《Goundan: Fuego Cruzado [Español/Spanish]》 Capitulo 1: El Dragè´¸n Que Pisa El Oto?o En el a?o 685, en aquel bello y libre reino llamado Feyralinn, lleno de mariposas volantes y un viento fresco mientras el sol acaricia su rostro, un joven delgado, de estatura media, de cabello negro ligeramente largo y ojos azules brillantes, Louisse Chernikov se recuesta viendo al cielo, acariciando a su amada gatita, Sombrita. Ella persigue una mariposa en cuanto ve su aletear, y con autoridad pero siendo pasivo y suave, Louisse le rega?a ¡ª ?No, Sombrita, No! ?No le hacemos da?o a los animales! ¡ª Entonces, la mariposa alza el vuelo al cielo, Sombrita la observa con las pupilas dilatadas, mientras que Louisse con admiraci¨®n. Pero una sombra hace que el brillante sol se apague por unos segundos, y mientras ven al cielo, se percatan de una creatura... Una especie de lagarto lleno de escamas brillantes de color azul oscuro, cuernos y unas alas e cola enormes qu¨¦ se agitan en el cielo; Un drag¨®n Tanto como Sombrita y Louisse se notaban m¨¢s que impresionados, y sin temer un poco, as¨ª como muchos har¨ªan de aquella majestuosa pero peligrosa criatura, ambos corrieron detr¨¢s de ¨¦l hasta el cansancio, Louisse no recuerda jam¨¢s haber corrido tan r¨¢pido en su vida, y cuando Sombrita exhausta se detuvo, Louisse la recogi¨® de el abdomen y sigui¨® corriendo. Parec¨ªa que se hab¨ªa detenido en lo alto de una monta?a, as¨ª que despu¨¦s de rezarle a las hadas para no caerse, se agarr¨® de entre las lianas, rocas y de todo aquello que tuviese un relieve, mientras Sombrita se sosten¨ªa de el cabello de Louisse. La monta?a no era tan alta, pero si estaba muy recta. Parec¨ªa que tard¨® un siglo en subir, pero lo logr¨® con un ¨²ltimo salto, mientras Sombrita sub¨ªa a el terreno firme y con su pata, le jalaba el cabello para ayudarlo a subir. Y entonces, obtuvo su recompensa al llegar a la cima: Apreciar una obra de arte de la naturaleza, como el mismo Louisse le llamar¨ªa. Aquel drag¨®n se ve¨ªa a¨²n m¨¢s aterrador de cerca: Pod¨ªas ver sus enormes fauces y colmillos al abrir su boca, sus ojos y sus pupilas tan filosas y brillantes en un profundo negro. Las escamas, que parec¨ªan un trozo de metal entero, y las garras, a¨²n m¨¢s grandes y gruesas qu¨¦ una lanza. Con una alegr¨ªa innexpresable, y Sombrita en su hombro, la cual tom¨® una posici¨®n de alerta, encorvando su espalda hacia arriba y bajando la cabeza, Louisse se acerc¨® en una forma sutil, extendiendo su mano para acariciar el hocico de el drag¨®n, el cual, sin girar la cabeza, le observaba con la mirada de una forma intimidante para aquel que no admirara tanto la belleza y ignorara tanto el peligro. ¡ª ?Hey, saca tus sucias y humanas patas de mi drag¨®n! ¡ª Y as¨ª, tanto como Louisse y Sombrita salieron disparados en un salto de precauci¨®n hac¨ªa atr¨¢s. Detr¨¢s de el drag¨®n, una elfa de estatura media, ojos azules, con un corto cabello verde turquesa, y vistiendo un short de cuero marr¨®n oscuro junto a una camiseta del mismo material, pero sobre todo, con piezas de armadura encima; Una pechera, hombreras, brazales y antebrazales, se retiraba un casco con forma de drag¨®n mientras caminaba hacia Louisse. Quiz¨¢ lo m¨¢s llamativo podr¨ªa ser su casco, una extra?a tinta simulando un antifaz alrededor de la zona de sus ojos, el hecho de que no ten¨ªa armadura en las piernas, su color de cabello, sus ojos. O el hecho de que parec¨ªa una chica de apenas 15 u 16 a?os. ¡ª ?E-Es tu drag¨®n? ¡ª Pregunt¨® Louisse, un poco acelerado por el susto, m¨¢s sin embargo, analizaba a la elfa con detalle, clavando sus ojos en cada uno de los detalles de su cuerpo y rostro. ¡ª ?Si! Y los sucios humanos no deben tocarlo ¡ª Dijo con una expresi¨®n de desprecio, Louisse pensando qu¨¦, era muy joven como para act¨²ar de una forma tan host¨ªl ¡ª ??Por qu¨¦ no?! ¡ª Pregunt¨® ofendido, la elfa se llev¨® la palma a la frente, mirando a Louisse de forma condescendiente ¡ª ?Por que no y punto! ?Los dragones son seres majestuosos y dignos de respeto, no simples animales! Ser¨ªa un insulto tocarlo con tus sucias y primitivas manos ¡ª Louisse segu¨ªa sin entender el comportamiento de la joven, pero se negaba a dejar que lo tratasen como un inferior ¡ª ?De que hablas? ?Entonces si es tan digno de respeto, quitale esas cadenas de encima! No debes de obligar a una criatura tan hermosa a llevarte como si fuera una carroza ¡ª Dijo Louisse se?alando a la montura de el drag¨®n, ofendido a¨²n por la actitud de la elfa ¡ª ?Cadenas? Tonto humano, esa es una montura. ?Y si el drag¨®n estuviese en contra de llevarla, ?no crees que ya me habr¨ªa usado de almuerzo?! ¡ª ¡ª ?Pues-! ¡ª Louisse intent¨® pensar que responder a las palabras de la elfa, pero ten¨ªan sentido. As¨ª que respir¨® un momento, as¨ª como tom¨® a Sombrita en sus brazos y le acarici¨® el lomo para calmarla, ya que esta estaba erizada e notablemente estresada ¡ª Pues tienes raz¨®n... Puede que sea como Sombrita, ella me acompa?a por que quiere, no por que la obligue... Aunque, ella es la que me monta a mi ¡ª Dijo, colocandose de vuelta a Sombrita en el hombro, ya m¨¢s calmada comenz¨® a acariciarse contra la mejilla de Louisse ¡ª No se te ocurra volver a comparar a Wavenstorm con una gata enana. ¡ª Dijo la elfa de forma arrogante, acariciando las escamas de Wavenstorm. Louisse le mir¨® con los ojos entrecerrados, demostrando su recelo y desgarrado y gru?¨® suavemente ¡ª Hmmg... ?Cu¨¢l es tu problema? ¡ª Pregunt¨®, mientras la clav¨® sus ojos en los de ella. Se ve¨ªan brillantes, "como el mar" ¡ª ?Mi problema? Hmmm... Veamos... ?Ah, si! Estoy en una misi¨®n importantisima y un ni?o me acaba de interrumpir ¡ª Dijo, haci¨¦ndose la tonta al inicio y terminando con un tono sarc¨¢stico ¡ª Ah, ?Y tu misi¨®n "Importantisima" es pararte enmedio de una monta?a? ?Dime, ?quien eres?! ?Como conseguiste un drag¨®n? ?Quiero uno! ?Y no soy un ni?o. Tu pareces la ni?a, elfa enana! ¡ª Louisse contestaba de la misma forma sarc¨¢stica y hostil, y la elfa se not¨® ofendida por el ¨²ltimo comentario de Louisse. Frunci¨® el ce?o notablemente molesta, apart¨® a un lado a Louisse con la mano, y comenz¨® a buscar en el equipamiento que el drag¨®n cargaba en su silla de montar ¡ª ?Hmmm-! ?Ni?a elfa, contestame! ¡ª ¡ª ?Ni una palabra m¨¢s, o le ordeno a mi drag¨®n que te coma! ¡ª Enseguida el drag¨®n volte¨® la mirada a Louisse, y pareci¨® sonreirle ligeramente de forma macabra mientras se lamia los colmillos. Enseguida Sombrita salt¨® de Louisse, como intentando salvarse por si acaso se lo com¨ªan ¡ª Ay... Bueno... ¡ª Dijo asustado y triste sobre todo, al ver la actitud del drag¨®n contra el. La elfa sac¨® una especie de kit para armar casas de campa?a, y una hacha peque?a ¡ª A ver ya que est¨¢s aqu¨ª quit¨¢ndome mi tiempo... ?Humano!, con mi autoridad te ordeno cortar algo de le?a para la fogata ¡ª Dijo la elfa con normalidad, mientras le extend¨ªa la hacha. Si bien, recibi¨® la hacha Louisse cruz¨® los brazos y desv¨ªo la mirada con una sonrisa orgullosa This story is posted elsewhere by the author. Help them out by reading the authentic version. ¡ª Me niego ¡ª ¡ª ?Ayy, Ash! ¡ª Grit¨® frustrada la elfa, para despu¨¦s echarlo ¡ª ?Entonces fuera! ¡ª Dijo se?alando hacia la derecha, sin indicar un lugar en especial. ¡ª Espera, espera... Te ayudar¨¦ a cortar la le?a... ?Pero a cambio me contar¨¢s quien eres, como hiciste para conseguir un drag¨®n, y que haces aqu¨ª! ¡ª ¡ª Me niego ¡ª Ofreci¨® con entusiasmo Louisse, mientras se dirig¨ªa a unos troncos derribados cercanos y comenzaba a talarlos, pero de forma contundente, copiando a Louisse, la elfa se neg¨® a hacerle caso ¡ª Ya no hay de otra, ya estoy cortando la le?a ¡ª Respondi¨® Louisse, animado por conseguir las respuestas que ahora tanto necesitaba recibir ¡ª Ush... Como sea. Sigue cortando la le?a, no te dir¨¦ nada ¡ª As¨ª entonces, con la exhaustiva ayuda de Sombrita y en un ambiente inc¨®modo para la Elfa, pero emocionante para Louisse, termin¨® de cortar la le?a y empez¨® a ayudar a preparar la hoguera, mientras que la elfa termin¨® de armar la casa de campa?a. El drag¨®n tom¨® un par de troncos viejos y derribados, agujereados por las termitas con sus patas y sin hacer un m¨ªnimo esfuerzo, los coloc¨® frente a la hoguera para usarlos como asiento. En cuanto Louisse vi¨® esto, qued¨® m¨¢s que impresionado mientras sus ojos brillaban de emoci¨®n, y no pudo evitar reconocer en voz alta la inteligencia de Wavenstorm ¡ª ?Waah! ?Pero si eres un drag¨®n muy inteligente! ¡ª Aunque esto hizo que Sombrita se enojara y mordiera a Louisse en la pierna, y este, para contentarla, le reconoci¨® que, si fuera tan grande y fuerte, est¨¢ seguro de que tambi¨¦n le ayudar¨ªa de esa forma, pues es una gatita muy inteligente. ¡ª Ay... Tu tambi¨¦n eres una gatita muy inteligente, Sombrita ?La gatita m¨¢s inteligente de todas! No te preocupes, cuando crezcas grande y fuerte, me podr¨¢s ayudar a traer ramitas para alimentar el fuego ¡ª Finalmente la elfa, viendo con desd¨¦n a Louisse por la forma en la que se expresaba, como si fuese un bicho raro, se sent¨® cruzando las piernas de una forma elegante, y Louisse se sent¨® en el tronco contrario con las piernas abiertas, sin destacar demasiado ¡ª Hmmm... ¡ª Dijo Louisse, ansioso por el silencio, sin poder aguantar su curiosidad ¡ª ?C¨®mo te llamas, Elfa? ¡ª Pregunt¨®, viendo a la elfa, quien de su mochila parec¨ªa estar sacando un enorme sandwich, Louisse, clavando sus ojos en la parte inferior del cuerpo de ella ¡ª Celeste Highscale ¡ª Respondi¨® de forma fr¨ªa y algo desinteresada ¡ª Hmmm ¡ª Volvi¨® a hacer una expresi¨®n curiosa, intentando llenar el silencio con sus murmullos, y entonces se disculp¨® mientras ve¨ªa las piernas de Celeste ¡ª Bueno Celeste... Yo soy Louisse, Louisse Chernikov... Perd¨®n por lo de hace rato, me pas¨¦ un poco... Lo que pasa es que, me pareci¨® muy grosero que te comportaras as¨ª y me enoj¨¦... ¡ª Dijo bajando la mirada, notablemente sinti¨¦ndose culpable ¡ª Hmm... Bien. Te perdono, humano. Pero deja de verme as¨ª ¡ª Dijo, poniendo sus manos las cuales sosten¨ªan el sandwich en el medio de sus piernas, cubriendose. ¡ª ?Ah?... ?Lo siento! Es que... Tienes un casco, pechera, y toda la armadura de arriba del cuerpo... Pero no tienes armadura en la parte de la cintura, entrepierna, piernas ni zapatos... ¡ª Dijo Louisse se?alando su parte baja del cuerpo, mientras que la elfa se ve¨ªa a¨²n m¨¢s molesta por que le apuntaran con el dedo de esa forma ¡ª Ush, si que eres un sucio humano indecente. Pues, es por que as¨ª es m¨¢s ¨®ptimo para mi el montar. ¡ª Entonces ella respondi¨®, visiblemente molesta por la actitud tan curiosa de Louisse, pero este, a¨²n curioso sigui¨® preguntando ¡ª ?¨®ptimo? ¡ª La elfa suspir¨® y despu¨¦s de terminar de m¨¢sticar una mordida a su sandwich, el cual parec¨ªa llevar pollo y un mont¨®n de verduras, contest¨® con detalle a su duda, esperando que as¨ª dejase de preguntar vanalidades ¡ª Si. Ver¨¢s; Hay armaduras especiales para nosotros, los jinetes de dragones, las cuales se adaptan a su estilo de pelea y su cuerpo. En mi caso, como tengo unas piernas m¨¢s cortas al promedio elfico, si me coloco armadura en las piernas, entonces me ser¨¢ inc¨®modo si necesito saltar de mi drag¨®n o volverme a montar a el. Adem¨¢s de que, mi armadura es una un poco ligera... Y acerca del casco, es necesario usarlo al montar. Est¨¢ equipado con unos visores de un cristal especial y su estructura permite que el aire no golpee contra tu cara al volar. Ah, y la raz¨®n por la cual no he escogido usar una armadura aunque sea a mi medida, es por que soy una arquera ¡ª Dijo, se?alando un arco corto y un carcaj con flechas cortas que se mostraban sobresaliendo de su mochila, a sus pies. ¡ª Woow... ?Y, que haces por aqu¨ª, Celeste? ¡ª Pregunt¨® de nuevo, sin saciar un poco de su curiosidad mientras Sombrita se quedaba dormida en su regazo ¡ª Hmmm... He venido a reconocer el terreno, pues nuestro reino tiene una misi¨®n muy importante que cumplir¡ª Enseguida, Louisse, ahora m¨¢s hambriento de curiosidad pregunt¨® ¡ª ?Ohh, Entonces vienes del reino de los Elfos, "Whataryn"! ?Y cual es esa misi¨®n? ?Dejame ayudarte! ¡ª La elfa lo analiz¨® con la mirada, pensando si contarle, o no, pero termin¨® cediendo, por el aburrimiento ¡ª Pues... No tiene sentido ocultartelo si los hombres ya est¨¢n en movimiento.... Hace casi 650 a?os, los humanos de Queenland nos arrebataron el regalo de la inmortalidad a los elfos... Desde entonces, solamente vivimos hasta los 100 a?os como promedio, o 120 como m¨¢ximo, aunque claro, hay sus excepciones... El tema es que, desde entonces, todos los elfos nacidos no somos inmortales... ¡ª Louisse se ve¨ªa impresionado pero curioso por la revelaci¨®n ¡ª Pero... ?Ya pas¨® mucho tiempo! ?Vale la pena intentar recuperar su inmortalidad? Adem¨¢s, ?Dices que entonces la inmortalidad es una reliquia o un objeto que el reino de los magos esconde? ¡ª Celeste neg¨® con la cabeza ¡ª Los elfos ancianos, la organizaci¨®n qu¨¦ reina Whataryn, han vivido m¨¢s de 1200 a?os. Para ellos, todav¨ªa se puede recuperar lo que hace tanto para nosotros, ellos perdieron... ?Mejor dicho, lo que nos arrebataron!... Y acerca de la recuperarla... No lo s¨¦... Dicen que, es por la tierra... Al los Elfos huir de la tierra y irse a las islas, los Elfos, perdieron su conexi¨®n con la tierra de la Diosa Mayor... ¡ª Louisse se llev¨® el dedo al ment¨®n, pensativo y algo confundido ¡ª Pero entonces, en todo caso, a ti no te arrebataron nada... Si naciste mortal, y tus pap¨¢s y abuelos tambi¨¦n, entonces no les arrebataron nadita... ?Por que pelear por algo que no te afecta? ¡ª La elfa neg¨® la cabeza, aunque, curiosamente no se notaba molesta como con lo del drag¨®n hace tiempo ¡ª No entiendes... ?Los elfos somos bellos... Majestuosos, as¨ª como los dragones... Aquello que nos diferencia es justamente que no somos simples mortales! Bueno... Que no ¨¦ramos simples mortales... ¡ª Louisse segu¨ªa pensativo, ideando qu¨¦ decir... ¡ª ?No es cierto, tus orejotas puntiagudas tambi¨¦n te hacen distinta! Y tambi¨¦n lo de tratar mal a los dem¨¢s... ¡ª La elfa, solt¨® una peque?a risa y se llev¨® la mano a la boca para ocultar esta misma ¡ª Tu ignorancia y torpeza te destacan, humano. Claramente no hablo de aspecto f¨ªsico y personalidad. Pero bueno... Seguro que es algo que no entiendes por tu raza. Mejor dime, quien eres t¨², molesto humano. ¡ª Pregunt¨® la elfa, cambiando de tema. Estaba hablando demasiado, y en vano, pues evidentemente el joven humano no entender¨ªa de una cultura a la que no pertenece ¡ª Ah... ?Cruzaste el r¨ªo del norte? ¡ª Dijo Louisse con ¨¢nimos, mientras Sombrita comenzaba a ronronear ¡ª Ohh, si. ?Vives en una de las caba?as en el pie del r¨ªo? ¡ª Dijo Celeste, recordando que cerca de el r¨ªo hab¨ªan varias caba?as de madera con techos de paja, y gente que vest¨ªa igual a Louisse mientras volaba en su drag¨®n ¡ª ?Nope! Vivo en el castillo sobre el lago de donde tambi¨¦n se conecta el rio! Mis pap¨¢s son los Chernikov... Y as¨ª... Viven entre los lujos que las hadas les dan a cambio de adulaci¨®n ¡ª Dijo Louisse, como si no fuera la gran cosa, haciendo dif¨ªcil creer sus palabras, pues cualquiera pensar¨ªa que est¨¢ siendo sarc¨¢stico o jugando. elfa se notaba incr¨¦dula, y nuevamente ri¨®, llev¨¢ndose la palma a los labios ¡ª ?Tu, un noble? Pero tan solo mira tu ropa... Pantalones cortos rasgados de color negro, una playera crema y un chaleco marr¨®n.... Ah, y una corbata mal amarrada en tu cuello... Entonces dime, ?Que hace un noble vestido as¨ª, aqu¨ª? ¡ª Dijo, con algo de condescendencia, inclinandose ligeramente hacia Louisse, m¨¢s que todo, burl¨¢ndose de el. ¡ª Estar encerrado es aburrido. Que todos siempre te adulen es aburrido... El arte de los pintores es aburrido y vac¨ªo, pintan solo lo que quieres que pinten, sin alma... ?La naturaleza es el mejor pintor! Por eso vine a apreciar a tu drag¨®n... ?Se llamaba Wavenstorm, cierto? ¡ª ¡ªSi, as¨ª le nombraron... Y acerca de lo que dices... Pues no te equivocas demasiado... Hmmm, puede que no seas tan tonto como act¨²as y pareces, humano... Aparentas comprender un poco, al menos, la belleza. Aunque sigues siendo muy torpe ¡ª Dijo, siguiendo tratando a Louisse como un inferior, m¨¢s sin embargo este parec¨ªa ya no ser afectado por esto, al contrario, intentaba encontrarle lo bueno a las palabras que, para la elfa eran un cumplido al reconocer "Algo de sus carentes cualidades", pero para cualquiera ser¨ªa un insulto incluso ¡ª Simplemente no me interesa lo que no tenga que ver con... ?La tierra! Pensaba en tener un santuario, pero no quiero encerar a ning¨²n animal. En su lugar, viajar¨¦ por el mundo cuando sea lo suficientemente mayor, para conocer a todas las criaturas, plantas e flores, y apreciar su belleza, dime ?Y tu? ¡ª ¡ª ?Y yo? Hmmm... Nunca lo hab¨ªa pensado... ¡ª Dijo mientras imitaba la postura pensativa de Louisse, colocandose el pu?o debajo de el ment¨®n mientras apoyaba su codo en su muslo y bajando un poco la mirada ¡ª ?Aaahhh! ?Mi escuadr¨®n no tarda en venir, debes irte, Louisse! ?Olvid¨¦ que vendr¨ªan al caer la luna! ¡ª Dijo levant¨¢ndose de golpe y tomando de la mu?eca a Louisse, llev¨¢ndolo cerca del barranco de la monta?a ¡ª ?Waah, espera Celeste! ¡ª Entonces, la elfa lo tir¨® del barranco, a pesar de verse delgada y delicada, logr¨® lanzarlo sin problema por el barranco, este cerr¨® los ojos asustado, prepar¨¢ndose para el golpe mientras Sombrita se despert¨® asustada, y se agarr¨® de la cara de Louisse con las garras, pero antes de estamparse contra la dura roca de el suelo, comenz¨® a flotar lentamente y descendi¨® de pie como si nada ¡ª ?Ehh...? ¡ª Dijo confundido, mientras se toqueteaba por todos lados, y as¨ª mismo, Sombrita se le subi¨® a la cabeza, y comenz¨® a olerlo ¡ªEstamos... Vivos, Sombrita... ?As¨ª se sentir¨¢ volar en drag¨®n? ?Wahh, hay que hacerlo de nuevo hahaha! ¡ª Dijo emocionado, mientras se bajaba a Sombrita de la cabeza, y esta se notaba muy asustada, solamente atin¨® a maullar suavemente ¡ª ?Ella debi¨® usar magia para suavizar nuestra ca¨ªda, claro! Siendo una jinete, debe de conocer conjuros para caer lento... Pero no me cont¨® que lanzaba conjuros... En fin, vamos a casa Sombrita, me di¨® hambre al ver el sandwich de Celeste... ?T¨¦ compartir¨¦ de nuestro sandwich de pollito! ¡ª Dijo, mientras comenzaba a caminar hacia el lugar donde inicialmente estaba acostado, y recogi¨® un especie de bast¨®n afilado, una lanza de madera, de el suelo. Capitulo 2: Los Hermanos Chernikov Cap¨ªtulo 2: Los Hermanos Chernikov
En un largo pasillo adornado con pinturas y todo tipo de esculturas e reliquias antiguas colgadas en las paredes de enormes ladrillos de una roca blanquecina y brillante, junto a una alfombra qu¨¦ se posaba sobre el suelo de madera se pod¨ªa escuchar un parloteo, perteneciente a alguien de voz grave pero joven. ¡ª Nah, tienes que escucharme bro. La clave est¨¢ en aliarnos con otros reinos y comerciar¡­ ?Tenemos un mont¨®n de minas sin explorar! Imagina tan solo, la cantidad de ayuda y mejoras que podr¨ªamos instalar en los pueblos, si tan solo abrimos un poco m¨¢s¡­ ¡°La mente¡± ?Vamos, Konstantino, s¨¦ que me entiendes! Dec¨ªa entusiasmado un hombre alto y ligeramente musculoso, con un par de lentes de sol, una elegante camisa roja con dos botones desabrochados mostrando su vello en el pecho, cabello negro con mechones casta?os, en un peinado desordenado, con un corte de cabello medio largo y ojos azules oscuros. Entonces con una risa suave y elegante comunicada por un hombre delgado, con un peinado dividido a la mitad adornado por su cabello negro profundo, y bien vestido con saco, chaleco, camisa y corabata e ojos igualmente azules, solo que menos alto que su compa?ero de charla, sosten¨ªa una copa de lo que parec¨ªa ser vino y contestaba. ¡ª Reconozco tu entusiasmo, peque?o Linway. Pero debes comprender que no todo se trata acerca de riquezas, incluso si es para un objetivo noble... ¡ª Entonces, por el pasillo, al lado contrario, se escuchaba un canto alegre. Louisse, caminaba con alegr¨ªa mientras cargaba un par de palomas que parec¨ªa haber casado con su lanza, mientras Sombrita, en sus colmillos cargaba una lagartija. ¡ª ?Se?orito Louisse, por favor, est¨¢ ensuciando la alfombra, tiene los zapatos todos llenos de tierra lodosa! ¡ª Dec¨ªa una mujer de estatura baja con pelaje por todo el cuerpo, dos orejas bien largas y esponjosas, y una cola pomposa; Una mujer-bestia conejo, la cual vest¨ªa un vestido de sirvienta, lleno de volantes blancos de encaje adornando la tela negra ¡ª ?No te preocupes Mishka, lo limpiar¨¦ yo despu¨¦s! Primero es la comida, despu¨¦s lo dem¨¢s ?Verdad, Sombrita? ¡ª ¡ª Miau! ¡ª Dijo con amabilidad Louisse, dirigi¨¦ndose a la aparente sirvienta, mientras parec¨ªa que Sombrita le comprend¨ªa, al reafirmar las palabras de este mismo. ¡ª ?Oh, pero...! Se?orito, la cena est¨¢ en la cocina... Me encargu¨¦ de preparar filete de ciervo con manzana agridulce, salsa de bayas rojas y ar¨¢ndanos con nueces fritas! ¡ª Dijo, continuando enlistando todo el banquete que ten¨ªa para esa noche, mientras segu¨ªa intentando seguirle el paso a Louisse ¡ª ?Suena muy rico, Mishka! Pero lo siento, no puedo comer eso... Cazo mi propio alimento, y el de Sombrita. As¨ª, mi conexi¨®n con la tierra es m¨¢s amplia, as¨ª puedo pedirle perd¨®n y a la vez agradecerle por el alimento ¡ª ¡ª P-Pero se?orito ¡ª Dijo con seguridad Louisse, as¨ª como diariamente lo hac¨ªa, haciendo hincapi¨¦ en que, solamente as¨ª pod¨ªa desearle eterno descanso a aquellas bestias a las cuales ten¨ªa que sacrificar para poder alimentarse, y Mishka intentaba hacer obedecer a Louisse, pues siempre preparaba comida para el de ni?o, y desde hace unos meses que adopt¨® esa ideolog¨ªa. Entonces, se cruz¨® frente a sus dos hermanos; Linway y Konstantino. Enseguida, Konstantino se detuvo de su charla, y tom¨® del hombro a Louisse, quien frente a ellos, se ve¨ªa enano a comparaci¨®n. ¡ª ?Y hablando de! Ven aqu¨ª, peque?o Louisse. Quiero que tambi¨¦n escuches lo que le dir¨¦ a Linway ¡ª Louisse y Sombrita voltearon a ver a Konstantino, algo confundidos, y enseguida Louisse intent¨® escapar dando sus razones ¡ª Estaba de camino a la cocina, Konstantino... ?Puede ser despu¨¦s? ¡ª Con su autoridad como hermano mayor, pero de forma suave, Konstantino coloc¨® su palma sobre la espalda de Linway y Louisse, y comenz¨® a llevarlos entre los largos y amplios pasillos hasta el comedor y la cocina ¡ª Puede ser en la cocina, pero escucha con atenci¨®n, Louisse ¡ª Ambos segu¨ªan a su hermano mayor, m¨¢s sin embargo Louisse miraba con recelo a Linway, ahora por algo el no hizo, iba a recibir uno de esos sermones. Mientras tanto, Linway disfrutaba de hacer la m¨ªmica con su mano de robarle la lagartija de la boca a Sombrita, la cual le lanzaba zarpasos para que no tocara a su presa. Como respuesta a esto, Louisse miraba a Lonway con la mirada de recelo que le aprendi¨® a Celeste. En el camino, dentro de el comedor, sentado hasta el final de la gran mesa, se encontraron a un hombre alto de cabello color crema con cuernos de ciervo, ojos negros y un traje marr¨®n con corbata roja; Otro semibestia, el cual se encontraba revisando unas cartas. En cuanto el tr¨ªo se acerc¨®, guard¨® las cartas y observ¨® con atenci¨®n, Louisse se dirigi¨® a la cocina, que se encontraba detr¨¢s de una barra justo frente a la mesa del comedor, Konstantino y Linway se sentaron frente a frente, justo a un lado de el hombre ciervo. ¡ª Oh, buenas noches, Cerwyn. Disculpa que te interrumpamos, pero debo de hablar de algo muy importante con mis hermanos ¡ª Dijo Konstantino, agitando su mano en un saludo, mientras Cerwyn volteaba hacia el, y le sonre¨ªa ¡ª No te preocupes, Konstantino. Ahora mismo te dejo en privacidad con tus hermanos ¡ª Dijo levant¨¢ndose de la mesa, y comenzando a recoger sus cartas, m¨¢s sin embargo Konstantino lo detuvo tom¨¢ndole el hombro ¡ª Oh, no. No te apures, Cerwyn. Qu¨¦date. Nadie sabe m¨¢s de tradici¨®n qu¨¦ tu ¡ª Cerwyn, aunque algo confundido, asinti¨® y volvi¨® a sentarse. Mientras tanto, Louisse ya hab¨ªa comenzado a desplumar las palomas y a preparar su comida. Konstantino, tras asegurarse de que todos estaban atentos, tom¨® la palabra. ¡ªLo que dijiste antes, Linway¡ª comenz¨® con seriedad ¡ªno podemos tomar decisiones en nombre de nuestro pueblo sin entender las consecuencias. Somos un pa¨ªs libre, y la ¨²nica raz¨®n por la que somos considerados nobles es por nuestra relaci¨®n con las hadas, pero no m¨¢s que eso. No somos reyes ni se?ores feudales.