guardianes que observaban silenciosamente el paso del tiempo. Sent¨ª de pronto, una sensaci¨®n de paz, de una extra?a pertenencia. Las monta?as se alzaban poderosas y firmes alrededor del pueblo. Sus cumbres, cubiertas de nieve, brillaban bajo el sol, creando un espect¨¢culo de luz y sombra. El deshielo del invierno hab¨ªa creado vertientes, formando cascadas errantes que descend¨ªan por las laderas de las monta?as. El pueblo al que hab¨ªa llegado guardaba cierto misterio. Parec¨ªa lejano, distante, como si estuviera envuelto en niebla. Yo era un cuerpo extra?o en su grandeza. Aquel lugar ten¨ªa la medida justa, como si hubiese sido dise?ado con precisi¨®n para caber en mi memoria. Las calles serpenteaban llev¨¢ndome a rincones desconocidos y maravillosos. Decid¨ª quedarme y me permit¨ª ser. Ser parte de la naturaleza, ser parte del cambio, ser parte de la vida. Fue en la primavera del a?o 2010 cuando decid¨ª hacer de ese lugar algo similar a un hogar. Recuerdo aquel d¨ªa como si fuera ayer, el aire fresco de la primavera, el canto de los p¨¢jaros. Aquella primavera estaba llena de vida, llena de todo. Y ahora, me doy cuenta de que las cosas no han cambiado tanto desde aquel entonces. Cada primavera, cuando veo los primeros brotes en los ¨¢rboles y escucho el canto de los p¨¢jaros, me transporto de nuevo a ese a?o. A las afueras de la ciudad Estaba parada en la esquina de la calle, mirando el mapa en mis manos. No pasaban muchos autos por aquel sector y los que pasaban no se deten¨ªan. Comenzaba a marearme por el calor. Mir¨¦ el cielo y observ¨¦ los rayos radiantes del sol. Estaba despejado, ni si quiera hab¨ªa una nube pr¨®xima a cubrirlo. Comenc¨¦ a maldecir instant¨¢neamente en voz baja y me detuve cuando lleg¨® ¨¦l. Solo ve¨ªa con claridad sus zapatillas, eran de una marca reconocida, negras con detalles en blanco y aunque intent¨¦, no pude pasar por alto los cordones mal amarrados. - ?Necesitas ayuda? -pregunt¨®, con una sonrisa amigable en su rostro-. Pareces un poco perdida. Levante la vista preocupada y asent¨ª con la cabeza. Ni si quiera me percat¨¦ del tipo de hombre que ten¨ªa frente a m¨ª. Su piel era blanca y dada su expresi¨®n burlesca ante la juventud, supe enseguida que era mayor que yo. - S¨ª, creo que s¨ª. Estoy tratando de encontrar la estaci¨®n del tren, pero este mapa no es muy claro. El hombre sonri¨® suavemente. Acomod¨® su cabello y luego guard¨® sus manos en los bolsillos del abrigo. - El mapa es claro, solo que no sabes leerlo. ¨Ccoment¨® divertido acerc¨¢ndose-. No te preocupes, la estaci¨®n est¨¢ a solo unas cuadras de aqu¨ª. Te puedo mostrar el camino. Su energ¨ªa parec¨ªa estar en desacuerdo con la tranquilidad del Sur. Pero hab¨ªa algo en ¨¦l que no pod¨ªa ignorar; sus ojos. Eran de un azul profundo, desconcertante. Me recordaba a los r¨ªos que hab¨ªa recorrido d¨ªas antes. R¨ªos que se desvanec¨ªan a trav¨¦s de paisajes verdes y exuberantes con sus aguas azules. Cada vez que lo miraba a los ojos ve¨ªa las corrientes que se retorc¨ªan y giraban, las olas que chocaban contra las rocas, el brillo del sol en la superficie del agua. Ve¨ªa la llamada de lo desconocido, la belleza de la naturaleza en su forma m¨¢s pura. Siempre me pregunt¨¦ si aquel encuentro hab¨ªa sido parte del destino o mera casualidad. El Sur no solo escond¨ªa sus paisajes, sino que tambi¨¦n escond¨ªa a su gente. Los ten¨ªa envueltos en un manto impenetrable, alejados del mundo. Entre toda esa gente, estaba ¨¦l. Parec¨ªa estar acostumbrado al suelo irregular de las calles de ripio, se adelantaba algunos pasos y me esperaba algunos otros. Cada tanto giraba y sonre¨ªa. Los kil¨®metros se volvieron millas bajo el sol, aunque el calor no era tan fuerte como en la ciudad. Varios caballos pasaron por mi lado aquel d¨ªa. No pod¨ªa dejar de verlos. The author''s narrative has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. - ?Nunca los viste de cerca? -pregunt¨®. Negu¨¦ reiteradamente. -Solo fotos, en internet ¨Caclar¨¦, vi¨¦ndolo sonre¨ªr. -Ya veo ¨Cmurmur¨®¨C. Entonces¡­ ?vienes de la ciudad? - ?No tienen due?o? ¨Cconsult¨¦, cambiando de tema. -S¨ª, tienen, pero ellos solos saben a d¨®nde ir -respondi¨®. - ?Y a d¨®nde van? Se encogi¨® de hombros y suspir¨®. - Suelen buscar agua o sombra. Con las cr¨ªas no pueden ir muy lejos ¨Cexplic¨®. - Es incre¨ªble -murmur¨¦, m¨¢s para m¨ª misma que para ¨¦l. - ?C¨®mo saben a d¨®nde ir? ¨¦l sonri¨® suavemente, una risa que sonaba como el murmullo del viento a trav¨¦s de los ¨¢rboles. Alz¨® ambas cejas, entretenido con mi curiosidad. -La naturaleza es la vida misma, tiene sus propios caminos -dijo-. Nosotros, los humanos, tendemos a complicar las cosas. Pero los animales... ellos simplemente siguen sus instintos ¨Cindic¨®-. Saben lo que necesitan y saben c¨®mo conseguirlo. Aquellas palabras resonaron en m¨ª. Por un momento, sent¨ª una especie de envidia. Envidia de la simplicidad de su existencia, de su conexi¨®n con la naturaleza, de su libertad. - ?De d¨®nde vienes? ¨Cpregunt¨®. Su insistencia era encantadora. -De alg¨²n lugar¡­ de por ah¨ª -susurr¨¦ agitada. - ?De alg¨²n lugar de por ah¨ª? - repiti¨®, su ce?o se frunci¨® ligeramente. - Eso es bastante vago. Asent¨ª mirando hacia el horizonte. - S¨ª, es vago - admit¨ª finalmente. No me sorprendi¨® el hecho de que haya notado al instante la falta de esfuerzo por responder. - ?Vienes sola? Ignor¨¦ su pregunta y segu¨ª adelante. Pero su voz no me dejaba ir mucho m¨¢s all¨¢. - No lo mal interpretes -pidi¨® -. Entonces, detuve mis pasos y gir¨¦ hacia ¨¦l mir¨¢ndolo a los ojos. Asent¨ª sin hacer m¨¢s. - Es extra?o ver personas de tu edad sin sus padres -susurr¨®. <> pens¨¦. - Tengo edad suficiente para andar