《Arcanum Veritas: Fractals (Español/Spanish)》 Cap铆tulo 1: Contemplaciè´¸n Era una tarde de oto?o, el cielo estaba completamente nublado y un viento fr¨ªo se abr¨ªa paso entre los ¨¢rboles, haciendo que cayeran sus hojas, dej¨¢ndolos desnudos y pintando el piso de rojos, naranjas y amarillos. Una figura se encuentra sentada en una banca mirando un peque?o estanque en donde un par de peces chapoteaban sin mucha preocupaci¨®n. El hombre contemplaba la l¨ªnea del horizonte casi en un trance, no hace muchos movimientos, solo se sienta ah¨ª mirando sin decir una palabra. Si bien f¨ªsicamente su apariencia no da mucho que hablar, solamente una cara com¨²n en un cuerpo fl¨¢cido, el ropaje que tiene cuenta otra historia. Las rasgaduras en forma de garras y los agujeros que riegan el traje demuestran, junto con las manchas de l¨ªquidos inciertos, el tipo de evento que fue la noche anterior. Una persona se sienta al lado del hombre, pero ¨¦l no se mueve, solo sigue mirando, casi como si esperara algo, casi como si no fuera importante lo que este individuo tenga que decir. Despu¨¦s de unos segundos, el hombre, ?o era una mujer? se va, dej¨¢ndolo otra vez solo con el viento. Y as¨ª pasan las horas sin mucho cambio, las nubes se separan y dejan paso a un cielo estrellado, cientos de puntos luminosos que brillan cual diamantes se extienden por el ¨¦ter nocturno, pero ¨¦l, aun as¨ª, no los nota, no mira para arriba, solo para el frente, sosteni¨¦ndole la mirada al vac¨ªo abisal de la noche. Cuando el cielo cambia de negro a un p¨²rpura, seguido de un rojo anaranjado, los primeros rayos del sol empiezan a ba?arle el cuerpo. Sin previo aviso, este se levanta y comienza a caminar en direcci¨®n al estanque. El agua fr¨ªa y sucia cubre sus tobillos, luego sus rodillas, despu¨¦s su torso y al final la cabeza queda hundida debajo de la superficie. Las burbujas suben y revientan al salir del agua; esto contin¨²a por unos segundos m¨¢s hasta que se detiene por completo. Primero el fr¨ªo, luego la oscuridad, despu¨¦s el dolor y por ¨²ltimo la calma. El hombre se encuentra levitando sin sentido del peso, el espacio o el tiempo, solo flota, podr¨ªan haber pasado segundos o eones, no lo sabe, no le importa. Pero nada dura para siempre y este momento no es la excepci¨®n, un sonido infernal, como un grito desgarrador, lo arranca de su momento de paz y lo obliga a despertar. La alarma se esfuma tan r¨¢pido como lleg¨® y ahora solo queda una voz femenina que declara con falsa autoridad el pron¨®stico del clima para ese d¨ªa. ¡ª Buen d¨ªa, habitantes de Hope y bienvenidos a conexi¨®n urbana, el programa para conocer todo lo que pasa en la ciudad. Hoy la temperatura se presta para ir a la playa y estrenar esa figura de verano con m¨ªnimas de 77 ¡ãF y m¨¢ximas de 84 ¡ãF. John abre los ojos lo m¨¢s grande que puede, captando la mayor cantidad de la luz que se filtra entre las persianas. Est¨¢ sudando fr¨ªo, el recuerdo del sue?o que se desvanece lo deja con un pavor primordial que lo inunda como una ola y amenaza con aplastarlo. Con una desesperaci¨®n palpable, el joven manotea en direcci¨®n a su mesita de luz y agarra firmemente un contenedor de pl¨¢stico, trata torpemente de destaparlo, pero esto solamente hace que las pastillas de color verde oscuro salgan volando y se desparramen por el piso. Sin pensarlo, se lanza casi de cabeza y recoge un par que pasa a consumir de manera inmediata, el sabor amargo lo termina de despertar y los sentimientos que le apretaban la garganta empiezan a calmarse poco a poco. Se sienta en la cama, la cabeza palpitante, mientras la mujer sigue hablando sobre los ¨²ltimos acontecimientos. -Se reporta la desaparici¨®n de otro ni?o, este constituir¨ªa el d¨¦cimo caso en lo que va del a?o, en este en particular el peque?o Sacar¨ªas Mart¨ªnez, con 10 a?os de edad, desapareci¨® de su hogar en el barrio imperial. La polic¨ªa no tiene a ning¨²n sospechoso todav¨ªa, ¡°cualquier persona que pueda dar informaci¨®n ¨²til ser¨¢ recompensada generosamente¡± afirma el jefe de polic¨ªa-una m¨²sica intensa aparece de la nada para separar las noticias, despu¨¦s de unos segundos la voz femenina vuelve a aparecer - ?Arte o vandalismo? la nueva oleada de grafitis que asalta la ciudad, m¨¢s informaci¨®n esta noche- por ¨²ltimo, antes de salir a un corte comercial, la voz agrega- Si van a salir, aseg¨²rense de no tomar la salida 25, puesto que el temblor de hoy a la madrugada ha tumbado un sobrepaso y ha generado un embotellamiento en toda la avenida Gulliver. John apaga la radio/despertador con una mano y se dirige al ba?o. Su cara en el espejo demuestra que, a pesar de haberse acostado temprano, no descans¨® casi nada, pero no puede quedarse a dormir, as¨ª que se lava la cara, se cepilla los dientes, se prepara un caf¨¦ y se dispone a ir a su trabajo. Sale de su departamento y cierra la puerta con la pesada llave de lat¨®n tallado que le fue otorgada cuando su abuelo materno muri¨® y ¨¦l hered¨® el estudio en donde ahora vive. Su abuelo era un hombre extra?o y reservado, las pocas veces que lo vio fue cuando el hombre visit¨® la casa de sus padres y siempre, sin falta, las visitas terminaban en una gran pelea. Su madre nunca le dijo por qu¨¦ hab¨ªa tanta hostilidad entre ellos, pero los sentimientos encontrados eran obvios incluso para un ni?o. Cuando le lleg¨® un email con la noticia de su muerte, sabiendo que era la ¨²ltima oportunidad de ver a su abuelo, decidi¨® atender el funeral en contra de los deseos de su madre. Mientras baja por las escaleras hacia el primer piso, juega con la llave en su mano derecha; el metal fr¨ªo bailando entre sus dedos lo lleva al momento en donde la obtuvo. El velorio no fue una buena memoria, la atm¨®sfera que imperaba en el lugar lo puso bastante inc¨®modo, pero no importa cu¨¢nto lo intent¨¦, todav¨ªa hasta el d¨ªa de hoy le cuesta rememorar las caras o el servicio en general, tal vez haya sido la pena, pero ni siquiera puede imaginar c¨®mo se ve¨ªa la cara de su abuelo en sus ¨²ltimos momentos fuera de la tierra. Lo ¨²nico que recuerda con claridad es cuando el abogado le dio la llave, vieja y gastada como estaba. ten¨ªa una atracci¨®n extra?a que lo cautiv¨® desde el primer minuto. Mientras estaba mirando la llave en la base de la escalera, una voz lo saca del pasado y lo devuelve al presente. -Buen d¨ªa, se?or Dole- La voz pertenece a una anciana encorvada por el peso de los a?os, pero que a¨²n conserva el resplandor juvenil en la cara. The story has been taken without consent; if you see it on Amazon, report the incident. -Buen d¨ªa, se?ora Brins- responde el joven de la manera m¨¢s amable que puede mientras pasa r¨¢pidamente por la puerta principal hacia su auto. La anciana no dice nada ante el gesto y solo devuelve una resplandeciente sonrisa con sus impecables dientes postizos. Al salir, un extra?o viento fr¨ªo pasa por la vereda, desentonando con el ambiente veraniego que la temporada impone y agarrando por sorpresa a m¨¢s de un peat¨®n. John apura el paso y avanza hacia un veh¨ªculo estacionado a pocos metros. El destartalado Cadillac de color marr¨®n se encontraba estacionado en la calle, oxidado y con excremento de ave,ha visto mejores d¨ªas, aun as¨ª, ten¨ªa una extra?a aura de prestigio que ni el tiempo ni los elementos pueden borrar. Su due?o lo mira, otra herencia inesperada que cay¨® en sus manos, perteneci¨® hace un tiempo a un amigo que lamentablemente ya no est¨¢ entre ellos y ahora mantiene vivo su recuerdo en la mente del hombre, recuerdo que con gusto disfrutar¨ªa de no estar llegando tarde, as¨ª que r¨¢pidamente se sube y empieza a manejar en direcci¨®n a su trabajo. Avanzando por la ciudad, la visi¨®n diaria se repite casi con precisi¨®n de relojer¨ªa. Los hermosos edificios de las colinas rojas que derraman personalidad e individualidad contrarrestan de manera brusca con el mar de gente que camina con la nariz pegada a sus tel¨¦fonos, como peque?as part¨ªculas de agua que forman un oc¨¦ano de indiferencia. John contin¨²a conduciendo mientras el pensamiento de que ¨¦l tambi¨¦n es parte de esa procesi¨®n ins¨ªpida y r¨ªgida le revuelve el est¨®mago. La cantidad de autos iba en aumento, pero recordando lo que escuch¨® en el programa de radio, toma un camino aleda?o y logra esquivar el embotellamiento. El camino que escogi¨® lo llev¨® directamente al barrio imperial, un antiguo vecindario con tintes brit¨¢nicos. Una gran concentraci¨®n de la gente que viv¨ªa en este lugar ten¨ªa descendencia de Gran Breta?a. Este barrio es uno de los pocos recuerdos de la ¨¦poca cuando los Estados Unidos eran colonia del superpoder europeo, por lo menos en Hope. Varios grupos han luchado desde las guerras revolucionarias para mantener este barrio como un sitio hist¨®rico y hasta ahora lo han logrado. John maneja mirando la arquitectura g¨®tica, los callejones estrechos y las casas que se apilan y estrujan para poder formar parte de lo que pareciese una construcci¨®n a¨²n m¨¢s grande. Puede notar varios grafitis en diferentes paredes, los nombres y s¨ªmbolos de lo que ¨¦l asume son de un grupo de adolescentes buscando dejar su marca en un mundo que los abandon¨® hace tiempo. Mientras contin¨²a por las calles adoquinadas pensando sobre qu¨¦ marca deja en este mundo, el Cadillac llega al final del barrio y a unas pocas cuadras de su lugar de trabajo. El departamento de polic¨ªa de la ciudad de Hope (HPD), un gran edificio de dos pisos puesto sobre una colina, con una fuente con 3 ¨¢ngeles vendados que portan uno un libro, otro un martillo y el ¨²ltimo una balanza perfectamente equilibrada. La mayor¨ªa de los que trabajan en este lugar dir¨¢n que es un monumento a la justicia, otros que conocen el verdadero rostro de la bestia te dir¨¢n que es la l¨¢pida bien pulida de la tumba de lo que alguna vez fueron los protectores de esta ciudad. John mira el reloj, las agujas casi colapsando en la octava hora, con un sentimiento de apuro dobla en la intersecci¨®n que lo lleva a la entrada, donde una barrera con un guardia le impide el paso. Casi como por reflejo, extiende su mano sosteniendo una tarjeta con su foto y nombre. -Buen d¨ªa, se?or Dole, hermosa ma?ana, ?verdad?- La voz afable de un hombre ligeramente obeso se hace escuchar desde dentro de la caceta de seguridad. -S¨ª, Roger, un buen d¨ªa, ciertamente- John trata su mayor esfuerzo para conjurar una sonrisa sincera pero la cara del guarda le dice que ha fracasado estrepitosamente. Ignorando la inc¨®moda situaci¨®n, casi como si fuera habitual, Roger sonr¨ªe de oreja a oreja y exclama con un tono bonach¨®n: -Bienvenido y que tengas un buen d¨ªa. Apenas termina de decir la frase, la barrera se levanta permitiendo empezar la subida hacia su lugar de trabajo habitual. Lo primero que aparece en vista es la hermosa fuente, el agua cristalina que sale de los ojos tapados de los ¨¢ngeles y recorre sus cuerpos hasta llegar al recept¨¢culo inferior. Si se los ve desde ciertos ¨¢ngulos, las esbeltas figuras de lat¨®n reflejan la luz formando peque?os arco¨ªris que ba?an la entrada del departamento mostrando una ilusi¨®n id¨ªlica de paz, pero ¨¦l no se frena ni un minuto a apreciar el espect¨¢culo, tal vez por ya estar acostumbrado o tal vez porque su entrada no es esta, sino una un poco m¨¢s l¨²gubre. Mientras se acerca a la pesada puerta de metal, esta lo mira estoicamente. John se detiene a pocos metros y saca su brazo por la ventana para pasar su tarjeta por un lector colocado al costado de la abertura. Despu¨¦s de unos segundos, se escucha primero un Bep y despu¨¦s el estr¨¦pito del metal movi¨¦ndose. La pesada cortina se levanta y deja notar su garganta oscura. El hombre dud¨® por unos instantes debati¨¦ndose consigo mismo si continuar o no, podr¨ªa darse la vuelta e irse para no volver. Su mano lentamente se mueve hacia la palanca de cambios, pero cuando est¨¢ a punto de poner la reversa, un bocinazo le arrebata el pensamiento y hace que instintivamente avance hacia la oscuridad. Con cada 5 metros que el veh¨ªculo desciende, una luz se enciende para marcarle el camino hacia el lugar donde debe ir. ¨¦l las sigue lentamente, como si no quisiera llegar, pero la bajada termina en un umbral que da paso a un estacionamiento precariamente iluminado. John maneja hasta su lugar asignado y se baja del auto. El sonido del portazo resuena en el vac¨ªo y se pierde en la inmensidad del lugar. Despu¨¦s de unos segundos respirando el aire viciado, camina sin detenerse hasta el ascensor y se sube. Una vez adentro, aprieta el bot¨®n que lo llevar¨¢ a su piso. El viaje es corto pero la m¨²sica hace que los segundos dentro de la caja de metal parecieran a?os, lo que hace que la campanita que indica la llegada a su piso se escuche como la gloria y cuando por fin las puertas se abren el joven sale directamente a un largo pasillo en donde la figura de un hombre parado al lado de una m¨¢quina de caf¨¦ se hace visible. Su bata blanca, manchada con l¨ªquidos no identificados, le llega a las rodillas, debajo de ella se asoma una camisa celeste y unos pantalones marrones. La persona de camisa celeste toca un par de botones y espera unos segundos, una copa desciende desde las entra?as de la m¨¢quina y de la misma forma un l¨ªquido marr¨®n claro empieza a caer en ella. Cuando por fin el aparato deja de descargar la sustancia, toma el vaso y da un sorbo. -?Ouch!, Carajo- exclama mientras se lleva la mano a la boca en donde el caf¨¦ hirviente dej¨® su marca y tirando un manotazo al aparato agrega ¨CMaldita chatarra, ?C¨®mo puede ser que con todo el presupuesto de la estaci¨®n no podemos permitirnos una m¨¢quina de caf¨¦ que no quiera matarte? - La frustraci¨®n del hombre es palpable, dejando su caf¨¦ sobre una mesa cercana, se da vuelta para retirarse cuando se detiene en seco. - ?JOHN! Compa?ero, gracias por darme el honor de tu presencia ¡ªel hombre dice en voz alta mientras hace una reverencia burlona. -Tuve que hacer un desv¨ªo, Oliver, hab¨ªa un embotellamiento en la avenida- responde John sin darle mucha atenci¨®n al gesto. -Cierto, el temblor de anoche tir¨® un par de sobrepasos y hubo un par de accidentes, creo que incluso trajeron a un par de fr¨ªos- dice Oliver con abrupta realizaci¨®n. Con una expresi¨®n de disgusto moment¨¢nea, John contin¨²a caminando dejando a Oliver detr¨¢s mientras comenta en vozalta-Asumo que vamos a tener que identificar los cad¨¢veres, odio tener que lidiar con v¨ªctimas de aplastamiento. -Bueno, no enteramente, hay un fr¨ªo que lleg¨® y no est¨¢ aplastado- aclara Oliver mientras toma su caf¨¦ y sigue a su compa?ero-Tendr¨ªas que haber visto la cara de los tipos que trajeron la bolsa. John se frena, mirando a su colega con una mirada llena de curiosidad,dice-Interesante- . Luego sigue su camino en direcci¨®n a la morgue. . Cap铆tulo 2: Una autopsia que nunca pasè´¸ Dos personas avanzan r¨¢pidamente por un pasillo recubierto de baldosas blancas, los tubos fluorescentes que lo iluminan dejan puntos ciegos en donde las sombras se arremolinan escondi¨¦ndose de la luz. La figura delantera atraviesa una puerta doble mientras se coloca una bata m¨¦dica, unos guantes y un barbijo. Esta puerta da a una sala con una mesa de disecci¨®n; alrededor hay cuatro camillas en donde bolsas negras descansan. La morgue es fr¨ªa y el olor a productos qu¨ªmicos inunda el aire. Aunque John se hab¨ªa acostumbrado al olor, nunca pudo estar c¨®modo con la temperatura. As¨ª que, con un ligero temblor, se acerca hacia la primera bolsa y abre el cierre. La figura de un hombre de mediana edad con claras se?ales de m¨²ltiples fracturas, incluso algunas expuestas, se hace presente. Con la ayuda de Oliver, lo pasan a la mesa y empiezan a catalogar las heridas de manera meticulosa, lo mismo con el segundo y el tercero, pero al llegar a la ¨²ltima bolsa, John se frena de repente al abrirla, no pudiendo creer lo que ven sus ojos, plumas, cientos de ellas. Despu¨¦s de sobrepasar la sorpresa inicial, r¨¢pidamente mueven el cad¨¢ver sobre la mesa, bajo la luz el macabro trabajo es presentado en morboso esplendor, las plumas de color rojo y azul est¨¢n intercaladas una despu¨¦s de la otra cubriendo los brazos, piernas y la mayor parte de la espalda y cabeza, esta a su vez est¨¢ altamente modificada, particularmente la zona de la nariz y boca. Dos dedos de cada mano y cada pie fueron removidos y garras hechas de un metal marr¨®n fueron insertadas en el lugar donde deber¨ªan estar las u?as. -Parecen patas de pollo- comenta Oliver examinando las piernas del cad¨¢ver. - Yo dir¨ªa que es m¨¢s un ave de presa - responde John mientras revisa m¨¢s de cerca la base de las plumas, analizando c¨®mo fueron colocadas. Cada pluma est¨¢ adherida a la piel con un conjunto de lo que parece ser metal quir¨²rgico y una especie de pegamento desconocido, las cicatrices en la base de esta demostraban que el procedimiento se hab¨ªa realizado cuando la persona estaba viva, d¨¢ndole el tiempo a las incisiones de curar. - Wow, eso est¨¢ bastante jodido. ?Qui¨¦n podr¨ªa hacerle algo as¨ª a otro ser humano? -dice Oliver con una cara de disgusto. -No s¨¦, lo ¨²nico que puedo decir es que es bastante h¨¢bil, la posici¨®n de las plumas es casi art¨ªstica- contesta John sin sacar su mirada del cad¨¢ver. -?Art¨ªstica? ?Le vas a pedir su aut¨®grafo si te lo cruzas por la calle? ¡ªbromea el otro forense. -Tal vez, si miras, las cicatrices de los brazos son m¨¢s viejas que las de la espalda y las de la espalda son m¨¢s viejas que las de la cabeza, ¨®sea que pas¨® horas en el quir¨®fano durante varios d¨ªas para completar este proceso solamente, francamente es impresionante- John responde de manera completamente seria, pero al darse cuenta de lo que acaba de decir r¨¢pidamente agrega- M¨¦dicamente hablando, claro est¨¢. Oliver lo mira por unos segundos y, con una sonrisa traviesa, comenta -Aja... Dilo con m¨¢s seguridad ahora y l¨ªmpiate la baba de la boca mientras lo haces- con una expresi¨®n de molestia. John ignora el comentario y se centra en el cuerpo que est¨¢ frente a ¨¦l. Continuando con la autopsia, pasan a centrarse en la desfigurada cabeza de la v¨ªctima. La parte de la boca y nariz se encuentran reemplazadas con lo que solo se podr¨ªa describir como un pico hecho con lo que parece el mismo metal marr¨®n hallado en las puntas de los dedos mutilados. Las marcas de cicatrizaci¨®n en la base de este indican que tambi¨¦n se hicieron pre-mortem. Abriendo la cavidad bucal se puede apreciar c¨®mo removieron todos los dientes dejando liso el pasaje hacia el es¨®fago y c¨®mo la lengua fue extendida hasta 3 veces su tama?o normal. John toma un bistur¨ª y corta la base del pico exponiendo el punto de conexi¨®n con la mand¨ªbula, en el lugar en donde el metal y el hueso se encuentran. El segundo se extiende por varios cent¨ªmetros por el primero, como si fueran picos dentados. Al ver esto, le comenta a su compa?ero de trabajo -El artilugio de metal est¨¢ cubierto en la base por crecimiento ¨®seo pero...- El hombre se detiene a mitad de la oraci¨®n y entrecierra los ojos tratando de reconciliar sus conocimientos m¨¦dicos con la realidad enfrente de sus ojos. Intento que no pase desapercibido para Oliver, que se acerca para ver el motivo de tanta confusi¨®n en la expresi¨®n de su compa?ero, solo para terminar de la misma manera al verlo y con incredulidad decir. - Eso... Es imposible- mientras levanta la vista, se cruza con los ojos color ¨¢mbar de John que lo encuentran con una mirada de acuerdo y despu¨¦s de unos segundos agrega a la declaraci¨®n del otro forense. -Para desarrollar crecimientos ¨®seos de este tama?o no tomar¨ªa a?os sino d¨¦cadas, pero las cicatrices de la base del pico no pueden ser m¨¢s viejas que unos meses. - Un a?o a lo mucho - agrega Oliver sin sacar la vista de la extra?a herida. Ambos hombres dan un paso para atr¨¢s, Oliver toma un portapapeles y anota el bizarro suceso m¨¦dico en las hojas del reporte mientras pregunta a John -?Qu¨¦ podr¨ªa haber causado algo as¨ª? ?Una mutaci¨®n? Tal vez el cuerpo estuvo expuesto a radiaci¨®n- el tono del forense es un claro intento de broma para ocultar una medida bastante grande de miedo y fallar haci¨¦ndolo. Tranquilamente, John cierra los ojos y trata de recordar los s¨ªntomas de envenenamiento por radiaci¨®n y, despu¨¦s de unos segundos en donde la tensi¨®n es palpable, ¨¦l concluye lo siguiente -No creo, a pesar de que no tenemos u?as ni pelo, tampoco he detectado ning¨²n enrojecimiento extra?o mientras examinaba el resto del cuerpo, ya veremos el interior cuando lo abramos, si encontramos ¨®rganos da?ados podr¨ªa ser radiaci¨®n-. El hombre pausa un segundo, pensando y, con una sonrisa escondida por su barbijo,agrega -De todas maneras, si el cad¨¢ver tiene tanta radiaci¨®n como para hacerle crecer los huesos, te puedo dar tiempo para que llames a tu abogado. Ni lento ni perezoso. Oliver capta la broma y le responde con una propia - S¨ª, ahora que lo mencionas deber¨ªa hacer un testamento, recu¨¦rdame ?cu¨¢l era el n¨²mero de tu madre? You could be reading stolen content. Head to Royal Road for the genuine story. Con una gran carcajada compartida, el momento de estr¨¦s se disipa y los dos hombres vuelven al trabajo en mano, descendiendo de la cabeza hacia el centro del cuerpo. De facciones femeninas, la parte delantera del torso fue dejada sin plumaje, exponiendo una tez blanca marcada con varias cicatrices regadas por toda su superficie. Tomando un bistur¨ª, John corta una l¨ªnea desde ambas clav¨ªculas hasta el centro del pecho y desciende hasta el vientre, separando piel y tejido, revelando el interior de la pobre mujer que, por segunda vez en el transcurso de unas horas, deja a ambos forenses rasc¨¢ndose la cabeza, no pudiendo entender lo que ven sus ojos. El interior del cuerpo es, a palabras simples, un desastre, ¨®rganos extra, crecimientos cristalinos extra?os y engranajes hechos del metal marr¨®n estaban acoplados en una mara?a bizarra que solo el loco que la construy¨® podr¨ªa llegar a entenderla. Unos segundos de silencio se transforman en minutos mientras los hombres intentan encontrar las palabras para describir lo que ven, hasta que por fin el forense rubio rompe el silencio con un tono inseguro, poco caracter¨ªstico de su parte y mirando a John dice. -Por lo menos podemos quitar envenenamiento por radiaci¨®n de la lista, aunque todav¨ªa me gustar¨ªa el n¨²mero de tu madre- Oliver mira a John esperando un insulto, una mirada de burla o ira pero lo ¨²nico que obtiene es la vista del pelo azabache que se agita cuando el forense mueve la cabeza. -?John?- El hombre intenta llamar la atenci¨®n de su compa?ero aunque este lo ignora, lo ¨²nico que puede escuchar es el murmullo de ¨¦l hablando en susurros y la realizaci¨®n de que John no solo no lo est¨¢ mirando, sino que tampoco lo escucha, se hace presente haciendo que Oliver levante la voz. -?JOHN!-La voz del forense resuena en la habitaci¨®n y logra atravesar el estupor que nubla los sentidos de su colega. -?Qu¨¦? perd¨®n, no te estaba escuchando. ?Qu¨¦ pasa? - El hombre responde con una ligera expresi¨®n de aturdimiento que tarda en disiparse. -Me di cuenta- replica Oliver y mostrando preocupaci¨®n por la repentina actitud de John, ofrece-?Quieres tomarte un descanso? Este caso es bastante raro y macabro, no hay verg¨¹enza en tomarte 5 minutos para tomar aire y organizar tus pensamientos, yo puedo terminar de catalogarlo. La sola presunci¨®n de que necesita un descanso extra?amente ofende grandemente al forense, en sus a?os en el trabajo ha visto lo peor que esta ciudad puede hacer, desde mutilaciones extensivas, hasta ni?os peque?os. ¨¦l nunca neg¨® un trabajo ni tuvo que tomar un descanso, incluso si ten¨ªa que hacer varias autopsias seguidas, pero antes de que pueda decir algo emocional, su lado racional, como siempre, se impone y quit¨¢ndose lentamente el barbijo dice- creo que ser¨¢ mejor que me tome un descanso, voy por un caf¨¦. ?Quieres uno? Aliviado Oliver sonr¨ªe y dice en un tono burl¨®n -Na, casi me mata esa m¨¢quina, si lo intento de nuevo voy a ser yo el que termine en esta camilla. Con una d¨¦bil sonrisa, John asiente y se quita los guantes, dej¨¢ndolos en una mesa cercana mientras atraviesa la puerta doble que se abre al pasillo por donde entr¨®. Caminando en direcci¨®n a la m¨¢quina de caf¨¦, pudo notar c¨®mo la cabeza le palpitaba, no sab¨ªa si era por la falta de sue?o o por el estr¨¦s de tan extra?a autopsia, pero tal vez Oliver ten¨ªa raz¨®n y un descanso le era necesario. Cuando por fin llega ante la antigua m¨¢quina, lentamente presiona los botones y con una cacofon¨ªa mec¨¢nica, el aparato empieza a hacer su magia. El dolor de cabeza. Iba en aumento, as¨ª que aprovechando los minutos que tiene antes de conseguir su caf¨¦, toma del bolsillo de su pantal¨®n un frasco de pastillas que procede a destapar y coloca dos de ellas en su boca que traga sin mucho reparo. El sabor amargo que se desliza por su garganta se expande lentamente por su cuerpo, callando el incesante tamboreo entre sus sienes y cuando por fin se volvi¨® manejable, el sonido de una taza de pl¨¢stico seguido de un chorro negro de caf¨¦ barato se pudo escuchar debajo de ¨¦l. Tomando el caf¨¦ y sent¨¢ndose en una silla cercana, John mira el l¨ªquido en la copa y por fin logra entender la preocupaci¨®n de su colega, puesto que la imagen reflectada muestra su p¨¦simo aspecto, ojeras color ¨¢mbar adornan sus ojos y su tez marr¨®n clara, ahora mucho m¨¢s p¨¢lida que antes, le daban un aspecto enfermizo. Mientras se frota los ojos con la mano que tiene libre, intenta entender el sentimiento que lo acompa?a desde la morgue, una sensaci¨®n no de temor o tristeza sino de familiaridad, la extra?a fisiolog¨ªa del cad¨¢ver, aunque claramente alien, ante los ojos del forense ten¨ªan un sentido dif¨ªcil de explicar en palabras, era un caos controlado con un prop¨®sito oculto, pero claro, que no deber¨ªa funcionar, pero que, sin embargo, parece hacerlo. A medida que el hombre lidia con lo imposible de su pensamiento, algo en su pantal¨®n empieza a vibrar. Pensando que es su tel¨¦fono, deja el caf¨¦ sobre una mesa, mete la mano en su bolsillo y nota con sorpresa que aquello que est¨¢ vibrando no es su celular sino la llave de su departamento. John toma la llave y la mira, el objeto de metal marr¨®n est¨¢ movi¨¦ndose ligeramente en el lugar mientras produce un casi imperceptible zumbido agudo. El forense no puede quitar la mirada de la llave, la atracci¨®n que siente hacia ella amplificada por el bizarro suceso, su mente se pierde cada vez m¨¢s entre la danza incesante de lo que deber¨ªa ser un objeto inanimado, la realidad se distorsiona en un caleidoscopio de figuras no euclidianas en donde los azules y p¨²rpuras imperan. John intenta no ser arrastrado por la atracci¨®n de la llave, pero no logra resistir la tentaci¨®n que lo empieza a llenar desde la punta de los dedos. Debe usar la llave, debe encontrar una cerradura, debe abrir el camino. De un salto se pone de pie y empieza a caminar en direcci¨®n a la puerta m¨¢s cercana, que en este caso es la puerta que da al cl¨®set del conserje. John coloca la llave en la cerradura, una corriente est¨¢tica le levanta los pelos de la nuca, pero justo cuando iba a dar la vuelta escucha la campanilla del ascensor que lo quita del trance con un ?DING! La puerta se abre y de la caja de metal dos figuras son presentadas: un hombre alto de mediana edad, con pelo negro salpicado de blanco y un pulcro traje, es seguido por una persona cuya ¨²nica descripci¨®n deber¨ªa ser sapoide, de estatura baja y con el cuerpo cubierto con una gabardina, el sombrero que porta oculta pelo negro y uno que otro parche calvo, sobre el labio un pulcro mostacho se sienta y la mirada que porta debajo de finas cejas demuestra ser penetrante e inquisitiva. John esconde la llave, que se encuentra todav¨ªa vibrando, apenas las puertas se abren y se sorprende al reconocer la figura alta como Edward Lancaster, capit¨¢n de la polic¨ªa de Hope, h¨¦roe de la ciudad, un absoluto gusano que har¨ªa todo lo que fuera para mantener o avanzar su carrera pol¨ªtica y t¨¦cnicamente su jefe. John no reconoc¨ªa a la otra persona que acompa?aba a Lancaster, pero por c¨®mo era tratado por el oficial pareciera que ten¨ªa cierta autoridad que la alima?a podr¨ªa aprovechar. Ambos hombres est¨¢n hablando entre ellos, o mejor dicho, Lancaster estaba tratando de besarle el culo, pero el hombre de la gabardina no parece impresionado por las alabanzas del escalador social y, cuando posa los ojos sobre el forense, una sonrisa aparece en la cara circular del hombre. Al notar esto, el polic¨ªa levanta la vista y por fin reconoce la presencia de John con una mirada fr¨ªa y dura que no deja duda sobre el poco respeto que tiene el hombre hacia el forense. Mientras Lancaster avanza hacia John con el hombre del sombrero por detr¨¢s, levanta el brazo haciendo un gesto como alguien llamando a un perro y dice- Se?or Dole, creo que necesitamos hablar sobre unos temas usted y yo. John traga saliva, no queriendo pensar lo que Lancaster pudiera querer con ¨¦l. Cap铆tulo 3: Conflicto en la morgue John se queda quieto, petrificado en el lugar donde est¨¢ parado, no sabe si es debido a lo que pas¨® antes o porque el prospecto de interactuar con Lancaster le revolv¨ªa el est¨®mago. -Johnny, qu¨¦ bueno es verte fuera de la morgue- dice el hombre de traje con una sonrisa falsa curada en a?os de codearse con las castas pol¨ªticas de la ciudad. -Buen d¨ªa, se?or Lancaster- responde John intentando lo mismo y fallando de manera rotunda, fallo que el capit¨¢n disfruta en silencio, haciendo que su sonrisa sea un poco m¨¢s real. -Tenemos mucho de que hablar-dice el polic¨ªa sin perder por un segundo la expresi¨®n del rostro y apuntando a su acompa?ante, agrega- Pero antes d¨¦jame presentarte al investigador Julio Rodr¨ªguez. -Un placer conocerlo, se?or Dole- El detective comenta mientras estira el brazo en direcci¨®n hacia el forense. John duda un segundo antes de tomar la mano tratando de recordar si en el departamento exist¨ªa uno con tan extra?a figura, pero ni la cara ni el nombre hacen sonar una campana en la mente del hombre, as¨ª que asumiendo que es un detective reci¨¦n ascendido mientras acepta el apret¨®n de manos, dice-Mi nombre es John Dole, soy uno de los forenses del departamento de Hope, nunca te hab¨ªa visto por aqu¨ª ni escuchado tu nombre. ?Te ascendieron hace poco? De todas maneras, es un gusto conocerte, detective Rodr¨ªguez ¡ª El contacto con la piel h¨²meda de la mano del sujeto lo pone inc¨®modo y hace que se le paren los pelos de la nuca, sin embargo, logra mantener la calma lo suficiente como para terminar su introducci¨®n en un tono calmado. Al escuchar la pregunta del forense, Rodr¨ªguez sonr¨ªe y con una carcajada lo corrige. -?Ja! No, se?or Dole, no trabajo en esta estaci¨®n y le aseguro que no nos conocemos..- El hombre pausa, liberando la mano de John, y con un gesto agrega -M¨¢s bien soy el tipo de detective que no quieres conocer. La amenaza es clara y el silencio que impera en los siguientes segundos solo la amplifica, hasta que Lancaster estalla en risas diciendo - Claro que s¨ª, detective, aunque a m¨ª me alegra conocerlo- El intento de ganar favor no pasa desapercibido por los otros dos hombres, que se ven con una mirada de cansancio y verg¨¹enza ajena. Para terminar con el inc¨®modo momento, Rodr¨ªguez pregunta al forense. -Ayer a la noche una bolsa con un cad¨¢ver que pertenec¨ªa a mi caso termin¨® en su morgue, si no me equivoco el c¨®digo de la bolsa era BMC486, ?Han visto esa bolsa? Y si lo hicieron, ?la han abierto? John mira al hombre con una expresi¨®n seria y, mientras asiente, dice -S¨ª, est¨¢bamos terminando de catalogar las heridas cuando tuve que salir a tomar un respiro. El hombre se pausa con una ligera expresi¨®n de verg¨¹enza, la cual Lancaster no puede evitar usar para humillar m¨¢s al forense -Huy, Johnny, ?qu¨¦ pasa? ?Te sientes bien? Eso es raro de ti -el denso tono de burla hace que John se tense, pero otra vez, como siempre ,su lado racional evita que act¨²e de manera impulsiva y termine no solo sin trabajo sino tambi¨¦n en una celda. - Gracias por la preocupaci¨®n, Edward, pero estoy bien, solo me hac¨ªa falta un caf¨¦ - Responde mientras se acerca a la mesa en donde hab¨ªa dejado la copa de pl¨¢stico y la toma con una mano mientras la otra est¨¢ cerrada fuertemente en un pu?o p¨¢lido. Rodr¨ªguez ve a ambos hombres con una mirada dura que esconde c¨®mo r¨¢pidamente el detective se est¨¢ quedando sin paciencia. -Se?or Dole, necesito que me lleve a d¨®nde se encuentra el cad¨¢ver, no creo que entienda lo pel¡­- Un temblor acompa?ado de un ruido casi ensordecedor corta el pedido del hombre. -?Qu¨¦ demonios fue eso?- pregunta John mientras se da vuelta y, por cuarta vez en el d¨ªa, la escena que se desarrolla ante ¨¦l lo deja sin palabras. Desde la puerta doble que da a la morgue, crecimientos vegetales que parecen ra¨ªces se expanden por las paredes, rompi¨¦ndola y despegando los azulejos que estallan al impactar el suelo. Antes de que el forense pudiera hacer algo, Julio saca su pistola y corre hacia adelante sin un ¨¢pice de duda o miedo. Mientras avanza, les dice a los otros dos-Salgan de aqu¨ª lo m¨¢s r¨¢pido que puedan, ya sabes a qui¨¦n llamar. Lancaster, diles que es un c¨®digo penumbra. Como si detectaran peligro, las ra¨ªces que reptaban por las paredes se disparan en direcci¨®n al detective, tomando la forma de afiladas lanzas. Rodr¨ªguez, con unos reflejos impresionantes, pega un salto hacia el costado esquivando el ataque y responde disparando su arma varias veces impactando la madera, haciendo que vuelen astillas por todos lados pero, despu¨¦s de unos segundos, los fragmentos destruidos empiezan a burbujear y nuevos gajos brotan con las mismas intenciones que sus antecesores atacando al hombre con renovado vigor. Ante el bombardeo furioso de las ra¨ªces, el detective hace lo mejor que puede para esquivar los ataques. Aquellos que no puede los para con un tiro bien colocado, aun as¨ª, la cantidad resulta ser demasiada para una sola persona y algunos rozan la figura cuasi esf¨¦rica de Rodr¨ªguez, cobr¨¢ndose peque?os pedazos de carne y sangre. John mira el despliegue de habilidad del hombre con una expresi¨®n de sorpresa igual a la que ten¨ªa cuando las ra¨ªces atravesaron la puerta y, tratando de hacer como el detective le hab¨ªa dicho, se dispone a correr hacia el elevador pero, cuando estaba por dar un paso, recuerda un detalle esencial que lo loco de la situaci¨®n le hab¨ªa hecho olvidar. Oliver est¨¢ en la morgue en estos momentos. Su mente racional intenta imponerse como otras veces argumentando que el detective tiene la situaci¨®n bajo control y que ¨¦l solo ser¨ªa una molestia, pero, esta vez, un sentimiento se acopla a la base de su cabeza, algo le dice que si se va no volver¨¢ a ver a Oliver nunca m¨¢s. Mientras el forense mira por encima de su hombro a la entrada de la morgue, ahora recubierta de ra¨ªces, el sonido de metal movi¨¦ndose le llama la atenci¨®n y cuando gira la cabeza ve c¨®mo las dos puertas met¨¢licas se est¨¢n cerrando, ¨¦l corre lo m¨¢s r¨¢pido que puede en direcci¨®n al elevador, pero a?os de poca actividad f¨ªsica le cobran factura, llegando solamente cuando las dos hojas de metal colisionan entre ellas cerrando la salida m¨¢s cercana. -?Edward, abre la puerta, d¨¦jame entrar!- El grito de John solo es respondido por el sonido de un motor activ¨¢ndose y la tensi¨®n de los cables de metal mientras levantan la caja met¨¢lica. If you spot this tale on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. Un momento de duda, un momento es todo lo que se necesit¨® para que la opci¨®n de seguridad sea arrancada del repertorio de John. Lancaster lo hab¨ªa abandonado a su suerte que en estos momentos no parec¨ªa muy buena y, mientras la desesperaci¨®n empezaba a tomar control, su mente corr¨ªa tratando de encontrar una soluci¨®n al predicamento en el que se encontraba. Lo primero que se le ocurri¨® fue usar las escaleras pero, para el momento que decidi¨® encarar hacia ellas, las ra¨ªces salieron de la pared cerrando el paso. Intenta con todas sus fuerzas arrancarlas, pero no importa cu¨¢nto esfuerzo ponga, la madera de la que est¨¢n hechas es tan dura como el cemento y lo ¨²nico que logra es lastimarse las manos. La segunda idea, y posiblemente la ¨²nica que le quedaba, era quedarse lo m¨¢s cerca que pueda de Rodr¨ªguez, puesto que este parece capacitado para lidiar con tan bizarro suceso, adem¨¢s de que ¨¦l tiene un arma, que es m¨¢s de lo que se pod¨ªa decir del forense en estos momentos, as¨ª que con el coraz¨®n corri¨¦ndole a mil empieza a avanzar en direcci¨®n a la morgue. A medida que se acerca puede notar la figura del detective, con su gabardina hecha jirones, varias cortaduras sangrantes adornan la extra?a forma del hombre. Cuando John se encontraba a unos metros, Rodr¨ªguez empez¨® a tener arcadas. El forense se detiene de golpe en el lugar, no sabiendo qu¨¦ le est¨¢ pasando, pero, pocos segundos despu¨¦s, la duda es aclarada cuando un grueso chorro de una sustancia verde y viscosa es proyectado desde el peque?o cuerpo enfrente de ¨¦l, cubriendo las ra¨ªces que lentamente se empiezan a derretir bajo los efectos del l¨ªquido c¨¢ustico, haciendo un agujero en la mara?a de materia vegetal que bloqueaba la puerta de la morgue. Con la regeneraci¨®n de las ra¨ªces impedida por el ¨¢cido y la nueva entrada que abri¨®, Rodr¨ªguez sale disparado hacia adelante y con un salto se mete por el agujero. John ve c¨®mo la figura sapoide del detective se pierde entre las ra¨ªces que lentamente empiezan a cerrar el punto de acceso reci¨¦n creado y, sabiendo las consecuencias de dudar, se lanza detr¨¢s del hombre atravesando el umbral con un salto en el ¨²ltimo momento. Cuando aterriza, impacta fuertemente sobre una pila de troncos y hojas que no amortiguan el golpe en absoluto. A pesar del dolor que se empieza a expandir desde el brazo que utiliz¨® para parar la ca¨ªda, este se levanta r¨¢pidamente para observar sus alrededores en busca de cualquier peligro inminente. Lo primero que nota es la figura monol¨ªtica, hecha de madera y sin rostros, que se alza en el lugar donde deber¨ªa estar la mesa de disecci¨®n, un torso acoplado al techo con dos brazos que termina en pu?os grandes como carros de supermercado, pu?os que est¨¢ agitando con una velocidad que parecer¨ªa imposible para tan grande creatura. Rodr¨ªguez se mueve alrededor del g¨®lem, esquivando los pu?etazos que lanza la bestia, mientras dispara con su arma y de vez en cuando regurgita un proyectil ¨¢cido que da?a fuertemente al monstruo, haciendo que se agite tratando de quitarse el l¨ªquido de encima, esparci¨¦ndolo por toda la habitaci¨®n en peque?os charcos c¨¢usticos. Mirando alrededor, el forense observa c¨®mo cada cent¨ªmetro de las paredes que forman la morgue est¨¢n recubiertas por ramas, ra¨ªces y hojas como si fuera un colch¨®n vegetal. Tambi¨¦n puede apreciar c¨®mo estas se mueven, reptando y teniendo peque?os espasmos, haciendo que parezcan m¨¢s serpientes que plantas. John se acerca a la pared tratando de estar fuera del alcance de los dos combatientes pero no lo suficientemente cerca para ser atrapado por la extra?a vegetaci¨®n y avanza lentamente mientras escanea el cuarto buscando cualquier se?al de vida de su compa?ero de trabajo. No lo tuvo que buscar por mucho tiempo, puesto que a unos metros de ¨¦l una figura humanoide de pelo rubio se encontraba atada a la pared, recubierta por ramas que atrapaban firmemente sus brazos y piernas. El forense se aproxima lo m¨¢s r¨¢pido que puede mientras rodea un charco producido por la intensa pelea que se desarrolla en estos instantes y cuando llega al lado de Oliver, mientras toma los signos vitales del hombre, dice en voz baja. -Oliver, ?puedes escucharme?- Un ligero alivio ba?a a John al ver que el pulso de su compa?ero, aunque d¨¦bil, todav¨ªa existe y usando el tono m¨¢s seguro que puede mientras trata de liberarlo, agrega- Todo va a estar bien, solo d¨¦jame bajarte de ah¨ª y encontraremos un lugar seguro para escondernos. El forense de pelo rubio, apenas consciente, sacude levemente la cabeza, las ra¨ªces que lo ten¨ªan atrapado empezaban a penetrar la piel y moverse por debajo de esta, marc¨¢ndose claramente en el cuerpo del hombre a medida que suben por las extremidades. El p¨¢nico de John iba en aumento mientras observaba el horrible suceso y tir¨® con todas sus fuerzas pero, como ya hab¨ªa comprobado hace algunos minutos, las ra¨ªces son demasiado duras y fuertes como para que su cuerpo de forense pudiera romperlas. Usando aquellas capacidades mentales no paralizadas por el inmenso terror que le recorr¨ªa el cuerpo, divisa un plan usando los fragmentos de madera y los charcos ¨¢cidos cercanos. Sumergiendo un pedazo de ra¨ªz en el l¨ªquido viscoso, pudo transportar la sustancia desde estos a los lugares en donde Oliver estaba conectado a la pared. A pesar de que el plan funcion¨® y fue liberado, John no sali¨® ileso de la situaci¨®n, ya que peque?as gotas de ¨¢cido terminaron quemando parte de sus manos y antebrazos. A pesar del dolor, hace el esfuerzo e intenta avanzar hacia un lugar seguro mientras carga a su colega. El piso recubierto de troncos y charcos no hace el camino m¨¢s f¨¢cil, menos a¨²n lo hace el combate que llega a su cl¨ªmax con una explosi¨®n que suena como un trueno y hace temblar el lugar. Perdiendo la fuerza en las piernas, John cae junto a Oliver. Ambos ruedan por el piso y terminan a pocos cent¨ªmetros de un charco de ¨¢cido. Desde el piso, el forense puede ver c¨®mo Rodr¨ªguez recibi¨® un golpe del g¨®lem y ahora se encuentra inconsciente en el suelo. Mientras observaba el resultado del combate, John siente c¨®mo el cuerpo de Oliver empezaba a resbalarse hacia el ¨¢cido. ¨¦l r¨¢pidamente lucha para evitar que siga descendiendo hacia el charco. Si bien lo logra, el movimiento fue demasiado brusco, llamando la atenci¨®n de la criatura que gira su cabeza sin rostro en direcci¨®n del d¨²o y lentamente levanta el pu?o, casi como si saboreara el momento, y lo lanza hacia ellos con una fuerza impresionante. Aunque el ataque va a una gran velocidad, para John todo va en c¨¢mara lenta. Su mente trabaja a todo lo que da para descubrir una forma de que ambos hombres sobrevivan al impacto. Su lado racional le ruega, casi gritando, que por favor deje ir a Oliver, que si lo suelta y se mueve, tal vez pueda zafarse con tan solo una extremidad menos, que es bastante mejor que ser completamente destruido por un pu?o gigante. ¨¦l escucha y los dedos que toman el cuerpo, apenas consciente de su compa?ero, se empiezan a aflojar, pero el extra?o sentimiento vuelve con fuerza y hace que la mano se cierre de manera f¨¦rrea, uniendo el destino de ambos hombres. El pu?o del g¨®lem se encontraba ya a pocos cent¨ªmetros, las opciones se iban acabando y John cierra los ojos fuertemente, a pesar de no ser una persona religiosa, para pedir por un milagro. Pero, cuando ya se hab¨ªa resignado a su destino, un fuerte zumbido agudo es escuchado por toda la habitaci¨®n, desde el bolsillo en donde hab¨ªa guardado la llave, esta sale volando hacia adelante e impacta contra el pu?o creando una onda expansiva al mismo tiempo que hace volar chispas verdes y p¨²rpuras. La lucha es igualada en los primeros segundos, pero lentamente la llave se va imponiendo y termina por repeler el golpe mand¨¢ndolo hacia atr¨¢s, casi arrancando la colosal figura de su lugar en el centro de la habitaci¨®n. Antes de que el g¨®lem pudiera contraatacar, el artefacto empieza a vibrar y con ella vibra el aire que rodea a ambos hombres, hasta el punto de que todo lo que pueden ver se vuelve borroso. Lentamente, John pierde la conciencia a medida que el efecto de la llave va en aumento, y lo ¨²ltimo que puede ver y sentir antes de caer en la inconsciencia es un destello de luz p¨²rpura y un fuerte dolor en el medio de la frente. Cap铆tulo 4: Un lugar fuera de lugar Flotando en la densa oscuridad, casi como si se encontrara sumergido en un mar de pastosa tinta, John es asaltado por im¨¢genes que aparecen y desaparecen como destellos de luz. Algunas son placenteras, otras son tan horribles que apenas entran a su mente; son olvidadas para proteger la poca cordura que le queda al hombre. Si bien parecieran aleatorias en naturaleza, todas estas im¨¢genes tienen algo en com¨²n: un s¨ªmbolo. La figura de un c¨ªrculo siempre impera en alg¨²n punto de la extra?a visi¨®n, ya sea porque alguna persona lo lleva o porque alguna figura en el fondo termina con la forma, haciendo que sobresalga de manera claramente obvia para todo aquel que est¨¦ prestando atenci¨®n. John no entiende lo que las im¨¢genes le quieren decir, pero, por alg¨²n motivo, un sentimiento de familiaridad que no sabe describir lo atrapa y no le permite a su mente vagar fuera de los l¨ªmites que le impone, forz¨¢ndolo a tratar de resolverlo antes de poder continuar. Mientras intenta codificar la sensaci¨®n que lo tiene encerrado, el ambiente alrededor de ¨¦l se agita y el sentimiento anterior es cambiado r¨¢pidamente por uno de desesperaci¨®n al sentir c¨®mo su cuerpo inerte es arrastrado por una gran corriente provocada por algo gigantesco que se desliza en la oscuridad. No se puede ver nada en el vac¨ªo abisal que lo rodea, pero est¨¢ seguro de que hay algo en ¨¦l, algo que le para los pelos de la nuca y lo hace temblar de manera incontrolable. A medida que pasa el tiempo, el hombre se mueve empujado por la corriente generada por la entidad. De vez en cuando, la direcci¨®n cambia de manera r¨¢pida y sin mucho sentido. El cambio abrupto genera n¨¢useas en John que no parece poder descargar de ninguna forma. Unos instantes luego la correntada se detiene y el cuerpo del hombre queda, otra vez, flotando en la negrura, pero ahora no est¨¢ solo, puede sentir la presencia de algo, una ligera presi¨®n que proviene de todos lados al mismo tiempo. A lo lejos, una luz p¨²rpura crea un horizonte, en un principio una fina l¨ªnea que crece hasta cubrir toda la vista del aterrado hombre, y en el medio, casi como si la oscuridad se negara a abandonar su lugar, una l¨ªnea vertical negra se mueve por el cielo purp¨²reo. Al estar bajo esta nueva luz, la presi¨®n aumenta hasta el punto de ser tan grande que le causa dolor de cabeza, haciendo que le cueste pensar de manera clara. Eso y la imposibilidad de lo que ve hace que en un principio la mente de John no entienda lo que ven sus ojos, pero, lentamente la noci¨®n se hace obvia cuando el cielo parpadea un par de veces. Con cada movimiento que el ojo hace, una ola invisible de energ¨ªa mueve el cuerpo del hombre que, ahora con un punto de referencia, puede notar las inc¨®modas posiciones en que lo dejan. Eso, sumado a la angustia mental que estar bajo la mirada del ser le provoca, hace que John lance un grito al aire, grito que es respondido con el ojo gigante siendo cerrado y la presi¨®n que aplastaba su mente levant¨¢ndose lo suficiente como para poder formar un pensamiento conciso. Mientras estaba pensando, ?qu¨¦ fue todo eso? y con el alivio de que la peor parte hab¨ªa terminado, se dispone a resumir el intento de procesar el sentimiento que lo segu¨ªa desde que se levant¨® esa ma?ana, pero antes de que pudiera lograrlo not¨® c¨®mo cientos de pilares de color amatista que emanaban un brillo purp¨²reo empezaban a aparecer en la distancia, acerc¨¢ndose a ¨¦l con una velocidad imposible para tan grandes estructuras, detr¨¢s de ellas la penumbra se arremolinaba en el negro m¨¢s oscuro que hab¨ªa visto en su vida. La corriente lo mete entre los pilares, cada uno m¨¢s grande que un rascacielos, y es arrastrado hacia la gran oscuridad que se posa detr¨¢s de ellos. John trata de mover su cuerpo, pero este no le responde. Lo ¨²nico que puede hacer es gritar mientras la negrura lo consume. Al atravesar el umbral, siente c¨®mo cae en ca¨ªda libre, la sensaci¨®n de peso volviendo a ¨¦l de manera sorpresiva, con un fuerte ?TUD! Impacta algo blando, que amortigua el golpe haciendo que ruede por el piso y termine boca arriba, respirando agitadamente por unos segundos, para luego rodar sobre s¨ª mismo, vaciando el contenido de su est¨®mago en el suelo esponjoso debajo de ¨¦l. Con el sabor de bilis y caf¨¦ barato en la boca, tantea en la oscuridad hasta que encuentra algo s¨®lido que usa para pararse. La superficie es lisa y huele fuertemente a sal y pescado. Extra?ado, John rebusca en sus bolsillos el tel¨¦fono que siempre lleva consigo, un viejo modelo de tapita, sin tantas comodidades como los de ¨²ltima generaci¨®n, pero ¨²til y confiable, confianza que esperaba se mantuviese en esta situaci¨®n, manifest¨¢ndose en un haz de luz que le permitan observar con que se hab¨ªa topado. A pesar de todo lo que hab¨ªa sucedido, pareciera que no toda su suerte era mala y el tel¨¦fono, aparte de una grieta en la pantalla, parec¨ªa funcionar de manera normal, claramente no hab¨ªa se?al ni internet, pero el hombre estaba contento con poder ver por d¨®nde pisaba, apuntando la luz en direcci¨®n de la estructura que us¨® para levantarse, puede observar tablones de madera uno al lado del otro. Dando un paso para atr¨¢s, la forma de un barco encallado, semihundido en un c¨²mulo de agua, aparece dentro de la visi¨®n del hombre, confundi¨¦ndolo a¨²n m¨¢s. Antes de que pudiera indagar sobre el origen del veh¨ªculo, algo m¨¢s importante ten¨ªa la atenci¨®n de John. Barriendo el ¨¢rea alrededor de donde estaba con la luz del tel¨¦fono, buscaba una se?al de d¨®nde su compa?ero podr¨ªa haber terminado. Mientras exploraba en busca de pistas, sin mucho resultado, pudo notar c¨®mo el piso que formaba los cimientos de este lugar eran de un color negro profundo, con cada paso que daba el suelo ced¨ªa unos cent¨ªmetros haciendo que parezcan un piso hecho de goma, en algunos lugares ten¨ªan espasmos que le dificultaban el camino al hombre, haci¨¦ndole perder el balance y caer. Obviando las claras implicaciones y centr¨¢ndose en el trabajo en mano, avanza lentamente por el oscuro lugar con tan solo la luz de la pantalla como gu¨ªa. Despu¨¦s de unos minutos de caminar, se topa con una escultura romana hecha de m¨¢rmol partida a la altura del pecho. Pasando la luz por su superficie se puede notar c¨®mo la primera parte muestra a un joven con una corona de laureles,vestido con una t¨²nica y con los hombros recubiertos por una capa. Los rasgos bien tallados muestran un rostro bastante apuesto, coronado con un par de ojos p¨¦treos que casi reflejan la pasi¨®n y aplomo del hombre. Unos pasos m¨¢s lejos, la segunda parte se hallaba parada sobre una losa de m¨¢rmol, en esta se pod¨ªa observar una placa de lat¨®n enverdecido que dec¨ªa: ¡°Hector et Dominicus custodes imperii¡±, subiendo la mirada, el resto del cuerpo aparece con el aspecto de un musculoso joven, pero lo que le llam¨® la atenci¨®n a John no eran los detallados m¨²sculos sino la extra?a figura acoplada al costado del hombre. En el lado derecho, pegado al flanco, una masa de carne sobresale, el semblante de una cara y dos brazos vestigiales pueden ser apreciados. A pesar de ser deforme y horrenda, la creatura tiene una mirada que denota inteligencia y astucia a partes iguales. Unauthorized tale usage: if you spot this story on Amazon, report the violation. Sin mucho tiempo que perder, deja la estatua atr¨¢s. Mientras contin¨²a con su b¨²squeda, John piensa sobre lo que est¨¢ haciendo, un reflejo de su lado racional, luchando para retomar el control de las acciones del hombre, control que le fue arrebatado por un impulso ajeno y lejano que todav¨ªa impera, haciendo que se arriesgue m¨¢s y m¨¢s intentando salvar a alguien con quien apenas ten¨ªa una relaci¨®n laboral. La convivencia de los dos forenses no era mala, algunos podr¨ªan decir que incluso era buena, pero, siempre hubo una pared invisible que los deten¨ªa de formar una verdadera amistad. John pensaba que era debido a su condici¨®n de extranjero lo que hac¨ªa que Oliver, nacido y criado en Hope, no quisiera formar un v¨ªnculo m¨¢s all¨¢ de colegas de trabajo, o por lo menos esa era la noci¨®n que el hombre ten¨ªa y que debido a su naturaleza t¨ªmida y reservada nunca se asegur¨® de confirmar. Pensar en la relaci¨®n que tiene con Oliver le hizo reflexionar sobre los sucesos que pasaron hasta ahora. No solo lo que pas¨® el d¨ªa de hoy sino en su vida en general. Hace 12 a?os que vive en Hope, 12 a?os que vive su vida solo, sin amigos, sin amantes, sin una persona a la que llamar cercana, solo existe como un fantasma movi¨¦ndose desde el estudio que su abuelo le dej¨® al trabajo, del trabajo a la universidad y otra vez de vuelta a su hogar, solo desvi¨¢ndose para pasar por la farmacia o el hospital de vez en cuando. El encuentro cercano con la muerte lo hizo ver que dej¨® todo lo que ten¨ªa, a todos los que conoc¨ªa, para intentar ser algo m¨¢s, algo que al final nunca termin¨® siendo, y aunque podr¨ªa diluirse en la idea de que su trabajo ayuda a traer justicia a las v¨ªctimas de los m¨¢s horrendos cr¨ªmenes, una pregunta segu¨ªa firme en su mente: ?Vali¨® la pena quedase tan solo? Tal vez es por eso que est¨¢ intentando salvar a Oliver arriesgando su vida, tal vez al sentir el terror de su mortalidad cara a cara hizo que, comparativamente, preguntarle a su compa?ero si quiere ir por unas cervezas despu¨¦s del trabajo ya no sea tan aterrador, tal vez John quer¨ªa cambiar y esta era la oportunidad de hacerlo. Mientras caminaba en la penumbra, rumiando la idea en su mente, no prestaba atenci¨®n por d¨®nde iba y se sorprende al escuchar un cambio en el sonido de sus pisadas. La humedad sonora que acompa?aba cada paso que daba es reemplazada por el tono familiar de suelas impactando en asfalto. La vista de un material conocido llena de esperanza al hombre haciendo que redoble el paso. A medida que avanza, puede ver las l¨ªneas pintadas en el suelo que definen los carriles de lo que parece ser una autopista, y despu¨¦s de unos minutos de caminata llega a ver un cartel da?ado de color verde con letras y una flecha blanca que adorna el piso. Al pasar la luz por el rect¨¢ngulo, las letras que se pod¨ªan discernir sorprenden a John haciendo que se pare por unos instantes tratando de entender d¨®nde est¨¢ parado. La se?al de tr¨¢fico, parcialmente destruida, porta el mensaje de ¡°Avenida Gulliver¡± seguido de una flecha que se curva a la derecha. Si entendi¨® de manera correcta, esto quiere decir que tal vez no fue un temblor lo que caus¨® el desastre de la noche anterior sino algo m¨¢s extra?o, algo que no quiere considerar ahora. Con la flama de la esperanza que portaba el hombre, reducida grandemente por la realizaci¨®n de que no est¨¢ m¨¢s cerca de casa de lo que estaba hace unas horas, contin¨²a caminando siguiendo el trayecto enfrente de ¨¦l. Despu¨¦s de unos minutos de avanzar por la carretera, un olor conocido asalta la nariz del forense, repugnantemente dulz¨®n y picante, el aroma a putrefacci¨®n inunda el aire, haci¨¦ndolo dif¨ªcil de respirar. John se lleva el brazo a la cara para intentar cubrir un poco el intenso hedor y camina lentamente hacia adelante tratando de localizar la fuente, esperando que no fuera el cuerpo de Oliver. Unos metros m¨¢s adelante, la luz del tel¨¦fono se refleja en la pintura de un auto rojo estacionado en el centro del camino. Al acercarse a ¨¦l, puede apreciar c¨®mo el olor nauseabundo va en aumento hasta el punto que le hace lagrimear los ojos. Mirando por la ventana del conductor, se puede notar c¨®mo est¨¢ rota en cientos de pedazos y detr¨¢s del marco vac¨ªo, el cuerpo de un hombre joven se encontraba tirado encima del asiento, agarrado firmemente a este por el cintur¨®n de seguridad. Las heridas eran serias, el ojo del lado izquierdo hab¨ªa sido arrancado dejando solo una cuenca vac¨ªa, el mismo lado de la cara ten¨ªa varias heridas punzantes en donde pedazos de carne faltaban, pero, la verdadera causa de la muerte fue el corte en la yugular que manch¨® la ropa del hombre con lo que ahora es una p¨¢tina de color marr¨®n. John no sab¨ªa qu¨¦ podr¨ªa haber causado estas lastimaduras y no pensaba en quedarse a averiguarlo, as¨ª que, viendo alrededor del cad¨¢ver, busc¨® con la luz las llaves del veh¨ªculo, al encontrarlas, las gir¨®, intentando ver si la m¨¢quina podr¨ªa volver a la vida, pero lamentablemente, adem¨¢s de unos rugidos impotentes, el motor no parec¨ªa querer arrancar. Frustrado, decide sacar la llave de la ignici¨®n y dirigirse al ba¨²l, pensando que tal vez haya algo que pudiera utilizar. Lo abre y rebusca en su interior encontrando una caja de herramientas con una linterna dentro. Con una sonrisa, la toma y presiona el bot¨®n, esperando que no funcione, pero pareciera que su suerte est¨¢ cambiando cuando un poderoso fulgor ilumina varios metros alrededor de ¨¦l, mostr¨¢ndole el panorama de donde se encontraba con m¨¢s claridad. Guardando el celular en su bolsillo, John observa la fila de autos detr¨¢s del primero que encontr¨®. ¨¦l la sigue a una distancia prudente, puesto que solo puede imaginar lo que hay adentro de los veh¨ªculos y lo que ve en su mente no es nada bonito. Despu¨¦s de unos minutos llega a lo que parece el final de la carretera, que se decanta en una colina que da a un espacio abierto. Mientras desciende, su nueva fuente de luz llega a la base antes que ¨¦l y gracias a esto puede notar un peque?o c¨²mulo de pelo blanco con lo que pareciera una madera saliendo de este. Al acercarse pudo ver c¨®mo la pila de pelos toma una forma simiesca. John nunca hab¨ªa visto el animal enfrente de ¨¦l pero era parecido a un babuino con la ¨²nica diferencia siendo la piel azul, la cabeza pelada, los ojos color p¨²rpura y que portaba un pelo lacio, largo y blanco. La creatura no respiraba, asumiendo que la culpable de esto es la madera afilada que protruye del pecho del ser. El forense busca alrededor otras se?ales de lucha, encontrando varias alrededor del lugar. Estas contin¨²an en una direcci¨®n marcada por maderas desperdigadas y creaturas empaladas al piso. Si bien cualquier persona racional ir¨ªa en la direcci¨®n contraria, John avanza siguiendo los indicios de lucha y llega a un espacio en donde una figura de pelo rubio y largo con extremidades de madera, rodeada de varios cad¨¢veres de los bizarros primates, se ve. Su forma extra?amente cambiada, pero a¨²n reconocible, se encuentra parada en el medio de una masacre. - ?Oliver!- John grita mientras agarra a su amigo del hombro y ante la poca respuesta aclara r¨¢pidamente- Soy yo, John. El hombre solo lo mira y el forense se empieza a desesperar, m¨¢s a¨²n cuando siente que se le paran los pelos de la nuca y al voltear ve cientos de ojos p¨²rpura -Este lugar no es seguro, tenemos que salir de aqu¨ª, ?Oliver! -implora John mientras mira alrededor buscando una oportunidad que llega en la inesperada forma de una puerta en el medio de la nada. Sin mucha m¨¢s opci¨®n ni tiempo para pensar, toma a su compa?ero por debajo del brazo y lo arrastra hacia el umbral mientras escucha el clamor de los primates que se acercan corriendo y lanzando piedras. Cuando estaban a unos cent¨ªmetros, un pedrusco impacta en la espalda de John, haciendo que est¨¦ pierda el equilibrio y caiga hacia adelante. Golpeando la puerta, abri¨¦ndola con un fulgor de luz. Cap铆tulo 5: Mè°©s preguntas que respuestas La luz p¨²rpura invade la visi¨®n de John y este siente c¨®mo otra vez su cuerpo vibra y es arrastrado en varias direcciones, pero, esta vez, el viaje es mucho m¨¢s corto y en cuesti¨®n de segundos impacta en un suelo de piedra junto a Oliver. Debido a lo que puede escuchar, sabe que hay otras personas en la habitaci¨®n con ¨¦l, pero toda la fatiga acumulada de las ¨²ltimas horas empieza a caer sobre el hombre, toda junta, haciendo que lentamente pierda el conocimiento. Cuando sinti¨® manos que lo tomaban, se desmay¨®. En la oscuridad de la inconsciencia, es asaltado por un coro de voces, algunas susurrando, otras gritando, algunas pidiendo, otras demandando, la cacofon¨ªa que lo rodea hace que no pueda entender lo que las voces sin cuerpo le quieren comunicar, la ¨²nica palabra que puede reconocer, debido a que se repite constantemente, es ¡°hogar¡±. John trata de entender lo que su subconsciente le intenta decir grit¨¢ndole una y otra vez la palabra hogar, ?le querr¨¢ decir que vuelva al peque?o pueblo de donde vino? La pregunta es descartada tan r¨¢pido como fue creada, muchos puentes quemados como para que eso fuera posible y, si bien no es el tipo m¨¢s honrado ni siquiera ¨¦l es tan cara dura como para volver pretendiendo que no pas¨® nada. Sin una respuesta clara, los gritos y susurros se van disolviendo hasta que desaparecen por completo, ahora reemplazados por un palpitante dolor de cabeza. El hombre abre los ojos y un techo desconocido le da la bienvenida. Instintivamente, tira un manotazo hacia donde deber¨ªa estar su mesita de luz, en busca de las pastillas que utiliza en estas situaciones, solo para tomar un pu?ado de aire. La sorpresa del fallo hace que la bruma mental que afectaba su cerebro sea limpiada completamente y, abriendo bien los ojos, capt¨® la desconocida habitaci¨®n lo mejor que pudo. El lugar en donde se encuentra es un cuarto peque?o con una cama, un ropero y un escritorio, todos hechos de madera. La puerta se hallaba a unos metros enfrente de ¨¦l y a la izquierda una peque?a ventana cerca del techo dejaba pasar una ligera claridad. Al tratar de reincorporarse, un fuerte dolor le recorre el cuerpo. Al ver su brazo, puede notar los vendajes de color verde, expertamente colocados, que parecieran estar hechos de alguna especie de hoja. El terror se empieza a acumular en la mente de John y esta va a mil tratando de pensar un plan para escapar del lugar, plan que se complica cuando la puerta se abre y una figura entra al cuarto. Teniendo que agacharse para pasar por el umbral, una silueta femenina entra al espacio, vistiendo un vestido veraniego blanco y un sombrero que se asemeja a un girasol que, junto al pelo largo, negro y que termina en puntas verdes, encuadran una cara atractiva. Ella lleva una jarra y un vaso llenos con un l¨ªquido verde musgo que luc¨ªa bastante viscoso y al levantar la vista con una cara de sorpresa exclama. -Oh, por fin te levantas, buen d¨ªa- El tono c¨¢lido y afable que emana de la voz de la mujer choca bastante con tan imponente cuerpo- Te debe estar doliendo bastante la cabeza, los efectos de abstinencia son bastante fuertes-agrega al ver la expresi¨®n de John, equivocando su confusi¨®n actual por su dolor pasado, mientras extiende el vaso con la sustancia verdosa en la direcci¨®n del hombre toma la silla del escritorio, la coloca alado de la cama y procede a sentarse. Extremadamente confundido, el forense lo toma y se lo lleva a la nariz mientras cuestiona - ?Abstinencia? ?De qu¨¦ est¨¢s habla...? -El olor que emana del vaso es extra?amente familiar y atractivo, lo que hace que corte la pregunta a medias, usando toda su atenci¨®n para definir qu¨¦ le dieron. Mientras rebusca en los rincones de su memoria una pista que lo lleve a descubrir el contenido del vaso, el dolor de cabeza iba en aumento haciendo de la tarea un trabajo herculino, pero entonces, como si fuera un rayo de luz en la oscuridad, la respuesta llega a ¨¦l junto con una risa suave que se desliza desde sus labios. Mientras piensa cu¨¢nta raz¨®n tiene el dicho de ¡°El lugar m¨¢s oscuro es el espacio debajo de la l¨¢mpara¡± se lleva la copa a los labios y empieza a tomar a bocanadas. A medida que la preparaci¨®n pasa por su garganta, el sabor amargo se empieza a expandir por todo el cuerpo, haciendo que el palpitar constante que le entumece la mente disminuya de manera r¨¢pida, pero, cuando pudo ver el fondo del vaso, se dio cuenta de que el dolor no se hab¨ªa detenido, solo aminorado. A pesar de que no resolvi¨® el problema, el contenido del recipiente s¨ª alivi¨® su condici¨®n y, echando una mirada hacia el costado, pudo notar la jarra llena con m¨¢s panacea verde. La mujer de vestido blanco enseguida capta lo que el hombre est¨¢ pensando y sin decir nada extiende la mano. John r¨¢pidamente acepta el gesto y le da el vaso, ella lo llena hasta el borde y se lo devuelve mientras sonr¨ªe de una manera amable y radiante como el sol. Este proceso es repetido hasta que casi todo el contenido de la jarra es consumido. Despu¨¦s de terminar el ¨²ltimo vaso, se queda en silencio mir¨¢ndose el ombligo. En los siguientes minutos solo se puede escuchar el sonido de una respiraci¨®n profunda y constante. La extra?a se sienta, con la paciencia de una santa, a esperar que est¨¦ listo para hablar. Cuando por fin John levanta la cabeza y la mira, ella aprovecha para preguntar -?C¨®mo se siente, se?or Dole? Las palabras de la mujer hacen que el hombre se enderece lo m¨¢s que pueda y r¨¢pidamente cuestione- ?C¨®mo sabe mi nombre? Sin quitar la sonrisa de su rostro, ella responde con un tono dulce y serio -Pues estaba en tu carnet de conducir, el cual estaba en tu billetera, la cual estaba en tu pantal¨®n, incre¨ªble c¨®mo funcionan los contenedores, ?no? Al escuchar esto, el hombre, sin poder definir si las palabras de la mujer fueron sarc¨¢sticas o no, se fija en los bolsillos de su pantal¨®n y pudo confirmar que no ten¨ªa ninguna de sus pertenencias. Lo primero que piensa es en su billetera y su tel¨¦fono, en donde ten¨ªa fotos importantes para ¨¦l, pero antes de que pudiera abrir la boca, el mismo sentimiento ya usual le aprieta el est¨®mago y le hace recordar algo importante. - ?Oliver! ?D¨®nde est¨¢ Oliver? -pregunta mirando a la gigante con un tono de preocupaci¨®n. -El se?or Wild se encuentra en un lugar seguro, su bendici¨®n se sali¨® de control y debido a que est¨¢ muy cerca de quebrarse, debemos mantenerlo aislado por ahora- Contesta la extra?a, cuya expresi¨®n cambia al notar c¨®mo la confusi¨®n no se quita de la cara de John, y con un tono de preocupaci¨®n pregunta- ?Sabes de lo que estoy hablando? ?Verdad? If you discover this tale on Amazon, be aware that it has been unlawfully taken from Royal Road. Please report it. El hombre niega con la cabeza y ahora es la mujer la que se ve claramente confundida, ella lleva su mano hacia su sombrero y un ligero brillo verde hace que este se abra liberando un poco de polen, como si fuera algo completamente normal, mete la mano dentro de la flor y sustrae un contenedor de pastillas que extiende hacia John mientras que con un tono de incredulidad pregunta- ?Realmente no sabes que est¨¢s tomando supresores? ?No me est¨¢s tomando el pelo? - ?Supresores? Esas son mis pastillas para la migra?a, las llevo tomando hace varios a?os - responde el hombre mientras se estira intentando tomar el frasco, pero la mujer es m¨¢s r¨¢pida. Antes de que John pudiera decir algo, ella toma una pastilla, la muerde y r¨¢pidamente la escupe. Donde cay¨®, una peque?a margarita brota desde los tablones del suelo. -No, son supresores, bastante fuertes a eso y ?no te dijeron que eran o siquiera qu¨¦ hac¨ªan? ¨C Vuelve a interrogar la gigante, esta vez enderez¨¢ndose para cargar con el peso de su cuerpo la pregunta y transmitir lo serio de la situaci¨®n. -Mir¨¦, se?orita, hace un par de a?os fui a un m¨¦dico porque me dol¨ªa la cabeza y estaba viendo cosas raras, as¨ª que me dieron esas pastillas para detener las visiones y las migra?as- intenta explicar mientras mira la flor que se empieza a marchitar. - ?Rar¨¢s c¨®mo qu¨¦? ?Formas? ?Colores que no puedes describir? - insisti¨® la extra?a sin quitarle la vista de encima. -No s¨¦, creo que eran formas, c¨ªrculos- en el momento en que la palabra c¨ªrculo sale de su boca el recuerdo de lo que experiment¨® en la oscuridad se hace presente y lentamente repite- c¨ªrculo¡­ Ambas personas se quedan en silencio mientras John intenta pensar si los c¨ªrculos de su juventud tienen algo que ver con los s¨ªmbolos que vio antes en el extra?o espacio. La realizaci¨®n de que tal vez las extra?as alucinaciones eran algo m¨¢s que los delirios de una mente enferma lentamente se va haciendo m¨¢s clara en su cabeza hasta el punto en donde solo le queda una pregunta que dice mientras mira a la mujer directamente a los ojos- ?Qu¨¦ me hicieron?- la voz del hombre tiembla, una mezcla entre ira, confusi¨®n y un poco de miedo. -Nada que no pueda ser revertido- una voz masculina corta entre ellos dando una respuesta y antes de que puedan confirmar de d¨®nde viene agrega- la hermana Evergreen es bastante buena en ese aspecto Ambas personas miran en la direcci¨®n de donde viene la voz, ah¨ª, apoyado en el umbral, pueden ver un hombre de altura promedio, piel cobriza, pelo negro, barba estilizada y una cara bien parecida, adornada con dos ojos color ¨¢mbar. Lleva una camisa color frambuesa, un pantal¨®n marr¨®n y un cintur¨®n con una gran hebilla plateada en forma de una mariposa. -Hermano Narciso- la mujer se levanta para saludar al reci¨¦n llegado con un fuerte abrazo que lo envuelve completamente, levant¨¢ndolo del suelo, al bajarlo y separarse agrega- Que bueno que volviste, pens¨¦ que llegabas esta noche. -Bueno, ciertas situaciones hicieron que apurara mi regreso- comenta mirando alrededor de la mujer directamente a John y mientras camina pasando a Evergreen dice- Se?or Dole, en estas paredes se me conoce como hermano Narciso, agradecer¨ªa que se refiriera a m¨ª de esa manera- empieza la conversaci¨®n con un tono serio y profesional - He escuchado un poco de usted, de mis hermanos y hermanas, el resto lo aprend¨ª de esto, aunque por alguna extra?a raz¨®n tengo m¨¢s preguntas que respuestas- concluye mientras agita una cartera, unas llaves y un antiguo tel¨¦fono de tapita en sus manos. Al ver sus pertenencias en la mano de un extra?o, John se siente aliviado y preocupado al mismo tiempo y, con un tono que intentaba ocultar su incomodidad,pregunta- ?Me van a devolver mis cosas o solo quieres que la mire? El hombre de camisa sonr¨ªe ligeramente y le devuelve sus pertenencias al convaleciente mientras responde-Claro que s¨ª, despu¨¦s de todo no somos ladrones. John toma sus cosas y abre la cartera. En vez de ver el dinero o las tarjetas, ¨¦l se centra en una vieja foto gastada de dos j¨®venes en el interior de un auto. Con un suspiro de alivio, aprieta fuertemente la llave en su mano mientras el hombre de camisa y la mujer lo miran. Despu¨¦s de unos segundos, la voz masculina vuelve a sonar, esta vez con una pregunta- ?Qui¨¦n eres, se?or Dole?- - Digo por qu¨¦, claramente no eres un arcanista, sin embargo, tomas supresores lo suficientemente fuertes como para negar a varios de ellos- Narciso pausa por un segundo y se rasca el ment¨®n fingiendo estar pensativo para luego agregar-Por otro lado, tampoco puedes ser mundano, puesto que apareciste de la nada en nuestra sala de transporte, cosa que los sellos y protecciones del lugar hacen extremadamente dif¨ªcil, as¨ª que te lo vuelvo a preguntar ?Qu¨¦ eres, se?or Dole? John pod¨ªa sentir el claro fondo de amenaza en la pregunta que le acaban de hacer y, eligiendo sus palabras lo mejor que puede, intent¨® contar lo que pas¨®. -Miren, sinceramente no entiendo la mitad de lo que est¨¢n hablando, soy un forense de la polic¨ªa, mi trabajo es descubrir c¨®mo mueren las personas y eso estaba haciendo cuando de repente este extra?o cad¨¢ver entra a mi sala de disecci¨®n. - ?Extra?o, c¨®mo? -Interrumpe Narciso. - S¨¦ que no me van a creer- John pausa mirando a ambas personas y teniendo en cuenta lo que pas¨® hasta ahora se corrige- bueno tal vez si me crean, lo que vi en la mesa de autopsias solo pod¨ªa ser descripto como una arp¨ªa, ya saben, la creatura m¨ªtica. -?Conque una arp¨ªa?- Narciso mira a Evergreen buscando que confirme la idea en su mente. -Suena a ¨¦l, ?piensas que est¨¢ de vuelta en la ciudad? -Pregunta la mujer mientras se apoya en la pared, su sombrero casi tocando el techo. -Puede ser, siempre le gust¨® estar en estas calles, aunque no puedo estar seguro, ya no me habla- responde el hombre con un ligero tono de molestia. Molestia que se duplica en John al sentir que lo dejan fuera de la conversaci¨®n y sin esperar a que le digan nada, contin¨²a con su relato. -Sal¨ª a tomar un caf¨¦ y me qued¨¦ hablando con el capit¨¢n de polic¨ªa y un detective cuando de repente unas ra¨ªces aparecieron desde la morgue y nos atacaron. El detective se adelant¨® a pelear y yo trat¨¦ de retirarme, pero el capit¨¢n me dej¨® atr¨¢s, as¨ª que sin m¨¢s opci¨®n segu¨ª al oficial dentro de la habitaci¨®n solo para encontrar una gran creatura hecha de madera. Mientras peleaban, liber¨¦ a Oliver y, cuando la creatura nos atac¨®, una fuerte luz nos rode¨®. El hombre se pausa para recuperar el aliento, pausa que Narciso aprovecha para preguntar - ?Recuerdas el nombre del detective? John piensa por unos segundos y responde- Rodr¨ªguez, creo que era Julio Rodr¨ªguez- Al momento en que las palabras salen de su boca, se puede escuchar un gru?ido de asco que proviene de la pared. -As¨ª que el buro est¨¢ metido en esto, qu¨¦ raro- El denso tono ir¨®nico que usa la mujer hace entender todo lo contrario. Narciso la mira de reojo y dirigi¨¦ndose a John pide- Por favor, se?or Dole, termine su relato. -S¨ª, pues lo que pas¨® despu¨¦s es un borr¨®n, recuerdo, oscuridad, ser arrastrado para todas direcciones, estatuas raras y primates extra?os, recuerdo¡­recuerdo¡­- Un destello de im¨¢genes pasa por su cabeza, ninguna se queda el suficiente tiempo como para poder entenderla, pero cada una que pasa hace que la presi¨®n en su cabeza vaya en aumento. Despu¨¦s de unos segundos, los bordes de la visi¨®n de John empiezan a ennegrecerse, todas las fuerzas dejan su cuerpo y empieza a desmayarse. Cuando estaba a punto de perder el conocimiento, alguien lo tom¨®, un sentimiento c¨¢lido se extiende desde el medio de su espalda y la boca de su est¨®mago hacia todo su cuerpo, haci¨¦ndolo sentir mejor poco a poco. Al final, es recostado lentamente en la cama y la voz suave de Evergreen le dice- John, ya no intentes recordar, rel¨¢jate y duerme un poco despu¨¦s de todo, los pacientes est¨¢n aqu¨ª para recuperarse, no para ser interrogados, ?verdad, hermano Narciso?- Un poco de hostilidad supura de esa pregunta pero John est¨¢ muy cansado para escuchar la respuesta y mientras las voces se alejan cada vez m¨¢s ¨¦l se hunde en un profundo sue?o. Cap铆tulo 6: Santuario John abre los ojos y un camino monta?oso, flanqueado de pinos, aparece enfrente de ¨¦l. Est¨¢ sentado en el asiento del acompa?ante de un Cadillac que se mueve por la carretera r¨¢pidamente. A su izquierda, un joven hombre de pelo rojo se encontraba concentrado manejando el veh¨ªculo. Cuando lo escucha despertar, aparta la vista de la ruta por unos segundos para mirarlo y, con una sonrisa y un tono juguet¨®n, le dice -Buen d¨ªa, dormil¨®n, pens¨¦ que me ibas a dejar conduciendo solo todo el camino. En serio, John, a veces no entiendo c¨®mo puedes dormir tanto. La voz familiar hace que el hombre se congele por unos segundos, buscando las palabras que decir, pero lo ¨²nico que logra soltar con un tono de incredulidad es -?Murphy? -Vamos, John, ?pasar tanto tiempo durmiendo te dio amnesia? S¨ª, soy Murphy, tu vecino, uno de los pocos amigos que tienes, el tipo al que todav¨ªa le debes 5 d¨®lares por la apuesta que hicimos sobre el peluqu¨ªn del se?or Johnson -El hombre pelirrojo contesta con un claro tono burl¨®n entre sonrisas. John tambi¨¦n empieza a re¨ªr y la bruma mental del despertar se borra, siendo reemplazada con jovialidad juvenil y enderez¨¢ndose dice -No seas pendejo, la apuesta la gan¨¦ yo. -Mierda, te acordaste, sabes que ten¨ªa que intentarlo, ahora la verdad, ?qui¨¦n hubiera dicho que un peluqu¨ªn fuera tan inflamable? -pregunta Murphy mirando brevemente a su acompa?ante con sus ojos color esmeralda. -S¨ª, fue impresionante, ahora lo pensar¨¢n dos veces antes de usar fuegos artificiales en las asambleas- responde John en broma, ambos hombres se r¨ªen por unos segundos y cuando las risas se detienen agrega- ?Ad¨®nde estamos yendo? Ante la extra?a pregunta, el conductor lo mira preocupado y en un tono serio dice -Hey, era broma lo de la amnesia, ?te encuentras bien? -S¨ª, s¨ª, solo tengo mucho en la cabeza ¨²ltimamente y a veces me olvido de ciertas cosas- explica el hombre de manera r¨¢pida. -Ok, pues vamos a la caba?a de Rachel a pasar el fin de semana, Edwin trae las cervezas, Michel la hierba y nosotros las botanas. Ya sabes, ?c¨®mo nos pediste que hici¨¦ramos? ?Est¨¢s seguro de que est¨¢s bien? -Ya te dije que si solo es que he tenido sue?os medio raros y...- John intenta explicarse cuando de repente Murphy lo interrumpe frenando de golpe y estacion¨¢ndose al costado del camino. -Wow bro, te est¨¢ sangrando la nariz -dice el conductor mientras busca en la guantera un pa?uelo y se lo da. John se lleva las manos a la nariz y sus dedos tocan algo h¨²medo que sus ojos confirman es sangre. Cuando vuelve a levantar la vista para ver a su amigo, lo ¨²nico que ve es el rostro de Evergreen limpiando su cara con un pa?o h¨²medo. Los ojos de ambos se cruzan por unos segundos y una sonrisa c¨¢lida se dibuja en la cara de la mujer. Con una voz rasposa, el hombre pide un vaso con agua; ella se lo da lo m¨¢s r¨¢pido que puede, ayud¨¢ndolo a sentarse para que pueda beber. -Toma despacio John, ?c¨®mo te sientes? -pregunta Evergreen con un tono de preocupaci¨®n. -Como si me hubieran aplastado la cabeza con un tractor, sin contar la cantidad de traumas que he desarrollado en las ¨²ltimas horas- responde el hombre despu¨¦s de terminar el vaso y pedir otro -D¨ªas-corrige casualmente la mujer mientras toma la copa, la llena con el agua de una jarra cercana y se la devuelve. - ?D¨ªas? ?C¨®mo cu¨¢ntos d¨ªas? -Interroga el hombre, p¨¢nico desliz¨¢ndose en su voz mientras toma el vaso. -Una semana m¨¢s o menos-responde ella despu¨¦s de una ligera pausa. - ?Desde la ¨²ltima vez que me desmay¨¦? - Pregunta asustado de la respuesta, ?qui¨¦n sabe cu¨¢nto tiempo pas¨® desde que hab¨ªa perdido el conocimiento? ?Lo estar¨¢n buscando? ?Lo dieron por muerto? ?Qu¨¦ pas¨® con su auto? Las preguntas se empiezan a apilar en la mente de John. -No, desde que llegaste, desde la ¨²ltima vez que te desmayaste, solo pasaron un par de horas- asegur¨® la curandera con una ligera sonrisa. Ante la respuesta, John se deja caer en la cama, acci¨®n de la cual se arrepiente de manera inmediata debido a que su cuerpo malherido empieza a quejarse. Sin tener que decirle nada, Evergreen saca de su extra?o sombrero un frasco con pastillas y le pasa un par al convaleciente que este procede a consumir de manera inmediata, haciendo que, despu¨¦s de unos minutos, los dolores que le recorr¨ªan el cuerpo se entumezcan temporalmente. Mientras esperaban a que las pastillas surtieran efecto, Evergreen sale de la habitaci¨®n para vaciar el orinal y, mientras se?ala hacia el bast¨®n a los pies de la cama, le recuerda a John que el ba?o se encuentra al final del pasillo, por si necesita usarlo. El hombre asiente y la gran mujer vuelve a agacharse para pasar por la puerta, que luego cierra de manera ligera. El tiempo pasa y ¨¦l mira el techo, su mente vaga en busca del significado que pudiera tener el sue?o que acababa de pasar. Todav¨ªa pod¨ªa escuchar el sonido del auto en sus o¨ªdos y oler el aroma a pino del aromatizante barato que colgaba en el retrovisor. Hac¨ªa a?os que no so?aba con su pasado, al menos de una manera tan agradable como esta, y la noci¨®n de que tal vez est¨¦ por fin dejando el pasado atr¨¢s enardece un poco la llama de la esperanza en el pecho del hombre. Si bien quer¨ªa seguir perdi¨¦ndose en las buenas memorias del sue?o, el gru?ido de su est¨®mago lo trae a la realidad y con esfuerzo se incorpora para responder el llamado de la naturaleza. Estir¨¢ndose, toma el bast¨®n, un poco largo para ¨¦l, y con una gran medida de esfuerzo intenta levantarse. Los primeros pasos son dif¨ªciles y tambaleantes, teniendo que apoyarse en la silla cercana para mantener su balance, pero cada paso posterior se vuelve m¨¢s y m¨¢s firme hasta el punto en donde puede mantenerse de pie solo con la ayuda del bast¨®n. La puerta se abre a un pasillo hecho de piedra, con varias puertas cada una con nombres, que asum¨ªa, eran de sus propietarios; solo 4 de las puertas no ten¨ªan uno. A su derecha el pasillo continuaba hacia una intersecci¨®n, en cambio, a su izquierda este terminaba en una puerta con las siglas W.C. en un cartel. John avanza lo m¨¢s r¨¢pido que su cuerpo le permite y llega al ba?o, agradecido por la existencia de plomer¨ªa interna a pesar de lo antiguo que parec¨ªa la estructura. Hace sus asuntos, se limpia, tira la cadena, se lava las manos y se dispone a volver a su habitaci¨®n. cuando llega a la entrada, ve una figura parada enfrente de la abertura. Casi tan grande como Evergreen, el inmenso hombre ocupa completamente el marco de la puerta evitando el paso. Sus definidos m¨²sculos envueltos en una piel oscura como la obsidiana sobresal¨ªan de una remera impecablemente blanca que imitaba el color de las rastas que cubr¨ªan su cabeza. Al escuchar el sonido del bast¨®n golpeando en el piso de piedra, mira a su derecha. Dos ojos grises como un cielo nublado observan a John de arriba a abajo y, con una voz grave que hace vibrar el aire mientras extiende su brazo, ofreciendo un apret¨®n de manos, dice-Se?or Dole asumo, mi nombre es hermano Guardi¨¢n. Stolen content warning: this content belongs on Royal Road. Report any occurrences. -S¨ª, John Dole, un placer conocerlo, hermano Guardi¨¢n, ?en qu¨¦ puedo ayudarlo? - Responde mientras acepta el saludo. -Solo necesito hablar con usted sobre unos temas de su estad¨ªa, pero porque no hablamos adentro de la habitaci¨®n, no quisiera hacer que se quede parado en su estado actual- responde Guardi¨¢n haciendo un paso hacia el costado dejando libre la puerta. - ?No me interrogar¨¢n otra vez, ?verdad? Soy propenso a desmayarme cuando me interrogan¡ªel forense bromea a medias mientras atraviesa el umbral. -No, yo no me encargo de eso, adem¨¢s pareciera que el hermano Narciso ya se encarg¨® de buscar toda la informaci¨®n necesaria ¨C responde de manera profesional mientras avanza detr¨¢s del hombre. Una vez dentro del cuarto, John se sienta en la cama, colocando el bast¨®n entre sus piernas y descansa en este su peso. Guardi¨¢n se queda parado a pesar de haber lugar donde sentarse y despu¨¦s de darle una pasada con la vista al cuarto, comenta -Como dije antes, mi nombre es hermano Guardi¨¢n, soy el encargado de la seguridad del lugar, quien entra, quien sale, quien va y d¨®nde, dentro de estas paredes, es mi elecci¨®n y responsabilidad. Desde su llegada, y mientras estuvo inconsciente, hemos discutido qu¨¦ hacer con usted. Gracias al testimonio del hermano Narciso, se lleg¨® a la conclusi¨®n de que usted no es peligroso y por ende podr¨¢ vivir entre nosotros el tiempo que le toma recuperarse de sus heridas. - ?Hemos? ?Son una organizaci¨®n? ?Grupo religioso? - Intenta preguntar John. -Se?or Dole, por favor no me interrumpa, si quiere hacer alguna pregunta sobre el grupo le recomiendo que se la haga al hermano Narciso-Responde fr¨ªamente Guardi¨¢n y, sin detenerse a respirar, agrega -Como dec¨ªa, si va a vivir aqu¨ª necesita los accesos adecuados para pasar por las barreras, por favor, dame su mano. ¨¦l duda por unos instantes, pero luego le da la palma. El hombre de pelo blanco la da vuelta y pone su mano en el dorso de esta mientras empieza a susurrar palabras en voz baja. Es un idioma desconocido para el forense que le hace parar los pelos de la nuca, pero s¨ª tendr¨ªa que compararlo con algo. Le recuerda al sonido que hace una copa de cristal al romperse. Luego de unos segundos, una luz blanca emana de la palma de Guardi¨¢n y el dorso de la mano de John se empieza a calentar. Instintivamente, trata de retirarla del agarre del otro hombre, pero este lo tiene atrapado en un apret¨®n f¨¦rreo que le impide moverla. Cuando el calor se volv¨ªa casi inaguantable, Guardi¨¢n retira su mano y un sello hecho de luz blanca queda impregnado en la carne del sorprendido hombre que lo mira con ojos grandes como platos. Segundos despu¨¦s, la marca de luz se difumina en el ¨¦ter, como si nunca hubiera estado ah¨ª. - ?Qu¨¦... qu¨¦ fue eso? ?Qu¨¦ me hiciste? -pregunta John con un tono que mezcla curiosidad y miedo a partes iguales. -Acabo de impartir un sello que te permitir¨¢ atravesar ciertas barreras, pi¨¦nsalo como una puerta y el sello es la llave-Intenta explicar en t¨¦rminos que una persona normal pudiera entender. Sin esperar una confirmaci¨®n de que hab¨ªa sido entendido, Guardi¨¢n se dirige a la puerta y, mientras la abre, dice-Cuando te recuperes lo suficiente como para poder caminar, Evergreen te mostrar¨¢ las diferentes ¨¢reas en donde puedes deambular. Si ves una barrera, solo extiende tu mano. Si el sello brilla en verde, puedes pasar. Si brilla en rojo, la zona est¨¢ fuera de los limites - habiendo terminado lo que hab¨ªa venido a hacer, se dispon¨ªa a partir, cuando se frena de golpe y mirando por encima de su hombro agrega-Ah, casi me olvidaba, se?or Dole, bienvenido a Santuario. Los siguientes d¨ªas pasaron lentamente, a medida que su estado f¨ªsico mejoraba, su salud mental iba en picada. John trata de ocuparse lo mejor que puede, pero no hay mucho que pueda hacer en tan peque?o cuarto m¨¢s que recuperarse y pensar. Las visitas de Evergreen para cambiar sus vendajes y darle supresores junto a los diarios viajes al ba?o le daban algo de alivio a la monoton¨ªa que lo rodeaba, pero uno se puede fascinar con la pieza g¨®tica que usan como porta rollo de papel tantas veces en un d¨ªa antes de que se vuelva pat¨¦tico. Lo que m¨¢s le frustraba era c¨®mo la mujer evitaba responder directamente cuando preguntaba por la situaci¨®n de Oliver diciendo que todo est¨¢ bajo control pero que era peligroso y por ende no pod¨ªa visitarlo. Lamentablemente, no ten¨ªa otra opci¨®n que tomar la palabra de la mujer, puesto que no entend¨ªa qu¨¦ era esta ¡°bendici¨®n¡± y c¨®mo estaba afectando a su amigo. La doctora se dio cuenta de su estado de ¨¢nimo y un d¨ªa en donde se lo ve¨ªa bastante energ¨¦tico, hasta el punto de que incluso pod¨ªa caminar sin su bast¨®n, decidi¨® invitarlo a que la acompa?e a almorzar en el comedor, invitaci¨®n que el hombre tom¨® sin dudarlo emocionado por la promesa de aire fresco y la posibilidad de saber m¨¢s del estado de Oliver. Casi a dos semanas de haber llegado al santuario, John se aventura por primera vez m¨¢s all¨¢ de la intersecci¨®n, siguiendo a Evergreen, dobla en la esquina y ve una entrada que da a una escalera. Cuando pasa por el umbral, el dorso de su mano se enciende y brilla en verde; ¨¦l lo mira con sorpresa, por fin entendiendo lo que hermano Guardi¨¢n quer¨ªa decir, resume su viaje. Tratando de alcanzar a su compa?era, desciende r¨¢pidamente por las escaleras de caracol que terminan en un patio interno. Varias personas transitaban los pasillos, no reconoc¨ªa a casi nadie y las caras que s¨ª reconoc¨ªa solo las hab¨ªa visto alguna vez en sus viajes al ba?o, as¨ª que, en silencio, contin¨²a avanzando pegado a las espaldas de la doctora mientras mira alrededor como si fuera un turista en la gran ciudad. Despu¨¦s de unos minutos de viaje, alargados por la habilidad social de la mujer que los hac¨ªa detenerse a hablar cada dos por tres, llegan a una gran puerta doble con una de las hojas abierta de par en par. Un olor apetitoso sal¨ªa despedido del interior junto al sonido de conversaciones y m¨²sica. El d¨²o entra sin vacilaci¨®n y John se asombra al ver un gran comedor dividido en 2, en la mitad hay 6 mesas largas que pueden albergar a 30 comensales cada una y del otro lado hay varios televisores, una rocola, varias estanter¨ªas con libros e incluso una mesa de ping-pong. La disonancia entre el aspecto mon¨¢stico de la habitaci¨®n y las adiciones modernas no pasa desapercibida para John, quien se detiene a analizarla hasta que su compa?era lo llama a la mesa en donde van a estar. Sentada en la larga mesa solo hab¨ªa una persona, de estatura baja y pelo rubio. La mujer joven vest¨ªa una remera negra y jenes azules. Se encontraba comiendo sandia y leyendo lo que parec¨ªa un libro viejo en un idioma que el forense desconoc¨ªa. Parec¨ªa llevarse bien con la curandera, charlando y riendo energ¨¦ticamente. Cuando ¨¦l por fin llega, Evergreen presenta a la desconocida con una breve introducci¨®n: -John, te presento a la hermana Mouse, ella es la bibliotecaria de Santuario, ¨¢vida lectora y campeona, 5 a?os consecutivos de la noche de trivia. Mouse cierra el libro y se estira, estrechando la mano del hombre mientras dice - Hola John, Evergreen me cont¨® mucho de ti, dijo que probablemente yo pueda ayudarte. Extra?ado, mientras devuelve el saludo, responde - Un placer conocerla hermana mouse, no s¨¦ qu¨¦ le dijo la hermana Evergreen, pero no estoy en posici¨®n de negar ninguna ayuda. Ambos se sientan en la banca mientras la peque?a mujer mueve el plato del medio y apoya sus codos en la mesa, posando su ment¨®n en sus manos comienza a hablar- Mira John, pronto vas a tener que tomar una decisi¨®n, salir ah¨ª afuera y enfrentar un mundo que quiere aplastarte o unirte a nosotros y si bien eso no cambie el mundo por lo menos tienes a alguien m¨¢s con quien compartir el peso- la mujer pausa por unos instantes trabando la mirada con la del hombre y sintiendo su preocupaci¨®n, agrega- No tienes por qu¨¦ hacerlo ahora, entiendo que te falta el conocimiento para tomar una decisi¨®n informada, es por eso que Evergreen vino a pedirme que te guiara en algunos conceptos b¨¢sicos, as¨ª que a partir de ahora vas a pasar desde las 15:00 hasta las 18:00 horas en la biblioteca estudiando sobre el nuevo mundo en donde te encuentras ?te parece? El hombre asiente sin dudarlo y Mouse sonr¨ªe ligeramente, mientras se levanta, tomando el plato y su libro, dice - Perfecto, entonces nos vemos esta tarde, se?or Dole, y le advierto que venga preparado para trabajar, no me agradan los vagos. Evergreen va a buscar el almuerzo y la banca donde est¨¢ sentado se empieza a llenar de desconocidos, John no interact¨²a con ellos a pesar de la proximidad. Mientras espera la comida, se pone a pensar en las clases de esta tarde y en c¨®mo afectar¨¢n la decisi¨®n que tomar¨¢. Cap铆tulo 7: La librer铆a infinita Evergreen vuelve con dos platos llenos con ensalada de ave, una comida refrescante, excelente para la ¨¦poca veraniega en donde se encontraban. La mujer pone uno delante de John con un CLANK y se sienta enfrente de ¨¦l mientras le sirve un vaso con agua. El sonido lo saca del trance en el que se encontraba y, despu¨¦s de agradecerle, r¨¢pidamente ataca el mont¨®n de papas y pollo con buen apetito. Cuando se digna a levantar la vista de su plato, observa c¨®mo Evergreen lo mira. Una r¨¢pida inspecci¨®n al plato enfrente de ella muestra que no lo ha tocado en lo m¨¢s m¨ªnimo. Extra?ado, el hombre traga y con un tono de preocupaci¨®n cuestiona ¡ª?Est¨¢ todo en orden? Ante la pregunta, la mujer se ve algo confundida, pero al ver hacia abajo r¨¢pidamente entiende a lo que se refiere y con una carcajada responde- ?Ja! S¨ª, s¨ª estoy bien, solo estaba pensando en algo ¡ªella pausa, utilizando el silencio para ver a John directamente a los ojos mientras busca las palabras adecuadas. - ?Se puede saber en qu¨¦ est¨¢s pensando? -indaga el hombre tratando de darle un motivo para que le diga lo que pasa por su cabeza. La pregunta le dio el empuj¨®n que necesitaba y sin mover los ojos de los de ¨¦l, explic¨¢ - Mira John, uno de los valores que considero esencial como m¨¦dica y en general es que el consentimiento es extremadamente importante y este no se puede dar a menos que se tengan los conocimientos necesarios para entender las consecuencias a las que te est¨¢s arriesgando, es por eso que prepar¨¦ las clases con Mouse, para que puedas entender bien en donde te est¨¢s metiendo. John aparta la mirada tratando de entender por qu¨¦ Evergreen le dice esto, pero luego de pensar por unos segundos, levanta la vista y dice-Los supresores, ?todo este discurso es por los supresores? La mujer asiente y responde con una voz firme -Desear¨ªa poder explicarte qu¨¦ son, qu¨¦ hacen y por qu¨¦ recet¨¢rtelos sin explic¨¢rtelo es algo extremadamente jodido, pero no puedo- la mujer punt¨²a la frase con un sorbo de agua y, ante la expresi¨®n ofendida del hombre, r¨¢pidamente aclara -No porque pienso que eres demasiado est¨²pido para entenderme, sino todo lo contrario, eres un hombre inteligente, John . Tu visi¨®n l¨®gica del mundo es una estructura que te protege y al mismo tiempo te limita. Yo no tengo eso y, por ende, cualquier explicaci¨®n que te pueda dar va a ser muy dif¨ªcil de entender por qu¨¦ es como si no habl¨¢ramos el mismo idioma. El hombre la escucha atentamente, extra?ado por el cuidado y consideraci¨®n que Evergreen le est¨¢ teniendo, despu¨¦s de todo se hab¨ªan conocido hace solo unas semanas, de las cuales la mitad ¨¦l hab¨ªa estado en un coma. A pesar de lo bizarro que le parece el comportamiento que ella est¨¢ teniendo, decide seguirle la corriente. Despu¨¦s de todo, necesita toda la ayuda que pueda conseguir y abusar un poco de las buenas intenciones de la mujer no solo le parec¨ªa conveniente sino necesario. En el momento en el que tuvo ese pensamiento, un dolor punzante le perfor¨® la boca del est¨®mago, haci¨¦ndole hacer una mueca de dolor. Al verla, la mujer hace una expresi¨®n de preocupaci¨®n que el hombre aprovecha preguntando -?Y entonces la Hermana Mouse puede? -S¨ª, tiene un trasfondo cient¨ªfico y puede usarlo para explic¨¢rtelo de una manera que puedas entender- Ella quer¨ªa decir m¨¢s, pero una persona la llama dici¨¦ndole que la est¨¢n esperando en la sala de reuniones y entre disculpas, mientras levanta sus utensilios, le explica a John- La biblioteca est¨¢ del otro lado del patio interno, vas a ver varias personas yendo y viniendo con libros, no puedes perderte- y por ¨²ltimo, con una expresi¨®n seria agrega-Una vez que est¨¦s listo para tomar una decisi¨®n ven a verme, si no me encuentras por lo general estoy en el gran invernadero en el patio. El hombre asiente y la mujer se retira por la puerta doble por donde entraron, dej¨¢ndolo solo con sus pensamientos, tan solo como se pueda estar en una habitaci¨®n llena de gente. Cuando termin¨® de comer, le pregunt¨® a una de las personas cercanas d¨®nde deb¨ªa dejar su plato y esta amablemente le apunt¨® al final de la barra en donde Evergreen hab¨ªa obtenido la comida. Agradecido al extra?o por su ayuda, se dirige al lugar indicado y deja sus utensilios para luego salir al patio interno buscando un lugar para sentarse a esperar que sea la hora pactada. El piso de piedra deja paso a un camino de grava flanqueado por pastos y flores hermosamente colocadas. El sendero termina en una banca situada debajo de un gran y s¨®lido roble cuyas hojas proporcionaban sombra para todo aquel que la necesitase. John se sienta y cierra los ojos, disfrutando de la brisa c¨¢lida que sopla por el lugar mientras piensa en lo que pas¨® hasta ahora y las opciones que tiene. Por un lado, su cuerpo ya se sent¨ªa mejor, lo suficiente como para caminar sin la ayuda de nadie, podr¨ªa darle las gracias a Evergreen y compa?