¡ª Linway frunci¨® el ce?o, claramente desconcertado por las palabras de su hermano. ¡ªNuestro padre reparti¨® las tierras entre los humanos, los Feralis y los Malakai para evitar conflictos y mantener la paz. No cobramos impuestos ni nos apropiamos de lo que no es nuestro. Si empezamos a explotar recursos en nombre de nuestro gobierno, corremos el riesgo de generar resentimiento y conflictos. Las hadas nos han advertido que la riqueza trae corrupci¨®n. Si los pueblos deciden comerciar, debe ser por su propia voluntad, no por la nuestra.¡ª Stolen content warning: this content belongs on Royal Road. Report any occurrences. Louisse, al principio, hab¨ªa estado distra¨ªdo con la preparaci¨®n de su comida, pero las palabras de Konstantino empezaron a resonar en ¨¦l. Linway, por su parte, no pudo evitar expresar su frustraci¨®n. ¡ªPero, ?no vale la pena arriesgar un poco si con ello podemos mejorar sus vidas?¡ª replic¨®. ¡ªNo estoy diciendo que seamos corruptos. Si organizamos el trabajo, podr¨ªamos mejorar la infraestructura, la educaci¨®n... Estoy seguro de que todos estar¨ªan m¨¢s felices.¡ª Cerwyn, que hab¨ªa escuchado pacientemente hasta ese momento, intervino con voz suave pero firme. ¡ªJoven Linway¡ª comenz¨® ¡ªtu esp¨ªritu es admirable, pero debes recordar que lo que hemos logrado no fue f¨¢cil. Unir a los Feralis y a los Malakai, seres que vivieron en guerra por siglos, es un logro sin precedentes. Aunque hay paz, sus costumbres y territorios siguen siendo sagrados para ellos. Si interferimos demasiado, podr¨ªamos desestabilizar todo lo que hemos construido.¡ª Linway, aunque frustrado, no pudo evitar asentir ante la l¨®gica de Cerwyn. Su hermano Konstantino le dio una palmada en la espalda. ¡ªNo te desanimes, hermano. Encontraremos una manera de incorporar tus ideas sin sacrificar lo que hemos logrado¡ª dijo con una sonrisa. Mientras tanto, Louisse hab¨ªa terminado de preparar su comida y hab¨ªa desollado la lagartija para que Sombrita pudiera disfrutarla. El joven miraba de reojo la conversaci¨®n entre sus hermanos, mientras concentraba su atenci¨®n en cocinar su propia comida, sumido en sus pensamientos. ¡ªAhora bien, Cerwyn¡ª dijo Konstantino levant¨¢ndose. ¡ªHay algo m¨¢s, y urgnete, de lo que quiero hablar contigo en privado. Vamos a mi despacho. Ambos se levantaron y salieron del comedor, dejando a Louisse y Linway solos. El silencio rein¨® por un momento, solo interrumpido por el sonido del agua hirviendo y el suave crujido de la le?a, y enseguida otro chico entr¨® a la habitaci¨®n: Se ve¨ªa en un punto medio de edad entre Linway, quien aparentaba tener veinte a?os de edad y Louisse, quien parec¨ªa tener diecis¨¦is. Era algo alto, aunque no tanto como Linway, mientras que su ropa era algo elegante pero desalineada a la vez: Vest¨ªa de una camisa blanca con corbata roja, pero sobre si, tra¨ªa una capa roja con l¨ªneas negras, y unos pantalones de cuero junto a unas botas negras. Su cabello era grisaceo y corto, aunque con bastante volumen qu¨¦ lo hac¨ªa ver m¨¢s largo. Al igual que sus hermanos, sus ojos eran azules, pero eran un poco m¨¢s abiertos y alegres como los de Louisse. ¡ª Ushh... Parece que los rega?aron por incultos haha ¡ª Dijo, acerc¨¢ndose a la silla frente a Linway, extendiendola hacia afuera y sent¨¢ndose con las piernas abiertas, en una forma bastante carente de etiqueta. ¡ª ?Hola, Francois! Hmmm, ?por que te preocupas tanto por la organizaci¨®n del reino, Linway? Todav¨ªa te faltan muchos a?os para tomar el mando as¨ª como Konstantino... Adem¨¢s, no pens¨¦ que ser¨ªas as¨ª de aburrido ¡ª Pregunt¨® Louisse, mientras le daba de comer los huesos de la lagartija a Sombrita con su propia mano ¡ª Ahh... Pues, es que... A este lugar le falta estilo, solo eso haha ¡ª Dijo Linway, cruzando los brazos y cerrando sus ojos con una amplia sonrisa hacia su hermano menor. Francois escuchaba con atenci¨®n a sus dos hermanos, pero al ver el silencio, mientras Louisse se daba la vuelta a seguir cocinando, y al no tener nada m¨¢s de lo que charlar, Linway tambi¨¦n abandonaba la habitaci¨®n caminando con extravagancia, despidiendose chocando el pu?o con Francois ¡ª ?Y bien, Louisse. Donde te perdiste todo el d¨ªa? Siento no haberte acompa?ado hoy, pero ten¨ªa que entrenar con el hacha de batalla. Todav¨ªa hay muchas fallas en mi t¨¦cnica ¡ª Dec¨ªa Francois, sobandose los moretones de los brazos, enseguida Louisse sac¨® los pollos de el agua y los empez¨® a emplatar con emoci¨®n ¡ª No me vas a creer lo que hice hoy... ?Toqu¨¦ un drag¨®n con mis propias manos! ¡ª Francois sonri¨®, pareciendole tiernas las "mentiras" de su hermano ¡ª ?Aj¨¢? ?Y despu¨¦s lo montaste y recuperaste un tesoro escondido? ¡ª Dijo con esa ancha sonrisa, de forma burlona. Louisse le mir¨® con algo de recelo ¡ª Hmmm... ?Si vi un drag¨®n! Aunque la verdad es que no lo toqu¨¦... ?Pero estuvimos cerca!, ?verdad Sombrita? ¡ª La gatita negra maull¨® mientras segu¨ªa masticando los huesos de la lagartija. Louisse llevaba los platos a la mesa, compartiendole una de sus aves a su hermano, el cual le agradeci¨® enseguida ¡ª Haha... No te creo ni un poco. Cu¨¦ntame a detalle que se supone que viste ¡ª Louisse se notaba molesto por la incredulidad de su hermano, pero a¨²n as¨ª extendi¨® su explicaci¨®n ¡ª Pasa qu¨¦, vimos un drag¨®n volar en el cielo, y se pos¨® en una monta?a la cual escal¨¦, ?Mira! Por eso estoy lleno de tierra y raspones ¡ª Dijo extendiendo el brazo y arremangandose la camiseta, mostrando varios raspones y moretones. Francois prestaba atenci¨®n y dejaba que hablase abiertamente sin interrumpir ¡ª Entonces, una elfa de mi edad, jinete de drag¨®n, apareci¨® detr¨¢s del drag¨®n y me rega?¨®... Despu¨¦s la ayud¨¦ a poner un campamento pero tuve que irme, pues sus amigos estaban a punto de llegar ¡ª Francois se mostraba interesado, pero a¨²n un poco incr¨¦dulo por la normalidad con la que le contaba la an¨¦cdota ¡ª Hmmm ?Jinete de drag¨®n? Haha... Eso suena a un t¨ªtulo muy alto para una ni?a ¡ª Louisse parec¨ªa frustrarse m¨¢s viendo que su hermano segu¨ªa sin creerle, as¨ª que golpe¨® con ambas manos la mesa y con una sonrisa desafiante observ¨® a Francois ¡ª ?Pues entonces le dir¨¦ que venga con su drag¨®n, y te comer¨¢s tu incredulidad con papas! ¡ª Francois solt¨® unas leves risas burlonas a su hermano menor y sigui¨® devorando las piezas de ave que su hermano le sirvi¨®, mientras Louisse le regalaba una ala a Sombrita, quien igualmente estaba sentada una silla peque?a frente a la mesa. Louisse comenz¨® a colocarle un babero a Sombrita ¨C Bien, entonces cuando vea ese drag¨®n con mis ojos te creer¨¦ haha. Mientras tanto, termina de cenar y ve a dormir, ya es muy tarde. Gracias por el pollo hermanito, nos vemos ma?ana ¡ª Dijo, terminando de m¨¢sticar y marchandose de la habitaci¨®n. Enseguida, Louisse y Sombrita se terminaron su ave igualmente y se marcharon hacia sus habitaciones... En los pasillos, Louisse se encontr¨® a Mishka limpiando las manchas de tierra que este mismo hab¨ªa dejado hace una hora. Este se disculp¨® y le sonri¨® a Mishka, d¨¢ndole unas caricias en la cabeza y finalmente entrando a su habitaci¨®n a dormir, aunque le cost¨® bastante por las cosas incre¨ªbles que hab¨ªa vivido hace unas horas, pero de tanto so?ar despierto termino qued¨¢ndose dormido. Por la ma?ana, un sonido agudo y rechinante despert¨® a todo aquel que estuviese dormido en el castillo: A la ma?ana siguiente, un sonido agudo y fuerte despert¨® a todo el castillo: goblins, orcos y todo tipo de Malakais lanzaban piedras a las ventanas y agitaban palos en el aire mientras cantaban un himno extra?o en su lengua, que Louisse y Francois no comprend¨ªan. Pero Konstantino y Linway, que conoc¨ªan algo de esa lengua, interpretaron el mensaje: "Somos fuertes, y tomamos lo que nos pertenece." Louisse y sus hermanos se asomaron por las ventanas del castillo y vieron al frente de la turba a un enorme orco, Tarok, l¨ªder de los Malakais. Asustados, los hermanos salieron de sus habitaciones para investigar qu¨¦ estaba ocurriendo, pero Konstantino los detuvo antes de que pudieran salir al patio. ¡ª Qu¨¦dense aqu¨ª. Yo hablar¨¦ con ellos. ¡ª Con una mezcla de miedo y determinaci¨®n, Konstantino orden¨® a Mishka que vigilara a sus hermanos, quienes aceptaron no por temor a ella, sino por respeto a su autoridad. Konstantino sali¨® del castillo y camin¨® hasta el puente donde los Malakais esperaban, claramente enojados. ¡ª ?Calma! Por favor, calma. Ya estoy aqu¨ª. D¨ªganme cu¨¢l es el problema. ¡ª Tarok dio un paso al frente y respondi¨® con su voz grave y ronca: ¡ª ?Konstantino! ?Los Feralis nos est¨¢n molestando! ¡ª Konstantino, confundido, pregunt¨® de qu¨¦ hablaba. ¡ª ?Gente perro y gato poner campamentos frente a nuestras tierras! ?Nos est¨¢n invadiendo! ¡ª ¡ª ?Qu¨¦? ¡ª Tarok explic¨® que los Feralis, un grupo que habitaba en las tierras cercanas, estaban instalando campamentos en territorio que los Malakais consideraban suyo. Pero Konstantino segu¨ªa sin entender del todo. ¡ª ?Por qu¨¦ est¨¢n all¨ª? ?Qu¨¦ buscan? ¡ª ¡ª ?Nosotros no saber! ?Pero si no se van, atravesaremos sus cabezas en nuestras lanzas! ¡ª El tono de Tarok era cada vez m¨¢s amenazante, y los Malakais comenzaron a corear "?Cabezas en lanzas! ?Cabezas en lanzas!" Konstantino levant¨® las manos, intentando calmar a la turba. ¡ª Est¨¢ bien... Ordenar¨¦ a los Feralis que regresen a su territorio. Ahora, por favor, vuelvan a sus asentamientos. ¡ª Los Malakais comenzaron a retirarse, repitiendo su amenaza mientras se alejaban. Al regresar al castillo, Konstantino fue recibido por una avalancha de preguntas de sus hermanos, pero ¨¦l, abrumado, les dijo que no se preocuparan, que todo estaba bajo control. Sin embargo, no les dio detalles para evitar que intervinieran. Louisse, Francois y Linway se reunieron en privado para discutir lo que hab¨ªan escuchado sobre los Feralis. Aunque Louisse segu¨ªa sin interesarse demasiado en la pol¨ªtica del reino, propuso volver a la monta?a donde hab¨ªa conocido a Celeste, la jinete de drag¨®n, para preguntarle si sab¨ªa algo sobre el conflicto. Por supuesto, era m¨¢s una excusa para verla de nuevo que una verdadera misi¨®n. Linway, por su parte, decidi¨® ir a hablar con los Malakais para obtener m¨¢s detalles sobre el problema, mientras que Francois opt¨® por visitar a los Feralis y averiguar su versi¨®n de los hechos. Los tres hermanos se despidieron, tomaron sus armas ¡ªLouisse con su lanza tallada, Francois con su hacha de batalla y Linway con su garrote de madera oscura¡ª y se separaron, cada uno decidido a investigar por su cuenta para despu¨¦s reunir piezas Cap铆tulo 3: El Mago Helado Cap¨ªtulo 3: El Mago Helado
Con un corte de cabello con un estilo que destacar¨ªa en cualquier lugar, el cabello blanco de longitud media pero casi rapado en los lados, un abrigo azul claro con relleno calientito de color blanco y sus ojos profundamente azules los cuales eran acompa?ados por una variedad de cicatrices alrededor de sus pomulos y su rostro en general, el mago Kronus caminaba entre los pasillos de un castillo con varias banderas ondulantes por todos lados, remarcando el orgullo del lugar en el que se encontraban; Queenlanding, el reino de los magos. Entonces, despu¨¦s de atravesar varios pasillos adornados con runas que brillaban en tonos calidos, se detuvo en una puerta ornamentada y reforzada. Entonces, un guardia de armadura brillante como la plata, abri¨® las puertas de par en par. La habitaci¨®n estaba llena de trofeos de todo tipo, hasta los m¨¢s honorables, hasta los m¨¢s t¨¦tricos, como cabezas de criaturas legendarias que habr¨ªan sido derrotadas por los reyes anteriores. Entonces, al final de esta habitaci¨®n, un gran trono, en el cual se sentaba un hombre humano de unos cincuenta a?os, canoso y con una capa e saco que llegaban hasta el suelo, y en su rostro, un antifaz plateado con unos orificios qu¨¦ funcionar¨ªan como visores verticales, denotaba el lugar en el que el mago se encontraba; La Sala Real. ¡ª Kronus Chambers... ¡ª Con una voz rasposa y de gravedad media, el hombre sentado en trono, pronunci¨® el nombre de aquel mago, mientras los guardias a su lado solo se manten¨ªan rectos como estatuas ¡ª ?Si, mi rey? ¡ª Respondi¨® Kronus, arrodilland¨®se frente al rey, el cual le hizo un gesto para que se pusiera de pie y se acercase, extendiendo su mano y apuntando hacia sus pies ¡ª Como de costumbre, eres mi hombre de confianza y lo sabes... Tanto Isavis Arya y Erron Sanss han probado su lealtad, pero no hay nadie m¨¢s confiable que t¨²... Recuerdo cuando te encontramos... Lleno de sangre, asustado y confundido, pero abrazando ferozmente a qui¨¦n buscabas proteger; Tu hermana. Esos desgraciados brutos Forithas casi acaban contigo, pero entonces no tardaste en revelar tu verdadero poder: No s¨¦ c¨®mo lo hiciste, pero a tus tempranos 9 a?os, lograste congelar a un hombre de dos metros y cien kilos... Agradezco a nuestra diosa el haber llegado a tiempo para salvarte de el resto de soldados enemigos que esperaban fuera de tu hogar, preparados para cometer lo peor. Pero, eres un incre¨ªble hombre... No dudaste en proteger a tu familia. Y ahora, gracias a ti, est¨¢ a salvo... Aunque, es una l¨¢stima lo que ocurri¨® con ella... Tristemente su mente no pudo soportar el trauma, y termin¨® catat¨®nica... Seguimos intentando encontrarle una cura pero... ?Ah! Disculpame, un recuerdo me llev¨® a otro! ¡ª El Rey, de nombre Savino, con un tono elegante, que denotaba su autoridad, narraba la tr¨¢gica vida de Kronus, mientras este, solamente agachaba la cabeza, intentando ocultar sus propios sentimientos... Las palabras del rey, lo arrastraron hace doce a?os, cuando, en medio de uno de los t¨ªpicos enfrentamientos que ocurrian entre Queenlanding y Forthium, un reino enemigo, su familia se vi¨® victima de un asedio. Junto a su hermana, vi¨® a sus padres ser ejecutados, y despues de ello, se ocult¨® junto a su hermana dos infinitos dias en los establos de el pueblo, pero en vano, pues termin¨® siendo encontrado... Aunque, de algo le sirvi¨® pasar dos noches enteras de hambre y cansancio, pues hab¨ªa hecho tiempo suficiente para que el ¨¦jercito Queenlandense se hiciera presente, y as¨ª le rescatasen junto a su hermana. ¡ª Ver¨¢s, te he llamado para imponerte una importante misi¨®n; Los susurradores de las sombras nos han transimitdo esta visi¨®n; "Los reyes del cielo han emprendido su vuelo para encontrar un nuevo nido. Ahora nuestra morada peligra ser rodeada por una parvada de llamas volantes..." No s¨¦ qu¨¦ significa eso, pero claramente no algo bueno. As¨ª que, usa tu poder para adivinar a que se refieren, por favor. ¡ª Orden¨® el rey, con obviedad, como si tuviese seguro que para Kronus, ser¨ªa un chasquear de dedos lograr cualquier cosa. Kronus levant¨® un poco la mirada hacia el rey, algo confundido y consternado ¡ª Mi rey... Disc¨²lpeme, pero mi uso de magia se limita al control elemental del hielo... ¡ª Aclar¨®, denotando en su voz su mortificaci¨®n El rey, indignado, quien anteriormente desviaba la mirada de Kronus, enseguida se inclin¨® hacia el frente y le dispar¨® una mirada de sorpresa y enojo ¡ª ?Me dices que te he visto congelar a cientos de hombres en un segundo, pero no puedes descifrar una simple profec¨ªa? ¡ª Dijo con decepci¨®n, y sobre todo, con una connotacion de desprecio Kronus, enseguida se arrodill¨® y se disculp¨® una vez tras otra, notablemente abrumado ¡ª No, no, no... Lo siento, lo siento, mi rey, pero no soy a lo que ustedes llaman mago... Soy un hechicero, el hielo est¨¢ en mi sangre, m¨¢s sin embargo no comprendo el uso de la magia en general... ¡ª Aclar¨® Kronus El rey se levant¨®, posandose frente a Kronus de una forma un tanto intimidante ¡ª ?Me dices que eres un prodigio? Es bastante impresionante que seas el "Mago" m¨¢s fuerte de nuestra corte. Pero comprender¨¢s que, si no cumples con tu parte, no podremos seguir financiando la b¨²squeda de la medicina para tu hermana... Te pido que no digas a nadie acerca de esto, eso ser¨ªa instantaneamente interpretado como traici¨®n ¡ª Savino reprend¨ªa a Kronus por su deshonra a las tradiciones de Queenlanding; Ellos amaban el estudio y la comprensi¨®n de la magia, y despreciaban a los hechiceros, por creer estar al mismo nivel de un mago, sin esforzarse un poco, por haber nacido con magia en sus venas, y no aprendido a usarla con sacrificio y sudor. ¡ª Est¨¢ bien... ¡ª Acept¨® Kronus con un tono inseguro, pero des¨²es levant¨® la mirada y ahora si, con seguridad afirm¨® ¡ª ?Entendido! ¡ª Sali¨® de la sala real y en cuanto se pos¨® fuera de el castillo no para de preguntarse ¡ª ?Como voy a hacer eso? ¡ª pregunt¨® a si mismo, pero no hab¨ªa tiempo para dudar, ten¨ªa que cumplir con las expectativas del rey para as¨ª salvar a su hermana del triste letargo en el que hab¨ªa ca¨ªdo esa triste noche, as¨ª que mientras m¨¢s pronto descifrara la extra?a y para Kronus, asbura profec¨ªa, mejor. ¡ª ?Como lo har¨¦ yo solo...? Parvada de llamas volantes ¡ª segu¨ªa pregunt¨¢ndose a si mismo, y entonces, levant¨® la mirada, como si algo hubiese hecho click en su cabeza. Se levant¨® con determinaci¨®n, pensando en que deb¨ªa esforzarse al m¨¢ximo para sacar a su hermana de su sufrimiento lo mas pronto posible... Por su hermana, y por aquel reino al que le deb¨ªa tanto; Seguramente con llamas volantes, se refer¨ªa a dragones, as¨ª que pens¨® en viajar desde Queenlanding, un reino al oeste, hasta Whataryn, un reino hasta el sureste, el cual cruzaba el mar... Mientras la noche anterior Kronus hab¨ªa comenzado su viaje, montando un caballo blanco, por la ma?ana, Francois Chernikov regres¨® a su habitaci¨®n por un momento. Ah¨ª, con una voz suave pero alta para ser escuchado, llam¨® a Mishka, y una vez esta entr¨® a la habitaci¨®n, le pidi¨® ayuda para colocarse su armadura; You might be reading a pirated copy. Look for the official release to support the author. La armadura de Francois parec¨ªa estar hecha de nada m¨¢s y nada menos que una elegante y imponente plata pura. Su aspecto era en placas cuadradas y redondas, resaltando con su elegancia, y el casco de esta misma armadura parec¨ªa el de un gladiador, con una cresta azul clara qu¨¦ resaltaba sus ojos. ¡ª Se?orito... ?Puedo preguntar a donde va usando su armadura? ¡ª Dijo mishka con preocupaci¨®n... Ella hab¨ªa sido la sirvienta de la familia durante una d¨¦cada, y no pod¨ªa evitar temer por sus j¨®venes amos, quienes ahora, con su alma cruiosa, podr¨ªan correr peligro ¡ª ?Ah! Voy a ayudar a Konstantino... Es bastante com¨²n que los pueblos tengan exigencias y rara vez conflictos entre ellos, as¨ª que, ir¨¦ a ver el problema en persona, para as¨ª darle un mejor consejo a mi hermano... La armadura es para imponer respeto. Jajaja ¡ª Aclar¨® Francois con despreocupaci¨®n, agitando un poco los brazos para asentar su armadura mediana y las correas, y despu¨¦s acarici¨® acarici¨® la cabeza de Mishka ¡ª De cualquier forma, te agradezco tu preocupaci¨®n, Mishka ¡ª La adulta aunque joven mujer conejo, por su parte, asinti¨® a Francois ¡ª Est¨¢ bien, se?orito... Tenga cuidado, por favor ¡ª dijo, para despu¨¦s inclinarse en una reverencia de despedida y sali¨® de la habitaci¨®n. As¨ª mismo, sin esperar un segundo m¨¢s, Francois tom¨® su hacha, se la llev¨® a la funda en su espalda y, despu¨¦s de atravesar pasillos y puertas enormes y ornamentadas, logr¨® salir de el castillo. El sol brillaba con intensidad, reflejandose en su armadura. El joven caballero busc¨® en su mochila su mapa de la zona, y comenz¨® a buscar con el dedo, los asentamientos cercanos en los que hubiesen tanto Feralis como Malakais en una distancia no muy alejada... Un palmazo en su espalda lo alarm¨® enseguida, aunque enseguida se percat¨® de que era su hermano, Linway y se relaj¨®, mientras este otro sonre¨ªa, pareciendole gracioso el susto de su hermano ¡ª ?Hey! Parece que vamos al mismo destino... "Berimastia y Mostiberio"¡ª Mencion¨®, se?alando con el dedo al mismo objetivo que Francois ¨C ?Ah si? Mucho mejor, as¨ª podemos retener m¨¢s informaci¨®n... Aunque estaba pensando en, que hacer exactamente al llegar ¡ª Dud¨® Francois, mientras guardaba el mapa ¡ª Hmmm, es una buena pregunta, la cual prefiero pensar mientras caminamos ¡ª Dijo, comenzando a avanzar hacia el oeste, mientras se?alaba a su hermano para acompalarle, entonces cuando estaban a la par, di¨® su idea ¨C Mira... Los Feralis en este pueblo son en su mayor¨ªa, herviboros y animales poco hostiles, como gatos, perros, conejos y todo eso. Mientras que los habitantes Malakais, parecen ser en su mayor¨ªa goblins y orcos. Seg¨²n recuerdo, nunca hab¨ªan tenido un conflicto hasta hoy... Ser¨¢ f¨¢cil demostrar tu autoridad si vas con los Malakais, con esa armadura y ese hacha enorme, ya que ellos se rigen por la fuerza y admiraci¨®n a la autoridad con mayor poder, mientas que los Feralis prefieren que les hablen bonito y les expliquen con detalle. As¨ª que, yo soy bueno con la lengua y tu con los m¨²sculos bro, as¨ª que... Tu vas a el terreno de los Malakais, y yo al de los Feralis ¡ª Explic¨® ampliamente la situaci¨®n a su hermano, denotando que si bien, Linway podr¨ªa ser un poco acelerado y un so?ador, realmente conoc¨ªa sobre la cultura y las costumbres de su pueblo ¡ª De acuerdo, entonces me encargar¨¦ de vigilar bien a los Malakais... Y sobre todo tu, debes descubrir por qu¨¦ los Feralis han comenzado a asentarse demasiado cerca de los limites Malakais ¡ª Reafirm¨® Francois, mientras si bien, la curiosidad reinaba en su mente, sent¨ªa un poco de miedo, al no saber en lo que podr¨ªan estar meti¨¦ndose, pensando si era lo correcto que act¨²aran por su propia cuenta, sin avisarle a su hermano Konstantino M¨¢s sin titubear, ambos avanzaron, mientras en el camino segu¨ªan charlando sobre otros temas... Linway, tomando la iniciativa le preguntaba a Francois acerca de su entendimiento; ¡ª Y bien, hermanito, ?Que tal vas con el hacha? Puedo escucharte desde mi habitaci¨®n gritar en el patio como una cabra loca cuando entrenas, ?Es un requisito para manejar el hacha? Haha ¡ª Record¨® Linway, burl¨¢ndose amigablemente de su hermano ¡ª Haha... Pues, el se?or Lokus me ha reconocido como un caballero con la fuerza de un orco y la inteligencia de un humano, as¨ª que supongo que bien... Los gritos son para liberar toda la fuerza en un solo golpe, as¨ª que, si son necesarios haha... ?Cuando haz visto a un orco pelear en silencio? ¡ª Aclar¨® Francois, sum¨¢ndose a la broma de su hermano mayor ¡ª Hmm, tienes raz¨®n... Quiz¨¢s la clave est¨¢ en los gritos haha... ¡ª Respondi¨® Linway ¡ª ?Y tu? ?Haz entrenado con eso? ¡ª Dijo, se?alando al arma de su hermano; un garrote de madera oscura, el cual sosten¨ªa durante todo el viaje en su mano ¡ª Ahh... ?Con el garrote? Nah. Mi estilo siempre fue moler a la gente a pu?etazos... Aunque prefiero evitar la violencia ja ja ja... Solamente cargo con esto, pues sabes que a cierta edad nuestro padre nos exige aprender a usar un arma ¡ª Dijo con gran seguridad, y despu¨¦s aclarando sus razones para portar ese arma ¡ª Hmmm... Pues, no por aprender a usar un arma significa que seas alguien violento... Debes de estar preparado para defender a los que amas, y no morir en el intento ¡ª Afirm¨® demostrando sus ideales como caballero ¡ª Puede que pensemos distinto, pero ten seguro que no te equivocas, hermano... Yo hago esto por mi pueblo, por que hay gente que depende de mi y mi deber como su futuro l¨ªder es asegurarles un futuro... ?Y tu? ¡ª Pregunt¨® Linway con seguridad de sus propios objetivos... Como anteriormente ya hab¨ªa dicho, el se negaba a ver a su pueblo debajo. Quer¨ªa que todos viviesen en castillos de fantas¨ªa como el. ¡ª Vaya, es una buena pregunta... Supongo que, por mi pueblo tambi¨¦n, y por mi familia... Por nuestros padres, por mis hermanas y mis hermanos... ¡ª Intent¨® encontrarse un motivo, aunque lo dec¨ªa con un tono que denotaba una duda interna ¡ª No. La familia es la familia, pero... Un caballero en los dem¨¢s reinos, necesita a quien rendirle lealtad y proteger con su vida. Una persona... ?Tienes a esa persona? ¡ª Pregunt¨® Linway, intentando hacer a su hermano estar m¨¢s seguro de sus propios objetivos aunque solamente lo hizo dudar m¨¢s Un silencio inund¨® el lugar por unos minutos mientras Francois pensaba, y entonces Linway le di¨® un palmazo en la espalda ¡ª ?Bien! Con mi autoridad de hermano mayor, te propongo, en parte de tu entrenamiento para ser un caballero caballero, encontrar aquello a lo que le deber¨¢s devoci¨®n... Mientras tanto, ?A nuestros asuntos! ¡ª incentiv¨® Linway a su hermano a encuntrar una buena inspiraci¨®n para pelear, pero d¨¢ndole tiempo para esto. Al ser joven, todav¨ªa ten¨ªa mucho tiempo para explorar y descubrirse a si mismo. Por su parte Francois le asinti¨® con emoci¨®n y le levant¨® el pulgar, aceptando aquella misi¨®n que su hermano le hab¨ªa impuesto, que definitivamente le ayudar¨ªa a comprender lo que conlleva ser un caballero. Los hermanos no tardaron poco en llegar a su objetivo, as¨ª que tuvieron mucho tiempo para charlar vanalidades. Se hab¨ªan marchado desde que el sol se coloc¨®, y hab¨ªan llegado al atardecer a la entrada de los pueblos Berimastia y Mostiberio, donde, los hermanos se separaron y cada uno se dirigi¨® a su objetivo; Francois a Mostiberio y Linway a Berimastia. Por otro lado, durante la ma?ana y justo antes de que sus hermanos se marcharan, Louisse y Sombrita ya se hab¨ªan encaminado al campamento de Celeste, aunque el camino no era corto. Al menos, cuando alcanz¨® al drag¨®n, corri¨® unos cuarenta minutos, lo m¨¢s r¨¢pido que jam¨¢s corri¨® en su vida, m¨¢s el tiempo que le tom¨® escalar, era bastante... Esta vez, aprovechando que iban desde temprano, simplemente decidi¨® caminar apreciando la fauna y flora local... Louisse sol¨ªa tomar un diente de le¨®n y soplarselo en la cara a Sombrita como una peque?a broma, y cuando esta se notaba enojada, este le sonre¨ªa y le hacia cosquillas, terminando ambos jugando en el camino. De pronto, su camino se vi¨® ensombrecido como si la misma noche hubiese ca¨ªdo sobre ellos, pero si bien, la silueta en el suelo se asimilaba bastante a la de el drag¨®n de Celeste, que destacaba por su reducido tama?o, al voltear al cielo divisaron algo igual de peligroso, pero m¨¢s salvaje para muchos: Un grifo, el cual anunciaba su presencia con el propio chillido de un ¨¢guila... Esta vez, sombrita se ve¨ªa m¨¢s asustada qu¨¦ curiosa, pero Louisse sonri¨® y enseguida grit¨® ¡ª ?Ohh! ?Se?or grifo, es usted... Pens¨¦ que no lo ver¨ªa de nuevo! ¡ª Mientras, comenzaba a correr detr¨¢s de ¨¦l con alegr¨ªa: Resulta que aquella criatura destacada por su cuerpo de le¨®n pero cabeza de ¨¢guila y alas, anteriormente hab¨ªa intentando llevarse a Sombrita, y Louisse logr¨®, seg¨²n el, "convencerlo", de soltarla y marcharse... Ahora, volaba a toda velocidad en el aire, tan r¨¢pido que esta vez, no pod¨ªa seguirle el paso, y ambos, Louisse y Sombrita, decidieron dejarlo ir, mientras se deten¨ªan a sentarse a descansar, completamente exahustos mientras ve¨ªan a aquel grifo atravesando los cielos, perdiendolo de vista tras algunos ¨¢rboles... Para Louisse, un encuentro emocionante, para sombrita uno aterrador... Pero para Celeste, quien se encontraba en el camino de el furioso grifo; una tragedia... Capitulo 4: Encuentro Capitulo 4: Encuentro
