¡°No m¨¢s ego¨ªsmo estatal, no m¨¢s incertidumbre. Esta es la gran rep¨²blica de mi sue?o. No voy a parar, no quiero parar. Juntos descubriremos nuevos horizontes, nuevos amaneceres dentro de esta utop¨ªa. Lo siento, lo huelo, lo escucho, es el cambio. Quiero que el d¨ªa en que nuestros hijos nazcan y vean lo que sus padres construyeron, vean una sociedad de iguales¡±.
Y por primera vez, desde que asumi¨® el poder, la gente aplaudi¨® a aquel joven diputado inexperto que se hab¨ªa convertido en presidente y que hab¨ªa ganado el coraz¨®n de la ciudadan¨ªa.
El presidente
En un programa de radio de la capital, tras haberse cumplido un a?o de su mandato, lo llamaron para entrevistarlo y preguntarle cosas de su ¨¢mbito personal. Lexter Frederick, due?o de la radio, comenz¨® la entrevista: "?Me escuchas, Lexter?", un nombre que surgi¨® por el chiste de que la audiencia llamaba y Lexter tardaba en responder por un problema de l¨ªnea, por lo que le hac¨ªan reiteradamente esa pregunta.
En ese mismo programa, el presidente se sent¨® a responder todo tipo de preguntas, pol¨ªticas y econ¨®micas, sobre el futuro de su gobierno y, sobre todo, sobre su vida personal. El relato dur¨® cuatro horas.
"?Qui¨¦n es este muchacho?" fue la pregunta que comenz¨® a surgir en el a?o 4771. C¨®mo y d¨®nde empez¨® su historia: todo comenz¨® en esa radio.
Joaqu¨ªn hab¨ªa nacido en la Rep¨²blica de Argentum, m¨¢s espec¨ªficamente en la provincia de Buenos Aires del Este. Hijo de Juan Pablo Gabriel y Luna Mercedes Fernandez. Su padre era obrero en la gran muralla en sus primeros a?os, mientras que su madre era soldado de contenci¨®n, debido a sus habilidades con las armas de fuego. Era el menor de tres hermanos: Lautaro Franco Gabriel y ¨¢ngela de Tucum¨¢n Fernandez.
De peque?o, jugaba con sus hermanos y los dem¨¢s ni?os en las llamadas ¡°zonas rurales¡±, hogar de los obreros de la construcci¨®n de los muros. Tuvo una infancia normal hasta el 4 de abril de 4760, cuando ocurri¨® la famosa ¡°Gran Estampida¡±. Esta se produce cuando los infectados se juntan en manadas de quinientas a mil personas sin motivo aparente, atra¨ªdos por el ruido o por diversas razones desconocidas, causando grandes destrozos y muertes. Por primera vez en doscientos a?os, algo similar volvi¨® a ocurrir.
La gran estampida arras¨® una gran parte de Buenos Aires del Oeste, producto de una brecha que hab¨ªa en el Distrito Uruguay. No hubo sobrevivientes para avisar de esta amenaza. Para cuando lleg¨® al estado del joven Joaqu¨ªn, el terror hab¨ªa comenzado. Mientras la familia de Fausto se preparaba para huir de sus hogares en la estaci¨®n de trenes, atestada de personas que luchaban por conseguir un espacio en un vag¨®n, su padre hab¨ªa conseguido, mediante conexiones, un lugar para ellos. Sin embargo, ese d¨ªa ocurri¨® un accidente: uno de los refugiados se hab¨ªa infectado y empez¨® a atacar a las personas. En medio del p¨¢nico, el joven Fausto, de nueve a?os, se solt¨® de la mano de su madre Luna, quien ten¨ªa problemas para cargar a su peque?a hermana de seis meses.
Cuando su madre solt¨® su mano, empez¨® a gritar desesperadamente su nombre. El peque?o Fausto gritaba por su madre, pero los gritos y los disparos de los militares no hac¨ªan m¨¢s que entorpecer la b¨²squeda. Su hermano mayor, de quince a?os, tom¨® a su madre y hermana y las empuj¨® al vag¨®n. En medio del p¨¢nico y las l¨¢grimas, su madre se vio obligada a abandonar a su hijo.
El peque?o qued¨® atrapado entre la multitud. Seg¨²n ¨¦l recuerda, empez¨® a subir por las escaleras de las garitas para poder encontrar a su familia, pero no los pudo ver. Solo vio c¨®mo el ¨²ltimo tren empezaba a ponerse en marcha. Observ¨® una gran multitud presa de la desesperaci¨®n lanzarse al tren para abordarlo; algunos lo consegu¨ªan, otros eran acribillados por los soldados del tren.
"?PREVENIR ES SALVAR!"
Gritaban los oficiales a sus soldados, instig¨¢ndolos a disparar a los civiles. Ese d¨ªa murieron muchas personas. El joven Fausto cuenta que tuvo que esconderse en los armarios de las garitas hasta que todo pasara. Comenta que se qued¨® dormido en ese lugar hasta el d¨ªa siguiente. Cuando despert¨®, no escuch¨® nada, solo vio la estaci¨®n de trenes vac¨ªa y llena de cad¨¢veres. No hab¨ªa ning¨²n infectado alrededor, pero no estaba exento de peligros. Cont¨® que en la garita hab¨ªa encontrado un machete y sali¨® temblorosamente al exterior, recordando el olor a sangre y a putrefacci¨®n.
"Jam¨¢s olvidar¨¦ a esa mujer sin cabeza abrazando a un beb¨¦ muerto. Pudo haber sido mi madre. Me tent¨¦ a inspeccionar su cuerpo, pero record¨¦ que ella no llevaba vestido."
Camin¨® por las v¨ªas del tren con la esperanza de encontrar a su familia, pero mientras se iba acercando, empez¨® a ver miles y miles de infectados caminando delante de ¨¦l. Describi¨® c¨®mo se ve¨ªan: piel gris oscura y verde, algunos ya no ten¨ªan cabello, otros parec¨ªan personas corrientes, pues se hab¨ªan infectado recientemente. Ten¨ªan los ojos rojos y parec¨ªan llorar sangre. Los m¨¢s antiguos ten¨ªan la piel agrietada, u?as que parec¨ªan garras, estaban muy delgados, desnutridos, pero ten¨ªan unos dientes grandes, tan grandes que no pod¨ªan cerrar la boca.
Fausto no pudo dar un paso m¨¢s y tuvo que regresar a la estaci¨®n de trenes. Vio a un infectado arrastr¨¢ndose, sin piernas, que not¨® su presencia y empez¨® a perseguirlo, arrastr¨¢ndose con m¨¢s fuerza mientras emit¨ªa un chillido que atra¨ªa a los dem¨¢s. Fausto no lo pens¨® dos veces y empez¨® a correr por su vida. Su primer instinto fue volver a su casa.
En palabras suyas, no recuerda c¨®mo lleg¨® a su casa. Recuerda que parpade¨® y pas¨® de estar en la salida de la estaci¨®n a estar dentro de su casa. El machete que ten¨ªa en la mano estaba ensangrentado, y no solo el machete, tambi¨¦n su brazo y manos. Cuando alz¨® la vista, vio a una desconocida en su casa, una ni?a, al parecer mayor que ¨¦l, apunt¨¢ndole con un arma. A diferencia de ¨¦l, ella s¨ª ten¨ªa el arma firme y el dedo en el gatillo.
¡ª?Qui¨¦n eres? ¡ªpregunt¨® ella mientras jalaba el martillo.
¡ªSoy Joaqu¨ªn Gabriel, esta es mi casa. ?Qui¨¦n eres?
La ni?a no respondi¨® y le pregunt¨® otra cosa.
¡ª?Te mordieron?
¡ªNo, no lo hicieron ¡ªrespondi¨® r¨¢pidamente.
La ni?a mir¨® el reloj que ten¨ªa en su mu?eca.
¡ªSi no te pasa nada en los pr¨®ximos minutos, est¨¢s muerto.
Joaqu¨ªn no respondi¨® y solo la mir¨® fijamente.
Entre risas, cont¨® que estuvieron veinte minutos mir¨¢ndose fijamente hasta que pasara algo, pero como era de esperar, no pas¨® lo que ten¨ªa que pasar; no le "comi¨® la cara", como dir¨ªa ¨¦l.
Cont¨® que la ni?a lo tom¨® del brazo y lo llev¨® hasta el ba?o para que se cambiara.
¡ªApestas ¡ªdijo ella mientras le cerraba la puerta.
Fausto se mir¨® en el espejo y vio toda su ropa ara?ada y manchada de sangre. Ten¨ªa sangre en la mejilla y el cuello, su brazo derecho estaba sucio y con ara?azos. Mientras el agua ca¨ªa sobre su cabello, record¨® que el infectado que se arrastraba lo dej¨® atr¨¢s, pero un militar infectado se lanz¨® sobre ¨¦l y le rasg¨® la ropa. Trat¨® de morderlo en dos ocasiones. Record¨® que con el machete en mano le hizo un corte desde la mejilla hasta el cuello. El machete qued¨® incrustado, pero ese primer golpe lo dej¨® tonto y lento, tanto que se tropez¨® solo. Cuando estaba en el suelo, Fausto tom¨® el machete y empez¨® a machetearlo una y otra vez. Pero, a pesar de recordar eso, a¨²n no recordaba el trayecto de regreso a casa.
Cuando termin¨® de ba?arse, sali¨® vestido con una camisa de su padre, pues este la hab¨ªa dejado all¨ª para que se secara. La ni?a se burl¨® de su apariencia. Llevaba el arma en la funda de su cintura, el poler¨®n de su hermano mayor y los aritos de oreja de su madre. Fausto la miraba de arriba abajo y luego se acost¨® en el sill¨®n, qued¨¢ndose dormido.
Cuando despert¨®, estaba cubierto por una manta. Hab¨ªa anochecido y la casa estaba a oscuras. Lo ¨²nico que daba luz era la luna llena que entraba por la ventana, y no era mucha. Se levant¨® alterado, pero la ni?a lo tranquiliz¨® y hasta lo abraz¨®, susurr¨¢ndole:
¡ªNo pasa nada, estoy aqu¨ª.
Recuerda que ella no dej¨® de abrazarlo. Le acariciaba el cabello y le daba palmaditas en la espalda. Lentamente, volvi¨® a dormir.
Cuando despert¨® de nuevo, se sent¨ªa d¨¦bil, pues llevaba casi dos d¨ªas sin comer. La ni?a le hab¨ªa dado raciones de comida, las cuales devor¨® casi sin masticar. Al final, la ni?a se present¨® como Karen, Karen Samanta Freeman. Ten¨ªa catorce a?os. Hab¨ªa sido su cumplea?os hace poco, jam¨¢s conoci¨® a su madre y su padre hab¨ªa sido devorado por sus amigos del trabajo. Estaba durmiendo en su casa cuando los infectados invadieron el pueblo. Los infectados fueron atra¨ªdos por las luces en su casa y destrozaron la entrada, por lo que se vio obligada a encontrar una casa con m¨¢s defensas, y se top¨® con la de Fausto.
Pese a que el inicio fue un poco violento, comprensible por la situaci¨®n, r¨¢pidamente formaron una amistad, pues ambos empezaron a colaborar para sobrevivir. Como Karen era la mayor, era ella quien sal¨ªa a buscar comida o lo que fuera necesario para sobrevivir, como medicamentos o armas. Ella no era muy expresiva, a diferencia de Fausto, quien siempre mostraba positivismo y sacaba algo bueno de cualquier situaci¨®n.
En los d¨ªas que estuvieron juntos, Karen siempre hac¨ªa el trabajo pesado, pues no quer¨ªa arriesgarlo a ¨¦l. En un relato que ella contar¨ªa mucho despu¨¦s, confes¨® que tuvo que matar a sus amigos para sobrevivir. Estos estaban infectados y uno de ellos ten¨ªa la edad de Fausto. Para no entrar en una crisis de nervios, se entren¨® mentalmente para mantenerse segura psicol¨®gicamente. En cierto tiempo, Karen confesar¨ªa que la presencia de Joaqu¨ªn le ayud¨® mucho a seguir adelante. Ya no ten¨ªa nada, lo ¨²nico que le quedaba era ¨¦l. Para pasar el tiempo, ambos jugaban en la casa. Fausto siempre la arrastraba a jugar con ¨¦l, imaginando que eran piratas o que ella era el militar Nept¨²n, el libertador. Incluso le ense?¨® a leer y a escribir a Karen para pasar el tiempo. Al principio, era terriblemente mala, pero poco a poco consigui¨® leer bien e incluso tener una caligraf¨ªa mucho mejor que la de ¨¦l.
Por unos d¨ªas, esperaban que vinieran a rescatarlos, ya que por esa zona se estaba levantando el muro, y como estaba casi terminado, alguien mandar¨ªa al ej¨¦rcito a salvarlos. Fausto contaba que todas las noches so?aba que un militar abr¨ªa la puerta y los ven¨ªa a salvar a ¨¦l y a Karen, pero cuando despertaba, empezaba a deprimirse.
Tras un mes y once d¨ªas, la comida empezaba a escasear. Fausto cuenta c¨®mo Karen le daba m¨¢s raciones a ¨¦l, ya que la comida no alcanzaba para los dos. Aunque a¨²n ten¨ªan agua, la comida era lo que m¨¢s faltaba. Hubo ocasiones en que Karen no com¨ªa nada y se iba a dormir con solo agua. Tras repetir este ciclo d¨ªa tras d¨ªa, Karen fue perdiendo sus fuerzas para salir e incluso se enferm¨®. Fausto no lo pens¨® m¨¢s y sali¨® por primera vez desde aquel d¨ªa.
La entrada estaba bloqueada por un ropero. Con gran esfuerzo, se las ingeni¨® para moverlo sin hacer ruido y sali¨®. Vio que el exterior no hab¨ªa cambiado tanto y que ese d¨ªa no hab¨ªa infectados. Decidi¨® ir a la estaci¨®n de trenes, pues recordaba haber visto una maleta con una cruz en una garita, similar a la que ten¨ªa su madre.
Pero cuando lleg¨®, no encontr¨® nada. La maleta solo conten¨ªa alcohol y vendas. Se sinti¨® muy triste, casi llor¨®. Tem¨ªa lo peor y no quer¨ªa que Karen muriera. Cuando se dispon¨ªa a marcharse, vio humo a lo lejos. Record¨® que su padre le hab¨ªa ense?ado a identificar una hoguera de un incendio. Poniendo en pr¨¢ctica ese conocimiento, not¨® que el humo proven¨ªa de un campamento, a las orillas del tren, en lo profundo del bosque. Decidido una vez m¨¢s, se acerc¨®.
Cont¨® que los infectados no se guiaban por el sonido del bosque, ya que pareciera que, al haber siempre animales movi¨¦ndose, los infectados aprendieron a ignorar los sonidos tales como caminatas, ramas rotas e incluso el habla. Por lo tanto, el lugar ideal para acampar eran los bosques.
Tras unos minutos, encontr¨® el campamento. Hab¨ªa tiendas, caballos y soldados armados. Fausto sinti¨® miedo al principio, pues a¨²n recordaba c¨®mo esos mismos hombres hab¨ªan abierto fuego contra los civiles. Sin embargo, coment¨® que era mucho mejor encontrar adultos que monstruos, e hizo un viaje r¨¢pido a casa. Lleg¨® cuando el sol estaba ocult¨¢ndose. Vio c¨®mo Karen se estaba vistiendo para ir a buscarlo. Cuando ella not¨® su presencia, se lanz¨® a abrazarlo y empez¨® a llorar, maldici¨¦ndolo con palabras suaves como ¡°tonto, bruto, mocoso, etc.¡± Su partida la hab¨ªa sorprendido y le hab¨ªa agobiado pensar que algo le hab¨ªa pasado. Cuando supo que ¨¦l estaba en sus brazos, se desmay¨® nuevamente.
Fausto se puso manos a la obra. A pesar de que ella era m¨¢s grande que ¨¦l por treinta cent¨ªmetros, la carg¨® en su espalda y empez¨® a correr. Joaqu¨ªn cuenta que tuvieron suerte de no encontrar a ning¨²n infectado al salir de su casa. Cuando lleg¨® al pueblo, hab¨ªa muy pocos y cuando lleg¨® a la estaci¨®n, hab¨ªa uno, y para colmo, era uno de los r¨¢pidos. Este r¨¢pidamente not¨® su presencia y empez¨® a perseguirlos. Joaqu¨ªn estaba muy cansado, pero sab¨ªa que dentro del bosque estaba la salvaci¨®n. Record¨® que ¨¦l era el m¨¢s r¨¢pido de su clase y no perder¨ªa contra un infectado. Empez¨® a correr hasta adentrarse en el bosque. Cuando sent¨ªa que el infectado estaba acerc¨¢ndose, muchas veces pens¨® que no lo lograr¨ªa, y en un acto de desesperaci¨®n, empez¨® a gritar por ayuda.
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¡°?POR FAVOR, AY¨²DENOS!¡±
Tras gritar una sola vez, escuch¨® un disparo de rifle. Fausto no quiso averiguar si le hab¨ªan disparado al infectado o a ¨¦l, as¨ª que sigui¨® corriendo, una y otra vez, hasta que choc¨® con un soldado joven. Fausto cay¨® sentado y su amiga se despert¨® al escuchar el tumulto.
¡ªPor favor, ay¨²denos ¡ªdijo antes de perder la conciencia.
Del bosque sali¨® un cabo de 21 a?os llamado Rivas Hidalgo Feinman, quien estaba haciendo un reconocimiento en la zona cuando vio a unos ni?os huir de un infectado. Sin pensar demasiado, sac¨® su fusil y dispar¨® un tiro limpio a la cabeza del infectado, que cay¨® en seco. El ni?o, asustado por la situaci¨®n o por el disparo, sigui¨® corriendo hasta llegar a ¨¦l y chocar con ¨¦l, aunque su peque?o cuerpo no logr¨® moverlo de lugar. Solo se sent¨® y pidi¨® ayuda antes de desmayarse. Sin m¨¢s opci¨®n, Rivas carg¨® al ni?o inconsciente en sus espaldas mientras sosten¨ªa a la ni?a semiconsciente en sus brazos.
As¨ª, el cabo que pas¨® de ser un soldado a convertirse en un ¨ªcono para el ej¨¦rcito, sali¨® del monte cargando a dos ni?os y solicit¨® ayuda m¨¦dica. Fausto y Karen estuvieron cuarenta y dos d¨ªas sobreviviendo solos.
Cuando Fausto termin¨® de contar la historia, hubo silencio. Incluso el conductor del programa qued¨® impresionado. Solo se hab¨ªa hecho eco de la noticia en Argentum y Nept¨²n, pero no en las dem¨¢s rep¨²blicas.
¡ªLo cierto es que no s¨¦ si fue Dios o el destino, pero fue un verdadero milagro que ese campamento estuviera all¨ª ese d¨ªa, que una ni?a me mantuviera con vida y que un soldado estuviera en el lugar exacto y momento cuando ped¨ª ayuda.
Cuando despert¨®, estaba en una zona de aislamiento por prevenci¨®n, ya que no sab¨ªan si ¨¦l y Karen estaban infectados. Los alimentaron y, despu¨¦s de una semana, los sacaron de esa habitaci¨®n. Como los soldados estaban esperando refuerzos para tomar la ciudad, tuvieron que quedarse con ellos. Espec¨ªficamente, el soldado Rivas se hizo cargo de ellos.
Estuvieron en el campamento cinco d¨ªas. Cuando llegaron los refuerzos, se prepararon para retomar la ciudad. Rivas aconsej¨® a los ni?os que se quedaran hasta que ¨¦l regresara; de lo contrario, ser¨ªan llevados a Nueva Corrientes.
Ese d¨ªa, la ciudad fue recuperada con ¨¦xito, sin ninguna baja. El comandante del ej¨¦rcito, Dante La Valle, fue convertido en gobernador provisional hasta que la ciudad estuviera en orden. Hab¨ªa que reconstruir y limpiar la zona, adem¨¢s de reforzar los muros de contenci¨®n para prevenir futuras hordas. Por su parte, Rivas fue ascendido a sargento por haber salvado a los ni?os. Dante, conocido por ser un showman, aprovech¨® esta situaci¨®n para elevar la reputaci¨®n del ej¨¦rcito, propagando la historia de los dos ni?os siendo salvados heroicamente por el soldado Rivas Hidalgo.
Los padres de Fausto se enteraron por la radio de que su hijo estaba vivo. Su hermano cont¨® que su madre se desmay¨® cuando escuch¨® su nombre.
Los refugiados salieron a las calles a recibir a los valerosos hombres que reconquistaron Buenos Aires del Este. El sargento Rivas encabezaba la marcha con su caballo blanco, llevando a ambos ni?os sobre su corcel. El peque?o Fausto miraba a la multitud buscando a sus padres. Como era de esperar, no pod¨ªa encontrarlos, hab¨ªa demasiadas personas, hasta que vio algo distintivo. Entre la multitud, vio a su hermano mayor parado sobre los hombros de su padre, alzando un cartel que dec¨ªa algo que solo ¨¦l conoc¨ªa: ¡°Enano Calabac¨ªn¡±. Fausto identific¨® r¨¢pidamente ese cartel, pues era el apodo con el que su hermano lo llamaba.
Fausto avis¨® a Rivas que ah¨ª estaban sus padres, por lo que este se desvi¨® un poco de la ruta y se acerc¨® a las personas. En el tumulto de gente emergieron su madre y su padre. Fausto no lo pens¨® dos veces y se lanz¨® a sus brazos. Por su parte, Rivas baj¨® del caballo y se acerc¨® a los padres del muchacho.
¡ªSu hijo es muy valiente, si¨¦ntanse orgullosos de ¨¦l. Su determinaci¨®n le salv¨® la vida a esta joven.
La madre de Fausto abraz¨® al sargento mientras le agradec¨ªa una y otra vez. Su padre le dio un apret¨®n de manos y le dio un sincero "gracias". Karen observaba con una sonrisa apagada; estaba feliz de que su amigo se hubiera reencontrado con su familia, pero ver esa escena tan conmovedora le hizo darse cuenta de que ella no ten¨ªa a nadie, nadie esperaba su regreso.