sola -mencion¨¦ levantando ambas cejas. - Aun as¨ª -murmur¨®-. Ten cuidado, no te dejes enga?ar f¨¢cilmente. -Es extra?o que lo digas cuando te estoy siguiendo, en medio de la nada -declar¨¦. - ?Ves eso? -pregunt¨®, indicando una caba?a a lo lejos. Asent¨ª inmediatamente. -Es un bar, puedes correr all¨ª si te sientes insegura en este momento. - Olv¨ªdalo -susurr¨¦. - Entonces... Dime, ?est¨¢s escapando de algo? Sonre¨ª divertida ante la absurda sugerencia. - No, no estoy escapando de nada ¨Ctranquilic¨¦ ¨C. Busco algo. -Este es un buen lugar para hallar cosas ¨Cmurmur¨®, c¨®mplice. Y as¨ª fue como entend¨ª, que estaba cerca de encontrar lo que buscaba. Una sensaci¨®n, un sentimiento. La paz que ven¨ªa con la aceptaci¨®n, la alegr¨ªa que ven¨ªa con el descubrimiento, la satisfacci¨®n que ven¨ªa con la realizaci¨®n. Hab¨ªa llegado de alguna manera al Sur, buscando algo, sin saber exactamente qu¨¦. Cada primavera en el Sur parec¨ªa un milagro. Cada noche, antes de dormir, le rogaba a dios que me dejara vivir eternamente. Mis sentidos jam¨¢s se cansar¨ªan de la primavera. No sab¨ªa con certeza si mis oraciones eran escuchadas, pero segu¨ªa rezando, segu¨ªa esperando una respuesta divina. Sab¨ªa que, mientras pudiera vivir las primaveras, mientras pudiera ver las flores florecer y escuchar el canto de los p¨¢jaros, tendr¨ªa la fuerza para seguir. Ten¨ªa la esperanza de que no importara lo que sucediera, siempre tendr¨ªa las primaveras del Sur consol¨¢ndome. La primera nevada. La nieve ca¨ªa suavemente cubriendo el mundo de blanco puro. Una de las particularidades que m¨¢s despreciaba del invierno era esto, el silencio. Cada copo que ca¨ªa parec¨ªa llevarse consigo un pedazo de la tranquilidad del cielo, transformando el paisaje en una pintura invernal, similar al infierno. El fr¨ªo era intenso, como una aguja de hielo que se clavaba en la piel. Sin embargo, hab¨ªa en ¨¦l, una especie de pureza que a fin de cuentas, me resultaba extra?amente reconfortante. Mir¨¦ por la ventana y prest¨¦ atenci¨®n a los cristales empa?ados por mi aliento; me perd¨ª en la danza silenciosa de la nieve. El invierno siempre hab¨ªa tenido un efecto nost¨¢lgico. Cada a?o, cuando las primeras nevadas comenzaban a caer, me encontraba sumergida en alg¨²n tipo de sentimiento. En los largos d¨ªas de invierno, el sol parec¨ªa abandonar el mundo y la oscuridad se cern¨ªa sobre todo. El invierno llevaba consigo una tristeza profunda, una quietud que permit¨ªa la introspecci¨®n. Hab¨ªa estado esperando en la fila durante lo que parec¨ªan horas. Finalmente, escuch¨¦ mi nombre a trav¨¦s del altavoz. -Se?orita Walk, por favor, pase a la ventanilla tres. Me levant¨¦ sintiendo un nudo en el est¨®mago. Camin¨¦ hacia la ventanilla, mi coraz¨®n lat¨ªa con fuerza. La mujer detr¨¢s del mostrador me sonri¨® amablemente mientras me entregaba un sobre blanco. Su rostro luc¨ªa sereno a diferencia del m¨ªo que se reflejaba en el cristal. Sal¨ª del hospital bajo la primera nevada. Las primeras nevadas siempre tra¨ªan malas noticias, malos momentos, malos encuentros. Y, al igual que a?os atr¨¢s, mir¨¦ hacia el cielo, buscando alg¨²n tipo de respuesta en su inmensidad. Tras un suspiro y en un intento desesperado de distracci¨®n, mord¨ª mi labio inferior. Pronto, el sabor met¨¢lico de la sangre llen¨® mi boca. Apresurada, saqu¨¦ un pa?uelo blanco del bolsillo de mi abrigo y lo presion¨¦ contra mi piel sin darle mucha m¨¢s importancia. Me alej¨¦ algunos pasos de la puerta y tan pronto como me detuve, mis pies se humedecieron con prisa. Frunc¨ª el ce?o molesta, aunque no sab¨ªa con exactitud qu¨¦ era lo que realmente me molestaba. Quiz¨¢ todo se hab¨ªa convertido en un conjunto de situaciones molestas. El primer invierno que hab¨ªa vivido en este lugar, se convirti¨® en un recuerdo que comenz¨® a manifestarse una y otra vez en mi memoria, manteniendo vivo el sentimiento, remont¨¢ndome a esos d¨ªas. - En este lugar, el invierno es diferente al invierno de la ciudad ¨CExplic¨® ¨C. Lo entender¨¢s en la primera nevada. Lo escuch¨¦ atenta, como si fuese una estudiante universitaria. - ?Qu¨¦ tiene de especial? ¨Cpregunt¨¦ curiosa acerc¨¢ndome a ¨¦l. - Si realmente quieres averiguarlo¡­ Salgamos a caminar bajo la primera nevada juntos ¨Crespondi¨®. Se adelant¨® algunos pasos, esperando mi respuesta, aunque ya parec¨ªa saber lo que dir¨ªa. Pero la preocupaci¨®n no tard¨® en llegar. Record¨¦ entonces, la primera nevada del 2005, y luego las dem¨¢s. Ensure your favorite authors get the support they deserve. Read this novel on the original website. << ?Ocurrir¨¢ algo devastador esta vez?>> pens¨¦. Pero acab¨¦ respondiendo algo completamente diferente a lo que pensaba. - De acuerdo -acced¨ª finalmente -. Caminemos juntos bajo la primera nevada. La primera nevada, cada a?o repet¨ªa el mismo patr¨®n de incertidumbre. Era sigilosa, casi como si quisiera sorprender al pueblo. El cielo se oscurec¨ªa lentamente, las nubes descend¨ªan y el aire se llenaba de una humedad templada. Todo parec¨ªa estar en calma, en una espera silenciosa. Y entonces, sin previo aviso, ca¨ªa el primer copo de nieve. Descend¨ªa en silencio, flotando en el aire antes de aterrizar suavemente en el suelo. Pronto, cada rinc¨®n del pueblo se encontraba cubierto de un colch¨®n de nieve. Los lagos ahora estaban congelados, sus superficies brillaban con una fina capa de hielo. El fr¨ªo era insistente, penetrante, se met¨ªa en cada grieta y hendidura arrasando todo a su paso. El aire quemaba, cada r¨¢faga de viento era como una cuchilla afilada, cortando a trav¨¦s de cualquier capa de ropa. Pero a pesar del fr¨ªo, hab¨ªa una belleza en ello. Una belleza en la forma en que la nieve cubr¨ªa todo, en