¡ª Ya, ya... Toma otro paquete ¡ª Dijo Celeste, arrojandole una bolsa entera de carne a Wavenstorm, su drag¨®n de escamas azules, el cual, con un solo bocado la devor¨®... ¡ª Est¨¢n tardando demasiado... ?Que podr¨ªa haber pasado? ¡ª Se pregunt¨®, mientras acariciaba a su drag¨®n en el ment¨®n... Era enorme, eso s¨ª, pero apenas superaba el tama?o de un elefante, y este reposaba sentado mientras, igualmente, analizaba los alrededores como Celeste... Enseguida, un drag¨®n a¨²n mas peque?o, del tama?o de un le¨®n, aterriz¨® frente a Celeste ¡ª ?Varus! Ya me hab¨ªas preocupado, ?Donde estabas? ¡ª Pregunt¨® Celeste, mientras se acercaba a un lado del jinete Un chico a¨²n m¨¢s joven que Louisse, de unos catorce a?os, era quien montaba aquel drag¨®n. El drag¨®n era bastante peque?o, de escamas suaves en color verdoso, mientras que el joven parec¨ªa tener unos ojos verde turquesa, los cuales se escond¨ªan debajo de aquel casco con forma de drag¨®n, el cual nunca decid¨ªa quitarse. Su ropa superior eran harapos largos, una capucha de mago, y en la parte inferior, unos shorts parecidos a los de Celeste, acompa?ados por unas botas de cuero. ¡ª Lo siento... Hyenaris no quer¨ªa obedecer, y termin¨® comi¨¦ndose a una oveja en el camino... ¡ª Confes¨® apenado y triste, el joven jinete de drag¨®nes "Varus" ¡ª Ahhh... Escucha, entiendo que eres un ni?o pero, debes aprender a controlarlo, o sino, ver¨¢s tu muerte en sus fauces ¡ª Reprendi¨® Celeste a su compa?ero, el cual solo bajaba la cabeza con tristeza Celeste le chasque¨® los dedos para que levantara la mirada, y una vez este lo hizo, le se?al¨® para acercarse a ella ¡ª Escucha... ?Que hiciste cuando cuando Hyenaris te desobedeci¨®? ¡ª Pegunt¨® Celeste para ayudar al joven ¡ª Pues... Le ped¨ª que se detuviera... Por favor...¡ª Respondi¨® Varus con timidez Celeste solamente se llev¨® la palma a la frente, y pregunt¨® ¡ª ?Y que deber¨ªas haber hecho? ¡ª con un tono de obviedad ¡ª ?Golpearlo y gritarle qu¨¦ me obedeciera? ¡ª Pegunt¨® de vuelta Varus Celeste suspir¨® y contest¨® ¡ª No, Varus. Los dragones no son, ni tus jefes para rogarles por favor, ni tus mascotas para golpearlas y gritarles. Son dragones... Son compa?eros. Y ni tu drag¨®n, ni tus compa?eros se mantendr¨¢n tranquilos, si eres un sumiso cobarde ¡ª Rega?¨® Celeste a el joven jinete, quien se miraba abrumado y ten¨ªa los ojos cristalinos ¡ª Un jinete de drag¨®n debe ser tan digno de respeto, que incluso una criatura tan majestuosa como un drag¨®n le respete... ¡ª Explic¨® celeste a su compa?ero ¡ª ?Y como me gano su respeto? ¡ª pregunt¨® Varus ¡ª Siendo alguien respetable. Si es que soy respetada en nuestro escuadr¨®n, es por mi habilidad y precisi¨®n con el arco y mi seguridad al momento de disparar... Nunca apunto mi arco en vano, solamente si decido clavarte una buena flecha en el pecho, apuntar¨¦ este arco... Tengo un c¨®digo, uno que mi drag¨®n seguramente comprende, al saber que si bien, soy alguien tranquilo, tengo la capacidad de destruir si as¨ª lo decido ¡ª Presumi¨® Celeste con un orgullo digno de los Elfos, aunque sin llevar una sola mentira en sus palabras ¡ª Y tu eres un prodigio con la magia ¨ªgnea. Un joven mago con la capacidad de quemar un fuerte entero en segundos... Justo como lo har¨ªa un drag¨®n... Hyenaris no puede disparar fuego. Ense?ale qu¨¦ juntos, con su velocidad, su fuerza y tu magia, pueden ser los reyes del cielo ¡ª Sugiri¨® con seguridad a su compa?ero. Ella, al haber sido reclutada a una corta edad, nunca fu¨¦ tratada con suavidad por el simple hecho de ser una mujer o una ni?a. Al contrario, era entrenada como todos lo hac¨ªan, sin distinci¨®n. Entonces, no pensaba en tentarse un poco con el joven jinete, pero tampoco se negaba a ense?arle un poco de todo lo que sab¨ªa. Despu¨¦s de pensar unos segundos y sonre¨ªr con determinaci¨®n ante los consejos de su compa?era, Varus apret¨® con fuerza su bast¨®n de mago y se acerc¨® con seguridad a Hyenaris. ¡ª Hyenaris... Estaba pensando y... Nosotros siempre hemos sido peque?os entre los dem¨¢s... ¡ª Afirm¨® ante el drag¨®n, el cual le observ¨® con atenci¨®n, aunque m¨¢s como si fuese una presa a la cual podr¨ªa morder en cualquier momento ¡ª Pero... No hay enemigo m¨¢s molesto y dif¨ªcil de matar para cualquier guerrero que un... Mosquito hehe... El ser demasiado grandes, nos har¨ªa un blanco f¨¢cil, pero... ?Somos r¨¢pidos, y somos letales! Mientras cualquier otro enorme drag¨®n podr¨ªa recibir cientas de flechas y resultar herido por ser tan grande, tu podr¨ªas esquivarlas y no recibir ni una sola de ellas. Si tan solo me dejaras montar en ti, entonces ser¨ªamos el doble de letales... ?Con tu destreza y mi inteligencia, podr¨ªamos derribar cualquier enemigo por m¨¢s grande que sea! Seremos la flecha... No, ?Seremos mil flechas! ¡ª Dijo con fiereza, y entonces apunt¨® su bac¨²lo al cielo ¡ª ?Dejame mostrarte un poco de mi fuerza y entonces decide si soy digno de ti! ¡ª Y entonces, dispar¨® una llamarada directo a las nubes, ese enorme y constante fuego, alcanz¨® tanta altura como ning¨²n mago com¨²n podr¨ªa lograrlo jam¨¢s, y el drag¨®n se vi¨® impresionado ante tanto poder en alguien tan peque?o... No conforme a eso, Varus sigui¨® demostrando sus habilidades, y termin¨® formando una esfera ignea la cual se dispers¨® en el cielo con una explosi¨®n qu¨¦ mand¨® a volar decenas de saetas de fuego a los alrededores, en un espect¨¢culo incre¨ªble, con una duraci¨®n breve pero alucinante. ¡ª ?Puedo ser tu jinete, el d¨ªa de hoy? ¡ª Pidi¨® Varus, y el drag¨®n agach¨® la cabeza, permitiendo a Varus montarle de nuevo... Enseguida, este alz¨® el vuelo, pero no como desobediencia, sino para mostrarle a Varus los cielos y la velocidad a la que se mov¨ªa. Mientras el drag¨®n y el joven se sacud¨ªan en el aire, Celeste dibujaba una sonrisa en su rostro, aunque, una peque?a punzada de sensaci¨®n fr¨ªa golpe¨® su mejilla... Hab¨ªa comenzado a llover, de forma ligera, pero no se di¨® cuenta en que momento las nubes se oscurecieron... Cuando el drag¨®n descendi¨® al campamento mientras Varus alegremente le acariciaba, y Celeste le ve¨ªa con una sonrisa de orgullo, m¨¢s por si misma y lo que ense?¨®, que por el logro del mismo joven, el cual si bien era b¨¢sico para ella, a¨²n as¨ª se lo atribu¨ªa a si misma... Varus extendi¨® su mano hacia Celeste ¡ª ?Gracias, Celeste! Cre¨ª que deb¨ªa tenerle miedo pero... Parece que, solo hace falta tenerle respeto ¡ª Dijo con una sonrisa y bastante animado Celeste se acerc¨® para darle el apret¨®n de manos, m¨¢s sin embargo algo detuvo este momento lleno de j¨²bilo; En un abrir y cerrar de ojos, e ocultado por la reciente tormenta, una sensaci¨®n fr¨ªa y ardiente atraves¨® en diagonal la espalda de Varus, as¨ª como el lomo y la cola de Hyenaris... Un grifo furioso hab¨ªa cortado dolorosamente a ambos, aunque no de forma letal, haciendo uso de sus patas frontales de le¨®n, pero lo peor no era eso, sino que, las patas traseras aquellas de ¨¢guila, hab¨ªan tomado por los hombros a Varus, y as¨ª lo arrebat¨® de encima de su drag¨®n, arrastrandolo hacia el aire mientras le clavaba las garras... ¡ª ?Mierda! ¡ª Exclam¨® Celeste, mientras desenfundaba su arco, dispar¨® un par de flechas pero, la tormenta y el inesperado aire, unido a la velocidad del grifo y a la precauci¨®n de Celeste por no darle a su compa?ero sin querer, hizo imposible herir al grifo, el cual se alejaba con m¨¢s velocidad cada vez que Celeste disparaba una flecha... Sin otra opci¨®n, subi¨® a su drag¨®n, pero era complicado volar en esas condiciones e intentar seguir al grifo, pero usando sus sentidos elficos logr¨® seguirle el paso con la vista, aunque el grifo era mucho m¨¢s veloz, ya que se mov¨ªa cayendo en picada y subiendo, mientras se escond¨ªa entre las monta?as, logrando esquivar f¨¢cilmente a Wavenstorm. Por otro lado Hyenaris, furioso por el ataque del grifo, comenz¨® a perseguirlo, m¨¢s tambi¨¦n, comprend¨ªa qu¨¦ atacarlo de forma letal implicar¨ªa en la posibilidad de lastimar a Varus, y mientras le persegu¨ªa dando mordidas las cuales eran f¨¢cilmente esquivadas por aquel grifo, Varus, nervioso y intentando acertar al grifo qu¨¦ lo sosten¨ªa, comenz¨® a disparar fuego hac¨ªa arriba, el cual se dispersaba en todas las direcciones a las que el grifo se desviaba... Mientras tanto, Kronus, completamente exahusto, buscaba entre su mochila alg¨²n alimento... Se hab¨ªa mantenido despierto m¨¢s de 24 horas, y apenas estaba en la entrada de Feyralinn, atravesando los caminos repletos de cerros y monta?as, las cuales formaban una c¨¢lida sensaci¨®n de paz, interrumpida por el agua que ca¨ªa a mares sobre su cansado rostro... Pero entonces, una imagen alarmante hizo sus instintos despertar enseguida; Lo que para el, era un drag¨®n escupiendo fuego como loco, dirigi¨¦ndose a su direcci¨®n, era realmente el grifo cargando a Varus, el cual disparaba r¨¢fagas de fuego sin objetivo alguno, tratando detenerlo, pero el cansancio, aunado a la neblina y la tormenta, hizo a Kronus pensar que aquello era un drag¨®n. If you encounter this narrative on Amazon, note that it''s taken without the author''s consent. Report it. ¡ª Maldita sea... ?Cuchillos de hielo! ¡ª Conjur¨® apuntando su bac¨²lo contra la direcci¨®n de aquella silueta, y enseguida varias estacas afiliadas se formaron a su alrededor, disparandose como balas frente a el... Tanto como el grifo, Varus y Hyenaris, quien estaba siguiendolos desde cerca, resultaron heridos por esto, recibiendo las cuchillas en afortunadamente, lugares no letales. El grifo se elev¨® hacia el cielo, y a causa de del dolor y el susto por la herida, solt¨® a Varus, lanzandolo con una alta velocidad contra las rocas del suelo Kronus suspir¨® pensando que hab¨ªa logrado asustar a aquel drag¨®n, ya que lo ¨²nico que pudo divisar es como este se marchaba hacia arriba, soltando a quien podr¨ªa ser su presa... Esto hizo que bajara la guardia y no viera lo que estaba por venir: Apenas y abri¨® los ojos de su parpadear, una aterradora figura draconida se form¨® frente a el, arrastrando sus garras por todo su rostro y su abdomen, casi partiendolo a la mitad... Solamente pudo recordar como, al bajar la mirada, pod¨ªa ver como su est¨®mago se abr¨ªa en un rojo y doloroso carmes¨ª... Se apret¨® fuertemente mientras canalizaba su magia helada, intentando cerrar la herida para mantener sus ¨®rganos en su lugar... Un charco de sangre y entonces, todo se volvi¨® oscuridad para Kronus... ¡ª ?Ya est¨¢, v¨¢monos de aqu¨ª, Varus! ¡ª Grit¨® Celeste, aterrizando y se?alando con la mano a Varus para que subiera junto a ella a Wavenstorm, puesto a que Hyenaris se encontraba furioso, posandose encima de Kronus, gru?iendo con ferocidad ¡ª P-pero, no podemos deja- ¡ª ¡ª ?V¨¢monos!, ? deja a ese hombre ah¨ª, ordena a Hyenaris seguirnos. Debemos sanar tus heridas y las de tu drag¨®n, ese hombre parece un mago, estar¨¢ bien! ¡ª Apur¨® Celeste a Varus, con m¨¢s miedo que autoridad en su voz... Se notaba que, no era el tipo de mujer que dejar¨ªa a alguien en esta situaci¨®n a su suerte, m¨¢s sin embargo, ya hab¨ªan hecho un espect¨¢culo demasiado grande para atraer m¨¢s atenci¨®n ¡ª ?Hyenaris! ?Ese hombre solo quer¨ªa protegerse, perdonalo! Por favor, acercalo a un pueblo cercano para que alguien lo encuentre y lo sane, entonces vuelve al campamento! ¡ª Rog¨® Varus al drag¨®n, quien apunt¨® su atenci¨®n a este mismo, m¨¢s sin embargo no se sabr¨ªa si obedecer¨ªa o no A pesar de que, uno de sus antebrazos se encontraba casi abierto a la mitad por el rasp¨®n y la herida que sufri¨® al caer a alta velocidad contra las afiliadas rocas, y aquellas enormes cortadas sangrantes en su espalda, as¨ª como varias cortadas en su pecho y abdomen a causa de el conjuro helado, intent¨® ayudar a ese hombre, sin saber que era su enemigo... Mientras tanto, en otro lugar, aunque no muy lejos del lugar donde del grifo y el drag¨®n hab¨ªan danzado. Despu¨¦s de continuar su camino, Linway lleg¨® al pueblo de los Feralis del conflicto: Berimastia. Apenas y entraba, pod¨ªa notar la diferencia cultural a su pueblo, el cual estaba poblado de humanos... Ramas y palos acomodados unos encima de otros, con hojas grandes funcionando como techos y paredes... Enormes estructuras de madera posadas sobre los ¨¢rboles, como si se tratase de nidos, y a¨²n m¨¢s incre¨ªble, ¨¢rboles gigantes los cuales ten¨ªan orificios desde los que se asomaban peque?os b¨²hos humanoides con curiosidad de aquel forastero... Orificios en el suelo, que funcionaban como hogar de la gente topo y aberturas en los cerros, donde seguramente, dentro, viv¨ªa gente oso... ¡ª Se?or Linway... Que curiosidad encontrarme con usted ¡ª Linway caminaba admirando la arquitectura de su pueblo, con un sentimiento de admiraci¨®n y respeto, pero sobre todo calidez, alegr¨ªa, al saber que un d¨ªa tendr¨ªa que guiar a esa gente y mantenerlos a salvo... Pero una voz aguda y elegante lo sac¨® de sus sue?os... Al voltear la mirada, vi¨® a aquel elegante hombre ciervo, el cual vest¨ªa un traje marr¨®n y sosten¨ªa un malet¨ªn... Linway pens¨® en mentir, pero no ten¨ªa sentido. Cualquiera que conoc¨ªese un poco a Linway sabr¨ªa qu¨¦, estaba ah¨ª para hacer algo por su pueblo... ¡ª Ah... Cerwyn... Que afortunado y inesperado encuentro ja ja ja ¡ª Dijo con fluideza, y le di¨® la mano ¡ª ?Curiosidad? Yo lo llamar¨ªa, el destino cruzando nuestros caminos... He venido para investigar sobre el reciente problema con los Malakais. Creo que era obvio el saber que te encontrar¨ªa aqu¨ª, a fin de cuentas, eres el representante de los Feralis haha ¡ª Confes¨® sus razones, sin temor a meterse en problemas... Era un hombre de veintid¨®s a?os, y el futuro representante, as¨ª que no ten¨ªa por que esconderse como si estuviera haciendo algo malo Cerwyn le apret¨® la mano y le devolvi¨® una sonrisa ¡ª Bien... Entonces, estamos en el mismo barco, podemos ser compa?eros. Solamente me gustar¨ªa advertirte de algo: Hay una peque?a regi¨®n, un distrito en los confines del oeste donde domina la gente bestia carn¨ªvora... Son agresivos y territoriales, pero me reconocen como su l¨ªder as¨ª que... Por tu propia seguridad, mantente alejado de este sitio ¡ª Advirti¨® Cerwyn con aturdidad, quien al ser el representante de su pueblo, conoc¨ªa bastante bien los lugares en los cuales meterse y en los cuales no. A fin de cuenta, todav¨ªa hab¨ªan Feralis qu¨¦ se aferraban a su naturaleza bestial, y si bien, se adaptaban a la sociedad libre de Feyralinn, segu¨ªan teniendo sus propias y estrictas reglas. Linway escuch¨® con atenci¨®n y le asinti¨® ¡ª Bien... Entonces me mantendr¨¦ bien lejos de ¨¦l oeste, Cerwyn. Gracias por tu advertencia ¡ª Agradeci¨®, aunque no pudo evitar volver a ba?arse en una nueva duda "Cuando yo sea el l¨ªder ?Como podr¨ªa hacer que esos pueblos tambi¨¦n me respeten?" ¡ª Bien... Dicho eso, este lugar tiene tres l¨ªderes, uno de ellos, quien mencion¨¦ al oeste. Al finalizar ir¨¦ yo solo. Ojal¨¢ los l¨ªderes de cada tribu se encuentren desocupados para charlar¡ª Dese¨® Cerwyn, mientras comenzaba a caminar con Linway a su lado... Despu¨¦s de unos diez minutos de caminata, con un silencio elegante entre ambos, llegaron hasta la madriguera de el primer l¨ªder... Aunque para Cerwyn, nada sorprendente, para Linway era hermoso. Se posaron frente a una arquitectura de la siguiente composici¨®n: Cuatro ¨¢rboles, que delimitaban un ¨¢rea rectangular, con pintura blanca colocada en forma de aros alrededor de los ¨¢rboles, y, uniendolos, cordones qu¨¦ sosten¨ªan palos bien fijados, como ser¨ªa en una caba?a improvisada, pero con una doble pared y en la parte interior, trozos gruesos de lo que parec¨ªa cart¨®n. Mientras en el techo, las cl¨¢sicas hojas gruesas de nenufar qu¨¦ ayudar¨ªan a repeler el agua durante la lluvia... Todo esto, terminandose de construir por una variedad de Feralis gato mientras el par llegaba... Era hermoso para Linway ver como, cu¨¢n animales, tambi¨¦n ten¨ªan pelajes de distintos colores y esponjosidad, lo que lo llev¨® a pensar que seguramente su hermano Louisse tambi¨¦n amar¨ªa ver a tanta gente bestia de tantas razas, aunque quiz¨¢s un poco m¨¢s por lo bestia que por lo gente... ¡ª Woow... Oigan, pero... ?Para que sirve el cart¨®n dentro de las paredes? ¡ª pregunt¨® Linway, con una curiosidad digna de su hermano menor, acerc¨¢ndose a uno de ellos ¡ª ?Acaso no har¨ªa que las paredes se mojen? ¡ª Entonces, una chica gato de color marr¨®n, con ojos verdes volte¨® hacia el y le contest¨® ¡ª Nyasunarinusymiau ¡ª con una mirada de confusi¨®n, mientras se?alaba a Linway. La chica gato media apenas unos 135 cm, mientras que el joven noble, alcanzaba los 185 cm, vi¨¦ndose evidentemente distinto a todos en ese lugar. Linway solt¨® una peque?a risa nerviosa y se rasc¨® la nuca ¡ª Ah haha lo siento... Hablan otra lengua ¡ª dijo mientras soltaba peque?as risas nerviosas las cuales intentaba calmar poni¨¦ndose la otra mano en la boca ¡ª ?Quieres ser aceptado y ayudar a los pueblos? Primero debes entenderlos, y para entenderlos debes escucharlos. Y para escucharlos, debes hablar su idioma ¡ª Ense?¨® Cerwyn a Linway con amabilidad, y le contest¨® a la joven felina ¡ª Mianusyraya, Linyay. ?Miausote? ¡ª Habl¨® con fluidez, mientras por dentro, Linway sent¨ªa las ganas de re¨ªrse de aquel curioso idioma. ¡ª ?Waah! ?Linyay mia Nyarwyn! ¡ª Exclam¨® la gata, apuntando su dedo contra el pecho de Linway ¡ª Nyamiausote nyanyanya¡ª Aclar¨®, mientras Linway asent¨ªa con una sonrisa, fingiendo entenderle ¡ª No s¨¦ que dijo, pero miente ¡ª Brome¨® Linway ¡ª Solamente te present¨¦ con la joven y le pregunt¨¦ donde se encontraba su l¨ªder. ¡ª Aclar¨® Cerwyn ¡ª Oooh ¡ª Comprendi¨® Linway, y entonces extendi¨® su mano hacia aquella felina, haciendo su mejor esfuerzo por recordar como presentarse en la lengua que esta hablaba ¡ª ?Miamianya... Linway? ¡ª Se present¨® con una evidente duda acerca de su pronunciaci¨®n, intentando decir "Mi nombre es Linway" ¡ª ?Waah! ?Linyay, miamianya Launya! ¡ª Exclam¨® con emoci¨®n, mientras sonre¨ªa, y respondi¨® a la mano extendida de Linway con una suave mordida a sus dedos, por el susto, Linway salt¨® hacia atr¨¢s y quit¨® su mano, entonces Cerwyn ri¨® elegantemente y la gata tambi¨¦n "Nyahahaha" ¡ª ?Q-Qu¨¦ fue eso? ¡ª Pregunt¨® Linway, confundido y algo acelerado por el susto ¡ª Digamos que le ca¨ªste bien... Ahora, basta de vanalidades... Dijo que su l¨ªder se encuentra dentro, as¨ª que vamos ¡ª Casi orden¨®, aunque manteniendo su tono amable, y camin¨® hacia adentro Linway, acarici¨® la cabeza con una sonrisa a la gatita, despidi¨¦ndose, y entr¨® siguiendo a Cerwyn a trav¨¦s de los pasillos, y entonces sobre lo que parec¨ªa ser una torre de gato enorme, casi en el techo, se encontraba acostado un hombre gato, aunque este ten¨ªa una destacante ausencia de pelo en su cuerpo. ¡ª Nyarwin, que alegre visitanya ¡ª Dijo con una sonrisa, mientras se lamia el hombro, con una voz ligeramente gutural ¡ª Billy, igualmente me alegra encontrarte... Veo que dominas m¨¢s el idioma humano ¡ª Reconoci¨® con elegancia ¡ª ?Pues claro! Es nyecesario si queremos convivir en paz ¡ª Aclar¨® Billy ¡ª Pues hablando de humanos, aqu¨ª te presento a ¨¦l joven Linway Chernikov. As¨ª como su padre, es un hombre apasionado por unir a los pueblos. Y ha venido en representaci¨®n de su hermano, Konstantino Chernikov, ya que este mismo no ha podido asistir a tratar temas importantes contigo ¡ª Present¨® el hombre ciervo, se?alando con la palma a Linway ¡ª Un gusto, se?or Billy... Como Cerwyn menciona, he venido aqu¨ª en representaci¨®n de mi hermano para tratar el reciente problema que se present¨® con los Malakais ¡ª Indic¨® Linway sus intenciones, mientras se inclinaba elegantemente en un saludo ¡ª Hmm... Pues adelante, escupe tus preguntas, Linyay ¡ª Pidi¨® el hombre gato con indiferencia, mientras pasaba a lamerse la pierna ¡ª Ver¨¢... Nos hemos enterado qu¨¦ el pueblo Berimastia ha movido algunos de sus asentamientos bastante cerca de los l¨ªmites de Mostiberio... ?Cu¨¢l es el motivo? ¡ª Pregunt¨® Linway con serenidad ¡ª Jumm... Ver¨¢s, jovencito. Lo ¨²nico que puedo afirmar es que, no hemos rebasado nuestros l¨ªmites... Siempre y cuando estemos dentro de nuestro territorio, podemos estar tan cerca como queramos... ¡ª Afirm¨® con la misma indiferencia mientras se lam¨ªa las garras ¡ª Entiendo tu punto, Billy, tus tierras son tus tierras. Pero, ?Podr¨ªas explicarme la raz¨®n de la reciente mudanza? ¡ª Volvi¨® a cuestionar el joven noble ¡ª Jumm... Pues, nya gente perro ha estado m¨¢s territorial de lo normal... Y nyos han pedido que nos alejemos un poco mi¨¢s de sus tierras ¡ª Respondi¨®, mientras se rascaba la barriga Linway golpe¨® su pu?o contra su palma "?Bien, ya tenemos la primera pista!" pens¨® ¡ª Vaya... Comprendo, muchas gracias se?or Billy. Con eso es suficiente... Le agradezco su respuesta ¡ª Agradeci¨® para despu¨¦s inclinarse, en forma de despedida y se march¨®, con Cerwyn acompa?andole ¡ªBien Cerwyn... Entonces, ya tenemos la primera pieza... Ahora solo tienes que ir a preguntarle a la "Gente perro" sus motivos ¡ª Dijo, d¨¢ndole una palmada en la espalda ¡ªNo hay tiempo que perder. Entonces, esp¨¦reme por aqu¨ª, joven Linway ¡ª Orden¨® Cerwyn, mientras comenzaba a caminar a lo lejos Mientras esperaba, Linway busc¨® en su mochila, estaba seguro que ten¨ªa un libro con instrucciones para aprender las bases de lenguas ex¨®ticas, y al encontrarlo, comenz¨® a leerlo Capitulo 5: La Curandera Capitulo 5: La Curandera