Sin embargo, Fausto se separ¨® de su madre para tomar a Karen de los brazos y, de un tir¨®n, la sac¨® del caballo, cayendo encima de Rivas y tumb¨¢ndolo al suelo. La escena fue hilarante, incluso para Rivas. Fausto abraz¨® a Karen y, sin consultar siquiera a sus padres, le dio la bienvenida a su familia. Karen mir¨® confundida a la sonrisa tonta de Fausto y luego mir¨® a sus padres. Estos se encogieron de hombros y le dieron un abrazo tambi¨¦n.
Tras finalizar el relato, Fausto confes¨® que sus padres lo rega?aron por hacer eso, pero que, pese a los reclamos, Karen se qued¨® a vivir con ellos. El soldado Rivas, que los hab¨ªa salvado, mantuvo cierto contacto con ellos e incluso ven¨ªa a sus cumplea?os, tanto el suyo como el de Karen. Su familia jam¨¢s regres¨® a Buenos Aires del Este; se quedaron en Nueva Corrientes, donde Fausto termin¨® la escuela. Cuando cumpli¨® diecis¨¦is a?os, se mud¨® solo, junto con Karen, a San Isaak. Su padre fue, junto con ¨¦l, uno de los primeros en levantar el ¨²ltimo ladrillo para tapar el muro.
A la edad de dieciocho a?os, Fausto se vincul¨® al partido URI, m¨¢s espec¨ªficamente al movimiento Florentia Emma, donde se nucleaba la juventud del partido. Ah¨ª estuvo dos a?os hasta convertirse en diputado, cargo que solo dur¨® tres meses. El resto es historia.
En cuanto a Karen, se convertir¨ªa en su esposa. En esa ¨¦poca, era muy barato el alquiler para las parejas casadas, por lo que, al inicio, fue una conveniencia enorme. Luego, pasar¨ªa a ser algo serio; de hecho, fue ¨¦l quien la convirti¨® en su secretaria con el pretexto de estar cerca de ella.
En cuanto a Rivas, a¨²n era militar y no solo eso, formaba parte del partido URI, para ser exactos de la facci¨®n conservadora. La relaci¨®n entre ellos fue truncada por los dichos de ¨¦l como presidente sobre el servicio militar y el cuerpo militar, algo que Fausto lamentaba mucho, pues consideraba que las ideolog¨ªas no deb¨ªan romper amistades o familias. La relaci¨®n ya no era como antes, solo hab¨ªa cordialidad.
La historia de Fausto viaj¨® por todas partes de las siete rep¨²blicas e, incluso de forma involuntaria, Rivas Hidalgo Feinman, coronel de las fuerzas armadas, volvi¨® a estar en boca de todos, como en aquel acto de valent¨ªa por parte de un soldado que apenas ascend¨ªa a cabo. Volv¨ªa a ser la noticia del momento. Todos quer¨ªan conocer a aquel soldado que hab¨ªa salvado al presidente cuando era un ni?o.
Pese a todo, Rivas permiti¨® que se le entrevistara y cont¨® su historia. Lamentaba la muerte de su comandante Dante La Valle, pues al momento en que ocurrieron los acontecimientos, ¨¦l ya ten¨ªa 285 a?os y terminar¨ªa muriendo en el a?o 4769 a la edad de 293 a?os, cinco d¨ªas despu¨¦s de su cumplea?os.
En ese tiempo, como en la actualidad, la expectativa de vida del hombre se hab¨ªa alargado demasiado, pero esto variaba, ya que se divid¨ªa en dos ¨®rdenes: humanos Lapsus Longus (que viv¨ªan entre 265 y 300 a?os) y humanos Lapsus Brevis (65 a 100 a?os). En las siete rep¨²blicas, el 70% de los ciudadanos eran Lapsus Longus, mientras que el 30% eran humanos Lapsus Brevis. La ¨²nica manera de diferenciarlos era mediante sus cicatrices. Mientras los Brevis cicatrizaban en cuesti¨®n de d¨ªas, los Longus se curaban en cuesti¨®n de horas. Un corte pod¨ªa cerrarse en minutos sin dejar cicatriz.
Rivas mostraba un firme rechazo a eliminar el servicio militar obligatorio, abogando que la milicia era necesaria, pues nada garantizaba que los muros fueran infalibles. Fausto, sin darse cuenta, estaba teniendo un rival pol¨ªtico.
Hab¨ªa surgido una nueva administraci¨®n, una que gobernaba antes en todos los ¨¢mbitos mundiales. Naci¨®, o mejor dicho, renaci¨® la profesi¨®n de polic¨ªa: la polic¨ªa republicana.
"El ej¨¦rcito no caminar¨¢ en las calles imponiendo orden, eso es trabajo para la polic¨ªa," coment¨® Fausto en su discurso de apertura de la primera comisar¨ªa.
Fausto abogaba mucho por una uni¨®n nacional, a pesar de que esto no era posible, ya que cada quien ten¨ªa sus propias necesidades e intereses. Por ello, siempre intent¨® fomentar un di¨¢logo abierto entre las voces disidentes. Si bien hab¨ªa disidencias en el ¨¢mbito pol¨ªtico, esto no imped¨ªa que los representantes manifestaran sus ideas en las calles, siendo un constante recordatorio de que no estaban a favor de sus pol¨ªticas.
Fausto convocaba todo el tiempo ruedas de prensa para contestar todas las preguntas que le hicieran, siendo lo m¨¢s transparente posible. Entre ellas, una frecuente era si ¨¦l ten¨ªa pensado dejar a un lado a los militares.
"Las fuerzas armadas nunca ser¨¢n desplazadas de su labor, son un eje fundamental para las siete rep¨²blicas, pero muchos se olvidan que son el brazo del estado y no su cabeza," respond¨ªa Fausto.
Otra pregunta recurrente era sobre los alimentos: si alcanzaban para todos, ya que a¨²n estaba el temor de lo ocurrido en 4766, "la hambruna del 66". Gabriel hab¨ªa impulsado el plan Granja Estatal. Antes de que se terminaran los muros, las rep¨²blicas solo cultivaban alimento para los ciudadanos de su sector, ya que no hab¨ªa ning¨²n m¨¦todo para almacenar alimentos si eran atacados por los infectados. Por lo tanto, Fausto promulg¨® la ley de granjas, cuyo objetivo era cultivar un excedente del 50% para tener un almacenamiento bastante grande. Los ciudadanos pod¨ªan comer pan y leche en invierno. Promulg¨® tambi¨¦n la construcci¨®n de supermercados y almacenes estatales para la distribuci¨®n de alimentos. Esto puso los pelos de punta a los militares, ya que un ciudadano pod¨ªa comer lo mismo que un general o un soldado.
¡°No se puede repartir de forma tan irresponsable los alimentos. Pienso que el presidente debe mirar muy bien sus objetivos primordiales a la hora de llevarlos a cabo,¡± dijo el coronel Rivas Hidalgo en un comunicado de prensa.
Fausto, quien hasta ese momento hab¨ªa tenido paciencia con Rivas debido a su historia en com¨²n, perdi¨® la calma y le respondi¨® mediante un comunicado oficial.
¡°Si al coronel le parece perfecto que un soldado pueda llenar su est¨®mago con carne de primera, pues el granjero tiene todo el derecho de hacer lo mismo, al igual que el ciudadano que con sus impuestos paga el sueldo de la armada. ?Es acaso un acto irresponsable que el ciudadano deje de comer pan duro con sopa y pueda comer como un rey o como un coronel? ?SI EL PUEBLO QUIERE COMER CARNE, ENTONCES CARNE ES LO QUE VA A COMER!¡±
Rivas vio esto como un insulto a los militares, por lo que retir¨® su apoyo a Fausto como miembro del partido URI, lo cual retir¨® al menos once votos, no esenciales, de la c¨¢mara. A partir de ah¨ª, en todas las medidas que el presidente tomara, estos se abstendr¨ªan de votar, sin romper el pacto de Victorino, quien hab¨ªa arreglado que no votar¨ªan en contra.
Esto hubiera sido significativo para Rivas en el aspecto militar, pero ¨¦l no supo o no vio su oportunidad de sacar partido de ello, sino que se mantuvo dentro del partido URI causando discordia en vez de crear un partido propio. El error de tal acci¨®n le traer¨ªa problemas futuros.
Sin embargo, las declaraciones de Fausto a la prensa no hicieron m¨¢s que aumentar su popularidad entre los ciudadanos. Tanto fue el furor que ya no pod¨ªa salir a las calles como antes. Cada vez que lo hac¨ªa, las personas pasaban de ser diez a m¨¢s de cien. Sin embargo, cada vez que pod¨ªa, caminaba solo y hablaba con las personas. Su oratoria y discursos eran escuchados tanto por j¨®venes como por ancianos.
Como presidente, hab¨ªa impulsado el plan ¡°Cervantes¡±, un plan que consist¨ªa en construir caminos para la unificaci¨®n de todos los estados. Esto dio grandes oportunidades de trabajo, pues de un lado un obrero generaba ingresos al crear carreteras, y a su vez, los obreros que ganaban dinero lo gastaban en bienes y servicios, haciendo funcionar la econom¨ªa. Muchos cre¨ªan que los militares mostrar¨ªan desagrado, pero fue todo lo contrario. Les pasaba algo curioso: les pagaban por no hacer nada. Su labor, seg¨²n ellos, era luchar contra los infectados. Pero al no haber m¨¢s esa amenaza, solo se dedicaban a ¡°proteger a los obreros de las construcciones¡±, pues eran los ¨²nicos en ese momento que contaban con un cuerpo m¨¦dico bastante desarrollado.
Los ciudadanos en las calles empezaban a opinar. Entre ellos, se observ¨® un cincuenta por ciento de margen positivo, un treinta por ciento de margen indeciso y un veinte por ciento de margen negativo. Para ganar m¨¢s votantes, Victorino le recomend¨® seguir haciendo actos presenciales, pero esta vez en obras en construcci¨®n, para que la gente vea lo que hace. Aunque solo estuviera presente por un par de horas, esto servir¨ªa para demostrar gesti¨®n.
En cuanto a las gestiones, Fausto sigui¨® los consejos de su vicepresidente, y empez¨® a m¨¢s presencial, en cada obra y en cada orden, ¨¦l estaba presente. Se lo pod¨ªa ver ayudando a los obreros, con su t¨ªpica ropa de camisa blanca, corbata roja, pantalones oscuros finos y zapatos elegantes, adornado con un casco amarillo. Muchos pensaban que esto ser¨ªa una de esas propagandas pol¨ªticas, que s¨ª lo era, para demostrar que hac¨ªa algo, pero lo interesante era que cuando las c¨¢maras se iban del lugar, y el presidente aparec¨ªa al d¨ªa siguiente para reunirse con el capataz:
¡ª?Qu¨¦ sigue ahora, jefe?
¡ªPero usted es el presidente, puede hacer lo que quiera.
¡ªUsted es quien usa el casco blanco, por lo que veo, usted es mi presidente ¡ªdec¨ªa entre risas Fausto.
Lo cierto es que Fausto se qued¨® dos semanas con ellos, pasando la noche en un hotel junto a los obreros. Se ve¨ªa que era bueno para hacer la mezcla de cemento, pero bastante malo para calcular su cantidad. En una ocasi¨®n, hizo cemento de m¨¢s, por lo que los obreros se quedaron horas extras para no desperdiciar el material que tan amablemente Fausto proporcion¨®. Lo gracioso tambi¨¦n vino cuando su guardaespaldas lo vio colocando ladrillos en un muro a seis metros de altura en una noche calurosa de verano. Se pod¨ªa escuchar c¨®mo se re¨ªan del presidente, pues era tan torpe que una vez levant¨® una pared y esta termin¨® cayendo. Por esa raz¨®n, Fausto se qued¨® unos d¨ªas m¨¢s hasta que dicha pared volviera a su lugar.
Esto podr¨ªa haber quedado entre los veinte obreros con los que ¨¦l trabaj¨®, pero muchas personas de Artigas vieron y juraban haber visto al presidente desalineado, pues no ten¨ªan ropa de m¨¢s para ¨¦l cuando empez¨® a trabajar con ellos. Gaspar Quinto cuenta en su libro ¡°El tero y el hornero¡± que Fausto sab¨ªa el nombre de todos, y hasta los hab¨ªa invitado a una fiesta de fin de a?o. Esto levant¨® revuelo, pues se dec¨ªa que el presidente hab¨ªa gastado dinero de los impuestos para una fiesta en la casa de gobierno. Sin embargo, Fausto hab¨ªa pagado todo de su bolsillo, dinero que ¨¦l ganaba como presidente: cinco mil lunarios por mes. Para que se hagan una idea, un trabajador promedio cobraba al mes dos mil quinientos lunarios; una casa costaba mil lunarios; el pan m¨¢s caro, el tern¨®n, un pan dulce con miel o cualquier tipo de aderezo, costaba doscientos lunarios; la carne costaba cincuenta lunarios, antes ciento cincuenta; los medios de transporte p¨²blicos, dos con cincuenta lunarios. Aunque se pens¨® que era un gasto del presidente con las arcas del gobierno, la causa qued¨® en la nada al mostrar los recibos de todo lo que comieron ese d¨ªa.
Claro que hab¨ªa otros partidos, como el Partido Rojo con una ideolog¨ªa comunista, el Frente Oportunidad, el Cambio Republicano, el Partido Ciudadano o Voz del Pueblo, pero no eran relevantes, ya que nunca hab¨ªan llegado al Senado. De hecho, los ¨²nicos que ten¨ªan representantes en el Senado eran el Partido Rojo con cinco integrantes y Voz del Pueblo con nueve integrantes. Esta facci¨®n ser¨ªa m¨¢s f¨¢cil de convencer, ya que Fausto compart¨ªa un pensamiento similar con estos partidos sobre el derecho al voto de representantes. Por lo tanto, trabajaron m¨¢s estrechamente, aunque, como en todo partido, hab¨ªa roces. Fausto no estaba interesado en promulgar que las ganancias fueran repartidas en partes iguales, pues debido a la inestabilidad econ¨®mica de ese momento, esto podr¨ªa ser una medida contraproducente. Por ello, siempre se manten¨ªa al margen de sus demandas.
Se podr¨ªa decir que hab¨ªa un Senado y diputados de distintas clases, ideolog¨ªas y pol¨ªticas. Pero, ?qu¨¦ pensamiento ten¨ªa Joaqu¨ªn Gabriel Fern¨¢ndez Fausto? Para responder a esta pregunta, haremos un breve repaso de la historia del partido Uni¨®n Radical Intransigente.
Uniè´¸n Radical Intransigente
El partido naci¨® en el a?o 4710, fundado por Florentina Emma, descendiente del pr¨®cer Alejandro Nept¨²n, quien liber¨® la rep¨²blica de los infectados en su totalidad del reino de Chile, disolviendo la monarqu¨ªa y estableciendo la rep¨²blica. Florentina Emma, nacida en el a?o 4681 en Santiago, tuvo la desdicha de crecer bajo el gobierno del famoso D¨¦cimo Directorio, con sede en el Estado Nacional de Nept¨²n, bajo el control de Travis Francisco. ¨¦l gobernaba el mal llamado directorio de forma vitalicia, habiendo logrado acabar por completo con las incursiones de bandidos e infectados, lo que le permiti¨® ganarse un puesto en uno de los asientos del directorio. Sin embargo, en cinco a?os logr¨® hacerse con el poder, dando un golpe de estado, anulando el Noveno Directorio y creando as¨ª el D¨¦cimo, conformado por sus amigos y familia. Su gobierno era totalmente autoritario y dictatorial, pero incre¨ªblemente popular entre los ciudadanos de Nept¨²n, ya que hab¨ªa entrado en guerra con Argentum, C¨¢rdena, Inca e incluso Nova Terra, sumi¨¦ndolas en caos y conquist¨¢ndolas por m¨¢s de treinta a?os.
Florentina Emma, aprovechando su estatus como descendiente de un h¨¦roe nacional, fund¨® un partido en el coraz¨®n del D¨¦cimo Directorio para oponerse firmemente al autoproclamado D¨¦cimo Directorio. En las calles, daba discursos totalmente en contra de Travis, y este no pod¨ªa hacerle nada, pues a¨²n quedaban recuerdos de c¨®mo el S¨¦ptimo Directorio cay¨® en llamas con todos sus representantes muertos por haber asesinado al nieto de Vanesa Argentum. Travis era un asesino despiadado, pero no ignorante; por lo tanto, se encargaba de censurarla, amenazarla y denigrarla, aunque nunca logr¨® silenciarla, ya que su elocuencia y templanza la hac¨ªan una persona muy valiente. Al final, Travis la encarcel¨® y la tortur¨® de todas las formas posibles, priv¨¢ndola de alimento, agua y sue?o, adem¨¢s de infligirle agravios f¨ªsicos y psicol¨®gicos. Fue tratada por personal m¨¦dico, para luego continuar con la tortura hasta dejarla inconsciente. La desaparici¨®n de Emma en la v¨ªa p¨²blica puso en alerta a los ciudadanos; se registraron m¨¢s de 1.740.000 denuncias de su desaparici¨®n en las comisar¨ªas de todos los distritos.
B¨¦lua vio esto como una oportunidad y financi¨® grupos guerrilleros para alzarse contra el D¨¦cimo Directorio. Tras dos a?os de torturas, Emma fue encontrada en una prisi¨®n aislada, en lo que ser¨ªa Santa Fe de Argentum, rapada, con harapos sucios y signos de desnutrici¨®n. Cuando comenz¨® el caos, los guardias huyeron, dej¨¢ndola sola en la prisi¨®n durante d¨ªas. Florentina Emma fue llevada en carretilla hasta el pueblo de Santa Marta para recibir atenci¨®n m¨¦dica por los males y calvarios que sufri¨® en esa peque?a prisi¨®n infernal.
Por otro lado, Travis Francisco ten¨ªa otros problemas, ya que B¨¦lua hab¨ªa invadido las fronteras de Nept¨²n, que en ese entonces abarcaba el 70% de Nova Terra. Al haberse negado a ser parte de la dictadura de Travis, con la ayuda de los terranos que se resistieron a dejar su pa¨ªs en manos de un tirano, lograron retomar la capital de la naci¨®n en lo que se conoci¨® como ¡°La Reconquista¡±, declarando nuevamente la Rep¨²blica de Nova Terra. En conjunto con la Rep¨²blica de B¨¦lua, declararon la guerra a Nept¨²n.
Los infectados volv¨ªan a ser una amenaza, y el alzamiento de dos pa¨ªses entrando en guerra nuevamente provoc¨® que todas las partes involucradas detuvieran la construcci¨®n de los muros. El general S¨®crates Silva, de la Rep¨²blica de B¨¦lua, fue quien llev¨® a cabo el plan ¡°Independencia¡±, cuya estrategia era liberar a las naciones afectadas por el control militar de Travis, ya que ¨¦l se encaminaba a establecer un imperio. En esa ¨¦poca fue la primera vez, desde la llegada de los infectados, que estallaba una guerra nuevamente. Si la humanidad hab¨ªa aprendido algo de la guerra, ya lo hab¨ªa olvidado.
El ejercito terrano, o, mejor dicho, la resistencia. Que hab¨ªan conseguido recuperar su naci¨®n se plegaron a las fuerzas de B¨¦lua para derrocar al r¨¦gimen. Su l¨ªder ser¨ªa Claudio Chilavert.
Se uni¨® a la causa aportando hombres y abastecimiento, adem¨¢s de presencia en el campo de batalla. El ej¨¦rcito de la Alianza comenz¨® una campa?a que lentamente iba cumpliendo su prop¨®sito.
Por otro lado, en la capital, Travis estaba pasando por un momento de necesidad, pues hab¨ªa perdido su popularidad entre la gente. Se hab¨ªa difundido la noticia de que Travis hab¨ªa atentado contra la vida de Florentina Emma. En las calles, la gente gritaba su nombre junto con la frase:
"Uni¨®n para el cambio y Futuro".
Las brutales represiones que se viv¨ªan en todas partes de Nept¨²n eran cada vez m¨¢s intensas. Cuanta m¨¢s gente se un¨ªa y protestaba, mayor era la represi¨®n y la brutalidad de esta. Las muertes se sumaban d¨ªa tras d¨ªa, y la inestabilidad pol¨ªtica alcanzaba puntos cr¨ªticos. Pero lo peor fue el regreso de los infectados; estos hab¨ªan vuelto porque el caos en las calles era tan grande que nadie manten¨ªa el campo que los manten¨ªa alejados. La miseria que hab¨ªa dejado Travis era igual o mayor a la de cuando las personas se atrincheraban en peque?as comunidades para sobrevivir a los infectados. En las calles de Santiago, donde alguna vez se oy¨® el nombre de "Travis el restaurador", ahora se escuchaba "Afuera Travis". Fue uno de los a?os m¨¢s oscuros que tuvo que pasar la rep¨²blica de Nept¨²n.
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El 15 de septiembre de 4701, Travis Francisco, el hombre que hab¨ªa llegado al directorio por su gran logro de limpiar el pa¨ªs de los infectados, el hombre que hab¨ªa tra¨ªdo estabilidad a Nept¨²n, el hombre que conquist¨® Am¨¦rica del Sur, se ahorc¨® en su despacho, apenas cinco d¨ªas despu¨¦s de su cumplea?os n¨²mero cien.
Los ciudadanos enardecidos irrumpieron en la sala del directorio y expusieron el cuerpo desnudo de su dictador. Arrojaron su cuerpo desde un tercer piso, lo ataron y lo colgaron de los brazos en una plaza para que todos pudieran verlo y apedrearlo, desquit¨¢ndose del hombre que les hab¨ªa causado miseria durante cinco a?os.
Mientras tanto, en el otro lado del mundo, en Artigas, Emma abri¨® los ojos despu¨¦s de meses en coma por las torturas que sufri¨®. La revoluci¨®n hab¨ªa acabado con el r¨¦gimen del D¨¦cimo Directorio de Travis, y el directorio se disolvi¨® para siempre, creando el magistrado. El pueblo la eligi¨® como su l¨ªder, sin que ella estuviera presente en Nept¨²n. Florentina tard¨® un mes en recuperarse completamente para ejercer su nuevo cargo, convirti¨¦ndose en la primera Magistrada del pa¨ªs, creando el partido Uni¨®n Radical Intransigente, con sus tres principales ideas: uni¨®n, cambio y futuro.