la forma en que el hielo brillaba bajo el sol de invierno, en la forma en que el mundo parec¨ªa estar en pausa. Extra?amente, cuando la nieve comienza a caer, el silencio se hace amigo, y la muerte llega despu¨¦s de ser llamada. - Por cierto, te traje algo ¨Csusurr¨® deteniendo sus pasos. Extendi¨® sus manos entreg¨¢ndome un paquete marr¨®n. Lo tom¨¦ entusiasmada, y al abrirlo, una sonrisa se dibuj¨® en mi rostro. - Es hermosa -coment¨¦, acariciando la lana suave con mis dedos. - La tej¨ª yo mismo ¨Cexplic¨® ansioso-. Cada vez que la uses, estar¨¢s conmigo. Tom¨® la bufanda entre sus manos y la envolvi¨® alrededor de mi cuello. Sent¨ª inmediatamente el calor de la lana contra mi piel. Un roce suave, que no ten¨ªa comparaci¨®n. El viento fr¨ªo peg¨® en mi rostro y agach¨¦ la cabeza alejando cada pensamiento. La nieve se hab¨ªa acumulado alrededor de mis pies en tan solo pocos minutos. Era como si mi mente tardara en darse cuenta de que el invierno hab¨ªa llegado al pueblo, nuevamente. - Aquel tiempo era realmente bueno -murmur¨¦. El invierno en el Sur, era esto. Fr¨ªo y despiadado. Los animales deb¨ªan refugiarse bajo tierra de las r¨¢fagas invernales, muchos otros, eran cubiertos por los copos de las primeras nevadas y luego, a¨²n m¨¢s adentro del invierno, eran cubiertos por el hielo de las heladas. Las personas que cultivaban la tierra deb¨ªan resguardarlo todo, el invierno era un sin¨®nimo lejano de la destrucci¨®n, de lo ajeno a la felicidad. Orden¨¦ con cuidado mi bufanda y segu¨ª caminando, y antes de que pudiera huir, ¨¦l estaba all¨ª. Cerr¨¦ mis ojos c¨®mo si hubiera recibido un golpe bajo, el peor de todos, cu¨¢ndo sent¨ª sus brazos rodear mi cuerpo. Sus dedos se deslizaron por mi cintura rode¨¢ndola ligeramente. Acarici¨¦ la lana roja que cubr¨ªa mi cuello y frunc¨ª el ce?o al darme cuenta de que una vez m¨¢s todo era producto de mi imaginaci¨®n. Realmente deseaba estar junto a ¨¦l. Antes de que pudiera darme cuenta, mis manos fueron sacudidas por fuertes temblores, que pronto, se esparcieron por cada mil¨ªmetro de mi cuerpo, primero mis brazos, mis piernas y luego mis pies. Estaba helada. Una capa de hielo se form¨® en mi piel desde el primer segundo que puse un pie fuera del hospital. Varias parejas caminaban juntas de la mano bajo la primera nevada que poco a poco comenzaba a detenerse. Mi mirada iba y ven¨ªa tras cada ilusi¨®n, buscando algo que quiz¨¢s ya no estaba all¨ª, o que por lo menos yo ya no ten¨ªa la capacidad de encontrar. En el reflejo de la pantalla apagada de mi celular vi mis propios ojos mir¨¢ndome de vuelta. Nunca me hab¨ªa tomado el tiempo de observarme, y en aquel momento me pregunt¨¦ muchas cosas, cosas que ya me las hab¨ªa preguntado tiempo antes. << ?En qu¨¦ momento, dios hab¨ªa soltado mi mano?>> Supuse enseguida y sin reproches que tuvo razones para hacerlo y que yo no era nadie para discutir sus decisiones. Tras un suspiro sonre¨ª, pero mi sonrisa nunca lleg¨® a cubrir mi rostro y la luz en mis pupilas no apareci¨®. Mis pesta?as se congelaron. Las escarchas se derret¨ªan y ca¨ªan sobre mi rostro c¨®mo peque?as l¨¢grimas, o quiz¨¢, eso es lo que realmente eran. Me detuve cuando llegu¨¦ a la estaci¨®n de tren, y como si fuese una maldici¨®n, otro recuerdo golpe¨® mi vida. La estaciè´¸n - Llegamos -susurr¨®, mirando el tren que se deten¨ªa en la estaci¨®n-. Recorre todo el pueblo, va y viene -explic¨®, su mirada estaba perdida en la distancia-. - Gracias por acompa?arme ¨Cagradec¨ª, moviendo mi mano en forma de despedida. ¨¦l me mir¨® como si tuviese una pregunta en sus ojos y me detuvo cuando avanc¨¦ algunos pasos. - Entonces... ?hacia d¨®nde vas? -pregunt¨®, su voz era apenas audible sobre el ruido del tren. - Luego decidir¨¦ ¨Ccoment¨¦¨C. No tengo ning¨²n lugar en vista a¨²n. - ?D¨®nde has estado parando hasta hoy? ¨Cconsult¨® curioso. - ?No dicen por ah¨ª que la curiosidad mat¨® al gato? ¨Cpregunt¨¦ sonriente. Suspir¨® derrotado y asinti¨®. - Los ni?os de hoy tienen buenos refranes para usar -murmur¨® agobiado. - Soy mayor de edad -record¨¦ frustrada cruz¨¢ndome de brazos. - Dime cuantos a?os tienes -pidi¨® levantando ambas cejas. Negu¨¦ reiteradamente. No pensaba hacerlo por m¨¢s que insistiera. - Por el corte de cabello, la ropa que usas y el modo tan relajado de hablar, puedo notar que ni si quiera tienes 20 a?os -mencion¨® divertido. Mord¨ª mi labio inferior desconcertada, y como si fuese un reflejo toqu¨¦ las puntas de mi cabello. Al igual que ¨¦l, yo hab¨ªa descubierto su edad hace un rato, sin embargo, no me parec¨ªa relevante mencionarla. Pero al parecer, era importante para ¨¦l saber la diferencia que exist¨ªa entre nosotros. Analic¨¦ su traje negro, su camisa blanca y la corbata mal puesta. Su cabello ten¨ªa una cantidad importante de alg¨²n producto fijador, y los lentes de sol lo hac¨ªan lucir mucho m¨¢s grande que lo que era. - ?Y t¨²? Pareces bastante viejo -retruqu¨¦. -Supongo que necesitar¨¢s un gu¨ªa que pueda ense?arte todo lo que oculta este pueblo -dijo, cambiando de tema al instante con una sonrisa juguetona en su rostro-. Adem¨¢s, es un recorrido largo¡­ ?Qu¨¦ te parece? No pude evitar sonre¨ªr ante su propuesta. No conoc¨ªa gran parte del pueblo, a decir verdad, apenas conoc¨ªa lo esencial. La p¨¦rdida a¨²n dol¨ªa despu¨¦s de a?os y no hab¨ªa tenido tiempo de conocer el lugar. - Es una extra?a manera para decirme que me acompa?ar¨¢s ¨Calegu¨¦¨C. Bastante original, por cierto. - Suelo ser creativo ¨Ccoment¨® ¨C. ?Por qu¨¦ no me cuentas algo sobre ti? << ?Algo sobre m¨ª? >> Pens¨¦. Juntos comenzamos abri¨¦ndonos paso entre la multitud de la estaci¨®n mientras habl¨¢bamos. Cuando las puertas del tren se abrieron, subimos en el ¨²ltimo vag¨®n. Nos sentamos enfrentados, cada uno en un extremo del compartimento. No despegu¨¦ mi vista del paisaje que se desplegaba ante m¨ª, mientras ¨¦l me ense?aba cada lugar. Las casas y los ¨¢rboles pasaban en un borr¨®n de colores. Pero a pesar de la belleza del paisaje, sent¨ª que ¨¦l no despegaba su vista azul de m¨ª. Sent¨ªa que el r¨ªo me consum¨ªa y me hund¨ªa en sus remolinos de agua, me arrastraba hacia el fondo y cuando estaba a punto de ahogarme, me sosten¨ªa en la orilla con su sonrisa. - Olvidamos presentarnos ¨Cmurmur¨®¨C. Me llamo Gale Prisman ¨Ccoment¨® extendiendo su mano. Frunc¨ª el ce?o y supuse que not¨® la expresi¨®n en mi rostro. - Supongo que me conoces -balbuce¨® apenado. - Un gusto ¨CSusurr¨¦, sin decir nada m¨¢s. << Gale Prisman, ?Realmente es ¨¦l? >> me pregunt¨¦, sin dejar de observarlo. - ?No me dir¨¢s tu nombre? ¨Cpregunt¨® entretenido. - ?Deber¨ªa? ¨Cconsult¨¦, sacando una sonrisa de sus labios. ¨C Padme. - Entonces, Padme, ?c¨®mo llegaste al Sur? De golpe, c¨®mo si hubiera despertado de un sue?o hipn¨®tico, sacud¨ª la cabeza, tratando de aclarar mis pensamientos y comenc¨¦ a caminar nuevamente. Estaba aturdida, mi vista no terminaba de aclararse y mis pasos eran torpes. This tale has been pilfered from Royal Road. If found on Amazon, kindly file a report. - Lo siento -dijo el extra?o que hab¨ªa chocado conmigo, pero sus palabras apenas llegaron a mis o¨ªdos. Un escalofr¨ªo recorri¨® mi cuerpo cuando una r¨¢faga de viento se llev¨® mi bufanda. Sin pensarlo, comenc¨¦ a correr tras ella, esquivando a la gente en mi camino. - Lo lamento, permiso¡­ Volaba cada vez m¨¢s lejos. Extend¨ª la mano en un intento desesperado de atraparla sin ¨¦xito. Sin embargo, a lo lejos, observ¨¦ una silueta que se agach¨® y recogi¨® la bufanda del suelo. Me detuve sin aliento, mientras ¨¦l se acercaba a m¨ª. << ?No deb¨ªa ser yo quien corriera hacia ¨¦l? >> Pens¨¦. Era el ¨²nico hombre de traje en medio de la nieve. Llevaba un sombrero negro de alas anchas que contrastaba con el blanco inmaculado a su alrededor. En su mano, ten¨ªa un malet¨ªn que parec¨ªa contener algo importante. Alz¨® la bufanda roja, como un faro, indicando que estaba a salvo. Sus ojos se encontraron con los m¨ªos y una sonrisa ligera se dibuj¨® en su rostro. El viento soplaba con fuerza, pero ¨¦l a cambio de m¨ª, no parec¨ªa inmutarse. Con cada paso que daba, sent¨ªa c¨®mo mi coraz¨®n lat¨ªa con m¨¢s fuerza, sin raz¨®n. - ?Se encuentra bien? ¨Cpregunt¨®, tom¨¢ndose el atrevimiento de sacudir los copos de nieve que se hab¨ªan acumulado sobre mis hombros. No respond¨ª¨C. La nieve no penetr¨® la lana, tiene un tejido cerrado, no se preocupe ¨Ccoment¨® tranquiliz¨¢ndome. - Gracias ¨Crespond¨ª extendiendo mi mano para tomarla. - Veo que ha comenzado el invierno con el pie izquierdo ¨Cmurmur¨®-. Procure envolverla bien ¨Caconsej¨® ech¨¢ndole una mirada r¨¢pida al cielo. Sonri¨® ladinamente, c¨®mo si ¨¦l fuese el que estaba agradecido y comenz¨® a caminar en direcci¨®n contraria, hacia el hospital. Parec¨ªa muy tranquilo yendo al lugar del que yo hu¨ªa. Mis ojos no dejaban de buscarlo. No parec¨ªa apresurado, ni preocupado por el fr¨ªo. Al contrario, su mirada se perd¨ªa en la distancia, como si estuviera esperando algo. Envolv¨ª la bufanda en mi cuello, sintiendo el rose de la lana contra mi piel nuevamente. Una fricci¨®n a veces dolorosa a veces placentera. La acarici¨¦ con mis dedos y no la solt¨¦. Continu¨¦ mi camino hasta llegar a la se?al que dec¨ªa "alto" en la estaci¨®n de tren. El aire fr¨ªo se mezclaba con el humo del tren que se acercaba, creando una neblina que parec¨ªa envolverlo todo. Mir¨¦ ansiosa la pantalla de mi celular, esperando su mensaje. Pero la pantalla permanec¨ªa obstinadamente en negro. Cada vez que el tel¨¦fono vibraba, mi coraz¨®n saltaba, solo para caer de nuevo cuando ve¨ªa que era otro correo electr¨®nico sin importancia. No hab¨ªa ninguna palabra de consuelo, ninguna promesa de que todo estar¨ªa bien. Solo el silencio ensordecedor de la ausencia. Quiz¨¢ se deb¨ªa a la falta de palabras, pero todo era bastante evidente. A veces, las palabras pueden parecer insuficientes para expresar lo que realmente sentimos, en otras ocasiones, las palabras pueden ser demasiado, llenando el silencio con ruido innecesario. Me di cuenta de que, a pesar de todo, segu¨ªa esperando algo que llenara el vac¨ªo. El tren se detuvo con un chirrido. Sub¨ª a bordo, encontrando un asiento vac¨ªo junto a la ventana. Mientras el tren comenzaba a moverse, observe c¨®mo la estaci¨®n se alejaba. Y mientras el paisaje pasaba r¨¢pidamente, no pude evitar sentir una punzada de tristeza. Saqu¨¦ el celular de mi abrigo y finalmente marqu¨¦ su n¨²mero, pero no contest¨®. Lo intent¨¦ una y otra vez, pero nadie respondi¨®. Mir¨¦ el sobre en mi mano y suspir¨¦, sintiendo un nudo en el est¨®mago. El tren lleg¨® a la estaci¨®n y me baj¨¦ apresurada, con la esperanza de llegar a tiempo a la parada del autob¨²s que me llevar¨ªa hasta el barrio donde viv¨ªa. El fr¨ªo del invierno se colaba por cada rendija de mi abrigo, pero no me importaba lo suficiente para preocuparme. Despu¨¦s de una hora, el cielo se oscureci¨® completamente y tras ello, el autob¨²s lleg¨®. Sub¨ª buscando refugio del fr¨ªo. Apoy¨¦ la frente en el cristal de la ventana empa?ada por las respiraciones de los pasajeros. Saqu¨¦ mi celular y dud¨¦ algunos segundos. La duda era la sensaci¨®n m¨¢s temida en el mundo y la m¨¢s racional en nuestra relaci¨®n. La l¨ªnea son¨®, una y otra vez, con la diferencia, de que ahora respondi¨®. - Deber¨ªamos salir a caminar bajo la primera nevada ¨Ccoment¨¦ con l¨¢grimas en los ojos. A lo largo de nueve a?os, la voz de Padme