Kronus abri¨® los ojos poco a poco, divisando de forma intermitente una ventana y una chimenea... Al retomar su conciencia al completo, analiz¨® con cuidado los alrededores, sin saber donde se encontraba. Parec¨ªa estar dentro de una caba?a. En el tocador al fondo de la habitaci¨®n, qu¨¦ ten¨ªa un peque?o espejo, hab¨ªa un peine de madera y varias hierbas. Mientras que, sobre la mesa de noche, hab¨ªa un frasco con lo que parec¨ªa ser una pomada de color rosado, con unos extra?os trozos azules flotando en su interior, y a un lado de este mismo, varias gasas... Con curiosidad, y temiendo lo peor, se toquete¨® el pecho, donde hab¨ªa recordado recibir un par de cortadas profundas, y logr¨® sentir que estaba cubierto de vendas. Pero no sent¨ªa dolor alguno... Trag¨® saliva, se quit¨® las s¨¢banas qu¨¦ lo cubr¨ªan por encima, pertenecientes a la cama en la que descansaba, y intent¨® pararse, pero enseguida un dolor paralizante golpe¨® su cadera y cay¨® al suelo de golpe... Tom¨® su bast¨®n, o mejor dicho, cetro, que se encontraba a un lado de la cama junto a su mochila y se levant¨® como pudo, apoy¨¢ndose de el cetro... Se acerc¨® cojeando a el espejo, solo para darse cuenta que tanto como su cara, su abdomen y su pecho estaban vendados... Con un suspiro tembloroso, comenz¨® a quitarse las vendas mientras cerraba a los ojos, y cuando termin¨® de quitarse todas las vendas los abri¨®: Un enorme corte diagonal atravesaba desde su frente hasta su nariz, atravesando por su ojo derecho, el cual estaba ba?ado en sangre. Y tanto como en su pecho y abdomen, profundas y rasgadas laceraciones, algunas las cuales se notaban infectadas... ¡ª Mierda... ¡ª Exclam¨® con preocupaci¨®n... Ahora, no podr¨ªa cumplir con ¨¦xito su misi¨®n, y entonces volvi¨® a acostarse en aquella cama para relajarse mentalmente. Observ¨® al techo, y comenz¨® a pensar en voz alta ¡ª ?Un drag¨®n...? Apareci¨® de la nada y me atac¨®... Pero... No... Eran dos dragones, uno de ellos estaba siendo montado... Recuerdo que mientras perd¨ªa mi consciencia, vi a una mujer bajar de uno de los dragones y gritar balbuceos en elfico.... ¡ª Enseguida, se levant¨® de golpe, y llego a la conclusi¨®n de que sus sospechas eran ciertas: Jinetes de dragones estaban acerc¨¢ndose al Oeste. Era imposible que no tuviera raz¨®n, puesto a que Feyralinn, si bien, no es Whataryn, es reconocido como el territorio de los salvajes, quienes conviven con las hadas. Podr¨ªan haber mostrusidades y criaturas fant¨¢sticas, pero... ?Dragones? No. Jinetes de dragones... Kronus, si bien, nunca fue un hombre de estudio, si que sol¨ªa leer bastante acerca de las culturas elficas... Era imposible que un jinete de dragones estuviera en Feyralinn sin una misi¨®n ordenada por sus superiores... Pero, nada le aseguraba que, en efecto, los elfos estuvieran viajando hacia Queenlanding en sus dragones, todo podr¨ªa ser un mal entendido... As¨ª que decidi¨® investigar m¨¢s de cerca... Envi¨® un mensaje a trav¨¦s de un artefacto magico, un par de piedras brillantes, y justo cuando estaba a apunto de levantarse nuevamente, la puerta frente a la cama se abri¨®. Una mujer joven, de unos veintitres a?os, de cabellos blancos, largos, con unos brillantes ojos color ¨¢mbar, y un lazo amarillo qu¨¦ resaltaba sus ojos en el cabello, vestida con un vestido de harapos marrones, y unos zapatos negros entr¨® a la habitaci¨®n. ¡ª ?Oh, ya despertaste! ¡ª Exclam¨® con una ligera sonrisa de alivio, al ver que el hombre hab¨ªa sobrevivido a sus heridas, pero enseguida su rostro se torn¨® en molestia ¡ª??Por qu¨¦ te quitaste las vendas!? ¡ª Rega?¨® severamente al mago, mientras recog¨ªa las vendas del suelo ¡ª Lo siento... Solamente quer¨ªa ver que tan mal... Me ve¨ªa... ¡ª Disculpandose, Kronus a su vez sinti¨® paz... Podr¨ªa haber perdido un ojo, pero afortunadamente segu¨ªa ah¨ª, funcionando como deb¨ªa... ¡ª Estoy tratando tus infecciones antes de que avancen... Ahora tengo que volver a aplicarte las pomadas y cambiarte las vendas, por que te las quitaste. ¡ª Explic¨® la joven mujer, mientras se acercaba a Kronus ¡ª No, no te preocupes, yo ya estaba por marcarme ¡ª Dijo, comenzando a acomodar sus piernas en la esquina de la cama La mujer, quien sosten¨ªa un cepillo, le apunt¨® con este mismo, como amenazandolo ¡ª ?No! No seas necio, por favor. Acu¨¦state. Volver¨¦ a aplicarte los ung¨¹entos ¡ª Orden¨® a Kronus, quien agach¨® la cabeza suspirando, y volvi¨® a acostarse... Ciertamente, no ten¨ªa las fuerzas para irse ahora, y cualquier guerrero ser¨ªa lo suficientemente inteligente como para saber que deb¨ªa descansar, o morir¨ªa al pelear en condiciones tan miserables, ¨ªncluso con un enemigo d¨¦bil. ¡ª Y bien... Dime, qui¨¦n eres tu ¡ª Pregunt¨® Kronus a la dama, quien, lav¨® sus manos en una cubeta a un lado de la cama, y despu¨¦s pareci¨® frotarselas con lo que ser¨ªa jab¨®n. Entonces, meti¨® sus manos en aquella crema y comenz¨® a frotarla sobre las heridas de Kronus ¡ª Selines... Selines Mint ¡ª Se present¨® la joven curandera ¡ª Ohh... Es un nombre curioso... ?Y qui¨¦n eres? Tienes un apellido... Solamente la gente que ha tenido un antepasado con un t¨ªtulo o reconocimiento nobiliario tiene apellido ¡ª Record¨® Kronus, como funcionaba la cultura de los apellidos, aunque solamente aplicaba en los reinos qu¨¦ el conoc¨ªa Selines neg¨® con la cabeza ¡ª Mi abuela y mi madre fueron milagrosas curanderas... Tenemos un don, y tambi¨¦n un libro de remedios en el cual nuestras antepasadas trabajaron, as¨ª como yo lo hago... Mint fue el nombre de la primera mujer de la familia, quien naci¨® con este don y nos lo comparti¨® ¡ª Explic¨® Selines, hablando de forma honrada de su familia ¡ªHmm... Entonces se colocaron ese apellido ustedes mismos... Entiendo. Y dime, Selines. ?Es tu don el sanar? ?Puedes lanzar conjuros de sanaci¨®n? ¡ª Pregunt¨® Kronus, mientras de vez en cuando, se quejaba por la presi¨®n qu¨¦ aplicaba Selines contra sus heridas ¡ª No... La magia sanadora, y la magia en general, son fachadas... Cuando uno de esos magos sana una herida, lo ¨²nico que est¨¢ haciendo es lastimar la conexi¨®n de tu cuerpo y tu esp¨ªritu... Un cuerpo humano puede sanar perfectamente, ?Por que forzarias un proceso natural usando magia?. Es por eso que, aquellos que usan magia se terminan volviendo locos cuando se retiran... Lastiman tanto la conexi¨®n de su cuerpo y su alma al frozarlos a funcionar de una forma en la que no deber¨ªan, as¨ª que, simplemente, comienzan a mal funcionar de forma intermitente ¡ªExplic¨® ampliamente, mientras pasaba a usar su pomada en la herida del rostro de Kronus ¡ª Entonces, ?Tu don no es m¨¢gico? ¡ª Pregunt¨® Kronus con a¨²n m¨¢s curiosidad ¡ª Si y no... Digamos que, nuestro esp¨ªritu y nuestra empat¨ªa son tan poderosos, que, aquellos de los que cuidamos, siempre terminan sanando sanos y salvos... No puedo explicar el don. Simplemente, es algo que hacemos por bendici¨®n de las hadas y ya. ¡ª Mencion¨® Selines, comenzando a vendarlo de vuelta ¡ª Hmmm... Curioso ¡ª Pens¨® en voz alta aquel mago de ojos azules ¡ª ?Y tu? ?Quien eres? Revis¨¦ tu equipamiento... Eres un noble de Queenlanding. Y ese cetro denota qu¨¦ eres un lanzador de conjuros ¡ª Confes¨® la joven curandera ¡ª Hmm... Soy un hechicero... Lanzo conjuros, pero no estudio la magia... Y bueno... Estoy en una importante misi¨®n, soy un soldado... El m¨¢s fuerte de todos... ¡ª Confes¨® el "mago" de vuelta Selines solt¨® unas cuantas risas ligeras ¡ª ?El m¨¢s poderoso de todos? Y mira donde est¨¢s ¡ª Record¨® a Kronus ¡ªHaha... No miento. Mira: ¡ª Respondi¨® Kronus, apuntando su dedo ¨ªndice hacia la ventana ¡ª Har¨¦ nevar fuera de la ventana con solo un chasquido ¡ª Entonces chasque¨®, pero de sus manos solamente sali¨® un poco de agua que se congel¨® al momento, y enseguida se deshizo en cristales peque?os parecidos a la aguanieve If you discover this narrative on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the violation. ¡ª ?Q-Qu¨¦? ¡ª Se pregunt¨® a si mismo Chronus, y enseguida volvi¨® a intentar usar todos los conjuros que recordaba, pero ninguno funcion¨®. ¡ª Maldita sea, perd¨ª mi uso de la magia ¡ª Dijo, poni¨¦ndose dos dedos sobre el ojo derecho Selines, al inicio, ri¨® de forma burlona aunque amable amable, y despu¨¦s, comprendi¨® gracias a la actitud de Kronus, que no ment¨ªa. ¡ª ?Persiste tu uso de la magia? ¡ª pregunt¨® con curiosidad ¡ªBueno, no lo perd¨ª pero... Pero, parece que mi magia se debilit¨®... Agh... ¡ª Suspir¨® ech¨¢ndose hacia atr¨¢s ¡ª Est¨¢ bien, la recuperar¨¦ pronto, espero... ¡ª La curandera indic¨® a Kronus esperar, y entonces, despu¨¦s de un par de minutos volvi¨® con una taza ¡ª Toma, bebe. Es un t¨¦ de coraz¨®n subterr¨¢neo con champi?ones de man¨¢ ¡ª ¡ª ?Un t¨¦ m¨¢gico? ?No era eso malo? ¡ª Pregunt¨® Kronus ¡ªNo... Los corazones y champi?ones de man¨¢ te sanan cuando te alimentas de ellos. Esa es la diferencia. Los conjuros de sanaci¨®n simplemente curan... Todo debe tener un precio. En este caso, tu obtendr¨¢s una regeneraci¨®n acelerada de tu salud y tu energ¨ªa a cambio de comer y beber estos alimentos. Mientras que, el lanzamiento de un conjuro para curarte, te costar¨ªa tu salud espiritual, as¨ª como la de el lanzador ¡ªExplic¨® con sabidur¨ªa mientras le extend¨ªa el t¨¦ ¡ª Puede que no te vuelvas loco hoy o ma?ana, pero es como el c¨¢ncer... Eventualmente, o cuando seas m¨¢s viejo, te golpear¨¢ y te condenar¨¢ ¡ª ¡ª ?Entonces me recomiendas dejar de usar magia? ¡ª Pregunt¨® Kronus, curioso. A pesar de ser tan poderoso, nunca estudi¨® un poco acerca de la magia ¡ªNo... Es un tema de h¨¢bitos y precauci¨®n... Aquellos magos como tu, que usan focos arcanos, est¨¢n pagando con su energ¨ªa vital y su alma. Es tan simple como esto: Usa componentes materiales para tus conjuros, incluso si eso es m¨¢s tedioso al momento de lanzar, es la forma m¨¢s segura... Y la otra recomendaci¨®n es, no desafies las funciones naturales del cuerpo humano y el destino. Es todo ¡ª Indic¨® Selines terminando de reacomodarle las vendas ¡ªBebete eso, enseguida te traer¨¦ algo para comer... Puedes quedarte aqu¨ª hasta que te recuperes. ¡ª Dijo Selines en un tono sereno ¡ª Bien... No seguir¨¦ en mi viaje, me quedar¨¦ un tiempo en tu caba?a, pero por favor permiteme ayudarte a recolectar estas hierbas, plantas y frutos. Soy un mago, puedo encontrarlos f¨¢cilmente ¡ª Pidi¨® Kronus a la joven, para pagarle el favor ¡ª Si eso deseas, adelante. Pero hoy te quedas aqu¨ª, quiz¨¢s si eres tan fuerte como mencionas, por la noche podr¨¢s caminar de nuevo ¡ª Indic¨® aquella joven curandera, cerrando la puerta a su espalda, pero enseguida Kronus le detuvo con una ¨²ltima pregunta ¡ª ?Espera...! ?Donde estamos?¡ª Pregunt¨® Kronus, curioso ¡ª Ah. Pues, te encontr¨¦ en los caminos de las monta?as en Berimastia. Ahora mismo, estas en Mostiberio ¡ª Aclar¨® y sin decir m¨¢s, cerr¨® la puerta... Selines, aquella humilde sanadora de raza humana, se pregunt¨®... ?Cella?, despu¨¦s de salir de la habitaci¨®n, y una preocupaci¨®n enseguida la inhund¨®, cuando al analizar toda la caba?a con la vista, y despu¨¦s, todos los rincones. Abri¨® la puerta, tomando su bolso en el camino y despu¨¦s de cerrarla, comenz¨® a caminar a trav¨¦s del camino de piedras que sus antepasados hab¨ªan construido, como una gu¨ªa hacia su caba?a... ¡ª ??Cella!? ¡ª Grit¨® al aire, llena de angustia mientras trotaba en aquel sendero pedroso... Enseguida sus ojos lograron divisar lo siguiente: Una extra?a y alta figura humanoide de color gris, flaca y con dos enormes ojos e orejas, extend¨ªa un dedo hacia una peque?a ni?a de apenas unos ocho a?os... Al tocar su dedo, la criatura comenz¨® a cambiar su color de piel, y comenz¨® a achicarse mientras parec¨ªa que una ropa igual a la de la ni?a se formaba en su cuerpo... Era un doppleganger, el cual estaba intent¨¢ndo suplantar a la ni?a. ¡ª ?Noo! ¡ª Grit¨® Selines, corriendo hacia Cella, tomandola en sus brazos y retrocediendo... Esto no alegr¨® al doppleganger, quien comenz¨® a hacer t¨¦tricos chillidos y se acerco retorciendose hacia Selines... Esta levant¨® su brazo pada defenderse, y el doppleganger lanz¨® un fuerte pu?etazo contra ella, el cual la empuj¨® brutalmente contra un ¨¢rbol en su espalda... Ese golpe, se hab¨ªa sentido tan doloroso como recibir el golpe de un enorme mazo de metal... Le dol¨ªa mucho la mano y la ni?a se reduujo a llorar con miedo, apenas pod¨ªa mover el brazo para protegerse de el siguiente golpe por parte del doppleganger, quien, estaba aproximandose a ella con ferocidad... Apret¨® sus ojos y volvi¨® a cubrirse con los antebrazos, soltando a la ni?a y gritando con dolor ¡ª C-Corre a la caba?a... ¡ª Dijo, decidi¨¦ndo ser la ofrenda para ese monstruo en vez de Cella, mientras ella escapaba... ?Spalsh! Cuando Selines abri¨® los ojos, como si se tratase de un angel, un caballero en una blanca armadura de plata, sosten¨ªa un hacha, enfrent¨¢ndo a el monstruo con firmeza, el cual ten¨ªa una cortada diagonal que atravesaba su hombro hasta su abdomen ¡ª ?Toma a la ni?a y corre! ¡ª El hombre volte¨® su mirada hacia atr¨¢s para ordenar a Selines, y as¨ª lograron ver su rostro: Era joven, con un cabello negro, medianamente largo y profundos ojos azules... A pesar de aquel joven rostro, su mirada se enfrentaba al monstruo con una ferocidad llena de decisi¨®n. Ese hombre no ten¨ªa miedo. Selines tom¨® a Cella en sus brazos de nuevo, cargandola, y comenz¨® a correr de vuelta a su caba?a, aunque no pudo evitar mirar hacia atr¨¢s la mayoria del tiempo admirando la batalla de aquel caballero, y mientras se marchaba, agradecio y despu¨¦s pregunt¨® hacia el ¡ª ?Te lo agradezco de coraz¨®n, por favor, dime tu nombre! ¡ª y despu¨¦s de tener su respuesta, finalmente se march¨® ¡ª Francois ¡ª Respondi¨® el caballlero firmemente y en una voz elevada, mientras la criatura se repon¨ªa para seguir atacando. Entonces, gimoteando como un animal, aquel monstruo se lanz¨® hacia Francois, extendiendo ambos de sus brazos para atraparle... Entonces, el caballero, haciendo uso de su hacha, estamp¨® su filo contra la espalda de la criatura, la cual si bien se ve¨ªa bastante herida, no ceder¨ªa f¨¢cilmente... A pesar de que logr¨® asestarle un buen corte, la criatura logr¨® subirse encima de el, provocando que, este, no tuviera el alcance para usar su hacha... Con agresivos gru?idos, la monstruosidad levant¨® su pu?o y lo hundi¨® en la cara de Francois, haciendo a su nariz sangrar enseguida... Francois solt¨® su hacha y con su mano izquierda, clav¨® sus dedos en la cara del monstruo, as¨ª hiriendo sus ojos... Embisti¨® hacia arriba, poniendo al monstruo ahora debajo, y lo golpe¨® en el rostro igualmente... Pero, un golpe dej¨® sin aire a Francois, el monstruo pate¨® su est¨®mago y lo empuj¨® hacia atr¨¢s... Entonces ambos se levantaron del suelo, listos para el tercer y ¨²ltimo round... Francois recordaba que, su hermano Konstantino siempre les ense?¨® a pelear con inteligencia... Analizar a su enemigo para derrotarlo usando sus propias ventajas en su contra, y comenz¨® a idear un plan mientras los dos se recuperaban... Francois, en vez de avanzar hacia la criatura, retrocedi¨® cerca de aquellas rocas y piedras afiladas, que distingu¨ªan esas monta?as, y ah¨ª, abri¨® los brazos, como incitando al monstruo a lanzarse contra el de nuevo... Prepar¨¢ndose, con feroces gru?idos guturales, el monstruo se lanz¨® a Francois, listo para volver a derribarlo, pero... Francois entonces esquiv¨® aquel bruto ataque haciendose a un lado, con su mano izquierda sostuvo el abdomen del monstruo mientras que giraba su cuerpo para poner su mano derecha contra la cabeza de el monstruo, y as¨ª, clav¨® su cabeza contra las rocas afiladas, acabando con el.... Se separ¨® de la criatura jadeando, aunque suspir¨® aliviado de haber podido evitar una tragedia... Se limpi¨® la sangre de la nariz con el dorso de la mano y se levant¨®, ignorando su dolor... As¨ª, continu¨® su camino descendiendo de aquella monta?a a las afueras de Mostiberio, y finalmente llegando a este pueblo... Para Francois era un sitio intimidante, hab¨ªan varias banderas de color rojo en cada esquina del camino, y varios totems o se?alamientos que Francois no entend¨ªa, los cuales estaban hechos de huesos de enormes animales... Al llegar a la muralla, en la entrada de Mostiberio, hab¨ªan enormes empalizadas de madera, afiladas meticulosamente, desafiando a cualquiera que se atreviera a escalarlas... En la entrada, un par de goblins sosten¨ªan peque?as lanzas las cuales apuntaron contra Francois en cuanto se acercase demasiado ¡ª Waa! Wanaha sha kuii! ¡ª Comenzaron a gritar hacia Francois aquel par de agresivos goblins Francois enseguida dedujo que hablaban otro idioma, as¨ª que, lo ¨²nico que se le ocurri¨® para ganarse la confianza de ese par de goblins, fue sacar la mano que se escond¨ªa en su espalda, con la que sosten¨ªa la cabeza de el doppleganger: Hab¨ªa dado por hecho que tendr¨ªa que demostrar su val¨ªa, y, que mejor que, mostrandoles que hab¨ªa cazado a un monstruo bastante fuerte. Francois, con una mirada desafiante pero con una sonrisa sutil, lanz¨® rodando la monstruosa cabeza a los pies de los goblins, quienes se sorprendieron y asustaron a la vez, pero entonces bajaron sus lanzas y se acercaron a Francois para jalarlo de la mu?eca hacia dentro de la aldea... Sin saber a donde lo arrastraban, pero confiando en que estar¨ªa bien, sigui¨® a los goblins, quienes lo llevaron frente a un orco y parec¨ªan explicarle algo, mientras elevaban la cabeza de el doppleganger con sus manos ¡ª ?Hmm... Humano, tu hablar humano, verdad? ¡ª pregunt¨® aquel orco de cabello largo y negro atado en una trenza, con una barba desalineada y una enorme armadura negra en todo su cuerpo ¡ª As¨ª es, se?or... Mi nombre es Francois Chernikov, hijo de Arthyom Chernikov, y he venido a arreglar el tema con los feralis de Berimastia... ¡ª Dijo con una voz fuerte y firme ¡ª ?Oh! Si. Mi nombre ser Lokuss. Cierto, feralis estar acerc¨¢ndose y atrayendo a sus pulgas ¡ªInform¨® el orco con una mueca de molestia ¡ª ?Pulgas? ¡ª pregunt¨® Francois ¡ª ?Si! Copiones tener aspecto de gente animal, entonces significa que, era un problema de los feralis y lo han traido ¡ª Aclar¨® Lokuss ¡ª Hmmm... Entonces el problema es que con su presencia, han atra¨ªdo a los monstruos de Berimastia con ellos... ¡ª Entendi¨® Francois ¡ª Le propongo algo para calmar un poco las aguas con los feralis; Exterminar¨¦ a todos los Doppleganger, para que as¨ª no les molesten, mientras mi hermano termina de hablar con los feralis ¡ª Ofreci¨® mientras extend¨ªa la mano Lokuss, comenz¨® a reir, pareci¨¦ndole muy gracioso el hecho de que un simple humano pensara que pod¨ªa exterminar a tantos monstruos solo, pero estrech¨® su mano, respetando su val¨ªa y aceptando su trato. Capitulo 6: Diplomacia Capitulo 6: Diplomacia
Mientras Linway le¨ªa aquel libro de lenguas, frente a el, en el camino de tierra, varios carros de madera siendo jalados por caballos comenzaban a estacionarse a un lado del camino, acompa?ados de lo que parec¨ªan ser mercaderes nobles son ropas finas, y uno de ellos, el m¨¢s llamativo, ten¨ªa una especie de m¨¢scara sonriente parecida a la de un buf¨®n... La caravana se detuvo a un lado del camino y comenzaron a vocear todo lo que vend¨ªan. Herramientas, armas, armaduras, alimentos, medicinas, servicios de reparaci¨®n y herrer¨ªa, as¨ª como compra de piedras preciosas, platino, oro, plata y cobre. Linway, cerr¨® su libro y se levant¨® impresionado con aquel negocio rodante, se acerc¨® a quien parec¨ªa ser el due?o, quien vociferaba los productos con un carisma admirable... Aquel hombre vest¨ªa un elegante chaleco rojo vino junto a sus pantalones elegantes de el mismo tono, y unos zapatos blancos. Debajo de el chaleco, una elegante camisa llena de volantes, una m¨¢scara de buf¨®n sonriente, y un cabello de longitud media, en un color rojo. ¡ª ?Hey! Que tal, un gusto, elegante mercader... Mi nombre es Linway Chernikov, ?Con quien tengo el gusto? ¡ª Pregunt¨® Linway elocuentemente, mientras que la ferali qu¨¦ hab¨ªa saludado anteriormente, Launya, apoyandose con las manos de el carro y inclin¨¢ndose hacia dentro de este mismo, hurgaba con su nariz las herramientas en exposici¨®n ¡ª ?Que tal, joven Linway! Rush Gold, ese es mi nombre. ?Le interesa alguno de nuestros productos o servicios? ¡ª Respondi¨® con la misma energ¨ªa, aquel mercader enmascarado ¡ª M¨¢s que nada, me interesa saber sobre tu negocio... Parece que vienes de lejos, nunca hab¨ªa visto alguien vistiendo de esta forma... ¡ª Confes¨® Linway con curiosidad de su mascaras ¡ª Oh, jo, jo, jo, vengo de no muy lejos... Soy un emprendedor de una nueva regi¨®n al oeste, perteneciente a Queenlanding; Kingold ¡ª Respondi¨® con un tono de voz mel¨®dico ¡ª Woow, que cosa m¨¢s interesante... ?Y que los trae por aqu¨ª? ?Por que venir a las tierras libres a comerciar en vez de ir a vuestra capital? ¡ª Pregunt¨® Linway ¡ª Hmmm, digamos que es por oportunidades laborales haha... Soy un emprendedor como ya mencion¨¦, un hombre que le gusta hacer negocios de forma inteligente. En la capital ya hay cientos de mercaderes, pero en "Estas tierras libres" no es tan com¨²n el comercio. Sobre todo, es com¨²n el intercambio de bienes... As¨ª que un d¨ªa, caminando entre estos pueblos, divis¨¦ que la gente animal, sin importar su clase social, viste con gemas brillantes y de la m¨¢s fina calidad... Y uno de ellos me ofreci¨® una humilde estafa: El me daba una de sus in¨²tiles piedras bonitas, y yo le daba un paquete de hachas, piedras para afilar, cuchillos, una mochila y un par de trampas para osos. ¡ª Explic¨® Rush, con detalle, mientras le se?alaba varios de sus productos. No hab¨ªa de que quejarse, las herramientas y armas se ve¨ªan de un metal bien forjado, y as¨ª mismo, brillaban con el ese amenazante filo. ¡ª Wooow, vaya... Realmente si que aprovechas oportunidades... Pero no se te ocurra estafar a mi gente, ?Eh! ¡ª Amenaz¨® Linway crujiendose los pu?os ¡ª ?Estafar? Para nada. Ellos son completamente conscientes de ¨¦l pago que me otorgan... Solamente que, en mi pueblo valen m¨¢s las piedras, y en el suyo valen m¨¢s las herramientas. Es ganar-ganar ¡ª Dijo Rush, excusandose mientras sonre¨ªa ¡ª Hmm bien... A fin de cuentas no te equivocas... ¡ª Dijo Linway pensativo, mientras Launya tomaba un bolso de cuero ¡ª Waaah... Nyrasisiaaa ¡ª Exclam¨® hacia Rush, quien solamente levant¨® un dedo, y se?al¨® un ruby en el bot¨®n de su manga ¡ª Una gema, por un bolso, peque?a ¡ª Entonces, Launya le entreg¨® una piedra com¨²n y corriente, comonsi ya la tuviese lista ¡ª Nya ¡ª Dijo con una sonrisa, pero Rush se neg¨® a venderle aquella bolsa ¡ª No, no... Piedra brillante y de color ¡ª Explic¨® en el idioma de los humanos, ambos sin entenderse ¡ª ?Quieres esa bolsa, peque?a Launya? Bien. Aqu¨ª tienes, Rush. Gracias por la charla, tomalo como un pago y propina haha ¡ª Brome¨® Linway mientras arrancaba uno de los botones de su camisa, los cuales ten¨ªan una aguamarina al medio ¡ª Pero que soberano muchacho, muchas gracias... Vuelve pronto ¡ª Agradeci¨® mientras se guardaba el bot¨®n de Zafiro Linway extendi¨® la bolsa hacia Launya, y ella exclamo alegremente sorprendida ¡ª Waaah, Wawaa ¡ª Hacia Linway, mientras le extend¨ªa la mano para darle aquella peque?a roca Linway, le acarici¨® la cabeza y tom¨® la piedra como un agradecimiento... Launya le tom¨® la mano mientras ronroneaba, y comenz¨® a tirar de el, aunque, evidentemente, Linway era alto y de una complexi¨®n musculosa, y aquella felina era bastante bajita y delgada, por lo cual apenas pod¨ªa moverlo un cent¨ªmetro ¡ª ?aaaaghh ¡ª Gru?