¨ªa por la ayuda que le brindaron y volver a su vida normal, pero en ese momento se dio cuenta de que despu¨¦s de todo lo que le pas¨® a ¨¦l y a Oliver ya no sab¨ªa que era normal y que adem¨¢s va a tener que explicar d¨®nde estuvo durante todo este tiempo, c¨®mo hizo para escapar, un sinf¨ªn de cosas que de solo pensarlas hace que le duela la cabeza. Por el otro, Oliver est¨¢ atrapado aqu¨ª; seg¨²n lo poco que le dijeron, su condici¨®n es tan extrema que presenta un peligro para s¨ª mismo y los dem¨¢s. La noci¨®n de abandonar a su compa?ero cruz¨® por su mente, pero un intenso dolor abdominal hace que desista r¨¢pidamente de la idea. El hombre hace una nota mental de preguntarle la pr¨®xima vez que vea a Evergreen qu¨¦ podr¨ªa ser esto. Tal vez tenga que ver con el tema de los supresores, otro problema m¨¢s con el que ten¨ªa que lidiar tarde o temprano. John no sabe qu¨¦ hacer; su lado racional lucha a capa y espada contra este sentimiento que le perfora las entra?as por el control de su cuerpo, haciendo de su mente un caos y no dej¨¢ndolo tomar una decisi¨®n. Si bien cada una quer¨ªa algo distinto, ambas partes tienen algo en com¨²n. La idea de que si el hombre tuviera m¨¢s informaci¨®n, claramente seguir¨ªa su opini¨®n. Es por eso que una tenue tregua fue formada entre ellas hasta que puedan aprender m¨¢s de la situaci¨®n, salvando al hombre de m¨¢s dolores de cabeza, por lo menos por ahora. Lentamente, abre los ojos, un cielo celeste lo recibe junto a la calidez del sol y el dolor se va tan r¨¢pido como lleg¨®, dej¨¢ndolo con un inesperado momento de paz que John disfruta sin apuro. If you encounter this narrative on Amazon, note that it''s taken without the author''s consent. Report it. El tiempo se difumina en la calma de la tarde mientras el hombre mira fotos antiguas en su tel¨¦fono de tapita. Las im¨¢genes pixeladas muestran tiempos mejores, personas y lugares ya perdidos por cosas que en su momento parec¨ªan lo m¨¢s importante y que con la sabidur¨ªa de los a?os terminaron siendo poca cosa. Mientras iba pasando una a una las im¨¢genes, se detiene de golpe frunciendo el ce?o. En la pantalla del celular aparece una gran mansi¨®n rodeada de ¨¢rboles que albergan un par de aves negras con plumaje p¨²rpura. Enfrente de la morada, un grupo de personas de varias edades se encontraban posando para una foto grupal junto a un ¨¦l m¨¢s joven. John no ten¨ªa memoria de esta foto, por c¨®mo se ve¨ªa. Esta fue tomada hace varios a?os, probablemente cuando todav¨ªa estaba en Wichatova, el peque?o pueblo en donde naci¨® y creci¨®, pero ninguna de las caras que lo acompa?aban en la imagen le tra¨ªa la memoria de alguna persona conocida, intensificando la pregunta de ?por qu¨¦ estaba ah¨ª? y m¨¢s a¨²n, ?por qu¨¦ no puede recordarlo? John mira atentamente la imagen intentando encontrar, sin mucho ¨¦xito, una pista que le explique de d¨®nde viene. Cuando sus ojos vagaron sobre los peque?os n¨²meros ubicados en la parte de arriba de la pantalla inform¨¢ndole que ten¨ªa 10 minutos para llegar a la biblioteca, decide dejar el misterio para otro momento e ir yendo hacia el lugar de la reuni¨®n. No vaya a ser que deje una mala impresi¨®n en su nueva profesora. Cruzando el patio interno, lleg¨® a un pasillo de piedra. Varias personas caminaban con libros en las manos, as¨ª que se aproxim¨® a la m¨¢s cercana, que en este caso era una mujer joven. Con una sonrisa, pregunt¨® por direcciones. Ella amablemente le apunt¨® en la direcci¨®n por donde ella ven¨ªa y, efectivamente, una gran puerta doble se encontraba abierta de par en par. Desde esta distancia, se pod¨ªa ver una constante corriente de gente que entraba y sal¨ªa de la habitaci¨®n llevando distintos manuscritos. Caminando r¨¢pidamente en la direcci¨®n indicada, entra a la biblioteca. Cuando cruza el umbral, siente c¨®mo se le paran los pelos de la nuca y el dorso de su mano brilla verde por unos segundos. Mirando alrededor, pudo notar c¨®mo el lugar era inmenso; filas sobre filas de estanter¨ªas rodeaban un escritorio central en donde varias personas atend¨ªan a las masas en busca de conocimiento. ¨¦l se acerca en busca de la Hermana Mouse y la encuentra en una posici¨®n central del escritorio, en un asiento elevado, leyendo . En una mano ten¨ªa el mismo libro con el que se la vio a la hora del almuerzo y en la otra ten¨ªa un cigarrillo electr¨®nico que usaba de vez en cuando expulsando bocanadas de humo azulado. John intenta llamar la atenci¨®n de la mujer, pero al abrir la boca se da cuenta de que ning¨²n sonido sale de ella. Intentando escuchar sus alrededores, a¨²n puede o¨ªr el sonido de pasos o los suaves golpes de las tapas de los libros al caer sobre la madera de la mesa, pero en este espacio el ligero murmullo de gente hablando, siquiera en voz baja, no pod¨ªa ser encontrado. Por suerte, una persona que estaba trabajando en el escritorio ve c¨®mo el hombre lucha con la situaci¨®n y con un leve gesto le dice que se acerque. Sin mucha m¨¢s opci¨®n, ¨¦l lo hace. Cuando llega enfrente de ella, esta le da lo que parece ser un anillo y gesticula que se lo ponga. Cuando lo hace, una voz femenina que parece venir de todos lados y ninguno a la vez resuena en la mente de John - Bienvenido a la librer¨ªa, mi nombre es ¨¢gata, ?en qu¨¦ puedo ayudarte? El hombre se queda aturdido por la extra?a situaci¨®n, mirando en todas las direcciones, intentando discernir de d¨®nde viene la voz que acaba de escuchar, puesto que la mujer enfrente de ¨¦l no movi¨® los labios. Una risilla hace eco dentro de la cabeza de John y la voz vuelve a resonar . Ja, ja, ja, asumo que nunca hab¨ªas usado un anillo de telepat¨ªa, solo tienes que concentrarte en lo que quieres decir y a qui¨¦n se lo quieres decir, el anillo hace el resto. John duda unos instantes, pero no viendo otra forma de llamar la atenci¨®n de la bibliotecaria, decide seguir el consejo de la mujer y se concentra en la figura encima del asiento central mientras piensa fuertemente - Hola, hermana Mouse, ?puedes escucharme? En silencio, la mujer mueve la cabeza y, con una expresi¨®n de sorpresa, saca la vista del libro buscando la silueta del hombre entre la gente. Unos segundos despu¨¦s, lo encuentra y, mientras saluda, comienza a bajar del asiento en su direcci¨®n. Aun estando lejos, la voz de Mouse llega a la mente de John de manera clara -Buenas tardes, se?or Dole, justo a tiempo, veo que ya conoci¨® a ¨¢gata, es una de mis mejores asistentes-antes de que el hombre pudiera intervenir, Mouse agrega -¨¢gata, coraz¨®n, puedes traernos una taza de t¨¦ a la sala de estudio 58. -Claro que si, Bibliotecaria enseguida se lo llev¨®, ?alguno en particular? -Lo mismo de siempre para mi coraz¨®n- responde Mouse sin dudarlo. -Un t¨¦ negro estar¨ªa bien-piensa casi al mismo tiempo John. La asistente asiente y se pierde en uno de los tantos pasillos de la librer¨ªa. Mouse se da vuelta y empieza a caminar por otro camino distinto mientras se comunica con John -Se?or Dole, s¨ªgame por este lado y por favor no se despegue de m¨ª, este lugar es mucho m¨¢s grande de lo que parece, perderse por aqu¨ª es bastante com¨²n. Traga saliva y sigue a la mujer que lo gu¨ªa por los diferentes pasillos, algunos estrechos, otros bastante amplios, de vez en cuando las estanter¨ªas y el piso pasan de ser de madera a piedra tallada, m¨¢rmol o metal, incluso en ciertas intersecciones, se pod¨ªan ver pasillos hechos de una extra?a sustancia roja y fibrosa que se mov¨ªa levemente por voluntad propia. Cada vez que el ambiente cambiaba, se pod¨ªa sentir como si algo lo arrastrara por unos breves segundos, haciendo que se revuelva el est¨®mago del hombre. - ?D¨®nde estamos? -Cuestiona mientras camina detr¨¢s de Mouse observando sus alrededores asombrado por el extra?o lugar. -Esta es la biblioteca infinita- responde la mujer mientras abre los brazos, respirando profundamente el olor a viejo pergamino que inunda el aire- todo libro que es quemado, todo fragmento de informaci¨®n que es destruido termina aqu¨ª, desde los rollos perdidos en el fuego de Alejandr¨ªa hasta los libros calcinados por el partido nazi, pasando por los documentos que el gobierno no quiere que leas y las fanfiction que escribiste cuando ten¨ªas 14, todo termina en estas estanter¨ªas, esperando ser redescubierto por una mente lo suficientemente inquisitiva. En tanto Mouse avanza girando en una esquina, John se frena un momento para entender lo que le acaban de decir. Si fuera hace unas semanas hubiera tachado a la mujer de loca o de una estafadora, pero los sucesos de los ¨²ltimos d¨ªas hacen que posiblemente lo que dice sea cierto. ¨¦l estira la mano y toca el dorso de un libro, se siente s¨®lido, no brilla ni hace nada raro, parece un libro normal. Lo toma y abre una hoja al azar, la cual lee; hay mucho que no comprende, pero parece ser una disertaci¨®n sobre los h¨¢bitos migratorios de creaturas marinas. Algunas reconoce, otras son m¨¢s esot¨¦ricas en naturaleza. Mientras se preguntaba por qu¨¦ alguien destruir¨ªa un libro tan inocuo, una voz lo sacaba fuera de su mente, devolvi¨¦ndolo a la realidad. -Se?or Dole, ya va a tener tiempo de examinar detenidamente la colecci¨®n de libros cuando terminemos la clase. venga por aqu¨ª, ya casi llegamos al sal¨®n de estudio. -S¨ª, lo siento, solo estaba tratando de... entender este lugar- piensa John mientras deja el libro donde lo encontr¨® y apura el paso para llegar alado de su profesora. Cap铆tulo 8: La clase entra en sesiè´¸n John se sienta en una de las sillas mientras Mouse se para enfrente de la pizarra, esperando a que el hombre termine de acomodarse. Cuando por fin lo hizo, ella comienza a decir - Ok, como hay mucho contenido que abarcar, preferir¨ªa que me preguntaras lo que quieras saber y a medida que vallamos resolviendo tus dudas podemos indagar m¨¢s profundo en los temas que te interesen. En el caso de que la cuesti¨®n sea muy amplia, te voy a recomendar un par de libros para que leas en tu tiempo libre. ?Te parece? -S¨ª, me parece bien- contest¨® el hombre mientras se pone a pensar por qu¨¦ pregunta quisiera empezar, podr¨ªa intentar preguntar por los supresores, Evergreen insisti¨® bastante con eso, pero tambi¨¦n le interesaba saber sobre la condici¨®n de Oliver y si hab¨ªa una forma de solucionarla, aunque la verdad la duda impulsada hacia el frente de su mente es una que cualquier persona tendr¨ªa en esta situaci¨®n ?Qui¨¦n carajo son ustedes? -Esa es una buena pregunta, se?or Dole-La voz de Mouse invade la mente de John junto con una risilla. -Lamento el lenguaje, hermana Mouse, no me acostumbro a comunicarme con la mente- se disculpa el hombre de manera inmediata y un poco avergonzado agrega- ?hay alguna forma de que esto no vuelva a pasar? -Claro que s¨ª, hay varias formas, la m¨¢s f¨¢cil es dividir tu conciencia en dos -dice la mujer levantando el dedo ¨ªndice y anular, ante la expresi¨®n confundida de su disc¨ªpulo agrega-Cierra los ojos y piensa en una caja, en esa caja pones todo lo que quieras comunicar, si no est¨¢ en la caja no se transmite, el anillo va a hacer la mayor¨ªa del trabajo pesado, solo tienes que visualizar bien la imagen. John cierra los ojos y se concentra en crear una caja de madera con una rendija en el frente por donde puede meter las ideas que quiere comunicar en forma de papeles. Su imaginaci¨®n siempre fue buena y la imagen mental parec¨ªa satisfactoria, solo faltaba probarla. As¨ª que imagin¨® un papel con la frase ¡°creo que ya lo logr¨¦, ?Puedes escucharme?¡± y lo puso dentro del recept¨¢culo a trav¨¦s de la abertura. - ?En serio? Pues prob¨¦moslo -la mujer saca un peque?o libro y una rama que termina en una punta de cristal azul, ella garabatea sobre el papel, el cristal brilla en un tono azulado y l¨ªneas aparecen de la nada dibujando un dos que muestra a John mientras dice- ?Qu¨¦ n¨²mero est¨¢ escrito? pi¨¦nsalo, no lo compartas. El hombre ve el n¨²mero y esta vez lo piensa sin ponerlo en el papel, despu¨¦s de unos segundos de silencio la mujer baja el cuaderno y lo felicita al mismo tiempo que bromea-Muy bien, ahora podr¨¢s insultarme sin que me d¨¦ cuenta. Acostumbrado a este tipo de din¨¢micas por su relaci¨®n con Oliver John, sonr¨ªe con una sonrisa dientuda y, usando el truco que le acaban de ense?ar, consulta -Ahora que resolvimos este problema comunicacional, ?puedes explicarme qui¨¦nes son? -Depende de a qu¨¦ te refieras con eso, si te refieres a que somos en cuanto a nuestro grupo primero tengo que explicarte un poco sobre la distribuci¨®n de poder en la ciudad, si en cambio te refieres a que somos en el sentido de nuestra naturaleza como arcanistas, pues eso es un tema mucho m¨¢s largo-dice Mouse mientras toma un pedazo de tiza y us¨¢ndolo para apuntar a John, ella pregunta- ?Cu¨¢l te interesa m¨¢s? El primer t¨®pico le llama bastante la atenci¨®n, ahora que su d¨ªa a d¨ªa cambi¨® de manera tan abrupta, debe volver a aprender las reglas sociales requeridas para vivir en su nueva realidad. Saber qui¨¦n tiene la autoridad sobre la ciudad ser¨ªa un buen inicio, as¨ª que despu¨¦s de unos segundos responde -Me gustar¨ªa empezar con un tema un poco m¨¢s sencillo, as¨ª que aprender sobre las principales instituciones de la ciudad estar¨ªa bien. Mouse, asiente y d¨¢ndose vuelta, empieza a dibujar varios c¨ªrculos. A la derecha, un gran c¨ªrculo ocupa la mitad del pizarr¨®n, dentro de este est¨¢ escrito ¡°Buro federal para la investigaci¨®n de lo arcano¡± (tambi¨¦n conocido por sus siglas FBAI o com¨²nmente entre los arcanistas como El Buro), a la izquierda, cubriendo la otra mitad, hay 7 c¨ªrculos que forman uno m¨¢s grande. Cada uno posee un apellido que John reconoce como varias familias influyentes de la ciudad de Hope, sobre estas se encuentra el t¨ªtulo ¡°Las casas de Hope (tambi¨¦n conocidas como las familias)¡±. Entre el espacio que ambos c¨ªrculos grandes dejaban, la mujer hace varios c¨ªrculos de distintos tama?os, llenando as¨ª toda la pizarra. -La ciudad de Hope est¨¢ dividida en 2 grandes facciones: Las Casas de Hope o Las Familias y el Buro federal para la investigaci¨®n de lo arcano, llamado coloquialmente como El Buro. Uno formado por familias influyentes en el lado arcano de Estados Unidos y el otro por aquellos Arcanistas bajo el mandato del Gobierno estadounidense. Si bien en teor¨ªa ambos grupos est¨¢n enfrentados desde las guerras revolucionarias, hoy en d¨ªa hay una tregua t¨¢cita entre ellos a ra¨ªz de lo que pas¨® en la Segunda Guerra Mundial- la mujer pausa para tomar aire y con la tiza apunta a uno de los c¨ªrculos m¨¢s peque?os mientras agrega- En cuanto a nosotros, nos encontramos aqu¨ª, en el medio de estos dos grandes centros de poder, somos arcanistas libres, personas que no doblan la rodilla ante la opresi¨®n del gobierno ni se vuelven peones en los esquemas de las familias-Mouse saca el pecho llena de orgullo al decir estas palabras. John escucha atentamente, tratando de absorber toda la informaci¨®n posible. La noci¨®n de que el gobierno no solo sab¨ªa de esto, sino que ten¨ªa toda una organizaci¨®n gubernamental para intentar controlarlo lo sorprendi¨® en un principio, pero pens¨¢ndolo por unos segundos tiene mucho sentido. Si lo que vivi¨® hasta ahora ten¨ªa que ver con los arcanistas, puede entender c¨®mo el gobierno no puede dejarlo solo para que hagan desastres. Antes de que la mujer contin¨²e con su explicaci¨®n, John intercede con una pregunta -Entonces, ?son como mercenarios o un grupo paramilitar? Ante la duda, Mouse se aclara la garganta y responde -Bueno, un poco s¨ª, pero desde mi punto de vista somos m¨¢s un grupo de personas que se juntan para sobrevivir en este extra?o mundo y mientras lo hacemos aprendemos c¨®mo realmente funciona la realidad. -Como si fuera un grupo de estudio-coment¨® el hombre, esperando que su comparaci¨®n no sea tan descabellada. -Exactamente, aprendemos c¨®mo funciona, as¨ª sabemos c¨®mo usarlo y si sabemos c¨®mo usarlo sabemos c¨®mo defendernos contra eso- agrega la mujer entusiasmada. -Bien, entonces dijiste que las Familias y el Buro est¨¢n en un impasse, ?verdad? Eso quiere decir que son lo suficientemente imprudentes como para pararse en contra del gobierno y lo suficientemente fuertes como para evitar ser borrados del mapa, entonces ?por qu¨¦ no escuch¨¦ nunca de la existencia de todo esto en todos los a?os que vivo en Hope? -cuestiona John ladeando la cabeza. -En realidad lo hiciste, pero gracias a la incre¨ªble habilidad del Buro para ofuscar la informaci¨®n y la cantidad de recursos que tiene hacen que toda informaci¨®n sobre sucesos m¨¢gicos no vea la luz. Su propaganda es incre¨ªblemente efectiva incluso hoy en d¨ªa con la internet . La mujer pausa por unos pocos segundos y agrega-Dir¨ªa que es mucho m¨¢s f¨¢cil, en vez de ocultar la informaci¨®n, te inunda con cosas irrelevantes hasta que ya no puedes distinguir entre la mentira y la realidad. The author''s narrative has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. -?Pero por qu¨¦ hacen eso? ?No ser¨ªa mejor distribuir la informaci¨®n para que la gente pueda estar preparada en caso de que se encuentren de golpe con alguna situaci¨®n arcana? -cuestiona el hombre confundido y algo enojado. Si hubiera sabido lo m¨¢s m¨ªnimo sobre esto, no hubiera continuado con la disecci¨®n y, por ende, ¨¦l y Oliver no estar¨ªan en esta situaci¨®n. Cuando piensa en ¨¦l, el dolor en la boca del est¨®mago vuelve con fuerza, haciendo que cierre los ojos fuertemente. Ante la expresi¨®n, Mouse, preocupada,pregunta -Se?or Dole, ?se siente bien? ?Quiere tomar un descanso? De seguro ya est¨¢ llegando ¨¢gata con el t¨¦. -No, estoy bien, solo pensando en cosas in¨²tiles, por favor sigamos hasta que llegue el t¨¦-contesta el hombre rechazando la preocupaci¨®n de la mujer con la esperanza de que si se concentra en la clase el dolor que siente se termine por ir. -Ok, contestando tu pregunta, el buro tiene la esperanza de que si tacha lo arcano de folklore y charlataner¨ªa pueda reducir la ya limitada expansi¨®n de los arcanistas en suelo estadounidense-contesta la mujer haciendo su mejor esfuerzo para obviar lo que acaba de ver. - ?Ya limitada? ?A qu¨¦ te refieres con eso? -interroga otra vez John, no entendiendo c¨®mo un grupo que puede ir codo a codo con una de las fuerzas militares m¨¢s grandes del planeta pudiera tener un problema para expandir su influencia en un principio. -Ha, eso nos lleva al siguiente t¨®pico sobre cu¨¢l es la naturaleza del arcanista-responde la mujer mientras borra el pizarr¨®n y escribe en letras grandes ¡°ARCANISTA¡± en el medio de este -no toda persona puede ser un arcanista, se necesita un tipo de gen solamente encontrado en 10% de la poblaci¨®n, haciendo que el n¨²mero de personas que manifiestan mutaciones estables ante los distintos tipos de radiaci¨®n c¨®smica sea bastante bajo, si a eso le sumamos que no solo tienes que tener el gen sino tambi¨¦n estar expuesto a una de las radiaciones con la suficiente intensidad para activarlo pero no tan fuerte como para desatar una mutaci¨®n en cadena- La mujer pausa y se da vuelta para agregar -Por ¨²ltimo, a?¨¢dele que una organizaci¨®n gubernamental quiera suprimir tu existencia a cada paso y tiene sentido que los arcanistas no controlen el mundo, ?no? -S¨ª, pero para qu¨¦ me perd¨ª, ?Mutaciones estables? ?En cadena? ?Radiaciones c¨®smicas? Lo de los genes lo entiendo y asumo que a pesar de mi entrenamiento como m¨¦dico nunca escuch¨¦ sobre esto gracias al Buro, pero lo dem¨¢s no lo entiendo -dice el hombre claramente confundido. -Bueno, vamos una a una, empezando por las radiaciones c¨®smicas que son la base de todo esto, asumo que sabes la definici¨®n de radiaci¨®n y los tipos, bueno a los que conoces s¨²male 15 m¨¢s, estas son llamadas ondas SILRR (Strong Intensity Long Range Radiation) radiaciones que provienen de las afueras del universo conocido y tienen la capacidad de cambiar la realidad en un espacio limitado, cada una afecta el mundo que nos rodea de manera diferente dejando su marca por los lugares que pasan y las personas que tocan. - ?Eso era a lo que se refer¨ªa Evergreen cuando dec¨ªa bendecido? ?La marca de estas energ¨ªas? -Pregunta John, empezando a entender. -S¨ª, Evergreen tiene una concepci¨®n m¨¢s teol¨®gica del asunto, asumiendo que estas energ¨ªas tienen una especie de voluntad y nos utilizan como sus avatares o algo por el estilo-Mouse se encoge de hombros antes de agregar-Si bien creo que esas concepciones son patra?as, no la culpo por entenderlo as¨ª, despu¨¦s de todo su forma de verlo era la que imperaba desde el neol¨ªtico, pero con los avances realizados a trav¨¦s del Renacimiento y la Revoluci¨®n Industrial pudimos entender estos fen¨®menos naturales como lo que son, por ende estas radiaciones no tienen m¨¢s voluntad que un volc¨¢n o un tornado y si tenemos en cuenta lo que pueden hacer deber¨ªamos estar agradecidos de que as¨ª sea. -Entonces, estas radiaciones que vienen de un lugar desconocido, llegan a la tierra y transforman a la gente, ah¨ª entra el concepto de mutaci¨®n estable y en cadena-afirma el hombre esperando que su maestra le d¨¦ la raz¨®n. -Efectivamente- Concuerda Mouse y d¨¢ndose vuelta mientras escribe en la pizarra explica-en un principio estas radiaciones cubren completamente el planeta, pero est¨¢n distribuidas tan finamente que no produce ning¨²n efecto, hay lugares en donde algunas radiaciones se concentran aferr¨¢ndose a ciertos materiales, por ejemplo, SILRR-1 es atra¨ªda por grandes cantidades de sangre fresca mientras que SILRR-4 es atra¨ªda por un tipo de resina generada por una especie de ¨¢rbol casi extinta. No sabemos exactamente el porqu¨¦ de esto, se asume que es debido a la capacidad de estos materiales de absorber estas particulares energ¨ªas de manera eficiente. Cuando se juntan cantidades suficientes de un tipo, se crea una zona FRZ (fluctuating reality zone) en donde la realidad cambia de manera gradual hasta volverse una retorcida reflexi¨®n de su antigua forma. Es en estos lugares donde las radiaciones son lo suficientemente fuertes como para alterar a cualquier creatura biol¨®gica. - ?Cualquier creatura biol¨®gica? ¨C interrumpe el hombre. -S¨ª. Cualquier creatura que tenga ADN puede ser afectado por estas radiaciones y dependiendo de cuales algunas cosas sin el tambi¨¦n-Responde la mujer de manera misteriosa y sin esperar a otra pregunta contin¨²a- Si el individuo presenta el gen M461 hay una alta probabilidad de que se produzca una mutaci¨®n estable de lo contrario se produce una mutaci¨®n en cadena mutando a la creatura de manera r¨¢pida, los cambios var¨ªan seg¨²n la radiaci¨®n pero casi todos los que sucumben a los efectos de estas terminan por perder su racionalidad volvi¨¦ndose extremadamente agresivas, estas nuevas entidades mutadas est¨¢n divididos en 3 esquirlas, fragmentos y avatares que a su vez se dividen en m¨¢s subsecciones, estas ahora son un foco de radiaci¨®n lo que les permite alterar la realidad en una forma limitada e irradiar a las personas cercanas expandi¨¦ndose casi como una infecci¨®n. -Wow, suena bastante serio, ?qu¨¦ pasa con aquellos que tienen mutaciones estables, se vuelven inmunes o algo as¨ª? -cuestiona John, sorprendido por la revelaci¨®n. Ante la pregunta, la mujer se da vuelta y, mir¨¢ndolo, contesta -No, a pesar de que aquellos que desarrollaron mutaciones estables son m¨¢s resistentes a las radiaciones, no los hace inmune. Si absorben demasiado de cualquiera de estas, pueden terminar sucumbiendo a una mutaci¨®n en cadena como cualquier otro, en el caso de los arcanistas, pueden generar una esquirla de alto nivel o incluso un fragmento. Si est¨¢s interesado en este tema, te puedo recomendar el libro escrito por el doctor Humberford, experto en el tema -Ofrece la mujer mientras saca un peque?o cuaderno de su pantal¨®n y anota algo en ¨¦l. -Hermana Mouse, si una persona est¨¢ cerca de romperse, ?significa que ya se trasform¨® en una esquirla? Y si la respuesta es s¨ª, ?hay alguna forma de revertir el proceso? -pregunta John intentando parecer menos preocupado de lo que realmente est¨¢. La mujer mira al hombre con una mirada llena de l¨¢stima y despu¨¦s de un largo suspiro contesta -Si est¨¢s preguntando por tu amigo, la respuesta es un no, no es una esquirla, pero est¨¢ bastante cerca de pasar el punto de no retorno y lamentablemente no sabemos de ning¨²n modo de quitar la radiaci¨®n acumulada en una persona- ella se detiene al ver c¨®mo el color se drena de la cara de John y para subirle el ¨¢nimo r¨¢pidamente agrega-pero eso no quiere decir que no exista una forma de hacerlo, hay casos documentados en antiguos textos sobre personas muy cerca de experimentar una mutaci¨®n en cadena que, de alguna forma, lograron bajar sus niveles de radiaci¨®n. -?De alguna forma? As¨ª que no tenemos idea de c¨®mo hacerlo -dice John descorazonado, la esperanza de salvar a Oliver siendo aplastada por los hechos. Viendo c¨®mo su intento de animar al hombre fall¨® estrepitosamente, la mujer redobla sus esfuerzos y con un tono serio dice ¡ª La verdad es esa, no sabemos, pero eso no quiere decir que no podamos saber. Esta biblioteca tiene informaci¨®n de todo el mundo e incluso de algunos otros, as¨ª que la respuesta est¨¢ literalmente ah¨ª, fuera solo hay que encontrarla. ¨¦l mira a Mouse y asiente, el simple hecho de que trate de animarlo ya lo ayuda bastante, adem¨¢s, la mujer est¨¢ en lo cierto, puede que lleve un tiempo, esta biblioteca es grande y m¨¢s a¨²n lo es el mundo, pero con esfuerzo y dedicaci¨®n est¨¢ seguro de que podr¨¢ encontrar la forma de ayudar a Oliver. Despu¨¦s de unos segundos de silencio, la bibliotecaria dice -Bueno, continuemos, a¨²n queda por discutir el tema de los supresores, ?verdad? Con nuevas ganas, John hace resonar un fuerte SI en la mente de la mujer, pero antes de que pudieran empezar, la puerta se abre y ¨¢gata entra con un carrito con un juego de t¨¦, 2 teteras y 2 copas. - ?Les apetece tomar un descanso con una taza de t¨¦? -ofrece la asistente mientras levanta una de las teteras y sonr¨ªe de oreja a oreja. -?Te parece hacer un corte?- pregunta Mouse a su estudiante. -S¨ª, me vendr¨ªa bien- responde John mientras se levanta para ayudar a traer las cosas sobre la mesa. Una vez servido, ¨¢gata se retira y los deja a ambos disfrutar de un merecido descanso. Cap铆tulo 9: Sue?os fragmentados Mouse se sienta en una silla, toma una de las copas con ambas manos, se la lleva a la nariz y, mientras cierra los ojos, inhala profundamente la refrescante fragancia a menta que disfruta por unos instantes antes de dar un sorbo a la infusi¨®n y luego, cuando sus labios se desprenden de la taza, suelta un ligero suspiro. John la mira mientras ¨¦l tambi¨¦n toma de su propio pocillo, a pesar del calor el caliente l¨ªquido es bien recibido por el hombre ya que calma su agitada mente permiti¨¦ndole concentrarse y compartimentar la nueva informaci¨®n que acaba de recibir. Es incre¨ªble como la idea de que todo lo que vivi¨® hasta ahora, no solo lo ocurrido estas ¨²ltimas semanas, sino tambi¨¦n aquellos sucesos de su juventud, sean algo real, explicable en una forma que tiene sentido. El sentimiento de vindicaci¨®n que siente en este momento es templado por un profundo miedo que se hace m¨¢s presente a medida que aprende m¨¢s sobre lo aterrador que puede ser el nuevo mundo que lo rodea. Su lado racional corre intentando arrear sus neuronas hacia pensamientos m¨¢s productivos, pero a pesar de todos sus esfuerzos, la tarea parece casi imposible. Como ¨²ltima opci¨®n, hace que el hombre se distraiga con una conversaci¨®n m¨¢s mundana, dirigiendo su atenci¨®n hacia la mujer. - ?Qu¨¦ est¨¢s tomando? -pregunta John apoyando la copa en el peque?o plato de porcelana. -T¨¦ de menta, me ayuda a relajarme y es bastante refrescante- contesta Mouse y levantando su taza agrega-Como puedes intuir, no se puede colocar un aire acondicionado aqu¨ª, as¨ª que esto es lo segundo mejor-despu¨¦s de tomar otro sorbo la mujer interroga- ?Y usted se?or Dole es fan del t¨¦? -No mucho, me cost¨® bastante ajustarme a esto de tomar t¨¦, si no fuera por mi vecina que de vez en cuando viene a invitarme a la hora del t¨¦, seguir¨ªa solo tomando caf¨¦-responde el hombre pensando en la se?ora Brins, pregunt¨¢ndose si estar¨¢ preocupada por ¨¦l. -En mi casa todos los d¨ªas a las cuatro de la tarde deb¨ªamos dejar lo que estuvi¨¦ramos haciendo e ir a tomar el t¨¦ en familia a insistencia de mi madre-Mouse pausa recordando algo y mientras sonr¨ªe tristemente agrega- no tienes idea de c¨®mo lo odiaba en ese momento, no hab¨ªa nada peor que estar en la parte m¨¢s emocionante o interesante de un libro y escuchar el golpe en la puerta acompa?ado de ¡°hora del t¨¦¡±, te lo juro, para colmo no es como que pudieras faltar-la mujer r¨ªe por unos instantes y por ¨²ltimo, antes de perderse en las memorias del pasado dice- hoy en d¨ªa lo extra?o un poco. - ?Eres de por aqu¨ª? - Pregunta John tratando de cambiar el tema para devolver a la mujer al presente. -S¨ª, mis abuelos vinieron del viejo mundo y se instalaron en Hope despu¨¦s de la guerra. Cuando las cosas se calmaron un poco entre los arcanistas y el gobierno, el gen se salt¨® una generaci¨®n y aqu¨ª me ves, en todo mi esplendor¡ªcontesta la mujer con una sonrisa, para luego preguntar¡ª?Y t¨²? -No nac¨ª en la ciudad, pero hace 12 a?os que vivo aqu¨ª, as¨ª que es casi como si lo hubiera hecho-contesta el hombre mintiendo, ¨¦l nunca se sinti¨® parte de la ciudad y estaba seguro de que la ciudad sent¨ªa lo mismo, pero para ocultar este hecho r¨¢pidamente agrega- Nac¨ª en el pueblito rural de Wichatova¡­ - ?Wichatova? ?En d¨®nde est¨¢ el parque nacional? - Interrumpe Mouse antes de tomar un poco m¨¢s de su infusi¨®n. -Exactamente, es una localidad pintoresca, rodeada de naturaleza y buena gente- contesta John, siendo ahora ¨¦l el que se pierde en sus recuerdos. -Suena como un lugar bastante bonito ?Por qu¨¦ decidiste venir a la ciudad? ?Mejores oportunidades? ?La admiraci¨®n que provocan las luces de la ciudad? ?O quiz¨¢s alg¨²n amor no correspondido? ¡ª Pregunta intrigada la mujer. Ante la duda de su maestra, el hombre se lleva la copa a la boca, intentando ganar tiempo mientras busca las palabras adecuadas para explicar su situaci¨®n. -Perd¨®n si fui muy intrusiva con mi pregunta, se?or Dole, todos tenemos nuestros problemas personales, si no se siente c¨®modo comparti¨¦ndolos no tiene que hacerlo-comenta la mujer disipando el silencio inc¨®modo que se hab¨ªa creado entre ellos. -No tiene que disculparse, hermana Mouse, es una pregunta completamente normal, para nada intrusiva-asegura el hombre para despu¨¦s agregar-Digamos que vine a la ciudad para poder tener un nuevo inicio, lejos de ciertos temas y personas. Mouse asiente todav¨ªa curiosa sobre el tema, pero entendiendo que es un asunto inc¨®modo para ¨¦l, decide guardarse su curiosidad y, despu¨¦s de terminar su t¨¦, continuar con la clase. -Bien, quer¨ªas saber algo sobre los supresores, ?verdad? -pregunta la mujer mientras deja la copa a un lado y se para. -S¨ª, ?qu¨¦ son? ?Qu¨¦ hacen? Y ?por qu¨¦ me lo recetar¨ªan? - Responde el hombre mientras se sirve otra copa de t¨¦. -Bien, los supresores son un producto que sale del procesamiento de las flores del ¨¢rbol Gerrmanicoles Puncaria, tambi¨¦n conocido como Barunti, es un ¨¢rbol que crece en los climas fr¨ªos de la tundra siberiana y tiene la incre¨ªble capacidad de bloquear diferentes tipos de radiaci¨®n, ejemplos de su uso se pueden ver en la madera usada como parte del sarc¨®fago puesto en la planta nuclear de Chern¨®bil o como sus hojas son usadas como aislante extremadamente efectivo contra el fuego- Mouse explica mientras dibuja la silueta de un ¨¢rbol en el pizarr¨®n y dando se vuelta para mirar a su disc¨ªpulo agrega -Sus flores al ser consumidas tienen la habilidad de evitar que los arcanistas liberen radiaci¨®n hacia el exterior, tambi¨¦n evitan que la radiaci¨®n del exterior entre en ellos, dependiendo de la dosis esto puede significar la total anulaci¨®n de los poderes para alterar la realidad que poseen, pero un consumo tan elevado de la sustancia est¨¢ destinado a dejar secuelas. -Para, entonces¡­- Al escuchar lo que dice la mujer, el color se desvanece de la cara de John, dej¨¢ndolo p¨¢lido, no pudiendo creer lo que le dice la mujer. A pesar de que si lo mira de manera objetiva es obvio, todav¨ªa le cuesta aceptar la noci¨®n de que no solo no es una persona normal, sino que no lo es desde hace mucho tiempo. -S¨ª, se?or Dole, usted es uno de nosotros, por lo que me contaron desde hace bastante-confirma Mouse mirando fijamente al hombre. -Entonces, la apat¨ªa y la insociabilidad ?Son todos s¨ªntomas del uso excesivo de supresores? -Pregunta el hombre mientras siente c¨®mo el calor de la ira se eleva hacia su rostro devolvi¨¦ndole el color. If you encounter this narrative on Amazon, note that it''s taken without the author''s consent. Report it. -S¨ª, una sobredosis de supresores afecta la qu¨ªmica cerebral creando episodios de todo lo que acaba de comentar y m¨¢s- responde la mujer mientras asiente. -?Pero, por qu¨¦? ?Qu¨¦ necesidad hay de hacerme pasar por eso? -dice el hombre golpeando la mesa, la ira que sent¨ªa escapando en un exabrupto que resuena por la silenciosa librer¨ªa. Mouse calmadamente mira a John y con una voz suave intenta calmar al hombre-Se?or Dole, entiendo c¨®mo se siente, concuerdo con la idea de que los supresores solo deben darse a personas que entiendan los riesgos, pero ser¨ªa una ilusa si no entendiera el motivo por el que alguien hiciera esto. -No lo entiendes, todos estos a?os de sentirme ap¨¢tico, este vac¨ªo que nada pod¨ªa llenar y la idea de que todo era mi culpa- el hombre pausa, el enojo disolvi¨¦ndose en una profunda tristeza que se decanta en los bordes de sus ojos, llev¨¢ndose la mano a la frente mientras trata de contener las l¨¢grimas ¨¦l se retrae dentro de su mente mientras mira fijamente una esquina de la habitaci¨®n. Mouse va alrededor de la mesa, toma una silla, se sienta alado de John y mientras toma su mano dice- Si, no entiendo, pero lo que s¨¦, seg¨²n lo que me dijo Evergreen, es que la dosis que te dieron es suficiente como para suprimir a un poderoso arcanista, ser uno de nosotros es peligroso y tal vez la persona que te lo dio ten¨ªa miedo de lo que tu mutaci¨®n podr¨ªa hacerle a los dem¨¢s o de lo que pudiera hacerte a ti. Las palabras atraviesan el denso estupor del hombre y, mirando a la mujer con ojos vidriosos, se disculpa - Lamento la reacci¨®n hermana Mouse, ¨²ltimamente me est¨¢ costando controlar mis emociones. -No te preocupes, eso tambi¨¦n es una consecuencia de bajar la dosis de los supresores, vas a empezar a sentir m¨¢s, cuando esos momentos lleguen, no los reprimas, d¨¦jalos fluir-asegura la mujer mientras saca un pa?uelo y se lo da. Agradecido por el pa?uelo y las palabras de aliento, John agradece a su maestra y, mientras se limpia las l¨¢grimas, pregunta -Si esto me pasa solo con bajar la dosis, ?qu¨¦ suceder¨¢ si ya no los tomo? -Pues los arrebatos emocionales van a ser peores por un tiempo, pi¨¦nsalo como si un dique se rompiera. Pero al final, con tiempo y pr¨¢ctica, se van a estabilizar -Responde la mujer mientras mira su reloj y despu¨¦s de chequearlo agrega- Sea como sea, es tu decisi¨®n, puedes ser una persona com¨²n que de vez en cuando tiene cambios bruscos de humor o puedes ser un arcanista con todo el riesgo que conlleva. De todas maneras, esa es una conversaci¨®n que tienes que tener con Evergreen, ?ok? El hombre asiente y se para mientras dice - Creo que tengo suficiente informaci¨®n por ahora, gracias por responder mis dudas. hermana Mouse. -De nada, se?or Dole, cualquier consulta que tenga, sabe d¨®nde encontrarme-dice la mujer mientras se dirige a la puerta y la abre. Ambos vuelven por los pasillos por donde entraron, despu¨¦s de despedirse de ¨¢gata y Mouse. John sale de la biblioteca, un cielo te?ido de naranja lo saluda haci¨¦ndole saber que la noche se acerca. Exhausto, se dirige hacia su cuarto y se desploma en la cama. Su mente trata de organizar la informaci¨®n que acaba de aprender, pero no logra avanzar mucho antes de que el sue?o se manifieste y la obligue a descansar. En la tranquilidad del sue?o, una voz familiar lo llama. En un principio es dif¨ªcil distinguir qu¨¦ dice, pareciera que intentara hablar a trav¨¦s de la est¨¢tica de la radio, pero poco a poco se hace m¨¢s clara -?John, despierta!- La voz resuena alrededor de ¨¦l junto a un temblor que lo hace despertar de golpe. Al abrir los ojos ve el interior de una caba?a, latas de cervezas, un par de colillas de cigarrillo colocadas en un cenicero y varias bolsas de papa se encontraban regadas encima de una mesa ratonera y sus alrededores. El ambiente placentero de la noche de verano inundaba el aire junto con el sonido de la m¨²sica transmitida de un peque?o parlante que se colaba por la puerta abierta de par en par. A medida que la bruma mental empieza a disiparse, John mira en direcci¨®n de donde viene la voz que lo despert¨®. La figura de una mujer joven de pelo marr¨®n y enrulado lo mira con una expresi¨®n de preocupaci¨®n. -Arriba, ya casi son las doce de la noche, ?te vas a perder tu cumplea?os? -pregunta la mujer mientras lo toma del brazo. -Bueno, bueno, tranquila, creo que se me durmi¨® la pierna- Responde mientras trata de no perder el balance. -Te dije que era de la buena- Una voz masculina intercede entre ellos, la figura de un adulto joven de pelo negro y lacio aparece buscando una bolsa de papas que pasa a consumir y con la boca medio llena agrega-Lo bueno del cultivo casero. -No queremos saber nada sobre tus asuntos ilegales. Mich, solo trae las bolsas, Murphy est¨¢ cuidando solo la hoguera - Otro joven de pelo rubio y vestido con una campera de jean aparece llevando varias botellas sin marcar. -No me jodas, Edwin, como si hacer cerveza en el s¨®tano de tu casa fuera tan legal-retruca Michel escupiendo una lluvia de migajas. Edwin se prepara para responder, pero una voz desde afuera le quita la oportunidad. - ?Ya tienen todo? vengan, que casi es la hora - Murphy grita desde la fogata apurando a sus amigos. Ambos j¨®venes se apuran a salir por la puerta, seguidos de Rachel que arrastra a John desde la mu?eca, este dej¨¢ndose llevar por la mujer sin mucha resistencia. Al salir afuera, el grupo encuentra una gran fogata rodeada de troncos y sillas; la figura pelirroja de Murphy se hallaba sentada enfrente de una mesa a un costado. ¨¦l estaba poniendo salchichas o malvaviscos en la punta de ramas para asarlos despu¨¦s en el fuego mientras cantaba junto a la m¨²sica de fondo. Apenas ve a sus amigos llegar dirigi¨¦ndose a Edwin, dice -Ed p¨¢same una y ven a buscar un pincho, casi est¨¢n todos listos. El joven le pasa una botella y deja el resto sobre la mesa, luego procede a tomar uno de los palos y sentarse en un tronco a cocinar. Michel y Rachel hacen lo mismo, dejando a John y a Murphy cara a cara. -Hey, ?c¨®mo te sientes? -pregunta el hombre pelirrojo mientras le pasa una botella a su amigo. -Bien, solo estaba descansando, se ve que me pego mal la hierba-dice John mientras le da un sorbo a la bebida que le acaban de dar. -S¨ª, te lo digo. Mich no sabr¨¢ hacer mucho, pero tiene unos dedos particularmente verdes - bromea Murphy mientras termina de insertar el ¨²ltimo malvavisco. - ?Saben que puedo escucharlos, verdad? - pregunta ir¨®nicamente el joven, no sabiendo si sentirse alagado o insultado. -Vamos, hombre, que es un alago- responde el pelirrojo mientras se acerca a la hoguera y se sienta al lado de Rachel. John lo acompa?a y se coloca a su lado mientras coloca su palo en el fuego, y se queda en silencio mientras sus amigos hablan entre ellos y cantan al son de la m¨²sica. Algo no estaba bien, un sentimiento dif¨ªcil de describir le estaba perforando la boca del est¨®mago y le hac¨ªa fruncir el ce?o. - ?Qu¨¦ pasa, John? ?No te sientes bien? -pregunta Rachel, siendo la primera en percatarse de la expresi¨®n del hombre. -No, es solo que tengo un sentimiento raro-responde John agarr¨¢ndose la boca del est¨®mago. -Est¨¢s nervioso porque vas a ser un adulto, qu¨¦date tranquilo, no es para tanto, cr¨¦eme, s¨¦ de lo que hablo-presume Michel. -No seas pendejo, Mich, si le llevas solo dos meses a John- responde Edwin mientras le da un golpe ligero en la parte de atr¨¢s de la cabeza. -Pueden dejar de pelear ustedes dos-rega?a Rachel al d¨²o mientras mira preocupada a John. Murphy pone suavemente su mano en el hombro de su amigo y, lleno de preocupaci¨®n por lo que pas¨® m¨¢s temprano ese d¨ªa, dice -H¨¢blanos, bro, describe c¨®mo te sientes. John mira para arriba, las estrellas brillan como cientos de luci¨¦rnagas en el cielo nocturno. -No s¨¦, siento como¡­- Los puntos luminosos empiezan a girar hasta deformarse en manchones de blanco. El joven baja la cabeza y, mirando a sus amigos, dice-¡­si estuvi¨¦ramos en peligro. - ?Dios m¨ªo! - exclama Rachel, su rostro tomando una expresi¨®n de horror igual a la del resto. -Mierda, bro, est¨¢s sangrando otra vez- deja escapar Murphy mientras toma a su amigo, evitando as¨ª que caiga hacia la fogata. - ??Otra vez!?- cuestiona la mujer en un tono claramente ofendido. John est¨¢ sorprendido por la reacci¨®n de sus amigos, pero entiende por qu¨¦ apenas mira hacia abajo y unas gotas rojas manchan su pantal¨®n. Cuando intenta levantar la vista, puede apreciar c¨®mo su visi¨®n se hace borrosa y, a pesar de que puede ver los labios de Murphy moverse, su voz se escucha lejana. Intenta levantarse, pero sus piernas fallan y cae encima de su amigo para luego, lentamente, perder el conocimiento. Cap铆tulo 10: Decisiones El ambiente fr¨ªo de la ma?ana despierta a John. El sue?o de la noche anterior, que lentamente se empieza a disolver en el olvido, lo deja petrificado mirando el techo, pregunt¨¢ndose si el resurgimiento de recuerdos enterrados es debido al cambio en la dosis de los supresores. Despu¨¦s de unos segundos tirado en la cama, decide levantarse y, buscando en el armario un conjunto de ropa y una toalla, arrastra su cuerpo hacia el ba?o con la intenci¨®n de darse una ducha. Cuando sale al pasillo puede apreciar lo temprano que es debido al hecho de que no hay nadie cuando por lo general siempre ve algunas personas ir y venir ya sea de sus habitaciones o al ba?o. Esperando no interrumpir el descanso de los dem¨¢s, camina lo m¨¢s silenciosamente que puede y entra al aseo. Pasando los estales entra al vestidor y despu¨¦s de desvestirse se mete dentro de una de las duchas. El agua caliente termina de despertarlo, llev¨¢ndose con ella las ¨²ltimas memorias del sue?o, dejando un sentimiento amargo que le apretaba la boca del est¨®mago. Haciendo su mejor esfuerzo, John intenta suprimirlo, pero recordando las palabras de Mouse, se detiene dej¨¢ndolo fluir. Se siente horrible, como si alguien le estrujara el est¨®mago con un pu?o invisible, el dolor se vuelve tan fuerte que tiene que apoyar la cabeza contra la pared para evitar caerse. A medida que pasan los minutos, el sentimiento empieza a aumentar hasta el punto de que l¨¢grimas se empiezan a formar en sus ojos y caen al piso de la ducha. Cuando ya pasaron unos minutos, el malestar se va deshaciendo, el pu?o invisible decide soltar las entra?as de John y este se siente mucho m¨¢s ligero que antes, como si un poco del peso que tiene en sus hombros se hubiera desvanecido. Al salir de la ducha se encuentra de frente con otro hombre, de hombros anchos, piel p¨¢lida y pelo negro. La figura se encontraba solamente con una toalla en la cintura, mostrando su tonificado cuerpo adornado con un sinf¨ªn de cicatrices, una de las cuales marcaban de manera vertical su ojo derecho. -Buen d¨ªa-saluda John mientras procede a cambiarse. El otro hombre asiente y procede a hacer lo mismo, coloc¨¢ndose una remera negra, unos pantalones de cargo y una funda ubicada debajo del brazo que pasa a rellenar con una pistola negra que tapa con una campera de cuero. John no dice nada al respecto y solo mira de reojo de vez en cuando, esperando a que el hombre salga del lugar para que, despu¨¦s de unos segundos, ¨¦l tambi¨¦n pueda hacerlo. Despu¨¦s de dejar su toalla en su cuarto, el hombre baja las escaleras y se dirige al comedor. A medida que camina por el pasillo de piedra del patio interno, puede notar que el sol apenas empieza a salir y un par de personas empiezan a entrar por la gran puerta de madera ubicada en el otro lado del lugar. John asume que es la puerta de entrada y en ese momento un pensamiento intrusivo se hace presente. ?Qu¨¦ tal si solo siguiera caminando? Podr¨ªa desvincularse de todo esto, podr¨ªa volver a su vida normal sin el peligro, los sentimientos extra?os ni los dolorosos recuerdos del pasado, pero a medida que se acerca a la puerta, el pensamiento es enterrado por la realidad que lo rodea y los conocimientos que adquiri¨® hasta ahora, adem¨¢s, ?qu¨¦ tiene afuera? ?Amigos? ?Familia? No, es por eso que cuando llega a la encrucijada que lleva hacia el exterior, ¨¦l le da la espalda y se dirige al comedor a desayunar. El olor a caf¨¦ reci¨¦n hecho y tocino es lo primero que percibe al entrar. Una mesa con varios contenedores de caf¨¦, sacos de t¨¦, agua caliente, platos con frutas, cestas de pan, varias mermeladas, mantecas y tazas se ve a su derecha. Unos pasos m¨¢s arriba, una corta fila de personas espera pacientemente para obtener algo de comer. John se acerca a la mesa y toma una taza que procede a llenar con el l¨ªquido negro, pero antes de que pudiera tomar un sorbo, una voz familiar se mete en su oreja izquierda haciendo que se frene y mire en esa direcci¨®n. -Buen d¨ªa, se?or Dole, qu¨¦ fr¨ªa ma?ana tenemos, ?no? - pregunta el hermano Narciso mientras se prepara una copa de t¨¦ negro. -S¨ª, parece que el oto?o se encuentra cerca- responde John siendo lo m¨¢s casual posible. Narciso lo mira de reojo con una mirada filosa que pone inc¨®modo al hombre y, luego de tomar un sorbo del caliente l¨ªquido, cuestiona- ?Puedo saber si ya tomaste una decisi¨®n? John no dice nada mientras su cerebro hace un ¨²ltimo repaso del conocimiento que tiene, sus objetivos y las opciones que le quedan. Despu¨¦s de unos pocos segundos de silencio, mirando a Narciso fijamente, contesta -S¨ª, quiero unirme a ustedes- las palabras se sienten pesadas en la lengua del hombre, tal vez un testamento de lo importante que era, por lo menos para ¨¦l, la decisi¨®n. -Aja- comenta el hombre en una manera neutral mientras contin¨²a tomando su caf¨¦. John sab¨ªa que no le ca¨ªa muy bien a Narciso, as¨ª que estaba preparado para recibir un gesto de odio o desprecio de su parte. Se hubiera sorprendido si el hombre reaccionaba con alegr¨ªa, pero la neutralidad de su actuar lo desconcertaba de sobremanera, haciendo que por un segundo se olvidara de con qui¨¦n est¨¢ hablando, lo que lo llev¨® a preguntar con incredulidad ¡ª ?Aja? No un ¡°est¨¢s seguro¡± u otra forma de desprecio, ni siquiera un poco de sorpresa. ?Por qu¨¦? -Mire, se?or Thompson, es dif¨ªcil mostrar emoci¨®n cuando reacciona exactamente como espero- responde Narciso mientras produce un sobre marr¨®n desde dentro de su campera. - ?Thompson? ?De qu¨¦ est¨¢s hablando? -Cuestiona John confundido mientras toma el sobre y lo abre. Dentro de este se encontraban varios documentos oficiales, desde carnet de conducir hasta actas de nacimiento, todos bajo el nombre de William Thompson pero portando su foto. -Seg¨²n el relato oficial, John Dole y Oliver Wild murieron debido a una explosi¨®n producida por qu¨ªmicos mal guardados. Si vas a salir ah¨ª afuera, necesitas una nueva identidad -aclara Narciso con un tono profesional y dejando la copa en la mesa agrega -Consid¨¦ralo un nuevo comienzo, borr¨®n y cuenta nueva, ahora puedes intentar ser lo que realmente quieras ser. El hombre observa al ex forense y puede apreciar c¨®mo no lo est¨¢ escuchando. Para sus adentros se cuestiona si fue muy brusco con la informaci¨®n, pero no teniendo m¨¢s tiempo que perder, dice en un tono firme - ?John! necesito que me escuches, hoy a las 11 de la ma?ana vas a ir a la sala de reuniones, es la primera puerta que ves a tu derecha al bajar de las escaleras, ah¨ª te voy a presentar a algunas personas que te van a ayudar a adaptarte, algunas las conoces, otras no. Narciso mira a John con una mirada intensa y enfatiza -11 de la ma?ana, sala de reuniones, ?estamos? Support creative writers by reading their stories on Royal Road, not stolen versions. John asiente sin decir nada, claramente aturdido por la revelaci¨®n, el primer pensamiento que se le cruza por la cabeza es c¨®mo se sentir¨¢ su madre, ?estar¨¢ triste de que ya no est¨¦ o aliviada de que le hayan sacado un peso de encima? No queriendo saber la respuesta, toma su caf¨¦ junto a un bollo de pan y avanza hacia una de las mesas donde se sienta a comer tratando de procesar la noticia de que, por lo menos para el gobierno, est¨¢ muerto. El hombre toma un sorbo de su bebida y le da un mordisco a su pan mientras mira al vac¨ªo pensando en el tema de su muerte. ¨¦l sabe que es una p¨¦rdida de tiempo, pero aun as¨ª no puede detener las ideas que llegan a su mente y se aferran a su sinapsis. Cuando estaba a punto de perder el control de su propia mente, una voz ligeramente conocida lo salv¨® a ¨²ltimo momento. -Buen d¨ªa, ?Te molesta si me siento?- Las palabras ven¨ªan de una mujer joven de pelo rojizo, cuerpo regordete y pecas cubri¨¦ndole la cara. El hombre la mira por unos segundos, d¨¢ndole tiempo a su mente a librarse de los pensamientos que la estorbaban y concentrarse en la reci¨¦n llegada. Puede notar que la mujer era la que le dio las indicaciones la tarde pasada. Cuando se da cuenta de esto, r¨¢pidamente responde: -No, para nada, por favor si¨¦ntate, soy John, por cierto, no llegu¨¦ a presentarme ayer. -No te preocupes, se te ve¨ªa bastante apurado, yo soy Abiga¨ªl, un placer conocerte, John -dice la mujer mientras extiende el brazo sobre la mesa esperando a que el hombre acepte su apret¨®n de manos. ¨¦l lo hace y despu¨¦s de que las introducciones son intercambiadas, ambos se sientan a disfrutar su desayuno. - ?Vas a comer solamente eso? -Pregunta la mujer mientras compara su plato lleno de tocino, huevo, tostadas, salchichas y frijoles con la magra comida enfrente del hombre. -S¨ª, no me levante con mucha hambre- respondi¨® el hombre algo avergonzado. -No eres de comer mucho en la ma?ana, lo entiendo, a m¨ª no me dejaban levantarme de la mesa a menos que me terminara todo el plato, se ve que el h¨¢bito se qued¨® conmigo- comenta Abiga¨ªl con una sonrisa y apuntando a John con un pedazo de tocino agrega - De todas maneras, est¨¢s haciendo bien, hermano Chef, me dijo que iba a hacer sus legendarias alb¨®ndigas para el almuerzo, el espacio extra te va a venir bien. John sonr¨ªe, agradecido por la distracci¨®n, y sigui¨¦ndole el juego a la mujer pregunta :-?Hermano Chef? Al parecer, nadie me lo present¨®. La mujer lo mira sorprendida y con un tono de incredulidad dicen -No me lo puedo creer, ?no has conocido a hermano Chef, el hombre que es probablemente la persona m¨¢s importante de esta organizaci¨®n?- para luego pararse, y tomando a John del brazo lo arrastra diciendo-Tienes que conocerlo, d¨¦jame que te lo presente. Lo que empez¨® como una broma ahora intriga al hombre que se pregunta qui¨¦n ser¨¢ esta m¨ªtica figura para emocionar tanto a Abiga¨ªl, tal vez el nombre no sea m¨¢s que una fachada o un doble sentido para despistar de su verdadero prop¨®sito. La mente de John pensaba en varios escenarios sobre esta persona y su significado mientras era arrastrado por su nueva conocida, pero a pesar de las expectativas, el viaje resulta corto, r¨¢pidamente llegan a destino cuando entran a la cocina desde una puerta ubicada cerca de la barra. Al entrar, lo primero que ven es un hombre gordo, de pelo corto y mostacho pronunciado, que est¨¢ terminando de dar ¨®rdenes a sus subordinados con un pesado acento italiano. -Bueno, persone, ya va llegando el grueso de los commensali, as¨ª que todos a sus posizioni ?Dai! ?Dai! ?Dai ! El hombre conduce mientras gesticula y hace una ¨²ltima pasada con la vista, asegur¨¢ndose de que todo est¨¦ en orden. Es en este momento en donde ve al d¨²o y, con una sonrisa de oreja a oreja, se acerca diciendo en voz alta -Ciao, Banbina, ?qu¨¦ te trae por mi cocina? -Hola, hermano Chef, ven¨ªa a presentarte a alguien, este es John, un nuevo aspirante ¡ªcontesta la mujer despu¨¦s de darle un abrazo al rotundo hombre. -Ha, un nuevo bambino, bienvenido a mi humilde cocina-saluda Chef entusiasmado mientras abraza a John enf¨¢ticamente. -Hola, hermano Chef, un gu-gusto en conocerle-responde el hombre como puede mientras se encuentra envuelto en la corporeidad del cocinero. Cuando por fin lo suelta, se para lo m¨¢s derecho que puede y, mientras se arregla, observa sus alrededores. La cocina era amplia y limpia, el olor a comida llenaba el aire junto con el calor de las llamas que eran usadas de manera experta por los cocineros. Mientras John observaba c¨®mo trabajaban, Chef y Abiga¨ªl charlaban sin mucha preocupaci¨®n cuando algo que dijo la mujer le hace recordar algo al hombre -Banbina, ?puedes hacerme un favor? -Claro que s¨ª, pero ya sabes lo que te va a costar- responde la mujer haciendo su mejor actuaci¨®n de mafioso. -Lo s¨¦, lo s¨¦, raci¨®n doble de alb¨®ndigas-dice el hombre sigui¨¦ndole el juego y no pudiendo aguantar m¨¢s entre risas, pide - Necesito que vayan al invernadero a buscar un par de hierbas para las alb¨®ndigas, se las ped¨ª ayer a la hermana Evergreen, as¨ª que ya las tendr¨¢ listas, solo falta buscarlas. -Ok, las tendr¨¢s lo m¨¢s r¨¢pido posible- afirma la mujer y dirigi¨¦ndose a su nuevo amigo pregunta- John, ?me acompa?as? -S¨ª, tengo que hablar unos temas con Evergreen as¨ª que puedo ir contigo, pero no s¨¦ cu¨¢nto tiempo tardar¨¢ nuestra conversaci¨®n as¨ª que probablemente tengas que volver sola- explica el hombre con calma. -S¨ª, no hay problema, ?vamos? - indaga la mujer mientras apunta hacia la puerta por donde entraron y antes de retirarse se despide del hermano Chef con un abrazo r¨¢pido. Saliendo al patio interno, lo cruzan y van a una de las puertas que John nunca hab¨ªa usado. Al atravesarla, el dorso de su mano brilla verde otra vez. Lo primero que los recibe al enfrentar el exterior es un viento fr¨ªo que se cuela entre los robles que los rodean. En la distancia, una estructura de cristal y metal se alza cubriendo toda la vista, mientras que a lo lejos varias detonaciones pueden ser escuchadas. John se detiene al percibir el sonido y confundido pregunta -?Qu¨¦ es ese sonido? - Debe ser el campo de tiro, generalmente ellos practican a esta hora -responde la mujer, empezando a caminar por el sendero que lleva al invernadero. ¨¦l se queda quieto mirando en la direcci¨®n de los disparos, pero al darse cuenta de que lo est¨¢n dejando atr¨¢s, redobla el paso y se pone al lado de Abiga¨ªl. -Antes me llamaste aspirante, ?por qu¨¦? - Aprovecha para preguntar John, mientras contin¨²an avanzando. Ella lo mira confundida y con una sonrisa dice -Pues es como lo escuchas, somos candidatos a unirnos a la organizaci¨®n, nos van a dar misiones y si las pasamos nos dejar¨¢n unirnos y elegir nuestros nombres, ?o acaso pensabas que alguien le pondr¨ªa a su hijo Chef? -Claro que no, pens¨¦ que era m¨¢s como ¡°quiero formar parte¡± ¡°O claro que s¨ª, firma aqu¨ª y elige tu nombre¡±-Contesta el hombre, algo ofendido por la pregunta. -Buena impresi¨®n de hermano Narciso, no dejes que te escuche hacerla- Critica la mujer mientras el tono de broma se va deshaciendo en un tono serio. ¨¦l r¨¢pidamente pierde la sonrisa, pero antes de que pudiera decir algo, la puerta del invernadero aparece ante ellos. -Ok, un par de reglas antes de que entremos: uno: qu¨¦date cerca, este lugar es m¨¢s grande de lo que parece. Dos: si no sabes qu¨¦ hace, no lo toques, hay varias cosas peligrosas dentro de estos muros y tres: si ves que algo se mueve, t¨² te mueves en la direcci¨®n contraria ¡ªadvierte Abiga¨ªl con un tono firme. -Entendido, quedarme cerca, no tocar nada, si algo quiere tocarme, salgo corriendo- responde John mirando la puerta. La mujer toma las barras de metal que sirve como picaporte y las jala, las hojas se separan y de la abertura aparece una luz p¨²rpura que los ciega, absorbi¨¦ndolos a su centro. John otra vez siente como si algo lo arrastrara, pero en esta ocasi¨®n, en vez de ser un aterrizaje suave, ¨¦l siente c¨®mo lo lanzan y sin control empieza a girar. Cuando por fin recupera su visi¨®n, siente que el ambiente es c¨¢lido y h¨²medo. Mirando alrededor, puede notar que est¨¢ solo, colgado de un ¨¢rbol cabeza abajo, lianas alrededor de sus tobillos. Alrededor de ¨¦l, ¨¢rboles tropicales se levantaban en todas direcciones y el sonido de insectos zumbantes retumbaba en sus o¨ªdos. Aturdido, adolorido y asustado. John colgaba mientras pensaba en d¨®nde carajo se encuentra y c¨®mo iba a salir de esta en una sola pieza. Cap铆tulo 11: El invernadero Respirando hondo, John trata de calmarse. Sabe que si entra en p¨¢nico lo ¨²nico que hace es reducir sus posibilidades de salir intacto de la situaci¨®n en la que se encuentra. Mirando hacia abajo puede notar que debe estar a unos diez metros del suelo, as¨ª que si cae probablemente se termine partiendo el cr¨¢neo. No teniendo m¨¢s opci¨®n, intenta agarrar las lianas y subir a la rama m¨¢s cercana para saber si desde la altura puede reconocer un lugar seguro en donde pueda planear que hacer a continuaci¨®n. Al doblar el cuerpo para intentar su idea, otra vez la falta de ejercicio hace que el esfuerzo f¨ªsico sea m¨¢s forzoso, pero a pesar del dolor logra llegar a tomar las lianas e impuls¨¢ndose hacia arriba con la ayuda de estas empieza el lento ascenso. Despu¨¦s de varios minutos, por fin se posa en la primera rama lo suficientemente estable para aguantar su peso. Ahora que pod¨ªa apreciar mejor sus alrededores, lo primero que nota es la inmensa esfera en el medio del "cielo" que brillaba fuertemente con una intensidad casi segadora; uno pensar¨ªa que era el sol, pero estaba demasiado bajo como para ser el astro; adem¨¢s estaba conectado con un tubo que se perd¨ªa entre las nubes. Sorprendido por el artefacto contin¨²a tratando de encontrar su rumbo; observando la lejan¨ªa enfrente de ¨¦l puede ver una gran extensi¨®n de selva que llega hasta la l¨ªnea del horizonte. A su izquierda puede ver como una l¨ªnea blanca mancha el filo del ocaso, y a su derecha una gran cordillera se alza y entre donde est¨¢ y ella puede ver el techo de lo que asumen son casas. Viendo que la edificaci¨®n m¨¢s cercana se encontraba en direcci¨®n a la cordillera, empieza a consolidar un plan para bajar del ¨¢rbol sin romperse nada. Su padre le hab¨ªa ense?ado que cuando se enfrentara a un problema siempre ten¨ªa que responder 3 preguntas: ?qu¨¦ tiene? ?Qu¨¦ sabe? ?Qu¨¦ puede hacer? Con esa ense?anza en mente, empieza a decir en voz alta- Tengo mi cuerpo, el ¨¢rbol y las lianas- desat¨¢ndolas de sus tobillos, toma las lianas y empieza a atarlas alrededor de su cintura y mientras observa que tiene suficiente como para llegar al suelo, contin¨²a con su mon¨®logo -Se c¨®mo hacer nudos y que no tengo que mirar para abajo para evitar el v¨¦rtigo- acerc¨¢ndose a la base de la rama tira las lianas de un lado y la toma por debajo de la rama mientras para animarse asimismo dice- Puedo usar la rama como punto de apoyo para descender lentamente- en ese momento se lanza antes de que las dudas puedan alcanzarlo y golpea fuertemente contra el ¨¢rbol, mientras agarra la liana con ambas manos lentamente empieza a soltarla palmo a palmo, cada vez que lo hace baja unos cent¨ªmetros de una manera m¨¢s brusca de lo que le hubiera gustado, haciendo que la improvisada cuerda se hundiera en la carne de la cintura, aunque doloroso, no era nada que no pudiera soportar, y despu¨¦s de unos minutos sus pies tocan suelo firme, justo a tiempo para escuchar como la rama que sosten¨ªa su vida se quiebra con un sonoro crujido. R¨¢pidamente se quita del medio rodando por el fangoso suelo de la selva, y en el lugar en donde estaba la rama reci¨¦n quebrada impacta el suelo, transform¨¢ndose en astillas. John se queda unos segundos en el piso, mirando la copa de los ¨¢rboles al mismo tiempo que respira hondo, intentando calmar su coraz¨®n que palpita a mil por hora. Si bien el ba?o de lodo no era parte del plan, por lo menos ya no estaba colgando y eso es lo que importaba. Despu¨¦s de que lograra bajar sus palpitaciones, se levant¨® forzosamente, sus m¨²sculos acalambr¨¢ndose en protesta por el trato recibido, lo que le produc¨ªa dolor cada vez que mov¨ªa los brazos. Tratando de ignorar la incomodidad, lo mejor que puede se vuelve a ubicar usando el ¨¢rbol por donde acaba de bajar como referencia y una vez hecho esto empieza a caminar por la densa arboleda. Movi¨¦ndose lo m¨¢s r¨¢pido que el terreno y su cuerpo maltrecho le permiten, John camina por varios minutos surcando la vegetaci¨®n, cuando de la nada se detiene en seco al escuchar el sonido de un instrumento de viento cuya melod¨ªa que, a pesar de ser suave, se pod¨ªa escuchar claramente sobre el ruido producido por la fauna local. El hombre se queda en silencio a escucharla. Un ligero temblor le recorre el cuerpo y le hace parar los pelos de la nuca. A medida que pasan los minutos, lo que empez¨® como una leve emoci¨®n se transforma lentamente en excitaci¨®n para al final volverse un sentimiento de euforia que lo hac¨ªa sonre¨ªr de oreja a oreja. Lentamente la m¨²sica se va haciendo m¨¢s tenue hasta casi desaparecer y John, no queriendo que la fuente de su felicidad se vaya, la persigue con ¨ªmpetu. No import¨¢ndole si tropieza con las ra¨ªces o si los zarzales cortan su piel, ¨¦l sigue el tenue sonido con todo lo que tiene hasta llegar al origen de donde surge. En un claro florido, peque?as creaturas no m¨¢s grandes que un ni?o danzaban en c¨ªrculo alrededor de un pedrusco. Se las podr¨ªa confundir con infantes o a lo mucho con personas peque?as, de no ser por los cuernos que adornan sus cabezas, el frondoso pelaje marr¨®n en las piernas y los pies reemplazados por pezu?as. En el centro del c¨ªrculo, uno de estos seres, m¨¢s grande que sus pares, toca entusi¨¢sticamente la flauta con una mano mientras esconde la otra detr¨¢s de su espalda. A pesar del bizarro aspecto de estos seres, John no se sent¨ªa asustado, m¨¢s bien todo lo contrario, siente la imperiosa necesidad de unirse a ellos en lo que parece un momento de diversi¨®n, pero cuando est¨¢ a punto de dar un paso, su frente empieza a calentarse hasta el punto de empezar a lastimarlo; el dolor lo hace trastabillar, retrocediendo unos pasos, haci¨¦ndole perder su oportunidad de unirse a las festividades, oportunidad que es tomada por otro ser que se abre paso entre las flores. Un cerdo salvaje avanza casi dando saltitos hacia el c¨ªrculo; al percatarse de esto estas entidades se abren dej¨¢ndolo entrar y cuando se posa enfrente de la piedra, la creatura m¨¢s grande, sin dejar de tocar, desciende coloc¨¢ndose enfrente del indefenso animal que se balancea en el lugar mir¨¢ndolo sin parpadear. Con un aumento final de la intensidad, la canci¨®n llega a su fin. Todo lo que se pod¨ªa escuchar en ese momento eran las notas dulces de la flauta de pan, acentuadas por un golpe seco producido por una piedra que impacta en la cien del jabal¨ª. Sin decir nada, la entidad se lanza contra el cuello del animal, arrancando un pedazo de carne, haciendo que este se empiece a desangrar de manera r¨¢pida. Con la boca llena de sangre, ruge, mostrando sus dientes afilados; las dem¨¢s creaturas que parecieran estar esperando este momento se arrebatan contra el cerdo, despedaz¨¢ndolo con filosas garras. Ahora que el sonido de la flauta hab¨ªa terminado, lo que sea que estaba afectando a John se hab¨ªa desvanecido junto con la melod¨ªa. Al ver estas creaturas fuera de la influencia de la m¨²sica, pod¨ªa apreciar lo horrible que realmente se ven. Los cuernos estilizados casi como si fueran coronas ahora est¨¢n astillados, descolorados e incluso algunos perforaban la piel, incrust¨¢ndose profundamente en la carne de su due?o; el pelaje que antes parec¨ªa extremadamente suave ahora estaba enmara?ado, con claras se?ales de sarna y los cuerpos antes esbeltos ahora portaban varias cicatrices junto con la falta de alguno que otro ap¨¦ndice. You might be reading a stolen copy. Visit Royal Road for the authentic version. El miedo empieza a asentarse en la cabeza de John, junto con la noci¨®n de que si no fuera por el repentino dolor de cabeza, ser¨ªa ¨¦l el que se encontrar¨ªa siendo despedazado por un sinf¨ªn de garras afiladas. Contando con que estos seres estar¨¢n distra¨ªdos mientras se alimentan, intenta alejarse del lugar sin llamar la atenci¨®n de las creaturas, pero cuando hace un paso hacia atr¨¢s, el ruido de una madera al partirse llena el aire del claro. Todos se frenan de golpe, como si el tiempo se hubiera detenido, John ni siquiera respira esperando que por un milagro las creaturas a unos pocos metros no hayan escuchado el sonido que acaba de hacer, pero sus esperanzas son aplastadas cuando la figura m¨¢s grande del mont¨®n se levanta y mira directamente en su direcci¨®n con ojos amarillos parecidos a los de una cabra, pero inyectados con una furia asesina que el hombre nunca antes hab¨ªa visto. A medida que pasa el tiempo, m¨¢s de las creaturas peque?as levantan la cabeza, pero John se concentra en el que hasta ahora actu¨® como el l¨ªder, sabiendo que ¨¦l ser¨ªa el primero en moverse. Su instinto de supervivencia entra en efecto, grit¨¢ndole que corra, pero ¨¦l se queda quieto mientras intenta luchar con el miedo que empieza a ocupar m¨¢s y m¨¢s espacio en su mente. Los segundos siguen pasando, y John empieza a sudar profusamente mientras su cerebro, semientumecido por el terror, intenta encontrar una forma de salir de la situaci¨®n. Sin mucho tiempo para planear, la mejor idea que se le ocurre es amagar con la vista hacia una direcci¨®n aleatoria y cuando el l¨ªder le saque los ojos de encima, salir corriendo con todo lo que d¨¦ y as¨ª lo hace. El grandote se come el amague, d¨¢ndole tiempo a John de ganar una peque?a pero esencial ventaja. Con un rugido el l¨ªder abre la caza y una docena de peque?os seres peludos salen a perseguir al asustado hombre; mientras tanto John corre lo m¨¢s r¨¢pido que puede, pero el suelo enraizado le hace dif¨ªcil avanzar. No pasa mucho tiempo para que una de estas ra¨ªces lo haga tropezar, rodando colina abajo y cayendo de cabeza en un c¨²mulo de arbustos, las peque?as ramas, haciendo peque?os cortes en todo el cuerpo del aspirante. Gracias a la adrenalina que recorre por su cuerpo, puede pararse de manera inmediata, obviando el dolor que se expande por toda su forma, pero el tropez¨®n le cost¨® tiempo que no ten¨ªa, haciendo que sus perseguidores acortaran la distancia y lograran taclearlo al suelo. John se quita a la babeante bestia de encima e intenta reincorporarse solo para notar que est¨¢ rodeado; a su espalda escucha como algo pesado impacta el suelo. Teniendo una idea de lo que puede ser, se da vuelta r¨¢pidamente, golpeando contra la figura del l¨ªder y cayendo de culo al piso. ¡ªMe pregunto qu¨¦ hace un hijo de las escamas en mi bosque ¡ªcomenta el ser, mientras olisquea el aire en la direcci¨®n de John y, golpe¨¢ndose el pecho con ambas manos, responde ¡ª?Ser¨¢ que la que se enrolla necesita algo de Arktack? El hombre intenta explicar que no quiere problemas y que estaba buscando una forma de contactar con sus conocidos, pero, ya sea por la apariencia horrible amplificada por la cercan¨ªa junto a la patina roja que cubr¨ªa las manos y boca de la creatura o por la confusi¨®n generada por la noci¨®n de que una entidad tan salvaje y extra?a pudiera comunicarse de manera tan fluida, lo ¨²nico que sale de la boca de John son palabras cortadas y balbuceos. -?Qu¨¦ pasa, no te funciona la lengua? ?Si no la vas a usar porque no me la das? Ser¨ªa m¨¢s ¨²til en mi est¨®mago ¡ªcomenta Arktack mientras levanta al hombre de un brazo y lo pone cara a cara con ¨¦l. Ahora que estaba a unos pocos cent¨ªmetros de la bestia, John pod¨ªa apreciar no solo el nauseabundo olor que emanaba del ser sino tambi¨¦n la profunda cicatriz que exhib¨ªa en el puente de la nariz. El hombre mira con temor los ojos de iris amarillos e inyectados de sangre que reflejan un deleite s¨¢dico, cuando intenta bajar la cabeza para evitar el horrible olor que sale de la boca de la creatura, esta le agarra la quijada y la levanta mientras una lengua p¨¢lida y larga lame la sangre que flu¨ªa de uno de los cortes en la cara de John. ¡ªMmmmm, cuanta mana, voy a disfrutar bastante saborear tu enki ¡ªdice Arktack despu¨¦s de probar la sangre del hombre y lentamente empieza a hundir sus u?as en el torso de este mientras sonr¨ªe. John grita a medida que las u?as del monstruo se hunden cada vez m¨¢s en su carne. A pesar de que jala con todas sus fuerzas, el agarre de la creatura es infranqueable. Lo ¨²nico que puede hacer es soportar el dolor y pensar alguna forma de salir de esta situaci¨®n. La mente del hombre estruja toda la capacidad que puede de sus neuronas, pero a medida que lo hace, la ¨²nica conclusi¨®n a la que llega es que solo un milagro podr¨¢ salvarlo. Por suerte para John, la dama de la fortuna no lo hab¨ªa olvidado, y el milagro que esperaba llega en la forma de ra¨ªces que salen disparadas desde el suelo y rodean a Arktack, haciendo que libere al hombre y quede suspendido en el aire. John cae de rodillas, mirando el suelo. El terror que sent¨ªa empezaba a colapsar su cordura y lentamente pod¨ªa sentir c¨®mo su mente se empezaba a escapar. La aparici¨®n de esas ra¨ªces le hace recordar lo vivido en la morgue y hace que tenga un ligero ataque de p¨¢nico mientras escucha su coraz¨®n palpitar en sus orejas y sangra profusamente por un costado. Tomando todo el valor que le queda, a duras penas mira para arriba y puede ver como su asaltante se encontraba enredado entre varias ra¨ªces que lo manten¨ªan firmemente atado. Al mirar alrededor, puede notar que lo mismo pasa con los seres de menor tama?o que a pesar de luchar con garras y dientes no pueden liberarse de sus ataduras. ¡ªParece que llegu¨¦ justo a tiempo ¡ªla voz conocida de Evergreen suena entre los ¨¢rboles. John se da vuelta, aliviado por escuchar una voz familiar y tratando de levantarse dice¡ªNo te das una idea. ¡ªIntenta no moverte mucho, ya has perdido mucha sangre ¡ªaconseja la mujer mientras apura el paso, cuando llega se arrodilla poniendo una mano en la espalda del hombre y otra sobre la herida del costado; la coloraci¨®n verdosa se extiende desde la punta del pelo hasta la ra¨ªz y un ligero brillo verde emana de las manos de la mujer. A medida que pasan los segundos, las heridas de John se van cerrando, pero, aun as¨ª, todav¨ªa se sent¨ªa mareado y necesitaba de la ayuda de Evergreen para pararse. ¡ª?Por qu¨¦ usas el poder de madre para detenerme, hija de las ra¨ªces? ?Acaso he hecho algo para ofenderte o quieres comerte t¨² a la peque?a serpiente? ¡ªcuestiona Arktack mientras se encuentra suspendido en el aire. ¡ªCierra la boca, William, no te voy a permitir comerte a mis amigos ¡ªespeta la mujer mientras mira a la creatura con una mirada entre pena y odio. ¡ªYa te he dicho, bruja de las flores, que William muri¨® hace tiempo ?SOLO QUEDA ARKTACK! ¡ªvocifera el ser claramente molesto. ¡ªS¨ª, lo s¨¦ ¡ªcontesta la mujer en un tono firme ante el exabrupto mientras con un movimiento de la mano lanza por los aires a Arktack y su sequito haci¨¦ndolos desaparecer entre los ¨¢rboles. Tomando m¨¢s firmemente a John, suavemente le dice ¡ªDeber¨ªamos salir de aqu¨ª; William no es de los que se rinden f¨¢cilmente. ?William? ?Conoces a esa cosa? ¡ªPregunta John sorprendido mientras intenta dar unos pasos. La mujer se queda en silencio por unos segundos y con un tono de tristeza responde ¡ªClaro que s¨ª, despu¨¦s de todo, es mi hermano. Cap铆tulo 12: Un paso hacia adelante ¡ª?Hermano? ?C¨®mo que hermano? ¡ªpregunta John sorprendido ante la revelaci¨®n. ¡ªComo lo escuchas, si quieres o¨ªr la historia completa te sugiero que apures el paso; a Polly no le agrada esperar ¡ªresponde Evergreen mientras ayuda al hombre a avanzar. A pesar de la curiosidad por saber no solo su relaci¨®n con Arktack, sino qui¨¦n carajo era Polly, John se guarda sus preguntas e intenta avanzar lo m¨¢s r¨¢pido que puede. Si bien las habilidades de Evergreen hab¨ªan cerrado sus heridas, el dolor se manten¨ªa presente, haciendo de cada paso una tortura. Si a eso le agregamos la moderada anemia que padec¨ªa, era entendible que el proceso de llegar a esta tal Polly sea extremadamente desagradable. Despu¨¦s de unos minutos de caminar a duras penas, el d¨²o lleg¨® a un claro bastante abierto. La copa de los ¨¢rboles se abr¨ªa paso a un cielo cubierto de nubes y en el centro una gran ave de color verde con plumaje blanco que parec¨ªa un tridente en el pecho, miraba sus alrededores, inquieta. ¡ªAsumo que esa es Polly¡ª dice John mientras se sienta en una piedra cercana con la ayuda de la mujer y observa al ser. Desde este punto de vista puede notar c¨®mo tiene una silla de montar en la espalda y est¨¢ mordiendo una rienda con su pico. La apariencia de la creatura lo hace recordar a los eventos de la morgue, as¨ª que por su salud mental decide no mirarla directamente. ¡ªAsumes bien ¡ªcontesta la mujer y llev¨¢ndose los dedos a la boca pega un silbido que se extiende por todo el claro para luego llamarla ¡ªPolly, aqu¨ª, muchacha, ven. Al escucharla, Polly se acerca casi dando saltitos y coloca su cabeza en el pecho de Evergreen, empuj¨¢ndola unos pasos hacia atr¨¢s. John las mira; cualquier persona normal ser¨ªa arrojada al piso si una creatura de ese tama?o la empujara de esa manera, pero Evergreen no solo los recibe, sino que tambi¨¦n empuja al ave hacia atr¨¢s de manera juguetona. ¡ªBuena chica, buena chica¡ªrepite la mujer mientras acaricia la cabeza de Polly; ella lo permite con un ligero ronroneo¡ªPolly, este es mi amigo John, ?recuerdas que te dije? No nos comemos a nuestros amigos ¡ªagrega antes de sacar un pu?ado de gusanos que deposita en la boca del ave. Al escuchar esto, el ex forense se tensa, pero r¨¢pidamente se calma cuando ve como Polly asiente y consume los gusanos con deleite. La mujer hace un movimiento con las manos que el animal interpreta de manera r¨¢pida y se arrodilla esperando ser montada. Evergreen toma al hombre sin preguntar y lo levanta sin mucho esfuerzo, coloc¨¢ndolo en la parte trasera del ave. Despu¨¦s de subir, ella tambi¨¦n mira sobre su hombro y mientras se dirige a John advierte¡ªAg¨¢rrate de m¨ª cintura, el viaje es bastante turbulento y estoy segura que no queremos que te caigas, ?verdad? Escuchando las advertencias de su compa?era, John la abraza lo m¨¢s fuerte que puede, sintiendo la gran capa de m¨²sculo que esconde detr¨¢s del c¨®modo vestido de verano que usa. Una vez segura de que su compa?ero de viaje no se va a caer a mitad de vuelo, la curandera agarra firmemente las riendas y chasqueando la lengua comanda a la creatura que vuele. El ascenso es m¨¢s lento de lo que esperaba, pero despu¨¦s entiende que no debe ser f¨¢cil para la pobre Pollly cargar con su propio peso y el de ellos. A pesar de que el esfuerzo era obvio, la creatura no se quejaba cumpliendo su funci¨®n de manera alegre. ¡ª?A d¨®nde vamos? ¡ªpregunt¨® John teniendo que gritar por sobre el viento que hab¨ªa empezado a aumentar ahora que los ¨¢rboles ya no proporcionaban cobertura. ¡ªVamos al mirador, es la sala central del lugar y en donde tendr¨ªas que haber aparecido. ?Qu¨¦ demonios pas¨® para que terminaras en el medio del sector cuatro? ¡ªresponde la mujer para luego lanzarle a ¨¦l una pregunta. ¡ªNo s¨¦, atravesamos la puerta del invernadero con Abigail y cuando me di cuenta, estaba colgado de cabeza en un ¨¢rbol ¡ªcomenta el hombre tratando de recordar el sentimiento que sinti¨® cuando atraves¨® el umbral, pero le faltaban palabras para describir lo que le hab¨ªa pasado. ¡ªMmmmm, eso suena raro, hablar¨¦ con hermano Narciso sobre el tema, veremos que no pase de vuelta ¡ªafirma la mujer con un tono profesional poco visto en ella. Despu¨¦s de unos minutos de subida, atraviesan las nubes, y por encima de esta, John puede notar que lo que a la distancia pareciera un tubo es en realidad un ascensor en cuya base exist¨ªan varios nidos de aves gigantes. Polly se acerca a uno de estos y se vuelve a agachar para que las personas encima de ella puedan descender. Dejando atr¨¢s el ave, no sin antes despedirse de ella, ambos avanzan hacia el ascensor y se suben junto a varias personas que llevan cajas con diferentes suministros. - ?C¨®mo est¨¢ Abigail? ?Lleg¨® sana y salva? ¡ªPregunta John mientras espera a que el lento viaje terminara. ¡ªS¨ª, ella lleg¨® al mirador de manera inmediata; se asust¨® bastante cuando se dio vuelta y no estabas ¡ªresponde Evergreen con una ligera sonrisa que se contagia a John. ¡ªMe alegro que se encuentre bien ¡ªcomenta el hombre para luego quedarse en silencio, saboreando el sentimiento agradable de que alguien se preocupe por ¨¦l. Con un ruido mec¨¢nico ambas puertas del elevador se abren y una multitud de gente sale disparada llenando los pasillos de este lugar; el hombre mira at¨®nito la extra?a mescla entre granja y laboratorio que se abr¨ªa ante ¨¦l. Siguiendo a Evergreen, avanzan entre las parcelas de tierra llenas de cultivos que nunca antes hab¨ªa visto. John puede apreciar las caracter¨ªsticas bizarras que van desde ma¨ªz que brilla con una tenue luz amarilla hasta flores que parec¨ªan echas de una especie de cristal. Mientras caminaban, Evergreen le contaba a su compa?ero sobre el lugar ¡ªEl mirador es el lugar en donde monitoreamos los cuatro sectores que conforman el invernadero; lo que cosechamos ah¨ª lo traemos aqu¨ª para su investigaci¨®n, adem¨¢s de que los usamos como base para crear la nueva generaci¨®n de cultivos m¨¢gicos. El hombre asiente en respuesta mientras admira las maravillas a su alrededor sin decir nada. El dolor que sent¨ªa lentamente se iba desvaneciendo, lo que le permit¨ªa moverse m¨¢s c¨®modamente sin estar tan pegado a la mujer. Cuando llegan a una puerta en donde varios hombres entran y salen constantemente, el sonido de un tel¨¦fono detiene a Evergreen en seco; mirando el nombre de la persona que aparece en la pantalla, hace que la mujer frunze el ce?o y con una expresi¨®n de molestia comenta ¡ªMira, John, tengo que tomar esta llamada, aqu¨ª est¨¢n las duchas, date un ba?o y cuando salgas, camina derecho a la sala de comando; voy a estar all¨ª junto con Abigail. Support creative writers by reading their stories on Royal Road, not stolen versions. ¡ªOK, ?tendr¨¢s un cambio de ropa para m¨ª? ¡ªpregunta el hombre antes de que la mujer se marche. Con el sonido del tel¨¦fono aun sonando, Evergreen mira alrededor en busca de alguien que pudiera delegarle la situaci¨®n. Despu¨¦s de pocos segundos gesticula a un hombre joven y algo regordete para que se acerque. -Jackson, este es John, John, Jackson ¡ªpresenta la mujer a ambos hombres y antes de atender el tel¨¦fono, dirigi¨¦ndose al reci¨¦n llegado, agrega¡ª b¨²scale un conjunto de ropa para que se pueda cambiar, por favor y gracias. ¡ªS¨ª, hermana Evergreen, enseguida, por aqu¨ª, John, d¨¦jame que te encuentre una camisa limpia ¡ªdice afablemente el hombre de tez blanca mientras entra a las duchas. ¡ªHo, ok, te sigo ¡ªresponde el hombre mientras despide a Evergreen. Esta asiente mientras responde la llamada y empieza a tener una discusi¨®n un poco acalorada con la persona en el otro lado. No queriendo fisgonear m¨¢s de la cuenta, John sigue a Jackson y entra tambi¨¦n. Despu¨¦s de caminar unos pasos, llegan a las duchas individuales y mientras Jackson abre un armario en donde saca ropa de trabajo y una barra de jab¨®n, John comienza a desvestirse. Cuando ya estaba a mitad del proceso, el rotundo hombre deja las cosas sobre una banca mientras dice- No encontr¨¦ ni ropa interior ni shampoo. ¡ªNo te preocupes, es solo para quitarme la sangre de encima y no lucir como un psic¨®pata ¡ªcomenta John medio en broma. ¡ªBueno, cualquier cosa, estoy afuera, p¨¦game un grito si necesitas algo ¡ªtermina de decir Jackson con una sonrisa en la cara y procede a retirarse, dejando al hombre solo para que pueda asearse tranquilo. John se mete en la ducha, prende el agua caliente y deja que el c¨¢lido l¨ªquido le recorre el cuerpo llev¨¢ndose junto tierra y sangre a la par. A esta altura el dolor hab¨ªa desaparecido por completo y la ducha estaba ayudando bastante con el mareo. Llev¨¢ndose la mano al torso, pasa sus dedos sobre lo que ahora son peque?as cicatrices en forma de puntos; ahora que su mente encuentra un espacio para calmarse y procesar lo que pas¨® lentamente, se da cuenta de c¨®mo, otra vez, estuvo muy cerca de sufrir una muerte horrible. Si bien en otros tiempos hubiera descartado el asunto como algo inevitable o que no pod¨ªa cambiar, las ¨²ltimas semanas le hab¨ªan demostrado que exist¨ªa otra opci¨®n, que pod¨ªa hacer algo diferente, mejor. En vez de la apat¨ªa a la que estaba ya acostumbrado, el sentimiento de determinaci¨®n casi olvidado vuelve a ¨¦l con nuevas energ¨ªas. Despu¨¦s de terminar de ba?arse, cambiarse y despedirse de Jackson, John camina en la direcci¨®n que Evergreen le indic¨® hasta llegar a una puerta doble de cristal abierta de par en par. Varias personas entraban y sal¨ªan de la habitaci¨®n. Desde donde estaba, pod¨ªa apreciar varios monitores que mostraban grupos de personas haciendo diferentes trabajos en lo que ¨¦l asum¨ªa eran las diferentes zonas del invernadero. Con los ojos fijos en los monitores, John entra al cuarto. Al estar tan concentrado en lo que est¨¢ pasando en las pantallas, no se percata de la mujer que ven¨ªa corriendo hacia ¨¦l a toda velocidad y solo se da cuenta cuando casi cae al suelo cuando ¨¦sta lo abraza. ¡ªJohn, como me alegro de verte, ?est¨¢s bien? ?Te duele algo? ¡ªdice Abigail mientras lo examina de pies a cabeza. ¡ªS¨ª, estoy bien, solo un poco mareado ¡ªresponde el hombre tratando de mantener el balance y no caer de culo al piso. ¡ªHo, lo siento, ya te traigo una silla ¡ªse disculpa la mujer y antes de que John pudiera detenerla se pierde entre la gente en busca de un asiento. Escaneando la habitaci¨®n en busca del caracter¨ªstico pelo de Evergreen, la encuentra enfrente de los monitores junto a una mujer de mediana edad, de pelo negro y corto con un mech¨®n blanco acomodado detr¨¢s de su oreja. La mujer ten¨ªa un radio en la mano y se la pod¨ªa escuchar d¨¢ndole ¨®rdenes a los diferentes grupos que poblaban los monitores al mismo tiempo que delegaba situaciones a los subordinados que la rodeaban. No queriendo interrumpir lo que parec¨ªa un trabajo importante, John se acerca a las mujeres en silencio y se pone en vista de Evergreen. Esta reconoce su presencia con un gesto y dirigi¨¦ndose a la mujer de la radio dice ¡ªHermana Voice, lleg¨® la persona que te comentaba; debo retirarme por ahora. Cuando puedas, env¨ªame el informe con los heridos y ver¨¦ que sean bien atendidos. Voice, sin quitar la vista de los monitores, asiente r¨¢pidamente y contin¨²a con lo que est¨¢ haciendo con absoluta concentraci¨®n. ¡ªUlala, mira c¨®mo andas, si hasta pareces un hombre nuevo ¡ªbromea la mujer mientras mira a John. ¡ªS¨ª, me hizo bastante bien el ba?o ¡ªresponde el hombre sonriendo brevemente y con una expresi¨®n seria agrega¡ªTenemos que hablar de los supresores, creo que he tomado una decisi¨®n. ¡ªS¨ª, claro que s¨ª, pero no aqu¨ª ?porque no vamos a tomar un t¨¦, tal vez un caf¨¦ y hablamos m¨¢s tranquilos? ¡ªofrece la mujer mientras empieza a caminar en direcci¨®n a la puerta. ¡ªBueno, la verdad, me servir¨ªa un caf¨¦ ¡ªacepta John, agradecido de que le ofrecieran un lugar m¨¢s privado para tener esta conversaci¨®n. Saliendo de la sala de comando, ambos vuelven a entrar al pasillo; a unos pocos metros una sala de reuniones vac¨ªa los recibe. Mientras Evergreen se dispone a usar la tetera el¨¦ctrica para hervir agua, John se sienta en una silla cercana y cierra los ojos por unos momentos a esperar que el agua se caliente. ¡ªEntonces, ahora que estamos los dos solos ?qu¨¦ quer¨ªas decirme? ¡ªla voz de la mujer se hace presente en la oscuridad. Abriendo los ojos y mirando en direcci¨®n a ella, John le responde ¡ªQuiero saber qu¨¦ puedo hacer si dejo de tomar supresores. ¡ªEn realidad no vas a dejar de tomar supresores; vas a tomar lo m¨ªnimo e indispensable para evitar transformarte en una bomba de radiaci¨®n, es eso o irse a vivir solo en el medio del mar ¡ªcorrige enseguida la mujer tratando de evitar malentendidos. ¡ªMe mareo f¨¢cil, as¨ª que ?no podr¨ªa irme a vivir a la monta?a? ¡ªBromea el hombre mientras fuerza una sonrisa, que r¨¢pidamente es borrada por la expresi¨®n seria de Evergreen. ¡ªJohn, entiendo que tengas miedo, pero esto es un tema serio; dejar de tomar la cantidad de supresores que estabas tomando es una tarea tit¨¢nica y, si bien en las ¨²ltimas semanas te he dado menos, a¨²n est¨¢s consumiendo lo que 10 arcanistas tomar¨ªan ¡ªdice la m¨¦dica mientras se da vuelta y toma la tetera con una mano, disponi¨¦ndose a preparar el caf¨¦. ¡ªOK, fuera bromas, vos sabes m¨¢s que yo del tema, har¨¦ lo que me digas ¡ªexpresa John enderez¨¢ndose en la silla. ¡ªBien, esto es lo que va a pasar, por ahora vas a seguir tomando todos los d¨ªas, a partir de esta semana bajaremos la dosis y cada semana despu¨¦s te daremos menos y menos supresores, hasta el punto en donde vemos que tu emisi¨®n todav¨ªa se encuentre en rangos aceptables. Cuando encontremos una dosis adecuada para ti la tomar¨¢s una vez por semana¡ªEvergreen explica mientras pone un pocillo con caf¨¦, una tasa con crema y un recipiente con cubos de az¨²car enfrente de John para luego agregar al sentarse¡ªEn las primeras semanas vas a sufrir migra?as de manera aleatoria y a lo largo de todo este proceso poco a poco vas a sentir c¨®mo controlar tus emociones se vuelve casi imposible. Es por eso que dos veces a la semana vas a venir a terapia conmigo. Vamos a arreglar los horarios luego. ¡ªUf, suena bastante mal. ?Hay algo que pueda hacer para aliviar un poco los s¨ªntomas? ¡ªconsulta el hombre claramente preocupado. ¡ªNo hay mucho que pueda hacer de mi parte, m¨¢s que prescribirte unos analg¨¦sicos y escucharte si quieres ventilar sobre algo ¡ªcontesta la mujer mientras se encoje de hombros y luego agrega ¡ªDime, ?te gusta el caf¨¦? ¡ªS¨ª, de hecho, me gusta bastante ¡ªresponde John un poco sorprendido por la pregunta. ¡ªPues t¨®mate 4 al d¨ªa, mira programas sobre caf¨¦, j¨²ntate con otra gente a discutirlo, r¨ªe si quieres re¨ªr, llora si quieres llorar, disfruta m¨¢s la vida, y s¨ª tu coraz¨®n te dice que hagas algo, hazlo ¡ªcomenta apasionadamente. Evergreen ¡ª?Y eso me va a ayudar a no sufrir los efectos de la abstinencia? ¡ªpregunta el hombre claramente confundido. ¡ªNo, pero va a ser que el proceso sea mucho m¨¢s placentero ¡ªresponde la mujer y agrega ¡ªadem¨¢s, mantener una actitud positiva es primordial para estos casos. John no dice nada. Su mente se arremolina en pensamientos que lo llevan de aqu¨ª para all¨¢ en segundos. Muchos misterios por resolver en un mundo que es demasiado peligroso para seguir siendo como es. Si quiere una oportunidad de no solo sobrevivir sino tambi¨¦n entrar a la organizaci¨®n, va a tener que usar todo lo que pueda. ¡ªEstoy bajo tus cuidados, doctora¡ªdice el hombre mientras estira la mano, la mujer le devuelve el apret¨®n y ambos sonr¨ªen, pero la sonrisa de John dura poco al mirar que el reloj colgado detr¨¢s de Evergreen marcaba las 10:45. Cap铆tulo 13: Operaciè´¸n Jordè°©n ¡ªMierda, estoy llegando tarde ¡ªdice John mientras suelta la mano de la mujer y se dirige a paso apresurado hacia la puerta; cuando la abre, la figura conocida de Abigail se interpone. ¡ªJohn, ?qu¨¦ pasa? ?Por qu¨¦ tan apurado? ¡ªpregunta Abigail sorprendida. ¡ªEstoy llegando tarde a una reuni¨®n importante, ?conseguiste las hierbas para el hermano chef? Tenemos que volver r¨¢pido ¡ªinterroga el hombre en un tono impaciente. ¡ªNo te preocupes, John, ve tranquilo, si Narciso te dice algo dile que hable conmigo, yo le explico que pas¨® ¡ªdice Evergreen tratando de calmar al hombre y mirando a la joven agrega¡ª Abi, no me dijiste que te mandaron a buscar las hierbas para Chef, ya me preguntaba yo porque hab¨ªas venido. ¡ªHu, cierto, las alb¨®ndigas, necesitamos esas hierbas para las alb¨®ndigas ¡ªdice Abigail recordando el motivo de su visita al invernadero y entrando en p¨¢nico ella tambi¨¦n. ¡ªOk, c¨¢lmense los dos, las hierbas ya est¨¢n empacadas; solo hay que pasar a buscarlas y el portal est¨¢ en la misma direcci¨®n, as¨ª que podemos hacer todo junto¡ªafirma Evergreen mientras suavemente mueve a la joven a un costado y sale al pasillo. John la sigue a¨²n nervioso; la idea de llegar tarde en su primer d¨ªa como aspirante no le agrada en lo m¨¢s m¨ªnimo, pero espera que la situaci¨®n y el respaldo de Evergreen sean suficientes como para que no le resten muchas posibilidades de ser elegido. Caminan por entre los cultivos otra vez, pero ahora giran hacia la derecha en direcci¨®n contraria a donde estaban los nidos y son recibidos por una larga barra en donde varias personas recib¨ªan y daban cajas llenas de diferentes materiales. Evergreen se acerca a una de las recepcionistas y afablemente dice ¡ªBuen d¨ªa, Holly, ?podr¨ªas darme el paquete que arregle esta ma?ana? ¡ªBuen d¨ªa, Eve, claro que s¨ª, aqu¨ª est¨¢ ¡ªcontesta la mujer mientras saca una bolsa de papel sellada desde debajo de su escritorio. ¡ªMuch¨ªsimas gracias ¡ªagradece la doctora mientras firma el papel y tomando el paquete con una sonrisa; agrega ¡ªVas a venir a la partida de p¨®ker este fin de semana. ¡ªNo me lo perder¨ªa por nada ¡ªresponde la recepcionista devolvi¨¦ndole la sonrisa a la mujer. Evergreen toma el paquete y vuelve con el d¨²o de aspirantes¡ªTodo listo, ac¨¢ est¨¢ lo que quer¨ªa chef¡ªdice mientras le pasa el paquete a Abigail y sacando su celular agrega¡ªYa llamo a Narciso para explicarle por qu¨¦ est¨¢s llegando tarde, aprovechen y vallan yendo. ¡ªGracias, Eve, nos vemos ¡ªagradece Abigail mientras procede a caminar en una direcci¨®n desconocida. John hace lo mismo siguiendo el paso de su compa?era y esta lo lleva a una larga pared llena de puertas. Si se las mira m¨¢s de cerca se puede notar que el marco de cada puerta se encuentra tallado con extra?as runas que serpentean por sobre la madera. Abigail se para enfrente de una de ellas y toma el picaporte, pero antes de usarlo se detiene y mira hacia atr¨¢s en busca de su compa?ero, encontr¨¢ndolo a unos metros atr¨¢s de ella. Ante la duda de su colega, sin decir nada, extiende su mano en la direcci¨®n del hombre; con una mirada de entendimiento, este la toma y ambos atraviesan el portal acompa?ados de un fulgor purpura. John cierra fuertemente los ojos, el miedo apret¨¢ndole el est¨®mago, pero el sentimiento c¨¢lido de la mano de Abigail lo ayuda a padecer el trayecto de una mejor manera, y antes de que se diera cuenta, puede escuchar sus zapatillas hundirse en el barroso suelo del jard¨ªn. John mira hacia atr¨¢s para observar la puerta del invernadero. Las runas que cubr¨ªan el marco de la abertura, que todav¨ªa pulsaban con energ¨ªa purpurea, le trasmit¨ªan un sentimiento extra?o de familiaridad que atrapaba su atenci¨®n dej¨¢ndolo en un trance. ¡ªOk, yo voy para el comedor, nos vemos esta tarde ¡ªdice la joven mientras suelta la mano del hombre y empieza a trotar en direcci¨®n al patio interno. La voz de Abigail logra sacarlo del estupor en el que se encontraba y, despu¨¦s de unos segundos de observar a su compa?era, el hombre la sigue hacia adentro del edificio. Entre los pasillos del patio interno una multitud de gente se desplazaba entre sala y sala. John saca su tel¨¦fono de tapita y comprueba la hora, 11:10. Oficialmente est¨¢ llegando tarde, as¨ª que a paso apurado trata de moverse lo m¨¢s r¨¢pido que puede entre las personas y con un poco de esfuerzo se encuentra enfrente de la puerta que da a la sala de reuniones. Poniendo la mano en el picaporte, se dispon¨ªa a abrirla, cuando se detiene de golpe al escuchar voces ahogadas que provienen desde dentro de la habitaci¨®n. El miedo a interrumpir lo que asume que es una conversaci¨®n importante choca con el deseo de no llegar m¨¢s tarde de lo que ya llega. El conflicto hace que se quede paralizado, pomo en mano sin saber qu¨¦ hacer. ¡ª?Vas a pasar o tengo que pagar peaje?