Uni¨®n: La fortaleza de unirse para trabajar por un futuro mejor.
Cambio: Jam¨¢s estar conformes ante una injusticia social.
Futuro: Crear herramientas estando en el poder para que la realidad de uno sea muy diferente a la de nuestros semejantes en el futuro.
Florentina Emma gobern¨® durante seis a?os y se retir¨® de la pol¨ªtica, pero sus luchas sociales no se detuvieron, pues en sus palabras, "Nadie es eterno en la pol¨ªtica". Durante su gobierno ocurrieron varias situaciones controversiales. Gobern¨® con mano dura los primeros dos a?os, y la oposici¨®n, que anteriormente hab¨ªa apoyado el r¨¦gimen, fue perseguida medi¨¢ticamente o pol¨ªticamente. Se sospecha que esto fue por venganza. El caso m¨¢s conocido fue "El caso Orosco", en el cual se sospech¨® que Antonio Orosco, quien se rumoreaba que hab¨ªa torturado a Emma mientras estaba en prisi¨®n, fue encontrado muerto en su jard¨ªn. Su cuerpo presentaba signos de tortura extrema: castrado, con objetos punzantes en el recto y sin las manos, que fueron encontradas horas m¨¢s tarde en una estufa, quemadas. Los registros forenses indicaron que Orosco estaba vivo durante la mutilaci¨®n. Emma fue citada a juicio porque se encontr¨® un cabello suyo en la vivienda de Orosco. Durante el juicio, Emma declar¨® que no ten¨ªa nada que ver con el homicidio, pero que se alegraba profundamente de que "el cerdo haya sufrido antes de marcharse". Emma afirm¨® que Orosco y otros dos, conocidos solo como "Le?a" y "Doc", la torturaron en prisi¨®n. Seg¨²n Emma, Doc era un m¨¦dico que la trataba despu¨¦s de torturarla, tir¨¢ndole agua fr¨ªa estando desnuda en invierno. Le?a, seg¨²n Emma, evit¨® que Orosco la violara el ¨²ltimo d¨ªa antes de que la abandonaran.
Emma fue declarada no culpable, aunque qued¨® la sospecha de su implicaci¨®n en el asesinato. Otra controversia fue su rechazo hacia los homosexuales, algo com¨²n en esa ¨¦poca, ya que el mundo apenas comenzaba a no tener que "luchar m¨¢s con los infectados", pero a¨²n hab¨ªa que repoblar la Tierra. Las comunidades cre¨ªan que eran los ¨²ltimos seres humanos, y la idea de que hubiera homosexuales entre ellos era aterradora, ya que no pueden dejar descendencia. Emma cont¨® una historia falsa, afirmando que un homosexual hab¨ªa "convertido" a su hermano en uno. En realidad, su hermano, Alejo, era bisexual, le atra¨ªan tanto hombres como mujeres, y se divorci¨® de su esposa no por otro hombre, como dec¨ªa Emma, sino porque ella intent¨® asesinar a sus hijos. Alejo declar¨® que le parec¨ªa aberrante que Emma lo usara para atacar a un grupo minoritario, y consider¨® grave y asqueroso que ocultara la verdadera raz¨®n de su divorcio.
A pesar de estas controversias, el gobierno de Emma logr¨® traer estabilidad y seguridad a los ciudadanos. Su popularidad era enorme; dondequiera que iba, era recibida con cari?o. Sus pol¨ªticas de educaci¨®n y salud fueron clave para mejorar la situaci¨®n del pa¨ªs. En cuanto a su postura sobre los homosexuales, qued¨® en simples declaraciones, ya que no hubo persecuciones ni leyes espec¨ªficas a favor o en contra de ellos. La distribuci¨®n de alimentos fue equitativa y las relaciones con las dem¨¢s naciones se restauraron. Durante seis a?os, Emma gobern¨® tanto Nept¨²n como Argentum. Sin darse cuenta, sent¨® las bases y dio los primeros pasos hacia la futura forma de gobierno de Sudam¨¦rica, y lo interesante fue con el URI.
Al dejar el gobierno, se mud¨® a Artigas, donde se cas¨® con un militar llamado Isla Victorino, quien la ayud¨® mucho en su rehabilitaci¨®n. Juntos tuvieron cinco hijos, uno de los cuales, Erick Victorino Sullivan, se interes¨® en la pol¨ªtica y sigui¨® los pasos de su madre.
Lamentablemente, Florentina Emma falleci¨® el 13 de mayo del a?o 4750 a los 69 a?os, debido a una insuficiencia card¨ªaca. Su muerte fue un golpe duro para las futuras siete rep¨²blicas, y fue recordada como una figura de lucha y valent¨ªa. Sus restos fueron enterrados en el cementerio "El Jard¨ªn de los H¨¦roes" en Nept¨²n. A pesar de las controversias durante su gobierno, Florentina Emma fue considerada una figura de liderazgo y lucha. Es innegable que enfrent¨® sola a un r¨¦gimen autoritario y sanguinario. Cuando hab¨ªa injusticias, se levantaba para combatirlas, y a pesar de las torturas que sufri¨® y los momentos en los que pudo perder la vida, nunca se rindi¨®. Incluso cuando no pod¨ªa ponerse de pie, sigui¨® luchando, tanto despu¨¦s de dejar el cargo como cuando se convirti¨® en madre y en sus ¨²ltimos a?os.
Los cinco a?os
Fausto, como presidente, segu¨ªa las tres principales ideas de Florentina Emma: uni¨®n, cambio y futuro. ¨¦l defend¨ªa la uni¨®n entre pol¨ªticos y ciudadanos mediante el voto, promov¨ªa un cambio de mentalidad respecto a sus representantes e incentivaba una participaci¨®n m¨¢s activa de los ciudadanos en la toma de decisiones. Adem¨¢s, aspiraba a un futuro brillante, utilizando las herramientas que ten¨ªa a su disposici¨®n, gracias a Victorino, para crear una gran rep¨²blica en toda su gloria y esplendor. Deseaba que ning¨²n otro ni?o de las siete rep¨²blicas tuviera que pasar por la infancia que ¨¦l hab¨ªa experimentado.
He aqu¨ª un breve resumen de lo que consigui¨® como presidente. Consigui¨® la aprobaci¨®n de una serie de leyes clave que fueron cruciales para la gesti¨®n exitosa, en su mayor¨ªa, del gobierno durante esos cuatro a?os. Entre estas medidas se encuentran fueron:
Salud y Educaci¨®n Gratuitas: Fausto impuls¨® una reforma que garantiz¨® el acceso gratuito a la salud y la educaci¨®n para todos los ciudadanos. Esto fue un paso significativo hacia el bienestar social y la igualdad de oportunidades.
¡°Se acab¨® el ego¨ªsmo estatal, una rep¨²blica de iguales.¡±
Fin del Servicio Militar Obligatorio: Una de las reformas m¨¢s aclamadas fue la abolici¨®n del servicio militar obligatorio. Esto liber¨® a muchos j¨®venes de la carga de la conscripci¨®n forzada y fue visto como un avance en los derechos individuales, ahora los j¨®venes pod¨ªan aspirar a otras metas.
¡°Quiero ver obras construidas por el hombre, quiero ver familias llorando de alegr¨ªa y no de dolor, quiero ver una naci¨®n en esplendor.¡±
Reformas Econ¨®micas: Se implementaron pol¨ªticas para revitalizar la econom¨ªa dentro de los muros. Esto incluy¨® incentivos para peque?as y medianas empresas, apoyo a la agricultura y la implementaci¨®n de un sistema de comercio eficiente dentro de las rep¨²blicas.
¡°Para poder crear una econom¨ªa, primero hay que garantizar la existencia de una seguridad estatal.¡±
Seguridad y Defensa: Se reforz¨® la seguridad en los muros y se desarrollaron estrategias efectivas para mantener a raya a los infectados, pues en ese tiempo aun los ciudadanos tem¨ªan de su letalidad, por lo que, asegurando la estabilidad y la paz dentro de los l¨ªmites protegidos, por dos a?os Fausto dio conferencias, de car¨¢cter, tranquilizador para la gente, dando punto por punto la efectividad de los muros.
Sobre los muros: ¡°Comprendo su miedo, pero deben entender que estas murallas nos protegen del peligro del exterior. No piensen en el m¨¢s all¨¢, sino en donde est¨¢n parados.¡±
Sobre la seguridad: ¡°El ej¨¦rcito no caminar¨¢ en las calles imponiendo orden, eso es trabajo para la polic¨ªa, una naci¨®n que tendr¨¢ su poder judicial que los proteja nuestra sociedad.¡±
Infraestructura: Se llevaron a cabo proyectos de infraestructura para mejorar el transporte, las comunicaciones y las viviendas, lo que facilit¨® una mejor calidad de vida y una mayor interconexi¨®n entre las siete rep¨²blicas, todos pod¨ªan acceder a los servicios de transporte p¨²blico, claro que una tarifa de dos con cincuenta lunarios.
¡°Esto es lo que han logrado con sus impuestos, un transporte que los mueva a donde quieran ir, con la tarifa m¨¢s barata y econ¨®mica, para todos y todas.¡±
Programa de Vivienda Social: Se aprob¨® un programa para construir viviendas asequibles, con el objetivo de erradicar el problema de los sin techo y proporcionar un hogar seguro para todas las familias.
¡°Todo individuo necesita un hogar propio, y el estado le construir¨¢ uno.¡±
Aunque eran unas bonitas palabras, la verdad es que aun hab¨ªa personas sin techo, ya que solo del treinta por ciento de ciudadanos sin hogar, solo se redujo un trece por ciento. Esto es debido al que el senado se negaba a seguir agigantando el gasto p¨²blico, por lo que Victorino le dijo que se le quedara bien grabado en la cabeza lo siguiente.
-No puedes salvar a todos, preoc¨²pate por los que puedes salvar.
Pol¨ªticas de Energ¨ªa Renovable: Se implementaron incentivos para el desarrollo de fuentes de energ¨ªa renovable, reduciendo la dependencia de combustibles f¨®siles y promoviendo la sostenibilidad de la energ¨ªa para todos los hogares, pues ahora la energ¨ªa era p¨²blica y gratuita, al igual que el agua potable de todas las viviendas. Fue dif¨ªcil, pero Fausto consigui¨® que ning¨²n ciudadano pusiera un solo lunario para poder tener luz.
¡°Todo ciudadano tiene derecho a tener luz y agua en su hogar. Si ustedes ya pagan por el proceso de producci¨®n de energ¨ªa y agua, ?por qu¨¦ deber¨ªan pagar por su uso tambi¨¦n?
Reforma Judicial: Se realizaron cambios en el sistema judicial para garantizar un acceso m¨¢s equitativo a la justicia, reduciendo la corrupci¨®n y asegurando que todos los ciudadanos tengan un juicio justo. En este tema, Fausto aprovech¨® que ten¨ªa plenos poderes, para reformar la justicia, la corte suprema ten¨ªa cinco integrantes, Fausto lo llev¨® a treinta y cinco, cinco por cada rep¨²blica, pues ahora los ciudadanos eleg¨ªan a la corte, y su duraci¨®n era de diez a?os, con una sola reelecci¨®n, esto no era la cura para la corrupci¨®n, pero le daba la llave a la sociedad de controlar el poder judicial.
¡°Nuestro poder judicial est¨¢ aqu¨ª para garantizar que se respeten nuestros derechos y obligaciones. Por lo tanto, es responsabilidad tanto de las autoridades judiciales como de los ciudadanos asegurar que estos derechos y obligaciones se cumplan adecuadamente.¡±
Protecci¨®n Social: Se establecieron programas de asistencia social para apoyar a los m¨¢s vulnerables, incluyendo subsidios para alimentos y programas de empleo.
¡°Todo ciudadano tiene derecho a irse a dormir con el est¨®mago lleno.¡±
Fausto consolid¨® su poder al demostrar resultados tangibles y mejorar la vida de los ciudadanos. Su habilidad para implementar reformas eficaces y responder a las necesidades de la poblaci¨®n consigui¨® ganar el apoyo de estos, incluso de aquellos que inicialmente no votaron por ellos. La transparencia en la gesti¨®n, la comunicaci¨®n abierta y el enfoque en el bienestar com¨²n contribuyeron a construir una base de apoyo s¨®lida y una presidencia firme.
Tras cuatro a?os de gesti¨®n exitosa, la percepci¨®n p¨²blica del presidente fue mayoritariamente positiva. Los ciudadanos valoran las reformas que han mejorado significativamente sus vidas. Principal mente los logros en salud y educaci¨®n que eran y son especialmente apreciados, ya que hab¨ªan brindado acceso a servicios esenciales a todos los sectores de la sociedad, independientemente de su nivel socioecon¨®mico.
Sin embargo, la luna de miel hab¨ªa terminado para el presidente Joaqu¨ªn Gabriel Fern¨¢ndez Fausto. Ahora, solo contaba con el apoyo del partido URI, ya que la situaci¨®n del pa¨ªs era lo suficientemente estable como para que otros quisieran luchar por el poder. Existe un dicho antiguo que afirma que cuando uno es presidente, su imagen p¨²blica se va degradando d¨ªa a d¨ªa. El talento de un presidente radica en mantener o mejorar su imagen p¨²blica para conservar el poder o aspirar a una reelecci¨®n, aunque, recordemos, deb¨ªa esperar un mandato antes de poder hacerlo. Fausto se encontraba en este proceso, y se ver¨ªa si podr¨ªa eclipsar a la oposici¨®n que empezaba a surgir.
A pesar de esto, no hab¨ªa motivo de preocupaci¨®n, ya que su imagen estaba en la c¨²spide. A¨²n quedaba mucho por hacer, pero eso no lo detuvo.
¡°En cada rinc¨®n de esta maravillosa rep¨²blica, se promover¨¢ el bienestar general para todos y todas¡±, declar¨®.
El partido JM fue el primero en declararse completamente opositor al presidente, pues consideraban que las leyes aprobadas los perjudicaban. Esto no era del todo cierto, ya que Victorino se encargaba de ofrecerles algo a cambio. Si aceptaron dichos acuerdos, es porque estaban de acuerdo con ellos. Esta contradicci¨®n fue la primera ¡°metida de pata¡±, ya que facilit¨® al partido URI ningunear o menospreciarlos. Umberto Julius, senador del partido URI, los calific¨® como ¡°los trepa muros¡±, y se encarg¨® de ser el ¡°enemigo pol¨ªtico¡± n¨²mero uno de ese partido. Formalmente, los murallistas no ten¨ªan un l¨ªder fuerte que encabezara el partido, y no lograban ponerse de acuerdo en sus prioridades, especialmente despu¨¦s de que su "l¨ªder", Julio Cantero, se desligara del partido, aunque oficialmente segu¨ªa siendo jefe del mismo. En realidad, era cuesti¨®n de tiempo para que esto cambiara, ya que Cantero ten¨ªa relaciones bastante estrechas con el presidente, lo cual provoc¨® el enojo dentro de su propio partido.
Victorino vio esto como una oportunidad. Mientras esta oposici¨®n no sab¨ªa c¨®mo manejar la realidad del pa¨ªs, ¨¦l ¡°utilizaba¡± al representante del partido en todos los actos inaugurales del Estado, creando la impresi¨®n entre los ciudadanos de que el partido JM estaba de acuerdo con las pol¨ªticas del presidente. La idea principal, seg¨²n el historiador Oscar Torres, era sembrar discordia dentro del partido JM para que se dividieran. Como dijo Oscar: ¡°Es mejor luchar contra un rival que contra dos; pero si tienes dos rivales y uno lucha contra el otro, es a¨²n mejor¡±.
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Sin embargo, tal t¨¢ctica no funcion¨®, ya que Victorino, sin darse cuenta, hab¨ªa dado protagonismo a un rival bastante "molesto" para ¨¦l, An¨ªbal Torcuato Harrington, un abogado graduado de la Universidad de Nova Terra.
¡°No s¨¦ lo que piensa el presidente sobre nosotros, pero si piensa que esto [la provocaci¨®n de Victorino] busca la discordia, habla m¨¢s de ¨¦l que de nosotros¡±, afirm¨® Harrington.
Esta frase ambigua cre¨® una divisi¨®n en la sociedad de la ¨¦poca, con dos facciones principales. La primera sosten¨ªa que el presidente Fausto no gobernaba realmente, sino que era su vicepresidente quien lo hac¨ªa, mientras que Fausto era solo un t¨ªtere. La segunda facci¨®n cre¨ªa que el presidente utilizaba al vicepresidente como un escudo humano ante las cr¨ªticas. Sea cual fuera la verdad, los involucrados nunca se pronunciaron de manera coherente.
Mientras los murallistas y los radicales estaban enfrentados, exist¨ªa otra facci¨®n: la Uni¨®n de los Libres (UL), vulgarmente llamados "las liebres" por sus opositores debido a su tendencia a saltar de facci¨®n en facci¨®n. Fundado en el a?o 4000 por Sof¨ªa Sigma en contra del director Walter IV en Nova Terra, el partido UL fue aclamado inicialmente como los "libertos". Sin embargo, despu¨¦s de m¨¢s de setecientos a?os, esa fama se fue diluyendo. En el momento en que Fausto fue presidente, los miembros del senado del UL no estaban en su mejor momento ni ten¨ªan la voluntad de oponerse abiertamente a sus pol¨ªticas. Sin embargo, buscaban obtener beneficios a cambio de su voto. Victorino los ve¨ªa como ¡°un mont¨®n de viejos oportunistas¡±, por lo que fue f¨¢cil contentarlos. A menudo, se manten¨ªan al margen, expresando su descontento con las pol¨ªticas del presidente en la radio y los diarios, ya fuera en temas de salud, festivales o educaci¨®n, pero en la pr¨¢ctica no actuaban en consecuencia y aprobaban todas las pol¨ªticas del partido. Esta actitud cambiar¨ªa al momento de las elecciones.
Fausto manten¨ªa una opini¨®n m¨¢s o menos definida en pol¨ªtica. Aunque el partido opositor JM trataba de instalar la idea de que Victorino era quien realmente gobernaba, esto no fue relevante, ya que Fausto supo moverse en los momentos adecuados para mostrar poder, sin mencionar que tambi¨¦n logr¨® ganarse el respeto de su partido, sin embargo esa relaci¨®n se pondr¨ªa tensa por lo que ocurrir¨ªa despu¨¦s.
El 9 de septiembre del a?o 4775 ocurri¨® un suceso que marcar¨ªa un antes y un despu¨¦s en la pol¨ªtica de las Siete Rep¨²blicas. En la Rep¨²blica de Artigas, en la provincia de Ochanca, se llev¨® a cabo el famoso evento conocido como ¡°el levantamiento de los calbaluces¡±. Los calbaluces eran una especie de humanos con una peculiaridad: eran totalmente sensibles a la luz solar. Su piel, completamente blanca como el m¨¢rmol o la cer¨¢mica, era muy d¨¦bil frente a los rayos del sol, causando quemaduras de segundo grado con solo treinta minutos de exposici¨®n, y una hora les causar¨ªa la muerte. Por esta raz¨®n, viv¨ªan en cuevas, ya fueran naturales o artificiales. En ese momento, exist¨ªa una sola ciudad construida bajo tierra llamada Odana ubicada bajo Artigas, una zona militarizada que se consideraba independiente de los dem¨¢s estados. Muchos gobiernos intentaron ocuparla, pero era imposible debido a que la ¨²nica entrada era un pasillo de cinco metros de ancho. Adem¨¢s, los calbaluces ten¨ªan una habilidad que les permit¨ªa ver en la oscuridad, lo que los convert¨ªa en un bien valioso, trat¨¢ndolos pr¨¢cticamente como esclavos. Eran muy raros y se manten¨ªan alejados de los dem¨¢s. Pod¨ªan llegar a vivir hasta los doscientos cincuenta a?os.
Lo que ocurri¨® en la provincia de Ochanca fue que en Montevideo se llev¨® a cabo la ejecuci¨®n de seis calbaluces por robo. Esta acusaci¨®n no era v¨¢lida, ya que los involucrados eran militares. Seg¨²n la constituci¨®n, la pena de muerte estaba prohibida y Artigas adher¨ªa a esta ley. Sin embargo, como los calbaluces no eran tratados como ciudadanos, no se les consideraba en la aplicaci¨®n de esta ley. Esto fue la chispa que provoc¨® que las reservas de esclavos de Ochanca se alzaran en armas y derrocaran al gobernador. M¨¢s de veinte mil esclavos calbaluces tomaron el control de la provincia, causando caos y muerte tanto entre civiles como entre esclavos.
En la capital, la noticia se difundi¨® r¨¢pidamente, y todos los ciudadanos miraron hacia una sola direcci¨®n: la Casa Roja. El magistrado de Artigas, Claudio Dominico, del partido URI, pidi¨® ayuda militar para la intervenci¨®n de la armada. Sin embargo, esta solicitud deb¨ªa pasar por el Congreso, lo que retras¨® la medida, principalmente porque la oposici¨®n quer¨ªa ver qu¨¦ har¨ªa el presidente, no el vicepresidente o el secretario del presidente.
Fausto sab¨ªa que, cualquiera fuera la decisi¨®n, causar¨ªa un gran impacto. Si enviaba al ej¨¦rcito, la gente lo ver¨ªa como un autoritario por las veces que ocurri¨® esta acci¨®n en el pasado, aunque no todos, s¨ª la gran mayor¨ªa. Si no hac¨ªa nada, el sector pol¨ªtico y los ciudadanos lo considerar¨ªan incompetente, y la figura de un solo presidente para las siete rep¨²blicas ser¨ªa vista como un fracaso, lo que llevar¨ªa nuevamente a la separaci¨®n y los conflictos.