¨® Launya, intentando sacar todas su fuerzas para moverlo, sin un m¨ªnimo de ¨¦xito. Linway comprendi¨® lo que la gata intentaba hacer, as¨ª que se dej¨® jalar por ella, movi¨¦ndose hacia donde ella le intentaba llevar... Camin¨® con saltitos y despu¨¦s de unos minutos termin¨® llev¨¢ndolo con un grupo de Feralis igual de delgados que ella y un poco m¨¢s altos, entre ellos tambi¨¦n hab¨ªan peque?os cachorros felinos... Launya se?al¨® a los cachorros y exclam¨® ¡ª Mau, Maaaaauuu ¡ª mientras con la otra mano, jalaba la camisa de Linway ¡ª No, no... Yo soy Linway, no Mau ¡ª Aclar¨® Linway ¡ª ?Linyay maaaaaaauuuu ¡ª Segu¨ªa exclamando la mujer gato, y entonces comenz¨® a hacer se?as con su mano. Parec¨ªa unir los dedos de una de sus manos y dirigirlos hacia su boca varias veces ¡ª ?Ohh! ?Tienen hambre? ¡ª Entendi¨® Linway ¡ª ?Ny ny! ¡ª Confirm¨® Launya con una sonrisa ¡ª Oooh, bien. Entiendo, Launya. Ir¨¦ con Rush y les comprar¨¦ algo de comida. ?Si? ¡ª Acept¨® ayudar a aquellos cachorros ¡ª Miaaaao cof cof ¡ª Launya sigui¨® haciendo mimicas y sonidos extra?os, pero intentando dar a entender que, esos cachorros tambi¨¦n estaban enfermos ¡ª ?Cof cof? ¡ª Pregunt¨® Linway ¡ª Cof cof ¡ª Confirm¨® Launya ¡ª Bien, entonces tambi¨¦n les comprar¨¦ medicina ¡ª Dijo, quit¨¢ndose otro de los botones de la camisa, los cuales no usaba ya que sol¨ªa dejarse desabotonados unos tres botones para tener el pecho fresco. Camin¨® de vuelta con Rush, y le extendi¨® el bot¨®n ¡ª ?Cuanta comida y medicina me dar¨ªas por esta aguamarina? ¡ª Pregunt¨® Linway, sin tener idea de el valor de las gemas al venir de una tierra libre ¡ª Jumm... Te dar¨¦ 100 raciones y 50 paquetes de hierbas medicinales, junto a un kit para fabricar medicinas. ¡ª Ofreci¨® Rush, Linway enseguida impresionandose por la incre¨ªble cantidad, y sobre todo sinti¨¦ndose algo estafado por el bolso que le compr¨® a Launya, ya que podr¨ªan haber comprado m¨¢s comida, aunque el bolso en si, estaba hermosamente dise?ado y ten¨ªa adornos en perlas. ¡ª Bien, trato hecho, por favor dile a tus hombres que nos ayuden a llevarlas¡ª Dijo entreg¨¢ndole el bot¨®n Enseguida, Rush comenz¨® a empaquetar todo lo que hab¨ªa propuesto a cambio de el bot¨®n con una larga cuerda, y mientras lo hac¨ªa, pregunt¨® ¡ª ?Por que necesita tantos recursos, joven? ¡ª Con curiosidad ¡ª Ohh, pues... Algunos aldeanos han batallado para conseguir alimentos, creo... Seguramente a causa de su reciente mudanza, y algunos han ca¨ªdo enfermos a causa de que por aqu¨ª hace m¨¢s fr¨ªo. As¨ª que, ya que ser¨¦ su futuro representante, les doy un poco de ayuda ¡ª Explic¨® Linway ¡ª Ohh, entiendo... Entonces, a pesar de no ser su l¨ªder o representante, a¨²n as¨ª les ayudas. As¨ª es como debe pensar y actuar un l¨ªder. No importa el deber o la responsabilidad, sino el liderazgo mismo¡ª Mencion¨® Rush mientras met¨ªa las hierbas en una bolsa ¡ª No tengo que ser su l¨ªder para ayudarlos, as¨ª es... ¡ª Confirm¨® Linway. Coincidiendo con Rush y su ideolog¨ªa ¡ª Pero... ?Cuando seas su l¨ªder piensas alimentarlos y darles medicamento tu, con tu propia riqueza? ¡ª Cuestion¨® Rush a Linway ¡ª Es decir, comprendo tu bondadosa acci¨®n pero, ?No ser¨ªa mejor asegurarles y ense?arles un buen oficio en el cual sepan que nunca tendr¨¢n hambre o tengan que arriesgar sus vidas? No darles los peces, ni siquiera las ca?as. Sino, darles los r¨ªos ¡ª Explic¨® Rush con cuidado ¡ª Hmm... No te equivocas, pero... ?Como podr¨ªa traerles un r¨ªo? Ciertamente sus crisis, se deben a su sociedad primitiva, al no actuar como una sociedad capitalista como en tu reino, cada quien debe ganarse la vida arriesgandose... ¡ª Pens¨® en voz alta, Linway Unauthorized duplication: this tale has been taken without consent. Report sightings. ¡ª Pues... He visto que esta gente es muy buena haciendo artesan¨ªas, adem¨¢s de que, tienen en sus tierras minas ricas en gemas y minerales... Tengo muchos contactos... Si tan solo, tu como su l¨ªder, los organizaras para que nos consiguieran piedras preciosas y minerales, as¨ª como fabricar artesan¨ªas, entonces nosotros les traer¨ªamos alimento, herramientas, medicamentos, ropajes y incluso ganado. Adem¨¢s de que nos encargar¨ªamos de construirles sus hogares¡ª Ofreci¨® Rush a Linway, un trato bastante tentador para el ¡ª Hmm... Entonces, los feralis siguen trabajando, pero en vez de trabajar cazando y peleando contra criaturas para poder alimentarse, dej¨¢ndole a la suerte si encontrar¨¢n comida suficiente, ellos tendr¨¢n asegurado su pago... ¡ª Reafirm¨® Linway lo conveniente del plan ¡ª ?Exacto! Y as¨ª no cambias nada de su cultura... Para ellos ser¨¢ as¨ª de simple: Tu picar piedras bonitas, yo darte mucha comida, ropa, medicina y animales ¡ª Sigui¨® Rush arrimando las partes positivas de aquel plan, mientras el atardecer se posaba sobre ellos ¡ª Bien... Si sigues aqu¨ª, te dar¨¦ una respuesta esta semana, necesito hablar con mi hermano... ?Oh, ir¨¦ a entregar esto, nos vemos! ¡ª Dijo Linway, tomando la bolsa con los recursos y llev¨¢ndosela a los cachorros Feralis con ayuda de un trabajador de Rush, entregandosela a un anciano, el cual comenz¨® a repartir todo. ¡ª ?Mnya! Miashias, miauacho gigante ¡ª Dijo Launya, intentando hablar el idioma humano, mientras acariciaba su cabe cabeza contra el brazo de Linway ¡ª ??Queeeh?! ?Entonces si me entendiste todo este tiempo? ¡ª Dijo Linway, sorprendido de la inteligencia de aquella felina ¡ª ?ou ¡ª Dijo la chica gato, mientras sonre¨ªa puramente hacia Linway Este mismo comenz¨® a re¨ªr suavemente y le acarici¨® la cabeza con una sonrisa en su rostro... En otro lugar, Louisse y Sombrita corr¨ªan detr¨¢s de ¨¦l herido grifo, exhaustos, y Louisse empapado de sudor, pues hab¨ªan llegado casi a los limites del oeste de Mostiberio, siguiendo y rastreando al grifo durante horas. ¡ª ?Se?or grifo, espere, lo ayudaremos! ¡ª Dec¨ªa Louisse, sosteniendo a Sombrita en sus brazos, quien ya no aguantaba correr m¨¢s Al grifo le costaba elevarse, y casi solamente planeaba sobre el suelo. Entonces, Louisse tom¨® a Sombrita y apunt¨® ¡ª ?Tendr¨¢s que detenerlo, Sombrita! ?Fuego! ¡ª Grit¨®, y entonces lanz¨® a Sombrita por el aire, la cual cay¨® en la cabeza de el grifo, quien segu¨ªa volando Sombrita, asustada, sin saber que hacer, se limit¨® a agarrarse bien fuerte de la cabeza de el grifo, entonces levant¨® una de sus patitas y comenz¨® a golpear varias veces en la cabeza al grifo, hasta que finalmente el grifo baj¨® al suelo y dej¨® de volar, tir¨¢ndose al suelo ¡ª ?Lo hiciste, Sombrita! ¡ª Dec¨ªa Louisse entusiasmado Sombrita, ten¨ªa una expresi¨®n sorprendida, su boca se abr¨ªa con su mand¨ªbula cayendo y sus ojos estaban igual de abiertos. Parec¨ªa que estaba sorprendida de haber logrado derrotar a un grifo ella sola. ¡ª ?Se?or grifo, est¨¢ bien? ¡ª Se acerc¨® Louisse, acariciando la cabeza de el grifo Aquel monstruo apenas y pod¨ªa abrir sus ojos, y se notaba como la sangre comenzaba a llenar el suelo, marchitandolo muy lentamente... ¡ª ?Sombrita, agarra su herida con tus garras y cierrala! ¡ª Orden¨® Linway, y enseguida Sombrita, como si se tratase de una grapa, empez¨® a cerrar la enorme herida en la costilla de el grifo, causada por una enorme estaca helada qu¨¦ Kronus hab¨ªa lanzado Louisse, se quit¨® su bufanda y comenz¨® a vendar al grifo con fuerza, y despu¨¦s junt¨® sus palmas arrodillado ¡ª Por favor, esp¨ªritus y hadas de estas tierras, vengan, y sanen la herida de este pobre animal ¡ª Rez¨® Louisse, esperando que un milagro comenzara a sanar al grifo Pero algo inesperado ocurri¨®: Un hombre en una armadura negra, el cual sosten¨ªa una maza, quien caminaba por el mismo camino de tierra donde el grifo fue derribado, se acerc¨® ¡ª Uyy, pero qu¨¦ agradable sorpresa... ?Un grifo, eh? Nos dar¨ªan unas 5000 monedas de oro si vendemos su cuerpo al mercader correcto, ahora... Si lo llevamos vivo, puede que nos den el triple ¡ª Ofreci¨® con emoci¨®n aquel hombre, acerc¨¢ndose de forma imprudente, como si fuera un tema que le incumbiese Louisse enseguida devolvi¨® su mirada al hombre mientras sosten¨ªa su mano en las costillas de el grifo ¡ª ??Eh!? ?No! ¡ª Se neg¨®, confundido pero ofendido por las palabras del hombre ¡ª ?No? Por dios, ni?o, no sabes de negocios... Mira, te dar¨¦ el diez porciento, hazte a un lado. Me agradecer¨¢s despu¨¦s ¡ª Dijo el hombre, acerc¨¢ndose lentamente al grifo, resonando el eco de su pesada armadura en las paredes de los cerros que rodeaban el camino ¡ª ?Dije que no! ¡ª Grit¨® Louisse, empu?ando su lanza y apuntandola hacia el hombre, notablemente irritado por su actitud ¡ª ?Eh? ?Que te pasa, me apuntas con una arma? ?Quieres pelea ni?o? Parece que necesitas aprender un poco de respeto y modales. No blandes un arma contra alguien que no planeas lastimar ¡ª Dijo el hombre con un tono juguet¨®n, mientras desenfundaba su maza ¡ª ?Fuera! ¡ª Grit¨® nuevamente Louisse, empujando su lanza contra el pecho del hombre... M¨¢s sin embargo, solamente logr¨® hacerle una peque?a abolladura a su armadura, pues la lanza no logr¨® atravesar. ¡ª Dios, ?Que pasa con esas intenciones asesinas? Cualquier guerrero cuerdo hubiera golpeado otro sitio, pero tu vas directo a matar ?Eh? ¡ª Se sorprendi¨® aquel hombre, aunque sonri¨® bajo su casco, y con una mano, jal¨® la lanza de Louisse, la cual estaba trabada en su armadura, y con la maza golpe¨® al joven noble en el centro de la cara Louisse cay¨® al suelo, boca arriba, con la nariz sangrado y varias cortadas en la cara a causa de los relieves del mazo, mientras que Sombrita le sise¨® arqueando la espalda ¡ª Quiz¨¢s esto te ense?e a no volver a blandir un arma por una tonter¨ªa ¡ª Dijo el hombre, balanceado su maza contra la cabeza de Louisse de nuevo, empuj¨¢ndolo hacia atr¨¢s con un brutal golpe a su mand¨ªbula... Enseguida, su boca comenz¨® a sangrar igualmente, y el hombre se par¨® sobre el brazo de Louisse, levantando la maza, con la intenci¨®n de romperlo de un golpe, o algo peor. Enseguida, Sombrita se lanz¨® contra la pierna de el hombre, intentando morderlo, pero en vano, pues apenas y pod¨ªa atravesar su gruesa armadura, y como respuesta, el hombre pate¨® fuertemente a Sombrita, la cual choc¨® contra el grifo, comenz¨® a maullar de dolor, intentando levantarse pero cay¨¦ndose en el intento ¡ª Mghf- Hijo de perra ¡ª Insult¨® Louisse al hombre, escupiendo sangre en el proceso ¡ª ?Oh! Parece que quieres que el siguiente tambi¨¦n conecte a tu boca ¡ª Se burl¨® el hombre, volviendo a levantar su maza ¡ª J-jodete... Te voy a ma-tar ¡ª Dijo Louisse con una mirada furiosa contra el hombre, pero sin poder moverse por el dolor... Solamente atin¨® a agarrar una roca afilada, y la estamp¨® contra el casco del hombre, quien apenas y se inmut¨®... ¡ª ?Y as¨ª me vas a matar? ?Ja ja j-! ¡ª Comenz¨® a burlarse el hombre, carcaje¨¢ndose lentamente, pero enseguida un fuerte impacto lo empuj¨® contra el suelo, cayendo a un lado de Louisse. Sinti¨® un fr¨ªo recorriendo su espalda en forma de liquido, el estaba sangrando. Cuando volte¨® hac¨ªa atr¨¢s, estando sentado boca arriba en el suelo, observ¨® a Francois, quien hab¨ªa su hacha contra la espalda del hombre cuando este se burlaba de su hermano ¡ª ?Intentando matar a un ni?o? No mereces vestir una armadura de caballero tan majestuosa, maldito cobarde ¡ª Insult¨® Francois al hombre mientras esperaba a que se levantara, decidiendo pelear con honor ¡ª Ja ja ja... Soy un caballero oscuro, maldito rid¨ªculo ¡ª Dijo, tomando su maza y saltando al levantarse, girando su mazo y estamp¨¢ndolo contra en el rostro de Francois, quien se tambale¨® hacia atr¨¢s, con su nariz sangrando y aturdido por el golpe. No esperaba que el hombre se levantase y lo golpeara, sino que se levantara y ambos se pusieran en guardia. ¡ª ?No vistes un casco por mostrar tu bello rostro a las damas? Ah¨ª est¨¢ la desventaja, no aguantar¨ªas muchos de estos ja ja. Pero no te preocupes, me encargar¨¦ de que quieras ocultar tu cara en un casco ¡ª Continu¨® burl¨¢ndose, mientras se pon¨ªa en guardia ahora si Francois, por su parte, sostuvo con firmeza su hacha ¡ª No tienes honor, sucio cobarde ¡ª Dijo Francois, girando su hacha contra las costillas del hombre, quien con su mazo, golpe¨® la punta de el hacha, bloqueando su ataque ¡ª Vas a necesitar m¨¢s que eso, esa arma es muy lenta y larga, dif¨ªcil de controlar ?Jajaja! ¡ª Dijo el caballero oscuro mientras embest¨ªa contra Francois, fingiendo que atacar¨ªa con su maza, haciendo que Francois se cubriera, pero soltando un fuerte pu?etazo contra su rostro, el cual lo hizo tambalearse de nuevo ¡ª ??Eso es todo!? Solamente sirves para dar golpes por la espalda y hablas de homor. ?Yo, Erron Sanss, soy invencible! ¡ª Dijo, mientras golpeaba su maza contra el abdomen de Francois, el cual solamente se tambale¨® un poco, sin recibir da?o alguno ¡ª Hablas mucho. Justo lo que un cobarde narcisista har¨ªa ¡ª Dijo Francois con una sonrisa en la cual se filtraba la sangre de su nariz... Tom¨® con firmeza su hacha y la levant¨® al aire mientras gritaba y se preparaba para un brutal ataque, y despu¨¦s la desliz¨® con fuerza hac¨ªa abajo El hombre levant¨® su maza, deteniendo el ataque de nuevo con una sonrisa ¡ª ?Ser¨¢ que la armadura es muy pesada para ti, peque?o princi-?¡ª De nuevo intent¨® provocarlo da?ando su orgullo, pero se detuvo enseguida... Louisse,aprovech¨® qu¨¦ la armadura se hab¨ªa abierto en su espalda a causa de el corte de Francois, y atraves¨® su lanza, empujandola con fiereza hasta lo m¨¢s profundo de su carne ¡ª ?Nywaghhhh! ¡ª Gritaba con Furisa Louisse, apenas pudiendo ver por la sangre que cegaba su vista, pero pudi¨¦ndose mantener de pie gracias a su adrenalina Francois aprovech¨® esto, para patear al hombre y hundir a¨²n m¨¢s la lanza en el, hasta que esta atraves¨® el otro lado de la armadura... El hombre di¨® un codazo hacia atr¨¢s, derribando a Louisse, y enseguida le di¨® otro pu?etazo a Francois, haci¨¦ndolo caer igualmente... Aquel caballero se tambale¨®, en shock por la lanza qu¨¦ ahora atravesaba su pecho, y ahora si, shokeado, comenz¨® a alejarse r¨¢pidamente, huyendo de el combate... ¡ª ?Mal-dito ni?o psicopata, me las vas a pagar! ¡ª Grit¨® mientras se alejaba Louisse se arrastr¨® a la pobre gatita, ahora si, sin poderse levantar, y extendi¨® su mano hacia ella, adolorido, pero cay¨® desmayado antes de poderla tocar... Francois se levant¨® con muchisimo dolor y cansancio, y enseguida tom¨® una cuerda de su mochila, la cual atraves¨® alrededor de el grifo. Carg¨® a su hermano en la espalda y a la pobre gatita en sus brazos, y agarr¨® con fuerza la cuerda para jalar al grifo... Solt¨® su pesada, dej¨¢ndola abandonada en el suelo, y hizo lo mismo al desabrochar su pechera, para aguantar el peso. Selines le daba de comer a Cella con una cuchara, llevando una cuchara a sus labios, pero esta enseguida cerr¨® la boca y apunt¨® hacia la ventana ¡ª ?Mira, mam¨¢! ¡ª Exclam¨® sorprendida, y entonces Selines tambi¨¦n se asom¨® Francois, hab¨ªa logrado cargar a un grifo, a su hermano y a la gatita hasta la entrada de la caba?a de Selines... El hab¨ªa visto varios carteles que se?alaban hacia su casa en el camino, etiquetandola como una sanadora, as¨ª que decidi¨® llevarlos ah¨ª como ¨²nica opci¨®n... Esta enseguida abri¨® la puerta y corri¨® hacia Francois ¡ª ?Pero que ha ocurrido, joven caballero? ¡ª Pregunt¨® con preocupaci¨®n, poniendo su mano en la mejilla de este mismo y mir¨¢ndolo con preocupaci¨®n, pero Francois apart¨® su mano ¡ª No importa, ayudalos a ellos ¡ª Dijo, tambaleandose y intentando no caer inconsciente... Solt¨® la cuerda con la que jalaba al grifo, y se abri¨® paso a trav¨¦s de la caba?a, acostando a Louisse en el sill¨®n a un lado de la chimenea, mientras que a Sombrita la coloc¨® sobre un coj¨ªn... Louisse no paraba de delirar "Sombrita", deseando en el fondo de su alma que la pobre gatita sobreviviera al innecesario, s¨¢dico y brutal golpe que Errron le hab¨ªa dado. Capitulo 7: El Oeste Capitulo 7: El Oeste
Cerwyn camin¨® de vuelta hacia Linway, el cual estaba sentado en aquel ¨¢rbol, con Launya platicandole algo en su idioma. ¡ª Nyami mui sumi miamianya ¡ª Dec¨ªa con alegr¨ªa Launya, haciendo se?as que, Linway no entend¨ªa ni un poco. El joven noble, se limitaba a asentir con una sonrisa, y de vez en cuando hac¨ªa expresiones de asombro e inter¨¦s, y cuando Launya re¨ªa, el lo hac¨ªa de la misma forma, aunque no entendiese de lo que hablaba o el chiste mismo. ¡ª Disculpe la tardanza, se?or Lin- ¡ª Cerwyn intent¨® disculparse, pero Linway lo interrumpi¨® abriendo la palma de su mano hacia su hocico, callandolo ¡ª Espera, deja que termine de platicarme ¡ª Dijo sin siquiera voltear hacia Cerwyn. Con una mirada de inter¨¦s hacia Launya Cerwyn sonri¨® y solt¨® un par de suaves risas, pues sab¨ªa que Linway claramente no estaba entendiendo nada. ¡ª ?Sab¨ªa usted, se?or Linway, que, en el lenguaje Semi-Felino no existe algo parecido a platicar? ¡ª Pregunt¨® Cerwyn con amabilidad ¡ª ?Como no? ¡ª Pregunt¨® Linway, difiriendo de Cerwyn, pues justamente Launya estaba platicando con el ¡ª Su lenguaje est¨¢ menos desarrollado. Hablan en indicaci¨®nes y palabras clave. ?Acaso cree que podr¨ªan hablar extensamente como nosotros, solo diciendo nya y miau? ¡ª Pregunt¨® Cerwyn, mientras Launya segu¨ªa hablando, como si este no se encontrara ah¨ª, aunque ahora ya no le prestaban atenci¨®n, y cuando se dio cuenta, estando al fondo, baj¨® las orejas y se qued¨® callada observandolos ¡ª ?Y entonces que est¨¢ diciendo? ¡ª Pregunt¨® Linway ¡ª Puedes interpretarlo si conoces sus palabras clave, afortunadamente esa es la sencilleza de conocer su lengua. Es como saber identificar sus maullidos. Por ejemplo, ahora mismo solo estaba diciendo "Bestia, grande, cazar, yo. ?Hombre, gigante, Linway, bestia, cazar? " ¡ª Tradujo Cerwyn, mientras levantaba su mano para acariciarle la cabeza a Launya, notando su des¨¢nimo ¡ª ?Oh! Pues si que es m¨¢s crudo, pero entonces si se puede charlar con ella... No, no, yo no cazo. Mi hermano menor, Linway chiquito, Louisse, el si caza. ¡ª Neg¨® con la cabeza Linway mientras, intentaba comunicarle lo que dec¨ªa a Launya con se?as As¨ª mismo, Launya tambi¨¦n fing¨ªa entender, haciendo un rostro impresionado ¡ª ?Tu nyo caza? ?Mia compa?yar! ¡ª Dijo Launya, y tom¨® a Linway del brazo, jalandolo hacia el bosque, con Cerwyn sigui¨¦ndolos por detr¨¢s ¡ª Comienzo a sospechar que si nos entiende, Cerwyn ¡ª Dijo Linway, con un poco de recelo al ver que Launya lograba hablar en idioma humano de vez en cuando, mientras era jalado por esta misma ¡ª Quiz¨¢s, podr¨ªa ser que ella tambi¨¦n entienda las palabras clave de tu habla. ¡ª Dijo Cerwyn, acariciando su barbilla y acelerando el paso para seguirlos ¡ª Me parece sinceramente adorable tu actitud ante esta gente. Usualmente, incluso si son gente libre, nos ven a los Feralis como animales o mascotas, incluso como ni?os. Pero pareces tratar a la joven Launya como si fuese una persona m¨¢s. ¡ª Dijo con una sonrisa, mientras se frotaba una asta ¡ª ?Pues, son personas, no? ¡ª Dijo Linway con obviedad ¡ª Claro. Pero para los dem¨¢s no tenemos muchas diferencias con los animales. ¡ª Explic¨® Cerwyn Entonces, Launya de pronto se coloc¨® en cuatro patas en el suelo, y di¨® un salto, atrapando a algo con sus colmillos. Cuando levant¨® la mirada y Cerwyn y Linway observaron qu¨¦ es lo que hab¨ªa atrapado, ten¨ªa a un conejo enganchado en sus colmillos, sosteniendolo por el cuello. Entonces, se acerc¨® con una sonrisa y aquel marchito conejo en sus peque?as fauces llenas de su sangre. ¡ª Miamiany ¡ª Dijo la chica felina, mientras sacudia al conejo frente a Linway ¡ª ?Q-Que? ¡ª Pregunt¨® Linway, bastante sorprendido, sin entender lo que Launya quer¨ªa ¡ª Creo que se lo est¨¢ ofreciendo. Parece que le cay¨® muy bien, se?or Linway, tanto que ahora le quiere alimentar ¡ª Dijo Linway, desviando la mirada ligeramente inc¨®modo ¡ª ?Por que no lo pruebas tu primero, Cerwyn ¡ª Dijo Linway con una sonrisa forzada ¡ª No gracias, ya com¨ª. Adem¨¢s, soy un ciervo, soy herviboro. ¡ª Dijo, mientras arrancaba un manojo de hierba a un lado, y comenzaba a masticarlo, fingiendo que le gustaba y ocultando su expresi¨®n de asco tr¨¢s una sonrisa ¡ª Bueno, pues ya ni modo... ¡ª Dijo Linway, rindiendose y con un tono desanimado, tomando el conejo y preparando todo su valor para darle una mordida, en la que logr¨® arrancar un pedazo de carne ensangrentado. Comenz¨® a masticarlo fingiendo una expresi¨®n de disfrute, para no faltarle al respeto a ¨¦l gesto de Launya. ¡ª ?Hmm! Delicioso. Pero, ?Que tal si, lo cocinamos? As¨ª de que, fum fum, fuego ¡ª Dijo Linway, mientras se sent¨ªa mal por com¨¦rselo, pues le recordaba a su sirvienta Mishka, la cual justamente era una Ferali Semi-Conejo. ¡ª Waaah, ni ni ¡ª Dijo Launya, asintiendo y tom¨® a Linway de nuevo de la mu?eca, para jalarlo hacia una peque?a hoguera al final de uno de los caminos que llevaba a la casa de el l¨ªder de los Ferali. As¨ª, se sent¨® junto a el par de nobles, y comenz¨® a cocinar el conejo, ensartandolo en un palo y extendiendolo a la hoguera como si fuera un bomb¨®n ¡ª ?Ves? Te digo que si me entiende ¡ª Dijo Linway con una sonrisa hacia Cerwyn ¡ª Bueno, no ser¨ªa la ¨²nica semibestia en esta aldea qu¨¦ conoce el idioma humano. Si no estoy mal, ella es la l¨ªder de los exploradores. Quiz¨¢ en su constante interacci¨®n con Billy y sus invitados, aprendi¨® un poco de humano. ?Ah! Nos dimos muchos rodeos. Ya record¨¦ lo que quer¨ªa decirte, Linway. El l¨ªder de los Feralis semi-caninos, me inform¨® que, han estado alejando su pueblo de las monta?as del oeste, ya que han visto luces aterrorizantes y escuchado fuertes truenos. Dicen que seguramente son demonios y monstruos antiguos. Es por eso que han comenzado a desplazar los campamentos hacia el norte, osea Mostiberio, para as¨ª alejarse de las zonas con truenos ¡ª Explic¨® Cerwyn con calma y detalle ¡ª ?Entonces todo es por eso? ?Y que les propusiste? ¡ª Pregunt¨® Linway ¡ª Les dije que, si lograbamos solucionar el problema con los truenos, volvieran a su territorio. Afortunadamente aceptaron, aunque sinceramente no soy un aventurero como tu, as¨ª que tendr¨¢s que encargarte solo. No tengo un m¨ªnimo conocimiento en la exploraci¨®n ni el combate en caso de toparnos con alg¨²n monstruo, y solo ser¨ªa un estorbo ¡ª Pidi¨® Cerwyn, explicandose, aprovechando que Linway ya estaba ah¨ª ¡ª Waaah, ni ni ni, mial fuuuum, mia ghhhhh, shuu, mauuu ¡ª Contest¨® Launya a Cerwyn, siseando al final y esponjando su pelaje, con una expresi¨®n que rozaba el enojo y el miedo, mientras le daba una mordida a su conejo asado ¡ª ?En serio? Vaya... Entonces eso significa que esos truenos deben ser muy fuertes para escucharse inclusive hasta aqu¨ª. Ella dijo "Ohh, si, si, el cielo explot¨® y yo me molest¨¦ mucho. El sonido era muy fuerte y me doli¨®" ¡ª Respondi¨® y tradujo Cerwyn Linway se llev¨® el dedo al ment¨®n, pensando ¡ª Hmmm... Bueno, entonces ir¨¦ a revisar al oeste, evitar¨¦ acercarme al pueblo de los Ferali caninos. ¡ª Dijo, levant¨¢ndose, y tomando su mochila If you stumble upon this narrative on Amazon, be aware that it has been stolen from Royal Road. Please report it. Launya le tom¨® la mu?eca de nuevo, intentado detenerlo, pero solamente logr¨® ser jalada a causa de el impulso de Linway. Este regres¨® la mirada, confundido y preocupado por haberla lastimado ¡ª ?Oh! Launya, ?est¨¢s bien? ¡ª Launya levant¨® el dedo pulgar y sonri¨®. ¡ª Mia ni. ¡ª Comenz¨® a se?alarlo y negar con la cabeza, y despu¨¦s hizo una se?a de dormir, para despu¨¦s se?alar al cielo ¡ª Intenta decirte que es mejor dormir, pues ya es muy noche ¡ª Explic¨® Cerwyn ¡ª Te recomendar¨ªa lo mismo, eres un humano. Tu vista en la noche no es mejor que la de todas las bestias que se esconden en Berimastia ¡ª Sugiri¨® Cerwyn ¡ª Hmm... Pues bueno, a mimir. ¡ª Dijo Linway, sin rezongar un poco ¡ª La gente del pueblo nos dejar¨¢ dormir en su territorio, as¨ª que dormiremos en esta hoguera, aprovechando que Launya nos trajo aqu¨ª, as¨ª que, p¨®ngase c¨®modo, joven Linway ¡ª Dijo Cerwyn, mientras se desaflojaba la corbata Mientras Cerwyn sacaba una bolsa de dormir y la pon¨ªa cerca de el fuego para dormir calentito, Linway intent¨® acostarse sobre el tronco en el que estaba sentado, para dormir sobre el, pues no ten¨ªa una bolsa de dormir y de lo contrario, dormir¨ªa en el piso, sobre la tierra ¡ª Waaah, nyapi ¡ª Dijo Launya, mientras entraba a una de las casas de campa?a, para sacar una bolsa de dormir hecha de pieles animales. La coloc¨® igualmente cerca de el fuego, y se subi¨® encima. Arrodillada y inclin¨¢ndose hacia abajo. Comenz¨® a amasar la bolsa de dormir con una pasi¨®n y emoci¨®n indescriptibles. Sonre¨ªa con determinaci¨®n, como si terminar de amasar esa bolsa fuera el logro m¨¢s anhelado. Despu¨¦s de unos 15 minutos, y de que Cerwyn se quedase dormido, as¨ª como Linway tambi¨¦n se durmiese sentado en el tronco, termin¨® de amasar la bolsa de dormir. Pero cuando regres¨® su mirada hac¨ªa Linway y vi¨® que este ya se hab¨ªa dormido, Launya se molest¨®, frunci¨® el ce?o mientras ve¨ªa fijamente a Linway, y entonces le mordi¨® el brazo. ¡ª ??Ah?! ??Que paso?! ¡ª Pregunt¨® Linway, asustado y viendo a todos lados Entonces, con una expresi¨®n molesta, Launya se?al¨® la bolsa de dormir. ¡ª Mwagh ¡ª Exclam¨® molesta, y volte¨® la mirada para despu¨¦s meterse a su casa de campa?a Linway no entend¨ªa absolutamente nada, ni por que Launya estaba enojada, pero el cansancio de el viaje y de todo el d¨ªa, le hizo simplemente decidir meterse en la bolsa y quedarse profundamente dormido. Mientras tanto, justo cuando la noche ca¨ªa, Celeste vendaba con cuidado a Varus, el cual a su vez, vendaba la cola de Hyenaris, su peque?o drag¨®n. ¡ª Au... Auuch ¡ª Quej¨¢ndose, Varus daba peque?os saltitos de dolor ¡ª ?Deja de moverte, Varus! ?Te va a doler m¨¢s si no te quedas quieto! ¡ª Rega?