¡ª La voz juguetona de un hombre se hace o¨ªr a su derecha. El aspirante mira en la direcci¨®n en donde se origina la voz, y puede ver un hombre joven de tez blanca, pelo azul arreglado en trenzas que ca¨ªan alrededor de una cara llena de tatuajes y ojos recubiertos con unos estilizados lentes de sol. ¡ªS¨ª, lo lamento, pase ¡ªdice John quit¨¢ndose del medio, dejando el camino hacia la puerta libre de obstrucciones. ¡ªPorque no entramos juntos, asumo que no andabas de fisg¨®n, ?verdad? ¡ªindaga el hombre con una sonrisa mientras coloca un brazo sobre los hombros de John y de un empuj¨®n abre la puerta mientras grita ¡ªGente, miren a quien me encontr¨¦ afuera; ?alguno de ustedes lo conoce? John entra en p¨¢nico ante la situaci¨®n. No sabiendo qu¨¦ hacer o decir, escanea la habitaci¨®n en busca de caras conocidas que pudieran ayudarlo en este momento. Lo primero que ve es una mesa larga que termina en un pizarr¨®n blanco. En la punta, la figura de Narciso se halla parada, mirando a los reci¨¦n llegados con una expresi¨®n entre ira e incredulidad; a su derecha Mouse levanta la vista del libro que estaba leyendo para ver de d¨®nde surg¨ªa tanta conmoci¨®n. M¨¢s abajo, Guardi¨¢n los observaba de reojo con los brazos cruzados, y enfrente de ¨¦l, un hombre con una cicatriz sobre su ojo derecho y expresi¨®n de piedra los analizaba con la mano izquierda dentro de su chaqueta. Encima de este un hombre vestido con una toga marr¨®n y calvo los ve¨ªa emocionado por la oportunidad de que pase algo interesante en lo que ¨¦l pensaba, era una aburrida reuni¨®n. If you encounter this narrative on Amazon, note that it''s taken without the author''s consent. Report it. ¡ªHermano Line, se?or Dole, me alegro que nos hallan bendecido con su presencia; s¨¦ que est¨¢n muy ocupados, pero por favor, pasen, ?quieren un t¨¦ o un caf¨¦ tal vez? ¡ªdice Narciso en un tono que exuda sarcasmo. ¡ªMe tomar¨ªa un caf¨¦, es que estuve toda la noche programando una nueva persona dentro de la red que lleg¨® a ¨²ltimo momento y alguien me dijo que era urgente ¡ªcontesta Line igual de sarc¨¢stico. ¡ªSi¨¦ntate de una vez, Line ¡ªdice con un tono cansado Narciso y dirigi¨¦ndose hacia John, agrega¡ª Usted tambi¨¦n, se?or Dole, y de paso s¨¢quese esa cara de espanto que no est¨¢ en problemas; Evergreen me llam¨® hace unos instantes y me explic¨® la situaci¨®n; me alegro que se encuentre bien. Asintiendo, agradecido de que Narciso pareciera no estar enojado con ¨¦l, mira donde sentarse y decide hacerlo al lado del hermano Guardi¨¢n, que si bien no tienen la mejor relaci¨®n con el hombre, por lo menos tienen algo que es m¨¢s de lo que se podr¨ªa decir de las tres personas enfrente de ¨¦l. ¡ªBuenos se?oras y se?ores, ahora que el se?or Dole decidi¨® que quiere unirse a nosotros, creo que es necesaria una peque?a introducci¨®n, para que sepa con quien va a trabajar. Tengo entendido que ya me conoces a m¨ª y conoces a hermano Guardi¨¢n y hermana Mouse ¡ªcomenta Narciso dirigi¨¦ndose a John, y mirando directamente a su izquierda, agrega¡ª Entonces, porque no se presentan los de este lado. La siguiente persona en hablar es el hombre calvo que, mientras se para y gesticula de manera exagerada, se presenta ¡ªMi nombre es Sigil, puedes llamarme Sig si lo deseas, soy el que maneja los poderes arcanos con maestr¨ªa y los usa contra los m¨¢s terribles enemigos del grupo, soy el que consulta las estrellas, hace rituales que cambian el mundo haci¨¦ndolo algo mejor y por los siguientes meses te ense?ar¨¦ a usar magia de manera diestra para que en los momentos en que te necesitemos puedas atender el llamado. Un placer en conocerte. Sigil termina el monologo inclinando la cabeza como si fuera un actor en el escenario esperando el aplauso de la multitud. ¡ªLo mismo digo, hermano Sigil ¡ªresponde John, sus nervios empez¨¢ndose a calmar por la sobreactuada presentaci¨®n y la emoci¨®n que le genera la idea de que va a aprender magia. Siguiendo con las introducciones, la siguiente persona en la lista es el hombre que el aspirante vio en las duchas m¨¢s temprano ese mismo d¨ªa. Con una mirada dura, el extra?o se queda observ¨¢ndolo por unos segundos y con una voz grave dice¡ªTal¨®n, capit¨¢n Tal¨®n para ti. John espera unos segundos, d¨¢ndole el tiempo a Tal¨®n para que diga algo m¨¢s, pero al ver que no parec¨ªa que fuera a agregar nada, ve a Narciso con una mirada preocupada. Este, captando lo que quer¨ªa trasmitir, explica ¡ªHermano Tal¨®n est¨¢ a cargo del grupo de asalto. Es el que lidera a la gente en el campo y quien m¨¢s arriesga el cuello. ¨¦l te entrenar¨¢ en defensa personal, adem¨¢s del uso de distintas armas. Despu¨¦s de que Narciso terminara de hablar, todos los presentes se centraron en el joven que lleg¨® junto con John. La sorpresiva atenci¨®n hace que a Line le d¨¦ un ataque de tos que r¨¢pidamente pasa y aclar¨¢ndose la garganta dice ¡ªMi nombre es Line; soy el encargado de todo lo que tenga que ver con tecnolog¨ªa y el mundo de la red. ¡ªUn gusto en conocerte, hermano Line ¡ªdice John con una sonrisa y dirigi¨¦ndose a Narciso pregunta ¡ª?Deber¨ªa presentarme yo ahora? ¡ªNo, no hace falta, us¨¦ el tiempo en que tardaste en venir para contarles un poco de ti ¡ªresponde el hombre con una sonrisa que no cubre el claro sentimiento de molestia. ¡ªBueno¡­¡ªdice el aspirante d¨¢ndose por vencido y agachando la cabeza. Ignorando el lenguaje corporal de John, Narciso se dirige a los dem¨¢s y comenta ¡ªComo sea, estoy seguro que se preguntar¨¢n porque los llam¨¦ a esta reuni¨®n ?solo para presentarles al nuevo candidato? No, los llam¨¦ porque quiero que John se una a la operaci¨®n Jord¨¢n¡ªApenas las palabras salen de su boca, un revuelo se crea en la sala; Incluso Guardi¨¢n, que luc¨ªa siempre un porte estoico, no puede ocultar su sorpresa ante la noticia. ¡ªNo crees que est¨¢s pidi¨¦ndole mucho a John ¡ªcuestiona Mouse preocupada. ¡ªPara nada, ser¨¢ nuevo en el mundo de lo arcano, pero tiene un trasfondo de medicina que podr¨ªamos utilizar en el grupo de campo; adem¨¢s, su experiencia como forense puede ser vital dependiendo de la situaci¨®n ¡ªcontesta Narciso sin dudar y gir¨¢ndose a ver a Tal¨®n, agrega¡ª Despu¨¦s de lo que le pas¨® a Lerouch necesitas una persona que por lo menos sepa hacer primeros auxilios. ¡ªNo pienso actuar de ni?era para un novato, de suerte que acept¨¦ entrenarlo ¡ªdice Tal¨®n, negando la idea de manera rotunda. ¡ªPues si no quieres hacer de ni?era para un novato, entr¨¦nalo para que no tengas que cuidarlo ¡ªretruca Narciso sin apartar la vista. ¡ªHermano Narciso, sin faltarle el respeto al se?or Dole, creo que 3 meses es demasiado poco tiempo para ponerlo en forma f¨ªsica, menos a¨²n poder empezar a entender y utilizar sus poderes ¡ªintercede Sigil, llamando la atenci¨®n de Narciso y ante la mirada penetrante de este agrega¡ªDigo, solamente sacarlo de los supresores nos tomar¨¢ un mes y eso si tenemos suerte. Al escuchar esto, Narciso respira hondo y luego de soltar un largo suspiro dice con solemnidad ¡ªNo voy a negar que esta operaci¨®n es peligrosa, pero es por eso que necesitamos gente que entienda lo importante que es y porque actuamos como actuamos¡ª a medida que habla, mira a sus compa?eros uno a uno hasta que se posa en John y sin quitar la vista de ¨¦l agrega ¡ªY qui¨¦n podr¨ªa entender mejor que una persona que tiene el mismo objetivo que nosotros. Al no entender qu¨¦ est¨¢ pasando, John le devuelve una expresi¨®n confundida y al escuchar lo ¨²ltimo que dice levanta las manos mientras dice ¡ªMiren, me van a tener que dar una explicaci¨®n porque ser el ¨²nico sin una idea de lo que se est¨¢ hablando es bastante molesto. ¡ªJohn tiene raz¨®n; deber¨ªamos explicarle de qu¨¦ va toda esta operaci¨®n y preguntarle si quiere participar ¡ªdice Mouse apoyando al hombre. Narciso se queda en silencio mirando el techo en busca de las palabras adecuadas para explicar qu¨¦ est¨¢n intentando hacer. Despu¨¦s de unos segundos comienza a explicar¡ª Cuando un arcanista absorbe radiaci¨®n, el cuerpo muta y genera lo que se conoce como una marca. Algunas son m¨¢s visibles que otras, pero siempre existen. A medida que toma m¨¢s y m¨¢s de las distintas radiaciones, la marca se expande y cuando supera el l¨ªmite, la persona sufre de una mutaci¨®n en cadena que la transforma, ya sea en una esquirla o fragmento¡ª el hombre pausa mientras se asegura de que John est¨¢ siguiendo el hilo y cuando confirma que lo hace, continua. ¡ª Un miembro de nuestro grupo est¨¢ cerca del l¨ªmite; todav¨ªa no sufri¨® una mutaci¨®n en cadena, pero en cualquier momento podr¨ªa pasar. ¡ª?C¨®mo le est¨¢ pasado a Oliver? ¡ªinterrumpe John, por fin entendiendo la aserci¨®n anterior de Narciso. ¡ªExacto, esta persona es importante para nosotros y es por eso que estamos buscando una forma de revertir el proceso. La operaci¨®n Jord¨¢n es nuestro intento de salvar a un amigo ¡ªconcluye Narciso en un tono triste. ¡ªAsumo que tienen una pista o algo ?verdad? ¡ªindaga el aspirante intentando mantener a raya la sensaci¨®n de esperanza que empezaba a surgir. ¡ªS¨ª, entre Mouse y Line lograron localizar la ubicaci¨®n de un grimorio en la ciudad de Hope que esperamos tenga la informaci¨®n que necesitamos ¡ªcontesta Narciso mirando a ambas personas. ¡ªUn grimorio, se?or Dole, es un libro escrito por un arcanista que detalla sus conocimientos en materias arcanas; algunos incluso poseen rituales o planos para construir objetos m¨¢gicos; es por eso que son objetos altamente valorados y protegidos por cualquier persona interesada en lo oculto¡ªaclara hermano Sigil al notar la expresi¨®n confundida de John. ¡ªD¨¦jenme ver si entend¨ª, ustedes tienen a una persona que est¨¢ a punto de romperse y esperan que este libro tenga la soluci¨®n para evitar esto y me necesitan porque algo le pas¨® al m¨¦dico que formaba parte del grupo de campo ¡ªresume el aspirante de manera sucinta. ¡ªS¨ª, m¨¢s o menos esa es la situaci¨®n y es tu elecci¨®n si quieres ayudarnos o no ¡ªdice Narciso de manera sincera y recordando algo de golpe aclara¡ª Si no quieres ayudar no va a hacer que no te aceptemos en la organizaci¨®n o que no te entrenemos, pero si lo haces va a sumar bastante con todos los aqu¨ª presentes. John se queda en silencio pensando en si arriesgarse ser¨ªa la mejor manera; podr¨ªa no poner su vida otra vez en riesgo y subir los rangos lentamente. Su lado racional emocionado porque por fin estaba siendo escuchado empujaba al hombre a seguir con esa l¨ªnea de pensamiento, pero casi de la nada el sentimiento a estas alturas ya familiar lo asalta y antes de que su raciocinio pudiera intervenir, el hombre acepta la invitaci¨®n. Cap铆tulo 14: Hora del almuerzo Una vez que John acept¨® formar parte de la operaci¨®n y se le explic¨® el severo itinerario que iba a tener a partir de ahora, la reuni¨®n se dio por terminada; la gente se empez¨® a retirar poco a poco, pero antes de que el aspirante pudiera salir por la puerta, la voz de Narciso lo detiene ¡ªEste fin de semana Tal¨®n te presentar¨¢ el resto del equipo; vas a ir con tu nueva identidad; aseg¨²rate de aprenderte bien los detalles. John se qued¨® quieto, recordando por primera vez en el d¨ªa sobre los papeles que le dio Narciso esa misma ma?ana, papeles que defin¨ªan su nueva identidad y la hac¨ªan legal ante los ojos del Estado, papeles legales extremadamente dif¨ªciles de conseguir, papeles que en la conmoci¨®n de lo sucedido en el invernadero hab¨ªa perdido. Volte¨¢ndose a ver a su compa?ero, el aspirante intenta conjurar una explicaci¨®n que lo salve de la ira del arcanista, pero su expresi¨®n debi¨® traicionarlo porque antes que pudiera hacerlo escucha un largo suspiro. ¡ªPerdiste el sobre, ?verdad? ¡ªdice el hombre en un tono decepcionado. John solamente asiente no sabiendo que decir, sintiendo que cada vez que hace un paso hacia adelante termina haciendo dos pasos para atr¨¢s. ¡ªTe conseguir¨¦ otro apenas pueda, solo¡­ no vuelvas a perderlo ¡ªpide Narciso claramente cansado, acentuando la oraci¨®n con una larga exhalaci¨®n que se clava en la mente del aspirante como un clavo. John se disculpa r¨¢pidamente por las molestias y sale de la habitaci¨®n con un sentimiento extra?o, que otra vez le apretaba la boca del est¨®mago. ¨¦l esperaba una explosi¨®n de ira m¨¢s que una simple demostraci¨®n de desilusi¨®n. ¨¦l pod¨ªa manejar el enojo, a eso estaba acostumbrado, pero nunca le sent¨® bien decepcionar a alguien. Mientras trataba de lidiar con lo que le pasaba, la figura peque?a de Mouse entraba en su vista ¡ªJohn, ?est¨¢s bien? Se te ve molesto ¡ªpregunta la mujer con una expresi¨®n preocupada. ¡ªNo, perd¨ª unos papeles importantes y creo que hice enojar al hermano Narciso ¡ªresponde sinceramente el hombre mirando hacia atr¨¢s. ¡ªBueno, si los perdiste, vallamos a buscarlo; tienen que estar en alguna parte ¡ªpropone la mujer intentando ayudarlo. ¡ªNo es posible, los perd¨ª en el invernadero; probablemente est¨¦n en el est¨®mago de anda a saber qu¨¦ horror ¡ªdice descorazonado. John mirando para abajo mientras maldice su inutilidad ¡ªOk, entonces no puedes hacer nada al respecto ?verdad? - vuelve a interrogar Mouse ¡ªS¨ª, no puedo hacer nada sin arriesgarme a volver ah¨ª y no pienso hacer eso ¡ªcontesta el aspirante intentando entender el punto de la pregunta. ¡ªEntonces d¨¦jalo ir, no vale la pena centrarse en equivocaciones que no puedes remendar; es mejor usar ese tiempo en cosas que s¨ª puedes hacer, que si puedes cambiar ¡ªasegura la bibliotecaria impartiendo sabidur¨ªa m¨¢s all¨¢ de sus a?os. ¡ªS¨ª, deber¨ªa, aunque no me sea nada f¨¢cil ¡ªconcuerda el hombre mientras asiente. ¡ªLo s¨¦, yo soy parecida a ti en ese aspecto. ?Sabes qu¨¦ es lo que hago cuando necesito una distracci¨®n? ¡ªpregunta Mouse mientras extiende dos libros y una rama que termina en una punta de cristal purpura en la direcci¨®n de John. El aspirante analiza los objetos que le fueron presentados; el primero es un libro de tapa dura cuya portada estaba tapada por otro libro m¨¢s peque?o, este con una cubierta de cuero cerrada con una peque?a cuerda del mismo material. ¡ª?Lees libros? ¡ªpregunta el hombre mientras toma el manojo de libros y levanta una ceja. ¡ªExacto, este es el libro que te coment¨¦ ayer, sobre la clasificaci¨®n de las esquirlas; si vas a formar parte de esta operaci¨®n, ser¨¢ mejor que empieces a familiarizarte con lo que puedas encontrar en el campo ¡ªresponde la mujer con una sonrisa mientras se?ala el tomo de tapa dura y apuntando al de cuero. Agrega¡ªY ese es un diario que te va a servir para anotar la informaci¨®n que creas pertinente y los pensamientos que quieras preservar. Mirando el diario, el sentimiento extra?o que John sent¨ªa es reemplazado por el de aprecio y con un tono sincero dice¡ªAmbos van a ser extremadamente ¨²tiles, much¨ªsimas gracias, hermana Mouse. Viendo que le gusta su regalo, la mujer sonr¨ªe de oreja a oreja y, al notar c¨®mo el hombre observa extra?ado la rama con punta de cristal purpura, r¨¢pidamente explica ¡ªEso es una rama del escriba, tambi¨¦n conocido como inkstick; es un objeto m¨¢gico que permite cambiar los pigmentos de algo siempre y cuando se le proporcione energ¨ªa; lo usamos generalmente para escribir sin necesidad de preocuparse por la tinta ¡ªexplica la bibliotecaria tratando de aclarar la confusi¨®n de John. ¡ªOk, ?c¨®mo le proporciono energ¨ªa, bater¨ªas, la conecto a la pared? ¡ªpregunta el aspirante medio en broma. ¡ªNo, tienes que usar la radiaci¨®n que est¨¢ en tu cuerpo; ma?ana a la ma?ana Sigil te explicar¨¢ c¨®mo detectar y mover estas energ¨ªas. ¨¦l usa met¨¢foras un poco raras, pero si no entiendes algo, preg¨²ntame y te lo traduzco¡ªofrece la mujer entre risas. Cuando John estaba por agradecerle otra vez, alguien lo toma del hombro y forzosamente lo da vuelta. ¡ªEsc¨²chame con atenci¨®n, novato, m¨¢s vale que entiendas en donde te estas metiendo-dice Tal¨®n mientras clava su dedo ¨ªndice en el pecho del aspirante y sin dejarlo responder agrega- porque lo que hacemos es peligroso y un error no solo te puede costar la vida a ti sino tambi¨¦n a los dem¨¢s, as¨ª que te voy a entrenar tan duro que desear¨¢s haberle dicho que no a Narciso, ?est¨¢ claro? ¡ªS-s¨ª, s¨ª ¡ªbalbucea John, aturdido por el repentino arrebato. ¡ª?SI QU¨¦? ¡ªgrita el arcanista, colocando el dedo a pocos cent¨ªmetros de la cara del hombre. ¡ªS¨ª, SE?OR ¡ªdevuelve el hombre junto a un saludo militar que r¨¢pidamente se arrepiente de hacer. Tal¨®n lo observa por unos segundos con el ce?o fruncido, para luego caminar en direcci¨®n hacia el comedor, d¨¢ndole la espalda a John. Al hacer unos pasos se detiene y sin darse vuelta en un tono serio dice ¡ªTe espero a las dos de la tarde en el campo de tiro; no te atrevas a llegar tarde. ¡ªPero¡­ ¡ªJohn intenta reclamar que seg¨²n el itinerario que le dieron, las pr¨¢cticas de defensa personal empiezan ma?ana, pero cuando sus ojos se cruzan con los del arcanista, que al escuchar el inicio de una queja lo mira sobre el hombro, lo ¨²nico que puede agregar es un derrotado ¡ªs¨ª, se?or. Reading on this site? This novel is published elsewhere. Support the author by seeking out the original. Sin importarle mucho la respuesta, Tal¨®n contin¨²a su trayecto y cuando John se asegur¨® de que no lo iba a escuchar, dirigi¨¦ndose a Mouse pregunta claramente ofendido ¡ª?Cu¨¢l es su problema? Sin quitar la vista de la espalda de su colega, la mujer suspira y mientras empieza a caminar en la misma direcci¨®n, en un tono triste responde ¡ªNo te lo tomes como algo personal, est¨¢ bajo mucho estr¨¦s y es demasiado disciplinado para decir que tiene demasiado en su plato. John camina detr¨¢s de la mujer mientras intenta adivinar por qu¨¦ Tal¨®n tendr¨ªa tanta hostilidad contra alguien que solo quiere ayudar y mientras se pone a la par de Mouse dice ¡ªEs que no lo entiendo, ?Por qu¨¦ tanta hostilidad contra m¨ª? Despu¨¦s de todo estamos en la misma situaci¨®n. La mujer escucha la pregunta y lo mira de reojo, como un adulto ve a un ni?o que por su ignorancia acaba de decir algo extremadamente est¨²pido. ¨¦l capta el gesto y, confundido ante este, pregunta ¡ª?Qu¨¦? ?No lo estamos? La mujer vuelve a suspirar y, tratando de corregir la falsa concepci¨®n que el hombre ten¨ªa, explica¡ªPrimero, ¨¦l es el l¨ªder del equipo de campo, lo que hace que tu muerte o cualquier equivocaci¨®n que hagas sea su responsabilidad; adem¨¢s es tambi¨¦n uno de tus entrenadores, o sea que si cometes un error ¨¦l tiene la culpa y segundo, Or¨¢culo y Tal¨®n no son solo amigos¡ª la mujer se detiene asumiendo correctamente que no tiene que describir la relaci¨®n entre ambos hombres para que John entienda porque ella pensaba que lo que ¨¦l dijo era est¨²pido, pero para que no queden dudas antes de atravesar el umbral que da al comedor, agrega¡ªAs¨ª que no, John, tu situaci¨®n y la de ¨¦l no son iguales. Entendiendo un poco mejor el punto de vista del hombre, John siente simpat¨ªa por la situaci¨®n en la que Tal¨®n se encuentra y aunque no dice nada a Mouse, decide perdonar al hombre por c¨®mo lo trat¨® e intentar ayudarlo de la mejor manera que pueda. Mientras estaba pensando qu¨¦ hacer, una voz conocida descarrila su tren de pensamiento-John, Mousi, por aqu¨ª, les consegu¨ª un plato de alb¨®ndigas ¡ªdice Abigail, llamando la atenci¨®n del d¨²o mientras se?ala los dos platos calientes de alb¨®ndigas enfrente de ella. Sin dudarlo, ambas personas se acercan a la mesa y se sientan en los lugares vac¨ªos reservados para ellos, mientras respiran el apetitoso aire que emanaba de los platos. ¡ªHola, Abi, gracias por guardarnos un lugar ¡ªagradece Mouse tomando sus cubiertos. ¡ªAl parecer, hermano Chef, no se enoj¨® contigo ¡ªcomenta John haciendo lo mismo. ¡ªEn un principio lo estaba, pero luego de explicarle exactamente que pas¨® se calm¨®; deber¨ªas pasar a hablar con ¨¦l despu¨¦s de comer, a pesar de que le dije que estabas bien, todav¨ªa me parec¨ªa preocupado¡ªdice Abigail mientras pone una alb¨®ndiga entera en su boca y mastica lentamente saboreando el magistral platillo. ¡ªS¨ª, deber¨ªa, tal vez le pueda pedir la receta de estas alb¨®ndigas; son deliciosas ¡ªelogia el hombre con una sonrisa. ¡ªHierbas m¨¢gicas; hacen toda la diferencia ¡ªbromea la bibliotecaria riendo. ¡ªPor cierto, vi a Tal¨®n entrar hace poco; ten¨ªa una cara que daba miedo, ?alguien sabe qu¨¦ pas¨®? ¡ªla pregunta dirigida m¨¢s a la bibliotecaria que a John. ¡ªHoy estuvimos hablando sobre la operaci¨®n Jord¨¢n y llegamos a una decisi¨®n que hizo enojar a Tal¨®n ¡ªcontesta la mujer en un tono serio y algo triste mientras mira en la distancia la figura del arcanista sentado mientras porta un f¨¦rreo ce?o fruncido que lentamente se va ablandando tras cada bocanada de la deliciosa comida. - ?Qu¨¦ pas¨®? ?Se cancela o al final la pista que encontraron termin¨® siendo nada? - Indaga Abigail en voz baja, d¨¢ndose cuenta tarde de que John est¨¢ lo suficientemente cerca para o¨ªrla. ¡ªNo te preocupes, Abi, John es parte de la operaci¨®n; es por eso que Tal¨®n est¨¢ tan enojado ¡ªcontest¨® Mouse al ver que la mujer empezaba a entrar en p¨¢nico. Ambos aspirantes se miran con una expresi¨®n de sorpresa y la primera en romper el silencio es Abigail. ¡ªJohn, ?est¨¢s seguro de esto? Las misiones de campo son extremadamente peligrosas incluso para iniciados, m¨¢s a¨²n para aspirantes ¡ªla mujer pregunta en un tono preocupado. John contin¨²a mir¨¢ndola por unos segundos, claramente ofendido, mientras busca las palabras adecuadas para responder la pregunta que le hicieron de manera ingeniosa, pero lo ¨²nico que llega a decir es ¡ªT¨² tambi¨¦n eres un aspirante como yo, ?no? ¡ªS¨ª, pero para empezar tengo antig¨¹edad; he sido un aspirante m¨¢s tiempo que t¨², adem¨¢s yo ya he estado en un par de operaciones menores y puedo decirte que no es broma: encontrarse una esquirla, incluso de bajo nivel, es aterrador, adem¨¢s mis poderes me permiten mantenerme fuera de peligro ¡ªexplica Abigail en un tono serio poco caracter¨ªstico de ella. No pudiendo negar esa l¨®gica, lo ¨²nico que el hombre puede hacer es intentar cambiar el tema y el hecho de que la mujer mencionara sus poderes le da la excusa perfecta para hacerlo. As¨ª que poniendo su mejor expresi¨®n de confusi¨®n mientras ladea la cabeza, dice ¡ªNunca me dijiste que ten¨ªas poderes. ¡ªVamos, John, te ten¨ªa por alguien m¨¢s listo. Todos aqu¨ª tienen poderes, magia, bendiciones o como quieras llamarlo; yo no soy la excepci¨®n ni t¨² tampoco. La ¨²nica diferencia es que yo ya llevo unos a?os practicando y t¨² no¡ªpresume la mujer sacando pecho. Por todo lo que hab¨ªa pasado en las ¨²ltimas semanas, John no se hab¨ªa detenido a pensar en que cada persona alrededor de ¨¦l en estos momentos tiene el poder de cambiar la realidad a voluntad y lo peligroso que eso era. Tratando de poner una expresi¨®n valiente ante la repentina noci¨®n, John dice: ¡ªBueno, si eres tan buena usando tus poderes, porque no lo demuestras. Mouse trata de interceder en la conversaci¨®n, intentando detener a los dos aspirantes, pero al ver la expresi¨®n de Abigail sabe que es in¨²til intentar razonar con la mujer, as¨ª que no lo hace y solamente se queda en silencio observando la demostraci¨®n. Abigail se arremanga, levanta una mano y cierra los ojos. Mientras ella se concentra, John puede sentir como los pelos de su nuca se paran y el aire se llena de est¨¢tica. Los otros comensales sentados en la misma mesa miran en la direcci¨®n del grupo habiendo sentido lo mismo, y cuando la mujer abre sus parpados, el iris de sus ojos brilla con un tono verdoso. De repente el sonido de un aleteo se puede escuchar en la habitaci¨®n; desde alguna ventana abierta una peque?a ave se hab¨ªa colado y ahora se posa en la mano de Abigail. Un mirlo primaveral en todo su esplendor miraba alrededor con r¨¢pidos movimientos, pero en vez de su caracter¨ªstico plumaje rojo, plumas verdes adornaban su pecho. ¡ªJohn, te presento a Tim, es uno de mis compa?eros¡ª la voz de la mujer escapando del pico del p¨¢jaro. ¡ªWow, ?eres una especie de domadora o druida? ¡ªPregunta John mientras observa detenidamente la creatura en las manos de la mujer. Mouse r¨ªe un poco ante las palabras del aspirante, mientras observa entretenida la cara de asombro y curiosidad casi infantil que ¨¦l porta. ¡ªAlgo as¨ª, puedo crear conexiones con diferentes animales. Compartimos sentidos y puedo comunicarme a trav¨¦s de ellos, ¨²til cuando los tel¨¦fonos o las radios no funcionan ¡ªdice el animal mientras se posa en el hombro del hombre. ¡ªIncre¨ªble¡­¡ªcomenta el aspirante buscando las palabras para explicar lo que siente en estos momentos y no encontrando ninguna que pueda hacerlo. John extiende la mano intentando tocar a Tim, pero este sale volando, pos¨¢ndose en el marco de una ventana lejana. En ese momento, la luz que emanaban de los ojos de Abigail se apagan y con una sonrisa de superioridad dice ¡ªTiene sus riesgos, pero con mi habilidad puedo hacer tareas de reconocimiento y comunicaci¨®n de una manera relativamente segura, es por eso que se me permiti¨® ser parte de las operaciones de campo, es por esto que te pregunto una vez m¨¢s, ?John est¨¢s seguro de que quieres hacer esto? John mira su plato vac¨ªo; duda entrando en su mente por primera vez, pero si quiere no solo encontrar la forma de ayudar a Oliver sino tambi¨¦n demostrar lo que vale al grupo, debe tomar lo que, seg¨²n fuentes en las que puede confiar, parecer¨ªa un gran riesgo. ¡ªS¨ª, estoy seguro ¡ªdice el hombre levantando la vista y trabando la mirada con Abigail. Esta entrecierra los ojos sin quitarlos de los de ¨¦l, buscando un ¨¢pice de duda, pero al no encontrarlo se encoje de hombros y con una sonrisa mientras presenta su mano para un apret¨®n dice ¡ªEst¨¢ bien, si crees que est¨¢s preparado, te doy la bienvenida al equipo de campo. El hombre lo acepta, agradecido de saber que contaba con alguien cuando inevitablemente llegara el momento, y luego de soltar la mano de la mujer, mirando su plato, pregunta: ?Podemos pedir segundos? Sonriendo de oreja a oreja, Abigail responde: ¡ªSolo si somos lo suficientemente r¨¢pidos. Cap铆tulo 15: Una tarde en el campo de tiro Luego del almuerzo y de que John le asegurara su bienestar a Chef, Mouse se retira a la biblioteca dejando a los dos aspirantes solos; con algo de tiempo antes de tener que ir al campo de tiro, el d¨²o decide pasar el tiempo jugando a las cartas. Despu¨¦s de estar perdiendo constantemente contra Abigail por lo que parece un largo tiempo, John levanta la cabeza y ve la hora marcada en un viejo reloj colgado en la pared del comedor. Son las una y treinta y cinco de la tarde, as¨ª que se levanta y d¨¢ndose por vencido en una partida ya perdida le pregunta a la mujer ¡ªAbi, ?me puedes acompa?ar al campo de tiro? ¡ªClaro que s¨ª, d¨¦jame guardar las cartas y enseguida te acompa?o ¡ªcontesta la mujer mientras empieza a guardar los naipes y cuando termina de hacerlo agrega¡ª ?Tienes todo lo que necesitas? ¡ªCreo que s¨ª, no me dijo que llevara nada; ?piensas que es una especie de prueba para ver si estoy preparado? ¡ªcuestiona John en un tono preocupado. ¡ªNo creo; Tal¨®n no es el tipo de persona que har¨ªa algo como eso ¡ªcontesta Abigail intentando disipar las preocupaciones del hombre. Ambos salen del comedor, cruzan el patio interno y salen por la puerta que da al exterior. Recibidos por los mismos ¨¢rboles que vieron esa ma?ana, John mira el invernadero; un ligero temblor le recorre el cuerpo, pero obvi¨¢ndolo lo mejor que puede, contin¨²a su camino por el pasto h¨²medo. Llegando a la l¨ªnea de los ¨¢rboles, puede apreciar c¨®mo un camino corta la densa arboleda a la mitad; sin dudarlo, Abigail empieza a transitarlo seguido de cerca por su compa?ero. ¡ªGracias por acompa?arme, nunca he usado un arma antes y estoy algo nervioso ¡ªcomenta John mientras respira hondo el fresco aire forestal intentando calmarse. ¡ªNo hay problema, igual ten¨ªa que practicar; Tal¨®n es muy insistente en que todos los miembros del equipo de campo sepan defenderse ¡ªasegura la mujer, sus palabras siendo puntuadas con ligeras detonaciones que se pueden escuchar en la distancia y d¨¢ndose vuelta para mirar a su compa?ero. agrega ¡ªYo tampoco hab¨ªa usado un arma antes, pero result¨® que al final es bastante divertido y, a pesar de c¨®mo se ve, Tal¨®n es un buen maestro. No te llevar¨¢ nada de tiempo tomarle la mano a esto, estoy segura. ¡ªBueno, si t¨² lo dices ¡ªdice el hombre no muy convencido, mientras lleva su mirada a los ¨¢rboles que los rodeaban. Ambos aspirantes continuaban avanzando por el camino de tierra en silencio mientras escuchaban los variados sonidos naturales del bosque, que de vez en cuando eran reemplazados por el ruido de explosiones, cuyo volumen iba en aumento con cada paso. Despu¨¦s de unos minutos, la fuente de las explosiones se hace visible cuando el camino termina abruptamente en un espacio abierto en donde varias mesas techadas se encontraban una al lado de la otra. Apoyados en ¨¦stas, hombres y mujeres disparaban diferentes tipos de armamentos a varios objetivos de distintos tama?os y formas que se hallaban desperdigados hasta donde alcanzaba la vista. A unos metros de la mesa se hallaba una caba?a en donde varias personas entraban y sal¨ªan con munici¨®n y armas; pasando esta, otro camino continuaba hacia dentro del bosque. ¡ªJusto a tiempo novato, me alegra que no se te tenga que ense?ar puntualidad ¡ªdice una voz conocida nada alegre. El d¨²o mira a su derecha, pudiendo notar c¨®mo Tal¨®n se encuentra a unos pasos de ellos mientras llevaba puesta una gorra roja, lentes de sol y las fundas que se pegaban a ambos flancos de su forma, llenas con 2 armas de fuego. Dos orejeras colgaban de su brazo derecho y en sus manos pod¨ªan verse una caja de munici¨®n y una pistola. ¡ªHermano Tal¨®n, que gusto verte¡­ ¡ªempieza a adular la mujer con su mejor sonrisa profesional, pero la mirada que le da el arcanista es m¨¢s que suficiente para hacer que desista. ¡ªAbigail, ve a entrenar; hermano Cache ya tiene tus cosas, ya sabes qu¨¦ hacer con ellas ¡ªordena el hombre en un tono duro. ¡ªS¨ª, se?or ¡ªdice la mujer acatando la orden mientras gesticula una disculpa a su compa?ero antes de dirigirse en la direcci¨®n de la caba?a. John observa c¨®mo Tal¨®n, sin decirle nada, se acerca a una de las mesas, no queriendo que la relaci¨®n entre ellos se agrie m¨¢s; este lo sigue de cerca. Cuando por fin llegan, el arcanista deja la caja de munici¨®n sobre la tabla de madera y gir¨¢ndose increpa a John. ¡ª?Sabes qu¨¦ es esto? ¡ªpregunta el hombre mientras presenta el arma en su mano al aspirante. ¡ª?Una pistola? ¡ªpregunta tentativamente John mientras intenta tomarla. ¡ªNo, esta es TU pistola, o lo ser¨¢ cuando entiendas c¨®mo usarla de manera segura y eficiente ¡ªresponde Tal¨®n, retir¨¢ndola del alcance del aspirante antes de que pueda agarrarla y caminando lentamente alrededor de ¨¦l, agrega¡ª Un arma de fuego es un gran poder y responsabilidad para cualquier persona; si quieres portar una, debes saber 4 preceptos fundamentales que rigen su uso. Primero: considera cualquier arma como si estuviera cargada; incluso si sabes, est¨¢s seguro, de que no lo est¨¢, es mejor no arriesgarse a la posibilidad de que est¨¦s equivocado. Segundo: nunca apuntes tu arma a algo que no est¨¦s dispuesto a destruir; un arma es un instrumento de defensa, no un juguete con que recrear tu pel¨ªcula de acci¨®n preferida. Tercero: siempre se consiente de lo que hay detr¨¢s de tu objetivo; las balas tienen la tendencia para bien o para mal de atravesar a lo que le est¨¢s intentando disparar y golpear lo que no, por ¨²ltimo, algo que a toda persona nueva al uso de las armas de fuego le cuesta entender; a menos que est¨¦s preparado para disparar ¡ª el hombre pausa dejando claro el intento de enfatizar las siguientes palabras que saldr¨¢n de su boca y mirando fijamente al novato dice ¡ªMANT¨¦N. EL DEDO. FUERA. DEL G¨¢TILLO. Tal¨®n traba la vista con John, intentando develar si este pudo entender lo que acaba de decir y despu¨¦s de algunos segundos, a¨²n con algo de duda, le entrega el arma al aspirante. ¨¦l la tom¨® casi con reverencia; el peque?o objeto de metal y madera era mucho m¨¢s pesado de lo que parecer¨ªa; la superficie gris algo gastada junto con la empu?adura de madera le daban un aspecto cl¨¢sico que llamaba la atenci¨®n. ¡ª?C¨®mo se llama? ¡ªpregunta John sin quitarle la vista al objeto. ¡ªEs una pistola, no tiene nombre, pero si preguntas por el modelo, es una Colt 1911, semiautom¨¢tica, ajustada para aceptar balas de 9mm ¡ªresponde el arcanista mientras se acerca a la mesa y abre la caja de munici¨®n mostrando las balas sueltas junto a los cargadores vac¨ªos en el interior. ¡ªS¨ª, me refer¨ªa a eso ¡ªdice John ligeramente avergonzado mientras toma la pistola con una mano y se acerca a ayudar a Tal¨®n. ¡ªLos cargadores son de 7 balas m¨¢s una en la rec¨¢mara; esto quiere decir que puedes disparar 8 veces antes de tener que recargar; es fundamental saber cu¨¢ntas balas usaste y cu¨¢ntas te quedan ¡ªexplica el arcanista mientras empuja una bala tras de otra dentro del cargador. Imit¨¢ndolo, John hace lo mismo y despu¨¦s de unos minutos todos los cargadores se encuentran llenos. ¡ªColocas el cargador en la parte de abajo, y tiras de la corredera hasta que escuches un clic, en ese momento la bala est¨¢ en la rec¨¢mara, no olvides las 4 reglas y no te olvides de contar ¡ªinstruye el hombre mientras le pasa un cargador a John. John lo hace, forcejeando un poco con la corredera, pero m¨¢s temprano que tarde escucha el clic deseado, el arma preparada para ser usada. Viendo que el hombre por fin pudo colocar el cargador en el arma, el arcanista contin¨²a explicando ¡ªPara poder disparar una pistola, o cualquier arma, debes primero sacarle el seguro; este est¨¢ colocado en la parte de atr¨¢s de la pistola; usa tu pulgar para quitarlo, luego usa ambas manos para mantener fija el arma y¡­ ¡ªantes de que pudiera terminar, John dispara el arma. Apenas se produce la detonaci¨®n, el sonido de metal impactando metal resuena en el bosque. Un dolor punzante que se manifiesta en el interior de su o¨ªdo detiene al hombre en seco; por unos instantes todo lo que puede escuchar es un chillido agudo que ahoga cualquier otro sonido. Sorprendido por el repentino dolor, mira a su instructor. Lo primero que ve es una orejera colgando del dedo de Tal¨®n; ¨¦ste mir¨¢ndolo en silencio con una clara cara de enojo. John toma el objeto y lo mira, no entendiendo muy bien para qu¨¦ son, pero cuando la bruma producida por el dolor se va disipando, por fin entiende cu¨¢l es su uso y bajo el ce?o fruncido de su entrenador se los coloca alrededor del cuello. This tale has been unlawfully lifted from Royal Road. If you spot it on Amazon, please report it. Luego del incidente, la pr¨¢ctica sigui¨® normalmente. Tal¨®n termin¨® de explicarle a John c¨®mo disparar y despu¨¦s de unas horas, cuando ya el sol estaba a sus espaldas, toda la munici¨®n que trajo fue usada. ¡ª?Esta es la primera vez que disparas un arma? ¡ªpregunta el arcanista con un tono serio. - ?Por qu¨¦? ?Tanto se nota? ¡ªresponde John en broma. Tal¨®n se queda en silencio por unos segundos sin quitar la vista del campo de tiro, examin¨¢ndolo detenidamente mientras entrecierra los ojos y frunce el ce?o para luego retirarse, mientras sin mirar a John dice ¡ªTerminamos por hoy, limpia el lugar y deja los casquillos que encuentres en la caja de munici¨®n; luego mandar¨¦ a Abigail a que la busque. John mira tambi¨¦n al campo de tiro, pregunt¨¢ndose qu¨¦ tan mal lo hizo. No peg¨® todos los tiros, ni siquiera se atrever¨ªa a decir que peg¨® la mayor¨ªa, pero algunos de ellos impactaron el objetivo; lo que asume es bastante bueno para su primera vez manejando un arma de fuego. No teniendo un punto de referencia para confirmar lo que pensaba, decidi¨® hacer lo que le ordenaron y empez¨® a juntar cada casquillo que encontr¨® en el suelo cerca de su mesa. En el proceso, se dio cuenta primero de lo sudado que estaba; si bien no hizo muchos movimientos, lo concentrado que estaba m¨¢s el inclemente sol del verano lo hicieron transpirar bastante; aun as¨ª, no sinti¨® incomodidad alguna en toda la pr¨¢ctica y segundo de que pas¨® bastante tiempo disparando hasta el punto de que cuando termin¨® de juntar todos los casquillos y ponerlos en la caja de municiones, el cielo empezaba a tornarse naranja. Despu¨¦s de unos minutos de esperar a que su compa?era viniera, John puede apreciar la figura de Abigail que se acercaba a paso apurado llevando dos botellas, una en cada mano. ¡ªJoooooohn ¡ªgrita la mujer mientras se acerca. ¡ª?Qu¨¦ pasa, Abi? ?Por qu¨¦ tanto alboroto? ¡ªpregunta el hombre con una ligera sonrisa. ¡ªMira lo que hermano Cache me dio ¡ªresponde Abigail mientras estira la botella que tiene en su mano derecha en la direcci¨®n del hombre. John la toma y lo primero que nota es lo fr¨ªa que est¨¢. Observ¨¢ndola m¨¢s de cerca, resalta el color negro del l¨ªquido en su interior. Mirando la etiqueta, la caricatura de una soldado de falda corta que cargaba con varias cajas de munici¨®n lo miraba con ojos caricaturescos, y encima de ¨¦sta se puede leer "Flavor Cache, zarzaparrilla". ¡ªHo, gracias, me hac¨ªa falta algo que tomar ¡ªagradece el hombre mientras quita la tapa de metal. ¡ªNo te preocupes ?para qu¨¦ son los amigos? ¡ªdice la mujer mientras presenta su botella para un brindis. John acepta el gesto y choca su botella con la de ella, produciendo un sonoro clanck. Abigail se sienta en la mesa y se apoya en la caja de munici¨®n mientras toma un sorbo del dulce l¨ªquido, Ambos beben observando en silencio como el sol se esconde detr¨¢s de los ¨¢rboles. ¡ª?C¨®mo te fue? ¡ªinterroga la mujer con un tono lleno de curiosidad. ¡ªBien, acert¨¦ algunos tiros, fall¨¦ la mayor¨ªa ¡ªresponde John bromeando. ¡ªHaa, normal entonces ¡ªdice la mujer haciendo lo mismo. Ambos r¨ªen por un momento, disfrutando de la compa?¨ªa del otro. Un viento fr¨ªo se colaba entre los ¨¢rboles, moviendo el pelo de la mujer y haciendo que un mech¨®n rojo se deslizara por su frente; esta lo toma y lo coloca detr¨¢s de su oreja, mostrando su tez blanca salpicada de peque?as pecas. ¡ª?Qu¨¦ pasa, tengo algo en la cara? ¡ªpregunta Abigail al notar como el hombre la mira atentamente. ¡ªNo, solo estoy disfrutando de la vista ¡ªresponde galantemente John. La mujer mir¨® para abajo intentando ocultar c¨®mo su rostro hab¨ªa tomado un tono m¨¢s rojizo, pero sus orejas la traicionaron, mostrando c¨®mo se sent¨ªa a todo el que las viera. John mira para arriba, complacido con la reacci¨®n que acababa de ver. El cielo empezando a ponerse oscuro y las primeras estrellas brillando junto a la silueta de la luna hacen de un buen espect¨¢culo para el cansado hombre. ¨¦l respira hondo, saboreando la calma y sinti¨¦ndose en paz; en ese momento otra vez un extra?o sentimiento le agarra la boca del est¨®mago y le retuerce la cara en un gesto de dolor. ¡ª?Estas bien? ?Te sent¨® mal el refresco? ¡ªpregunta Abigail en un tono preocupado. ¡ªNo, solo estoy algo cansado ¡ªresponde John tratando de calmar a su compa?era. ¡ªOk, d¨¦jame guardar esto y te acompa?o, a menos que quieras volver solo ¡ªdice la mujer mientras da un golpecito al contenedor enfrente de ella. ¡ªNo, no, te espero, de hecho, d¨¦jame ayudarte ¡ªofrece el aspirante mientras toma una de las manijas de la caja. ¡ªGenial, as¨ª podemos seguir hablando ¡ªdice Abigail tomando la otra manija y mientras caminan en direcci¨®n a la caba?a, agrega¡ª Hoy hay noche de trivia y cocteles en el comedor, si te interesa podemos ir juntos. John lo piensa por unos segundos. La invitaci¨®n es atractiva, pero su itinerario est¨¢ sobrecargado de cosas y el entrenamiento de la tarde lo hab¨ªa dejado exhausto, as¨ª que con una clara expresi¨®n de decepci¨®n el hombre dice ¡ªLo lamento, Abi, ma?ana a la ma?ana tengo mi primera clase con hermano Sigil y deber¨ªa dormir temprano. ¡ªClaro, claro, ma?ana es un d¨ªa importante, por fin sabremos lo que puedes hacer ¡ªcomenta la mujer tratando de camuflar su decepci¨®n. ¡ªPero este fin de semana me van a presentar al grupo de campo, as¨ª que asumo le podemos pedir a Tal¨®n que nos lleve a comer a alg¨²n lado¡ª bromea r¨¢pidamente el hombre tratando de levantarle el ¨¢nimo a su colega. ¡ªS¨ª, cierto; ?piensas que nos llevar¨¢ a Burger King? ¡ªcomenta la mujer sigui¨¦ndole el juego a John mientras empieza a sonre¨ªr. ¡ªPor c¨®mo le caigo a Tal¨®n, asumir¨ªa que s¨ª ¡ªcontesta el hombre mientras sonr¨ªe de oreja a oreja. Ambos empiezan a re¨ªr a carcajadas y contin¨²an bromeando mientras terminan de tomar el refresco. El viaje es corto y pronto llegan al porche de la caba?a en donde un hombre viejo y canoso se encontraba sentado en una mecedora, con una conservadora a un lado y un sabueso casi tan viejo como ¨¦l en el otro. ¡ªHola, Albert, hola, Louie ¡ªsaluda Abigail mientras sube al porche junto a John y abre la puerta. Tanto el anciano como el perro asienten aceptando el saludo de la mujer y clavan la mirada fijamente en el hombre que la acompa?aba. Este saluda tambi¨¦n, pero no recibe respuesta de ninguno de los dos, solo silencio y miradas fr¨ªas. Cuando entra a la caba?a, lo primero que ven son filas y filas de estanter¨ªas llenas de diferentes armas, munici¨®n y equipo. El olor a cigarrillos colmaba el aire y pod¨ªa ser rastreado a un escritorio con una vieja computadora en donde un hombre de mediana edad, piel marr¨®n y pelo negro, se encontraba sentado con un abano en una mano y una cerveza en la otra. ¡ªHermano Cache, ?d¨®nde dejamos esto? ¡ªpregunta Abigail mientras avanza en la direcci¨®n del fumador. ¡ªD¨¦jalo aqu¨ª, ni?a, yo me encargo de guardarlo ¡ªcontesta Cache con un pesado acento centroamericano. Dejando el contenedor en el lugar indicado, lo ¨²nico que les queda a los aspirantes en las manos son las botellas vac¨ªas. Al notar esto, Cache sonr¨ªe y pregunta ¡ª?Qu¨¦ tal los refrescos, les gustaron? ¡ªA m¨ª me encanta ¡ªcontesta Abigail devolvi¨¦ndole la sonrisa. ¡ªS¨ª, es bastante bueno ¡ªconcuerda John asintiendo. ¡ªQu¨¦ bien que les haya gustado, es una receta de mi madre, hermano Cache, por cierto ¡ªdice el hombre mientras extiende una mano prost¨¦tica que mueve de manera tan fluida como la normal en la direcci¨®n del hombre que no conoc¨ªa. ¡ªJohn Dole, nuevo aspirante, un placer conocerlo ¡ªse presenta el hombre mientras agarra firmemente la pr¨®tesis, sorprendi¨¦ndose de lo c¨¢lida que es. ¡ªMira, ?el chico de los rumores? El placer es todo m¨ªo, John ¡ªdice el hermano Cache en un tono de sorpresa. ¡ªNo s¨¦ qu¨¦ rumores ser¨¢n esos, pero no los creer¨ªa; la mayor¨ªa son exageraciones ¡ªcomenta John, intentando ya sea disminuir cualquier rumor negativo o si son positivos darse un aire de humildad. ¡ªPuede que s¨ª, eso lo veremos m¨¢s adelante, pero por ahora ya casi anochece; deber¨ªan volver al santuario, el bosque es mucho m¨¢s peligroso en la noche ¡ªadvierte el hombre de pelo oscuro y antes de que el d¨²o pueda hacer un paso apuntando al escritorio, pide ¡ªAntes de que me olvide, dejen las botellas aqu¨ª. Despu¨¦s de hacer lo que se les pide, se disponen a volver, no sin antes despedirse del hermano Cache, Albert y Louie. El viaje de regreso es en silencio; los dos no sabiendo qu¨¦ decir deciden concentrarse en los sonidos naturales que ahora se escuchaban con mucha m¨¢s claridad gracias a que no eran sofocados por explosiones cada dos por tres. El camino es iluminado por luces incrustadas en ciertos ¨¢rboles que flanquean el paso por donde caminaban, dej¨¢ndolos transitar c¨®modamente incluso en la oscuridad que empezaba a tomar todo el lugar. Cuando por fin vieron el invernadero, que brillaba como un faro con un tono blanquecino, ya era completamente de noche. El d¨²o entr¨® por la puerta que daba al patio interno y se par¨® mirando las linternas que colgaban de los distintos ¨¢rboles, iluminando el interior. ¡ª?Te veo ma?ana en el desayuno? ¡ªpregunta Abigail mirando a John fijamente. ¡ªClaro que s¨ª, no me lo perder¨ªa por nada ¡ªresponde el hombre con una sonrisa. En un momento de quietud, de pausa, en donde ambas personas se miran a los ojos y todo el mundo alrededor parece difuminarse hasta casi desaparecer, John siente un impulso algo primordial que lo mueve a tomar acci¨®n, pero cuando este sentimiento se iba a imponer, algo lo detiene. Le advirtieron que sus sentimientos se pueden salir de control, cuanto menos supresores toma. ?Qu¨¦ tal si lo que siente en este momento es un reflejo de eso? No ser¨ªa justo para Abigail si esto es solo un s¨ªntoma de abstinencia, as¨ª que duda y, como antes, la duda lleva a que pierda la oportunidad de actuar. ¡ªHasta ma?ana, John ¡ªse despide Abigail con una expresi¨®n un poco triste. ¡ªHasta ma?ana ¡ªdice John tratando de ocultar su propia decepci¨®n. Despu¨¦s de darse un ba?o, John se acuesta sin comer, demasiado cansado como para buscar sustento. Da vueltas en su cama recrimin¨¢ndose sobre lo ocurrido hace poco y mientras trata de convencerse que fue la decisi¨®n correcta, el sue?o por fin lo encuentra llev¨¢ndolo lentamente hacia la inconsciencia. Cap铆tulo 16: Conocerse a uno mismo John se levanta de la cama. La bruma mental del despertar le borra la memoria por unos segundos, haci¨¦ndole olvidar donde est¨¢ e incluso qui¨¦n es, pero lentamente, a medida que se va despertando, los recuerdos vuelven junto a un gran dolor de cabeza. Abriendo su tel¨¦fono de tapita y mirando los n¨²meros en la parte de arriba, nota que son las 6:30 de la ma?ana; se hab¨ªa levantado antes de que sonara su alarma, as¨ª que la desactiva y lentamente se levanta, estir¨¢ndose mientras bosteza de manera exagerada. Luego de buscar un conjunto de ropa sali¨® de su habitaci¨®n en direcci¨®n al ba?o, devolvi¨¦ndole el saludo a un par de personas que conoc¨ªa solo de vista en el camino. Despu¨¦s de darse una ducha y cambiarse, John toma el inkstick y el diario que le regal¨® Mouse y va al comedor. Los cocineros apenas hab¨ªan terminado de preparar las diferentes mesas con los variados tipos de desayunos. ¨¦l toma una manzana junto a una taza de caf¨¦ y se dirige a la mesa m¨¢s cercana en donde procede a sentarse. Mientras toma un sorbo del caliente l¨ªquido, deja sus cosas en la mesa e intenta recordar todo lo que tiene que hacer ese d¨ªa. D¨¢ndose cuenta de la gran tarea que ten¨ªa en sus manos, empieza a dudar de si podr¨¢ lograrlo y a recriminarse por no haberlo pensado mejor antes de aceptar la proposici¨®n de Narciso. Despu¨¦s de unos minutos, el comedor se empieza a llenar de gente y, no mucho m¨¢s tarde, una voz familiar corta la meditaci¨®n del hombre. ¡ªBuen d¨ªa, John ¡ªla figura de Evergreen se sienta en el otro lado de la mesa, dejando un plato colmado con diferentes frutas en frente de ella. ¡ªBuen d¨ªa, hermana Evergreen ¡ªdevuelve el saludo el hombre, suavizando su expresi¨®n ante la llegada de la doctora. ¡ª?C¨®mo te est¨¢s sintiendo? ¡ªpregunta la mujer mientras ba?a los trozos de fruta con miel. ¡ªBien, bien ¡ªresponde John tratando de actuar como si todo estuviera bajo control. ¡ªJohn, mira, no tienes que decirme nada si no quieres hacerlo, pero no soy solo tu m¨¦dica sino tambi¨¦n tu amiga, as¨ª que si hay algo que te moleste lo menos que puedo hacer es escucharte ¡ªdice la mujer, no trag¨¢ndose el acto y ofreciendo consuelo de ser necesario. El hombre pausa, juzgando que decirle a la mujer podr¨ªa preguntarle por los sue?os, pero ahora son m¨¢s un embrollo de memorias malas y buenas que no quisiera tocar, por lo menos no por ahora. As¨ª que se decanta por lo sucedido la noche pasada con Abigail, como dudaba si los sentimientos que tuvo en esos momentos eran realmente suyos o la consecuencia de la falta de supresores en su sistema. Evergreen escucha atentamente mientras come, y cuando el hombre termin¨® su relato, se queda en silencio, pensando por unos segundos para luego decir ¡ªEntiendo tu preocupaci¨®n, la idea de que los sentimientos de cari?o que le tengas a Abigail pudieran desbordarse y parecer rom¨¢nticos cuando no lo son es algo que da miedo; no dejarse llevar por ese impulso fue una buena decisi¨®n. Ahora la pregunta es la siguiente: ?ella parec¨ªa estar interesada o no? Porque si no, no hay drama, pero si la respuesta es s¨ª, deber¨ªas hablarle sobre c¨®mo te sientes y poner expectativas realistas en la relaci¨®n. Quien sabe, John, puede que todo esto pueda terminar en algo bueno. El hombre se pausa, mirando su reflejo en la copa de caf¨¦. Si fuera hace unas semanas, el mero prospecto de una relaci¨®n amorosa le hubiera parecido un sue?o lejano, pero ahora quisiera darle una oportunidad a la idea. En ese momento, un dolor en la boca de su est¨®mago hace que casi devuelva lo poco que acababa de meter en ¨¦l y, haciendo su mejor esfuerzo para ocultar la repentina dolencia, dice ¡ªDeber¨ªa hablar con Abigail, ?no la habr¨¢s visto por las dudas? ¡ªNo, lo que es extra?o, por lo general a esta hora ya est¨¢ parada en la l¨ªnea del tocino ¡ªcontesta la mujer extra?ada mientras mira alrededor en busca de la aspirante, pero luego de unos segundos se da por vencida y encogi¨¦ndose de hombros agrega ¡ªdebe estar todav¨ªa en el gimnasio. ¡ªEspera, ?tenemos un gimnasio? ¡ªcuestiona John sorprendido. ¡ªS¨ª, en vez de doblar en direcci¨®n hacia las escaleras vas para la izquierda y pasas la puerta de la derecha; ah¨ª est¨¢ el gimnasio ¡ªexplica Evergreen. ¡ªHaaaa, nunca fui de ese lado, tal vez deber¨ªa ¡ªbromea a costa suya el hombre tocando su fl¨¢cido b¨ªceps mientras r¨ªe. ¡ªSi la veo, le dir¨¦ a Abigail que la est¨¢s buscando, ?tienes esta tarde libre, verdad? ¡ªpregunta sonriendo la mujer. ¡ªSolo hasta las dos, luego tengo entrenamiento con Tal¨®n y despu¨¦s teor¨ªa con Mouse hasta entrada la noche ¡ªresponde el hombre, ya sinti¨¦ndose cansado de solo pensar todo lo que tiene que hacer hoy. Evergreen asiente mientras lo mira con una ligera expresi¨®n de simpat¨ªa y sin decir m¨¢s contin¨²a con su desayuno. ¨¦l hace lo mismo, el dolor en el abdomen disminuyendo gradualmente hasta que, cuando ambos salieron del comedor, pareciera que nunca pas¨®. Caminando por el patio interno, John se dirige a la sala de reuniones; justo en el momento que llega a la puerta, pudo ver la figura de Sigil que bajaba las escaleras con una caja de madera en las manos. ¡ªSe?or Dole, ?preparado para la clase? ¡ªpregunta el arcanista con una sonrisa mientras se acerca a la puerta y la abre. ¡ªAlgo nervioso, si te soy sincero, hermano Sigil ¡ªresponde el aspirante de manera franca. ¡ªNo te preocupes, hoy solo veremos cu¨¢l es tu afinidad y te explicar¨¦ c¨®mo circular energ¨ªa ¡ªdice Sigil mientras entra a la habitaci¨®n. Dirigi¨¦ndose a un lado de la mesa coloca la caja de madera y apuntando a la silla enfrente agrega ¡ªPor favor, si¨¦ntate, tenemos mucho que hacer y poco tiempo que perder. John se sienta en la silla y observa la caja. Su superficie estaba grabada con extra?as runas, que parec¨ªan moverse ligeramente si las ve¨ªa por mucho tiempo. ¡ªSeg¨²n tengo entendido, Mouse te explic¨® un poco c¨®mo funciona la magia, ?verdad? ¡ªpregunta el arcanista mirando directamente al hombre sentado enfrente de ¨¦l. ¡ªM¨¢s o menos, lo que me explic¨® es que hay ciertas radiaciones c¨®smicas que vienen desde afuera del universo conocido y que al concentrarse lo suficiente producen mutaciones y cambios en la realidad ¡ªresponde John intentando no olvidarse nada. ¡ªSip, eso suena a una explicaci¨®n que Mouse dar¨ªa¡ªdice Sigil, precediendo a quedarse unos segundos pensando la mejor manera de explicarle lo que sabe al aspirante y luego agregar¡ªLas radiaciones c¨®smicas a las que alude Mouse son conocidas en c¨ªrculos m¨¢s ortodoxos como Ether; estas energ¨ªas son absorbidas por un ¨®rgano especial llamado Enki, que si conoces el cuerpo humano tambi¨¦n es llamado ap¨¦ndice, para luego ser usadas a trav¨¦s de las encantaciones adecuadas para cambiar la realidad. John se llev¨® las manos al costado del cuerpo, en donde las peque?as marcas de las garras de Arktack todav¨ªa estaban y efectivamente se posaban encima de su ap¨¦ndice. Un sudor fr¨ªo le recorre el cuerpo ante la noci¨®n de que no solo casi es canibalizado por la entidad, sino que, adem¨¢s, casi perd¨ªa la habilidad de usar sus poderes sin haber siquiera entendido c¨®mo hacerlo. ¡ª?Se encuentra bien, se?or Dole? ¡ªpregunt¨® Sigil, mirando como la tez del hombre se volv¨ªa de repente m¨¢s p¨¢lida. ¡ªS¨ª, no es nada grave, ?de qu¨¦ est¨¢bamos hablando? ¡ªcontesta r¨¢pidamente John, tratando de aparentar estar m¨¢s tranquilo de lo que en realidad est¨¢. ¡ªEnki, es el ¨®rgano con el que procesas Ether y este, a trav¨¦s de medios, lo transforma en magia ¡ªrecapitula el arcanista lentamente y una vez se percat¨® de que segu¨ªa teniendo la atenci¨®n de John, agrega¡ªEl Enki de todo arcanista puede procesar y usar todo tipo de Ether, pero si se quiere usar magia de mayor poder, esto solo puede ser posible si el ¨®rgano es capaz de procesar una mayor cantidad de energ¨ªa; esto hace que cada Enki est¨¦ sintonizado a cierto tipo de Ether sobre otro y limita los hechizos de mayor nivel a los que uno tiene acceso. Unauthorized usage: this narrative is on Amazon without the author''s consent. Report any sightings. ¡ªOk, entonces s¨ª quiero hacer algo s¨²per poderoso; necesito saber cu¨¢l es la afinidad de mi Enki y asumo que para eso usamos sea lo que sea que hay en esa caja ¡ªcomenta el aspirante mientras apunta hacia la caja con grabados. ¡ªExacto, esto nos ayudar¨¢ a saber qu¨¦ tipo de Ether tu Enki disfruta m¨¢s ¡ªconcuerda Sigil mientras abre la caja. Cuando la tapa se abre, John puede sentir como los pelos de su nuca se paran. Dentro del cofre, lo primero que pudo notar son 14 esferas de cristal, del tama?o de una moneda, cada una estaba echa o encerraba diferentes materiales. Estas estaban apoyadas en una elevaci¨®n de terciopelo blanco colocada en un c¨ªrculo. El interior del contenedor estaba recubierto de madera imposiblemente oscura que exudaba un olor familiar. El aspirante se qued¨® mir¨¢ndolas; algunas parec¨ªan canicas que uno comprar¨ªa en la tienda de la esquina, otras se ve¨ªan de mucho m¨¢s bizarras en apariencia y a unas pocas le costaba entender lo que estaba viendo. ¡ªEstas esferas son materiales que pueden atraer y conservar Ether de una manera eficaz, para saber cu¨¢l es tu afinidad solamente tienes que soltar un poco de energ¨ªa; si reacciona, esa es tu afinidad, sino pues seguimos con la siguiente hasta que una reaccione¡ªexplica el arcanista mientras se coloca alado de John. ¡ª?Puedo tener m¨¢s de una afinidad? ¡ªpregunta lleno de curiosidad el aspirante sin sacar su vista de la caja. ¡ªEn teor¨ªa no, aunque ha habido casos de personas que han nacido con 2 Enkis y por ende pueden usar dos tipos de Ether; hasta esas alturas, lo normal es que un arcanista solo pueda usar de manera proficiente un tipo ¡ªresponde Sigil mientras se arremanga las mangas. ¡ª?Por qu¨¦? ¡ªvuelve a interrogar John con una expresi¨®n de confusi¨®n. ¡ªCuando el gen M461 se activa, modifica tu Enki para protegerte del Ether que te rodea; esto hace que se especialice en procesar el primer tipo de Ether que te marque, reduciendo su fuerza, salv¨¢ndote la vida en pocas palabras ¡ªdice el arcanista poniendo la mano en la espalda de John y respirando hondo. agrega¡ªBien, ahora para probar tu afinidad usualmente bastar¨ªa con tocar las esferas, pero como tienes demasiados supresores en tu organismo, te voy a ense?ar primero a circular energ¨ªa por tu cuerpo. Conc¨¦ntrate en la sensaci¨®n en tu espalda y trata de llevarla a tus manos; cuando est¨¦ ah¨ª, d¨¦jala fluir libremente. Sin mirar para atr¨¢s John se concentra en el sentimiento c¨¢lido que se encontraba en el medio de su espalda e intenta moverlo imaginando una esfera que empieza a arrastrar a trav¨¦s de su cuerpo, pero a pesar de su mayor esfuerzo, la masa de energ¨ªa se mov¨ªa extremadamente lento, casi como si estuviera anclada con cadenas al piso. ¡ªNo te apures, los supresores hacen que tus canales internos est¨¦n cerrados; solo conc¨¦ntrate en llevar el Ether a tu hombro, luego a tu codo y por ¨²ltimo al centro de tu palma, uno a la vez ¡ªdice Sigil al ver que el hombre empezaba a sudar por el esfuerzo que estaba haciendo. Siguiendo el consejo, se concentra en mover la esfera hasta cada una de las articulaciones y lento pero seguro lo va logrando. A medida que la energ¨ªa circula por su cuerpo, pudo sentir el olor a papel viejo en su nariz junto al casi imperceptible sonido de susurros que le hablan en idiomas desconocidos; cuando el Ether lleg¨® a su palma, un ligero brillo azulado empez¨® a emanar de esta para r¨¢pidamente disolverse en el aire del cuarto. Retirando la mano de la espalda del aspirante, Sigil suspira, gotas de sudor brot¨¢ndole de la frente y con una sonrisa dice ¡ªBien, ahora tienes que hacer lo mismo, pero con la energ¨ªa guardada en tu Enki, una vez que llegue a tu mano, toma una esfera y transfiere el Ether dentro de ella. Cerrando los ojos, John se concentra en su abdomen, particularmente en la zona en donde su ap¨¦ndice deber¨ªa estar; en ese lugar siente una masa de energ¨ªa m¨¢s tenue pero m¨¢s estable que la que sinti¨® en su espalda y lentamente empieza a moverlo a su mano, pasando por el centro del pecho, el hombro, el codo y por fin el centro de su palma. El sonido de algo arrastr¨¢ndose cerca suyo, el sentimiento de que su piel era tirada en todas las direcciones y unas ligeras n¨¢useas acompa?aban el movimiento de Ether a medida que se mov¨ªa por su cuerpo; cuando por fin sinti¨® la calidez en sus manos, abri¨® los ojos para encontrarse con ligeras motas de luz purpura que sal¨ªan de su mano. Sin perder el tiempo tom¨® la primera esfera de la izquierda; esta ten¨ªa una pasta escarlata que se agarraba del vidrio transl¨²cido. La agarr¨® por unos segundos y nada. As¨ª sigui¨® con las otras esferas, ninguna dando resultado hasta que lleg¨® a la s¨¦ptima. En ella vio un l¨ªquido purpura que se enrollaba sobre s¨ª mismo en una espiral infinita; apenas cerr¨® sus dedos sobre ella, el aire empez¨® a vibrar y cuando los volvi¨® a abrir no hab¨ªa nada en su palma. Sorprendido, John estaba a punto de preguntarle a su profesor qu¨¦ hab¨ªa pasado, pero antes de que pudiera, un sonoro golpe seco se pudo escuchar del otro lado de la mesa y ah¨ª, como si siempre hubiera estado en ese lugar, se hallaba la esfera con el l¨ªquido purpura todav¨ªa girando en espiral. Sigil camina lentamente hasta donde est¨¢ la esfera, tom¨¢ndola con una mano; mientras vuelve para guardarla en la caja, dice ¡ªAs¨ª que Ether purpura, qui¨¦n hubiera dicho que ten¨ªamos un Sarashai entre nosotros. ¡ª?Zarazai? ?Yo soy eso? ¡ªpregunta John, no pudiendo copiar la pronunciaci¨®n de la extra?a palabra. ¡ªBueno, no ahora, tienes la posibilidad de serlo; los Sarashai, o m¨¢s com¨²nmente conocidos como hacedores de caminos, son arcanistas que pueden controlar el espacio a su antojo y pueden surcar el interior de manera casi instintiva ¡ªresponde Sigil con una sonrisa. ¡ª?A qu¨¦ te refieres con interior? ¡ªcontin¨²a interrogando el aspirante, siendo asaltado otra vez con palabras que desconoce. ¡ªEl interior es el espacio que usamos para teleportarnos a distintos lugares; un par de metros ah¨ª pueden ser ya sea un par de cent¨ªmetros o cientos de kil¨®metros en el afuera. La diferencia entre los dos es si tienes un gu¨ªa lo suficientemente experimentado o un objeto que sirva de comp¨¢s¡ªexplica el hombre mientras se sienta en una silla cercana. ¡ªY estos gu¨ªas ser¨ªan los sarashai ¡ªafirma John intentando entender. ¡ªS¨ª, pero esos son raros, as¨ª que nos decantamos por usar puertas; estas, a trav¨¦s del Ether purpura, est¨¢n conectadas con otras puertas a trav¨¦s del interior ¡ªdice el arcanista mientras cierra la caja de madera. ¡ªPuertas ?c¨®mo las que usamos para entrar y salir del invernadero? ¡ªpregunta el aspirante intrigado. ¡ªExacto, muchas de las puertas del santuario y alrededores son compases conectados a otros lugares y nos permiten viajar a trav¨¦s de ellas ¡ªresponde Sigil, contento de poder expresar su conocimiento arcano. John se queda en silencio unos segundos, pregunt¨¢ndose si el lugar que atraves¨® para llegar al santuario podr¨ªa tener relaci¨®n con el lugar que denomina el interior. ¡ªHermano Sigil, ?usted sabe c¨®mo llegu¨¦ hasta aqu¨ª? ¡ªpregunta el aspirante intentando no tener que tocar m¨¢s de esos recuerdos de los que necesita. ¡ªS¨ª, de Echo estaba ah¨ª cuando apareciste ¡ªresponde el arcanista sonriendo. Una vez que se asegur¨® de donde partir, John le cont¨® toda la historia que pudo recordar sobre el lugar, aunque al final de su relato sinti¨® que faltaban pedazos que por alguna raz¨®n no pod¨ªa recordar. Adem¨¢s de dejar afuera la informaci¨®n de la llave, puesto que algo le dice que no deber¨ªa compartir la existencia del objeto y presumiendo haber dicho lo necesario, pregunta ¡ª?Esto tendr¨¢ que ver con el interior y mi capacidad de usar Ether purpura? Sigil se queda en silencio analizando la historia que le acaban de contar, buscando una explicaci¨®n satisfactoria, y a pesar de que no parece encontrarla mirando a John, dice ¡ªLas puertas que usamos en santuario son como caminos protegidos, asegurados por magia antigua y poderosa para que no nos tengamos que enfrentar a los peligros del interior. En mi vida como arcanista solo he estado en el interior dos veces y, obviando algunas cosas, suena exactamente igual a lo que describes. Tal vez, como estabas en peligro, usaste magia de manera instintiva; aunque abrir un portal hacia el interior sin la ayuda de un compas requiere mucha energ¨ªa, a la que no tendr¨ªas acceso en tu estado en ese momento, tambi¨¦n existe la posibilidad de que haya habido una resonancia u otro Sarashai que te haya sacado de la situaci¨®n. ?No tendr¨¢s alguien conocido que sepa hacer eso, verdad? John niega con la cabeza y al verlo Sigil se encoje de hombros diciendo ¡ªEs todo lo que tengo, en s¨ªntesis, lo m¨¢s probable es s¨ª, pero quien sabe, tal vez la pr¨®xima vez que encontremos un Sarashai podemos preguntarle, como sea, a partir de ahora vamos a concentrarnos en mover tu energ¨ªa interna hasta que la densidad de los supresores descienda lo suficiente como para poder externalizar tu Ether, ?ok? ¡ªBueno, ?solo tengo que hacer lo mismo que hice antes? ¡ªpregunta John un poco sorprendido por el cambio en la conversaci¨®n. ¡ªS¨ª, ven, si¨¦ntate aqu¨ª y mientras respiras de forma calmada y constante circula la energ¨ªa a los pies y a la cabeza hasta que yo te diga ¡ªresponde el arcanista colocando una alfombra en una secci¨®n del piso cerca de una ventana. John hace lo que se le indic¨® y empieza a lentamente mover la esfera alrededor de su cuerpo. El proceso es lento y costoso, as¨ª que para cuando Sigil lo detuvo solo pudo hacer el circuito una docena de veces. ¡ªMa?ana a la misma hora ¡ªdice Sigil mientras toma sus cosas y sale de la habitaci¨®n. ¡ªNos vemos ma?ana, hermano Sigil ¡ªsaluda John antes de hacer lo mismo. Ambos hombres van por caminos separados. John se dirige a una banca situada debajo de un roble hallado al final del camino de graba del patio interno; al sentarse, el sentimiento c¨¢lido del Ether todav¨ªa se manten¨ªa por todo su cuerpo y cerrando los ojos disfruta el momento que marca los primeros pasos para convertirse en un arcanista de verdad. Cap铆tulo 17: Conoce a tus enemigos A medida que pasa el tiempo, la sensaci¨®n de calidez se va borrando y deja paso a una calma que John aprovecha para disfrutar la sombra y el fresco viento que se colaban por el patio interno. Mientras lo hace, saca el diario e inkstick que Mouse le hab¨ªa regalado, abri¨¦ndolo en la primera hoja. La p¨¢gina blanca presenta un sinf¨ªn de posibilidades. Tomando la rama con su mano derecha, se concentra y mueve Ether hacia su extremidad para luego inyectarlo en el objeto, haciendo que brille tenuemente. John lo mira detenidamente, mesmerizado m¨¢s que por el tenue resplandor, por la noci¨®n de que era ¨¦l el que lo provocaba, y luego de unos segundos cambia el foco de su atenci¨®n a la hoja en donde empieza a escribir. Cada trazo que hace sobre el papel deja l¨ªneas purpuras sobre este. ¡°Viernes 20 de septiembre 2024 Hoy por fin pude experimentar en mano propia que la magia existe, siendo estas palabras la prueba irrefutable de eso. Si bien antes de este momento no hubiera dudado de su existencia a ra¨ªz de todo lo que he visto, hacerlo uno mismo, sentir la energ¨ªa entre los dedos, lo hace m¨¢s cercano, m¨¢s real. Este momento marca el punto de salida, para ayudar a Oliver y tal vez para darle un nuevo significado a mi vida¡± John termina de plasmar la primera entrada; de lo que asume ser¨¢n muchas otras. Respira hondo, inflando su pecho con aire y orgullo; cuando lo hace, un olor apetitoso le atrapa los sentidos y lo gu¨ªa al comedor en donde pasa a disfrutar de un delicioso almuerzo. Despu¨¦s de la comida y un momento de relajaci¨®n jugando al ping-pong con Jackson, hace el camino conocido hacia el campo de tiro, pero en vez de ser recibido por el ce?o fruncido de Tal¨®n, una mujer alta y en forma lo mira detr¨¢s de lentes de sol negro; su cabello rubio atado en una cola de caballo que le llegaba hasta la cadera se mec¨ªa lentamente con el viento. ¡ªEy recluta, hermano Tal¨®n est¨¢ ocupado hoy as¨ª que voy a ser su remplazo, mi nombre es hermana Dolche y voy a ser tu instructora por esta tarde¡ª dice la mujer mientras lo mira de arriba a abajo. ¡ªHola, yo soy John Dole. Un placer conocerte, hermana Dolche ¡ªse presenta el aspirante mientras ofrece un apret¨®n de manos. Dolche se pausa, mirando la mano del hombre, su cara portando un gesto de confusi¨®n por unos segundos, para luego aceptar el gesto. Apenas ambas extremidades entran en contacto, John puede sentir los callos en la palma de la mujer. Observando m¨¢s detenidamente, pudo notar varios cortes en los dedos y el dorso de la mano. ¡ªHa, interesante¡ªdice sin pensar el aspirante. ¡ª?Qu¨¦ cosa? ¡ªpregunta la entrenadora sorprendida. Notando que dijo lo que pensaba en voz alta, el hombre responde nerviosamente ¡ªTus manos. ?Qu¨¦ pasa con mis manos? ¡ªvuelve a interrogar la mujer mientras mira su palma. ¡ªLos callos y cortes solo los he visto en cocineros o personas que trabajan con objetos filosos, pero si est¨¢s aqu¨ª asumo que no trabajas en la cocina ¡ªresponde el hombre mostrando los conocimientos ganados en su tiempo como forense. La mujer mira a John con una expresi¨®n de sorpresa y asintiendo dice ¡ªCierto, mi especialidad es el combate cuerpo a cuerpo. ¡ªEntonces ?qu¨¦ haces aqu¨ª ense?¨¢ndome a disparar? ¡ªpregunta el aspirante confundido. ¡ªPrimero, porque s¨¦ c¨®mo disparar un arma lo suficientemente bien como para ense?arte ¡ªresponde la mujer mientras se acerca a la mesa de madera m¨¢s cercana en donde una caja de munici¨®n y una pistola reposan. Tomando el arma, agrega ¡ªY segundo porque quer¨ªa saber qu¨¦ puede hacer la pr¨®xima adici¨®n al equipo. ¡ª?Eres parte del equipo de campo? ¡ªcuestiona el hombre con una clara expresi¨®n de asombro. ¡ªS¨ª, as¨ª que mu¨¦strame lo que puedes hacer ¡ªdesaf¨ªa Dolche, mientras extiende la pistola en direcci¨®n a John. ¨¦l agarra el arma y la recarga, toma posici¨®n y comienza a disparar. La tarde contin¨²a cargador tras cargador, interrumpida de vez en cuando por el consejo de la mujer sobre c¨®mo recargar m¨¢s eficientemente o como desenfundar de manera m¨¢s r¨¢pida. ¡ªNada mal para un recluta ¡ªelogia la profesora mientras mira el campo de tiro para luego observar su reloj y agregar¡ª Bueno, terminamos por hoy, junta los casquillos y d¨¦jalos en la caja de munici¨®n; yo se la llevo despu¨¦s al hermano Cache. ¡ªOk, gracias, aprend¨ª bastante hoy ¡ªdice agradecido John mientras empieza a juntar los casquillos del suelo. ¡ªDe nada, aprendes bastante r¨¢pido ¡ªcomenta Dolche mientras se sienta en la mesa de madera mirando trabajar al hombre. ¡ª?No puedes quedarte como mi profesora? ¡ªpregunta medio en broma el aspirante. ¡ªLo siento, recluta, esto es solo por hoy, pero no vas a tener tiempo de extra?arme, no te olvides que ma?ana nos juntamos a comer ¡ªresponde la mujer mientras saca su tel¨¦fono y mira algo en ¨¦l. ¡ªCierto. ?C¨®mo son los otros miembros del equipo? ?Algo que deba saber antes de conocerlos? ¡ªcuestiona el hombre, dejando un pu?ado de lat¨®n en la caja. - JA, Buen intento, pero no voy a arruinarte la sorpresa ¡ªcontenta Dolche sacando la vista del aparato. ¡ªAl menos dime a donde nos juntamos y que, por favor, no es Burger King ¡ªpide el hombre en un tono m¨¢s serio de lo que pretend¨ªa. ¡ªNos juntamos en un viejo restaurante chino, un poco apartado, pero es discreto y la comida es buena ¡ªcomenta la mujer mientras se levanta de la mesa y por fin se digna a ayudar al aspirante con la tarea de juntar los casquillos. Con la ayuda de Dolche, John termina de limpiar mucho m¨¢s r¨¢pido de lo usual, y despu¨¦s de despedirse de la instructora, emprende el camino de regreso hacia Santuario. El trayecto es tranquilo, d¨¢ndole tiempo a su mente para imaginar el tipo de personas que encontrar¨¢ ma?ana en la reuni¨®n. En un principio pens¨® que iban a ser guerreros ap¨¢ticos, curtidos en el fuego del combate, pero, sacando a tal¨®n, los miembros que pudo conocer fueron amables con ¨¦l. Si bien esto no descartaba que el resto fuera como se lo imaginaba, se record¨® a s¨ª mismo que deber¨ªa ir al encuentro con una mente m¨¢s abierta. Perdido en sus pensamientos, apenas puede notar la gran figura del invernadero que marca el fin de la caminata; teniendo algo de tiempo antes de tener que presentarse con Mouse, decide tomar un r¨¢pido ba?o y cambiarse de ropa. Una vez refrescado, busca el libro que le dio la bibliotecaria y se dirige a la biblioteca. Recibido por la caracter¨ªstica est¨¢tica que le levanta los pelos de la nuca y el ligero brillo verdoso en el dorso de la mano, John se adentra en la biblioteca en direcci¨®n al escritorio central. Mirando alrededor, no pudo encontrarla, as¨ª que se coloca en la fila que lleva al escritorio de ¨¢gata y espera pacientemente su turno. ¡ªBuenas tardes, hermana ¨¢gata ¡ªcomunica John cuando por fin es su turno. This story originates from Royal Road. Ensure the author gets the support they deserve by reading it there. ¡ªBuena tarde, se?or Dole. ?Buscas a la hermana Mouse? ¡ªpregunta la asistente sonriendo profesionalmente. ¡ªS¨ª, no est¨¢ en el lugar de siempre; ?sabes d¨®nde se fue? ¡ªcuestiona el hombre mientras apunta al escritorio central. ¡ªNo, no me dijo a donde se iba, pero me dej¨® esto para ti ¡ªresponde la mujer sacando un papel doblado de debajo del escritorio y se lo pasa a John. Este lo toma y lo abre, pudiendo apreciar un estilizado mensaje en una tinta azulada: "John, tuve que salir a hacer un trabajo importante, empieza (o contin¨²a) leyendo el libro que te di, si tienes alguna duda la responder¨¦ apenas vuelva". ¡ªBueno, al parecer voy a tener que estudiar por mi cuenta ¡ªse dice a s¨ª mismo el hombre, mientras suspira y levantando la vista para ver a ¨¢gata, agrega ¡ª?Pudieras guiarme a un sal¨®n de estudio? Se ve que hoy estoy por mi cuenta. ¡ªClaro que s¨ª, d¨¦jame buscar a alguien que me remplace y te llevar¨¦ al sal¨®n de estudio libre m¨¢s cercano ¡ªresponde la asistente sin perder la sonrisa. Levant¨¢ndose, la mujer se dirige a un hombre mayor de pelo blanco y mostacho pulcro; ellos intercambian un par de palabras y mientras el anciano se dirige al escritorio, ¨¢gata se acerca a John. ¡ªPor aqu¨ª, se?or Dole, por favor, s¨ªgame ¡ªpide la mujer cuando llega alado del aspirante. ¨¦l la sigue sin decir nada y ambos se adentran en los pasillos de la biblioteca. Mientras sufre los t¨ªpicos mareos que transitar el lugar le provoca, su mente divaga en el motivo de la ausencia no solo de Mouse, sino tambi¨¦n de Abigail y Tal¨®n, pero no los conoce desde hace mucho tiempo, as¨ª que solo puede asumir que su ausencia simult¨¢nea es una coincidencia, pero tambi¨¦n es cierto que las tres personas son parte de operaci¨®n Jord¨¢n y que no est¨¦ en santuario podr¨ªa tener que ver con ese hecho. Sea como sea, si no le dicen algo es porque piensan que no necesita saberlo, as¨ª que, dejando el asunto de lado, por ahora contin¨²a avanzando en silencio. Despu¨¦s de unos minutos doblan en una esquina y las puertas dobles con el n¨²mero 58 se hacen visibles. ¨¢gata entra primero, seguido de cerca por John. ¡ªAqu¨ª est¨¢, se?or Dole, sal¨®n de estudios 58, solo para usted ¡ªdice la mujer, apart¨¢ndose del camino y mirando al aspirante; pregunta¡ª ?Va a necesitar algo m¨¢s? ¡ªNo, no por ahora, el tema es si quiero volver. ?C¨®mo hago? ?Hay alg¨²n bot¨®n o algo que pueda usar para llamarte? ¡ªcuestiona el hombre un poco preocupado. ¨¢gata sonr¨ªe de oreja a oreja como si lo que acabara de decir el hombre fuera algo extremadamente gracioso y aguantando las risas mientras apunta al anillo en la mano del hombre dice ¡ªSe?or Dole, si me necesita solo tiene que mandarme un mensaje por telepat¨ªa. John siente como una ola de calor le inunda la cara y, riendo para ocultar su verg¨¹enza, comenta ¡ªClaro, que tonto, no lo hab¨ªa pensado, eso es todo, much¨ªsimas gracias. Asintiendo, la asistente se retira dej¨¢ndolo solo en la habitaci¨®n. John se sienta en una silla y coloca el grueso libro de tapa dura sobre la mesa. "Gran cat¨¢logo de esquirlas", dicen las letras doradas de la portada, brillando bajo la luz del foco. Abri¨¦ndolo en la primera p¨¢gina, empieza a leer: "Hola, querido lector, mi nombre es Sir Richard Humberford, explorador de lo desconocido, buscador de verdades y honorable s¨²bdito del imperio brit¨¢nico, que debido a las heridas recibidas en la ¨²ltima gran guerra me veo retirado en un peque?o vi?edo al sur de Francia. Ya no siendo capaz de ir en exploraciones a los rincones m¨¢s oscuros del mundo, decid¨ª plasmar los conocimientos que a?os de aventuras y tropiezos me han dado, con intenciones m¨¢s de mantener a raya el aburrimiento y la melancol¨ªa que el ayudar a las futuras generaciones con mis saberes sobre el tema de¡­" John lee atentamente el libro. La prosa de Humberford, aunque algo antigua, era f¨¢cil de leer. Despu¨¦s de unas p¨¢ginas, saca el diario y lo abre a la par del libro, usando el Inkstick para tomar nota: "Seg¨²n Humberford, la existencia de las esquirlas es debido a una incapacidad de los genes de una persona para soportar la energ¨ªa de las radiaciones c¨®smicas, pero esto no quiere decir que mientras menos capacidad del individuo, m¨¢s fuerte va a ser la esquirla, sino todo lo contrario, puesto que ante m¨¢s radiaci¨®n tenga el organismo, m¨¢s extrema va a ser la mutaci¨®n. Es por eso que entre un arcanista y una persona normal la primera siempre genera una esquirla m¨¢s fuerte". Es esta diferencia entre los poderes de diferentes entidades lo que lleva a la creaci¨®n de la escala Humberford que clasifica a las esquirlas seg¨²n su habilidad de combate y su capacidad de alterar la realidad alrededor de ellas. Va de 0 a 5, siendo 0 lo m¨¢s bajo y 5 un quasifragmento. 0-Creaturas que apenas pueden defenderse y apenas pueden transformar la realidad, solo para ocultarse de otros depredadores. 1-Presentan un peligro en grandes cantidades y tienen una ligera habilidad de modificar la realidad. 2- Puede ser derrotado por una persona mundana con entrenamiento. Tiene una habilidad baja de modificar la realidad. 3- Este rango puede ser derrotado por un escuadr¨®n bien armado de soldados entrenados o un arcanista competente. Tiene una habilidad media de alterar la realidad. 4-Este rango puede ser derrotado por un pelot¨®n de soldados entrenados, un escuadr¨®n de arcanistas competentes o un arcanista poderoso. Tienen una gran habilidad para alterar la realidad. 