se convirti¨® en una constante en la vida del hombre. Era una voz que nunca cambi¨®, que siempre permaneci¨® igual. Una voz suave, como una brisa de primavera, que siempre parec¨ªa bailar al ritmo de un viol¨ªn invisible. Era una melod¨ªa que pod¨ªa hacer que el mundo se detuviera, que pod¨ªa hacer que todos los que la escuchaban se quedaran en silencio, cautivados por su belleza. Y aunque pasaron los a?os, su voz siempre permaneci¨® igual. Siempre suave, siempre melodiosa. Como si el tiempo no tuviera poder sobre ella. ¨¦l sab¨ªa que sin importar lo que pasara, sin importar lo que dijese, siempre tendr¨ªa la voz de Padme para su consuelo. - ?Por qu¨¦ llamas a esta hora? ¨Cpregunt¨®. Parec¨ªa molesto. - ?Est¨¢s ocupado? ¨Cmurmur¨¦ refregando mis ojos. - Siempre lo estoy. No tengo tiempo para hablar ¨Ccoment¨® ¨C. ?Llamaste por algo en particular? - ?Cu¨¢ndo vendr¨¢s a casa? - No lo s¨¦. - Tengo que decirte algo ¨Cconfes¨¦¨C. Es importante. - ?Puede ser otro d¨ªa? - ?No volver¨¢s a casa? ¨Cconsult¨¦ preocupada, sin obtener respuesta ¨C. Har¨¦ la cena, no tienes que preocuparte por nada, cocinar¨¦ tu plato favorito¡­ - Padme¡­ - S¨®lo vuelve ¨Csupliqu¨¦. << ?Qu¨¦ era lo que estaba haciendo? >> Pens¨¦. << ?En qu¨¦ momento de la vida comenz¨® a suceder? >>. - Realmente no puedo regresar esta noche ¨Crespondi¨® molesto nuevamente. Quiz¨¢ se deb¨ªa por aquella voz tan irritable, o por la sensaci¨®n de ser amado. ¨C No cocines, mejor compra comida hecha¡­ No quiero que tus manos se ensucien ¨Cdeclar¨®. Ment¨ªa. Padme levant¨® la vista y vio sus ojos reflejados en el vidrio del autob¨²s. Acomod¨® su cabello y not¨® aquella peque?a sonrisa que apareci¨® en su rostro. Dej¨® el sobre blanco en el asiento vac¨ªo que estaba a su lado, y acarici¨® el anillo que descasaba en su mano derecha, en el dedo anular. - Est¨¢s con alguien ¨Cafirm¨® en un susurro apenas audible. Lo sab¨ªa porque su intuici¨®n nunca fallaba. Escuch¨® con atenci¨®n la voz ocupada del otro lado del tel¨¦fono, y luego, solo silencio. Hab¨ªa colgado la llamada. Insisti¨® nuevamente, pero no respondi¨®. R¨¢pidamente tecleo un mensaje; Siento molestarte, te amo. Padme. Padme se mov¨ªa con una gracia que desment¨ªa su fragilidad. Su cuerpo, ahora parec¨ªa m¨¢s et¨¦reo, como si estuviera hecho de sombras. Su piel ten¨ªa la palidez de la luna, un lienzo blanco que resaltaba las venas azules que se dibujaban debajo, en una ramificaci¨®n de l¨ªneas. Era como si la vida misma se hubiera desvanecido de su cuerpo. Sus ojos parec¨ªan m¨¢s profundos, m¨¢s sabios, m¨¢s solitarios. Hab¨ªa una tristeza en ellos que no pod¨ªa ser disimulada. Su cuerpo era delgado, casi esquel¨¦tico, pero hab¨ªa algo en ella¡­ una resistencia. Relami¨® sus labios secos por el viento y baj¨® la vista hacia sus manos. Gir¨® el anillo entre sus dedos, hasta lograr encontrar sus iniciales grabadas en el metal. Miro a su alrededor, solo quedaban unos pocos viajeros envueltos en sus abrigos, esperando la ¨²ltima parada de la tarde. El viento soplaba con fuerza, haciendo que las luces de la calle parpadearan. Pens¨® en ¨¦l, en c¨®mo su presencia hab¨ªa llenado su vida de calor. Pero tambi¨¦n pens¨® en c¨®mo su ausencia dejaba un vac¨ªo, un silencio que parec¨ªa resonar en cada rinc¨®n de su existencia. Asinti¨® para s¨ª misma, llegando a una conclusi¨®n; tal vez era cierto, tal vez le estaba robando demasiado tiempo. Pero a pesar de todo, no pod¨ªa evitar desear que las cosas fueran diferentes, que fueran como antes. Cerr¨® sus ojos confundida, recordando la ¨²ltima conversaci¨®n que hab¨ªan tenido con ¨¦l, record¨® la tensi¨®n en el aire, la forma en que sus palabras hab¨ªan resonado en la habitaci¨®n vac¨ªa. - No te preocupes por m¨ª -coment¨® entre l¨¢grimas, apretando el corte en su mano para que dejara de sangrar. - ?Entonces no seas un maldito problema al que hay que arreglar! -grit¨®. Nuevamente estaba molesto. Me qued¨¦ en silencio por un momento. - Siempre est¨¢s tan ocupado tratando de arreglarme ¨Cmurmur¨¦-. Que nunca te das cuenta de que no estoy rota. Frunci¨® el ce?o, claramente frustrado. - No es eso lo que quiero decir -respondi¨®, pero su voz sonaba vac¨ªa. - Entonces, ?qu¨¦ es lo que quieres decir? ¨Cpregunt¨¦ apenas en un susurro. ¨¦l no respondi¨®, y el silencio que sigui¨® fue m¨¢s elocuente que cualquier palabra que pudiera haber dicho, fue m¨¢s certero que cualquier respuesta. Sin embargo, asent¨ª, como si hubiera obtenido la respuesta que necesitaba. This tale has been unlawfully obtained from Royal Road. If you discover it on Amazon, kindly report it. - No puedo seguir as¨ª ¨CComent¨®. Observe desesperada c¨®mo agarraba su maleta, aquella que siempre ten¨ªa preparada en caso de un viaje de negocios imprevisto. - No lo hagas ¨Cped¨ª. Estaba dispuesta a rogar por su compa?¨ªa. ¨C Tenemos que hablar. Suspir¨® aturdido. Camin¨¦ hacia la habitaci¨®n detr¨¢s de ¨¦l y sin pensarlo demasiado tom¨¦ su mano. - Creo que estoy embarazada ¨Ccoment¨¦ sin levantar la mirada. Realmente no me atrev¨ªa a mirarlo a los ojos. Sent¨ªa culpa. Sent¨ªa que lo hab¨ªa decepcionado por completo. Pero lo que hab¨ªa dicho, no parec¨ªa importarle demasiado. - No es el momento adecuado ¨Crespondi¨® indiferente ¨C. Le dir¨¦ a mi secretario que transfiera dinero a tu cuenta bancaria, deshazte de ¨¦l ¨Corden¨®, solt¨¢ndose con facilidad de mi agarre. - No lo har¨¦ ¨Crespond¨ª segura. - ?Podr¨¢s criarlo sola? ¨Cpregunt¨® sonriente -. A caso, ?tienes un techo en el cual criarlo? ?dinero para pagar sus gastos? Todo lo que ves a tu alrededor es m¨ªo. Y yo decido no tenerlo. Lo amaba, lo amaba con cada mil¨ªmetro de su alma, con cada hueso, con cada gota de sangre que recorr¨ªa su cuerpo. Era