¨® Celeste a su compa?ero, y entonces apret¨® con fuerza las vendas ¡ª ?Aaah, auch! ?Eso duele horrible! ¡ª Sigui¨® quej¨¢ndose, sin poder evitar moverse y gritar ¡ª ?Ya, ya! Garyndor no tarda en llegar. De hecho, ahora que veo que se ha ocultado el sol, debe de estar muy cerca ¡ª Dijo Celeste, viendo hacia el cielo ¡ª Cuando llegue, usar¨¢ un conjuro de sanci¨®n sobre sus heridas. Solo aguanta un poco m¨¢s ¡ª Hyenaris, por su parte, no se quejaba ni un poco. A pesar de ser m¨¢s delgadas y peque?as, sus escamas le hab¨ªan protegido muy bien de los rasgu?os. En el cielo, un aleteo comenz¨® a escucharse, y as¨ª, Varus, suspir¨® con alivio, sent¨¢ndose en el suelo y apoyando la espalda en la barriga de Hyenaris. Entonces, un enorme drag¨®n, el doble de grande que el de Celeste, y de un color verde jade, con largos cuernos curvados, y unas alas delgadas a lo ancho, pero m¨¢s grandes a lo largo, aterriz¨® sobre la monta?a, y de este baj¨® una persona; Era un draconido, un hombre drag¨®n. Ten¨ªa una anatom¨ªa muy parecida a la de un ser humano, pero enormes escamas alrededor de su cuerpo, as¨ª como aquel distintivo hocico de un drag¨®n lleno de colmillos y sus cuernos largos y afilados. Aquel draconido ten¨ªa ojos amarillos y escamas verdes ¡ª ?Garyndor! Varus y su drag¨®n sufrieron un accidente, culpa de un grifo salvaje, y ahora est¨¢n ambos heridos. Por favor, sanale con tu magia ¡ª Avis¨® Celeste a aquel draconido. Garyndor, el cual vest¨ªa una armadura completa, de el mismo color que sus escamas, pero m¨¢s oscuro, as¨ª como las de sus compa?eros, se acerc¨® hacia ellos. ¡ª ?Un grifo? ¡ª Pregunt¨®, mientras extend¨ªa la palma de su mano a la espalda de Varus, la cual estaba obviamente vendada. Entonces pronunci¨® algunas palabras antiguas en el idioma de los dragones, y un brillo verdoso sali¨® de la herida de Varus, la cual san¨® inmediatamente. Entonces, tambi¨¦n apunt¨® su mano a la cola de Hyenaris para hacer lo mismo ¡ª Espero que la capital no se entere de tal insulto. Un elfo jinete de dragones y su drag¨®n, siendo heridos por un simple grifo. No pedir¨¦ explicaci¨®n alguna. Mejor, quiero que me digan si han logrado reconocer el terreno cercano ¡ª Pregunt¨®, mientras sacaba un mapa ¡ª Si... Ver¨¢s, Garyndor. El Oeste est¨¢ lleno de gente animal y gente monstruo. El centro est¨¢ poblado por las hadas, no es recomendable pisar su territorio, ya que son demasiadas, y incluso, han perseguido a mi drag¨®n para echarnos. Aunque, hay una ciudad poblada con humanos en el centro. Mientras que, el este, est¨¢ poblado con gente salvaje ¡ª Inform¨® Celeste a su superior ¡ª Bien... Me parece m¨¢s que perfecto. Entonces, aprovecharemos que tenemos paso libre en el este, para instalar fuertes y puntos de control. ¡ª Dijo mientras observaba con cuidado el mapa ¡ª Solamente hay un problema... A causa de el accidente hubo un alboroto, fuimos visto por un civil... ¡ª confes¨® con algo de miedo en su voz... Sin saber, que aquel "Civil" era el soldado encubierto enviado por Queenlanding, para terminar descubriendolos. Y gracias al accidente causado por Varus, ahora ese "Civil" hab¨ªa enviado un mensaje a Queenlanding; "Mi rey. Sospecho haber encontrado la soluci¨®n de la profec¨ªa. Pero primero, necesito respaldarla. Le pido por favor, que env¨ªe apoyo. Apoyo bien preparado. Si puede enviar a Erron Sanss y a Isavis Arya, estoy seguro que esta misi¨®n se concluir¨ªa en un chasquear de dedos." Al despertar, despu¨¦s de haberse quedado profundamente dormido, por la relajaci¨®n de el t¨¦, sali¨® de la caba?a a escondidas, y env¨ªo un animal mensajero creado con magia, el cual tard¨® pocos minutos en entregar el mensaje a su superior. Para fortuna de Kronus, Erron Sanss se encontraba cerca, por lo cual no demor¨® mucho en acercarse a los l¨ªmites de Mostiberio. Y ah¨ª fu¨¦ donde tuvo un desagradable encuentro con los m¨¢s j¨®venes hermanos de la familia Chernikov. Louisse comenz¨® a abrir los ojos de forma intermitente, mientras enseguida Cella grit¨® ¡ª ?Mam¨¢, mam¨¢! El ni?o ya despert¨®! ¡ª Enseguida, Selines corri¨® hacia los sillones para revisar a Louisse. Comenz¨® a chasquear sus dedos en la cara de este mismo, y hacerle extra?as pruebas acerca de sus sentidos. ¡ª Vale muchacho, dime, ?puedes ver claramente mis dedos? ¡ª Dec¨ªa mientras levantaba un par de dedos ¡ª ?E-Eh? ¡ª Sin entender, Louisse analiz¨® toda la habitaci¨®n con la mirada ¡ª ?Puedes ver claramente mis dedos? ¡ª Volvi¨® a preguntar Louisse ignor¨® su pregunta, se levant¨® de golpe, aunque a¨²n estando sentado en aquel sill¨®n, y pregunt¨® ¡ª ?Y Sombrita? ?Y el Grifo? ?Y Francois? ¡ª Denotando la preocupaci¨®n en su voz. Selines suspir¨®, mientras la ni?a comenz¨® a re¨ªrse silenciosamente. ¡ª Ahh... Que bueno que est¨¢s bien, muchacho... Tu mascota ya est¨¢ bien. El monstruo, lo san¨¦ y se march¨®. Y tu hermano est¨¢ durmiendo profundamente. El est¨¢ bien. Pero le di un t¨¦ para hacerlo dormir un buen rato. Estaba de terco con quedarse despierto hasta que comprobara qu¨¦ estabas bien, y no tuve opci¨®n. ¡ª Explic¨®, se?alando al otro sill¨®n, donde se encontraba Francois durmiendo, aunque en cuesti¨®n de segundos, este se levant¨® de golpe y grit¨® el nombre de su hermano ¡ª ?Louisse! ¡ª Viendo a todos lados. Louisse se levant¨® muy adolorido, y se par¨® frente s su hermano ¡ª Estoy bien. Todo est¨¢ bien. Gracias por habernos salvado, hermano ¡ª Enseguida, Francois se frot¨® los ojos y suspir¨®, aliviado ¡ª Tus piezas de armadura est¨¢n por aqu¨ª... Aunque, cuando llegaste no tra¨ªas tu hacha ni tu pechera ¡ª Explic¨® Selines mientras se?alaba la mesa, donde estaba su armadura bien acomodada ¡ª Ahh... No te preocupes, es lo de menos ¡ª Dijo Francois, bastante relajado aunque se notaba que estaba algo agitado... Louisse se sent¨® a un lado del coj¨ªn donde estaba Sombrita, durmiendo hecha bolita, y la acarici¨® suavemente, esta, ronroneando como respuesta. Despu¨¦s de unos minutos de un silencioso en el que todos se recompusieron, Francois se levant¨® y se comenz¨® a colocar su armadura de nuevo. Mientras que arrancaba una aguamarina que adornaba el pecho de Francois para ponerle sobre la mesa, como pago ¡ª Bien. Debo cumplir una misi¨®n muy importante. As¨ª que, nos vemos. Te lo agradezco de coraz¨®n... ¡ª Hizo una peque?a pausa, intentando recordar si si quiera conoc¨ªa el nombre de la curandera ¡ª ?Como te llamas? ¡ª Selines sonri¨® ¡ª Selines. Selines Mint. Al contrario, te agradezco a ti por haber salvado a mi hija el d¨ªa de ayer ¡ª Agradeci¨® con sinceridad ¡ª ?Hija? Pero si te ves de mi edad haha ¡ª Respondi¨® Francois mientras terminaba de ponerse las grebas ¡ª ?Es mi mami! ¡ª Dijo Cella, abrazando el pie de Selines. ¡ª ?Cuantos a?os tienes, Francois? ¡ª Pregunt¨® Selines ¡ª Dieciocho ¡ª Respondi¨® brevemente Francois, abroch¨¢ndose los brazales Selines se ri¨® ligeramente ¡ª Entonces no tengo tu edad para nada, soy mucho mayor que tu. Aunque voy a reconocerte que eres muy valiente y fuerte para tu edad ¡ª halag¨® a Francois con un brillo en sus ojos ¡ª Solamente hago lo que un caballero debe hacer. En fin, me retiro. Qu¨¦date a descansar otro rato, Louisse ¡ª Orden¨® a su hermano ¡ª ?No! Ir¨¦ contigo, Francois ¡ª Dijo levant¨¢ndose y tomando a Sombrita en sus brazos para seguirlo ¡ª Adem¨¢s te falta una parte de tu armadura y tu arma. Necesitas que te acompa?e ¡ª Francois solt¨® un par de risas a causa de las palabras de su hermano. ¡ª Bien. Pero si algo ocurre, esc¨®ndete. Y no apu?ales a nadie por la espalda... A menos que ese nadie tampoco tenga honor ¡ª ¡ª ?Espera! ¡ª Dijo Selines, bajando a su s¨®tano y despu¨¦s de unos largos minutos, llevando una espada con un guardamano azul turquesa, y un pomo del mismo color, con un filo brillante en plata, el cual ten¨ªa un ligero brillo azul igualmente. ¡ª Toma... Era la espada de mi padre ¡ª Sin importarle el valor de esa espada, se la ofreci¨® a su h¨¦roe ¡ª ?Est¨¢s segura? No puedo aceptar una espada familiar as¨ª por que si... ¡ª Pregunt¨® Francois, mientras observaba la espada Selines, sabiendo que Francois seguir¨ªa neg¨¢ndose, dijo ¡ª No es necesario que te la quedes para siempre... T¨®mala, prometiendo que regresar¨¢s a salvo, y entonces la entregas de vuelta ¡ª Propuso Selines, sabi¨¦ndo que un caballero nunca rechazar¨ªa aquella propuesta Francois pens¨® unos momentos, y entonces asinti¨®, tomando la espada y abriendo la puerta frente a el, despidi¨¦ndose junto a Louisse y Sombrita... Capitulo 8: Presagio Capitulo 8: Presagio
El viento fr¨ªo en las monta?as del este en Feyralinn resoplaba contra enormes y escamosas alas de dragones... Mientras un escuadr¨®n de jinetes de drag¨®n enviados por Whataryn descend¨ªa en un claro, un drag¨®n con imponentes y majestuosas escamas negras, que parec¨ªan consumir la luz del sol a trav¨¦s de su cuerpo, y dos soles dorados como ojos, con un tama?o poco m¨¢s grande que Wavenstorm resoplaba con lo que su jinete identificaba como una especie de incomodidad... ¡ª Ya, ya... Tranquilo. No estamos aqu¨ª para quemar... A¨²n no. ¡ª Indic¨® aquel jinete ¨¦lfico de cabellos largos en color negro y ojos ¨¢mbar, que brillaban profundamente, aunque con un rostro atractivo, etiqueta de los elfos, unas ojeras se marcaban en su rostro; No por sue?o. Los elfos no necesitaban dormir, sino por algo m¨¢s... La misi¨®n era clara: Asentar sus fuerzas en la regi¨®n antes de comenzar los enfrentamientos con Queenlanding. Feyralinn era el punto medio. Y quien lo tomase primero, tendr¨ªa la batalla ganada. As¨ª que, aquel elfo comprend¨ªa lo que estar ah¨ª significaba. "Se acabaron los tiempos en los que estos pueblos pertenec¨ªan a la gente salvaje" acept¨® aquel elfo mientras aterrizaba, pero algo se sent¨ªa extra?o en aquel bosque... Con cada paso que lo adentraba en Feyralinn, era como si el lugar tuviese vida. Como si cada movimiento fuese una profanaci¨®n, m¨¢s que una misi¨®n. El elfo orden¨® a sus hombres asentarse a un lado de el r¨ªo, pero enseguida un explorador llam¨® a su comandante... Se?al¨® al lugar donde planeaban asentarse. Y justamente ah¨ª, un hombre humano, elegante, de cabellos largos atados, vestido con un traje, se sentaba al medio del claro, sobre un viejo tronco, con tres lobos acompa?¨¢ndole, acariciando la espalda de uno de ellos con una serenidad que impon¨ªa respeto. El elfo apart¨® al explorador, decidiendo ir a hablar con aquel hombre, aunque solo. ¡ª Deja que me encargue, no quiero que parezca una invasi¨®n... No todav¨ªa ¡ª Orden¨®, y entonces camin¨® cuidadosamente hacia el humano, quien ni siquiera desv¨ªo su mirada hac¨ªa el, c¨®mo ignorando su presencia ¡ª Elfo... ?Quien eres? ¡ª Pregunt¨® el humano sin detener su actividad, a¨²n aparentando prestar m¨¢s atenci¨®n al lobo ¡ª Saludos, humano. Aeryn, Aeryn Highscale. ¡ª Se present¨® con una voz suave ¡ª Vengo en nombre de Whataryn. No buscamos conflicto ¡ª Ahora si, el hombre humano observ¨® a Aeryn, analiz¨¢ndolo con cuidado, luego asinti¨® la cabeza y di¨® un par de palmadas en el tronco, invit¨¢ndole a sentarse ¡ª Konstantino. Konstantino Chernikov. El l¨ªder de todas estas tierras. ¡ª Se present¨® en un tono estoico, y Aeryn enseguida se impresion¨®. El hombre no ten¨ªa por que mentir, y su actitud e aspecto denotaba que no era un simple salvaje. ¡ª Si¨¦ntate. He estado esperando ansiosamente por conocerlos¡ª Indic¨® Konstantino con una preocupante calma. Si bien, no portaba armas ni armadura, su confianza y su simple postura denotaban que era una persona que media con cuidado cada acci¨®n ¡ª Hablar siempre es mejor que pelear, siempre. Dime, ?Por que se han asentado en Feyralinn? ¡ª Aeryn tom¨® asiento, fingiendo compostura y calma, pero inquietado por el hombre humano. Estar cerca de el se sent¨ªa extra?o, como una especie de ansiedad que recorr¨ªa sus extremidades con escalofr¨ªos. ¡ª Mi pueblo ha pasado tiempos dif¨ªciles ¡ª Explic¨® Aeryn ¡ª Hubo un tiempo donde port¨¢bamos la majestuosa inmortalidad como parte de nuestro ser... Pero eso se nos fu¨¦ arrebatado por Queenlanding hace 400 a?os. Los padres de nuestros abuelos a¨²n eran inmortales... Pero desde entonces, cada elfo nacido vive un promedio de 150 a?os. Debemos asentarnos aqu¨ª para asegurar nuestro paso hacia el reino enemigo. No queremos conflictos con Feyralinn, pero necesitamos estas tierras ¡ª Konstantino asent¨ªa lentamente a cada palabra del elfo, y cu¨¢ndo termin¨® se mantuvo en silencio unos momentos. Nunca fue un hombre de decisiones apuradas. Hab¨ªa escuchado de las leyendas, y comprend¨ªa la cultura de los elfos, pero no pod¨ªa dejar que su pueblo quedase al medio de un conflicto del cual no eran responsables ¡ª Feyralinn, las tierras de los hombres libres, no est¨¢n abiertas para quien quiera tomarlas. ¡ª Aclar¨® Konstantino con calma ¡ª Aqu¨ª cada pueblo es libre, pero esa libertad se mantiene por que respetamos los limites de los dem¨¢s. Las cosas cambian, nosotros cambiamos. Perseguir algo perdido es intentar atrapar el aire con las manos. Se perder¨¢n a si mismos antes de encontrar su objetivo. ¡ª Explic¨® Konstantino, con una cruda dureza en sus palabras El elfo apret¨® los dientes, con una semilla sembrada en su alma. ¡ª Eso puede ser cierto para algunos, pero no para nosotros. No para los ¨¦lfos ¡ª Defendi¨® su misi¨®n Konstantino asinti¨® la cabeza... No era el l¨ªder por herencia, recorri¨® un camino en el que ya hab¨ªa visto a hombres ser consumidos por su pasado... Y nada le aseguraba que los ¨¦lfos no fueran diferentes. ¡ª Si buscas paz y refugio, aqu¨ª la tendr¨¢s ¡ª Dijo finalmente ¡ª Pero si lo que traes aqu¨ª es guerra, recibir¨¢s una respuesta. Feyralinn no se inclina ante nadie, Aeryn Highscale. ¡ª El elfo entendi¨® aquella advertencia, sabiendo que ese encuentro era un primer paso para algo muy grande¡ª La blanca ceniza no pisar¨¢ tu pueblo, Konstantino Chernikov. ¡ª Prometi¨® con una sincera preocupaci¨®n Konstantino lo observaba con cuidado, c¨®mo analizando m¨¢s all¨¢ de sus palabras. ¡ª Espero que cumplas tu palabra, Aeryn Highscale. ¡ª Dijo estrechando su mano con el elfo, aunque ambos sabiendo que, estar¨ªan obligados a romper sus promesas de paz para proteger a su pueblo en un futuro, y a pesar de eso, pod¨ªan disfrutar de la poca paz que quedaba en aquellos verdes bosques... Los hermanos Chernikov nunca fueron tontos. Todos ellos, reconocidos por Konstantino, son incre¨ªblemente inteligentes y buenos en aquello que les interesa. Francois, en su entrenamiento como caballero, Linway, en su formaci¨®n como diplom¨¢tico, Louisse, en estudiar a las bestias, y as¨ª, sus dem¨¢s hermanos y hermanas ten¨ªan caracter¨ªsticas destacables. Era como si cada hermano supiera y se apasionara con una cosa distinta. M¨¢s sin embargo, Linway, Francois y Louisse estaban cruzando l¨ªneas que los dem¨¢s hermanos nunca hab¨ªan tocado. A pesar de eso, y de poderlos haber encerrado si lo deseaba, Konstantino decidi¨® dejarlos ser. No pod¨ªa negar que se sent¨ªa alegre y orgulloso que as¨ª como el, sus hermanos se sintieran apasionados por servirle al pueblo. A¨²n m¨¢s, le alegraba que Louisse interactuara un poco m¨¢s con la sociedad, pues desde que naci¨®, siempre se mantuvo alejado, agachado, mientras observaba alguna flor... Unauthorized duplication: this narrative has been taken without consent. Report sightings. Y eso hacia justamente; Despu¨¦s de comenzar su viaje hac¨ªa las monta?as del oeste, ve¨ªa un rosal con admiraci¨®n mientras escuchaba el correr del r¨ªo a unos metros de el, su mente llena de pasi¨®n por la belleza de la naturaleza, y como esta de alguna forma siempre hacia que cada cosa cayera en su lugar y funcionase perfectamente en conjunto a lo dem¨¢s... Entonces una mujer de cabellos y ojos rojos, un cors¨¦ rojo escotado, con un elegante vestido negro, aunque corto, y unas botas y guantes de cuero, atravesaba el camino en su montura; un caballo. Su mirada se manten¨ªa alerta, analizando sus alrededores con cuidado aunque su expresi¨®n era estoica. Si bien, ignor¨® la presencia del joven noble, al pasar a un lado de ¨¦l, su caballo relinch¨®, dando un peque?o salto y deteni¨¦ndose ¡ª Calma, calma ¡ª Dec¨ªa la mujer al animal Louisse levant¨® la mirada al escuchar aquel ruido, notando a aquella hermosa y imponente mujer. Sin pensarlo mucho, se levant¨® y se acerc¨® unos pasos ¡ª ?Est¨¢ bien tu caballo? ¡ª Pregunt¨® con una voz serena y amable La mujer apenas le prest¨® unos segundos de su mirada ¡ª Seguro se asust¨® por una tonter¨ªa, nada grave ¡ª aclar¨® mientras hac¨ªa un gesto con la mano, rest¨¢ndole importancia Louisse observ¨® al caballo unos segundos y despu¨¦s sonri¨® ¡ª Quiz¨¢s sinti¨® algo en el entorno, un cambio en el viento, quiz¨¢. ¡ª dijo con suavidad ¡ª Los animales perciben esas cosas antes que nosotros los humanos ¡ª La mujer le mir¨® con una ceja levantada, divertida aunque sin mostrarlo demasiado. Ese comentario le hacia pensar que era alguien ingenuo o alg¨²n so?ador. ¡ª ?El viento? ¡ª Repiti¨® con un tono apenas burl¨®n ¡ª Eso suena... Po¨¦tico ¡ª Louisse no se inmut¨® ni un poco por aquella burla ¡ª No es poes¨ªa, es simple intuici¨®n. Es como funcionan las cosas. ¡ª respondi¨® con calma, luego extendi¨® su mano al caballo, esperando su reacci¨®n ¡ª ?Puedo? ¡ª La mujer lo pens¨® unos segundos, y sin tener nada que perder acept¨®. Enseguida el caballo, el cual se notaba tenso, ahora relajaba sus m¨²sculos y baj¨® la cabeza en cuanto Louisse toc¨® su hocico con suavidad ¡ª ?Lo ve? Solo necesitaba que alguien lo entendiera ¡ª La mujer entrecerr¨® los ojos, evaluando a detalle a aquel joven con el que se hab¨ªa topado. Hab¨ªa algo en su calma que la molestaba. ¡ª ?Y tu quien eres? ¡ª Pregunt¨® la mujer, casualmente Louisse apart¨® la mano del caballo y sonri¨® ¡ª Louisse ?Y tu? ¡ª La mujer tard¨® un momento en responder, como si decidiera si hacerlo o no. ¡ª Arya ¡ª El silencio llen¨® el entorno, solo calmado por el r¨ªo ¡ª Cuida bien de tu caballo, Arya. Los animales pueden ense?arnos much¨ªsimo m¨¢s de lo que creemos saber. Solo hay que aprender a escucharlos ?Verdad, caballito? ¡ª La mujer sonri¨® y contest¨® con sinceridad e iron¨ªa ¡ª Yo prefiero que escuchen ellos. Es m¨¢s pr¨¢ctico ¡ª Louisse la mir¨® de reojo con recelo, bastante irritado de aquel comentario, pero entonces levant¨® los hombros conteni¨¦ndose al ver que era una mujer lo suficientemente adulta como para perderle el gusto a la vida ¡ª Tal vez ¡ª La mujer, Arya, continu¨® con su camino, dejando atr¨¢s a Louisse, aunque con una sensaci¨®n de molestia. Aquel joven, era tan ignorante y so?ador, que simplemente le parec¨ªa rid¨ªculo que alguien pensase as¨ª. Entonces, con aquel caballo y jinete alej¨¢ndose en el camino, Francois regres¨® con su pechera puesta de vuelta, parec¨ªa que finalmente hab¨ªa logrado encontrarla, aunque no ven¨ªa solo. Con una brillante armadura en su espalda y sus costados, Sombrita avanzaba imponentemente. Francois hab¨ªa usado papel aluminio para crearle una peque?a y ligera armadura, con la cual ella se notaba orgullosa. El hab¨ªa notado el sacrificio que aquel simple y peque?o animal hab¨ªa hecho por su hermano al intentar defenderlo, as¨ª que decidi¨® recompensarla. ¡ª ?Wow! Pero si eres toda una caballera, Sombrita ¡ª Dijo Louisse, corriendo hacia ella para cargarla ¡ª Caballero, Louisse. Caballero es un t¨ªtulo, esa palabra no tiene g¨¦nero ¡ª Explic¨® Francois, risue?o, mientras acariciaba la oreja de la gatita, la cual maull¨® ronroneante. ¡ª Ohh... Entonces, tu tambi¨¦n ser¨¢s una valiente caballero, Sombrita. Que linda ¡ª Dijo con una voz aguda y suave mientras le daba suaves besos en la frente Francois sigui¨® acariciando unos segundos a la compa?era de Louisse, y despu¨¦s de esto, se?al¨® un cerro ¡ª Ah¨ª, al fondo de la cueva en aquel monte, debe estar el nido de los doppelgangers. Debo acabar con todos. Mantente detr¨¢s de mi y no pelees si no es necesario. ¡ª Dijo Francois mientras se acomodaba la funda de la espada en el cintur¨®n ¡ª Entendido. ?Y tu hacha? ¡ª Pregunt¨® con curiosidad ¡ª Alguien debi¨® robarla... No importa, tambi¨¦n s¨¦ manejar la espada. ?Cuantas lanzas hiciste? ¡ª Respondi¨® a su hermano y entonces le consult¨® acerca de sus armas ¡ª Tres ¡ª Dijo elevando sus dedos ¡ª Por si tengo que lanzar una... o dos... ¡ª Dijo desviando la mirada mientras comenzaban su camino hac¨ªa el cerro ¡ª Nunca inicies de nuevo una pelea as¨ª, Louisse. Menos contra alguien. Matar a un animal no es lo mismo que matar a un hombre. Una vez lo haces, nunca vuelves a ser el mismo. ¡ª Dijo Francois, reprendiendo a Louisse por su actitud impulsiva en la pelea anterior ¡ª Pero, no fue en vano, Francois. Ese hombre quer¨ªa vender al grifo o matarlo... Si el no hubiese actuado de esa forma, nunca lo hubiese atacado ¡ª Se defendi¨® Louisse, con firmeza Francois guard¨® silencio unos segundos. El entend¨ªa que quiz¨¢s para su hermano, la vida de un grifo val¨ªa tanto como la de un hombre. Mientras tanto, Kronus, el hechicero helado hab¨ªa vuelto a la caba?a de Selines, justo despu¨¦s de que los hermanos salieran a su viaje. ¡ª Me alegra que ya puedas caminar, m¨¢s no el hecho de que te hayas desaparecido toda la noche ¡ª Dijo enseguida Selines, la cual estaba sentada tejiendo un abrigo para Cella, la cual estaba sentada columpiando sus piernas Kronus, dud¨® un momento, pero entonces volte¨® hacia la ni?a, ignorando el comentario de Selines ¡ª Hola... Selines... ?Y esa ni?a? ¡ª pregunt¨® intentando ocultar un misterioso rostro de preocupaci¨®n ¡ª Es mi ni?a, Cella ¡ª Dijo acariciando su cabeza y despein¨¢ndola ¡ª Anda, saluda al joven Kronus ¡ª Indic¨® a su hija ¡ª Holi ¡ª Salud¨® cella con energ¨ªa, sacudiendo su mano en el aire ¡ª Oh, mucho gusto, peque?a Cella. Mi nombre es Kronus ¡ª Se present¨® con una voz amable ¡ª Ella estaba a punto de ir a hacer su tarea, as¨ª que, ve a tu habitaci¨®n, Cella. ¡ª De nuevo, indic¨® a su hija la cual asinti¨® varias veces, tomando el libro de su madre y saltando alegremente a su habitaci¨®n ¡ª ?Tienes una hija tan grande? Pero si te ves muy joven. Selines ¡ª Pregunt¨® Kronus sent¨¢ndose ¡ª Pues, ya ves ¡ª Dijo Selines, levantando los hombros ¡ª ?Entonces, donde estabas? ¡ª pregunt¨® mientras tej¨ªa ¡ª ?Y su padre?¡ª Pregunt¨® Kronus, desviando el tema de nuevo Selines guard¨® silencio unos segundos ¡ª El no est¨¢. No desde que naci¨® ¡ª dijo con normalidad, rest¨¢ndole importancia al tema de su padre ¡ª Usaste lagrimas de sol, ?Verdad? ¡ª Selines hab¨ªa encontrado algo m¨¢s en el bolso de Kronus cuando lo rescat¨®; Lagrimas de sol. Una droga usada por los soldados para recuperarse r¨¢pidamente y recuperar su man¨¢, as¨ª como para relajar y despejar la mente y el cuerpo. Es por eso que hac¨ªa aquella pregunta Kronus se mantuvo en silencio y despu¨¦s pregunt¨® ¡ª ?Y sabes d¨®nde est¨¢ su padre al menos? ¡ª Desviando tontamente la atenci¨®n. Siempre fue un hombre que se refugiaba detr¨¢s de su orgullo, quit¨¢ndose el derecho a preocuparse por el. Diariamente, en el campamento militar le recordaban eso. Era un hombre, aquel que provee, aquel que protege y aquel que hace todo por los que amaba ¡ª ?Por qu¨¦ lo hiciste, Kronus? Si te quedabas a descansar, te hab¨ªas sentido mejor. ?Por qu¨¦? ¡ª Sigui¨® preguntando, suponiendo lo peor; El dijo ser el soldado m¨¢s fuerte. Y algunos de esos soldados m¨¢s fuertes, a veces se refugiaban en costumbres peligrosas para soportar la carga de su deber... ¡ª Solamente necesitaba avisarle a mis superiores sobre mi estado, y sobre mi misi¨®n. No te preocupes. Selines. Fu¨¦ para recuperarme m¨¢s r¨¢pido y poder enviar el mensaje ¡ª Se justific¨®, aunque sus palabras luc¨ªan sinceras Selines lo pens¨® unos momentos, suspirando. Ella sab¨ªa que aquel medicamento que Kronus usaba, terminar¨ªa caus¨¢ndole m¨¢s mal que bien, pero decidi¨® respetar sus costumbres ¡ª Escucha, Kronus... Quer¨ªa pedirte un favor. Un hombre me hizo un enorme favor, y ahora el necesita de mi ayuda... Pero no soy una guerrera. Ya que tu eres tan poderoso ?Puedes ir a ayudarlo? Ser¨¢ un abrir y cerrar de ojos para ti, lo prometo... ¡ª Capitulo 9: Truenos Capitulo 9: Truenos