5- Este rango se lo considera casi un fragmento. Pueden ser derrotados por varios pelotones de soldados entrenados, un pelot¨®n de arcanistas competentes o un escuadr¨®n de arcanistas poderosos. Tienen una habilidad enorme para cambiar la realidad". John hace una nota mental de preguntarle a Mouse qu¨¦ son los fragmentos. Tal vez le pueda recomendar otro libro que abarque el tema. Mientras tanto contin¨²a leyendo y tomando notas. "Si bien las esquirlas de nivel bajo son m¨¢s ferales en naturaleza, las de mayor nivel son sorprendentemente m¨¢s astutas; si bien no se han conocido comunidades de estas por sus tendencias solitarias, en los pocos momentos registrados en donde se las ha visto en un grupo en donde hay varias de distinto nivel se puede apreciar una jerarqu¨ªa bien marcada entre ellas hasta el punto de que esquirlas del m¨¢s alto nivel trata a las de los m¨¢s bajos como si fueran ganado". Ya llegando a la mitad del libro, el aspirante puede apreciar c¨®mo estas creaturas son m¨¢s complejas de lo que pensaba. Tal vez por su origen humano, algo de su antigua personalidad se manten¨ªa a flote. No queriendo distraerse mucho con el pensamiento y las serias implicaciones que tiene, decide devolver su atenci¨®n al texto. "A pesar de que las esquirlas est¨¢n afligidas por una gran cantidad de radiaci¨®n, esto no quiere decir que estas energ¨ªas no las afecten. Esto se manifiesta en cambios f¨ªsicos y en un aumento de la habilidad para cambiar la realidad que poseen, lo que quiere decir que dependiendo de la cantidad de energ¨ªa a que la esquirla tenga acceso, su nivel puede aumentar, volvi¨¦ndola m¨¢s peligrosa". A pesar de que falta todav¨ªa un cuarto del libro, la narraci¨®n termina abruptamente con la siguiente advertencia: "Si bien en este libro agrupo ciertas esquirlas bajo una misma denominaci¨®n, cabe aclarar que es m¨¢s un recuento de mi experiencia propia que un hecho irrefutable. Como nosotros, cada individuo es diferente y si bien espero que estas p¨¢ginas se puedan usar de gu¨ªa, cada encuentro con estas entidades debe ser analizado como corresponde". El resto del libro son bocetos y descripciones de diferentes esquirlas que Humberford encontr¨® en sus viajes. Algunas rid¨ªculas, la mayor¨ªa horribles. John lee un par de p¨¢ginas y no pudiendo aguantar m¨¢s decide cerrar el libro. Si esto fuera una novela fant¨¢stica o de horror, habr¨ªa disfrutado bastante la lectura, pero la idea de que todas las creaturas que son mencionadas en este libro son reales y hay una posibilidad de que se las encuentre cara a cara lo llena de un terror que es dif¨ªcil de describir, pero antes de que pudiera hundirse en una espiral de horror, una voz en su cabeza lo rescata justo a tiempo. ¡ªSe?or Dole, quer¨ªa avisarle que mi turno est¨¢ por terminar; si no termino de leer, puedo pedirle a mi reemplazo que est¨¦ atento a su llamado ¡ªcomunica la mujer en un tono profesional. ¡ªNo, est¨¢ bien, ya termin¨¦, si puedes venir a buscarme te lo agradecer¨ªa ¡ªresponde el hombre mientras saca su tel¨¦fono de tapita y se sorprende al ver la hora que es. ¡ªTermino de organizar unas cosas y enseguida lo ayudo ¡ªcontesta la mujer de inmediato. John se queda sentado mirando el techo; lo r¨¢pido que pas¨® la tarde mientras estaba leyendo le hace recordar el tiempo que estuvo en la universidad estudiando para los ex¨¢menes de ingresos en donde las noches pasaban en un abrir y cerrar de ojos. Mientras se sumerge en los recuerdos, el tiempo avanza y dentro de no mucho puedo escuchar c¨®mo la puerta se abr¨ªa, una mujer de pelo negro entrando a la habitaci¨®n. ¡ªSe?or Dole, ?est¨¢ listo para volver? ¡ªpregunta ¨¢gata parada en el umbral. ¡ªS¨ª, despu¨¦s de usted ¡ªcontesta el hombre acerc¨¢ndose a la puerta. El camino de vuelta es r¨¢pido y silencioso; la asistente camina junto a John hasta que salen por la puerta, el patio interno iluminado por las mismas linternas del d¨ªa anterior, y luego de despedirse cordialmente, ambos parten camino, ¨¦l dirigi¨¦ndose al comedor. Despu¨¦s de una cena r¨¢pida y otro ba?o, John se prepara para dormir, no sin antes mirar las fotos en su tel¨¦fono sobre ¨¦pocas mejores con la esperanza de que con suerte algo se active en su cerebro y le permitan poder tener un buen sue?o. Luego de hacer esto por unos minutos, el cansancio por fin lo alcanza desliz¨¢ndolo lentamente en la oscuridad de la inconciencia una vez m¨¢s. Cap铆tulo 18: Un interludio con una taza de caf茅 El sonido de campanadas lo despierta; se sienta en su silla acolchada mientras se limpia la comisura de los labios, barriendo cualquier indicio de saliva seca; luego se estira, los huesos crujiendo, como si su cuerpo le dijera que dormir encima de su escritorio no es una buena idea. Tiembla un poco; la chimenea se hab¨ªa apagado en alg¨²n punto de la noche y ahora un fr¨ªo seco imperaba en la habitaci¨®n; varias hojas y libros se encuentran regados en la mesa enfrente de ¨¦l, todos prometiendo respuestas, ninguno d¨¢ndolas. Se levant¨® a duras penas, avanzando lentamente hacia una de las ventanas que se encontraba tapada con una pesada cortina purpura. La abre apenas lo suficiente para poder ver el mundo a trav¨¦s de esta, entrecerrando los ojos al ser golpeado por la claridad de la ma?ana. Cuando su vista se ajust¨® a la luz del sol, ¨¦l pudo ver el panorama invernal que se desplegaba por el jard¨ªn delantero de su casa; las estalactitas de hielo colg¨¢ndose de las ramas de los ¨¢rboles junto con la nieve cubriendo el pasto como si fuera una manta helada generan un sentimiento de paz y melancol¨ªa en el hombre que intenta procesarlo respirando hondo y exhalando una bocanada de vapor. Deb¨ªa haber alguna forma de cambiar la situaci¨®n en la que se encontraba, pero la soluci¨®n a su problema parec¨ªa evadirlo como si tuviera la peste y a medida que pasaba el tiempo se estaba quedando sin opciones. Mientras se estaba recriminando por su ineptitud, un Mercedes negro atraviesa las rejas que separan los terrenos del exterior, subiendo la colina por el camino de grava que da a la entrada de la mansi¨®n. ¨¦l sigue el camino del veh¨ªculo con su vista; sabe muy bien a quien pertenece y el prospecto de verla no le agrada en lo m¨¢s m¨ªnimo, pero si alguien pod¨ªa ayudar, era ella o, en su defecto, alguien que le deba un favor. Cuando el auto por fin se detiene, de este sale una hermosa mujer de pelo negro y piel oliva, su esbelta figura envuelta en un vestido demasiado corto y ajustado para la estaci¨®n. Sus ojos se cruzan por unos instantes, ella sonr¨ªe y saluda, ¨¦l hace una cara de asco y se aleja de la ventana en direcci¨®n a una botella de Wiski casi vac¨ªa que procede a consumir sin siquiera poner en un vaso. Se siente en un sill¨®n y se queda mirando la ceniza acumulada de la chimenea apagada como si ah¨ª estuviera lo que est¨¢ buscando hasta que escucha que alguien golpea la puerta de su despacho acompa?ado de una voz masculina que anuncia ¡ªSe?or, la se?orita Estevanuchi acaba de llegar ?Le digo que pase? El hombre cierra los ojos fuertemente mientras suspira, tratando de prepararse mentalmente para lo que viene, pregunt¨¢ndose qu¨¦ pasar¨ªa si se hace el dormido. Tal vez su mayordomo se d¨¦ por vencido y no tenga que enfrentarse a la despiadada bruja, pero muy en el fondo de s¨ª sabe muy bien que no puede. Ya no le queda tiempo para buscar otra forma; solo le queda esperar que el precio a pagar no sea demasiado caro. Cuando el mayordomo vuelve a golpear y preguntar si deber¨ªa dejar pasar a la mujer, ¨¦l se da vuelta tratando de responder, pero en vez de ver una puerta lo ¨²nico que encuentra son las vigas de un techo desconocido. John se sent¨® en la cama, la cabeza le palpitaba violentamente y a pesar del calor estaba temblando ligeramente. Una sensaci¨®n de p¨¢nico lentamente se borraba de su consciencia al mismo tiempo que el sue?o que la hab¨ªa provocado. Incorpor¨¢ndose, va hacia el escritorio, toma su celular, mira la hora y puede notar c¨®mo son las 3 de la ma?ana, decidiendo que no iba a ser posible volver a dormir en la condici¨®n en la que est¨¢. Se cambia y estir¨¢ndose un poco sale al pasillo en direcci¨®n al lavado. El silencio que imperaba a esa hora transformaba en algo l¨²gubre el tono mon¨¢stico del edificio, haciendo que las extra?as sombras creadas por las pocas luces que quedaban prendidas se vuelvan un tanto m¨¢s terror¨ªficas. Ignorando los sentimientos de incomodidad que se empezaban a apilar dentro de ¨¦l, contin¨²a avanzando y poco despu¨¦s es recibido por la c¨¢lida luz del ba?o. Entrando r¨¢pidamente, lo primero que escucha es el sonido de la ducha; al parecer no es la ¨²nica persona a quien le cuesta dormir esa noche. ¨¦l se lava la cara para luego mirarse en el espejo, no gust¨¢ndole para nada lo que el objeto devolv¨ªa. Ojeras profundas marcaban los ojos hundidos de John; su piel, antes de un color marr¨®n claro, ahora parece casi gris. Su compleci¨®n nunca fue robusta, pero incluso en sus peores d¨ªas nunca se hab¨ªa visto tan flaco. Ten¨ªa sentido que hubiera perdido algo de peso en los d¨ªas en que estuvo recuper¨¢ndose, pero no a tal magnitud. Lo peor de todo y lo que lo confund¨ªa de sobremanera es que ya se hab¨ªa visto en el espejo antes, pero solamente ahora pod¨ªa entender lo mal que est¨¢. Concentrado como estaba en mirarse, John no nota la figura que sale de las duchas y cuando esta le habla le produce un sobresalto al hombre. ¡ªBuenas noches, se?or Dole, ?Acaso no puede dormir? ¡ªpregunta Narciso mientras se coloca alado del hombre. ¡ªLo mismo podr¨ªa preguntar de ti, ?no es un poco tarde para un ba?o?¡ªinterroga el aspirante tratando de reincorporarse. ¡ªLo es, pero acabo de volver de una misi¨®n y quer¨ªa refrescarme antes de acostarme ¡ªcontesta el arcanista mientras avanza hacia la puerta y deteni¨¦ndose en el umbral agrega¡ª Pero, si necesitas que alguien te haga compa?¨ªa, no tengo problemas en hacerlo. John mira a Narciso con una expresi¨®n de confusi¨®n, pero siendo sincero consigo mismo no quer¨ªa quedarse solo, as¨ª que con una sonrisa dice ¡ªEso estar¨ªa bueno, porque podr¨ªa usar una copa de caf¨¦ y no s¨¦ d¨®nde est¨¢n. ¡ªPues s¨ªgueme, s¨¦ exactamente a donde ir, pero primero tengo que buscar algo en mi cuarto ¡ªcomenta Narciso mientras empieza a caminar. El aspirante lo sigue sin decir una palabra, todav¨ªa consternado pero un poco mejor ahora que tiene a alguien alado para enfrentar la oscuridad del pasillo. Al llegar al final de este, Narciso entr¨® en un cuarto que portaba una placa con su nombre. John se queda en el pasillo; entrar a la pieza del arcanista le produc¨ªa m¨¢s incomodidad que el t¨¦trico corredor; por suerte la parada no es larga y despu¨¦s de unos minutos el hombre sale con un sobre marr¨®n en las manos. ¡ªAqu¨ª tienes, esta vez no los pierdas y aseg¨²rate de memorizarlos para esta noche ¡ªadvierte el hombre en un tono serio. John solo toma el sobre y asiente. Sabiendo que hacer otra cosa ser¨ªa tentar demasiado a la suerte e intentando cambiar de tema, pregunta ¡ªEntonces ?D¨®nde me dec¨ªas que estaba ese caf¨¦? No era lo mejor que se le hab¨ªa ocurrido, pero al parecer, por c¨®mo la expresi¨®n del arcanista luc¨ªa una ligera sonrisa, hab¨ªa funcionado. ¡ªPor aqu¨ª ¡ªcontesta Narciso mientras emprende el camino a las escaleras seguido por John. Ambos bajan y se dirigen al comedor; la gran puerta de acceso estaba cerrada, pero solo bast¨® un peque?o empuj¨®n para poder abrirla. El arcanista toca una tecla y la luz se prende iluminando la desocupada habitaci¨®n. Sin dudarlo, Narciso se adentra en la cocina y coloca agua en una tetera el¨¦ctrica que luego procede a encender. Mientras espera que hierva, empieza a abrir las alacenas encima de ¨¦l, de una saca un par de tazas y de otra una bolsa con caf¨¦ que coloca sobre la mesada. John trae una silla cerca y se sienta esperando a que el hombre termine de buscar todo lo necesario. ¡ª?Necesitas ayuda con algo? ¡ªpregunta el aspirante como una cortes¨ªa, esperando que la respuesta sea no. ¡ªNo, ya casi tengo todo, solo tenemos que esperar a que hierva el agua ¡ªcontesta Narciso mientras procura la az¨²car y la crema. John mira con curiosidad al arcanista. La primera impresi¨®n que tuvo fue que ¨¦l lo odiaba, por eso le parece tan raro el tan amable trato que est¨¢ teniendo en estos momentos. Lo que estaba pensando se le debe haber notado en la cara porque Narciso detiene lo que est¨¢ haciendo para preguntar¡ª?Pasa algo, se?or Dole? ¡ªPens¨¦ que me odiabas¡ª dice el hombre sin pensar, d¨¢ndose cuenta demasiado tarde de lo que acaba de decir. Sorprendido por la respuesta, Narciso suelta una carcajada y, mirando a John con una expresi¨®n de entretenimiento y algo de pena, dice ¡ªNo te odio, pero es mi trabajo dudar de las personas, y seamos sinceros, tu llegada a Santuario me dio mucho que dudar. Stolen from Royal Road, this story should be reported if encountered on Amazon. El aspirante mira para abajo un poco avergonzado y, tratando de evitar que se note, pregunta ¡ª?tu trabajo? ?A qu¨¦ te refieres con tu trabajo? ¡ªComo suena, Evergreen cura, Tal¨®n ataca y yo me aseguro de que toda persona que pretenda unirse a nosotros realmente lo quiera ¡ªresponde el arcanista de manera simple. ¡ªPara, me est¨¢s diciendo que tu trabajo es detectar esp¨ªas ¡ªcomenta John, incr¨¦dulo. ¡ªEntre otras cosas ¡ªdice Narciso mientras apaga la tetera y procede a preparar los caf¨¦s. ¡ª?Hay muchos de esos por aqu¨ª? ¡ªpregunta el hombre mirando alrededor, buscando algo como lo que vio en las pel¨ªculas en las esquinas de la habitaci¨®n. ¡ªNo, se?or Dole, no hay esp¨ªas por aqu¨ª ¡ªresponde Tal¨®n con una sonrisa para luego de inmediato agregar¡ª E incluso si los hubiera no lo notar¨ªas tan f¨¢cilmente. John sonr¨ªe ante lo absurdo de la conversaci¨®n, pero luego, poni¨¦ndose serio de golpe, pregunta ¡ª?Qu¨¦ te lleva a hacer todo esto? El arcanista toma las dos tazas y coloca una en frente de John. Luego de tomar un sorbo de la suya, casi sin pensarlo, responde ¡ªEsa es una pregunta bastante profunda, se?or Dole; ?puedo preguntar porque quieres saber? John se detiene por unos segundos al escuchar la pregunta: ?Por qu¨¦ la hizo? Tal vez solo era curiosidad para evitar un momento de silencio que lleve a pensamientos que no quiere tener o tal vez Narciso tenga un punto de vista que lo pueda ayudar a decidir qu¨¦ hacer con el resto de su vida, no sabiendo cu¨¢l es verdad. Dice ¡ªNo s¨¦, todo est¨¢ cambiando muy r¨¢pido y tengo miedo de que est¨¦ demasiado viejo para reaprender lo que necesito para sobrevivir en este lugar. Narciso mira al aspirante con una cara de simpat¨ªa y un poco de pena. Dejando la tasa en la mesa, mira a John directamente a los ojos mientras dice ¡ªSe?or Do¡­ John, tienes 30 a?os; no est¨¢s ni cerca de ser considerado viejo ni siquiera en t¨¦rminos mundanos, menos a¨²n si hablamos entre los arcanistas; adem¨¢s, aunque lo fueses, la idea de que un perro viejo no puede aprender trucos nuevos es solo una excusa usada por aquellos que no quieren intentar cambiar, y por lo poco que he visto hasta ahora t¨² no eres uno de esos. John asiente, las palabras levant¨¢ndole ligeramente el ¨¢nimo; la sensaci¨®n de melancol¨ªa con que se despert¨® lentamente desaparece. Al ver que sus palabras tienen efecto Narciso contin¨²a¡ªEn cuanto a tu pregunta, en esta ciudad hay gente con mucho poder que busca subyugar a gente como t¨² o yo; o sirves o mueres, y a m¨ª no me gusta ninguna de las dos opciones, as¨ª que eleg¨ª buscar una tercera. En mi b¨²squeda encontr¨¦ gente con similares creencias y aqu¨ª estamos ahora. Con el tiempo, esta gente se volvi¨® amigos y familia, as¨ª que se podr¨ªa decir que tengo dos motivos de por qu¨¦ hago lo que hago: mi creencia en la libertad y el deseo de proteger a aquellos cercanos a m¨ª ¡ªel arcanista punt¨²a la oraci¨®n con un sorbo de caf¨¦. ¡ªEso es admirable ¡ªcomenta el aspirante mientras toma otro sorbo de su caf¨¦, mirando hacia el costado, centr¨¢ndose en los azulejos de la pared, y piensa si alguna vez podr¨¢ tener algo as¨ª. ¡ªC¨¦ntrate en lo que tienes que hacer, un paso a la vez; m¨¢s temprano que tarde encontrar¨¢s tu camino¡ªdice Narciso al ver que el ¨¢nimo del hombre deca¨ªa, para, luego de terminar su caf¨¦ de un sorbo, levantarse y agregar¡ªBien, hab¨ªa algo que quer¨ªa darte esta noche, pero creo que es una buena idea d¨¢rtelo ahora. John se sorprende por el sobresalto, pero antes de que pudiera decir nada, Narciso ya dej¨® su tasa en el lavado y estaba saliendo de la cocina. R¨¢pidamente hace lo mismo y sigue los pasos del hombre que ahora est¨¢ cruzando el patio interno, yendo a una de las puertas a la que el aspirante nunca hab¨ªa entrado. Narciso abre la puerta y avanza sin detenerse. En el momento en el que John llega a la puerta, se detiene a unos pocos cent¨ªmetros del umbral; del otro lado de este puede notar un largo pasillo gris que lleva a la puerta doble de un ascensor. El cambio tan brusco de arquitectura lo confunde y duda de si avanzar o no, pero el titubeo dura poco puesto que al escuchar al arcanista llamarlo por sobre el hombro toma coraje y tentativamente avanza hacia Narciso. Con un ring, las hojas de metal se separan y dejan a la vista el interior de un ascensor com¨²n. Ambos entran; una vez posicionados, el arcanista toca un bot¨®n de los tantos que hab¨ªa en la pared enfrente de ¨¦l, y con un ligero temblor la caja de metal comienza a descender. ¡ª?A d¨®nde vamos? ¡ªpregunta John m¨¢s por el miedo al silencio que por propia curiosidad. ¡ªAl garaje, vamos a dar una vuelta en auto ¡ªresponde Narciso como si fuera algo obvio. ¡ª?Por qu¨¦? ¡ªvuelve a interrogar el aspirante no entendiendo la necesidad de esto. ¡ªCuando era joven, siempre que mi abuelo se sent¨ªa triste o enojado, sal¨ªa a dar una vuelta en auto; dec¨ªa que las estrellas lo calmaban y le aumentaban el ¨¢nimo; siempre pens¨¦ que se refer¨ªa a que iba al bosque a beber cerveza y estar solo por unas horas, pero un d¨ªa cuando estaba bastante molesto me llev¨® a uno de sus viajes nocturnos; yo pens¨¦ que me iba a dar algo de tomar e ¨ªbamos a charlar un rato, pero en realidad fuimos a un claro aislado en las afueras de Hope y miramos el cielo estrellado durante horas ¡ªresponde Narciso mientras mira el vac¨ªo con una sonrisa triste y una expresi¨®n de a?oranza. D¨¢ndole un poco de espacio al hombre, John se queda callado, esperando a que el viaje termine, por suerte para ¨¦l, lo que quedaba del recorrido no alcanz¨® para que sus pensamientos intrusivos lograran materializarse. Otra campanada suena y las puertas met¨¢licas se abren, mostrando un atestado garaje lleno de autos de todo tipo y tama?os. Varias personas van y vienen llevando, ya sea repuestos, combustible o quitando la basura apilada en el medio del lugar. Narciso avanza sin dudarlo; al reconocerlo la gente se aparta dejando el paso libre y cuando por fin llegan al punto en donde el arcanista quer¨ªa llevarlo d¨¢ndose media vuelta, dirigi¨¦ndose al auto, dice ¡ªHombre Spark, quiero presentarle a alguien, este es John Dole, un nuevo aspirante a nuestro selecto grupo. John se qued¨® paralizado al ver el veh¨ªculo enfrente de ¨¦l; el Cadillac marr¨®n en mejor estado de lo que recordaba estaba ah¨ª, con las ventanas tintadas, pero a¨²n con las mismas abolladuras y raspones que lo diferenciaban de otros iguales a ¨¦l. ¡ªNo puede ser ?C¨®mo? ¡ªdice el aspirante mientras una sonrisa dientuda se pinta en su cara; la idea de que un memento tan importante que cre¨ªa perdido volv¨ªa a estar cerca lo llenaba de una felicidad dif¨ªcil de poner en palabras. ¡ªCost¨® un poco sacarlo del embargo de la polic¨ªa, pero conozco a alguien que conoce a alguien ¡ªalardea Narciso. Mientras ambos hombres hablaban entre ellos, una figura masculina se deslizaba saliendo debajo del auto, de barba blanca y cabello escaso. El anciano se sienta en el suelo y mirando hacia arriba en direcci¨®n a John dice ¡ªAs¨ª que este es el due?o de esta belleza, pues d¨¦jeme decirte, jovencito, que deber¨ªas cuidar mejor de ella; estaba en muy mal estado ¡ªrega?a el mec¨¢nico mientras se levanta forzosamente con la ayuda de Narciso y continuando con su lectura agrega: ¡ªArregl¨¦ todo el da?o interno que pude y algo del exterior, pero todav¨ªa le falta trabajo. ¡ªPerfecto, ?podemos dar una vuelta de prueba? ¡ªpregunta el arcanista. ¡ªS¨ª, iba a mandar a alguno de mis chicos a hacerlo, pero si se ofrecen mejor, ya les doy la llave ¡ªcontesta Spark mientras tantea los bolsillos de su overol. ¡ªNo hace falta, John ya tiene una copia ¡ªcomenta Narciso mientras empieza a limpiar los alrededores del auto. ¡ªBien, solo no se olviden de decirme c¨®mo se siente el auto cuando vuelvan ¡ªpide el mec¨¢nico mientras guarda sus herramientas en una caja. John ayuda a terminar de limpiar para luego colocarse en el asiento de conductor. Narciso se sienta en el asiento de pasajeros y se coloca el cintur¨®n. ¡ª?Todo listo? -pregunta el arcanista mirando al aspirante. ¡ªSolo falta una cosa ¡ªresponde ¨¦ste colocando la llave en la ignici¨®n y gir¨¢ndola. Como nunca el auto ruje a la vida en el primer intento, el sonido sonaba m¨¢s claro de lo que nunca lo hab¨ªa escuchado. Lentamente, la pesada cortina de metal se abre, dejando ver una rampa que giraba hacia arriba. John lentamente mueve la palanca de cambios y encara la subida. Luego de unos pocos segundos otra mampara de metal los encuentra, pero cuando se acercan lo suficiente, esta autom¨¢ticamente se levanta. Al atravesar el umbral, un camino de tierra lo recibe junto a un cielo abierto, cubierto de estrellas. John lo sigue; el camino serpentea entre los ¨¢rboles, subiendo y bajando caprichosamente. Por unos segundos se detiene en una curva; se ve que est¨¢n en una especie de colina, lo que les da un punto elevado para ver el bosque. Observando detenidamente, se puede apreciar c¨®mo las copas de los ¨¢rboles se extienden hasta donde alcance la vista, y a lo lejos, justo sobre la l¨ªnea del horizonte, la brillante silueta de Hope contrastaba con el cielo nocturno como un faro que invitaba a todo aquel que lo viera con falsas promesas de seguridad. A pesar de que John sab¨ªa esto, no pod¨ªa negar lo atra¨ªdo que se sent¨ªa por la m¨ªstica y el glamur de la ciudad, como entre esos edificios leyendas eran creadas y olvidadas cada segundo que pasaba y como al final lo quiera o no ¨¦l es parte de la ciudad, como la ciudad lo es de ¨¦l. ¡ªBonito, ?verdad? ¡ªpregunta Narciso mirando tambi¨¦n los lejanos edificios. ¡ªS¨ª, demasiado incluso ¡ªcontesta el hombre en un tono serio. ¡ªSi quieres ir, conozco el camino; no nos tomara m¨¢s de unas horas ir y volver ¡ªofrece el arcanista. El hombre duda, temiendo de que si se va de este lugar no pueda volver, pero algo dentro de ¨¦l extra?a el constante murmullo de la masa de gente y las luces segadoras de los edificios, as¨ª que mirando a Narciso directamente dice ¡ª?Por d¨®nde? Cap铆tulo 19: Cambios y constantes John avanza siguiendo los intrincados caminos del bosque; de no ser por las indicaciones de Narciso se hubiera perdido m¨¢s de una vez, pero gracias a este logran llegar a una carretera estatal en menos de 30 minutos y de ah¨ª es una l¨ªnea recta a la ciudad. Debido a la hora, el trayecto carec¨ªa de la usual cacofon¨ªa proveniente del rugido de los motores, los bocinazos y el grito de una que otra persona impaciente que llegando a su l¨ªmite se deja llevar por la ira en una tiradera de insultos; es por eso que no mucho tiempo despu¨¦s de que se suban al camino asfaltado, el Cadillac se adentraba entre los edificios de la ciudad. Entran por el lado occidental de la localidad, directamente en el coraz¨®n del parque industrial, en donde las grandes f¨¢bricas expulsan bocanadas de humo negro en el aire que se entrelazaban con las nubes, volvi¨¦ndolas pesadas y oscuras, incluso a estas horas de la noche. Las calles estaban vac¨ªas, aparte del solitario barrendero o trabajador que termina su turno nocturno y vuelve a casa a descansar. John mira alrededor; con sus nuevos conocimientos puede apreciar c¨®mo la ciudad luce diferente; un aura de misterio e intriga recubre cada calle, cada esquina y cada callej¨®n. Mirando por la ventana entintada, observa a los peatones y puede notar, casi instintivamente, cu¨¢les de entre la multitud se parec¨ªan a ¨¦l. La idea le daba un extra?o sentimiento de pertenencia, pero al mismo tiempo lo aterraba. Se preguntaba si alguna de las personas que conoc¨ªa era un arcanista, si eran alguien peligroso, si supiera de su situaci¨®n, y si lo hacen, ?por qu¨¦ no dijeron nada? ¡ª?Quieres que conduzca yo? ¡ªpregunt¨® Narciso al ver que el hombre estaba un poco distra¨ªdo. ¡ªNo, estoy bien, solo pensando en una cosa ¡ªresponde John enderez¨¢ndose en el asiento y concentr¨¢ndose en el camino. - ?Quieres decirme lo que est¨¢s rumiando? Tal vez pueda ayudar ¡ªofrece el arcanista en un tono lleno de curiosidad. ¡ªNo, est¨¢ bien, no es un tema importante ahora ¡ªresponde el hombre negando la oferta y para cambiar la conversaci¨®n r¨¢pidamente agrega¡ª Pero si quieres escuchar una duda que tengo, creo que es muy importante: es sobre el tema de la operaci¨®n. ¡ªSoy todo o¨ªdos; si puedo dejarte m¨¢s tranquilo, responder¨¦ lo que pueda ¡ªdice Narciso con una sonrisa. En un principio quer¨ªa preguntarle sobre la ausencia de Talon, Mouse y Abigail y si es normal que no se le informe sobre estos temas siendo que ¨¦l es tambi¨¦n parte del equipo de campo, pero, antes de que pudiera poner esa idea en palabras, un pensamiento intrusivo corta en la l¨ªnea y sale primero ¡ª?Qui¨¦n es hermano Or¨¢culo y porque es tan importante salvarlo? Una expresi¨®n de sorpresa se plasma en la cara del hombre al escuchar un nombre que no espera o¨ªr y un poco aturdido pregunta ¡ª?C¨®mo sabes ese nombre? ?Qui¨¦n te lo dijo? ¡ªMouse me dijo que ¨¦l y Tal¨®n tienen una relaci¨®n cercana y es por eso que estaba tan enojado con la decisi¨®n de agregarme a la operaci¨®n ¡ªresponde John mientras dobla en una esquina. Ahora que hizo la pregunta, m¨¢s vale continuar con esta l¨ªnea de cuestionamiento. ¡ªAs¨ª que sabes de su relaci¨®n, ¨¦l y Tal¨®n son mis amigos y compa?eros en armas; creo que es m¨¢s que suficiente para intentar ayudarlos, ?no crees? ¡ªcomenta el arcanista, un ligero tono de ofensa arrastr¨¢ndose en sus palabras. ¡ªEn el caso de Tal¨®n, claro que s¨ª, incluso Mouse y Abigail; lo creer¨ªa de cualquiera de ellos, pero por la conversaci¨®n que tuvimos esta noche me pareces un hombre que mira todo el panorama en vez de centrarse en algo emocional; por tu trabajo tienes que valorar cada acci¨®n que haces si vale la pena o no, as¨ª que no, no creo que har¨ªas eso ¡ªcontesta el aspirante mientras se detiene en un sem¨¢foro y mira a Narciso directamente a los ojos, la luz roja ba?ando la cara del hombre, intensificando su expresi¨®n; el hecho de que est¨¦ evadiendo la respuesta lo motiva a insistir. Un silencio moment¨¢neo se alza entre los hombres; la tensi¨®n que hab¨ªa en el auto va en aumento hasta el punto de que se pod¨ªa cortar con un cuchillo, pero es interrumpida por un suspiro proveniente del arcanista que agachando la cabeza dice ¡ªQue tengas raz¨®n no hace que sea menos ofensivo, si, Or¨¢culo es esencial para las operaciones del grupo; lo de ayudar a un amigo es solo un bono que a grandes escalas es irrelevante. ¡ªTe entiendo, no soy un idiota; despu¨¦s de todo, lo que quiero saber es ?Por qu¨¦ ¨¦l es tan importante? ¡ªinterroga m¨¢s intensamente John sin quitarle la vista. ¡ªHace apenas unos d¨ªas no sab¨ªas que este hombre exist¨ªa; no entiendo porque est¨¢s insistiendo tan encarecidamente por saber ¡ªcomenta Narciso con una cara de confusi¨®n. ¡ªMira, si voy a arriesgar mi vida, por lo menos me gustar¨ªa saber que lo estoy haciendo por algo que vale la pena ¡ªafirma John con convicci¨®n. El arcanista duda por unos instantes en los cuales la luz roja se transforma en una luz verde. Despu¨¦s de unos segundos, habiendo decidido qu¨¦ decir, comenta¡ªSi necesitas saberlo, si es importante que Or¨¢culo sobreviva, vital incluso, as¨ª que no estar¨ªas tirando tu vida a la basura, sino todo lo contrario, si quieres m¨¢s informaci¨®n, termina tu entrenamiento y encuentra el grimorio, demu¨¦strame que puedo confiar en ti, entonces te dir¨¦ m¨¢s, hasta entonces gu¨¢rdate las preguntas que tengas y haz lo que se te ordena. John asiente; un sentimiento de ira que parece ajeno y extremadamente personal al mismo tiempo burbujea en su est¨®mago, pero cuando intenta decir algo, un bocinazo seguido de la aceleraci¨®n de un auto y el grito de "Ap¨¢rtate, pendejo" lo callan. Una vez que el auto pas¨® por su costado, el aspirante comienza a manejar en direcci¨®n a Santuario y para cuando los primeros rayos del sol cruzan el horizonte, ambos llegan a la puerta del garaje que como hace unas horas se vuelve a abrir mostrando el camino que desciende hacia las entra?as del edificio. Cuando llegan al recinto, ambos se bajan del veh¨ªculo. John se asegura de tomar el sobre marr¨®n como si tuviera oro dentro, y son recibidos por una joven de pelo marr¨®n que vest¨ªa una remera naranja debajo de un overol azul manchado de grasa negra; en sus manos portaba un portapapeles y un l¨¢piz. ¡ªHermano Narciso, el jefe me dijo que lo esperara. Tiene un momento para rellenar el cuestionario ¡ªpregunta la mujer acerc¨¢ndose a los dos hombres. ¡ªS¨ª, Lul¨², dame un momento ¡ªresponde Narciso con una sonrisa mientras toma el papel y dirigi¨¦ndose a John con un tono seco agrega: ¡ªYo me quedo a terminar esto, t¨² puedes ir a desayunar primero, despu¨¦s te alcanzo; aseg¨²rate de memorizar la informaci¨®n del sobre. John asiente y sin decir nada sale del garaje a paso apresurado; mientras avanza por el pasillo se cuestiona porque tuvo ese arrebato tan poco caracter¨ªstico de ¨¦l, m¨¢s todav¨ªa justo cuando la relaci¨®n con Narciso parec¨ªa estar yendo a mejor. Consternado, se sube al elevador y presiona el bot¨®n de la planta baja, haciendo que empiece a subir; en el camino, la m¨¢quina se detiene de golpe y las puertas se abren en un piso que desconoce. Cuando las hojas de metal se separan, la figura conocida de un hombre se hace presente enfrente de ¨¦l. ¡ªJohn, ?c¨®mo andas, bro? ¡ªpregunta Line subi¨¦ndose al elevador y volviendo a tocar un bot¨®n en el panel, para luego pasar a tomar un sorbo de una lata con un rayo verde fosforescente grabado. This narrative has been purloined without the author''s approval. Report any appearances on Amazon. ¡ªBien, hermano Line. ?C¨®mo est¨¢s t¨²? ¡ªresponde John intentando camuflar su molestia lo mejor que puede. ¡ªYo estoy bien, estoy a punto de terminar un pedido de ¨²ltimo momento ¡ªcomenta el hombre mientras toma otro sorbo de su energizante y saca un tel¨¦fono de su bolsillo. John mira el objeto en las manos de Line, un rect¨¢ngulo de pl¨¢stico vileta con una pantalla sin botones. ¡ª?Conseguiste un tel¨¦fono nuevo? ¡ªpregunta el aspirante sin mucho inter¨¦s. ¡ªNo, te consegu¨ª un tel¨¦fono ¡ªresponde Line mientras acerca el celular al hombre. ¡ªYa tengo uno ¡ªcomenta John, tomando el equipo, vi¨¦ndose reflejado en la pantalla negra. ¡ªPero no como este ¡ªafirma el t¨¦cnico tocando un bot¨®n al costado del aparato. Despu¨¦s de unos segundos, un simp¨¢tico hipop¨®tamo purpura, vestido solamente con una falda amarilla, le da la bienvenida a John. ¡ªSostenlo un segundo, el PSD se est¨¢ ajustando a tu frecuencia biol¨®gica; esto va a ser que solo t¨² puedas abrirlo ¡ªexplica Line. Apenas escucha esto, John puede sentir c¨®mo se le paran los pelos de la nuca. Algo c¨¢lido se empieza a mover desde su Enki hasta la punta de sus dedos, pasando por su hombro y brazo para ser absorbido por el aparato que ten¨ªa en su mano. ¡ªEl dispositivo de almacenamiento personal es un aparato que funciona incluso en los m¨¢s fuertes FRZ. Puede filmar, sacar fotos, hacer notas y usarlo como un tel¨¦fono normal, adem¨¢s puedes instalarle un mont¨®n de aplicaciones s¨²per ¨²tiles ¡ªcontin¨²a hablando mientras saca uno parecido al que tiene John en las manos, solo que este es de un color turquesa con varios stickers pegados a la parte de atr¨¢s. El aspirante mira la pantalla de su PSD en donde el hipop¨®tamo empezaba a hacer piruetas mientras una burbuja de texto aparece encima de esta "Hola, mi nombre es Pen¨¦lope y ser¨¦ tu asistente. Un placer conocerte, John". ¡ª?Pero qu¨¦ carajo? ¡ªse pregunta el hombre extra?ado ante tan bizarro suceso, y mostr¨¢ndole la pantalla al otro hombre, agrega¡ª ?Qu¨¦ es esta cosa? ¡ªHo, esa es Pen¨¦lope, es una AI encargada de ayudarte, te da consejo, te recuerda cosas en tu calendario, te dice el clima, esas cosas ¡ªcontesta Line sonriendo, y acerc¨¢ndose al PAD dice en voz alta ¡ªPen¨¦lope, por favor, abre el bestiario y expl¨ªcale a John c¨®mo usarlo. El hombre ve r¨¢pidamente la pantalla para ver c¨®mo esta hab¨ªa cambiado de un tono azul a uno negro, letras rojas y s¨ªmbolos arcanos volaban r¨¢pidamente por la pantalla en cadenas verticales de texto. De repente, de entre la negrura, una puerta se abre y Pen¨¦lope entra al espacio cerr¨¢ndola; detr¨¢s de ella, otra burbuja de texto aparece encima de la rechoncha figura del animal "El bestiario es una recopilaci¨®n de toda la informaci¨®n que el grupo tiene sobre las esquirlas; si me describes algunas caracter¨ªsticas puedo ayudarte a encontrar informaci¨®n sobre lo que tengas enfrente". ¡ªEso es bastante ¨²til, ?tiene GPS? ¡ªpregunta John, asombrado con lo intrincado del aparato. ¡ªSip, y si necesitas otro tipo de app, puedes ped¨ªrsela a Pen¨¦lope ¡ªresponde Line con una sonrisa y, mientras toca la pantalla de su tel¨¦fono, agrega¡ª Me di la libertad de agregar mi n¨²mero de tel¨¦fono al tuyo, por si surge alg¨²n problema que la AI no pueda resolver. Al terminar de decir estas palabras, el ascensor llega a la planta baja y ambos hombres parten caminos. Luego de darse un ba?o y desayunar, John se encuentra otra vez meditando, moviendo la energ¨ªa que proven¨ªa de su ap¨¦ndice hacia toda parte de su cuerpo, mientras escucha las lecciones que hermano Sigil impart¨ªa. ¡ªLa magia se puede dividir en 2 grandes vertientes, externa e interna; estas se ramifican en un n¨²mero mayor de artes menores y mayores, dependiendo del tipo de energ¨ªa usada y si es necesario estar especializado en una o no ¡ªexplica el arcanista mientras camina de un lado de la habitaci¨®n al otro. John no respondi¨®; circular la pegajosa energ¨ªa por sus extremidades requer¨ªa un gran esfuerzo, hasta el punto de que apenas pod¨ªa entender las palabras que Sigil estaba diciendo, menos a¨²n hablar al respecto. Sin importarle si es escuchado o no, el arcanista contin¨²a con su mon¨®logo¡ªEn los siguientes meses aprenderemos artes internas, puesto que no solo son m¨¢s f¨¢ciles de aprender, sino que adem¨¢s te ayudar¨¢n a surcar la mayor¨ªa de los problemas que puedan aparecer en una misi¨®n de campo. Es por eso que practicar mover tu energ¨ªa, incluso en el estado en el que est¨¢s, es importante, puesto que tiene mucha relevancia en el uso de esta. John devuelve la energ¨ªa circulando de vuelta a su Enki y vuelve a empezar. A pesar de que todav¨ªa le cuesta hacerlo, se siente un poco menos forzoso que ayer, como si cada pasada que hiciera aflojara un poco las cadenas que ten¨ªa. ¡ªUna de las artes internas m¨¢s b¨¢sicas y esenciales es la de refuerzo f¨ªsico; como reforzar el cuerpo entero cuesta demasiado Ether rojo, estas se dividen en 6, brazos, piernas, ojos, pulmones, coraz¨®n y, por ¨²ltimo, cerebro. El objetivo ser¨¢ que puedas reforzar de 2 a 3 partes al mismo tiempo y que puedas cambiar cu¨¢les refuerzas de manera r¨¢pida y precisa ¡ªfinaliza Sigil par¨¢ndose en frente del hombre mientras mira su reloj y al darse cuenta de la hora agrega¡ª Ya puedes detenerte, John, ve a tomar un descanso. ¡ªBueno ¡ªresponde el aspirante exhalando y mientras se levanta pregunta ¡ª?Entonces no aprenderemos nada de artes externas? ¡ªDepende de tus avances; si logras dominar el refuerzo f¨ªsico, podemos intentar adentrarnos un poco en esos temas, pero vamos a estar justos de tiempo ¡ªresponde el arcanista complacido con la iniciativa para aprender las artes arcanas que ten¨ªa John. ¡ªPor cierto, Line me dio uno de estos, pero no s¨¦ c¨®mo agregar gente ¡ªcomenta el hombre mientras saca su PSD. ¡ªHa, ya tienes tu PSD, genial, solo tienes que pedirle a tu asistente que agrege a una persona cercana, Rolo agrega a John a la lista de contacto ¡ªdice Sigil mientras muestra el suyo, un peque?o em¨² vestido con un gi de karate y una bandana apareciendo en la pantalla. En la pantalla del aparato de John Pen¨¦lope aparece otra vez con una burbuja de texto encima de ella: "alguien quiere agregarte a sus contactos, quieres hacer lo mismo", ¨¦l aprieta que s¨ª y junto a la imagen de un pulpo la de un em¨² aparece en su lista de contactos. Agradeciendo al arcanista por la informaci¨®n, John se despide y en el tiempo que tiene antes de tener que ir al campo de tiro va alrededor de Santuario buscando a las personas que conoc¨ªa, agreg¨¢ndolas a su lista de contactos. Si bien no se atrevi¨® a agregar a Tal¨®n, que estoico como siempre observaba su progreso dando certeras y punzantes cr¨ªticas, s¨ª puede sumar a su lista a hermano Cache y hermana Dolche. Despu¨¦s de sumar a ¨¢gata y Mouse, John pasa las horas en la biblioteca tratando de memorizar su nueva identidad. William Thompson, un forense veterinario nacido el doce de septiembre de 1994 en la ciudad de Little Rock, Arkansas, estudi¨® en el colegio comunitario local en la media de su clase, apasionado de la taxidermia y del wiski. John se sorprende de lo detallado del trasfondo como si fuera un personaje de un juego de mesa, intentando memorizar lo que pueda, tratando de mantener en su mente su nueva identidad. Luego de que siente que tiene una noci¨®n certera de qui¨¦n es su nueva persona p¨²blica, el hombre se despide de su profesora y la asistente para luego dirigirse a cambiarse. En camino, cruzando el patio interno, se topa con Abigail, que estaba sentada en una banca cerca de unos claveles rojos, mirando el cielo que se empezaba a tornar naranja. ¡ªBuenas tardes, se?orita, mi nombre es William Thompson, soy nuevo por aqu¨ª; ?podr¨ªa pedirte tu n¨²mero de tel¨¦fono? ¡ªBromea el hombre sacando su nuevo celular mientras hace su mejor impresi¨®n de un pickup artist. ¡ª?Qu¨¦? ¡ªpregunta la mujer con una expresi¨®n de confusi¨®n, claramente no entendiendo lo que el hombre est¨¢ diciendo. ¡ªAbi, ?est¨¢s bien? Te veo un poco perdida ¡ªdice John preocupado. ¡ªS¨ª, s¨ª, solo estoy un poco distra¨ªda ¡ªaclara Abigail mientras se frota los ojos. ¡ªHo, ok, ?vas a ir esta noche a la cena? Porque si vas, puedo llevarte ¡ªofrece el aspirante mostrando las llaves del auto. - No s¨¦. No creo, pero d¨¦jame agregarte, as¨ª te paso la direcci¨®n ¡ªofrece la mujer sacando su celular y moviendo sus dedos a trav¨¦s de la pantalla. -Bueno, t¨®matelo con calma, cualquier cosa me avisas ¡ªaconseja John mientras acepta la solicitud y ve como la imagen de una Marten de pelo rojizo se agrega a su lista. Una vez agregada le pasa la direcci¨®n a John; este la recibe y se despide de la mujer, d¨¢ndole un poco de espacio para que pueda ordenar sus pensamientos. Luego de darse una ducha y cambiarse, repasa los papeles dentro del sobre marr¨®n, tratando de grabarlos en su memoria. Cuando se acerca la hora, se dirige al garaje y se sube al auto, colocando su nuevo tel¨¦fono en un lugar que pueda ver. Dici¨¦ndole a Pen¨¦lope que abra el GPS y coloque la direcci¨®n que le pas¨® Abigail, enciende el auto y avanza hacia la mampara de metal. Esta se abre con un estr¨¦pito a la misma subida que vio esa ma?ana; al salir un cielo sin estrellas lo recibe, la amenaza de lluvia haci¨¦ndose presente. Hoy no ha sido un buen d¨ªa, o por lo menos as¨ª lo siente John, pero espera que la reuni¨®n de esta noche cambie ese hecho, as¨ª que poniendo la radio en una estaci¨®n al azar sale en direcci¨®n a la ciudad guiado por el GPS. Cap铆tulo 20: Conociendo al equipo Mientras cruzaba los caminos del bosque, la radio reproduc¨ªa una vieja canci¨®n de blus, perfecto acompa?amiento no solo para el clima sino tambi¨¦n para el estado emocional en el que se encontraba. Siguiendo el GPS, avanza r¨¢pidamente, a pesar de que tiene tiempo antes de la hora pactada. Ahora que las nubes tapan toda la poca luz proveniente de la luna y las estrellas, el bosque se ve¨ªa t¨¦tricamente oscuro, as¨ª que John no quer¨ªa pasar m¨¢s tiempo de lo necesario dentro del lugar. Al doblar en una esquina un rayo ilumina el bosque; la canci¨®n es cortada repentinamente por un ataque de est¨¢tica y en ese momento del lado derecho del camino un hombre de complexi¨®n oscura se hace presente. Iluminado moment¨¢neamente por el rel¨¢mpago, con una ca?a en su mano derecha y un balde en la otra, se par¨® entre los arbustos portando un sombrero, unas botas de goma y un overol que luc¨ªa diferentes manchas marrones y rojas. A pesar de que fueron unos segundos, la figura del hombre se marca a fuego en las retinas de John. Mirando por el retrovisor, lo ¨²nico que ve¨ªa ahora que el momento de claridad hab¨ªa pasado era una oscuridad abisal. A pesar de lo fuera de lugar que se ve¨ªa, ¨¦l no pod¨ªa evitar sentir que conoc¨ªa a esa persona. Su nombre en la punta de la lengua, pero por alguna raz¨®n se resist¨ªa a ser dicho. El sonido de las primeras gotas de lluvia que golpean su parabrisas devuelve su vista hacia el camino justo a tiempo para notar el resplandor de sus faros en los ojos de un indefenso ciervo que paralizado por el miedo se mantiene parado en el medio del camino, tratando de esquivar al pobre animal. Gira el volante lo m¨¢s r¨¢pido que puede hacia la izquierda, pero a pesar de su mejor esfuerzo todav¨ªa puede sentir el pesado impacto del animal en el fuselaje del veh¨ªculo. Luchando para recuperar el control del auto, se sale del camino, desliz¨¢ndose por el barro reci¨¦n formado de la banquina hasta detenerse unos metros m¨¢s adelante. Por unos segundos lo ¨²nico que puede o¨ªr es el latido de su coraz¨®n bombeando r¨¢pidamente en sus orejas; lentamente el sonido de la radio vuelve a aparecer, esta vez con un concierto de piano. Tratando de enfocar su borrosa vista, levanta el tel¨¦fono, ordenando a Pen¨¦lope que encienda la linterna y con ella ilumina el capot del auto a trav¨¦s del parabrisas, esperando ver humo que salga del motor, pero ¨¦l, incr¨¦dulo, agita la cabeza, no pudiendo creer lo que ven sus ojos, o para ser m¨¢s exactos, lo que no ven. No hab¨ªa humo, ni abolladura, ni siquiera sangre, solo barro. Se baja del auto, escudando el tel¨¦fono con sus manos, y camina siguiendo el camino de tierra en busca del cad¨¢ver del animal, pero inspeccionando los alrededores del lugar en donde las marcas de las ruedas empiezan a virar, no pudo encontrar ning¨²n cuerpo o siquiera huellas de la criatura. La lluvia empezaba a aumentar en su intensidad, como as¨ª el miedo, que empezaba a fermentarse en la mente del hombre. Subi¨¦ndose r¨¢pidamente al Cadillac, contin¨²a con su camino. A pesar de que el sentimiento de urgencia hab¨ªa crecido, decidi¨® ser precavido y manejar m¨¢s despacio, no queriendo sufrir otro accidente como el que acababa de pasar. Aun as¨ª, no pasa mucho tiempo antes de que llegue hasta la carretera principal que da al parque industrial. Cuando sube al asfalto esta vez puede notar un gran contingente de personas que salen y entran a la ciudad; siendo el fin de semana tiene sentido que as¨ª sea. Por suerte para ¨¦l, el flujo de tr¨¢fico era constante y antes de que se diera cuenta ya estaba entre los apartamentos que junto con las f¨¢bricas conformaban el grueso de los edificios del barrio. Debido a la hora, se pod¨ªa escuchar m¨²sica saliendo de las ventanas de los departamentos. El parque industrial, por su naturaleza, siempre fue un barrio obrero en donde las simples cosas se aprecian m¨¢s que las extravagantes. Esto se ejemplificaba en un grupo de ni?os jugando debajo de la lluvia de verano, chapoteando en los charcos que se acumulaban en las derruidas aceras del lugar mientras sus madres los llamaban adentro, mientras acomodaban la ropa que tuvieron que sacar de las cuerdas que van de edificio a edificio, enmara?ando el cielo de los callejones debido al sorpresivo cambio de clima. Siguiendo las indicaciones del GPS. John dobla en direcci¨®n a las colinas rojas, el barrio que se destaca por ser la zona de recreaci¨®n de la ciudad de Hope. Si bien hay centros de entretenimiento en cada barrio, este en particular ten¨ªa la mayor densidad de bares, teatros y restaurantes que cualquier otro, haciendo que cualquier persona que se considere un artista viva aqu¨ª. Leyendas de la industria como Beatriz Simmons, Ernesto Saavedra y Cassie Chen han cruzado estas veredas, comido en estos restaurantes y dejado su marca en el mundo de las artes en este lugar. Mientras maneja, John piensa en su relaci¨®n con el arte, como las pel¨ªculas que ve¨ªa con su padre cuando era peque?o instauraron una idea de glamur en la ciudad, que con el paso del tiempo y experiencia personal result¨® no ser tan cierta. A pesar de eso, ¨¦l ten¨ªa que admitir que si bien la realidad era diferente a lo prometido, algunas cosas todav¨ªa se manten¨ªan como ciertas, particularmente como los recuerdos felices de compartir tardes y noches junto a sus seres queridos viendo estos films se mantuvieron por muchos a?os como un pilar de soporte emocional para ¨¦l. Con una mescla de desilusi¨®n y agradecimiento en su interior, John contin¨²a manejando por las calles del parque industrial. Luego de unos minutos puede empezar a notar c¨®mo los edificios de ladrillo que portaban un aire de practicidad y utilitarismo son reemplazados lentamente por estructuras llenas de individualidad que las separaban unas de las otras. Despu¨¦s de unos minutos las calles empiezan a inclinarse y bajar abruptamente, marcando la entrada a las colinas rojas. No muy lejos, siguiendo las colinas rodantes, lleg¨® a un sector en donde predominaban los carteles escritos en mandar¨ªn. Esta zona era conocida como el mercado chino en donde varios comerciantes del pa¨ªs asi¨¢tico decidieron asentarse y ofrecer sus productos. En una esquina oscura, ¨²nicamente iluminada por un cartel de ne¨®n naranja que mostraba un drag¨®n descansando en la cima de una monta?a. Debajo de este se encontraban letras en mandar¨ªn que traducido dir¨ªan algo como descanso o pico del drag¨®n. John estaciona enfrente del restaurante, debajo de la luz de cartel que titila de vez en cuando. Esperando unos minutos busca con la vista a alguien que pudiera reconocer que est¨¦ entrando o saliendo del lugar, pero cuando no ve a nadie decide bajarse y mirando su tel¨¦fono un par de veces se asegura de que es el lugar adecuado; sin duda lo es. Aunque seg¨²n su reloj todav¨ªa faltan 15 minutos antes de que comience la reuni¨®n, decide cruzar la calle y se adentra en el lugar. Al abrir la puerta, lo primero que nota es el olor a especias junto al de jazm¨ªn. El interior del restaurante mostraba unos colores mezcla de dorados y naranjas que trasmit¨ªan una sensaci¨®n c¨¢lida. Hab¨ªa un par de comensales compartiendo varios platillos en mesas redondas, y del otro lado de la habitaci¨®n una joven mujer de facciones asi¨¢ticas se para detr¨¢s de una barra mientras viste un tradicional vestido chino de color naranja. John se acerca a la se?orita con la intenci¨®n de preguntar en qu¨¦ mesa deber¨ªa sentarse, pero unos segundos antes de que llegara enfrente de ella recuerda el mensaje que le pas¨® Abigail. Sacando su tel¨¦fono, vuelve a leer la l¨ªnea y cuando la mujer le pregunta en qu¨¦ puede ayudarlo, ¨¦l dice ¡ªVengo por un t¨¦ y un lugar tranquilo. La joven se pausa por un segundo, mirando al reci¨¦n llegado de arriba abajo con una expresi¨®n de ligera incredulidad, pero mientras cambia a una sonrisa profesional, le pide a John que la acompa?e. ¨¦l la sigue pasando por una puerta doble que da a la cocina, en donde cocineros, as¨ª como hombres y mujeres tatuados vestidos con trajes, iban y ven¨ªan deteni¨¦ndose solamente para recibir ¨®rdenes o darlas. Subiendo por la escalera la mujer lo lleva a un pasillo con varias habitaciones; ellos se dirigen a la puerta del final, una enmarcada en madera roja en donde varios s¨ªmbolos fueron tallados en un idioma que el aspirante no pod¨ªa leer. Ella abre la puerta y se aparta, dejando el paso libre para el hombre. John entra a la habitaci¨®n y al hacerlo los pelos de su nuca se paran; mirando para atr¨¢s puede ver que la puerta se cierra con un pesado golpe seco, dej¨¢ndolo encerrado en el lugar. The narrative has been illicitly obtained; should you discover it on Amazon, report the violation. Observando sus alrededores, puede ver una mesa en el centro llena con varios platillos de aspecto delicioso. Sentados alrededor de estas 5 comensales que hasta hace poco estaban comiendo y compartiendo bebidas, miran intensamente en su direcci¨®n, John pudo reconocer a Dolche y a Tal¨®n, pero el resto de las 3 figuras eran un misterio para ¨¦l. ¡ªSe?or Dole, un placer tenerte entre nosotros ¡ªdice Tal¨®n con un dejo de sarcasmo. ¡ªVoy por William Thompson ahora ¡ªcorrige el hombre, intentando no parecer d¨¦bil ante los desconocidos mientras se sienta en la ¨²nica silla libre. ¡ªCiertamente, y al parecer William las tiene bien puestas ¡ªdice Dolche con una sonrisa. ¡ªJA, una nueva identidad me hace recordar a mis d¨ªas en la CIA ¡ªcomenta un hombre blanco de pelo corto y traje pulcro ubicado a la derecha de Tal¨®n. ¡ªNo empieces otra vez con tus cuentos de la edad media, anciano, vas a hacer que Mikail empiece a contar historias sobre sus a?os en la KGB y no tengo suficiente alcohol en mi sistema para aguantar ambas ¡ªpide rudamente una joven de piel cobriza y pelo negro que posa encima de su hombro derecho. ¡ªPues eso se puede cambiar, malen''kaya devochka ¡ªafirma entre risas un hombre que f¨¢cilmente pudiera ser confundido con un oso mientras le sirve otro trago a la mujer. ¡ªSe?or Thompson, estos son Lionel Smith, ex CIA, Lorena Aguilar, ex FARC y Mikail Ivanov, ex miembro de la KGB ¡ªpresenta Tal¨®n a los desconocidos, se?al¨¢ndolos uno a uno a medida que dice sus nombres para luego apuntar a John y agregar ¡ªGente les present¨® a John Dole AKA William Thompson, ex miembro del equipo forense de la ciudad de Hope y nuevo m¨¦dico del equipo. ¡ªAs¨ª que este es el reemplazo de Lerouche; por lo menos si no puede salvarnos sabr¨¢ que nos mat¨® ¡ªbromea el ruso para luego proceder a terminar de un trago su copa. ¡ªNo te das una idea de c¨®mo me calma eso ¡ªcomenta ir¨®nicamente Aguilar. ¡ªEn los siguientes tres meses lo entrenaremos para que pueda funcionar de manera eficiente en este equipo ¡ªagrega Tal¨®n ignorando los comentarios de ambas personas. - ?Tenemos que entrenarlo? O sea que no est¨¢ listo; ?siquiera sabe disparar una pistola? ¡ªpregunta con incredulidad la mujer. ¡ªPor lo poco que he visto, dispara bastante bien ¡ªintercede Dolche intentando defender al aspirante. ¡ªHo, claro, el reconocimiento de la mujer que particularmente usa armas cuerpo a cuerpo es extremadamente valioso cuando hablamos de disparar; gracias, D, ahora s¨ª que estoy m¨¢s tranquila ¡ªespeta Lorena ir¨®nicamente mientras mira a la otra mujer intensamente, chispas volando entre ellas. ¡ªMira t¨² pedazo de¡­ ¡ªempieza a responder Dolche ante el insulto, pero antes de que pudiera continuar es cortada por Tal¨®n. ¡ªBasta, las dos, el Se?or Dole es un aspirante vetado por el hermano Narciso y tiene los conocimientos m¨¦dicos necesarios como para dar primeros auxilios; es por eso que en los siguientes tres meses lo entrenaremos para que est¨¦ listo para ir con nosotros al campo. Esto es un hecho, no una discusi¨®n, ?est¨¢ claro? ¡ªpregunta el arcanista con un tono que hace entender que solo hay una respuesta correcta. Ante las palabras de su l¨ªder, ambas mujeres desisten y proceden a escuchar en silencio mientras de vez en cuando toman un trago de sus vasos o alg¨²n pedazo de comida de algunos de los platos. ¡ªSe?or, por mi parte no tengo problemas en entrenar al joven Dole, pero ?no crees que 3 meses es demasiado poco tiempo para instruir a alguien que va a ir a una FRZ? ¡ªcuestiona respetuosamente Smith. ¡ªTodav¨ªa no sabemos si es un FRZ ¡ªinterrumpe Lorena mientras se sirve otro trago. ¡ª?Cuando no lo es? ¡ªdice Mikail en un tono serio mientras extiende su copa en direcci¨®n de la mujer. ¡ªEntiendo sus dudas y cr¨¦anme que las comparto, pero nadie en esta mesa puede negar que el hermano Narciso tiene un buen ojo para las personas y ¨¦l cree que el se?or Dole puede hacerlo, y si ¨¦l lo cree, yo tambi¨¦n ¡ªdice Tal¨®n respondiendo la pregunta del viejo agente. Un silencio cubr¨ªa el lugar; era obvio que no estaban contentos con la situaci¨®n, pero nadie se atrev¨ªa a ir en contra del juicio de Narciso, as¨ª que no les quedaba m¨¢s que aceptar la situaci¨®n y seguir adelante. Mientras el grupo com¨ªa, Tal¨®n sac¨® varios papeles de un malet¨ªn negro y los pas¨® a los comensales, cuando una de las copias lleg¨® al aspirante, este intent¨® leer r¨¢pidamente las varias fechas e informaci¨®n que llenaba la p¨¢gina, pero no pudo hacer mucho sentido de lo escrito. ¡ªEl centro psicol¨®gico Ombelton es el lugar en donde se rumorea que el grimorio que estamos buscando se encuentra; tenemos algunas ideas b¨¢sicas de la historia del lugar, pero toda informaci¨®n antes de 1881, que fue la fecha en donde se construy¨® el edificio, est¨¢ siendo bloqueada por el Buro, adem¨¢s de que en una exploraci¨®n preliminar del espacio se confirmaron marcas que ponen el terreno como un coto de casa de Eternum Sanguineum ¡ªexplica Tal¨®n, generando m¨¢s dudas que respuestas en la mente de John. ¡ªAsumo que Line est¨¢ tratando de conseguir la informaci¨®n de los servidores ¡ªcomenta Lionel analizando el papel. ¡ªS¨ª, pero acceder a la matriz arcana del Buro es peligroso incluso en sus mejores d¨ªas, as¨ª que va a tomar un tiempo sacar algo de ella ¡ªdice Tal¨®n mientras organiza los documentos enfrente de ¨¦l. ¡ªMe preocupa la idea de que Eternum Sanguineum est¨¦ involucrado en esto ¡ªexpresa Smith en un tono preocupado. ¡ªA m¨ª tambi¨¦n, tratar¨¦ de hablar con su l¨ªder. Roderik puede ser un bastardo a veces, pero no es irracional, estoy seguro de que podemos pactar un acuerdo con la ayuda de Narciso ¡ªasegura Tal¨®n, mirando al hombre y llevando su vista hasta Dolche. Agrega¡ªVoy a necesitarte a ti y a Mikail como seguridad; por las dudas, no creo que intente nada, pero no est¨¢ de m¨¢s ser precavido. ¡ªBien, ?qu¨¦ hago yo entonces, jefe? ¡ªpregunta Aguilar. ¡ªT¨² y Lionel van a hablar con algunos de los miembros y pacientes del hospital que todav¨ªa est¨¢n vivos ¡ªresponde Tal¨®n mientras le pasa un par de hojas con fotos y nombres a la mujer y al hombre. ¡ªWOW, incre¨ªble, hay algunas personas m¨¢s viejas que Smith aqu¨ª¡ª bromea Lorena lanzando una sonrisa traviesa al hombre. ¡ªDe hecho, s¨ª, varias de estas personas est¨¢n arriba de 90 ¡ªcorrobora sorprendido el hombre ignorando los comentarios infantiles de su compa?era. ¡ªS¨ª, lo s¨¦, no es la informaci¨®n m¨¢s cre¨ªble que podemos obtener, pero si Line no consigue acceder a la red del Buro, quisiera tener algo con lo que guiarme y una historia borrosa es mejor que nada ¡ªdice Tal¨®n mientras empieza a juntar los papeles encima de la mesa. ¡ª?Ya te vas, camarada? ¡ªpregunta Mikail con la boca llena. ¡ªS¨ª, tengo que organizar algunas cosas en Santuario y hablar con Narciso por el tema de Eternum Sanguineum ¡ªresponde el hombre mientras termina de guardar los ¨²ltimos papeles dentro del malet¨ªn, para luego proceder a despedirse y salir por la puerta. La noche se desenvuelve en discusiones que a John le cuesta seguir junto con preguntas personales adornadas con una cantidad excesiva de alcohol. Al final, el miedo que ten¨ªa John sobre no ser aceptado se difumina ante la bienvenida c¨¢lida del grupo, que a pesar de no estar seguros de su inclusi¨®n tampoco lo apartan. En alg¨²n punto, probablemente por la cantidad de bebidas, John pierde el conocimiento y solo lo recupera cuando se despierta en su cama, la cabeza palpit¨¢ndole violentamente. Tomando su celular puede ver la hora, 7:15 de la ma?ana. Tambi¨¦n puede notar c¨®mo tiene 3 nuevos contactos y un mensaje de Lionel que dice que dejaron su auto en el garaje y las llaves arriba del escritorio. El hombre se levanta a duras penas y se dirige al ba?o, se ducha, se cambia y luego desciende las escaleras a paso apresurado en busca de un caf¨¦. Cuando cruza las puertas de comedor, teniendo su objetivo a la vista, se acerca a la mesa y busca la taza m¨¢s grande que puede encontrar, pero antes de que pudiera dar un sorbo, una voz familiar lo llama. ¡ªSe?or Dole, preparado para empezar a practicar, hay mucho que aprender y poco tiempo, as¨ª que acomp¨¢?eme ¡ªdice Sigil mientras deja un plato sucio encima de una mesa cercana y se dirige a la puerta. John toma lo m¨¢s r¨¢pido que puede su caf¨¦, casi quem¨¢ndose la boca, pero ante la insistencia del arcanista lo ¨²nico que puede hacer es dejar la taza a medio tomar sobre la mesa y corre en direcci¨®n a su instructor mientras suspira y piensa para s¨ª mismo "van a ser tres meses bastante largos". Cap铆tulo 21: Preparè°©ndose para entrar Una van negra sin marcas se mueve por las calles que abrazan las alturas rodantes del barrio de las colinas rojas. Por su necesidad de pasar desapercibidos, a pesar de que tienen un tiempo limitado, se mueven a una velocidad parecida al resto de los veh¨ªculos que los rodean, con la ¨²nica diferencia siendo que, mientras los otros van hacia el centro de este lugar con la esperanza de ser parte de la gala que el alcalde Brown pone todos los a?os para juntar fondos para su reelecci¨®n, ellos tienen la intenci¨®n de salir, poniendo su vista en un objetivo menos lujoso, pero mucho m¨¢s importante. El destino no muy lejano, a unas cuadras de la linde entre el barrio imperial y las colinas rojas, en donde varias mansiones, antiguas e imponentes, devoran la mayor¨ªa del terreno, aqu¨ª se alza un viejo sanatorio, ah¨ª est¨¢ lo que est¨¢n buscando o por lo menos eso es lo que esperan. ¡ªJay, dime, ?te puedo preguntar una cosa? ¡ªpregunta Lorena ladeando la cabeza mientras mira a John y ajusta su chaleco anti pu?aladas a su cuerpo. ¡ªS¨¦ que me voy a arrepentir de esto, pero adelante ?qu¨¦ quieres saber? ¡ªcontesta el aspirante, sabiendo el tipo de preguntas que pod¨ªa esperar de su compa?era. ¡ª?Puedes explicarme c¨®mo despu¨¦s de 3 meses de trabajo intenso todav¨ªa est¨¢s as¨ª de fl¨¢cido? Digo, uno pensar¨ªa que con todo el trabajo f¨ªsico que te hicimos hacer ya deber¨ªas estar tonificado ¡ªinterroga la mujer mientras intenta apu?alar con el dedo el costado del hombre, solo para ser detenida por la misma armadura que ella tiene. ¡ªPues ver¨¢s, se?orita Aguilar, hay algo que tal vez usted no sepa, un secreto antiguo pasado de generaci¨®n en generaci¨®n en la casa de los Dole ¡ªdice John en un tono serio y acerc¨¢ndose a ella mientras baja la voz como si fuera a decirle un secreto, agrega¡ª se llama ser una persona sociable y tener amigos. La mujer lo mira anonadada, mientras el hombre se parte de la risa. Despu¨¦s de unos segundos, cuando el aturdimiento de la revelaci¨®n hab¨ªa pasado, se lanza en direcci¨®n a John, golpe¨¢ndolo en el hombro mientras dice ¡ª?Te crees gracioso?, ?he? Sabes muy bien a lo que me refiero, adem¨¢s soy bastante sociable yo tambi¨¦n. ¡ªEs verdad, como le caigo bien a hermano Chef me da raciones extra e incluso algunas noches cuando tengo que quedarme a estudiar algo hasta tarde me sirve caf¨¦ y algo para comer; con el tiempo todo suma ¡ªresponde el aspirante mientras esquiva los ataques lo mejor que puede, su entrenamiento de los ¨²ltimos meses empezando a brillar. ¡ªNo preguntes si no quieres saber la respuesta ¡ªdice Leonel sonriendo ligeramente. ¡ªMira, viejo, nadie te pidi¨® tu opini¨®n ¡ªespeta Aguilar mirando al hombre con ojos entrecerrados. ¡ªVamos, se?orita, si¨¦ntese, no querr¨¢ cansarse antes de la misi¨®n ¡ªcomenta Mikail mientras la toma suavemente de los hombros y la sienta a su lado. ¡ªPor favor, Lorena, c¨¢lmate, ni siquiera empezamos todav¨ªa y ya est¨¢s haciendo desastres ¡ªreprimenda Dolche. ¡ªMira, tal vez no tenga un nombre lujoso como el tuyo, pero eso no quiere decir que no pueda patearte el culo ¡ªdice Aguilar en un tono amenazante mientras apunta un dedo acusador a la mujer. ¡ªPrimero, no tienes un nombre "lujoso" porque no te lo ganaste todav¨ªa y segundo, guarda ese dedo antes que lo pierdas ¡ªadvierte Dolche en un claro tono de amenaza mientras mueve su mano derecha hacia la parte de atr¨¢s de su pantal¨®n en donde una daga curva se encontraba. ¡ªEstamos a punto de llegar al centro, f¨ªjense que tienen todo lo necesario y por todo lo que consideran sagrado dejen de pelear; necesito a todos concentrados y en una pieza ¡ªla voz de Tal¨®n se escucha detr¨¢s de una ventana en la pared que separa la parte de atr¨¢s de la van del asiento del conductor y el del acompa?ante. Ante las palabras del hombre, los ¨¢nimos se calman, pero a pesar de que la situaci¨®n entre los miembros se disipa, la tensi¨®n en el lugar no lo hace; solo cambia de foco, siendo ahora la entrada hacia una FRZ lo que la causa. Despu¨¦s de asegurarse de que tuviera todo lo que necesita Smith se gira mirando a John y con un tono amable le pregunta ¡ªJohn, ?Recuerdas que tienes que hacer ah¨ª adentro? ¡ªS¨ª, debo quedarme a distancia y usar la pistola; si me llego a encontrar en una situaci¨®n en la cual debo pelear cuerpo a cuerpo, debo usar lo que aprend¨ª para ganar distancia y de ser necesario retirarme lo m¨¢s r¨¢pido que pueda, y si nos llegamos a separar, intentar salir del lugar y llegar a la van ¡ªrecita el aspirante de memoria lo que le ense?aron de manera constante en su entrenamiento. ¡ª?Y qu¨¦ m¨¢s? ¡ªagrega Dolche apoyando sus codos en sus muslos. ¡ªNo soy un guerrero; si la cosa se pone peligrosa, debo correr y concentrarme en sacar a los heridos fuera del combate ¡ªresponde el hombre sinti¨¦ndose ligeramente avergonzado. ¡ª?Y qu¨¦ m¨¢s? ¡ªdice Lorena mientras desliza un cargador en su pistola, siendo su turno ahora de interrogar al hombre. ¡ªSi alguien se encuentra peleando cuerpo a cuerpo, no debo disparar intentando ayudarlo porque es m¨¢s probable que falle o que golpee a un aliado ¡ªdice John, algo cansado de que lo traten como un ni?o, y mirando hacia la direcci¨®n de Mikail, espera que el gigante hombre le diga algo. ¡ªEso es todo, camarada, solo sigue las ordenes de Tal¨®n y todo saldr¨¢ bien ¡ªdice el ruso con una sonrisa mientras toma un trago de su petaca que luego extiende en direcci¨®n al aspirante. John niega la amabilidad del hombre con un gesto de la mano; Mikail no se lo toma a mal y guarda el recipiente de metal no sin antes darle un ¨²ltimo sorbo. Luego de unos minutos, la van dobla en una esquina. Estacionado en la calle, la parte trasera de un auto color verde oliva se hace presente enfrente de un pared¨®n de ladrillos conectado con una reja de metal cerrada con una pesada cadena y varios candados. Las puertas del auto se abren; las figuras conocidas de Sigil y Abigail descienden del veh¨ªculo, saludando en la direcci¨®n de la van. Tal¨®n estaciona y se baja; las ropas holgadas que lleva, casi demasiado grandes para su figura, se agitan en el viento de la tarde. El resto del equipo lo sigue reuni¨¦ndose con los otros 2 arcanistas. ¡ª?Abi, ?c¨®mo est¨¢s, coraz¨®n? Se te ve mal ¡ªdice Lorena mientras abraza a la pelirroja cuya expresi¨®n no luc¨ªa para nada bien. ¡ªEstuvimos explorando un poco con mis animales; algo mat¨® a uno de ellos ¡ªdice con una voz ronca y desprovista de energ¨ªa mientras apoya la cabeza en el pecho de la mujer. Royal Road is the home of this novel. Visit there to read the original and support the author. ¡ªO sea que hay algo hostil ah¨ª adentro ¡ªcomenta Dolche mirando el edificio encima de la colina. ¡ªS¨ª, o podr¨ªa ser simplemente un gato hambriento ¡ªpropone el ruso mientras hace lo mismo. Mientras observan c¨®mo el sol se esconde detr¨¢s del centro, Dolche intenta encontrar algo que decir, pero no sabe si el hombre est¨¢ siendo serio o est¨¢ bromeando; as¨ª decide quedarse callada. ¡ªSe?orita Whitaker ?est¨¢ segura de que puede seguir con esta misi¨®n? El efecto secundario de su magia no es para nada ligero ¡ªpregunta Smith con preocupaci¨®n. ¡ªS¨ª, s¨ª, puedo hacerlo, solo necesito un minuto ¡ªasegura Abigail mientras intenta moverse hacia la puerta del auto. Viendo el movimiento tambaleante de la mujer, John se acerca coloc¨¢ndose al costado de ella, poniendo el brazo derecho sobre su hombro, ayudandola a avanzar mientras dice¡ªD¨¦jame que te ayude. ¡ªHola John, ?O deber¨ªa decir William? ¡ªpregunta la mujer en broma, esbozando una ligera sonrisa. ¡ªT¨² puedes decirme como quieras ¡ªcontesta el hombre devolviendo la sonrisa. ¡ªSe llamaba Stanford¡­ ¡ªcomenta la mujer apoyando su cabeza en el asiento. John se pausa no entendiendo a lo que se refiere, pero Abigail continua sin darle tiempo a preguntar¡ªLo conoc¨ª cuando estaba caminando un d¨ªa de invierno; a¨²n recuerdo la nieve de ese d¨ªa; el pobre estaba completamente cubierto, de pies a cabeza y temblaba ¡ªrememora la mujer, una l¨¢grima empezando a surcar su mejilla. El hombre se queda en silencio, tomando la mano de Abigail, pregunt¨¢ndose cu¨¢l era la raz¨®n que la llevaba a utilizar estas creaturas con las cuales compart¨ªa tal profunda conexi¨®n para hacer algo tan peligroso. A pesar de la duda, no era tan iluso como para no entender que hacerla dar¨ªa a entender que est¨¢ culpando a la mujer, aunque no sea su intenci¨®n hacerlo; es por eso que solo se queda callado, esperando que su presencia ayude a calmarla, aunque sea un poco. Dejando a los dos aspirantes, Lorena se da vuelta y dirigi¨¦ndose a Sigil cuestiona ¡ªHermano Sigil. ?Qu¨¦ dicen las lecturas? ?Qu¨¦ podemos esperar? Sigil saca su PSD y toca un par de veces la pantalla para luego empezar a explicar ¡ªEste lugar es claramente una FRZ, aunque por suerte para nosotros parece de baja intensidad. Hay fuertes lecturas de SILRR -1 en el edificio junto con algunas lecturas de SILRR -10, pero no lo suficiente para que se produzca un cambio tan brusco en la realidad. Aun as¨ª, podemos esperar alguna esquirla de bajo nivel. ¡ªGenial, vamos a tener pr¨¢ctica de tiro entonces ¡ªcomenta la mujer con una sonrisa viciosa. ¡ªNo te emociones tanto, recuerda que no queremos llamar la atenci¨®n ni dejar pruebas de que estuvimos por aqu¨ª ¡ªdice Lionel ante la expresi¨®n de Aguilar y gir¨¢ndose a Tal¨®n pregunta ¡ª?Pudiste llegar a un acuerdo con Roderik? ¡ªS¨ª, va a dar la orden de que nadie entre al edificio por esta noche, pero me advirti¨® que apenas amanezca la orden deja de estar en efecto, a¨²n as¨ª no bajar¨ªa la guardia. Roderik puede controlar a su grupo a duras penas, si eso ¡ªresponde el arcanista mientras se acerca a la reja. El resto del equipo se empez¨® a mover en esa direcci¨®n, excepto John que todav¨ªa, concentrado en consolar a Abigail, no hab¨ªa notado que lo estaban dejando atr¨¢s. ¡ªJohn, vamos a entrar, p¨ªdele a Abigail que te d¨¦ el animal y ven con nosotros ¡ªdice Dolche en voz alta en la direcci¨®n del d¨²o. El aspirante se da vuelta al escuchar que dicen su nombre y pudo observar como los miembros del equipo de campo se encuentran alrededor de la puerta discutiendo c¨®mo van a abrirla; en ese momento siente como algo se coloca sobre su hombro y al mover la cabeza para ver qu¨¦ era, puede ver un peque?o rat¨®n de pelaje verdoso. John intenta decir algo a Abigail, pero ella lo detiene con un sorpresivo beso, para luego abrazarlo mientras apoya su frente en la de ¨¦l y casi susurrando decir ¡ªCu¨ªdalo y cu¨ªdate, recuerda que no eres un h¨¦roe, y no hay verg¨¹enza en escapar si la situaci¨®n te sobrepasa, solo aseg¨²rate de volver sano y salvo. Hab¨ªa muchas cosas que el hombre quer¨ªa decirle, pero no ten¨ªa tiempo, y claramente no es el lugar adecuado, as¨ª que colocando su mano en el hombro de la mujer cierra los ojos y susurra: ¡ªLo har¨¦, lo prometo. Una vez que se separan, el aspirante se levanta y se dirige hacia sus dem¨¢s compa?eros que contin¨²an discutiendo sobre la mejor manera de sobrepasar el obst¨¢culo enfrente de ellos. A medida que John atraviesa la calle, puede sentir c¨®mo se le paran los pelos de la nuca y el peque?o roedor a su costado se acurruca en su cuello. Al mismo tiempo, un viento fuerte que vuela directamente enfrente de ¨¦l lo empuja un poco hacia atr¨¢s. En ese momento, del rabillo de su ojo izquierdo puede ver se?ales de movimiento. ¡ªPodemos simplemente romperlo ¡ªdice Mikail, tomando uno de los pesados candados que manten¨ªan la entrada a los terrenos del centro cerrada. ¡ªPodr¨ªamos, si el objetivo no fuera dejar la menor cantidad de evidencia posible ¡ªvuelve a advertir Smith ante la idea. ¡ªPodemos saltar por encima de la reja, f¨¢cil y discreto ¡ªpropone Dolche mirando al resto de sus compa?eros. ¡ªS¨ª, pero si John falla en mantener el aumento, podr¨ªa terminar empalado en las p¨²as y no nos podemos permitir dejar tanta evidencia ¡ªdice Tal¨®n descartando la idea. ¡ªTomar¨¢ un poco de tiempo, pero puedo abrir los candados ¡ªofrece Aguilar buscando en su bolsillo unas herramientas de cerrajero. ¡ªO simplemente usan el agujero en la pared ¡ªcomenta John, apareciendo detr¨¢s de las barras de metal y paredes de ladrillo que conformaban la pared exterior. Todos se quedan callados, mirando al hombre con una expresi¨®n de sorpresa, hasta que Lorena rompe el silencio, preguntando ¡ª?C¨®mo carajo entraste ah¨ª? ¡ªCuando sopl¨® el viento vi c¨®mo las ramas de ese arbusto se mov¨ªan en mi direcci¨®n; la ¨²nica forma de que eso sea posible es si hab¨ªa un agujero detr¨¢s de ¨¦l ¡ªresponde el aspirante con una sonrisa. Antes de que alguien pudiera decir nada m¨¢s, Tal¨®n pega un salto en el aire superando f¨¢cilmente la barrera de 4 metros y cae del otro lado levantando peque?as piedras del camino cuando aterriza. ¡ªBien hecho, John, continuemos ¡ªdice el arcanista mientras empieza a seguir el camino de grava. John lo sigue de cerca. Cuando ¨¦l y Tal¨®n llegan a mitad del camino, el resto del grupo los alcanza y contin¨²an ascendiendo hacia el edificio. La colina en donde el centro se encuentra erguido tiene los pastos altos y descuidados, se?ales claras del abandono en que se encontraba el lugar. Al llegar a la cima, lo primero que ven es la fachada del edificio, que derruida por el paso de los a?os ha visto tiempos mejores. Las ventanas del primer piso est¨¢n tableadas y varias de las del segundo tienen sus vidrios rotos y regados en el estacionamiento del lugar. Una fuente echa completamente de lat¨®n guarda la puerta de acceso y posadas en esta, las estatuas de 3 hermosos ¨¢ngeles se encontraban en diferentes posiciones; una, la de la derecha, agazapada en una posici¨®n defensiva, tiene cruzados los brazos, la otra, esta vez del lado izquierdo, est¨¢ en la misma posici¨®n, pero con la ¨²nica diferencia siendo que en vez de tener los brazos retra¨ªdos, la figura pareciera lanzarse hacia adelante y la ¨²ltima, que se encuentra en el medio, tiene un brazo levantado apuntando hacia el cielo y el otro a la altura del pecho, la palma extendida hacia adelante. Mientras los miembros del grupo aseguraban la entrada, John se queda mirando la fuente; por alg¨²n motivo la estructura parec¨ªa fuera de lugar, pero antes de que pudiera examinarla con m¨¢s detalle, la voz de Tal¨®n resuena en la oscuridad ¡ªPreparen las armas y las linternas, Mikail a mi derecha, Aguilar a mi izquierda, Smith cubre la retaguardia y Dolche en el medio protegiendo a John. -Ja, parece que te toca ser ni?era ¡ªbromea la mujer mientras proyecta una sonrisa burlona. ¡ªHey, con nuestra suerte con los m¨¦dicos me parece que voy a ver m¨¢s acci¨®n que t¨² ¡ªdice Dolche devolvi¨¦ndole la misma sonrisa. Al escucharlas, John mira a Lionel con una expresi¨®n de preocupaci¨®n, pero este, no pudiendo negar lo que dicen las mujeres, no dice nada y solo se encoge de hombros. ¡ªSilencio, las dos y p¨®nganse en formaci¨®n, vamos a entrar¡ª la orden es acompa?ada con una mirada penetrante que calla a las mujeres. Una vez que cada persona est¨¢ en su lugar, se acercan a la entrada, mirando entre las figuras de sus compa?eros. John puede ver la puerta doble abierta de par en par, una oscuridad tintosa arremolin¨¢ndose fuera del alcance del haz de luz que proporcionan sus linternas. John traga sonoramente, el miedo empezando a aferrar su sinapsis; en ese momento la mano de Dolche se posa en el hombro del hombre. ¨¦l la mira; ella portaba una expresi¨®n de seguridad y confianza que lentamente se contagia al aspirante. Los sentimientos de miedo y duda son reemplazados por una determinaci¨®n que no se puede poner en palabras, as¨ª que solo asiente, esperando que los 3 meses de entrenamiento que recibi¨® sean suficientes. Cuando Tal¨®n se asegur¨® de que todos estuvieran preparados, coloca el brazo que tiene la pistola sobre el que tiene su linterna, mientras que con una voz firme ordena- Grupo de campo Alpha avancen. Capitulo 22: Procedimiento experimental Al atravesar la puerta, John siente otra vez como se le paran los pelos de la nuca, pero esta vez es diferente; el t¨ªpico temblor es acompa?ado por un sudor fr¨ªo que le recorre el cuerpo junto con el sentimiento de una ligera opresi¨®n proveniente de todos lados al mismo tiempo. Ante la sorpresa, el hombre instintivamente hace un paso para atr¨¢s solo para toparse con Lionel; ¨¦ste poniendo una mano en su espalda lo empuja hacia adelante diciendo ¡ªTerror¨ªfico, ?verdad?, a todos nos sorprende la primera vez, pero te acostumbrar¨¢s al final. Sin decir nada, el aspirante toma todo el valor que tiene; antes de que lo dejen atr¨¢s, se fuerza a continuar entrando a la oscuridad, a lo que pareciera la recepci¨®n del hospital. Al respirar, puede sentir como el cuarto apesta a humedad y polvo; los haces de luz de la linterna muestran sillas y sillones regados por el piso; algunos de estos hechos trizas. Tanto del lado derecho como del izquierdo se encontraban puertas cerradas que daban a lo desconocido y directamente enfrente de ellos hab¨ªa una barra de madera. Detr¨¢s de ella se pod¨ªa ver un escritorio junto con gabinetes y al lado de estos, otra puerta. La vanguardia del grupo se separ¨® un poco, manteniendo su atenci¨®n en las puertas preparada para responder a sea lo que sea que fuese a salir de ellas, mientras que Leonel aseguraba el ¨²nico punto de salida. ¡ª?Por d¨®nde empezamos? ¡ªpregunta Dolche dirigi¨¦ndose a Tal¨®n. ¡ªSeg¨²n los planos, la oficina de Ombelton se encuentra en el ala izquierda del centro, asumo que si tuviera algo tan poderoso como un grimorio quisiera tenerlo cerca de m¨ª ¡ªresponde el arcanista sin sacar la vista de la puerta detr¨¢s de la barra. Siguiendo el ejemplo de su capit¨¢n, r¨¢pidamente el grupo se coloca en la pared que rodea la puerta a su izquierda y, luego de unos segundos para asegurar que todos estuvieran preparados para entrar, Mikail la abre. John se tensa esperando que, al abrirla, balas empiecen a volar o una creatura antediluviana se lleve a alguno de sus compa?eros hacia la oscuridad, pero nada de eso pasa, solo la luz de las linternas y el sonido del viento que mece ligeramente la estructura del edificio. Luego de que Tal¨®n hiciera unos gestos con las manos, el grupo avanza hacia lo que parece un pasillo flanqueado por sillones corro¨ªdos por el paso del tiempo y vasijas que alguna vez hab¨ªan visto crecer alguna que otra planta. Con cada paso que dan los tablones del piso rechinan, amenazando con ceder en cualquier momento. Examinando la pared se pod¨ªa notar una placa negra con letras doradas. A pesar de que le faltaban pedazos y algunas letras estaban borradas, el apellido Ombelton se pod¨ªa ver claramente. Mientras Mikail y Smith avanzaron para asegurar el pasillo, Tal¨®n toma el picaporte y lo gira intentando abrir la puerta al lado del cartel, pero esta no se mueve un cent¨ªmetro. ¡ªCerrada, ?crees que puedes abrirla? ¡ªpregunta el hombre a Aguilar. ¡ªPrimero tengo que ver qu¨¦ tipo de cerradura es ¡ªcontesta la mujer arrodill¨¢ndose en frente de la puerta mientras guarda su arma y saca sus herramientas. Al ver que estaba renegando un poco en mantener la luz de la linterna en la cerradura mientras intentaba abrirla, John se acerca un poco intentando ayudar. ¡ªD¨¦jame darte una mano ¡ªdice el hombre poniendo el haz de luz de su linterna en donde la mujer necesitaba. Lorena le agradece la ayuda y se pone a intentar forzar la cerradura, pero luego de unos minutos suspira profundamente y dice ¡ªNo puedo, esta cerradura es extremadamente compleja; si no tenemos la llave no veo otra forma de abrirla que derribarla y ya dejamos claro que eso no es una opci¨®n. ¡ªAvancemos, tal vez encontremos la llave m¨¢s adelante y si al final no hay de otra, lo haremos ¡ªdice Tal¨®n mientras avanza en la direcci¨®n en donde los otros dos miembros del equipo est¨¢n. A unos metros, el camino se divid¨ªa en 2, uno que continuaba hacia adelante y otro que doblaba a la derecha. En la intersecci¨®n se puede notar la figura de Lionel apostada en contra de la pared, apuntando su arma en la direcci¨®n desconocida. ¡ªEs un camino sin salida ¡ªla voz conocida proven¨ªa de un punto de luz en la oscuridad que despu¨¦s de unos segundos se revela como Mikail. ¡ªEntonces, continuemos por aqu¨ª; estamos buscando una llave extra?a; si encuentran una, tr¨¢iganla ¡ªdice el capit¨¢n mientras dobla en la esquina con la pistola levantada. Despu¨¦s de ayudar a levantar a Lorena, John sigue los pasos de Tal¨®n. Cuando llega al pasillo puede notar c¨®mo este est¨¢ observando la parte debajo de una puerta de metal ubicada a la derecha del lugar; esta de vez en cuando soltaba r¨¢pidos destellos de luz ros¨¢cea. Enfrente de esta entrada, otras dos se encontraban abiertas de par en par, pero antes de que pudiera acercarse m¨¢s, puede escuchar una serie de golpes secos que provienen de una de las habitaciones de la izquierda. Cuando se gira a mirar en la direcci¨®n del sonido, puede observar como el cuerpo gigante de Mikail sale desde la primera puerta, volando por los aires y golpeando duramente el suelo, desliz¨¢ndose por las maderas hasta ser detenido por la pared. Sin tiempo que perder, John corre hacia el hombre y se arrodilla a su lado tratando de ver en qu¨¦ estado se encontraba. En ese momento un temblor le recorre la espina y puede notar c¨®mo de pronto la temperatura baja abruptamente hasta el punto de que se puede ver el aliento. Lentamente se gira en direcci¨®n de la puerta por la que sali¨® el ruso y all¨ª pudo notar la figura traslucida de un joven ni?o que lo mira con ojos blanquecinos; el aire alrededor de ¨¦l se deformaba como el horizonte en una tarde calurosa de verano y ten¨ªa un ligero tinte rosado que rodeaba su figura. Sin decir nada, tan r¨¢pido como la aparici¨®n lleg¨®, se desvaneci¨® y de repente la puerta se cerr¨® de un portazo. Aturdido por lo que acaba de pasar, John se queda callado por unos instantes, tratando de entender qu¨¦ acaba de ver. En ese momento, la voz de Mikail lo saca del trance en el que se encontraba ¡ªMaldita sea, maldito poltergeist, me agarr¨® por sorpresa. ¡ª ?Poltergeist? ?C¨®mo un fantasma? ¡ªpregunta consternado el aspirante mientras ayuda a su compa?ero a levantarse. ¡ªS¨ª, pero tal vez no como los entienda, camarada ¡ªcontesta el ruso usando la pared para levantarse. ¡ªLo entiendo como un alma que se queda atrapada en este mundo porque tiene asuntos pendientes ¡ªexplica su punto de vista John, mientras empieza a examinar al hombre y se calma un poco al notar que no tiene nada m¨¢s grave que un par de golpes y rasgu?os. ¡ªPues depende a lo que te refieras con alma; la verdad, no soy un Dream walker como para saber tanto sobre esto, pero lo que me explic¨® Narciso hace tiempo es que hay algo llamado la Psicosfera y cuando la gente fallece, una impresi¨®n de su mente se va a ese lugar; dependiendo de c¨®mo y d¨®nde la persona muera, hay veces en donde las impresiones se pueden manifestar de manera f¨ªsica, pero es extremadamente raro ¡ªexplica el hombre, dejando al m¨¦dico hacer su trabajo. ¡ª?O sea que ese ni?o est¨¢ muerto? ¡ªpregunta el aspirante mientras mira la puerta con una expresi¨®n triste. ¡ªDesde hace mucho tiempo ¡ªresponde Mikail haciendo lo mismo. Un silencio moment¨¢neo cae entre los dos hombres, pero luego de unos segundos la voz de Tal¨®n interrumpe el momento, haciendo que ambos vuelvan a concentrarse en el trabajo en mano. ¡ªJohn, necesito que vengas aqu¨ª por un momento ¡ªdice Tal¨®n sin girarse a mirar al aspirante. Con paso apresurado avanza hacia el lugar en donde se encuentra el arcanista, al llegar cerca de ¨¦l este tom¨® al roedor, coloc¨¢ndolo enfrente de la puerta, subi¨¦ndolo y baj¨¢ndolo como si se tratara de un esc¨¢ner. ¡ªM¨¢s despacio que me mareo ¡ªla voz de Abigail resuena desde las manos del hombre. Stolen from its rightful place, this narrative is not meant to be on Amazon; report any sightings. ¡ªPreg¨²ntale a Sigil c¨®mo rompemos este sello ¡ªordena Tal¨®n moviendo el roedor con m¨¢s delicadeza y dirigi¨¦ndose a John agrega ¡ªVamos a tardar un rato aqu¨ª; ve con Dolche a ayudar a Smith. John asiente y se dirige a la segunda puerta de la izquierda; apenas entran a la habitaci¨®n pueden notar un escritorio, dos estanter¨ªas llenas de libros y un sill¨®n en donde alguien podr¨ªa c¨®modamente recostarse. Enfrente de una de las estanter¨ªas, Lionel estaba buscando entre los viejos libros algo que les pudiera servir. ¡ª?Necesitas algo de ayuda?¡ªpregunta capciosamente Dolche mientras se acerca al hombre. ¡ªDe hecho, s¨ª, me servir¨ªa; si puedes buscar en la otra estanter¨ªa te lo agradecer¨ªa ¡ªresponde Smith con una sonrisa y al girarse cuando ve que John tambi¨¦n est¨¢ en la habitaci¨®n agrega¡ª ?John, puedes revisar el escritorio?, puede que haya algo interesante. ¡ªS¨ª, enseguida ¡ªcontesta el hombre para luego ponerse a abrir cajones en busca de algo que les pueda servir. A medida que rebusca, puede hallar diferentes reportes de pacientes, al parecer esta oficina pertenec¨ªa a un psic¨®logo del centro. Si bien no pensaba que invadir la privacidad de estas personas sea algo bueno, necesitaban cualquier indicio que podr¨ªan conseguir, as¨ª que poniendo los papeles encima del escritorio empez¨® a leer. "Nombre del paciente: Randall Stegonopolis" Profesi¨®n: Exmilitar Enfermedad: personalidad m¨²ltiple, esquizofrenia Descripci¨®n del caso: El paciente ha llegado aqu¨ª de la c¨¢rcel estatal debido a que, seg¨²n ¨¦l, su cuerpo ha sido invadido por una creatura a la que llama "La bestia", que ella es responsable de la serie de asesinatos y mutilaciones de las cuales se le acusa. Primera sesi¨®n: Despu¨¦s de hablar un par de horas con ¨¦l, llegu¨¦ a la conclusi¨®n de que el hombre realmente piensa que es inocente; eso sumado a las lagunas de memoria de los ¨²ltimos meses podr¨ªa indicar personalidades m¨²ltiples. Mientras convers¨¢bamos, Stegonopolis parec¨ªa distra¨ªdo, sobresalt¨¢ndose de manera continua ante algo que claramente no estaba ah¨ª; varias veces me pregunt¨® si pod¨ªa escuchar alguna voz u oler algo en el aire. Cuando le ped¨ª una descripci¨®n de lo que estaba experimentando, el paciente no volvi¨® a responder y tuvimos que dar por terminada la sesi¨®n. Segunda sesi¨®n: En esta sesi¨®n trat¨¦ de usar hipnosis para hablar con la otra personalidad del paciente. Una vez que logr¨¦ dejar al paciente en trance, pregunt¨¦ si hab¨ªa otra persona dentro de ¨¦l y si quer¨ªa salir a hablar un rato conmigo. Despu¨¦s de unos segundos de silencio, el paciente empez¨® a convulsionar. Siguiendo el procedimiento, intent¨¦ ayudarlo solo para ser atacado violentamente. Se necesit¨® a 3 guardas para sacar al se?or Stegonopolis de encima m¨ªo. Notas adicionales: Debido al altercado sucedido anteriormente no me veo capaz de seguir ayudando al paciente; es por eso que con la expectativa de ver alguna mejora lo recomend¨¦ para el tratamiento experimental del doctor Ombelton. John deja el legajo sobre la mesa mientras se pregunta de qu¨¦ se trataba este "tratamiento experimental", conducido por el doctor Ombelton. Siguiendo su curiosidad, rebusca entre los papeles por cualquier menci¨®n de este procedimiento y despu¨¦s de unos minutos encuentra 2 pacientes que tambi¨¦n fueron recomendados por este m¨¦dico. "Nombre del paciente: Melinda Hembraistan. Profesi¨®n: bibliotecaria Enfermedades: Cleptoman¨ªa, Tricofilia, Necrofilia Descripci¨®n del caso: La paciente fue referida hacia nosotros luego de ser encontrada durmiendo encima de la tumba de un magnate local, vistiendo solamente una capa echa, de lo que luego se descubri¨®, fueron varios mechones de cabello de las tumbas de varias personas del lugar. Primera sesi¨®n: No hubo mucho avance; la paciente se reh¨²sa a hablar en general, menos a¨²n de lo ocurrido. Segunda sesi¨®n: Otra sesi¨®n en silencio; pude ver que ten¨ªa un nuevo libro; cuando le pregunt¨¦ sobre ¨¦l pude ver una ligera reacci¨®n, pero no llegamos a nada. Tercera sesi¨®n: El silencio impera otra vez, pero ahora empec¨¦ a pasarle notas con preguntas y ella respondi¨® a algunas. Si bien son cortas, es un inicio. (Adjunto las notas m¨¢s abajo). Cuarta sesi¨®n: empezamos a comunicarnos a trav¨¦s de notas. Si bien esto tendr¨ªa que ser esperanzador, el contenido de estas es desconcertante. Nota 1: Descubr¨ª que un par de mis libros han desaparecido; la ¨²nica persona que entr¨® a mi consultorio el d¨ªa que desaparecieron fue la se?orita Hembraistan. A pesar de que la inspecci¨®n de su cuarto no encontr¨® nada fuera de lo com¨²n, es la ¨²nica explicaci¨®n que tengo. Advierto a mis colegas que est¨¦n atentos cuando traten con la paciente. Nota 2: Por mi responsabilidad como m¨¦dico deb¨ª reprender a las enfermeras en el trato de esta paciente. Se ve que por alg¨²n motivo desarrollo una infecci¨®n f¨²ngica que no fue tratada a tiempo; por suerte me di cuenta a tiempo antes de que se expandiera, pero debido a esta la recomendaci¨®n al programa del se?or Ombelton queda en pausa hasta que est¨¦ de vuelta en buena salud." Junto con este archivo hay un conjunto de notas con mensajes cr¨ªpticos que hablan sobre el ciclo de la vida y su significado, esot¨¦ricas ideas sobre qu¨¦ pasa despu¨¦s de la muerte y una clara obsesi¨®n con los hongos de todo tipo. John se sorprende con el conocimiento enciclop¨¦dico que ten¨ªa la mujer sobre el reino fung¨ª, pero, no teniendo mucho m¨¢s tiempo que perder, toma el siguiente folio y comienza a leer. "Nombre del paciente: Iv¨¢n Drestof Profesi¨®n: Titiritero Enfermedad: Agalmatofilia Descripci¨®n del caso: El paciente fue ingresado por su familia debido a su obsesi¨®n por las esculturas. Hasta el punto de no comer o dormir por largos periodos de tiempo, el hombre presenta gran angustia cuando no puede estar cerca de estatuas o de implementos que puedan producir una. Primera sesi¨®n: El paciente es un hombre articulado, bastante inteligente, claramente obsesionado con el arte de esculpir hasta el punto de casi ser fan¨¢tico; cuando le coment¨¦ esto, ¨¦l lo minimiz¨® diciendo que no es malo tener pasi¨®n por algo. Cuando intent¨¦ cambiar el tema hacia otros asuntos como su ni?ez o trasfondo, el se?or Drestof siempre tra¨ªa la conversaci¨®n de vuelta hacia sus marionetas o alguna escultura. Segunda sesi¨®n: El se?or Drestof pas¨® toda la sesi¨®n quej¨¢ndose de c¨®mo las estatuas de la fuente est¨¢n incompletas y que deber¨ªan dejarle terminarlas. Habl¨® sobre sue?os prof¨¦ticos en donde ve¨ªa estos 3 hermosos ¨¢ngeles portando una un escudo, otra una lanza y la ¨²ltima un libro. Aseguraba vehementemente que si lo dejan trabajar en ellas no se arrepentir¨¢n. El estado del paciente en las ¨²ltimas semanas se ha deteriorado bastante, puesto que se niega a comer. Es por eso que le dije que ver¨ªa si puedo convencer al doctor Ombelton para que le deje hacer este peque?o proyecto con el objetivo de ganar tiempo para desarrollar un tratamiento efectivo. Tercera sesi¨®n: Le dije al paciente que logr¨¦ convencer al doctor Ombelton y que apenas terminemos la sesi¨®n podr¨¢ empezar a trabajar en la estatua, en cambio ¨¦l participar¨¢ en el nuevo tratamiento experimental que se est¨¢ desarrollando en el centro. Apenas termin¨¦ la oraci¨®n, el se?or Drestof sali¨® corriendo del lugar. Tom¨¦ su accionar como que acept¨® las condiciones y di por terminada la sesi¨®n en ese momento.