Fantino Isma, el mayordomo de la Casa Roja, cuenta que la noticia afect¨® profundamente al presidente, quien no hab¨ªa comido nada durante todo el d¨ªa y no hab¨ªa descansado en toda la noche. Isma recuerda una fuerte discusi¨®n con el vicepresidente Victorino, quien le insisti¨® en que era el momento de demostrar poder. Fausto no estaba convencido y siempre trataba de mediar o buscar una tercera opci¨®n. Isma recuerda que el vicepresidente lo increp¨®:
¡ªJur¨¦ estar de tu lado en las decisiones m¨¢s dif¨ªciles, pero esto va m¨¢s all¨¢ de nosotros. Esta decisi¨®n debe tomarse no por valores individuales, sino por la patria.
¡ªNo habr¨¢ intervenci¨®n militar, ni ahora ni nunca, mientras yo sea presidente.
¡ªEsto no es por usted, es por la naci¨®n. Si de verdad quieres mi apoyo, vas a tomar una decisi¨®n que vele por la patria, sino yo lo har¨¦.
¡ªEntiendo tu preocupaci¨®n, Erick, pero no pienso intervenir una rep¨²blica militarmente. Es hora de acabar con esa larga tradici¨®n de intervenci¨®n armada que solo ha tra¨ªdo desdicha y caos.
Esta respuesta enerv¨® tanto a Victorino que se march¨® ese d¨ªa, no sin antes decir:
¡ªTienes una semana.
Dijo que, si en una semana no tomaba una decisi¨®n, ¨¦l mismo lo har¨ªa, dando un fuerte mensaje al congreso de que ¨¦l es el presidente y no Fausto.
Despu¨¦s de una semana de silencio, Fausto pidi¨® que el congreso se reuniera. Hab¨ªa tomado una decisi¨®n, lo cual sorprendi¨® a Victorino. Los senadores y diputados se juntaron para escuchar lo que el "presidente" har¨ªa. Y no solo ellos, la prensa estaba presente ese d¨ªa, preparada para divulgar la decisi¨®n que se tomara.
Los periodistas describen que Fausto entr¨® caminando apresuradamente con una carpeta en mano, mostrando una leve incomodidad y nerviosismo, mientras que los representantes estaban expectantes. El periodista Hugo Bassar cont¨® que el vicepresidente estaba sentado en su mesa mordi¨¦ndose el pulgar del nerviosismo.
Fausto mir¨® al suelo y dio un gran suspiro.
¡ªYo, Joaqu¨ªn Gabriel Fern¨¢ndez Fausto, como presidente de las Siete Rep¨²blicas, declaro que no se efectuar¨¢ ninguna intervenci¨®n militar por lo...
El congreso se alz¨® en abucheos y silbidos, principalmente la oposici¨®n, al grito de "Cobarde" y "Renuncie". El partido oficialista qued¨® en silencio, estupefactos ante lo que estaban escuchando. Uno de los presentes cont¨® que Hidalgo se cubri¨® la cara de forma decepcionada.
Sin embargo, Fausto continu¨®.
¡ªNo he terminado, honorables representantes. No obstante, propongo un proyecto de ley en la que la esclavitud y los derechos y obligaciones de los ciudadanos, llamada la Ley Ciudadana, sea agregada a la constituci¨®n de la Gran Rep¨²blica y ratificada por los magistrados. Es tiempo de relegar al ej¨¦rcito y dar m¨¢s protagonismo a las instituciones democr¨¢ticas.
En resumen, toda persona que haya nacido dentro de las murallas es un ciudadano que goza de protecci¨®n, garant¨ªas y obligaciones del estado de la Gran Confederaci¨®n de las Siete Rep¨²blicas. Todo ciudadano es libre al momento de nacer dentro de las murallas. Este proyecto de ley prohib¨ªa tajantemente la venta de los cabeluces.
¡°Si queremos un futuro para nuestros hijos, la posesi¨®n de un hombre o mujer como un objeto debe ser erradicada. Somos una rep¨²blica por y para el pueblo¡±.
Fausto abandon¨® el recinto, mientras los senadores de la c¨¢mara se alzaban al grito de "Tirano". A cada paso que daba hacia la salida, era seguido por un insulto. Victorino se puso de pie y fue a perseguirlo. En el gran pasillo entre la c¨¢mara y la salida, el vicepresidente lo confront¨®.
¡ª?Eres consciente de que acabas de quebrar toda posible alianza de partidos de la oposici¨®n de Artigas y Nept¨²n?
¡ªLo s¨¦.
¡ªY que tambi¨¦n afecta a nuestro partido. Si ellos rompen el bloque, ya no tendr¨¢s una mayor¨ªa en el congreso y estar¨¢s solo en esto. Por m¨¢s que tengas ideales y una moral totalmente respetable sobre el bienestar de tu pueblo, si no das nada tangible a aquellos que te mantienen en el poder, te hundir¨¢s junto con tus ideales.
¡ªNo pienso parchar un problema, Erick. Planeo arrancarlo de ra¨ªz. Ser¨¢ doloroso, pero esa herida jam¨¢s volver¨¢ a causar problemas.
La verdad es que Victorino no ment¨ªa, en el congreso hab¨ªa 1120 y el partido URI hab¨ªa ganado la gran mayor¨ªa de las elecciones en las siete rep¨²blicas. La ley dictaba que el ganador de las elecciones pod¨ªa enviar cuatro senadores, el segundo lugar dos, y el tercero uno. Las rep¨²blicas eran: Artigas (siete provincias), Argentum (13 provincias), Nept¨²n (nueve provincias), B¨¦lua (25 provincias), Nova Terra (cinco provincias), Inca (11 provincias) y C¨¢rdenas (10 provincias). Haciendo esta cuenta, el partido URI ten¨ªa un total de 640 asientos contando los diputados, el partido JM con la coalici¨®n de partidos m¨¢s peque?os ten¨ªa un total de 320 asientos, y el partido UL contaba con 160 asientos.
Debido a las declaraciones de Fausto, este corr¨ªa el riesgo de perder el apoyo de Artigas y Nept¨²n, lo que significaba perder 192 votos y, por consecuencia, el apoyo de estas rep¨²blicas. Seguir¨ªan formando parte del partido, pero no defender¨ªan ni votar¨ªan a favor de sus leyes. Esto se debe a que estas dos rep¨²blicas ten¨ªan su econom¨ªa firmemente atada a la esclavitud de cabeluces, quienes eran perfectos para extraer minerales de las cuevas de Nept¨²n y porque Artigas era el granero de mano de obra esclava. Era una situaci¨®n dif¨ªcil y, por m¨¢s que Fausto deseara la libertad de los esclavos, esto causar¨ªa un impacto muy negativo en la econom¨ªa de estas dos rep¨²blicas y crear¨ªa una brecha en el oficialismo, algo que la oposici¨®n aprovechar¨ªa.
Por eso fue una sorpresa cuando el presidente abandon¨® el congreso con una reforma constitucional sobre la esclavitud de los cabeluces. Pero la sorpresa fue a¨²n mayor cuando no se escuch¨® ni una noticia suya durante cuatro d¨ªas. Los medios de comunicaci¨®n tildaban este silencio como una derrota pol¨ªtica, pues si no dec¨ªa nada, era porque no ten¨ªa nada que decir. Imaginen cu¨¢n grande fue la sorpresa cuando Victorino fue a verlo y no lo encontr¨® por ning¨²n lado, solo a su esposa, quien le revel¨® una impactante noticia: el d¨ªa anterior, Fausto hab¨ªa viajado, sin avisar a nadie, a la rep¨²blica de Artigas, m¨¢s precisamente a la provincia de Ochanca. Mientras Victorino estaba totalmente desconcertado, tratando de procesar lo que estaba escuchando, la sorpresa fue a¨²n mayor al saber que el secretario Sid Lester estaba en el congreso con una estaci¨®n de radio en las manos, pues ser¨ªa el medio que usar¨ªa Fausto para comunicarse con ellos.
¡ªBuenos d¨ªas, representantes del congreso. Tengo algo que decirles.
El joven loco
Retrocedamos unas horas antes de lo ocurrido. En el lugar donde se hab¨ªa producido el levantamiento, se encontraba el presidente de las siete rep¨²blicas, solo y sin custodia, arriesg¨¢ndose a ser asesinado, sentado tomando t¨¦ con su l¨ªder Celeste Villordo.
¡ªDebo confesar que no me gusta mucho la manzanilla, pero es mejor que tomar agua, ?no es as¨ª?
¡ªEn lo absoluto, joven. Sin embargo, es lo m¨ªnimo que tenemos gracias al bloqueo.
¡ªLamento eso.
Celeste estaba frente a la persona m¨¢s poderosa de las siete rep¨²blicas. Si ¨¦l llegase a morir, las dem¨¢s naciones aplastar¨ªan su revoluci¨®n en un abrir y cerrar de ojos. Pues si bien este ten¨ªa problemas pol¨ªticos, no quitaba el hecho de que a¨²n manten¨ªa una popularidad inmensa entre la gente.
Lo cierto es que Fausto no tem¨ªa por su vida. Pod¨ªa presumir que hab¨ªa visto el infierno cuando era ni?o, por lo que no tuvo ning¨²n problema en ir hasta una zona de guerra que podr¨ªa terminar en tragedia en cualquier momento, con una maleta y un sombrero.
¡ªQuiero evitar que haya un derramamiento de sangre.
¡ªPide demasiado, se?or presidente.
¡ªClaro que vengo a ofrecer una salida que pueda terminar con esto, pero necesito su colaboraci¨®n. Planeo escuchar lo que tiene que decirme.
¡ªQueremos lo que todo el mundo tiene y a nosotros se nos priva de ello: libertad y derechos.
¡ªPuedo darles eso, s¨ª, pero tambi¨¦n quiero que no abandonen su trabajo.
¡ªNo puedo garantizar eso. Cuando ellos sean libres, querr¨¢n hacer labores diferentes. Nadie quiere trabajar en un lugar que trae malos recuerdos.
¡ªPero necesitar¨¢n sustento para mantener su libertad.
Fausto mir¨® a un joven desali?ado sosteniendo un rifle.
¡ªMuchacho, ven aqu¨ª.
El joven se acerc¨® a ¨¦l de forma cautelosa.
¡ªNo temas, no te har¨¦ da?o. Dime tu nombre.
¡ªSolaris Wilman.
¡ªMuy bien, Solaris. ?Cu¨¢ntos a?os tienes?
¡ªCatorce a?os, se?or.
¡ª?Qu¨¦ eras antes del levantamiento?
¡ªEsclavo, se?or. Mi profesi¨®n era trabajo dom¨¦stico.
¡ª?Qu¨¦ har¨¢s cuando todo termine?
¡ªYo... no lo s¨¦, se?or. Sobrevivir.
Fausto mir¨® a Celeste, para despu¨¦s despedirse del joven.
¡ªPuedes marcharte, Solaris. Cu¨ªdate.
¡ªGracias, se?or.
Tras el breve intercambio de palabras, el joven se alej¨® de los dos, dejando a Celeste y Fausto a solas.
¡ªSobrevivir. Si una bala no lo mata, el hambre lo har¨¢¡ªcoment¨® Fausto.
Tras decir eso, le dio un sorbo al t¨¦. Celeste no dijo nada y se limit¨® a mirarlo.
¡ªPuedo darles la libertad y mucho m¨¢s. Puedo garantizar derechos y obligaciones como ciudadanos, si a cambio no cambian su labor. Los minerales seguir¨¢n siendo extra¨ªdos, pero no hasta que ustedes colapsen, sino por un l¨ªmite de tiempo claro, negociable, al igual que se les pagar¨¢ por ello.
¡ª?Qu¨¦ garant¨ªas hay de ello, se?or?
Fausto mir¨® el gigantesco letrero que hab¨ªa detr¨¢s de ellos. El cartel ten¨ªa en letras grandes ¡°Compa?¨ªa Forreza¡±.
¡ªPorque tengo planeado, como presidente, hacerme cargo de ustedes, no como esclavos, sino como empleados.
¡ªDisculpe mi atrevimiento, pero usted est¨¢ demente, ?de verdad piensa que puede comprar¡?
¡ªYa lo hice.
Celeste qued¨® sorprendida.
¡ªAntes de venir aqu¨ª me reun¨ª a tomar caf¨¦ con el se?or Arturo Forreza.
¡ª?C¨®mo lo hizo?
Fausto sonri¨®.
Resultaba que era cierto. Fausto se hab¨ªa reunido con el magnate Forreza. En un principio, el magnate quer¨ªa que el presidente solucionara su problema con el ej¨¦rcito y que el estado pagara por los destrozos de su empresa. Pero Fausto lo conoc¨ªa bien, pues durante la semana que estuvo en silencio, se dedic¨® a investigar una forma de salir de esta situaci¨®n sin derramamiento de sangre.
Arturo Forreza se hab¨ªa hecho cargo de la compa?¨ªa de su padre, Oscar Forreza, quien muri¨® de causas naturales y le hered¨® la empresa a su ¨²nico hijo. El incompetente Arturo empez¨® a malgastar la fortuna de su padre en cuesti¨®n de dos a?os. Las p¨¦rdidas que causaban eran cada vez m¨¢s altas, provocando que el mantenimiento de las necesidades b¨¢sicas de los esclavos se deteriorara y causara mal vivencias entre ellos. La situaci¨®n entre los esclavos era tan inestable que solo un peque?o problema o situaci¨®n podr¨ªa causar una revuelta. No fue de la noche a la ma?ana; fue un proceso de desgaste que dur¨® incre¨ªblemente dos a?os.
Fausto hizo un trato con ¨¦l, explic¨¢ndole que sus bienes estaban en manos de los esclavos, y si ¨¦l mandaba al ej¨¦rcito, lo poco que ten¨ªa se ir¨ªa al drenaje. Los esclavos se atrincherar¨ªan en las f¨¢bricas, y los militares no dudar¨ªan en abrir fuego o incluso incendiar las f¨¢bricas con los esclavos dentro. Por supuesto, los esclavos, el bien m¨¢s caro y valioso de la compa?¨ªa, ser¨ªan ejecutados si se alzaban en armas. El se?or Arturo, con su patrimonio bajo pero envidiable para cualquier trabajador promedio, tendr¨ªa que usar esa ¡°poca¡± fortuna para restaurarla y de paso comprar m¨¢s esclavos. Al haber una masacre de tal magnitud, el precio de los esclavos se elevar¨ªa, y tendr¨ªa que pagar el doble de lo que hab¨ªa pagado. Si quisiera vender la empresa, nadie querr¨ªa hacerse cargo de una empresa en ruinas cuyos costos de reparaci¨®n y mantenimiento no compensar¨ªan las ganancias por lo menos en cinco a?os. Nadie querr¨ªa hacerse cargo de un activo que no dar¨ªa ganancias inmediatas.
Por lo tanto, sin mucho esfuerzo y con una compra de m¨¢s de dos millones de lunarios, Fausto se hizo cargo de los derechos de la empresa.
¡ªNo puedo creerlo ¡ªse sorprendi¨® Celeste.
¡ª?Cuento con su apoyo?
Celeste pens¨® un momento.
¡ªQuisiera meditar esta oferta, si no es mucha molestia.
¡ªClaro, pero solo un d¨ªa.
¡ªMa?ana tendr¨¢ una respuesta clara.
Fausto se puso de pie y se fue al hotel donde viv¨ªan los esclavos, claramente perturbado. Curiosamente, ambos no pudieron dormir bien esa noche, cada uno con diferentes problemas. Por un lado, Celeste ten¨ªa una decisi¨®n muy importante, quiz¨¢s la m¨¢s crucial de su vida, ya que ten¨ªa el futuro de su gente en sus manos. Cualquiera que fuera su decisi¨®n, esta afectar¨ªa enormemente a ella y a los dem¨¢s, ya sea de manera positiva o negativa. Por otro lado, Fausto no pudo dormir debido al caos en el hotel: c¨¢nticos, borrachos, m¨²sica y gemidos.
¡ª?Me habr¨¦ equivocado? ¡ªpens¨® para s¨ª mismo.
Pues hab¨ªa olvidado el detalle de que los cabeluces son personas nocturnas, y que hubiera pocas personas en su reuni¨®n de mediod¨ªa se deb¨ªa a que estaban descansando.
Al d¨ªa siguiente, tanto Celeste como Fausto ten¨ªan ojeras por no haber dormido bien, cada uno por circunstancias distintas.
¡ªTenemos un acuerdo.
¡ªAcepto los t¨¦rminos, pero con condiciones.
¡ªAdelante.
¡ªQuiero que se garantice la seguridad de todos los que se sublevaron contra sus due?os.
¡ªAcepto.
¡ªQuiero que se respete la decisi¨®n de quienes se nieguen a trabajar en la miner¨ªa y se les ofrezca otro empleo.
¡ªSe respetar¨¢ su decisi¨®n, pero no se les garantizar¨¢ un trabajo. Solo puedo ofrecerles opciones, pero no asegurar que sean aceptados.
¡ªUna ley que...
¡ªYa est¨¢ en marcha.
¡ªOh, bien.
Fausto se puso de pie y extendi¨® la mano.
¡ªPor favor, no ¡ªdijo de forma asqueada.
¡ªInsisto, se?orita Celeste.
Sin m¨¢s alternativa, Celeste acept¨® el apret¨®n de manos.
¡ªYa est¨¢ hecho.
¡ªSupongo.
¡ªPor cierto, ?tienen una estaci¨®n de radio?
Fausto no perdi¨® tiempo y se dirigi¨® a la ¨²nica estaci¨®n de radio que a¨²n funcionaba. Curiosamente, all¨ª estaba el locutor tomando t¨¦, y cuando vio al presidente, se alarm¨® y escupi¨® su t¨¦.
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¡ª??Se?or presidente?!
Fausto pas¨® saludando y entr¨® a la cabina.
¡ªBuenos d¨ªas, se?or. Necesito su ayuda para conectarme a una radio de la capital.
¡ªEntendido, se?or...
¡ª?Tiene caf¨¦?
¡ªEn la repisa de arriba, se?or.
Fausto abri¨® una de las muchas puertas que hab¨ªa all¨ª y sac¨® un tarro de vidrio con caf¨¦ molido. Sin medirlo demasiado, procedi¨® a comer el caf¨¦ crudo con cuatro cucharadas, luego tom¨® agua.
¡ª?As¨ª lo hacen en la capital?
¡ªAs¨ª lo hago yo.
La radio se conect¨® con una estaci¨®n en la capital, y el resto es historia. El mensaje lleg¨® al congreso a trav¨¦s de la estaci¨®n de radio, pues era hora de votar.
¡ªBuenos d¨ªas, honorables representantes. S¨¦ muy bien que no les caigo bien, del mismo modo que su existencia es una molestia justificada para mi gobierno. Y si les soy sincero, he pensado muchas veces en dinamitar el congreso yo solo.
Todos quedaron at¨®nitos con estas ¨²ltimas declaraciones; incluso Victorino se cubri¨® la cara de la verg¨¹enza que sent¨ªa. Sin embargo, el mensaje continu¨®.
¡ªPero los entiendo, de eso se trata la democracia: de pensar distinto y tener m¨¢s de una sola visi¨®n de c¨®mo ayudar al pa¨ªs. Por m¨¢s que las ideas sean diferentes, son v¨¢lidas; toda idea sobre c¨®mo ayudar a la naci¨®n es v¨¢lida. Puedo entender que ustedes no quieran ayudarme en ciertas cuestiones, por diversas razones, pero no quiero ser el presidente que pase a la historia por mandar un ej¨¦rcito a reprimir una sublevaci¨®n de esclavos, ni el genocida estatal que fue pionero en matanzas. Esta ley est¨¢ destinada a impedir eso. Soy consciente de que los representantes de Artigas y Nept¨²n est¨¢n en contra de la ley para la liberaci¨®n de los esclavos, pero puedo ofrecerles salidas que, juro por mi vida, ser¨¢n beneficiosas para sus naciones. El estado de la rep¨²blica les dar¨¢ un bono de cincuenta mil lunarios por la extracci¨®n de minerales, adem¨¢s de la reconstrucci¨®n total de Ochanca por parte del Estado Presidencial.
Los senadores y diputados se miraron mutuamente, murmurando entre ellos, y el primero en hablar fue An¨ªbal Harrington, del partido JM, que representaba a Artigas.
¡ªEl partido murallista de Artigas estar¨¢ dispuesto a apoyarlo solo si el gobierno nacional est¨¢ dispuesto a subsidiar la infraestructura da?ada durante el levantamiento.
¡ªAs¨ª se har¨¢, honorable¡
¡ªAn¨ªbal Harrington.
Tras decir eso, el se?or Harrington se sent¨® en su banca y mir¨® fijamente a Julio Cantero, presidente del partido JM. Sin embargo, este no se opuso y apoy¨® la postura de su colega, An¨ªbal.
Por su parte, Nept¨²n, quien se ver¨ªa terriblemente beneficiado por la propuesta del presidente y el apoyo del partido JM, no necesit¨® ser elocuente para expresar su acuerdo. Como es habitual en la historia de la burocracia, la UL no quer¨ªa dejar pasar la oportunidad de prolongar su mon¨®logo sobre las razones por las cuales deb¨ªa decirse que s¨ª. Este mon¨®logo fue pronunciado por el senador Luciano Z¨¢rate.
¡ªPor la presente resoluci¨®n de las futuras causas y consecuencias de esta decisi¨®n, en consideraci¨®n a la postura clara y fehaciente de nuestros semejantes, estamos completamente alineados con una decidida y cooperativa relaci¨®n con nuestra naci¨®n hermana. Es decir, que nuestro apoyo es total y dispuesto.
Victorino se re¨ªa de la situaci¨®n.
¡ªTanto parafraseo para decir que s¨ª ¡ªsusurr¨® a sus allegados.
Por otro lado, Fausto estuvo a punto de quedarse dormido cuando escuch¨® que el se?or Z¨¢rate hablar¨ªa. Sin embargo, no tard¨® en seguir comiendo su caf¨¦ a cucharadas cuando comenz¨® a hablar, y para sorpresa de todos, fue breve.
¡ªEjem, entonces quisiera presentar la votaci¨®n de estas dos leyes, que est¨¢n en las manos del jefe de la c¨¢mara, el se?or Javier Pozo.
Javier se puso de pie y, con los papeles en mano, los alz¨® en el aire para que todos los miraran.