Linway se levant¨® por la ma?ana, antes de que los dormilones Ferali lo hicieran... Ellos sol¨ªan dormir al menos 16 horas, aunque no siempre eran seguidas, a veces era de forma intermitente, pero esta vez, se notaba que los felinos del pueblo apenas estaban entrando en el reino de los sue?os... Tom¨® su mochila y vi¨® que a su lado, Cerwyn tambi¨¦n se preparaba para marcharse... ¡ª Hey, Cerwyn... Ir¨¦ a cumplir con la misi¨®n. Deber¨ªas regresar a casa y avisar a Konstantino de todo ¡ª Pidi¨® en amables susurros ¡ª Eso har¨¦, joven Linway. Por favor tenga cuidado. Use esta poci¨®n si resulta herido, es la mejor ayuda que le puedo dar. Le pedir¨ªa que evite el conflicto pero soy consciente de que es imposible convencerlo de eso as¨ª que, solo tenga cuidado, por favor. Este pueblo lo necesita, piense eso antes de lanzarse de frente a la muerte por hacerse el rudo. ¡ª Dijo Cerwyn con sincera preocupaci¨®n, aunque intentando imponer alguna especie de autoridad al final Linway sonri¨® y le di¨® una palmada en el hombro ¡ª No te preocupes amigo, sabes que mi ¨²ltima arma siempre es la violencia... No soy como Viktor. Ese muchacho si arregla todo a los pu?os ¡ª Dijo con una sonrisa, recordando a uno de sus muchos hermanos menores. Cerwyn le devolvi¨® una sonrisa fraternal y sigui¨® empacando, mientras que Linway, al no haber tra¨ªdo demasiadas cosas, simplemente comenz¨® su viaje hacia el oeste, siguiendo el camino que se adentraba al bosque y sub¨ªa lentamente hac¨ªa las cordilleras... Alrededor de su paso parec¨ªa algo estrecho, se adentr¨® hac¨ªa donde la vegetaci¨®n era escasa y la m¨¢s normal de encontrar eran peque?os arbustos secos con pinchos. Algunos de ellos, entresaliendo por las laderas empinadas, mientras el olor a tierra y humedad inhundaba el lugar, mientras la brisa fr¨ªa golpeaba su rostro, aunque disfrutaba de esta sensaci¨®n, los ecos alrededor de la monta?a lo comenzaban a agotar, as¨ª como el mismo viaje. De vez en cuando sonaban peque?os golpes de alguna roca desliz¨¢ndose y chocando, y a veces parec¨ªa que las monta?as temblasen, como si tuvieran vida propia. Finalmente despu¨¦s de treinta minutos, se detuvo frente a un mirador, apreciando el grupo de monta?as que se abr¨ªan a su alrededor, con puntas afiladas ligeramente nevadas. Adem¨¢s, entre las monta?as y a lo lejos, ligeramente tapado por las nubes, se pod¨ªa apreciar el pueblo de los Feralis. De alguna forma pens¨® en Louisse... El, en su mente le dir¨ªa "Mira, esas monta?as afiladas rodeando el pueblo al que quieres proteger. Es una forma en la que la naturaleza te dice que tu misi¨®n se encuentra justo d¨®nde est¨¢s parado" Sonri¨®, sintiendo verg¨¹enza de si mismo al pensar eso, si alguien supiese que a veces escuchaba a sus hermanos en su cabeza, lo tachar¨ªan de loco, aunque el simplemente guardaba una voz de conciencia de cada ideolog¨ªa de cada uno de sus hermanos para saber que pensar en cada situaci¨®n... ¡ª ?Nyahaha? ¡ª Escuch¨® una voz en su nuca mientras sonre¨ªa como bobo absorto en sus pensamientos, di¨® un peque?o salto, asustado, y volte¨® hacia atr¨¢s Era Launya, la cual estaba ah¨ª parada, con su con una carita de duda ¡ª ?Ahhh! ¡ª Grit¨® Linway del susto, al ver a alguien parado atr¨¢s de el, aunque despu¨¦s se calm¨® al ver que solo era la peque?a aldeana de Berimastia. Launya por su parte, comenz¨® a re¨ªrse por el susto de Linway, con una inocente malicia ¡ª Nyahahaha ¡ª ¡ª Dios, Launya. Casi me muero del susto... ?Que haces aqu¨ª? ¡ª Pregunt¨®, recomponi¨¦ndose Launya esta vez no respondi¨®, solo lo mir¨® de vuelta y sonri¨® amablemente, con sus brillantes ojos color ¨¢mbar ¡ª Anda, Launya. Regresa a Berimastia ¡ª Dijo Linway se?alando de vuelta al camino Launya neg¨® con la cabeza y se?al¨® al camino, pero al frente. ¡ª Hmm... ?Y si te tiro agua? ¡ª pregunt¨®, sin esperar que Launya reaccionase, pero esta baj¨® sus orejas con trsiteza ¡ª ?Agua? ¡ª Dijo de nuevo al ver su reacci¨®n, y esta pareci¨® dar un saltito y volver a ponerse triste ¡ª Awww... Es una broma Launya, agua no. Nyo agua. Solo es broma. ¡ª Dijo cruzando los brazos en forma de "X" Launya levant¨® un poco las orejas, pero ahora lo ve¨ªa con miedo, como sin saber lo que Linway le har¨ªa. Linway apunt¨® hacia arriba y hizo varias se?as para que Launya le acompa?ase ¡ª Vamos, vamos. Al volver comeremos at¨²ncito ¡ª dijo avanzando hac¨ªa arriba, y enseguida Launya escuch¨® la ¨²ltima palabra, volvi¨® a alegrarse y comenz¨® a correr cuesta arriba en cuatro patas para alcanzar a Linway. Aunque algo detuvo su paso; Un tr¨ªo de Feralis semi-perro descend¨ªan de la monta?a, con atuendos hechos de pieles que les ayudaban a camuflarse bien con su entorno. En sus espaldas, cargaban lanzas de madera con puntas de piedra. En cuanto los grupos cruzaron miradas, se detuvieron en una inquietante tensi¨®n... Linway pensaba en lo peligroso que podr¨ªa ser el siquiera acercarse a ellos, y quiz¨¢s los Feralis pensaban lo mismo... Aunque, los Feralis eran algo m¨¢s bajos que el, se notaba que estaban en condici¨®n, y estaban armados. A pesar de eso, parec¨ªan asustados... Como si tuviesen miedo de Linway. Este mismo pens¨® que quiz¨¢s solamente quer¨ªan proteger su hogar. ¡ª ?Est¨¢ todo bien? Solo voy arriba para encontrar la raz¨®n de los truenos... No se preocupen, vengo en son de paz ¡ª Pregunt¨® hacia los Feralis, con Launya erizada detr¨¢s de el, recelosa de los semi-caninos, m¨¢s por sus instintos que por alguna raz¨®n en espec¨ªfico Los Feralis parecieron calmarse un poco por sus palabras ¡ª ?Tu no ser sombra monstruo? ¡ª pregunt¨® uno de ellos, con un frondoso pelaje rubio ¡ª ?Sombra monstruo? ¡ª ¡ª Sombra monstruo por la noche arriba ¡ª Parec¨ªa intentar explica, aunque Linway segu¨ªa sin entender el contexto ¡ª Hmm... ?Entonces dices que hay sombras de monstruos por la noche, en la cima de estas monta?as? ¡ª Pregunt¨® curioso ¡ª Nosotros cazar voladores, pero ya no m¨¢s... Sombras monstruo poder hacer da?o ¡ª Linway se llev¨® la mano al ment¨®n, entendiendo las palabras de su interlocutor... ¡ª Yo me encargar¨¦ de los monstruos. No se preocupen ¡ª Dijo Linway levantando el pu?o hacia el Ferali perro. Este mismo observ¨® su pu?o unos segundos, y en vez de chocar su pu?o con el, puso su palma abierta sobre el dorso de Linway, como cuando un perro da la mano. Linway enseguida not¨® esto y le devolvi¨® una sonrisa a los Feralis, los cuales parec¨ªan menos tensos. Entonces ambos grupos continuaron su camino, aunque Launya hizo la mimica de ara?arlos cuando estos le dieron la espalda ¡ª ?Launya! No seas grosera ¡ª Rega?¨® Linway a Launya por su actitud hac¨ªa los Feralis. Enseguida Launya sise¨® enojada hacia Linway, mientras se?alaba a los Feralis, los cuales segu¨ªan su camino descendiendo de la monta?a ¡ª Yo s¨¦ que te caen mal por instinto, pero no por eso debes ser grosera con ellos ¡ª Explic¨® a su felina compa?era, la cual cruz¨® los brazos, bastante molesta Linway segu¨ªa subiendo la monta?a algo agotado pero con determinaci¨®n ¡ª No hay que temer, Launya. Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre ¡ª Intent¨® calmar a su compa?era, acariciandole la cabeza ¡ª Launya miaujer ¡ª dijo Launya, molesta, girando la mirada de Linway ¡ª Hmmm... Bueno, eso es cierto pero digamos que, el perro es el mejor amigo de la humanidad ¡ª Se explic¨®, aunque enseguida di¨® un saltito ¡ª ?Espera, entonces me entendiste! ¡ª Dijo algo emocionado, y enseguida Launya comenz¨® a ronronear, aunque segu¨ªa fingiendo estar enojada con el Linway sonri¨®, lleno de ternura por la peque?a gata, y le levant¨® el pulgar mientras sub¨ªa ¡ª Est¨¢ bien... No hace falta que los perros sean tus mejores amigos, pueden carte mal. Pero no seas mala con ellos ¡ª Pidi¨® a su compa?era ¡ª Wah wah miaurder ¡ª ¡ª ?Wah wah? ?Ahh! Guau guau, significa perro. ?Dices que uno de ellos te mordi¨®? ¡ª Pregunt¨® Linway, cayendo en cuanta de el mensaje de su compa?era Launya asinti¨® ¡ª Wah wah ?am miau auuuu ¡ª Dijo se?alando al piso y haciendo la mimica de patear algo peque?o, dando a entender que un perro peque?o le mordi¨® en alguna ocasi¨®n y est¨¢ lo pate¨® ¡ª Nyahaha ¡ª Se ri¨® al recordar la escena, frotando sus manos con una inocente malicia Linway comenz¨® a reirse de nuevo ¡ª Haha, ya entiendo Launya... Pero, no solo por eso debes temerle a todos... O puedes temerles, pero no te portes mal con ellos. No todos son malos. As¨ª como yo, como lo dijo Cerwyn... No todos los humanos somos crueles y malos con los Ferali, entonces piensa que no todos los caninos son malos con los felinos ¡ª Intent¨® explicarse mientras avanzaba. Launya hizo una expresi¨®n pensativa, pero solo sigui¨® avanzando despu¨¦s de decir ¡ª ?yam ?yam ?yam ¡ª Intentando decir "Lo pensar¨¦" En el camino, Linway avanzaba con resiliencia, aunque Launya ya jadeaba de cansancio. Puede que las bestias sean m¨¢s r¨¢pidas que los humanos, pero a¨²n as¨ª los humanos tienen m¨¢s resistencia ante el cansancio, y los Ferali, al ser una mezcla de ambos, no pod¨ªan evitar cansarse al recorrer largas distancias, aunque se notaba que para Launya era f¨¢cil subir aquella pendiente, mientras que Linway si que ten¨ªa problemas al intentar mantenerse firme y no resbalarse por alguna piedra suelta... Linway observ¨® a Launya, la cual bostez¨® de sue?o... Adem¨¢s de cuestionarse el por qu¨¦ Launya lo hab¨ªa seguido, tambi¨¦n le hizo darse cuenta de algo... Launya era inocente y bondadosa ante sus ojos, as¨ª como la dem¨¢s gente de su puelo... Personas incre¨ªbles de las cuales pod¨ªas aprender muchas cosas, las cuales ten¨ªan sus propias culturas y costumbres... Eso era lo qu¨¦ lo hac¨ªa querer ser su l¨ªder. El poder guiar entre la niebla a aquellos que necesitaban de la luz de su antorcha. El quer¨ªa proteger la felicidad de su pueblo, no solo los Feralis o los Malakis, tambi¨¦n los humanos... Simplemente quer¨ªa protegerlos, incluso, a aquellos que no pertenec¨ªan a su pueblo... En el mundo hab¨ªa tanta gente con familia, amigos y amor. A el le gustar¨ªa proteger y conservar todo eso, sin que nada interfiera... Terminaron de subir a la cima de una de las monta?as, frente a la entrada, dejando a sus espaldas las nubes... Launya se notaba exhausta, y aunque Linway tambi¨¦n lo estaba, arrastr¨® un par de rocas cerca de una zona plana y despejada de pendientes, para usarlas como asiento. ¡ª Anda, Launya. Si¨¦ntate, descansemos un poco ¡ª Dijo, limpi¨¢ndose el sudor de la frente con el antebrazo, y entonces Launya se sent¨® Ambos exhalaban con la boca seca, y ah¨ª, cuando Linway sac¨® su odre, se di¨® cuenta de que ya estaba vac¨ªo por el viaje del d¨ªa anterio... Suspir¨® desanimado y volvi¨® a guardar su odre. You might be reading a pirated copy. Look for the official release to support the author. Launya, sac¨® un odre igualmente de su bonito y nuevo bolso, y bebi¨® hasta el fondo del agua de este mismo, pero cuando vi¨® a Linway, se detuvo y le extendi¨® el odre lleno de babas de Launya ¡ª Miu ¡ª Invit¨® a Linway a beber de su odre con una amable sonrisa en su rostro Este dud¨® unos segunda, pero entonces acept¨® el agua y la virti¨® a su boca desde arriba, sin tocar la boquilla del odre. Lo cerr¨® y se lo extendi¨® de vuelta, y entonces se levant¨®, suspirando y preparado para adentrarse en la cueva. Se pos¨® frente a la entrada, sosteniendo su garrote, d¨¢ndose cuenta de que estaba completamente oscuro... Pens¨® unos segundos, recordando a las ense?anzas de su hermano mayor, Konstantino y pronunci¨® en voz alta ¡ª Oh bondadosas hadas, si mi alma logra comprender la grandeza de vuestra simpleza, entonces ay¨²denme a iluminar mi camino a trav¨¦s de la oscuridad, para poder llevar su mensaje hasta la superficie... ?Luz! ¡ª Conjur¨® mientras sosten¨ªa la empu?adura del garrote con la mano derecha, y con la izquierda la punta de este mismo... En un par de segundos, el garrote comenz¨® a emitir una luz que iluminaba el interior de la cueva, como si de una antorcha se tratase. Launya eriz¨® su cola, y observ¨® el garrote con una expresi¨®n impresionada, con la boca abierta ¡ª ?Miaugia? ¡ª Pregunt¨®, d¨¢ndole tirones en la camisa a Linway para llamar su atenci¨®n ¡ª Si, es magia... Aunque, claramente no es avanzada haha... Son trucos b¨¢sicos qu¨¦ mi hermano me ense?¨®, aunque la magia no es m¨ªa, es de las hadas. Nunca podr¨ªa combatir usando magia. Necesito de un largo conjuro, y si para lanzar luz tard¨¦ unos 30 segundos, imaginate para lanzar una bola de fuego... El punto es que, funciona, as¨ª que entremos ¡ª Explic¨® entusiasmado, y despu¨¦s acarici¨® en la cabeza a Launya, incitandola a entrar junto a el Launya, estaba bastante emocionada por el garrote brillante y no paraba de observarlo, aunque enseguida, su emoci¨®n ser¨ªa reemplazada por temor... Desde el fondo de la monta?a, un tronido azot¨® las paredes de la cueva, tanto as¨ª, que algunas rocas y polvo se desprend¨ªan del techo. Aquel sonido golpe¨® los o¨ªdos de el par, de forma dolorosa, aunque, para Linway, al ser humano, no fu¨¦ nada m¨¢s que un peque?o aturdimiento, a comparaci¨®n de Launya, la cual enseguida chill¨® de dolor, y se cubri¨® las orejas, bajandolas contra su cabeza. ¡ª Auch ¡ª Exclam¨® Linway, sob¨¢ndose los o¨ªdos con las palmas de las manos y recomponiendose de su aturdimiento, pero al ver a Launya, se preocup¨® genuinamente Ella estaba temblando muy fuerte, su postura cerrada denotaba su miedo mientras se sosten¨ªa las orejas. Al ver su rostro, apretaba sus brillantes ojos llenos de l¨¢grimas, y tambi¨¦n los dientes mientras frunc¨ªa el ce?o con dolor. ¡ª ?Launya, est¨¢s bien? ¡ª Dijo Linway, acerc¨¢ndose frente a ella, dejando el garrote en el suelo y inclinandose hac¨ªa ella Launya le devolvi¨® una mirada asustada, con los ojos cristalinos, sin decir nada y apretando sus orejas esta vez con sus brazos Sin pensarlo mucho, Linway rasg¨® las mangas de su camisa, y con estas hizo dos bolas de tela, extendiendoselas a Launya y se?alando sus propias orejas ¡ª Usa esto Launya, as¨ª no te volver¨¢ a lastimar los o¨ªdos ¡ª Launya, aunque paralizada por el miedo y el dolor, baj¨® los brazos y se abraz¨® a si misma mientras temblaba, e inclin¨® la cabeza, para que Linway le colocase la tela. Linway as¨ª mismo, le coloc¨® la tela en ambas orejas, y despu¨¦s sac¨® un rollo de cinta, con el cual le fij¨® y tap¨® inc¨®modamente la tela a los o¨ªdos, casi envolviendolos en aquella cinta gris. Launya segu¨ªa asustada, aunque tambi¨¦n frunci¨® el ce?o, enojada, y le dirigi¨® una mirada molesta a Linway ¡ª Lo siento, Launya ¡ª Dijo juntando las manos ¡ª Pero lo mejor es taparte as¨ª los o¨ªdos... A mi me aturdi¨® y me doli¨® horriblemente. Tu podr¨ªas quedarte sorda por tus sensibles o¨ªdos animales, o tener una infecci¨®n. ¡ª Se explic¨®, sobando el hombro de Launya, d¨¢ndole ¨¢nimos, mientras esta intentaba calmarse Linway tambi¨¦n se tap¨® los o¨ªdos con un poco de tela, aunque necesitaba mucho menos al tener los o¨ªdos m¨¢s peque?os que Launya, la cual ten¨ªa enormes orejas de gato, y as¨ª mismo, se fij¨® y sell¨® los o¨ªdos con cinta. ¡ª Siempre nos hemos comunicado a pesar de no saber nuestros idiomas, as¨ª que todo estar¨¢ bien aunque no oigamos nada del otro ¡ª Explic¨® mientras alzaba ambos pulgares hacia Launya. Esta, no respondi¨® nada de vuelta, a¨²n se ve¨ªa asustada, aunque un poco m¨¢s tranquila. Linway levant¨® el garrote, sosteni¨¦ndolo como una antorcha y se lo acerc¨® a Launya, para que lo sostuviesen juntos. Pens¨® que, quiz¨¢s, como a Launya le gustaba la magia, eso le har¨ªa sentir m¨¢s segura, y as¨ª fue. Aunque, de vez en cuando se sent¨ªa que la peque?a mano de su felina compa?era temblaba, con un miedo instintivo. "Con raz¨®n los Ferali se han estado mudando... Sus instintos les hace tener miedo al estar cerca de estos truenos, y no pueden evitar querer huir" Pens¨®, mientras le dirig¨ªa una sonrisa a Launya, intentando expresarle qu¨¦ todo estaba bien... Mientras se adentraban en la cueva, en patrones muy largos cada muchos minutos, se lograban escuchar aquellos tronidos proveniendo de el fondo... Afortunadamente para ellos, sus tapones de o¨ªdos funcionaron bastante bien, aunque Launya no pod¨ªa evitarse asustar cada vez que los alrededores vibraban a causa de las fuertes ondas sonoras, y durante la mayor¨ªa del descenso en aquella cueva fr¨ªa y vac¨ªa de cualquier mineral, aunque llena de escombros, como si alguien ya los hubiese tomado, Launya se manten¨ªa con el pelaje erizado, estornudando de vez en cuando a causa de el h¨²medo olor de el moho en la cueva, as¨ª como el polvo. Finalmente llegaron hasta un tramo estrecho, donde al final, hab¨ªa una enorme sala rocosa, que al centro ten¨ªa lo que parec¨ªa una campana... De pronto, todo a su alrededor tembl¨®, y la campana repic¨® intensamente haciendo el sonido de un potente trueno, mostrando as¨ª, que era la responsable de los aterradores sonidos que se escuchaban por la noche. Launya se?al¨® a la campana y ambos caminaron con cuidado hacia el centro, para examinarla a detalle, pero enseguida Launya se detuvo... Linway volte¨® hac¨ªa ella, confundido, mientras ella volteaba a todos lados, como buscando algo... ¡ª ?Linyay! ¡ª grit¨® Launya, se?alando hac¨ªa una de las esquinas de la enorme sala natural dentro de la cueva. Una enorme y fornida figura humanoide hecha de rocas, con ojos rojos, salt¨® desde su camuflaje en el suelo rocoso, pos¨¢ndose imponentemente frente a la pareja, chocando los pu?os de forma amenazante Seguramente, esa criatura era la guardiana de aquel extra?o objeto m¨¢gico. Launya salt¨® hac¨ªa atr¨¢s por instinto, mientras que Linway levant¨® su garrote, preparado para pelear. Ahora pod¨ªa divisar mejor a aquel golem lleno de musgo y grietas en su cuerpo rocoso, el cual med¨ªa el triple que Launya, mientras que rebasaba enormemente en altura a Linway. ¡ª ?Alejate, Launya, yo me encarg-! ¡ª Indic¨® a su compa?era, pero apenas y terminaba su frase torpemente al no poder escucharse mutuamente a causa de los tapones, el golem desliz¨® su pu?o contra Linway, el cual us¨® el garrote completo en forma horizontal, tom¨¢ndolo de los dos extremos para aguantar el peso del gigante golem pedroso, pero era in¨²til, el garrote se quebraba cada vez que el golem aplicaba m¨¢s fuerza. Entonces por el dolor de la presi¨®n que ejerc¨ªa contra sus hombros, Linway solt¨® su garrote hac¨ªa un lado, siendo jalado contra el piso en este movimiento, y el golem estampando su pu?o contra el suelo ¡ª ?Linyay! ¡ª Exclam¨® Launya el nombre de su compa?ero, preocupada por Linway. Entonces, aprovechando que el monstruo hab¨ªa atorado su pu?o contra el suelo, se lanz¨® sin pensarlo contra su rostro para ara?arlo... Pero no funcion¨®. Sus u?as solamente chillaron contra la fuerte roca que constitu¨ªa al golem, y este levant¨® la vista a¨²n inclinado hacia el suelo, lanzando un pu?etazo contra Launya con el mismo brazo. Linway sinti¨® una punzada en el coraz¨®n al ver el ataque dirigido a su compa?era, pero a los segundos un alivio lo calm¨®; Launya se tir¨® hac¨ªa atr¨¢s, arqueando la espalda y evitando el ataque de el golem con una incre¨ªble velocidad y destreza para esquivar. R¨¢pidamente tom¨® el garrote del suelo, y lo levant¨®, impact¨¢ndolo contra el rostro de el golem, y rompiendo el garrote en el proceso. Linway sonri¨® al pensar que hab¨ªa logrado da?ar al golem, pero cuando el polvo de aserr¨ªn se deshizo, el golem estaba intacto... ?CRASH! En un movimiento r¨¢pido y brutal, el golem impact¨® con su codo a Linway, mand¨¢ndolo a volar contra la pared, y hundi¨¦ndolo dentro de un agujero en las rocas... El noble escupi¨® sangre y su visi¨®n se nubl¨®... Un golem. No pod¨ªas cortar su carne, o apu?alarlo. Y si tu martillo no era lo suficientemente duro, nunca lograr¨ªas quebrantar su cuerpo... "Un golem... Supongo que no podr¨¦ ni siquiera huir... Lo siento, Cerwyn..." Se disculp¨® con su mentor en su mente, pero enseguida esto le hizo recordar la poci¨®n de sanaci¨®n que el mismo le hab¨ªa obsequiado. Pero hab¨ªa un problema... Estaba luchando para mantenerse consciente, y sus brazos apenas pod¨ªan moverse como para alcanzar a desabrochar la poci¨®n en su cintur¨®n y beberla... ¡ª ?Ghhh! ??aughhh! ¡ª Grit¨® Launya, siseando furiosa contra el golem, muy enojada por el ataque que le hab¨ªa dado a su amigo. El golem se enderez¨® y comenz¨® a avanzar torpemente contra ella, hundiendo sus pies en las rocas con cada paso que daba... Konstantino se encontraba en un taller en los calabozos del castillo... ¡ª ?Que est¨¢s haciendo, hermano? ¡ª Pregunt¨® Linway a su hermano mayor, observando que en una mesa, hab¨ªan peque?os trozos de un mu?eco de madera ¡ª Intento crear un golem, Linway... ¡ª Respondi¨® de forma l¨®gica y concisa mientras se ajustaba las gafas, analizando los apuntes de un libro ¡ª ?Por qu¨¦ un golem? ¡ª Pregunt¨® el joven Linway, con curiosidad ¡ª Pronto ser¨¦ el l¨ªder de Feyralinn, pues en unos meses terminar¨¢ el liderazgo de Quinn, nuestra hermana mayor... Hay pueblos que siempre tienen problemas y sufren tragedias al ser atacados por los monstruos que se esconden en nuestras tierras... As¨ª que quiero crear guardianes que peleen por ellos ¡ª Explic¨® a su hermano, mientras le mostraba su libro, con varios dibujos que Linway no entend¨ªa ¡ª ?Y por que lo haces? ?Por que golems y no guardias? Se ve aburrido ¡ª Pregunt¨® Linway, curioso de el empe?o de su hermano ¡ª Por que as¨ª como tu y yo, hay hermanos en muchos lugares de nuestro pueblo... Y a causa de una tragedia realizada por un monstruo, un joven podr¨ªa perder a su hermano. Y as¨ª su vida se llenar¨ªa de tristeza... ¡ª Explic¨® de forma sencilla a su joven y inmaduro hermano ¡ª Y pienso crear golems, para que as¨ª ellos no tengan que arriesgarse. Adem¨¢s, es lo mejor. Los monstruos no tienen la inteligencia suficiente como para saber como destruir a ciertos tipos de golems; Hay golems que pueden ser f¨¢cilmente desactivados, apagando una runa en su espalda o nuca, retirando una gema en estos mismos lugares e incluso rompi¨¦ndolas. Cosa que una bestia o monstruo que ataca brutalmente nunca har¨ªa, ya que normalmente van a las extremidades. ¡ª "?Estoy viendo mi vida pasar por mis ojos? Si... Quiz¨¢s la admiraci¨®n que le ten¨ªa a la pasi¨®n de mi hermano por proteger al pueblo fue lo que me hizo interesarme en todo esto... Ahora el siguiente l¨ªder ser¨¢ Francois, pues yo morir¨¦..." Apret¨® el pu?o, lleno de impotencia mientras la sangre inhundaba sus dientes, y con su visi¨®n borrosa viendo a Launya esquivar los ataques de el golem... "Espera" ¡ª ?Espera! ¡ª Grit¨® entre dientes, escupiendo sangre y reuni¨¦ndo todas sus fuerzas para tomar la poci¨®n de su cintur¨®n y beberla cada vez con m¨¢s facilidad al recuperar sus fuerzas en cada trago... Suspir¨® aliviado, todo su dolor y sus heridas hab¨ªan cesado. Entonces hizo fuerza para salir del agujero en el que estaba enterrado, y cay¨® al suelo. No ten¨ªa armas, y no era bueno peleando como Francois para hacerle frente. Tampoco ten¨ªa la agilidad y precisi¨®n de Louisse, como para lanzar alguna piedra a la nuca del golem. Y menos sab¨ªa usar magia como Konstantino, quien seguramente lograr¨ªa usar algun misil m¨¢gico apuntado a la nuca para ganarle... Pero era fuerte, m¨¢s fuerte que sus hermanos, y era inteligente. Ten¨ªa un poco de cada uno de ellos en su ser, gracias al cari?o que les guardaba. As¨ª que confi¨® en sus hermanos, en el mismo y sobre todo; En que Launya le entendiese. Enseguida, Linway se puso una mano en la nuca y se?al¨® al golem despu¨¦s de romper el frasco contra el suelo para que el agudo sonido llamese la atenci¨®n de Launya. Ella observ¨® la nuca de el golem mientras esquivaba sus ataques, pero ser¨ªa imposible para ella el siquiera alcanzarlo. No pod¨ªa clavar sus u?as en el para escalarlo, y no pod¨ªa saltar a causa de que necesitaba bastante tiempo para posicionarse y saltar. Eran solo un par de segundos, pero eso mismo tardaba el golem en atacar... As¨ª que, Linway corri¨® hac¨ªa Launya, cuando el golem se recompon¨ªa de uno de sus ataques, y la jal¨® de la cintura, tom¨¢ndola f¨¢cilmente con un brazo gracias a su fuerza y la ligereza de Launya. Launya dirigi¨® su mirada hacia el, ruborizada, y este la levant¨®, como si fuese a lanzarla... Ambos cruzaron miradas, c¨®mo decidiendo confiar en el otro para que ese plan saliera bien... Si Launya no lograba agarrarse, estar¨ªan perdidos, y si Linway no la lanzaba con la suficiente fuerza, terminar¨ªa lastim¨¢ndola y mat¨¢ndolos a los dos. As¨ª que Linway apunt¨®, gritando con fuerza para que el golem le atacase, y mientras el golem levantaba su pu?o para aplastar a Linway, este lanz¨® a Launya hacia arriba, la cual cay¨® agilmente en los hombros de el golem, y intent¨® ara?ar la gema en su espalda, pero fue in¨²til. Solo logr¨® rayarla un poco, y Linway levant¨® ambas manos, sosteniendo d¨¦bilmente el pu?o de el golem, el cual eventualmente terminar¨ªa impactado contra su rostro. Launya suspir¨®, abraz¨® el cuello del golem, y comenz¨® a dar de cabezasos contra la gema, la cual apenas se inmutaba... El golem golpe¨® en la cara a Linway, tir¨¢ndolo al suelo. Launya se puso m¨¢s nerviosa, con su frente adolorida y llena de sangre, pero, preocupada por Linway, apret¨® los dientes y grit¨® con fuerza en un ¨²ltimo golpe ¡ª ?Nyaaaghhh!¡ª ?CRASH! En peque?as piedras y polvo, el golem se deshizo... La luz de el roto garrote a¨²n iluminaba la cueva, y Launya cay¨® aturdida a un lado de Linway, quien se encontraba igual... Ambos cruzaron miradas, girando sus cabezas estando tirados en el suelo... Por unos segundos se miraron a los ojos, sonrieron, y comenzaron a re¨ªr a adoloridas carcajadas mientras sus frentes sangraban... En el medio de aquella risa que buscaba soltar toda la adrenalina que llen¨® sus cuerpos, Linway extendi¨® su palma hac¨ªa Launya, buscando que ella chocara su mano con la de el ¡ª Bi-en hecho ¡ª Dijo sonriendo y con sus ojos entrecerrados, mientras tos¨ªa sangre Launya dej¨® de re¨ªr poco a poco, y levant¨® su peque?a mano para acercarla a la de Linway, pero en vez de chocar sus palmas, Launya entrelaz¨® sus dedos con los de Linway... ¡ª Nyo miueras, Linyay ¡ª Brome¨® mientras apretaba suavemente su mano... Ambos se vieron a los ojos durante un eterno momento, hasta que Launya tir¨® de la mano de Linway mientras se levantaba ¡ª Nyasumi nyatu, Linyay ¡ª dijo, intent¨¢ndolo ayudar a levantarse, y este as¨ª lo hizo Ambos, ignorando el hecho de que sus manos segu¨ªan entrelazadas, voltearon a los escombros sobrantes de el golem... Un extra?o amuleto con un topacio en el centro yac¨ªa al medio de todas esas rocas... Lo tomaron, y despu¨¦s se acercaron a la campana, la cual brillaba en dorado. La tomaron, y al hacer esto, su brillo se apag¨®; El objeto se hab¨ªa apagado. Metieron la campana a la mochila de Linway para analizarla despu¨¦s, en mejores condiciones, y se prepararon para volver... Capitulo 10: Orgullo Capitulo 10: Orgullo