¡± ¡ª?Encontraste algo ¨²til? ¡ªpregunta a Dolche mirando al hombre desde el otro lado del escritorio. La pregunta de la mujer hizo que a John le diera un susto; estaba tan sumergido en la lectura de los papeles que no se dio cuenta de que sus compa?eros hab¨ªan terminado sus respectivas b¨²squedas. Una vez que se sobrepuso al sobresalto, responde: ¡ªNo s¨¦, encontr¨¦ referencias a un tratamiento experimental y las personas que nominaron para este son algo raras; puede que sea una pista. Tomando los papeles, Smith les da una pasada y asintiendo dice ¡ªPuede ser que est¨¦s en lo correcto, estas personas tienen signos de estar manchados ¡ªal escuchar las palabras que salen de la boca de Lionel Dolche lo observa con una mirada filosa, claramente ofendida por lo dicho. Al percatarse de esto Lionel se corrige ¡ªPerd¨®n, quise decir bendecidos. John mira en direcci¨®n de la mesa llena de papeles, pensando que tiene sentido c¨®mo las habilidades de un arcanista podr¨ªan ser consideradas como una enfermedad mental, m¨¢s a¨²n si son lo suficientemente d¨¦biles o poco llamativas como para no llamar la atenci¨®n. ¡ª?C¨®mo van por aqu¨ª, camaradas? ¡ªla voz de Mikail aparece desde la puerta, su figura tapando toda la abertura. ¡ªPuede que hayamos encontrado un indicio. ?Qu¨¦ tal ustedes, pudieron romper el sello? ¡ªdice Smith tomando los folios con la informaci¨®n de los pacientes. ¡ªMalas noticias en ese frente; sea quien sea que hizo el sello lo hizo muy bien; si no tenemos el encantamiento adecuado no vamos a poder pasar, por lo menos no esta noche ¡ªresponde Mikail rasc¨¢ndose la cabeza. ¡ªBueno, reagrup¨¦monos con Tal¨®n y veamos cual es nuestro siguiente movimiento- propone Dolche mientras se mueve en direcci¨®n a la puerta. Al salir al pasillo pueden ver c¨®mo Aguilar estaba hablando con la rata mientras Tal¨®n se encontraba enfrente de la puerta, cuya parte de abajo todav¨ªa destellaba de vez en cuando. ¡ªCapit¨¢n, buenas noticias, puede que hayamos encontrado algo ¡ªdice Smith acerc¨¢ndose al arcanista y d¨¢ndole los papeles¡ªNo es mucho, pero es mejor que nada. Tal¨®n lee los documentos para despu¨¦s de unos minutos asentir, concordando con Lionel, luego, acerc¨¢ndose al grupo, dice en voz alta ¡ªMuy bien, gente, a menos que encontremos la forma de deshacernos del sello en la puerta, no podemos seguir explorando esta parte, as¨ª que usando los nombres de los pacientes en estos documentos investigaremos sus cuartos; tal vez haya algo ah¨ª que nos sirva. ¡ª?C¨®mo sabremos cu¨¢les son los cuartos? ¡ªcuestiona John sabiendo que no tienen toda la noche para buscar en todos los cuartos del centro. ¡ªComo dije, tenemos los nombres; estoy seguro que hay documentos en este lugar que nos dir¨¢n exactamente qu¨¦ habitaci¨®n usaban estos pacientes; si no recuerdo mal, el archivo del centro deber¨ªa estar detr¨¢s de la barra en la recepci¨®n ¡ªresponde Tal¨®n seriamente. ¡ªSuena como un plan, vamos, en el camino me cuentan m¨¢s de esos papeles ¡ªdice Lorena mientras se coloca la rata en el hombro y empieza a caminar por donde vinieron. Cap铆tulo 23: Found footage Volviendo a tomar la formaci¨®n con la que entraron al lugar, se dirigen hacia la recepci¨®n y r¨¢pidamente encaran la puerta detr¨¢s de la barra de madera podrida, esta vez siendo Aguilar la encargada de abrirla. Esta da a un pasillo iluminado tenuemente por la luz de luna que emana del vidrio roto de la puerta directamente enfrente de ellos. Adem¨¢s de la puerta con vidrio, otras 4 aberturas llenaban las paredes del pasillo, dos de cada lado, todas cerradas excepto la m¨¢s lejana del lado derecho. Tal¨®n avanza unos pasos y se detiene de golpe a unos metros de la que est¨¢ abierta. Mientras levanta el pu?o, olisquea el aire y casi susurrando dice ¡ªHuele a humo, John, s¨ªgueme. El d¨²o avanza pegado a la pared; al llegar, el arcanista barre la habitaci¨®n con el haz de luz de su linterna, mostrando un peque?o cuarto con un par de mesas y sillas acompa?adas por una barra en donde cubiertos y tazas se encuentran abandonados. Encima de una mesa se puede ver una mochila negra junto a varios envoltorios de comida chatarra y dem¨¢s implementos dif¨ªciles de identificar a esta distancia. El hombre mira atentamente en busca de una amenaza, pero no encuentra nada, as¨ª que, seguro de que no hay peligro dentro, dice en voz alta ¡ªLimpio. Siguiendo su nariz, el arcanista se adentra en la habitaci¨®n seguido de cerca por John. Al entrar al lugar, r¨¢pidamente se mueven en direcci¨®n de la mochila; con cada paso, el olor a humo y metal iba en aumento hasta que por fin pueden ver c¨®mo de la cerradura abierta emana un humo rojizo que sube hacia el techo, desapareciendo unos cent¨ªmetros antes de llegar a ¨¦l. No bajando la guardia, mientras Tal¨®n investiga los contenidos de la mochila, John mira alrededor del cuarto y cuando la luz de su linterna cruza una mesa cercana, puede notar c¨®mo debajo de esta se encuentra una c¨¢mara. Sorprendido por el hallazgo, se acerca para tomarla cuando de pronto, desde su nuevo punto de vista, puede dilucidar c¨®mo el objeto est¨¢ cerca de lo que parece ser un charco de sangre seca que se arrastra hasta llegar a unas peque?as puertas ubicadas debajo del lavado. Resistiendo el impulso de curiosidad, decide levantarse y, movi¨¦ndose m¨¢s cerca de su l¨ªder mientras apunta a la direcci¨®n en donde el rastro termina, dice ¡ªSangre seca, en esa direcci¨®n, encontr¨¦ esta c¨¢mara cerca. ¡ªBien, tal vez la filmaci¨®n pueda darnos alguna idea de lo que hay en estas paredes, pero primero salgamos de aqu¨ª y sellemos esta habitaci¨®n; no queremos correr el mismo destino de la persona que dej¨® esa marca ¡ªdice Tal¨®n mientras toma la mochila y se dirige a la salida a paso apresurado junto a John. Mientras los otros dos investigan la sala de descanso los dem¨¢s miembros del equipo empiezan a abrir las otras puertas, la primera de la izquierda da a lo que parece ser un almac¨¦n de medicamentos, saqueados hace mucho tiempo, una densa capa de polvo recubre el lugar, la segunda ubicada en la misma pared da a un ba?o con anticuados inodoros uno al lado del otro, un olor pungente emana del lugar haciendo que a Lorena le den arcadas, mirando por el vidrio resquebrajado de la puerta que emana la tenue luz, Dolche puede ver que esta da al exterior en donde un solitario roble se encuentra en el medio de un descuidado jard¨ªn, a sus pies mont¨ªculos de tierra se alzan uno al lado del otro formando un semic¨ªrculo alrededor de ¨¦l. Cuando la ¨²ltima puerta se abre, el olor a humedad y papel viejo inunda el aire del pasillo; dentro se pueden notar varios archivadores llenos de documentos entre los cuales esperan encontrar los que necesitan para continuar su b¨²squeda. ¡ªCreo que encontr¨¦ el lugar que estamos buscando ¡ªdice Smith en voz alta, sacando su cabeza por la abertura. ¡ªNosotros tambi¨¦n encontramos algo ¡ªcomenta Tal¨®n mientras sale al pasillo acompa?ado de John y cierra la puerta detr¨¢s de ellos. Todos se acercan hacia la habitaci¨®n en donde Lionel se encuentra. Un ligero gru?ido se escucha salir de la boca de Aguilar al ver la pila de papeles amarillos regados por la habitaci¨®n. ¡ªNos va a llevar horas revisar todos estos documentos ¡ªdice la mujer levantando la tapa de un folio cercano y descubriendo una pila de moho. ¡ªPues ser¨¢ mejor que empecemos cuanto antes ¡ªdice Smith mientras se arremanga y camina hacia un archivador con la intenci¨®n de rebuscar entre los papeles. Lorena mira a Mikail esperando que este le de una escusa para evitar el tedioso trabajo, pero este solo se encoje de hombros y empieza a buscar en una pila de legajos cercana, no teniendo otra opci¨®n, Aguilar suspira y se pone a hacer lo mismo. ¡ª?Qu¨¦ encontraron? ¡ªcuestiona Dolche mirando la mochila que ten¨ªa Tal¨®n en sus manos, principalmente el humo rojizo que sal¨ªa de esta. ¡ªEncontramos esta mochila; creo que hay un objeto infundido dentro ¡ªresponde Tal¨®n mientras la abre y mira dentro para luego meter la mano y extraer un revolver plateado con agarre de madera. John mira el arma cuyo ca?¨®n exhalaba humo de olor met¨¢lico; apenas lo ve puede sentir como la piel se le eriza de golpe. ¡ª?Es un equipo m¨¢gico? ¡ªpregunta el aspirante sin quitarle la vista de encima al objeto. ¡ªNo, los equipos m¨¢gicos son creaciones artificiales, mientras que los objetos infundidos se crean de manera natural en las RFZ ¡ªexplica Dolche de manera sucinta. ¡ªSi bien los equipos m¨¢gicos son, en general, menos poderosos que los infundidos, estos son m¨¢s consistentes en cuanto al tiempo de creaci¨®n y efectos ¡ªagrega Tal¨®n, volviendo a guardar el revolver en la mochila y luego de cerrarla firmemente dice ¡ªDe todas maneras, no sabemos qu¨¦ hace, puede ser algo in¨²til o algo extremadamente peligroso, as¨ª que lo guardaremos por ahora y se lo pasaremos al hermano Discovery. John asiente, extra?¨¢ndose un poco al o¨ªr un nombre que no reconoce, pero entendiendo que la organizaci¨®n es bastante grande, tiene sentido que no haya visto u o¨ªdo de ciertas personas. Mirando a la c¨¢mara entre sus manos, la abre mientras dice ¡ªD¨¦mosle un vistazo a esto. La pantalla brilla en un tono azulado mostrando varios videos guardados en la memoria del aparato; John elige el m¨¢s antiguo y lo reproduce; en seguida un joven de no m¨¢s de 20 a?os aparece subiendo la colina que da al centro. ¡ªHey, Sam, est¨¢s seguro de esto, este lugar me da mala espina ¡ªse queja una voz femenina. ¡ªS¨ª, Aubrey, este lugar est¨¢ abandonado hace mucho tiempo; a lo mucho encontramos un vagabundo o un drogata, nada que no podamos manejar ¡ªdice Sam mientras ense?a r¨¢pidamente un revolver de su mochila. This story originates from Royal Road. Ensure the author gets the support they deserve by reading it there. - ?Eso es un arma? No seas pendejo, no la muestres en c¨¢mara ¡ªrega?a la mujer mientras apunta el aparato hacia los pastos crecidos que flanquean el camino. ¡ªNo exageres, solo tienes que editar esta parte fuera del video y listo ¡ªcomenta la voz del hombre fuera de cuadro. Se puede escuchar como Aubrey empezaba a decir algo, pero la imagen se corta volviendo a mostrar la lista de archivos de video. John selecciona el siguiente esta vez en frente de la estatua de los ¨¢ngeles. - ?Ya est¨¢s preparada para filmar? No te olvides de tomar mi mejor lado ¡ªdice el hombre haciendo una pose. ¡ªSi ya estoy, empezamos en tres, dos, uno ¡ªempieza a contar la voz de la mujer. En unos segundos, la imagen que antes tomaba toda la fuente se acerca a la cara del hombre y este sonr¨ªe con una sonrisa dientuda mientras casi gritando dice ¡ªHeyyyyyyyyy, que pasa, mis freaks aqu¨ª. Spooks con otro video de exploraci¨®n urbana. Hoy venimos al centro psicol¨®gico Ombelton; no mucho se sabe de este lugar, pero¡­ La c¨¢mara se agita de golpe, sacando a Sam otra vez fuera del cuadro. En un tono enojado, la voz del hombre cuestiona ¡ªAubrey, ?qu¨¦ demonios? ¡ªCreo que vi algo en la ventana, Sam ¡ªresponde la mujer tartamudeando claramente asustada mientras apunta a una ventana del segundo piso. ¨¦l mira en la direcci¨®n que ella est¨¢ apuntando y solo ve una cortina siendo mecida ligeramente por el viento. Luego de un gran suspiro mira a su compa?era y dice: ¡ªNo seas bebe, Aubrey, es solo el viento. Mira, s¨¦ que este lugar da miedo, despu¨¦s de todo, es por eso que lo elegimos para la serie. Solo podemos filmar tantos t¨²neles y alcantarillas antes de que se vuelva aburrido; estoy seguro que si subimos este video podremos superar los mil subscriptores. La mujer pausa pensando qu¨¦ hacer, pero luego de unos segundos levantando la c¨¢mara dice ¡ªEst¨¢ bien, volvamos a empezar¡­ ¡ªen ese momento la imagen se corta devolvi¨¦ndolos otra vez a la selecci¨®n de videos. El trio pas¨® los siguientes minutos mirando un video detr¨¢s de otro, no habiendo muchas cosas ¨²tiles m¨¢s que informaci¨®n exagerada, falsa o que ya sab¨ªan, pero esto cambi¨® cuando llegaron al ante¨²ltimo, esta vez los j¨®venes caminaban por un pasillo que ninguno de los espectadores reconoc¨ªa. ¡ªSam, ?no sientes un olor extra?o? ¡ªdice Aubrey mientras apunta su c¨¢mara alrededor en busca de la fuente del hedor. ¡ªClaro que s¨ª, de hecho, huelo varias cosas, te dije que no deb¨ªamos pasar por Tacobell antes de venir, sabes c¨®mo te pone ¡ªcontesta el hombre descartando la preocupaci¨®n de la mujer con una broma. ¡ªNo me refer¨ªa a eso, es como un olor met¨¢lico, adem¨¢s eres t¨² el que se comi¨® como 3 burritos ¡ªdice la mujer en voz alta, claramente ofendida. Sam r¨ªe mientras sube las escaleras hacia el segundo piso, pero la c¨¢mara se queda en la base de esta, la persona que la lleva no queriendo avanzar. El hombre, no notando que no lo segu¨ªan, contin¨²a hablando sobre una historia ficticia que, seg¨²n ¨¦l, pas¨® en este mismo lugar, su voz alej¨¢ndose cada vez m¨¢s hasta el punto de que casi no se escucha. Luego de unos segundos, cuando por fin se da cuenta de que esta solo vuelve a las apuradas, los pasos resonan en el lugar y cuando reaparece por encima de las escaleras, porta un ce?o bastante fruncido. - ?Aubrey! ?Qu¨¦ demonios pasa ahora? ¡ªpregunta el hombre levantando la voz, claramente enojado. ¡ªSam, creo que ya tenemos demasiado metraje, va a ser un dolor editar todo esto. ?Por qu¨¦ no volvemos? ¡ªdice la mujer claramente no queriendo subir las escaleras hacia el segundo piso. ¡ªMira, lo ¨²nico aterrador aqu¨ª es el moho negro de las paredes, adem¨¢s no tiene¡­ ¡ª El hombre se detiene a la mitad de la oraci¨®n, mirando sobre su hombro. ¡ª?Sam? ¡ªpregunta la mujer, la imagen empezando a temblar ligeramente. ¡ªShh, ?escuchas eso? Suena como si alguien estuviera llorando ¡ªel hombre d¨¢ndole la espalda a la c¨¢mara y adentr¨¢ndose de vuelta en el segundo piso. ¡ª?SAM! ¡ªgrita Aubrey intentando hacer volver a su compa?ero, mientras apunta la c¨¢mara hacia el suelo, pero este parece ignorarla. Despu¨¦s de unos segundos de duda, la mujer colecta todo el coraje que le queda y empieza a subir hacia el segundo piso; lamentablemente lo ¨²nico que se puede ver son los escalones y despu¨¦s las baldosas de un pasillo. A pesar de no poder ver lo que estaba pasando, los sonidos que emanaban de la imagen pintaban un cuadro bastante claro de lo que estaba pasando. Apenas Aubrey pis¨® el segundo piso, ligeros sollozos se pod¨ªan escuchar; la mujer llamaba a su compa?ero sin resultados. En alg¨²n punto, mientras avanzaba en direcci¨®n a Sam, el video empieza a distorsionarse, deteni¨¦ndose abruptamente para luego continuar unos segundos despu¨¦s, entre ataques de est¨¢tica. A pesar de esto, se puede apreciar c¨®mo los sollozos son interrumpidos por una risa grave y luego gritos, primero de horror y luego de dolor. Los sollozos vuelven a aparecer, pero esta vez m¨¢s cercanos. En ese momento, el video termina una vez m¨¢s lanz¨¢ndolos a la pantalla azul. John mira a Dolche con una cara de preocupaci¨®n que la mujer comparte para luego volver a centrarse en la c¨¢mara. Solo queda un video que ver, as¨ª que para no alargar demasiado la situaci¨®n lo selecciona r¨¢pidamente. Cuando el video comienza, se puede ver una joven mujer de piel morena y pelo enrulado, vestida con una remera que porta el nombre de una banda junto a una campera de Jean. La cara de la mujer, cubierta de l¨¢grimas y distorsionada con una expresi¨®n de terror y p¨¢nico. Una y otra vez, la mujer ruega para que la salven, diciendo que no quer¨ªa morir, pidiendo disculpas por las cosas que hab¨ªa hecho mal y llamando a sus padres con un tono de desesperaci¨®n que helaba el alma. En medio de su suplica, la imagen se empieza a congelar otra vez y la est¨¢tica ahoga los pedidos de la mujer. Sin previo aviso, un sollozo se puede escuchar; la mujer abanica la c¨¢mara alrededor intentando negociar con la entidad para que no la lastime, pero de repente el intento de persuasi¨®n se detiene de manera repentina, as¨ª tambi¨¦n como el llanto transformado ahora en una risa grave que se escuchaba muy cerca. La mujer cae al piso junto a la c¨¢mara que cada vez funciona menos. Lo ¨²ltimo que el trio puede ver es como poco a poco la figura de la joven es arrastrada fuera del marco, dejando una estela de sangre detr¨¢s de ella. El video contin¨²a por unos segundos para luego terminar de manera repentina. John se queda en silencio tratando de procesar lo que vio. Mirando alrededor, puede ver que aquellos compa?eros que estaban buscando los papeles se hab¨ªan detenido mirando en su direcci¨®n. ¡ªBueno, gente, al parecer tenemos una pista de a qu¨¦ nos enfrentamos, Leonel, ven aqu¨ª, tengo que consultarte algo. John ve y reempl¨¢zalo en la b¨²squeda ¡ªdice Tal¨®n, tratando de disipar la tensi¨®n que el video cre¨® e intentando que sus subordinados vuelvan a moverse. John asiente y se pone a rebuscar entre los archivadores, en el punto en donde Smith hab¨ªa dejado. A medida que lo hace, ve varios documentos sobre diferentes temas, desde acuerdos legales hasta descripciones de tratamientos arcaicos. Despu¨¦s de que Dolche, Leonel y Tal¨®n terminaron de discutir, se sumaron a la b¨²squeda, lo que aceler¨® el proceso de manera sustancial; luego de 1 hora entre los montones de papeles, una conmoci¨®n se escucha desde una esquina de la habitaci¨®n. ¡ª?Lo encontr¨¦! ¡ªexclama Lorena levantando un grupo de folios. ¡ªA ver ¡ªdice Smith extendiendo la mano en direcci¨®n de la mujer. Ella se los pasa y el hombre los lee atentamente; efectivamente estos eran los legajos de las personas mencionadas en los reportes m¨¦dicos. ¡ªHabitaci¨®n tres, ocho y diecisiete ¡ªcomenta Leonel dejando los papeles encima de un archivador. ¡ªPues es hora de moverse, vamos hacia el ala derecha, tenemos que llegar a los dormitorios ¡ªordena Tal¨®n sacando su PSD. Todos empiezan a salir uno a la vez de vuelta a la recepci¨®n. John sale ante¨²ltimo, pero se detiene en seco en el medio del pasillo al notar que la puerta de la sala de descanso estaba abierta de par en par. ¡ªEm, capit¨¢n, usted cerr¨® la puerta cuando salimos, ?verdad? ¡ªpregunta John esperando que la respuesta sea no. ¡ªS¨ª, lo hice ¡ªresponde el arcanista asomando la cabeza y mirando en la misma direcci¨®n que el aspirante. ¡ªEntonces creo que deber¨ªamos movernos r¨¢pido, ?no cree? ¡ªafirma John tragando saliva sonoramente. ¡ªS¨ª, deber¨ªamos ¡ªresponde Tal¨®n mientras toma el hombro de John y retrocede sin quitarle la vista a la puerta. Cap铆tulo 24: Una cuestiè´¸n de perspectiva Ambos hombres avanzan hacia la recepci¨®n lo m¨¢s r¨¢pido que pueden, cruzando el umbral de la puerta sin quitar la vista del pasillo en el que se encontraban; una vez junto con el resto del equipo, John cierra la puerta, esperando que al menos detenga unos segundos, sea lo que sea que estuviera del otro lado. ¡ª?Qu¨¦ pasa? ¡ªpregunta Dolche al ver el apuro de sus compa?eros. ¡ªDej¨¦ la puerta cerrada, cuando salimos estaba abierta, ninguno de nosotros salimos del archivo como para abrirla, entonces la ¨²nica explicaci¨®n que queda es que ella la abri¨®, est¨¢ buscando un momento para atacarnos ¡ªexplica el arcanista gir¨¢ndose en la direcci¨®n de la puerta de la derecha, movi¨¦ndose en esa direcci¨®n a paso apresurado. - ?Ella? ?Qui¨¦n es ella? ?La creatura que mat¨® a esos Youtubers? ¡ªpregunta John, miedo empezando a filtrarse en su voz. ¡ªS¨ª, asumimos que la creatura es 1-006, una esquirla caracterizada por ser una cazadora de emboscada. Si quieres saber m¨¢s, l¨¦ete esto; el resto asumo que sabe a lo que nos enfrentamos ¡ªexplica Smith pasando su PSD a John. El aspirante toma el tel¨¦fono y empieza a inspeccionar la entrada del bestiario, su aspecto volvi¨¦ndose mucho m¨¢s p¨¢lido con cada oraci¨®n que le¨ªa. "Denominaci¨®n: 1-006 Otros nombres: la mujer rota, la llorona, la novia sangrienta. Ether: Rojo Nivel: 3 Descripci¨®n: La entidad se hace pasar por una mujer joven con pelo lo suficientemente largo como para cubrirle el rostro. Si bien no tienen un color de piel o pelo definitivo, se las puede diferenciar por estar vestidas con un vestido mayormente blanco (aunque ha habido reportes del uso de otros colores) sin importar la estaci¨®n, siempre maltrecho y manchado con lodo y sangre. MO:1-006 es una cazadora de emboscada; su aspecto, que aparenta una mujer desamparada, es utilizado para hacer que sus v¨ªctimas bajen la guardia y, cuando las tiene lo suficientemente cerca, poder asestar un golpe r¨¢pido y letal. Debilidades: a pesar de su incre¨ªble velocidad son relativamente menos resistentes que otro tipo de esquirlas de semejante nivel; por ende, un tiro bien colocado o un golpe lo suficientemente fuerte puede acabar con ella f¨¢cilmente.¡± John devuelve el tel¨¦fono a Lionel; una gruesa gota de sudor empieza a rodar por su frente a pesar del fr¨ªo. Pasmado, mirando a su compa?ero, pregunta ¡ª?Nivel 3 no es una esquirla de bajo nivel, verdad? ¡ªNo, no lo es ¡ªresponde Smith de manera seca. ¡ªEntonces, ?Sigil se equivoc¨® al tomar las medidas? ¡ªvuelve a interrogar el hombre, dirigiendo su mirada a la puerta que da al exterior. ¡ªNo necesariamente, 1-006 es una entidad que se caracteriza por su habilidad de aparentar ser una persona normal; es por eso que su radiaci¨®n de energ¨ªa es menor que la de otras esquirlas del mismo nivel ¡ªexplica Lionel mientras mira a sus compa?eros que lo esperan en la puerta que se abre al ala derecha del edificio. John se queda en silencio por unos segundos, su mente volviendo a reproducir los sonidos e im¨¢genes que vio hace una hora, pregunt¨¢ndose si tal vez est¨¢ mordiendo m¨¢s de lo que puede masticar en este momento. Ante la expresi¨®n del hombre, Dolche se acerca y con una mirada llena de simpat¨ªa le propone ¡ªJohn, las cosas cambiaron de golpe; una esquirla de nivel 3 no es poca cosa, as¨ª que, si quieres volver al auto a esperar con Abigail y Sigil, puedes hacerlo; nadie va a pensar menos de ti. El aspirante lo piensa; la seguridad que promete el veh¨ªculo color oliva es tentadora, pero r¨¢pidamente descarta la idea, agitando la cabeza, para tratar de quitarse la bruma de miedo que le inunda el cerebro. Su mente le recuerda que est¨¢ aqu¨ª para ayudar a un amigo, para ganarse el derecho de pertenecer y para demostrar que s¨ª puede cambiar. Avanzando hacia la puerta en donde los dem¨¢s miembros se encuentran, mientras saca su pistola, dice ¡ªNo vine a este lugar para que me traten como un ni?o; voy a continuar con ustedes hasta el final, porque soy un adulto responsable, un arcanista y por sobre todo soy parte de este equipo. Todos se quedan en silencio mirando a John con un renovado respeto, puesto que entienden que a pesar del frente valeroso que pone, el hombre todav¨ªa est¨¢ aterrorizado y tomar esta decisi¨®n no es nada f¨¢cil. Los labios de tal¨®n se levantan en una casi imperceptible sonrisa que r¨¢pidamente oculta diciendo ¡ªYa escucharon al hombre, prep¨¢rense para entrar. Se ponen en posici¨®n; esta vez Tal¨®n empuja la puerta que se abre de un portazo. En ese momento, Smith barre el pasillo tratando de encontrar cualquier amenaza en la oscuridad, pero al ver que su linterna no revelaba nada m¨¢s peligroso que un par de parches de madera mohosa, asintiendo, se mete dentro, seguido de cerca por los dem¨¢s. Apenas entran, pueden notar que el lado de la derecha est¨¢ cubierto de ventanas que a pesar de estar talonadas dejan pasar algunos rayos de luz de luna; a la izquierda, 3 puertas preceden a unas escaleras que llevan tanto al s¨®tano como al segundo piso. Con un objetivo claro, avanzan r¨¢pidamente con la guardia en alto, puesto que no pueden sacarse la sensaci¨®n de que algo observa cada paso que hacen, esperando el momento propicio para atacarlos. Al llegar al pie de las escaleras se encuentran con unas rejas que impiden el paso hacia abajo. Por suerte, la que los llevar¨ªa al lugar a donde quieren ir no tiene ninguna barrera que los detenga m¨¢s all¨¢ del denso olor met¨¢lico que casi pareciera bajar desde la cima de la escalera como una neblina pesada e invisible. Prepar¨¢ndose mentalmente, John se concentra, tratando de agudizar sus sentidos para lo que viene, mirando hacia arriba en direcci¨®n de lo que en teor¨ªa eran las habitaciones de los pacientes, la oscuridad arremolin¨¢ndose en los rincones que sus linternas no llegaban a alumbrar. Guiados por Tal¨®n, el grupo lentamente asciende; con cada paso los tablones que conforman los escalones rechinan, amenazando con romperse, pero al final llegan al segundo piso sin muchos problemas y son recibidos por un pasillo largo con 10 puertas de cada lado, m¨¢s una al final que se encontraba abierta de par en par. Convenientemente, cada puerta contaba con un n¨²mero encima de ella, lo que hizo que buscar las habitaciones que necesitaban fuese bastante m¨¢s f¨¢cil de lo que esperaban. ¡ªDeber¨ªamos separarnos, as¨ª cubrimos m¨¢s terreno m¨¢s r¨¢pido ¡ªcomenta John mientras barre con su linterna el pasillo. ¡ªNo, si nos separamos se lo dejamos m¨¢s f¨¢cil a 1-006; la criatura es propensa a atacar a personas aisladas; si estamos en grupo nos aseguramos que si quiere atacar tenga que ir por la persona m¨¢s d¨¦bil ¡ªdice Aguilar mientras mira a John dando a entender claramente a quien ella consideraba esa persona. John la mira un poco ofendido, pero no pudiendo negarlo, ignora a la mujer y espera la respuesta de Tal¨®n. ¡ªNos movemos como un grupo; nadie abra fuego hasta estar seguro del objetivo; John, qu¨¦date en el centro de la formaci¨®n, Dolche guarda tu pistola y conc¨¦ntrate en defenderlo ¡ªdecide el arcanista t¨¢citamente, concordando con Lorena. Sin decir nada, John se coloca directamente detr¨¢s de su l¨ªder, pegado a la mujer, mientras intenta suprimir los temblores que le recorren el cuerpo, el resultado de la mescla del miedo m¨¢s la extra?a atm¨®sfera del lugar que ganaba cada vez m¨¢s peso con cada paso que daban. El equipo empieza a caminar y r¨¢pidamente llegan a la primera habitaci¨®n; esta pertenec¨ªa a Iv¨¢n Drestof, el titiritero obsesionado con esculpir. Apenas atraviesan la puerta, pueden escuchar un crujido que proven¨ªa de sus botas, y al mirar hacia abajo aparecen cientos de virutas de metal que brillan al ser impactadas con el haz de luz proveniente de sus linternas. Del lado derecho se encontraba una cama con un colch¨®n h¨²medo y, del otro lado de la habitaci¨®n, un escritorio lleno de herramientas de escultura se hac¨ªa visible; encima de este, un c¨ªrculo de metal del tama?o de una tapa de alcantarilla se encontraba posado junto a una gruesa capa de polvo. John, Smith y Dolche empiezan a buscar alguna pista en las inmediaciones y despu¨¦s de unos minutos encuentran un diario cuyas hojas est¨¢n arrancadas excepto por la ¨²ltima. Love this story? Find the genuine version on the author''s preferred platform and support their work! "Hoy por fin termin¨¦ el escudo, espero que esto complazca a mi Musa y por fin pueda volver a tener una buena noche de descanso; lastimosamente alguien tom¨® el tomo que termin¨¦ hace unas semanas, solo espero que la lanza que me quit¨® el se?or Ombelton llegue a las manos de los ¨¢ngeles, que es donde debe estar". ¡ªOtra vez lo de las estatuas ¡ªcomenta Dolche cerrando el diario. ¡ª?Piensas que es coincidencia? ¡ªpregunt¨® John levantando el escudo de la mesa y observando de cerca como en el centro aparec¨ªan agujeros debajo del polvo. ¡ªPocas cosas lo son; por ahora llev¨¦moslo con nosotros, por las dudas ¡ªresponde Lionel mientras se levanta, su b¨²squeda debajo de la cama no dando resultados. El siguiente cuarto, esta vez perteneciente a Randall Stegonopolis, solo puede ser catalogado como un desastre: el vidrio de la ventana est¨¢ destrozado, dejando entrar luz de luna y un viento fr¨ªo que mueve el polvo del lugar; el colch¨®n est¨¢ dado vuelta, mientras que el escritorio est¨¢ completamente destrozado. En la pared, escrito en negro, dice "OLIVANDER DEBE MORIR". Luego de buscar unos minutos en el caos de la habitaci¨®n y no encontrar nada de valor deciden avanzar hacia la ¨²ltima pieza. Antes de llegar al dormitorio de la se?orita Hembraistan, el grupo pod¨ªa notar algo extra?o en la pared que preced¨ªa a la puerta; l¨ªneas negras se extend¨ªan desde la abertura como si se tratara de tent¨¢culos negros. Al llegar a la habitaci¨®n pudieron notar que todo estaba recubierto por un denso moho negro que se aferraba a las paredes, techo y suelo. ¡ª?Qu¨¦ es esto? ¡ªpregunta John dando un paso hacia atr¨¢s cuando siente como repentinamente baja la temperatura y el aire se llena de un extra?o olor que le hace recordar a un cementerio. ¡ªNo estoy seguro, pero s¨¦ de alguien que puede darnos una mano ¡ªresponde Lorena levantando el rat¨®n de sus hombros y, apunt¨¢ndolo hacia la entrada de la habitaci¨®n, agrega ¡ªAbi, ?puedes preguntarle a Sigil que es esto? La rata se queda en silencio por unos segundos para luego decir ¡ªSigil dice que esto es probablemente 05-001; cientos de esquirlas en miniatura que forman una comunidad de hongos no son peligrosas por si solas, pero pueden usarse para potenciar otras esquirlas de SILRR-05. Lo m¨¢s extra?o de todo es que seg¨²n ¨¦l una concentraci¨®n tan alta de ellos no deber¨ªa ser posible sin un centro, y como las lecturas no muestran una concentraci¨®n lo suficientemente alta, le hace pensar que debe haber un medio en la habitaci¨®n, por c¨®mo est¨¢ distribuido. Sigil cree que probablemente se hizo con la intenci¨®n de ocultar algo; si encontramos el medio puede que encontremos lo que est¨¢n intentando ocultar. ¡ª?C¨®mo se ve el medio? ¡ªpregunta John, empezando a temblar un poco por el repentino cambio de temperatura. ¡ªSILRR-05 usa restos humanos como su medio, ya sean huesos, u?as o pelo ¡ªresponde la rata luego de que Abigail consultara con el arcanista. ¡ªPelo¡­ ¡ªdice en voz baja el aspirante pensando en el reporte que ley¨® hace unas horas. ¡ªS¨ª, ella estaba obsesionada con el pelo, particularmente de los cad¨¢veres ¡ªcomenta Dolche confirmando el pensamiento del hombre. ¡ªPues genial, estamos buscando un mech¨®n de pelo en un lugar lleno de hongos; este d¨ªa se pone mejor y mejor ¡ªse queja Lorena mientras mira hacia la habitaci¨®n. ¡ªNo te olvides que nos est¨¢ acechando una creatura en busca de comernos la cara, compa?era ¡ªbromea el ruso solo para recibir una cara de exasperaci¨®n de la mujer. Sin mucho m¨¢s que decir, se adentran en la habitaci¨®n y luchando un poco con el pegajoso piso, buscan por los siguientes minutos entre los diferentes muebles y masas de hongos. A pesar de que la b¨²squeda es meticulosa, John no encuentra nada que se parezca a lo que est¨¢n buscando. Para colmo, la temperatura segu¨ªa bajando hasta el punto de que le empezaron a casta?ear los dientes. - ?John te encuentras bien? Est¨¢s temblando ¡ªpregunt¨® Smith preocupado. ¡ªS¨ª, como para no estarlo, con el fr¨ªo que hace y el olor a muerto no ayuda ¡ªresponde el aspirante, pregunt¨¢ndose si tal vez el hombre le estaba tomando el pelo, pero cuando vio la expresi¨®n que Leonel portaba ladeando la cabeza, agrega ¡ª?T¨² no tienes? ¡ªHace un poco de fr¨ªo, pero tampoco para tanto ¡ªresponde Lorena mirando extra?ada al hombre . ¡ªPuedo oler un ligero olor a cad¨¢ver, pero es muy sutil, tal vez¡­ ¡ªdice Tal¨®n mientras se lleva la mano al ment¨®n de manera pensativa para luego de unos segundos preguntar ¡ª?D¨®nde sientes que esta sensaci¨®n es m¨¢s fuerte? Extra?ado por la pregunta, John cierra los ojos y empieza a caminar alrededor del cuarto lentamente. A medida que se acercaba a la cama, pod¨ªa sentir como el aire se volv¨ªa m¨¢s fr¨ªo y el olor ya conocido de putrefacci¨®n aumentaba con cada paso. Cuando estaba a unos cent¨ªmetros, la oscuridad detr¨¢s de sus parpados se empez¨® a arremolinar en figuras oscuras que se lanzaban contra ¨¦l, intentando agarrarlo. Manteniendo la calma, se arrodilla, hundi¨¦ndose ligeramente en la masa de hongos debajo de ¨¦l y extiende su mano en direcci¨®n hacia el centro del v¨®rtice. A medida que hunde su mano cada vez m¨¢s en la negrura, puede sentir este sentimiento de fr¨ªo que va en aumento hasta el punto de que es doloroso. Susurros casi inaudibles se manifiestan en sus o¨ªdos, viniendo de todos lados al mismo tiempo, que hablan en un idioma que no comprenden, pero que suenan como el ¨²ltimo aliento de una persona a punto de morir. La idea le trae recuerdos amargos, recuerdos que usa para sobreponerse al dolor y meter por completo su brazo en el remolino hasta casi llegar al hombro; en ese momento en la masa viscosa y fr¨ªa encuentra algo s¨®lido que arranca con todas sus fuerzas, liber¨¢ndose sin mucha resistencia a pesar de los hilos negros y pegajosos que pretend¨ªan atraparlo. Cuando John abre los ojos, puede notar que est¨¢ en las manos de Mikail, que muestra una sonrisa dientuda. A duras penas logra ponerse de pie, su brazo derecho completamente cubierto en la sustancia negra. Mirando hacia su mano, puede notar que todav¨ªa est¨¢ cerrada en un pu?o, y cuando lo abre aparece un mech¨®n de cabello atado con una cinta de color negro escrita con un extra?o s¨ªmbolo que parec¨ªa una flecha invertida. ¡ªQuieres hacer los honores ¡ªpropone Smith pasando un encendedor al aspirante. Lo toma sin decir nada y lo enciende, la llama naranja bailando en el aire nocturno, al acercarlo al pelo puede sentir c¨®mo los susurros iban en aumento hasta casi dejarlo sordo, pero cuando el fuego toc¨® el pelo, las voces se detuvieron de golpe. Con una agitaci¨®n fuerte, el mech¨®n sale volando del agarre del hombre, flotando en el aire y a medida que se consume va absorbiendo el moho de la habitaci¨®n para luego, cuando ya no queda rastro de 05-001, dispersarse como ceniza en el viento. John agita la cabeza, sus o¨ªdos todav¨ªa pitando; despu¨¦s de unos segundos mira alrededor y puede notar c¨®mo la habitaci¨®n, ahora desprovista de hongos, est¨¢ tan limpia como si hubiera sido limpiada hace unas horas; en el centro de esta, donde antes no hab¨ªa nada, ahora se encontraba una caja de madera tallada. ¡ªBuen trabajo, cadete ¡ªdice Lorena d¨¢ndole un golpe afectuoso en la espalda. ¡ªVemos si por fin encontramos lo que vinimos a buscar ¡ªcomenta Smith tomando la caja y abri¨¦ndola. El aspirante se acerca a su compa?ero, curioso del contenido. En el camino pudo notar como Tal¨®n lo miraba intensamente con una expresi¨®n inquisitiva. No queriendo ser malentendido, no dice nada ante las dudas de su capit¨¢n y llegando al costado de Leonel pregunta ¡ª?Y lo encontramos o no? ¡ªS¨¦ que algunos libros se escribieron en tablillas de metal, pero creo que este no es el caso ¡ªdice Leonel mientras levanta un libro abierto hecho de lat¨®n con una abertura en la parte de atr¨¢s. Observando por encima de la caja, John puede apreciar c¨®mo hay varios restos de diferentes creaturas, junto a una cantidad importante de pelos colocados en mechones. Al posar su linterna, el brillo de algo met¨¢lico se puede ver. ¡ªD¨¦jame la caja por un segundo ¡ªpide John extendiendo la mano. Este se la da, dejando que el aspirante rebusque en el contenido del desconcertante contenedor, sin pensarlo mucho mete las manos entre el pelo y retira un peque?o cilindro met¨¢lico con un c¨ªrculo en la parte de abajo. ¡ªD¨¦jame ver eso un momento, John ¡ªpide Lorena apenas ve el objeto. El hombre le pasa el cilindro y ella empieza a analizarlo. Luego de unos segundos pudo notar c¨®mo al girar el c¨ªrculo de abajo, peque?os dientes sal¨ªan desde el tambor coloc¨¢ndose en una forma que pareciera aleatoria. ¡ªCreo que acabamos de encontrar la llave a la oficina de Ombelton ¡ªdice la mujer esbozando una sonrisa. ¡ªPues volvamos, y no se olvide el libro ¡ªordena Tal¨®n saliendo al pasillo. El resto del grupo lo sigue coloc¨¢ndose en posici¨®n, volviendo por donde vinieron a paso r¨¢pido nada se interpone en su camino, John se alegra de que la entidad no se dignara a atacarlos mientras estaban buscando el lugar, tal vez era lo suficientemente inteligente como para entender que pelear 6 contra 1 no es una buena idea, con este pensamiento en su mente bajo la guardia por una fracci¨®n de segundo, unos momentos de merecida calma inspirada por la proverbial meta que se alzaba en el horizonte, en ese momento algo cambia en el pasillo, una sensaci¨®n de que algo est¨¢ mal cubre el cuerpo del aspirante seguido de un fuerte olor met¨¢lico que lo ahoga, desde su rabillo del ojo, aparecida entre parpadeo y parpadeo una pesada puerta de submarino aparece anclada a la pared, cadenas cubriendo su superficie, as¨ª tambi¨¦n como una gruesa capa de ¨®xido, en la parte de arriba se posa una in¨²til ventana redonda cuyo vidrio est¨¢ lleno de rasgu?os haciendo que ver a trav¨¦s de ella se imposible. Todo pas¨® tan r¨¢pido que nadie pudo siquiera decir nada. La puerta se abri¨® de golpe y un brazo extremadamente largo tom¨® a John del hombro, levant¨¢ndolo como si ¨¦l no pesara nada, meti¨¦ndolo a la habitaci¨®n con una velocidad vertiginosa. El hombre cae duramente al piso, desliz¨¢ndose en una patina carmes¨ª por unos instantes, antes de impactar en una pared recubierta con la misma sustancia. Al levantar la vista, puedo ver c¨®mo sus compa?eros se lanzan a la puerta tratando de intervenir, pero tan r¨¢pido como se abri¨®, esta se cierra dej¨¢ndolo solo en la habitaci¨®n debajo de una parpadeante luz roja. Cap铆tulo 25: Viendo rojo Levant¨¢ndose y poni¨¦ndose en una posici¨®n defensiva, John busca en el cuarto el origen del siguiente ataque, pero luego de unos segundos lo ¨²nico que puede percibir es el abrumador olor a metal que hace que respirar sea dif¨ªcil, adem¨¢s de un extra?o dolor que no parec¨ªa venir de un lugar en concreto de su cuerpo; este claramente iba en aumento con cada instante que pasaba, haci¨¦ndole entender que ten¨ªa poco tiempo antes de que el sentimiento no lo deje moverse. Ante toda raz¨®n cierra los ojos y se centra su mente en sus alrededores, intentando imitar lo que hizo hace unos minutos cuando intent¨® encontrar el medio en la habitaci¨®n negra. Enseguida la parte de atr¨¢s de sus parpados, que en circunstancias normales deber¨ªa ser negra, toma un tono carmes¨ª; a sus espaldas puede sentir esta presencia grande y filosa; a pesar que la entidad lo aterra por alg¨²n motivo, sabe que no es la criatura que lo atac¨® puesto que, a pesar del aura pesada y salvaje que emana, no presenta maldad, m¨¢s bien lo contrario, si tuviera que clasificarlo dir¨ªa que es violencia en estado puro, sin conocimiento o moralidad, solo destrucci¨®n. Cada segundo que pasa percibiendo a esta cosa un peque?o grano de ira empieza a germinar en su pecho, su lado racional dando paso a algo mucho m¨¢s oscuro, no teniendo tiempo de cavilar sobre lo que est¨¢ pasando quita su atenci¨®n de este ser y lo mueve hacia adelante en donde pod¨ªa sentir otra aura que, aunque m¨¢s d¨¦bil y claramente parecida, supuraba un aire de deleite s¨¢dico manchando su visi¨®n como una maza oscura, en ese momento l¨ªneas negras cortan el aire en su direcci¨®n, instintivamente John utiliza Ether mejorando sus habilidades f¨ªsicas y cuando vuelve a abrir los ojos puede notar como una creatura p¨¢lida de brazos extremadamente largos que terminan en u?as filosas estaba lanz¨¢ndose contra ¨¦l, gracias al preventivo aumento logra lanzarse hacia un costado esquivando el ataque casi por completo, solo recibiendo un superficial corte en el cuello. La criatura impacta en la pared que hasta hace pocos segundos sosten¨ªa al hombre, pero, en vez de romperla, esta se deforma como si fuera un c¨²mulo de agua levantando olas sangrientas que se expand¨ªan en todas direcciones. Ahora que la ten¨ªa m¨¢s de cerca, John puede notar con m¨¢s detalle al ser, de piel gris¨¢cea y aspecto desnutrido, vest¨ªa harapos que alguna vez fueron un vestido blanco y una melena de pelo azabache cubr¨ªa las facciones de su rostro. La principal caracter¨ªstica que resaltaba eran las extremidades extremadamente largas que le hac¨ªan recordar m¨¢s a una ara?a que a un ser humano. Mientras el hombre miraba horrorizado a la bestia, esta, con una velocidad pasmosa, se trepa a la pared y corriendo por ella se lanza de nuevo hacia John. Desde la mara?a retorcida de pelo se escucha un terrible chillido que le hiela los huesos. El sobresalto traba los m¨²sculos del aspirante, haciendo que este no pueda moverse fuera del camino a tiempo, y con un fuerte impacto cae al suelo. 01-006 lo toma de ambos brazos y lo sumerge parcialmente en la p¨¢tina del suelo que sin previo aviso empez¨® a ganar profundidad; el dolor de las u?as penetrando su piel se mezclaba con el dolor incesante que a estas alturas ya se volv¨ªa insoportable y las cosas toman un giro para lo peor cuando los pelos que cubr¨ªan el rostro de la entidad se apartan mostrando un espiral de dientes que empiezan a girar r¨¢pidamente mientras se acercan a la cara del hombre lentamente, casi como si el ser disfrutara de impartir terror a sus v¨ªctimas antes de acabar con ellas. John lucha, pero el agarre es f¨¦rreo y cada movimiento lo ¨²nico que hace es enterrar m¨¢s profundamente las u?as en su carne. El hombre intenta pensar en c¨®mo puede escapar de esta situaci¨®n, pero cada idea que se le ocurr¨ªa era descartada tan r¨¢pido como llegaba y lentamente se estaba quedando sin opciones. Para colmo, el dolor y, por sobre todo, la risa ahogada de la creatura, que iba en aumento con cada cent¨ªmetro que se acercaba al rostro del hombre, no ayudaba en lo m¨¢s m¨ªnimo. Sin dejar de luchar, incluso cuando los primeros dientes empiezan a cortar su carne, John no sabe qu¨¦ hacer y cierra los ojos esperando que algo dentro de s¨ª lo salve, en ese momento tanto la presi¨®n en los brazos como el dolor desaparecen, casi como si nunca hubieran existido y cuando vuelve a abrirlos se encuentra en un hermoso jard¨ªn lleno de flores, sentado en una silla enfrente de una mesa circular, en esta se pod¨ªan ver peque?os platos con s¨¢ndwiches, masas y dem¨¢s aperitivos junto a una tetera y tres tazas de t¨¦. Enfrente de ¨¦l, una mujer bella de piel morena y pelo lacio levanta la vista del libro que estaba leyendo atentamente, mientras sonr¨ªe amablemente en su direcci¨®n. ¡ªBuen d¨ªa, dormil¨®n, te dije que quedarte toda la noche estudiando te iba a hacer mal ¡ªcomenta la mujer, tomando la taza con sus dedos y d¨¢ndole un sorbo al caliente l¨ªquido. John est¨¢ extremadamente confundido; en un momento estaba peleando por su vida y al otro est¨¢ teniendo una placida taza de t¨¦ con una mujer hermosa, vagamente familiar. Los retazos de terror que todav¨ªa se mantienen en su mente le hacen dudar si fue solo un sue?o malo o si lo que ve enfrente de ¨¦l es simplemente alguna piedad, ya sea una deidad o simplemente su cerebro que intenta protegerlo mostr¨¢ndole una ilusi¨®n de algo bonito antes de ser destrozado por una esquirla. ¡ªAurelio, te encuentras bien, te ves p¨¢lido ¡ªdice la mujer mientras extiende su brazo sobre la mesa, tomando una mano blanca. A John le cuesta unos segundos entender que por la calidez que siente esa mano es suya. El hombre intenta hablar, hacer preguntas, pero antes de que nada pudiera salir de su boca, im¨¢genes empiezan a asaltarlo, como flashes de luz, una detr¨¢s de otra en r¨¢pida sucesi¨®n, tan r¨¢pido que es dif¨ªcil entender lo que pasa en muchas. Retirando su mano de la de la mujer, se levanta y hace un paso hacia atr¨¢s tratando de alejarse, pero la silla detr¨¢s de ¨¦l lo hace tropezar, haciendo que caiga al piso. El hombre cierra los ojos mientras cae, esperando el duro golpe del suelo, pero este no llega; lo ¨²nico que percibe es una vibraci¨®n en el aire junto a una ligera sensaci¨®n de nausea. Extra?ado por la situaci¨®n, decide abrirlos y, apenas lo hace, un olor met¨¢lico junto a un dolor extremo que le recorre el cuerpo vuelven de golpe, pero esta vez acompa?ado de la extra?a sensaci¨®n que se genera cuando uno se encuentra en ca¨ªda libre. Casi en c¨¢mara lenta, John cae junto a 01-006; la falta de soporte hace que se genere espacio suficiente para que el hombre arranque un brazo libre y golpee con todas sus fuerzas a la creatura. El sonido de huesos romperse, tanto ajenos como propios, puede ser escuchado, pero el impacto tiene la suficiente fuerza como para liberar el otro brazo y separarlo de la abominaci¨®n. Cuando por fin se sent¨ªa seguro, puede notar c¨®mo la velocidad de la ca¨ªda va en aumento junto con otra vibraci¨®n, seguido de un flash de luz purpura que casi lo deja ciego; luego de unos segundos, el destinado impacto contra el suelo llega, sac¨¢ndole el aire de los pulmones y dej¨¢ndolo desorientado. Intentando levantarse se arrastra por las maderas podridas en busca de algo que le pueda servir de apoyo, a lo lejos voces familiares gritan algo que no puede entender, pero antes de que pudiera incorporarse la criatura lo agarra de los tobillos y lo levanta en el aire dej¨¢ndolo bocabajo. Su visi¨®n desenfocada por el cansancio y el dolor ve c¨®mo 01-006 se endereza, mostrando por fin su gran tama?o que casi toca el techo del pasillo. La entidad levanta su brazo, Ether supurando de la base de sus u?as, envolvi¨¦ndolas en una densa capa roja y expandi¨¦ndola a¨²n m¨¢s; el ser estira su brazo hacia atr¨¢s, preparando el golpe final mientras levanta a John, dej¨¢ndolo cara a cara con ella, volviendo a mostrar el espiral de dientes; pero esta vez, en el medio de la vor¨¢gine aparece un solitario ojo, inyectado con sangre, de iris escarlata y un tajo negro que apenas se mueve en lugar de la pupila; este lo mira con una mescla de ira y aprensi¨®n. En el penoso estado en el que se encontraba, John no se rinde e intenta levantar los brazos con la intenci¨®n de liberarse, pero su lado derecho no responde y aunque lo hiciera, nada podr¨ªa hacer ante la presi¨®n monstruosa con la que la creatura lo tiene apresado. Con un chillido agudo, 01-006 abanica intentando cortar al hombre a la mitad, pero antes de que las garras recubiertas en Ether pudieran hacer contacto con su cuerpo, un manch¨®n gris impacta en el costado de la creatura, lanzando al aspirante por los aires, mientras flota por unos instantes. Gracias a sus reflejos a¨²n aumentados por la magia, puede notar como una nueva entidad se une al combate. De piel gris¨¢cea y facciones caninas, este ser portaba un cuerpo desprovisto de pelo, esbelto y musculoso, recubierto por ropa ajustada que se pegaba al cuerpo como una capa de pintura. Antes de que callera al piso, John observ¨® c¨®mo el nuevo retador, que se alzaba por encima de la esquirla, estaba agarrando a 01-006, manteni¨¦ndola en contra de la pared con un esfuerzo notable hasta el punto de que grietas empezaban a aparecer por todo el muro. Demasiado cansado como para poder mantener el aumento, la magia se desvanece y, casi como si el tiempo se hubiera acelerado, empieza a descender a una velocidad cada vez mayor. Intentando prepararse para el impacto gira su cuerpo, pero para su suerte dos pares de mano lo toman, suavizando el golpe lo m¨¢s que pueden. Mirando a sus salvadores, puede notar c¨®mo Smith y Dolche lo tienen desde las axilas, arrastr¨¢ndolo hacia el otro lado del pasillo lejos del intenso combate. This book is hosted on another platform. Read the official version and support the author''s work. ¡ªJohn, John, ?puedes escucharme? ?C¨®mo te encuentras? ¡ªpregunta a gritos el arcanista en un tono preocupado, intentando dilucidar el estado del hombre. ¡ªS¨ª, creo que s¨ª, mano derecha rota, laceraciones en brazos y piernas, algo cansado, pero por lo dem¨¢s bien ¡ªresponde el hombre con una ligera sonrisa, aliviado de estar entre aliados una vez m¨¢s. ¡ªBien, si todav¨ªa tiene suficientes fuerzas para hacer bromas quiere decir que no est¨¢ tan mal; te lo dejo, voy a apoyar a Tal¨®n ¡ªdice Dolche, dejando al convaleciente al lado de la puerta que da a la recepci¨®n mientras que, sacando sus dagas, se da vuelta para luego correr en direcci¨®n de la esquirla. ¡ª?Todav¨ªa puedes usar Ether? Por lo menos para hacer primeros auxilios ¡ªpregunta Smith mientras toma la mano derecha del aspirante entre las suyas, un ligero brillo verde emanando de ellas. A pesar del dolor que le recorre el cuerpo, John se concentra en su Enki; si bien se siente c¨¢lido, no est¨¢ cerca de ser una molestia, as¨ª que con seguridad empieza a mover Ether a su mano izquierda. Cuando este llega all¨ª, un brillo verdoso empieza a emanar de esta, que pasa a posar en la herida del cuello, cerr¨¢ndola, solamente dejando atr¨¢s una peque?a cicatriz. El proceso se repite con las dem¨¢s heridas y despu¨¦s de unos minutos todas dejan de sangrar. Si bien la mano derecha todav¨ªa est¨¢ gravemente lastimada, e iba a necesitar varias semanas de recuperaci¨®n, por lo menos los huesos que penetraban la piel hab¨ªan vuelto a su lugar y las laceraciones se hab¨ªan cerrado casi por completo. Sacando un par de vendajes de un peque?o saco, John se venda la mano lo mejor que puede al mismo tiempo que traga unas pastillas para intentar disminuir el dolor que a¨²n se manten¨ªa presente. Del otro lado del pasillo, cerca de las escaleras, la batalla continuaba. El aspirante pod¨ªa notar, incluso desde la distancia, c¨®mo 01-006 hab¨ªa recubierto todos sus brazos y piernas de Ether rojo, d¨¢ndole el aspecto de una armadura carmes¨ª que hac¨ªa temblar el aire y lo volv¨ªa filoso, aumentando las habilidades de una ya letal creatura; sin embargo, la nueva entidad que se sum¨® al conflicto le segu¨ªa el paso no con un poder apabullante o una velocidad atronadora, sino con una exquisita t¨¦cnica y control preciso sobre el Ether que se manifestaba en peque?as explosiones escarlata al impactar el cuerpo de 01-006. La pelea es tan intensa que el Ether alrededor de los combatientes hierve, materializ¨¢ndose en una niebla rojiza que se mueve y arremolina con cada movimiento que hac¨ªan, oscureciendo la vista de vez en cuando, solo dejando los cortes y grietas en las paredes y el techo como prueba de lo sucedido. ¡ª?Tienes un buen tiro? ¡ªpregunt¨® Dolche a Aguilar que se encontraba arrodillada, con su pistola levantada, esperando la oportunidad para disparar. ¡ªNo, ?y t¨²? ?Crees que puedas intervenir? ¡ªresponde la mujer sin bajar el arma. ¡ªNo, si me meto ah¨ª, ser¨ªa m¨¢s un estorbo que otra cosa ¡ªconfiesa la arcanista con un ligero tono de decepci¨®n, el filo de sus dagas recubierto en un brillo escarlata. ¡ªPues entonces esperemos nuestro momento, camaradas, mientras tanto confiemos en Tal¨®n ¡ªdice Mikail mientras se ajusta sus guantes, un fulgor naranja empezando a emanar de ellos. De repente un chillido atronador retumba en el lugar, haciendo temblar el pasillo y desprendiendo sedimento del techo, con tal fuerza que la neblina que recubr¨ªa a los dos combatientes es empujada hacia atr¨¢s, mostrando c¨®mo 01-006 ahora estaba recubierta de pies a cabeza en Ether rojo, excepto el torso en donde varios puntos de luz naranja empezaban a brillar como si fueran esferas de metal fundido. El pelo negro que antes cubr¨ªa su rostro ahora es una mara?a sangrienta de l¨¢tigos que se mov¨ªan con velocidad, que ni siquiera Tal¨®n en su nueva forma pod¨ªa esquivar completamente. Atrapado, es lanzado por los aires en direcci¨®n a sus compa?eros, impactando duramente contra el piso cientos de cortes regados por toda su figura. La entidad se lanza hacia adelante con macabras intenciones, pero antes de que pudiera asestar el golpe final en su adversario, dos flashes de luz, uno rojo y otro naranja, iluminan el lugar. Viendo el peligro en el que su capit¨¢n se encontraba Dolche y Mikail se lanzaron con la intenci¨®n de interceptar a la creatura, cada uno impacta duramente con uno de los brazos de 01-006 mandando fuertes olas de viento por todo el pasillo, a pesar de su mejor esfuerzo lo ¨²nico que el d¨²o pudo hacer es que la entidad sea empujada uno cent¨ªmetros hacia atr¨¢s mientras que ellos eran lanzados varios metros en la direcci¨®n opuesta, rodando por el piso y volvi¨¦ndose a parar con las manos temblantes y algo desorientados, pero esa peque?a abertura era lo ¨²nico que necesitaban, un momento de sorpresa que anule los reflejos aumentados del ser el tiempo suficiente como para neutralizarlo, en ese instante varios disparos rujen a las espaldas de los luchadores cuando Aguilar descarga su arma contra la esquirla, la mayor¨ªa impactando en los puntos naranjas en el torso de esta, con cada bala que impacta, se puede escuchar el sonido de cristal romperse y de las heridas, niebla carmes¨ª empieza a supurar, regando los alrededores de denso Ether que lentamente se disipa en el aire. La creatura cay¨® de rodillas, la capa de Ether que la recubr¨ªa escapando a trav¨¦s de las heridas provocadas por las balas. A pesar de la rapidez y precisi¨®n de Aguilar, 01-006 reaccion¨® lo suficientemente r¨¢pido, esquivando una bala en particular, la que se dirig¨ªa al n¨²cleo m¨¢s grande, aquel ubicado en el centro del pecho, que ahora brillaba con una intensidad alarmante, quemando la piel p¨¢lida de la creatura y expulsando un repulsivo olor a carne quemada que se mescla con el aroma met¨¢lico del lugar. La entidad intenta alejarse, pero el cuerpo solo le responde con espasmos espor¨¢dicos. En ese momento, sintiendo una fuerte sed de sangre, mira hacia arriba solo para ver a Tal¨®n parado delante de ella con un brazo levantado. La creatura se agita instintivamente, entendiendo el insulto y chilla en protesta ante la falta de respeto, pero el reproche no dura mucho, puesto que Tal¨®n atraviesa el pecho de la esquirla con su brazo, arrancando el ¨²ltimo n¨²cleo, haciendo que esta se deshaga en un polvo cristalino, la ¨²nica prueba de su existencia siendo el cristal del tama?o de una manzana que el arcanista tiene en su mano. Al finalizar la pelea, John, sinti¨¦ndose un poco mejor gracias a los analg¨¦sicos, se levanta con la ayuda de Smith, acerc¨¢ndose a los dem¨¢s miembros del grupo; r¨¢pidamente Lorena se lanza abrazando al aspirante, haci¨¦ndolo casi caer. ¡ªJohn, ?c¨®mo est¨¢s? ?te duele algo? ?cuantos dedos ves? ¡ªpregunta la voz de Abigail que sale de la rata que salt¨® de los hombros de la mujer y ahora se acurruca contra el cuello de John. ¡ªEstoy bien, Abi, voy a tener que pasar unos d¨ªas en la enfermer¨ªa, pero no tengo nada que la hermana Evergreen no pueda curar ¡ªdice el aspirante tratando de calmar a la persona detr¨¢s del animal. ¡ªNo vuelvas a hacer eso, casi me das un infarto ¡ªrega?a Aguilar, soltando por fin al hombre. ¡ªCr¨¦eme que si fuera por m¨ª no me hubiera secuestrado una esquirla, pero por desgracia no era mi decisi¨®n ¡ªcomenta John encogi¨¦ndose de hombros. Unos pasos pesados se escuchan enfrente de ¨¦l, y al mirar por sobre la mujer puede apreciar a Tal¨®n con su nueva figura que se acerca lentamente, haciendo que el hombre se sienta peque?o en comparaci¨®n. Con cada paso que da su tama?o se va haciendo m¨¢s y m¨¢s peque?o hasta que toma la apariencia humana que el aspirante recuerda. Si bien la mayor¨ªa de las laceraciones se hab¨ªan cerrado, el arcanista se ve¨ªa exhausto; a medida que caminaba se tomaba el costado derecho con una clara expresi¨®n de dolor. ¡ªD¨¦jame ver ¡ªdice John acerc¨¢ndose al hombre sin dudarlo, la preocupaci¨®n por el bienestar de su compa?ero truncando cualquier miedo que pudiera tener. Tal¨®n levanta la mano, dej¨¢ndose inspeccionar y entre quejidos pregunta ¡ª?Pens¨¦ que me tendr¨ªas miedo al ver mi forma de Ghoul? ¡ªEl tema es, capit¨¢n, que ya le ten¨ªa miedo y eso nunca me detuvo ¡ªdice el hombre inspeccionando el lugar en donde el Enki de Tal¨®n deber¨ªa estar y se sorprende como la piel irradia un calor tan grande que podr¨ªa quemar con solo el tacto, pero a pesar de esto no hay indicios de quemaduras en la piel. Al escuchar esto, por primera vez desde que John lo conoce, Tal¨®n se r¨ªe a carcajadas para luego mostrar una expresi¨®n de dolor y extendiendo la mano hacia Smith dice ¡ªDame una mano, Leonel, aunque sea hasta la pared. El hombre se acerca r¨¢pidamente y lo toma con cuidado del lado izquierdo, llev¨¢ndolo hacia la pared, sent¨¢ndolo en el piso a duras penas. ¡ªAl parecer usaste demasiado Ether, recomiendo que descanses un rato, eso va para los dem¨¢s tambi¨¦n- dice John, mirando alrededor a los dem¨¢s miembros del grupo que no se encontraban mucho mejor que su capit¨¢n. ¡ª?Qu¨¦ hora es? ¡ªpregunta Tal¨®n cavilando el consejo del aspirante. ¡ªSon las ocho de la noche, falta bastante para el amanecer; podr¨ªamos tomar un descanso ¡ªresponde Dolche luego de sacar su PSD. ¡ªPues aquellos que todav¨ªa puedan moverse hagan guardia, el resto descanse; dentro de una hora continuaremos ¡ªordena el capit¨¢n mientras se acomoda lo mejor posible en el suelo de madera, apoyando su espalda a la pared. ¡ªEso me gusta o¨ªr, toma un par de estas, te har¨¢n falta ¡ªcomenta John mientras se sienta alado del arcanista, pas¨¢ndole un par de pastillas de color blanco junto a una peque?a cantimplora con agua. Tal¨®n las mira por un segundo y luego las traga junto a un sorbo de agua, suspirando al exhalar, para luego extender la mano hacia el aspirante y decir ¡ªP¨¢same a la rata, tengo que hablar con Sigil ¡ªantes que John pudiera hacer algo, el animal salta de su hombro hacia la mano del hombre, este delicadamente lo acerca a su cara y dice ¡ªAbigail, dile a Sigil que se fije los canales de radio de la polic¨ªa, acabamos de hacer mucho ruido, no me sorprender¨ªa que alguien los all¨¢ llamado. La rata se queda en silencio por unos segundos para luego comentar en una voz femenina ¡ªSigil dice que, por ahora nada, pero les seguir¨¢ echando un ojo de vez en cuando. Tal¨®n asiente y le devuelve el roedor a John para luego cerrar los ojos mientras respira profundamente, esperando que los calmantes entraran en efecto. Cap铆tulo 26: verdades oscuras En el momento de respiro en el que se encontraban, John mira a su l¨ªder y puede notar lo cansado que est¨¢, no solo por la brutal pelea de hace unos pocos minutos, sino tambi¨¦n por el peso de la responsabilidad que ser el capit¨¢n de este grupo conlleva, as¨ª como la ¨²ltima esperanza de traer del filo del abismo a un ser querido. El aspirante saca una barra de chocolate de su bolsillo y la abre, ofreciendo mitad de esta a Tal¨®n que la acepta sin decir nada, mientras saborea la dulzura. John cavila en los ¨²ltimos acontecimientos y en el significado de la extra?a visi¨®n que vio cuando fue atacado por la esquirla. Si bien estaba en un lugar desconocido junto a personas que nunca hab¨ªa visto, no se sinti¨® en un lugar ajeno, m¨¢s bien todo lo contrario. Mientras divagaba en el pensamiento, no not¨® como una figura se sentaba a su lado, tomando suavemente el roedor de su hombro y pos¨¢ndolo en su muslo, acariciando el pelaje verdoso del animal con movimientos largos. ¡ªEstuvo bastante cerca eso ¡ªdice Lorena sin mirar al hombre. ¡ªM¨¢s de lo que me hubiera gustado ¡ªagrega John las palabras de la mujer, deteniendo sus pensamientos en seco. ¡ªPara casi morir te lo estas tomando bastante bien ¡ªcomenta Aguilar en un tono de ligera sorpresa. ¡ªNo es la primera vez que me pasa ¡ªdice el aspirante encogi¨¦ndose de hombros. ¡ªY no va a ser la ¨²ltima ¡ªinsiste la mujer mirando al hombre directamente a los ojos. ¡ª?Qu¨¦ es esto, se?orita Aguilar? ?est¨¢ tratando de asustarme? ¡ªbromea John mientras que en su cara se dibuja una sonrisa traviesa que r¨¢pidamente se borra al ver la expresi¨®n seria de la mujer. ¡ªNo, no estoy intentando asustarte, John, estoy intentando ver c¨®mo te sientes, es normal tener miedo y ocultarlo solo te va a llevar a tomar decisiones equivocadas, cr¨¦eme lo s¨¦ por experiencia ¡ªresponde Lorena mirando al animal en su regazo con una expresi¨®n triste. ¡ªOk, entiendo tu preocupaci¨®n y agradezco que te preocupes por m¨ª; si necesito hablar con alguien te tendr¨¦ en cuenta ¡ªdice John en un tono seco mientras se levanta, sacudi¨¦ndose la tierra de su pantal¨®n. ¡ª?A d¨®nde vas, camarada? ¡ªpregunta Mikail mientras saca su petaca de metal y procede a pegarle un largo sorbo. ¡ªAl ba?o ¡ªcontesta el aspirante, se?alando una de las puertas cuyo cartel dec¨ªa "Ba?os de hombre". ¡ªPues, d¨¦jame que te acompa?e ¡ªdice el ruso entre sonrisas. Ambos hombres entraron al ba?o, viejo y sucio; el cristal sobre los lavados, fragmentado en cientos de fragmentos que regaban el piso junto a la gruesa capa de polvo. Enfrente de estos 4 orinales se colocaba uno al lado del otro. El d¨²o se coloca uno en cada uno, dejando uno entre ellos y se disponen a hacer sus asuntos. ¡ªNo te tomes lo que dijo Lorena como un insulto, compa?ero; viene de un buen lugar ¡ªdice Mikail mirando hacia el frente. Lo s¨¦, y qu¨¦date tranquilo que no lo hago; solo quiero que me dejen de tratar como si no supiera lo que hago ¡ªexpresa John su descontento claramente plasm¨¢ndose en su voz. ¡ª?Lo haces? ¡ªpregunta con toda sinceridad Ivanov, mirando al hombre con una expresi¨®n desconcertada. ¡ªS¨ª, pas¨¦ los ¨²ltimos 3 meses siendo entrenado por ustedes; sufr¨ª un mont¨®n en el proceso y que duden constantemente de mis capacidades francamente me parece una falta de respeto, no solamente a m¨ª sino a aquellos que me entrenaron ¡ªdice el hombre acerc¨¢ndose al lavado, girando la canilla esperando que salga agua de ella; por suerte para ¨¦l se ve que a pesar de su edad las tuber¨ªas todav¨ªa funcionaban. El ruso se queda en silencio por unos segundos, mirando la pared para luego sumarse al aspirante en el proceso de limpiarse las manos. Antes de que ambos salgan del ba?o, dice ¡ªTienes raz¨®n, John, la p¨¦rdida de un amigo nos llev¨® a protegerte de m¨¢s, pero como dijiste es una falta de respeto. Yo confi¨¦ en ti, espero que puedas hacer lo mismo, compa?ero. Al escuchar esto, John sonr¨ªe y se acerca al hombre, mientras coloca una mano en el hombro de Mikail. pregunta ¡ª?Todav¨ªa te queda algo de esa petaca? Ivanov le devuelve una sonrisa traviesa y sacando un recept¨¢culo met¨¢lico desde dentro de su ropa responde ¡ªClaro que s¨ª, ?quieres un poco? John toma la botella con una mano y sin pensarlo toma un sorbo. El licor fuerte quema al bajar por su garganta, dejando atr¨¢s ardor y un fuerte sabor a frambuesa que sorprende al hombre. ¡ª?Qu¨¦ pasa, compa?ero, muy fuerte la bebida o tal vez no te gusta el sabor a frambuesa? ¡ªdice el ruso con una sonrisa de oreja a oreja. ¡ªNo es que no me guste, es que no esperaba que tomaras licores frutales; se te ve m¨¢s como un bebedor de Vodka ¡ªaclara el aspirante entre ataques de toz. ¡ªLo soy, pero el vodka se toma al terminar una misi¨®n, ya sea para celebrar con todos o para desearles un buen pasaje a aquellos que no lo lograron, algunas veces, las dos ¡ªexplica el hombre, tomando la petaca y saliendo por la puerta. John lo sigui¨® de cerca y al salir al pasillo pudo notar c¨®mo Tal¨®n se encontraba parado hablando con Dolche, Aguilar y Smith en un c¨ªrculo. Mikail se acerca al grupo ofreciendo un trago a Lorena, que esta acepta pasando el licor de mano en mano. La mayor¨ªa toma un trago, excepto Tal¨®n, que apenas lo recibe lo pasa al siguiente par de manos. Cuando se percatan de la presencia del hombre, Dolche le hace una se?a para que se acerque. Este lo hace sin dudarlo, y cuando est¨¢ lo suficientemente cerca para escuchar, Tal¨®n comienza a explicar ¡ªBien, seg¨²n Lorena, la llave que John consigui¨® es la llave que abre la puerta de la oficina de Ombelton, as¨ª que cuando entremos buscaremos el libro, trataremos de hacerlo lo m¨¢s r¨¢pido posible, pero seamos cuidadosos, tenemos que encontrar ese grimorio cueste lo que cueste ?Alguna pregunta o podemos proceder? Nadie dice nada, solo queriendo que la noche por fin termine. Asumiendo que el silencio indica que nadie tiene dudas sobre lo que hay que hacer, el grupo se pone en formaci¨®n, Dolche esta vez a pocos cent¨ªmetros de John, y avanzan en direcci¨®n a la oficina a paso apresurado. Cortando r¨¢pidamente por la oscuridad el grupo llega enfrente de la puerta, mientras se ponen en una posici¨®n defensiva alrededor de esta Lorena toma la llave y despu¨¦s de unos segundos de trabajar con ella la cerradura produce un sonoro chasquido, ella empuja la pesada puerta de metal, las bisagras oxidadas chillando a medida que estas se mueven, la mujer mira dentro del cuarto cuidadosamente, la luz de su linterna revela un sill¨®n enfrente de una decorada chimenea, entre medio de las dos se encontraba una mesa ratonera con una botella estilizada junto a un vaso cuyo fondo estaba manchado con una p¨¢tina naranja, del otro lado del cuarto un escritorio se encuentra flanqueado por dos estanter¨ªas llena de libros y detr¨¢s de todas estas una ventana cerrada con una pesada e imponente cortina de metal. Un cuerpo yac¨ªa sentado detr¨¢s del mueble de madera, tan disecado que no era posible distinguir su identidad a esta distancia, siendo lo ¨²nico reconocible la manchada bata m¨¦dica. Liderados por ella, el grupo entra a la oficina; apenas lo hacen, pueden sentir un ligero olor met¨¢lico que les hace levantar la guardia, Dolche peg¨¢ndose a¨²n m¨¢s a John, pero luego de unos segundos m¨¢s, al darse cuenta de que el aroma no era tan intenso como la vez que fueron atacados, deciden continuar con la investigaci¨®n del lugar. ¡ªRecuerden porque estamos aqu¨ª, gente, bequen el grimorio, lo m¨¢s r¨¢pido y met¨®dico que puedan ¡ªordena Tal¨®n mientras se va acercando a una estanter¨ªa y empieza a rebuscar entre los libros. ¡ª?C¨®mo nos daremos cuenta que es el grimorio que estamos buscando? ¡ªpregunta John mientras se acerca junto con Smith al cad¨¢ver. ¡ªTe dar¨¢s cuenta, es m¨¢s como un sentimiento de "Sip, eso es un grimorio" m¨¢s que nada ¡ªresponde Leonel mientras posa la luz de su linterna en el piso detr¨¢s del escritorio y luego de unos segundos de inspecci¨®n agrega ¡ªHay un charco de sangre en el piso. ¡ªCreo que viene del buen doctor¡ª dice John, apuntando al manch¨®n de sangre en el torso de la v¨ªctima. Moviendo la ropa, puede ver que la piel reseca se separa en un profundo corte justo en donde estar¨ªa su bazo. Continuando la investigaci¨®n del cuerpo, el aspirante observa la parte del pecho de la bata y se sorprende al detectar un cartel que dice "Dr. Ombelton"; ¨¦l le muestra esto a Smith y este solo se encoje de hombros al conocer el final del psic¨®logo. No viendo a simple vista otra herida, el aspirante se centra en los papeles desperdigados por el escritorio, principalmente el libro abierto de par en par enfrente de la silla. Lo toma cuidadosamente, desprendiendo una gruesa capa de polvo que cae al suelo; por un milagro las hojas amarillentas a¨²n son legibles, as¨ª que girando las hojas se coloca en la primera y comienza a leer. Reading on Amazon or a pirate site? This novel is from Royal Road. Support the author by reading it there. "20 de junio de 1943: Mi padre ha muerto hoy y me ha dejado su centro psiqui¨¢trico; en su ¨²ltima voluntad me deja saber que si miro de cerca puedo "llegar m¨¢s alto", no s¨¦ a qu¨¦ se refiere; ¨¦l siempre fue un hombre exc¨¦ntrico y distante que nos dej¨® a m¨ª y a mi madre cuando yo ten¨ªa 8 a?os de edad. Si bien no tengo una buena relaci¨®n con ¨¦l, las personas del centro no tienen la culpa, y mis estudios en psicolog¨ªa me permitir¨¢n ayudarlos a ellos y a todo el que necesite ayuda. 15 de agosto de 1943: El centro siempre se siente fr¨ªo, como si el invierno se hubiera asentado en las paredes. Es extremadamente inc¨®modo y, a eso sum¨¢ndole los gastos exorbitantes que tenemos de le?a incluso en los meses m¨¢s c¨¢lidos del a?o, no s¨¦ qu¨¦ le ve¨ªa de bueno mi padre a este lugar. 23 de diciembre de 1943: En estos ¨²ltimos meses he dedicado mi tiempo libre a investigar la historia de este edificio y debo admitir que es bastante interesante. Resulta que un grupo de monjes cristianos se instalaron en este lugar para seguir sus pr¨¢cticas. Se hac¨ªan llamar la Orden de San L¨¢zaro. Seg¨²n algunas historias, esta orden de monjes fue exiliada de Europa, debido a su obsesi¨®n con descubrir c¨®mo Jes¨²s resucit¨® al tercer d¨ªa, hasta el punto de romper las reglas de la iglesia y practicar la necromancia. No hay mucho m¨¢s sobre este grupo despu¨¦s de 1850. El antiguo monasterio fue destruido unos a?os despu¨¦s, y d¨¦cadas m¨¢s tarde se levant¨® el centro psiqui¨¢trico sobre las ruinas. Lo ¨²nico que perdura de esa ¨¦poca es la fuente en la entrada. 14 de enero de 1944 Hoy lleg¨® un paciente muy particular al centro; seg¨²n ten¨ªamos entendido era un superviviente de un asesino en serie. La pobre mujer estaba recubierta de pies a cabeza con cicatrices y no hab¨ªa hablado una palabra desde que la encontraron. Me da mucha pena el estado de esta pobre alma, as¨ª que voy a tratar a esta paciente de manera personal; espero poder ayudarla. 28 de enero de 1944: Todav¨ªa no pudimos identificarla, sus huellas dactilares parecieron haber sido limadas y no hay reportes de personas desaparecidas que coincidan con su apariencia, as¨ª que decidimos dejar el nombre de Jenny Doe por ahora; veremos si podemos encontrar algo m¨¢s sobre ella m¨¢s adelante. 04 de febrero de 1944: He intentado varios m¨¦todos, pero el que parece funcionar mejor es el de hidroterapia con agua helada. Aunque no har¨ªa esto convencionalmente, he estado m¨¢s predispuesto a implementar el procedimiento yo mismo; por alg¨²n motivo, el tapiz de cicatrices que porta esta mujer es incre¨ªblemente cautivador, como si quisiera decir algo debajo de la piel y el dolor. 30 de abril de 1994: Sin bien Jenny todav¨ªa no es comunicativa, las cicatrices de su cuerpo hablan a gritos; he pasado horas observando cada corte, y ahora casi puedo imaginar cada vuelta, cada giro del cuchillo como si fuera un pincel pintando una obra maestra sobre un lienzo de carne. Su piel es tan fr¨ªa. Creo que estoy entendiendo lo que mi padre me quiso decir. Septiembre 05 de 1994: Los conocimientos que el cuerpo de Jenny me provey¨® hicieron que me diera cuenta de que mi acercamiento al tratamiento de enfermedades mentales ha sido incorrecto. Cuando tratamos de curar con palabras y drogas nos salteamos la parte m¨¢s importante del camino; para que haya cambio se necesita sacrificar algo, se necesita extirpar con el filo todo aquello que nos saca de nuestro estado m¨¢s cercano a lo que deber¨ªamos ser. Las cicatrices son el camino y mis manos el filo que las seguir¨¢n de cerca. Noviembre 14 de 1994: He estado probando mis teor¨ªas en pacientes con severos problemas mentales. El m¨¦todo que pareciera funcionar mejor es la terapia de electroshock debido a que puede causar suficiente dolor como para capturar ese momento en donde la parte m¨¢s primordial del ser humano se manifiesta, el impulso hemorr¨¢gico de la vida en todo su esplendor y magnitud. A pesar de los ¨²ltimos fallos, no puedo evitar sentirme celoso puesto que no puedo suministrar el tratamiento a m¨ª mismo y solo yo s¨¦ los pasos necesarios para llevarlo a cabo. Es un hecho triste con el que tengo que lidiar. Enero 28 de 1995: Otra muerte, otro fracaso; los materiales que tengo no son lo suficientemente resistentes para soportar el procedimiento, si solo tuviera alguien que pudiera sobrepasar el dolor, alguien lo suficientemente fuerte como para llegar m¨¢s alto. Marzo 12 de 1995: Hoy Jenny me dio otro regalo de conocimiento, el ¨²ltimo que me dar¨¢, puesto que su cad¨¢ver se encuentra en mi sala de operaciones, silenciosa hasta el final. El deleite de dolor se proyect¨® en sus ojos, el filoso estallido de violencia, de lucha por sobrevivir, ese momento en donde el siguiente escal¨®n est¨¢ tan cerca que pod¨¦s tocarlo con solo dar un paso, ese momento que solamente 800 voltios de electricidad dirigidos directamente al cerebro pueden lograr. Por todo lo que ha hecho por m¨ª quise elevar a Jenny, pero algo sali¨® mal y solo el fr¨ªo de la muerte queda en sus ojos lechosos. El fin se acerca, he despertado algo que no puedo controlar; con suerte mi muerte ser¨¢ r¨¢pida como un tajo, filosa como un cuchillo y hermosa como las cicatrices de Jen...¡± Una gran mancha marr¨®n cubre el resto de la p¨¢gina, pero John presiente por la cantidad que no hay nada debajo de esta y, consternado por lo que ley¨® sin decir nada, le pasa el diario a Leonel. Este lo lee atentamente, su ce?o frunci¨¦ndose cada vez m¨¢s con cada oraci¨®n que pasa hasta que al final, acompa?ado por un suspiro, cierra el libro y lo deja encima de la mesa. ¡ªSiempre es triste cuando pasa esto ¡ªmurmura el hombre casi para s¨ª mismo. ¡ª?Qu¨¦ cosa? ¡ªpregunta John, curioso de si hay una explicaci¨®n para lo que se encontraba en aquellas p¨¢ginas. -Psicosis por exposici¨®n a la radiaci¨®n, generalmente cuando alguien queda manchado y no toma supresores, puede desarrollar una fuerte obsesi¨®n con un tema esot¨¦rico que se desenvuelve lentamente en un estado alterado de la realidad que lo lleva a pensar que ciertos objetos o el mism¨ªsimo aire les est¨¢n revelando los secretos del cosmos, en realidad no son m¨¢s que las voces de su cabeza que se crean debido a un cambio dr¨¢stico de la qu¨ªmica cerebral por una mutaci¨®n- explica el hombre entre miradas hostiles de sus compa?eros al escuchar el t¨¦rmino "manchado". ¡ªO tal vez, algo realmente le estaba hablando, y al estar solo no pudo entenderlo lo suficientemente bien para usarlo; digo, si me despertara un d¨ªa y podr¨ªa hacer cosas incre¨ªbles, yo tambi¨¦n me obsesionar¨ªa ¡ªdice Dolche mientras contin¨²a buscando la librer¨ªa ubicada a la derecha. ¡ªVamos, Dolche, no me digas que eres parte del grupo que piensa que las SILRR son alguna especie de Dios ¡ªcomenta el Leonel con un tono incr¨¦dulo ante la interrupci¨®n de su compa?era. ¡ªNo, pero con las cosas que hemos visto, vivido y sobre todo hecho, creo que deber¨ªamos tener una mente m¨¢s abierta a las posibilidades ¡ªexplica la mujer encarando a Smith. ¡ª?Por qu¨¦ no dejamos los debates filos¨®ficos para el bar y nos concentramos en hallar lo que vinimos a buscar? ?Alguien encontr¨® el grimorio? ¡ªpregunta Tal¨®n mientras empieza a abrir los cajones del escritorio vaciando sus contenidos sobre este. Todos los miembros del grupo dicen que no y enseguida resumen su b¨²squeda, todos excepto John, que todav¨ªa pensando sobre lo que ley¨®, se pregunta, ?si un grimorio es tan poderoso y Ombelton ten¨ªa este grimorio porque no escribi¨® sobre ¨¦l? Estaba dispuesto a escribir sobre sus horrendos cr¨ªmenes y sobre la obsesi¨®n que ten¨ªa con las cicatrices de esta mujer; ?pero nada del grimorio? Adem¨¢s, Ombelton menciona que las fuentes estuvieron antes de que el centro se creara y estamos seguros de que los monjes ten¨ªan el libro. Todo lentamente empezaba a encajar, pero, antes de que pudiera decir nada, una figura aparece en el rabillo de su ojo sobresaltando al hombre. ¡ª?John? ?qu¨¦ pasa? ?en qu¨¦ est¨¢s pensando? ¡ªpregunta Tal¨®n mirando atentamente al aspirante. ¡ªCreo que estamos perdiendo el tiempo aqu¨ª; ?alguien encontr¨® la llave a la sala de operaciones? -dice el hombre dirigiendo la pregunta al resto de sus compa?eros. ¡ªS¨ª, estaba en el bolsillo del muerto ¡ªresponde Lorena acercando una llave de lat¨®n con s¨ªmbolos marcados en toda su superficie; un peque?o cartel que colgaba de la parte posterior le¨ªa "Sala de operaciones". ¡ªExpl¨ªcate, John, no te sigo ¡ªpide el capit¨¢n mientras observa con curiosidad al hombre. John toma otra vez el diario y se lo pasa a Tal¨®n mientras comienza a explicar ¡ªSi el libro hubiera sido la fuente de la psicosis, Ombelton no parar¨ªa de hablar en su diario sobre ¨¦l, pero ni siquiera lo menciona una vez. Lo que s¨ª menciona es que la fuente fue construida por los monjes antes de que se fundara el lugar y no es la primera vez que esta fuente ha sido mencionada. Tal vez esta tenga algo que ver con el grimorio y para abrirla necesitamos 3 piezas de las cuales tenemos 2, solo falta una¡­ ¡ªLa lanza ¡ªtermina la oraci¨®n Tal¨®n, mirando intensamente la llave en las manos del hombre. ¡ªExacto y seg¨²n el diario del titiritero, Ombelton la ten¨ªa; tal vez la utiliz¨® en sea lo que sea que estaba haciendo en la sala de operaciones¡ª dice convencido John. Un silencio se apodera de la sala; todos los dem¨¢s miembros del equipo de campo miran a Tal¨®n esperando una decisi¨®n. Despu¨¦s de cavilar las palabras del hombre por unos segundos, suspira y luego decide ¡ªTiene sentido, adem¨¢s no estamos encontrando nada aqu¨ª; veremos qu¨¦ hay en la sala de operaciones; si encontramos la lanza iremos a ver c¨®mo funciona la fuente, sino por lo menos esperemos encontrar alguna pista que nos guie hacia el libro. Sin discutir, todos empiezan a revisar su equipo. Una vez terminadas las preparaciones, salen de la oficina y se colocan en frente de la puerta doble que da a la sala de operaciones. Se ponen en posici¨®n liderados por Tal¨®n; este a su vez saca la llave de su bolsillo y la acerca a la puerta; a medida que lo hace, las runas, que parecieran ser escritas con sangre fresca, empiezan a titilar cada vez m¨¢s r¨¢pido y cuando la coloca a unos pocos cent¨ªmetros de esta, unas cadenas de energ¨ªa carmes¨ª se materializan de la nada junto a un pesado candado del mismo color. El capit¨¢n mete la llave que calza perfectamente en el candado hecho de energ¨ªa; al girarla este se abre con un sonoro clank y las cadenas que manten¨ªan ambas hojas se disipan en polvo que se disuelve en el aire como si nunca hubiese existido. De repente y sin previo aviso la puerta se abre de par en par, todos se tensan esperando un ataque, pero lo ¨²nico que los recibe es una brillante luz ros¨¢cea que tan r¨¢pido como llega se va. Tal¨®n hace esperar a sus compa?eros mientras ¨¦l avanza solo, doblando apenas entra y perdi¨¦ndose de vista por los siguientes segundos para luego regresar haci¨¦ndole se?as que lo acompa?en. Todos obedecen y entra a lo que la mayor¨ªa espera sea el ¨²ltimo tramo del viaje Cap铆tulo 27: Lo que se encuentra debajo Avanzando por el pasillo oscuro, la luz de las linternas muestra un camino de sangre que dobla en una esquina, la cual irradia luz ros¨¢cea. Cada vez que el lugar se ilumina, peque?as motas rosa llenan el espacio bailando en el aire, solo para desaparecer cuando la oscuridad vuelve a reinar. Con cada paso que dan, un aroma dulce empieza a hacerse cada vez m¨¢s pronunciado junto a un sentimiento de euforia que desentonaba con la estresante situaci¨®n en la que se encontraban. John se tensa frunciendo el ce?o profundamente, esta situaci¨®n haci¨¦ndole recordar a su encuentro con Arktack en el invernadero hace unos meses, as¨ª que subiendo la guardia se recuerda a s¨ª mismo que debe de mantenerse centrado en el trabajo y no dejarse llevar por el impulso que el Ether provoca. Doblando en la esquina, llegan a la sala de operaciones, un gran espacio en cuyo centro se encontraban 4 aparatos de funcionamiento incierto. Estos estaban conectados con gruesos cables a una mesa de operaciones de metal en donde yac¨ªa recostado un cuerpo femenino, anclada a esta por una lanza de lat¨®n, que le perforaba el torso y atravesaba el acero debajo. Apenas entran al recinto pueden apreciar como el aire en el cuarto est¨¢ cargado de un tinte rosa que ti?e el haz de luz de sus linternas, Tal¨®n dice algo, pero r¨¢pidamente se detiene al notar que no se escucha nada m¨¢s que un ligero pitido que va en aumento hasta volverse ensordecedor, cuando el sonido empieza a hacer doler los o¨ªdos de repente cambia a una atronadora descarga el¨¦ctrica, electricidad rosa siendo expulsada de las m¨¢quinas y dirigi¨¦ndose hacia la mesa a una velocidad lenta pero constante, cuando llega a la mesa el cuerpo empieza a tener espasmos, pero a pesar de lo violento del espect¨¢culo los impactos de la carne contra el metal sucede en silencio como si fuera una pel¨ªcula muda, apenas las convulsiones empezaron, hilos de luz rosa se desprenden del cuerpo, conect¨¢ndola con otra forma encima del cad¨¢ver, con cada segundo que pasa se puede apreciar el contorno rosa y transparente de una mujer bonita que se manifiesta en el medio del aire, con su largo pelo flotando como si se encontrara debajo del agua, vest¨ªa un vestido largo que le llegaba a las rodillas y un colgante que terminaba en un peque?o dije en forma de delf¨ªn, Al completarse la figura de la mujer esta empieza a cantar, un dulce sonido expandi¨¦ndose r¨¢pidamente por la habitaci¨®n. Todos miran con asombro el movimiento casi hipn¨®tico de la mujer, que lentamente se acercaba a ellos flotando por el aire, mientras desaf¨ªa las leyes de la gravedad. Al estar a unos cent¨ªmetros de Tal¨®n, ella extiende su mano, el pulso del Ether brillando desde su lado izquierdo y subiendo hasta la punta de los dedos, sus yemas liberando min¨²sculas mariposas de energ¨ªa que se disipan en el aire apenas se apartan lo suficiente de la extremidad. El arcanista mira el espect¨¢culo no pudiendo sacar la vista de la aparici¨®n. Gotas gordas de sudor empiezan a surcarle la frente, desliz¨¢ndose por su rostro y cayendo sobre su ropa holgada. Tal¨®n levanta su brazo lentamente mientras se tensa, intentando detener el movimiento con todas sus fuerzas, pero algo lo incita a seguir tomando control sobre ¨¦l, haci¨¦ndole continuar. No importa cu¨¢nto el hombre luche, cuando su mano se encontraba casi en contacto con la de ella, chispas carmes¨ª y rosa empezaron a volar entre ellos. Mientras tanto, el cerebro de John empieza a acelerarse, intentando pensar en una forma de salir de la situaci¨®n en la que se encontraba y ayudar a su capit¨¢n antes de que sea demasiado tarde. Rememorando la ¨²ltima vez que estuvo en este tipo de situaci¨®n, recuerda aquel extra?o sentimiento de dolor que lo sac¨® del trance aquella vez, as¨ª que, usando toda la fuerza que puede juntar en el estado que est¨¢, cierra fuertemente su pu?o vendado y lo golpea sobre su muslo; el dolor extremo extendi¨¦ndose por su brazo explota en se?ales de alerta al llegar a su cabeza, haciendo que los m¨²sculos tensados se liberen, permiti¨¦ndole correr hacia Tal¨®n y taclearlo al suelo, alej¨¢ndolo de la peligrosa creatura antes de que pudiera hacer algo irreparable. El impacto contra el suelo tambi¨¦n libera a Tal¨®n del encantamiento y juntos se dan vuelta para recibir el siguiente golpe, pero la entidad solo tiene tiempo de mirar a John con una expresi¨®n de odio antes de desaparecer junto a la electricidad que circulaba por el cuerpo en la mesa, salvando no solo al d¨²o de ser atacado sino tambi¨¦n liberando a los dem¨¢s miembros del equipo de campo que luchan unos momentos para mantenerse en pie. ¡ª?Qu¨¦ mierda fue eso? ¡ªpregunta el aspirante consternado por lo que acaba de ver. ¡ªUna Banshee, tenemos que movernos r¨¢pido antes de que vuelva ¡ªresponde Tal¨®n mientras se levanta y extiende la mano hacia John. ¡ª?Banshee? ?las que si escuchas gritar te mueres? ¡ªvuelve a interrogar el hombre mientras se incorpora tomando la mano ofrecida. ¡ªNo necesariamente, no necesita gritar para matarte ¡ªresponde Lorena con lo que en un principio podr¨ªa ser considerado una broma de no ser por la expresi¨®n seria de la mujer. ¡ª?Qu¨¦ hacemos? No estamos preparados para luchar contra una Banshee, no en el estado en que nos encontramos ¡ªdice Smith dirigi¨¦ndose a Tal¨®n con un tono preocupado. El arcanista piensa por unos segundos, colocando su mano sobre su Enki, sintiendo como todav¨ªa emanaba un gran calor. Guiando su linterna sobre la mesa de metal, puede ver la lanza que yace todav¨ªa clavada en el cuerpo que ahora se encontraba inm¨®vil. Siguiendo la idea de John, el arma era necesaria para ver si la fuente en realidad albergaba el grimorio que estaban buscando, as¨ª que dirigi¨¦ndose a sus compa?eros explica ¡ªTratemos de recuperar la lanza; si la Banshee vuelve, nos retiraremos lo m¨¢s r¨¢pido posible; se ve que ella solo puede estar en este plano mientras surque electricidad a trav¨¦s del cuerpo, as¨ª que mant¨¦nganse atentos al volumen del pitido. Todos asienten y se ponen alrededor de la mesa de operaciones; ahora que puede ver el cuerpo de cerca, John se sorprende al ver los intrincados dise?os en forma de cicatrices que cubren por completo la figura de la mujer y por un segundo pudo entender la obsesi¨®n de Ombelton con estas marcas, pero el sonido de su compa?ero prepar¨¢ndose para retirar el arma que perforaba el pecho de la mujer lo saca de su estupor generado por la curiosidad y lo hacen centrarse en el trabajo delante de ¨¦l. Mikail lidera el intento de sustraer la lanza. Jalando con todas sus fuerzas, puede notar c¨®mo el cuerpo apenas se mov¨ªa, a pesar de dar todo de s¨ª, el arma no se mueve ni un cent¨ªmetro, el cad¨¢ver neg¨¢ndose a entregar su tesoro. Luego de unos segundos, el hombre se rinde y con una cara roja, ya sea por el esfuerzo o la verg¨¹enza, dice: ¡ªNop, esto est¨¢ m¨¢s atorado que carretera en fin de semana largo. ¡ªEs una l¨¢stima, no me gusta desacralizar cuerpos, pero no tenemos tiempo, si no quiere salir, deber¨ªamos cortar alrededor, luego limpiamos lo que quede en la lanza ¡ªpropone Dolche acerc¨¢ndose mientras blande una de sus dagas, pero antes de hacer algo mira a Tal¨®n esperando que secunde la idea; este lo hace y la mujer abanica en direcci¨®n hacia donde el metal se encontraba con la carne, solo para ser sorprendida cuando el filo de su arma rebota contra la piel desnuda, sacando una lluvia de chispas carmes¨ª que ilumina la oscuridad de manera moment¨¢nea. De repente, y sin previo aviso, las intricadas escarificaciones que cubr¨ªan el cuerpo inerte empiezan a brillar con pulso rojo e intenso, el olor a sangre del Ether rojo nublando el aroma dulz¨®n de su contraparte rosa. ¡ª?Qu¨¦ demonios? ¡ªproclama Smith ante el evento, empezando a analizar las marcas, tratando de entender lo sucedido. Lorena empieza a decir algo, pero a pesar de que sus labios se mueven, ning¨²n sonido sale de su boca, lo ¨²nico que se puede escuchar es el conocido pitido agudo que profetiza otra descarga el¨¦ctrica y otro encuentro con la aparici¨®n. Todos se apartan apenas ven que la electricidad ros¨¢cea empieza a emanar de las m¨¢quinas y se colocan a un costado, en un c¨ªrculo, prepar¨¢ndose para el siguiente ataque que llega justo cuando la corriente impacta otra vez contra el cad¨¢ver, provoc¨¢ndole otra ronda de silenciosas convulsiones. Lentamente, los hilos de energ¨ªa empiezan a subir, pero a diferencia de la ¨²ltima vez, la silueta que conforman tiene un aspecto m¨¢s deformado; los pelos que antes flotaban libremente por el aire ahora se paraban hacia arriba como car¨¢mbanos de hielo, su vestido se encontraba en girones y su rostro bello ahora retorcido en una expresi¨®n de dolor y angustia. Lo m¨¢s horripilante del nuevo aspecto era la boca que ahora se abr¨ªa de par en par, mucho m¨¢s de lo que deber¨ªa ser posible, mostrando una oscuridad abisal. Con un chillido, el ser se lanza en contra del grupo; Mikail salta hacia adelante, impactando con la figura, desviando el ataque, pero siendo lanzado en el proceso como si el gigante hombre no fuese m¨¢s que un ni?o. John dispar¨®, conectando con la masa rosa que conformaba la entidad, pero sus balas solamente pasaron a trav¨¦s de ella, sin hacer ning¨²n efecto aparente m¨¢s que llamar la atenci¨®n de la Banshee que sale disparada en su direcci¨®n. Sorprendido por la velocidad del ser, el aspirante tropieza con sus propios pies, empezando a caer. Ni lenta ni perezosa, la creatura aprovecha para atacarlo, su mano deform¨¢ndose en garras et¨¦reas que se extienden en la direcci¨®n de John. Cuando ¨¦stas estaban a punto de impactar, una mano lo toma del hombro y lo quita del medio justo a tiempo, haciendo que las zarpas golpeen el suelo, dejando surcos profundos en este. Luego de soltar al aterrado hombre, Dolche se para en frente de John, el filo de sus dagas recubierto en Ether rojo, y con un impulso que agrieta los azulejos del piso se lanza a toda velocidad contra la abominaci¨®n, haciendo cortes precisos mientras intercambia entre ataque y defensa. Ella se mueve a trav¨¦s de la habitaci¨®n casi como si estuviera bailando con el monstruo, con cada corte gir¨®nes de energ¨ªa rosa que se