¡ªA partir de este momento, se entregar¨¢ una copia a cada representante de la c¨¢mara para que puedan leerla y pronunciarse si est¨¢n de acuerdo o no con ella.
Luego mir¨® hacia la radio.
¡ª?Sigue ah¨ª, se?or presidente?
¡ªS¨ª, sigo aqu¨ª.
¡ªQu¨¦ bien, porque su voz debe estar presente. Como usted promulga esta nueva reforma, habr¨¢ miembros que no estar¨¢n de acuerdo con ciertas partes de su ley, por lo que debe dar declaraciones. En caso contrario, llamar¨¦ a un descanso y lo debatiremos cuando usted est¨¦ presente.
Fausto se afloj¨® la corbata y le dio una ¨²ltima cucharada al caf¨¦ antes de dejarlo a un lado.
¡ªClaro, estar¨¦ aqu¨ª.
Fausto se vio obligado a permanecer pegado a la radio, mientras el congreso empezaba a leer lo que el presidente propon¨ªa. Poco despu¨¦s, Celeste apareci¨® nuevamente, acompa?ada por algunos de sus allegados, quienes parec¨ªan visiblemente perturbados.
¡ªSe?or, hay problemas.
Fausto se sorprendi¨® al notar la preocupaci¨®n en los hombres de Celeste.
¡ªDisculpen, tengo que ausentarme por unos momentos.
¡ªPuede tomarse el tiempo que necesite, se?or presidente. Los procedimientos llevar¨¢n tiempo, pero ser¨¢ mejor que est¨¦ presente para dar declaraciones.
¡ªEstar¨¦ presente.
Fausto se levant¨® de la silla y sigui¨® a Celeste hacia afuera. Resulta que desde la barricada se pod¨ªa ver al ej¨¦rcito a caballo de la rep¨²blica de Artigas, que estaban preparados para entrar. R¨¢pidamente comprendi¨® que ten¨ªan toda la intenci¨®n de hacerlo.
¡ª?ALTO AH¨ª! ¡ªgrit¨® Fausto.
Comenz¨® a correr hacia la barricada y se subi¨® a una tarima improvisada que se hab¨ªa construido. Mientras se dirig¨ªa hacia ellos, uno de los militares sac¨® su arma y lo apunt¨®, pero su superior se la arrebat¨®.
¡ªEs el presidente, idiota.
Fausto se subi¨® a la tarima improvisada y encar¨® a su superior.
¡ªNombre y apellido, rango, n¨²mero y raz¨®n de su llegada.
¡ªSoy el comandante Vega Ocampo, del batall¨®n 103 de la rep¨²blica de Artigas. Me env¨ªa el magistrado Claudio Dominico.
¡ªBien, se?or Ocampo, puede retirarse usted y sus hombres.
¡ªLo siento, pero no puedo hacerlo. Tengo ¨®rdenes.
Fausto se ri¨®.
¡ªNo olvide que usted debe obedecer mis ¨®rdenes. Soy el supremo jefe de las fuerzas armadas, seg¨²n lo dicta la constituci¨®n que ustedes juraron.
¡ªYo obedezco al magistrado, se?or, no a usted.
¡ªEntonces, debo tomar esto como un acto de rebeld¨ªa.
¡ªT¨®melo como quiera. No obedecer¨¦ a un ni?o que no sabe levantar un rifle, presidente.
¡ªSuficiente. Usted y el magistrado est¨¢n bajo arresto por sublevaci¨®n.
Los soldados se rieron, excepto Ocampo.
¡ªUsted no es, y nunca ser¨¢, mi superior.
Los soldados alzaron sus armas.
¡ª??Comandante!? Esto es traici¨®n.
¡ªSilencio, sargento. Tenemos ¨®rdenes que cumplir. Las leyes militares no est¨¢n atadas a la constituci¨®n, y nuestro jefe es el magistrado.
Celeste se puso a la defensiva, pero Fausto se interpuso.
¡ªNo habr¨¢ derramamiento de sangre. Esto se acab¨®.
¡ªEl palabrer¨ªo no funciona. Si muere, ser¨¢ un m¨¢rtir para los dem¨¢s, y podremos deshacernos de esas sucias cucarachas.
El sargento tom¨® su rifle y golpe¨® en la cara al comandante Ocampo, haci¨¦ndolo caer inconsciente de su caballo.
¡ªEst¨²pido ¡ªluego mir¨® a los dem¨¢s hombres¡ª. Escuchen, ahora yo estoy a cargo. Arresten a este hombre por traici¨®n.
¡ªGracias, se?or¡
¡ªAxel Quiroga.
¡ªTiene mi agradecimiento. Mientras hablamos, se est¨¢ votando una ley para resolver esto sin derramamiento de sangre. Por favor, ret¨ªrense.
¡ªAunque est¨¦ en contra de este loco, es cierto que tenemos ¨®rdenes del magistrado. No podemos desobedecer, pero puedo rodear el ¨¢rea y ganar tiempo.
¡ª?Ganar tiempo?
¡ªSomos los primeros en llegar. Nuestra tarea era destruir la barricada para que los refuerzos crucen. El comandante... bueno.
¡ª?Cu¨¢ntos son?
¡ªDoce batallones: 1, 6, 15, 16, 41, 89, 123, 204, 25, 33, 10 y 103.
¡ªBien, estas son las nuevas ¨®rdenes: rodeen el ¨¢rea y protejan a esta gente.
¡ª?A estos... esclavos?
Celeste mir¨® con rabia al oficial, pero Fausto se le acerc¨®.
¡ªNo, son ciudadanos.
El sargento lo mir¨® intrigado, pero asinti¨® y acept¨® sus palabras.
¡ªComprendo ¡ªluego mir¨® a sus hombres¡ª. Soldados, ya escucharon: protejan al presidente y a los ciudadanos.
¡ª?SE?OR! ?S¨ª, SE?OR!
Los soldados se marcharon al trote para preparar la zona. Celeste suspir¨® de alivio y mir¨® a Fausto.
¡ªGracias.
¡ªA¨²n no. ¨¦l tiene raz¨®n, todav¨ªa eres esclava, pero eso se va a acabar hoy.
Fausto volvi¨® r¨¢pidamente a la estaci¨®n de radio, pues ya hab¨ªa demorado demasiado.
¡ª?Se?or presidente? ?Est¨¢ ah¨ª?
¡ªVolv¨ª. Tuve algunas circunstancias. Me gustar¨ªa que, por favor, avisaran al magistrado Dominico que retire sus tropas de la ciudad.
¡ª??HAY TROPAS MOVI¨¦NDOSE SIN LA APROBACI¨®N DEL SENADO?!
¡ªEsa voz... ?Erick?
¡ªAs¨ª es. Cuando usted vuelva, tendr¨¢ cosas que aclarar, pero por ahora, ese tir¨®n de orejas se lo llevar¨¢ el magistrado. Ha puesto en peligro la seguridad de su jefe de estado.
¡ªS¨ª, s¨ª. ?Y la votaci¨®n?
¡ªEl bloque se ha puesto de acuerdo en el refer¨¦ndum, por lo que la votaci¨®n se iniciar¨¢.
Fausto celebr¨® en silencio.
¡ªBien, esperar¨¦ el resultado.
Cuando Fausto se dio la vuelta, la cabina estaba llena de cabeluces, y Celeste encabezaba la peque?a multitud.
¡ªHola, emm... ?sucede algo?
¡ªEmpez¨® la votaci¨®n, ?no es as¨ª?
¡ªS¨ª, ha comenzado.
¡ªEsperemos que ocurra lo mejor.
¡ªNo, ocurrir¨¢. De eso no hay duda.
Pasaron largas horas, pues en la banca de los diputados se daban discursos extensos, mostrando su postura, ya sea para abstenerse o para oponerse. Sin embargo, para alivio de muchos, los que estaban a favor votaron afirmativamente al instante. Por parte de los diputados, solo once votaron en contra; no hubo abstenciones. Luego pas¨® al lado de los senadores. Por costumbre, el bloque que impulsa la ley vota primero. Como Victorino hab¨ªa renunciado a su banca de presidente de la c¨¢mara, se vio limitado al momento de votar y solo pudo observar. Afortunadamente, todos votaron a favor, pero cuando lleg¨® el turno de Hidalgo Rivas, este contest¨®:
¡ªMe abstengo.
El URI estall¨® en su contra, y los abucheos fueron numerosos. Se not¨® que los once que logr¨® influir Rivas se convirtieron en quince. Esto dibuj¨® una sonrisa en el rostro de An¨ªbal, una sonrisa que dedic¨® a Victorino cuando lleg¨® su turno.
¡ªVoto a favor.
Victorino sab¨ªa que ten¨ªa que darle algo a cambio s¨ª o s¨ª, ya que se hab¨ªa notado discordia en el bloque oficialista. Ahora el URI no mostraba tanta unidad; nadie vot¨® en contra, pero hubo quince abstenciones. El partido JM vot¨® a favor, y solo seis de los senadores del partido UL votaron en contra.
¡ªPor un margen de amplia mayor¨ªa, la ley promulgada por el se?or presidente Joaqu¨ªn Gabriel F. Fausto es ratificada y se convierte en la Ley 13.505 de la Constituci¨®n.
Fausto cerr¨® los ojos y sonri¨®.
¡ªEso significa...
¡ªS¨ª, se?orita Celeste, son libres. Todos.
Esas simples palabras, que eran un tesoro para ellos, se hab¨ªan convertido en realidad. La euforia fue tal que, al escucharla, se alzaron en alegr¨ªa y festejos. Hab¨ªa cabeluces abraz¨¢ndose y llorando. Incluso Celeste estaba en shock al saber que ya no estaba encadenada a nadie. Su sorpresa y alivio fueron tan grandes que perdi¨® la fuerza en las piernas y se arrodill¨® ante Fausto. Inmediatamente, todos lo cargaron en brazos y lo sacaron de la estaci¨®n de radio. Incluso el locutor, que no era un cabeluz sino un simple ciudadano negro, sali¨® a festejar con ellos.
Llevaron al presidente en brazos hasta la plaza, donde la multitud gritaba al son de su nombre.
¡ª?FAUSTO! ?FAUSTO! ?FAUSTO!
Los gritos de alegr¨ªa y euforia llegaron hasta los o¨ªdos del ej¨¦rcito, que rodeaba la ciudad en caso de que el batall¨®n intentara entrar. El sargento Quiroga alz¨® su sable, y los dem¨¢s lo siguieron, saludando a los nuevos ciudadanos.
Cuando Fausto pidi¨® que lo bajaran y sus pies tocaron el suelo, busc¨® r¨¢pidamente una zona elevada para ser visto por todos, o casi todos. Se subi¨® a un podio improvisado para que todos lo miraran y enton¨® el himno de las Siete Rep¨²blicas.
¡ªEscuchad el cambio, aspirad el futuro, sentid la esperanza, contemplad la gran rep¨²blica.
La gente comenz¨® a acompa?ar su canto, un canto que lleg¨® a los militares. Estos se vieron obligados a estar firmes al escuchar el himno de su patria sonar, una melod¨ªa que pod¨ªa escucharse a lo lejos. Este es el himno de las Siete Rep¨²blicas.
Escuchad el cambio,
Aspirad al futuro,
Sentid la esperanza,
Contemplad la gran rep¨²blica.
Ha llegado el momento, es la hora de alzarse.
Los laureles de los ancestros claman por la patria.
Nuestro pabell¨®n, te?ido en sangre, resguarda nuestro legado.
Somos el porvenir, los heraldos del cambio.
Juramos defender, luchar y construir:
?Victoria o muerte!
Escuchad el cambio,
Aspirad al futuro,
Sentid la esperanza,
Contemplad la gran rep¨²blica.
Desde los cuatro puntos cardinales, ?Patria o muerte!
Somos la revoluci¨®n, los idealistas, la esperanza viva.
Gloria a la muralla, al pueblo y a la vida,
Gloria a la bandera, a la democracia,
Gloria a las siete rep¨²blicas, con gracia y audacia.
Ha llegado el momento, es la hora de las murallas,
Ha llegado el momento, es la hora de la rep¨²blica,
Ha llegado el momento, es la hora de la esperanza,
Ha llegado el momento, es la hora del pueblo,
Ha llegado el momento, es la hora de la democracia.
Escuchad el cambio,
Aspirad al futuro,
Sentid la esperanza,
Contemplad la gran rep¨²blica.
?Patria o muerte!
Desde las cuevas hasta las monta?as, somos la grandeza.
Un movimiento social que crece por y para todos.
Salve la gran democracia, salve nuestros ancestros.
?Victoria o muerte!
Estad atentos, somos el cambio, es la hora.
Estad atentos, somos la democracia, es la hora.
Aunque el pasado duela, somos el futuro, es la hora.
?Por y para nuestro pueblo!
Escuchad el cambio,
Aspirad al futuro,
Sentid la esperanza,
Contemplad la gran rep¨²blica.
Ha llegado el momento, es la hora de las murallas,
Ha llegado el momento, es la hora de la rep¨²blica,
Ha llegado el momento, es la hora de la esperanza,
Ha llegado el momento, es la hora del pueblo,
Ha llegado el momento, es la hora de la democracia.
?Patria o muerte!
Escuchad el cambio,
Aspirad al futuro,
Sentid la esperanza,
Contemplad la gran rep¨²blica.
?Patria o muerte!
Nace el Gabrielismo
La noticia hab¨ªa llegado a las dem¨¢s rep¨²blicas: un joven presidente se hab¨ªa aventurado en el ojo de la tormenta, solo y sin escolta, poniendo su vida en peligro. Si antes quedaba alguna duda sobre su gesti¨®n, ahora no hab¨ªa ninguna. Con orgullo, los ciudadanos de las Siete Rep¨²blicas pronunciaban su nombre. Este era el presidente que necesitaban; este era el joven al que pod¨ªan llamar sin dudar, "el presidente".
Lentamente, su nombre se fue consolidando: Fausto Gabriel. El hombre m¨¢s poderoso de las Siete Rep¨²blicas. Su nombre estaba en las banderas de la militancia, y sus dichos y discursos se recog¨ªan para inmortalizarlos en los estandartes. A donde iba, o donde se sospechaba que ir¨ªa, all¨ª estaba el pueblo esper¨¢ndolo; su caudillo se hab¨ªa convertido en su l¨ªder.
?Qu¨¦ ocurri¨® despu¨¦s de que se aprobara la ley? ?Qu¨¦ pas¨® con los rebeldes?
Se supo que Celeste continu¨® manteniendo comunicaci¨®n con Fausto e incluso era invitada a la Casa de Gobierno a comer con su esposa. El magistrado que hab¨ªa ordenado al ej¨¦rcito aplacar la revuelta fue destituido por rebelarse contra el Estado. Por defecto, se convoc¨® a elecciones, resultando vencedor el URI una vez m¨¢s, y esta vez los cabeluces votaron, obteniendo una gran victoria. Sebasti¨¢n Lacarse asumi¨® con un margen del 61% de los votos.
El comandante Vega Ocampo fue desafectado de las fuerzas armadas y se le prohibi¨® volver a portar su uniforme. En cambio, Axel Quiroga fue ascendido a coronel, siendo la primera vez que un presidente ascend¨ªa a un militar a un rango tan alto. Como era de esperar, esto caus¨® descontento en el sector, ya que ese grado solo se alcanzaba a trav¨¦s del colegio militar. Con este gesto, Fausto mostr¨® sus garras frente al ej¨¦rcito.
A pesar de todo lo sucedido, el 14 de julio hubo elecciones para senadores en las seis rep¨²blicas, salvo en B¨¦lua, donde se realizan el 14 de septiembre. Sorprendentemente, el URI gan¨® en Artigas, Argentum y Nept¨²n, pero perdi¨® en las dem¨¢s rep¨²blicas, principalmente en Nova Terra y C¨¢rdenas, que quedaron en manos del partido JM. Para sorpresa de todos, un partido relativamente nuevo, el UNO (Uni¨®n Nacional Organizativa), surgi¨® y gan¨® en la Rep¨²blica Inca. Este partido abogaba por la igualdad y la prohibici¨®n de la venta de esclavos. Su victoria fue inesperada, pero seg¨²n el historiador Felipe Keneth, la raz¨®n por la que un partido casi nuevo lleg¨® tan lejos fue la p¨¦sima gesti¨®n del magistrado del partido JM, Antonio Caroto. Hubo falta de pago a empleados del estado, instituciones m¨¦dicas y educativas en malas condiciones, sin mencionar los esc¨¢ndalos con tres de sus secretarias. El partido hizo lo imposible por defenderlo, lo que caus¨® el descontento general y llev¨® a su derrota. Adem¨¢s, se descubri¨® que el URI en Inca facilitaba la transacci¨®n de esclavos cabeluces. El candidato Vincent Nube fue arrestado por trata de personas, lo que da?¨® la imagen del partido, pues hab¨ªa quienes apoyaban a Fausto, pero no estaban dispuestos a votar por alguien como Vincent. El partido UL no exist¨ªa en Inca y no ten¨ªa planes de participar, ya que nunca lograban tener un candidato que los mantuviera unidos; de hecho, en ese a?o, el UL se disolvi¨® por problemas internos, y sus miembros se unieron al JM o al URI.
Sin embargo, la victoria en B¨¦lua fue aplastante. El URI gan¨® con un margen del 70% de los votos, consiguiendo una amplia mayor¨ªa en la c¨¢mara. Fausto pod¨ªa ahora gobernar y hacer lo que deseara.
En las casas de gobierno, las decisiones de Fausto empezaban a reflejar los ideales de este nuevo movimiento. Las leyes aprobadas parec¨ªan apuntar hacia una mayor centralizaci¨®n del poder y una expansi¨®n de la influencia del estado sobre las instituciones clave. Algunos lo ve¨ªan como un paso necesario para fortalecer la uni¨®n de las rep¨²blicas, mientras que otros advert¨ªan sobre el peligro de una dictadura encubierta.
Sin embargo, esto quedar¨ªa en la nada, pues ten¨ªa oponentes pol¨ªticos muy fuertes, An¨ªbal Torcuato Harrington, se hab¨ªa hecho eco en su gran fervor de estar en contra de toda ley que este promulgaba, en mayor medida claro, ya que hab¨ªa leyes que seg¨²n ¨¦l ¡°le convenia al pueblo republicano¡±
Es cierto que Fausto tuvo victorias, pero tambi¨¦n hubo derrotas. Intent¨® que las fuerzas armadas fueran apartadas del r¨¦gimen pol¨ªtico, ya que sosten¨ªa que el ej¨¦rcito nunca deber¨ªa ser un factor de ning¨²n tipo de ideolog¨ªa que no fuera la de defender el estado y a sus ciudadanos. Fue entonces cuando Hidalgo obtuvo m¨¢s apoyo a su negativa.
¡ªUsted no es nadie para dictar lo que debe pensar o no el ej¨¦rcito. No tiene, ni tendr¨¢, ning¨²n derecho a restringir su libertad de pensamiento.
¡ªNo les estoy quitando su derecho a pensar ¡ªrespondi¨® Fausto¡ª. Lo que quiero es que se revoque su opini¨®n sobre el gobierno de turno. Ellos deben obedecer los intereses de la naci¨®n, no de ideolog¨ªas.
¡ªNo mienta ¡ªreplic¨® Hidalgo¡ª. Usted est¨¢ aterrado de tener un oponente formidable como el orgulloso ej¨¦rcito de la gran rep¨²blica. Nuestro himno dice claramente: ¡°Escuchad el cambio¡±. Tal parece que nuestro excelent¨ªsimo presidente es sordo o no quiere escuchar.
¡ªEl ej¨¦rcito existe para proteger la naci¨®n del enemigo externo, no del interno ¡ªinsisti¨® Fausto¡ª. Si esto no se detiene, en el futuro el ej¨¦rcito, seg¨²n su propio pensamiento, podr¨ªa usurpar el poder, ya que tiene los medios necesarios para hacerlo.
¡ª?Ja! Insin¨²a que nuestros hombres son canallas sin escr¨²pulos. No me haga re¨ªr, se?or presidente.
¡ªNuestro himno tambi¨¦n dice: ¡°Aspirad al futuro¡±. Tal parece que el senador Hidalgo no aspira a ese futuro y solo quiere vanagloriarse de glorias pasadas, sin comprender las consecuencias que eso trae.
Fue una ardua discusi¨®n en la que ambos se rebatieron una y otra vez, sin embargo, Fausto perdi¨® apoyo de sus propios partidarios a este proyecto de ley, la diferencia fue abismal, solo Fausto vot¨® a favor, el resto se abstuvo o vot¨® en contra.
¡ªEl Congreso ha hablado, y yo obedezco.
Se pod¨ªa notar la decepci¨®n y la frustraci¨®n cuando dijo esas palabras, porque Victorino, el hombre a quien ¨¦l admiraba, no lo apoy¨® en esta decisi¨®n. Seg¨²n el propio vicepresidente, ¨¦l fue a verlo a la Casa de Gobierno y all¨ª pudo ver a un Fausto enfurecido.
¡ª?Son unos cobardes!
¡ªNo lo son. Se dieron cuenta de que no les conviene estar peleados con el sector militar.
¡ª?Usted tambi¨¦n?
¡ªS¨ª, yo tambi¨¦n. No te das cuenta de que tu cargo solo tiene casi cinco a?os desde su creaci¨®n, mientras que el ej¨¦rcito tiene dos mil a?os de existencia. De hecho, fue la rama que m¨¢s perdur¨® cuando los infectados atacaron.
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¡ªEsas son glorias pasadas. Estos tiempos son distintos.
¡ªEsas glorias pasadas te salvaron la vida, la tuya y la de tu esposa. El hombre al que llamaste idiota fue quien cuid¨® de ti.
¡ªLo cual agradezco, pero no puedo estar con una deuda eterna solo por eso.
¡ªDeber¨ªas. Est¨¢s siendo muy inmaduro; sin ¨¦l, no existir¨ªas.
¡ª?Y SIN M¨ª, USTED NO EXISTIR¨ªA!
Victorino abofete¨® a Fausto.