Los hermanos Louisse y Francois, avanzaban a trav¨¦s de las monta?as aunque en direcci¨®n casi contraria de d¨®nde se encontraba su hermano Linway. A comparaci¨®n de el viaje de su hermano, el cual ocurr¨ªa al mismo tiempo, las monta?as eran distintas. Estaban menos inclinadas, y estaban repletas de un verde pasto con un suave olor a humedad y plantas¡­ De vez en cuando se encontraban con arbustos de bayas con colores brillantes, junto a alg¨²n que otro conejo que corr¨ªa asustado en cu¨¢nto ve¨ªa la presencia de humanos¡­ ¡ª Y bueno, hermanote. cu¨¦ntame ?Quien era esa mujer? ¡ª Pregunt¨® Louisse, curioso de c¨®mo su hermano hab¨ªa conocido a una tan habilidosa sanadora ¡ª ?La curandera? Hmm¡­ Creo que su nombre era Selines. Rescat¨¦ a quien parece ser su hija de un doppleganger ¡ª Dijo, sin darle mucha importancia ¡ª Hmmm¡­ Not¨¦ que te ve¨ªa con admiraci¨®n, Francois. ?Ser¨¢ que se enamor¨® de ti? ¡ª Dijo Louisse en un tono burlesco Francois se ech¨® a re¨ªr ¡ª ?Enamorarse de mi? Por dios, no estamos en un cuento, Louisse. ¡ª Dijo, tomando a gracia el comentario de su hermano ¡ª Yo creo que la vida es un cuento, as¨ª que, puede que si sea as¨ª ¡ª Dijo Louisse con una sonrisa, mienteas Sombrita avanzaba por la monta?a, rozandose las narices con el pasto ¡ª Hmm¡­ ¡ª Su hermano, Francois, proces¨® por un momento ¡ª Es curioso que hables de amores de fantas¨ªa, siendo tu alguien tan centrado en ¨²nicamente la naturaleza ¡ª Louisse se rasc¨® la nuca unos segundos y contest¨® ¡ª Hmm¡­ Puede que ame a la naturaleza m¨¢s que a nada, pero no soy un psicopata. Yo tambi¨¦n siento cosas por las personas, por ejemplo, tambi¨¦n me preocupo por ustedes y disfruto de su compa?¨ªa ¡ª Confes¨® Louisse, un poco t¨ªmido Francois sonri¨® con genuina alegr¨ªa ante el comentario de su hermano. Ambos eran los menores de la familia, y le alegraba ver como este mismo encontraba sus ideales y pensamientos durante su adolescencia. Francois abraz¨® a su hermano por el cuello y comenz¨® a despeinarlo mientras caminaban ¡ª Que dulce mi hermanito, confesando que si nos quiere y no es un lobo incomprendido ¡ª brome¨®, mientras Sombrita se sub¨ªa en su espalda de un salto para no tener que caminar ¡ª Haha, ya, ya para ¡ª Dijo Louisse, intentando soltarse de el agarre de Francois mientras soltaba unas cuantas risas. ¡ª Pero, antes recuerdo que dijiste que la gente no te interesaba. ?Por que ese cambio de pensar, Louisse? ¡ª Pregunt¨® curioso, mientras se acomodaba a Sombrita en la cabeza, la cual comenz¨® a equilibrarse como si estuviese surfeando en la cabeza de Francois ¡ª Bueno¡­ Aprend¨ª que no est¨¢ tan mal conocer gente nueva¡­. Me di cuenta que puedes aprender mucho de otros si tan solo les prestas un poco de atenci¨®n¡­ Conoc¨ª a alguien que al final se interes¨® en mi, a pesar de que tambi¨¦n se negaba a prestarme atenci¨®n ¡ª Confes¨® con sinceridad, abriendo su sabidur¨ªa hac¨ªa su hermano, justo como lo hac¨ªa con la mayor¨ªa de personas ¡ª Hmmm¡­ ?Te refieres a la jinete de dragones? ?Jaja! Hermanito, puede que haya sido una sirena. ?Est¨¢s seguro que no ten¨ªa cola de pescado? ¡ª Brome¨® Francois hac¨ªa su hermano Louisse se not¨® irritado ante el comentario de su hermano ¡ª Ya les dije que un d¨ªa ver¨¢n a ese drag¨®n y sabr¨¢n que no miento¡­ ¡ª dijo con resentimiento por la burla de su hermano Francois le di¨® una palmada en el hombro ¡ª Bromeo, Louisse. Tu emoci¨®n no te deja mentir cada vez que hablas de ese encuentro. Y dime ?La haz encontrado de nuevo? ¡ª Pregunt¨® con curiosidad ¡ª No¡­ Quer¨ªa ir a verla la otra vez, y sub¨ª la colina donde ella se encontraba, pero estaba con otro chico ?Que ten¨ªa otro drag¨®n! Fue incre¨ªble, pero tristemente todos salieron heridos, pues el grifo se alarm¨® por la imprudencia de el chico con el que estaba Celeste¡­ El chico lanz¨® fuego por todos lados y seguramente hizo asustar al grifo, por lo cual el lo atac¨®, y todo termin¨® en un caos, con el pobre grifo moribundo ¡ª Record¨®, con preocupaci¨®n en su rostro ¡ª Ojal¨¢ est¨¦ bien y no lo hayan rostizado¡­ ¡ª Dijo Louisse, sin confiar por completo en que Selines hubiera curado al grifo Francois le puso la mano en el hombro ¡ª No te preocupes hermanito, esa mujer dijo la verdad. Yo lo s¨¦. No tendr¨ªa por que mentirme ¡ª Intent¨® calmar a su hermano, el cual solo suspir¨® y asinti¨® ¡ª Cuando terminemos esta misi¨®n, te acompa?ar¨¦ con ¡°Celeste¡±, para que la conozca junto a su drag¨®n ¡ª Trat¨® de animar a su hermano con palabras ¡ª Por cierto, creo en tus palabras pero¡­ ?Por qu¨¦ dos jinetes de dragones estar¨ªan en Feyralinn? ¡ª Cuestion¨® con recelo ¡ª ?Estar¨¢n intentando conquistarnos? ¡ª ¡ª No ¡ª Dijo Louisse, negando con la cabeza ¡ª Ellos solamente est¨¢n de paso¡­ ¡ª Pens¨® unos segundos en si contarle o no a su hermano, pero, era un caballero, sab¨ªa que sus palabras no saldr¨ªan de esa conversaci¨®n. ¡ª Los elfos quieren recuperar su inmortalidad, y creen que si invaden Queenlanding, podr¨¢n recuperarla¡­ ¡ª Dijo de forma resumida Francois proces¨® la informaci¨®n unos segundos, pero antes de que pudiese responder, Louisse volvi¨® a tomar palabra ¡ª Los elfos son conocidos por su conexi¨®n con la naturaleza, pero¡­ Yo tengo una conexi¨®n con la naturaleza y no necesito ser un elfo inmortal¡­ Me gustar¨ªa ense?arle eso a Celeste¡­ Que no tiene por que pelear con nadie para unirse con la naturaleza de nuevo¡­ ¡ª Confes¨® sus preocupaciones ¡ª Hmmm¡­ Entiendo tu punto, hermano¡­ Pero los elfos tambi¨¦n son personas llenas de un honor y orgullo as¨ª como los caballeros; En Forthium, el reino de los volcanes, un caballero pierde su honor si rompe su espada En Queenlanding, el reino de los magos, un caballero pierde su honor si le rompen su foco arcano Pero lo de los elfos no es un simple hecho, sino un tema peor¡­ Louisse, es como si te arrancaran una parte de ti. Como si te cortaran un brazo y se lo quedasen. Ellos perdieron lo que los hac¨ªa especiales; Su inmortalidad. ¡ª Explic¨® a su hermano, record¨¢ndole la historia Louisse respondi¨® ¡ª Pero celeste naci¨® mortal¡­ A ella nunca le quitaron nada. Y, Konstantino siempre dijo que todos somos especiales a nuestra manera ?Por que necesitar¨ªa ser inmortal para ser especial? Celeste es especial; Monta a un drag¨®n. ?Necesita algo m¨¢s para ser especial? ¡ª Cuestin¨® se?alando lo tonto que esto le parec¨ªa Francois se matuvo en silencio durante unos segundos. Su hermano era un so?ador la mayor¨ªa de veces, pero era muy bueno simplificando los comportamientos de las personas¡­ Pero entonces decidi¨® decirle la realidad a su hermano ¡ª Es por que los elfos creen que son superiores a las dem¨¢s razas¡­ Es por eso que son orgullosos y quieren recuperar lo que ellos consideran una ventaja¡­ A veces el orgullo, es m¨¢s priorizado que el objetivo original... Como cuando un ni?o hace un berrinche por perder un juego, y en vez de mejorar para ganar, tira el tablero al suelo y lo destruye por mero orgullo... ¡ª Explic¨® a su hermano ¡ª ?Y no ustedes los caballeros tambi¨¦n priorizan su orgullo? ¡ª Cuestion¨® a su propio hermano para intentar comprenderlo Francois, esta vez no dud¨® un poco en su respuesta, denotando que ten¨ªa claro su c¨®digo de honor ¡ª No. El orgullo del que te hablo, es un orgullo individual, el orgullo ego¨ªsta de unos cuantos, el cual fu¨¦ transmitido para llenarle el ego a otros. El orgullo de un caballero, no significa ego ni narcisismo. El orgullo est¨¢ dirigido a una causa mayor, a un objetivo en conjunto; Mantener un orden. Louisse, el motivo por el cual los caballeros tenemos tantos c¨®digos, es por que debemos ser el ejemplo. Puede que tu ataques a alguien por la espalda sin remordimiento, a pesar de tus motivos, pero. Si todos actuaramos as¨ª, ser¨ªamos salvajes. Un caballero debe ser un s¨ªmbolo de orden, un s¨ªmbolo de autoridad y serenidad. Un s¨ªmbolo, dependiendo de el reino. En Feyralinn, un caballero es s¨ªmbolo de la libertad, de la paz y de la uni¨®n. ¡ª Explic¨® a detalle a su hermano ¡ª F¨¢cilmente podr¨ªas ser un caballero, Louisse. Un caballero De Feyralinn, tambi¨¦n busca que se respete la tierra, a las hadas y las bestias. Pero un caballero debe saber mantener la calma enmedio de la tormenta. Eres joven, y a pesar de tu madurez mental, eres impulsivo y es f¨¢cil hacerte enojar. Eso podr¨ªa hacerte igual a la gente a la que cr¨ªticas, pero no te preocupes, hermano. Tienes al hermano mayor perfecto para ense?arte como ser un poco m¨¢s sereno ¡ª Se?al¨® a su hermano, d¨¢ndole una palmada en la espalda ¡ªNo soy impulsivo, Francois... Solo que odio las injusticias ¡ª Se defendi¨® Louisse ¡ª Y eso es justamente a lo que me refiero... ?Crees que soy indiferente a las injusticias? Para nada, yo las odio. Pero el mundo est¨¢ lleno de injusticias, y no ganaremos nada si cedemos ante ellas ¡ª Confes¨® a su hermano, abrazandolo por el cuello Louisse se mantuvo en silencio, analizando a detalle todo lo que su hermano le hab¨ªa explicado. Si bien Louisse era curioso, tambi¨¦n era algo terco y impulsivo. A pesar de eso, se abri¨® a las palabras de su hermano, entendiendo su punto ¡ª Pero bueno, hermanito. Volviendo al tema de tu amiga. Parece que realmente te preocupas por ella. ?Por que no le dices eso la siguiente vez que la veas? Que no necesita ser inmortal para ser especial ¡ª Anim¨® a su hermano, mientras se acercaban a la cima de la monta?a, llena de ¨¢rboles y aves cantoras ¡ª Lo har¨¦ ¡ª Se decidi¨® Louisse, apretando el pu?o con determinaci¨®n Entonces los hermanos siguieron avanzando¡­ Seg¨²n las pistas que Francois hab¨ªa recolectado, el nido de doppelgangers deb¨ªa encontrarse en alguna parte de ese bosque en la monta?a. If you stumble upon this narrative on Amazon, be aware that it has been stolen from Royal Road. Please report it. Con cada paso que daban, el viento era m¨¢s intenso, y el sonido de la fauna se deten¨ªa, hasta que eventualmente llegaron a una altura en la que no hab¨ªa un solo sonido animal¡­ Las plantas, las cuales antes eran verdes y coloridas, ahora parec¨ªan tener un sombr¨ªo tono de color morado¡­ ¡ª Estamos cerca, atenta, Sombrita ¡ª Dijo Louisse, desenfundando una de sus lanzas de su espalda Francois, coloc¨® su mano en el mango de su espada, listo para desenfundarla por si era necesario. ¡ª ?Y ahora, como encontramos el nido? ¡ª Pregunt¨® Louisse, mientras analizaba sus alrededores con la vista Francois se agach¨®, y comenz¨® a revisar el suelo en b¨²squeda de alguna huella ¡ª Deben estar cerca... Su simple presencia ha corrompido a la naturaleza as¨ª que, no pueden estar lejos... ¡ª Dijo, analizando una hoja seca casi negra Sombrita por su parte, baj¨® de la cabeza de Francois de un salto, y comenz¨® a olisquear el pasto gris¨¢ceo con cuidado... Entonces, se detuvo, gir¨® su mirada hacia un ¨¢rbol, y sise¨® hac¨ªa este mismo ¡ªHmmm... ¡ª Pens¨® Francois por un momento ¡ª Ah¨ª est¨¢n ¡ª Desenfund¨® su espada y se?al¨® hac¨ªa donde Sombrita hab¨ªa siseado Caminaron hac¨ªa la direcci¨®n del nido, y lograron divisar que uno de los enormes ¨¢rboles, ten¨ªa una entrada en el centro, la cual bajaba a alguna especie de cueva... Un olor putrefacto se emanaba desde el interior, y extra?os murmullos proven¨ªa desde las profundidades. Francois tom¨® firmemente su espada con una de sus manos, y con la otra mano sac¨® una antorcha de su mochila, la cual encendi¨® ¡ª ?Est¨¢s listo? ¡ª Pregunt¨®, echando un vistazo a su hermano ¡ª Eso creo ¡ª Respondi¨® Louisse, sosteniendo una de sus lanzas con ambas manos, y Sombrita escalando por su hombro Entraron a la estrecha cueva, con paredes de tierra y ra¨ªces oscuras qu¨¦ denotaban la corrupci¨®n qu¨¦ los doppelgangers hab¨ªan llevado hasta ese bosque... Sus pasos resonaban a lo largo de el pasillo, y de pronto las sombras parec¨ªan comenzar a moverse hac¨ªa todos lados, danzando... Llegaron a una habitaci¨®n con paredes hechas de ra¨ªces oscuras, la cual a primera instancia parec¨ªa vac¨ªa... M¨¢s sin embargo, comenzaron a escucharse las risas y susurros provenientes de las paredes... ¡ª Est¨¢n en las paredes ¡ª Dijo Louisse, aterrado, se?alando a una pared a su lado, en la que se pod¨ªa apreciar una de esas criaturas de piel gris, altas, con extremidades largas y un rostro demacrado Francois trag¨® saliva y con cuidado desliz¨® la punta de su espada en el coraz¨®n de la criatura... Con seguridad, avanz¨® al centro de la habitaci¨®n y le hizo una se?a para que lo siguiera... Si peleaban en una de las esquinas terminar¨ªan acorralados, as¨ª que el decidi¨® confiar en que, al centro, podr¨ªan tener m¨¢s espacio para pelear... ¡ª Hermano... ¡ª Francois escuch¨® un susurro de su hermano en la espalda, y enseguida gir¨® la cabeza ¡ª ?S¨ª? ¡ª ?CRASH! La figura de Louisse, la cual sosten¨ªa algo en su mano derecha, estamp¨® una roca contra la cara de Francois, tir¨¢ndolo hac¨ªa atr¨¢s... Un doppelganger hab¨ªa tomado la forma de su hermano. ¡ª ?Francois! ¡ª Grit¨® Louisse, preocupado, viendo a su hermano tirado en el suelo Louisse trag¨® saliva, y con un grito de guerra, se lanz¨® contra su clon, atraves¨¢ndolo con la lanza en el centro del pecho... Pero la criatura volte¨® lentamente, de forma siniestra hac¨ªa Louisse y le sonri¨®, tomando la lanza con una mano, y estampando la roca contra su rostro igualmente, haciendolo tambalearse hac¨ªa atr¨¢s, comenzando a re¨ªrse de forma macabra ¡ª ?Est¨¢s muerto, maldito! ¡ª Grit¨® Francois, tomando su espada con la mano derecha, y mientras se levantaba, se impuls¨® girando la espada de abajo hac¨ªa arriba contra el doppelganger Logr¨® cortar desde la cadera hasta el hombro del monstruo en una gran herida, pero a¨²n as¨ª la criatura apret¨® el pu?o y retrocedi¨® el brazo, listo para golpear a Francois de nuevo. Pero antes de que siquiera pudiese lanzar su pu?o al frente, Francois estamp¨® la punta de la antorcha contra su cara, y comenz¨® a empujarlo hac¨ªa atr¨¢s. Con la mano izquierda lo empuj¨® con la antorcha, y con su mano derecha, hizo un corte vertical, de arriba hac¨ªa abajo, acabando as¨ª con ella... Pero en cuanto levant¨® su antorcha para ver el cuerpo de el monstruo, se di¨® cuenta que frente a el, hab¨ªa al menos una docena de esos siniestros monstruos, unos disfrazados de Louisse, y otros de Francois ¡ª ?Atr¨¢s, Francois! ¡ª Grit¨® Louisse, apuntando su lanza y tir¨¢ndola contra una de las criaturas, atravesando su pecho. Francois trag¨® saliva y solt¨® la antorcha al piso, para sostener su espada con ambas manos y posicionarse para recibir el ataque de todos los monstruos alineados frente a el... ¡ª ?Nyaghh! ¡ª Grit¨® Francois, mientras todos los doppelganger corr¨ªan hac¨ªa el, preparando su ataque; Francois tom¨® su espada desde abajo mientras la sosten¨ªa apuntando debajo en su espalda, y cuando todos los monstruos se lanzaron hac¨ªa el, gir¨® la espada con todas sus fuerzas, haciendo a varios de ellos retroceder para esquivar su ataque, mientras que los que siguieron avanzado, recibieron un corte en el pecho o el abdomen, el cual se ve¨ªa bastante letal. ¡ª ?Cuidado! ¡ª Grit¨® Louisse, viendo como tres doppelganger se abalanzaban contra su hermano. Apret¨® su lanza con firmeza, y reuniendo todas sus fuerzas en un grito, atraves¨® a una de esas tres criaturas en el abdomen, y comenz¨® a arrastrarlo contra una de las paredes de la cueva, clavandolo en contra de aquellas ra¨ªces. Mientras que Francois, ahora con menos enemigos atac¨¢ndolo, atraves¨® en el pecho a uno de los doppelganger, que lo atacaba por su derecha, reteni¨¦ndolo con su filo y sosteniendo la espada con su mano derecha... Entonces, cuando el doppelganger de la izquierda se acerc¨®, balance¨® su brazo contra el monstruo, golpeando su rostro con el dorso de su mano, aturdi¨¦ndolo ligeramente a causa de el metal en sus guantes... Louisse retrocedi¨®, dejando a el doppelganger clavado en la pared, y comenz¨® a desenfundar su segunda lanza, pero mientras hac¨ªa esto, un cuarto doppelganger golpe¨® sus costillas con un fuerte pu?etazo, empuj¨¢ndolo contra una de las paredes y obligandolo a recomponerse Sombrita, salt¨® sobre la criatura que hab¨ªa herido a Louisse, ara?¨¢ndolo con fuerza, pero un quinto doppelganger apareci¨®, la apret¨® de la cola, y la tir¨® contra la pared. Afortunadamente para la gatita, su peque?a armadura recibi¨® el impacto en su espalda, aunque esta se cay¨® al suelo, soltandose por el impacto. ¡ª ?No nos rendiremos! ¡ª Exclam¨® Louisse, girando su lanza contra el quinto y cuarto doppelganger, causandoles un corte en horizontal en el pecho Francois pate¨® a el segundo doppelganger, sacando su espada de su carne, y despu¨¦s, la gir¨® de bajo hac¨ªa arriba en diagonal contra el primer doppelganger, cortando su abdomen. Enseguida el segundo doppelganger se recompuso y se lanz¨® a Francois, pero este aprovech¨® qu¨¦ su espada estaba elevada hac¨ªa la izquierda, y con fuerza, la baj¨® en diagonal, casi partiendo por la mitad al segundo doppelganger al encajar profundamente el filo de su espada entre su cuello y su hombro... As¨ª el segundo doppelganger cay¨®, y con una embestida, Francois enterr¨® su espada a trav¨¦s del coraz¨®n de el primer doppelganger... Al voltear hac¨ªa su hermano, divisi¨® como tres doppelganger comenzaban a rodearlo, mientras el intentaba hacerlos retroceder amenazandolos con la lanza... Francois corri¨® hac¨ªa los tres doppelganger, y embisti¨® con el hombro a uno de ellos, haci¨¦ndolo caerse sobre otro doppelganger. Finalmente, con dos de ellos en el suelo, esta vez girando su espada de abajo hacia arriba, cort¨® uno de los brazos de el doppelganger en pie R¨¢pidamente, Louisse y Francois retrocedieron, recomponiendose y viendo cuantos enemigos les faltaba derrotar: De aquellos doce, a¨²n quedaban siete en perfecto estado, dos heridos y uno clavado en la pared... Ambos hermanos tragaron saliva al ver que los nueve doppelganger restantes se agrupaban de nuevo, esta vez, prepar¨¢ndose en dos grupos, uno de cinco y otro de cuatro, los cuales se lanzar¨ªan por cada hermano... ¡ª ?Podemos hacerlo!... ¡ª Grit¨® Francois, corriendo contra los cinco doppelganger que le tocaba derrotar... Atraves¨® a uno por el est¨®mago, y mientras que otro se acercaba por su espalda en la izquierda, gir¨® su codo izquierdo sosteniendo su espada con la mano derecha, golpeando al que se acercaba por su espalda, pero por su derecha, uno de ellos le lanz¨® un doloroso pu?etazo a la cabeza, aprovechando que ya no ten¨ªa forma de esquivarlo. Apret¨® los ojos con dolor y confi¨® en su intuici¨®n... Pate¨® hac¨ªa la izquierda al doppelganger clavado en su espada, logrando as¨ª que un cuarto doppelganger retrocediera, y entonces gir¨® su espada de izquierda a derecha, cortando a un quinto doppelganger y al que le hab¨ªa golpeado en su derecha. M¨¢s sin embargo, el doppelganger a su izquierda ya se hab¨ªa recompuesto, y golpe¨® a Francois en las costillas, empujandolo contra el Doppelganger a su derecha, el cual lo agarr¨® por los hombros y le di¨® un rodillazo en el est¨®mago, haci¨¦ndolo escupir saliva, y despu¨¦s lo tiro al centro de la cueva, con otro de los doppelganger pateando su mano en el proceso, haci¨¦ndolo soltar su espada ¡ª Maldita sea... ¡ª Maldijo Francois, intentando retroceder, arrastr¨¢ndose hac¨ªa atr¨¢s, boca arriba. Entonces una de sus manos toc¨® una roca, y sin dudarlo la agarr¨® con fuerza, y mientras los cinco doppelganger se acercaban hac¨ªa el lentamente, se levant¨® de un salto, gimoteando de dolor en el proceso, y golpe¨® en el cr¨¢neo a uno de los doppelganger, terminando con el y haci¨¦ndolo caer al suelo. Pero enseguida, uno de los monstruos avalanz¨® su pu?o de abajo hac¨ªa arriba, golpeando la mand¨ªbula de Francois, tir¨¢ndolo hac¨ªa atr¨¢s de nuevo, y cuando se intent¨® levantar, otro lo pis¨® con todas sus fuerzas en el est¨®mago, abollando su armadura y haci¨¦ndolo escupir sangre... Al mismo tiempo, cuando los grupos de monstruos se lanzaron contra los hermanos, Louisse tir¨® su segunda lanza contra uno de los doppelganger heridos, atravesando as¨ª su coraz¨®n, y haci¨¦ndolo caer al suelo... Desenfund¨® su ¨²ltima lanza, y se prepar¨® para el ataque en conjunto de los tres doppelganger restantes... Arremeti¨® con su lanza contra el doppelganger del centro, pero este atrap¨® su lanza con la palma de la mano, y quebr¨® la lanza a la mitad... Un segundo doppelganger se lanz¨® contra Louisse y le golpe¨® en el centro de los ojos, haci¨¦ndolo retroceder, aunque no cay¨®... Louisse suspir¨®, aguantandose el dolor y apunt¨® con la lanza rota hac¨ªa el doppelganger de la izquierda, el cual estaba preparando su ataque ¡ª ?A por el, Sombrita! ¡ª grit¨®, confiando en su peque?a gatita. Ella se trep¨® en su espalda de un salto, y comenz¨® a morderlo y ara?arlo en toda la cabeza. El doppelganger atrap¨® a Sombrita por el cuello, y Louisse se lanz¨® gritando contra este mismo, el cual, gracias a el grito, pudo extender su otro brazo y tom¨® a Louisse por el cuello tambi¨¦n. ¡ª ?Ca¨ªste, maldito! ¡ª Grit¨® Louisse, con una sonrisa, aprovechando que ambas de sus manos estaban ocupadas, atraves¨® la lanza rota en el cuello del doppelganger, haci¨¦ndolo as¨ª caer, y Sombrita comenz¨® a retroceder, recuperando el aliento ¡ª ?Lo hiciste muy bien, Sombrita, es suficiente, ya no tienes que pelear! ¡ª Indic¨® a su peque?a mascota, mientras se agachaba en el suelo para tomar unas cuantas piedras afiliadas y pensarlas con su mano derecha ¡ª ?Mueran, malditos! ?Liberen a la tierra de su perversa corrupci¨®n! ¡ª Grit¨® Louisse, apuntando las piedras hac¨ªa uno de los dos doppelganger, disparandolas contra su cabeza, y golpeando una tr¨¢s otra hasta que cay¨® al suelo... ¡ª Hah... ?Hahaha! ¡ª Soltando su ansiedad y adrenalina, Louisse comenz¨® a re¨ªrse, con alegr¨ªa de haber logrado derrotar a la mayor¨ªa, aunque el ¨²ltimo parec¨ªa estar agachado, se desconcentr¨® al ver a su hermano Francois caer. Pens¨® en ir a ayudarlo, pero entonces algo lo detuvo... ¡ª ?Mueran malditos! ?Hahahaha! ¡ª Una voz copiada de el doppelganger que sobraba se escuch¨® al fondo de la habitaci¨®n; Su propia voz. Y cuando vi¨® a su abdomen, un agujero lo atravesaba... Al levantar la mirada,se di¨® cuenta de que el Doppelganger hab¨ªa imitado su punter¨ªa y le hab¨ªa lanzado una piedra al abdomen, la cual lo atraves¨® brutalmente en el est¨®mago... Enseguida, Louisse se tambale¨® y cay¨® desmayado hac¨ªa atr¨¢s... Francois solamente atinaba a cubrirse con los antebrazos mientras los doppelganger restantes lo pisoteaban con brutalidad, sintiendo cada vez como su consciencia se desvanec¨ªa... Un fri¨® abraz¨® su cuerpo, y su coraz¨®n se aterr¨® al creer que era la muerte reclam¨¢ndolo, pero entonces, se di¨® cuenta de ¨¦l origen de aqu¨¦l fr¨ªo... ¡ª Estacas de hielo. ¡ª Una voz grave se escuch¨® en la entrada de la cueva... Un hombre de cabellos plateados y un abrigo azul, levantaba un b¨¢culo, el cual se ilumin¨® y enseguida cre¨® varias cuchillas de hielo, las cuales se dispararon contra los doppelganger, atravesando sus extremidades, pecho, abdomen, y a uno, su cabeza. Todos los doppelganger cayeron al suelo, muertos en un abrir y cerrar de ojos gracias a aquel mago... ¡ª ?Q-Quien eres? ¡ª Pregunt¨® Francois, adolorido, viendo a aquella figura imponente ¡ª Un favor cumplido... Kronus Chambers. ¡ª Se present¨® aquel hombre ¡ª Ahora si, tu y yo estamos a mano con Selines Mint. ¡ª Dijo mientras se acercaba a Francois, extendi¨¦ndole una mano y ayud¨¢ndole a levantarse. Kronus camin¨® hac¨ªa Louisse, sus botas resonando en la cueva. ¡ª Hielo ¡ª Pronunci¨® en voz alta, y apunt¨® su b¨¢culo a el agujero en su est¨®mago. Enseguida, una capa de hielo cubri¨® su herida, deteniendo su sangrado. Francois observaba impresionado, y preocupado por su hermano a la vez ¡ª Eso evitar¨¢ que muera, pero no lo curar¨¢. Debes llevarlo con Selines. Ella se encargar¨¢ de eso. ¡ª Dijo, mientras se notaba como las ra¨ªces comenzaban a dispersarse, como liber¨¢ndose de la corrupci¨®n de los doppelganger Entonces, Kronus comenz¨® a marcharse de la cueva, pero Francois lo detuvo ¡ª ?Espera!... Te lo agradezco de coraz¨®n, Kronus Chambers. Tu salvaste a mi hermano ¡ª Le agradeci¨® con sinceridad, mientras cargaba a su hermano menor, y Sombrita ve¨ªa a Kronus impresionada ¡ª No hay de que agradecer, pero... Si no est¨¢s seguro de ser lo suficientemente fuerte como para proteger a tu hermano, entonces no lo arrastres hasta la muerte junto a ti ¡ª Reprendi¨® al joven caballero, mientras continuaba su camino, aunque sus palabras se quedaron clavadas en su coraz¨®n, ciertamente da?ando su orgullo...