desprend¨ªa de la Banshee, pero, a pesar de esto, ella no pareciera ser incomodada en absoluto por esto, luchando con la misma extrema ferocidad como si acabara de aparecer. John se levanta y mira alrededor; Tal¨®n estaba ayudando a Mikail, que se encontraba en el piso luego de golpear la pared, a levantarse mientras que Aguilar y Smith buscaban perfilar un tiro que no golpeara a su compa?era. Dolche estaba aguantando, pero lentamente iba perdiendo terreno; el cansancio generado por la extenuaci¨®n f¨ªsica y el sobreuso de Ether tom¨¢ndose su precio como cortes que empezaban a aparecer por el cuerpo de la mujer. Llevando su atenci¨®n hacia el centro de la habitaci¨®n, John ve las maquinas cuyas pantallas encendidas mostraban una est¨¢tica constante y sabiendo que la electricidad rosa proviene de ellas si de alguna forma pudiera sobrecargarlas tal vez podr¨ªa apagarlas y con un milagro de por medio detener a la Banshee en seco, con un plan en mente corre hacia la m¨¢s cercana, al llegar es recibido por un grupo de botones, perillas y palancas, no hab¨ªa ning¨²n cartel y obviamente no sab¨ªa c¨®mo operar el equipo pero la situaci¨®n se estaba poniendo cada vez mas peligrosa as¨ª que sin mucha m¨¢s opci¨®n empieza a operarla de manera aleatoria pensando que la situaci¨®n no podr¨ªa ponerse peor, lastimosamente esa idea pronto ser¨ªa desmentida puesto que al bajar una de las palancas un fuerte rugido emana de la mesa del centro expandi¨¦ndose por toda la habitaci¨®n como una ola rosa. Al mirar alrededor para ver si lo que hizo funcion¨®, puede notar c¨®mo Dolche estaba rodeada por dos Banshees. Su intento de resolver la situaci¨®n solo la hab¨ªa empeorado; por suerte para ¨¦l, Lorena empez¨® a disparar, logrando sacar presi¨®n de la arcanista que segu¨ªa batallando contra la aparici¨®n.You could be reading stolen content. Head to Royal Road for the genuine story. Entrando en p¨¢nico, el aspirante redobla sus esfuerzos e intenta reparar el error que acaba de cometer solo para que otra vez un ruido atronador se volviera a esparcir, esta vez transformando a los espectros, deformando su figura y haciendo que ganen un mayor tama?o y poder. Debido al repentino cambio, Dolche trastabilla y es golpeada en el abdomen con tanta fuerza, que es lanzada al aire dibujando un arco y cayendo fuertemente en el suelo, luchando para levantarse. Lorena tampoco la ten¨ªa f¨¢cil puesto que, con las balas de poco calibre, incluso estando reforzadas con Ether, ya no deten¨ªan el avance de la horrenda abominaci¨®n; por suerte para ella, Tal¨®n y Smith llegaron a socorrerla con fuego de cobertura, d¨¢ndole tiempo a la arcanista de tomar distancia y volver a abrir fuego con un cargador fresco. La entidad m¨¢s cercana a Dolche se acerca r¨¢pidamente hacia ella intentando darle el golpe final, pero justo antes de que pudiera cortar a la mujer, Mikail sale de la nada agarr¨¢ndola del cuello por detr¨¢s haciendo que se olvide de la mujer y se centre en el hombre a sus espaldas. El miedo corriendo por las sinapsis de John hace que se paralice dudando por un instante si intentar otra vez operar la maquinaria sea una buena idea, pero recordando las cosas que dudar le ha hecho pasar, toma un respiro hondo y cierra los ojos, abriendo su mente y conect¨¢ndose con el Ether alrededor de ¨¦l. A medida que su percepci¨®n se expande, puede sentir claramente que el Ether rosa que lo rodea es encantador, delicado y dulce; se siente como un abrazo c¨¢lido y se escucha como las palabras de aliento de un ser querido. A lo lejos, directamente detr¨¢s suyo, un viento filoso se levanta lleno de hostilidad que le eriza la piel, pero no pudiendo centrarse en eso decide concentrarse en la m¨¢quina enfrente suyo. Moviendo las manos por encima de ¨¦sta, puede notar c¨®mo una ligera vocalizaci¨®n puede ser escuchada, en un principio desentonada hasta parecer un chirrido, pero a medida que pasa los dedos por los diferentes botones se va afinando hasta sonar como un coro melodioso, el sonido representando la respuesta correcta. Guiado por la m¨²sica, John empieza a manipular el artefacto y luego de unos segundos puede sentir el olor a quemado desde debajo de ¨¦l. Cuando abre los ojos, puede apreciar c¨®mo el aparato estaba sacando chispas a pocos segundos de explotar. Saltando hacia un costado, el aspirante puede esquivar la peor parte de la detonaci¨®n, pero un poco de metralla golpea el costado de su pierna, haci¨¦ndolo sangrar. Levantando la vista, puede ver c¨®mo las Banshees pegan un chillido y su forma desaparece por unos instantes solamente para volver a aparecer esta vez de un tama?o mucho m¨¢s peque?o, ambas mir¨¢ndolo con una ira inhumana, sintiendo la hostilidad de las creaturas. John se levanta prepar¨¢ndose para recibir el impacto, pero sus compa?eros se interponen gan¨¢ndole algo de tiempo, tiempo que usa para intentar sobrecargar otra m¨¢quina, esta vez logrando evitar por completo cualquier fragmento volador. Del mismo modo, la tercera cae, haciendo que una de las creaturas desaparezca por completo y la otra se encuentre parpadeando, entrando y saliendo de esta realidad constantemente. John llega a la ¨²ltima m¨¢quina y empieza a trabajar subiendo y bajando palancas, pero cuando estaba a punto de terminar siente un tremendo dolor en la espalda; cuando se da vuelta puede ver a la Banshee directamente detr¨¢s de ¨¦l, su nuevo estado de existencia haciendo que le sea imposible a sus compa?eros contenerla. Ella vuelve a abanicar y en un sorprendente arranque de valent¨ªa, John salta hacia adelante, evitando las filosas garras, pero siendo golpeado con el brazo de la creatura que lo hace volar, golpeando el piso a unos metros de donde estaba. La Banshee se posa sobre ¨¦l, flotando con impunidad mientras titila como un foco a punto de quemarse. En otras circunstancias, John estar¨ªa aterrado, buscando desesperadamente la forma de sobrevivir, pero en cambio mira a la creatura con una sonrisa, moviendo la cabeza ante una tonada que solo ¨¦l pareciera escuchar. Ante tan raro gesto, incluso un ser tan desprovisto de humanidad como lo son las esquirlas no puede hacer otra cosa que ladear la cabeza extra?ada. En ese momento, el motivo de la calma del hombre se hace visible cuando una humeante m¨¢quina de uso incierto explota en mil pedazos, extinguiendo al ser. Esta vez el aspirante esperaba que para siempre. John respira hondo, observando a sus compa?eros del otro lado de la habitaci¨®n que ven¨ªan a socorrerlo una vez m¨¢s. Es en ese momento que se dio cuenta de que a pesar de que la esquirla hab¨ªa desaparecido, el cuerpo en la mesa no se hab¨ªa detenido, sino todo lo contrario, los movimientos err¨¢ticos hab¨ªan aumentado de velocidad y fuerza, empezando a abollar el acero en donde se apoyaba. Con cada gir¨®n de energ¨ªa que volv¨ªa al cad¨¢ver, este empezaba a brillar cada vez m¨¢s hasta el punto de emanar una luz cegadora. El hombre intenta apartar la vista, pero algo lo obliga a mirar, sus ojos ardiendo al ser ba?ados con el resplandor rosa que ahora cubre todo su mundo. A medida que su visi¨®n empieza a fallar, en el medio del fulgor puede apreciar algo, un fragmento de aire que se rompe, emanando algo que ¨¦l no puede percibir con sus sentidos, pero instintivamente siente en ese lugar. Una esencia destilada de entrop¨ªa en su forma m¨¢s pura empieza a supurar del cuerpo, dejando en el hombre un sentimiento de angustia y el miedo m¨¢s grande que ha sentido en toda su vida. Lentamente, lo ¨²nico que pueden ver es un fondo negro en donde motas de colores, principalmente rosa, bailan en el aire. ¡ªJohn, ?te encuentras bien? ¡ªdice Tal¨®n, sonido devuelto a sus palabras, mientras se acerca al hombre y lo ayuda a levantarse. El hombre se pone en pie y observa a la persona que lo ayud¨®; por la voz sabe que es su capit¨¢n, pero solo ve una silueta de part¨ªculas rojas con forma humana delante de otra silueta m¨¢s grande del mismo color, esta de aspecto m¨¢s animal que mira al aspirante movi¨¦ndose furtivamente alrededor de los dos, pero sin alejarse mucho de la primera. ¡ªNo, creo¡­ creo que estoy ciego ¡ªcomenta John mientras sigue la gran figura con la vista retrocediendo un poco cuando esta se frena y se acerca a ¨¦l cuando se percata de que es percibida por el hombre. ¡ª?Ciego? ?c¨®mo que ciego? ¡ªdice un contorno de part¨ªculas plateadas con una voz muy parecida a la de Lorena. ¡ªPues tengo los ojos abiertos y no puedo ver, bueno, puedo ver algo, pero no s¨¦ qu¨¦ es, d¨¦jame probar algo ¡ªresponde el hombre mientras apoya las manos sobre sus ojos e intenta canalizar Ether verde. En ese momento pudo ver que las motas de ese color se acercaban a ¨¦l, entrando dentro de s¨ª y dirigi¨¦ndose hacia su Enki, que como un remolino brillante las consum¨ªa para luego mandarlas hacia la punta de sus dedos. Cuando retir¨® las manos, su visi¨®n hab¨ªa vuelto, pero ya no hab¨ªa rastro de las part¨ªculas de luz, solo la cara de sus compa?eros preocupados por ¨¦l. ¡ª?Mejor? ¡ªinterrog¨® Dolche poniendo una mano en la espalda del hombre, un fulgor verde cerrando los 3 tajos que surcaban su espalda. ¨¦l asiente y se gira a ver lo que qued¨® de la mesa de operaciones; sobre ¨¦sta el cad¨¢ver de la mujer hab¨ªa desaparecido, dejando atr¨¢s su piel como un manto macabro que todav¨ªa luc¨ªa las cicatrices. En el piso, del lado derecho, la lanza se encontraba inm¨®vil esperando ser levantada. John se acerca y la toma, energ¨ªa corriendo por sus manos al hacerlo. Mir¨¢ndola detenidamente, puede apreciar c¨®mo la punta de esta tiene un filo rojizo que desprende ligeras pulsaciones carmes¨ª de vez en cuando. ¡ªQu¨¦ hacemos con esto ¡ªpregunta el aspirante apuntando a la piel, no atrevi¨¦ndose a tomarla. ¡ªNos la llevamos; Discovery estar¨¢ feliz de que le demos algo extra?o que analizar ¡ªdice Dolche mientras sin trapujos toma la descartada piel. ¡ªNecesito hablar con Sigil, ?d¨®nde qued¨® la rata? ¡ªcuestiona el capit¨¢n mientras mira alrededor. Un chillido proveniente de una esquina oscura les llama la atenci¨®n, desde las sombras una rata con pelaje verdoso se acerca; Tal¨®n la toma y dice ¡ªSigil, trae la caja de contenci¨®n enfrente de la fuente del centro; estamos yendo ah¨ª en estos momentos. Luego de que le confirmaran que estaban en camino, ya con todas las piezas, el grupo sale afuera del centro, el constante sentimiento de hormigueo en la nuca por fin cediendo. Al llegar al frente de la fuente son encontrados por Sigil y Abigail que los esperan con una caja de madera negra recubierta de runas. ¡ªTal¨®n, aqu¨ª traje la caja de contenci¡­ eso¡­ ?Eso es piel? ¡ªpregunta el arcanista, mirando sorprendido el contenido de las manos de Dolche. ¡ªLarga historia, despu¨¦s te la cuento, tratemos de terminar esto antes de que amanezca. ?Escuchaste algo en la radio? ¡ªresponde el hombre, cambiando el tema a uno m¨¢s relevante. ¡ªNo, al parecer la polic¨ªa no sabe que estamos aqu¨ª, pero no deber¨ªamos arriesgarnos ¡ªdice Sigil dando un paso hacia el costado cuando la mujer se acerca. ¡ªConcuerdo, John, cuando est¨¦s listo, haznos los honores ¡ªcomenta Tal¨®n dirigi¨¦ndose al aspirante. John toma los objetos y los coloca uno a la vez en las manos de los ¨¢ngeles; estos calzan justamente; luego de que insertara el ¨²ltimo con un clic, un fuerte temblor sacude el terreno. El hombre debe aferrarse a la estatua para no caer mientras esta se mueve, revelando una escalera que desciende a la oscuridad. Con linterna en mano bajan a una serie de rec¨¢maras antiguas con paredes llenas de murales manchados con moho negro; el lugar es extremadamente fr¨ªo hasta el punto de que todos tiritan, John pas¨¢ndolo particularmente mal en estos momentos. Al llegar a la ¨²ltima rec¨¢mara, una gran pintura del momento en que Jes¨²s resucita a L¨¢zaro ocupa la mayor¨ªa de las paredes del lugar, y en el medio, colgando de gruesas lianas de mucosidad negra, se hallaba un pesado tomo que daba un aire de melancol¨ªa y tristeza junto a un intenso aire fr¨ªo, como si el invierno emanara de entre sus p¨¢ginas. En un principio, cuando le dijeron que ¨¦l sabr¨ªa c¨®mo se ver¨ªa un grimorio, ¨¦l no entendi¨® a lo que se refer¨ªan; despu¨¦s de todo nunca hab¨ªa visto uno de estos. ?C¨®mo iba a saber que era? Pero en ese instante, en el momento en el que pos¨® sus ojos en el libro, lo ¨²nico que su mente pod¨ªa pensar, era que lo que ten¨ªa en frente era algo antiguo, algo poderoso y sin dudas un grimorio. Si bien cost¨® un poco despegar el libro, el proceso de guardarlo era bastante directo. Una vez dentro de la caja todos salieron del lugar, recuperando los objetos de lat¨®n y cerrando la entrada al subsuelo. Cuando el reloj marc¨® las doce de la noche, John se sienta en la parte de atr¨¢s de la van, en donde vinieron, cansado, dolorido, pero satisfecho con los resultados de esta exploraci¨®n. A medida que el veh¨ªculo se mueve por las calles de Hope en direcci¨®n a santuario, el hombre mira por la ventana pregunt¨¢ndose cu¨¢l ser¨¢ el siguiente paso y si estar¨¢ a la altura cuando el momento llegue. Cap铆tulo 28: El peso del conocimiento Era de noche y la tormenta rug¨ªa afuera, mientras las gotas de agua golpean el cristal fuertemente, las ramas desnudas de los ¨¢rboles se agitan al son de un viento invisible. Detr¨¢s de la ventana, un hombre se sienta enfrente de una chimenea, mirando las llamas danzar mientras bebe un l¨ªquido ¨¢mbar de una copa de cristal. Una y otra vez ¨¦l toma el vaso y le da un largo trago; el co?ac bajando por su garganta lo calienta, pero no detiene los temblores que recorren su cuerpo, una mescla extra?a entre miedo y excitaci¨®n por los sucesos que suceder¨¢n dentro de la siguiente hora, la oportunidad de solucionar los errores de su pasado y asegurar que su futuro vuelva a ser lo que esperaba. Mientras pensaba en lo que har¨ªa cuando todas estas angustias terminen, una figura entra por la puerta, cubierta con una capa de pies a cabeza. Lo ¨²nico que se pod¨ªa apreciar eran los ojos que emanaban un tinte celeste. ¡ª?Est¨¢s listo? ¡ªpregunt¨® la persona con un tono neutro que hac¨ªa dif¨ªcil saber su sexo. ¡ªTan listo como estar¨¦ ¡ªresponde el hombre levant¨¢ndose y sacando de un perchero una capa parecida a la de la persona que acaba de entrar. Se la coloca mientras camina en direcci¨®n a la puerta, deteni¨¦ndose enfrente de ella. El hombre se lleva la mano a la frente y dice unas palabras en un idioma extra?o, de tonada reptante que se mueve constantemente; cuando la mano vuelve a entrar en su vista aparece junto a una llave de plata con intrincados s¨ªmbolos que coloca en la cerradura; al girarla se produce un sonoro clic que retumba por todo el lugar; toma el picaporte y duda por unos segundos, pero al recordar que no tiene vuelta atr¨¢s la abre liberando un fuerte brillo purpura; al atravesarla la usual sensaci¨®n de n¨¢usea que a esta altura es nada m¨¢s que una simple molestia se materializa para r¨¢pidamente desaparecer. Cuando el brillo cesa, el hombre puede notar que ahora est¨¢n en un pasillo de piedra tallada, antorchas adornando las paredes cada pocos metros; al final de este se puede apreciar una abertura que emana una extra?a aura; detr¨¢s de ¨¦l la persona que lo busc¨® contin¨²a avanzando hacia adelante; el hombre la sigue tratando de mantener el paso. Cuando llegan del otro lado, el pasaje se abre a una gran cueva mayormente vac¨ªa, excepto por un puente de piedra natural que va a una plataforma en donde se posa una puerta gigante cerrada. El aire del lugar se sent¨ªa extra?o de una manera que era dif¨ªcil de poner en palabras, casi como si todo el lugar no deber¨ªa estar aqu¨ª. Ante la sensaci¨®n, el hombre se tensa por un segundo, deteni¨¦ndose por segunda vez, pero volviendo a recordar todo lo que sacrific¨® para llegar hasta aqu¨ª, para obtener esta oportunidad; empuja los sentimientos de preocupaci¨®n que tiene y contin¨²a con su camino siguiendo al encapuchado. A medida que avanzan, m¨¢s personas cuyas facciones est¨¢n oscurecidas por sus ropas aparecen desde las sombras silenciosamente flanqueando al d¨²o; lo ¨²nico que las diferenciaba era la altura que portaban, haciendo que la situaci¨®n pareciera una procesi¨®n mortuoria. A pesar de la repentina adici¨®n de gente, el hombre est¨¢ tranquilo, como si supiera que esto iba a pasar y solo camina en direcci¨®n al umbral a buen paso. Cuando llegaron a la escalera, la persona que lo acompa?¨® hasta aqu¨ª se queda en la base y sin decir nada el hombre asciende; con cada escal¨®n que sube, la sensaci¨®n inquietante que lo atac¨® apenas entr¨® a la cueva va en aumento hasta el punto que es una lucha hacer un paso, pero sin trastabillar o detenerse, por fin llega a la cima la puerta, manifest¨¢ndose en su vista en toda su magnanimidad. Hecha de piedra, con intrincados grabados en una lengua ya olvidada, luc¨ªa relieves hechos de un material negro y algo m¨¢s, algo transparente, algo que su cerebro, tal vez con la intenci¨®n de protegerlo, no quiere que vea. Sea como sea, ¨¦l avanza y la toca, recita las palabras, pero ning¨²n sonido sale de su boca. Aun as¨ª, la puerta responde y lentamente se abre, un flash de luz incolora cubriendo toda la vista del hombre. En ese momento algo se agita, algo se mueve, algo cambia. John se levanta consternado, empapado de un sudor fr¨ªo; el sue?o que acaba de tener todav¨ªa circulando en su sinapsis haci¨¦ndole dif¨ªcil recordar donde est¨¢ o qui¨¦n es, pero la voz de preocupaci¨®n de la persona a su lado le facilita el proceso haciendo que por fin su mente se asiente en donde est¨¢. ¡ª ?John? ?Qu¨¦ pasa? ¡ªpregunta Abigail incorpor¨¢ndose y poniendo una mano en el hombro del hombre. ¡ªNada, solo un mal sue?o ¡ªdice John tratando de ablandar su expresi¨®n provocada por un sue?o demasiado real para su gusto. Mir¨¢ndolo con una expresi¨®n de simpat¨ªa, la mujer lo abraza mientras dice ¡ªCon lo que ha pasado los ¨²ltimos meses es normal tener pesadillas; cr¨¦eme te lo digo por experiencia; estoy aqu¨ª si necesitas hablar. El hombre titubea; si bien los sue?os le preocupan, arrastrar a Abi a sus problemas le aterra a¨²n m¨¢s, as¨ª que trag¨¢ndose el miedo intenta lo mejor que puede esbozar una sonrisa y tomando la mano de la mujer se levanta mientras intenta calmarla ¡ªLo s¨¦, solo necesito algo de aire fresco para aclarar mi mente; tal vez pase a saludar al hermano Chef, ?quieres algo del comedor? La mujer lo queda mirando por unos segundos para luego apartar la vista, una expresi¨®n de decepci¨®n surc¨¢ndole la cara por un instante que r¨¢pidamente desaparece siendo reemplazada por un bostezo ¡ªNo gracias, voy a dormir un rato m¨¢s, si alguien me busca diles que no estoy ¡ªresponde la mujer mientras vuelve a acostar cubri¨¦ndose con la frazada. ¡ªBueno, llama si cambias de opini¨®n ¡ªcomenta el hombre mientras mira su tel¨¦fono, 8:30 mostrado en la pantalla. ¡ªOk, recuerda que esta noche nos invitaron a celebrar el ¨¦xito de la misi¨®n, es a las ocho de la noche ¡ªle recuerda Abigail sin mirarlo. John asiente y empieza a vestirse, coloc¨¢ndose una camisa, pantalones, zapatos, guantes, un sobretodo negro y un gorrito de lana marr¨®n con una J en el medio de la frente, hecho a mano por Abigail. Lo recibi¨® como regalo de Navidad, pero con los preparativos de los ¨²ltimos d¨ªas reci¨¦n ahora pudo estrenarlo. Al salir de la habitaci¨®n camina por el pasillo y baja por la escalera, saludando a un par de personas que conoci¨® en los ¨²ltimos meses. Al llegar al patio interno es recibido por un pintoresco panorama invernal, luces todav¨ªa colgaban de los ¨¢rboles desnudos y cubiertos de nieve, las barandas que separaban los pasillos y la tierra del jard¨ªn luc¨ªan estalactitas y estalagmitas echas de hielo que brillaban con el sol de la ma?ana cual joyas. Un viento que lo hace temblar repentinamente lo rodea; a pesar de todo lo que lleva encima, todav¨ªa puede sentir el fr¨ªo de la temporada, que se cuela entre su ropa y se agarra a su piel eriz¨¢ndola, sopl¨¢ndose las manos con la intenci¨®n de calentarlas. Contin¨²a caminando mientras deja detr¨¢s una estela de vapor en el aire. Cuando llega al comedor puede notar como la mesa de desayuno est¨¢ siendo limpiada as¨ª que acerc¨¢ndose r¨¢pidamente puede tomar un ¨²ltimo caf¨¦ de la maquina antes que la retiraran, satisfecho con su adquisici¨®n, luego de saludar a hermano Chef, se siente en uno de los bancos protegidos de la nieve por el techo del pasillo mientras sorbe el caliente liquido marr¨®n, el recuerdo del ultimo sue?o, a diferencia de los anteriores, no se qued¨® como un eterio sentimiento destinado a ser olvidado por el vaiv¨¦n diario sino todo lo contrario, por m¨¢s que lo intente este se aferraba al centro de su sinapsis y se negaba a desaparecer en el olvido, muchos pensaran que solo fue un sue?o aleatorio, su mente tratando de procesar los eventos de los ¨²ltimos meses pero ¨¦l sab¨ªa que no era as¨ª, este sue?o no se sent¨ªa como una ilusi¨®n creada por su cerebro para ayudarlo, el miedo, la desesperaci¨®n, el anhelo, se sent¨ªan extremadamente real. Aprovechando el momento de paz, se pone a considerar lo que vio mientras mira los copos de nieve apilarse en el jard¨ªn. ?Qui¨¦n eran esas personas?, ?d¨®nde estaban? ?Qu¨¦ era esa puerta y hacia donde se dirig¨ªa? Y por sobre todo, ?qu¨¦ hacia ¨¦l ah¨ª? Demasiadas preguntas para tan poca respuesta y eso le molestaba de sobremanera. Encontrando sus limitaciones, se pregunta si deber¨ªa pedirle ayuda a Narciso sobre estos sue?os, pero termina descartando la idea puesto que siente que se encuentra en una encrucijada en donde cualquier tropez¨®n puede arruinar todo lo que trabaj¨® hasta ahora y poner en peligro a Oliver, as¨ª que por ahora seguir¨¢ como si todo estuviera bien y, cuando el arcanista confiara un poco m¨¢s en ¨¦l, intentar pedir su concejo. Casi como si pensar en ¨¦l lo convocara; del otro lado del pasillo, doblando en la esquina en su direcci¨®n, la figura de Narciso se materializa junto a la de Guardi¨¢n que lo sigue de cerca. ¡ªBuen d¨ªa, John, ?c¨®mo te encuentras? ¡ªpregunta el arcanista cuando tiene al aspirante lo suficientemente cerca como para que este pudiera o¨ªrlo. ¡ªBuen d¨ªa, hermano Narciso, hermano Guardi¨¢n, bien, aqu¨ª disfrutando del clima con una taza de caf¨¦ ¡ªresponde el hombre levantando la copa de papel. ¡ªPens¨¦ que estar¨ªas durmiendo; despu¨¦s de todo tuvieron una noche bastante movida o por lo menos eso parec¨ªa por c¨®mo llegaron ¡ªcomenta el hombre con un ligero tono de sorpresa que rozaba lo sarc¨¢stico.Find this and other great novels on the author''s preferred platform. 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Los 3 entran y Narciso toca los botones en lo que pareciera una manera aleatoria, pero que John reconoce como el c¨®digo para entrar a las celdas de contenci¨®n, lugar en que ha estado un contado n¨²mero de veces luego de pedirle insistentemente a Narciso que le permitiera ver a Oliver. El elevador se mueve, pero en vez de subir o bajar, la inercia los empuja de costado, y luego de haber pasado varios minutos que Narciso utiliza para interrogar a John sobre los sucesos de la noche anterior, las puertas se abren a un pasillo flanqueado por puertas de madera negra, cada una con dos estatuas met¨¢licas apostadas a cada costado de ¨¦stas. John, a¨²n maravillado por estos inmaculados ejemplos de ingenier¨ªa arcana, mira los golems. A medida que pasan, las grandes figuras de bronce se mantienen de manera estoica sin moverse un cent¨ªmetro, cientos de runas cubriendo toda su superficie, que pulsaban con un fulgor naranja de vez en cuando, iluminando los rincones oscuros del lugar. Avanzando llegan a una escalera; ellos descienden hasta el fondo pasando 5 pisos y en la base de esta encuentran solamente 5 puertas, dos de cada lado y una al fondo. El aspirante nunca hab¨ªa estado en este lugar puesto que la celda de Oliver se encontraba en el segundo subsuelo. Al entrar en este lugar, John trastabilla, pudiendo sentir c¨®mo su energ¨ªa se iba drenando de manera r¨¢pida, y una sensaci¨®n de letargo y apat¨ªa apoder¨¢ndose de ¨¦l. Mirando atentamente alrededor, pudo notar c¨®mo las piedras cambiaron de un usual tono gris¨¢ceo a un tono negro y brilloso parecido a la obsidiana. ¡ªTen cuidado, estas paredes est¨¢n hechas de Barunti cristalizado, son extremadamente ¨²tiles para absorber Ether y no explotan si se sobrecargan ¡ªadvierte Narciso tomando el brazo del hombre ayud¨¢ndolo a mantenerse en pie. ¡ª?Entonces qu¨¦ hacen cuando tienen un exceso de Ether? ¡ªpregunta el aspirante incorpor¨¢ndose. ¡ªEso ¡ªresponde el arcanista se?alando una pared a su derecha en donde peque?os cristales de color carmes¨ª se estaban formando. John lo mira y se da cuenta de que cerca de cada puerta hay cristales de diferentes colores creciendo, como el azul, rosa, rojo, plateado y dorado. Las densidades var¨ªan, pero grandes pedazos de estos se pod¨ªan hallar en la que se encontraba directamente enfrente de ellos. ¡ª?Qu¨¦ hay dentro de estas celdas? ¡ªpregunta el hombre no d¨¢ndose cuenta de lo que est¨¢ insinuando. ¡ªNo que, qui¨¦n ¡ªcorrige Narciso con un claro tono de irritaci¨®n y mira al hombre de una manera fr¨ªa. ¡ªPerd¨®n, ?qui¨¦n se encuentra en este lugar? ¡ªdice r¨¢pidamente el aspirante, entendiendo r¨¢pidamente el porqu¨¦ del tono. Narciso se pausa y coloca su mano sobre la puerta, tristeza manifest¨¢ndose en sus ojos ¡ªH¨¦roes, lo mejor que este grupo pod¨ªa ofrecer, benefactores que fueron m¨¢s all¨¢ de lo que se les ped¨ªa y al final pagaron el precio por ello. Muchos de ellos no pueden ser salvados, pero no nos da el coraz¨®n para acabar con su sufrimiento, aunque, siendo sincero, incluso si lo tuvi¨¦ramos no ser¨ªa una tarea f¨¢cil, as¨ª que nos resignamos a aprisionarlos con la esperanza de que alg¨²n d¨ªa sepamos lo suficiente como para, ya sea, sanarlos o dejarlos descansar en paz. John escuch¨® la explicaci¨®n atentamente en silencio, no sabiendo qu¨¦ decir para consolar al hombre. Este pasillo estaba compuesto de m¨¢rtires, amigos y familia, que se sacrificaron para permitir que la organizaci¨®n contin¨²e y ahora sin control sobre sus cuerpos se volvieron un peligro para lo que intentaban proteger. ¡ªHermano Chain, vinimos a ver a Or¨¢culo ¡ªdice el arcanista avanzando hacia la puerta del fondo. ¡ªLos estaba esperando ¡ªdice una voz masculina desde las sombras. De repente la puerta se abre sola; Narciso, sin sorprenderse por lo que acaba de pasar, se adentra en la habitaci¨®n junto a Guardi¨¢n. El aspirante se queda aturdido por unos segundos, pero r¨¢pidamente los sigue mientras mira alrededor sin poder apreciar de d¨®nde proven¨ªa la voz. Apenas pone un pie en el cuarto, siente como todo empieza a ir m¨¢s lento, como si su cuerpo se encontrara sumergido en brea. La habitaci¨®n estaba completamente vac¨ªa, de no ser por grandes yacimientos de cristales dorados que llegaban del piso hasta el techo; a un costado un aut¨®mata sentado en un escritorio posaba inm¨®vil con una pluma en una mano y una pila de papeles en la otra. En contra de la pared, al otro lado de la habitaci¨®n, un hombre de aspecto hermoso se encontraba flotando en el aire. Su cabello dorado que le podr¨ªa llegar a su cintura se expand¨ªa por los aires casi como si fueran tent¨¢culos que trataban de alcanzar algo que no est¨¢ ah¨ª; vest¨ªa una simple t¨²nica y estaba descalzo. En los lugares en donde el ropaje expon¨ªa su piel se pod¨ªan apreciar escamas de oro y en algunas partes ojos de iris dorado que se mov¨ªan mirando toda la habitaci¨®n mientras se cerraban y abr¨ªan constantemente. En su cara, debajo de pesta?as largas, esferas de energ¨ªa color oro brillan en lugar de sus globos oculares. Antes de que John pueda preguntar algo, un espasmo ocurre en los ojos que empiezan a supurar un l¨ªquido parecido a oro fundido; una explosi¨®n de luz dorada los ba?a y Or¨¢culo empieza a hablar en voz alta, su voz proyect¨¢ndose por toda la rec¨¢mara con una fuerza atronadora. "Al final de una calle que nunca existi¨®, un grupo de pintorescas aberraciones levanta una carpa de morboso humor en donde aquellos que no lo quieren pasan una tarde de placentero horror". Al terminar la criptica oraci¨®n, el hombre de metal sentado enfrente del mueble se pone manos a la obra, anotando con una exquisita letra cursiva cada palabra que sale del hombre, casi como si estuvieran sincronizados; apenas la pluma se detiene, otra ola de luz vuelve a surgir. "Un rey se alza desde el este, entre las arenas donde los secretos moran y las personas van a morir. Un rey ha ca¨ªdo en el este, la tormenta se aproxima y sus huestes se preparan para repetir la danza sin fin. Un rey se alza en el este¡­¡± Esta vez la frase se repite un par de veces; con cada siclo la voz de Or¨¢culo se va haciendo cada vez m¨¢s sutil hasta que casi no se puede escuchar m¨¢s que por la m¨¢quina que todav¨ªa traza constantemente; luego de unos momentos de silencio el aut¨®mata por fin se detiene. ¡ª?Qu¨¦ est¨¢ pasando? ¡ªpregunta el arcanista a Narciso, claramente asustado, sus palabras estir¨¢ndose m¨¢s de la cuenta. Narciso empieza a responder, pero antes de que pudiera decir una palabra, otro impulso de energ¨ªa dorada los recubre y la m¨¢quina empieza otra vez a escribir. "Bajo la luna roja la historia de un hombre termina. Bajo la luna roja un hombre es consagrado, entre llamas de dolor y sangre. Bajo la luna roja, una historia no comienza, contin¨²a, puesto que m¨¢s que un hombre es un s¨ªmbolo y los s¨ªmbolos son eternos¡± ¡ª?Narciso, qu¨¦ mierda est¨¢ pasando? ¡ªinsiste el hombre, el p¨¢nico empezando a sobrescribir su cortes¨ªa. El hombre lo mira y casi sin pesta?ar dice ¡ªOr¨¢culo es un visionario, puede ver el futuro, el pasado e incluso otras realidades; si me preguntas qu¨¦ est¨¢ haciendo ahora, la verdad no tengo idea y sinceramente no quiero saber; sea como sea no puede controlarlo. John observa el espantoso espect¨¢culo; el rostro de Or¨¢culo se retuerce en una expresi¨®n de dolor, su Enki ardiendo con una luz dorada, el olor a carne quemada se empieza a expandir por la habitaci¨®n, pero, a pesar de lo doloroso que este proceso pareciera, ¨¦l no se detiene, porque, como dijo Narciso, no puede y en ese momento otra ola de luz sale despedida de su cuerpo junto a lagrimas doradas de sus ojos y la voz resonando una vez m¨¢s. "En el lugar de los sue?os 7 viejos emperadores mantienen una paz tan fina como el filo de un cuchillo, mientras que 7 j¨®venes retadores se plantan para intentar tomar el lugar que piensan merecer. Al final la sangre corre y las cosas que cambiaron en realidad no cambian.¡± El intervalo entre oraci¨®n y oraci¨®n se va haciendo m¨¢s corto hasta el punto en que es una detr¨¢s de otra. El aut¨®mata trata su mayor esfuerzo por seguirle el paso, pero ni siquiera el metal puede contener el torrente de informaci¨®n que sale de la boca del hombre, y luego de unos minutos la luz se desvanece hasta ser solo un ligero brillo; nuevos crecimientos cristalinos se ven en las paredes, techo, suelo e incluso la ropa de los hombres. El grupo sale de la habitaci¨®n, John, consternado por lo que acaba de ver, no sabe muy bien qu¨¦ decir; la condici¨®n de Or¨¢culo es extremadamente peor que la de Oliver hasta el punto que le sorprende que ellos tengan la m¨¢s remota fe de que se puede revertir. ¡ªNarciso, lo siento mucho, creo que cruc¨¦ no una sino varias l¨ªneas; espero que puedas perdonar mi ignorancia ¡ªpide sinceramente el hombre, d¨¢ndose cuenta de lo idiota que hab¨ªa sido. ¡ªQu¨¦ bien que te hayas dado cuenta, y si bien una disculpa no es suficiente, es un buen comienzo ¡ªdice el hombre mirando al aspirante de reojo. ¡ªLo s¨¦, dime en qu¨¦ puedo ayudar y lo har¨¦, estoy a tu disposici¨®n ¡ªcomenta respetuosamente John, tratando de compensar por su equivocaci¨®n. ¡ªPor ahora esperamos hasta que Discovery y Sigil puedan traducir el libro, una vez que lo hagan te voy a llamar; por ahora contin¨²a practicando con los dem¨¢s miembros del equipo de campo ¡ªdice Narciso mientras pasa por el costado del hombre en direcci¨®n hacia las escaleras. El aspirante lo sigue; apenas pone los pies sobre las escaleras, el letargo que lo asediaba se desvanece como si nunca hubiera pasado. Cuando llegan al segundo subsuelo, John se detiene enfrente de la puerta de la celda de Oliver. ¡ªVoy a ver c¨®mo est¨¢ Oliver; contin¨²a sin m¨ª ¡ªdice el hombre levantando la mano, runas blancas apareciendo en el dorso de la mano. ¡ªDeber¨ªas, nos vemos esta noche ¡ªcomenta Narciso sin darse vuelta. Jon solamente asiente y cuando las runas de su mano por fin se apagan, puede ver como los ojos de las estatuas brillan con un tono naranja y la puerta se abre de par en par. Cap铆tulo 29: Una celebraciè´¸n agridulce Al cruzar el umbral, es recibido con el olor a rosas y claveles. En el medio del lugar se hallaba una cama recubierta de lianas que reptaban por el piso en todas direcciones; peque?as aves hac¨ªan un nido en el respaldar mientras que ratones sal¨ªan de las cuevas construidas debajo del lecho, movi¨¦ndose entre los pastos y flores, buscando las bayas multicolores que colgaban de las enredaderas. Acostado en ella, una figura de pelo rubio se encuentra durmiendo mientras que diferentes insectos se mueven por sus extremidades, entrando y saliendo de los diferentes huecos hechos en la madera que hab¨ªa reemplazado a la carne. John se acerca tratando de no pisar las flores ni las hierbas regadas por el piso del lugar. En camino hacia Oliver, toma una silla ubicada en un rinc¨®n de la habitaci¨®n, sacudi¨¦ndola un poco para liberarla de las ra¨ªces que crec¨ªan en sus patas, y la arrastra al lado de la cama para luego sentarse. ¨¦l toma una botella que se encontraba dentro del caj¨®n de una mesita de luz recubierta con hojas y empieza a rociar los brazos. Luego de unos segundos, varios tipos de insectos salen despedidos de los huecos, cayendo al piso y muriendo entre espasmos. Volviendo a guardar la botella, mira la bolsa que cuelga a un costado de la cama, el l¨ªquido verde cayendo lentamente en el tubo conectado a la yugular de Oliver, suministr¨¢ndole supresores que con suerte retrasar¨¢n su transformaci¨®n. A pesar de esto, John puede notar c¨®mo la madera de su brazo derecho se hab¨ªa empezado a expandir hacia su pecho, record¨¢ndole que se les est¨¢ acabando el tiempo. El hombre se sienta y mira la expresi¨®n de paz de Oliver pregunt¨¢ndose que estar¨¢ so?ando y si sabe lo que le est¨¢ pasando, tomando su mano John siente la corteza que reemplazo la piel, as¨ª como la dureza de la madera en lugar de la carne, en ese momento el sentimiento que le aprieta la base del est¨®mago vuelve a atacarlo, con el paso del tiempo y la ayuda de Evergreen le pudo poner nombre, culpa, John se sent¨ªa culpable por lo que le pas¨® a su colega, tal vez si se hubieran detenido, llamado a alguien m¨¢s arriba de la cadena de comando para preguntar que le hab¨ªan llevado a la morgue, ahora no estar¨ªan en esta situaci¨®n en donde Oliver est¨¢ luchando por su vida y cada pocos meses algo quiere matarlo. -Hola compa?ero, ?c¨®mo te encuentras? - dice por fin el hombre sabiendo muy bien que no va a tener respuesta, sin embargo, externalizar sus ideas a trav¨¦s de una conversaci¨®n, sin importar lo unilateral que sea, le sirve para poner sus pensamientos en orden as¨ª que sin detenerse por mucho contin¨²a- Tengo mucho que contarte a y antes de que me olvide tengo que darte esto-John procede a sacar una peque?a caja de cart¨®n blanca con c¨ªrculos negros adorn¨¢ndolas y la coloca en la mesita de luz- Este es tu regalo de navidad, me di cuenta de que no se mucho sobre ti, mas all¨¢ de lo que hablamos en los momentos en que estamos tomando caf¨¦ enfrente de la maquina as¨ª que si no te gusta puedes cambiarlo, como sea d¨¦jame contarte la semana loca que tuve¡­- el hombre pasa las siguientes horas hablando sobre su d¨ªa a d¨ªa, las ultimas noticias de su relaci¨®n con Abigail, lo sucedido en el centro, sus preocupaciones y aspiraciones sobre lo que espera que pase cuando Oliver despierte. En un momento de pausa mira su tel¨¦fono y puede notar que ya son las dos de la tarde. Sorprendido con lo r¨¢pido que pas¨® el tiempo, se despide de Oliver y sale de vuelta al patio, en donde se choca de frente con Mouse. ¡ªHola, John, ?qu¨¦ andas haciendo? ¡ªpregunta la mujer, su voz siendo acolchada por una gruesa bufanda de color azul. ¡ªNarciso me pregunt¨® sobre lo que pas¨® en la misi¨®n la noche anterior y me present¨® a hermano Or¨¢culo, toda una experiencia si te soy sincero. Luego fui a ver a Oliver y ahora voy a buscar algo de comer y a pasar tiempo con Abigail. ?Y t¨²? ?Qu¨¦ vas a hacer hoy? ¡ªresponde el hombre sin pausar, relatando su itinerario a la mujer. Mouse se detiene por unos segundos ante la noticia y duda si decir algo, pero termina respondiendo a la pregunta en su lugar ¡ªPues como siempre tengo que catalogar los libros que llegan a la biblioteca; por suerte ¨¢gata puede ayudarme a terminar m¨¢s r¨¢pido, as¨ª que estoy casi segura de que voy a poder ir a la celebraci¨®n de esta noche, asumo que voy a verte ah¨ª. ¡ªS¨ª, creo que despu¨¦s de todo lo que pasamos nos merecemos una peque?a celebraci¨®n ¡ªdice convencido el hombre, esbozando una sonrisa y recordando algo; r¨¢pidamente agrega¡ª ?Pudieron ver algo sobre el grimorio y la piel? ¡ªJohn, apenas llegamos a guardarlos de manera segura, va a tomar unos d¨ªas a lo m¨ªnimo para que podamos dilucidar algo ¨²til, as¨ª que no te apures, que si hay algo dentro que pueda servirnos, lo encontraremos ¡ªdice la mujer poniendo una mano en el hombro del hombre y al ver la expresi¨®n de decepci¨®n que ten¨ªa agrega¡ª Bueno, hay algo interesante en cuanto a los s¨ªmbolos en la piel; si bien todav¨ªa falta traducirlos, tiene una misteriosa esencia que se asemeja a la magia de sangre. ¡ªS¨ª, cuando intentamos cortarla vimos chispas carmes¨ªes y las runas pulsaban con Ether rojo ¡ªrememora el hombre al escuchar las palabras de la mujer. Mouse se lleva la mano al ment¨®n, pensativa, y luego de unos segundos comenta ¡ªInteresante, me pregunto si ese era el objetivo del procedimiento; como sea, no sabremos m¨¢s hasta que terminemos de analizarla y el grimorio est¨¢ primero. ¡ªPrioridades ¡ªdice el hombre asintiendo. ¡ªExacto ¡ªconcuerda Mouse y, luego de despedirse, contin¨²a en camino a la biblioteca. John va al comedor, al entrar, se dirige a la cocina, en donde Hermano Chef est¨¢ empezando las preparaciones para la cena de esa noche junto a los dem¨¢s cocineros. A pesar de que se ve¨ªa ocupado, el hombre saluda al aspirante fervientemente y, sin que este le dijera nada, le pasa una bandeja de s¨¢ndwiches con un refresco y un par de vasos, pidi¨¦ndole que se lo llevara a Abigail, puesto que ¨¦l no pod¨ªa salir de la cocina y estaba preocupado por el bienestar de la mujer. John toma la comida y, d¨¢ndole las gracias a Chef, la lleva al cuarto. Al cruzar la puerta, puede notar c¨®mo Abigail se encontraba sentada en el escritorio, todav¨ªa vestida con su pijama; llevaba sus auriculares puestos mientras escrib¨ªa en su laptop. Acerc¨¢ndose lentamente para no asustar a la mujer, John deja la bebida en el borde del mueble y, agitando su mano, intenta llamarle la atenci¨®n. ¡ªMmm, hola, no te escuch¨¦ entrar ¡ªdice Abigail mientras se saca un auricular y se levanta para darle un beso a John. Este lo recibe y, mostrando la bandeja, ofrece ¡ªChef estaba preocupado de que no bajaste a comer, as¨ª que me mand¨® a traerte esto. ?Quieres uno? ¡ªUy, s¨ª, justo me estaba entrando hambre ¡ªresponde la mujer tomando un s¨¢ndwich y d¨¢ndole un mordisco, atragant¨¢ndose en el proceso. R¨¢pidamente, John toma el refresco y lo abre con un sonoro siseo para, luego de colocarlo en un vaso, pas¨¢rselo a la mujer que estaba tosiendo fuertemente. Despu¨¦s de asegurarse de que ella se encuentra bien, toma ¨¦l tambi¨¦n un aperitivo y se sienta en la cama observando comer a Abigail; como siempre es un espect¨¢culo y siempre crea la duda de hacia d¨®nde va tanta comida. Sea como sea, el hombre ojea por encima del hombro de la mujer que estaba escribiendo una especie de reporte sobre los sucesos de la noche anterior. ¡ª?Me est¨¢s haciendo quedar bien, ?verdad? ¡ªbromea John mientras se levanta y toma un libro de su mesita de luz titulado ¡°Viajes a ninguna parte¡±. La mujer se sorprende ante la repentina pregunta y se vuelve a ahogar, pero r¨¢pidamente lo soluciona vaciando el vaso y mirando a John dice ¡ªVoy a decir lo que pas¨® y nada m¨¢s; adem¨¢s, fuiste bastante impresionante sin que tenga que embelesar nada. John se sonroja, pero para ocultarlo toma otro s¨¢ndwich y mira en direcci¨®n hacia la ventana, en donde se posa un ave de plumaje blanco. ¡ª?Narciso te explic¨® lo de los informes? ¡ªpregunta la mujer llenando los dos vasos y extendiendo uno de ellos hacia el hombre. ¡ªS¨ª, le di el m¨ªo mientras ¨ªbamos a ver a Or¨¢culo ¡ªresponde el aspirante, tomando el recipiente con su mano libre. ¡ªUf, as¨ª que viste a Or¨¢culo. ?C¨®mo se encuentra? ¡ªvuelve a preguntar la mujer con una repentina cara de preocupaci¨®n. John titubea, tratando de buscar las palabras adecuadas para describir lo que vio¡ª Mal, realmente mal, sinceramente tengo mis dudas si podamos traerlo de vuelta, pero qu¨¦ s¨¦ yo, hasta hace 3 meses pensaba que la magia solo exist¨ªa en los cuentos de hadas, as¨ª que puedo estar equivocado.The author''s tale has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. ¡ªS¨ª, pero bueno, hicimos todo lo que pudimos; ahora les toca trabajar a la gente inteligente ¡ªbromea la mujer ocultando con una sonrisa la preocupaci¨®n que sent¨ªa. John asiente, no sabiendo qu¨¦ decir, as¨ª que, intentando cambiar el tema, pregunta ¡ª?Sabes qu¨¦ te vas a poner para la fiesta de esta noche? ¡ªUlala, no sab¨ªa que al se?or Dole le interesaba el mundo de la moda ¡ªdice la mujer en un tono burl¨®n. ¡ªA ver, no quiero hacerte pasar verg¨¹enza, pero si no importa, siempre puedo usar el su¨¦ter que me regal¨® tu mam¨¢, ya sabes, el de rayas verdes y blancas ¡ªdice ir¨®nicamente el hombre mientras muestra una sonrisa traviesa. ¡ªNo, no, no, eso s¨ª que no, quiero mucho a mi madre, pero debo admitir que su sentido de la moda deja mucho que desear ¡ªniega la mujer levant¨¢ndose y empujando al hombre fuera de su habitaci¨®n en direcci¨®n a la de ella. Avanzando unos metros hacia la escalera, entran a una puerta a su derecha; apenas cruzan el umbral, un sentimiento de n¨¢useas invade a John y, antes de que pudiera recuperarse, un perro salta enfrente de ellos. El gran Mastif de pelaje verde saluda a su due?a mientras menea la cola. A lo lejos se puede escuchar un par de aves cantar una tonada feliz y un gato verdoso se estira perezosamente, lanzando miradas de vez en cuando hacia los reci¨¦n llegados. ¡ªHola, Tila, ?c¨®mo est¨¢s, muchacha? ?Todo en orden en mi ausencia? ¡ªdice la mujer acariciando el animal. John ha estado en el cuarto de Abigail antes, pero siempre le sorprend¨ªa lo espacioso que era. Parec¨ªa m¨¢s un departamento que una habitaci¨®n, claramente el efecto de alguna magia que le permit¨ªa no solo tener el suficiente espacio para cuidar de tantos animales, sino tambi¨¦n para tener un patio verdoso en pleno invierno. A medida que ellos caminan por el cuarto, la mujer va saludando a todos sus animales, viendo si necesitaban algo y, de hacerlo, trata de resolverlo. John la ayuda con lo que puede, seguido de cerca por el gato, cuando se agacha para juntar algo, este aprovecha para saltar en su hombro y frotarse contra su cuello mientras ronronea. ¡ªHola, Gilgamesh, ?qu¨¦ pasa? ?Quieres algo de comer? ¡ªdice el hombre mientras camina hacia la cocina, conociendo que el afecto del animal siempre viene con una condici¨®n. Luego de darle de comer al gato y de que Abigail asegurase el bienestar de los dem¨¢s animales, van hacia el cuarto en donde se encontraba una gran cama en donde f¨¢cilmente pod¨ªan caber 5 personas, enfrente de este, varios roperos se alineaban uno delante del otro. El d¨²o pasa la mitad del tiempo que les queda eligiendo la ropa que la mujer iba a usar y el resto para elegir algo en el guardarropa de John que pudiera combinar. Al final terminaron eligiendo para ella un vestido verde brillante sin espalda que ella rellenaba de manera ideal, junto a guantes largos de un color tambi¨¦n verde, pero de un tono m¨¢s suave, tacos no muy elevados y un saco caliente para combatir el fr¨ªo invernal que concordaba con el color del atuendo. Por el lado del hombre, un saco, pantal¨®n y camisa verde junto a zapatos negros, simple y elegante. Ya cuando faltaba una hora para el momento pactado, ambos se suben al Cadillac de John y comienzan a manejar hacia la ciudad. A esta altura ya no necesitaba el GPS, habiendo transitado estos caminos varias veces los ¨²ltimos meses; aun as¨ª, no se detiene a apreciar el bosque de noche y aprieta el acelerador lo suficiente como para tener una buena velocidad al mismo tiempo que no se note lo apurado que est¨¢. Media hora despu¨¦s se encuentran en la autopista que da hacia el parque industrial. Si bien salieron con tiempo de sobra, la cantidad de autos que entraban y sal¨ªan de la ciudad por la temporada les hizo perder bastante de este, haciendo que para cuando estaban pasando los primeros edificios de la ciudad ya solo quedaban 10 minutos antes de que llegaran tarde. Entrando al barrio como tal, el tr¨¢fico no aminoraba, por suerte, las calles de la ciudad todav¨ªa emanaban el esp¨ªritu navide?o con las humildes casas y bloques de apartamentos todav¨ªa adornados con parafernalia de la festividad, haciendo que el tedio del embotellamiento sea m¨¢s llevadero. Siguiendo el GPS de su tel¨¦fono, John dobla en una esquina, continuando unos metros hasta llegar al lugar indicado. ¨¦l estaciona en la calle del frente y sale del auto caminando con apuro hacia la puerta del acompa?ante, abri¨¦ndola mientras extiende una mano para ayudar a bajar a Abigail. Ella la agarra y desciende del veh¨ªculo. Una vez abajo entrelaza su brazo con el de John y ambos cruzan la calle en direcci¨®n a una modesta taberna. Al entrar pueden notar que todos los comensales del lugar eran caras conocidas, excepto por una, un hombre flaco, largo y de pelo blanco que vest¨ªa un impecable traje azul. La figura desconocida estaba hablando con Tal¨®n, Leonel, Narciso, Sigil y Dolche en un c¨ªrculo; con cada palabra que dec¨ªa, gesticulaba con una elegancia que era dif¨ªcil de encontrar hoy en d¨ªa. ¡ªAbi, Jay, por fin llegan, vengan, estamos por abrir una botella ¡ªla voz de Lorena resuena en el lugar, haciendo que todos los presentes se giren a ver a los reci¨¦n llegados. Mirando en la direcci¨®n de la voz, pueden ver c¨®mo Mikail, Mouse y Aguilar estaban detr¨¢s de la barra buscando vasos en donde poner la bebida. ¡ªSe ve que llegamos justo a tiempo para la mejor parte ¡ªcomenta Abigail mientras avanza hacia la mujer, abraz¨¢ndola cuando llega junto a ella. ¡ªCamaradas, ac¨¦rquense por un vaso; ahora que estamos todos, brindemos por una misi¨®n exitosa ¡ªdice en voz alta el ruso, dirigi¨¦ndose hacia todos los presentes. Una a una las copas llenas pasan de mano en mano hasta que todos tienen una. En ese momento Narciso se aclara la garganta y, par¨¢ndose sobre una silla, en voz alta dice ¡ªCompa?eros, hoy estamos juntos aqu¨ª para celebrar un paso m¨¢s cerca de lograr completar la operaci¨®n Jord¨¢n, de por fin poder ayudar a aquellos que se sacrificaron por nosotros y asegurarnos de que ning¨²n arcanista pase por lo mismo ¡ªel hombre pausa mirando a cada una de las personas rode¨¢ndolo para luego agregar- Aprecio mucho la ayuda de todos hasta ahora; solo espero que la pr¨®xima vez que hagamos esto est¨¦ entre nosotros la gente que falta, por nosotros, salud. Junto a Narciso, todos levantan sus copas y toman un trago de sus vasos, festejando por una misi¨®n cumplida de manera exitosa. Luego de unos segundos de chocar copas, John es llamado por Narciso hacia un rinc¨®n junto con el hombre misterioso, mientras que Abigail fue a hablar con Dolche y Smith. ¡ªJohn, quiero presentarte a alguien, este es hermano Discovery, es nuestro investigador en jefe y la persona a cargo de analizar el grimorio ¡ªpresenta el arcanista. ¡ªSe?or Dole, es un placer conocerlo, he escuchado mucho sobre usted ¡ªdice el cient¨ªfico extendiendo su mano, ofreciendo un apret¨®n. ¡ªYo tambi¨¦n ten¨ªa ganas de conocerlo; por favor, d¨ªgame John; despu¨¦s de todo estamos trabajando juntos ¡ªcomenta el hombre esbozando una sonrisa y aceptando el gesto. ¡ªBien, ahora que se conocen podemos hablar de lo verdaderamente importante, Discovery pas¨® las ¨²ltimas horas leyendo el grimorio que trajimos y pudo develar una parte que se mantiene constante; el libro habla sobre necesitar metal estelar ¡ªexplica Narciso mirando al aspirante. ¡ªEs una especie de metal que se consigue de los meteoritos ¡ªinterrumpe Discovery ante la cara de confusi¨®n del hombre. ¡ªExacto, lamentablemente no es algo que aparezca en el mercado f¨¢cilmente; es por eso que debemos asegurar un cargamento nosotros mismos ¡ªtermina de decir el arcanista mirando al hombre, esperando una respuesta. En un principio John no entiende qu¨¦ quieren que diga, pero en ese momento recuerda algo crucial que los a?os casi hab¨ªan borrado: Wichatova era un lugar conocido por ser un lugar en donde varios meteoritos hab¨ªan ca¨ªdo. En el momento en que la realizaci¨®n de que le ped¨ªan volver a su pueblo natal se hace presente, el color se drena de la cara del hombre. ¡ª?John? ?Te encuentras bien? ¡ªpregunta Narciso, notando el cambio en el aspecto del aspirante. ¡ªS¨ª, s¨ª, pero no s¨¦ qu¨¦ decirles, hace mucho tiempo que me fui de Wichatova, no tengo ning¨²n contacto en ese lugar y las pocas personas que me conocen piensan que estoy muerto, as¨ª que no s¨¦ qu¨¦ tan ¨²til haber nacido ah¨ª sea en estos momentos ¡ªdice el hombre mirando hacia abajo, una ola de malos recuerdos derrib¨¢ndole la moral. ¡ªLo sabemos, pero a¨²n quedan unas semanas antes de que vallamos al lugar; si se te ocurre algo que puedas hacer, alguien a quien puedas dirigirnos que pueda ser de ayuda, todo cuenta, John ¡ªpide Discovery mientras pone una mano en el hombro del hombre. ¡ªVer¨¦ qu¨¦ puedo hacer, pero no prometo nada ¡ªdice el aspirante con un ligero tono de molestia apareciendo en su voz. ¡ªBueno, habiendo dicho esto, disfrutemos de lo que queda de la noche; a¨²n hay bastante que celebrar ¡ªdice Narciso tratando de levantarle el ¨¢nimo a John. ¨¦l asiente sin decir nada y vuelve al grupo tratando de ignorar los sentimientos que resurgen al pensar en su pueblo natal, pero a pesar de su mejor esfuerzo, los recuerdos lo arrastran a los lugares m¨¢s oscuros de su conciencia, haciendo que se encuentre de vez en cuando mirando al vac¨ªo con una expresi¨®n vacua. ¡ªJohn, ?qu¨¦ pasa? ¡ªdice Abigail, tomando la manga del traje del hombre mientras lo mira con una expresi¨®n preocupada. La voz de la mujer lo saca del pasado; una expresi¨®n de tristeza y preocupaci¨®n reflej¨¢ndose en los ojos color verde que lo ve¨ªan le hace entender que tal vez deber¨ªa hablar con alguien sobre su pasado, que a pesar de lo mucho que hab¨ªa cambiado, algunas cosas se manten¨ªan iguales y, al final, si quer¨ªa que las cosas fuesen a mejor, deber¨ªa ser ¨¦l el que tome la iniciativa. ¡ª?Quieres ir a dar una vuelta en el auto? ¡ªpregunta John tomando la mano de Abigail. ¡ªS¨ª, claro, d¨¦jame tomar mi saco y vamos ¡ªacepta la mujer, captando que hab¨ªa algo m¨¢s en la oferta del hombre. Mientras Abigail busca su ropa, ¨¦l aprovecha para salir sin despedirse de nadie. Cruzando la calle, entra en el auto y se sienta en el asiento del conductor. Cerrando los ojos, enciende el veh¨ªculo; el rugido del motor lo lleva a momentos buenos y le hace recordar que no toda memoria del pasado era mala. Incluso si son escasos y bastante apartados, intenta centrarse en los momentos felices, como cuando jugaban a la pelota con sus amigos, los fines de semana acampando en el bosque o aquellas noches en donde se quedaban mirando las estrellas hasta que despuntara la ma?ana, momentos simples y felices como lo era pasar tiempo con su hija. En ese momento, John abre los ojos de par en par, la ¨²ltima visi¨®n eriz¨¢ndole los pelos de la nuca, terror empez¨¢ndose a formar en su mente; ¨¦l¡­ ¨¦l no tiene una hija. Cap铆tulo 30: cavando profundo John vuelve a cerrar los ojos y agarra con m¨¢s fuerza el volante, en la oscuridad que se extend¨ªa detr¨¢s de sus p¨¢rpados, su mente empieza a rebuscar entre las memorias, que puede encontrar alguna que, luego de analizarla, se sintiera ajena. En su b¨²squeda, pasa por los d¨ªas de su infancia, corriendo entre los ¨¢rboles, nadando en el arroyo detr¨¢s de su casa, los momentos pescando con su padre. Recuerda las noches esperando a que su madre volviera solo para despertarse a la ma?ana siguiente en su cama, el olor a caf¨¦ en el aire. Recuerda bajar corriendo las escaleras, esperando ver a alguien que casi nunca estaba, y se lamenta mucho el sentimiento de decepci¨®n que sinti¨® cada vez que solo ve¨ªa a su pap¨¢, sentado en la mesa, mirando por la ventana, ¨¦l tambi¨¦n esperando a alguien. Recuerda su adolescencia, los a?os en donde sent¨ªa que no encajaba, que no importaba en donde se colocara; ning¨²n lugar era para ¨¦l. Recuerda los sentimientos de abandono y el resentimiento que ten¨ªa hacia su madre; ¨¦l sab¨ªa que no ten¨ªan sentido; como abogado defensor, su madre sal¨ªa a defender a aquellos que no pod¨ªan y asegurarse de que el sistema no se olvidara de los m¨¢s necesitados. Aun as¨ª, el sentimiento de desprecio se agarraba fuertemente a su cerebro; ¨¦l tambi¨¦n necesitaba ser defendido, pero ella nunca estuvo. Sintiendo las l¨¢grimas acumul¨¢ndose en los bordes de sus ojos, John se detiene y empuja el recuerdo de su madre a un lado, alg¨²n d¨ªa lidiara con eso, pero no ahora, en estos momentos encontrar alguna pista, algo que le indique un camino a seguir es de suma prioridad, tiene que saber que est¨¢ pasando, si solo est¨¢ perdiendo su mente o hay algo m¨¢s, entonces contin¨²a escarbando cada vez m¨¢s profundo, piensa en sus amigos, en las locuras que se met¨ªan y en el momento en que todo cambi¨®, a medida que se acerca al recuerdo de la noche en la caba?a un resplandor purpura junto con un fuerte dolor de cabeza se manifiesta, el dolor es horrible hasta el punto de que empieza a sudar, el hombre junta toda la fuerza de voluntad que le queda y poco a poco se acerca al centro del fulgor pero cuando estaba por tocarlo alguien lo sacude forz¨¢ndolo a abrir los ojos. Aturdido por lo sucedido, mira en direcci¨®n hacia donde lo est¨¢n jalando y pudo notar a Abigail que lo observaba con una cara de horror y preocupaci¨®n. ¡ªO por Dios, John, ?te encuentras bien? ¡ªdice la mujer mientras saca un pa?uelo de su saco y lo coloca debajo de la nariz del hombre, atrapando el torrente de sangre que sal¨ªa de esta. Mirando alrededor, ve como sus compa?eros rodeaban el veh¨ªculo, mir¨¢ndolo con consternaci¨®n. En ese momento, siguiendo sus miradas, puede apreciar como algo se mueve enfrente de ellos; un ciervo de color marr¨®n sale corriendo de manera despavorida, perdi¨¦ndose en la noche de la ciudad, intentando escapar de la situaci¨®n en la que se encontraba de manera repentina. ¡ª?Qu¨¦ est¨¢ pasando? ?Eso¡­ eso es un ciervo? ¡ªpregunta el hombre, no pudiendo creer lo que ven sus ojos. ¡ªNo s¨¦, sentimos una gran concentraci¨®n de Ether; cuando salimos a ver qu¨¦ pasaba, empez¨® a llover hojas y ramas, junto a un par de animales, incluido el compa?ero ¡ªdice la mujer apuntando en la direcci¨®n que el animal escap¨®. John toma el pa?uelo y lo presiona contra su cara, no queriendo creer que todo este caos fue provocado por ¨¦l. ¡ªNo te preocupes, John, todos hemos perdido el control de vez en cuando; de hecho, me parec¨ªa raro que en estos meses nunca haya pasado nada por el estilo ¡ªafirma Leonel tratando de tranquilizar al aspirante. ¡ªS¨ª, camarada, y dentro de todo, un par de ciervos sueltos no es tan grave, recuerdo la primera vez que perd¨ª el control; termin¨¦ atravesando 3 paredes antes de que pudiera detenerme, ja, buenos tiempos ¡ªdice Mikail mientras rememora con una sonrisa. ¡ªCreo que ser¨¢ mejor que vuelvas a Santuario ¡ªdice Narciso apareciendo entre la multitud y dirigi¨¦ndose a Abigail; agrega¡ª ?Crees que puedes llevarlo? Me parece que no est¨¢ en condiciones de conducir. ¡ªS¨ª, pero ?qu¨¦ van a hacer ustedes? Estoy segura de que esto atrajo la atenci¨®n de las autoridades ¡ªdice la mujer mirando al arcanista. ¡ªNo te preocupes por nosotros, no es la primera vez que tenemos que lidiar con el Buro, solo aseg¨²rate de que llegue a casa sano y salvo ¡ªasegura Narciso mientras abre la puerta del conductor y estira su mano en direcci¨®n del aspirante. ¨¦l la toma y, todav¨ªa sin sacarse el pa?uelo de debajo de la nariz, tambaleante, se baja del veh¨ªculo junto a Abigail. Con la ayuda del hombre, lo colocan en el asiento del acompa?ante y, antes de que pudieran escuchar las primeras sirenas, ya estaban en camino a la autopista. John mira por la ventana c¨®mo copos de nieve lentamente caen y se apilan en la acera; su mente divaga tratando de encontrar una explicaci¨®n de lo que acaba de suceder, pero no tiene los conocimientos necesarios para interpretar el suceso de una manera satisfactoria, menos a¨²n la sensaci¨®n de que no es la primera vez que esto sucede. Nunca lo hab¨ªa pensado, pero las palabras de Leonel resuenan en su cabeza: es normal perder el control, pero ¨¦l nunca lo hab¨ªa hecho, por lo menos no enfrente de ellos, pero ?qu¨¦ tal si no era la primera vez que perd¨ªa el control? ?Qu¨¦ pasa si el recuerdo detr¨¢s del brillo es algo que su mente est¨¢ desesperadamente tratando de ocultar? ?Qu¨¦ tal si¡­? No, no puede terminar la pregunta, es demasiado doloroso y seguramente no est¨¢ preparado para la respuesta, as¨ª que la hunde profundamente en su psiquis, rogando que no resurja en un momento inoportuno. Mirando hacia el costado, puede notar c¨®mo Abigail lo miraba de reojo de vez en cuando con una expresi¨®n de preocupaci¨®n. ¡ªLo lamento mucho ¡ªdice el hombre, su voz casi un susurro. ¡ªNo te preocupes, no fue la gran cosa, nadie sali¨® lastimado y no hubo muchos m¨¢s da?os; a lo mucho vamos a tener que lidiar con uno que otro detective insistente, pero ya escuchaste a Narciso, el Buro no es nada que no puedan manejar ¡ªdice la mujer tratando de tranquilizar al hombre. ¡ªNo me refer¨ªa a eso, era una fiesta para relajarnos luego de una misi¨®n dif¨ªcil; termin¨¦ haciendo que todos se preocuparan. Siempre les doy problemas, lo siento ¡ªexplica John con un tono mezcla entre cansancio, pena y verg¨¹enza. Al escuchar esto, ella frena de golpe, estacion¨¢ndose en una vereda debajo de una l¨¢mpara; el hombre se sorprende ante el sorpresivo arranque y se pega a su asiento qued¨¢ndose en silencio. ¡ªMira, John, claro que nos vamos a preocupar por ti, eres un miembro del equipo de campo y despu¨¦s de lo de anoche todos te consideran, sino un amigo, un colega de confianza, lo que pas¨® es algo que le pasa a todo el mundo; hay veces en que nos sentimos mal, despu¨¦s de todo, a pesar de lo que podemos hacer, somos humanos, el Ether reacciona a esos sentimientos de maneras que uno no pretende, as¨ª que no hay nada de qu¨¦ sentirse mal o avergonzado, no eres la excepci¨®n, no eres especial, eres uno de nosotros ¡ªdice la mujer con convicci¨®n, tratando de hacer entender al hombre su punto de vista y, mir¨¢ndolo por unos segundos estira su brazo tocando suavemente su mejilla con la punta de sus dedos. John toma la mano posada en su rostro y los sentimientos aplastantes de hace unos minutos se desvanecen como si nunca hubieran aparecido. L¨¢grimas empiezan a acumularse en sus ojos y a caer como un torrente, Abigail lo abraza, el calor de sus cuerpos luchando con el fr¨ªo invernal que se empieza a colar dentro del auto. ¡ª?Puedo contarte algo? Es una historia larga y dif¨ªcil, pero necesito hablar con alguien sobre esto ¡ªpregunta el hombre de manera t¨ªmida. ¡ªClaro que s¨ª, no tengo nada que hacer esta noche m¨¢s que pasarla contigo y, si quieres hablar, hablamos; si quieres quedarnos en silencio mirando la nieve caer, pues nos quedamos mirando la nieve, lo que necesites ¡ªresponde la mujer mir¨¢ndolo a los ojos, ella tambi¨¦n empezando a llorar. En esa gran ciudad, en esas fr¨ªas calles, en ese c¨¢lido auto, John empez¨® a hablar sobre su pasado, cosas que no le hab¨ªa dicho a Evergreen en sus sesiones de consulta, sobre cosas que solo le hab¨ªa comentado de pasada a un inconsciente Oliver, incluso cosas que no quer¨ªa contarle a la mujer, pero a esta altura necesitaba decirlas, incluso si esto llevaba a que la relaci¨®n se terminara, porque es lo que viene junto con ¨¦l. Abigail ten¨ªa derecho a saber en lo que se met¨ªa y tomar una decisi¨®n acorde.If you discover this narrative on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the violation. ¡ªAs¨ª que piensas que pudiste haber perdido el control hace a?os y lastimar a gente que era importante para ti ¡ªdice la mujer con una expresi¨®n triste. ¡ªTal vez, seg¨²n lo que me cont¨® Mouse, hace a?os que estaba con supresores y el ¨²nico punto en donde se me podr¨ªan haber empezado a suministrar es en ese momento ¡ªexplica John en un tono no muy seguro. ¡ª?Tal vez? ?C¨®mo que tal vez? ?Acaso no recuerdas lo que sucedi¨®? ¡ªpregunta la mujer confundida. ¡ªPues toda la situaci¨®n es borrosa; seg¨²n Evergreen, mi cerebro bloque¨® el recuerdo para protegerme, pero¡­ ¡ªresponde el hombre, pausando ante una idea que se estaba fermentando en su cerebro. ¡ª?Pero? ¡ªindaga Abigail de manera inquisitiva. ¡ªNo estoy tan seguro ahora, he tenido un par de sue?os raros desde que dej¨¦ los supresores, muchos de ellos no los recuerdo, solo puedo sentir estos extra?os sentimientos residuales, pero ¨²ltimamente algo cambi¨®: estos sue?os ya no se sienten como tal, se sienten m¨¢s bien como recuerdos, sinceramente me est¨¢ costando diferenciar qu¨¦ es un sue?o y qu¨¦ es real ¡ªconfiesa el hombre con una expresi¨®n de preocupaci¨®n. La mujer pausa, buscando las palabras adecuadas para no empeorar la situaci¨®n y, luego de unos segundos, d¨¢ndose cuenta de que realmente no puede ayudarlo, dice ¡ªVas a tener que hablar con Narciso. ¡ªNo, el hombre apenas conf¨ªa en m¨ª y para lograr eso casi me matan, no puedo decirle que estoy perdiendo la cabeza, perder¨ªa todo el progreso que hice en los ¨²ltimos meses ¡ªniega el hombre vehementemente, claramente entrando en p¨¢nico. ¡ªNo est¨¢s perdiendo la cabeza, John, los sue?os son mucho m¨¢s que solo una manera que tiene nuestro cerebro de procesar informaci¨®n, es una ventana a un mundo diferente, no s¨¦ mucho del tema, pero ?sabes qui¨¦n es alguien que sabe bastante sobre el mundo de los sue?os? ¡ªpregunta la mujer, intentando calmar al hombre. ¡ªNarciso ¡ªresponde John, resign¨¢ndose a la verdad. ¡ªExacto, esa es su especialidad; si algo se esconde entre tus sue?os, ¨¦l podr¨¢ encontrarlo ¡ªdice Abigail con una ligera sonrisa para luego, tom¨¢ndolo del rostro, agregar¡ª Adem¨¢s, no vas a ir solo, yo te voy a acompa?ar, as¨ª que no tienes nada de qu¨¦ temer, ?ok? John asiente, sinti¨¦ndose un poco aliviado por el apoyo de su pareja, pero a pesar de esto, el temor a confrontar a Narciso todav¨ªa se aferra firmemente a la base de su cerebro, neg¨¢ndose a desaparecer. En ese momento, cuando la ola de negatividad amenazaba con volver a surgir, un beso inesperado la hunde finalmente. Entre muestras de afecto, la noche se vuelve ma?ana y, cuando el sol despunta, el auto entra en el garaje de Santuario junto a sus dos ocupantes. Ambos se bajan y toman el ascensor hacia el patio interno tomados de la mano. ¡ª?Quieres ir al comedor a buscar algo para desayunar? ¡ªpregunta el hombre. ¡ªLa verdad que podr¨ªa usar una copa de caf¨¦ y algo de tocino ¡ªdice Abigail tratando de suprimir un bostezo y fallando en el proceso. Ambos salen hacia el exterior y son recibidos por el mismo patio que el d¨ªa anterior; cruzando por el pasillo, atraviesan la puerta del comedor y el conocido olor a caf¨¦ y pan reci¨¦n hecho llega a saludarlos. Tomando su usual taza de caf¨¦, John decide arriesgarse y agregar una manzana a su comida, mientras que Abigail se asegura una buena porci¨®n de tocino con huevos revueltos. Es el hombre el que se sienta primero en una esquina de la mesa para, luego de unos pocos minutos, ser acompa?ado por la mujer que, adem¨¢s del abundante plato, en una mano tra¨ªa una jarra de jugo de naranja y dos vasos. ¡ªYa pensaste qu¨¦ le vas a decir a Narciso; si no, tengo un par de ideas ¡ªcomenta Abigail apoyando todo lo que tra¨ªa en la mesa. ¡ªS¨ª, creo que ser directo es la mejor opci¨®n, entrar y decir ¡°mira, Narciso, me pasa esto, ?se te ocurre alguna idea de por qu¨¦?¡± o algo as¨ª; todav¨ªa lo estoy refinando ¡ªdice el hombre llev¨¢ndose la manzana a la boca y d¨¢ndole un mordisco. ¡ªOk, es un inicio; si necesitas ayuda, voy a estar afuera, a menos que quieras que entre contigo, eso tambi¨¦n es una opci¨®n ¡ªofrece la mujer mientras comienza a comer. ¡ªNo, me basta con que est¨¦s cerca; si te necesito, te llamo, pero quiero intentar hablar hombre a hombre con ¨¦l ¡ªdecide John con una expresi¨®n seria. La mujer asiente y ambos contin¨²an con su desayuno mientras contin¨²an discutiendo qu¨¦ le van a decir al arcanista cuando lo vean. Ya para las ocho y media de la ma?ana dejan sus platos en el lugar correspondiente y se dirigen de vuelta al ascensor. Esta vez Abigail toca un bot¨®n y las puertas se cierran, el sentimiento de movimiento brusco y el mareo, que a estas alturas es solamente una molestia, se vuelve a manifestar y, luego de unos minutos, el elevador se abre a una fila de escritorios en donde varios trabajadores se encontraban yendo y viniendo, llevando consigo varios papeles. ¡ª?Has estado en el piso administrativo alguna vez, John? ¡ªpregunta la mujer, empezando a caminar hacia la puerta doble al final de la larga habitaci¨®n. ¡ªNo, nunca; se ve que est¨¢n bastante ocupados ¡ªresponde el hombre mirando asombrado al grupo de personas que se mueven por todo el lugar sin tropezarse entre ellas. ¡ªNo es f¨¢cil manejar un grupo como el de nosotros, son muchas cosas que pueden salir mal, pero Narciso es bastante bueno para la administraci¨®n ¡ªcomenta la mujer mientras saluda a un par de conocidos que la ven con miradas llenas de curiosidad ante el atuendo que llevaba. El d¨²o contin¨²a caminando hasta llegar a la gran puerta doble de madera; al lado de esta se encontraba un escritorio en donde una mujer de mediana edad le¨ªa el diario del d¨ªa. ¡ªBuen d¨ªa, Iris, ?Narciso ya lleg¨®? ¡ªpregunta Abigail luego de acercarse y llamar la atenci¨®n de la mujer golpeando con un nudillo el mueble. ¡ªHola, se?orita Whitaker, lamentablemente hermano Narciso acaba de llamar y me dijo que cancelara sus citas del d¨ªa, me explic¨® que est¨¢ enredado con unos investigadores de Buro y que probablemente vuelva reci¨¦n para la noche ¡ªdice Iris en un tono fr¨ªo, mirando por encima del hombro de la mujer, clavando su vista en John. Asumiendo que Narciso le dijo el porqu¨¦ de su altercado con la agencia gubernamental, el aspirante mira hacia abajo ante la mirada acusadora, pero Abigail, viniendo al rescate, vuelve a llamar la atenci¨®n de la recepcionista, diciendo ¡ªBueno, d¨ªgale que necesitamos hablar con ¨¦l apenas sea posible, si un espacio se abre en su agenda, claro est¨¢. ¡ªTal vez, se?orita Whitaker, tal vez, ?Necesitas algo m¨¢s? ¡ªpregunta la mujer en un tono glaciar, ba?ando a los aspirantes con un sentimiento m¨¢s fr¨ªo que la nieve del exterior. ¡ªNo, tienes mi n¨²mero, m¨¢ndame un mensaje con la hora de la cita, gracias ¡ªcontesta Abigail esbozando una radiante sonrisa con un peque?o dejo de hostilidad. Iris no dice nada y, sin siquiera hacer un gesto, vuelve a leer su diario. Entendiendo claramente que la conversaci¨®n hab¨ªa terminado, la aspirante toma a John de la mano y empieza a caminar de vuelta al elevador. ¡ªAsumo que no le caes bien a la recepcionista ¡ªdice el hombre, haciendo una mueca de dolor por lo fuerte que la mujer le apretaba la mano. ¡ªPues no, digamos que hace un tiempo ella fue empujada escalera abajo por un perro que alguien no supo controlar y pas¨® el siguiente mes en una silla de ruedas con varias fracturas ¡ªexplica Abigail sonroj¨¢ndose un poco. ¡ª?Alguien? ¡ªpregunta el hombre con un tono inquisitivo. ¡ªBueno, s¨ª, yo estaba practicando mi control animal en Tila y algo sali¨® mal, en vez de controlar al animal, los instintos de la criatura tomaron control y termin¨¦ empujando a la pobre mujer por las escaleras, ya me disculp¨¦, pero parece que todav¨ªa me guarda rencor ¡ªcontesta la mujer en el camino que les toma llegar al elevador y esperar a que se abra la puerta. ¡ª?Crees que la animosidad que te tiene haga que no nos deje ver a Narciso? ¡ªvuelve a interrogar el hombre, un tono de incertidumbre col¨¢ndose en su voz. ¡ªNo, no creo, Iris ser¨¢ rencorosa, pero es una persona fiel a su trabajo, le pasar¨¢ el mensaje a Narciso, de eso estoy segura ¡ªcontesta Abigail sacando su tel¨¦fono y mirando la hora. John asiente, confiando en el juicio de la mujer y, al llegar el ascensor, ambos se meten y, luego de unos segundos, se vuelven a hallar afuera. Esta vez las nubes dan un impasse que el sol aprovecha para lanzar sus rayos sobre la blanca nieve, estos siendo refractados en peque?os flashes de luz que punzaban los ojos de vez en cuando. Sin mucho m¨¢s que hacer, pasan la tarde ya sea leyendo, viendo pel¨ªculas, jugando juegos de mesa o simplemente disfrutando de la compa?¨ªa del otro. De vez en cuando, algunos de los miembros del grupo de campo pasaban a ver c¨®mo estaba John; aquellos que no pod¨ªan presencialmente lo hac¨ªan a trav¨¦s de mensajes o llamadas. Hac¨ªa a?os que no sent¨ªa tanto apoyo y contenci¨®n, lo que hac¨ªa que el temor que sinti¨® en la madrugada se termine de esparcir, haciendo que el resto de su d¨ªa pase pl¨¢cidamente. Despu¨¦s de almorzar, ¨¦l y Abigail se dirigen al cuarto de la mujer. El primero en saludarlo fue Gilgamesh que, fuera de car¨¢cter, se encontraba extra?amente afectuoso esa noche. John lo toma y se sienta en la cama, colocando al animal en su regazo; ¨¦l acaricia el largo pelo azabache con sus dedos mientras el gato ronroneaba. Luego de unos minutos, un largo bostezo indica que el sue?o lo reclama, as¨ª que, coloc¨¢ndose su pijama, se coloca debajo de las s¨¢banas y se dispone a dormir abrazando a Abigail. A medida que su mente revive los sucesos de ese d¨ªa, un golpe de ansiedad le inunda el pecho; la idea de que deber¨¢ confrontar a Narciso en los siguientes d¨ªas lo empieza a llenar de terror y lo peor de todo es que la constante pregunta es ?para qu¨¦? Si mi mente est¨¢ ocultando algo, de seguro es para mi propio bien. ?Por qu¨¦ me estoy arriesgando por algo que al final solo va a lastimarme? Las dudas contin¨²an apil¨¢ndose como ladrillos en la mente del hombre y empiezan a aplastarlo; un nudo en la garganta hace que le cueste respirar, pero cuando inhala hondo un aroma a pasto reci¨¦n cortado, a hierbas y vallas, a agua fresca y piedras tibias por el sol, un olor a naturaleza se mete por su nariz y calma su sobretrabajado cerebro, haciendo que por fin se relaje lo suficiente como para poder caer dormido. Cap铆tulo 31: Memorias encadenadas Esta vez la ma?ana llega r¨¢pido y cuando John se despierta se encuentra realmente descansado, lo que vino como una sorpresa, puesto que hace tanto tiempo que no se sent¨ªa as¨ª que casi se olvida de c¨®mo era tener una buena noche de sue?o. Mirando a su derecha, puede notar que Abigail no estaba; el ¨²nico ser vivo que le hac¨ªa compa?¨ªa era el gato verde que se encuentra acostado en los pies de la cama. Estir¨¢ndose, toma su PAD de la mesita de luz y lo observa, en la pantalla, un hipop¨®tamo p¨²rpura de falda amarilla se encontraba girando sobre s¨ª mismo, avis¨¢ndole que ten¨ªa un mensaje que proven¨ªa de su pareja sin leer. ¨¦l abre la app y, mientras se frota los ojos, intenta leerlo. ¡°John, le pregunt¨¦ a Narciso cu¨¢ndo pod¨ªa vernos y me dijo que nos ver¨ªa hoy a las 10:30. Tengo que hacer unos mandados para mi madre; si no vuelvo a tiempo, ve a la oficina sin m¨ª. Voy a llegar lo m¨¢s r¨¢pido que pueda¡±. Con el entumecimiento del despertar disip¨¢ndose completamente a estas alturas, el p¨¢nico se vuelve a levantar en la mente de John; los pensamientos de culpa y el temor a ser culpado se juntan en una vor¨¢gine de duda que lo lleva a querer meterse entre las s¨¢banas y volver a dormir para no volver a despertar. En ese momento, un ligero ronroneo se escucha a su costado y, cuando gira la vista, puede ver c¨®mo Gilgamesh se encuentra al lado suyo frotando la cabeza contra su flanco. ¡ª?Qu¨¦ pasa, compa?ero? ?Tienes hambre? ¡ªdice el hombre mientras se levanta, las hipot¨¦ticas preocupaciones reemplazadas por prioridades reales, y se mueve hacia el gabinete en donde se encuentra la lata de comida para el gato que, luego de abrirla, coloca en un recipiente al lado de la heladera. El animal come con gusto mientras John se prepara un caf¨¦ prensado en una taza adornada con huellas de animales y mira al gato terminar de comer, esperando que la cafe¨ªna en la bebida entre en efecto. Mirando su tel¨¦fono, se fija la hora, las nueve y media, as¨ª que, tomando un cambio de ropa de uno de los placares, se dirige a las duchas a asearse adecuadamente para la reuni¨®n venidera y para las diez y cuarto ya se encontraba en el patio interno en camino al ascensor. Cuando estaba a punto de cruzar la puerta que daba a este, una voz conocida lo hace voltear. ¡ªJohn, te encontr¨¦ justo ?Est¨¢s listo? ¡ªpregunta Abigail, llegando a su lado con un ligero trote. ¡ªCasi no lo logras, ?pudiste hacer lo que ten¨ªas que hacer? ¡ªinterroga el hombre mientras limpia un poco de nieve acumulada en el hombro de la mujer. ¡ªS¨ª, mi madre quer¨ªa cocinar para A?o Nuevo, as¨ª que tuve que ir a buscar ingredientes, por cierto, me dijo que te preguntara si vas a venir ¡ªcontesta la mujer mientras atraviesa el umbral y se adentra en el pasillo. ¡ªS¨ª, no tengo nada que hacer para A?o Nuevo; despu¨¦s de todo, no te olvides que t¨¦cnicamente estoy muerto, as¨ª que no puedo visitar a mi familia para las fiestas ¡ªBromea el hombre mientras la sigue de cerca. ¡ªAh, s¨ª, cierto, tu nueva identidad, no te das una idea de las veces que casi te llamo John enfrente de mis padres ¡ªcomenta la mujer esbozando una ligera sonrisa, pero r¨¢pidamente toma una expresi¨®n seria y mirando al hombre, pregunta¡ª ?extra?as a tu familia? John le devuelve una expresi¨®n de confusi¨®n, sorprendido por el repentino cuestionamiento, as¨ª que mientras esperan a que el elevador llegue, se pone a pensar sobre la idea. Su padre era un le?ador estoico, dif¨ªcil de leer, y su madre brillaba por su ausencia. A pesar de esto, no pod¨ªa negar que ten¨ªa un sentimiento de a?oranza hacia aquellos que consideraba familia, pero si se pon¨ªa a analizarlo de manera objetiva, era m¨¢s melancol¨ªa generada por los procesos cerebrales que muestran todo tiempo pasado como mejor y no un real sentimiento de anhelo. Siendo sincero y con una mente fr¨ªa, no sab¨ªa muy bien qu¨¦ eran, pero claramente no una familia. Una campana y el sonido de metal movi¨¦ndose cortan el pensamiento a la mitad; volviendo a ver a Abigail, ¨¦l puede apreciar c¨®mo la mujer lo mira expectante de una respuesta. ¡ªMira, Abi, dej¨¦ a mi familia hace muchos a?os por un motivo, e incluso si los extra?ara a estas alturas, es muy probable que no sean las mismas personas que recuerdo, y ten por seguro que no soy lo que ellos recuerdan, as¨ª que, si te tuviera que dar una respuesta, es no, no extra?o cosas que nunca existieron ¡ªresponde el hombre mientras sube al ascensor. El camino hacia la oficina de Narciso es en silencio; la mujer, no queriendo desenterrar otras memorias desagradables, decide no indagar m¨¢s en la situaci¨®n y solo toma la mano del hombre durante el trayecto. Justo sobre la hora, la pareja se encuentra enfrente de las puertas de madera que dan al recinto del arcanista. ¡ªNarciso los est¨¢ esperando, por favor, pasen ¡ªdice Iris en un tono profesional que no pega con la mirada que le est¨¢ lanzando a Abigail. John asiente y respira hondo. Juntando toda la fuerza de voluntad que tiene, posa su mano en el picaporte y lo jala, haciendo que las dos hojas se separen, revelando una espaciosa y lujosa oficina. Lo primero que notas es como una alfombra roja y aterciopelada cubr¨ªa el piso del lugar. A la derecha del hombre se hallaba una chimenea que en estos momentos se encontraba prendida, luchando con las bajas temperaturas que impon¨ªa la temporada. La pared de la izquierda estaba completamente cubierta de librer¨ªas colocadas una al lado de la otra; estas a su vez estaban repletas de libros de diferentes ¨ªndoles, la mayor¨ªa escritos en lenguajes que John no conoc¨ªa. Un par de sillas se posaban junto a una mesa con diferentes botellas de estilizado vidrio. Directamente enfrente de ellos, en la otra punta de la habitaci¨®n, se encontraba un gran escritorio sobre el cual se encontraban varios papeles y una vieja laptop acomodados de manera prolija y, detr¨¢s del mueble, se ve¨ªa a Narciso sentado en una acolchada silla enfrente de una gran ventana que mostraba un hermoso paisaje costero. ¡ªJohn, Abigail, acerquen una silla y p¨®nganse c¨®modos, por favor ¡ªdice el hombre, gesticulando a las sillas cerca de la mesa con las botellas, mientras deja unos papeles sobre la mesa enfrente de ¨¦l. La pareja hace lo que se les pide y se sientan enfrente del arcanista; cuando vuelven a mirar en direcci¨®n de la ventana, ahora pueden notar c¨®mo la imagen cambi¨® de mar a verdosas colinas rodantes. ¡ª?A qu¨¦ se debe la visita? ¡ªAsumo que no es simplemente una de cortes¨ªa ¡ªpregunta Narciso con una ligera sonrisa surc¨¢ndole los labios. ¡ªNo, te venimos a preguntar algo ¡ªempieza a decir John, las palabras m¨¢s dif¨ªciles de expresar de lo que esperaba. ¡ªSi quieres preguntar por el tema del Buro, pues ya est¨¢ todo resuelto, as¨ª que no te preocupes, mis contactos se asegurar¨¢n de que solo pareciera un accidente mundano ¡ªinterrumpe el hombre, asumiendo que la dificultad proviene del miedo a la agencia gubernamental. ¡ªSi bien es bueno saberlo, tampoco era eso ¡ªcorrige Abigail, tratando de ayudar a John. ¡ªEntonces, si el problema no tiene que ver con lo sucedido anoche, ?a qu¨¦ vinieron? ¡ªpregunta el hombre, su tono cambiando a uno serio. ¡ªVer¨¢s, hace unos meses he estado teniendo sue?os extra?os. En un principio, esto solo se quedaba como tenues sensaciones que desaparec¨ªan a medida que avanzaba el d¨ªa, pero ahora parecieran m¨¢s reales, como si ya no fueran sue?os sino recuerdos, pero el problema es que esos recuerdos no son m¨ªos ¡ªexplica el hombre, sintiendo un poco de verg¨¹enza, como si fuera un ni?o que tiene que confesar algo que hizo mal a sus padres. ¡ªJohn, mu¨¦strale la foto ¡ªdice Abigail tocando el antebrazo de John. ¡ªOh, cierto ¡ªcomenta el hombre sacando su tel¨¦fono de tapita y abriendo la imagen que encontr¨® hace unos meses atr¨¢s. Narciso toma el tel¨¦fono y escanea la pantalla por unos segundos para luego fruncir el ce?o con una expresi¨®n de confusi¨®n. ¡ª?Qu¨¦ pasa? ¡ªpregunta el aspirante, un brote de p¨¢nico empezando a germinar en su mente. ¡ªConozco a algunos de estos individuos o, mejor dicho, conoc¨ªa; todas las personas que reconozco en esta foto se encuentran muertas o perdidas en acci¨®n ¡ªresponde el arcanista mientras toma el celular y lo conecta a su laptop v¨ªa Bluetooth, descargando la imagen sin preguntar. ¡ªNo recuerdo haber tomado esta foto, junto al tema de los sue?os, no s¨¦ qu¨¦ me est¨¢ pasando y me comentaron que t¨² eras el indicado para hablar de este tipo de cosas. ?Crees que esto tenga que ver con alg¨²n tipo de magia o algo as¨ª? ¡ªpregunta el hombre, mostrando que est¨¢ claramente asustado. Narciso se asegura de que la imagen se descarg¨® correctamente antes de devolverle el tel¨¦fono a John y, mir¨¢ndolo, dice ¡ªEl problema es que la magia mental es extremadamente dif¨ªcil de manejar, un mago de ilusi¨®n puede usar Ether rosa para cambiar la percepci¨®n de un individuo, pero borrar recuerdos o implantar nuevos es te¨®ricamente imposible, incluso para un arcanista de nivel maestro. ¡ªImposible, nunca pens¨¦ escuchar esa palabra cuando hablamos de magia ¡ªdice John sorprendido. ¡ªSi bien el Ether nos permite alterar las reglas de la realidad a nuestro gusto, incluso este tiene sus reglas y, adem¨¢s, decir que es imposible tampoco es muy acertado; m¨¢s bien es tan dif¨ªcil que es pr¨¢cticamente imposible ¡ªaclara el arcanista encogi¨¦ndose de hombros y, ante la expresi¨®n de confusi¨®n del d¨²o, suspirando, pregunta¡ª ?sabes de d¨®nde proviene tu mente? Al escuchar la pregunta, ambas personas sonr¨ªen pensando que era una broma, pero al notar que el semblante serio de Narciso no desaparec¨ªa, se miran entre ellos, esperando que el otro tuviera la respuesta. ¡ªDe tu cerebro ¡ªdice John mientras pone el dedo ¨ªndice sobre su sien. ¡ªUno pensar¨ªa eso, pero en realidad el cerebro es solo un receptor; pi¨¦nsalo de esta manera: si tenemos una radio, la radio no produce la se?al, solo nos permite percibirla. as¨ª pasa lo mismo con la mente humana; la se?al es mandada desde un punto en la psicoesfera y captada por el cerebro humano, que la procesa en lo que com¨²nmente se conoce como recuerdos ¡ªexplica el hombre tratando de simplificar lo m¨¢s que puede un concepto dif¨ªcil. ¡ªPara, ?psicoesfera?, ?qu¨¦ es eso? ¡ªpregunta John ladeando la cabeza. ¡ªLa psicoesfera es una capa de energ¨ªa que rodea a la tierra conformada por Ether rosa y nos acompa?a desde que el primer primate se atrevi¨® a so?ar, fue creada cuando el Ether lleg¨® a la tierra y se fue haciendo cada vez m¨¢s fuerte a medida que las creaturas continuaban evolucionando, se podr¨ªa decir que es la conglomeraci¨®n de todo el imaginario humano, cada idea, cada pensamiento aleatorio, todo se produce en ese lugar y se destila en la personalidad que tu cerebro puede captar ¡ªresponde Narciso buscando im¨¢genes en la internet y mostr¨¢ndoselas a sus compa?eros para ilustrar su punto.This text was taken from Royal Road. Help the author by reading the original version there. ¡ªEntonces es como una especie de conciencia universal, ?como una mente colmena? ¡ªdice John, intentando entender lo que le est¨¢ revelando el arcanista, el concepto siendo tan grande que le hace doler la cabeza. ¡ªAlgo as¨ª, aunque menos demandante, mira John, no te preocupes tanto en entenderla; la psicoesfera es un tema de contenci¨®n entre los arcanistas, m¨¢s a¨²n los ortodoxos, puesto que piensan que este lugar es la tan rumoreada vida despu¨¦s de la muerte, lo que algunos considerar¨ªan samsara, nirvana o el cielo cristiano, lo importante es que toquetear esas se?ales y cambiarlas est¨¢ fuera del rango de cualquier persona, sea un arcanista o no ¡ªdice el hombre dando por terminada la explicaci¨®n y levant¨¢ndose del asiento; se dirige a las botellas de cristal. ¡ª?Entonces? ?Qu¨¦ me est¨¢ pasando? ¡ªpregunta el hombre consternado, puesto que la explicaci¨®n no responde a ninguna pregunta fundamental. ¡ªSinceramente, no s¨¦, seg¨²n mis conocimientos en temas esot¨¦ricos lo que me describes es pr¨¢cticamente imposible ¡ªresponde el arcanista al mismo tiempo que se sirve un l¨ªquido ¨¢mbar en un vaso cercano. ¡ª?Entonces qu¨¦? ?Estoy mintiendo? ¡ªespeta John levantando la voz sin darse cuenta, ofendido por la asumida acusaci¨®n. ¡ªNarciso, ?est¨¢s seguro de que no puede hacer nada? ¡ªpregunta Abigail mientras toma el brazo del hombre, intentando calmarlo. ¡ªNo dije eso, si me lo permites me gustar¨ªa echar un vistazo dentro a ver si hay una pista que me permita dilucidar qu¨¦ le est¨¢ pasando a John ¡ªresponde el hombre, colocando m¨¢s bebida en un vaso y acerc¨¢ndose al aspirante; cuando est¨¢ al lado, pas¨¢ndoselo, agrega¡ª: Y para que quede claro, jam¨¢s dije que estuvieras mintiendo. John toma el vaso, pero no bebe; a pesar del p¨¢nico que empieza a manifestarse, piensa que la situaci¨®n amerita una mente clara y empieza a respirar hondo, intentando calmarse. Luego de unos segundos, cuando por fin logra controlar sus emociones, dice ¡ªLo siento, es solo que esto es frustrante, no s¨¦ qu¨¦ me est¨¢ pasando y no s¨¦ si soy un peligro para la gente a mi alrededor, si hay una oportunidad de resolver esto, la tomo, sea cual sea. ¡ªLo entiendo, John, y si bien ahora mismo no s¨¦ cu¨¢l es tu condici¨®n, tenemos a un gran grupo de las mejores mentes que el mundo arcano tiene para ofrecer, as¨ª que con algo de tiempo y la informaci¨®n correcta podremos develar tu condici¨®n, te lo aseguro ¡ªdice el arcanista poniendo una mano en el hombro de John. ¡ªGracias, estoy a tu disposici¨®n para lo que necesites ¡ªofrece el hombre enf¨¢ticamente. ¡ªYa que te ofreces si queremos buscar informaci¨®n sobre lo que te est¨¢ pasando, voy a tener que echar un vistazo dentro ¡ªcomenta el hombre tocando la sien del aspirante con el dedo ¨ªndice. ¡ªNo comprendo ¡ªdice John con cara de preocupaci¨®n, su mente pensando en im¨¢genes caricaturescas de Narciso abri¨¦ndole la cabeza con una cierra. ¡ªEl Ether rosa es un tipo de energ¨ªa; toda energ¨ªa deja un rastro que podemos seguir, no estoy seguro de que nos lleve a alg¨²n lado, pero es mejor que nada ¡ªexplica Narciso dejando el vaso encima del escritorio. ¡ªOk, ?qu¨¦ tengo que hacer? ¡ªpregunta John intentando levantarse, pero es detenido por el arcanista antes de poder hacerlo. ¡ªNo te levantes, no hace falta, solo cierra los ojos, rel¨¢jate y sigue mi voz ¡ªdice el hombre tomando al aspirante de los hombros y coloc¨¢ndose a su espalda. John hace lo que se le ordena y cierra los ojos; la oscuridad detr¨¢s de sus p¨¢rpados se manifiesta de manera inmediata. ¡ªTe ense?ar¨¦ a hacer un palacio mental; es una representaci¨®n visual del estado de tu cerebro ¡ªexplica Narciso y, luego de tomar una inhalaci¨®n honda, agrega¡ª: Ahora insertar¨¦ Ether rosa en tu cuerpo; luego de pasarlo por tu Enki, ll¨¦valo hacia tu cerebro y mantenlo ah¨ª; yo har¨¦ el resto. Acto seguido, los pelos de la nuca de John se paran al mismo tiempo que la energ¨ªa empieza a circular en su cuerpo; puede sentir como esta calidez aterciopelada se abre paso a trav¨¦s de sus nervios junto a un ligero sabor dulce y una tenue tonada risue?a. Controlando el torrente, lo lleva a su Enki y desde ah¨ª hacia su cerebro. Lentamente, en la oscuridad abisal, peque?as ondas rosas empiezan a cubrir su visi¨®n y de repente una explosi¨®n de color rosa hace que sin querer abriera de nuevo los ojos. Apenas se recupera del fogonazo repentino de luz, se da cuenta de que ya no est¨¢ en la oficina de Narciso, sino en un largo y oscuro pasillo flanqueado por cientos de puertas que se extienden hasta donde alcanza la vista. ¡ª?Hola? Narciso, Abigail, ?est¨¢n aqu¨ª? ¡ªpregunta John en voz alta, p¨¢nico empezando a entrar en su voz al darse cuenta de que estaba solo en un lugar desconocido. ¡ªNo te asustes, John, estamos en tu palacio mental, pocas cosas aqu¨ª pueden lastimarte ¡ªla inconfundible voz de Narciso resuena en el aire del lugar. El aspirante mira en la direcci¨®n de donde vino la voz y puede ver un enjambre de mariposas rosas que ven¨ªan en su direcci¨®n emanando una tenue luz ros¨¢cea que iluminaba ligeramente el deprimente pasillo. Al llegar a unos metros de ¨¦l, los insectos se incorporan en una figura parecida a la del arcanista. ¡ª?Narciso? ¡ªpregunta el hombre, no pudiendo creer lo que ven sus ojos. ¡ªS¨ª, esta es mi forma on¨ªrica; en el mundo de los sue?os, si tienes el suficiente poder de voluntad, puedes controlar la totalidad de lo que percibes, incluso si est¨¢s en otro subconsciente como yo ahora ¡ªexplica el arcanista mientras mira alrededor, analizando el lugar, para luego, sonriendo ligeramente, agregar¡ª Un pasillo deprimente, oscuro y lleno de puertas, tiene sentido. ¡ª?C¨®mo? ¡ªdice John, ofendido. ¡ªVeamos qu¨¦ podemos encontrar por aqu¨ª; escoge una puerta, ¨¢brela y veamos a d¨®nde nos lleva ¡ªcontin¨²a el hombre, ignorando la pregunta del aspirante. A pesar de que todav¨ªa quer¨ªa protestar, decide que no vale la pena seguir peleando y, eligiendo una puerta al azar, toma el pomo y la abre. Al hacerlo, una luz cegadora de color rosa cubre su visi¨®n. Antes de que entendiera qu¨¦ est¨¢ pasando, puede sentir un fuerte viento que le golpea el cuerpo y cuando por fin recupera su visi¨®n, est¨¢ parado en el borde de un edificio tan alto que cuando miraba hacia abajo, las personas que cruzaban las veredas parec¨ªan peque?as hormigas. Sin poder detenerse, levanta el pie y lo balancea sobre el vac¨ªo; no importa cu¨¢nto lo intente, su cuerpo est¨¢ en autom¨¢tico, inclin¨¢ndose cada vez m¨¢s, pero cuando estaba a punto de lanzarse, el sonido de un celular lo asusta y lo hace caer hacia atr¨¢s. Tratando de controlar su coraz¨®n que va a mil, respira profundamente y saca su tel¨¦fono de tapita de su bolsillo. El n¨²mero de su padre se mostraba en la pantalla; ¨¦l lo queda mirando por unos segundos para luego abrirlo, aceptando la llamada, pero antes de que pudiera decir nada, parpadea y, cuando vuelve a abrir los ojos, est¨¢ de vuelta en el pasillo. ¡ª?Mal recuerdo? ¡ªpregunta Narciso en un tono serio. John solo asiente sin decir nada, su cara de horror dici¨¦ndolo todo y, gir¨¢ndose, contin¨²a caminando por el pasillo, queriendo salir de aqu¨ª lo m¨¢s r¨¢pido posible, pero sin abrir ninguna puerta por el temor a lo que pudiera encontrar detr¨¢s de ellas. Siguen caminando por lo que parece horas, a medida que avanzan pueden ver que las puertas, que en un principio eran iguales, se transforman repentinamente. La madera antes lustrosa y de color marr¨®n se torna de un color gris¨¢ceo y profundos surcos como cicatrices recubren su superficie. John las observa detenidamente; a pesar de sus diferencias, tiene el extra?o sentimiento de que est¨¢n exactamente donde deber¨ªan estar. ¡ª?Quieres intentar abrirla? Para ver cu¨¢l es la diferencia ¡ªpregunta Narciso mientras se materializa al lado de la entrada. ¡ªDeber¨ªa, esperemos que no sea nada como la ¨²ltima ¡ªdice el aspirante mientras extiende la mano y toma el picaporte, al girarlo, es ba?ado otra vez por la luz rosa. John se encuentra rodeado de oscuridad, acostado arriba de un lecho suave de pasto y musgo, el sol c¨¢lido de la ma?ana ba?