¡ªCuida tu lenguaje. ?Acabas de escucharte? Gracias a m¨ª est¨¢s donde est¨¢s. ?Crees que te votaron porque eres un joven de cara bonita o porque tu mente est¨¢ por encima de los dem¨¢s? No, est¨¢s aqu¨ª porque mi partido lo permite. Est¨¢s aqu¨ª porque yo fui quien hizo posible tu cargo y tu ascenso. Est¨¢s aqu¨ª porque fui yo quien iba corriendo de un lugar a otro, arreglando todas tus impulsividades con los proyectos de ley. No te atrevas a hacerme de menos, joven, porque no solo me faltas a m¨ª, te faltas a ti mismo.
Tras decir esto, vio a Karen salir de la sala de estar, preocupada.
¡ªDisculpe, se?orita Freeman, ya me iba.
Cuando Victorino lleg¨® a la puerta, volte¨® y mir¨® a Fausto.
¡ªEst¨¢s haciendo un gran trabajo, estoy orgulloso de ello. Pero debes comprender que la sociedad est¨¢ conformada por miles de individuos con ideas diferentes, y son esos mismos individuos los que ven como h¨¦roes a los soldados. No puedes cambiarlo todo, hijo, y menos a alguien que no quiere cambiar. Descansa, por favor, yo me har¨¦ cargo.
¡ªErick...
Victorino volte¨®.
¡ª?S¨ª?
¡ªLo siento.
¡ªNo pasa nada.
Victorino cerr¨® la puerta y se alej¨®.
Era la primera vez que Fausto sent¨ªa una derrota tan aplastante. Nadie quer¨ªa apoyar su ley; si bien la historia le dar¨ªa la raz¨®n, la ejecuci¨®n y la ¨¦poca no lo hicieron. Ese traspi¨¦ le mostr¨® que no estaba preparado para esa batalla, pero sent¨® un cimiento para futuras luchas.
Fueron a?os de relativa paz. Su nombre se hac¨ªa eco en todas las rep¨²blicas, y en las calles se ve¨ªa su rostro. Curiosamente, hab¨ªa posters de su figura junto a las de Erick Victorino, Karen Freeman, Celeste Villordo y Rivas Hidalgo. Esto ¨²ltimo resultaba curioso, ya que se sab¨ªa de la enorme discordia entre ellos. Sin embargo, el partido quer¨ªa vender la imagen de que, a pesar de las diferencias, el partido URI se manten¨ªa unido. Esto pod¨ªa tomarse con cierto matiz de verdad, aunque no lo suficiente como para sostener esa imagen por completo. Sin embargo, fue positivo, ya que muchas personas empezaron a creerlo.
Muchos se preguntaban por qu¨¦ Karen estaba all¨ª. Result¨® que ella militaba en las calles, acompa?ando a su marido en cada discurso. Adem¨¢s, siempre defendi¨® el derecho al voto de la juventud: todo joven de diecisiete a?os ten¨ªa derecho a votar. Tambi¨¦n abog¨® por los derechos de las madres solteras, impulsando un plan social que les brindaba un salario para ayudarlas. De igual forma, los padres solteros pod¨ªan acceder a esta asignaci¨®n, aunque con ciertas limitaciones, claro est¨¢.
Celeste Villordo mostr¨® una gran convicci¨®n al divulgar las palabras del presidente a los dem¨¢s cabeluces, como una profeta. La imagen que se ten¨ªa de Fausto era casi la de una deidad.
Lentamente, empezaba a surgir un movimiento pol¨ªtico que tomaba fuerza cada d¨ªa: el gabrielismo. Joaqu¨ªn Fausto Gabriel era su l¨ªder. Si bien los primeros pasos de este movimiento se debieron al florentinismo, predicado por Fausto durante su presidencia, fueron sus acciones y logros los que dieron forma al gabrielismo ante los ciudadanos. No fue Florentina Emma quien les dio educaci¨®n, salud y trabajo, sino el joven Fausto Gabriel.
Fausto predicaba el bienestar general, la democracia y la justicia estatal. Todo ciudadano ten¨ªa derecho a un hogar digno, a una educaci¨®n de calidad y a una salud completamente gratuita.
¡ªUna naci¨®n debe apoyarse siempre en el Estado. Existimos gracias a ustedes, porque son los ciudadanos quienes nos otorgan este poder. Muchas veces no somos conscientes de lo que tenemos en nuestras manos; decidimos qui¨¦n vive y qui¨¦n no con nuestras decisiones. Por eso nunca deben alejarse de la pol¨ªtica ni de los pol¨ªticos. Ustedes siempre tendr¨¢n la ¨²ltima palabra sobre qui¨¦n los representa; t¨¦nganlo claro.
En otros tiempos, a Fausto se le habr¨ªa acusado con una palabra malintencionada: "populista". Pero, ?c¨®mo no caer en esa etiqueta cuando apareci¨® aquel joven que quer¨ªa que todos vivieran dignamente, que deseaba fervientemente que su gente se interesara en votar? A pesar de que no hab¨ªa garant¨ªas de que lo eligieran, siempre apostaba por la democracia.
Se pod¨ªa decir que este movimiento defend¨ªa la democracia, la protecci¨®n del Estado y los derechos de los ciudadanos. ?C¨®mo no confiar en alguien que siempre luchaba por todos? Pudo haber gobernado siguiendo los intereses del partido o de la clase pol¨ªtica del Senado, pero, en lugar de eso, tuvo una visi¨®n y la aplic¨®. Con sus aciertos y sus errores, jug¨® con las reglas de la pol¨ªtica y benefici¨® a sus ciudadanos.
La poblaci¨®n continuaba con su d¨ªa a d¨ªa. En las calles se escuchaban los discursos pol¨ªticos, tanto del oficialismo como de la oposici¨®n, con reproches y aciertos. La capital se llenaba de conversaciones sobre la opini¨®n del presidente, en su mayor parte, positivas.
Era incre¨ªble que, en cuesti¨®n de cinco a?os, los ciudadanos hablasen m¨¢s de las pol¨ªticas de un joven presidente que de los muros que los rodeaban. Ya no dudaban de su resistencia ni ten¨ªan pensamientos sobre el enemigo exterior. Ahora, lo que predominaban eran las ideolog¨ªas y el patriotismo, el esplendor de la Gran Rep¨²blica, o mejor dicho, de las Siete Rep¨²blicas.
Hubo varias disputas entre ¨¦l y el Congreso. Muchas leyes se aprobaron, claro, pero tambi¨¦n hubo otras que no lograron ni media sanci¨®n. Sin embargo, era sorprendente ver que ya no se molestaba cuando las cosas no sal¨ªan como ¨¦l quer¨ªa. Ya no se enfurec¨ªa; tuvo que madurar. Supo cu¨¢ndo dar marcha atr¨¢s y cu¨¢ndo atacar al Congreso con sus leyes.
Bajo el mandato de Fausto, las Siete Rep¨²blicas dejaron de temer al enemigo exterior y comenzaron a centrarse en la construcci¨®n de una naci¨®n m¨¢s justa. La ciudadan¨ªa, especialmente los j¨®venes, sintieron que por primera vez sus voces eran escuchadas. El derecho al voto a los diecisiete a?os, una de las reformas insignia de Fausto, simboliz¨® el compromiso del gobierno con las nuevas generaciones, lo que reforz¨® el sentimiento de pertenencia y participaci¨®n pol¨ªtica. Este fue uno de los pilares sobre los que el gabrielismo se consolid¨®.
Rivas Hidalgo, en sus propias palabras, dijo:
¡ªNo cabe la menor duda de que ¨¦l y yo no nos llevamos bien. Hay ideas que no comparto y hay situaciones que no puedo ignorar, pero es indudable que ninguno de nosotros lograr¨ªa algo como esto: una sociedad democr¨¢tica moderna.
An¨ªbal Harrignton expres¨® lo siguiente:
¡ªEs temerario y muy capaz, me quito el sombrero ante ¨¦l. Pero no cabe duda de que muchas de sus gestiones causar¨¢n problemas en el futuro. ¨¦l fue el nexo que convirti¨® una instituci¨®n del Estado en una figura de liderazgo y fortaleza. Pero si hay elecciones para presidente, no dudar¨¦ en se?alar todo lo que est¨¢ mal en este gobierno. Hay cosas que no pueden seguir como est¨¢n.
A pesar de sus diferencias ideol¨®gicas, Rivas Hidalgo reconoc¨ªa el poder transformador de las pol¨ªticas de Fausto. No obstante, siempre se manten¨ªa cr¨ªtico, cuestionando las consecuencias a largo plazo de su visi¨®n. Esta constante tensi¨®n entre ambos no hizo m¨¢s que fortalecer la imagen de Fausto como un l¨ªder dispuesto a enfrentarse a cualquier oposici¨®n para lograr lo que cre¨ªa justo. Por otro lado, figuras como An¨ªbal Harrington, aunque admiraban la capacidad de Fausto, advert¨ªan sobre los riesgos de un poder centralizado en una figura tan joven.
El gabrielismo naci¨® de la visi¨®n de un joven presidente que buscaba llevar dignidad y justicia social a todos los rincones de las Siete Rep¨²blicas. Sus pol¨ªticas no solo defend¨ªan los derechos de los ciudadanos, sino que tambi¨¦n promov¨ªan una mayor igualdad, poniendo ¨¦nfasis en la educaci¨®n, la salud y el acceso a un hogar digno. A trav¨¦s de su liderazgo, Fausto instaur¨® un sentimiento de esperanza en la poblaci¨®n, en particular entre los m¨¢s j¨®venes, quienes ve¨ªan en ¨¦l a un l¨ªder dispuesto a romper con las tradiciones pol¨ªticas estancadas del pasado.
Despu¨¦s de los cuatro a?os de su mandato, conocidos como la luna de miel, Fausto se enfrent¨® a un Congreso que parec¨ªa determinado a bloquear muchas de sus iniciativas. Sin embargo, lejos de rendirse, supo aprender de sus fracasos y madur¨® como l¨ªder. Ya no se dejaba consumir por la frustraci¨®n, sino que entend¨ªa cu¨¢ndo retroceder y cu¨¢ndo avanzar con fuerza. Esta capacidad para adaptarse a las circunstancias fue clave para su ¨¦xito, y el pueblo comenz¨® a verlo no solo como un joven idealista, sino como un l¨ªder fuerte, capaz de llevar a la naci¨®n hacia un futuro m¨¢s justo.
La figura del l铆der
Antes de la llegada de Fausto al poder, la poblaci¨®n viv¨ªa con un miedo constante al enemigo exterior. Los muros que rodeaban las rep¨²blicas eran un recordatorio perpetuo de esa amenaza. Sin embargo, en tan solo cinco a?os, Fausto logr¨® cambiar el discurso p¨²blico. Ahora, en las calles, los ciudadanos debat¨ªan sobre pol¨ªticas y democracia, no sobre el miedo exterior. Las Siete Rep¨²blicas se estaban transformando, y el gabrielismo, con su enfoque en el bienestar de los ciudadanos y la justicia social, se consolidaba como el motor de ese cambio.
A partir de ah¨ª, Fausto se dedic¨® a fundar m¨¢s instituciones y fortalecer la infraestructura del Estado: escuelas, hospitales, comisar¨ªas, universidades y estaciones de bomberos. Financiaba todas estas instituciones para el bienestar general de los ciudadanos. Aunque muchos ve¨ªan esto como un gasto innecesario, era un gasto que val¨ªa la pena, pues la ¨²nica forma de debilitar al ej¨¦rcito era dar a los ciudadanos miles de opciones, con m¨¢s enfermeros y maestros en las calles que soldados.
En algunos actos patri¨®ticos, el ej¨¦rcito no mostraba el menor respeto hacia ¨¦l. Tradicionalmente, el jefe de Estado deb¨ªa entregar el sable de honor a los graduados, pero algunos oficiales se lo quitaban bruscamente de las manos. Sin embargo, Fausto no era tonto; cuando intentaban arrebatarle el sable, lo tomaba y lo arrojaba detr¨¢s de ¨¦l.
Con voz firme, gritaba a los cuatro vientos: ¡ª?Insubordinaci¨®n! ?Degradado con un a?o de prisi¨®n domiciliaria!
Solo seis oficiales intentaron desafiarlo ese d¨ªa; el resto pas¨® con honores. No obstante, Fausto no dej¨® pasar la insolencia. Subi¨® al podio y dio su discurso: ¡ªEs pintoresco c¨®mo ustedes no ocultan su desd¨¦n por m¨ª. Pero d¨¦jenme ser muy claro: ?NO TRATAR¨¢N AL ESTADO REPUBLICANO COMO SU PATIO DE RECREO! Si alguno tiene, aunque sea una m¨ªnima molestia con mis ¨®rdenes, m¨¢rchese o, mejor a¨²n, disp¨¢renme.
El sal¨®n qued¨® en completo silencio. ¡ªQuiero el desempe?o del ej¨¦rcito de Nept¨²n, la valent¨ªa del ej¨¦rcito de Foster, no a los asesinos del dictador Travis Francisco ni a los cobardes de Tamara Ojeda.
Tamara Ojeda hab¨ªa derrocado al tercer directorio de Argentum y gobernado de manera autoritaria, utilizando al ej¨¦rcito para masacrar a sus propios ciudadanos. Al final, cuando el Directorio de Inca y el Directorio de Nept¨²n le declararon la guerra, ?qu¨¦ hizo Tamara? Huy¨® junto a sus seguidores, dejando una naci¨®n devastada al borde del colapso. Pas¨® sus ¨²ltimos d¨ªas sin ser juzgada en Artigas.
Fausto representaba una amenaza potencial para el ej¨¦rcito, pero este no pod¨ªa hacer nada en su contra. A pesar de su descontento, no quer¨ªan arriesgarse a dar un golpe de Estado, pues finalmente hab¨ªan logrado limpiar su imagen ante la sociedad y no quer¨ªan comprometerla nuevamente. Adem¨¢s, solo faltaban tres a?os para que Fausto dejara el poder, por lo que mostraban sus garras, pero no las usaban.
Fueron a?os tranquilos, con poca tensi¨®n en la sociedad. Las personas hablaban de deportes, pol¨ªtica, festivales y teatro. La estabilidad social era similar a los a?os previos a la guerra. Sin embargo, como en toda sociedad democr¨¢tica, siempre hab¨ªa tensiones, especialmente en lo referente a las ideolog¨ªas.
Hab¨ªan comenzado las campa?as presidenciales, y los candidatos ten¨ªan que mostrarse al p¨²blico, explicando por qu¨¦ eran la mejor opci¨®n para la presidencia. Mientras tanto, Fausto, consciente o inconscientemente, recorr¨ªa las Siete Rep¨²blicas, ya sea para dar discursos, presentar obras o asistir a inauguraciones. Una de las caracter¨ªsticas m¨¢s destacadas de su presidencia fue la inauguraci¨®n de muchas infraestructuras financiadas por el Estado y el fortalecimiento de las mismas a trav¨¦s de la diversificaci¨®n institucional.
"Una naci¨®n democr¨¢tica es fuerte y transparente si el pueblo est¨¢ presente en ella", fueron algunas de las palabras m¨¢s recordadas de Fausto. El gabrielismo empezaba a izar banderas con su rostro, su nombre y sus palabras.
Sin embargo, la oposici¨®n comenz¨® a atacar, encabezada por An¨ªbal Harrington. Hab¨ªa algo cierto en sus acusaciones: Fausto no daba el mantenimiento adecuado a las murallas. El ej¨¦rcito no ten¨ªa recursos suficientes para vigilarlas constantemente, y Fausto hab¨ªa ordenado que se controlaran solo una vez al a?o.
Para An¨ªbal, esto era un insulto. Su partido, cuya ideolog¨ªa se resum¨ªa en "Primero los muros", defend¨ªa un control estricto y permanente. Aunque eso implicara desviar recursos esenciales para la poblaci¨®n ¡ªalimentos, medicinas y salud¡ª hacia el ej¨¦rcito. Como dec¨ªa el historiador Orlando Feria: "No importa cu¨¢n perfecta sea una estructura de poder, nadie controla el factor humano". Esto se reflejaba en casos de corrupci¨®n y desv¨ªo de recursos.
Fausto recordaba c¨®mo, en su juventud, el ej¨¦rcito llegaba a su pueblo, se llevaba a los j¨®venes y exig¨ªa alimento gratis. Luego, simplemente se marchaban. As¨ª fueron los ¨²ltimos a?os del directorio, un calvario monumental. Este rencor hacia los militares qued¨® marcado en ¨¦l, y muchos especulaban que esa era la ra¨ªz de su conflicto con el ej¨¦rcito.
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A pesar de todo, Fausto cre¨® "La Caballer¨ªa", un ej¨¦rcito que respond¨ªa ¨²nicamente al presidente. Esta unidad hab¨ªa sido entrenada con el pretexto de defender y ejecutar la palabra del poder ejecutivo, coloc¨¢ndose por encima de la polic¨ªa y los militares en momentos de necesidad. Su funci¨®n principal era sencilla: custodiar los recursos enviados a las bases militares y ser testigos de su entrega, no solo visualmente, sino tambi¨¦n en los registros.
Este control irrit¨® profundamente al ej¨¦rcito, que lo consideraba un acto "absurdo". Un general se atrevi¨® a decir: "Los j¨®venes deben respetar a los mayores". Este fue Gerald Reccson, quien fund¨® el famoso PM, el Partido Militar, que se convirti¨® en el refugio de los militares opositores al gobierno. Si bien la historia no fue amable con los descendientes de Reccson, ¨¦l mismo era un intelectual astuto que utiliz¨® las reglas de la constituci¨®n para enfrentarse a Fausto.
La sorpresa lleg¨® cuando, en un comunicado radial, Gerald Reccson anunci¨® su candidatura presidencial. Se convirti¨® en el segundo gran rival de Fausto, despu¨¦s de An¨ªbal.
Pero la duda persist¨ªa en la poblaci¨®n: ?Qui¨¦n ser¨ªa el candidato del partido URI? Fausto no pod¨ªa ser reelegido. Muchos pensaban en Victorino o en Laura Ventura. La mayor sorpresa lleg¨® el 2 de mayo del 4776 a las 10:24 de la ma?ana, cuando Fausto anunci¨®, sin pre¨¢mbulo, que su candidata ser¨ªa ni m¨¢s ni menos que Karen Freeman Gabriel.
Exacto, su esposa.
La noticia cay¨® como un rayo. Hasta ese momento, Karen hab¨ªa mantenido un perfil bajo en la pol¨ªtica nacional. Aunque muchos la conoc¨ªan como una diplom¨¢tica h¨¢bil y una defensora ac¨¦rrima de las pol¨ªticas sociales de Fausto, no hab¨ªa mostrado intenciones p¨²blicas de asumir un rol tan prominente. Sin embargo, aquellos cercanos al c¨ªrculo ¨ªntimo del presidente sab¨ªan que Karen hab¨ªa sido una pieza fundamental en la gesti¨®n de Fausto desde las sombras. Hab¨ªa participado activamente en las negociaciones internacionales m¨¢s delicadas y en la implementaci¨®n de muchas de las reformas m¨¢s ambiciosas del gobierno.
De hecho, se sospecha fuertemente que el partido lo sab¨ªa, y que Hidalgo no solo le felicit¨®, sino que hasta le dio su apoyo.
Ahora, con Fausto incapacitado para reelegirse, el URI se volcaba hacia ella como la figura de continuidad. El anuncio fue meticuloso, calculado para consolidar el apoyo popular y evitar fisuras en el partido. Fausto hab¨ªa sido un presidente impecable, dedicado al bienestar del pueblo, con logros indiscutibles en materia de educaci¨®n gratuita, salud universal y salarios dignos. Sin embargo, su enfoque en el fortalecimiento del sistema social y la democratizaci¨®n de la pol¨ªtica hab¨ªa generado enemigos, especialmente entre el Partido Militar (PM) y el JM, la oposici¨®n conservadora.
Karen Freeman Gabriel no tard¨® en dirigirse al pa¨ªs, consciente de las expectativas que reca¨ªan sobre ella. En su primer discurso, transmitido en todas las Siete Rep¨²blicas, dej¨® en claro que su candidatura no era una simple continuaci¨®n del legado de Fausto, sino la evoluci¨®n de su visi¨®n.
¡ªEl sue?o de Fausto no es solo suyo, sino de todo el pueblo ¡ªdijo Karen, con una voz que resonaba firme y llena de convicci¨®n¡ª. Un gobierno justo, participativo y equitativo. Las murallas de las Siete Rep¨²blicas no solo se construyen con piedra y acero, sino con esfuerzo y sacrificio de todos, si bien sus creadores y los primeros en construirlas ya no est¨¢n con nosotros, s¨ª lo est¨¢n sus descendientes, y como agradecimiento de su gran sacrificio, el pueblo, los hijos de los obreros de la muralla, deben ser recompensados en nombre de sus ancestros con un futuro mejor.
Sin embargo, el JM y el PM vieron en su candidatura una oportunidad para atacar. An¨ªbal Harrington, el l¨ªder del JM, no perdi¨® tiempo en cuestionar su capacidad para liderar:
¡ªNo es solo el continuismo lo que est¨¢ en juego aqu¨ª. El URI pretende convertir la pol¨ªtica en un asunto familiar, consolidando su poder en una dinast¨ªa. El pa¨ªs no necesita m¨¢s de lo mismo; necesita una nueva visi¨®n, una que restaure el equilibrio y la tradici¨®n que tanto hemos perdido.
Mientras tanto, el Partido Militar, liderado por el general Gerald Reccson, no se quedaba atr¨¢s. A diferencia del JM, que apostaba por el discurso conservador, el PM utilizaba el miedo y la seguridad como bandera. Reccson, con su habitual tono marcial, advirti¨® que las Siete Rep¨²blicas no pod¨ªan permitirse otra d¨¦cada de desmilitarizaci¨®n.
¡ªMientras Fausto y Karen construyen hospitales y universidades ¡ªdijo en una alocuci¨®n ante miles de soldados¡ª, nuestras fronteras est¨¢n m¨¢s vulnerables que nunca. Necesitamos un gobierno que se enfoque en la defensa, en la seguridad de nuestras murallas. El populismo no protege a las Rep¨²blicas; solo un ej¨¦rcito fuerte lo har¨¢.