un amor dif¨ªcil de comprender. Pero lo amaba, a pesar de todo. A pesar de las noches en vela esper¨¢ndolo, de las l¨¢grimas derramadas, de las promesas rotas. Conoci¨® una vez, a un hombre cuya dulzura era tan palpable como el aroma de las flores en primavera. Su forma de hablar era suave y reconfortante como las bolsitas arom¨¢ticas de la feria cargadas con lavanda, como una brisa fresca. Ten¨ªa una risa contagiosa que pod¨ªa iluminar una habitaci¨®n entera, c¨®mo un faro en el mar. Un hombre, como cualquier otro, con dos piernas, dos brazos y un par de ojos azules c¨®mo los r¨ªos del pueblo. Tan igual, tan ¨²nico, tan ¨¦l. Gale Prisman, reportero, jefe de una de las empresas m¨¢s importantes y renombradas dentro de la industria de las noticias. Sin embargo, con el paso del tiempo la luz en sus ojos comenz¨® a desvanecerse cruelmente, su risa ya no resonaba con la misma alegr¨ªa. La transformaci¨®n fue lenta, casi imperceptible al principio. Pero con cada d¨ªa que pasaba, el hombre que ella conoc¨ªa y amaba parec¨ªa desvanecerse un poco m¨¢s, y en su lugar, quedaba un extra?o. Un extra?o que llevaba su rostro, su nombre, su olor. El hombre que ella hab¨ªa conocido y amado ya no exist¨ªa. Y con esa realizaci¨®n, vino un nuevo tipo de dolor. Sus ojos ahora eran una tormenta, un hurac¨¢n que amenazaba con destruirla. Sin embargo, se aferraba a ¨¦l, a los recuerdos del hombre que hab¨ªa conocido, del hombre al que hab¨ªa amado. Pero esos recuerdos se volv¨ªan borrosos, cada vez m¨¢s dif¨ªciles de percibir. Depend¨ªa de ¨¦l, estaba dispuesta a perdonarle todo, incluso cuando cada acci¨®n suya parec¨ªa ser una nueva traici¨®n. Recordaba una y otra vez el d¨ªa que lleg¨® impregnado con el perfume de otra mujer. Esa noche, su cuerpo ol¨ªa a algo m¨¢s, a algo que lograba romperla en part¨ªculas. Y todo aquello que ocurre una vez, vuelve a ocurrir cada vez. Cada d¨ªa se convirti¨® en un constante esfuerzo por ignorar las se?ales, por cerrar los ojos ante la evidencia. Viv¨ªa en un estado de miedo, temiendo que todo terminara, que ¨¦l la dejara. Pero lo que m¨¢s temor le daba era la verdad, que ya lo hab¨ªa perdido, y, que sin importar cu¨¢nto buscara, no pod¨ªa hallarlo. Cada noche, mientras el mundo dorm¨ªa, se preguntaba por qu¨¦. ?Por qu¨¦, a pesar de todo, segu¨ªa am¨¢ndolo? Sauces - ?D¨®nde baja? ¨Cpregunt¨® una voz detr¨¢s de ella. Sec¨® r¨¢pidamente algunas l¨¢grimas que a¨²n recorr¨ªan su rostro y giro lentamente hasta verlo. - Hoy es un d¨ªa lleno de coincidencias ¨Ccoment¨® el hombre de traje ¨C. Veo que no la perdi¨® ¨Cmencion¨® indicando la bufanda en su cuello. Carraspeo su garganta y suspir¨®. Entendi¨® al instante que no estaba dispuesta a dialogar y curiosamente, descubri¨® que hab¨ªa algo mal en ella. ¨C Es la ¨²ltima parada, ?Qu¨¦ har¨¢? - Olvid¨¦ bajarme ¨CRespondi¨® preocupada observando la oscuridad del exterior. - Tambi¨¦n olvid¨¦ hacerlo ¨Cindic¨® sonriente -. ?Quiere bajar conmigo? Me dirijo hacia el centro del pueblo. Asinti¨® desanimada, sin dudarlo y sin emitir palabras. - ?Le ayudo a bajar? ¨Cpregunt¨® al verla dudar en los escalones. Dej¨® el malet¨ªn en el suelo y extendi¨® sus manos c¨®mo apoyo. No hizo preguntas en todo el camino. Fue lo que m¨¢s llam¨® mi atenci¨®n. Sin embargo, hab¨ªa algo extra?o en ¨¦l. Me detuve, me mir¨®, lo mir¨¦. Fue un ida y vuelta de sensaciones. - No es de este lugar ¨Cmurmur¨¦. - ?Se nota demasiado? ¨Cconsult¨®. Asent¨ª reiteradamente. Su expresi¨®n era fr¨ªa, no demandaba otra emoci¨®n m¨¢s que preocupaci¨®n. Busqu¨¦ mi reflejo en sus pupilas, ignorando el color verde de sus ojos. Un verde claro, ligero, c¨®mo los sauces en primavera. - ?No olvid¨® bajarse, o si? ¨Cpregunt¨¦. Cuando sonri¨® sutilmente, supe la respuesta. - Realmente no ¨Crespondi¨® indiferente. - ?Lo hiciste por pena? ¨Cconsult¨¦ usando ahora un tono m¨¢s informal para dirigirme a ¨¦l. Frunci¨® el ce?o y luego levant¨® ambas cejas, sorprendido. - ?Por qu¨¦ sentir¨ªa pena por usted? Lo observ¨¦ sin saber que decir. - La preocupaci¨®n y la pena son dos t¨¦rminos diferentes ¨Cexplic¨® ¨C. No se baj¨® en ninguna parada, no despeg¨® su vista de la ventana, no se preocup¨® en detener su llanto¡­ parec¨ªa estar hipnotizada en el recuerdo ¨Ccoment¨® ¨C. Entonces, ?deb¨ªa dejarla all¨ª? - Lo siento ¨Csusurr¨¦, sin embargo, nunca supe si logr¨® o¨ªrme. - S¨ªgame ¨Cpidi¨®. Luc¨ªa bastante seguro de su petici¨®n, por el contrario, me cuestion¨¦ si hacerlo o no -. Se congelar¨¢ si no empieza a caminar ¨Crega?¨®. Suspir¨¦ y acab¨¦ cediendo. Entramos a un local que casualmente quedaba a pocos metros de la parada del autob¨²s. Me qued¨¦ esperando en la puerta, sin entender lo que pretend¨ªa hacer. Habl¨® con una mujer mayor, quien r¨¢pidamente volte¨® a verme. - Espere sentada ¨Ccoment¨®. Hab¨ªa algo en ¨¦l que llamaba mi atenci¨®n. No pod¨ªa dejar de observarlo y cada tanto, ¨¦l tampoco apartaba su mirada de m¨ª. Quiz¨¢ me atra¨ªa su forma de hablar tan formal o el perfume desconocido que se desprend¨ªa de su traje. Unauthorized use: this story is on Amazon without permission from the author. Report any sightings. - Es para usted ¨Caleg¨®, entreg¨¢ndome una caja cerrada. Lo mir¨¦ desconcertada. Sin embargo, no hice ninguna pregunta y me dediqu¨¦ a buscar la rendija para abrirla en silencio. - No puedo aceptarlo ¨Csusurr¨¦ sin mirarlo. - Deber¨ªa hacerlo ¨Csugiri¨® con un tono de voz calmado -. Es perjudicial caminar con las zapatillas mojadas en invierno. Lo mir¨¦ con desconfianza. Sin embargo, acab¨¦ aceptando su gesto. - Gracias. - No tiene que agradecerme ¡ªrespondi¨®¡ª. ?De cu¨¢nto tiempo est¨¢? ¨Cpregunt¨® repentinamente. Levante la vista sorprendida. Era imposible que se