¨¢ndole el rostro. Lo ¨²nico que se pod¨ªa o¨ªr era el sonido de los insectos y las risas de una ni?a, esta ¨²ltima acerc¨¢ndose cada vez m¨¢s hasta que de repente se corta de manera repentina, siendo reemplazada por un golpe en el est¨®mago que lo hace despertar. Abriendo los ojos, puede ver colocada en su regazo, abraz¨¢ndolo, a una ni?a de no m¨¢s de 9 a?os, de piel morena clara; ella r¨ªe incontrolablemente, su risilla llenando el lugar en donde estaba. ¨¦l mira alrededor y puede observar c¨®mo est¨¢ en un claro rodeado de flores y ¨¢rboles. El sol brillaba en lo alto, siendo tapado de vez en cuando por una nube pasajera. Enfrente de ellos, a unos metros, una mujer morena se encontraba en una manta a cuadros leyendo un libro. ¡ªPapi, papi, acabo de ver un ciervo as¨ª de grande ¡ªdice la ni?a mientras gesticula abriendo los brazos tan grandes como puede. Un sentimiento de felicidad y amor se manifiesta de manera repentina a pesar de que no reconoce a la chica enfrente de ¨¦l. Con una sonrisa, John intenta responder, pero antes de que pudiera decir nada, parpadea y otra vez est¨¢ en el pasillo junto a su compa?ero. ¡ªEso fue raro, no tienes una hija ¡ªdice Narciso llev¨¢ndose su mano al ment¨®n de manera pensativa. ¡ªLo s¨¦ ¡ªdice seriamente el aspirante, todav¨ªa aturdido por los sentimientos residuales. ¡ªDeber¨ªamos continuar, tal vez si usamos estas puertas podremos saber un poco m¨¢s sobre esta misteriosa persona ¡ªcomenta el arcanista, flotando hacia adelante. El d¨²o contin¨²a avanzando, entrando en puertas parecidas a la anterior; las im¨¢genes de un hombre acaudalado de una era pasada inundan la percepci¨®n de John, mostr¨¢ndole momentos felices en donde el hombre logra cumplir sus objetivos, pasar tiempo con su familia y, a pesar de los altibajos, ser feliz. A medida que pasa el tiempo, el hombre puede notar que ellos son como el d¨ªa y la noche, hasta el punto de que se siente un poco celoso del extra?o, pero esa percepci¨®n cambia cuando entran a la siguiente puerta. Como otros recuerdos, empieza en la oscuridad, pero esta vez, apenas entra en ¨¦l, el dolor que siente es indescriptible; la simple acci¨®n de respirar le resulta casi imposible. Mirando alrededor, puede notar que se encontraba en un tipo de accidente de auto; se ve que al chocar sali¨® despedido por el parabrisas, impactando fuertemente contra el pavimento, claramente rompi¨¦ndose varios huesos en el proceso. Usando toda la fuerza de voluntad que le queda, se mueve lo suficiente como para poder ver el auto, acci¨®n de la cual r¨¢pidamente se arrepiente de haber hecho cuando ve el cuerpo de una mujer morena recostada sobre el tablero del veh¨ªculo. Un sentimiento de ira, amargura y pena lo inunda; sintiendo las l¨¢grimas empezando a llenarle la comisura de los ojos, John intenta incorporarse, intentar ver si hab¨ªa una posibilidad de salvarla, pero su cuerpo no le respond¨ªa, estaba demasiado lastimado como para hacer otra cosa que acostarse ah¨ª y esperar su muerte. Unos pasos se escuchan entre el caos del choque; ¨¦l mueve la cabeza para ver qui¨¦n era con la esperanza de que la ayuda por fin hab¨ªa llegado, pero su ilusi¨®n es r¨¢pidamente aplastada cuando ve la figura que se abre paso entre los escombros. Iluminado por el fuego que emanaba del auto, un hombre de mediana edad se acercaba hacia John, vistiendo un traje caro, un mostacho pulcramente cuidado y un pelo que le llegaba a los hombros, cuya principal caracter¨ªstica era que era de color mitad blanco y mitad negro. El reci¨¦n llegado se mov¨ªa con prop¨®sito y confianza en su direcci¨®n con una expresi¨®n fr¨ªa, como si el hecho de que un hombre est¨¦ por morir enfrente de ¨¦l no fuera la gran cosa. Al reconocer qui¨¦n era, un repentino ataque de ira le hace hervir la sangre y empieza a canalizar Ether en su Enki, pero al intentar usarlo, lo ¨²nico que logra es escupir una bocanada de sangre p¨²rpura hacia el piso. ¡ªAurelio, tenemos que hablar ¡ªdice el extra?o, tomando al hombre del cuello del saco y lo empieza a arrastrar. ¡ªBlackmount ¡ªespeta John con vitriol y sangre mientras lentamente va perdiendo el conocimiento, siendo lo ¨²ltimo que ve el auto que lentamente es consumido por las llamas. Todav¨ªa con un sentimiento de ira burbujeando en su interior, John es lanzado hacia el pasillo y cae de rodillas. En ese momento siente algo a su espalda y al girarse puede notar una puerta negra sellada con runas y 10 cadenas plateadas, de las cuales 6 estaban rotas. En ese momento el aire tiembla y con una fuerte explosi¨®n otra cadena se parte, mandando una reverberaci¨®n que ba?a al hombre con una presi¨®n dif¨ªcil de aguantar; cerrando los ojos, intenta soportar lo mejor que puede y al volver a abrirlos ya no est¨¢ en el pasillo, sino en la oficina de Narciso. Gir¨¢ndose para ver a su compa?ero, puede notar c¨®mo el hombre tiene un aspecto de horror en el rostro. ¡ª?Qu¨¦ pas¨®? ¡ªpregunta Abigail, dejando el vaso que se hab¨ªa procurado, preocupada por la expresi¨®n que tienen los otros dos. ¡ªNo me esperaba eso, Blackmount, ?de enserio? ¡ªdice el arcanista, no pudiendo creer la mala suerte que tiene. ¡ª?Blackmount?, ?EL Blackmount? ¡ªpregunta sorprendida la mujer, incr¨¦dula ante tal noticia. ¡ªS¨ª, el Blackmount, creo que estamos en serios problemas ¡ªresponde John, intentando contener los temblores de miedo que la idea de ir contra una de las 7 grandes familias de Hope le provocaba. Cap铆tulo 32: Frente al rio Tomando el vaso que hab¨ªa dejado sobre el escritorio, el aspirante lo termina de un solo trago, esperando que el ardor del alcohol bajando por su garganta distraiga a su cerebro lo suficiente como para detener el p¨¢nico que lentamente aumentaba a medida que pasan los segundos. Narciso se encontraba en silencio mirando a la distancia de manera pensativa, intentando entender las implicaciones que tendr¨ªa lo que acababa de ver. ¡ªBueno, entonces, ?qu¨¦ hacemos?, si Blackmount tiene algo que ver con esto, la cosa se puso bastante dif¨ªcil bastante r¨¢pido ¡ªdice Abigail, rompiendo el silencio que imperaba en la habitaci¨®n. ¡ªEsto es lo que haremos: yo hablar¨¦ con mis contactos, ver si algunas de las personas en esta foto todav¨ªa andan a las vueltas y sobre este tal Aurelio, mientras tanto, seguiremos viendo qu¨¦ podemos dilucidar de estos extra?os recuerdos¡ª explica el arcanista y, mirando a John,agrega¡ª Ve a tomar un descanso, hablar¨¦ con Sigil para que adelante tu entrenamiento en el uso del Ether p¨²rpura; si nos vamos a enfrentar a los Blackmount, deber¨ªamos estar preparados. John se levanta y lo mira con una cara de confusi¨®n, si fuera ¨¦l y se enterara de que un reci¨¦n llegado est¨¢ de alguna manera en contra de no solo uno de los m¨¢s grandes poderes econ¨®micos, sino tambi¨¦n de poder arcano de la ciudad, se hubiera distanciado de esa persona, o mejor a¨²n, hubiera hecho un trato que beneficie al grupo. Hay algo m¨¢s, algo que no le est¨¢n diciendo; el aspirante intenta ignorarlo diciendo que tendr¨¢n sus motivos para no decirle las cosas, pero esta vez es diferente, esta vez le molesta bastante, pero no sabiendo si el sentimiento que tiene en estos momentos es propio o solo un residuo de la visi¨®n que tuvo hace unos instantes, decide respirar hondo e intenta tranquilizarse. A pesar de su mejor esfuerzo, no logra calmar sus emociones, as¨ª que solamente asiente y sale de la habitaci¨®n a paso apresurado, dejando a Abigail atr¨¢s. ¡ªJohn, espera¡ª grita la mujer, intentando hacer que su pareja se detuviera, d¨¢ndole tiempo para alcanzarlo. El hombre se frena a mitad del pasillo y espera a que la mujer llegue a su lado. Al hacerlo, ella toma su mano y ambos avanzan hacia el elevador. Una vez adentro, la mujer lo abraza fuertemente y le dice al o¨ªdo¡ª No te preocupes, sea lo que sea, sea quien sea, estoy de tu lado, siempre. ¡ªLo s¨¦ ¡ªdice John, devolviendo la muestra de afecto. Los siguientes d¨ªas fueron tranquilos, no m¨¢s recuerdos ajenos ni sue?os desgarradores, solo pasar tiempo con Abigail, visitar a Oliver y sociabilizar con los nuevos amigos que consigui¨® a lo largo de todos estos meses en Santuario. Si bien ning¨²n evento trajo nuevas preocupaciones, las actuales eran lo suficientemente grandes como para tomar completamente su atenci¨®n. Es en estos momentos de distracci¨®n en donde, mientras estaba ayudando a su suegra a pelar papas, un movimiento descuidado termina siendo pagado con sangre. ¡ª?Mierda!¡ª exclama el John, sacando r¨¢pidamente el filo de su carne, sangre escarlata empezando a supurar del profundo tajo. ¡ªOh no, William, te cortaste, ven, tienes que poner presi¨®n en la herida¡ª dice acerc¨¢ndose con un repasador una mujer pelirroja, de estatura bajita y figura atl¨¦tica que vest¨ªa un su¨¦ter beige debajo de un delantal navide?o. Esta pone el trapo alrededor del dedo, presionando con la intenci¨®n de parar el sangrado. ¡ªGracias, Miriam ¡ªagradece el hombre tomando el trapo mientras mantiene la presi¨®n. ¡ªNo hay por qu¨¦, Abi, trae el botiqu¨ªn de primeros auxilios; William se cort¨® ¡ªgrita la mujer en direcci¨®n a la puerta que da al comedor. ¡ªVoy ¡ªla voz de Abigail se hace escuchar luego de unos segundos y, un momento despu¨¦s, su figura apareci¨® por el umbral con una caja roja; mirando en la direcci¨®n de ambas personas, se acerca mientras que, con un tono preocupado,dice¡ª Ac¨¢ est¨¢. ?Qu¨¦ pas¨®? ¡ªEstaba pelando papas distra¨ªdo y ten¨ªa las manos mojadas, se resbal¨® el cuchillo y me cort¨¦, no es nada que una curita no pueda arreglar ¡ªresponde el hombre tratando de calmar a la mujer. Al escuchar esto, ella saca r¨¢pidamente una de la caja y se la coloca mientras dice ¡ªListo, ahora d¨¦jame terminar de pelar las papas y t¨² ve a sentarte a ver tele con mi pap¨¢; est¨¢ viendo un documental sobre ballenas, puede que te guste¡ª para luego girarse en direcci¨®n a su madre y preguntar ¡ªMa, ?Jas¨®n te dijo cu¨¢ndo iba a llegar o hay que ir a buscarlo? ¡ªDijo que llegaba tipo ocho, ocho y media ¡ªresponde Miriam mirando el reloj que ten¨ªa en la mu?eca. ¡ªQu¨¦ raro ¨¦l, llegando justo a la hora de comer ¡ªbromea la mujer esbozando una sonrisa. Ambas mujeres r¨ªen y se ponen a hablar entre ellas; John toma esto como una se?al para retirarse y, saliendo por la puerta por la que entr¨® Abigail, se dirige al comedor, en donde una gran mesa se hallaba preparada para la celebraci¨®n de A?o Nuevo. En la punta, un hombre alto, de pelo marr¨®n que vest¨ªa una camisa blanca sobre pantalones negros, se encontraba sentado en frente del televisor, mirando como un gran cet¨¢ceo ocupaba la mayor parte de la pantalla. ¡ªWilliam, ?vienes a hacerme compa?¨ªa? ¡ªpregunta Thomas al darse cuenta de la existencia del hombre. ¡ªS¨ª, ?qu¨¦ est¨¢s viendo? ¡ªresponde John, sent¨¢ndose al lado del hombre. ¡ªEs un documental sobre los h¨¢bitos migratorios de las ballenas jorobadas, s¨²per interesante ¡ªexplica el se?or mientras le sirve un vaso de cerveza al reci¨¦n llegado. Ambos pasan la siguiente hora mirando el documental y hablando sobre sus experiencias con el mar, John nunca hab¨ªa visto c¨²mulos de agua tan grandes m¨¢s all¨¢ del ocasional lago o r¨ªo, siendo el r¨ªo Misisipi, en donde se asentaba la ciudad de Hope, el m¨¢s extenso que vio en persona. De repente, el sonido de un timbre corta la conversaci¨®n. ¡ªVoy yo ¡ªdice Miriam mientras sale de la cocina y se dirige a la puerta delantera. Mirando el reloj en su tel¨¦fono, el aspirante nota que son las ocho y cuarto. Asumiendo qui¨¦n es el que toca el timbre por la conversaci¨®n que tuvieron las mujeres, John se para para conocer al hermano de Abigail. A lo lejos se escuchan saludos y risas y, luego de unos segundos, un hombre de mediana edad entra al comedor, de pelo casta?o como su padre y vistiendo un lujoso traje negro sobre una camisa color crema. Al lado de ¨¦l, una hermosa mujer rubia vestida con un largo vestido rojo lo tomaba del brazo mientras luc¨ªa una perlada sonrisa. ¡ªJas¨®n, Silvia, c¨®mo me alegro de verlos ¡ªexclama Thomas mientras se levanta y le da un abrazo a cada uno. ¡ª?Y qui¨¦n es este elegante se?or? ¡ªpregunta Jas¨®n, extendiendo una mano en la direcci¨®n de John. ¡ªWilliam Thompson, un gusto en conocerlos; Abi me cont¨® mucho sobre ustedes ¡ªresponde el hombre aceptando el saludo del reci¨¦n llegado. ¡ª?Abigail te cont¨® mucho sobre nosotros? ?De en serio? Por alg¨²n motivo no me lo creo ¡ªbromea Jas¨®n con una sonrisa mientras camina en direcci¨®n a la cocina, solo para detenerse de repente cuando se topa con la figura de su hermana. ¡ªObviamente que William solo est¨¢ tratando de ser educado, despu¨¦s de todo, ?qu¨¦ puedo contar de una persona tan aburrida? ¡ªincrepa la mujer apu?alando al hombre con el dedo. ¡ªLo que t¨² llamas aburrido, yo lo llamo estabilidad; podr¨ªas intentarlo, qui¨¦n sabe, tal vez te vendr¨ªa bien ¡ªretruca el hombre, no encogi¨¦ndose ante los puntazos, trabando una mirada retadora contra la mujer. El momento de tensi¨®n dura unos segundos hasta que ambas personas comienzan a re¨ªr a carcajadas y, luego de un abrazo, Jas¨®n avanza hacia la cocina junto con su padre mientras Abigail se acerca a Silvia. ¡ªHola,Silvi, ?c¨®mo has estado? Tienes que contarme c¨®mo les fue el fin de semana en Aspen, ?Es verdad que George se parti¨® la pierna? ¡ªpregunta la mujer luego de abrazar a su cu?ada.Support the creativity of authors by visiting the original site for this novel and more. ¡ªBien, fue bonito intentar esquiar, aunque algunos tuvieron m¨¢s ¨¦xitos que otros ¡ªresponde Silvia entre risas y dando una mirada de costado a John,susurra¡ª Tienes que contarme qui¨¦n es el nuevo chico, parece un tanto particular. Abigail se extra?a por lo que la mujer acaba de decir hasta que posa la mirada en su novio y puede notar c¨®mo est¨¢ mirando a la nada con el ce?o fruncido, expresi¨®n clara de que ten¨ªa una idea en la cabeza que le molestaba. ¡ªS¨ª, te cuento m¨¢s tarde. ?Por qu¨¦ no vas a saludar a mi mam¨¢? Estoy segura de que se alegrar¨¢ de verte ¡ªofrece la mujer, intentando destrabarse de la conversaci¨®n e ir a hablar con su pareja. Por suerte, Silvia acepta r¨¢pidamente la propuesta y se adentra en la cocina en busca de Miriam, d¨¢ndole tiempo a la mujer de acercarse e intentar dilucidar qu¨¦ incomodaba al hombre. John se encontraba perplejo; el ejemplo de amor fraternal enfrente de ¨¦l hab¨ªa desencadenado un recuerdo, una visi¨®n en donde ¨¦l y un hombre de piel morena se sentaban a las afueras de un bar mientras tomaban cervezas y miraban el atardecer que se cern¨ªa en las aguas del r¨ªo, los colores naranjas, rojos y p¨²rpuras reflej¨¢ndose en el agua. A pesar de que hablaban, la escena era como una pel¨ªcula muda, as¨ª que no pod¨ªa sacar nada de la conversaci¨®n, pero apenas posa sus ojos en la persona enfrente de ¨¦l, recuerda al hombre que encontr¨® en el d¨ªa que fue a la ciudad para conocer a los miembros del equipo de campo. La persona que vio entre los ¨¢rboles esa noche estaba sentada teniendo, por lo que pod¨ªa intuir por el lenguaje corporal del sujeto, una conversaci¨®n afable con ¨¦l mientras ve¨ªan pasar los barcos. Tan r¨¢pido como la visi¨®n lleg¨®, termina, dej¨¢ndolo asustado al mismo tiempo que esperanzado, puesto que con el recuerdo fresco en su mente, puede intentar buscar algo que lo ayude a develar el misterio que tiene entre manos. Centr¨¢ndose en los detalles, John se enfoca en intentar encontrar algo que lo lleve a descubrir en d¨®nde se encuentra. Primero, muchos de los barcos tienen contenedores marcados con el s¨ªmbolo de olas debajo de una W, s¨ªmbolo que alguna vez represent¨® a la familia Watergrin, que desde hace generaciones controlaba el puerto. Por la cantidad de barcos y contenedores con este emblema, era seguro asumir que el bar en donde estaban se encontraba en el puerto de la ciudad de Hope. John sonr¨ªe para sus adentros, pero r¨¢pidamente se da cuenta de que, a pesar de que el radio de b¨²squeda se redujo bastante, el puerto abarca varios kil¨®metros de largo, haciendo que encontrar un establecimiento en espec¨ªfico tarde mucho m¨¢s tiempo de lo que a ¨¦l le gustar¨ªa, as¨ª que, redoblando sus esfuerzos, intenta encontrar algo m¨¢s que distinga a este lugar del resto y lo hace en la forma de un cartel colgando del edificio que ten¨ªa la imagen de un faro con la leyenda de ¡°La ¨²ltima luz¡± escrita debajo en letras blancas. Mientras trataba de memorizar todo lo que acababa de descubrir, un repentino toque lo saca de su mente, cuando mira en la direcci¨®n de donde vino la sensaci¨®n, pudo ver c¨®mo Abigail estaba parada al lado suyo, tom¨¢ndole el brazo. ¡ªJohn, ?qu¨¦ pasa? Se te ve distra¨ªdo ¡ªsusurra la mujer, asegur¨¢ndose de que nadie m¨¢s escuche lo que est¨¢ diciendo. El hombre la toma de la mano y la lleva hacia el pasillo que da a la puerta de entrada para luego explicarle en susurros lo que acaba de pasar. ¡ªBien, por lo menos ahora tenemos algo con lo que guiarnos, eso es bueno ¡ªafirma la mujer luego de escuchar atentamente el relato del hombre. ¡ªS¨ª, creo que con estas pistas Line puede rebuscar algo; ya le mando un mensaje; puede que no termine en nada, pero prefiero intentar seguir lo que tenemos antes que no hacer nada ¡ªexplica John sacando su tel¨¦fono y empezando a escribir un texto. ¡ªEso es cierto, apenas Line consiga la informaci¨®n vamos juntos ¡ªdice Abigail con convicci¨®n. El hombre se frena de repente, no sabe a d¨®nde lo llevar¨¢ esto, pero sabe muy bien que podr¨ªa ser peligroso y no quiere que Abi salga lastimada, pero antes que pudiera decir algo la mujer, que hab¨ªa captado la repentina pausa, lo toma de la cara con ambas manos, trabando sus ojos con los de ¨¦l y dice ¡ªNi se te ocurra dejarme afuera de esto. ¡ªEsto puede ser muy peligroso ¡ªtrata de explicar su preocupaci¨®n el hombre. ¡ªExacto, es por eso que necesitas tener apoyo, y qui¨¦n mejor que yo para cuidarte las espaldas ¡ªretruca la mujer y, para sellar el trato sin quitarle la vista, agrega¡ª ?O acaso no conf¨ªas en m¨ª? John se queda mirando los ojos verdes de Abigail por unos segundos; la pregunta era v¨¢lida, ?¨¦l confiaba en la mujer? Casi al instante la respuesta aparece: s¨ª, s¨ª lo hac¨ªa; si no quer¨ªa ponerla en peligro, ya era demasiado tarde. ?Adem¨¢s, qui¨¦n se pensaba que era? Abigail hab¨ªa no solo sobrevivido, sino que prosperado en un ambiente hostil como lo era el mundo arcano; no hab¨ªa nadie mejor que este tan cercano a ¨¦l como para encarar este reto que ella. ¡ªClaro que s¨ª, siempre ¡ªresponde el hombre con seguridad, terminando la discusi¨®n con un beso. En ese momento, una voz materna que los llama a cenar da por terminado el momento de intimidad y, luego de mandar el mensaje a Line, se sientan en la mesa a compartir un banquete de a?o nuevo. La velada transcurri¨® sin nuevos sobresaltos m¨¢s all¨¢ de las bromas que de vez en cuando lanzaban los hermanos; Jas¨®n parec¨ªa interesado en John preguntando sobre su vida y trabajo. Por suerte, ya hab¨ªan ensayado para Navidad una historia que explica bastante la vida de William Thompson, el veterinario a domicilio, e incluso decidieron entre ¨¦l y Abigail una explicaci¨®n de c¨®mo se conocieron, haciendo que el interrogatorio familiar sea f¨¢cil de sobrepasar. Luego del brindis y del espect¨¢culo de fuegos artificiales, John se despide de los Whitaker y, junto a Abi, se suben al viejo Cadillac. Cruzando las calles de Hope, la mujer habla sobre los eventos que la familia de su cu?ada pas¨® en Aspen, pero el hombre no la escucha, pensando en c¨®mo cada vez que siente que est¨¢ a punto de escaparse de la situaci¨®n en la que se encontraba, lo vuelven a arrastrar hacia adentro. Algunas veces desear¨ªa que fuera todo continuo, que no hubiera tiempo entre los sue?os o los recuerdos que lo acechaban, porque que le den la esperanza de que esto es algo del pasado para luego resurgir en el momento m¨¢s inoportuno es cien veces peor. ¡ª¡­Y no me est¨¢s escuchando ¡ªdice la mujer para luego dar un suspiro de decepci¨®n. ¡ª?Qu¨¦? ¡ªpregunta el hombre, confirmando las sospechas de Abigail. ¡ªSabes,John, a veces piensas demasiado; ya hicimos lo que pudimos, ahora tenemos que esperar y se me ocurre algo que podemos hacer mientras lo hacemos ¡ªcomenta la mujer mientras toma la mano que John ten¨ªa en la palanca de cambios y la posa en su muslo. Entendiendo lo que quiere decir el gesto, los problemas que inundan la mente del hombre son reemplazados por otro tipo de pensamientos m¨¢s placenteros, as¨ª que apretando el acelerador, el veh¨ªculo se mueve por las calles de Hope a lo m¨¢ximo permitido por las leyes locales y llegan a Santuario en un tiempo r¨¦cord. La ma?ana siguiente, John es despertado por el sonido de un mensaje llegando a su tel¨¦fono. Mirando qui¨¦n era, resulta que Line encontr¨® r¨¢pidamente el lugar de su visi¨®n, un peque?o bar de marineros que da directamente al r¨ªo. A pesar de que no reconoce las fotos adjuntadas, puesto que la fachada ha cambiado con el paso del tiempo, adoptando un porte m¨¢s moderno, algo dentro de ¨¦l le dice que es el lugar adecuado. Levantando a Abigail, ambos se preparan para salir, no sin antes mandarle un mensaje a Narciso sobre el plan que ten¨ªan. Por suerte, el hombre no trata de detenerlo, sino todo lo contrario, pregunta si necesitan apoyo, pero, sabiendo que los dem¨¢s miembros del equipo de campo estaban ocupados preparando la siguiente fase de la operaci¨®n Jord¨¢n, rescinde la ayuda diciendo que ¨¦l y Abi van a tener que ser suficientes. Una vez que terminan de prepararse, ponen a Tila en el asiento trasero y se suben al Cadillac en direcci¨®n a la ciudad. Debido a que es la ma?ana del primero, hab¨ªa pocos autos dando vuelta, la mayor¨ªa de la gente decidiendo dormir hasta tarde, haciendo que el viaje por el parque industrial sea r¨¢pido y tranquilo. No queriendo pasar por el basural, barrio caracterizado no solo por su mal olor, sino por lo peligroso que era, deciden tomar la ruta esc¨¦nica y entrar al barrio imperial. ¡ªJohn, est¨¢s yendo muy r¨¢pido ¡ªdice Abigail observando c¨®mo el medidor de velocidad pasaba por varios kil¨®metros la velocidad m¨¢xima. Ante la llamada de atenci¨®n, el hombre mira el tablero y se sorprende al ver que lo que dec¨ªa la mujer era cierto: inconscientemente estaba pisando el acelerador. ¡ªLo siento, no me di cuenta de lo r¨¢pido que iba ¡ªse disculpa el hombre aflojando la marcha. A medida que pasa por entre las mansiones y oficinas, se da cuenta de que la admiraci¨®n que ten¨ªa por el lugar se hab¨ªa desvanecido completamente, siendo reemplazada por una aversi¨®n que proven¨ªa de lo m¨¢s profundo de s¨ª, tal vez porque este lugar era un s¨ªmbolo del derroche y la opresi¨®n capitalista o tal vez porque simplemente todo el barrio pertenec¨ªa a Blackmount. Esta ¨²ltima idea le sorprende; ¨¦l estaba enterado de que la familia Blackmount pose¨ªa varios negocios en el barrio, pero no entend¨ªa c¨®mo alguien pod¨ªa poseer todo un distrito. Sin embargo, a pesar de que no lo entend¨ªa, ¨¦l sab¨ªa que as¨ª era; el barrio imperial representaba a Blackmount y es por eso que lo odiaba. Luego de unos minutos dejan atr¨¢s el barrio imperial y el panorama vuelve a cambiar. Esta vez las mansiones, los negocios y grandes edificios son reemplazados en un principio por hostales y casas particulares para luego transformarse en colosales almacenes en donde los productos transportados por el r¨ªo iban a descansar antes de ser distribuidos por toda la ciudad. A medida que avanzan por las calles h¨²medas del barrio de los arroyos, pueden notar no solo el olor a pescado en el aire, sino una gran actividad de gente. A pesar de ser el principio del a?o, el puerto nunca se detiene e incluso ahora barcos entran y salen llevando y trayendo gigantes contenedores llenos de productos que son descargados por una gran cantidad de trabajadores. Gui¨¢ndose por el GPS, llegan a una calle encima de una colina que da cara al r¨ªo; subiendo por esta, estacionan enfrente de un bar de fachada negra. A pesar del moderno aspecto, a un costado todav¨ªa colgaba un cartel de madera que mostraba la imagen de un faro y escrito en letras blancas ¡°la ¨²ltima luz¡±. Bajando del auto, John se queda parado del otro lado de la calle; una ola de nostalgia y culpa le impide dar otro paso. En ese momento, el calor de la mano de Abigail le permite juntar la fuerza de voluntad que le queda y ambos avanzan hacia el bar, esperando encontrar las respuestas que estaban buscando. Cap铆tulo 33: Hecho pedazos Dejando a Tila afuera, la pareja entra al bar, una campanita haciendo notar su presencia. Lo primero que sienten al atravesar el umbral es el ambiente c¨¢lido de la habitaci¨®n, calentado por un fuego ubicado en la chimenea del otro lado del recinto. Del lado izquierdo del fog¨®n se encontraba una escalera que lleva a un segundo piso; entre ellos y esta hab¨ªa 6 mesas redondas y un peque?o escenario medio olvidado en una esquina del lugar. Al lado de este, varias fotos adornaban la pared, muchas de desconocidos, aunque de vez en cuando se pod¨ªa encontrar el rostro de alguien famoso entre los marcos. Mirando a la derecha pueden ver una barra con bancos vac¨ªos y detr¨¢s de ella una mujer de piel morena parada enfrente de varias estanter¨ªas llenas de botellas de licor. La barman se encontraba limpiando un vaso de cerveza mientras miraba en su direcci¨®n con una cara de curiosidad. Cuando cruzan sus ojos con los de los reci¨¦n llegados, ella sonr¨ªe con dientes perlados y asiente ligeramente para luego continuar limpiando. ¡ªBuen d¨ªa,se?orita, ?le molesta si tomo algo de su tiempo? ¡ª pregunta John, acerc¨¢ndose a la barra, seguido de cerca por Abigail, que se manten¨ªa atenta a sus alrededores. ¡ªClaro que no ?En qu¨¦ puedo ayudarlo, se?or? ¡ª responde la mujer mientras deja el trapo sobre la barra. ¡ªThompson, William Thompson, puedes llamarme William, un placer conocerla¡ª se presenta el hombre mientras extiende el brazo en un saludo formal. ¡ªAlma Goscri, un gusto¡ª responde la mujer aceptando el saludo. ¡ªVer¨¢, estoy buscando a una persona, un hombre de piel morena, a esta altura un poco anciano, de pelo corto y negro, que trabaja o trabaj¨® como pescador y que sol¨ªa venir a este bar ?Sabe de alguien que coincida con esa descripci¨®n? ¡ª pregunta John, intentando recordar cualquier detalle que pudiera ayudar a la mujer. Al escuchar el pedido del hombre, la barman se queda mirando hacia la nada de manera pensativa. Luego de unos segundos, hace una expresi¨®n de realizaci¨®n seguida de una de incredulidad, como si lo que acabara de pensar fuera rid¨ªculo. A pesar de esto, sale de detr¨¢s de la barra caminando en direcci¨®n al escenario sin decir una palabra y se para en frente de las fotos buscando una en particular. John la sigue de cerca y ¨¦l tambi¨¦n se pone a mirar las fotos con m¨¢s detalles. Apostados en la pared, se pod¨ªa notar grandes figuras de la ciudad, artistas, pol¨ªticos y dem¨¢s celebridades, mezclados entre gente que no conoc¨ªa, pero que al mismo tiempo, por alg¨²n motivo, le parec¨ªan familiares. ¡ªAqu¨ª, ?es este el hombre que est¨¢s buscando? ¡ª cuestiona Alma descolgando una vieja foto de la pared y d¨¢ndosela. El aspirante toma el marco viejo y gastado y lo analiza: un hombre de piel morena sentado frente al r¨ªo que extend¨ªa su brazo sobre una silla vac¨ªa; enfrente de ellos, dos peque?as ni?as se encontraban sonriendo. Apenas posa sus ojos sobre ella; John frunce el ce?o, profundamente sorprendido de que no solo ve al hombre que est¨¢ buscando, sino que adem¨¢s la ni?a de sus recuerdos se encontraba enfrente de la silla vac¨ªa. ¡ª ?Qu¨¦ pasa? ?Reconoces a alguien? ¡ª pregunta Abigail mirando por sobre el hombro del hombre. ¡ªS¨ª, este es el hombre que vi, tambi¨¦n reconozco a la ni?a, ?sabes qui¨¦nes son? ¡ªcontesta John mirando a la barman sin poderse quitar la sensaci¨®n de que hay algo extra?o con esta foto. ¡ªS¨ª, ese soy yo y ese es mi padre; la peque?a, al lado de m¨ª, es mi mejor amiga Elvira¡ª dice la mujer, algo sorprendida de que est¨¦n buscando a su progenitor. Al escuchar el nombre de la joven, un sudor fr¨ªo recorre el cuerpo del hombre y, casi tartamudeando, pregunto¡ª ?Elvira? ?Est¨¢s segura de que ese es su nombre? ¡ªS¨ª, estoy segura, hemos sido amigas desde la infancia, nos distanciamos un poco cuando fue a la Facultad de Derecho, pero nos reencontramos hace unos a?os y cuando vuelve a la ciudad por alg¨²n caso viene a visitarme¡ª contesta Alma con seguridad. ¡ªDijiste que viene a la ciudad, ?eso quiere decir que no vive en Hope? ¡ª vuelve a interrogar John, sintiendo como el nudo en la boca del est¨®mago se aprieta cada vez m¨¢s con cada peque?o detalle que descubre. ¡ªS¨ª, ella no vive en la ciudad, pero s¨ª en un pueblo cercano a unas horas de aqu¨ª; no recuerdo bien el nombre, pero s¨ª s¨¦ que tienen un parque nacional¡ª explica la mujer mientras se agarra el ment¨®n de manera pensativa, tratando de rememorar el nombre de la localidad. ¡ªPor las dudas, ?no ser¨¢ Wichatova el nombre que est¨¢s buscando? ¡ªinterrumpe Abigail, haciendo la pregunta que su pareja tiene demasiado miedo de hacer. ¡ªS¨ª, exacto, hermoso lugar, ?no? ¡ª dice la barman esbozando una sonrisa que r¨¢pidamente cambia a preocupaci¨®n cuando ve c¨®mo el color de la cara del hombre se drena y este tiene que agarrarse a la pared para no caer. ¡ªJohn, est¨¢s pensando lo mismo que yo ?verdad? ¡ª pregunta Abigail mientras lo toma del brazo y le soba la espalda. ¡ªS¨ª, esa ni?a es mi madre¡ª asegura el aspirante, no pudiendo creer las palabras que salen de su boca. ¡ªEsperen, ?qu¨¦? Eso no es posible, el hijo de Elvira muri¨® hace unos meses¡ª dice Alma con una mirada de confusi¨®n. ¡ªLarga historia, necesitamos hablar con tu padre, ?podr¨ªas decirnos d¨®nde est¨¢? ¡ª pide John mientras toma a la mujer de ambos brazos. La mujer duda por unos instantes, pero la desesperaci¨®n que ve en los ojos del hombre es genuina, as¨ª que luego de suspirar dice¡ª Primero, su¨¦ltame y segundo, los llevar¨¦ yo misma, esp¨¦rame un momento as¨ª cierro el local; de todas maneras, no es que vaya a venir mucha gente el primero. ¡ªS¨ª, gracias, gracias¡ª agradece el hombre, todav¨ªa luchando para mantenerse en pie. Alma se retira por una puerta ubicada detr¨¢s de la barra; mientras tanto, Abigail ayuda a su pareja a caminar hacia una silla en donde el hombre se desploma, la realizaci¨®n anterior provoc¨¢ndole un shock tan grande que le dren¨® todas las energ¨ªas. ¡ªNo entiendo, si ella es tu madre, entonces Aurelio ser¨ªa tu abuelo, ?verdad? Entonces, ?c¨®mo no pudiste recordarlo? ¡ª cuestiona la mujer, intentando entender la situaci¨®n. Eso mismo se estaba preguntando John; por m¨¢s que lo intentara, no pod¨ªa poner en su mente la imagen de su abuelo. Si bien no ten¨ªan la m¨¢s estrecha relaci¨®n, ¨¦l lo hab¨ªa visto m¨¢s de una vez en situaciones que ser¨ªan bastante dif¨ªciles de olvidar, pero si bien ten¨ªa una noci¨®n de la existencia del hombre, nada m¨¢s espec¨ªfico llegaba a su mente. Levant¨¢ndose de un salto, va de vuelta a la pared y toma la foto que vieron antes; examin¨¢ndola detenidamente, todav¨ªa puede sentir que falta algo. ¡ªMira esta foto ?no te parece extra?a? ¡ª cuestiona John, pas¨¢ndole la imagen a su pareja. Abigail la mira detenidamente y, negando con la cabeza, responde¡ª No, es solo una foto de cuatro personas. ¡ª ?Cuatro? ¡ªpregunta extra?ado John levantando una ceja mientras la observa con una mirada inquisitiva. ¡ªS¨ª, dos ni?as¡ª empieza a decir ella con seguridad para luego volver a mirar la foto un par de veces m¨¢s, cada an¨¢lisis tardando m¨¢s que el anterior. Luego de unos segundos, ladeando la cabeza mientras porta una expresi¨®n de duda, agrega¡ª Y¡­ ?Dos?... ?Hombres? ¡ªVes, algo le pas¨® a Aurelio, algo que hizo que su existencia sea olvidada, pero no es perfecto, es por eso que yo recuerdo tener un abuelo y t¨² puedes entender que en esta foto hay 4 personas cuando solo podemos ver 3¡ª explica el hombre mientras toma el cuadro y lo vuelve a colocar en la pared. ¡ªSolo magia podr¨ªa hacer algo as¨ª, pero seg¨²n Narciso hay poca gente que puede usar Ether rosa de esa manera, ?no? ¡ª dice la mujer, rasc¨¢ndose la cabeza, la complejidad del misterio empezando a sobrepasarla. ¡ªCreo que el grupo de pocas personas incluir¨ªa a los Blackmount; despu¨¦s de todo son una de las m¨¢s poderosas familias¡ª teoriza el hombre. ¡ªS¨ª, pero los Blackmount son conocidos magos de barrera, no mentalistas, y si bien tienen conexiones, alguien tan diestro en las artes arcanas como para manipular Ether rosa tan proficientemente no har¨ªa lo que ellos dicen tan f¨¢cilmente¡ª explica la mujer levant¨¢ndose de la mesa y coloc¨¢ndose al lado de su pareja.Love this novel? Read it on Royal Road to ensure the author gets credit. John se queda pensativo; ella ten¨ªa raz¨®n, pero no pod¨ªa descartar que alguien tan influyente no tenga un par de personas poderosas para ya sea ordenar, pedir un favor o chantajear en hacer lo que quer¨ªan. Cerrando los ojos, se concentra, buscando en su mente alguna explicaci¨®n aparte. De repente, una idea se mueve al frente de su cerebro: tal vez s¨ª, no habr¨ªa nadie que pudiera usar Ether rosa de esa manera; ?qu¨¦ tal si no estuvieran usando Ether rosa en absoluto? ¡ªOk, digamos que no se puede usar Ether rosa para hacer esto. ?Qu¨¦ tal si usamos otro tipo? Despu¨¦s de todo hay 14 m¨¢s de los que escoger ¡ªcuestiona el hombre, volte¨¢ndose para ver a la mujer. Abigail se queda unos segundos en silencio pensando para luego decir¡ª La verdad, no estoy segura, solo conozco los ¨¦teres m¨¢s usados; tendr¨ªamos que hablar con Sigil, Mouse o Discovery, ellos sabr¨¢n m¨¢s sobre los tipos m¨¢s raros. John asiente, haciendo una nota mental de preguntarles apenas llegue a Santuario, y junto a Abi espera a que la barman termine de prepararse para salir. Luego de unos minutos, la mujer sale de la trastienda con un sobretodo marr¨®n y una bufanda celeste en el cuello. ¡ªTodo listo por mi parte ?Vamos yendo? ¡ª pregunta Alma, dirigi¨¦ndose al interruptor de luz y us¨¢ndolo; los fluorescentes se apagan, haciendo que la habitaci¨®n solo sea iluminada por el brillo que proven¨ªa de las ventanas y el fuego de la hoguera. Ambas personas asienten y la acompa?an afuera; Abigail llama a Tila y esta viene a paso apresurado mientras menea la cola. A medida que avanza, un fuerte viento fr¨ªo aparece, soplando por entre las calles, levantando copos de nieve en improvisados mini tornados que, tan r¨¢pido como surg¨ªan, se desvanec¨ªan sin dejar rastro. El d¨²o se dirige a su auto solo para ser detenido a medio camino por la voz de la mujer. ¡ª ?A d¨®nde van? ¡ª pregunta Alma, todav¨ªa parada en la vereda enfrente del bar. ¡ªA traer el auto¡ª contesta John sacando las llaves de su bolsillo. ¡ªLo lamento, pero no me voy a subir en un auto con gente extra?a, prefiero ir en la m¨ªa¡ª dice la barman apuntando hacia una camioneta estacionada a unos pocos metros. ¡ªBueno, no hay problema, conduce y te seguimos¡ª propone Abigail. ¡ªBuena idea, s¨ªganme de cerca, la casa de mi padre no est¨¢ muy lejos ¡ªtermina la conversaci¨®n Alma dirigi¨¦ndose hacia su veh¨ªculo y subi¨¦ndose en ¨¦l. Luego de que las otras dos personas y el animal se subieran al auto, la camioneta sale primero, seguida de cerca por el Cadillac; con el r¨ªo a la derecha se mueven por el barrio mientras flanquean el cuerpo de agua y despu¨¦s de unos minutos, entran a una calle sin salida a pocos metros de la ribera. Apenas ingresan, pueden ver que una van sin marcas viene conduciendo en la direcci¨®n contraria. John observa a la conductora, una mujer de pelo negro que parec¨ªa ser de ascendencia rusa y estaba vestida con una remera blanca, pantalones de jean y lentes de sol. Si bien a simple vista ella no parec¨ªa mucho, su presencia molestaba al hombre; algo en la apariencia de la mujer le daba mala espina, m¨¢s a¨²n cuando los rayos del sol golpearon el pelo de la mujer y estos fueron refractados como si sus cabellos reflejaran la luz. ¡ªNo me gusta para nada esto ¡ªdice John en voz baja. ¡ª ?Hablas de la Van? Si a m¨ª tampoco me agrada, deber¨ªamos apurarnos ¡ªafirma Abigail mirando por el retrovisor. El hombre asiente y contin¨²a conduciendo, siguiendo a la mujer que acelera, al parecer habiendo tenido la misma sensaci¨®n que el d¨²o. Luego de unos pocos minutos, el grupo estaciona en frente de una peque?a casa cuyo patio trasero termina directamente en el r¨ªo y se baja a las apuradas. Sin decir nada, se acercan a la puerta principal, pero cuando la mujer iba a usar la llave que ten¨ªa para abrir la puerta, puede notar c¨®mo esta tiene la cerradura rota, probablemente por un fuerte golpe. Al notar esto, Alma empieza a entrar en p¨¢nico y, sin pensarlo, intenta entrar a la casa en busca de su padre, pero John la detiene antes de que pudiera pasar el umbral. ¡ª ?Qu¨¦ haces? Su¨¦ltame, tengo que ver si mi pap¨¢ est¨¢ bien¡ª dice la mujer mientras intenta liberarse del agarre del hombre. ¡ªEntiendo tu preocupaci¨®n, pero no sabemos si dejaron alguna trampa o algo peligroso dentro, si entramos a las apuradas, podr¨ªamos terminar en una situaci¨®n desventajosa o peor¡ª explica John, intentando calmar a la mujer. ¡ªHagamos esto, John y yo entramos por el frente, t¨² y Tila entren por la parte de atr¨¢s y nos encontramos en el medio, si pasa algo, ella te proteger¨¢¡ª propone Abigail, se?alando a la perra que se para firme al lado de Alma. Dudando por unos segundos, la mujer termina por aceptar la idea y unos momentos despu¨¦s su figura desaparece detr¨¢s de la casa. John se para enfrente de la puerta y saca su pistola, asegurando el punto de acceso. Abigail se coloca detr¨¢s de ¨¦l y, cuando se siente lista, le toca el hombro, indicando que est¨¢ preparada para entrar. El hombre respira hondo, intentando calmar los nervios que lo hacen temblar y, luego de un par de exhalaciones, abre la puerta de par en par y entra a la casa. Apenas pasan el umbral, pueden ver una sala de estar en donde se posa un sill¨®n floreado de mal gusto, una mesa ratonera que tiempo atr¨¢s ten¨ªa un televisor; este ¨²ltimo ahora se encontraba tirado en el piso. A la derecha hab¨ªa una escalera que iba a un segundo piso y del otro lado de la habitaci¨®n hab¨ªa una abertura que daba a una mesa de madera con varias sillas alrededor. ¡ªAbi, ?d¨®nde est¨¢ Alma? ¡ª pregunta John, cubriendo las escaleras con su arma. Abigail mira para abajo por unos segundos, sus ojos brillando con un vibrante verde, y cuando vuelve a levantar la vista dice ¨C Est¨¢ en el patio, a punto de entrar a la cocina; subamos hacia el segundo piso. El hombre concuerda y r¨¢pidamente suben las escaleras continuando con la exploraci¨®n de la casa; estas desembocan en otro pasillo con 4 puertas, 2 de cada lado. A medida que avanzan, pueden ver c¨®mo cada puerta est¨¢ abierta, la mala sensaci¨®n que tuvieron en el camino lentamente volvi¨¦ndose m¨¢s real con cada paso que dan. La primera puerta que inspeccionan da a un cuarto de invitados; los cajones de la mesita de luz, as¨ª como el colch¨®n, est¨¢n todos dados vuelta, como si alguien estuviera buscando algo. El siguiente es un ba?o; los lugares t¨ªpicos en donde alguien esconder¨ªa algo han sido rebuscados, pero nada m¨¢s fuera de lo ordinario. La tercera puerta da al cuarto del padre de Alma, que se encontraba en un peor estado que el de invitados, puesto que incluso cortaron el colch¨®n, desparramando su contenido en el suelo. La ¨²ltima puerta da a un despacho. Esta vez, apenas entran, pueden escuchar el crujido de fragmentos de vidrio regados por el piso, as¨ª como estanter¨ªas de libros tiradas en el suelo, su contenido regando la habitaci¨®n, cajones y hojas se encontraban esparcidos por encima del escritorio, John se acerca para observarlo m¨¢s de cerca y puede notar c¨®mo por sobre el papel blanco peque?as gotas de sangre se extienden por toda su superficie. Mirando detr¨¢s del escritorio, puede notar c¨®mo una silla con rueditas tiene cinta adhesiva en los apoyabrazos, as¨ª tambi¨¦n como gotas de sangre a sus pies. John nota peque?as cosas blancas en el suelo, pero no sabiendo exactamente qu¨¦ son, se agacha para inspeccionarlas m¨¢s de cerca, solamente para horrorizarse al darse cuenta de que los extra?os objetos son dientes humanos. ¡ªJohn, ?encontraste algo? ¡ª pregunta Abigail mientras cubr¨ªa la entrada de la habitaci¨®n. ¡ªLlegamos tarde, se lo llevaron, dile a Alma que nos encuentre aqu¨ª¡ª dice el hombre frustrado, otra vez una pista escap¨¢ndose de la punta de sus dedos. Otra vez los ojos de la mujer brillan, pero a diferencia de la vez anterior, ahora el uso de magia es acompa?ado de un grito agudo. John hace unos pasos hacia la puerta con intenci¨®n de ir en direcci¨®n del alarido, pero Abigail lo detiene interponi¨¦ndose entre ¨¦l y la salida al pasillo. ¡ªAsust¨¦ a Alma cuando habl¨¦ a trav¨¦s de Tila, dijo que ya viene¡ª explica la mujer luego de cortar su conexi¨®n con el animal. Satisfecho con la respuesta, John mira otra vez la habitaci¨®n tratando de encontrar una pista que le ayude a develar con seguridad la identidad de los secuestradores. En ese momento puede notar que el suelo est¨¢ cubierto por fragmentos de vidrio; a pesar de esto, ninguna de las ventanas est¨¢ rota y tal cantidad no podr¨ªa ser producida por un par de botellas o vasos. Agach¨¢ndose, toma un fragmento con la intenci¨®n de analizarlo y, apenas lo toma, puede sentir como se le paran los pelos de la nuca, sensaci¨®n clara de que estos pedazos est¨¢n infundidos con magia. Concentr¨¢ndose en la sensaci¨®n que le provocaba, puede sentir una superficie lisa y fr¨ªa. A lo lejos, el sonido de cristal rompi¨¦ndose puede ser o¨ªdo junto con un brillo blanco que ilumina toda su visi¨®n hasta el punto de casi dejarlo ciego. Si tuviera que compararlo con algo, este pedazo de vidrio, por alg¨²n motivo que todav¨ªa no entend¨ªa, se siente de la misma forma que cuando est¨¢ cerca de hermano Guardi¨¢n. ¡ª?Encontraron algo? ¡ª la figura de Alma aparece desde el pasillo acompa?ada por Tila. ¡ªAl parecer lo secuestraron, probablemente las personas de la van negra¡ª dice John poni¨¦ndose de pie. ¡ª ?Secuestrado! O no, ?qu¨¦ hago? ?Deber¨ªa llamar a la polic¨ªa? ¡ª pregunta Alma, p¨¢nico asent¨¢ndose en su voz. ¡ªSi deber¨ªas, nosotros buscaremos por nuestro lado, este es mi n¨²mero; si encontramos algo, te hablaremos, espero que hagas lo mismo¡ª responde el hombre mientras le pasa un pedazo de papel a la mujer. ¡ªS¨ª, lo har¨¦ ¡ª afirma Alma tomando el papel con ambas manos. ¡ªAsumo que es obvio, pero no le digas nada de nosotros; en teor¨ªa estoy muerto, as¨ª que que me llamen para que d¨¦ testimonios es bastante molesto¡ª comenta el hombre mirando de lado a la mujer de piel morena. ¡ªS¨ª, hablando de eso, ?vas a decirle a Elvira que est¨¢s vivo? ¡ªcuestiona Alma con una mirada triste. ¡ªEn su tiempo, por c¨®mo vamos, tarde o temprano tendr¨¦ que hacerlo¡ª responde John, intentando cubrir su molestia lo mejor que puede. ¡ªCre¨ªste bastante r¨¢pido que est¨¢bamos diciendo la verdad, no es que me queje, pero me parece algo extra?o¡ª dice Abigail ladeando la cabeza, mirando a la mujer con curiosidad. ¡ªLo entender¨ªa si conocieras a Elvira, son iguales, no solo en apariencia¡ª explica Alma, una ligera sonrisa dibuj¨¢ndose en su rostro. Al escuchar esto, John se tensa; la noci¨®n de que es igual que su madre lo molesta bastante, pero por alg¨²n motivo no puede protestar. Algo dentro de ¨¦l lo detiene y lo ¨²nico que puede hacer es aceptar la comparaci¨®n y salir a paso apresurado hacia el auto. Una vez que se despiden de Alma, se suben al Cadillac y empiezan a conducir en direcci¨®n a Santuario, teniendo mucha informaci¨®n que procesar y necesitando el consejo de varias personas. ¡ªInteresante¡ª dice de la nada Abigail luego de unos minutos de emprendido el viaje. ¡ª ?Qu¨¦ cosa? ¡ªpregunta el hombre, no entendiendo a lo que se refer¨ªa. ¡ªEst¨¢s sonriendo¡ª responde la mujer, ahora ella tambi¨¦n esbozando una sonrisa. John r¨¢pidamente se lleva la mano a la cara como si esperara encontrar una sonrisa clavada ah¨ª; se ve que las palabras de Alma lo afectaron m¨¢s de lo que pensaba. Sea como sea, lo que dijo en el despacho todav¨ªa era cierto: su madre era la persona m¨¢s cercana a su abuelo y, por ende, si alguien sabr¨ªa algo, era ella. Si bien enfrentarla le daba terror, era algo que ten¨ªa que hacer; solo esperaba que las agallas no le fallaran al ¨²ltimo momento. Cap铆tulo 34: Un encuentro fugaz John se encontraba sentado solo en un cuarto iluminado levemente por velas de color p¨²rpura que lentamente se consum¨ªan, liberando en el aire el aroma a lavanda y mora. Desde su regreso a Santuario, habiendo pasado la informaci¨®n que encontraron en el bar a Narciso, lo ¨²nico que pod¨ªa hacer era esperar la llamada a la acci¨®n. Decidiendo pasar su tiempo tratando de controlar sus habilidades, se encontraba en un cuarto de entrenamiento dise?ado para soportar cualquier tipo de poder, incluso aquellos fuera de control, por ende, pod¨ªa practicar sin riesgo a que nadie m¨¢s saliera lastimado. Enfrente de ¨¦l, a unos pocos metros, una esfera de goma del tama?o de una pelota de tenis se encontraba en un pedestal, el aspirante la mira y con la mano extendida hacia ella, se concentra tratando de aclarar su mente y respirando hondo vuelve a mover el Ether hacia su Enki, el proceso es m¨¢s dif¨ªcil de lo que pudiera parecer en un principio, la energ¨ªa entrando r¨¢pidamente al ¨®rgano, pero no queriendo salir tan f¨¢cilmente, luego de unos minutos de fallar constante mente, frustrado, baja el brazo, tal vez, est¨¢ distra¨ªdo por lo que acaba de pasar hace unas horas, el conocimiento que los recuerdos que est¨¢n plagando su mente son un reflejo de la vida de su abuelo, sumado a que por alg¨²n motivo, una fuerza mayor y desconocida hizo que la mayor¨ªa del mundo se olvidara de ¨¦l, lo asustaban m¨¢s de lo que se sent¨ªa c¨®modo admitiendo, adem¨¢s la idea de que deber¨¢ hablar con su madre para descubrir cualquier informaci¨®n que la mujer pudiera tener sobre la situaci¨®n tampoco ayudaba, no odiaba a su madre, solo se sent¨ªa abandonado, eso es algo que aprendi¨® con el tiempo y la ayuda de Evergreen, pero la ¨²ltima vez que se vieron cara a cara ambos dijeron cosas que son dif¨ªciles de perdonar, pero quien sabe quiz¨¢s su presunta muerte all¨¢ hecho posible una posibilidad de reencuentro, despu¨¦s de que discutamos el tema de su sorpresiva resurrecci¨®n. Moviendo las preocupaciones fuera del foco de su mente, cierra los ojos mientras respira lenta y profundamente, buscando una forma de hacer que el Ether lo obedezca. Sigil le dijo que solo podr¨ªa ense?arle lo b¨¢sico y que el resto deber¨ªa encontrarlo ¨¦l mismo, cosa que era mucho m¨¢s f¨¢cil decir que hacer. El Ether p¨²rpura era mucho m¨¢s dif¨ªcil de utilizar que el violento Ether rojo que se comporta como si quisiera ser usado, o el verde que amablemente se deja guiar por el arcanista. Es una energ¨ªa m¨¢s terca, que se niega a moverse cuando uno se lo pide, no importa cu¨¢n fuerte uno lo intente. Su cerebro, intentando encontrar una soluci¨®n al dilema, repasa lo que el hombre sabe, para encontrar una pista sobre c¨®mo proceder, el Ether p¨²rpura tiene dominio sobre el espacio en s¨ª, puede crear aberturas a un lugar conocido como el interior en donde cent¨ªmetros se convierten en kil¨®metros y viceversa, con esto los Sarashai pueden transportar personas u objetos grandes distancias en cuesti¨®n de minutos o segundos, eso es lo que le comento Sigil pero no explic¨® que es exactamente el interior, John asum¨ªa que era un espacio afuera del universo, algo como un plano intermedio, m¨¢s comprimido que la realidad que el exist¨ªa pero por la experiencia que hab¨ªa tenido cuando lo cruz¨® aquella vez con Oliver sent¨ªa que era algo m¨¢s, a riesgo de parecer desquiciado, si esa palabra significara algo a esta altura, pensando en los momentos que pas¨® en el lugar y volviendo al nombre que le dieron al espacio tal vez si estaba adentro de algo, algo vivo. La idea era demasiado grande, demasiado extra?a para continuar con el pensamiento, as¨ª que, pivotando hacia otro concepto, uno que sea m¨¢s f¨¢cil de digerir, se centra en otra parte del proceso. En pocas palabras, se pod¨ªa resumir el uso del Ether p¨²rpura como la creaci¨®n de 2 puertas, una de entrada y una de salida, pero ?qu¨¦ tal si no es as¨ª? ?Tal vez la idea de que es ¨¦l el que est¨¢ creando las puertas es una idea equivocada? Quiz¨¢s, en vez de crear las puertas, lo que est¨¢ haciendo es solamente abrirlas; por ende, el Ether p¨²rpura, m¨¢s que una puerta, es una llave. Aferr¨¢ndose firmemente a este pensamiento empieza a mover el Ether a su mano mientras imagina la forma de una llave, en ese momento la energ¨ªa que antes estaba anclada f¨¦rreamente a su Enki empieza a fluir sin detenerse y al llegar a su destino forma una r¨²stica llave de color p¨²rpura, llevando su mente hacia la pelota de goma usa la nueva llave en el aire, casi al instante esta abre un espacio en la negrura detr¨¢s de sus ojos, mostrando el conocido espacio del interior, a pocos cent¨ªmetros otra se crea y detr¨¢s, al alcance del hombre, se puede ver el pedestal en donde la esfera se encontraba posada, John estira el brazo cruzando el umbral, mientras lo atraviesa puede sentir que su cuerpo es ligeramente movido por una corriente invisible y su piel es estirada para todos lados. El conocido sentimiento todav¨ªa es inc¨®modo, as¨ª que r¨¢pidamente toma lo que est¨¢ buscando y, apenas termina de retirar la mano, retrae el Ether, cerrando la abertura como si nunca hubiera estado ah¨ª. Sintiendo el material gomoso en sus manos, abre los ojos y puede ver c¨®mo el pedestal se encontraba vac¨ªo; ¨¦l ahora ten¨ªa la pelota en su mano derecha. John sonr¨ªe sintiendo que acaba de realizar un gran avance en su dominio del Ether, pero el sonido de una llamada hace que su celebraci¨®n sea corta. Atendiendo la voz de Line, se puede o¨ªr del otro lado¡ª John, tengo la info que buscabas. Narciso me dijo que te dijera que nos vemos en la sala de reuniones; los dem¨¢s miembros del equipo de campo acaban de volver y estar¨¢ ah¨ª en breve. ¡ªEstoy en camino¡ª dice el hombre intentando levantarse y trastabillando en el proceso, se ve que lo que acaba de hacer tom¨® mucho esfuerzo de ¨¦l, as¨ª que usando la pared como apoyo se acerca a la puerta y cruza el umbral saliendo al pasillo. El aspirante avanza lentamente, caminando por el pasillo que daba a la sala de entrenamiento, pesadas puertas de madera negra grabadas con runas lo flanqueaban. Cuando estaba a punto de llegar a las escaleras que descend¨ªan hacia el patio exterior, una de estas se abre y de dentro la figura de Evergreen aparece. ¡ªHermana Evergreen, qu¨¦ sorpresa verla. ?C¨®mo est¨¢? ¡ªpregunta cordialmente el hombre luego de detenerse en seco al ver a la mujer. ¡ªHo, hola, John, bien, bien, voy en camino a la sala de reuniones, me est¨¢n esperando¡ª contesta la mujer, empezando a bajar las escaleras. ¡ª?Qu¨¦ casualidad! Yo tambi¨¦n voy para ese lado, vallamos juntos ¡ªexclama John con una sonrisa mientras se coloca al lado de la mujer. Ambos contin¨²an bajando en silencio por los primeros escalones; mirando de reojo a la mujer, ¨¦l pudo notar c¨®mo el color verde de su pelo, que antes cubr¨ªa solo las puntas, se hab¨ªa extendido hacia casi la mitad de su cabellera, clara se?al de que la bendici¨®n o mancha que el Ether provocaba se hab¨ªa extendido. El aspirante duda por unos instantes, no sabiendo si preguntar sobre el avance de su condici¨®n es algo educado de hacer, pero, como si sintiera la incomodidad del hombre mientras Evergreen toma su cabello, comenta¡ª Estoy bien, John, hace poco us¨¦ m¨¢s de mis poderes de lo que deb¨ªa y termin¨¦ pagando el precio, pero no te preocupes, estoy bastante lejos de romperme. ¡ªBien, bien¡ª el aspirante repite mientras asiente, no sabiendo qu¨¦ decir, pero sinti¨¦ndose aliviado por las palabras de la doctora. Luego de unos segundos de silencio, Evergreen mira al hombre y sonr¨ªe mientras pregunta¡ª Abi me cont¨® que conociste a su hermano, dime, ?qu¨¦ te pareci¨®? Cu¨¦ntame todo el chisme. John sonr¨ªe agradecido por el bien calculado cambio de conversaci¨®n que hace el resto de la traves¨ªa a la sala de reuniones mucho m¨¢s afable. ¨¦l le cuenta de su a?o nuevo, de la revelaci¨®n que tuvo y lo que descubrieron en el bar, adem¨¢s de lo que sucedi¨® en la calle sin salida, as¨ª que para cuando cruzan el umbral, Evergreen ya estaba al tanto de la informaci¨®n que el aspirante sab¨ªa. Apenas cruzan la puerta, pueden notar c¨®mo todos los miembros del equipo de campo se encontraban revisando diferentes papeles desperdigados por la gran mesa enfrente de ellos. ¡ªBlackmount, ?est¨¢s seguro? ¡ª pregunta Smith con incredulidad.The author''s tale has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. ¡ªS¨ª, Line lo confirm¨®, el reconocimiento facial de los conductores de la van es parte de Opter, un grupo paramilitar que es usado por Sacarias Blackmount como su equipo de ataque. ¡ª ?Qu¨¦ m¨¢s sabemos de Opter? ¡ª cuestiona Dolche mientras pasa la hoja de un informe policial. Ante la pregunta, Narciso aprieta un bot¨®n del control que ten¨ªa en su mano, haciendo que apareciera un proyector que proyecta un PowerPoint en la pared detr¨¢s de ¨¦l. A medida que pasa las diapositivas, va explicando ¡ªSon magos de batallas que hacen lo que el ex patriarca de los Blackmount quiera. El Buro los tiene como principales sospechosos en varios incidentes de extrema violencia, pero como fueron entre arcanistas, el gobierno no se esforz¨® mucho por arrestarlos. Su l¨ªder, Anastasia Balsin, es una arcanista criminal rusa buscada por la Interpol por cr¨ªmenes de lesa humanidad en 12 pa¨ªses diferentes; es conocida por usar magia de emisi¨®n de maneras particularmente crueles. La imagen de una mujer joven de pelo rubio platinado, piel p¨¢lida y ojos color gris aparece en la pantalla para luego ser reemplazada por varias im¨¢genes de cuerpos cuyas extremidades hab¨ªan sido cortadas, dejando solamente un torso y una cabeza. Acerc¨¢ndose a la pared para analizar las heridas m¨¢s de cerca, John puede notar como sea lo que sea que lo provoc¨® las cauteriz¨® casi de manera inmediata, habiendo prolongado la vida y el sufrimiento de la v¨ªctima por mucho m¨¢s tiempo, haciendo que al final murieran del shock por el dolor antes que el sangrado. ¡ªCarajo, qu¨¦ horrible forma de morir¡ª dice John frunciendo profundamente el ce?o ante lo que ve y d¨¢ndose vuelta hacia Narciso, agrega¡ª ?Sabemos d¨®nde est¨¢n? ¡ªS¨ª, seg¨²n Line est¨¢n en alg¨²n lugar de la zona sureste del Basural¡ª responde Narciso mostrando un mapa de la ciudad de Hope. ¡ªTiene sentido, la mayor¨ªa de ese lugar son almacenes y parcelas de tierra vac¨ªas, suficientemente lejano y aislado como para dejar a una persona secuestrada¡ª dice Tal¨®n mirando el mapa. ¡ªAdem¨¢s, que, si tienes que sacarle informaci¨®n a alguien, el olor claramente ayuda¡ª comenta Lorena mientras asiente. ¡ªSi bien redujimos el ¨¢rea de b¨²squeda, todav¨ªa abarca decenas de kil¨®metros. ?Hay alguna informaci¨®n m¨¢s que nos permita encontrar el lugar exacto en donde tienen cautivo al se?or Goscri? ¡ªcuestiona Smith mientras piensa en alguna forma de responder a su pregunta. ¡ªTengo a alguien trabajando en eso, en cualquier minuto nos llegar¨¢ la inf... ¡ªempieza a decir el hombre solo para ser detenido por la vibraci¨®n de su tel¨¦fono. Narciso no dice solo mira el mensaje que le acaba de llegar y con una sonrisa agrega¡ª Gente, Abigail encontr¨® el lugar, tienen 6 horas para prepararse. Todos asienten y empiezan a moverse buscando planos del lugar, preparando equipamiento, analizando informe de t¨¢cticas usadas por Opter en el pasado y c¨®mo contrarrestarlas, todo lo que pudiera ayudar en ganar un conflicto directo contra uno de los m¨¢s grandes poderes de la ciudad. A pesar de sus mejores intenciones, John no ten¨ªa nada que aportar a esta situaci¨®n y se resign¨® a ayudar a sus compa?eros siendo un chico de los recados, llevando papeles de aqu¨ª para all¨¢ o llevando algo de caf¨¦ y comida a quien lo necesitara. Para cuando era de noche, el equipo de campo m¨¢s Narciso y Evergreen se suben a una van negra. Una vez que todos est¨¢n adentro, esta arranca y se empiezan a mover en direcci¨®n a la ciudad. ¡ªBien,gente, repasemos el plan, el objetivo es un almac¨¦n abandonado en el interior del Barrio Melina Sharp; seg¨²n Abigail, la mayor¨ªa de las fuerzas que estaban hace unos minutos se han retirado, d¨¢ndonos una oportunidad de entrar y rescatar al objetivo. Esta va a ser una operaci¨®n de entrar y salir; no queremos, repito, NO queremos enfrentarnos a Balsin. La mujer es una bestia en cuanto a combate y como mago de emisi¨®n es extremadamente letal en un enfrentamiento directo. En el caso de enfrentarnos a ella, el objetivo principal ser¨ªa ganar tiempo para escapar. ?Estamos claros o alguno tiene una pregunta? ¡ª explica Narciso, tomando liderazgo de la operaci¨®n. Nadie dice nada, todos centrados en la misi¨®n, prepar¨¢ndose f¨ªsica y mentalmente para lo que va a venir. Narciso se sienta al lado de Tal¨®n y empieza a repasar por ¨²ltima vez los planes de ingreso y escape, asegur¨¢ndose de que no se obviara algo importante. Y as¨ª los minutos pasan, el veh¨ªculo movi¨¦ndose en direcci¨®n este, pasando por el barrio industrial. Con cada cuadra que pasan, el paisaje de barrio obrero se va transformando en un panorama cada vez m¨¢s desalentador y, cuando el olor a basura lentamente se empieza a arrastrar por sus narices, saben que han llegado al barrio del basural. John estaba mirando hacia afuera por los vidrios polarizados de las puertas traseras, tratando de ahogar los nervios que le revuelven el est¨®mago mientras se pregunta a s¨ª mismo si cuando se enfrentara a otras personas podr¨ªa realmente jalar el gatillo, pregunta que pronto tendr¨ªa respuesta, solo espera que al final del d¨ªa sea la correcta. Con el olor nauseabundo de la basura descartada, mugre humana y desesperaci¨®n llegando a niveles casi insoportables, el auto se mete entre edificios abandonados; revisando por ¨²ltima vez el equipo, se aseguran de que sus chalecos antibalas est¨¦n bien ajustados y sus rifles autom¨¢ticos o escopetas tengan suficiente munici¨®n. ¡ªAbigail, ?qu¨¦ ves en el aire? ¡ª pregunta Narciso levantando la cabeza de su tel¨¦fono. ¡ªTodo sigue igual, voy a hacer otra pasada por las dudas, pero hasta ahora no hay ning¨²n cambio relevante¡ª responde la mujer mientras vuelve a cerrar los ojos, concentr¨¢ndose. Cuando se encontraban a una cuadra del objetivo, se detienen detr¨¢s de un almac¨¦n, ocultando el veh¨ªculo detr¨¢s del gran edificio. Baj¨¢ndose, Mikail, Lorena, Dolche, Narciso, Tal¨®n, Evergreen y John se colocan en posici¨®n, uno detr¨¢s del otro, cubriendo todos los ¨¢ngulos por donde pudiera aparecer un enemigo. Luego de asegurarse de que la posici¨®n es segura, comienzan a avanzar a su destino, siendo guiados por los ojos en el cielo de Abi. Llegando al edificio Tal¨®n y Dolche se adelantan en silencio y r¨¢pidamente se encargan de los guardias de la entrada mientras que Mikail y Smith rodeaban el edificio para encargarse de aquellos que custodiaban el lado contrario, una vez que Abigail les dio el Ok entran r¨¢pidamente esperando encontrar m¨¢s resistencia dentro del almac¨¦n, pero para su sorpresa lo ¨²nico que hallan entre las paredes del lugar es un hombre anciano atado a una silla iluminado por un singular foco, el radio de luz que proven¨ªa de este muestra una macabra escena, una gran cantidad de sangre ba?aba no solo la silla en donde estaba sentado sino los alrededores, lo que explicar¨ªa por qu¨¦ esta persona esta apenas consciente. John lo mira horrorizado, una ola de recuerdos inund¨¢ndolo al verle la cara hinchada por la brutal paliza que le dieron al hombre, un nombre llegando repentinamente a su cabeza, Matthew, junto con el recuerdo de los d¨ªas en el puerto, las noches jugando a las cartas, recuerdos de c¨®mo fue su padrino en su casamiento y c¨®mo ¨¦l fue el padrino en el de ¨¦l, recuerdos de una vida que no era suya, pero que al final del d¨ªa sent¨ªa propios y lo dejaban con una mezcla de sentimientos que iban desde la nostalgia, pasando por la felicidad y la pena, terminando en la ira al ver el estado en el que lo hab¨ªan dejado. Mientras se encontraba en el trance de sus recuerdos, sin darse cuenta, el aspirante rompe formaci¨®n, avanzando dentro del c¨ªrculo de luz que prove¨ªa el foco, y cruza la vista con Matthew. El hombre reconoce que alguien entra al rango de su visi¨®n y a duras penas mueve la cabeza para ver si sus captores hab¨ªan vuelto para terminar el trabajo, intentando poner una cara valiente ante el inevitable final que le espera, pero al centrar sus desenfocados ojos en la figura de John, lo ¨²nico que puede producir es una expresi¨®n de sorpresa. ¡ªNo puede ser, ?Aure...¡ª empieza a decir el hombre solo para ser silenciado por un rayo de luz sordo que atraviesa su cr¨¢neo esparciendo su cerebro por las inmediaciones. Todo pas¨® tan r¨¢pido: en un momento estaba recordando buenos momentos con lo que sent¨ªa era un viejo amigo y en el otro estaba en el piso, un ardor insoportable en el hombro derecho, provocado por la falta de la extremidad que hab¨ªa sido cortada limpiamente por el haz de caliente luz que lo impact¨® a una velocidad que le fue imposible esquivar. Arrastr¨¢ndose para ponerse a salvo, el caos empezaba a desatarse a su alrededor, sus aliados tratando de repeler la emboscada en la que se encontraban. El cerebro del hombre busca una forma de salvarlo, tratando de ignorar el dolor y el terror que sobrecarga su sinapsis; comanda a John que busque cobertura lo m¨¢s r¨¢pido posible. Observando sus alrededores, encuentra un par de cajas que podr¨ªan servir para ese prop¨®sito, pero mientras trata de ponerse a salvo, mira hacia un costado y nota un brazo conocido en el suelo, el suyo. Apretando los dientes y aprovechando la adrenalina que todav¨ªa circula por su cuerpo, comienza a arrastrarse en direcci¨®n a ¨¦l. Cuando llega, lo toma en su mano y vuelve a arrastrarse en direcci¨®n de las cajas mientras balas y hechizos vuelan sobre ¨¦l, impactando a su alrededor. Llegando a resguardo, coloca la espalda en contra de los contenedores e intenta pensar en el siguiente movimiento que lo ayude a salir de aqu¨ª vivo. Cap铆tulo 35: Momento de ira Presionando su cuerpo contra la dura madera, el aspirante trata de calmarse, a pesar de todo lo que estaba sucediendo alrededor suyo, lo ¨²nico que puede o¨ªr es el r¨¢pido latido de su coraz¨®n en sus o¨ªdos, peque?os puntos blancos, provocados por el intenso dolor que le recorr¨ªa el cuerpo, adornaban su visi¨®n, haci¨¦ndole dif¨ªcil ver. A pesar de esto, mirando en direcci¨®n de donde hasta hace unos segundos se encontraba su brazo izquierdo, puede notar c¨®mo el mu?¨®n dejado por el destello de luz apenas sangraba, el extremo calor cauterizando la herida y haciendo que por lo menos no muera desangrado en unos pocos segundos, un lado positivo en lo que es, en general, una situaci¨®n horrible. Levantando la vista, ve c¨®mo Evergreen ergu¨ªa una pared de zarzas que deten¨ªa el avance de un gran Golem, mientras que Tal¨®n se enfrentaba cuerpo a cuerpo contra un par de personas, de descendencia asi¨¢tica y apariencia exactamente igual. Los gemelos, sorprendentemente, se enfrentaban de igual a igual al arcanista, luchando a velocidades que eran dif¨ªciles de percibir a simple vista. No teniendo tiempo de buscar a los dem¨¢s miembros de campo, pero intuyendo que se encontraban en una situaci¨®n igual de precaria, John se concentra, utilizando Ether verde para entumecer su percepci¨®n del dolor d¨¢ndole una oportunidad a su cerebro de pensar claramente, pero, a medida que el ardor de la herida iba disminuyendo otro se alzaba en la boca de su est¨®mago, el de la ira, el sentimiento iniciado por el ataque inesperado hab¨ªa sido potenciado por los recuerdos que compart¨ªa con su abuelo haciendo que cualquier consideraci¨®n por escapar sea borrada de su mente siendo reemplazadas por un plan de ataque que permita hacer el mayor da?o de la manera m¨¢s r¨¢pida, tomando lo que queda de su manga lo utiliza como una cuerda improvisada y ata su mano a su cintur¨®n, una vez hecho esto toma la pistola y empieza a canalizar la mayor cantidad de Ether rojo en su Enki mientras sigilosamente observa el campo de batalla en busca de la cabecilla de Opter, encontr¨¢ndola del otro lado de la habitaci¨®n, detr¨¢s de la silla en donde el cuerpo sin cabeza de Matthew todav¨ªa se encontraba, al lado de ella se pod¨ªa notar otras dos figuras femeninas, la de la derecha era una mujer joven de tez blanca y pelo rubio que hablaba sin mucha preocupaci¨®n en el medio del caos mientras observaba el campo de batalla con ojos dorados. La de la izquierda ten¨ªa una figura m¨¢s muscular que le sacaba una cabeza a las otras dos mujeres, de pelo marr¨®n corto y ojos ¨¢mbar; a John le parec¨ªa extra?o lo poco protegida que estaba en esta situaci¨®n, exponiendo una gran cantidad de piel a los elementos. Por ¨²ltimo, la misma mujer que vio manejando la van y en las fotos del PowerPoint, Anastasia Balsin, se encontraba mirando alrededor sin mucho inter¨¦s mientras hablaba brevemente con la mujer a su derecha. Ella parec¨ªa aburrida, como si lo que pasa en estos momentos no fuera importante, como si estuviera esperando algo. Si ya estaba enojado, la expresi¨®n de clara indiferencia lo lleva sobre el l¨ªmite; col¨¦rico, tira la precauci¨®n al viento y, aumentando sus habilidades f¨ªsicas con el Ether acumulado, descarga su pistola sobre el tr¨ªo. Con cada detonaci¨®n cuenta una tras otra las balas que eyecta el arma, pero justo antes de usar la ¨²ltima se detiene, mirando horrorizado como a unos pocos cent¨ªmetros de impactar ya sea la cabeza o el coraz¨®n de Balsin, una barrera invisible las derrite, transformando los proyectiles en metal fundido que se esparce a su alrededor. Las balas que se dirigieron a las otras mujeres tampoco provocaron herida alguna, puesto que la de los ojos dorados se hab¨ªa movido incluso antes de que John pudiese disparar, coloc¨¢ndose detr¨¢s de una caja met¨¢lica y, si bien la munici¨®n impact¨® a la de pelo marr¨®n, estas rebotaron en la densa capa de m¨²sculo como si estuvieran golpeando una capa de acero. La mujer de pelo platinado mira al aspirante decepcionada y le dice algo a su compa?era que se encontraba detr¨¢s de una caja. John no llega a escuchar la conversaci¨®n, pero cuando nota que la mujer sonr¨ªe ligeramente, todo se vuelve rojo; el sentimiento de c¨®lera lo inunda y, de la nada, el fuerte sonido de un metal rompi¨¦ndose puede ser escuchado en el almac¨¦n, haciendo que la pelea se pare en seco, todos mirando en su direcci¨®n. Casi como si el Ether P¨²rpura se moviera por voluntad propia, entra a su Enki a una velocidad vertiginosa, calentando el ¨®rgano y provoc¨¢ndole un tremendo dolor al hombre, pero a este no le importa; solo tiene un objetivo en mente y, antes que se diera cuenta de lo que est¨¢ haciendo, vuelve a apretar el gatillo, pero esta vez la bala no sale del ca?¨®n del arma, cu¨¢ndo dispara, tan r¨¢pido como sucede la explosi¨®n, Balsin cae al piso, su ojo derecho y parte de su cuenca ocular destrozada por un pedazo de metal. La expresi¨®n de la cara de la mujer de pelo corto se llena de preocupaci¨®n y r¨¢pidamente se arrodilla a ver qu¨¦ le pas¨® a su l¨ªder, mientras que la de ojos dorados empieza a correr de manera despavorida a la salida m¨¢s cercana. Si bien deber¨ªa haberse sentido mejor por lo que acaba de hacer, los instintos de John le gritaban que todav¨ªa estaba en peligro. Mirando alrededor, trata de encontrar la posible fuente de una nueva amenaza, pero la b¨²squeda termina r¨¢pidamente cuando un brillo que le hace parar los pelos de la nuca aparece directamente enfrente suyo, captando su atenci¨®n. En donde estaba la capitana enemiga, flotando en el aire a unos metros del suelo, ahora se alza un c¨ªrculo de color blanco; runas en un lenguaje desconocido se distribuyen por toda su superficie. A medida que pasan los segundos, el brillo va en aumento y el aire se distorsiona, haciendo que la imagen comience a ondular ligeramente. John se encuentra sorprendido ante el extra?o espect¨¢culo, no entendiendo exactamente lo que era ese dibujo flotante, pero sabiendo que claramente es algo m¨¢gico y que indiscutiblemente est¨¢ apuntando en su direcci¨®n. Comprende que era peligroso y, antes de que supiera qu¨¦ tanto, decide agacharse bruscamente justo a tiempo para esquivar el rayo de luz concentrada que vino de la runa. A pesar de que fall¨® su objetivo, el ataque no se detiene y termina por cortar un tajo en el metal que formaba el almac¨¦n, dejando un camino de metal fundido a su paso. Levant¨¢ndose, se da vuelta para observar horrorizado las secuelas del haz de luz, no teniendo que imaginar lo que se siente ser golpeado por uno de esos; escuchando un sonido de arrastre, vuelve a mirar hacia adelante y el color se drena de su cara al observar c¨®mo la figura de Balsin se levanta lentamente del suelo. Con cada cent¨ªmetro, un nuevo c¨ªrculo se colocaba en el aire y, cuando se puso otra vez de pie, una pared de runas, como un semic¨ªrculo, cubr¨ªa los alrededores de la mujer. El aspirante ve la gran barrera enfrente de ¨¦l y sabe lo que viene: si todos los haces de luz tienen la misma potencia que el ¨²ltimo, no hay lugar para esconderse. Qued¨¢ndose sin opciones, su cerebro empieza a rebuscar en su mente; tiene que haber una forma, algo que pueda hacer para poder escapar de esta situaci¨®n, pero, ya sea por el p¨¢nico o la ira que todav¨ªa le hac¨ªa arder el est¨®mago, no pod¨ªa hallar ninguna soluci¨®n a su dilema. A medida que pasan los segundos, el brillo de los glifos va en aumento hasta el punto de ser cegadores. Lo ¨²ltimo que el hombre ve antes de que su mundo se llenara de blanco es la cara de Balsin. En la grieta dejada por el impacto de la bala, formaciones de cristal blanquecinas empezaban a formarse, clav¨¢ndose en la piel circundante y haciendo sangrar a la mujer, pero a pesar de lo doloroso que pareciera esto, su cara portaba una sonrisa retorcida, parecida a la de un ni?o aburrido que inesperadamente encuentra algo interesante. Lentamente, todo se vuelve blanco y el calor en el ambiente se vuelve casi intolerable. John se mantiene a duras penas de pie, no sabiendo qu¨¦ hacer; piensa que su momento ha llegado, que la b¨²squeda de un significado a sus sue?os no solo lo ha matado a ¨¦l, sino a las personas que lo acogieron en su momento de necesidad. Piensa en lo triste que es dejar atr¨¢s a Abi, siente culpa por no poder terminar de ayudar a Oliver y c¨®mo, al final, por sus acciones, porque quiso cambiar, ya no ser m¨¢s el peque?o hombre pat¨¦tico que era, termin¨® condenando a un grupo de gente buena. A estas alturas el calor se siente insoportable, puede sentir como la primera capa de su piel empieza a hervir el dolor superando la capacidad del Ether verde de aliviarlo, en ese momento cuando ya hab¨ªa perdido todas las esperanzas una voz de la nada se abre paso en su mente¡ª Lo lamento ni?o no puedo dejarte morir, no aqu¨ª¡ªluego de que John escuchara esto le empieza a doler la cabeza, como si alguien estuviera tallando su frente con un cuchillo ardiente, el dolor punzante comenzaba a bajar por el costado de su rostro al mismo tiempo que una cantidad absurda de Ether p¨²rpura se abr¨ªa paso hacia su Enki, el hombre cae de rodillas y se toma el costado, sent¨ªa como si alguien le hubiera metido un ascua en el vientre, lentamente pierde la conciencia no sin antes sentir que empieza a caer en ca¨ªda libre junto a un repentino sentimiento de v¨¦rtigo.This narrative has been unlawfully taken from Royal Road. If you see it on Amazon, please report it. Esta vez la inconsciencia no lo lleva a momentos del pasado propios o ajenos. Cuando por fin puede ver de nuevo, puede notar c¨®mo est¨¢ en el pasillo que transit¨® aquella vez con Narciso, con la ¨²nica diferencia de que las puertas colocadas a los lados se hab¨ªan esfumado sin dejar rastro, mostrando una pared mitad de madera marr¨®n y la otra mitad con un empapelado p¨²rpura. Cada extremo del pasillo se extend¨ªa hasta donde su vista alcanzaba, continuando hacia una oscuridad abisal. Mirando alrededor, John busca algo, no sabe muy bien qu¨¦, tal vez la ayuda de la persona que lo trajo por primera vez a este lugar, tal vez una puerta que le permita salir de aqu¨ª y volver con sus aliados o simplemente encontrar alg¨²n indicio sobre el due?o de la voz que escuch¨® antes de encontrarse aqu¨ª. En ese momento cuando esa idea llega a su cabeza, puede sentir como el pasillo tiembla y cuando vuelve a mirar hacia donde deber¨ªa haber negrura, encuentra una puerta cerrada con cadenas plateadas; de las 10 que hab¨ªa, ahora solo quedan 2 sobre la madera mientras que las dem¨¢s colgaban del marco. John se acerca, cada paso que da siendo m¨¢s dif¨ªcil que el anterior como si su cuerpo se negara a avanzar, una fuerza invisible empuj¨¢ndolo hacia atr¨¢s, luego de unos segundos de intenso avance puede sentir como empieza a sudar por el esfuerzo, gotas de sudor desliz¨¢ndose por el costado de su cara y cayendo por su ment¨®n, debido al conflicto que acababa de pasar le quedaban pocas fuerzas pero algo dentro suyo lo empujaba hacia adelante, claramente esa puerta tiene algo que ver con lo que est¨¢ pasando, se siente seguro de que si la abre probablemente encuentre las respuestas a sus preguntas, as¨ª que apretando los dientes, contin¨²a poniendo un pie adelante del otro hasta que por fin coloca la mano sobre la madera marcada, cuando lo hace la presi¨®n que le aplastaba el cuerpo desaparece como si nunca hubiera existido haciendo que el hombre caiga de rodillas respirando profundamente, tratando de recuperar el aliento. La madera se sent¨ªa fr¨ªa al tacto, los profundos surcos que recorr¨ªan su superficie ten¨ªan una textura rugosa, casi filosa, pero lo m¨¢s extra?o de todo era la sensaci¨®n de familiaridad y al mismo tiempo de extra?eza que emanaba de la abertura. ¡ªHola¡ª susurra John al inanimado objeto con la ligera esperanza de que le responda con toda la informaci¨®n que requer¨ªa para por fin entender qu¨¦ carajo estaba pasando. El hombre escucha por unos segundos, esperando una respuesta, pero lo ¨²nico que oye es un silencio aplastante. Pareciera que,lamentablemente, la madera no estaba de humor para conversar y solo le devolv¨ªa la mirada al hombre sin la m¨¢s m¨ªnima intenci¨®n de devolverle el saludo. ¡ªHola ¡ª insiste el aspirante esta vez levantando la voz, pensando que tal vez no lo hab¨ªan escuchado. Otra vez vuelve a esperar y otra vez el silencio se impone, haciendo que la esperanza que hab¨ªa surgido dentro del hombre lentamente se vaya apagando como una vela en una tormenta, hasta que de pronto un golpe sacude las cadenas enfrente de ¨¦l. Asustado, pega un salto hacia atr¨¢s, cayendo de culo al piso, estupefacto, observa c¨®mo un golpe despu¨¦s de otro hace que las cadenas se agiten de manera espasm¨®dica y luego de unos segundos la puerta se abre unos cent¨ªmetros, siendo detenida por las cadenas que quedaban todav¨ªa en pie. Una mano se asoma de la hendidura, vieja y llena de cicatrices; agarra fuertemente la madera hasta el punto en que los dedos se tornan blancos, John no puede creer lo que ven sus ojos. Sea lo que sea que estaba detr¨¢s de esa puerta, estaba intentando salir y eso le generaba miedo, pero al mismo tiempo esperanza. ?Pudiera ser que toda la b¨²squeda terminara aqu¨ª? No m¨¢s misiones peligrosas en busca de una persona que supiera lo que le est¨¢ pasando, no m¨¢s sue?os extra?os o visiones sorpresivas. ?Ser¨¢ que por fin puede continuar con su vida? John intenta levantarse al mismo tiempo que trata de preguntarle algo a la mano, pero sus cuerdas vocales, as¨ª como sus piernas, le fallan, algo no andaba bien, la mano que estaba empujando la puerta empieza a temblar y tan r¨¢pido como lleg¨® es violentamente retra¨ªda de vuelta atr¨¢s de la madera, el hombre se arrastra hacia adelante mientras estira su brazo en direcci¨®n a la puerta, su oportunidad de terminar con el misterio escap¨¢ndose de enfrente de ¨¦l, pero antes de que pudiera hacer nada una ola de energ¨ªa sale disparada en su direcci¨®n, algo que no pod¨ªa percibir pero que por alg¨²n motivo sabe que se abalanza encima suyo, destroz¨¢ndolo mol¨¦cula por mol¨¦cula hasta que no queda nada de ¨¦l. John se encuentra flotando otra vez en la oscuridad, pero esta vez un fr¨ªo glaciar le recorre el cuerpo junto con un horrible gusto a tierra que asalta su lengua y algo c¨¢lido que le toca la mejilla de manera insistente. A lo lejos se escucha una voz que, con el paso de los segundos, se vuelve cada vez m¨¢s fuerte. ¡ªJohn, por favor despierta, no me dejes sola, por favor¡ª la conocida voz de Abigail, casi al borde del llanto, pod¨ªa ser escuchada. El hombre abre los ojos y un peque?o mirlo de color verde se encontraba pegado a su mejilla, empuj¨¢ndolo suavemente. ¡ª ?Abi? ?Qu¨¦ pas¨®? ¡ªpregunta John, intentando reincorporarse, solo para ser detenido por un intenso dolor en el costado del cuerpo. ¡ªNo te levantes, usaste demasiado Ether para sacarnos del almac¨¦n, moverte no es una buena idea¡ª explica Abigail a trav¨¦s del ave. ¡ª ?Hice eso? ¡ª cuestiona el hombre, no comprendiendo las palabras de la mujer. ¡ªS¨ª, solo una persona que estuviera especializada en el uso de Ether p¨²rpura puede conjurar teletransportaci¨®n en masa y la ¨²nica persona en el almac¨¦n que cumple con los requisitos eras t¨² ¡ª afirma la mujer mientras el mirlo se para en el pecho de John. El aspirante suspira, no sabiendo qu¨¦ decir; no recordaba haber hecho eso, pero no es la primera vez que un portal se abre de manera espont¨¢nea alrededor de ¨¦l, as¨ª que, ignorando el hecho mientras observa sus alrededores, dice¡ª Ok, digamos que s¨ª, por cierto, ?d¨®nde estamos? El ave ladea la cabeza ante el comentario del hombre y, luego de mirar alrededor mientras da peque?os saltitos, responde¡ª No s¨¦, eso te iba a preguntar; despu¨¦s de todo, eres t¨² el que nos trajo aqu¨ª. John suspira otra vez y, apretando los dientes, se levanta, hundiendo la mano en el lodazal alrededor suyo. Al incorporarse, puede sentir como se encuentra completamente empapado y cubierto en lodo; un fuerte fr¨ªo lo hace temblar y le hace casta?ear los dientes al mismo tiempo que entumece poco a poco el dolor que siente. Instintivamente, intenta frotar sus manos juntas para entrar en calor, solo para darse cuenta de que todav¨ªa le faltaba un brazo. Mirando para abajo, puede notar que el nudo improvisado que hab¨ªa hecho en el almac¨¦n se hab¨ªa desatado, haciendo que su brazo terminara en las profundidades de la helada agua o en el est¨®mago de alg¨²n depredador. Respirando profundamente, intenta calmarse, sabiendo que, si entra en p¨¢nico y cede ante el deseo de buscar su brazo, lo ¨²nico que lograr¨¢ es hacer que se muera de hipotermia. El hombre pausa, sorprendido por el pensamiento que acaba de tener; una persona normal estar¨ªa desesperada en este momento, ya sea buscando su extremidad perdida o entrando en un estado de catatonia, pero no ¨¦l. Lo calmado que est¨¢ le asusta un poco,pero, no teniendo mucho tiempo de rumiar este sentimiento, decide ignorarlo en favor de su supervivencia. Girando sobre s¨ª mismo, observa sus alrededores con m¨¢s detalle y puede notar los cipreses que lo rodean junto al croar de ranas y el constante zumbido de insectos. Se ve que se encuentran en un pantano, nada raro puesto que Arkansas tiene varios de estos por toda la regi¨®n; lo que le sorprend¨ªa es la reja de metal oxidado que se encontraba a sus espaldas y, detr¨¢s de ella, unos descuidados terrenos coronados con una derruida mansi¨®n se?orial. John observa la construcci¨®n, no pudiendo sacarse el sentimiento de que ya ha estado aqu¨ª antes, no f¨ªsicamente, sino en sus sue?os. Empujando la reja, esta se abre unos cent¨ªmetros, lo suficiente para poder pasar y, sin dudarlo, empieza a caminar en la direcci¨®n de la mansi¨®n, solo para que, luego de dar unos pasos, se frena en seco, llamando a Abigail mientras extiende su brazo para darle un lugar al ave para aterrizar. ¡ªAbi, ?puedes hacerme un favor? Mientras aseguro la mansi¨®n, puedes ver si encuentras a los dem¨¢s; no deben estar muy lejos, si los hallas, tr¨¢elos aqu¨ª¡ª pide John luego de que el animal se posara en uno de sus dedos. ¡ªPuedo hacerlo, pero ?t¨² te encuentras lo suficientemente bien como para andar por ah¨ª solo? ¡ª pregunta la mujer con un tono preocupado, el ave mirando en el lugar donde antes se encontraba el brazo del hombre. ¡ªS¨ª, la herida fue cauterizada y us¨¦ algo de Ether verde en el almac¨¦n para terminar de cerrarla, adem¨¢s, si est¨¢s tan preocupada por m¨ª, ?no deber¨ªas estar buscando a Evergreen en estos momentos? ¡ª pregunta John esbozando la mejor sonrisa que puede en estas circunstancias. ¡ªS¨ª, tienes raz¨®n, no lo hab¨ªa pensado, enseguida volver¨¦ con Evergreen, no te preocupes, John¡ª dice Abi para luego r¨¢pidamente hacer que el ave se acurruque por unos segundos en el cuello del hombre y despu¨¦s salir volando en busca de sus dem¨¢s amigos. John mantiene la sonrisa hasta que el animal se pierde de vista; en el segundo que desaparece entre los ¨¢rboles, la cara pierde todo indicio de jovialidad y se vuelve dura como la piedra. Lanzando un gran suspiro que se materializa en una columna de vapor, se da vuelta y empieza el camino colina arriba que lo lleva hacia la mansi¨®n. Cap铆tulo 36: Una fr铆a casa John avanza en silencio por el descuidado patio delantero. Lo que antes era un hermoso lugar para pasar el rato se hab¨ªa transformado en un p¨¢ramo desolado completamente nevado. Estalactitas de hielo colgaban de los pocos ¨¢rboles que a¨²n se manten¨ªan erguidos y no hab¨ªa ning¨²n rastro del columpio cerca de la entrada o el gazebo que usaban los d¨ªas de verano para comer afuera. El hombre agita la cabeza repentinamente como si tratara de sacudirse la idea de que esos recuerdos, as¨ª tambi¨¦n como los sentimientos de tristeza y melancol¨ªa, son suyos, pero no es nada f¨¢cil. Desde que volvi¨® del pasillo, le est¨¢ costando cada vez m¨¢s separar qu¨¦ idea era suya y cu¨¢l no. Luchando contra la nieve del suelo, el hombre por fin llega a la puerta de la vivienda. Probando el picaporte, puede apreciar c¨®mo est¨¢ cerrada, pero antes de que pudiera sacar la mano, un peque?o brillo p¨²rpura sale de las puntas de sus dedos al mismo tiempo que runas serpenteantes se iluminan en el marco de la puerta. Con un sonoro clank, esta se abre a una habitaci¨®n grande poblada de una oscuridad abisal que no le permit¨ªa ver m¨¢s all¨¢ de unos pocos metros. Sacando su PSD, prende la linterna que ven¨ªa con el aparato y la apunta hacia el interior, revelando un derruido vest¨ªbulo que en su tiempo dio la bienvenida a grandes miembros ilustres de la ciudad de Hope y que hoy se encontraba casi en ruinas. Con una mirada triste, el hombre observa los agujeros en el suelo por donde las malezas crec¨ªan sin control y o¨ªa los chillidos de ratas que hac¨ªan eco en la vac¨ªa inmensidad de la morada junto al zumbido de insectos que se arrastraban entre las paredes, sabiendo que eso es solamente lo que el hombre pod¨ªa percibir; intuye que todav¨ªa hay un sinf¨ªn de dolencias infectando el lugar que alguna vez llam¨® hogar, escondidas fuera de su percepci¨®n. Un dolor de cabeza repentino hace que John tambalee, haciendo que sea necesario tomarse de la pared para mantenerse en pie. Mientras trata de recuperar su balance, siente que su cerebro est¨¢ en llamas; recuerdos como flashes surcan su vista uno detr¨¢s de otro, el dolor aumentando con cada una de estas que pasa. Respirando hondo, resiste la embestida de las visiones mientras intenta recordarse una y otra vez que nunca hab¨ªa pisado este lugar. Cuando el ataque por fin termina y teniendo muy en claro que retroceder no es una opci¨®n, contin¨²a investigando la habitaci¨®n con la luz que proven¨ªa de su tel¨¦fono y se da cuenta de que hay una escalera en el medio del lugar que va al segundo piso, flanqueada por dos puertas dobles. La de la derecha se dirige hacia una sala de estar con un par de sillones y sillas de madera que rodean una mesa ratonera; todas se encuentran enfrente de una gran chimenea, mientras que la otra, ubicada a la izquierda, da a un comedor en donde se halla una gran mesa rodeada de pintorescos cuadros decolorados por la humedad. Un viento frio que se cuela por una grieta invisible le recuerda de su estado actual as¨ª que r¨¢pidamente se pone a intentar encender un fuego en la sala de estar, por suerte para ¨¦l hab¨ªa algo de le?a al lado de la chimenea, aunque a estas alturas algo podrida por un milagro todav¨ªa estaba lo suficientemente seca como para ser usada, colocando una gran cantidad de pedazos en una forma piramidal utiliza un poco de Ether naranja par encender una peque?a llama en el centro de la construcci¨®n, utilizar magia en este momento parec¨ªa mala idea pero confiaba en que un uso tan menor de la energ¨ªa no dejara secuelas permanentes cosa que no se pod¨ªa decir de la congelaci¨®n de sus extremidades, ya ten¨ªa suficientes amputaciones en lo que va del a?o y eso que reci¨¦n empieza. Esbozando una sonrisa a pesar del dolor por lo rid¨ªculo del pensamiento, John ve como el fuego lentamente empieza a agarrar potencia hasta que se vuelve un gran fog¨®n que ilumina el ambiente y empieza a calentar el aire alrededor de ¨¦l, ayud¨¢ndole a recuperar la sensaci¨®n en su entumecido cuerpo. Sent¨¢ndose en frente de la hoguera cierra los ojos cavilando por unos minutos en los siguientes pasos a tomar mientras escucha el crujir de la le?a, pensando en lo que acaba de suceder llega a la conclusi¨®n de que la repentina aparici¨®n de las fuerzas especiales de los Blackmount no pareciera ser coincidencia, lo primero que se le cruza por la cabeza es la existencia de un topo, alguien del grupo que les pas¨® la informaci¨®n a sus espaldas, aunque tampoco pod¨ªa descartar la idea de que sus dispositivos de comunicaci¨®n estuvieran infiltrados o que simplemente hayan descubierto la informaci¨®n por un medio m¨¢gico que el desconoc¨ªa o tal vez Balsin era tan buena estratega como era cruel, no lo sab¨ªa con certeza hab¨ªa demasiadas variantes y le faltaba bastante informaci¨®n, lo ¨²nico que sab¨ªa con seguridad es que Blackmount estaba pis¨¢ndole los talones y ahora ten¨ªa que encontrar la pr¨®xima pieza del rompecabezas antes que se lo quiten de las manos otra vez. Su mente divaga en posibles acciones que tomar, desde subterfugio hasta un asalto directo en contra de la casa familiar del conglomerado. Justo cuando finaliza un plan de acci¨®n, se da cuenta de lo rid¨ªcula y arriesgada que es la idea. Se ve que todav¨ªa est¨¢ enojado por lo que pas¨® y, a pesar de que pareciera calmado, a¨²n est¨¢ dejando que la ira lo maneje, haciendo que su forma de pensar sea m¨¢s descuidada que de costumbre. Usando un m¨¦todo de meditaci¨®n que le ense?