Los rumores sobre movimientos militares y posibles alianzas entre el PM y sectores descontentos del ej¨¦rcito comenzaron a crecer. El temor a una intervenci¨®n militar en el proceso electoral no era infundado. Fausto, a lo largo de su mandato, hab¨ªa tenido varios enfrentamientos con los altos mandos militares por su insistencia en recortar el presupuesto destinado a las fuerzas armadas y redirigirlo a proyectos sociales.
Karen, por su parte, se manten¨ªa firme. En una entrevista transmitida por radio.
¡ªEl gobierno es del pueblo, no de las armas ¡ªdijo, mirando directamente a la c¨¢mara¡ª. Mi compromiso es con cada ciudadano de estas rep¨²blicas. La seguridad no se construye solo con ej¨¦rcitos, sino con un pueblo fuerte, educado y saludable. No vamos a retroceder.
Pero antes de seguir, tenemos que retroceder un poco ?C¨®mo paso esto? ?Por qu¨¦ Karen?
Karen Samanta Freeman
El mundo ya conoc¨ªa la historia de la infancia de Karen. Sin embargo, para enriquecer un poco m¨¢s ese relato, se abordar¨¢n algunos temas de manera superficial, sin entorpecer ni alargar innecesariamente su origen.
Despu¨¦s de ser salvados por Hidalgo y de reunirse con la familia de Fausto, Karen vivi¨® bajo su cuidado. La consideraban como una hija y hermana, aunque nunca se oficializ¨® su situaci¨®n ante ninguna entidad estatal, quedando simplemente como una "inquilina" o "invitada" con residencia gratuita e indefinida.
Karen llev¨® una vida normal junto a la familia de Fausto hasta que ¨¦l comenz¨® a interesarse por la pol¨ªtica. Ella relata que Fausto intent¨® inscribirse en dos ocasiones en el partido JM, pero fue rechazado por el jefe del partido, quien le dijo que "no cumpl¨ªa las expectativas". Ante esto, Fausto decidi¨® unirse al partido URI, m¨¢s espec¨ªficamente a la juventud del partido. En ese entonces, no hab¨ªa una educaci¨®n clara para ser diputado, ya que en el Directorio su participaci¨®n era considerada casi nula e irrelevante. Los requisitos eran saber leer, escribir y contar con el apoyo de mil personas para postularse.
Cuando Fausto consigui¨® su banca, se mud¨® a la capital, y Karen lo acompa?¨®. Ella estaba preocupada por ¨¦l, ya que, como secuela de lo que vivi¨® en su infancia, Fausto se sent¨ªa invencible. Hab¨ªa sobrevivido a monstruos, y pensaba que tambi¨¦n sobrevivir¨ªa a cualquier persona. Este pensamiento aterraba a sus padres y familiares, as¨ª que Karen decidi¨® seguirlo en su viaje, dispuesta a detener cualquier locura que se le ocurriera.
Al llegar a la capital, Fausto vivi¨® por un tiempo en un hotel pagado por el partido, pero ten¨ªa que compartir habitaci¨®n con otros diputados. Como no estaba dispuesto a aceptar esa oferta, ya que Karen lo acompa?aba, busc¨® un lugar para alquilar. Sin embargo, los precios en la capital eran insostenibles. Fue entonces cuando not¨® que hab¨ªa ofertas de alojamiento con descuentos de hasta un 60% para parejas casadas. Sin dudarlo, le propuso esta idea a Karen, y ella acept¨®.
A pesar de ello, Karen decidi¨® conservar su apellido, ya que no quer¨ªa renunciar a ese valioso legado que le hab¨ªa dejado su difunto padre.
Mientras Fausto asist¨ªa al Capitolio del Directorio, Karen se reuni¨® con Rivas Hidalgo, quien manten¨ªa contacto con la familia de Fausto. Rivas buscaba maneras de ayudarla, aunque fuera solo un poco, en su nuevo rol como esposa. En ese encuentro, Rivas le confi¨® que el Directorio desaparecer¨ªa pronto y que, si realmente buscaba hacer una diferencia, deb¨ªan unirse a la reforma que ¨¦l y un tal Erick Victorino estaban promoviendo. Le coment¨® que estaban recabando votos para abolir el Gran Directorio.
Karen dud¨®, pero le prometi¨® que hablar¨ªa del tema con su esposo. Por su parte, Fausto le cont¨® c¨®mo fueron sus primeros d¨ªas en el cargo. Le confes¨® estar "muy desilusionado". Nadie en el Directorio ten¨ªa una postura clara. Se hablaba de trivialidades, m¨¢s que de pol¨ªtica. Parec¨ªa que a nadie le interesaba estar all¨ª. Karen escuch¨® con atenci¨®n mientras Fausto, frustrado, se preguntaba: "?Hice lo correcto al venir aqu¨ª? ?Esto es lo que yo quer¨ªa? ?Vale la pena luchar por algo?"
Karen contaba que Fausto quiso rendirse tras dos meses en la C¨¢mara, pero ella lo convenci¨® de seguir adelante y le habl¨® de la idea de Rivas sobre una reforma. Fausto sinti¨® una ligera emoci¨®n al escucharla, adem¨¢s de querer visitar a Rivas, ya que hac¨ªa tiempo que no se ve¨ªan.
En una reuni¨®n de los miembros del partido, Fausto y Karen asistieron para escuchar los discursos de los l¨ªderes de la reforma: Rivas Hidalgo y Erick Victorino.
"Estamos cansados de este sistema arcaico del Gran Directorio. Perdi¨® su grandeza hace m¨¢s de veinte a?os. Muchas voces y discusiones, pero ninguna soluci¨®n real", dec¨ªa el desconocido Erick Victorino con una voz firme.
"Muchos de nosotros estamos intentando cambiar el gobierno, reformar el Estado y formar una unidad con las dem¨¢s rep¨²blicas", agreg¨® emocionado Rivas Hidalgo.
Karen observaba a Fausto con atenci¨®n; ¨¦l estaba completamente enfocado en los discursos. Despu¨¦s de todo, ambos eran jueces del Gran Directorio, y lo que estos hombres propon¨ªan atentaba directamente contra su propio trabajo. Nada garantizaba el ¨¦xito de la reforma.
Sin embargo, todos sabemos lo que ocurri¨®: se convoc¨® a una elecci¨®n en la que, curiosamente, no se permiti¨® la participaci¨®n de B¨¦lua y Argentum. La raz¨®n era clara: estas dos rep¨²blicas ten¨ªan los votos necesarios para impedir la reforma. De hecho, con apenas cinco votos (dos de Argentum y tres de B¨¦lua), la reforma habr¨ªa fracasado. Para evitarlo, Rivas ide¨® un plan a espaldas de Erick: orden¨® que se impidiera la entrada de los senadores de esas rep¨²blicas, utilizando al ej¨¦rcito para bloquear su acceso. Rivas ya hab¨ªa asegurado el 100% de los votos de las cinco rep¨²blicas restantes a favor de la reforma y la abolici¨®n del Gran Directorio. Seg¨²n el reglamento, para someter a votaci¨®n una reforma de gobierno, era necesario que cinco de las siete rep¨²blicas estuvieran de acuerdo de manera un¨¢nime.
Rivas tem¨ªa que si los representantes de las dos rep¨²blicas restantes se presentaban, la unanimidad de los votos podr¨ªa tambalear, ya que muchos no estaban del todo convencidos. Por eso tom¨® una decisi¨®n dr¨¢stica y no les permiti¨® participar.
Erick se sinti¨® muy molesto al enterarse, pues que Rivas hubiera actuado a sus espaldas evidenciaba la falta de confianza entre ellos. A¨²n hoy se cree que la creaci¨®n de la Gran Confederaci¨®n de las Siete Rep¨²blicas fue posible gracias a la audacia de Rivas.
Sin embargo, fue Erick quien resolvi¨® la tensi¨®n que surgi¨®. En lugar de amenazar a las rep¨²blicas con cortarles bienes y servicios, negoci¨® una serie de concesiones: acceso a recursos naturales, control de rutas comerciales y territorio adicional estrat¨¦gico. Estos acuerdos enriquecieron la uni¨®n y evitaron una posible divisi¨®n.
Lo que deb¨ªa suceder, sucedi¨®: se fund¨® la nueva forma de gobierno, y se desat¨® una disputa por qui¨¦n ser¨ªa el presidente. Fausto se postul¨® y finalmente se convirti¨® en el primer presidente de las rep¨²blicas unificadas.
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Karen estaba exultante de que Fausto hubiera cumplido su meta, aunque notaba que ¨¦l estaba nervioso; despu¨¦s de todo, ten¨ªa en sus manos el poder de siete naciones.
Mientras Fausto gobernaba, Karen militaba en su nombre, luchando incansablemente por los derechos de los trabajadores. Ella se convirti¨® en la cara visible del presidente y fue ganando notoriedad. Cuando ocurri¨® el levantamiento de los cabeluces, Fausto se sinti¨® abrumado, sin saber qu¨¦ hacer. Pero fue Karen quien lo impuls¨® a tomar una decisi¨®n. A?os despu¨¦s, Fausto confesar¨ªa que fue ella quien plant¨® la idea de liberar a los cabeluces, ya que ella hab¨ªa sido testigo cercano de c¨®mo eran tratados.
Karen, a diferencia de su esposo, manten¨ªa una buena relaci¨®n con Rivas Hidalgo. Se reun¨ªan frecuentemente, aunque hablaban de temas ajenos a la pol¨ªtica, m¨¢s relacionados con la vida personal. Adem¨¢s, Karen ten¨ªa una postura distinta sobre el ej¨¦rcito. Si bien entend¨ªa la perspectiva de Fausto, no la compart¨ªa. Los militares les hab¨ªan salvado la vida a ambos, y esto era algo que Rivas siempre respet¨®.
Otro dato interesante, seg¨²n el historiador Ju¨¢rez Casillas, fue que Erick Victorino hab¨ªa sugerido que Rivas fuera su vicepresidente. Sin embargo, debido a la tensa relaci¨®n de Fausto con ¨¦l, Karen decidi¨® no aceptar la propuesta.
"No pienso poner los ideales pol¨ªticos por encima de mi matrimonio. Lo siento", cont¨® Toni Azcur¨¦ en su libro Los ojos de la dama, sobre la vida de Karen en la pol¨ªtica. Este dicho mostraba que Karen no iba a ser una l¨ªder pragm¨¢tica, sino una l¨ªder sentimental.
En las reuniones del partido, era evidente que algunos miembros dudaban de su liderazgo para las pr¨®ximas elecciones presidenciales. El URI hab¨ªa ganado relevancia gracias a la gesti¨®n de Fausto, y muchos ciudadanos se un¨ªan al partido debido a su popularidad. Esta creciente influencia llev¨® al partido a buscar estrategias para consolidar y mantener el poder que comenzaban a adquirir.
Sin embargo, Karen mostr¨® una gran templanza al defender su postura. Quer¨ªa dejar en claro a los miembros del partido que no era simplemente ¡°la mujer del presidente¡±, sino alguien capaz de gobernar. Supo demostrar de qu¨¦ estaba hecha.
¡ªLa preocupaci¨®n que ustedes tienen es comprensible. No me detendr¨¦ a decir que estoy aqu¨ª simplemente por ser mujer o que ahora la naci¨®n necesita de las mujeres. Creo en la igualdad, y estoy segura de que todos ustedes tambi¨¦n lo hacen. Las pol¨ªticas de estado que se han tomado hasta ahora han dado su resultado; mi postura es clara: seguir igual, seguir construyendo caminos, hogares y familias. Una naci¨®n de iguales, una naci¨®n de oportunidades.
Karen ten¨ªa una mirada fr¨ªa en ese rostro angelical, que para los presentes la convert¨ªa en una dama de hierro. Sus adversarios pol¨ªticos le guardaban respeto.
Cuando Fausto vio la derrota de su ley frente al Congreso, ella lo apoy¨®. A diferencia de otras derrotas que hab¨ªa tenido, esta fue muy sorpresiva para ¨¦l, pues pensaba que contaba con el apoyo de la mayor¨ªa, incluida la de Victorino. Y, por encima de todo, ella ya era una figura p¨²blica. Se sospechaba que, al cuarto a?o de gobierno, Fausto estaba preparando el camino para su esposa. La prueba de ello fue su primera aparici¨®n en un evento de estado, que tuvo lugar en el a?o 4774.
En el vasto sal¨®n de la Rep¨²blica, las c¨¢maras segu¨ªan cada gesto de Joaqu¨ªn Fausto mientras discut¨ªa con firmeza los nuevos planes para la reconstrucci¨®n econ¨®mica. A su lado, Karen sonre¨ªa tranquilamente, intercambiando palabras con algunas primeras damas y representantes de organizaciones no gubernamentales. Hab¨ªa liderado, sin mucho alboroto, un programa educativo para j¨®venes marginados en las zonas m¨¢s pobres, pero los titulares a¨²n la mencionaban solo como "la esposa del presidente".
La oposici¨®n ni siquiera dirig¨ªa su mirada hacia ella, centrada en criticar a Fausto y a su ambicioso vicepresidente, Erick Victorino Sullivan, cuyas decisiones acaparaban toda la atenci¨®n. Despu¨¦s de todo, la ¡°luna de miel¡± hab¨ªa finalizado. Sin embargo, algunos observadores notaban c¨®mo, de vez en cuando, Karen susurraba algo al o¨ªdo de Joaqu¨ªn, y ¨¦l asent¨ªa, como si sus palabras tuvieran m¨¢s peso del que aparentaban.
Con el tiempo, mientras Fausto se consolidaba como presidente, Karen no solo lo acompa?aba en su rol de esposa, sino que, en cada evento, reuni¨®n o intervenci¨®n p¨²blica, su presencia se hac¨ªa m¨¢s fuerte. Su forma de militar era similar a la de Fausto, centrada en la gente com¨²n, en los trabajadores y en los nuevos ciudadanos: los cabeluces.
Karen no buscaba protagonismo inmediato. Sab¨ªa que su momento llegar¨ªa y jug¨® su rol con cautela. En las reuniones del partido URI, mientras los l¨ªderes discut¨ªan las pol¨ªticas que segu¨ªan atrayendo a m¨¢s ciudadanos gracias a la gesti¨®n de Fausto, Karen defend¨ªa su propia postura. Era vista como m¨¢s que la esposa del presidente; lentamente construy¨® una imagen de firmeza, claridad y liderazgo. Su discurso sobre la igualdad y la necesidad de continuar con el camino trazado por su esposo mostr¨® a todos que era una mujer de convicciones y una figura pol¨ªtica en su propio derecho.
En el a?o 4775, un a?o despu¨¦s, Karen segu¨ªa liderando proyectos humanitarios, aunque su trabajo no generaba gran ruido medi¨¢tico. Sin embargo, comenzaba a atraer el apoyo de ciertos sectores, especialmente entre las mujeres y los j¨®venes. Mientras Joaqu¨ªn y Sullivan se enfrentaban en los acalorados debates del Congreso, Karen continuaba su trabajo en silencio. La iniciativa que hab¨ªa comenzado hac¨ªa un a?o en el campo educativo se hab¨ªa expandido, ofreciendo ahora becas y formaci¨®n profesional a cientos de j¨®venes. Algunos empezaban a llamarla "La dama roja", pero la oposici¨®n segu¨ªa ignor¨¢ndola, demasiado ocupada en sus ataques hacia Fausto.
En las reuniones informales del partido, algunos l¨ªderes comenzaban a notar el impacto de Karen entre las comunidades m¨¢s desatendidas.
¡ªEs sorprendente c¨®mo logra conectar con ellos ¡ªcomentaba uno de los senadores, Laura Ventura, durante una cena privada en la que particip¨® An¨ªbal. Pero la conversaci¨®n r¨¢pidamente regresaba a los temas m¨¢s urgentes del d¨ªa, sin prestarle mayor atenci¨®n.
En una conversaci¨®n privada dentro del partido, algunos l¨ªderes empezaban a considerar a Karen como una figura relevante, aunque p¨²blicamente esto a¨²n no se discut¨ªa.
¡ª?Karen? ?La esposa de Fausto? ¡ªfrunci¨® el ce?o uno de los m¨¢s j¨®venes¡ª. No la veo como una candidata seria ¡ªcoment¨® An¨ªbal.
Mientras el opositor dec¨ªa esto, en un evento p¨²blico relacionado con uno de los programas humanitarios de Karen, ella mencion¨®, de manera aparentemente casual, temas que en el futuro ser¨ªan centrales para su campa?a presidencial.
¡ªNaci¨®n de iguales, naci¨®n de oportunidades. El cambio, queridos j¨®venes, no ocurre de la noche a la ma?ana. A veces toma generaciones. Pero si cada uno de nosotros trabaja con una visi¨®n a largo plazo, el futuro que imaginamos para nuestras rep¨²blicas puede hacerse realidad.
El enfoque de Karen fue estrat¨¦gico: apareci¨® en la vida p¨²blica de forma discreta, liderando causas sociales que no parec¨ªan peligrosas para la oposici¨®n. Sin embargo, estaba ganando apoyo donde nadie lo notaba, y su influencia dentro del partido comenzaba a crecer. Cuando finalmente se lanz¨® a la pol¨ªtica de manera abierta, la sorpresa fue enorme, ya que la oposici¨®n no la ve¨ªa como una amenaza.
¡ªSoy un ciego ¡ªdijo An¨ªbal cuando escuch¨® en la radio su candidatura.
La campa?a
Entonces sucedi¨®. Keren inici¨® una campa?a presidencial ¡°m¨¢s directa¡±; se hab¨ªa preparado en secreto por casi tres a?os y, ahora, comenzaba a maximizar su presencia en las calles, en las plazas y en los hogares. Sus discursos resonaban con m¨¢s frecuencia y fuerza, generando una creciente rivalidad entre los partidos. Ten¨ªa tres rivales potenciales: dos ya conocidos, Gerald Reccson, del partido PM, y An¨ªbal Harrington, del partido JM, y, para sorpresa de todos, una figura llamativa y sorpresiva, Ana Uribe, del partido UL. La aparici¨®n de Uribe era inesperada, ya que hasta el momento ni su partido ni ella hab¨ªan dado se?ales de que competir¨ªan por la silla de Nept¨²n, uno de los siete h¨¦roes nacionales y fundador del Pres¨ªdium, instituci¨®n que con el tiempo ciment¨® la democracia moderna y evolucion¨® en el ex Directorio y la actual democracia.
Karen desarroll¨® una campa?a intensa y de contacto directo con la gente. Sab¨ªa que, para ganar el apoyo de las Siete Rep¨²blicas, deb¨ªa estar presente no s¨®lo en palabras, sino en acciones. Su lema, ¡°Naci¨®n de iguales, naci¨®n de oportunidades¡±, pronto se convirti¨® en un s¨ªmbolo de cercan¨ªa para la gente.
Recorr¨ªa las plazas, los barrios residenciales y rurales, a menudo acompa?ada de l¨ªderes locales y comunitarios que reforzaban su imagen de mujer del pueblo. Se mostraba accesible y humilde, abrazando a las personas, escuchando sus preocupaciones y compartiendo momentos de su vida cotidiana con ellos. Adopt¨® una postura de resistencia y uni¨®n, hablando sobre la capacidad de la humanidad para superar cualquier adversidad y de c¨®mo la construcci¨®n y el mantenimiento de los muros de este ¡°nuevo mundo¡± s¨®lo ser¨ªan posibles si todos trabajaban juntos, una preocupaci¨®n latente en aquellos d¨ªas.
Karen replicaba algunos de los gestos que su marido, Fausto, hab¨ªa popularizado durante su presidencia, como dar discursos bajo la lluvia y celebrar eventos al aire libre. Al unir su narrativa con la de ¨¦l, pero desde su perspectiva, logr¨® captar tanto a los simpatizantes de Fausto como a los j¨®venes que ve¨ªan en ella una figura independiente que continuaba su legado mientras aportaba una visi¨®n nueva y fresca.
Sus rivales adoptaron enfoques distintos. An¨ªbal, due?o del diario m¨¢s antiguo de las Siete Rep¨²blicas, "El Faro", utiliz¨® su medio para imprimir sus discursos y acciones en primera plana, posicionando su candidatura como una oportunidad de cambio fresco y moderno, con promesas de reformas econ¨®micas y una mayor libertad de informaci¨®n. Sin embargo, su cercan¨ªa a la industria medi¨¢tica despertaba dudas en algunos sectores, que lo ve¨ªan como un candidato excesivamente vinculado a intereses privados.
Gerald, por su parte, busc¨® el apoyo de los sectores conservadores en temas militares, apelando a quienes tem¨ªan que alguien como Fausto pudiera reducir la milicia. Representando una postura conservadora, Gerald abogaba por la ampliaci¨®n del ej¨¦rcito y el fortalecimiento del muro para garantizar la seguridad nacional ante posibles nuevas amenazas de los infectados. Los veteranos y aquellos preocupados por la defensa del territorio nacional se sent¨ªan atra¨ªdos hacia su campa?a. Se mostraba como el candidato de la firmeza, en contraste con la empat¨ªa de Karen.
Ana, aunque con pocos recursos, lograba captar simpat¨ªa, especialmente entre las minor¨ªas y los j¨®venes progresistas, siendo la primera mujer en representar al Partido UL. Su campa?a fue limitada y poco documentada, pero algunas de sus frases, como ¡°La libertad es para todos, no para algunos¡± o ¡°La patria es el pueblo, no el partido¡±, resonaron entre los movimientos sociales, dej¨¢ndola como una figura interesante pero fugaz.
?Qu¨¦ hac¨ªa el presidente Fausto durante esta intensa campa?a? Opt¨® por el silencio. Hab¨ªa decidido que su esposa deb¨ªa ganarse el cargo por m¨¦ritos propios, sin interferencias ni influencias de su parte. Mientras el fervor electoral se apoderaba del pa¨ªs, ¨¦l continuaba con sus responsabilidades como presidente, inaugurando obras p¨²blicas y redactando leyes, sin pronunciarse sobre la contienda pol¨ªtica. Cuando los periodistas intentaban arrancarle una opini¨®n, ¨¦l simplemente respond¨ªa:
¡ªEn estos momentos, la naci¨®n debate sobre su futuro. Es comprensible que quieran conocer mi posici¨®n, pero considero que mi postura es irrelevante. Ustedes ya la conocen.