notara. ¡ª Perd¨®n si soy indiscreto ¡ªcontinu¨®. ¡ª, pero a pesar de haber estado llorando todo el camino, nunca sac¨® la mano de su vientre. Entonces supuse que est¨¢ esperando un hijo. Asent¨ª lentamente, sin saber c¨®mo reaccionar. Aunque inevitablemente una sonrisa casi imperceptible se form¨® en mis labios, era desalentador que un completo extra?o sea una de las primeras personas en saberlo. ¡ª Tengo pocas semanas ¡ªadmit¨ª finalmente, con la voz quebrada. ¡ª Felicitaciones ¡ªdijo con sinceridad, pero no respond¨ª. Cuando salimos del lugar, ¨¦l se adelant¨® algunos pasos. Yo, en cambio, no despegaba la mirada de las zapatillas blancas que acababa de regalarme. - Si no mira hacia adelante tropezar¨¢ ¨Ccoment¨® sonriente - ?Hacia d¨®nde debo acompa?arla? - Comprar¨¦ comida ¨Crespond¨ª apartando la mirada¨C Hay un puesto all¨ª ¨Cse?al¨¦. En aquel instante finalmente me di cuenta de que yo tambi¨¦n hab¨ªa cambiado despu¨¦s de todo. No era la misma mujer que antes. Mis ojos estaban rojos por el llanto, mis labios secos por el fr¨ªo y mi piel era blanca. Solo blanca. No encontraba ning¨²n punto de comparaci¨®n para tal palidez. Aunque faltaba el factor m¨¢s importante que no me atrev¨ªa a mencionar a¨²n. - Te devolver¨¦ el favor ¨Ccoment¨¦ observando mis pies. El hombre asinti¨® y encontr¨¦ en su rostro, una pizca casi imperceptible de diversi¨®n - Yo invito la cena ¨Cdeclar¨¦ entusiasmada. Hab¨ªa pasado ya alg¨²n tiempo desde que hab¨ªa cenado en compa?¨ªa y me parec¨ªa emocionante la idea de hacerlo, aunque fuera con alguien que no conoc¨ªa. - Parec¨ªa estar emocionada por comprar mariscos y pasta ¨Cmencion¨® sonriente ¨C. Aunque al parecer solo le agrada la pasta. - Ten¨ªa que verificar el mal gusto de mi pareja ¨CMurmur¨¦. Su sonrisa desapareci¨® al instante ¨C. Lo siento, arruin¨¦ el ambiente. - No arruin¨® nada ¨Ctranquiliz¨® mir¨¢ndome fijamente ¨C. D¨ªgame, ?ya pens¨® en alg¨²n nombre? Negu¨¦ casi al instante. ¡ª No me animo a nombrarlo ¡ªconfes¨¦ ¡ª. Temo perderlo. - C¨®mo m¨¦dico no deber¨ªa decir esto, pero, cuanto m¨¢s le teme a algo, m¨¢s lo atrae -Explic¨®. << Por eso se dirig¨ªa al hospital >> pens¨¦. << Quiz¨¢ lo transfirieron hace poco tiempo, o est¨¢ haciendo alg¨²n tipo de residencia >>. - ?Tiene miedo de algo m¨¢s? ¨Cpregunt¨® bebiendo un sorbo de caf¨¦. Asent¨ª, no tarde mucho en hacerlo. Todas las personas tienen miedos, miedos que recorren las puntas de sus dedos y los bordes del coraz¨®n. Yo tambi¨¦n ten¨ªa miedo de muchas cosas en realidad. Pero lo que m¨¢s tem¨ªa en mi interior era no volver a sentir el calor del sol en mi rostro, de no ver brotar la vida en la tierra, ni escuchar a los p¨¢jaros cantar con gracia¡­ Un Jilguero, un gorri¨®n, un Mart¨ªn Pescador. Tem¨ªa que el invierno fuese el que se llevara mi alma. - Tengo miedo de no volver a ver la primavera. El hombre suspir¨®, como si hubiese le¨ªdo cada fragmento de mi mente y husmeado en mis pensamientos, entrometi¨¦ndose en mis miedos, en mi deseo y en mis secretos. - Podr¨¢ hacerlo ¨Ccoment¨®. Sin embargo, a pesar de que sus palabras intentaron convertirse en un dardo tranquilizante, comenc¨¦ a preguntarme si realmente podr¨ªa verla. - Gracias nuevamente, por acompa?arme ¨Ccoment¨¦ mir¨¢ndolo a los ojos. - Y por las zapatillas ¨Crecord¨¦. No sab¨ªa exactamente lo que suced¨ªa en su mente y estoy segura de que nunca estar¨ªa cerca de saberlo. Las luces del alumbrado p¨²blico acabaron apag¨¢ndose, como de costumbre. Nuestros ojos tardaron algunos segundos en acostumbrarse. Su respuesta tambi¨¦n tard¨® en salir de sus labios, sin embargo, utilic¨¦ el tiempo para percatarme de que ocultaba algo detr¨¢s de aquellas pupilas dilatadas por la oscuridad. - No hay nada que agradecer ¨CRespondi¨® seguro. Aunque no pod¨ªa ver correctamente sus facciones, imagin¨¦ en su rostro una ligera sonrisa. - Deber¨ªa irse ¨Ccoment¨® -. Es tarde y seguramente la est¨¢n esperando. Asent¨ª reiteradamente y pens¨¦ si ser¨ªa correcto preguntarle su nombre. Pero ya me hab¨ªa alejado lo suficiente de ¨¦l como para no ver ni si quiera su silueta march¨¢ndose. Voces Cuando entr¨¦ al departamento, me quit¨¦ r¨¢pidamente la ropa h¨²meda y la dej¨¦ colgada en una silla cerca de la estufa. Volv¨ª a marcar su n¨²mero, pero nadie respondi¨®. El reloj pronto marc¨® la media noche. Parece perdido en su propio mundo, parece no darse cuenta de la realidad que lo rodea, que me ataca y que me destruye. Tal vez en su mente todav¨ªa hay tiempo. Quiz¨¢ ve las primaveras pasadas, los d¨ªas felices que compartimos en alg¨²n momento. Tal vez piensa que esos d¨ªas volver¨¢n f¨¢cilmente, que yo estar¨¦ a su lado, para siempre. El departamento parec¨ªa extra?amente vac¨ªo sin ¨¦l. Me sent¨¦ en la mesa redonda, la misma mesa donde compartimos innumerables comidas como una peque?a familia de dos. Mir¨¦ las dos sillas junto a la mesa. Una de ellas hab¨ªa estado vac¨ªa durante los ¨²ltimos a?os. << ?Cu¨¢nto da?o le estaba haciendo mi presencia? ?Cu¨¢nto tiempo m¨¢s tendr¨ªa que suplicarle que regresara a casa? >> pens¨¦. ¨¦ste tambi¨¦n era su hogar. Me siento cansada, como si una parte de m¨ª se hubiera ido con ¨¦l. Lo extra?o. Extra?o su voz, la forma en que me miraba. Extra?o las peque?as cosas, las cosas que sol¨ªamos dar por sentado, nuestra felicidad. El aroma de su perfume en la almohada, el sonido de su risa en la cocina por las ma?anas. Extra?o su presencia. La sensaci¨®n de seguridad que sent¨ªa cuando estaba a su lado. La forma en que pod¨ªa hacer que todo pareciera estar bien, incluso cuando el mundo se estaba desmoronando. El sue?o se apodera de m¨ª como una marea que arrastra todo a su paso. Me pregunto si eso fue lo que lo hizo distante, mi ausencia