¨® Sigil, John cruza las piernas y empieza a respirar lenta y profundamente, intentando calmar de una vez sus emociones al mismo tiempo que investiga el estado de su cuerpo. Lo primero que nota es que a pesar de que le falta un brazo todav¨ªa puede sentir que est¨¢ ah¨ª, hab¨ªa escuchado hablar de este fen¨®meno antes as¨ª que no le presta mucha atenci¨®n y cambia su foco hacia su Enki, si bien el dolor hab¨ªa disminuido bastante en el camino hacia aqu¨ª todav¨ªa se sent¨ªa bastante caliente, pero lo que m¨¢s le sorprend¨ªa es que la sensaci¨®n del ¨®rgano se sent¨ªa diferente, m¨¢s estable, e incluso pod¨ªa apreciar como una peque?a cantidad de Ether naranja todav¨ªa estaba condens¨¢ndose ah¨ª como si estuviera guardado para m¨¢s tarde, cosa que por lo general no pasaba, una vez que el Ether entraba al ¨®rgano o era repelido o era procesado y expulsado, John siempre lo consider¨® como una puerta que dejaba pasar o no a las distintas energ¨ªas pero ahora funcionaba casi como una bater¨ªa, guardando un poco de carga para cuando el arcanista lo necesitase. Mientras hipotetiza porque pasa esto y como poder utilizarlo a su favor los minutos avanzan, al pasar casi una hora el crujir de madera podrida descarrila sus pensamientos advirti¨¦ndole que alguien o algo acaba de entrar en la casa, instintivamente intenta mover su brazo hacia su cintura para tomar su pistola solo para que el mu?¨®n responda con una fren¨¦tica agitaci¨®n, r¨¢pidamente cambia de mano intentando volver a tomar su arma pero cuando llega a su cintura puede apreciar c¨®mo la pistola no est¨¢ en su funda y en ese momento recuerda como la ten¨ªa desenvainada en el almac¨¦n siendo lo m¨¢s probable que se le haya ca¨ªdo en el momento que fueron tele transportados, con suerte estar¨¢ en el pantano, sino la tiene podr¨ªa estar en cualquier lugar del mundo o incluso en el interior. Escuchando los pasos que se acercan cada vez m¨¢s, el hombre decide tomar un tronco y esconderse en un rinc¨®n donde la luz del fuego no llega, asegur¨¢ndose de que por lo menos tuviera la ventaja de la sorpresa sobre el desconocido enemigo, pero antes de que pudiera lanzar siquiera el primer golpe, una voz repentina lo llena de alivio. ¡ªJohn, ?est¨¢s aqu¨ª? Somos nosotros ¡ªla voz inconfundible de Narciso corta la oscuridad. ¡ªAqu¨ª, sigan la luz¡ª responde John, relajando sus tensados m¨²sculos y abriendo la puerta enfrente de ¨¦l. Una c¨¢lida luz se derrama en el vest¨ªbulo, sirvi¨¦ndole de faro a los cansados viajeros que, sin perder un momento al ver la luminiscencia repentina, llevan sus cuerpos maltrechos hacia el lugar de donde proven¨ªa el fulgor, un alivio claro manifest¨¢ndose en sus caras no solo al sentir el calor de la chimenea, sino tambi¨¦n al ver a su compa?ero vivo y casi entero. El primero que ve cruzando el umbral es Narciso, que llevaba un par de vendas en el torso; luego Mikail y Aguilar tra¨ªan un inconsciente Smith, mientras que Tal¨®n ten¨ªa en la espalda a Dolche, ambas piernas vendadas con vendajes manchados de rojo. Evergreen ven¨ªa ¨²ltima con una complexi¨®n p¨¢lida mientras se agarraba el costado; Tim apoyado sobre su hombro, transmit¨ªa la voz de Abigail, que alentaba a la mujer a que continuara. Una punzada de culpa golpea a John de manera repentina y, sin pensarlo dos veces, se acerca a la gigante mujer para darle un hombro en donde apoyarse, lentamente llev¨¢ndola hacia uno de los sillones en donde la sienta suavemente. Lo mismo pasa con el resto de los convalecientes, dejando a aquellos conscientes o con heridas menores, no mucha m¨¢s opci¨®n que sentarse en el piso. ¡ª ?Qu¨¦ carajo pas¨®, John? Pens¨¦ que ten¨ªamos un plan¡ª reprocha Narciso de manera r¨¢pida y certera apenas se sienta cerca del fuego. ¡ªNo voy a poner excusas, me equivoqu¨¦, lo lamento¡ª dice sucintamente el hombre mientras intenta disculparse por su falta de juicio. ¡ªEso es decir poco, encarar a Balsin de esa manera fue arriesgado y est¨²pido, pudo costarnos m¨¢s que un par de heridas¡ª enfatiza el arcanista. Stolen content warning: this content belongs on Royal Road. Report any occurrences. ¡ªTienes raz¨®n, me dej¨¦ llevar por mis emociones y los puse en peligro a todos, realmente lo lamento¡ª vuelve a disculparse el aspirante de manera solemne. ¡ªMierda, no puedo enojarme contigo si dices eso; seguir discutiendo esto ahora no tiene sentido. Continuaremos esta conversaci¨®n en Santuario¡ª dice resignado Narciso mientras mira al fuego arder. ¡ªMira, Narciso, puede que John estuviera fuera de lugar con lo que hizo, pero no puedes negar que el ¨²ltimo tiro en contra de la perra de Balsin fue espectacular¡ª intersecta Lorena, intentando defender a su compa?ero en su peculiar manera. ¡ªCierto, camarada, adem¨¢s nos sac¨® del lugar cuando la cosa se estaba poniendo siniestra; ni siquiera mi piel de bronce puede resistir los rayos de un mago de emisi¨®n. S¨ª, John se equivoc¨®, pero en mis ojos lo expi¨® cuando me salv¨® la vida¡ª agrega Mikail mientras sustrae de entre sus ropas su confiable petaca y le da un sorbo. ¡ªSea como sea, al final salimos vivos de ah¨ª y eso es lo importante. Ahora debemos reagruparnos con Sigil y Abigail y planear qu¨¦ vamos a hacer ahora¡ª dice Tal¨®n, fij¨¢ndose en el estado de Smith y frunciendo el ce?o. Agrega¡ª Narciso, ?sabes algo del veh¨ªculo de rescate? ¡ªS¨ª, Line us¨® el rastreador de nuestro PSD para encontrarnos. Un helic¨®ptero vendr¨¢ dentro de unas horas; tendremos que aguantar hasta que llegue¡ª responde el arcanista sin mirar al hombre y, volte¨¢ndose a ver a John, pregunta¡ª ?Y t¨² qu¨¦ vas a hacer? Cavilando sus opciones por unos segundos, el hombre piensa si seguir a sus compa?eros es una buena idea, pero sabiendo a qui¨¦n pertenece esta casa, puede asumir que hay una pila de informaci¨®n que le puede ser ¨²til para entender no solo qu¨¦ est¨¢ pasando, sino para prepararse para un futuro encuentro con Balsin. Ten¨ªa el sentimiento de que, despu¨¦s de lo de esta noche, la mujer no lo dejar¨ªa en paz. ¡ªMe quedar¨¦ aqu¨ª por unos d¨ªas; puede que esta casa tenga lo que necesito¡ª responde por fin el hombre levantando la vista, cruzando sus ojos con los de Narciso. ¡ªEspero que sepas lo que haces, John¡ª comenta el arcanista con una expresi¨®n de molestia y,levant¨¢ndose, se dirige hacia la ventana, mirando a trav¨¦s de la cortina deshilachada, escaneando el cielo nocturno por se?ales de la nave que los llevar¨¢ a casa. John tambi¨¦n se pone de pie, pero a diferencia de Narciso, este se dirige a la puerta que da al vest¨ªbulo. Lentamente sube las escaleras, cada paso meditado cuidadosamente, puesto que los a?os de desuso hac¨ªan de usarla casi un deporte de riesgo, pero a pesar de los crujidos de la madera, luego de unos pocos segundos se encontraba en la cima. Mirando hacia ambos lados, ve un pasillo con varias puertas y, sin dudarlo, entra a la segunda de la izquierda que se abre a un estudio. Una pila de libros arruinados por la humedad y el paso del tiempo se encontraba posada encima de un solitario escritorio que se colocaba enfrente de una pintura borrada por los a?os y el apetito de insectos. Un viento fr¨ªo se colaba entre los girones que quedaban de la cortina que en alg¨²n momento fue p¨²rpura. La helada chimenea vac¨ªa estaba flanqueada por un par de librer¨ªas fam¨¦licas, pero que a¨²n guardaban un poco de preciada informaci¨®n. En frente de esta, una peque?a mesa con botellas de vidrio moldeado se encontraba mayormente vac¨ªa de no ser por una p¨¢tina marr¨®n agarrada al fondo de los recipientes . Soportando el frio John se adentra en la habitaci¨®n en direcci¨®n hacia las estanter¨ªas, pasando sus dedos por el dorso de los libros selecciona un par y luego de mover los papeles amarillentos de arriba del escritorio coloca la pila de manuscritos elegidos sobre este, usando su PSD para iluminar la tapa del primer libro puede apreciar el t¨ªtulo en letras p¨²rpura nombrado ¡°morfolog¨ªa del interior¡±, abri¨¦ndolo cuidadosamente, empieza a leer atentamente d¨¢ndose cuenta a mitad de la p¨¢gina que ni siquiera reconoc¨ªa en que idioma estaba escrito y sin embargo entend¨ªa perfectamente el sentido que los garabatos en el papel quer¨ªan transmitir, asumiendo que el conocimiento sobre el idioma viene a ¨¦l de manera subconsciente por los recuerdos de su abuelo contin¨²a leyendo hasta que de pronto es interrumpido por el sonido de motores y h¨¦lices que se acercaban cada vez m¨¢s cerca a medida que pasaban los segundos. Movi¨¦ndose a la ventana corre la tela y mira en direcci¨®n al sonido, a lo lejos puede observar como en el cielo nocturno dos puntos rojos se van acercando hacia la mansi¨®n, John fuerza la vista, pero la oscuridad y la distancia le impiden identificar exactamente qu¨¦ es lo que surca el aire nocturno, pero asume que es el veh¨ªculo enviado por Line para buscar a sus camaradas, una sensaci¨®n de alivio aparece cuando la idea de que por fin lo dejaran solo para seguir con sus estudios cruza por su mente y enseguida es descartada casi violentamente, la conciencia del hombre protestando en contra de tal falta de respeto ante las personas que decidieron arriesgar la vida en ayudarlo, John siente su costado todav¨ªa algo caliente y se ve la palma de la mano, algunas motas purpuras todav¨ªa se pod¨ªan apreciar danzando sobre ella, no sabia si las nuevas habilidades de su Enki ven¨ªan con nuevas consecuencias o si solo el ¨²ltimo conflicto lo hab¨ªa dejado amargado pero antes de que pudiera indagar mas sobre sus pensamientos intrusivos un golpe en la puerta que da al pasillo le llama la atenci¨®n. ¡ªJohn, ?podemos hablar? ¡ª la voz de Narciso se escucha detr¨¢s de la madera. El hombre pausa por unos instantes, no entendiendo qu¨¦ quer¨ªa el arcanista ahora, pero sabiendo que no era del tipo que se rinde f¨¢cilmente; luego de suspirar, responde¡ªS¨ª, pasa. Casi al instante la puerta se abre, la figura de Narciso atraviesa el umbral y se frena de golpe; mirando alrededor, nota lo oscuro que est¨¢ el cuarto, iluminado solamente por el tel¨¦fono y la luz de la luna que se cuela entre las cortinas de la ventana. ¡ªLamento si interrumpo algo, pero como escuchar¨¢s est¨¢n por llegar los helic¨®pteros a buscarnos. ?Est¨¢s seguro de que te quieres quedar? ¡ªpregunta Narciso con una expresi¨®n de preocupaci¨®n. ¡ªS¨ª, tengo mucho que aprender aqu¨ª, este lugar esconde secretos que podr¨ªan ayudarme, puedo sentirlo¡ª responde John mirando a la oscuridad alrededor de ¨¦l. El arcanista empieza a decir algo, pero se detiene antes de que las palabras salgan de sus labios y, cambiando la pregunta que quer¨ªa hacer, cuestiona¡ª ?Sabes c¨®mo volver? Tu PSD deber¨ªa funcionar aqu¨ª, as¨ª que, si necesitas que te vengan a buscar, ll¨¢mame y enviar¨¦ a alguien. ¡ªNo te preocupes, tengo mis m¨¦todos, pero si necesito algo te llamar¨¦¡ª comenta John, tomando su PSD y coloc¨¢ndolo en el bolsillo de su chaleco antibalas; se acerca a la chimenea, en donde comienza a apilar un poco de madera. ¡ªHablar¨¦ con Spark a ver si te puede conseguir un nuevo brazo; te avisar¨¦ cuando tengas que venir a Santuario para medirlo y hacer los ajustes necesarios¡ª ofrece Narciso mientras hace unos pasos en la direcci¨®n del hombre. ¡ªEst¨¢ bien¡ª responde r¨¢pidamente John mientras enciende la pila usando Ether naranja para luego, una vez que el fuego haya tomado fuerza, volver a sentarse en la silla del escritorio y continuar leyendo los libros. ¡ªAbigail vendr¨¢ a buscarte cuando nos estemos por ir, si quieres despedirte de nosotros, claro est¨¢¡ª comenta el arcanista mientras se dirige a la puerta. No teniendo nada m¨¢s que decir, el hombre solo asiente y Narciso sale de la habitaci¨®n dejando la puerta lo suficientemente abierta como para que Tim pudiera pasar. Los segundos se transforman en minutos y, antes de que la hora pasara, una peque?a ave verde atraviesa el umbral. La voz de Abigail le dice que ya llegaron los helic¨®pteros y que, si se quer¨ªa despedir, era su ¨²ltima oportunidad de hacerlo. John se levanta y comienza a bajar las escaleras con el ave posada en su hombro. En el camino, la mujer le insist¨ªa que los acompa?ara mientras claramente trata de que la tristeza que siente no se note en su voz, pero el hombre se manten¨ªa en silencio mientras cuidadosamente desciende las escaleras. No era su intenci¨®n ignorar a Abi, pero sab¨ªa que si empezaba a escucharla, la tentaci¨®n de dejar esta fr¨ªa casa ser¨ªa demasiado dif¨ªcil de resistir, as¨ª que, poniendo su mejor cara de p¨®ker, llega enfrente de los dos grandes veh¨ªculos voladores, cuyas h¨¦lices atronadoras levantaban nieve en el aire, oscureciendo la visi¨®n alrededor de ellas. Aquellos que estaban lastimados de gravedad ya hab¨ªan sido subidos a uno de los helic¨®pteros, as¨ª que en el suelo solo quedaban Mikail, Aguilar, Tal¨®n y Narciso. Este ¨²ltimo, ya habiendo dicho todo lo que le quer¨ªa decir al hombre, se sube de manera inmediata, mientras que los dem¨¢s lo miran con una expresi¨®n de preocupaci¨®n ante tal gesto. Rebuscando entre los bolsillos de su chaleco, Mikail toma su petaca y se la lanza a John con una sonrisa dientuda mientras, gritando sobre el sonido de las h¨¦lices girando, dice¡ª Esto te va a ayudar a soportar el fr¨ªo; despu¨¦s me lo devuelves. ¡ªTen cuidado y si necesitas ayuda, ll¨¢manos vendremos en un parpadeo ¡ªdice Lorena mientras le da un fuerte abrazo al hombre. ¡ªNo lo dudes, despu¨¦s de todo, cuidamos de los nuestros¡ª afirma Tal¨®n extendiendo la mano para un apret¨®n. John acepta el gesto, una ligera sonrisa pos¨¢ndose en sus labios ante lo que acaba de escuchar, pero la suprime r¨¢pidamente y, tomando suavemente a Tim de su hombro, lo coloca en la palma del arcanista. El animal se gira, mir¨¢ndolo a John con ojos negros que brillaban bajo las luces rojas de los helic¨®pteros. La voz de Abigail, casi rogando, dice¡ªSi no vienes con nosotros, por lo menos d¨¦jame dejarte a Tim, as¨ª te puedo contactar m¨¢s tarde, para asegurarme de que est¨¢s bien¡ª dice Abigail, a esta altura claramente llorando. ¡ªTim no est¨¢ acostumbrado a estos climas y lo sabes, no es justo hacerlo sufrir de esta manera cuando puedes llamarme con tu tel¨¦fono¡ª explica John, haciendo un esfuerzo sobrehumano para que no se le quebrara la voz. Ante las palabras del hombre, Abigail se queda en silencio, pero luego de unos segundos, Tim se monta en el hombro de Tal¨®n y ambos suben al helic¨®ptero. Las h¨¦lices toman velocidad y el pesado metal de las naves se eleva en el cielo nocturno. John no les quita la mirada hasta que se pierden en la distancia y cuando ya est¨¢n fuera de vista vuelve a entrar a la mansi¨®n, cerrando la puerta detr¨¢s de ¨¦l. Cap铆tulo 37: Como nuevo Spark gira el destornillador sobre uno de los tornillos que aseguraba la articulaci¨®n del codo; el biometal se hab¨ªa aferrado bien a los huesos de titanio, pero como siempre en estas pr¨®tesis, no se pod¨ªa evitar dejar puntos d¨¦biles en las coyunturas si se quer¨ªa asegurar una movilidad adecuada. ¡ª?C¨®mo lo sientes, muchacho? ?Puedes moverlo o todav¨ªa lo sientes trabado? ¡ªpregunta el mec¨¢nico, dejando la herramienta que ten¨ªa en la mano sobre una mesa cercana para luego pasar su vista a unos monitores en donde varias l¨ªneas sub¨ªan y bajaban en una mara?a de datos. John canaliza Ether p¨²rpura y lo mueve a su nueva extremidad; a lo largo del objeto met¨¢lico, runas se encienden por unos instantes y luego de que se apagan, el brazo comienza a moverse casi tan naturalmente como uno de carne. ¡ªSe siente casi como el antiguo, gracias, hermano Spark ¡ªdice el hombre moviendo exageradamente cada articulaci¨®n del brazo y de la mano, asegur¨¢ndose de que funcionen adecuadamente. ¡ªNo hay por qu¨¦, pero recuerda, si bien el biometal es bastante m¨¢s duradero que el m¨²sculo normal, esto no quiere decir que sea invulnerable, particularmente las articulaciones. Si ves que algo no funciona correctamente, puedes usar Ether verde para arreglarlo, pero a lo mucho va a ser un parche temporal, as¨ª que no dudes en tra¨¦rmelo a penas puedas si se llega a romper ¡ªexplica el anciano mientras observa unos documentos en su PSD. ¡ªSi llegara al caso, puedo usar Ether naranja para reforzar las articulaciones, haciendo que soporten m¨¢s estr¨¦s, ?verdad? ¡ªcomenta John, empezando a levantarse. Spark se frena de repente y levanta la vista, encontr¨¢ndose con la mirada del hombre que lo observa con ojos expectantes. Apenas se recupera de la sorpresa que el repentino conocimiento del aspirante le provoc¨®; con una sonrisa contesta ¡ªS¨ª, de hecho eso es posible; se ve que has aprendido bastante en el tiempo que no has estado entre nosotros. ¡ªHe estado estudiando varias cosas estos ¨²ltimos meses y he aprendido mucho ¡ªdice el aspirante devolvi¨¦ndole la sonrisa y, mientras extiende el brazo ortop¨¦dico ofreciendo un apret¨®n de manos, agrega¡ª Aun as¨ª, me falta mucho; espero que pueda ayudarme a responder algunas dudas que tengo sobre el Ether naranja y sus l¨ªmites. El arcanista acepta el gesto mientras comenta ¡ªClaro que s¨ª, podemos hablar mientras mantenemos tu Cadillac; de paso, ?vas a necesitarlo pronto? De ser as¨ª, d¨¦jame que le eche un ojo, asegurarme de que todo est¨¦ en buenas condiciones, aunque estoy seguro de que lo est¨¢; no est¨¢ de m¨¢s ser precavido, despu¨¦s de todo nadie lo ha conducido en varias semanas. Una punzada de culpa golpea a John de manera repentina; no se hab¨ªa dado cuenta, pero lentamente se empez¨® a alejar de las cosas que en un tiempo le parecieron preciadas. ¨¦l se toca los bolsillos buscando su tel¨¦fono de tapita, aquel que no solo lo hab¨ªa acompa?ado por muchos a?os, sino que conten¨ªa fotos irremplazables de momentos que alguna vez fueron felices, pero lo ¨²nico que encuentra en sus bolsillos es el PSD y una billetera nueva que le regal¨® el padre de Abigail. Lo m¨¢s curioso de todo es que, si no se lo recordaban, John podr¨ªa haber estado meses sin prestarle atenci¨®n a la falta del auto o a la del tel¨¦fono. Su mente intenta justificar el comportamiento diciendo que tal vez sea una se?al de que est¨¢ avanzando hacia adelante, deshaci¨¦ndose de lo antiguo para hacer espacio a los nuevos objetos, recuerdos y relaciones que va a tener a partir de ahora, pero algo no se sent¨ªa bien. El hombre frunce el ce?o tratando de develar qu¨¦ era lo que su inconsciente le quer¨ªa decir con esta sensaci¨®n, pero antes de que pudiera, una voz le llama la atenci¨®n. ¡ª?Chico, est¨¢s bien? Se te ve un poco consternado ¡ªdice el anciano mirando al hombre a los ojos con una expresi¨®n de preocupaci¨®n al notar la prolongada pausa. ¡ªS¨ª, solo estaba pensando en algo, en cuanto a la pregunta que me hiciste, en estos momentos no tengo planes para usarlo; apenas eso cambie, te avisar¨¦ ¡ªresponde John con una sonrisa profesional que intenta esconder su incertidumbre. Spark lo mira por unos segundos y, tratando de ser considerado, luego de asentir comenta¡ªEst¨¢ bien, a menos que tengas algo m¨¢s que decirme, ya puedes retirarte. John se levanta del asiento en que se encontraba y se despide del arcanista; se dirige a la salida. Mientras caminaba hacia el ascensor, se preguntaba si Narciso pudo encontrar lo que le pidi¨® hace unas semanas. Podr¨ªa mandarle un mensaje para preguntarle, pero ya que estaba en Santuario, ser¨ªa buena idea ir a hablar con ¨¦l cara a cara, as¨ª que al entrar al ascensor, toca el bot¨®n que lo lleva hacia el piso de administraci¨®n, en donde se halla la oficina del hombre. Mientras espera que el elevador llegue a su destino, este se detiene repentinamente en un piso que el aspirante no reconoc¨ªa y cuando las hojas de metal se abren, la peque?a figura conocida de Mouse se hace presente, vestida con un su¨¦ter azul que le iba demasiado grande y un gorrito negro que solamente dejaba escapar por sobre su frente un mech¨®n de pelo rubio; se encontraba leyendo un libro en un idioma desconocido sin prestar atenci¨®n a sus alrededores. ¡ª?Subes? ¡ªpregunta en broma el hombre mientras esboza una sonrisa. ¡ªOh, John, qu¨¦ bueno verte, hace mucho que no te pasas por aqu¨ª, pens¨¦ que te hab¨ªas olvidado de nosotros ¡ªdice la mujer al levantar la mirada de las hojas de papel enfrente de ella con una expresi¨®n de sorpresa que r¨¢pidamente se transforma en una sonrisa de oreja a oreja. ¡ªVine a que Spark ajustara mi pr¨®tesis ¡ªcomenta el hombre arremangando su manga derecha, mostrando la extremidad cromada. ¡ªS¨ª, escuch¨¦ lo que pas¨®, una situaci¨®n verdaderamente peliaguda, pero viendo el lado positivo, el nuevo brazo se ve bastante cool ¡ªbromea Mouse mirando detalladamente el nuevo brazo y, despu¨¦s de dudar unos segundos, agrega¡ª John, ?puedo hacerte una pregunta? El hombre pausa por un segundo, extra?ado por la pregunta que la mujer le acaba de hacer, pero sabiendo que ella lo considera un amigo, r¨¢pidamente responde¡ª Claro, ?qu¨¦ quieres saber? Ahora es la mujer la que se detiene, intentando buscar las palabras correctas, toca el bot¨®n del panel al lado de la puerta para ganar algo de tiempo y luego de empezar a decir una pregunta y detenerse un par de veces, por fin cuestiona¡ª?Qu¨¦ pas¨® con Abigail? Se ve que est¨¢n bastante distantes.Digo, ¨²ltimamente se la ve bastante deprimida y lo ¨²nico que se me ocurre debe de ser la relaci¨®n que tiene contigo; ella no me dijo nada, pero tiene que ser la ¨²nica opci¨®n. ¡ªHaaa eso¡ª responde en un principio el hombre mientras mira el suelo del ascensor y luego de levantar la vista mirando al frente agrega¡ª Pues me di cuenta de algo en la ¨²ltima misi¨®n que estuve con el equipo de campo, de que a pesar de que me digo a mi mismo de que Abigail es una mujer adulta y puede tomar sus propias decisiones, las consecuencias de dichas elecciones no me gustaron para nada, s¨¦ que si quiere acompa?arme arriesgando su vida tengo que aceptarlo porque al final del d¨ªa es su decisi¨®n no la m¨ªa y tendr¨ªa que sentirme honrado que una persona que quiero me quiera tanto como para ponerse en riesgo por m¨ª, como si fuera una gran se?al de amor, realmente cre¨ªa eso en un principio, pero hablar es barato y cuando por fin las cosas se salieron de control, cuando vi a la muerte frente a frente, no sent¨ª alivio por tenerla a ella y a los dem¨¢s al lado m¨ªo, sent¨ª culpa, porque yo los puse en esa situaci¨®n, por ende yo los mat¨¦ y si te soy sincero no me gust¨® para nada el sentimiento. Es por eso que estoy tratando de tener poco contacto con Abigail, porque me estoy preparando para cuando Balsin vuelva a aparecer enfrente m¨ªo y estar cerca de ella hace que se drene mi determinaci¨®n de mantenerla lejos del peligro que me est¨¢ acechando. Por ah¨ª estoy haciendo mal, lo s¨¦, pero no quiero volver a encontrarme en la misma situaci¨®n que antes. Mouse escucha en silencio y, cuando el hombre termina de hablar, luego de unos segundos de contemplaci¨®n, dice¡ª Cr¨¦eme cuando te digo que entiendo completamente tus sentimientos, pero lo que est¨¢s haciendo no es nada bueno. Tienes que confiar en la gente que te rodea. S¨ª, cometiste un error, pero las cosas al final salieron bien, ?no? Reading on Amazon or a pirate site? This novel is from Royal Road. Support the author by reading it there. ¡ªS¨ª, esta vez, pero ?qu¨¦ pasa si la pr¨®xima no? ? Qu¨¦ pasa si meto la pata de manera tan monumental que no hay vuelta atr¨¢s? ¡ªresponde el hombre mirando a la mujer directamente a los ojos, un ligero brillo form¨¢ndose en sus ojos. ¡ªPensar en que podr¨ªa pasar no es malo, pero usar hipot¨¦ticos no comprobados para tomar decisiones bruscas no es un buen camino a seguir, como tampoco es aislarte de la gente que se preocupa por ti ¡ªexplica Mouse estir¨¢ndose para colocar una mano en el hombro de John. ¡ªLo s¨¦ ¡ªdice John, su voz casi un susurro. ¡ªS¨¦ que lo sabes, pero a veces hace falta escucharlo de otra persona. John, mira... ¡ªempieza a decir la mujer, pero el sonido de una campanita corta la oraci¨®n al medio. Mirando con tristeza como las puertas dobles de metal se abren a un pasillo de azulejos blancos, ella agrega¡ª Parece que aqu¨ª me bajo. Esc¨²chame, John, habla con Abi, al menos expl¨ªcale c¨®mo te sientes, le debes por lo menos eso. No olvides que ella te quiere un mont¨®n. El hombre se queda en silencio sabiendo que no hay nada m¨¢s que decir y ve c¨®mo Mouse se baja del elevador y hace unos pasos para luego detenerse repentinamente en el medio del pasillo. Al darse vuelta, la mujer tiene su PSD en la mano y levant¨¢ndolo ofrece de manera repentina ¡ªSi quieres hablar, tienes mi n¨²mero; siempre puedes mandarme un mensaje, tratar¨¦ de responderte lo m¨¢s r¨¢pido que pueda. El hombre asiente mientras la puerta se cierra, dej¨¢ndolo dentro del artefacto de metal, solo con sus pensamientos. Por suerte para ¨¦l, el viaje termina r¨¢pidamente, dej¨¢ndolo en el piso de administraci¨®n, las mismas caras de siempre yendo y viniendo, manejando papeles que definir¨¢n el presupuesto para el grupo a lo largo del a?o. A paso tranquilo, camina por entre las apuradas personas y, luego de unos segundos, llega a la puerta de la oficina de Narciso. ¡ªBuen d¨ªa, Iris, ?se encuentra Narciso? ¡ªpregunta John en un tono amable. ¡ªBuen d¨ªa, se?or Dole, s¨ª, el hermano Narciso se encuentra en estos momentos ¡ªresponde la secretaria casi de manera rob¨®tica. ¡ªOh, qu¨¦ bien, ?podr¨ªas decirle que necesito verlo? Por favor ¡ªdice el hombre, la m¨¢scara de amabilidad desliz¨¢ndose un poco. ¡ªC¨®mo no, enseguida le digo ¡ªresponde la mujer tom¨¢ndose su tiempo para tomar el tel¨¦fono y marcar el n¨²mero. John espera, no dejando que la molestia se refleje en su cara y, luego de unos pocos segundos, la secretaria lo hace pasar. Al abrir la puerta, puede notar c¨®mo Narciso est¨¢ sentado enfrente del fuego con un vaso lleno de un l¨ªquido ¨¢mbar del cual bebe casualmente de vez en cuando. ¡ªJohn, ?a qu¨¦ se debe la visita? ¡ªcuestiona el hombre con un tono de agradable sorpresa. ¡ªVine a que el hermano Spark me ajustara algunas cosas de la pr¨®tesis y ya que estaba por ac¨¢, me dije: "?Por qu¨¦ no voy a ver c¨®mo est¨¢ Narciso?" De paso veo si ya est¨¢ lo que le ped¨ª ¡ªexplica John acerc¨¢ndose hacia donde est¨¢ sentado el arcanista. Narciso sonr¨ªe y, mientras se levanta, dice¡ªAh, s¨ª, habl¨¦ con un par de mis contactos y pude procurar lo que me pediste ¡ªel hombre camina hacia su escritorio y, cuando termina de escribir algo en un pedazo de papel, lo extiende en direcci¨®n al aspirante, agregando¡ª Esta es la direcci¨®n del almac¨¦n en donde est¨¢n guardadas como lo pediste. ?Me vas a decir para qu¨¦ necesitas tantas armas? Hay suficientes para armar a un peque?o batall¨®n. John toma el papel y con una sonrisa explica¡ª Ver¨¢s, los libros que se encuentran en la casa de mi abuelo me revelaron cosas interesantes que puedo hacer con el Ether p¨²rpura, como por ejemplo marcar un lugar con un s¨ªmbolo, lo que me permite crear portales hacia ese lugar m¨¢s f¨¢cilmente. ¡ªLo que te dar¨ªa acceso a un arsenal dondequiera que est¨¦s ¡ªconcluye el hombre, por fin entendiendo el bizarro pedido. ¡ªExacto, ?pudiste conseguir el polvo de n¨²cleo p¨²rpura? ¡ªEs esencial para lo que planeo hacer ¡ªcuestiona el aspirante mientras toma su PSD. ¡ªS¨ª, aunque fue m¨¢s dif¨ªcil de lo que esperaba; alguien est¨¢ comprando grandes cantidades de esto, pero por suerte pude poner una orden antes de que se acabara todo el stock ¡ªresponde Narciso tomando una peque?a caja de madera negra. ¡ªPerfecto, entonces deber¨ªa ir a preparar todo, ?quieres venir? ¡ªinvita John con una mirada expectante. El arcanista piensa por un momento, pero r¨¢pidamente decide tomar la oferta del aspirante y, agarrando el tel¨¦fono que se halla sobre su escritorio, dice¡ªIris, cancela mi cita de las cuatro; voy a salir un momento. El hombre mantiene el tel¨¦fono pegado a su oreja por unos instantes y, cuando parece que recibi¨® la respuesta que quer¨ªa, toma su saco del perchero y agarra la caja de madera negra que se encontraba al lado de la puerta, pero antes de que pueda girar el picaporte, la voz de John lo detiene. ¡ª?A d¨®nde vas? ¡ªpregunta el aspirante con una expresi¨®n de confusi¨®n, como si lo que est¨¢ haciendo el hombre fuera extremadamente raro. ¡ªPues si queremos llegar al almac¨¦n, tenemos que tomar el auto y por ende tenemos que ir al garaje, a menos que tengas un camino m¨¢s r¨¢pido ¡ªresponde el hombre, una sonrisa form¨¢ndose lentamente en sus labios al entender la intenci¨®n de la pregunta. John sonr¨ªe de oreja a oreja, como si fuera un ni?o mostr¨¢ndole algo nuevo que aprendi¨® a uno de sus padres y sacando su PSD, dice en voz alta¡ªPen¨¦lope, entra a Google Maps y mu¨¦strame la direcci¨®n Arturo Kaminski al 203. El hipop¨®tamo de falda amarilla hace un par de piruetas y r¨¢pidamente hace lo que se le pidi¨®, mostrando un viejo almac¨¦n, posado enfrente de una calle lodosa. John lo mira intensamente, tratando de absorber cada detalle de la imagen como si intentara grabar el panorama a fuego en sus c¨®rneas. Luego de un momento guarda el tel¨¦fono y cierra los ojos; centr¨¢ndose en lo que acaba de ver, recrea el lugar en su mente y, luego de canalizar Ether p¨²rpura en su Enki, extiende el brazo y chasquea los dedos. Al hacerlo, chispas de color violeta salen despedidas de las puntas de estos; casi al mismo instante, un portal rectangular se abre, materializando el almac¨¦n que ten¨ªa en la mente en el mundo real. R¨¢pidamente lo atraviesa, seguido muy de cerca por Narciso, y cuando este est¨¢ por fin del otro lado, tan r¨¢pido como apareci¨®, la abertura se cierra como si nunca hubiera existido. ¡ªEsto explica por qu¨¦ no est¨¢s usando el auto ¡ªdice el hombre, sorprendido por el avance del aspirante. ¡ª¨²til, ?verdad? ¡ªse jacta el hombre mientras avanza hacia una puerta lateral del edificio. Narciso asiente y lo sigue en silencio. Cruzando la puerta de madera, ambos entran al dep¨®sito; apenas cruzan el umbral, pueden ver varias filas de estanter¨ªas, cada una repleta de armas cargadas y listas para usar. John camina entre los estantes y se detiene abruptamente enfrente de un anaquel lleno de cargadores de fusil. ¡ªDame el polvo p¨²rpura ¡ªpide el hombre, extendiendo una mano en direcci¨®n del arcanista. Narciso abre la caja negra que ten¨ªa en las manos; dentro de ella se encontraba un peque?o saco y un rev¨®lver cuyo ca?¨®n humeaba constantemente. Tomando la bolsa, se la coloca en las manos al aspirante; este cierra el pu?o alrededor de ella y luego mete la mano dentro, tomando un pu?ado del polvo que se escurre entre sus dedos como si se tratase de arena. Mientras dice unas palabras en un idioma reptante, canaliza Ether p¨²rpura en su Enki y lo dirige hacia su pu?o, cargando el polvo y haci¨¦ndolo brillar. Cuando termina, lo coloca enfrente de su cara y sopla, las part¨ªculas dispers¨¢ndose por el aire para r¨¢pidamente conformar un sello en el suelo que brilla brevemente para luego desvanecerse. ¡ª?As¨ª de f¨¢cil? ¡ªpregunta Narciso, todav¨ªa sosteniendo la caja. ¡ªAs¨ª de f¨¢cil ¡ªresponde John limpi¨¢ndose la mano con un pa?uelo. Repiten el proceso y, despu¨¦s de un par de horas, todo el almac¨¦n estaba marcado con las extra?as runas. ¡ª?Esto es seguro, ?verdad? ¡ªpregunta el aspirante, tomando cuidadosamente el rev¨®lver. ¡ªTan segura como puede ser un arma ¡ªresponde Narciso, no siendo muy directo, pero tampoco mintiendo. John lo mira de reojo, pero no puede negar que el poder que emana del arma es atractivo, as¨ª que sin decir nada m¨¢s lo deja en un estante cerca de las granadas. Cuando terminaron de marcar el lugar, ya era casi de noche, as¨ª que, luego de devolver a Narciso a Santuario, John vuelve a la mansi¨®n que estuvo habitando en los ¨²ltimos meses. Con el paso de las semanas, pudo hacer del estudio de su abuelo un lugar lo suficientemente c¨®modo como para poder aguantar las largas horas de lectura. A pesar de que todav¨ªa era invierno, el hombre decide abrir una ventana, las nuevas cortinas p¨²rpura danzando en el viento que se cuela por la abertura. John se prepara una taza de t¨¦ negro y se sienta en el escritorio, retomando la lectura que hab¨ªa empezado esa misma ma?ana, pero a medida que pasan los minutos una sensaci¨®n de miedo empieza a apoderarse de ¨¦l, no sabiendo muy bien de donde ven¨ªa esto mira al rededor en busca de que pudiera ser la fuente de tan horroroso sentimiento, pero nada le llama la atenci¨®n hasta que de pronto, cuando los bailes de las cortinas dejaban vista plena del cielo nocturno, el hombre pudo apreciar dos puntos rojos que se acercaban cortando la oscuridad de la noche a altas velocidades, la memoria de los helic¨®pteros que rescataron a sus colegas aparece de manera repentina en la mente de John pero si la sensaci¨®n que ten¨ªa era de ser cre¨ªda los veh¨ªculos en el cielo no eran sus aliados sino todo lo contrario. Corriendo hacia la ventana, esfuerza la vista para exprimir cualquier detalle posible que confirme su sospecha, pero estaba muy oscuro para apreciar m¨¢s all¨¢ de los titilantes puntos rojos. Cuando pasaron unos minutos, empez¨® a escuchar el sonido de motores y sus temores se volvieron realidad cuando los negros fuselajes de los helic¨®pteros son iluminados por flashes naranjas y una estela blanca atraviesa la distancia entre los dos a una velocidad impresionante, haciendo que John apenas pueda entender lo que est¨¢ pasando antes de que la habitaci¨®n explote en mil pedazos. Cap铆tulo 38: Bajo fuego Luego de que se confirmara el contacto del proyectil con el edificio, uno de los helic¨®pteros se estaciona en un claro a varios metros de la mansi¨®n. Desde dentro, 7 figuras bajan esparci¨¦ndose por el claro, intentando asegurarlo. El segundo veh¨ªculo, que en la parte de abajo cargaba con un gran constructo de metal cromado conectado a ¨¦l con abrazaderas debajo de los brazos, flota sobre el mismo lugar por unos segundos y, despu¨¦s de asegurarse de que no va a aplastar a nadie, libera al Golem con un sonoro CLANK. La m¨¢quina cae unos metros e impacta fuertemente contra el suelo del bosque levantando una gruesa capa de polvo que se disipa luego de unos segundos. ¡ªAh¨ª va el sigilo ¡ªbromea una mujer vestida con una larga capa roja con bordado dorado; un mech¨®n de pelo rubio se escapa desde debajo de la capucha. ¡ª?De enserio, Albia? Le tiramos un misil en la cara; creo que sabe que estamos aqu¨ª ¡ªcomenta exasperadamente otra figura femenina vestida de manera ligera para la ocasi¨®n, su pelo corto y marr¨®n agit¨¢ndose mientras niega con la cabeza, incr¨¦dula por lo que acaba de escuchar. ¡ªEs una broma, Amber, ya sabes, las que hacen re¨ªr a la gente, aunque entiendo que no lo entiendas ¡ªcomenta con vitriol la rubia con una expresi¨®n burlona en la cara. ¡ªYo lo entend¨ª, es muy gracioso ¡ªdice la voz de un hombre joven de facciones asi¨¢ticas y pelo negro. ¡ªVamos, hermano, deja de ser un chupamedias, no es el momento de bromas, adem¨¢s no es tan gracioso ¡ªdice la mujer a su lado que porta un rostro id¨¦ntico al del hombre. ¡ªNo soy ning¨²n chupamedias, Carol, solo s¨¦ apreciar una buena broma, eso es todo ¡ªespeta tartamudeando el joven, claramente avergonzado. Sin decir nada, la ¨²ltima figura que se baj¨® del helic¨®ptero comienza a caminar hacia el constructo; cada paso que da impone suficiente autoridad para callar a los dem¨¢s miembros del grupo. Al llegar al Golem, estira el brazo y se puede notar como peque?os cristales blancos rompen la p¨¢lida piel. Tocando el fr¨ªo metal de la criatura, ella mira hacia arriba, la cara sin facciones devolvi¨¦ndole la mirada, y con una sonrisa dice¡ªYossele, busca el ancla y avanza en direcci¨®n hacia la casa; estaremos contigo en un momento. Sin esperar un segundo, este hace lo que se le pide y, d¨¢ndose vuelta, se estira hasta llegar al helic¨®ptero que todav¨ªa estaba flotando sobre ellos. Sus largas manos met¨¢licas se cierran sobre un gran tubo envuelto en una tela y rodeado por cadenas de metal negro como la obsidiana. Sin decir nada, empieza a caminar en direcci¨®n del edificio, empujando a trav¨¦s de los ¨¢rboles, acerc¨¢ndose a la mansi¨®n. La figura mira mientras la criatura de metal se pierde entre la arboleda, su cabeza cortando entre las copas de los ¨¢rboles y luego, despu¨¦s de unos segundos, levanta el brazo con la mano cerrada en un pu?o. Al ver esto, los helic¨®pteros empiezan a levantar vuelo con la intenci¨®n de patrullar los alrededores y dar apoyo de ser necesario. ¡ªCarol, Rex, exploren los alrededores, aseg¨²rense de que no haya nadie m¨¢s en este pantano, mu¨¦vanse r¨¢pido, pero no bajen la guardia, recuerden que los ataques pueden venir de cualquier direcci¨®n, en cualquier momento, est¨¦n atentos ¡ªordena la mujer a los gemelos mientras mira en direcci¨®n a la gran casa colocada en la cima de la colina. ¡ªEnseguida, capitana ¡ªdicen en un¨ªsono ambos j¨®venes y empiezan a caminar hacia dentro de la arboleda en la otra direcci¨®n a una velocidad impresionante. ¡ªNo entiendo por qu¨¦ est¨¢s siendo tan cuidadosa, Anastasia, creo que el misil impact¨® justo en el blanco, s¨¦ que los arcanistas son duros de matar, pero ni siquiera Amber puede resistir un impacto de esa magnitud ¡ªdice un hombre bajando su capucha, mostrando una cabeza pelada. Detr¨¢s de ¨¦l, una mujer con un tatuaje que le cubr¨ªa la mitad de la cara escaneaba los alrededores en busca de alguna amenaza. ¡ªPrimero que nada, Ashton, es capitana Balsin y segundo, las serpientes son m¨¢s dif¨ªciles de atrapar que cualquier otro arcanista; no creo que solamente un misil alcanzara para matarlo ¡ªla mujer tambi¨¦n se quita la capucha de su capa, mostrando su cabeza, la mitad de su cr¨¢neo recubierto en una sustancia cristalina y reflectante que se extend¨ªa como hebras de pelo hasta la mitad de su espalda, mirando con ojos de luz fundida al soldado enfrente de ella, una sonrisa retorcida, incluso se podr¨ªa decir demencial, se forma en sus labios mientras agrega¡ª por lo menos no a este. El hombre est¨¢ por decir algo, pero es interrumpido por un brillo del color del oro a su costado. Al girar la cabeza, ve c¨®mo los ojos de Albia emanan un fulgor dorado y el tono de su cara lentamente se vuelve m¨¢s p¨¢lido. Cuando el brillo termina, la mujer desesperada empieza a gritar ¡ªCorran, CORRAN¡ª y empieza a correr en direcci¨®n de la casa, pero antes de que los dem¨¢s pudieran moverse, una fuerte explosi¨®n sacude el aire cuando uno de los helic¨®pteros impacta contra el otro, ambos cayendo en una bola de fuego. Todos los dem¨¢s miembros de Opter empiezan a correr hacia el refugio de los ¨¢rboles, excepto Balsin, que sin dejar de sonre¨ªr dice ¡ªQue la caza comience. El impacto del misil hab¨ªa destruido completamente el estudio, dejando parte del interior de la casa expuesta a los elementos y esparciendo los trozos ardientes del inmueble por el pantano. Lentamente, la fachada del edificio se empezaba a prender fuego, quemando los ¨²ltimos libros que por milagro se hab¨ªan salvado de la explosi¨®n inicial. John se encontraba en la primera planta; si bien pudo desviar la mayor¨ªa del da?o provocado por la detonaci¨®n creando portales alrededor de ¨¦l, el piso hab¨ªa cedido, las conexiones con las paredes habiendo sido cortadas por la fuerza de la explosi¨®n, lo que caus¨® que la madera, ya podrida, terminara por desplomarse bajo sus pies. Quit¨¢ndose los escombros de encima, intenta analizar su cuerpo y se da cuenta de que, a pesar de algunos moretones, golpes y astillas, aun pod¨ªa moverse. ¡ªAlmac¨¦n 1, secci¨®n 12, 15 y 8 ¡ªdice en voz alta mientras mueve las manos y canaliza Ether; cada movimiento de los dedos est¨¢ trazado con luz p¨²rpura. Cuando termina, 3 portales se abren enfrente suyo y de ellos saca un AR 16, una Colt, un chaleco t¨¢ctico que llena con cargadores para ambas armas y varias granadas colocadas en una cinta. Cuando estaba tomando estas ¨²ltimas, ve el rev¨®lver que coloc¨® en la estanter¨ªa cuando hicieron los sellos; algo dentro suyo le dice que lo tome, que en el futuro cercano le va a ser ¨²til. Esta sensaci¨®n ya conocida nunca lo defraud¨®, por lo menos por ahora, as¨ª que luego de sacar los explosivos toma el arma, ca?¨®n todav¨ªa humeante, y la coloca en la parte trasera de su cintura, ajust¨¢ndola con su cintur¨®n. Una vez equipado usa el resto del Ether que le queda para teletransportarse a hacia el segundo piso, esta vez en un dormitorio en la direcci¨®n contraria al despacho de su abuelo, mirando por la ventana puede notar como los helic¨®pteros negros empiezan a elevarse otra vez y sabiendo que tiene que eliminarlos si quiere tener la menor oportunidad de sobrevivir toma una de las granadas que tiene cruzada en el pecho y la arranca con fuerza, quit¨¢ndole el pasador de seguridad en el proceso, estirando el brazo hacia atr¨¢s canaliza otra vez Ether y cuanta hasta tres, al mismo momento que el conteo termina un portal se abre y el lanza el explosivo dentro de este, luego de unos segundos puede ver como uno de los veh¨ªculos se sacude y comienza a perder el control cayendo en direcci¨®n al otro que al no esperar algo como esto, no reacciona a tiempo y es impactado de lleno provocando que el tambi¨¦n empezara a girar sin control mientras comienza a prenderse fuego. John sonr¨ªe y aleja la mano de la otra granada que estaba a punto de quitar de la cinta, agradecido por el golpe de suerte. Escaneando el bosque, ve el constructo acerc¨¢ndose y vuelve a abrir otro portal hacia el almac¨¦n, esta vez sacando un RPG. Abriendo el tubo, mira a su objetivo y, sin moverse, aprieta el bot¨®n al mismo tiempo que otra abertura en la realidad aparece enfrente de ¨¦l tomando el cohete. Al lado del Golem, un portal se abre lanzando el proyectil que impacta en el flanco de la criatura, sacudiendo el aire con una fuerte explosi¨®n. La bestia de metal trastabilla y cae en una rodilla, escondiendo su forma entre los ¨¢rboles y el humo provocado por la detonaci¨®n. Al ver que su ataque impact¨® en el objetivo, una sonrisa vuelve a aparecer en la cara del hombre, pero esta es r¨¢pidamente borrada cuando ve que la monstruosidad no solo se levanta como si nada hubiera pasado, sino que est¨¢ mirando en su direcci¨®n. Lentamente, una gran cantidad de Ether naranja coaliciona en la palma del constructo, formando una esfera que expulsa un calor tremendo hasta el punto en que los ¨¢rboles alrededor de ¨¦l empiezan a prenderse fuego, John observa con horror la cantidad insana de energ¨ªa acumulada en la punta de los dedos del ser, una cantidad que pocos arcanistas pudieran manejar sin romperse. En ese momento, ¨¦l tambi¨¦n empieza a canalizar Ether en su Enki, sintiendo las nefastas intenciones del Golem. Es una carrera contra el tiempo y una prueba para ver qu¨¦ tan pulido estaba su control sobre el Ether, apurando lo m¨¢s que puede llenar el ¨®rgano m¨¢gico lo m¨¢s r¨¢pido que puede mientras observa c¨®mo la esfera naranja empieza a hacerse m¨¢s peque?a. Un destello de esperanza cruza la mente del hombre; tal vez la criatura fall¨® la canalizaci¨®n, pero la sensaci¨®n de peligro inminente que se negaba a desvanecerse le hac¨ªa imposible aceptar tan conveniente situaci¨®n y es unos segundos despu¨¦s que el sentimiento es reivindicado cuando desde enfrente del constructo un gran torrente de fuego sale despedido en la direcci¨®n del hombre. Todo empieza a moverse m¨¢s lento mientras el p¨¢nico comienza a correr por la mente del hombre. A medida que el fuego se acerca a ¨¦l, no puede entender la magnitud del arma contra la que se est¨¢ enfrentando, pero aun as¨ª r¨¢pidamente utiliza el Ether que recolect¨® y abre un portal hacia la planta baja. Si bien logr¨® completar el hechizo, el terror del ataque hace que la imagen en su mente no sea lo suficientemente n¨ªtida, lo que provoca que, en vez de terminar en el vest¨ªbulo, termine en la parte de arriba de las escaleras en una posici¨®n que lo deja fuera de balance, provocando que caiga por estas. Aunque trata de atenuar la ca¨ªda, golpea el barandal fuertemente; el impacto quita el aire de sus pulmones y magulla un par de sus costillas, el dolor esparci¨¦ndose por su cuerpo y uni¨¦ndose con el horror que todav¨ªa plagaba su mente. Tiene que escapar, la idea aparece fuertemente en el frente de su mente y claramente tiene raz¨®n, no puede ganar contra esa cosa, no estando solo, sin un plan y apenas equipado para enfrentarse a magos de guerra adeptos al combate contra varios tipos de arcanistas, incluyendo a aquellos con habilidades parecidas a las suyas. Mientras m¨¢s lo piensa, la idea de una retirada estrat¨¦gica se vuelve cada vez m¨¢s atractiva, pero antes de que pudiera juntar la m¨ªnima mota de Ether para realizar su escape, la pared enfrente de ¨¦l repentinamente explota; un cilindro de lat¨®n corta el aire en su direcci¨®n, habiendo atravesado la madera como si se tratara de una hoja de papel. R¨¢pidamente aumenta sus habilidades f¨ªsicas y rueda fuera del peligro, intenta pararse, pero el dolor en el pecho lo hace trastabillar y caer de vuelta al suelo. Mirando en la direcci¨®n hacia el lugar en donde hasta hace unos segundos se encontraba, puede ver, clavado en un ¨¢ngulo en la escalera, un ca?o largo de bronce con runas p¨²rpuras por toda su superficie que brillaba fuertemente y se juntaban en una esfera en la punta que pulsaba cada pocos segundos, mandando una ola de energ¨ªa p¨²rpura por los aires que recubr¨ªa toda la habitaci¨®n. En un principio, John no entiende lo jodido que est¨¢ hasta que escucha el sonido de algo pesado avanzando hacia la puerta principal e intenta abrir un portal hacia Santuario. El Ether responde, pero cuando intenta manifestar la puerta, la energ¨ªa expulsada del extra?o aparato disipa toda la energ¨ªa acumulada en su Enki, como si nunca hubiera estado ah¨ª. Vuelve a intentarlo, pero el resultado es el mismo; para colmo, los pasos se encontraban tan cerca que el piso temblaba ligeramente con cada pisada del coloso. Arrastr¨¢ndose hacia una pared, la usa para pararse; las piernas le tiemblan. Intenta circular Ether verde y este s¨ª funcionaba adecuadamente, as¨ª que al parecer lo ¨²nico que afecta el artefacto es la habilidad de controlar el p¨²rpura. En ese momento John se da cuenta de la terrible verdad: lo hab¨ªan encerrado en una jaula, cortando su ¨²nica salida. This content has been unlawfully taken from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. Mientras deja que el Ether verde haga su trabajo, su mente se empieza a acelerar intentando encontrar una manera de escapar, pero la intensificaci¨®n de los temblores le avisa que se est¨¢ quedando sin tiempo. Mirando otra vez al objeto clavado en el medio de la habitaci¨®n, se da cuenta de lo est¨²pido que hab¨ªa sido; si las pulsaciones eran el problema, solo ten¨ªa que destruir la fuente, pero antes de que pudiera hacer un paso, un gigante pu?o impacta contra la fachada de la casa, haciendo un gran boquete por donde el fr¨ªo invernal se empieza a colar. Sin mucho esfuerzo el Golem termina de destruir la madera podrida y comienza a acercarse con los brazos extendidos, su tremendo peso astillando los tablones debajo de ¨¦l, John se da cuenta de esto y en vez de escapar pega un salto mientras refuerza su pr¨®tesis con Ether naranja, runas del mismo color se prenden en el brazo met¨¢lico y al impactar el suelo fuertemente las tablas se parten lanzando fragmentos por el lugar, la creatura met¨¢lica se abalanza contra ¨¦l, ya teni¨¦ndolo casi a su alcance pero en ese momento el suelo ya debilitado termina por ceder y el pesado constructo empieza a caer, a pesar de esto su simple mente mec¨¢nica hace que no se rinda y antes de desplomarse en la oscuridad intenta atrapar al hombre para llev¨¢rselo junto con ¨¦l pero ni lento ni perezoso John vuelve a canalizar Ether rojo y usando el lado externo de la mano del Golem como apoyo salta fuera de su alcance. Una cacofon¨ªa de destrucci¨®n acompa?a al gigante en su descenso, que termina en un gran choque que hace temblar toda la casa. John est¨¢ parado en el borde del precipicio, mirando la oscuridad abisal que se cierne enfrente de ¨¦l. No esperaba que el s¨®tano fuese tan profundo; sin embargo, la inmensa figura del Golem hab¨ªa desaparecido sin dejar rastro, lo que supon¨ªa varios metros de profundidad. Aliviado por tener un enemigo menos con el que lidiar, el hombre intenta pensar en su siguiente paso a seguir y, respirando hondo, intenta recuperar el aliento, pero antes de que pudiera, un presentimiento de peligro hace que levante la cabeza y, al hacerlo, observa con horror c¨®mo, subiendo lentamente la colina, la figura de Balsin empezaba a acercarse, caminando como si fuera un paseo matinal por su barrio. John levanta el AR-16 y comienza a disparar; las balas vuelan por el aire en direcci¨®n de la mujer solo para transformarse en metal fundido a unos cent¨ªmetros de ella. John frunce el ce?o; ¨¦l sab¨ªa que no iba a funcionar, pero qu¨¦ otra opci¨®n ten¨ªa ?quedarse quieto y esperar a que la mujer acabe con ¨¦l? No, se negaba a caer sin una pelea, as¨ª que cargador tras cargador continuaba el f¨²til intento de herir a la arcanista. Cuando ella estaba a unos metros de la entrada, el hombre intenta cambiar otra vez el cargador solo para darse cuenta de que no le quedan m¨¢s. A esta altura pod¨ªa ver claramente la expresi¨®n de Balsin con la m¨¢scara de cristal que le cubr¨ªa la mitad de la cara, pero a pesar de las monstruosas facciones, lo que realmente lo aterraba era la sonrisa demencial de la mujer que iba de oreja a oreja. No teniendo mucho m¨¢s que hacer, saca la cinta de granadas y retira el pasador de seguridad de una para r¨¢pidamente lanzar el resto en la direcci¨®n de Balsin. Estas caen a unos cent¨ªmetros de ella; la mujer se frena, mirando los esf¨¦ricos explosivos por unos segundos y cuando el hombre lanza la granada activa, ella levanta la cabeza sin perder la sonrisa. Pocos segundos despu¨¦s, una gran detonaci¨®n se manifiesta enfrente de la arcanista levantando nieve, lodo y polvo por el aire, ocultando su figura. John se queda en silencio mirando expectante la nube que lentamente se va disipando, esperando que la fuerza de la explosi¨®n sea suficiente para por lo menos incapacitar a la arcanista, pero nada es tan f¨¢cil para el hombre y, antes de que el polvo se asentara, la figura de Balsin lo atraviesa sin siquiera trastabillar. John saca la pistola y empieza a canalizar Ether p¨²rpura en ella, pero lo que antes surgi¨® como algo casi instintivo, ahora es un reto casi imposible, la energ¨ªa neg¨¢ndose a acoplarse con el metal. En el tiempo que le tom¨® entender que era un caso perdido, Balsin hab¨ªa acortado la distancia y ahora se encontraba del otro lado del agujero mir¨¢ndolo con una expresi¨®n de curiosidad sin perder la sonrisa de la cara, la piel cristalina reflejando la luz producida por las lenguas de fuego que empezaban a consumir la casa. ¡ªJohn, oh, John, como deseaba verte de vuelta ¡ªdice la arcanista chasqueando los dedos; chispas naranjas salen despedidas de sus yemas. Cuando las ¨²ltimas chispas se apagan, el hombre puede ver c¨®mo la pistola empieza a calentarse hasta el punto en que tiene que soltarla con su mano normal, pero cuando el metal del ca?¨®n empieza a volverse naranja, decide que no vale la pena terminar explotando por algo que no va a lograr herirla, as¨ª que la suelta; el arma, todav¨ªa brillando, se pierde en la oscuridad. John no le quita la vista de encima a Balsin, su cerebro tratando de predecir el pr¨®ximo movimiento de la mujer, pero seguir las desquiciadas maquinaciones de la mercenaria era un trabajo dif¨ªcil incluso para un veterano, m¨¢s a¨²n para el que apenas hab¨ªa pisado el suelo de lo que pod¨ªa hacer. ¡ªSabes, en los ¨²ltimos meses te he estado investigando, hijo de un le?ador y una abogada defensora; tus abuelos paternos son mundanos, pero lo interesante son los de tu lado materno: nadie, no hay ning¨²n legajo, ning¨²n documento, nada que pruebe que alguna vez existieron y, sin embargo, aqu¨ª est¨¢ tu madre, aqu¨ª est¨¢s t¨² ¡ªdice la mujer en un tono inquietantemente coqueto mientras extiende un dedo en la direcci¨®n del hombre. A pesar de no ver nada, un sentimiento de peligro lo inunda, pero antes de que pudiera reaccionar a lo que est¨¢ haciendo Balsin, este es levantado en el aire y lentamente flota sobre la grieta, deteni¨¦ndose a pocos cent¨ªmetros de ella. ¡ªEncontrar este lugar fue dif¨ªcil, pero vali¨® la pena volver a verte. ?Qu¨¦ te parece mi nuevo aspecto? Te lo debo todo a ti ¡ªcomenta la mujer mientras pasa un dedo recubierto de cristal por el rostro de John, que es seguido por un corte y el fluir de la sangre. ¨¦l se agita tratando de liberarse, prefer¨ªa caer por el agujero y volver a batirse contra el Golem que ser el juguete de la psic¨®tica arcanista, pero lo que lo sosten¨ªa firmemente en el aire, hasta el punto de no dejarlo hablar, era m¨¢s fuerte que el as¨ª que no ten¨ªa m¨¢s opci¨®n que aguantar y encontrar la oportunidad adecuada de escapar¡ªMi maestro se ha deteriorado en los ¨²ltimos a?os, se ha olvidado de algunas cosas, incluso en sus peores d¨ªas se ha olvidado de m¨ª, podr¨ªamos decir que est¨¢ un poco fragmentado¡ª ella pausa examinando el rostro del hombre con una sonrisa que se cae al ver que el chiste ya sea no es entendido o es ignorado, mirando hacia el costado mostrando sus facciones humanas contin¨²a¡ªPero no importa el momento, no importa el lugar un nombre siempre se repite, ?sabes cu¨¢l es? Al terminar la pregunta, la fuerza que lo amordazaba se afloja y, con un vitriol intenso, casi escupiendo, responde ¡ªAurelio. La mujer sonr¨ªe y mueve el cuerpo de John fuera del pozo, coloc¨¢ndolo sobre tablones firmes y acerc¨¢ndolo a pocos cent¨ªmetros de ella, exclama ¡ªExacto, sinceramente me alegra que no intentaras hacerte el tonto, odio perder el tiempo; solo tienes que decirme d¨®nde est¨¢ tu abuelo y te prometo una muerte r¨¢pida, O podemos hacerlo m¨¢s divertido... para m¨ª. El aterrado hombre puede ver c¨®mo Balsin levanta su ¨ªndice, el hueso carcomido pudi¨¦ndose ver a trav¨¦s de la piel y carne transparente; este comienza a enrojecerse, un extremo calor emanando del dedo cristalino que empieza a distorsionar el aire alrededor de este mientras se acerca lentamente hacia su ojo derecho. ¡ªEspera, ESPERA, hablar¨¦, solo quita ese dedo de mi cara y b¨¢jame, es inc¨®modo hablar mientras me est¨¢n presionando el pecho ¡ªintenta farolear John, esperando que la mercenaria baje la guardia. ¡ªU, qu¨¦ l¨¢stima, justo cuando est¨¢bamos empezando a conocernos mejor, pero como sea ¡ªdice la arcanista mientras hace un movimiento repentino con la mu?eca que lanza a su captivo por los aires y lo hace golpear fuertemente contra una pared. John cae al piso, su espalda contra la pared. Afuera nuevas figuras empezaban a aparecer en el horizonte, as¨ª que, tomando el rev¨®lver desde atr¨¢s de su espalda, comienza a canalizar Ether rojo lo m¨¢s r¨¢pido que puede. No sabe lo que el arma hac¨ªa hasta hace unos momentos; esto es claramente una apuesta arriesgada, pero tiene que funcionar, es su ¨²ltima opci¨®n. En el momento en que el Ether toca el metal, una serie de conocimientos ba?a la mente del hombre, como si el objeto le estuviera ense?ando qu¨¦ hacer. John sonr¨ªe y aprieta el gatillo; una bala recubierta de humo rojo sale disparada del ca?¨®n, fragment¨¢ndose en 8 fragmentos que se mueven a una velocidad apabullante. Los trabajados instintos de Balsin le permiten esquivar la mayor¨ªa de los impactos letales, solo recibiendo una herida perforante en el hombro izquierdo y el muslo derecho. La mercenaria se levanta a duras penas mientras un brillo verdoso emana de las heridas; la sonrisa que portaba hasta ahora hab¨ªa desaparecido bajo un profundo ce?o y gotas de sudor que se deslizan por su cara. Ojos de vidrio fundido se encienden con luz blanca, reflejo de su estado emocional y, con una voz casi rozando el grito, dice¡ª Buen intento, idiota, pero fallaste, tuviste tu oportunidad. Ahora voy a matarte y a hacerle una peque?a visita a tu madre; tal vez ella coopere m¨¢s. John mira a Balsin, siendo ¨¦l el que ahora porta una sonrisa en la cara, lo que desconcierta a la mujer y, casi riendo, dice¡ª No fall¨¦, perra, solo no te estaba apuntando a ti. En ese momento, la cara de la arcanista se llena de una grave realizaci¨®n y, al girarse, puede ver que en el medio de la esfera central del ancla se colocaba un agujero. La luz que emanaban las runas se empieza a apagar hasta quedar completamente inerte. Balsin vuelve a mirar en la direcci¨®n donde se encontraba John solo para ver que ya no hay nadie ah¨ª, su presa volviendo a escapar de entre sus garras una vez m¨¢s. Cap铆tulo 39: Carrera contra el tiempo Un rayo p¨²rpura parte las nubes negras sobre el pueblito rural de Wichatova. Una fuerte tormenta amenazaba con caer sobre el poblado, pero dentro de la casa Dole todo parec¨ªa mudo, sin color. Elvira deja el vaso que hasta hace poco ten¨ªa una cantidad excesiva de vino sobre la mesa, mientras que Luke se siente enfrente de la ventana del living mirando una bolsa de pl¨¢stico ser arrastrada por el viento, su vista fija en el camino de tierra, esperando algo que sabe que no va a pasar. ¡ªLuke, ?recordaste llevar las cosas de John...? ¡ªEl nombre sabe amargo en la boca de la mujer y un sollozo la hace tartamudear, pero d¨¢ndose unos segundos para recuperarse, contin¨²a con la pregunta¡ª ?las cosas que ¨ªbamos a donar a la iglesia local? El hombre no responde, solo se queda mirando c¨®mo las primeras gotas de lluvia empiezan a ba?ar la tierra congelada. ¡ª?Luke? ¡ªpregunta la mujer al notar la falta de respuesta de su marido y, dando unos pasos en direcci¨®n hacia ¨¦l, lo llama en voz alta¡ª ?LUKE! Esta vez hay una reacci¨®n ante la insistencia; lentamente el hombre gira la cabeza, mirando a Elvira con una cara de piedra. Ella le devuelve una expresi¨®n confundida con un dejo de miedo. Se levanta, enderez¨¢ndose en toda su altura. Quer¨ªa gritarle, realmente quer¨ªa, culparla por todo lo que hab¨ªa pasado, pero no lo va a hacer, porque nunca lo hizo, no cuando su mujer pasaba d¨ªas viajando sin siquiera una llamada o cuando John de peque?o preguntaba por qu¨¦ su madre no estaba o cuando, por traumas pasados que no ten¨ªan nada que ver con el ni?o, ech¨® a su ¨²nico hijo fuera de la casa. Nunca dijo nada y, a pesar de que quiere, no va a empezar a hacerlo ahora. Cobarde hasta el final, su padre dir¨ªa, y raz¨®n no le falta, pero entiende muy bien que, quiera o no, la mujer enfrente de ¨¦l es la ¨²nica familia que le queda. ¡ªNo ¡ªresponde ¨¦l de una manera corta, fr¨ªa, algo hostil, pero no lo suficiente para que se note a menos que alguien realmente est¨¦ prestando atenci¨®n y ¨¦l sabe que ella no lo est¨¢ haciendo, nunca lo hizo. ¡ªOk, mmm, creo que las cajas est¨¢n en el garaje, s¨²belas a la camioneta; cuando pare de llover, vamos juntos, ?s¨ª? ¡ªdice la mujer mientras traga sonoramente. Un sentimiento de miedo surge en la mente de ella ante la amenazante figura; su esposo siempre fue un hombre grande y callado, pero nunca lo hab¨ªa visto tan fr¨ªo, por lo menos no con ella. R¨¢pidamente baja la mirada, el terror transform¨¢ndose r¨¢pidamente en una punzada de culpa, otra m¨¢s para agregar a la pila. El hombre asiente y desaparece detr¨¢s de una puerta mientras que Elvira se sienta en el sill¨®n azul enfrente de ella, tratando de controlar las l¨¢grimas que se empiezan a acumular en sus ojos. Sin poder levantar la mirada, se centra en la mesa ratonera delante de ella, en donde un ¨¢lbum de fotos se encontraba cerrado; la tapa blanca portaba un t¨ªtulo que dec¨ªa ¡°Recuerdos¡± en letras doradas. Titubeando, la mujer lo abre con una mano y observa la primera hoja, enmarcada en una polaroid; una copia m¨¢s joven de ella con un peque?o beb¨¦ le devuelve la mirada con una sonrisa de oreja a oreja. Debajo de la imagen, escrito en una letra que puede reconocer como suya: ¡°Yo y mi m¨¢s grande tesoro¡±. La foto la inunda con recuerdos de un pasado distante. John hab¨ªa nacido prematuro y los doctores no sab¨ªan si sobrevivir¨ªa la noche; recuerda la desesperaci¨®n que sinti¨® esa noche como si fuera ayer, como Luke se mantuvo al lado de ella en esas noches sin dormir y recuerda el sentimiento de felicidad indescriptible que sinti¨® cuando por fin lo tuvo en sus manos. Una l¨¢grima recorre la mejilla de la mujer, la pena volviendo a crecer en su pecho hasta ser incontenible, pero a pesar del dolor contin¨²a viendo las fotos con la esperanza de que los recuerdos del pasado puedan ahogar el sufrimiento que sent¨ªa. Para su desdicha pasa lo contrario, a medida que avanza a trav¨¦s de las p¨¢ginas se da cuenta de que aparec¨ªa menos y menos en ellas, as¨ª tambi¨¦n como su letra que iba cambiando paulatinamente por otra, m¨¢s tosca y pr¨¢ctica, en ese momento se dio cuenta que a pesar que este ¨¢lbum conten¨ªa la historia de John apenas si contaba la suya, las implicaciones son obvias y hacen que la culpa se magnifique hasta volverse insoportable, ella cierra el ¨¢lbum y poniendo su cara entre sus manos comienza llorar por lo que parece una eternidad, entre sollozos intenta calmarse, su cerebro queriendo justificar su accionar haci¨¦ndole recordar toda la gente a la que salv¨® y el cambio que hizo con su trabajo, pero cuando el dolor parec¨ªa aminorar la culpa aparec¨ªa otra vez, volvi¨¦ndole a mostrar la cara de John, no aquella con la que tuvo esa horrible discusi¨®n hace a?os, sino la del ni?o peque?o que estaba feliz de volver a verla, en ese momento el sufrimiento se redobla y la angustia se apodera de ella dej¨¢ndola como una masa de llanto y pena. No sabe cu¨¢nto tiempo pas¨®, pero no debi¨® ser mucho puesto que todav¨ªa se pod¨ªa escuchar la lluvia que golpeaba fuertemente contra el cristal de la ventana, un fuerte trueno hace temblar el aire y sobresalta a la mujer sac¨¢ndola del trance en el que estaba, en ese momento escucha un frenazo justo afuera de la casa, no era extra?o que los residentes m¨¢s j¨®venes del pueblo buscaran entretenimiento moment¨¢neo conduciendo temerariamente as¨ª que Elvira decide ignorar el sonido y levant¨¢ndose se dirige al vaso de vino con la intenci¨®n de volver a llenarlo, pero antes que pudiera un golpe en la puerta la frena en seco, la mujer duda por unos instantes si atender o no, ya estaba cansada de la simpat¨ªa ajena, todo el pueblo ya le hab¨ªa dado su p¨¦same varias veces e incluso si no fuera uno de ellos las otras opciones de quien podr¨ªa estar detr¨¢s de la puerta tampoco son demasiado atractivas, otro golpe vuelve a resonar, esta vez un poco m¨¢s fuerte lo que extra?a a la mujer, un tercero igual de intenso por fin la convence de que las visitas no se iban a ir sin hablar con alguno de ellos as¨ª que a rega?adientes se acerca a la puerta y la abre. ¡ª?Puedo ayudarles en algo? ¡ªpregunta Elvira ante el grupo de extra?os encapuchados que se encontraba enfrente de ella. ¡ªClaro que s¨ª, de hecho, vas a ser de mucha ayuda ¡ªdice una voz femenina mientras avanza hacia dentro de la casa. Los dem¨¢s extra?os la siguen mientras un retumbante trueno agita el aire, carg¨¢ndolo de electricidad y ahogando los gritos de la due?a de la casa. A varios kil¨®metros del lugar, un Cadillac marr¨®n avanza velozmente por la autopista, zigzagueando entre los dem¨¢s veh¨ªculos, rozando el l¨ªmite de velocidad. ¡ªJohn, c¨¢lmate, s¨¦ que est¨¢s apurado, pero si sigues conduciendo de esta manera nos vas a matar antes de que lleguemos ¡ªintenta razonar Abigail con su novio; jam¨¢s lo hab¨ªa visto comportarse de manera tan desesperada como ahora. ¡ªCinco d¨ªas, Abigail, estuve inconsciente cinco d¨ªas, no tengo m¨¢s tiempo que perder ¡ªdice el hombre, vendajes verdosos todav¨ªa cubri¨¦ndole la cabeza. ¡ªSi est¨¢s tan apurado, ?por qu¨¦ no te teletransportas a ese lugar de una vez y nos ahorras la reinterpretaci¨®n de Mad Max? ¡ªcomenta Lorena, agarrada firmemente a la manija sobre la ventana de la puerta. ¡ª?Te piensas que no lo pens¨¦? Algo est¨¢ bloqueando la abertura de portales en varios kil¨®metros alrededor del pueblo, lo suficientemente lejos como para que caminar no sea una opci¨®n y a pesar de que mejor¨¦ con mis habilidades, mover todo un auto todav¨ªa me es imposible ¡ªresponde John claramente enojado para luego, mirando por el retrovisor a Narciso, preguntar¡ª Narciso, ?te respondieron los operativos que colocaste cerca de mis padres? El arcanista mira su PSD y con un suspiro responde ¡ªNo, al parecer no hay respuesta todav¨ªa. Intent¨¦ llamar, pero no est¨¢n respondiendo. El ¨²ltimo mensaje fue ayer a la noche diciendo que todo est¨¢ bien. ?Est¨¢s seguro de que Balsin va a ir por tus padres? John pega un volantazo y esquiva un cami¨®n por unos cent¨ªmetros, haciendo que Tila, que se encontraba entre Narciso y Aguilar, pegara un ladrido que casi hace que la peque?a ave encima de su cabeza se cayera. Todos se aferran de donde pueden ante la maniobra brusca y cuando el bocinazo del cami¨®n termina como si nada hubiera pasado, el hombre responde ¡ªEs la ¨²nica fuente de informaci¨®n que les queda de mi abuelo, e incluso si no saben nada, es una de las formas que tienen de evitar que termine escapando apenas vea peligro. ¡ªD¨¦jame ver si lo entiendo bien: en el mejor de los casos es paranoia y en el peor es una trampa ¡ªcomenta Lorena mirando el techo del auto. ¡ªS¨ª, y si no te gusta, puedo parar y enviarte de vuelta a Santuario. Nadie les pidi¨® que vinieran ¡ªespeta el conductor sin sacar su vista del camino. ¡ªAhora que lo mencionas, ?por qu¨¦ no? Despu¨¦s de todo, te fue tan bien la ¨²ltima vez que te enfrentaste a Opter solo ¡ªcontesta sarc¨¢sticamente la mujer mientras se cruza de brazos. John mira por el retrovisor con ojos llenos de furia, pero antes de que pudiera soltar una palabra, Narciso se interpone ¡ªBasta los dos, Lorena, no provoques a John de esa manera, ya est¨¢ lo suficientemente alterado sin necesidad de que lo pinches con tus comentarios, y en cuanto a ti, te dimos un lugar seguro para que te puedas adaptar a tu nueva realidad y te ense?amos a defenderte, as¨ª que desde mi punto de vista te metimos a este mundo y por ende somos responsables por ti, ?se entiende? El hombre baja la cabeza y mira la carretera para luego decir ¡ªUstedes no son responsables por m¨ª, yo eleg¨ª meterme en esto por voluntad propia. ¡ªAs¨ª como nosotros tambi¨¦n decidimos venir contigo por lo mismo, as¨ª que deja de discutir y conduce; despu¨¦s de todo no tenemos tiempo que perder, ?verdad? ¡ªretruca el arcanista con una sonrisa profesional. John no puede decir nada ante la l¨®gica y se centra en conducir un poco m¨¢s seguro. Un par de horas despu¨¦s, el cielo de la tarde se empieza a oscurecer con gruesas nubes de tormenta iluminadas de vez en cuando con mudos rayos p¨²rpuras que lentamente iban ganando m¨¢s sonido a medida que se acercaban al pueblo, hasta que de repente siente como atraviesan una pared de aire c¨¢lido. ¡ª?Sintieron eso? ¡ªpregunta John sorprendido. ¡ªS¨ª, acabamos de atravesar una barrera ¡ªresponde el arcanista mientras mira por la ventana con el ce?o fruncido. ¡ªLado positivo, ahora sabemos que no es paranoia ¡ªcomenta Lorena, el intento de comedia fracasando estrepitosamente. Tim se posa en el hombro de Abigail, acurruc¨¢ndose en su cuello, mientras que Tila se encoje temblando, tapando sus ojos con sus patas. ¡ªEsto no me gusta para nada ¡ªdice Abi mientras intenta calmar a los animales. ¡ªTe guste o no, ya no hay vuelta atr¨¢s ¡ªdice sombr¨ªamente John mientras aprieta el acelerador aprovechando un tramo de la carretera en donde no hab¨ªa otro auto y, a velocidades vertiginosas, se adentra en la tormenta. Dos horas despu¨¦s la autopista continuaba vac¨ªa; el ¨²nico cambio que se pod¨ªa apreciar era c¨®mo la intensidad de la lluvia y la cadencia de los rayos p¨²rpura iban en aumento. A lo lejos la figura de edificios pod¨ªa empezar a apreciarse; se estaban acercando por fin al pueblo. A medida que surcan los ¨²ltimos kil¨®metros, la tensi¨®n en el auto empieza a ser palpable, mientras John se manten¨ªa atento al camino, mientras que los dem¨¢s pasajeros miraban por las ventanas en busca de cualquier amenaza posible. Luego de unos minutos se estaban moviendo por la calle principal de Wichatova; la ciudad parec¨ªa un pueblo fantasma: las calles estaban vac¨ªas, ning¨²n veh¨ªculo pod¨ªa ser visto, ya sea transitando o estacionado, y a pesar de que la mayor¨ªa de las tiendas estaban abiertas, no hab¨ªa nadie dentro. John frunce el ce?o; parec¨ªa que estaban aislados, pero por lo menos si esta situaci¨®n se desencadenaba en una pelea, no ten¨ªa que preocuparse por los civiles. A pesar de que el pueblo es casi irreconocible, peque?os detalles le recuerdan su juventud vivida en la localidad y se entristece de que su regreso sea en tan extremas circunstancias. Doblando en una esquina, bajan a una calle de tierra y entran a un pintoresco barrio residencial; la mayor¨ªa de las casas cambiaron, pero alguna a¨²n reconoc¨ªa. Vuelven a doblar, esta vez entrando a una calle sin salida, y frenan enfrente de una casa de dos pisos, pintada de blanco y con techo azul. John observa detenidamente la vivienda, del mismo color, la misma forma en que la hab¨ªa dejado hace tantos a?os, pero hab¨ªa algo que no era igual a su memoria: la gran ventana de la sala de estar que ocupa gran parte de la fachada del frente estaba hecha a?icos, madera y cristales esparcidos por el jard¨ªn delantero. El hombre se baja r¨¢pidamente sin siquiera apagar el auto, no import¨¢ndole la torrencial lluvia que ca¨ªa alrededor de ¨¦l. ¡ªJohn, espera ¡ªpide Abigail mientras lucha por sacarse el cintur¨®n de seguridad. ¨¦l no contesta y contin¨²a caminando en direcci¨®n a la puerta mientras saca el rev¨®lver de la funda que ten¨ªa en su flanco. Antes que los dem¨¢s pudieran bajar del auto, ¨¦l ya estaba atravesando la puerta con el ca?¨®n del arma levantado. Unlawfully taken from Royal Road, this story should be reported if seen on Amazon. ¡ªSaca las armas del ba¨²l, yo voy a apoyar a John ¡ªdice Abigail mientras le lanza la llave a Lorena. Esta las toma y se baja junto a Narciso, ambos yendo a la parte de atr¨¢s del veh¨ªculo, mientras que Abi, Tim y Tila se acercaban r¨¢pidamente hacia la casa, siguiendo de cerca los pasos de John. Al entrar, pueden notar que el lugar est¨¢ hecho un caos: muebles rotos, fragmentos de vidrio desparramados por el suelo y una gran cantidad de sangre que se arrastra hacia una puerta doble que se encontraba abierta de par en par. Temiendo lo peor, ella corre en esa direcci¨®n y puede encontrar a su pareja parado en la entrada de lo que parece ser un comedor. Apenas entra a la habitaci¨®n, puede sentir que un impulso violento se empieza a apoderar de ella; el aire est¨¢ cargado de una energ¨ªa filosa, algo no anda bien aqu¨ª, as¨ª que, buscando la fuente que le provoca el bizarro sentimiento, empieza a escanear el lugar. Lo primero que nota es c¨®mo, enfrente del hombre, se encontraba una larga mesa de madera flanqueada con varias sillas. Del otro lado, una caja de metal se encontraba posada sobre la mesa y detr¨¢s de esta se hallaba un hombre de gran estatura atado a una silla con cinta adhesiva. Su rostro estaba lleno de heridas que todav¨ªa sangraban. La camisa que portaba, antes blanca, ahora tiene grandes manchones carmes¨ª en la zona del pecho. Al lado de este, del lado derecho, escrito en la pared con sangre, estaba la frase ¡°Si sobrevives, nos vemos en el bosque¡±. ¡ª?Si sobrevives? Qu¨¦ mierda ¡ªmurmura la mujer, no entendiendo lo que la frase quiere decir. La mente de John oscurece todo lo que no sea la imagen de su padre atado a la silla; un maremoto de ideas surca su cerebro y lo paraliza: la culpa apu?alando profundamente la boca de su est¨®mago, la ira hirviendo sus entra?as y la preocupaci¨®n nublando su juicio. No sab¨ªa qu¨¦ hacer; el estado del hombre enfrente de ¨¦l es extremo hasta el punto de que no sab¨ªa si se encontraba vivo o no. ¨¦l se queda mirando fijamente el cuerpo en busca de un movimiento, un sonido que le indique que no hab¨ªa llegado tan tarde y, en cuanto lo encuentra, un leve movimiento de la cabeza, se lanza hacia adelante con la intenci¨®n de salvar a su progenitor. ¡ªPa, soy yo, John, todo va a estar bien, resiste un poco m¨¢s ¡ªdice el hombre, dejando el rev¨®lver en el piso y canalizando Ether verde e inyect¨¢ndolo directamente en el cuerpo del hombre. Lentamente, las heridas empiezan a emanar part¨ªculas verdes, pero antes de que se pudieran cerrar, John es tomado del cuello y debajo de la axila y arrastrado hacia atr¨¢s con fuerza. ¡ª?Qu¨¦ mierda haces, su¨¦ltame! ¡ªgrita el hombre mientras intenta liberarse empujando a la persona que lo ten¨ªa agarrado. Narciso trastabilla e impacta en la pared con un golpe seco. Cuando se recupera, mirando a John directamente a los ojos, dice¡ªDetente, lo vas a matar si contin¨²as, ?acaso no lo sientes? John se detiene, no entendiendo lo que el arcanista le quiere decir, pero cuando se concentra en los alrededores, puede sentir esta energ¨ªa violenta y viciosa que se arremolina cerca suyo. Mira a su padre, apenas consiente, no queriendo creer lo que su cerebro le dice; aparta la mirada y vuelve a clavar la vista en Narciso. Este asiente de manera triste, confirmando sus peores miedos. Con las manos tembl¨¢ndole, se acerca una vez m¨¢s hacia el hombre en la silla y desabrocha la camisa mostrando el torso. Dentro del pecho, del lado izquierdo, se encontraba una esfera de cristal carmes¨ª del tama?o de un pu?o, fusionada a la carne por las fuerzas del Ether; esta pulsaba con una luz roja que cada vez se volv¨ªa m¨¢s brillante. ¡ªNarciso, ?c¨®mo solucionamos esto? Tiene que haber alguna forma ¡ªpregunta el hombre luego de unos segundos que necesit¨® para reponerse del shock. ¡ªNo podemos ¡ªresponde el arcanista en un tono triste. ¡ª?C¨®mo que no podemos? ?Me est¨¢s diciendo que con lo poderoso que es el Ether no podemos quitar una esfera del pecho de un hombre? ¡ªinterroga John, no pudiendo creer lo que escuchan sus o¨ªdos. ¡ªNo es una esfera com¨²n, John, es un n¨²cleo, Ether cristalizado y refinado, extremadamente puro; por lo general se usan para crear objetos m¨¢gicos, pero... ¡ªNarciso se detiene, sus ojos movi¨¦ndose sobre la caja de metal encima de la mesa¡ª hay arcanistas que experimentaron con el cambio de ¨®rganos como intento de mejorar sus capacidades m¨¢gicas o reemplazar partes da?adas. Solo he visto este tipo de operaciones una vez, en el Amazonas; digamos que no sali¨® bien. Siguiendo la vista del arcanista, John llega al mismo destino. Una expresi¨®n de confusi¨®n se marca en su cara para luego ser reemplazada por una de incredulidad. Devolvi¨¦ndole la vista a su compa?ero con una expresi¨®n seria, pregunta ¡ª?Qu¨¦ hay en la caja? ¡ªJohn, creo que ambos sabemos la respuesta a esa pregunta ¡ªresponde el hombre en un tono de tristeza que acompa?a con una mirada de pena. Empezando a sudar profusamente, John no le quita la vista al contenedor; su cerebro, no queriendo aceptar la informaci¨®n que acaba de recibir, lo impulsa a investigar, demostrar que est¨¢ equivocado, que tal vez todo esto es un error. Lentamente se acerca a la caja y retira la tapa de metal, revelando el interior; en ese momento trastabilla, no pudiendo creer lo que acaba de ver: en la abisal oscuridad se pod¨ªa ver la silueta de un coraz¨®n. Apoy¨¢ndose en la mesa para no caer, la habitaci¨®n comienza a girar; recuerdos de los d¨ªas que pas¨® con su padre inundan su mente. Puede sentir c¨®mo su cordura se va deshaciendo poco a poco; el peso de lo que pas¨® en los ¨²ltimos meses por fin lo alcanza y amenaza con fracturar su mente de manera irreparable. Su cerebro busca de manera desesperada alguna forma de que las pocas hebras que lo ataban a la realidad no se terminen de deshilachar, pero no encontr¨¢ndola, decide que la mejor manera de protegerlo es simplemente apagarse. El hombre empieza a caer y en ese momento Abigail se acerca r¨¢pidamente para tratar de agarrarlo, pero antes de que pudiera poner sus manos sobre ¨¦l, se escucha el sonido de cadenas rompi¨¦ndose y, como si nada hubiera pasado, ¨¦l recobra el balance. Enderez¨¢ndose en toda su altura, toma la tapa de metal y cierra el contenedor. El aura que lo rodeaba hab¨ªa cambiado repentinamente; ahora era m¨¢s fr¨ªa y peligrosa que antes, haciendo que los tres arcanistas lo miren extra?ados por unos segundos, no sabiendo qu¨¦ hacer. ¡ª?John? ¡ªpregunta Abigail, rompiendo el silencio con un tono de preocupaci¨®n. No hay respuesta, solo la mirada de unos ojos lejanos que la observaban con una mezcla entre piedad y desprecio. Ante la expresi¨®n, la mujer frunce el ce?o, no entendiendo por qu¨¦ la mira de esa manera y avanza los ¨²ltimos pasos que los separan, tomando los hombros del hombre mientras, llena de preocupaci¨®n, pregunta ¡ª?Est¨¢s bien? Silencio, es lo ¨²nico que le devuelve; con un suave movimiento se quita las manos de la mujer de encima y se mueve hacia donde estaba el rev¨®lver. Agach¨¢ndose, lo toma en una mano y, al levantarse, lo coloca en la sien de Luke. Lentamente, pone su dedo en el gatillo con la intenci¨®n de apretarlo, pero este no responde. Lo vuelve a intentar, y lo ¨²nico que consigue es que el ¨ªndice tiemble un poco, pero nada m¨¢s. ¨¦l suspira y, con una expresi¨®n neutra, como si supiera que esto iba a pasar, mientras cierra los ojos dice ¡ªTodav¨ªa no. Al volver a abrirlo, el rostro de John se retuerce primero en una cara de confusi¨®n y luego en una de horror al darse cuenta de lo que est¨¢ haciendo. Con un r¨¢pido movimiento del brazo, lanza el arma hacia un costado; esta se desliza sobre la mesa, quedando en la otra punta del mueble. ¡ª?Qu¨¦? ...Yo... ¡ªJohn tartamudea, no entendiendo qu¨¦ est¨¢ pasando y haciendo unos pasos para atr¨¢s; mira a sus compa?eros en busca de respuestas, pero antes de que pudieran empezar a explicar la situaci¨®n, un gemido corta todo intento de comunicaci¨®n. Mirando hacia atr¨¢s, el hombre puede notar c¨®mo el n¨²cleo carmes¨ª empezaba a brillar m¨¢s fuertemente, venas de cristal empezando a emanar de la herida, extendi¨¦ndose en todas direcciones sobre la piel de Luke. Saliva se acumula en el borde de su boca mientras que su cara se contorsionaba en una m¨¢scara de dolor y sufrimiento. John intenta acercarse, pero la vor¨¢gine de Ether rojo acumul¨¢ndose alrededor de su padre hace que el intento sea imposible. En ese momento, Narciso lo toma del brazo y empieza a arrastrarlo hacia la salida. ¡ª?Qu¨¦ mierda haces? Su¨¦ltame, Narciso ¡ªel hombre lucha desesperadamente, pero el hombre es mucho m¨¢s fuerte de lo que parece. ¡ªTenemos que salir de aqu¨ª, se est¨¢ rompiendo y por la cantidad de energ¨ªa acumulada te aseguro que no queremos estar aqu¨ª cuando eso finalice ¡ªexplica el hombre mientras contin¨²a arrastrando a su compa?ero hacia la salida m¨¢s cercana. Las dos mujeres lo siguen r¨¢pidamente, Lorena asegur¨¢ndose de tomar el rev¨®lver de encima de la mesa antes de salir de la habitaci¨®n. Con celeridad atraviesan la sala de estar y salen afuera de la casa, donde son recibidos por la torrencial lluvia. Reci¨¦n es en estos momentos cuando John se puede liberar del agarre de Narciso y, antes de que pudiera ser detenido, corre en direcci¨®n de la vivienda, pero no llega muy lejos antes de que una fuerte explosi¨®n lo deje tirado de espaldas, luchando para respirar. Girando sobre s¨ª mismo, se levanta a duras penas y, d¨¢ndose vuelta, mira pasmado a los escombros de la casa; el dolor f¨ªsico, ahora mezcl¨¢ndose con el sufrimiento emocional, paraliza cualquier movimiento del cuerpo, dej¨¢ndolo inmovilizado debajo del diluvio. Varios recuerdos de su infancia recorren su mente como cientos de flashes, uno detr¨¢s de otro, y lentamente la culpa empieza a punzar una vez m¨¢s, la idea de hacer enmiendas con su familia lentamente derrumb¨¢ndose como la morada enfrente de ¨¦l. Siente que algo lo toma desde debajo del brazo y lo levanta; mirando hacia arriba, puede ver a Narciso que, con una cara preocupada, no saca la vista de los escombros. ¡ªEsto todav¨ªa no ha terminado, John, a¨²n falta la peor parte ¡ªdice el arcanista mostrando una expresi¨®n de absoluta concentraci¨®n. John en un principio no entend¨ªa a qu¨¦ se refer¨ªa. ?Qu¨¦ podr¨ªa ser peor? Pero entonces lo siente, una masa de ira y violencia acerc¨¢ndose hacia ellos; usando a Narciso como apoyo, se levanta r¨¢pidamente y busca en su costado su rev¨®lver, solo para encontrarlo vac¨ªo. Maldici¨¦ndose a s¨ª mismo por el momento de p¨¢nico, mira alrededor en busca de alg¨²n arma para defenderse y puede ver a Lorena cerca de ¨¦l, extendiendo el brazo, rev¨®lver en mano, en su direcci¨®n, ofreciendo la culata del arma. ¡ªGracias ¡ªdice el hombre mientras toma el objeto. ¡ªNo te preocupes, s¨¦ lo que se siente ¡ªcomenta la mujer con una expresi¨®n seria mientras toma el SMG que se encontraba colgado sobre su hombro con una cinta verde y lo apunta hacia las ruinas. John la mira por unos segundos para luego asentir y hace lo mismo. En un principio no pas¨® nada, no hab¨ªa movimientos, pero la maza de Ether rojo les imped¨ªa bajar la guardia. La espera se alarga por lo que parecen horas, aunque no pudieron ser m¨¢s que unos minutos y entonces, de la nada, un temblor agita el suelo debajo del grupo. Mientras luchan para mantener el balance, una pila de escombros explota y de ella sale un pedazo de metal con la forma de una medialuna, el borde exterior, que se dirig¨ªa hacia ellos, afilado a tal punto que cortaba madera, piedra y metal como si fueran agua. Narciso y Lorena saltan hacia un costado rodando por el piso, pero a pesar de que estaba preparado para un posible ataque, todo lo que acaba de pasar dej¨® al hombre m¨¢s lento de lo usual, haciendo que se mueva demasiado tarde para esquivar la filosa hoja. Canalizando, Ether naranja refuerza su pr¨®tesis esperando poder desviar el ataque, pero antes de que pudiera impactar, algo lo toma desde los hombros y lo levanta r¨¢pidamente en el aire. Sorprendido al ver que el suelo se alejaba cada vez m¨¢s, mira hacia arriba y puede notar como un mirlo verde, del tama?o de un c¨®ndor, lo mira con ojos negros mientras vuela alrededor de las ruinas. ¡ª?Tim? ¡ªdice John, no pudiendo creer sus ojos. El animal no dice nada, solamente da un giro en el aire y comienza a descender. Mientras lo hace, el hombre puede apreciar, desde la altura en la que se encuentra, c¨®mo la cadena conectada a la cuchilla se empieza a tensar, pero en vez de volver hacia donde vino, una criatura gigante es impulsada en su direcci¨®n. De piel gris¨¢cea y cuerpo obeso, la abominaci¨®n que sali¨® de los escombros se alzaba tres metros sobre el resto de los presentes. Sus piernas c¨®micamente peque?as parec¨ªan imposibles de mantener con tan voluminoso peso, pero lo que realmente extra?aba al hombre eran las extremidades superiores: en vez de brazos, pesadas cadenas que terminaban en filosas navajas estaban acopladas al carnoso torso. Estas se mov¨ªan de manera antinatural, casi flotando en el aire; en su cabeza, capas de piel y carne daban la apariencia de que estaba usando una especie de m¨¢scara y, en su pecho, un n¨²cleo de cristal brillaba fuertemente con un color carmes¨ª. Mientras Narciso y Lorena, uno de cada lado, manten¨ªan a la criatura ocupada, Tim deja a John al lado de Abigail. ¡ª?Qu¨¦ demonios es eso? ¡ªpregunta John, claramente preocupado, mientras levanta su arma, esperando una oportunidad de atacar. ¡ªEs una bestia de ejecuciones, una esquirla de nivel 4 ¡ªexplica la mujer mientras canalizan Ether verde. ¡ªMierda, ?nivel 4? ?Podemos enfrentarnos a esta cosa? ¡ªcuestiona el hombre recordando los sucesos en el hospital. ¡ªVa a ser dif¨ªcil, pero no es imposible ¡ªdice la mujer con confianza mientras hace un movimiento con la mano. Tila reacciona de manera inmediata y se lanza al ataque, corriendo a toda velocidad hacia la criatura. A medida que avanza, su cuerpo empieza a ser recubierto por part¨ªculas verdes y, para cuando llega lo suficientemente cerca, su tama?o es el de un auto peque?o. De un salto se arrebata en contra de los pliegues del cuello de la esquirla; los dientes del animal recubierto de energ¨ªa verdosa atraviesan la gruesa piel y arrancan un pedazo de carne. Sangre carmes¨ª sale disparada en todas direcciones al mismo tiempo que el ser ruge con redoblada ira mientras se sacude violentamente para quitarse al animal de encima. Ante la agitaci¨®n, Tila se impulsa hacia atr¨¢s haciendo una pirueta en el aire y cae enfrente del monstruo; el pedazo de tejido en su boca se evapora en part¨ªculas rojas. Ante tan brutal ataque, la criatura enfoca su atenci¨®n en el animal, lanzando las cuchillas en su direcci¨®n. Ella esquiva la primera pegando un salto, pero de repente la segunda, movida por una mano invisible, cambia de direcci¨®n y apunta directamente al perro. No pudiendo maniobrar en el aire, Tila se prepara para recibir el impacto cuando una bala cubierta en energ¨ªa plateada impacta en la hoja desvi¨¢ndola, salvando al canino en el ¨²ltimo momento. Con los dos medios de defensa que la esquirla ten¨ªa temporalmente inutilizados, John empieza a acumular Ether rojo en el arma y apunta al n¨²cleo en el pecho. Cuando por fin junta suficiente energ¨ªa, intenta disparar, pero el dedo no se mueve; algo dentro de ¨¦l todav¨ªa quiere creer que hay una soluci¨®n. En ese momento de duda, una de las cuchillas se arranca del suelo y sale volando en direcci¨®n a Abigail. John observa esto horrorizado con el rabillo del ojo y, antes de que se diera cuenta, una l¨ªnea de humo hab¨ªa atravesado el centro de la esfera carmes¨ª, parti¨¦ndola en mil pedazos. La criatura cae de rodillas y lentamente su cuerpo se empieza a deshacer, empezando por las cuchillas, una de las cuales estaba a pocos cent¨ªmetros de la cara de Abi, siguiendo por las cadenas hasta llegar al cuerpo. El ser jadea en busca de aire a medida que su pecho se desvanece y, justo antes de que se volviera polvo, mirando a John, dice ¡ªHijo... lo... sien... ¡ªLamentablemente, no puede terminar la frase antes de que el viento de la tormenta lo arrastre lejos. En el suelo, un coraz¨®n carmes¨ª hecho de cristal es lo ¨²nico que queda como prueba de la existencia del ser. ¡ªYo tambi¨¦n, Pap¨¢, yo tambi¨¦n ¡ªdice el hombre mientras baja el rev¨®lver y se apoya contra el auto, una l¨¢grima recorri¨¦ndole la mejilla.