Un periodista, intentando sonsacarle algo m¨¢s, le pregunt¨®:
¡ª?Pero cu¨¢l es su posici¨®n presidente?
¡ªUstedes ya lo saben, no hace falta que lo diga.
¡ª?Y es su esposa? ¡ªinsisti¨® el periodista.
¡ªComo dije, lo saben.
Tras estas palabras, Fausto se retir¨® de la escena p¨²blica por varios meses, dejando su silencio y su presencia cada vez m¨¢s relegados. Su distanciamiento se volvi¨® un tema medi¨¢tico constante. Algunos interpretaban su silencio como respeto al proceso democr¨¢tico, mientras que otros sospechaban que pod¨ªa haber tensiones ocultas en la pareja presidencial.
Por su parte, el vicepresidente Victorino manten¨ªa su lealtad hacia Fausto y evitaba cualquier comentario sobre los candidatos, proyectando una imagen de imparcialidad. Esta postura fue vista por la sociedad como un reflejo de la transparencia del gobierno actual y su compromiso de no interferir en el proceso electoral.
Entretanto, en las calles resurg¨ªa el debate sobre el futuro de las Siete Rep¨²blicas: la amenaza de los infectados, la seguridad, y el mantenimiento de los muros. La relativa paz que se hab¨ªa mantenido durante doce a?os bajo el gobierno de Fausto a¨²n tra¨ªa consigo incertidumbre. La gente se divid¨ªa entre quienes anhelaban un retorno a la normalidad y quienes quer¨ªan fortalecer las reformas. Los j¨®venes, en particular, anhelaban cambios que les permitieran involucrarse m¨¢s activamente en la pol¨ªtica, sinti¨¦ndose ajenos a la ¨¦poca de guerras y apocalipsis.
La campa?a de Karen generaba gran inter¨¦s, y los temas discutidos en plazas y caf¨¦s giraban en torno al futuro de la naci¨®n: ?Deb¨ªa seguir el progreso en un sentido abierto y progresista, o era mejor afianzar las defensas frente a lo incierto? Los medios tambi¨¦n desempe?aban un rol crucial, especulando sobre el silencio de Fausto y manteniendo a la opini¨®n p¨²blica en constante an¨¢lisis y debate.
En este contexto, el 10 de octubre de 4778, se organiz¨® un debate entre los cuatro candidatos presidenciales. La moderadora inici¨® con una pregunta sobre las prioridades nacionales, invit¨¢ndolos a exponer sus posturas en temas econ¨®micos, sociales y de seguridad. La discusi¨®n pronto se torn¨® en un enfrentamiento directo entre ellos. Karen fue la primera en hablar.
Conocida por su cercan¨ªa con el pueblo y su carisma, defendi¨® la estabilidad y los logros alcanzados bajo el gobierno de su esposo. Abog¨® por fortalecer la infraestructura y consolidar la paz mediante pol¨ªticas de bienestar social. Su intervenci¨®n fue clara y enf¨¢tica:
¡ªLas Siete Rep¨²blicas han sufrido y han recuperado su dignidad. No podemos retroceder; debemos llevar esta prosperidad a cada ciudadano. Sin importar en qu¨¦ rep¨²blica viva, todos estamos unidos.
Karen critic¨® a Gerald y a An¨ªbal, se?alando que sus enfoques militaristas y conservadores estaban "desfasados y alejados del pueblo." Tambi¨¦n hizo una cr¨ªtica indirecta hacia Ana Uribe, cuestionando la falta de propuestas concretas de la candidata:
¡ªEl se?or Reccson propone fortalecer la sociedad con armas. Ya sabemos c¨®mo termina eso: con muros para protegernos de los que emplearon sus armas en guerras absurdas. Respeto y apoyo a nuestra milicia, pero su visi¨®n es prehist¨®rica. En cuanto al se?or Harrington, sus insinuaciones de una ¡°dinast¨ªa¡± son absurdas. Vivimos en democracia; aspiro a un cargo respaldado por el pueblo, no a un trono mon¨¢rquico.
Ana, por su parte, permaneci¨® en silencio, dejando que las palabras de Karen calaran en la audiencia.
Luego fue el turno de Gerald, el candidato del partido PM. Con voz firme, contrast¨® su visi¨®n de una paz "fuerte" frente al enfoque de Karen, destacando como prioridad el fortalecimiento de las fuerzas armadas y la defensa nacional. Con tono desafiante, declar¨®:
¡ªLa paz no se sostiene con palabras bonitas ni con ilusiones de prosperidad infinita. La historia nos ense?a que solo una naci¨®n fuerte es una naci¨®n segura. Sabemos el da?o que provocaron esos "militares" en el pasado, pero perm¨ªtame recordarle, se?orita Freeman, que ellos segu¨ªan ¨®rdenes. Cuando perdieron su estatus y sus lujosos despachos, nos dejaron solos, aprendiendo a alzarnos y a ser aut¨®nomos. Parece que su esposo quiere volver a convertirnos en perros con correa, en esclavos sin voz ni voto sobre nuestros l¨ªderes.
Aprovech¨® para atacar la propuesta de Karen de reducir el presupuesto militar, asegurando que, bajo el mando de Fausto, el pa¨ªs hab¨ªa "olvidado" que su supervivencia depend¨ªa de una constante vigilancia. En un momento ¨¢lgido, Gerald insinu¨® que Karen ten¨ªa la ventaja de la influencia familiar, lo cual desat¨® murmullos entre el p¨²blico.
Karen respondi¨® con serenidad, aguardando su turno:
¡ªNo estoy en contra de su libertad ni de sus pensamientos, se?or Reccson. Pero perm¨ªtame recordarle algo que parece ignorar: yo no soy Joaqu¨ªn Gabriel Fern¨¢ndez Fausto; soy Karen Samanta Freeman. Las ideas de mi esposo son suyas, y las m¨ªas son ¨²nicamente m¨ªas.
El siguiente en hablar fue An¨ªbal, un astuto estratega y pol¨ªtico. Desde una perspectiva econ¨®mica, atac¨® las propuestas de sus contrincantes, se?alando que tanto Karen como Gerald ignoraban las realidades econ¨®micas de las Siete Rep¨²blicas. Con un tono fr¨ªo y anal¨ªtico, asegur¨® que los modelos actuales estaban construyendo una "falsa prosperidad" y que su plan de revitalizaci¨®n econ¨®mica permitir¨ªa una independencia real.
¡ªKaren y Gerald hablan de fuerza y unidad, pero ?qu¨¦ suceder¨¢ cuando se agoten los recursos para cumplir sus promesas? Estamos construyendo castillos en el aire, es f¨¢cil hablar de fuerza y unidad cuando se cuenta con dinero, dinero de los ciudadanos, que se dilapida d¨ªa tras d¨ªa en pol¨ªticas costosas. Y no mencionar siquiera la defensa de los muros que nos protegen me parece alarmante.
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An¨ªbal aprovech¨® para recordar que Gerald hab¨ªa apoyado pol¨ªticas econ¨®micas que en el pasado debilitaban a las peque?as industrias y cuestion¨® a Karen, sugiriendo que sus promesas de infraestructura eran "demasiado optimistas" y poco realistas.
Gerald respondi¨® sin perder la compostura:
¡ªEs curioso escuchar al hombre m¨¢s rico hablar de austeridad mientras se mantiene en primera plana con lujosos contratos. Eso s¨ª que es lo que llamo un autobrillo. Y, hablando de brillar, ?no fue usted quien trat¨® a los sindicatos zapateros como un "trabajo indigno"?
Karen tambi¨¦n contest¨® a An¨ªbal con calma:
¡ªSu preocupaci¨®n es comprensible, pero los impuestos est¨¢n para beneficiar a la poblaci¨®n, no a unos pocos. Adem¨¢s, muchas de las infraestructuras que hemos construido se financian con nuestros propios sueldos, los m¨ªos, los de mi esposo y los del vicepresidente. Puede consultar los recibos; est¨¢n disponibles en el Senado.
Finalmente, lleg¨® el turno de Ana Uribe, quien sorprendi¨® al p¨²blico con un enfoque radical. Defendiendo una ¡°democracia popular¡±, critic¨® a sus oponentes, acus¨¢ndolos de representar los intereses de las ¨¦lites y no los del pueblo. Sin vacilar, expres¨®:
¡ª?De qu¨¦ sirve un muro si el hambre y la desigualdad desgarran a nuestra naci¨®n desde adentro? Necesitamos una reestructuraci¨®n total, no parches.
Ana fue particularmente cr¨ªtica con Gerald y An¨ªbal, a quienes acus¨® de querer "mantener el status quo" para el beneficio de los poderosos. Tambi¨¦n cuestion¨® a Karen, insinuando que era la ¡°heredera de una dinast¨ªa pol¨ªtica¡±, y dudando de su capacidad para comprender los problemas reales de la gente.
Karen y Gerald optaron por ignorar sus provocaciones, pero An¨ªbal, con frialdad, le respondi¨®:
¡ªSe?orita Uribe, su partido ha sido el hazmerre¨ªr con sus posturas inestables. No en vano los llaman "Las Liebres": un d¨ªa aliados del pueblo, y al siguiente, de los poderosos. Si Sof¨ªa Sigma estuviera viva, se avergonzar¨ªa de ver en qu¨¦ se han convertido, saltando de postura en postura, desechando principios nobles en favor de un poder que jam¨¢s han tenido.
Ante esta ¨²ltima declaraci¨®n, Ana Uribe no supo qu¨¦ responder.
Y con esto, finalizaba la primera parte del debate y comenzaba la segunda. En este nuevo encuentro, el enfoque se centr¨® en las pol¨ªticas econ¨®micas necesarias para sostener la reconstrucci¨®n del pa¨ªs en un contexto donde los recursos eran limitados y los intercambios internacionales ya no exist¨ªan.
Karen defendi¨® su propuesta de una ¡°Econom¨ªa Justa¡±, que aseguraba el acceso a bienes b¨¢sicos para todos los ciudadanos. Su plan inclu¨ªa subsidios al sector agr¨ªcola y manufacturero para evitar la dependencia de las importaciones, de modo que ninguna rep¨²blica pudiera ser la llave de otra.
¡ªNuestra gente debe ser la primera en beneficiarse de los recursos que nos quedan ¡ªafirm¨® con firmeza¡ª. Rechazo cualquier pol¨ªtica que permita que los intereses individuales de otras rep¨²blicas nos lleven de nuevo a una dependencia ciega.
Gerald Reccson lanz¨® un ataque directo, acusando a Karen de crear un ¡°estado de caridad permanente¡± que estancar¨ªa el desarrollo econ¨®mico.
¡ªLo que usted propone, se?ora Freeman, no es m¨¢s que un sistema que premia la ineficiencia. Si seguimos su camino, seremos un pa¨ªs que sobrevive, pero no uno que prospera. Habla de unidad, pero tiene miedo de las siete rep¨²blicas y su razonable dependencia. Bendita hipocres¨ªa.
An¨ªbal Harrington, con su enfoque de revitalizaci¨®n, defendi¨® la necesidad de establecer acuerdos comerciales con las dem¨¢s rep¨²blicas que fomentaran la innovaci¨®n y el crecimiento interno. Sugiri¨®, adem¨¢s, medidas de austeridad para asegurar fondos destinados a proyectos a largo plazo.
¡ªLa prosperidad real no se construye en las plazas ni en las promesas; se construye con hechos s¨®lidos y decisiones firmes. Mantener los subsidios eternamente es como intentar que una nave sobrevuele el oc¨¦ano con alas de papel.
Ana Uribe conden¨® la idea de los acuerdos comerciales, advirtiendo que, en la pr¨¢ctica, solo servir¨ªan para empoderar a las grandes corporaciones.
¡ªEstamos hablando de la supervivencia del pueblo, no de los bolsillos de un pu?ado de ¨¦lites.
Nadie se molest¨® en responder o replicar las acusaciones de los dem¨¢s, lo que llam¨® la atenci¨®n de la audiencia.
Las respuestas de cada candidato reflejaban sus distintas visiones del pa¨ªs, y las tensiones subieron a¨²n m¨¢s cuando An¨ªbal sugiri¨® que Karen solo estaba sosteniendo el legado de Fausto sin tener un conocimiento profundo de econom¨ªa, lo cual Karen rebati¨® con determinaci¨®n.
¡ªNo voy a permitir ese ataque, se?or Harrington. Soy consciente de la econom¨ªa de este pa¨ªs, una econom¨ªa que est¨¢ despegando gracias a las pol¨ªticas del presidente Fausto.
Y con este cierre, comenz¨® la tercera parte del debate. La seguridad nacional fue el tema central de este nuevo encuentro, y los candidatos discutieron el mantenimiento del muro y la militarizaci¨®n de las zonas fronterizas.
Gerald Reccson fue enf¨¢tico en su postura de fortalecer la seguridad. Propon¨ªa un ¡°Ej¨¦rcito del Muro¡±, una fuerza armada permanente que vigilara las zonas de contacto con las tierras infectadas.
¡ªLa seguridad es un derecho b¨¢sico de todos los ciudadanos, y no me disculpo por decir que necesitamos una muralla de soldados. Cada desliz en nuestras defensas es una invitaci¨®n a la cat¨¢strofe. Estos muros nos protegen; en eso le doy la raz¨®n al presidente. Pero son palabras vac¨ªas sin acciones reales que puedan afianzar esa seguridad. No le faltemos el respeto a los obreros que murieron construy¨¦ndola ignorando su prop¨®sito.
Karen Freeman critic¨® la propuesta, argumentando que la militarizaci¨®n de la frontera drenar¨ªa recursos necesarios para la reconstrucci¨®n interna.
¡ªNo le faltamos el respeto a nadie, y mucho menos a los h¨¦roes que construyeron esa muralla. ?De qu¨¦ sirve una naci¨®n segura si, por dentro, est¨¢ herida y abandonada? Claro que debemos protegernos de la amenaza de los infectados. Yo s¨¦ lo que es tener miedo de ellos, s¨¦ de lo letales que son, pero no a costa del bienestar de nuestra gente en el centro de las Siete Rep¨²blicas.
An¨ªbal Harrington trat¨® de mediar, proponiendo una inversi¨®n moderada en tecnolog¨ªa de vigilancia en lugar de aumentar las tropas. Se?al¨® que era posible proteger la frontera sin desviar fondos para otros proyectos esenciales.
¡ªLos soldados no tienen por qu¨¦ estar en la frontera si podemos tener otros medios para protegernos. No hace falta una fila de soldados parados, sin hacer nada, mirando un muro 24/7, cuando solo hace falta el mantenimiento de los mismos. No se trata solo de cantidad, sino de calidad en nuestra defensa.
Ana Uribe adopt¨® una postura controversial, afirmando que el muro era una ¡°c¨¢rcel¡± que limitaba el crecimiento y aislaba al pa¨ªs. Su propuesta inclu¨ªa una mayor inversi¨®n en la comunidad y un plan de ¡°reintegraci¨®n¡± para aquellos que quedaban en zonas cercanas al muro.
¡ªNo necesitamos c¨¢rceles gigantes ni miles de soldados. Necesitamos esperanza y reconstrucci¨®n. Esta muralla es m¨¢s que una barrera f¨ªsica; es una barrera mental que nos impide avanzar.
Los tres candidatos no se quedaron callados.
An¨ªbal atac¨® ¨¢cidamente esa postura.
¡ªCierre la boca y no diga estupideces. Estos muros no son una c¨¢rcel; son la muestra tangible de miles de hombres que no se rindieron ante un entorno tan hostil y construyeron esta maravilla con sus propias manos. Son una prueba de la gran proeza del hombre.
Gerald tambi¨¦n se opuso a esa postura, tild¨¢ndola de ignorante.
¡ª?Una c¨¢rcel? No solo es irrelevante, sino que tambi¨¦n su partido es ignorante. Prueba de esto es su candidatura. ?Acaso olvidaron que fueron ustedes quienes hicieron e impulsaron nuevamente la construcci¨®n de los muros? ?No fueron ustedes quienes realizaron una gran parte del trabajo? Averg¨¹enzan al partido y a sus partidarios. Siento pena por la Uni¨®n de los Libres; siento mucha pena por Sof¨ªa Sigma, una aut¨¦ntica guerrera.
Karen se opuso a esa pr¨¦dica, aunque de manera m¨¢s suave.
¡ªConcuerdo con mis rivales. Es inaudito lo que ha dicho, se?orita Uribe; deber¨ªa pedir disculpas por ello, con todo respeto del mundo. Usted no est¨¢ capacitada para gobernar con esa mentalidad.
Este desafortunado comentario de la candidata Ana Uribe puso en jaque su carrera y logr¨® que los tres rivales estuvieran de acuerdo por unos momentos.
As¨ª, finalizaba el tercer debate para dar paso al cuarto. En esta ocasi¨®n, los candidatos abordaron el tema de los derechos sociales, con un enfoque en la juventud y los derechos laborales en las Siete Rep¨²blicas.
Karen Freeman impuls¨® su propuesta de mantener la educaci¨®n gratuita y universal como un eje para el crecimiento de una ¡°generaci¨®n resiliente¡±. Tambi¨¦n propuso programas de salud mental para los j¨®venes, pues muchos de ellos sent¨ªan ansiedad y curiosidad por querer salir de los muros.
¡ªDespu¨¦s de todo lo que hemos pasado, nuestra juventud merece un futuro brillante. No les debemos solo protecci¨®n; les debemos un plan claro, una oportunidad real de crecimiento y aprendizaje.
Gerald Reccson consider¨® que estos programas eran ¡°costosos y superfluos¡± en una sociedad que, seg¨²n ¨¦l, necesitaba prepararse para nuevos desaf¨ªos b¨¦licos. En cambio, propon¨ªa la reintroducci¨®n del servicio militar obligatorio.
¡ªLos j¨®venes deben estar listos para defender lo que es suyo. No podemos hablar de sue?os y educaci¨®n gratuita cuando ni siquiera podemos asegurar su seguridad en el futuro.
Estas declaraciones empezaron a caer mal al p¨²blico, pues muchos recordaban el servicio obligatorio como un recuerdo horrible: dos a?os de tortura f¨ªsica y psicol¨®gica.
An¨ªbal vio esta oportunidad y la utiliz¨® en su contra.
¡ªAqu¨ª me veo en la obligaci¨®n de estar de acuerdo con la se?orita Karen. La educaci¨®n debe ser gratuita y popular; quitarles eso solo para tener m¨¢s soldados refuerza la idea de que quiere ignorantes armados. No hay nada m¨¢s temeroso que un idiota con armas, y m¨¢s si esos idiotas son manejados por personas con educaci¨®n. No me haga re¨ªr, Reccson.
Gerald no se qued¨® callado.
¡ªNuestra educaci¨®n de un nivel alto. No se atreva a menospreciar nuestra educaci¨®n; es igual de eficiente que las escuelas p¨²blicas.
¡ª?As¨ª? Disparen al enemigo, el enemigo del ej¨¦rcito.
Gerald estuvo a punto de iniciar una fuerte disputa, pero el moderador suplic¨® por orden.
Ana Uribe se mostr¨® en contra de la propuesta de Gerald y sugiri¨® un enfoque de inclusi¨®n, donde los recursos se destinar¨ªan a la juventud sin distinci¨®n ni condiciones. Adem¨¢s, promovi¨® la idea de un sistema de salud inclusivo.
¡ªLa salud mental y la educaci¨®n no son lujos; son derechos. Si queremos una sociedad justa, debemos abandonar la idea de que solo algunos pueden tener acceso a ellos.
Reccson se ri¨®.
¡ªPerm¨ªtame recordarle que cuando se vot¨® la propuesta, su bloque se abstuvo. Ustedes son unas liebres.
Y con esta respuesta, finalizaba el cuarto debate y comenzaba el quinto y ¨²ltimo. Este debate se centr¨® en el tema de la cultura y la identidad nacional, en medio de una ¨¦poca en la que la sociedad se encontraba en una encrucijada entre la modernizaci¨®n y la tradici¨®n.
Karen Freeman defendi¨® la importancia de una identidad que preservara las tradiciones, adapt¨¢ndolas a los tiempos modernos.
¡ªNo se trata de elegir entre pasado y futuro; se trata de encontrar un punto de uni¨®n. Nuestra identidad es lo que nos diferencia de los zombis y lo que nos har¨¢ prevalecer.
Gerald Reccson tom¨® una postura m¨¢s r¨ªgida, afirmando que la ¡°decadencia cultural¡± era una de las mayores amenazas. Abog¨® por una educaci¨®n ¡°patri¨®tica y tradicionalista¡±.
¡ªEs hora de que volvamos a nuestras ra¨ªces. La modernizaci¨®n puede ser necesaria, pero nunca a costa de lo que nos hace ¨²nicos: la valent¨ªa y la proeza.
An¨ªbal Harrington expres¨® que la identidad cultural deb¨ªa evolucionar, proponiendo un enfoque internacionalista para las Siete Rep¨²blicas.
¡ªEl mundo ha cambiado; debemos abrirnos a nuevas ideas y enriquecer nuestra cultura con lo mejor de lo mejor.
Ana Uribe fue enf¨¢tica en su apoyo a la preservaci¨®n de la cultura popular y las tradiciones de las zonas menos desarrolladas, defendiendo un pa¨ªs ¡°para todos, no solo para las capitales¡±.
¡ªDebemos escuchar a nuestros pueblos y proteger sus tradiciones, sin imponer una identidad ¨²nica. Cada rep¨²blica tiene sus ra¨ªces, y debemos aprender a vivir en la diversidad.
Este ¨²ltimo debate mostr¨® las divergencias profundas entre los candidatos. Cerr¨® con Karen instando a la unidad nacional, mientras Gerald defend¨ªa una ¡°l¨ªnea patri¨®tica¡± y An¨ªbal y Ana abogaban por enfoques inclusivos y multiculturales. Las posturas de cada candidato estaban claras. Cada ciudadano de las Siete Rep¨²blicas hab¨ªa presenciado el intercambio de ideas y las personalidades en conflicto, dejando un terreno incierto para la elecci¨®n final.