exigiendo su presencia. Mi cuerpo ahora se siente pesado y lento. Cada paso que doy parece llevarme m¨¢s atr¨¢s, m¨¢s lejos de donde quiero estar. La desesperaci¨®n se cierne sobre m¨ª, el miedo de no saber qu¨¦ hacer. Quiero tenerlo cerca nuevamente, quiero correr hacia ¨¦l y acurrucarme en su cuerpo, pero algo me detiene. Es como si una fuerza invisible me mantuviera en mi lugar, me impidiera moverme. Es un sentimiento abrumador. Hace tan solo cinco o seis meses, cada ma?ana al despertar, ve¨ªa las p¨ªldoras que ¨¦l dejaba cuidadosamente en la mesa de luz junto a un vaso con agua. Eran para el dolor muscular que hab¨ªa comenzado a invadir mi cuerpo, un dolor que apareci¨® de la nada y que parec¨ªa intensificarse con cada d¨ªa que pasaba. ¨¦l comenz¨® a sospechar que algo no estaba bien. No era solo el dolor, era la forma en que me mov¨ªa, la forma en que evitaba ciertos movimientos, como si cada gesto fuera un esfuerzo. Al principio parec¨ªa entenderlo, pero despu¨¦s de algunos d¨ªas, nada de lo que me suced¨ªa era comprensible. Evitaba con esmero las citas m¨¦dicas, ten¨ªa miedo de saber lo que suced¨ªa y al poco tiempo dej¨® de insistir con llevarme al hospital. Despu¨¦s de eso, comenz¨® a ser extra?o verlo dos d¨ªas seguidos en el departamento. Aun as¨ª, fing¨ªa preocupaci¨®n cuando estaba junto a m¨ª. Un d¨ªa, me encontr¨® en el ba?o, limpiando rastros de sangre de mi boca. Su rostro palideci¨® al verlo y supe que no pod¨ªa pretender que todo estaba bien, no cuando hab¨ªa manchas de sangre en el blanco del lavabo. No hizo preguntas y nunca se toc¨® el tema. Aunque en mi mente, ten¨ªa un c¨²mulo de excusas para esconder lo que me suced¨ªa y no preocuparlo, aunque ni si quiera yo sab¨ªa con certeza lo que me pasaba. Unauthorized reproduction: this story has been taken without approval. Report sightings. Me preguntaba si alg¨²n d¨ªa ser¨ªa algo m¨¢s que solo las voces de mi cabeza. La ma?ana siguiente, despert¨¦ con un dolor de cabeza que parec¨ªa martillear cada rinc¨®n de mi cr¨¢neo. Mis manos temblaban mientras las frotaba contra mi rostro intentando aliviar la tensi¨®n. Hab¨ªa visto varios videos de meditaci¨®n, pero nada funcionaba. Mis dientes estaban apretados en un intento in¨²til de contener el dolor. A mi lado, las p¨ªldoras que hab¨ªa tomado para dormir yac¨ªan dispersas en un rinc¨®n de la habitaci¨®n. - Lo siento ¨Csusurr¨¦ apoyando una de mis manos en mi abdomen. No quer¨ªa perder la vida que gestaba en mi vientre, pero los dolores aumentaban en la noche y se volv¨ªan insoportables hasta el punto de no dejarme dormir. Me levant¨¦ en silencio. Cada cent¨ªmetro de mi piel parec¨ªa arder con el simple roce de las s¨¢banas. El espejo del ba?o reflejaba una imagen que apenas reconoc¨ªa, mis ojos estaban opacos y cansados. Ten¨ªa la piel p¨¢lida y descolorida. La mujer que me devolv¨ªa la mirada era una sombra pretenciosa. [] Con una tranquilidad que desafiaba la urgencia de su vida, camin¨® de regreso hasta la habitaci¨®n. Cada paso que daba era medido y deliberado, como si tuviera todo el tiempo del mundo. Se arrodill¨® junto a la cama, su mano se desliz¨® debajo de ella, buscando algo. Finalmente, encontr¨® una maleta. La arrastr¨® cuidadosamente y la abri¨® en un solo movimiento. El sonido del cierre al abrirse llen¨® la habitaci¨®n, rompiendo el silencio que hab¨ªa prevalecido desde hace horas. En su rostro, apareci¨® lo que parec¨ªa ser una sonrisa. Con una reverencia casi ceremonial, acarici¨® el instrumento que yac¨ªa ante ella. Era un viol¨ªn, de un rojo profundo, tan intenso que parec¨ªa contener la esencia misma del fuego. La luz se reflejaba en su superficie pulida, creando un brillo que le daba vida propia. Cada curva, cada detalle, parec¨ªa haber sido dise?ado con un prop¨®sito, creando una simetr¨ªa perfecta que era un deleite para la vista. Pero lo que realmente lo hac¨ªa especial era la armon¨ªa que transmit¨ªa. No era solo la armon¨ªa de las notas que pod¨ªa producir, sino la armon¨ªa de su existencia misma. Cada parte del viol¨ªn trabajaba en perfecta sincron¨ªa con las dem¨¢s, desde las cuerdas tensas hasta el arco. [] Recuerdo c¨®mo sol¨ªa tocar para ¨¦l, las melod¨ªas dulces y tristes que flu¨ªan de mi viol¨ªn susurraban su nombre. Recuerdo c¨®mo sus ojos se iluminaban con cada nota, c¨®mo parec¨ªa perderse en la m¨²sica o en mi esencia. Tal vez perd¨ª calidez, tal vez ya no transmit¨ªa lo mismo, comenz¨® a odiarlo. Al principio, pens¨¦ que era solo una fase, pero con cada d¨ªa que pasaba, se volv¨ªa m¨¢s fr¨ªo. Aquella tarde, ¨¦l me mir¨® con una intensidad que nunca antes hab¨ªa visto. Era una mirada que no pod¨ªa descifrar por completo y eso me aturd¨ªa. Me asustaba pensar que a¨²n despu¨¦s de tanto tiempo exist¨ªan actitudes que desconoc¨ªa. - Tenemos que hablar ¨Casegur¨®, interrumpi¨¦ndome. Frunc¨ª el ce?o y sonre¨ª confundida. - De acuerdo ¨CMurmur¨¦, sent¨¢ndome a su lado. Busque su abrazo, como de costumbre, pero esta vez no accedi¨®. - Me ir¨¦ ¨Ccoment¨® indiferente. Me qued¨¦ at¨®nita, incapaz de procesar sus palabras. - ?Es un viaje de negocios? -logr¨¦ preguntar. Mi voz era apenas un susurro. - No ¨Crespondi¨® ¨C. Necesito un tiempo. Frunc¨ª el ce?o confundida y pareci¨® notarlo. - Simplemente no puedo soportarlo m¨¢s -admiti¨®, evitando mi mirada. - ?A qu¨¦ te refieres? - A ti ¨Caleg¨®- A todo lo que eres. Aquel d¨ªa, sus palabras me golpearon como un pu?etazo en el est¨®mago. Quiz¨¢s yo acariciaba heridas que no quer¨ªa recordar. Aquella vez, fue la primera vez que se fue de casa durante d¨ªas. Aunque ya hab¨ªan pasado a?os, mi mente todav¨ªa no borraba sus palabras. Lo amaba. Sin embargo, comenzaba a cuestionarme si ¨¦l segu¨ªa am¨¢ndome.